ANÍBAL BARCA COMO ESTRATEGO

Antonio Ruiz Fernández

Dedicado a mi buen amigo y consejero el Profesor Enrico Acquaro, siendo titular de la Cátedra de Estudios Fenicios y Púnicos en la Universidad de Bolonia (Italia), y que participó varios años en las excavaciones arqueológicas de Puente del Noi en Almuñécar (Granada, España), bajo cuyo consejo me decidí a intentar realizar este trabajo, nada fácil, por la gran cantidad de bibliografía antigua que se ha necesitado para su realización.

Introducción general que explica, de forma abreviada, los procesos del desarrollo de la vida militar de Amílcar Barca y su hijo Aníbal, pero se hace hincapié en Aníbal, protagonista de este trabajo.

A la llegada de los fenicios a la Península Ibérica se encontraron con un mapa geográfico compuesto por una serie de tribus de las que destacamos las más relacionadas con los dos período que se registran en la larga permanencia del elemento semita tanto en la franja costera como en el interior. Por ello es preciso distinguir dos fases claramente definidas a través de la historia de los fenicios en Hispania; un primer momento marcado por la convivencia de un mercado en Occidente, que puede comprender desde el siglo XII aproximadamente a. de n. e., y una segunda etapa, marcadamente de influencia cartaginesa, con un desarrollo algo diferente en lo que a objetivos primarios se refiere.

Recopilación de datos de autores sobre el tema.

Así, lo que prima en la case inicial de los contactos es la búsqueda de un mercado y fuente de intercambios con los aborígenes. en la segunda se mezclan los intereses, pero destacando como más relevante el establecimiento de un imperio militar. De aquí que la etapa de los Bárquidas esté fuertemente significada por la guerra contra Roma.

Esto sentado, los objetivos que se van a desarrollar a continuación exigen una clarificación de antecedentes sobre las poblaciones y tribus que los fenicios encuentran a su llegada a Hispania.

En los estudios modernos sobre la presencia del elementos fenicios en la Península, se han localizado numeroso yacimientos desde el Algarve portugués hasta las proximidades de Cartagena. Así, podemos destacar las necrópolis fenicio-púnicas de Huelva, como los restos aparecidos en su ría, que pueden adentrarse en una cronología bastante alta dentro de la primera fase. Los restos de ciudad aparecidos en el río Guadalhorce (Málaga); los numeroso enterramientos de la zona del río de Vélez (Toscanos, Trayamar, etc.); las necrópolis de Almuñécar y Villaricos; los numerosos y recientes restos de las cercanías de Cádiz, etc.   

No se debe olvidar que los establecimientos no se limitaron exclusivamente a la franja costera, sino que hay penetraciones hacia el interior, como puede comprobarse en Alboloduy (Almería), y las necrópolis fuertemente influenciadas por los ritos orientales, como Carmona, Pozomoro, La Albaida, etc.

Todo ello se ve reflejado en los numerosos trabajos publicados por Blázquez, Blanco, M. Almagro Basch, Pellicer, Maluquer, Tarradell, etc.

Entre las conclusiones que derivan de estos trabajos modernos podemos destacar que, una vez concluida la conquista de la Península por parte de roma, el elemento feniciopúnico pervive y continúa su labor inicial, aunque bajo control romano.

En la actualidad se encuentran los estudios en un momento de análisis crítico sobre el pasado arqueológico y en una investigación sistemática y comparativa de los yacimientos actuales.

Se han utilizado las fuentes clásicas, que se indicarán al final del trabajo, con motivo el desarrollo de toda la temática que comprende esta investigación. Así pues, siguiendo los textos, con sus respectivas críticas y estudio comparado, iniciamos esta introducción general con os datos que nos ofrecen sobre la Península y sus gentes.

De esta forma nos encontramos con los siguientes elementos aborígenes bastante dispersos, siguiendo una ordenación geográfica del territorio, pero especialmente bético.

Reciben tal denominación por ser ka ciudad más significativa Basti (Badia), actual Baza o cercanías (Granada). el territorio de los bastetanos se extendía desde Murgi (Mojácar, Almería) y Acci (Guadíx, Granada). Las zonas más significativas ocupadas por este elemento humano es la de Mentesa Bastitana (La Guardia, Jaén), zona del nacimiento del río Guadalquivir en la sierra se Cazorla, y el río Segura en la misma demarcación.

Estrabón nos hace una descripción detallada de las costumbres y formas de vida de esta gente, indicándonos que los romanos copiarían muchos de estos detalles.

Hacía frontera con los bastetanos por el este y sur. Dentro de su territorio se encontraban Cástulo (actual Cazlona, Jaén), Mentesa Oretana (Santo Tomé, Jaén) y Daimiel (Ciudad Real). Se establecía una línea divisoria entre la Tarraconensis y la Bética, desde Murgi-Acci-noreste de Jaén, hasta el Guadalquivir.

Estos tenían al Este a los Oretanos; al Sur, a los Bástulos-Penos y, en la región de la Serranía de Ronda (Málaga), a los célticos (Se internaba por la parte occidental en la comarca de Córdoba y Sevilla, ocupando parte el occidente de Jaén y casi todas las provincias de Granada y Málaga.

El contacto con la cultura oriental, al abrigo de la benignidad de estas tierras, despertó y desfogó la imaginación de los griegos, quienes situaron en estas tierras los relatos fantásticos de los Campos Elíseos, los famosos rebaños de Gerión, la llegada de Baco y Pan, las Hazañas de Hércules, los reinados de Hispán, Hespero, Atlante…etc.

Su territorio se extiende en una línea que va desde Gibraltar hasta Vera (Probable Villaricos, Almería).

Entre esta tribu y los fenicios se realizan intercambios de intereses, como dice Salustio en una de sus obras.

Con relación a la descripción de las ciudades, Pomponio Mela nos dice que son pequeñas, enumerando las más importantes. Del intercambio entre y fenicios y aborígenes, habla también Avieno. El contacto entre estos elementos, bástulos con su riqueza y su cultura, y fenicios, con las manufacturas, desencadenó una fusión denominada «bástulos penos».

e) Elemento tartesio

Nada se sabe con claridad respecto a los tartesos. Las fuentes aparecen un tanto oscuras al respeto. Tan sólo Estrabón y Plinio nos dan algunos rasgos sobre ellos, recogiendo la tradición anterior.

f) Elemento celta

El territorio que ocupaba esta etnia se resumen en unas cuantas comarcas; en las cercanías de Ronda: Accinippo (Ronda la Vieja, Arunci (Morón, Sevilla), Turobriga (cercana a Arucci Vetus (Aroche, Huelva), Lastigi (Zahara), Alpesa (Cercanías de Conil), Cepona (Fantasía) y Serippo (Los Molares).

Dentro del terreno e las relaciones del elemento aborigen y el colonizador, Estrabón nos habla de la facilidad con que los fenicios se impusieron a los nativos que se pretendía colonizar.

 

FENICIA Y SU IMPULSO COLONIZADOR

 

Teniendo como trasfondo su marco geográfico, corto de espacio y sometido a frecuentes riesgos, las ciudades costeras de la parte de la cordillera del Líbano se lanzan a buscar expansión y establecer una economía de mercado basada en la explotación y elaboración de las materias primas que les proporcionarán los elementos colonizados. Encabezan estas iniciativas las ciudades más relevantes en este imperativo socioeconómico: Tiro, Sidón, Biblos, Arados y Beritus. Este movimiento tiene una fecha inicial a finales del siglo VIII a. de n. e., como viene demostrando la arqueología modernamente. Sin embargo, los textos antiguos sitúan para la Península Ibérica unas fechas de iniciación de contactos en el siglo XII a. de n. e. Nos sirve como punto de partida para fijar estos contactos, la fundación de Cádiz (1.100 aproximadamente).

Los fenicios establecieron relaciones comerciales con Castulo, Illiberi, Escua, Ilurco, Hipponova, e Illiturgi. Abdera, Ex y alguna otra colonia del sur fueron la base de los establecimientos que los fenicios crearon para explotar las minas del Sureste de la Bética.

Estrabón narra la llegada de los fenicios a esta localidad con leyendas fantásticas, como la fundación de Carteia por Hércules, quien puso límites al orbe conocido indicándolo con dos columnas y haciendo ver que las montañas de Calpe y Abila, una en la costa peninsular, y la otra en la africana, constituían una frontera-límite de la tierra y de las campañas del héroe.

Dentro de la narración de la fundación de Gadir figuran unos contactos previos de los fenicios en las localidades de Seks y Onuba. Hay quien opina que es pura leyenda, pero los últimos hallazgos, tanto en la ciudad de Almuñécar (vaso del siglo XVI a. de n. e.), como los de la ría de Hueva (embarcación hallada en la ría, cargada de productos manufacturados, de fechas anteriores a los datos cronológicos dados por la Arqueología a Cádiz), nos hace pensar que pueda ser cierta la leyenda porque encuentra algunos puntos de respuesta en la documentación arqueológica, admitiéndose que antes de la fundación de Gadir tuviera lugar la de Seks y Onuba. Las fuentes arqueológicas están a favor de esta tesis, pero con cierta prudencia.

Cuando se inician los contactos de los fenicios con las tribus costeras y parte del interior del territorio, se establecen relaciones y asentamientos permanentes, creando factorías y ciudades. Cabe pensar que estos emporios, principalmente dedicados al comercio y a la industria, comenzaran con pequeños núcleos de población que, al paso del tiempo y la llegada de nuevos colonos, crecieran hasta llegar a ser colonias de cierta relevancia, pero en nada pensable a los aglutinamientos de población mixta de época romana.

Así, pues, comienza a aparecer en la franja de Cadiz-costa, las colonias que se extenderán hasta el límite sur de la provincia de alicante; Barbesula (en la desembocadura del río Guadiaro), Salduba (Marbella, Málaga), Suel (Fuengirola, Málaga), Malaka (Málaga), Menoba (en la desembocadura del río Vélez), Sexti (Torrox, Málaga), Ex (Almuñécar, Granada), Selambina (Salobreña, Granada), Abdera (Adra, Almería), y Murgi (Mojácar, Almería).

 

 

RELACIONES CON EL INTERIOR

En cuanto al tacto de los fenicios dentro de terreno diplomático con las nuevas etnias, se tienen pocos datos. Las colonias creadas adoptaron un sistema federativo y establecieron un gobierno autónomo. Entre las más destacadas figuran Gadir y Malaka. No se conoce ningún detalle que deje entrever un rasgo de predominio político de una colonia sobre otra. El único vínculo que las unía era el origen común y los intereses comerciales. Cada colonia tenía sus propios magistrados. Estaban gobernadas por un sistema aristocrático jerarquizado que se encargaba de redactar las leyes y mantener los contactos con las colonias vecinas. Se disponía, ademas, de una asamblea en la que se tomaban decisiones cuando aparecían desacuerdos entre los magistrados.

 

PRESENCIA GRIEGA EN EL SUR PENINSULAR

Los autores antiguos nos citan dos colonias perfectamente identificables en cuanto a la identidad étnica: las colonias de Mainake y Odysea. De ella nos hablan Estrabón y Avieno. Estaban al frente de este movimiento migratorio los focenses. La primera de ellas está situada al Este de Málaga, aunque no se ha podido identificar aún. Desaparición de la esfera colonial a partir de la batalla naval de Alalia (535 a. de n. e.), fecha en la que los griegos sufren esta derrota y pierden sus relaciones comerciales con los supuestos tartesios. La ciudad de Odysea es un tanto hipotética, aunque se habla de ella.Hay quien la supone en el interior de la Alpujarra Baja de Granada, intentándola identificar con la actual Ugíjar. Pero todo es una mera conjetura basada en la toponimia. Estrabón, por su parte, afirma que al elemento griego se le atribuye la creación de algunas manufacturas, la introducción del uso de la moneda y algunas divinidades.

INTERVENCIÓN DE CARTAGO EN LA PENÍNSULA

Diodoro de Sicilia narra la llegada de los cartagineses explicitando detalles, a la Península. ante la competencia presentada por otras operaciones coloniales, como es la griega, y la resistencia o sublevación contra los fenicios de las costas y del interior, las colonias se vieron en la necesidad de buscar la protección de Cartago. A finales del siglo VII, los cartagineses se dirigieron a la Península pasando por Ibiza, asentándose conjuntamente con los fenicios, de su mismo origen, para reforzar la influencia y control que éstos venían manteniendo con los aborígenes. Este dominio se extiende prácticamente desde el Algarve hasta Baria. Fue realmente a comienzos del siglo V cuando se produjo la llegada fuerte de cartagineses. En esas fechas, los cartagineses se disputaban conjuntamente con los etruscos, el dominio del mar en Occidente contra los griegos, contra quienes en el año -535 combatieron en Alalia. Tras esta batalla surgió un nuevo dueño en la influencia y dominio comercial en el Mediterráneo Occidental. En estas fechas en la que se narran estos estos episodios, el pueblo romano se encuentra en los inicios de su historia. romanos y cartagineses firman un acuerdo en el que se deja bien claro que los romanos se comprometían, al igual que sus aliados, a no comerciar con la Península Ibérica ni, por lo tanto, a fijar colonias en este territorio. La primera Guerra Púnica, que duró 24 años, dio como resultado la pérdida de Sicilia y Cerdeña por parte de los cartagineses. No obstante los jefes cartagineses respaldados por su gran fortuna en sus emporios comerciales del resto del Mediterráneo, estaban un tanto perplejos por el lento pero sólido nacimiento de una segunda potencia. La pérdida de las grandes islas ponía en guardia a los cartagineses e intentaban hacer frente a esta humillación haciéndose fuertes en Hispania donde las riquezas estaban sin explotar y las tribus nativas eran idóneas para formar un ejército contra Roma. Amílcar Barca desembarca en Gadir con numerosos refuerzos africanos. Venía a Hispania con renombre y fama conseguido en África tras la terminación y arreglo de algunas discordias que comenzaban a perturbar el orden en Cartago. La pérdida de una colonias tan importantes suponía una seria advertencia a un imperio marítimo fraguado durante siglos. La estrategia de Amílcar Barca sopesó bien el proceso y significado del avance romano, y se adelantó para consolidar un frente que frenara y pusiera fura de combate a Roma. Sus intenciones concretas eran organizar un poderoso ejército y conducirlo hasta la misma Roma. No se puede olvidar que Amílcar Barca venía respaldado por un pasado glorioso: había conseguido dominar a los temibles libios. Era un guerrero prudente, hábil político, soldado intrépido y de buen trato con sus subordinados. Pero la hazaña romana le dejó fija una sola idea: destruir Roma y su poderío. Tras su llegada a la Península, recorre el territorio de los Turdetanos entablando con ellos estrechas relaciones. Sin embargo tuvo que someter a los Túrdulos al igual que a los Célticos y Oretanos. En todo este estratégico recorrido supo hacer acopio de riquezas, contentar a sus soldados con premios y establecer una bien entendida y prudente administración. La llegada de Amílcar tuvo lugar en el año -238. Al siguiente sometió a los Bastetanos y a otras tribus de la parte oriental, continuando su política de afianzamiento en la Península, guerreando y sometiendo a todas las tribus, desde las costas del sur hasta la desembocadura del Ebro. Este proceso habría dado pie a que el mismo Amílcar Barca emprendiera el ataque contra Roma, a no ser por el incidente ocurrido en Castrum Album, donde murió a manos de un hispano en una circunstancia desconocida por la habilidad de Amílcar. Asdrúbal, su yerno, le sucedió en el mando, ya que era su lugarteniente. Dentro de sus planes figuraba la idea de instaurar una nueva dinastía en Hispania. Con el fin de robustecer la empresa de Amílcar, fundó Cartago Nova (Kart Hadasth) en el año -228 a. de n. e. A partir de esta fundación fue esta ciudad, por su posición y comercio, el centro de las operaciones militares cartaginesas. como consecuencia de todo esto, las empresas militares iniciadas por Amílcar, fueron continuadas por Asdrúbal hasta llegar a pasar el Ebro. Los romanos, ocupados en la conquista de la Galia, sólo pudieron frenar su empuje hacia el Norte, consiguiendo que las colonias griegas fueran respetadas y la ciudad y territorio de Sagunto. Tras ocho años de gobierno, dio empuje a la agricultura y comercio. Murió a traición (Explicación dudosa). A la muerte de Asdrúbal, sube al poder Aníbal (año -221), hijo de Amílcar, por aclamación del ejército y posterior aceptación del Senado cartaginés. fue preparado por su padre tanto en el terreno político como militar. antes de tomar el poder había sido lugarteniente de su cuñado Asdrúbal. Los textos clásicos, como se verá, hablan del juramento hecho por Aníbal ante el altar de los dioses, de mano de su padre, prometiendo odio eterno a los romanos. Mientras Aníbal era aclamado como estratego por las tropas de Hispania, una oligarquía turbulenta enervaba el poderío de Cartago y alimentaba discordias hereditarias en el seno de las familias principales. Pero todo acabó, como se ha dicho, con la aceptación de aníbal por parte del senado cartaginés.

DEBATES EN CARTAGO POR LA ELECCIÓN DE ANÍBAL

La familia de los Hannónidas, que veía con recelo el encumbramiento de la familia Bárquida, se opuso a que el gobierno ratificase el nombramiento de Aníbal. Argumentó que era imprudente confiar el mando supremo de las tropas y encomendar el gobierno de Hispania a un joven ardiente y educado con instintos belicosos, y cuyo genio precoz iba a encender una guerra desastrosa entre dos repúblicas que podrían consolidarse con la paz y acrecentarse en el comercio. Como resultado de esta contienda política, el partido contrario a Hannón decidió aprobar el nombramiento de Aníbal. Éste tomó el mando a los 26 años. Tenía dotes de gran militar y madurez de anciano. Las opiniones sobre este personaje son encontradas según los planes y procedencia de los bandos contendientes. Lo que para uno es defecto, para otro es virtud y en ello se juega la eficacia. La «fides púnica» es un instrumento de rivalidad púnico-romana que se pone en práctica como elemento de guerra. Aparte de esto, es propio del carácter del elemento norteafricano. Era tal la influencia psicológica que los soldados veteranos que, cuando jóvenes había sido conducidos a la victoria por Amílcar, se entusiasmaban al contemplar en el hijo, la misma postura, el mismo semblante, la misma gallardía del padre. Veían en él resucitado a su antiguo general: los bisoños admiraban a un compañero; y la plebe, preciada de exterioridades vitoreaban al bizarro mancebo y al joven héroe.

La primera actividad de Aníbal fue el ponerse en contacto con los pueblos y comarcas sometidas por sus antecesores. Dentro de estos pueblos podemos destacar, en el territorio de la Bética oriental: Castulo, Illiturgi, Illiberi, Illurco, Illipula, Escua, Ebora…etc., como más significadas. Las regiones del norte eran las más reaccionarias y las que realizaban incursiones sobre las ricas regiones del sur. Entre las ciudades destacadas de la región sur sobresale en la vida de Aníbal, la plaza de Cástulo, importante por pertenecer a ella destacadas familias de la Hispania antigua. en ella Aníbal tomó esposa: una doncella llamada Himilce, fenómeno curioso porque el nombre no es ibérico sino fenicio, probablemente originario de los fenicios comerciantes). Este matrimonio no solo respondía a la vida afectiva de Aníbal, sino también a las pretensiones políticas de su programa de actividades. Tal acción significó un reforzamiento entre las relaciones de las dos etnias, hecho que repercutiría de forma positiva en la decisión de formar un gran ejército contra su objetivo principal: Roma.

Como preámbulo al programa de sus proyectos inicia una serie de preparativos de carácter general; abrió caminos, fortificó pueblos, construyó puentes, levantó torreones en las colinas más destacadas y en puntos estratégicos de las costas que durante siglos conservaron el nombre de «Torres de Aníbal», cuyo fin cubría tanto la seguridad de las ciudades y territorios comarcales como la vigilancia y control del movimiento marítimo en las costas y mares. Las relaciones con Himilce no retrasaron ni frenaron los planes contra Roma. Preparó un ejército sometiéndolo a una rígida disciplina. Emprendió compañas contra pueblos del interior y parte del Norte: Olcades, Vacceos y Carpetanos. Después del éxito militar sobre estas tribus, no tomó represalias, sino que procuró con su astuta sagacidad, ganarse su amistad y apoyo con el fin de formar bloque con ellos y presentar al enemigo un ejército gigantesco. Consiguió unificar el territorio comprendido entre la Bética y el Ebro, cosa que no pudieron realizar ni su padre ni su tío. La única ciudad que se mostró reacia a Aníbal fue Sagunto.

Episodio de Sagunto

Sagunto fue una colonia griega a la que los cartagineses se habían comprometido a respetar tras el primer tratado pactado con los romanos en el reparto de influencias y limitaciones. A la vista de los éxitos obtenidos por Aníbal en la Península, los romanos sintieron recelos y procuraron mantener estrechas relaciones con el pueblo saguntino, afirmando su alianza. Esta plaza era en realidad el foco de las intrigas romanas contra Aníbal. Desde aquí se procuraba por todos los medios sublevar a los pueblos que el cartaginés había sumado a su causa. Ante tal situación política, Aníbal informó a su gobierno de la doble actuación romana: sublevación de las tribus próximas a Sagunto y las vejaciones a que se veían sometidos los aliados de Cartago. Recibió autorización del senado para someter a esta ciudad y así quedar con las espaldas libres cuando emprendiera su marcha contra Roma, ya que era un peligro dirigirse a Italia con un enemigo dentro de sus dominios. Ante el cerco de Sagunto, el senado romano envía una embajada para entrevistarse con Aníbal, quien los recibió y escuchó. Le pidieron que se abstuviera de atacar al pueblo saguntino porque aliado del pueblo romano y, a la vez, recordar el pacto de limitar sus campañas en las orillas del Ebro. La ciudad fue tomada y destruida sin recibir apoyo alguno por parte de los romanos. La toma de Sagunto fue un reto a muerte entre Cartago y Roma. La actitud romana frente a los saguntinos despertó recelos entre sus pueblos aliados y creó un malestar de inseguridad entre ellos. Por su parte, la acción de Aníbal creo un ambiente de inseguridad y firmeza, a la vez que demostraba una actitud valiente y decidida. Los romanos no llegaron a comprender que los resultados y consecuencias de la toma de Sagunto fuera una declaración abierta de guerra por parte de Cartago que hacía pactos, tras estas hazaña, con los galos y preparaba un gran ejército para dirigirlo contra ellos. Ante esta situación el senado romano concibió serios temores y se apercibió para la guerra. La sagacidad de Aníbal era imprevisible. Las riquezas capturadas a los saguntinos sirvieron, por un lado, para sus soldados; por otro, con estos bienes se ganó mediante soborno a sus amigos y parciales que apoyaba su partido en Cartago, La conmoción producida en roma antes estos sucesos de Hispania, motivó que el senado romano investigara si la acción llevada a cabo por por Aníbal era el resultado de una hazaña individual de un cartaginés o había recibido el respaldo y apoyo del senado de Cartago. Ante tal dilema el senado romano pidió, en el primero de los casos, la entrega de Aníbal y, en el segundo, la declaración de guerra. Roma, en efecto, envía una embajada a Cartago que no recibió mas que manifestaciones hostiles y reconvenciones contra Roma como promovedora de las infaustas discordias. Aníbal, entre tanto, oía y se preparaba ante lo que ya era inminente: la guerra contra roma que había programado. Tanto la preparación material como la organización de los planes, tuvieron lugar en Cartago Nova. De aquí se dirigió a Gadir para celebrar en el templo de Melkart la toma de Sagunto y poner bajos los auspicios de los dioses sus futuras empresas. Respecto a la preparación del ejército, Silio Itálico nos narra que parte de él estaba integrado por soldados de la Bética. al frente de ellos iban dos personajes importantes: Phorcys y Araurico. Del territorio tartésico también tomaron parte gran cantidad de soldados. Éstos se sumaron a los Oretanos, Túrdulos, Astures, Celtiberos y Cántabros. Según nos cuenta Silio Itálico, Phorcys murió en la batalla del lago Trasimeno, y Araurico quedó gravemente herido. Cuando el ejército de Aníbal entró en Italia y se produjeron los primeros reveses sufridos por los romanos, Gneo Escipión, con una escuadra, contraataca a los cartagineses en su propio terreno. Desembarcó en las inmediaciones de Tarragona y derrotó a Hannón, jefe de enlace con el ejército de Italia. Asdrúbal, hermano de Aníbal, ante la pérdida de Hannón, no presentó batalla y se replegó hacia los cuarteles de Cartago Nova. Gneo Escipión se quedó en Tarragona. Pasado el invierno, Asdrúbal y su hermano Amílcar emprende de nuevo la campaña contra Escipión en la desembocadura del Ebro. A la vista de este desastre. Asdrúbal hacia las costas meridionales. Los romanos, ante esta deserción, se apresuran a ganar terreno y se lanzan a la conquista del Sur. Pero antes de esta partida se formalizan pactos con los pueblos sometidos a fin de tener las espaldas cubiertas. La mar quedó a merced de los romanos, hecho que dio pie a que penetrara por Almería y avanzara a través de Basti (Baza, Granada) y Auringi (Jaén), saqueando y destruyendo cuanto encontraba a su paso y le ofreciera resistencia o había tenido relación con los cartagineses. Asdrúbal tuvo que hacer frente tanto a los errores y cobardía de sus mandos, como al avance inexorable de los romanos en la conquista de la Península. Se refugió en la Lusitania donde tenía grandes refuerzos, para organizarlos y hacer frente al enemigo. Los Celtiberos, que había pactado con los romanos, recibieron plena libertad de acción y se dirigieron contra los pueblos del Sur, causando gran desastre. A pesar de todo, Asdrúbal se sobrepuso y consiguió rechazarlos. Roma comprendió que, ante los desastres contra los cartagineses en Italia, y, ante los progresos de Escipión en Hispania, era preciso minar el poderío cartaginés en su propio terreno. De aquí que encomendara el envío de refuerzos a Hispania y se ordenara hacer pactos con los pueblos vecinos de los Pirineos, a fin de cortar el paso a un posible abastecimiento de Aníbal a través de esta ruta. En el año -215 el foco más importante de la actividad bélica estuvo centrado en las ciudades más opulentas y seguras que mantenían los cartagineses en la Bética. Las ciudades de su parte oriental fueron las que sufrieron el mayor impacto de despliegue político y militar llevado a cabo por Gneo y Publio Escipión. Los cartagineses mantuvieron gran cantidad de mujeres hispanas como rehenes en la ciudad de Sagunto. Su liberación por los romanos supuso una captación de simpatía y la liberación de un yugo impuesto por Cartago. De esta forma se renovó la antigua alianza con Sagunto. Gneo Escipión se encargó de combatir la resistencia por tierra mientras que Publio procuró interceptar cualquier envío de refuerzo desde Cartago. Debido a esto, las costas del sur fueron controladas por la marina romana desde el año -215. Dado que las fuerzas de Asdrúbal no eran suficientes para presentar batalla a los romanos, se decidió esperar refuerzos desde África. Mientras tanto se retiró a Gadir, por prudencia, ante imprevistos. A pesar de ello, y tras dejar bien preparada su escuadra, decidió presentar batalla a los romanos. Pero ocurrió un hecho imprevisto por Asdrúbal; los prefectos de las naves cartaginesas, considerados culpables del desastres del Ebro, temiendo severas represalias, desertaron y desembarcaron en Carteia y sublevaron la región céltica, dedicándose al robo y al saqueo. Al frente de los sublevados se encontraba un personajes llamado Galbo. Éstos no se atrevieron a presentar batalla abierta, sino que practicaron la guerrilla hasta tal punto que Asdrúbal se vio obligado a buscar refugio en lugar fortificado. Los rebeldes se dirigieron contra Escua (Archidona, Málaga) y la tomaron por la fuerza. Esta plaza era un recinto fortificado casi inexpugnable por su configuración geográfica. Estaba bien pertrechada de víveres, municiones y vestuario para el ejército cartaginés. La escasa guarnición con que estaba defendida permitió a los rebeldes tomarla sin dificultad. Teniendo en cuenta la indisciplina que reinada entre éstos, Asdrúbal preparó sigilosamente su ejército, y tras algunas batallas, logró recuperar la ciudad. Cuando apenas había sido apaciguada la rebelión, Asdrúbal recibió órdenes del senado cartaginés de pasar a Italia. Esta noticia cundió hasta llegar a oídos e los romanos. Asdrúbal, por su parte, informó al senado del peligro que implicaba desguarnecer la Península. Los romanos, que estaban prevenidos, se aprestaban para una contraofensiva decisiva y final. Tales precauciones y riesgos fueron debidamente comunicados al senado de Cartago, quien decidió mandar a Himilcón con una escuadra y ejército de refuerzo. Una vez llegadas estas tropas, Asdrúbal tuvo el camino expedito hacia Italia para sumarse el ejército de Aníbal. Puestos en aviso los Escipiones, presentaron batalla en Metauro y este ejército fue derrotado aparatosamente. Asdrúbal se vio obligado a retroceder a las provincias meridionales de la Península con el resto del ejército superviviente. Toda esperanza de trasladarse a Italia quedó abortada. Los Escipiones, tras esta victoria, quedaron mermados en víveres e impedimenta en general. Para no captarse antipatías ante los pueblos hispano, solicitaron del pueblo romano y del senado ayuda con el fin de conseguir y proseguir sus victorias, ganando terreno en el único frente donde los cartagineses estaban sufriendo serios y casi irreversibles reveses. El senado, con gran esfuerzo, consiguió mandar la ayuda solicitada. Este refuerzo se puso de inmediato en marcha hacia la ciudad de Illiturgi, que se encontraba cercada por Asdrúbal. Esta localidad había desertado en favor de los romanos El asedio fue llevado a cabo conjuntamente por Asdrúbal, Amílcar y Magón. Los romanos consiguieron llegar a tiempo y romper el asedio. A pesar de ser en número inferiores a los cartagineses, consiguieron entrar en la ciudad después de alcanzar la victoria. en corto espacio de tiempo tanto el ejército cartaginés como el romano se apresuraron a equiparse y prepararse para nuevas confrontaciones. Los planes de ambos eran deshacer las alianzas de ayuda mutua entre pueblo y ejército. Tito Livio nos dice que toda la Hispania Ulterior se habría perdido por los romanos si Publio Escipión no hubiera pasado el Ebro y reanimado el espíritu de sus aliados. Los cartagineses reciben un nuevo refuerzo de África a las órdenes de Asdrúbal Gisgón. Como consecuencia de todos estos preparativos se produce un nuevo enfrentamiento en las cercanías de Castrum Album (Acra Leuca) ¿Alicante?) con un resultado indeciso. Asdrúbal trató de resarcirse de las derrotas sufridas, pero se produjo una nueva deserción; Cástulo, patria de la esposa de Aníbal, se había pasado al bando de los romanos. Illiturgi (Mengíbar, Jaén) era el centro de intrigas y conspiraciones llevadas a cabo por los agentes de los Escipiones contra la dominación cartaginesa. Era aquí donde se hallaba el punto de partida de todas las actividades secretas con los magnates de las comarcas vecinas.. Toda esta labor de zapa, hábilmente preparada contra los púnicos, dio como fruto la deserción de Cástulo. La ciudad fue cercada con el fin de conseguir su rendición, sometiéndola al desabastecimiento y consecuente hambre. Pero tras una maniobra astuta, Escipión consiguió introducir víveres en la ciudad, haciendo, además, levantar el cerco. Los cartagineses, en venganza, se dirigieron hacia Biguerra (¿Bogarra ?, Albacete), que al igual que Cástulo, se había pasado al bando de los romanos. La inmediata acción defensiva de éstos, evitó la guerra, y Asdrúbal se retiró a Munda. El ejército romano continuó su persecución contra los cartagineses hasta alcanzarles en Munda. Se produjo un enfrentamiento en el que Gneo Escipión fue herido. A pesar de la ventaja cartaginesa, este combate no tuvo resultados positivos para nadie. El Propio Tito Livio indica que el resultado a favor de los romanos fue un rumor. El estado de Escipión provocó el desconcierto entre las filas romanas, que huyeron desalentados. Esto dio pie a que Asdrúbal tomara la iniciativa y, con el campo favorable, comenzara a ocupar las comarcas sublevadas, llegando hasta Auringi (Jaén). A pesar de la herida, Gneo Escipión reorganizó su ejército y venció a los cartagineses en esta ciudad tras un asedio. Ante tal situación, Asdrúbal, siguiendo la táctica de Aníbal, hizo estrechas alianzas con los galos, consiguiendo un ejército que llegó hasta Cartago Nova al mando de dos régulos llamados Civismaro y Menicato. En realidad este ejército, formado por gente que sólo pretendía el pillaje, robo y saqueo de las comarcas sublevadas, fue pronto derrotado por una milicia organizada y con ideas muy diferentes.

Ambos ejércitos se mantuvieron inactivos durante el año que sigue a la derrota de los galos en Hispania (-214). En este interim los romanos aprovechas una oportunidad para establecer relaciones y alianzas con la ciudad de Sica, en el Norte de África. Esta ciudad, gobernada por Sífax, pide a los romanos que formen un ejército con las numerosas hordas de africanos. Fue encargado de llevar esta labor Quinto Statorio. Envalentonado Sífax con esta nueva alianza, invade el territorio donde se encontraba Masinisa quien lo derrota venciéndolo y obligándolo a desterrarse. Masinisa, después de esta victoria, pasa a Hispania en ayuda de Asdrúbal Gisgón, desembarcando en Cartago Nova. Entre tanto, romanos y cartagineses se dedican a pactar alianzas con el fin de renovar la guerra, buscando apoyo. Los púnicos reforzaron sus tropas con la ayuda aportada por Masinisa, de un lado, y tropas hispanas, contando, pues, con tres cuerpos de ejército. Al frente del primer ejército se encontraba Asdrúbal Barca, instalado en Anatorgis (Requena o Teruel). Los otros dos se encontraban en la comarca de Jaén, mandados por Magón y Asdrúbal Gisgón. Comenzada la contienda, los Escipiones creyeron más estratégico atacar ambos frentes ya que cabía la posibilidad de que alguno de ellos rehusase el combate y se prolongase aún más la guerra. Pero esta táctica no dio el resultado esperado a los romanos. Publio Escipión, con dos terceras partes de su ejército, acudió en busca de Asdrúbal Gisgón y Magón. Gneo Escipión, con la tercera parte restante, salió al encuentro de Asdrúbal Barca. Gneo se dirigió hacia donde Asdrúbal Barca,valiéndose de amenazas y prodigando dádivas, consiguió que desertaran los celtiberos Anatorgis, componentes del ejército romano. Por lo que tuvo que ponerse en retirada ante el acoso cartaginés. Por su parte, Publio había tomado posiciones en Cástulo, donde en poco tiempo se vio bloqueado. En ello tuvo una eficaz actuación Masinisa, que dejó, con su caballería ligera, sin respiro al ejército romano. Puso en vilo al contingente romano día y noche con toda clase de escaramuzas. Publio recibió la noticia de que Indívilis, jefe de Susetanos (de las comarcas de Valencia y Murcia), venía a unirse a los cartagineses. Tal movimiento de tropas hizo pensar a Publio que su hermano Gneo había tenido dificultades, por lo que decidió burlar las líneas de Masinisa durante la noche y salir el encuentro de Indivilis. en esta salida dejó a su lugarteniente Fonteyo, al mando de una escasa guarnición. Con todo, no consiguió burlar a Masinisa que, de inmediato, salió en su persecución Cuando el ejército romano estaba a punto de atacar a Indivilis , hizo su aparición la caballería númida, quedando Publio entre dos frentes A esto se sumó la aparición en escena de las tropas de Magón y de Asdrúbal Gisgón. Publio perdió la vida en esta batalla. Las tropas romanas se dieron a la fuga desconcertadas. Los númidas salieron tras los fugados causando una masacre entre ellos. Algunos se salvaron refugiándose en Segura de la Sierra y en Illiturgi. Tras esta victoria, Magón y Asdrúbal dieron algún descanso a sus tropas, y se encaminaron para unirse a Asdrúbal Barca, que se encontraba en lucha con Gneo Escipión. Cuando éste divisó la numerosa tropa que se dirigía contra él, intuyó que algún desastre había ocurrido a su hermano; por lo que rehusó el combate y se refugió en una torre que poco después fue cercada e incendiada por los cartagineses, muriendo en ella Gneo Escipión. La nueva victoria llevó a los cartagineses a recuperar sus antiguas alianzas con los pueblos de esta comarca. Biguerra fue una de ellas. El partido cartaginés cobró aliento en todos los pueblos que había aceptado la causa romana. La plebe de Cástulo e illiturgi se alzó contra los romanos que aún quedaban en estas plazas aniquilándolos. Así termina esta primera fase de las guerras púnicorromanas en lucha por la supremacía politicomilitar en territorio hispano. Una vez derrotados los romanos, el ejército cartaginés despreció la presencia de aquellos en la Tarraconensis. Este descuido va a suponer una reacción por parte de Roma, que provocará la total destrucción del poderío cartaginés en la Península. Asdrúbal se hizo fuerte en la Hispania Ulterior. su avance hacia tarragona fue lento.

Por otro lado, Asdrúbal preparaba un ejército para ir contra Italia.

Entre tanto el joven romano llamado Gayo Marcio consiguió formar un ejército a base unir soldados fugitivos y dispersos. Con ello consiguió organizar una división que contuvo el intento de Asdrúbal de atravesar el Ebro (año -212). De esta forma deshizo sus planes consiguiendo con ello reavivar la esperanza de un triunfo de las tropas romanas en Italia.

El senado romano, sabedor de la derrota y muerte de los Escipiones, vio con agrado los triunfos de gayo Marcio, quien se hizo nombrar propretor por el ejército. Este detalle no agradó al senado, que era quien otorgaba tales títulos, y nombró propretor a Claudio Nerón, que desconocía la astucia de Asdrúbal, y no consiguió su propósito de derrotarlo.

Apenas desembarcó en Tarragona, tomó el mando del ejército que había mandado Gayo Marcio. A estas tropas se sumaron las recuperadas por Tito Fonteyo en Segura de la Sierra, descendiendo hasta donde se encontraba Asdrúbal. Consiguió sorprender sigilosamente a las tropas cartaginesas en el desfiladero denominado Lapides Atri, entre Mentesa e Illiturgi. Atrapado Asdrúbal en este desfiladero, podía fácilmente haber sido aniquilado si el romano hubiera conocido la táctica diplomática del cartaginés. En efecto, Asdrúbal envió emisarios comunicando a Claudio Nerón que sus intenciones eran evacuar rápidamente Hispania, ya que su ejército estaba desgastado de tantos enfrentamientos producidos con los romanos. Tal noticia fue tomada al pie de la letra por el romano, y Asdrúbal, aprovechando la dilación de tal estratagema, se aprestó a organizar la retirada. Claudio Nerón, que se disponía a negociar con el cartaginés, se encontró con que al día siguiente, el campo del ejército cartaginés había sido levantado y abandonado.. Intentó avanzar en persecución del enemigo, pero tan sólo mediaron escaramuzas de mediana importancia.

Claudio Nerón perdió su confianza ante el senado, quien planeó un nuevo nombramiento para restaurar la pérdida militar y prestigio, no sólo por la muerte de los Escipiones, sino por la ridícula acción de Claudio Nerón. Se solicitaron voluntarios, pero nadie quería correr el riesgo de perder su prestigio ganado con el esfuerzo. En esta situación se presentó ante el senado Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio Escipión y sobrenombre de Gneo. Se ofreció para vengar la muerte de entrambos Escipiones así como la intención de recuperar la Península Ibérica. A pesar de los obstáculos que se le presentaron, como el de su juventud, 25 años, fue aceptado para tal cargo y empresa. Así, fue nombrado procónsul, tras una demostración de su habilidad oratoria persuasiva sobre conocimientos militares y estratégicos relacionados con Hispania y el carácter de los hispanos. En sus primeras operaciones partió con ejército y escuadra arribando a Ampurias. De aquí se dirige por tierra a Tarragona y se preparó para entablar combate. Allí convocó a las tropas de Gayo Marcio procurando reanimarlas afirmando alianzas y procurando otras nuevas. La situación de los jefes cartagineses en la Península era la siguiente: Asdrúbal Barca, en Cástulo; Magón, en Gadir; Asdrúbal Gisgón en la Mancha.

En el año -210, Escipión reunió su ejército en Tarragona, y se preparó para entablar combate. Su objetivo, llevado en secreto, fue el casco de Cartago Nova. Los detalles de esta campaña sólo eran conocidos por sus íntimos, como Gayo Laelio, quien se puso al frente de la escuadra ye, partiendo de Tarragona, llegó en siete días a Cartago Nova. El ataque se planeó por la parte norte de la ciudad, que era su punto más vulnerable. Tras algunos avances y retrocesos, los romanos lograron penetrar en la ciudad. Fue saqueada y sometida. Asdrúbal se rindió.

POLÍTICA DE ESCIPIÓN

Después de esta victoria, Escipión reúne sus tropas de tierra y mar , tras elogiarlas y premiarlas debidamente, se dispuso a organizar las primeras acciones a llevar a cabo. Así, pues, comienza por una táctica muy política. Entre los prisioneros hispanos de Cartago Nova, tenidos como rehenes por Asdrúbal, se encontraban algunos magnates para asegurar sus alianzas con los demás pueblos. Se encontraban también muchas familias opulentas establecidas en Cartago Nova, que preferían, para vivir, una ciudad que proporcionara todo género de comodidades y el brillo de un lujo espléndido a las pobres aldeas sometidas a sus patrimonios. Escipión convocó a los más notables personajes, les exhortó con afabilidad y tacto, y les hizo saber que los romanos conquistaban los pueblos con beneficios y no con violencia, diciendo que la buena disposición a la República romana y no una odiosa servidumbre había de ser el vínculo que con él los enlazase. Los despidió cordialmente en absoluta libertad. Hizo formar un estado de los demás españoles cautivos, de sus nombres y patria y, regalando a los más jóvenes anillos y brazaletes, a los viejos espadas y puñales,, les permitió, con afables amonestaciones, volver al seno de sus familias. La conducta de Escipión granjeó a los romanos más partido que la derrota de ejércitos. Llegó a conocer rápidamente el carácter hispano. El pueblo en su rudeza se dio cuenta de que los romanos tan sólo eran enemigos de los cartagineses. Escipión apareció a los ojos de los hispanos como un elemento beneficioso para la comunidad rehecha. La rendición de la capital del imperio cartaginés permitió a los romanos tomar asiento firme en la Península. Aunque los cartagineses ocupaban las plazas principales y conservaban numerosos aliados y todos los elementos de resistencia, la pérdida de una capitalidad y la proximidad de un centro de operaciones enemigas,, no podían menos de ser un paso avanzado para la futura dominación. La conquista de Cartago Nova favoreció rápidamente el dominio moral que la política romana iba preparando contra el gobierno norteafricano. Asdrúbal quedó sorprendido al saber el asalto y toma de la ciudad y, desde la comarca de Cástulo, donde permanecía con su ejército, procuró atenuar la pérdida y reanimar el espíritu de sus soldados y oficiales. Para ello quiso arriesgar una batalla desafiando y provocando a Escipión. Este enfrentamiento se produce en el -209.Los cartagineses ocupaban con recelo la comarca de Cástulo, porque el partido prerromano se había ensoberbecido e inspiraba temores de un levantamiento. En esta misma fecha tiene lugar la batalla de Bilches. Escipión avanza desde Tarragona para enfrentarse al enemigo, encontrándose con él en las cercanías de Abula. Al avistarse ambos ejércitos, Escipión envió algunas tropas para contener a la terrible caballería númida. Intentó Escipión luchar en campo abierto, pero Asdrúbal se mantuvo firme en sus posiciones. Sabiendo el romano que el cartaginés esperaba la ayuda de Asdrúbal Gisgón y de Magón , temió que pudiera convertirse aquello en algo similar a lo de su padre y tío. Por ello se decidió a presentar batalla rápidamente. Decide, pues, atacar y consigue tomar Bilches Tras ello, Asdrúbal se ve forzado a retirarse hacia el Tajo. Después de esta batalla Escipión dejó en libertad a muchos hispanos sin rescate, tras haber sido hechos prisioneros. Con ello no hacía más que seguir adelante con su táctica diplomática de hombre clemente y generoso. Asdrúbal Gisgón y Magón acudieron tarde en ayuda de su jefe. Escipión se retiraba a Tarragona por el puerto de Muradal cuando ambos generales llegaban al ya abandonado campo de batalla. A pesar de la victoria de Abula por parte de los romanos, ello no supuso una pérdida cuantiosa para los cartagineses, puesto que continuaban con numerosas fuerzas haciendo la guerra en la Península. Éstos fusionaron sus ejércitos para reforzar el de Aníbal en Italia. Reunidos los dos Asdrúbal, Magón y Masinisa, resolvieron que Asdrúbal Barca pasase a Italia, encargándose Masinisa de llamar la atención de los romanos hacia la parte meridional de Hispania. Asdrúbal Gisgón vigilaría el resto de las provincias manteniéndose a la defensiva. Magón por su parte, se dirigiría hacia las Baleares a fin de reclutar soldados. El proyecto de marcha sobre Italia comenzó a ponerse en acción a principios del -208. Asdrúbal superó por las mismas vías que su hermano Aníbal, los Pirineos y los Alpes, descendiendo a continuación a las llanuras de Italia.

La noticia de este nuevo contingente causó espanto en Roma. Asdrúbal cercó Plasencia desde donde envió cuatro galos y dos númidas a caballo, portadores de informes para Aníbal que se encontraba en el punto opuesto del territorio italiano. Extraviados los emisarios en su marcha, cayeron en poder de un destacamento romano mandado por el propretor Claudio Nerón. Éste consiguió averiguar la misión de los emisarios y atacó a Asdrúbal, deseoso de vengar la afrenta sufrida en Hispania. Asdrúbal fue emboscado y murió luchando. Mientras tanto Asdrúbal Gisgón, Magón y Masinisa, mantenían en Hispania la guerra contra Escipión. Aquellos rehusaron el combate frontal esperando noticias de Italia. Sabido el desastre, resolvieron tomar la ofensiva y estimular para la guerra a sus aliados. En el año -207 tiene lugar el cerco de la ciudad de Auringi. Ante el panorama planteado por la derrota del ejército enviado a Italia y tras la decisión de iniciar los combates contra los romanos en la Península, Magón se anticipó excitando a los celtiberos. Pero el propretor Marco Silano se dirigió contra ellos consiguiendo dispersarlos y haciendo prisioneros a sus jefes. El propio Escipión persiguió a Asdrúbal Gisgón que tenía en esta comarca todo su ejército. Éste, al aproximarse los romanos, se repartió entre las cercanas fortalezas y ciudades principales burlando las intenciones del enemigo. Como Escipión quería trabar batalla decisiva, pensó que había perdido la oportunidad y se dio cuenta que era preciso poner cerco a las plazas cuyas rendiciones exigían tiempo y en cuyas empresas ponían en peligro su reputación militar. Teniendo en cuenta estas premisas, retrocedió hacia las provincias del norte y encargó a su hermano Lucio el cerco de Auringi. Esta plaza fue segunda por su categoría y los romanos se apresuraron a tomar, desde que desde aquí se controlaba la mayor parte de la Bética. Lucio intentó persuadir a los soldados y ciudadanos a la rendición, pero obtuvo una respuesta negativa. Por ello se preparó para el asedio levantando doble foso y trinchera. Tras diversas escaramuzas con avances y retrocesos, lograron dejar desguarnecida la ciudad en algunos puntos. Tras la rendición de la ciudad, ya que los ciudadanos abrieron sus puertas, los soldados salieron y se entregaron a los romanos. Los generales cartagineses no se preocuparon demasiado por este revés. Reorganizaron un ejército en las comarcas donde aún no habían entrado los romanos. Con él ocuparon Illipa. Cuando Escipión conoció la magnitud de este ejército, se aprestó a no cometer el error de sus antecesores. Confió en un jefe llamado Colca que tuvo gran influencia en la comarca de Granada y entornos. Los únicos aliados de que disponían los romanos se entraban en las proximidades de Illiberi y lugares próximos a la misma. Mientras que los cartagineses dominaban Málaga, Sevilla, Córdoba y gran parte de Jaén. Escipión conmocionó a Marco Silano para conducir esta fuerza que se unió al resto del ejército junto a Cástulo, donde estaban los mandos. Desde este punto partió el procónsul en busca de los enemigos congregados en las inmediaciones de Betula. Se produjo un choque entre las fuerzas romanas y cartaginesas, que se encontraban al mando de Magón y Masinisa. Escipión, con buena estrategia, consiguió ponerlos en retirada hacia Sevilla. Poco tiempo después dio en Carmona un combate donde los cartagineses, muy mermados en sus fuerzas, se vieron obligados a retirarse a Gadir. Aprovechando la coyuntura política, Escipión se puso en contacto con el norte de África con el fin de establecer alianzas con el rey Sífax. Por su parte, el gobierno cartaginés ordenó hacer los mismo a Asdrúbal Gisgón. Algunos historiógrafos dicen que las dos embajadas presentes ante el rey Sífax llegaron a residir juntas. Escipión quedó aparentemente amigo de Sífax. Pero Asdrúbal jugó su carta política ofreciéndole por esposa a su hija Sofonisba, hecho que decantó en favor del cartaginés. Masinisa, que también era candidato a tal matrimonio, se sintió ofendido y se pasó al bando de los romanos. Con ello la balanza *******se inclinó a favor del bando de Escipión. Escipión regresa a Cartago Nova con una misión perfectamente cumplida: enfrentar a los dos africanos. Debido a su ausencia, el bando cartaginés había conseguido afirmar alianzas. Con ello la situación se encontraba un tanto revuelta. Cástulo e Illiturgi se habían rebelado. El bando cartaginés se vió reforzado. Escipión soportó toda clase de agravios hasta encontrar la situación idónea para tomar represalias. cuando hubo conseguido dar un escarmiento a los elementos pro cartagineses, dirigió su ejército contra Illiturgi, ordenado a la vez que Mucio Marcio tomase por las armas Cástulo. Illiturgi se aprestó a dar cara a los romanos. Tras una penosa y encarnizada lucha, con grandes pérdidas por parte de Escipión, la ciudad fue tomada y sus habitantes muertos sin distinción. La ciudad fue completamente destruida. Con ello desapareció una de las ciudades más fuertes de la Hispania antigua. Se suele identificar con Andújar o Santa Potenciana. Destruida Illiturgi, Escipión se dirige contra Cástulo que estaba en posición de los cartagineses. Temiendo una matanza similar a la de Illiturgi, Castulo se le pensó mejor y llegó a un acuerdo con los romanos si que se produjera derramamiento de sangre.

La noticia de este nuevo contingente causó espanto en Roma. Asdrúbal cercó Plasencia desde donde envió cuatro galos y dos númidas a caballo, portadores de informes para Aníbal que se encontraba en el punto opuesto del territorio italiano. Extraviados los emisarios en su marcha, cayeron en poder de un destacamento romano mandado por el propretor Claudio Nerón. Éste consiguió averiguar la misión de los emisarios y atacó a Asdrúbal, deseoso de vengar la afrenta sufrida en Hispania. Asdrúbal fue emboscado y murió luchando. Mientras tanto Asdrúbal Gisgón, Magón y Masinisa, mantenían en Hispania la guerra contra Escipión. Aquellos rehusaron el combate frontal esperando noticias de Italia. Sabido el desastre, resolvieron tomar la ofensiva y estimular para la guerra a sus aliados. En el año -207 tiene lugar el cerco de la ciudad de Auringi. Ante el panorama planteado por la derrota del ejército enviado a Italia y tras la decisión de iniciar los combates contra los romanos en la Península, Magón se anticipó excitando a los celtiberos. Pero el propretor Marco Silano se dirigió contra ellos consiguiendo dispersarlos y haciendo prisioneros a sus jefes. El propio Escipión persiguió a Asdrúbal Gisgón que tenía en esta comarca todo su ejército. Éste, al aproximarse los romanos, se repartió entre las cercanas fortalezas y ciudades principales burlando las intenciones del enemigo. Como Escipión quería trabar batalla decisiva, pensó que había perdido la oportunidad y se dio cuenta que era preciso poner cerco a las plazas cuyas rendiciones exigían tiempo y en cuyas empresas ponían en peligro su reputación militar. Teniendo en cuenta estas premisas, retrocedió hacia las provincias del norte y encargó a su hermano Lucio el cerco de Auringi. Esta plaza fue segunda por su categoría y los romanos se apresuraron a tomar, desde que desde aquí se controlaba la mayor parte de la Bética. Lucio intentó persuadir a los soldados y ciudadanos a la rendición, pero obtuvo una respuesta negativa. Por ello se preparó para el asedio levantando doble foso y trinchera. Tras diversas escaramuzas con avances y retrocesos, lograron dejar desguarnecida la ciudad en algunos puntos. Tras la rendición de la ciudad, ya que los ciudadanos abrieron sus puertas, los soldados salieron y se entregaron a los romanos. Los generales cartagineses no se preocuparon demasiado por este revés. Reorganizaron un ejército en las comarcas donde aún no habían entrado los romanos. Con él ocuparon Illipa. Cuando Escipión conoció la magnitud de este ejército, se aprestó a no cometer el error de sus antecesores. Confió en un jefe llamado Colca que tuvo gran influencia en la comarca de Granada y entornos. Los únicos aliados de que disponían los romanos se entraban en las proximidades de Illiberi y lugares próximos a la misma. Mientras que los cartagineses dominaban Málaga, Sevilla, Córdoba y gran parte de Jaén. Illiturgi se aprestó a dar cara a los romanos. Tras una penosa y encarnizada lucha, con grandes pérdidas por parte de Escipión, la ciudad fue tomada y sus habitantes muertos sin distinción. La ciudad fue completamente destruida. Con ello desapareció una de las ciudades más fuertes de la Hispania antigua. Se suele identificar con Andújar o Santa Potenciana. Destruida Illiturgi, Escipión se dirige contra Cástulo que estaba en posición de los cartagineses. Temiendo una matanza similar a la de Illiturgi, Castulo se le pensó mejor y llegó a un acuerdo con los romanos si que se produjera derramamiento de sangre.

Dominada por los romanos la parte suroriental de la Bética, quedan aún en poder de los cartagineses las regiones occidentales. La consolidación del poder de los romanos se vio reflejada en una ciudad que recibió un sufrió un trato simular al de Sagunto. Se trata de la ciudad de Astapa (Estepona, Málaga). Astapa era una ciudad tan aliada y amiga de los cartagineses como enemiga acérrima de los romanos, quienes habían recibido de sus habitantes pruebas inequívocas de odio. Los cartagineses, desde esta plaza, tenían en continua tensión a los comarcanos aliados de los romanos. Desde aquí se practicaba una guerra lenta y demoledora con pequeñas escaramuzas perfectamente programadas. Era una perfecta guerra de desgaste contra un enemigo siempre desprevenido o en inferioridad numérica. Lucio Macio se dirigió contra ellos. Pero los moradores de esta ciudad no soportaron ser sometidos y lo destruyeron todo lanzándose sobre la hoguera, como último paso. La toma y destrucción fue el último hecho de armas de los romanos contra los cartagineses, quienes se retiraron a Gadir dejando el territorio a merced de los romanos. Tras el tratado que puso fin a la segunda guerra púnica, quedó todo el territorio peninsular en poder de los romanos. De esta forma se puso fin a la dominación cartaginesa bajo el mando de los Bárquidas, en un país donde habían dominado durante más de 200 años. Durante este período dieron su fruto los elementos civilizadores que los fenicios habían traído a Hispania. Cuando los cartagineses, sobreponiéndose a los primitivos colonos subyugaron a las razas indígenas, mantuvieron las diversas repúblicas federativas que, industriosas y pacíficas, tenían leyes propias y alguna cultura. En cada cantón había un magnate o régulo cuyas órdenes respetaba toda la tribu y al que procuraron atraerse a todos los cartagineses. La administración de Amílcar y Asdrúbal hasta tal extremo identificaron los intereses de Cartago con los de la Península que su conquista costó a los romanos tanta sangre y tan arduos esfuerzos como la del resto de Hispania. Auringi, Illiturgi, Castulo y Astapa aparecen en la Historia como ciudades importantes cuyos moradores hicieron sacrificios heroicos en favor de sus aliados. Tan señalada obstinación y los distintos ejércitos reclutados en la Península prueban que el gobierno de los cartagineses no era violento, y que la familia Barca había sabido granjearse simpatías profundas. Resulta bastante negativo, por una parte, la destrucción, por los romanos, de los anales y memorias cartagineses; y, por otra, la abolición de la confederación y fueros del país, que los fenicios mantuvieron intactos. De todas estas luchas entre dos repúblicas poderosas en la Antigüedad sólo queda una maltrecha situación provocada por el enfrentamiento armado que afectó profundamente a las estructuras y raíces ancestrales de la etnia y sabiduría peninsular. Esta introducción nos lleva a documentar debidamente los episodios de la Guerras Púnicas sobre todo la Segunda y Tercera. Para ello recurriremos a la historiografía antigua tanto latina como griega. En esta parte del documento se tratará de ver las cualidades reales de Aníbal, paso a paso, para ir demostrando las tácticas militares del personaje, los aciertos y errores, analizando los episodios desde su llegada a Hispania hasta el final de sus días después de sufrir una serie de tropiezos principalmente habidos en territorio italiano. Iremos cotejando las coincidencias y discrepancias entre autores en su interpretación de cuanto va sucediendo en el desarrollo de los acontecimientos. Iniciaremos a exposición rememorando lo que aconteció en la Primera Guerra Púnica, porque los resultados de la misma van a tener una repercusión en los acontecimientos que tienen lugar en Hispania a su llegada. Recordemos que los cartagineses eran de la misma etnia que los fenicios, pero éstos perseguían unos fines muy distintos a los de Cartago. El fenicio estrictamente hablando era un comerciante. Le movía intereses económicos, mientras que los cartagineses vinieron a la Península buscando rehacerse del trauma bélico sufrido en Sicilia. Intentarán por todos los medios atraerse a sus hermanos de sangre a sus intereses enfilados a iniciar una recuperación del ultraje sufrido frente a los romanos y hacer frente a la tremenda carga económica impuesta por los romanos tras su victoria sobre ellos. El lugar no podía ser mejor para iniciar una recuperación de los variados reveses recibidos desde el inicio de la conquista y dominio comercial del Mediterráneo. Ya Cartago se movía por unos intereses militares, aunque los económicos no estaban fuera de sus intenciones. Ya los griegos también se movían por el Mediterráneo occidental por las mismas razones. Pero Roma había iniciado su historia (-753) tratando de apoderarse de lo que consideraba territorio peninsular. Y se tuvo que enfrentar con todas las colonias que se hallaban al sur de la Península, tanto griegas como fenicio-púnicas Una vez hecha este preámbulo, se van a ir exponiendo y comentando los textos referentes a los episodios más notables de esta lucha por el poder en el Mediterráneo occidental.

RELACIÓN DE AUTORES DE FORMA SINCRÓNICO-DIACRÓNICA

La documentación de estos relatos están estrechamente relaciones con la bibliografía general de los autores más relevantes en la narración de los acontecimientos de las tres guerras púnicas mantenidas entre Roma y Cartago. Pero nos centramos más en los episodios de la segunda guerra púnica y los resultados después de Zama, con el inicio de la tercera guerra, que provocará la huida de Aníbal de Cartago a otras nacionalidades extranjeras. Pero que nos centraremos más en Aníbal como militar estratego, tanto en su propio terreno como en los países donde se refugió. Siria y Bitinia (Asia Manor). Por ello se irá haciendo comentario sobre los textos originales de los narradores más importantes de la historia clásica. Pero relegándonos sólo a expresar nuestra opinión personal a la vista de los textos, sin citar otras opiniones relativas al tema y centrándonos tan sólo en los textos que se van a ir exponiendo de forma sucesiva, citando los períodos a los que los autores hacer referencia de los acontecimientos bélicos de Anibal en Hispania, Italia, Cartago y el extranjero. Pero se hablará de Aníbal en todos los aspectos, porque su carácter era determinante en la trayectoria de los acontecimientos que se van a ir encadenado a los largo de esta contienda.

Año -237 a -218

Livio, 21, 1-4. Se dice que Aníbal, a la edad de nueve años. cuando intentaba persuadir a su padre Amílcar para que lo llevase consigo a Hispania, terminada ya la Guerra de África, estando realizando sacrificios para llevar el ejército allá, fue llevado ante el altar y obligado con juramento a ser enemigo del pueblo romano tan pronto como pudiese».

Las consecuencias de la Primera Guerra púnica se registran en las actitudes del ejército cartaginés dispuesto a tomar venganza de la terrible humillación militar sufrida en Sicilia, Cerdeña y África. Pero pensamos que era más la cuantiosa penalización económica impuesto por Roma tras la derrota de aquellos. Aníbal es impulsado por su padre a odiar eternamente a los romanos, y su intención no es otra que buscar los medios necesarios para resarcirse de aquel enorme impuesto (2200 talentos, tipo griego de Eubea) que se fueron incrementando a consecuencia del plazo de amortización. La guerra tuvo como escenario los puntos claves de Sicilia, territorio de Cartago en África, el estrecho entre Córcega y Cerdeña y las cercanas islas Lípari.

Livio, 21.2.1 a 7. Embargado por estas preocupaciones, de tal forma actuó en la guerra de África, que tuvo lugar inmediatamente después de la paz romana, de cinco años de duración, y después durante nueve años en incrementar el poderío púnico en Hispania», que dio la impresión de que promovía una guerra mayor de la que podía emprender; y si hubiese vivido más tiempo, con Amílcar como guía, los cartagineses hubiesen llevado las armas a Italia, cosa que hicieron bajo la mano de Aníbal. «La inesperada muerte de Amílcar y la niñez de Aníbal alejaron la guerra. durante ocho años entre padre e hijo, ocupó el poder Asdrúbal. dicen que la gracia de su juventud se ganó primero el afecto de Amílcar; más tarde, la feliz disposición de su ingenio le elevó a yerno suyo. Con este título que llevaba consigo y el apoyo del partido de los Barca, cuya influencia sobre el ejército y la plebe era más que mediana, se apoderó del poder al que el voto de los nobles no le hubiera llevado. Usó más de su diplomacia que de su fuerza y aumentó el poderío de Cartago más con los lazos de hospitalidad establecidos con los reyezuelos y con los pueblos nuevos, que ganó para su causa por medio de la amistad con los príncipes, que por la fuerza y las armas. Pero la paz no le resultó más segura. Pues un bárbaro airado por la muerte de su amo, le asesinó públicamente.. Capturado por los circundantes, su aspecto permaneció inalterado, como si hubiese huido y, desgarrado por la tortura su rostro no se inmutó, sino que, venciendo el dolor con alegría, llegó a sonreír. Con este Asdrúbal, que fue de una admirable habilidad en atraerse las tribus y unirlas a su mando, el pueblo romano renovó su pacto. Según éste, el límite de ambos imperios lo constituía el río Ebro, y se garantizaba la libertad de los saguntinos, pueblo intermedio entre los dos imperios.

COMENTARIO

En este texto se reflejan los pensamientos y proyectos de Amílcar para su venganza de los fracasos sufridos antes Roma: atacar Italia de todas formas y prepararse para ello. En primer lugar se contemplan las condiciones del Tratado de Paz firmado con los romanos: Fijación como límite infranqueable pasar el Ebro, y acabar con los amigos de Roma dentro de Hispania. Para lo cual se proponen atacar la plaza más representativa aliada de Roma: Sagunto. Las condiciones no serán respetadas y se declarará una guerra abierta contra sus enemigos. Los planes de Amílcar se frustran por su muerte prematura y la de su yerno Asdrúbal. Pero Aníbal, fiel seguidor de los designios de su padre Amílcar, llevará a cabo los proyectos antes planeados.

Livio 21.2.1-10 Pocos y casi los más prudentes estaban de acuerdo con Hannón. Pero, como ocurre la mayor parte de las veces, la mayoría venció a la valiosa minoría. Enviado Aníbal a Hispania, de inmediato, a su llegada, se atrajo a todo el ejército».»Los viejos soldados creyeron que les había vuelto el joven Amílcar, al observar en él el mismo vigor en el rostro, la misma fuerza en sus palabras y energía en la mirada. Pero en poco tiempo consiguió que su padre significara poco, ganándose el favor de todos».»Jamás existió una inteligencia tan hábil en conjugar cosas contrarias: obedecer y mandar. Así, pues, difícilmente se podía saber si era más estimado por el ejército o por un jefe. Asdrúbal no elegía a nadie siempre que tuviera que realizar una operación difícil o de valor, ni los soldados se atrevían o confiaban más en otro jefe. Tenía gran audacia a la hora de afrontar riesgos, y gran cautela en el mismo peligro. Ni su cuerpo ni su ánimo se fatigaba o caía vencido por causa de algún esfuerzo». «Soportaba los mismo el frío que el calor. Moderado en la comida y en la bebida. No le dominaba la lujuria. Ni de noche ni de día establecía diferencia entre sueño y vigilia».»Se entregaba al descanso el tiempo que le dejaba libre su trabajo. No descansaba ni en lecho blando ni en lugar silencioso. Muchos lo vieron cubierto con un sayo militar, tumbado en el suelo entre las guardias y puestos de vigilancia de los soldados. Su vestimenta no se diferenciaba en nada de la de sus iguales en edad. Sus armas y sus caballos llamaban la atención. Era, con mucho, el primero entre los jinetes y los infantes. Marchaba en cabeza en el combate. Una vez trabado el combate, era el último en salir. Grandes vicios se igualaban con las grandes virtudes de tal hombre: su inhumana crueldad; su más que pérfida lealtad púnica; falsedad, falta de respeto por lo sagrado, carencia de miedo a los dioses, ningún respeto a los juramentos, ningún escrúpulo religioso. Con esta disposición natural de virtudes y defectos, en tres años, bajo el mando de Asdrúbal, sirvió en el ejército sin dejar de pasar nada que debiera ser realizado o visto por el gran futuro general.

COMENTARIO

Lo más relevante de este texto de Livio se centra en el personaje de Aníbal. La lucha por el poder dentro de las diferentes posiciones políticas de Cartago. Los bandos del poder en la metrópoli cartaginesa se centran en la elección del personaje más apto para la sucesión de Asdrúbal. En una reflexión anterior a todo esto, el comentarista se centra en la figura del Aníbal. Nos hace un retrato de su niñez, marcando detalladamente sus dotes humanas y conocimientos militares. Algo de lo que aquí se dice se verá reflejado en el comportamiento a través de su trayectoria militar y bélica cuando consigue pasar Pirineos y Alpes. Tal era la psicología de este personaje que conocía a la perfección el comportamiento particular de las diferentes etnias que componen su ejército en Italia. Desconfiaba de todo y todos. Se cuenta que cada noche la pasaba en lugar distinto. Nunca estaba localizable por ese natural olfato del riesgo que suponía tener su propia tienda de campaña. Se deslocalizaba y ni sus adeptos sabían o conocían su situación. Incluso se vestía con ropas que no llamaran la atención: nadie lo distinguía con el habitual camuflaje en las situaciones cambiantes de cada noche y nunca dormía en el mismo sitio.

COMENTARIO

Livio 21.5. 1 a 17. Por lo demás, desde el momento en que fue aclamado general, fue como si Italia hubiese sido declarada campos de operaciones para él, y hubiese sido declarada la guerra contra Roma. pensando que se debía prolongar por más tiempo, no fuera que también a él, como a su padre Amílcar y después a Asdrúbal, alguna desgracia, al vacilar, lo eliminara, decretó atacar a los saguntinos. Pero, como era indudable que atacándolos se provocaba la intervención de los ejércitos romanos, llevó primero el ejército contra los territorios de los olcades, pueblo situado al otro lado del Ebro, y que más que estar sometidos a Cartago, figuraban entre sus amigos.De este modo podía parecer que no había querido atacar a los saguntinos, sino que había sido arrastrado a esta guerra a consecuencia de los acontecimientos derivados de la sumisión y conquista de los pueblos vecinos. Toma y saquea Cartala, su capital, ciudad opulenta, por lo cual, aterrorizadas las ciudades menores, se sometieron y aceptaron el tributo. El ejército, vencedor y enriquecido por el botín, es llevado a invernar a Cartago Nova. Allí se aseguró la adhesión de los ciudadanos y de los aliados, repartiendo con libertad el botín y pagando fielmente el estipendio pasado. Al comenzar la primavera, llevó la guerra contra los vacceos. Fueron tomadas a la fuerza Hermántica y Arbocala, ciudades vacceas. Arbocala se defendió largo tiempo gracias al valor y número de sus habitantes. Los fugitivos de Hermántica, uniéndose a los desterrados olcades, pueblo sometido el año anterior, ponen en pie de guerra a los carpetanos. Y, atacando a Aníbal, que regresaba del país de los vacceos, no lejos del río Tajo, entorpecieron la marcha del ejército cargado con su botín. Aníbal se abstuvo de luchar y, acampando a la orilla del río, tan pronto se hizo el silencio en el campo enemigo, atravesó el río por una vado y estableció su campamento lo suficientemente lejos para que el enemigo pudiese vadear el río, con el propósito de caer entonces sobre ellos. Da instrucciones a la caballería de que, cuando los vean entrados en el agua y por ella impedidos, los ataquen. Sitúa en la orilla a los cuarenta elefantes. Los carpetanos, con los refuerzos de los olcades y vacceos, eran cien mil. Su alineación era invencible si se combatía en campo abierto. Así, pues, feroces por naturaleza y confiados en el número de guerreros, porque pensaban que el enemigo retrocedería por miedo y, pensando en que la victoria estaba en que el río se encontraba entre los dos ejércitos, se lanzan al río con griterío sin que nadie lo mande por donde a cada uno le venía más cerca. Y desde la otra parte de la orilla una enorme fuerza de caballería se lanzó al río y se entabló combate en medio del mismo, con una lucha dispar, pues mientras la caballería atacante a duras penas se mantiene en el vado, incluso podía ser derribada por un jinete sin armas, enviado su caballo al azar, todo jinete a cuerpo libre y sin armas, firme en su caballo en medio de la corriente, podía hacer la guerra tanto cuerpo a cuerpo como de lejos. Una gran parte fue arrastrada por el río; otros, arrastrados por la corriente impetuosa, fueron pisados por los elefantes. Los últimos, para quienes fue más seguro el regreso a su orilla, habiéndose reagrupado por el miedo, antes de que recibieran ánimos, Aníbal, estando en el río en orden de combate cerrado, los expulsó de aquella orilla y, devastados los campos, a los pocos días, recibió también la sumisión de los carpetanos. Y ya todo el territorio del otro lado del Ebro, menos el saguntino, era de los cartagineses.

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En estos episodios bélicos se desarrolla lo que Aníbal venía planeando para sus tácticas en el momento que se decidiera emprender los ataques contra Roma. Ni sólo en su estrategias a orillas de los ríos, que se los iba a encontrar en Italia, sino también en el plan bélico a seguir cuando se tenga que enfrentar a un enemigo desconocido. Pero lo más importante que tenía «in mente» el cartaginés era dejar atrás un pie seguro cuando se diera la circunstancia de echar mano de una ayuda extra desde Hispania: tener la espaldas cubiertas, pero que no darían su fruto esperado las circunstancias del desarrollo de sus tácticas en Italia. Sabemos que las pidió, pero que fracasaron.

Livio 21.6. 1 a 8. Aún no había estallado la guerra contra Sagunto, pero ya se creaban conflictos con los pueblos vecinos, causa futura de la guerra, sobre todo con los turdetanos. Como quiera que el mismo causante de la lucha ayudase a éstos y fuese evidente que no buscaba el derecho, sino un pretexto de lucha, los saguntinos enviaron legados a Roma a pedir auxilio para la guerra, que, sin duda alguna era inminente. Por entonces eran cónsules en Roma Publio Cornelio Escipión y Tito Sempronio Longo. Éstos, habiéndoles dado audiencia en el Senado para que informaran sobre la situación política y, pareciéndoles bien que se enviaran legados a Hispania para examinar la situación de sus aliados, quienes, si consideraban una causa justa, presentaran acusación contra Aníbal para que dejara en paz a los saguntinos, aliados del pueblo romano,, e hicieran volver a los cartagineses al África y presentaran las quejas de los aliados del pueblo romano, ordenada tal legación y aún no enviada, antes de lo que nadie se esperaba, llegó la noticia de que Sagunto era asaltada. Entonces se expuso de nuevo todo el asunto ante el Senado. Unos pensaban que la intervención de debía llevar a cabo por tierra y mar, proponiendo a Hispania y África como provincias para cónsules. Otros porponían que se dirigiera la guerra contra toda Hispania y contra Aníbal. Había quienes pensaban que el tema no se debía llevar a la ligera y que se debía esperar que regresaran los legados enviados a Hispania. Esta opinión, que parecía la más segura,ganó, y fueron enviados urgentemente como legados P. Valerio Flaco y Q. Bebio Tánfilo, a Sagunto ante Aníbal, y después a Cartago, si no desistía de la guerra, para pedir la cabeza del propio causante de la misma, como castigo por la alianza rota.

COMENTARIO

En la reflexión sobre este texto, se ve claramente que Aníbal ya no respetaba nada en absoluto lo pactado anteriormente con Roma. La «Fides Punica» se cumple como siempre. Se verá como ni siquiera van a prestar atención a los avisos del Senado romano, ni a nadie. El objetivo de Aníbal era acabar con Roma por todos los medios. Y la provocación se la ponían en bandeja. La venganza de Aníbal era incondicional: ni promesas ni pactos ni embajadas ni más protocolos: acabar con Roma.

Livio, 21,7,1-10. Mientras deliberan sobre estas cosas los romanos y planean sus proyectos, ya Sagunto era sitiada con gran violencia. Esta ciudad era, con mucho, las más opulenta de las situadas a la otra parte del Ebro, emplazada cerca de una milla del mar. Sus habitantes pasan por oriundos de Zacinto, mezclados con algunos rútulos de Ardea. Pero en breve tiempo habían alcanzado una gran opulencia, sea por su comercio de mar y tierra, sea por el aumento de población o por la fuerza de su disciplina, que les hizo guardar la fidelidad debida a los aliados hasta su ruina. Aníbal, entre tanto, en su territorio, con su terrible ejército devastó a su paso los campos y atracó por tres puntos la ciudad. Había una esquina de muralla que se extendía hacia un terreno más llano y abierto que todo el territorio del alrededor. Contra ella mandó instalar los manteletes para poder, por medio de ellos, situar los arietes junto a la muralla. Pero si este lugar, situado cerca de la muralla fue lo bastante adecuado para instalar los manteletes, no se tuvo la misma fortuna cuando se procedió a su instalación y utilización. Estaba encima de ellos una torre enorme, y la muralla, como correspondía a aquel punto más expuesto, se elevaba hasta una altura superior al resto del recinto. Por otra parte, lo más selecto de la juventud se situaba con tanto más vigor allí donde veía ser mayor el riesgo y el peligro. Al principio rechazaron al enemigo con sus dardos sin dejar un punto seguro para sus trabajos. Después no sólo no tenían ya ánimo para luchar con sus dardos desde los muros y desde las torres, sino para caer sobre los destacamentos de los enemigos. En estos repentinos combates caían tantos saguntinos como cartagineses. Y una vez que el mismo Aníbal, que se acercó demasiado descubierto a la muralla, cayó gravemente herido por un dardo que le atravesó la pierna, fue tan grande el espanto y confusión a su alrededor que no faltó mucho para que abandonasen las obras y manteletes.

COMENTARIO

Comienza la vacilación de Roma, manifiestamente demostrada con no tomar una decisión contundente contra los cartagineses que, incluso sabiendo que sus aliados había empezado a ser atacados en su ciudad por el enemigo, que dudaron si mandaban o no una ayuda inmediata para defenderlos. Aníbal, lleno de espíritu agresivo y altanero, atacó la ciudad sin tomar las debidas precauciones despreciando la capacidad de defensa que podía tener su enemigo, y estuvo a punto de tener que abandonar el asedio de Sagunto. Pero persistió en su plan. Ello indica que la madurez en las tácticas militares aún no había pasado por pruebas como ésta, y así irá consiguiendo experiencia sobre todo cuando pase los Pirineos y Alpes, donde sufrirá los ataques de sus gentes, desacostumbrados a ver cómo invaden su territorio los extranjeros. Y lo sufrirá Aníbal.

Livio, 21.8.1 a 12. Durante algunos días, mientras la herida de Aníbal era curada, el sitio se redujo a un bloqueo. Pero durante ese tiempo, aunque las escaramuzas cesaron, no se interrumpió por ello el trabajo de asedio y bloqueo. Y de esta forma se renovó la lucha con mucho más vigor y por diferentes, puntos, a pesar de que había pocos lugares aptos para ello, se empezaron a instalar máquinas y mover arietes. El ejército cartaginés era muy numeroso, calculándose sus efectivos en unos ciento cincuenta mil hombre. Los sitiados, no bastándose para defenderse y vigilarlo todo, se vieron obligados a dispersarse. Y de esta forma los arietes comenzaban ya a golpear los muros, bastantes partes se estaban agrietando ya quebrantadas, pues, por un lado una larga brecha había dejado al descubierto la ciudad; por otro, tres torres y todo el lienzo de muralla intermedio se había derrumbado con gran estrépito. A causa de esta brecha, los cartagineses se creyeron ya dueños de la ciudad; pues, a través de ella, como si un muro protegiese a unos y a otros, los dos bandos se lanzaron a la lucha. No era en nada similar a aquellos combates imprevistos que en los asedios, por una ocasión súbita, se traban, sino que los ejércitos en formación, como en campo abierto, se enfrentaban por las ruinas de la muralla y a poca distancia de las casas. Por un lado la esperanza, por otro la desesperación, encienden los ánimos. Los cartagineses, ya la plaza presa con un pequeño esfuerzo más. Los saguntinos oponían sus cuerpos en defensa de la ciudad desmantelada, sin retroceder un paso para que el enemigo no ocupara el terreno abandonado. Y así, cuanto más encarnizada y apretadamente por ambos lados se luchaba, más numerosos eran los heridos, y ningún dardo caía en vano entre cuerpos y armaduras. Usaban los saguntinos una arma arrojadiza llamada falárica, cuya hasta era de abeto y redonda en toda su extensión, excepto en el extremo en donde se colocaba el hierro. Éste, cuadrado como en el pilvum estaba rodeado de una estopa bañada en pez. El hierro era largo como de tres pies para poder traspasar la armadura y el cuerpo. Pero, aun en el caso de quedar clavado en el escudo y no penetrar en el cuerpo, llenaba de terror, pues, como se lanzaba encendido y su carrera avivaba su llama, obligaba al soldado a despojarse de sus armas y exponerse indefenso a los golpes siguientes.

Livio, 21.9.1 a 4. Como quiera que el combate se mantuviese dudoso durante algún tiempo, y los saguntinos acrecentaran sus ánimos, ya que estaban luchando contra toda esperanza, el Cartaginés, no habiendo aún vencido, se daba por vencedor. Los defensores de la ciudad levantan de repente un clamor y rechazan contra las ruinas del muro al enemigo. Posteriormente, tras obstaculizarlos y perturbarlos y ponerlos en fuga dispersamente, regresan a su campamento. Mientras tanto en Roma se anunció el regreso de los legados. Aníbal envió emisarios a la playa para decirles que no debían avanzar inseguros entre tanta y tan desenfrenada fuerza de armas enemigas; y que Aníbal no podía perder el tiempo en recibir legaciones en medio de una situación tan crítica. Estaba claro que no querían que se les recibiera en Cartago. Envía, pues (Aníbal) una carta con unos mensajeros a los notables del partido bárquida para que predispongan los ánimos a los suyos a fin de que el otro bando político no favoreciera en nada al pueblo romano.

COMENTARIO

Aníbal pretende distraer la atención de senado movilizando sus seguidores y decide desviar la atención para dejar inutilizada la reclamación que los romanos pretenden llevar hasta Cartago.

Livio, 21.10.1 a 13. Así, pues, una vez que fueron recibidos y escuchados, aquella legación resultó totalmente inútil. Sólo Hannón llevó ante el Senado la defensa del pacto, con profundo silencio, por la fuerza de su autoridad, sin contar con el asentimiento de los oyentes en el Senado, poniendo por testigos ante el mismo, con juramento, a los dioses, jueces y testigos de las alianzas, con el fin de evitar que los romanos entraran en guerra a favor de los saguntinos. Él advertía poniendo sobre aviso que no se enviara al hijo de Amílcar al frente del ejército; ni los manes ni la descendencia de aquel descansarían, ni jamás los pactos con los romanos se mantendrían firmes mientras quedara vivo algún elemento de la familia bárquida. Enviasteis al frente del ejército, como proporcionando leña al fuego, a un joven ardiente de ansia de poder, y que no se ve más que un camino para su plan: si continúa con sus armas y ejército, suscitando una guerra tras otra. Habéis alimentado el fuego en el que ahora vosotros ardéis. Vuestros ejércitos asedian a Sagunto, donde se están rompiendo los pactos. Inmediatamente después las legiones romanas asediarán Cartago con la ayuda de los mismos dioses por los que en la guerra anterior vengaron los pactos rotos». caso desconocéis al enemigo, o a vosotros, o a la suerte de uno y otro pueblo? Vuestro buen general no recibió en su campamento a los legados que venían de parte de sus aliados y en defensa de los mismos, y violó el derecho de hospitalidad. Éstos, sin embargo, cosa que no suele ocurrir ni con los enemigos, después de ser rechazados, se dirigen a vosotros. Exigen el derecho que les confieren los pactos. Para que no haya un perjuicio general, reclaman al autor del delito y culpable del crimen. Cuanto más ligeramente actúan y comienzan a moverse, tanto más temo que se endurezcan cuando con tenacidad comienzan a actuar. Recordad los hechos de las islas Egates y del Monte Eryx, que por tierra y por mar durante veinticuatro años dominasteis». «Y no era este joven el general, sino su padre Amílcar, otro Marte, como quieren éstos. Pero en Tarento, es decir, en Italia, no habíamos roto los pactos como ahora en Sagunto se ha hecho». «Vencieron, pues, los hombres y los dioses y, tema que se traía en cuestión: qué pueblo había roto los pactos, el resultado de la guerra, como justo juez dio la victoria a aquel que tenía razón». «Ahora Aníbal dirige sus manteletes contra Cartago e intenta romper las murallas de la ciudad con el ariete. Las ruinas de Sangunto- ¡ Ojalá el azar se hubiera equivocado¡ -caerán sobre nuestras cabezas y una vez aceptada la guerra con los saguntinos, tendremos también que asumirla contra los romanos, y ahora siente un odio profundo contra este joven, que es una antorcha viva de guerra». «pero no se puede entregar sólo como expiación de la ruptura de la alianza, sino que, si alguien lo exige, debe ser desterrado a los últimos confines de las tierras y ser relegado a unos lugares de donde ni siquiera nos pueda llegar la existencia de su nombre y fama, ni pueda soliviantar la quietud de una ciudad pacífica». «Pienso que debe enviarse una embajada rápidamente a Roma para que den una satisfacción al Senado; otra embajada que comunique a Aníbal la retirada inmediata de las tropas del sitio de Sagunto y que entreguen al propio Aníbal a los romanos, según los pactos; y una tercera embajada para que se devuelvan sus posesiones a los saguntinos».

COMENTARIO

Si los romanos tenían conocimiento de lo ocurrido ya en Hispania, cuando la embajada saguntina llegó a Roma para pedir ayuda ante los cartagineses, ¿a qué viene esta petición a Cartago? La hipocresía romana queda en evidencia. Sabían que cuando la embajada de Sagunto se presentó ante el Senado, la ciudad de Sagunto estaba ya siendo destruida. Sabían y conocían que los cartagineses jamás se retractarían de su fechorías porque habían sido estrepitosamente derrotados y multados en Sicilia. Era odio profundo lo que sentían hacia todo lo romano. Y tienen la hipocresía de presentarse ante el Senado cartaginés para pedir que se cumpla lo pactado, cuando conocían la actitud cartaginesa ante los juramentos, promesas, pactos y demás juramentos, incluso ante los dioses: ¡ Nunca cumplirían pacto alguno ni aún siquiera mediando las promesas ante los dioses ! La ya citada fides punica no tenía límites en los escrúpulos.

Livio, 21.11.1 a 13. Cuando Hannón terminó de hablar, no fue necesario que nadie le contestase: tan dueño era Aníbal de casi todo el Senado: se acusaba a Hannón de haber hablado con mayor malevolencia que Valerio Flaco, legado romano. En consecuencia se contestó a los romanos que la guerra la habían comenzado los saguntinos, no Aníbal. Y que el pueblo romano obraría muy injustamente si anteponía los saguntinos a la antigua amistad de los cartagineses». «Mientras los romanos consumen el tiempo enviando legaciones, Aníbal, viendo que los combates y trabajos habían agotado a sus soldados, les concede un descanso de varios días, después de establecer puestos de guardia en los manteletes y obras. Entre tanto les enciende los ánimos ya con odio hacia el enemigo, ya con la esperanza de la recompensa. Pero cuando anunció ante la asamblea de todas las tropas que el botín de la ciudad sería para los soldados, hasta tal punto se les encendió su ánimo que, si se les hubiese dado en aquel instante la señal de ataque, no hubiese habido fuerza alguna que hubiese podido resistir. Los saguntinos, si bien descansaron de la lucha por algunos días, no siendo atacados ni atacando ellos, no por esto dejaron de trabajar ni de día ni de noche, hasta levantar nueva muralla, parte que, al derrumbarse, dejara a descubierto la ciudad. Pasada esta tregua, comenzaron los ataques más encarnizados que nunca; entre los diversos clamores que por todas partes se oían, los sitiados no sabían a qué parte debían acudir primero o preferentemente. El mismo Aníbal iba delante para exhortar a los combatientes por donde avanzaba una torre móvil que, en altura, vencía la de todas las fortificaciones. Y cuando ésta, situada a una distancia conveniente, barrió con catapultas y ballestas, situadas en todos los vallados, a los defensores de las murallas, entonces Aníbal, creyendo llegado el momento, lanzó a quinientos africanos a socavar con picos el pie de la muralla. No era difícil este trabajo, ya que el cemento no estaba endurecido con cal, sino que las piedras estaban unidas con barro, según la costumbre antigua. De este modo era derrumbado un espacio de muro más extenso que el que era socavado, y por las brechas los grupos de sitiadores entraban en la ciudad. Se apoderan de un lugar elevado y, trasladando allí ballestas y catapultas, lo rodean de un muro para tener así un castillo de la misma ciudad, a modo de ciudadela, dominándola toda. Los saguntinos, por su parte, construyen una muralla interior en la parte de la ciudad aún no perdida. De uno y otro lado trabajan y luchan con la mayor energía; pero, en su defensa, los saguntinos más reducida la ciudad. Al mismo tiempo va aumentado, a causa del largo asedio, la falta de todas las cosas, y disminuye la esperanza de un auxilio exterior, estando tan lejos los romanos, su única esperanza, y en poder del enemigo todas las regiones circundantes. Sin embargo, levantó un poco los abatidos ánimos la repentina partida de Aníbal contra los oretanos y carpetanos; estos dos pueblos, consternados por la dureza de las levas, apresaron a los reclutadores y amenazaron con sublevarse; pero, vencidos por la rapidez de Aníbal, dejaron las armas que habían tomado.

COMENTARIO

Aquí se nos describe la situación desesperada de la ciudad de Sagunto y de los esfuerzos titánicos de sus habitantes para hacer frente al encarnizado y pertinaz ataque a los saguntinos que, por auténtica desidia romana, se permite que sean destruidos para aumentar sus motivos de contraataque a los pérfidos cartagineses.

Livio, 21.12.1 a 8. No continuó con menos lentitud el sitio de Sagunto bajo la dirección de Maharbal, hijo de Himilcón, a quien Aníbal había transmitido el mando. Con tanta actividad lo condujo que ni los sitiados ni los sitiadores sintieron la ausencia del general. Sostuvo algunos combates favorables y arruinó con tres arietes una cierta extensión de muro y pudo mostrar a Aníbal, a su llegada, todo el suelo sembrado de recientes ruinas. Inmediatamente condujo éste el ejército hasta la misma ciudadela; una sangrienta batalla con gran matanza por ambas partes, se entabló; y una parte de la misma ciudadela fue tomada. Entonces dos hombres intentaron poner en práctica las exiguas esperanzas de paz: el saguntino Alcón y el hispano Alorco. Alcón, sin saberlo los saguntinos, confiando en alcanzar algo con sus ruegos, pasó de noche al campamento de Aníbal. cuando vio que las lágrimas nada podían y que se le proponían durísimas condiciones, como impuestas por un vencedor airado, de mediador se cambió en tránsfuga, y se quedó al lado del enemigo, diciendo que moriría quien bajo tales condiciones intentara proponer la paz. Se les pedía que devolviesen los suyos a los turdetanos, y que después de entregar todo el oro y la plata, saliesen de la ciudad con solo sus vestidos y se trasladasen a donde el vencedor les indicara. Asegurando Alcón que los saguntinos no aceptarían estas condiciones de paz, Alorco dijo que cuando todo era vencido, los ánimos también lo eran; y se ofreció como mediador de paz; era él, entonces, soldado de Aníbal, pero era públicamente amigo y huésped de los saguntinos. Después de entregar sus armas a los centinelas enemigos, atravesó las fortificaciones y fue conducido, como él mismo pedía, ante el pretor de Sagunto. Como quiera que se hubiese agolpado una gran multitud, ésta fue apartada y el Senado concedió audiencia a Alorco, quien habló de esta manera: «Si vuestro conciudadano Alcón, tal como vino a pedir la paz ante Aníbal, os hubiera traído una buenas condiciones del mismo, yo no hubiera hecho este camino, no viniendo ni como emisario ni como desertor; sino que, ya que él se ha pasado al enemigo por su culpa y por la vuestra -por la suya si tuvo miedo; por la vuestra, si existe un peligro para los que dicen la verdad-, yo, para que no ignoréis que tenéis algunas condiciones de salvación y de paz, en defensa de la antigua hospitalidad que tengo con vosotros, he venido a hablaros». «En defensa vuestra y no de ningún otro yo expresaba lo que ahora digo ante vosotros, es decir: es cierto que jamás hice mención de paz con vosotros mientras permanecisteis con las armas y mientras habéis esperado ayuda de los romanos». Después de que no tenéis ninguna esperanza en los romanos ni tampoco os sirven de mucho vuestras armas y vuestras murallas, os traigo una paz más necesaria que justa». «Si hay alguna esperanza de paz, si tenéis intención de alcanzarla, es preciso que la aceptéis como vencidos, tal como pretende Aníbal como vencedor, si no estáis dispuestos a aceptar lo que se pierde como castigo, puesto que todo es del vencedor, sino que aceptaréis cualquier cosa que quede como regalo». Se apodera de la ciudad, en su casi totalidad destruida, habiéndola tomado casi toda. Os deja los campos; está dispuesta a dejaros un lugar donde podáis construir una ciudad. Ordena que le entreguéis todo el oro y plata públicos; protegerá las vidas de vuestras esposas e hijos si salís de Sagunto sin armas y con sólo dos vestidos. Esto es lo que el enemigo vencedor ordena, Estas cosas, aunque duras y amargas, son las que la situación os aconseja. ciertamente yo tengo la esperanza de que os devolverá algunas cosas cuando haya conseguido el dominio sobre todo. Pero yo pienso que conviene que soportéis esto antes de que vuestros cuerpos sean destrozados y que permitáis que vuestras esposas e hijos sean arrebatados y arrastrados ante vuestros propios ojos, por derecho de guerra.

COMENTARIO

En este pasaje se exponen las situaciones de los vencidos saguntinos. La fides punica acabará imponiéndose de nuevo. La mente perversa de Aníbal acabará destruyendo al pueblo saguntino. Hace promesas que no cumplirá, como se verá más adelante. La ciudad arrasada y sus habitantes de la misma forma y sin piedad. Quizá esto guarde alguna relación que los repetidos comentarios de algún senador que, tiempos después, no dejará de pronunciar la expresión «Carthago delenda est», y no sólo eso sino también arada y sembrada de sal. Alguna razón tendría para hacer estas peticiones. Muy conocida es la actitud cartaginesa frente a los pactos y acuerdos: jamás los cumplirán.

Livio, 21.14.1 a 4. Como quiera que, poco a poco, la asamblea del pueblo se introdujera entre el Senado rodeado por una multitud difusa, de repente, los senadores de más autoridad se retiran antes de que le diesen una respuesta y, llevando a la plaza todo el oro y la plata tanto público como privado, lo echan en una hoguera rápidamente encendida, y la mayoría de ellos mismos se lanza en medio de las llamas». «Cuando toda la ciudad se encontraba aterrorizada por este espectáculo, se oye un nuevo tumulto por el lado de la ciudadela. Efectivamente, una torre castigada durante mucho tiempo se había derrumbado; y a través de sus ruinas apareció una cohorte de cartagineses atacando y haciendo señal a su general de que la ciudad se encontraba desguarnecida de centinelas y defensores habituales. No creyendo Aníbal que fuese momento de dudas, atacando con todas sus fuerzas, tomó rápidamente la ciudad y dio órdenes de pasar a cuchillo a todos los jóvenes en edad de combatir. Orden cruel, pero que los acontecimientos justificaron». «Pues ¿quién podía ser perdonado de unos hombre que, o encerrados con sus mujeres e hijos se quemaban con sus propias casas, o con las armas en la mano no ponían otro fin a la lucha que la muerte»?

COMENTARIO

Ante la desesperación, la ciudad de Sagunto elige morir quemándolo todo antes que caer en manos de un sanguinario ejército cartaginés y su jefe Aníbal. Y Roma conocía que Sagunto había caído en manos del cartaginés. Hipocresía romana. La ciudad se suicida ante el orgullo de Cartago. Deslealtad tras deslealtad. Pero los saguntinos no permitieron que sus despojos se convirtieran en botín de guerra: lo destruyen todo, hasta su familia. Aníbal sólo consigue un pequeño despojo que enviará a Cartago para justificar su éxito. El sentimiento bélico de Aníbal sobrepasa lo increíble dentro de la maldad: Aníbal era malvado por naturaleza, vengativo, y su odio hacia todo lo romano no tenía límites. Al final, todo este sentimiento se volverá contra él: se conocían muy bien sus valores militares y estratégicos, pero su sentido humanitario dejaba mucho que desear. En el extranjero conocían al detalle los episodios bélicos de Aníbal. Prueba de ello son las actitudes de los personajes que lo reciben al final de su carrera militar. El orgullo de lo que fue acabó con él, como si fuera un cobarde. Se sintió humillado por los que presumiblemente eran amigos suyos y acabaron dejándolo en el abandono más ruinoso.

Livio, 21.15.1 a 3. La ciudad fue tomada con un gran botín, aunque la mayor parte de la riqueza había sido destruida por sus propios dueños y, en la matanza no distinguió edades la ira, y los prisioneros fueron propiedad de los soldados, sin embargo, consta que el producto de lo que se vendió alcanzó una suma considerable, y que se enviaron a Cartago muchos vasos y trajes de valor». Algunos autores sostienen que se tomó Sagunto a los ocho meses de asedio; que de allí marchó Aníbal a invernar a Cartago Nova, y que a los cinco meses de salir de Cartago, Nova llegó a Italia.

Livio, 21.17.1.Ya de tiempo atrás, las provincias fueron asignada a los cónsules. Entonces se ordenó que se sorteara. Hispania correspondió a Cornelio; África y Sicilia, a Sempronio. A Cornelio se le asignó menos tropa porque el pretor Lucio Manlio y él mismo, con una fuerte guarnición, eran enviados a la Galia. El número de naves se redujo para Cornelio: le dieron sesenta quinquerremes -pués no se pensaba que emprendería la guerra por mar, o se había de desarrollar el combate por vía marítima por parte del enemigo- y recibió dos legiones romanas con su correspondiente caballería y catorce mil infantes aliados y mil seiscientos jinetes.

Livio, 21.18.1 a 14. Preparadas así todas las tropas y para que todo se realizase de acuerdo con la legalidad necesaria, envían a África a los legados, de edad mayor, Quinto Fabio, Marco Livio, Lucio Emilio, Gayo Licinio y Quinto Bebio, para saber e informarse si Anibal había asaltado Sagunto con consentimiento popular. Y si confirmaban y defendían que lo que parecía haber hecho se había llevado a cabo con consentimiento popular, que se declarara la guerra al pueblo púnico. Cuando los romanos llegaron a Cartago y se les dio audiencia por parte del Senado, tras haber preguntado Quinto Fabio sólo la cuestión que se había ordenado, entonces un cartaginés dijo: «Tanto esta legación como la anterior son capciosas al preguntar si Aníbal había tomado Sagunto por decisión propia. No obstante, esta embajada es bastante más moderada en palabras, pero más dura de hecho». Entonces Aníbal fue acusado y reclamado; y ahora nosotros expresamos la confesión de su culpa y de inmediato nos piden responsabilidades como de un confeso». «Yo no considero que se haya de investigar si Sagunto ha sido asaltada con consentimiento particular o público, sino si se ha realizado justa o injustamente». «Vuestra investigación y acusación va dirigida contra un conciudadano nuestro, es decir, si actuó bajo nuestra responsabilidad o por propia iniciativa. Sólo os trae un motivo de controversia con nosotros: si tal cosa se había llevado a cabo de acuerdo con los pactos». «En resumen, puesto que se está de acuerdo en aclarar si los generales actuaron bajo consentimiento popular, o por propia iniciativa, existe un tratado redactado por el cónsul Gayo Lutacio y firmado por vosotros y nosotros en el que se tomaron precauciones sobre los aliados de uno y otro lado, pero nada sobre los saguntinos, ya que no eran aliados entonces». «pero en el pacto que se firmó con Asdrúbal, los saguntinos fueron excluidos. Contra esto yo no tengo nada que decir, sino lo que he sabido de vosotros». «Vosotros os negasteis a aceptar el tratado que el cónsul Gayo Lutacio primeramente hizo no nosotros, porque no se había realizado ni de acuerdo con la voluntad de los senadores, ni por decisión del pueblo; así, pues, hubo necesidad de realizar un pacto de nuevo bajo la aprobación general». «Si a vosotros no os obligan vuestros acuerdos, salvo si han sido acordados bajo vuestra voluntad o acuerdo, mucho menos aún os pudo obligar el pacto con Asdrúbal que nosotros no conocerlo o firmamos». «En consecuencia, olvidaos de hacer mención de Sagunto o del Ebro, y que alguna vez salga a la luz lo que vuestro ánimo gestó». «Entonces el romano, habiendo hecho un pliegue con la toga, dijo: «Aquí os traemos la paz y la guerra: aceptad lo que os plazca». Después de haber pronunciado estas palabras, se le respondió con un griterío terrible, dando a entender qué era lo que se deseaba». «Y habiendo éste hablado de nuevo, tras mostrar el pliegue vuelto, que significaba la guerra, todos respondieron que la aceptaban y que la recibían con los mismos ánimos con que la emprenderían».

COMENTARIO

Los legados enviados por el Senado romano, presentan sus argumentos y peticiones ante el Senado cartaginés. No había intención alguna por parte de los cartagineses de reconocer que habían roto los pactos firmados con Roma. De forma escueta y clara, los embajadores de Roma le ofrecen a los cartagineses elegir entre la paz y la guerra. Dado que la paz tenía unas consecuencias muy duras para los cartagineses, como la entrega de los culpables de la violación de pactos, no tuvieron otra opción que elegir la que Roma se esperaba: la guerra.

Livio. 21. 6-11. Esta respuesta inmediata y declaración de guerra fue valorada más conforme a la dignidad del pueblo romano que por controversia verbal, de acuerdo con el derecho de pactos, tanto antes, como, sobre todo, después de haber sido destruida Sagunto. Mas, si la cuestión fuera discrepancia de términos tan sólo, en qué se debía haber comparado el tratado de Asdrúbal con el anterior de Lutacio. que fue modificado, cuando inteligentemente se había añadido en el tratado de Lutacio que se ratificaría siempre y cuando el pueblo diera su opinión; en el tratado de Asdrúbal no se había tocado nada de esto y en un silencio de tantos años de tal forma se pudo comprobar la integridad del tratado mientras vivió que ni aún siquiera después de muerto su autor se cambiara nada. Por lo demás, aunque se permaneciera en el anterior tratado, los saguntinos estaban bien salvaguardados, porque los aliados de unos y otros estaban exceptuados. Pues no se había añadido: para aquellos que entonces lo fuesen, ni «los que después se adoptaran». Y cuando les pareciera bien concertar nuevos aliados, ¿quién podría juzgar justo o que alguien sin méritos fuese recibido en amistad, o una vez así aceptados como leales no fuesen defendidos cuando los aliados de los cartagineses incitaran a la deserción o los disidentes voluntariamente se retiraran». Los legados romanos desde Cartago pasaron a Hispania, tal como les había sido ordenado, para visitar los pueblos y apartarlos de los cartagineses. Se dirigieron primero a los burgusios, por los que fueron recibidos benignamente, cansados como estaban del yugo cartaginés. Lo mismo intentaron con otros pueblos del otro lado del Ebro en su deseo de probar fortuna. Allí se dirigieron a los volcianos, y de ellos recibieron una respuesta célebre en Hispania, que apartó a los restantes pueblos de la alianza romana. Así, pues, les contestó en el consejo el mayor edad de ellos: «¿Cómo no os avergonzáis, romanos, de pedirnos que antepongamos nuestra amistad a la de los cartagineses, cuando lo que éstos hicieron recibieron de vosotros una traición mucho más cruel que la venganza de los cartagineses? «Idos a buscar aliados en donde se ignore la desgracia de Sagunto. Para los pueblos de Hispania las ruinas de Sagunto serán una lección tan triste como valiosa, para que nadie confíe en la fe ni en la amistad de los romanos». Después de esto se les intimidó para que saliesen del punto del territorio de los volcianos. Y desde entonces no volvieron a oír palabras gratas en ninguna asamblea de pueblo hispano. De esta forma, tras recorrer en vano Hispania, pasaron a la Galia……

COMENTARIO

Los legados romanos se retiran de Cartago, pasan a Hispania y tienen que marcharse a la Galia: Intentaron convencer a los nativos hispanos de que les interesaba la alianza con ellos, pero aquellos le respondieron con las palabras que merecían: habían abandonado a los saguntinos a su suerte ante un enemigo feroz como Aníbal. No merecían ningún apoyo. Los despreciaron hasta hacerlos marchar. Opinión y actitud que se extendió por toda Hispania. Aquí el reproche a la actitud romana esta muy clara: Roma había dejado a su suerte a los saguntinos, mal ejemplo que ahora pidan que el resto de Hispania los acepte.

Livio. 21.21.1 a 13. Aníbal, una vez tomada Sagunto, se retiró a Cartago Nova para invernar. Allí supo lo que se había dicho y hecho tanto en Roma como en Cartago: que él no sólo había dirigido la guerra sino que también había sido el causante. Repartíó y vendió lo que quedó del botín, y sin perder tiempo convoca a sus soldados españoles y les dice: «Creo, amigos, que vosotros mismos os dais cuenta de que, una vez pacificados los pueblos de Hispania, o bien debemos dar por terminadas nuestras campañas y licenciar los ejércitos, o traspasar la guerra a otras regiones;» de este modo, si partimos a buscar en otras naciones gloria y riquezas, los pueblos de este país se enriquecerían no sólo por la paz sino también por los frutos de la victoria». «Así, pues, como se presenta una campaña lejos de aquí, y no se sabe cuando volveréis a ver vuestras casas que os son queridas, doy permiso por si alguno quiere visitar a los suyos». «Pero quiero que estéis de regreso a comienzo de la primavera, para empezar, con la ayuda de los dioses, una guerra que ha de sernos de gran gloria y provecho». A todos fue grato este permiso espontáneo de visitar a sus familias, pues sentían ya la añoranza de los suyos, y preveían que habían de pasar aún mucho más tiempo sin verlos. El descanso a través de todo el invierno reanimó los ánimos, ya exhaustos y a punto de agotarse para soportar de nuevo toda clase de fatigas. Todos volvieron al comienzo de la primavera, según lo ordenado. Aníbal, después de revisar las tropas auxiliares de todas las naciones hispanas, marchó a Gades para cumplir los votos que había hecho a Hércules, y se comprometió con nuevas promesas si le era próspero el futuro. A continuación, dividiendo sus fuerzas entre ataque y defensa, para que durante su marcha a Italia, a través de Hispania y de la Galia, no quedase indefensa África, descubierta por el lado de Sicilia, decidió asegurarla con una fuerte guarnición». «Por otra parte, pidió de África un refuerzo de tropas ligeras, en especial lanceros, de forma que, sirviendo los africanos en Hispania y los hispanos en África, lejos de su país, fuesen todos mejores soldados y estuviesen atados por intereses mutuos. Envió a África trece mil ochocientos cincuenta infantes armados de cetra, con ochocientos setenta honderos baleares y mil doscientos jinetes de distintas tribus. Dispuso que estas tropas se quedasen, en parte para defensa de Cartago, y otras distribuidas por África. Al mismo tiempo, sus reclutadores, enviados a las ciudades, alistan cuatro mil jóvenes selectos, a los que manda conducir a Cartago en calidad, a su vez, de rehenes y defensores.

COMENTARIO

Aníbal comienza la preparación de sus fuerzas para marchar sobre Italia. Descansa a sus soldados y programa la estrategia para no dejar desprotegida ni Hispania ni Cartago. No se fía de su tropa y la sitúa de forma que los africanos defiendan Hispania y los hispanos África. Aquí nos muestra su actitud ante el ejército mercenario: es una tropa formada con distintas etnias, caracteres, formas de vivir, de pensar, y por ello no se fía de su actitud ni en Hispania ni en África, y por ello, los separa: su desconfianza es bien clara, pero normal según sus cálculos: su ejército no tiene patria, es mercenario y éste sólo piensa en lo crematístico de su contrato bélico.

Livio. 21.22.1 a 5. Pensando que no se podía descuidad Hispania, tanto menos cuanto estaba informado de que se encontraba inundada de embajadas romanas con la intención se soliviantar los ánimos de los reyezuelos, encarga a su hermano Asdrúbal aquella provincia y la guarnece con tropas africanas principalmente, con once mil setecientos cincuenta infantes, trescientos ligures y quinientos baleáricos. A estas tropas auxiliares de infantería se le sumaron cuatrocientos cincuenta jinetes libio-fenicios, raza púnica mezclada con africanos, númidas y moros habitantes del Océano alrededor de mil quinientos, y una pequeña tropa de ilergetes de Hispania, trescientos jinetes y, para que no fuera a faltar a los de tierra ninguna clase de ayuda, veintiún elefantes. Les fue entregada una escuadra para proteger las costas, porque, en el Mediterráneo en que habían vencido los romanos. se había podido creer que los romanos emprenderían la guerra, formada por cincuenta quinquerremes, dos cuadrirremes y cinco trirremes; pero, preparadas y equipadas de remos, había treinta y dos quinquerremes y cinco trirremes. Desde Gades, llevó los ejércitos a los campamentos de invierno de Cartago Nova; y, desde allí, marchando a través de la ciudad de Gaussa, se dirigió hacia el Ebro por la costa.

COMENTARIO

Aníbal hace los preparativos para emprender y llevar a cabo su proyecto de invadir el territorio italiano. Se prepara con cuerpos de ejércitos perfectamente equipados, no sólo para combatir por tierra, sino por mar. Pero a Italia sólo llevará ejército de tierra. Las escuadras quedan en la Península Ibérica y zona de dominio cartaginés.

Livio. 21.32.3. Sin embargo, para que Hispania no se quedara sin tropas auxiliares romanas, provincia que le había tocado en suerte, envió a Gneo Escipión, su hermano, con la mayor parte de las tropas contra Asdrúbal. No sólo para proteger a los antiguos aliados y ganarse a otros nuevos, sino incluso para expulsar a Asdrúbal de Hispania.

Aquí se inicia la SEGUNDA GUERRA PÚNICA, según T. Livio.

Livio. 21.60.1 a 9. «Mientras estas cosas tienen lugar en Italia, Gneo Cornelio Escipión, tras haber sido enviado a Hispania con una armada y su ejército,»marchando desde la desembocadura del Ródano y atravesando los Montes Pirineos, llevaba la armada a Emporion; «tras desembarcar allí su ejército, somete a su dominio toda la costa desde los layetanos hasta el río Ebro, en parte para renovar las alianzas y en parte para hacer nuevas. Desde aquí, ganada la fama de clementes, se extendió no sólo a la pueblos de la costa sino también entre las etnias mediterráneas y montañeras; pero no sólo formaron la paz entre ellos, sino también hicieron pactos de armas, e incluso reclutaron algunas cohortes entre ellos. La provincia de la parte de acá del Ebro estaba en poder de Hannón. Aníbal lo había dejado para la defensa de aquella región. Así, pues, antes de que se perdiera todo, considerando que se debía ir avanzando, puesto el campamento a la vista de los enemigos,, se dirigió al frente de combate. El romano pensaba que no se debía posponer el combate, porque sabía que se iba a combatir con Asdrúbal y Hannón, y prefería pelear con cada uno por separado antes que contra los dos a la vez. Aquel combate no fue de gran fuerza. Murieron seis mil enemigos; fueron capturados dos mil con la guarnición del campamento. Pues éste fue tomado al asalto y el propio general con algunos reyezuelos fueron hechos prisioneros, y, Cissis, fortificación próxima al campamento, fue asaltada. Por lo demás, el botín de la ciudad fue bastante pequeño: trajes bárbaros y esclavos débiles. Este campamento enriqueció a los soldados, no sólo a costa del ejército que había sido vencido, sino a costa del que combatía en Italia con Aníbal, porque había dejado todas las cosas de valor en la parte de acá de los Pirineos, para que no fueran para que no fueran un obstáculo en su marcha hacia Italia.

COMENTARIO

Ya se inicia la lucha entre cartagineses y romanos; Asbrúbal va a ser un objetivo fácil de eliminar, al igual que sus generales colaboradores. Los romanos inician con éxito sus luchas en Hispania. Aquí Roma fracasó y aquí Roma empezó la recuperación del dominio de la guerra. Aníbal triunfa en Italia, pero en Hispania se ve como un gigante con pies de barro: todo intento de ayuda va a fracasar; los Alpes y sus gentes van a ser el obstáculo que haga pensar que Aníbal no disponía de medios de retaguardia seguros. Ni desde Hispania, ni desde Cartago esperaba ya apoyo firme y seguro.

Livio. 21.61.1 a 11. Ya se inicia la lucha entre cartagineses y romanos, Asbrúbal va a ser un objetivo fácil de eliminar, al igual que sus generales colaboradores. Los romanos inician con éxito sus luchas en Hispania. Antes de que se diera noticia cierta de este combate, Asdrúbal, tras haber pasado el Ebro con ocho mil infantes, mil jinetes, como si a su primera llegada tuviera que enfrentarse a los romanos, después de que enteró de las pérdidas de Cissis y del campamento, se dirigió hacia la costa. No lejos de Tarragona, de una mayor huida, arrastra hacia la naves a los soldados de la armada y marineros aliados que andaban errantes y dispersos por los campos, lo que ocurre cuando los triunfos provocan el descuido, con los jinetes sueltos por todas partes y gran matanza de ellos. Para que no se acostumbraran demasiado a aquel lugar, tratando de evitar que Escipión los diezmara, se refugió al otro lado del Ebro. Pero Escipión, reunido precipitadamente el ejército ante el rumor de nuevos enemigos, habiendo advertido a unos cuantos prefectos de la armada, dejada una pequeña guarnición en Tarragona, se dirige con su armada hacia Emporion». Apenas se marchó Escipión, hizo su aparición Asdrúbal y forzando una defección al pueblo de los ilergetes, que había entregado rehenes a Escipión, destroza los propios campos de ellos con la juventud de los aliados fieles a los romanos. Saliendo rápidamente Escipión del campamento de invierno, abandona el campo de la parte de acá del Ebro (Asdrúbal). Escipión, tras haber invadido con su hostil ejército el pueblo de los ilergetes, abandonado por el autor de la defección, asedia la ciudad de Tanagro, que era la capital de aquel pueblo y, en pocos días, exigidos muchos más rehenes que antes, aceptó la sumisión incondicionada de los ilergetes con imposición incluso de un alto tributo monetario. Desde allí se dirige contra loa ausetanos, cercanos al Ebro, también aliados de los cartagineses y, asediada la ciudad, rechazó las emboscadas de los lacetanos que traían de noche ayuda a sus vecinos, no muy lejos de la ciudad, cuando pretendían entrar. Murieron alrededor de doce mil. Habiendo abandonado los armas, huyeron huyeron vagando por los campos dejando sus casas. A los asediados no les quedaba otra cosa que la defensa que supone la llegada del invierno». El asedio duró treinta días, durante los que, apenas la nieve caída alcanzó los cuatro pies de altura,, cubrió los manteletes y arietes de los romanos, de forma que les servía de protección contra el fuego que les arrojaban de vez en cuando los enemigos. Finalmente habiéndose refugiado Amusico, su jefe, en Asdrúbal, se someten con un pacto de veinte talentos y vuelve a Tarragona al campamento de invierno.

COMENTARIO

En este primer encuentro entre cartagineses y sus aliados, contra los romanos, van éstos, de forma progresiva, recuperando terreno y ganándose la amistad de los pueblos cercanos a la Tarraconense, antes aliados fieles de los cartagineses.

TEXTOS GRIEGOS

DOCUMENTOS DE POLIBIO SOBRE ANÍBAL BARCA

 Año -237 a -218

Polibio 2,1,5-9 Los cartagineses, tan pronto como hubieron puesto en orden sus asuntos de África, alistaron tropas y enviaron rápidamente a Amílcar a los parajes ibéricos. Amílcar se puso al frente de este ejército y, con su hijo Aníbal, que entonces tenía nueve años, atravesó las columnas de Heracles y recobró para los cartagineses el dominio sobre Hispania (años -237 a -229). Pasó casi nueve años en los lugares citados y sometió a muchos iberos, unos por las armas y otros por la persuasión. Y acabó su vida de una manera digna de sus hazañas anteriores. En una refriega contra unos hombres muy fuertes, dotados de un gran vigor, se arrojó al peligro con audacia y sin pensárselo. Allí perdió la vida con gran coraje (Livio, XXIV,41,3). Entonces los cartagineses entregaron el mando a Asdrúbal, yerno de Amílcar y trierarco.

Asdrúbal en Hispania.

Polibio. 2,13,1-7. En esta misma época Asdrúbal ejercitaba su mandato con habilidad y realismo, y en conjunto logró un gran progreso cuando erigió la población que unos llaman Ciudad  Nueva, y otros Cartago fundación que contribuyó muchísimo a favorecer la política de los cartagineses. Sobre todo por la situación  estratégica del lugar, tanto por la se refiere a Ibería como a Libia. 2,13,3  Opinión de los romanos sobre la fundación de Cartago en Hispania. Establecimientos de un pacto entre Roma  y Asdrúbal. 2,13,4 Los romanos constataron que allí se había establecido un poder mayor y temible y pasaron a preocuparse de Iberia se dieron cuenta cómo en los tiempos anteriores se habían descuidado y que los cartagineses se habían anticipado a construir un gran imperio e intentaron con todas sus fuerzas recuperar lo perdido.

Polibio. 2.36.1-7. Asdrúbal, general cartaginés, había ejercido ocho años el mando en Hispania cuando murió asesinado arteramente una noche en su propio aposento por un hombre de raza gala; fue un ajuste de cuentas particular. Había promovido un gran auge en la causa cartaginesa, no tanto mediante empresas guerreras como mediante tratos con los jefes del país. Entonces los cartagineses confirieron el mando de Hispania a Aníbal, aunque era joven, debido a la perspicacia y a la audacia que había mostrado en las acciones. Aníbal tomó el mando, y pronto evidenció el propósito de hacer la guerra a los romanos, aunque ahora lo difiriera algo. Desde aquella época, sospechas y fricciones constituían las relaciones mutuas entre romanos y cartagineses, Éstos maquinaban secretamente, pues querían vengar sus derrotas en Sicilia, y los romanos desconfiaban porque se daban Cuenta de las asechanzas. De ahí que los buenos observadores previeran que la guerra entre ellos iba a estallar tras no mucho tiempo.

Polibio. 3.6.1-3. Algunos tratadistas de la historia de Aníbal, al querer enseñarnos las causas de la guerra en cuestión entre romanos y cartagineses, aducen primero el asedio de Sagunto por parte de los cartagineses y, en segundo lugar, su paso, en contra de los tratados del río que los naturales del país llaman Ebro (se trata del Júcar). Yo podría afirmar que estos fueron los comienzos de la guerra, pero negaría rotundamente que fueran las causas. ¡ Nada de esto¡.

Polibio.3,8,3-10. Fabio, el historiador romano, afirma que la causa de la guerra contra Aníbal fue, además de la injusticia cometida contra los saguntinos, la avaricia y la ambición de Asdrúbal, ya que éste, tras adquirir un gran dominio de los territorios de Hispania, se presentó en el África, donde intentó derogar las leyes vigentes y convertir en monarquía la constitución de los cartagineses. Los prohombres de la ciudad, al apercibirse de su intento contra la constitución, se pusieron de acuerdo y se enemistaron con él. Cuando Asdrúbal lo comprendió, se marchó del África y, desde entonces, manejó a su antojo los asuntos hispanos, prescindiendo del Senado cartaginés. Aníbal, que desde niño había sido compañero de Asdrúbal y emulador de su manera de gobernar, luego que hubo recibido la dirección de los asuntos de Hispania, dirigió las empresas del mismo modo que él. Esto hizo que ahora la guerra contra los romanos estallara contra la voluntad de los cartagineses, por decisión de Aníbal. Porque ningún notable cartaginés había estado de acuerdo con el modo con que Aníbal trató a la ciudad de Sagunto. Fabio afirmaba esto, y luego asegura que, tras la caída de la plaza mencionada, los romanos acudieron y exigieron a los cartagineses que les entregasen a Aníbal o arrostraran la guerra. Ante su afirmación de que ya desde el principio los cartagineses estaban disgustados por la conducta de Aníbal, se podría preguntar a este autor si dispusieron de ocasión más propicia que ésta o de manera más justa y oportuna para avenirse a las pretensiones romanas y entregarles al causante de tales injusticias. Así se libraban discretamente, por medio de terceros, del enemigo común de la ciudad, lograban la seguridad del país y apartaban la guerra que se les venía encima y satisfacían, con solo un decreto, a los romanos.A todo esto, ¿qué podría decir Fabio? Nada, evidentemente. La verdad es que los cartagineses tanto distaron de hacer cualquier cosa de las indicadas, que, según las iniciativas de Aníbal, guerrearon continuamente durante dieciséis años, y no cesaron hasta que, tras poner a prueba todas sus esperanzas, al final vieron en peligro su país y sus vidas.

Polibio 3.9,6 En cuanto a la guerra entre romanos y cartagineses hay que considerar que la primera causa fue el resentimiento de Amílcar, el llamado Barca, que era padre natural de Aníbal….

Polibio. 3,10,5-7. Amílcar…después de las derrota de los mercenarios sublevados, puso luego todo su interés en los asuntos de Hispania, pues quería aprovechar estos recursos para la guerra contra los romanos. Hay que tener en cuenta una tercera causa, me refiero a éxito de los cartagineses en los asuntos de Hispania. Porque, por confiar en estas fuerzas entraron llenos de coraje en la guerra citada. Es innegable que Amílcar, aunque murió diez años antes del comienzo de esta segunda guerra, contribuyo decisivamente a su estallido. Ello se puede probar de muchas maneras, pero para merecer crédito bastará con considerar lo que se expone a continuación.

COMENTARIO

Las dudas sobre la fiabilidad por parte de Aníbal no se hacen esperar. Ya empezaba a tener sospechas de la poca lealtad de sus mercenarios. Y empieza a sentirse inseguro de sus hombres, porque le han provocado una rebelión interna. Nota que tendrá muy presente a la hora de configurar la posición de sus milicias cuando se enfrente a los enemigos. Desconfía de todos, y por ello su estrategia cambiará según las circunstancias. Y esto se podrá comprobar cuando se encuentre en terreno italiano.

Polibio. 3,11,1-5-6-7 En la época en que Aníbal, derrotado por los romanos, acabó por exiliarse de su patria y vivió en la corte de Antíoco… A medida que pasaba el tiempo, el rey recelaba cada vez más de Aníbal, surgió la oportunidad de explicarse acerca de la desconfianza creada entre ellos dos. En el diálogo, Aníbal se defendió de múltiple modos y, al final, cuando ya agotaba los argumentos, explicó lo que sigue: Cuando su padre iba a pasar a Hispania con sus tropas, Aníbal contaba nueve años y estaba junto a un altar en el que Amílcar ofrecía un sacrificio a Zeus. Una vez que obtuvo agüeros favorables, libó en honor de los dioses y cumplió los rotos prescritos, ordenó a los demás que asistían al sacrificio que se apartaran un poco, llamó junto a sí a Aníbal y le preguntó amablemente si quería acompañarle en la expedición. Aníbal asintió entusiasmado y aún se lo pidió como hacen los niños. Amílcar, entonces, le cogió por la mano derecha, lo llevó hasta el altar y le hizo jurar, tocando las ofrendas, que jamás sería amigo de los romanos.

Polibio,3,12,1-4 “De modo que debemos tener este testimonio como prueba irrefutable del odio de Amílcar y de sus intenciones que luego evidenciaron los mismos hechos: tan enemigo de los romanos hizo a Asdrúbal, que era el marido de su hija, y a su propio hijo Aníbal, que ese odio resultó insuperable. Pero Asdrúbal murió prematuramente y no pudo hacer notorias a todos sus intenciones; Aníbal, en cambio, tuvo la ocasión de demostrar, a carta cabal, el odio que contra los romanos había heredado de su padre.

Polibio. 3.13.1-8  “Los cartagineses soportaron a duras penas su descalabro en Sicilia; pero aumentaron su cólera, como dije antes, lo ocurrido en Cerdeña y la gran cantidad de dinero que, al final, les fue impuesta. Por ello, así que hubieron sometido la mayor parte de los territorios de Hispania, estuvieron dispuestos a todo lo que se presentara contra los romanos. Cuando les llegó la noticia de la muerte de Asdrúbal, a quien, tras la muerte de Amílcar, habían confiado sus asuntos hispanos, primero tantearon las preferencias de las tropas. Cuando desde los campamentos se les hizo saber que los soldaos habían elegido unánimemente a Aníbal como general, reunieron al instante la asamblea popular y ratificaron por unanimidad la decisión de sus tropas. Aníbal se hizo cargo del mando al instante e hizo una salida para someter a la tribu de los ólcades. Llegó a Altea, su ciudad más fuerte y acampó junto a ella. Luego la atacó de manera enérgica y formidable y la tomó en poco tiempo; ello hizo que las demás ciudades, espantadas, se entregaran a los cartagineses. En ellas Aníbal recaudó dinero; tras hacerse con una fuerte suma se presentó en Cartago Nova para pasar allí el invierno.Trató con liberalidad a sus súbditos, anticipó parte de sus soldadas a sus compañeros de armas y les prometió aumentarlas, con lo que infundió grandes esperanzas en sus tropas y al propio tiempo se hizo muy popular.

COMENTARIO

En este inciso, Polibio, introduce lo que ocurrió entre Aníbal y su padre, y lo que habían hecho ante los altares de los dioses. Ciertamente esto lo hizo cuando notó que el rey Antíoco iba perdiendo la confianza y fiabilidad de Aníbal, refugio tras su huida de Cartago después de la gran derrota de Zama y por otras razones de tipo económico. Pero es consecuencia que se veía venir. Se aprovechó de su situación como sufeta y su actitud fue despreciada de forma palmaria ante el Senado cartaginés y el pueblo. Antíoco. Conocía todas las artimañas que Aníbal venía haciendo con Roma -a la que Antíoco también quería combatir, pues de hecho lo hizo, pero con fracaso por su parte- y la forma de tratar a los pueblos sometidos, las cargas que les imponía que eran insoportables. Todo ello confluyó en el ánimo de Antíoco, y Aníbal se vio obligado a abandonar aquella corte y marchar a otras tierras.

Año -220

Polibio. 3.14.1-8. Al verano siguiente salió de nuevo, esta vez contra los vacceos; lanzó un ataque súbito contra Salamanca y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala, debido a sus dimensiones y también a la bravura, la tomó por la fuerza. Ya se retiraba cuando se vio expuesto a los más graves peligros: le salieron al encuentro los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de aquellos lugares; les acompañaban sus vecinos, que se les unieron excitados principalmente por los ólcades que habían logrado huir; les atacaban también, enardecidos, los salmantinos que se habían salvado. Si los cartagineses se hubiesen visto en la precisión de entablar con ellos una batalla campal, sin duda alguna habrían sido derrotados. Pero Aníbal, que se iba retirando con habilidad y prudencia, tomó como defensa el río llamado Tajo, y trabó el combate en el momento en que el enemigo lo vadeaba, utilizando como auxiliar el mismo río y sus elefantes, ya que disponía de cuarenta de ellos. Todo le resultó de manera imprevista y contra todo cálculo. Pues los bárbaros intentaron forzar el paso por muchos lugares y cruzar el río, pero la mayoría de ellos murió al salir del agua ante los elefantes que recorrían la orilla y siempre se anticipaban a los hombres que iban saliendo. Muchos también sucumbieron dentro del río mismo a manos de los jinetes cartagineses, porque los caballos dominaban mejor la corriente, y los jinetes combatían contra los hombre de a pie desde una situación más elevada. Al final cruzó el río el mismo Aníbal con su escolta, atacó a los bárbaros y puso en fuga a más de cien mil hombres. Una vez derrotados, nadie de allá del Ebro se atrevió fácilmente a afrontarle, a excepción de Sagunto: Pero Aníbal, de momento, no atacaba en absoluto a la ciudad, porque no quería ofrecer ningún pretexto claro de guerra a los romanos hasta haberse asegurado el resto del país; en ello seguía sugerencias y consejos de su padre Amílcar.

COMENTARIO

En este episodio podemos observar una de las tácticas más comunes en las estrategias de Aníbal: combatir a las orillas de los ríos. La zona de Helmántica fue atacada, como otras de las muchas de la Iberia superior. Pero el Cartaginés supo llevarse al enemigo a las zonas por él preferidas: los ríos. Allí les tendió la trampa que tanto va a utilizar el Italia (Tesino, Trebia, lago Trasimeno…). y los bárbaros, como dice al autor, cayeron en la trampa a consecuencia del desconocimiento del combate sobre un lecho de río, y además, con un arma muy poderosa: el elefante. Pero fue la caballería númida la que mayor estrago causó a los nativos. Aníbal puso en retirada a un ejército ibero de más de cien mil hombres, hecho desconocido hasta entonces. Así que empezó a funcionar la estrategia de Aníbal: caballería númida, elefantes y el lugar por él elegido como más idóneo para combatir: un río.

Polibio 3.15.1-13. “Los saguntinos despachaban mensajeros a roma continuamente porque preveían el futuro y temían por ellos mismos. Querían, al propio tiempo, que los romanos no ignorasen los éxitos de los cartagineses en Hispania. Hasta entonces los romanos no les había hecho el menor caso, pero en aquella ocasión enviaron una embajada que investigara lo ocurrido. Era el tiempo en que Aníbal ya había sometido a los que quería y se había establecido de nuevo con sus tropas en Cartago Nova para pasar el invierno. Esta ciudad era algo así como el ornato y capital de los cartagineses en Hispania. Allí se encontró con la embajada romana, la recibió en audiencia y escuchó lo que decían acerca de la situación. Los romanos poniendo por testigos a los dioses, les exigieron que  se mantuvieran alejados de los saguntinos (pues estaban bajo su protección) y no cruzaran el río Ebro, según el pacto establecido con Asdrúbal. Aníbal, como joven que era, embargado de ardor guerrero, que había tenido éxito en sus empresas, y dispuesto desde hacía tiempo a la enemistad con los romanos, les acusaba antes sus embajadores, como si fuera él el encargado de velar por los saguntinos, de que, aprovechando una revuelta que había estallado en la ciudad hacía muy poco,, habían efectuado un arbitraje para dirimir aquella turbulencia y habían mandado ejecutar injustamente a algunos prohombres. Dijo que no vería con indiferencia a los que había sido traicionados. Pues era algo innato en los cartagineses no pasar por alto ninguna injusticia. Pero el mismo tiempo Aníbal envió correos a Cartago para saber qué debía hacer, puesto que los saguntinos, fiados en su alianza con los romanos, dañaban a algunos pueblos de los sometidos a los cartagineses. Aníbal, en resumen, estaba poseído de la irreflexión y de coraje violento. Por eso no se servía de las causas verdaderas y se escapaba hacia pretextos absurdos. Es lo que suelen hacer quienes por estar aferrados a sus pasiones desprecian el deber. ¡Cuánto más le hubiera valido creer que los romanos debían devolverles Cerdeña y restituirles el importe de los tributos que, aprovechándose de las circunstancias, les habían impuesto y cobrado anteriormente, y afirmar que si no accedían, ello significaría la guerra! Pero ahora, al silenciar la causa verdadera y fingir una inexistente sobre los saguntinos, dio la impresión de empezar la guerra no sólo de un modo irracional, sino aún injusto. Los embajadores romanos, al comprobar que la guerra era inevitable, zarparon hacia Cartago, pues querían renovar allí sus advertencias. Evidentemente estaban seguros de que la guerra no se desarrollaría en Italia, sino en Hispania y de que utilizarían como base para esta guerra la ciudad de Sagunto.

Polibio 3.17.1-11 Aníbal levantó el campo y avanzó con sus tropas desde Cartago Nova, marchando hacia Sagunto. Esta ciudad no está lejos del mar y al pie mismo de una región montañosa que une los límites de la Iberia y de la Celtiberia. Dista de la costa unos siete estadios. Sus habitantes se alimentan del país, que es muy feraz. Y sobrepasa en fertilidad a todos los de Hispania. Aníbal, pues, acampó allí, y estableció un asedio muy activo, ya que reveía muchas ventajas para el futuro si conseguía tomar la ciudad por la fuerza. Creía en primer lugar que quitaría a los romanos la esperanza de trabar la guerra en Hispania, y después que, si intimidaba a todos, volvería más dóciles a los ya sometidos a los cartagineses, y más cautos a los iberos que conservaban todavía la independencia.  Pero lo principal era que, al no dejar atrás a ningún enemigo, podría continuar su marcha sin ningún peligro. Además, suponía que iba a disfrutar de recursos en abundancia para sus empresas, que infundiría coraje a sus soldados con la ganancia que cada uno lograría y que con el botín que enviaría procuraría la prosperidad de los cartagineses residentes en la metrópoli. Haciendo tales cálculos, proseguía el asedio con firmeza: a veces daba ejemplo a sus tropas y participaba de las fatigas de las operaciones, otras, las arengaba y arrostraba audazmente los peligros Tras sostener penalidades y preocupaciones de todas clases, tomó la ciudad al asalto tras ocho meses. Se apoderó de muchas riquezas, de prisioneros y bagaje. El dinero, según su propósito inicial lo reservó para sus propios proyectos; los prisioneros los distribuyó entre sus propios soldados, según el merecimiento de cada uno y remitió el bagaje íntegro a Cartago sin pérdida de tiempo. Al obrar así, ni erró en sus cálculos, ni falló en su propósito inicial: aumentó en los soldados el ardor combativo y predispuso a los cartagineses para lo que les anunciaba. Y con tales pertrechos y provisiones, él mismo logró muchas cosas útiles después.

Polibio. 3,20, 1-10. Cuando llegó a los romanos la noticia de la toma de Sagunto, no celebraron ninguna asamblea!. no. por Júpiter¡ para tratar de la guerra, cosa que afirman algunos historiadores que llegan a incluir los discursos pronunciados por los rivales políticos, actuando de manera totalmente absurda-¿Cómo iba a ser posible que los romanos, que en el año anterior habían advertido a los cartagineses que si invadían el país de los saguntinos les declararían la guerra, se reunieran, tomada ya por la fuerza la ciudad de Sagunto,, para deliberar si debían pelear o no? ¿Cómo y de qué forma presentan éstos el extraño abatimiento del Senado romano y, al mismo tiempo, afirman que los padres llevaron a la asamblea a sus hijos de doce años, quienes participaron en las discusiones, y no revelaron a nadie, ni siquiera a los parientes, ningún secreto?Nada de esto es lógico ni verídico en absoluto a no ser que, ¡ por Júpiter !, la Fortuna hubiera proporcionado a los romanos, entre otras muchas cosas, ser juiciosos ya de nacimiento: Contra semejantes libros, como los que escriben Quereas y Sósilo, na hay que decir más; creo que tienen la disposición y la fuerza de una historia de cuentos de bárbaros o de charlatanes vulgares y no de una verdadera historia. Los romanos, al saber lo ocurrido con los saguntinos, eligieron unos embajadores y los enviaron sin dilación a Cartago. Debían proponer alternativamente dos cosas: si aceptaban la primera, los cartagineses sufrían a todas luces daño y vergüenza; la segunda les presentaba el inicio de problemas y de grandes peligros. en efecto, los romanos exigían la entrega de Aníbal y de sus consejeros; de lo contrario, habría guerra. Los romanos llegaron a Cartago, se presentaron al Senado cartaginés y expusieron sus condiciones. Los cartagineses escucharon con disgustos aquellas propuestas; sin embargo, eligieron como portavoz suyo al más hábil entre ellos y empezaron a justificarse.

Polibio, 3,21,1-10. El portavoz silenció los pactos establecidos como si no hubieran existidos, o bien, de existir, como si para ellos fueron nulos, ya que se habían convenido sin haberles sido consultado. En ello los cartagineses decían seguir el ejemplo dado por los propios romanos: en efecto, el tratado concluido en la guerra de Sicilia por Lutacio, decían fue convenido por él, y luego invalidado por el pueblo romano, porque se había hecho al margen de su parecer. Los cartagineses urgían y apoyaban toda su defensa en los pactos últimos establecidos en la guerra de Sicilia. Y negaban que en ellos constara algo escrito acerca de Hispania; lo único que se ordenaba específicamente era que los aliados de ambos bandos gozaran de seguridad. Y demostraron que entonces los saguntinos no eran aliados de los romanos; a este propósito leyeron mucho los tratados. Los romanos rechazaron de plano estas justificaciones, afirmando que si Sagunto se mantuviera aún intacta, tal justificación sería admisible, y se podrían tratar los puntos discutibles. Pero como la ciudad había sido violada, o había de entregar a los culpables (con lo cual quedaría claro para todos que ellos no habrían participado en la injusticia, sino que esta obra se había llevado a cabo contra su parecer) o, si se negaban a ello, reconocían que habían participado en la injuria y aceptaban la guerra. Tales fueron, en resumen, los argumentos que ellos utilizaron. Nos parece necesario el no dejar de lado este punto para que ni aquellos a quienes incumbe el deber y la necesidad de ser muy estrictos en este aspecto se aparten de la verdad en sus deliberaciones más indispensables, ni tampoco los estudiosos se confundan, inducidos a error por la ignorancia o la parcialidad de los historiadores: por el contrario, debe haber una visión de conjunto de las obligaciones mutuas que pactaron romanos y cartagineses desde el principio hasta la época actual.

Polibio, 3.22. 1-12. El primer pacto entre romanos y cartagineses se concluye en tiempos de Lucio Junio Bruto y Marco Horacio, los primeros cónsules romanos nombrados después del derrocamiento de la monarquía. Bajo su consulado se consagró el templo de Júpiter Capitolino. Esto ocurrió veintiocho años antes del paso de Jerjes a Grecia (año -480). Lo hemos transcrito traduciéndolo con la máxima exactitud posible, pues también entre los romanos es tan grande la diferencia entre la lengua actual y la antigua que, algunas cosas ni los más entendidos logran discernirlas claramente. Los pactos son del tenor siguiente: que haya paz entre los romanos y sus aliados y los cartagineses y sus aliados bajo las condiciones siguientes: que ni los romanos ni los aliados de los romanos naveguen más allá del cabo Hermoso si no les obliga una tempestad, o bien los enemigos. Si alguien es llevado allá por la fuerza, que no les sea permitido comprar ni tomar nada, excepción hecho del aprovisionamiento para el navío o para los sacrificios y que se vayan a los cinco días. Los que lleguen allí con fines comerciales no podrán concluir negocios si no es bajo la presencia de un heraldo o de un escribano. Lo que se venda en presencia de estos, sea garantizado al vendedor por fianza pública, tanto si se vende en África como en Cerdeña. si algún romano se presenta en Sicilia, en un paraje sometido al dominio cartaginés, gozará de los mismos derechos. que los cartagineses no comentan injusticias contra el pueblo de los ardeatinos, no contra el de Antio, ni contra el de Laurento, ni contra el de Circe, ni contra el de Terracina….

En estos párrafos de Polibio se entabla discusión sobre la verdadera cobertura del tratado o tratados entre los cartagineses y los romanos. Cada uno juega a su política y no se ponen de acuerdo. Al final todo llega a la decisión que se toma en el Senado cartaginés cuando los embajadores romanos plantean la paz o la guerra.

(Año -306. Tercer Tratado).

Polibio, 3.25.1-9, Los romanos establecieron todavía un último pacto en la época de la invasión de Pirro antes de que los cartagineses iniciaran la guerra de Sicilia. En este pacto se conservan todas las cláusulas de los acuerdos ya existentes, pero además, se añaden los siguientes: » Si hacen por escrito un pacto de alianza contra Pirro, que lo hagan ambos pueblos, para que les sea posible ayudarse mutuamente en el país de los atacados. Sea cual fuere de los dos el que necesite ayuda, sean los cartagineses los que proporcionen navíos para la ida y para la vuelta; cada pueblo se proporcionará los víveres. Los cartagineses ayudarán a los romanos por mar, si éstos lo necesitan. Nadie obligará a las dotaciones a desembarcar contra su voluntad». Siempre era obligado hacer un juramento. Se hicieron así: en los primeros pactos los cartagineses juraron por los dioses paternos y los romanos por unas piedras, según la costumbra antigua, y además por Aires y Enialio. el juramento por las piedras se efectúa así: el que lo formula con referencia a un tratado, toma en su mano una piedra y, tras jurar por la fe pública, dice lo siguiente: «Si cumplo este juramento, que todo me vaya bien, pero si obro y pienso de manera distinta, que todos los demás se salven en sus propias patrias, en sus propias leyes, en su propios bienes, templos sepulturas, y tan solo caiga así, como ahora esta piedra». Y tras decir esto, arroja la piedra de su mano.

Polibio, 3.26.1-7. (Últimos tratados). Las cosas eran así, y los pactos se conservan todavía en las tables de bronce en el templo de Júpiter Capitolino, en el archivo de los ediles. ¿Quién no se extrañara naturalmente del historiador Filino, no de que ignore estos pactos (lo cual no es de extrañar, pues incluso ahora los más ancianos romanos y cartagineses, incluso los que parecen que más se habían interesado por el tema, los ignoraban), sino que se atrevió, no sé con qué seguridades, a escribir lo contrario: dice que entre romanos y cartagineses había un pacto, según el cual los romanos no podían entrar en ningún puntos de Sicilia, ni los cartagineses en ningún punto de Italia. Según Filino los romanos pisotearon los pactos y juramentos, puesto que fueron los primeros en hacer una travesía a Sicilia. Pero tales pactos no existen, y no hay constancia escrita acerca de ellos. Filino los cita explícitamente en su segundo libro . De tal cosa hemos hecho mención en la introducción a nuestra obra histórica, dejamos ahora el tratarla con algún detalle, porque muchos en este tema se equivocan por fiarse de la obra de Filino. entendámonos: Si alguien reprocha a los romanos su paso a Sicilia, relacionándolo con el hecho de que habíase admitido sin reserva a los mamertinos en amistad, y cuando éstos se la pidieron, les prestaron ayuda, aunque los mamertinos habían traicionado no sólo a Mesina, sino también a Regio, desde esta perspectiva su indignación es explicable. Pero si éste supone que la travesía significó la transgresión de pactos y juramentos, aquí su ignorancia es manifiesta.

COMENTARIO

En estos documentos se habla de pactos ficticios y pactos reales. los historiadores no son de fiar porque no se ha detectado ningún documento escrito que lo testifique.

Polibio, 3.27.1-10. Porque, acabada la guerra de Sicilia, los romanos hacen unos pactos distintos, en los cuales las cláusulas contenidas eran las siguientes: «Los cartagineses evacuarán (toda Sicilia) todas las islas que hay ente Italia y Sicilia, que ambos bandos respeten la seguridad de los aliados respectivos. que nadie ordene nada que afecte a los dominios del otro, que no levanten edificios públicos en ellos ni recluten mercenarios y que no atraigan a su amistad a los aliados del otro bando. Los cartagineses pagarán en diez años dos mil doscientos talentos, y en aquel mismo momento abonarán mil. Los cartagineses devolverán sin rescate todos sus prisioneros a los romanos. Después de esto, al acabar la guerra de África, los romanos, tras amenazar con la guerra a los cartagineses hasta casi decretarla, añadieron al pacto lo siguiente: » Los cartagineses evacuarán Cerdeña y pagarán otros mil doscientos talentos», tal como explicamos más arriba. Y a todo lo dicho hay que añadir las últimas convenciones aceptadas por Asdrúbal en Hispania, según las cuales «los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra». Estos fueron los tratados entre romanos y cartagineses desde el principio hasta los tiempos de Aníbal. hemos indicado ya las razones aducidas entonces por los cartagineses; ahora expondremos las de los romanos, no las que entonces manifestaron, indignados por la pérdida de Sagunto, aunque se habla de ellas con mucha frecuencia y por muchos. En primer lugar no se debían tener por nulos los pactos establecidos con Asdrúbal, como los cartagineses tienen la desfachatez de afirmar. en efecto: en ellos no constaba, como en los establecidos por Lutacio, «que serán vigentes si los ratifica el pueblo romano»; Asdrúbal había pactado con autoridad omnímoda un tratado en el que se decía «que los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra». En los pactos de Sicilia consta, como reconocen también aquellos, «que cada parte garantizará la seguridad de los aliados de la otra, y no sólo a los aliados de aquel momento, que era la interpretación ofrecida por los cartagineses. Pues en tal caso se habría añadido «que no se aceptarían otros aliados que los que entonces tenían» o bien «que los aceptados posteriormente no se incluirían en el pacto». Pero no se hizo constar ninguna cláusula en este sentido, con lo cual quedó claro que la seguridad afectaba los aliados de ambas partes, a los de entonces y a los que se adhirieran posteriormente. Lo cual es muy lógico, pues, por descontado que se iban a hacer unos pactos que les privaran de la posibilidad de unirse, según las circunstancias, a aquellos que les parecieran amigos o aliados útiles, o bien que les forzaran, tras aceptar su lealtad, a abandonarles cuando alguien cometiera una injusticia contra ellos. Lo esencial en el pensamiento de ambas partes en los pactos era esto: no molestar a los aliados que entonces tenía cada parte, y que ninguna de ellas debía aceptar a los aliados de la otra. en cuanto a los adquiridos posteriormente se estipulaba «no reclutar mercenarios entre ellos; ninguna parte ordenaría nada que afectara los dominios de la otra o los de sus aliados; se garantizaba la seguridad de los ciudadanos de ambas partes».

COMENTARIO

Las dudas sobre nuevo tratado entre romanos y cartagineses gira en torno a la entrada de los romanos en territorio de Sicilia. Hay dudas sobre la autenticidad de este acuerdo porque los historiadores se plantean si existieron o no. Todo parece indicar su inexistencia y los romanos entran en Sicilia, lugar muy reservado para el mundo cartaginés.

Polibio, 3.30.1-4. Las cosas estaban así y era notorio que los saguntinos ya se habían aliado con los romanos muy anteriormente a la época de Aníbal. He aquí la máxima prueba de ello, reconocida por los mismos cartagineses: cuando los saguntinos se pelearon entre ellos, no se dirigieron a los cartagineses, a pesar de que los tenían muy cerca y disponían ya de los asuntos de Hispania, sino a los romanos, y gracias a ellos enderezaron su situación política. Conocido es también que los saguntinos, muchos años antes, se habían puesto bajo la protección de los romanos.

Polibio, 3. 33.1-8. Los embajadores romanos (de ahí arrancó nuestra digresión) escucharon el alegato cartaginés y no añadieron nada. El de mayor edad mostró su manto a los senadores cartagineses y les dijo que allí les llevaba la guerra y la paz; lo sacudiría y les soltaría lo que eligieran. El sufeta cartaginés les dijo que soltaran lo que a ellos les pareciera bien. cuando el romano dijo que les soltaba la guerra, la mayoría de los componentes del Senado alzó la vez y gritó que la aceptaban. Y con estas palabras los embajadores y el Senado cartaginés se separaron. Aníbal pasaba el invierno en Cartago Nova. Primero licenció a los iberos hacia sus ciudades respectivas, con la intención de tenerlos dispuestos y animosos para el futuro. A continuación dio instrucciones a su hermano Asdrúbal acerca de cómo debía ejercer el gobierno y la autoridad sobre los iberos. y de cómo debía hacer los preparativos contra los romanos en el caso de que él mismo se encontrara ausente en cualquier otro sitio. en tercer lugar se preocupó de la seguridad de los asuntos de África. con cálculo propio de un hombre prudente y experto, hizo pasar soldados de África a Hispania y de ésta al África, estrechando con semejante plan la lealtad mutua de ambas poblaciones. Los que pasaron al África fueron los tersitas y los mastios y además los oretanos iberos y los ólcades. Los soldados procedentes de estos pueblos sumaban mil doscientos jinetes y tres mil ochocientos cincuenta hombres de a pie. Además de éstos, había baleares (en número de ochocientos setenta, cuyo nombre significa propiamente «honderos». Los habitantes de estas islas usan principalmente hondas, y este uso ha dado nombre a las islas y a sus moradores. La mayoría de los citados fue acantonada en Metagonia del África, pero algunos lo fueron en la propia Cartago. A ella mandó también Aníbal cuatro mil infantes, en calidad a la vez de rehenes y de refuerzos, procedentes de las ciudades llamadas metagonitas. En Hispania dejó a su hermano Asdrúbal cincuenta quinquerremes, diez cuatrirremes y cinco trirremes. De estas naves treinta y dos quinquerremes y cinco trirremes tenían dotaciones. Le confió también como caballería cuatrocientos cincuenta libiofenicios y africanos, trescientos ilergetes (de Lérida y Huesca) y mil ochocientos hombre reclutados entre los númidas: los messalios, los macneos y los mauritanos que viven en la costa; como infantería, once mil ochocientos cincuenta soldados de a pie africanos, trescientos ligures, quinientos baleares y veintiún elefantes. Nadie debe extrañarse de la exactitud de esta enumeración acerca de las disposiciones de Aníbal en Hispania, aunque apenas la usaría uno que hubiera dispuesto personalmente las acciones en todas sus partes. Que nadie nos concede precipitadamente se hemos procedido de modo semejante a algunos historiadores que pretenden dar visos de verdad a sus falsedades. Pues nosotros hemos encontrado en el cabo Licinio esta enumeración grabada por orden de Aníbal en una tablilla de bronce en la época en que él se paseaba por Italia; hemos creído que, al menos en esta materia, la tablilla es totalmente fiable y por esto hemos decidido dar crédito a la inscripción.

Polibio. 3.35.1-2. Terminado durante el invierno lo que hemos dicho, y habiendo asegurado la defensa de África y de Hispania, el día señalado sacó su ejército, compuesto de noventa mil infantes y doce mil jinetes. Atravesando el Ebro sojuzgó a los ilergetes y bargusios, después a los airenosios y andosinos, tocando ya a los Pirineos.

COMENTARIO

Aquí Polibio comenta el episodio de la embajada romana ante el Senado cartaginés. Se repite el hecho de la declaración de guerra. Se recuenta con quien Cartago cuenta a la hora de emprender la guerra contra Roma, quienes son sus aliados, cómo ganarse el pueblo ibero en general con la dificulad de ser tan heterogéneo en todos los sentidos. En el Sur tienen a sus hermanos de sangre, conocidos como los comerciantes fenicios; pero el centro es más reticente y desconfiado. No lo tendrán fácil pero conseguirán atraerlos a su propósito.

Año -218.

Polibio, 3.41.2. Publio salió para Hispania con sesenta naves.

COMENTARIO

Aníbal inicia su viaje hacia los Pirineos y Alpes para atacar a Roma en su propio terreno. Pero Roma, quizá sin saber lo que se plantea a fondo, manda a un general romano hacia Iberia para atacar en sus orígenes, a los cartagineses establecidos en territorio ibérico. Hecho que Aníbal sospechaba, y por eso propuso dejarse la espaldas cubiertas con cuerpos de ejércitos tanto en la Península Ibérica como en África, pero con la suspicacia de dejar a africanos en Iberia y a iberos en África. Muy propio de la astucia de Aníbal.

Polibio narra los datos de la SEGUNDA GUERRA PÚNICA

Polibio 3.76.1-13. En la misma época Gneo Cornelio, nombrado por su hermano Publio comandante de las fuerzas navales, según dije más arriba, zarpó con toda la flota desde las bocas de Ródano y alcanzó Hispania por los parajes cercanos a la ciudad llamada Emporion. empezando desde alli hacía los desembarcos e iba asediando a los habitantes de la costa hasta el río Ebro, que le rechazaban; en cambio trató benignamente a los que le acogieron y los protegió de la mejor manera posible. Aseguró, pues, las poblaciones costeras que le habían pasado y avanzó con todo su ejército hacia los territorios del interior. Había reunido ya un gran número de aliados de entre los hispanos. A medida que avanzaba se atraía a las ciudades y sometía a otras. Los cartagineses dejados en estos parajes al mando de Hannón, acamparon frente a los romanos cerca de la ciudad llamada Cissa. Gneo Cornelio formó a sus tropas y libró un combate del cual salió victorioso, con lo que se adueñó de muchas riquezas, ya que las tropas cartaginesas que habían marchado a Italia,, había confiado sus bagajes a los cartagineses de aquí. Gneo Cornelio convirtió en amigos y aliados a todos los naturales del país que habitaban el norte del Ebro; cogió vivo al general de los cartagineses Hannón y al caudillo ibero Indíbil; éste detentaba el mando de aquellos lugares de tierras adentro, y había sido siempre muy amigo de los cartagineses. Enterado muy pronto de lo sucedido, Asdrúbal cruzó el río Ebro y acudió a prestar ayuda. Se enteró de que las tripulaciones de la flota romana, dejadas allí, al saber los triunfos de sus ejércitos de tierra, se habían dispersado de manera confiada y negligente; concentró, pues, unos ocho mil hombres de infantería de su propio ejército y mil jinetes, sorprendió diseminados por el país a los romanos de las naves, mató a muchos de ellos y obligó a los demás a huir hacia sus propias embarcaciones. Asdrúbal, entonces, se retiró, cruzó de nuevo el río Ebro y se preocupó de la guarnición y defensa de los parajes situados detrás del río; pasó el invierno en Cartago Nova; Gneo alcanzó de nuevo su flota, castigó según la usanza romana a los culpables de lo ocurrido, concentró en un sólo punto a sus fuerzas terrestres y navales y estableció su campamento de invierno en Tarragona. En previsión del futuro repartió en botín en partes iguales entre los soldados, lo cual les infundió gran ardor para el futuro y simpatías hacia él.

Año -217.

Polibio, 3.96.1-14. Asdrúbal y los suyos, al señalarles los vigías, ya de lejos, la navegación del enemigo, dispusieron que sus fuerzas de tierra se ordenaran junto a la costa, al tiempo que ordenaban a las dotaciones embarcar en sus naves. Los romanos estaban ya cerca. Los cartagineses dieron la señal de combate entonando un grito de guerra, decididos a librar la batalla naval. Se trabaron , pues, con el enemigo durante breve tiempo le disputaron la victoria. No mucho después comenzaron a replegarse. La reserva de infantería situada frente a las costas, no les aprovechó tanto, por infundirles valor en la batalla, como les perjudicó, ya que les infundía una cierta esperanza de salvación. Tras perder dos naves con sus tripulantes, y los remos y marinería de cuatro, huyeron, replegándose hacia tierra. Los romanos los persiguieron bravamente y ellos lanzaron las naves hacia la costa; sus tripulantes saltaron de ellas y se salvaron corriendo hacia sus formaciones. Los romanos se aproximaron audazmente a tierra firme y remolcaron a las naves enemigas que lograron remover; se hicieron al mar abierto con gran alegría: habían vencido al adversario en la primera embestida, se había hecho con el dominio del mar y habían arrebatado veinticinco naves al enemigo.

Las operaciones de Iberia adquirieron desde este momento perspectivas más brillantes, debido al éxito reseñado. Y los cartagineses, al enterarse de la derrota sufrida, dotaron al instante setenta naves y las despacharon, ya que estaban convencidos de que, para cualquier intento, les era indispensable el dominio del mar.

Esta flota tocó primero Cerdeña; desde aquí se dirigió a los territorios de Italia junto a Pisa; la marinería creía que allí establecería contacto con los hombre de Aníbal. Pero los romanos, desde la propia Roma, se hicieron a la mar con ciento veinte navíos penterremes, y los cartagineses, sabedores de esta salida, zarparon de nuevo hacia Cerdeña, y después, de nuevo, hacia Cartago Nova. Gneo Servilio, con la escuadra referida, persiguió a los cartagineses durante algún tiempo, convencido de que los alcanzaría, pero por ser mucha la distancia, renunció. Entonces ancló primero en Lilibeo, en Sicilia, después zarpó de nuevo hacia África, a la isla de Cercina, y cobró dinero a sus habitantes para no devastarles el país; de retorno se apoderó de la isla de Cosira, dejó una guarnición en la pequeña ciudad y se dirigió de nuevo a Lilibeo. Finalmente fondeó allí su flota. Y al cabo de poco tiempo se reintegró a su ejército de tierra.

Polibio, 3,97,1-8. Los del Senado se enteraron de la victoria de Gneo en la batalla naval, y convencidos de que era útil, y más aún, necesario, no desatender las operaciones de Iberia, sino oponerse a los cartagineses y extender la guerra, equiparon veinte naves, nombraron jefe, según su decisión inicial, a Publio Cornelio Escipión, y con gran celo lo mandaron junto a su hermano Gneo y codirigió colegiadamente los asuntos de Iberia. Angustiaba a los romanos la idea de que si los cartagineses dominaban tal país, adquirirían provisiones abundantes y muchos hombres, pugnarían más por dominar el mar y ayudarían a sus ejércitos de Italia, enviando tropas y dinero a Aníbal. Atribuyeron pues, gran importancia a esta guerra, y despacharon a las naves y a Publio, Éste llegó a Iberia, entró en contacto con su hermano y fue de una gran utilidad para las empresas conjuntas. En efecto, los romanos antes jamás se habían atrevido a cruzar el Ebro, sino que se contentaban con la amistad y confianza de los que habitaban al norte de este río. Pero, entonces, lo cruzaron, y por primera vez tuvieron el valor de operar en el otro lado. Y aquí les ayudó mucho una casualidad.

Cuando hubieron intimidado a los iberos que habitaban en las inmediaciones del vado, se llegaron hasta la ciudad de Sagunto, y acamparon a unos cuarenta estadios de distancia, junto al templo de Afrodita.

Ocupaban un lugar muy estratégico porque les ofrecía seguridad contra el enemigo y además era muy apto para que les aprovisionaran desde el mar. La flota iba costeando paralelamente a su avance.

Polibio, 3.98.1-11. Y entonces se dio el cambio de situación siguiente: cuando Aníbal emprendió su marcha hacia Italia, de cuantas ciudades ibéricas desconfiaba, tomó como rehenes a los hijos de los hombres más ilustres y los concentró, en su totalidad, en la ciudad de Sagunto, porque ésta era de acceso difícil, y además confiaba mucho en los hombres que dejaba allí. Había un ibero de nombre Abílix, no inferior ni en fama ni en situación a cualquier otro ibero, y encima daba la impresión de superar mucho a los otros en su buena disposición y lealtad hacia los cartagineses. Este hombre consideró la situación, juzgó que eran más brillantes las esperanzas depositadas en los romanos y reflexionó consigo mismo sobre la devolución de los rehenes, una estratagema digna de un ibero y de un bárbaro. Convencido de que entre los romanos podía llegar a ser un hombre de gran prestigio si les aportaba conjuntamente lealtad y utilidad, rompiendo sus pactos con los cartagineses se aprestó a entregar los rehenes a los romanos: se había percatado de Bóstar, general cartaginés enviado por Asdrúbal para impedir que los romanos cruzaran el río, pero que no se había atrevido a oponérseles, después de retirarse, acampaba en Sagunto, al lado del mar; era un hombre ingenuo y benigno por naturaleza, que le tenía una gran confianza: Abílix, entonces, habla de los rehenes de Bóstar, y le dice que los romanos han cruzado el río; los cartagineses ya no podrán retener por el miedo sus dominios en Iberia, pero las circunstancias exigen la benevolencia de los sometidos; ahora que los romanos se han aproximado y se han situado frente a Sagunto, amenazando la ciudad, si él, Bóstar, hace salir a los rehenes y los devuelve a sus padres y a sus ciudades, arruinaría las ambiciones de los romanos. Pues esto querían hacer precisamente lo mismo si eran ellos los que se apoderaban de los rehenes. Bóstar, pues, debía conciliarse la benevolencia de todos los iberos para con los cartagineses, prever el futuro y pensar también en la seguridad de los rehenes. Y si era él mismo, añadió, el que tratara personalmente el asunto, acrecentaría, multiplicándolo, el agradecimiento. En efecto, al restituir los muchachos a sus ciudades, no sólo se atraería la adhesión de los padres, sino también de la masa de las poblaciones, al poner bajo su vista con esta conducta la estima y la magnitud de los cartagineses para con sus aliados. Además les insinuó la cantidad de obsequios que él personalmente recibiría de los que hubieran recuperado a sus hijos: pues los padres, al verse inesperadamente en posesión de sus allegados más próximos, rivalizarían en mostrar su liberalidad hacia el autor de tal decisión. Abílix añadió, ademas, muchas más cosas por el estilo y con el mismo tono, y logró persuadir a Bóstar a seguir sus proposiciones.

Polibio, 3.99.1-9. Abílix señaló el día en que se presentaría con unos hombres de confianza para llevarse a los jóvenes, y se fue. Por la noche se presentó en el campamento romano, y juntándose con algunos iberos que luchaban al lado de los romanos, a través de ellos logró llegar hasta los generales. Les demostró con abundancia de pruebas la inclinación y conversión de los iberos hacia ellos si recuperaban a los jóvenes que habían entregado como rehenes, y se ofreció a entregarles a los jóvenes. Publio Cornelio y los suyos acogieron esta propuesta con mucho entusiasmo, y le prometieron grandes recompensas. Abílix entonces se retiró a su residencia, tras señalar día, tiempo y lugar en que deberían aguardarle los receptores. Tras esto, tomó consigo los jóvenes traídos desde Sagunto, y salió de noche, porque quería pasar desapercibido, pasó el atrincheramiento romano, llegó al lugar determinado en el momento preciso e hizo entrega de todos los rehenes a los generales romanos. Publio y los suyos honraron excepcionalmente a Abílix y lo emplearon para efectuar las restitución de los rehenes a sus ciudades de origen, haciendo que le acompañaran algunos amigos. Él iba recorriendo las villas y, mediante la entrega de los muchachos, ponía a la vista de todos la bondad y magnanimidad de los romanos, y junto a ellas, la desconfianza y la dureza de los cartagineses; poniendo como ejemplo su propia mudanza empujó a muchos iberos a hacerse amigos de los romanos.

Bóstar, que había entregado los rehenes al enemigo, de la manera más ingenua de lo que su edad permitía suponer, corrió riesgos muy superiores al normal. Pero como la estación estaba ya muy entrada, los dos bando esparcieron su fuerza para pasar el invierno. La fortuna había prestado una ayuda suficiente a los romanos, con el caso de estos muchachos para los proyectos futuros. Y esta es la situación en Iberia.

Año -216

COMENTARIO

Las primeras escaramuzas o intentos de los cartagineses tras la llegada a Emporion de la armada romana, los puso en guardia. El proyecto era poner en riesgo a la armada cartaginesa, en teoría superior a la romana, pero que no consiguieron frenar el intento de Roma de presentar un frente por mar que hiciera peligrar la llegado de refuerzos de Cartago para ayudar a Aníbal en sus operaciones militares en Italia. Los romanos consiguieron entrar en Sicilia a pesar de la fuerza cartaginesa.

Pos otra parte, Escipión consigue romper los lazos que hacían imposible conectar con los iberos. Mediante una actitud de política reconciliadora con las comunidades iberas al norte del Ebro, la confianza hacia los cartagineses empieza a resquebrajarse. La política de Aníbal de tomar rehenes ante su marcha contra Italia, exigiendo rehenes de categoría y dejándolos en Cartago Nova, frena cualquier intento de rebelión de los nativos ibéricos en un posible intento de rebelión mientras él esta en Italia. Pero esta táctica empieza a resquebrajarse, y los iberos, temerosos de que los romanos se ganen la simpatía de los naturales, optan por entregar los rehenes sus familias para ganarse su simpatía y apoyo en caso de que esta política les falle. Los romanos lo ven con buenos ojos y están de acuerdo. Ambos, romanos e iberos, sacarían buen partido de esta táctica y se lleva a cabo.

Polibio, 3.113. 6. Al mismo tiempo Aníbal hizo pasar el río a los baleares y lanceros y los dispuso al frente del ejército, y sacando del campo el resto de sus fuerzas, atravesó por dos lugares la corriente y las formó frente al enemigo. A su izquierda, junto al río, dispuso la caballería ibera y celta, dando frente a los jinetes romanos, inmediatamente la mitad de la infantería pesada africana, y a continuación de éstos, la infantería ibera y celta, A su espalda puso la otra mitad de los africanos, y finalmente, en el ala derecha formó la caballería reunida. Habiendo así extendido en una línea recta su ejército, tomando la mitad de los tropas iberas y celtas, avanzó, manteniendo el contacto entre ellos y los flancos, pero separándose de ellos gradualmente hasta formar una media luna, extremando sus extremos. Su intención era utilizar en la batalla como rehenes, a los africanos y entablar la lucha con los iberos y los celtas.

Polibio, 3.114.1. El armamento de los africanos era a la romana, ya que Aníbal los había equipado con los despojos de la batalla anterior. El escudo de los iberos y de los celtas era muy parecido; las espadas en cambio eran distintas; las de los iberos podían herir lo mismo de punta que de filo, pero la de los celtas servían únicamente para el tajo, y esto en una cierta distancia. Estando dispuestos en compañías alternadas, los celtas desnudos, los iberos cubiertos con túnicas de lino de color de púrpura a la costumbra de su país, ofrecían un aspecto extraño e impresionante. Los africanos del ala derecha hicieron un cambio a la izquierda, y, empezando el ataque por la derecha, cayeron sobre el flanco del enemigo; mientras que los de la izquierda, como su situación se le imponía, giraron a la derecha y atacaron por la izquierda.- De donde resultó lo que Aníbal había imaginado-. que los romanos, en su persecución de los celtas, fueron copados por los africanos; entonces ya no conservaron la formación compacta, sino que individualmente o por los bandos, combatían contra el enemigo que caían sobre sus flancos.

COMENTARIO

Aquí podemos observar la estrategia planificada por Aníbal en su proyecto de combate. Aníbal planifica un sistema de ataque de «embolsamiento» del enemigo, de manera que no pueda escapar. El ejército de Aníbal era invencible a campo abierto con este sistema de organización militar. A campo abierto, este plan era muy superior al romano, quien acabaría destrozado. Aquí demuestra Aníbal que su plan estratégico era eficaz. Era imposible vencerlo con el sistema «media luna».

Polibio. 3.117.6. Del ejército de Aníbal cayeron cuatro mil celtas, mil quinientos iberos y africanos, y unos doscientos soldados de a caballo. Los romanos hechos prisioneros, lo fueron fuera de la batalla por la razón siguiente.

Polibio, 9,11.1-3. (Fragmentos) Los generales cartagineses. tras haber vencido al enemigo, no lograron vencerse a sí mismos. Creían que la guerra contra los romanos había concluido y se enzarzaron en peleas entre ellos, acuciados por la ambición y el afán de dominio, verdaderamente innatos en los cartagineses. Asdrúbal, hijo de Gisgón, se apoyó en su autoridad y llegó a un extremo tal de sordidez que exigió una cantidad enorme de dinero al amigo más leal del que, a la sazón, disponían los cartagineses en Iberia. Se trataba de Indíbil, expulsado de su reino por los romanos y que por el afecto que profesaba a los cartagineses, pudo recuperar. en un principio Ibdíbil no le atendió, pues confiaba en la lealtad demostrada a los cartagineses, pero Asdrúbal le tildó de falso y le obligó a entregar como rehenes a sus propias hijas.

COMENTARIO

SegÚn este texto de Polibio, las guerras contra los romanos y el triunfo sobre ellos, demuestra que el sentido de patria no jugaba un papel importante en sus vidas; y aparece la ambición, que, con el tiempo se convertirá en un enemigo que destruirá su presencia en la Península Ibérica.

Polibio, 9.22,1-5. Para ambas naciones, me refiero a romanos y cartagineses, un hombre era la causa y el alma de lo que ocurría, quiero decir Aníbal. A todas luces él dirigía personalmente las operaciones de Italia, y las de Iberia a través del mayor de sus hermanos, Asdrúbal, y tras la muerte de éste, a través de Magón el Viejo. Entre los dos aniquilaron a los generales romanos (Publio y Gneo) destacados en la Península. También dirigía las operaciones de Sicilia, primero a través de Hipócrates, y después, a través del africano Mitón.

COMENTARIO

Asdrúbal, hermano de Aníbal, juntamente con Magón el viejo, fueron los que mantuvieron intacto el poder de los cartagineses en la Península. Aníbal confiaba plenamente en ellos, y lo cierto, es que acabarían con los dos Escipiones, mientras el estaba derrotando de forma continuada a las fuerzas romanas cada vez más debilitadas. Y Aníbal luchaba abiertamente en Italia sintiéndose con las espaldas cubiertas porque no sólo el ponía el jaque al ejército romano en Italia, sino que se sentía vencedor al saber que la guerra en Iberia iba a su favor. Pero no se olvide que un solo fallo estratégico de los Escipiones fue la causa del desastre romano en Iberia.

Polibio, 10.2. 1. Ahora vamos a historiar los hechos de Publio Cornelio Escipión en Iberia, y añadiremos todas las gestas de su vida. Nos parece, pues, indispensable que los lectores conozcan anticipadamente algo del carácter, de la manera de ser de este personaje. Fue quien gozó de más fama en los tiempos pasados y, por ello, todo el mundo se empeña en saber quien fue, en conocer su forma de ser y sus tendencias.

Polibio, 10, 6. En resumen, entonces reunió sus tropas y las exhortaba a que no se alarmaran por la derrota anterior, puesto que los romanos jamás habían sido vencidos por la potencia de los cartagineses, sino por la traición de los celtiberos, y también por la temeridad de los dos generales romanos, que se habían separado demasiado uno del otro, fiados en la alianza con aquellos de quienes he hecho mención. La dos cosas afirmo que ahora ocurrían al enemigo, porque éste había distanciado mucho sus campamentos y, además, había tratado con soberbia a sus aliados, enajenándolos y convirtiéndolos en amigos. Esto había hecho que algunos ya le hubieran enviado mensajeros y que otros cuando cobraran más confianza el ver que ellos, los romanos, había cruzado el río, se le presentaran espontáneamente no por sentimientos de adhesión hacia él, es cierto, pero sí por rechazar al máximo la insolencia de los cartagineses para con ellos. Afirmaba que, sin embargo, lo más importante era que los generales adversarios se habían enemistado y que se negaban a presentar batalla conjuntamente contra los romanos. Se si arriesgaban separadamente, eran fácilmente superables. Lo exhortaba a pensar eso y a atravesar el río con confianza; él y los demás comandantes les prometían cumplir la parte que les concernía a ellos. con estas palabras dejó a Marco Silano, su lugarteniente, con tres mil soldados de infantería y quinientos jinetes, para que patrullaran los lugares por donde se había hecho la travesía y vigilaran a los aliados de acá del río; él hizo pasar a las fuerzas restantes sin dejar prever sus intenciones. Su verdadera determinación era no hacer nada de lo que había dicho delante de todos; lo que se suponía era asediar de repente la ciudad hispana de Cartago Nova. Y he aquí la primera gran prueba de nuestra opinión, hace poco expuesta. Mas que nada porque a sus veintisiete años se entregó totalmente a empresas que la gente creía desesperado ante la magnitud de los desastres ocurridos y, además, porque en esta dedicación dejó a un lado los planes vulgares, que le podían venir a la mente a cualquiera, y pensó y se propuso hacer lo que (ni amigos) ni enemigos podían sospechar. Y todo lo realizaba con los cálculos más precisos. Ya de buenas a primeras, cuando todavía estaba en Roma, había hecho averiguaciones, había investigado con detalle la traición de los celtiberos y la separación de las legiones romanas y dedujo que en todo ello radicaba la causa de los desastres sufridos por los hombres de su padre; los cartagineses ni le impresionaron ni le desanimaron, como habían causado impacto y desaliento a sus gentes. Después supo que los aliados de más allá del Ebro se mantenían fieles a los romanos y, también, que los generales cartagineses andaban a la greña y que trataban desdeñosamente a los pueblos sometidos. Todo ello le hizo cobrar ánimo para la expedición en la que se fió no de la suerte, sino del cálculo.

Llegado ya a Iberia, lo removió todo para indagar sobre los enemigos. Pudo enterarse de que las fuerzas de los cartagineses se habían dividido en tres grupos: Magón estaba más allá de las Columnas de Herakles, entre el pueblo llamado de los conios; Asdrúbal, hijo de Gisgón, estaba en Lusitania, en la desembocadura del Tajo, y el segundo Asdrúbal (hermano pequeño de Aníbal) asediaba una ciudad en la región de los carpetanos; los tres se encontraban a mas de diez días de marcha de Cartago Nova. Se convenció de que si se decidía a presentar batalla al enemigo, enfrentarse a los tres en bloque le era altamente inseguro, ya que sus antecesores habían sido derrotados y el adversario era muy superior en número.

Polibio, 10,7,1-6. Por otro lado, si provocaba a batalla a un grupo solo, incluso si llegaba a hacerlo en fuga, acudirían las fuerzas cartaginesas restantes a él, de uno u otro modo, se vería rodeado; así que temía sucumbir a la misma desgracia que su tío Gneo Escipión y que su padre Publio. Por esto, ya desde el principio descartó una operación de este tipo. Sabía, en cambio, que la ciudad de Cartago Nova, que ya he citado, era muy útil al enemigo y que, precisamente en la guerra de entonces, perjudicaba mucho a los romanos. Durante el invierno había reunido informaciones de gente que conocía muy bien sus peculiaridades. Lo primero que supo fue que era prácticamente la única ciudad de Iberia dotada de un puerto capaz de albergar una flota, es decir, fuerzas navales. Averiguó, además, que su situación era excepcionalmente favorable para los cartagineses, para sus navegaciones desde el África y sus travesías por mar. en segundo lugar se enteró de que los cartagineses guardaban en este sitio prácticamente todos sus fondos y los bagajes de su ejército, demás de sus rehenes procedentes de toda Iberia. Lo más importante era que hombres verdaderamente expertos en la guerra, allí había sólo mil como guarnición de la ciudadela, porque jamás nadie llegó a sospechar que hubiera quien planeara asediar la plaza, dominando, como dominaban, prácticamente, los cartagineses toda Iberia.

COMENTARIO

Los cartagineses en Iberia eran prácticamente dueños de todo el territorio. Los romanos lo sabían. Pero los tres jefes se creían dueños y pensaron que todo estaba asegurado. El romano no lo dudó: vio que el enemigo se encontraba muy dividido en sus intereses locales y muy separados entre sí. La ocasión era de oro. No interesaba entablar combate con cada uno de ellos por separado. Ello disminuía sus posibilidades. Escipión optó por atacar el corazón del poder de cartaginés en Iberia: asaltar la ciudad de Cartago Nova. donde se encontraba prácticamente todo lo que Aníbal había dejado en Iberia para su seguridad en Italia: pertrechos, equipamientos, guarnición y lo más valioso: rehenes seleccionados de entre los poderosos iberos.

Tito Livio (continuación)

Livio, 22.11,6. que unas naves de transporte que, de Ostia llevaban provisiones para el ejército de Hispania, habían sido apresadas por la flota cartaginesa cerca del puerto de Cosano.

Livio, 22, 19,1-12. A comienzos del verano en que se habían producido una serie de acontecimientos, también en Hispania reanudose la guerra por tierra y mar. Asdrúbal añadió diez naves a las que, aparejadas y con su correspondiente dotación, le dejara su hermano, y confió el mando de aquella escuadra de cuarenta unidades a Himilcón. Salidos de Cartago Nova, hízoles avanzar costeando, en tanto que el ejército marchaba por el litoral: su intención era combatir con unas u otras fuerzas, según por donde se les presentara el enemigo.

Este mismo plan concibió primeramente Escipión, al enterarse de que el enemigo había salido de su acantonamiento; mas luego, viendo nuevas posibilidades en un combate terrestre, pues las noticias llegadas del campo adversario encarecían mucho los nuevos refuerzos recibidos, embarcó la infantería de marina y decidió ir al encuentro del enemigo con una flota de treinta y cinco unidades.

Hízose a la mar en Tarragona, y al día siguiente llegó a un abrigo que distaba diez millas de la desembocadura del Ebro. Desde allí envió dos naves exploradoras marsellesas, las cuales regresaron con la noticia de que la escuadra cartaginesa estaba anclada en la desembocadura y el campamento junto a la orilla.

En vista de ello, a fin de sorprenderlos desprevenidos y sobrecogidos de espanto todos a un tiempo, levó anclas y se dirigió hacia el enemigo.

Hay en Hispania muchas torres situadas en lugares elevados que sirven a los naturales de atalayas y a le vez de defensa contra los bandidos. Desde una de ellas se dio aviso a Asdrúbal de la proximidad de las naves romanas: se produjo en tierra y en el campamento un tumulto antes de que en la costa y junto a las naves, donde ni se había oído el golpe de remos ni otro ruido de la escuadra, ni había podido verlas por ocultárselas unos promontorios, cuando de repente un jinete enviado por Asdrúbal y tras él otro y otro -que se encontraban paseando por la costa, o tranquilos en sus tiendas y no teniendo nada tan lejos del pensamiento en aquel día, como el enemigo o un combate- les manda embarcar rápidamente y coger las armas; la escuadra romana se halla ya a escasa distancia del puerto.

Los jinetes que iban llegando daban esta orden por todos los lados; luego presentose el propio Asdrúbal con todo el ejército: el ruido de la general agitación lo arrastra todo, pues se arrojan hacia las naves a la vez remeros y soldados, y más parecen huir de tierra que ir a la lucha. Apenas están todos a bordo, ya unos sueltan las amarras y levan las anclas; otros, para evitar toda demora, cortan las cuerdas que las sujetan y en medio del desorden y agitación generales, la preparación de los soldados estorban los trabajos de los marinos, la zozobra de los marinos impide a los soldados coger y preparar sus armas. Y ya el romano no sólo estaba cerca, sino que había incluso alineado sus naves en formación de combate. De aquí que, desconcertados los cartagineses más por su propia confusión que por el enemigo y la lucha, e intentando más bien que emprendiendo el combate, diéronse a la fuga con su armada. Mas como no era fácil entrar en formación tan amplia y que avanzaba todo a la vez, por la desembocadura del río que tenían enfrente, llevaron desordenadamente las naves a la playa, y desembarcando: unos en vados, otros en tierra firme, huyeron, parte conservando las armas, parte desarmados, hacia su ejército desplegado en la costa; con todo, al primer encuentro, dos naves les fueron apresadas y otras cuatro hundidas.

Livio, 22.20.1-12. Los romanos, aunque la tierra firme estaba ya en poder del enemigo, cuyo ejército veían en armas, desplegado a lo largo de la costa, no vacilaron en perseguir a la desmoralizada flota adversaria, y amarrando por la popa a todas las naves que no había estrellado su proa contra la orilla y que estuvieren encalladas, las llevaron a alta mar: de cuarenta naves apresaron a unas veinticinco. Y no fue esto el mejor resultado de aquella victoria, sino el haberse hecho dueños absolutos del mar en aquella costa con una sola y ligera batalla.

Llevaron, pues, la escuadra a Onusa, y desembarcaron en tierra firme. tomaron la ciudad por asalto destruyéndola, y desde ella se dirigieron a Cartago Nova, donde después de asolar toda la campiña circundante, llegaron incluso a incendiar las casas extramuros. desde allí la escuadra, ya cargada de botín, llegó a Longuntica, donde había una gran cantidad de esparto almacenado por Asdrúbal para usos de sus navíos. Tomando cuanto hubieron menester, pegaron fuego a todo los restante. Y además de costear la Península, pasaron también a la isla de Ibiza. Allí, durante dos días atacaron la capital de la isla con gran cantidad de fuerzas, pero en vano, de modo que, comprendiendo que perdían el tiempo inútilmente dedicáronse a asolar la campiña; y destruidas e incendiadas algunas aldeas, con un botín mayor que el arrebatado en la Península, vinieron a las naves momento en que se presentaron a Escipión emisarios de las islas Baleares pidiendo la paz. Desde allí la flota tomó rumbo de retorno y regresó a la parte oriental de la provincia, a donde acudieron emisarios de todos los pueblos situados a esta parte del Ebro, y así mismo de otros muchos de las más apartadas regiones de Hispania. Pero pueblos que se sometieron de hecho a la dominación romana y pasaran a formar parte del Imperio, entregando rehenes en garantía, hubo más de ciento veinte. Por ello, teniendo ya suficiente confianza en el número de fuerzas de tierra, el romano avanzó hasta el desfiladero de Cazlona. Asdrúbal se retiró hacia Lusitania, a la parte más próxima al Océano.

COMENTARIO

Livio nos narra los episodios ocurridos a la llegada de los Escipiones tanto por tierra como por mar. los cartagineses pierden combates navales y los enemigos de Roma abandonan la zona de Cartago Nova sin pensar que el objetivo de Roma pretendía apoderarse del punto más importante de Cartago en Hispania. Asdrúbal se aleja de la zona y se desplaza hacia la Lusitania. Por ahora le allanan el terreno a los generales romanos.

Livio 22.21, 1-8. Tranquilo parecía que iba a ser el resto del verano, y lo habría sido por parte del adversario cartaginés; mas, a la natural propensión de los hispanos a los levantamientos, vino a añadirse el hecho concreto de que Mandonio e Indíbil, antiguo reyezuelo de los ilergetes. al retirarse los romanos del paso de Cazlona a la región costera, sublevaron a sus paisanos y se dirigieron hacia el territorio de unos aliados de Roma, que estaban en paz con ellos, para saquearlo. Escipión envió contra ellos a un tribuno con soldados auxiliares de infantería ligera, a quienes bastó un leve combate para poner en fuga a aquellas desorganizadas guerrillas, después de causarles mil bajas, cogerles algunos prisioneros y desarmar a la mayor parte. Mas esta refriega fue motivo de que Asdrúbal, que se retiraba en dirección al Atlántico, retrocediera a esta parte del Ebro para proteger a sus Aliados. Habrían acampado los cartagineses en el territorio de los ilergavones, y los romanos junto a Nova Clase, cuando una noticia imprevista llevó la guerra a otra región; los celtiberos que había enviado a los principales de su región como emisarios y habían entregado rehenes a los romanos, incitados por un mensajero mandado por Escipión, se levantan en armas y con un ejército respetable invaden el territorio sometido a los cartagineses. Toman al asalto tres plazas, libran luego con éxito dos batallas con el propio Asdrúbal; causan al enemigo cerca de quince mil bajas y le cogen cuatro mil prisioneros y muchas enseñas militares.

Livio, 22.22.1-21. [1] Así las cosas en Hispania, llegó a esta provincia Publio Escipión, al cual le había sido confiada, prorrogándosele el mando militar al terminar su consulado. Enviábale el Senado con treinta navíos de línea, y con ellos ocho mil soldados y gran cantidad de provisiones.[2] Esta flota, enorme a causa del número de naves de carga que de ella formaban parte, fue divisaba ya desde lejos y, en medio de la alegría de los romanos y de aliados, atracó en el puerto de Tarragona. [3] Desembarcada allí la tropa, Escipión fue a reunirse con su hermano y en lo sucesivo dirigieron ambos la guerra de común acuerdo.[4] Como los cartagineses estaban dedicados totalmente a su lucha contra los celtiberos, los dos caudillos romanos atraviesan sin demora el Ebro y, sin haber hallado enemigo alguno, se disponen a llegar hasta Sagunto, pues se sabía que en su ciudadela estaban encerrados, bajo la vigilancia de una módica guarnición, los rehenes de toda Hispania que Aníbal había dejado allí.[5] Esta era la única garantía que tenía a todos los pueblos hispanos de poner en práctica su deseo de aliarse con los romanos: temían, en efecto, pagar su defección con la sangre de sus hijos.[6] Un sólo hombre libró a Hispania entera de aquel dogal, con un procedimiento en que más brilla la astucia que la lealtad. Hallábase en Sagunto un hispano distinguido, Abélux, partidario durante un tiempo de los cartagineses, pero que entonces había cambiado de partido como la Fortuna, según suele ser mudable el favor de los autóctonos respecto a los ocupantes.[7] Con todo, convencido que un hombre que se pasa al enemigo y no entrega algo verdaderamente importante, no es considerado más que como un ser vil e infame, se afanaba en ser de la mayor utilidad para sus nuevos aliados.[8] y Así, consideradas todas las posibilidades que el azar podía dejar en sus manos, decidió poner todo el empeño en lograr el rescate de los rehenes, no dudando de que aquella ocasión era la que mejor podía granjear a los romanos la amistad de los jefes hispanos. [9]Mas como sabía bien que los guardias nada harían sin orden del oficial que estaba al frente de la guarnición, Bóstar, a él se dirige arteramente.[10] Tenía Bóstar su campamento en la misma costa con el fin de cerrar el paso a los romanos por aquella parte.[11] Llamándole allí aparte, simula descubrirle, como si él la ignorara, la verdad de la situación: «El temor había tenido sumisos hasta aquel día, a los hispanos, porque los romanos estaban lejos; ahora, en cambio, el campamento hallábase ya a esta parte del Ebro, ofreciendo buena defensa y refugio a los descontentos; por consiguiente había que reanudar con favores y beneficios unos lazos que el temor ya no estrechaba. [12] Sorprendido Bóstar, preguntó qué favor de rápida ejecución habría que pudiera lograr un efecto tan importante.»Devuelve» -contestó Abelux- sus rehenes a los ciudades». [13]Esta medida será doblemente bien vista: por sus propios padres, en particular, personas de elevada posición en sus respectivas ciudades y, en general, por los misos pueblos.[14] Todo el mundo quiere que se le tenga confianza, y el demostrársela previamente le obliga, muchas veces, a ser leal. El servicio de restituir los cautivos, pido que corra de mi cuenta, afín de que también con mi colaboración efectiva ayude yo a mi proyecto, y haga todavía más digna de gratitud una acción grata ya por sí misma». [15]Convencido de que la hubo -carecía el hombre de la sagacidad característica de su raza – por la noche dirigiose Abelux secretamente a las avanzadillas de los romanos y se puso en contacto de algunos soldados hispanos auxiliares. Conducido por éstos a presencia de Escipión.[16] Expuso su intento. Dadas por ambas partes palabras de lealtad y fijados fecha y lugar para la entrega de los rehenes, volvió a Sagunto. El día siguiente lo pasó con Bóstar para recibir sus órdenes respecto a la ejecución del proyecto. [17]Despidiose diciendo que había decidido ir de noche para burlar así la vigilancia enemiga; mas, en realidad, despertando a los carceleros de los muchachos a la hora convenida con los romanos, condújoles, cual si nada supiera, a la emboscada preparada por su propia falsía. [18] Lleváronles al campamento romano, y todas las demás formalidades de la entrega a sus familias las llevó a cabo según había proyectado con Bóstar, exactamente igual que hubiese hecho de haber obrado en nombre de los cartagineses. [19] El favor que por este hecho cobraron los romanos superó al que en el mismo acto habrían obtenido los cartagineses, Como éstos, mientras las cosas les fueron bien, se habían mostrados duros y soberbios, podía parecer que eran ahora el cambio de su suerte y el recelo lo que los había inducido a clemencia; [20] el romano, en cambio, recién llegado y desconocido hasta entonces, había empezado con muestras de indulgencia y liberalidad, con lo que Abelux había obrado avisadamente el cambiar los aliados. [21]Pensando así, todos aquellos pueblos, en unánime acuerdo, esperaban pasarse, y hubieran ido a las armas sin demora, de no haber llegado el invierno, que obligó también a romanos y cartagineses a acuartelarse.

Año -216. Según Livio, en esta fecha comienza en Hispania la Segunda Guerra Púnica.

Tito Livio 23.26. 1-11. [1]Mientras estas cosas son llevadas a cabo en Italia y se preparan otras, en Hispania la guerra no era mucho menos activa, sino más ventajosa para los romanos.[2]Habiéndose repartido entre ellos Publio y Gneo Escipión las fuerzas, se acordó que Gneo llevara a cabo su empresa por tierra, y Publio, por mar. Asdrúbal, jefe de los cartagineses, no teniendo confianza en ninguna de las dos partes de sus fuerzas, se mantenía en un lugar seguro, lejos del enemigo, con cierta distancia de separación; hasta que le fueron enviada desde África, después de rogar mucho y largo tiempo, una tropa de cuatro mil infantes y quinientos jinetes como refuerzo. [3]Finalmente, recuperada su esperanza, situó su ejército un poco más cerca del enemigo, y ordenó que la escuadra se equipara y se dispusiera para proteger las costas y las islas. [4] Al deseo de reanudar las operaciones se le sumó el abandono por parte de los prefectos de la escuadra, quienes, tras la deserción producida en la desembocadura del Ebro a causa del miedo, nunca más fueran de la confianza de su general en las operaciones cartaginesas. [5] Estos desertores habían provocado una revuelta entre los pueblos de los tartesios y algunas de sus ciudades se habían sumado a ellos; incluso una tuvo que ser sometida por la fuerza por los mismos. [6] Los romanos dirigieron la guerra contra aquella gente. Asdrúbal con un ejército hostil, penetrando en el territorio de los enemigos, ordenó dirigirse contra Calbo, importante jefe de los tartesios, colocándose delante de los muros de una ciudad capturada unos días antes, jefe que tenía en su campamento un fuerte ejército.[7]Tras enviar por delante una ligera expedición para provocar al enemigo al combate, envió una parte de la caballería a saquear los campos a todas partes y que mataran a los que se encontraran dispersos. [8] A la vez se produjo un tumulto en el campamento, las huidas y las muertes de los campos, y después por todos los lugares, y dirigiéndose al campamento por diversos lugares y caminos, hasta tal punto el miedo se apoderó de sus ánimos, que no tenía ya fuerza no sólo para emprender una defensa, sino incluso para rechazar al enemigo en combate. [9] Salen, pues, en formación del campamento, danzando según su costumbre, y una inesperada audacia infundió terror a un enemigo que poco antes atacaba sin precauciones. [10] De esta forma el propio Asdrúbal, asegurado además por la corriente de un río, condujo sus tropas a una colina bastante escarpada, y recuperó una ligera guarnición que había enviado por delante y a unos jinetes que andaban dispersos. Pero no confiado ni en la colina ni en el río, fortificó su campamento con una empalizada. [11]Mientras duró este miedo alternante, tuvieron lugar algunas escaramuzas; pero ni el númida (africano) igualó al hispano, ni el flechador Nauro, al armado escudo, similar en rapidez y un tanto superior en fuerza física y de ánimo.

Livio, 23.27.1-12. Viendo los sublevados que ni presentándose ante el campamento podían atraer a los cartagineses al combate, [2]ni era fácil el ataque a sus posiciones, se dirigen a asaltar Ascua, donde Asdrúbal, al entrar en aquel país, había dejado el grano y demás provisiones, y se apoderan del campo alrededor. Y ya no pudieron ser retenidos por ninguna orden ni en la marcha ni en el campamento. [3]Asdrúbal se enteró de esta negligencia, natural después del éxito; exhortó a sus soldados a atacar a los enemigos dispersos y sin enseña, y descendiendo de la colina, marcha derechamente con sus tropas formadas hacia el campamento.[4]Cuando los centinelas y fugitivos, desde las atalayas y puestos de guardia, llevaron la noticia de su presencia, se dio el grito de «a las armas». [5]Sin esperar órdenes, sin enseñas, toman las armas y en desorden se lanzan a la lucha; cuando los primeros había llegado ya a las manos, aún llegaban grupos corriendo, y otros no había salido del campamento. [6] Con todo, su audacia llegó a aterrorizar al enemigo; pero, viéndose aislados en su lucha contra un adversario ordenado, inseguros por su inferioridad numérica, comenzaron a mirarse los unos a los otros; rechazados por todas partes, forman un círculo, [7] aplican los cuerpos unos contra otros, unen las armas a las armas, y rechazados hacia un reducido espacio, donde apenas tienen sitio para mover las armas, quedan envueltos por un anillo de enemigos y son exterminados durante el día; [8]Un reducido número logra abrirse paso y huye a los montes y a los bosques; el mismo terror hizo que abandonaran el campamento, y al día siguiente toda la población se rindió.[9]Pero no permaneció fiel por mucho tiempo a su pacto, pues no tardó en recibir orden Asdrúbal de pasar en seguida con su ejército a Italia, noticia que, divulgada en Hispania, hizo volver hacia los romanos casi todos los ánimos. [10]Desde esto, Asdrúbal, rápidamente envía una carta a Cartago, notificando cuánto daño había provocado la noticia de su marcha a Italia; si llegar a marcharse de Hispania, antes de que atravesara el río Ebro, ésta caería en poder de los romanos, [11] porque, aparte de que no tenía ni guarnición ni jefe que dejar en su puesto, los generales romanos eran tales que apenas se les podía hacer frente con unas fuerzas paralelas. [12] En consecuencia, si Hispania les importaba algo, que le dejaran un sucesor con un ejército fuerte; a quien, si todo le salía bien, esta provincia no le iba a resultar tranquila.

COMENTARIO

El enfrentamiento entre las fuerzas romanas y cartaginesas pendía de la estabilidad entre Asdrúbal y Cartago. Ésta, al comunicarle que debía marchar en ayuda de Aníbal en Italia, provoca que Asdrúbal se dirija al Senado cartaginés con dureza y lógica estratégica, comunicándole que se ponía en peligro la preponderancia de Cartago en Hispania. Esto indica que la situación empezaba a socavar la situación estratégica del cartaginés frente a Roma. Si Asdrúbal marcha a Italia, la retaguardia que tenían en Hispania se vería muy mermada porque los romanos empezaban a hacerse fuertes; y si Asdrúbal se marcha, dejando un ejército inseguro e inestable, y los romanos cada vez mas firmes en sus acciones militares, pronto toda la Península Ibérica caería bajo el poder romano.

Año -215.

Livio, 23.28, 1-12. [1] Esta carta, aunque al principio preocupó bastante al Senado, sin embargo, no se tomó ninguna decisión, sobre lo de Asdrúbal, ni sobre las fuerzas perdidas, ya que lo que primaban eran los asuntos de Italia.[2] Himilcón fue enviado a defender Hispania por tierra y por mar, con un ejército completo y una crecentada escuadra.[3] -Este, tan pronto como hizo pasar las tropas marinas y terrestres, una vez fortificado el campamento, amarradas las naves y rodeados con una empalizada, con guarnición de soldados selectos, él mismo, lo más rápido que lo pudo hacer, a traves de dudosos y enconados pueblos, según su intención, llegó a la plaza de Asdrúbal. [4]Habiéndoles expuesto las órdenes y decretos del Senado, y habiendo sido informado él mismo, a su vez, de cómo había de realizar la guerra en Hispania, regresó a su campamento, no confiando en nada más que en la rapidez de volver por donde había venido antes de que se dieran cuenta y lo descubrieran. [5] Asdrúbal, antes de levantar el campamento, pidió dinero a todos los pueblos de su dominio [6] al saber que Aníbal había comprado ciertos pasos con dinero, y que no había conseguido tropas auxiliares galas, sino asalariadas; pues sabía que atravesar los Alpes sin dinero costaría un enorme trabajo. Reunido el dinero a la fuerza, se dirigió hacia el Ebro. [7] Cuando fueron conocidos por los romanos las órdenes de Cartago y la marcha de Asdrúbal, los dos generales. dejando todo lo demás,[8] unen sus tropas y se preparan a oponerse a la marcha emprendida por Asdrúbal, creyendo que si conseguía unirse a Aníbal el ejército de Hispania, la ruina del poderío romano sería inevitable. [9] Inquietos por esto, reunieron sus tropas junto al Ebro y, pasando el río, deliberaron si debían avanzar hasta acampar frente a Asdrúbal o limitarse a atacar a los aliados de Cartago, [10] cortando así el camino proyectado por el enemigo; decidieron, por fin, poner sitio de Ibera, ciudad entonces la más rica de aquella región y llamada así por la vecindad del río. [11]Lo supo Asdrúbal, pero, en vez de acudir en socorro de sus aliados, puso sitio a otra ciudad que acababa de someterse a los romanos. [12] De esta forma, una vez comenzado el asedio por los romanos, se dejó y se dirigió la guerra contra Asdrúbal.

COMENTARIO

Prevalece la opinión del Senado cartaginés. Envían a Himilcón para sumarse a las tropas de Asdrúbal. Pero esto no resolvió las dudas de éste y se vio obligado a partir hacia Italia, cosa que no se podría conseguir sin dinero. Se avecinaba un descalabro de las tropas cartaginesas en su viaje a Italia, como después de verá.

Livio, 23,29, 1-17. [1] Durante algunos días tuvieron los campamentos a cincuenta millas de distancia, trabándose escaramuzas, pero no batallas cerradas. [2] Al fin, en el mismo día y como por acuerdo, se dio por los dos lados la señal de combate, y los dos ejércitos bajaron al llano. [3] El romano se formó con tres cuerpos; parte de los vélites se dispuso mezclado con los soldados de primera fila; los demás se ordenaron detrás de la enseñas, y la caballería guarneció las alas. [4] Asdrúbal refuerza su centro con hispanos; a la derecha coloca a los cartagineses; a la izquierda, los africanos y los auxiliares mercenarios. La caballería se distribuyó en las alas, los númidas con la infantería cartaginesa, los otros con los africanos. [5] No todos los númidas se colocaron a la derecha sino solamente aquellos que, como los saltarines de oficio, acostumbraban llevar dos caballos en lo más recio de la pelea, saltando con todas sus armas del fatigado al fresco; tal es la agilidad y docilidad de aquella raza de caballos. [6]Dispuestos de esta forma, los generales de cada bando estaban muy confiados, ya que ninguno tenía notable superioridad en cuanto a número o calidad de las tropas; sin embargo, el ánimo de los soldados estaba muy lejos de ser el mismo. [7] Aunque los romanos combatían muy lejos de su patria, sus jefes los habían convencido de que combatían por Italia y por Roma; así, pues, dependiendo su regreso a la patria del resultado de aquella batalla, estaban completamente decididos a vencer o morir. [8] En el otro ejército la decisión era menor. Casi todos los soldados eran hispanos y preferían ser vencidos en Hispania a vencer para que los llevasen a Italia. [9]Así, pues, al primer choque, cuando apenas se habían lanzado los venablos, el centro de Asdrúbal retrocedió y volvió la espalda a los romanos, que avanzaban vigorosamente. El combate fue más encarnizado en las alas. [10] Los cartagineses por un lado, y por otro los africanos, estrechan al ejército romano, lo atacan por los dos flancos y lo rodean en el doble ataque. [11] Pero, reuniéndose en masa en el centro. tienen bastante fuerza para rechazar en cada lado las dos alas del enemigo. [12] Había, pues, dos combates en los que los romanos, que al fin habían derrotado el centro, se encontraban muy superiores en número y en fuerzas. La victoria no fue dudosa. [13]En el combate pereció mucha gente, y si los hispanos no hubiesen huido en desorden, apenas comenzada la batalla, pocos hubiesen sobrevivido de todo el ejército enemigo. [14]La caballería casi no combatió, porque los moros y los númidas, en cuanto vieron ceder al centro, huyeron en confusión, abandonando hasta los elefantes delante de ellos y dejando descubiertas las alas. [15]Asdrúbal permaneció allí hasta que quedó claramente pronunciada la derrota, escapando con muy pocos hombres de en medio de la matanza. Los romanos se apoderaron de su campamento y lo saquearon. [16] Este combate les atrajo a cuantos vacilaban aún en Hispania, y quitó a Asdrúbal toda esperanza, no solamente de llevar sus tropas a Italia, sino hasta de permanecer con tranquilidad en Hispania. [17] En roma, donde anunciaron esta noticia cartas de Escipión, no se regocijaron tanto de la victoria como de la imposibilidad de que se encontraría en adelante Asdrúbal para llegar a Italia.

Livio, 23,32,6. Llega la noticia del descalabro en Italia y de que casi todos los pueblos se habían pasado a los romanos. Turbados y excitados por estas noticias casi simultáneas, envían a Magón con su tropas y naves a Hispania.

Livio, 23.46. 6. Tres días después, mil doscientos setenta y dos jinetes númidas e hispanos se pasaron a Marcelo. Los romanos se aprovecharon muchas veces de su valor y de su lealtad. Terminada la guerra, los hispanos en Hispania, y los númidas en África, recibieron tierras en recompensa de su bravura.

Livio, 23,48, 4. Al fin de este verano, en el que sucedió todo lo que hemos relatado, se recibieron cartas de los dos Escipiones, Publio y Gneo, en las cuales anunciaban los éxitos tan importantes y felices que habían alcanzado en Hispania; pero, al mismo tiempo, decían que no tenían dinero para el estipendio, ni vestido, ni trigo para el ejército, y que la tripulación de las naves estaba falta de todo lo necesario.

Livio, 23,49, 5-14 [5] Cuando las provisiones llegaron, Asdrúbal, Magón y Amílcar, hijo de Bomílcar, sitiaban Iliturgis, que se había pasado a los romanos. [6]Entre estos tres campamentos de enemigos, los Escipiones, habiéndose dirigido contra la ciudad de los aliados, con una gran lucha y matanza por parte de los que ofrecían resistencia, se llevaron el trigo, del que había gran carestía, [7]y tras haber exhortado a los habitantes a que protegieran las murallas con el mismo ánimo con que habían visto al ejército romano luchar por ellas, lo llevan para asaltar el campamento mayor, al que mandaba Asdrúbal. [8] Allí mismo se juntaron dos generales y dos ejércitos cartagineses. viendo que allí se trataba un asunto de suma importancia. Así, pues, se entabló un combate tras una salida realizada desde el campamento. [9] Sesenta mil enemigos en aquel día intervinieron en el combate; por parte de los romanos, unos dieciséis mil; sin embargo, hasta tal punto la victoria fue segura [10] que murieron, siendo superiores en número, muchos más enemigos que romanos; [11] hicieron más de tres mil prisioneros, poco menos de mil caballos, cincuenta y nueve enseñas militares, siete elefantes, cinco de ellos muertos en el combate, y también en aquel día se apoderaron de tres campamentos. [12] El sitio de Iliturgis (Mengíbar) fue levantado, pero los ejércitos cartagineses sitiaron entonces Intíbilis. La provincia había sufrido sus bajas; era de todas la más ávida de guerra con tal de que hubiera esperanza de botín o de fuerte sueldo; y en esta época estaba muy poblada. [13] Un segundo encuentro tuvo lugar entre los dos ejércitos con la misma fortuna por parte de los dos bandos. Murieron más de trece mil enemigos; más de dos mil hechos prisioneros con dos enseñas y cuarenta y nueve elefantes. [14] Entonces casi todos los pueblos de Hispania se pasaron a los romanos. En esta campaña Hispania fue escenario de acciones muchos más importantes que las que tuvieron lugar en Italia.

COMENTARIO

La situación de los romanos empieza a vislumbrar que los romanos estaban dominando la situación en Hispania. Los cartagineses y su ejército mercenario sufren derrotas notables que hacen presagiar que Aníbal, por entonces en Italia, cada vez perdía más la esperanza de recibir refuerzos procedentes de de Cartago o Hispania. Los romanos les iban ganando terreno y simpatía de los nativos hispanos

Período -214-212.

Livio, 24,41. 1-11. En aquel año en Hispania, el resultado de las empresas fue distinto. Antes de que pasaran el Ebro los Romanos, Magón y Asdrúbal, desbarataron las numerosas tropas hispanas.[2] Los aliados de la Hispania ulterior estaban indecisos y se hubieran pasado a los cartagineses si Publio Cornelio, atravesando el Ebro rápidamente, no hubiese llegado a tiempo. [3] Los romanos establecieron primero el campamento en Castrum Album, famoso por la muerte de Amílcar el Grande. [4] Su ciudadela había sido fortificada y contenía una reserva de trigo; mas, la presencia de los enemigos que hostigaron impunemente con su caballería a los romanos, y la muerte de casi dos mil soldados que merodeaban o buscaban forrajes por el campo, les indujeron a retirarse a posiciones más seguras y fortificaron el campamento junto al monte Victoria. [5] Acudieron allí Gneo Escipióm con todas sus tropas, y Asdrúbal, hijo de Gisgón, tercer general cartaginés, con un ejército regular. Se establecieron al otro lado del río, frente al campamento romano. [6]Publio Escipión, con tropa ligera, examinó ocultamente los alrededores, cosa que no pasó inadvertida al enemigo, que lo hubiese copado a campo abierto, si él no se hubiera hecho fuerte en un montecillo cercano; también allí lo rodearon, y lo libró del asedio su hermano. [7] Cástulo, ciudad noble y fuerte hispana aliada de los cartagineses, hasta el punto de que era la patria de la esposa de Aníbal, hizo defección a los romanos.[8] Iliturgis, por contener una guarnición romana, fue atacada por los cartagineses, y parecía que el hambre iba a decidir sobre su caída. [9] Gneo Escipión salió en su ayuda con una legión, armada a la ligera, pasó entre los dos campamentos, y ocasionando numerosas bajas al enemigo, penetró en la ciudad, de donde al día siguiente hizo erupción con feliz éxito. [10] Hubo en los dos combates más de doce mil muertos, mil prisioneros, y se apoderaron de treinta y seis estandartes; así, dejaron Iliturgis. [11] Se dirigieron a Biguerra, ciudad aliada que era objeto de ataque por parte de los cartagineses, a los que la sola presencia de Gneo Escipión hizo levantar el sitio.

Livio,24,42,1-11.[1] Los cartagineses acamparon en Munda y los romanos fueron en pos te de ellos.[2] Puestos en orden de combate, pelearon durante casi cuatro horas. Aunque dominaban los romanos, dieron la señal de retirada, pues Gneo Escipión había sido herido en la pierna por una jabalina, y sus soldados temían que su herida fuese mortal. [3] De ser por este retraso, hubiera tomado el campamento cartaginés, pues ya los soldados y hasta los elefantes habían retrocedido hasta la empalizada y en las mismas trincheras habían caído heridos treinta y nueve elefantes. [4]Murieron doce mil hombres, se hicieron tres mil prisioneros y fueron capturados cincuenta y siete estandartes. [5]Los cartagineses se retiraron a Auringis, y les siguieron acosándolos los romanos. Gneo Escipión acudió al combate en una litera; la victoria romana no fue dudosa, pero con la mitad de bajas por parte del enemigo, puesto que eran pocos los supervivientes del combate anterior.[6] Mas es una raza nacida para la lucha. Magón recibió de su hermano la orden de movilizar tropas con las que completó su ejército y les dio ánimos. [7] Pero los refuerzos, en su mayoría, eran galos y combatían por un partido tantas veces derrotado en los últimos días; marcharon contra los enemigos con mejor disposición de ánimo que antes y con resultados también similares. [8] Se produjeron unos ocho mil muertos, cogieron mil prisioneros y capturaron cincuenta y ocho estandartes; abundantes collares galos, collares y brazaletes de oro en gran cantidad. Murieron dos reyezuelos galos, Menicapto y Vismaro. Fueron capturados ocho elefantes y muertos tres.

COMENTARIO

Hasta el momento los romanos llevan la iniciativa en todos los frentes del Sur, territorio afín a los cartagineses. Los romanos, a pesar de haber sufrido algún percance por parte de uno de sus generales, se repusieron y consiguieron derrotar en varios ocasiones a los enemigos. Cada vez se cerraba más la posibilidad de que Aníbal recibiera ayuda desde Hispania.

Año -212

[9]A la vista del éxito, los romanos se avergonzaron de haber dejado por ocho años ya, en poder del enemigo, la ciudad de Sagunto, primera causa de la guerra. [10]Después de expulsada la guarnición cartaginesa, recuperaron la ciudad y la devolvieron a aquellos habitantes antiguos que había escapado de las desgracias de la guerra. [11] A los turdetanos, que fueron causa de la guerra entre Sagunto y Cartago, los sometieron, los vendieron como esclavos y arrasaron su ciudad.

Livio, 24,47, 8,9,11, [8] También los españoles eran cerca de un millar, se pasaron al cónsul con la sola condición de que se dejase libre, sin maltratarla, la guarnición cartaginesa, entregaron al cónsul las enseñas. [9] Se abrieron las puertas a los cartagineses y dejados ir bajo promesa. Llegaron a Salaria ante Aníbal. [11]Se mandó a los hispanos doble ración y la república tuvo ocasión a menudo de apreciar su valor y su fidelidad.

Livio, 24, 48, 1-13. [1] Los éxitos obtenidos en Hispania, la renovación de antiguas alianzas y la obtención de nuevas, hicieron que Publio y Gneo Escipión extendieran hasta África sus pretensiones. [2] Sífax era rey de los númidas, de pronto convertido en enemigo del pueblo cartaginés; le enviaron una comisión compuesta por tres centuriones, [3] con la promesa del agradecimiento del Senado y del pueblo romano, si continuaba hostigando al enemigo, favor que le sería devuelto con creces, [4] Gustole al bárbaro; y hablando de guerra, comprendió su ignorancia frente a tan regular disciplina; les rogó, pues, que volvieran dos de ellos ante sus generales, para darles cuenta del resultado de su misión, y que el otro permaneciera junto a él para que le enseñara el arte militar. [5]»Los númidas somos gente ruda en arte de guerra de infantería; útiles sólo para la caballería, [6]desde el origen de nuestra nación así ha sucedido; así nos han educado desde niños; nuestro enemigo es hábil infante; pues, si queremos competir con él, es preciso que nosotros seamos también infantes hábiles.[7]Mi reino es rico en hombres, pero hace falta armarlo, equiparlo e instruirlo; con una tropa reunida casi al azar, es aventurado luchar». [8] Los legados se manifestaron dispuestos a complacerle, con la única condición de devolverle el rehén si sus generales no aprobaban el pacto. [9-10] Dicho rehén fue Quinto Estatorio. Partieron con los otros embajadores númidas, con la orden de impulsar a la defección a cuantos númidas hubiera en plazas cartaginesas. [11-12] Estatorio seleccionó jinetes entre la juventud númida; enseñoles a formar, a maniobrar, a seguir los estandartes, a guardar las filas; acostumbroles a todo trabajo y deber de la guerra. El rey confiaba tanto en sus jinetes como en sus infantes; y en terrenos llanos superaban éstos por igual, al cartaginés. [13] Para los romanos de Hispania, la llegada de los emisarios del rey fue de gran provecho, pues al circular el rumor, hubo numerosas defecciones de númidas. Así empezó la amistad de Roma con Sífax. Al advertirla Cartago, envió una embajada a Gaya, rey de los mesulos, región opuesta de la Numidia.

COMENTARIO

Los generales romanos, visto el éxito en el sur de Hispania, cobraron confianza y seguridad. Cuidaron que la ciudad más importante, Cartago Nova, no quedara en ningún momento a merced de los cartagineses y sus aliados, que no eran pocos en estos territorios. Y visto los resultados, buscaron la forma de conectar con territorio cercano al sur de Hispania. hicieron un pacto con el rey de los númidas Sífax, llegando a un acuerdo de ayuda mutua en protección y formación militar por parte de los romanos.

Livio, 24, 49, 1-8. [1] Tenía Gaya un hijo (Masinisa) de diecisiete años, joven de tal carácter que ya entonces se tenía en él grandes esperanzas de que transformaría el reino heredado en otro más extenso y rico. [2] Los embajadores le hicieron ver que, ante la unión entre Roma y Sífax frente a reyes y pueblos africanos, [3] le convenía unirse a Cartago lo más pronto posible, antes de que Sífax pasara a Hispania, o los romanos a África. «Es fácil vencer a Sífax ahora que no tiene de aliado romano más que el nombre». [4] Masinisa intercedió ante Gaya y envió su ejército que, unido a las legiones cartaginesas, derrotó a Sífax. Hubo treinta mil muertos. [5] Sífax, con pocos soldados, desde la línea de batalla huyó a los maurusios, habitantes de la región oceánica, frente a Gades. Por su fama, acudían a él bárbaros de todas partes [6] con los que formó un ejército numeroso para pasar a Hispania, separada por el Estrecho. Pero llegó Masinisa con su ejército vencedor y, solo, sin ayuda de Cartago, lo venció gloriosamente. [7] En Hispania nada sucedió digno de mención; tan solo que los generales romanos atrajeron a la juventud celtibera hacia sus banderas, con el mismo sueldo que les había ofrecido Cartago [8] y enviaron a más de trescientos nobles hispanos a Italia a captarse la voluntad de sus compatriotas. fue el único hecho notable de aquel año, por ser los celtiberos los primeros mercenarios que tuvo Roma.

COMENTARIO

Los cónsules romanos había entablado amistad con Sífax, pero no un compromiso de defensa mutua ante un posible conflicto. Masinisa, sin embargo , se encontraba en condiciones de desventaja y tuvo que claudicar ante los cartagineses para que se enfrentaran a Sífax, ante el temor de que los romanos tomaran ventaja en las alianzas bélicas que se avecinaban. Sífax acabaría vencido por la liga cartaginesa-Masinisa.

Año -211.

Livio, 25,32, 1-10. [1] Durante este mismo verano en Hispania, donde por espacio de dos años nada se había realizado digno de memoria, aunque la guerra se hacía más por medios diplomáticos que con las armas, los generales romanos abandonaron sus cuarteles de invierno y unieron sus tropas. [2] Se convocó allí una asamblea y las opiniones de todos coincidieron en afirmar que, si bien hasta este momento se había conformado con retener a Asdrúbal, que intentaba pasar a Italia, era ya tiempo de proponerse esto como objetivo: poner fin a la guerra en Hispania. [3] Y creían que con los veinte mil celtiberos llamados este invierno a las armas, se habían unido suficientes fuerzas para esta empresa. [4] Eran tres los ejércitos de enemigos: Asdrúbal, hijo de Gisgón y Magón que, con sus campamentos unidos, se hallaban a una distancia de los romanos de unos cinco días de camino. [5] Más próximo estaba el hijo de Amílcar, Asdrúbal, antiguo general en Hispania, que tenía su ejército junto a una ciudad llamada Astorgis. [6] Los generales romanos querían atacar antes a éste y querían contar con suficientes fuerzas para ello; tan sólo les preocupaba la posibilidad de que, derrotado éste, el otro Asdrúbal y Magón atemorizados, se retiraran a los bosques intransitables o a los montes, y de esta manera prolongara la guerra. [7] Por consiguiente pensaron que lo mejor era dividir sus tropas en dos partes y al mismo tiempo emprender la guerra en todos los frentes de Hispania. Las distribuyeron de modo que Publio Cornelio llevara dos partes del ejército romano y de las tropas aliadas, contra Magón y Asdrúbal. [8]Y Gneo Cornelio, con la tercera parte del antiguo ejército y la ayuda además de los celtiberos, hiciera la guerra contra Asdrúbal Barca. [9] Los dos generales salieron al mismo tiempo con sus ejércitos, precedidos de los celtiberos, y establecieron sus campamentos junto a la ciudad de Antorgis, a la vista de los enemigos y separados de ellos por un río. [10] Allí se detuvo Gneo Escipión con las tropas que antes hemos dicho, y Publio Escipión partió hacia el lugar que se le había asignado para hacer la guerra.

Livio, 25,33, 1-9. Asdrúbal, cuando advirtió que en el campamento había tan sólo un reducido ejército romano y que éste tenía todas sus esperanzas puesta en las tropas auxiliares de los celtiberos. [2] Conocedor de la deslealtad de os bárbaros y sobre todo de estas tribus, entre las que hacía tantos años guerreaba, [3]pactó con los jefes de los celtiberos mediante secretas conversaciones (la comunicación era fácil, puesto que uno y otro campamento estaban llenos de hispanos) que se llevasen de allí las tropas. [4] Por una parte, a éstos no les parecía desleal la proposición (no se trataba en efecto, de que volvieran sus tropas contra los romanos) y por otra, se les ofrecía, para que no hicieran la guerra, una recompensa tan grande como hubiera sido incluso suficiente para inducirlos a hacerla. Además, no sólo el descanso en sí, sino también el regreso a su patria y el placer de ver a los suyos y a sus cosas, eran en general gratos; [5] y así, no fue mucho más difícil convencer a la muchedumbre que a sus jefes; además, ni siquiera tenían miedo de que los romanos, tan escasos en número, intentaran retenerlos por la fuerza. [6] Los jefes romanos, en verdad, deberán prevenir siempre este peligro y estos hechos serviles, para que se confíen hasta tal punto en los auxiliares extranjeros, que no tengan en el campamento mayor número de tropa y sobre todo, de su propia patria. [7] De repente, cogiendo sus insignias, los celtiberos se marcharon sin responder otra cosa a los romanos, que les preguntaban el motivo y les rogaban que se quedasen, sino que se veían reclamados por la necesidad de su hogares . [8] Escipión, cuando vio que sus aliados no podían ser retenidos ni con suplicas ni con la fuerza y comprendió que sin ellos su situación era muy inferior a la del enemigo, como no podía reunirse de nuevo con su hermano ni encontraba ninguna otra solución favorable por el momento [9] determinó retroceder cuanto pudiera, concentrando toda su atención en esto: no enfrentarse en un lugar llano con el enemigo que, después de atravesar el río, iba persiguiéndole en su huida a muy corta distancia.

Livio, 25,34, 1-14. [1]Por estos mismos días un nuevo temor, pero de mayor peligro por parte de un enemigo, acosaba a Publio Escipión. [2] Era este nuevo enemigo el joven Masinisa, aliado en este momento de los cartagineses que, después con la amistad de roma, llegó a ser ilustre y poderoso. [3] Entonces, con su caballería númida, salió al encuentro de Publio Escipión cuando se acercaba, y después se presentaba asiduamente día y noche, hasta tal punto hostil, [4] que no sólo cogía prisioneros a los que, habiéndose alejado algo del campamento con el fin de recoger leña o forraje, sorprendía vagando de un lado para otro, sino que lanzándose con frecuencia en medio de los puestos de guardia, producía enorme confusión. [5]También por la noche sus repentinas incursiones producían alarma en las puertas y en la estacada, y los romanos en ningún lugar y momento se veían libres de temor o de inquietud. [6] Se veían obligados a permanecer dentro de la empalizada, privados de todas las cosas, puesto que el asedio era casi regular y parecía que iba a ser más estrecho, si Indíbil, que según se decía, se aproximaba con siete mil quinientos suesetanos, lograba unirse a los cartagineses. [7] Escipión, general prudente y previsor, obligado por la necesidad, tomó una decisión temeraria, esto es, salir por la noche al encuentro de Indíbil y trabar combate con él dondequiera que le encontrase. [8] Por consiguiente, dejando en el campamento una reducida guarnición y poniendo al frente de ella, como lugarteniente, a T. Fonteyo, salió a media noche y, encontrando a los enemigos, trabó combate con ellos. [9] Luchaban más formados en columna de marcha que en orden de batalla. Sin embargo, los romanos eran vencedores, aunque en una lucha tan confusa, resultaba difícil determinarlo. Pero de repente los jinetes númidas, a quienes pensaba el general haber burlado, desplegándose por los flancos, infundieron un gran terror. [10] Además, después de haberse entablado combate con los númidas, se sumó un nuevo enemigo: los jefes cartagineses atacaron por la espalda a los romanos que ya estaban luchando con la caballería númida y un combate indeciso se estableció alrededor de los romanos, que no sabían a qué enemigo mejor atacar, o por qué parte, reuniendo sus fuerzas, podrían romper el cerco. [11] El general luchaba y animaba él mismo a sus soldados y se presentaba donde más era la lucha, hasta que cayó, atravesado su costado derecho por una lanza. La columna de asalto enemiga cuando vio que Escipión caía muerto del caballo, se disperso corriendo por todo el frente saltando de gozo y anunciando a grandes gritos»que el general romano había caído». [12] Estas voces se difundieron enseguida por todas partes e hicieron que los enemigos se consideraran con toda seguridad vencedores y los romanos vencidos. [13]Perdido el jefe, los soldados comenzaron enseguida a huir del frente, pero, si bien era fácil abrirse paso entre las líneas de númidas y tropas auxiliares de armamento ligero, [14] sin embargo, a duras penas podían escapar de tan gran número de jinetes y de infantes, que igualaban en rapidez a los caballos. Casi muchos más murieron en la huida que en la lucha y ninguno hubiera sobrevivido si, habiéndose luchado cuando ya el día se inclinaba a su ocaso no hubiera llegado enseguida la noche.

Livio,25,35,1-9. [1] Inmediatamente los generales cartagineses, nada perezosos en aprovecharse de su fortuna, apenas dieron el descanso necesario a los soldados, se dirigieron con su columna en apresurada marcha hacia Asdrúbal el de Amílcar, con la firme convicción de que podrían terminar la guerra, si se unían. [2] Cuando llegaron allí, se produjeron grandes manifestaciones de alegría entre los dos ejércitos y sus respectivos generales, llenos de contento por la reciente victoria con la que había logrado aniquilar a tan ilustre general con todo su ejército, y además plenamente convencidos de obtener otra victoria semejante. [3] Aún no había llegado ciertamente a los romanos la noticia de tan enorme desastre, pero había entre ellos cierto triste aliento y oculto presentimiento, como suele ocurrir en aquellos que presagian un mal inminente. [4] El propio general se daba cuenta de que mientras él había sido abandonado por sus aliados las tropas de los enemigos habían aumentado en gran manera y además, por deducciones y conjeturas, se inclinaba más bien a sospechar la derrota sufrida que a concebir alguna halagüeña esperanza: [5] En efecto, ¿cómo Asdrúbal y Magón habían podido conducir hasta allí su ejército sin lucha, a no ser habiendo terminado ya su propia guerra? [6]Ahora bien, ¿cómo su hermano no le había cortado el paso o le había seguido al menos para unir las tropas con las suyas si no podía evitar que los ejércitos y los jefes enemigos se reagruparan en uno solo? [7] Angustiado por estas preocupaciones, creía que tan solo había por el momento una solución aceptable: retroceder de allí cuanto pudiera; y en una sola noche, sin que los enemigos lo advirtieran y libre por esto de persecución, recorrieron bastante camino. [8] Al amanecer, cuando los enemigos se dieron cuenta de su marcha, comenzaron a perseguirle con una columna de tropas lo más rápidamente posible, evitando por delante a los númidas. [9] Éstos les dieron alcance antes de la noche y atacándolos ya por los flancos, ya por retaguardia, los obligaron a detenerse y a proteger la columna. Sin embargo exhortaba a que combatieran y avanzaran al mismo tiempo cuando pudieran hacerlo sin riesgo, antes de que las tropas de a pie los alcanzaran.

Livio, 25.36. 1-16. [1] Durante algún tiempo no se consiguió avanzar mucho, puesto que la columna ya avanzaba, ya se detenía, y como ya la noche se aproximaba, [2] Escipión retiró a los suyos del combate y, reuniéndolos, los condujo a cierto montículo que no ofrecía, por cierto, mucha seguridad, y menos para un ejército tan desmoralizado; pero eran, no obstante, algo más elevados los restantes de alrededor. [3] Allí colocaron en el centro la impedimenta, la caballería y los infantes, situados alrededor, rechazaban fácilmente en un principio los ataques de los númidas asaltantes. [4] Pero después, cuando llegó el grueso de la columna, constituida por los tres ejércitos con sus respectivos jefes, se hizo patente que poco podrían defender tan sólo con las armas en un lugar sin fortificar. [5] El general comenzó a mirar a su alrededor y a reflexionar si podría, de algún modo, levantar en torno una empalizada. Pero la colina estaba hasta tal punto desprovista de vegetación y tan pedregoso era el suelo que ni se hallaban matorrales para cortar las estacas, ni tierra apropiada para obtener el revestimiento del césped del terraplén, ni para excavar la fosa o hacer trabajo alguno de fortificación. [6] El terreno, además, no era en absoluto escarpado, no abrupto de modo que pudiera ofrecer al enemigo acceso o subida difícil: todo estaba inclinado en suave pendiente. [7]No obstante, para oponer cierta apariencia de empalizada, pusieron alrededor las albardas entrelazadas con sus cargas, amontonándolas hasta la altura acostumbrada en las empalizadas y, entre los espacios que entre las albardas quedaban, arrojaron bagajes de todo género en montón. [8] Al llegar los ejércitos cartagineses emprendieron la subida del monte con toda facilidad, pero el aspecto inusitado de la fortificación los retuvo primeramente como sorprendidos, [9] mientras los jefes gritaban por todas partes:»¿porqué se detenían y no desbarataban y deshacían aquel juguete que apenas valdría para detener a las mujeres o a los niños? El enemigo, oculto tras los bagajes, era ya su prisionero». [10] Los jefes gritaban esto con desprecio, pero no era fácil ni saltar por encima, ni echar abajo los pesos acumulados, ni derribar los bagajes en montón y repletos con sus propias cargas. [11] Pasándose estaca de mano en mano, lograron deshacer los obstáculos y abrir paso a los soldados, y como esto se hizo por muchas partes a la vez, enseguida el campamento estuvo totalmente ocupado. Dominados por el mayor número, los romanos caían muertos por todas partes acribillados por los vencedores [12] Sin embargo, una gran parte de los soldados se refugió en los bosques próximos, y desde allí huyó al campamento de Publio Escipión, a cuyo frente estaba el lugarteniente T. Fonteyo. [13] Unos refieren que Gneo Escipión murió en la colina, al primer ataque de los enemigos; otros, que consiguió huir con algunos soldados a una torre próxima al campamento; que esta torre fue cercada de fuego, y de este modo tomada; al quemarse las puertas que no habían podido ser abatidas por ninguna violencia, todos murieron dentro con el propio general. [14] Gneo Escipión murió a los ocho años de haber llegado a Hispania, veintinueve días después de la muerte de su hermano. No fue mayor el sentimiento en Roma por la muerte de éstos que en Hispania entera, [15] porque entre sus conciudadanos, parte del dolor era debido a la pérdida de los ejércitos, la enajenación de la provincia y el desastre del Estado. [16] En Hispania lloraban y lamentaban la pérdida de estos generales por sí mismos. Más sentida fue la muerte de Gneo, porque su gobierno había durado más tiempo y había sido el primero en atraerse las simpatías de los hispanos y dar una prueba de la justicia y moderación romanas.

COMENTARIO

La estrategia de los dos Escipiones, tanto de Publio como de Gneo, se vino abajo. La suerte del enemigo con la muerte de Publio facilitó y cambió la actitud de los cartagineses y sus aliados. Error de previsión, desconocimiento del terreno, la lucha nocturna y la falta de medios, acabó con los dos cónsules romanos. La moral de Roma se vino abajo. Era muy difícil rehacer la situación catastrófica de un ejército derrotado y puesto en fuga. El camino se ponía fácil para que Aníbal pudiera recibir ayuda desde Hispania.

Libio, 26,37,1-19. [1] Cuando los ejércitos de Roma parecían aniquilados e Hispania perdida, un sólo hombre consiguió restablecer la situación. [2] Había en el ejército romano un activo joven, L. Marcio, caballero romano, hijo de Septimio, dotado de un valor e inteligencia bastante mayores de lo que correspondía a su posición social. [3] Las enseñanzas de Gneo Escipión, a cuyas órdenes había aprendido durante tantos años las artes de la milicia, habían venido a reforzar sus excelentes cualidades naturales. [4] Este joven, entonces, con los soldados que había logrado reunir de la huida y con otros que sacó de las guarniciones, había llegado a formar un ejército no despreciable y se había reunido con el lugarteniente de Escipión T. Fonteyo, [5] tanto prestigio alcanzó el caballero romano entre los soldados y tan grande era el respeto que le profesaban que, una vez fortificado el campamento, situado más acá del Ebro, y como pareciera oportuno designar en los comicios militares un jefe del ejército, [6] relevándose unos a otros en la vigilancia de la empalizada y de los puestos de guardia hasta que todos depositaron su sufragio, confirieron el mando supremo a Lucio Marcio. [7] Éste, inmediatamente, empleó todo el tiempo, que por cierto fue muy breve, en fortificar el campamento y transportar víveres. Los soldados ejecutaban todas sus órdenes no sólo con inteligencia sino con espíritu animoso. [8] Pero cuando llegó la noticia de que Asdrúbal el de Gisgón, había atravesado el Ebro y se aproximaba con la intención de aniquilar los restos del ejército, y los soldados vieron que el nuevo general daba la señal para la batalla, [9] recordando qué generales habían tenido poco antes y en qué jefes y en qué tropas habían puesto su confianza al marchar al combate, empezaron todos repentinamente a llorar golpeándose la cabeza, y unos elevaban sus manos al cielo haciendo reproches a los dioses, otros, tendidos en tierra, invocaban llorando cada uno a su respectivo general, llamándole por su nombre. [10] No se lograban acallar estas lamentaciones aunque los centuriones alentaban a los soldados de su respectivo manípulo y el propio Marcio intentaba calmarlos y les increpaba diciendo que «¿por qué se abandonaban a llantos femeniles e inútiles en lugar de enardecer sus ánimos para defenderse a sí mismo y con ello a la República?, y que no permitieran que sus generales quedaran sin venganza». [11] De repente se oyó el griterío y el sonido de las trompetas y, transformada súbitamente su pena en furia, los soldados se dispersan corriendo cada uno a sus armas y, como ardiendo en coraje, acuden en tropel a las puertas y se lanzan contra el enemigo que se acercaba descuidado y en desorden. [12] Al momento, el hecho imprevisto infundió terror a los cartagineses y, llenos de extrañeza se preguntaban de dónde habían surgido de repente tantos enemigos, estando el ejército casi aniquilado, de dónde habían recibido tan gran audacia, tan gran confianza en si mismos, unos soldados vencidos y puestos en fuga, quién se había proclamado general, muertos los dos Escipiones, quién era el jefe en el campamento, quién había dado la señal para la lucha?» [13] Ante estos hechos, todos tan inesperados, primeramente llenos de incertidumbre y atónitos, los cartagineses retrocedieron; después, rechazados por una acometida más vigorosa, se vieron obligados a volver las espaldas, [14] y si Marcio no hubiera dado apresuradamente la señal para la retirada, y colocándose junto a los primeros manípulos, reteniendo él con su propia mano a algunos, no hubiera logrado sujetar a sus exaltadas tropas, o hubieran hecho una tremenda carnicería entre los que huían, o los perseguidores se hubieran arriesgado en un impetuoso y arriesgado ataque. Enseguida los hizo volver al campamento, ávidos todavía de matanza y sangre. [15] Los cartagineses, rechazados primeramente en desorden desde la empalizada de los enemigos, cuando vieron que nadie les seguía, pensaron que los romanos se había detenido por temor, y se retiraron a su campamento respectivamente y con paso tranquilo. [16] Igual diligencia tuvieron en la vigilancia del campamento, pues, aunque el enemigo se hallaba próximo, no obstante pensaban que no eran más que los restos de los dos ejércitos aniquilados pocos días antes. [17] Por este motivo, Marcio, después de haber comprobado que la vigilancia estaba muy abandonada y descuidada en el campo enemigo, forjó un plan a primera vista más temerario que audaz, esto es, atacar a su vez a los enemigos, [18] pensando que sería más fácil tomar el campamento de un solo Asdrúbal, que defender el suyo si se reunían de nuevo los tres ejércitos y los tres generales. [19] Al mismo tiempo pensaba que, o lograría mejorar la apurada situación de los romanos si salía triunfador en el empeño, o si era rechazado, siendo suya la iniciativa de la lucha, podría al menos evitar el desprecio hacia su persona.

COMENTARIO

Después del desastre de los Escipiones surge un leve esperanza con la aparición de un rescatador de la situación. L. Marcio recupera lo que quedaba de los dos ejércitos y se enfrenta a los tres de los cartagineses. Empieza a surgir un atisbo de luz entre los soldados romanos dispersos y acobardados tras la calamidad bélica anterior.

Año -210.

Livio, 25.38.1-23. [1] No obstante, Marcio, pensando que debía alentar con una arenga a los soldados para que no decayera el ánimo, ante un proyecto tan repentino y poco adecuado a la situación en que se hallaban y que además había de realizarse aprovechando la oscuridad de la noche, los convocó a una asamblea y les habló así; [2] » Ya mi veneración hacia mis generales, tan firme después de su muerte como lo eran mientras vivían, ya la presente situación de todos nosotros, puede daros la seguridad, soldados, de que este mando que habéis concedido si bien glorioso a vuestro parecer, es, sin embargo, en realidad molesto y angustioso para mí. [3] En efecto, en unas circunstancias en que, a no ser que el miedo embotara mi tristeza, a duras penas lograría dominarme de modo que pudiera encontrar consuelo en mi desaliento, me veo obligado yo solo a ocuparme de la suerte de todos vosotros, cosa en verdad muy difícil en tan profunda aflicción. [4] Y ni siquiera en los momentos en que debo pensar de qué modo podría conservar para la patria estos restos de los dos ejércitos, me es posible arrojar de mi alma la continua tristeza, [5] porque constantemente tengo presente recuerdo y las imágenes de los dos Escipiones me agitan día y noche con preocupaciones y desvelos. Con frecuencia me despiertan de mi sueño, [6] y me ordenan que no permita que mis soldados vuestros compañeros de armas, invencibles en estas tierras durante ocho años, ni la República quede sin venganza. [7] Me mandan seguir sus enseñas y sus designios y así como mientras ellos vivían no hubo nadie más obediente que yo a sus mandatos; así, después de su muerte, consideré lo mejor aquello que en cada ocasión yo opine que ellos habrían hecho. [8] Quisiera también que vosotros, soldados, no prosiguierais llorándolos con lamentaciones y lágrimas como si hubieran muerto, puesto que continúan viviendo llenos de gloria en la fama de sus hazañas, sino que, cuantas veces se presente a vuestra imaginación su recuerdo, debéis empezar el combate como si fueran ellos en persona los que os arengan y dan la señal para combatir. [9] Y no otra imagen, en verdad, en la que ofreciéndose en el día de ayer ante vuestros ojos y a vuestro recuerdo, os impulsó a aquel combate memorable [10] en que disteis a los enemigos una prueba de que el nombre romano no se había extinguido con los Escipiones y que un pueblo cuya energía y valor no fueron hundidos en Cannas, resurgirá siempre de todas las calamidades que el destino le inflija. [11]Ahora, puesto que por vuestra propia voluntad os habéis atrevido a tanto, me complace poner a prueba hasta donde seréis capaces de llegar bajo la dirección de vuestro general. Ayer, cuando os dí la señal para la retirada, mientras perseguíais impetuosamente al enemigo en su desordenada huida, no quise reprimir vuestra audacia, sino diferirla, para que en mayor ocasión obtuvierais mayor gloria. [12] Así, ahora, preparados y en el momento oportuno podréis atacar a los enemigos desprevenidos, vosotros bien armados y ellos indefensos e incluso adormilados. Y no he concebido esta esperanza a la ligera, sino con un fundamento real. [13] Si alguien en verdad os preguntara cómo habéis podido defender vuestro campamento de un enemigo tan numeroso y engreído en su victoria, vosotros, tan escasos en número y abatidos por vuestra derrota, no podríais responder sino que os habíais preocupado de consolidar vuestras fortificaciones y vosotros mismos estabais equipados y dispuestos porque temíais el ataque. [14] Y así es la realidad. Los hombres se hallan indefensos, sobre todo contra los golpes imprevistos de la fortuna, porque no se adoptan precauciones ni protección alguna contra aquello que no produce inquietud. [15] Lo que menos pueden temer ahora los enemigos es que vosotros, hace poco situados y atacados asaltemos a su vez su campamento. Atrevámonos a hacer lo que nadie pueda creer que osaremos. Será tanto más fácil cuanto más difícil parece. Al llegar la media noche, os conduciré en silenciosa columna. [16] Tengo comprobado que el relevo de los centinelas no se hace con regularidad y que los puestos de guardia están medio abandonados. [17] El campamento podrá ser tomado al primer ataque y tan pronto suene en sus puertas el grito de guerra. entonces, entre los enemigos entorpecidos por el sueño y llenos de pavor ante el inesperado tumulto, atacándolos sin armas en sus propios lechos, podéis llevar a cabo aquella matanza de la que llevabais tan a mal que se os apartara en el día de ayer. [18] Sé que mi proyecto parece audaz, pero en las situaciones difíciles y casi desesperadas, las resoluciones más temerarias, son precisamente las más seguras, porque, si, al presentarse una ocasión cuya oportunidad pasa volando, se duda por un instante, en vano se la busca después, una vez perdida. [19] Un sólo ejército se encuentra próximo, otros dos se hallan no lejanos; podemos tener esperanza de triunfo si los atacamos ahora; y ya habéis probado vuestras fuerzas y las suyas. [20] Si aplazamos el día y nuestra salida de ayer hace que se fije en nosotros la atención del enemigo, existe el riesgo de que se reúnan todas las tropas y todos los generales; ¿Podremos después hacer frente a los tres ejércitos y a los tres jefes que Gneo Escipión no pudo resistir con su ejército intacto? [21] Lo mismo que nuestros jefes han perecido por dividir sus tropas, los enemigos pueden ser derrotados separadamente y divididos. No contamos con otros medios para hacer la guerra, por consiguiente nada debemos esperar sino la oportunidad de la noche próxima. [22] Marchad y que los dioses os ayuden. cuidad vuestros cuerpos para que, descansados y llenos de vigor, irrumpáis en el campamento de los enemigos con la misma vehemencia que habéis defendido el vuestro». [23] Los soldados no solo escucharon con alegría el nuevo plan de su nuevo jefe, sino que les agradó tanto más cuanto más audaz era. El resto del día se empleó en preparar las armas y en atender las necesidades corporales y la mayor parte de la noche se dedicó al descanso. De madrugada levantaron el campo.

Livio, 25,39. 1-18. [1] Más allá del campo próximo, a una distancia de seis mil pasos, estaban acampadas otras tropas cartaginesas. En el espacio intermedio había un espacio cubierto de espesa arboleda, y aproximadamente en el centro de este bosque, según el procedimiento común entre los cartagineses, se ocultó una cohorte romana y la caballería. [2] Así, después de haber interceptado el camino en su parte media, las restantes tropas, en silenciosa columna, fueron conducidas hacia el campamento más próximo, y como no había ningún puesto de guardia ante las puertas, ni centinelas en la empalizada, entraron como en su propio campamento sin que nadie se opusiera. [3] Enseguida resonaron las trompetas y los romanos lanzaron el grito de guerra. Unos matan a los enemigos medio dormidos, otros prenden fuego a las chozas, cubiertas de paja seca. Otros ocupan las puerta para impedir la huida. [4] El fuego, el griterío, la matanza, todo simultáneo, aturdieron a los enemigos hasta el punto de que, como privados de sentido, no pudieron ni escuchar ni adoptar precaución alguna. [5] Inermes se lanzan entre la multitud de enemigos bien armados: unos se precipitan hacia las puertas; otros, al encontrar interceptados los caminos, saltan sobre la empalizada, [6] y a medida que iban logrando escapar, huían inmediatamente hacia el otro campamento; pero, al atravesar el bosque, fueron rodeados por los jinetes, que salieron corriendo de su escondite, y perecieron allí absolutamente todos, [7] si bien, aunque alguno hubiera logrado escapar de esta matanza, los romanos pasaron tan apresuradamente desde este campamento, que había ya tomado, hasta el otro, que no podía haberles precedido un mensajero de la derrota. [8] Allí, como pensaban hallarse más alejados del enemigo y además algunos se habían dispersado al amanecer con el fin de recoger leña y forraje y hacer alguna presa, encontraron todo en mayor desorden y menos vigilado aún; en los puestos de guardia tan sólo estaban las armas; los soldados inermes, se hallaban sentados o echados en el suelo o pasando ante la estacada y las puertas. [9] Los romanos, todavía enardecidos por la reciente pelea y orgulloso con su victoria, empezaron a combatir con estos soldados tan confiados y desprevenidos. Y así, en vano intentaron ofrecer resistencia en las puertas. Al primer griterío y alarma, acudieron corriendo desde todos los puntos del campamento, y ya dentro del recinto, se entabló un encarnizado combate; [10] y la lucha se habría mantenido por más tiempo si, al volver los escudos romanos ensangrentados, no hubieran sospechado los cartagineses la otra derrota y no les habría infundido esto un enorme pánico. [11] El terror obligó a todos a emprender la huida y, dispersándose por donde encontraron camino libre, tan sólo quedaron en el campamento los cuerpos de aquellos que habían muerto en la lucha. Así, bajo las órdenes de L. Marcio, en un sólo día y en una sola noche, fueron ocupados los dos campamentos enemigos. [12] Claudio, que tradujo del griego al latín los anales de Acilio, refiere que los enemigos tuvieron unos treinta y siete mil muertos y dejaron cautivos unos mil doscientos treinta. Además se recogió un enorme botín, en el que, entre otras cosas, [13] figuraba una escudo de plata de ciento treinta y siete libras y siete libras de peso, con la efigie de Asdrúbal Barca. [14] Valerio Antia afirma que fue ocupado un sólo campamento y cayeron en el asalto siete mil enemigos. Después, en una salida, se entabló un segundo combate con Asdrúbal en el que murieron diez mil cartagineses y fueron capturados cuatro mil quinientos treinta. [15] Pisón escribe que, mientra Magón perseguía en desorden a los nuestros que se retiraban, cayó en una emboscada, donde murieron cinco mil hombres. [16] Todos consideran grande el nombre del general Marcio; e incluso algunos rodean de prodigios su gloria, afirmando que «mientras él pronunciaba su arenga, una llamarada surgió de su cabeza sin que él lo notara, y este hecho produjo un gran pavor en los soldados que lo rodeaban; [17] y como testimonio de la victoria que él había logrado sobre los cartagineses, estuvo en el templo hasta el incendio del Capitolio el escudo llamado Marcio con la efigie de Asdrúbal. [18] Después, por algún tiempo la situación permaneció tranquila en Hispania, porque ni uno ni otro se atrevían a arriesgar en un combate decisivo la solución de la guerra después de tan grandes derrotas recibidas e inferidas recíprocamente.

COMENTARIO

L. Marcio consigue derrotar y tomar dos campamentos cartagineses. Nadie se hubiera atrevido a pensar que un ejército romano derrotado levantara cabeza con tanta decisión. La confianza de los cartagineses y sus aliados despreciaron la posibilidad de que sus enemigos se repusieran de los dos desastres anteriores. La astucia, sagacidad, coraje y valentía infiltrada en los ánimos de los romanos por Marcio, hicieron crecer sus ánimos hasta llevarlos a la victoria que nunca habrían imaginado ni Asdrúbal Gisgón, ni Asdrúbal Barca, ni Magón.

Livio, 26.18.1-11. [1] Entre tanto en Hispania, después del desastre recibido, ninguno de los pueblos se pasaron al bando de los romanos ni ningunos nuevos desertaron. [2] Y en Roma. después del desastre de Capua, el Senado y el pueblo se preocuparon más por Italia que por Hispania. Estaban de acuerdo en que se incrementara el ejército y que se enviara un general. [3] Y no estaba suficientemente claro tanto el que se enviara a éste como el que se eligiera muy bien a aquel que iba a suceder en su puesto a aquellos dos que siendo extraordinarios generales habían caído hacía treinta días. [4] Proponiendo unos a uno y otros a otros, finalmente se llegó a la conclusión de que se celebraban comicios para la elección de procónsul en Hispania. Los cónsules fijaron fecha para la elección del mismo. [5] Primeramente esperaban que, quienes se consideraban dignos de tan gran mando, dijeran públicamente sus nombres. Cuando desapareció tal expectación, se les vino de nuevo encima el pesar de la derrota encajada y la añoranza de los generales muertos. [6] Así, pues, la ciudad se ensombreció y casi falta de decisión en el día de los comicios, no obstante se dirigió al Campo de Marte. Y dirigidas sus miradas hacia los magistrados, contemplan los semblantes de los principales que se miran entre sí, y empiezan a levantarse hasta tal puto que las derrotas sufridas por las pérdidas y situación desesperada de Roma, que nadie se atreviera a aceptar un cargo militar en Hispania, [7] cuando de forma inesperada, Publio Cornelio, hijo de Publio (tristemente famoso) que había muerto en Hispania, con una edad aproximada de veinticuatro años, habiendo dicho públicamente que él estaba dispuesto a ir, se situó en lo más alto, desde donde todo el mundo lo pudiera ver. [8] Después que todos los ojos se dirigieron hacia él, al instante, con favor clamoroso, le auguraron un mando feliz y favorable. [9] A continuación, todos a una fueron obligados a prestar sufragio no sólo las centurias, sino incluso los hombre de Escipión, y ordenaron que el mando estuviera en Hispania.[10] Después de realizado este acto, como quiera que se hubieran tranquilizado los ánimos y la euforia, se produjo un inesperado silencio y un pensamiento callado vagaba por las mentes: ¿ Valía más la razón que el favor despertado? [11] Preocupaba sobre todo la edad. Algunos sentían miedo a la suerte, a la casa y al nombre por las dos desgraciadas familias de quien iba a dirigirse a aquella tierra donde se debían desarrollar los acontecimientos entre las tumbas de padre y tío.

Livio, 26,19, 1-4,10-14. [1] Cuando notó, por la rapidez con que se realizaron los hechos, la gran preocupación de los hombres, convocada una asamblea, habló de tal forma sobre su edad, de su poder encomendado y de la guerra que debía emprender, [2] que levantó de nuevo el ardor que ya se había apagado, lo renovó y llenó a la gente de una esperanza tan segura como suele producir la fe de una promesa humana o el razonamiento nacido de una confianza cierta. [3] Escipión no fue precisamente admirable sólo por sus verdaderas cualidades, sino porque se encontraba dotado de cierta habilidad desde su infancia y hacía ostentación de ello, [4] y muchas veces, ante la multitud pareció verse entre sombras nocturnas o comportándose con una mente premonitora, o como dejado llevar por una mente inspirada por la divinidad…[10] A aquellas tropas pertenecientes al antiguo ejército que tenía en Hispania y a la que habían sido transportadas desde Puzol con Gayo Nerón, se suman diez mil soldados y mil jinetes y el propretor Marco Silano fue cedido como ayudante para llevar a cabo aquella empresa. [11] Así, con una armada de treinta naves -todas eran quinquerremes-, desde la desembocadura del Tíber, costeando las orillas del mar Tirreno, los Alpes, el golfo galo, y después el promontorio de los Pirineos, desembarcó sus tropas en Ampurias, ciudad griega, pues son oriundos de Fócea. [12] A continuación ordenó que las naves avanzaran y se dirigió a Tarragona con la infantería. Reunió a todos los aliados, pues a consecuencia de su fama se habían presentado numerosas legaciones de toda la provincia. [13] Ordenó que se vararan las embarcaciones allí, y que cuatro trirremes marsellesas que habían sido enviadas por delante desde Roma con una misión, se enviaran de nuevo a su lugar. [14] Después comenzó a dar respuestas a cada una de las legaciones inquietas por la variedad de tanto desastre, de forma que no se perdiera ninguna palabra audaz de su ánimo tan encendido, y que todo cuanto dijera inspirara tanta autoridad cuanta fidelidad.

Livio,26.20, 1-11. [1] Se marchó de Tarragona y el ejército se dirigió hacia las ciudades de los aliados y a los campamentos de invierno; elogió a los soldados porque había dominado a la provincia después de los reveses sufridos en dos encuentros sucesivos, [2] y porque, no consintiendo los que gozaban de las glorias del triunfo, tras haberlos hecho retroceder de los campos de la parte de acá del Ebro y haber defendido a los aliados con lealtad. [3] Tenía a Marcio a su lado con tan gran honra que fácilmente apareciera que no temía nada más que alguien le hiciera sombre a su fama. [4] Silano sucedió a Nerón y los nuevos soldados fueron llevado al campamento de invierno. Escipión, emprendidas y realizadas todas las cosas que debía hacer rápidamente, se dirigió a Tarragona. [5] Entre los enemigos la fama de Escipión no era mucho menor que entre los aliados y conciudadanos y una cierta intuición y previsión del futuro causaba un mayor recelo, de manera que podría convertirse, invertirse y convertirse en una causa de miedo nacido supersticiosamente. [6] Por distintos caminos se dirigieron al campamento. Asdrúbal Gisgón se extendía hasta el Océano y Gades; Magón, hasta el Mediterráneo y, principalmente, hasta del desfiladero de Cástulo; Asdrúbal, hijo de Amílcar, se situó junto al Ebro y paso el invierno en los alrededores de Sagunto. [7] Al final de aquel verano en el que fue tomada Capua, Escipión llego a Hispania; cuando se puso en marcha la armada púnica desde Sicilia a Tarento para evitar el abastecimiento de la guarnición romana que [8] había en la ciudadela tarentina, cerró todos los accesos desde el mar hacia la ciudadela, pero con el asedio prolongado, provocaba una carestía mucho más intensa para los aliados que para el enemigo, [9] pues no se podía ayudar a los ciudadanos a través de la tranquila playa y a puerto abierto con la ayuda de las naves púnica, con tan gran cantidad de trigo cuanta gastaba la propia multitud de naves formada por toda clase de hombres,[10] de forma que la guarnición de la ciudadela pudiese sustentarse sin abastecimientos de víveres nuevos, porque eran pocos, ya que estaban previstos de antes, y para los tarentinos y para la armada no era ni aún siquiera suficiente lo transportado. [11] Finalmente la armada fue despedida con mayor favor y agradecimiento del que había traído: el abastecimiento no les había aliviado mucho, al estar lejos la ayuda naval, no se había podido transportar el trigo.

Livio, 26,21,1-2. [1] Al final de aquel mismo verano, M. Marcelo había llegado a Roma desde la provincia de Sicilia, fue recibido en audiencia por el pretor C. Calpurnio en el templo de Belona. [2] Habiendo tratado allí de las operaciones realizadas por él, tras lamentarse ligeramente no tanto de su suerte como de la de los soldados, porque no le había gustado llevarse al ejército, estando la provincia en muy mal estado, pidió entrar en la ciudad con los honores del triunfo. No lo consiguió.

Livio, 26,41,1-9. [1] En Hispania, al principio de la primavera, P. Escipión, botadas las naves y convocadas mediante un edicto las tropas auxiliares de los aliados, ordenó enviar la armada y los navíos de carga hacia la desembocadura del río Ebro. [2]Habiendo ordenado que reunieran allí las legiones desde el campamento de invierno, él mismo con cinco mil aliados, se dirigió hacia el ejército desde Tarragona. Habiendo llegado allí, considerando que debía dirigir la palabra a los extraordinarios soldados veteranos que sobrevivieron en medio de tanto desastre militar, convocada una asamblea, les habló así: [3] «Ningún nuevo general antes que yo pudo dar con toda justicia y derecho las gracias a sus soldados antes de que se sirviera de ellos: [4]la suerte me obligó a vosotros antes de que viera la provincia y el campamento, en primer lugar por aquella piedad hacia mi padre y mi tío mientras estuvieron vivos y muertos, [5] en segundo lugar, porque, a causa de tan gran desastre de la provincia, habéis recuperado íntegramente las posesiones perdidas, por vuestro valor, para mí, como sucesor, y para el pueblo romano. [6] Pero, cuando tengamos los preparativos listos y emprendamos la acción, con los dioses favorables, no vamos a permanecer en Hispania como ellos, sino que vamos a hacer que no quede ni un púnico ante la desembocadura del Ebro; no vamos a evitar el paso de los enemigos, sino que pasaremos nosotros y le llevaremos la guerra. [7] Temo que a alguien parezca vuestra decisión mayor y más audaz de lo que corresponde al recuerdo de los desastres hace poco recibidos, o con relación a mi edad. [8] Nadie mejor que yo puede olvidarse de los reveses militares recibidos en Hispania, como de quien su padre y su tío, en un espacio de treinta días, fueron muertos, de tal modo que se acumulara sobre la misma familia muerte sobre muerte. [9] Pero como la orfandad familiar y la soledad quebrantan el ánimo, tanto la suerte del Estado como el valor personal prohíben caer en la desesperación extrema. Por un extraño hado se nos ha dado tal suerte que, vencido en grandes guerras, saldremos vencedores. [19] Mi ánimo, que en estos momentos es mi mayor inspiración, me augura que Hispania va a ser nuestra, y que todo nombre púnico será desterrado de aquí, y los mares y las tierras se llenarán de huidos a la desbandada. [20] Lo que la mente espontáneamente adivina, igualmente la razón certera lo acepta. Nuestros aliados, vejados por éstos, piden por medio de embajada nuestra lealtad. Tres jefes en desacuerdo, estando a punto de separarse uno de otro, dividieron el ejército en tres partes muy alejadas entre sí. [21] La misma fortuna que se cebó sobre nosotros cae ahora sobre ellos; efectivamente se separan de sus aliados como nosotros antes de los celtiberos, y dividieron los ejércitos, hecho que es la causa de la pérdida de mi padre y de mi tío. [22] La discordia interna no les deja ir juntos a una, ni podrán hacer frente a cada uno de nosotros separadamente. Vosotros, ahora, soldados, apoyad el nombre de los Escipiones, descendiente de vuestros generales, brotando de ramas cortadas. [23] Ea, soldados veteranos, haced pasar el Ebro a vuestro nuevo general; pasad a una tierras recorridas por vosotros con grandes éxitos de armas. [24] Rápidamente haré que, tal como ahora habéis reconocido en mí la figura, el rostro y el aspecto de mi padre y de mi tío, [25] se os dé una imagen de ingenio, lealtad y valor de forma que cualquiera de vosotros dirá que os ha renacido el Escipión general»

COMENTARIO

Publio Cornelio Escipión se hace cargo de las fuerzas romanas en Hispania. Viene con un nuevo ejército, que se sumará al que quedaba en la Península, y prestará atención a la organización territorial para controlar los movimientos de los cartagineses en toda Hispania con la intención de arrojarlos definitivamente al África. No se olvide que los generales enemigos son Asdrúbal Gisgón, Asdrúbal Barca y Magón. El objetivo principal era ocupar los puntos estratégicos de Sagunto, Cartago Nova y la zona de Cástulo e Iliturgis.

Livio, 26,42, 1-9. [1] Enardecidos los ánimos de los soldados con este discurso, dejando a M. Silano para la defensa de la región con tres mil infantes y trescientos jinetes, hizo pasar el Ebro a todas las restante tropas, -había entonces veinticinco mil infantes y dos mil quinientos jinetes-. [2] Aconsejando algunos que, teniendo en cuenta que los ejércitos púnicos se habían separado hasta tan diversas regiones, se atacara al más cercano, diciendo que era un peligro que por tal acción se agruparan todos en uno, y la cosa no era igual si se trataba de todos los ejércitos [3], determinó entre tanto asaltar a Cartago Nova, ciudad opulenta por sus grandes riquezas y llena de todo aparato militar, -había allí armas, dinero y rehenes de toda Hispania-, [4] situada además en una zona estratégica para pasar al África, como sobre un puerto bastante grande para una armada de gran escala, y no conozco ningún otro en las costas de Hispania que esté en nuestro mar. [5] Ninguno sabía por donde se iba a ir, salvo Gayo Lelio. Éste, situado en el centro de la armada, de tal modo había ordenado la marcha de las naves que, al mismo tiempo, Escipión, desde tierra, presentaba el ejército y la entrada de la armada en el puerto. [6] En siete días se llegó desde el Ebro a Cartago Nova, por tierra y por mar simultáneamente. El campamento fue instalado en la parte de la región de la ciudad que mira al norte; se le opuso una empalizada desde la parte de atrás porque la parte frontal se encontraba defendida por la propia naturaleza del terreno. [7] De esta forma se encuentra emplazada Cartago Nova: hay una ensenada en casi la mitad de la costa de Hispania, sobre todo el frente al viento africano, con unos dos mil quinientos pasos hacia el interior, y con una anchura un poco más extensa. [8] En la desembocadura de éste, una enseñada en una pequeña isla que sobresale del mar, forma un puerto protegido de todos los vientos, sobre todo el africano, Desde el interior de la ensenada se extiende una península y sobre esta misma colina ha sido construida la ciudad, por levante y por el sur protegida del mar. [9] Una colina que se extiende en unos doscientos cincuenta pasos, une la ciudad con tierra firme, Desde allí, puesto que la defensa de la ciudad es de tan escasa importancia, el general romano no levantó defensa, bien haciendo alarde de confianza ante el enemigo, o para que el acceso a las murallas quedara abierto.

Libio, 26,43, 1-8. [1] Habiéndose terminado las obras de la partes que se tenían que fortificar, puso las naves en orden en el puerto, colocándolas en posición de asedio naval. Tras haber pasado revista a la armada, recomendando a los prefectos de la armada que mantuvieran guardias nocturnas en prevención, ya que el enemigo lo intentaría todo tan pronto como se encontrara asediado, [2] habiendo regresado al campamento para informar del plan de su proyecto a sus soldados, ya que se iba a comenzar una guerra en una ciudad que debía ser asaltada, y dando esperanzas con exhortaciones, de que se apoderaría de la ciudad, tras convocar una asamblea, habló en los siguientes términos: [3]» Si alguno cree que vosotros sois llevados para asaltar una sola ciudad, este tal tiene aún más un motivo exacto de vuestro trabajo que de beneficio. Verdaderamente vais a asaltar los muros de una ciudad, pero con una sola ciudad vais a apoderaros de toda Hispania. Aquí está todo el dinero de los enemigos [4] «Aquí están todos los rehenes de todos los nobles de los reyes y pueblos que al mismo tiempo caerán en vuestro poder. Inmediatamente, todo cuanto se encuentra en poder de los cartagineses, lo encontrarán cuando se rindan. [5] Aquí está todo el dinero de los enemigos, sin el que ellos no pueden emprender ninguna clase de guerra, porque mantienen un ejército de mercenarios; y este dinero nos será de gran utilidad para ganarnos los ánimos de los bárbaros. [6] Aquí están las catapultas y todas las armas, que al mismo tiempo servirán para nuestra instrucción y dejarán desnudos a los enemigos. [7] Nos apoderaremos además de una rica ciudad con un puerto tan excelente, desde donde se nos proporcionarán todos los medios de guerra por tierra y por mar que exige la contienda. Cuando tengamos estas grandes cosas, entonces arrebataremos al enemigo otras mucho mayores. [8] Esta es su ciudadela, este granero es su arsenal de armas de bronce, este es el escondite de todas sus cosas; por aquí se encuentra la línea recta desde África; esta es una de las plazas desde los Montes Pirineos y Gades; desde aquí África amenaza a todas Hispania.

Livio, 26, 44, 1-10. [1] Los había armado. Al ver que por tierra y por mar se preparaba el asalto, él mismo dispuso [2] las tropas. Dos mil ciudadanos pone delante por aquella parte en la que se encontraba el campamento romano. Asedia a la ciudadela con quinientos soldados, sitúa a otros quinientos e una colina de la ciudad hacia levante. Ordena que la restante multitud se dirija allí done se produzca clamor o donde una desesperada situación lo exigiera atenta a todo. [3] Una vez abierta la puerta envía a aquellos que habían previamente preparado, por el camino que conduce al campamento de los enemigos. Los romanos, al tomar la iniciativa su propio jefe, se retrajeron un poco con el fin de que tomaran sitio en el combate los más apropiados para tal cometido. [4] Al principio, el combate fue equilibrado; las tropas de ayuda enviadas después desde el campamento, no hicieron solamente huir al enemigo, sino que, hasta tal punto, atosigaron a los desparramados que, si no hubiera tocado retirada, pareciera que había caído sobre la ciudad mezclados con fugitivos. [5] El lugar no fue mucho mayor en la ciudad que en el combate. Muchos puestos de guardia, a causa del pavor y el miedo, fueron abandonados y las murallas fueron abandonadas tras saltar por donde a cada uno le vino más cerca. [6] Cuando al entrar Escipión se dio cuenta de que la colina que llaman de Mercurio había sido abandonada en muchas partes por los defensores, ordena que todos, saliendo del campamento vayan a asaltar la ciudad y que lleven escaleras. [7] -El mismo se acerca a la ciudad protegido con los escudos de tres fuertes jóvenes delante de él, -una enorme fuerza de toda clase de armas arrojadiza era lanzada desde los muros-, y exhorta y ordena lo que es oportuno-, [8] y lo que sobre todo era conveniente para encender los ánimos de los soldados; era testigo y espectador del valor y de la pereza de cada uno. [9] Así, pues, se lanza contra los golpes y las armas; no pueden rechazarlos ni los que se encontraban encima de los muros armados, porque avanza a porfía. Y al mismo tiempo desde la naves, toda la parte de la ciudad que se encontraba bañada por el mar, es capturada. Por ello se produjo un tumulto mayor que la propia violencia. [10] Mientras se aplica a ello y despliegan apresuradamente las escaleras, mientras cada uno se apresta a saltar a tierra por donde le viene más cerca, con la propia precipitación, unos se estorban a otros.

Livio, 26,45, 1-9. [1] Mientras ocurren estas cosas, el cartaginés llena los muros de soldados armados y una gran violencia se producía a causa de la enorme congestión de armas. [2] Pero ni los hombres ni las armas ni ninguna otra cosa podía defenderse como una muralla. Pocas escaleras pudieron igualar la altura de las murallas, y por donde eran más altas, por allí eran más débiles. [3] De esta forma, al no poderse escapar el que se encontraba en lo alto, si intentaban atacarlos subiendo por las escaleras, se rompían por su propio peso. A unos que habían subido con escaleras, el humo los cegó y cayeron a tierra. [4] Hombres y escaleras caían por todas partes y como quiera que a la llegada misma creciera el empuje y ánimo de los enemigos, se dio la señal de retirada. [5] Esto les dio no sólo una esperanza ante la intranquilidad presente, sino incluso que, en adelante, la ciudad no podía ser tomada no con escaleras ni con cercos, -a causa de la obsesión de tanta derrota- ;las obras de reparación serían difíciles y darían tiempo para llevar ayuda a sus generales. [6] Cuando apenas había cesado el anterior tumulto, Escipión ordenó que soldados de refresco y con nuevos bríos tomara las escaleras de los fatigado y heridos y que atacaran la ciudad con mayor ímpetu. [7] Cuando le fue anunciada a Escipión que la marea bajaba, por en medio de unos pescadores, bien valiéndose de unas barcas pequeñas, bien encallando las mismas en los vados al recorrer los marinos la laguna, se dio cuenta de que era fácil abrirse paso hacia la muralla, y condujo allí, con él, a quinientos soldados armados. [8] Era casi medio día y en esos momentos en que el agua se repliega hacia el mar de forma espontánea deslizada por su propia corriente. Entonces se levantó un fuerte viento norte que empujaba a las aguas de la laguna hacia donde iba la corriente, y hasta tal punto había dejado vacíos los vados que en algunos sitios el agua llegaba hasta el ombligo; en otras partes, apenas si llegaba a las rodillas. [9] Con cuidado y razón, esto fue interpretado como un prodigio. Escipión, dirigiéndose a los dioses quienes le habían apartado las aguas del mar para el paso de los romanos, y había rebajado el nivel de la laguna, ordenó que Neptuno fuera delante como jefe de la expedición y que pasara por medio de la laguna hacia la muralla.

Livio, 26,46,1-10. [1] Un enorme trabajo les quedaba a quienes permanecían en tierra firme. No era un obstáculo tanto la altura de las murallas, sino que, incluso, los que avanzaban, se encontraban entre dos fuegos, hasta el punto de que los ataques laterales eran más peligrosos para los que atacaban que poner los cuerpos ante las armas de los enemigos. [2] En otra parte, para unos quinientos, el paso a través de la laguna fue fácil, y desde allí, la subida a las murallas; pues no estaban protegidos con obra fuerte hasta el punto de haber confiado excesivamente en la defensa natural del propio lugar como la laguna, y no hubiera ningún puesto de guardia, ni guarnición armada apostada, ya que se encontraban todos ocupados en prestar ayuda allí donde se producía peligro. [3] Una vez que entraron en la ciudad sin luchar, desde allí se dirigen lo más rápido que pueden a la puerta en torno a la que se desarrollaba el combate. [4] Los ánimos de éstos no sólo estuvieron atentos a la lucha, sino que incluso eran oídos y vistos [5] de los que luchaban, mirando y animando a los luchadores para que nadie se diera cuenta de que la ciudad había sido tomada por la espalda, antes de que las flechas cayeran contra los enemigos y tuvieran un doble enemigo por ambas partes. [6] Entonces, desordenados los defensores por el miedo, las murallas comenzaron a ser tomadas y la puerta a ser derribada por dentro y por fuera; y enseguida, a causa de la matanza, muertos y apartados para que no estorbaran el paso en las puertas, el ejército atacó. [7] Gran cantidad de soldados pasaron por encima de las murallas. Éstos por todas partes de dedicaron a matar a los ciudadanos. El escuadrón que había pasado por la puerta con sus jefes, en orden de batalla por medio de la ciudad, llegó hasta el foro. [8] Desde allí, al ver que los enemigos huían por dos caminos, unos se dirigieron hacia la colina que se extendía hacia levante, ocupada y guarnecida con quinientos soldados; otros hacia la misma ciudadela, en la que el propio Magón con casi todo su ejército se había refugiado tras ser expulsados de los muros. envía una parte del ejército contra la colina para asaltarla, y él mismo conduce la otra parte contra la ciudadela. [9] La colina fue tomada al primer ataque, y Magón, al intentar defenderla y ver que todo estaba lleno de enemigos y que no había esperanza alguna, se entregó juntamente con la ciudadela y la guarnición. [10] En el momento en que la ciudadela se rindió, se produjo una tremenda matanza en toda la ciudad y no se perdonaba a ningún joven que salía al paso. Dada entonces la señal, se puso fin a la matanza. Los vencedores se dedicaron al pillaje que tuvo como resultado un enorme y variado botín.

COMENTARIO

La ciudad de Cartago Nova es asediada a ultranza. Se estudia metro a metro el espacio por donde pueda ser atacada. Finalmente Magón se rinde ante la imposibilidad de ofrecer resistencia a un pertinaz ataque de los romanos. Gran botín, pero enorme matanza. Los rehenes son liberados y se van usar como moneda de cambio para conseguir el apoyo de las ciudades donde residían sus familias.

Livio, 26,47,1-10. [1] De hijos varones de la nobleza ibérica se recuperaron alrededor de diez mil. Dejó en libertad a los que eran ciudadanos de Cartago Nova. Los devolvió a la ciudad y todo cuanto como restos les había dejado la guerra. [2] Había alrededor de dos mil artesanos. Les comunicó que serían esclavos del pueblo romano con la cercana esperanza de libertad si se portaban bien en los menesteres de la guerra. [3] El resto de la multitud de jóvenes y de esclavos fuertes se destinó como ayuda para los remeros de la armada. Incrementó el número de naves en ocho, equipadas con prisioneros. [4] Aparte de esta multitud de hispanos había rehenes, por lo que se tuvo el cuidado de tratarlos como hijos de aliados. [5] Igualmente se incautó una gran cantidad de equipo bélico: más de ciento veinte catapultas de gran tamaño, y doscientas ochenta y una pequeña; [6] veintitrés ballestas grandes, cincuenta y dos pequeñas y un gran número de escorpiones grandes y pequeños, de armas y de lanzas; sesenta y cuatro enseñas militares. [7] Gran cantidad de oro y de plata fue enviada al general: doscientas sesenta y seis copas de oro, casi todas de una libra de peso; de plata bruta y labrada dieciocho mil trescientas, de una libra y gran cantidad de vasos de plata. [8] todas estas piezas fueron contadas y pesadas por el cuestor Gayo Flaminio. Se cogieron cuarenta mil modios de trigo y doscientos setenta mil de cebada. [9] fueron asaltadas y capturadas setenta y tres naves de carga en el puerto, algunas incluso con la mercancía: trigo, armas, bronce, hierro, lienzos, esparto y otros objetos destinados para la construcción naval, [10] de forma que la propia Cartago fuera poca cosa ante tan gran cantidad de armamento bélico capturado.

Livio,26,48,1-14. [1] Aquel mismo día se le ordenó a Gayo Lelio, juntamente con los aliados navales, proteger la ciudad, [2] y él mismo llevó las legiones al campamento y ordenó que los soldados, cansados por todas las operaciones bélicas del día, puesto que habían combatido y habían sufrido tanto riesgo en la toma de la ciudad, y después de tomada habían tenido que pelear duramente contra los que se habían refugiado en la ciudadela, ordenó, digo, que dieran descanso a sus cuerpos. [3] Al día siguiente, convocados los soldados marinos y los aliados, en primer lugar dio gracias a los dioses inmortales, quienes no sólo se había solidarizado colaborando en la toma de una riquísima ciudad en un sólo día, sino que incluso antes había colaborado con todas las fuerzas de África y de Hispania, de forma que no les quedara nada en absoluto a los enemigos y a ellos le había quedado todo intacto. [4] Elogió a continuación el valor de los soldados porque no les había asustado ni la salida impetuosa de los enemigos, ni la altura de las murallas, ni los desconocidos vados de la laguna, ni el fortín situado en lo alto de la colina, ni la fortificada ciudadela, de forma que la sobrepasaron y la destrozaron. [5] Así, pues, aunque estaba en deuda con todos, la principal manifestación de homenaje público en el cerco de las murallas se debía a aquel que había sido el primero en pasarlas: galardonaría a aquel que se había hecho merecedor de tal encomio. [6] Fueron propuestos dos: Quinto Trebelio, centurión de la legión cuarta, y Sexto Digitio, aliado marino. Y ellos mismos entre sí no competían tanto como habían expuesto sus vidas frente al enemigo. [7] Gayo Lelio, prefecto de la armada, había estado con los aliados, y Marco Sempronio Tuditano, con los legionarios. [8] Habiendo llegado esta disputa casi hasta la sedición, indicando Escipión a tres jueces de litigio, quienes, oídos los testigos, juzgaron con conocimiento de causa cual de los dos había traspasado en primer lugar las murallas de la ciudad, [9] siendo Gayo Lelio y Marco Sempronio abogados de uno y otro bando, sacando de entre ellos otro, añadió a Publio Cornelio Gaudino y ordenó que los tres litigantes se sentaran e hicieran su exposición. [10] Como quiera que este asunto se tratara y desarrollara en medio de una disputa mayor que un combate, porque los privados de tan gran cargo no habían sido llamados tanto como abogados como moderadores de estas ambiciones, Gayo Lelio, tras abandonar el consejo, se dirigió a Escipión ante el tribunal, [11] y le informa que el asunto se desarrolla sin moderación ni control, y que estaban a punto de llegar a las manos entre los dos; por lo demás, eliminada cierta violencia, el asunto se desarrollaba como en cualquier otra situación de este tipo de cosas odiosas, a saber: la gloria del valor se busca con engaño y mentiras. [12] Aquí se encontraban igualmente los soldados legionarios, los soldados de la armada dispuestos a jurar por todos los dioses, más lo que querían que lo que sabían que era cierto, y a comprometer con perjurio no sólo su vida sino las enseñas militares, las águilas y el compromiso de juramento. [13] Ante él exponía estas cosas de parte de P. Cornelio y M. Sempronio. Escipión. Tras felicitar a Gayo Lelio, convocó una asamblea y declaró que él estaba bastante seguro de que Quinto Trebolio y Sexto Digitio habían traspasado el muro a la vez y de que él premiaba a los dos por su valor, con la guirnalda mural. [14] A continuación premió a los restantes según el mérito del valor de cada uno: antes que a nadie, a Gayo Lelio prefecto de la armada, a quien igualó a sí mismo, con toda clase de elogios, lo premió con una corona de oro y treinta bueyes.

Livio, 26,49, 1-16. [1] A continuación ordenó llamar a los rehenes hispanos, de los que da vergüenza citar el número; pues se diría por unos que ascendían a trescientos y por otros, a tres mil setecientos veinticuatro. [2] Igualmente las cifras difieren entre los autores: unos dicen que la guarnición púnica era de diez mil hombres, otros de siete mil, y otros por encima de los veinticinco mil. [3] Se ha escrito que los escorpiones mayores y menores capturados ascienden a sesenta, según el autor griego Sileno. Según Valerio Antias eran seis mil los escorpiones mayores, y los menores trece mil; a la hora de imaginar, no existe control alguno. [4] Ni aun siquiera se está de acuerdo en el número de jefes. La mayoría dice que Gayo Lelio estaba al frente de las naves; otros, que era M. Silano. [5] Valerio Antias dice que Aris estaba al frente de la guarnición púnica, entregándose a los romanos; otros dicen que fue Magón. [6] Tampoco se está de acuerdo en el número de naves capturadas, ni en la cantidad de oro o plata, ni en el dinero; si hay que creer a alguien, lo mejor es quedarse en la mitad. [7] Por lo demás, una vez llamados los rehenes, se les pidió que tuvieran buen ánimo, pues habían venido a caer en el poder del pueblo romano [8] quien prefiere atraerse más a los hombre más por favores que por miedo, y entablar pactos con los pueblos extranjeros más por medio de la lealtad que con una triste esclavitud. [9] A continuación, dando los nombres de sus respectivas ciudades, pasó revista a los cautivos, cuantos y de qué ciudad eran, y envió mensajeros a sus casas para que cada uno viniera a recoger a los suyos. [10] Si se presentaban algunos legados de las ciudades, los despedía con presentes. Al cuestor Gayo Flaminio le encomendó el cuidado de los demás. [11] Entre estas cosas, de en medio de la multitud de rehenes, una mujer, poseída de gran temor, esposa de Mandonio, que era hermano de Indíbil, príncipes de los ilergetes, llorando se arrojó a los pies del general y comenzó a rogarle que pusiera un gran cuidado en los guardianes destinados a los mujeres. [12] Diciéndoles Escipión que no les faltaría de nada, entonces la mujer de nuevo replicó:»No le damos importancia a esas cosas; porque, para ésta ¿qué clase de suerte no es suficiente? Es otro tipo de preocupación la que me embarga al mirar a estas mujeres , pues yo ya estoy fuera del riesgo del ultraje femenino». [13] Exuberantes por su edad y por su belleza en torno a ella estaban las hijas de Indíbil y otras similares en nobleza, todas ellas teniéndola como madre. [14] Entonces Escipión dijo:»Yo haría en defensa de mi disciplina y de la del pueblo romano que no se viole jamás nada de lo que entre vosotras sea considerado sagrado; [15] y ahora, para tomar las debidas precauciones, vuestra virtud y dignidad hace que seáis dignas del cuidado propio de una matrona incluso en los peligros». [16] A continuación las entregó a un hombre de probada integridad y le ordenó que las cuidara con el mismo respeto que se daba a las madres y esposas de los huéspedes.

Livio, 26,50, 1. [1] Una doncella de edad madura, cautiva, es llevada por los soldados ante él, dotada de tal belleza que hacía volver la mirada a su paso…

Livio, 26,51. 1-14. [1] Escipión retuvo consigo a Lelio hasta que situara a los cautivos y rehenes y el botín, según su opinión. [2] Dispuestas todas las cosas según su parecer, una vez preparada una quinquerreme, envía a Roma un mensajero para comunicar la victoria, tras embarcar en seis naves los cautivos juntamente con Magón y quince senadores que con él habían sido hechos prisioneros. [3] Él mismo se tomó unos cuantos días, durante los cuales había decidido permanecer en Cartago Nova, para entrenar a los soldados del mar y a la infantería. [4] En el primer día las legiones recorrieron con las armas un espacio de cuatro millas; en el segundo fueron obligados a limpiar las armas y a asear las tiendas de campaña; al tercer día se enfrentaron entre sí con varas, fingiendo un combate real, y se entrenaron con varas con nudos. El cuarto día se destinó al descanso, el quinto se trabajó. [5] Mantuvieron este orden de trabajo y descansó mientras estuvieron en Cartago Nova. [6] Los soldados de la armada llevados a alta mar eran ejercitados en el manejo de la habilidad naval y en arte de asaltar una nave. [7] Todas estas operaciones, fuera de la ciudad, por tierra y por mar, ejercitaban los cuerpos y los ánimos para el combate. La propia ciudad resonaba con los dispositivos de la guerra, llenos los arsenales con toda clase de artesanos en artes de la guerra. [8] El general visitaba todas estas cosas con similar cuidado, ya se encontraba con la escuadra naval, ya con la infantería, ya se dedicaba a la inspección de las cosas y obras, tanto los objetos que se fabricaban en los talleres las de los armeros y arsenales; cada día una multitud de operarios se dedicaba a estos quehaceres. [9] De esta forma iniciada y realizadas las operaciones de reposición de averías en los muros, y colocadas guarniciones para custodia de la ciudad, se marchó a Tarragona, recibiendo muchas legaciones en el camino, a las que despidió en marcha, después de darles una respuesta [10], a una parte la llevó hasta Tarragona, en donde había dicho que se reuniría con todos los nuevos y viejos aliados. [11] Y casi todos cuantos viven en la parte de acá del Ebro, muchos pueblos incluso de la provincia ulterior se reunieron aquí. Los jefes de los cartagineses al principio ocultaron intencionadamente el rumor de la ciudad tomada; después, como la situación era bastante clara que impidieran ocultar y fingir la situación, moderaban la realidad con palabras. [12] Con una llegada inesperada y casi llegado el día, sólo una ciudad hispana había sido tomada que un joven engreído, con el premio de un triunfo insignificante había impuesto una especie de gran victoria con demasiado gozo: [13] pero cuando había oído que se acercaban tres generales, tres vencedores del ejército enemigo, en seguida le llegaron los recuerdos de la muerte de los propios paisanos. [14] Estas cosas lanzaban al público, sin que ellos ignoraran cuánto se había perdido en todas las fuerzas, una vez perdida Cartago Nova.

Año -208.

Livio, 27,14, 5. [5] Los hispanos ocupaban por decisión de Aníbal la primera línea, y esta era la principal fuerza de todo el ejército.

Livio, 27, 17, 1-17. [1] Al principio del verano en que se realizaban estas cosas, Publio Escipión, habiendo pasado el invierno en ganarse a los bárbaros, a unos con dinero, a otros con la devolución de los rehenes y cautivos, Edesco, uno de los famosos caudillos hispanos, vino ante él. [2] Su esposa e hijos estaban en poder de los romanos; pero, aparte de este motivo, la atrajo hacia él aquella fortuita inclinación de ánimos que había arrastrado a toda Hispania del dominio púnico al romano. [3] Por el mismo motivo se presentaron Indíbil y Mandonio, ciertamente los principales de toda Hispania, con toda su tropa popular, después de abandonar a Asdrúbal para dirigirse hacia las colinas que se asomaban sobre su campamento, en donde se encontraba seguro en medio de los montañas que le rodeaban, sería recibido por los romanos. [4] Asdrúbal, al darse cuenta de que el ejército enemigo se encontraba con la adición de tan grandes tropas, que las suyas disminuían y que se perderían por donde pudieran, si no se apresurara para incrementarlas algo, determinó entablar combate cuanto antes. [5] Escipión deseaba mucho más la lucha ya por la esperanza que incrementaba la buena marcha de las operaciones militares, ya porque antes de que se agruparan los ejércitos de los enemigos, prefería luchar con un solo general y un ejército, a hacerlo con todos. [6] Pero incluso si hubiera que luchar al mismo tiempo con varios, por ello incrementó con cierta habilidad las tropas. Pues al darse cuenta de que no se utilizaba en absoluto el material de guerra naval, ya que toda la costa hispana se encontraba desprovista de armas púnicas, habiendo varado las naves en Tarragona, sumó al ejército de tierra las tropas navales. [7] Había gran cantidad de armas de las que fueron capturadas en Cartago Nova y las que fueron fabricadas después de la toma de la ciudad, por los artesanos de la misma. [8] Al inicio de la primavera, Escipión, saliendo con sus tropas desde Tarragona -pues ya había regresado Lelio de Roma sin el que no quería hacer ningún movimiento de tropas- emprendió la marcha contra el enemigo. [9] Cuando iba atravesando por lugares pacificados, cuando pasaba por el territorio de cada pueblo, para añadirse y sumar aliados, Indíbil y Mandonio le salieron al encuentro con sus tropas. [10] Indíbil habló por los dos en modo alguno como un bárbaro inculto, sino más bien con respeto y autoridad, más excusando su paso como obligado que felicitándolo como una primera ocasión perdida; [11] pues sabía que él había recibido el exsecrable nombre de tránsfuga por los viejos aliados y aceptado por los nuevos; y que él no reprochaba aquella costumbre de los hombres si la causa es el odio dudoso, no el nombre. [12] Después recordó los méritos contra los jefes cartagineses, la avaricia contra el orgullo de aquellos y los ultrajes de todo tipo cometidos contra él y contra sus ciudadanos. [13] De esta forma tan sólo su cuerpo había estado en poder de ellos hasta aquel momento; y que su espíritu se encontraba desde hace tiempo allí donde creían que el derecho y la justicia eran honrados; y suplicantes recurrían también a los dioses para que no permitieran que la violencia y el ultraje causado por los hombres, se sufriera. [14] Ellos pedían a Escipión que su paso no les causara ni honra ni engaño. Al conocerlos personalmente desde aquel día, por sus obras se los debería valorar, [15] De esta forma el romano respondió que lo haría, que no los consideraría como tránsfugas porque ellos no firmarían un pacto firme allí donde nada ni divino ni humano se considerara sagrado. [16] Después, habiéndoles puesto a la vista a sus esposas y a sus hijos, se los devolvió en medio de lágrimas y alegría, y en aquel día fueron recibidos en hospitalidad. [17] Al día siguiente se aceptó el compromiso de fidelidad por medio de un pacto y fueron enviados para conducir sus tropas. A continuación, desde aquel campamento se desplegaron hasta que se llegó frente al enemigo con aquellos generales.

COMENTARIO

El éxito de Escipión se extendió por toda la Penínula. Y la estrategia de los romanos no fue el enfrentarse irreflexivamente a los enemigos cartagineses. Sino que decidió enfrentarse a ellos por separado y evitar cualquier contratiempo. Esperó información de Roma. Además, se le unieron antiguos aliados de los cartagineses: Indíbil y Mandonio, con quienes firmaron pactos. Objetivo: dividir a los cartagineses para combatir por separado, y que no ocurriera lo que paso con su padre y tío.

Livio, 27,18.1-20. [1] El próximo ejército cartaginés, al mando de Asdrúbal, se encontraba junto a la ciudad de Baeula (Bailén, Jaén). Delante del campamento tenían montados puestos de guardia con jinetes. [2] En ella soldados a la ligera y los que llegaban desde vanguardia, antes de que se les asignara un lugar en el campamento, se tomaron con tal desprecio el ataque que fácilmente se podía saber cuál era el ánimo en ambos bandos. [3] Los jinetes fueron rechazados hacia el campamento en estrepitosa huida y las enseñas romanas fueron llevadas hasta casi las propias puertas. [4] Y ciertamente en aquel mismo día, con los ánimos tan exaltados para el combate, los romanos [5] montaron su campamento. De noche, Asdrúbal se llevo las tropas a una colina que tenía una llanura en su parte más alta; por la espalda, delante y alrededor un río la rodeaba como una playa a toda la orilla. [6] Debajo también una planicie inferior con gran extensión. También estaba rodeada por una pendiente difícil de subir. [7] Hacia esta llanura inferior, al día siguiente, Asdrúbal, después que vio que el enemigo se encontraba en línea de batalla delante del campamento, envió a la caballería númida, a los baleáricos de armas ligeras y a los africanos. [8] Escipión, recorriendo las filas mostraba las enseñas al enemigo que intentaba apoderarse de las colinas, con la esperanza perdida de combatir a campo abierto; estaba a la vista que había de confiar más en la naturaleza del lugar que en el valor y en las armas. Pero murallas más altas tenía Cartago Nova y el soldado romano las había superado. [9] No constituían un obstáculo para su armas, ni las colinas, ni la ciudadela, ni mucho menos el mar. Las alturas que había arrebatado al enemigo habían servido para que, saltando por escollos y precipicios, huyeran; pero también les cortaría esta huida. [10] Ordena que dos cohortes ocupen el desfiladero del valle por donde discurre el río, una en la parte de acá y la otra que corte el camino que desde la ciudad, a través de atajos, lleva al campo. Él mismo conduce a los soldados preparados, que el día anterior habían despejado de enemigos los puestos de guardia, que se encontraba sobre un alero inferior. [11] En primer lugar avanzaron por lugares ásperos, obstaculizados no por otra cosa que por la vía. Después, cuando llegaron a la distancia de disparo, se lanzo sobre ellos una enorme cantidad de armas de todo tipo; [12] por contra, ordena que utilicen como armas arrojadizas las piedra que se encuentran en cualquier parte del camino, y que haga esto no sólo el soldado sino también la multitud de siervos de carga mezclados con los soldados. [13] pero, aunque el ascenso era difícil, y casi eran repelidos hacia abajo por los dardos y las piedras, sin embargo de ánimo y por la costumbre de escalar muros, consiguieron subir. [14] Tan pronto como éstos tomaron algún terreno parejo, y pudieron pisar suelo firme y seguro, se burló a la infantería ligera protegida con un espacio intermedio, en un combate a base de disparos con piedras, incitándolos a una lucha de soldados cuerpo a cuerpo; los hicieron abandonar el lugar y causando una gran matanza, los obligaron a retroceder hasta la línea de batalla situada en una colina más elevada. [15] Entonces Escipión divide con Lelio las restantes tropas después de ordenar a los vencedores avanzar contra el centro del grueso del combate y ordena que él dé un rodeo por la parte derecha de la colina hasta que encuentre una vía de acceso más suave: él mismo por la parte izquierda, dando un pequeño rodeo, corta el paso a los enemigos que se le cruzan. [16] Por esto, al principio, se dislocó el combate mientras pretendían dirigir las alas del ejército contra el griterío que les rodeaba por todas partes y romper el orden de combate. [17] Lelio, a pesar el griterío, cumplió con esto, y mientras hacen retroceder a la infantería para que no sean atacados por la espalda, pues la vanguardia se encontraba un poco debilitada, se abrió un espacio para andar por medio del terreno. [18] Éstos nunca habrían podido escapar por un lugar tan desigual estando las filas intactas y los elefantes colocados delante de sus enseñas. [Como se produjeran muertes por uno y otro lado, Escipión, que se había dirigido del ala izquierda a la derecha, peleaba en un lado muy desguarnecido de enemigos. [20] Y ya ni siquiera se abría una brecha para la huida, pues los puestos de guardia por ambos lados, por la derecha y por la izquierda se habían situado sobre las vías ocupándolas y la puerta del campamento estaba taponada por la huida del general y de los príncipes, incrementada por el miedo de los elefantes a los que los enemigos tenían incluso asustados. Murieron aproximadamente ocho mil hombres.

Livio, 27,19, 1-12. [1] Asdrúbal, ya antes de que emprendieran el combate, perdido su dinero y enviados por delante los elefantes, habiendo reunido de la huida el mayor número que pudo, a través del río Tajo se dirigió hacia los Pirineos. [2] Escipión, habiéndose apoderado del campamento de los enemigos, tras dar a sus soldados todo el botín, salvo los hombre libres, para pasar revista a los cautivos en número de diez mil infantes, encontró a dos mil jinetes. De entre éstos, mandó a sus casas a todos los hispanos sin rescate, y ordenó que el cuestor pusiera en venta a los africanos. [3] A continuación, la diluida multitud de hispanos, anteriormente en propiedad de los rendidos, y el día precedente de los cautivos, llamó a él rey con gran aclamación. [4] Entonces Escipión, mandando silencio por medio de un heraldo, dijo que el nombre de general supremo le correspondía a él, con el que le solían nombrar sus soldados; pero el gran nombre real, considerado por algunos, no se aceptaba en Roma en absoluto. [5] En silencio pensarían que la opinión con respecto a él sería considerada como real, si lo pensaron como lo mejor dentro del ingenio de los hombres. Por ello se abstendrían del incorrecto uso del término. [6] Los bárbaros se percataron de su grandeza de espíritu, de cuyo nombre otros hombres se admirarían ante el desprecio de tan alto rango. [7] Se realizaron donaciones a los reyezuelos y príncipes hispanos, y de la gran cantidad de caballos capturados, ordenó que Indíbil eligiera los trescientos que quisiera. [8] Cuando por orden del general el cuestor comenzara a vender a los africanos, al enterarse de que un joven de forma excepcional se encontraba entre ellos, y que era de carácter real, lo envió ante Escipión. [9]Como Escipíón le preguntara a éste quién era, cuál era su naturaleza y por qué se encontraba en el ejército a aquella edad, dijo que era númida y que sus paisanos le llamaban Masiva: tras haber quedado huérfano de padre, había estado en casa de su abuelo materno Gala, rey de los númidas, y que, sacado juntamente con su abuelo Masinisa, quien hacía poco tiempo había venido con la caballería en ayuda de los cartagineses, había pasado a Hispania. [10] Y que a causa de su edad le había sido prohibido por Masinisa que tomara parte en ninguna guerra;; y que allí, tras habérsele desbocado el caballo en una pendiente, había caído en manos de los romanos. [11] Escipión, tras haber ordenado que el númida fuera protegido, cumplió con las órdenes que se debían cumplimentar por el tribunal; desde aquí, tras dirigirse al pretorio, habiéndolo llamado a su presencia, le preguntó si quería o no regresar con Masinisa. [12] Como quiera que, después de llorar de alegría, dijera que quería marcharse, entonces entregó al joven un anillo de oro, un manto hispano, una fíbula de oro y un caballo enjaezado hasta donde quisiera con caballería.

COMENTARIO

El encuentro bélico entre romanos y cartagineses en Baecula tuvo un resultado calamitoso para los segundos. La estrategia de Asdrúbal tuvo un resultado muy negativo para sus intenciones. Visto lo cual, se marcho hacia el norte camino de los Pirineos. Escipión continúa ganándose la simpatía y el apoyo de los hispanos. Y planea también atraerse la atención del rey Masinisa en el norte de África, devolviéndole a su nieto que se encontraba entre los cautivos de la batalla contra los cartagineses.

Livio, 27.20, 1-8. [1] Se deliberó también sobre la marcha de la guerra. Algunos autores dicen que al instante sale en persecución de Asdrúbal, [2] pensado que era dudoso que Magón y el otro Asdrúbal juntaran las tropas con él; enviada una guarnición que tan sólo se situara en los Pirineos, él se dedicó el resto del verano a recibir como leales a los pueblos de Hispania. [3] Pocos días después de la batalla de Baecula, cuando Escipión al volver a Tarragona pasase por el desfiladero de Cástulo, Asdrúbal Gisgón y Magón, vinieron ante Asdrúbal desde la Hispania ulterior, ayuda tardía después de desastre recibido, con el proyecto de seguir el resto de las operaciones de una guerra no poco desfavorable. [4] Informándose allí sobre cuál era el estado de ánimo entre los hispanos en la región de cada provincia, sólo Asdrúbal Gisgón pensaba que las costas últimas de Hispania que miran hacia el Océano y Gades, todavía no estaban al corriente sobre la presencia romana y que por ello permanecía fiel a los cartagineses. [5] entre el otro Asdrúbal y Magón era claro que los ánimos de todos habían sido ganados públicamente y privadamente por los favores de Escipión y que no se pondría fin a las deserciones hasta que todos los soldados hispanos fuesen transportados a los confines de Hispania y llevados a la Galia.[6] Así, pues, aunque el Senado cartaginés no tomara una determinación, sin embargo Asdrúbal tendría que marcharse a Italia donde el peso de la guerra y la situación bélica más importante se encontraba, y al miso tiempo, con el fin de apartar a todos los soldados hispanos de Hispania, lejos del nombre de Escipión. [7] Su ejército, menguado ya por las deserciones ya por los desastres recibidos, lo completaba con soldados hispanos, e hizo pasar al propio Magón, una vez entregado su ejército a Asdrúbal Gisgón, a las Baleares con gran cantidad de dinero y regalos para transportar las tropas auxiliares. [8] Asdrúbal Gisgón machó hacia el interior de Lusitania con su ejército y no quiso entrar en combate con los romanos. Tres mil jinetes completaron la fuerza que componía el ejército de Masinisa. Y éste, transitando por la Hispania citerior, llevaba ayuda a sus aliados y saqueaba las ciudades y los campos de sus enemigos. Una vez acordados estos presupuestos, los generales partieron para dar cumplimiento a lo establecido. En aquel año esto fue lo que ocurrió en Hispania.

Año -207.

Livio, 28,1,1-9. [1] Con el paso de Asdrúbal a Italia, tanto parecía que había disminuido la guerra aquí, como se había aliviado la situación en Hispania; pero volvió a empezar allí de repente una lucha similar a la anterior. [2] Los romanos y cartagineses ocupaban los siguientes territorios en aquellas circunstancias: Asdrúbal Gisgón se había situado en la parte del [3] Océano y en Gades; las costas de nuestro mar y casi toda la Hispania oriental estaban en poder de Escipión y del dominio romano. [4] Un nuevo general, Hannón, atravesó el Estrecho desde África con nuevo ejército, para sustituir a Asdrúbal Barca. Unido a Magón, en breve tiempo puso en pie de guerra en la Celtiberia, región situada entre dos mares, un gran número de hombres. [5] Escipión mandó contra él a Marco Silano con mas de diez mil infantes y quinientos jinetes. [6] Silano, a marchas forzadas, le obstaculizaban las asperezas del terreno y las estrecheces de los frecuentes desfiladeros, como es muy frecuente en la mayor parte de Espania- a pesar de todo tras enviar no sólo mensajeros, sino incluso la noticia de su llegada, valiéndose por ello de los jefes desertores, llegó desde la Celtiberia hasta el enemigo. [7] Valiéndose de estos mismos elementos, descubrió estando a diez millas de distancia del enemigo, que había dos campamentos junto al camino por donde iban a pasar; en la parte izquierda había un ejército nuevo con más de nueve mil hombres y a la derecha se encontraba el campamento púnico; [8] Este campamento se encontraba debidamente protegidos y seguro, con puestos de guardia y guarniciones militares; el otro se encontraba muy desguarnecido y descuidado, como era natural en los bárbaros y novatos, y no tenían miedo al no encontrarse en su patria. [9] Silano, pensando que este debía ser el primero en ser atacado, ordenó que se llevaran las banderas lo más posible hacia la izquierda y que de esta forma fueran vistos por los puestos de vigilancia de los púnicos; él mismo, enviando por delante espías avanza hacia el enemigo con su ejército en movimiento.

Libio, 28,2,1-16. [1] Estaban a tres millas cuando todavía no se habían percatado ninguno de los enemigos. Los lugares eran muy quebrados y las colinas se encontraban cubiertas de matorral. [2] Allí, en un ondulado valle y por este detalle resguardado, ordena que se sitúen los soldados y que coman. Mientras tanto los espías llegaron comunicando las palabras de los desertores; [3] entonces, dejando los romanos los bagajes por medio, toman las armas y en línea de combate marchan a la lucha. Se encontraban a mil pasos de distancia cuando fueron vistos por los enemigos y de pronto comenzaron a temblar; y Magón, espoleando su caballo sale del campamento al primer grito y tumulto. [4] Había en el ejército de los celtiberos cuatro mil soldados con escudos y doscientos jinetes. Sitúa a esta legión completa -y ello constituía casi toda su fuerza- en primera línea de combate; a los restantes que estaban armados a la ligera los puso de apoyo. [5] Tras haberlos sacado del campamento en formación, al instando los romanos lanzaron sus armas atravesando la empalizada. [6] Se parapetan los hispanos para defenderse contra las armas que se les vienen encima lanzadas por el enemigo y, a continuación, se levantan para replicarles lanzando las suyas; como es habitual,habiendo rechazado los romanos tales disparos con sus escudos, conjuntados unos contra otros; entonces, avanzando pie con pie, comenzó el combate espadas en manos. [7] Por lo demás, la aspereza de los lugares hacía inútil la rapidez de los celtiberos con la que acostumbraban a enfrentarse en los combates, cosa que no era igual para los romanos, acostumbrados a un combate en tierra firme, [8] a no ser que las estrechuras y los matorrales que obstaculizaban, trastornaran las filas y se vieran obligados a combatir de uno a uno y de dos en dos, con sus adversarios. [9] Esto era un obstáculo para la huida del enemigo, cosa que los presentaba como dirigidos hacia la muerte, [10] y una vez muertos todos los escudados celtiberos, la infantería ligera y los cartagineses, que había venido en ayuda desde otro campamento, caían abatidos. [11] No mas de dos mil infantes y toda la caballería, apenas iniciado el combate, escaparon con Magón. Hannón y el otro general, con aquellos que habían llegado los últimos al destrozado combate, son capturados vivos. [12] Casi toda la caballería y el resto de la antigua, siguiendo a Magón en su huida, al décimo día, llegaron a la provincia gaditana ante Asdrúbal: los celtiberos, soldados novatos, dispersados hacia los bosques cercanos de allí, regresaron a sus casas. [13] Esta oportuna victoria no había puesto fin a una guerra ya avanzada, ya que era pábulo de guerra futura, si aquellos hubiesen querido llamar a las armas a otros pueblos, proclamando para ello a las tribus celtiberas. [14]. Así, pues, habiendo elogiado debidamente a Silano, Escipión, con la esperanza de guerrear, si no se detuviera sin vacilar, se dirigió contra aquel resto de guerra que quedaba en la última región hispana, contra Asdrúbal. [15] El cartaginés, habiendo montado casualmente el campamento en la bética para mantener los ánimos de los aliados en la lealtad, levantadas repentinamente las banderas con la idea de huir más que de emprender el viaje, se dirige a Gades y a la parte costera del Océano. [16] Por lo demás, mientras retenía al ejército, pensando que él estaba preparado para el combate, antes que desde Gades atravesara el Estrecho, dividió a todo el ejército por todas las ciudades para que ellos mismos con muros y con armas se defendieran.

COMENTARIO

Se acerca el momento supremo de la derrota definitiva de los cartagineses en Hispania. En Baecula se dio un paso decisivo para demostrar que las fuerzas romanas estaban más preparadas para el combate de las cartagineses. El romano era un elemento bien informado y seguro de cómo se debe combatir a un enemigos que da señales de debilidad e inseguridad para el combate. El cartaginés es un elemento mercenario y apátrida. Lucha por ser mercenario y percibir un premio y no un éxito de su patria. Cada vez se ven más arrinconados en la zona suroeste de Hispania, y con las miras puestas en que se les acercaba el momento de, o desertar los que son hispanos, o escapar hacia el norte de África.

Livio, 28,3,1-16. [1] Cuando Escipión se dio cuenta de que la guerra se había detenido por todas partes y que era de un trabajo muy largo más que grande al llevar las armas a cada una de las ciudades, dio marcha atrás. [2] Para no dejar en manos del enemigo aquella región, envía a Lucio Escipión, su hermano, con diez mil infantes y mil jinetes para tomar la rica ciudad, en aquellos lugares, a la que los bárbaros llaman Orongis. [Está emplazada en el territorio de los Maesos, tribu de Hispania, campo fértil; sus habitantes extraen incluso plata. Asdrúbal había poseído aquella ciudadela para realizar salidas a los pueblos del interior de estas tierras. [4] Escipión, emplazado el campamento cerca de la ciudad, antes de que levantara una empalizada en torno a la misma, envió gentes hasta las puertas para que de cerca probaran los ánimos mediante el diálogo y les persuadieron para que aceptaran mejor la amistad de los romanos que la violencia de las armas. [5] Cuando se respondió que nada se había apaciguado tras rodear la ciudad con una doble empalizada, divide al ejército en tres partes, con el fin de que una estuviera descansada y dispuesta de refresco y las otras dos combatiendo. [6] Cuando la primera parte comenzó a combatir, se inició una lucha encarnizada y dudosa; no era fácil escalar y arrimar la escalera a los muros a causa de las flechas que caían sobre ellos. [7] Incluso quienes había arrimado las escaleras contra los muros, unos caían rechazados con horcas fabricadas a propósito, contra otros desde arriba eran lanzados ganchos de hierro de forma que se creara una situación de peligro si colgados sobre el muro no eran rechazados. [8] Cuando Escipión se dio cuenta de esto, que la lucha se encontraba igualada con un corto número de los suyos y de que ya superaba al enemigo, puesto que se luchaba desde la muralla, comenzó a atacar a la vez desde dos partes de la ciudad, una vez conquistada la primera. [9] Esta acción causó tan gran terror a los que estaban combatiendo con los de vanguardia, que se encontraban agotados, que los ciudadanos en repentina escapada abandonaron el combate desertando, y la guarnición púnica, por miedo a que la ciudad se rindiera, y se coaligaran todos a una, una vez abandonados los puestos de vigilancia. [10] A causa de esto invadió a los ciudadanos el temor de que, si el enemigo entraba en la ciudad, tanto los cartagineses como los hispanos que salieran al paso de los enemigos, fuesen asesinados indiscriminadamente. [11] Así, pues, abierta de repente la puerta, en tropel se escaparon de la ciudad, manteniendo los escudos por delante para que las armas arrojadizas no les dieran de frente, mostrando las diestras desnudas para dar la impresión de que habían dejado sus espadas. [12] Como quiera que aquello pareciera poco claro a causa de la distancia, o estuviese dudoso o se sospechara fuera un engaño, no se supo aclarar; tras haber realizado un avance hostil contra los transfugas, murieron tantos como en el combate perdido. [13] Por las mismas puertas se introdujeron las hostiles enseñas de la ciudad. Por otras partes eran muertos con segures y picos, y las puertas eran golpeadas, y cualquier jinete que entraba para ocupar el foro se precipitaba con el caballo al galope, -así se había ordenado-.[14] Se había sumado también una guarnición de triarios a la caballería; los legionarios invaden las tres partes restantes de la ciudad. Evitaron la muerte de quienes les salían al encuentro y el saqueo, a no ser que alguno se defendiera con los armas. [15] Todos los cartagineses se entregaron para ser vigilados y también casi trescientos ciudadanos que habían cerrado las puertas; la ciudad fue entregada a los restantes y sus bienes les fueron devueltos. [16] Cayeron muertos casi dos mil enemigos en el asalto de la ciudad; entre los romanos no murieron más de noventa.

COMENTARIO

La ciudad de Aurgi (Orongis) al final cae en manos de los romanos con la misma facilidad que antes habían derrotados a los cartagineses en Baecula. El final de Ilipa se acerca e, incluso, las fuerzas mercenarias se dividen porque ven que no tienen salida por ninguna parte. La superioridad de Escipión, tanto anímica como militar se hace patente y eso infunde terror a sus enemigos.

Livio, 28,4, 1-4. [1] El asalto tuvo éxito, incluso para aquellos que llevaron el peso de la toma de la ciudad, para el general y para el ejército; los que llevaban delante de sí a la enorme cantidad de cautivos, hicieron vistosa su entrada. [2] Escipión habiendo elogiado a su hermano, lo hizo con tal honra de palabra que le dio a entender que la ciudad de Orongis (Jaen, Auringis>Orongis) tomada por él, había igualado a la que él en persona había capturado: Cartago Nova, [3] y porque se avecinaba el invierno y no pudiera intentar la toma de Gades ni perseguir al ejército disperso de Asdrúbal, por todas partes de la provincia, se llevó todas sus tropas hacia Hispania citerior. [4] Enviada las legiones al campamento de invierno y Lucio Escipión a Roma, y quedando Hannón como jefe de los enemigos, y los restantes nobles como cautivos, él se dirigió a Tarragona.

Livio, 28,12,10-15. [10] En Hispania, en cierto modo, la situación era favorable, pero, por otra, era muy al contrario; la una, porque los cartagineses vencidos en la batalla, con la pérdida de su capitán, habían sido arrinconados hacia la costa extrema de Hispania hasta el Océano; [11] la otra, muy dispar, porque Hispania no era como Italia, sino como ninguna otra parte de las tierras, propicia para reponerse con la guerra, gracias al ingenio de los hombres y al terreno. [12] En consecuencia, fue la primera de las provincias iniciadas por los romanos, aunque son todas del continente, pero fue la última de todas en ser dominada bajo la mano y auspicio de César Augusto. [13] Por entonces, allí Asdrúbal Gisgón el general de mayor grado y fama entre los Bárquidas, tras regresar de Gades con las esperanzas de reemprender la guerra, con la ayuda de Magón hijo de Amílcar, tras haber hecho levas en la Hispania ulterior, con un número aproximado de cincuenta mil infantes, armó cuatro mil quinientos jinetes. [14] Sobre las fuerzas ecuestres, el resto de los autores casi están de acuerdo: algunos afirman que fueron enviados hacia la ciudad de Silpia en número de sesenta mil infantes. [15] Allí, dos generales cartagineses se asentaron en llanuras abiertas con la idea de que no rehusaran el combate.

Livio, 28,13, 1-10. [1] Escipión, llegado el rumor de que se había preparado un ejército tan grande, pensando que con sus legiones romanas no se podía igualar a aquella multitud, de forma que no pudiera ni en apariencia hacer frente a unas tropas auxiliares de bárbaros, [2] y que tampoco se debía confiar tan gran fuerza en ellos para que, cambiando de opinión, hecho que fue la causa de la perdición de su padre y de su tío, ofrecieran una gran ocasión, tras haber enviado a Culcas Silano, quien estaba al frente de veintiocho ciudades, [3] para que cogiera a los jinetes e infantes de aquel, a quienes había prometido que él reclutaría durante el invierno. [4] Él, Saliendo de Tarragona y tras haber reunido una mediana cantidad de tropas auxiliares de entre los aliados que habitan a través de la vía, llegó a Cástulo. [5] Llevadas las tropas allí por Silano fueron en número de quinientos infantes y jinetes. Desde allí se avanzó hasta la ciudad de Baecula con todo el ejército de ciudadanos, aliados, infantes y jinetes, con un total de cuarenta y cinco mil. [6] Magón y Masinisa lo atacaron con toda la caballería cuando estaban montando el campamento y los que levantaban las fortificaciones se habrían desparramado si no hubiera sido por unos jinetes apostados adrede detrás de una colina por el propio Escipión, por si ocurría precisamente esto, saliesen al encuentro de improviso contra los desparramados. [7] Aquellos, apenas iniciado el combate derribaron al que se encontraba a mano, a los cercanos a la empalizada y, en primer lugar, se realizó en combate contra los fortificadores; con los restantes que habían avanzado bajo las enseñas y en orden de combate, la lucha fue bastante más larga y dudosa. [8] Pero, como quiera que salieran de sus puestos las cohortes debidamente preparadas a continuación fuesen retirados de las obras de fortificación los soldados y muchos hasta obligados a tomar las armas y de refresco atacaran a otras que se encontraban agotadas y se lanzaran al combate desde el campamento el grueso del ejército armado, tanto cartagineses como los númidas vuelven ciertamente las espaldas. [9] Primeramente acometían contra las formaciones de compañías, en nada perturbadas las filas a causa del temor y la precipitación; en segundo lugar, cuando los romanos atacaron duramente contra los últimos y no podían soportar el ataque, olvidándose totalmente de las filas, cada uno busca escaparse por donde puede y le viene más cerca. [10] y aunque con aquel combate, por una parte los ánimos de los romanos se habían crecido un poco y el de los enemigos había decaído, sin embargo, durante algunos días que siguieron, no pasaron las escaramuzas provocadas por las salidas de la caballería ligera.

Livio, 28, 14, 1-20. [1] Cuando fueron sometidas a prueba las respectivas fuerzas por medio de estas escaramuzas, Asdrúbal fue el primero en sacar a línea combate a sus tropas. A continuación los romanos hicieron otro tanto. [2] Pero tanto uno como otro ejército se detuvo en formación frente a la empalizada, y no atreviéndose ninguno a ser el primero en entablar combate, estando ya el día a punto de caer, los cartagineses fueron los primeros en hacer regresar el ejército al campamento; a continuación, los romanos. [3] Esto mismo se hizo durante algunos días. el cartaginés era el primero en sacar las tropas del campamento; también era el primero en dar la señal de retirada a causa del cansancio provocado por la permanencia en pie de los soldados: ni uno ni otro bando se atrevía a avanzar, ni a disparar ni a dar ninguna voz. [4] De un bando, los romanos ocupaban la mitad del frente; de otro, los cartagineses, mezclados con los africanos. Los aliados ocupaban las alas -los bandos tenían hispanos en sus filas -; delante de las alas, al frente de la línea de combate púnica, los elefantes, de lejos, daban la impresión de ser castillos. [5] Ya comenzaban las arengas en uno y otro bando de tal forma que en línea de combate estaban en posición de combate; ocupaban el centro de la línea de combate el romano y el cartaginés, entre quienes se daba un motivo de guerra, dispuestos a combatir con igualdad de fuerzas y de ánimo. [6] Cuando Escipión se dio cuenta de que se confiaba obstinadamente en esto,cambió todo el plan intencionadamente para la fecha en que se había decidido entablar combate. [7] Por la tarde, a través del campamento se dio la orden de que antes del amanecer, tanto hombres como caballeros estuviesen curados y comidos, y de que los jinetes tuviesen los caballos descubiertos y con sus bocados puestos. [8] Apenas hubo suficiente luz, lanzó toda la caballería con la infantería ligera contra los puestos de guardia púnicos; [9] a continuación, sin dilación, él mismo avanza con el grueso armado de las legiones, una vez robustecidas las alas con soldados romanos en contra de lo que pensaban los suyos y los propios enemigos y colocados los aliados en medio de la línea de combate. [10] Asdrúbal, nervioso por el clamor de los jinetes, hasta el punto de que saltó desde su tienda y vio la revuelta ante la empalizada, el miedo de los propios soldados y las enseñas de las legiones resplandecientes y la llanura repleta de enemigos. Al instante envía a toda la caballería contra los jinetes; [11] el mismo con el ejército de infantería sale del campamento y en alineamiento de combate no cambia nada del orden tradicional. [12] Ya hacía rato que el combate de jinetes era dudoso y por sí mismo no se podía juzgar, porque a los que eran rechazados, se les daba refugio en el frente de la infantería, cosa que ocurría casi alternativamente; [13] pero cuando los frentes se encontraban a no más de quinientos pasos, dada la señal de retirada, Escipión, abiertas las líneas de la caballería, coloca a toda la infantería ligera en medio, cogida y dividida en dos partes en la retaguardia detrás de las alas. [14] A partir de este momento, cuando llegó la hora de iniciar el combate, ordena que los hispanos avancen con paso apretado -era la mitad de la línea de combate -; [15] él mismo, desde el ala derecha -al frente de la cual se encontraba- envía un mensajero a Silano y Marcio para que dirigieran el ala hacia la parte izquierda según viesen que él de dirigía a la derecha. [16] y que entablaran combate con la parte bien armada de la infantería y caballería antes de que el centro del combate pudiese reunirse entre sí. [17] De esta forma, extendidas las alas con tres cohortes de infantes y tres escuadrones de caballería, soldados armados a la ligera para este fin, se dirigían contra el enemigo a gran velocidad, siguiendo las alas en sentido oblicuo; [18] en el centro había un embolsamiento por donde las enseñas de los hispanos avanzaban bastante lentamente. [19] Y ya habían entrado en combate las alas con el grueso de la fuerza enemiga de vanguardia. Los cartagineses veteranos y los africanos aún no se había puesto a tiro, ni tampoco hasta las alas para ayudar a los que combatían y se atrevieran a correr de un lado para otro con el fin de que no quedara a descubierto el centro del combate para cualquier enemigo que viniera de frente. [20] Las alas eran estrechadas por dos frentes; la caballería, la infantería ligera, los vélites corrían hacia los lados una vez rodeadas las alas: las cohortes atacaban de frente para romper las alas desde otra línea de batalla;

Livio, 28,15, 1-16. [1] y como quiera que por parte de ambos lados la lucha era desigual, esto fue motivado porque se había presentado contra el soldado latino y romano una multitud de baleáricos y soldados inexpertos hispanos. [2] Y cayendo ya la luz del día, las fuerzas del ejército de Asdrúbal comenzaron a fallar, al salir apresuradamente al combate agobiados por el tumulto de la mañana y forzados a ello antes de que pudieran tomar fuerzas comiendo; [3] y precisamente con este fin Escipión había alargado el tiempo cuidadosamente para prolongar el combate hasta bien tarde, pues finalmente a final de la hora séptima las enseñas de infantería atacaron contra las alas; [4] en medio de la batalla la lucha se hizo un tanto más lenta, de manera que el calor del sol de mediodía, el sufrimiento de estar de pie bajo las armas y al mismo tiempo el hambre y la sed debilitaron los cuerpos antes de que se entrara en combate con el enemigo. [5] De esta forma se mantuvieron de pie apoyados sobre los escudos. Y demás de esto, los elefantes, asustados por este tumultuoso tipo de combate de jinetes, de vélites y de infantería ligera, se habían metido en medio del combate desde las alas. [6] Cansados en su cuerpos y en sus ánimos dieron marcha atrás; sin embargo mantuvieron el orden de sus filas como si el frente en su totalidad se retirara a la orden de un general. [7] Pero atacando por todas partes por esta razón mucho más duramente, cuando los vencedores se dieron cuenta de la situación se inclinaba a su favor y que fácilmente no se podía soportar aquel ataque, [8] Asdrúbal, aunque trataba de retener insistentemente a los que cedían, diciendo a voces que por la espalda había colinas y un lugar seguro si serenamente se refugiaban, [9] sin embargo, como el miedo venciera toda clase de respeto, abandonando cada uno por su arte al enemigo, volviendo rápidamente la espalda, todos se desparramaron en la huida. [10] En primer lugar comenzaron a situar las enseñas al pie de las colinas y a llamar a orden militar a los soldados, dudando los romanos levantar un frente de combate en la colina opuesta; después, cuando vieron que las enseñas avanzaban valerosamente, asustados, se ven obligados a refugiarse en el campamento, iniciada de nuevo la huida. [11] El romano se encontraba cerca de la empalizada; hubiese tomado el campamento con tan fuerte ataque si no hubiera sido porque, a causa del fuerte sol cual suele brillar entre las nubes cargadas de humedad, hubiera caído el agua con gran violencia que apenas los vencedores habrían podido retirarse a su campamento, e incluso de algunos se apoderó el escrúpulo de no intentar ninguna otra cosa en aquel día. [12] Los cartagineses, aunque la noche y la lluvia los forzaba al descanso obligado, cansados por el sufrimiento y las heridas, [13] sin embargo, porque el miedo y el peligro no ofrecían ocasión de parar para los que estaban dispuestos a asaltar el campamento al amanecer, una vez reunidas por todas partes alrededor piedras de los valles cercanos, refuerzan la empalizada con cuya defensa intentarían defenderse cuando ya no existiera medio de defenderse con las armas. [14] Pero la deserción de los aliados hizo que la huida pareciera más segura que el quedarse. El comienzo de la deserción tuvo, lugar por parte del régulo Atteno, de los turdetanos. [15] Éste desertó con gran cantidad de tropas de conciudadanos; a causa de esto, dos fortificadas ciudades con guarniciones fueron entregadas por los prefectos al romano; [16]y para que el hecho no se extendiera más a los ánimos inclinados a la deserción, con el silencio del principio de la noche, Asdrúbal levanta el campamento.

Livio, 28,16, 1-14. [1] Escipión, cuando al amanecer los soldados que estaban de guardia le informaron de que los enemigos se habían marchado, ordena que se lleven las enseñas al frente de la caballería que iría por delante, [2] y por ello, con el ejército en movimiento, de forma que fueran llevados adelante, con la condición de que las huellas les guiaran directamente hacia los huidos: los generales creyeron que existía un camino más corto hacia el río Betis, de forma que pudieran atacar a los que intentaran atravesarlo, sin duda los perseguirían. [3] Asdrúbal, cerrado el paso del río, se dirige al Océano y se retira de forma dispersa como si fueran fugitivos. De esta forma se distanciaron de las legiones romanas. [4]La caballería ligera, bien por la espalda, bien por los flancos, no dejaba de inquietarlos saliéndoles al encuentro y haciendo paradas. [5] Pero, habiéndose detenido la vanguardia ante los frecuentes choques y a causa de que entablaran escaramuzas el ejército ecuestre con vélites y con tropas auxiliares de infantería, se sumaron las legiones. [6] A partir de entonces, no era ya un combate sino una matanza, como si se tratara de ganado, hasta que el propio general instigador a la huida, escapó hacia las colinas cercanas con casi seis mil soldados semidesarmados. Lo restantes o fueron hechos prisioneros o muertos. [7] Los cartagineses fortificaron y defendieron a aquella multitud desordenada por la precipitación en una colina defendida de forma natural; y por eso, como el enemigo intentara inútilmente atacar por la empinada pendiente, no sin dificultad se pudieron defender, [8] Pero el asedio practicado en un pasaje desnudo y pobre, difícilmente era soportable durante algunos días; por ello se producían deserciones hacia el enemigo. Finalmente el propio general, tras haber hecho venir las naves, – pues no estaban lejos de allí – huyó de noche tras dejar el ejército abandonado. [9] Escipión, enterado de la huida del jefe de los enemigos, dejó a Silano diez mil infantes y mil jinetes para el asedio del campamento. [10] Él mismo, con las restantes tropas, en sesenta jornadas, con el fin de conocer más seriamente las causas de los reyezuelos y de las ciudades, y con el propósito de dar premio al verdadero valor de los méritos, se dirigió a Tarragona. [11] Habiéndose reunido Masinisa a escondidas con Silano tras su marcha, para tener a su propio pueblo obediente a nuevos consejos, pasó a África con unos pocos conciudadanos. [12] Algún motivo fuerte y digno de aprobación debió moverle a un cambio tan súbito, no porque en este tiempo apareciese alguna causa evidente, sino por su fidelidad mantenida muy firme hasta su vejez, sirviendo de prueba para ello. [13] También Magón, con las naves que regresaron enviadas por Asdrúbal, se dirigió a Gades, Los demás, abandonados por los jefes, unos pasándose a los romanos, otros huyendo, se dispersaron por las ciudades próximas. No quedó ninguna fuerza de número ni tropa considerable. [14] Fue así como bajo las órdenes de Publio Escipión fueron expulsados los cartagineses de Hispania a los trece años de empezar la guerra, y a los cuatro de haber Publio Escipión recibido la provincia y el ejército.

COMENTARIO

Esta batalla (Alalia, -206), con todas sus características, pone de manifiesto que las fuerzas cartaginesas se vieron abandonadas oir su general. Su ejército quedo completamente a la deriva. Huyeron, se entregaron o murieron.

Livio, 28,19,1-18. [1] Aunque las Hispanias se habían quedado al margen de las guerras púnicas, de algunos pueblos podía verse claramente que, si se mantenían en paz, era más por el miedo, sabedores como eran de su culpabilidad, que por fidelidad. Entre ellos los más destacados por su fuerza y por los agravios, eran Iliturgis (Andújar) y Cástulo (Cazlona) . [2] Los habitantes de Cástulo fueron aliados en los momentos de prosperidad, pero cuando murieran los Escipiones con sus respectivos ejércitos, se pasaron a los cartagineses. Los iliturgitanos entregaron y degollaron a los fugitivos de aquel desastre, añadiendo así a la defección un crimen. [3] El castigo de estos pueblos cuando llegó Escipión, y en los momentos en que la situación política de Hispania era dudosa, habría sido más merecido que útil. [4] Pero ahora que había llegado la paz, parecía haber llegado el momento de aplicar las debidas represalias. Así, mandó venir de Tarragona a Lucio Marcio y lo envió a poner cerco a Cástulo con una tercera parte del ejército. Él, por su parte, llegó en cinco jornadas con su ejército a Iliturgis. [5] Sus puertas estaban cerradas y todo estaba preparado par iniciar el asedio y asalto. Hasta ese punto existía la conciencia de que ellos se sabían merecedores por la guerra no declarada contra ellos. [6] Por esto, Escipión comenzó a exhortar a sus soldados: los hispanos, al cerrar sus puertas, habían declarado su temor. De esta forma se tenía que emprender una guerra contra ellos con unos ánimos muchos más débiles hacia ellos que contra los cartagineses. [7] Porque contra ellos (los cartagineses) se luchaba sin rabia por conseguir la gloria y el poder; pero a éstos (los hispanos) había que pedir cuenta de su perfidia y crímenes. [8] Había llegado la hora de que se pagara la nefanda muerte de sus camaradas y del engaño montado contra ellos mismos si de la misma manera se dieran a la fuga dispersándose, y que, para que de aquí en adelante castigaran con duro ejemplo de forma que nadie nunca jamás causara grave ultraje a un ciudadano romano o soldado desafortunado por alguna desgracia. [9] Incitados por las palabras de su general se distribuyen las escalas entre los soldados previamente seleccionados, tras dividir el ejército de forma que el legado Lelio estuviese al frente de una parte. Por dos lugares a la vez atacaron la ciudad, llenándola de terror e indecisión. [10] No solamente el general o la mayoría de los cabecillas exhortan a que se defienda valientemente la ciudad, sino el propio miedo de cada uno, nacido de su conciencia de culpabilidad. [11] Recordaban y se aconsejaban mutuamente que buscaran una muerte y no la victoria por sí misma: cuando alguien afrontara la muerte se recordaría tanto si, en la lucha y en la línea de combate, cuando Marte común a menudo encubra al vencido y denigre al vencedor, [12] como después del incendio y destrucción de la ciudad, murieran tras haber sufrido las mas afrentadas indignidades entre cadenas y azotes ante la mirada de las esposas cautivas y los hijos. [13] Así, no sólo la fuerza de la edad militar sino también las mujeres y niños añaden su fuerza física y psíquica, proporcionan armas a los combatientes y llevan piedras a los que defienden muros fortificándolos. [14] No se trataba sólo de una libertad que tan sólo fortalece los pechos de los varones, sino que tenían ante sus ojos los últimos suplicios para todos y una denigrante muerte. Los ánimos se encendían no sólo por la lucha contra el sufrimiento y riesgo, sino también por la propia mirada entre ellos. [15] Así, pues, se inició el combate con tal ardor que el famoso conquistador de la Hispania, con frecuencia rechazado por la juventud de una sola ciudad, se apartara de los muros tras un combate deshonroso. [16] Cuando Escipión se dio cuenta de esto, temiendo que el ánimo de los enemigos se creciera tras tantos intentos vanos por parte de los suyos, y sus soldados se desmoralizaran, pensando que él debía intentarlo y tomar parte en el riesgo, y reprendida la pereza de sus soldados, ordena que avancen las escalera y él mismo intenta subir si los demás sienten temor. [17] Cuando había empezado a escalar las murallas con ánimo decidido, tras levantarse un griterío o por todas partes entre los solícitos soldados en respuesta a su general, comenzaron a arribarse las escaleras por todas partes a la vez. [18] Lelio dio la orden de ataque desde otra parte. Entonces, vencida la resistencia de los defensores de la ciudad y desalojados de sus paramentos, las murallas fueron ocupadas. Incluso la ciudadela es tomada por aquella parte que parecía inexpugnable entre el tumulto.

Livio, 28, 20, 1-12. [1] Los desertores africanos que entonces estaban en las tropas auxiliares romanas, marchando los ciudadanos para defender aquellos lugares donde se veía peligro, [2] y los romanos, allí donde pudieron tener acceso, dirigieron su mirada hacia la parte más alta de la ciudad que estaba protegida por una elevada roca, sin ninguna parte de fortificación y libre de defensores. [3] Hombre delgados y preparados físicamente, llevando consigo clavos de hierro, escalan la roca a través de los salientes de la misma. [4] Si se encontraba una roca demasiado difícil y ligera, tras colocar clavos a corta distancia, habiendo hecho sus escaleras, los delanteros extendiendo las manos a los de atrás, los últimos empujando a los que iban delante, llegan a la cumbre. [5] Desde allí se lanzan corriendo con griterío hacia la ciudad ya tomada por los romanos. [6] Entonces dio la sensación de que la ciudad había sido tomada por la ira y por el odio. Nadie se acordó de que debían ser capturados vivos, nadie, estando todo abierto pensó en no saquear. Matan tanto a los armados como a los inermes, lo mismo a hombre que a mujeres. La cruel ira llegó hasta el asesinato de los niños. [7] A continuación prenden fuego a las casas y derriban lo que el fuego no puede destruir. hasta tal punto se les puso en su ánimo barrer las huellas de una ciudad y destruir la memoria de una sede de enemigos. [9] Pero la noticia de la matanza de Iliturgis precedió la llegada de Escipión, y el temor y la desesperación cundieron entre los defensores. [10] Y por causas diversas, pretendiendo cada parte velar por sí, sin pensar en la otra, primero calladas suspicacias, más tarde una discordia abierta, dividieron a los cartagineses de los hispanos. [11] Cerdubelo fue quien aconsejó abiertamente a estos últimos la rendición. Himilcón estaba al frente de los auxiliares cartagineses. -Cerdubelo entregó a los romanos por medio de un pacto secreto, a los cartagineses juntamente con la ciudad. [12] Esta victoria fue más benigna. No era tanto el agravio recibido y la rendición voluntaria había hecho más ligera la ira.

COMENTARIO

CAE ILITURGIS (Andújar). Los romanos llegar a no distinguir entre soldados, ciudadanos, mujeres y niños. Se cometen crímenes injustificables por parte del ejército. Escipión calla, por ahora.

Livio, 28,21,1-10. [1] Desde allí Marcio fue enviado a someter al imperio y obediencia de los romanos a los bárbaros que aún no estuviesen sometidos. Escipión volvió a Cartago Nova para cumplir los votos a los dioses y celebrar los juegos de gladiadores preparados con motivo de la muerte de su padre y de su tío. [2] El espectáculo de gladiadores no estuvo a cargo de hombres de aquella clase donde reclutan los lenistas a los esclavos, ni de gente de sangre venal. El trabajo de todos los luchadores fue voluntario y gratuito. [3] Pues unos fueron enviados por los reyezuelos para ejemplo del valor innato de su pueblo, [4] otros declararon espontáneamente que querían luchar en honor de su jefe; otros su espíritu de emulación y lucha los llevó a retar y a aceptar el reto. [5] Los hubo que, no pudiendo o no queriendo terminar amistosamente sus pleitos, lo decidieron por la espada, pactando entre sí que el fallo sería del vencedor. [6] Y no hombres de oscuro linaje, sino famosos e ilustres, entre ellos Corbis y Orsus, primos hermanos que luchaba entre sí por el principado de la ciudad de Ibes, se declararon dispuestos a disputárselo por el hierro.[7] Corbis era mayor que Orsus. El padre de éste había sido recientemente príncipe, tras haber recibido el poder de su hermano mayor después de su muerte, [8] Queriendo Escipión que se discutiera con palabras y tranquilizar sus iras, ambos parientes se negaron a ello y no querían tener otro juez de contienda que no fuera Marte entre dioses y hombre. [9] El mayor físicamente, el menor en la flor de su juventud, anteponiendo la muerte en combate antes de que cualquiera de ellos mandara sobre el otro, no queriendo apartarse de tan gran odio, dieron un famoso espectáculo ante el ejército y todo un documento de cuanto la ambición de poder puede significar entre los hombres. [10] El mayor, por su práctica en las armas y por su astucia, fácilmente dominó las débiles fuerzas del menor. A este espectáculo de luchadores siguieron los juegos fúnebres en pro de la abundancia de la provincia y los dispositivos castrenses.

Livio,28,22,1-15. [1] La marcha de la guerra continuaba entre tanto bajo el mando de los legados. Marcio, pasado el Betis, al que los indígenas llaman Certis, recibió sin lucha la sumisión de dos opulentas ciudades. Astapa era una ciudad que siempre había seguido el partido de Cartago. [2] Y esto no hubiera producido tanta indignación a no ser por el odio singular que, aparte de las necesidades de la guerra, mostraban contra los romanos. [3] Y no es que la ciudad fuese fuerte por su situación ni la hicieran arrogante sus defensas, pero su gusto por el bandidaje los impulsaba a hacer incursiones por los campos de los pueblos vecinos, aliados de los romanos, capturando a los soldados, sirvientes de armas y mercaderes perdidos. [4] Y hasta una caravana que, considerando poco seguro el camino, marchaba con fuerte escolta y pasaba a través de su territorio, fue envuelta en una emboscada y a favor de su poca ventajosa posición, fue pasada a cuchillo. [5] A la llegada del ejército enviado a la ciudad, los habitantes conscientes de su crímenes, no juzgando segura su sumisión a tal enemigo y desconfiando de la eficacia de las murallas y de sus armas, imaginan contra sí mismas un feroz atentado.[6] Designan un lugar en el foro, donde amontonan todo lo que en sus casa tenían de más valor. Mandan que sus esposas se sitúen entre este montón juntamente con sus hijos; levantan a su alrededor piras de leña echando en ellas haces de ramas secas. [7] Eligen después cincuenta jóvenes armados y les ordenan «que mientras fuera incierto el éxito de la lucha, fuesen guardianes de aquel lugar, de sus bienes y de las personas que eran más queridas que estas cosas. [8] Si la suerte se inclinaba contra ellos, cuando viesen la ciudad a punto de ser tomada, supiesen que todos los que hubiesen visto marchar a la lucha, morirían en ella». [9] A ellos les rogaba que los dioses de los cielos y de los infiernos que acordándose de la libertad que aquel día, debía morir o con una hermosa muerte o con una infame servidumbre, nada dejase que pudiera servir de objeto al furor de los enemigos. [10] En sus manos tenía el hierro y el fuego. Los que tuviesen que morir, muriesen por manos amigas y fieles antes que sufrir los ultrajes de la arrogancia enemiga». [11] A estas exhortaciones añadieron un terrible precaución contra el que por esperanza o cobardía se apartase de lo mandado. Inmediatamente en rápida columna se lanzan en confuso griterío por las puertas abiertas. [12] No había ningún puesto de guardia que ofreciera seguridad ni resistencia, porque nada se podía temer menos que el que se atreviera a salir por las murallas. Unos cuantos escuadrones de caballería y de soldados armados a la ligera inesperadamente salen del campamento enviados precisamente a esto. [13] El combate fue tanto más duro por su ímpetu y animosidad que ordenado. Así, la caballería rechazada, que había sido la primera en enfrentarse al enemigo, infundió terror a la infantería ligera. y se habría combatido bajo el propio foso si la fuerza de las legiones no hubiera enderezado el combate, conseguido un corto espacio de tiempo para reorganizarlo. [14] Allí se sintió pavor durante algún tiempo en torno a las enseñas, al precipitarse ciegos por la rabia y con enconada audacia a herirse y contra el hierro. Después, los soldados veteranos, constantes contra los ataques temerarios, con la muerte de los de cabeza, eliminó a los e atrás. [15] Poco después se intentó hacer avanzar a la infantería, cuando vio que nadie retrocedía, y que cada uno de forma obstinada, persistía en morir sobre sus propias huellas, abierto el frente de combate, para que la multitud de gente armada pudiese conseguir lo que faltaba por hacer, embolsando a las alas del ejército de los enemigos, los mató a todos juntamente combatiendo en círculo.

Livio, 28, 23, 1-8. [1] Estas alas del ejército, no obstante, a modo de soldados enemigos airados y que luchaban duramente, eran aniquilados aplicando el derecho de guerra contra la gente armada y que se resiste. [2] La matanza fue mucho más espeluznante en otra ciudad cuando a una multitud de mujeres y niños pacíficos, y desarmados sus propios conciudadanos los mataron y arrojaron a la mayoría de sus cuerpos medio vivos a una pira encendida y los arroyos de sangre apagaban las llamas que se encendían. Finalmente, ellos mismos, impulsados por la desgraciada muerte de los suyos, se arrojaron con sus armas en medio de las llamas. [3] Los romanos vencedores llegaron cuando la matanza estaba ya consumada y, atónitos a la vista de tan atroz espectáculo, quedaron algún tiempo inmóviles. [4] pero el oro y la plata que entre el cúmulo de otros objetos brillaban, excitaron la codicia natural del común de los hombres, y queriendo arrebatarlos del fuego, fueron unos cogidos por las llamas, otros medio quemados por el vapor ardiente al no poder retirar los primeros a causa de la enorme multitud que tenían a sus espaldas empujando. [5] Así, Astapa fue destruida por el hierro y el fuego sin dejar botín a los soldados. Marcio, sometidos por el terror de estos hechos todos los pueblos de la región, condujo a Cartago Nova, donde estaba Escipión, al ejército vencedor. [6] Por aquellos mismos días llegaron unos fugitivos de Gades ofreciendo la ciudad y la guarnición púnica que existía en la misma, y que entregarían a su general juntamente con su armada. [7] Magón se había refugiado allí después de la huida, y reagrupadas naves en el mar, había reunido por medio del prefecto algunas tropas auxiliares al otro lado del Estrecho desde las costas de África y desde los lugares próximos a Hispania. [8] habiéndose dado crédito a las palabras de los fugitivos. Marcio se dirigió hacia allá con cohortes bien dispuestas y Lelio con siete trirremes y una quinquerreme para que emprendieran la hazaña de común acuerdo por tierra y por mar.

COMENTARIO

Astapa fue aniquilada con todos sus habitantes dentro: suicidio colectivo.

Livio, 28,24, 1. [1] El propio Escipión, afectado por una grave enfermedad, más grave sin embargo, cuando la fama, siguiendo la tendencia general de los hombres en incrementar intencionadamente los rumores, añade algo a lo que se ha oído; esto perturbó a toda la provincia y principalmente a la parte más alejada. [2] Entonces se comprobó el grave peligro que habría levantado si esta desgracia hubiera sido cierta cuando un falso rumor había despertado tan grandes tempestades. Faltaron los aliados a su fidelidad y los soldados a su deber. [3] A Mandonio y a Indíbil, que ya en sus mentes se habían asignado el trono de las Hispanias para cuando fuesen expulsados los cartagineses, nada les sucedió según sus esperanzas. [4] Levantando sus pueblos (eran pues lacetanos) y excitando a la juventud de los celtiberos, devastan con ensañamiento los campos de los suesetanos y de los sedetanos, aliados del pueblo romano. [5] Otra discordia se levantó entre los romanos del campamento de Sucrón. Allí había ocho mil soldados, guarnición impuesta a aquellos pueblos que habitan al lado de acá del Ebro. [6] Las mentes de aquellos cambiaron no tan sólo por los rumores dudosos sobre la vida del general, sino incluso ya antes, a causa del desenfreno acumulado, como ocurre, a consecuencia de la inactividad diaria.

Livio, 28,25,6 [6] Se les reprochaba generalmente el no haber sido pagado en su día el estipendio, y que habiendo defendido con su valor, cuando la sublevación de Iliturgis, el nombre romano y conservado la provincia, a los iliturgitanos se les había dado la pena merecida por su culpa, pero nadie había para pagar la recompensa debida a sus méritos. [11] La sedición ya de por sí desfalleciente fue aplacada por la repentina quietud de los rebeldes hispanos. Pues Indíbil y Mandonio, cuando se dijo que vivía Escipión, volvieron a su país, abandonando su intento. [12] Y ya no había ni romano ni extranjero a quien poder asociar a su locura.

Livio, 28,30,1-12. [1] Por aquel miso tiempo Hannón, prefecto de Magón, enviado hacia el río Betis desde Gades, con pocos soldados africanos, armó aproximadamente a cuatro mil hispanos atrayéndoselos con regalos. [2] Después, despojado el campamento por Lucio Marcio y de la mayor parte de soldados, entre el tumulto del campamento capturado, perdidos incluso algunos en la huida, persiguiendo la caballería a los dispersos, él escapó con unos pocos. [3] Mientras estos hechos ocurren junto al río Betis, Lelio, entre tanto, con su armada se dirigió a Carteia, navegando desde el estrecho hacia el Océano, la ciudad se encontraba emplazada en la costa del Océano, donde se abre el mar por primera vez desde el paso estrecho. [4] Gades fue recuperada sin lucha, por traición. Como antes se ha dicho, los que vinieron al campamento romano habían tenido la esperanza de que prometieran aquello espontáneamente. Pero esta improvisada traición fue descubierta y Magón entregó todos los apresados a Adherbal, pretor, para que se los llevara a Cartago. [5] Adherbal, tras ser embarcados los traidores en una quinquerreme y enviarla por delante, porque era más lenta que las trirreme, él a corta distancia la sigue con ocho trirremes. [6] Cuando ya atravesaban el Estrecho con las quinquerremes, Lelio, en una quinquerreme desde el puerto de Carteia, persiguiendo a las siete trirremes que iban por delante, se dirige contra Adherbal y sus naves, muy confiado en que una vez capturada la quinquerreme en la corriente del Estrecho no podría navegar de un lado para otro contra un mar opuesto. [7] El cartaginés, ante una situación tan inesperada, sin saber qué hacer, dudó si seguir a la quinquerreme o dirigir su proa contra el enemigo. Esta misma duda provocó la ocasión de evitar la lucha. [8] Ya se encontraban bajo el fuego de las armas y los enemigos los acosaban por todas partes. El acaloramiento y el deseo de controlar las naves, los anulaba. No era un combate naval, ya que no se hacía nada por propio deseo, ni había conocimientos sobre la guerra naval, ni opinión alguna. [9] La propia naturaleza del mar y el ardor de toda la lucha que tenían su fuerza en las naves propias, impulsaban a los que atacaban a las naves contrarias en sentido contrario por culpa de los remeros. Se veía a la nave que huía navegando con la proa hacia atrás, impulsada por los vencedores, y a la perseguidora, como si hubiese caído en una corriente contraria de mar, retirarse huyendo. [10] Ya en la propia lucha, la nave, dirigiéndose hostilmente con su espolón contra la nave de los enemigos, ella misma, de costado, volviéndose rápidamente la envolvía por la proa. [11] Al entablarse un combate dudoso entre las trirremes, bajo el arbitraje de la suerte, la quinquerreme romana, como quiera que se gobernara más fácilmente bien por ser más consistente por su peso, bien por el mayor número de filas de remos que cortaban las aguas, hundió a dos trirremes, y empujada por esta fuerza cortó los remos de un costado de un navío. [12] A las restantes que hubiese alcanzado, las habría castigado si no hubiese sido porque Adherbal con las cinco restantes trirremes se hubiese dirigido a África.

Livio, 28, 31. 1-4. [1] Lelio regresó vencedor a Carteia, enterado de lo que había ocurrido en Gades -que había sido descubierta la conspiración y que los conjurados habían sido enviados a Cartago y que la esperanza que había supuesto, se había disipado-. [2] Enviada una delegación a Lucio Marcio, le dijeron que si quería que se regresara ante el general para malgastar el tiempo, permaneciendo en Gades. Estuvo de acuerdo Marcio y ambos regresaron tras pocos días a Cartago Nova. [3] Ante la marcha de éstos, no solamente no respiró Magón al verse agobiado tanto por tierra como por mar, sino que, incluso, al enterarse de la rebelión de los ilergetes, con la esperanza de recuperar Hispania, envió una embajada a Cartago ante el Senado, [4] para que al mismo tiempo, exagerando la sedición pública del campamento romano y a la vez la defección, exhortaran a que le enviaran tropas con las que pudieran recuperar el dominio de Hispania entregado por sus antepasados.

Livio, 28, 32, 8. [8] Magón, quien con unas pocas naves se escapó del orbe de las tierras a una isla circundada por el Océano, es lo que le preocupa, no los ilergetes. [9] En efecto, allí se trataba de un general cartaginés y de tropas cartaginesas, por pocas que fuesen. Aquí, nada más que bandidos y jefes de bandidos, que, si algún valor tenían para devastar los campos vecinos, incendiar poblados y robar ganados, nada valían formados en ejército y en un combate regular. Lucharán más confiados en su velocidad en huir que en sus armas.

Livio, 28, 35, 1-13.[1] Las negociaciones ya antes empezadas con Masinisa por unas y otras causas habían ido difiriéndose, porque el númida sólo con Escipión en persona quería entrevistarse y sólo por su diestra quería ver sancionada la alianza. [2] Esta fue entonces la causa del viaje tan largo y apartado de Escipión. Encontrándose Masinisa en Gades y enterado por Marcio de que se acercaba Escipión, empezó a quejarse de que los caballos se consumían encerrados en la isla, agotando las provisiones de todos y comiendo ellos mismos con penuria, además de que los caballeros, con la inercia languidecían. [3] Con estos pretextos indujo a Magón a que le dejase pasar al continente para devastar los campos vecinos. [4] Una vez pasado, envió delante tres príncipes númidas para convenir el tiempo y lugar de la conferencia; ordena que dos sean retenidos como rehenes por Escipión. Vuelto el tercero para conducir a Masinisa al lugar mandado, con una pequeña escolta llegaron a la entrevista. [5] Ya antes la fama de las hazañas de Escipión había llenado de admiración al númida y le había inducido a imaginárselo de aspecto espléndido y majestuoso. pero a su presencia, creció su veneración. [6] Pues, a parte de que por naturaleza era grande su majestad, una larga cabellera le embellecía, y el porte de su cuerpo con cuidadados y afeites, sino realmente viril y militar, y su edad en el completo vigor de sus fuerzas. [7] La flor de su juventud, como renacida después de la enfermedad, hacía este vigor más pleno y más espléndido. [8] Al primer encuentro, estupefacto el númida,, dio las gracias a Escipíon por haberle devuelto a su sobrino…[13] Masinisa, con el permiso de los romanos, para que no pareciese haber pasado sin motivos al continente, devastó los campos vecinos y regresó a Gades.

Livio, 28, 36,1-13. [1] Magón, dada la situación desesperada en Hispania a causa de que la sedición militar primero y la defección de Indíbil después había parecido mejorar, se disponía pasar a África cuando se le notificó desde Cartago que el Senado le ordenaba llevar a Italia la escuadra que tenían en Gades, [2] y que reuniendo allí la mayor cantidad de jóvenes galos y ligures que pudiese, se uniese con Aníbal, y que no dejase desfallecer una guerra emprendida con el mayor empuje y la mayor fortuna. [3] Para ello le fue enviado dinero de Cartago; además del cual arrancó todo lo que pudo a los gaditanos, expoliando no sólo su erario, sino también sus templos, obligando a todos los particulares a entregarle su oro y su plata. [4] Costeando el litoral de Hispania, no lejos de Cartagon Nova, desembarca una de soldados y tala los campos vecinos. Después aborda con su escuadra la ciudad. [5] Allí, durante el día, mantuvo a bordo a sus soldados. De noche los desembarca y los lleva a aquella parte de la muralla por donde tomaron los romanos Cartago Nova. No creía que la ciudad fuese guardada por una guarnición lo suficientemente fuerte y esperaba que algunos ciudadanos se alzarían con la esperanza de cambiar la situación. [6] Pero mensajeros aterrorizados habían traído, al mismo tiempo, del campo, la noticia del saqueo, de la huida de los labradores, y de la llegado de los enemigos. [7] Y ya de día había sido vista la escuadra y no se creía un azar el haber tomado posición ante la ciudad. Así, la guarnición estaba preparada y armada junto a la puerta que da a la laguna y al mar. [8] Cuando los enemigos, desparramados, mezclados los soldados con la chusma marinera, se lanzaron contra las murallas con un tumulto superior a su fuerza, se abrió de repente la puerta y los romanos salieron con gran griterío. [9] Al primer ataque y a la primera descarga de proyectiles rechazan a los enemigos turbados y los persiguen con gran carnicería hasta el mar. [10] Ninguno hubiera escapado del combate o de la persecución si las naves no se hubieran acercado para recoger a los fugitivos. [11] hasta las naves llegó el terror. Para impedir que los enemigos suban mezclados con los suyos tiran las escaleras y cortan cables y anclas para no retardar las maniobras. [12] Muchos, nadando hacia las naves, no pudiendo a causa de la oscuridad distinguir qué era lo que tenían que evitar, dónde debían cogerse, perecieron miserablemente. [13] Al día siguiente, cuando la flota había huido hacia el Océano, de donde había venido, se encontraron hasta ochocientos hombres muertos entre los muros y la costa y cerca de dos mil armaduras.

Livio, 28, 37 1-9. [1] Magón, a su regreso a Gades, encontró cerradas las puertas de la ciudad, abordó a Cimbis, lugar no lejano de Gades. Rechazada su armada, envió legados para que preguntaran por qué a él, que era amigo y aliado, le habían sido cerradas las puertas. [2] Ellos se excusaron diciendo que se había hecho a causa de los saqueos realizados por una multitud desenfrenada que las naves habían desembarcado. Entonces se atrajo a una entrevista a los sufetes, que era la máxima magistratura entres los cartagineses, y al cuestor; los hizo azotar y los crucificó. [3] Después, con las naves, paso a la islas Pitiusas, a unas cien millas del continente, entonces habitadas por cartagineses. [4] Así, la flota fue amistosamente recibida, y no sólo se les aprovisionó abundantemente, sino que, para completar la tripulación, les proporcionaron hombres y armas. Seguro, con estos refuerzos el cartaginés, pasó a las Baleares, distantes de allí cincuenta millas. [5] Las islas baleares son dos, mayor la una y más rica en armas y gentes, provista con un puerto con el cual creía Magón poder atravesar cómodamente, pues era ya el fin del otoño. [6] Pero no de otro modo que los romanos habitaren las isla, fueron atacadas las naves en son de guerra. Así somo ahora el pueblo utiliza principalmente la honda, entonces era esta la arma sola que conocían y nadie de otra nación ha sobresalido tanto en su manejo como los baleares sobresalen sobre todos los demás pueblos. [7] Y así, una tal lluvia de piedras, a manera de granizo espesísimo, cayo sobre la armada que se acercaba a tierra que, no atreviéndose a entrar en puerto, volvieron las naves hacia alta mar. [8] De allí pasaron a la isla menor de las Baleares, de fértil suelo, pero no igualmente fuerte en hombres y armas. [9] Desembarcaron y fijaron el campamento en un lugar fuerte dominando el puerto; y apoderándose sin lucha de la ciudad y del campo, reclutaron dos mil auxiliares. Los enviaron a Cartago y pusieron sus naves en seco para invernar. Después de la partida de Magón de la costa del Océano, los gaditanos se sometieron a Roma .

POLIBIO (Continuacón)

Año -209

Polibio, 10, 9, 1-8. [1] A su edad, que he apuntado un poco más arriba, ya abrigaba estos proyectos, pero los ocultó a todo el mundo, a excepción de Gayo Lelio, hasta que creyó oportuno hacerlos públicos. [2] Los historiadores están de acuerdo en todas estas previsiones, pero siempre que llegan al final de sus hazañas, no alcanzo a entender por qué no atribuyen al hombre y a su prudencia el éxito obtenido, sino a los dioses y a la suerte, [3] eso sin el testimonio de sus íntimos y de los que convivieron con él, incluso cuando existe una carta del propio Publio Escipión a Filipo, en la cual aquel expone claramente que fue con la ayuda de las previsiones citadas arriba como él emprendió las operaciones y, principalmente el asedio de Cartago Nova. [4] Entonces dio secretamente órdenes de navegar hacia la ciudad citada al almirante de la escuadra, Gayo Lelio, que era el único que conocía los planes, [5] como se indicó más arriba; [6] él tomó las fuerzas de infantería e hizo la marcha muy rápidamente. El número de soldados de infantería era de unos veinticinco mil; los jinetes eran dos mil quinientos. [7] llegó al lugar en siete días y puso su campamento en las afueras, al lado norte de la ciudad. Al lado opuesto del perímetro del campamento trazó un foso y una empalizada doble, que iban de mar a mar. Por el lado que daba a la ciudad no puso nada, pues la misma configuración del lugar le ofrecía seguridad suficiente. [8] Puesto que nos disponemos a narrar el asedio y la toma de la ciudad en cuestión, nos parece indispensable describir a los lectores, con algún detalle, el paraje en que está la población y la disposición de éste.

Polibio, 10, 10, 1-12. [1] Está situada hacia el punto medio del litoral hispano en un golfo orientado hacia el suroeste. La profundidad del golfo es de unos veinte estadios y la distancia entre ambos extremos es de diez; el golfo, pus, es muy semejante a un puerto. En la boca del golfo hay una isla que estrecha enormemente el paso de penetración hacia adentro, por sus flancos. La isla está de rompiente del oleaje marino, de modo que dentro del golfo hay siempre una gran calma, interrumpida solo cuando los vientos africanos se precipitan por las dos entradas y encrespan el oleaje. Los otros, en cambio, jamás remueven las aguas, debido a la tierra firme que la circunda. En el fondo del golfo hay un tómbolo, encima del cual está la ciudad rodeada del mar por el Este y por el Sur, aislada por el lago al Oeste, y en parte, por el Norte, de modo que el brazo de tierra que alcanza al otro lado del mar, que es el que enlaza la ciudad con tierra firme, no alcanza una anchura mayor de dos estadios.

El casco de la ciudad es cóncavo; en su parte meridional presenta un acceso más plano desde el mar. Unas colinas ocupan el terreno restante, dos de ellas muy montuosas y escarpadas, y tres no tan elevadas, pero abruptas y difíciles de escalar. La colina más alta está al Este de la ciudad y se precipita en el mar; en su cima se levanta un templo a Asclepio. Hay otra colina frente a ésta, de disposición similar, en la cual se edificaron magníficos palacios reales, construidos, según se dice, por Asdrúbal, quien aspiraba a un poder monárquico. Las otras elevaciones del terreno, simplemente unos altozanos, rodean la parte septentrional de la ciudad. De estos tres, el orientado hacia el Este se llama el de Hefesto; el que viene a continuación, el de Altes, personaje que, al parecer obtuvo honores divinos por haber descubierto una mina de plata. El tercero de los altozanos lleva el nombre de Cronos. Se ha abierto un cauce artificial entre el estanque y las aguas más próximas, para facilitar el trabajo de los que se ocupan de las cosas de la mar. Por encima de este canal que corta el brazo de tierra que separa el lago y el mar, se ha tendido un puente para que carros y acémilas puedan pasar por aquí, desde el interior del país, los suministros necesarios.

Polibio, 10, 11.1-8. [1] Esta es, pues, la configuración del lugar. Por el lado que daba al mar los romanos no dispusieron nada, pues el estanque aseguraba su campamento y él completaba su defensa. En el espacio abierto entre el mar y el estanque, el que unía la ciudad con la tierra firme, Escipión no erigió ningún atrincheramiento; este espacio era el centro de su propio campamento. Lo hizo o bien para alarmar al enemigo o porque convenía a sus planes, para disponer lo más libremente posible de las entradas y salidas de la acampada. Inicialmente el perímetro de la ciudad medía no más de veinte estadios, aunque sé muy bien que no faltan quienes han hablado de cuarenta, pero no es verdad. Lo afirmamos no de oídas, sino porque lo hemos examinados personalmente y con atención; hoy es aún más reducido. La flota romana llegó en el momento preciso y Escipión congregó a aquella muchedumbre y la arengó y echó manos de los argumentos en que él confiaba y no de otros: los hemos expuesto detalladamente algo mas arriba, en lugar oportuno. Demostró que la empresa era factible; resumió las pérdidas que experimentaría el enemigo, si ellos alcanzaban la victoria y cómo progresaría su propia causa; por lo demás prometió coronas de oro a los primeros que escalaran los muros y los premios habituales a los que se distinguieran por su coraje; acabó señalando que ya desde el principio Poseidón se le había aparecido en sueños y que le había sugerido este intento; además le había declarado que, cuando la acción se llevara a cabo, su ayuda sería tan manifiesta que nadie del ejército podía dudar de su cooperación. Mereció pues argumentos irrefutables con palabras de exhortación, prometió coronas de oro y mencionó la providencia del dios, con lo cual infundió a toda aquella juventud gran empuje y ardor,

Polibio, 10, 12, 1-10. [1] Al día siguiente hizo fondear las naves, al mando de Gayo Lelio, delante del litoral; llegaban proyectiles de todas clases. Por tierra seleccionó a dos mil hombre, los más fornidos y los apostó conjuntamente con los que llevaban las escaleras. El asalto empezó a tercera hora del día. Magón, el comandante de la ciudad, dividió su cohorte de mil hombres; dejó la mitad en la acrópolis y situó a los restantes al pie de la colina oriental. Tomó a los demás y armó a los más robustos, unos dos mil con las armas que quedaban en la ciudad. A éstos los situó en la puerta que conducía al brazo de tierra y hacia el campamento enemigo. Y mandó a los que quedaban socorrer con todas sus fuerzas donde fuera preciso de la muralla. en el mismo momento en que Escipión a toque de corneta ordenó el asalto, Magón hizo salir por la puerta su gente armada, creído que así aterrorizaría al enemigo y haría fracasar totalmente su tentativa. Estos hombre arremetieron vigorosamente contra los romanos que salían de su acampada y que se iban alineando a lo largo del istmo. Se entabló un combate encarnizado y en los dos bandos se podían oír la exhortaciones propias de la guerra. Las mismas salían de los que se encontraban en el campamento que los que quedaban en la ciudad; todo el mudo animaba a los suyos. sin embargo, la eficacia de los refuerzos que afluían no era la misma, porque a los cartagineses sólo les llegaba a través de un portón, y además, debían recorrer casi dos estadios; los romanos, en cambio, los tenían al alcance de la mano y, además, por muchos sitios. Esto convertía la lucha en desigual. Publio Escipión había colocado intencionadamente a sus hombres al lado mismo del campamento, para atraer lejos al enemigo: veía claramente que si lograba aniquilar a éstos, la flor y nata de la guarnición de la ciudad, lo desorganizaría todo y, desde entonces nadie se atrevería a salir por aquella puerta. Durante largo rato la pugna fue indecisa, ya que luchaban por ambos lados la propia escogida, pero al final, el empuje de los refuerzos que afluían desde el campamento rechazó a los cartagineses, que se volvieron de espaladas. Ya durante la batalla muchos de ellos habían perecido, pero cuando se precipitaron huyendo hacia la portezuela, murieron aún más, al pisotearse mutuamente.. Esto desatinó tanto a los de la ciudad, que los que guarnecían la muralla, llegaron a abandonarla. Poco faltó para que, en su acoso, los romanos entraran en la plaza junto con los que huían delante de ellos. Pero lograron apoyar las escaleras en el muro sin correr peligro.

Polibio, 10, 13, 1-11. [1] Escipión, personalmente no rehuyó el riesgo, pero lo hizo con la máxima seguridad posible. Llevaba con él tres escuderos que le cubrían con sus adargas y, así le protegían del lado del muro. Se presentaba personalmente en los flancos, y subía a los lugares más elevados, con lo cual colaboraba grandemente en la acción, comprobaba lo ya realizado y, ademas, el hecho de que los otros lo vieran en persona, influía coraje a los combatientes, y a eso se debió el que en aquella batalla no se omitiese nada de lo necesario, ya que siempre que se mostraba la urgencia de algo para la ocasión, todo se hacía al punto, según correspondiera. Los primeros empezaron a trepar por las escaleras con coraje, pero aquella invasión se convirtió en muy arriesgada, no tanto por lo nutrido de los defensores como por las grandes dimensiones de las murallas. cuando vieron que los atacantes se veían en dificultades, los de arriba cobraron ánimo. en efecto, bastantes escaleras se rompían porque eran muy altas y subían por ellas muchos a la vez. Los que guiaban la escala debían ascender casi en vertical, y esto los mareaba: para arrojarlos al vacío bastaba una mínima resistencia por parte de los defensores. Cuando éstos, apostados en las almenas disparaban vigas o palos, los asaltantes eran rechazados y devueltos al suelo. Pero ni estas contrariedades bastaron para atajar el ataque vigoroso de los romanos; cuando los primeros eran rechazados, ya los siguientes subían por el sitio que cada vez quedaba libre. El día había avanzado mucho, los soldados estaban rendidos por las penalidades y el general de los asaltantes, mandó tocar a retirada.

Polibio, 10, 14, 1-14. [1] La guarnición de la plaza exultaba, creída de que ya había anulado el peligro, pero Publio Escipión esperaba la hora de reflujo. dispuso en la orilla del lago quinientos hombres con sus correspondientes escaleras e hizo descansar al resto cerca e la puerta y el istmo. Tras una arenga les entregó mas escaleras que las que tenían antes, de manera que en el muro pulularan asaltantes por todas partes. Así que se dio la orden de combate y los romanos hubieron aplicado sus escalas al muro, subiendo al punto con gran atrevimiento, los de dentro de la ciudad experimentaron una gran confusión y desánimo. Creían haber alejado el riesgo, y ahora veían cómo se les iniciaba otra vez por este segundo asalto. Andaban escasos de proyectiles y además, les descorazonaba el gran número de bajas que sufrían. Contrariados por lo sucedido, ofrecían, sin embargo, gran resistencia. Precisamente cuando la lucha en las escaleras alcanzó su máxima intensidad, se inició en reflujo. Poco a poco el agua iba desalojando los niveles más altos del lago y se producía una corriente fuerte e intensa por la desembocadura hacia el mar inmediato; a los que miraban aquel fenómeno sin reflexionar, la cosa les debía parecer increíble. Cornelio Escipión había dispuesto unos guías; ordenó a sus hombres meterse en el agua; dijo, por encima de todo, a los que había encomendado la misión, que no tuvieran miedo. Si había algo en lo que tenía una habilidad innata, era en infundir coraje y en transmitir su estado de ánimo a aquellos a quienes arengaba. Los hombre obedecieron y atacaron corriendo a través de la marisma; todo el ejército creyó que ello se hacía por la providencia de un dios: les recordó lo de Poseidón y el anuncio de Publio en su primer parlamento. Se excitaron tanto en sus espíritus, que se apretujaron, forzaron el paso hacia un portal e intentaron, desde fuera, astillar las puertas con hachas y machetes. Los que se había apresurado al muro a través del estanque, encontraron unas almenas desguarnecidas y, no sólo aplicaron sus escalas sin ningún peligro sino que subieron y ocuparon aquel lienzo de muralla sin necesidad de combatir. Los defensores se había diseminado por otros lugares, principalmente por el istmo, y por la puerta no podía esperar que el enemigo los asaltara desde el estanque. El conjunto de sucesos hacía que, entre los defensores, nadie pudiera oír ni ver nada de lo necesario, a lo que contribuía el desorden, el griterío y la confusión de aquella mezcla de combatientes.

Polibio, 10, 15, 1-11. [1] Los romanos, pues, conquistaron el muro. Recorrieron su cresta y la limpiaron de enemigos. Para este tipo de operaciones les ayudaba mucho sus armas. Cuando llegaron a la altura de los portales, unos bajaron para astillar los barrotes, los de fuera penetraron por allí y los que habían forzado el paso por medio de escaleras en el paraje del istmo, derrotados ya los defensores, tomaron las almenas. Así fue la conquista de la muralla; los que habían entrado por la puerta se dirigieron a la colina oriental, expulsaron a los defensores y las ocuparon. Cuando Publio Escipión creyó que el número de los suyos que había entrado era ya respetable, envió, según la costumbre de los romanos, a la mayoría contra la ciudad, con la orden de matar a todo el mundo que encontraran, sin perdonar a nadie; no podían lanzarse a recoger botín hasta oír la señal correspondiente. Creo que la finalidad de esto es sembrar el pánico. en las ciudades conquistadas por los romanos se puede ver con frecuencia no sólo las personas descuartizadas, sino perros y otras bestias. Aquí esto se dio sobremanera, pues el número de los atrapados era enorme. Publio Cornelio se dirigió personalmente contra la acrópolis, al frente de un millar de hombres. Estaba ya cerca y Magón inicialmente se resistió. Sin embargo comprobó que la ciudad había caído ya totalmente, envió mensajeros que cuidaran de su propia seguridad y rindió la fortaleza. Ante esto, Publio Cornelio mandó dar la señal de cesar en la matanza y los romanos se lanzaron al botín. Llegó la noche y los romanos que tenían orden de ello se quedaron en la acampada. Publio Cornelio y sus mil hombre vivaquearon en la acrópolis de Cartago Nova y, a través de los oficiales, mandó a los demás salir de las casas, reunir el botín en el ágora, el que correspondía a cada manípulo, y pernoctar a su lado. Ordenó que vélites salieran del campamento y los apostó en la colina de la parte oriental. Y esta es la manera como los romanos, en Iberia, conquistaron Cartago Nova.

COMENTARIO

Descripción paralela de la toma por asalto de Cartago Nova según la información de Polibio. Quizá T. Livio sea más preciso porque habla de la situación del personal de los rehenes que Aníbal había dejado en la ciudad como garantia de su seguridad ante la inseguridad que le presentaba la población ibérica en aquellos momentos en los que él andaba por Italia.

Polibio, 10,16, 1-9. Al día siguiente los romanos amontonaron en el ágora los bagajes de los soldados cartagineses, así como los ajuares de los ciudadanos y de los obreros. Según el uso romano, los tribunos los distribuyeron entre sus legiones. Cunado toman una ciudad obran como sigue: de cada unidad eligen un número fijo de hombre según la importancia de la plaza, para coger el botín; algunas veces seleccionan manípulos enteros; sin embargo, nunca escogen a más de la mitad; los restantes permanecen en sus líneas, vigilantes, ya dentro, ya fuera de la plaza, de modo tal, sin embargo, que sean vistos por todos. como sus ejércitos, las más de la veces se componen de dos legiones romanas y otras dos aliadas, y las cuatro legiones resultantes rara vez se juntan, todos los que han sido enviados a reunir botín regresan con éste, cada hombre a su propia legión y, después de la venta de lo aprehendido, los tribunos reparten sus productos a partes iguales entre todos, no sólo entre los que habían permanecido como fuerza protectora, sino incluyen también a los vigilantes de las tiendas, a los enfermos y a los enviados a cualquier servicio. Ya describimos detalladamente, cuando tratamos la constitución, que nadie puede escamotear nada del botín, sino que han de ser fieles al juramento que prestan cuando se juntan por primera vez en el campamento. La consecuencia es que cuando la mitad va en busca del botín y la otra mitad, conservando la formación, realiza una misión de cobertura, a los romanos la avaricia no les hace peligrar la situación. Sus esperanzas de obtener lucro no les infunden recelos mutuos sino que son exactamente las mismas en los que quedan a la expectativa y en los que se dedican a la rapiña. Nunca abandona nadie su lugar y esto perjudica normalmente al enemigo..

Polibio, 10,17,1-16. La mayoría de los hombres soportan riesgos y penalidades de cara a las ganancias. Es natural que, cuando llega una oportunidad, los que quedan en campamentos y guarniciones permanezcan allí de mala gana, ya que en la mayoría de las naciones el botín queda en poder del que lo captura. aunque los reyes y los generales pongan gran empeño en ordenar que todo el mundo entregue sus presas, sin embargo la creencia general es que lo que uno logre escamotear le pertenece. De ahí que, cuando son muchos los que se dirigen a reunir botín, si no se ejerce sobre ellos un dominio férreo, peligre la empresa íntegra. Son muchos los que han visto cómo un éxito inicial corona totalmente sus propósitos, ya sena éstos el asalto de un campamento enemigo o la toma de una ciudad, y, sin embargo, acabaron fracasando y lo perdieron todo; la causa es la codicia. Este es el aspecto, pues, que más deben velar los generales, para que, en la medida de lo posible, todos tengan la certeza del que el botín, si llega la oportunidad, será repartido entre todos por igual. Mientras los tribunos estaban repartiendo los despojos, el general romano mandó concentrar a los prisioneros, que eran muchos, casi diez mil. Puso aparte a los habitantes de la ciudad, con sus mujeres e hijos, e hizo también un grupo con los artesanos. A los primeros les exhortó a ser amigos de Roma, a que no olvidaran aquel beneficio, y los despachó a sus casas. Ante la salvación tan inesperada, éstos rompieron a llorar y se fueron dando vivas muestras de veneración para con el general. A los artesanos, de momento les dijo que eran esclavos públicos de Roma. Pero prometió la libertad a todos los que evidenciaran prácticamente su adhesión e interés para con los romanos, esto si la guerra contra los cartagineses se desarrollaba según sus designios. Les ordenó a todos inscribirse en la lista del cuestor y, para cada grupo de treinta, nombró un procurador romano. El número total era de unos dos mil. Seleccionó a los más fornidos de los prisioneros restantes, a los más distinguidos por su edad y por su figura, y los mezcló con sus tripulaciones. Así duplicó los efectivos de su marinería y tripuló también las naves capturadas. Faltó poco para que cada nave tuviera una dotación doble de la anterior. Las naves apresadas fueron dieciocho, que sumó a las treinta y cinco de que ya disponía. Publio Cornelio prometió la libertad también a estos hombres para que después, tras la victoria definitiva sobre los cartagineses, si colaboraban con interés y buenas intenciones. Con estos tratos dados a los prisioneros infundió confianza entre los ciudadanos, que se le adhirieron, tanto a su persona como a las operaciones generales. También los artesanos se interesaron mucho, dadas las esperanzas de libertad con sus previsiones, Publio Cornelio aprovecho la oportunidad de aumentar su escuadra casi en un cincuenta por ciento.

Polibio, 10,18, 1-14. A continuación separó a Magón y a los cartagineses que éste mandaba. Dos de estos prisioneros pertenecían al Consejo de Ancianos cartaginés y cinco eran senadores. Los colocó bajo la custodia de Gayo Lelio, a quien ordenó que vigilara adecuadamente a aquellos hombres. Luego llamó a los rehenes, más de trescientos en número. Hizo que los niños se le acercaran, uno por uno, los acarició y les dijo que no tuvieran miedo: no tardarían mucho en volver a ver a sus padres. También exhortó a los demás a tener confianza. Les dijo que escribiera cada uno a sus parientes de su propia ciudad. Debían comunicarle en primer lugar, que estaban a salvo, que no les había pasado nada, y, a continuación que los romanos se avenían a restituirlos a todos a sus patrias, con toda seguridad, si las ciudades aceptaban su alianza. Esto fue lo que dijo. Previamente había dispuesto del botín. Lo más práctico para sus fines y, entonces, repartió obsequios correspondientes a las edades y a los sexos: regaló a las niñas joyas y brazaletes, y a los niños espadas y puñales. La mujer de Mandonio, hermano de Indíbil, rey de los ilérgetes salió del grupo de mujeres rehenes para arrodillarse a los pies; le rogaba entre lágrimas que respetara su dignidad mejor de lo que la habían respetado los cartagineses. El romano, compadecido, le preguntó si le faltaba algo necesario; ella era una mujer ya madura, de evidente preeminencia y majestad; a tal demanda se mantuvo en silencio. Publio Cornelio mandó llamar a los cartagineses que habían cuidado a aquellas mujeres; los reclamados arguyeron que les habían dado en abundancia lo que necesitaban. La matrona se aferró más que antes a las rodillas de Publio Escipión repitiendo las mismas palabras, lo que ponía al romano en un aprieto mayor. Empezó a sospechar negligencia por parte de los cartagineses y los encargados de ellas a quienes había interrogado, le había respondido falsamente. Por consiguiente dijo a las mujeres que cobraran ánimo, porque él personalmente nombraría a unos que cuidaran que no les faltara nada necesario. La mujer guardó un breve silencio y luego exclamó:»General, si crees que pedimos algo para nuestro estómago es que no has comprendido correctamente mis palabras». Entonces Publio Cornelio entendió cabalmente lo que quería decir la mujer. Recorrió con la mirada la espléndida belleza de las hijas de Indíbil y de las de muchos otros reyes, y se le saltaron las lágrimas tras aquella tímida insinuación, por parte de la ibera, de sus afrentas. Y entonces demostró haber adivinado: tomó a la mujer por la mano y le dijo que ni ella ni las demás debían desconfiar: él velaría por ellas como si les fueran hermanas e hijas y que, tal cual ya había manifestado, nombraría para esto a unos hombres de confianza.

Polibio, 10, 19, 1-9. Después, Publio Cornelio entregó a los cuestores el dinero que había constituido el erario público de los cartagineses. Éste rebasaba los seiscientos talentos, que sumados a los cuatrocientos que él llevaba consigo desde Roma, arrojaron un total de más de mil: constituían los fondos de que disponía. Fue en aquella ocasión cuando unos soldados romanos muy jóvenes encontraron a una muchacha en flor de la edad y que en belleza superaba a las demás mujeres. Sabían que Publio Cornelio era mujeriego, y fueron s su encuentro con la joven, diciéndole que se la entregaban. Él se sorprendió; admirado de aquella beldad, les dijo que de ser soldado raso, no hubiera habido regalo que hubiese aceptado más complacido. Sin embargo, él era el general, y no había obsequio que pudiera aceptar menos. con ello dio a entender -al menos a mí me lo parece- que estas cosas proporcionan a los jóvenes un gusto y un pasatiempo alguna vez, a saber en tiempos de ocio y relajación; en cambio, en época de acción son un gran obstáculo tanto temporal como espiritual para los que las llevan a cabo. As sus soldados les dijo que les quedaba agradecido; mandó llamar al padre de la joven y se la entregó con la recomendación y que la casara con el ciudadano que le pareciera bien. con tal mesura y continencia, se ganó la estima de sus subordinados. Así lo administró todo. confió a los tribunos los prisioneros restantes y remitió a Gayo Lelio a Roma en una pentera con los prisioneros más insignes.Debía proclamar aquellos éxitos en su patria, en la que casi nadie confiaba, por lo que se refería a las operaciones en Iberia. Publio Cornelio sabía bien que ante tamañas noticias, los romanos se repondrían y se entregarían con más ardor a las operaciones.

Polibio, 10, 20, 1-8. Él se quedó todavía algún tiempo en Cartago Nova, donde ejercitó intensamente a las fuerzas navales romanas y adiestró a los tribunos acerca de cómo debían instruir a las fuerzas de tierra. El primer día hizo correr a sus hombres, armados, unos treinta estadios, el segundo día les hizo limpiar las armas, custodiarlas y vigilar sus panoplias al aire libre. Al día siguiente les concedió un descanso para que se relajaran. En la cuarta jornada dispuso que unos lucharan con espadas de madera emboladas y recubiertas de cuero. mientras el resto disparaba dardos también embolados. Al quinto día repitió las carreras y todo lo que se había ido haciendo. Le preocupaban muchos los artesanos para que no fallara nada en el cuidado de los armas ni en los mismos combates. De modo que dispuso a unos hombres adecuados que debían velar sobre lo que he indicado antes; él hacía un recorrido diario y disponía personalmente el material para todos. Alrededor de la ciudad las fuerzas terrestres se ejercitaban en maniobras militares, las marinas en el mar, remaban y se disponían a otras prácticas. La gente de la ciudad afilaban armas, trabajaban el bronce y construían utensilios. Todo el mundo se afanaba en preparativos bélicos; cualquiera que lo hubiera observado se habría visto forzado a considerar la ciudad, según el dicho de Jenofonte, como un taller de guerra. Cuando le pareció que todo el mundo se había entrenado de modo suficiente con vistas a la prosecución de las operaciones, aseguró la ciudad con una guarnición y con diversas reparaciones en los muros. Mandó alzar el campo, tanto a sus fuerzas de tierra como a las de mar, y emprender la marcha en dirección a Tarragona. Consigo llevaba los rehenes.

Polibio 10,34,1-11. Ya se ha explicado antes que en Iberia, el general supremo de los romanos, pasó el invierno en Tarragona. Primero logró la amistad y confianza de los iberos mediante la devolución de los rehenes. En esto encontró un colaborador espontáneo en Edecón, rey de los edetanos, quien, así que supo de la caída de Cartago Nova y que Escipión retenía a su mujer y a sus hijos, calculó al punto que los iberos cambiarían de mando y resolvió convertirse en adalid de aquel movimiento: confiaba mucho en que si recuperaría a los suyos y que daba la impresión de que había abrazado la causa romana por principio y no por necesidad. Y dio ciertamente en el clavo. Poco después de que las fuerzas romanas hubieran sido enviadas al campamento de invierno, se presentó en Tarragona con un cortejo de parientes y amigos. Allí se entrevistó con Escipión y le dijo que daba muchas gracias a los dioses por el hecho de que había podido ser él el primero del país que había acudido a verle: los demás iberos se entendían todavía con los cartagineses y les enviaban embajadas; él, en cambio, se dirigía a los romanos; había ido allí a entregarse a su lealtad, y no él sólo, sino con parientes y amigos. De modo que si aceptaba su amistad y alianza, le iba a ser muy útil tanto en el presente como en el futuro, porque los iberos restantes, al ver que había sido admitido como amigo y que había sido atendido en sus demandas, actuarían de manera semejante. También ellos deseaban recobrar a sus familiares y aliarse con Roma; para el futuro, el honor y la humanidad romanos le obligarían, y así les serían aliados incondicionales en lo que quedaba de operaciones. Por eso pedía que le fueran restituidos hijos y esposa, y poder volver a su casa con el título de amigo, para demostrar al máximo posible, un motivo razonable de su adhesión a Publio Cornelio en persona y en la causa romana. Edecón dijo esto y luego guardó silencio.

Polibio, 10, 35.1-8. Escipión, ya dispuesto a ello y que ya había pensado, más o menos, lo mismo que lo había hecho Edecón, le devolvió la mujer y los hijos y le confirmó su amistad. Y no se limitó a eso, sino que durante los días que permanecieron con él, se ganó al ibero y a sus acompañantes de múltiples maneras; les infundió grandes esperanzas para el futuro y los despidió hacia sus casas. El hecho se difundió rápidamente y todos los habitantes al norte del Ebro adoptaron de golpe, como movidos por un resorte, la causa de Roma; me refiero a los que no le eran todavía amigos. A Escipión le salió todo según sus cálculos. Cuando los cartagineses hubieron partido, comprobó que por mar no tenía adversarios y disolvió sus fuerzas navales; escogió de su marinería a los hombre más dotados y los distribuyo en manípulos, con lo que aumentó sus efectivos terrestres, Indíbil y Mandonio eran los príncipes más importantes de entre los iberos y eran considerados los amigos más leales de los cartagineses. Sin embargo, hacía tiempo que se sentían molestos. y desde que Asdrúbal fingió desconfiar de ellos y, como ya narré más arriba, les exigió mujeres e hijos en calidad de rehenes, además de una fuerte suma de dinero, buscaban ocasión para dejarle. Creyeron que entonces era el momento; hicieron salir a sus fuerzas del campamento de los cartagineses y, de noche, se retiraron a unas fragosidades que les ofrecían seguridad. Esto hizo que la mayoría de los iberos desertara del partido cartaginés. Hacía mucho tiempo que se sentían ofendidos por la soberbia de los cartagineses, pero hasta entonces no había dado con una oportunidad de hacer evidente su decisión.

Polibio, 10 36, 1-7. Algo así ha sucedido ya a muchos. Es, en efecto, importante -lo hemos repetido insistentemente- coronar con éxito las operaciones y superar al enemigo en las tentativas, pero para explotar los éxitos se necesita gran atención y experiencia. Podemos decir que son más los que han alcanzado victorias que los que las han aprovechado debidamente. En este punto los cartagineses fueron del primer grupo. Empezaron por derrotar a los romanos e, incluso, dieron muerte a sus dos generales, Publio y Gneo Escipión, lo que les hizo suponer que se apoderarían de Iberia sin combatir; de ahí que trataran desdeñosamente a los nativos, a los que con tal conducta convirtieron en unos enemigos sometidos, no en aliados ni en amigos. Tal resultado fue lógico: pensaban que una es la manera de conquistar un imperio, y otra, la de conservarlo. No habían asimilado que los que conservan mejor su supremacía son los que se mantienen en los mismos principios por los cuales la establecieron. Se ha demostrado muchas veces, y muy claramente, que los hombres logran el poder si tratan con benignidad e infunden esperanzas a sus vecinos; si, tras conseguir lo que se deseaba, estos mismo hombres observan una mala conducta y gobiernan despóticamente a los que sometieron, es natural que un cambio así en los dominadores haga cambiar de partido a los dominados. Es lo que ocurrió a los cartagineses.

Polibio, 10,37,1-10. En tales circunstancias, Asdrúbal planeó muchos y diversos proyectos referente a lo que se le echaba encima. Le acongojaba la deserción de Indíbil, también la enemistad y hostilidad hacia su persona que sus mismos generales no disimilaban, y le ponía en aprieto la presencia de Escipión. Recelaba que éste acudiría con su ejército y, al ver que los iberos le habían abandonado y que se habían pasado a la vez a los romanos, llegó a la conclusión siguiente: pensó que era lo más atinado prepararse lo mejor posible y presentar batalla al enemigo. Si la suerte le daba la victoria, reflexionaría sin peligro acerca de lo que debería hacerse luego, pero si le era adversa se retiraría, con los que lograra salvar, a la Galia, donde reclutaría el máximo numero posible de bárbaros, para dirigirse a Italia, donde reforzaría a su hermano Aníbal y participaría en sus mismas esperanzas. Estos eran los planes y las ocupaciones de Asdrúbal. Escipión recibió a Gayo Lelio, atendió las órdenes del Senado, hizo salir sus fuerzas del campamento de invierno y se puso en marcha con ellas. En la ruta, los iberos le salieron al encuentro y se incorporaron gustosamente y con todo interés a la campaña. Ibdíbil hacía tiempo que había mandado legados a Escipión; cuando éste se aproximaba a su territorio, él acudió desde su propio campo acompañado por sus amigos. En una entrevista justificó su amistad anterior con los cartagineses y explicó la confianza que había depositado en ellos, y sus logros. A continuación relató las injusticias y desprecios que les habían inferido los cartagineses. Ahora Indíbil pretendía que el mismo Publio se erigiera en juez de lo narrado. Si se demostraba que había injustamente calumniado a los cartagineses, esto evidenciaría que tampoco sería leal para con los romanos; pero si tantas injurias como las enumeradas le forzaban a admitir la enemistad cartaginesa, en tal caso Escipión debía tener fundada esperanza de que, si él ahora se acogía al bando de los romanos, les sería firme y leal en su adhesión.

Polibio, 10, 38. 1-10. Hablaron todavía más prolijamente del tema; cuando acabaron tomó la palabra Escipión y le aseguró que daba crédito a sus palabras, que conocía muy bien la soberbia de los cartagineses por la crueldad con que había tratado a los otros iberos, principalmente a las mujeres y a las hijas, a quienes encontró no con el aspecto de rehenes, sino de prisioneras y de esclavas; añadió que él, en cambio, las había respetado de tal modo que, no ya ellos, sino sus mismos padres no lo hubieran igualado. Los iberos reconocieron que estaban de acuerdo con ello, y empezaron a adorarle y a llamarle «rey». Los presentes aplaudieron ante tal palabra, y Escipión, conmovido, les exhortó a tener confianza; les aseguró que los romanos los tratarían muy bien. Les entregó sus hijas inmediatamente y, al día siguiente, concluyó un pacto con ellos. Lo esencial con este pacto fue que los iberos seguirían a los jefes romanos y que obedecerían sus órdenes. Tras esto los jefes iberos se retiraron a sus campamentos, tomaron sus fuerzas respectivas y se incorporaron al ejército de Escipión. Acamparon junto a los romanos y marcharon contra Asdrúbal.

COMENTARIO

Los hechos que se narran por Polibio en estas situaciones después de la toma de Cartago Nova, reflejan una situación muy similar, hasta el punto de no saber quién os original en sus explicaciones o si uno copia los textos del otro. Lo cierto es que tan solo se producen matices diferenciales entre las palabras de Livio y Polibio. Pero da la sensación de que se leen el uno al otro, o bien reciben esta información por medio de terceros.

Año -208.

Polibio, 10, 38,7-10. El jefe cartaginés recorría por entonces los parajes de Cástulo, los alrededores de la ciudad de Baecula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento y se procuró seguridad en un río que fluía a sus espaldas. Delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo. Escipión se acerco empeñado en trabar combate, pero comprobó que las posiciones del enemigo eran estratégicas y seguras, lo que le tenía indeciso. Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Gisgón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario.

Polibio, 10,39.1-9. Una vez preparado su ejército, hizo salir del campamento a los vélites y a una tropa escogida de infantería; dispuso también el restos de su fuerza, pero de momento la retuvo dentro del campamento. Sus órdenes fueron cumplidas con decisión. Primeramente el jefe cartaginés permaneció a la expectativa de los que iba acaeciendo. Cuando comprobó que el empuje de los romanos ponía a los suyos en posición desventajosa, hizo salir a su ejército y lo aproximó a los escollos, fiado en aquel paraje. En aquel mismo momento Escipíón hizo entrar en combate a su infantería ligera que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas lo tenía ya dispuesto: la mitad directamente a sus órdenes. Con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hizo salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron. Los cartagineses, que a su vez entraban también en formación, se vieron forzados a revolverse y a emprender la huida. Según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final, cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas, tomo su dinero y sus fieras, reunió el máximo de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo, aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que allí viven. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca a los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo.

Polibio, 10, 40, 1-12. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos. A medida que se iban encontrando con Escipión le llamaban «rey». El primero que lo hizo, que lo veneró, fue Edecón, Indíbil y los suyos. Hasta aquel momento Escipión no hizo caso de la palabra, pero después de la batalla le llamaba «rey» ya todo el mundo, y la cosa llegó a sus oídos. Entonces congregó a los iberos y les comunicó su deseo de tener la fama real en todas partes por el hecho de serlo, pero no quería ser rey, y mucho menos que le llamaran así. Luego ordenó que todo el mundo le llamara «general». Indudablemente es de justicia subrayar aquí la grandeza de ánimo de este hombre; era aún muy joven, pero la suerte le había acompañado hasta tal punto que sus subordinados se vieron inducidos a tal estimación y a darle este nombre. Él, en cambio, no se ensoberbeció y rechazó la tendencia a tales fantasías. Y, a pesar de ello, resulta aún más admirable la excepcional magnanimidad de este hombre en su vejez, cuando sumaba a sus triunfos en Hispania la destrucción de los cartagineses, el sometimiento de la mayor parte de las regiones de África, precisamente las más bellas, desde los altares Filenio a las Columnas de Heracles, y el derrocamiento de los reyes de Siria, en Asia. En resumen: había uncido a la obediencia romana la parte mayor y más hermosa del universo. Tampoco de aquí tomó pretexto para aspirar a una dinastía real en algunos de los lugares del mundo que había invadido. Cuando se puede decir todo esto, uno puede presumir ya no de una naturaleza humana, sino incluso divina. Escipión, en cambio, superó en moderación a los demás hombres hasta tal punto que, cuando la fortuna se le ofrecía, rechazó lo máximo que nadie se atrevería a pedir a los dioses: me refiero a la dignidad real. Escipión en mucho más la patria y la lealtad que le es debida, que un poder monárquico, centro de todas las miradas y considerado fuente de felicidad. Puso aparte a los prisioneros iberos y los expidió sin rescate a sus ciudades. Mandó que los hombres de Indíbil se quedaran con trescientos caballos y repartió en resto entre los que carecían de ellos. Por lo demás, él personalmente ocupó el campamento de los cartagineses, por la configuración tan estratégica del terreno y se quedó allí: esperaba la llegada de los otros dos generales adversarios. sin embargo, mandó a alguno de los suyos a observar el paso de los Pirineos por parte de Asdrúbal. Pero el fin del verano ya se echaba encima. y, entonces, se retiró con sus tropas a Tarragona, en cuyo territorio quería pasar el invierno.

Año -207.

Polibio, 11,1, 1-11. La llegada de Asdrúbal a Italia resultó muy fácil y rápida. Todo esto desagradó a Asdrúbal. Pero las circunstancias ya no le concedían ninguna tregua: vio que el enemigo avanzaba, dispuesto en orden de combate y se vio forzado a ordenar también a los iberos y a los galos que se le habían alistado. Colocó en primera línea a sus diez elefantes, aumentó la profundidad de sus filas, aprestó todas sus tropas en un espacio reducido y él mismo se situó en el centro de su formación, en vanguardia, a la altura de los elefantes. Decidido ya de antemano a vencer o morir en aquel choque, arremetió contra el flanco izquierdo del adversario. Pero el asalto de Livio fue también formidable: atacó con sus hombres y la refriega se tornó encarnizada. Claudio se había ordenado en la lucha por la parte derecha, pero las dificultades del terreno le impedían avanzar y envolver al enemigo; era porque confiaba en ellas por lo que Asdrúbal se había lanzado contra el ala izquierda adversaria. A Claudio le apuraba el no poder cooperar en nada, pero los mismos acontecimientos le enseñaron qué podía hacer. Por detrás del lugar donde se combatía recogió a sus soldados del ala derecha, rebaso el muro izquierdo de su propio campamento y atacó de flanco a los cartagineses a la altura de los elefantes. Hasta aquel momento la lucha había sido indecisa, porque en ambos bando los hombres luchaban con un arrojo idéntico. Si salían vencidos, a los romanos no les quedaba esperanza de salvación, pero tampoco, en el mismo caso, ni a iberos ni a cartagineses. Los elefantes prestaron un mismo servicio a los dos bandos en lucha: abandonados en medio y heridos por los tiros, habían desbaratado tanto las filas romanas como las cartaginesas. Cuando al frente de los suyos, Claudio cayó sobre la retaguardia enemiga, la lucha se convirtió en desigual, porque los iberos se vieron atacados de frente y por la espalda. La mayor parte de ellos pereció en la misma batalla. Murieron también seis elefantes junto con los hombre que los conducían; los cuatro restantes se abrieron paso a través de las hileras y los romanos los capturaron más tarde, pero no a los indios que cuidaban de ellos. Asdrúbal fue siempre un hombre valiente y lo fue también en esta ocasión suprema. Murió también en este choque y no merece que los dejemos sin una palabra de alabanza. Ya se expuso antes que era hermano de Aníbal y que, cuando éste marchó a Italia, dejó a su cargo las operaciones de Iberia. También se han reseñado sus últimos combates contra los romanos. Debido a los generales que desde Cartago le remitían a Iberia en calidad de colaboradores, tuvo que vérselas con circunstancias muy diversas, que siempre afrontó de una manera digna de su padre Barca, es decir, con nobleza y coraje; me refiero a las adversidades y derrotas que sufrió. Todo esto se ha consignado en capítulos anteriores. Ahora trataré de las últimas acciones en las que me parece particularmente digno de respeto y emulación. Se puede comprobar que, en su mayoría, los reyes y generales que llegan a afrontar una batalla decisiva, se ponen sin cesar ante los ojos la gloria y el provecho que le reportará la victoria, y monologan de cada punto si la operación progresa según sus cálculos. En cambio, no colocan en absoluto ante su vista la derrota, ni piensan qué deberán hacer después de ella. Lo uno es muy sencillo, y lo otro requiere gran atención. Son muchos los que por cobardía o por abulia innata han convertido en infame unos reveses, cubriendo así de deshonor sus gestas anteriores. Sus soldados había luchado noblemente, pero ellos transformaron en ignominioso el resto de su vida. Aquí han fallado muchos jefes militares; quienes quieran darse cuenta de ello verán que en este punto es máxima la diferencia que va de hombre a hombre. El tiempo pretérito nos ha ofrecido muchos ejemplos. Mientras tuvo una esperanza razonable de realizar una gesta a la altura de su vida anterior, Asdrúbal cuidó no menos que nadie de su seguridad en la batalla, pero cuando la fortuna le retiró, cualquier esperanza para el futuro y le ató a aquella circunstancia extrema, ciertamente no omitió preparativo alguno de cara a la victoria que tal riesgo. Pero, previendo igualmente la derrota, trató de afrontar esta eventualidad de modo que no se viera obligado a tolerar algo indigno de su vida pasada. Hemos dicho todo esto en atención a los que se ocupan de los asuntos públicos. No deben arriesgarse temerariamente ni deben defraudar la confianza de los que creen en ellos, pero no deben estimar su vida más de lo conveniente y convertir así en vergonzosos y reprochables sus desastres.

COMENTARIO

Asdrúbal, hermano de Aníbal no pudo cumplir su misión de sumarse a su ejército. Hubo una encarnizada lucha y salieron derrotados y muchos muertos. Esto constituirá un duro golpe para las pretendidas intenciones de Aníbal. Estamos en la antesala de lo que pronto ocurrirá entre los espacios de Tarento y Roma. La autosufuciencia de Aníbal se pondrá en entredicho cuando se vea frente la ciudad símbolo de la patria romana.

Polibio, 11,3, 1-7. Tras su victoria, los romanos saquearon en el acto el campamento enemigo, y mataron a muchos galos tendidos, ebrios, en sus literas; parecían que degollaran víctimas para el sacrificio. Luego reunieron el resto de los prisioneros, de los cuales el erario ingresó mas de trescientos talentos. Entre cartagineses y galos, en la batalla murieron no menos de diez mil hombres; los muertos romanos fueron dos mil. Algunos próceres cartagineses fueron castigados vivos; el resto murió. cuando la noticia llegó a Roma, Primero no fue creída: tan grande era el deseo de ver el triunfo consumado. Pero se presentaron otros que refirieron lo ocurrido y con detalle; entonces la ciudad se llenó de una alegría loca. Se adornaron los templos, los santuarios se llenaron de holocaustos, de tartas de oblación y libaciones. Los romanos cobraron tal ánimo y confianza que ni tan siquiera les importaba ya que Aníbal, hasta entonces su máximo terror, estuviera todavía en Italia

Polibio, 11,19,1-3. Dice Polibio: (según comentario sobre Aníbal en Italia)¿ Quién no alabaría el saber militar, el coraje y el vigor de Aníbal en sus campañas, si considera el largo tiempo que duraron, si piensa en las batallas que libró de menor a mayor envergadura, en los asedios que emprendió, en las ciudades que desertaron de uno y otro bando y reflexiona, ademas, sobre el alcance del conjunto de sus planes, sobre su gesta, en la que Aníbal guerreó ininterrumpidamente durante dieciséis años contra Roma en tierras de Italia, sin licenciar jamás las tropas de sus campamentos? Las retuvo, como un buen piloto, bajo su mando personal. Y unas multitudes tan enorme jamás se les sublevaron ni se pelearon entre ellas, por más que echaba mano de hombres que no eran ni del mismo linaje ni de la misma nacionalidad. En efecto, militaban en su campo africanos, iberos, galos fenicios, italianos, griegos, gentes que nada tenían en común a excepción de su naturaleza humana, ni las leyes, ni las costumbres, ni el idioma. A pesar de todo, la habilidad de Aníbal hacía que le obedecieran, a una sola orden, gentes tan enormemente distintas, que se sometieran a su juicio aunque las circunstancia fueran complicadas o inseguras, y ahora la fortuna soplara estupendamente a su favor, y en otra ocasión al revés. desde este punto de vista es lógico que admiremos la eficiencia de este general en el arte militar. Sin temor a equivocarnos podemos decir que si hubiera empezado atacando las otras partes del mundo y hubiera acabado por Roma, no habría fallado en sus propósitos. Pero empezó dirigiéndose contra los que hubieran debido ser los últimos: inició y acabó su gesta peleando contra los romanos.

COMENTRARIO

En este capítulo, Polibio, dejando de lado su misión de relatar los episodios de Aníbal en Italia, expresa su opinión personal sobre los valores y conocimientos militares de un hombre que estuvo a punto de cambiar el rumbo de la historia del mundo antiguo. Si Anibal hubiera tomado Roma, tal vez algo hubiera cambiado el desarrollo de la historia. Pero no se olvide que Roma, en esos momentos, tenía estrategos que podían haber afrontado la derrota de Roma in situ, pero no ocurrió. Lo que no adelanta ningún posible cambio en el orden mundial del mundo occidental. Por esos momentos, los generales romanos prácticamente eran dueños de la Península Ibérica, y nadie puede aventurar el futuro del resto del mundo antiguo sin tener en cuenta que los mejores estrategos romanos podían haber tomado no sólo Iberia sino también el Norte de Africa y de camino Cartago. Aníbal podía haberse quedado solo como «rey» de Roma, nada más.

Polibio, 11,20, 1-9. Asdrúbal es derrotado en Ilipa (-206). Asdrúbal concentró las tropas cartaginesas desde las ciudades donde pasaba el invierno. Avanzó y acampó en las cercanías de la población llamada Ilipa (cercana a Cádiz); mandó excavar un foso al pie de sus montañas. Disponía de una llanura muy favorable para un choque o una batalla campal. Contaba con setenta mil soldados de infantería, cuatro mil jinetes y treinta y dos elefantes. Escipión mandó a Marco Junio a Cólicas a recoger las fuerzas que había reclutado para él, tres mil hombre de a pie y quinientos de a caballo. Él personalmente tomó a los aliados e inició la marcha: avanzaba hacia la realización de sus planes. Se aproximaba ya a Cástulo por los parajes de Bécula (Bailén), donde proyectaba reunirse con sus tropas de Cólicas, al frente de las cuales iba Marco Junio. Pero allí las circunstancias le pusieron en una situación difícil. Las fuerzas romanas que tenía no le bastaban para arriesgar por sí solas el choque, sin el apoyo de los aliados; por otra parte le parecía inseguro y absurdo empeñar una batalla decisiva en la que debía depositar íntegramente sus esperanzas en los aliados. Pero en medio de sus vacilaciones las circunstancias le apremiaban y se vio obligado a echar mano de sus iberos para causar impresión al enemigo. Sin embargo la lucha la entablaría con sus propias legiones. Tal era su proyecto. Alzó el campo con todos sus hombres, unos cuarenta y cinco mil infantes y tres mil jinetes. Aproximó a los cartagineses y, cuando los tuvo a la vista, acampó delante de ellos, en una lomas. Magón creyó que les ofrecía una oportunidad magnífica para atacar a los romanos cuando todavía acampaban. Tomó consigo la mayor parte de su caballería y, además, a Masinisa con sus africanos, y se lanzó contra la acampada romana, convencido que cogería desprevenido a Escipión. Ése, sin embargo, había adivinado el futuro y había apostado detrás de una loma un número de jinetes no inferior al de los cartagineses, que se vieron atacados cuando no lo esperaban. ante lo imprevisto de aquella aparición romana, muchos cartagineses se dieron a la fuga y cayeron de los caballos, aunque otros establecieron contacto con el enemigo y lucharon bravamente, pero los jinetes romanos eran muy hábiles y descabalgaban, por lo que los jinetes cartagineses, que sufrían muchas bajas, cedieron tras una breve resistencia. Primero se retiraban sin romper su formación, pero, cuando los romanos apretaron, disolvieron sus escuadrones y huyeron desordenadamente a su campamento. Esto hizo que los romanos cobraran más ánimos para la lucha, mientras que entre los cartagineses cundía el desánimo. Luego, durante unos días, ambos bandos hacía salir sus tropas a la llanura que mediaba entre los dos campamentos; se tanteaban mutuamente con escaramuzas de caballería y de infantería, y así acabaron por lanzarse a la batalla campal decisiva.

Polibio, 11, 22, 1-11. Parece que en aquella ocasión Escipión unió dos estratagemas. Había observado que Asdrúbal hacía salir a sus fuerzas ya bastante entrado el día, situaba en medio a sus africanos y distribuía a los elefantes por las dos alas. Él hacía salir a sus tropas más tarde todavía, situaba a los romanos en el centro de la formación enfrentados a los africanos y, en el extremo de ambas alas, emplazaba a los iberos. El día en que había decido dar la batalla hizo todo lo contrario de lo reseñado, con lo que facilitó mucho el triunfo de sus hombres, al poner en inferioridad al enemigo. Apenas alboreó, mandó a sus ayudantes con la orden, impartida a tribunos y soldados, de que tomaran un rancho y, luego, salieran al campo con las armas; debían colocarse delante del foso. Naturalmente fue obedecido, y aún con buen ánimo, porque todo el mundo se imaginaba lo que iba a suceder. Entonces mandó avanzar a su caballería y a su infantería ligera; debían aproximarse al campamento enemigo e iniciar una escaramuza audaz. Así que hubo salido el sol, apareció él personalmente con la infantería pesada, avanzó y, cuando alcanzó el centro de la llanura, allí formó a los suyos, pero con un dispositivo distinto al habitual: colocó en medio a los iberos y a los romanos en las alas. Los cartagineses apenas si tuvieron tiempo de armarse: la caballería enemiga se había acercado súbitamente al foso, y el restos de las tropas romanas había ya formado. Todo esto forzó a los oficiales de Asdrúbal, cuyos hombres estaban todavía en ayunas, a enviar, sin ningún otro tipo de preparación para tal eventualidad, a la llanura, a enfrentarse con la caballería romana, a su propia caballería y a la infantería ligera, mientras que Asdrúbal ordenó para el combate a la infantería pesada cartaginesa en el llano no muy distante del pie de las lomas, que era donde habitualmente se colocaba. Pasó algún tiempo hasta que los romanos se movieran. Ya entrado el día, el choque de las dos infanterías ligeras seguía indeciso y equilibrado, porque los que se encontraban en apuros se replegaban hacia sus falanges y, allí, se revolvían para regresar al combate. Entonces, Escipión empezó a recoger en los espacios libres que quedaban entre los destacamentos a los que se retiraban de las escaramuzas, los distribuyó detrás de los que habían formado en las dos alas, primero los vélites y detrás de éstos los jinetes, y empezó el ataque en toda regla avanzando en una fila que trazaba una línea recta. cuando estaba a un estadio de distancia del enemigo ordenó avanzar también a los iberos dispuestos del mismo modo.En el ala derecha las unidades de infantería y los escuadrones de caballería debían girar hacia su derecha, y en el ala izquierda, las tropas correspondientes, a la izquierda.

Polibio, 11,23,1-9. Él en persona tomó a su mando, en el ala derecha los tres escuadrones de caballería que abrían la marcha; Lucio Marco y Marco Junio mandaban los de la izquierda; delante avanzaban, como es normal, los vélites y tres secciones, que entre los romanos se llaman cohortes. Así pues los romanos avanzaron a paso ligero en columna contra el enemigo: Escipión giraba hacia la derecha y los otros hacia la izquierda; las líneas de detrás seguían siempre la inflexión de las de delante.Cunado los romanos estaban ya casi tocando al enemigo, la primera línea frontal de los iberos, que avanzaban al paso, quedaba todavía lejos. Las dos alas romanas enfilaron contra las rivales, que era lo que respondía a los cálculos iniciales de Escipión. Los movimientos siguientes, que posibilitaron a los que iban detrás alinearse a la misma altura de los que les precedían, y establecer contacto con el enemigo en vistas a la batalla, fueron en direcciones contrarias tanto en las dos alas como en la caballería y en la infantería. en efecto, la caballería y la infantería ligera del ala derecha viraron en su misma dirección, procurando envolver al adversario; en la infantería pesada, al revés, giró a la izquierda. en el ala izquierda los manípulos torcieron hacia la derecha y la caballería y los vélites a la izquierda. Este último movimiento hizo que, en ambas alas, la derecha dela caballería y de la infantería ligera se convirtiera en la izquierda. A este detalle, Escipión no le prestaba demasiada importancia; preveía algo más decisivo, que era desplegarse en una línea que rebasaría los flancos enemigos.Su cálculo resultó exacto. Un general debe saber siempre lo que ha sucedido y utilizar unas maniobras tácticas que favorezcan su acción.

Polibio, 11,24, 1-9. Como consecuencia de este choque, los elefantes, heridos por los tiros de la caballería y de los vélites, hostigados desde ambos frentes, lo pasaron muy mal, y dañaron por igual a romanos y cartagineses; corrían al azar por ambos bandos y aplastaban a todos los que hollaban. En las alas, la infantería cartaginesa estaba en situación difícil y el centro, donde formaban los africanos, la flor y nata de aquel ejército, no podía hacer nada: no podía ir en socorro de las alas porque así habría dejado un espacio libre para la arremetida de los iberos, ni, si permanecían en su sitio,llegaban a ser útiles, porque el enemigo que tenían delante no estaba a su alcance. Con todo, durante algún tiempo, las alas cartaginesas lucharon bravamente, ya que en ambas el choque era decisivo. sin embargo, cuando el calor llegó a su grado máximo, los cartagineses ya estaban extenuados, porque habían salido no por propia iniciativa y no se habían podido preparar debidamente. Los romanos, con una moral más alta, eran superiores también físicamente, con más razón aún porque sus soldados mejores peleaban contra los más flojos del adversario, debido a la presión de su general. Los hombres de Asdrúbal empezaron a retroceder lentamente a pesar del apuro en que se hallaban; después giraron todos en redondo y se retiraron hacia el pie de la montaña; cuando el ataque romano se generalizó huyeron en desorden hacia el foso. De no salvarles un dios, los romanos los hubieran echado incluso del campamento. Pero precisamente entonces se formó en la atmósfera un aguacero extraordinario, descargaban lluvias continuas y torrenciales, tanto, que los romanos se las vieron y se las desearon para alcanzar su campamento.

La mayor parte de las muertes romanas se debieron a quemaduras recibidas mientras buscaban oro y plata fundidos.

Cuando hubo expulsado a los cartagineses de España, todo el mundo felicitaba a Escipión y le rogaba que descansara y que se entregara al ocio, puesto que había concluido la guerra. El repuso que los envidiaba ya que creían esto; él, sin embargo, pensaba ahora más que nunca cómo podría empezar ahora la guerra contra Cartago, ya que hasta entonces eran los cartagineses los que había hecho la guerra a los romanos, pero, en el presente, la suerte había concedido a éstos la iniciativa en la guerra contra los cartagineses. Escipión dialogó con Sifax y fue tan noble, habló con tanta humildad y acierto que, días mas tarde Asdrúbal le dijo a Sifax que Escipión le parecía más temible aún en la conversación que en el campo de batalla.

COMENTARIO

La batalla de Alalia (-206), en las cercanías de Gades, prácticamente puso fin a la guerra de los cartagineses y romanos en Iberia. Desde aquí se va a producir un nuevo proyecto: atacar decisivamente a los cartagineses en su propio terreno: Cartago. Y va a ser lo que va a poner punto y final a la guerra de Aníbal contra Roma. Los cartagineses, derrotados en Ilipa, buscan la forma de que los gaditados les abran sus puertas para refugiarse del ataque romano e intentar reponerse. Pero se negaron muy diplomáticamente para evitar que los romanos emprendieran ataques contra ellos. Tal rechazo hizo que el resto de los supervivientes del combate emprendieran la retirada definitiva hacia el Norte de Árfrica.

Polibio, 11,26, 1-7. Con esta intención, los tribunos, al día siguiente, empezaron a recaudar fondos. Cuando los tribunos comunicaron la decisión a Escipión, éste se dio por enterado y participó al consejo lo que procedía. Se señaló el día en que se debían presentar los soldados. Se perdonaría a la masa, pero los promotores serían castigados severamente. Eran en, número, unos treinta y cinco. Llegó el día fijado y los amotinados acudieron para reconciliarse y percibir su soldada. Escipión había ordenado secretamente a los tribunos, a los que se había encomendado este cometido, que precedieran personalmente a los sediciosos y que cada uno de ellos eligiera a cinco cabecillas de los amotinados: debía tratarlos cordialmente e invitarlos a que los acompañaran, si podían lograrlo, a sus tiendas respectivas o, de lo contrario, al menos a una cena con la correspondiente sobremesa. Tres días antes ordenó a los de su propio campamento que dispusieran víveres para bastante tiempo, con el pretexto de dirigirse, bajo las órdenes de Marco Silano, contra el desertor Indíbil. Esto hizo que los amotinados cobraran más confianza; creyeron que cuando trataran con el general, lo harían desde una situación de fuerza, dado que las tropas del otro campamento se habían ausentado.

Polibio, 11,27, 1-8. Llegaron cerca de la ciudad, cuando Escipión ordenó a los demás soldados que al día siguiente se pusieran en marcha al alborear, con sus bagajes; a los tribunos y a los oficiales les mandó que, así que hubieran salido de la ciudad, hicieran que la tropa se descargara del equipaje y quedara, armada, junto a las puertas; después ellos mismos debían repartirse por ellas y vigilar que no saliese por allí ningún revoltoso. Los tribunos encargados de recibir a los amotinados, cuando éstos se llegaron a ellos, los trataron afablemente, según las órdenes recibidas. Se les había mandado también detener, después de la cena, a los treinta y cinco hombre, y custodiarlos atados; nadie podría salir del recinto, excepción hecha de un hombre por oficial, que iría a notificar al general que ya se había llevado a cabo todo. Cuando los tribunos hubieron cumplido las órdenes, al día siguiente Escipión comprobó que al alborear los soldados que habían llegado ya estaban concentrados en el ágora, por lo que convocó la asamblea. Se dio la señal y todos concurrieron a la junta como era costumbre, pero perplejos en su pensamiento acerca de cómo verían al general y sobre lo que les diría en aquellas circunstancias. Escipión, entonces, mandó mensajeros a los centuriones de las puertas con la orden de hacer entrar las fuerzas armadas que debían rodear la asamblea. Luego avanzó, y así que apareció, los pensamientos de todos cambiaron. Casi todos creían que se encontraban aún en una situación de inferioridad; entonces, cuando de manera súbita e inesperada, lo vieron firme, el pánico se apoderó de todos con sólo contemplarlo.

Polibio, 11,28,1-11. Y él empezó a hablar; les manifestó que encontraba extraño que se hubieran amotinado, tanto si era por descontento, como porque esperaban extraer algún provecho. Ya que tres son las causas, dijo, por las cuales los hombres se atreven a rebelarse contra su patria y sus gobernantes: cuando deben reprocharle algo con enfado, cuando los tratan duramente y, por lo tanto, cunde un descontento general, o !Por Zeus¡ Cuando se ven elevados a las esperanzas más altas y más bellas. «yo ahora me pregunto: ¿Cuál de estas cosas os ha pasado? Es evidente que estabais descontentos de mí porque no habíais cobrado vuestro salario. Pero de esto yo no tengo la culpa, en lo que depende de mi mando, jamás os faltó nada de sueldo. Luego estáis descontentos de Roma porque no os ha liquidado lo que os debe desde hace mucho tiempo.¿Pero era imprescindible que para reclamarlo os convirtierais en desertores de la patria, en enemigo de la que os ha nutrido?¿No podíais acudir a mí, por lo que toca a esto, y pedir a otros amigos que apoyaran vuestra gestión y os ayudaran? Esta, me parece, había sido la mejor solución. A los que pelean en calidad de mercenarios de alguien, se les puede perdonar si se amotinan a causa de los sueldos, pero para los que luchan en pro de sí mismos, de sus mujeres e hijos, no hay indulgencia posible. Hacen, poco más o menos lo que un hijo que dijera que su padre le ha engañado en cuestiones de dinero y se fuera contra él, armado, para matar a aquel a quien debe la vida. ! Por Zeus ¡ ¿Es que os he impuesto fatigas y peligros superiores a vosotros que a los demás?¿Es que he distribuido a los otros más ganancias, más botín? No os atreveréis a decirlo, y si os atrevierais, no lo podríais demostrar. ¿Cuál es, pues, la causa de este descontento que ha hecho que os amotinéis contra mí? Esto es lo que exijo saber. Pero creo que nadie de vosotros puede decir nada, ni tan siquiera imaginarlo……

Polibio, 11,30,1-5 [… ]Escipión, pues, reprimió con acierto el principio de grandes males que habían empezado a enraizar y restituyó a sus tropas el estado de ánimo anterior.

Polibio, 11.31. 1-4. Escipión congregó sin pérdida de tiempo la asamblea de sus fuerzas en la misma ciudad de Cartago Nova y les habló de la desvergüenza de Indíbil y de su deslealtad en contra de ellos; adujo multitud de detalles y estimuló a su ejército para la campaña contra los reyes citados. Enumeró, a continuación, las batallas libradas ya contra los cartagineses e iberos juntos, éstos, bajo mando cartaginés: si los romanos siempre habían salido victoriosos, argumentó, no era natural que ahora ellos desconfiaran, ni aún en el caso de sufrir alguna derrota contra los iberos que mandaba Indíbil. Por eso se negaba rotundamente a aceptar por aliado a ibero alguno y afrontaría el riesgo con sólo los romanos, para que quedara muy claro que éstos no habían derrotado a los cartagineses por la ayuda de los iberos, como sostienen algunos, echándolos así de Iberia, «hemos vencidos a los cartagineses e iberos por el coraje de los romanos, por nuestra propia fuerza». Dijo esto y los exhortó a la concordia; debía enfrentarse a aquella guerra con la misma confianza con que habían hecho frente a otras. Añadió que, con ayuda de los dioses, pensaría en lo que le llevara a la victoria. sus gentes cobraron tal ánimo y esperanza que, sólo con mirarlas, parecería que ya avistaban al enemigo y se aprestaban para el combate.

Polibio, 11,32,1-7. Tras la arenga, Escipión disolvió la asamblea. Al día siguiente levantó el campo e inició la marcha. Al cabo de diez días, alcanzó el río Ebro y acampó delante del enemigo, luego de cuatro jornada más de camino. Al día siguiente envió a un valle que había allí algunas cabezas de ganado de las que seguían a su ejército; previamente había ordenado a Lelio que tuviera dispuestos sus jinetes; también mandó a unos tribunos que prepararan a los vélites. Lo iberos se lanzaron inmediatamente a la captura de las bestias y Escipión envió contra ellos algunos vélites y esto ocasionó un choque: soldados de ambos bandos corrieron en apoyo de los suyos y hubo una fuerte escaramuza de infantería en medio del valle. La ocasión era oportuna y favorable, por lo que Lelio que, en cumplimiento de las órdenes recibidas, tenía dispuesta la caballería, arremetió contra la infantería enemiga y la aisló al pie de la montaña; la mayor parte de los infantes cartagineses se diseminó por el valle y murió a manos de los jinetes romanos. Los bárbaros exasperados, y temerosos de que aquella derrota pudiera hacer creer que estaban aterrados, salieron con el alba y dispusieron todas sus fuerzas en orden de batalla. Escipión ya había previsto esta emergencia. Al ver que los iberos bajaban absurdamente en masa hacia el valle y que alineaban en la llanura no sólo a la caballería, sino también a la infantería, dejó pasar algún tiempo: quería que adoptaran aquella formación el máximo número posible de enemigos. Teniendo gran confianza en su caballería, confiaba más en su infantería, porque en una batalla campal, cuerpo a cuerpo, sus hombres, ellos personalmente, y sus armamentos eran muy superiores a los iberos.

Polibio, 11,33,1-8. Cuando creyó que era ya el momento, opuso sus vélites al enemigo alineado al pie del monte contra los que habían descendido hasta el valle, envió desde el campamento cuatro cohortes en formación cerrada, a pelear contra la infantería enemiga. Simultáneamente Gayo Lelio, que mandaba la caballería romana, avanzó a través de las lomas que bajaban del campamento romano al valle, y cargó contra la retaguardia de la caballería ibera, con lo que la distrajo en un combate contra él. Privada del apoyo de sus jinetes, la infantería ibera, que había bajado al valle confiada en su caballería, se vio en situación dificultosa y apurada en el combate. Y algo no distinto experimentó la caballería ibera: atrapada en una angostura, no podía maniobrar. Allí murieron más jinetes iberos a manos de sus propios camaradas que por la acción de los romanos; su propia infantería los oprimían por un flanco, por el frente, la infantería enemiga, y por detrás, la caballería romana. Tal fue el desarrollo del combate. Los iberos que habían bajado a la llanura habían muerto prácticamente todos; los que quedaron al pie del monte, lograron huir. Constituían la infantería ligera una tercera parte de todo el ejército. Indíbil se salvo con ella y se escapó hacia un lugar fortificado. Cumplidos los objetivos en Iberia, Escipión se dirigió exultante a Tarragona; llevaba para su patria un triunfo espléndido, una bellísima victoria. Y como estaba muy interesado en no perderse la elecciones a cónsul, ya próximas en Roma, dispuso debidamente todo los de Iberia, confió el campamento romano a Junio y a Marco, y él, con Gayo Lelio y otros amigos, zarpó en dirección a la capital del Lacio.

ANÍBAL SE PREPARA Y DISPONE A INVADIR ITALAIA

Documentos.

Polibio, III, 34, 1-9. Aníbal, después de tomar sus previsiones acerca de la seguridad de las operaciones en África y en España, esperaba con impaciencia la llegada de los mensajeros que le habían enviado los galos. En efecto: había investigado exhaustivamente la fertilidad de la tierra situada al pie de los Alpes y alrededor del Po, el número de sus habitantes, la audacia bélica de estos hombres, y lo que le importaba más, la aversión que abrigaban contra los romanos como consecuencia de la guerra que tratamos antes. Por esto Aníbal se aferraba a esta esperanza y hacia toda clase de promesas; enviaba con gran interés legados a los jefes de los galos que habitaban en la parte de acá de los Alpes y a los de los mismos Alpes. Suponía que sólo entablaría en Italia la guerra contra los romanos si podía superar las dificultades del terreno y llegar a los lugares antecichos, y si podía usar a los galos como aliados y colaboradores para el plan que tenía fijado. al llegar los mensajeros y anunciar la buena disposisión y las esperanzas de los galos, diciendo, además, que el paso de los Alpes sería muy duro y difícil, pero no imposible, Aníbal congregó a sus tropas desde los lugares donde habían invernado (año -218) al comienzo de la primavera. Acababa de saber lo ocurrido en Cartago, y esto le infundió ánimos. Confiado en la buena disposición de sus conciudadanos exhortaba abiertamente a sus tropas para la guerra contra los romanos. Expuso muy claramente de qué modo los romanos había exigido la entrega de su persona y la de todos sus oficiales de su campamento; les indicó, además, la fertilidad del país al que iban a marchar; y también la buena disposición y alianza de los galos. Al ofrecérsele para el combate las tropas entusiásticamente, las felicitó, les indicó el día en que iniciaría la marcha y disolvió la asamblea.

COMENTARIO

Como buen estratego, Aníbal plantea primero cómo están los ánimos de los galos y tribus por los que va a pasar camino hacia Roma. Qué situación económica tienen esos posibles aliados de su guerra. Se asegura de que formen parte de su estrategia al introducirse en un terreno que desconoce. Cuál es la disposición de las tribus galas con respecto a los romanos. Cómo son las vías que conducen a Roma. Es una estrategia elemental antes de decidirse a pasar por un territorio totalmente desconocido.

Polibio, III, 35, 1-8. Aníbal realizó los mencionados preparativos durante el invierno, dispuso una seguridad suficiente para los asuntos de África y de España, y cuando llegó el día señalado, se puso en marcha con noventa mil soldados de a pie y alrededor de doce mil de caballería. Cruzó el río Ebro y sometió a las tribus de ilergetes, bargusios, también a los ernesios y a los endosinos, hasta llegar a los llamados Pirineos. Redujo a todos estos pueblos, tomó por la fuerza algunas ciudades más pronto de lo que hubiera esperado, pero le costaron numerosas y duras luchas en las que perdió no pocos hombres. Dejó a Hannón como gobernante de todo el territorio desde el río (¿Ebro?) hasta los Pirineos, y de los bargusios, pues desconfiaba mucho de ellos porque eran amigos de los romanos. Del ejército de que dispuso separó para Hannón diez mil hombres de infantería y mil jinetes, y también dejó la impedimenta de los que marchaban con él. Licenció y mandó a sus hogares a un número de soldados igual al mencionado, con la intención de dejarles bien dispuestos hacia él, y dejar entrever a los restantes la esperanza de retorno a la patria, no sólo a los iberos que marchaba a la campaña con él, sino también a los del país que se quedaban en sus casas. Quería que todos se pusieran en movimiento con buen ánimo por si eventualmente precisaba de su ayuda. Tomando, pues, el resto de las tropas ligeras, cincuenta mil soldados de a pie y unos nueve mil jinetes, los condujo a través de los montes llamados Pirineos para pasar el río que se llama Ródano. Tenía una ejército no tan numeroso con útil y excepcionalmente entrenado por lo continuo de sus luchas en España.

COMENTARIO

Aníbal se asegura de la fiabilidad de las tribus que se van encontrando. y pone en práctica una decisión acertada; sabe que se va a enfrentar a un ejército que tiene una influencia grande sobre toda la península italiana. Pero si surge algún contratiempo irreparable y tiene que dar marcha atrás, qué hacer. Decide mandar a sus ciudades respectivas a aquellos soldados que por sus circunstancia especiales no les eran muy útiles, y los manda a sus casas. De esta forma intenta guardarse las espaldas si tiene que volver y no encontrarse de nuevo con una resistencia de los los aborígenes del territorio de retorno. Idea y decisión que tuvo buena acogida por parte des los soldados licenciados.

Polibio, III, 37 y 38: Descripción geográfica de los territorios conocidos hasta entonces, de forma genérica hasta llegar a: … He explicado todo esto para que mi narración no sea totalmente oscura para los que ignoran los lugares, sino que puedan considerar, al menos, las divisiones generales y guiarse en mis afirmaciones por algún conocimiento, tomando como punto de partida los espacios celestes. Igual que al mirar solemos volver siempre el rostro hacia lo que nos muestran, es preciso volver nuestros pensamientos y dirigirlos a los parajes que sin interrupción se nos muestran a lo largo de la exposición.

Polibio III, 39, 1-12. Pero dejemos estas consideraciones y sigamos el hilo de la narración que hemos propuesto. En esta época los cartagineses dominaban todas las partes de África que miran al Mar Interior, des las Altares de Fileno (entre Cartago y Cirene), que están en la sirte Mayor, hasta las columnas de Hércules. La longitud de esta costa es de más de dieciséis mil estadios. Habían cruzado la entrada de las Columnas de Hércules y se habían apoderado de toda España hasta el promontorio que, en el Mar Mediterráneo, es el final de los Montes Pirineos (Creus). Estos montes separan a los españoles de los galos. Desde este lugar a la entrada de las Columnas de Hércules, hay unos ocho mil estadios. Desde las Columnas de Hércules a Cartagena hay unos tres mil; en esta ciudad inició Aníbal su expedición contra Italia. Desde esta ciudad hasta el río Ebro hay dos mil seiscientos estadios, y desde este río a Ampurias, mil seiscientos estadios (desde Emporio hasta Narbona, unos seiscientos). Y desde aquí hasta el paso del Ródano alrededor de mil seiscientos estadios [Los romanos han medido y señalado cuidadosamente esta distancia emplazando mojones cada ocho estadios] Desde el vado del Ródano, marchando junto al río remontando su curso, hasta el lugar en que las vertientes de los Alpes dan ya a Italia, hay mil cuatrocientos estadios. Pero queda el paso mismo de los alpes, unos mil doscientos estadios, que Aníbal debía recorrer para llegar a las llanuras del río Po, en Italia. De modo que, contando desde Cartagena, la cifra total de estadios que debía recorrer era de unos nueve mil. De todos estos lugares, por lo que se refiere a distancias, había ya recorrido casi la mitad, pero si se considera la dificultad, le restaba la mayor parte del camino.

Plobio, III,40, 1-14. Paso por la Galia Cisalpina. Aníbal atacó los desfiladeros pirenaicos con un gran temor a los galos, porque aquellos parajes son sumamente escarpados. Los romanos, en ese mismo tiempo, ya habían oído de boca de los embajadores enviados a Cartago lo decidido allí y los discursos que se pronunciaron. Supieron que Aníbal había cruzado el río Ebro con su ejército más pronto de lo que ellos suponían, y decidieron enviar a España a Publio Cornelio Escipión con sus legiones (-218), y a Tiberio Sempronio a África. Mientras éstos reclutaban las tropas y hacían los preparativos restantes, los romanos se apresuraron a organizar las colonias que ya había planeado enviar a la Galia (Cisalpina). Pusieron gran ardor en amurallar las ciudades, y ordenaron a sus futuros habitantes que se personaran en ellas en el plazo de treinta días. Cada ciudad iba a tener unos seis mil. Fundaron la primera colonia en la parte de acá del río Po y la llamaron Placentia; la segunda, en la parte de allá del río, y la llamaron Cremona. Apenas fundadas estas ciudades, los galos llamados boyos (que desde hacía tiempo buscaban, sin encontrarla, una ocasión para deshacerse de la amistad de los romanos), se envanecieron fiados, por las declaraciones de sus mensajeros,, en la llegada de los cartagineses, y desertaron de los romanos, abandonando los rehenes entregados al final de la guerra pasada que se ha citado antes. Llamaron a los insubres que compartían con ellos la cólera por los hechos de antes, y devastaron las tierras que los romanos habían distribuido en lotes. Persiguieron a los fugitivos hasta Mutina, que era colonia romana, y la asediaron. Entre los que encerraron allí había tres hombres notables que habían sido enviados para repartir las tierras; uno de ellos era Gayo Lutacio, que anteriormente había sido cónsul, y dos antiguos pretores. Los tres creyeron oportuno parlamentar con los boyos, a lo que éstos accedieron. Pero cuando los romanos hubieron salido, lo boyos, menospreciando cualquier derecho, los cogieron prisioneros; esperaban que así recuperarían sus propios rehenes. Lucio Manlio, al que habían nombrado pretor, y estaba en aquellos parajes con sus fuerzas, cuando oyó lo ocurrido, acudió en su socorro a marchas forzadas.. Pero los boyos se enteraron de su llegada y le tendieron una celada en unos encinares, y al tiempo de llegar los romanos en el paraje boscoso se vieron a la vez asaltados desde dos partes; lo boyos les infligieron muchas bajas. Los supervivientes emprendieron la huida, pero cuando alcanzaron unas alturas, allí se reagruparon como para poder efectuar con dificultad una honrosa retirada. Los boyos persistieron en su persecución y los cercaron en la aldea llamada Tannes. Cuando en Roma se enteraron de que los boyos habían atrapado la legión cuarta y la asediaban enérgicamente, enviaron al punto en su ayuda las legiones puestas a disposición de Publio Cornelio Escipión, al mando de un pretor; ordenaron a aquel reclutar y concentrar más legiones de entre los aliados.

Polibio, III, 41, 1-9. [Aníbal cruza el Ródano] Esto fue lo que pasó en la Galia Cisalpina desde el principio hasta la llegada de Aníbal…Los cónsules romanos, cuando terminaron los preparativos para sus operaciones, zarparon a principios de verano para las actuaciones que tenían asignadas. Publio puso rumbo a Iberia con sesenta naves quinquerremes. Y se aplicó a la guerra de manera tan importante y hacía tales preparativos en Lilibeo, juntando todo lo que podía desde cualquier parte, que daba la impresión de que nada más desembarcar asediaría Cartago. Publio Cornelio Escipión costeó la Liguria, y en cinco días llegó de Pisa a la región de Marsella. Fondeó junto a la primera boca del Ródano, la llamada Masaliota, e hizo desembarcar a sus fuerzas, pues le llegaba la voz de que Aníbal cruzaba ya los Pirineos. Sin embargo, estaba convencido de tenerle todavía a gran distancia, tanto por las dificultades de los lugares como por la multitud de galos que había de por medio. Pero Aníbal, que había sobornado a unos galos con dinero y sometido a otros por la fuerza, se presentó inesperadamente con su ejército y se dispuso a cruzar el Ródano; el Mar de Cerdeña le quedaba a la derecha. Cuando Escipión tuvo noticia de la presencia del enemigo, no acababa de creerlo, por la prontitud de aquella llegada, así que quiso averiguar la verdad. Concedió un descanso a las tropas que habían arribado por mar y deliberó con sus oficiales acerca de qué clase de terreno debían elegir para presentar batalla al enemigo. Mandó como avanzadilla a sus trecientos jinetes más bravos, dándoles como guías y auxiliares a unos galos que casualmente estaban a sueldo de los masaliotas.

Polibio, III, 42, 1-11. Aníbal, así que llegó a los parajes próximos al río, intentó cruzarlo allí donde su curso es todavía único, a una distancia del mar, que un ejército haría en unos cuatro días. Se concilió de todas las formas imaginables la amistad de los pueblos ribereños: les compró las barcas y los esquifes, suficientes en número, puesto que muchos de los que habitan la región del Ródano se dedican al tráfico marítimo. Adquirió de ellos también la madera necesaria para fabricar barcas, por lo cual, al cabo de dos días, tenía construidas muchísimas, pues sus hombres se empeñaban en no depender del vecino y en depositar en si mismo la esperanza de cruzar el río. pero entonces se concentró en la otra orilla una gran multitud de bárbaros con la intención de impedir el paso del río a los cartagineses. Aníbal se percató muy bien de que en aquellas circunstancias no podría forzar por la violencia el paso del río, porque el número de enemigos apostados era incalculable, no podría aguantar allí sin que el adversario le atacara por todas partes. A la tercera noche envía parte de sus fuerzas, con unos guías naturales del país, bajo el mando de Hannón, el hijo del sufeta Bomílcar. El contingente marcho unos doscientos estadios curso arriba del río hasta llegar a un lugar en el que la corriente se divide y forma una pequeña isla, y se quedaron allí. Fijando y atando troncos de un bosque vecino, en breve tiempo armaron muchas balsas, suficientes para lo que entonces necesitaban; en ellas cruzaron el río con seguridad y sin que nadie les estorbara. Tomaron un lugar abrupto, y aquel día permanecieron allí tanto para descansar de las penalidades anteriores como para prepararse para la operación siguiente, según las órdenes que tenían. Aníbal hizo algo muy parecido con las tropas que habían quedado con él. Lo que le ofrecía más dificultades era hacer cruzar el río a los elefantes, que eran treinta y siete.

COMENTARIO

Anibal iba muy bien equipado para afrontar los contratiempos que se le presentaban por parte de los enemigos inesperados que se le presentaban. Llega al río que pretende atravesar y se encuentra con grandes dificultades por el rechazo de los naturales del terreno. Pero lo de admirar es el cuidado que puso en llevar bien equipado de personal adiestrado en la construcción de barcos y lo que hoy llamaríamos ingenieros de caminos. Su equipo iba completo. Hizo acopio de materiales para construir embarcaciones y atravesar sin problemas los ríos. Su equipo bélico era completo y eficaz. Punto muy importante en las operaciones militares.

Polibio, III, 43, 1-12. De todos modos, al llegar la quinta noche, los que habían cruzado el río por la parte superior de su curso, al amanecer avanzaron por la orilla contra los bárbaros apostados en ella. Aníbal, que tenía ya dispuestos sus propios soldados, esperaba el momento de cruzar. Había llenado los esquifes con caballería ligera, y las barcas con infantería más ligera. Los esquifes estaban situados arriba y contra corriente; a continuación los transportes ligeros. Así serían los esquifes los que soportaran la fuerza mayor de la corriente, y el paso de las demás embarcaciones sería más seguro durante la travesía. Idearon también arrastrar los caballos a popa de los esquifes, para que nadaran. Un sólo hombre conducía por las riendas tres o cuatro a la vez, a cada lado de la popa, de modo que ya inmediatamente, en el primer paso, trasladaron un buen número de caballos. Los bárbaros al ver el intento de los enemigos, salieron desordenadamente de sus atrincheramientos, convencidos de que frustrarían con facilidad el desembarco cartaginés. Aníbal vio que en la orilla opuesta sus soldados estaban ya cerca, pues, según lo convenido, le había señalado su presencia mediante humaredas. Ordenó a todos los hombre embarcar a la vez, y a los que dirigían las embarcaciones navegar contra corriente. La operación se hizo rápidamente, porque los que estaban en las embarcaciones rivalizaban entre ellos, con gran griterío, en su pugna contra la fuerza del río. Ambos ejércitos estaban frente a frente, en las dos orillas: unos se asociaban a las dificultad de sus camaradas, y les seguían con gritos en sus esfuerzos, mientras que los bárbaros entonaban cantos de guerra y llamaban al combate. El espectáculo era sobrecogedor y despertaba angustia. en el momento en que los bárbaros abandonaron sus barracas, los cartagineses que estaban en aquella orilla los acometieron de manera súbita e inesperada. Algunos prendieron fuego al campamento, pero la mayoría atacó directamente a los que acechaban la travesía. Los bárbaros, sorprendidos por aquella inesperada maniobra, unos retrocedieron para proteger sus barracas, otros se defendieron y entablaron combate con los atacantes. Cuando comprendió que la acción se desarrollaba según sus cálculos, Aníbal, rápidamente organizó a los que habían desembarcado, los arengó y trabó pelea contra los bárbaros. Los galos, ante aquel desorden y ante un hecho tan inesperado, volvieron pronto la espalda y se dieron a la fuga.

Polibio, III, 44. 1-13. El general cartaginés, pues, dominó a la vez el paso del río y a los enemigos. Luego se dedicó inmediatamente a hacer pasar a los hombres que quedaban en la otra orilla. Tras pasar a todas sus fuerzas en poco tiempo, aquella noche acampó en la misma orilla del río. Al enterarse, al día siguiente, de que una flota romana había fondeado en la desembocadura, envió quinientos jinetes nómadas a inspeccionar dónde esteban, cuántos eran y qué hacían los enemigos. Al mismo tiempo dispuso que unos hombres adiestrados pasaran los elefantes.

Él reunió sus fuerzas y les presentó a Mágilo y a otros reyezuelos, que habían acudido allí desde las llanuras del Po. A través de un intérprete hizo saber a sus tropas los planes que habían acordado. Lo que infundió más ánimos a aquella masa de hombres fue, primero, el ver con sus propios ojos a aquellos que les incitaban y que les decían que ellos mismos colaborarían en una guerra contra los romanos. En segundo lugar, la seguridad y la promesa de que les guiarían por unos lugares por donde no les iba a faltar nada necesario para marchar contra Italia con toda seguridad y en poco tiempo. Hablaban, además, de la fertilidad del país al que iban a llegar, de su extensión, del coraje de los hombres en compañía de los cuales iban a combatir contra las fuerzas romanas. Los galos, después de hablar así, se retiraron. Tras ellos se destacó Aníbal, y en persona en primer lugar recordó a aquella multitud de gestas ya cumplidas, en las que, afirmó, ellos mismos habían afrontado muchos peligros y empresas azarosas, sin fracasar en ninguna por haber seguido su parecer y consejo. De modo que los incitó a estar confiados, al ver que lo más arduo de la empresa estaba superado; pues habían vencido el paso del río y habían visto por sí mismo la adhesión y la predisposición de los aliados. Por eso creía que podían despreocuparse de cada una de las operaciones porque caían bajo su incumbencia personal. En cambio, debían cumplir las órdenes, ser hombres valientes y a la altura de las gestas pasadas. La muchedumbre aplaudió y evidenció gran empuje y ardor. Aníbal los felicitó, y tras rogar a los dioses por todos sus planes, los despidió diciéndoles que se cuidaran y que se prepararan con empeño; la marcha iba a iniciarse a la aurora siguiente.

COMENTARIO

Las tareas de Aníbal como estratego quedaban patente ante su comportamiento con los nuevos aliados. Su plan de pasar el río con cierta corriente, fue arriesgada, pero resultó bien, a pesar de que las embarcaciones usadas para hacer pasar a los caballos fue complicada porque una nave como un esquife para tirar de los caballos nadando, sin duda fue atrevida, precisamente por la debilidad de ese tipo de barco, que es un elemento auxiliar de los barcos grandes. También cumplió los objetivos de atraerse la simpatía y apoyo de las tribus que se iba encontrando en su camino hacia Roma, llegando a firmar pactos con ellos.

Polibio, III, 45, 1-6. Ya se había disuelto aquella asamblea cuando llegaron los númidas enviados en misión de reconocimiento. La mayoría de los que habían salido habían muerto y los restantes habían huido precipitadamente, porque no lejos de su propio campo se habían tropezado con la caballería romana, enviada por Publio con la misma finalidad, y ambos destacamentos habían puesto tal coraje en la escaramuza que murieron en ella ciento cuarenta jinetes entre galos y romanos, y más de doscientos jinetes númidas. Después de la refriega los romanos siguieron la persecución y se acercaron al atrincheramiento carteginés, que examinaron; dieron la vuelta y regresaron para explicar a su general la presencia del enemigo. Escipión transportó inmediatamente los bagajes a las naves, levantó todo su campamento y avanzó hacia el río, deseando establecer contacto con el enemigo. Al día siguiente de la asamblea, Aníbal, al amanecer, hizo levantar toda la caballería en dirección al mar, en situación de observadora, e iba haciendo salir del atrincheramiento a sus fuerzas de a pie para emprender la marcha. Él personalmente se quedó en espera de los elefantes y de los hombres que había dejado a su cuidado. El paso de los elefantes se efectuó como sigue:

Polibio, III, 46, 1-11. Construyeron un gran número de balsas muy sólidas, ataron fuertemente entre sí a dos de ellas y las adosaron a tierra firme, a la orilla misma del río; entre ambas tenían una anchura de cincuenta pies. Por la parte externa de éstas ataron otras que encajaran con ellas, y alargaron así la plataforma hacia el curso del río. Consolidaron el lado de la corriente con cables fijados en tierra, atándolos a los árboles que se crecían en la orilla, para que toda la obra resistiera y no cediera, yéndose río abajo. Cuando hubieron construido el conjunto de esta plataforma proyectada hacia adelante, de una anchura de dos pletros añadieron a la última balsa dos más excepcionalmente resistentes, atadas estrechamente, y a éstas otras, de la misma manera, de modo tal que las amarras fueran fáciles de cortar. Además, había fijado a las balsas muchas correas: con ellas los esquifes que iban a remolcar las balsas, impedirían que fueran arrastradas por el río, y al retenerlas con fuerza contra la corriente, permitirían transportar y pasar a los elefantes sobre tales artilugios. Recubrieron las balsas con mucha tierra, que echaron encima hasta nivelarlas; las allanaron y les dieron el mismo color del camino que conducía al vado a través de la tierra firme. Los elefantes están acostumbrados a obedecer a los indios hasta llegar al agua, pero en modo alguno se atreven a penetrar en ella. Los indios hicieron avanzar por la tierra apisonada a un par de hembras, que los elefantes siguieron. Así que situaron en las últimas balsas a los elefantes, cortaron las amarras que las unían a las otras, tiraron con los esquifes de los cables y pronto separaron de la tierra apisonada los elefantes y las balsas que los transportaban. Tras esta operación de animales, al principio se pusieron a dar vueltas y embestían hacia todas partes; pero, rodeados por la corriente, se acobardaron y se vieron forzados a permanecer en su sitio. De esta manera, atando cada vez dos balsas, hicieron cruzar encima de ellas la mayoría de los elefantes. Algunos, con todo, se lanzaron aterrorizados al río a mitad de la travesía, y ocurrió que sus indios murieron todos, pero los elefantes se salvaron, pues, gracias a fuerza y longitud de sus trompas, que levantaban por encima del agua, inspirando y exhalando a la vez, resistieron la corriente, haciendo erguidos la mayor parte de la travesía.

COMENTARIO

Sin duda la operación del paso de los elefantes de una orilla a otra del río, fue una obra no de Aníbal, sino de sus guías indios que los conducían. Pero no deja de ser un éxito del cartaginés en la marcha de su ejército hacia Roma. el planteamiento de construir las plataformas para cruzar el río sí fue un éxito de la ingeniería cartaginesa: cómo convencer a unos enormes animales a posarse sobre unas especies de terrazas cubiertas de tierra para disimular que se movían sobre una superficie natural y no sobre unas balsas hechas con troncos madera de los bosques cercanos. Mérito de estrategia militar cartaginesa y, en definitiva, de Aníbal.

Polibio, III, 49, 1-13. Cuando hacía tres días que los cartagineses habían iniciado la marcha, el general romano llegó al paso del río. Comprobó que el adversario ya había partido, y se maravilló a más no poder, ya que estaba persuadido de que jamás osaría efectuar la marcha hacia Italia por aquellos lugares, entre otras razones porque los bárbaros de aquellos parajes eran muchos y muy traidores. Pero al ver que los cartagineses se habían arriesgado, regresó rápidamente hacia las naves, llegó donde estaban y embarcó a sus tropas. Envió a su hermano a las operaciones de España, y él, personalmente, viró en redondo y navegó hacia Italia, con el afán de adelantarse al adversario y, a través de Etruria, encontrarlo al pie de los Alpes.

Aníbal marchó ininterrumpidamente durante cuatro días desde que cruzara el río, y llegó a un lugar llamado la Isla (río Isère), país muy poblado y rico en trigo, cuyo nombre se debía a su misma forma: por un lado fluye el río Ródano y por el otro el Isère; cuando confluyen dan a este lugar la figura de una punta. Tanto en dimensiones como en forma, es un un ligar parecido al que en Egipto se llama El Delta, sólo que en éste el mar forma uno de los lados que ciñe la desembocadura de los ríos; aquí el lado correspondiente los forman las montañas difícilmente practicables, de penetración penosa y casi, por así decir, inaccesible.

Aníbal, pues, llegó a este lugar, y se encontró en el con dos hermanos que se disputaban la realeza, y que se habían enfrentado ya con sus dos ejércitos. El mayor de estos hermanos se atrajo a Aníbal y le pidió colaboración y ayuda para hacerse con el poder. El cartaginés accedió, pues era claro el provecho que en aquel momento iba a obtener. De modo que le ayudó militarmente, y tras expulsar al otro, obtuvo muy buena colaboración por parte del vencedor; pues no sólo abasteció abundantemente de trigo y otras provisiones a su ejército, sino que al cambiarle las armas viejas y gastadas renovó así una fuerza de manera muy oportuna. Además, como avitualló a la mayoría con vestidos y calzados, les procuró la mayor facilidad para cruzar los montes. Y lo que es más importante: los cartagineses temían su paso por la región de los galos llamados alóbroges, y este rey les cubrió la retaguardia con su propio ejército; así dispuso que los cartagineses avanzaran sin peligro hasta llegar al paso de los Alpes.

Paso de Aníbal por los Alpes

Polibio, III,59, 1-9. Tras una marcha de diez días a lo largo del río, unos ochocientos estadios, Anibal inició la ascensión de los Alpes, y cayó en los mayores riesgos. Pues mientras los cartagineses se encontraban aún en la llanura, los jefes de las tribus de los alóbroges se mantuvieron distanciados de ellos. tanto por temor a la caballería como a los bárbaros que cerraban la marcha. Pero cuando éstos se hubieron retirado a sus tierras y los hombre de Aníbal empezaban el avance por terrenos difíciles, entonces los jefes alóbroges concentraron un número de tropas suficientes y se adelantaron a ocupar lugares estratégicos, por los cuales los hombre de Aníbal debían efectuar inevitablemente la ascensión. Si hubieran logrado mantener oculta su intención, hubieran podido destruir totalmente el ejército de los cartagineses; pero como fueron descubiertos, aunque causaron grandes estragos en los hombres de Aníbal, no fueron menores los que se infirieron a sí mismos. El general cartaginés, en efecto, sabedor de que los bárbaros se habían anticipado a ocupar posiciones estratégicas, acampó en sus mismas estribaciones y permaneció allí. Envió a algunos galos de los que actuaban como guías para que indagaran las intenciones del adversario y toda su disposición. Los enviados cumplieron las órdenes, y Aníbal pudo saber que el enemigo observaba cuidadosamente el orden y custodiaba los parajes, pero que de noche se retiraban a una ciudad no lejana, Se ajustó, pues, a esta táctica, y dispuso la acción como sigue: tomó sus fuerzas, avanzó a la vista de todos, se aproximó a los lugares abruptos y acampó no lejos del enemigo. Cuando sobrevino la noche, ordenó encender hogueras, y dejó allí la mayor parte de sus tropas. Equipó a los hombre más aptos como soldados de infantería ligera, durante la noche pasó los desfiladeros y tomó las posiciones que habían sido ocupadas antes por el adversario, puesto que los bárbaros se habían retirado, según su costumbre, a la ciudad.

Polibio, III, 51, 1-13. Logrado esto, cuando vino el día, los bárbaros, apercibidos de lo ocurrido, primero desistieron de sus intenciones. Pero después, al ver la gran cantidad de acémilas y a los jinetes que marchaban con dificultad y lentamente por aquellas fragosidades, se decidieron por esta circunstancia a cortar la marcha. Cuando llegó el momento, los bárbaros atacaron por todas partes, y el desastre de los cartagineses fue muy grande, no tanto por los hombres, sino por aquellos parajes. La vereda, en efecto, no sólo era estrecha y pedregosa, sino también empinada, de manera que cualquier movimiento, o cualquier perturbación hacía que se despeñaran por los precipicios muchas acémilas con sus cargas. Los que provocaban más este desorden eran los caballos heridos; cada vez que una herida los desbocaba, unos caían de bruces sobre las acémilas, y otros se precipitaban hacia adelante y arrastraban consigo todo los que en la aspereza se les presentaba; se producía una confusión enorme. Al ver esto Aníbal, y calcular que si se perdían todos los bagajes ni aún los que consiguieran eludir el riesgo se salvarían, recogió a los que de noche habían tomado las posiciones estratégicas y se lanzó en ayuda de los suyos que abrían la marcha. Allí murieron muchos bárbaros, puesto que Aníbal atacaba desde lugares más altos, pero no menos cartagineses. En efecto, la confusión que ya acompañaba a la marcha se acrecentó por el griterío y el combate de los citados. Sólo cuando hubo matado a la mayoría de los alóbroges y obligado a replegarse a los restantes y a huir a sus tierras, Aníbal logró que, a duras penas, atravesaran aquellos lugares difíciles las acémilas y los acemileros supervivientes. él mismo, pasado el peligro, reunió a todos los hombre que pudo y atacó la ciudad desde la que el enemigo le había agredido. La sorprendió casi desierta, pues las posibles ganancias habían atraído a sus habitantes, y se adueñó de ella. En este lugar Aníbal obtuvo muchas cosas útiles, tanto para el presente como para el futuro. De momento se hizo con una gran cantidad de caballos y de acémilas, junto con muchos hombres suyos que habían caído prisioneros. Tuvo, además, gran abundancia de trigo y de ganado para dos o tres días, y, sobre todo, infundió temor a las tribus vecinas, de manera que los habitantes de las proximidades ya no se atrevieron sin más a molestarle durante la ascensión.

COMENTARIO

No fue un camino de rosas para Aníbal pasar los Alpes. Pero a pesar de la dificultad consiguó sobreponerse. Los alóbroges fueron un serio obstáculo para cruzar estas montañas tan escarpadas y estrechas. Perdió bastante de lo que llevaba debido a los ataques de los enemigos alpinos. fue atacado severamente, pero su estrategia fue muy superior a pesar de la dificultad del desconocimiento del terreno. Hizo huir al enemigo venciéndolo y saqueando su ciudad, cosa que le proporciono un respiro en el equipamiento de su ejército y abastecimiento de víveres y animales tanto de carga como de caballería. Los bárbaros no volvieron a molestar. Fue un éxito de buen estratego.

Polibio, III,52, 1-8. Aníbal estableció allí su campamento, aguardó un día y se puso de nuevo en marcha. En las jornadas siguientes condujo con seguridad su ejército hasta cierto punto, pero en el día cuarto se volvió a ver expuesto a grandes riesgos. en efecto, los que habitaban los lugares por donde pasaba, tramaron de común acuerdo un engaño y le salieron al encuentro con coronas y ramos de olivo, lo cual entre casi todos los bárbaros es señal de amistad, al igual que el caduceo entre los griegos. Tales lealtades no acababan de convencer a Aníbal, e intentaba con sumo cuidado averiguar sus intenciones y su entero propósito. Ellos afirmaron que conocían bien la toma de la ciudad y la ruina de los que habían intentado dañarle, y le aclararon que estaban allí por esto, porque no querían hacer ni sufrir nada malo; le prometieron, además, que le entregarían rehenes. Durante mucho tiempo Aníbal anduvo precavido y desconfiaba de lo que le iban diciendo. Con todo, calculó ( que si aceptaba) aquellos ofrecimientos, quizás convertiría en más cautos y pacíficos a los que se les habían presentado pero, si no los aceptaba, los tendría por enemigos declarados. Se avino, pues, a lo que le decían, y simuló aceptar aquellas amistades. Los bárbaros entregaron los rehenes, aportaron rebaños en abundancia y, en suma, se entregaron sin reservas ellos mismos en sus manos, de modo que Aníbal y los suyos acabaron por creer tanto en ellos que los tomaron por guías en los lugares difíciles que iban a seguir. Los bárbaros, pues, los guiaron durante dos días, y entonces una masa de bárbaros que los iba siguiendo los atacan cuando iban cruzando un desfiladero difícil y escarpado.

Polibio, III,53, 1-10. En aquella ocasión se hubiera perdido completamente todo el ejército de Aníbal. Pero éste guardaba todavía un punto de desconfianza, y, en previsión del futuro, había situado bagajes y caballería abriendo la marcha; la infantería marchaba, cerrándola a retaguardia. Éste, pues, estaba al acecho, lo cual aminoró el desastre, pues los soldados de a pie contuvieron el ataque de los bárbaros, sin embargo, y a pesar de que salió del trance, perdió gran cantidad de hombres, de acémilas y de caballos. El enemigo, en efecto, había ocupado las alturas; los bárbaros, avanzando por las cumbres, hacían caer peñascos, que rodaban contra unos, lanzaban a mano piedras contra otros, y así les causaron tanto riesgo y confusión que Áníbal se vio forzado a pernoctar con la mitad de su ejército en un lugar yermo, rocoso y pelado, separado de los caballos y de las acémilas; les iba cubriendo, hasta que a duras penas logró, durante la noche, salvar el desfiladero, Al día siguiente, cuando el enemigo se hubo ya retirado, estableció contacto con jinetes y acémilas, y progresó hacia los pasos más avanzados de los Alpes, sin encontrarse ya ningún grupo organizado de bárbaros, y hostigado sólo por pequeñas bandas y en ciertos parajes, unos por retaguardia y otros por vanguardia, le privaron de algunas acémilas con asaltos bien calculados. En todas estas acciones, a Aníbal le fueron de gran utilidad los elefantes: el enemigo no osaba atacar por los lugares por los cuales éstos pasaban, ya que la extraña figura de estos animales les resultaba imponente.

Al cabo de nueve días llegó a la cumbre, donde acampó y aguardó dos, con la intención de hacer descansar a los que se habían salvado y recobrar a los rezagados. En esta ocasión, muchos de los caballos que habían perdido el tino y muchas de las bestias de carga que la habían arrojado de sí siguieron sorprendentemente el rastro, lo recorrieron y volvieron a establecer contacto con el campamento.

COMENTARIO

Aníbal continúa su viaje hacia su objetivo. Otras tribus del lugar se le acercaron ofreciéndole amistad y ayuda. Ante esto, Aníbal quedó muy dudoso de su sinceridad amistosa y decidió aceptar la oferta de los bárbaros; pero no se fiaba de ellos. «Timeo Danaos et dona ferentes» tal vez sería la frase más apropiada para entender los planes ofrecidos por los naturales. Desconfía absolutamente de ellos. Así que iba prevenido contra un probable intento de ataque de estos bienhechores ofrecidos por el azar. Y avanza, pero con los cinco sentidos en cada movimiento de estos enemigos disfrazados de bondad de bondadosos. El estratego sigue siéndolo muy discretamente pero los aborígenes vuelven a atacarlo en su marcha aprovechando la configuración del terreno.

Polibio, III, 56, 1-6. Aníbal, cuando hubo reunido toda su fuerza, emprendió el descenso, y al tercer día de su partida de los precipicios citados, llegó a la llanura. Había perdido muchos combatientes, unos a manos de los enemigos, o a causa de los ríos, durante la marcha, y muchos hombres en los barrancos y lugares difíciles de los Alpes, y no sólo hombres, sino aún acémilas y caballos en cantidad superior. Al final, toda la marcha desde Cartagena duró cinco meses, y el paso de los Alpes, quince días. Llegó, pues, audazmente a las llanuras del Po, al pueblo de los insubres. Había salvado parte de los soldados de África, doce mil de a pie y ocho mil iberos; la cifra de caballos de que disponía, en conjunto, no iba mucho más allá de los seis mil, como el mismo Aníbal señala en la estela que, en el cabo Lacinio, contiene un recuento de sus tropas.

Por aquel mismo tiempo, como dije más arriba, Escipión había confiado fuerzas a su hermano Gneo, con el encargo de que atendiera los asuntos de Iberia e hiciera enérgicamente la guerra a Asdrúbal. Él zarpó con unos pocos hombres hacia Pisa. Hizo la marcha a través de la Etruria, y tomó de los pretores el mando de los ejércitos que, a sus órdenes, hacían la guerra a los boyos. Acudió a las llenuras del Po y acampó allí, ansioso de trabar batalla.

Escipión y Aníbal se ven en Italia frente a frente.

Polibio, III, 60, 1-13. Ya hemos precisado el número de soldados con que Aníbal llegó a Italia. Tras su entrada, acampó en los mismas estribaciones de los Alpes y, de momento procuró que sus tropas se recuperaran. Todo su ejército estaba en una situación lamentable no sólo por las ascensos y descensos y por las penalidades de la travesía, la escasez de víveres y los nulos cuidados corporales lo habían deteriorado enormemente. Ante estas privaciones y lo continuo de las calamidades muchos se habían desmoralizado por completo. Las dificultades del terreno habían imposibilitado a los cartagineses transportar provisiones abundantes para tantas decenas de millares de hombre, e incluso se perdió la mayor parte de lo que acarreaban cuando perdieron las acémilas. Cuando cruzó el Ródano, Anibal tenía unos treinta y ocho mil hombres de infantería, y más de cho mil jinetes, pero en los pasos perdió casi la mitad de las fuerzas, como apunté más arriba. Los supervivientes tenían algo de salvajes en su aspecto y en su comportamiento, como consecuencia de la continuidad de las penalidades aludidas. Aníbal puso mucha atención en su cuidado y recuperó a sus hombres tanto en sus cuerpos como en sus espíritus. Hizo igualmente que se repusieran los caballos.

Tras esto, rehechas ya sus tropas, los turineses, que viven al pie de los Alpes, andaban peleando con los insubres, pero recelaban de los cartagineses; primero Aníbal les había ofrecido su amistad y alianza. Pero al serle rechazadas, acampó junto a la ciudad, que era muy fuerte, y en tres días la rindió por asedio. Mandó decapitar a sus oponentes, con lo cual infundió tal pavor a los bárbaros que habitaban en las cercanías que acudieron todos inmediatamente a ofrecerle su lealtad y sus personas. El resto de los galos que habitaban las llanuras se apresuró a asociarse a las empresas de los cartagineses, según el acuerdo anterior. Pero debido a que las legiones romanas habían rebasado a la mayor parte de los galos y los habían interceptado, permanecían inactivos; algunos incluso se vieron forzados a militar con los ejércitos romanos. Al ver esto Aníbal, decidió no perder tiempo, sino seguir adelante y hacer algo para infundir confianza a los que estaban dispuestos a participar en sus esperanzas.

Polibio, III, 61, 1-12. Tales eran sus propósitos. Sabía, además, que Escipión había cruzado el Po con sus tropas y que estaba cerca. Al principio no hacía caso a los mensajeros: no dejaba de pensar que días antes le habían dejado en los pasos del Ródano, y calculaba cuán larga y difícil sería la navegación desde Marsella a Etruria. Sabía, además, por sus informadores, cuán enorme y dura era para un ejército la marcha desde el mar Tirreno a través de Italia hasta los Alpes. Pero como las informaciones que llegaban eran cada vez más frecuentes y claras, se admiró y quedó sobrecogido ante los planes y la gesta del cónsul. Y Escipión experimentó algo semejante. Primero creyó que Aníbal ni tan siquiera iba a intentar el paso por los Alpes con un ejército tan heterogéneo. Si llegaba a atreverse, Escipión suponía que, evidentemente, la ruina de Aníbal iba a ser total. Calculando así, cuando se enteró de que Aníbal había salvado el obstáculo, y se encontraba ya en Italia, asediando algunas ciudades, quedó pasmado de la audacia del hombre y de su coraje. Lo mismo sintieron los habitantes de Roma ante lo que se les venía encima. Apenas si acababa de cesar el rumor de que los cartagineses había tomado Sagunto y, tras haber deliberado sobre ello, habían mandado uno de los cónsules al África a asediar la propia ciudad de Cartago, y al otro a Iberia, para que allí guerreara contra Aníbal, cuando les llega la noticia de que Aníbal está allí con su ejército y de que está ya asediando algunas ciudades en Italia. Lo ocurrido les pareció increíble, y perturbados mandaron inmediatamente mensajeros a Tiberio, que se encontraba en Lilibeo, a señalarle la presencia del enemigo; debía abandonar sus planes y correr a toda prisa en socorro de su país. Tiberio concentró inmediatamente a los hombres de su flota y los envió con la orden de que navegaran en dirección a la patria. A través de los tribunos tomó juramento a sus fuerzas de tierra, y les señaló el día en que debían presentarse en Rímini para pernoctar allí. Ésta es una ciudad junto al Mar Adriático, situada en el límite meridional de la llanura del Po. Había movimientos simultáneos en todas partes, lo que ocurría eran noticias inesperadas para todos, y ello producía en cada uno una inquietud acerca del futuro que no se podía tomar a la ligera.

COMENTARIO

Escipión y Aníbal se encontraron frente a frente. Y sin esperárselo, Escipión no podía entender cómo Aníbal había podido hacer pasar su enorme ejército a través de un territorio tan problemático como los Alpes. El hecho era que Aníbal se encontraba de pleno en Italia y estaba empezando a sitiar ciudades. Escipión empezó a mandar mensajes a los militares romanos que se encontraban lejos de Roma, como Sicilia. Ordenó que se movilizara todo en previsión de lo que se podía avecinar. Roma estaba consternada y se imaginaba lo peor, pero esto aún no se había producido: Anibal se encontraba como en casa: dispuesto a acabar con Roma.

Polibio, III,62, 1-11. En este momento, Aníbal y Escipión ya estaban uno cerca del otro, y se propusieron arengar a sus propias fuerzas, exponiendo cada uno lo adecuado a las circunstancias presentes.

Polibio, III, 64, 1-11. Escpión había cruzado en aquellos mismos días el río Po, y pensaba pasar también el río Tesino. Ordenó a los pontoneros que tendieran puentes, y concentrando al resto de las fuerzas, las arengó. La mayoría de las cosas que se dijo se referían al honor de la patria y de las gestas de los antepasados; en cuanto a la situación presente, les habló de esta manera: afirmó que, aunque de momento ellos no tenían ninguna experiencia del enemigo, el mero hecho de saber que iban a luchar contra cartagineses les debía hacer tener una esperanza indiscutible de victoria. Debían pensar, sin la menor duda. que era cosa absurda e indigna que los cartagineses se opusieran a los romanos, cuando habían sido derrotados por ellos tantas veces y les habían pagado muchos tributos, y casi habían sido sus esclavos durante tanto tiempo ya. Y cuando, además de lo dicho, hemos aprendido a conocer a estos hombres hasta el punto de que no se atreven a mirarnos cara a cara, ¿qué debemos pensar acerca del futuro si hacemos una previsión correcta? «Ni aún su propia caballería que trabó combate con la nuestra junto al Ródano, se salió con honor, antes bien, tras sufrir grandes pérdidas, huyó vergonzosamente hasta alcanzar su propio campamento; su general, con todo su ejército, cuando supo la presencia de nuestros soldados, se retiró de una manera muy parecida a una desbandada, y fue por su propia decisión, por miedo, por lo que utilizó la ruta de los Alpes». (?) Y añadió que ahora Aníbal estaba allí, tras haber perdido la mayor parte de su ejército, y lo que le quedaba era impotente e inútil por las malas condiciones en que estaba. Había perdido también la mayor parte de sus caballos y el resto no servía para nada debido a la duración de la marcha y a sus dificultades. Con todo esto Escipión intentaba demostrarles que les bastaría con mostrarse al enemigo. Lo que más les pedía era que cobraran ánimo al ver que él estaba allí; puesto que jamás habría abandonado la flota y las acciones en Iberia, a las que había sido enviado, y no habría acudido tan aprisa si no se hubiera convencido, de manera absolutamente lógica, de que esta acción era necesaria para la patria, y de que era cosa clara en ella la victoria.

La autoridad del orador y la verdad de lo que les decía hizo que todos cobraran ánimo para la lucha. Escipión les felicitó por su empuje y les despidió con la recomendación de que estuvieran prestos a las órdenes.

Primer enfrentamiento entre romanos y cartagineses en el río Tesino (año -218)

Polibio, III, 65, 1-11. Al día siguiente ambos jefes avanzaron por la orilla del río (Tesino) que da a los alpes; los romanos tenían la corriente a la izquierda y los cartagineses a la derecha. Al cabo de dos jornadas supieron por los forrajeadores que los dos ejércitos estaban cerca el uno del otro; se quedaron en el lugar en que estaban y acamparon. Al amanecer, tomando ambos generales toda su caballería, y Escipión también a sus infantes armados de jabalina, se adelantaron por la llanura, con el deseo de inspeccionarse mutuamente las fuerzas. Así que se aproximaron y vieron la polvareda levantada, al instante se alinearon para la batalla. Escipión situó delante a los infantes armados de jabalinas, y con ellos a los jinetes galos; dispuso el resto de frente y avanzaba lentamente. Anibal colocó al frente su caballería bridada, y el resto de ella sin freno, y así se enfrentó al enemigo. Había dispuesto a ambas alas la caballería númida, en vista a una operación envolvente. Los dos jefes y los jinetes de los dos bandos estaban con gran moral para la pelea, y el primer choque fue tal que la infantería ligera romana no consiguió disparar con antelación sus jabalinas, y se replegaron rápidamente a través de los huecos que entre sí dejaban los escuadrones, pasmados ante la arremetida enemiga y temiendo acabar pateados por los jinetes que se echaban encima. Entonces, pues, las caballerías chocaron frontalmente, y su encuentro fue indeciso durante muco tiempo. Lo que había a la vez era un combate de de caballería y de infantería, porque durante la misma lucha descabalgó una gran cantidad de combatientes. Pero, tras la operación envolvente de los númidas, que atacaban por la espalda, los infantes romanos armados de jabalina que antes habían rehuido el choque contra la caballería cartaginesa se vieron aplastados por el número y violencia de los númidas. Y la caballería que primero luchaba de frente contra los cartagineses, perdió muchos hombres, pero infligió pérdidas aún mayores al enemigo. Mas cuando los númidas cargaron por la espalda se dio a la fuga; unos se dispersaron y otros se agruparon en torno a su comandante.

Polibio, III, 66, 1-11. Escipión, pues, levantó el campo y avanzó, a través de la llanura, hacia el puente tendido sobre el río Po; quería que sus fuerzas se anticiparan a cruzarlo primero; veía que los terrenos eran llanos y que el enemigo era superior en caballería. Además, él mismo estaba gravemente herido; por esto decidió apostar sus fuerzas en un lugar seguro. Durante algún tiempo Aníbal supuso que los romanos le presentarían batalla con sus fuerzas de infantería, pero al ver que habían levantado el campamento, los persiguió hasta la primera orilla y hasta el puente tendido encima, encontró que la mayoría de las tablas habían sido arrancadas, pero hizo prisioneros a los custodios del puente que estaban todavía allí. Sin embargo, cuando se enteró que el resto de los romanos estaba ya muy lejos, dio la vuelta e hizo marcha por las márgenes del río, deseoso de encontrar un lugar donde se pudiera tender fácilmente un puente sobre el Po. Al cabo de dos días se detuvo, y sirviéndose, a modo de puente, de embarcaciones fluviales para el paso, encargó a Asdrúbal el traslado de las tropas; él mismo, después de cruzar, inmediatamente entabló negociaciones con unos embajadores de lugares próximos que se habían presentado. Pues así que se produjo su victoria, todos los galos limítrofes se presentaron, según el propósito inicial, a hacerse amigos de los cartagineses, a ayudarles a salir a campaña con ellos. Aníbal, pues, recibió amablemente a los presentes, y cuando se le hubieron juntado las tropas de la otra orilla, avanzó paralelamente al río, en una marcha opuesta a la anterior, pues ahora la hacia río abajo, ansioso de establecer contacto con el enemigo. Escipión, que había cruzado el río Po y había acampado junto a la ciudad de Placencia, colonia romana, se curaba a sí mismo y a los demás heridos y, creyendo haber apostado a su ejército en un lugar seguro, permanecía inactivo. Pero Aníbal, que al cabo de dos días de haber cruzado el río, llegó cerca del enemigo, al tercer día, situó sus tropas a la vista de los romanos. Mas nadie salía al encuentro, y acampó, dejando unos cincuenta estadios de intervalo entre ambos campamentos.

COMENTARIO

La batalla de Tesino fue muy favorable a Aníbal. Éste supo jugar muy bien el papel de los númidas, y acabó el enfrentamiento con una huida por parte de los romanos que quedaron maheridos y temerosos de un nuevo enfrentamiento entre los dós ejércitos. Pero se van a enfrentar de nuevo. La estrategia de Aníbal fue muy positiva para sus objetivos. Ello le valió que los galos se pasaran al bando de los cartagineses.

Segundo enfrentamiento entre cartagineses y romanos: Trebia.

Polibio. III.67, 1-9. Los galos que combatían entre los romanos, al ver que las esperanzas de los cartagineses eran más brillantes, tramaron un complot, y aguardaban una ocasión para atacar a los romanos; entre tanto permanecían en sus tiendas. Cuando los soldados que estaban junto a la misma empalizada cenaron y se retiraron a descansar, los galos dejaron pasar la mayor parte de la noche hasta la tercera guardia; entonces atacaron a los romanos acampados junto a ellos. Mataron a muchos e hirieron a no pocos; al final decapitaron a los muertos y se pasaron a los cartagineses; eran dos mil, y poco menos de doscientos jinetes. Aníbal los acogió benévolamente a su presencia, los estimuló y prometió a todos recompensas adecuadas: luego los remitió a sus ciudades de origen, para que explicaran a sus conciudadanos cómo los había tratado y los animaran a aliarse a él. Sabía que todos, cuando se hubieran enterado de la traición que sus propios conciudadanos habían cometido contra los romanos, se aliarían, sin duda, alguna, a sus empresas. Al tiempo que éstos, se presentaron también los boyos y entregaron a Aníbal aquellos tres hombres enviados por los romanos para proceder a la distribución de tierras, de los que se habían apoderado por traición al principio de la guerra, como más arriba dije. Aníbal acogió su lealtad y estableció también con ellos amistad y alianza, pero les devolvió a los hombres con el encargo de que los custodiaran para poder recibir a cambio de ellos a sus propios rehenes, según sus planes iniciales. Escipión, indignado por la traición sufrida, calculó que si ya antes los galos les habían sido hostiles, ahora ocurriría que todos los de alrededor se inclinarían por los cartagineses. Creyó, pues, indispensable precaverse ante el futuro; llegó la noche, y al amanecer, levantó el campo y marchó en dirección al río Trebia y a las colinas que se levantan junto a él, confiando tanto en la aspereza de aquella región como en los aliados que habitaban en sus inmediaciones.

Polibio, III, 68, 1-15. Aníbal, tras conocer su marcha, envió sin dilaciones a los jinetes númidas, y no mucho después a los restantes. El ejército mandado por él mismo, seguía inmediatamente detrás. Los númidas cayeron sobre el campamento abandonado y lo incendiaron. Ello favoreció enormemente a los romanos, ya que si la caballería cartaginesa, que los perseguía muy de cerca, los hubiera atrapado con los bagajes en el terreno llano, muchos habrían muerto a manos de los jinetes. Pero entonces la mayoría consiguió cruzar el río Trebia; de los que quedaron atrás en la retaguardia, unos murieron y otros cayeron vivos en manos de los cartagineses.

Escipión cruzo el río y acampó junto a las primeras colinas, y tras rodear el campamento de un foso y de una empalizada, recibió a Tiberio Sempronio con las fuerzas que traía; cuidaba su propia herida con gran interés, pues deseaba estar en condiciones de participar en el próximo combate. Aníbal estableció su campamento a unos cuarenta estadios de distancia del enemigo. La gran masa de galos que habitaba aquellas llanuras se había sumado a las esperanzas de los cartagineses; aprovisionaba en abundancia y estaba dispuesto a colabor con los hombres de Aníbal en cualquier trabajo y empresa.

En Roma, cuando se supo lo ocurrido en el combate de caballería, hubo sorpresa, porque el hecho era algo imprevisto, pero no faltaron pretextos para creer que lo sucedido no era una derrota: unos culpaban la precipitación del general, otros, la perversa voluntad de los galos, a juzgar por la deserción reciente. en suma, puesto que sus tropas de a pie estaban intactas, se suponía que, en conjunto, también las esperanzas continuaban íntegras. Así, cuando Tiberio Sempronio llegó y cruzó Roma con sus tropas, creyeron que con su sola presencia decidirían la contienda. A los soldados concentrados en Rímini, según su juramento, su general los recogió y avanzó, deseoso de juntarse con las fuerzas de Escipión. Unidos ya ambos ejércitos, hizo acampar a los suyos junto a sus compatriotas, quería que sus hombres se recuperaran, pues durante cuarenta días habían marchado ininterrumpidamente desde Lilibeo hasta Rímini. Al propio tiempo iba haciendo los preparativos para la batalla. Deliberaba con gran interés con Escipión, preguntándole acerca de lo ya sucedido, y discutía con él la situación presente.

Polibio, III, 69, 1-14. En aquellos mismos días Aníbal había tomado por traición la ciudad de Clastidio: se la entregó un hombre de Bríndisi a quien la habían confiado los romanos. Dueño de la fortaleza y de su depósito de trigo, lo utilizó para aquella oportunidad, y se llevó consigo a los hombre hechos prisioneros sin inferirle ningún daño: quería proporcionar una prueba en sus disposiciones para que los que se vieran atrapados por las circunstancias no desesperaran, temerosos de su salvación junto a él. Al traidor lo honró de manera magnificente, confiando en que la esperanza depositada en los cartagineses atrajera a los que ejercían algún gobierno. Pero después observó que algunos galos que habitaban entre el río Po y el Trabia y que habían pactado amistad con él, enviaban mensajeros también a los romanos; creían que de esta manera estarían seguros igualmente junto a los dos contrincantes. Aníbal, pues, envió dos mil soldados de infantería y unos mil de caballería, ente galos y númidas, con la orden de hacer un pillaje en las tierras de aquellos. Estas tropas enviadas cumplieron su misión y recogieron botín en abundancia; rápidamente los galos se presentaron ante la empalizada romana en demanda de ayuda. Tiberio Sempronio buscaba desfe hacía tiempo una ocasión para intervenir; tomó esto como pretexto y envió la mayor parte de su caballería, y con ella un millar de soldados de a pie, armados de jabalinas. Éstos combatieron con gran ardor al otro lado del Trebia y disputaron el botín a los enemigos; lograron que los galos y los númidas se retiraran a su propio vallado. Los jefes de campamento cartaginés comprendieron al instante lo que ocurría, ayudaban con sus reservas desde sus posiciones a los que estaban en situación difícil; al ocurrir esto, fueron los romanos los que volvieron la espalda y se retiraron, a su vez, a su propia empalizada. Tiberio Sempronio, al verlo, envió a todos sus jinetes y a los lanceros. Ante su ataque, los galos cedieron de nuevo y se fueron retirando en vista a su propia seguridad. El general cartaginés no estaba preparado para jugárselo todo en una batalla. Juzgaba que una batalla decisiva no debe librarse sin un plan preconcebido ni por cualquier oportunidad, lo que hay que reconocer que es propio de un buen general. De momento retuvo a los que estaban junto a él en la empalizada, y los obligó a revolverse y a afrontar al enemigo, pero les impidió que salieran en su persecución y lo afrontaran; les reclamaba por medio de sus oficiales y de trompeteros. Los romanos aguardaron un breve tiempo y se retiraron: habían perdido algunos de los suyos, pero habían causado mucho más bajas a los cartagineses

Polibio, III, 70, 1-12. Tiberio, exaltado y alborozado por aquel triunfo, ansiaba entablar lo antes posible una acción decisiva. Debido a la enfermedad de Escipión, tenia la ocasión de tratar aquella situación según sus criterios personales. Pero, con todo, quería saber también la opinión de su colega en el mando y dialogaba con él acerca de estos temas. En cuanto a la situación de entonces, Escipión creía lo contrario; suponía que las legiones, si durante el invierno se ejercitaban, mejorarían su preparación. Creía, además, que la versatilidad de los galos no le mantendrían leales a los cartagineses cuando éstos estuvieran inactivos y se vieran obligados a permanecer ociosos, sino que harían alguna cosas nueva contra ellos. Y por encima de todo esperaba que él, personalmente, curado ya de la herida sería de una utilidad positiva para los intereses comunes. Por todas estas previsiones, pedía a Sempronio que se atuviera a los planeado. Éste sabía que todo aquello había sido dicho de modo acertado y oportuno, pero, empujado por su amor a la gloria y confiando en la situación, se apresuró, de un modo irracional, a jugarse él mismo el todo por el todo, sin que Escipión pudiera participar en la batalla, ni los cónsules nombrado pudieran tomar el mando, aunque era ya el tiempo de hacerlo. Evidentemente, Tiberio Sempronio no cumplía con su deber, ya que escogía no lo oportuno en aquella situación, sino su propia oportunidad.

Aníbal tenía una idea muy semejante a la de Escipión en cuento a la situación de entonces y deseaba todo lo contrario, entablar batalla con el enemigo. Pretendía, antes que nada, aprovechar el ardor de los galos cuando todavía estaba intacto. Además, iba a pelear contra unas tropas romanas bisoñas, todavía no experimentadas. En tercer lugar, quería combatir mientras duraba todavía la invalidez de Escipión. Y lo que pretendía, por encima de todo, era hacer algo y no perder el tiempo inútilmente: quien ha situado sus ejércitos en un país extranjero, y se expone a empresas increíbles , sólo tiene una manera de salir adelante: renovar constantemente las esperanzas de los aliados. Aníbal, pues, sabedor del ataque inmediato de Tiberio Sempronio, estaba en estas condiciones.

COMENTARIO

Podemos decir que la situación, antes del trance final de los encuentros esporádicos entre Escipión y sus aliados, amo la de Aníbal y los suyos, se encontraba un un interim. Aníbal conocía muy bien sus posibilidades. Conocía la estrategia planeada por Escipión. Tanto uno como otros se temían, pero el romano se encontraba en una situación delicada por sus estado de salud, lo que jugaba en favor de Aníbal. La situación el estado físico de los ejércitos era similar. Los romanos planificaron su proyecto de combate siguiendo la estrategia de Escipión. Tiberio Sempronio daba la razón al plan de Escipión, pero en su mente tenía una idea diferente de llevar a cabo el encuentro contra los cartagineses. Y esto provocará el descalabro de las tropas romanas cuando lleguen a enfrentarse.

Polibio, III, 71, 1-11. Desde hacía tiempo se había fijado en que entre los campamentos había un lugar llano y pelado, que era muy propio para una emboscada: corría por él un riachuelo en cuyas orillas había zarzas y espinos que las recubrían totalmente; Aníbal se propuso tender allí una trampa al enemigo y aplastarle. En efecto: iba a pasar fácilmente desapercibido, ya que los romanos desconfiaban de los lugares boscosos, puesto que los galos preparaban sus celadas en ellos; en cambio, no sospechaban de lugares llanos y sin vegetación: no se daban cuenta de que para ocultarse sin sufrir daños los emboscados, son más adecuados estos lugares que los boscosos: en ellos se puede divisar desde muy lejos; en la mayoría de estos parajes hay escondrijos suficientes. Un riachuelo cualquiera con una ligera escarpadura, a veces unas cañas, unos helechos o cualquier planta espinosa es suficiente para ocultar no sólo la infantería sino con frecuencia incluso la caballería, con tal de que se tenga la mínima precaución de colocar las armas debajo, pegadas al suelo, y de esconder los cascos debajo de los escudos. Entonces el general cartaginés deliberó con su hermano Magón y los demás consejeros acerca de la batalla inminente, y todos aprobaron sus planes. Durante la cena del ejército, Aníbal llamó a Magón, su hermano, joven lleno de ardor e instruido desde su infancia en el arte de la guerra, y reunió asimismo a cien hombre de caballería e igual número de infantería. Todavía no había caído la noche cuando eligió a los hombres más vigorosos de todo el campamento y les dijo que en concluyendo la cena se presentaran en su tienda. Los incitó y les infundió el coraje que la ocasión requería, tras lo cual hizo que ellos mismos seleccionaran de sus propias formaciones a los diez soldados más valientes, y que se dirigieran con ellos a un lugar de la acampada. Ellos cumplieron la orden, y a éstos, que eran mil soldados de caballería y otros tantos de infantería, Aníbal, los mandó de noche a la emboscada; a su cabeza puso unos guías, y dio instrucciones a su hermano en cuanto al momento del ataque. Él mismo, al rayar el día, concentró a la caballería númida, hombres excepcionalmente sufridos, los exhortó, prometió recompensas a los más valientes, y les mandó que se aproximaran al atrincheramiento enemigo, que cruzaran rápidamente el río y que, provocando escaramuzas, hicieran mover a los romanos; intentaba coger al adversario en ayunas y no preparado para lo que se le echaba encima. Juntó también a los demás comandantes, los arengó también de modo semejante para la refriega, dispuso que todos tomaran alimento y que se pusieran muy a punto armas y caballos.

Polibio, III, 72, 1-13. Cuando vio que la caballería númida se aproximaba, Tiberio envió al punto a la suya propia, con la oren de establecer contacto con el enemigo y atacarlo. A continuación hizo salir a sus lanceros de a pie, unos seis mil, e iba moviendo también desde el vallado al resto de sus tropas, como si su aparición fuera a decidir todo; pues estaba excitado por el número de sus hombres y por lo sucedido la víspera con sus jinetes. La estación era ya el solsticio de invierno y el día era muy nevoso y extremadamente frío. Los hombres y caballos romanos había salido prácticamente todos en ayunas, por así decirlo. Inicialmente el ardor y el afán sostuvieron a las tropas romanas. Pero, al atravesar el río Trebia, cuyo caudal había crecido debido a las lluvias caídas por la noche en los lugares situados encima de los campamentos, la infantería realizó la travesía a duras penas, porque el agua les llegaba al pecho. Esto, y el hambre y el frío, produjo grandes penalidades al ejército romano, pues el día había avanzado mucho. Los cartagineses había comido y bebido dentro de sus tiendas, tenían bien dispuestos a sus caballos, se untaban con grasa y se armaban alrededor de los fogatas.

Aníbal acechaba la ocasión, y así que vio que los romanos se habían puesto a cruzar el río, mandó por delante, como cobertura, a sus lanceros de a pie y los baleares, en conjunto unos ocho mil hombres, y luego hizo salir al grueso de su ejército. Avanzó ocho estadios frente a sus propio campamento, y formó una sola línea con su infantería, veinte mil hombres en número, iberos, galos y africanos. Distribuyó su caballería por las alas, en número de más de diez mil, contando la de los aliados galos; dividió a sus elefantes y los situó delante de las dos alas.

En aquel momento Tiberio llamaba hacia a sí a su propia caballería, al ver que no tenían nada que hacer contra aquel enemigo, ya que los númidas se retiraban con facilidad, dispersándose, pero se revolvían y atacaban de nuevo con audacia y temeridad; los númidas acostumbraban a pelear de este modo. Sempronio alineó su infantería según la táctica habitual romana. Los romanos propiamente dichos eran dieciséis mil, y sus aliados unos veinte mil. entre los romanos un ejército completo para las operaciones de envergadura cuenta con este número de hombres, esto cuando las circunstancias llevan a pelear conjuntamente a los dos cónsules. A continuación distribuyó su caballería por las alas, unos cuatro mil hombres, y avanzó contra el enemigo altaneramente, en orden y haciendo la progresión paso a paso.

Polibio, III, 73, 1-8. Cuando los dos bandos estaban ya cerca uno de otro, la infantería ligera que precedía ambas formaciones trabó combate. Los romanos se vieron en inferioridad en muchos lugares; a los cartagineses, por el contrario, la acción les era ventajosa, porque los lanceros romanos sufrían penalidades ya desde la aurora. Y había disparado la mayoría de sus dardos en la refriega contra los númidas; las jabalinas que les restaban habían quedado inutilizadas por la persistencia de la humedad. Y lo mismo ocurría a la caballería y a todo el ejército. Los cartagineses totalmente al revés: formados, y con un vigor intacto, sin experimentar fatiga, eran siempre efectivos y se afanaban siempre allí donde fuera necesario. Por eso, cuando en los espacios vacíos recogieron a los que habían iniciado el combate y se enzarzaron las tropas de la infantería pesada, la caballería de los cartagineses presionó en el acto desde ambas alas al enemigo; era muy superior en número de caballos y la fatiga no había hecho mella en ella, pues acababa de entrar en acción. La caballería romana retrocedió, y al quedar desguarnecidas las alas de su formación, los lanceros cartagineses y la masa de los númidas rebasaron las avanzadillas propias, cayeron sobre los flancos romanos, en los que causaron grandes estragos, y no les permitieron combatir a los que les atacaban de frente. Las infanterías pesadas, que en ambos bandos ocupaban el frente y el centro de las formaciones respectivas, sostuvieron durante largo tempo un cuerpo a cuerpo, con lo cual la pugna no se decidía.

Polibio, III, 74, 1-11. En aquel momento se levantaron los númidas que estaban en la emboscada y atacaron súbitamente por la espalda a los romanos que luchaban en el centro; en las tropas romanas se produjo una gran confusión y dificultad. Al final, las dos alas de las fuerzas de Tiberio, presionadas fuertemente por los elefantes y en los flancos por la infantería ligera, volvieron la espalda, y en su huida se vieron empujados hasta el río que tenían a retaguardia. Al ocurrir esto, de los romanos colocados en el entro del combate, los que formaban detrás morían por el ataque de los emboscados y lo pasaron mal; los que estaban en primera línea, forzados, derrotaron a los galos y a una parte de los africanos: mataron a muchos de ellos y rompieron las líneas cartaginesas. Pero al ver que sus camaradas de las alas habían sido derrotados, renunciaron tanto a prestarles ayuda, como a regresar a su campamento: pensaron que la caballería cartaginesa era demasiado numerosa. Además, el río era un obstáculo, y la lluvia caía continua y pesadamente sobre sus cabezas. Se mantuvieron, pues, en formación, y se retiraron agrupados en seguridad hacia Placencia, en número no inferior a diez mil. La mayoría de los restantes murió junto al río por la acción de los elefantes y de la caballería cartaginesa. Los soldados de infantería que lograron escapar y la mayoría de la caballería se retiraron también, como se dijo antes, y llegaron con los demás a Placencia.

El ejército de los cartagineses, que había acosado hasta el río al enemigo, ya no pudo progresar más debido a la lluvia, y se retiró a su campamento. Todos estaban contentos sobremanera, porque las cosas les habían salido a derechas.. en total habían muerto unos pocos iberos y africanos: la mayoría de bajas eran de galos. Pero la lluvia y una nevada que cayó posteriormente los puso también en tan mala situación que se les murieron todos los elefantes menos uno, y también perecieron de frío muchos hombres y caballos.

COMENTARIO

Por último tiene lugar el encuentro de cartagineses y romanos. El enfrentamiento fue de desastre para los romanos. La estrategia de Aníbal dio buenos resultados. la batalla se desarrolló en media de un mal tiempo de lluvia y nieve. Los romanos no contaban con la agilidad de los númidas ni con la emboscada que les tendió Aníbal antes del combate. Las mermas romanas fueron muy numerosas. Los cartagineses estaban eufóricos ante los resultados conseguidos. Evidentemente las bajas romanas fueron muy numerosas. Las cartaginesas no muy cuantiosas. Quienes más sufrieron fueron los elefantes de los que tan sólo quedó vivo uno. No era el proyecto que tenía Escipión y que ambos acordaron llevar a cabo. Sempronio sufrió una humillación vergonzosa. No cumplió lo acordado con los planes de Escipión. El segundo desastre romano tiene lugar también junto a un río. Pero fue la astucia de Aníbal lo que llevó a los cartagineses al triunfo: una emboscada donde nadie se lo esperaba acabó con las esperanzas de triunfo de los romanos.

Polibio, III, 75, 1-8. Tiberio Sempronio, aunque sabía lo ocurrido, quería ocultarlo lo más posible a los de Roma, y envió unos mensajeros que explicaran que se había librado una batalla, pero que el tiempo invernal les había frustrado la victoria. Los romanos, primero, dieron fe a tales anuncios, pero poco después se enteraron de que los cartagineses les habían llegado a acechar el campamento, de que todos los galos se habían decidido por su amistad, de que los suyos habían abandonado el campamento, que después de la batalla se habían retirado y se habían concentrado todos en las ciudades y de que eran aprovisionados desde el mar remontando el curso del Po; supieron en suma, con demasiada claridad lo ocurrido en la batalla. A pesar de que les parecía un hecho paradójico, se dedicaron con gran intensidad a custodiar los puntos peligrosos y a efectuar otros preparativos. Enviaron legiones a Cerdeña y a Sicilia y, además, guarniciones a Tarento y a otros lugares estratégicos; equiparon también sesenta naves quinquerremes. Gneo Emilio y Gayo Flaminio que acababan de ser nombrados cónsules, concentraron a los aliados y reclutaron legiones nuevas para ellos. Establecieron, además, depósitos de víveres, unos en Rímini y otros en Etruria, porque pensaban hacer la marcha por estos lugares. Enviaron legados a Hierón en demanda de ayuda, y éste les mandó quinientos cretenses y mil peltastas; los romanos lo iban disponiendo activamente todo, porque siempre que los rodea un peligro real son muy temibles, tanto particular como colectivamente.

Polibio, III, 76, 1-13. En la misma época Gneo Cornelio, nombrado por su hermano Publio comandante de las fuerzas navales, según dije más arriba, zarpó con toda la flota desde las bocas del Ródano y alcanzó Iberia por los parajes cercano a la ciudad llamada Ampurias. Empezando desde allí, hacía desembarcos e iba asediando a los habitantes de la costa hasta el río Ebro que lo rechazaban; en cambio, trató benignamente a los que lo acogieron, y los protegió de la mejor manera posible. Aseguró, pues, las poblaciones costeras que se le había pasado, y avanzó con todo su ejército hacia los territorios del interior. Había reunido ya un gran número de aliados de entre los españoles. A medida que avanzaba, se atraía a unas ciudades y sometía a otras. Los cartagineses dejados en estos parajes al mando de Hannón, acamparon frente a los romanos cerca de una ciudad llamada Cissa. Gneo Cornelio formó a sus tropas y libró un combate del cual salió victorioso, con lo que se adueñó de muchas riquezas, ya que las tropas cartagineses que habían marchado a Italia habían confiado sus bagajes a los cartagineses de aquí. Gneo Cornelio convirtió en amigos y aliados a todos los naturales del país que habitaban al norte del Ebro; cogió vivo al general de los cartagineses Hannón y al caudillo ibero Indíbil; éste detentada el mando de aquellos lugares de tierra adentro, y había sido siempre muy amigo de los cartagineses. Enterado muy pronto de los sucedido, Asdrúbal cruzó el río Ebro y acudió a prestar ayuda. Se enteró de que las tripulaciones de la flota romana, dejadas, allí, al saber los triunfos de sus ejércitos de tierra, se habían dispersado de manera confiada y negligente; encontró, pues, unos ocho mil hombres de infantería de su propio ejército y mil jinetes, sorprendió diseminados por el país a los romanos de las naves, mató a muchos de ellos y obligó a los demás a huir hacia sus propias embarcaciones. Asdrúbal, entonces, se retiró, cruzó de nuevo el río Ebro y se preocupó de la guarnición y defensa de los parajes situados detrás del río. Pasó el invierno en Cartagena; Gneo alcanzó de nuevo a su flota, castigó según la usanza romana a los culpables de lo sucedido, concentró en un solo punto a sus fuerzas terrestres y navales y estableció su campamento de invierno en Tarragona. En previsión del futuro repartió el botín en partes iguales entre sus soldados, lo cual les infundió gran ardor para el futuro y simpatía para él.

COMENTARIO

Los comentarios de Sempronio en Roma sobre lo sucedido, pronto quedaron desmentidos sobre la realidad de lo ocurrido en el río Trebia. En Roma se supo la verdad y se planificó una estrategia rápida. Cambiamos de escenario en el que Polibio cuenta los episodios de los romanos en Hispania, como hizo antes ya T. Livio, pero con detalles particulares y algunos puntos de vista diferentes como se verá. Las falsas noticias sobre el resultado de la batalla de Trebia cundió también entre los marinos de la flota romana, llegando a creerse los resultados, cosas que les dejó como seguros de su éxito y empezaron a divagar a campo abierto. Los cartagineses, al darse cuenta de ello, arremetiron contra ellos y los cogieron tan desprevenidos que tuvieron que o enfrentarse a ellos, o huir hacia las naves para escapar del desastre.

Polibio, III, 77, 1-7. Tal era la situación en Iberia. Llegada la primavera (año -217), Gayo Flaminio recogió sus fuerzas, avanzó a través de Etruria y acampó junto a la ciudad de los arretinos. Gayo Servilio, a su vez, se dirigió a Rímini, para vigilar por aquí la invasión de los enemigos. Aníbal, que pasaba el invierno en territorio galo, retenía en custodia a los romanos que habían cogido prisioneros en la batalla, y les suministraba los víveres justos para sobrevivir; a los aliados de los romanos, en cambio, ya de buenas a primeras, los trató con humanidad; después los reunió y les dijo en todo exhortatorio, que no se había presentado a pelear contra ellos, sino a su favor, y contra los romanos, por lo cual era indispensable, afirmó, que si estaban en su sano juicio, se hicieran amigos de él, ya que se encontraba allí, ante todo, para lograr la libertad de los italianos, y al propio tiempo para salvar las ciudades y al país que cada uno de ellos había perdido a manos de los romanos. Tras estas afirmaciones los remitió a todos a sus países sin exigir rescate, con la intención, a la vez, de atraerse de este modo a los que habitaban Italia, y de que éstos se enajenaran de su simpatía hacia los romanos; pretendía, además, excitar a los que pensaban que la dominación romana había causado algún daño a sus ciudades o a sus puertos.

COMENTRARIO

Aníbal no daba «puntada sin hilo», como se suele decir. Ganó el combate y apresó a los vencidos que pudo, entre ellos había nativos y romanos. A los nativos trató de ganárselos con un buen trato, como realmente hizo; los atrajo a su favor por todos los medios; le interesaba ganarse la simpatía de los italianos que no estaban de acuerdo con Roma. A los prisioneros romanos los trató con lo indispensable para sobrevivir. Y de esta forma no dar la sensación de que apareciera como realmente era: un hombre cruel. Era una forma indirecta de atraerse la simpatía de los nativos en general: no dar la sensación de lo que realmente era: cruel con los vencidos, y más si éstos eran romanos. Esto formaba parte de la estrategia general en territorio romano.

Polibio, III, 78, 1-8. Además, durante el período invernal, usó de esta estratagema. ciertamente fenicia. Temía la inconstancia de los galos, e incluso algún atentado contra su persona, porque sus relaciones con ellos eran muy recientes, de modo que se preparó una pelucas, adaptadas a las diversas edades de la vida y a sus distintos aspectos, y las utilizó cambiándolas constantemente; también se mudaba los vestidos, adecuándolos a aquellos. Todo esto lo hizo difícil de reconocer no sólo a los que lo habían visto alguna vez de pasada, sino incluso a los que lo trataban habitualmente. Veía también que los galos estaban molestos porque la guerra se desarrollaba en su propio territorio, y que estaban impacientes y deseosos de llevarla a tierras enemigas, aparentemente por su odio a los romanos, pero en realidad más por el provecho a obtener. Aníbal, pues, tomó la decisión de levantar el campo lo más pronto posible y satisfacer los deseos de sus tropas. Por eso, al tiempo de cambiar la estación, se informó por los que parecían que conocían mejor el país y supo que las rutas que llevaban a tierra enemiga eran largas y familiares al adversario; en cambio, había un camino que, a través de las marismas, conducía a la Etruria. La marcha iba a ser penosa, pero breve, y, además, inesperada para Flaminio y los suyos. Como por natural estas empresas le eran habituales, Aníbal determinó avanzar por esta ruta. Por el campamento corrió el rumor de que el general los iba a conducir por terrenos pantanosos, y todo el mundo mostró sus reservas ante tal itinerario, porque se imaginaban las ciénagas y los atolladeros de aquellos parajes.

Polibio, III, 79, 1-12. Cuando se hubo asegurado cuidadosamente de que los lugares de la ruta eran cenagosos, pero firmes, Aníbal levantó el campo. Situó en vanguardia a los africanos y a los iberos, y, además, al contingente más útil de todo su ejército. Y entre éstos colocó el bagaje para que, de momento, disfrutaran de provisiones; para el futuro ya no le importaba en absoluto el aprovisionamiento; pensaba que, al llegar al territorio enemigo, si era vencido, ya no precisaría nada indispensable, y si triunfaba en una batalla campal, no carecería de provisiones. Detrás de los hombres citados colocó a los galos y, cerrando la formación, a la caballería. Puso a su hermano Magón como jefe de la retaguardia, más que nada porque los galos eran blandos y aborrecían las penalidades; si, al sufrirlas, intentaban retroceder, Magón podría impedírselo con la caballería, que se les echaría encima. Los iberos y los africanos hicieron la marcha por las marismas aún no removidas, y la concluyeron con penalidades soportables, puestos que todos eran gente sufrida y habituada a tales dificultades, pero los galos avanzaban difícilmente, ya que el fondo de las marismas había sido revuelto y hollado. No soportaron aquella dificultad penosa y difícilmente, como hombres que no estaban acostumbrados a aquellas molestias. No lograron retroceder por los jinetes que tenían detrás. Todos lo pasaron muy mal, principalmente porque no podían dormir, ya que marcharon continuamente durante cuatro días y tres noches a través del agua; los que lo sufrieron más, y perecieron en número mayor que los restantes, fueron precisamente los galos. La mayoría de las acémilas cayo en los lodazales y murió; su caída, con todo, prestaba una utilidad a los hombres, porque , si se sentaban encima de ellas y de los bagajes, lograban emerger del agua y descansar un breve sueño durante la noche. No pocos caballos perdieron las pezuñas debido a la marcha continua encima del lodo. Y el mismo Aníbal se salvó con dificultad a lomos del único elefante superviviente, pasando muchas penalidades. Sufría, además, dolores terribles por una fuerte inflamación ocular que padecía y que acabó privándole de la visión en un ojo, ya que en aquella situación no se podía detener ni cuidar.

COMENTARIO

Los textos de Polibio son los que con más detalle nos narran los momentos más difíciles de Aníbal en Italia. Su propuesta y ejecución de atravesar las zonas pantanosas desde el territorio de los galos hasta la Etruria, tuvo un alto coste: perdieron hombres, acémilas, provisiones… El propio Aníbal lo pagó bien caro: una infección ocular lo dejó tuerto a causa de las insalubridad de los pantanos y charcas. Y como se dijo en otra ocasión, cada día se vestía de un modo diferente por la desconfianza que tenía sobre los aliados principalmente y eludía ser identificado: no se fiaba de nadie. Y no era una estrategia baladí: cualquiera, harto de los tremendos sacrificios a los que los sometió, podía acabar con su vida. Los sufrimientos desde los Alpes hasta la zona norte de Italia no fueron pocos ni normales. Pero Aníbal pensaba que lo que no le mataba, lo hacía más fuerte. Y así ocurrió hasta el momento.

Polibio, III, 80, 1-5. Aníbal atravesó, pues, increiblemente aquellos lugares pantanosos, y tras sorprender en la Etruria a Flaminio, que había acampado delante de la ciudad de los arretinos, entonces lo hizo él mismo a la salida de las marismas; quería que sus fuerzas se recuperaran, e informarse al propio tiempo sobre el enemigo y los territorios que tenía delante. Supo que aquel país rebosaba de recursos de toda clase, y que Flaminio era un hombre ávido de popularidad y un demagogo total, desconocedor absoluto de cómo se dirigen las empresas bélicas; además, tenía una confianza ciega en sus propias fuerzas. Aníbal, pues, pensó que si lograba rebasar el campamento romano y establecerse él mismo en el país que tenía a la vista, Flaminio, recelando la burla de sus tropas, no podría contemplar con indiferencia que el país fuera devastado; herido en su orgullo, Flaminio estaría dispuesto a seguirle a cualquier lugar, afanoso de triunfar él solo, sin esperar la llegada del que compartía el mando con él. Por todo ello, Aníbal supuso que Flaminio le daría muchas oportunidades de atacarlo. Todo esto lo calculaba con lógica y sentido práctico.

Psicología de los generales.

Polibio, III, 81, 1-12. No sería natural decir otras cosas: si alguien cree que en el arte de la guerra hay algo más importante que conocer las preferencias y el carácter del general enemigo, es un ignorante y está cegado por la soberbia. Así como en los duelos personales o en las luchas cuerpo a cuerpo, el que pretende vencer y examinar cómo podrá alcanzar su objetivo y qué parte de sus antagonistas se muestra desnuda y desarmable, igualmente es indispensable que los responsables máximos de una empresa guerrera examinen no qué parte del cuero está al descubierto, sino qué parte del espíritu del general adversario se muestra vulnerable. Porque muchos por su indolencia y por una inoperancia total arruinan no sólo las empresas del estado, sino que, simplemente, pierden sus propias vidas por la pasión que sienten por el vino muchos, no logran conciliar el sueño si no se enajenan y emborrachan; otros, en su afán de placeres venéreos, por el transporte que éstos importan, no sólo arruínan sus ciudades y haciendas, sino que pusieron incluso su vida con deshonor. La cobardía y la flojedad de la vida privada reportan oprobio a quienes las tienen, pero si se dan en un comandante en jefe, constituyen una calamidad pública y el mayor de los desastres. Pues no sólo convierten en ineficaces a los esclavizados por ellas, sino que muchas veces exponen a los mayores riesgos a los que les están confiados. La temeridad, la audacia y el coraje irracional, e incluso la vanagloria y la soberbia son cosas que van muy bien al enemigo, pero muy peligrosas para los amigos; un hombre así es accesible a cualquier acechanza, emboscada o engaño. Si alguien pudiera apercibirse de los errores de los demás y atacar al adversario allí por donde el general enemigo es principalmente vulnerable, su triunfo total sería inmediato. Si alguien priva a una nave de su timonel, toda la embarcación y sus hombres caerán en manos del enemigo: de la misma manera, si alguien en la guerra es capaz de manipular la previsión y el cálculo al general enemigo, muchas veces logrará vencer totalmente, hombre por hombre, a sus oponentes. En aquella ocasión Aníbal, por haber previsto y calculado en lo que se refería al general enemigo, no se engañó en su plan.

COMENTARIO

Polibio se ha retratado en su exposición sobre cómo debe ser un jefe de ejército. Y precisamente atribuye a Aníbal las virtudes de un buen general. Cierto. Pero, de forma indirecta quizás esté haciendo alusión a los momentos en que Aníbal perdió su honor en el Sur de Italia dedicándose él y sus hombres a la vida relajada y falta de disciplina, sobre todo militar. Eso va a ocurrir con el paso del tiempo. Aníbal, cuando se encuentre en las horas más bajas de su vida, caerá en los vicios y formas de vida relajada que, a partir de unos momentos débiles de su existencia, dé claras muestras de su caída de popularidad.

Polibio, III, 82, 1-11. En efecto, tan pronto como Aníbal levantó el campo, partiendo de la región de Fiésole, rebasó mínimamente el campamento romano e invadió la región que tenía delante. Flaminio se excitó al punto y se llenó de furor: se creía víctima del desdén del enemigo. Después, al quedar devastado el país y señalar las columnas de humo que la ruina era total, el romano se irritó; creía que lo ocurrido era intolerable. Algunos oficiales romanos eran del parecer de que no se debía seguir de cerca al enemigo, y mucho menos trabar combate, sino precaverse y tener en cuenta que la caballería cartaginesa era muy numerosa; ante todo era indispensable aguardar al segundo cónsul y dar la batalla con los dos ejércitos romanos unidos. Pero Flaminio desestimó estas opiniones, y a duras penas, soportó la presencia de los que las manifestaban. Los incitó a pensar en lo que, naturalmente, dirían los que habían quedado en Roma si el país llegaba a ser destruído casi en las puertas de la ciudad, Esto cuando ellos estaban acampados en la Etruria, en la retaguardia del enemigo. Cuando habló en estos términos. finalmente, levantó el campo y avanzó con sus tropas sin examinar ni la oportunidad ni el territorio, con el sólo afán de caer sobre el enemigo, como si la victoria de los romanos fuera algo incuestionable. Tal fue la confianza que infundió en las multitudes, que mayor que el de los hombres que empuñaban armas era el número de los que ajenos a la información, los seguían, ávidos de ganancia; llevaban cadenas, grilletes y todo tipo de objeto por el estilo. Aníbal, por su parte, avanzaba por la Etruria en dirección a Roma; tenía a la izquierda la ciudad llamada Crotona y los montes que la circundan; a la derecha, el lago llamado Trasimeno. A medida que progresaba, quemaba y talaba el país; quería provocar el coraje del adversario. Cuando vio que Flaminio estaba ya en contacto con él, se apercibió de unos parajes aptos para la lucha y se dedicó a preparar la batalla.

Polibio, III, 83, 1-7. En el camino había un valle en pendiente, y en toda su longitud, a ambos lados, se levantaban collados altos y contiguos; por la parte delantera opuesta, este desfiladero estaba obstaculizado en toda su abertura por un monte escarpado y difícil; por la parte de atrás había un lago que dejaba sólo un paso muy estrecho en dirección al desfiladero, al pie de la cadena montañosa. Abíbal lo atravesó bordeando el lago y ocupó personalmente la altura que se oponía frontalmente al camino; acampó allí con los africanos y los iberos, destacó a los baleares y a los lanceros de la vanguardia bajo los collados de la derecha del desfiladero, y los situó estirando su línea lo más posible. Y lo mismo hizo con los galos; les mandó que rodearan los collados de la izquierda, y los extendió en una hilera continua, de manera que los últimos ocupaban ya el acceso que, entre el lago y las cadenas montañosas, conduce hacia el lugar mencionado; Aníbal lo había dispuesto todo durante la noche, y había rodeado de emboscada el valle en pendiente; después quedó a la expectativa. Flaminio le seguía los pasos, deseoso de establecer contacto con los enemigos. En la víspera había acampado junto al lago, ya muy entrado el día. Cuando apuntó el alba del siguiente, mandó que su vanguardia avanzara y bordeara el lago hasta la misma entrada del valle, con intención de atacar al adversario.

La batalla del Trasimeno entre Aníbal y Flaminio.

Polibio, III, 84, 1-14. El día era muy brumoso. Aníbal, así que la mayoría de romanos que marchaban había penetrado en el valle, y la vanguardia del adversario había establecido contacto con el mismo, dio la consigna, que transmitió a todos los emboscados y atacó por todas partes al enemigo. Su aparición resultó inesperada a los hombres de Flaminio; debido a las condiciones atmosféricas, les era difícil comprender la situación. El enemigo arremetía desde muchos lugares dominantes y se les echaba encima. Los comandantes y los oficiales romanos no sólo no podía acudir a prestar ayuda allí donde era necesario, sino que tan ni siquiera se apercibían de lo que pasaba, porque los atacaban por la vanguardia, por la retaguardia y por los flancos. Ocurrió, por consiguiente, que la mayoría murieron en la misma formación en marcha. sin defensa posible; en la práctica se vieron entregados por la impericia de su jefe. Perecían sin esperárselo, cuando todavía discutían lo que se debía hacer. En aquella ocasión, el mismo Flaminio, indeciso y abatido por aquella calamidad, murió a manos de unos galos que se le abalanzaron encima. En el desfiladero murieron unos quince mil romanos, que no cedieron a las circunstancias, pero que no pudieron hacer nada: según la costumbre, dieron la máxima importancia a no huir y a no abandonar la formación. Los que, en la marcha, se vieron copados dentro del valle, entre el lago y la cadena montañosa, perecieron de manera vergonzosa y aún más miserable. En efecto: rechazados hacia el lago, unos se lanzaron obcecados, y nadaron cargados con las armas hasta ahogarse; la mayoría se adentró en el agua lo más posible y permanecieron allí sacando únicamente la cabeza. Cuando la caballería cartaginesa los alcanzó, comprendieron que estaban perdidos sin remisión: levantaban los brazos y suplicaban que los cogieran vivos; emitían voces de todas clases. Al final, unos murieron a manos del enemigo y otros se incitaron a darse muerte mutuamente. Es verdad que quizás seis mil romanos del desfiladero derrotaron al adversario que tenían delante, pero no lograron cercarlo ni prestar apoyo a los suyos, porque no veían nada de lo que sucedía, siendo así que hubieran podido ser de gran utilidad en la batalla. En su anhelo de avanzar progresaban convencidos que caerían encima de algún enemigo; sin apercibirse de ello, llegaron a ocupar las alturas. Ya eran dueños de ellas cuando escampó la niebla y comprendieron la magnitud del desastre; incapaces ya de cualquier cosa porque el enemigo lo dominaba y lo ocupaba todo, dieron la vuelta y se replegaron a una aldea Etruria. Después de la batalla Aníbal mandó allí a Maharbal con los iberos y algunos lanceros, que asediaron la aldea. Los romanos, rodeados de tantas calamidades, depusieron las armas y se entregaron a cambio de salvar sus vidas. La guerra total librada entre romanos y cartagineses en Etruria acabó de esta manera.

Polibio, III, 85, 1-10. Cuando fueron conducidos a su presencia los prisioneros romanos que se habían rendido con condiciones, y al propio tiempo los demás, Aníbal los reunió a todos, en número de más de quince mil. En primer lugar puso en claro que Maharbal no tenía competencia, si él personalmente no se la otorgaba, de ofrecer seguridades a los que se habían entregado por un pacto; después lanzó acusaciones contra los romanos. Cuando acabó, repartió a los romanos cogidos prisioneros entre los batallones cartagineses para su custodia, y a los aliados de los romanos los remitió a sus propias patrias sin exigir rescate alguno. Les repitió las mismas palabras que a los de antes: que estaban allí no para combatir contra los italianos, sino contra los romanos en pro de la libertad de los italianos. Hizo descansar a sus tropas e hizo enterrar a los muertos más ilustres de su propio ejército que, eran en número, unos treinta, todos los muertos eran unos mil quinientos, galos en su mayoría. Después de hacer esto, deliberó con su hermano y sus amigos, dónde y cómo debería emprender el ataque, seguro ya de la victoria final. Al llegar a Roma la noticia de la desgracia acontecida, los magistrados de la ciudad fueron incapaces de disimular, o al menos de velar la magnitud del desastre, enorme como era: se vieron forzados a declarar el hecho a la multitud, para lo cual habían congregado la asamblea del pueblo. Cuando el pretor subió a la tribuna y declaró a la multitud reunida: » Hemos perdido una gran batalla», se produjo tal consternación que quienes habían vivido ambas circunstancias creyeron que lo sucedido entonces era mucho peor que lo ocurrido en la propia batalla. Y es lógico que fuera así: hacía muchísimo tiempo que ni de palabra ni de hecho se había reconocido una derrota, y el pueblo no soportó el desastre con moderación ni con dignidad. Pero no obró igual el Senado, sino que se mantuvo en las previsiones oportunas, y deliberó acerca del cómo y qué debía hacer el futuro cada uno.

COMENTARIO

Otra vez la estulticia, la imbecilidad y el orgullo vanidoso de un general dio al traste en su lucha contra el enemigo invasor. Flaminio fue una calamidad para su ejército: no tenía conocimientos tácticos militares, sólo le movía la vanidad de haber podido vencer a un enemigo tan valeroso como su adversario Aníbal y después pasearse pomposamente por Roma como triunfador. Fue una calamidad como estratego y como militar. Pero no estaba exento de culpa tampoco el Senado que le permitió mentir para ocultar una verdad que, después, se volvería contra ellos . Por tercera vez, la batalla decisiva para contener el empuje de los cartagineses en Italia, tuvo lugar en las proximidades del agua: lago Trasimeno. Fue una de las más grandes derrotas que sufrieron las fuerzas romanas en su propio territorio. Evidentemente el Senado romano tuvo que decir la verdad de los ocurrido. Pero, lo que no se entiende es que, si ya conocían las virtudes nefastas de Flaminio, de los episodios bélicos anteriores, cómo lo mantuvieron en el mando de sus ejércitos si ya había demostrado su incapacidad y su interés frente a los cartagineses. La República se tambaleaba y no sin motivos. Los mejores generales romanos no estaban en Italia.

Tras la victoria del Trasimeno, Aníbal se dirige al Adriático

Polibio, III, 86, 1-11. Precisamente durante los días de esta batalla Gneo Servilio, el cónsul que mandaba en la región de Rímini, situada frente a la costa del Adriático, allí donde las llanuras galas limitan con el resto de Italia, no lejos de la desembocadura del Po en el mar, sabedor que Aníbal había invadido la Etruria y de que había acampado frente a Flaminio, se propuso juntársele con todas sus tropas, pero imposibilitado por la lentitud de su ejército, destacó a toda prisa a Gayo Centenio, a quien confió cuatro mil jinetes; por si las necesidades lo exigían; quería que éste se le adelantara antes de que llegara él mismo. Aníbal se enteró del socorro enemigo cuando la batalla ya había concluido, y envía a Maharbal con los lanceros y parte de la caballería. Éstos acometieron a los hombres de Gayo, y en la primera refriega mataron casi a la mitad de ellos; persiguieron a los restantes hasta una loma, y al día siguiente los cogieron prisioneros a todos. En la ciudad de Roma hacía tres días que se había anunciado la pérdida de la batalla; la consternación había alcanzado un punto máximo, y cuando sobrevino este segundo desastre, no sólo el pueblo, sino el mismo Senado cayo en un profundo desaliento. Dejaron de lado la discusión de los asuntos del año y la provisión de las magistraturas, y deliberaron a fondo sobre la situación; creían que ella y las circunstancias presentes exigían un dictador. Aníbal, aunque confiaba ya en una victoria total, por el momento renunció a acercarse a Roma; iba recorriendo el país y lo devastaba impunemente: dirigía su marcha en dirección al Mar Adriático. Atravesó los territorio de los umbros y de los picenos y al cabo de diez días llegó a la región adriática. Se había apoderado de un botín tan grande, que su ejército se veía incapaz de llevar y de transportar sus ganancias. Además, durante la marcha causó muchas bajas al enemigo; tal como ocurre en la conquista de ciudades, también entonces, se pasó la orden de matar a todos los hombres en edad militar que encontraran. Y esto lo hacía por su odio congénito contra los romanos.

Polibio, III, 87, 1-9. En esta ocasión, cuando Aníbal acampó en la costa del Adriático, en una tierra muy fértil, que da frutos de todas clases, puso un interés especial en curar y recuperar a sus hombres, no menos que a los caballos. Había pasado el invierno al aire libre en el territorio de los galos; el frío y la falta de cuidados, las penalidades posteriores y el paso por los lugares pantanosos había producido en casi todos los caballos, y también en los hombres, la llamada sarna del hambre y malestares semejantes. Aníbal, convertido en dueño de un país ubérrimo, restableció el cuerpo de sus caballos y el cuerpo y el espíritu de sus hombres. Cambió el equipo de los africanos a la manera romana, con armas recogidas de entre tantos despojos como había capturado. También en este momento mandó por mar legados a Cartago, que describieran lo sucedido. Pues entonces, por primera vez tocó la costa desde que había penetrado en Italia. Cuando los oyeron, los cartagineses exultaron de alegría, y pusieron todo su interés y providencia en ayudad, de todos los modos posibles, a las acciones de Italia y de Iberia. Los romanos, por su parte, nombraron dictador a Quinto Fabio, hombre de prudencia excepcional y de ilustre nacimiento. Todavía hoy, entre nosotros, los hombre de su linaje son llamados Máximos, es decir, los más grandes, debido a sus acciones y a los éxitos de aquél. He aquí las diferencias que hay entre un dictador y los cónsules. Éstos tienen, cada uno, un cortejo de doce lictores, mientras que el dictador lo tiene de veinticuatro. Los cónsules muchas veces necesitan del Senado para ejecutar sus planes; el dictador es un general que goza de plenos poderes. Cuando ha sido nombrado, en Roma se anulan todas las magistraturas, a excepción de los tribunos de la plebe. Pero de esto se hará una exposición más detallada en otro lugar. Los romanos, pues, nombraron un dictador, y junto a él, a Marco Minucio como comandante de la caballería. Éste está sometido al dictador, pero le sustituye en el mando cuando algo retiene al dictador en otra parte.

Polibio, III,88, 1-9. Aníbal iba moviendo su campamento en etapas breves, y no salía de la región adriática. Disponía en abundancia de vino añejo y con él lavaba a los caballos; era una medicina para su mal estado y su sarna. Lo mismo hacía con los hombres: curaba a los heridos y procuraba que los restantes soldados adquirieran vigor y valor para las necesidades que se aproximaban. Atravesó y devastó las tierras de los pretutios con la población de Adria, después las de los marrucinos y las de los frentenianos; luego avanzó hacia Yapigia. Este país está dividido en tres partes, el territorio de los daunios, el de los peucetios y el de los mesapios; Aníbal invadió el primero la Daunia. Empezó por aquí, por Luceria, que era colonia romana, e iba devastando el país. Posteriormente cambió de emplazamiento y acampó junto al lugar llamado Ibonio, recorrió el territorio de Argiripa y saqueó impunemente toda la Daunia. Entretanto, Fabio, tras su investidura, ofreció sacrificios a los dioses, salió con su colega en el mando y con las cuatro legiones alistadas para esta circunstancia. Cerca de Narnia estableció contacto con las fuerzas romanas que habían salido de Rímini para prestar ayuda. Relevó a su jefe, Gneo Servilio del mando del ejército de tierra, y lo envió a Roma con una escolta, con la orden de que si los cartagineses se movían por mar, acudiera siempre a proteger los lugares que corrieran peligro. Y él, personalmente, junto con su ayudante en el mando, tomó a sus órdenes las tropas y acampó delante de los cartagineses, en el lugar llamado Eca, que distaba del enemigo unos cincuenta estadios.

COMENTARIO

Aníbal ya se sentía, con razón, dueño de la Italia rica. Se dirigió al Adriático y allí se dedico a saquear los ricos campos y ciudades. Tuvieron el tiempo que quisieron para reponer su salud y la de los animales que tanto habían sufrido. Frenaba cualquier intento de los romanos en impedir sus planes: eran invencibles. La moral de los cartagineses y su jefe no podía estar más alta, frente a la de los romanos que se sentían hundidos y abandonados por los ineptos militares que los defendían o trataban de hacerlo. El Senado romano se vio obligado a nombrar un dictador, dada la circunstancia tan peligrosa en la que se encontraba la República romana.

Polibio, III, 89, 1-9. Aníbal supo de la presencia de Fabio y se propuso aterrorizar súbitamente al enemigo. Hizo salir a su ejército, lo aproximó al atrincheramiento romano y lo formó en orden de combate. Esperó algún tiempo sin que saliera nadie, y se retiró nuevamente a su propio campamento. Pues Fabio había decidido no exponerse ni arriesgar una batalla; procuraba por encima de todo la seguridad de sus tropas, y se atuvo firmemente a esta decisión. Primero los suyos lo desdeñaron y no faltó quien le tildara de cobarde, como si la batalla lo llenara de pavor, pero con el tiempo hizo que todos reconocieran que en aquellas circunstancias nadie hubiera sido capaz de comportarse de manera más atinada y juiciosa. Los hechos, en efecto, testificaron muy pronto a favor de sus cálculos, y fue natural que fuera así: sucedía que las tropas adversarias se habían ejercitado en la guerra continuamente, desde su más temprana juventud; contaban con un jefe que había crecido entre ellos, acostumbrado desde niño a operaciones a campo abierto. Habían vencido en muchas batallas en Iberia y dos veces seguidas a los romanos y a sus aliados. Y por encima de todo debía tenerse en cuenta que habían renunciado a todo, y que la única esperanza de salvación que tenían estaba en vencer.

La situación del ejército romano era exactamente la contraria. Por lo cual era desaconsejable arriesgar una batalla decisiva cuando lo más probable era que iban a ser derrotados. En sus cálculos, Fabio se volvió hacia Lo que les era ventajoso, fue constante en ello, y dirigió la guerra de este modo. Las ventajas de los romanos consistían en un aprovisionamiento prácticamente ilimitado y en una gran abundancia de soldados.

Polibio, III, 90, 1-14. Así pues, en el tiempo que siguió, siempre marchaba paralelamente al enemigo, y se adelantaba a ocupar los lugares estratégicos según su experiencia. Disponia en su retaguardia de provisiones abundantes, por lo que jamás permitió que sus soldados se dispersaran a forrajear ni que ni una sola vez se apartaran del atrincheramiento: vigilaba que estuvieran siempre juntos y concentrados, y acechaba lugares y oportunidades. De este modo cogió prisioneros y mató a muchos enemigos que, despreciando al adversario, se habían diseminado para forrajear, desde su propio campamento. Obraba así porque quería reducir el número de enemigos, siempre limitado, y restablecer y hacer recobrar poco a poco la confianza y el espíritu de sus propios hombres, derrotados en batallas campales por medio de éxitos parciales. No era en absoluto capaz de lanzarse deliberadamente a una confrontación decisiva. Marco Minucio, su subordinado, en el mando, no estaba de acuerdo con semejante proceder: participaba de las ideas de la masa y denigraba a Fabio delante de todos, afirmaba que se encaraba con la situación de manera floja y remisa; él, personalmente deseaba con ardor exponerse y arriesgarse a una batalla. Los cartagineses devastaron, pues, los lugares citados, rebasaron los Apeninos y bajaron al territorio de los samnitas, muy fértil, y que durante mucho tiempo se había visto libre de guerra. Allí tuvieron tal sobreabundancia de provisiones que, ni consumiéndolas, ni destruyéndolas podían agotar el botín. Recorrieron también el campo de Benevento, que era colonia romana, y conquistaron la ciudad de Venusa, que no estaba amurallada, repleta, además, de toda clase de ajuares. Los romanos les iban siguiendo constantemente los pasos, conservando una distancia de uno o dos días de marcha: rehusaban acercarse más al enemigo y trabar combate con él. Aníbal, viendo que Fabio rehuía la batalla, pero que no acababa de retirarse del campo abierto, avanzó audazmente hacia las llanuras que rodean Capua, al lugar llamado Falerno. Pensaba que una de dos: o bien forzaría al enemigo a luchar, o bien haría patente a todos que su dominio era indisputado, y que los romanos le cedían el campo abierto. Esperaba que con esto, las ciudades intimidadas desertarían una tras otra de los romanos. Hasta entonces, a pesar de que estos habían perdido dos batallas, ninguna ciudad italiana se había pasado a los cartagineses, sino que se mantenían leales, aun cuando algunas había sufrido mucho. Esto puede ser un indicio de respeto y de la estimación de que gozaba la república romana entre los aliados.

Aníbal en tierra de los samnitas y la Campania.

Polibio, III, 91, 1-10. El cálculo de Aníbal era muy lógico: las llanuras de Capua son las más famosas de Italia por su fertilidad y por su belleza; se extiende a lo largo de la costa y poseen mercados a los que concurren navegantes procedentes de casi todo el mundo que se dirigen a Italia. En estas llanura están también las ciudades más bellas e ilustres de esta península. En la franja costera se levanta Sinuesa, Cumas y Puzzoli, además de Nápoles, y finalmente el pueblo de los nucerios. Tierra adentro, la parte nórdica está habitada por los calenos y los tianitas, la parte oriental y la del sur la habitan los duanios y los nolanos. En la parte central de estas llanuras está situada la ciudad de Capua, la más próspera de todas. La descripción que los mitógrafos hacen de esta llanura es muy justificada. Se les llama también Campos Flegreos, igual que otras llanuras célebres: no es extraño que los dioses se pelearan por ellas, por su belleza y su fertilidad. Además de los apuntado, estas llanuras están bien defendidas y son de acceso difícil: están rodeados por el mar y, en su mayor parte, por una cadena montañosa que ofrece sólo tres entradas desde tierra adentro, angostas y escabrosas, la primera por el país de los samnitas, < la segunda por el Lacio> y la otra por la región de Hirpino. Por todo lo cual los cartagineses se dispusieron a acampar allí teatralmente para intimidar a todos ante algo inesperado, representar a los enemigos fugitivos y hacer patente que eran ellos los que dominaban el campo.

Polibio, III, 92, 1-10. Con este cálculo, pues, Aníbal partió del territorio de los samnitas y pasó el desfiladero por el collado llamado Eribiano. Acampó junto al río Volturno, que divide en dos partes aproximadamente iguales la citada llanura. Estableció el campamento en la parte que da hacia la ciudad de Roma, y lanzando a sus forrajeadores por todas partes, devastaba la llanura impunemente. Fabio quedó impresionado por la operación y la audacia enemiga, pero se atuvo aún más a sus decisiones. Marco Servilio, su subordinado en el mando, y todos los tribunos y centuriones del ejército, creían que habían cogido al enemigo en buena situación, y juzgaban que debían apresurarse a establecer contacto con él en las llanuras, sin tolerar que fueran arrasados los territorios más famosos. Hasta que llegó a aquellos lugares, Fabio se daba prisa y fingía estar de acuerdo con quienes estaban tan animosos y belicosos. Pero al acercarse a Falerno, se dejaba ver por las cadenas montañosas y se movía paralelamente al enemigo, de modo que, aunque daba la impresión a los aliados de no ceder el terreno al adversario, sin embargo, no hacía bajar su ejército a la llanura, y esquivaba cualquier tipo de batalla campal; le movían a ellos las causas ya dichas, y, además, la evidencia de que el enemigo le superaba enormemente en caballería. Aníbal, después de provocar al enemigo y devastar toda la llanura, se hizo con un botín enorme; luego levantó el campo. No quería echar a perder el botín, sino depositarlo en un lugar donde pudiera pasar el invierno; así su ejército gozaría de bienestar no sólo en aquel momento, sino que dispondría siempre de recursos en abundancia. Quinto Fabio adivinó este plan y que Aníbal iba a emprender la retirada por donde había venido; se percató, además, de que los parajes eran angostos y muy adecuados para un ataque. Apostó, pues, en la misma salida, a unos cuatro mil hombres, los arengó para que utilizaran su bravura oportunamente, ya que el lugar era muy estratégico; él personalmente, con la mayor parte de su ejército acampó en una colina que dominaba la entrada a los desfiladeros.

COMENTARIO

Aníbal llegó a dominar completamente el territorio de la Campania. Encontró un gran lugar donde recolectar víveres para mucho tiempo. Quinto Fabio, por su parte, no entró a la provocación que le presentaba el cartagines. Era un soldado discreto y muy previsor. Sabía cómo era Aníbal, conocía sus estratagias, y los éxitos que había ya experimentado en las campañas anteriores. Por eso, y pensando en la seguridad de sus soldados, no presentó en ningún momento batalla en campo abierto: conocía sus limitaciones. Pero sí hizo y llevó a cabo una estrategia bien pensada: seguía a Aníbal a distancia, unca en llanura, sino por las montañas; lo acechaba desde lejos. Fabio, con ello, pretendía poner nervioso a su adversario, quien quería resolver rápidamente su situación derrotando definitivamente a los romanos. El ejército de Fabio era inferior en número a sus contrincantes. Por ello y porque conocía a Aníbal, no le dio oportunidad de presentar batalla. Soldados y centuriones romanos dudaban ya de la estrategia de Fabio y lo tachaban de cobarde. Por ello le llamaban cunctator (vacilante, inseguro y dudoso). Pero nadie le apeó de sus planes ante Aníbal.

Polibio, III,93, 1-10. Los cartagineses llegaron y establecieron el campamento en la llanura, al pie mismo de las montañas; Quinto Fabio creía que lograría arrebatarles el botín sin lucha, y aún más, que, por ser el lugar muy estratégico, le permitiría culminar favorablemente aquellas operaciones. Estaba entregado de lleno a la reflexión: pensaba cómo y por dónde aprovecharía la posición ventajosa, y quiénes y desde dónde arremeterían contra el adversario. Los romanos se preparaban para el día siguiente, pero Aníbal lo previó, porque era lo más natural, y no dio tiempo ni ocasión a los planes enemigos.. Llamó a Asdrúbal, el jefe de sus servicios de intendencia, y le encargo que a toda prisa ataran el máximo número posible de haces de leña seca, fuera la que fuera; debía elegir, además, de entre los bueyes de labranza cogidos en el botín, unos dos mil de los más vigorosos, y agruparlos delante del campamento. Hecho esto, reunió a los soldados de intendencia y les indicó una prominencia que estaba entre su propio campamento y los desfiladeros por los que se disponía a hacer la marcha; les ordenó que cuando se diera la contraseña, dirigieran con fuerza y energía a los bueyes hasta que llegaran a las alturas. Después mandó cenar a todo el mundo y retirarse a descansar hasta que llegara el momento. Al caer la tercera vigilia de la noche, hizo salir a los de la intendencia y les indicó que ataran los haces a los cuernos de los bueyes. Lo hicieron rápidamente, porque eran muchos hombres, y entonces mandó prender fuego a los haces, azuzar a los bueyes y dirigirlos hacia las cimas. Detrás de los de intendencia dispuso a los lanceros, con la orden de ayudar algo a los que dirigían a los bueyes; cuando los animales hubieran emprendido la primera carrera, ellos debían correr a ambos lados y con gran griterío, a ocupar las crestas, para prestar ayuda y trabar combate con el enemigo, si por casualidad les disputaban aquellas alturas. Simultáneamente él situó sus fuerzas, primero las pesadas, detrás de ellas su caballería, a continuación el botín, y finalmente, a los iberos y a los galos. Así se dirigió a los desfiladeros y las salidas.

Polibio, III, 94, 1-10. Los romanos que custodiaban los desfiladeros, así que vieron las llamas avanzar hacia las cumbres, creyeron que Aníbal se lanzaba por allí. Abandonaron el paso difícil y se fueron a apoyar a los de las crestas. Al acercarse los bueyes, las llamas los pusieron en apuros, pues se imaginaron y creyeron que sucedía algo peor de lo que en realidad pasaba. Cuando llegaron los lanceros, se estableció entre ambos bandos una ligera escaramuza: los bueyes se lanzaron en medio, y los dos bandos quedaron en las crestas, pero separados, y se mantuvieron esperando el día, porque no alcanzaban a comprender lo sucedido. Quinto Fabio, perplejo ante los acontecimientos, y, según el poeta, «sospechando que allí había engaño», pero decidido, según su propósito inicial, a no jugarse nada al azar ni a entablar una batalla decisiva, permaneció inactivo en su campamento y aguardó el día.. Entonces Aníbal, puesto que las cosas le habían salido según sus cálculos, hizo pasar sin riesgo por los desfiladeros a sus tropas con el botín, puesto que los defensores de las angosturas las habían abandonado. Al alborear se apercibió de los romanos que, en las cumbres, hacía frente a sus lanceros; envió allí algunos iberos que trabaron combate y mataron a un millar de romanos; recuperaron fácilmente a su propia infantería ligera y descendieron del monte. Aníba, pues, después de haber salido de esta manera de Falerno, desde entonces ya acampaba sin riesgo. Miraba y pensaba dónde iba a pasar el invierno; había infundido gran miedo y perplejidad a las ciudades y a los hombres de Italia. La reputación de Quinto Fabio fue mala entre el grueso de la población, que le supuso cobarde porque había dejado escapar a los adversarios en un sitio tan ventajoso; él, con todo, no se apartó de sus propósitos. Mas obligado al cabo de pocos días a dirigirse a Roma por razón de ciertos sacrificios, confió el mando del ejército a su lugarteniente, con la orden expresa, que encareció, de que no se pusiera tanto interés en dañar al enemigo como en no sufrir ellos mismos nada malo. Pero Marco Servilio no hizo el menor caso; mientras Fabio le decía estas cosas, él ya estaba dispuesto, sin vacilar lo más mínimo, a arriesgar todo y a librar na batalla.

COMENTARIO

El episodio de los bueyes en el desfiladero cercano a campamento de cartagineses y romanos, fue una prueba de la astucia e inteligencia de Aníbal. De noche, con bueyes entorchados, preparando una emboscada para desproteger los altos del desfiladero por donde debían pasar, fue una muestra de su agudeza mental en la estrategia bélica contra los romanos, a quienes, sobre la marcha, engañó y además provocó daños a su enemigo. Pero lo importante era recuperar el cañón del desfiladero por donde tenía que pasar: venció la astucia y Aníbal consiguió su objetivo.

Lo ocurrido en Apulia

Polibio, III, 100, 1-8. Los exploradores le informaron de que en la región de Luceria y en el país llamado Gerunio había trigo en abundancia; este último lugar era muy adecuado para silo. El cartaginés determino, pues, pasar allí el invierno, y avanzó marchando junto al monte Liburno, hacia los lugares mencionados. Llegado a Gerunio, que dista de Luceria doscientos estadios, primero envió mensajeros y procuró atraerse la amistad de los habitantes de aquellas regiones, ofreciéndoles garantías de lo que les anunciaba. Si embargo, nadie le hizo el menor caso, por lo que emprendió el asedio de la plaza. Se adueñó del país rápidamente, mató a sus habitantes, pero conservó intactas la mayoría de las casas, y también las murallas, pues quería almacenar trigo allí para el invierno. Hizo acampar a su ejército delante de la ciudad, y fortificó el campamento con un foso y un atrincheramiento. Listo ya todo esto, mandó dos partes de su ejército a aprovisionarse de trigo, con la orden de que diariamente cada una debía proporcionar a los suyos una cantidad determinada; la contribución de cada grupo se debía remitir a los encargados de este servicio. Aníbal mismo con la otra parte custodiaba el campamento y protegía a sus forrajeadores allí donde se encontraran. La mayor parte del país era llana y se podía recorrer fácilmente. El número de forrajeadores cartagineses era prácticamente incalculable, y como era la estación más apropiada para la recolección, la cantidad de trigo recogida cada día era enorme.

Polibio, III, 101, 1-11. Marco Minucio recogió de manos de Fabio el mando de las tropas. Primero siguió por las crestas, en paralelo, a los cartagineses; confiado siempre en caer sobre ellos alguna vez. Pero cuando se enteró de que las tropas de Aníbal ya habían tomado Gerunio y de que recogían el trigo del país, de que habían acampado ante la ciudad protegiéndose con una estacada, abandonó las alturas y descendió por una cresta que llegaba al llano. alcanzó una montaña que esta encima del territorio de Larino, llamada Calena,, y acampó en torno a ella, resuelto a trabar combate con el enemigo a cualquier precio. Aníbal vio la aproximación del enemigo, y permitió salir a forrajear a sólo una tercera parte de su ejército; retuvo las dos restantes, y avanzó desde la ciudad dieciséis estadios en dirección al adversario. Acampó en la cima de una loma: con ello pretendía intimidar al enemigo y proporcionar al tiempo seguridad a sus forrajeadores. Entre ambos campamentos había una altura situada estratégicamente, desde la cual se dominaba el campamento enemigo; Aníbal mandó unos dos mil lanceros y consiguió ocuparla cuando todavía era de noche. Al alborear, Marco Minucio lo vio, hizo salir a sus tropas ligeras y asaltó la colina. Se produjo una escaramuza violenta de la que, al final, salieron victoriosos los romanos, que trasladaron todo su campamento a este lugar. Al tener enfrente el campamento romano, Aníbal retuvo durante cierto tiempo la mayor parte de su ejército con él. Pero cuando pasaron muchos días se vio obligado a dividir sus tropas y enviar una parte a apacentar ganado y otros a forrajear, pues se esforzaba, según su plan inicial, en no echar a perder su botín y en reunir la máxima cantidad de trigo posible; así, durante el invierno, sus hombres dispondrían de todo en abundancia, y no menos sus acémilas y sus caballos. En efecto: las máximas esperanzas de su ejército, Aníbal las depositaba en su cuerpo de caballería.

Polibio, III,102, 1-11. Fue entonces cuando Marco Minucio vio que la mayor parte de los enemigos se había diseminado por el país para las tareas reseñadas; escogió la hora más oportuna del día e hizo salir a sus fuerzas. Se aproximó al campamento de los cartagineses, hizo formar a sus tropas pesadas, repartió en grupos a su caballería y a sus tropas ligeras y los mandó contra los forrajeadores con la orden de no coger ningún prisionero vivo. Ante esto, la situación de Aníbal se convirtió en muy delicada, pues no podía oponerse de forma segura a la formación contraria ni podía prestar socorro a los suyos, esparcidos por el territorio. Los romanos que habían sido enviados contra los forrajeadores, mataron a muchos de éstos por estar esparcidos, y a los que se mantenían en la formación desdeñaron tanto a los cartagineses que llegaron a arrancarles la estacada: lo único que no hicieron fue asediarlos.

Polibio, III, 102, 1-11. Aníbal, pues, estaba en mala situación, pero no se movió, a pesar de la tormenta que lo zarandeaba. Iba rechazando a los que se aproximaban, y custodiaba a duras penas su campamento, hasta que Asdrúbal reagrupó a los que habían huido del territorio hacia el atrincheramiento de Gerunio, que eran unos cuatro mil, y se presentó para ayudar. Esto fue para Aníbal un respiro y se atrevió a efectuar una salida: formó a sus tropas a poca distancia del campamento y con gran esfuerzo rechazó el peligro que se cernía sobre él. Marco Minucio había causado muchas bajas al enemigo en la refriega junto a la estacada, y había matado todavía un número mayor de cartagineses en el territorio; entonces se replegó con grandes esperanzas de cara al futuro. Al día siguiente los cartagineses abandonaron la estacada y Marco subió y ocupó el campamento adversario. Aníbal, que temía que por la noche los romanos encontraran desguarnecida la empalizada de Gerunio y se apoderaran de los bagajes y de los depósitos, determinó retirarse y establecer de nuevo su campamento en aquel lugar. Desde entonces los cartagineses forrajearon con más cuidado y más protección, y los romanos lo contrario, con más confianza y más audacia.

COMENTARIO

Fabio fue sustituido por Marco Minucio. Buen general. Anibal, que campeaba a sus anchas por el territorio donde se había emplazado, descuidó la atención y el peligro que podía correr como consecuencia de la estrategia de Minucio, quien no dejó de perseguir y entorpecer las acciones de los cartagineses. El romano estuvo a punto de dar un golpe muy peligroso a la estrategia de Aníbal. Con escaramuzas bien estudiadas, Minucio causó un duro golpe a los enemigos que se encontró por los campos haciendo su trabajo de forrajeo.

Polibio, III, 103, 1-8. En Roma se dio más importancia a lo sucedido de la que en realidad tenía, y la gente exultaba; poseídos antes de una desconfianza total, ahora creían que se les ofrecía un cambio hacia algo mejor; además pensaban que antes la inactividad y el recelo de las legiones no se debía a un acobardamiento de las tropas, sino a la precaución del general. Todo el mundo acusaba y reprochaba a Fabio el no haber aprovechado con audacia las oportunidades; en cambio alababan tanto a Marco por lo sucedido que ocurrió lo que nunca había pasado: le concedieron también plenitud de poderes, convencido de que iba a poner un rápido fin a sus problemas. Es innegable que entonces hubo dos dictadores para una misma empresa, cosa jamás vista antes entre los romanos. Marco Minucio, cuando tuvo en claro el efecto de la masa y la potestad que el pueblo le había otorgado, sintió doblemente el afán de desafiar y de atreverse contra el enemigo. También Fabio llegó donde estaban las tropas; los hechos no le habían hecho cambiar nada; permanecía aún más firme en su opción inicial. Vio que Marco se había envanecido, que le llevaba la contraria en todo y que andaba totalmente decidido a arriesgar una batalla, por lo cual se le dio a elegir: o ejercer el mando por turno, o partirse las fuerzas y actuar cada uno según sus propias decisiones. Marco Minucio aceptó preferentemente esto último, la partición. Se dividieron, pues, el ejército, y acamparon separadamente el uno del otro, a doce estadios de distancia.

COMENTARIO

El éxito de Minucio sobre las tropas de Aníbal enardeció a la población romana. Pero todo era un espejismo; deseoso de acabar con aquella situación de inseguridad, se nombraron dos dictadores: Fabio y Minucio. Ambos discrepaban a la hora de actuar contra los cartagineses: Fabio seguía con su estrategia preventiva, y Minucio, con la intención a presentar batalla a campo abierto con las fuerzas de Aníbal. La conslusión fue la división de las fuerzas en dos ejércitos, cosas que acabaría perjudicando a los romanos.

Polibio, III, 104, 1-7. Aníbal sabía unas cosas por prisioneros capturados, y los hechos que veía le hacían adivinar las otras. Comprendía la rivalidad de los generales y la vanidad y la ambición de Marco. Creyó que lo que corría entre los enemigos no le era adverso, sino favorable. Dirigió su atención a Marco: pretendía rebatir su audacia y superarle en ardor. Entre el campamento cartaginés y el de Marco había un montecillo que podía ser perjudicial a los dos bandos, por lo que determinó ocuparlo. Pero intuía claramente, por el éxito romano anterior, que Marco Minucio acudiria inmediatamente para obstaculizar su intento, de modo que ideó lo que sigue. Los lugares que rodeaban la eminencia eran áridos, pero ofrecían muchas cavernas y hendiduras de todas clases; por la noche envió, en grupo de doscientos a trescientos a los lugares más aptos para emboscarse, quinientos jinetes y un total de unos cinco mil infantes armados a la ligera. Para que no fueran vistos al amanecer por los forrajeadores romanos, al despuntar el día, ocupó la loma con su infantería ligera. Marco Minucio, al ver lo ocurrido, lo creyó un signo de buena suerte; mandó al punto a su infantería ligera con la orden de luchar y de pelear por aquel lugar; después envió a la caballería, y a continuación marchó él mismo con las tropas pesadas, igual que la vez anterior, actuando en cada caso más o menos de la misma manera.

Polibio, III, 105, 1-11. Acababa de amanecer, y los pensamientos y los ojos de todos estaban fijos en los que habían trabado combate en la loma; no se sospechaba la carga de los emboscados. Aníbal enviaba ininterrumpidamente refuerzos a los hombres de la colina, siguiendo él personalmente paso a paso con su caballería y con sus tropas; resultó que los de a caballo trabaron prontamente combate entre ellos. Al ocurrir esto, la infantería ligera romana se vio presionada por la gran masa de caballería enemiga, y al huir hacia sus fuerzas pesadas produjo una gran confusión. Y fue entonces cuando se dio la señal a los cartagineses emboscados, los cuales aparecieron y atacaron por todos lados; y no sólo sobre la infantería ligera, sino que sobre todo el ejército romano se abatió un grave peligro. Fabio se dio cuenta de lo que pasaba y, temiendo sufrir una derrota decisiva, efectuó una salida con sus fuerzas y socorrió con gran celo a los que corrían peligro. Como se aproximó a toda prisa, los romanos recobraron su ánimo y, a pesar de haber deshecho ya toda su formación, de nuevo se reagruparon en torno a sus estandartes, se retiraron y se refugiaron entre los hombres de Fabio. La infantería ligera había sufrido muchas bajas, pero aún más las legiones, que perdieron la flor y nata de sus hombres. Aníbal y los suyos temieron el estado íntegro y el orden de las legiones que acudían a reforzar, de modo que desistieron de la persecución y de la batalla. Para los que habían asistido personalmente a la refriega, quedó claro que todo se perdió por la temeridad de Marco Minucio, y que todo hasta entonces, y también entonces, se había salvado por la prevención de Fabio. Los habitantes de Roma conocieron, por fin, claramente, la diferencia real entre la vanagloria y la precipitación de un soldado, y la previsión y el cálculo seguro y razonable de un general. Enseñados por los acontecimientos, los romanos establecieron su campamento único con una sola estacada, y desde entonces atendieron ya a Fabio y a sus consejos. Los cartagineses abrieron un foso en el espacio intermedio entre la loma y su propio campamento, rodearon con una estacada la cima del monte, que ahora dominaban, y dejaron allí una guarnición, tras la cual, ya sin peligro, dispusieron su propia invernada.

COMENTARIO

El enfrentamiento de romanos y cartagineses por ocupar lugares estratégicos resultó un descalabro para los primeros. Minucio no previó la astucia de Aníbal, quien tendió una nueva emboscada a los romanos que resultaron malparados por su falta de prevención. Hasta tal punto Minucio puso en peligro la seguridad de los ejércitos romanos que, Fabio, visto lo ocurrido, acudió en socorro del ejército de Minucio a punto de ser aniquilado. Este resultado se supo en Roma rápidamente y, por fín, el romano se dio cuenta de los valores estratégicos de Fabio: su prevención y prudencia fue lo que libró al ejército romano de ser eliminado en estas circunstancias.

Batalla de Cannas (Año -216)

Polobio, III, 106, 1-10. Al llegar el tiempo de los comicios consulares, los romanos eligieron cónsules a Lucio Emilio y a Gayo Terencio, tras cuya designación, los dictadores dejaron sus cargos. Los cónsules del año anterior, Cneo Servilio y Marco Régulo (que había sido nombrado tras la muerte de Flaminio) fueron nombrados procónsules por Lucio Emilio; tomaron mando de los acampados y dispusieron las operaciones militares según su parecer. Emilio llamó inmediatamemte a filas la parte de tropas que faltaba para completar la campaña y las envió. Pusieron en claro a Cneo que no debía en modo alguno entablar una batalla decisiva, pero sí, en cambio, librar escaramuzas continuas y lo más duras posible: así los procónsules entrenarían y harían cobrar ánimo a los soldados bisoños para las batallas decisivas. En efecto: les parecía que había contribuido no poco a los desastres anteriores el hecho de usar soldados recién reclutados y sin ninguna preparación. Ellos personalmente confiaron al pretor Lucio Postumio, nombrado general, una legión, con la que le mandaron al país de los galos: querían producir escisiones entre los galos que militaban a favor de Aníbal. Previeron también la recuperación de la flota que invernaba en Lilibeo, y enviaron a los generales de Hispania todo lo requerido para sus operaciones. Los cónsules, pues, pusieron gran empeño en esto y en los demás preparativos. Cneo Servilio recibió sus órdenes y lo dispuso todo según ellas, por lo cual omitiremos escribir más sobre el particular. No se hizo nada decisivo, ni simplemente digno de mención, tanto por las órdenes recibidas como por el cariz que presentaban las circunstancias. Hubo, en cambio, escaramuzas y choques parciales en gran número, en las que los jefes romanos alcanzaron prestigio, pues parecía que lo disponían todo con energía y coraje.

Polibio, III, 107, 1-13. Los dos ejércitos pasaron el invierno y la primavera acampados uno frente al otro. Cuando la época del año les permitió aprovisionarse de las cosechas del año, Aníbal hizo salir a sus tropas de la fortificación de Gerunio: creyó conveniente obligar como fuera al enemigo a combatir, por lo que ocupó la ciudadela de la ciudad llamada Cannas. Los romanos habían depositado en ella su trigo y el restos de sus provisiones procedentes de los parajes de Canusio, y desde esta ciudad lo trasladaban al campamento según lo exigieran las necesidades. La ciudad había sido arrasada ya antes, pero entonces la pérdida de la ciudadela y de las provisiones perturbó a las tropas romanas en no pequeño grado puestas en situación dificil no sólo por la falta de avituallamiento, al ser conquistado aquel lugar, sino que también porque la ciudadela estaba colocada estratégicamente en medio de los parajes circundantes. Los jefes romanos enviaban mensajeros a Roma continuamente para recibir instrucciones acerca de lo que debían hacer; si se aproximaban al enemigo ya no podrían rehuir la batalla, puesto que el país estaba arruinado y todos los aliados vacilaban. Los senadores decidieron combatir, presentar batalla al enemigo. Pero ordenaron a Cneo Servilio que se contuviera y ellos enviaron a los cónsules. Todos miraban hacia Paulo Emilio, quien infundía grandes esperanzas por la honradez de su vida anterior y porque parecía que poco tiempo antes había conducido con coraje y a la vez con serenidad, la guerra contra los ilirios. El Senado romano se propuso afrontar el peligro con ocho legiones, cosa inaudita entre los romanos. Cada legión tendría unos cinco mil hombres, y además aliados. Los romanos, en efecto, tal como hemos dicho en alguna parte anterior, se manejan siempre con cuatro legiones. Una legión comprende normalmente unos cuatro mil hombres de infantería y doscientos jinetes. Pero si se presenta alguna empresa de riesgo capital, aumentan en cada legión a cinco mil el número de infantes y a trescientos el de jinetes. En cuanto a los aliados, el número de soldados de a pie lo equiparan al de las legiones, pero el de jinetes lo triplican. Confían a cada uno de los cónsules dos legiones y la mitad de los aliados, y los mandan así a las operaciones. La mayoría de los combates se deciden con un cónsul, dos legiones y el número indicado de aliados; raras son las veces en que aprestan todas sus fuerzas para una sola oportunidad y un solo combate. Pero entonces estaban aterrorizados: temían tanto al futuro que determinaron afrontar el riesgo no con cuatro, sino con ocho legiones romanas a la vez.

Polibio, III, 108, 1-10. Exhortaron a los hombres de Paulo Emilio, pusieron ante sus ojos la trascendencia del resultado de la batalla para ambos bandos y les enviaron con la orden de arriesgarse totalmente, con valor y de manera digna de la patria. Éstos se unieron al resto de las tropas y, reuniendo a todo el contingente,, le expusieron la decisión del senado; pronunciaron una arenga a tono con aquella circunstancia, palabras salidas de la experiencia personal de Paulo Emilio, que era quien arengaba a las tropas. La mayor parte de su discurso tocó los desastres sufridos recientemente; pues esto era lo que había hecho cundir el desánimo, y aquí la gran mayoría precisaba de aliento. Por esto procuró imbuirles la idea de que encontrarían no una o dos causas de las derrotas sufridas en las batallas precedentes, sino muchas más, que les había conducido a aquel final. Pero entonces ya no les quedaba ningún pretexto, si eran verdaderamente hombres, para no vencer al enemigo. Jamás los dos cónsules habían combatidos juntos y con todos sus efectivos, ni antes se habían utilizado tropas entrenadas, sino bisoñas y que no habían ni siquiera visto nada terrible. Y por encima de todo: antes no sabían nada absolutamente del enemigo, se le habían opuesto en formación casi sin haberlo visto y se habían lanzado así a batallas decisivas. Pues los derrotados junto al río Trebia habían llegado de Sicilia el día anterior y formaron ya al alborear del día siguiente. Y los que lucharon en Etruria no pudieron ver al enemigo no ya antes, sino incluso durante la batalla, ya que el aire se llenó de niebla. » Pero ahora la situación es absolutamente opuesta a las antedichas:

Polibio, III, 109, 1-12. En primer ligar -dijo-, estamos aquí los dos cónsules, y no vamos a participar con vosotros únicamente nosotros en los combates, sino que, además, hemos dispuesto que los del año pasado estén aquí y tomen parte activa en los mismos, y vosotros no solamente habéis visto el armamento, la táctica y el número de enemigos, sino que, además, lleváis combatiendo casi cada día, y en ello habéis cumplido dos años. Y si en el detalle todo tiene una disposición opuestas a la de las batallas anteriores, es lógico que el desenlace de la luchas sea también el contrario. En efecto: sería absurdo, es más, imposible, por así decirlo, que si en muchas escaramuzas parciales, combatiendo contra un número igual de enemigos, habéis vencido las más de las veces, ahora, cuando formáis todos a la vez, y así sois más del doble que el adversario, seáis derrotados. Por lo cual, soldados, cuando todo está dispuesto para vuestra victoria, la empresa requiera ya únicamente de vuestro coraje y de vuestra determinación. Sobre ello me imagino que ya no conviene exhortaros más. Para los que combaten a sueldo junto a otros, o para los que, por una alianza, van a arrostrar un peligro en pro de los vecinos, lo más terrible es la batalla misma; el resultado no les afecta demasiado. Para tales hombres sería precisa una exhortación de aquel género. Pero si se trata de hombres como vosotros ahora, a quienes os peligra no lo ajeno, sino lo propio, es decir, vuestras mismas personas, la patria, las mujeres y los hijos, y para quienes el resultado de la batalla se diferencia enormemente de los peligros presentes, se necesita sólo una mención, no un estímulo. Porque ¿quién no preferiría vencer en la lucha, y si no fuera posible, morir en ella combatiendo, a vivir para ver la ruina y el insulto inferido a los que os dije? Por lo cual, soldados, haced incluso caso omiso de lo que os he hablado, pero poneos vosotros mismos, a la vista la diferencia entre el triunfo y la derrota, y lo que se sigue en ambos casos. Disponeos para la batalla no porque corran peligros las legiones de la patria, sino ella misma en su integridad. Vosotros sois su último recurso, y no tendrá con qué oponerse al enemigo si la ocasión presente se decide de modo desfavorable. La patria sustenta en vosotros su ardor y su fuerza, ha depositado en vosotros todas sus esperanzas de salvación. No debéis ahora defraudarla. Dad a la patria la gratitud debida, y haréis presente a todos los hombres que las derrotas anteriores no se debieron a que los romanos sean menos capaces que los cartagineses, sino a la inexperiencia de aquellos combatientes, y también a la dificultades ofrecidas por las circunstancias».

Tras arengarlos con estas palabras y otras por el estilo, Paulo Emilio despidió al ejército.

Polibio, III, 110, 1-11. Al día siguiente los cónsules levantaron el campo y guiaron las tropas hacia el lugar en el que oían decir que habían acampado los enemigos. Llegaron al cabo de dos días y acamparon a unos cincuenta estadios del enemigo. Paulo Emilio observó que los parajes del alrededor eran llanos y pelados, y sostuvo que allí no convenía trabar combate, ya que el enemigo los aventajaba en caballería. Lo que debían hacer era avanzar y atraerlos hacia lugares tales en los que el grueso de la batalla lo soportara la infantería. Pero Gayo Varrón poco experimentado, era de la opinión contraria, y ello motivó discusiones y tirantez entre ambos jefes, que era lo peor que podía ocurrir. El día siguiente correspondía el mando a Varrón, ya que los cónsules, según era usual, se alternaban cada día en el ejercicio del mando. Gayo Varrón, pues, levantó el campo y avanzó; quería aproximarse al enemigo, pese a que Paulo Emiliio se oponía y protestaba airadamente. Aníbal tomó consigo a su infantería ligera y a su caballería, les salió al encuentro, cayó sobre ellos cuando todavía marchaban, trabó combate inesperadamente y produjo una gran confusión entre los romanos. Éstos sostuvieron la primera carga haciendo avanzar algunas secciones de su infantería pesada, después enviaron a sus arqueros y a su caballería, con lo que lograron ventaja en este combate generalizado, porque los cartagineses no disponían de una reserva digna de este nombre y porque algunos manípulos romanos ya lograban combatir entre su infantería ligera. Pero sobrevino la noche y separó a ambos bandos; el ataque de los cartagineses no había tenido el éxito que éstos esperaban. Al día siguiente, Paulo Emilio, que ni se decidía a combatir, ni podía tampoco retirar con seguridad a su ejército, acampó con las dos terceras partes de él junto al río llamado Aufidio ( que es el único que atraviesa los Apeninos, una cordillera continua que separa todas las vertientes de Italia, las que van al Mar Tirreno y las que van al Mar Adriático; el Aufidio fluye a través de esta cordillera, tiene sus fuentes en las vertientes etruscas de Italia, pero desemboca en el Adriático), y para la tercera parte construyó una empalizada al otro lado del río, hacia el este del vado; se mantenía a una distancia de unos diez estadios de su propio campamento, y a un poco más del de los enemigos. Con todo ello pretendía proteger a los forrajeadores que salían del campamento y hostigar el propio tiempo a los forrajeadores cartagineses.

Polibio, III, 111, 1-11. Entonces Aníbal comprendió que la situación le invitaba a combatir, a librar batalla contra el enemigo, pero temía que el fracaso reciente hubiera abatido el ánimo de los suyos. Creyó que el momento exigía una arenga, y congregó a sus hombres. Reunido ya, les hizo contemplar los lugares de alrededor, y preguntó qué cosa mejor hubiera podido pedir a los dioses, en las circunstancias presentes, cuando se les concedía librar la batalla decisiva en un paraje en que la caballería los hacia muy superiores al enemigo. Todos aprobaron esta afirmación, porque era evidente, » Por consiguiente -añadió Aníbal- dad gracias a los dioses, ya que ellos cuando han llevado al enemigo a este terreno nos preparan la victoria. Y en segundo lugar, dádmelas a mí, puesto que he forzado al adversario a la lucha. Ahora ya no puede rehuirla, y luchará en un terreno que nos es ventajoso. No me parece en modo alguno que sea preciso estimularos con muchos argumentos a que tengáis buen ánimo y coraje en la refriega. Tal exhortación era necesaria cuando no teníais experiencia de lo que es combatir contra los romanos, y yo mismo os hice muchos discursos en los que os aducía ejemplos. Pero cuando habéis vencido a los romanos en tres grandes batallas consecutivas, ¿qué palabra os podría infundir más confianza que los propios hechos? En las luchas habidas hasta ahora habéis conquistado el país y os habéis apoderado de sus bienes, según nuestras promesas; siempre evitamos mentir en todos los discursos que os dirigimos. El combate ahora será por las ciudades y las riquezas contenidas en ellas. Cuando las hayáis conquistado, seréis de inmediato dueños de toda Italia; lejos ya de las penalidades, convertidos en amos de toda la riqueza de los romanos, os convertiréis en jefes y señores de todo, gracias a la batalla de ahora. De manera que lo que hoy necesitamos no son palabras, sino hechos. Estoy persuadido de que, con la voluntad de los dioses, no tardará mucho en confirmarse mi promesa». Le dijo estas cosas y otras por el estilo, que sus hombres aplaudieron con entusiasmo. Él los felicitó y aprobó su ánimo; luego despidió a los soldados. Estableció su campo sin dilación, y construyó una empalizada en la misma orilla del río donde estaba el mayor campamento de los romanos.

Polibio, III, 112, 1-5. Al día siguiente ordenó a todos sus hombres que prepararan las armas y que estuvieran prestos. Y al otro formó a sus tropas junto al río: su interés en luchar contra el enemigo era evidente. Paulo Emilio no estaba satisfecho con aquel lugar, y veía que los cartagineses pronto se verían obligados a cambiar de sitio el campamento por la necesidad de avituallarse. Permaneció, pues, inactivo y se limitó a reforzar las guardias de su acampada. Aníbal aguardó mucho tiempo sin que nadie le saliera al encuentro. por lo que hizo entrar de nuevo a sus tropas en su atrincheramiento. Envió a sus númidas contra los aguadores del campamento romano más pequeño. Los númidas llegaron hasta la misma empalizada enemiga y estorbaban la aguada, y Gayo Varrón se excito todavía más contra éstos; también las tropas se sentían impelidas a la batalla; soportaban con disgusto su aplazamiento, porque en los hombres el tiempo de espera se les hace difícil, pero cuando algo se ha decidido, hay que soportarlo todo, incluso lo que parezca más terrible. Cuando en Roma se enteraron de que los dos ejércitos estaban acampados frente a frente y que cada día se producían refriegas de avanzadillas, la ciudad estaba animada y temerosa. El pueblo temía por el futuro, puesto que se habían sufrido tantas derrotas; suponían y se imaginaban ya en sus pensamientos lo que les iba o ocurrir si ahora les sobrevenía un descalabro total. Todos los oráculos que tenían corrieron entonces de boca en boca, todo templo y toda casa rebosaba de signos y de prodigios; de ahí que plegarias y sacrificios, súplicas e imploraciones a los dioses agitaban la ciudad. En las circunstancias difíciles los romanos tienden a apropiarse dioses y hombres, y no juzgan nada indecoroso o innoble si se hace en tales tiempos.

Polibio, III, 113, 1-9. Al día siguiente, nada más tomar el mando Gayo Varrón, al alborear, movió a la vez las tropas de las dos acampadas. Hizo que las del campamento mayor cruzaran el río, y las formó al instante; juntó a ellas las del otro campamento y las ordenó en una línea continua, orientada hacia el Sur. Situó a la caballería romana junto al mismo río, en el ala derecha, y extendió a las tropas de a pie a continuación, en la misma línea; ponía los manípulos muchos más compactos, y lograba así que la profundidad de sus formaciones fuera muy superior a su frente. Colocó a la caballería aliada en el ala izquierda. Delante de todo el ejército, a una cierta distancia, situó a la infantería ligera. Incluyendo a los aliados, los romanos disponían de unos ochenta mil hombres de a pie, y de algo mas de séis mil de a caballo. En aquel mismo momento Aníbal hizo cruzar el río a sus baleares y a sus lanceros y los puso al frente de su ejército. Hizo salir del atrincharamiento al resto de sus hombres, cruzó la corriente por dos lugares distintos y formó a sus tropas frente al enemigo. Al lado mismo del río, en el flanco izquierdo, puso a los jinetes iberos y a los galos frente a la caballería romana, a continuación la mitad de su infantería pesada africana, y seguidamente a los iberos y a los galos; a su flanco dispuso el resto de los africanos; en el ala derecha situó a la caballería númica. Los extendió a todos en una sola línea, tomó personalmente las formaciones de iberos y de galos y los hizo avanzar sin que perdieran el contacto con los demás. Todo se desarrollaba según un plan preconcebido; se formaba una figura convexa en forma de media luna; las líneas de sus flancos perdían en espesor a medida que avanzaban. Aníbal quería que sus africanos durante la batalla le sirvieran de retaguardia, y que iberos y galos pelearan en primera fila.

Polibio, III, 114, 1-8. El armamento de los africanos era romano, pues a todos ellos Aníbal los había dotado con él, escogiéndolo del botín de las batallas anteriores. Los iberos y los galos tenían el escudo muy parecido, pero, en cambio, las espadas eran de factura diferente. Las de los iberos podía herir tanto de punta como por los filos; la espada gala en cambio, servía sólo para herir de filo, y ello aún a cierta distancia. Sus secciones estaban dispuestas alternadamente. Los galos iban desnudos, los iberos vestían una túnica delgadas de lino, con el borde de púrpura, según el uso de sus regiones; el conjunto ofrecía una visión extraña y sobrecogedora. El número de jinetes de que disponían los cartagineses era de diez mil; el de soldados de infantería, no muy superior a los cuarenta mil, incluidos los galos. Paulo Emilio mandaba el ala derecha romana, la izquierda Gayo Varrón y el centro los mandaba Marco Atilio y Cneo Servilio, los cónsules del año precedente. El ala izquierda cartaginesa la mandaba Asdrúbal, la derecha Hannón, y en el centro estaba el propio Aníbal, que tenía al lado a Magón, su hermano. como dije más arriba, la formación romana miraba hacia Occidente, y la de los cartagineses, hacia Oriente, de modo que cuando salió el sol, no molestó en ningún momento a los dos bandos.

Polibio, III, 115, 1-12. Las avanzadillas iniciaron la refriega. Al principio el choque entre las infanterías ligeras se mantenía indeciso. Pero, a medida que, desde su izquierda la caballería ibera y gala se aproximaban a los romanos, estos jinetes convirtieron aquello en una batalla auténtica y a la manera bárbara; se combatía no según la norma de arremetidas y retiradas alternativas, antes bien, los jinetes atacaban montados. pero luego descabalgaban y entablaban duelos individuales. En ello salieron victoriosos los cartagineses, y en la lucha mataron a la mayoría de sus adversarios, a pesar de que los romanos lucharon noblemente y con coraje. Acorralaron luego junto al río a los supervivientes y los mataron también; los cartagineses no usaron la piedad con los que les llegaron a las manos. Entonces entraron en combate las fuerzas de infantería, que seguían a las ligeras. Las formaciones de iberos y de galos resistieron algún tiempo y lucharon varonilmente contra los romanos, pero, después, acosados por el enemigo que presionaba, cedieron y se replegaron, rompiendo la figura de la media luna. Los caballeros romanos los persiguieron con furia y lograron romper fácilmente las formaciones enemigas, porque la de los galos carecía de profundidad, y la de los romanos se había engrosado precisamente desde las alas del centro y al lugar en que se combatía. El centro y las alas cartaginesas no entraron en combate al mismo tiempo, sino, en primer lugar, el centro, ya que los galos, debido a la formación en figura de media luna, se habían adelantado mucho más que las alas; lo convexo de la figura avanzaba de cara al enemigo. En su persecución los romanos corrieron hacia el centro y hacia aquellas partes del enemigo que cedían; las rebasaron tanto que ahora tenían a ambos lados, en los flancos que ofrecían, a los africanos, que eran los dotados con armamento pesado. De éstos, los que estaban a la derechas giraron hacia la izquierda, cargaron por el flanco derecho y cayeron de costado sobre el flanco enemigo, y los del ala izquierda giraron a la derecha y se desplegaron por el flanco izquierdo. La situación mostraba por sí misma lo que se debía hacer. Ocurrió lo que había calculado Aníbal: en su persecución de los galos, los romanos fueron cogidos en medio por los africanos. Y entonces ya no mantuvieron sus formaciones, sino que se revolvían individualmente y por batallones y luchaban contra los que los acosaban de flanco.

Polibio, III, 116, 1-13. Paulo Emilio, a pesar de que desde el principio estaba en el ala derecha y participaba en la lucha de la caballería, quedaba aún entre los supervivientes. Pero según las palabras que pronunciara en la alocución, quería encontrarse siempre en el corazón de la lucha. Al ver que la decisión de la batalla radicaba en las fuerzas de infantería, galopó hacia el centro de la formación romana, y al tiempo que él mismo combatía y golpeaba con sus manos al adversario, excitaba y estimulaba a los soldados que tenía alrededor. Y lo mismo hacía Aníbal, pues desde el principio se encontraba en una sección de sus tropas. Los númidas que, apostados en el ala derecha, habían asaltado a la caballería enemiga, no hicieron ni sufrieron gran cosa por lo peculiar del combate, pero mantuvieron inactivo al enemigo atrayéndoselo y luego atacándolo por todos lados. Cuando Asdrúbal y los suyos, tras matar, junto al río, a casi todos los jinetes romanos, desde el ala izquierda corrieron a apoyar a los númidas, entonces la caballería de los aliados previó el asalto, lo esquivó y se retiró. En aquella ocasión parece que Asdrúbal se comportó de manera práctica y prudente. Sabedor, en efecto, de que los númidas, que eran muchos en número, eran muy eficaces y terribles contra los que ya se daban por vencidos, les dejó los que huían, y él condujo a sus propios hombres hacia el choque de la infantería, interesado en apoyar a los africanos. Cargó por la espalda contra las legiones romanas con arremetidas sucesivas; sus escuadrones atacaban por muchos lugares al mismo tiempo, y así infundió ánimo a los africanos y abatió y llenó de pavor el espíritu de los romanos. Allí sucumbió, herido mortalmente, Paulo Emilio, con las armas en la mano. Fue un varón que realizó no menos que cualquier otro durante toda su vida hasta el último momento, lo que en justicia se debe a la patria. Los romanos, mientras combatieron frente a frente, de cara a los enemigos que los rodeaban, resistieron bravamente. Pero los de las primeras filas iban cayendo, y al final murieron todos, y entre ellos Marco Atilio y Cneo Servilio, los cónsules del año anterior, hombres nobles y que en el peligro se había mostrado dignos de Roma. Mientras ocurría este combate y esta masacre, los númidas persiguieron a los jinetes que huían, mataron a gran número de ellos y forzaron al resto a dejar sus monturas. Unos pocos romanos consiguieron huir a Venusa, entre los cuales se encontraba Gayo Terencio Varrón, el general, hombre de espíritu deshonroso, cuyo mando fue totalmente ineficaz para su propia patria.

Polibio, III, 117, 1-12. De este modo acabó la batalla que en Cannas libraron romanos y cartagineses; en ella actuaron hombres nobilísimos, tanto entre los vencedores como entre los vencidos, cosa evidenciada por los hechos mismos. De los seis mil jinetes romanos, lograron escapar hasta Venusa, con Gayo Varrón, sólo setenta, y unos trescientos de los aliados se salvaron esparcidos pos los diversos villorrios. Durante la lucha cayeron prisioneros unos diez mil soldados de infantería, los que había permanecido fuera de la batalla. Desde el campo mismo de la lucha sólo unos tres mil lograron huir a las ciudades circundantes. Todos los demás, unos setenta mil, murieron bravamente. Tanto entonces como en las ocasiones anteriores fue la caballería cartaginesa la que decidió la victoria. Quedó claro para la posteridad que en los azares de la guerra vale más poseer la mitad de infantería, pero ser muy superior en caballería, que no trabar combate en igualdad total de condiciones que el enemigo. De los de Aníbal murieron cuatro mil galos, y otros mil quinientos entre iberos y africanos. Los romanos cogidos prisioneros. lo fueron fuera de la batalla; la causa fue la siguiente: Paulo Emilio había dejado diez mil soldados de infantería en su propio campamento para que si Aníbal, descuidando el suyo, hacía formar a todos sus hombres, los romanos asaltaran el campamento adversario durante la batalla y así se apoderarían del bagaje enemigo. Si Aníbal, en cambio, preveía cualquier eventualidad y dejaba en su campo una guarnición numerosa, en la batalla decisiva, los romanos lucharían contra menos hombres. Estos romanos fueron aprisionados así: Aníbal, efectivamente, dejó una guarnición considerable en su campamento; así que empezó la batalla, los romanos, siguiendo las instrucciones recibidas, los asediaron, atacando a los defensores del campamento cartaginés. Éstos ofrecieron primero una resistencia tenaz, pero pronto se vieron en situación difícil. Mas Aníbal ya había decidido totalmente la batalla, por lo que corrió en apoyo de los suyos, hizo retroceder a los romanos y los cercó en su propio campamento. Mató unos dos mil y cogió prisioneros a los restantes. Del mismo modo los númidas asediaron a los jinetes adversarios que se habían refugiado en las fortalezas de la región y se los llevaron prisioneros. Eran unos dos mil, que anteriormente habían sido puestos en fuga.

COMENTARIO

Como hemos comentado en otras situaciones, cuando los mandos no se ponen de acuerdo en las tácticas militares, acaba ocurriendo lo de Capua. La estrategia de Aníbal no tenía ningún resquicio de escape. Eran compactos. Planificaron su táctica con tal perfección que los romanos quedaron embolsados y sin visos de salida para ponerse a salvo. Eran muy muy numerosos, pero no tan avezados como los cartagineses. No se puede llevar a combatir a soldados recién reclutados ni mezclados con los veteranos: se estorban mutuamente. Otra vez los romanos han caído en la misma trampa: Aníbal siempre ha buscado las cercanías de los ríos, como se ha visto en los episodios anteriores. Esta batalla queda para la historia como una de las peores programadas por los cónsules romanos. De aquí se hizo popular la expresión: «sufrir una capuana», una gran paliza, o sea una derrota sin paliativos. Desde este momento Aníbal queda como dueño de toda Italia por no hallar a nadie que lo frenara. El ejército mayor que había enfrentado el Senado romano contra Aníbal había sido aniquilado.

Polibio, III, 118, 1-9. Decidida la batalla del modo descrito, la situación tomó el giro esperado por ambos contendientes. Por su triunfo, los cartagineses sometieron prácticamente al restos de Italia. Los tarentinos se les pasaron inmediatamente, los de Argiripa y algunos de Capua llamaron a Aníbal. Los demás miraron con respeto, todos ya, hacia los cartagineses, que confiaban en apoderarse de Roma al primer asalto. Los romanos, por su parte, debido a esta derrota, abandonaron al punto su idea de dominar a todos los italianos. Se habían asustado ante el grave riesgo que corrían sus personas y el suelo de la patria; esperaban la presencia de Aníbal en cualquier momento. Y como si la fortuna quisiera hacer rebosar la medida y combatir a favor de los hechos ya consumados, al cabo de pocos días, cuando el terror poseía todavía a la ciudad de Roma, el general enviado a la Galia Cisalpina, cayó inesperadamente en una emboscada de los galos, y perecieron él y sus tropas sin que se salvara nadie. El senado, sin embargo, no omitió nada de lo realizable: incitó al pueblo, aseguró la ciudad y deliberó varonilmente acerca de aquella situación; esto se notó en los hechos posteriores. Entonces la derrota de los romanos era innegable y habían perdido su reputación guerrera, pero la peculiaridad de su constitución y la prudencia de sus deliberaciones no sólo les permitieron recobrar el dominio de Italia (tras derrotar a los cartagineses), sino que poco tiempo después se hicieron dueños del universo.

Textos de autores que citan episodios de la familia Barca y sus intervenciones en Iberia (fragmentos).

Período -237 a -218.

Zonaras, 8,17. Amílcar se dirigió a Iberia contra el parecer de los magistrados de la ciudad

Año -230

Zonaras, 8,19. Por este mismo tiempo Amilcar, general cartaginés, pereció vencido por los iberos. A su muerte le sucedió Asdrúbal, yerno suyo. Conquistó gran parte de Iberia y fundó en ella la ciudad de Cartago Nova.

Zonaras, 8, 21. Este tal Aníbal era hijo de Amílcar Barca; y desde niño niño fue impulsado contra los romanos. Pues Amílcar prefería educar a todos sus hijos como a los demás jóvenes unos contra otros, pero viendo que aquel progresaba más por su naturaleza física, le hizo jurar que combatiría contra ellos, y por esto le enseñó todas las demás cosas y las técnicas de la guerra. Más aún, cuando llegó a los quince años. Por esta razón, no pudo, a la muerte de su padre, alcanzar el puesto de estratego. Después de la muerte de Asdrúbal, a la edad de veintiséis años, sin vacilación, se puso al frente del ejército de Iberia. Proclamado estratego por sus soldados, consiguió que su mando fuese confirmado por los magistrados de la ciudad. Hecho esto, necesitaba un pretexto convincente para atacar a los romanos, y lo encontró en los saguntinos de Iberia. Este pueblo, establecido no lejos del Ebro, poco distante del mar, era adicto a los romanos, a los que honraba, y también había participado en los tratados de amistad con los cartagineses. Por esta razón Aníbal les declaró la guerra, convencido de que los romanos o los auxiliarían o los vengarían si algo les sucediera. Por esta razón y porque sabía que poseían grandes riquezas…los atacó. Estos montes desde el mar llamado antes Bebricón y ahora Narbonense, se extiende hasta el gran mar exterior, y contiene en sus valles muchos y diversos pueblos…distintos en lengua y en organización política.

Zonaras, 8,21. Sitiados los saguntinos, enviaron mensajeros a los pueblos vecinos y a los romanos pidiendo auxilio. A aquellos se lo impidió Aníbal, pero los romanos le enviaron mensajeros intimándole a que no se acercase a los saguntinos, con la amenaza de que si lo hacía, se dirigirían directamente a Cartago para acusarle. Pero Aníbal hizo salirles al encuentro a algunos amigos de su confianza, con orden de decirles que el general no se encontraba en el ejército, y que se había ausentado en algún lugar desconocido; encareciéndoles que se marcharan con la mayor prontitud antes de que se supiese su llegada, para no morir a manos de los soldados desenfrenados por la ausencia de su jefe. Los romanos, dándoles fe, se dirigieron a Cartago. Se reunió la asamblea, y unos fueron del parecer de conservar la paz con los romanos, mientras que los del partido de Aníbal sostenían que los saguntinos eran culpables, y los romanos se ocupaban de asuntos que en nada les competían. Entre tanto, Aníbal había emprendido el asalto a las murallas. Muchos de los de Aníbal cayeron muertos o heridos; los cartagineses derribando una parte de la muralla intentaron irrumpir dentro de la ciudad por aquel sitio, pero los saguntinos contraatacaron y los rechazaron; por ello, cobraron ánimo los sitiados y se desanimaron los cartagineses. Pero no cesaron hasta tomar la ciudad, sosteniendo el asedio durante ocho meses. Durante este tiempo, muchos casos extraordinarios sucedieron, y el mismo Aníbal fue herido gravemente. La ciudad fue tomada del modo siguiente: Acercaron a la muralla un artefacto mucho más alto que ésta, lleno de soldados, unos a la vista y otros ocultos. Mientras los saguntinos pelean con todas sus fuerzas contra los que ven, creyendo ser los únicos, los otros excavan la muralla y fuerzan su entrada. Aterrados los saguntinos por este hecho inesperado, se retiran a la ciudadela, y deliberan sobre la condiciones con las que podían honrosamente encontrar su salvación. Pero viendo que ni las pretensiones de Asdrúbal eran moderadas, no había de esperarse socorro de los romanos, solicitaron una tregua en el asalto para deliberar sobre la situación. Y juntando todo lo que de más precio tenían, le prendieron fuego, mataron ellos mismos a los que no podían pelear, y los que eran de edad adecuada irrumpieron de súbito contra el enemigo y murieron luchando heroicamente.

Zonaras, 8, 25. El otro Escipión, Gayo, navegó hacia Iberia y conquistó todo el litoral hasta el Ebro, y mucha parte del interior, ya por la fuerza ya por la persuasión, y apresó a Bannón después de vencerle en una batalla. Al saber esto Asdrúbal, hermano de Aníbal, pasó el Ebro y sometió a algunos pueblos que habían hecho defección, pero se retiró ante el avance de Escipión.

Año -217.

Zonaras, 9, 1. Escipión en Iberia ganó una batalla naval frente a la desembocadura del Ebro. Viendo que las fuerzas en lucha eran iguales, cortó las velas de las naves para que, perdida la espera, combatiesen con más valor. Devastó el campo, se apoderó de muchos lugares fortificados, y por medio de su hermano Publio Escipión, sometió las ciudades ibéricas. Pues un cierto Abelos, que parecía fiel a los cartagineses, pasándose a la causa de los romanos, persuadió al que custodiaba a los rehenes iberos para que los enviase a sus casas con el fin de asegurarse así la benevolencia de sus ciudades. Y tomando a su cargo el conducirlos, como autor de la idea que era, envió mensajeros a los Escipiones, comunicándoles lo que convenía; y, dejándolos en libertad, se ganaron la adhesión de las ciudades.

Año -216.

Zonaras, 9,1,7. Pues Aníbal estaba falto de posiciones y en Hispania la situación era confusa, y los aliados le hacían defección.

Año -215.

Zonaras, 9,3. Por su parte, los Escipiones habían pasado el Ebro, devastaban la campiña, se apoderaban de las ciudades y habían vencido a Asdrúbal, que apresuradamente les había salido al encuentro. Al saber esto los cartagineses, juzgando más importante socorrer a Asdrúbal que a Aníbal, y temerosos de que los Escipiones emprendiesen pasar a Africa, enviaron a Aníbal refuerzos exiguos, mientras que la mayor parte de sus fuerzas las mandaron con toda diligencia a Iberia a las órdenes de Magón, ordenándole que, una vez normalizada la situación en Iberia, se quedara él allí de guardia, mientras Asdrúbal pasaba a Italia con el ejército. -Al saber esto los Escipiones se abstuvieron de combatir, para que Asdrúbal no pudiese pasar a Italia si por azar vencía.- Pero, como los cartagineses hostilizaron a los aliados de los romanos, Publio entabló batalla con ellos y los venció; Gneo cayó sobre los fugitivos de la batalla y los aniquiló. Por esta derrota y a consecuencia de la defección de muchas ciudades, algunas del África misma, Asdrúbal tuvo que aguardar más tiempo del que había previsto.

Período -214 a -212.

Zonaras, 9, 3, 8. Al saber esto los Escipiones se abstuvieron de combatir… Pero, como los cartagineses hostilizaban a los aliados de los romanos, Publio salió a su encuentro y los venció; Gneo cayó sobre los fugitivos de la batalla aniquilándolos. Los Escipiones se dirigieron contra los pueblos tributarios de Sagunto, causantes de la guerra y de la ruina de esta ciudad, destruyeron su población, dieron muerte a sus habitantes y, llegados a Sagunto, la devolvieron a sus antiguos ciudadanos.

Año – 210.

Zonaras, 9, 6. Los romanos enviaron a Claudio Nerón a Iberia con su ejército; una escuadra lo llevó hasta el Ebro; habiéndose reunido allí con el resto del ejército, se dirigió contra Asdrúbal antes de que éste tuviera noticia de su presencia. Logró envolverlo pero fue engañado…Dispersó secretamente sus tropas por los montes.

Año -209.

Zonaras, 9, 8. Escipión, aunque deseoso de vengar la muerte de su padre y de su tío, y afanoso de bélica gloria, no se apresuraba a causa de la multitud de los enemigos. Pero cuando supo que éstos invernaban muy lejos de allí, sin cuidarse de ellos, se puso en marcha hacia Cartago Nova. Nadie tuvo noticia de su marcha hasta que llegó a sus mismos muros, y con gran trabajo tomó la ciudad.

Año -208.

Zonaras, 9, 8. Sabiendo que Asdrúbal, hermano de Aníbal, se acercaba, ignorante aún de la pérdida de la ciudad, y confiado de que en su camino no había de encontrar enemigos, le salió al encuentro, lo derrotó y se estableció en su mismo campamento.

Año -207.

Zonaras, 9, 8. Escipión…viendo que los enemigos se encontraban dispersos por todo el país, temió que alguien los reuniese a todos para auxiliarse mutuamente. Entonces se dirigió a él en persona contra Asdrúbal, hijo de Gisgón, y envió a Silano a la Celtiberia contra Magón, y a Lucio Escipión, su hermano, contra Bastitania. Éste se apoderó de las armas de la ciudad, venció a Magón y, persiguiéndole en su fuga hacia Asdrúbal, llegó a encontrarse con Escipión, que nada aún había hecho.

Año -206.

Zonaras, 9, 10. Escipión fue encargado del mando de Hispania hasta que todo estuviera sosegado. Primero se embarcó en dos quinquerremes en dirección a África, y allí coincidió también por azar con Asdrúbal, hijo de Gisgón. Dio hospitalidad a ambos Scifax, rey de una parte de África, unido en fidelidad con los cartagineses, y como les propusiese conciliarse, le contestó Escipión que no abrigaba ninguna enemistad personal con Asdrúbal, pero que no tenía autoridad para tratar la paz en nombre de la república. Regresado a Hispania, combatió a los ilitergitanos, que habían entregado a los cartagineses los romanos que después de la derrota de los Escipiones, habían buscado refugio allí. Y no pudo hacerse dueño de la ciudad hasta que él en persona atreviose a escalar un muro y fue herido pues, avergonzados los soldados y temiendo por él, se lanzaron con más ímpetu al ataque. Y, vencedores, degollaron a todos los habitantes y prendieron fuego a la ciudad. Aterrorizados por este hecho, muchos pueblos se entregaron voluntariamente, muchos otros fueron sometidos a la fuerza. Algunos, al ser sitiados, ellos mismos prendieron fuego a sus casas y, después de degollar a los suyos, se dieron muerte a sí mismos.

Zonaras, 9, 10, 3. Dueños de la mayor parte de Hispania, Escipión se dirigió a Cartago Nova donde, en honor a su padre y de su tío, celebró juegos de armas. Entre los muchos que lucharon, hubo dos hermanos que se disputaban un reino a pesar de los esfuerzos de Escipión para reconciliarlos, y el mayor dio muerte al menor a pesar de ser éste el más fuerte. Después de esto, Escipión cayó enfermo, y los iberos empezaron a hacer defección. Pues el ejército de Escipión, que invernaba cerca de Sucrón, se sublevó; ya anteriormente no había sido muy firme su disciplina, aunque sin declararse en franca desobediencia. Pero cuando cundió la noticia de la enfermedad de Escipión, tomando el pretexto de que se les difería el pago de los estipendios, se rebelaron abiertamente, expulsaron a los tribunos y se eligieron cónsules; su número era de ocho mil. Estas noticias impulsaron aún más a los iberos a sublevarse, y atacaron a las ciudades aliadas. Y Magón, que debía partir de Gades, no se movió y, pasando al continente, hizo mucho daño.

Zonaras, 9, 10, 8. Después de su sumisión, también se sometió la mayor parte de Hispania, Magón dejó Gades, y Masinisa se pasó a los romanos.

Los cartagineses, después de la muerte de Asdrúbal, hermano de Aníbal, decidieron que debía abandonar Hispania y recuperar Italia; enviaron dinero a Magón para que reclutase auxiliares y se dirigiese a Italia. Magón en su viaje llegó a las islas Gimnesias; no pudo fondear en la mayor, pues los habitantes, habilísimos honderos, hostilizaban desde lejos las naves; se dirigió a la menor y allí pasó el invierno. Estas islas están cercanas al río Ebro; son tres, y los griego y los romanos las llaman Gimnesias; los iberos les dan el nombre de Valerias o Pitiusas y, respectivamente, a la una Ebesos, a la otra Mayor, a la tercera, Menor. Por su parte, los romanos ocuparon Gades.

Período -237 a 218.

Plutarco, 248, 2. (Virt. Mul.) Salmantinas. Antes de combatir contra los romanos, Aníbal, hijo de Barca, puso cerco a Salmantis, gran ciudad de Iberia; los sitiados en el primer momento cobraron temor y prometieron hacer lo que se les mandaba, entregar a Aníbal trescientos talentos de plata y trescientos rehenes. Pero, al cesar el asedio, cambiaron de pensar y no cumplieron nada de los pactado. Volvió sobre sus pasos Aníbal, y dio orden a sus soldados de entrar a saco en la ciudad; aterrorizados los bárbaros accedieron a salir los de condición libre con sólo sus túnicas y dejando en la ciudad las armas, riquezas y esclavos. Pero las mujeres, calculando que los hombres serían registrados a la salida uno por uno y que a ellas no se las tocaría, tomaron las espadas, se las escondieron y salieron junto con sus maridos. Salidos todos, Aníbal los puso bajo la vigilancia de un cuerpo de Masaisilios, en un barrio apartado de la ciudad; los demás soldados se diseminaron para entregarse al saqueo. Los Masaisilios, viendo cómo se repartían el botín, no pudieron ya contenerse más ni hacer atención a los cautivos, sino que, soliviantados, se dispersaron también para tomar parte en la presa. En esto, las mujeres, levantando un gran clamor, entregan las espadas a los hombres, y algunas de ellas atacan a los guardianes; una de ellas, arrancando la lanza a un intérprete llamado Banón, le hiere con ella, a pesar de su coraza; los hombres, matando a unos y poniendo en fuga a otros, se abrieron paso con las mujeres y se escaparon. Enterado de ello Aníbal, salió en su persecución, matando a los que pudo alcanzar; los que pudieron refugiarse en los montes, se salvaron por el momento, pero después enviaron mensajes de súplica a Aníbal; éste los trató con respeto y benevolencia y los restituyó a su ciudad.

Año -216.

Plutarco, (Fab. Max). 7. Hasta que Aníbal lanzó al ataque a los iberos, expertos en escalar montañas, ligeros y rápidos.

Año -215.

Plutarco, (Marcell,). 12. Al tercer día de la batalla, más de trescientos caballeros iberos y númidas se pasaron juntos al enemigo.

Año -209.

Plutarco, (Apophth. Scip. maior), 3. Sitiando la ciudad de Batheia, que un templo de Venus dominaba, ordenó que se prometiesen en aquel lugar las cauciones, ya que a los tres días había de sentar su tribunal en aquel templo; y habiendo tomado la ciudad, lo cumplió tal como lo había prometido.

Período -237 a -218.

Plinio (Naturalis Historia), 16, 216. En Hispania, en Sagunto, dicen que el templo de Diana, llevado de Zacinto por los fundadores, es anterior en doscientos años a las ruinas de Troya, según Boccho, y está situado debajo de la ciudad. Aníbal, lleno de respeto lo conservó; las vigas de enebro subsisten aún.

Plinio, 2, 181. En consecuencia ningún día ni ninguna noche es la misma simultáneamente en todo el orbe, sino que la oposición del globo produce la noche y la marcha del sol, el día. Esto se ha probado por multitud de observaciones, en África y en Hispania, en las torres de Aníbal…en las cuales los fuegos de alarma encendidos a la hora sexta del día, se ha comprobado muchas veces que han sido visto al otro extremo de la línea, a la hora tercera de la noche.

Plinio, 3, 21. Región de los ilergetes, ciudad de Subur, río Rubricato, a partir del cual los lacetanos y los indigetas. Después de éstos, el orden en que los digo, partiendo del pie de los Pirineos hacia el interior, los ausetanos, fitanos, lacetanos, y siguiendo los Pirineos, ceretanos y vascones.

Plinio, 25, 17. Sucedía esto en Lacetania, la región más próxima de Hispania.

Período -237 a -218.

Polieno, 7, 48. Aníbal sitiaba Salmatis, populosa ciudad de Iberia. Finalmente hizo un tratado conviniendo en levantar el cerco a cambio de doscientos talentos de plata y trescientos rehenes. Pero los salmantinos no entregaron lo pactado, y Aníbal volvió con su ejército y lanzó los soldados al saqueo de la ciudad. Suplican los bárbaros que se les permita salir en túnica con las mujeres, dejando las armas, objetos de valor y esclavos. Salen todos llevando las mujeres las espadas escondidas entre sus topas, y los soldados de Aníbal se entregaron al saqueo de la ciudad; las mujeres entonces, levantando un gran griterío, entregan a los hombres las espadas; algunas con las armas en las manos, siguen a sus maridos y caen sobre los saqueadores; baten a los unos, rechazan a los otros y se abren camino a su través. Aníbal, atónito por el valor de las mujeres, devolvió a sus maridos por gracia de ellas, su patria y sus riquezas.

Año -209.

Polieno, 8,16, 6. Habiendo Escipión tomado por asalto la ciudad de Oinusa, en Hispania, los soldados que la saquearon le presentaron una joven de extraordinaria belleza; Escipión inquirió quién era su padre y se la entregó, dándole también como dote el presente que como rescate le presentaban. Y todas las mujeres de los hombres de nobles familias, así como sus hijas e hijos que se hallaran en la flor de la edad las puso al cuidado de los romanos, los más prudentes de entre los de más edad; éstos las cuidaron y las proveyeron en su cautiverio cada una según su rango. La continencia de Escipión concilió a los romanos la amistad y la alianza de numerosas ciudades ibéricas.

Año -206.

Polieno, 8, 16, 1. Escipión en Iberia, sabiendo que el ejército enemigo había acudido a la batalla en ayunas, difirió la salida y formación de sus tropas y, hacia la hora séptima, cayendo sobre un enemigo agobiado por el hambre y la sed, lo derrotó con facilidad.

Período -237 a -218.

Pompeyo Trogo (Hist. Phil. Epit.). 44, 5, 1. A continuación los primitivos cartagineses ocuparon el mando de la provincia de Hispania una vez

Pompeyo Trogo, 44, 5, 2. Acabados los antiguos reinos pues, como quiera que los gaditanos, cuyo origen es común a los cartagineses, trajeran a Hispania los rituales sagrados de Hércules desde Tiro, por motivos de seguridad y fundaran allí una ciudad, además los cartagineses enviaron ayuda a sus consanguíneos que agobiaban con guerra a los gaditanos.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 3, Allí, con una expedición afortunada, vengaron a los gaditados del ultraje, y con mayor ultraje aún, sometieron a su mando a parte de de la provincia.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 4. Después, mediante el impulso de los auspicios de la primera expedición, enviaron a Amílcar como jefe con una gran cantidad de tropa para ocupar la provincia, quien, realizadas grandes hazañas, mientras probaba la fortuna, sin esperárselo, muere tras caer en una emboscada.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 5. Asdrúbal, su yerno, ocupa su lugar, quien también es asesinado por el esclavo de un cierto hispano, que vengaba la muerte injusta de su amo.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 6. Y el general Aníbal, superior a ambos, hijo de Amílcar, le sucedió, puesto que, superando las hazañas de ambos, sometió a toda Hispania.

Período -237 a -218.

Diodoro, 25, 8, …Y posteriormente, después que cesó la guerra en Libia (Amílcar Barca), habiendo congregado en torno a sí un grupo de hombres de la peor clase, reunió el botín aportado por éstos y el procedente de la guerra, y viendo además que su poder se acrecentaba, se dedicó a la búsqueda del favor popular y a adular a la masa, e incluso así al pueblo a entregarle el mando de toda Iberia por un tiempo indefinido.

Diodoro, 25, 9. Los celtas, siendo muchas veces más numerosos y de espíritu soberbio, combatían con el arrojo y el vigor propios del que siente desprecio, mientras los hombres de Barca trataban de compensar su inferioridad numérica con su valor y experiencia. Así quedó manifiesto a todos, que ellos habían tomado una sensata determinación, y la fortuna decidió sus empresas contra toda esperanza e hizo prosperar de modo inverosímil lo que parecía imposible y arriesgado en extremo.

Diodoro, 25, 10-4. Amílcar, después que tuvo el mando del ejército en Cartago, pronto acrecentó su nación y la hizo llegar hasta las Columnas de Hércules, Gadira y el océano. Así, la ciudad de Gadira es una colonia fenicia, se halla en los confines del orbe habitado, en medio del mismo océano y tiene un puerto. Mas, habiendo hecho la guerra contra los iberos y tartesios, junto con Istolacio, caudillo de los celtas y un hermano de éste, los destrozó a todos, entre ellos también a los dos hermanos, a la vez que a otros caudillos de los más destacados; y, habiendo cogido vivos a tres mil prisioneros, los enroló en su propio ejército. A su vez, Indortes, después de reunir un contingente de cincuenta mil hombres, puestos en fuga antes del combate, escapó hacia una colina y, sitiado por Amílcar, habiendo huido de nuevo durante la noche, fueron destrozadas la mayor parte de sus fuerzas, y el mismo Indortes capturado vivo. Amílcar, después de dejarlo ciego y darle tormento, lo hizo crucificar; mas, a los restantes prisioneros, que eran más de diez mil, los dejó libres. Y se atrajo a muchas ciudades mediante persuasión, a otras, por medio de las armas. Asdrúbal, yerno de Amílcar, enviado a Cartago por su suegro con objeto de que participara en la guerra de los nómadas sublevados contra los cartagineses, aniquiló a ocho mil de ellos, capturó vivos a dos mil, y los demás fueron obligados a pagar tributo y esclavizados. Amílcar, habiendo sometido a muchas ciudades en toda la Iberia, fundó una gran ciudad, a la que, por su emplazamiento, llamó Acra Leuca. Amílcar, que se había establecido junto a la ciudad de Hélice poniéndole sitio, permaneció allí con el resto de sus efectivos, tras enviar la mayor parte de su ejército y los elefantes a los cuarteles de Acra Leuca, la ciudad por él fundada. He aquí que el rey de los orisos, que había llegado al mismo tiempo en ayuda de los sitiados, tras haber realizado un fingido pacto de amistad y alianza bélica, puso en fuga a Amílcar; pero éste, en su huida, procuró la salvación de sus hijos y amigos, desviándose por otro camino; y así, perseguido por el rey se arrojó con su caballo a un caudaloso río, y bajo su montura pereció a causa de la corriente; sin embargo, el grupo en el que iban sus hijos Aníbal y Asdrúbal, fue conducido salvo hasta Acra Leuca.

Diodoro, 25, 12. Después que Asdrúbal, el yerno de Amílcar, conoció la desgracia de su suegro, levantó a toda prisa el campamento y marchó hacia Acra Leuca, llevando consigo más de cien bestias. Después de ser proclamado general por la tropa y los cartagineses, reunió un contingente de cincuenta mil infantes experimentados, seis mil jinetes y doscientos elefantes. Después de atacar en primer lugar al rey de los orisos, degolló a todos los causantes de la huida de Amílcar. Se apoderó también de sus ciudades, que eran doce, y de todas las ciudades de Iberia. Tomo por esposa a una hija de un reyezuelo ibero y fue proclamado por todos los iberos general con plenos poderes. Por ello fundó una ciudad junto al mar a la que llamó Nueva Cartago y después otras más porque quería sobrepasar el poderío de Amílcar. Y alistó un ejército de sesenta mil hombres, ocho mil jinetes y doscientos elefantes. Víctima de la traición de un criado, pereció degollado después de haber sido general durante nueve años.

Diodoro, 25,15. Tras la muerte de Asdrúbal el cartaginés, hallándose sin jefe, alguno (los cartagineses), eligieron por votación al hijo mayor de Amílcar, Aníbal. Estando sitiada por Aníbal la ciudad de los saguntinos, reunieron sus objetos sagrados, el oro y la plata que tenían en sus casas, los aderezos, pendientes de sus mujeres y las monedas de plata y, después de fundir cobre y plomo, los mezclaron con todo, y tras hacer así inservible el oro, salieron al exterior, lucharon heroicamente y fueron todos aniquilados, si bien ellos dieron muerte a otros muchos. Y las mujeres, después de matar a sus hijos, se ahorcaron. De este modo, (Aníbal) se apoderó de la ciudad sin que le reportara ningún beneficio. Los romanos pidieron la entrega de Aníbal para juzgarle por las infracciones cometidas contra las leyes y, al no consentirlo, entablaron la guerra llamada Anibálica

Diodoro, 25, 19. Aníbal, según cuentan Diodoro y Dión a la vez que Dionisio de Halicarnaso, era general de los sículos, e hijo de Amílcar. Este Amílcar llegó a conquistar toda la Iberia, mas fue muerto por traidor ataque de los iberos. Así, en tal ocasión, ordenó que todo su ejército se diera a la fuga y que huyesen juntos con los otros sus hijos, a los cuales, en tanto se le abrazaban y mostraban su deseo de compartir su muerte, hubo de apartar de sí con el látigo: Aníbal era de quince años, y Asdrúbal de doce; alzó de su cabeza la cimera y el yelmo, y por los iberos fue reconocido. Cuantos iberos eran se lanzaron tras él, y así, los fugitivos, hallando seguridad, se pusieron a salvo. Mas cuando vio a su ejécito libre de peligros, dio la vuelta hacia atrás y desde entonces puso empeño en no ser vencido por los iberos. y, mientras los iberos le hostigaban ardorosamente a todo su alrededor, él, que conducía su caballo con desmedida violencia, vino a precipitarse en las aguas turbulentas del río Iber. Fue alcanzado por un disparo de jabalina, ahogado, ni siquiera su cadáver pudieron encontrar los iberos; tal era su deseo, y así fue arrastrado por la corriente. El hijo de tal héoe, Aníbal, servía bajo las órdenes de un yerno (de Amílcar) y junto a él pasó a saco a toda la Iberia, en venganza de la muerte de su padre. Cuando en el transcurso de este tiempo los ausonios romanos, después de sufrir múltiples derrotas, vencieron a los sículos y les impusieron la más dura condición para ellos, que jamás ninguno llevase espada. Aníbal, ya en edad de veinticinco años, sin contar con el Senado ni con los que ostentaban la autoridad, tomó consigo a los jóvenes más ardorosos y arriesgados, como unos cien y aún más, vivía devastando la Iberia, y sin cesar aumentaba aún su juvenil ejército…

COMENTARIO

Este texto de Diodoro da mas detalles que Livio y Polibio acerca de la muerte de Amílcar y su muerte, y sobre la venganza de su yerno Asdrúbal en toda la Península.

Período – 237 a -218

Apiano, Iberia, 2. No es mi propósito, ya que sólo escribo una historia de Roma, preocuparme con detalle de qué pueblos se piensa que fueron los primeros pobladores y quiénes la poseyeron después de éstos. Sin embargo me parece que en algún momento los celtas, después de atravesar el Pirineo, la habitaron fusionándose con los nativos; lo que explica, por tanto, también el nombre de los celtiberos. De igual modo me parece que los fenicios, navegando con frecuencia hasta Iberia, desde época remota, por razones de comercio, se asentaron en una parte de ella…

Apiano, Iberia, 3. A este país afortunado y lleno de grandes riquezas, comenzarón a explotarlo los cartagineses antes que los romanos. Una parte de él la poseían ya, y la otra la saqueaban, hasta que los romanos, tras haberlos expulsado, ocuparon de inmediato las regiones de Iberia que tenían los cartagineses. Y llegando a dominar el resto del país, después de mucho tiempo y esfuerzo, y pese a las numerosas defecciones de los territorios ya ocupados. la dividieron en tres partes y enviaron a tres pretores. De qué modo llegaron ellos a someter a cada uno y cómo lucharon con los cartagineses por su posesión y, después de éstos, con los iberos y celtiberos, o mostraré en este libro…

Apiano, Iberia, 4. La primera guerra entre romanos y cartagineses fue una guerra extranjera por la posesión de Sicilia, librada en la propia Sicilia, y la segunda fue ésta de Iberia y en la propia Iberia. En el transcurso de ella, también ambos contendientes, navegando con grandes ejércitos, saquearon mutuamente sus territorios, unos Italia, otros África. La comenzaron alrededor de la ciento cuarenta olimpiada, más o menos, cuando disolvieron los tratados que habían concertado al final de la guerra de Sicilia. El motivo de la ruptura fue el siguiente: Amílcar, de sobrenombre Barca, cuando precisamente en Sicilia mandaba las fuerzas cartaginesas, prometió dar grandes recompensas a sus mercenarios celtas y a los aliados africanos. Al serles reclamadas éstas por aquellos, una vez que retornó a África, los cartagineses se vieron envueltos en la guerra de África, en el curso de la cual sufrieron numerosos reveses a manos de los propios africanos y entregaron Cerdeña a los romanos en compensación por las afrentas causadas a sus mercaderes en esta guerra de África. Por consiguiente, cuando sus enemigos lo hicieron comparecer a juicio por considerarlo, por estos motivos, el responsable de tantas calamidades para su patria. Amílcar, tras asegurar el favor de todos los hombres de Estado -de entre los que era el más popular Asdrúbal- que estaba casado con una hija del propio Amílcar, eludió el juicio, e incluso, cuando tuvo lugar una sublevación de los númidas, consiguió ser elegido general contra ellos en compañía de Annón, llamado el Grande, sin haber rendido cuentas todavía de su anterior generalato.

Apiano, Iberia, 5, Una vez que acabó la guerra y se hizo regresar a Annón a Cartago para responder de ciertos cargos, Aníbal, que se hallaba él y sólo al frente del ejército y tenía a su cuñado Asdrúbal como asociado suyo, se dirigió hacia Gades y, tras cruzar el estrecho hasta Iberia, se dedicó a devastar el territorio de los iberos, que no le habían causado daño alguno. Hacía de ello una ocasión para estar fuera de su patria, para realizar empresas y adquirir popularidad; en efecto, todo lo que apresaba, lo dividía, y daba una parte al ejército con el fin de tenerlo presto a cometer desafueros en su compañía: otra parte la enviaba a Cartago y una tercera la repartía entre los políticos de su propio partido. Finalmente, los reyes iberos y todos los hombres poderosos, que fueron coaligándose gradualmente, lo mataron de la siguiente forma: llevaron carros cargados de troncos a los que uncieron bueyes y los siguieron provistos de armas. Los africanos, al verlo, se echaron a reír, al no comprender la estrategia, pero, cuando estaban muy próximos, los iberos prendieron fuego a los carros tirados aún por los bueyes y los arrearon contra el enemigo. El fuego, expandido por todas partes al diseminarse los bueyes, provocó el desconcierto de los africanos y, al romperse la formación, los iberos, cargando a la carrera contra ellos, dieron muerte a Amílcar en persona y a gran número de los que lo estaban de los que estaban defendiéndolo.

COMENTARIO

Tanto Apiano como los autores antes citados, dan versiones diferentes sobre la muerte violenta de Amílcar. No se puede admitir más que el hecho como tal porque no son fiables y unos se copian de otros.

Apiano, Iberia, 6. Sin embargo, los cartagineses, satisfechos con el botín obtenido ya en Iberia, enviaron allí otro ejército y designaron como general en jefe a Asdrúbal, yerno de Amílcar, que estaba en Iberia. Éste llevaba consigo a Aníbal, famoso por sus hechos de armas no mucho después, hijo de Amílcar, y hermano de su propia esposa, hombre joven y belicoso que gozaba del favor del ejército. A él lo designó como lugarteniente. Asdrúbal se ganó la mayor parte de Iberia por medio de la persuasión, pues era persuasivo en su trato, y en los hechos que requería de la fuerza se servía del muchacho. Avanzó desde el océano occidental hacia el interior pues el río Ebro, que divide a Iberia poco más o menos por su mitad y desemboca en el océano boreal a una distancia de unos cinco días de viaje desde los Pirineos.

Apiano, Iberia, 7. Los saguntinos, colonos oriundos de Zacinto, que viven a mitad de camino entre los Pirineos y el río Ebro, y todos los restantes griegos que habitaban en las proximidades del llamado Emporion y en cualquier otro lugar de Iberia, temiendo por su seguridad personal, enviaron embajadores a Roma. El Senado, que no quería que se acrecentara el poderío cartaginés, envió, a su vez, embajadores a Cartago. Y ambos llegaron al acuerdo de que el río Ebro fuera límite del territorio cartaginés en Iberia y que ni los romanos llevaran la guerra contra los pueblos del otro lado del río, súbditos de los cartagineses, ni éstos cruzaran el río para hacer la guerra, y que los saguntinos y demás griegos de Iberia, fueran libres y autónomos. Estos acuerdos fueron añadidos a los tratados ya existentes en los tratados entre romanos y cartagineses.

Apiano, Iberia, 8. Poco tiempo después de estos sucesos, un esclavo, a cuyo dueño había matado con crueldad, en el transcurso de una cacería, cuando dedicado al gobierno de aquella parte de Iberia perteneciente a Cartago, sin ser visto, dio muerte a Asdrúbal. Y Aníbal mató a éste, convicto de su crimen, tras haberlo atormentado de manera terrible. El ejército, entonces, proclamó a Aníbal como su general, pues a pesar de su excesiva juventud, lo apoyaba totalmente. Y el Consejo de Cartago lo ratificó. Sin embargo, todos los adversarios políticos de Amílcar que habían temido su fuerza y la de Asdrúbal, cuando se informaron de que estaban muertos, despreciaban a Aníbal por su juventud y perseguían a los amigos y soldados de aquellos bajo las acusaciones ya antes formuladas contra los Barca. El pueblo, al mismo tiempo, se puso de parte de los acusadores, lleno de resentimiento contra los acusados, por causa de la severidad de la época de Amílcar y de Asdrúbal. Y les ordenaron llevar al tesoro público los regalos que en gran cantidad les había enviado Asdrúbal y Amílcar, por considerarlos tomados al enemigo. Éstos enviaron emisarios a Aníbal en demanda de socorro y le hicieron saber que también él recibiría el desprecio más absoluto por parte de los enemigos de su padre, si se desentendía de quienes podía colaborar con él en su patria.

Apiano, Iberia, 9. Pero Aníbal no sólo había previsto estas cosas, sino que también era consciente de que los pleitos incoados contra aquellos eran el principio de un complot contra su propia persona. y decidió que no iba a soportar esta enemistad como una amenaza para siempre, al igual que su padre y cuñado, y que tampoco iba a estar entregado de modo indefinido a la veleidad de los cartagineses, fácilmente dispuestos a mostrase desagradecidos hacia sus benefactores. Se decía también que incluso, siendo todavía niño había sido requerido por su padre a jurar ante el fuego del altar que había de ser un enemigo implacable para los romanos cuando accediera a la política. Precisamente por estas razones pensaba consolidar su posición y la de sus amigos, involucrando a su patria en empresas de gran envergadura y duración, sometiéndola a dificultades y riesgos. Veía en efecto, que tanto África como los pueblos sometidos de Iberia se hallaban en paz, pero si podía hacer resurgir contra los romanos una nueva guerra, que deseaba en especial, le parecía que los cartagineses se veían aquejados por grandes preocupaciones y temores, y él, por su parte, casi de tener éxito, obtendría una fama inmortal al hacer a su patria regidora de todo el universo, -pues no existía para ellos enemigo alguno después de los romanos-, e incluso en el caso de fracasar, aún así, el mero intento, le reportaría una gran gloria.

Apiano, Iberia, 10. Y presumiendo que sería un inicio brillante el cruzar el Ebro, convenció a los turbuletes, que eran vecinos de los de Sagunto, a quejarse ante él de estos últimos sobre la base de que hacían incursiones contra su territorio y les causaban muchos otros ultrajes. Y ellos le obedecieron. Enconces, Aníbal envió a los embajadores de éstos a Cartago, en tanto que él, en misivas privadas, expuso que los romanos trataban de convencer a la parte de Iberia sometida a Cartago para que hiciera defección de ésta, y que los saguntinos cooperaban en ello con los romanos. Y en absoluto desistía de su engaño, enviando muchos mensajes en tal sentido, hasta que el Consejo le autorizó a actuar con relación a los saguntinos del modo que considerara oportuno.. Y tan pronto tuvo la ocasión, hizo que, de nuevo, los turbuletes se presentaran ante él para quejarse de los saguntinos y mandó venir embajadores de éstos. Se presentaron embajadores saguntinos y, al exhortarles que cada uno expusiera en su presencia los motivos de sus diferencias, éstos últimos manifestaron que remitirían el juicio a Roma. Al decirle esto, los hizo salir del campamento y a la noche siguiente, habiendo cruzado el Ebro con todo su ejército, devastó el territorio y apostó sus máquinas contra la ciudad. Pero, como no pudo tomarla, la rodeó con un muro y un foso y, estableciendo alrededor a intervalos numerosos puestos de vigilancia, los inspeccionaba con frecuencia. Los saguntinos, al verse abrumados por este ataque inesperado y no anunciado por heraldos, enviaron una embajada a Roma. El Senado envió con ellos a sus propios embajadores que, en primer lugar, debían recordarle a Aníbal los acuerdos existentes y, caso de no convencerle, navegar hasta Cartago para presentar quejas contra él. A estos embajadores, cuando habían efectuado su travesía hasta Iberia y se dirigían desde el mar hasta el campamento, les ordenó Aníbal que no se acercaran. Entonces se hicieron de nuevo a la mar rumbo a Cartago en compañía de los embajadores saguntinos y volvieron a recordarles los tratados a los cartagineses. Éstos culparon a los saguntinos de causar numerosas ofensas a su súbditos. Los embajadores de Sagunto los invitaron, por su parte, a llevar el juicio ante los romanos. Pero ellos dijeron que no necesitaban de arbitraje alguno, pues podían vengar esta ofensa por sí solos. cuando se comunicó esta respuesta a Roma, algunos exhortaban a socorrer de inmediato a los saguntinos, otros se mostraban aún indecisos diciendo que éstos no se hallaban inscritos en sus tratados en calidad de aliados, sino como autónomos y libres, y que los que estaban sitiados eran libres todavía. Y prevaleció esta opinión.

Apiano, Iberia, 12. Los saguntinos, una vez perdida la esperanza de ayuda de Roma, y como el hambre los acuciaba, y Aníbal persistía en su asedio continuo -pues como había oído que la ciudad era próspera y rica, no relajaba el asedio-, reunieron el oro y la plata, tanto público como privado, en la plaza pública, por medio de una proclama, y los mezclaron con plomo y bronce fundido para que resultara inútil a Aníbal. Y ellos mismos prefirieron morir en combate antes que por hambre, se lanzaron a la carrera, de noche todavía, contra los puestos de guardia de los africanos que aún dormían y no sospechaban tal ataque. Por lo cual los mataron cuando se levantaban del lecho y se estaban armando a duras penas en medio de la confusión y algunos, incluso, cuando ya estaban luchando. El combate duró mucho tiempo y de los africanos murieron muchos, pero los saguntinos, todos. Las mujeres, al ver desde las murallas el fin de sus hombres, se arrojaron unas desde los tejados, otras se ahorcaron y otras, incluso, degollaron a sus propios hijos. Este fue el final de Sagunto, una ciudad que había sido grande y poderosa. Aníbal, tan pronto como se percató de lo que había sucedido con el oro, movido por la ira, dio muerte a aquellos saguntinos que quedaban y eran adultos, después de torturarlos, pero viendo que la ciudad estaba a orillas del mar y no lejos de Cartago y poseía una tierra buena, la pobló de nuevo e hizo de ella una colonia cartaginesa. La cual creo que actualmente se lla Cartago «Espartágena».

Apiano, Iberia, 13. Los romanos enviaron embajadores a Cartago con la orden de que reclamaran a los cartagineses la entrega de Aníbal como responsable de la violación de los tratados a no ser que todos asumieran la responsabilidad de que, si no se lo entregaban, declarasen de inmediato y públicamente la guerra. Los embajadores así lo hicieron y les anunciaron la guerra al no entregarles a Aníbal. Se dice que ocurrió de la siguiente manera. El embajador con una sonrisa les dijo, mostrándoles el pliego de la toga: «Aquí os traigo. cartagineses, la paz y la guerra; tomad aquella que elijáis». Ellos replicaron; «Danos tú mejor la que tu quieras». Cuando él les ofreció la guerra, todos prorrumpieron en un grito unánime: «La aceptamos». Y, al punto, comunicaron a Aníbal que ya podía hacer incursiones por toda Iberia sin miedo, pues los pactos estaban rotos. Y él, en consecuencia, marchando contra todos los pueblos cercanos, los puso en sumisión, ya con persuasión, ya por temor, o por la fuerza y reunió un gran ejército sin revelar su finalidad, pero con la secreta intención de invadir Italia. Envió emisarios entre los galos e hizo examinar los pasos entre los Alpes. y los cruzó (dejando) a su hermano Asdrúbal en Iberia.(…).

COMENTRARIO

Apiano narra el episodio de destrucción de Sagunto como los anteriores autores, Livio y Polibio. Insistos: se copian unos a otros. La autoridad histórica no la obtiene ninguno: tan solo existen matices diferenciales que se explican por sus simpatías particulares hacia uno u otro partido en guerra.

Apiano, Iberia, 14….(Los romanos, pensando que) tendrían que sostener la guerra en Iberia y en África, pues ni siquiera habían imaginado que los africanos invadieran jamás Italia,-enviaron a Tiberio Sempronio Longo con ciento sesenta naves y dos legiones, a África. Lo que hicieron Longo y los demás generales romanos en África está escrito en el libro Púnico-,y a Publio Cornelio Escipión lo enviaron a Iberia con sesenta naves y diez mil soldados de infantería y setecientos jinetes y, como legado suyo, enviaron con él a su hermano Gneo Cornelio Escipión. Publio, al enterarse por mercaderes masaliotas de que Aníbal había cruzado los Alpes en dirección a Italia, temiendo que cayera sobre los italiotas inesperadamente, partió con las quinquerremes en dirección a Etruria después de entregar a su hermano Gneo el ejército de Iberia. Lo que hicieron en Italia él y los otros generales de este ejército con posterioridad a él hasta que lograron expulsar a duras penas de Italia a Aníbal después de dieciséis años, lo refiere el siguiente que comprende todos los hechos de Aníbal en Italia y, por eso, se llama libro «Anibálico» de la historia de Roma.

COMENTARIO

La cita de Apiano respecto al libro Ánibalico (hecho que otros autores citan) nos hace pensar que en él estaban los hechos narrados de todos sus episodios. Muchas situaciones tal vez se hubieran aclarado de haberse conservado. Por desgracia sólo tenemos referencias; pero ha existido.

Apiano, Iberia, 15. Gneo, por su parte, no llevó a cabo nada digno de mención en Iberia antes de que regresara a su lado su hermano Publio, después de haber enviado a Italia contra Aníbal a sus sucesores en el consulado. Lo enviaron de nuevo a Iberia tras nombrarlo procónsul. Y desde este momento, los dos Escipiones sostuvieron la guerra en Iberia teniendo como oponente a Asdrúbal, hasta que los cartagineses, atacados por Sífax, el rey de los númidas, le hicieron regresar junto con una parte de su ejército, y los Escipiones vencieron con facilidad a los que quedaron. Muchas ciudades se les pasaron voluntariamente, pues eran persuasivos en grado, tanto para hacer la guerra, como para atraerse aliados.

Año -211.

Apiano, Iberia, 16. Los cartagineses, cuando concertaron la paz con Sífax, enviaron de nuevo a Asdrúbal a Iberia con un ejército más numeroso y con treinta elefantes. Lo acompañaban otros dos generales, Magón y otro Asdrúbal que era hijo de Gisgón, y a partir de entonces la guerra se hizo mucho más difícil para los Escipiones, pero, incluso, en estas condiciones, resultaron vencedores. Perecieron muchos africanos y gran número de elefantes y, finalmente, al aproximarse el invierno, los africanos invernaron en la Turdetania y, de los Escipiones, Gneo lo hizo en Orsón, y Publio en Cástulo. Aquí recibió la noticia del avance de Asdrúbal. Saliendo de la ciudad con un destacamento pequeño para reconocer el campamento, se aproximó a Asdrúbal sin ser visto, y después de rodearlo con la caballería a él y a todos los que lo acompañaban, los mató. Gneo, que no tenía noticias de nada, envió soldados a su hermano para que se aprovisionaran de trigo, y encontrándose con ellos otros africanos, entablaron combate. Al enterarse Gneo, salió a la carrera como estaba, con las tropas ligeras en su auxilio. Si embargo ya habían matado a los anteriores y persiguieron a Gneo hasta que se refugió en una torre, y Escipión y sus compañeros murieron abrasados.

Año -210.

Apiano, Iberia, 17. De esta manera perecieron los dos Escipiones, hombres excelentes en todo, y a ellos los añoraron los iberos que, gracias a su intervención, se habían pasado a los romanos. Cuando se enteraron los de la ciudad, fueron presa de gran aflicción, y enviaron a Italia a Marcelo que había llegado de Sicilia hacía poco tiempo, y en su compañía a Claudio con (…) naves, mil jinetes, diez mil soldados de infantería y recursos suficientes. Como no llevaron a cabo ninguna empresa destacada, el poderío cartaginés se incrementó notablemente y casi llegaron a dominar la totalidad de Iberia, quedando encerrados los romanos en una pequeña franja de terreno en los montes Pirineos. Al enterarse de esto los de Roma, cundió, de nuevo, el pánico. Existía el temor de que mientras Aníbal devastaba la zona norte de Italia, estos africanos invadieron el otro extremo. Por este motivo no le era posible evacuar Iberia como era su deseo, por miedo a que esta guerra fuera transferida a Italia.

Apiano, Iberia, 18. Fijaron, por consiguiente, con antelación el día en el que elegirían un general para Iberia. Al no presentarse nadie como candidato, el miedo se acentuó y un silencio sombrío atenazó a la asamblea. Finalmente Cornelio Escipión. hijo de Publio Cornelio, muerto en Iberia, hombre muy joven, -tenía veinticuatro años- pero con fama de prudente y noble, avanzando hasta el centro de la asamblea, pronunció un solemne discurso acerca de su padre y de su tío, y después de lamentar su aciago destino, proclamó que, por encima de todo, él era el vengador familiar de su padre, de su tío y de su patria. Expuso muchas otras razones sin pausa y con vehemencia, como un inspirados, prometiendo apoderarse no sólo de Iberia, sino, tras de ella, de África y también de Cartago. A algunos les pareció que hablaba a la ligera, como cosa propia de su juventud, pero al pueblo encogido por el miedo, le volvió a infundir ánimos, ya que los que están asustados se alegran con las promesas; y fue elegido general para Iberia en la convicción de que iba a llevar a cabo algo digno de su coraje.. En cambio, los de más edad no lo consideraban coraje sino temeridad. Escipión, al darse cuenta de esto, los convocó de nuevo en asamblea y pronunció otro discurso solemne en un sentido similar al anterior. Y, tras afirmar que la edad no seria para él impedimento, alguno, no obstante, los invitó públicamente a que si algunos de sus mayores quería asumir el mando, se lo concedería de voluntad. Sin embargo, como nadie aceptó su invitación, rodeado de mayores elogios y admiración, partió con diez mil soldados de infantería y quinientos jinetes, pues le fue imposible llevarse un ejército más numeroso debido a que Aníbal estaba asolando a Italia. También cogió riquezas, otros enseres y veintiocho barcos de guerra, con los que se hizo a la mar rumbo a Iberia.

Apiano, Iberia, 19. Después de hacerse cargo del ejército que estaba allí y reunirlo en un solo cuerpo de ejército con las tropas que llevaba, realizó un rito de purificación y se dirigió también a ellos con palabras grandilocuentes. Se extendió al punto por toda Iberia, molesta con los africanos y nostálgicos de la noble generosidad de los Escipiones, la noticia de que Escipión, había llegado como su general por designio de la providencia. Al enterarse Escipión de esto, fingió que realizaba todo como inspirado por la divinidad. Se informó de que los enemigos acampaban en cuatro campamentos, distantes un gran trecho unos de otros. con veinticinco mil soldados de infantería y dos mil quinientos jinetes, pero que tenía su provisión de riquezas, de trigo, armas, dardos, naves, prisioneros y rehenes procedentes de toda Iberia, en la ciudad llamada antes Sagunto y entonces ya Cartago Nova, y de que la custodiaba Magón, y de la gran cantidad de provisiones, y con la idea de tener a esta ciudad como una base segura de operaciones por tierra y por mar contra toda Iberia, ya que poseía minas de plata, un territorio fértil y mucho oro, y constituía el paso más corto a África.

Año -209.

Apiano, Iberia, 20. Animado por estos cálculos y sin haber comunicado a nadie por donde pensaba atacar, al ponerse el sol condujo el ejército durante toda la noche hasta Cartago Nova. Al amanecer, en medio del estupor de los africanos, empezó a cerca la ciudad con una empalizada y se preparó para el día siguiente, apostando escaleras y máquina de guerra por todo el rededor de la misma, excepto por una sola parte en la que el muro era más bajo y estaba bañado por una laguna y el mar, por lo que la vigilancia era menos intensa. Habiendo cargado durante toda la noche las máquinas con dardos y piedras, y tras apostar frente al puerto de la ciudad sus naves, a fin de que las de los enemigos no pudieran escapar a través de él, -pues confiaba absolutamente en apoderarse de la ciudad a causa de su elevada moral-, antes del amanecer hizo subir al ejército sobre las máquinas, exhortando a una parte de sus tropas a entablar combate con los enemigos desde arriba, y a otra parte a empujarlas contra el muro por su parte inferior. Magón, a su vez, apostó a sus diez mil hombres en las puertas con la intención de salir, cuando se le presentara la ocasión con sólo las espadas,-pues no era posible usar las lanzas en un espacio estrecho-. y envió a los restantes a las almenas. También se tomó él el asunto con mucho celo colocando numerosas máquinas, piedras. dardos y catapultas. Hubo gritos y exhortaciones por ambas partes, ninguno quedó atrás en el ataque y en el coraje, lanzando piedras, dardos y jabalinas, unos con las manos, otros con las máquinas, y otros con hondas. Y se sirvieron con ardor de cualquier otro instrumento o recurso que tuvieran en sus manos.

Apiano, Iberia, 21. Las tropas de Escipión sufrieron mucho daño. Los diez mil soldados cartagineses que estabn junto a las puertas, saliendo a la carrera con las espadas desenvainadas, se precipitaron contra los que empujaban las máquinas y causaron muchas bajas, pero no sufrieron menos. Finalmente, los romanos empezaron a imponerse por su laboriosidad y constancia. Entonces cambió la suerte, porque los que estaban sobre las murallas se encontraban ya cansados y los romanos consiguieron adosar las escalas a los muros. De nuevo la lucha se hizo penosa y difícil, porque los cartagineses que llevaban espadas, penetraron a la carrera por las puertas y cerrándolas tras ellos, se encaramaron a los muros, hasta que Escipión, que recorría todos los lugares dando gritos, y exhortaciones de ánimo, se dio cuenta, hacia el mediodía, de que el mar se retiraba por aquella parte en la que el muro era bajo y lo bañaba la laguna. Se trataba de un fenómeno diario de la baja de la marea. El agua avanzaba hasta mitad del pecho y se retiraba hasta media rodilla. Escipión se percató entonces de esto y comprendió la naturaleza del fenómeno, a saber, que estaría baja durante el resto del día y, antes de que el mar volviera a subir, se lanzó a toda la carrera por todas partes gritando: «Ahora es el momento, soldados, ahora viene la divinidad como aliada mía. Avanzad contra esta parte de la muralla. El mar nos ha cedido el paso. Llevad las escaleras y yo os seguiré».

Apiano, Iberia, 22. Después de coger él, el primero, una de las escaleras, la apoyó contra el muro y empezó a subir cuando aún no lo había hecho ningún otro, hasta que, rodeándolo sus escuderos y otros soldados del ejército, se lo impidieron, y ellos mismos acercaron, a la vez, gran cantidad de escaleras y treparon. ambos bandos atacaron con gritos y celo e intercambiaron golpes variados, pero, no obstante, vencieron los romanos. Consiguieron subir a una pocas torres en las que Escipión colocó trompeteros y hombres provistos de cuernos de caza y les dio la orden de animar y causar alboroto para dar la impresión de que ya había sido tomada la ciudad. Otros, corriendo de aquí para allá, provocan el desconcierto de igual manera y algunos, descendiendo de un salto desde las almenas, le abrieron las puertas a Escipión. Éste penetró a la carrera con el ejército. De los que estaban dentro, algunos se refugiaron en sus casas. Magón, por su parte, reunió a sus diez mil soldados en la plaza pública y cuando éstos sucumbieron, se retiró de inmediato con unos pocos a la ciudadela. Pero, al atacar, acto seguido, Magón, como ya no podía hacer nada con unos hombres que estaban en inferioridad numérica y acobardados por el miedo, se entregó él mismo a Escipión.

Apiano, Iberia, 23. Éste, por haber tomado en un solo día, el cuarto de su llegada, una ciudad poderosa y rica, debido a su audacia y buena estrella, se sintió presa de un gran orgullo y daba la impresión, en mayor medida, que ejecutaba una acción de acuerdo con los designios de la divinidad. No sólo lo pensaba así él mismo en su interior, sino que lo manifestaba públicamente en sus discursos entonces y, desde aquel momento, durante el resto de su vida. Muchas veces, en efecto, penetraba solo en el Capitolio y cerraba las puertas tras de sí, como si se dispusiera a recibir alguna información de parte de la divinidad. Y todavía en la actualidad llevan en las procesiones desde el Capitolio, solamente la estatua de Escipión, en tanto que las de los demás, las llevan desde el foro. En la ciudad tomada se apoderó de almacenes con enseres útiles para tiempos de paz y de guerra, gran cantidad de armas, dardos, máquinas de guerra, arsenales para los navíos, treinta y tres barcos de guerra, trigo y provisiones variadas, marfil, oro, plata, -una parte consistente en objetos, otra acuñada y otra sin acuñar-, rehenes iberos y prisioneros de guerra y todas aquellas cosas que antes habían quitado a los romanos. Al día siguiente realizó un sacrificio y celebró el triunfo. Después hizo un elogio del ejército, pronunció una arenga a la ciudad y, tras recordarles a los Escipiones, dejó partir libres a los prisioneros de guerra hacia sus respectivos lugares de origen con objeto de congraciarse con las ciudades. Otorgó las mayores recompensas al que subió en primer lugar la muralla; al siguiente le dio la mitad de ésta, al tercero la tercera parte, y a los demás proporcionalmente. El resto del botín – lo que quedaba de oro, plata o marfil- lo envió a Roma a bordo de las naves apresadas. La ciudad celebró un sacrificio durante tres días, pensando que de nuevo volvía a renacer el éxito ancestral y, de otro lado, Iberia y los cartagineses que habitaban en ella, quedaron estupefactos por el temor y la magnitud y rapidez de su golpe de mano.

Año -208.

Apiano, Iberia, 24. Escipión estableció una guardia en Cartago Nova y ordeno que se elevara la muralla que daba al lugar de la marea. Él se puso en camino hacia el resto de Iberia y, enviando a sus amigos a cada región, los atraía bajo su mando de buen grado y a los demás que se le opusieron, los sometió por la fuerza. Eran dos los generales cartagineses que quedaban y ambos se llamaban Asdrúbal; uno de ellos, hijo de Amílcar, andaba reclutando mercenarios muy lejos entre los celtiberos, y el otro Asdrúbal, el hijo de Gisgón, enviaba emisarios a las ciudades que todavía eran fieles, demandando que permanecieran en esta fidelidad a Cartago, pues estaba a punto de llegar un ejército inmenso, y envió a otro Magón a las zonas próximas a reclutar mercenarios de donde les fuese posible, mientras que él en persona se dirigió contra el territorio de Lersa, que se le había sublevado, y se dispuso a sitiar alguna ciudad de allí. Sin embargo, cuando se dejó ver Escipión, Magón se retiró a la Bética y acampó delante de la ciudad. En este lugar fue derrotado de inmediato al día siguiente, y Escipión se apoderó de su campamento y de la Bética.

Año -206.

Apiano, Iberia, 26. Pero, una vez que empezaron a faltarles las provisiones y el hambre hizo presa en el ejército, Escipión juzgó que no era conveniente retirarse, antes bien, tras realizar un sacrificio, convocó al ejército para dirigirle la palabra nada más concluir éste, y adoptando una vez más el rostro y la postura de un inspirado, les dijo que le había llegado el presagio divino habitual y le había exhortado a dirigirse contra los enemigos. Y era necesario tener más confianza en el dios que en el número de tropas del ejército, pues también había obtenido las victorias precedentes en razón al favor divino y no por su fuerza numérica. Y, con objeto de inspirar confianza en sus palabras, ordenó a los adivinos que llevasen al centro de la asamblea las entrañas de la víctimas sacrificadas. Mientras hablaba observó que algunos pájaros estaban revoloteando y, volviéndose bruscamente allí mismo, con un movimiento rápido y un alarido, los señaló y dijo que los dioses también se los había enviado como símbolo de la victoria. Los acompañaba en sus movimientos clavando sus ojos en ellos y gritando como un inspirado. Todo el ejército seguía a un mismo tiempo las gesticulaciones de aquel, que giraba de acá para allá, y todos se sintieron llenos de ardor como ante una victoria segura. Escipión, cuando tuvo todo tal y como lo había planteado, no vaciló ni permitió que su ardor se enfriara, sino que como un inspirado todavía, afirmó que era necesario entablar combate al punto después de estas señales. Dio la orden de que tomaran las armas después de comer y los condujo contra los enemigos sin que éstos los esperaran. Puso al frente de la caballería a Silano, y a Lelio y a Marcio, al de la infantería.

Apiano, Iberia, 27. Asdrúbal, Magón y Masinisa, cuando Escipión los atacó de modo repentino, mediando tan sólo diez estadios entre ambos ejércitos, armaron a sus tropas que aún no habían comido, con toda rapidez, confusión y tumulto. Se entabló un combate a la vez con la infantería y la caballería, y la caballería romana prevaleció por su misma táctica, persiguiendo sin tregua a los númidas acostumbrados a retroceder y volver al ataque. A estos últimos, a tan corta distancia, de nada le servían sus dardos. La infantería, sin embargo, se encontraba en situación desesperada a causa del número de los africanos y se veían superados a lo largo de todo el día. Con todo, Escipión no consiguió cambiar la suerte de la batalla, aunque corría a su lado y los animaba sin cesar. finalmente, entregando su caballo a un muchacho, y tomando un escudo de las manos de un soldado, se lanzó a la carrera, solo como estaba, en el espacio abierto entre los dos ejércitos gritando:»Venid, romanos en socorro de vuestro Escipión que corre peligro». Entonces, al ver los que estaban cerca en qué grado de peligro se encontraba y al enterarse los que estaban lejos, movidos todos de igual modo por un sentimiento de pudor y temiendo por la seguridad de su general, cargaron a la carrera furiosamente contra los enemigos, con alaridos. Los africanos, incapaces de resistir este ataque, cedieron; pues se daba además la circunstancia de que les faltaban las fuerzas al atardecer, por no haber probado alimentos. En poco tiempo perecieron en gran número. Este fue el resultado que obtuvo Escipión en la batalla celebrada en las cercanías de Carmona y cuyo desenlace fue incierto durante mucho tiempo. En ella los romanos perdieron ochocientos hombres y las bajas enemigas fueron de quince mil hombres.

COMENTARIO

Esta fue la batalla de Alalia. En ella los cartagineses fueron derrotados hasta el punto de que, desde allí, se empezaron a plantear su marcha al África. Gades no les prestarían ayuda, porque temían el recelo de los romanos si lo hacían. Es de destacar las palabras que Apiano pone en boca de Escipión: su espíritu y su fe en que vencería a los cartagineses de forma definitiva. Y esa fuerza que él inspiraba penetró en sus soldados cuando se arriesgó a enfrentarse en solo a la infantería enemiga. Su fuerza moral arrastró a todo su ejército hacia la victoria final.

Apiano, Iberia, 28. Después de este combate, los cartagineses se seguían retirando con toda rapidez y Escipión los seguía, causándoles daños y bajas cuantas veces podía ponerles las manos encima. Pero cuando ellos ocuparon un lugar bien protegido, con agua y comida abundante, y no se podía hacer otra cosa que sitiarlos, a Escipión lo apremiaban otras tareas, de modo que dejó a Silano para establecer el asedio y se marchó a otras partes de Iberia y las sometió. Los cartagineses que sufrían el sitio por Silano, retrocedieron y, finalmente, llegando al Estrecho, cruzaron hacia Gades (después de la caída de Cartago Nova, Gades se convirtió en la capital de los cartagineses). Silano, tras infringirles todo el daño que pudo, se reunió con Escipión en Cartago Nova. A Asdrúbal, el hijo de Amílcar, que estaba todavía levando tropas en torno al océano septentrional, le ordenó su hermano Aníbal que invadiera de inmediato Italia. Y él, con objeto de pasar inadvertido a Escipión, siguiendo por la costa del océano septentrional, cruzó los Pirineos hacia la Galia con los celtiberos que había reclutado. De este modo Asdrúbal se encaminó hacia Italia a marchas forzadas sin que lo supieran los italianos.

Apiano, Iberia, 29. Lucio, que había regresado desde Roma, le dijo a Escipión que los romanos pensaban enviarlo como general a África. Él, que deseaba esto ardientemente desde hacía mucho tiempo, y esperaba que sucediera así, envió a Lelio a África con cinco naves ante el rey Sífax, llevándole regalos y el recuerdo de su amistad con los Escipiones y la petición de que se uniera a los romanos en caso de que llegaran a hacer una expedición. Él prometió hacerlo, aceptó los presentes, y envió, a su vez, otros. Al enterarse de esto los cartagineses, enviaron también ellos embajadores junto a Sífax en busca de su alianza. Escipión cuando lo supo, juzgando importante atraerse a Sífax y consolidar su amistad contra los cartagineses, partió con dos naves en compañía de Lelio para verlo en persona.

Apiano, Iberia, 30. Los emisarios cartagineses, que todavía estaba con Sífax, le salieron al encuentro cuando se acercaba a la costa sin que Sífax lo supiera. Pero Escipión a toda vela, los pasó de largo con facilidad y alcanzó el puerto. Sífax los hospedó a ambos y, habiendo concertado una entrevista en privado con Escipión, lo despidió tras darle garantías, y retuvo a los cartagineses, que estaban de nuevo acechando a la espera de Escipión, hasta que éste estuvo a salvo a gran distancia en el mar. Tan gran riesgo corrió Escipión, al desembarcar y al hacerse a la mar de regreso. Se dice que en un banquete dado por Sífax, Escipión compartió el mismo sofá que Asdrúbal y éste, después de haberle hecho preguntas sobre muchas cuestiones, quedó asombrado de su dignidad y dijo a sus amigos que ese hombre no sólo era temible en el combate sino incluso en el banquete.

Apiano, Iberia, 31. Por estas fechas, algunos celtiberos e iberos, cuyas ciudades se habían pasado a los romanos, seguían sirviendo a Magón en calidad de mercenarios. Marcio los atacó y dio muerte a mil quinientos y el resto escapó para refugiarse en sus ciudades. A otros setecientos jinetes y seis mil soldados de infantería guiados por Annón los colocó en una colina, desde donde, al carecer de todo, enviaron mensajeros a Marcio para conseguir una tregua. Éste les comunicó que pactaría cuando le entregaran a Annón y a los desertores. Entonces ellos se apoderaron de Annón, aunque era su propio general, mientras escuchaba las propuestas, y de los desertores, y se lo entregaron. Marcio reclamó también prisioneros. cuando los hubo obtenido, les ordenó a todos que llevasen una cantidad estipulada de dinero a un determinado lugar de la llanura, pues no eran propios de los suplicantes los lugares elevados. Una vez bajaron a la llanura, les dijo: «Acciones merecedoras de la muerte habéis cometido vosotros que, teniendo a vuestros lugares patrios sometidos a nosotros, escogisteis combatir contra ellos al lado de los enemigos. No obstante os concedo marcharos sin sufrir castigo si deponéis vuestras armas». Sin embargo, la indignación se apoderó de todos a la vez y gritaron que entregarían sus armas. Tuvo lugar un combate encarnizado en el que la mitad de los celtiberos cayó tras haber opuesto una feroz resistencia, y la otra mitad consiguió ponerse a salvo junto a Magón. Éste hacia poco que había llegado al campamento de Annón con sesenta navíos y, al enterarse del desastre de éste, navegó hasta Gades y, sufriendo por el hambre, aguardó el futuro giro de los acontecimientos.

Apiano, Iberia, 32. Mientras Magón estaba inactivo, Silano fue enviado por Escipión a someter a la ciudad de Cástax, pero como sus habitantes le recibieron de una manera hostil, fijó su campamento ante ellos y lo comunicó a Escipión. Éste envió por delante un equipo de asedio y lo siguió, pero, desviándose de su camino, atacó la ciudad e Ilurgia. Dicha ciudad era aliada de los romanos en tiempos del anterior Escipión, pero, cando aquel murió, se pasó en secreto al bando cartaginés y, después de haber acogido a un ejército romano como si fuera todavía amiga, lo entregó a los cartagineses. Por este motivo, Escipión, lleno de ira, tomó la ciudad en cuatro horas y, pese a estar herido en el cuello, no desistió del combate hasta conseguir el triunfo. Y su ejército, por la misma razón, olvidándose del ataque y sin que nadie se lo ordenara, mató cruelmente incluso a los niños y a las mujeres, hasta dejar reducida la ciudad a los cimientos. Después de llegar a Cástax, Escipión dividió el ejército en tres cuerpos y mantuvo a la ciudad bajo vigilancia. Pero no comenzó el combate para dar tiempo a sus habitantes a cambiar de actitud, pues había oído que estaban dispuestos a ello. Y éstos, tras sacar y dar muerte a aquella parte de la guarnición que se le oponía, entregaron la ciudad a Escipión. Este último estableció una nueva guarnición y colocó la ciudad bajo el mando de uno de sus propios ciudadanos que gozaba de alta reputación. Retornó entonces a Cartago Nova, enviando a Silano y a Marcio a la zona del Estrecho para que devastaran todo cuanto pudiesen.

Apiano, Iberia, 33. Astapa era una ciudad que, siempre y en bloque, había permanecido fiel a los cartagineses. Sus habitantes, en esta ocasión en que Marcio tenía establecido el cerco en torno a ellos, convencidos plenamente de que si los romanos los apresaban, los iban a reducir a la esclavitud, reunieron todos sus enseres en la plaza pública y tras apilarlos con troncos de madera alrededor, hicieron subir sobre la pila a niños y mujeres. Tomaron juramento a cincuenta hombres notables de entre ellos, de que, cuando la ciudad fuera apresada, matarían a las mujeres y a los niños, prenderían fuego a la pila y se degollarían a sí mismos. Los astapenses, poniendo a los dioses por testigos de estas cosas, se lanzaron a la carrera contra Marcio, que no sospechaba nada, por lo que hicieron replegarse a sus tropas ligeras y a la caballería. E incluso, una vez que estuvo dispuesta la legión con sus armas, las tropas de los astapenses eran, con mucho, las más destacadas por combatir a la desesperada, pero, no obstante, se impusieron los romanos por el número, ya que por el valor no fueron inferiores en absoluto los de Astapa. Y cuando todos estuvieron muertos, los cincuenta que quedaban, degollaron a las mujeres y a los niños, prendieron fuego y se arrojaron a sí mismos a él, dejando a los enemigos una victoria sin provecho. Marcio, sobrecogido por el valor de los de Astapa, no cometió ningún acto de violencia contra sus casas.

Apiano, Iberia, 34. Después de estos sucesos, Escipión cayó enfermo y Marcio asumió el mando del ejército. Pero todos aquellos soldados que habían gastado sus ganancias a causa de su vida disipada, juzgando que, por no tener nada, nada digno de sus fatigas habían conseguido y que Escipión los despojaba de su fama y sus hechos gloriosos de armas, hicieron defección de Marcio y acamparon por su cuenta. Se unieron a ellos muchos otros procedentes de las guarniciones, y algunos, llevando dinero de parte de Magón, intentaban persuadirlos para que se pasaran a su lado. Los amotinados tomaron el dinero, eligieron generales y centuriones entre ellos, dispusieron a su manera los demás asuntos y se pusieron a sí mismo bajo disciplina militar tomándose mutuos juramentos. Cuando Escipión se enteró mandó decir a los sublevados que debido a su enfermedad no los había podido recompensar y, de otro lado, a los demás los apremió a que hicieran deponer su actitud a sus compañeros amotinados y, en común a todos, les envió una carta, como si ya estuvieran reconciliados, diciéndoles que los iba a recompensar de inmediato. Y les dio la orden de que marcharan, al punto, a Cartago Nova en busca de provisiones.

Apiano, Iberia, 35. Cuando fueron leídas estas cartas, algunos sospechaban, otros en cambio, les daban crédito, de modo que llegaron a un acuerdo y todos a la vez se pusieron en camino hacia Cartago Nova. Al aproximarse éstos, Escipión dio la orden a los senadores que lo acompañaban de que cada uno de ellos tomase como compañero a uno de los cabecillas de la sedición, cuando se acercaran, y lo recibiese como huésped. como si fuera a aconsejarle en tono amigable y lo retuviera a ocultas como prisionero. Ordenó también a los tribunos militares que cada uno tuviera dispuesto con sus armas a los hombres mas fieles al rayar el alba sin ser vistos y que, ocupando los lugares estratégicos de la asamblea a intervalos, en el caso de que alguien se pusiera de pie con idea de causar algún disturbio, lo asaeteara y lo mataran inmediatamente sin orden previa. Él en persona, poco después de despuntar el día, se hizo llevar a la tribuna y envió por los alrededores a los heraldo para convocar asamblea. La proclama se cogió de improviso y, sintiendo vergüenza de que su general, todavía enfermo, estuviera aguardándolos, y creyendo que eran convocados para el asunto de las recompensas, se precipitaron corriendo en tropel desde todos los lugares, unos sin ceñirse las espadas, otros vestidos sólo con la túnica, sin haber tenido lugar de ponerse toda su indumentaria.

Apiano, Iberia, 36. Escipión tenía en torno a él un guardia que no era visible. En primer lugar los censuró por lo sucedido, después les dijo que sólo haría recaer la culpa sobre los que comenzaron la revuelta, «a los que yo castigaré con vuestra ayuda». Y mientras decía esto, ordenó a los lictores que dividieran en dos partes a la multitud. Así lo hicieron y los senadores llevaron a los culpables al centro de la asamblea. Cuando prorrumpieron en gritos y llamaron a sus compañeros de armas para que los socorrieran, los tribunos dieron muerte al instante a los que se hicieron eco de sus palabras. La multitud, una vez que supo que la asamblea estaba custodiada, se sumió en un silencio sombrío. Escipión, después de ultrajar a los que habían sido conducidos al centro y en especial a los que de entre ellos habían gritado en demanda de ayuda, ordenó que se les cortara el cuello a todos tras sujetarlos con clavos al suelo, y para el resto, proclamó por medio del heraldo el perdón. De este modo, Escipión restableció la situación en el campamento.

Apiano, Iberia, 37. Indíbil, uno de los reyes que había llegado a un acuerdo con él, realizó una incursión en una parte del territorio sometido a Escipión, mientras estaba amotinado el ejército romano. Y cuando Escipión marchó contra él, sostuvo el combate con bravura y mató a mil doscientos romanos, pero, al haber perdido a veinte mil de los suyos, se vio obligado a pedir la paz. Y Escipión le impuso una multa y llegó a un acuerdo con él. Masinisa, sin que Asdrúbal se percatase, cruzó el Estrecho, y entablando relaciones de amistad con Escipión, juró combatir con su aliado romano, si llevaba la guerra contra África. Este hombre se mantuvo fiel en todas las circunstancias a causa del siguiente motivo. La hija de Asdrúbal el general que combatía entonces a su lado, le había sido prometida en matrimonio a Masinisa. Pero el rey Sífax se enamoró de la joven, y los cartagineses, considerando de gran importancia asegurarse a Sífax contra los romanos, le concedieron a la joven sin consultarle nada a Asdrúbal. Llevada a cabo esta acción, Asdrúbal la mantuvo oculta, por respeto a Masinisa, pero al enterarse éste, hizo una alianza con Escipión. Y Magón, el almirante, habiendo perdido la esperanza en los asuntos de Iberia a juzgar por la situación presente, se hizo a la mar rumbo al país de los ligures y los celtas, y se dedicó a reclutar mercenarios. Mientras andaba ocupado en estos asuntos, los romanos se apoderaron de Gades, que había sido abandonada por Magón.

Apiano, Iberia, 38. A partir de este momento, poco antes de la olimpiada ciento cuarenta y cuatro, comenzaron a enviar anualmente, a los pueblos de Iberia conquistados, pretores en calidad de gobernadores, o superintendentes para mantener la paz. Y Escipión, después de dejarles un ejército pequeño, adecuado a un asentamiento pacífico, estableció a los soldados heridos en una ciudad que llamó Itálica, tomando el nombre de Italia. Es la patria de Trajano y Adriano que más tarde fueron emperadores romanos…

Guerra de Aníbal. (Pasamos los episodios ya narrados de Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas)

Aníbal se apodera de Tarento por traición.

Apiano Hist. rom. VII, 32. A Tarento, que estaba bajo custodia de una guarnición de Roma, Cononeo actuó de la siguiente forma. Cononeo acostumbraba a salir de caza y, como siempre llevaba alguna pieza a Livio, el jefe de la guarnición, llegó a gozar, por ello, de una gran amistad con él. Como el país estaba en guerra, dijo que era necesario salir de caza y llevarse las piezas durante la noche, llegó a un acuerdo con Aníbal y, tomando soldados, ocultó a unos en una espesura cercana, a otros les ordenó que le acompañasen durante un corto trecho y, a otros, que permanecieran a su lado, ceñidos a ocultas con corazas y espadas, pero equipados como cazadores en su indumentaria exterior. Después de colocar un jabalí sobre unos maderos, llegó durante la noche ante las puertas. Los guardias se la abrieron como era habitual y los soldados que lo acompañaban mataron de inmediato a los guardianes, y aquellos que les seguían irrumpieron ardorosamente en el interior, casi al unísono con los primeros, recibieron a los que estaban emboscados y abrieron las puertas a Aníbal. Éste penetró en el interior, se hizo dueño al punto del resto de la ciudad y, tras conciliarse a los tarentinos, puso cerco a la ciudadela, que todavía estaba bajo custodia romana.

Apiano Hist. rom. VII, 33. Así fue como Cononeo entregó Tarento mediante traición. Los romanos que estaban en la ciudadela eran unos cinco mil y algunos de los tarentinos fueron en su ayuda y el prefecto de la guardia en Metaponto vino con la mitad de sus fuerzas. Tenían abundancia de proyectiles y de máquinas de guerra como para abrigar la esperanza de arrojar a Aníbal con facilidad fuera de las murallas. Pero también contaba Aníbal con material abundante. Así pues, llevando carretas, catapultas y algunos testudos, sacudió el muro, y con garfios cogidos por maromas, arrancó las almenas y dejó desguarnecida la muralla. Los defensores, por su parte, lanzaron piedras contra la máquina destrozando muchas de ellas, desviaban los garfios envolviéndolos con lazos corredizos y, saliendo de repente a la carrera, provocaban perturbaciones entre los sitiadores y regresaban tras haber matado a muchos. Y un día que notaron que el viento era muy fuerte, algunos de ellos arrojaron sobre las máquinas teas encendidas, estopa y pez, en tanto que otros, haciendo una salida, les prendieron fuego por debajo. Por tanto, Aníbal desesperó de este intento y rodeó a la ciudad con un muro, excepto por el lado que daba al mar, pues por allí no era posible, y dejando el asedio en manos de Annón, se retiró a Yapigia.

Apiano Hist. rom. VII, 36. Decidios los romanos a atacar a los capuanos, Aníbal envió a Annón con mil infantes y mil jinetes para que penetraran por la noche en Capua. Y éste lo hizo sin conocimiento de los romanos. Y éstos, cuando observaron, ya de día, un gran número de hombres sobre las murallas, se dieron cuenta de lo sucedido, se retiraron al punto de la ciudad y empezaron a arrasar las cosechas de los de Capua y de los otros habitantes de la Campania. A los campanios, celosos por estas pérdidas, les respondió Aníbal que tenía mucho trigo en Yapigia y les ordenó que enviaran por él y o cogieran cuantas veces lo desearan. Y ellos enviaron, para llevarse fardos de trigo, no sólo a las bestias de carga y a los hombres, sino incluso a las mujeres y a los niños. No tenían miedo del viaje, pues Aníbal se había trasladado de Yapigia a Campania y estaba acampado junto al río Calor, cerca del territorio de los beneventinos, a quienes únicamente temían por ser todavía aliados de Roma.

Apiano Hist. rom. VII, 37. Pero sucedió que Aníbal marchó hacia Lucania, llamado por Annón, dejando la mayor parte de su impedimanta en el campamento cercano a Benevento con una pequeña guardia y uno de los dos cónsules romanos al mando de aquella zona -Fulvio Flaco y Apio Claudio-, al percatarse de este hecho, atacó a los campanios cuando transportaban el trigo y mató a muchos, pues no estaban preparados, y dio el trigo a los beneventinos. Se apoderó también del campamento de Aníbal y apresó la impedimenta que había en él, y mientras Aníbal se encontraba todavía entre los lucanios, cavó un foso en torno a Capua y rodeó toda la ciudad de un muro, además del foso. Los dos cónsules construyeron otra fortificación por fuera de la anterior y usaron el espacio de terreno que mediaba entre ambas como campamento. Erigieron también almenas, unas encaradas hacia los capuanos sitiados y otras hacia los que podían atacar desde fuera, y el aspecto era el de una gran ciudad encerrando en su interior a otra más pequeña. El aspecto existente entre el muro de circunvalación y Capua era de unos dos estadios aproximadamente y en él tenían lugar cada día numerosas escaramuzas y choques, y gran número de combates singulares como en un teatro amurallado, pues los mejores exhortaban de continuo unos a otros. Taureas, un capuano, en combate singular con el romano Claudio Aselo retrocedió buscando la huida. Aselo lo persiguió hasta las murallas de Capua y, como no pudo hacer volver grupas a su caballo a causa de su fogosidad, se precipitó a través de las puertas enemigas en el interior de Capua en velocísima carrera y, después de atravessar a galope tendido toda la ciudad, salió de nuevo por las puertas opuestas en dirección a los romanos que estaban al otro lado.

Apiano Hist. rom. VII, 38. Y se salvó milagrosamente. A su vez, Aníbal, tras haber fallado en la misión para la que fue llamado a Lucania, regresó a Capua por estimar muy importante el no consentir que una ciudad grande y bien situada, cayera bajo el poder de Roma. Efectuó un ataque contra el muro de circunvalación sin resultado positivo y, como no pudo idear la forma en que podría introducir en la ciudad trigo o un ejército y tampoco ninguno de sus habitantes podía establecer contacto con él debido a la fortificación que los rodeaba por todas partes, se apresuró hacia Roma con todo el ejército. Pues se había enterado de que también los habitantes de Roma estaban oprimidos por el hambre y esperaba que sus generales regresarían de Capua o que, al menos, llevarían a cabo alguna acción más importante que la de allí. Después de atravesar con gran celeridad muchos pueblos hostiles, sin que unos pudieran detenerle y otros ni siquiera lo intentaran, acampó junto al río Anio a treinta y dos estadios de Roma.

COMENTARIO

En Capua empieza a decaer el ánimo de Aníbal y su suerte también a no ser tan segura. La duda e inseguridad comienzan a hacer mella, y la duda sobre su suerte hasta el momento no es estable. Pero se situará hasta las mismas puertas de Roma, donde, de manera inesperada, emprende la retirada y no se atreve a tomar la ciudad. ¿Qué paso por la mente de Aníbal en esos momentos?

Apiano Hist. rom. VII, 39. La ciudad fue presa de una consternación como nunca antes la tuvo, pues no contaba con fuerzas propias adecuadas – ya que las que tenía se hallaban entonces en Campania- y se había presentado de improviso un ejército tan fuerte y bajo un general invencible por su valor y buena fortuna. Sin embargo y de acuerdo con la situación presente, los que podían llevar armas custodiaban las puertas, los viejos se subían a las murallas, las mujeres y los niños acarreaban las piedras y los proyectiles, y los que estaban en los campos corrían desde allí al interior de la ciudad. Todo estaba lleno de gritos entremezclados, de lamentos y súplicas y exhortaciones mutuas, Y hubo algunos que, saliendo en veloz carrera, cortaron el puente sobre el río Anio. Los romanos habían fortificado, en otro tiempo, una pequeña ciudad contra los ecuos a la que llamaron Alba por su metrópolis. Con el concurso del tiempo, llamaron a sus habitantes albenses, bien sea por la falta de cuidado en la pronunciación o por corrección de la lengua o, simplemente, para distinguirlos de los albanos. En esta ocasión, dos mil de estos albenses acudieron con rapidez hacia Roma para participar del peligro y, tan pronto como llegaron, se armaron y montaron guardia en las puertas. Tan grande fue el celo que puso esta pequeña ciudad, la única entre tantas colonias; igual como también la pequeña ciudad de Platea corrió a participar del riesgo de entonces junto a los atenienses en Maratón.

Apiano Hist. rom. VII 40. Apio, uno de los generales romanos, permaneció en Capua en la creencia de que podía tomarla, y Fulvio Flaco, el otro, apresurándose por otros caminos con incesante rapidez, acampó junto a Aníbal, con el río Anio por medio. Aníbal, cuando se encontró con el río Anio roto y con Fulvio acampado en la ribera opuesta, decidió dar un rodeo por las fuentes del río. Fulvio llevó a cabo un movimiento paralelo, pero, incluso así, Aníbal le tendió una trampa; dejó atrás algunos jinetes númidas que, al retirarse los ejércitos, atravesaron el río Anio y devastaron el territorio romano hasta que, después de llegar juntos a la misma ciudad y provocar el pánico, retornaron al lado de Aníbal, tal como se les había ordenado. Y éste en persona, una vez que sobrepasó, dando un rodeo, las fuentes del río y dado que el camino hacia la ciudad era corto, inspeccionó la ciudad sin ser visto, según se dice, durante la noche, acompañado de tres guardias de escolta y comprobó la falta de efectivos militares y la confusión reinante, pero se retiró hacia Capua, ya sea merced a la intervención divina, que lo desvió también como en otras ocasiones, ya sea porque tuvo miedo del valor y la fortuna de la ciudad o, según él respondió a los que le instaban a atacar, porque no quería poner fin a la guerra que por miedo a que Cartago lo desposeyese de su mando. La realidad es que, en efecto, el ejército de Fulvio no estuvo en condiciones de presentarle batalla. Fulvio lo siguió en su retirada, impidiéndole que recogiera forraje y teniendo cuidado de no caer en ninguna emboscada.

COMENTARIO

Probablemente Aníbal sabía muy bien que Senado Cartaginés podía haber parado esta fase decisiva para la desaparición de Roma como potencia. Pero sólo es una suposición. Estaba muy claro que Cuando atravesó los Pirineos y los alpes con aquel ingente ejército no era para darle un castigo a los romanos, sino más aún, destruir el naciente imperio de Roma sobre el mundo accidental. ¿Por qué no atacó Roma y la destruyó? Aníbal conocía sus limitaciones y observó que tarde o temprano el pueblo italiano lo frenaría. Tenía un ejército inseguro y complejo, muy desigual. Todo el elemento africano era inestable. Los recursos de guerra y la prestación de ayuda desde Cartago e Iberia había sufrido ya reveses, y prefirió establecer un interim para ver como evolucionaba todo lo que había conseguido hasta entonces. Supuso que podría haber nacido otro «cunctator» que le hiciera sombra a sus intentos y que la unidad de carácter de la etnia romana era más constante que la disparidad de sus fuerzas en cuanto a su forma de ser y comportarse. Habría que hacerlo todo nuevo, crear un nuevo imperio, un nuevo pueblo…y el pueblo romano no había perdido su sentido de unidad aunque las etnias fueran algo diferentes, pero todas tenían el conocimiento de que el territorio romano formaba en esencia una sola comunidad. Quizá fue esta la maraña de ideas que pasaran por la mente de un militar puro, como era Aníbal. Y todo parece indicar que podría haber sido así.

Apiano Hist. rom. VII. 41. Aníbal esperó a una noche sin luna y a un emplazamiento en el que Fulvio, a la caída de la tarde, no tuvo tiempo de levantar un muro, sino que, tras cavar una trinchera dejando huecos e intervalos en vez de puertas y amontonando tierra a modo de muralla, se entregó al descanso. Envió en secreto a un cuerpo de caballería hacia una colina con buenas defensas naturales que dominaba el campamento de Fulvio y les dio la orden de permanecer quietos hasta que los romanos se apoderaran de la colina creyéndola desierta. A su vez, hizo subir a los indios en los elefantes y les ordenó irrumpir violentamente a discreción en el campamento de Fulvio a través de los huecos y los montones de tierra. También dispuso que lo siguieran a poca distancia un cierto número de soldados tocando trompetas y cuernos, a unos les ordenó que, cuando estuvieran dentro, provocaran un gran tumulto corriendo en todas direcciones para que pareciera que eran muchos, y a otros que, hablando en latín, gritaran que Fulvio, el general romano, les ordenaba abandonar el campamento y subir a la colina cercana. Ésta fue la estratagema de Aníbal y, en un primer momento, todo salió de acuerdo con sus planes. Y así, los elefantes penetraron arrollando bajo sus patas a los guardias, los trompeteros realizaron la tarea encomendada y el miedo que sobrevino a los romanos cuando se levantaron de la cama en medio de la oscuridad de la noche resultó terrorífico, y al oír a gentes dando órdenes en latín de refugiarse en la colina, así lo hicieron.

COMENTARIO

Aníbal da claras señales de su astucia a la hora de tender trampas contra los romanos. La confusión y el engaño fueron sus armas en este momento y, al parecer, con resultados positivos para su estrategia. Parece que se había descubierto la guerra de «guerrillas». Los sistemáticos romanos pecaron de confianza frente a una enemigo con conocimientos de estrategia sofisticada, y cayeron en la trampa.

Apiano Hist. rom. VII. 42. Pero Fulvio, que siempre esperaba una emboscada y sospechaba esto en todos los actos de Aníbal, en aquella ocasión, guiado por su propia inteligencia, o por inspiración divina o que sabía todo por boca de algún prisionero, apostó de inmediato a sus tribunos militares en las vías de acceso a la colina para detener a los que marchaban por ella y hacerles ver que no era el general romano, sino Aníbal, quien había dado esta orden para tenderle una emboscada. Colocó junto a los montones de tierra guardias escogidos, para que no tuviera lugar otro ataque desde fuera, y corrió en compañía de otros por todo el campamento diciendo a voces que todo estaba controlado y que los que habían penetrado con los elefantes eran pocos. Encendió antorchas y avivó el fuego en todas partes y el escaso número de los que habían entrado se hizo tan patente, que los romanos se avergonzaron de sí mismos, trocando en ira su miedo anterior, y los mataron con facilidad, pues eran pocos y armados con armas ligeras. De otro lado, los elefantes, sin espacio amplio para la retirada, atrapados entre las tiendas de campaña y los establos, ofrecían un blanco seguro de todos los lados a causa de lo angosto del lugar y del tamaño de sus cuerpos. Finalmente, llenos de dolor e irritación e incapaces de alcanzar a los enemigos, arrojaron al suelo a los conductores, los patearon con furia y barritos salvajes y se precipìtaron fuera del campamento. Fulvio Flaco, de este modo, con tranquilidad e inteligencia, cogido en una trampa inesperada, obtuvo un triunfo sobre Aníbal y salvó a su ejército, siempre temeroso de las estratagemas de éste.

COMENTARIO

En estos momentos la estrategia de Aníbal está en entredicho. Su plan picaresco y rebuscado, menosprecia la inteligencia enemiga que, sagaz, descubrió el proyecto local de Aníbal para socavar y descolocar los conocimientos del adversario. Empiezan a destaparse los trucos y planes de Aníbal, su estrategia empieza a fallar.

Apiano Hist. rom. VII. 43. Aníbal, después que falló en su intento, marchó a invernar en Lucania, y allí, este hombre rudo se entregó a una molicie no habitual y a los placeres amorosos. A partir de este momento, toda su suerte fue cambiando poco a poco. Fulvio, a su vez, marchó a Capua para reunirse con su colega en el mando y ambos atacaron duramente a la ciudad, apresurándose a tomarla durante el invierno, mientras Aníbal permanecía inactivo. Los capuanos, al faltarles los alimentos y no obtenerlos en ninguna otra parte, se entregaron a los generales romanos en compañía de la guarnición cartaginesa y de sus dos comandantes, otro Annón y Bostar. Los romanos establecieron una guarnición en la ciudad y a todos los desertores que encontraron les cortaron las manos. Enviaron a los cartagineses nobles a Roma y al resto los vendieron como esclavos. De los capuanos, dieron muerte a los responsables máximos de la defección, pero, a los demás, sólo los despojaron de su tierra. Todo el territorio en torno a Capua es muy fértil en trigo, pues se trata de tierras llanas. Y así, una vez más, Capua fue devuelta a los romanos, y los cartagineses se vieron despojados de esta posesión privilegiada de Italia.

COMENTARIO

Como se ha visto antes, Aníbal empezó a flaquear en sus estrategias y de manera progresiva fue dejando sus disciplinados comportamientos y no hizo nada, a pesar de haber perdido Capua recientementes y sin hacer nada por evitarlo. Su carácter empezó a cambiar y creía que los romanos soportarían sufrir las consecuencias de su superioridad. Ocultó su responsabilidad porque nunca llegó a sopesar el contrapunto y consecuencias que iba a tener la entrada en escena de los Escipiones, quienes, a pesar de su inicial y triste derrota en Iberia, uno de ellos, el denominado posteriormente Africano, puso en jaque su poderío arrancándole poco a poco y con firmeza Iberia y arrebatándole, una por una, las plazas estratégicas más importantes de su retaguardia en esta Península: Cartago Nova, Gades, etc. Esto fue el principio del fin de las relampagueantes victorias de Aníbal.

Apiano Hist. rom. VII, 44. En Brucios, que es una parte de Italia, había un hombre de la ciudad de Tisia -defendida por una guarnición cartaginesa- que tenía por costumbre andar siempre de pillaje y compartir el botín con el comandante del puesto y, gracias a ello, gozaba de gran familiaridad con él en todo, y casi compartía el mando. Le apenaban las vejaciones cometidas por la guarnición contra su país, por lo que, de acuerdo con el general romano y tras dar y recibir garantías, iba introduciendo cada día en la fortaleza a unos cuantos soldados como prisioneros y se llevaban sus armas como despojos. Cuando fueron suficientes los liberó, les dio armas y destruyó la guarnición cartaginesa colocando en su lugar otra romana. Pero, como Aníbal pasó por las cercanías no mucho después, los guardianes, presos de temor, huyeron a Regio y los habitantes de Tisia se entregaron a Aníbal. Éste quemó a los culpables de la rebelión y colocó una nueva guarnición en la ciudad.

Apiano Hist. rom. VII. 48….De este modo, Blacio logró vencer a Dasio a la tercera vez que le tendió una contraemboscada. Entre tanto, el cónsul romano Fulvio tenía en asedio a Herdonia. Aníbal se le aproximó más tarde sin que lo viera y ordenó no encender fuego y guardar silencio. Y así, al romper el alba, muy brumosa por cierto, envió a la caballería para que atacase al campamento romano. Éstos se defendieron desordenadamente, como era lógico en quienes acababan de levantarse, pero con bravura, pues pensaba que le había atacado una tropa pequeña procedente de alguna parte. Aníbal, por su parte, rodeó la ciudad por el otro lado de la infantería, con la idea de efectuar un reconocimiento e infundir esperanzas a los del interior, hasta que se encontró con los romanos al contornear la ciudad, bien porque estaba previsto o por casualidad, y los envolvió. Los romanos, atacados por los dos lados, cayeron ya en masa, en medio de la confusión. Perecieron unos ocho mil y el propio cónsul Fulvio. El resto trepó a un montículo situado delante del campamento y, después de defenderse con valor, lo mantuvieron a salvo e impidieron que Aníbal se apoderase del campamento.

COMENTARIO

Aún se resiste Aníbal a darse por menguado en sus estrategias. Sorprende a los romanos con argucias propias de los norteafricanos. Les gana terreno, pero no logra vencerlos a pesar de la cantidad de bajas sufridas por lo romanos y pese a matar a su su jefe Fulvio. Pero han perdido el miedo al cartaginés y las cosas están cambiando de forma notoria. Ni las estratagemas le sirven ya a Aníbal.

Apiano Hist. rom. VII. 49. Después de esto, los romanos asolaron el territorio de los yapigios que se habían sublevado, y Aníbal, el de los campanios que se habían pasado a los romanos a excepción de Atela. A sus habitantes los asentó en el territorio de los turios para que no sufrieran a causa de la guerra que llevaba a cabo entre los brucios, lucanios y yapigios. Los romanos establecieron en Atela a los desterrados de Nuceria y, tras invadir el territorio sometido aún a Aníbal, se apoderaron de Aulonia y llevaron a cabo incursiones en el país de los brucios. Asediaron también Tarento, que estaba bajo la custodia de Cartalón, por mar y por tierra, como contaba con pocas tropas cartaginesas en aquel momento, tomó a su servicio a gentes de los brucios. El capitán de estos últimos estaba enamorado de una mujer cuyo hermano militaba bajo los romanos y éste consiguió por medio de su hermana, que aquel se rindiera a los romanos, los cuales llevaron máquinas de asalto a aquella parte de la muralla que tenía bajo su custodia. De este modo, los romanos se apoderaron de Tarento, lugar situado excelentemente para la guerra, tanto por tierra como por mar.

Apiano Hist. rom. VII. 50. Aníbal se enteró de su captura cuando se aproximaba a llegar a ella e, irritado, se desvió a Turios, y desde allí, a Venusia. Allí, Claudio Marcelo, el conquistador de Sicilia, que era cónsul entonces por quinta vez, y Tito Crispino, acamparon frente a él, pero no se atrevieron a ofrecer batalla. Sin embargo Marcelo, al ver un destacamento de númidas que llevaba botín y pensando que eran pocos, lo atacó confiadamente con trescientos jinetes. Él iba en primer lugar, pues era hombre valiente para el combate y despreciaba el peligro siempre. De repente surgieron gran cantidad de africanos que lo atacaron desde todos los lados. Los romanos que estaban en retaguardia fueron los primeros en huir, pero Marcelo, creyendo que aún lo seguían, combatió con bravura, hasta que murió atravesado por un dardo. Aníbal, deteniéndose junto a su cuerpo sin vida, cuando vio todas las heridas recibidas en el pecho, lo alabó como soldado, pero se burló de él como general. Después de quitarle el anillo, incineró su cuerpo con todos los honores y envió los huesos a su hijo en el campamento romano.

COMENTARIO

Una imprudencia militar merma los éxitos romanos que, confiados ya que todo se ponía de cara al triunfo, se confiaron en exceso y los costó una nueva derrota, aunque no notoria. Pero Aníbal seguía siendo un lince con su astucia africana a pesar de todo. Las imprudencias se pagan y, esta fue notable.

Apiano Hist. rom. VII. 51. Enojados con los salapios, selló de inmediato una carta con el sello de Marcelo, antes de que muchos se enteraran de su muerte, y ordenó que la llevara un desertor romano, diciendo que el ejército de Marcelo iba detrás, y que Marcelo ordenaba que se le recibiera. Sin embargo, poco antes había llegado una misiva. Crispino informa a todas las ciudades de que Aníbal se había apoderado del sello de Marcelo. Por tanto, enviaron de regreso al mensajero para que no supiese lo ocurrido si se quedaba, prometiéndole cumplir lo ordenado. Después, se armaron y aguardaron apostados en la muralla, la emboscada. Al aproximarse Aníbal con los númidas, a quienes había provisto de armas romanas, abatieron la puerta por medio del rastrillo, como alegrándose de la llegada de Marcelo, y acogieron en el interior a cuantos pensaban que podrían vencer con facilidad. Al punto, levaron de nuevo la puerta con el rastrillo, mataron a los que habían penetrado y asaetearon desde las almenas a los que aún permanecía de pie en el exterior alrededor de las murallas, llenándolos de heridas. Aníbal se retiró, por tanto, después de haber fracasado en este segundo intento contra la ciudad.

COMENTRARIO

Nuevamente las argucias e intentos de engaño por parte de Aníbal pretenden acosar a los romanos. La prudencia no era precisamente una virtud de Aníbal. Cuando la retaguardia de Marcelo se bate en retirada, lógicamente pensaron que éste quedó a merced del enemigo y por tanto, era lógico pensar que el romano había fallecido, y si, además, había enviado los huesos del general romanos a su hijo, con más razón. El emisario fue descubierto, pero no lo retuvieron. Lo reenviaron a su gente dándose por enterados. Aquí funcionó la astucia romana y la aprovecharon de forma muy práctica: emboscaron a los enemigos. Sigue fallando la estrategia de Aníbal y su decadencia estratégica continúa.

Apiano Hist. rom. VII. 52. Entre tanto, Asdrúbal, hermano de Aníbal, marchó a Italia con el ejército que había reclutado entre los celtiberos. Acogido en son de amistad por los galos, cruzó los Alpes en dos meses, siguiendo la ruta antes realizada por Aníbal, mientras que aquél había tardado seis. Invadió Etruria con cuarenta y ocho mil soldados de infantería, ocho mil jinetes y quince elefantes. Y envió cartas a sus hermano anunciándole su llegada. Estas cartas fueron interceptados por los romanos, y los cónsules Salinátor y Nerón, enterados por ellas del número de sus fuerzas, marcharon contra él con todos sus efectivos unidos y acamparon enfrente suya en los alrededores de Sena. Sin embargo, Asdrúbal se retiró, porque no deseaba luchar, sino reunirse a toda costa con su hermano. Después de levantar el campamento durante la noche, avanzó por una zona pantanosa y llena de charcas y a lo largo de un río invadeable. Finalmente, al amanecer, los romanos los atacaron cuando estaban dispersos y agotados por la falta de sueño y el esfuerzo; mientras se reagrupaban y se ponían en formación, mataron a la mayoría con sus oficiales, e incluso, al propio Asdrúbal, y cogieron a muchos prisioneros. De este modo, libraron a Italia de un miedo terrible, pues Aníbal había resultado invencible si hubiera llegado a recibir como refuerzo este ejército.

COMENTARIO

Asdrúbal, hermano de Aníbal, llevó un gran ejército a Italia para sumarse a él. Sin problemas entró de pleno en Italia, recibió ayuda informativa de los galos. Este incremento que le llegaba a Aníbal en estos momentos hubiera supuesto el final de Roma, si no hubiera sido por le eficacia del espionaje de los romanos que dio excelentes resultados: el ejército de Asdrúbal fue borrado del mapa de una futura guerra. Y Asdrúbal murió en el intento. Y toda Italia respiró.

Apiano Hist. rom. VII. 54. Éste, deprimido por la súbita pérdida de su hermano y un ejército tan numeroso a causa del desconocimiento del lugar, y despojado de todo lo que había conseguido antes en catorce años de trabajos infatigables desde que combatía a los romanos en Italia, se retiró al territorio de los Brucios, el único pueblo que permanecía sometido a él. Aquí permaneció tranquilo, mientras esperaba la llegada de nuevas tropas de refuerzo procedentes de Cartago. Ellos le enviaron cien navíos de carga con trigo, soldados y dinero, pero, como no tenían remeros, el viento los desvió hacia Cerdeña. El pretor de allí los atacó con sus barcos de guerra, hundió a veinte y se apoderó de sesenta, el resto huyó hacia Cartago. Aníbal,por consiguiente se encontró en una situación más apurada todavía y sin esperanza de recibir ninguna ayuda de Cartago. Ni siquiera Magón, que estaba reclutando mercenarios en la Galia y Liguria, le envió ayuda alguna, sino que esperó a ver qué giro tomaban los acontecimientos. Percatándose de que no iba a poder permanecer allí por mucho tiempo, empezó a despreciar a los brucios como gentes que pronto les serían extraños, les impuso numerosas cargas y, a sus ciudades más poderosas, las trasladó a las llanuras so pretexto de que querían sublevarse, y culpando a muchos de ellos, los mató para despojarlos de su propiedades.

COMENTARIO

Tras el desastre y muerte del hermano Asdrúbal, Aníbal se vio forzado a pedir ayuda de Cartago. Ésta se apresuró a enviar refuerzos con abundancia de hombres y víveres. La flota fue prácticamente aniquilada por los romanos a consecuencia de un fallo de orientación cuando se acercó a Italia. Aníbal se está quedando cada vez más solo. Únicamente le quedaban los brucios a quienes recurrió para ponerse a salvo. Pero pensando y previendo que su final no estaba muy lejos en Italia, los aniquiló porque pronto acabarían traicionándolo. Aquí demostró su talante despiadado y no tan noble como algunos lo consideran: un pueblo que lo había aceptado lo destruye.

Apiano Hist. rom. VII. 55. Tal era la situación. En Roma accedieron al consulado Licinio Craso y Publio Escipión, el conquistador de Iberia. Craso acampó frente a Aníbal en las cercanías de Yapigia, en tanto que Escipión advertía al pueblo que nunca se verían libres del agobio cartaginés y de Aníbal en Italia, a no ser que un ejército romano pasara a África y llevara el peligro a su patria. Tras insistir con mucha obstinación y convencer a los que estaban indecisos, fue elegido él mismo como general para África y se hizo a la mar de inmediato hacia Sicilia. Allí reunió y adiestró a un ejército e hizo una incursión contra los locrios de Italia, que estaban bajo la vigilancia de Aníbal. Y después de pasar a cuchillo a la guarnición, puso la ciudad bajo el mando de Pleminio y él navegó hacia África. Pleminio cometió toda clase de ultrajes, vejaciones y crueldades contra los locrios y acabó por expoliar el templo de Proserpina. Los romanos lo ajusticiaron en la cárcel a él y a sus compañeros de fechorías y entregaron sus haciendas a los locrios para que las llevasen al tesoro de la diosa. Todo el resto del saqueo que pudieron encontrar lo devolvieron a la diosa, y lo demás lo pusieron del tesoro público.

Apiano Hist. rom. VII. 57. Cuando los cartagineses iban siendo derrotados sucesivamente en África por Escipión, aquellos de los brucios que se enteraron de ello, se sublevaron contra Aníbal y algunos mataron a sus guarniciones, en tanto que otros las expulsaron. Quienes no pudieron realizar ninguna de estas cosas, enviaron mensajeros en secreto al Senado, haciendo ver la necesidad bajo la que habían actuado y su buena voluntad. Aníbal llegó con su ejército a Petelia, que ahora no estaba ocupada por los petelios, pues Aníbal los había expulsado y había entregado la ciudad a los brucios. Los acusó de haber enviado mensajeros a Roma y, como ellos lo negaran, fingió creerlos. Pero «para que no hubiera siquiera lugar a la sospecha», como dijo, entregó a sus ciudadanos más notables a los númidas para vigilarlos a cada uno por separado, quitó las armas al pueblo y se las dio a los esclavos y colocó a éstos como guardianes de la ciudad. Luego visitó a otras ciudades e hizo lo mismo. En caso de los turios eligió a tres mil ciudadanos especialmente amigos de los cartagineses y a quinientos procedentes del campo, y las posesiones de los demás se las dio como botín a su ejército. Después de establecer una guarnición fuerte en la ciudad, asentó a éstos en Crotona, una ciudad que consideraba bien situada para sus planes y a la que había convertido en almacén y base de operaciones contra las demás ciudades.

Apiano Hist. rom. VII. 58. Cuando los cartagineses con toda urgencia para socorrer a su patria amenazada por Escipión y le enviaron a su almirante Asdrúbal a fin de que no se demorase, se irritó por la conducta malintencionada e ingrata de los cartagineses hacia sus generales, de la que tenía una larga experiencia. Tuvo miedo también de ser acusado de haber sido el primero en promover una guerra tan grande al invadir Iberia, no obstante, por imperativo de las circunstancias, se decidió a obedecer y construyó muchas naves para lo que Italia le proporcionó abundante madera. Despreciando como pueblos extraños a las ciudades que aún le estaban sometidas, decidió saquearlas a todas y, enriqueciendo al ejército, regresar a salvo de las acusaciones en Cartago. Sin embargo, por vergüenza de quebrantar él en persona los lazos de amistad, envió al almirante Asdrúbal bajo el pretexto de inspeccionar las guarniciones. Éste, cuando entraba en cada ciudad, ordenaba a sus habitantes que tomaran cuantas cosas pudieran llevar consigo y a sus esclavos, y el resto lo saqueaba. Algunos, al enterarse de esto, atacaron las guarniciones antes de que llegara Aníbal, y hubo sitios en donde triunfaron las ciudades y otros en los que impusieron las guarniciones. Hubo toda suerte de crímenes, violaciones de mujeres, rapto de doncellas y todo cuanto es usual en la toma de las ciudades.

COMENTARIO

Cuando Aníbal se ve acorralado tanto en Italia como en su propia tierra pos su Senado y la presencia de Escipión en su territorio, comienza la limpieza de todas aquellas ciudades que se le podían rebelar: fue un saqueo continuado y numeroso de ciudades que le eran fieles; pero, como se ha dicho, preveía que se alzarían contra él. Por eso las saqueó y destruyó cometiendo todo tipo de tropelias. Cosa que, a corto plazo, provocaría la salida de Anibal de Italia.

Apiano Hist. rom. VII. 59. Aníbal, conocedor del buen adiestramiento de aquellos italianos que servían bajo sus órdenes, intentó convencerlos de que lo siguieran a África con muchas promesas. Algunos de ellos se resolvieron a seguirlo, temerosos de los crímenes cometidos contra sus respectivos lugares de origen, expatriándose voluntariamente, pero otros que estaban libres de culpa, dudaban. Por consiguiente, reunió a los que habían decidido quedarse, como si fuera a decirles algo o a recompensarlos por sus servicios, o para darles algún encargo con respecto al futuro, y los rodeó de improviso con su ejército. A continuación ordenó a sus propios soldados elegir de entre ellos a los que quisieran como esclavos. Y una vez que lo habían hecho, en tanto que a otros les dio vergüenza de reducir a la esclavitud a gente que habían sido camaradas en tantas ocasiones, a todos los demás los asaeteó para que unos hombres de tal valía no fueran jamás de provecho a los romanos. Dio muerte también, junto a ellos, a cuatro mil caballos y a un gran número de animales de tiro que no podía llevar a África.

Apiano Hist. rom. VII. 60. Después de esto, embarcó todo su ejército en las naves y esperó el viento, habiendo dejado algunas fuerzas en tierra como guarniciones. Los de Petelia y otras poblaciones las atacaron, mataron a algunos de ellos y se retiraron de nuevo. Y Aníbal retornó a África después de haber devastado cruelmente durante dieciséis años Italia, de haber infligido innumerables daños a sus habitantes y haberlos llevado a una situación extrema en muchas ocasiones y tratar como enemigos a sus vasallos y aliados. Y es que él se había servido de ellos durante mucho tiempo, más por necesidad que por buena voluntad, y ahora que ya no podía beneficiarse de ellos los despreciaba como a enemigos.

COMENTARIO

Aníbal, como se vio forzado a tener que abandonar Italia, llevó a la práctica la operación de «tierra quemada». Llegó a obligar a soldados africanos que mataran a los propios compañeros que habían estado combatiendo a su lado valerosamente durante todo este tiempo; pero eran italianos…Eso se convirtió en un delito para él. Con el tiempo, este carácter oculto de Aníbal le llevaría a su propia destrucción.

Apiano Hist. rom. VIII. 33. Mientras tenían lugar estos hechos, Aníbal puso rumbo a Cartago contra su voluntad, lleno de sospechas por la falta de fe del pueblo en sus jefes, y por su precipitación. No creía que fuera a firmarse ya un tratado y, si se firmaba, estaba bien seguro de que estaría en vigor por mucho tiempo. Tocó puerto en la ciudad africana de Hadrumeto, empezó a recolectar trigo, envió a que compraran caballos y llegó a una alianza con el jefe de una tribu númida llamada areácida. Dio muerte por sospechar de ellos, a cuatro mil jinetes que había huido a su lado como desertores, los cuales pertenecieron antes a Sifax y entonces estaban con Masinissa, y repartió sus caballos entres sus tropas. Acudió a su lado Mesótilo, otro reyezuelo, con mil jinetes y Vermina, hijo de Sifax, que todavía gobernaba la parte más extensa de los dominios de su padre. Se atrajo, mediante la conciliación o por la fuerza, a algunas ciudades de Masinissa. A la ciudad de Narce, la tomó mediante la siguiente estratagema. So pretexto de comprar en el mercado de la ciudad, introdujo a algunos hombres como entre gente amiga y, cuando juzgó que era el momento de atacar, envió a muchos más, con espadas ocultas, con la orden de no causar daño a los comerciantes, hasta que oyeran la señal de los trompetas, y que entonces atacaran a aquellos que encontrasen y le mantuvieran las puertas bajo vigilancia.

Apiano Hist. rom. VIII. 34. De este modo fue tomada Narce. El pueblo cartaginés, aunque acababa de concluir el tratado y Escipión se encontraba presente todavía y sus propios embajadores no habían regresado aún de Roma, saqueó una partida de provisiones que había sido arrastrada por el viento al interior del puerto de Cartago. Hicieron prisioneros, además, a sus conductores, pese a las numerosas amenazas del Consejo, que les advertía que no quebrantaran unos tratados firmados tan recientemente. Pero el pueblo rechazaba el tratado como injusto y afirmaba que el hambre provocaba más conflictos que la ruptura del tratado. Escipión estimó que no era justo comenzar la guerra después de la firma de un tratado, pero les exigió reparaciones como a amigos que habían cometido una infracción. El pueblo, incluso, intentó retener a los embajadores hasta que llegaran los suyos desde Roma. Sin embargo, Annón el Grande y Asdrúbal Erifo los rescataron del populacho y los enviaron de vuelta, dándoles escolta con dos trirremes.. Otros, a su vez, convencieron al almirante Asdrúbal, que estaba anclado cerca del promontorio de Apolo para que atacase a los embajadores de Escipión cuando los dejasen las trirremes de escolta. Así lo hizo, y algunos de ellos murieron a causa de las heridas, pero los demás, aunque heridos, lograron ganar la entrada del puerto de su campamento a fuerza de remos y saltaron de su nave cuando estaba a punto de ser apresada. Tan grande fue el riesgo que corrieron de caer prisioneros.

Apiano Hist. rom. VIII. 46. Aníbal, en su huida, vio una masa de jinetes númidas agrupados y corriendo hacia ellos les pidió que no lo abandonaran y, cuando los hubo convencido, los condujo al combate, esperando provocar una contraofensiva de los fugitivos. Encontró en primer lugar a los masilios y entrabló combate, pero esta vez la lucha fue sólo un duelo entre Aníbal y Masinissa. Se atacaron mutuamente con ardor y Masinissa clavó un dardo en el escudo de Aníbal y éste alcanzó, como antes, al caballo de su enemigo. Entonces Masinissa, desmontado, se lanzó a pie contra Aníbal, e hirió y mató a un jinete que, delante de sus compañeros, se precipitó contra él. Paró con su escudo, hecho de piel de elefante, los dardos de los demás y, cogiendo uno de los que se había quedado clavado, lo lanzó contra Aníbal otra vez, sin que acertara tampoco en este intento, sino que también mató al jinete que estaba próximo. Pero, mientras sacaba otro dardo, fue herido en el brazo y se alejó de la lucha por breves momentos. Escipión, cuando se enteró de ello, temió por la suerte de Masinissa, y se apresuró a intervenir, pero encontró que aquel, después de haberse vendado la herida, volvía de nuevo a la lucha montando en otro caballo. Y, una vez más, estaba equilibrada la contienda y se luchaba con fuerza, llenos de admiración los soldado de ambos bandos hacia sus generales, hasta que Aníbal, al ver un cuerpo de tropas de iberos y celtas sobre una colina, cabalgó hacia ellos con la idea de conducirlos a la batalla. Entonces, los que estaban combatiendo, sin conocer el motivo de su retirada y pensando que se trataba de una fuga, abandonaron voluntariamente el combate y huyeron en desorden, no precisamente por donde había visto irse a Aníbal, sino según le venía bien a cada uno. Los romanos, a su vez, creyendo que había terminado la batalla, los persiguieron en desorden, sin comprender tampoco ellos el propósito de Aníbal.

COMENTARIO

Anibal empeza en África a tratar de ganar tiempo y fuerza ante sus enemigos. En vez de conciliarse con los norteafricanos, como mantenían éstos buenas relaciones con los romanos, los atacó. Se enfrenta a ellos, pero le responden con valentía porque veían en Aníbal un derrotado que huye de su realidad: le cuesta creer que ha perdido o degradado su fama de conquistados: sus ideales sobre la destrucción de Roma y los romanos de habían derrumbado. Pierde su fuerza de atracción por convencer a los pueblos que se encuentra en su propia tierra. No es el Aníbal de los Alpes ni el de los grande éxitos de Italia. Su fama diluye incluso ante su pueblo y Senado: Cartago, objetivo de Escipión.

Apiano Hist. rom. VIII. 47. Pero éste regresó desde la colina reforzado por las tropas de iberos y celtas, y Escipión de nuevo hizo volver a toda prisa de la persecución a los romanos y formó una línea de batalla mucho más nutrida que las tropas que habían descendido de la colina, por lo que los venció sin dificultad. Aníbal, al haber fracasado también en este último intento, huyó ya claramente, perdidas todas las esperanzas. Muchos jinetes lo persiguieron y, entre otros, Masinissa que, aunque sufría a causa de la herida, lo acosaba de cerca, pues, valoraba en mucho conducir prisionero a Aníbal ante Escipión. Pero la noche lo protegió y, al amparo de las sombras, con veinte jinetes, los únicos que fueron capaces de finalizar con él la huida, se refugió en una ciudad llamada Ton. Allí encontró a muchos jinetes brucios e iberos que había huido después de la derrota. Por tanto, temiendo a los iberos como bárbaros impulsivos y a los brucios, italianos compatriotas de Escipión, no fuera a ser que por buscar el perdón de las falas cometidas contra Italia lo entregaran a Escipión, huyó en secreto con un sólo jinete en quien confiaba plenamente. Y, después de realizar tres mil estadios en dos días y en dos noches, llegó a la ciudad costera de Hadrumeto, en donde estaba una parte de su ejército para guardar el trigo. Allí empezó a reclutar tropas en las zonas vecinas, recuperó a los que habían escapado del combate y preparó armas y máquinas de guerra.

Apiano Hist. rom. VIII. 49. Antes de que los cartagineses se enteraran de estas noticias, los primeros ordenaron a Magón, que aún estaba reclutanto mercenarios celtas, que invadiera Italia, si le era posible y regresara a África con los mercedarios, pero los romanos, interceptadas las cartas y enviadas a Roma, mandaron a Escipión otro ejército, caballos, naves y dinero. Éste ya había enviado hacia Cartago a Octavio por tierra, en tanto que él mismo navegaba hacia allí con las naves. Los cartagineses, al enterarse de la derrota de Aníbal, enviaron a Escipión una embajada en un barco pequeño y veloz, al frente de la cual iban Annón el Grande y Asdrúbal Erifo. Éstos llevaban colocado en un lugar elevado sobre la proa y báculo de heraldo y tendían sus manos hacia Escipión a la manera de los suplicantes. Éste les dio la orden de dirigirse al campamento y, cuando llegaron, se ocupó de sus asuntos sentado sobre una tribuna elevada….

Apiano Hist. rom. VIII. 57. En roma causó gran alborozo la noticia de una victoria total sobre una ciudad de tamaña importancia, que les había causado en el pasado numerosas y terribles calamidades y que había ostentado el segundo o tercer puesto en la hegemonía del mundo. Sin embargo, los senadores estaban divididos en sus opiniones, algunos se encontraban todavía irritados profundamente con los cartagineses, mientras que otros sentían piedad hacia ellos, y pensaban que debían tener un comportamiento noble en las desgracias de los otros. En esta tesitura, uno de los amigos de Escipión se levantó y dijo:»No debemos preocuparnos tanto por la salvación de los cartagineses, senadores, cuanto por preservar nuestra fe en los dioses y nuestra reputación ante los hombres, no vaya a decirse que quienes acusamos de crueldad a los cartagineses actuamos con más crueldad aún que ellos mismos y que, nos preocupamos siempre de ejercer la moderación en los asuntos triviales, nos olvidamos de ella en los más importantes. No es posible que pase inadvertida nuestra postura en este caso debido a su propia magnitud, sino que el hecho llegará a todos los confines de la tierra ahora y en el futuro, si nosotros destruimos a una ciudad famosa y dueña del mar en otro tiempo, que mandó en muchas islas, y en todo el mar y en más de la mitad de África, y que, en las guerras que sostuvo contra nosotros mismos, hizo gala de numerosos actos de fortuna y poder. Contra ellos, mientras aún tenían capacidad de combatir, era preciso pelear……

Apiano Hist. rom. VIII. 67. Así terminó la segunda guerra entre romanos y cartagineses, que comenzó en Iberia y acabó en África, de acuerdo con los tratados ya expuestos, que incluían a la propia Cartago. Esto sucedió en la ciento cuarenta y cuatro olimpíada, según el cómputo griego. Masinissa, irritado contra los cartagineses y envalentonado por su amistad con Roma, se apoderó de una gran extensión del territorio cartaginés, so pretexto de que ya le había pertenecido en otro tiempo. Entonces, los cartagineses llamaron a los romanos para pedirles que procuraran una avenencia entre ellos y Masinissa. Los romanos, en consecuencia, enviaron árbitros con órdenes de favorecer cuanto pudieran a Masinissa. De este modo, este último se apropió de una parte del territorio de los cartagineses y se efectuó un tratado entre ambos que tuvo vigencia durante cincuenta años. En este tiempo, Cartago, que gozó de una paz ininterrumpida, acrecentó sobremanera su poderío y población a causa de la fertilidad de su suelo y de su buena posición junto al mar. Muy pronto, como sucede en las situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtiberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas. Otros muchos actos de hostilidad tuvieron lugar entre ellos, hasta la llegada de nuevos emisarios romanos, con vistas a restablecer la paz, a los cuales de les ordenó de igual manera, ayudar en secreto a Masinissa en los territorios que había ocupado antes de la táctica siguiente. No dijeron ni escucharon nada, a fin de que Masinissa no resultara perjudicado como en un juicio, sino que, situándose en medio de ambos litigantes, estrecharon sus manos…

Apiano Hist. rom. VIII. 69. Entonces, enviaron a los emisarios y, entre otros, a Catón, los cuales, al llegar al territorio que era objeto de disputa, pidieron a ambas partes que dejaran en sus manos todo el asunto…..Sin embargo, los enviados no aceptaron arbitrar en cuanto a partes, y regresaron, no sin haber inspeccionado detalladamente el país y ver lo bien cultivado que estaba y los grandes recursos que poseía. También entraron en la ciudad y comprobaron cuán grande era su fuerza y cómo había aumentado su población desde su derrota ante Escipión… Cuando estuvieron de regreso en Roma, manifestaron que, más que envidia, era temor lo que debían sentir ante Cartago, una ciudad enemiga tan grande y próxima que había crecido tan fácilmente. Catón, en especial dijo que ni siquiera estaría segura la libertad de Roma hasta que destruyeran Cartago. Cuando el Senado oyó estas cosas, decidió hacer la guerra, pero necesitaba aún de algún pretexto y mantuvieron su decisión en secreto. Se dice que, desde aquella ocasión, Catón defendía de continuo en el Senado la opinión de que Cartago no debía existir y que Escipión Nasica sostenía una postura contraria, que debía preservarse a Cartago como amenaza de la disciplina romana ya en vías de relajación…

Apiano Hist. rom. VIII. 74. Tal fue la guerra entre Masinissa y los cartagineses. A ésta siguió la tercera y última guerra de los romanos en África. Los cartagineses, después de haber sufrido este desastre a manos de Masinissa, y al estar la ciudad muy debilitada por este motivo, tenían miedo de él, porque estaba aún muy próximo con un gran ejército y también de los romanos que siempre les eran hostiles y harían un buen pretexto de lo ocurrido a Masinissa. En ninguna de tales apreciaciones estaban equivocados. En efecto, al enterarse de lo ocurrido, empezaron a reclutar un ejército por toda Italia sin decir para qué lo querían, sino para tenerlo listo y usarlo ante las emergencias. Los cartagineses pensando eliminar con ello cualquier pretexto, condenaron a muerte a Asdrúbal, el general de esta guerra contra Masinissa, y a Cartalón, el capitan de las tropas auxiliares, así como a cualquier otro que estuviera implicado en ella, imputando a todos ellos la culpa de la guerra. Enviaron también embajadores a Roma para acusar al propio Masinissa y a estos hombres, por haber atacado con demasiada rapidez y temeridad y haber proporcionado una ocasión de atribuir a la ciudad sentimientos de hostilidad. Sin embargo, cuando uno de los senadores preguntó a los embajadores por qué no habían condenado a los culpables al comenzar la guerra, en lugar de haber hecho después de la derrota, y por qué no les había enviado embajadores antes, en vez de hacerlo ahora, no supieron dar respuesta…

Apiano Hist. rom. VIII. 75…El Senado, que estaba de antemano resuelto y preparado para la guerra, al haber obtenido la aquiescencia de una ciudad tan fuerte y bien situada, reveló su propósito y, tras convocar una asamblea en el Capitolio, lugar en el que se suelen debatir las cuestiones relativas a la guerra, votaron hacer la guerra a los cartagineses. Enviaron de inmediato a los cónsules al mando de las fuerzas: a Manio Manilio, al frente de la infantería y, a Lucio Marcio Censorino, a cargo de la flota, con órdenes secretas de no acabar la guerra hasta que Cartago fuera arrasada hasta los cimientos. Ellos, después de haber realizado sacrificios partieron rumbo a Sicilia para, desde allí, cruzar a Útica. Eran transportados en cincuenta quinquerremes, cien hemiolias, además de muchos barcos abiertos, barcos ligeros y mercantes. Llevaban ochenta mil soldados de infantería y cuatro mil jinetes, todos ellos escogidos. Había un anhelo incontenible entre ciudadanos y aliados por participar en esta expedición espléndida y con esperanzas bien fundadas en el resultado, y muchos se ofrecieron voluntarios para su enrolamiento.

COMENTARIO

Roma estaba ya decidida a dar el último paso en poner fin a la pesadilla que había supuesto Cartago en sus vidas. El eco de las palabras de Catón resonaban por todos los rincones de Italia: «Delenda est Carthago». Pero sus palabras no comprendían sólo la destrucción de la ciudad, sino el arrasarla y cubrirla de sal, que no levantara cabeza jamás. Esa pesadilla debía desaparecer, y también el hombre que llegó a poner en jaque a Roma y a toda Italia, amén del restos de los países que conformaban el mundo europeo y oriental.

Apiano Hist. rom. VIII. 76. El mismo mensajero llevó a los cartagineses la noticia de la declaración de guerra y el hecho de inicio, pues le trajo el voto del Senado y las nuevas de que las naves navegaban contra ellos. Los cartagineses quedaron sobrecogidos y desesperados por la falta de barcos y la pérdida reciente de tantos hombres jóvenes. No tenían aliados ni mercenarios dispuestos, ni trigo reunido para resistir un asedio, ni ninguna otra cosa, ante una guerra repentina y sin anuncio de heraldo, ni siquiera eran capaces de hacer frente y Masinissa juntos. Enviaron, pues, otros embajadores a Roma con plenos poderes para arreglar la situación presente del modo que le fuera posible….

Apiano Hist. rom. VIII. 135. Al llegar el día hicieron sacrificios y procesiones por tribus a los dioses y también juegos y espectáculos diversos en su honor…

Apiano Hist. rom. IX (Fragmentos). 1. Los romanos no prestaron, en absoluto, la menor atención a Filipo de Macedonia cuando comenzó a hacerles la guerra, ni supuso para ellos objeto alguno de preocupación, dado que todavía Italia sufría los embates de Aníbal, el general de los cartagineses, y ellos mantenían grandes ejércitos en África, Cartago e Iberia, y tratando de restablecer la situación en Sicilia. Sin embargo, el otro Filipo, llevado por el ansia de acrecentar su imperio y sin que mediara previo agravio, envió embajadores a Aníbal en Italia, a cuyo frente iba Jenófanes, prometiéndole que combatiría a su lado como aliado en Italia, si él, por su parte, llegaba al acuerdo de ayudarle a sojuzgar Grecia. Aníbal convino en ello y ratificó con juramento en tratado enviando, a su vez, embajadores para tomar juramento a Filipo, pero una trirreme romana capturó a los embajadores de ambos durante la travesía de regreso y los condujo a Roma. Filipo, irritado, por este suceso, atacó Corcira que era aliada de los romanos.

Apiano Hist. rom. XI, 4. De este modo se separaron unos y otros sin haber logrado nada positivo, pero habiendo roto ya en amenazas más abiertas. Y, cuando se propaló el rumor y la creencia de que Tolomeo Filópator había muerto, Antíoco se apresuró a partir hacia Egipto con la intención de apoderarse de este país, mientras estaba vacante el trono. Se le unió a él, en Éfeso, Aníbal el cartaginés, fugitivo de su patria a causa de las acusaciones de sus enemigos, que decían a los romanos que era un hombre litigante, amigo de la guerra y que jamás sería capaz de vivir en paz. Por aquellas fechas los cartagineses estaban sometidos a los romanos en virtud de un tratado. Antíoco recibió de forma espléndida a Aníbal por la fama de su dotes militares y lo retuvo a su lado…

COMENTARIO

Roma estaba dispuesta a todo con tal de acabar definitivamente con Aníbal y sus cartagineses. Cartago había sufrido ya demasiados golpes a consecuencia de los belicosos actos de Aníbal. Quería la paz con los romanos y vivir tranquila. Para ello movió todos los hilos diplomáticos con el fin de conseguir que el Senado romano se aviniera a firmar un tratado de paz. Pero Aníbal, que por aquellos momentos de encontraba en Cartago y desempeñando un cargo de sufeta, llevaba sus cosas a su aire e interés. Su gestión económica era irregular y se ganó la desconfianza del Senado y pueblo. Y a pesar de la buena predisposición del Senado cartaginés para llegar a un acuerdo con Roma, Aníbal aceptó la petición del rey Antíoco y se fue a su corte. Era un hombre hecho para la guerra y sólo para la guerra, cosa que ya Cartago quería ya olvidar.

Apiano Hist. rom. XI, 7. Y Antíoco, proyectando invadir en primer lugar Grecia y, desde allí, emprender la guerra contra los romanos, comunicó su idea a Aníbal, el cartaginés. Éste le respondió que Grecia, desgastada desde hacía mucho tiempo, era una tarea fácil, pero que las guerras de casa son más difíciles para todos por causa del hambre que provocan, y que, en cambio, las de fuera son más livianas; que nunca conseguiría Antíoco vencer a los romanos en Grecia, donde podían procurarse con facilidad provisiones de su propio país y recursos suficientes. Por consiguiente, le aconsejó que ocupara una parte de Italia y,tomando ésta como base de operaciones, hiciera la guerra desde allí para que la situación de los romanos fuera más débil tanto en su patria como fuera de ella. «Yo tengo experiencia de Italia – dijo- y, con diez mil hombres, puedo apoderarme de sus lugares estratégicos y escribir a mis amigos de Cartago para que instiguen al pueblo a una revolución. Pues ya en estos momentos se encuentra irritado consigo mismo y con desconfianza hacia los romanos, y se llenará de arrojo y esperanza, se si entera de que yo estoy devastando otra vez Italia». Antíoco, tras escuchar con placer sus consejos y juzgando una gran cosa, como en realidad era, incorporar a Cartago en la guerra, le encargó que escribiera de inmediato a sus amigos.

Apiano Hist. rom. XI, 8. Aníbal, no obstante, no escribió las cartas, pues no lo encontraba todavía seguro, ya que los romanos lo investigaban todo, y la guerra no había estallado aún abiertamente. Además, contaba con numerosos enemigos en Cartago, y no había en aquella ciudad un sistema político seguro y bien establecido, lo que precisamente poco tiempo después, fue la causa de la destrucción de Cartago. Así que envió a Aristón un mercader de Tiro, a sus amigos, so pretexto de una transacción comercial pidiéndoles que, cuando él invadiera Italia, sublevaran ellos a Cartago, para vengar las vejaciones que había sufrido. Y Aristón así lo hizo, pero los enemigos de Aníbal, cuando se apercibieron de su llegada, promovieron un alboroto como si estuvieran ante una revolución inminente y buscaron por toda la ciudad a Aristón. Este último, con objeto de librar a los amigos de Aníbal de toda sospecha, colocó en secreto, durante la noche, un escrito delante del edificio del senado en el que se decía que Aníbal exhortaba a todos los senadores a tomar las armas en favor de su patria junto con Antíoco, después de haber hecho esto, se hizo a la mar. A la mañana siguiente se disipó el temor de los amigos de Aníbal, gracias a la argucia de Aristón, como si hubiera sido enviado a todo el senado. Sin embargo la ciudad se llenó de toda clase de tumultos con franca animosidad hacia los romanos, pero sin esperanza de poder mantenerla oculta. Esta era la situación en Cartago.

Apiano Hist. rom. XI, 9. Entretanto, los embajadores y Escipión, el que había despojado a los cartagineses de su supremacía política, fueron enviados con misión similar a los de Antíoco para averiguar los propósitos de éste y espiar su fuerza. Sin embargo, al encontrarse que el rey se había marchado a Pisidia, aguardaron en Éfeso, en donde conversaron con frecuencia con Aníbal, pues Cartago se hallaba todavía en paz con ellos y Antíoco no era aún un enemigo declarado. Le reprochaban a aquél que hubiera huido de su patria, cuando los romanos no habían llevado a cabo acción criminal alguna ni contra su persona ni contra el resto del pueblo cartaginés al margen de los tratados. Y actuaban así buscando que Aníbal llegara a ser sospechoso a los ojos del rey a causa de la asiduidad de sus charlas y reuniones. Y Aníbal, hombre habilísimo en la estrategia militar, no lo intuyó, si embargo, y el rey, al enterarse, sospechó de él y, desde aquel momento, anduvo más remiso para hacerle partícipe de sus confidencias. Y es que existía ya algo de celos y envidia hacia su persona por temor a que Aníbal le arrebatara la gloria de sus empresas.

COMENTARIO

Las argucias planeadas por Aníbal para implicar al Senado cartaginés, no llegaron a buen puerto, sino que provocaron el efecto contrario. Aníbal estaba actuando a espaldas de Antíoco, hasta que éste descubrió que los planes del cartaginés no iban por el ben camino. La inicial confianza del rey se vino abajo y dejó de hablar de sus planes de guerra con Aníbal. Empezó a desconfiar de él. Esto provocará que en poco tiempo Aníbal se vea obligado a abandonar la corte de Antíoco porque se sentía ninguneado en sus planes bélicos por parte del rey.

Apiano Hist. rom. VII, (Fragmentos). 1, Comenta el autor que los capuanos, en Campania, amontonaron muchas riquezas por la fertilidad de su suelo; se dieron al lujo y a la opulencia, y llegaron a superar la fama, en cuanto a esto, que nos ha llegado de Crotona y de Síbaris. No podían, añade, con tanta prosperidad presente y llamaron a Aníbal, por lo cual los romanos les hicieron sufrir daños insoportables. Los petelinos, en cambio, se mantuvieron leales a Roma, y llegaron a padecer tantas privaciones que, mientras Aníbal los asedió, se comieron todo el cuero que había en la ciudad, la corteza de los árboles y ramas tiernas. Resistieron el sitio durante once meses sin recibir ayuda de nadie y acabaron por rendirse, con la anuencia de los romanos (Ateneo, XII, 36).

Apiano Hist. Rom. (Pacto de Filipo V con Aníbal). 1-5. Juramento de aníbal, de Magón, de Mircano, de Barmócar, de todos los ancianos de Cartago presentes, de todos los soldados cartagineses presentes, prestando ante Jenófanes, hijo de Cleómaco, ateniense, enviado a nosotros como embajador por el rey Filipo, hijo de Demetrio, en nombre suyo, de los macedonios y de los aliados de éstos, juramento prestado en presencia de Zeus, de Hera y de Apolo, en presencia del dios de los cartagineses, de Heracles y de Yolao, en presencia de Ares, de Tritón y de Poseidón, en presencia de los dioses de los que han sido en campaña, del sol, de la luna y de la tierra…..Aníbal, general, dijo, y todos los senadores de Cartago presentes y todos los soldados cartagineses presentes: por voluntad vuestra y nuestra prestamos este juramento de amistad y de noble adhesión para ser amigos, parientes y hermanos, bajo las cláusulas siguientes: que el rey Filipo, los macedonios y los demás griegos….

Apiano Hist. rom. VIII, (La guerra contra Aníbal: Tarento). 24. 1-3. Los tarentinos, orgullosos de sus riquezas, llamaron a Pirro de Epiro, porque la democracia que mantiene, durante mucho tiempo, el poder es natural que se canse de estar siempre en las mismas condiciones y se busca un soberano. Ahora bien, cuando lo ha encontrado, lo detesta inmediatamente, porque es notorio que el cambio ha sido grande y a peor. Esto es lo que ocurrió en Tarento. El futuro parece que ha de ser siempre mejor que el presente.

Apiano Hist. rom. VIII, 25, 1-10. Primero salieron de la ciudad fingiendo una expedición. Era ya de noche cuando se acercaron al campamento cartaginés y se apostaron en un lugar boscoso, no lejos del camino, a excepción de Filémeno y Nicón, que se dirigieron a la acampada. Los centinelas los prendieron y los llevaron a la presencia de Aníbal: lo único que habían dicho era que querían conversar con el general. De modo que fueron conducidos sin dilación a su estancia. Dijeron que querían hablarle a solas. Aníbal se prestó a esta demanda y ambos se despacharon acerca de sí mismos y de sus patrias. Y que no pareciera absurda la acción que iban a emprender, lanzaron muchas y diversas acusaciones contra los romanos. Aníbal los alabó, aceptó sinceramente su interés y los despidió, pero pidiéndoles que regresaran, que acudieran pronto a su encuentro. Para aquel momento les indicó que, cuando se hubieran alejado algo del campamento, siguieran a los primeros rebaños y a los hombres que los conducían a los pastos. Podían irse sin temores en su compañía, ya que él velaría por su seguridad. Obró así porque quería tener tiempo para sopesar los planes de aquello jóvenes y para lograr, además, que sus conciudadanos creyeran que salían con la mejor intención, la de hacer botín. Nocón y sus compañeros atendieron las instrucciones de Aníbal, de lo cual éste se alegró mucho, porque finalmente tenía ocasión de llevar a buen término sus intentos. Filémeno y sus amigos tuvieron aún más interés en cumplir sus proyectos: ahora se veía que la operación no comportaba riesgo: Aníbal les era favorable y la perspectiva de un botín les avalaba de modo suficiente ante los suyos. Vendían una parte del botín y la restante la empleaban en banquetes, de modo que no sólo se ganaron la confianza de los tarentinos, sino también la envidia de bastantes de ellos.

Apiano Hist. rom. VIII, 26, 1-10. Después hicieron una segunda salida dispuesta en todos los detalles como la anterior; dieron palabra a Aníbal y la tomaron de él en los mismos términos: los cartagineses liberarían a los tarentinos, no les impondría tributos de ninguna clase, ni les mandarían nada; al entrar en la ciudad, los cartagineses podrían saquear las casas y las hospederías de los romanos. Establecieron una contraseña para que los centinelas dejaran paso libre hacia el campamento siempre que ellos llegaran. Además, recibieron autorización para entrevistarse con Aníbal muchas más veces: o bien simulaban que se disponían a una incursión, o bien que salían de caza. Todo estaba ya presto para la operación próxima; la mayor parte de los hombres acechaban una oportunidad; Filémeno era el encargado de salir de caza. Se decía de él que lo primero que había hecho en su vida era salir de cacería; esta diversión le apasionaba muchísimo. Le encargaron que, con la carne de las piezas cobradas, se ganara ante todo al comandante romano de la ciudad, Gayo Livio, y también a los centinelas de la guardia apostada en las puertas llamadas Teménides. Filémeno acepto esta misión y entraba en la ciudad con mucha frecuencia con piezas cobradas por él mismo o que le habían sido entregadas por orden de Aníbal; con una parte obsequiaba a Gayo y, con la otra, a los centinelas de la puerta, para que le abrieran siempre la portezuela, ya que las más de las veces entraba y salía de noche, alegando el miedo que le infundía el enemigo; en todo esto se ajustaba al plan trazado. Cuando Filémeno hubo acostumbrado a los centinelas del portal a que no se extrañaran, sino que cuando, de noche, él estuviera cerca del puesto y silbara, los otros le abrieran la portezuela inmediatamente, entonces procuró averiguar el día en que comandante romano de la ciudad acudiría, con una comitiva muy numerosa, al lugar llamado el Museo, no lejos del ágora, e indicó este día a Aníbal.

Apiano Hist. rom. VIII, 27, 1-10. Éste había propalado el rumor de que estaba enfermo, para que los romanos no se extrañaran de que parara tanto tiempo en el mismo sitio. Entonces exageró todavía más la simulación; el campamento cartaginés estaba a tres días de marcha de Tarento. En el día convenido hizo preparar unos diez mil hombres, entre la tropa escogida por su audacia y su ligereza; eran jinetes y soldados de infantería. Aníbal les ordenó tomar vituallas para cuatro días. Esta fuerza selecta levantó el campo al romper el día y avanzó a marchas forzadas en dirección a Tarento. Se había impartido la orden de que ochenta jinetes seleccionados se adelantaran treinta estadios al resto de la fuerzas e hicieran incursiones a ambos lados de la ruta. Con ello se evitaba que alguien viera todas las tropas: de los que encontraran dispersos, unos caerían prisioneros y los que consiguieran escapar en la ciudad delatarían sólo la incursión de los númidas. Cuando el grueso de aquella tropa llegó a ciento veinte estadios de la ciudad, Aníbal hizo que los soldados cenaran en la orilla de un río escabrosa y difícilmente divisable. Después reunió a sus oficiales, a los que no manifestó explícitamente sus planes; simplemente los exhortó a ser hombres valientes, porque les aguardaban recompensas mayores que nunca. Les mando que durante la marcha hicieran mantener la disciplina debida a todos los hombre y que reprendieran claramente a los que se salieran de su fila. Finalmente les intimó que atendieran estrictamente las órdenes que les llegaran y que no hicieran nada por iniciativa propia; dicho esto, los despidió; caída ya la noche cerrada, hizo avanzar la primera unidad, con el intento de llegar a pie a la muralla a medianoche. Los guiaba Filémeno, que tenía dispuesto un jabalí para usarlo, como siempre cuando recibiera la consigna.

Apiano Hist. rom. VIII, 28, 1-9. Según las previsiones de los jóvenes, Gayo Livio pasó el día con sus amigos en el Museo; precisamente cuando las libaciones alcanzaban el momento culminante, le avisaron, al caer la tarde, de que unos númidas devastaban el país. Él tomó medidas sólo contra esta incursión; llamó a algunos de su oficiales y les informó que, a la mañana siguiente, al alborear, salieran con la mitad de la caballería y rechazaran el destacamento enemigo que talaban sus plantaciones. Y precisamente esto, le impidió ver el conjunto de la operación. Los que estaban con Nicón y Tragisco, asi que oscureció, se agruparon en la ciudad y acecharon el momento en que Livio y sus amigos salían del banquete. Éstos se levantaron pronto, porque el festín se había celebrado durante el día. Los jóvenes se dividieron: unos se apostaron en cierto lugar; el resto se cruzó, como por casualidad, con Gayo Livio; se desplegaron delante suyo jugando, fingiendo salir también de un banquete. Cuando el romano y los suyos estuvieron todavía más ofuscados por la bebida, entonces los dos grupos se mezclaron y todos eran risotadas y juegos. Los jóvenes torcieron su camino y acompañaron a Gayo Livio a su casa. Éste se fue a dormir totalmente borracho, y no pensaba en nada inesperado o amargo, como es natural que no lo piensen los que se han pasado el día bebiendo; le embargaba una alegría lasciva. El grupo de Nicón y Tragisco se reunió con los jóvenes restantes y, entonces, se dividieron en tres grupos para vigilar las entradas más accesibles al ágora; querían que no les pasara por alto nada de lo que ocurriera en el exterior, o dentro de la ciudad. Algunos vigilaban también la casa de Gayo, porque sabían muy bien que, si surgía alguna sospecha de lo que iba a suceder, le avisarían inmediatamente y sería él quien tendría la iniciativa en las operaciones. Cuando todos los comensales se había reintegrado a sus casas y todo el alboroto era ya cosa pasada, la noche había avanzado ya mucho y casi todos los ciudadanos dormían. Las ilusiones de los jóvenes conjurados permanecían intactas. Entonces formaron un sólo grupo y se dispusieron a ejecutar sus planes.

Apiano Hist. rom. VIII, 29, 1-12 Lo que los jóvenes había establecido con los cartagineses era que Aníbal aproximaría a la ciudad tropas por el lado de Oriente, que es tierra firme, hacia las puertas Teménides; harían arder una hoguera encima de un sepulcro que unos llaman de Jacinto y otros de Apolo Jacinto. Cuando se apercibieran de ella, Tragisco y los suyo debían encender otra dentro. Entonces, los de Aníbal habían de apagar la suya y dirigirse a toda prisa hacia la puerta. Esto era lo convenido; los jóvenes atravesaron la parte habitada de la ciudad y llegaron a su cementerio. La parte oriental de Tarento está llena de sepulcros, porque los tarentinos todavía hoy entierra a sus muertos no lejos de ellos y dentro del recinto de las murallas, debido a un oráculo antiguo. Se cuenta que un dios les vaticinó que les iría mejor y gozarían de más prosperidad, si edificaban sus casas allí donde estaba su mayoría. Ellos interpretaron el oráculo en el sentido de que vivirían óptimamente. si dentro del recinto de su muralla, retenían incluso a sus muertos; por esto los entierran todavía hoy en la parte interior de las puertas. Los jóvenes en cuestión llegaron al sepulcro de Pitiónico y aguardaron allí. Cuando Aníbal y los suyos se aproximaron e hicieron la señal convenida, Nicón, Tragisco y los suyos vieron el fuego y cobraron confianza en sus ánimos; encendieron también su hoguera. Cuando la de los cartagineses se hubo extinguido, corrieron impetuosamente hacia la puerta, con la intención de anticiparse a matar por sorpresa a los centinelas que montaban guardia: los cartagineses marchaban con calma, a paso lento. Aquellos no tuvieron mayores obstáculos en la ejecución de sus propósitos: aprisionaron a los centinelas y, mientras un grupo de los jóvenes les daba muerte, los restantes astillaban los barrotes. Abrieron rápidamente las puertas y los de Aníbal, que habían realizado una marcha precisa, llegaron en el momento oportuno. Nadie se dio cuenta de la incursión contra la ciudad.

Apiano Hist. rom. VIII, 30, 1-11 Llegados a la entrada según el plan preestablecido, con toda seguridad y orden, convencidos que ya habían superado lo más difícil de sus propósitos, se dirigieron hacia el ágora por la calle que conduce a ella desde la puerta Batea. Con todo, dejaron la caballería fuera de las murallas, no menos de dos mil jinetes que los defendieran si eran atacados desde el exterior, o que les fueran útiles en los imprevistos que suelen ocurrir en estos intentos. Cerca ya del ágora, Aníbal mandó detener la marcha, preocupado por lo que había ocurrido a Filémeno, protagonista de la segunda parte de su plan.

Después de encender su fogata y de iniciar su ida contra la puerta, Aníbal había enviado a Filémeno, que tenía al jabalí en unas parihuelas, junto con dos mil soldados africanos, hacia la puerta más cercana. Ya desde el principio había sido su intención que la empresa dependiera no de una sola posibilidad, sino de diversas. Filémono se acerco a la muralla y silbó, según su costumbre. El centinela bajó inmediatamente al portón. Filémeno le dijo, desde afuera, que abriera al punto, puesto que jabalí que transportaba les pesaba mucho. El centinela abrió gustoso y alegre, con la ilusión de que él también sería partícipe de la cacería de Filémeno, ya que siempre lo era de las piezas entradas. Filémeno iba delante con la carga y lo acompañaba un hombre disfrazado de pastor; parecía un habitante de aquellos labrantíos. Detrás de éstos, dos hombre más transportaban la fiera por la parte posterior. Cuando los cuatro habían ya traspasado el umbral, mataron de un sólo golpe al que les había abierto, que se había acercado sin recelos a palpar el jabalí. Luego metieron por el portón, sin prisas y tranquilamente, a los que les seguían y que, a su vez, guiaban a los demás, aproximadamente unos treinta africanos. Al punto, lo que ya llegó a ser usual: mientras unos mataban a los centinelas, los restantes astillaban los barrotes de las puertas; algunos llamaban mediante contraseñas convenidas a los africanos que esperaban afuera. Éstos penetraron sin ningún riesgo y se dirigieron también al ágora; era lo establecido. Cuando éstos se les juntaron, Aníbal, rebosante de alegría, porque todo le salía a derechas, siguió el plan previsto.

Apiano Hist. rom. VIII, 31, 1-12. Dividió a sus dos mil galos en tres secciones, y asignó, a cada una de ellas, dos de los jóvenes que había facilitado la empresas. Los acompañaban también algunos oficiales: la orden era ocupar las calles más importantes que convergen en el ágora. Hecho ya todo, indicó a los jóvenes tarentinos que salvaran a sus conciudadanos y los libraran de la muerte; debían gritar, ya desde lejos, que los de Tarento se encerraran en sus casas; así quedarían seguros. A los oficiales galos y cartagineses, les mandó matar a cualquier romano que encontraran. Los aludidos se dispersaron y cumplieron inmediatamente la orden. Cuando los tarentinos se encontraron con el enemigo dentro de la ciudad, el clamor y la confusión fueron extraordinarios. Gayo Livio, informado de la entrada del enemigo dentro de su ciudad, comprendió que la borrachera lo había incapacitado. Salió al punto de su casa, con sus servidores, y se encaminó a la salida que daba al puerto. El centinela le abrió el portón, él pasó y tomó una de las embarcaciones del fondeadero, saltó adentro y se dirigió a la acrópolis. En este preciso momento, Filémeno y algunos más, que se había apoderado de algunas cornetas romanas y sabían tocarlas, ya que habían adquirido este uso, se fueron al teatro y tocaron a rebato. Interpretándolo como una orden, los romanos salieron armados a defender la fortaleza. Y ocurrió todo según las previsiones cartaginesas, porque los romanos salían dispersadamente por las calles, sin ningún concierto; unos murieron a manos de los cartagineses, otros a manos de los galos; sucumbieron casi todos.

Ya en pleno día, los tarentinos permanecían todavía sin moverse de sus casas; no acaban de entender lo que había pasado. Primero, el tañido de las cornetas, y el hecho de que no se producían crímenes ni pillaje, los indujo a pensar que se trataba de un movimiento de romanos, pero cuando vieron a muchos de éstos muertos por las calles, y que los galos se dedicaban a despojar los cadáveres, empezaron a sospechar la presencia de cartagineses.

Apiano Hist. rom. VIII, 32, 1-6. Cuando Aníbal hubo concentrado todas sus fuerzas en el ágora (los romanos se había refugiado en la acrópolis, que ocuparon para defenderse) y era ya mediodía, se proclamó que todos los tarentinos se dirigieran desarmados al ágora. Los jóvenes recorrían la población gritando: «¡Libertad!». y exhortaron a que nadie desconfiara, pues los cartagineses querían sólo favorecerles. Los tarentinos más partidarios de los romanos, al comprobar lo ocurrido, se refugiaron en la fortaleza; el resto se reunió desarmado, según la proclama. Aníbal les dirigió unas palabras muy amables. ante aquella esperanza imprevista, los tarentinos le aplaudieron unánimemente. Aníbal despidió al pueblo con la orden de que cada uno, al llegar a su casa, pusieran en seguida el letrero: TARENTINO, Decretó la pena de muerte a quien colgara el letrero en una casa de un romano. Él, personalmente, cogió a los dos mas experimentados en estos menesteres y se lanzó a saquear las casas de los romanos, con la orden de considerar tales a todas las desprovistas del letrero. Mantuvo en orden el resto de sus tropas, para apoyar a los saqueadores.

Apiano Hist. rom. VIII, 33, 1-7. Amontonaron muchos y variados objetos procedentes de la rapiña; los cartagineses alcanzaron una ganancia no inferior a lo que se esperaban. Aquella noche durmieron sobre las armas; Al día siguiente, Aníbal deliberó con los tarentinos y determinó fortificar la ciudad por el lado de la acrópolis; así no deberían temer a los romanos que todavía la ocupaban. Mandó primero construir una empalizada paralela a la muralla de la acrópolis y defenderla con un foso. Sabía bien que el enemigo intentaría estorbarlo y que haría una demostración de fuerza por el lugar menos pensado, de modo que mantuvo al acecho la flor y nata de sus tropas, en la convicción de que, para el futuro, lo más imprescindible era infundir pánico a los romanos y ganarse la confianza de los tarentinos. Cuando éstos clavaban los primeros palos, los romanos los atacaron, al punto, con audacia y con coraje. Aníbal ofreció una leve resistencia y, después, se replegó para provocar al enemigo. Cuando la mayor parte de los romanos había ya traspasado el foso, el cartaginés do la señal y contraatacó. La lucha era encarnizada, porque se combatía en un espacio reducido y fortificado, pero a la postre los romanos fueron vencidos y se dieron a la fuga. Muchos cayeron en la acción misma, pero murieron todavía más al verse rechazados, porque se precipitaban en el foso.

COMENTARIO

El episodio de Aníbal con la artimaña del engaño es muy propio del mundo norteafricano. Consiguen engañar a la población romana siguiendo las argucias de gente traidora. Tarento es reconquistada por Aníbal siguiendo un plan engañoso de un traidor de la ciudad.

Apiano Hist. rom. VIII, 34, 1-10. Desde entonces Aníbal continuó sin riesgos el trabajo de la estacada y, después, no operó más; la cosa le había salido según sus cálculos; había conseguido rodear al enemigo y lo forzaba a mantenerse dentro de la fortaleza; los romanos temían por sí mismos y por la acrópolis. A los de la ciudad les infundió tal coraje que llegaron a creerse suficientes, por sí solos, para hacer frente a los romanos. Después, a corta distancia de la empalizada y en dirección a la ciudad, excavó un foso paralelo a la dicha trinchera y a la muralla de la acrópolis. Desde el foso, por su lado opuesto a la ciudad, hizo amontonar tierra en dirección contraria y clavó encima una segunda empalizada; el conjunto quedó muy seguro, poco menos que una muralla; además, al lado de esta segunda estacada y en dirección a la ciudad, había dejado un espacio libre, estratégico, en el que había mandado levantar un muro, que se iniciaría en la puerta llamada «Salvadora», y acabaría en la puerta Batea. Incluso sin defensores, aquellas fortificaciones, por sus propios dispositivos, eran capaces de ofrecer seguridad a los tarentinos.

Aníbal dejó una fuerza suficiente, adecuada para la defensa de la ciudad, y campo de caballería que protegiera las murallas. Estableció su campamento a cuarenta estadios de la población, en la orilla de un río que algunos llaman Galeso, pero la mayor parte Eurotas, nombre llamado del Eurotas que fluye por tierras de Esparta. Los tarentinos tienen muchos nombres así, tanto en su ciudad como en los contornos; es cosa sabida que Tarento es fundación espartana; ambas ciudades están muy unidas por lazos de sangre. La muralla se acabó rápidamente por el afán y el ardor de los tarentinos, así como por la ayuda que recibieron de los cartagineses. Fue entonces cuando Aníbal se dispuso a conquistar la acrópolis.

Apiano Hist. rom. VIII, 35, 1-13. Había preparado ya todo lo necesario para tomarla, cuando a los romanos bloqueados en ella les llegó ayuda por mar desde Metaponto. Con ello cobraron algo de ánimo, atacaron de noche las obras del enemigo y destruyeron todo lo ya aparejado, las construcciones y las máquinas de guerra. Ante esto, Aníbal renunció a asediar la fortaleza. Una vez concluidas las obras del muro, reunió a los tarentinos y les hizo comprender que en aquella situación, lo decisivo era el dominio del mar, ya que la acrópolis dominaba la bocana del puerto, como he dicho algo más arriba. Los tarentinos no podían utilizar sus naves para nada, ni sacarlas del puerto; en cambio, los romanos recibían por mar, sin peligro alguno, todo lo necesario. Así las cosas, era imposible liberar totalmente la ciudad. Cuando Aníbal lo comprobó, hizo notar a los tarentinos que los defensores de la fortaleza se rendirían, se entregarían y desalojarían el lugar, y ello, en un plazo muy breve, si llegaban a perder la esperanza de recibir ayuda por mar. Al oírle, los tarentinos estaban de acuerdo con sus afirmaciones, pero no entendían cómo, en aquella situación, podrían lograrlo si no aparecía una flota cartaginesa, cosa impensable en aquellos momentos. No alcanzaban tampoco a conjeturar hacia donde los llevaba Aníbal cuando les hablaba de estas cosas. Y cuando les dijo que, aún sin la ayuda de los cartagineses, ellos mismos eran muy capaces de dominar el mar, entonces su desconcierto llegó al colmo; no veían la intención de Aníbal. Éste había notado la existencia de una calle de la que se podía disponer; estaba dentro del recinto amurallado y conducía paralelamente a la muralla, desde el puerto al mar exterior. Pensó que las naves tarentinas podían ser transportadas desde el puerto a la parte meridional de la ciudad. Cuando insinuó esta idea a los tarentinos, éstos no sólo la aprobaron, sino que su admiración por aquel hombre creció extraordinariamente: pensaban que nada estaba por encima de la imaginación y de su audacia. Dispusieron inmediatamente unos carromatos con ruedas que facilitarían el transporte. La cosa resultó tan pronto dicha como hecha; tal fue la multitud de hombres y el ardor que pusieron en la empresa. Los tarentinos remolcaron, como queda dicho, las naves hasta el mar abierto, y asediaron firmemente a los romanos de la acrópolis, privados ahora de cualquier socorro del exterior. Aníbal dejó una guarnición en la ciudad y alzó el campo con sus fuerzas. En una marcha de tres días alcanzó el primer campamento y paso lo que quedaba de invierno en aquella comarca.

Apiano Hist. rom. IX, (Asedio de Capua; Tarento) 1- Aníbal rodeó el campamento de Apio e inició unas escaramuzas de tanteo; pretendía provocarlo a una batalla campal. Pero no le prestaron atención y sus intentos acabaron pareciéndose a un asalto al campamento; la caballería cartaginesa cargaba formada en escuadrones y lanzaba jabalinas al campo enemigo en medio de un gran alboroto, mientras que la infantería atacaba formada en manípulos e intentaba destrozar la empalizada romana. Sin embargo, Aníbal no logró apartar a los romanos del propósito que se había formulado: su infantería ligera rechazaba a los asaltantes de la estacada y, con sus armas pesadas se defendían contra los tiros; nunca rompían su formación y cada hombre conservaba su puesto en su manípulo. Aníbal, contrariado porque no había conseguido forzar la entrada en la ciudad ni provocar a los romanos a una batalla, deliberó sobre lo que le convenía más en aquellas circunstancias. Pienso que lo que ocurría habría puesto en apuros no sólo a los cartagineses, sino a cualquier otro hombre sabedor de ello. ¿Quién creería en efecto, que los romanos, vencidos en tantas batallas por los cartagineses, que no se atrevían a encararse frontalmente con el enemigo, sin embargo, no se retiraban y mucho menos cedían el campo abierto? Añádase encima que hasta entonces sólo habían salido a campaña por las faldas de los montes, pero ahora habían bajado a la llanura, al lugar más abierto de Italia y asediaban una ciudad muy fortificada, aunque a su vez le había rodeado un enemigo que eran incapaces de mirar cara a cara. En las batallas habían vencido siempre los cartagineses, pero, al presente, en algunos aspectos, se encontraban en una situación tan enojosa como la de aquellos a los que habían derrotado. Opino que la causa de este proceder por ambos bandos, era que tanto romanos como cartagineses se habían dado cuenta que era la caballería de estos últimos la que decidía las derrotas y los éxitos de uno y otro bando. Después de la batalla eran lógicas las salidas de los campamentos de los vencidos, porque se hacía por lugares tales que la caballería enemiga no podía infligirles ningún daño. Por eso la conducta de ambos ante Capua era la única que se podía esperar.

Apiano Hist. rom. IX, 4, 1-8. Las fuerzas romanas, ciertamente, no osaban presentar batalla por miedo a la caballería enemiga, pero en cambio permanecía sin temores dentro de su campo, porque sabían bien que la que en las confrontaciones campales siempre los vencía, en estas condiciones resultaba inofensiva. Los cartagineses, por su parte, no podían permanecer ni acampar cómodamente más tiempo en la región, porque los romanos habían talado intencionadamente los forrajes; a los cartagineses les era imposible transportar a hombres, desde un lugar tan distante, cebada y forraje suficientes para una cantidad tan enorme de caballos y acémilas. Y sin la caballería, acampar y asediar al enemigo no les ofrecía ninguna seguridad; los romanos se defendían con una empalizada y un foso; desprovistos los cartagineses de sus caballos y en igualdad de condiciones, el riesgo era indeciso. Además, temían la llegada de los cónsules romanos recién nombrados, que posiblemente acamparían ante ellos y los pondrían en una situación muy apurada, ya que les interceptarían los aprovisionamientos. Todo esto indujo a pensar a Aníbal, que era imposible forzar a los romanos a levantar el asedio y cambió de táctica. supuso que si lograba hacer desapercibidamente una marcha sobre Roma, presentándose de repente por sus alrededores, tal sorpresa atemorizaría a los habitantes de la urbe, extraería algún provecho de la misma ciudad o, por lo menos, obligaría a Apio a correr en defensa de su patria, levantando el asedio o, en último término, le forzaría a dividir sus fuerzas, con lo cual se convertirían en enemigos fáciles, tanto los que quedaran en Capua como los que corrieran en auxilio de Roma.

Apiano Hist. rom. IX, 5, 1-9. Con este proyecto envió un mensajero a Capua; pidió a uno de sus africanos que fingiera desertar de su campo y se pasara a los romanos, y desde allí procurara penetrar en la ciudad, porque le preocupaba la seguridad de su mensaje. Aníbal temía que, si los romanos veían que él desaparecía, se asustaran, se desesperaran y se rindieran a los romanos. Por eso en su carta les exponía su ardid. Al día siguiente al que levantó el campo los envió al africano. Así los de Capua, conocerían sus planes y la causa que les hacía alejarse, y soportarían el asedio sin caer en el desánimo. Cuando la noticia de lo que pasaba en Capua llegó a Roma: que Aníbal había acampado que asediaba a sus propias fuerzas, el desánimo y la excitación cundieron entre los ciudadanos; les parecía que la crisis inminente era ya la definitiva. Por eso ponían todo su valor y toda su dedicación en esta empresa únicamente y enviaban refuerzos continuos. Los capuanos por su lado, recibieron de manos del africano el mensaje de Aníbal; sabedores de las intenciones de los cartagineses, decidieron tantear todavía esta esperanza y permanecer firmes en sus decisiones. Aníbal, cinco días después de su llegada a Capua, cuando la tropa hubo cenado, mandó levantar el campamento y que se pusiera en marcha, pero dejó las fogatas ardiendo para evitar que el enemigo se apercibiera de la maniobra. Recorrió a marchas forzadas el país de los samnitas, tomando siempre la precaución de hacer explorar y conquistar previamente los parajes de su ruta por sus avanzadillas. Cuando los romanos se figuraban que Aníbal estaba todavía en Capua, ocupado en lo que ocurría allí, Aníbal cruzó, sin ser visto, el río Anión, y se aproximó a Roma; plantó su campamento a no más de cuarenta estadios de la ciudad.

Apiano Hist. rom. IX, 6, 1-9. La noticia del suceso llegó a Roma, y el pánico y la confusión invadieron a todos los que estaban en la ciudad: la cosa era tan repentina como inesperada. Aníbal no se había acercado nunca tanto a la urbe: lo que se pensaba era que si lo había hecho con tanta confianza era porque las legiones romanas de Capua habían sido aniquiladas. Los hombres se apostaron en los muros y en los lugares estratégicos del exterior de la ciudad; las mujeres acudían a los templos y rogaban a los dioses: con sus cabelleras barrían el suelo; esta es costumbre que rige entre ellas cuando un riesgo total amenaza al país. Pero muy poco después de que Aníbal hubiera acampado, cuando el cartaginés ya proyectaba tantear la ciudad al día siguiente, se dio un signo imprevisto y fortuito de salvación para los romanos. Los oficiales de Gneo Flavio y de Publio Sulpicio hacía poco que acababan de alistar una legión y habían tomado a los soldados el juramento de presentarse, precisamente aquel día, con las armas en Roma; mientras tanto reclutaban y entrenaban otra. Ello hizo que aquel día se reuniera espontáneamente en Roma una gran cantidad de hombres, en un momento muy oportuno por cierto: los generales cobraron animo y los hicieron salir, los formaron delante de la ciudad y rechazaron el ataque de Aníbal. Los cartagineses lo habían iniciado, incluso, con alguna esperanza de entrar en Roma, pero cuando contemplaron la formación enemiga y uno que aprisionaron les informó de lo ocurrido, desistieron de asaltar la ciudad y recorrieron el país; lo devastaban y pegaban fuego a las alquerías. El botín que recogieron fue enorme y lo trasladaron a su campamento; el pillaje había sido tal que nadie jamás lo hubiera creído en un enemigo.

Apiano Hist. rom. IX, 7, 1- Pero, luego, los cónsules romanos decidieron osadamente acampar a diez estadios de los cartagineses. Anínal había capturado un gran botín, pero había perdido la esperanza de tomar la ciudad. Además, supuso, según sus propios cálculos iniciales, que aquellos días Apio, sabedor del peligro que corría Roma, o bien habría, simplemente, levantado el sitio de Capua para lanzarse con todas sus fuerzas a socorrer la patria, o habría dejado algunas de sus tropas allí y habría corrido con la mayor parte de ellas a defender la ciudad; creyó que, en ambos casos, lo mejor que podía hacer era levantar el campamento así que alboreara. Los soldados de Publio destruyeron los puentes tendidos sobre el río que antes cité y obligaron a los cartagineses a cruzarlo vadeándolo. Durante la travesía los hostigaron y los pusieron en grandes apuros. Pero no lograron nada decisivo, debido a la gran cantidad de jinetes y porque los númidas se adaptan bien a cualquier terreno. Sin embargo, los romanos recuperaron buena parte del botín y causaron al enemigo unos trescientos muertos; después se replegaron a su propio campamento. Mas tarde creyeron que los cartagineses se retiraban tan rápidamente por miedo y los persiguieron por las raíces de los montes. Pero las prisas de Aníbal respondían a que quería ejecutar completamente sus planes, cuando, al cabo de cinco días, supo de Apio continuaba asediando Capua, se detuvo y estableció contacto con sus perseguidores, a los que asaltó, en plena noche, en su propio campamento. Mató a la mayoría de ellos y echó a los restantes de su acampada. Ya de día comprobó que los romanos se habían refugiado en una colina muy defendida y no intentó expulsarlos de ella. Marchó por la Apulia Daunia y por los abruzos, y descendió inesperadamente hasta Reggio, de manera que casi se apodera de la ciudad. Hizo prisioneros a todos los que habían salido por los campos, de modo que a su llegada, cayeron en su poder la mayoría de los ciudadanos reginos.

Apiano Hist. rom. IX, 8, 1. Me parece muy propio que, precisamente en este punto, evidencie y proclame dignos de admiración el coraje y el pundonor de romanos y cartagineses en la guerra…

Apiano Hist. rom. IX, 9, 1-10. Pues lo mismo cabe afirmar de lo que ocurrió a Aníbal en efecto; atacar a los enemigos e intentar forzarlos a levantar un cerco mediante combates parciales, al fallar este intento dirigirse contra la propia Roma, y al fallar la tentativa por una peripecia fortuita, en la marcha de retirada, no sólo rechazar a los perseguidores, sino también tender una celada, por si se producía, como parecía lógico, algún movimiento de los que asediaban Capua, y, finalmente, no cejar en su intento, lanzarse a aniquilar al enemigo, sin limitarse únicamente a expulsar de su territorio a los reginos,¿ quién no lo aplaudiría, y admiraría al general que lo realizó? Aquí hay que pensar, sin embargo, que los romanos fueron superiores a los lacedemonios, ya que éstos, al primer aviso se esparcieron para ir a salvar Esparta, y Mantinea, al menos en lo que dependía de ellos, quedó desamparada. Pero los romanos salvaron su patria sin levantar el asedio; se mantuvieron firmes en sus intentos con coraje y tenacidad, y desde entonces atacaron Capua con más ánimo. Esto no lo digo tanto para alabar a romanos y cartagineses, cosa que he hecho ya con frecuencia, como para dirigirme a los gobernantes actuales de los dos pueblos y a los que, en ambos, dirigirán, en el futuro, los asuntos públicos. Es preciso que recuerden unas cosas, que consideren bien otras y se conviertan en émulos no de empresas absurdas y arriesgadas, sino todo lo contrario, de audacias razonables y de ingenios dignos de admiración. Las hazañas son siempre memorables tanto si constituyen un gran éxito como si no, a condición de haber tenido una finalidad noble y de haber sido proyectadas con tino y prudencia.

Apiano, Hist. rom. XI, 19. 1- ¿Quién no alabaría el saber militar, el coraje y el vigor de Aníbal en sus campañas, si considera el largo tiempo que duraron, si piensa en las batallas que libró, de menos a mayor envergadura, en los asedios que emprendió, en las ciudades que desertaron de uno y otro bando y reflexiona, además, sobre el alcance del conjunto de sus planes, sobre su gesta, en la que Aníbal guerreó ininterrumpidamente dieciséis años contra Roma en tierras de Italia, sin licenciar jamás las tropas de sus campamentos? Las retuvo, como un buen piloto, bajo su mando personal. Y unas multitudes tan enormes jamás se le sublevaron, ni se pelearon entre ellas, por más que echaba mano de hombres que no eran ni del mismo linaje ni de la misma nacionalidad. En efecto, militaban en su campo africanos, iberos, ligures, galos, fenicios, italianos griegos, gentes que nada tenían en común a excepción de su naturaleza humana, ni las leyes, ni las costumbres ni el idioma. A pesar de todo, la habilidad de Aníbal hacía que le obedecieran, a una sola orden, gentes tan enormemente distintas, que se sometieran a su juicio aunque las circunstancias fueran complicadas e inseguras, y ahora la fortuna soplara estupendamente a su favor, y en otra ocasión al revés. Desde este punto de vista es lógico que admiremos la eficiencia de este general en el arte militar. Sin temor a equivocarnos podemos decir que si hubiera empezado atacando las otras partes del mundo y hubiera acabado con Roma, no habría fallado en sus propósitos. Pero empezó dirigiéndose contra los que hubieran debido ser los últimos: inició y acabó sus gestas peleando contra los romanos.

COMENTARIO

Apiano plantea también el tema de ¿por qué Aníbal no asaltó Roma cuando la tenían en la mano y situado frente a ella? Los romanos reaccionaron ante el tremendo peligro que corría la República. Reaccionaron acudiendo de inmediato los generales que se hallaban cerca; la ciudad estaba revuelta ante tal situación; pero la presencia inmediata de fuerzas de defensa que se encontraban en ella, hizo dudar al propio Aníbal por la inseguridad que ello le podía plantear. Él estaba muy seguro de su superioridad y, ante una situación dudosa, prefirió seguir destrozando el territorio romano, saqueando, quemando y destruyendo campos y ciudades. No es que tuviera miedo tomar la ciudad, sino que la dejó para el final y así poner fin e las conquista definitiva de Italia. Pero no se pierda de vista que no las tenía todas consigo: en Hispania le estaba cegando la hierba bajo los pies Publio Cornelio Escipión que, a corto plazo sería quien acabaría con él. Y lo hizo, piénsese lo que se piense. Se alaba el valor del ejército cartaginés, considerando su fidelidad, ¿Y cómo no? Si no hacían lo que Aníbal pretendía, ¿qué futuro le quedaba? El hecho de que no se rebelaran ninguna vez contra él es por miedo. No tenían otra cosa que hacer, porque rebelarse suponía más un riesgo que una esperanza. La soberbia de Aníbal le perdió. Minusvaloró la valía de los enemigos. No atacó Roma. Postergó el asalto. Se creyó superior y pensó que al final caería en sus manos. Pero su ejército era muy inestable; no se renovaba; no se jubilaba. La ayuda de Cartago cada vez era más difícil.

Apiano, Hist. rom. XV, 1, 1-13. Como los cartagineses habían capturado las naves de transporte romanas y una enorme cantidad de aporvisionamiento, Escipión estaba dolido no sólo porque los romanos habían perdido esos aprovisionamientos, sino también porque el enemigo disponía de abundancia de lo necesario. Sin embargo, le pesaba aún más el hecho de que los cartagineses hubieran transgredido los juramentos y los pactos, y que de nuevo suscitaran otra guerra. Eligió inmediatamente como legados a Lucio Sergio, a Gayo Babio y a Lucio Fabio, y los mandó al encuentro de los cartagineses, a tratar de lo sucedido y a que pusieran en claro que el pueblo romano había ratificado los pactos. En efecto, Escipión acababa de recibir un comunicado en el que se le anunciaba lo dicho. Los legados se presentaron en Cartago. Primero acudieron al Senado, y luego fueron conducidos a la asamblea del pueblo; en ambas ocasiones hablaron con franqueza sobre las circunstancias de entonces. Empezaron recordándoles que los legados cartagineses que se presentaron en Túnez y que fueron recibidos por el consejo, no se limitaron a libar a los dioses y a besar la tierra en signo de adoración, que es lo que habitualmente hacen los demás hombres; aquellos se echaron humildemente al suelo y besaron los pies de los miembros del consejo; después se levantaron y se acusaron a sí mismos de haber roto los primeros pactos entre romanos y cartagineses. Afirmaron que eran muy conscientes de que merecían cualquier cosas que les hicieran los romanos, pero pedían, por la Fortuna, que es común a todos los hombres, que no les infirieran un daño irremediable: su propia mala voluntad sería en el futuro prueba de la nobleza de Roma. Los legados de Escipión continuaron diciendo que su general y los que habían asistido a aquella sesión de consejo quedaron asombrados: ¿En qué podrían creer los cartagineses que olvidaran sus palabras anteriores y se atrevieran a tener por nulos, pactos y juramentos? La cosa era bastante clara; se atreverían a comportarse de aquel modo porque creían en Aníbal y en las fuerzas que había llegado con él. Sin embargo, sus cálculos eran erróneos: todo el mundo sabía muy bien que en los dos último años Aníbal y sus tropas en Italia fueron expulsados de todas partes y se vieron reducidos a los territorios de Lacinio, donde, si bien no se vieron asediados en el sentido estricto del término, sí se vieron rodeados de un modo tal que a duras penas lograron salvarse y presentarse allí. Y aún en el caso de que hubieran comparecido victoriosos, lo lógico hubiera sido una expectativa ante un futuro incierto y no pensar sólo en la victoria: «También en la derrota -dijeron-, pues los romanos ya os hemos vencido en dos batallas consecutivas. si podéis otra vez -preguntaron los romanos-, ¿a qué dioses suplicaréis?¿Qué palabras usaréis para atraer sobre vuestras desgracias la misericordia de los vencedores? Lo lógico es que desechéis toda esperanza: ni los dioses ni los hombres os harán caso ante vuestra perversa impiedad».

Apiano, Hist. rom. XV, 2, 1-15. Tras pronunciar estas palabras, los legados romanos se retiraron de la curia. Algunos cartagineses, ciertamente, defendían que se respetaran los acuerdos, pero la mayoría de los políticos y de los que intervienen en aquel consejo, estaban descontentos de las condiciones estipuladas en los pactos. Habían tolerado a duras penas la franqueza de los romanos y, además, no se avenían en modo alguno, a perder las naves atracadas en el puerto y el aprovisionamiento que transportaban. Pero, por encima de todo, abrigaban no pequeñas, sino grandes esperanzas de vencer gracias a Aníbal y a sus hombres. la Asamblea decidió despachar a los legados sin respuesta, pero los líderes políticos, resueltos a encender de nuevo la guerra fuera como fuera, se reunieron y maquinaron el plan que sigue: dijeron que era preciso cuidar de la seguridad de los enviados romanos, para que llegaran incólumes a su propio campamento. Y prestaron al punto dos trirremes de escoltas, que enviaron al mando de Asdrúbal. Éste había recibido, además, la orden de disponer unos navíos no lejos del campamento romano. Cuando los de la escolta dejaron la nave romana, ésta debía ser atacada y hundida por los otros, para que los emisarios murieran. La flota cartaginesa estaba estacionada en la costa, muy cerca de Útica. Los líderes políticos, pues, dieron, pues, tales órdenes a Asdrúbal, y despacharon a los enviados romanos, no sin antes advertir a los cartagineses de las trirremes que cuando hubieran rebasado la desembocadura del río Macra, dejaran a los emisarios romanos en aquel punto: ya navegarían solos. Desde el lugar citado se avistaba ya el campamento romano. Cuando, según las órdenes recibidas, los de la escolta rebasaron la boca del río, saludaron a los romanos y pusieron rumbo a la ciudad. Lucio no sospechaba nada malo, pero creyó que la escolta los había abandonado por negligencia y se indignó. Mas así que navegaron solos, los cartagineses avanzaron súbitamente contra ellos con tres trirremes y atacaron la nave romana. No lograron abrir un boquete en ella, pues los esquivaban, ni pudieron saltar a su cubierta, pues la tripulación se defendía bravamente. Pero, al fin, se llegó al abordaje, y los cartagineses, que luchaban en círculo, herían a los marineros, muchos de los cuales murieron. La tripulación romana, al ver que sus compañeros que forrajeaban cerca del mar acudían a prestar socorro, corriendo desde el campamento a la playa, echó la nave a tierra, que perdió allí a la mayoría de sus marineros, pero los emisarios se salvaron por puro milagro.

Apiano, Hist. rom. XV, 3, 1-7. Tras estos secesos la guerra recomenzó, y de una manera más implacable y más feroz que antes. Para los romanos, convencidos de que habían sido traicionados, era cosa de amor propio vencer a los cartagineses; éstos, por su parte, consideraban lo que habían cometido y estaban dispuestos a todo para no caer bajo el enemigo. Siendo esta la disposición de ambos bandos, era evidente que la situación debería dirimirse por una batalla, la cual motivó que no sólo los habitantes de Italia y de África, sino también los de Iberia, Sicilia y Cerdeña quedaran pasmados y como en suspenso, a la expectativa del resultado. Por aquel entonces, Aníbal andaba escaso de caballería. Envió un mensaje a un númida llamado Tiqueo, pariente de Sífax, al menos según la opinión general. Aníbal solicitaba de él que los socorriera y que no dejara pasar la ocasión. Debía ser muy consciente de que, si los cartagineses salían victoriosos, él podría retener su imperio, pero, si eran los romanos los que triunfaban, peligraría incluso su vida: Masinissa era hombre ávido de gobierno. Tiqueo, convencido por aquellas reflexiones, se alió con Aníbal; aportaba un contingente de dos mil jinetes.

Apiano, Hist. rom. XV, 4, 1-12 Por su parte, Escipión aseguró totalmente su flota, dejó a Bebio como lugarteniente suyo, y se puso a recorrer personalmente las ciudades. Ya no aceptaba la sumisión de las que se le entregaban voluntariamente, sino que las saqueaba a todas por la violencia; no ocultaba a nadie el furor que le atizaba contra el enemigo, debido a la perfidia de los cartagineses. Además, enviaba con insistencia emisarios a Masinissa; le exponía el modo cómo los cartagineses habían violado las treguas, le pedía que reclutara un ejército lo más numeroso posible y que se le juntara así que pudiera. Ya señalé antes que Masinissa, cuando se concluyeron las treguas, marchó con sus tropas y tomó consigo, además, diez unidades entre caballería e infantería, procedentes de las legiones romanas. Escipión también le cedió unos legados para que, mediante la ayuda de Roma, no sólo volviera a instalarse en el imperio de su padre, sino que, además, se hiciera con el de Sífax, que es lo que realmente sucedió. Por aquellos mismo días llegaron a Roma unos enviados, que fondearon la nave junto a la empalizada que los romanos habían plantado en el mar. Bebio lo remitió inmediatamente a Escipión, pero, en cambio, retuvo a unos soldados cartagineses cuyo estado e ánimo era de gran abatimiento, pues creían que corrían el máximo peligro. Conocedores del delito cometido contra los emisarios romanos, tenían por seguro que los romanos se vengarían de ellos. Escipión supo por los recién llegados que el Senado y el pueblo de Roma habían ratificado sin reparos la tregua pactada con él por los cartagineses allí presentes, ordenó a Bebio que los tratara humanamente y que los mandara a su patria, hermosa y prudente decisión, por los menos en cuanto se me alcanza. Pensó que su patria estimaba en más la lealtad hacia unos enviados y reflexionó, en su fuero interno, no tanto sobre lo que merecían sufrir los cartagineses, como lo que debían hacer los romanos. Por eso ahogó su cólera y la amargura que le habían producido los hechos y procuró emular, según dice el refrán, las obras gloriosas de los padres. Así se impuso Escipión al espíritu de los habitantes de Cartago sin excepción, incluido el mismo Aníbal, pues con su entereza de carácter superó la locura de ellos.

Apiano, Hist. rom. XV, 5, 1-14. Los cartagineses contemplaban cómo sus ciudades eran devastadas, y enviaban mensajes a Aníbal pidiéndole que no perdiera tiempo, que se aproximara al enemigo y que dirimiera las diferencias en una batalla. Al oírlos, contentó a los allí presentes que dejaran esto y que se preocuparan de otras cosas: «el momento oportuno surgirá por sí mismo». Al cabo de unos días levantó su campo, situado en la región de Hadrumeto, avanzó y acampó junto a Zama, que es una ciudad que dista de Cartago cinco días de camino en dirección oeste. Desde allí envió tres espías, pues pretendía averiguar dónde había acampado Escipión y cómo había dispuesto el campamento. Pero estos hombres fueron capturados y conducidos ante el general romano. Escipión distó tanto de torturar a los prisioneros, lo cual es la costumbre de los otros generales, que hizo todo los contrario: puso a su servicio un oficial y le mandó que, sin engaño, les enseñara todo el campamento. Esto se llevó a cabo y, entonces, Escipión preguntó a aquellos hombres si el oficial encargado había puesto interés en mostrárselo todo. Ante su respuesta afirmativa, les dio un viático y una escolta, y los envió con el ruego de que explicaran con detalle a Aníbal cómo habían sido tratados. Tras el regreso de los espías, Aníbal se maravillo de la magnanimidad y de la audacia de Escipión, y no sé cómo entró en él la comezón y el afán de entablar tratos con aquel hombre. Decidido a esto, le mandó un heraldo a decirle que quería negociar con él el conjunto de la situación. Al oír al heraldo, Escipión asintió a lo que se le pedía y dijo que enviaría un hombre a Aníbal para indicarle el lugar y el tiempo para la entrevista. Tras escuchar tal respuesta, el heraldo cartaginés regresó, al punto, a su propio campamento. Al día siguiente llegó allí Masinissa con unos seis mil soldados de a pie y alrededor de cuatro mil jinetes. Escipión lo recibió muy cordialmente; estaba satisfecho de que hubiera sometido a los antiguos súbditos de Sífax. Levantó el campo y llego a las proximidades de la ciudad de Márgaro, donde acampó. Escogió un lugar, entre otras cosas, porque era estratégico y tenía agua a la distancia de un tiro de jabalina.

ZAMA: Finaliza la segunda guerra púnica.

Apiano, Hist. rom. XV, 6, 1-8. Desde allí envió un emisario al general cartaginés, para notificarle que estaba dispuesto a entablar conversaciones con él. Al saberlo, Aníbal levantó el campo y se aproximó a los romanos; plantó sus reales a no más de treinta estadios de ellos, en una loma que, atendidas las circunstancias, parecía ser adecuada. Sin embargo, tenía el agua algo más lejos; por lo que hace a ella, aquí los cartagineses sufrieron duras penalidades. Un día después, los dos generales salieron de sus campamentos, con la escolta de unos pocos jinetes. Se separaron, incluso de éstos y ellos se llegaron al centro, acompañados sólo de sus interpretes. Se saludaron, y Aníbal, el primero, empezó a decir:»Yo hubiera querido que ni los romanos hubieran codiciado algo fuera de Italia, ni los cartagineses, nada fuera de África. Para estas potencias son estos los más hermosos dominios, delimitados, por decirlo así, por la naturaleza. Pero empezamos por disputarnos Sicilia y nos hicimos la guerra, luego vino la de Iberia y, al final, como si la fortuna nos hubiera quitado el juicio, hemos llegado al punto de que, a vosotros, tiempo atrás, os peligró la propia patria; la de éstos peligra ahora. Pero todavía podemos hacer algo, si lo logramos: roguemos a los dioses y resolvamos la enemistad presente. Yo estoy dispuesto a ello, pues sé, por experiencia tomada de los mismos hechos, cuán voluble es la fortuna: con un leve impulso produce un vaivén enorme, como si jugara con niños de pecho.

Apiano, Hist. rom. XV, 7, 1-8. «Mucho me preocupa, oh Escipión -prosiguió- que tú, por tu juventud, porque todo te ha salido a pedir de boca, tanto en Iberia como en África, y porque nunca, al menos hasta hoy, la fortuna te ha forzado a retroceder, ahora desatiendas mis palabras, que, con todo, son muy creíbles. Considera las cosas a la luz de un sólo ejemplo, ejemplo no tomado de tiempos remotos, sino de nuestra propia época. Sí: yo soy aquel famoso Anibal que después de la batalla de Cannas me adueñé de casi toda Italia. Poco tiempo después llegué a las mismas puertas de Roma, acampé a cuarenta estadios de la ciudad y ya deliberaba qué debería hacer de vosotros y del suelo de vuestra patria. En cambio, ahora estoy aquí, en África, contigo, que eres romano para tratar de mi salvación y de la de los cartagineses. Te exhorto a que consideres esto y no te ensoberbezcas: reflexiona humanamente sobre las circunstancia actuales, Lo cual equivale a elegir de los bienes, al máximo, y de los males, al contrario, el mínimo. Si es sensato, ¿quién elegiría lanzarse a un peligro como el que ahora se cierne sobre tí? Si triunfas, no añadirás ni a tu gloria pesonal ni a la de tu patria; si eres derrotado, borrarás de golpe, por culpa tuya todas tus grandes gestas de antes. ¿Hacia qué apunta todo mi discurso? que queden sometidos a Roma todos los territorios por los que peleamos, es decir, Sicilia, Cerdeña e Iberia; que sean también dominio de Roma las islas que hay ente Italia y África. Estoy seguro de que un pacto en estas condiciones será la garantía de futuro más segura para los cartagineses, y para tí y para los romanos constituirá la máxima gloria».

Apiano, Hist. rom. XV. 8,1- Estas fueron las palabras de Aníbal, y tal fue la réplica de Escipión: «Resulta claro y notorio que no fueron los romanos, sino los cartagineses los culpables de la guerra de Sicilia y de la de Iberia. Y el que mejor lo sabe eres tú mismo, Aníbal, aunque también dieron fe de ello los dioses que concedieron la victoria no a los agresores injustos, sino a los que los repelían. Conozco no menos que cualquiera los vuelcos de la fortuna y, en cuanto depende de mí, tomo en consideración la incertidumbre de las cosas humanas. Si no te hubieras retirado de Italia y hubieras propuesto esta solución antes de que los romanos pasáramos a África, creo que tu esperanza no se hubiera visto defraudada. Pero tú te retiraste de Italia muy a tu pesar; nosotros hemos cruzado el mar hasta África y nos hemos adueñado del campo abierto; es evidente que la situación ha experimentado un cambio profundo. Y lo principal: ¿ Para qué hemos venido? Derrotados tus conciudadanos, a petición suya suscribimos unos pactos grabados, en los que, además de lo que tú has mencionado, constaba que los cartagineses nos restituirían los prisioneros romanos sin rescate alguno, que nos cederían las naves ponteadas, que nos abonarían quince mil talentos y que nos darían rehenes en fianza de todo esto. Así fueron las condiciones bajo las que pactamos, de común acuerdo. Y ambos bando enviaron emisarios a la asamblea y al senado de Roma: nosotros para confirmar la ratificación de ese pacto, y vosotros para rogar que fuera aceptado en los términos establecidos. El senado se mostró conforme y la asamblea popular lo corroboró. Pero, una vez tuvieron lo que pedían, los cartagineses lo despreciaron y nos hicieron traición. ¿Qué solución nos queda? Ponte en mi situación y dilo tú. ¿Vamos a suprimir las condiciones más onerosas de entre las estipuladas? Esto sería premiar a tus conciudadanos por su perfidia y enseñarles a continuar traicionando a sus bienhechores. ¿O bien debemos esperar que si alcanzan lo que pretenden nos demostrarán su gratitud? ¡Pero si tras pedir y lograr lo que nos rogaban, así que depositaron en tí una mínima esperanza, ya nos han tratado como rivales y adversarios! Si ahora añadiéramos alguna condición aún más onerosa, podríamos proponerla a la asamblea de Roma para su aprobación; si suprimiéramos algo de lo estipulado, no tendría ningún sentido comunicar esta entrevista a Roma. ¿Cómo debo concluir mis palabras? O bien poner vuestra patria y nuestras personas a nuestra disposición, o vencednos en la batalla».

Apiano, Hist. rom. XV, 9, 1-10. Tras este diálogo, Aníbal y Escipión se separaron; habían convertido la concordia en inviable. Así que alboreó al día siguiente, ambos generales hicieron salir a sus ejércitos de los respectivos campamentos y se trabó la batalla. Los cartagineses luchaban por su salvación y por el dominio de Árfrica; los romanos, para hacerse con el imperio universal[….] No se podrían encontrar tropas más belicosas, no generales que hubieran tenido más éxitos y que, por consiguiente, se hubieran adriestado mejor en el arte de la guerra; tampoco se hallarían trofeos mayores propuestos por la fortuna […]. Escipión dispuso sus tropas de la manera siguiente: al frente colocó los hastati, separados sus manípulos por intervalos regulares. Detrás de éstos seguían los principes, pero Escipión no dispuso sus manípulos en el orden habitual entre los romanos, es decir, de cara a los espacios libres que dejan los manípulos de los hastati, sino en columna detrás de éstos, pero a cierta distancia; los situó así porque el enemigo disponía de gran número de elefantes. Cerraban la formación los triarii. Confió el mando del ala izquierda a Gayo Lelio, que acaudillaba la cabellería romana, y el del ala derecha, a Masinissa, con todos los númidas que estaban a sus órdenes. en los espacios que dejaban libres los manípulos de primera línea, colocó secciones de velites. Precisamente a éstos, les mando iniciar el combate. Si la embestida de los elefantes los obligaba a retroceder, los hombres que pudieran correr debían enfilar directamente los espacios libres que quedaban entre los manípulos, hasta situarse detrás de toda la formación: los que se vieran acorralados por las fieras, dedían dirigirse a los espacios libres laterales que quedaban entre los estandartes.

Apiano, Hist. rom. XV, 10, 1-7. Dispuesta ya su formación, recorrió sus tropas y las arengó brevemente, pero con palabras adecuadas a aquellas circunstancias. Les rogaba que «recordaran las batallas pretéritas, que fueran hombres valientes, a la altura de sí mismos y de la patria. Debían poner ante sus ojos que si derrotaban al enemigo, no sólo se convertirían en dueños inamovibles de África, sino que se asegurarían para sí y para su país, la hegemonía, el dominio indisputado de todo el resto del universo. Ahora bien, si la batalla tenía otro desenlace, los que cayeran valientemente en ella dispondrían del sudario más hermoso, la muerte por la patria; los supervivientes, en cambio, vivirían ya de por vida de la manera más vergonzosa y miserable. En África no hay lugar capaz de ofrecer seguridad a los figitivos: caerían en manos de los cartagineses, y entonces, si lo piensan bien, es muy claro lo que les va a pasar, cosa -añadió- que no quisiera que experimantarais. Ahora que la fortuna nos ha propuesto los máximos trofeos para la vida y para la muerte, ¿podríamos convertirnos en los más innobles y, digámoslo de una vez, en los más necios de los hombres, al dejar, por amor a la vida, los máximos bienes y preferir los máximos daños? Por ello , os ruego que os propongáis dos cosas, o vencer o morir. y que avancéis con las filas apretadas contra el enemigo. Los hombres animados por este espíritu, que acuden a la batalla con menosprecio de su vida, vencerán siempre, sin la menor duda, a sus oponentes». Y esta fue la exhortación de Escipión a los suyos.

Apiano, Hist. rom. XV, 11, 1-13. Aníbal colocó a sus elefantes, que eran más de ochenta, delante de todo su ejército, a continuación, a los mercenarios, unos doce mil en números redondos. Estos mercenarios eran ligures, galos baleares y marusios. Detrás de éstos situó a los nativos cartagineses, y africanos; cerraban la formación los italiotas que había llevado consigo, separados más de un estadio de los delanteros. Con su caballería aseguró las alas. emplazó a la izquierda a los aliados númidas, y a la derecha, la caballería cartaginesa. Ordenó a los jefes que cada uno arengara a sus propios soldados: debían depositar en él sus esperanzas de victoria, y también en el ejército que se había traído de Italia. En cuanto a los cartagineses, intimó a sus oficiales que les enumeraran lo que iba a ocurrir a sus mujeres e hijos, que se lo pusieran a la vista, si la batalla no tenía el desenlace que ellos querían. Y todos cumplieron lo mandado. Él, por su parte, iba recorriendo las filas de los que habían llegado con él, y les pedía insistentemente, los apremiaba para que recordaran la camaradería que los ligaba desde hacía diecisiete años. No debían olvidar tampoco el gran número de choques, ya pretéritos, contra los romanos, que tenían en su haber. En ellos jamás había sido derrotados: la esperanza de vencer a los romanos, dijo, no los abandonó jamás, ante todo, los conminó a que, dejando aparte batallas parciales e innumerables victorias, colocaran ante sus ojos la batalla librada junto al río Trebia contra el padre del que actualmente mandaba a los romanos; igualmente, la batalla dada en Etruria contra Flaminio y, todavía, la de Cannas contra Emilio. Pero ninguna de las tres podía compararse con la actual ni por el número de hombres ni por el coraje de los combatientes. Y mientras decía esto los hacia mirar fijamente la formación de los enemigos: no es que fueran menos, es que eran una mínima fracción del número de hombres que antes los habían combatido. Y en cuanto al valor, no había punto de comparación, porque los romanos de las batallas citadas habían luchado contra ellos con su vigor íntegro y sin conocer derrotas anteriores; éstos de ahora son descendientes de aquellos, las sobras de los derrotados en Italia, que habían huido de ellos muchas veces. Estimaba, pues, preciso que no destruyeran ni su fama ni su gloria, ni tampoco las de su general. Debían luchar denodadamente para reformar la fama, extendida ya por todas partes, de que eran invencibles. Y en esto consistieron las arengas de los dos generales.

COMENTARIO

La preparación del combate definitivo entre romanos y cartagineses es precedido de discursos y arengas a los soldados de ambos bandos. Cada uno cuenta lo que le interesa, pero las circunstancias diferentes. La suerte está echada y a ver quien se lleva el triunfo. Aquí se decide la romanización de Occidente o la cultura y formas de vida de Oriente: se hablaría latín o fenicio, costumbres orientales u occidentales, leyes de uno u otro sentido. Alea iacta est.

Apiano, Hist. rom. XV,12, 1-9. Cuando en ambos bandos estuvo todo dispuesto para la batalla, hacía ya un buen rato que las caballerías númidas se habían enzarzado en escaramuzas; entonces Aníbal ordenó a los guías de los elefantes que atacaran al enemigo. El toque de trompetas y de cornetas resonó por todas partes y esto hizo que algunos elefantes se asustaran y arremetieran hacia atrás contra los númidas del bando cartaginés; esto, junto con el ataque de Masinissa, hizo que pronto el ala izquierda de Aníbal desapareciera. Pero las bestias restantes se abalanzaron contra los velites romanos en el terreno que mediaba entre ambas formaciones. Aunque sufrieron muchas heridas, causaron grandes estragos en las filas adversarias. Mas al fin también se desbocaron: unos se internaron entre las filas romanas, por los huecos que la previsión de Escipión había abierto; no dañaron en nada a los de Roma. Los otros huyeron hacia la derecha, donde la caballería romana, que estaba a la expectativa, los recibió a tiros de jabalina; estos elefantes se escaparon a campo abierto. Lelio observó la confusión causada por las bestias, atacó y obligó a huir desordenadamente a la caballería cartaginesa. Se lanzó bravamente a perseguirla y Masinissa hizo otro tanto. Al tiempo que ocurría esto, las falanges romanas y cartaginesas, que avanzaban al paso, pero vigorosamente, se dirigían una contra otra, a excepción de los hombres que acompañaban a Aníbal desde Italia; éstos permanecían en el lugar que les asignó al principio. Cuando ya estaban a punto de establecer contacto, los romanos gritaron el «alalá», y golpearon los escudos con sus espadas, según la costumbre ancestral. Y arremetieron contra el enemigo. Los mercenarios de los cartagineses alzaron un vocerío mezclado y confuso, ya que, según el poeta, no ea igual ni su voz ni su son… la voz no era una sola/llamados de muchas partes, cada cual tenía su lengua como indiqué algo más arriba.

Apiano, Hist. rom. XV, 13, 1- Por fin vinieron a las manos y se luchaba cuerpo a cuerpo; los combatientes no usaban ni espada ni lanzas. Al principio los mercenarios cartagineses llevaban la mejor parte, por su agilidad y por su audacia, hirieron a muchos romanos. Los de Roma, sin embargo, fiados en su armamento y en su formación, superior, continuaban su progresión; los seguían y animaban los hombres que tenían detrás; en cambio, los cartagineses no se acercaban a sus mercenarios ni los apoyaban, antes bien, se acobardaron en su ánimo. Al final, los bárbaros cedieron y, convencidos de que los suyos los habían abandonado claramente, arremetieron contra los que tenían a sus espaldas y los mataron. Esto fue ocasión de que muchos cartagineses murieran heroicamente , pues atacados por los mercenarios, debieron luchar contra su voluntad, con los romanos y con sus propios camaradas. Se batieron como posesos, de una manera extraordinaria; mataron a muchos romanos y a muchos compañeros suyos En esta pugna embistieron desordenadamente la formación de los hastati. Los oficiales de los principes, al ver lo que ocurría, atacaron con sus manípulos. Y allí sucumbieron los mercenarios y la mayor parte de los cartagineses, unos a manos de los hastati, y otros en la lucha intestina. Aníbal no permitió que los que se salvaron y huyeron se mezclaran con su contingente; ordenó a los hombres de las lineas exteriores que, lanza en ristre, rechazaran a los que les venían. Éstos se vieron forzados a retirarse por las alas hacia el campo abierto que tenían a ambos lados.

Apiano, Hist. rom. XV, 14, 1-9 El espacio intermedio entre los dos ejércitos estaba lleno de sangre y de cadáveres, de manera que el general romano se veía harto obstaculizado por aquel principio de victoria. En efecto: se le hacía muy difícil atravesar el allano sin romper sus filas. Había una cantidad enorme de muertos resbaladizos, cubiertos de sangre coagulada y esparcidos a montones; en el suelo había también armas por todas partes. Escipión colocó a sus heridos al final de su formación, llamó a toque de corneta a los hastati que efectuaban todavía la persecución y los colocó en primera línea, opuestos al centro enemigo. Apiñó a sus principes y a sus triarii en ambas alas y ordenó el avance a través de aquella mortandad. Cuando estas tropas hubieron rebasado los obstáculos y se alinearon con los hastati, ambas falanges entraron en combate con el máximo ardor y energía. Muy parecidas en número, en valor y en ideales, la lucha fue largo tiempo indecisa: llevados por su pundonor, los hombres caían en sus puestos. Pero Lelio y Masinissa dejaron de acosar a la caballería cartaginesa, se revolvieron y, como guiados por un dios,se juntaron con los suyos en el momento preciso. Cargaron por la espalda contra el ejército de Aníbal, la mayoría de cuyos hombres pereció en la formación. De los que se lanzaron a la fuga consiguieron huir muy pocos, ya que la caballería romana los tenía a su alcance y el lugar era muy llano. En esta batalla murieron unos quinientos romanos; los muertos cartagineses fueron más de veinte mil, y casi otros veinte mil cayeron prisioneros.

Apiano, Hist. rom. XV, 15, 1- 8 Tal fue el desenlace de la última pugna entre ambos generales, la cual adjudico el universo a los romanos. Después de la lucha, Escipión persiguió todavía algún tiempo al enemigo, pero después saqueó el campamento cartaginés y se replegó al suyo propio.

Aníbal, con un reducido número de jinetes que le acompañó, se retiró en una marcha ininterrumpida hasta Hadrumeto, donde se puso a salvo. Durante la batalla había hecho todo lo posible, todo lo que debía hacer un buen general, poseedor de una larga experiencia. Primero recurrió a las negociaciones e intentó solventar por ellas la situación de entonces. Esto es propio de un hombre que, aún teniendo en cuenta sus triunfos anteriores, desconfía de la fortuna y conoce el componente de irracionalidad que entre en las batallas. Luego, forzado a aceptar la pelea, dispuso sus medios de tal manera que hubiera sido imposible presentar batalla a los romanos de una manera superior a como la planteó Aníbal, no olvidando el equipo militar usado por los cartagineses. El dispositivo romano, constante durante la batalla, es de ruptura difícil: posibilita, sin sufrir modificación, tanto a cada hombre como al conjunto, hacer frente en cualquier dirección, al enemigo que aparece: basta con que los manípulos más próximos al punto de peligro efectúan un movimiento de rotación. También las armas dan a los soldados romanos seguridad y audacia, e igualmente, las dimensiones del escudo y la resistencia de las espadas a los golpes. Todo lo reseñado hace de los romanos adversarios difíciles, que no acostumbran a ceder la victoria al enemigo.

Apiano, Hist. rom. XV, 18, 1-8. En resumen, las condiciones exigidas fueron las siguientes: «Que en África los cartagineses retengan las ciudades que poseían antes de declarar esta última guerra a los romanos, que conserven el país que anteriormente tenían, y los rebaños, y los esclavos, y el resto de sus posesiones. Desde este día no se les inferirá daño alguno y podrán regirse por sus leyes y costumbres. No se les impondrá ninguna guarnición romana». Estas fueron las condiciones favorables; las contrarias, las siguientes: «Los cartagineses repondrán a los romanos el valor de los daños que les han inferido en tiempos de tregua. Les devolverán los prisioneros y los desertores de todo este tiempo. Les entregarán todas sus naves largas, a excepción de diez trirremes. Lo mismo vale para los elefantes. No podrán declarar la guerra sin la licencia de roma a ningún país que no sea africano. Entregarán a Masinissa edificios, territorios y ciudades, o cualquier otra cosa que le hubiera pertenecido, a él o a sus antepasados, dentro de unos límites todavía por determinar. Irán suministrando a las fuerzas romanas trigo para tres meses y les abonarán los haberes de tres meses, hasta que llegue de Roma la decisión definitiva acerca del pacto. Dentro de un plazo de cincuenta años, los cartagineses abonarán diez mil talentos, de modo que paguen anualmente doscientos talentos de Eubea. entregarán en fianza cien rehenes, los que prescriba el general romano, mayores de catorce años y menores de treinta».

Apiano, Hist. rom. XV, 19, 1-8 Esta fue la respuesta de Escipión a los legados cartagineses; éstos, enterados, se fueron a toda prisa a exponerlo a los de su ciudad. De esta ocasión se cuenta que un miembro del consejo se disponía a hablar contra estas condiciones de paz. Así que empezó, se levantó Aníbal y echó al hombre de la tribuna. Los demás miembros se indignaron de que hubiera hecho esto, que no se avenía al uso; Aníbal se volvió a levantar y afirmó que había cometido la falta por ignorancia, y que debía personársele si hacía algo adverso a las costumbres:sabían, en efecto, que había abandonado el suelo patrio a los nueve años y que volvía a él cuando contaba más de cuarenta y cinco. Por eso pedía que no miraran si había infringido en algo las costumbres, sino más bien si verdaderamente padecía con los dolores de la patria, ya que precisamente por ello había incurrido en aquella imprudencia. Le parecía muy extraño y totalmente fuera de lugar que un cartaginés, consciente con lo que se había concluido con Roma a nivel de individuo y a nivel e nación, no adorara la fortuna, ya que, tras la derrota, obtienen semejantes condiciones unos hombres a los que,, si unos días antes se le hubiera preguntado qué creían que sufriría su patria tras una victoria romana, habrían sido incapaces de responder, ante la magnitud y la envergadura de los daños previsibles. Por eso exigía que el tema no fuera discutido: se debían aprobar las condiciones por unanimidad, hacer sacrificios a los dioses y rogar a todos que el pueblo romano ratificara el tratado de paz. La prudencia de Aníbal era patente y su consejo, adecuado a las circunstancias, por lo que se acordó pactar bajo las condiciones indicadas. El senado cartaginés remitió en seguida sus emisarios para que indicaran a los romanos la aceptación de su condiciones.

COMENTARIO

La derrota de Aníbal en el norte de África constituye, sin paliativos, el fallo de la estrategia de este general. Si se tienen e cuanta que tuvo que venirse de Italia para combatir en su propia tierra contra los romanos, está claro que la inseguridad latía subrepticiamente en sus esquemas estratégicos se encontraban tocados de fondo. Desde el punto de vista de sus mandos, no le ofrecían seguridad, desconfiaba de su eficacia, no tenía un ejército tan homogéneo como los romanos, sus tropas, al no ser étnicamente paritarias, como sí lo eran las romanas en general, no son fáciles de convencer, ni por número y por estrategia. Lo ha demostrado cuando se enfrentan con un ejército en igualdad de condiciones. El estado anímico de los soldados de Aníbal no es el de los romanos: sus diferentes idiomas son un obstáculo para entender las arengas que reciben por parte de su jefe. Considero que aquí, Aníbal, falló estrepitosamente con su plan bélico: no planificó la colocación de los soldados y fuerzas auxiliares en el lugar debido. En Italia, siempre prefirió en enfrentamiento a cara descubierta y en lugares llanos, pero no tuvo delante una inteligencia militar como la de Escipión, quien supo preparar la estrategia de una forma logística y, sobre todo, emocional. Sus soldados recibieron una información inequívoca: el todo o la nada. Y respondió adecuadamente. Sin embargo, el ejército cartaginés, muy heterogéneo (en lenguas, caracteres, armamento y previsión de futuro), no tenía el arma para afrontar el combate decisivo: o vencer, o morir. y no cejó en ello. De ahí el desastre militar que acabamos de de exponer. En conclusión, ni Cartago, ni su general, a partir de este momento, no levantarían cabeza en adelante. Y sólo falta citar las palabras de Catón en el Senado de Roma: «Cetervm censeo Carthaginem esse delendam», expresión que pronunció en alguna ocasión más, sobre todo cuando regresó a Roma tras una visita a esa ciudad africana.

Período -237 a -218.

Dión Cassio, 12 Frag. 48. Para reforzarse enviaron una embajada, aunque nunca se había interesado en nada por las cosas de España; Amílcar los acogió amistosamente y con amigables palabras, diciéndoles que entre otras cosas se había visto obligados a llevar la guerra a España para poder acabar de pagar las deudas que los cartagineses tenían con los romanos, ya que por ningún otro procedimiento podía librarse de ellas; a lo que los romanos no encontraron nada que objetar.

Dión Cassio, frag. 57, 42. Envió a sus casas sin rescate todos los rehenes. Y con este hecho se ganó la adhesión de muchos pueblos y reyezuelos, entre ellos, los ilérgetes Indíbil y Mandonio. A los celtiberos se los atrajo del modo siguiente: había entre los prisioneros una doncella de espléndida belleza, de la cual se sospechó que él estaba enamorado; pero enterándose de que estaba prometida con un cierto Alucio muy poderoso entre los celtiberos, dejó espontáneamente a éste en libertad y le entregó la joven con los presentes que los familiares de ella le habían enviado para rescatarla. Y con este hecho, se granjeó a la amistad de todos

Dión Cassio, frag. 57, 48. Escipión era habilísimo como general, mesurado en el trato, temible para sus enemigos, amable con sus subordinados…Por la rapidez de su victoria y por la retirada de Asdrúbal al interior y, sobretodo, porque adivinó, sea por inspiración divina, sea por azar, que había de acampar en el campo de los enemigos, lo que así sucedió. Todos lo veneraban como un ser superior, y los iberos le dieron el nombre de gran rey.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit. 44, 5, 1. A continuación los primitivos cartagineses ocuparon el mando de la provincia de Hispania, una vez,

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44, 5, 2. acabados los antiguos reinos. Pues, como quiera que los antiguos gaditanos, cuyo origen es común a los cartagineses, trajeran a Hispania los rituales sagrados de Hércules desde Tiro, por motivos de seguridad y fundaran allí una ciudad, viendo con malos ojos los pueblos limítrofes de Hispania el apogeo de una nueva ciudad, además los cartagineses enviaron ayuda a sus consanguíneos que agobiaban con guerra a los gaditanos.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44,5,3. Allí, con una expedición afortunada, vengaron a los gaditanos del ultraje, y con mayor ultraje, aún sometieron a su mando a parte de la provincia

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44,5,4. Depués, mediante el impulso de los auspicios de la primera expedición, enviaron a Amílcar como jefe con una gran cantidad de tropa para ocupar la provincia, quien, realizadas grandes hazañas, mientras probaba la fortuna, sin esperárselo, muere tras caer en una emboscada.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44,5,5. Asdrúbal, su yerno, ocupa su lugar, quien también es asesinado por el esclavo de un cierto hispano que venga la muerte injusta de su amo.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44, 5,6. Y el general Aníbal, superior a ambos, hijo de Amílcar le sucedió, puesto que, superando las hazañas de ambos, sometió a toda Hispania.

Período -237 a -218

Diodoro, 25, 8-9. …Y posteriormente, después que cesó la guerra en Libia (Amílcar Barca), habiendo congregado en torno a sí un grupo de hombres de la peor clase, reunió el botín aportado por éstos y el procedente de la guerra, y viendo además que su poder se acrecentaba, se dedicó a la búsqueda del favor popular y a adular a la masa, e indujo así al pueblo a entregarle el mando de toda la Iberia por un tiempo indefinido. Los celtas, siendo muchas veces más numerosos y de espíritu soberbio, combatían con el arrojo y el vigor propios del que siente desprecio, mientras los hombres de Barca trataban de compensar su inferioridad numérica con su valor y experiencia. Así quedó manifiesto a todos que ellos habían tomado una sensata determinación, y la fortuna decidió sus empresas contra toda esperanza e hizo prosperar de modo inverosímil lo que parecía imposible y arriesgado en extremo.

Diodoro, 25, 10, 1-4. Amílcar, después que tuvo el mando del ejército en Cartago, pronto acrecentó su nación y la hizo llegar hasta las columnas de Hércules, Gadira y el océano. Así, la ciudad de Gadira es una colonia fenicia, se halla en los confines del orbe habitado, en medio del mismo océano y tiene un puerto. Mas, habiendo hecho la guerra contra los iberos y tartesios, junto con Istolacio, caudillo de los celtas y un hermano de éste, los destrozó a todos, entre ellos también a los dos hermanos a la que vez que a otros caudillos de los más destacados; y habiendo cogido vivos a tres mil prisioneros, los enroló en su propio ejército. A su vez, Indortes, después de reunir un contingente de cincuenta mil hombres, puesto en fuga antes del combate, escapó hacia la colina y, sitiado por Amílcar, habiendo huido de nuevo durante la noche, fueron destrozadas la mayor parte de sus fuerzas, y el mismo Indortes capturado vivo. Amílcar, después de dejarlo ciego y darle tormento, lo hizo crucificar; mas, a los restantes prisioneros, que eran más de diez mil, los dejó libres. Y se atrajo a muchas ciudades mediante persuasión, a otras,, por medio de las armas. Asdrúbal, yerno de Amílcar, enviado a Cartago por su suegro con objeto de que participara en la guerra de los nómadas sublevados contra los cartagineses, aniquiló a ocho mil de ellos, capturó vivos a dos mil y los demás fueron obligados a pagar tributo y esclavizados. Amílcar, habiendo sometido a muchas ciudades en toda la Iberia, fundó una gran ciudad, a la que, por su emplazamiento, llamó Acra Leuca. Amílcar, que se había establecido junto a la ciudad de Hélice poniéndole sitio, permaneció allí con el resto de sus efectivos, tras enviar la mayor parte de su ejército y los elefantes, a los cuarteles de Acra Leuca, la ciudad por él fundada. He aquí que el rey de los orisos, que había llegado al mismo tiempo en ayuda de los sitiados, tras haber realizado un fingido pacto de amistad y alianza bélica, puso en fuga a Amílcar; pero éste, en su huida, procuró la salvación de sus hijos y amigos, desviándose por otro camino; y así, perseguido por el rey, se arrojó con su caballo a un caudaloso río, y bajo su montura, pereció a causa de la corriente; sin embargo, el grupo en el que iban sus hijos Aníbal y Asdrúbal fue conducido salvo hasta Acra Leuca.

Diodoro, 25,12. Después que Asdrúbal el yerno de Amílcar, conoció la desgracia de su suegro, levantó a toda prisa el campamento y marchó hacia Acra Leuca, llevando consigo más de cien bestias. Después de ser proclamado general por la tropa y los cartagineses, reunió un contingente de cincuenta mil infantes experimentados, seis mil jinetes y doscientos elefantes. Después de atacar en primer lugar el rey de los orisos, degolló a todos los causantes de la huida de Amílcar. Se apoderó también de sus ciudades, que eran doce, y de todas las ciudades de Iberia. Tomó por esposa a una hija de un reyezuelo ibero y fue proclamado por todos los iberos general con plenos poderes. Por ello fundó una ciudad junto al mar a la que llamó Nueva Cartago, y después, otras más, porque quería sobrepasar el poderío e Amílcar. Y alistó un ejército de sesenta mil hombres, ocho mil jinetes y doscientos elefantes. Víctima de la traición de un criado, pereció degollado después de haber sido general durante nueve años.

Diodoro, 25, 15. Tras la muerte de Asdrúbal el cartaginés, hallándose sin jefe alguno (los cartagineses), eligieron general por votación al hijo mayor de Amílcar, Aníbal. Estando sitiada por Aníbal la ciudad de los saguntinos, reunieron sus objetos sagrados, el oro y la plata que tenían en sus casas, los aderezos, pendientes de sus mujeres y las monedas de plata, y después de fundir cobre y plomo, los mezclaron con todo, y tras hacer así inservible el oro, salieron al exterior, lucharon heroicamente y fueron todos aniquilados, si bien ellos dieron muerte a otros muchos. Y las mujeres, después de matar a sus hijos, se ahorcaron. De este modo (Aníbal) se apoderó de la ciudad sin que le reportara ningún beneficio. Los romanos pidieron la entrega de Áníbal para juzgarle por las infracciones cometidas contra la leyes y, al no conseguirlo, entablaron la guerra llamada Anibálica.

Diodoro, 25, 19. Aníbal, según cuenta Diodoro y Dión a la vez que Dionisio de Halicarnaso, era general de los sículos e hijo de Amílcar. Este Amílcar llegó a conquistar toda la Iberia, mas fue muerto por traidor ataque de los iberos. Así, en tal ocasión, ordenó que todo su ejército se diese a la fuga y que huyesen junto con los otros sus hijos, a los cuales, en tanto se le abrasaban y mostraban su deseo de compartir su muerte, hubo de apartar de sí con el látigo: Aníbal era de quince años y Asdrúbal de doce; alzó de su cabeza la cimera y el yelmo, y por los iberos fue reconocido. Cuantos iberos eran se lanzaron contra él y así los fugitivos hallando seguridad, se pusieron a salvo. Mas cuando vio a su ejército libre de peligros, dio la vuelta hacia atrás, y desde entonces puso empeño en no ser vencido por los iberos, y, mientras los iberos lo hostigaba ardorosamente a todo su alrededor, él, que conducía su caballo con desmedida violencia, vino a precipitarse en las aguas turbulentas del río Iber, y fue alcanzado por un disparo de jabalina; pero, ahogado, ni siquiera su cadáver pudieron encontrar los iberos; tal era su deseo, y así fue arrastrado por la corriente. El hijo de tal héroe, Aníbal, servía bajo las órdenes de su yerno (Amílcar) y junto a él paso a saco a toda Iberia, en venganza por la muerte de su padre. Cuando en el transcurso de este tiempo los ausonios romanos, después de sufrir múltiples derrotas, vencieron a los sículos y les impusieron lo más dura condición para ellos, que jamás ninguno llevase espada. Aníbal, ya en edad de veinticinco años, sin contar con el Senado ni con los que ostentaban la autoridad, tomó consigo a los jóvenes más ardorosos y arriesgados, como unos cien y aún más, vivía devastando la Iberia, y sin cesar aumentaba aún su juvenil ejército…

Período -237 a 218.

Frontino, 2,4,17. Los hispanos en la lucha contra Amílcar dispusieron delante de sus tropas bueyes atados a carros llenos de teas, sebo y azufre; a la señal de batalla, los incendiaron y, lanzando los bueyes contra el enemigo, desbarataron y rompieron su formación.

Frontino 2,7,7. Cuando Aníbal se dirigía hacia Italia, tres mil carpetanos lo abandonaron; entonces él, para que los demás no vacilasen, declaró que los había hecho partir, y para añadir fe a sus palabras, envió a sus casas algunas tropas de poco valor.

Frontino 2,11,5. A Escipión el Africano en Hispania, entre las cautivas le fue presentada una muchacha núbil cuya singular belleza atraía los ojos de todos; la trató con los mayores cuidados y la restituyó a su prometido, de nombre Alicio; y encima, el oro que sus padres habían entragado para su rescate, lo dio como presente de bodas al esposo; vencido el pueblo con esta repetida magnificencia, se acogió al imperio del pueblo romano.

Frontino 3,10,4. (Abíbal) atrajo fuera a los saguntinos acercándose a sus muros con pocas fuerzas y simulando una retirada a la primera salida de los sitiados; interponiéndose entonces el ejército entre éstos y la ciudad, los envolvió y los aniquiló.

Frontino. 2,3,1. Gneo Escipión en Hispania en su batalla contra Hannón, junto a la ciudad de Indíbilis, observó que el ejército púnico estaba ordenado de modo que los hispanos, soldados ciertamente vigorosos pero empeñados en un negocio ajeno, formaba el ala derecha, y la izquierda los africanos, inferiores en valor pero de espíritu más seguro; entonces replegando a su derecha el ala izquierda que había formado con sus más fuertes tropas, atacó al enemigo en formación oblicua, y una vez desbaratados y puestos en huida los africanos, fácil le fue compeler a rendirse a los hispanos, que habían permanecido aparte, a modo de espectadores.

Frontino 3,9,1. Escipión en Cartago Nova, un poco antes de bajar la marea, siguiendo, como decía, a un dios que le guiaba, se acercó a los muros de la ciudad y, al retirarse las aguas, irrumpió en ella por donde no se esperaba.

Año -210.

Frontino 1,5,12. Gayo Fonteyo Craso, en Hispania, una vez que salió a hacer pillaje con tres mil hombres, fue atacado y rodeado por Asdrúbal en un lugar desfavorable; al comenzar la noche, momento en que menos podía esperarse esto, comunicó su proyecto sólo a los oficiales y se lanzó abriéndose camino por entre los puestos de guardia enemigos.

Frontino 2,6,2. Tito Marcio, caballero romano, a quien después de la muerte de los Escipiones el ejército confirió el el imperio, como en una ocasión en que había acercado a los cartagineses, éstos lucharon enfurecidos para hacer pagar su muerte, abrió sus formaciones y les dio espacio para fugarse; de este modo se desparramaron y pudo exterminarlos sin peligro para los suyos.

Frontino 2, 10, 2. Tito Marcio, caballero romano, puesto al frente de los restos del ejército, viendo que los dos campamentos de los cartagineses distaban entre sí unas pocas millas, arengó a sus soldados, y en plena noche se lanzó al asalto del campamento más cercano. En tal desorden estaban los enemigos, llenos de confianza por su victoria, que no les dejó ni un soldado para poder anunciar su desastre. Dio a sus tropas un tiempo brevísimo para descansar, y en la misma noche, más rápido que la noticia de su hazaña, cayó sobe el otro campamento. Así, obteniendo dos veces el mismo éxito, aniquiló a los cartagineses y restituyó al pueblo romano las Hispanias que había perdido.

Frontino 1, 5, 19. Asdrúbal, hermano de Aníbal, no pudiendo pasar un desfiladero por haber ocupado el enemigo sus bocas, parlamentó con Claudio Nerón y obtuvo que se le dejase salir con la promesa de dejar Hispania, pero alargó por unos días las negociaciones, los cuales los aprovechó en hacer pasar por partes su ejército por los pasos estrechos, y a causa de los tratos poco vigilados; finalmente él mismo pudo huir fácilmente con sus tropas ligeras.

Año -207.

Frontino, 1,3,5. Asdrúbal, hijo de Gisgón, en la segunda guerra púnica, ante la amenaza de Escipión, distribuyó por las ciudades el ejército vencido en Hispania. Se consiguió con esto que Escipión, para que no agotase en el asedio de muchas ciudades, volvió sus tropas a los campamentos de invierno.

Frontino, 2, 3, 4. Publio Cornelio Escipión, quien después se llamó Africano, dirigiendo en Hispania la guerra contra Asdrúbal, general de los cartagineses, durante muchos días seguidos, presentó el ejército formado de manera que el cuerpo central estaba construido por su tropas más fuertes. El enemigo replicaba ordenando sus tropas con el mismo plan. Pero Escipión, el día que decidió entablar el combate, cambió el orden de la formación, colocando los más fuertes en las alas y las tropas ligeras en el centro, pero retrasadas; de este modo, atacando en media luna la parte más débil del enemigo con sus fuertes alas, le fue fácil derrotarlos.

Frontino, 2 ,1, 1. Publio Escipión en Hispania, Sabiendo que Asdrúbal, general de los cartagineses, hubiese formado su ejército en ayunas, contuvo hasta la hora séptima a los suyos, a los que había mandado reposar y tomar alimentos, y cuando los enemigos empezaba a retirarse a su campamento fatigados por el hambre la sed y la espera, mandó de repente avanzar las tropas, y trabando batalla, venció.

Frontino, Gayo Fonteyo Craso en Hispania, marchando con tres mil hombres para depredar, viéndose rodeado por Asdrúbal, a causa de la desigual del terreno, llevado al plan sólo en las primeras filas, al comenzar la noche, en la que habitualmente nada se suele esperar, atacó empezando por los puestos de guardia de los enemigos.

Períoso -237 a -218

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 88. Las ciudades más florecientes del interior fueron: en la Tarraconensis, Palantia y Numantia, a las que hoy sobrepasa Caesaraugusta; en Lusitania, Emerita; en la Baetica, Hastigi, Hispal y Corduba. Y si sigues la costa, cerca de Cervaria hay una roca arrojada al mar por el Pyrenaeum;

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 89. luego el río Ticis, junto a Rhoda, y el Clodianum, junto a Emporiae; después el Mons Iovis, cuyo lado opuesto al Occidente presenta prominencias rocosas separadas por breves espacios que se alzan como escalones, por lo que se llama Hannibalis Scalae.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 90. Desde allí hasta Tarraco hay ciudades pequeñas: Blande, Iluro, Barcino, Subur, Tolobi; y ríos menguados: el Baetulo, al pie del Mons Iovis, el Rubricatum, en la costa de Barcino, y el Maius, entre Subur y Tolobi. Tarraco es la ciudad más opulenta de entre las situadas en la costa; está bañada por el pequeño río Tulcis, más allá del cual se encuentra el ingente Hiberus,

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 91. que baña Dertosa. A partir de aquí el mar baña las tierras; pero éstas, introduciéndose luego con gran ímpetu, lo dividen en dos golfos por el promontorio llamado Ferraria.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 92. El primero conocido por el nombre Sucronensis, es mayor que el otro, y las aguas del mar irrumpen en él por una gran abertura que se va estrechando a medida que se interna en tierra; recibe las aguas de tres ríos poco importantes: el Sorobi (Saetabis), el Turia y el Sucro; entre las ciudades que bordean sus costas, las más importantes son, sobre todo, Valentia y la antigua Saguntum, célebre por el desastre que le originó su inquebrantable fidelidad.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 93. El otro seno, llamado Illicitanus, tiene las ciudades de Allone, e Illici, de donde viene su nombre. Enseguida las tierra avanzan sobre el mar y dan a Hipania una anchura mayor;

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 94. pero en este tramo de costa nada hay que merezca ser citado, hasta el comienzo de la Baetica, si no es Carthago, ciudad fundada por Asdrúbal, general cartaginés. En la costa que sigue (a Cartagena) hay ciudades sin nombre alguno, cuya mención aquí no la justifica sino la correlación en la cita de los nombres. Urci, al fondo del golfo llamado Urcitanus; dando a mar abierto, Abdera, Suel, Ex (Salambina), Maenova, Malaca, Salduba, Lacippo y Barbesula.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 95. A continuación la mar se hace muy angosta, y las costas de Europa y África se aproximan, formando los montes de Abila y Calpe que, como dijimos, constituyen las Columnas de Hércules; ambos entran casi por completo en medio del mar, sobre todo el de Calpe. Éste tiene la particularidad notable de ser cóncavo; casi en medio del lado occidental hay una abertura que luego, aumentando su ensanchamiento, se hace fácilmente practicable en casi toda su longitud.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 96. Más adelante se abre un golfo en el cual está Carteia, ciudad habitada por foenices trasladados de África que algunos creen es la antigua Tartesos, y Tingentera, de donde somos nosotros; a continuación Mellaria, Belo y Baesippo están situadas sobre la orilla del Estrecho que sigue hasta el Iunonis Promontorium. Este toma hacia el Occidente una dirección oblicua sobre el Océano, haciendo frente a otro promontorio de África que hemos llamado Ampelusia. Así terminan las costas de Europa bañadas por el Mar Nuestro.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 97. La isla de Gades, que sale a nuestro encuentro al pasar el Estrecho…

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 124. Las Baliares, en Hispania, se hallan frente a la costa de la Tarraconensis; distan poco entre sí, y se diferencian por el nombre de «mayor» y de «menor», que han tomado de sus respectivos tamaños. En la «menor» están los «castella» de Jamno y Mago, y en la «mayor» las colonias de Palma y Pollentia.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 125. Ebusos se halla frente al promontorio llamado Ferraria, que se alza en golfo Sucronensis, y tiene una ciudad de su mismo nombre. Es fértil en grano, pero aún más en otros diversos productos. No hay en ella animales dañinos, ni siquiera esas especies agrestes de condición mansa, pues no sólo no cría ninguno, sino que tampoco tolera los que allí se llevan.

(Mela continúa la descripción geográfica de la Península y sus peculiaridades)…

Período -237 a -218.

Orosio. Historias, 3,7,2. Efectivamente en el año 402 de la fundación de la ciudad fueron enviados a Roma legados cartagineses que firmaron un tratado. 4,13,1. En el año 517 de la fundación de la ciudad, el general cartaginés Hamílcar fue matado en un combate por los hispanos cuando ocultamente tramaba un nuevo enfrentamiento con los romanos. 4,14,1. En el año 804 de la fundación de la ciudad, el general cartaginés Aníbal destruyó, por fin, tras ocho meses, a Sagunto, ciudad floreciente de Hispania, amiga del pueblo romano, a la que había atacado en un primer momento, y posteriormente sitiado y reducido al hambre, la cual, sin embargo, aguantó con fortaleza todo lo digno e indigno acordándose de las promesas hechas a los romanos. Aníbal echó incluso de su presencia injuriosamente a los legados romanos enviados a él. Posteriormente, llevado por el odio al nombre de Roma, odio que él, en otras ocasiones desleal, había jurado fielmente ante el altar de su padre Amílcar cuando tenía nueve años; atravesó los Montes Pirineos siendo cónsules Publio Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio Longo; se abrió camino con la espada a través de los ferocísimos pueblos de la Galia y a los ocho días de pasar los Pinineos, llegó a los Alpes…

Año -215.

Orosio. Historias,4,14,9. Por otro lado, sin embargo, el otro Escipión, hermano del cónsul, llevó a cabo muchos combates en Hispania, y derrotó e hizo prisioneros a Magón, general también púnico. 4,16,13. Los Escipiones, por su parte, derrotaron en una durísima batalla al general cartaginés Asdrúbal que traía un ejército a Italia; el ejército de éste se vio disminuido, en efecto, en treinta y cinco mil soldados que fueron eliminados o capturados.

Año -214.

Orosio. Historias, 4,16,14. Los Escipiones atrajeron a su servicio, apartándolos de su alianza con los enemigos y comprándolos con dinero, a soldados celtiberos, los cuales fueron el primer grupo extranjero que los romanos empezaron a tener a su servicio.

Año – 211.

Orosio. Historias, 4, 17, 12.Pero, volviendo a los hechos, en Hispania ambos escipiones son asesinados por el hermano de Asdrúbal.

Año -210.

Orosio. Historias, 4,17, 13-14. Una vez asesinados los Escipiones en Hispania, cuando los romanos estaban todos sin saber qué hacer debido al pavor que se había apoderado de ellos, Escipión, todavía adolescente, se adelantó a ofrecerse a sí mismo; y, dado que la penuria del tesoro era vergonzosa, todos los senadores, a propuesta de Claudio Marcelo y Valerio Lavino que entonces eran los cónsules, expusieron abiertamente ante los cuestores y a la vista de todo el mundo, todo el oro y la plata acuñados, de forma que no les quedó nada, sino sendos anillos colgantes de oro para sí y para sus hijos y, por medio de sus hijas y esposas, sendas onzas de oro y no más de una libra de plata a cada uno.

Año -209.

Orosio. Historias, 4, 16, 1. Escipión, a los veinticuatro años, tras obtener el mando proconsular para Hispania, y buscando en su interior la venganza, sobre todo de su padre y de su tío paterno, tomó Cartago Nova en el primer ataque que hizo, una vez atravesados los Pirineos. En ella tenían los cartagineses los soldados de más años de servicio, los contingentes más fuertes y gran cantidad de oro y plata; y allí también hizo prisionero a Magón, hermano de Aníbal y lo envió con los demás a Roma.

Año -206.

Orosio. Historias, 4, 18, 7. Escipión en Hispania, venció y echó a sus reales al general cartaginés Asdrúbal. Sometió, además, a su poderío, ya mediante la rendición, ya mediante las armas, a ochenta ciudades. Tras vender a los africanos como prisioneros, dejó marchar a los hispanos sin tomar dinero por ello.

Orosio. Historias, 4,18, 9. En el año del consulado de Nerón y de Marco Livio Salinator, cuando asdrúbal, el hermano de Aníbal, iba de Hispania a Italia a través de las Galias, llevando consigo gran cantidad de tropas auxiliares hispanas y galas, por cuanto se le había ordenado desde Cartago que se uniera con refuerzos a su hermano, fue sorprendido, sin saberlo Aníbal, por el ejército romano, al habérseles anunciado a los cónsules que ya había descendido, en rápida llegada, desde los Alpes. Fue eliminado conjuntamente con todo su ejército.

Orosio. Historias, 4, 18, 17. Entre tanto, Escipión vino a Roma tras haber sometido a la condición de provincia a toda Hispania, desde el Pirineo hasta el Océano.

Período -237 a -218.

Valerio Máximo. 3,3, ext. 7. Un esclavo bárbaro, excitado por la muerte de su amo, atacó de súbito a Asdrúbal y le dio muerte. Preso y sometido a toda clase de torturas, conservó siempre en el rostro la alegría que su venganza le había producido.

Valerio Máximo, 6,6, ext. 1. Después del desastre de los Escipiones en España…los saguntinos, lanzados dentro de sus murallas por las armas vencedoras de Aníbal, impotentes para detener la fuerza de los cartagineses, amontonaron en el foro todo lo que más querían y rodeándolo de fuego, se lanzaron a una misma y común hoguera antes que apartarse de nuestra alianza.

Año -216.

Valerio Máximo. 3,7,10. El mismo Senado, algunos años más tarde, agotadas las fuerzas del poderío romano por la batalla de Cannas, se atrevió a enviar refuerzos al ejército de Hispania.

Año -210.

Valerio Máximo, 1,6,2. Y fue igualmente augurio de feliz suceso aquella llama que brilló en la cabeza de Lucio Marcio en Hispania, jefe de los dos ejércitos que la muerte de Publio y Gneo Escipión había debilitado, en ocasión de arengar a sus tropas; pues su vista excitó a los soldados, hasta entonces temerosos, a recobrar su anterior valor, y después de matar a treinta y ocho mil enemigos y capturar una gran multitud, se adueñaron de dos campamentos cartagineses, llenos de riqueza. 2,7,15. Lucio Marcio, tribuno militar, reunió con rara energía los restos de los ejércitos de Publio y Gneo Escipión, que las armas cartagineses habían aniquilado en Hispania; y habiendo sido nombrado jefe por el voto de los soldados, escribió al Senado para dar cuenta de sus hechos, empezando de esta manera:»Marcio propretor». Pero no plugo a los senadores el uso de este honor, pues la costumbres es que los generales sean nombrados por el pueblo, no por los soldados.

Año -209.

Valerio Máximo, 4,3,1. Escipión en el vigésimo cuarto año de su edad, tomó Cartago Nova en Hispania, presagio de la toma de Cartago; habiéndose adueñado de muchos rehenes que los cartagineses guardaban allí encerrados, y entre ellos una muchacha de eximia belleza, de edad núbil, a pesar de ser él joven y célibe y vencedor, cuando averiguó que era hija de una ilustre familia celtibérica y prometida de Indíbal, el más famoso de este pueblo, llamó a sus padres y la entregó a su esposo intacta. Y aún añadió a su dote el oro que por el rescate le habían ofrecido; obligado Indíbil por tal generosidad, ganó a los romanos la adhesión de los celtiberos, correspondiendo así como debía a los beneficios recibidos. 3,7 1a. La misma confianza tuvo en Hispania. Sitiando la ciudad de Badía, emplazó a los que acudían a su tribunal para el día siguiente en un templo dentro de las murallas enemigas; se apoderó al momento de la ciudad y poniendo su silla en el lugar y hora predichos, hizo justicia.

Período -237 a -218.

Eutropio, Brev. 3,3. En el mismo año, Aníbal inició la segunda guerra púnica contra los romanos, siendo general de los cartagineses. Éste comenzó a atacar a Sagunto, ciudad de Hispania, amiga de los romanos, cuando tenía veinte años de edad, después de haber congregado unas tropas de cuarenta mil infantes y veinte mil jinetes. Los romanos denunciaron ante éste por medio de una embajada, que se abstuviera de hacerles la guerra. Éste no quiso dar audiencia a los legados romanos. Los romanos enviaron también una embajada a Cartago pidiendo que se exigiera a Aníbal que no emprendiera la guerra contra los aliados del pueblo romano. Los cartagineses le respondieron duramente. Los saguntinos entre tanto se vieron consumidos por el hambre y fueron vencidos por Aníbal y castigados con crueles suplicios. Entonces, Publio Cornelio fue enviado a Hispania con un cuerpo de ejército…La guerra fue declarada a los cartagineses.

Año -215.

Eutropio, Brev. 3, 11. Entre tanto en Hispania, Asdrúbal, hermano de Aníbal, que allí se había quedado con un gran ejército para someterla toda a los africanos, es vencido por los dos Esscipiones, generales romanos. -Perdió en la batalla treinta y cinco mil hombres, diez mil prisioneros, y veinticinco mil muertos-. Para reparar fuerzas le envía de Cartago doce mil infantes, cuatro mil jinetes y veinte elefantes.

Año -211.

Eutropio, Brev. 3, 14. En Hispania, los dos Escipiones, vencedores durante muchos años, fueron muertos por Asdrúbal, hermano de éste; su ejército, empero, permaneció íntegro, pues había sido vencido más por azar que por valor.

Período -237 a -218.

Floro, 1,22,2. Después de la primera guerra púnica, apenas hubo un descanso de cuatro años. Una segunda guerra se entabla más corta de duración -pues duró no más de dieciocho años-, pero hasta tal punto terrible por la atrocidad de sus desastres que, si alguien relatara los perjuicios de ambos bandos, el pueblo que resultó vencedor se asemejaba más a un vencido. Le quemaba por dentro a este pueblo noble la pérdida del mar, las islas arrebatadas, el pagar el tributo que se había acordado pagar. Por esto Aníbal, aún siendo niño había jurado venganza ante el altar de su padre y no quería que se retrasase. Así, pues, como pretexto para la guerra, se eligió Sagunto, antigua y opulenta ciudad hispana, memorable a la vez que lastimoso ejemplo de fidelidad a los romanos; había Aníbal prometido, por un pacto común, respetar su libertad, pero necesitando una causa para nuevas querellas, la destruyó tanto por sus manos como por las de los propios saguntinos. a fin de que, roto el pacto, se le abriesen las puertas de Italia. Los saguntinos. por su parte, agotados por un sitio de nueve meses de hambre, por las máquinas, el hierro, volvieron al fin en furia su fidelidad, y levantando una inmensa pira en el foro, se exterminan sobre ella a sí mismos con el hierro y el fuego, junto con todas sus riquezas. Se reclama a Aníbal como causante de tan gran desastre. Tergiversando los cartagineses las cosas, el jefe de la legación le dijo:»Para qué perder más el tiempo; en este seno traigo la paz y la guerra: ¿Cuál de las dos elegís? Gritando dijeron que la guerra. Y les dijo: » Recibid, pues, la guerra». Y habiéndose sacudido en medio de la curia la doblez de su toga no sin horror, como si su seno proclamara la guerra, se fue.

Año -211.

Floro. 1,22,36. Gneo y Publio Escipión, enviados a Hispania habían arrebatado a los cartagineses casi toda la provincia, pero vencidos por las insidias de la astucia púnica, perdieron de nuevo. El poder cartaginés había caído por obra de aquellas grandes batallas; pero las insidias púnicas acabaron con ellos, a uno con el hierra cuando establecía su campamento, al otro con el fuego cercándoles en una torre donde se había refugiado.

Año -209.

Floro, 1,22, 38. Así, Escipión, enviado con un ejércitos a vengar la muerte de su padre y de su tío, recuperó aquella belicosa Hispania, famosa por sus armas y por sus hombres, plantel del ejército enemigo, maestra, cosa increíble, de Aníbal en su infancia; y la reconquistó entera desde los Pirineos a las Columnas de Hércules y el Océano no puede decirse si con más rapidez o con mayor felicidad. Cuán rápidamente, lo proclaman los cuatro años que en ello tardó, cuán felizmente una sola ciudad lo prueba; pues en el mismo día que la sitió, la tomó…Es seguro empero, que lo que da mayor provecho fue para la conquista de la provincia, el cual restituyó a los bárbaros todos los jóvenes y doncellas notables por su belleza, no permitiendo que fuesen conducidas a su presencia para que no pareciera que les había quitado algo de su virginalidad aunque no fuese más que con la vista.

Período -237 a -218.

Cornelio Nepote. Vida de los grandes capitanes extrajeros. 3,1. Amílcar. Una vez llevada a cabo esta restauración con pleno éxito, lleno de confianza en el futuro y de aversión hacia los romanos, y deseoso de encontrar más fácilmente una excusa para la guerra, se hizo enviar como general en jefe al frente del ejército a Hispania, adonde llevó consigo a su hijo Aníbal, que contaba entonces nueve años. 3,2. Tenía también a su lado a un joven distinguido, de agradable físico, Asdrúbal, acerca del cual se rumoreaba que sus relaciones con Amílcar no eran muy honestas, pues a malignidad no podía dejar de atacar a un hombre de tan grandes virtudes. A consecuencia de ello, el censor de las costumbres les prohibió verse. Pero él dio a su hija en matrimonio a este joven, pensando en las costumbres cartaginesas que no permitían separar a suegro de yerno. 3,3. Si el nombre de Asdrúbal había podido entrar en estas líneas se debe a que, después de la muerte de Amílcar, fue él quien asumió el mando; llevó a cabo grandes cosas y fue el primero que, con sus distribuciones de dinero echó a perder las antiguas costumbres de los cartagineses; una vez muerto éste, le sucede Aníbal, ya que los soldados le otorgaron el mando supremo. 4,1. En cuanto a Amílcar, habiendo atravesado el mar, llegó a Hipania, y llevó a cabo grandes hazañas, favorecido por la fortuna; pueblos muy poderosos y muy belicosos cedieron a su empuje, y él enriqueció el África con caballos, armas, prisioneros y dinero. 4, 2. Estaba él pensando en partir hacia Italia, cuando a los ocho años de su llegada a Hispania, en una batalla que sostuvo contra los vetones, fue muerto. Su odio tenaz a los romanos fue lo que más contribuyó, al parecer, a que se declarara la segunda guerra púnica, ya que Aníbal, su hijo, movido por las continuas peticiones de su padre, llegó a preferir la muerte a renunciar a medirse con los romanos.

Cornelio Nepote. Vida de los grandes capitanes extranjeros. Aníbal, 1,1. Aníbal, hijo de Amílcar, cartaginés. Si aquello de que nadie duda puede considerarse verdadero (que el pueblo romano ha superado a todos los demás pueblos en valor), no se puede negar que Aníbal aventajó a todos los demás generales en prudencia y en astucia en tanto grado como el pueblo romano aventaja a los demás pueblos en valor. 1,2. Cada vez, en efecto, que entró en lucha con este pueblo en el suelo italiano, consiguió una victoria. Si dentro de su patria sus propios conciudadanos no hubiesen roto sus fuerzas por su malevolencia, parece que los romanos habrían tenido que confesarse vencidos. Pero las actitudes envidiosas de la multitud vencieron el valor de un hombre. 1,3. A pesar de todo, considerando su patrimonio la aversión heredada de su padre respecto a los romanos, lo conservó con tanto cuidado que murió sin haber renunciado a él; expulsado de su patria y obligado a pedir ayuda de otro, no dejó nunca de hacer, en su corazón, la guerra a los romanos. 2,1. Pues sin hablar de Filipo, a quien desde lejos inspiró sentimientos de hostilidad hacia los romanos, no hubo, en la época que nos ocupa, rey más poderoso que Antíoco y encendió tal ardor guerrero en este rey que, desde las lejanas orillas del Mar Rojo, preparó una invasión a Italia. 2,2. Fueron a su corte delegados romanos encargados de sondear sus intenciones y de trabajar por medios ocultos para hacerle a Aníbal sospechoso, haciéndole creer que ellos lo habían corrompido y habían hecho cambiar sus sentimientos. Estos esfuerzos no fueron infructuosos. Aníbal lo supo y se dio cuenta de que en las reuniones íntimas del Consejo se le mantenía a él alejado. 2,3. Entonces, aprovechando una ocasión, abordó al rey y le recordó las numerosas pruebas que él había dado de fidelidad a su palabra y de aversión a los romanos, y luego añadió: «Mi padre Amílcar, cuando yo era aún muy niño y no había pasado de los nueve años, en el momento en que partía para Hispania como general en jefe y abandonaba Cartago, inmoló víctimas a Júpiter Óptimo Máximo. 2,4. durante esta ceremonia religiosa, me preguntó si quería partir con él a la guerra. Yo acepté en seguida y me puse a suplicarle que me llevara sin vacilar; entonces él me dijo: Lo haré si prestas el juramento que te pido. Inmediatamente me condujo al altar en que su sacrificio se estaba realizando y, habiendo hecho apartar a todos los asistentes, me hizo poner en él la mano y jurar que nunca iba a hacer alianza con los romanos. 2,5. Y yo he observado este juramento prestado a mi padre, sin faltar a él hasta este momento de mi vida, y lo he hecho con tanta religiosidad que nadie puede dudar que en el futuro mis sentimientos nos puedan cambiar. 2,6. Así, pues, «¿tienes tú alguna intención benévola respecto a los romanos? Serás prudente si me la ocultas; pero cuando te prepares para combatir contra ellos, será descuidar tus intereses poner a otro que a mí al frente de esta empresa». 3,1. Así, pues, a la edad que he dicho, acompañando a su padre, partió hacia Hispania. Una vez muerto éste, Asdrúbal ocupó su lugar como general en jefe y él estuvo al frente de toda la caballería. Muerto también Asdrúbal, el ejército le confirió el mando supremo. Este voto fue comunicado a Cartago y recibió una sanción oficial. 3,2. De esta manera Aníbal, que no tenía aún los veinticinco años, llegó a ser general en jefe. en los dos años que siguieron a este nombramiento, sometió a todos los pueblos hispanos por la fuerza de las armas. Sagunto, ciudad aliada de los romanos, fue tomada al asalto. Tres ejércitos muy fuertes fueron puestos en pie de guerra por él. 3,3. De estos tres ejércitos, el primero fue enviado a África, el segundo fue dejado en Hispania, con Asdrúbal, hermano de Aníbal. El tercero guiado a Italia por él mismo. Franqueó las montañas de los Pirineos. No pasó por ningún lugar sin trabar combate con los naturales del país y en todas partes venció. 3,4. Llegó al pie de los Alpes que separan Italia de la Galia y que antes que él nadie había pasado al frente de un ejército, excepto el Hércules griego -y de esta hazaña recibió el lugar el nombre de Montañas Griegas-. Al ver que las poblaciones alpinas se esforzaban en cerrarle el paso, las destrozó, se abrió camino, construyó rutas y consiguió que un elefante cargado con su equipaje pudiera avanzar por allí por donde anteriormente un hombre solo y sin armas apenas podía trepar; por ahí hizo franquear los alpes a sus tropas y llegó a Italia.

Año -209.

Cornelio Nepote, De vir ill. 49. Escipión a la edad de veinticuatro años fue enviado como pretor a Hispania, y tomó a Cartago Nova el mismo día de su llegada. Prohibió que se trajese a su presencia a una joven bellísima, a cuya vista corrían todos, y fue garante de ella ante su padre. Expulsó de Hispania a Asdrúbal y a Magón, hermanos de Aníbal.

Año -209.

Aulo Gelio, N. A. 7,8,3. Publio el primer Africano, a quien presentaron después de la toma de Cartago Nova, gran ciudad de Hispania, una joven cautiva, de gran belleza, hija de un noble hispano; y la devolvió intacta a su padre. 6,1,8. Escipión asediaba una ciudad de Hispania, fuerte y bien provista de fortificaciones y defensores, así como abundantemente aprovisionada; ninguna esperanza había de tomarla. Un día, Escipión estaba en el tribunal haciendo justicia en un lugar del campamento desde donde se veía a lo lejos la ciudad. Entonces uno de los soldados que se había presentado ante su tribunal le preguntó, según la costumbre, qué día y qué lugar señalaba para su causa; Escipión extendió la mano hacia la ciudadela de la ciudad sitiada, y dijo:» Compareced allí pasado mañana». Y así se hizo. A los tres días de haber hecho el señalamiento se tomó la ciudad y aquel día estableció su tribunal en la ciudadela.

Período -237 a -218.

Justino, 44,5,4. Mas tarde, animado por los auspicios de la primera expedición, enviaron al general Amílcar con un ejército mayor a ocupar la provincia; éste llevó a cabo grandes hazañas, pero siguiendo ciegamente a su fortuna, fue llevado a una emboscada y murió. 44, 5, 5. Asdrúbal murió a manos de un esclavo hispano que así vengaba a su dueño. 44, 5,6. Pero les sucedió el general Aníbal, superior a los dos, si es cierto que, sobrepasando las hazañas de ambos (Amílcar y Asdrúbal) sometió a toda Hispania.

COMENTARIO SOBRE CORNELIO NEPOTE

Efectivamente, según este autor, Aníbal no gozaba de la confianza unánime de su Senado. Es cierto que los éxitos se siguieron unos a otros, empezando por Sagunto y terminando por Capua y Tarento. Pero no dice nada sobre su acercamiento a Roma, donde probables prejuicios lo frenaron. Esos prejuicios se pueden justificar por la falta de ayuda para reponer su desgastado ejército al no estar dispuesto Cartago a enviarle tropas de refresco a Italia, el fracaso de su hermano, la pérdida del dominio de Hispania, la inseguridad en Italia; todo ello hicieron vacilar a la hora de pensar en crear un imperio desde Roma: tuvo miedo sin paliativos. Anibal no fue expulsado por Cartago, sino que huyó y se puso al servicio de otro enemigo de Roma. Escipión puso la guinda para que perdiera la confianza de su propio pueblo cuanto prácticamente antes las puertas de su ciudad, recibió la derrota más humillante de su vida. Y se fue a la corte de Antíoco III, poderoso y enemigo del pueblo romano. Como estratego sólo tuvo el efímero apoyo de Siria que, por las envidias que despertaba, acabaría abandonando su corte y marchando al Asia Menor, Bitinia, como se verá más adelante.

CONCLUSIONES

Qué duda cabe que Aníbal fue un gran general, que su carrera militar fue fulminante y triunfal. Desde su niñez dio pruebas evidente de se valía personal. Se podría decir que lo manipularon, lo educaron para ello. Le enseñaron a odiar. Máxime por su padre, quien lo obligó a jurar ante el altar de los dioses que odiaría a muerte a los romanos, no a un enemigo cualquiera. En ningún momento hemos visto un gesto de compasión hacia alguien. Si perdonaba a algunos enemigos, siempre llevaba una segunda intención: atraerse a su bando al enemigo bajo la apariencia de un gesto de bondad. A través de su historial militar no se registra más que acaparar enemigos reconvertidos para incrementar su poderío frente a los romanos.

No cabe duda de que las tropas cartaginesas en Hispania tuvieron éxito, y que llegaron a dominar prácticamente toda la Península, pero también hay que reconocer que en la Segunda Guerra Púnica los cartagineses tuvieron la suerte de frente: un pequeño fallo estratégico de los Escipiones con muy mala suerte, provocó un verdadero desastre a las fuerzas romanas. Momentos que los cartagineses aprovecharon, y muy bien, para apoderarse por completo de toda Hispania. Ya antes Amílcar consiguió algo similar a su llegada, pero tanto él como su yerno tuvieron un descalabro tan importante que acabó con sus vidas. Momento que Aníbal, aprovechando su fama y apoyo del ejército, se erigió en general de todas las tropas. Desde entonces Roma se sintió peligrar y puso en marcha la maquinaria militar en manos en Publio Cornelio Escipión, quien nada más llegar puso en jaque la nueva metrópoli cartaginesa en Hispania. Este éxito le empujó a seguir en persecución de los cartagineses que huían hacia el sureste de la Península, y en las cercanías de Carmona se dio la batalle de Alalia (-206). Tras esta derrota tuvieron que pasar e África porque Escipión era imparable en su recuperación del territorio y poblaciones perdidas.

Aníbal ya había iniciado su difícil viaje hacia Italia, con un gran ejército y muy complejo. Superó los Alpes y entró en las llanuras italianas donde se iniciaron sus batallas contra Roma. Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas. Todas triunfales, muy bien llevadas y dirigidas con una estrategia impecable, dándose la circunstancia de que casi todos los éxitos tiene lugar en las cercanías de los ríos.

La psicología de Aníbal era muy peculiar. Él sabía muy bien que tenía un ejército complicado y heterogéneo. Estuvo dieciséis años combatiendo prácticamente con los mismos hombres que se había traído de África y de Hispania. Pero, a pesar de todo esto y de parecer que todo el mundo lo comprendía y estaba contento con él, jamás se fió de nadie. Cambiaba de lugar siempre que dormía y su ropa no era la misma. Sufrió como nadie hasta llegar a perder un ojo por infección. No disponía de guardia personal nada más que cuando iba a enfrentarse a algo o al enemigo. Pero sí cuidaba, por su bien, que sus soldados no sufrieran escasez de víveres: ni hombres ni animales. Es un tanto extraño que Aníbal se dirigiera al sur en lugar de enfrentarse de forma contundente a Roma. Si dirigió a Tarento, donde tuvo algunos percances que acabarían pasándole factura. Estaba tan seguro de su victoria que no reparó en nada. Relajó la disciplina militar y eso acabó pagándolo. Se dio cuenta de que su ejército necesitaba una reposición de hombre, necesitaba gente nueva. Pidió ayuda a Cartago pero fracasó su envío. Lo mismo que su hermano con todo su ejército que fue destruido por fallar la comunicación entre él y sus compatriotas. A tal punto llegó la situación que se vio obligado a marcharse de Italia y dirigirse a Cartago, en cuyas cercanías le esperaba ya Escipión el Africano. Se produce un enfrentamiento entre ellos que acaba con una tremenda derrota de Aníbal y su ejército. Se marcha a Cartago y allí trató de desempeñar un cargo de sufete, que no desempeñó honradamente y se vio obligado a marcharse a la corte del Rey Antíoco. La razón por la que buscó esta amistad no es otra que este rey era un acérrimo enemigo de Roma. Fue bien recibido porque conocían bien la campaña exitosa de Aníbal contra los romanos, y eso jugaba a favor de las pretensiones que planeaba Antíoco. Pero situaciones politicas en actuaciones particulares de Aníbal en la corte del rey hicieron que Antíoco perdiera la confianza con él. Lo cual no paso desapercibido para él y se vio obligado a marcharse y refugiarse en Bitinia, donde las cosas tampoco le fueron bien y acabó con su vida.

Pero sin lugar a dudas Aníbal fue un estratego genial como tal y hubiera llegado más lejos si las circunstancias de su situación en Italia hubiera sido otra. Si Roma hubiera sido atacada cuando estuvo delante de ella, probablemente la cultura occidental hubiera sido diferente a la que hoy tenemos.

BOBLIOGRAFÍA USADA

Los autores clásicos más usados son: Livio, Polibio, Apiano. La mayoría o están muy fragmentados, o tienen muchas lagunas, o poca credibidad de los hechos históricos de la época que tratamos. Nos centramos fundamentalmente en el personaje militar Aníbal y sus hazañas bélicas contra Roma.

Adolf Schulten, y P. Bosch Gimpera, HISPANIAE ANTIQUAE III: Las Guerras desde -237 a -154. Universidad de Barcelona, 1935.

Eustaquio Sánchez Salor. Orosio, Historias, I-IV. Editorial Gredos, Madrid, 1982.

Manuel Balasch Recort, Editorial Gredos. Madrid, 1981.

Manuel Balasch Recort. Polibio, L. I-IV. Editorial Grados. Madrid, 1981.

Antonio Sancho Royo. Apiano. Editorial Gredos. Madrid, 1980.

Granada, 28 de Septiembre de 2021.

LA PINTURA ENCÁUSTICA EN LOS TEXTOS CLÁSICOS GRIEGOS Y LATINOS

Introducción

El motivo de este trabajo tuvo lugar cuando se inició la investigación para llevar a cabo la redacción de la Tesis Doctoral del Profesor D. Francisco Javier Marín Marín, que inicio su estudio y documentación de citado asunto. Compartimos la dirección del mismo el Dr. A. Pérez Pineda, como orientador principal del trabajo, y el Dr. Ruiz Fernández como codirector de la parte histórica antigua referente a los autores griegos y latinos que citan esta materia como una gran novedad del arte antiguo dentro de la cultura grecolatina.                  

Por ello, nos vamos a centrar en la localización de las citas que relatan los autores, referentes a cómo apareció esta nueva manifestación del arte tanto en el mundo Romano como Griego, sus orígenes, autores y evolución a través de los tiempos antiguos. Se van a detallar cómo nació, evolucionó y culminó esta expresión de arte pictórico. Pero tal vez sea casi lo más importante situar adecuadamente a cada autor en su tiempo y circunstancias, estableciendo una especie de paralelismo entre las diversas opiniones que la mayoría de los autores citan y sus manifestaciones personales sobre este movimiento artístico. Se va a dar una traducción lo más acertada posible de los textos clásicos para evitar las dudas que se venían manifestando a través de la historia de estas técnicas y dar un carácter unitario a tales manifestaciones. Traducciones confusas, mal interpretadas y extemporizadas o confundidas a través de todo el desarrollo. Con ello se pretende dar una versión auténtica y unitaria de todos los autores que citan estas obras artísticas.

Nuestro propósito es aclarar de forma lo más acertadamente posible los momentos de esta técnica y clarificar los textos y sus versiones modernas.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

 

Inicio

Se citarán los textos originales en su propia lengua, tanto griegos como latinos, acompañados de correspondiente traducción y comentario. Se ha pretendido dar publicidad a las experiencia realizadas, con objeto de favorecer la difusión y divulgación de esta técnica pictórica. El autor latino Plinio (1) comenta en su libro al referirse al pintor Apeles, que «los descubrimientos de éste en el arte de pintar han servido a otros pintores, pero nadie ha podido imitarlo porque, terminada su obra, la retocaba con un «Atramentum» tan sutil que, al dar la luz sobre ella, destellaran sus colores y lo protegieran del polvo y de la suciedad, y así apareciera a la vista del observador». («Inventa eius et celeris profuere in arte: unum imitari nemo potuit, quod absoluta opera atramento illinebat ita tenui, ut id ipsum, cum repercussum claritates colorum omnibus excitaret custodiretque a pulvere et sordibus, ad manum intuenti demum appareret»).

Aunque sus contemporáneos conocían la Encáustica y podían investigar sobre este barniz y conseguir un medio brillante para sus obras, sin embargo esto no sucede, pues es presumible que la preparación difiera absolutamente de todas las prácticas conocidas. El misterio ha cubierto su secreto, defecto que Plinio reprocha indirectamente a la memoria del gran artista o a su egoísmo o, tal vez se produjo una muerte precipitada, como parece, al dejar una de sus obras inacabada, o a algún otro acontecimiento.

Es cierto que tanto él como los autores contemporáneos nos han privado del conocimiento de su «Atramentum». Es posible que el barniz precioso que él usaba, era una resina conocida en China que se le había comunicado, y que sólo él practicaba para dar a sus cuadros ese encanto visual tan particular, que se llevó a la tumba.

No se debe suponer jamás que un hombre honrado prive de una invención útil no sólo a su patria, sino a la humanidad entera.

Abundando en este asunto, Caylus (2) comenta en su libro un hecho relacionado con la conveniencia de comunicar las experiencias. Cuenta que «El Abad Gaetano Zumbo, pintor Siciliano y profundo en anatomía, el gusto para modelar lo dominaba sobre otras partes…Trabajaba pequeñas figuras y las coloreaba a la cera con tanta variedad como inteligencia, y sus colores, a pesar de su poco cuerpo, no han cambiado después de cincuenta años…Murió en París sin comunicar su secreto…He visto en París dos magníficas composiciones del mismo Zumbo y que pertenecen al mismo M. Boivín. Estoy persuadido de que los artistas convendrán conmigo en que, si Zumbo hubiera sido más comunicativo, hoy, a cincuenta años de su pintura, ésta sería conocida en toda Europa».

También, un aspecto muy a tener en cuenta a la hora de investigar sobre una técnica, o simplemente realizar una obra pictórica, es proveerse de buenos materiales. A este fin, Pérez Dolz (3), en el prólogo del Tratado de «Pintura» de Cennino Cennini, comenta: «Pero es curioso en aquella atrasada Edad Media, cuando los materiales eran regularmente buenos y había mucho menos probabilidades  de fraude que ahora…Los gremios velaban por la bondad de la producción de sus afiliados…por su prestigio y crédito. Sin embargo hoy día, cuando apenas hay materia libre de vehemente sospecha, y a pesar de que la experiencia nos convence luego de la ruindad de tantos materiales, nada ni casi nadie, ni aún los pintores mismos, se inquietan por la bondad, garantía de la perduración de su trabajo».

Tal inquietud por la perdurabilidad de nuestra obra ha hecho que observemos en otros su escasa preocupación por esta circunstancia en su obra. En efecto, en nuestras asiduas visitas a salas de exposiciones observamos con harta frecuencia obras en las que, bien por lo inadecuado del soporte, bien por su deficiente preparación o por la falta de adherencia y combinación entre sí de los materiales empleados, aparecen al lado del cuadros restos de pintura desprendidos del mismo. Nuestra reacción natural e inmediata es pensar ¿qué les ocurrirá a dichos cuadros cuando pasen los años?, incluso, a veces, puede desconfiarse del conocimiento del oficio que todo pintor debe tener.

Nos gustaría terminar esta introducción como Pérez Dolz (4)  finaliza el prólogo del libro aludido: «Este libro de Cennino Cennini respira todo él esa verdad, esa bondad de las cosas recias y sanas del oficio, esa rectitud de intenciones, virtudes que entre otras de orden distinto, resplandecen en las obras antiguas y de los siglos posteriores, hasta el momento en que la Ilustración enseñó a los hombres a contrahacerse así mismos. No nos hagamos ilusiones, tanto en llegar a la verdad, en cuanto a la buena preparación de los materiales de la Puntura, como en recuperar el perdido oficio de pintor. Habrá que aprender una larga y costosa, pero también sabrosa campaña, pues la depuración de los medios y de la práctica habrá de comenzar por el artista mismo».

1. H. Hackham, M. A. Pliny, Natural History, Harvard Univerity Press, The Loeb Classical Library, London, 1961,        IX. XXXV-XXXIV-97.                                                                                                                                                      2. A. C. P. Compte de Caylus, M. Majoult, Memoire sur la peinture à l`encaustique et sur la peinture à la cire,        Chez Pissot Libraireà la Croix d’ Or, Que de Conti, à Genève, 855, p. 24.                                                                  3. F. Pérez Dolz, CENNINO CENNINI, Tratado de la pintura (El libro del arte), Traducción, prólogo y notas,              ed. Meseguer,Barcelona,1968. Prólogo, apartado II, p. 9.                                                                                          4. F. Pérez Dolz, op. cit. Pról. apart. III, p. 9.

Breve introducción a la Pintura Encáustica

Se trata de un término definido en diccionarios, enciclopedias, textos clásicos y modernos. así como en opiniones de artistas e investigadores.

Aunque éstos no se ponen de acuerdo en el método preciso, en lo único en que sí lo están, es en el empleo de la cera como ingrediente principal de este procedimiento.

Hay quienes opinan que solamente es Encáustica el procedimientos en el que es necesariamente indispensable el uso del calor, relegando a variantes, o sólo pintura a la cera, a aquellos en los que ésta se emplea en frío, bien saponificándola o diluyéndola en un aceite volátil.

Y finalmente hay quienes opinan que encáustica es una técnica de pintura con cera con o sin uso del calor.

Por otra parte, en general, algunos artistas pintores, en particular, con bastantes años de oficio, al comentarles esta actividad investigadora actual, se preguntan extrañados pensando qué es esto de la encáustica.

Por lo tanto, de un tiempo acá, además de nuestras investigaciones en el estudio sobre esta técnica, nos vemos obligados a explicar, a unos y a otros, qué es encáustica.

Realizando un recorrido por los diccionarios, nos detenemos en el Diccionario Etimológico (1) para poder ver lo que es y dicen sobre la encáustica.

Este término fue incorporado a la Lengua Española en el siglo XVII. Procede del término griego «ενκαυςτος»: pintar usando el fuego. El termino «éncaustos» deriva del vervo «καιω», que significa: yo quemo. Hay muchos términos relacionados con este verbo griego clásico, y en distintas épocas.

Otros diccionarios. El Diccionario de la Real Academia Española (2) dice:                       

a) Aplícase a la pintura hecha por medio del fuego, ya con ceras coloridas y desleías aplicadas por medio de un hierrecillo caliente, ya en marfil con un punzón o buril encendido, o ya con esmalte sobre vidrio, barro o porcelana.

 b) Preparado o barniz de cera para preservar de la humedad la piedra, la madera, etc.

El Diccionario de María Moliner (3) apenas nos aporta alguna novedad con relación a lo anterior:      a) Encausto: del griego «ενκαυςτος«, » pintado con fuego»; de «καυστικος «, «incandescente»; de «καιω», «quemar». (acepción que es parecida  a la de Joan Corominas).

b) Procedimiento de pintar en que se emplea el fuego, bien con ceras coloreadas que se aplican con un punzón caliente, bien con esmaltes aplicados con un buril al rojo sobre marfil, cerámica, vidrio. Acepción muy similar a la de la del Diccionario la Real Academaia de la Lengua Española.

c) Encausto: Se aplica a las sustancias hechas con cera que se aplican sobre una superficie para cubrir los poros y dejarla limpia y brillante.

Como se aprecia en esta última acepción, en la encáustica no interviene necesariamente el calor para su aplicación, ya sea con pigmento, o para preservar la superficie de cualquier material; por tanto aquí entraría el aceite volátil como diluyente de la cera, o reducida a un temple de cera saponificada mediante un álcali.

A continuación se expone lo que nos aportan las enciclopedias:  La Gran Enciclopedia Larousse (4) nos dice: Encauste o Encausto. n. m. Arte. 1. Preparación de cera con que se impregnan las obras de mármol o de estucos, para suavizar su colorido y protección contra la humedad. 2. Pintura a la encáustica. Procedimiento de pintura a base de colores diluidos en cera fundida, que se emplean en caliente y se trabajan con una espátula de hierro calentada. (El procedimiento empleado en la antigüedad reapareció en el siglo XVIII y de nuevo en el XIX). Encausticar, v. tr. Dar el encáustico a una pared, suelo etc. Emcáustico/a, adj., pint, Dícese de la pintura o del barniz preparado con ceras. Encáustico, n. m.; Tecnol. Preparado a base de cera fundida que sirve para recubrir las superficies pulimentadas, paramentos, paredes, muebles, etc. a fin de darles brillo o preservarlos de la humedad.

Como se aprecia, aparte de servir la cera para recubrir las superficies y preservarlas de la humedad, en lo referente a las Bellas Artes, los colores son disueltos en cera caliente, al  igual que su aplicación.

Según esta afirmación, discrepamos en lo de la necesidad mantener la cera caliente para su aplicación en la pintura; pues habiendo ingredientes capaces de fundir y hacerla maleable, como son los aceites volátiles y los álcalis, su uso simplifica la preparación y empleo. Sin embargo, sí estamos de acuerdo en la necesidad del uso del calor para la cauterización final o durante el desarrollo de la obra, con objeto de ir fundiendo colores entre sí, y de éstos con el soporte.

Finalmente en la Enciclopedia de las Artes (5) se aprecia una mayor tolerancia con este concepto:    Encáustica (Pintura): Antiguo procedimiento de pintura mural y de caballete, en el que se utilizan los pigmentos mezclados con ceras refinadas de abeja, bien en estado puro o con ingredientes modificativos (por ejemplo, aceites y resinas). La pintura es ablandada y aplicada con la ayuda del calor, pero la palabra Encausto, literalmente equivaldría a una fuerte adustión o combustión de los colores, no debe interpretarse al pie de la letra, porque en ninguna de las versiones conocidas del método se llega a este extremo, empleándose para la aplicación de los colores, cera derretida, un pincel y un cestrum, instrumento que viene a ser una mezcla de espátula y cauterio.

A propósito de cauterio, volvamos a la Enciclopedia Laousse para ver lo que nos dice sobre este concepto (6). Cauterio, n. m. (lat. cauterium del griego «καυτεριον»).                                                      Cauterización, fig.: Lo que corrige o ataca eficazmente algún mal. Terapéutico: Instrumento que permite la aplicación de calor en un punto del organismo con fin terapéutico (los primeros consistían en barras de hierro calentadas al rojo, pero actualmente suelen ser de tipo eléctrico. Por extensión se da el nombre de cauterio químico a diversos álcalis y ácidos fuertes: sosa, ácido sulfúrico, ácido nítrico etc.). Cauterizar, v. tr. Curar las heridas u otras enfermedades con el cauterio. Destruir un tejido por acción de un cáustico o por cremación térmica o eléctrica. Corregir con aspereza o vigor un vicio, o tildar a uno con alguna nota o censura. Abundando sobre el cauterium, en los descubrimientos arqueológicos en los que se han encontrado estos instrumentos de pintura encáustica, algunos investigadores han querido ver instrumentos de cirugía.

Volviendo al término que nos ocupa, como hemos vistos en los diccionarios y enciclopedias, la palabra Encáustica está relacionada con lo que siempre hemos creído, o sea: pintura a base de cera.

Ellos se habrán documentado con textos clásicos y modernos lo suficiente como para realizar tales afirmaciones; por tanto, ya poco nos queda que indagar al respecto, salvo alguna que otra afirmación realizada por los investigadores y reflejadas en los textos clásicos y modernos.

CONSULTA EN TEXTOS CLÁSICOS           

Si consultamos los textos clásicos, naturalmente encontramos en Plinio una visión más de compilador que de artista.

La descripción que hace de la encáustica parece bastante correcta pero, por desgracia, omite o pasa por alto muchos detalles de estudio, quizá porque los considerara tan de dominio público que no valía la pena registrarlos.

El texto más revelador del que disponemos se encuentra en su «Historia Natural», que nos dice en su versión original: A21 Scan (Desde antiguo hubo dos maneras de pintar: a la encáustica, con cera, y sobre marfil con cestro (especie de punzón) hasta que más tarde comenzaron otras formas de hacerlo. A esto se añade un tercer modo, en el que se emplea un pincel para aplicar la cera fundida al fuego, y este procedimiento de pintar no se estropea ni aplica a los barcos, ni por la acción del sol, no por la del mar, no con el viento).

De este pasaje se puede deducir que los antiguos usaban en principio dos métodos: uno con cera, sobre tabla u otro paramento, y el otro sobre marfil, en caliente con las consabidas espátulas. Posteriormente surgió un tercer método, con el cual se disolvían o resolvían  las ceras y se aplicaban con el pincel.

Pero lo que no dice Plinio con claridad es el modo de manipular la cera para poder aplicarla con el pincel.

Intuimos que, dado que los antiguos conocían los aceites volátiles, estos pudieran ser los que disolvieran la cera y hacerla dúctil al pincel.

También podría ser otra manera de hacer maleable la cera, si analizamos la frase de Plinio: » Resolutis igni ceris penicilio utendi». Uso del pincel con cera disuelta al fuego. Sería un álcali el producto empleado para resolver la cera y conseguir de ella un temple soluble en agua y aplicada con el pincel.

Plinio nos habla de la resolución de la cera por medio de la sosa.                                      Las interpretaciones de los textos de Plinio, Dioscórides. Vitruvio et., realizadas por investigadores y artistas a lo largo de la historia se verán más adelante (III), Métodos de Pintura Encáustica, y VI, Restablecimiento de la Encáustica.

OPINIONES DE ARTISTAS E INVESTIGADORES

Finalmente vamos a referir y citar algunos ejemplos sobre lo que opinan de la encáustica ciertos investigadores y artistas.

Según Scheffer (7), la encáustica es un término micho más amplio. Sobre esta materia nos dice: «Encauste pingunt inustione; est autem Artis huius triplex fere ratio: nam fit, aut ceris, aut coloribus, aut vitro. Ceris in ligno; coloribis in ebore, aut ferro, aut fictilibus in vitro, denique Auro». (Encáustica; esto es, pintar con fuego, la cual se hace de tres maneras: con ceras, colores o al pastel. Ceras sobre madera, colores sobre marfil, hierro o cerámica y, por último, pastel sobre oro»).

Para Scheffer sólo es encáustica aquella en la que se emplean los colores en caliente.  Además de él podríamos citar a un elevado número de pintores e investigadores que opinan igual. Citamos a modo de ejemplo algunos. Opinan que encáustica es cera y resina mezcladas con los colores y empleadas en caliente: Caylus, Cros y Henry, Diego Rivera, Schmidt, Ralf Mayer, José Aguiar, guajardo, Jasper Jhons, Jean Chacot, Dr. Alt, Frederic Amat, etc.

Otros opinan que encáustica es sólo aquella que se utiliza en frío, mezclando la cera y la resina disuelta en un aceite volátil. entre estos destacamos a Giovanni Fabroni, Paillot de Montavert, Duroziez, Fernbach, Paul Carpentier, Gambier Parry, Artur Church, diego Rivera, Pancho de la Torre, Anselmo Miguel Nieto, José Aguiar, etc., y por último a Jean Jacques Bachelier, Raimundo di Sangro, Vicente Requeno, Juan María Astori, Pedro García de la Huerta, José Alfonso Cuní, etc., quienes interpretan a Plinio, entendiendo la encáustica como técnica con pincel, cera saponificada por medio de un álcali.

Sería muy complejo enumerar en este apartado a todos y cada uno de los pintores encáusticos y sus fórmulas y modos de entenderla. Se aprecia en la relación expuesta que algunos pintores se repiten por emplear indistintamente uno u otro método; incluso hay algunos que utilizan fórmulas mixtas, usando en la misma obra distintos modos. Sólo nos interesa reflejar el hecho de que no todos opinan igual al interpretar a los antiguos en sus modos de emplear la encáustica.

Hay algunos que evolucionan con el tiempo. Según esto, Cros y Henry (8) comentan en su libro lo siguiente: » A menudo, mientras los objetos cambian, las designaciones quedan. Decimos todavía CAUTERIZACIÓN por el nitrato de plata, tanto que en este proceso no había ni hierro, ni fuego. Incluso, por la evolución de las ideas, la palabra ENCÁUSTICA ha llegado a designar un proceso en el cual el fuego no jugaba más que un papel secundario e incluso nulo».

Notas.- 

1) J. Corominas, Diccionario crítico y etimológico castellano e hispánico, Ed. Grados, Madrid, 1980, T. I, p. 138.                                                                                             

2)  REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la Lengua Española, ed. Espasa Calpe, Madrid, 1956, t. I, p. 527.                                                                                                 

3)  María Moliner, Diccionario de uso del español, ed. Gredos, Madrid, 1980, t. II, p 101.                      

4) Gran Enciclopedia Larousse, ed. Plante, Barcelona, 1988, t. VIII, p. 3671.               

5)  D. Runes y H.G. Schrikel, Encyclopedia of the Arts, ed. Philosophical Library of New York (sin fecha), t. I, p. 545-546.                                                                                         

6) Gran Enciclopedia Larousse, op. cit, t. V, p. 2089.                                                             

7) J. Scheffer. Grafice, id est, de arte pingendi, Nürenberg, 1669, p. 54.                       

8)  H. Cros et Ch. Henry, L’Encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, Paris, 1884, p. 35.

 

ORÍGENES DE LA ENCÁUSTICA

 

Evolución histórica

Es natural la curiosidad humana, fundamento, por otra parte, de toda investigación  e interés por conocer tanto las circunstancias como los orígenes de una muestra cultural que nos ha precedido. Sólo podemos conocer bien el presente, si conocemos el pasado.

En este sentido, es normal que desde la perspectiva investigadora, y a partir del punto de mira de este trabajo, dediquemos un espacio a los orígenes de la encáustica y a su desarrollo a lo largo de los siglos. De este modo podemos comprender mejor con toda seguridad (aunque sólo sea de forma somera, puesto que el objetivo de este trabajo no es teórico, sino práctico), el porqué de su caída en desuso a lo largo de muchos siglos, y el porqué de un incipiente interés y tratamiento por parte de unos pocos artistas pintores.

La búsqueda del origen de la encáustica concretamente, y el descubrimiento de un creador individual de la misma,  es una tarea vana e inútil, aunque ciertamente, y por la influencia de la cultura renacentista, basada en gran parte en el protagonismo individual del hombre, no deja de preocupar al investigador actual. Pero si pretendiéramos dar solución a este enigma, nos encontraríamos ante un problema similar sobre quién fue el creador de la escritura, o quién fue el autor del poema del Mío Cid, si es que lo hubo.

Por tanto, a lo más que podemos aspirar es a realizar una visión panorámica sobre los pueblos y sociedades que sirvieron de base a un procedimiento pictórico tan antiguo, y que tan frescas y vivas muestras nos ha dejado a la contemplación actual.

El origen de la encáustica debe estar ligado al de la pintura en general, ya que Plinio (1)  nos dice al respecto: » El origen de la pintura no está claro. Los egipcios afirman que fueron ellos los que lo inventaron seis mil años antes de pasar a Grecia; vana pretensión, como es evidente».(De picturae initiis incerta nec instituti operis quaestio est. Aegipti sex milibus annorum apud ipsos inventam, priusquam in Graeciam transiret, adfirmant, vana praedicatione, ut palam est).

Sin embargo atribuye el invento de la pintura a los egipcios. Sin duda en este pasaje sigue Plinio una fuente griega deseosa de atribuirse el mérito.

Sobre el origen de la encáustica vamos a realizar un recorrido cronológico comenzando por Egipto, siguiendo por Grecia y terminando en Roma.

EGIPTO

Se ignora en qué  precisa época comenzó, aunque parecer ser que tuvo lugar tras la conquista de Egipto por los macedonios (2)

Aunque la pintura no ocupara,  como les ocurre a la arquitectura y escultura, un lugar preponderante, los egipcios, vencedores de la materia y perpetuadores de la idea del espíritu, realizaban sus obras para la posteridad, sin importarles el sacrificio que suponía. Para ellos sólo eran materiales nobles aquellos que perduraban; por eso dominaban la técnica del trabajo en piedra y derivados, o sea, las pastas vítreas y los esmaltes y, aunque en menor importancia, la pintura ya sea al fresco, al temple o a la encáustica.

Aunque no está generalmente admitido que la encáustica provenga de la primitiva civilización egipcia, es probable que así lo fuese.

Los egipcios eran maestro en la obtención de materiales y en las técnicas, entre las que destacan el conocimientos de las pastas. Los perfumes, por ejemplo, se usaban tanto líquidos como incorporados a una emulsión grasa. Conocían la cualidades de los productos naturales, especialmente la cera, empleada en embalsamamiento, así como en los secretos de emulsiones y fusiones. No es extraño que conocieran la técnica de la encáustica en todas sus variantes.

El conocimiento de la cera era evidente, pues las abejas tenían un gran significado para los egipcios primitivos y, por tanto, sus productos serian conocidos y explotados. Lo demuestra el hecho de que, antes de que Menes, primer faraón, unificase el Alto y Bajo Egipto, el reino occidental del Delta tenía como símbolo la abeja, y ésta aparece grabada en relieves como puede observarse en el retrato funerario de Kefren y en la inscripción de un trono de Micerinos.

El hecho de que conocieran el esmalte, y llegaran a él a través de la fundición de silicatos (arena, cal, carbonato sódico, carbonado de cobre, etc.), afianza la posibilidad del conocimiento de la encáustica.

Las pintura murales de Mari (s. XVII a. de C.) han subsistido a través de milenios como prodigio de conservación de los colores, tal ves debido a que en su factura al temple (como después hacían los griegos y romanos),  entraran las ceras y resinas sobre dicho temple, para protegerlo de la humedad, o mezcladas con pigmentos, como ocurre en la encáustica.

Los egipcios (4) en los trabajos portátiles adicionaban cera a los colores que disolvían con aceites; también utilizaban la cera y diversos barnices para proteger la pintura, e hicieron uso de diferentes resinas disueltas en óleos fijos y volátiles.

Las necrópolis tebanas del siglo XV a de C. y los hipogeos de Beni-Hassan constituyen magníficos testimonios de las cotas conseguidas en la pintura egipcia, en la que destacan el colorido preciosista, fresco y un delicado diseño inconfundible.

GRECIA

¿De qué forma se pudo propagar esta técnica desde Egipto a Grecia?

Muy probablemente fueron los fenicios quienes, como expertos navegantes, ya que estaban al servicio de los egipcios y absorbieron parte de su cultura, aportarían estas técnicas y conocimientos artísticos, como se aprecia en los platos fenicios de estilo egipcio que se conservan en el Museo del Louvre. Como sus naves recorrían las islas del Egeo hasta las costas de Tracia y la embocadura del Helesponto, los griegos pudieran aprenderla de éstos y, a su vez, con toda seguridad la perfeccionarían, dada su capacidad creadora, como se aprecia en un pasaje de Plinio (5): «No se sabe cuál es el primero que ha imaginado pintar con cera y quemar las pinturas. Algunos piensan que Arístides fue el inventor y que Praxíteles la perfeccionó». (Ceris pingere ac picturam inurere quis primus excogitaverit, non constat. Quidam Aristidis inventum putat, postea consummatum ab Praxitele). 

Si los cartagineses fueron los que usaron con mayor asiduidad la cera púnica y eran maestros en su purificación y blanqueado, no es muy arriesgado pensar que pudieran adquirir esta técnica de Útica, colonia fenicia situada no muy lejos de Cartago. También pudiera ser que, dado el peregrinaje de los griegos al puerto de Byblos, en la costa de Líbano, llevaran consigo dicha técnica.

Posteriormente durante la época Saíta, los griegos tuvieron las fronteras abiertas para su comercio con Egipto. Ello motivó que fuera visitado por Platón, Herodoto y otros escritores, y posiblemente éstos fomentaran entre los griegos las formas y técnica que habían observado en Egipto.

Finalmente, durante la época de Ptolomeo, Egipto era casi una colonia griega, en la que se fundieron las dos culturas. Es precisamente de esta época la costumbre de retrarar al difunto para introducir su rostro en la parte superior de la momia. De estos retratos se han encontrado gran variedad en El Fayum y que se verán más adelante en el apartado «Descubrimientos Arqueológicos».

El hecho que fuesen los griegos quienes perfeccionaron esta técnica y la usaran con mayor profusión, así como el que los escritores contemporáneos lo reflejaran en sus escritos, ha hecho pensar que fueron ellos los que inventaron la encáustica.

Plinio (6) incurre en inexactitudes y atribuye el invento a Arístides de Tebas, que vivió en los años 340 a. de C.

Sin embargo, como él mismo reconoce: » Pero preexistieron pintores que usaban la ténica de la pintura a la encáustica». (Sed aliquanto vetustiores encausticae picturae exstitere).

Suponemos que estos artistas anteriores fuesen egipcios.

Lo que se ignora realmente es cuándo la encaústica fue perfeccionada.

Parece ser que esto sucede en el siglo V a. de C. cuando Polignoto de Tasos pintó memorables murales en el templo de los Dióscuros de Atenas y las decoraciones murales de los Pórticos de los Cnidos, en Delfos. Junto a éste se encuentran los célebres Pausias y Arístides, quienes emplearon con mayor profusión la encáustica en Grecia. El más famoso en su dominio fue Pausias.

A partir de aquí, la encáustica se propagó a Creta, Fenicia, Cartago y Roma, pero nunca con la intensidad de Grecia.

ROMA

A raíz de su introducción en Roma, donde existe el mejor exponente en las «encáusticas pompeyanas», y que se estudiarán aparte, esta técnica fue decayendo a lo largo de los años por el mejor empleo de otros procedimientos, como ocurrió por el método introducido por Tadio que,  dado el poco gasto y facilidad de su ejecución, se propagó rápidamente. Plinio (7) lo cita como su método: » También introdujo el arte de pintar las ciudades costeras decoradas con terrazas. de agradable efecto y pequeño costo». (Iden subdialibus maritimas urbes pingere instituit blandissimo aspectu minimoque inpendio).

El elogio que hace Plinio de Tadio es bastante moderado y común. No se cita indicio alguno de cera en Plinio cuando describe el método de Tadio, ni tampoco de gomas, sino de cola animal.

Sin embargo Requeno, cuando intenta restablecer el método tadiano, sí incorpora cera a la mezcla de cola y colores.

Por otra parte no se hallan en Vitruvio, ni Plinio, ni Harduino, ni Guevara, ni en algún otro, el empleo de cera en ese método, a pesar de lo que diga Requeno.

Por lo tanto, pensamos que fue a partir de ese momento cuando el método de la encáustica decayó y dejó de usarse a su restablecimiento por parte de Requeno, entre otros, como se verá más adelante.

 

LA ENCÁUSTICA EN LOS TEXTOS CLÁSICOS

Sobre las pinturas antiguas y los pintores que las ejecutaron, no nos queda otra cosa que el tomo XXXV de la «Historia Natural» de Plinio (9).

En éste se aprecian algunas lagunas relativas a la explicación de la técnica del arte, sin la cual no se puede llevar a su desarrollo.

¿Creía Plinio que nadie de su tiempo podría no ignorar los procedimientos? ¿Pensaba que los numerosos tratados especializados que él había consultado sobrevivirían largamente a su tiempo?

Los libros eran, para la mayoría, escritos por los pintores y de los más célebres, de los que citamos como ejemplo a Apeles, Eufranor y algunos más.Desgraciadamente de estos artistas no queda más que la gloria de su nombre y de sus libros; sólo algunas palabras citadas por azar, o alguna que otra frase.

Por los textos se aprecia que en la antigüedad se conocía la existencia de la cera en las creaciones artísticas.

En las odas falsamente atribuidas a Anacreonte (10) hay una dedicada a una pintora, donde se dice: Pinta a mi amiga, pinta estos cabellos flexibles y negros, y si la cera no puede, píntalos exhalando mirra»El texto origninal griego dice:

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En la Antología Griega (11) hay varios epigramas donde la cera es mencionada a propósito de la pintura. en un fragmento sobe un cuadro que se encuentra en Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, procedente de Pompeya, y que representa a Medea que se prepara para matar a sus hijos, se lee: Ve, huye en la cera, asesina de niños, pues el trazo hace presentir ya hacia dónde tiende el furor sin mesura. El texto original griego dice: A35 Scan

Séneca (12) parece identificar la pintura con la encáustica en esta frase: El artesano es maestro con sus herramientas; el piloto sabe manejar el timón del navío; el pintor ha colocado delante de sí numerosos y variados colores para conseguir un parecido. Los reconoce con prontitud y entre la cera y su obra puede actuar a su gusto con la mirada y la mano». (Artifex instrumenta sua tractat ex facili: rector navis scit gubernaculum flectere, pictor colores quos ad reddendam similitudinem multos variosque ante se posuit, celerrime denotat et inter ceram opusque facili vultu ac manu commeat).

Estacio (13) Dice: «Las ceras de Apeles estarían dichosas de reproducir sus rasgos. (Apellae cuperent te scribere cerae).

Así lo siente Scheffer y lo aseguran los poetas y los autores antiguos, en quienes es muy común el estilo y la frase de nombrar las ceras para explicar las pinturas: » recorre con tu mirada las máscaras de cera colocadas en los amplios atrios». Perlege dispositas generosa per atria ceras) (14). Embruja a los ausentes y modela figuras de cera». (devovet absentes simulacraque cera fugit) (15). ¿Tantas estatuas de mármol y de bronce que reproducen los rasgos y esplendor del color?  (¿Tot saxa imitamtia vultu tot scripto viventes lumine ceras fixisti? (16) (Apellae cuperent te scribere cerae) (17).

Como puede verse en los pasajes siguientes, era una preocupación muy particular por la cera y sus excelencias, la que tenían los antiguos.

San Basilio (18) dice: «La madera y el arte de pintar llevan a buen término a una imagen perecedera, imitación de un ser perecedero». La versión original dice:A37 1 Scan

Constantino bibliotecario (19) comenta: «Nosotros no asociamos la divinidad simple e inicial a formas y a imágenes, y no son las ceras ni las tablas las que nos han enseñado a honrar su substancia absoluta y eterna». El texto original dice:A37 2 Scan

Severo de Alejandría (20) hace unas reflexiones sobre un pintor enamorado de una joven que él había pintado: «nada es más poderoso que la belleza, puesto que pùede seducir incluso por los colores y que ella hace sucumbir las almas por los medios materiales. Ella fluye con la cera coloreada y fuerza al pintor a gustar de su obra, prestando, por así decir, una voz a la cera y uniendo la palabra a la pintura». El texto dice así:A37 3 Scan

Boecio (21) menciona entre las tareas de la pintura: » Las tablas confiadas a las manos de los obreros, las ceras recogidas por la observación de los agricultores, las materias colorantes adquiridas por la habilidad de los mercaderes, las telas elaboradas por laboriosos talleres de tejidos». (At picturae manibus tabulae commissae fabrorum, cerae rustica observatione decerptae, colorum fuci mercatorum sollertia perquisiti, lintea operosis elaborata textrinis multiplicem materiam praestant).

San Nazario (22), en el Panegírico Constantino, escribe: «Estos tratados no pueden desaparecer, ellos son fijados por los pintores del universo y no toman prestado su brillo por la recomendación de la cera o del estallido de los colores; el sentimiento de las almas las vuelve inmortales». (Abolerit hic vultus non potest; universorum pictoribus infixus est, nec commendatione cerae aut pigmentorum fucis retinet; sed desiderio efflorescit animorum).

Ovidio (23) describe un barco, y se expresa así: «La popa a la mar de los dioses celestes pinta colores quemados». (…et picta coloribus ustis Caelestum matrem concava puppis habet).

Marcial (24), en un epigrama sobre un cuadro representando a Faetón herido por el rayo, dice: «Faetón está para tí pintado al fuego, en este cuadro; quieres tú que Faetón que sea quemado por segunda vez». (Encaustus Phaeton tabula tibi pictus in hac est; Quid tibi vis, dipyron qui Phaetonta facis?).

Plutarco (25) dice: «La vista de una mujer bella deja en el corazón indiferente una imagen pálida y rápidamente se borra como un temple; en el corazón de un amante una impresión fijada al fuego, como una pintura a la Encáustica».

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Paulino (26) al escribir una carta a Sulpicio Severo, dice: «Gracias a Dios que, por una pintura más duradera y vibrante, había pintado nuestra imagen no sólo sobre tablas de madera que se pudrieran, ni con ceras líquidas, sino en las tablas de su corazón». (Gratias autem Domino quod perenni magis et vivente pictura imagines nostras non in tabulis putribilibus neque ceris liquentibus sed in tabulis cordis tui pinxit).

Anastasio el Sinaíta (27) da una definición de un cuadro: «Esto no es otra cosa que madera, colores mezclados con cera y quemados». A39 Scan

Pensamos que muestra suficiente la serie de textos descritos, en los que se aprecia el hecho incuestionable del uso de la encáustica entre los antiguos, así como el canto a las excelencias de la cera por parte de alguno de ellos.

 

PINTORES PIONEROS

La única constancia que nos queda de la pintura encáustica y los artistas que ejecutaron su obra en dicho técnica, son los escritos de sus contemporáneos, entre los que se encuentran, Plinio, Dioscórides, Vitruvio etc.

De entre ellos destaca Plinio (28) con sus 37 libros de investigaciones acerca del universo, llamados «Historia Natural» (Naturales Historiae). Es una compilación erudita, sin método, sin crítica, sin aportaciones científicas originales, pero muy precisa por la cantidad de datos transmitidos.

Dedica a los minerales y a sus usos, a las Bellas Artes y a las piedras preciosas, los libros XXXIII a XXXVII.

Plinio Incurre en inexactitudes y atribuye al invento de la encáustica al pintor Arístides de Tebas,  que vivió por los años 340 a. de C. Sin embargo, como él mismo observa,  se conocían pinturas de este tipo ejecutadas por artistas anteriores.

En su obra citada dice: «No sé con exactitud quien fue el primero que pintó con ceras y descubrió el procedimiento de la encáustica. Unos piensan que Arístides fue el inventor, y Praxíteles quien lo perfeccionó; pero quedan pinturas a la encáustica bastante más antiguas, como las de Polignoto, Nicanor, Mnesilas, los tres de Paros. También Elasipo de Egina puso en una de sus pinturas»ενεκαεν» (grabó al fuego), cosa que en verdad no hubiera hecho si no hubiera conocido la encáustica». (Ceris pingere ac picturam inurere que primus excogitaverit non constat. Quidam Aristidem inventum putant, postea consummatum a Praxitele; sed alinquanto vetustiores encausticae picturae exstitere ut Polignoti et Nicanoris et Mnesalai Pariorum. Elasippus quoque Aeginae picturae suae incripsit: ενεκαεν quod profecto non fecisset, nisi encaustica inventa) (29).

Plinio continúa con el relato y dice: «Así mismo, Pánfilo, el preceptor de Apeles, no sólo pintó a la encáustica, según dice, sino que incluso enseñó la técnica a Pausias de Sición, el primero célebre en este género. Este era hijo de Brietes, y al principio fue también su discípulo. El fue quien pintó a pincel cuando se restauraron unas paredes en Tespias, que habían sido pintadas anteriormente por Polígnoto». (Pamphilus quoque. Apellis praeceptor, no pinxisse solum escausta, sed atiam docuisse traditur Pausaniam Sicyonium, primum in hoc genere nobilem. Bryetis filius hic fuit eiusdemque primo discipulus. Pinxit et ille pennicillo parietes, Thespiis cun reciferentur quondam a Polignotos picti) (30).

Y dice también: «Y con ellos se hicieron famosos e inmortales: Eufranor de Istmia, Cidias, Nicias, Atenión de Maronea, Glaución de Corinto, Heraclides de Macedonia, Metrodoro, Timómaco de Bizancio, Aristolao, Nicófanes, Sócrates y otros artistas menores, cuyos nombres la historia ha inmortalizado». (Post eum eminuit longe ante omnes Euphranor Isthmius, Cydias, Nicias, Athenion Maronites, Glauconis Corinthii, Heraclidi Macedoni, Metrodurus, Timomachus Byzantius, Aristolaus, Nicophanes, Socrates, hactenus indicatis proceribus in utroque genere non silebuntur) (31).

Como se aprecia, fue Pausias el más célebre en este genero de pintura, aunque se le consideró inferior a Polígnoto por comparación, pero porque se había establecido en un género que no era el suyo. Fue el primero que se dedicó a pintar los casetones de los techos, pues antes de él no se acostumbraba a decorar así las bóvedas. Pintaba cuadros pequeños, sobre todo de niños. Sus rivales decían que esto lo hacía porque era lenta aquella técnica pictórica. Entonces él, para demostrar su rapidez, terminó en un solo día un cuadro llamado «hemeresios» (pintado en un día), que representa a un niño.

Pero Pausias pinto también cuadros de gran tamaño, como el «Sacrificio de los Bueyes», que se pudo contemplar en el pórtico de Pompeyo.

Después de éste, quien sobresale por encima de todos los demás es Eufranor de Istmia, que vivió por la olimpiada 104.

A la misma época perteneció Cidias, del cual compró Hortensio el Orador un cuadro de «Los Argonautas» por 144.000 sestercios.

Nicias pintaba mujeres con enorme precisión. Observaba sobre todo la luz y las sombras, y se ocupaba muy especialmente de resaltar sobre el fondo de sus cuadros los temas que representaba.

Es comparable a Nicias y, a veces, preferido a Atenión de Maronea, discípulo de Glaución de Corinto, más sobrio en el colorido y más alegre también, dentro de su austeridad, de modo que hasta en su pintura resplandece su ciencia (32).

De este modo podíamos seguir citando las características más sobresalientes de estos pintores.

Los artistas más destacados gozaban del aplauso y admiración del pueblo, llegando algunos a conseguir ciudadanías honoríficas. Tal es el caso del insigne Polígnoto de Tasos que pintó  memorables murales en el templo de los Dióscuros de Atenas, y las decoraciones murales de los pórticos de los Cnidos, en Delfos.

Es precisamente éste, junto con los celebrados pintores Pausias y Arístides, los que utilizaron en sus murales la encáustica en su más alta perfección y dominio, consiguiendo un amplio desarrollo artístico.

La pintura de Polígnoto, por testimonios e sus contemporáneos, era realmente extraordinaria, y no de perspectiva monofocal, sino que, al realizarse como friso, estaba concebida para ser contemplada desde varios puntos de vista.

No obstante, como se ha dicho anteriormente, fue Pausias el verdadero maestro e la encáustica, consiguiendo un pleno dominio sobre esta técnica, que es particular mente lenta y difícil, alcanzando una excelente vivacidad cromática.

Plinio (34) cita también a las mujeres que pintaron a la encáustica: «Timarete, hija de Micón, pintó una Diana que estaba en Éfeso, de estilo muy arcaico; Irene, hija y discípula del pintor Cratino, una niña que está en Eleusis; Calipso, un viejo, y al prestidigitaor  Teodoro; y Alcístenes, el juglar; Aristarete, hija y discípula de Neaco, un Esculapio; Iea de Cícico, que permaneció doncella siempre, un M. Varrón, de joven; también pinto con el pincel y ayudada con punzón, unos retratos de mujeres en marfil, entre los que destaca una vieja en un cuadro de gran tamaño que está en Nápoles, y un autorretrato pintado con un espejo. No hubo mano más rápida para la pintura, y la grandeza de su arte fue tal que por sus precios se pone por delante de los más celebrados artistas de su tiempo, Sópolis y Dionisio, cuyos cuadros llenan las pinacotecas.  

También pintó una tal Olimpia, de la que sólo se recuerda que tuvo como discípulo a Autóbulo» (Timarete, Miconis filia, dianam, quae im tabula Ephesi est antiquissmae picturae; Irene, Cratini pictoris filia et discipula, puellam, quae est Eleusine, Calypso, senem et praestigiatorem Theodorum, Alcisthenem saltatorem,; Aristarete, Nearchi filia et discipula, Aesculapium, Iaia Cycicena perpetua virgo, M. Varronis iuventa Romae et penicillo pinxit et cestro en ebore imagines mulierum maxime et Neapoli anum in grandi tabula suam quoque imaginem ad speculum, nec ullius velocius in picturam manu fuit, artis vero tantum, ut multum maniprestiis antecedere celenerrimos eadem aetate imaginum pictores Sopolym et Dionysium, quoerum tabulae pinacothecas inplent. Pinxit et quaedam Olimpias, de qua  hoc solum memoratur, discupulus eius fuisse Autobulum).

La encaústica continúa triunfando en Roma bajo el reinado de Augusto.

Plinio (35) dice: » No hay que menospreciar a S. Tadio, de la época de Augusto, por ser el primero que introdujo atractiva técnica de la pintura en paredes, pintar villas, pórticos y jardines…». (Non fraudando et S. Tadio divi Augusti aetate, qui primus instituit amoenissimam parietum picturam, villas et porticus ac topicaria opera…).

Notas.-

  1. H. RACKHAM, M. A., Pliny Natural History, Harvard University Press, The Loeb Classical Library. London, 1961, lib. XXXV, V.
  2. H. CROS, Y CH. HENRY, L’ encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, Parín, 1884, p. 57.
  3. E. DRIOTON, Y J. VANDIER, Historia de Egipto, ed. Universitaria, Buenos Aires, 1964, cap. VIII, p, 81.
  4. PRISSE D’AVENUES, Histoire de l’ Art égiptien, 1979, p. 291.
  5. H. RACKHAM, M. A., Pliny Natural History, op. cit. XXXV, XXXIX.
  6. Ibidem, XXXV, XXXIX.
  7. Ibidem, XXXV, XXXVII, 17.
  8. V. REQUENO, Saggi sul ristabilimento dell’ antica arte del Greci e Romani Pittori, Venezia, 1784, t. I, pp. 329 ss.
  9. J. BAYET, Literatura latina, Plinio el viejo, ed. Ariel, Barcelona, 1972, pp 386 ss.
  10. M. L. WEST, Carmina Anacreontica, ed. Teubner, Leipzig, 1984, 16 )15, B) v. 5-10; y ed. Baxter, Leipzig, 1793, Od. 28, p.104.
  11. ANTOLOGIE GRECQUE, ed. Belles Lettres, 1961, liv. IV, IX, 9.
  12. FRECHAT ET H. HOBLOT, Seneque, Lettres à Luciclius, ed. Belles Lettres, Perís, 1971, V. èpit. 121, frag. 5.
  13. H. FRÈRE, ET H.S. NOBLOT, Stace. Belles Lettres, París, 1961, liv III,1, 95-96.
  14. H. LE BONNIEC, P. Ovidius Naso, Fastorum Liber Primus, coll. de Textes Latines Commentés, París, 1965, v. 191.
  15. F. MOYA DEL BAÑO, Ovidio, Heroidas, C. S. I. C., Madrid, MCMLXXXVI.               Hypsipypile Iasoni, v. 91.
  16. H. FRÈRE, ET H. S. IZAAC, Stace, Silves, Hercules Sorretinus Pollii felicis, París, 1961, t. I, liv, III, v. 94-96.
  17. H. FRÈRE, ET H. S. IZAAC, Stace Silves, edit Belles Lettres, París, 1961.
  18. H. CROS, Y CH. HENRY, L’ Éncaustique, Libraire de L’Art, París, 1884, p. 5, cita a S. Basilio en su Homilía contra los Sabelianos (p. 805).
  19. DUCANGE, Constantino Dibliotecario, Glosarium meiae et infimae graecitatis. Homilía para los mártires. Lyón, 1688, col 648
  20. DUCANGE, Severo de Alejandría, Homilía para los mártires, Glossarium… Lyon, 1688, col 648.
  21. H. CROS, Y CH. HENRY, op. cit. p. 6 (Boecio: Prefacio a la Aritmética).
  22. V. J. HERRERO LLORENTE, San Nazario. Panegírico a Constantino I, cap. XX, frag. 4, ed. Aquilar, Madrid, 1969.
  23. R. CORNALI, p. Ovidio Nasone, I Fasti, Collezione di Classici Greci e Latini, Torino, 1949, lib. IV, v. 275-276.
  24. W. M. LINDSAY, M. VAL. MARTIALIS, Epigrammata, Oxonii, 1969, lib. IV, XLVII, v. 1-2.
  25. PLUTARCO, Amatorio, ed. Belles Lettres, 1961, t. IX, V.
  26. H. CROS, Y CH. HENRY, op. cit. p. 9, Paulino, carta XXX dirigida a Sulpicio Severo.
  27. DUCANGE, op. cit. Anastasio el Sinaíta, Sermón sobre el sábado, Sínodo VII, acta IV, col. 649.
  28. J. BAJET, op. cit. cap. VIII, p. 286.
  29. H. RACKHAM, M. A., op. cit. XXXV,XXXIX, 121.
  30. Idem, XXXV, XL, 123.
  31. Idem, XXXV, 128-138.
  32. A. CIRICI PELLICER, La Pintura y la Escultura en la Edad Antigua. Pintura del siglo IV sw Zeuxys a Apeles, ed. Amaltea, Baecelona, 1949, p. 116.
  33. Idem, p. 162.
  34. H. RACKHAM, M. A., op. cit., XXXV, XL, 147-148.
  35. H. RACKHAM, M. A., Plinio, Naturales Historiae, edición crítica nos muestra la versión más acertada sobre el nombre correcto del pintor Tadio, quien en las copias latinas medievales, en general, figura con el nombre de Ludio Romano. Aquí se ha elegido la lectio difficilior que se cita en este autor, XXXV, XXXVII,16  La misma observación y crítica cabe plantearse con el nombre de «Iea» de Cícico. Los textos medievales nos ofrecen una forma corrupta «Lala» que ha sido reconstruida por este mismo autor en M. H. XL, 147-148. El texto utilizado es de la Editorial Loeb, Laipzig, 1892.

 

 

 

LOS MÉTODOS EN LA PINTURA ENCÁUSTICA

 

De los escasos testimonios legados por la antigüedad Clásica, ninguno nos llegó de un verdadero artista, circunstancia que no facilita el completo entendimiento de lo que nos transmiten. teniendo, por consiguiente, la ineludible necesidad de interpretar estos textos, con el riesgo de dar una interpretación no ajustada a los hechos que ocurrieron.                                                                                    Los textos más reveladores sobre los procedimientos usados por los antiguos se encuentran en la «Historia Natural» de Plinio, quien se limitó, tras la consulta de más de dos mil volúmenes pertenecientes a otros escritores, a hacer una compilación de todas ellas. En el campo de las artes, Plinio toma como autores más importantes a:

  1. Extranjeros: Jenócrates de Sición, Duris de Samos y Antígono de Caristo.
  2. Latinos: Licinio Muciano, Pasiteles de Nápoles y Varrón.

De Jenócrates de Sición toma todo lo relativo a estatuaria y pintura, reflejado en los libros XXXIV y XXXV; y permite reconstruir parcialmente las obras y todas de pintores y escultores. De Duris de Samos y Antígono de Caristo, toma anécdotas biográficas y leyenda atribuidas a diversos artistas y a sus obras; de Licinio Muciano, datos sobre obras de arte y artistas de Asia Menor; de Pasiteles de Nápoles, la estructuración del contenido, orden alfabético y calidad en la obra de la estatuaria y pintura. En cuanto a Varrón, su obra fue conocida y utilizada por Plinio con mucha profusión.              Se sabe que algunos de los autores citados en los índices la de Historia Natural, solo tenían referencia a partir de las obras de Varrón. Además de éstos, también toma notas de Valerio Antias, Cornelio Nepote y Anio Fetial.                                                                                                                                                 Son conocidas las anécdotas que Plinio reproduce con entusiasmo sobre los cuadros que representan naturalezas muertas tan reales que engañaban a los animales e incluso a algún pintor, como Parrasio. El texto más revelador se encuentra en el t. IX, XXXV, 41, siendo fundamental para todos los estudios sobre la encáustica. Su contenido es como sigue:

«Encausto pingendi duo fuere antiquitus genera: cera et in ebore cestro, id est   vericulo, donec classes pingi coepere; hoc tertium accesit resolutis igni ceris penicillo utendi, quae pictura navibus nec sole nec sale ventisve corrumpitur» (1).

Hay varias traducciones de las que destacamos sus respectivos aspectos positivos y negativos:

Traducción de María Esperanza Torrego (2): « Hubo dos maneras de pintar a la encáustica en la antigüedad; se pintaba con cera sobre marfil con ayuda de un cestro, es decir, de un punzoncito, hasta que se empezaron a decorar las flotas de guerra; entonces se añadió un tercer procedimiento, que consistía en utilizar el pincel después de haber disuelto la cera en el fuego. Este tipo de pintura sobre las naves no se estropeaba ni con el sol, no con el viento ni con la sal».

Traducción de Cros y Henry (3): «Antiguamente eran los métodos de pintar a la encáustica. Uno con cera, y el otro sobre marfil, valiéndose de un cestro, es decir, un verículo. Se añadió posteriormente un tercer método, en el cual se disolvían las cera con fuego y se aplicaban con el pincel, pintura que en los barcos no se alteraba por la acción del sol, ni por el agua salada, ni por la de los vientos».

Traducción de Jerónimo de la Huerta (4): «Es cosa cierta aver havido antiguamente dos diferencias de pintura, encáustica, con cera, y en marfil con cestro, este es buril caliente con fuego, hasta que començáron a pintarse las naos. Iuntose este tercer modo de pintar, derretiendo las ceras al fuego. usar del pincel, la cual pintura en las naos, no se borra, ni se deslustra con el sol, ni con la sal ni vientos».

Traducción e interpretación comentada por Oliver Rubio (5): «Antiguamente hubo dos modos diferentes de pintar con la técnica de la encáustica: con cera y en marfil. entendemos que los dos métodos usan un aglutinante más o menos común, a base de cera, pero con distinta aplicación. El primero, que no se menciona, es sobre un soporte de tabla, y se pinta con pintura desde muy pastosa a fluida. El segundo método, se realiza sobre un soporte de marfíl; en ambos se distribuye la pintura con el pincel, cestrum y rabidium, se fijaba con el cauterium o aproximando el rabidium caliente sobre el color. Estos dos métodos se utilizaban hasta que comenzó a aplicarse un tercero, éste provenía del sistema de pintar los navíos y consistía en derretir la cera con calor y saponificarla. Esta pintura se aplicaba y distribuía con el pincel; se fijaba igualmente con el cauterium o calor de llama o de ascuas. Esta técnica es tan consistente que en las naves la pintura no se borra ni degrada con la acción del sol, la sal o los vientos.  Este texto se presenta bastante confuso, pues cada interpretación dice cosas distintas según sea lo que se pretende buscar. Lo más confuso es la parte referente al tercer método, y lo antecedente sobre el primero y el segundo, aunque no se indica el proceso de la elaboración del aglutinante (seguramente por ignorarlo), se puede entrever éste con ayuda de otros textos y comentarios referentes al tema. Hace Plinio una larga lista de pintores que han utilizado la encáustica, nos refiere las obras realizadas y que él conoce por lectura o porque las ha visto. La única distinción que hace de técnicas es la «pintura al pincel» o al «cestrum». A continuación veremos un fragmento donde se menciona a una pintora que ejecuta los tres métodos de pintura, dice: «Lala» Zizena que fue doncella toda su vida siendo mozo Marco Varrón, pintó también en Roma con pincel (3er método) y con el cestro en marfil (2do método) principalmente figuras de mujeres y en una tabla grande (1er método) pintó a un napolitano y retrató su misma imagen mirándola a un espejo, no hubo mano más ligera con la pintura que la suya».

Vemos como Plinio establece dos formas bien diferenciadas. Por un lado, dos de ellos estaban reservados a los artistas con espátula, bien sobre una superficie de madera, que podría estar encerada previamente o no, o también sobre marfil. Por otro,  la encáustica de los barcos realizada con el pincel. Imaginamos que en las dos primera formas se empleaban las ceras en caliente con el cestrum, aunque no se puede eliminar la posibilidad del uso del pincel en este primer método, al menos para mezclar los tonos y matices en la pasta caliente, y trasladarlos posteriormente a la tabla, sirviéndose después del cestrum para ir fundiendo las tintas que el pincel no había podido realizar.    En el segundo método el trazo inciso en el marfil delineaba la forma y se incrustaba después con colores a la cera, el claroscuro se rasgaba finamente, como después se ve en una cajita del British Museum (7). Y en el tercer método, con el pincel, pensamos que aquí entrarían a formar parte los aceites volátiles y los álcalis. Sobre cada uno de estos métodos vamos a hacer un análisis detallado tras la consulta de los textos, desglosándolo de la forma descrita a continuación.

 

ENCÁUSTICA EN CALIENTE

Los exámenes que hemos realizado sobre las pinturas e instrumentos, cercándonos a los textos, permiten formular la restitución de la encáustica en caliente o primer método de los relatados por Plinio, y que algunos autores dan como único verdadero: «La verdadera encáustica, esto es, la aplicada en caliente» (8). Consistía, según parece, en formar con la cera blanda y resina una pasta que era mezclada en caliente con los pigmentos. Éstos se conservaban en forma de bastones o panecillos en sus cubiletes metálicos dentro de una caja.

ENCÁUSTICA SOBRE TABLA

Para usar estos panecillos se fundían al fuego sobre una paleta metálica, con un mango que permitiera retirarlo sin quemarse. Los tonos son aplicados sobre la tabla por medio del pincel, pero, como la cera se solidificaba rápidamente, el trabajo hasta aquí es duro y sin unión. Es entonces cuando tenía lugar la «καυςις», con los hierros calientes, enrojecidos a veces, unían los tonos entre sí, e introducían los tonos intermedios o matices, y se terminaba con el modelado de la figura.                  Cada artista, según sus condiciones, se preparaba sus instrumentos, como hacen los escultores de nuestros días, siguiendo su mano y su fantasía personal, como también ocurre con los pintores, pues unos prefieren los pinceles planos o redondos, mientras que otros aplican los colores mediante la espátula.«Esta técnica, que aporta a la pintura claridad, estabilidad y brillantez, puede utilizar todos los colores, incluso aquellos que son tenidos por frágiles, como os vegetales, ya que la cera parece protegerlos» (9).

También se presta a todas las magias del color y a todas las delicadezas del modelado, como se aprecia en las obras estudiadas, y que sobre tablas realizaban los egipcios para colocarlos sobre las momias. De ellas se han encontrado gran cantidad en el Fayún, y que se verán en el apartado «Descubrimientos Arqueológicos». En ellas se aprecia a qué perfección se podía llegar con este procedimiento de la mano de un gran artista.                                                                                      También notamos que los pintores que practicaban este género de encáustica, empleaban para firmar los cuadros la fórmula: «Un tal ha quemado», en lugar de «Un tal ha pintado».                                Nada nos muestra  mejor que esta sustitución, la importancia que ellos daban a la «καυςις».                  Los hierros que servían a esta técnica y para su última etapa, llevaban el nombre genérico de «καυτερες». Tenían diferentes formas y su duración varía según el tiempo y la práctica personal de cada artista. Su origen y formas. Anteriormente hemos dicho que la cera se fundía y se transportaba con el pincel, cosa que contradice en cierto modo a la afirmaciones de Plinio en lo referente a que sólo se empleaba el pincel en el tercer método.  Plinio, en otro pasaje, por ejemplo, cuando enumera pintores célebres, distingue dos grupos:los que pintan a pincel, y los que lo hacen con espátula: «Se dice también que Pánfilo, maestro de Apeles, no sólo había pintado a la encáustica, sino que, además, había enseñado a Pausias el Sicionio, el primero que se hizo famoso en este género. Éste fue hijo de Brietes y, en un principio, discípulo del mismo. Éste también con pincel pintó los muros de Tespias a propósito de una restauración de las obras realizadas antes por Polignoto». (Pamphilus quoque, Apellis praeceptor, non pinxisse solum encausta, sed etiam docuisse traditur Pausiam Sicyonium, primum in hoc genere nobilem, Bryetis filius hic eiusdemque primo discipulus, pinxit et ipse benicillo parietes Thespiis cum reficerentur quondam a Polignoto picti…) (10).   La exclusión del pincel en este primer método, creemos que no se debe considerar como absoluto. Todo parece indicar que el pincel debió ser empleado tanto en la encáustica del primer método como en os otros posteriores, al menos como instrumento preparatorio o complementario, aunque reconocemos que también lo podían hacer sólo con el «Cestrum».                                                                  En cuanto al empleo de resinas mezcladas con cera, para apoyarle la consistencia necesaria, tenemos un párrafo de la «Antología Griega» (11) en el que se aprecia su empleo, perfumadas en particular con incienso, y dice: «¿Quién ha gratificado con incienso perfumado a este amor armado de flechas que no respetó ni al mismo Júpiter?He aquí, pues, situado por blanco de Vulcano, lo que no se debe ver, sino consumido por el fuego». Texto original griego:      A55 Scan

Respecto a la necesidad de la unión de la cera con la resina, Paillot de Montabert (12) señala con exactitud al comentar los versos de Virgilio diciendo: «La pared primero, se hacen unir con cera varios tubos de caña. No debía ser cera sola, dice Paillot, sino también resinas; de otro modo, la emsambladira o unión no podía solidificar». 

 

ENCÁUSTICA SOBRE MARFIL

Este segundo género se practicaba sobre marfil, con cestro, que es un hieroo puntiagudo, especie de buril: » in ebore cestro, id est, vericulo» (13).

Parece ser que este género sería usado para pequeñas obras en miniatura y muy delicadas, como lo prueba el hecho referido por Plinio sobre los pintores que trabajaban en marfil, cuando cita a Iea de Cícico y a otras que fueron excelentes en pintura en miniatura.

Lo que no se sabe con exactitud es de qué forma se practicaba la adustión para poder contarla entre los del encuasto. sobre este aspecto ignoramos el modo y tiempo de aplicar el fuego.

Harduino (14) dice: «El otro modo de pintar a la encuáustica fue el siguiente, sin que haya entre todos los escritores uno que contradiga. Con el estilo o buril hecho ascua señalaban las líneas en el marfil y en los cuernos, y con ellos representaban las figuras que querían. Y así dibujaban primero en el marfil lo que habían de pintar; después para dejar las luces y las sombras donde convenía, se valían para los claros de la blancura del marfil, pero el tono y la sombra, no se daba con la cera, sino con un color común y único». (Et in ebore altera haec ratio encausti sic se habuit nullo scriptorum omnium refragante. Stilo ferreo igne candefacto inurebant ebori, cornibusque lineas, quibus quas vellent imagines exprimebant. Itaque quod pingendum erat, graphice primum in ebore adumbrabant: deinde servata ratione luminum, et umbrarum, eboris candore ad lumina utebantur; Tonum vero, et umbram non iam amplius cera, ut in priore genere, sed vulgari calore, ac simplici).

Refiriéndose al pasaje de Plinio en el que habla del tipo de marfil y la forma de incidir en él, algunos autores lo han interpretado de una forma o de otra. Así, Requeno (15) lo ha hecho de la siguiente manera: «Primeramente de preparaban las hojas o láminas de marfil antiguo, que bermejease por la vejez en lo extremo, según la expresión de los poetas y de las Sagrada Escritura, que dice: rubicundiores ebore antiquo, o sea, más claro que el marfil antiguo), se tenía la superficie de éstas con un color encarnado, amarillo u otro color a criterio del autor. Luego con el punzón o estilo de modo que pudiese hacer rayas o surcos en el marfil; delicadamente punteado se dibujaban los contornos de las figuras y después de bien acabadas, se raía con la espátula del mismo buril la superficie para descubrir los claros; hasta aquí el estilo se debía de manejar frío, para después calentarlo y hacer con él las sombras en negro teñidas por el fuego».

La versión original dice así: «Preparavansi lamette d’antico aborio,il cuale per la veccgiajaroffeggiaffe al di fuori, secondo le spressioni de poeti, e della Santa Scrittura, che dice, -rubicundiores ebore antiquo- o pure delle lámina di duro, e liscio legno con artificio tintingevasi la superficie col rosso, col giallo, o con altro colore a gusto dell’ artifice. Poi collo stiletto fatto in maniera, che potesse rigare, e scavare l’avorio tesso delicatamente, punteggiando, delinavanfi i contorni delle figure; i cuali ben terminati, raschiabasi colla spatolina del madesimo steletto la superficie per iscorprire i chiari: fin cui lo stiletto doveva adoperarsi freddo; onde, scaldandolo dopo, potessero farsi l’ombre; giacche lo stiletto ben infocato abbruciando l’avorio,o il legno, tinge necessariamente d’un nero corrispondente alla materia le abbruftolite parti».

En esta forma de interpretar a Plinio, estamos de acuerdo con los reparos que le pone Pedro García de la Huerta (16), quien sobre ello comenta: «¿Para qué fin buscar tablitas de marfil que bermejee o amarillee por la vejez? No es el rojo del marfil antiguo un color propio para formar con él los claros, especialmente de las primeras luces; y aún el amarillo, si no es muy claro, apenas es bueno, sino para los claros de las figuras…El color blanco es el natural de aquel hueso y no el rojo…Si se tiñe la superficie de tales láminas de encarnado, ¿qué claros se pueden esperar de un hueso también rojo por la vejez? Y ¿cómo puede resaltar un oscuro junto a otro oscuro?».  Luego, más adelante, al referirse al tostado con el buril, dice: «Tampoco sé dónde conste que el estilo o el buril se hubiese de manejar caliente y tanto que se pueda quemar y tostar los surcos que hacía en el marfil, de suerte que hubiese de teñir necesariamente de un negro correspondiente las partes tostadas». Comenta más adelante: «Aunque de hecho la experiencia con el cestro ardiendo sobre el marfil, no he hallado ninguna mayor facilidad en rayarlo, ni dejaba señal alguna de tostado».

Haciendo alusión a los pintores que realizaron su obra sobre marfil, Plinio (17) comenta: «Iea de Cícico, que vivió siempre soltera, siendo aún mancebo Marco Varrón, pintó en Roma con el pincel, y en marfil con el cestro, por lo común imágenes de mujeres». (Iaia Cycizena, perpetuo virgo, Marci Varronis iuventa, Romae et penicillo pinxit, et cestro in ebore, imagines mulierum).

Por lo que se aprecia, también esta pintora realizó obras con el pincel sobre tabla u otro material, además de estas miniaturas sobre marfil.

Este método tiene mucha analogía con el grabado sobre metal y también con el método llamado «esgrafiado», consistente en cubrir una superficie con tierra oscura; después sobre ella se deposita una segunda capa de blanco, consiguiéndose al rascar, que aparezcan en oscuro los trazos realizados con el punzón, como si se tratara de un lápiz.

ENACÁUSTICA A PINCEL 

Para este proceso es necesario transformar la cera en una substancia maleable con el pincel, sin el peligro de su solidificación, como ocurría con el primer y segundo método. Para conseguir la maleabilidad de la cera, Plinio dice: «Resolutis igni ceris, penicillo utendi», o sea, resolver la cera, cambiarla de estado, que no es disolver con el fuego. Por tanto aquí entrarían otras substancias distintas al empleo del fuego.

Parece ser que se quemaban las pinturas, una vez terminadas o durante su ejecución. El fin de este encausto o adustión era unir los colores entre sí, y éstos con el soporte, dándole mayor luminosidad y durabilidad.

Se pintaba con el pincel a diferencia de los modos anteriores.La cera hacía el mismo cuerpo con los colores que hoy hacen los distintos aceites.

Se pintaba con ceras frías y después se aplicaba el encausto para su fijación, pero…¿ qué substancias intervenían para mantener la cera en todo momento líquida con el fin de ser mezclada con los pigmentos y empleada con el pincel?

Pensamos que, al menos, hay dos tipos de substancias que permiten «mantener» la cera líquida. Una es la utilización de sales o bases alcalinas (sosa o potasa), con lo que se consigue «despojar» la cera de las substancias grasas, es decir, hacerlas solubles en el agua. El otro tipo nos lleva a la utilización de «aceites volátiles» en los que la cera se disuelve y así facilita la mezcla con los pigmentos y colorantes, y permite su aplicación con pincel, utilizando como diluyente el mismo aceite volátil.

El empleo de este modo en la antigüedad nos lo relatan los textos siguientes:

Dioscórides (19): » Unos dicen que la zopissa es una resina con cera arrancada de las naves, llamada por algunos barniz, que es disolvente al mojarse en el agua del mar; otros la llaman resina de pino por lo mismo».

En su versión griega original dice:

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En texto latino dice: «Zopissam aliqui aiunt derasam navibus resinam cum cera, quam alii Apochyma appellant. Ea dissipandi naturam habet: quoniam marino sale macerata sit. Alii pineam resinam hoc nomine vocaverunt».

Plinio (20) dice: «Cuando la cera es atacada por las sales del mar, se denomina Zopissa». (Zopissam eradi navibus diximus cera marino sale nacerata).

Eusebio (21) nos relata:» En cuadro colgado ante el vestíbulo del palacio, quiso que se pintara a cualquier enemigo, con cera fundida al fuego y que se pusiera a la vista de todos». (In sublime quadam tabula ante vestinulum Palatii posita…hostem humani generis cera igni resoluta depingi, proponique omnibus voluit).

Esta cera fundida al fuego era transformada por medio de la adición de una substancia alcalina. Plinio habla de la resolución de la cera por medio de la sosa.

Quinto Sereno Samonico (22), en el siglo II a. de C., habla de la lejía de cenizas como disolvente de la cera: «Entonces una lejía de cenizas disuelve las ceras». (Tunc laxiva cinis ceras disoluit).

La acción de un álcali sobre la cera la transforma en una substancia jabonosa, soluble en agua y permanentemente estable todo el tiempo, manteniendo las características de la cera como materia pictórica.

En el siguiente fragmento de Plinio queda claro que se empleaba el pincel en este modo, así como la formación de espuma en este jabón de cera. En el relato que hace de la tabla «Jaliso» de Protógenes, dice: «En ella hay un perro ejecutado de un modo curioso, porque se lo debemos por partes iguales al pintor y al azar. El pintor consideraba que no acababa de representar la espuma del animal jadeante cuando todas las demás partes de cuadro le satisfacían, cosa harto difícil. Pero le disgustaba su propia perfección: no era capaz de atenuarla y al mismo tiempo le parecía excesiva y muy distante de lo real y la espuma se veía que estaba pintada, que no salía de la boca del perro. Con el espíritu atormentado y desasosegado porque en aquella pintura quería lo real, no lo verosímil, a menudo corregía, cambiaba de pincel sin lograr en modo alguno resultados satisfactorios. Por último, furibundo con su arte, porque era demasiado perceptible, tiró una esponja a la parte del cuadro que le disgustaba. Y aquella esponja puso los colores que el pintor había eliminado de la manera en que él había deseado con tanto empeño, logrando así, al azar en el cuadro, el efecto de  la naturaleza.». (Est in ea canis mirefactus, ut quem pariter ars et casus pinxerit. Non iudicabat se in eo exprimere spumam anhelantis, cum in reliqua omni, quod difficillimum erat, sibi ipse satifecisset. Displicebat autem ars ipsa: nec minui poterat et videbatur nimia ac longius a veritate discedere, spumaque pingi, non ex ore nasci. Anxio animi cruciatu, cum in pictura verum esse, non verisimile vellet, absterserat saepius mutaveratque penicillum, nullo modo sibi adprobans. Postremo iratus arti, quod intellegeretur, spongeam inpegit. Inviso loco tabulae, et illa reposuit oblatos colores qualiter cura optaverat, fecitque in pictura fortuna naturam).

Paul Girard (24) cita el mismo relato de Plinio para demostrar que este cuadro estaba pintado al temple.

Se pueden citar pasaje de Plinio para abunda sobre la existencia de la cera saponificada en la antigüedad.

De estos pasajes de Plinio puede deducirse que la encáustica estaba en todo momento lista para su empleo, que se pintaba con el pincel, siendo de fácil manejo y que su secado era rápido.

A propósito podemos citar el pasaje de Plinio que habla sobre la tabla pintada por Protógenes y Apeles. Dicho pasaje demuestra que se pintaba con el pincel sin preparación previa, es decir, sin usar el calor, pero no se puede afirmar que tal procedimiento fuese temple de cera saponificada o, por el contrario, cera disuelta en un aceite volátil, circunstancia que facilita su empleo inmediato, como así ocurrió. Por lo tanto, vamos a citarlo a propósito de cualquiera de los dos métodos en frío y usados con pincel.

Dice Plinio: (25) «Sabida cosa es la que sucedió entre los pintores: Protógenes y éste. El primero vivía en Rodas, y como Apeles navegase allí deseoso de conocer sus obras, porque sólo lo conocía por fama, fue a su taller y estudio. Protógenes estaba ausente, pero había una tabla muy grande preparada para pintar en ella, y junto a ella una vieja que la guardaba. Ésta díjole que el pintor estaba fuera, y preguntó quien diría que le había buscado cuando volviese. Dijo Apeles: por quién hizo esto. Y tomando un pincel tiró una línea de color con grandísima sutileza por la tabla. De vuelta Protógenes, explicole la vieja lo que había pasado. Dicen que el artista considerando la belleza de la línea intuyó que Apeles le había visitado, porque otro no podía hacer una obra tan perfecta. Y tomando otro color echó otra línea más delgada sobre aquella misma, y yéndose de casa mandó que si aquel hombre volviese se la enseñase y le dijese que aquel era a quien buscaba. Apeles tornó avergonzado de ser vencido, con otro tercer color hendió las líneas, no dejando lugar alguno a mayor sutileza. Vencido Protógenes y confesándose vencido caminó volando al puerto buscando al huésped. Y gustaron de que aquella tabla quedase a los venideros para admiración de todos y principalmente de los artífices.

Es cierto haberse consumido esta tabla con el primer incendio de la casa de César en el Palacio. Yo lo había visto antes (dice Plinio) con gran deseo y en tan espaciosa anchura no había otra cosa más que aquellas líneas que huyen de la vista. Y entre otras excelentes obras de muchos artífices parecía cosa vacía, y por tanto atraía hacia ella los ojos y era más notable que todas las demás obras». (Scitum inter Protogenem et eum quod accidit. Ille Rhodi vivebat, quo cum Apelles adnavegavisset, avidus cognoscendi opera eius fama tantum cogniti, continuo officicinam petiit. Aberat ipse, sed tabulam amplae magnitudinis in machina aptatam una custodiebat anus. Haec foris esset Protogenem respondit interrogavitque, a quo quaesitum diceret. «Ab hoc», inquit Apelles adreptoque penicillo lineam ex colore duxit summae tenuitatis per tabulam. Et reverso Protogeni quae gesta erant anus indicavit. Ferunt artificem protinus contemplatum subtilitate dixisse Apellem venisse, non cadere in alium tam absolutum opus; ipsum alio colore tenuiorem lineam in ipsa illa duxisse abeuntemque praecepisse, si redisset ille, ostenderet adiceretque hunc esse quem quaereret. Atque ita evenit. Revertit enim Apelles et vinci erubescens tertio colore lineas secuit nullum relinquens ampius subtilitati locum. At Protogenes victum se donfessus in portum devolavit hospitem quaerens, placuitque sic eam tabulam posteris tradi omnium quidem, sed artificum praecipuo miraculo. Consumptam esse priore incendio Caesaris dumus in Palatio audio, spectatam nobis ante, spatiose nihil aliud continentem  quam lineas visum effugientes, inter egregia multorum opera inani similem in eo ipso allicientem omnique opere nobiliorem).

 

CERA DISUELTA EN ACEITES VOLÁTILES

Por los textos clásicos conocemos cómo los pintores antiguos tenían varios medios para disolver la cera y emplearla en frío con pincel. Uno de estos medios disolventes eran los aceites y esencias volátiles.

Sobre ellos nos dice Prisse d’Avenues (26): » Los egipcios en los trabajos portátiles adicionaban cera a los colores que disolvían con aceites; también utilizaban cera y diversos barnices para proteger la pintura, e hicieron uso de diferentes resinas disueltas en óleos fijos y volátiles».

Sobre los aceites, Plinio dice: «Todas las resinas son disueltas por aceites». (Resina omnis dissolvitur oleo).

Plinio conocía la existencia de los aceites que se relatan a continuación: «No había entonces  aceite artificial, y por ello pienso que Catón no dijera nada al respecto. Se tienen varias clases, y en primer lugar hablaremos de las procedentes de árboles, y, ante todo, del olivo salvaje. Su aceite es fino y mucho más ácido que el de olivar y sólo se usa en la preparación de medicamentos. A este aceite se asemeja bastante el del olivo enano, ciado en roquedales, que no sobrepasa un palmo de tamaño, con hojas y bayas de olivo salvaje.

A continuación tenemos el aceite de cico, árbol abundante en Egipto, (se denomina también crotón, sibi y sésamo silvestre), en esta región y poco después también en España, alcanza rápidamente la altura de un olivo, con tallo de férula, hoja de viña, frutos con racimos esbeltos y pálidos. Nosotros lo llamamos ricino, por la semejanza de su grano. Éste se hace hervir en agua y se retira el aceite que rebosa encima flotando. Pero en Egipto donde abunda éste, se exprime el grano sin emplear fuego o agua salpicándolo con sal. Este aceite es mal condimento para los alimentos y da una luz pobre en las lucernas.

El aceite de almendras, que algunos llaman neopo, se elabora de almendras amargas secas, apiladas y reducidas a pasta que se rocía con agua apilándose de nuevo y prensadas. Se hace también aceite de laurel añadiendo aceite de olivas maduras, haciéndolo algunos con sólo sus bayas, otros con sólo sus hojas, y algunos con sus hojas y la piel de la bayas, y añadiéndole también styrax y otros aromas. El mejor laurel para éste es el silvestre, de hoja alargada y baya negra. el aceite de mirto negro se le asemeja, y el de hoja alargada es también el mejor. Se trituran las bayas después de haberlas rociado con agua caliente, y después se le hace hervir. Otros hacen hervir las hojas más tiernas en aceite y las exprimen, otros las echan en aceite y las cuecen primero al sol. Se sigue el mismo proceso para el mirto cultivado, pero se prefiere el mirto silvestre a la baya más delgada, que algunos llaman oxymirsine, otros chamaemyrsine, unos acoron por su semejanza; es en efecto bajo y frondoso.

Se hace también aceite de cedrá, de ciprés, de nueces (o con el nombre de caryinum),de «Manzanas», de «cedro»(o de nombre pisselaecon) de torvisco, en cuanto a los aceites de alheña y de nueces de moringa, hemos hablado e su preparación en los capítulos de perfumes. Se dice que los indios extraen aceite de las castañas del arroz, y los ictiófagos, de los pescados. La carestía de aceite para el alumbrado obliga a conseguirlo del glomérulo de plátano, macerado en agua salada. Se extrae aceite también de oenante (se ha hablado de él a propósito de los perfumes). Para el gleucino, se cuece mosto (en aceite) a fuego lento; otros, sin calentar, rodean (el vaso) de orujo de uvas colgadas durante 21 días, removiéndolo dos veces al día. Otros mezclan con el aceite no sólo la mejorana sino aún perfumes muy valiosos, de la misma manera como se perfuman los gimnastas, pero con uno de bajo precio. Se hace aceite con los astrágalos, con la caña olorosa, con el árbol del bálsamo, con lirio, con cardomomo, meliloto, espliego céltico, opopánax, mejorana, el gran helenio, raíz de cinamomo, todas estas plantas se maceran con su jugo en aceite y se exprimen. Así se hace también el rhodinum con rosas, e igualmente (aceite) con el beleño, los lupinos y narcisos. Esto se hace mucho en Egipto con semilla de rábano silvestre, o con una hierba forrajera llamada chortinon, e igualmente con sésamo y ortiga, cuyo aceite se llama cnecimun. Incluso aún se hace de lirio por medio de maceración al aire libre y exposición al sol, a la luna y a la intemperie. con Hierbas indígenas se compone entre Capadocia y Galacia un aceite llamado celgiticum, excelente para los tendones y nervios, tal como ocurre en Italia con los iguvinos. Con la pez se hace un aceite llamado pissinum, extendiendo bajo el vapor vellones que se exprimen después. La mas estimada es la pez del Abruzo, muy graso y resinoso;su aceite es fuerte, El llamado elaeomedi se produce espontáneamente en las costas de Siria. Es una substancia segregada por los árboles, grasa, más espesa que la miel, más fina que la resina, de sabor dulce y empleado en medicina. Este viejo aceite es empleado en la cura de enfermedades y se le cree apto para conservar el marfil de la caries; como ejemplo hay una estatua de Saturno en Roma, llena por dentro de aceite». (Non erat tum ficticium oleum. ideoque arbitror de eo nihil a Catone dictum. Nunc eius genera plura, primumque persequemur ea quae ex arboribus fiunt, et inter illas ante omnes ex oleastro. Tenue id multoque amarius quam olease et tantum ad medicamenta utile. Simillimum huic est ex chamelaea, frutice saxoso, non altiore palmo, folis oleastri bacisque.

Proximum fit ex cici, arbore in Aegypto copiosa (alii crotonem, alii sibi, alii sesamon silvestre eam appellant), ibique, non pridem et in Hispania, repente prouenit, altitudine olease, caule ferulaceo, folio uitium, semine uuarum, gracilium pallidarumque. Nostri eam ricinum uocant a similitudine seminis. Coquitur id in aqua, innatansque olleum tollitur. At in Aegypto, ubi abundat, sine igni et aqua sale adspersum exprimitur, cibis foedum, lucernis exile. 

Amygdalinum, quod alii neopum uocant, ex amaris nucibus arefactis et in offam contusis adspersam aqua iterumque tusis exprimitur. Fit et lauru admixto drupparum oleo, quidamque e bacis exprimunt tantum, aliis foliis modo, aliqui folio e cortice bacarum, nec non styracem addunt aliosque odores. Optima laurus ad id latifolia, silvestris, nigris bacis. Simile est e myrto nigra, et haec latifolia melior. Tunduntur bacae adspersae calida aqua, mox decoquuntur. Alii foliorum mollissima decoquunt in ole et exprimunt, alii deiecta ea in oleum prius sole maturant. Eadem ratio et in satiua myrto, sed praefertur siluestris minore semine, quam quidam oxymyrsinem uocant, aliqui acoron a simitudine; est enim brevis fruticosa.

Fit et e citro cupresso, nicibus iuglandibus quod carynum uocant, malis, cedro quod pisselaeon, e grano quoque Cnidio purgato semine e tunso, item lentisco. Nam cyprinum et e glande Aegyptia ut fieret odorum causa dictum est. Indi e castaneis ac sesima atque oryza facere dicuntur, ichthyofagi e piscibus. 

Inopia cogit aliquando luminum causa et e platini bacis oenanthe dictum est in unguentis. Gleucino mustum incoquitur XXI bis singulis permixtum, consumiturque mustum oleo. Aliqui non sampsuchum tantum admiscent, sed etiam pretiosiora odoramenta, ut in gymnasiis quoque conditur odoribus, sed uilissimis. Fit ex aspalatho, calamo, balsamo, iri, cardamomo, meliloto, nardo, gallico, panace, helenio cinamomi redice, omnium sicis in oleo maceratis expressisque. Sic et rhodinum e rosis, iuncinum e iunco, quod e rosaceo simillimum, item hyoscyamo et lupinis narcisso. Plurimum autem in Aegypto e raphani semine aut gramine herba quod chortinon uocant, item e sesima et urtica quod cnecinum appellant. E lilio et alibi fit sub diu sole, luna, pruina maceratum. Suis herbis componunt inter Cappadociam et Galatiam quod Selgiticum uocant, neruis admodum utile, sicut in Italia Iguuini. E pice fit quod pissinum appellant, cum coquitur, uelleribus supra halitum eius expansis atque ita expressis. Probatum maxime e Brutia; est enim pinguissima et resinosissima. Color oleo fuluus. Sponte nascitur in Syriae maritimis quod elaeomeli uocant; manat ex arboribus pingue, crassius melle, resina tenuius, sapore dulci, et hoc medicis. Veteri quoque oleo usus est ad quaedam genera morborum existimaturque et ebori uindicando a carie utile esse; certe simulacrum Saturni Romae intus oleo repletum est) (28).

El aceite llamado «pissine» parece ser un tipo volátil análogo a la esencia de trementina.

Dioscórides, que trata el tema de resinas u aceites con más detalle, refleja esta misma preparación de la pez de Brutia en el capítulo XCV de su primer libro.

Plinio dice refiriéndose a la nafta: «…A los ojos de cualquier autor, es una especie de asfalto, pero de este modo eminentemente inflamable, acerca de la naturaleza del fuego, no ofrece ninguna especie de utilidad». (Sunt qui et naphtam…bituminis generibus adscribunt, verum eius ardens natura et ignium cognata procul ab omni usa abest) (29).                                                                      Ellos conocían, pues,  la disolución de la cera en nafta, y a ésta, sin duda, de los tiempos más remotos. La práctica de la καυςις que hemos visto en el apartado de la pintura mural, prueba cómo conocían la propiedad que el aceite tiene para ablandar y extender la cera.

Notas bibliográficas.-

  1. Confer H. RACKHAM, M. A., Pliny Natural History, Harward Iniversity Press. The Loeb Classical Library. London, 1961,t. IX, lib. XXXV, 4.1.
  2. Mª E TORREGO, Plinio el viejo, Textos de Historia del Arte, ed. Antonio Machado, 1987, traducción del frag. 41 del libro XXXV.
  3. H. CROS Y CH. HERNRY, l’encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens. París, 1884, p. 11,  traducción del texto de la nota 1.
  4. J. DE LA HUERTA, Plinio el viejo, Historia Naturalis, Universidad Literaria, 1624, p. 652, traducción sobre el mismo texto de la nota 1.
  5. Nombre corrupto. El correcto es Iea de Cícico. Confer nota 35, cap. II.
  6. D. OLIVER RUBIO, traducción comentada sobre el mismo texto de la nota 1. (Tesis Doctoral), Los aglutinantes densos para la pintura artística, Valencia 1989, pp. 19-20.
  7. Mª BAZZI, Enciclopedia de la técnica pictóricas, ed. Noguer, Barcelona, 1965, cap. 13, p. 232.
  8. Idem. p 232.
  9. Idem, p. 232.
  10. H. RACKHAM, M. A., op, cit. t. IX, lib. XXXV, XL, 123.
  11. ANTOLOGIE GRECQUE, ed. Hachette, París, 1863, liv. I, Lire XXVII, épg. 4; J. ANDRÉ, Pline l’Ancien, Histoire Naturelle, ed. Belles Lettres, París, 1860, XV, VII; idem, XXI, XLIX; Idem, liv. XIV, XXV, 122-123.
  12. P. DE MANTABERT, Histoire de la Peinture, París, 1829, p. 137.
  13. H. RACKHAM, M. A. op, cit. t. IX, XXXV, XLI, 149.
  14. Harduino parafrasea a Plinio en su lib. XXXV, según P. GARCÍA DE LA HUERTA, Comentarios de la pintura encáustica del pincel, Imprenta Real, Madrid, 1795, p. 52, not. 1.
  15. V. REQUENO, Saggi sul ristabilimento dell’antica arte dei Greci e Romani Pittori, Venezia, 1784, cap. XVI, pp. 198-199.
  16. P. GARCÍA DE LA HUERTA, op. cit. cap. VI, pp. 54-55.
  17. H. RACKHAM, M. A. op, cit. t. IX, XXXV, XL, 147.
  18. idem. t. IX, lib. XXX, 149.
  19. PEDANII DIOSCORIDIS ANAZARBEI, De medicinali materia, libri sex, Ioanne Ruellio Suessionensi interprete lugdoni Apud Balyhazarem Arnolletum, MDL, lib. sec. cap. LXXXI.
  20. W. H. S. JONES, Pliny, Natural history, ed. Loeb Harvard University Press, MCMLXVI, col. V, lib. VII, XXIV, 26.
  21. H. RACKHAM, M. A. op, cit., en p. 174 cita a Eusebio: De vita constantini I, lib III, cap. 3.
  22. Q. SERENO SAMÓNICO, De  Medicina Liber, Collectio Pisaurensis, t. IV, ch. 44, p. 135, vol. 7.
  23. H. RACKHAM, M. A., op, cit., t. IX, XXXV, XXXVI, 102-103.
  24. P. GIRARD, La peinture Antique (Peinture Helenistique, Antiphilos les portait du Fayum, París, 1892, cap. VII.
  25. H. RACKHAM, M. A. op, cit., t. IX, XXXV, XXXVI, 81-83.
  26. P. D’AVENNUES, Histoire de l’Art égyptien, 1987, p. 191.
  27. J. ANDRÉ,  ed. Belles Lettres, París, 1958, liv. XIV, 122.
  28. J. ANDRÉ, Pline l’Ancien,Histoire Naturelle, ed. Belles Lettres, Parín, 1960, liv. XV, cap. VII.
  29. H. RACKHAM, M. A. op, cit., t. IX, XXXV, L, 179.
 

 

UTENSILIOS, MATERIALES Y SOPORTES

 

UTENSILIOS

Aparte de los hallazgos arqueológicos, en los que se ha descubierto utensilios, materiales y soportes usados en la antigüedad para el procedimiento de la encáustica, por ahora se va a realizar un recorrido por los textos clásicos, y analizar, a través de o que nos dicen, cuáles eran los utensilios, materiales y soportes usados por los pintores encáusticos.

De entre los escritos consultados destacamos los que nos pueden dar alguna luz sobre los diferentes instrumentos usados en esta pintura. Polux (1) llama «armas del pintor a las tablas, tabletas, trípodes de las tablas, púlpitos, estilos, pinceles, y a las tablas de box». (Pintoris autem arma tabulae, tabellae, pulpita, styli, penicilli, buxeae tabulae).

Marciano el Jurisconsulto (2) nos dice: «El utillaje de un pintor es muy amplio, las ceras, los colores y otras cosas unidas entran en los legados, así como los pinceles, los cáuteres y las conchas».

a) CAJA DE COLORES

Varrón (3) nos hace entrever la caja de colores de un pintor:«Pausias y otros pintores del mismo método de la encáustica, tienen grandes cajas divididas compartimentos donde se ordenan las ceras de diferentes colores». (Nam ut Pausias et ceteri pictores eiusdem generis loculatas magnas habent arculas, ubi discolores sint cerae). Las compara con los viveros, separadas las varias especies de peces, lo que nos hace suponer que las ceras parecían bastones análogos a los pasteles de nuestros días.

b) CÁUTERES

Este término nos pone a la vista la restitución de los instrumentos.Viene a prolongar la acción del pincel, demasiado corta e interrumpida. viene a fundir los tonos unos con otros, y así terminar de modelar las ceras depositadas con el pincel sobre la superficie del cuadro.                                                  Es un término genérico con el que también se denomina al hierro de los encuadernadores.                    Dentro de este término podríamos situar en primer ligar el cestrum, especie de espátula que se mantenía al rojo vivo y fundía los colores modelándolos; y en segundo lugar el cauterium, especie de brasero que se arrimaba al cuadro una vez terminado, para ir fijando los tonos unos con otros y su penetración en los poros del soporte.                                                                                                                Se supone que el artista debía poseer cestrums de todas clases, formas y dimensiones, como ocurre hoy con los pinceles del pintor o los cinceles del escultor.

Plinio (4) habla del cestrum  y del verículo, y nos explica su forma y origen, diciendo al respecto:«La planta que llaman vetónica en Galia, se llama en Italia serrátula, en Grecia cestros y y psychotrophon, más elogiada que ninguna». (…eam quae vettonica dicitur in Gallia, in Italia autem serratula, a Graecis cestros aut psichotrophon, ante cunctas laudatissima).                                                    Por lo tanto, el cestrum de los griegos es de forma larga y dentada, que está entre la hoja de planta vetónica y el cestrosphedone.

Tito Livio (5) nos aclara este término con el siguiente texto: «Estaban todos heridos con los cestrofendones; era un nuevo tipo de proyectil inventado para esta guerra; es una punta de lanza de dos palmos, montado sobre un asta de medio codo de longitud y de un dedo de espesor; estaba provisto de tres aletas como se le colocan a las flechas». (Maxime cestrophendonis vulnerabantur: hoc illo bello novum genus teli inuentum est; bipalme spiculum hastili semicubitali infixum erat, crassitudine digiti; huic abiegnae breves pennae tres, velut sagittis solent circundabantur.

CAUTERIUM

Relativo a este utensilio se puede citar el texto de Coelius Rhodiginus (6), que dice: » El cauterium consiste en un instrumento por el cual se cuece el enlucido de asfalto y la aglutinación de la pintura encáustica»).

Analizando los pasajes de Plinio en lo referente a la preparación de los muros, éste nos dice: «Que una vez aplicada la cera al muro, con los carbones situados en un infernillo (cauterium) se calentaba el muro, de manera que hagan sudar la cera». Y casi lo mismo expone Vitruvio, al referirse a la preparación del muro y una vez que se ha depositado la cera sobre él, diciendo: «Inmediatamente con las brasas preparadas en una vasija de hierro recalentando bien las paredes y la cera, procuraría que ésta se derritiera, procurara hacerla sudar y la disuelva para que se equilibrara». (…deinde carbonibus in ferreo vase compositis eam ceram una cum pariete calefaciundo sudare cogat lietque ut peraequetur).

PINCELES

Volviendo al texto en que Marciano (8) habla del utillaje usado por el susodicho pintor, nos dice entre otras cosas: «…así como los pinceles, los cauteres y las conchas» (…penicilli, et cauteria et conchae).

Creemos que los pinceles poco pueden diferir  de los actuales, aunque al principio es posible que fuesen unas cañas o varas con un extremo fibroso por su maceración, aunque de este mdo debería ser muy rudo y, en consecuencia, pronto aparecería el pincel con pelo fijado a un extremo, como hoy conocemos, y de diferentes formas y tamaños.

Plinio (9) habla de «Ciertos pinceles hechos con esponjas y que servían para innumerables usos, especialmente en medicina, y entre éstos,, para ponerlos sobre los orzuelos y tumores de los ojos empapados de vino dulce». (Itidem  oculorum tumores sedant ex mulso impositi, abstergendae lipitudini ex aqua, utilissime ex aqua).

Volviendo al pincel de pelo, se distinguían las brochas y brochones, según el tamaño de uno y de otro. Antes de Vitruvio ya era conocida la brocha y el brochón, que eran de cerdas.

Ni este autor ni Plinio dan a instrumento semejante otro nombre sino el de «seta» o «setae»y quien inventó la brocha para blanquear o dar cera a los ábacos, lo hizo para practicarlo con facilidad, si es que no se había ya inventado con anterioridad el pincel, instrumento más pequeño y de pelo más suave y propio para pintar delicadamente.

Marciano nos cita entre los utillajes del pintor:«…Las conchas» (confer 8).

Imaginamos que estos instrumentos o recipientes cóncavos serían los utilizados para introducir en ellos los colores con cera, y a su vez, depositados sobre la plancha metálica, bajo la cual estarían los carbones encendidos

En los mejores tiempos de Grecia ponían los colores en una tazas o platillos, como acostumbraban muchos miniadores, según Polux (10), que cita a Isócrates:

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La traducción latina hecho por el mismo autor es como sigue: » Sed de pictorum vasculi Isacrate patellas dicente nihil intererit quo minus de lancibus nomen hoc dici videri possit, et secundum consuetudinis usam, et cognitionem, usitatum fieri. Sed de πινακες ipsi, non modo opsoniorum vas, sed tabulam quoque significant, apud Homerum, et tabulam indissolutam…».«Pero sobre los pequeños recipientes usados por los pintores, a los que Isócrates llama vasitos, no hay dificultad en se los pueda denominar platos, y que se utilicen y conozcan según su aplicación y uso. Pero estos mismo vasos no sólo representan platos de pescado, sino también cuadro pintado en Homero y pintura indisoluble…».

Otro instrumento que se empleaba para moler los colores y que podía servir de paleta además de la piedra plana, era un mortero de piedra, también usado para medicina.

Plinio nos dice: «Los pintores se preocuparon también de la piedra usada en los morteros y no sólo a las destinadas a las medicinales o a los pigmentos. La piedra etesia entre éstas fue preferida a las demás, después de las de Tebas que llamamos pyrrhopoecillon, algunos psaron y en tercer lugar, crisita por proceder de una piedra preciosa». (Auctoribus cuae fuere lapides mortarium quoque, nec medicinalium tantum, aut ad pigmenta pertinentium. Etesium lapidem in iis praetulere ceteris, mox Thebaicum, quem pyrrhopoecillon appellavimus, aliqui psaron vocant tertium ex chalazio chysitem).

 

MATERIALES

Entre los materiales que intervienen en la composición de las distintas fórmulas o modos de pintura encáustica, encontrados a través de la consulta de los textos clásicos, hallamos la cera como principal ingrediente, así como resinas, aceites y pigmentos.

A continuación desglosamos las características de cada uno de tales componentes:

a) LAS CERAS

La cera de que nos hablan los textos, es cera virgen de abejas que, tras su extracción del panal y posterior purificación y blanqueamiento, se conserva en forma de panes o tortas, para su posterior utilización como pintura, junto con resinas y pigmentos, mezclada en caliente o en frío.

Plinio (12) nos relata la forma de extraer la cera en el siguiente texto: «La cera se hace con panales de los que se extrae la miel, pasada primeramente por agua y puesta a secar durante tres días en obscuridad; al cuarto, se funde al fuego en vaso de cerámica terracota, con una cantidad de agua suficiente para cubrirla; después de filtra con una criba de esparto o cesto. Se cuece de nuevo la cera con el mismo vaso y con la misma agua se vierte sobre vasos embadurnados de miel con agua fría…La cera se hace negra y se le añade ceniza de papel; roja, si se la añade orcaneta, y si se le dan diversos colores con drogas para el modelado, y para innumerables usos de la vida, y también para proteger los muros y las armas. al tratar de las abejas, hemos dado todas las demás reseñas sobre estos insectos y sobre la miel. Se acaba de exponer todo cuanto se refiere a los productos del huerto». (Cera fit expressis fauis, sed ante purificatis aqua ac triduo in tenebris siccatis, quarto die liquatis igni in novo fictili, aqua fauos tegente, tunc sporta colatis. Rursus in eadem olla coquitur cera cum eadem aqua excipiturque alia frigida…Nigrescit cera addito chartarum cinere, sicut anchussa admixta rubet, uariosque in colores pigmentis  trahitur ad redendas simillitudines et innumeros mortalium usus parietumque etiam et armorum tutelam. Cetera de melle apibusque in natura earum dicta sunt. Et hortorum quidem omnis fere peracta ratio est).

b) CLASES DE CERAS

Hay bastante confusión entre las clases de ceras descritas en los textos. Plinio (13) nos relata su procedencia en el texto siguiente: «La mejor es la llamada cera púnica; después de ésta, una cera muy amarilla con olor a miel pura, pero proveniente del Ponto, fama que me impresiona verdaderamente en esta país de mieles envenenadas. Después viene la cera de Creta, que tiene mucho propóleo, substancia de la que se ha hablando a propósito de las abejas. Después de estas ceras viene la de Córcega, a la que, como proviene del boj, se atribuya un poder medicamentoso».(Optima quae Punica uocatur, proxima quam maxime fulua odorisque mellei, pura, natione autem Pontica, quod constaret equidem miror inter venenata mella, dein Cretica, plurimum enim ex propoli habet, de que diximus in natura apium. Post has Corsica, quoniam ex buxo fit, habere quandam vim medicaminis putatur).

Otro autor que da instrucciones sobre este apartado es Dioscórides, con la diferencia de ser el original, escrito por él, como entendido en la materia, cosa que no sucede con Plinio.

Dioscórides (14), en su pasaje dice: «La mejor de todas es la de un amarillo encendido, grasa, con olor a miel pura, y venida del Ponto, o de Creta». (Cera optima subfulua, subpinguis, pura, odorata et halitu quodam tenus mellem referens, natione Pontica, aut Cretica.

Un tercer autor, anónimo, refiere en su obra «Hortus Sanitatis», aunque con pequeñas variantes, los mismos consejos para la elección y blanqueamiento de la cera que expresan Plinio y Dioscórides.

c) BLANQUAMIENTO DE LA CERA

Como hemos visto en el pasaje anterior, la cera, después de extraída del panal, necesita ser despojada de las materias que le dan color, es decir, decolorarla, pero…¿es necesariamente imprescindible esta operación para su uso en pintura?

Parecer ser, según Plinio, Dioscórides y anónimo, que esta operación fue inventada por la ciencia médica y farmacéutica para sus usos particulares, y que después la adoptó la pintura para los suyos. Por lo tanto, parecer ser que esta operación no fue realizada necesariamente por los pintores.

En la práctica se ha realizado esta decoloración de la cera, siguiendo las instrucciones de los autores antes mencionados, consiguiendo cera completamente blanca.

Al comienzo de la práctica se usaba cera virgen amarilla, tal como la expenden en el comercio. Esta circunstancia, al parecer, no influía aparentemente en la nitidez y luminosidad de los colores; posteriormente y debido a la práctica realizada para el blanqueamiento de la cera, el resto de las prácticas se han realizado con esta cera. Al comparar en su botes y en la paleta los colores realizados con una y otra cera, no se aprecia, a simple vista, diferencia alguna en cuanto a los aspectos antes apuntados.

Naturalmente es un hecho fuera de toda duda pensar en la conveniencia del empleo de la cera blanqueada, sobre la otra; pues nada positivo debe aportar al pigmento al ser mezclado con cera provista de impurezas. En esta circunstancia  se piensa que, a medio y largo plazo, debe afectar a la transparencia y durabilidad de la pintura.

Como hemos visto, para estudiar el proceso de blanqueamiento de la cera, hemos de referirnos necesariamente a tres autores: Plinio, Dioscórides y anónimo.

De entre ellos cabe destacar el testimonio de Dioscórides, como el original, el que conoce el proceso por haberlo experimentado personalmente, según se aprecia en lo detallado de su exposición.

Plinio, como compilador, expone el mismo proceso con los mismos ingredientes, aunque con menos lujo de detalles. Otro tanto hace el autor del tratado Hortus Sanitatis.

Se va a citar en primer lugar al escrito de Dioscórides (15), quien después de enumerar las clases de ceras y su procedencia, dice: «La cera más blanca y pura de aquella especie, se hace pedacitos y se echa en una olla nueva; échale el agua necesaria tomada de altamar, hasta hervir, y rocíala entonces con poquito de nitro. Después que haya hervido por segunda y tercera vez, aparta la olla y déjala enfriar: saca luego la costra de la cera y rayendo la inmundicia, si por casualidad se ha pegado alguna, echa otra agua marina, y cuécela por segunda vez del modo que se ha explicado; y después de que haya hervido la cera, aparta del fuego la olla, y luego meterás con tiento el fondo exterior de un pucherillo, mojado con agua fría, dentro de la cera, tomando un poquito de ella con la mano en el aire, para ir sacando lo menos que se pueda, y para que de esta suerte se endurezca más fácilmente. Sacando el fondo del pucherillo, despegarás el primer cerco, y volverás a meter el mismo asiento del pucherillo refrescado con agua dentro de la cera, e irás haciendo esta misma diligencia hasta sacarla toda. Últimamente pasarás por aquellos cercos un cordón o cinta de lino, y los colgarás de suerte que no se toque unos con otros, y entre día los irás rociando con frecuencia al sol; por la noche los dejarás a la luna hasta que queden completamente blancos. Pero si quieres que la cera quede sumamente blanca, cuécela algunas otras veces, haciendo todo lo demás como antes. Algunos en lugar del agua de altamar la cuecen una o dos veces en una salmuera fortísima del modo que queda dicho». El texto original dice: («In eo genere quae candidior, puriorque fuerit, conscissa, in ollam novam transfundito; et effusa, quanta satis sit, aqua marina ex alto petita, coquito, inperso etiamnum nitri momento. Cunque iterum, tertioque efferbuerit, remota olla, refrigerari sinito: Tum cerae pastillum eximio, desaraque sorde, si qua forte adhaesit, alia addita aqua marina, secundo decoquito; cunque cera denuo, uti demonstratum est, efferbuirit, vas ab igne submoveto, ac nova ollulae fundum, prius frigida madefactum, leniter in ceram demittito, paululum dumtaxat, suspensa manu, intingens, ut ipsius quam minimum detrabatur: quo facilius per se concrescat. Sublato fundo, urbiculum primum auferto; iterumque vasis imum aqua refrigeratum, in ceram immittito; idemque tantisper facito, dum ceram tota, exceperis. Tandem filo lineo traiectos orbiculos ita suspendito, ut ne inter se contigant; ac interdiu quidem ipsos assidue ad solem irrorato, noctu vero lanae exposito, dum perfecte albescant, quod si ceram candidissimam brevi volueris, identidem eam recoquito; caetera vero omnia eodem modo peragito; nec desunt, qui pro marina ex alto petita muria acerrima secum, aut iterum antedicto modo decoquunt). 

Plinio (16) da su receta de un modo más parco en detalles y con algunas diferencias con respecto a la extracción de la cera del interior de la olla, así como en el modo de exponerla al sol, como se verá al citar ambos pasajes.

Después de dar las características de la cera idónea, describe el modo de blanquearla, y dice así: «La cera púnica se prepara de la siguiente manera: se expone al aire durante varios días la cera amarilla; después se la hace hervir en agua de mar cogida en altamar, añadiéndole carbonato de sodio. Después, con cucharas, se le quita la flor, es decir, la parte más blanca y se le vierte en una vasija con un poco de agua fría; después de haberla hecho de nuevo hervir aparte en agua marina, se vuelve a enfriar en el mismo recipiente o bien con agua.Cuando esto se ha hecho tres veces, se seca el producto al aire libre, sobre zarzo de junco, a la luz del sol, y de la luna. La luna la blanquea, el sol la seca y, para impedir su fundición, se la cubre con fina tela de lino. Se obtiene la cera más blanca posible si se hace cocer de nuevo, depués de la insolación». (Punica fit hoc modo: uentilatus sub diu saepius cera fulua, dein fuerit in aqua marina ex alto petita addito nitro. Inde lingulis hauriunt florem, id est candidissima quaeque, transfunduntque in uas quod exiguum frigidae habeat, et rurus marina decocunt separatim, dein uas ipsum aut aquam refrigerant. Et cum hoc ter fecere, iuncea crate sub diu siccant sole lunaque. Haec enim candorem facit, sol siccant et, ne liquefaciat, protegunt tenui linteo. Candidissima uero fit post insolationem etiamnum recocta).

Se omite la descripción que nos hace el anónimo del Hortus Sanitatis para no ser reiterativos, que nos dice los mismo que los anteriores.

Como se ve, este era el sistema que tenían los antiguos para purificar y blanquear la cera. Modernamente existen otras formas menos laboriosas, como se verá más adelante.

Proceso actual sobre el blanqueamiento de la cera: Se trocea la cera en pedacitos y se introduce en una olla con agua tomada de altamar y un poco de nitro; se deja hervir dos veces y se seca la cera de la olla con la ayuda de una cuchara, y se va echando en un recipiente con agua fría. Se vuelve a repetir la misma operación con agua nueva y nitro. Una vez que ha hervido dos veces, se saca la flor de la cera de la superficie y se introduce en un recipiente con agua fría; se saca la cera del recipiente y se pone a secar sobre un lienzo de lino extendido en un bastidor; se deja al sol durante cinco días, y se consigue un blanqueamiento casi completo. Si embargo, para conseguir el blanqueamiento total, en lugar de hervir la cera otra vez, como dicen los autores antiguos, se deja otros cinco días al sol, con lo cual se consigue un blanqueamiento completo.

d) CERA PÚNICA

Este término, que tuvo su controversia a raíz del restablecimiento de la encáustica, sobre el modo de interpretar a los escritores antiguos se verá en el apartado del «Restablemiciemto de la Encáustica», iniciado por Felipe de Guevara. Pensamos que aún no se ha terminado en la acturalidad.

En este apartado se van a analizar los textos donde aparece este término, e intentar sacar algunas conclusiones.

Plinio (17) dice en su libro; «La mejor de las ceras es la que llaman púnica». Luego enumera la cera que huele a miel, y que procede del Ponto, Creta, etc. Y más adelante, al tratar el blanqueamiento, dice: «La púnica se hace del modo siguiente…». Y da la fórmula de blanquear la cera que hemos visto anteriormente. Según Plinio la cera púnica es la blanca, después de su purificación con agua de mar, etc.

Dioscórides (18) no llama púnica a la cera blanca, sino que dice:«La cera se pone blanca el modo siguiente..», y describe el proceso ya indicado antes. Este autor, a diferencia de Plinio, no llama cera púnica a la cera blanca. Por eso algunos autores, al interpretar a Plinio, han visto en este proceso algo más que un mero blanqueamiento, al confundir la sal nitro con otra sal, y consecuentemente el proceso de blanqueado con el de saponificación.

Plinio (19) en su relato comienza dando primacía a la púnica, nombrando a las otras con el topónimo de la región de procedencia.Sin embargo, no llama púnica a la cera criada en Cartago, sino a la que llaman de Cartago: «la mejor, llamada púnica…después la de Córcega. (optima, quae punica uovatur…Proxima…natione autem Pontica; deinde Cretica…post has Corsica».

De esto se deduce que el llamar cera púnica a la cera blanca, se deba a la semejanza de ésta con la que llevaban de Cartago a Roma, por ser los cartagineses famosos en el arte de purificarla, y la apellidasen púnica, aunque fuese su origen del Ponto, Creta o Roma.

Mereció esta cera la preferencia sobre las demás, únicamente por estar ya purificada y no ser necesaria la operación antes descrita.

A las otras se las llama cera del Ponto; después viene la de Creta, u por último la de Córcega, tomando el nombre de la región y, naturalmente de un color amarillento o rojizo siendo la púnica más blanca aún sin purificarla todavía o púnica después de ser purificada:«Punica fit hoc modo. Ventilatur sub dio saepius cera fulva». «La púnica se hace de la siguiente manera. La cera amarilla se ventila durante varios días» (20).

La conclusión que sacamos de esto es que la cera virgen debe ser despojada de impurezas y blanqueada para su uso en medicina o en pintura , y que el nombre de púnica tiene su origen en Cartago, por ser los cartagineses maestros en el arte de purificarla: de ahí el nombre de púnica a la cera blanca, aun cuando su origen fuese de diferente región.

 

e) RESINAS Y ACEITES

Como hemos visto, la cera es principal ingrediente de la pintura encáustica. Los colores, tanto naturales como artificiales, se consiguen con diversas tierras, metales, flores y otras materias. También se requieren resinas para dar consistencia y firmeza a la blandura natural y fragilidad de las ceras solas, ayudándose para este efecto de la acción del fuego y de los aceites volátiles, también usados para su disolución.

El uso conveniente de las resinas mezcladas con la cera, con objeto de endurecerla y fijarla al soporte, aparece en los textos clásicos como uno de los elementos imprescindibles en la práctica de la encáustica. Plinio habla de la utilidad para los pintores del uso de las resinas, nombrando entre ellas a la «sarcocola» y, más adelante, recomienda entre las sarcocolas la más blanca, sobre las rubias, porque su color puede alterar el tinte de los colores. Y dice sobre ello: «Y por tanto es la blanca mucho mejor que la roja». (…et ideo candida quam rufa melior).

Plinio (21) hablando de los árboles resinosos, dice: «Entre los arboles que destilan jugo, los que producen pez y resina, unos crecen en Oriente y otros en Europa. Asia, por su situación central, tiene especies de estas dos regiones. En Oriente la resina mejor y más fina proviene del terebinto. Le sigue la procedente del lentisco, llamada también almáciga. Después la del ciprés, de sabor muy fuerte. Todas son líquidas y quedan en forma de resina, mientras que la procedente del cedro es más espesa y apta para obtener pez. La resina arábiga, blanca, de fuerte olor, molesta a los que la hacen cocer. La de Judea es más dura y olorosa, tanto como la del terebinto. La de Siria se asemeja a la miel ática. La de Chipre supera a todas, pues es de un color meloso y carnosa. La de Colofón, de un amarillo superior a todas las demás, si se tritura, se hace blanca y de olor más fuerte. Por esta razón no se usan en los perfumes . En Asia, la que se extrae de pez, es muy blanca y se llama psagdas. Toda resina es soluble en aceite». (Arborum suco manantium picem resinamque aliae ortae in Oriente, aliae in Europa ferunt; quae interest Asia utrimque quasdam habet. In Oriente optimam teniusissimamque terebinthi fundunt, dein lentisci, quam et mastichem uocant, postea cupressi, acerrimam sapore, liquidam omnes et tantum resinam, crassiorem uero et ad pices faciendas cedrus. Arabica resina alba est, acri odore, difficilis coquenti, Judea callosior et terebinthina quoque odoratior, Syriaca Attici mellis similitudinem habet. Cypria antecedit omnes; est autem melleo colore, carnosa. Colophonia, praeter uetera fulua, si teratur, alba fit, grauior odore; ob hoc non utuntur ea unguentarii. In Asia quae fit e picea, admodum candida, psagdas uocatur. Resina omnis dissoluitur oleo).

Otro documentos que nos aclara el uso de las resinas en las pinturas en encáusticas griegas, es el de Isócrates, citado por Plinio y que dice: » Las materias son las mismas tablas, las tablillas, las ceras, los colores, los fármacos, que son las resinas, y las flores». (Materiae ipsae tabulae, tabellae, et secundum Isocratum cera, colores, pharmaca, flores).                                                                    Otra resina nombrada por Plinio, y que pudiera ser útil a la encáustica, es la pasta de incienso, porque es soluble, resinosa y diáfana, especialmente si es escogida. Sobre ello dice: «Nadie mezclará el incienso macho». (Nonulli, et thus masculum admiscent) (23).                                                En el pasaje no se aprecia con claridad si se usaba en pintura, y quiénes y para qué fin lo mezclaban.  El betún judaico nace en el lago Asphaltites. Hay dos colores:blanco y negro. El blanco debe estar destinado a la pintura, como todas las demás resinas blancas y transparentes, aunque parece ser que se usaba para proteger a las estatuas y no usado por pintores griegos y romanos para mezclar con sus pinturas. La pez, como ingrediente mezclado con cera y que se empleaba para pintar y proteger los barcos, es citada por Plinio (24): «La zopissa, hemos dicho, se arrancaba de las naves, cera macerada con sal marina». (Zopissam eradi navibus diximus cera marino sale macerata).                          Parece ser que sólo eran los médicos los que llamaban zopissa a aquella mezcla de pez y cera que se raía de las naves en la parte que estaba en contacto con el agua; pero no se aprecia con claridad que esta substancia se mezclara con los colores y fuese empleada por los pintores para sus cuadros.             Por lo tanto, el documento de donde se puede sacar una conclusión más favorable sobre el uso de las resinas en la pintura encáustica, es el referido por J. Polux, en el que la palabra φαρμακα es igual a resina, y entre todas ellas, la sarcocola, en opinión de Plinio, utilísima a los pintores.                            La sarcocola es muy conocida entre los médicos y cirujanos. Su nombre griego significa «cola de carne» (σαρκοκολα), porque cierra las heridas. Plinio aconseja la blanca sobre la roja, no se sabe si para la pintura, para la medicina o para otras cosas: «Y por tanto la blanca es mejor que la oscura». (Et ideo candida quam rufa melior) (25).

 

f) ACEITES VOLÁTILES

El uso de aceites volátiles como diluyente de la cera, así como su variedad y procedencia se encuentran en los textos de Plinio y otros autores y relatados  como se verá.             

g) PIGMENTOS    

Al principio sólo había dos colores: uno, el correspondiente al fondo del cuadro, y el segundo, con las líneas hechas con barro cocido y molido.                                                   

Según Plinio» fue Ecfanto de Corinto el primero que hizo esta clase de pintura». (Primus inlevit eas colore testae, id ferunt, tritae Ecphantus corintius). (26).                     

Después se aumentaron los colores a cuatro, que eran, según Plinio: La tierra de Melos o melina, para el blanco; el sil ático, especie de ocre, para el amarillo; la sinopia póntica para el rojo; el atramentum para el negro, es decir, el negro de humo, con estos cuatro colores, hicieron obras tan prodigiosas Apeles, Etión, Malantio, Nicómaco, cuya tablas se vendían por lo que valían las riquezas de lugares enteros». (Quattuor coloribus solis immortalia illa opera fecere ex nigris atramento, Apeles, Aetion, Melanthius, Nocomachus, clarissimi pictores, cum tabulae eorum singulae venirent opibus) (27).

Parece ser que Apeles tenía una paleta mucho más abastecida. En este punto la opinión de Cicerón está más cercana al tiempo en que fueron empleados estos colores, que lo que dice Plinio.                      Cicerón (28) dice: «La misma razón milita en la pintura que celebramos de Zeuxis, Plignoto y Timantes, y en los contornos y formas de los que no usaron más de cuatro colores. Pero en Aecio, Nicómaco, Protógenes y Apeles, ya se halla perfeccionada la pintura en todas sus partes». (Similis in pictura ratio est; in aqua Zeuxis et Polignotum et Timanthem et eorum, qui non sunt usi plus quam quattuor coloribus, formas et linniamenta; et in Aetione, Nicomacho, Protogene, Apelle iam perfecta sunt omnia).

No se sabe exactamente la época en que se pintaba con los cuatro colores, ni tampoco el número ni orden en que se fueron admitiendo en el arte. Se puede afirmar con cierta verosimilitud, que Apeles poseía, para cada uno de los colores antiguos, varios matices. disponía del azul y del verde, y puede ser que fuera ya el caso de sus predecesores inmediatos, los que aplicarían la rica policromía de las «Lecythes» de ese tiempo. ¿Se han preguntado si los ojos de los artistas griegos percibían todos los colores que perciben los nuestros, si eran capaces de la misma pasión, de la misma delicadeza de análisis? Lo que es verdad es que las palabras de los textos no designan siempre lo que nosotros creemos; pero no conviene deducir de aquí que ellos conocieran un menor número de tonos y matices que nosotros. Analizando a Plinio, se ve cómo los pintores empleaban distintas variedades de rojo: la sinopia los abastecía de tres rojos distintos, según su procedencia, bien del Ponto (de ahí su nombre), de Egipto, de África, de Baleares, Lemnos, Capadocia. También conocían varios amarillos, como el de Skynos, el lidio, este último más oscuro que el sil de Atenas.                                    Además, dado el espíritu inventivo de los griegos, hace suponer que tendería a multiplicar tonos o perfeccionar los ya existentes.  Referente al negro, los pintores Polignoto y Micón, lo obtenían al secar las heces de las uvas, después de su prensado, sacado y quemado. También Apeles lo obtenía del marfil calcinado. Parrasio conseguía el blanco de la tiza de Eritrea, cualidades que no tenían otros blancos. Cidias de Kythnos, pintor poco conocido de la época helenística, había tenido la idea de quemar el amarillo para obtener el bermellón. A todos estos recursos se añadían los provenientes de mezclas, de las cuales Polignoto obtenía ya efectos suficientemente variados.                                        Uno de los más complicados era aquel con cuya ayuda se obtenía el color carne. Hay cierto número de testimonios que sería largo enumerar, y que probaban la importancia que los griegos daban a esta coloración y las habilidades que ellos empleaban.                                                                                      Además de los testimonios de Plinio, tenemos los de Vitruvio, que completa el capítulo de los pigmentos.

En Vitruvio se  aprecia, al referirse a las especies de colores de los antiguos, que los pigmentos sólo se diferenciaban de los modernos en el nombre; pues en lo relativo a su composición y manipulación, se asemejan a la de nuestro tiempo. En el libre VII analiza el modo de extraer y depurar los colores nativos o minerales y, sobre todo,hace hincapié en las instrucciones dadas a los pintores sobre el conocimiento físico,su legitimidad, saber distinguir entre los verdaderos y los falsos mezclados con cuerpos extraños. Al hablar de los pigmentos naturales, nos comenta: «Diré ante todo que entre los colores hay unos que aparecen naturalmente como tales en lugares determinados, en canteras de donde se los extrae, y que hay otros que se hacen artificialmente mediante manipulaciones o mezclas o amalgamas de substancias diversamente dosificadas, con las que se obtienen productos que pueden utilizarse en las obras, y producen en ellas el mismo efecto que los colores simples y naturales». (…colores vero alii sunt, qui per se certis locos procreantur et ide fodiuntur, nonnullis ex aliis rebus tractationibus aut mixtionum temperaturis compositi perficiuntur, uati praestent erandem in operibus utilitatem) (29).     

A continuación hace una relación de los colores existentes en su tiempo, así como sus características y procedencia.

g) OCRE

«En primer lugar citamos al sil, que se extrae de forma espontánea, denominado en griego ocre. Se encuentra en muchos lugares, incluso en Italia, pero el ático, que es el mejor, aún no se tiene». (Primum autem exponemus, quae per se nascentia fodiuntur, uti sil, quod Graece οχρα dicitur. Haec vero multis locis, ut etiam in Italia, invenitur; sed quae fuerat optima, Attica, ideo non nunc habetur) (30).

h) ALMAGRA

» Igualmente las rojas se extraen abundantemente en muchos lugares, pero las mejores, en pocos, como la de Sínope en el Ponto, la de Egipto, la de las Baleares en Hispania, y no menos buena la de Lemnos». (Item ribricae copiosae multis locis eximuntur, sed optimae paucis, uti Ponto Sinope, et Aegipto, in Hispania Balearibus, non minus etiam Lemno.) (31). «En cuanto al color paretorio, toma su nombre del propio lugar de donde se extrae. Igual ocurre con el nombre melino, así llamado porque hay abundancia de él en una de las isas Cícladas, la de Melo». (paretorium vero ex ipsis locis, unde foditur, habet nomen, eadem ratione melinum quod eis metallum in sola cycladi Melo dicitur esse) (32).

I) VERDE

«La tierra verde se extrae de muchos lugares, pero la mejor de todas es la de Esmirna; los griegos la llaman Theodotion, del nombre del dueño del campo  donde se encontró por primera vez, llamado Theodoto». (Creta viridis item pluribus locis nascitur, sed optimae Zmyrnae; hanc autem Graeci θεοδοτειον vocant, quod Theodotus nomine fuerat, cuius un fundo id genus cretae primum est inventum) (33).

j) OROPIMENTE

«En griego se llama aesenicon, y se extrae en el Ponto» (Auripigmentum quod αρσενικον graece dicitur, foditur Ponto). (34).

k) SANDÁRACA

«Se halla también en varios lugares, pero la mejor es la de las canteras del Ponto, cerca del río Ipani». En los parajes de Magnesia y Éfeso se extrae ya en perfectas condiciones, hasta el punto de que no es necesario molerla ni cernerla. (Sandaraca item pluribus locis sed optima Ponto proxime flumen Hypanium habet metallum) (35).

En el apartado donde se trata el minio y el azogue, dice Vitruvio sobre el primero:«Voy a comenzar a explicar el origen del minio. Es fama que éste se descubrió por primera vez en los campos cilvianos, cerca de Éfeso: su naturaleza y propiedades son muy notables. En efecto, se extrae de un mineral que, antes de que con la manipulación se convierta en bermellón, se parece a una vena de color de hierro, pero de un color algo más rojizo, porque tiene a su alrededor un polvo rojo». (ingrediar nunc minii ratione explicare. id autem agris Ephesiorum Cilbianis primum esse memoratur inventum. cuius et res et ratio satis magnas habet admirationes. foditur enim glaeba quae dicitur, antequam tractationibus ad minium perveniant, vena ati ferrum, magis subruto colore, habens circa se rubrum pulverem) (36).

Este color era en tiempos de Plinio precioso, muy caro, y algunos pintores astutos, que robaban los colores costosos que les administraban los dueños de los cuadros, mojaban los pinceles en el color y lo enjuagaban muchas veces en el agua. Así, los colores pesados, como ocurre al minio, se depositaban en el fondo. Plinio dice literalmente:«Era propio de los pintores, para el robo de los colores, sumergirlos llenos en el agua. De esta manera se asientan los colores en el fondo y quedan para los ladrones». (Pigmentum furto opportunum est plenos subinde abluentium penicillos. Sidit autem in aqua, constantque furantibus) (37).

l) BERMELLÓN

Vitruvio, en el libro IX, habla, entre otros, del bermellón y su preparación: «Cuando los terrones de tierra estén secos, se tunden en un mortero de hierro y se muelen y, libres de impurezas mediante lavados y cocimientos repetidos, se consigue hacer salir los colores. Cuando el bermellón, por el abandono del azogue, ha perdido su vigor natural, se vuelve más tierno y débil. Así que, cuando se lo utiliza para enlucidos, de habitaciones cerradas, mantiene sin alterarse su color, pero empleado en lugares abiertos, como los peristilos y las exedras, en los que los rayos del sol y de la luna pueden penetrar, el bermellón se altera, pierde pronto su viveza y se ennegrace». (ipsae enim glebae cum sunt aridae, contunduntur pilis ferreis, et lotionibus et cocturis crebris relictis stercoribus efficiuntur, ut adveniant, colores cum ergo enissae sint minio per argenti vivi relictionem quas in se naturales habuerant virtutes, efficitur tenera natura et viribus inbecillis. Itaque cum est in expolitionibus conclavium tectis inductum, permanet sine vitiis suo colore; apertis vero, id est, peristyliis aut exhedris aut ceteris eiusdem modi loci, qua sol el luna possit splendores et radios inmittere, cum ab his lucus tangitur, vitiatur et amissa virtute coloris denigratur) (38).

m) CRISOCOLA

«La Crisocola viene de Macedonia y se extrae en lugares próximos a las minas de cobre. El azul de Armenia y el Índico, nos dicen sus propios nombres los países de donde proceden». (Chrysocolla adportatur a Macedonia; foditur autem ex his locis, qui sunt proximi aerariis metallis, armenium et indicum nominibus ipsis indicatur, quibus in locis procreatur) (39).

En el capítulo IX habla de los pigmentos artificiales: «Primeramente hablaré sobre el negro de humo, cuyo uso es muy necesario en las obras, con el fin de que se conozcan cómo se preparan en sus justas medidas de proporciones, a qué temperatura». (et primum exponam de atramento, cuius in operibus magnas habet necessitates, ut sint notae, quemadmodum preparentur ceris rationibus artificiorum, ad id temperaturae) (40).

Continuando con el negro de humo, he aquí su forma de extracción (41): «Se construye un pequeño recinto de forma de lacónico; se le reviste finamente de mármol y se alisa. Delante de él se pone un hornillo que tenga un conducto que comunique con el lacónico, cuya boca debe estar cuidadosamente taponada para evitar que por allí salga la llama y se disipe. Se pone luego en el hornillo resina: ésta, por el efecto del fuego, se ve forzada a despedir humo que se irá adhiriendo a las paredes y a la bóveda, de donde se la recoge». (namque aedificatur locus uti laconicum et expolitur marmore subtiliter et levigatur. Ante id fit fornacula habens in laconicum nares, et eius praefurnium magna diligentia comprimitur, ne flamma extra dissipetur. In fornace resina conlocatur. Hanc autem ignis potestas urendo cogit emittere per nares intra laconicum fuliginem, quae circa parietem et camerae curvaturam adhaerescit). Y continúa diciendo: «Si no se encontrara este negro a mano, se remedia la necesidad de la siguiente manera: se quemarán sarmientos o teas de pino y cuando se haya hecho brasas, se apagarán y se molerán para mezclarlos con la cola». (si autem hae copiae non fuerint paratae ita necessitatibus erit administrandum;  ne spectatione morae res retineatur. sarmata aut taedae schidiae comburantur; cum erunt carbones extenguantur, deinde in mortario cum glutino terantur) (42). 

«También se podrá obtener el mismo resultado, si se secan y calcinan en un horno las heces del vino». (non minus si faex vini arefacta et cocta in fornace fuerit et ea contrita cum glutino in opere indicetur) (43).

n) AZUL

» La preparación del azul, dice Vitruvio, se descubrió por primera vez en Alejandría; después Vestorio introdujo su fabricación en Puzol». (caeruli temperationes Alexandriae primum sunt inventae. postea item Vestorius Puteolis instituit faciundum) (44).                                                                    Se prepara de la siguiente manera: «Se machaca arena con flor de salitre y se muele tan finamente que vaya a quedar como arena; se mezcla con limaduras de cobre de Chipre; se humedecen a fin de que se conviertan en pasta; luego, con las manos se forman unas bolitas bien prietas que se ponen a secar. Una vez secas, se echan en un crisol de barro que se mete en el horno. Así el cobre y la arena, al hervir juntos se comunican recíprocamente sus vapores, y pierde cada cual sus cualidades, y reducida por el fuego a una sola substancia, se vuelven de color azul». (arena enim cum nitri flore conteritur adeo subtiliter, ut efficiatur quemadmodum farina;  ea aes cyprum limis crassis uti scobis facta mixta conspargitur, ut conglomeretur; deinde pilae manibus versando efficiuntur et ita coligantur, ut inerescant; aridae componuntur in urceo fictili, urcei in fornace; ita aes et ea arena ab ignis vehementia confervescendo cum caluerint, inter se dando et accipiendo sudores a proprietatibus discedunt suisque viribus per ignis sudores vehementiam confectis caeruleo rediguntur colore) (45).

o) OCRE QUEMADO

Se prepara de este modo: «Se pone al fuego un trozo de mineral de buen ocre y se lo deja hasta que esté incandescente, luego se apaga con vinagre, con lo que adquiere color púrpura». (glaeba silis bonis coquitur, ut sit in igni candens, ea autem aceto exstinguitur et efficitur purpureo colore) (46).

p) ALBAYALDE

A continuación Vitruvio explica el método de prepararlo a partir del cardenillo y de la sandáraca. El albayalde se obtiene de este modo: «Los rodios ponen en el fondo de algunas tinajas sarmientos y vierten sobre ellos vinagre; después colocan sobre los sarmientos planchas de plomo; tapan seguidamente las bocas y todas las posibles rendijas, a fin de que nada se evapore. Transcurrido un determinado lapso de tiempo, al abrir las tinajas se encuentran el albayalde en vez de las planchas de plomo». (Rhodo enim doliis sarmenta conlocantes aceto suffuso supra sarmenta collocant plumbeas massas, deinde ea operculis obturant, ne spiramento obturatum emittatur. Post certum tempus aperientes inveniunt e massis plumbeis cerussam) (47).

q) CARDENILLO

» Por el mismo procedimiento, sólo se depositan laminillas de cobre en vez de plomo, con lo que se obtiene el cardenillo llamado eruca». (eadem ratione lamella aereas conlocantes effigiunt aeruginem, quae aeruca apellatur) (48).

r) SANDÁRACA

«El albayalde calcinado en el horno cambia de color y se convierte en Sandáraca. Esto lo aprendieron por casualidad en un incendio, y resulta mucho mejor esta sandáraca que la natural que se extrae de las canteras». (cerussa vero, cum in fornace coquitur, mutato colore ad ignem (incendi) efficitur sandaraca, id autem incendio facto ex casu didicerunt homines, et est multo meliorem usum praestat, quam quae de metallis per se nata foditur) (49).

s) PÚRPURA

» Comenzaré a hablar sobre la púrpura, que es entre todos los colores el más apreciado, el más caro y el más agradable a la vista». (incipiam nunc de ostro dicere, quod et carissimam et excelentíssimam habet praeter hos colores aspectus suavitatem») (50).                                                          «Se extrae –dice Vitruvio-  de unas conchas marinas que tienen tantos títulos como otras muchas cosas, a la admiración de cuantos se interesan por las maravillas de la naturaleza, ya que este color no tiene un matiz único, sino que varía naturalmente, con arreglo al curso del sol.                                                                                                                                                                            La púrpura que se recoge en el Ponto y en la Galia donde, debido a que estos países están próximos al septentrión, es negra; a medida en que se avanza entre el septentrión y el occidente es plomiza; la que se recoge hacia el oriente equinocial y el occidente, es de color violeta; finalmente, la que viene de los países meridionales, es completamente roja, y este mismo tipo de color se encuentra en la isla de Rodas y en algunos otros lugares que están más próximos al curso del sol». (id autem excipitur e conchylio marino, e quo purpura efficitur, cuius non minores sunt quam ceterarum <rerum> naturae considerantibus admirationes, quod habet non in omnibus locis, quibus nascitur, unius generis colorem sed solis cursu naturaliter temperatur. Itaque quod legitur Ponto et Gallia, quod hae regiones sunt proximae ad septentrionem, est atrum; progredientibus  inter septentrionem et occidentem invenitur lividum; quod autem legitur aequinoctialem orientem et occidentem, invenitur violaceo colore; quod vero meridianis regionibus excipitur rubra procreatur potestate, et ideo hoc Rhodo etiam insula creatur ceterisque eiusmodi regionibus, quae proximae sunt solis cursui) (51).                                                                                                  Mas adelante explica la forma de extracción del color a partir de las cochas: «Ina vez recogidas las cochas, se cortan en redondo con ciertas herramientas para que destile de los cortes como lágrimas de jugo que se acaba de extraer y que se recoge en un mortero y que se muele». (ea conchylia, cum sunt lecta ferramentis circa scinditur, e quibus plagis purpurea sanies, uti lacrima profluens, excussa en mortariis terendo comparantur) (52).                                                                                A continuación citamos una serie de colores artificiales que imitan a algunos de los antes descritos, y cuya obtención es más barata y simple que los colores verdaderos. Se obtienen estos colores -dice Vitruvio- de la siguiente manera: «Se obtiene la púrpura tiñendo la creta blanca con el zumo de la raíz de la rubia o escarlata. Así mismo, con el jugo de varias flores se pueden hacer otros diversos colores, por ejemplo, cuando los estucadores quieren imitar el amarillo de sil ático, hacen hervir en una vasija con agua violetas secas; cuando el agua ha quedado teñida, lo vierten todo sobre una tela, y exprimiéndola con las manos, recogen en un mortero el líquido obtenido que, mezclado después con arcilla blanca y moliendo la mezcla proporciona un color semejante al del ocre ático. Aplicando la misma preparación al arándano, y diluyéndolo en leche, se consigue un color púrpura bastante bueno. Igualmente los que no pueden adquirir la crisocola por ser demasiado cara, mezclan con el azul el zuno de una hierba llamada gualda, y obtienen así un vivísimo verde, que se denomina tintura de crisocola. Así mismo, cuando se carece de indigo, se consigue una buena imitación mezclando la creta selinusia, o la anularia con el glasto o pastel, que los griegos llaman isatis». (fiunt etiam purpurei colores infecta creta rubiae radice et hysgino, non minus et ex floribus alii colores, itaque tectores, cum volunt sil atticum imitari, violam aridam coicientes in vas cum aqua, confervefaciunt ad ignem, deinde,  cum est temperatum, coiciunt <in>linteum, et inde manibus exprimentes recipiunt in mortarium aquam ex violis coloratam, et eo cretam infundentes et eam terentes efficiunt silis attici colorem eadem ratione vaccium temperantes et lacte miscentes purpuram faciunt elegantem. item qui non possunt chrysicolla propter caritatem usi, herba, quae luteum apellatur, caeruleum inficiunt, et utuntur viridissimum colorem; haec autem infectiva appellatur, item propter inopiam coloris indicis cretam selinusiam aut anulariam vitro, quod Graeci ισατιν appellant, inficientes imitationem faciunt indici coloris) (53).

 

SOPORTES

Un problema que preocupó a los arqueólogos durante largo tiempo fue la materia sobre la que pintaban los antiguos.                                                                                                                                                 Parece ser que desde los tiempos más remotos los pintores han realizado su obras  sobre toda suerte de soportes, tanto inmóviles como en todo tipo de muro, preparado o sin preparar, como soportes móviles, también en cualquier material, aunque lo más común fuese la tabla.

a) PINTURA MURAL

Los procedimientos de pintura mural, en uso entre los egipcios, griegos y romanos, han sido objeto de numerosas discusiones. ¿Conocían el fresco?Esta técnica consistía en la aplicación de pintura al agua sobre estuco fresco de pared, o la pintura al temple sobre soporte seco.                                              Parece que desde muy antiguo ellos también practicaron la pintura encáustica. consistente en diluir los colores en cera y resina, y extenderla sobre una superficie. Pero ¿qué clase de superficie se empleaba para esta pintura?

a1) PINTURA DIRECTAMENTE SOBRE MURO

La antigüedad nos ha dejado varios textos que dan prueba del uso de la cera para pintar en exteriores de edificios, y del cuidado que empleaban en la preparación del muro.                                    Vitruvio tomó nota de lo que a muchos les había ocurrido, y en especial del escribano Faberio que, habiendo querido tener su casa decorada con pinturas, sobre todo los exteriores, éstas, al cano de treinta días, tomaron un tinte feo y desigual, lo que le obligó a aplicarles otros colores. Imaginamos que este contratiempo fuese debido a la deficiente preparación del muro, o al «medium» utilizado en la mezcla de los pigmentos, inadecuado para conferirle la protección necesaria.                                        Ante tal hecho Vitruvio aconseja: «Ahora bien, si alguno más avisado quisiera conseguir que el cinabrio conserve su color, procederá de esta manera: Cuando la pared estuviese totalmente pintada y debidamente seca,con la ayuda de un pincel, extenderá sobre ella una capa de cera púnica derretida al fuego y templada con un poco de aceite; inmediatamente con brasas preparadas en una vasija de hierro, recalentando bien las paredes y la cera, procurará que ésta se derrita, y la pared quedara bien lisa; luego, con paños limpios la frotará, como se hace con las estatuas de mármol. (A esta operación la llaman los griegos ganosis). Ahora bien, esta capa evita que la luz de la luna y los rayos del sol puedan quitar ni modificar los colores de esa pintura». (at si qui subtilior fuerit et voluerit expolitionem miniaceam suum colorem retinere, cum paries expolitus et aridus fuerit, ceram ponticam igni liquefactam paulo oleo temperatum saeta inducat; deinde postea carbonibus in ferreo vase compositis eam ceram una cum pariete calefaciundo sudare cogat lietque, ut peraequetur; deinde tunc candela centunculisque puris subigat, uti signa marmorea nuda curantur (haec autem γανωσις graece dicitur); ita obstans cerae ponticae lorica non patitur nec lunae splendorem nec solis radios lambendo eripere ex his politionibus colorem) (54).

Vitruvio recomienda en el siguiente fragmento la forma de preparar el muro: «Cuando se haya aplicado no menos de tres capas de mortero, sin incluir la mampostería, entonces será preciso macizar los revoque con grano de mármol, a condición de que la mezcla de mármol esté batida de suerte que, al hollarla, no se pegue a la llana, sino que ésta salga limpia. Extendida esta capa de mortero de grano gordo, y antes de que seque, se aplicará otra de la misma calidad, pero de un polvo un poco más fino; y cuando ésta estuviese bien aplanada y alisada,, se aplicará encima otra tercera capa de polvo mucho más fino aún. Aplicadas sobre las paredes estas tres capas de arena y otras tantas de mármol, no estarán expuestas ni a grietas ni a cualquier otro defecto. Además, si han sido trullados y alisados, el mármol les prestará una dureza y blancura que hará resaltar la nitidez y viveza de los colores que sobre ella se apliquen. (cum ab arena praeter trullissationem, non minus tribus coriis fuerit deformatum, tunc e marmore graneo directiones sunt subigendae, dum ita materies temperatur, uti, cum subigatur, non aereat ad rutrum, sed purum ferrum e mortario liberetur grandi inducto et inarescente alterum corium mediocre dirigatur; id cum subactum fuerit et bene fricatum, subtilius indicatur. ita cum tribus coriis harenae et item marmoris solidati parietes fuerint, neque rimas neque aliud vitium in se recipere poterunt, sed et liaculorum subactionibus fundata solidate marmorisque candore firmo levignata, coloribus cum politionibus inductis nitidos expriment splendores) (55).

Plinio, además de recomendar el carbón de la Galia por ser más compacto que el ordinario, nos describe: «Cuando el muro estuviese bien pulido y bien seco, se le aplicará suavemente con un pincel de pelo de puerco, una capa de cera púnica fundida al fuego y mezclada con un poco de aceite; después con los carbones situados en un infernillo, se calentará el muro de manera que hagan sudar la cera y para bien unirla. Se frotaba enseguida todo con una vela y ropas propias como se hace con las estatuas de mármol». (Esta operación a la que los griegos llaman καυσις, reviste el enlucido de una capa de cera que preserva el color de la luz de la lina y de los rayos del sol»). (remedium, ut pariete siccata, cera Punica cum oleo liquefacta candens saetis inducatur iterumque admotis gallae carbonibus inuratur ad sudorem usque, postea candelis subigatur ac dende linteis puris, sicut et marmora nitescunt) (56)

Por ello se deduce de estos relatos que la pintura mural que ellos protegían con la cera, podían ser realizada con cualquier procedimiento distinto a la encáustica, bien al fresco o al temple, y que la cera sólo sería una protección para las mismas. Sin embargo creemos que utilizaron la cera como aglutinante de los colores. además del uso como preservante.                                                                         

En este relato de Vitruvio se aprecia cómo la cera era coloreada: «Las construcciones en planta fueron imitadas por los arquitectos en los templos en piedra y en mármol, y ocupando los extremos de las vigas que rebasan los muros, se le aplicaban planchas en forma de triglifos que recubrirían de cera azul». (in lapideis et marmoreis aedium sacrarum aedificationibus artifices eorum scalturis sunt imitari tum proiecturas tignorum, quantum eminebat, ad lineam et perpendiculum parietum praesecuerunt…et eas cera caerulea depinxerunt) (57).

También se aprecia esta circunstancia, apuntada anteriormente, en este pasaje de Plinio: » Úsase con pigmentos de diversos colores, para tratar similitudes, es decir, para pinturas y para varios usos de las personas, y también para protección de las paredes y de las armas». (Variosque in colores pigmentis traditur ad reddendas similitudines et innumeros mortalium usus parietunque etiam et armorum tutelam) (58).

El hecho de que los antiguos conocieran la disolución de la cera en acietes volátiles, hace suponer que la emplearon en frío sobre los muros, bien como preparación previa, bien como aglutinante de los colores, usando el fuego para la cauterización final.                                                                                   

De la misma forma no es igual pintar un mural sobre muro completamente desnudo, que sobre un enlucido de estuco, por lo que tendrían distintas formas de imprimación.                                                   

Para la pintura sobre muro que estamos estudiando, los colores líquidos serían empleados en frío, pues un infernillo sería muy pesado y, como se trata de edificios de piedra o mármol sin estucar, no sería admisible ni el fresco ni el temple, y los colores se emplearían en cera disuelta en frío con aceites.

 a2) SOBRE PREPARACIÓN DE ESTUCO 

Como es natural, la forma de imprimar una superficie estucada varía con relación a hacerlo sobre muro de piedra desnuda. En Roma el gluten que usaban bien para preparar el muro o como aglutinante de los pigmentos, se llamaba «Atramentum» También podría usarse para presentar las pinturas al temple o al fresco con una mano final, con lo cual se cambiaba la tonalidad de los colores, dándoles más brillantez y frescura.

El que los antiguos pintores tuviesen perfeccionada esta preparación se puede constatar con las observaciones realizadas por Cicerón (59) al referirse al famoso barniz de Apeles, al que alaba: «Y como si Apeles contemplara a su Venus y Protógenes a su Jaliso manchados de cieno,         sentirían una gran pena, así también yo vi no sin dolor a éste pintado por mí y embellecido con todos los colores del arte, súbitamente deformado». (Et si Apelles si Venerem aut si Protogenes Ialysum illum suum coeno oblitum videret, magnum, credo, acciperet dolorem; sic hunc omnibus a me picturam et politum artis coloribus subito deformatum non sine magno dolore vidi).

Plinio (60), al referirse a este barniz, dice: «Nadie pudo imitarlo porque untaba sus obras acabadas con un negro de tal modo sutil que él mismo, al reflejar brillantemente las tonalidades de todos los colores y lo protegiera del polvo y la suciedad, lo pareciera ante la mirada de quien lo contemplaba; pero, a causa de las fuertes luces, para que el resplandor de los colores no dañara la vista, como a los que ven un vidrio transparente desde lejos, esta misma situación proporcionara una austeridad a los colores demasiado brillantes». (Unum imitari nemo potuit quod absoluta opera atramento inlinebat ita tenui, ut id ipsum, cum repercussum claritates colorum omnium excitaret custodiretque a pulvere et sordibus, ad manum intuienti demum appareret, sed et luminum ratione magna, ne claritas colorum aciem offenderet, veluti per lapidem specularem intuentibus et e longinquo eadem res nimis floridis coloribus austeritatem occulte daret.

Nadie ha podido averiguar la preparación de es barniz. Su aplicación era general y Vitruvio (61) lo cita también diciendo: «Se debe hacer, debajo del revestimiento decorativo de un muro o de una tabla, extendiéndolo con el atramentum, e interponer los triángulos de sil y de minio». (In uis uero supra podia abaci ex atramento sunt subigundi et poliendi cuneis siliceis seu miniaceis interpositis).

a3) SOBRE PANELES DE MADERA FIJADOS

Algunas decoraciones podían ser aplicadas directamente sobre superficies pétreas y, como hemos visto en la preparación del muro, también en otras ocasiones eran pintadas sobre paneles fijados previamente a la pared que trataban de decorar, o transportados sobre ella, una vez que la pintura había sido realizada en el taller.

Nosotros creeríamos de buen grado que, de estos dos métodos, el primero, sobre piedra directamente, es el más antiguo, y que las viejas pinturas monocromas que adornaban los templos del siglo VI eran realizadas obre las mismas paredes.

Pero muy pronto, sin duda, tuvieron la idea de pintar sobre tableros de madera, que eran más fáciles de reemplazar en caso de accidente. Esto ofrecía ventajas que no presentaba la piedra inmóvil, y sobre todo si se admite que los paneles no estaban fijados previamente a la pared antes de terminar la obra. Los paneles tenían aún esta prioridad sobre el muro, porque podía así ser pintados sobre los tableros en el taller con toda comodidad.

 

PINTURA DE CABALLETE

Pudiera ser ésta una derivación del modo empleado en pintura mural con tableros realizados en el estudio y después fijados a la pared.

a1) SOBRE TABLA

Sobre madera parece ser que estaban pintados los cuadros de Zeuxis, Parrasio, Tmantes y  Apeles, y eran en general de pequeñas dimensiones.

Plinio relata en su obra, al referirse a la tablas pintadas por los antiguos griegos, que, cuando Pausias visitó Grecia, no vio estas tablas, que habían sido transportadas a Italia, mientras que sí vio las grandes obras de los excelentes decoradores del siglo V, que, sobre madera o estuco, eran de grandes dimensiones y habían sido dejadas en su sitio. De este pasaje se puede constatar el hecho apuntado anteriormente acerca de los grandes paneles de madera pintados a la encáustica, y que habían sido dejados en mismo sitio.

Las decoraciones de Agatarco y de sus sucesores fueron fueron realizadas con toda seguridad sobre paneles de madera.

Sobre un caballete estaba apoyada la tabla donde, según el relato de Plinio, se cuenta lo que ocurrió a Protógenes y Papeles a propósito de las líneas trazadas por ellos en una tabla que se encontraba preparada en el estudio de Protógenes.

Plinio termina el relato diciendo: «Es cierto haberse consumido esta table en el primer incendio de la casa del César en el Palacio. Yo la había visto antes con gran deseo y en tan espaciosa anchura no había otra cosa que aquellas líneas que huyen de la vista. Y entre otras excelentes obras de muchos artífices parecía cosa vacía, y por esto atraía hacia ella los ojos y que era más notable que todas las demás obras».

Lo que se desprende de este relato es que se encontraba la tabla preparada en un caballete y preparada para pintar sobre ella.

En algunos dibujos antiguos, donde se ven representados pintores en el momento de realizar sus obras, se aprecia en uno de ellos a un pintor haciendo un retrato, y el caballete sobre el que se ha colocado el cuadro, y éste tenía la misma forma que los caballetes de nuestro tiempo. en otro dibujo se observa la forma del marco.

En un fresco pompeyano se muestra a una mujer pintora ocupada en colorear una estatua; a sus pies se percibe un bosquejo que le sirve de modelo, y que está encerrado en un marco.

Plinio habla de pinturas griegas sobre estuco que se veían en roma y que, despegadas del templo que decoraban, eran conservadas en bastidores de madera.

Además de los célebres pintores ya citados y que realizaron su obra sobre tableros ligeros, podemos citar a una mujer pintora a instancias de Plinio, quien nos dice: «Iea de Cícico, que vivió siempre soltera, siendo aún mancebo Marco Varrón, pintó en Roma con pincel, y en marfil con el cestro, por lo común imágenes de mujeres», y coninúa: «En una tabla grande pintó una vieja napolitana y retrató su misma figura mirándose en un espejo. en pintura no hubo mano más ligera que la suya». (Iaia Cyzicena, perpetua virgo, M. Varronis iuventa Romae et penicillo pinxit et cestro in ebore imagines mulierum maxime et Neapoli anum in grandi tabula, suam quoque imaginem ad speculum, nec ullius velocior un pictura manu fuit) (62).

La encáustica sobre marfil tenía en común con la de las tablas, el empleo del cestrum, del fuego y de la cera, aportando además el uso del buril.

a2) SOBRE TELA

Aunque no con la profusión de la tabla y marfil, usados como soporte de la encáustica y relatados en pasajes diversos, el lienzo también fue utilizado como soporte para esta pintura, según lo prueba el pasaje de Plinio en el que comenta: «No voy a dejar de mencionar la locura que reina en nuestra época en el terreno pictórico. El emperador Nerón ordenó pintar un retrato suyo de medidas colosales, en un lienzo de ciento veinte pies, insólito hasta ese momento». (Et nostrae aetatis insaniam in pictura non omittam. Nero princeps iusserat coloseum se pingi CXX pedum linteo, incognitum ad hoc tempus) (63)

Aparte de esta anécdota histórica, poco más se encuentra en los textos clásicos sobre el uso de la tela para la realización de obras de arte.

OTROS SOPORTES

Tanto por las noticias que nos han legado los escritores antiguos, como por los hallazgos arqueológicos, sabemos sobre qué otros soportes, además de los ya enumerados, pintaban los artistas de la antigüedad con la técnica de la encáustica, aunque no ya como obras de arte autónomas, sino como miniaturas decorativas o como complemento de la escultura.

a1) SOBRE ESTATUAS

Esta práctica de pintura encáustica ha sido largo tiempo desconocida. Además se usaba la «ganosis», que consistía en una preparación dada a la superficie de las estatuas de mármol para conservar su pulido y dureza.

La encáustica se empleaba también para embellecer estatuas con tintes variados a través de la «kausis».

En las estatuas que se encuentran en los museos y procedentes de hallazgos arqueológicos, apenas se aprecian ligeros tintes en su superficie. Sin embargo es preciso admitir que éstas estuvieran en su origen revestidas de una rica policromía. Tales estatuas sobre la que no percibimos apenas tinte, eran bien diferentes antes de su exhumación.

Es bien cierto que la colaboración entre pintores y escultores para el embellecimiento de las esculturas era una práctica común, pues se sabe que éstos llamaban a los pintores para la policromía de sus esculturas.

Esta práctica es relatada por Plinio y la llama «circunlitio», en el citado pasaje, al comenzar: «Se preguntaba a Praxíteles cuáles eran las estatuas que él prefería, y el contestó: aquellas en las que Nicias ha puesto sus manos; tanto que él hacía caso de la «circunlitio» de este pintor. (hic este Nicias de quo dicebta Praxiteles interrogatus quae maxime opera sua probaret in marmoribus: quibus Nicias manum admovisset, tantum cicunlitioni eius tribuebat) (64)

Nicias era pintor a la encáustica y se comprende que, como pintor que era, fuese preferido por Praxíteles para la policromía de sus esculturas.

También era posible que usaran la cera sólo para impedir la oxidación de las estatuas a causa del aire.

De igual modo, por palabras de Plinio, los antiguos usaban otros productos para la conservación de las esculturas cuando dice: «Nosotros hemos dicho tanto, que se han habituado a recubrir las estatuas con un barniz de betún». (Diximus et tingi solitum aes eo statuasque inlini) (65)

a2) MINIATURAS DE MARFIL

Las miniaturistas de todos los tiempos han realizado sus punturas sobre marfil, pintando directamente en las placas.

Plinio dice a esto: «Se empleaban con preferencia cuerbos de ures a varios otros usos de lujo, sea más que el color, sea más que los barnices, existen finalmente los cestrotes además del género de pintura para el que se empleaba». (Multasque alias ad delicias conferuntur, nunc tincta, nunc sublita, nunc quae cestrota picturae genere dicuntur) (66).

Vitruvio habla de llevar cestrotes, es decir, incrustaciones de cera: «Estas no se hacen con barrotes, ni de dos hojas, sino libres». (Ipsaeque non fiunt clathrata, neque bifora, sed salvata) (67)

Con la punta del buril se perfora en el marfil sobre todo las partes sombreadas y, dejando los claros para las otras partes, con el cestrum rellenaban con cera coloreada y disuelta al fuego o en frío, según el método empleado.

Los fragmentos de pinturas realizadas sobre marfil, encontrados en las excavaciones, no son más que un tipo de pintura decorativa.

De estos retratos se han encontrado muchos en las catacumbas (68)

La Biblioteca del Vaticano posee dos pequeños medallones de marfil, representando uno de ellos a una musa, que conserva algún trozo de color rojo sobre su borde.

Cartier (69) presenta algunos fragmentos de un viejo cofre de marfil antiguo. Tal cofre puede ser diferente del fragmento encontrado en las excavaciones de Pompeya y que se conservan en el Museo Británico, y de los dibujos que están en la Biblioteca Nacional de París (70)

La encáustica sobre marfil sigue todas las fases de las de los cuadros.

Para hacerse una idea respecto al modo de realizar estas miniaturas sobre marfil, contrastemos el parecido con los grabados de retratos romanos, hechos preciosamente y trazados don punzón sobre cristal dorado y aplicado sobre fondo negro o azul de otro cristal.

La sección de Arte Egipcio del Museo del Louvre posee sarcófagos de granito y de madera, cuyas figuras trazadas en hueco y semejantes a la hechas en marfil, ocultan bastantes cantidades de cera verde.

Paralelamente a estos estudios arqueológicos se editan y estudian los textos clásicos, griegos y latinos, indagando en ello algo que les diera luz sobre la técnica pictórica empleada por los artistas de la antigüedad, tras el impacto producido en ellos al contemplar las pinturas decubiertas en los hallazgos arqueológicos, tales como los murales del Palcio que Nerón se había hecho construir en la colina del Palatino, llamado «Domus Aurea», o los descubrimientos de Pompeya y Herculano.

Estos murales tenían una belleza y brillantez de tonos desconocidos en la técnica del fresco y del temple, con sus colores diáfanos y puros y una jugosidad sólo comparable al esmalte cerámico.

Por lo tanto había que adentrarse en los testimonios que les pidieran transmitir a sus contemporáneos en los escasos escritos legados por ellos.

El más importante texto que nos habla sobre el procedimiento pictórico que nos ocupa, es la valiosa obra de Plinio El Viejo, titula «Naturales Historiae» (1).

Sobre el origen y características de esta importante obra, ya se han hecho los correspondiente comentarios introductorios precedentes.

Durante el siglo XVI se suceden los trabajos en torno a los comentarios de Plinio, generalmente desde el punto de vista filosóficos o arqueológicos. En cambio se siente muy poco interés hacia el arte y la técnica pictórica. La intención de estos trabajos se halla muy lejos de la obtención de una materia pictórica de calidad para uso habitual y cómodo de los pintor

Notas bibliográficas.-

1. IULII POLUCIS, Onomasticon, Rodolfo Gualtero.Tigurino interprete, Apud Robertum Winter, Basilae, 1541, lob. X, caput. XXXVII.

2. H. CROS, Y CH. HENRY, L’encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, París, 1884, p. 9, cita a Marciano el Jurisconsulto.

2. H. CROS, Y CH. HENRY, L’encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, París, 1884, p. 9, cita a Marciano el Jurisconsulto.

3. A. TRAGLIA, Opere di Marco Terenzio Varrone, editrice Torinese, Torino. 1974, lib. III, 17, 4.

4. W. JONES, H. S., Pliny, Natural History, ed. Loeb, Harward Uiversity Press, MCMLXVI, t. VII, lib. XXV, XLVI.

5. T. LIVIO, Ab urbe condita libri, ed. Maduig y Ussing. 1873, lib. 42, 65, 9.

6. H. CROS, Y CH. HENRY, io. cit, p. 16.

7. f. KROHN, Vitruvii de architectura libri decem, ed. Teubner, Lipsiae, MCMXII, VII, X, 20-22.

8. Confer nota 8.

9. W. JONES, H.S., op. cit. t. VIII, XLII.

10. IULII POLUCIS, Onomasticon, op. cit. lib VII, caput XXVIII. BETHE, E. Pollucis onomasticon, ed. Teubner, Stuttgar, 1966. lib. X, 83.

11. D. E. EICHOLZ, M. A., Pliny Natural History, ed. Loeb, London, MCMLXII, t. X, XXXVI, XLIII.

12. J. ANDRÉ. Pliny, l’Ancien, ed. Belles Lettres, París, 1958, lib. XXI, XLIX, 83-85.

13. Idem, lib. XXI, XLIX, 84.

14. PEDANII DIOSCORIDIS ANAZARBEL, De Medicinali materia, Libri sex, Ioanne Ruellio Suessionensi interprete lugdoni Apud Balthazarem Arnolletum, MDL, lib, sec, cap. LXXV.

15. Ibidem, lib. sec., cap. LXXV.

16. J. ANDRÉ, op. cit., lib. XLIX, 84.

17. Confer nota 16.

18. Confer nota 15.

19. Confer nota 13.

20. Confer nota 16.

21. A. ERNOUT, Pline l’Ancien, ed. Belles Lettres, París, 1956, t. XIII, Lib XX, 67. J, ANDRÉ, op. cit., lib. XIV, XXV, 122-123.

22. A. ERNOUT, op. cit. lib. XXI, 67.

23. H. RACKHAM, M. A.

24. W. JONES, H. S. op. cit. t. VII, lib. XXIV, 26.

25. Confer nota 21.

26. H. RACKHAM, M. A., op. cit. t. IX, XXXV, V, XVI.

27. W. JONES, H. S., op, cit., t. IX, lib. XXX, XXXII, 50.

28. A. S. WILKINS, M. Tulli Ciceronis, Rhetorica, t. II, Brutus, Oxonii, 1970. 18, 25-29.

29. F. KROHN, op. cit. lib. VII, IX, 19-21.

30. Ibidem, VII, VI, 22-28.

31. Ibidem, VII, VII, 30-33)

32. Idem, VII, VII, 34-37.

33. Idem, VII, VII, 37-40.

34. Idem, VII, VII, 40-41.

35. Idem, VII, VII, 42-43.

36. F. KROHN, op. cit. lib. VII, 8, VIII, 1-6.

37. H. RACKHAM, M. A., op. cit. t. IX, lib. XXXIII, XL, 120.

38. F. KROHN, op. cit. lib. VII, IX, 6-12.

39. Ibidem, VII, IX, 41-44.

40. idem, VII, X, 47-50.

41. Idem, VII, X, 50-56.

42. Idem, VII, X, 59-63.

43. Idem, VII, XI, 64-66.

44. Idem, VII, XI, 1-2.

45. Idem, VII, XI, 4-13.

46. Idem, VII, XI, 15-17.

47. Idem, VII, XII, 2-7.

48. idem, VII, XII, 7-8.

49. Idem, VII, XII, 8.

50. Idem, VII, XIII, 1-3.

51. Idem, VII, XIII, 3-15.

52. Idem, VII, XII, XIII, 15.

53. Idem, VII, XIV, 1-15.

54. Idem, VII, IX, 16-27; VII, 3.

55. Vitruvio recoge de Plinio un texto relativo a este tema. Confer H. RACKHAM, M. A., op. cit., t. IX, XXXIII, XL.

56. Confer nota anterior.

57. F. KROHN, op. cit. IV, 14-27.

58. J. ANDRÉ, op. cit., lib. XXI, XLIX, 85.

59. D. R. SHACKLETON BAILEY, Cicero’s Letters to Atticus, Cambridge Univerity Press, 1965, vol. I, 41,4, (21, II),

60. H. RACKHAM, M. A. op. cit., t. IX, XXXV, XXXVI, 97.

61. F. KROHN, op, cit., VII, 39-41.

62. H. RACKHAM, M. A. op. cit., t. IX, XXXV, XL.

63. Idem, t. IX, XXXV, 33.

64. Idem, t. IX, XXXV, XL.

65. Idem, t. IX, XXXV. XLI.

66. A. ERNOUT, ET R. PÉPIN, Pline, l’Ancien, Histoire Naturelle, ed. Belles Lettres, París, 1947, liv. XI, XLV, 126.

67. F. KROHN, op. cit., IV, 6.

68. R. GARRUCI, Vetri ornati di figure in oro trovati nei cimiteri dei cristiani primitivi di Roma. Roma, 1858.

69. E. CARTIER, memoria de la pintura y sus verdaderos procedimientos, 1845.

70. R. ROCHETTE, Peintures antiques inédites, p. 368. (Citado por Cros y Henry, o. cit., p. 42.

RESTABLECIMIENTO DE LA ENCÁUSTICA

En este apartado vamos a exponer cómo se conserva o renace el uso de la encáustica en tiempos muy posteriores. La lengua que hace alusión a esta técnica es el latín, considerada la adecuada para presentar los progresos científicos en todos los aspectos de sus manifestaciones.

Tras el cansancio de las formas góticas y su pensamiento, surge el Renacimiento, cuya característica principal es adoptar nuevas formas extraídas de la antigüedad clásica. Por lo tanto se origina un deseo de ahondar en todo aquello que la antigüedad clásica les pudiera aportar, centrada sobre todo en Atenas y Roma, en donde se hallaban reunidos la mayoría de los restos de tal época.

Se envían a estas ciudades estudiosos que miden, dibujan y catalogan todo aquello que se va descubriendo. Citemos como ejemplo a Jacobo Barozzio Vignola, que es enviado por la Academia de Roma para que mida y estudie todo aquello que las excavaciones emprendidas le presentaban, descubriendo con sus estudios el «Canon» empleado para la proporción del cuerpo humano, así como el «Modulo» seguido en la proporción de la arquitectura.

Paralelamente a estos estudios arqueológicos se editan y estudian los textos clásicos, griegos y latinos, indagando en ello algo que les diera luz sobre la técnica pictórica empleada por los artistas de la antigüedad, tras el impacto producido en ellos al contemplar las pinturas decubiertas en los hallazgos arqueológicos, tales como los murales del Palcio que Nerón se había hecho construir en la colina del Palatino, llamado «Domus Aurea», o los descubrimientos de Pompeya y Herculano.

Estos murales tenían una belleza y brillantez de tonos desconocidos en la técnica del fresco y del temple, con sus colores diáfanos y puros y una jugosidad sólo comparable al esmalte cerámico.

Por lo tanto había que adentrarse en los testimonios que les pidieran transmitir a sus contemporáneos en los escasos escritos legados por ellos.

El más importante texto que nos habla sobre el procedimiento pictórico que nos ocupa, es la valiosa obra de Plinio El Viejo, titula «Naturales Historiae» (1).

Sobre el origen y características de esta importante obra, ya se han hecho los correspondiente comentarios introductorios precedentes.

Durante el siglo XVI se suceden los trabajos en torno a los comentarios de Plinio, generalmente desde el punto de vista filosóficos o arqueológicos. En cambio se siente muy poco interés hacia el arte y la técnica pictórica. La intención de estos trabajos se halla muy lejos de la obtención de una materia pictórica de calidad para uso habitual y cómodo de los pintores.

TRATADISTAS

a1) FELIPE DE GUEVARA

El primer tratado conocido sobre las técnicas pictóricas clásicas, se debe a Felipe de Guevara, titulado Comentarios de la pintura, escrito en 1535, aunque no publicado hasta 1788 por Antonio Ponz. (2)

Felipe de Guevara, autor de estos «Comentarios», vivió en tiempos de Carlos I, Rey de España, y parece que su edad floreciente fue por los años 1535, cuando estaba en Sicilia, de vuelta de la célebre Jornada de Túnez, en la que se encontró sirviendo a dicho Soberano.

Se deja conocer que recorrió Italia, donde adquirió o pudo adquirir muchos conocimientos de las Ballas Artes, y que para hablar de la Pintura de los antiguos Griegos, que es su principal asunto, también se entrevé que había ojeado bien lo que Plinio y otros autores de la antigüedad nos dejaron escrito de aquellos célebres hombres. Se nota igualmente que estuvo en Flandes, y que trató en Amberes con los pintores de su tiempo.

Hay sospechas de que Guevara no estudió las pinturas romanas, sino que se basa en los textos clásicos, sobre todo de Plinio y Vitruvio.

Al analizar los orígenes de la pintura, dice entre otras cosas: «Plinio en su Historia Natural dice que los egipcios se atribuían esta gloria, diciendo que fue inventada por ellos seis mil años antes de que los griegos empezasen a usar de ella. Los griegos también dudan con porfía, tratando de quienes primero entre ellos fuesen los inventores» (3).

A continuación realiza un recorrido sobre los distintos pintores griegos, anañozando sus orígenes y características, así somo sus obras más famosas. De este estudio de Plinio sospecha que debía utilizar para las fachas de las casas el óleo, y el fresco para interiores. Para el lienzo usarían el temple y el óleo.

Al llegar al partado que nos ocupa, esto es, al género de pintura llamado «Encausten», se aombra de que los pintores italianos no hubieran resucitado un género de pintura tan empleado los antiguos, la técnoca llamada Encausten, como cosa quedada.

Al analizar a Plinio dice: «Hubo en ella dos géneros, uno que se pintaba con cera, y el otro en marfil, con cestro, que es verículo. Después se añadió el tercero, desatando las ceras con fuego y gastándolas con pincel. Esta tercera pintura se empezó a usar para pintar las naos; y era tan fijo que ni el viento, no sol, ni mar lo podían deshacer. Sería bueno se atinase hoy este género que podría servir para muchhos usos«; y sigue diciendo: » Cuando yo he podido atinar por palabras de Plinio diversas, y en diversos lugares puestas, entiendo que esta pintura Encausten se pintaba en tablas, y en lugar de colores gastados al óleo; se gastaban ceras teñidas de diversos colores; con la diversidad de éstas declaraban los pintores sus imaginaciones de fábula o cosa semejante, como en los otros géneros de pintura hacían: y después de compuesta la pintura con dichas ceras,, como al presente hacen con el barro de Pisa o Faenza» (4).

«Que esta pintura Encausten se pintare en tablas y fuese quemada, consta muy claro por un distico de Marcial»: «Encaustum Phaeton Tabula tibi puctus in hac est. Quid tibi vis, Dipyrum qui Paetentonta facit? (5).

«Quiere decir, en esta table está pintado Faetón de Encausten, ¿qué es lo que quieres, quieres hacer a Faetón dos veces quemado»?

Notoria es la quema primera de Faetón cuando pidió a su padre el sol le dejase regir su carro, y dio con todo al traste quemando en Etiopía. Allende de esto, que estas ceras se desatasen con fuego, y se usasen de ellas líquidas con el pincel, consta por lo que antes se ha dicho de Plinio, quien dice que el tercer género de Encausten fue inventado para pintar las naos, desatándolas con fuego, y gastándolas con pincel, lo cual se dice a diferencia del otro género que, como digo, no era gastando la cera líquida en él con pincel.

El segundo género de Encausten fue en marfil con cesto, que es verículo. En este género de pintura, imagino fuese de esta manera: Que el marfil se pefilasen los animales, hombres y cosas que se pintaban con cesto, y que este cesto fuese en el marfil lo que en la pintura al óleo es el pincel, es a saber, instrumento con el que en el marfil se pintaba. Este, sospechosos yo, se calentaba para ir quemando y señalando los perfiles y sombras en el marfil, y por esta causa se llamaba este género de pintura Encausten que es cosa quemada, de suerte que sería un género de pintura de blanco y negro, sombras y luces sin color ninguno. Esta labor imagino yo semejante a la que en Buesa, y en otras partes hacen en hueso, en flascos y cuñeras de arcabuces, aunque groseramente. La causa por que imaginé el cesto ser instrumento, es por que Plinio hablando de Lala Cyciagena (6), dice: «pintó con pincel y con el cesto en marfil».

Guevara continúa interpretando a Plinio en lo referente a quién fue el primero que pintó con ceras, et.

Si comparamos, ( aunque vaya posteriormente descrito) lo que Vicente Requeno ha leído en Plinio: «caestro, id est, Veruculo», en lugar de «cesto y viriculo», como se leen en esos «Comentarios», coregimos de paso a los intérpretes de Plinio que han entendido «in cera», en lugar de «cera», pero tanto Requeno como Guevara convienen en que veruculo, o vericulo son unos hierrecillos de que los antiguos se servían para pintar con ceras teñidas y mezcladas con diversos colores. Eran éstos puntiagudos por un extremo, y por el otro planos como espátula de boticarios. Puede verse en la citada obra de Requeno, donde explica con toda menudencia este modo que él ha practicado. Si dicho género hubiera sido como entendió Guevara, quemando el marfil y resaltando sólo el color blanco y negro, sería como esas obras de esgrafiado que se ven en algunas fachadas, o taracea en papeleras, y otros muebles preciosos, donde está embutido el marfil y en él dibujadas historias y y otros temas.

LOUIS DE MONT-JOSIEU

Más tarde, a finales del siglo XVI, Louis de Mont-Josieu (1590) crea el problema levantado en el «Gallus Romae Hospes», y complicado de conjeturas más singulares.

En su pequeño » Tratado de pintura y escultura entre los antiguos», hace un estudio sobre los tres métodos. Ve el primero como una «taracea» a base de ceras endurecidas. El segundo sería como un dibujo grabado hecho con un punzón, el cestro sobre el marfil y, uniendo arcillas coloreadas, se pintarían ante todo retratos. El tercero le parece restringido a la pintura de barcos.

JOANNIS SCHEFFER

En 1669, Joannis Scheffer, en su obra «Graphice id est de arte pingendi», hace referencia a la encáustica y llega a conclusiones distintas a las de Mont Josieu, y nos dice al respecto: «La encáustica es una pintura al fuego. Hay, pues tres modos de realizar esta técnica: con ceras, con colores o al pastel. Ceras sobre madera, colores sobre marfil, hierro o cerámica y, por último, pastel sobre oro».

Sobre el modo de pintar a la encáustica se ha hablado mucho, con diferentes resultados, como ocurre en un tema poco claro.

«Yo creo, dice, que se trata de un solo término. En cuadros de madera o de cualquier otra materia se marcaban al fuego trazos de dibujos que servían para representar la forma de una futura pintura. Esos trazos posteriormente se rellenaban con cera de distintos colores, según el modelo o imagen y, posteriormente, una vez terminado el cuadro, se aplicaba el fuego» (8).

«Encaustae pingunt inustione. Est autem artis huius triplex fere ratio, nam fit aut ceris, aut coloribus, aut vitro. Ceris in ligno; coloribus in ebore, aut ferro, aut fictilibus; votro deniq; in auro».

» De Encaustica pingendi ratione prodiderunt multa multi, diversu successu, sicut fit in re obscura.

«Mihi uno verbo res huiuscemodi fuisse videtur. In tabulis ligneis, vel alterius materiae ductus lineares, qui figuram referebant futurae picturae. Ductus illi postea imprebantur cera tabulae, admotis ignibus».

Cita a este respecto a Marcial, al hablar sobre Faetón…etc. (lib. IV, c. 47) del que Guevara ya había hablado.

Más adelante dice: «Se trazaban las líneas con punzón de hierro al rojo vivo, sobre marfil o cuerno, materiales en los que querían representar sus imágenes. Pero Plinio une esto a lo anterior e indica para ambos tal punzón o instrumento con el que se realiza el trabajo. El texto de Plinio (9) esta en XXXV, c. II. «Se sabe de antiguo que hubo dos formas de pintar a la encáustica: con cera, sobre marfil, con buril o pequeño punzón. A los dos, buril o punzón, es decir hierro candente afiliado me refiero que se utiliza para trazar líneas o masas» .

De esto también se induce la existencia de un tercer instrumento diferente a los anteriores, no hecho con una materia como la del punzón, sino con el uso del pincel. «Existe u tercero -dice Plinio-, el uso del pincel con ceras fundidas al fuego» . En los dos anteriores no se utiliza el pincel sino el punzón. Esto se encuentra patente -dice Scheffer- en otro pasaje del mismo, cuando habla de la encáustica de Pausias: «Él mismo pintó con pincel los muros de Tespias, y se pensaba que habñia sido superado con gran diferencia porque no había quien compitiese con ella en su género de técnica (el haber pintado con pincel) que aquella forma de pintar no era la que se había acostumbrado a usar antes…etc.» (10).

» Stylo ferreo igne candefacto inurebant ebori aut cornibus lineas, quibus quas vellent, imagines exprimerent. At hoc cum priori jungit Plinius & utriq; stylus istiusmodi, ceu instrumentum, quo conficiatur, tribuit. Plinij sunt lib. XXXV. c. II: Encuasto pingendi duo fuisse antiquitùs genera constat, cera & in ebore, cestro, id est, veruculo. Utriq; cestrum tribuit ceu veruculum, hoc est, candens (et) acuminatum ferrum, quod dicendis lineis struisq; inservit. Quod apparet etiam ex eo, quia quando à duobus his distinguit tertium, non aliâ re magis facit, quàm quòd no veruculi, sed penicilli sit in eo usus. Tertium accessit, ait,resolutis igni ceris penicillo utendi. Quod & ex alio ipsius loco, ubi de Pausia Encausta: Pinxit et ipse penicillo parietes Thespiis, multumq; comparatione superatus existimabatur, quoniam non suo genere certasset. Dixit, penicillo pinxisse, id non fuisse genus, quo ut antè consueverat».

Después de ver la diferencia entre un modo y otro y sus repercusiones, continúa diciendo: «Es pues la encáustica entre los griegos no una simple combustión, quema o acercamiento al fuego,sino en el propio fuego. En consecuencia, esto no se entiende sino cuando el fuego penetra en la materia, como cuando se pone a fuego una señal sobre la frente, o marca, al ganado. Pero cuando se extiende n a fuego ceras de distintos colores sobre un cuadro, no se puede llamar quema aquella forma de –quemar en-; de manera que esta no haga desprenderse la cera fijada al tablero de madera».

«Finalmente, y según Procopio, puede dar a entender esto quien al principio, sobre los edificios de Justiniano, dice que han sido hechas con encáustica: lo que no sólo significa cera licuada, por así decirlo, sino -fundida en- y -derramada gota a gota en-,lo que no se puede comprender sino licuada en los antedichos surcos». Al escribir estas cosas, continúa Scheffer, «me encontré con Dalecampio, y descubrí que él había llegado a semejante conclusión. «Grabados» dice en el libro XXXV, c. 7 cuadros con variadas figuras se untaban con cera teñida de distintos colores».

Sin embargo en esto se equivoca, porque piensa que ésta había sido la pintura de las naves, a la que Plinio diferencia, a no ser que viera de nuevo en ellos algunas imágenes. Tampoco Demontioso opinaba de otra forma, como igualmente después observó; «La cera -dice- había sido endurecida con drogas, y después de ella se había fijado las figuras que habían de ser pintadas. Entonces, como en un trabajo de mosaico, derramada la cera de distinto color sobre aquellas figuras huecas, se obtienen las formas pensadas sin que aparezca ningún punto de unión».

«Aunque esas figuras han sido hechas de cera, como opina Demontioso, la encçaustica no hubiese sido cera, como dan a entender las palabras de Plinio, sino -en la cera-. Esto tampoco se ve claro, como el endurecerse tanto que hubiesen soportado las figuras ser quemadas».

«Consecuentemente -dice Scheffer- es cierto que hubo un modo de usar la encásutica con cera, como dijimos, y no otra, como la del color».

«Se trazaban las líneas con la punta del punzón incandescente sobre el marfil o cuerno para realizar las figuras, como ya indiqué ante. Esto lleva consigo el que los trazos de líneas sobre marfil o cuerno no fuesen demasiado profundas, y su color fuese sólo uno, oscuro, púrpura o negro., como hace pocos años en los estuches de madera de cornejo, en el que guardaban el polvo de las armas de guerra, o en las empuñaduras de las espadas o cuchillos, hechos de cornejo o de hueso. Y así, esta pintura se solía practicar sobre marfil o cornejo. Pero se hace en pastel mezclados los colores, según las figuras con el pincel, y endurecidas al fuego. que entre los antiguos fue conocida también como clase, ciertamente no se ha descubierto, y no conozco a nadie que se acuerde de ella».

» Existe en el libro XXXVI, c. 26 de Plinio, mención sobre su pastel: «no existe una materia más usada, o incluso una pintura más manejable». Pero en este texto, la palabra se refiere a otra clase de pintura, ya que, a saber, toda la masa de pastel se mezcla con algún color y adquiere aspecto de piedra, mármol o gema, según es evidente por los antecedentes de aquel lugar. Hasta ese punto, ni aún siquiera este método parece haber sido conocido, donde hoy todo se mezcla con diferentes colores, que son y permanecen brillantes que, como desde entonces, se muestran en ventanas de los templos».

«Est enim Encausis apud Graecos non simplex quaedam ustio adustiove, sed inustio. Porrò hoc non intelligitur, niso ubi in materiam ustio descendit, Quemadmodum cùm nota fronti, aut signum pecori inuritur. At cùm in aqua tabula cerae diversorum colorum complanantur igne (quomodo hoc genus factum antè dicti eruditi volunt) ustio illa inustio, ut quae non descendat in materiâ subiectam tabulamve, dici inquit, Deniq; & ex Procopio hoc apparere potest, qui in primo de aedificiis Justiniani, facta Encausticen ait, κηρω εντακενντι και διακυθεντι quod tantum cera liquefacta denotat, ut sic dicam, & infusa instillataq; quod intelligi non potest, nisi liquefacta in praedictis sulcis».

» Cum scripsisset esta, incidi in Delecampiumseumq; in simili fuisse sententia deprehendi. Scalptae, inquit a d Plinij lib. XXXV, c. 7. variis figuris tabulae cera diversis etiam coloribus picta oblinebatur. In eo tamen errat, quod hanc navium existimat fuisse picturam, à qua Plinius ipse distinguit. Nisi forte ad imagines in eis aliquas respexit. Neq; alia Demontiosi opinio, ut pariter póst observavi: Ceram ait se putare induratam medicamentis, ex ea deinde factas fuisse tabulas,, in qubus formae eorum qyae pingenda essent, incidebantur. Tum, quemadmodum in vermiculato opere, in eas formas cavas ceris inditis varij coloris figuras inductas, nullis apparentibus commissuris. Quamquam si in cera formae ista factae, ut existimat Domontiosus, encausis fuerit, non cera sicut tamen volunt verba Plinij, sed in cera. quae quoq; quomodo tam dura fieri potuerit ut inuri sibi passa sit imagines eiusmodi, aud patet. Fuit ergò planè ratio encauseos cum cera, qualem diximus.. Neq; alia quae cum colore. Stylo ignito lineae inurebantur ebori aut cornibus, quibus referrent, ut superius iam monuit. Hos intererat, quòd linearum ductus in ebore cornuvè minus essent profundi, uniusq; tantùm coloris, fusci scilicet aut nigri. Planè sicut ante paucos annos in thecis corneis, quibus corneis recondebant tormentarium, in manubriis ensium aut cultrorum corneis osseisve fieri consueverat. Atq; ita quidem haec pictura habebeat in ebore cornuvè. At in vitro fit coloribus pro modo imaginum inductis penicillo, & duratis igne. An apud pricos notum quoq; fuerit hoc genus, mihi quidem incorpentum est, certè qui meminerit illius, scio neminem. Est quidem apud Plinium lib. XXXVI, c. 26 de vitro; nec est alia materia sequacior, aut etiam picturae accommodatior.

Sed ibi sermo est de alio picturae genere, cùm nempè tota vitri massa colore aliquo inficitur, & lapidum, marmoris, gemmaevè speciem acquirit, uti licet ex antecedentibus illius loci. Adeò ne ista quidem ratio tum cognita fuisse videtur quâ hodie tota diversis inficiuntur coloribus, ut sint maneantq; pellucida. qualia deindè adhibent in fenestris ferè aedium sacrarum…» (11).

Imaginamos que este tipo de pastas serían vítreas, para vidrieras de templos, como se especifica anteriormente; por lo tanto, aunque interviene el fuego, no se puede decir que sea ancáustica como tradicionalmente conocemos.

También se refiere al empleo de pastas que ofrecían un aspecto de oro y plata, y que se incrustaban en los puños de espadas, cascos y escudos, cuya técnica era secreta y conocida por pocos.

Más adelante dice Scheffer: » Ni siquiera puedes aprender algo de los antiguos, a quienes yo considero no conocedores de esta técnica en su totalidad. Tan sólo la mostraban en la cerámica, pues Plinio la recuerda en su libro XXXVI, c. 26:»Agripa que pintó su obra cerámica a la encáustica». aunque aquí dice Scheffer: » La palabra parece referirse al pavimento del mosaico en el que las teselas pudieron haber sido pintadas con esta técnica».

«Nec ex vetustioribus quid discas, quibus non existimo fuisse notam hanc artem. In fictilibus solùm adhibebant. Nam meminit Plinius lib. XXXVI, c. 26. Agrippae, qui figulinum opus encausto pinxerit. Quamquam ibi sermo de pavimentis esse videatur, in quibus tamen ipsis testas tali arte potuerant pinxisse…» (12).

Finalmente cita Scheffer un último tipo de encáustica en oro: «El método de esta técnica es doble, pues bien se introducen los colores sobre surcos esculpidos, o bien pintan lo que se sobre la superficie superior, sobre fondo blanco, amarillo o oscuro. La mayoría de los colores son de pastel realizado con esta técnica oculta y secreta, solamente conocida en Italia y en la Galia por unos pocos».

Intuimos que es una técnica en la que los esmaltes son tratados al fuego, pues dice Scheffer que los alemanes la llaman «Schmelzen», los belgas «Smelten», los italianos «Smalto» y los galos la llaman «Email», de donde los Germanos tomaron su «Emalieren».

Según su clase, están faltos se ese preciso término.

«Esto difiere, a apriori, en parte porque, salvo los pasteles, tienen otros colores procedentes de otras materias que se consiguen dificultosamente con el fuego; y en parte porque se preparan con aquellos colores con óleo, sobre todo del azafrán, y se pintan con pincel, siendo así que es suficiente para ello un punzón de hierro. Es ésta otra clase nuevamente singular apropiada para las pinturas muy artificiosas y, por ello, se han de valorar más, ya que no se altera ningún tiempo, por aguas o a causa del sol. Y por ello se valora mucho, de manera que un cuadro pequeño se vende en quinientas o más monedas imperiales, y no se sabe si los antiguos mantuvieron este valor» Los nuestros -continúa Scheffer- apenas hace cuarenta años lo descubrieron. Pues ésta fue conocida y usada hace más de cien años, y se hacía al exterior tan sólo con pasteles untados, sin pintura de figuras, ni con sólo pastel, sino con otros mezclados con almáciga (resina de lentisco), por lo que los germanos también le dieron ese nombre y por ninguna razón se corresponde con su posterior alegación y, por tanto, difícilmente se puede incluir en esta cuenta».

«Artis hujus ratio est duplex, nam aut inmittunt silcis ex sculptis colores, aut superficie extrema inducto albo, flavo, aut caeruleo fundo, pingunt, quod volunt. Colores pleriq: vitra sunt, infecta singulari ac secreta arte, paucis Italia tantùm Gallisq; nota. Ea teruntut aquâ forti magno labore, ablutaq; puris aquis inducuntur metallo, ut immissa igni fluant indurenturq; A fluxu isto colliquationeque Germani schmelzen, Belgae, smelten vocant. quod non solum abludit ab Italorum smalto, quo haec ars ab ipsis appellatur. Gallis est Email, undè Germani suum acceperunt emalieren. Quamquam, hoc vocabulo secundum genus potiùs indigitent, quod differt à priori partim eo, quoniam colores, praeter vitra, habet alios ex quibuslibet materiis, quae ab igne difficulter absumuntur, partim eo, quoniam colores illi praeparantur oleo, spicae maximè pingunturq; penicillo, cùm ad prius illud stylus ferreus sufficiat. Est hoc genus alterum prorsus singulare, picturisq; artificiosissimi ideoneum eoq; magis aestimandum, quia nullo tempore, nullis aquis, aut sole corrumpitur. Atq; ideò in magno pretio habetur, ut tabella vix thaleri magnitudine quingentis pluribusq; aliquando imperialibus vendatur. An & veteres tenuerint illius rationem, ignotum est. Nostri vix ante annos quadraginta plenè invenerunt. Nam quae ante annos centum pluresq; fuit nota usitataq; fiebatq; exteriùs illitis tantùm vitris absq: pictura imaginum, nec vitris solùm, sed & aliis coloribus mastiche subactis undè arti ipsi quoq; nomen à Germanis datum, ad posterioris hujus elegantiam nullâ ratione pertinet, atq; adeo vix in censum hunc venire potest» (13).

Imaginamos que sigue refiriéndose a pastas duras, que también se podías utilizar sólo para proteger la superficie de algunos elementos.

Más adelante, al referirse a los pintores que emplearon la encáustica en las pinturas, dice Scheffer: «Por lo demás, como todos éstos pintan según su método o manera, y por ello, no se atribuye a ninguno el elogio de esta pintura ni por derecho ni por uso, más que a aquellos que usan colores sobre planchas o cuadros, y se llaman por ello propiamente pintores.».

«El haber acostumbrado a usar estos colores sobre cuadros, se observa también en Plinio cuando habla de Protógenes. Así, en el libre XXXV, c. 12: («Puso en esta pintura cuatro veces el color»). Creemos que se refiere al cuadro de Jaliso.

De la misma manera Vitruvio en el libre VII, c. 5: («Pues quien de los antiguos no parece haber usado drogas, bermellón con moderación; pero ahora de forma generalizada en su mayor parte todas las paredes son tratadas así»).

«Se hace esta aplicación -continúa diciendo Scheffer- cuando se untan colores triturados o preparados de cualquier otra manera, aunque los pintores no quieran llamarlo «untar», el aplicar colores, puesto que esto es lo que más conviene a las estructuras murales, los pulen con greda oscura o roja. Sin embargo conviene observar que así habían hablado los antiguos sobre los pintores».

Al referirse a Apuleyo, dice en su «Apología»: «Lo que fue quemado con cera o untado con color, o fingido con cualquier otro artificio humano».

«Caeterùm ut hi omnes suo modo pingunt, ita nemini laus pictoriae, vel rectius, vel usutatius tribuitur, quàm iis qui colores inducut chartis tabulisvè, ac pictores propriè dicuntur. Inducere hos tabulis colores consuevisse, patet etiam ex Plinio, quando de Protogene lib. XXV, c. 12 sic ait: Huic picturae quater colorem induxit. Sic Vitruvius, lib. VII. c. 5: Quis enim antiquorum non uti medicamento, minio parcè videtur usus esse: at nunc passim plerumq; Toti parietes inducuntur. Inductio haec fit, quando colores triti aliovè modo praeparati illinuntur. Quanquan illinere pictores nolint dici, quando colores inducunt, quum id potiùs murariis conveniat, iisq; qui creta, vel rubricâ expoliunt. Observare tamen licet etiam de pictoribus sic locutos esse veteres. Apulejus in Apolog: Quod cera inustum, vel pingmento illitum, vel alio quopiam humano artificio assimulatum est» (14).

Finalmente de una relación de métodos que, aunque con una serie de nombres no empleados comunmente, por el pasaje de Plinio que cita, se trata de los métodos tradicionales enumerados por éste.

Dice Scheffer: «Entre los antiguos existieron en primer lugar dos clases de pintura, el Heládico y el Asiático; después se crearon tres: el Jónico, el Siciónico y el Ático. Al referirse Plinio, en su libro XXXV. c. 10, es quien considera a Eupompo creador de la difusión posterior: («La influencia de eupompo -dice- fue tan grande que llegó a dividir la pintura en tres tipos, que antes de él fueron dos: el Heládico, y el que llaman Asiático. Después de éste, que era Siciónico, dividido el Heládico, se hicieron tres: el Jónico, Siciónico y Ático»).

«Se entresaca de estas palabras -dice Scheffer- que se trata del mismo tipo llamado Ático y al otro Sicionio. Pero cómo, porqué se hayan llamado estas clases, creo que se fundamenta en los propios autores que fuesen los primeros en practicarlos, bien desde Jonia, bien desde Ática. En Jonia, Cleantes, Ardices, y Cleofanto el de Corinto. ya que ésta es la capital de Jonia: en el Ática, Apolodoro el Ateniense, e igualmente Parrasio y los que a éstos y a aquellos siguieron después. Ciertamente todos éstos fueron extraordinarios maestros. Por esto, después, los que seguían a unos y a otros en la técnica de pintar, se consideraron de estilo Jónico, Siciónico o Ático».

«Picturae apud veteres duo primùm genera fuere, Helladicum, et Asiaticum; pòst, tria facta sunt, Jonicum, Sicyonium et Atticum. Meminit Plinius lib. XXXV. c. 10. qui auctorem quod; divisionis posterioris facit Eupompum: Eupompi auctoritas, inquit, tanta fuit, ut diviserit picturam en genera tria, quae ante eum duo fuere, Helladicum, et quod Asiaticum appellabant. Propter hunc, qui erat Sicyonius, divisso Helladico, tria facta sunt, Jonicum, Sicyonium, Atticum. Liquet autem ex verbis, genus Asiaticum id ipsum esse quod dein Jonicum appellat, & ex Helladico alterum Atticum, alterum Sicyonium dictum esse. Sed & unde dictasint haec genera, ex istis arbitror constare, nempè ab auctoribus, qui vel ex Jonia, vel Attica primi eam coluere. Ex Jonia Cleantes, Ardices, & Cleophantus Corinthij, qua Corinthus caput Joniae: Ex Attica Apollodorus Atheniensis, itemq; Parrasius & qui hos illosvè deinde sunt secuti. Scilicet fuerunt hi omnes eximij magistri. Undè posteà qui vel hos, vel istos in pingendi ratione sequebantur, genus vel Jonicum, vel Sicyonium, vel Atticum dicti sunt servare» (15).

Scheffer no daba ninguna explicación práctica. Sin embargo, sus teorías tuvieron gran influencia, sobre todo en Palomino.

CHARLES DU FRESNE SIEUR DE CANGE

En 1678, DU CANGE, en Glossarium mediae et infimae graecitatis (16), vuelve a hacer una revisión bastante completa de los textos que hablaban sobre la materia, y termina el artículo con estas reflexiones: «Yo he desarrollado durante largo tiempo este procedimiento y he señalado más de una vez que nuestros pintores academicistas ignoran esta antigua manera de pintar. en efecto, en la pintura de los cuadros bizantinos, obtenidos del Gabinet Sainte-Genevière, yo siempre a menudo pregunto ¿en qué consiste esta pintura? y no encuentro a nadie que me pueda decir qué tiene de comprensible este antiguo proceso».

«Nam cum tabellas illas graenicas ex archeio Sangenorefano depromptas et nostra opera in aes incisas ostendissent, ab iis percunctatus cuius modi ea esset pictura, nemo inventus est qui hanc veterum pictorum artem sese assecutam omnino affirmavit».

Bibliografia

  1. H RACHAM. M. A., Pliny, Natural History, Harwaer University Press. The Loeb Classical Library, London, MCNLXI, t. IX, lib XXXIV, ; C. MAYHOFF, Naturales Historiae. ed. Teubner, Laibzip, 1892, t. IX, lib XXXIV.
  2. A. PONZ, Comentario de la pintura que escribió D. Felipe de Guevara, ed. Hijos de Ibarra y cia., Madrid, 1788.
  3. Confer nota 1, cap. II.
  4. A. PONZ, op. cit., pp 60-61.
  5. Confer nota 24, cap. III
  6. Error morfológico de Lala por Iea (confer mpta 25 del capítulo II).
  7. L. DE MONT JOSIEU, Gallus Romae hospes, Ludivici Demontiosi, Roma. 1585, pp. 13-14.
  8. J. SCHEFFER., Graphice, id es, de arte pngendi , Nürnberg, 1669, pp. 64-55.
  9. H RACHAM. M. A., o. cit., lib XXXV.
  10. J. SCHEFFER., op. cit. p. 50.
  11. Ibidem, p. 50.
  12. J. SCHEFFER., op.. cit. p. 60.
  13. Ibidem, p. 60.
  14. Ibidem, 9. 60.
  15. Ibidem, pp. 60-62.

Como colofón a este trabajo, hay que decir que se han conseguido recoger los textos de todas épocas, aunque el griego desaparece de las citas, salvo expresiones o palabras aisladas. El Latín permanece hasta bien entrada la Edad Moderna. Pues sabemos que las obras de carácter científico se siguieron escribiendo en latín, como podemos observar en los trabajos filosóficos de un descartes o Leibniz, por citar algunos ejemplos.

Creo que se ha conseguido la restitución de las citas auténticas y no alteradas por el abandono o descuido de las citas por parte de autores, que se venían observando en los comentarios de los pintores modernos cuando hablaban de la Encáustica. Para ello ha sido necesario buscar y consultar en bibliotecas los autores tradicionales pero con la garantía de que tales documentos traían su aparato crítico, cosa que nos ha permitido eliminar las confusiones y textos corruptos que se venían utilizando sin precisar más detalles sobre su autenticidad.

Esta aportación documental ha sido complementaria al trabajo general realizado por el Catedrático D. Francisco Javier Marín Marín, quien ha presentado su Tesis Doctoral, realizando una magnífica recopilación de consultas y ejemplos de trabajos a la Encáustica, del que él forma parte como especialista en esta técnica pictórica.

Nuestra más sincera enhorabuena.

Dr. Antonio Ruiz Fernández, Catedrático de Latín.

Granada, 4 de Junio de 2020.

SELAMBINA, Salobreña (Granada)

HISTORIA DE SALOBREÑA

desde su prehistoria hasta la época medieval.

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Al iniciar el estudio de esta ciudad, nos encontramos con diferentes períodos más o menos ricos en información para poder reconstruir su pasado más antiguo hasta llegar al Medievo, donde se puede apreciar una documentación escrita y arqueológica lo suficientemente abundante como para poder reconstruir un pasado rico en acontecimientos y materiales de variado valor histórico.

Por ello, se va a iniciar esta exposición comenzando por el medio natural para poder llegar desde la Edad Prehistórica hasta la Medieval y los últimos testimonios casi recientemente aparecidos, como se verá en la exposición de los materiales arqueológicos, que podrán verse en la secuencia de los datos generales que se van a ir proporcionando.  

En los siguientes mapas antiguos podemos observar la ubicación de las primitivas ciudades y colonias que identificaron los primeros cartógrafos, donde destaca de forma muy notable Claudio Ptolomeo.

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Mapas de la Hispania de Claudio Ptolomeo, diseñado en en el siglo XVI.

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MORFOLOGÍA GEOGRÁFICA DE SALOBREÑA Y COMARCAS PRÓXIMAS

La ciudad de Salobreña se encuentra en las costa occidental de la provincia de Granada.

Sus coordenadas geográficas son 36  44′  38″ de latitud Norte, y 0,5   5′  8″ de longitud Este.

Forman parte de este municipio los anejos de Lobres, La Caleta y La Guardia.

 

La Prehistoria de Salobreña. Materiales hallados y conservados en el Museo Provincial de Granada y Local de Salobreña

Materiales hallados por un equipo de arqueólogos en diferentes lugares de la ciudad de Salobreña. Algunos materiales.

Cerámicas a mano procedentes del Promontorio de Salobreña: vasos carenados “tulipas”, ajuares de las tumbas del Paseo de las Flores. Edad del Bronce antiguo-pleno (2000-1600 a. C. aprox.). Museo de Granada.
4A PLANOS SALOBREÑA
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Fragmento de cerámica ibérica. Bronce Pleno, Salobreña.
Fragmento de cerámica ibérica del Bronce Pleno, Salobreña.
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Fragmento de cerámica ibérica del Bronce Pleno, Salobreña.
Fragmento de cerámica ibérica del Bronce Pleno, Salobreña.
Puñal de cobre con remaches hallado en una de las tumbas del Paseo de las Flores pertenecientes a la Edad del Bronce antiguo-pleno (2000-1600 a. C. aprox.). Museo de Granada.
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Martillo de piedra del Bronce Pleno, Salobreña.
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Cerámica ibérica del Bronce Final. Salobreña
                                                Tapadera de cerámica de recipiente, del Bronce Final, Salobreña.
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                                              Tapadera de cerámica de recipiente, del Bronce Final, Salobreña.
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    Dibujo del autor.
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Fragmento del borde de un vaso ibérico del Bronce Final. Salobreña.
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Fragmento de cerámica ibérica. Bronce Final. Salobreña.
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Fragmento de cerámica ibérica. Bronce Final. Salobreña.
Hacha de roca pulimentada (peridotita) hallada en la zona del antiguo cuartel de la Guardia Civil, en el sector norte del Promontorio. La pieza aparece intacta y sin huellas de uso, por lo que debió formar parte de alguna tumba correspondiente al Neolítico-Calcolítico.
Fragmento de martillo del Bronce Pleno. Salobreña.
 
Cerámica a mano procedente del Promontorio de Salobreña: platos y fuentes de borde engrosado, cazuelas, pesas de telar y productos de sílex del Calcolítico antiguo-pleno (3200-2600 a. C., aprox.)
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Fragmentos de huesos humanos hallados en una de las covachas de las rocas de Salobreña. Tumba de inhumación. Fragmentos de pelvis y fémur.
 
Véanse las fosas argáricas (covachas) halladas en las laderas del contorno del casco urbano.
Bibliografía de los arqueólogos que participaron en este trabajo de excavación
ARTEAGA, O. (1989): “Las transformaciones del medio costero de Salobreña (Granada). Causas naturales e históricas”, en Ciclo de conferencias pronunciadas con motivo del V Centenario de la incorporación de Salobreña a la corona de Castilla (1489-1989), Ayuntamiento de Salobreña, pp. 55-83. ARTEAGA, O.; NAVAS, J.; RAMOS, J.F.; ROOS, A. (1992): Excavación de Urgencia en el Peñón de Salobreña (Granada), Ayuntamiento de Salobreña. ÁVILA, M.; y otros (1998): Itinerarios arqueológicos de Salobreña. Alhulia, Salobreña.  ESQUIVEL,  J. A. y ARANDA, G. (2007): “De cazadores recolectores a agricultores y ganaderos», en AA.VV (2007): Patrimonio arqueológico de la Costa de Granada. De la Prehistoria a la Edad Moderna, Diputación de Granada, pp. 13-71.  GARCÍA-CONSUEGRA FLORES, J. Mª.; NAVAS RODRÍGUEZ, J. (2008): “La incidencia humana en el paisaje costero de la desembocadura del río Guadalfeo (Granada)”, en Arqueología y Territorio. Revista Electrónica del programa de Doctorado, nº 5. PAREJA LÓPEZ, E. y MEGÍA NAVARRO, M. (1978): Salobreña. Datos para su historia. Diputación Provincial, Granada.  MARTÍNEZ, F. (2014). “Tajo de los Vados 1 (Salobreña, Granada). Datos sobre un poblado neolítico situado junto al antiguo delta del río Guadalfeo”,  Bastetania 2. PELLICER, M. (1992). Aproximación a la Prehistoria de Salobreña, Ayuntamiento de Salobreña.  SAROMPAS, C. (2007). “La prehistoria”, en PÉREZ HENS, J.M. (2010): Historia de Motril y de la costa de Granada, Ayuntamiento de Motril.
 
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Mapa geológico donde se reflejan las zona con capas freáticas de las comarcas de La Herradura, Almuñécar, Salobreña, Lobres, Cauce del Guadalfeo, Motril y Puntalón.
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Figura 1

Indicación de los distintos mantos geológicos que componen el territorio de Almuñécar, Salobreña y Motril.
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Demarcación del término municipal de Salobreña

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Emplazamiento de las localidades relacionadas con Salobreña y sus acuíferos

El término, desde el punto de vista geográfico, tiene unas características especiales. Su origen y distribución pueden calificarse de naturaleza aluvial.

Desde el punto de vista orogénico es muy interesante, en época de historia antigua, hacer notar la configuración de las estructuras hace dos mil años.

La figura (2) nos muestra que tan sólo en el espacio comprendido entre Almuñécar y Adra, Salobreña constituía una pequeña península perfectamente delimitada, y en el Monte Hacho, una pequeña isla, antiguo reducto ocupado por elementos pertenecientes a la cultura del Bronce.

Es claro que las aguas ciñeron, en fechas pasadas no muy lejanas, el actual montículo del Hacho y los alrededores de la península que constituía el actual casco urbano de la ciudad de Salobreña.

Gracias a esta especial configuración, realizada mediante estudio geológico, se ha podido comprobar que, desde el punto de vista funcional y utilitario, Salobreña ha debido ser colonizada por fenicios (mención aparte de los testimonios arqueológicos que lo prueban), ya que este emplazamiento reúne los condicionamientos geográficos que presentan la mayor parte de las factorías fenicias del Mediterráneo Medio y Occidental.

El elemento fenicio buscaba siempre los lugares que ofrecían una defensa natural. De este modo podemos ver cómo ocupan o pequeñas penínsulas o islas próximas a la costa, hechos que se atestan suficientemente en Cádiz, Salobreña y Almuñécar.

Tanto el Monte Hacho como Salobreña y su Peñón tienen las misma composición orogénica: roca carbonatada metamórfica.

En cuanto al entorno podemos decir que las alturas no son muy pronunciadas. El alto más significado es el denominado Esparcinas, con 437 m.

Los depósitos cuaternarios constituyen la forma de relieve que circunda estos dos puntos de Salobreña. Su composición está formada por gravas, arenas y limos.

En la figura vemos el núcleo y anejos del municipio, así como la existencia de una torre vieja, alberca, calera y aljibe árabes.

En la figura donde se dibujan los acuíferos, podemos destacar una nota esencial que viene a robustecer la conclusión del carácter peninsular del casco antiguo de la ciudad, así como el islote del Monte Hacho. En consecuencia, el estudio de la época cuaternaria, como las modificaciones estructurales provocadas por la acción antrópica, nos dan una imagen clara sobre la identidad geomorfológica de la antigua Salobreña.

Sentados estos principios, podemos hacer una descripción ambiental del conjunto de la zona y su estado primitivo.

Dado, pues, el diseño que presenta la misma naturaleza, según se viene desde el Cabo Sacratif, era un paisaje muy distinto el que se dibujaba sobre la silueta geográfica de estas costas. El agua del mar bañaría las faldas de todas las colinas que hoy se levantan bordeando las llanuras de las vegas de Motril y Salobreña. El Guadalfeo constituiría un estero profundo y penetrante, muy acantilado que se adentraría por el amplio cañón de su recorrido y trazado final.

De esta forma, el mapa del entorno de Salobreña, la línea de la antigua playa y la penetración del mar entonces, distaba mucho de parecerse a la actual configuración del terreno.

En la figura (1), estudio geomorfológico, se nos da la pauta que nos puede servir de guía para hacernos una idea precisa de cuál era el entorno costero del término de Salobreña en su sector oriental.

Por su especial configuración, forma de punta de flecha engrosada en su extremidad, este reducto va a constituir un emplazamiento natural apetecible para las primeras manifestaciones humanas de la costa.

En la tradición fenicio-púnica es una constante histórica la utilización de estos parajes para emplazar sus residencias estacionales o temporeras. Tenemos ejemplos de este tipo de utilizaciones costeras en Cerdeña, Sicilia y costa atlántica de Marruecos, además de las ya citadas en la Península Ibérica. Por ello Salobreña se repite como una de las constantes dentro de la tradición fenicio-púnica del Mediterráneo Occidental.

En el entorno geográfico es preciso destacar los núcleos que tuvieron una relación muy estrecha en la antigüedad púnico-romana, debido a la interacción cultural e industrial comunes y paralelas entre sí.

Así, debemos citar, como núcleos étnicos paralelos, Salobreña, Monte Hacho y Lobres, con una denominación común basada en la cultura del Argar, correspondiente al Bronce Pleno y Final.

2A PLANOS SALOBREÑA
Elementos Fenicios. Supuestos hábitats de los colonizadores (Gómez-Moreno).
3A PLANOS SALOBREÑA

Excavación practicada en la localidad de Salobreña con motivo de reposiciones de partes de la ciudad. Se cree que aparecieron tumbas de estas características tan similares a las de Almuñécar.

Por otro lado, las comunidades de Salobreña, Lobres, Molvízar, los Guájares y Pataura, estuvieron muy relacionadas bajo la cultura púnico-romana. Los testimonios arqueológicos son muy numerosos en ambos niveles culturales.

Bajo la dominación árabe, las conexiones se hacen más amplias. La intercomunicación se extiende a través de toda la costa granadina mediante las torres-vigía, aparte de la conexión mediante la antigua vía romana que unía Salobreña con el resto de las ciudades costeras, como Adra y Almuñécar, así como con las localidades vecinas de Lobres, Molvízar y Pataura.

Ante este conjunto de comunidades humanas figura un denominador común: Salobreña, desde época fenicia, es uno de los puntos comerciales de la antigüedad, desde donde parten tanto las manufacturas pesqueras como la agrícolas y mineras.

Entre el Cabo Sacratif y Salobreña, podemos hacer la siguiente memoria arqueológica:

  • Testimonios arqueológicos ibéricos: Lobres, Monte Hacho y Salobreña.
  • Testimonios de tradición fenicia: Salobreña y Lobres.
  • Testimonios romanos: Torrenueva (depósitos de salazones, necrópolis, depósito de aguas, salinas, almacén de ánforas).
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Casco urbano de Salobreña. Covachas destinadas al la inhumación sobre las laderas de la colina del emplazamiento de la ciudad.
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Enterramientos ibéricos sobre las faldas de la ciudad de Salobreña
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Zona donde hubo un enterramiento ibérico en Salobreña
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Enterramiento realizado sobre fosas naturales de las laderas de la ciudad de Salobreña
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Zona típica donde se encuentra una covacha de elementos ibéricos.
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Ladera donde se pueden ver las diferentes covachas para enterramientos ibéricos
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Ladera norte de la periferia del la colina de Salobreña. Hay gran cantidad de fosas pertenecientes a las tumbas consideradas del Bronce Pleno y Tardío.
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Detalle de la foto anterior
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Ladera del casco antiguo de Salobreña, donde se encuentran las fosas de los enterramientos ibéricos.
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PLANO GENERAL DE SALOBREÑA QUE INCLUYE LAS RUINAS DE ÉPOCA ÁRABE.
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Colina y Peñón de Salobreña
(Dibujo de A. Ruiz)
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Monte Hacho, yacimiento por explorar de forma exhaustiva. La mayor parte de los materiales del Bronce Pleno han sido descubiertos en esta zona, que se encuentra muy cerca del Centro Principal de Salobreña. 
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Monte Hacho más detallado

Motril: Estela funeraria de época tardo-romana, monedas, depósito de agua de grandes proporciones, usado para regadío con sistema de canalización

Salobreña: Cerámica común, sigillata, campaniense, fragmentos de ánforas, monedas romanas de bronce (republicanas e imperiales), halladas tanto en el casco urbano como en la Caleta, Monte de los Almendros y Peñón.

Molvízar: Depósito de material de desechos con cerámicas de todo tipo. Últimamente apareció una villa rústica romana. (Este trabajo fue dirigido por el arqueólogo Nicolás Marín).

Dentro de las exigencias de todo asentamiento humano, además del medio propio y congruente con las necesidades de la época, Salobreña ofrece al elemento colonizador todo cuanto precisa para cumplir los requisitos estratégicos, industriales, comerciales y humanos: una situación con defensa natural propia, que goza de las siguientes ventajas: constituye por sí sola una roca bien elevada, penetrante en el mar, formando, como se ha dicho y se detallará más aún, una pequeña península con cotas de nivel considerables, una situación de entorno que le constituye en punto obligado y puerto terminal del estero primitivo del estuario del Guadalfeo (tanto en la parte de Levante como en su configuración cóncava, como la de Poniente, donde se tienen testimonios recientes de puntos de amarres portuarios), y que estaba dotada para garantizar el establecimiento en ella de los obligados puntos de refugio que requería todo asentamiento humano con carácter industrial en aquellas fechas. Y, por último, un factor decisivo para montar una factoría: agua potable. Salobreña esta dotada de una fuente natural de agua potable, en la parte suroeste, que constituye una de los elementos indispensables para poder considerar a este punto como paraje obligado de contacto humano y del desarrollo posterior de las riquezas marinas propias.

No ocurre así en las localidades costeras de Torrenueva y Almuñécar, cuyas necesidades de agua potable eran primarias y que tenían que ser buscadas en las cercanías de lo que hoy se considera núcleo urbano.

El esquema general de las distintas culturas registradas en Salobreña se puede sintetizar como sigue

  • Salobreña: Bronce: Arqueología, entorno, necrópolis, cuevas y materiales.
  • Salobreña fenicia: Cualidades naturales que presenta su geografía para el establecimiento de una factoría; península, entorno, Guadalfeo y agua potable in situ. Situación con relación al contexto geográfico colonizador: Adra, Almuñécar; fuentes escritas; épocas en que se habla de Salambina. El Problema del topónimo: documentación derivada de los testimonios escritos; mapas; elementos arqueológicos: tumba fenicia, platos y cuencos, escarabeo.
  • Salobreña romana: encuadre y relación con la época fenicia: el elemento humano y la política de Roma después del año -206 con la entrada en Cádiz; explotaciones industriales: minas de las cercanías de Salobreña y Vélez de Benaudalla; vías de comunicación con el resto de la costa y las cercanías costeras colindantes; la política industrial de Roma tras la caída de los Bárquidas en España, aplicada a Salobreña: testimonios arqueológicos: cerámica y numismática: centros romanos relacionados comercialmente con Salobreña: Molvízar, Lobres, Pataura y los Guájares.

 

Fases preliminares de la Historia de Salobreña

 Período Neolítico

La fase del Neolítico constituye el punto de partida más importante en el desarrollo de la humanidad prehistórica. Aquí nacen las bases para la revolución agrícola y económica, en general, dentro del entorno geográfico-humano tanto en el mundo ibérico como en el local y concreto que se esboza.

Aparece la piedra pulimentada, la domesticación de los animales más productivos y útiles, la cerámica trabajada a mano y, en resumen, la producción alimentaria como culminación de una evolución progresiva que llevará, como consecuencias, el hecho de convertir al hombre de trashumante en sedentario, a producir la acumulación de riqueza, que tendrá como resultado la creación del comercio y contactos entre las diferentes comunidades.

La civilización neolítica se comienza a conocer bien en España a partir de los años ’50. Tras los estudios realizados se han podido distinguir cuatro facetas bien definidas y localizadas en la Península Ibérica: la Cultura de las Cuevas y la Cultura Megalítica portuguesa.

Las manifestaciones más frecuentes en esta comarca se dan dentro de la Cultura de las Cuevas, con la existencia de numerosos emplazamientos. Las fechas de una primera fase se remonta al V milenio a. de n. e. De ello se ha estudiado la tipología de cerámica basta de tono oscuro, y la denominada cerámica cardial, que se registra en las costas del Mediterráneo occidental, sobre todo en cuevas.

A mediados del IV milenio aparece la cerámica con incisiones, dándose a la vez el sistema de decoración con bandas horizontales, que tendrá una influencia clara en la decoración del Vaso Campaniforme.

Salobreña registra en arqueología prehistórica yacimientos como la llamada Cueva del Capitán. Ésta se encuentra en las cercanías de Lobres, aproximadamente sobre la cota 76 sobre el nivel del mar, dentro de las estribaciones de la Sierra de Cázulas, habiéndose detectado otra de mayores proporciones y aún no exploradas científicamente (sólo se han analizado algunas cerámicas extraídas al azar) en la localidad de Lentegí.

Todos los datos recopilados en el estudio de la Cueva del Capitán han sido estudiados y publicados por M. S. Navarrete Enciso. En este trabajo se recogen los anteriormente realizados por el Profesor Pellicer Catalán.

Recientemente hemos podido detectar en las cercanías de Salobreña algunos ejemplares cerámicos y de piedra pulimentada con unas características muy definidas y en un estado de conservación bueno. Se trata, en efecto, de un cuchillo de piedra silícea de tono verdoso. Presenta en el centro una especie de estrangulamiento por donde se empuñaba. Otro de los restos hallados es un fragmento de martillo de piedra con las mismas características de composición. El lugar del hallazgo es una colina cercana al citado Monte Hacho. Por ello pensamos que esta cultura está más divulgada de lo que hasta ahora pensamos. Todos estos parajes ofrecen condiciones para albergar una población primitiva abasteciendo todas sus necesidades más elementales.

Las conexiones de los materiales aquí estudiados se encuentran en el Norte de África y en el Sáhara.

Todo parece inclinar la conclusión final hacia el período de la última fase del Neolítico, tanto los materiales de la Cueva como los hallados recientemente y que están en conexión directa con todos los yacimientos adyacentes y próximos a esta comunidad humana primitiva.

 

Salobreña, Bronce Pleno y Bronce Final.

La cultura megalítica de los Millares, presente en la provincia de Almería y con una procedencia mediterránea oriental, no tiene hasta ahora paralelos en esta comarca.

El Bronce Pleno (1.600-1.400 a. de n. e.) tiene un significado y protagonismo más relevante que incluso los testimonios literarios romanos.

Como lugares o yacimientos paralelos podemos citar los siguientes en esta zona y proximidades: inmediaciones del castillo de la ciudad, ladera y calle de la Cruz, Paseo de las Flores y numerosos puntos aislados del casco urbano antiguo y nuevo, como es el caso de la antigua fábrica de azúcar. Otros puntos son el Monte Hacho en las cercanías, así como en colinas próximas al cementerio.

Los paralelos se encuentran en El Ejido (Almería), Lentegí, Almuñécar (Cerro del Monte Velilla, necrópolis fenicio-púnica de Puente del Noi, Punta de la Mona, Pago del Sapo, etc.) y Nerja (Málaga).

Por sus especiales características este período se denomina en el Sur peninsular Bronce Argárico, con un área que comprende la franja costera desde Antas (Almería) hasta La Herradura (Almuñécar), penetrando hacia el interior de la provincia de Granada en dirección a Montefrío.

Las características más relevantes de esta cultura se resumen en los siguientes datos:

  • Sus emplazamientos son lugares de defensa natural, es decir, elevaciones del terreno, dotadas de un elemento indispensable: el agua.
  • Sus tumbas, de inhumación, se construyen dentro del mismo recinto, debajo incluso de los propias viviendas. La tipología varía entre una simple fosa con algún revestimiento de lajas de piedra, la típica cista, o incluso las vasijas de cerámica de ciertas proporciones. Normalmente se hace enteramente individual, pero suelen existir casos de parejas.

La posición ritual es encogida o fetal, llevando como ajuar funerario vasos de cerámica, las llamadas tulipas, copas de pie prolongado, urnas ovoides; pero, en general, no llevan decoración y sólo muestran la carena y un bruñido superficial monocromo.

Salobreña muestra suficientes incentivos de carácter económico para todo un desarrollo de esta cultura, como se puede comprobar con la existencia de unos yacimientos mineros cercanos, riqueza pesquera, tierras cultivables, etc.

Así como Almuñécar registra (Necrópolis Puente del Noi, Monte de Velilla, Pago del sapo) elementos argáricos en sus cercanías y en su casco urbano, Salobreña, dentro de las exploraciones e informaciones que se han podido recabar de sus gentes, registra una proporción de enterramientos, dentro de lo que se ha podido detectar, a pesar del intenso urbanismo posterior y las superposiciones culturales fenicias y romanas, árabes y cristianas, tan numerosa que nos lleva a concluir, sin lugar a dudas, el emplazamiento argárico más importante de esta zona.

Haciendo un poco de recuento podemos trazar el siguiente esquema cronológico:

  • 1.967: En la zona al pie del castillo se descubre un «hueco prismático tapado con losas de piedra negra», según descripción popular, que identifica una cista. En ella había un cadáver casi completo, tapado, bajo la losa superior con una capa de arena muy fina. Junto al cadáver había dos vasos de cerámica lisa, carenados, de los denominados tulipas, y un pequeño puñal de cobre.
  • 1.975. Con motivo de la construcción del Paseo de las flores, algunos obreros cuentan, como testigos directos, que fueron descubiertos nuevos enterramientos con el movimiento de tierras

Algunas piezas están expuestas en el Museo Arqueológico Provincial de Granada, que demuestran la realidad y categoría de los materiales hallados en algunas de sus tumbas.

Enrique Pareja nos dice, al respecto, de estos hallazgos: «Según noticias recogidas, habían aparecido tres enterramientos: uno en cista de mampostería, y dos en covachas naturales, cubiertas con lajas de pizarra oscura. La cista, construida con pequeñas lajas de mampostería, estaba situada en la parte más baja de la ladera, y contenía restos humanos de individuos adultos, con un ajuar compuesto por vasos de cerámica carenados, una espada-puñal de bronce, y un gran puñal también de bronce».

«Las tumbas 2 y 3 se hallaron junto a la muralla, aprovechando pequeñas covachas naturales de la roca. De la segunda, proceden restos humanos de tres individuos, y de su ajuar se recogieron dos vasos carenados. De la tercera, muy mal construida y mal conservada, apenas si se pudieron rescatar algunos restos de hueso humano».

Como consecuencia de una posterior investigación sobre el terreno, han podido ser identificadas como tumbas un gran número de huecos naturales en superficie sobre la vertiente de roca desnuda orientada hacia el Sureste (Ver imágenes de las laderas del casco antiguo de la ciudad).

Después de un examen detenido sobre el terreno y sirviéndonos del testimonio de algún obrero, testigo de hallazgos en tales agujeros, se ha podido concluir que la mayor concentración de enterramientos argáricos se encontraba sobre la zona conocida como Ladera y calle de la Cruz.

Aún hoy se puede ver cómo los citados huecos naturales del terreno presentan indicios de utilización como fosa funeraria. Pueden verse, en efecto, algunos indicios de cerámica en superficie y una capa de tierra roja en las paredes interiores.

Según obreros que trabajaron en el rebaje del citado terreno de la ciudad y en la calle de la Cruz, se destruyeron más de 30 tumbas de este tipo con motivo de las nuevas construcciones y del rebaje del terreno como cantera de piedra.

A partir de estas declaraciones, se puede concluir que la mayor concentración de tumbas en todo el casco urbano antiguo, ha tenido lugar en este terreno.

Como detalles pormenorizados de los enterramientos que los obreros nos describen (no catalogados hasta ahora), se dan los siguientes: utilización del hueco en la piedra con sólo revestimiento interno de tierra roja. En lo más profundo aparecía el cadáver en posición encogida (fetal) con muy pocos elementos de ajuar. La mayor parte de estos huecos mostraban una forma antropomórfica. Por ello bastaba casi la sola forma natural, como se viene comprobando en todas las zonas.

Otro de los lugares, donde se ha descubierto tumba argárica, ha sido la calle del Carmen. En efecto, con motivo de un rebaje de un terreno llevado a cabo para la construcción de una casa, la pala mecánica puso al descubierto una tulipa (se desconoce su paradero) y la sección de una tumba que, por las características presentadas, puede encuadrarse dentro del tipo argárico ya conocido.

Con motivo de las obras de restauración del Castillo de la ciudad, los obreros han encontrado, en la zona hoy incluida en el Patio de Armas del mismo, gran cantidad de restos, como tulipas, mejillones, almejas, colmillos de jabalí, restos de plomo mezclado con otras sustancias, etc. Esto nos llevar a suponer la existencia de un hábitat humano sobre otra parte de la ciudad, ya que se suponen ser elementos de restos orgánicos pertenecientes a la dieta humana de la comunidad  argárica.

El Profesor Martínez Santa-Olalla ha estudiados dos vasos de cerámica pertenecientes al período del Bronce Final. El único yacimiento que puede aún aportar pruebas de esta fase de la historia del Argar en Salobreña es el denominado Monte Hacho, donde, además, se han extraído las mejores piezas del Bronce Pleno. Los vasos estudiados por el citado profesor presentan como elementos de decoración una serie de rombos excisos y la punta de raya continuada con triple fila de guirnaldas.

Esta cultura sufre, al paso del tiempo, entre los siglos XIII y XII, una evolución introducida por una interacción de diferentes movimientos culturales, tanto en el interior de la Península como en las zonas costeras atlánticas. Lo que dará lugar, sobre el año 1000, al período, ya citado, del Bronce Final, con una duración de casi cuatro siglos, dando señales claras de una apertura hacia las influencias exteriores.

En este período, según testimonios arqueológicos, y sobre todo en las zonas costeras, se van a producir los primeros contactos con los pueblos semitas, según las fuentes, en el siglo XI, y según la arqueología, a mediados del siglo IX a. de n. e.

Teniendo en cuenta el estudio realizado por el Profesor Fernando Molina, hay dos vasos cerámicos pertenecientes a la fase del Bronce Final, que conectarán con las técnicas de los nuevos elementos extraños.

Dentro de este nuevo marco histórico, Salobreña entra, pues, en contacto con el mundo fenicio que arriba a nuestras costas: la Cultura del antiguo Líbano con la que tuvo gran vinculación, como ocurre con la mayoría de las comunidades autóctonas de las costas del Sur.

 

 

SALOBREÑA EN LA FASE FENICIO-PÚNICA

Los testimonios literarios sobre los movimientos de las diferentes etnias que configuran el elemento humano de las poblaciones costeras, no son muy abundantes ni explícitos en sus contenidos. Por ello ha sido necesario e imprescindible, para rehacer el pasado histórico local de determinados puntos geográficos, el estudio y conocimientos aportados por la arqueología.

Las referencias literarias, de fiabilidad dudosa, pero más antiguas, vienen reflejadas en la obra poética de Rufo Festo Avieno, Ora Maritima, quien recoge sus noticias, a su vez, de un periplo del s. VI a. de n. e.

Dentro de un orden diacrónico de fechas de textos antiguos, podemos citar: Hecateo de Mileto, Polibio y Posidonio. De todos ellos recoge Estrebón noticias, a la vez que Diodoro de Sicilia, Pomponio Mela, Plinio el Viejo, Ptolomeo, Esteban de Bizancio y otros.

Las etnias con las que toman contactos los fenicios en sus primera arribadas, los indígenas turdetanos, bastetanos y los bástulos, que son los primeros que entablan relaciones con las civilizaciones mediterráneas orientales, todo encuadra en el ámbito del Bronce Final.

Las demarcaciones que se consideran más acertadas, desde el punto de vista arqueológico, para estas poblaciones, son las siguientes:

  • Turdetanos: relacionados con el mundo tartésico, el más representativo de los pueblos cultos de la Península Ibérica, localizados en la parte más suroccidental de la Bética.
  • Los massienos o bastetanos: situados más hacia el interior en dirección hacia la actual Cartagena. Se piensa que su primitiva ciudad fue Mastia.
  • El elemento bástulo, que se suele identificar con el bastetano de la franja costera, se entronca y relaciona muy estrechamente con el elemento colonizador fenicio.

En cuanto al contacto humano, tanto Mela y Plinio como Estrabón, afirman que se produjo una asimilación del elemento colonizador que afectó no sólo al comercio, como motivo principal de estos contactos, sino también los usos, costumbres y, probablemente, la lengua, aunque de las grafías se tiene un testimonio un tanto dudoso.

Pormenorizando aspectos de la civilización fenicio-púnica, dentro del marco general de las colonizaciones del Mediterráneo Occidental, es obligado precisar unos conceptos generales acerca del fenómeno humano. Así, los capítulos destinados al propio movimiento migratorio en la búsqueda de nuevos horizontes comerciales, se enmarcarán dentro de las líneas maestras del resto de las colonias del Sur peninsular. Motivos y situaciones de intercambios o comercio entre el elemento indígena y los comerciantes orientales.

Enumeramos las siguientes facetas del posible emplazamiento fenicio-púnico en Salobreña.

Fases de colonización:

  • Periodicidad de los contactos con Salobreña.
  • Factoría de salazones: restos de puertos y su ubicación.
  • La casa.
  • El comercio: agrícola y pesquero, las cercanías.
  • La moneda: contacto con las comunidades aborígenes.
  • Política general de las transacciones comerciales del elemento fenicio-púnico.
  • Toponimia fenicio-púnica.

 

COLONIZACIÓN

Dentro del movimiento colonizador, iniciado a partir del siglo XI a. de n. e. por la ciudad fenicia de Tiro, hacia el Mediterráneo Occidental, las tesis barajadas sobre la trayectoria a seguir son dos: vía norteafricana y vía sureuropea.

Es opinión bien generalizada la arribada a nuestras costas a través de la primera vía.

Pero las objeciones a tal postura no resisten un análisis ni estratégico ni arqueológico.

La arqueología ha demostrado la existencia de una secuencia de ciudades norteafricanas (Kercouanne, Cartago, Utica, Rachgoun, Gouraya, etc.) cuya cronología va conectada al período de expansión cartaginés. Es decir, que todas las colonias fenicio-púnicas del Norte de África, que se extienden hacia el Mediterráneo Occidental, son posteriores a la fundación de Cartago (salvo Utica), cuya fecha de fundación se calcula sobre el 814 a. de n. e.

Cartago empieza a extender sus dominios hacia el Norte de África, su costa fundamentalmente y otros lugares hacia Occidente. Tal es el caso de Ibiza en el Archipiélago Balear. La fundación de esta colonia tiene lugar a mediados del siglo VII a. de n.e.

Pero, siguiendo la línea de las colonizaciones, nos encontramos con los textos literarios que nos hablan de la fundación más antigua del Occidente: Cádiz. Esta fundación tiene lugar aproximadamente sobre el año 1.100 a. de n.e., si se tienen en cuenta los textos antiguos.

Es una tradición que incluso algunos autores antiguos rechazan, como fábula inventada por los tirios, que el proceso de la fundación de Gadir (fenicio Agadir) fue de la siguiente forma: la expedición que emprende viaje hacia Occidente arriba a un lugar donde hoy se encuentra la ciudad de los Exitanos (Almuécar). Pero cuando los Hados fueron consultados sobre su conveniencia de crear o no, una ciudad, abandonaron el lugar. Continuando la navegación más allá de las Columnas, llegaron a un lugar en donde hoy se encuentra la ciudad de Onuba (Huelva). Igualmente los Hados fueron consultados siendo la respuesta negativa.

Por último, se llegó a un lugar cercano a las Columnas de Hércules, y el resultado de la respuesta consultada a los  Hados fue positiva. Con esto, el asentamiento definitivo se situó en aquel paraje.

De esta narración se pueden deducir varias consecuencias: si la fundación de Gadir tuvo lugar sobre el año 1.100 a. de n.e., evidentemente la fase de exploración se inicia con anterioridad a tal fecha. En segundo lugar, tal exploración se lleva a cabo, según el texto, por las costas hispanas y no por el Norte de África; con lo que la hipótesis expansiva de Cartago hacia Occidente bajo este criterio, queda fuera de lugar. Por otra parte, la arqueología ha demostrado que no existe ninguna conexión entre los restos hallados en Gadir y Cartago, lo que corrobora más aún esta tesis.

En tercer lugar, el recorrido de las oleadas colonizadoras no se efectúa de forma directa, sino que son organizaciones sistemáticas programadas bajo unos criterios concretos: posibilidades de sacar el máximo provecho de las comunidades humanas con las que establecen contacto y, sobre todo, la posibilidad de establecer un asentamiento permanente.

Es lógico pensar que los primeros fenicios buscaban en el Mediterráneo Occidental un lugar donde pudieran establecer una metrópoli, desde donde, en cierto modo, se interconectaran todas las pequeñas factorías que se extenderían a través de toda la franja costera, aunque en realidad nunca se diera una interdependencia política entre ninguna de ellas.

Pero la existencia de una gran metrópoli podía suponer una garantía de seguridad en el control de todo el comercio iniciado por el elemento fenicio.

Como veremos más adelante, las conexiones entre las pequeñas factorías y la gran base comercial de Gadir, se va a manifestar bajo algunos aspectos muy importantes: procesos de contactos comerciales con el elemento aborigen: intercomunicación y modelos de fabricación de objetos cerámicos principalmente en la costa; la acuñación de moneda, que todas las colonias suelen seguir en sus tipos a las emisiones de Gadir, tal como ocurre en Sexsi y Abdera.

Como se dijo antes, las colonias fenicias se sitúan en las franja costeras y eligiendo unos lugares que ofrezcan cierta seguridad y posean agua potable a mano.

Estas condiciones se cumplen plenamente en Salobreña, si consideramos retrospectivamente la configuración geológica (Ver planos geológicos) de este lugar. Tales condiciones se cumplen: lugar defendido por su propia naturaleza; agua potable en el propio emplazamiento; riqueza pesquera y posibilidades de entablar un comercio próspero con los naturales iberos: en la propia Salobreña y Lobres principalmente.

Como se sabe, el cabotaje en la antigüedad era totalmente necesario en las rutas de navegación (salvo rara excepción) de los antiguos. Se ha concluido que la etapa de navegación tenía lugar durante el día, a la vista de la costa, y cuya cabotage no solía exceder los 50 km diarios. Por ello se establece una especie de red de conexiones que sean puntos de contacto seguros en su trayectoria de Oriente a Occidente. Los emplazamientos se van sucediendo de forma escalonada desde Villaricos (Almería) hasta el Cabo de San Vicente.

Las colonias se asientan a Levante y a Poniente del Estrecho, y guardan aproximadamente esta media de separación (en principio) entre ellas. Lo que no quiera decir que puedan coexistir distintos núcleos sobre una misma área, como ocurre en el término de Salobreña y en la desembocadura del río Vélez en la provincia de Málaga.

Volviendo al período inicial de las colonizaciones, como se dijo, las fases previas de los primeros contactos, fueron anteriores a la fundación de Gadir. Es, en cierto modo, lógico concluir esta afirmación: en la Ría de Huelva, no hace mucho, en el fondo de la misma, apareció un barco fenicio cargado de materiales arqueológicos de tipo comercial, cuya cronología supera los datos aportados hoy día por la propia Cádiz. En Almuñécar, la Sex fenicia, han sido hallados materiales que remontan su cronología hasta tal punto que no cabe pensar ya en un asentamiento posterior a Cádiz. Por lo menos simultáneo. Entre ellos, tenemos vasos de cerámica con cronología que se remonta al s. IX a. de n.e. Por otro lado, en 1.973 se pudo estudiar un vaso de unas características algo especiales: Perteneció a la última dinastía de los faraones Hiksos en Egipto, en concreto a Aa-ouser-Ra Apopi, cuya cronología se remonta a principios del siglo XVI a. de n. e. Lo que, a todas luces, nos hace lanzar la idea de que todas las fases previas, en general, a la fundación de Cádiz, son anteriores a ella. Tales fases previas pueden llegar a suponer que estos contactos iniciales  son esporádicos y sin continuidad.

Volviendo a la anterior tesis, afirmamos que dentro de la estrategia comercial que el elemento fenicio quiere establecer en el Sur Peninsular, supone como base de apoyo para controlar la ruta comercial, toda una serie de puntos de contacto que den solidez y seguridad al tráfico que se va a iniciar y conservar en todo el Mediterráneo Occidental. Ello sin tener en cuenta que, aunque siendo factorías menores, también tendrán su papel relevante en la explotación de la riqueza natural de la Península.

De todos es sabido que, después de la primera Guerra Púnica, los fenicios fueron sometidos a constante espionaje por parte de los romanos, con el fin de descubrir la ruta de los metales en el Occidente. Se cuenta al respecto, que una nave fenicia, que cubría su ruta comercial habitual, al verse seguida por una embarcación romana, fue hundida por sus propios tripulantes para evitar que se descubriera la ruta a seguir en la búsqueda de los metales.

Por todo ello se puede concluir que los principales puntos geográficos que los autores antiguos nos refieren como lugares menores, son previos a las grandes fundaciones y, por tanto, anteriores; que la ruta seguida en esta fase de la colonización es surpeninsular, y no norteafricana. como ejemplo podemos citar a la Sex fenicia de Almuñécar, cuyos restos arqueológicos se ponen por delante, en el tiempo, de Cádiz, y los materiales de Selambina, de los que los fenicios aparecen mezclados con los del período del Bronce Final, constituyen piezas que, cronológicamente, se sitúan tanto en el siglo V como en el IV a. de n.e.

FASE DE INFLUENCIA CARTAGINESA

Hay un período intermedio situado entre la entrada definitiva de los cartagineses en Hispania y la colonización de Ibiza.

Los pueblos hispanos del Sur crean una situación incómoda al elemento fenicio a finales del siglo VII a. de n.e. y comienzos del V. Este hecho queda constatado por la aparición de un interim arqueológico en la mayoría de las comunidades fenicias del Sur. En este tiempo son bastante aislados e incoherentes los restos arqueológicos allí donde se dan. En la colonia fenicia de Sex (Almuñécar) el vacío arqueológico de ese interim es muy relevante, si consideramos que la mayoría de las tumbas y ajuares funerarios, en la necrópolis Laurita, se sitúan a finales del siglo VIII, y en gran cantidad a finales del VI (Puente del Noi).

En ese espacio intermedio los materiales son muy escasos. A partir del V se multiplican las formas y modelos importados de Cartago.

Mientras la Laurita da tipos de clara influencia oriental y egiptizantes, Puente del Noi da formas cartaginesas y norteafricanas, salvo casos aislados que proceden, tanto para la gran metrópoli africana como para el resto de las colonias hispanas, del Delta del Nilo.

En la provincia de Málaga se producen los mismos fenómenos, con la aparición de tumbas de sillares, en Trayamar, Toscanos y otros lugares próximos, y materiales de clara influencia cartaginesa en Guadalhorce, por ejemplo.

En esta fase inicial de colonizaciones, Salobreña, por su entorno, sus condiciones naturales y ventajas, no escapa a convertirse en un «puente» en el tránsito comercial en ambos sentidos y en un punto obligado de asentamiento industrial.

La Arqueología los deja bien patentes: platos de cerámico tipo siglo V, similares a los de Almuñécar, escarabeo de cornalina con símbolos realengos propio de personajes destacados de la sociedad fenicio-púnica; tumba fenicia localizada en el mismo casco urbano antiguo de la ciudad muy similar a los tipos de Almuñécar, con forma de fosa excavada en roca, lecho inferior antropomorfo con escalones laterales y cubierta de lajas de piedra toscamente talladas que se colocan justo encima del espacio hueco destinado al cadáver (ver dibujo de tumba); lugar con defensa natural por su particular estructura; manantial de agua potable al pie de la misma roca donde se asienta la actual ciudad, situada en parte sureste junto a los restos de amarres del antiguo puerto de mar; estaciones próximas dotadas de una gran riqueza agrícola y manantiales espontáneos (Monte de los Almendros); gran riqueza maderera destinada a la construcción naval (como incluso citan las fuentes escritas recientes), y, sobretodo, una cultura de fuerte contenido histórico ibero: el Bronce Final en todo un yacimiento de primer orden formado por todo el casco antiguo de la actual ciudad y alrededores: se ha concluido que, efectivamente, toda la ciudad es un gran cementerio-ciudad del Bronce Pleno, sobre todo el Final.

Con relación a lo cual, es muy importante este detalle, la población que encuentran los fenicios en su arribada a estos lugares, es la que protagoniza la fase del Bronce Final; pero que, al parecer, se había producido ya un despoblamiento ignoramos por qué, de toda la roca de Salobreña.

Ello se justifica por los siguientes datos arqueológicos: la casi totalidad de las tumbas descubiertas, atestiguadas por los obreros que trabajaron en ello, son descritas con las características del Bronce Pleno: Los materiales pertenecientes al Bronce Final fueron hallados en las cercanías de Salobreña, según Martínez Santa-Olalla.

En resumidas cuentas las áreas de la ciudad que han registrado enterramientos son las siguientes: Ladera y calle de la Cruz: aproximadamente unas 30 tumbas argáricas del Bronce II; zona de la Fabriquilla;  tres tumbas argáricas de la misma fase; en la Calle del Carmen, Muralla y Paseo de las Flores se registran aproximadamente unas 15 tumbas del mismo tipo.

Como consecuencia de todo esto podemos pensar que realmente toda la parte emergida de la roca de Salobreña y gran parte de la hoy enterrada, constituyen hábitat y enterramiento de la población del Bronce Pleno.

En conexión con lo expuesto, podemos decir que el elemento fenicio se va a establecer sobre un hábitat ibero que ha perdido, no sabemos por qué, su entidad numérica, confirmada la escasa presencia de elementos argáricos del período final, que es el elemento con quien los fenicios colonizadores van a entablar sus relaciones.

No podemos perder de vista que los colonizadores son también escasos. Tal asentamiento, extraño a la población aborigen, tomaría poco a poco carta de naturaleza en la roca; pero no pensemos que forzosamente debía ser aquí, ya que, como se ha demostrado, los materiales genuinamente fenicios se han encontrado en Lobres. Con los que podemos pensar también que los inicios de los contactos se dieran en parajes cercanos a la localidad, y que, paulatinamente, los frecuentes tratos con los naturales, dieran lugar a una progresiva y activa posesión del casco urbano actual. No perdamos de vista que El Bronce Final es muy escaso; cosa que nos da pie para pensar en que el asentamiento fenicio fuera directo, porque, de lo contrario, se habría producido un desplazamiento de la población asentada, pero también cabe la posibilidad de un asentamiento parcial, en estos momentos debe tenerse también en cuenta que la línea de playa de estos estados geológicos no era como ahora podemos pensar. Según el estudio realizado por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, la línea de costa estaba más atrasada de lo que hoy vemos y, por tanto, el mar llegaba mucho más alto de lo que hoy se ve. La línea de costa más antigua pasa por la misma Lobres. El Casco urbano y el Peñón estaban separados por el agua del mar, según las dos líneas de costa trazadas por los alemanes hace poco tiempo. Y esto tiene estrecha conexión con lo que venimos exponiendo sobre los yacimientos: unos aparecen en cotas altas, otros, en medias y otros se pierden. Cuando se aporte esta planimetría podremos valorar la incidencia que ha tenido este trabajo en las investigaciones sobre los yacimientos arqueológicos.

Este método de asentamiento fue corriente en el Mediterráneo Occidental: hay gran número de pequeños núcleos humanos que no levantarán viviendas sólidas, sino casas de tipo existentes en otras localidades norteafricanas que no existen aquí (ver dibujo de posible hábitat).

Ibiza, con todo lo que significó, tan sólo alcanzó aproximadamente los 2000 habitantes en su fase de mayor entidad. Cádiz andaba por las mismas cifras.

 

PERIODICIDAD DE LOS CONTACTOS FENICIOS CON SALOBREÑA

Sabemos por los textos escritos y por la Arqueología que la causa que impulsa a los fenicios a lanzarse a una empresa colonizadora, es la consecución de un comercio lucrativo. Pero hay un factor y un punto escasamente estudiado: el factor mar y el tema pesca. Con respecto al mar es conveniente tener presente que el movimiento naval se efectúa en la estación más apropiada, como puede ser la primavera y el verano. Las embarcaciones eran pequeñas, de madera, con remos y velas, con lo que, cuando las usaban, sólo podía hacerlo a barlovento. La jornada de navegación, (como se ha dicho) tenía que hacerse de día y a la vista de la costa; con lo que el recorrido máximo era de unos 50 km, según se presentaran los fenómenos meteorológicos.

De moche era forzoso varar las embarcaciones y hacer el descanso en lugar seguro; por lo que se elegían los altozanos e islas próximas a la costa. Esta fase previa de ensayo y de exploraciones, sería la que daría lugar a los asentamientos, después de ir viendo el dibujo geográfico de toda la costa del Sur. Con estos estacionamientos obligados se llegaría a un conocimiento preciso de las posibilidades de establecerse en los sitios más apropiados para sus intereses.

Si consideramos los asentamientos industriales montados sobre la costa atlántica de Marruecos, podemos observar que todos son factorías de salazones que se encuentran a orillas de los ríos y barrancos a una distancia media de unos 50 km. Lo que nosotros conocemos de ellos es tan solo el aspecto industrial reutilizado por los romanos. Pero toda la toponimia es púnica y la cronología más alta que se le puede dar, remonta al siglo II a. de n. e., aunque los vestigios fenicios relativos a la cerámica, llegan al siglo V a. de n. e. A pesar de las intensas prospecciones arqueológicas, no se ha encontrado resto que nos demuestre la existencia de hábitat fenicio.

El otro punto a tratar es el comercio. Al Sur de Iberia se viene a establecer fundamentalmente un intercambio de productos manufacturados. Las embarcaciones se acercaban a los lugares de interés comercial y sus mercancías eran intercambiadas siguiendo un trato original dentro de las costumbres tradicionales de los negociantes fenicios: cuando éstos arribaban a la playa, saltaban a tierra y colocaban sus manufacturas sobre la arena, volviéndose a sus barcos. A continuación los especulativos iberos, atentos a lo que los fenicios exponían, se acercaban a los productos y ponían junto a ellos la cantidad de metales preciosos que consideraban justa. De inmediato se retiraban y volvían a acercarse los fenicios para ver la contraoferta hecha por los nativos. Si la consideraban justa, tomaban los productos ofertados y se marchaban; si no, se retiraban sin tocar nada hasta que los nativos añadieran y satisficieran la apetencia fenicia. Así tenía lugar el desarrollo de los primeros contactos comerciales entre dos elementos humanos que se ignoraban mutuamente.

En resumidas cuentas, el acercamiento entre estas dos etnias humanas tan dispares y heterogéneas, desde el punto de vista cultural, fue un proceso lento y que, en los primeros momentos, se ciñó a un intercambio de productos. Por tanto, debemos pensar que la arribada de los fenicios a estos puntos de la costa sur, sería, en principio, estacional, coincidiendo con el buen tiempo, es decir, primavera o verano. Al llegar la estación revuelta y lluviosa, marcharían a sus centros orientales respectivos para invernar.

Debido a este fenómeno de intercambios comerciales en el período inicial, los yacimientos arqueológicos costeros y, sobre todo, los del interior, detectan este tipo de materiales fenicios en las sepulturas iberas. Prueba de ello, aunque esta vez tenga lugar en tumbas fenicias, tenemos en la necrópolis Laurita de Almuñécar que, con una veintena de tumbas, registra materiales egipcios y egiptizantes, situados cronológicamente en la fase de los primeros contactos con el elemento nativo de la zona. El reducido número de tumbas, con sus especiales características y con una cronología homogénea y concreta, nos pueden llevar a concluir que tales enterramientos se correspondan con una o dos temporadas de campaña industrial o comercial en los primeros contactos realizados en los inicios de las colonizaciones por estas tierras. Es demasiado concreto, reducido y caracterizado este enterramiento humano para pensar en el resultado de una tradición fenicia permanente o, lo que es lo mismo, no se puede pensar que la citada necrópolis se corresponda con establecimiento humano permanente y menos con una ciudad fenicia: no hay indicios de continuidad en ningún aspecto, ni en el tiempo ni en la tipología de tumbas, ni más aún en los materiales encontrados en ellas. Estamos ante el caso más representativo, y que confirma esta tesis, de cuantos se han dado hasta el momento presente.

Como contrapartida a esto, podemos manifestar que Ibiza en sus mas de 3000 tumbas, sí fue un asentamiento permanente con una continuidad manifiesta. Sin embargo tanto como Almuñécar, Salobreña y Adra, por citar las ciudades colindantes, no aportan testimonios que nos sirvan para admitir una permanencia ininterrumpida.

En definitiva, tanto Salobreña, como las pequeñas colonias vecinas, constituye una base de contactos comerciales que se desarrolla desde los primeros momentos de los contactos, con una actividad comercial-industrial estacional sin ningún rasgo de continuidad permanente.

El elemento fenicio realiza cada año su excursión hacia nuestras costas para reactivar sus campañas comerciales e intercambiar con los nativos los productos importados desde el Mediterráneo Oriental.

Tan sólo en la época de imperialismo cartaginés y a propósito de la guerra que se prepara contra Roma y sus aliados, y por espacio de 31 años, puede hablarse de situación permanente de los emporios costeros. En esta fase tiene lugar la acuñación de la moneda propia por parte de las «ciudades» de Málaga, Almuñécar y Adra, es decir, a comienzos del siglo II a. de n. e.; mientras que Cádiz se remonta en este aspecto hasta el siglo IV. Lo que nos dice que tenia entidad de ciudad permanente y consolidada. Pero es, reitero, muy revelador que sólo hasta el momento en que los cartagineses ponen pie en estas tierras no se lleve a cabo un hecho de tipo comercial tan significativo como es el de la acuñación de moneda, cosa que revelaría una situación de continuidad.

Pero ni aún así podemos ofrecer vestigios fenicios de un asentamiento urbano estable ni en Malaca, ni en Sex, ni en Selambina, ni en Abdera.

Salobreña gozó de una configuración geográfica idónea para las relaciones comerciales, con un puerto que pudo ser perfectamente militar comercial, según las épocas de su historia fenicia o cartaginesa. Con el mapa geológico delante (Ver plano geológico) con el prototipo de asentamiento humano deseado por los colonizadores desde siempre en las costas. Hay en la isla de Cerdeña formas costeras que podrían confundirse con el aspecto de Salobreña dos mil años atrás. Así podemos citar la ciudad fenicia de Nora.

Desde el punto de vista geológico, la parte de Levante reúne las características más apropiadas para puerto, aunque en época posterior se utilizan tanto la parte de Levante como la de Poniente (Los vestigios aparecen bajo el llamado «camino del moro»).

Aparte de esta consideración, Salobreña es el punto geográfico más estratégico para establecer las relaciones con el interior a través del paso por el Guadalfeo, por un lado, y las antiguas vías de Molvízar y los Guájares, por otro. Fenómeno que tendrá continuidad en la fase romana y, sobretodo, árabe.

Ni Almuñécar, ni Adra disponen de una estrategia orográfica que sirva para establecer unos lazos comerciales continuos y estables. Prueba de ello es el testimonio numismático que registra ejemplares de los centros comerciales y mineros más significativos del Sur: Castulo, Patricia, Obulco, Malaca y otros puntos de primer orden. Este aspecto, no registrado en la cercana colonia de Sex, ni en Abdera, confirma que Salobreña, como punto marítimo comercial, como puerto de penetración y salida, constituye el espacio clave de los intercambios y relaciones entre los elementos semita e ibérico.

Resumiendo tenemos, pues, que decir que en las primera fases de la colonización, los asentamientos son temporeros y estacionales. El carácter permanente tendrá lugar fundamentalmente a partir de la época romana.

Salobreña, pues, se encuentra enmarcada dentro de la red de pequeñas factorías costeras, con el indicado carácter esporádico, no permanente, ya comentado.

Es admisible que toda esta red de factorías comerciales practicara la industria de salazones. Presumiblemente las ciudades de supuesta creación fenicia, como Sex, Abdera, Malaca o Selambina, no han dado hasta el momento presente ni un solo vestigio de la fabricación de salazón. Hay que decir que la cerámica ha hecho su aparición, pero no así las estructuras industriales creadas por los fenicios. Abunda el tipo romano, pero el fenicio no ha aparecido más que en el Norte de África y allí precisamente donde no se superpuso la técnica posterior romana.

La variedad y calidad de los productos de salazón eran muy conocidos en Roma, pero siempre al final de la época republicana.

De la salazón, en los primeros momentos,  no se sabe más que lo que reflejan los textos literarios. La Arqueología no ha dado testimonio alguno relativo a las famosas salazones, sobre todo entre los siglos X y V a. de n. e. No se pierda de vista el testimonio numismático, donde se refleja esta modalidad industrial de las distintas fábricas costeras, es decisivo a la hora de confirmar la existencia de tales productos manufacturados. Así vemos que el atún forma parte del carácter emblemático de la moneda fenicio-púnica, en un porcentaje muy elevado de las cecas. Pero la moneda más antigua registrada, apenas si sobrepasa el Siglo III a. de n.e. Por ello, no disponemos de otro dato más fiable a la hora de testimoniar la factoría de salazón. Los textos griegos no van más allá del siglo IV a. de n. e., al hablar de los productos derivados de la pesca.

En resumen, hay que decir que ni Sex, ni Selambina ni Abdera han dado prueba objetiva, es decir, piletas de salazones cuya estructura corresponda a una fase puramente fenicia.

Se ha pensado y comprobado que los romanos han reutilizado todo el material fenicio desde el punto de vista de la tradición popular. Pero esto no es aún del todo válido en tanto en cuanto la cerámica propia de la industria, por un lado, y el abandono, como en todo complejo comercial antiguo, caso del Majuelo en Almuñécar, de piletas por motivos de la inercia de la propia evolución de las cosas, no ha sido detectada en ninguno de los lugares hispanos hasta ahora analizados mediante una excavación metódica.

No hay, pues, restos de piletas fenicias, ni de fenicias que hayan sido reutilizadas por los romanos. Pero esto choca con el también conocido pragmatismo romano que utiliza todo aquello que le puede rendir provecho. Este es precisamente el caso del desarrollo que Roma hará de todas las técnicas de preparados de pescado que los fenicios sabían hacer.

El romano explotará a gran escala todas las posibilidades industriales que los fenicios les proporcionan una vez finalizada la segunda Guerra Púnica, en nuestras costas.

No se puede pensar en ningún momento que, después de la conquista de Hispania por los romanos, los fenicios van a abandonar las factorías costeras. En absoluto. Este elemento humano perdura en la costa y otros puntos del interior hasta su total integración en el Imperio. Por ello se explica que los romanos consigan desarrollar, de forma tan precoz, tal industria.

En definitiva, el fenicio comerciante e industrial se queda en Hispania y colabora con los romanos para montar los complejos industriales. Ejemplo podemos ver en Almuñécar con la gran factoría y su acuñación de moneda fenicio-púnica en la que se puede ver leyenda fenicia y latina bajo un mismo tipo.

Aquí, al igual que en casi todos los lugares donde se asentó esta cultura, todo o casi todo ha desaparecido bajo la piqueta de los nuevos tiempos y de la alteración orogénica y con más fuerza aún en una ciudad que, como Salobreña, acaba de destruir a causa de bien variados motivos, todo cuanto quedaba en pie del cerco de murallas que fueron construidas en plena época de esplendor nazarí.

Los restos de puerto hasta ahora detectados y conservados, aunque en muy precaria situación, aparecen junto al llamado «Camino del Moro».

Por ello se piensa que, así como en pleno siglo XV de n. e. se utilizaba como refugio marítimo y punto de amare e incluso como atarazana naval, en fechas anteriores y dada una más apropiada situación geográfica, como consecuencia de su diferente estado geológico, los puntos de refugio se situaron en esa vertiente, y sobre todo en el sector levantino, en la zona hoy ocupada por los antiguos ingenios de azúcar. Téngase en cuenta que la antiguas factorías púnicas solían tener varios puertos que podían ser (como casi siempre) ensenadas naturales aprovechadas, como ocurre en Cartago y concretamente junto a Sainte-Monique, donde se puede ver el puerto militar (circular) y el comercial, prácticamente el uno junto al otro.

Estratégicamente la zona levantina de Salobreña presenta en la Antigüedad un refugio o ensenada (siempre siguiendo los planos geológicos de la zona), que reúne las condiciones más idóneas para la situación y emplazamiento de puerto (Ver plano antiguo de la ciudad con los elementos modernos). Por el momento, lo que se conoce como puerto es el punto denominado «Camino del Moro» donde hoy se aprecian restos de amarres y antiguas atarazanas.

La zona de La Caleta también reúne condiciones para haber podido funcionar como refugio.

La supuesta casa fenicia (ver dibujo anterior)

En términos concretos y para hablar con precisión, no se puede aceptar la existencia de casa bajo ningún aspecto. Sabemos, según se ha precisado antes, que la permanencia del elemento fenicio en estos parajes, al igual que en otros muchos, no ha sido permanente, salvo en unas áreas muy concretas y localizadas. Así como el conquistador árabe reutiliza la mayor parte de lo romano que encuentra a su llegada a España, el romano, por el contrario, lo tiene que hacer prácticamente todo desde el punto de vista urbanístico. No conocemos todavía la reutilización de estructuras fenicio-púnica en ningún punto de la geografía de la Hispania romana. No dudamos que en casos como Cádiz y Cartagena existieran; pero no han sobrevivido a la herencia de Roma.

Si las grandes metrópolis, como las citadas, no nos proporcionan nada al respecto, mucho menos aún serán los pequeños núcleos, aunque esto es relativo. Salvo los restos, como los casi recientemente descubiertos en las excavaciones practicadas en el río Guadalhorce y Alboloduy, que son emplazamientos abandonados y sepultados inmediatamente después de la desaparición del dominio cartaginés en Hispania,  nada se ha podido confirmar como estructura que represente el tipo de casa que haya usado el elemento fenicio en estas tierras del Sur. Almuñécar, como ejemplo más próximo, una de las estructuras y complejo industrial más relevante del Mediterráneo Occidental, tan sólo nos ha dado tipo que ni siquiera corresponde al modelo de casa-residencia de una población identificada como de uso doméstico habitual, en una sociedad formada por ciudadanos con unos derechos civiles reconocidos.

Siguiendo, pues, las consideraciones al respecto de Gómez-Moreno, no se puede pensar en un tipo de casas de época consideradas normales dentro de las formas y composiciones tradicionales en el uso oriental, tal como podemos ver en Túnez (Cartago y Kercouán, por ejemplo), donde las estructuras urbanas son perfectamente acordes con la tradición del más puro estilo semita o norteafricano.

No se habla, pues, de casas en sentido estricto, sino de una especie de tienda de campaña semisólida que pudiera soportar una estancia ininterrumpida de carácter temporal o estacionario.

En su construcción se solía utilizar mampostería ligera o bien postes de madera que dieran cierta consistencia al ensamblaje general de toda la casa. Esta opinión, mantenido por Gómez-Moreno y apoyada sucesivamente por diversos autores modernos, justifica, aunque es cómoda, el hecho de que no se pueda atestiguar la existencia de casas y poblados fenicios en la costa. Si Almuñécar, tan significada en en este aspecto, no ha dado nada, mucho menos podemos, teóricamente hablando, esperar una revelación en cualquiera de los otras entidades vecinas menores.

Por otro lado, en la necrópolis fenicia de Puente del Noi, en Almuñécar, podemos observar un hecho que puede confirmar, primero: la periodicidad de los viajes, es decir, el carácter estacionario de los viajes en los contactos de fenicios e iberos, y como consecuencia de ello, la no existencia de un hábitat permanente para tales comerciantes, que se supliría por un tipo muy conocido en la Antigüedad y que se conoce con un nombre muy genérico: la «mapalia», especie de tienda de campaña construida con postes de madera, base de mortero y cubierta con materiales ligeros.

En segundo lugar, la citada necrópolis, sobre todo en el Sector B, presenta una secuencia de enterramientos donde los perfiles de unas tumbas interrumpen a otras cortando sus laterales o cabeceras en su trazado sobre la roca. Este dato es realmente frecuente, dándose casi en un 60% del total de sus 54 tumbas. Es claro que esta anomalía se produce en conjuntos de tumbas con intervalos de tiempo que pueden cifrarse en siglos. De esta forma podemos observar cómo una tumba del siglo IV es cortada o interrumpida por una sección de otra perteneciente al III a. de n. e., o del II y I., e incluso, lo más llamativo y a favor de este fenómeno, del propio siglo. Esto encuentra su explicación en lo que se viene afirmando acerca del carácter esporádico de las expediciones fenicias a estos parajes. Es decir, de un año para otro, los colonizadores no pueden ser ya los mismos, o haber introducido elementos nuevos, y por ello ignoran cómo y de qué manera y dónde han sido inhumados los muertos de las campañas anteriores. Porque no se trata de reutilizaciones sino de interrupciones y roturas no intencionadas de las tumbas que preceden en la colonización.

Sea ello lo que fuere, si una necrópolis tan importante como la de Puente del Noi en Almuñécar, muestra claramente tal discontinuidad, ello implica que sus habitantes no son permanentes, cambian de domicilio o se marchan a las ciudades de origen, bien en Líbano o Norte de África.

A la campaña siguiente, como consecuencia de ello, la gente no es la misma en su totalidad y, por tanto, al ocupar los mismos lugares, cuando alguien muere, lo inhuman sin saber exactamente dónde fueron enterrados los que murieran en campañas anteriores. De aquí las roturas observadas en los distintos sectores de la necrópolis.

Por todo esto, si Seks experimenta estas anomalías en sus necrópolis y no presenta en su arqueología ningún tipo de hábitat fenicio, por lo manos igual, debe presentarse el panorama para colonias de menor entidad.

Otro de los aspectos comprobados en Puente del Noi es el hallazgos de numerosas monedas sobre el mismo solar en que tienen lugar los enterramientos. Es absurdo pensar que la gran cantidad de monedas halladas en superficie, es decir, en la potencia de tierra que media entre la superficie y la tumba, no procedan de un enterramiento. Sabemos que los fenicios nunca han puesto monedas en enterramiento alguno. Por tanto, lo que aparece en la potencia de tierra citada, pertenece a posibles hábitats asentados sobre la colina de la necrópolis, que serían del tipo antes citado, ya que no hay huella alguna de ello, aunque recientemente hay ciertos indicios que podían llevarnos a restos de cimentación de piedra.

Lo que sí queda claro es un hecho que se puede trasplantar a Salobreña: Emplazamientos de tumbas fenicias sobre enterramientos argáricos. En efecto:  Sobre la necrópolis de Puente del Noi ha existido una necrópolis argárica correspondiente al Bronce Pleno y, en consecuencia, un poblado de la misma cultura.

Este mismo hecho se comprueba en los hallazgos del Paseo de las Flores en Salobreña, donde además del comprobado Argar, se descubrió una tumba que, por todas sus características, se encuadra en los tipos ordinarios de las necrópolis fenicias. La tumba descubierta presenta las siguientes características: fosa excavada en la roca, con una profundidad aproximada de  1.90 m y 2,10 m de ancho, y lado de 1,60 m. En su parte interior central podemos ver el lecho antropomorfo con unas medidas aproximadas a las que se registran en Almuñécar.

Otros restos fenicios han aparecido en las cercanías del Monte Hacho y del actual cementerio de la ciudad. De todo lo expuesto se deduce que el urbanismo ha sido muy escaso y generalmente esporádico y carácter estacional.

 

EL COMERCIO AGRÍCOLA Y PESQUERÍAS: LAS CERCANÍAS.

No tenemos pruebas evidentes del establecimiento y desarrollo de una política agrícola en casi ninguna de las comarcas costeras del Sur. Pero este tipo de actividad se produciría como consecuencia de las técnicas importadas por los fenicios a estas tierras, así como los tipos de cultivos. Pero la actividad principal del fenicio en esta tierra fue la adquisición y consecución de las materias primas extraídas de las minas. Tenemos un ejemplo claro en el descubrimiento reciente producido por la Ría de Huelva, donde se ha encontrado, como se dijo antes, una embarcación fenicia  cargada de productos manufacturados y material en lingotes, remontándose cronológicamente a finales del siglo IX a. de n. e.

Por ello pensamos que, entre las principales actividades de los fenicios en la costa, se dedicaron a lo más inmediato: intercambiar productos manufacturados con las tribus aborígenes: la zona de Granada, rica en yacimientos mineros. También en las cercanías de Salobreña existen yacimientos naturales como el paraje denominado «Rajas de Aníbal», en las proximidades del Cerro del Toro, antiguas minas abandonadas.

Por el contrario, el territorio de los Guájares y su valle, así como Molvízar e Ítrabo, proporcionaban gran riqueza agrícola.

Lo que desarrollaron más de inmediato los fenicios a su llegada, fue la industria de salazón, que tan sólo puede ser demostrada con la cita de los textos de la historiografía antigua, pero nada más, porque ni aún siquiera Almuñécar ha podido demostrar su existencia real con testimonios arqueológicos directos.

Así, pues, tanto la estructura de la propia Salobreña como de las zonas limítrofes, reúnen condiciones apropiadas para el desarrollo de la industria tal vez más tradicional de las importadas por los fenicios: las salazones.

En Salobreña tenemos bien atestada la existencia de una industria complementaria de la salazón, como se verá más adelante: los alfares son muy importantes y numerosos. La zona de los Barreros y proximidades del cementerio son prueba evidente de ello, lugar donde se ha encontrado el depósito tal vez más grande de toda la comarca costera de Granada en materiales o cerámicos. Fueron extraídos materiales intactos y gran cantidad de desechos.

Como en el resto de las manifestaciones de la industria fenicia, pensamos que los romanos o arrasaron todo lo fenicio o lo transformaron de tal forma que no dejaron huellas sobre los orígenes de tales industrias secundarias.

Es de sumo interés comprobar que este fenómeno no se presenta solo en las provincias hispanas, sino que es una constante histórica en todas las fundaciones que tuvieron como precedentes la mano del elemento fenicio. Así lo podemos comprobar también en la costa atlántica de Marruecos, donde tanto M. Ponsich como M. Tarradell no han podido confirmar la existencia de una sola pileta de salazones que fuera de genuina procedencia fenicia. Así, pues, ni rastro ni reutilización romana en ninguna de las factorías que originariamente fueron fenicias. Por consiguiente, de la misma manera que las factorías originariamente fenicias no nos han dado más que cerámica no industrial o funeraria y el topónimo, así también Salobreña queda enmarcada en esta secular tradición dentro del ámbito de las colonias costeras.

No cabe duda de que el aluvión ha dejado en toda la periferia de la ciudad, bajo tierra, toda una cadena de industrias de este tipo, tal como ha ocurrido en Almuñécar. Se puede concluir, como una constante histórica, que toda ciudad costera de la franja sur, tiene bajo el suelo de su perímetro periférico, todo un complejo, mayor o menor, de salazón. Téngase presente que los mapas hidrológicos, indican que la rambla de Molvízar bordeaba la periferia de Salobreña en 1.647 a. de n. e., lo que nos revela la existencia de un caudal inyectado directamente al núcleo clave en cuestión de una supuesta factoría. Por consiguiente, el agua potable totalmente necesaria para el montaje de tales características, era abundante y casi constante.

En el mimo mapa se puede observar cómo el agua forma una especie de remanso o laguna, y desemboca junto al Peñón de Salobreña. Es prácticamente imposible montar la industria de salazón sin contar con el agua dulce.

Por otro lado, se conoce la existencia de un elemento indispensable como la sal. Hasta fechas bastante recientes se podía ver directamente en la localidad de Torrenueva parte de la estructura de unas salinas. Restos se encuentran actualmente enterrados por el desmonte al pie de las colinas que bordean la carretera nacional 340 a su paso por la costa. Casi con toda probabilidad desde este punto serían servidas de suministro las comunidades de Motril, Salobreña, Almuñécar, Torrox y otras. Pero no hay que olvidar que las salinas de Cádiz también hacían suministros de sal a las comunidades costeras. La Salina de Torrenueva ha sido reutilizada por los romanos, continuándose la elaboración de su producto hasta casi nuestros días.

 

La moneda. Relaciones comerciales con las comunidades productivas del interior de la Bética.

Al igual que el resto del conjunto de las ciudades costeras, Salobreña desarrolla un comercio basado fundamentalmente  en ser uno de los puertos de embarque más importante de toda la costa.

Es necesario pensar que la salida de Granada a la costa, se realiza a través del camino de las Alpujarras empalmando con el curso del río Guadalfeo. Así que la vía principal, tanto de entrada como de salida al mar, desde toda esta zona interior, se dibuja siguiendo la cañada del citado río.

Es un hecho muy relevante el testimonio numismático registrado en el siglo II a. de n.e. en Salobreña. Efectivamente los ejemplares numismáticos proceden de los centro industriales del interior de la Bética con más entidad y relieve político: Obulco, Castulo y Patricia entre las más importantes. En las monedas de Obulco se observa, como característica emblemática, la espiga de trigo. La abundancia de tales monedas puede explicar en gran parte que Salobreña tiene relaciones con tales centros del interior, y ello se manifiesta a través de la moneda. Es, en efecto, significativo que sea Salobreña y no Adra ni Almuñécar quien aporte estos datos indicadores de actividades directas de comercio o transporte.

Es obvio pensar también que, en el siglo II a. de n. e., que se corresponde con la fase más caliente de la Segunda Guerra Púnica, se intenten realizar las transacciones comerciales y de exportación a través de los puertos que ofrezcan menos riesgos de sufrir emboscadas por parte de piratas y enemigos.

Por esta razón se elije el estratégico punto marítimo de Salobreña que por sus especiales ventajas coyunturales es el que menos riesgo presenta para continuar los negocios en estos difíciles años de Guerra.

Coincidiendo con el período bárquida, Salobreña muestra sus contactos con la colonia marítima de Malaka y con la de Carteia. Los testimonios numismáticos son bien patentes. Ello significa que el apartado correspondiente a la arqueología numismática ha comenzado a desvelar las realidad histórica de los siglos oscuros de esta comunidad marítima. Tiene una población semita que es la que realiza las transacciones comerciales y que, a todas luces,  queda testimoniada su existencia con este dato arqueológico.

Este testimonio, con muestras de monedas fenicias, romanas republicanas e ibero-romanas, constituye la prueba irrefutable de la realidad del emporio de Salobreña.

A partir del año -206, fecha de la batalla de Ilipa, en la que el ejército romano, comandado por Escipión el Africano, derrotó definitivamente al ejército cartaginés, todas las factorías costeras, cuya población esta integrada por elementos fenicios, mantuvieron su estancia y comercio, prestando fidelidad a los nuevos dueños de Hispania.

Este dato queda bien reflejado en el episodio subsiguiente a la batalla y derrota de los cartagineses en Ilipa (-206), ya que, tras este desastre militar, los cartagineses derrotados se dirigieron a Cádiz para presentar resistencia de nuevo a los romanos, desde sus murallas. Pero la población, antigua colonia comercial fenicia, se negó a aceptarlos dándoles cobijo, viéndose obligados los cartagineses a embarcar en Carteia y marcharse definitivamente a África, escenario posterior del fin de la Segunda Guerra Púnica en Zama, y el inicio posterior de la Tercera Guerra Púnica.

Este comportamiento refleja que el fenicio, el puramente comerciante, aunque del mismo tronco étnico que el cartaginés, se negó a compartir una guerra que no era de ellos, y por ese motivo prefieren contemporizar con los romanos a quienes abrieron sus puertas y recibieron con cierto recelo, pero con la esperanza de continuar con sus negocios, iniciados siglos atrás.

Todas las comunidades costeras situadas en el mismo plano de Cádiz, siguieron las mismas directrices marcadas por los gaditanos. Esto queda bien patente en la ciudad de Seks donde, desde el año -206 se continúa acuñando moneda con caracteres púnicos que paulatinamente van pasando a la lengua latina impuesta por el conquistador romano.

Esto revela que la casi totalidad del elemento semita que nosotros consideramos fenicios, continúan con casi toda su tradición oriental, conviviendo con una nueva etnia formada por colonos romanos procedentes de los ejércitos licenciados tras la finalización de la Segunda Guerra Púnica y la definitiva derrota de los cartagineses en Zama en el años -146.

La población de Salobreña sigue bajo estas mismas directrices, mostrando un mayor índice de actividad con las ciudades del interior que las colonias como Almuñécar o Adra. Es el capítulo numismático quien revela, como se ha dicho antes, la variedad y multiplicidad de zonas económicas de la Bética, que continúan sus actividades comerciales a través de Selambina, con el resto del Mediterráneo.

 

EL TOPÓNIMO DE SALOBREÑA

Dado lo peculiar del nombre de Salobreña en sus orígenes, se va a intentar ofrecer todas las variantes fonéticas que el conflictivo término ha suscitado en el transcurso de la historia de la ciudad. Pero antes es necesario dejar aclarado cómo nos llegó el nombre y cual ha podido ser la causa de su imposición a esta ciudad.

Haciendo un poco de recuento histórico, se ve la necesidad de remontarse a la época del Argar, momento en que se da por sentado, con cierta base arqueológica y geológica, que se produjeron los primeros contactos humanos, y consecuentemente comerciales con los aborígenes ibéricos de Salobreña.

Si se considera y examina el aspecto que presentaba Salobreña a la llegada de los comerciantes fenicios, no se puede pensar otra cosa que la imagen dada por esa gran roca, de viviendas rudimentarias de unidades unifamiliares de tosca factura y pobreza arquitectónica, de acuerdo con la solución formulada por Gómez-Moreno, que situaba sus tumbas bajo sus propios solares domésticos…

Era evidente que el elemento fenicio se quedara un tanto perplejo y sorprendido, con unas costumbres tan diferentes a las suyas.

Se sabe que los fenicios tenían por hábito y ritual no situar jamás los enterramientos dentro de los recintos  urbanos, aunque hay un momento en la historia en que tal fenómeno ocurrió, pero nunca dentro de las propias viviendas, como es el caso de los aborígenes argáricos.

Se tiene, pues, la seguridad de que la impresión causada por este hecho en el carácter y costumbres de los fenicios aquí arribados, los impresionaría y se le vendría a la memoria el recuerdo de otro lugar similar y con un fin diferente: el gran cementerio de niños sacrificados en Salambó, donde existe, con el nombre de tophet, el mayor enterramiento sagrado que se conoce en el mundo fenicio-púnico.

No cabe duda de que, al contemplar la enorme roca poblada por argáricos, con sus muy numerosos enterramientos domésticos, se les vendría a la memoria el tophet de Salambó en Cartago, Túnez.

Tal vez, y es una pura especulación, los fenicios, llevados por la impresión que ello le causara la enorme sepultura colectiva que presentaba la roca de Salobreña, intentaran darle un topónimo similar al del tophet de Cartago, llamado como se ha dicho SALAMBÓ, por afinidad espiritual, como una réplica, modificada, y recuerdo de algo que se vivía en tierra africana.

Por otra parte, mueve la curiosidad el hecho de que la especial configuración de Salobreña, sobre todo en aquellas tempranas fechas, no siguiera la costumbre general de la colonización de todas las colinas e islotes situados en la línea de costa. De esta forma se puede citar; Gadir, Malaka, Seks, Suel, Bocchori, Abdera, Carthago Nova y Ebyssos, cuyas toponimias están estrechamente vinculadas a los condicionamientos geográficos y geofísicos.

Desde el punto de vista semántico, el nombre de Cádiz tiene la siguiente evolución: ‘GDR, que, a su vez, se desarrolla como HGDR. En las formas transcritas por autores antiguos, vemos: Rufo Festo Avieno: GADIR, en latín. en hebreo se tiene: GADER, que significa «muro, recinto amurallado, protegido». La forma actual de Cádiz proviene de una ulterior evolución a partir del término árabe QADIS.

El topónimo de Málaga procede de una evolución del término neopúnico: M L K’. Estrabón nos da la forma griega MALAKA. Plinio nos presenta un término en caracteres latinos: MALACA o  MALACHA. Gesenius nos explica la evolución del topónico a partir de MALA(‘)KA(h), que deriva de la raíz L’K, con el significado concreto de «officina», es decir: fábrica, de acuerdo con su empresa fundamental: factoría de salazones. El nombre actual procede de una evolución a partir del topónimo árabe MALAQA.

El nombre de Adra procede de ‘BDRT, que da en griego Abdera y cuyo significado básico es «criado, siervo». A partir de la forma ‘BD, quedando RT como posible nombre referido a una divinidad. El nombre actual de Adra proviene de la forma árabe ‘Adra, ofrecido por Edrisi.

El nombre de Cartagena, en principio procede de Kart-Ha-dasat, que significa «ciudad nueva». El actual es una deformación producida por la influencia árabe QARTA GANNA, que se encuentra atestada en Yaqut.

El topónimo de Almuñécar procede, en su nombre primitivo Sexsi, de SKS, que da en griego ‘Ex, Sixos, y en latín: Sex, Sexsi, Exi, Sexitanum, Aex, Sexti. Y cuyo significado es «cubrir, proteger». El nombre actual precede de una evolución posterior de raíz: Al-Munekkab.

El nombre fenicio-púnico de Selambina (Salobreña) puede encontrar su etimología, tratando el tema con cierta profundidad semántica, en el nombre semita S M L B’L, que transcrito nos dará: S E L M B A ‘A L. y cuyo significado es «imagen de Baal». Téngase en cuenta que Baal es la segunda denominación que recibe el dios más representativo del panteón fenicio en Cartago a partir del siglo VI a. de n. e.

Su nombre completo es Baal- Hammon. Así que fonéticamente Selemba’al. dará en latín las variantes Salambina y Selambina, de los que el segundo parece más próximo desde el punto de vista de la resonancia vocálica de las consonantes semitas, a las realizaciones latinas. Por otro lado no se debe olvidar que Adra ‘BDRT. significa también «siervo de «, donde la expresión RT representa el nombre de la divinidad desconocida. Por lo que se le da bastante similitud desde el punto de vista del contenido entre la traducción del topónimo Selambina (Rostro de Baal) y Abdera (Siervo de RT)

Los autores latinos nos dan las formas Selambina y Salambina respectivamente usadas por Mela, Plinio y Ptolomeo.

Así, pues, se recogen términos que pueden agruparse en varias familias:

  1. Los que significan dependencia de una divinidad, como es el caso de Selambina y Abdera.
  2. Los que significan «reducto fortificado». como son los casos de Sex y Gadir.
  3. Los que significan nombres de ciudad. como Catago Nova, Carteia, Cartima, etc.

Queda, pues, un tanto enigmático el topónimo de Salobreña que, según parece, es un nombre fenicio-púnico en toda norma semántica y fonética que ha sufrido las transformaciones motivadas por el habla popular que, con el tiempo, nos dará numerosas formas semánticamente incorrectas.

Con alguna reserva podemos afirmar que el nombre Salobreña es un nombre que partiendo de la forma fenicio-púnica SELEMBA’AL. que significa imagen de BAAL, dará la forma latina Selambina que, a través de los tamices populares. acabará dando SALOBREÑA.

Cuando se fundaba una colonia nueva era costumbre encomendarla a una divinidad. De aquí, la justificación del topónimo.

En cuanto a las variantes que ha presentado el nombre de la ciudad a través de los distintos elementos que por ella han pasado, hacemos el siguiente recuento:

  • En el siglo VI a. de n. e. aproximadamente, el elemento fenicio otorga a ese lugar el nombre de Selemba’al, que los latinos transcriben por SELAMBINA y SALAMBINA.
  • En el siglo IV a. de n. e. tiene lugar el Concilio de Illiberis al que asiste un sacerdote en representación de la comunidad cristiana de SEGALVINA, topónimo en el que se aprecia ya un fuerte impacto evolutivo popular.
  • Forma SALOBANIA.
  • Ya en época árabe, la primera cita que recibimos es la que se atribuye a Al-Himyari, quien nos presenta una forma toponímica mucho más acorde con la evolución latina: SALUBINIYA, forma que será dictada por otros geógrafos árabes como Yaqut, Ibn Aljatib  e Ibn Assairafi.

  • Edrisi nos dará la forma SALOBANIA.

  • En 1.221 encontramos la forma SHALUBENIA.

  • En tiempos de Hixem II: XALAUBINIA.

  • En plena época nazarí: HISN SALUBANIA o XALUBINIA.

  • En pleno siglo XVI aparecen los términos: SALOBRENNA y SALOBRNA, que serán las variantes que definitivamente acabarán dando la forma actual de SALOBREÑA.

 

 

 SALOBREÑA EN EL PERÍODO ROMANO

El corazón, punto de partida de las comunicaciones en las tierras del Sur, lo constituye la ciudad de Cástulo por ser el centro comercial-industrial y minero más importante de la Bética.

La gran vía de comunicación partía de Roma, atravesaba Italia y la Galia por Arlés y Narbona, los Pirineos Orientales y llegaba a Tarragona. Desde aquí se dirige a Cartago Nova. Pasando por Ilorci, penetraba en tierras granadinas por Venta Moral (junto a Vélez Rubio). Desde este momento se dirigía a Cástulo (Cazlona) a través de Baza, Guadix, Huelma, Noalejo y la Guardia (según el itinerario de Antonino). Una de las vías que partía de Cástulo, se dirigía a Malaca, según el siguiente recorrido: Toya, Hinojares, Zújar, Guadix; rodeaba Sierra Nevada por Abla; bajaba a Berja y seguía por Torvizcón, Motril, Salobreña, Almuñécar, Torrox. Vélez-Málaga y Málaga.

Como vía secundaria podemos indicar que el puente romano del Genil daba salida a la vía de la costa y las Alpujarras. En su trayectoria podemos comprobar que el Puente del Tablate constituye el punto de unión de la doble ruta que va a seguir este camino hacia las Alpujarras, y otro que continúa hacia la costa. Ruta que se usará intensamente en época árabe. Así que no se debe pensar que tan sólo era vía para las zonas montañosas, sino una gran arteria que comunicaba las tierras ricas del interior con el puerto de Selambina. Es importante hacer notar esta faceta porque, por exclusión, ni Almuñécar ni Adra han dado pruebas suficientes de ser un puerto de salida para las mercancías que no sean localmente producidas.

Salobreña tiene un significativo ajuar numismático que atestigua la existencia de un tráfico comercial, sobre todo en época republicana, con las ciudades del interior como se ha visto antes.

Los antiguos caminos llamados pecuarios parten de la ciudad de Salobreña estableciendo contactos con las localidades próximas de Lobres, Pataura, Molvízar, Ítrabo y los Guájares. De esta última localidad se tienen testimonios arqueológicos romanos de época de Domiciano.

De todos estos parajes, los más ricos desde el punto de vista económico son Lobres y Molvízar, sin contar, como es natural, con la propia Salobreña, que poseía los yacimientos arqueológicos más grandes y variados.

Así, pues, la vía que unía Selambina con Illiberi, partía de la costa y, a través del Gualdafeo, en primer tramo, continuando por el término de Ízbor, salvaba con un puente romano el profundo barranco de Tablate, y llegaba a Granada.

LA VÍA ROMANA EN LA FRANJA COSTERA ENTRE SALOBREÑA Y ALMUÑÉCAR

Dentro de lo que tradicionalmente se viene considerando vía romana, la que une las localidades de Salobreña y Almuñécar, se encuadra dentro de las consideradas secundarias, es decir, no ofrece las características de las clásicas calzadas. Estas vías secundarias no son en esencia más que las primitivas sendas seguidas por los ganaderos en sus movimientos trashumantes.

En realidad no se puede hablar de vías en época protohistórica, ya que las tribus indígenas vivían de una forma muy autónoma y se autoabastecían. Consecuencia de esto puede ser la ausencia de necesidad en las comunicaciones en los albores e la historia de estas ciudades y tribus.

Pensamos que la realidad de las comunicaciones tienen lugar algo avanzada la colonización fenicia. Se habla de la existencia de una vía de comunicación, en el siglo VI a. de n. e., entre Tartessos y Mainake, colonia griega cercana a Málaga. Es lógico pensar que fueran los propios fenicios quienes desarrollaran una política de vías de comunicación con motivo de la explotación de las riquezas naturales de la Bética.

A partir de aquí, los romanos desarrollarán al máximo esta necesidad, construyendo las redes secundarias que unen todas las comunidades de la costa. Prueba de ello la van a dar los dos puentes romanos detectados en la vía que conecta Salobreña con Granada, por una parte, y Málaga, por otra.

El primero de ellos se encuentra a medio camino hacia la costa: puente de Tablate. El segundo se encuentra en la vía de la costa, justo en el barranco de Cotobro, en el término de Almuñécar. Los dos son romanos y datables en el siglo I a. de n.e. A esta conclusión se llega después de analizar y concluir que las relaciones comerciales de Selambina con el interior fueron muy intensas en época republicana. Aparte de esto, es necesario tener en cuenta la política económica de los romanos llevada a cabo inmediatamente después de la derrota de los cartagineses en Zama (-146).

 

Secuencia de la vía de la costa

Partiendo de la localidad de Adra, se inicia la vía romana hacia Málaga. El recorrido se puede dibujar como sigue: dada la estructura y configuración del terreno entre el límite de la provincia de Granada y la localidad de Calahonda, era muy arriesgado establecer una vía de comunicación por este accidentado terreno, aparte de la composición geomorfológica del mismo. Era mucho más rentable comunicar las pequeñas localidades que se sitúan al otro lado del Cabo Sacratif, a escasa distancia, por medio de la navegación.

Por ello, a partir de la Mamola se inicia el trazado hacia la Alpujarra Baja, llegándose a Berja. De aquí, siguiendo la vertiente natural del río Guadalfeo, por su orilla izquierda, se extiende el paso hacia poniente. Se pasa frente a Órgiva hasta llegar al puente que une las dos orillas del Guadalfeo cerca de Vélez Benaudalla, donde probablemente preexistiera un puente que salvara el lecho de este río y, continuando por el lecho del mismo, a través del municipio de Lobres, llegaba a Salobreña, entrando por las cercanías del Monte Hacho a dicha localidad. Desde este punto, partiendo de nuevo desde La Caleta, recorre todo el trayecto hasta llegar a Taramay que empalma con el Portichuelo y, continuando en sentido hacia el Barranco de Ítrabo, atraviesa el río Verde por el lugar llamado Caicillos, desde donde se dirige por el llamado Camino Bajo, hacia Almuñécar. Desde aquí por la Puerta de Vélez, se dirige hacia Málaga. El primero de sus tramos se monta cobre un puente romano, hoy completamente enterrado sobre el lecho del río Seco, que unía la ciudad con el llamado montículo del Cerrillo, desde donde, por escarpada cuesta, se dirige a la localidad de La Herradura, pasando por ella y dirigiéndose a Málaga, atravesando el lugar de Cerro Gordo.

Antes de llegar a La Herradura podemos ver, como se dijo antes, el puente romano sobre el Barranco de Cotobro.

El término de la vía romana de la costa granadina finaliza en el punto de entrada a la vía que unía la ciudad árabe de los Castillejos con la costa.

Al igual que ocurre en los trazados anteriores, podemos decir que la vía romana de esta zona, sigue y tiene las mismas características que la que ha quedado atrás: hay grandes tramos de vía actual que se han montado sobre el antiguo trazado.

El diseño de la vía romana desde Salobreña a Almuñécar, en su mayor parte se puede reconstruir. Se han cometido algunos abusos por el aprovechamiento que particulares han hecho de su trazado. Se ha realizado recientemente una inspección de su recorrido y se ha podido constatar que, en su mayor parte, se puede restablecer. En algunos tramos ha sido ensanchada por los urbanizadores modernos. En el estudio arqueológico se mostrarán fotos alusivas a su realidad actual.

 

Características de la vía

Podemos decir que se trata de un simple trazado sobre el terreno cuya anchura oscila entre entre 5 y 6 m, y que no registra en su estructura más que el piso o roca que se ha rebajado.

Como se dijo antes, la vía se ha ido haciendo con la correspondiente adecuación de los caminos de ganado a un uso de mayor envergadura. Si los puentes no existieran a lo lago de su trazado, tendríamos que pensar otra cosa. Pero queda bien patente que los romanos han reutilizado los antiguos caminos para sus servicios, a través de los ya existentes.

Siguiendo el sentido Salobreña-Almuñécar, tenemos un primer tramo fácilmente identificable desde La Caleta hasta el Hotel Salobreña. La vía va justo debajo del citado edificio, pasando por una escalera, aljibe y estanque de época árabe que se encuentra sobre el barranco, empinándose fuertemente hasta alcanzar la cota de la carretera actual. A partir de aquí, hay un largo tramo identificado con la actual vía hasta el límite justo de separación entre los municipios de Almuñécar y Salobreña en el llamado Barranco de Enmedio. De aquí, en fuerte pendiente, cae hacia el lecho del citado barranco para empinarse de nuevo hasta la Torre de los Diablos y, de nuevo, descendiendo, llega, pasando por el Barranco de Cabria, a la colonia de Taramay, desde donde se dirige a Almuñécar.

Una de las característica de la vía es la fácil excavación de la piedra del subsuelo, cuya potencia es escasa.

El Puente de Cotobro se encuentra sobre el lecho del barranco del mismo nombre, a unos doscientos metros de la playa y a poca distancia del puente moderno situado aguas arriba de éste. Sus medidas son las siguientes: largura: 18 m; anchura: 5,25. La altura de su punto central es de 7,50 m; la luz de su arco es de 5,60 m. Tiene una estructura a dos aguas con ligera pendiente que culmina en su centro mismo.

En el punto central de su suelo tiene dos pilarillos de escasas proporciones, hechos de ladrillo rojo visto. En sus extremos tiene otros dos en sendas entradas. Siguiendo el sentido de la vaguada y la ladera, tanto a la entrada como a la salida, muestra una ligera curva para poder empalmar dos laderas opuestas y de distinto sentido. El material de que está construido es pizarra, como elemento básico, y la cal grasa con arena sin refino. En su aspecto externo la argamasa no se deja ver, siguiendo en esto la técnica general utilizada por la ingeniería romana en todas las obras arquitectónicas de la comarca.

Dentro del período romano insistimos en que los datos aportados por los autores latinos constituyen las fuentes más fidedignas en lo que a conocimientos de Hispania se refiere. Por ello tenemos que destacar las obras de Avieno, Mela, Plinio, Estrabón y Ptolomeo.

En la obra de Mela, según la versión dada sobre los textos clásicos por Isaac Vossi, es donde aparece por primera vez el nombre de Selambina.

Sobre el mismo tiempo Abraham Gronovio, basándose en textos manuscritos, sitúa a Salambina entre Abdera y Ex, razón por la que García y Bellido la recoge en su obra » La España del siglo I de nuestra Era».

A finales del siglo I de n. e., Ptolomeo fabrica su sistema de localización de ciudades basado en la latitud y longitud con un cálculo de grados y minutos, en su Geographia (II, 4,7.), en la «Tabula secunda Europae», da las coordenadas de Salambina: 10, 15′  37 15′, especificando textualmente: «en el mar iberico, en la Bética», encuadrándola entre las ciudades antes citadas de Abdera y Sex.

Antonio Tovar ha confeccionado un plano (fig. 6) del que reseñamos la zona en cuestión y, en efecto,  también está de acuerdo en la ubicación de esta ciudad.

La importancia de estas localidades estriba en que Roma las consideraba como las más ricas de Hispania, sobre todo en agricultura.

Administrativamente dependían del Conventvs Cordvbensis, como se detallará más adelante.

No cabe duda que Roma, tras las experiencias de las Guerra Púnicas, trata de eliminar todo aquello que recuerde los desastres y calamidades sufridos. Por ello, de inmediato se impone el idioma, y la población se nutre en gran parte de colonos procedentes de los ejércitos licenciados.

Pero, a pesar de todo, el elemento púnico, según opinión generalizada de los autores modernos Moscati, Acquaro, Schubart, Tarradell etc.  continúa sus actividades comerciales aunque sea bajo la bandera del Imperio Romano.

Pero es bien claro que no se produce un desplazamiento urbano con exilios y huidas masivas, sino más bien una fusión de las dos culturas.

Dentro de las ciudades costeras granadinas que figuran en el mundo romano con mayor renombre, hay que destacar la Sexi Firmvm Ivlivm de Plinio, o Mvnicipivm Firmvm Ivlivm de Estrabón.

ENTRADA DE ROMA EN LA COSTA

 

Enlazando con el período fenicio-púnico, Salobreña desarrolla su historia romana a la par de las otras colonias limítrofes y hermanas de origen: Abdera y Sex.

Los testimonios históricos son bien escasos aunque clarificadores en su origen. Los historiógrafos y geógrafos que nos hablan sobre la localidad de Salobreña son los siguientes, y que se expresan en términos tales como: «…dando a mar abierto, Abdera, Suel, Ex, Salambina, Maenoba, Malaca, Saldvba, Lacippo y Barbesvla». Esta enumeración procede de Pomponio Mela, que escribió hacia mediados del siglo I de n.e. Mela había nacido en Tingentera (cerca de Cádiz) y, consecuentemente, sus conocimientos geográficos sobre la propia Hispania son de fiar (II, 94).

Otro autor es Gayo Plinio Segundo, italiano, que escribió hacia mediados del siglo I de n. e. De él podemos recoger los siguientes datos: «En África e Hispania las «Turres Hannibalis», en Asia, construcciones semejantes destinadas a propagar la alarma en caso de invasión de piratas (I, 181). Más adelante añade:» Después de la costa interior, los «oppida» de Barbesvla con su río, así como Saldvba, el oppidvm de Svel, Malaca con su río de los confederados. A continuación Maenoba con su río, Sexi llamada también Firmvm Ivlivm, SELAMBINA, Abdera, Murgi, fin de la Bética» (III, 8).

A propósito de las estructuras domésticas, nos dice: » Por lo demás, ¿no hay en África y en Hispania paredes de barro a las que llaman de molde, porque se levantan, más que construyéndolas, vaciándolas entre los moldes de tablas, las cuales paredes duran siglos por ser inmunes a las lluvias, al viento, al fuego, siendo más fuertes que cualquier cemento? (XXXV, 16).

Otro autor experto en técnicas edilicias, Vitruvio, nos dice: «En Hispania, aún están a la vista las atalayas de Hannibal y las torres de barro alzadas en lo alto de las montañas (XII. 1-67).

Con relación a los materiales, el mismo Plinio nos dice: «…En Pitane, en Asia y en Maxilva, Callet, ciudades de la Hispania ulterior, se fabrican unos ladrillos que, ya secos, flotan en el agua; su materia es una piedra porosa, excelente cuando se la puede amasar (XXXV, 171).

Sobre el año 90 de n. e., Claudio Ptolomeo nos da la situación de Salobreña mediante la aplicación del sistema de coordenadas, que ya se vieron antes.

A parte de todos estos datos, que pueden ser ampliados con citas de otros autores, como Estrabón, hay capítulos y temas que deberán ser estudiados mediante las aportaciones científicas que nos van a proporcionar la Geografía Histórica, la Arqueología, la Numismática y el estudio paralelo de comunidades históricas similares, considerando que la franja costera sur desarrolla un tipo de vida e industria que tiene, tanto en época fenicio-púnica como romana, los mismos intereses y los mismos fines.

Hasta ahora se ha venido admitiendo como elemento base de la riqueza de Salambina, la agricultura. Pues todos los indicios y testimonios arqueológicos nos llegan a demostrar que no se trata sólo de ello, sino de algo más importante y que significa la construcción de una vía de comunicación entre la zona de Illiberi y la costa granadina.

No se trata, en efecto, de la vía a Motril, hecho muy posterior, sino a Salobreña, como se demostrará más adelante.

Es el comercio y tráfico mismo de lo más significativo de Salobreña en la época de dominio de Roma.

Para aclarar y encuadrar esta comunidad dentro del desarrollo de las ciudades dependientes de tan poderoso conquistador, se irán exponiendo escalonadamente todas las facetas que caracterizaban a los emporios que políticamente dependían de Roma a partir de la expulsión de los cartagineses de Hispania.

De esta forma podemos dividir la historia romana de Salobreña en los siguientes apartados:

  • Transición del mundo fenicio al romano.
  • Nueva situación como ciudad romana.
  • Economía, comercio y comunicaciones.
  • Arqueología romana:

a) Cerámica.

b) Talleres.

c) Comunidades adláteres.

d) Numismática.

e) Vías de comunicación.

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Fragmento de de cerámica romana con las siglas de nombre del alfarero

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Fragmento de de cerámica romana con las siglas de nombre del alfarero
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Fragmento de de cerámica romana con las siglas del nombre del alfarero

TRANSICIÓN DEL MUNDO FENICIO AL ROMANO

La situación previa a la plena actuación de los romanos en Hispania estaba condicionada a los resultados de la Segunda Guerra Púnica que, como se sabe,  finaliza en el año -206 con la entrada en Cádiz, de los romanos.

No se olvide que el talante comercial e industrioso de los fenicios va a anteponer toda actitud a los intereses que los movieron a montar su industria en Hispania.

Como se dijo, los fenicios fueron muy pragmáticos y, salvo rara excepción, siempre estuvieron en contra de los intereses militaristas de sus adláteres cartagineses.

La ciudades costeras, entre las que se encuentra Selambina, siguen manteniendo su estatuto político e industrial, automarginándose  de las iniciativas y consecuencias de la guerra y poniéndose al servicio de los intereses de Roma, salvaguardando con ello el único fin que les movió a instalarse en nuestras tierras.

Así, pues, estas colonias continuaron como tales y conservarán durante casi más de un siglo el mantenimientos de su organización política interna, con su sistema de gobierno jerárquico y sus instrumentos jurídicos propios, aunque en los temas trascendentes, será Roma quien lleve la iniciativa.

Como consecuencia del sentido práctico del romano, se mantienen las estructuras sociales, políticas y económicas.

De esta forma los romanos les permiten que se mantengan:

  • La moneda.
  • La industria.
  • El comercio.
  • Los fueros internos.

En cuanto a la moneda, se puede ver cómo sigue acuñándose en las cecas anteriores los tipos ya conocidos, con más intensidad que en época anterior: Gadir representa un ejemplo a seguir y sus acuñaciones servirán de pauta para estos centros comerciales. Así, los tipos de Malaca, Sex y Abdera presentan formas similares que denotan una clara imitación de la gran metrópoli gaditana: la calidad de las formas y su ejecución serán superiores, no obstante, en Cádiz.

Selambina no acuñó moneda, por lo que se piensa en una clara dependencia estructural de la colonia fenicia más próxima: Sex.

En el aspecto industrial, hay que decir que Roma aprovecha la técnica fenicia en todas sus posibilidades:

La minería

La agricultura.

La pesca: salazones.

En cuanto a la minería, multiplica la actividad de los centros ya productores: Cástulo, Ciudad Real, Riotinto, Almería y centros interiores de Granada y costa.

Las técnicas agrícolas se multiplican y comienzan a aparecer las grandes explotaciones, convirtiendo la Bética en lo que se llamó «el granero de Roma». Testimonio de ello lo podemos dar con la aparición en las cercanías de Salobreña, junto al cementerio, de un complejo industrial destinado a la fabricación de material cerámico muy variado. en el paraje denominado «Los Barreros», tenemos un ejemplo claro de la magnitud que adquiere este sector destinado a la industria agrícola. Fundamentalmente los tipos que aquí se fabrican están destinados para el envase de los productos del campo, como grano, aceite y vino.

Otro de los centros industriales destinados a la fabricación de cerámica se encuentra emplazado en la localidad de Molvízar, a la que se accede por la antigua vía (fig. 6) de comunicación ampliamente usada desde época romana.

Los instrumentos utilizados en las industrias mineras son fuertemente desarrollados. Los yacimientos cercanos de esta comarca han dado claros indicios de su explotación.

Aunque los minerales más codiciados siempre han sido el oro y la plata, el hierro es, por cualidades de explicación bélica, mas valioso que el resto de los demás cuando se descubrió que era más útil que el bronce.

Del oro se puede hablar ampliamente por su existencia en los ríos que discurren por Granada; Genil y Darro.

Los materiales ferruginosos son muy abundantes en la Contraviesa y Alpujarra Baja.

Las zonas próximas a la costa tienen varios yacimientos, entre los que se pueden citar el Cerro del Toro y la Sierra de Cázulas. El primero tiene claros indicios de explotaciones en la antigüedad. Hoy se les llama «Rajas de Aníbal». En el segundo existen yacimientos de plata. Hoy día se mantienen como puntos de reserva con futuro de explotación rentable.

Agricultura

Dentro del capítulo industrial se puede hablar, por su interconexión, de la explotación agrícola, que va a adquirir gran desarrollo con la llegada de colonos romanos.

Téngase en cuenta que la mayor parte de material cerámico descubierto recientemente, apunta a usos destinados a la agricultura. Los tipos que se han podido estudiar corresponden a envases de grano, vino y aceite. A la vista de la gran magnitud de materiales de desecho detectados, se ha pensado que es obvio admitir un centro de envase y transporte de cierta magnitud, tal vez el mayor de la costa granadina por su abundancia de variedad (no se olvide que de los «Barreros» se han extraído cientos de camiones de este material para la construcción de la carretera).

La pesca

En lo tocante a la pesca, la conclusión es que ha existido, aunque los testimonios directos son bien escasos.

Es lógico admitir que, como las localidades vecinas de Torrenueva, Calahonda, Lobres y Almuñécar. se aprovecharían todas las posibilidades que contribuyeran al montaje de una industria próspera y rica.

Derivado de este tema se concluye que la salazón viene encadenada, ya que el móvil es la preparación y elaboración de todos los productos marinos.

Se piensa que la geografía marina de Selambina no fue ni mucho menos la que se imagina a primera vista. La gran ensenada del Guadalfeo, que se iniciaba en las proximidades de Salobreña, penetraba hasta la localidad de Lobres formando una red o playa de acceso al mar (cfr. Linea de costa trazada por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid). Hoy se puede ver que, con los cortes y rebajes dados por la extracción de arenas fluviales en las cercanías de Lobres, los límites de la playa eran muy distintos a los pensados hasta ahora. Por ello se cree que muy cerca de estas «canteras de arena», se montarían las redes de factorías de salazón, que por la gran transformación a la que se ve sometida toda esta franja de terreno a causa de las avalanchas del Guadalfeo, quedaran bajo su aluvión.

Téngase presente que en las colinas próximas se encuentran los talleres de fabricación de cerámica, sin duda, destinados en gran parte, a la industria derivada de la salazón, entre otras.

Testimonios ni directos ni indirectos tampoco existían en la localidad de Motril. Sin embargo en los años 80 apareció lo que nadie se esperaba: un depósito romano de agua de grandes dimesiones, destinado a abastecer las necesidades de la zalazón o la agricultura. Motril no había dado nada en arqueología romana, salvo monedas y en gran cantidad, y ha comenzado  precisamente presentando estructuras pertenecientes a la industria.

El comercio

Tal vez el aspecto más a destacar entre las facetas más antiguas de Salobreña, sea el comercio. Aquí tienen lugar las grandes transacciones comerciales de todo el interior de la provincia de Granada y de las que, a través de ella, se realiza desde otras comarcas.

En Almuñécar se da la producción y comercialización de los productos derivados de la pesca, casi con carácter excluyente respecto a otros productos comerciales.

En Salobreña se dan todas las circunstancias inherentes a un comercio de variadas mercancías. Se sabe y se tienen pruebas claras de ello sobre la existencia de la vía de acceso a Salobreña, enlazando, por un lado con la red viaria, Via Avgvsta que, procedente de Almería, llega a esta localidad por el paso de la Contraviesa y Lobres, continuando en dirección a Málaga por la costa. Mas adelante se expondrán detalladamente las comunicaciones.

Por otro lado, una red arterial de comunicaciones secundarias se abre a través del Guadalfeo en dirección a Granada y puntos cercanos.

Partiendo de esta vía principal, se derivan ramificaciones que se dirigen a las localidades de Lobres, Molvízar e Ítrabo. Hoy se demuestra la existencia de estas vías a través de las llamada «vías pecuarias» que, en definitiva, no son más que los caminos tradicionales usados incluso desde los inicios de la Protohistoria. Pero, situándonos de nuevo sobre la vía principal, es decir, sobre la que conduce a Granada, tenemos que afirmar que se trata del acceso a la costa desde el interior. No es el camino a Motril, en origen, sino a Salobreña, que entroncaba con la ciudad que mejor situada estaba para establecer el cabotaje ante los productos que elaboraban las comunidades del interior y que eran embarcados en Salobreña para su envío a los mercados orientales y a Ostia, puerto de Roma.

Prueba de esta vía se ve en la existencia de un puerto totalmente necesario para levantar este enlace en el transporte de los productos de los centros industriales.

El Puente de Tablate constituye uno de los nudos en el tendido de la vía que, partiendo de Granada, llega al empalme de Las Alpujarras y, enganchando con la cuenca del Guadalfeo, se dirige a Salobreña pasando por Lobres.

Por otro lado, se quiere dejar bien sentado aquí que la vía de Granada hacia la costa, unía el interior con Salobreña y no con Motril. Esto tendrá lugar en fechas posteriores a la dominación árabe. Sentados estos principios y basándonos en las pruebas arqueológicas, que oportunamente se expondrán, se puede establecer que Salobreña es el principal puerto comercial entre Málaga y Almería. Podemos comprobar que los comerciantes que establecen contactos con Salobreña, corresponden a las ciudades de Obulco (Porcuna), Patricia (Córdoba) y, sobre todo, el gran centro industrial y minero de Cástulo (Cazlona, en las cercanías de Linares).

El hecho de que sea precisamente Salobreña, y no Almuñécar y Adra, quien registre en su arqueología numismática, valioso testimonio documental relativo al comercio, da pie a concluir que efectivamente es el complejo marítimo de Salobreña en donde tienen lugar las transacciones comerciales procedentes del interior, a través de la vía Cástulo-Illiberi-Selambina, por donde se tiene acceso a la costa, y que T. Livio en alguna ocasión cita a propósito de los movimientos militares habidos a causa de las guerras civiles con sus secuelas en Hispania.

Casi con alguna probabilidad, Julio César rondaría estos parajes si tenemos en cuenta el hecho de que algunas ciudades, en honor al conquistador, añada al topónimo el sobrenombre que hace alusión a tal personaje. Así vemos que Sex pasa a llamarse Sexsi Firmvm Ivlivm. Se dan varios ejemplos más que pueden servir como testimonio de que, en la persecución lanzada contra los pompeyanos, se produjeran incursiones lanzadas hacia las zonas costeras.

Con ello queda patente que Selambina sienta sus precedentes comerciales e industriales en la fase de gran comercio montado por el elementos semita en Iberia, y que será para los romanos el punto de arranque de una cadena de factorías que superarán con creces los inicios y duraderos focos comerciales montados sobre las costas del Sur.

El elemento fenicio no se marchará, como se dijo, tras la derrota cartaginesa, sino que pondrá al servicio de roma sus conocimientos y técnicas de producción desarrollados a lo largo y ancho de los siete siglos de colonización.

Política interna fenicia

Roma toma como norma respetar, sobre todo en sus inicios, las creencias religiosas de los pueblos conquistados. Aparte de esta consideración, la estructura social y sistema político del elementos fenicio, también es respetado. Estos aspectos pueden verse comprobados por el hecho del mantenimiento de sus divinidades propias en la acuñación de moneda: Melkart, Bes, símbolos como el disco solar y el creciente lunar y algún signo mas como la letra alfa en distintas posiciones. En algunos momentos aparecen indistintamente caracteres numismáticos en latín, o en neopúnico: monedas bilingües. En otros momentos los tipos son enteramente fenicios o latinos. A su vez, como se está exponiendo, se les permite el comercio y las transacciones comerciales; de ahí la amonedación que Roma permite continúe.

Los problemas jurídicos de carácter tribal serán resueltos por los propios magistrados de la comunidad fenicia; pero cuando aparezcan conflictos entre fenicios y romanos, será competencia de éstos resolver los litigios que hayan lugar.

Las relaciones con otras comunidades serán mediadas por las autoridades romanas y, sobre todo, las relaciones exteriores y la guerra.

Todas estas ciudades cambiarán su independencia por su tributo a la metrópoli quien, en definitiva, les permitirá cierta libertad de acción que con el tiempo acabará por desaparecer a causa de la inercia provocada por los colonos romanos que irán haciéndose mayoritarios e impondrán de una forma lenta todo el sistema jurídico romano, así como sus costumbres y creencias.

De este modo se ve que, ya en el siglo I a. de n. e., el dios Melkart se ha transformado en el Hércules romano. Se alterará no sólo el aspecto exterior sino incluso las atribuciones particulares de cada divinidad y su origen.

En el momento de la transición, por indicar algún ejemplo, se puede decir que el principal dios del panteón fenicio, Melkart, dios protector de las ciudades en Occidente y cuya aparición se registra en el mundo fenicio-púnico a principio del siglo V a. de n.e., llega a confundirse con el Herakles griego y el Hércules romano. fenómeno que explica, en cierto modo, la ambigüedad que se podía experimentar ya en estas fechas de la transición.

SELAMBINA, NUEVO EMPLAZAMIENTO ROMANO

Tras las Guerras Civiles de Roma y la plena romanización de esta zona costera, se dan algunas escaramuzas llevadas a cabo en Las Alpujarras que, en la vía de conexión con la costa, controlaban el acceso comercial y militar entre el interior y los puertos marítimos.

Colca está ligado a una parte de la historia de Selambina por la sublevación que provocó en Las Alpujarras.

El personaje militar que puso fin a este episodio bélico costándole la vida en ello, fue Gayo Sempronio Tuditano.  El hecho que nos relata con cierta claridad T. Livio diciendo: » Llegó un mensajero de Hispania comunicando que el procónsul, C. Sempronio, en la Hispania Ulterior había sido vencido en combate y su ejército puesto en fuga, y que ciudadanos destacados habían caído en el frente; y que Tuditano había salido de la lucha con una gran herida y que no mucho después había muerto (T. Livio. 33, 25, 8).

Tanto las las antiguas ciudades de Malaca y Sex, que fueron colonias fenicias, como el resto de las comunidades vecinas de Selambina y Abdera, se sumaron a tal sublevación. Pero hay que destacar que la mayoría de las ciudades que se levantan en armas son las de origen fenicio, que se habían entregado a los romanos sin ninguna oposición. Las razones que llevaron a casi todo el oeste hispano y, sobre todo, las ciudades fenicias, a tomar tal postura belicista, fue el incumplimiento de los pactos firmados por Roma con tales ciudades.

T. Livio nos cuenta los acuerdos a los se comprometió el pueblo romano con Hispania, y principalmente con los últimos reductos dominados por los cartagineses: «A petición de los gaditanos se concedió no enviar ningún pretor a Gades, lo que sería contrario a lo estipulado por Lucio Marcio Séptimo cuando entraron en alianza con el pueblo romano (T. Livio, 32, 2, 5).

Esto no fue respetado y casi toda la franja costera se levantó en armas contra los representantes del poder de los romanos en estos contornos. Como anécdota de estos episodios cabe citar el hallazgo de un tesorillo (peculio) monetario en una pileta de salazones de Sex dentro del casco antiguo (calle Carmen Baja) de la ciudad. Esto era un fenómeno frecuente entre los soldados o gente que iba a combatir. Ocultaban su dinero antes del combate y, si sobrevivían, lo recuperaban. Si morían, el dinero quedaba enterrado a perpetuidad. De esta forma se puede explicar el hallazgo de tal dinero. En este caso, los denarios de plata, en número aproximado de 40 ejemplares que se hallaron en tal pileta de salazones, se remonta cronológicamente a principios del sigli II a. de n.e., coincidiendo con la época de sublevaciones citadas y las guerras civiles de Roma.

Tanto la guerra encabezada por Viriato como las de Mario y Sila y la de César y Pompeyo, implicaron a estas colonias de la costa.

Por razones obvias se deduce que, cuando las plazas militares y económicas sufren el impacto de los litigantes por el poder y dominio político, como las luchas mantenidas en las cercanías de Loja y Láchar, las guerras provocadas a causa del control de los grandes focos productores de Obulco, Carmona y Cástulo, todo va a repercutir de forma directa sobre el desenvolvimiento de la colonia que, como se ha demostrado, es el punto de salida de la vía que transporta los productos elaborados en las citadas zonas interiores, en esta caso Selambina.

La llegada de César y su triunfo sobre los hijos de Pompeyo en el año 47 a. de n.e., con la victoria de Munda, repercutieron de forma decisiva sobre el futuro desarrollo de todas las colonias y ciudades romanizadas, en toda la zona colindante con Selambina por ser un punto clave en las comunicaciones de las vías romanas entonces existentes.

Tras el triunfo de César en el Sur de Hispania, vemos cómo algunas ciudades, con el fin de granjearse la simpatía personal del vencedor, adoptan sobrenombres alusivos e él. Caso vimos en Firmvm Ivlivm Sex, Illiturgi Forvm Ivlivm y las ciudades de Cástulo y Salaria que se declararon Venales a César.

Cuando tiene lugar la subida al poder de Octavio Augusto, el territorio de la Bética sufre una nueva modificación, quedando dentro de ella aquellas localidades situadas debajo de las fronteras naturales marcadas por la Sierra de Cazorla y Sierra Nevada. Por ello, toda la franja costera dependerá, desde Villaricos hasta Onoba, a la Bética, quedando lógicamente Selambina enmarcada en la misma.

Dado el carácter pacífico de los pueblos de la Bética, fue declarada provincia senatorial y era gobernada directamente por el Senado y el pueblo, en oposición a las ciudades del centro y norte, declaradas como imperiales por su propensión a la sublevación y belicosidad.

El mando de la Bética fue encomendado a un procónsul sorteado entre algunos de los ciudadanos que hubieran desempeñado algún cargo público durante cinco años. Este cargo duraba un año.

Las funciones y relaciones públicas que tal magistrado desempeñaba corrían paralelas a las de cualquier otra demarcación territorial, aunque siempre con el tono de una provincia que se caracterizaba por el espíritu laborioso y pacífico.

El jefe de la Bética sólo intervenía como representante del Senado, en el aspecto judicial y económico de nuestros pueblos. En el mando militar y administrativo de las rentas, Augusto nombraba cada año oficiales militares y civiles que cumplían con su deber sin cometer excesos, dada la anterior situación de abusos cometidos por los altos representantes de Roma en estos parajes, tal como nos lo relata Dión Casio y Suetonio.

Los jefes militares ejercían el control sobre sus subalternos evitando que se produjeran desmanes y abusos. En casos de faltas, eran castigados severamente, previo un breve juicio. La severidad y rapidez de los juicios, cuya sentencia se cumplía de inmediato, evitaban cualquier intento de desmanes. El más controlado en este aspecto fue el ejército, dado de antaño al pillaje, hurto y toda clase de rapiña.

La administración de la justicia tenía lugar en los puntos geográficos más estratégicos con el fin de hacerlos más eficaces. Le época del año solía ser el invierno.

Aquellas ciudades que por orden del magistrado debían acudir al tribunal, eran convocados de antemano por medio de edictos a los que se añadía su duración de la audiencia y el lugar en donde se instalaba.

Cuando Augusto comprendió los problemas y dificultades que el carácter móvil de estos tribunales causaban, determinó hacerlos fijos, llamándoles Conventos jurídicos.

De modo similar a lo que se viene considerando Audiencias Territoriales, se crearon cuatro Conventos Jurídicos en la Bética, donde todo ciudadano podía ejercer su derecho a la justicia. Estas sedes eran: Córdoba, Écija, Sevilla y Cádiz.

Según Plinio, Mela, Ptolomeo y el Itinerario de Antonino, quedaban dentro del Conventvs Cordvbensis las siguientes poblaciones de nuestra actual comarca: Illiturgi (Santa Potenciana), Spaturgi (Los Villares), Sitia (castillo y ruinas de la Aragonesa), Obulco (Porcuna), Segeda (Arjonilla), Urgabo (Arjona), Ebura (Alcalá la Real), Illipula (Loja), Ilurco (Pinos Puente), Astigi (Alhama),  Vesci (Huétor), Hipponova (Montefrío), Sucubo (Jimena),  Nuditanum (Alcaudete),  Menova (¿Vélez-Málaga?), Caviclum (¿Torrox?), Detunda (Maro), Selambina (Salobreña), Exi (Almuñécar), Abdera (Adra), Portus Magnus (Almería). Con esta relación vemos a Selambina como ciudad dependiente del Conventvs Cordvbensis.

Dentro de la clasificación a que se ven sometidas las ciudades por sus características propias y su pasado histórico, la franja costera entra dentro de las que se consideran federadas: Selambina, Malaca, Suel, Sex y Abdera. Todas estas ciudades tenían la libertad de autogobernarse en asuntos internos, aunque, como se dijo antes, la soberanía era romana.

El emperador Vespasiano hizo extensivo el derecho del Lacio a todas las ciudades. Plinio nos dice al respecto: «El Emperador Vespasiano, impulsado por las revueltas de la República, concedió el derecho del Lacio a toda Hispania (III,3).

Caracalla fue el emperador que concedió el derecho de ciudadanía a todos os súbditos del Imperio, aboliendo las diferencias existentes entre las ciudades aliadas, confederadas, latinas y estipendiarias, aunque desde el punto de vista crítico, esto quedó casi siempre en utopía,

En cuanto a la organización interna y funcionamiento de una colonia como Selambina, es preciso indicar que se encuentra enmarcada en el tipo municipal que regía a todas las ciudades de la época. Por tanto, su estructura como municipio se ordenaba de la siguiente manera: cuando una población contenía un número suficiente de vecinos, organizaba su curia o ayuntamiento, cuyos miembros son llamados decuriones y curiales. Entre éstos se elegían dos duunviros y otros magistrados municipales.

Los hijos reemplazaban a sus padres en el cargo de decuriones y los nombres de unos y otros se inscribían en un registro dispuesto a tal efecto. La corporación municipal podía estar formada por 7, 10 o 20 individuos, según la categoría de la ciudad y su número de habitantes.

No se podía desempeñar cargo antes de los 25 años, ni después de los 70.

Los romanos pretendieron que las estructuras de Roma fuesen reproducidas en cada ciudad y que funcionaran a la manera de su categoría.

Los miembros de la corporación municipal recibían el título de consejeros y eran considerados casi senadores. No podían optar a estos cargos los infames, imbéciles o los que ostentaban otros cargos públicos incompatibles con el desempeño de aquel destino.

Tampoco tenían acceso a estos cargos aquellas personas que no dispusieran de una renta decorosa para evitar el aprovechamiento de su cargo.

Los decuriones estaban inscritos en el registro en donde se indicaba el cvrricvlvm pasado de cada miembro.

En las votaciones participaban en primer lugar los agraciados por el emperador; después, los que habían sido decenviros o magistrados de otra categoría y, por último, los restantes miembros según el orden en que estaban inscritos (Digesto: De albo scribendo, 50, 3).

La curia celebraba sesiones cuando alguno de sus miembros consideraba oportuna su reunión. Para que las sesiones fueran válidas se necesitaban las dos terceras partes de los votos.

La corporación asesoraba a todos los miembros con magistratura municipal. Daba el visto bueno al ejercicio de los médicos, a los profesores de la lengua griega, de ciencias y artes, y les asignaba salarios con la aprobación del príncipe.

Era competencia de la curia el emprender obras públicas y funcionar como cuerpo consultivo a todas las administración de la ciudad, encomendando a los duunviros el aspecto ejecutivo, al igual que a los ediles, procuradores del pueblo, defensores y otros agentes subalternos.

El cargo de curial, aunque honorífico, era duro y antieconómico.

Los decuriones podían enajenar, pero con ciertas restricciones, sus bienes afectos a responsabilidad. Costeaban de sus fondos patrimoniales algunos espectáculos públicos y suplían con su dinero los déficits de las contribuciones asignadas a la población, cuyo cobro les estaba encomendado.

Como compensación a estas cargas gozaban del privilegio de que ni a ellos ni a su familia se les podía castigar con las penas afrentosas de los plebeyos.

La autoridad principal de la ciudad estaba representada por los duunviros. sus cargos eran anuales y podían prorrogarse si había sido satisfactoria su gestión (Digesto, 50,2).

El nombramiento de duunviros se llevaba a cabo en junta de decuriones celebrada en las kalendas de Marzo (Idvs Martias). Se procuraba elegir para estos cargos a personas que estuvieran al abrigo de la corrupción y que económicamente tuvieran una hacienda saneada y solvente.

Los duunviros vestían toga, iban precedidos de lictores con haces en sus distritos. Eran jueces preventivos de ciertos asuntos que requieren pronto y rápido dictamen. Castigaban las culpas de los siervos. Daban tutores y curadores a los menores. Adoptaban, emancipaban, manumitían. Eran los encargados de policía, persiguiendo a los criminales entregándolos al juez ordinario de la provincia. Tenían la iniciativa de proponer la construcción de obras útiles y de ornato público.

Cuidaban del recto manejo de los fondos públicos de los ayuntamientos y mantenían el orden y tranquilidad en colaboración con las demás autoridades (Digesto, 50, 1).

Dentro de los decuriones se elegían los ediles, quienes se preocupaban fundamentalmente del funcionamiento interno de las ciudades.

Con el fin de contrarrestar la posible influencia clasista de los decuriones y magistrados municipales, quienes por su estado, bienes, riquezas y atribuciones hubieran podido abusar de sus facultades, se nombraba un defensor del pueblo para contrarrestar cualquier buso. Este cargo solía durar cinco años. Tenía prácticamente las mismas atribuciones del famoso tribuno de la plebe del pueblo romano clásico.

Aparte  de estos cargos públicos, existían los administradores del patrimonio del Estado. Igualmente se disponían de empleados subalternos para llevar a cabo una serie de servicios secundarios, pero que realmente venían a cumplimentar  los oficios de los altos cargos responsables de la política general dentro de las urbes hispanas.

Los impuestos fueron otros de los diversos capítulos que componían el cuadro tributario de las urbes del Sur, similar al resto del Imperio.

Las aduanas más importantes de toda la Bética estaban situadas en las localidades de Acci, Tucci, Salaria, Malaca, Illiberi, Obulco, Nescania, Cartima, y sobre todo en las ciudades costeras situadas en las vías de acceso de los puertos exportadores e importadores, como Selambina, Sex y Abdera.

Como se ha dicho, por estos enclaves tenía lugar la entrada de los productos manufacturados procedentes de las factorías orientales, mercancías muy variadas destinadas al consumo de las ciudades hispanas. Por ello se llegaba a recaudar altos impuestos que podían alcanzar hasta el 50% del valor de importación (Plinio, 6, 23, N. H.)

a) ACUÑACIONES IBERORROMANAS.

El numario de este apartado es escaso, pero revelador. La mayor parte de los ejemplares pertenece a la localidad de  CELSE, en la provincia de Zaragoza, pero todos menos uno, pertenecen a la época de dominio romano pleno, ya que las leyendas se presentan en caracteres latinos. Pero la alta frecuencia relativa nos indican que las relaciones debieron reflejar el elevado nivel de contactos de tipo económico.

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1Sin título-1 copia
1MONEDAS DIBUJOS 2 copia
1.- AE. As. (Cástulo)
    Anv. Cabeza desnuda a derecha. Leyenda (leyenda ibérica).
    Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ibérica).
    Peso: 14.25 gr      Sentido: 2 h         Módulo: 26 mm  Procedencia: Salobreña2img9282img928 copia2MONEDAS DIBUJOS 3 copia

2.- AE.  Dupondio. (Cástulo)
    Anv. Cabeza desnuda a derecha. Delante, mano.
    Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ibérica).
    Peso: 32.85 gr     Sentido: 11 h       Módulo:  33 mm   Procedencia: Salobreña.
3img037 copia (2)
3img037 copia (1)
3MONEDAS DIBUJOS 4 copia
3.- AE.  Dupondio. (Cástulo)
    Anv. Cabeza desnuda a derecha.
    Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ibérica).
    Peso: 29.55 gr     Sentido: 1 h       Módulo:  29  mm  Procedencia: Salobreña.
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4MONEDAS DIBUJOS 5 copia
4.- AE. Dupondio. (Cástulo)
     Anv. Cabeza desnuda a derecha.
     Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ib.)
     Peso: 15.95  gr     Sentido: 2 h       Módulo:  29  mm  Procedencia: Salobreña.
5img948 copia (2)
5img948 copia (1)
5MONEDAS DIBUJOS 6 copia
5.- AE. As. (Cese)
<div class="Mf-ml-eb Mf-ll-Zb-eb"

     Anv. Cabeza masculina desnuda a erecha. Delante, delfines.

     Rev. Jinete con palma, a derecha. Debajo (CASE).                          </h4

     Peso: 15.60 gr     Sentido 6 h     Módulo: 27 mm      Procedencia: Salobreña.

/div>
 
6img042 copia
6img043 copia
6OBULCO copia
6.- AE   As. (Obulco)
      Rev. Espiga y arado. Leyenda en caracteres ibéricos en doble cartela central (….)
      Peso: 25, 25 gr         Sentido:    9 h        Módulo:   29 mm   Procedencia: Salobreña.
7img044 copia
7img045 copia
7MONEDAS DIBUJOS 13 copia
7.- AE. As. (Obulco)
     Anv. Cabeza femenina, a derecha. Delante; Leyenda OBULCO.
     Rev. Arado arriba. Espiga, abajo. En doble cartela: leyenda ibérica (……).
     Peso:  23.05 gr            Sentido 5 h           Módulo: 30 mm  Procedencia: Salobreña.
8img943 copia
8img944 copia
8MONEDAS DIBUJOS 14 (2) copia
8.- AE As. (Malaka)
      Anv. Cabeza laureada de Vulcano a izquierda. Detrás, tenazas. Delante AKLM.
      Rev. Sol radiado de frente.
      Peso: 10, 55 gr        Sentido:   9 h       Módulo:   27 mm    Procedencia: Salobreña.
 9img987 copia9img023 copia

9MONEDAS DIBUJOS 15 copia

9.- AE. Cuadrante.
(Carteia)
 Anv. Cabeza masculina, a izquierda.
Detrás, CART.
Rev. Proa de nave romana.
Peso: 3,25 gr     Sentido: 7 h      Módulo:  16 mm  Procedencia: Salobreña.
10img033 copia (2)
10img033 copia (1)
10MONEDAS DIBUJOS 16 copia
10.- AE. Dupondio (Carteia)
       Anv. Cabeza bifronte de Jano.
       Rev. Proa de nave romana, a derecha.
       Peso: 46.75 gr        Sentido: 5 h       Módulo: 35 mm    Procedencia: Salobreña.
 
11img929 copia 11img930 copia
 

11MONEDAS DIBUJOS 19 copia

 
11.- AE   As. (Celse, tardío)
       Anv. Cabeza de Augusto a derecha. AVGVSTVS DIVI F.
       Rev. Toro de pie a derecha. CVI. CEL. L. BACCIO II VIR MAN. FESTO.
       Peso: 10. 85 gr    Sentido: 2 h  Módulo: 26 mm   Procedencia: Salobreña.20 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CELSE copia

12MONEDAS DIBUJOS 20 copia

12.- AE.  As. (Colse, tardío)
       Anv. Cabeza de Augusto a derecha. AVGVSTVS DIVI F.
       Rev. Toro de pie a derecha. CVI. CEL. L. BACCIO II VIR MAN. FESTO.
       Peso: 12.55 gr     Sentido:  10 h     Módulo: 27 mm   Procedencia: Salobreña.

21 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CELSE copia

13MONEDAS DIBUJOS 21 copia

13.- AE. As. (Celse, tardío)
       Anv. Cabeza de Augusto a derecha. AVGVSTVS DIVI F.
       Rev. Toro de pie a derecha. CVI. CEL. L. BACCIO II VIR MAN. FESTO.
       Peso: 12.00 gr     Sentido:   6 h    Módulo:   28 mm   Procedencia: Salobreña.
14img040 copia
14img041 copia
14MONEDAS DIBUJOS 22 copia
14.- AE. As. (Calagurris Iulia)
       Anv. Cabeza de Augusto a derecha. IMP. CAESAR AVGVSTVS P. P.
       Rev. Toro de pie a derecha. C. SEM. BARBA Q. BAEB. FLAVO II VIR M. CAL. I.
       Peso: 14.35 gr    Sentido 2 h  Módulo 30 mm      Procedencia: Salobreña.15MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia15MONEDAS DIBUJOS 23 copia
15.- AE. As. (Emerita Avgvsta)
       Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR (AV)G. TRIBV (INIC.) POTES.
       Rev. En tres líneas: P. CARISIVS/ LEG/ AVGVSTI.
       Peso: 9,19 gr      Sentido;  8 h     Módulo:  26 mm    Procedencia: Salobreña.
16MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA EMERITA - copia
16MONEDAS DIBUJO (2) copia
16.- AE. As. (Emerita Avgvsta)
       Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. P. M. TR.
       P.  IMP.
       Rev. Constancia de pie a izquierda. CONSTANTIAE AVGVSTI   S. C.
       Peso: 10.05. gr     Sentido: 7 h Módulo: 27 mm Procedencia: Salobreña.
17img954 copia17img953 copia

17MONEDAS DIBUJOS 39 copia

 
17.- AE. As. (Claudio)
       Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P.
       M. TR. P. IMP.
       Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
       Peso: 11.55 gr     Sentido: 6 h     Módulo: 27 mm  Procedencia: Motril.40 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia - copia
18MONEDAS DIBUJOS 40 copia
18.- AE. As. (Claudio)
       Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P.
       M. TR. P. IMP.
       Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
       Peso: 11.55 gr     Sentido: 6 h     Módulo: 27 mm    Procedencia: Motril.66 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia

19MONEDAS DIBUJOS 66 copia

19.- AE.   As. (Nerón)
       Anv. Cabeza laureada y radiada de Nerón. NERO CLAVD. CAESAR AVG. GER. P.  M.
       TR. P. P.
      Rev. Templo de Jano con las puertas cerradas. PACE. P.  R. VBIQ. PARTA IANVM
      CLAVSIT. S. C.
      Peso: 12.75 gr    Sentido:  6 h   Módulo: 26 mm    Procedencia: Salobreña.68 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIANO copia
20MONEDAS DIBUJOS 68 (2) copia
20.- AE.  As. (Vespasiano)
       Rev.  Águila legionaria.  S.  C.
       Peso: 14.25 gr     Sentido:  11 h      Módulo: 28 mm    Procedencia: Salobreña.69 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA FOTOS copia
21MONEDAS DIBUJOS 69 (1) copia
21.- AE. As. (Vespasiano)
       Anv. Cabeza laureada de Vespasiano a derecha. IMP. VESPASIANVS AVG.  COS. IIII.
       Rev. Águila legionaria a derecha. S.  C.
       Peso: 12.75 gr    Sentido: 5 h  Módulo: 27 mm   Precedencia: Salobreña.
70 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIANO copia
22MONEDAS DIBUJOS copia
22.- AE. As. (Vespasiano)
       Anv. Cabeza de Vespasiano laureada a izquierda. IMP. VESPASIANVS  AVG.
       Rev. Caduceo entre dos cornucopias. PON. MAX. TR. POT. P. P. COS. V  CRNS.
       Peso: 14.25 gr     Sentido: 5  h   Módulo: 26 mm   Procedencia: Salobreña.76 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DOMICIANO copia
23MONEDAS DIBUJOS 76 copia
23.- AE.   As. (Domiciano)
       Anv. Cabeza diademada y radiada de Domiciano a derecha.  IMP. CAES. DOMIT.
       AVG. GERM. COS. XVII CENS. PER P. P.
       Rev. Fortuna de pie a derecha. FORTVNAE AVGVSTI  S. C.
       Peso; 1.44 gr    Sentido: 5 h   Módulo: 26 mm    Procedencia: Salobreña.78 MOMEDAS FOTOS DIBUJOS NERVA copia

24MONEDAS DIBUJOS 78 copia

24.- AE. As. (Nerva)
       Anv. Cabeza diademada de Nerva a derecha. IMP. NERVA CAES. AVG. P. M.  TR. P.
       COS. III P.
       Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS PVBLICA. S. C.
       Peso: 12.48 gr  Sentido: 6 h    Módulo: 27 mm Procedencia: Salobreña.83 bis MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia

25MONEDAS DIBUJOS 83 copia

25.- AE. As. (Trajano)
      Anv. Cabeza laureada y radiada a derecha. IMP. CAES. NERVA  TRAIAN AVG. GERM.
      P. M.
      Rev. Fortuna de pie a izquierda. S. C. TRP.  VII. IMP. IIII COS. V.   P.P.
      Peso: 10.05 gr    Sentdo: 12 h  Módulo: 27 mm  Procedencia: Salobreña.

83 bisMONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia - copia26MONEDAS DIBUJOS 83 bis copia

26.- AE.  As. (Trajano)
       Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA
       TRAIAN. AVG. GERM. P. M.
       Rev. Fortuna sentada a izquierda. TR. P. VII. IMP. IIII COS. V.  P’  P.
       Peso: 10.15 gr    Sentido:  6  h     Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.

84 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia

27MONEDAS DIBUJOS 84 copia

27.- AE As. (Trajano)
       Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA TRAIAN.
       AVG. GERM. P. M. Rev. Fortuna de pie a izquierda.  S.
       Peso: 11.55 gr  Sentido;   6 h    Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.

89 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIABO copia

28MONEDAS DIBUJOS 89 copia
28.- AE. As. (Adriano)
       Anv. Cabeza desnuda de Adriano a izquierda. HADRIANVS AVG. COS. III  P. P.
       Rev. Adriano de pie levantando a Hispania como mujer. RESTITVTORI
       HISPANIAE  S. C.
       Peso: 21.90 gr     Sentido:  6 h   Módulo:  24 mm   Procedencia: Salobreña.
90 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIABO (1) copia
29MONEDAS DIBUJOS
29.- AE  Sextercio. (Adriano)
       Anv. Cabeza laureada de Adriano a Derecha. IMP. CAESAR TRAIAN. HADRIANVS
       AVG.
       Rev. Adriano a caballo a derecha. VIRT. AVG. P. M. TR.  P. COS. III   S. C.
       Peso: 21.80 gr    Sentido: 12  h    Módulo: 34 mm   Procedencia: Salobreña.91 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIANO copia

30MONEDAS DIBUJOS

30.- AE.   Sextercio. (Adriano)
       Anv. Cabeza radiada de Adriano a derecha. HADRIANVS AVGVSTVS.
       Rev. Roma sentada a derecha. COS. III  S.   C.
       Peso: 11.79 gr    Sentido: 12  h    Módulo: 21 mm   Procedencia: Salobreña.
95 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ANTONINO PÍO copia

31MONEDAS DIBUJOS

31.- AE. As. (Atonino Pío)
       Anv. Cabeza laureada de Antonino a derecha. ANTONINVS AVG. PIVS  P.  M.  TR. P.
       Rev. Eternidad de pie a izquierda.  TR. POT. XXIII COS.  S.  C.
       Peso: 11.55 gr   Sentido:  3 h    Módulo: 27 mm  Procedencia: Salobreña.
96 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ANTONINO PÍO copia

32MONEDAS DIBUJOS

32.- AE.  As. (Antonino Pío)
       Anv. Cabeza diademada de antonino a derecha. ANTONINVS AVG. PIVS  P.  P.
       Rev. Mujer de pie a izquierda tendiendo la mano derecha y recogiendo su manto
       con la izquierda.  TR. POT. COS. III  S.  C.
       Peso: 10.55 gr   Sentido: 11 h   Módulo: 27 mm  Procedencia: Salobreña.100 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA FAVSTINA IVNIOR copia
33MONEDAS DIBUJOS
33.- AE. As. (Favstina Ivnior)
       Anv. Cabeza de Faustina a derecha. FAVSTINA AVGVSTA.                                                     
       Rev. Cibeles sentada a derecha en trono flanqueado por leones. MATRI MAGNAE.
       Peso: 17.29 gr  Sentido: 12 h  Módulo:  32 mm  Procedencia: Salobreña.
101 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MARCO AVRELIO copia
34MONEDAS DIBUJOS
34.- AE.  As. (Marco Aurelio)
       Anv. Cabeza diademada y radiada de Marco Aurelio a derecha. M. ANTONINVS
      AVG. GERM.  SARM.
      Rev. Paz de pie a izquierda. PAX AETERN(A) AVG.  S.  C.
      Peso: 11.80 gr    Sentido: 6  h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Salobreña.

102 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MARCO AVRELIO copia

35MONEDAS DIBUJOS

35.- AE.  As. (Marco Aurelio)
       Anv. Cabeza radiada de Marco Aurelio a derecha. CONS. (EC) RATIO PAX AVG. S. C.
      Rev. Paz de pie a izquierda. PAX AETER(A) AVG. S. C.
      Peso: 11.05 gr   Sentido: 7 h  Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.105 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GORDIANO (1) copia
36MONEDAS DIBUJOS
36.- AE. Sextercio. (Gordiano)
        Anv. Busto diademado, radiado y drapeado de Gordiano a derecha. IMP. CAES.
        GORDIANVS PIVS FEL. AVG.
        Rev. Gordiano de pie a izquierda, con cetro y escudo. P. M. TR. P. III COS. II P. P.
        Peso: 26.95 gr   Sentido: 1 h   Módulo: 26 mm    Procedencia: Salobreña.

106 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA HERENIO ETRUSCO copia

37MONEDAS DIBUJOS

37.- AE.  As. (Herenio Etrusco)
       Anv. Busto drapeado de Herenio a derecha. Q. HER. ETR. MES. DECIVS NOB. C.
       Rev. Esperanza avanzando a izquierda. SPES PVBLICA.
       Peso: 12.79 gr    Sentido: 11 h Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.
108 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO copia

38MONEDAS DIBUJOS

38.- AE. Antoniniano. (Galieno)
       Anv. Busto radiado y drapeado de Galeno a derecha. GALLIENVS AVG.
       Rev. Paz sentada a izquierda, con cetro y ramo de olivo. PAX AVG.
       Peso: 2.75 gr     Sentido: 2  h   Módulo: 20 mm  Procedencia: Salobreña.109 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO copia39MONEDAS DIBUJOS

39.- AE.  Antoniniano. (Galieno)
        Anv. Cabeza radiada de Galieno a derecha. GALLIENVS AVG.
        Rev. Antílope a izquierda. DIANAE CONS. AVG.
        Peso: 2.45 gr    Sentido: 6  h    Módulo: 16 mm  Procedencia: Salobreña.110 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO (2) copia

40MONEDAS DIBUJOS

40.- E. Antoniniano. (Galieno)
         Anv. Cabeza radiada de Galieno a derecha. GALLIENVS AVG.
         Rev. Antílope a  derecha. DIANAE CONS. AVG.
         Peso: 2.25 gr   Sentido: 11 h   Módulo: 21 mm    Procedencia: Salobreña.114 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA SALONINA copia

41MONEDAS DIBUJOS

41.- AE. Antoniniano. (Salonina)
       Anv. Busto de Salonina a derecha. SALONINA AVG.
       Rev. Fecundidad sentada a izquierda, con joven delante. FECVNDITAS AVG.
      Peso: 4.15 gr    Sentido: 5  h   Módulo: 22 mm   Procedencia: Salobreña.
121 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DIOCLECIANO copia

42MONEDAS DIBUJOS

42.- AE. Antoniniano. (Diocleciano)
        Anv. Busto radiado, diademado y drapeado de Diocleciano a derecha. IMP.
        DIOCLETIANVS AVG.
        Rev. Diocleciano con atributos de Júpiter. IOVI AVG.
        Peso: 4.95 gr   Sentido: 5 h   Módulo: 21 mm    Procedencia: Salobreña.
122 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DIOCLACIANO copia

43MONEDAS DIBUJOS

43.- AE. Antoniniano. (Diocleciano)
       Anv. Busto radiado, diademado y drapeado de Diocleciano a derecha. IMP. C .C.
       DIOCLETIANVS  P. F. AVG.
       Rev. Diocleciano de pie con atributos de Júpiter. IOVI CONSERVAT.
       Peso: 3.45 gr   Sentido:  11 h   Módulo: 24 mm   Procedencia: Salobreña.

125 MONEDAS DIBUJOS CONSTANTINO I EL GRANDE copia

44MONEDAS DIBUJOS

44.- AE.  Follis. (Constantino I)
        CONSTANTINVS P. F. AVG.
        Rev. Constantino de pie a izquierda. SOLI INVICTO COMITI  S.  F.
        Peso: 4.15 gr   Sentido: 7 h    Módulo: 21 mm  Procedencia: Salobreña.
146 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia

45MONEDAS DIBUJOS

45.- AE-Centional. (Constancio II)
147 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia

46MONEDAS DIBUJOS

46.- AE-3. (Constancio II)
       Anv. Busto diademado y drapeado de Constancio II a derecha. D. N.
      CONSTANTIVS  P. F. AVG.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO.
       Peso: 1.96 gr  Sentido: 5 h  Módulo: 17 mm  Procedencia: Salobreña.
148 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II (2) copia

47MONEDAS DIBUJOS

47.- AE-4. (Constancio II)
149 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II (1) copia

48MONEDAS DIBUJOS

48.- AE-3. (Constancio II)
       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.
       CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
      Rev. Constante de pie con cetro y victoria.
      Peso: 3.78 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 20 mm  Procedencia Salobreña.

150 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia

49MONEDAS DIBUJOS

49.- AE-4. (Constancio II)
       Anv.  Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.
       CONSTAN) S  P. F. En exergo: SMALA.
       Rev. Dos soldados afrontados con estandarte en el centro. VICTOIAE DD. AVGG. Q.
       N.  N.
       Peso. 1.36 gr     Sentido: 6 h   Módulo: 15 mm  Procedencia: Salobreña.
151 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
50MONEDAS DIBUJOS
50.- AE-4. (Constancio II)
      Anv.  Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.
      CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
      Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO.
       Peso: 2.45 gr  Sentido: 5 h  Módulo: 18 mm   Procedencia: Salobreña.

152 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia

51MONEDAS DIBUJOS

51.- AE-3. (Constancio II)
       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.
       CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO. Exergo: 
       PTRS.
       Peso: 1.45 gr   Sentido: 2 h   Módulo: 15 mm Procedencia: Salobreña.
153 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia

52MONEDAS DIBUJOS

52.- AE. Centional. (Constancio II)
       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.
       CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO. Exergo: 
       PTRS.
       Peso: 2.05 gr   Sentido: 6 h.   Módulo: 15 mm Procedencia: Salobreña.
172 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAGENCIO copia

53MONEDAS DIBUJOS

53.- AE-Centional. (Magnencio)
       Anv. Busto drapeado de Magnencio a derecha. D. N. MAGNENTIVS P. F. AVG.
       Rev. Gran Cristograma. SALVS DD.  NN. AVG. ET CAES.
       Peso: 4.20 gr     Sentido; 11 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Salobreña.

173 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTE copia

54MONEDAS DIBUJOS

54.- AE-3. (Valente)
       Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Valente. D. N. VALENS P. F. AVG.
       Rev. Victoria avanzando a izquierda. SECVRITAS REIPVBLICAE.
       Peso: 2.40 gr    Sentido: 7 h    Módulo: 18 mm  Procedencia: Salobreña.
174 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO copia

55MONEDAS DIBUJOS

55.- AE-2. (Graciano)
      Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.
      GRATIANVS  P. F. AVG.
      Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL.
      Peso: 3.78 gr   Sentido: 7 h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Salobreña.
175 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO copia

56MONEDAS DIBUJOS

56.- AE-2. (Graciano)
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.
        GRATIANVS  P. F. AVG.
        Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL.
        Exergo: TRP.
        Peso: 6.05 gr   Sentido: 11 h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Salobreña.

180 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia

57MONEDAS DIBUJOS
57.- AE-1. (Valentiniano II)
       Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.
       VALENTINIANVS IVN. P. F. AVG.
       Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
       mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SMOP.
       Peso: 10.55 gr    Sentido: 7 h   Módulo: 26 mm  Procedencia: Salobreña.  
181 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia

58MONEDAS DIBUJOS copia

58.- AE-2. (Valentiniano II)
       Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.
       VALENTINIANVS P. F. AVG.
       Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
       una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SMOP.
       Peso: 3.98 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 22 mm  Procedencia: Salobreña.
189 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia

59MONEDAS DIBUJOS

59.- AE-3. (Valentiniano II)
       Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.
       VALENTINIANVS P. F. AVG.
       Rev. Seguridad de pie a izquierda. SECVRITAS REIPVBLICAE.
       Peso: 2.95 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Salobreña.
193 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I copia

60MONEDAS DIBUJOS

60.- AE-2. (Teodosio I)
       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.
      THEODOSIUS P. F. AVG.
      Rev. Teodosio de pie a izquierda,  con victoria sobre globo en su derecha y
      levantando a una mujer arrodillada con la izquierda. REPARATIO REIPVBLICAE.
      Exergo: SMRP.
      Peso: 5.20 gr   Sentido: 5 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
194 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia

61MONEDAS DIBUJOS

61.- AE-2. (Teodosio I)
       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.
       THEODOSIUS P. F. AVG.
       Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM.
       Peso: 3.90 gr    Sentido: 2 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
 
196 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I copia

62MONEDAS DIBUJOS

62.- AE-2. (Teodosio I)
       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.
       THEODOSIUS P. F. AVG.
       Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: ANTA.
       Peso: 4.50 gr   Sentido: 5 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
198 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I (2) copia

63MONEDAS DIBUJOS

63.- AE-2. (Teodosio I)
        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.
        THEODOSIVS P. F. AVG.
        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: TESB.
        Peso: 5.20 gr    Sentido: 12 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
201 MONEDAS DIBUJOS TEODOSIO I copia

64MONEDAS DIBUJOS

64.- AE-3. (Teodosio I)
        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.
        THEODOSIVS P. F. AVG.
        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: SMNA.
        Peso: 3.45 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 20 mm  Procedencia: Salobreña.
207 MONEDAS DIBUJOS ARCADIO copia

65MONEDAS DIBUJOS

65.- AE-2. (Arcadio)
       Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N.
       ARCADIVS P. F. AVG.
       Rev. Arcadio de frete con estandarte y victoria sobre globo. GLORIA
       ROMANORVM.
       Peso: 2.75 gr    Sentido: 5 h  Módulo: 20 mm   Procedencia: Salobreña.
208 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ARCADIO copia

66MONEDAS DIBUJOS

66.- AE-2. (Arcadio)
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N.
        ARCADIVS P. F. AVG.
        Rev. Arcadio de frete con estandarte y victoria sobre globo. GLORIA
        ROMANORVM.
        Exergo: SMKB.
        Peso: 4.85 gr    Sentido: 6 h. Módulo: 20 mm   Procedencia: Salobreña.
209 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ARCADIO copia

67MONEDAS DIBUJOS

67.- AE-4. (Arcadio)
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N.
        ARCADIVS P. F. AVG.
        Rev. Salud con los pechos desnudos y arrastrando una vaca. SALVS (REIPVB).
        Exergo:   CONSB.
        Peso: 1.10 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 14 mm   Procedencia: Salobreña.
 

ACUÑACIONES ROMANAS EN HISPANIA. 

Se incluyen todos los ejemplares registrados en la cuenca del Guadalfeo, tanto de Motril como de Salobreña.

 

EMERITA AVGVSTA.- Las acuñaciones se realizan en tiempos de Augusto, mostrando en el anverso la efigie de dicho personaje, y en el reverso, una leyenda alusiva al jefe militar P. CARISIVS, fundador de dicha ciudad.

La metrología es igualmente variable: 7/8, 10/11 grs. Pero se puede decir que los tipos son muy similares, aunque la posición de los cuños sufre notables variaciones.

IVLIA TRADVCTA.- Está ubicada entre Carteia y Baelo Clavdia. Presenta las mismas características tipológicas que las anteriores, pero las leyendas del reverso difieren. Su metrología es similar. La variación del peso y no del módulo, se debe a un pronunciado desgaste.

COLONIA PATRICIA.- Tan sólo se dispone de un ejemplar con características similares a las de esta época de fundaciones coloniales.

COLONIA HISPALIS.- Este ejemplar pertenece a la actual Sevilla, pero su cronología es más reciente, ya que se sitúa en época de Tiberio.

Esporádicamente aparecen otros ejemplares de localidades como Carteia y Malaka, pero que tan sólo nos indican una normal circulación monetaria por el Mediterráneo hispano. Los dos ejemplares se encuadran en el s. I a. de n. e.

MONEDAS IMPERIALES.

Dentro de este amplísimo período tan sólo vamos a destacar aquellos que nos indican un mayor índice de frecuencia tanto en los tipos como en la cantidad, ya que pueden ser determinantes de ciertos factores históricos de clara influencia económica. Así, destacaremos en primer lugar la época de Claudio, que nos presenta las siguientes notas a destacar:

24 ejemplares de un mismo tipo: ases de cobre con el reverso idéntico (todos a izquierda). Peso máximo 11.55 gr; peso medio: 8,10 gr; peso mínimo: 6,07  gr.; peso medio: 7, 91 gr.

Los sistemas metrológicos más usados son: 7/8, 8/9. No se puede hablar de cuños idénticos porque el mal estado de conservación de la casi totalidad de las piezas no permiten establecerse. Prueba de ello es la clara aparición de indicios de haber sufrido las consecuencias de incendios en el lugar donde se han hallado.

Época de Vespasiano. Los ejemplares muestran tipos diferentes de dupondios y ases. Los cuños son diferentes, aunque los tipos son similares.

Época de Trajano.Tenemos un denario de plata y cinco ases de cobre que, aunque tienen los mismos tipos, la metrología es del todo diversa. La pieza 88 es un dupondio.

Época de Adriano. Las piezas halladas de este personaje hispano son de gran belleza estética y de las mejores conservadas de todo el conjunto. En ella hay ases, sestercios y dupondios.

A partir de estos momentos, el número de elementos disminuye drásticamente, registrándose cierta entidad tan sólo en época de Antonino Pío. Desde Maximino Pío, primero que se encuadra dentro de la época del s. III d. de n. e., que es período de depresión económica general, hasta Licinio y Constantino I el Grande, se registra un gran vacío en este capítulo como puede verse en el análisis de todos los ejemplares hallados.

En época de Constantino I aumenta el número de hallazgos, pero la variedad metrológica es muy cambiante. Es en este período cuando aparece el tipo, ya acuñado antes, de follis. Los módulos mas frecuentes son AE-2, AE-3, AE-3/4 y Ae-4. También es de notar que a partir de este momento empezamos a detectar claramente los exergo.

De época de los emperadores Constante y Constancio II, los ejemplares son numerosos y variados, apareciendo el tipo llamado centional.

Magnencio, Graciano y Teodosio  I son los que capitalizan el mayor número de ejemplares en fase final de la presencia romana en estos parajes costeros.

Como conclusión de esta exposición y como característica más notable de este conjunto (más abundante de lo que se enumera aquí), podemos destacar la variedad y la casi total conexión de todas las épocas tanto en la República (fase de historia hispana) como en el Alto y Bajo Imperio. Ello nos puede llevar a suponer una continuidad en el desarrollo histórico, paralelo a las demás comunidades ribereñas del Mediterráneo tanto oriental como occidental. Los contactos se testimonian a través de las transacciones comerciales, y éstas se manifiestan en los intercambios monetarios entre comunidades.

De todos es bien sabido que las comarcas más ricas de la Península son las costeras del Sur e interior de la Bética (Cástulo, Carmona, Patricia, Hispalis, Obulco, Carteia, Onoba, Gades, etc.) y algunos del Centro y Norte, como Emerita Augusta, Celse y Calagurris Iulia entre otras.

Relación de ejemplares registrados en Salobreña y que no demuestran más que las relaciones comerciales mantenidas con localidades como las antes citadas. Selambina no acuñó moneda. Al menos hasta el momento no se ha registrado indicio que lo hiciera.

 

Las minas

Los grandes centros industriales de Roma se abastecían en gran parte de los productos naturales extraídos de las minas existentes en la Bética. En su parte oriental podemos destacar los centros mineros de Vera (Baria) y Baza (Basti), cuyos productos eran transportados al puerto de Murgis, colonia cercada a Almería.

Los productos más frecuentes y de más demanda era: plomo, plata, cobre, cinc hierro y estaño.

En la sierra de Gádor, tan abundante en plomo, aún pueden verse las huellas de las extracciones llevadas a cabo por los romanos.

Las minas de Cástulo son citadas por Plinio y Estrabón, y cuyo emplazamiento está muy próximo a la actual Cazlona (Estrabón, 3, Plinio, N. H. 3, 3.), con una producción muy alta en época romana.

En la Serranía de Ronda (Aurunda) existen pozos y galerías que eran antiguas minas explotadas por los romanos.

El río Darro en Granada registraba oro en sus arenas y era aprovechado del mismo modo que hasta hace poco se ha hecho.

Las minas más importantes de la Bética estaban, y aún hoy lo son, en Sierra Almagrera, Linares y Sierra Morena.

 

Política

En cuanto a la evolución política cabe destacar que, después de las Guerras Civiles, esta comarca, salvo raras ocasiones, vivió una larga y extensa época de paz. En momentos muy determinados, los pueblos de la costa y algunos del interior de la Bética, sufrieron los embates de los piratas norteafricanos que desolaron las costas y, ciertas comunidades del interior como Singilia Barba (Antequera) sufrieron durante los saqueos de los invasores.

Se sabe por los restos arqueológicos y por la Historiografía Antigua que tales fenómenos depredadores llevados a cabo por elementos norteafricanos, se remontan hasta el siglo IV a. de n. e.

Estos episodios llegar a ser habituales sobre todo si las ciudades del Sur registran una época de esplendor económico. Selambina es uno de estos centros económicos propensos a ser atacados por su situación de puente comercial dotado de puerto marítimo con mercancías que proceden del interior de la provincia de Granada.

 

Penetración del Cristianismo en la costa bética

Bajo todos los puntos de vista cabe admitir que el acceso más fácil para el Cristianismo a través de la costa, era lo más fácil.

Aparte de esto es necesario tener en cuenta que las comunidades cristianas del Norte de África tuvieran un papel decisivo en esta difusión, y más que nada por vía marítima. Tenemos constancia de que la comunidad cristiana de Illiberi fue notoria.

La prueba irrefutable de la realidad histórica de la comunidad cristiana de Salobreña está en la existencia del Concilio de Elvira, que tuvo lugar a principios del siglo IV de n.e. A este concilio asistió un sacerdote como representante de la ciudad de Salobreña, cuyo nombre era Silvano.

Por otro lado y como prueba testimonial arqueológica, los cimientos de la iglesia de la ciudad, anteriores a la estructura actual de la misma, muestran un aparejo que pudo ser resto de una antigua mezquita y muros de una estructura romana.

Por estos tiempos tuvo lugar un fenómeno sísmico de gran significado para la conservación del urbanismo. Durante el reinado de los emperadores Valentiniano y Valente, el día 21 de Julio del año 365 se produjo en la provincia de Granada y otros lugares, un terremoto del alta intensidad. Los autores antiguos nos hablan de él diciendo que las olas del Mediterráneo hirvieron como en la más impetuosa borrasca. Igualmente dicen que las playas de Malaca, Sexi, Selambina y Abdera quedaron en seco a gran distancia.

Así mismo Marcelino nos dice igualmente: «En las Kalendas de Agosto, siendo emperador Valentiniano junto con su hermano, se produjeron terroríficos temblores por todo el orbe de las tierras. Se conmovió toda la estabilidad del peso de las tierras; el mar marchando hacia atrás se retiró con sus revueltas olas. En las ciudades fueron arrasadas incontable edificios» (A. M. 27, 10). Orosio nos dice también algo similar: «Un terremoto que afectó a todo el mundo batió también las aguas del mar agitándolas de tal forma que se dice que a lo largo de las tierras marítimas llanas desaparecieron muchas ciudades insulares abatidas y demolidas por las aguas que se derramaban sobre ellas (Orosio, VII, 2, 5).

Es evidente que de este fenómeno sísmico derivan consecuencias directas sobre la historia urbanística de las ciudades costeras. De esta forma se puede explicar, por citar un ejemplo, claro, las ruinas del cimiento romano sobre el que descansa el actual castillo de Almuñécar. En él se pueden observar cómo los muros se han desprendido de la roca viva sin ningún otro motivo que lo justifique si no es por una fuerte sacudida de origen sísmico. Estos detalles se pueden comprobar directamente hoy en la parte oeste del citado castillo.

Desde el punto de vista geológico es notorio observar la paulatina elevación del terreno, que se viene observando en las costas orientales en contraposición a la pérdida registrada en las costas más occidentales. De esta forma podemos ver que Granada en su costa se pliega, mientras que el resto occidental se sumerge. Ejemplo claro se puede ver en Baelo Claudia (actual Bolonia, Cádiz), donde la factoría de salazones se encuentra casi por debajo del nivel de la actual playa de la zona.

El citado y vivamente descrito terremoto llevó y produjo un fuerte maremoto que provocaría la destrucción de gran parte de las ciudades costeras de Granada, como la factoría de salazones de Selambina y las estructuras urbanas. De Almuñécar se han indicado los posibles efectos en la parte superior de la ciudad o complejo industrial. Selambina, en su parte oeste, puede mostrar desprendimientos de rocas datables en los momentos de la gran catástrofe sísmica. No cabe duda que los fenómenos de este tipo, que han sido muchos desde que se produjo tal siniestro, han provocado y seguirán haciéndolo, la paulatina elevación del terreno en estas costas. No sin razón Granada se encuentra en el plegamiento alpino. El punto opuesto se encuentra en la provincia de Cádiz, donde el nivel es cada vez más bajo y las costas nos indican unas cotas de nivel por debajo de las supuestas en época romana.

Finalizada la época de esplendor de Teodosio, salvado el vache del siglo III, que absolutamente es decadente por motivos de política económica, nuestro país se vio envuelto en los movimientos y efectos de la invasión de los pueblos del Norte de Europa. De esta forma, los pueblos de Granada sufrieron el paso de los Vándalos que, finalmente, pasaron al Norte de África.

El mayor impacto se sufrió por parte de la tribu goda que, movida de su celo religioso, rompió y trató de hacer desaparecer todo cuanto le parecía pertenecer al mundo pagano de los romanos. Ello explica, en parte, que la mayoría de las ciudades costeras hayan perdido sus monumentos de tradición romana, sobre todo sus templos, sus esculturas y todo motivo escultórico de carácter religioso. En Almuñécar se ha podido comprobar que la mayor parte de todas las esculturas aparecidas no hace muchos años, fueron halladas enterradas en la finca de El Majuelo, casi todas sin cabeza y mutiladas, pero el lugar exacto de su aparición se encontraba sobre la calle actual de Avenida de Europa y cuya extracción pude comprobar directamente. Con anterioridad a este hecho hay testimonios que afirman que algunas de ellas fueron halladas enterradas en la Cueva de Siete Palacios (antiguo almacén romano). Por esta razón pudieron pertenecer a un edificio público situado en la parte superior de la ciudad. o al foro existente en la misma factoría. La escultura de Minerva que hoy se conserva, apareció junto al callejón del Silencio, junto y dentro de la factoría de salazones.

El período histórico comprendido entre la llegada de los pueblos del Norte hasta la invasión árabe, es un hueco confuso y decadente en todos los aspectos de la vida de estas costas. Todo son revueltas y movimientos militares causados por las apetencias políticas y religiosas de los nuevos invasores.

Se puede bien decir que el elemento visigodo en España no significó ni dejó huellas trascendentes más que en algunos aspectos; restos arqueológicos muy aislados y algo de legislación y costumbres.

A nivel nacional en general, se puede decir que el nuevo elemento invasor significó una ruptura con el pasado y con el legado de Roma, que quedó muy mermado como consecuencia del paso por estas tierras de un elemento que destruyó más que hizo cultura.

 

ECONOMÍA, COMERCIO Y COMUNICACIONES

Estos tres elementos son el eje sobre el que gira todo el movimiento real de los pueblos que pusieron los ojos en nuestras costas: el aprovechamiento de los recursos naturales que tanto renombre habían tenido desde siglos atrás, tanto por las leyendas y episodios fortuitos como por los conocimientos que realmente se tenían de la Antigüedad sobre Tarsis en el Occidente.

Los elementos que más ambición crearon entre los antiguos comerciantes fueron el estaño y la plata, sin dejar atrás el oro, el hierro, el cinc y otros de menor relieve para ellos.

La explotación de unos y otros elementos estaba relacionada con el progreso de la época. Por ello cabe decir que el hierro era un elementos básicamente práctico en la época en que se convierte en el arma de guerra más poderosas del Oriente. No cabe duda de que las antiguas armas de cobre o bronce quedan en inferioridad de eficacia ante la aparición del nuevo elemento de hierro. Pero, en el Mediterráneo, dado que este metal estaba en uso desde casi antes de empezar las colonizaciones hacia Occidente, lo que se busca son los elementos de utilidad con fines industriales y de carácter ornamental. De ahí se explica la búsqueda del estaño como metal indispensable para la obtención del bronce.

En lo referente a la localidad de estudio en cuestión, es preciso decir que no se trata de un yacimiento a explotar, sino del punto más importante de las relaciones comerciales establecido desde el interior de las regiones de la Bética hasta el puerto marítimo conocido como Selambina. No quiere decir que esta colonia no dispusiera de una economía paralela a otras, sino que su función principal estribaba en ser un emporio comercial de donde parten y adonde llegan tanto los productos orientales destinados al consumo en el interior de la provincia como los que se exportan a Roma y Oriente en general.

Como se ha esbozado en algunos párrafos anteriores, es obvio exponer aquí que Selambina dispuso de una base comercial de tipo agrícola, pesquera y de minerales. La factoría de salazón de esta colonia está bajo tierra en la actualidad, y se encuentra en las riberas del Guadalfeo y periferia de los núcleos urbanos próximos. Este río, no cabe duda, era el alma de alimentación de toda la red de factorías que han existido a lo largo y ancho de su desembocadura. Por tanto, no extraña que en todo su recorrido final, a través de las comarcas de Lobres y Pataura (desde donde se empieza a manifestar la existencia de cerámica romana de tipo industrial y funerario), aparezcan indicios claros de muros, enterramientos, cerámica común de tipo doméstico, sigillata y de carácter industrial. Es, en efecto, muy frecuente  hallar en casi todas las zonas de ladera del Guadalfeo, gran cantidad de cerámica, bien procedentes de los arrastres provocados por las avalanchas como por tratarse de yacimientos que han sido demolidos por la máquina moderna.

Por ello es preciso hacer un recuento de los lugares donde se han detectado materiales, sus diversos tipos y funciones.

Así, pues, partiendo de Lobres, podemos enumerar los siguientes puntos detectados como yacimiento arqueológicos romanos:

  • Lobres: cerámica, tégulas funerarias y de cubiertas de casas, sigillata variada y gran cantidad de restos de ánforas.
  • Pataura: se encuentra en frente de la anterior, al otro lado del río Guadalfeo y registra los mismos tipos de materiales.
  • Molvízar: es un centro de producción de cerámica de carácter industrial. Hoy se puede ver directamente, junto a la fábrica partidora de almendras, un vertedero de materiales de desechos con más de seis metros de espesor. Por ello es lógico concluir que la agricultura es el medio de vida de esta comunidad. Las ánforas encontradas en estado fragmentario entran dentro de los tipos clasificados como olearias, vinarias y de grano. Si tenemos en cuenta que la agricultura de esta villa no ha variado apenas, salvo las modernas transformaciones con los subtropicales, no resulta difícil considerar que los análisis sobre la cerámica industrial son concluyentes. Por tanto, los productos básicos de su agricultura son: el aceite, el cereal y la vid.
  • Salobreña: Son las cercanías de este núcleo urbano las que han jugado el papel industrial. Así, podemos citar las zonas del Monte Hacho, donde se puede ver tanto la cerámica del mundo del Bronce, como la fenicia y romana. Son muy numerosos los fragmentos de cerámica detectadas en este lugar con primacía de los pertenecientes al citado Bronce sobre los demás. Del período correspondiente al mundo ibérico, hay numerosos fragmentos de los que destacan los calathos. En el capítulo de arqueología se hará una descripción detallada de los fragmentos seleccionados como más relevantes. En este mismo yacimiento se ha detectado también cerámica campaniense, sigillata y común.

En el paraje denominado los «Barreros» , centro tradicional de fabricación de cerámicas, se encuentra el área de fabricación y producción mayor de los hasta ahora descubiertos en toda la comarca de la costa granadina. De este yacimiento se ha extraído cantidades enormes de material de desecho y piezas completas, como se dijo más arriba. Cuando se llevó a cabo la terminación de la carretera Salobreña-Motril, hace ya varias décadas, se utilizaron decenas y decenas de camiones de material extraído del Monte Hacho y de los Barreros respectivamente, siendo gran parte de él, sobre todo el de los Barreros, material cerámico romano.

Mientras tenía lugar los desmontes de ambos lugares, como por aquel entonces se hacía a pico y pala, fueron numerosos los ejemplares extraídos completos. Con ello se piensa que había almacenamiento de envases y depósito de desechos. En la actualidad se ha podido rescatar gran cantidad de fragmentos pertenecientes a un mismo tipo de fabricación de ánforas, donde se puede apreciar la finalidad de las mismas.

En resumen podemos decir que este era el lugar donde se fabricaban y de aquí se destinaban a los centros de envase, casi con toda certeza, a los centros agrícolas y pesqueros.

Muy cercano a este lugar se encuentra el cementerio y colinas próximas, donde se encontraba un complejo industrial de hornos cerámicos. Aún hoy se puede ver parte de sus muros camuflados con los del cementerio.

Otros de los centros en donde se ha fabricado cerámica, ha sido en el Monte de los Almendros, en donde, además, había hasta no hace mucho, restos de hábitat romano. La zona más conocida de esta demarcación, es la denominada «Pontiví». Alli se encuentra un manantial de agua potable. que explica el establecimiento de una comunidad en cualquier momento de la historia local. Se ignora cuándo se inició la utilización de dicha fuente que posee conducciones para su aprovechamiento.

Pero lo más trascendente, desde el punto de vista arqueológico,  es el hallazgo de las piezas numismáticas correspondientes a la fase republicana de la historia romana local. No se trata de una simple secuencia de monedas hispanorromanas sino que es el índice de punto de partida para demostrar los contactos de la comunidad de Selambina con los centros industriales y comerciales del interior de la Bética. Estas monedas constituyen el testimonio inequívoco de unos lazos comerciales con Obulco (actual Porcuna), Patricia (Córdoba) y Cástulo. Las monedas más relevantes son las atribuidas a la localidad de Cástulo (Cazlona, cerca de Linares), cuyo estudio arqueológico se verá más adelante.

En los tipos de Obulco, las monedas muestran motivos agrícolas, como la espiga y la uva en el reverso de la moneda.

La colonia Patricia, fundada por Marco Claudio Marcelo en el año 119 a. de n.e. da abundantes piezas en toda la zona, pero principalmente aquí, con ejemplares muy relevantes.

Sorprendentemente, desde el punto de vista histórico general, es más abundante la moneda iberorromana que la propia romana de época republicana e imperial.

Como es natural, los contactos con las demás comunidades marinas era cosa normal. De ahí que se registren monedas de Malaca, Gades y Abdera. Los ejemplares numismáticos de Carteia contienen un alto nivel significativo, ya que son dos colonias de fundación digamos tardía. Pero lo más relevante es que las monedas de Carteia, ciudad costera, son de las más antiguas que se conocen como fenicio-romanas. Esta ciudad fue fundada por Gayo Canuleyo en el año 171 a. de n. e. y ha dado ejemplares numismáticos aun sin clasificar, ya que son variantes producidas sobre los tipos republicanos romanos que no cesan de aparecer en las nuevas prospecciones arqueológicas.

En contraposición a esto, hay que decir que las monedas aparecidas en el casco urbano ofrecen una cronología más amplia y con ejemplares de muy variados momentos de la historia romana de la ciudad. Los más numerosos pertenecen al Imperio, como se verá más adelante. Pero es indicativo que aparezcan monedas púnicas en el mismo, como el caso de Malaca.

Otros de los parajes que han registrado gran cantidad de material ha sido el Peñón de Salobreña. En efecto, podemos decir con toda seguridad que en este lugar ha habido hábitat humano romano, aunque tan sólo haya sido un puesto de guardia. Es claro que fue un islote, como podemos ver en los mapas geológicos. En él ha aparecido gran cantidad de cerámica doméstica con algunos ejemplares en perfecto estado de conservación. Con relación a la numismática, también bastante testada, la práctica totalidad pertenece al Bajo Imperio.

Las pruebas testimoniales de la red de factorías de salazones en la cuenca del Guadalfeo, las tenemos en la parte baja del casco urbano de Motril. En esta zona se pudo identificar un depósito de agua destinado a la salazón, tal depósito, tipo albercón, tenia las siguientes medidas: largo, 20 m; ancho, 10 m; profundidad, 1,60 m aproximadamente. Pero no se descartan otros fines como la agricultura o abastecimiento urbano (?)

El punto trascendental de la economía de estas regiones se fundamentaba en las comunicaciones. Se sabe que los romanos fueron quienes llevaron a término el mayor esfuerzo por establecer contactos de los urbes hispanas entre sí, y éstas, con la metrópolis, Roma.

Aparte de la comunicación más fácil, que se realizaba por mar, hay que pensar que para llegar a él, es necesario roturar, talar y hacer accesibles unas comarcas con otras.

 

 

DOCUMENTACIÓN RELATIVA AL CASTILLO DE SALOBREÑA

 

Datos arqueológicos de época reciente.

Navarrete Enciso, Mª Soledad. «La cultura de las cuevas con cerámica decorada en Andalucía Oriental». Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada, Vol. I, 1976.
1.- Excavación de la Cueva del Capitán.
La estratigrafía del corte realizado en la cueva del Capitán presentó los siguientes niveles y materiales:
El nivel superficial, con tierra rojiza, muy suelta, contenía gran cantidad de piedras y algunos fragmentos amorfos de cerámica a mano y a torno, así como huesos de animales.
El nivel I, con tierra marrón-rojiza, compacta y uniforme, con bolsadas de carbón y cenizas, proporcionó  cerámicas de superficie lisas, junto con fragmentos decorados. La tipología de su forma corresponde a la de cuencos esféricos y semiesféricos, de paredes rectas, y vasos globulares con cuello marcado. Los tipos de asas corresponden a las denominadas de mamelón y asas verticales y horizontales. Esta cerámica, tanto la lisa como la decorada, es de pobre calidad, la decoración se realiza a base de cordones en relieve, incisiones toscas en los bordes de los vasos, incisiones en espiga, y bordes ondulados; en algunos fragmentos, la superficie está recubierta de almagra.
Otros materiales procedentes de este nivel son las pequeñas hojas de sílex, una espátula de hueso, un fragmento de brazalete de pizarra, una hachita votiva de piedra basáltica, dos fragmentos de anillo de hueso, abundantes restos de huesos de ovi-cáprido, y, finalmente, un fragmento de mandíbula, otros de cráneo y un diente, todos humanos.
El Nivel II, que se inicia a los sesenta centímetros de profundidad, lo compone una tierra de color beige-grisáceo, poco compacta y mezclada con pequeñas piedras y fragmentos de toba blancuzca.
Sus materiales se integran por cerámica lisa y gran número de fragmentos cerámicos decorados con incisiones simples, cordones de incisiones, incisiones en series paralelas, formando zig-zag, todo ello con gran complejidad de motivos y de técnica. Junto a esto, hay bastantes fragmentos con decoración impresa a base de concha, peine y matriz dentada; estas cerámicas, de mejor calidad que las anteriores, tienen las superficies bruñidas y las impresiones rellenas de pasta roja.
El nivel III, de tierra marrón, es de gran pobreza arqueológica, ya que presenta tan sólo algunos pequeños fragmentos de cerámica, amorfos, generalmente sin decoración, excepto algunas con incisiones o con impresiones, y un fragmento de brazalete de concha.
El nivel IV, de tierra negra, es casi estéril, salvo escasos y pequeños fragmentos de cerámica, lisos y amorfos, junto a algunas esquirlas de hueso animal.
Tras este nivel, y a un metro de profundidad, una capa estalagmítica sirve de base al relleno.
 

Datos geográficos árabes

Al-Himyari. Qitab ar-Rawd al-Mictar. SALUBINIYA.- Villa habitada sobre el mar. Se encuentra a 10 millas de Almuñécar (al-Munakkab). Los plataneros y las cañas de azúcar florecen aquí maravillosamente. Sin duda de ella, el maestro Abu Ali as-Salubin toma su nombre. Se dice que Salobreña hace frente sobre el litoral opuesto de África Norte, al puerto de Melilla (Malila), la distancia que les separa se salva en dos -magra-.

Datos geográficos musulmanes

YAQUT
«Mu’ yam al-buldam»
SALUBINIYA.- Es el nombre de un castillo (hisn) en al-Andalus, dependiente de (min a, mal) de la cora (kura) de Elvira, junto al mar. En él hay abundantes platanares, caña de azúcar y encinares. Es originario de ella el gramático Abu, Ali  ‘Umar b. Muh.b. ‘Umar al-Azdi, destacado imán, residente en Sevilla, quien todavía vive o ha muerto hace poco según me contó Abu allah  Muh b. ‘Abd allah al-Mursi, conocido por Ibn abu-l-Fadl, uno de sus discípulos.
En su subsuelo (de Ilbira, Elvira) hay yacimientos de oro, plata, hierro cobre y de tutis o azogue, situados en un castillo (hisn) llamado Salobreña (Salubiniya).
 
IBN AL-JATIB
«Qitab Amal Al-alam»
Ben Radimiro marchó hacia la costa, atravesó la provincia de Moclín de las Alpujarras, donde los habitantes no esperaban nada parecido. Un jeque de esta parte del país aseguraba que cuando el rey pasó por el valle de Salobreña, que está estrechamente encerrado entre rocas y muy escarpadas, dijo en su lengua a unos de los principales caballeros: » Qué tumbas si desde arriba alguno echase arenas sobre nosotros!». Después tomó a la derecha (hacia Almuñécar, forzósamente) y llegó hasta Vélez, cerca del mar. Mandó allí construir un pequeño barco y ordenó que pescaran algunos peces, de los que se alimentó. ¿Hizo esto por cumplir un voto, o solamente para que se hablara después de ello?
 

«Libro de las luces brillantes acerca de las Historias de la dinastía Almorávide».

IBN ASSAIRAFI

Bajo la dominación de los almorávides, cuando las armas del hijo de Ramiro eran todavía victoriosas…los aliados cristianos de esta provincia recibieron esperanzas de saciar su rencor y de erigirse en señores del país. dirigiéronse, pues, al hijo de Ramiro enviándole cartas sobre cartas y mensajes tras mensajes, en súplica de que se aprestase y viniese sobre Granada; y como viesen que dudaba, le enviaron un registro que contenía los nombres de doce mil de sus mejores combatientes, y en el cual no habían apuntado a ningún viejo ni a ningún adolescente. Informáronle también que además de las personas allí nombradas, y que ellos conocían porque moraban en su vecindad, había otras muchas que estaban ignorantes del caso por vivir a gran distancia; pero que se descubrirían tan pronto como el Rey en persona se dejara ver. De tal modo le inspiraron el deseo de intentar la empresa y trataron también de mover su curiosidad y excitar en su interés describiéndole todas las excelencias de Granada, con que aventaja a todos los demás países; su dilatada vega, sus copiosas producciones, su trigo, su cebada, su lino, su abundancia en seda, en viñas, en olivares y en toda clase de frutos; sus muchas fuentes y arroyos, su fortísima alcazaba, el dulce carácter de su pueblo, la urbanidad de sus ciudadanos, la belleza de sus nobles y de sus mujeres. Añadieron que, una vez conquistada esta bendita ciudad, le serviría de punto de partida y apoyo para conquistar otras; y, finalmente, que esta comarca, según se leía en las historias de ella, había sido nombrada por los Reyes la joroba (es decir, la mejor parte) de España.
 

Crónica de los Reyes Católicos

H. PULGAR

Documentos sobre la conquista de la villa, y el cerco de 1490.
Entregadas aquellas çibdades (Baza, Almería y Guadix) e sus tierras, luego los alcaldes moros que tenían las villas e fortalezas de Salobreña e Almuñécar e todas las otras villas e castillos e fortalezas de los moros que quedauan por ganar en el reino de Granada, vinieron de su voluntad e las entregaron al Rey e a la Reyna; los quales pusyeron en ellos los alcaydes e gentes que las guardasen. E porque sí echasen de las villas çercadas a los moros que las morauan creyan que la tierra se despvlaría; ovieron consejo de dexarlos en ellas por mudéjares, con sus mugeres e fijos e bienes. Los quales fizieron al Rey e a la Reyna seguridat e juramento, segúnt su ley de ser sus leales súbditos e vasallos, e de no rebelar contra sus mandamientos, ni dar fauor ni ayuda, ni avisar por ninguna vía que fuese al rey e moros de Granada, no a otros algunos, contra el servicio del Rey e de la Reyna…
Fecha la tala de este año (1490) que fizo el Rey de la Vega de Granada, e buelto para la çibdat de Córdoua, el rey de Granada, con ayuda y esfuerço que les dieron algunos de la çíbdat, e los que morauan en las serranías que son a la parte de la Syerra Nevada, salió de la çibdat con mucha gente de moros a pie y a cavallo, e çercó el castillo de Alhendín.
Después que los moros tomaron aquella fortaleza, e la derribaron, cobraron maior ánimo para guerrear; e salieron de la çibdat de Granada con mucha gente de a pie e de cavallo, e fueron contra otras dos fortalezas que son entre la çibdat de Guadix e Almería: la vna se llama Marchena, e la otra Bolodux…E como el rey moro se vido victorioso por la toma de aquellas fortalezas, considerando que no tenían puerto de mar por donde pudiesen aver mantenimientos de Africa, acordó de çercar la fortaleza de Salobreña, que es çercana a la mar. E poniendo en obra este acuerdo, tornó a salir de la çibdat de Granada, con mucha gente de pie e de cavallo, e çercó aquella villa e su fortaleza…
Los moros que avían quedado por mudéjares en la villa (de Salobreña), pospuesto el juramento de fidelidat que fizieron al Rey e  a la Reyna, dieron lugar al rey moro para que entrase en la villa, e ayudaron a los moros con armas e vianda, e las otras cosas que ovieron neçesario para cercar la fortaleza. El alcayde que en ella estaua, puesto por Francisco Ramírez de Madrid, que tenía el cargo prinçipal de aquella fortaleza, con otros algunos cristianos que entraron a le ayudar, púsose en defensa, e repartió las estanças en los lugares por donde los moros querían conbatir. Sabido ésto por don Francisco Enrriquez, capitán de la çibdat de Vélez-Málaga, e por otros alcaides e capitanes que estauan en la comarca, vinieron para entrar en la villa, para la defender, pero no lo pudieron hazer, por la multitud de los moros que por todas partes la tenían çercada.
Visto por aquellos capitanes cristianos que no podían entrar en la villa, e que era pequeño número para pelear con los moros, pusiéronse en una peña que estaua çercana a la mar, donde ni los moros a ellos, ni los cristianos a los moros, podían fazer daño; pero esfuerçauan a los de la fortaleza, diçiéndoles que se detuviesen, porque prestamente venía el Rey a los socorrer. E en aquella manera los moros tovieron çercada aquella fortaleza, combatiéndola por espaçio de diez días.
Sabido por el Rey cómo los moros tenían çercada aquella villa, e que el alcayde e los que con él la guardauan estauan en muy grande aprieto, por los continuos combates que los moros les dauan, partió de la çibdat de Caordoua con la más gente que pudo aver, e apresurando su camino llegó çerca de aquella villa, para la socorrer. Sabido por el rey moro cómo el Rey venía en socorro con gente, luego alçó el real que tenía puesto, e bolvió con toda su hueste para la çibdat de Granada. E así quedo aquella villa libre. Y el Rey e la Reyna fizieron merçedes al aldayde e a los que con él estauan y la defendieron, por los trabajo que ovieron en la defender, y porque fueron constantes contra los conbates que sufrieron, e miedos que les eran puestos por los moros que los tovieron çercados.
E aquí en esta fortaleza metió por un postigo al alcayde Pulgar en ella setenta omes. E aviendo falta de agua, por mengua de la qual los moros la esperauan tomar, porque perdiesen aquella esperança, los fizo desde el adarve colgar un cántaro della; y en albricias del combate con que amenazaban, les dió una taza de plata: que fué causa que, como los cercados se esforzaron, los cerdadores se alzaron,
 

«CRÓNICA DE LOS REYES CATÓLICOS»

H. PULGAR

Otrosí, dos capitanes moros, el uno se llamaua Aliatar, que estaua apoderado de la villa e fortaleza de Alhendín, e otro que se llamaua Iça Alatar, que estaua con gente de moros en la villa de Salobreña, guerreauan desde aquellas fortalezas a los moros de Granada, que estauan por el rey moro, e a todos los cristinaos e moros que estauan en las villas e lugares que se avían ganado los años pasados. Y trayan caualgadas, e tomauan continamente catiuos, a facían tan cruda guerra, que el capitán mayor e los otros capitanes e alcaydes de las çibdades e villas que estauan por el Rey e por la Reyna no lo podían resistir.
Otrosí, los moros de la çibdad de Almería, e de Tavernas, e los que morauan en el valle de Purchena, e de todas aquellas partes, entrauan en la tierra de los cristianos, que son a las partes de Lorca e Murcia, e tomauan onbres cativos, e llevauan ganados, e facían cruda guerra en aquellas comarcas.
E para prouer a estos daños, el Rey e la Reyna enbiaron a mandar a Juan de Benauides, e a Garçilaso de la Vega, que fuesen con gente de cavallo para resistir a los moros por aquellas partes e fazerles guerra. Otrosí, enbiaron a Francisco Remírez, secretario, que tenía cargo de artillería, con sus cartas para todos los cavalleros e çibdades e villas del Andaluzía que son en aquellas partes, mandándoles que se juntasen e resistiesen aquellos daños que los moros facían.
Los quales, cunpliendo el mandado del Rey e de la Reyna, se juntaron e resistieron las guerras e cavalgadas que aquellos moros facían, e vinieron con ellos a algunas batallas e recuentos, donde murieron algunos cristianos e moros. Pero porque aquellos capitanes moros estauan en castillos roqueros, do no avía salvo gente de guerra, nunca çesauan de façer guerra por todas partes que podían a los cristianos.
 

DERECHO DE ASILO (documentación tomada del archivo municipal e Murcia)

Cartulario Real (1.484-1.495)

Córdoba, 1.490, octubre 12.

Este es trasladado bien e fielmente sacado de una carta de perdón del rey e de la reyna nuestros señores, escrita en papel e firmada de su nombre e sellada con su sello de çera colorada en las espaldas, según por ella pareçía, su thenor de la cual es este que se sigue:
Don Fernando e doña Ysabel, por la gracia de Dios, rey y reyna de Castilla, de León, de Aragón, de Toledo, de Valencia, de Gallicia, de Mallorca, de Sevilla, de Cerdeña, de Córdoba, de Córcega, de Murcia, de Jahen, de los Algarves, de Aljezira, de Gibraltar, conde e condesa de Barcelona, e señora de Vizcaya e de Molina, duquesa de Athenas e Neopatria, condes de Rosellón e de Cerdania, marques de Oristan e de gociano. Al ilustre príncipe don Juan, nuesro muy caro e muy amado fijo, e a los infantes, prelados, duques, condes, marqueses, ricos omes, maestros de las hordenes, priores e a los de nuestro consejo e oidores de la nuestra abediencia e al nuestro justicia mayor e a sus lugares tenientes e a los alcalles e alguaziles de la nuestra casa e corte e chancillería e a los comendadores e subcomendadores e alcaides de los castillos e casas fuertes e llanas e a todos los concejos, corregidores e asistentes, alcaldes, alguaziles, merinos, regidores, cavalleros, escuderos, oficiales e omes buenos de todas las çibdades e villas e lugares de los nuestros regnos e señoríos, e otras quelesquier personas nuestros vasallos, subditos y naturales de qualquier ley, estado o condición, preeminencia o dignidad que sean o ser puedan, que agora ser o seran de aquí adelante, e a cada uno e qualquier de vos a quien esta carta fuere mostrada o el dicho su traslado della signado de escrivano publico, salud e gracia.
Sepades que entre las otras cibdades e villas e lugares que con la ayuda de Dios se ganaron a los moros enemigos de nuestra santa fe catolica, fue ganada la villa e fortaleza de Salobreña, la qual por estar mucho metida en la tierra de los dichos moros, la avemos sotenido a mucho trabajo e peligro de los que en ella an estado e dimos cargo de la thenencia  e guarda della a Francisco de Madrid nuestro secretario e del nuestro consejo, para que fuese nuestro alcaide de la dicha villa e fortaleza, e porque somos informados que para que la dicha villa con su fortaleza sea mejor guardada e defendida, es menester más gente de la que mandamos pagar para que estén en ellas de continuo, entendiendo ser así conplidero a sevicio de Dios y nuestro, es nuestra merced y voluntad que todas las personas omizianos que ovieren fecho e cometido qualesquier muertes e delitos e crimenes y excesos de qualquier natura e gravedad e calidad que sean fasta el dia de sant Miguel de setiembre postrimero que paso deste presente año de la data desta carta acebto aleve o traición o muerte segura o oviere fecho o cometido los dichos delitos en la nuestra corte, la qual declaramos con cinco legua en derredor, que vivieran con sus propias personas a si costa e misión en la dicha villa de Salobreña por termino de doze meses complidos sean perdonados, e por la presente los remitimos y perdonamos toda la nuestra justicia civil  y criminal que nos avemos e podriamos  aver contra ellos e contra sus bienes e qualquier manera por razón de las dicha muertes e delitos e crimenes e excesos fasta el dicho dia de sant Miguel de setiembre e los restituimos en toda su buena fama yn yntregun en el mismo punto y estado en que estavan antes que por ellos fuesen fechas e cometidas las dichas muertes e delitos e crimenes e excesos ecebto si en los tales delitos yntervino aleve e traycion o muerte segura e si ovieren fecho o cometidos los dichos delitos en la dicha nuestra corte como dicho es. Porque vos mandamos a todos e a cada uno de vos en vuestros lugares y jurisdicciones que aqui adelante a las tales personas omizianos que vos mostraren testimonio del dicho Francisco de Madrid nuestro secretario e del alcaide que por el estoviere en la dicha villa e fortaleza que guardades e cunplades e fagades guardar e cumplir esta dicha carta de perdon en la manera que dicha es mostrando vos asi mismo el traslado deste dicha nuestra carta signada de escrivano publico, e guardandola e conpliendola por ninguna ni algunas muertes e delitos e crimenes e excesos que ayan fecho e cometido fasta el dicho dia de sant Miguel de setiembre proximo pasado, con procedades contra ellos ni contra alguno dellos ni contra sus bienes de nuestro oficio ni a pedimento de parte ni del propio fiscal ni por lo de nuestra justicia ni en otra manera civil ni criminalmente ni sobre ellos les prendades los cuerpos ni las firades ni matades ni hagades otro mal ni daño algunos en sus personas ni en sus bienes e si por razon de lo susodicho algunos de los dichos sus bienes les tovierades tomados o enbargados ge los debes e retituyades e fagades luego dar e restituir libre e desenbargadamente sin excusa ni otra dilación alguna, ecebto si en las tales muertes intervino aleve o muerte segura e traicion o si ovieren fecho o cometidos los dichos delitos en la dicha nuestra corte como dicho es aunque ayan fecho o cometido los dichos crimenes e delitos dentro de la quarenta leguas de que se faze mencion en la ley de Toledo. Lo qual todo es nuestra merced e voluntad que así se faga e cunpla en la manera que dicha es por las dichas causas o razones que a ello nos mueven no enbargante que por razon de crimenes e excesos sean fechos contra los quales delinquentes qualesquier procesos e ayan sido dados por fechores e sentenciados y condenados a pena de muerte y a otras qualesquier pena así ceviles como criminales, ni así mismo enbargante la ley que dize que las cartas dadas contra ley, fuero y derecho deven ser obedecidas y no cunplidas, que los fueros y derechos son enbargante la ley de Toledo, que dispone que ninguno que oviere cometido delito dentro de las quarenta leguas del castillo frontero donde sirvieren que non puedan gozar del perdon y privillejo que toviere el castillo frontero; otrosi, non enbargante otras qualesquiera leyes fueros e derechos e ordenamientos, prematicas sanciones asi fechas nin antes como fuera dellas que en contra de los susodicho sean o ser puedan o que las pudiesen o puedan enbargar o perjudicar contra lo qual todo es cuanto a esto atañe o atañer puede en qualquier manera o por qualquier razon que sea, nos de nuestra cierta ciencia e propio mutuo y poderio real e absoluto de que en esta parte queremos usar e usamos como reyes soberanos señores no reconociente superior en lo temporal, dispensamos e con cada una cosa y parte dello que lo pudieran o puedan enbargar o perjudicar y lo revocamos y casamos y anulamos y damos por ninguna e de ningun valor y efecto en quanto a lo susodicho atañe a atañer pueda quedando en su fuerça y vigor para en las otras cosas adelente y porque todos lo sepades y sepan y dello non podades nin puedan pretemder ignorancia, mandamos que esta carta de perdon e su traslado signado de escrivano publico sea pregonada publicamente en esta nuestra corte e en las otras cibdades y villas y lugares de los nuestros regnos y señorios por pregon e ante escrivano publico, E los unos nin los otros non fagades ni fagan ende al por alguno manera so pena de la nuestra merced y de privacion de los oficios para la nuestra camara y fisco e de mas mandamos al ome que vos esta dicha nuestra carta mostrare o el dicho su traslado signado como dicho es, que vos emplaze que parescades ante nos en la nuestra corte de quier que nos seamos del dia que vos emplaze fasta quince dias primeros siguientes so la dicha pena, so lo qual mandamos a qualquier escrivano publico que para esto fuere que de ende al que le mostrare testimonio signado con su signo porque nos sepamos en como se cunple nuestro mandato. Dada en la cibdad de Cordova, doze dias del mes de octubre año del nascimiento  de nuestro salvador Jhesuchristo de mil e quareocientos y noventa años. Yo el rey, yo la reyna. Yo Fernando Alvarez de Toledo, secretario del rey e de la reyna nuestos señores, la fiz escribir por su mandato. Rodrigo, doctor en la forma acordada, Rudericus doctor, Garci Gutierrez chanciller. En las espaldas de la dicha carta estaba escripto lo syguiente: En la noble cibdad de Cordova estando en ella el rey y la reyna nuestros señores, jueves a quatro dias del mes de octubre año desta otra parte contenido, estando en la corredera y plaça publica desta dicha cibdad, ante el mi el dicho escrivano pregonase esta carta de sus altezas desta otra parte contenida. Testigos Bernal de Pisa y Pedro de Cisneros alguaziles de sus altezas, Luys de Arze escrivano de la carçel. Nicolas Gomez escrivano. Fecho y sacado este dicho treslado de la dicha carta de perdon criminal del rey e de la reyna nuestros señores suso encorporada en la villa de Salobreña syete dias del mes de octubre del nascimiento de nuestro Salvador Jesuchristo de mil e quatrocientos y noventa y dos años. Testigos que fueron…etc.
 

Anales de Granada

HENRIQUEZ DE JORQUERA, F.

Gozando de las aguas del mar Mediterráneo, famoso puerto sobre un fuerte peñón casi ayslado, está la fuerte villa de Salobreña, cercada de fuertes muros, buen castillo y famosos baluartes, once leguas de Granada a su mediodía: tiene a Poniente la ciudad de Almuñécar, a tres leguas a su oriente la villa de Motril, a una legua a el mediodía el mar y al norte el valle de Lecrín. Antiguamente estaba continente con tierra firme, oy aislada. Tiene presidio de soldados que la guarnecen con alcaide propietario que es oy el Marqués del Casar, don Pedro Ximenes Enciso, veintiquatro de Sevilla. Habitanla poco más de cien vecinos en una parroquia, con vicario de la diocesis de Granada. Hace por armas el escudo del castillo sobre una peña orlado con esta letra: Salobreña. Cimentaronla los fenices años quinientos y veinte antes de nuestra Redempción, concurriendo a la fabrica los cartagineses a quien algunos atribuyen el origen. Lo más cierto es otro según Florian de Ocampo, Pedraza, y Bleda, llamandola Salambina, corrupto Salobreña. Aunque Pedraza quiere que sea vocablo godo, interpretado castillo fuerte. Abunda de pescado, seda y buen azucar. Conquistaronla los católicos Reyes año mil quareocientos y noventa, dandole la tenencia de su alcaydia en propiedad a Francisco Ramires de Madrid su proveedor  general en premio de sus servicios que oy giçan sys descentientes. Giviernanla los alcaldes hordinarios buen numero de regidores de la hermandad y la jurisdicción del correjimiento de Granada.

Anales de Granada

HENRIQUEZ DE JORQUERA, F.

«…Agora añadiremos el gran trato de labranza del azucar que es uno de los mayores tratos que está en hombres poderosos que sustentan los ingenios de Motril, almuñecar, salobreña, lobres, pataura, y maro en otros lugares de la costa, donde se ecupan en la temporada más de quatro mil personas en los ministerios y oficios de los ingenios; es la mejor azucar y más blanca del reino y se saca para muchas partes; con que el aduana del azucar que se administra en Granada es de importante renta para su magestad, con que todos estos tratos vienen a ser propios y naturales que juntamente llegan embarcaciones, ansi para lo que traen como para lo que llevan…»
 

«Anales de Granada»

HENRIQUEZ DE JORQUERA, F.

«Aça Alatar»
Con el suceso de la villa de Alhendín, picado el alcaide de Salobreña, que también se tenía por el rey Çagal y hacía la guerra contra los moros del valle de Lecrín que estaban en la obediencia del rey Mahomad Abdilli, juntó quatrocientos hombres escojidos con doscientos de a caballo y entró en el dicho valle, haciendo daño en los dichos lugares, prendiendo y saqueándolos. Mas juntándose algunos de los lugares de los guaxaras y albuñuelas con algún favor de los cristianos del presidio de Alhama, que les eran amigos y no ofendían a los lugares del rey Mahomad por estar en amistad con los reyes católicos, dieron en los moros de Salobreña tan de repente juebes veinte y tres de setiembre y los desbarataron, matando y cautivando a muchos, siguiéndolos hasta encerrarlos en la villa.
 

Castillos y fortalezas del reino: Noticia de su estado y de sus alcaides durante los siglos XV y XVI.

Salobreña.-

JULIAN PAZ Y ESPEJO

Fue alcaide de esta fortaleza de Francisco Ramírez de Madrid. Secretario de la Reina, con 250 000 mrs. de salario, nombrado en 20 de diciembre de 1490. Sirvió a los Reyes Católicos desde que sucedieron en el reino, tanto en las guerras de Portugal como en la batalla de Zamora hasta le terminación de la campaña. Asistió después a todos los reales y cercos que se tuvieron en las ciudades, villas, lugares y fortalezas del reino de granada hasta que todo fue tomado y conquistado, sirviendo el cargo de capitán de Artillería con riesgo y peligro de su persona, especialmente en la defensa de esta fortaleza, cercada por el Rey moro que tomó la villa, y estando muchos días combatiendo la fortaleza en persona, fue por mar y se colocó en un peñón cerca de la villa, desde donde, cada vez que los moros atacaban la fortaleza, él, con su gente y con la que tenía en los navíos salia a combatirlos, haciéndole cesar, y defendiéndose a sí con gran gasto de su hacienda y pérdida de ganados, hasta que el Rey Católico entró poderosamente en la vega de Granada y los moros huyeron y alzaron aquel cerco.
En la sublevación de los moros de la serranía de Ronda fue con cierta gente, con los capitanes y caballeros enviados contra ellos, donde murió en el combate de Sierra Bermeja.
Estaba casado con Beatriz Galindo y fue su hijo el comendador Fernán Ramírez, casado con doña Teresa de Haro, a quien se concedió la tenencia de la fortaleza en atención a los servicios de su padre (1504).
Por su muerte se hizo merced de la tenencia a su hijo don diego Ramírez de Madrid (1529) para él y para su hijo,  si falleciese, o en su defecto para Nuflo Ramírez, su hermano.
Después fue alcalde el capitán Juan de Velasco. En 1494 se libraron 225000 mrs. para reparar un adarve de la fortaleza que se cayó «cuando tembló la tierra».  En 1526 su armamento consistía en media culebrina quebrada; nueve ribaduquines: tres quebrados, seis maltratados y todos sin cureñas; un tiro de hierro; un morterete de metal; 20 quintales de pólvora; 25 ballestas de acero sin aparejo: 150 ballestas de palo, del tiempo viejo; 30 celadas viejas;  11 espingardas viejas; 200 docenas de almacén viejo, sin hierros.
Esta fortaleza era una de las más importantes de la costa de Granada a la parte de Poniente. Por su naturaleza era de los más fuertes sitios que podía haber, por estar fundad sobre una peña tajada, muy alta, que caía al mar. Era de todas suertes de obra de cantería y tapiería; grande y necesaria para defender la playa y el puerto, que era donde las fustas y navíos de moros hacían aguada, llevándose al mismo tiempo lo que podían. En ella se recogían las mujeres y los niños cuando había peligro de enemigos, y era amparo de los lugares cercanos en estos casos.
A finales del siglo XVI se hacían en ella obras por valor de 1725 ducados.
 

«Guerras civiles de Granada»

PEREZ DE HITA, G.

Datos sobre los moriscos.-
«…y así luego Abenabó mando que el campo marchase de vuelta de Almuñécar y Salobreña llevando todo el aparato necesario de escalas y municiones y otros pertrechos de guerra. Mandó Abenabó que el campo se partiese en dos partes; y cada una diese en su lugar y todos a un tiempo y sazón.  Los dos campos luego marchan y no paran hasta llegar a los dos lugares referidos, a los quales así como llegaron les pusieron terrible cerco començándolos a combatir muy fuertemente con mucha escopetería. Otros arrimavan escalas para subir a lo alto de las almenadas murallas y torreones; mas poco vale su recio acometimiento, porque los dos lugares famosos estavan fortificados de muy buenos soldados que con valeroso ánimo defendían sus plaças queriendo más morir que dexarlas perder. En Almuñécar estava un valeroso capitán, llamado Don Lope de Valenzuela, el qual en defensa de su plaça, hazía maravillas matando muchos de los moros. No menos mostró grande valor la gente de Salobreña ni menos daño hizo en la gente de Abenabó que Almuñécar, a donde estava por capitán un maravilloso soldado llamado Don Diego Ramírez. Finalmente Abenabó, visto no poder salir con su pretensión, con su campo le convino retirarse dexando al pie de las fuertes murallas muchos de sus moros muertos..».
 

SERVICIO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA

Mar y Tierra, Leg. nº 1, Año anterior a 1528.
En una relación de la costa de Granada, según reconocimiento hecho de los puntos que existían fortificados después de la conquista, figuran: Gibraltar, Estepona, Marbella, Fuenjirola, Mijas, Benalmádena, Málaga, Gibralfaro, Bizmiliana, Torre del Mar, Bentomé, Nerja, Almuñécar, Salobreña, Castell de Ferro, Albuñol, Adra y Alamedino.
 

Transcripción de de textos manuscritos.-

Documentación militar de España.

ARCHIVO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA (sin fecha)

«En la fortaleza de Salobreña hay quarenta y siete personas, los diez de caballo y seis escuderos a pie y quatro espingarderos y doce Vallesteros, y quinze lanceros; devense a algunos ocho meses e a otros a seis meses e a otros a quatro e a menos.
Escuds.    y    espings                          Vallests                          Lanceros
        10                                                     12                                    15
Que le pareció al dicho Comendador que hay…gente y buena è quel Alcayde es persona diligente è de recaudo è que la gente esta bien armada.
Que hay ocho ribadoquines y un quar…….con doscientas pelotas para ellos, Que hay Quarenta espingardas, diez barriles de Polbora, que hay quinientas vallestas de palo, que quinientas vallestas de azero con treinta aljabas, que hay quinientos terciados, quarenta pares de coraza podridas, diez docenas de almacen. Item doscientas lanzas, veinte é quatro paveses è ocho adargas. Que tiene recabdo de picos è azadones y palas de hierro y palancas, un quintal de plomo.
Que hay en la dicha fortaleza doscientas fanegas de trigo poco mas o menos.
Item que no hay arina sino cebada sino carne, que no hay vino sino obra de quarenta arrobas del alcayde, que se hizo vinagre, que abra cinquenta arrobas de azufre, que ochenta quintales de vizcocho. Que hay en la dicha fortaleza quatro estanzas de vela en que entran doce hombres y doce de media noche abajo, y diez rondas.
Que en lo que agora se labra hay buen recaudo y que aquello selabra es necesario para la fortaleza, y que hay fechas cinquenta tapias de siete pies en ancho y estan comenzados a faser tres cubos quel uno dellos  sube de dos estados y medio el alto, y que la dicha obra va buena y de buena mezcla, la qual dicha obra se hace a destajo, y cuesta cada tapia seiscientos e cinquenta maravedis.
Que tiene necesidad de se reparar una torre de las buenas de la fortaleza que está hasia la parte de la tierra y que no reparando podrá caer.
Que la fortaleza tiene tres aljives que las dos estan de dentro del cuerpo y que el agua del uno se enbebio este verano y que el otro esta fuera de la barrera y que tiene mucha agua.
 

Mar y Tierra.-

Costa de Granada.

(Reconocimiento de la costa de Granada hecho por maestre de campo Antonio Moreno, con ayuda del ingeniero Francisco Aguilera, que sacó de dicha costa «en descripción y pintura», que no ha sido hallado por Aparisi, hallándose presente dicho Antonio a lo que el ingeniero hizo. Comenzó el reconocimiento por Gibraltar el cinco de noviembre y terminó la visita el cuatro de diciembre y constan en la relación los nombres de todos los puntos y puertos que fueron reconocidos, situación de los vigías, especificando dónde había terreros. Al margen van reseñados todos los lugares con sus nombres; las citas hechas son 260, y se refieren al plano levantado cuya pérdida es de lamentar.)
» Copia de la relación que dio Antonio Moreno de los puertos y calas aguadas y abrigos que ay en la costa del reyno de Granada, con las leguas que ay de unos a otros cuya operacion hizo de orden de S.M. llevando consigo a Francisco de Aguilera Ingeniero, el qual saco la dicha costa en descripcion y pintura hallandose presente dicho Antonio a lo que el ingeniero hizo».
«…y luego más adelante esta la torre del medio adonde ay dos guardas; y desde esta torre a Almuñecar podra aver una buena legua…al levante de esta torre vien cerca della esta la cala los Maymonetes, de aqui adelante no ay cala ninguna hasta la torre del Cambron, que tiene esta torre tres guardas ordeinarios;  poco más adelante esta la cala las viñas que sera un tiro de alcabuz de Salobreña».
 

Descripción del castillo de Salobreña.-

» Luego esta Salobreña, es Salobreña una fortaleza muy importante adonde tenia en el pueblo como quarenta vecinos debajo de una cerca y demas desta cerca esta el Castillo en muy buen sitio y muy fuerte, en este Castillo andan maestros reparando cosas que ay que aderezar de que tiene arta necesidad. Es de la fortalezas que el Marques ha mandado reparar, y asi por su orden se hace al presenta el dicho reparo. Tiene este Castillo siete piezas de Artilleria en que ay un Cañon y una media culebrina y los demas son sacris pequeños, y todos estan en el suelo sin que ninguno pueda servir por que tienen rotas las Cureñas y ruedas salbo el cañon que era en cabalgado, y siendo esta plaza de grande importancia asi por ser muy fuerte como por estar en gran comarca y sitio, no tiene guarda ninguna por que dice el alcayde que Don diego Ramirez cuya es la tenencia le escrivio pocos dias ha que despidiese hoy hombres que tenia alli, y aun el se fuese siguiese por que no queria pagar gente pues el Rey no se lo pagava, y que dejase uno solo portero y no con otra persona que sea obligado a hacer en el guardia y residir alli, Ay en Salobreña diez soldados alcabuzeros y Vallesteros de la compañia de Don Luis de Valdivia, y un escudero que sirve acaballo, y estos soldados hacen guarda en dos partes de cada noche, una puesta a laparte de lamar dentro del cercado de la villa y otra a la parte de la tierra. Pueden salir de Salobreña de los vecinos de la tierra como veinte y cinco hombre con armas a alguna necesidad que ocurra. Desde Almuñecar a Salobreña ay tres leguas todas de tierra aspera a donde no pueden servir caballos sino en un poco de llano que ay en el valle de Almuñecar, luego esta su plaia que va como media legua pequeña hasta el rio de Motril, y pasado del entre la mar y el Algoryda esta una estancia que llaman Trasael Ramal adonde ay dos hombres ordeinarios de guarda. Desde esta estacia hasta la torre el bajadero habra una legua pequeña y es todo plaia adonde ay junto a ella una gran cantidad de…que como dicho tengo llaman Algayda que estodo pantano. Desde esta torre al bajadero media legua pequeña la tierra adentro esta Motril.
A.H.M.E. Leg. 165. Año 1567.

 

REGISTRO DEL CONSEJO. Lib. 30 Año 1575.

Extracto de la cédula de 25 de mayo dirigida al Gobernador de Granada pidiendo informe sobre ciertas dehesas de los Reyes Católicos, dejaron consignadas las rentas para la reparación de los muros de salobreña.
«Por cedula dirigida al Corregidor de Granada de 25 de mayo de 1575 se le pidio informe sobre si se reparaban las murallas de Salobreña y si aplicaban a ello las rentas de ciertas dehesas que los Reyes Católicos dejaron a la villa con este objeto -Que deshesas eran estas y en donde estaban, que rentas producian y si se empleaban en ellas – si el corregidor las habia aplicado a los propios y con que licencia -con otras particularidades sobre esto».
 
Reclamacion de D. Pedro de Granada Venegas.
Don Hernando Urtado de Mendoza. Capitán General de la costa deste reino de Granada.
Por cuanto su magestad mando despachar una su célula real a mi dirigida cuyo tenor es.
El Rey. Don Hernando Hurtado de Mendoza, mi capitan general de la gente de guerra de la costa del (reino) de Granada, haviendose visto en el mi consejo de guerra lo que por mi mandato ynfor(masteis) sobre la pretension de Don Pedro de Granada Venegas mi alcalde del castillo de Salobreña ti(ene que) se le den las dos tercias (partes de su sueldo en bastimentos como sus anteçesores en aque(lla fortaleza) en que deçis que no se les acostumbro dar sino a sus tenientes cinquenta mil maravedis qu(e se) señalaban en bastimentos a cuenta del sueldo del propietario alcaide y que al dicho don Pedro se le podían dar catorze hanegas de trigo al mes que es una para cada peon de los ca(torze que) deve tener teniendolos y otras seis hanegas de trigo al mes al dicho don Pedro a s(u persona) y residiendo en dicha fortaleza y no de otra manera tengo  por bien y es (mando) que asi como os pareçe lo ordeneis residiendo el dicho don Pedro en la dicha fortale(ça) los dichos peones y no de otra manera para cuyo efecto tomaran la razon (los) mis veedores de la dicha gente de guerra y el mi contador de la sazon del su(yo. Dada) en Madrid a cinco de março de mil quinientos y noventa y cin(co años). Por mandato del rei nuestro señor, Andres de Prada. Tomose razon de esta çe(dula en) sus libros de los veedores de la gente de guerra de este reino de Granada Mig(uel) Montero. Tomose razon de esta çedula de su magestad en sus libros de la general del sueldo de la gente de la costa de este reino de Granada. Josephe Perez de la Parra.
Por tanto en vi(rtud de la ) cedula real por presente mando al tenedor del bastimento que al presen(te e en a(delante fuere de la gente de guerra del partido de Motril en cuyo distrito cae la (villa) de Salobreña que de al dicho don Pedro de Granada Venegas alcaide de ella las veint(e hanegas) de trigo que su magestad es servido se le den al mes a quenta de su sueldo que tienen en la dicha (villa) residiendo en ella y teniendo los catorze peones que es obligado y no de otra ( manera) tan solamente en virtud de su traslado de la presnte y por çertificacion del co(ntador) que es o fuere de la quadrilla de la dicha fortaleça el qual a de çer(ti)ficar su prensen(cia) y servicio de dicho alcaide y velas poneindolos por sus nombres en  (una) certificaçion y por cada peon que faltare del dicho numero le dexara de li(brar) una fanega de trigo, tomando carta de pago del dicho don Pedro que es la orde(n)se tiene, sin que por esto sea visto ynobar en nada de las que estan dadas par(a) (el) hacer de las vexas. el qual dicho trigo se a a de dar( para desde çcinco de m(ayo) de este año en adelante que su magestad fue servida mandarlo (en)cuyo efeto tomaran la razon Miguel Montero, veedor de guerra en los libros de su cargo y Josephe Perez de la Parra en los del suyo de la razon general del sueldo de la dicha gente y diego Montero contador de la dicha quadrilla de Salobreña. Dada en Velez a dos de abril de MDCV años.
Don Hernando Hurtado de Mendoza (Firmado y reubricado).  (Sella de placa).
Tomo de razon Miguel Montero. (Firmado y rubricado), Tomé la razon en los libros de ella. Josephe Perez de la Parra (Firmado y rubricado. Tome la razon, diego Montero (Firmado y rubricado).
Por cedula de su Magestad (Rubricado).
Para que el teniente de Motril de al alcalde de Salobreña cada mes desde cinco de março de este año veinte fanegas de trigo a quenta del sueldo de su tenencia por çertificacion del servicio de su persona y peones que deve de tener que dara el contador de la quenta de aquella fortaleza (Rubricado).
30    18 ARCH. Cab. 202. Leg 6276. p 5.
 

SERVICIO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA. Año 1722

Relación del puerto. Peñón. Contorno de la vailla de Salobreña.

SALOBREÑA.-

«En primer lugar la villa de Salobreña, puerto de mar en la costa del Reino de Granada, caveza de partido, llamada Salambina por los fenices Cartaxinienses que la fundaron, esta situada sobre la falda solana de un cerro eminente mui escarpado y señido de murallas antiguas ala morisca enella tres puertas de comunicacion conla defensa de un antiguo castillo ocupando su cumbre; hallase diez y siete leguas al levante de Malaga, doce de las de Veles, tres de la de Almuñecar por aquella mesma parte; y al poniente una legua y media de la ciudad de Motril, y Once al medio dia de la de Granada de cuyo Arzobispado es anexa y jurisdiccion, consta de una igledia Parroquial, con noventa y seis vecinos de todos estados; un Acalde maior, juez de letras (Providencia del Correo de Granada) un Alguacil maior y quatro Eexidores; el trato y comercio de los vecinos es de los Azucares, y mieles, frutos de su begas que selabra en un ingenio extramuros; de que la Real hacienda percibe por sus dños, cerca de noventa mil Reales; copropiedad de los campos es de diferentes forasteros, maiorasgos, capellanias, patronatos y algunos de los vecinos. Las aguas de que usan son de un pozo intramuros que es mui caudaloso, y de seis fuentes mui abunantes Cuyas aguas son mui buenas y saludables las que esta fuera y al levante de otra villa a poco trecho del Peñon que llaman de Salobreña situado al levante de un Puerto (del que se hara mencion aparte) de la villa por especial privilexio goza del indulto de Alcavala y el producto de las demás rentas Reales y provinciales, juntas con las del azucar importan de cerca de 100t Reales. Los lugares de su Jurisdiccion son Molvizar, con 120 vecinos situados a la falda de unos montes poblados de viñas distante de este una legua norte oeste; sigue una legua mas arriba en tierras quebradas y montuosas los dos lugares de los Guaxares de 10 vecinos y el de Lobres de 120, situado en medio de su llanura levantado de cañas dulces, adornado de varios arboles de limon y naranxas distante tres quartos de legua a la vista de la villa de Salobreña, segun como lo demuestra el mapa adxunto sobre dos leguas de largo este oeste lindando con el mar por una grande y hermosa bahia que llaman la Plaia de Motril, y medio de ancho. Rodeada de montes por la parte de tierra, las vegas y campos de Motril, Lobres, Pataura y Salobreña, plantados de cañas dulces que se labran en sus molinos o ingenios que se hallan repartidos en otras poblaciones de cuio producto percive S.M. por sus dexos, cerca de un millon de Reales.
Riegan otros campos el rio llamado Guadalfeo o de Motril como se ve en la … mapa el que se compone de diferentes manantiales que baxan de sierra nevada, el pral de ellos sale de una laguna que llaman del Paul distante ocho leguas al norte de la villa de Salobreña y tres de la ciudad de Granada donde es Jurisdiccion, la qual Rve el Rio Veleta, y otros, agregandoselos, a estos dos de Jate (de una de las vertientes del de Prdre de Torrente, de Nigüelas, de Tablate, de Cañar, de Pocaire, o de treveles, de los Verchules, de Restabal y el de las Albuñuelas; estos rios corren por las tierras del valle de Lecrin, taa de Orxiva y parte de las Alpuxarras, juntandose en el sitio llamado la Junta de los rios, entre otro valle y la taa de araona incorporandose tambien los de Velesillos de Venaudalla (termino de la Juridiccion de Motril) con el de los Guaxaras (termino de la de Salobreña) pasando presuprosas sus aguas entre dos altos y fragosos peñascos que llaman la boca del dragon distante legua y media del mar, entra despues en la expresada vega de Motril, y des emboca sobre la Plaia en el cano llamado quilates, formandose entre pajares por tiempos de las crecientes y avenidas unos  bancos de arena que los levantes arroxan en la plaia y Puerto de Salobreña que dista media legua hacia el poniente, cercano al otro. Uno parte de sus aguas para el riego de las vegas referidas y de camino para hacer moler distintos molinos de pan y de papel de estraza que sirve para empapelar los azucares; sus repetidas avenidas son tan perxudiciales como lo manifiestan los campos en el notable daño que padecen, llenandose cuando crece (que es a menudo) pedazos de las vegas de Motril y de Pataura; en la dextra parte de las de Lobres y Salobreña dexando los baldio inutiles de tal suerte que ningun particular de estos terminos se atreve a labrarlas por no exponerse a pleitos y quimeras con sus leximeos. dueños por lo que solo se cria en ellos ancares y carrizos que sirven para  quemar en los ornos de los ingenios, al parecer y segun los informes dicen los vecinos que S.M. (sobre las representar que le hicieron por parte de los interesados) haciendole presente la imposibilidad en quererle llamar de contribuir a las cargas y pensiones que devian con el motivo de verse sumergidas sus posesiones quando S. M. expedir una orden a la Sala de Granada en el año 1716 para que nombrase persona que entendiese de estos reparos sobre el daño y periudicio que causara este Rio y en su consequencia nombraron  los señores de la Junta Sexeto para que con todo acierto diera cumplimiento a su encargo lo que no tubo tan buen escripto como se prometia sino de exponer a que el Rio entrase con maior velosidad en los campos, por no haber tomado las precauciones, y disposiciones, necesarios,  y el parecer de los peritos, no baliendose tampoco para esto de los materiales oportunos y proporcionados a la importancia de una tan digna obra que debia de dar el ser a los interesados y aumento a la Real hacienda; esta obra se empezo por donde se havia de concluir y en el inter que se efectuase sobrevino unaltra abenida de las que suelen, que se llevo todo lo hecho a la mar. Dicese contribuieron los vecinos quarenta mil Reales para el buen fin de esta obra, causando el daño de seis mil marxales ademas de diez mil que tenian ya perdidos, que hacen juntos cerca de mil seiscientos fanegadas de tierra, y cada dia una entrando mas,  donde pierden los labradores sus posesiones, y S. M. sus derechos como los dueños de las mesmas tierras estan ausentes, por ser tambien propiedades estas de diferentes mayorasgos forasteros, que viven en Madrid, en Granada y en otras partes, no ven su daño, y por eso no lo remedian pudiendolo hacer con facilidad en el verano y otoño que entonces las crecientes y avenidas no son frecuentes, plantando sotos y alamedas en los parexes combenientes para que las tierras que carrean otras avenidas y broza se detuviesen y levantase orillas y cuvriesen al Rio por su alveo Antiguo como lo esta executando, (En sus campos que tenia sumerxidos) el dueño de un cortixo llamado Panatta, quien tiene ya ganados sobre el Rio mas de quatrecientos marxales, asi bolveria el Rio a su ser por donde hiva, y cada uno de sus posesiones, y de S. M.  se les pagaran sus dexos. Se puede presumir que la ausencia de los espresados dueños y un descuido manifiesto de Repararse a dado motivo a diferentes que coligados o solos ofrecen aplicar el Remedio a su Costa y ganar sobre el Rio las tierras perdidas como S. M.  se les conceda y se savria hacerles ciertos modos que piden: hay suxetos, en el lugar de Pataura que ofrece reparar los daños de los campos de su lugar a su costa.
Como S. M. cede el Señorio de el, y la propiedad de las tierras perdidas, sus dueños no quisieron entrar en sus gastos a prorrata de sus posesiones que tenian y asi mismo le conceda la facultad y privilexio que a otros han cocedido los señores Ricos para tomar de los bosques vecinos los arboles y demas maderamen que se necesitare para otros reparos, parece que de este modo estipulando lo que espresa en caso de llegar a efecto se evitarian pleitos y quimeras que de lo contrario seria imposible.
 

Castillo de Salobreña.-

» Es de forma regular y de fabrica mui antigua, como lo demuestra el plano adjunto, con la defensa de distintas obras anteriores, torres quadradas y lienzos de cortinas capace para poner artilleria principalmente la parte que mira hacia el mar, esta su situación a la cumbre del cerro referido entre grandes peñascos (acuia falda solana y atiro de piedra esta la villa) señoreando todas las partes circunvecinas quese hallan debaxo, y al alcance de su artilleria, el que comprende el Puerto y Peñon que distan quatrocientas tuesas. Su forma es un exagono y Regular de bastante capacidad haciendo como esta echo por una parte al mar con una bateria de seis cañones de bronce, la que no sirve por ser arruinada su artilleria enel suelo y faltarles sus cureñas, la defensa de dos (y por la de la villa con) falsas bragas delante sin terraplen de cinquenta tuesas de largo, terminado por ambos extremos por dos precipicios, la una de estas (que es la inmediata al lado de otro castillo) esta sin defensa, y es muy importante darsela para que puede descubrir todas las avenidas de aquella parte, que es por donde puede ser acometido y atacado, aun que con grandisima dificultad por la asperez de su terreno siendo todo el de peña viva, este castillo carece de quartel y otras oficinas que acostumbran hacer en semejantes fortalezas por cuio motivo (y el de ser vacino de la villa los soldados de su dotacion en numero de quarenta y seis al mando de un teniente de alcalde puesto por S. M.) duermen en sus casas y el castillo queda sin guardia de dia y de noche, por lo que es muy importante hacerles otros quarteles, casa para Comandante, Almacen de polvora y otras oficinas, en los parexes mas oportunos, y adequados, como señala el plano y perfil adxuntos. Necesita tambien de recomposicion de sus murallas, hacerlas aptas para poder servir y disparar la artilleria por ellas y para el avasto de las aguas, hallandose una sisterna en el es menester disponer el terreno de su plaza de armas y de otros paraxes para que desaguen en ellos las aguas del cielo y pueda llenarse, tiene asi mismo una torre circular llamada el omenaxe que sirve oy de almacen de polvora.Una mazmorra o calacvozo de tierra y un pozo sin agua como el todo se reconoce por oro plano y perfil».
 

Puerto de Salobreña.-

Siguese devaxo de su…(como queda espresado y demuestra el mapa adxunto) el Puerto de Salobreña grande abrigo de levante para navios y galeras. Componese de un peñon y una plaia muy limpia y arenosa cuio sunsidexo es de las mejores que hay en estos contornos y tan especial que los navios de alto bordo, puede arrimarse a diez brazas cerca de tierra. Su longitud es de quinientas tuesas dirixida este oeste parte de ella la cubre de levante el espdo. Peñon, y los embarcaderos suelen dar fondo devaxo de su abrigo, en tiempo antiguo tenia mas ambito y capacidad, hera abrigo del poniente y levante la causa de haverse minorado, a sido por las arenas del Rio ya Referido, por lo que se a hecho plaia no mas de lo que hera Puerto, el Peñon que se ve estaba hislado de forma que havia lugar para pasar una embarcacion de las maiores entre el y su plaia y oy se halla por un lado la mitad en tierra firme.
 

Peñon.-

Este es un cerro de peña viva quasi llana escarpado de quarenta a quarenta y cinco tuesas por sus mas anchos este oeste y ciento ochenta de largo en su maior estencion nortesur, haciendo punta abanzada al sur y elevado de sus aguas con tal proporcion que por maiores que sehan sus tormentas nunca llegan sus olas a lo alto de el. esta es una situacion como queda dicho y en paraxe mui bentaxosa (como se ve en dicho mapa) para favorecer las embarcaciones que navegan en aquella costa y se vieren apretados de los moros, y otros enemigos, y quisieren acoxerse en su Puerto, continuandola una torre o Reducto con una bateria de cinco cañones encima y que los quarteles devaxo de sus bovedas (como lo demuestra el proiecto adxunto) para su guardia y custodia y lo demas necesario al servicio de la defensa, como tambien alguna cavalleriza, para dos o quatro cavallos para hacer la ronda de la plaia con lo que parece sera mas que suficiente para el fin que se requiere, y no necesita de otra maior fortaleza porque el sitio no la admitiera tampoco (esta misma la propongo en distintos paraxes de la misma costa) si fuera de Real Servicio de S. M., se siguiese en otra torre para su guardia, lo que en los de la costa del pricipio de cataluña y en las del Reino de Valencia que semexantes reductos son guarnecidas de las tropas y Comandantes Veteranos de S. M. no,…..hay duda que el servicio se haria con mas prontitud y asierto, que hallarse totalemente estas constituidas y dedicadas al Real Servicio, lo que no subcede con la milicia del pais que por sus interes propios y fines particulares y para exsimirse de pagar los dexos. de S. M. Los mas acomodados de ellos solicitan la Plaza de soldado infante o bien la de a cavallo y con esto no tener quien los mande con todo aquel Rigor que merece la disciplina Militar que es una circunstancia mui importante que sin ella no se hace el Servicio libertandose como digo de todos los pesos y pensiones que a S. M. se le deven; gozan ademas de esto de los fueros y ecenciones Militares, no son suxetos a la Justicia Ordinaria ni son hixos…y de esto Resulta tambien que viven licenciandose, acuden a su trabajo y contrato, los unos de libradores, cosecheros, arrieros y otros pescadores (dexo aparte de lo que esto se puede perxudicar la Real hacienda)y quando hay rebato a la plaia pocos se encuentran por estar ausentes y los demas llegan tarde y el enemigo a executado su intento; esta noticia que se adquirido no tan sola de diferentes del Pais sino de otras partes de la misma costa, sobre el modo de servir de estas gentes y que despues he visto por esperiencias nuestra parecido digna de tener lugar en esta relacion para que llegado a noticia de S. M. mande lo que mas combenga en su Real servicio; para la guardia y custodia de la espresada torre, en todos tiempos, sehan tropas veteranas o del Pais, se necesitan solo de un Comandante, dos Sarxentos, veinte y cinco soldados infantes, comprendido cinco artilleros,  dos veteranos y dos soldados de a cavallo, y todo al mando del castellano del Castillo de Salobreña por ser devaxo de su artilleria; y parecerme se le deve este Comando y preheminencia como gran fortaleza, y a la otra ser una torre; El coste de la expresada torre como de los quarteles y demas reparos que se mencionan Senexa en una Relacion aparte,asi que el estado de la Artilleria que hay y deve haver para su maior defensa.
Salobreña, 20 de Febrero 1772
 
Plano del Castillo de la Villa de Salobreña situado sobre la cumbre de un serro a distancia de 400 tuesas del mar con el proiecto de los reparos que necesita para ponerlo en defensa.
Explicacion
A. Frente que mira a la villa.
B. Frente que mira al mar.
C.  Frente que mira al norte.
D.  Puerta de la Villa.
E.  Puertas del Castillo.
F. Cisterna.
G. Boveda que puede servir de Almacen.
H. Mazmorras.
I. Torre del Omenaje.
L. La coraza.
Proyectos
M. Torreon que se debe componer para que sirva de repuesto para polvorin.
N. Quarteles para soldados.
O. Aloxamiento para el comandante.
P. Plataformas que se deven componer para las baterias a la parte de la mar.
Q. Porcion de murallas que se deven executar para flanquear la falsabraga.
Mapa de un pedazo de la Costa del Reyno de Granada que comprehende la Bahia de la ciudad de Motril y Puerto de la Villa de Salobreña con una legua de terreno a la parte norte, donde se demarca la situacion de las referidas Ciudad y Villa, como tambien la de algunos lugares circunvecinos.
 
Relacion individual de cada plaza, castillo o puesto fortificado que se halla en el distrito de Granada.
«Es antiguo y muchas partes de el esta abandonado, situado sobre un alto peñon escarpado por la parte del mar y distante mas de 150 v/v de el defiende con quatro cañones mucha parte de su grande Plaia. Contiguo a sus espaldas esta el lugar. El mar se va retirando mucho a causa del Rio de Motril cercano una 182 varas
SERVICIO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA.   Documento con fecha 23 de Marzo de 1803.
Sig.4-4-5-5.
«Discurso sobre el estado de la defensa de las costas de Granada y varias ideas sobre su mejoría».
Nota introductoria.- En este discurso se hace referencia a la importancia que tenía » desde que se consiguió libertar este Reyno de la dominacion Sarracena» la defensa de la costa ya que los «moros arrojados de ella perdieron las esperanzas de poseerla, pero conservaron por mucho tiempo el designio de inquietarlas engreidos en sus continuas correrías con los frutos del pillaje y del cautiverio». Después menciona como la «total carencia carencia de recursos en que se hallaba la Monarquia al siguiente siglo de la conquista de Granada» permitía que la «codicia berberisca» quedase impune.
Defectos de la fortificación de la Costa.-
Se señala como se ocuparon las fortalezas mejor construídas de los árabes, » los acomodamos algun tanta a nuestro sistema de defensa» pero como las artes de la guerra iban cambiando «se dejaron arruinar algunas torres y castillos. Después de la noticia del estado de la defensa a principio del siglo XIX y se mencionan los castillos de S. Miguel de Almuñécar y el de Salobreña como «defectuosos» ya que por ser castillos que se hallan «establecidos a las alturas de 70 a 150 varas sobre el nivel del mar, no ofrecen en ella sus fuegos fijantes mas que una protección devil y escasa».
 
Ydea general sobre la defensa de la Costa y de la clase de insultos que experimenta.-
Trata de los fines que debe cumplir un sistema de fortificación de la costa y los medios que hay que poner para que esto se puede llevar a cabo.
 
ARCHIVO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA.
2 de Noviembre  de 1807. Sig. 4-5-2-7.
 
Estado general que manifiestan los puertos fortificados de la costa de Granada.-
Castillo de Salobreña.-
«Es de planta antigua y puede contenr 4 piezas de a 24 y una guarcición de 16 Ynfantes y 8 Artille…»
SERVICIO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA,
Documento fechado el 31 de enero de 1821. Sig, 4-5-2-10.
 
Descripción de las fortificaciones de la costa de Granada.-
Fuerte de Salobreña.-
«Salobreña es una antigua población situada en un cerro abamado acia el mar, que cierra la Vega de Motril por el Oeste. Estubo murada, de que solo restan vestigios y hacia su extremo Sur esta el Castillo en lo mas alto, casi casi arruinado, que segun las antiguas fortificaciones, era la ultima retirada. En uno de sus torreones tiene una bateria que por su mucha elevacion y distancia del mar es de muy poco efecto. Su objeto es defender la Costa que es baja de arenal y de poco fondo y batirla cruzando sus fuegos con los de Baradero; pero las nulidades de sus situaciones manifiestan que no cumplen devidamente con su instituto. Por estas razones la importancia de Motril y su vega se proyecto en mil ochocientos veinte y dos, una torre Reducto de las aprobadas por S. M. para esta costa a la orilla del mar cerca del Peñon de Salobreña, cuyo proyecto es tanto mas necesario, cuanto que desde el Baradero hasta la torre Reducto de la Galera, que son casi seis leguas no hay defensa alguna,
El Castillo de Salobreña estaba guarnecido por veinte Ynfantes, cinco caballos y cinco artilleros y un guarda almacen. La torre propuesta, no necesita esta guarnicion, pero en Salobreña debe haber un Destacamento de Infanteria y otro de Caballeria para patrullar desde el Rio Guadalfeo hasta la Galera».
«De la detallada descripcion que antecede resulta el estado de los fuertes, Baterias, Torres artilladas y Vigias, y que los abusos que se han introducido en la politica y conservacion (no contando entre ellos los trastornos de la guerra de la Independencia causados por manos aliadas y enemigos) han sido en general la falta de guarnicion y por abandono en que se han tenido desde aquella época a la presente sin atender a reparos leves en su origen y que omitidos en tiempo, causan la ruina total, ni a…arbitrarias licencias, con que no solo se han apoderado de los terrenos de sus inmediaciones, edificando a su antojo, contra lo dispuesto en las Reales Ordenes, sino tambien ocupando algunos fuertes, segun todo resulta de lo que queda relacionado en cada punto.
Por el Rey…formado para la defensa de esta costa en 1764, se puso esta en estado reparable: los castillos, baterias y torres reductos y artilladas que se añadieron a las antiguas defensas y lo bien entendido de su traza y construccion, apenas dejaron un punto accesible a los desembarcos; las dotaciones de artilleria y de tropa de esta arma, el Regimiento fijo de Caballeria de la costa, las compañia repartidas convenientemente y los terreros, matenian suficiente guarniciones en los puntos, patrullaban los intermedios, quedado reserbas en cada cabeza de Partido a disposicion del jefe de el,  capaces de socorrer el punto atacado: todo estaba previsto en ese Reglamento, dispuesto el orden de servicios y señales, cual conviene en una costa de las circunstancias de esta y no se puede menos de manifestar cuan sensible es que los trastornos que ha sufrido la España desde mil ochoc. ocho no subsista en un su vigor lo establecido en este Reglamento.
Mas hallandose toda ella en el estado que acabamos de manifestar, se puede decir en general que esta a disposicion del primero que quiera atacarla, sus fortificaciones acabandose de destruir y sin artilleria ni guarniciones competentes y con poquisima fuerza de caballeria (cuando grandes porciones de la misma costa deven ser patrulladas por esta arma) el contrabando sirviendo de exercicio a sus habitantes y el comercio sin proteccion, todo presenta un cuadro de desolacion que puesto a los ojos del Gobierno, no puede menos de llamar su superior atencion y disponer se remedien estos males cuando sea posible; creeriamos faltar a nuestro dever si estando encargado de la direccion subinspeciosa de sus fortificaciones, dejasemos de presentarlo en su verdadero punto de vista.
Considerando su estado actual, lo que en nuestras opiniones conviene, al mejor servicio del Rey S. M., es establecer las fortificaciones artilladas y guarnecerla con tropas de exercito, que deve ser relevada frecuentemente para que no se contagie del maligno espiritu de la costa, siendo que reina en los habitantes de la costa que tanto perjuicios ocasiona al Real Erario y a las costumbres. El servicio de que acabamos de hablar deveria hacerse con Batallones, Escuadrones y Compañias, nunca con Destacamentos sueltos, a fin de que los jefes recorran continuamente el distrito de su demarcacion y la tropa conserve la misma organizacion que en la guarnicion de una plaza.
Las guarniciones propuestas que a primera vista parecen numerosas, no lo son en efecto si se considera: primero que esta costa tiene al frente una nacion semibarbara, enemiga de Religion de la nuestra y que no guardan pactos; segundo, su proximidad a la plaza de Gibraltar. Deposito general y punto de partida de los contrabandos, abrigo de insurgentes y espatriados que como hemos visto, han hecho, aunque sin fruto, repetidas tentatibas; y tercero, ocupandose de habito una gran parte de los habitantes de nuestra costa en el contrabando, se vienen por sus desertores muchas veces partidas de doscientos o trescientos hombres con armas y caballos, y siendo ansi las guarniciones, tienen que ser, si no complices, espectadores de estos desordenes.
A los torreros se les deve obligar a que cumplan exactamente cuanto se les manda por el Reglamento de mil setecientos sesenta y cuatro, vejo de serenidad de las leyes militares, por sus descuidos pueden ser de fatales consecuencias.
En todas las torres artilladas, deve haver cuanto menos un artillero de dotacion para dirigir las punterias e instruir a los torreros en el ejercicio del cañon.
El sistema de señales con alumbradas de dia y achos encendidos de noche, deve sustituirse como medio de telegrafos sencillos; lo que tambien devian establecerse en pro de fuerza desde las poblaciones principales de la costa a esta Capital.  Las comunicaciones de los puntos entre sí y los caminos que de la Capital conducen a los mas importantes de la costa deven estar expeditos y transitables, asi para el comercio como para las operaciones militares.  El mas interesante de ambos conceptos es el de Granada y Motril y a su continuacion al puerto de Calahonda, pero los de Almeria y Malaga son tambien utiles.
En tiempos de guerra si los caminos carreteros estuviesen practicables, devian auxiliar a la defensa de esta costa artilleria volante acantonadas en Almeria y Malaga. Cuanto llevamos propuesto para la defensa de la costa, sin embargo de la importancia que de por si tiene, lo creemos secundario al establecimiento de un apostadero en Malaga y otro en Almeria desde cuyos puntos deverian partir los guardacostas, manteniendo cruceros sobre toda ella, pues estamos convencidos de que las costas se defienden principalmente desde el mar. Esto en cuanto a las defensas.
En lo que respecta a obras, hasta el establecimiento de nuevo Plan de Real Hacienda militar que rige solo se han compuesto desde el año 1827 el Castillo de S. Pedro, la muralla del E y varias de las del Sur de Almeria y algunas torres en diferentes Partidos, pero no habiendo dotacion, nada se podia hacer.
Ahora se aria sacar en los Presupuestos cantidades para obras desde Ser del año en que principiaron a librarse cantidades, se esta reedificando…»
 

«Relacion de las plazas, castillos, plazas fuertes, torres artilladas y de vigia que existen en el distrito de Granada».-

Documento con fecha 10 de diciembre de 1849. Dig.4-5-2-14.
Castillo de Salobreña.-
Estado: muy deteriorado. Observaciones: » Estos edificios se encuentran en igual mal estado que los anteriores: consisten en habitaciones para Infanteria, Caballeria, Artilleria, guardas, almacen y repuesto pero mientras no se habilite nada puede decirse de su capacidad ni servicio».
Mas adelante: Estado: inútil.
Observaciones: «Esta dado de baja por su estado ruinoso y en su lugar hay proyectado un reducto sobre el Peñon denominado de Salobreña. Se ha propuesto el construirlo en otro punto y para lo cual se pidieron en 1845, 174700…»
 

SERVICIO HISTÓRICO MILITAR DE ESPAÑA.

«Crónica de la provincia de Granada». Año 1869.
Salobreña.- Villa colocada sobre una escarpada roca no lejos del Mediterráneo y próxima al río Guadalfeo con clima benigno y apacible. Aún conserva algunos restos de su antiquísima muralla, y la citó Ptolomeo con el nombre de Salambina o Selambina; Xerif -al-Edrix, con el de Salobania y en las actas del concilio iliberitano, con el de Segolvina. Durante la dominación sarracena fue fortaleza de grande importancia, habiendo servido de prisión por los años 1408 a Yusuf antes de que ciñera sus sienes la corona del reino de Granada.
Fue conquistada por los Reyes Católicos en 1489, quienes la repararon de los muchos desperfectos que en ella habían ocasionado las guerras; y setenta años más tarde se defendió heróicamente de lo impetuoso de lo que fue objeto por parte de los rebelados moriscos de las Alpujarras. El número de vecinos que pueblan su término asciende a 399 (1787 habitantes), con inclusión de sus arrabales y cortijos.
Juan de Dios RADA Y DELGADO.
«Descipción del reino de Granada». Año 1872.
HISN XALUBANIA O XALUBINIA, en lo antiguo Salambina, hoy Salobreña era un publo y plaza fuerte en la misma costa y al E de Almuñécar. Tenía un castillo inmediato al mar, en donde los sultanes de Granada habían edificado un alcázar de buena fábrica, con jardines y otras comodidades. De esta población fue natural Mohamed abu Ali el Xalubini, llamado por Abulfeda el imán o príncipe de los gramáticos occidentales. Ibn Aljatib la llama hermana menor de Almuñécar, solaz y entretenimiento del viajero, que admiraba la fortaleza de su castillo, atalaya eminente, extremada en mantenimientos, esfuerzo del varón constante y recreo del que la visitaba. Atravesaban sus tierras  canales de impetuosas corrientes y regaban sus contornos arroyos, ya solitarios, ya aparecidos. En toda estación sus campos se veían amenos y fértiles sobremanera. Los pescados de sus costas eran más numerosos que las arenas y madrugaban turbas de gentes para llevarlos a los pueblos vecinos. Frecuentábala mucha gente rica y principal con lujosos trajes; y en fin, pudieran bastar para inspirar afición a esta tierra su célebre campamento, sus mujeres bien dotadas, es decir, ricas, y su situación en una llanura deliciosa. Pero tenía el inconveniente de que su tierra era propiedad particular de los sultanes; sus moradores faltos de gente noble principal, así como débiles y temerosos; y aunque Salobreña era celebrada por la excelencia de sus edificios, era más bien una selva impenetrable, poco segura contra las violencias; y por último era escasa de hermosura en sus mancebos y doncellas.
Francisco Javier SIMONET

«Crónica del Halconero de Juan II»

Después que el Rey partió de la su Çibdad de Toledo, e llegó a su Çibdad Real, continuando su camino para Córdoba, a la guerra de los moros de Granada, sopo em cómo el rrey Esquierdo de Granada mandó matar al rrey Chiquillo, el qual estaba preso en vn castillo que llamaban Salobreña.
E aquel rrey Chiquillo era derechamente rrey de Granada, e viendo esto el rrey Esquierdo, por acabar su conpitetor e por asegurar su rreynado, madólo matar; por las quales divisiones que avía en el rreino de Granada, el Rey don Jhoan yva contra el rrey Esquiero, con gran poderío de gente, pensando poder conquistar mejor el dicho rreyno por causa de la dicha discordia.
P. CARRILLO DE HUETE
» Refundición de la crónica del Halconero».
Acabado este avto, el condestable, que avía venido con el Rey, se partió para Córdoua, a socorrer allí la gente en tanto que el Rey yva. El Rey, dos días después de que el condestable partió, acordó de partir él con la gente que en Toledo le quedaua, E partió dende, e llegó a Villa Real; e allí ouo nueva como el rrey Ysquierdo, que era rrey de Granada, que tenía preso a otro rrey, que llamauan el rrey Chequito, al qual tenía preso en el castillo de Salobreña, lo auia mandado matar. Este rrey Chequito, era verdadero rrey de Granada, e con rreçelo quel rrey Ysquierdo tenía que pues el Rey yua tan poderoso contra él que se  alçarían contra él algunos caualleros moros en favor deste rrey Chequito, e que le podrían quitar el rreyno, por esta cabsa lo mandó matar.
LOPE BARRIENTOS
«Castillos de España»; notas, juicios y datos referentes a 1000 castillos y fortalezas.
Salobreña.- (Granada) Bien se ganó la alcaldía de esta fortaleza el secretario de la reina F. Ramírez, pues después de servir a los Reyes Católicos durante toda la guerra de la Beltraneja asistió a la de Granada hasta su terminación y se portó heróicamente en la defensa de Salobreña cercada por el rey moro a quien hostilizaba desde un peñón cercano a la villa y el mar, hasta recibir ayuda de tropas reales; y murió mas tarde en combate de Sierra Bermeja. Fue este castillo de los más importantes de la costa granadina hacia poniente,  y de gran fortaleza por su obra grande y de cantería fuerte y de segura cimentación sobre peña tajada recayente al mar, dominando el puerto. En caso de ataque de la morisma era buen refugio de la población.
Carlos SARTHOU CARRERES

«DICCIONARIO GEOGRÁFICO».

Salobreña.-

«…Es puerto de mar aunque no habilitado, y se halla a 1/2 legua del Mediterráneo al O. del Río Guadalfeo,  que divide la vega de la de Motril, sobre una roca bastante alta y escarpada y un plano algo inclinado hacia el E. Alrededor de esta roca quedan aún restos de antiquísima muralla; el clima es benigno y apacible, mientras no corre el viento O., que con el E, son los que más reinan; padeciéndose más comunmente calenturas. Comprende sobre cuatrocientas casas…y por último, en la parte O  de la referida roca, un castillo formando cuna, de una extensión y solidez que admiran, a pesar de su estado ruinoso, con dos plazas de armas, un espacioso aljibe y todo lo que puede necesitar una plaza militar, hallándose la población a cubierto de sus tiros…                                                                                                                                                Es población de grande antigüedad. Ptolomeo hizo mención de ella bajo el nombre de Salambina o Selambina. En la geografía de Xerif el edrix se lee Salobania. En las actas del concilio Eliberitano, al que asistió su párroca Silvano, se ha escrito Segalvina. En la historia de la dominación de los árabes, aparece Xalubania. Era fortaleza de importancia bajo el poder de los sarracenos. En 1406 estaba preso en ella Juseph o Jusuf hermano del rey de Granada, por cuya muerte fue puesto en libertad y elevado al solio. Los Reyes Católicos la conquistaron en 1489. El rey de Granada la sitió en 1490: la defendió Francisco Ramírez con grande esfuerzo y el rey D. Fernando le obligó a levantar el sitio. Menoscabada por las guerras fue restaurada por dichos reyes sus conquistadores. Fue notable la defensa que hizo siendo embestida por los moriscos sublevados a quienes obligó a retirarse. Hace por armas el castillo sobre su peña, y por orla el nombre de Salobreña.
PASCUAL MADOZ

RESEÑA HISTÓRICA ENCICLOPÉDICA.

«…conserva restos de un antiguo recinto y de un gran castillo que se levantaba en una empinada roca inmediata, al O. de la población. Esta fue en la Edad Media una fortaleza importante, en que estuvieron presos Yusuf en 1.408, después rey de Granada por muerte de su hermano. Los Reyes Católicos la conquistaron en 1489 y al año siguiente Francisco Ramírez la defendió contra los moros…Salobreña corresponde a la antigua Selambina.»

ENCICLOPEDIA ESPASA. Tom. 53, pág. 290-1.

«Castillos y fortalezas del antiguo reino de Granada».-

Salobreña.-

» Madoz dice que Salobreña se halla sobre una roca bastante alta y escarpada y en plano algún tanto inclinado hacia el S. Alrededor de esta roca quedan aún restos de la antiquísima muralla. A la parte O. de esta roca hay un castillo formando cuna de una solidez y espesor que admira a pesar de su estado ruinoso, con dos plazas de armas, un espacioso aljibe y todo lo que puede necesitar una plaza militar, hallándose la población a cubierto de sus tiros.
En esta fortaleza estuvo preso en 1408 el que a la muerte de su hermano fue rey de Granada, Iusuf. Fue conquistada por los Reyes Católicos en 1489.
Del informe de D. Ramiro Núñez de Guzmán resulta que Salobreña es una villa y fortaleza cercada y como las haciendas y caballerizas que allí había, la mayor parte se dio a personas particulares, por esta causa no hay quince vecinos. La fortaleza es casa principal. Ahora está toda caída por el suelo de manera que queriendo yo meter dentro tres escuderos de los que allí residen para guardarlo, porque no la guarda nadie, sino para cerrarla, no hallé en toda ella donde se pusiese un caballo. Esto acontece por no estar los alcaydes en ella y de la larga paga. Entrambas cosas convienen se remedien y que el alcayde propio resida en ella una parte del año porque estará mejor guardada, y si algo se cayese o fuese  necesario, tendría cuidado y de suplicarle a su Alteza y de importarle por ello.
Esto mismo debe su Magestad mandar que hagan los alcaydes todos que están en las fortalezas del reino de Granada.
El mismo D. Ramiro Núñez de Granada, al describir las fortalezas de Granada como resultado de la visita que giró a ellas por orden de su Magestad nos dice que la fortaleza de Salobreña es una de las más importantes fuerzas de su Magestad en la costa del reino en la parte de poniente. De su naturaleza es de los más fuertes sitios que puede haber, porque está fundada sobre una peña tajada muy alta que cae a la mar. Es de toda clase de obra; de cantería y tapiería. Los reparos de ella siempre han sido y son de cuenta de su Magestad y no hay renta diputada sin propios ni otras situaciones de donde se pueda sacar. Es la tierra pobre y miserable. De presente por orden de D. Fernando Hurtado de Mendoza se está reparando de lo que más necesidad tiene, y rematada la obra por maestro en 1725 ducados y se cree que serán menester otros quinientos ducados mas para aderezar una torre del agua y recalzar algunos otros pedazos de muralla y otros reparos fuera de los que están subastados. Es alcayde de esta fortaleza al presente el capitán Juan de Velasco por merced que su Magestad fue servido hacerle de esta tenencia que estaba vacante por muerte de D. Diego Ramírez de Haro que la poseyó mucho tiempo.
Antes de éste fue alcayde de esta fortaleza Francisco Ramírez de Madrid, Secretario de la reina con 250.000 mrs. de salario al año, nombrado en 20 de diciembre de 1490. Sirvió a los Reyes Católicos desde que sucedieron en el Reino, tanto en las guerras de Portugal como en la batalla de Zamora, hasta la terminación de la campaña. Asistió después a todos los reales y cercos que se tuvieron en las ciudades, villas, lugares y fortalezas del reino de Granada, hasta que todo fue tomado y conquistado, sirviendo el cargo de capitán de Artillería con riesgo y peligro de su persona, especialmente en la defensa de esta fortaleza cercada por el Rey moro que tomó la villa y estando combatiendo muchos días en la fortaleza personas, fue por mar y se colocó en un peñón en la villa, desde donde cada vez que los moros atacaban la fortaleza, él con su gente y la que tenía en los navíos, salía a combatirlos, haciéndole cesar, y defendiéndose así con gran gasto de su hacienda y pérdidas de ganados, hasta que el Rey católicos entró poderosamente por la vega de Granada y los moros huyeron el alzaron aquel cerco.
En la sublevación de los moros de la serranía de Ronda, fue con cierta gente con los caballeros y capitanes enviados contra ellos, donde murió en el combate de Sierra Bermeja.
Estaba casado con Doña Beatriz Galindo y fue su hijo en Comendador Fernán Ramírez de Madrid que en atención a los servicios de su padre le sucedió en la Tenencia de esta fortaleza por cédula de su Magestad. Fecha 8 de Abril  1501 asignándole un salario anual de 166.666 mrs.
Por muerte de éste, se hizo merced de la tenencia en 1519 a su hijo Don diego Ramírez de Madrid para él y para su hijo si falleciese o en su defecto para Nuño Ramírez su hermano.
En 1526 como decimos era Alcayde el capitán don Juan de Velasco. Dicen que tiene de salario por esta Tenencia 250.000 mrs., y que los mandaba pagar su Magestad el tiempo que don diego Ramírez fue alcayde de ella. La sirvió por su persona, y a su muerte los generales que han sido de la costa de Granada, ponían un teniente con ella con 50.000 mrs. de salario al año que se le pagaban de los consignado a la gente de guerra de la costa: y el último cobra los dichos 50.000 mrs. Es persona en quien concurren las cualidades que se requieren para servir dicho oficio y además hay en la fortaleza de ordinario 20 soldados a su sueldo de su Magestad.  Es de necesidad, siendo su Magestad servido que por la gran importancia de esta fortaleza debe conservarse y repararse de todo lo que al presente tiene necesidad y que siempre se tanga cuidado de ésto, porque esta fortaleza es el amparo de todos los lugares comarcanos hay peligro de enemigos y allí se van a recoger las mujeres y niños de los vecinos.
Don Pedro de Padilla que visitó esta fortaleza por orden expresa de su Magestad dice: La fortaleza de Salobreña a la costa del mar, es tennecia del Comendador Hernán Ramírez Galindo. Tiene la artillería quebrada toda y solo tiene dos Ribadoquines en juban y una mala lombardilla. Hace menester fundir esta artillería quebrada que tiene para hacer tiros gruesos, para defender la playa y el puerto que tiene, porque es donde la fustas y navíos de moros siempre toman aguaje y desde dicho puerto hacen daño y se llevan alcarjas de la tierra.
Hay en la dicha fortaleza otras armas; están muy desbaratadas y muy perdidas que no hay cosa que el presente pueda servir para defender la dicha fortaleza, porque está todo acolbado y sin gafas las ballestas y todas las armas y pertrechos echados en un rincón, al pudridero, porque no hay otro sitio hábil en toda la fortaleza, los aposentos de ella caidos y los adarves y torres a medio caer. Es necesario remediar ésto con brevedad, porque si se demora algunos días, las armas y pertrechos se acabarán de podrir y perder, y la fortaleza y adarves de ella, no se levantará después de mucho dinero. Costaría el reparo de esta fortaleza mil ducados o algo más. Está a muy mal recaudo porque en ella no hay para la guarda más que un Alcayde y un portero. La dicha fortaleza es grande y tiene mucho que guardar. Es necesario proveerla de más gente. No hay en esta fortaleza ningún bastimento ni tiene propios por juramento del Alcayde. Del alarde tomado por D. Ramiro Núñez de Guzmán a la gente de guerra de esta fortaleza resulta que en 29 de Noviembre de 1529 se encontraba en esta fortaleza el Jefe de la Capitanía, el Comendador Lope Sánchez de Valenzuela y los siguientes: Cristóbal de Hortigoso.  Toribio de la Cava.
Pedro de la Calancha, madósele compar guarniciones de brazo.
Alonso del Castillo,
Juan de Tineo.
Bartolomé Lozano.
Pedro Cabrera, sin guarnición ni brazos y dijo que no los puede traer. Que los compre so pena de meses de sueldo.
Diego de Barrionuevo, ausente.
Pedro Soriano, que compre guarniciones de brazos y babera.
Cristóbal flores.
Pedro de Mariana, ausente.
Antonio de Morales, despedido.
En contramos en el archivo de Simancas una pequeña memoria de la munición de Salobreña que dice así: Hay media culebrina quebrada.
Nueve ribadoquines, los tres quebrados y los seis maltratados y todos sin cureñas.
Un tiro de hierro.
Un morterete de metal.
Tiene 20 quintales de pólvora poco más o menos. Tiene veinticinco ballestas de acero sin aparejo ninguno. Mas de 250 ballestas de palo del tiempo viejo. 200 docenas de almacen viejo sin hierro. 30 celadas viejas. tiene 11 espingardas del tiempo viejo
(documento sin fecha ni firma)
En un documento de Simancas encontramos que el Requisador Carrillo cumplía bien su oficio de requisador y requería los guardas de Salobreña con puntualidad tanto de noche como de día y que recorría de Salobreña a la Herradura; en cambio el Visitador Fabián Espinosa, visitaba muy flojamente.
Encontramos también en la relación de pleito homenajes rendidos, un asiento que dice: » en Valladolid a 22 de Marzo de 1518 por ante mí el Secretario Francisco de los Cobos. El comendador Frenán Ramírez Galindo hizo pleito homenaje en forma por la tenencia de la fortaleza de Salobreña que le fue confirmada de sus Altezas en manos del Comendaor Aguilera Mariscal de León.

 

Mariano ALCOCER MARTÍNEZ

MUHAMMAD VIII Y IX y sus relaciones con Salobreña
«Rectificaciones a la Historia de los Nasries»
Ya avedes oído en cómo, después quel rey Yusuf murió, segund diximos antes desto, quedó ende su fijo pequeño por reu, que llamavan…e con él, por su ayo, el alcaide Alamin, alfuacil mayor del dicho rey de Granada. E acaeció que un hermano de este rey Yuçáf, padre Yuçaf, padre deste dicho rey de Granada, quel dicho rey lo tenía preso en un castillo que dizen Salobreña, e paresce ser que la cabeçera de Yllora e la cabeçera de Guadix avian grande embidia del alcaide Alamin, (que) por tener al rey estava por mayor del reino después del rey. E aún dezían que, segund su Ley, por tener rey niño que eran descomulgados, queste rey no avía sino fasta ocho años. Por ende ovieron su fabla en vno cómo sacarían al dicho ynfante que estava en Salobreña, que dezían Mohamad el Esquierdo. E acordaron de lo yr a ver a Salobreña, e desque entraron dentro mataron al alcaide que lo tenía preso; e sacáronlo los dichos alcaides e dixéronle que fuese rey, que no tenían rey. E el rey plogo dello; e salieron de allí con él, con fasta seiscientos de cavallo, e fueronse derecho en Granada.
E los de la ciudad cerraron las puertas, e fuéronse los mejores dellos a la mezquita, (a) ver su consejo sobrello con sus savios. E faltaron que por tener rey chico que estavan descomulgados. E  por ende acordaron de le abrir la puerta, e de lo recibir por rey. E abriéronle las puertas, e fueron al Alhambra, e fizieron llamar al alcaide Alamin. E él respondió de arriba e demandó seguro al dicho Mohamat el Ysquierdo que venía por rey; e él le aseguró que no lo matarían.
E por ende abrióle las puertas del Alhambra, e entró dentro, e luego tomó voz del rey. E prendió al dicho rey Pequeño, e al dicho alcaide Alamin. E su nuger deste rey Mohamad el Izquierdo, por guardar la palabra de su marido, del seguro que fizo al alcaide Amin, mandolo luego matar. E así quedó por rey de Granada el rey Mahomat el Esquierdo, e en su poder el rey Pequeño preso.

 

LUIS SECO DE LUCENA

«Historia de Granada»

Una casualidad hizo á Boabdil variar accidentalmente de proyecto, y atacar á Salobreña en vez de Almuñécar. Al llegar  con su ejército é Restábal tropezó con una partida de moros, encargada de la custodia de varios cautivos cristianos, los cuales sorprendidos junto a Salobreña informaron que la guarnición se hallaba en una situación apurada, sin víveres, sin agua y sin municiones. Con esta noticia corrió Boabdil hacia la villa, se apoderó prontamente de los arrabales por la perfidia de los mudéjares, que en ellos moraban, y estrecho en el castillo a los pocos cristianos que componían la guarnición. La noticia del peligro en que se hallaban estos valientes cundió por la frontera, é hizo volar á las armas á los campeones que la defendían. D. Francisco Enríquez, gobernador de Vélez, y D. Íñigo, hjo de Garcí Manrique, que lo era de Málaga, acudieron con todos los alcaides de sus jurisdicciones, y se situaron en Almuñécar; el conde de Tendilla, después de rechazar junto á Campotéjar la división enemiga destacada hacia Jaén, se corrió a la vega de Granada, y el mismo rey Fernando convocó en Córdoba á sus caballeros para hacer conocer a Boabdil la impotencia de sus esfuerzos.
El socorro urgía; la morisca poblaba todo el campo de Salobreña, dando asaltos a los sitiados y poniendo un valladar insuperable á los de fuera; un espía, despachado por los del castillo á D. Íñigo Manrique para describir sus apuros y la necesidad de un socorro perentorio fue sorprendido por una ronda y confesó atormentado la triste situación de sus compañeros: se confirnó ésta al ver que cada día arrojaban por los adarves caballos muertos de sed y de hambre. Los cristianos únicamente pudieron apoderarse de la isla cercana al castillo  y distraer con amagos y hostilidades cuando los enemigos se aprestaban para asaltar.
Mientras D. Enrique Enríquez y D. Íñigo permanecían en Almuñécar y en la isla repremidos por las fuerzas numéricas contrarias, alguno de los caballeros que habían acudido bajó la enseña del de Tendilla, supieron por un espía granadino la empresa de Boabdil contra Salobreña. Hernán Pérez del Pulgar, el más impetuoso de estos guerreros presentose al conde, obtuvo licencia para separarse, y seguido de  70 escuderos de confianza partió à Vélez, fletó un barco y dio vista al campamento agareno desembarcando en la isla. En vano rondaban estos hidalgos, acechando ocasión de combatir y de abrirse paso para el castillo.  Fuerzas superiores de los moros obstruían los caminos, y las avanzadas y las escuchas, diseminadas en todo el ámbito, hacían muy temeraria, si no imposible, la empresa de los 70 escuderos. Sin embargo, ejercitado Pulgar en hazañas no menos difíciles, y decidido á poner ésta por obra, reconoció el terreno, la posición de las estancias enemigas, y la localidad del castillo: con estos conocimientos apercibió en una madrugada á su gente y la hizo empuñar sus ballestas y espingardas. Rayaba á la sazón el alba, y los batallones de Boabdil sacudían ya el sueño, y se removían para mudar las guardias, y distribuirse el servicio de la mañana. Aprovechando Pulgar estos momentos se acercó con mucho silencio a la línea enemiga , a paso acelerado se precipitó con sus hidalgos y corriendo gravísimo riesgo se metió por un postigo, que los cercados franquearon oportunamente. Al cabo de algunas horas cerciorados del caso, los caudillos de Boabdil bramaban de despecho, y Bejir alférez del Pendón real de Granada, dominado por su ira, se aproximó al muro, desahogó su cólera con amenazas fieras, y reveló en furor que le aquejaba contra Pulgar. Este para calmar su acaloramiento y demostrarle que no era tan aflictiva como se suponía por falta de agua, la situación de sus soldados, le arrojó un cántaro y una copa de plata por el adarve, y le respondió que los soldados de Boabdil causaban más ruido que fuerza, y que las amenazas del señor alférez infundían ardimiento y no temor. Informado Boabdil de tal arrogancia, y los capitanes moros vivamente heridos en su orgullo, formaron sus batallas, y las condujeron al asalto, con prevención de que no tuviera piedad con viviente alguno del castillo, ni soltasen sus cimitarras mientras hubiese sangre que verter. Afortunadamente para los de la guarnición, sus compañeros parapetados en la isleta les protegían con vivos y certeros fuegos asestados contra los asaltantes. Con esta feliz combinación los cercados, que habían pasado ya algunos días sin comer, beber ni dormir hicieron una resistencia heróica, peleando a fuego y hierro en la brecha, en los adarves, en las puertas. A un batallón los moros rechazados o aniquilados, sucedían otros y otros, y a pesar del esfuerzo de los cristianos, Boabdil no perdía la esperanza de satisfacer sus agravios; pero la muerte que recibió en una escala el intrépido general Mohamad Lentin, alcaide que fue de Cambil, hizo desmayar a los más valientes. Las noticias de que los condes de Tendilla y Cifuentes y Rodrigo de Ulloa, contador mayor de Castilla, se aproximaban hacia Almuñécar con fuerzas considerables, y de que el rey Fernando tomaba posiciones con su ejército en el valle de Lecrín para cortar la retirada, hicieron a Boabdil levantar precipitadamente sus reales y replegarse á la montaña.
D. Íñigo Manrique saltó entonces a tierra con su gente, picó la retaguardia enemiga y mató y cautivó algunos moros. El rey Chico receloso eludió el encuentro con Fernando y contramarchando por las vertientes de la Sierra Nevada regresó a su palacio de la Alhambra.
LAFUENTE ALCÁNTARA, M.
«HISTORIA DE GRANADA»
Yusuf III y sus relaciones con Salobreña.-
Mientras el infante Jusef daba señales de dolor profundo por la pérdida de su buen padre, Mohamad agitaba a la gente turbulenta de la corte y se sentaba sin rival en el trono. Recelando que la presencia de su bondadoso hermano desarmase  a los revolucionarios, le sorprendió en su habitación privada, y aún cuando le vio afligido y ajeno a cortesanas intrigas, no vaciló en enviarle preso con gran escolta a la fortaleza de Salobreña. Este alçazar servía de antiguo para retiro de los reyes de Granada, para depósito de sus tesoros y para prisión de altos personajes: por esto allí fue enviado Jusef con su esposa y servidumbre. No fue tan duro Mohamed que condenase à su inofensivo hermano à una prisión estrecha y sombría. Le permitió pasear por todo aquel valle, el más hermoso y fértil de toda la costa. En el castillo, construido sobre una colina al borde mismo del mar, descollaba un palacio con ajimeces à todos vientos. Desde los salones del sur se descubría al Mediterráneo en toda su anchura la vela de los navíos deslizados sobre las olas; las brisas suaves transmitían à veces el canto de los pescadores y la voz de mando de los marinos, y à veces escuchábase entre el rugido de la tempestad la triste voz de los náufragos. Eran tan deleitoso estos pensiles, que los poetas árabes lo comparaban con el Edén. Mohamad quiso adormecer à su hermano en este paraíso y hacerle gustar todos los halagos de la vida, menos la libertad. El antojo del cautivo se satisfacía sin restricción; su mesa era un prolongado banquete; turba de juglares residían en aquellas inmediaciones para disipar su melancolía; resonaban músicas á todas horas, y coros de odaliscas giraban sus graciosas danzas a medida de su deseo. La docilidad de Jusef  mitigó las asperezas de su hermano insensible á la dulzura de los sentimientos domésticos y capaz de dar órdenes de muerte al más leve amago de resistencia. El heredero del trono, resignado a su condición adversa, desarmó al usurpador y consiguió hacer menos acerba la desgracia viviendo e aquella encantada mansión al lado de su esposa y de algunos esclavos fieles…
Los daños de estas correrías y el cansancio de los combatientes hicieron à los granadinos y castellanos otorgar à principios de abril tregua por ocho meses. Apenas comenzó Mohamed á participar de sus beneficios y cayó postrado con peligrosa dolencia: una turba de físicos rodeaba incesantemente su lecho, propinando en balde drogas y medicamentos para combatir los síntomas de su enfermedad cada día más pertinaz y maligna. Aunque los ministros y cortesanos rehusaban advertir al rey de su peligroso estado, tuvieron al fin que revelarle la proximidad de su muerte. Mohamed oyó pusilánime este tristísimo pronóstico, y cuando parecía más acongojado y falto de aliento vital, despertó de su letargo, reanimó su semblante cadavérico y con voz trémula llamó al arráez Ahmad Aben-Farag, y le comunicó la orden de partir à Salobreña para asesinar el príncipe Jusef. Era tal el hábito de sumisión al rey y tan rígido aquel linaje de absolutismo, que la dilación en cumplir su mandato, por bárbaro que fuese y dictado al borde del sepulcro, constituía un delito odioso.
Ahmad montó á caballo, apeose en el recinto de aquella fortaleza, y halló al alcaide sentado bajo el templete de un jardín jugando al ajedrez mano á mano con el infante proscripto. Ambos se levantaron ofreciendo sus almohadones de seda y oro al emisario granadino, el cual rehusó con ademán sombrío y dio a leer la sentencia de muerte al alcaide desprevenido. Este se sorprendió y no disimuló su repugnancia en descender al vil oficio de verdugo, y mayormente para sacrificar a un príncipe inofensivo, digno heredero del trono y que se había grajeado el cariño y el respeto por su bondad inefable.                                                                      Mientras el arráez instaba con impaciencia para le ejecución del bárbaro decreto, el alcaide vacilaba, estimulado por el temor y reprimido por sus nobles afecciones. Jusef advirtió la acalorada conversación, presumió que versaba sobre el decreto de su  muerte transmitido por su insensible hermano y se dirigió a ambos preguntando:» De qué tratáis?¿Es caso de asesinarme? ¿Pide el rey mi cabeza? El alcaide puso entonces en sus manos el fatal escrito; y ya sea por el exquisito temple con que el infortunio suele preparar los caracteres dulces y sensibles ò ya por el hábito del sufrimiento que embota y extingue a veces la sensibilidad, Jusef leyó su sentencia de muerte con entero ánimo y sin visible conmoción. Imploró entonces como único favor algunos instante para dar el último adiós a su tierra y salícita esposa, ángel consolador en su largo cautiverio y repartir sus alhajas, escasos restos de su grandeza,  entre las esclavas y criados leales. El inexorable Ahmad Aben-Farag recordando las prevenciones rigurosas para hundir cuanto antes el puñal en el pecho del prisionero, no accedió a que se verificase la entrevista patética. Jusef doblegó entonces la inflexibilidad del arráez con la dulzura, con la calma y con agudeza. «Permítame, le dijo, avanzar las últimas piezas de este ajedrez; que aunque gane, he de acabar perdiendo». Condescendió el emisario: sentáronse el príncipe y el alcaide, y este turbado proseguía el juego equivocando la marcha de los castillos y peones, y dejando indefenso a su rey. Su magnánimo compañero le avisaba las inadvertencias, y al dar la voz de jaque, hacía metafóricas alusiones sobre el peligro à que se expone un monarca defendido por mala caballería. Jusef asestaba ya sus alfires y su reina para matar al rey enemigo y se disponía a rendir el postrer suspiro con la jugada final, cuando vio entrar en e jardín a dos cortesanos que habían corrido en veloces caballos desde Granada. Postrados à los pies del príncipe, dijeron: «Mahamad acaba de expirar entre las maldiciones y el rumor del pueblo amotinado, que os proclama rey». Jusef, careciendo de agentes en la corte, resignado ya a morir, olvidado por sus amigos, dudaba de un suceso que le hacía aceptar un trono por una tumba, No tardó en disipar su incertidumbre con la llegada de otros y otros caballeros, quienes no solo conformaron la noticia de los primeros, sino que le saludaron como aclamado rey.

 

M. LAFUENTE ALCÁNTARA

(Relatos tomados de Al-Kattib, Casiri, conde y Pedraza)

» Cuentos de la Alhambra: Leyenda de las tres hermosas princesas».
Reinaba en otro tiempo un rey moro en Granada, llamado Mohamed, a quien sus súbditos añadieron el apelativo de El Hayziri, o el Zurdo. Dicen unos que llamábase así por ser, en realidad, más hábil con su mano siniestra;…Cabalgaba el tal Mohamed un cierto día con un séquito de cortesanos, al pie de Sierra Elvira, cuando se tropezó con una cuadrilla de jinetes que llegaban de una correría por tierras de cristianos. Conducía una larga recua de mulas cargadas con el botín y muchos cautivos de ambos sexos entre los que llamó la atención de monarca una hermosa joven, ricamente ataviada, que venía llorando sobre un pequeño palafrén sin hacer caso de las freses de consuelo de una dueña que cabalgaba junto a ella.
Sorprendióle al rey la belleza y, después de preguntar al capitán de la tropa, supo que era la hija del alcaide de una fortaleza fronteriza, atacada por sorpresa y saqueada en el curso de una incursión. Reclamóle Mohamed como su regia parte del botín e hizo que la condujesen a su harén de la Alhambra. Allí todo estaba dispuesto para mitigar su melancolía, y el monarca, cada vez más enamorado, trató de hacerla su reina…
Con el correr del tiempo, el rey moro fue padre orgulloso y feliz de tres hermosas hijas, nacidas todas de un solo alumbramiento:…
Como es costumbre entre los monarcas musulmanes convocó a sus astrólogos en tan feliz acontecimiento. Hicieron el horóscopo de las tres princesas y movieron la cabeza.
-Las hijas, ¡oh rey! -le dijeron- son siempre precaria propiedad, más éstas necesitarán más aún tu vigilancia cuando lleguen a la edad de casarse. Entonces ponlas bajo tu cuidado y no las confíes a ninguna otra custodia…
Muchos años había de transcurrir para que las princesas llegasen a aquella época de peligro, que es la edad del matrimonio. » conviene, sin embargo, prevenirse a tiempo»-se dijo al astuto monarca.- Decidióse, pues, a que se criaran en el castillo real de Salobreña. Era este un suntuoso palacio, incrustado, por decirlo así, en una potente fortaleza mora situada sobre la cumbre de una colina que dominaba el Mediterráneo. Era un regio retiro en donde los monarcas musulmanes encerraban a aquellos parientes que pudieran poner en peligro su seguridad, permitiéndoles toda clase de lujos y diversiones, en medio de los cuales pasaba la vida en una voluptuosa indolencia. Aquí permanecían las princesas, separadas del mundo, pero rodeadas de goces y servidas por esclavas que se anticipaban a sus deseos. Tenían deliciosos jardines para su recreo, repletos de las más raras frutas y flores, con aromadas arboledas y perfumados baños. Tres lados del castillo miraban a un fértil valle, esmaltados por cautivos de todas clases y cerrados por las altas montañas de la Alpujarra; por el lado restante se dominaba el amplio y soleado mar.
En esta deliciosa morada, con un clima propicio y bajo un cielo sin nubes, crecieron las tres princesas maravillosamente hermosas; más, aunque todas recibían la misma educación, pronto dieron muestras de la diversidad de sus caracteres. Llamábanse Zaida, Zoraida y Zorahaida, y tal era el orden de su mayoría, pues hubo precisamente tres minutos de diferencia entre sus nacimientos.
…Como ya se ha dicho, el castillo de Salobreña está construido sobre una colina a orillas del mar. Una de las murallas exteriores bajaba dibujando el perfil de la montaña hasta llegar a una roca salediza que dominada el mar, con una estrecha y arenosa playa, bañada por las rozadas olas…

 

WASHINGTON IRVING

Excursión a Granada, Órgiva, Lanjarón, Almuñécar, Salobreña, Guadix y La Calahorra.
A la orilla del Mediterráneo de la costa granadina, sobre escarpado peñasco, se destaca el castillo de Salobreña. Desde él se divisa un extenso panorama de mar, de fecunda vega, y de abruptas montañas. La vega está regada por las aguas de gran número de arroyos y por las del río Guadalfeo, que viniendo de norte a sur, desemboca en el Mediterráneo al este de la villa, a la que defiende la recia mole del castillo roquero que tanta importancia tuvo en el reino moro de Granada, edificado por los árabes sobre las restos de una edificación de origen fenicio. Al fondo se descubre la Alpujarra, tras la que asoman las altas cumbre de Sierra Nevada.
Por la parte que recae al mar, la peña que sirve de asiento al castillo es inaccesible; hacia el lado de la población estaba defendido por dos altos muros con barbacanas; para llegar a él hay que subir por un angosto sendero; tenía dos plazas de armas y otras tantas aljibes, a los que proveía de agua un manantial existente en el interior del recinto. La torre del aljibe, la del Agua, la de la Coracha, la Nueva, la Vieja, y la del Homenaje, esta última sobre la misma puerta de entrada a la fortaleza, muestran en sus cuerpos las huellas del tiempo. Los reyes granadinos la utilizaron para guardar sus tesoros y para encerrar a sus enemigos.
En el año 1395 murió Yusef II, rey de Granada, envenenado arteramente por un emisario enviado por el rey de Fez, su encubierto enemigo. Su degundo hijo, Mohamed, se hizo proclamar rey y encerró en el castillo de Salobreña a su hermano primogénito Yusef, legítimo sucesor. En 1408, a punto de morir Mohamed VII y para que su hijo ocupara el trono y no su hermano Yusef, decidió asesinar a éste, para lo cual despachó a Salobreña a un hombre de su confianza con la orden de dar muerte el prisionero.                                                Una partida de ajedrez, que el desgraciado príncipe jugaba con el alcayde de la fortaleza cuando llegó el emisario, evitó que la sentencia se cumpliese, pues Yusef pidió que le permitieran acabar el juego. Mientras éste finalizaba, arribaron dos walíes con la noticia del fallecimiento de Mohamed y la que Yusuf había sido proclamado rey. Tras éstos fueron apareciendo más grupos de caballeros y escoltado por todos ellos, Yusef se encaminó a la capital, donde fue aclamado con el nombre de Yusef III. En la campaña final para la conquista del reino moro granadino, la fortaleza y la villa de Salobreña junto con otras de la comarca, fueron sometidas por los Reyes Católicos en el año 1489, entregándosela a Francisco Ramírez de Madrid, quien puso en ella un alcaide. Pero un año después, Boabdil, que al perder esta plaza se quedaba sin puerto de mar donde poder desembarcar auxilios de Marruecos, se dirigió contra ella cayendo en su poder la villa gracias a la traición de los moros que en ella habían quedado al rendirse, pero no así el castillo, al que puso cerco.
Aprestose a la defensa su guarnición, y llegada la noticia a Vélez-Málaga, salieron de esta población fuerzas para rescatarla, las que desembarcaron en un pequeño islote que hay no lejos del castillo, desde donde Hernán Pérez del Pulgar, que mandaba el grupo de soldados compuesto de 70 ballesteros, logró llegar a tierra firme y entrar en la fortaleza por un portillo. Desde las almenas descolgó un cántaro lleno de agua para convencer a los sitiadores que dentro del recinto no había escasez de ella. La defensa continuó hasta que llegaron más refuerzos en auxilio de los sitiados y Boabdil se vio obligado a levantar el cerco.
Sometido el reino de Granada el castillo de Salobreña mantuvo su importancia por su posición estratégica en la defensa de aquellas costas contra las incursiones de los piratas berberiscos y turcos.
 

ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE LOS AMIGOS DE LOS CASTILLOS. Sección de divulgación cultural.

Memoria de las actividades desarrolladas.
«…En lo que respecta a los castillos en la provincia hemos de reseñar que han continuado sin interrupción, al ritmo que nos imponen las realidades económicas, las obras iniciadas en el castillo de Salobreña. Se ha conseguido terminar el recalzo  y consolidación de la gran torre antigua, en donde lo conservado, se ha descombrado su mazmorra, y se ha abierto la puerta del recinto superior o plaza de armas. Se han iniciado los trabajos de reforzamiento y reconstrucción del muro del lado oriental, los que llegarán hasta el adarve y techos correspondientes a sus tres cámaras, limpieza desescombro de todo el recinto, incluso el de los aditamentos modernos que aún quedan en él. Estos progresos han sido posibles gracias a las ayudas económicas de la dirección General de Bellas Artes, a través de la comisaría de la Séptima Zona del Patrimonio Artístico, y a la consignación de la Excelentísima Diputación Provincial, que, al igual que en el año anterior, ha consignado y satisfecho 15.000 pesetas en su presupuesto. La dirección personal de las obras la llevaba el Excmo Sr. D. Francisco Prieto Moreno con la colaboración arqueológico-artística de D. Jesús Bermúdez Pareja.
ASOCIACIÓN ESPAÑOLA DE AMIGOS DE LOS CASTILLOS Granada, 1959.
DATOS CRONOLÓGICOS SOBRE EL CASTILLO DE SALOBREÑA
Los inicios del castillo árabe de Salobreña pueden datarse en el momento en que, invadida la Península por el elemento musulmán y analizando la situación estratégica de los diferentes puntos claves de la costa granadina, se dan cuenta del riesgo que les supone el descuido de unos enclaves con posiciones militares de primer orden en el control marítimo del Mediterráneo.
En tiempo del Abd-el-Rhaman II y sobre todo con Omar Ben Afsum, épocas de rebeliones, se acomete una gran empresa de construcciones  de castillos entre los que figuran, sin duda, los de Almuñécar y Salobreña, si tenemos en cuente que a la llegada del futuro Abd-el-Rhaman III, éste fue recibido en el castillo de Almuñécar (año 913), lo que ya supone su existencia.
Por ello se puede afirmar que las construcciones de estos castillos-fortalezas aparecen en el mundo hispano-musulmán a finales del siglo IX.
 

Hechos cronológicos más relevantes.

Año 756; Tiene lugar un enfrentamiento armado entre Abd-el-Rhaman I y Yusuf, que es derrotado. Salobreña aparece con motivo de este enfrentamiento.
Año 772: En estas fechas se destina una escuadra para proteger la costa desde Algeciras a Almería con el fin de evitar la ayuda norteafricana.
Año 918: Omar ben Afsum, tras la derrota de Elvira y las Alpujarras se dirige desde éstas a Salobreña conquistando la ciudad, con algunos castillos que encontró a su paso (Simonet: «Historia de los Mazárabes») regresando luego camino de Elvira y guarneciéndolos (castillos) con sus soldados como lo iba haciendo en todas las plazas y castillos de importancia.
Año 1126; (Según los Anales toledanos, T.I) Ibn Aljatib se expresa en los siguientes términos:  «Ben Radimiro (Don alfonso I el Batallador) marchó hacia la costa, atravesó la provincia de Moclín y de las Alpujarras, donde los habitantes no esperaban nada parecido. Un jeque de esta parte del país asegura que cuando el rey pasó por el valle de Salobreña, que está estrechamente encerrado entre rocas muy escarpadas, dijo en su lengua a uno de los principales caballeros;»¡Qué tumba si desde arriba alguno echara arena sobre nosotros!». «Después tomó a la derecha y llegó a Vélez…».                                                                                                            Año 1154: Xalaubinia, dice Abulcasim al-Mallahi (1154-1221) forma parte de uno de los distritos del reino de Granada. El Edrisi, en su Geografía Universal, enumera los distritos de Al-Andalus y hace referencia de la costa de Elvira donde se encuentra el castillo y Alquería de Salobreña. E. J. Drill, reinterpretando a Dozy, dice que Salobreña se encuentra entre Paterna (antigua población al oeste de Motril).
Yaqut (s. XII-XIII) cita en la cora de Elvira un castillo llamado Salobreña con características de sus tierras y paisajes.
Año 1166: En este año nace uno de los más preclaros hijos de Salobreña: Abu´Ali Umar ibn Muhamad al Salawbini, quien marchó a Sevilla y se hizo famoso como profesor de lengua árabe. Murió en Sevilla en 1247.
A partir de estas fechas comienzan a aparecer  citas directas sobre Salobreña.
Des esta forma antes que Ibn Alhamar funde el reino nazarí de Granada y que con su influencia comiencen a engrandecerse los castillos y fortalezas de Al-Ándalus, Salobreña tenía ya una organización administrativa, con lo que iba a ser su gran castillo en el aspecto político-militar.
Año 1279: en las disputas entre nazaríes y benimerines se narra, en la Crónica de Alfonso X, que Ibn Aljatib, ‘ Umar benimerí recibió como feudo de Muhamad II el castillo de Salobreña y cincuenta mil dinares.
Año 1283: ‘Umar detenta el poder en el castillo de Salobreña. Su hermano Talha, en el de Almuñécar. El nazarí Muhamad se siente receloso del poder de control que ambos tienen en la costa de Granada y consigue recuperar el castillo de Almuñécar. Intenta otro tanto con ‘Umar en Salobreña, pero éste pide ayuda a Ibn Yusuf quien no puede evitar el cerco de la ciudad y finalmente cae en manos del nazarí.
Año 1392: Al morir prematuramente Yusuf II, Muhammed VIII, mediante influencias, consigue eliminar al legítimo heredero Yusuf III y lo destierra al castillo de Salobreña (Al-Kattib).
Año 1408: Tras un curioso episodio en el que estuvo a punto de morir asesinado por orden de Muhammad VII, Yusuf III, tras la repentina muerte de aquel, regresa a Granada desde Salobreña ocupando el trono que por ley le correspondía.
Año 1410-28: Esta fase se identifica con el inicio de la decadencia nazarí.
Yusuf III tuvo prisionero en el castillo de Salobreña a su hermano Muhammed el Zurdo quien fue liberado por los abencerrajes (Seco de Lucena).
Año 1431: Muere asesinado en el castillo de Salobreña el Pequeño, tras la traición de los abencerrajes a la  descendencia del Zurdo.
Año 1464: (Cita de Hernando de Baeza): «Abu-I- Hassan prendió a su padre y lo envió caballero en una acémila con cincuenta de a caballo a la fortaleza de Salobreña, que es un castillo que está en la misma roca, y es lugar muy enfermo de siçciones mataderas, a donde los reyes moros solían poner a los personajes que no querían degollar, sino matarles en un breve tiempo. Y allí estuvo el rey muy poco tiempo porque luego falleció.
Año 1485: Tras las pérdidas de los reyes nazaríes frente al avance de las tropas cristianas Muley Hacen se ve desprestigiado y es destronado por su hermano Muhammad ben Sad al -Zagal, teniendo que desterrarse a Salobreña, donde, al poco tiempo, murió, tal como él había hecho con su padre.
Año 1488: Fecha de las últimas noticias de la Salobreña musulmana. Se produce un enfrentamiento entre Boabdil y El Zagal quien contaba con la ayuda del arráez de Salobreña quien no marcaba diferencias entre luchar contra moros como contra cristianos. El arráez de Salobreña luchará contra los moros del Valle de Lacrín.
Año 1490: Tiene lugar el cerco de Salobreña por Boabdil quien se ve obligado a retirarse ante la resistencia del castillo y los ataques que desde fuera le acosan, amén del avance de las tropas cristianas en la vega de Granada.
Según la tesis de J, L, Barea Ferrer  «el tema de la defensa de la costa es desde hace años foco de atención de una serie de investigadores que han sabido ver en los numerosos restos materiales que de ella aún quedan a lo largo de nuestros litorales todo un reflejo de vida y de historia. Estas moles de piedra que, en forma de castillos y fuertes, baluartes y torres, baterías, reductos y hornabeques, se suceden con escasas distancias entre sí, y con especial intensidad en las costas de Andalucía, desde Ayamonte, en la provincia de Huelva, hasta el puesto de guardia de Cala Reona, en la provincia de Almería, lugar donde acaba la jurisdicción del antiguo Reino de Granada, formaron parte de un cordón defensivo que se continuaba hasta el cabo de Creus a todo lo largo del Mediterráneo, y que correspondía a toda una concepción político-militar-arquitectónica.» (Cfer. A. Gámir y Sandoval; J.L. Barea Ferrer; Arch. de Simancas, Sevilla y Granada).
Con los Reyes Católicos se inicia un sistema preventivo contra cualquier peligro que pueda surgir por mar.
     Año 1.491: En Granada en 1.491 se da la primera provisión por los Reyes Católicos. Su objetivo era una preocupación ante las posibles arribadas de «fustas de moros» con el fin de saquear y proteger el último reducto árabe en España.
Año 1.452: Para la protección de Almería, Almuñécar, Salobreña y otras plazas costeras, se piden que se recluten y formen guardas especiales; que se recaude un impuesto llamado «farda».
La carta dice textualmente: » Conforme al asiento concertado con ellos…y como Almería, Salobreña y Almuñécar no estaban pobladas (de cristianos), hasta que se pueblen, que se nombren escuderos de los pagados por los Reyes para que hagan la visita». Esta organización debió estar terminada al año siguiente. Por su defecto el rey Fernando, según consta en el lagajo 52-2 del Archivo de la Alhambra de Granada, da una instrucción en la que dice: «…desde la punta últimamente citada (La Mona) corre la costa ondulante hasta el Peñón de Salobreña y la playa de Motril, en cuyo espacio intermedio se ve la fortaleza del nombre de aquel, la desembocadura del Guadalfeo». Mas adelante prosigue: » en el término de Salobreña aparece únicamente la estancia de de los Henares, con dos guardas, situada en la amplia costa baja que por poniente precede a la población. Es deber de los caballeros de ésta atajar hasta las pesquerías de Motril…dichos guardas que ganen el dicho preçio de veynte e çinco maravedis cada un día».
Datos sin fecha precisa pero pertenecientes al siglo XV y XVI
Personal del castillo de Salobreña:- Fue alcaide de esta fortaleza Francisco Ramírez de Madrid, secretario de la reina,con un sueldo de 250.000 mrs.; nombrado en 20 de dicienbre de 1.490. Sirvió a los Reyes Católicos desde que ocuparon en sucesión el reino. Intervino tanto en la guerra de Portugal como en la de Zamora, hasta el final de la campaña. Asistió después a todos los reales y cercos que se tuvieron en las ciudades, villas, lugares y fortalezas del reino de Granada, hasta que todo fue tomado y conquistado, tomando el cargo de capitán de artillería, con riesgo y peligro de su persona, especialmente en la defensa de esta fortaleza, cercada por el rey moro que tomó esta villa, desde donde, cada vez que los moros atacaban la fortaleza, él, con su gente, y con la que tenía en los navíos, salía a combatirlos, haciéndoles cesar y defendiéndose así con gran gasto de su hacienda y pérdida de ganados, hasta que el Rey Católico entró poderosamente por la vega de Granada y los moros huyeron y levantaron aquel cerco.
Intervino también en la Sierra de Ronda pereciendo combatiendo en Sierra Bermeja. Se le concedió la Tenencia del del castillo de Salobreña, herencia que pasó a sus descendientes.
Armameno del castillo y obras:
En 1.494 se libraron 225.000 mrs para reparar un adarve de la fortaleza que se cayó con motivo de un terremoto.
Año 1.501: Hay una Previsión sobre la protección del Reino de Granada.
Año 1.508: Se tiene una carta del Conde de Tendilla que, dirigida al capitán Juan Hurtado, dice: » haga pesquisas contra las guardas de Motril y Salobreña y contra una que prendió al alguacil Pedro de Plata porque la tomó jugando».
Año 1.509: El Marqués de Mondéjar envía una carta al alcaide de Salobreña comunicándole, de parte del rey, las precauciones que se deben tomar ante la amenaza de un ataque por parte de los corsarios a Salobreña. Se tienen documentos de respuestas y contrarrespuestas sobre este tema.
Año 1.511: Hay una real Provisión reglamentando de nuevo la guarda de la costa. Este documento viene firmado por el Rey Fernando y el Secretario López Conchillos, hecho en nombre de Doña Juana.
Año 1.513: Se pide que los barcos pedidos para protección de la costa en 1.509 tengan lugares seguros y puntos de atraque en Mingreles, Almuñécar y Salobreña.
Año 1.514: En este año se ordena el «Repartimiento del servicio para la paga de las guardas, atalayas, requeridores y otros oficiales de la costa que se llamaba farda de mar».
Año 1.526: En estas fechas el armamento del castillo de Salobreña era el siguientes:
Media culebrina quebrada.
Nueve Ribadoquines: tres quebrados, séis maltratados y todos sin cureñas.
Un tiro de hierro.
Un morterete de metal.
Veinte quintales de pólvora.
Veinticinco ballestas de acero sin aparejo.
Ciento cincuenta ballestas de palo, antiguas.
Treinta celadas viejas.
Once espingardas viejas.
Doscientas docenas de almacén viejo, sin hierros.
 
Estado del Castillo.-
Esta fortaleza era de las más importantes que había en la costa de Granada a la parte de poniente.
Por su naturaleza era de los más fuertes sitios que podía haber, por estar fundada sobre una peña tajada, muy alta, que caía al mar.
Tenía su estructura toda clase de obra de cantería y tapiería, grande y necesaria para defender la playa y el puerto, que era donde las fustas y navíos de moros hacían aguada, llevándose al mismo tiempo lo que podían.
En ella se recogían las mujeres y los niños cuando había peligro de ataques de enemigos y era amparo y refugio de los lugares comarcanos en estos casos.
A finales del siglo XVI se hacían en ella obras de restauración por  valor de 1725 ducados.
Año 1.526: Castillo de salobreña.-
En estas fechas figuran en una relación de castillos y fortalezas de la costa sur de España donde se citan: Estepona, Marbella, Fuenjirola, Mijas, Banalmádena, Málaga, Gigralfaro, Bizmiliana, Torre del Mar, Bentome, Nerja, Almuñécar, Salobreña, Castell de Ferro, Albuñol, Adra y Alamedino.
Año 1.547: Se da una Provisión Real en la que se pide una supervisión en el cumplimiento con la guarda de la costa; lo que da a entender su abandono por parte de los guardas. La principal motivación está en un supuesto entendimiento entre piratas berberiscos y mudéjares. A partir de la rebelión de los moriscos, Felipe II se decide a reorganizar, dando pragmáticas, la defensa de la costa.
Año 1.567: Situación del Castillo.-
Se hace una descripción de Salobreña destacando la importancia estratégica del mismo. La figura con un sistema de muros protectores y junto al castillo se describen las casas de los vecinos que alcanzan la cifra de 40.
Esta fortaleza se encontraba entre las que el Marqués de Mondéjar mandó reparar, motivo por el que se realizaban obras de restauración.
Material bélico: Tiene este castillo siete  piezas de artillería entre los que se encuentra un cañón y una media culebrina y los demás son «sacris» pequeños. Todo se encuentra en el suelo sin que se puedan utilizar ya que carecen de cureñas y ruedas salvo el cañón que estaba encabalgado.
Se quejan de que, dada la importancia estratégica del castillo, tanto por su situación geográfica como por el lugar donde se ha emplazado, no haya vigilancia ninguna. El alcaide había recibido la orden de despedir a los hombres que allí tenía, de Don diego Ramírez que detentaba la tenencia de la fortaleza, alegando a su vez que el rey no le pagaba a él la tenencia. De esta forma el castillo quedó sólo con su portero, sin residencia en él.
La guarnición estaba formada por diez soldados arcabuceros y ballesteros pertenecientes a la compañía de D. Luis de Baldivia, y un escudero que servía a caballo. Estos soldados prestaban sus servicios de guardia, unos dentro de las murallas de la ciudad, y otros en la parte de la playa, día y noche por sus respectivos turnos.
Año 1.575: Por cédula dirigida al corregidor de Granada de 25 de mayo de 1575 se le pidió informe sobre si se reparaban las murallas de Salobreña y si aplicaban a ello las rentas de ciertas dehesas que los Reyes Católicos dejaron a la villa con este objeto: qué dehesas eran éstas y donde se hallaban; qué rentas producían y si se empleaban en ellas y la aplicación que el corregidor le había dado.
Documento sin fecha perteneciente al siglo XVI.
Descripción del castillo y su personal:
Personal asignado: 47: diez de a caballo, séis escuderos; cuatro espingarderos, doce ballesteros y quince lanceros.
Armamento: 8 ribadoquines; 200 pelotas; 40 espingardas; diez barriles de pólvora; 500 ballestas de palo; 50 ballestas de acero; 30 aljabas; 500 terciados; 40 pares de coraza podridas; 10 docenas de almacén; 24 paveses y 8 adargas.
Además había picos, hazadones, palas de hierro y palancas y un quintal de plomo.
Había también 200 fanegas de trigo. Formaba parte de sus provisiones: cebada y carne y gran cantidad de vino avinagrado; 50 arrobas de azufre y 80 quintales de bizcocho.
Estado del castillo; Tenía en esos momentos cincuenta tapias de 7 pies de ancho y se estaban construyendo tres torreones circulares dando una lectura muy considerable. Los materiales eran de buena calidad.
Se dan cifras sobre lo que costaba cada tapia con su importe de 650 maravedís. Igualmente una de las torres que dan a tierra tenía gran necesidad de reparación. Se describen los dos aljibes, uno dentro, con escasez de agua, y otro fuera, más abastecido.
Siglo XVII: Cuando tiene lugar el llamado Impuesto de Millones, se descubre que la franja costera ha sufrido un notable descenso de población. Los motivos elementales era la expulsión de los moriscos y el temor de la población ante las reiteradas incursiones piratas en la costa. Por ello, los únicos reductos que registran cierto número de habitantes son los castillos y fortalezas, como de hecho ocurrió en Salobreña y Almuñécar.
Año 1772: Salobreña:
Puerto y ciudad;
En primer lugar, la villa de Salobreña, puerto de mar en la costa del reino de Granada, cabeza de partido, llamada Salambina, por los fenicios cartagineses que la fundaron, está situada sobre la falda solana de un cerro eminente muy escarpado y ceñido de murallas antiguas a la morisca. En ella tres puertas de comunicación con la defensa de un antiguo castillo ocupando su cumbre. Hállase a diecisiete leguas a levante de Málaga, a doce de Vélez y a tres de Almuñécar por aquella misma parte; y a poniente una legua y media de la ciudad de Motril; once al medio día de la de Granada, de cuyo Arzobispado es aneja y jurisdicción. Consta de una iglesia parroquial con noventa y séis vecinos de todos estados, un alcalde mayor, juez de letras (Providencia del Correo de Granada), un alguacil mayor y cuatro regidores. El trato y comercio de los vecinos es de los azúcares, mieles y frutos que se labran en un ingenio extramuros, del que la real hacienda percibe por sus dueños cerca de noventa mil reales. La copropiedad de los campos es de diferentes forasteros, mayorazgos, capellanías, patronatos y, alguno, de los vecinos. Las aguas de que usan son de un pozo intramuros que es muy caudaloso, y de séis fuentes muy abundantes, cuyas aguas son muy buenas y saludables, que están fuera y a levante de otra villa, a poco trecho del peñón que llaman de Salobreña, situado a levante de su puerto (del que se hará mención aparte). La villa, por especial privilegio, goza del indulto de alcabala, y el producto de las demás rentas reales y provinciales,junto con las del azúcar, importan cerca de 100t reales. Los lugares de su jurisdicción son Molvízar, con 120 vecinos, situada a la falda de unos montes poblados de viñas, distante de éste una legua al noroeste. Sigue una legua más arriba, en tierras quebradas y montuosas, los dos lugares de los Guájares, de 100 vecinos, y el de Lobres, de 120, situada en medio de su llanura, levantada de cañas dulces, adornada de varios árboles de limón y naranjas, distante tres cuartos de legua a la vista de la villa de Salobreña, según como lo demuestra el mapa adjunto, sobre dos leguas de largo este oeste, lindando con el mar por una grande y hermosa bahía que llaman la playa de Motril, y media (legua) de ancho. Rodeada de montes por la parte de tierra, las vegas y campos de Motril, Lobres, Pataura y Salobreña, plantados de cañas dulces que se labran en sus molinos o ingenios, que se hallan repartidos en otras poblaciones, de cuyo producto percibe S.M., por sus derechos, cerca de un millón de reales.
Riegan otros campos el río llamado Guadalfeo o de Motril, como se ve en…mapa, que se compone de diferentes manantiales que bajan de sierra Nevada. el principal de ellos sale de una laguna que llaman del Paul distante ocho leguas al norte de la villa de Salobreña y tres de la ciudad de Granada, de donde es jurisdicción, la cual recoge el río Veleta y otros, agregándosele a éstos los de Jate (de una de las vertientes del Torrente), de Nigüelas, de Tablete, de Cáñar, de Pocaire o de Trevélez, de los Bérchules, de Restábal y el de las Albuñuelas. Estos ríos corren por las tierras del Valle de Lecrín, taa de Órgiva y parte de las Alpujarras, juntándose en el sitio llamado Junta de los Ríos, entre otro valle y la taa de arjona, incorporándose también los de Vélez Benaudalla(término de la jurisdicción de Motril) con el de los Guájares (término de Salobreña) pasando presurosas sus aguas entre los altos y fragosos peñascos que llaman Boca del Dragón, distante legua y media del mar. Entra después en la expresada vega de Motril y desemboca sobre la playa en el cano llamado Quilates, formándose entre pajares, en tiempo de las crecidas y avenidas, unos bancos de arena que los levantes arrojan en la playa y puerto de Salobreña, que dista media legua hacia el poniente. Una parte de sus aguas, para el riego de las vegas referidas y, de camino, para hacer moler distintos molinos de pan y de papel de estraza, que sirve para empapelar los azúcares. Sus repetidas avenidas son tan perjudiciales como lo manifiestan los campos en el notable daño que padecen, llenándose cuando crece (que es a menudo) pedazos de las vegas de Motril y de Pataura. en la parte derecha de Lobres y Salobreña, dejando los baldíos inútiles de tal suerte que ningún particular de estos términos se atreve a labrarlas por no exponerse a pleitos y quimeras con legítimos dueños; por lo que sólo se cría en ellos ancares y carrizos que sirven para quemar en los hornos de los ingenios. Al parecer y según informes, dicen los vecinos que S. M. (sobre las presentaciones que le hicieron los interesados), haciéndole presente la imposibilidad en quererla llamar a contribuir en las cargas y pensiones que debían, con el motivo de verse sumergidas sus posesiones, mandó S.M. expedir una orden a la Sala de Granada el año 1716, para nombrase persona que entendiese en estos reparos, sobre el daño y perjuicio que causara el río. en consecuencia nombraron los Señores de la Junta sujeto para que con todo acierto diese cumplimiento a su encargo, lo que no tuvo tan buen acierto como se prometía, sino exponer que el río entraba con mayor velocidad en los campos por no haber tomado las precauciones y disposiciones necesarios y el parecer de los peritos; no valiéndose tampoco para ésto de los materiales oportunos y proporcionados a la importancia de una tan digna obra que debía de dar el ser a los interesados y el aumento a la real hacienda. Esta obra se empezó por donde se debía de concluir, y en el interim que se efectuase sobrevino otra avenida de las que suelen, que se llevó todo lo hecho a la mar. Se dice que los vecinos contribuyeron con cuarenta mil reales para el bien fin de esta obra, causando daños a seis mil marjales, además de diez mil que tenían ya perdidos, que hacen juntos cerca de mil seiscientas fanegadas de tierra, y cada día en aumento, donde pierden los labradores sus posesiones y S.M. sus derechos, y como los dueños  de la las propias tierras están ausentes, por ser también estas propiedades de diferentes mayorazgos forasteros, que viven en Madrid, en Granada y en otras partes, no ven su daño y por eso no lo remedian, pudiéndolo hacer con facilidad en el verano y otoño, que, entonces, las crecidas y avenidas no son frecuentes, plantando sotos y alamedas en los parajes convenientes para que las tierras que acarrean otras avenidas y brozas se detuviesen, y levantasen orillas y cubriese al río por su alveo antiguo, como lo está ejecutando (en sus campos que tenía sumergidos) el dueño de un cortijo, llamado Panatta, quien tiene ya ganado sobre el río más de cuatrocientos marjales. Así volvería el río a ser por donde iba, y cada una de sus posesiones, y a S.M. se le pagarían sus derechos.
Se puede presumir que la ausencia de los expresados dueños y un descuido manifiesto de repararse ha dado motivo a que diferentes personas solos o coaligados, ofrezcan aplicar el remedio a su costa y ganar al río las tierras perdidas, como S.M. se las conceda, y se sabría hacerles ciertos modos que piden: Hay sujetos en el lugar de Pataura que ofrecen reparar los daños de los campos de su lugar a su costa.
Como S.M. conceda su señorío y la propiedad de las tierras perdidas y sus dueños no quisiesen entrar en los gastos a prorrata, de las posesiones que tenían, y así mismo les conceda la facultad y privilegio que a otros ha concedido los señores ricos, para tomar de los bosques vecinos los árboles y demás maderamen que se necesitare para otros reparos, parece que de este modo estipulando lo que expresa, en caso de llegar a efecto, se evitarían pleitos y quimeras, que de lo contrario sería imposible.
 

Castillo de Salobreña.-

Es de forma regular y de fábrica muy antigua, como lo demuestra el plano adjunto, con la defensa de distintas obras exteriores, torres cuadradas y lienzos de cortinas capaces para poner artillería principalmente en la parte que mira hacia el mar. su situación está en la parte de la cumbre del cerro referido, entre grandes peñascos (a cuya falda solana y a tiro de piedra está la villa) señoreando todas las partes circunvecinas que se hallan debajo, y al alcance de su artillería, que comprende el puerto y peñón que distan cuatrocientas tuesas.
Su forma es un exágono irregular con bastante capacidad, haciendo, como está hecho,frente, por una parte, al mar, con una batería de séis cañones de bronce que no sirve para estar arrumbada en el suelo y faltarles sus cureñas. La defensa (por parte de la villa) tiene dos falsas bragas delante, sin terraplén, de cincuenta tuesas de largo, terminado en ambos extremos con dos precipicios. Una de las torres (que es la inmediata al lado de otro castillo) está sin defensa, y es muy importante dársela para que pueda descubrir todas las avenidas de aquella parte, que es por donde puede ser acometido y atacado, aunque con grandísima dificultad por la aspereza de su terreno, siendo todo él de peña viva.
Este castillo carece de cuarteles y otras oficinas que acostumbra hacer en semejantes fortalezas, por cuyo motivo (y el de ser vecino de la villa los soldados de su dotación), en número de cuarenta y séis, al mando de un teniente de alcaide puesto por S.M.) duermen en sus casas y el castillo queda sin guardia día y noche; por lo que es muy importante hacerles otros cuarteles, casa para comandante, almacén de pólvora y otras oficinas, en los parajes más oportunos y adecuados, como señala el plano y perfil adjuntos. Necesita también de recomposición de sus murallas, hacerlas aptas para poder servir y disparar la artillería por ellas, y para el abasto de las aguas. Hallándose una cisterna en él, es menester disponer el terreno de su plaza de armas y otros parajes para que desagüen en ellos las aguas del cielo y pueda llenarse. Tiene así como una torre circular llamada del Homenaje, que sirve hoy de almacén de pólvora, una mazmorra o calabozo de tierra y un pozo sin agua, como todo se reconoce por otro plano y perfil.

Puerto de Salobreña.-

Síguese debajo de su…(como queda expresado y demuestra el plano adjunto) el puerto de Salobreña, gran abrigo de levante para navíos y galeras. Compónese de su peñón y de una playa muy limpia  y arenosa, cuyo fondeadero es de los mejores que hay en estos contornos y tan especial que los navíos de alto bordo pueden arrimarse a diez brazas cerca de tierra. Su longitud es de unas quinientas tuesas dirigidas este oeste. Parte de ella la cubre de levante el escarpado peñón y los embarcaderos suelen dar fondo debajo de su abrigo.
En tiempo antiguo tenía más ámbito y capacidad. Era abrigo de poniente y levante. La causa de haberse aminorado ha sido la arena del río ya referido; por lo que se ha hecho playa lo más de lo que era puerto. El peñón que se ve, estaba aislado, de forma que había lugar para pasar una embarcación de las mayores entre él y su playa, y hoy se halla por un lado en tierra firme.

Peñón de salobreña.-

Este es un cerro de peña viva, casi llana, escarpado, de cuarenta a cuarenta y cinco tuesas por sus lados más anchos este oeste, y ciento ochenta de largo, en su mayor extensión norte sur,  haciendo punta avanzada hacia el mar y elevado de sus aguas con tal proporción que, por mayores que sean sus tormentas, nunca llegan sus olas a lo alto de él. Esta es su situación como queda dicho, y en paraje muy ventajoso (como se ve en dicho mapa) para favorecer a las embarcaciones que navegan en aquella costa y se vieren aprestadas por los moros y otros enemigos, y quisieran acogerse en su puerto; continuándola una torre o reducto con una batería de cinco cañones encima y los cuarteles debajo de sus bóvedas (como lo demuestra el proyecto adjunto) para su guardia y custodia y lo demás accesorio al servicio de la defensa, como también alguna caballeriza, para dos o cuatro caballos, para hacer la ronda por la playa, con lo que parece será más que suficiente para el fin que se requiere, y no necesita de otra mayor fortaleza, porque el sitio no la admitiera tampoco (esto mismo lo propongo en distintos parajes de la misma costa) si fuera del Real Servicio de S.M., se siguiese en otra parte para su guarda, lo que en la costa del principio de Cataluña y en las del Reino de Valencia, donde semejantes reductos están guarnecidas de tropas y comandante veteranos de S. M. No hay duda de que el servicio se haría con más prontitud y acierto, ya que éstas se hallan totalmente constituidas y dedicadas al real servicio; lo que no sucede con la milicia del país que por sus intereses propios y fines particulares y para eximirse de pagar los derechos de S. M., los más acomodados de ellos solicitan la plaza de soldado infante y bien la de a caballo, y con esto no tener quien los mande con todo aquel rigor que merece la disciplina militar, que es una circunstancia muy importante que sin ella no se hace el servicio, librándose, como digo,  de todos los pesos y pensiones que a S. M. se le deben; gozan además de los fueros y exenciones militares, no están sujetos a la justicia ordinaria ni son hijos…Y de ésto resulta también que viven licenciándose, acuden a su trato y contrato los unos de labradores, cosecheros, arrieros y otros pescadores (dejo aparte lo que de ésto se puede perjudicar a la Real Hacienda) y cuando rebato en la playa, pocos se encuentran por estar ausentes y los demás llegan tarde y el enemigo ha ejecutado su intento. Esta noticia que se ha conseguido de diferentes del país, sino de otras partes de la misma costa, sobre el modo de servir de estas gentes y que después he visto por experiencias nuestras que son dignas de tener lugar en esta relación, para que llegado a noticia de S. M. mande lo que más convenga en su real servicio. Para la guardia y custodia de la expresada torre, en todo tiempo, sean tropas veteranas o del país. Se necesitan sólo de un comandante, dos sargentos, veinticinco soldados infantes, comprendidos cinco artilleros, dos veteranos y dos soldados de a caballo, y todo el mando del castellano del castillo de Salobreña por estar debajo de su artillería, y parecerme que se le debe este comando y preeminencia como gran fortaleza, y la otra, ser una torre. La costa de la expresada torre como de los cuarteles y demás reparos que se mencionan se dejan en una relación aparte, así como el estado de la artillería que hay y debe haber para su mayor defensa.
Salobreña, 20 de febrero de 1772
 
Siglo XVIII: (documento sin fecha precisa). Se dispone de un interesante documento en el Archivo General de Indias, legajo 3121, con el nombre de «Expediente acerca del resguardo de la costa de Granada y Murcia». Su redactor es el Mariscal de Campo Don Antonio María Bucarelli y Ursúa. Fue mandado redactor por el Ministro de Guerra de Carlos III, Don Ricardo Wall.
En este documento Bucarelli describe las fuerzas militares del castillo de Salobreña con el siguiente texto: «Partido de Motril, Castillo de Salobreña: dista el expresado Castillo de la torre antecedente una legua. Tiene a poniente un cuarto de legua de playa rasa con buen fondo. Está situado sobre una eminencia de peña, distante del mar una doscientas treinta tuesas. Tiene tres recintos maltratados; ningún alojamiento para la tropa y sólo un pequeño almacén de pólvora maltratado. Tiene dos plataformas, una más elevada que otra, en mal estado, de modo que para poner este puesto en algún estado de defensa, atendiendo al todo, sería necesario gastar mucho, lo que no merece su gran elevación y bastante distancia del mar. Contiguo al castillo se halla la ciudad del mismo nombre en la que hay una cuadrilla o compañía de veinte y nueve hombres con un cabo. Tiene dicho castillo su alcaide, guarda de almacén y artilleros de dotación, Algunas municiones, un cañón desmontado de veinticuatro de mediano servicio y dos de tres inútiles.
Al poniente de dicho castillo e inmediato a su falda, hay un cuerpo de guardia con tres caballos de la costa, y delante de dicho castillo, en una parte que se aproxima al mar, hay un cuerpo de guardia de infantería que llaman la Garita, y más a poniente hay otro cuerpo de guardia con cuatro caballos de la costa que llaman la Caleta.
Año 1.803: Castillo.- Es antiguo y muchas partes de él están abandonadas. Esta situado sobre un alto peñón escarpado por la parte del mar y distante unas 150 varas. Desde él se defienden con cuatro cañones gran parte de su gran playa. Contiguo a sus espaldas está el lugar. El mar se va retirando a causa de las avalanchas de arrastre del río de Motril, cercano unas 182 varas.
Año 1807: En el documento que se adjunta al final de este trabajo, se relata la importancia que tenía el castillo desde que se consiguió libertar este reino de la dominación sarracena. Los moros arrojados de esta tierra perdieron la esperanza de recuperarla, pero conservaron por mucho tiempo el plan de inquietarla con sus continuas correrías para el pillaje de frutos y cautiverio.
En él se habla de la total carencia de recursos en que se hallaba la monarquía en el siglo siguiente a la conquista de Granada. Por ello la codicia berberisca quedaba impune.
Se va indicando paulatinamente cómo se van ocupando algunas fortalezas y cómo se dejan abandonadas otras, hasta el punto de arruinarse algunas torres y castillos. A principios del siglo XIX los castillos de Salobreña y Almuñécar figuran como defectuosos en la descripción que se hace de las fortificaciones costeras.
La razón aducida para su abandono es el exceso de su altura sobre el nivel del mar. ya que el de Almuñécar se encuentra (según la descripción) a 70 de altura, y el de Salobreña a 150, con lo que no ofrecen eficacia en cuanto a la utilización de su artillería en defensa de la costa.
Año 1810: Las fuerzas napoleónicas se reagrupan y deciden recuperar Andalucía tras la capitulación de Bailén. La Junta de Granada se disuelve y Sebastiani, al mando de las tropas francesas, penetra en Granada, venciendo los brotes de oposición surgidos en la provincia, con deseo de expulsar al invasor nace la partida en Ronda.
En nuestras tierras tenemos los heroicos episodios del famoso alcalde de Otívar, llamado popularmente Caridad, Juan Fernández y Cañas, que va a ser una eterna pesadilla para las tropas francesas. Tomó tres veces el castillo de Almuñécar, en poder de los franceses, lo que demuestra las cortas fuerzas de que disponía así como el valor y valentía de sus seguidores.
En Almuñécar se reúnen los alcaldes de Ítrabo, Molvízar, Jete, Otivar y Salobreña y firman lo que llaman «Juramento de Fidelidad» al Rey José Bonaparte. Pero no se aceptó tal humillación. Se produjo una inmediata reacción. Desde este momento el alcalde de Otívar se erige en cabecilla de la rebelión patriótica con motivo de un desgraciado incidente. Le siguen hombres de la comarca y causan verdaderos estragos en las tropas francesas.
Acerca de la actuación del citado alcalde Caridad en la ciudad de Salobreña tenemos el siguiente relato:» Penetró en Almuñécar y atacó su castillo, donde se había refugiado el destacamento francés que guarnecía la ciudad, el cual negose a rendirse, poniendo entonces el alcalde fuego a la fortaleza, obligando a entregarse a sus defensores. Luego, corriéndose por Salobreña la liberó, y se apoderó de Motril, de donde tuvo que salir el general Belair con sus tropas, dirigiéndose a Granada, y el alcalde lo persiguió y abrió hostilidades en la propia vega granadina (Gallego Burín),
El citado alcalde, a pesar de las dificultades y problemas presentados continuaría luchando hasta el año 1812, en que abandonan los franceses la Provincia.
Año 1821: Castillo de Salobreña.- Otra descripción de pasada que se nos da en este documento, indica su estructura primitiva en su tipología no teniendo relación con los que comienzan a construirse en la época. Su armamento era 4 piezas de a 24, con una guarnición de 16 infantes y 8 artilleros.
Año 1830: Fuerte de Salobreña.- Salobreña…ciudad: es una antigua población situada sobre un cerro en dirección al mar.
La ciudad tuvo murallas de las que quedan restos. En el extremo sur está su castillo sobre lo más alto de la colina. Su estado es casi ruinoso.
En las antiguas fortificaciones servía como última retirada si era atacada la ciudad. Tiene en uno de sus torreones una batería poco eficaz debido a la altura sobre el nivel del mar y a la distancia.
Tiene como finalidad defender la costa que es baja de arenal y de poco fondo y, a la vez, batirla cruzando sus fuegos con los del Varadero. Pero la mala situación estratégica hace que no cumpla debidamente su finalidad. Por esta razón y debido a la importancia de Motril y su vega se proyectó en mil ochocientos veintidos una torre de especiales características, aprobada por S.M. para esta costa, a la orilla del mar, cerca del Peñón de Salobreña, cuyo proyecto es tanto más necesario, cuanto que desde el Varadero hasta la torre de la Galera, a una distancia de casi séis leguas, no hay defensa alguna.
Personal del castillo.- Estaba guarnecido por veinte infantes, cinco caballos, cinco artilleros y un guarda de almacén.
La torre propuesta no necesita esta guarnición, pero en Salobreña debe haber un destacamento de infantería y otro de caballería para patrullar desde el río Guadalfeo  hasta la Galera.
Estado general.- De la detallada descripción que antecede, se deduce el estado general de los fuertes, baterías, torres artilladas y vigías,y, que los abusos que se han cometido en la política y conservación de los mismos (sin contar entre ellos los trastornos de la Guerra de la Independencia causados por los propios enemigos y aliados) han sido en general la falta de guarnición y el abandono en que se han visto sumidos desde fechas anteriores hasta ahora sin prestar atención a reparaciones leves en su origen, pero que, dejando pasar el tiempo, provocan la ruina total, ni a las arbitrarias licencias con las que no solo se han apoderados particulares de las propiedades medianeras, edificando a su antojo contra lo dispuesto en las Reales Ordenanzas, sino ocupando también algunos fuertes.
En 1764 el castillo se puso en estado reparable, según se desprende de una orden del Rey. Los castillos, baterías, torres reductos y artilladas que se añadieron a las antiguas defensas y lo bien planificado de sus líneas y construcción, apenas dejaron un punto accesible si se producía algún desembarco.
Las dotaciones de artillería y tropa de esta arma, el regimiento fijo de caballería de la costa, las compañías adecuadamente repartidas y los torreros, mantenían suficientes guarniciones en los puntos estratégicos, patrullaban los intermedios, pero se dejaba reserva en cada cabeza de Partido a disposición de su mando, capaces de socorrer cualquier punto que fuera atacado en cada uno de los ámbitos comarcales. Un Reglamento puesto por el rey puso en funcionamiento todo este aparato militar. en él se contenía el sistema de servicios y señales adecuados a las características y circunstancias de esta costa. Todo fue planificado y organizado teniendo a la vista los trastornos que había causado la Guerra de la Independencia desde mil ochocientos ocho.
Pero dada la situación que ha sido descrita con detalle antes, la fortaleza, en general, está a disposición del primero que quiera atacarla. Sus sistemas defensivos están acabándose de destruir. No tienen artillería ni guarnición adecuada y con muy poca fuerza de caballería (siendo indispensable para el control contra todo tipo de manifestación enemiga o contrabando la vigilancia de la misma). Por ello el comercio de la ciudad se encuentra sin protección.
Por este aspecto de desolación y abandono se pide al Gobierno que preste atención y remedie en lo posible estos males. Creeríamos faltar a nuestro deber si estando encargado de la dirección de subispección de sus fortificaciones dejásemos de presentarlo en su verdadero punto de vista.
Estado general.- Considerando su estado actual, cosa que en nuestra opinión conviene hacer, por el mejor servicio a S. M. el Rey, es necesario establecer las fortificaciones artilladas y guarnecerlas con tropa de ejército que debe ser relevada con cierta frecuencia para que no se contagie del espíritu y ambiente relajante de la costa, dado que es muy común este comportamiento humano en los habitantes de las costas templadas y que ello conlleve muchos perjuicios al Real Erario y a las costumbres.
El servicio que acabamos de nombrar debería hacerse con batallones, escuadrones y compañías; nunca con destacamentos sueltos, a fin de que los jefes recorran continuamente el distrito de su demarcación y la tropa conserva la misma organización y disciplina que en la guarnición de una plaza.
Las guarniciones propuestas, a simple vista parecen numerosas, pero no lo son si se tiene en cuenta las siguientes consideraciones: en primer lugar, esta costa tiene frente  a sí una nación semibárbara, enemiga de religión de la nuestra, y con la que no se tienen pactos; en segundo lugar, su proximidad a la plaza de Gibraltar, depósito general y punto de partida del contrabando, abrigo de insurgentes y expatriados que, como hemos visto, han hecho, aunque sin fruto, repetidas tentativas. En tercer lugar,viviendo gran cantidad de nuestra población del contrabando, vienen muchas veces partidas de doscientos o trescientos hombres con armas y caballos y, siendo así las guarniciones tienen que ser, si no cómplices, espectadores en estos desórdenes.
Se debe obligar a los torreros a que cumplan exactamente cuanto se les manda en el Reglamento de mil setecientos setenta y cuatro, bajo la serenidad de las leyes militares que, por sus descuidos pueden ser de fatales consecuencias.
En todas las torres artilladas, debe haber, cuanto menos, un artillero de dotación para dirigir las punterías e instruir a los torreros en el funcionamiento del cañón.
El sistema de señales, con alumbradas de día y hachos encendidos de noche, debe sustituirse como medio de telégrafos sencillos, cosa que también debía establecerse desde las poblaciones principales desde la costa a la capital.
Las comunicaciones de los puntos entre sí y los caminos que de la capital conducen a los más importantes de la costa deben estar expeditos y transitables tanto para el comercio como para las operaciones militares. El más interesante de estos caminos es el de Granada a Motril, continuando al puerto de Calahonda, siendo también de gran interés los de Almería y Málaga.
En tiempos de guerra, si los caminos carreteros estuviesen practicables, debería auxiliar a la defensa de esta costa de artillería volante, acantonadas en Almería y Málaga.
En tiempos de guerra, si los caminos carreteros estuviesen practicables, debería auxiliar a la defensa de esta costa la artillería volante, acantonadas en Almería y Málaga.
Todo cuanto se lleva propuesto para la defensa de la costa, a pesar de la importancia que en sí tiene, lo creamos secundario ante la necesidad de un establecimiento apostadero en Málaga y Almería, desde estos dos puntos deberían partir los guardacostas, manteniendo cruceros sobre toda ella ya que estamos convencidos de que las costas se defienden principalmente desde el mar. Esto en cuanto a defensas.
Obras.- En lo que respecta a obras, hasta la puesta en funcionamiento del nuevo plan de Real Hacienda militar en vigor, sólo se han compuesto desde el año 1827, el castillo de S. Pedro, la muralla E. y varias de las del sur de Almería, y algunos torres en diferentes partidos. Pero, no habiendo dotación, nada se podía hacer. Ahora bien, se harían sacar en los presupuestos, cantidades para obras desde el inicio del año en que se comenzó a librar dinero, como se viene realizando en las obras que se hacen de reedificación.
Año 1869: Se dan unos datos descriptivos-geográficos de la villa y de sus proximidades. Se habla de la existencia de restos de murallas en torno a la villa.
Aparece el nombre con que  Xerif-el-Edrisi llama a la ciudad: Salobania. También se recogen datos relativos al concilio iliberitano o de Elvira, donde se lee el nombre de Segalvina.
Castillo.- Las referencias a él se hacen a propósito de que el año 1408 Yusuf fue encerrado aquí como prisionero antes de ser rey de Granada. Se hace ver su importancia y categoría como fortaleza.
En 1489 fue conquistada por los Reyes Católicos quienes la repararon de los muchos desperfectos que en ella habían ocasionado las guerras. Setenta años más tarde se defendió heróicamente de los embates provocados por la rebelión de los moriscos de las Alpujarras.
El número de vecinos que pueblan su término con arrabales y cortijos asciende a 399 (1787 habitantes).
Año 1959: Castillo e historia humana árabe.-
Es un castillo roquero situado sobre escarpada peña muy importante bajo la dominación musulmana. Por la parte que recae al mar, la peña que sirve de asiento al castillo es inaccesible; hacia el lado de la población estaba defendido por dos altos muros con barbacanas; para llegar a él hay que subir por un angosto sendero; tenía dos plazas de armas y otros tantos aljibes a los que proveía de aguas  un manantial existente en el interior del recinto.
La torre del Aljibe, la del Agua, la de la Coracha, la Nueva, la vieja y la del Homenaje, esta última sobre la misma puerta de entrada a la fortaleza, muestran en su cuerpos las huellas del tiempo.
Los reyes granadinos las utilizaron para guardar sus tesoros y para encerrar a sus enemigos.
En el año 1395 murió Yusuf II, rey de Granada, envenenado arteramente por un emisario del rey de Fez, su encubierto enemigo. Su segundo hijo Mohamed, se hizo proclamar rey y encerró en el castillo de Salobreña a su hermano primogénito Yusuf, legítimo sucesor.
En 1408, a punto de morir Mohamed VII y para que su hijo ocupara el trono y no su hermano Yusuf, decidió asesinar a éste, para lo cual despachó a Salobreña a un hombre de su confianza con la orden de dar muerte el prisionero. Una partida de ajedrez que el desgraciado príncipe jugaba con el alcaide de la fortaleza cuando llegó el emisario, evitó que la sentencia se cumpliese, pues Yusuf pidió que le permitiese acabar el juego: mientras éste finalizaba arribaron dos walíes con la noticia del fallecimiento de Mohamed y la de que Yusuf había sido proclamado rey.
Tras éstos fueron apareciendo más grupos de caballeros y escoltado por todos ellos, Yusuf se encaminó a la capital donde fue aclamado con el nombre de Yusuf III.
En la campaña final para la conquista del reino moro, la fortaleza y villa de Salobreña, junto con otras de la comarca, fueron sometidos por los Reyes Católicos en el año 1489, entregándosela a Francisco Ramírez de Madrid, quien puso en ella un alcaide.
Pero un año después, Boabdil que, al perder esta plaza, se quedaba sin puerto de mar, donde poder desembarcar auxilios de Marruecos, se dirigió contra ella cayendo en su poder la villa gracias a la traición de los moros que en ella habían quedado al rendirse, pero no así el castillo al que puso cerco.
Apresurose a la defensa su guarnición, y llegada la noticia a Vélez-Málaga, salieron de esta población fuerzas para rescatarla, las que desembarcaron en un pequeño islote que hay no lejos del castillo desde donde Hernán Pérez del Pulgar, que mandaba el grupo de soldados compuesto de setenta ballesteros, logró llegar a tierra firme y entrar en la fortaleza por un portillo. Desde las almenas descolgó un cántaro lleno de agua para convencer a los sitiadores que dentro del recinto no había escasez de ella.
La defensa continuó hasta que llegaron mas refuerzos en auxilio de los sitiados y Boabdil se vio obligado a levantar el cerco.
Sometido el reino de Granada, el castillo de salobreña mantuvo su importancia por su posición estratégica en la defensa de aquellas costas contra las incursiones de los piratas berberiscos y turcos.
 

 

PLANIMETRÍA DEL CASTILLO DE SALOBREÑA

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Vista general de Salobreña: pueblo y castillo desde la parte de levante

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Vista parcial del castillo sin restaurar.

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Vista parcial del castillo sin restaurar

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Vista parcial del castillo en estado ruinoso

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Vista parcial del castillo restaurado

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Vista nororiental del castillo restaurado

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Vista parcial del castillo restaurado

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Vista lateral del castillo restaurado

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Vista parcial de la fachada oeste del castillo restaurado

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Castillo y mecanismo de abastecimiento de agua mediante un sistema de noria.

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PLANTA GENERAL DEL CASTILLO DE SALOBREÑA

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Los dibujos de los planos del castillo de Salobreña han sido rehechos sobre planimetría antigua, por el autor de este trabajo.

Encuadre de Salobreña y Peñón por su situación junto al mar y vega de Motril

DESCRIPCIÓN FOTOGRÁFICA DE SALOBREÑA Y PEÑÓN

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Vista de conjunto de la colina de Salobreña en su vertiente oeste donde se aprecian los tajos casi verticales. Su parte sur muestra la zona donde se han descubierto la mayor parte de los enterramientos ibéricos situados sobre una fosas naturales o artificiales, donde han aparecido muchos restos humanos pertenecientes a la cultura del Argar, época del Bronce Pleno (-1600-1400 a. de n.e.) y Tardío, Bronce Final.
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Vista lateral del Peñón donde se ha excavado recientemente y donde ha aparecido bastante material perteneciente al mundo romano.
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Vista panorámica de conjunto de Salobreña y su peñón. En tiempos pasados el agua del mar separaba ambos elementos dando lugar a lo que se ha considerado como puerto en época fenicia y romana, abarcando incluso la fase de la historia árabe de la ciudad. Bien por las avalanchas del río Guadalfeo, bien por el plegamiento del terreno experimentado en fechas relativamente recientes, el aspecto que observamos ahora no tiene nada que ver con los tiempos pasados.
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En tiempos protohistóricos pensamos que la colina sobre la que se asienta la ciudad y su castillo, era una pequeña isla, lugar muy apetecido en las antiguas culturas que nos inundaron cuando tuvieron lugar las primera incursiones de los comerciantes fenicios en estas tierras. Tenia lo que más se necesitaba: agua dulce y seguridad para sus asentamientos provisionales.
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Peñón de Salobreña donde recientemente se ha excavado por parte de la Universidad de Granada y cuyos materiales deben estar o bien en el museo municipal, o museo provincial.
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Vista general del Monte Hacho y su entorno. Este lugar debe estudiarse con mucha cautela porque he sido bastante removido por gente inexperta. Se supone que es uno de los lugares más interesantes para estudiar la Cultura del Argar.
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Vista de primer plano del Monte Hacho
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Vista general de la zona correspondiente a La Caleta.
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Foto aérea del casco urbano de la ciudad y castillo de Salobreña. Sobre la costa se observa el Peñón.
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Vista aérea de la zona correspondiente al casco urbano, emplazamiento del castillo y laderas sur con gran desnivel.
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Pasadizo abovedado de comunicación entre los barrios del pueblo llamado la Bóveda.
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Interior de Salobreña. Pasadizo abovedado de estilo árabe.
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Interior de la ciudad. Pasadizo árabe abovedado.
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Salida del pasadizo anterior o Bóveda
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En esta foto se puede apreciar el aparejo usado en los muros de la forma abovedada de la foto anterior.
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Interior una una vivienda de estilo árabe con bóveda rebajada.
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Dentro del casco urbano se encuentra esta forma circular abovedada rebajada. Técnica muy usada en la construcción árabe
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Técnica similar en el interior de otra vivienda actual donde se aprecia el uso de ladrillo rojo, pero con un procedimiento que se asemeja más al romano. Nótese la secuencia de los ladrillos: 2-2-1,2-2-1. Es una bóveda rebajada y con un lucernario en uno de sus extremos, de forma estrellada. Recuerda algo el método romano que se detecta en varios lugares de Almuñécar.
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Pasadizo en otra zona de la ciudad. Parece que ha sido interrumpido para aprovecharlo como vivienda o almacenes. El ladrillo sigue la misma técnica del largo pasadizo anterior.
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Vista norte de la ciudad y castillo de salobreña. Destaca en el centro la torre del Homenaje y la Torre Circular.
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Torreón orientado hacia el Este.
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Detalle del anterior torreón visto de frente, de muros en sentido troncocónicos.
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Vista de la torre del Homenaje Vieja orientada al Este. Torre circular a continuación a su derecha.
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Torre del Homenaje Vieja y torre circular mirando al Norte.
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Torreón circular y murallas con vistas al Oeste sobre el tajo.
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Los tajos sobre la zona oeste del núcleo urbano.
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Torreón interior con muralla delante, y barbacana almenada interna.
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Torreón reconstruido modernamente.img758
Torre del Homenaje Vieja con decoración sobre la parte baja de la misma. Es almenada y conserva las aspilleras.
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Detalle de la torre anterior para destacar los arquitos decorativos y todo su sistema de mechinales usados en su construcción o restauración.img779
Al fondo, el castillo, y en primer plano, a la izquierda, la continuación de la vía romana de la costa a través del espacio ocupado por las nuevas urbanizaciones.La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es img781-2.jpg
Vista del castillo en su orientación hacia el Norte
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Vista panorámica noroeste del Castillo de Salobreña.
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Castillo al fondo; debajo el Camino del Moro y, en primer plano, la situación del ingenio de azúcar (La Fabriquilla) en La Caleta.
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Muralla del castillo con barbacana o sin restaurar aún.
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Aspillera situada sobre la barbacana de una muralla.
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Torreón interior con acceso sobreelevado para conectar con la barbacana mediante una escalera sobre muralla.
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Doble muralla interior con troneras, barbacana y almenas. Al fondo, la torre vista antes.
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Torreón con doble acceso: por abajo, entrada a través de un arco; hacia arriba, con escalera que asciende desde la barbacana que da al exterior. Delante: silo.
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Zona interior con jardines modernos, torreones al fondo y a la izquierda. Barbacana con escalera de acceso al torreón.
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Depósito o silo.
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Silo

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Torreón circular o polvorín: arriba con acceso mediante escaleras; abajo, con acceso al lo que fue polvorín.
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Decoración moderna de los alrededores de la zona norte.
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Parte norte del torreón restaurado.
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Muralla interior almenada y con barbacana hacia adentro.
 
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SALOBREÑA 6Scan copia
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Restos de la muralla árabe de la ciudad, que aparecen al borde de la calle moderna.
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Restos de la muralla árabe donde las casas modernas echan sus cimientos.
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Vista aérea completa de la ciudad.

Elementos de tradición árabe en las cercanías de Salobreña-

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Torre del Cambrón.
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Aljibe árabe en las cercanías del Hotel Salobreña, sobre una barranquera. Vista exterior.
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Vista interior del aljibe árabe.

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Aljibe árabe. Interior y puerta de entrada.
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Restos de estructuras árabes colindantes al aljibe.

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Restos de una construcción árabe con visos de ser un depósito de agua, pero con poca profundidad. Ello da pie a pensar que se trate más bien de una calera o similar.
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Ampliación de la foto anterior mostrando su aparejo de sillarejo. piedra local. Esta construcción tiene entraba de época y su diseño es circular.
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Detalle de la foto anterior donde podemos ver con más detalle la citada construcción anterior. Su interior y forma nos da pie a afirmar que se trata de un pozo para fabricar cal. Por lo que pensamos que se trata de una calera.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Este trabajo se terminó en Granada, el 11 de Septiembre de 2021.

LA PRÉSENCE ÉGYPTIÉNNE DANS ALMUÑÉCAR (GRENADE)

LA PRÉSENCE ÉGYPTIÉNNE DANS ALMUÑÉCAR (GRENADE)

DANS LE SUD DE LA PROVINCE DE GRANADE. L’ESPAGNE

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Professeur au Lycée

Almuñécar, située au Sud de la province de Grenade,  en l’Espagne, a apportée à l’ amas culturel qu’ établit un rapport avec la civilisation égiptienne, un enchainement des indices qui, en complétant le plus, suivant sa catégorie, quelques creux presque inconnus sur l’Hitoire de l’Égypte, sans doute, dans ce moment, fait le rôl des impositions par son abondance et sa varieté de restes archéologiques dans l’ ourlet côtier de l’Espagne et dan l’intérieur péninsulaire, de même que si également on rapporte avec les restes de localisations archéologiques jusqu’ à ce moment étudiée le long et large de ce qui constitue la carte archéologique de la Méditerranée et quelque partie de l’Atlantique de Maroc.

Avec cela on ne se brigue pas de dogmatiser la primauté d’Almuñécar, catégoriquement, sur d’autres centres qui aussi ont apporté des trousseaux rapportés avec le monde culturel égyptien.

Semblablement, en arrive dans le travaux faits par Bonsor à Carmona (Séville, l’Espagne): ce centre apporte sa colaboration dans la reconstruction de ce qui a pu être un échange mutiel de la culture mediate, clairement, par le mouvement commercial phénicien.

Évidemment nous ne en pouvons parler sur une colonisation égyptienne en l’Espagne et certainement en Almuñécar, où on a enregistrée, par moment, une collection la plus surprenante des objets égyptiens.

Mais il est un peu singulier et rare que cette ville soit’elle, pas rengée comme place de catégorie stratégique et militaire, cette que régistre des indices vraiment importants, comme on pourra voir plus en avant, et que des colonies phéniciennes comme Motye, Utique, Carthage, Cádiz etc n’ offrissent pas leurs excavations des vases comme dans Almuñécar.

Les albâtres ont apparu aux places diverses du Sud de l’Espagne, mais d’une manière ordonée et méthodique, comme la nécropole «Laurita» d’Almuñécar, pas encore.

Cette ville a donné à la culture orientale deux apports très impostants: la nécropole phénicienne du «Cerro de San Cristóbal» et, d’autre part, une nouvelle por excaver dans l’intérieur du térrotoire qui nous a offrie une typologie de vase de laquelle jusqu’ au moment on connaît bien peu. En ce qui concerne la ville d’Almuñécar, il faut dire que sa fondation est phénicienne presque certainement, bien qu’il n’y a pas de données urbaines.

Les témoignages  dans cet affirmation nous en offrent les gisements archéologiques. Des nouvelles fouilles sont sur le point et mettre en évidence que l’assignation de la ville phénicienne originaire n’ a pas pris la place qui jusqu’ à présent  a été admis.

Bientot nous connaîtrons des nouvelles sur la situation ou une des possibles lieux qui a pu avoir la colonie SKS (Seks), en latin Sexsi dans les siècles précédents la domination romaine.

Dans le témoignages archéologiques que nous ont donné les gisements  de Sks, nous pouvons citer, en suivant, la chronologie de son apparence, éléments que nous avons:

1.- Documents historiques sur les découvertes avec des tombes et des trousseaux d’  égyptisation.

2.- Une étude sur les materiaux de la nécropole phénicienne du «Cerro de San Cristóbal».

3.-Un découvert d’un neuf type de vase égyptienne, de place inconnue.

4.- Des petites tailles appartenant à une typologie représentative de personnage de caractère divin égyptien.

Tous ces données nous montrent qu’ elles son le produit d’un contac intense de tipe commercial entre les phéniciens et le monde oriental égyptien dans la typologie et les caractéritiques des pièces trouvées.

MANUSCRITO DE ALMUÑÉCAR

«Cette ville avait besoin grand de construire une Église où ses fidèles pourraient assister à ses offices divins.

L’ Église qu’y avait, etait pétite et son bâtiment pas trés sûr.

Cette question a été discutée avec le Prélat qui, en avant reconnu que ça qu’on voulait était juste, et a parlé sur cette construction. Le travail a commencé immédiatement, suivant jusqu à l’en avoir réussie. Quand l’ouvre avait finie, en considérant que, ou par l’âpreté du lieu, ou par les matériaux qui avaient tombé, on trata d’en aplanir, en faisant devant une petite place pour soulagement.

D’en on chargea Gregorio Meléndez, voisin de cette ville, qui rabaissa du terrain pensant quelques jours. Un d’eux, en piquant des pierres qui surpassaient, pour aplanir, près de la porte de l’église qui s’appelle du Soleil, avec le pic se fit une incision, et sonnan en vide, ils commencèrent crier, trèsor¡ il en répé tant, beaucoup de fois.

Le juge éclesiastique comprit qu’il en avait quoi orner sa nouvelle église, et d’autre partie, l’ouvrier pensait qu’il s’en ferait riche.

Ils accourrièrent l’ un avec son notaire, l’autre avec son écrivain, mais pour tous ces prétensións furent faux.

On continua dans le découverte du trèsor et eux succeda ça que dit Lob: «Comment ceux qui cherchent un trèsor, ils trouven une tombe».

En éffet, ils trouvèrent une tombe qui était en voûte carrés, de quatre aunes de long, excavés en roc, et dessus, de pierres de tailles labourées.

Les carreaux pour carreler était aussi mince qu’ elle se démarra prèsque toute cassés san s’en profiter aucune.

Les pierres des murs étaient très justes et elles étaient plus grosses, et plusieur d’eux se garden aujourd’hui dans le façades de deux voisins de cette ville. Elles sont comme pierre-tuf, pas aussi poreusses et légères, mais un peu plus fermées et dures.

On trouva dedans une boîte en bois qui, comme on a reconnu, elle semblait en mûrier, par être moins assujettie à la corruption; avec de clous dorés déja défaits, et dedans un corps humain de démesurée grandeur qui, bien que le temps l’avait consumé pas seulement les robes mais aussi les os; pourtant il a été reconnu par la terre ou poudre qu’il y était, il semblait avoir été de corp humain ce qu’on y avait inhumé, et particulierment quelques os des doits qui n’étaient pas si défaits, ils donaient des preuves de sa grandeur.

Quand ils l’inhumèrent, lui mirent à côté une épés large qui, la prenan, se changea en morceaux minces; et pourtout on conservait la rouille et la forme d’épée.

On trouva ausssi une diadème en argent, et deux jarres grosses en boue blanc, une à chaque côté.

Dans la partie qui semblait tomber sur la poitrine on virent deux bagues en grossière façon, grosses et lourds avec deux pierres, l’une bleue et l’autre rouge.

Il y étaient dans les pierres émaillées, certains disent deux, les autres trois scarabées».

Dans les chapitres posterieurs, l’auteur de cet éphémerides d’ Almuñécar, ajoute: » Le materiel duquel ils étaient faits les bagues c’était l’or».

On fait aussi allusion à une pierre qui átait enchâssée dans un mur de la tombe et dans laquelle on porrait voir la figure d’un homme en regardant la Lune.

Au commentaire sur le trousseau funéraire composant de l’inhumation, il faut dire les suivantes annotations:

– La diadème en argent est une pièce décorative très utilisée dans la culture égyptienne. Mais ce n’écarte pas que les pheniciens aussi en utilissent.

– Les «jarres» en boue blanc peuvent être très bien deux vases en albâtre égyptiennes parce que dans cette fois le gens qui a découvert la tombe, ne féssait pas différence dans ce qu’est en albâtre et en boue.

L’ albâtre, je pense, il serait couverte avec des concretions calcaires causés par le poudre et l’humidité aux cours des annes.

Il peut-être que cettes vases eussent des inscriptions hiéroglyphiques qui ne seraient pas observées, dû à l’ignorance d’une lecture égyptissante et surtout à l’état de conservation des pièces.

La tombe se trouve en bas à côté de l’église d’ Almuñécar et nous croyons qu’elle a encore la forme primitive.

Par la description qu’on a fait sur elle, nous pouvon facilemente la trouver dans la même place indiquée par le chroniqueur de la ville.

Dans cette même coline, où est situé l’église, on a produit la nouvelle découverte de deux tombes de galerie et dont le caractères sont presque égaux à celle du chroniqueur.

En éffet,  à propos des ouvres réalissées dans la même église, on a découvert au cours des années ’50,  deux nouvelle tombes avec des galeries semblables à celles que nous avosns décrit en avant. Elles disposaient des escaliers labourées en pierre et elle avaient la forme d’une chambre quadrangulaire.  J’ai été présente dans cette travaille.

Quand on fit la découvert, les ouvriers qu’y travailaient n’ annoncèrent pas l’ événement; ils pillèrent les tombes et on ne resta que les cendres.

Quand  M. le prêtre savait la nouvelle, il commenda de tamiser les cendres pour extraire los bijoux que pouvaient y avoir. Mais il n’y avait plus que d’os.

Les trousseuax étaient disparu, évidemment saccagés par les ouvriers

Il faut dire aussi de ces emplacements que leur situation occupe un lieu très à propos pour ce type d’enterrements. Ces sont les monticules évidement, les lieux destinés et élus pour ce typologie de tombes.

D’autres de cette même typologie ont paru à Trayamar (Màlaga), et dans la même ville d’Almuñécar, et tous ont été saccagés et profanés dans ce village-ci jusqu’ à maintenant.

Matériaux égyptiens de la nécropole de la colline de San Cristóbal

L’excavation de cette nécropole a été fait sous la direction de M. le Docteur Pellicer Catalán.

Elle a lieu en 1.962 après la découverte de quelques tombes à propos d’un délardement de terrains pour le bâtiment de logements.

On n’a contabilisé que 20 tombes. Mais on croit bien sûr, qu’il y en a plus dans ce nécropole puisque la zone excavée appartient au bâtiment.

L’extension du terrain sans bâtir est plus grand que celui que nous avons étudié.

Materiaux égyptiens des tombes

1.- Deux vases cinéraires en albêtre avec une inscription hyéroglyphique et une cartuche de Takelot II.

2.- Une vase cinéraire en albâtre sans inscription.

3.- Deux vases cinéraires en albâtre. L’ une d’ eux a une inscription punique peinte. Il y avait aussi dans cette tombe un anneau d’argent avec une scarabée vasculant.

Les tombres 4 au 9 on été excavées par les ouvriers de l’ urbanisation et il n n’ y a pas de nouvelles de sa structure et les pièces se son perdues grâce à l’ ignorance intentionnelle de ces messieurs-là.

10.- Cette tombe a été localisée aussi par les ouvriers et probablemente l’ appartient une vase en albâtre fragmenté, en forme d’ oeuf comme une amphore.

11.- Elle a les mêmes caractéristiques que la dernière tombe. Son trouseau registre une amphore en forme d’ oeuf.

12.- Cette enregistre une vase en albâtre en forme d’ogive.

13.- Elle a une vase en albàtre en forme d’ oeuf.

14.- Elle a une vase en albàtre en forme d`oeuf allongé.

15.- Cette vase est comme la XIIIe. Elle enregistre de plus une inscription hyéroglyphique.

16.- Une vase cinéraire en albâtre, en forme d’ ouef. Elle a une inscription hiéroglyphique avec une cartouche qu’appartient au pharaon  Chechomq II. Elle avait aussi un scarabée basculant enmarqué en or.

17.- Elle a une vase cinéraire en albâtre en forme d’oeuf. Elle a une gravure de la tête de Bes au milieu de deux cartouche de Osorkon II.

18.-  Cette tombe on croit saccagée autrefois. Elle a suelement de céramiques fragmentées, faites à main et à tour. Peut-être cette tombe n’a pas été utilisée. Cela n’est pas drôle puisque dans une excavation que nous faison maintenant avec rigueur scientifique nous a surpris parce qu’elle n’offre que le trousseau cinéraire sans cadavre incinéré ni inhumé. Cependant elle a un trousseau typique et sans cadavre. Au contraire, la tombe 18 de la nécropole Laurita, seulement nous offre quelques décombres céramiques;  c’est pour ça que nous pensons à une violation précédente ou, peut-être, contemporaine comme nous avons déjà observé.

19.- Elle nous montre une vase cinéraire en albâtre, en forme ovoîde allongée et une autre vase aussi en albâtre de type ovoîde.

20.- Elle a une vase en albâtre de type ovoîde. Elle a deux cartouches de Osorkon II. Elle a aussi un scarabée d’une pâte vitreuse verte et une inscription qu’ on peut lire.

Établissements théoriques sur ces materiaux

Dans un travail récent sur les materiaux puniques trouvés dans la débouché du fleuve Guadalhorce dans Málaga, on a distingué une partition très opportune de deux étapes dans le procès colonisateur d’Occidente et d’ une manière concrète au Sud de l’Espagne, en distinguant deux fases dans la colonisation, appuyées toujours dans les pièces achéologiques. D’abord on doit considérer une première époque dont les phéniciens apportent d’Orient tous les matérieux spécifiquement puniques fabriqués dans leurs métropoles respectives. et les matériaux commercialisés ou achetés aux autres peuples comme l’égytptien qui est celui qui nous affecte dans ce case.

La date de ces importations arrive jusqu’ à le VIIe siècle a. J, C.

Une deuxième étape est caracterisée par la fabrication des matériaux puniques dan la même colonie, c’est à dire, ils comencent apparaître des trousseaux autochtones, mais toujours en suivant  au loin la typologie des caractères puniques.

Cette division a été établie par les professeurs A. Arribas et O. Arteaga de l’ Université de Grenade, puis un bon travail réalisé dans un gisement à la province de Málaga. La première étape c’est qu’en registre les pièces égytiennes de plus importance, si nous comparons la nécropole Laurita avec le gisement du Gualhorce. La date de la Laurita a été mise par les matériaux grecs.

Quoique ce soit ainsi, un étude posterieur de l’ inscription punique, peinte sur un vase en albâtre de la tombe 3, a mise un possible change de date pour tout le gisement. C’est M. Jean Ferron, du Musée archéologique de Carthage qui a fait cet étude-ci.

Un étude philologique peut éclairer quelques chosses inconnues, mais cette affaire n’est pas decisive quand nous avons une distance chronologique courte dans une langue qui évolue trop lentement.

Comme on a dit d’avantage, la première phase de la colonisation enregistrerait les apportes orientaux, aussi qu’en nous montre la chronologie. Ce ne veut pas dire que le commerce avec l’Orient se coupe d’uns manière brusque.

C’est vrai qu’ en des nouvaux gisements phéniciens, maintenan en excavation, la presence des objets orientaux et de typologie égyptienne en indiquent que le commerce et l’ échange mutuel avec la culture du Nil n’a pas disparus jusq’à une date rélativemente récente.

C`est le gisement que nos sommes en train d’excaver, celui qui nous offre d’ une partie une lampe grecque du VIe siècle (peut-être) a. J. C., comme d’ autre des monnaies puniques de plusieurs époques.

Cela veut dire que nous sommes dans un gisement archéologique qui nous montre un habitat utilisée succesivement par toutes les cultures qui ont passée pendant l’histoire antique de cette ville.

Nous avons ainsi une complexe trousseuax dans la nécroplole nommée par nous «Puente de Noy», où se trouvent succesivement: des matériaux puniques, grecs, romaines et, utilisées par le phéniciens, des petites exemplaires égyptiens certainement orientals.

Ètude du materiale égyptien

– Des vases en  albâtre.

Ce qu’est le plus important de la nécropole Laurita et aussi le plus caractéristique, c’est l’utilisation des vases en albâtre comme d’urnes cinéraires, parce que la plupart d’elles avaient dedans des os humains incinérés.

Par moment cet utilisation comme des urnes cinéraires constitue un example unique, en établiant le premier précédent de tous les possibles découvertes qu’en, peut-être, se suiveront.

Nous ne connaisons pas des paralèles.

C’est á Carmona où il a apparu l’albâtre oriental et aussi dans quelques lieux isolés du Sud de l’Espagne.

Mais, comme on a dit au commencement, cela est la plus rare c’est la localisation. prèsque unique dans Almuñécar. entre toutes les colonies puniques de la Méditerranée. d’un ensamble si homogèn et typique et, par contre, des autres factories, comme, par éxample, Carthage n’en registre rien, beaucoup prochaine au monde égyptien;  de même que Cádiz, l’héritiére de l’égémonie de Tartessos, et des autres colonies historiquement de plus importance que ‘Ex (en grec) ne montrent pas ni un seule gisement si devoué.

Les paralelles de ‘Ex se trouvent en Égypte et Samarie.

La provenance des vases cinéraires en albâtre de `Ex, selon Vercoutter,  était de Memphis, parce que cette ville était un grand centre de fabrication en albâtre.

Les cartouches de trois pharaons appartiennent à la dynastie 22, IXe siècle a. J. C.: Osorkon II, chechonq II et Takelot II respectivement, dans des vases en albâtre des tombre 17 et 20, 16 et 1. Ceux-ci furent des pharaons rois sucessif.

– Des scarabées

Évidemment le scarabée a une provenance égyptienne. Il a été utilisé comme pièce de collier pendant ou de vague basculant. C’était d’orne et d’amulette qu’ on utilisait les scarabées. Sa présence dans des nombreuses tombes phénisiennes peut-être index d’antiquité. Son existence s’ écoule depuis le VIIIe siècle jusqu’ à IIIe a. J. C.

Les paralèlles de ces scarabées se trouvent en Utique, Rachgoun, Junon, dans les tombes de Dermech et de Douîmes,

En Espagne ils sont apparus aussi dans les «Astilleros de Cádiz», les «Glacis» et «Punta de Vaca» dans la nécropole de la «Cruz del Negro» à Carmona.

DECOUVERTE D’UNE NOUVELLE PIÈCE ÉGYPTIENNE DANS ‘EX

On a trouvé une case toute différente il y a prèsque 40 ans dans ‘Ex. Cette fois n’est pas en albâtre, mais en marbre gris veiné (¿?). (Mais on pense aussi en quartz volcanique, existent au sud de l’Égipte), malgré l’opinion des autres auteurs. On n’a fait aucun étude sérieux en laboratoire).

Cette pièce n’a pu pas être localisé dans l’espace auquel nous pensons qu’elle dévrait avoir sa nécropole respective. On a fait de notre part, des investigations pour rechercher leur point de provenance.

Seulement on sait qu’elle a été trouve à peu près 5 k vers l’intérieur de la région d’Almuñécar à propos de l’excavation des cimentes d’une ferme dans le champ. Mais nos savons que le lieu où elle est apparue, c’est la même où se trove la nécrople  Laurita. On ignore le trousseuax contextuel. Ce qui l’a trouvé nous dit qu’il n’y avait rien autour de l’amphore. Mais je ne croit rien du tout.

On n’a pas pu savoir qui était éxactement la ferme.

La typologie de cette vase est par moment unique. Peut-être que le matériel soit le quartz volcanique avec des inscrustations d’autres sortes de rocs. Sa dureté est à peu près dans la chiffre 8 du barème de Mohs.

L’inscription en caractères hiéroglyphiques est située sur le surface circulaire de la bouche de l’amphore. La tradution a été faite par le Professeur Jean Leclan. Il est venue chez-moi despuis Paris pour voir la pièce avec le propiétaire, chez-lui, et faire le premier lecture de la même. Nous en ajoutons au final une lettre personel où on expose la première opinion philologique.

Le cartouche appartient au pharaon Aa-ouser-Rê Apopi, penultième de la XVIe dynastie, l’ époque des envahisseurs hyksos, dont la chronologie on remente aux années 1.595-1.550 a. J. C. Ce pharaon fut roi pendant le deuxième période intermédiaire.

En 1.954, la découverte d’une stéle à Karnak a permis d’établir que Aa-ouser-Rê Apopi, juste au départ des guerres de liberations de l’Égypte, un peu en avant 1.580 à. J. C.

Dans le nom de Aa-ouser-Rê peut entrer un idéograme très curieux por wsr attesté par ce nouveau document.. On ne connaît que très peu de monuments de ce roi et  c’est donc particulièrement précieux.

Les inscriptions de l’amphore indiquent près de son nom celui d’une princesse, une «soeur de roi», nommée t3w3t, ce que l’on pourrait vocaliser «Tjaouat».

Celle-ci ne samble pas autrement connue.

On note cependant une autre «soeur royale» hyksos, «Ta(ou)ny; deux monuments à ce nom sont publiés par W. K. Simpson.

On trouve aussi mention d’une «fille roiyale», «Hery» ou «Herty» associée à Aousserre sur un fragment de vase en albâtre recueilli à Thèbes par Henry Carter et conservé au Metropolitan Museum de New-York.

Bien entandu se pose la question du trayet suivi par l’amphore.

Cette vase a pu être transportée en Syro-Palestine lors de la retraite des hyksos d’Égypte. Regnait aussi sur la Syro-Palestine ce pharaon vers 1.580. a. J, C.

Comment y est-elle resté près d’un millénaire, avant d’ être réexpediée par les phéniciens vers l’Occident dans des lots semblables à ceux qui ont apporté à Almuñécar les vases aux noms de Shechonq ou Osorkon. Quel magnifique problème historique!

Nous savons que les phéniciens étaient excelents navigants et, peut-être, ces qui mieux connesaient les routes de navigaction vers l’Occident.

De tout ça on ne peut détacher une consèquance, d’une manière certaine, logisienne: l’arrivée de ce type d’amphore pauvait avoir en lieu dans une époque antérieure à celle de la nécropole Laurita parce que les phéniciens étaient vasseaux d’Apophis IIIe, frère d`Ahmé, et qu’il a été vaincu par les égyptiens deu fois, et l’échange commerciel avec de nouveaux peuples, constituaient l’objectif primordial de ce gens éminemment marine.

Le problème le plus serieux ou la difficulté la plus difficile c’est l’obsence de trousseuax secondaire qui nous puisse dater avec plus de sécurité la date aprochée de l’ arrivée à ce lieu, d’un treousseux si original.

Le deuxième problème nous en propose ce-ci de ne pas avoir des paraléles qu’ indiquent une continuité, le fait de que cette soit prèsque exclusivement Almuñécar laquelle enregistre le plus nombreux amas de ces précieux documents. Ce nous met à nous faire de questions un peu presontueux: aussi grosse et d’une catégorie fut la colonisation phénicienne d’Almuñécar?

Y a-t-il des possibilités d’admetre des expeditions mixtes phéniciennes-égyptiennes?

On connaît des periples de circumnavigations égyptiennes depuis la Mer Rouge-Côte africaine-Atlantique, en retournant par la Méditerranée.

Le contac mixte a pu être possible, mais encore pas probable, bien que jusqu’à ce moment nous navons pas de preuves.

Finalement, dans les nouvelles excavations que nous faisons à la colline de Puente de Noi a commencée paraître des vestiges égyptissants, produits du change commecial.

Celles-ci sont de petites figures en ivoire où nous pouvons une taille de faucon que peut-être une représentation du dieu Horus.

La deuxième nous offre une figure en demie corps d’une personnage avec une bonnet en capuchon de forme conique de base irregulière. Elle est aussi taillée en ivoire.

Pour la prochaine excavation nous avons l’espoir d’augmenter les trouvailles dû a la richesse archéologique de ce gisement.

Nous devons dire, au rapport, que la typologie du habitat que juxtapose et cumule avec les tombes nous a troublé: Nous sommes en train de trouver de formes de habitats taillées en roc. De tous façon, nous nosons pas definir ce que nous avons découvert.

Maintenant, la deuxième phase de l’excavation où nous avons faits un premier coupure de jusqu’à 4.5 m de puissance, et en surface, de 5.5 m x  m. nous a montré quelque chose qui aussi n’a pas de précedent dans l’archèologie phénicienne. Par ce motive,  nous ne voulons rien dire. On va faire un coupure à peu près de 150 m carrés et jusqu’à ce moment, nous ne definirons pas ce découvert, avec sa nouvelle typologie que nous a affri l’énigmatique ville d’Almuñécar.

RÉLATION DU MATÉRIEL ÉGYPTIEN TROUVÉ DANS  CERRO DE SAN CRISTÓBAL SUR LA NÉCROPOLE LAURITA.

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Voici la première version original du texte de l’ amphore du pharaon Apophis, faite par le Professeur Jean Leclant dans la même maison du propriétaire de la pièce près de la nécropole Laurita dans Almuñécar.

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L’ amphore du pharaon Apophis avant de sa restauration chez le premier propiétaire.

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3Ánfora boca 5 (1)

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6Ánfora boca 9

7Ánfora boca 10

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13Ánfora boca 16

14Ánfora boca 17

15Ánfora boca3

16Ánfora boca4

17Ánfora boca7

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19Ánfora sello real 18

MATERIAUX DE LA NÉCROPOLE PHÉNICIENNE PUENTE DEL NOI

ALMUÑÉCAR (Grenade)

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1Puente del Noi Tumba 5B collar egipcio copia

2Puente del Noi Tumba 5B 2 copia

3Puente del Noi Tumba 5B Dorus sin corona copia

4Puente del Noi Tumba 5B 4 copia

5Puente del Noi Tumba 5B 5 copia

6Puente del Noi Tumba 5B 6 copia

7Puente del Noi Tumba 5B 7 copia

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13Puente del Noi Tumba 5B 13 copia

14Puente del Noi Tumba 5B 14 copia

15Puente del Noi Tumba 5B 15 copia

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17Puente del Noi Tumba 5B 17 copia

18Puente del Noi Tumba 5B 18 copia

19Puente del Noi Tumba 5B 19 copia

20Puente del Noi Tumba 5B 20 copia

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22Puente del Noi Tumba 5B copia

23Puente del Noi Tumba 5B 23 copia

25Puente del Noi Tumba 5B 25 copia

26Puente del Noi Tumba 5B 26 copia

2Escarabeo dib 4 (2) copia

3Escarabeo 2 copia

4Escarabeo dib 4 (1) copia

5Escarabeo 5 copia

6Escarabeo dib 10, 6 copia

7Escarabeo incompleto 7 copia

8Escarabeo dib 9 copia

9Escarabeo 9 copia

10Scan copia

Le gisement où se trouvent nombreux éléments de la Culture de l’Argar, on connue comme Monte de Velilla, dans la ville d’Almuñécar (Grenade). Là appartiennent beaucoup des scarabées qu’on peuvent ici voir.

Dans cette montagne il y a une grande mélange, parce que nous pouvons trouver sur la même: des éléments romains, ibériques, phéniciens et égyptiens etc., comme un «totum revolutum» produit par le travail agricole pendant beaucoup d’annés. Ça explique la situation courante de l’archéologíe dans la ville d’Almuñécar.

Mais cela nous apporte à une conclusion final: L’archéologie de ce lieu es très complexe pour arriver à une conclusion finale.

BIBLIOGRAPHIE GÉNÉRALE

Carter, H. Jpornal of Aegyptian Archaeologyc. III, 1.916.

Gauthier, H.  Livre des rois II, 1.912.

Hayes, W. C. The Scepter of Egypt. II. 1.959.

Hornung, E. Grundingeder aegyptischen Geschichten, Damstadt, 1.978.

Leclant, J. Orientalia, 33, 1.964; 39, 1.970. Id. The Role of the Phoenicians in the Interaction of Mediterranean civilisation. Mars, 1.967, ed. Beirut, 1.968.

Manuscrito de Almuñécar, Biblioteca Nacional, nº 5857. Madrid.

Pellicer Catalán, M. » Excavaciones en la necrópolis púnica «Laurita» del Cerro de San Cristóbal. Almuñécar, Granada.

Ruiz Fernández, A. «Almuñécar en la Antigüedad fenicia o Ex en el ámbito de Tartessos. Granada, 1.979.

Seters, J. van. The Hyksos, a new investigation.

Simpson, W. K. Chronique d’Égypte, XXXIV, 69, 1.969

Stock, H. Studien zur Geschichte, 1.955.

JARDÍN-HUERTO NAZARÍ DE VÉLEZ DE BENAUDALLA (GRANADA)

«La belleza jamás podrá arraigar  en una sociedad orientada al  consumo voraz, en la que el   silencio (la materia de que se nutre) es negado por una borrachera de superficialidad«

  » Sobre la arquitectura», Rob Krier

 

Juan Francisco Sánchez García

Antonio Ruiz Fernández

Introducción

En palabras del Profesor Manuel Domínguez García, «En nuestra comarca costero-granadina puede existir, y de hecho existe, una identidad común; pero no tendremos una Historia común hasta que todos no tomemos conciencia de que poseemos una identidad. De otra manera existirán historias de Motril, Almuñécar o Jete, por ejemplo, pero nunca una visión global de nuestro proceso histórico». (Revista general Motrileña de Programación de Fiestas, 1983, pág. 31 y ss.).

Vélez Benaudalla se encuentra en este contexto histórico del que forma parte como elemento integrante de la misma desde los albores de la civilización. Los procesos seguidos a través de los factores geográficos y humanos son paralelos a los de cualquier otra comunidad primitiva de la Comarca. Por ello, basándonos en los testimonios arqueológicos, la historia de esta comunidad queda enmarcada en las líneas maestras de la evolución del contexto geográfico. Se dan fuertes paralelismos entre Vélez Benaudalla, Salobreña y Almuñécar bajo el punto de vista del Bronce, pero en época fenicio-púnica y romana, la costa es homogénea, mientras que el interior es bien diferente.

En época de dominio árabe se da una evolución paralela, ya que el proceso evolutivo de la Historia del Reino Nazarí es convergente en todas las facetas de sus manifestaciones sociales y políticas, así como científicas y culturales. Los testimonios históricos alusivos a estas últimas manifestaciones, vienen dados por el denominador común del espíritu refinado oriental, manifestado a través de los testimonios hoy identificables en el sustrato de la cultura islámica en toda la Comarca granadina a través a través de todo examen de la jardinería y horticultura actuales. Por ello podemos concluir que el rasgo más claro de la identidad musulmana, registrado en esta comunidad de Vélez de Benaudalla, se manifiesta con la presencia inequívoca de este jardín-huerto nazarí.

La ciudad de Vélez Benaudalla y su topónimo

Respecto a la denominación actual de Vélez de Benaudalla se han tomado varias acepciones cuya explicación global viene a dar un origen común para todas ellas.

Siguiendo la opinión de Simonet (Descripción del Reino de Granada bajo la dominación de los Naseritas, sacada de los autores árabes, Madrid, 1.860, pág. 65), el término filológico de Vélez de Benaudalla, proviene de » Wadi Beni Abdallah».

Por otro lado, el Profesor Torres Delgado (El antiguo reino nazarí de Granada (1.232-1.240), sitúa a Vélez de Benaudalla, en su mapa de la Provincia de Granada, dentro de la Cora de Elvira, denominándola «Vallis ibn ‘Abd-Allah».

Madoz (Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar», t. XV, pág. 640) dice: «…es población árabe, y Benaudalla supone tal vez una contracción de Ben Audalla o Abdalla, recordando el dominio de un señor al que perteneciera».

Elías Terés (sobre el nombre árabe de algunos ríos españoles». R.E.F.M.G., Al-Andalus, vol. XLI, 1.976, fasc. 2, pág. 409), dice que «la voz al-wadi ha sido y es usada en el mundo arabófono con el significado general de «el río», el «valle», y se aplica para denominar cursos de agua grande y de exiguo caudal perenne, así como cauces pluviales o intermitentes, y aún  lecho seco y parajes con agua subálvea, o depresiones varias del terreno de grandes o reducidas dimensiones». Más adelante (ibidem, pág. 413) dice: «Esa usual voz hispano-árabe wad, debió penetrar con alguna fuerza en el léxico romance, o por lo menos fue generalmente conocida como voz arábiga que significa «río», aunque es interesante observar que los cristianos, al transcribirla o romancearla, la suelen convertir en «Guada…».

Lafuente Alcántara («Historia de Granada y sus cuatro provincias». 1941, t. 2, pág. 155), nos dice que un franciscano granadino, estudioso de los vocablos hispano-árabes, presenta el vocablo «Ben» con el significado de «hijo de», o «familia«, aplicándose a pueblos en que se establecieron tribus notables, como «Ben-aualla, Ben aocaz, Ben-adalid…pueblos todos del país granadino».  Igualmente nos dice que el vocablo «Guad«, que es el más notable, significa «río«. como se dijo antes, que da formas como: Guad-al-Kivir (el río grande), Guadalimar, Guadalfeo…».

Contactando todas estas explicaciones de términos árabes, así como las denominaciones expuestas sobre el nombre de Vélez Benaudalla, se observa poca diferencia en la génesis toponímica de esta denominación. Según toda esta explicación, podríamos proponer la siguiente convergencia con pocas variantes: Vélez Benaudalla, Vallis/Guadi-Beni ibn ´Abdallah, y cuyo significado sería expresamente: Río o valle del hijo de Abdallah«.

Por último, y en cuanto al análisis de estos topónimos de origen arábigo, y en cuanto a su origen común, en los comentarios de Elías Terés, aparece el término «Guadaudalla«, en la voz Guadi/Wadi, acompañado por un sustantivo que indica a Guadaualla como Wadi-abd´Allah, término que significa Río de ‘Abd-Allah, lo que explica la situación e importancia del señorío árabe de la ciudad en aquellos tiempos. Wadi puede tratarse del actual Río Guadalfeo. Hay que decir que tal río tuvo varias acepciones a lo largo de su historia. Así, Madoz (Ibidem, t. IX, pág. 14), en el siglo XVI, dice que se le denominaba «Río de la Sierpe«.

 

Planimetría y exploración arqueológica.

En este apartado se va a exponer, de forma detallada y precisa, el análisis de todas las partes que integran este conjunto, compuesto por el jardín-huerto, la casa, y elementos complementarios.

Queda bien claro que el estudio completo está algo lejos de lo que se pretende en este artículo, ya que subyacen interrogantes muy difíciles de subsanar debido a las diversas transformaciones que se han llevado a cabo en este paraje.

El casco urbano se ha desarrollado tradicionalmente en las faldas del monte del Castillo (fig. 1). La trama urbana es la que tipológicamente corresponde a la ciudad medieval árabe: callejuelas estrechas, callejones sin salida, calles siguiendo principalmente las curvas de nivel y buscando la buena orientación.

No es el objetivo de este trabajo desarrollar el estudio sobre la complejidad, evolución y alteraciones producidas a través de su historia, en los elementos más significativos que lo sustentan, si bien, en el plano que se adjunta, se perciben con claridad los elementos más relevantes del mismo. Aquí nos detenemos en una exposición gráfica de su situación y, principalmente, en el eje-recorrido, que va desde el Nacimiento (fuente a partir de la cual se va a desarrollar el pueblo, y que se aprovecha para hacer molinos de harina. (fig. 13; fot. 2).

El recorrido de la gran acequia tenía como misión llevar y abastecer de agua el jardín, si bien no se olvidaba el uso hortelano, y de esta manera servía de red de abastecimiento a las diversas huertas de la vega.

En un desarrollo futuro del pueblo había que tener presente estas piezas que lo forman, amén del Castillo e Iglesia, siendo el jardín el núcleo en el que se concentran todos los valores paisajísticos de la zona, y por ende, la acequia, de belleza y contenido simbólico a lo largo de toda la vega, que permite de esta forma unos puntos de perspectiva, claves para el entendimiento de toda la ciudad.

En primer lugar nos vamos a centrar en la exposición detallada el jardín-huerto, casa y molino. No obstante, conserva la simetría en cuanto a la orientación de cada uno de los niveles que bajan ajustándose a sus alturas correspondientes; por otra parte se especifica en el plano topográfico (fig. 8, fot. 3).

Se entiende, como paso ajardinado, el nivel terminal del último tramo de escaleras (fot. 9), cuyo trayecto, a derecha e izquierda, comprende toda la dimensión transversal del jardín, siguiendo una línea que, en su mitad, cambia de perspectiva probablemente para evitar la monotonía paisajística y provocar diferentes sensaciones con el cambio de la misma.

Este paseo se encuentra delimitado por un murete de mampostería en casi la mitad de su trayectoria, rematado en ladrillo visto, utilizado como elemento decorativo. Se ignora si la segunda parte de la trayectoria tenía el mismo remate, aún siendo esto lo más probable. Se observa igualmente un juego de pilastras a tresbolillo, destinadas a pérgolas, lógicamente elemento extraño al jardín árabe, por lo que debe fecharse en época muy posterior. Este elemento decorativo, la pérgola, se utiliza en el primer tercio de la acequia principal, cubriéndola, y creando en ambos lados de la misma, dos plataformas utilizadas probablemente como paseos. El tercer tercio de la arteria principal, tiene en su parte derecha, una pérgola, que nace sobre la vertical del molino, y en su vertiente izquierda llega hasta el fondo de la finca (fot. 12). Esta misma parte conserva las pilastras de una segunda pérgola situada en esta misma vertiente y cuya línea segunda de pilastras se encuentra extremadamente deteriorada (figs. 4 y 8, fot. 12).

 

MEMORIA DESCRIPTIVA DE LA CASA-JARDÍN

Los ejércitos islámicos de ocupación de la Península Ibérica (711) llevaban consigo no sólo un ímpetu histórico, en tránsito nómada por el desierto africano, sino también una vasta cultura que habría de florecer en la primera y más importante manifestación en tierras españolas: el Califato Omeya. Cultura que, heredada de sus antepasados, fue portadora de los principios básicos orientales y que, en su periplo por la costa mediterránea, habría de asimilar otros formalismos en las creaciones arquitectónicas y jardineras, de diverso origen, que no fueron obstáculo para que se mantuviese firme la riqueza imaginativa de goces sensoriales, en la Península Ibérica.

En el Reino Nazarí (1.238-1492) se aquietó el ímpetu guerrero. Se produce una sublimación de la sensibilidad hacia las artes. El jardín nazarí habría de crearse necesariamente en espacios reducidos. En sus tiempos no habría lugar al dominio de grandes extensiones. Tenía que aislarse en recintos fortificados. En ello radica la personalidad de su creación. En pequeños ámbitos se produce una concentración de altos valores jardineros que, con manifiesta sensibilidad y maestría, unifican y resumen toda una vasta cultura, su sentido místico y el dominio de los placeres sensoriales. Según Prieto Moreno » el jardín nazarí mantiene vigente la expresividad de los más excelentes atributos de la jardinería (Icomos: » Les jardins de l´lslam, islamic gardens». Edi. Patrim. de la Alhambra, 1.976, págs. 170 y ss.).

La decoración mural en paramentos exteriores, con módulo reticular y piezas de cerámica vidriada de los palacios orientales inmersos en la naturaleza, se nos presenta en los patios nazaríes, las formas geométricas de azulejería alicatada, como complemento de color en la abstracta composición del patio-jardín y salas inmediatas. La exuberancia de colorido, rojo, azul, oro, en galerías y pabellones de los jardines medievales del siglo XIII, continúa en la decoración geométrica de las yeserías musulmanas interiores. Los pabellones y quioscos umbrosos, el borde de los lagos, se minimizan en el jardín granadino, en cuanto al ámbito del paisaje que los rodea, pero quedan exaltados por sus proporciones y situaciones en el abstractismo arquitectónico.

La utilización de los elementos naturales: el manantial, arroyo, lagos y cascadas en el extremo oriente, se depura y se concreta con singular habilidad en las fuentes, canales y estanques del jardín nazarí. El cielo, agua y vegetación se introducen en los patios, irradiando la luz y jardinería hacia dentro, produciéndose al mismo tiempo la visión, desde el interior, de las fuentes, estanques y vegetación, según ejes de perspectiva que penetran por encima de espacios de diferentes intensidades lumínicas, y terminan en la intimidad contemplativa, en el mar de agua o estanques, en el reflejo de las estrellas del cielo.

Por otra parte cabe señalar que la intimidad del jardín nazarí no es obstáculo para el disfrute del paisaje. La distribución de las estancias formando pabellones agrupados alrededor de los patios, permite, no obstante, una concentración hacia el interior, una continuación de los ejes de perspectiva hacia el exterior para el goce del paisaje inmediato y en la lejanía, produciéndose una simbiosis entre la evasión anímica hacia el horizonte y el ensimismamiento y el quietismo de la vida sedentaria del oasis artificial.

Juegan un papel decisivo el establecimiento de distintos niveles que constituyen la base fundamental para el deslizamiento visual en las perspectivas y dominio de los diferentes tratamientos del agua. El gran eje de composición, propio de vergel oriental, no se mantiene en dimensiones generales, pero sí en cada patio o recinto, supeditado a la visión que se enfila hacia un determinado elemento, fuente, estanque o galería. Este eje, si bien es común a todas las arquitecturas, se hace aquí mucho más acusado por la colaboración de una serie de elementos naturales, tales como la vegetación, luz y color que aparecen obligados a él. Mas, si el orientalismo se advierte en este aspecto de la composición interna de cada patio, el medievalismo se respira en el concepto total de los jardines árabes de Granada. Del mismo modo este jardín se nos presenta sujeto a esa propia índole medieval, adaptándose por medio de sus «paratas» a la constitución accidentada del terreno en contraste con la forma plana de los jardines de Oriente, si bien conservando un refinado sensualismo de raza, una herencia de sensualidad, traída por los antepasados árabes y estimuladas por las descripciones paradisíacas de su religión. Pero siempre se manifiesta con predominio sobre estos caracteres importados, las calidades del terreno, el agua y una psicología propia del país que persistía a lo largo de las transformaciones que durante los siglos posteriores a la reconquista, se produjeron en el escenario granadino.

Fomentan tradicionalmente esta psicología estática y sedentaria. El factor de aislamiento geográfico, producido por las montañas que rodean la vega, y el factor económico de «sibisuficiencia», producido por la fertilidad y abundancia de agua de ese mismo terreno, en el cual una pequeña finca proporciona los medios necesarios para cubrir, al menos, las primeras necesidades.

El jardín granadino tiene, como principal característica, el no poderlo calificar como complemento arquitectónico, puesto que en su constitución se funden, formando una identidad indisoluble, arquitectura, vegetación y paisaje, de tal suerte que su ambiente forma el eje de vida de la casa, penetrando e influyendo en sus íntimos rincones. Cabe señalar unas partes claramente diferenciadas, como son las galerías orientadas al Norte, para evitar los vientos fríos de aquel, con miradores y terrazas

Al llegar a la huerta, puede afirmarse que penetramos en la esencia auténtica del jardín granadino, heredada del «Dar» árabe, y en la que se disfruta sabiamente de todos los matices de los sentidos. Sus frescos paseos se centran bordeados de flores, y en las encrucijadas se sitúan glorietas de laurel con enredaderas de jazmines y madreselvas, presididas por una fuente central, junto a la cual culmina el goce de la naturaleza entre el frescor de la vegetación y dominando el paisaje a cubierto de vistas externas en el más delicioso aislamiento. Todo este conjunto se distribuye en poco espacio, con arreglo el módulo humano, en el que radica su valor fundamental. Otro elemento a tener en cuenta es el escalonamiento de las terrazas, que permite un mayor goce espiritual sin interposición de obstáculos, como comentamos anteriormente.

En cualquier jardín el agua es un elemento imprescindible, vitalizador, pero en Granada sobrepasa este valor para convertirse en la esencia misma, viva y dinámica en sus jardines y en su principal medio de expresión estética y cuya mayor virtud estriba en el preciso aprovechamiento que se hace de ella. En el ámbito del jardín granadino, la vegetación se produce, valorando exactamente la función individual del árbol y la planta, sin canon previo, con excepción de los setos recortados que denotan la influencia renacentista de los jardines italianos.

Los grupos de cipreses y otros árboles de gran altura, proporcionan un sentido de verticalidad, dominado las construcciones y los jardines bajos con un máximo de rendimiento predominante de la naturaleza. La individualización del hombre se transfiere a la planta con la que convive. Así, el simple tiesto de claveles, rosas o de enredaderas vulgar, se manifiesta con una fisonomía propia

El concepto de «asimétrico»  resalta la individualidad vegetal en cuanto a las proporciones, el color y el pintoresquismo, que se acusa en mayor escala por la conjunción de las especies ornamentales y las utilitarias, apareciendo junto al ciprés, laurel y el magnolio, los cerezos, higueras y nísperos, o junto a los rosales y claveles, pimientos, tomates y fresas, en particular unidad de lo puramente estético con lo práctico. El árbol de fruta y la hortaliza se presentan sobre fondos artísticos de especies decorativas que, unas al servicio de otras,  componen la belleza total del huerto, en el árbol y la flor se poetiza con el reflejo trémulo de las fuentes y estanques.

La vegetación interior de jardines y huertas rebasa los tejados y tapias, deslindando y encubriendo la arquitectura en fusión tan estricta que llega a ser imposible diferenciar el orden artificial del natural, estableciéndose un carácter de «intenso lirismo» que llega a su apogeo del sentimiento espiritual en las noches de luna llena.

El interés del jardín granadino procede del cuidado directo y personal de su dueño, pudiendo afirmarse que, si se perdiera su sentido de la vida, desaparecerían todos ellos en breve tiempo, ya que los elementos arquitectónicos que los componen son ínfimos en cuanto a su calidad material.

Los elementos arquitectónicos propiamente dichos, que forman parte del jardín granadino, suelen ser de extraordinaria pobreza. Los muros, escaleras, barandales, pérgolas y remates están construidos con ladrillo, mortero de tierra y cal grasa, constituyendo solamente un esqueleto o armazón para el jardín.

En su orden lógico de formación, el pavimento, única parte que no puede cubrirse con formas vegetales, se decora con dibujos de empedrado, alternándose los motivos geométricos con los vegetales, en plena armonía con el ambiente. Los muros, escalinatas, estanque y otras formas arquitectónicas de la casa, se constituyen en forma irregular de esencial adaptación al terreno y supeditada al espíritu del jardín, oponiéndose a toda manifestación formal, para aparecer de vez en cuando, con la nota característica del encalado sobre las macizos.

 

CASA-JARDÍN DE VÉLEZ BENAUDALLA.

Breves notas históricas

En la última fase  del reino nazarí en España se produjo una actitud de aislamiento y huida de la ciudad a lugares más tranquilos, en los que los placeres y dimensiones más profanas fueron posibles, creándose para estos casos verdaderos paraísos terrenales en los que todo era posible

Se llevaba en estos lugares un tipo de vida bohemio. Los problemas quedaban fuera de los muros del jardín, olvidando el paso del tiempo y disfrutando de aquello que sus propiedades ofrecían al goce de los sentidos.

Como es sabido, el Reino de Granada se convirtió en la última posesión árabe en la Península, aunque no supuso el hundimiento final de su cultura, que tras tantos años de fusión e intercambios, estaba totalmente asumida.

Fue en las Alpujarras, al Sur de Sierra Nevada y cercano a Vélez de Benaudalla donde por más tiempo sobrevivió el Islán y la lengua árabe.

Se sabe que los árabes abandonaron esta ciudad el 17 de Marzo de 1520, cuando el ejército cristiano terminó con los últimos reductos; y hasta entonces permaneció ocupada, siendo uno de los últimos lugares reconquistados.

La existencia del jardín en esta época es, con toda seguridad, un hecho, en un apeo llevado a cabo por Diego de Salcedo, quien afirma: «En dicho día (Enero de 1573) se alindó junto a las casas de la villa a la parte de abajo, hacia los molinos, una huerta serrada y casa de pasatiempo, que pasa por ella la acequia del molino, que dijeron ser de Gerónimo de Salamanca (Archivo Real de la Chancillería de Granada. Apeo LOAISA (1573). Repartimientos de las suertes de moriscos de la—a los nuevos pobladores, 2 vols…Hojas sueltas. C-20 A. nº 266, pp. 16-17), señor de la villa…». (fot. 1).

El documento gráfico más antiguo conservado del jardín y reflejado en el Catastro del Marqués de la Ensenada, está en el Archivo de la real Chancillería de Granada (fig. 1) (Catastro del Marqués de la Ensenada, Archivo de la Real chancillería de Granada, planta 5ª, sec.- historia. cat. 655 microfilm rollo 67).

Así, los elementos fundamentales del jardín, como son: casa, acequia, tapia y molino, ya se encontraron allí tres años después del verdadero final de la época árabe, tal como existen hoy día.

Sobre el año 1815 se reconstruyó el molino y, a la vez, se debió llevar una importante remodelación, aunque lo más probables es que las obras sólo fueran de reconstrucción de lo que existía, especialmente las relacionadas con el cauce del agua y su distribución (fot. 2).

Por otra parte se ve la importancia real que posee este espacio. Como dice James Dickie, «…se puede calificar poco menos que de milagro, en Vélez Benaudalla, cerca de Motril, el que se haya conservado una huerta de época árabe que, a pesar de su índole utilitaria, ofrece un testimonio inapreciable» (Dickie, J. «Notas sobre la jardinería en la España musulmana». Miscelánea de estudios árabes y hebraicos, XIV, XV, 1965-66, pág. 84).

Al igual que Prieto Moreno en su libro «Jardines de Granada«, nos señala: » que a este jardín se le puede considerar como la «expresión más destacada del jardín granadino...» (figs 10 y 11), podemos decir que en él existen y se mantienen los valores característicos que anteriormente hemos señalado (Prieto Moreno, F. Jardines de Granada, 1983, pág. 292 y ss).

Si en el Generalife estas normas aparecen un tanto desdibujadas por la índole regia, así como por las posteriores transformaciones de gusto italiano a que fue sometido, en el jardín de Vélez, en cambio, se conservan todos los caracteres peculiares sin que haya perdido su fuerza en ningún momento, perdurando el primitivo sentido de huerto árabe, magníficamente situada y organizada con un propósito jardinero, como nos lo ha dejado reflejado en unos manuscritos que se conservan en la Escuela de Estudios Árabes de Granada, el geópono almeriense Ibn Luyun, que vivió en la 2ª mitad del s. XIV, en su «Tratado de Agricultura«, y que, según la Dra. Joaquina Eguaras Ibáñez, su traductora, sólo ha llegado hasta nosotros un sólo códice que se titula «Kitab ibda al-malaha wa inha ‘al-rayaha fi usul sina ‘at al-falaha«, es decir: «Libro del principio de la belleza y del extremo de la fertilidad, acerca de las nociones fundamentales del arte de la agricultura, en el que, según Joaquina Eguaras, nos dice lo siguiente: «Sobre lo que se ha de elegir en la disposición de los jardines, sus viviendas y las casas de labor«. En cuanto casas entre jardines es preferible que estén elevadas, tanto a fines de su vigilancia como para su ubicación; y que estén orientadas hacia el mediodía, con la puerta en uno de sus lados, y que sean elevados el aljibe y el pozo, o, en vez de pozo, que haya una acequia donde corre el agua bajo la sombra. Y si tiene dos puertas será mejor su protección  y mayor el descanso del que la habita. Luego, junto al estanque, plántense arbustos cuyas hojas no caigan y que alegran la vista; y algo más lejos, que se dispongan flores de varias clases, y más allá todavía, árboles perennes. Y por los perímetros, parras, y en el centro del conjunto, entre una suficiencia de parrales; y debajo de parrales colóquense paseos que circunden el jardín para servir de margen. Y entre los árboles frutales inclúyase la vid parecida a una mujer delicada, o árboles maderables como los almeces, porque sus maderas son útiles. Después, arréglese la tierra virgen para sembrar lo que se desea que prospere. que haya en el último plano árboles como la higuera o cualquier otro que no haga daño y todo árbol frutal que crezca grande, plántese en un hoyo, que su erguido desarrollo sirva para abrigar contra el viento del norte y que no impida que el sol llegue (a las planta). En el centro del jardín hágase un templete en que sentarse (fot. 14), y con vistas a todos lados, pero de tal forma que el que entre no pueda oír la conversación que allí se sostiene  y donde nadie pueda llegar inadvertido. Que a aquel arrímense rosales (trepadores) y arrayán, así como todas las plantas que adornan el jardín. Y Éste debe ser más largo que ancho para que la vista pueda explayarse en contemplarlo. En la parte baja se construirá un aposento para huéspedes y amigos, añade un palomar y una torreta habitable; no habrás más que pedir. Para proteger la finca se cercará con una tapia (fot. 13). La parte  principal tendrá bancos de piedra y un zaguán proporcionado a la capacidad del edificio. Es fundamental para todo lo que se convierta en jardín, la proximidad a la vivienda, porque de esta manera estará bien resguardado. El establo para los animales y los aperos de labranza se deben situar cerca de la entrada del inmueble. Conviene instalar los estables del ganado lanar y vacuno en la parte más baja del edificio, muy cerca y de forma que pueda ser fácilmente vigilada. Deberán estar rodeados  de aposentos y soportales para protegerlos del frío y de los vientos impetuosos. Lo fundamental en las arquerías y casas de labranza es que tengan grandes aposentos y uno solo para el estiércol, situado de forma que no produzcan molestias» (Ibn Luyun).

Conceptos básicos.

Antes de pasar a analizar los distintos elementos esenciales del jardín, conviene recordar tres de su conceptos básicos:

a) Es siempre un espacio cerrado a ojos ajenos, y su disfrute sólo se efectúa por el dueño, su familia y sus amigos (hortvs conclvsvs).

b) El interés del jardín está en el centro.

c) La visión del jardín debe ser oblicuo.

Como se ha podido comprobar, hay una gran identificación entre lo que nos dice el autor árabe y lo que podemos ver en el jardín en cuestión, según los planos que se adjuntan del mismo. Contribuye, por otra parte, a esta ejemplaridad, el magnífico emplazamiento real (tal como dice Ibn Luyun), situado en una meseta limitada por un tajo sobre el río Guadalfeo, a todo lo largo del extremo oeste, abriéndose a grandes panorámicas estético-visuales, a su vez que le ofrece una defensa aparentemente inaccesible, excepto por unas escalinatas que van adaptándose al terreno excavando sus peldaños en la roca (foto 15) hasta llegar al río. Todo ello, junto con la benignidad del clima mediterráneo, que favorece el desarrollo de una vegetación exuberante, basada en las especies más frecuentes en Granada, a las que se añaden otras de tipo más tropical.

Finca de recreo pero también explotación agrícola, consta de los elementos más oportunos para cumplir con las necesidades utilitarias, al mismo tiempo que contribuye al disfrute de los sentidos. Se describen, a continuación, de una forma más precisa los dos elementos que se podrían señalar como componentes del citado espacio arquitectónico: la casa propiamente dicha y el jardín-huerto. Tanto uno como otro no están plenamente diferenciados en cuanto a su delimitación espacial a causa de la frondosa arboleda que se yuxtapone entre ellos.

CASA.

Se trata de un edificio de tipo palaciego (figs. 3 y 4), cuya estructura responde claramente a la típica organización de vivienda en torno al patio. Estructura musulmana con claros antecedentes en el urbanismo romano que, por lo demás, es algo generalizado en todo el ámbito mediterráneo.

Es de notar, en primer lugar, su emplazamiento con relación al norte geográfico (fig. 4), provocando de este modo el rechazo de los vientos procedentes de ese sentido, que son fríos. En segundo lugar, hacemos notar en los planos que se adjuntan, las sucesivas ampliaciones y reformas que ha ido sufriendo el edificio; las últimas con escrúpulo poco coartado. Resulta importante señalar la doble altura al norte, de tal manera que, en verano, se utiliza la planta baja, y en invierno, la alta, debido a la altura seguida por el sol a lo largo de su elíptica.

Una vez que se ha detallado en la descripción anterior, la técnica constructiva del edificio y las hipótesis de su desarrollo histórico, sólo queda reflejar la estructura formal y las respectivas connotaciones que se deducen de tales hipótesis.

Destaquemos, en primer lugar, el emplazamiento de la misma respecto al norte geográfico, evitándose con ello los fríos y vientos del norte. Por otro lado, en el testero sur, la casa resulta abierta hasta una altura que, en sus orígenes, según vestigios de ruinas, provocaba una más fuerte entrada de sol a lo largo de todo el día, La única parte que se ha ido manteniendo, en el transcurso del tiempo, de lo que se podría llamar propiamente arquitectura formal, es el patio interior. Pero antes de comenzar a analizar este punto, señalaremos, como nota a tener en cuenta, la fachada y sus huecos. Ésta deja un resquicio, en su diseño, al exterior. Cosa que resulta un tanto extraña en casa árabe. Hay que hacer notar que dentro de los cánones de la arquitectura árabe, el edificio no se debe exaltar hacia el exterior. El antedicho resquicio queda reflejado ante los ejes de simetría verticales, ya que la puerta de la izquierda, más pequeña, no coordina con la ventana exterior de la derecha. Con ello nos da a entender que el diseño de la actual fachada (fig. 12) prefirió el sentido práctico de las estancias interiores a lo puramente estético. La fachada exterior no presenta ninguna complejidad de formas, excepto lo ya señalado.

El zaguán (fig.7) se enmarca dentro de la tradición hispano-romana, utilizándose en él, como elemento decorativo de tipo geométrico, los guijarros monocromos de tono oscuro para el dibujo, y como elemento divisorio, los de tono claro y de forma redondeada. Esta tradición hispano-romana, como reflejo más generalizado, se encuentra en el mosaico tradicional de la casa romana, y más concretamente en la villa. La diferencia fundamental entre ambos sistemas estriba en el material utilizado en el pavimento: el romano usa la tesela (de fabricación artificial), y el hispano-árabe, el guijarro (elemento natural), amén de que la policromía del romano es el elemento diferenciador más relevante. La parte más cuidada a lo largo del tiempo, por ser la más formal, ha sido el patio (fig. 4, tradición del complvvivm) de la casa romana, si bien, al implantarse el criterio italiano, provocó que su acceso fuera directo desde el exterior, a través del zaguán, y no como sucedería en sus orígenes (puerta izquierda de acceso); y es evidente, ante la actitud filosófica musulmana, de no dejarse ver desde el exterior, excepto por aquellos que fueran deseables. El patio aún mantiene la base fundamental, y posiblemente primaria, de pavimentos de guijos. En su galería alta muestra detalles de su antigua estructura (fots. 5 y 6).

La fuente central (fots. 4 y 16) geométricamente bien definida, provoca una quieta placidez de murmullo y contemplación, propia de la modalidad árabe, aun cuando es utilizada para las oraciones intermitentes de sus moradores.

Todo el conjunto tuvo una remodelación importante alrededor de 1.815, como se aprecia en una placa conmemorativa en la fachada del molino (fot. 1). Los testeros del patio fueron tratados, en una composición bien estudiada para la época, de indudables trazas renacentistas, aun cuando volvía a usar la cerámica vidriada de color verde, con un diseño claramente árabe, como remates de decoración.

Una vez atravesado el recibidor o zaguán, totalmente simétrico, con empedrado de guijos, se llega a lo que anteriormente hemos considerado como único elemento de arquitectura formal: el patio (fig. 10) que es concebido como un elemento cuya función principal es la de ser centro de distribución para casa y testeros. Hoy sólo pueden verse tres de ellos, porque el situado en la parte izquierda, según se entra, está destruido. Tenía la mismas características que el que daba paso al jardín, según dibujo de Agnes van der Brondeler (Prieto Moreno, F. » Jardines de Granada«, pág. 302). La doble galería que se observa en el testero de la derecha, orientado al sur, dando las espaldas al norte frío, señala una de las notas más características de estas construcciones, provocando de esta manera la utilización de la planta más baja en verano, y de la más alta en invierno, en consonancia con la altura del sol sobre el horizonte. La fuente central, geométricamente bien definida (figs. 10 y 20), nos hacer detenernos ante la exuberante frondosidad que aparece sobresaliendo por el testero frontal.

ANTE-JARDÍN

Espacio importante que hace de nexo entre lo formal de la misma casa y el jardín (fig. 5; fot, 1). Éste sirve de diálogo entre arquitectura y naturaleza, recogiendo el concepto de tal tipo de jardines y, además, hace de elemento de unión y paso obligado desde su intimidad hacia el disfrute de unas vistas ejemplares que van a ir sucediéndose a partir de él, y por todo el jardín-huerto. No se contradice la interioridad del mundo musulmán con el placer y disfrute de vistas desde su interior al exterior. Este espacio conformado por una gama de especies vegetales, como acacias, palmeras, pascueros, celindos y una adelfa gigante que ocupa su centro, y que provoca un complemento y paralelismo a la arquitectura llevada a lo puramente jardinero, con el cobijo de la adelfa, manteniendo la frescura veraniega, y por otro lado la acacia que, por ser de hoja caduca, hace traspasar el sol en los mases fríos, mejorando así ese criterio bioclimático, hoy día tan ansiosamente buscado.

JARDÍN-HUERTO

El análisis de las partes que integran esta unidad, muestra la unión entre el ante-jardín y el jardín-huerto (figs. 5, 6 y 10; fots. 8 y 11), hecho a través de una escalera que aún hoy mantiene sus primitivos peldaños de ladrillo, dispuestos a sardinel por su soga, reflejados en los planos adjuntos. Ante todo hay que señalar que en su momento se realizaron exploraciones superficiales y cortes estratigráficos con los que no se ha podido establecer nada claro para las cerámicas vidriadas aparecidas enterradas) fig. 29; fots. 23, 24), ni en las superficiales, sino que todo el material se encontraba revuelto. Este material era de uso doméstico. La mayor parte de ellas tienen correlatos con las de Almuñécar, Salobreña, Motril y los Guájares. Las tuberías (fot. 19) se pueden fechar a finales del s. XV. Pero este elemento de conducción no es un medio originario puro, sino que ya existen precedentes romanos en otras localidades de la comarca, somo los de la factoría de salazones y derivaciones del acueducto romano de Almuñécar. Aquí, y sirviendo de pauta histórica, se indica que el riego, por escurrimiento o rebosamiento hay que darle un 6 % de pendiente, criterio que recoge el geópono Luyun, al recomendar que la pendiente del agua en todo lugar ha de tener la proporción 1/15 de su longitud.

TINAJAS

Las encontradas en este recinto se corresponden con las más comunes utilizadas para almacenamiento de líquidos y grano (fot. 4). en la bodega de la casa se ve su uso como despensa, aisladas del suelo y paredes para evitar la humedad que causa deterioro a lo almacenado. Como contrapartida apareció, instalada de forma ingeniosa, una tinaja de decantación en el jardín intermedio (fot. 16), partir de la cual el agua se desliza limpia para la casa. Este tipo de tinaja vidriada, y posiblemente tapada para evitar objetos nocivos, no es estrictamente árabe, sino tomada de la tradición romana.

AZULEJERÍA

Ibn Said, ya en 1240, se refiere a la obra de tierra vidriada fabricada en Al-Andalus como a-zala’ iyi’, aplicada a las solerías de las casas. En Al-Andalus se empleó el blanco, verde, azul cobalto, amarillo y un tono purpúreo como excepción.

El origen del alicatado es persa, ya que se conocen revestimientos arquitectónicos como el de Kutubiyya, del s. XII, en Marrakech, llegado a su máxima expresión en el período nazarí, en que ya se conocen del s. XIII, en la casa real de la Alhambra. Es un logro muy atractivo el que aparezcan estos elementos totalmente manufacturados, con unas proporciones constantes de 20 x 20 cm, constituidos por una pasta de arcilla cocida formando un pastel de base a pincel, con temática floral (fot. 24; figs. 5 y 20) exclusivamente, usándose como elemento decorativo en el jardín. La hoja que se dibuja junto con las flores, tiene rasgos de ser la composición del jazmín. El tono del engobe es blanco, resultando las ramitas de color verde y violeta, al igual que las hojas a las que se les añade ocre. Las flores están trazadas con color azul cobalto claro, con algunas líneas en cobalto oscuro. Es un azulejo liso, con cronología de los siglos XIV y XVI, si bien no es un elemento determinante desde el punto de vista cronológico, por el fenómeno de conservación de lo tradicional.

EL AGUA

Es la organizadora, en su más profunda acepción, de todo este tipo de jardines. El elemento arterial de alimentación está constituido por la acequia que atraviesa diametralmente el conjunto (figs. 5 y 6). Se distinguen tres objetivos básicos para su utilización, dándole según su cometido, un calificativo distinto.

  • Agua para uso doméstico.
  • Agua para uso ornamental.
  • Aguas para uso hortofrutícola.

* Uso  Doméstico

Lógicamente la característica fundamental para este uso debe ser su mayor grado de higiene, y esto se consigue por medio de unas canalizaciones de atarjeas cerradas en sus lados, para evitar así cualquier rezume de agua, y dentro se trama una canalización de tubos vidriados, enlazados con un sistema de enchufe y cordón. Se piensa que tal canalización puede ser originaria, aunque hubo una sustitución de la fuente (pilar), que actualmente existe en el ante-jardín (figs. 5 y 6) por una fuente o pila de época árabe. Ahora bien, el trazado histórico desde el exterior es difícil de averiguar a causa de su deterioro, si bien hay que señalar una entrada de agua de este tipo por la parte norte, abasteciendo así originariamente al jardín, de agua aséptica.

* Uso ornamental

Todo parte de la acequia principal, desde donde se producen tres puntos de toma. El primero se encuentra a la altura de la alberca (fig. 6), cuya alimentación se inicia en su nivel bajo, bordeando el nivel perimetral, la alberca (fig. 10) y dirigiéndose a la fuente situada en la llamada Glorieta de los laureles (fot. 20; fig. 17). El desagüe de esta fuente podía ser utilizado para regadío, o dejarlo perder por el tajo. El segundo, toma del agua, con un paso intermedio protegido por rejilla a la altura de la escalera principal de acceso al jardín a través de una tinaja de decantación (fot. 16) de cierta magnitud, de tal manera que de aquí sale el agua con la menor cantidad posible de elementos saturadores, para la fuente del patio de la casa. El desagüe se destina igualmente a regadío, y desaparece tras pasar el molino. El tercero toma el agua de la misma parte, dirigiéndose en primer lugar a unos pocicos vidriados (fots. 17 y 18), con sus respectivas rejillas de salida, y situadas en el punto más alto de la cascada, para asegurar con ello un equilibrio de presión hidrostática que permita la llegada a los surtidores y fuentes, con su debida presión.

Uso de riego 

Se observan cuatro puntos de salida de agua para riego a lo largo de la trayectoria de la acequia, todos con su correspondiente presa. La primera se utiliza para regar el bancal noreste y alimentar la alberca en su parte simétrica (fig. 5). Subsidiariamente la alberca riega todo el sector próximo a ella, y todos los bancales por debajo de la misma, comprendiendo casi la totalidad de las partes del jardín, en las dos vertientes de la acequia. El segundo punto está dotado de una arqueta que distribuye el agua a todo el sector que se encuentra en el primer tercio de la acequia y, subsidiariamente, a todos los niveles inferiores (fot. 7). El tercero está destinado a abastecer de agua los pocillos que alimenta las fuentes y surtidores (fots. 7, 19 y 23; figs. 14 y 15), al igual que la fuente del patio de la casa. El cuarto punto se encuentra al inicio del último tercio de la acequia, regando todo el sector sureste por su propio desnivel. Hay que señalar que estos sistemas desarrollados desde el punto de vista de ingeniería, deben tener sus resonancias en el mundo sasánida, donde llevan agua a través del desierto con túneles subterráneos.

Fuentes

La tipología general de las distintas fuentes que decoran el jardín no responden a un modelo originario exclusivamente, ya que se pueden ver algunas innovaciones renacentistas en algunas de ellas, utilizando paralelamente modelos adicionales de decoración en su entorno arquitectónico, como son los azulejos de pintura azulada de tradición árabe (fots. 23 y 24; figs. 5 y 20).

En cuanto a su situación, se piensa que ocupan su lugar originario, ya que entre sí guardan escrupulosamente unas distancias reguladoras y equidistantes, manteniendo de este modo un concepto único en su creación, al igual que procediendo, de una forma casi matemática,  de la partición del espacio de un modo abstracto.

En cuanto al número (figs. 4 y 8 y 16 a 20), es necesario aclarar que faltan unas cuantas, desde el levantamiento que Prieto Moreno hizo en los años 50, y el que se levantó en 1985. Se ve que el transcurso del tiempo no ha sido muy bueno para el conjunto, y esto se clarifica en la exploración arqueológica reflejada en el plano adjunto, viéndose de este modo la red de distribución de agua para este fin y pudiéndose extrapolar sus situaciones respectivas en función de los trozos de canalización aparecidos, que dan una idea clara de su antigua conducción. Por otra parte hay que señalar que la mayoría de ellas nos han llegado probablemente en su estado primitivo. Casi todas están dispuestas sobresaliendo un poco del suelo, y que el árabe no concibe, como se sabe, las fuentes de altura. Es de señalar el diseño geométrico de las mismas por su exquisita complejidad en sus lóbulos radiales, creando con un pequeño salto de agua, el ritmo y movimiento de las olas del mar.

Muro Perimetral

Dos conceptos de jardín diametralmente opuestos: el oriental (procedente de climas secos -oasis-), y el occidental o centroeuropeo (de climas húmedos). El segundo pretende la eliminación del árbol, buscando el sol y dejando como fondo de perspectivas los macizos de vegetación (jardín inglés), y el primero que enmarca y se protege del clima árido del exterior dejándose entrever, como si de una perla se tratara, su espacio interno. Aquí es donde aparece el muro como concepto básico de este tipo de jardines (fot. 13). Rodea el conjunto en su totalidad, excepto en la parte que da al tajo, por ser éste, de hecho, un elemento protector natural. El jardín está rodeado por un muro de tapial (fig. 8, fot. 13) que se corresponde con la tradición árabe, con sus dimensiones de 0.6 m de espesor y 3.5 m de altura media en casi todo su recorrido, excepto en la zona que da al tajo. Y corresponde a la tradición árabe. Se encuentra encabezado por una doble vertiente de mortero de cal y arena, apoya sobre ladrillo que resalta de su paramento, evitando así la incrustación de las aguas de lluvia, protegiéndolo. El paramento, a su vez, está tratado con el mismo mortero y con final encalado, sirviendo éste, como se sabe, de película impermeable a la humedad.

*Acequia y Pérgola

La pérgola es un elemento importante que no sólo acompaña a la columna vertebral del jardín (la acequia, figs 5, 12, 15), sino que, además, potencia la estructura espacial del conjunto, dándole a éste una riqueza de perspectivas interiores (fot. 12; figs. 11 y 12) calificándose en orden a los espacios que atraviesa. De este modo, en su parte norte es una simple pérgola, y en su parte sur, se desdobla en dos, escoltando con más suntuosidad el agua que corre por la acequia. Concepto unidireccional, complicado por el zigzagueo visual, provocando una inquietante movilidad, haciéndose de esta manera más penetrada por el el jardín que la rodea.

Formada por pilastras pintadas a tresbolillo en rojo y azul, colores que aún hoy aparecen, y sirviendo, a su vez, para apoyo de plantas trepadoras, tanto ornamentales olorosas, como de fruto, cubriéndolas en todo su recorrido, como decía Ibn Luyun (parras, celindos, varicas de San José, y mundos, que se suceden en alternancia). Esto provocaría una relación de reflejos de los rayos del sol tamizados por cubrimiento vegetal al paso por la misma.

Respecto a la acequia (figs. 5, 6 y 10), aquí sólo se señala su gran superficie de aforo en relación con la cantidad de agua que por allí venía. Su traza y aforo es, sin lugar a dudas, la primitiva. Su construcción es de mortero con cal grasa.

*Pavimentos y Tratamientos del suelo

Como ya se ha dicho anteriormente, el pavimento del patio formalizador de la casa, debió ser de guijarros lavados de río en sus dos colores (blancos y negros), dispuestos formando algún tipo de dibujo geométrico, probablemente cuadrados (fig. 4). Por otra parte, la escalera que hace de eje transversal, aún mantiene en un trayecto, la posible forma originaria (fot. 9; figs 7 y 11), hecha de ladrillo cocido de arcilla, dispuestos a sardinel embebido en el terreno por su soga, de tal forma que los interespacios se cubren con baldosas cerámicas cuadradas. Sin embargo es probable (y así aparece otro tramo), que se utilizara la piedra caliza porosa (fots. 9 y 15), que es común en los alrededores, como base para su replanteo, aunque su tratamiento exterior fuera más rico en colorido, utilizando con probabilidad una alternancia de losas cuadradas de arcilla, y azulejos. A lo largo del paseo anterior, se ve un tratamiento lateral, de borde con ladrillo de arcilla, y que probablemente su firme fuera esencialmente de tierra. Los tratamientos del resto del jardín, no siendo de paso, debieron ser ante la mentalidad musulmana, un simple tapiz vegetal en el cual la flor nacida por doquier, tuviera la potencia individual que le pertenece, y no como hacen los italianos cuando agrupan éstos por macizos, ocultando así su poder evocador como algo unitario. El árabe era partidario de tapices florales, y no de agrupamientos renacentistas.

Por otra parte, y esto sí nos ha llegado de diversas maneras, en el centro debió haber un pabellón cubierto, que estaría en la parte alta de la escalera (fots. 8 y 9), donde se consiguen las mejores perspectivas, según aconseja Ibn Luyun.

Por otra parte, nada más bajar las escaleras, aparece todavía un pavimento de azulejos, siendo éste un punto importante conceptualmente en el entorno, dominando de nuevo los puntos cardinales de interés, que estarían rodeado de arrayanes (esto se refleja también en el plano de Prieto Moreno). Por supuesto la gran característica de este tipo de jardines, es que cumpla la misión fundamental de huerta, y como tal, la mayor parte de suelo se cultiva, tanto de árboles frutales como de hortalizas, lo cual lleva implícito un claro tratamiento de su firme. En definitiva, los tratamientos del suelo se consiguen con ladrillos de arcilla cocida, dispuestos en formas geométricas  en la casa, y el mismo ladrillo se utiliza potenciando el perímetro del paseo que circunda el jardín en sus partes bajas y bordeándolo completamente. Igualmente aparece el guijarro en sus dos formas naturales (blanco y negro), utilizados en los lugares formalmente más interesantes (patio, fig. 4). Por último la tierra vegetal se encuentra apisonada en los paseos y de forma natural para el uso agrícola. Sin embargo, ya se ha comentado que la fuente, apenas se baja por la escalera flanqueada por cipreses (fots. 9 y 23), aparece potenciada por azulejos lisos, pitados con motivos florales (fot. 24).

*Flora

En este plano apenas se recogen algunas de las plantas que existen actualmente, si bien se tiene constancia de la existencia de otros tipos de árboles, como la morera y el júpiter (recogidos y citados por Prieto Moreno, fig. 10). Por otra parte, especies vegetales de menor porte, como la violeta, jazmín, rosales, yedras, acantos, bajo los cipreses (fot. 8, cipreses que bordean escalera del jardín), se encuentran en notable deterioro. No obstante, y a través de lo expuesto en capítulos precedentes respecto a cultivos de este tipo de jardines, hay una gran variedad, si bien convendría hacer un estudio paleobotánico que, comparado con la especies más comunes, permitiera deducir con más claridad, posibles actuaciones (figs. 6 a 11).

Los planos muestran que el prototipo de jardín árabe, antes indicado por Ibn Luyun, se cumple en líneas generales en el de Vélez, pero sufriendo notables modificaciones, pero más que esto, han sido las reiteradas negligencias de los distintos propietarios por los que este jardín ha ido pasando en el curso de la historia, amén de su plena dedicación postrera en uso exclusivo de carácter agrícola. Por tanto, este jardín destaca más por su asimetría y pintoresquismo que por los elementos formales ya descritos. De todos estos elementos, el que más como recomienda Ibn Luyun.

La acequia discurre por la parte más alta a lo largo de la espina dorsal del recinto, de tal forma que aquí el declive del terreno, por ambos lados del canal, facilita el riego. El eje transversal, fuertemente desplazado del centro, conecta la vivienda con el jardín mediante una escalera de trazo irregular y un puente sobre la acequia (fot.11; figs. 4, 5 y 8) llevándonos hasta un paseo limitado por cipreses en su costado septentrional, que determina el eje de los servicios del huerto. A lo largo de este paseo vemos un bello ambiente desde la glorieta de los laureles hasta la doble pérgola final, hoy casi destruida (fot.12). No obstante y a pesar del mal trato que reciben, algunos rincones conservan su antigua belleza, como ocurre en la glorieta de los laureles con su fuente semidestruida (fot. 20).

Paralela en la situación del estanque, que aparece escoltado por tres cipreses, probablemente originarios, al que le falta uno para establecer una perfecta simetría (fot. 7) arranca un eje oblicuo que determina la disposición de la zona decorativa del jardín, hasta que, al prolongarse, se une al eje principal en el intermedio de éste.

El agua, como se dijo, parte de un eje fundamental, formado por la acequia de libre traza, adaptándose al terreno que atraviesa, y de la que fluye por diversos ramales mediante un ingenioso artificio de atarjeas y distribución de riegos, hace alimentar a los estanques, fuentes, surtidores y cascadas (elemento característico y con profundo valor de exaltación en el jardín).

Desde la llegada al jardín, el agua, por la arteria principal, es escoltada por una pérgola, formada ésta con pilares de tresbolillo (ver plano general del jardín, fig. 4) pintados alternativamente de rojo claro y azul, con enredaderas que la encubrían (hoy sólo se mantiene alguna parra trepadora en algún pilar que otro), en prácticamente en todo su recorrido. Las plantas que se sembraron y que nos han llagado por información oral, eran celindos, varicas de san José y mundos junto con las parras que se componían alternativamente. En la mitad de su recorrido el agua se despeña provocando una cascada que es  donde se expresa su más alto esplendor. Desde aquí, por medio de un sistema de canalizaciones, el agua llega hasta los recintos limitados y glorietas para el disfrute personal íntimo. En este mismo punto nos encontramos con el molino (fot. 2), con una fuerza estremecedora por su individualidad respecto al resto de la edificación. Aparece nuevamente, junto a la llamada arteria principal, a todo lo largo de su terminal recorrido, una doble pérgola con los pilares a tresbolillos, con una singular personalidad, de la que hoy sólo podemos ver algunos de sus pilarotes levantados.

Otro elemento a destacar es el camino que conduce al fondo del tajo (fots.  9 y 15) que, con una exaltación de los sentidos, provocado por la maraña de yedras, higueras y zarzales, conducen hasta la zona considerada inaccesible desde el río Guadalfeo (figs. 6 y 7). Este camino está formado por peldaños labrados sobre la misma roca y conduce a un mirador de bella perspectiva paisajística sobre el valle del río antes citado. Las grutas merecen una especial atención por su alto valor estético por sus estalactitas y estalagmitas.

Esto en cuento a la forma descriptiva del jardín. Todo ello encerrado en muros que impiden a su dueño ser visto y molestado desde fuera, tanto por las miradas como por los ruidos.

En cuanto a las variedades vegetales, se nos presentan con la doble distinción que el término jardín-huerto sugiere. Por un lado las especies ornamentales-aromáticas y, por otro,  las propias de un huerto. Ambas variedades hacen del jardín un conjunto completo en una feliz compenetración donde cada uno suplementa al otro.

MOLINO

Como elemento base para el abastecimiento normal de una casa de cierta clase social elevada, el molino es un componente casi indispensable para satisfacer las necesidades de rango de una familia dentro de una tradición burguesa. Puede tener finalidad doméstica, sin desatender la posible explotación de servicio a la comunidad, por lo que el molino se construye, y constituye en una pieza de trabajo y medio de hacer patrimonio.

Se observan tres entradas de agua que mueven sendos engranajes para la molienda. Su finalidad era probablemente el grano, por las características del acabado exterior.

Su forma es bastante común (figs. 5, 6 13; fots. 2 y 3) como se puede observar en su plante rectangular; pero lo más característico del mismo es su acabado exterior, muy significativo. Su fachada es de mampostería de piedra del lugar, con posterior encalamiento, con esquinas rematadas en falsa sillería junto a las jambas de las ventanas. Pintada en color ocre amarillo que se deslinda de la cal, con franjas de color rojo. Respecto a esa falsa sillería, señalaremos la expuesta en los ojos de salida de los cárcamos del molino, que cambian su color en rojo con las franjas de separación en blanco, excepto las dovelas del arco, que aparecen de color ocre, denotando una clara diferencia. La techumbre, bien acabada con teja árabe vidriada en las limatesas y caballete, y teja árabe sin vidriar en los cuatro paños de partición de las aguas. El alero es de pico de gorrión, formado con ladrillo de arcilla cocida. Se supone que este elemento arquitectónico fue en su día una mezquita, pero no hay argumentos para afirmar o negar tal interpretación. Otro elemento a resaltar es la puerta que aparecía con ventanita cuadrada remarcada en los planos adjuntos (Fig. 9).

LA FLORA EN EL JARDÍN ISLÁMICO

Antes de analizar los distintos elementos del jardín, conviene recordar tres de sus aspectos básicos, como ha quedado anteriormente dicho:

a) Es un espacio cerrado a ojos ajenos y su disfrute sólo lo efectúa el dueño, su familia y amigos.

b) El interés del jardín está en su centro.

c) La visión del jardín debe ser en oblicuo.

Los elementos esenciales del jardín son los siguientes: la persona humana que lo manda construir para gozar de él. El agua. El espacio arquitectónico en el que se desarrolla. El elemento vegetal. Los elementos plásticos sensoriales. La apertura al paisaje. Es preciso notar que existen dos concepciones de jardín: la corámica y la propiamente meridional. La primera adopta la forma de vergel con numerosos árboles que dan sombra por todos los lados y donde nace y corre el agua por todas partes. Esta concepción corámica la encontramos en la Escalera del Agua del Generalife, con su bóveda de laureles, pasamanos y canalillo central de la escalera como claros arroyos. La concepción meridional de jardín, donde el sol y la luz son factores primordiales, es la que posee los seis elementos esenciales anteriormente enumerados. El Corám abunda en descripciones del Paraíso en la forma de vergel sombreado donde el agua mana por todas partes. No podemos entender ni el jardín musulmán ni la actitud del musulmán frente a su jardín sin darnos cuenta de que el jardín terrestre se considera un reflejo, o más bien una anticipación del Paraíso. El jardín es un símbolo de la vida y un vergel proyectado de tal manera que se conforme con este arquetipo.

Constituye un microcosmos del mundo. El término «firdawn» significa a la vez jardín y mausoleo, indicando que el jardín frecuentemente servía como lugar de enterramiento donde el dueño, no satisfecho con los goces que aquel le había proporcionado mientras vivió, quería seguir disfrutándolo después de muerto donde simbólicamente ya había entrado en la Gloria. La costumbre de tener sepultura en el jardín responde a una implicada reciprocidad entre tierra y cielo mediante la cual se eleva a sobrenatural la realidad de una manera plástica. Las variedades más frecuentes en el jardín islámico son las siguientes: as: mirto (arrayán), que por ser perenne, sería el que se emplearía para abrigar la alberca contra la evaporación. Yasimin: jazmín blanco cultivado, cuyo papel en la jardinería árabe, fue recubrir paredes lisas. El zayyan: jazmín amarillo silvestre. El bahar: narciso blanco, amarillo y verde. Banafsay: violeta, flor predilecta de Almanzor, muy frecuente el jardín de Vélez Benaudalla. Jiri Nammam: alhelí encarnado. Jiri Asfar: alhelí amarillo. Hariys asfar: junquillo oloroso. Sawsam: azucena. Jurram: lirio azul. Naylufar: nenúfar. Naw al-lewz: flor del almendro. Uqwvam: margarita, manzanilla. Saquir: amapola, anémona roja. Nawr al-baqilla: flor de haba. Nawr al-galiba: flor de hiedra. Nawr al-Rummam: flor de granado cultivado. Yullanar: granado silvestre. Otras plantas pueden verse en estos jardines, y que son las siguientes: albahaca, alhucena, azahar, clavel, mejorana, adelfa, limonero, laurel, vid, palma, peral, cerezo, morera, algarrobo, bananero, sauce, níspero, membrillo, manzano, higuera, mandrágora, acanto, alcocaz…

ALGUNAS REFLEXIONES Y PRINCIPIOS BÁSICOS PARA LA CONSERVACIÓN DE ESTE TIPO DE JARDINES.

El papel del arquitecto restaurador es actualmente muy criticado, no sin razón, en gran cantidad de actuaciones, bien por causas burocráticas y de control respecto a las leyes y gestión clara de las mismas, bien porque todos creen tener algo que decir ante cualquier intervención, estimando objetivamente su actitud ante la actuación genial.

En primer lugar existen gran confusión entre diferentes conceptos ante el problema de una actuación, y que no por ello dejan de ser obligatorios tanto sus conocimientos y clarificación, como su decisión previa antes de intervenir (recuperar, rehabilitar, reutilizar, reestructurar, conservar, consolidar, restaurar, restituir, reformar). Pues bien, atendiendo a todo ello, vale la pena actuar, no ya de una manera intuitiva y aparentemente genial, sino utilizando algún método científico (teoría, método, praxis) para diagnosticar y clasificar el proceso de cualquier elemento. Todo ello va a depender tanto del grado de interés histórico como cultural del elemento considerado, para prever distintos grados de protección hacia el mismo, con una filosofía no ya tanto respetuosa con la historia hasta un grado sublime, sino más bien como consecuencia de ella, valorando igualmente las proyecciones de un futuro, y con ello se presentarían distintos grados de protección, desde el integral al puramente ambiental.

Por otro lado y recogiendo lo recomendado por la Carta de Atenas en su artículo 8º, es preciso ya considerar que «cualquier intervención sobre la obra, o junto a una obra, debe realizarse de tal manera y con tales técnicas y materiales que pueda dar la seguridad de que, en el futuro, sean posibles nuevas intervenciones de salvaguarda o restauración», llevando en todo el proceso de intervención un diario del antes, durante y después de la intervención, amén de una buena documentación tanto de análisis arquitectónico como histórico, arqueológico y cuanto proceda. El concepto básico es la conservación, respetando los llamados añadidos y evitando en todo caso intervenciones innovadoras y de reconstrucción. Salvaguardar los elementos constructivos. Antes de derribar algo, procurar enderezarlo o mantenerlo.

Así se pueden recoger algunos principios básicos como:

*Puentes.- Para su buena conservación conviene descalcificar el agua, eliminando así las incrustaciones calcáreas y las periódicas y dañinas limpiezas de éstas, y en el caso que nos ocupa es fundamental este hecho a causa de la gran calcificación del agua de la zona.

*Piedras.- La pátina ha de ser conservada por varias razones, aún siendo posible eliminar detritus, polvo y excrementos con cepillo vegetales blandos, o chorro de aire a baja presión. No se utilizarán materiales que rasguen la superficie pétrea.

Se pueden considerar principios básicos para su buen curso:

*que la integración de los elementos originales en otros nuevos sean siempre fácilmente detectable. aunque pueda confundirse a una determinada distancia, debe garantizar la diferencia con su entorno más cercano.

*que la materia de la que se compone la obra de arte sea sólo insustituible, en cuanto conforma parte sustancial de su figuratividad, es decir, siempre que sea aspecto y no estructura.

*que en la intervención se procure que quede abierta la posibilidad cierta y fácil de intervenciones futuras.

Por todo los visto y por necesidad de poner unos niveles de protección a los distintos elementos que componen el complejo, se van a señalar, con criterio general, los más importantes, no siendo óbice para olvidar que una actuación lleve implícita una complejidad que radica en el estudio exhaustivo de la obra, tanto en su contexto socio-cultural e histórico del que parte, como en su composición interna que le confieren sus características. Ahora bien, ya se vio que su contextualización en torno al pueblo es fundamental, y por ello, no se olvidará la acequia y su origen (nacimiento); y todo ello conforma una unidad enmarcada en el entorno:

a) Protección integral de grado 1; b) Protección integral, grado 2: c) Global; d) Ambiental.

a) Son aquellos elementos que han de mantenerse igual, y su reconstrucción será idéntica a la original, aún manteniendo ciertos criterios de orden temporal de actuación con los materiales. El añadido de obra nueva debe asemejarse lo más fielmente a su estado primitivo. Entre ellos se destacan: pérgolas, fuentes, alberca, acequia, patio central de la vivienda, muros perimetrales, muros de bancaletas, escalera de ladrillo, disposición de árboles (no se omitirá, excepto que sea muy reciente y entorpezca el contexto general y tipológico del jardín).

b) Aquellos elementos, espacios y ambientes que, aún sabiendo como eran y tratarse de idéntico modo, no hay datos suficientes para su total reconstrucción. Tales elementos se dejarán en las partes claramente originarias en su totalidad, y con el resto de procurará ser lo más neutral en la actuación, valorando los conceptos de figura y fondo. Su uso y espacialidad debe ser el mismo que el originario sin perder de vista el concepto total y tipológico del jardín-huerto: pavimentos de paseo y bordes del mismo, pavimento de escalera, plantas enredaderas en pérgola, bancos de reposo en el jardín-huerto, zona de huerta y de jardín ornamental propiamente dicho.

c) Aquellos elementos y espacios que pueden ser cambiados y mejorados  en su uso, completando y mejorando su lectura histórica, y no perdiendo el concepto originario: casa, molino.

d) Aquellos elementos mejorables para colaborar en su función de enriquecimiento del conjunto y en el entendimiento de éste en su interior y exterior, permitiendo un tratamiento distinto al actual previamente expuesto y comprometido en su totalidad con los conceptos y clases de esta tipología de jardines: árboles frutales ornamentales (poda de parte de los mismos), tratamiento de las huertas, acequia que circunda el pueblo (paseo), el nacimiento, mirador a media altura del tajo.

CONCLUSIONES

Los jardines se pueden ver como estructuras o como «documentos notables sobre el carácter de la vida de aquellos que lo han creado a su estilo… Muéstrame tu jardín y te digo quien eres». Así alude G. Marçais a la realidad del jardín, señalando que éste «refleja las tendencias políticas de un estado o las modas de una sociedad».

El jardín musulmán es una expresión del espacio-tiempo escatológico, y un hecho humano elaborado por la nostalgia (antes) y la esperanza (después). Los jardines se pueden ver como estructuras o documentos notables sobre el carácter de la vida de aquellos que lo han creado a su estilo.

Para finalizar, sería interesante indicar que este trabajo, aunque incompleto, no pretende ser más que un salto obligado en esta escala de valores absurda, y así, bajo  esta perspectiva, poder devolver la revelación a su sitio accesible y someter la trascendencia a las leyes de nuestra conciencia.

SECUENCIAS FOTOGRÁFICAS

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10VÉLEZ BENAUDALLA PLANOS PRIETO MORENO SECCIÓN listo copia

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21VÉLEZ BENAUDALLA PLANOS 1 SECCIÓN FIGURA 21 listo

SECUENCIAS FOTOGRÁFICAS

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Foto 2.-

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10VÉLEZ BENAUDALLA alberca

11VÉLEZ BENAUDALLA ANTEJARDIN12VÉLEZ BENAUDALLA PLIASTRA

13 VÉLEZ BENAUDALLA MURO DEL HUERTO copia14VÉLEZ BENAUDALLA BANCO DE PIEDRA

15VÉLEZ BENAUDALLA ESCALERA DE BAJADA

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27VÉLEZ BENAUDALLA foto RUEDAS DE MOLINO copia

CONJUNTO FOTOGRÁFICO TRAS LA TRANSFORMACIÓN MODERNA DEL JARDÍN, DONDE LO PROPIO DE HUERTO PRÁCTICAMENTE HA DESAPARECIDO Y NOS ENCONTRAMOS CON UNA VERSIÓN MODERNA DEL JARDÍN ÁRABE.

HPIM1381

Molino retocado. Huerto desaparecido. Flora antigua y moderna.

HPIM1374

Casa principal del Huerto-Jardín transformándola. A su derecha, pilar antiguo sin restaurar.

HPIM1448

Muro perimetral de la parte superior, tajo y la flora conservada hasta 1985.

HPIM1441

Castillo de Vélez Benaudalla. Restaurado.

HPIM1440

Iglesia de Vélez Benaudalla.

HPIM1444

Calle modernizada de la ciudad de Vélez Benaudalla.

HPIM1434

Albercón y bajada del canal de agua del Jardín-huerto.

HPIM1452

Tajo del Jardín-huerto, con estalactitas en las oquedades de su caída.

HPIM1456

El tajo sobre el río Guadalfeo. Estalactitas y estalagmitas en su caída por lo calcáreo del terreno.

HPIM1463

Flora antigua sobre el terreno de caída del tajo del Jardín-huerto.

HPIM1432

Muro perimetral sobre el tajo del Jardín-Huerto.

HPIM1406

Transformación moderna del jardín, con pérgolas modernas y enlosado moderno. El jardín y huerto antiguos prácticamente han desaparecido.

HPIM1415

Cascada procedente de la gran alberca del Jardín-huerto.

HPIM1392

Fuente modernizada, que conserva sólo la parte central de la misma. Hemos usado los datos arqueológicos antiguos. Y esta imagen poco tiene que ver con la fuente original árabe.

En estas fotos se observa la flora moderna mezclada con la antigua.

HPIM1382

Paseo moderno con cascada que se precipita desde la alberca, y parte del el molino.

HPIM1425

Las piedras del molino emplazadas en su lugar de origen.

HPIM1426

Detalle central de la piedra de molino.

HPIM1421

En esta foto se observan los ojos del molino y el paso del agua a la gran acequia.

HPIM1420

La acequia central discurriendo entre las pérgolas modernas. Las antiguas desaparecieron. Estas nuevas son imitación de la única que sobrevivió hasta los tiempos modernos.

Aquí se comprueba la pervivencia de la flora antigua junto con la moderna. Pero el huerto ha desaparecido por completo. 

Las fuentes que vemos son:

HPIM1403

HPIM1429

HPIM1438

Esta fuente, que podemos ver sobre la misma calle de la ciudad, junto al jardín, es un invento, aunque es bonita. En los restos arqueológicos que se hallaron sobre el huerto-jardín, no apareció nada similar; ni los surtidores. Sólo es una imitación de otros jardines de Granada. Y repito, es bonito, pero no tiene nada que ver con las fuentes del jardín. Lo recomendado por la Carta de Atenas, en su artículo 8º, apenas de puede reflejar en el análisis del conjunto y las partes de este jardín.

Con relación a estas piezas, que fueron perfectamente localizadas después de la exploración inicial, quisiéramos saber dónde se encuentran, porque no la hemos observado ni en la visita practicada, ni en las actuaciones de puesta al día de este huerto-jardín. Ni banco de piedra, ni escalera principal, ni fachada de la casa, ni elementos de decantación y depuración del agua y su distribución por el huerto-jardín… Pocas cosas hemos podido identificar similares a los hallados en la exploración y levantamiento de nuevos planos semejantes a los que llevó a cabo D. Francisco Prieto Moreno años atrás.

En resumen podemos decir que ha quedado un jardín muy bonito y hermoso; pero que casi nada tiene que ver con el que esta ciudad heredó de la cultura árabe. Bien claro nos lo expresó. G. Marçais….» dime cómo es tu jardín y te diré quien eres«.

No se puede negar el gran esfuerzo que se ha hecho para levantar este nuevo jardín, y digo jardín, porque el huerto ha desaparecido, y la casa primitiva no se ve por ningún rincón.

Granada, 5 de Octubre de 2019.

BIBLIOGRAFÍA

Archivo de la Real Chancillería de Granada. Apeo LOAISA (1.573). Repartimientos de las suertes de moriscos de la—a los nuevos pobladores. 2 vols…hojas sueltas. C. 20 A, nº 266, pp. 16-17.
Alkoram, Azora IV, versículo 57.
Catastro del Marqués de la Ensenada. Archivo de la Real Chancillería de Granada, planta 23ª, sec.-historia, cat. 655, microfilm rollo 67.
C. Torres Delgado. El antiguo reino nazarí de Granada, 1232-1.240.
Diego de Salcedo. Real Chancillería de Granada, 2 T., p. 30, dice; «un molino harinero frontero en la puerta del jardín del Sr. Gerónimo de Salamanca…».
Elías Terés, sobre el nombre árabe de algunos ríos españoles. R. E. F. M. G., Al-Andalus, V. XLI, 1.976, fasc. 2, p. 409.
Emilio Santiago Simón, algunas reflexiones en torno al Jardín Islámico, trabajo aparecido en el nº 418 -abril 1.985- de Cuadernos Hispano-Americanos.
Francisco Prieto Moreno y Pardo. Los Jardines de Granada. Madrid, 1952, pp. 192-93.
García Gómez. Primavera de flores árabes. Vértice V, ss 61-62. Nov.-Dic. 1942.
Georges Marçais. Remarques sur l’ esthetique musulmane. Annales de l’ Institut d’ Études Orientales. Faculté de Lettres de l’ Univesité d’ Alger, Paris, t. IV, 1.038, pp. 55-71.
James Dickie. Notas sobre los jardinería árabe en la España Musulmana. Revista de Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos, XIV-XV, 1965-66, pp. 65 ss. Nota 15, p. 84.
La Legislación Española sobre el Patrimonio Histórico-Artístico. Balance de su situación de cara a su Reforma, Revista de Derecho Urbanístico, pp. 13 ss.
M. Lafuente Alcántara. Historia de Granada y sus cuatro provincias, 1843. T. II, p, 155.
Münzer, Viaje por España y Portugal. 1494-1.495. Madrid, 1.951, pp. 29-32.
Nota de los autores. Quede bien claro que el estudio completo está algo lejos de lo que se pretende en este artículo, ya que subyacen interrogantes difíciles de subsanar, debido a las diversas transformaciones, y por la extensión propia del artículo.
J. F. Sánchez García; A, Ruiz Fernández. EL JARDÍN-HUERTO DE VÉLEZ DE BENAUDALLA. Edit. CAJA GENERAL DE AHORROS DE GRANADA, Delegación de Motril, A.E.C,G. Nº 3. 1992.
Les jardins de l’ Islam, Islamics Gardens, ed. Patronato de la Alhambra, 1.976, pp. 20 ss.
Les jardins de l’ Islam, op. cit., pp 170 ss. Ibidem, pp. 121 ss.
Poemas arábigo-andaluces, Madrid, 1.959, p. 44.
Pope y Ackerman, A Survey of Persian Art, 1.939, p. 1.427.
P. Madoz. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar. t. IV, p. 640.
P. Grimal, L’ art des Jardins, París, 1.964, pp 44 ss. Ibidem, p. 41.
Revista Comarcal Motrileña de Programación de Fiestas, 1983, pp. 31 ss.
Simonet. Descripción del Reino de Granada bajo la dominación Naserita, sacada de los autores árabes. Madrid, 1.860, p. 65.
Rusiñol Santiago. Jardines de España, t. VII, nº 145, pp. 26-29.
Voyage an Perse, Libraires Associées, 1.964, p. 27.

Juan Francisco Sánchez García, Arquitecto. Natural de Vélez de Benaudalla.

Antonio Ruiz Fernández, Dr. en Historia Antigua.

 

ELEMENTOS DE NUNISMÁTICA FENICIA, IBERA Y ROMANA DE MOTRIL (GRANADA)

                                                                       IN HONOREM

                                                                       Profesor PALANCO ROMERO

                                                                       Universidad de Granada. 1936.

  

Gracias al espíritu crítico de las personas entregadas al esfuerzo por rehacer un pasado desconocido y remoto, como es el de Motril y muchas otras ciudades, hoy puede contarse con esta magnífica pieza histórica de la numismática antigua de la ciudad.

Parte de esa penosa tarea fue realizada por el Profesor Palanco Romero, quien estudió esa faceta de la historia local, mediante la captación de datos que se consideran como un eslabón de gran valor histórico para la reconstrucción del pasado.

A este profesor en particular y, por su desinteresada colaboración y espíritu abierto a la búsqueda de la verdad de la Historia Local del Motril, a sus hijos D. Francisco y D. Ramón Palanco Burgos, así como a su nieta la Srta. Lalia Palanco López de Alcalá, dedicamos este pequeño estudio y valioso documento; a ellos y a todos los hijos de esta entrañable ciudad:  Motril.

INTRODUCCIÓN

Hasta hace poco se pensaba que estos parajes no registraban hallazgos relacionados con el  mundo antiguo fenicio, ibero y romano. Pero los hechos nos revelen que las estructuras romanas han aparecido ya en algunos lugares del casco urbano de la ciudad. En los años 80tuvimos ocasión de ver la aparición de una albercón de estructura romana muy cerca del lugar llamado “La Caramba”, del cual yo fui testigo presencial. Era un depósito de agua con su aparejo de opus signinum como material impermeabilizante, y de proporciones que podían alcanzar los 20 m de largo por 15 de ancho y 1 m de fondo. Pero esto quedó rápidamente oculto por las nuevas construcciones. Se conserva la noticia en nota de prensa con foto incluida. Ello nos lleva, además, a hacernos la pregunta de cómo a esta distancia del mar apareciera una depósito para posibles salazones. Lo ignoramos, porque suponemos que podría usarse también para regadío. Los estudios publicados en revista local indican que la línea de costa estaba situada muy cerca del actual paraje conocido como el Cerro de la Virgen. Plegamientos orogénicos[1] posteriores pueden explicar este fenómeno geológico.

Hay otras estructuras que no se estudiaron debidamente, y que pudieron ser elementos algo similares a las que se encuentran en Almuñécar (SEKS). Tales se encuentran en la parte baja del edificio conocido como “Casa de la Palmera” a la entrada de la ciudad viniendo de Salobreña. Se pudo ver que la forma de las galerías subterráneas podían asemejarse a las antes estudiadas pero no comprobadas.

A todo esta exposición se suma la colección de monedas de la Familia Palanco, que pone en evidencia que por estas tierras también hubo una romanización y bastante importante a la vista de los elementos numismáticos estudiados.

ELEMENTOS NUMISMÁTICOS

Continuando la labor de captación de datos para una historia, qué duda cabe que la Numismática ocupe un destacado lugar en ese proceso de encadenamientos testimoniales humanos, que pueden llevar a conformar la plataforma básica de todo un asentamiento urbano o colonial, con sus propias características y diferentes componentes que la integran.

Por el momento es bien sabido que la ciudad de Motril ha dado muestras claras de que su historia en el pasado es una realidad tangible, y que no debe interpretarse como un hecho aislado con unas componentes limitadas y selladas bajo una misma óptica cultural. No se trata de esta manifestación, sino de un asentamiento sucesivamente ocupado por toda una secuencia de culturas que han venido superponiéndose a lo largo y ancho del mundo ibero en general, y costero en particular.

Al filo de este punto de partida, las sucesivas manifestaciones culturales se vienen desveladas, aunque de una manera asistemática y coyuntural, por medio de hallazgos fortuitos y, en alguna ocasión, por medio de una excavación de urgencia (aparición del depósito de agua romano citado antes). Pero lo que sin duda nos pone de manifiesto la actividad de un asentamiento humano, es la multiforme utilización y circulación de la moneda, que nos muestra no sólo el fenómeno de un asentamiento y desarrollo humano, sino también las diferentes concesiones que se han podido mantener con las diferentes comunidades iberas, en una fase de la Historia Hispana de gran movimiento y expansión colonial: el comercio de los siglos III al I a. de C., en el Sur Peninsular.

Si observamos las distintas procedencias numismáticas, se ve que nos muestra una geografía compleja, con la que Motril debió mantener relaciones fundamentalmente de tipo comercial. Así, con una simple relación estadística vemos que las comunidades que se configuran en este contexto geográfico, conforman los puntos más destacados bajo el aspecto comercial en la etapa de la República Romana de la Península Ibérica, ofreciendo una tipología variada de formas, según la procedencia de los materiales. Así, las colonias y comunidades con las que Motril ha debido mantener algún tipo de relación, a la vista del análisis numismático, se pueden clasificar en:

  • Monedas fenicio-púnicas: Gadir (4); Malaka (4).
  • Monedas con leyendas iberas: Cástulo (11); Kese (6); Segaisa (1); Osca (1).
  • Monedas iberorromanas: Obulco (3); Ilipa Magna (1); Acci (1); Ilici (1): Celsa (2): Turiaso (1); Bilbilis (1); Calagurris (1); Clunia (1); Gracurris (1).
  • Monedas púnicorromanas: Carteia (7); Carthago Nova (4).
  • Monedas Hispanorromanas: Itálica (3); Patricia (2); Caesar Augusta (2); Emerita Augusta (2); Tarraco (1).

Pertenecientes a acuñaciones propiamente romanas, mostramos en orden cronológico, las siguientes acuñaciones de familias: Gens Cupiennia (1); Gens Marcia (1); Gens Cassia (1); Gens  Fundania (1); Gens Cornelia (1); Gens Vibia (1); Gens Sempronia (1); Gens Antonia (2); Augustus (1); CN. Pompeius (1).

Del período Imperial mostramos la siguiente secuencia cronológica: Claudio (2); Vespasiano (4); Domiciano (1): Trajano (4); Sabina (2); Marco Aurelio (2); Faustina Senior (1); Alejandro Severo (1); Julia Mamea (1); Maximino I (3); Gordiano III (1); Galieno (9); Claudio II (2);  Diocleciano (1); Maximiano I (2); Constancio I (1); Magencio (6); Maximino II (1); Licinio (3); Constantino I El Grande (18); Constantino II (2); Constancio II (4); Valente (1); Graciano (2); Valentiniano II (1); Teodosio I (2); Magno Maximo (3); Arcadio (1); Honorio (2).

A través de toda esta secuencia puede verse cómo casi se ven representadas todas las épocas y períodos de la presencia romana en la cuenca del Guadalfeo a través de la numismática, abarcando un extenso espacio desde que se inicia la acuñación en la Península con la aportación fenicia, hasta la definitiva desaparición de la influencia directa de Roma en Hispania, aunque continuará extendiendo contactos con la parte oriental del Imperio.

[1] Domingo A. López Fernández. Condicionamientos físico-geográficos de Motril y su Municipio, Anuario de Estudios Motrileños, pgs 109-114.  Motrilm 1986

CATÁLOGO Y CRONOLOGÍA

GADES (s. II-I a. de C.)

1.-  AE. 3 h  3,60 gr.

A/ Cabeza de Melkart-Hércules con piel de león, a i. Delante, maza.

R/ Dos atunes a i., creciente lunar y disco solar.

Leyenda con caracteres fenicios:1 PRUEBA DE POLANCO 1 copia

Vives, LXXXIX

Col. Palanco Burgos, F.

1 POLANCO BURGOS1 1 POLANCO BURGOS

2.- AE.  6 h. 6,50 gr.

A/ Cabeza de Melkart-Hércules, a i., con clava al hombro.

R/ Atún a i. Leyenda:

1-2 PRUEBA DE POLANCO

Vives, lám. LXXIX-6

Col. Palanco Burgos, R.

2 POLANCO BURGOS copia

3.- AE. 10 h. 3.80 gr.

A/ Cabeza de Melkart-Hércules con piel de león, a i.

R/ Dos atunes, a i. Leyenda ilegible.

Vives, lám. LXXIV-3.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

3 PALANCO BURGOS (2) copia

4.- AE. 12 h. 12,70 gr.

A/ Cabeza de Melkart-Hércules a i., con piel de león

R/ Dos atunes, a i. Leyenda:1-3 PRUEBA DE POLANCO

Vives, lám. LXXIV-1

Col. Palanco Burgos, Francisco.

4 1 POLANCO copia4 POLANCO copia

SEKS (s. I a. de C.)

5.-AE. 3 h. 8,66 gr.

A/ Cabeza de Melkart-Hércules a i., con piel de león y maza al hombro

R/ Dos atunes a d., cartela en el centro:

5 PRUEBA POLANCO SEXSIarriba, alef; abajo, yod

Vives, lám. LXXXIII-3

Col. Palanco Burgos, Francisco.

5 POLANCO copia

MALAKA (s. I A. DE c.)

6.-AE. 12 h. 9,50 gr.

A/ Cabeza de Vulcano, a d. Delante, leyenda neopúnica:

1-6 PRUEBA DE POLANCO MALAKA Detrás, maza.

R/ Febo Apolo con cabeza radiada de frente.

Vives, lám. LXXXVI-10.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

6 PALANCO BURGOS

7.- AE. 10 h. 10,50 gr.

A/ Cabeza barbada de Vulcano, a d. Delante (ilegible) leyenda neopúnica:

1-6 PRUEBA DE POLANCO MALAKA

Detrás, tenazas; todo dentro del láurea.

R/ Febo Apolo con cabeza radiada, de frente.

Vives, lám. LXXXVII-2.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

7 PALANCO BURGOS

8.-AE. 8 h. 8,40 gr.

A/ Cabeza barbada de Vulcano, a d. Delante: leyenda neopúnica:2-1 PRUEBA POLANCO MALAKA2 copia. Detrás, tenazas.

R/ Febo Apolo con cabeza radiada, de frente.

Vives, lámina LXXXVII-2.

Col. Palanco Burgos, Ramón.8 POLANCO BURGOS (2)

 9.- AE. –    5,50 gr.

A/ Cabeza barbada de Vulcano con birrete plano, a d. Delante, leyenda neopúnica: 2-3 PRUEBA POLANCO MALAKA3 copia. Detrás, tenazas.

R/ Estrella de obho puntas dentro de láurea.

Vives, lám. LXXXV-8.

Col. Palanco Burgos Francisco.

CARTEIA (s. I d. de C.)

9 POLANCO copia

9 1 POLANCO BURGOS

CARTEIA (s. I d. de C.)

10.- AE.  12 h   3.90 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. Delante, CART(AEIA). Detrás, tridente.

R/ Cupido sobre delfín, a d. Debajo, Ex D.D. Arriba: (IIII) VIR.

Vives, lám. LXXVIII-11.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

10 POLANCO BURGOS

11.- AE.  8 h. 3,70 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. Delante, CART(AEIA). Detrás, tridente.

R/ Cupido sobre delfín, a d. Debajo, Ex D.D. Arriba: (IIII) VIR.

Vives, lám. LXXVIII-11.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.11 PALANCO BURGOS

12.- AE. 3 h  2,90 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. Delante, CART(AEIA). Detrás, tridente.

R/ Cupido sobre delfín, a d. Debajo, Ex D.D. Arriba: (IIII) VIR.

Vives, lám. LXXVIII-11.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

12 POLANCO BURGOS

13.- AE.  3 h. 3,70 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. Delante, CARTEIA.

R/ Neptuno de pie con tridente y delfín en la mano, a i. Delante (EX) D.D.

Vives, lám. CXXVIII-11.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.13 POLANCO BURGOS

14.- AE. 6 h. 8, 40 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. Delante, CARTEIA.

R/ Neptuno de pie con tridente y delfín en la mano, a i. Delante (EX) D.D.

Vives, lám. CXXVIII-11.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.14 POLANCO copia

15.- AE. 7 h  5,80 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. Delante, CARTEIA.

R/ Neptuno de pie con tridente y delfín en la mano, a i. Delante (EX) D.D.

Vives, lám. CXXVIII-11.

Col. Palanco Burgos Francisco.

15 POLANCO copia

16.-AE. 5 h  4,50 gr.

A/ Cabeza femenina con corona mural, a d. (GERMANICO) ET DRUSO.

R/ Timón e navío vertical. Leyenda: CAESARIBUS IIII VIRT. CART.

Vives, lám. LXXVIII-14.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

16 POLANCO copia

CASTULO (s. I a. de C.; I d. de C)

17.-AE. 3 h 32, 25 gr.

A/ Cabeza diademada, a d.

R/ Esfinge alada, a d. Debajo, leyenda ibérica:

3-1 PRUEBA POLANCO CASTULO 3

Vives, lám. LXIX-3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.17 POLANCO copia

18.- AE. 12 h 14,58 gr.

A/ Cabeza diademada, a d.

R/ Esfinge alada, a d. Debajo, leyenda ibérica:

3-1 PRUEBA POLANCO CASTULO 3

Vives, lám. LXIX-3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

18 POLANCO copia

19.- AE. 12 h 30,05 gr.

A/ Cabeza diademada, a d.

R/ Esfinge alada, a d. Debajo, leyenda ibérica:

3-1 PRUEBA POLANCO CASTULO 3

Vives, lám. LXIX-3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.19 POLANCO copia

20.-AE. 2 h 13, 90 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. Delante, delfín.

R/ Esfinge alada, a d.; delante: estrella. Debajo: leyenda ibérica:

3-2 PRUEBA POLANCO CASTULO 11

Vives, lám. LXIX-8.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

20 POLANCO BURGOS

21.- AE. 4 h  10, 20 gr.

A/ Cabeza diademada a d. Delante: mano.

R/ Esfinge alada, a d. Delante: estrella. Debajo, leyenda (ilegible) ibérica.

(3-1 PRUEBA POLANCO CASTUKO 4)

Vives, lám. LXX-9.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

21 POLANCO BURGOS

22.-AE. 12 h  14,95 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. Delante: mano.

R/ Esfinge alada, a d. Delante: estrella. Debajo, leyenda (ilegible) ibérica.

(3-1 PRUEBA POLANCO CASTUKO 4)

Vives, lám. LXX-9.

Col. Palanco Burgos, Francisco.22 POLANCO copia

23.- AE. 11 h  11,85 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. CN. VOC. ST. F.

R/ Toro, a d.; debajo: leyenda ibérica;3-5 PRUEBA POLANCO CASTUKO 8Encima: CN. FVL. CN. F.

Vives, lám. LXXI-2

Col. Palanco Burgos, Francisco.23 POLANCO copia

24.- AE.12 h  10,05 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. CN. VOC. ST. F.

R/ Toro, a d., debajo: leyenda ibérica;3-5 PRUEBA POLANCO CASTUKO 8Encima: CN. FVL. CN. F.

Vives, lám. LXXI-2

Col. Palanco Burgos, Francisco.

24 POLANCO copia

25.- AE. 12 h  16,45 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. CN. VOC. ST. F.

R/ Toro, a d.; debajo: leyenda ibérica;3-5 PRUEBA POLANCO CASTUKO 8Encima: CN. FVL. CN. F.

Vives, lám. LXXI-2

Col. Palanco Burgos, Francisco.25 POLANCO copia

26.- AE. 9 h  3,90 gr.

A/ Cabeza diademada, a d.

R/ Toro parado, a d. Encima: LV; debajo: leyenda ibérica:

3-2 PRUEBA POLANCO CASTULO 11

Vives, lám. LXX-3.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

26 PALANCO BURGOS

27.- AE. 5 h  4,10 gr.

A/ Cabeza diademada, a d.

R/ Toro parado, a d. Encima: LV; debajo: leyenda ibérica:

3-2 PRUEBA POLANCO CASTULO 11

Vives, lám. LXX-3.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

27 PALANCO BURGOS

KESE (s. I a. de C.)

28.- AE. 6 h  10,95 gr.

A/ Cabeza de hombre desnuda, a d. Delante: dos delfines, detrás: uno.

R/ Jinete con palma, a d. Debajo: leyenda ibérica:4 10 PRUEBA POLANCO KESE 1

Vives, lám. LXXII-7

Col. Palanco Burgos, Francisco.

28 POLANCO copia

29.- AE. 3 h  8,30 gr.

A/ Cabeza de hombre desnuda, a d. Delante: dos delfines, detrás: uno.

R/ Jinete con palma, a d. Debajo: leyenda ibérica:4 10 PRUEBA POLANCO KESE 1

Vives, lám. LXXII-7

Col. Palanco Burgos, Francisco.29 POLANCO copia

30.- AE. 12 h  8,20 gr.

A/ Cabeza de hombre desnuda, a d. Delante: dos delfines, detrás: uno.

R/ Jinete con palma, a d. Debajo: leyenda ibérica:4 10 PRUEBA POLANCO KESE 1

Vives, lám. LXXII-7

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

30 PALANCO BURGOS

31.- AE. 12 h  3,60 gr.

A/ Cabeza de hombre desnuda, a d. Delante: dos delfines, detrás: uno.

R/ Jinete con palma, a d. Debajo: leyenda ibérica:4 10 PRUEBA POLANCO KESE 1

Vives, lám. LXXII-7.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

31 PALANCO BURGOS

32.- AE. 11 h  16,65 gr.

A/ Cabeza de hombre desnuda, a d. Delante: dos delfines, detrás: uno.

R/ Jinete con palma, a d. Debajo: leyenda ibérica:4 10 PRUEBA POLANCO KESE 1

Vives, lám. LXXII-7

Col. Palanco Burgos, Francisco.

32 POLANCO copia

33.- AE. 12 h  9,75 gr.

A/ Cabeza de hombre desnuda, a d. Delante: dos delfines, detrás: uno.

R/ Jinete con palma, a d. Debajo: leyenda ibérica:4 10 PRUEBA POLANCO KESE 1

Vives, lám. LXXII-7

Col. Palanco Burgos, Ramón.

33 PALANCO BURGOS

SEGAISA (Belmonte, s. I a. de C.)

34.-AE. 2 h  6,30 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. Detrás: delfín.

R/ Jinete con caballo, a d. Leyenda ibérica:4-3 PRUEBA POLANCO SEGAISA

Vives, lám. LXV-13.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

34 PALANCO BURGOS

BOLSCAN (MVNICIPIVM OSCA, s. I a. de C.)

35.- AE. 2 h  7,45 gr.

A/ Cabeza desnuda, a d. Detrás, delfín.

R/ Jinete con lanza, a d. Leyenda ibérica:4-3 PRUEBA POLANCO BOLCAN

Vives, lám. CXLIII-4.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

35 PLALANCO BURGOS

EMERITA AVGVSTA (s. I d. de C.)

36.-AE. 5 h  17,12 gr,

A/ Cabeza laureada de Tiberio, a i.  TI. CAESAR AVGVSTVS PONS. MAX. IMP.

R/ Muralla con dos puertas de la ciudad. En el dintel, en dos líneas: EMERITA-AVGVSTA. COL.

Vives, lám. CXLIII-14.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

EMERITA AUGUSTA 2EMERITA AUGUSTA1

36

37.- AE. 6 h  10,85 gr.

A/ Cabeza laureada de Tiberio, a i.  TI. CAESAR AVGVSTVS PONS. MAX. IMP.

R/ Muralla con dos puertas de la ciudad. En el dintel, en dos líneas: EMERITA-AVGVSTA. COL.

Vives, lám. CXLIII-14.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

37 PALANCO BURGOS

38.- AE. 12 h  11,10 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto, a d. CAESAR AVG. TRIBVNIC. POTES.

R/ En tres líneas: P. CARISIVS-LEG-AVGVSTI.

Vives, lám. CLXL.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

38 POLANCO copia

39.- AE. 7 h  7, 90 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto, a d. CAESAR AVG. TRIBVNIC. POTES.

R/ En tres líneas: P. CARISIVS-LEG-AVGVSTI.

Vives, lám. CLXL.

Col. Palanco Burgos, Francisco.39 POLANCO copia

OBULCO (s. I a. de C.)

40.- AE. 2 h  16,30 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. Delante: O-BVLCO.

R/ En el centro, doble cartela ibérica:5-10 PRUEBA POLANCO OBULCO 40 Abajo: espiga, a i.

Vives, lám. XCV-4.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

40 PALANCO BURGOS

41.- AE. 5 h  20,59 gr.

A/ Cabeza diademada, a d. Delante. (O)BVLCO.

R/ Entre arado, arriba, a i., espiga a i. En cartela, leyenda ibérica:5-10 PRUEBA POLANCO OBULCO 41

Vives, lám. XCVI-5

Col. Palanco Busrgos, Ramón.41 PALANCO BURGOS

42.- AE. 10 h  12,20 gr.

A/ Cabeza desnuda, a i.  L. Q.V.F.Q. ISC. F.R.

R/ Rapto de Europa por Júpiter (toro). Debajo: M.C.F.

Vives, lám. LXXI-14.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

42 PALANCO BURGOS

ILIPA (s. I d. de C.)

43.- AE. 12 h  16,50 gr.

A/ Sábalo a i. (ILIPENSE).

R/ Espiga en posición vertical.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

43 PALANCO BURGOS

ILIBERIS-FLORENTIA (s. I d. de C.)

44.- AE. 6 h  17,00 gr.

A/ Cabeza desnuda de Augusto, a d. CA(ESAR AVG).

R/ Dos águilas legionarias e insignias entre ellas: I.II.I. C. I. G. AC.

MAH, Calicó, 6.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

44 PALANCO BURGOS

ACCI (s. I d. de C.)

45.- AE. 3 h  10,74 gr.

A/ Cabeza desnuda de augusto, a d. CA(ESAR AVG.)

R/ Dos águilas legionarias e insignias entre ellas I. II.I. C.I.G.AC.

MAH, Calicó, 6.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

45 PALANCO BURGOS

CARTHAGO NOVA (s. I d. de C.)

46.- AE. 7 h  4,38 gr.

A/ Cuádriga al galope, a d. Delante, vexilo; encima, en dos líneas: P. TVRVLLIO-V.I.N.K. Debajo, en dos líneas: II VIR QUINQUE.

R/ Templo tetrástilo. En el arquitrabe: AVGVSTO, encima, M. POSTV. ALBINVS. Debajo: II VIR QUINQ. I. TER; a los lados: V. I. N.K.

MAH, Calicó,  254.

Col. Palanco Burgos Francisco.

46 POLANCO copia

47.- AE. 2 h  9,92 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto a d. AVGVSTVS DIVI F..

R/ Símbolos sacerdotales. C. VAR. RVF. SEX. IVL. POL. II VIR Q.

MAH, Calicó, 240.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

47 POLANCO copia

48.- AE. 6 h  4,80 gr.

A/ Flor de loto. IVBA REX IVBA F. II VIR QV.

R/ Atributos pontificales. CN: ATELLIVS PONT. IIV. Q.

MAH, Calicó, 255.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

48 POLANCO copia

49.- AE. 9 h  4,98 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto, a d. AVGVSTVS DIVI F..

R/ Sacerdote de frente con símpulo y ramo. M. POSTVM. ALBIN. L. PORC. CAPIT. II VIR Q.

MAH, Calicó, 239.

Col. Palanco Burgos, Francisco.49 POLANCO copia

ILICI (s. I d. de C.)

50.- AE. 12 h  5,20 gr.

A/ Cabeza laureada de augusto, a d. AVGVSTVS DIVI F.

R/ Templo tetrástilo. en el arquitrabe: (IVNONI), entre las columnas: C. I. IL. Q. PATER. CAR. Q. TERE. MONT. II VIR Q.

MAH, Calicó, 558.

Col. Palanco Burgos, Francisco.50 PALANCO BURGOS

ITALICA (s. I d. de C.)

51.- AE. 10 h  14,70 gr.

A/ Cabeza desnuda de Tiberio, a d. IMP. TI. CAESAR AVGVST(VS PON. MAX.).

R/ Ara; en tres líneas: PROVIDENTIAE (AVGVSTI) PER. M. DIVI AVG. MVNIC. ITALIC.

MAH, Calicó, 617.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

51 PLALANCO BURGOS

52.- AE. 7 h  14,60 gr.

A/ Cabeza desnuda de Tiberio, a d. IMP. TI. CAESAR AVGVST(VS PON. MAX.).

R/ Ara; en tres líneas: PROVIDENTIAE (AVGVSTI) PER. M. DIVI AVG. MVNIC. ITALIC.

MAH, Calicó, 617.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

52 POLANCO BURGOS

53.- AE. 5 h  4,10 gr.

A/ Cabeza desnuda de Druso, a d. DRVSVS CAESAR (TL. A.) VG.F.

R/ Águila legionaria entre dos insignias. Debejo: PE-R-AV-G. MVNIC. ITALIC.

MAH, Calicó, 622.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

53 POLANCO copia

PATRICIA ((s. I d. de C.)

54.- AE.5 h  6,35 gr.

A/ Cabeza desnuda de augusto, a d. PERM. CAES. AVG.

R/ Gorro flamíneo y símpulo. (C)OLONIA PATRICIA.

MAH, Calicó, 422.

Col. Palanco Burgos, Francisco.54 POLANCO copia

55.- AE. 12 h  9,90 gr.

A/ Cabeza desnuda de Augusto, a d. PERM. CAES. AVG.

R/ Gorro flamíneo y símpulo.. (C)OLONIA PATRICIA.

MAH, Calicó, 422.

Col. Palanco, López de Alcalá, Lalia.

55 POLANCO BURGOS

56.- AE. 10 h  10,20 gr.

A/ Cabeza laureada de Tiberio, a d. TI. CAESAR DIVI AVG.f. AVGVSTVS.

R/ Toro mitrado; encima: C. C. A.; T. CAECILIO LEPIDO C. AVIFIDIO GEMELO II VIR.

MAH, Calicó, 713 (variante).

Col. Palanco Burgos, Ramón.

56 POLANCO BURGOS

57.-AE. 2 h  10,20 gr.

A/ Cabeza laurada de Augusto. a i. AVGVSTVS DIVI F.

R/ Yunta, a i. CAESAR AVGVSTA. Debajo, en dos líneas: L. CASSIO. C. VALER. FEN-II VIR.

MAH, Calicó, 705 (variante).

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

57 POLANCO BURGOS

CELSE (s. I d. de C.)

58.- AE. 2 h 13, 70 gr.

A/ Cabeza femenil, a d., encima: PR. II VIR; debajo: V.V.I.L.

R/ Toro, a d., encima: C. BALBO; debajo: L. PORCIO.

MAH, Calicó, 327.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

58 PALANCO BURGOS

59.- AE. 6 h  10,30 gr.

A/ Cabeza de Augusto, a d.  IMP. CAESAR DIVI F.  AVGVSTVS COS. II.

R/ Toro parado, a d.  C. N. DOMIT. C. POMPEI II VIR C.V.I. CEL.

MAH, Calicó, 332.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

59 POLANCO copia

TURIASU (s. I d. de C.)

60.- AE.10 h  9,95 gr.

A/ Cabeza de Tiberio, a d. (TI. CAESAR AV) G F. AVGVSTVS IMP. (P. P).

R/ Dentro de láurea: II VIR. MAN. SVLP. LVOAN. M. SEMP. PRONT. MVN. TVRIASO.

Vives, lám. CLVI-6.

Col. Palanco Burgos, Francisco.60 POLANCO copia

BILBILIS (s. I d. de C.)

61.- AE. 2 h  9,52 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto, a d. AVGVSTVS DI(IVI F. PATER PATRIAE).

R/ Dentro de láurea II VIR. Alrededor: MVN. AVGVSTA (BILBILIS. SEMP) TIBERI L. LICI VARO.

Vives, lám. CXXXXIX-1

Col. Palanco Burgos Ramón.

61 POLANCO BURGOS

CALAGURRIS (s. I d. de C.)

62.- AE. 12 h  11,60 gr.

A/ Cabeza laureada de Tiberio, a d. TI. CAESAR DIVI AVG. F. AVGVSTVS.

R/ Toro parado, a d., encima: CELERE, debajo: C. RECTO; delante en dos líneas: II VIR, detrás: M. C. I.

Vives, lám. CLVIII-6.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

62 POLANCO BURGOS

CLUNIA (s. I a. de C.)

63.- AE. 3 h  10,40 gr.

A/ Cabeza varonil; delante, delfín; detrás  I  I.

R/ Jinete a caballo con lanza, a d. Debajo: CLOVNIOQ.

Vives, lám. CLXIII-1.

Col. Palanco Burgos, Francisco.63 POLANCO copia

GRACCVRRIS (s. I a. de C.)

64.- AE. 3 h 11,75 gr.

A/ Cabeza de Tiberio, a d. TI. CAESAR DIVI AVG. F. AVGVSTVS.

R/ Toro mitrado, a d. MVNICIP. GRACCVRRIS.

Vives, lam. CLXIII-1.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

64 POLANCO copia

TARRACO (s. I d. de C.)

65.- AE. 10 h  12,25 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto, a d. IMP. CAES. AVG. TR. POT. PON. MAX. P.P.

R/ Cabeza denuda de Tiberio, a d. TI. CAESAR C. V. T.

Vives, lám. CLXIX-12.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

65 POLANCO copia

F. CVPIENNIA (191 a. de C.)

66.-AR. 6 h  3,00 gr.

A/ Cabeza de Palas, a d., con casco alado: detrás: cuerno de la abundancia; Delante: X.

R/ Dióscuros, a d. CVP. ROMA.

Cohen, XVI, CVPIENNIA.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

66 PALANCO BURGOS

F. MARCIA (193 a. de C.)

67.-AR. 6 h  3,20 gr.

A/ Cabeza laureada de Apolo, a d.

R/ Sátiro de pie con cola y coturno, llevando un odre y levantando el brazo. Detrás: estatua sobre columna. L. CENSOR.

Cohen, LVIII-9.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

67 PALANCO BURGOS

F. CASSIA (112 a. de C.)

68.- AR. 6 h  3,75 gr.

A/ Cabeza de Baco, a d.,  coronado de yedra; detrás, un tirso.

R/ Cabeza de Proserpina, a i., coronada de pámpanos. L. CASSI Q.F.

Cohen, IX, CASSIA-3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

68 POLANCO copia

F. FVNDANIA (101 a. de C.)

69.- AR. 5 h  1,55 gr.

A/ Cabeza laureada de Júpiter, a d.; detrás, letra.

R/ Cautivo arrodillado, llevando un trofeo coronado por una victoria; debajo: Q.

Cohen, XIX, FVNDANIA, 2.

Col. Palanco Burgos, Francisco.69 POLANCO copia

F. CORNELIA (97-72 a. de C.)

70.-AR. 12 h  4,00 gr.

A/ Busto de Marte, a d. con casco, visto de medio perfil, con un cetro.

R/ Victoria en biga a galope, a d. sosteniendo una corona. CN. LENTVL.

Cohen, XIV, CORNELIA. 7.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

70 PALANCO BURGOS

F. VIBIA (86 a. de C.)

71.-AR. 12 h  4,05 gr.

A/ Cabeza laureada de Apolo, a d., con los cabellos ensortijados. PANSA, delante: estrella.

R/ Palas en cuadriga al galope y con trofeo. C. VIBIVS (C.F.).

Cohen, XLI-3.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

71 POLANCO BURGOS

F. SEMPRONIA (s. I a. C.)

72.- AR. —  2, 90 gr.

A/ Cabeza de Palas, a d., con casco alado; delante: X; detrás: PITIO.

R/ Dióscuros a caballo, a d. L. SEMP. ROMA.

Cohen, XXXVI, SEMPRONIA-2.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

72 POLANCO copia

MARCO ANTONIO (49-30 a. de C.)

73.-AR.  9 h  3,20 gr.

A/ Galera. a d. ANT. AVG. (III VIR E.P.C).

R/ Águila legionaria entre dos estandartes. LEG. VI.

Cohen, V, ANTONIA, 44.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

73 POLANCO BURGOS

74.- AR. 6 h  2,05 gr.

A/ Galera. a d. ANT. AVG. (III VIR E.P.C).

R/ Águila legionaria entre dos estandartes. LEG. VI.

Cohen, V, ANTONIA, 44.

Palanco Burgos, Francisco.

74 POLANCO copia

OCTAVIO AUGUSTO (2 a. de C.; 31 a. de C. 14 d. de C.)

75.- AR. 12 h 3,40 gr.

A/ Cabeza laureada de Augusto, a d. CAESAR AVGVS(TVS DIVI F. PATER) PATRIAE.

R/ Gayo y Lucio de pie con lanza y escudo; en el campo, bastón de augurio y símpulo. AVGVSTI F. COS.  D (SIG. PRIN C. IVVENT). C. L. CAESAR(ES).

ROMAN COINS, 368.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

75 POLANCO copia

CN. POMPEIVS MAGNVS (46-45 a. de C.)

76.- AE. 10 h  24,60 gr.

A/  Cabeza laureada de Jano bifronte; arriba: (MGN).

R/ Proa de nave, a d., arriba: (PIVS); abajo: (IMP.).

MAH, Calicó, 863.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

76 POLANCO copia

CLAUDIO (41-54 d. de C.)

77.- AE. 6 h  10,07 gr.

A/ Cabeza desnuda de Claudio, a i. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. PM. P. IMP.

R/ Minerva avanzando con jabalina en mano y escudo (LIBERTAS AVGVSTA) S.C.

Cohen, I, 47.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

77 POLANCO copia

78.- AE. 7 h. 10,38 gr.

A/ Cabeza desnuda de Claudio, a i. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. PM. P. IMP.

R/ Libertad de pie, a d. (LIBERTAS AVGVSTA) S.C.

Cohen, I, 47.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

78 POLANCO copia

VESPASIANO (69-79 d. de C.)

79.- AE. 6 h  9,05 gr.

A/ Cabeza laureada de Vespasiano, a d. IMP. CAESAR VESP. AVG. COS. V CENS.

R/ Equidad de pie, a i. AEQVITAS AVGST. S.C.

Cohen, I, 2.

Col. Palanco Busrgos, Francisco.

79 POLANCO copia

80.- AE. 7 h  21,63 gr.

A/ Cabeza laureada de Vespasiano, a i.  IMP. CAES. VESP AVG. PM. TR. P.P,P. COS VIII.

R/ Tito y Domiciano, uno frente a otro, sujetando un globo entre los dos. (CAES. AVG. F. DES. IMP.AVG. F. COS. DES. ITER. S.C.).

Cohen, I, 48.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

80 POLANCO copia

 81.- AE. 7 h  9,22 gr.

A/ Cabeza laureada de Vespasiano, a d.  IMP. CAES. VESP. AVG. P.M. COS. IIII

R/ Equidad de pie, a i.  (AEQVITAS AVGVST.) S. C.

Cohen, I 369.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

81 POLANCO BURGOS

82.- AE. 7 h  2,40 gr.

A/ Cabeza diademada de Vespasiano, a d.  IMP. CAESAR VESPASIANVS AVG.

R/ Paz sentada, a i., con rama y caduceo. COS. ITER. TR. POT.

Cohen, I, 375.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

82 PALANCO BURGOS

DOMICIANO (81-96)

83.- AE. 6 h 5,92 gr.

A/ Cabeza laureada de Domiciano, a d.  IMP. CAES. DOMIT. AVG. GERM. COS. XIII CENS. PER. P.P.

R/ Fortuna de pie, a i. FORTVNAE AVGVSTI S.C.

Cohen, I 481.

Col. Palanco Burgos, Francisco.83 POLANCO copia

TRAJANO (98-117)

84.-AE.  7 h  12,70 gr.

A/ Cabeza laureada de Trajano, a d. IMP. CAES. NERVA TRAJAN AVG. GERM. P. M.

R/ Dacia sentada, a i. TR. PT. COS. IIII P.P. S. C.C.

Cohen, II, 636,

Col. Palanco Burgos, Francisco.

84 POLANCO copia

85.- AE. 6 h 27,08 gr.

A/ Cabeza laureada de Trajano, a d. IMP. CAES. NERVAE TRAIANO OPTIMO AVG. GER. DAC. P. M. TR. P. COS V P.P.

R/ Salud sentada, a i. cogiendo una serpiente que sale de un altar. OPTIMO PRINCIPI.S. C. P.Q.R.

Cohen, II, 456.

Col. Palanco Burgos, Francisco.85 POLANCO copia

86.-AE. 6 h  11,60 gr.

A/ Cabeza radiada, diademada y laureada de Trajano, a d. IMP. CAES. NER. TRAIANO OPTIMO AVG. GERM.

R/ Estandarte militar (DAC. PARTHICO P. M. TR. POT. XX COS. VI P.P. S.C.

Cohen, II, 123.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

86 PALANCO BURGOS

87.- AE. 6 h 23,72 gr.

A/ Cabeza laureada y diademada de Trajano a d. IMP. TRAIANO AVG. GER. DAC. P.M. TR. P. COS. VI P.P.

R/ Victoria  a d., inscribiendo (VIC. DAC.) en escudo sobre tres palmas. S.C. S.P.Q.R.

Cohen, II, 648.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

97 POLANCO BURGOS

88.- AE. 6 h  20,15 gr.

A/ Cabeza de Sabina, a d. ( SABINA AVGVSTA HADRIANI AVG. P.P.

R/ Piedad sentada, a i. (PIETAS) (S.C.).

Sear, D.R. 1099.

Col. Palanco Burgos, Francisco.88 POLANCO copia

89.- AE. 5 h  23,61 gr.

A/ Cabeza de Sabina diademada, con cola, a i. SABINA AVGVSTA HADRIANI AVG. P.P.

R/ Concordia de pie, a i., con patera y doble cuerno de la abundancia.

Cohen, II, 247-2.

Col. Palanco Burgos, Francisco.89 POLANCO copia

MARCO AURELIO (161-180)

90.- AE. 12 h  18,04 gr.

A/ Cabeza laureada y diademada de Marco Aurelio. a d. M. AVREL. ANTONINVS AVG. ARM. PARTH. MAX.

R/ Paz de pie, a i. (IMP. VIII COS. III P.P. PAX AETERNA, S.C.).

Cohen, III, 365.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

90 POLANCO copia

91.- AE. 5 h  25,25 gr.

A/ Cabeza laureada y diademada de Marco Aurelio, a d. M. AVREL. ANTONINVS AVG. ARM. PARTH. MAX.

R/ Paz de pie, a i.( IMP. VIII COS. III P.P. PAX AETERNA, S.C.).

Cohen, III, 365.

Col. Palanco Burgos, Francisco.91 POLANCO copia

FAVSTINA SENIOR (140…)

92.- AE. 5 h  21,85 gr.

A/ Cabeza de Faustina Senior, a d. DIVA FAVSTINA.

R/ Vesta de pie, a i., con patera y palladivm, ante el altar. AVGVSTA. S.C.

Cohen, II, 110.

Col. Palanco Burgos Francisco.

92 POLANCO copia

ALEJANDRO SEVERO (222-235)

93.- AE. 12 h 19,20 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Alejandro Severo, a d. IMP. CAES. M. AVR. SEV. ALEXANDER AVG.

R/ Providencia de pie, a i., con rama y cornucopia, sobre columna, y globo a sus pies. PONT MAX. TR. P. II COS. P.P. S.C.

Cohen, IV, 461.

Col. Palanco Burgos, Francisco.93 POLANCO copia

IVLIA MAMEA (180-235)

94.- AE. 12 h  17,51 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Julia Mamea, a d. IVLIA MAMEA AVGVSTA.

R/ Juno sentada, a i., con ramo de flores y cuerno de la abundancia. IVNO AVGVSTAE.

Cohen, IV, 33.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

94 POLANCO BURGOS

MAXIMINO I (235-238)

95.- AE. 10 h  30,00gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Maximino I, a d. IMP. MAXIMINVS PIVS AVG.

R/ Paz de pie, a i. PAX AVGVSTI. S. C.

Cohen, IV, 34.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

95 POLANCO copia

96.- AE. —  21,25 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Maximino I, a d. IMP. MAXIMINVS PIVS AVG.

R/ Paz de pie, a i. PAX AVGVSTI. S. C.

Cohen, IV, 34.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

96 POLANCO copia

97.- AE. 12 h  16,95 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Maximino I, a d. IMP. MAXIMINVS PIVS AVG.

R/Victoria de pie, a i. VICTORIA GERMANICA.  S. C.

Cohen, IV, 109.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

97 POLANCO BURGOS

GORDIANO III (238-244)

98.- AE. 12 h 18,70 gr.

A/ Busto laureado y drapeado de Gordiano III. a d. IMP. GORDIANVS PIVS FEL. AVG.

R/ Victoria de pie, a i. VICTORIA AVG.

Cohen, V, 362.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

98 POLANCO BURGOS

GALIENO (253-268)

99.- AE. 10 h  3,45 gr.

A/ Busto radiado y drapeado de Galeno, a d. IMP. C. P. LIC. GALLIENVS AVG.

R/ Fortuna de pie con doble cornucopia. CONCORDIA AVG.

Cohen, V, 123.

Col. Palanco Burgos, Francisco.99 POLANCO copia

100.- AE. 6 h  2,70 gr.

A/ Busto radiado y drapeado de Galieno, a d. IMP. C. P. LIC. GALLIENVS AVG.

R/ Antílope parado, a i. DIANAE CONS. AVG. R.N.

Cohen, V, 362.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

100 POLANCO copia

101.- AE. 6 h  2,30 gr.

A/ Busto radiado y drapeado de Galieno, a d. IMP. C. P. LIC. GALLIENVS AVG.

R/ Hipocampo, a d. NEPTVNO CONS. AVG. III.

Cohen, V, 667.

Col. Palanco Burgos, Francisco.101 POLANCO copia

102.- AE. 6 h  3,20 gr.

A/ Cabeza radiada de Galieno, a d. GALLIENVS AVG.

R/ Antílope, a d. IOVI CONS. AVG. En el campo: S.

Cohen, V, 344.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

102 POLANCO BURGOS

103.- AE. 12 h  2,80 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Galieno, a d. (IMP) G(ALLI) ENVS AV(G).

R/ Victoria de pie, a i. VICTORIA AET.

Cohen, V, 1073.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

103 POLANCO BURGOS

104.- AE. 12 h  2,45 gr.

A/ Busto radiado y acorazado de Galieno, a d. IMP. C. P. LIC. GALLIENVS AVG.

R/ Júpiter con cetro y rayo, a i. IOVI VICTORI.

Cohen, V, 410.

Col.  Palanco Burgos, Ramón.

104 POLANCO BURGOS

105.- AE. 12 h 2,30 gr.

A/ Busto radiado, diademado y drapeado de Galieno, a d. GALLIENVS AVG.

R/ Providencia de pie, a i. PR(OVI. A)VG..

Cohen, V, 736.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

105 POLANCO BURGOS

106.- AE. 2 h  1,85 gr.

A/ Busto radiado, laureado y acorazado de Galieno, a d.  IMP. GALLIENVS P. F. AVG.

R/ Paz de pie, a i. PAX AVG. En campo: A.

Cohen, V, 736.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.106 POLANCO copia

107.- AE. 10 h  2,50 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Galieno, a d. (GALLIENV)S AVG.

R/ Antílope, a i. IOVI CONS. AVG.

Cohen, V, 297.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.107 POLANCO copia

CLAUDIO II EL GÓTICO (268-270)

108.- AE. 12 h  2, 45 gr.

A/ Cabeza radiada y diademada de Claudio II, a d. DIVO CLAVDIO.

R/ Águila legionaria, a d.  CONSECRATIO.

Cohen, VI, 41.

Col. Palanco Burgos Francisco.

108 POLANCO copia

109.- AE. 12 h 3,00 gr.

A/ Cabeza radiada y diademada de Claudio II, a d. DIVO CLAVDIO.

R/ Águila legionaria, a d.  CONSECRATIO.

Cohen, VI, 41.

Col. Palanco Burgos Francisco.

109 POLANCO BURGOS

DIOCLECIANO (284-305)

110.- AE. 12 h  2, 70 gr.

A/ Busto radiado, diademado y drapeado de Diocleciano, a d. IMP. C.C. VAL. DIOCLETIANVS P. F. AVG.

R/ Diocleciano de pie, a i., recibiendo de Júpiter una victoria sobre globo. CONCORDIA MILITVM.

Cohen, VI, 28.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

110 POLANCO BURGOS

MAXIMIANO I (286-305)

111.- AE. 12 h  2,80 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Maximiano I, a d. IMP. C. MAXIMIANVS P.F. AVG.

R/ Maximiano I, de pie, recibiendo de Júpiter una victoria sobre globo. CONCORDIA MILITVM. En campo, K-A.

Cohen, VI, 54.

Col. Palanco Burgos, Ramón.111 PAKANCO BURGOS

112.- AE. 12 h  6,90 gr.

A/ Busto laureado, drapeado y acorazado de Maximiano I, a d. MP. C. MAXIMIANVS P.F. AVG.

R/ Roma sentada en templo hexástilo. CONSERV. VRB. SVAE. Exergo: (A)Q. P.

Cohen, VI, 64.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

112 PALANCO BURGOS

CONSTANCIO I (293-305)

113.- AE. 12 h  3,30 gr.

A/ Busto radiado, diademado y drapeado de Constancio I, a d. IMP. C. CONSTANTIVS P. F. AVG.

R/ Dentro de láurea: VOT. X, en campo: P.

Sear, D.R. 3.579.Col. Palanco Burgos, Francisco.

113 POLANCO copia

CONSTANCIO II (346-354)

114.- AE. 5 h  1,95 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Constancio II, a d. (D.N. CONSTANT)IVS P.F. AVG.

R/ Soldado abatiendo a enemigo a caballo. (FEL. T.)EMP. REPARATIO.

Cohen, VII, 44.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

114 POLANCO BURGOS

115.- AE. 5 h  3,50 gr.

A/ Busto diademado, drapeado y acorazado de Constancio II, a i.  D.N. CONSTANTIVS P.F. AVG.

R/ Donstancio II de pie con cetro, levantando a un personaje arrodillado, junto a un árbol. FE. TEMP. REPARATIO. Exergo: PNRS.

Cohen, VII, 46.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

115 PALANCO BURGOS

116.- AE. 12 h  2,15 gr.

A/ Busto diademado, drapeado y acorazado de Constancio II, a d.  D.N. CONSTANTIVS (P.F.) AVG.

R/ Soldado abatiendo a enemigo a caballo. (FE)L. TEMP. REPARATIO.

Cohen, VII, 44.

Col. Palanco Burgos, Ramón.116 POLANCO copia

MAGENCIO (306-312)

117.- AE. 12 h  5,25 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Magencio, a d.  IMP. MAXENTIVS P.F. AVG.

R/ Dióscuros, uno frente a otro, con sendos caballos cogidos de las bridas. AETERNITAS AVG.N. Exergo: MOSTP.

Cohen, VII, 10.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

117 POLANCO BURGOS

118.- AE. 12 h  4,65 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Magencio, a d.  IMP. MAXENTIVS P.F. AVG.

R/ Dióscuros, uno frente a otro, con sendos caballos cogidos de las bridas. AETERNITAS AVG.N. Exergo: MOSTP.

Cohen, VII, 10.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

118 POLANCO BURGOS

119.- AE. 6 h  5,71 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Magencio, a d.  IMP. MAXENTIVS P.F. AVG.

R/ Roma sentada ante un templo hexástilo. CONSERV. VRB SVAE. Exergo: PR:

Cohen, VII, 21.

Col. Palanco Burgos, Francisco.119 POLANCO copia

120.- AE. 12 h  6,58 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Magencio, a d.  IMP. MAXENTIVS P.F. AVG.

R/ Roma sentada ante un templo hexástilo. CONSERV. VRB SVAE. Exergo: PR:

Cohen, VII, 21.

Col. Palanco Burgos, Francisco.120 POLANCO copia

121.- AE. 7 h  4,50 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Magencio, a d.  IMP. MAXENTIVS P.F. AVG.

R/ Dióscuros, uno frente a otro, con sendos caballos cogidos de las bridas. AETERNITAS AVG.N. Exergo: MOSTP.

Cohen, VII, 10.

Col. Palanco Burgos, Ramón.121 POLANCO copia

122.- AE. 12 h  6,40 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Magencio, a d.  IMP. MAXENTIVS P.F. AVG.

R/ Dióscuros, uno frente a otro, con sendos caballos cogidos de las bridas. AETERNITAS AVG.N. Exergo: MOSTP.

Cohen, VII, 10.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.122 PALANCO BURGOS

MAXIMINO II (309-313)

123.- AE. 12 h  4,15 gr.

A/ Busto diademado, drapeado y acorazado de Maximino II, a d. IMP. MAXIMINVS P.F. AVG.

R/ Sol de pie, a i.,  con globo. SOLI INVICTO COMITI. Exergo: TS.

Cohen, VII, 173.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

123 POLANCO BURGOS copia

LICINIO (308-324)

124.- AE. 12 h  4,46 gr.

A/ Busto laureada, diademado y drapeado de Licinio, a d. IMP.C. LICINIVS P.F. AVG.

R/ Sol de pie a i., con globo. SOLI INVICTO COMITI.

Cohen, VII, 162.

Col. Palanco Burgos, Francisco.124 POLANCO BURGOS copia

125.- AE. 12 h  4,64 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Licinio, a d. IMP.C. LICINIVS P.F. AVG.

R/ Sol de pie a i., con globo. SOLI INVICTO COMITI. Exergo: TSB.

Cohen, VII, 162.

Col. Palanco Burgos, Francisco.125 POLANCO BURGOS

126.- AE. 12 h 4,80 gr.

A/ Busto laureada, diademado y drapeado de Licinio, a d. IMP.C. LICINIVS P.F. AVG.

R/ Sol de pie a i., con globo. SOLI INVICTO COMITI. TSB

Cohen, VII, 162.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

126 POLANCO BURGOS

VALENTE (364-378)

127.- AE. 3 h  2,10 gr.

A/Busto diademado, laureado y drapeado de Valente, a d.  D.N. VALENS P.F. AVG.

R/ Victoria avanzando, a i. SECVRITAS REIPVBLICAE.

Cohen,  VIII, 45.

Col. Palanco Burgos, Francisco.127 POLANCO copia

CONSTANTINO I EL GRANDE (307-378)

128.- AE. 7 h  5,50 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drpeado de Constantino I el Grande, a d. CONSTANTINVS P. F. AVG.

R/ Roma sentada de frente bajo un templo hexástilo. CONSERVATORES VRB. SVAE.

Cohen, VII, 75.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

128 POLANCO BURGOS

129.- AE. 10 h  3,05 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P.F. AVG.

R/ Águila legionaria entre dos estandartes. S.P.Q.R. OPTIMO PRINCIPI. Exergo: RP.

Cohen VII, 557.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

129 POLANCO copia

130.- AE. 12 h  3,10 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P.F. AVG.

R/ Águila legionaria entre dos estandartes. S.P.Q.R. OPTIMO PRINCIPI. Exergo: RP.

Cohen VII, 557.

Col. Palanco Burgos, Francisco.130 POLANCO BURGOS

131.- AE. 6 h  3,00 gr.

A/ Cabeza diademada y laureada de Constantino I, a d. CONSTANTINVS MAX. AVG.

R/ Constantino I de pie, a i., con lanza y escudo. (PRINCIPI IVVENTVTIS).

Sear, D.R. 3765.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

131 POLANCO BURGOS

132.- AE. 12 h  2,35 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino I. a d. IMP. C. CONSTANTINVS P.F. AVG.

R/ Constantino I de pie, a i.,  con globo y cetro. CONSTANTINO P. AVG. B. RP. NAT.

Sear, D.R. 3758.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

132 POLANCO copia

133.- AE. 2 h  3,75 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P.F. AVG.

R/ Águila legionaria entre dos estandartes. S.P.Q.R. OPTIMO PRINCIPI. Exergo: RP. Exergo: MOSTP.

Cohen VII, 557.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

133 POLANCO copia

134.- AE. 6 h  1,20 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Constantino I, a d. CONSTANTINVS MAX. AVG.

R/ Dos soldados con sendas lanzas y estandartes. GLORIA EXERCITVS. Exergo: TRS.

Cohen, VII, 254.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

135 PALANCO BURGOS

135.- AE. 6 h  4,60 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P. F. AVG.

R/ Sol de pie, a i., con globo y rayo. SOLI INVICTO COMITI. F. T. Exergo: PLG.

Cohen, VII, 519.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

135 PALANCO BURGOS

136.- AE. 5 h  1,85 gr.

A/ Busto galeado y acorazado de Roma, a d. CONSTANTINVS AVG.

R/ Constantino I con dos soldados atados a sus pies. GLORIA EXER(CITVS). En campo: T.P. Exergo: PTR.

Cohen, VII, 257.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

136 PALANCO BURGOS

137.- AE. 5 h  3,16 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Constantino I, a d. (ONSTANTINVS) AVG.

R/ Torre con puerta abierta y coronada con torretas y estrella. PROVIDENTIA AVG. En campo: S-F. Exergo: PCONS.

Cohen, VII, 454.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

137 PALANCO BURGOS

138.- AE. 5 h  3,15 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P. F. AVG.

R/ Sol de pie, a i., con globo y rayo. SOLI INVICTO COMITI. F. T. En campo: T-K. Exergo: PLG.

Cohen, VII, 519.

Col. Palanco Burgos, Ramón.138 POLANCO copia

139.- AE. 6 h  2,50 gr.

A/ Busta galeado y acorazado de Roma, a d.  IMP. CONSTANTINVS AVG.

R/ Dos victorias con guirnalda VOT P.R., sobre el altar. VICTORIAE LAETAE PRINC. PERP. Exergo: SARL.

Cohen, VII, 636.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

139 PALANCO BURGOS

140.- AE. 6 h  1,10 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P. F. AVG.

R/ Sol de pie, a i., con globo y rayo. SOLI INVICTO COMITI. F. T. Exergo: PLG.

Cohen, VII, 519.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

140 PALANCO BURGOS

141.- AE. 12 h  3,25 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Constantino I, a d. CONSTANTINVS MAX. AVG.

R/ Dos soldados con sendas lanzas y estandartes. GLORIA EXERCITVS. Exergo: TRS.

Cohen, VII, 254.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

141 PALANCO BURGOS

142.- AE. 12 h  2,70 gr.

A/ Busto radiado, diademado y acorazado de Constantino I, a d. CONSTANTINVS MAX. AVG.

R/ Dos soldados con sendas lanzas y estandartes. GLORIA EXERCITVS. Exergo: TRS.

Cohen, VII, 254.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

142 PALANCO BURGOS

142.- AE 6 h  2,50 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino I, a d. IMP. CONSTANTINVS P. F. AVG.

R/ Sol de pie, a i., con globo y rayo. SOLI INVICTO COMITI. F. T. Exergo: PLG.

Cohen, VII, 519.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

143 PALANCO BURGOS

144.- AE. 12 h  2,30 gr.

A/ Busto galeado y acorazado de Roma, a i.  (VRBS ROMA).

R/ Loba amamantando a Rómulo y Remo.

Sear, D- R. 3794.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

144 PALANCO BURGOS

CONSTANTINO II (337-340)

145.- AE. 12 h  2,65 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino II, a d. CONSTANTINVS IVN. N.C.R.

R/ Dos doldados de pie con sendos estandartes. GLORIA EXERCITVS. Exergo: TRPF.

Cohen, VII, 113.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

145 PALANCO BURGOS

146.- AE. 6 h  2,50 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino II, a i. CONSTANTINVS IVN, NOB.C.

R/ Altar, sobr él: VOTIS XX. BEATA TRANQVILLITAS. Exergo: STR.

Cohen, VII, 22.

Col. Palanco Burgos, Ramón.146 PALANCO BURGOS

147.- AE. 6 h  3,30 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constantino II, a i. CONSTANTINVS IVN, NOB.C.

R/ En láurea:  VOT. X. DOMINOR NOSTROR CAESS.  En campo: TT.

Cohen, VII,98.

Col. Palanco Burgos, Ramón. 147 PALANCO BURGOS

CONSTANCIO II (337-361

148.- AE. 10 h  2,20 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Constancio II, a d. D.N. CONSTANTIVS P. F. AVG.

R/ Soldado abatiendo a enemigo a caballo. FLE. TEMP. REPARATIO. En campo: H. Exergo:  TCON.

Cohen, VII, 44.

Col. Palanco López de Alcalá, Lalia.

148 PALANCO BURGOS

GRACIANO (367-383)

149.- AE. 6 h  4,90 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Graciano, a d. D.N. GRATI(A)NVS P. F. AVG.

R/ Graciano con victoria en mano, levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB..

Cohen, VIII, 29.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

149 POLANCO BURGOS copia

150.- AV. 12 h  4,40 gr.

A/ Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano, a d. D.N. GRATIANVS P. F. AVG.

R/ Dos emperadores entronados sujetando globo, con victoria sobre ellos. VICTORIA AVGG. Exergo: TROB.

Cohen, VIII, 38.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

150 POLANCO BURGOS copia

VALENTINIANO II (375-392)

151.- AE. 6 h  4,00 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado, a d. D.N. VALENTINIANVS P.F. AVG.

R/ Valentiniano II con victoria en su izquierda, y levantando una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB. Exergo: SMAQP.

Cohen, VIII, 27.

Col. Palanco Burgos, Ramón.151 PALANCO BURGOS copia

TEODOSIO I  GRANDE (379-395)

152.- AE. 6 h  4,30 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio I, a d.  D.N. THEODOSIVS P.F. AVG.

R/ Teodosio I de pie, a i., con victoria en mano derecha, y levantando una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB. Exergo: SMAQ.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

152 PALANCO BURGOS

153.- AE. 7 h  5,40 gr.

A/ Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio I, a d.  D.N. THEODOSIVS P.F. AVG.

R/ Teodosio I de pie, a i., con victoria en mano derecha, y levantando una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB. Exergo: SMAQ.

Col. Palanco Burgos, Ramón.153 POLANCO BURGOS copia

MAGNO MÁXIMO ( 383-388)

154.- AE. 12 h  4,44 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Magno Máximo, a d. D.N. MAG. MAXIMVS P.F. AVG.

R/ Magno Máximo de pie, a i., y levantando una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB. Exergo: LVGP.

Cohen, VIII, 3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

154 POLANCO BURGOS copia

155.- AE. 6 h  4,40 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Magno Máximo, a d. D.N. MAG. MAXIMVS P.F. AVG.

R/ Magno Máximo de pie, a i., y levantando una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB. Exergo: PCON.

Cohen, VIII, 3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

155 POLANCO BURGOS copia

156.- AE. 6 h  4,30 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Magno Máximo, a d. D.N. MAG. MAXIMVS P.F. AVG.

R/ Magno Máximo de pie, a i., y levantando una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVB. Exergo: TRPS.

Cohen, VIII, 3.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

156 PALANCO BURGOS

ARCADIO (383-408)

157.- AE. 6 h  5,40 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Arcadio, a d.  D.N. ARCADIVS P.F. AVG.

R/ Arcadio de pie a d., con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: SMNE.

Sear, D.R. 4129.

Col. Palanco Burgos, Ramón.

157 PALANCO BURGOS

HONORIO (393-423)

158.- AE. 12 h 3,65 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Honorio, a d. D.N. HONORIVS P.F. AVG.

R/ Honorio de pie, con estandarte y globo. GLORIA ROMANORVM.

Sear, D.R. 4152.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

158 PALANCO BURGOS copia

159.- AE. 5 h  4,00 gr.

A/ Busto diademado y drapeado de Honorio, a d. D.N. HONORIVS P.F. AVG.

R/ Honorio de pie, con estandarte y globo. GLORIA ROMANORVM.

Sear, D.R. 4152.

Col. Palanco Burgos, Francisco.

159 PALANCO BURGOS copia

Granada, 14 de Mayo de 2019.

Antonio Ruiz Fermández.

Licenciado en Filología Clásica, Dr. en Historia Antigua por la Universidad de Granada, y Catedrático de Latín.

LA NUMISMÁTICA ROMANA EN LA CUENCA DEL RÍO GUADALFEO, MOTRIL-SALOBREÑA

Con todo el cariño a mis alumnos

de 2º de BUP de la promoción

1984-85 del IB.

Julio Rodríquez de Motril.

Introducción.

Ante todo, vaya mi agradecimiento a aquellas personas que han hecho posible, con su eficaz colaboración, este trabajo, entre las que puedo merecidamente incluir las que que han colaborado generosamente para poder llevar a cabo este trabajo.

En cuanto a los dibujos de los materiales, han sido realizados, en su mayor parte, por el autor de este trabajo. Dos colaboradores importantes en este aspecto han sido D. Eduardo González García y la alumna del IES Cartuja de Granada, Dª Antonia Troya Gutiérrez.

Los planos han sido tomados de los estudios geológicos practicados por el Departamento de la Facultad de Geológicas de la Universidad de Granada, y refundidos por el autor de este trabajo, anotando las conclusiones arqueológicas aplicables al mismo, después de los hallazgos realizados en las diferentes localidades de Motril y Salobreña. aparte del destinado a la Historia Antigua de A. Tovar.

Origen y procedencias de las monedas en este territorio.

En el estudio de este conjunto de monedas, es necesario determinar los centros donde han sido hallados, así como los índices de frecuencia en las diferentes etapas del desarrollo histórico de la zona.

En primer lugar destaca, por la gran frecuencia de hallazgos, la localidad de Pataura (frente a la localidad de Lobres) y sus cercanías; localidad casi desconocida en el ámbito arqueológico; pero que, bajo este apéndice, es uno de los enclaves que más datos ha ofrecido en las prospecciones asistemáticas llevadas a cabo en ella.

Por su parte, el ámbito del casco urbano de Motril, aparte de descubrimientos de restos arqueológicos de entidad, como han sido los depósitos y sistemas de distribución de aguas subterráneas (recuérdese la canalización de agua debajo del Cerro de la Virgen y las derivaciones hacia lugares como el último descubierto, frente al edificio de Radio Motril, (eran los años 83-84) los hallazgos fortuitos han sido tan numerosos que nos ponen ante la existencia de un auténtico asentamiento que, a la vista de la numismática, se puede remontar hasta el siglo II antes de C., teniendo en cuenta la alta cronología que este documento arqueológico nos presenta.

En cuanto a la localidad vecina de Salobreña, antigua Selambina, tenemos que decir que fue el puerto principal del comercio ibérico entre la Bética granadina y el resto del Mediterráneo. La arqueología de este lugar ha dado pruebas más que suficientes para este aserto.

En cuanto al capítulo numismático, constituye una de los puntos más densos en materiales del s. II a. de C. Los sitios de hallazgos que más datos han ofrecido a este respecto han sido el propio núcleo urbano de la ciudad y una localidad situada en el Monte de los Almendros denominada Pontiví.

En el reparto de cualificaciones numismáticas, Selambina destaca por el elevado número relativo a piezas ibéricas de la localidad de Cástulo, iberorromanas y de acuñaciones ítalas de Hispania.

En el capítulo de las acuñaciones romanas en la Península, Motril destaca en número de ejemplares, registrándose un elevado número referentes a las localidades de TRADVCTA, PATRICIA, EMERITA AVGVSTA y algunas otras en menor número.

Por los indicios que nos ofrece la numismática de Salobreña, esta comunidad mantuvo relaciones comerciales con ciudades iberorromanas del interior de la Península, como CALAGVRRIS, IVLIA y CELSE, en las provincias de Logroño y Zaragoza respectivamente.

Motril, por su parte, al inicio del Imperio, presenta un elevado número de ejemplares que llegan a constituir lo que tradicionalmente se denomina «tesorillo», por las peculiaridades que presenta. Este es el caso del número de monedas atribuidas a Emperador Claudio, que muestran cierta unidad en donde se puede establecer, con cierta prudencia, un sistema de tipos y acuñaciones similares.

Con los hallazgos últimos, el conjunto numismático que se está estudiando en Motril, abarca un área más extensa tanto en el porcentaje de monedas ibéricas, iberorromanas, como romanas propiamente dichas. Pero una de las novedades del numario de esta ciudad viene dado por la significativa cifra de ejemplares tradicionalmente atribuidas a la localidad vecina de  Seks (más conocida como Sexi), cosa que choca con algunas teorías en la que se dice que estas acuñaciones son de carácter localista y que no tienen repercusión en las comunidades extrañas (?). Pero tanto estos hallazgos como los pertenecientes a las comunidades de MALAKA, GADES o CARTEIA, demuestran que la validez comercial de estas monedas trascienden lo puramente local, como puede verse en la arqueología. El elevado numero de hallazgos fortuitos nos lleva a pensar en un índice muy superior a una investigación sistemática.

En conclusión a esta introducción, se puede afirmar, a la vista del estudio científico de zona en épocas ibéricas que, tanto la comunidad de Selambina como Motril, Pataura, Lobres, Torrenueva y otros lugares próximos, quedan enmarcados por la trascendencia de un elemento aglutinante como lo fue, y lo es, el río Guadalfeo, que constituye el nexo vital entre las comunidades costeras de Granada y el resto del Mediterráneo.

En cuanto al conjunto numismático en concreto, es preciso hacer las siguientes puntualizaciones en lo que se refiere a la cantidad y diversidad de tipos presentados:

a) MONEDAS AUTÓCTONAS HISPANAS.

Los ejemplares que presentamos corresponden a las localidades de Cástulo y Obulco en la Bética. De la cuenca del Ebro destacamos un sólo ejemplar, que corresponde a localidad de CELSE.

b) MONEDAS FENICIAS.

Este conjunto está formado por cuatro ases y un semis. De ellas, las primeras tienen leyenda completa SKS BM ‘ L, cuya traducción es: «de los habitantes se Sexsi», y cuya cronología se remonta al siglo I a. de C. El semis tiene leyenda trilítera SKS.

La metrología no es homogénea, variando entre 7/8 y 10/11 grs.

El número nueve tiene una cartela central dextrógira, como la nº 10. Los números 7 y 8 tienen leyenda partida sinistrógira.

c) MONEDAS REPUBLICANAS DE PLATA.

Tan sólo se han hallado dos ejemplares de denarios, pertenecientes al subgrupo de los «serrati», pero uno de ellos presenta los rebordes recortados.

d) ACUÑACIONES IBERORROMANAS.

El numario de este apartado es escaso, pero revelador. La mayor parte de los ejemplares pertenece a la localidad de  CELSE, en la provincia de Zaragoza, pero todos menos uno, pertenecen a la época de dominio romano pleno, ya que las leyendas se presentan en caracteres latinos. Pero la alta frecuencia relativa nos indican que las relaciones se debieron al elevado nivel de contactos de tipo económico.

e) ACUÑACIONES ROMANAS EN HISPANIA.

EMERITA AUGUSTA.- Las acuñaciones se realizan en tiempos de Augusto, mostrando en el anverso la efigie de dicho personaje, y en el reverso, una leyenda alusiva al jefe militar P. CARISIVS, fundador de dicha ciudad.

La metrología es igualmente variable: 7/8, 10/11 grs. Pero se puede decir que los tipos son muy similares, aunque la posición de los cuños sufre notables variaciones.

IVLIA TRADVCTA.- Está ubicada entre Carteia y Baelo Claudia. Presenta las mismas características tipológicas que las anteriores, pero las leyendas del reverso difieren. Su metrología es similar. La variación de peso y no de módulo, se debe a un pronunciado desgaste.

COLONIA PATRICIA.- Tan sólo se dispone de un ejemplar con características similares a las de esta época de fundaciones coloniales.

COLONIA HISPALIS.- Este ejemplar pertenece a la actual Sevilla, pero su cronología es más reciente ya que se sitúa en época de Tiberio.

Esporádicamente aparecen otros ejemplares de localidades como Carteia y Malaka, pero que tan sólo nos indican una normal circulación monetaria por el Mediterráneo hispano. Los dos ejemplares se encuadran en el s. I a. de C.

f) MONEDAS IMPERIALES.

Dentro de este amplísimo período tan sólo vamos a destacar aquellos que nos indican un mayor índice de frecuencia tanto en los tipos como en la cantidad, ya que pueden ser determinantes de ciertos factores históricos de clara influencia económica.

Así, destacaremos en primer lugar la época de Claudio, que nos presenta las siguientes notas a destacar:

1º) 24 ejemplares de un mismo tipo: ases de cobre con el reverso idéntico (todos a izquierda). Peso máximo 11.55 gr; peso medio: 8,10 gr; peso mínimo: 6,07  gr.; peso medio: 7, 91 gr.

Los sistemas metrológicos más usados son: 7/8, 8/9. No se puede hablar de cuños idénticos porque el mal estado de conservación de la casi totalidad de las piezas, no permite establecerse. Prueba de ello es la clara aparición de indicios de haber sufrido las consecuencias de incendios en el lugar donde se han hallado.

Época de Vespasiano. Los ejemplares muestran tipos diferentes de dupondios y ases. Los cuños son diferentes aunque los tipos son similares.

Época de Trajano. Tenemos un denario de plata y cinco ases de cobre que, aunque tienen los mismos tipos, la metrología es del todo diversa. La pieza 88 es un dupondio.

Época de Adriano. Las piezas halladas de este personaje hispano son de gran belleza estética y de las mejores conservadas de todo el conjunto. En ella hay ases, sestercios y dupondios.

A partir de estos momentos, el número de elementos disminuye drásticamente, registrándose cierta entidad tan sólo en época de Antonino. Desde Maximino Pío, primero que se encuadra dentro de la época del s. III d. de C., que es período de depresión económica general, hasta Licinio y Constantino I el Grande, se registra un gran vacío en este capítulo como puede verse en el análisis de todos los ejemplares hallados..

En época de Constantino I aumenta el número de hallazgos, pero la variedad metrológica es muy cambiante. Es en este período cuando aparece el tipo, ya acuñado antes, del follis. Los módulos mas frecuentes son AE-2, AE-3, AE-3/4 y Ae- 4. También es de notar que, a partir de este momento, empezamos a detectar claramente los exergo.

De época de los emperadores Constante y Constancio II, los ejemplares son numerosos y variados, apareciendo el tipo llamado centional.

Magnencio, Graciano y Teodosio  I son los que capitalizan el mayor número de ejemplares en fase final de la presencia romana en estos parajes costeros.

Como conclusión de esta exposición y como característica más notable de este conjunto (más abundante de lo que se enumera aquí), podemos destacar la variedad y la casi total conexión de todas las épocas tanto en la República (fase de historia hispana) como en el Alto y Bajo Imperio. Ello nos puede llevar a suponer una continuidad en el desarrollo histórico, paralelo a las demás comunidades ribereñas del Mediterráneo tanto oriental como occidental. Los contactos se testimonian a través de las transacciones comerciales, y éstas se manifiestan en los intercambios monetarios entre comunidades.

De todos es bien sabido que las comarcas más ricas de la Península son las costeras del Sur e interior de la Bética (Cástulo, Carmona, Patricia, Hispalis, Obulco, Carteia, Onoba, Gades, etc.) y algunos del Centro y Norte, como Emerita Augusta, Celse y Calagurris Iulia entre otras.

Pero resumiendo cuanto se puede concluir, cabe decir que la cuenca del Guadalfeo constituyó uno de los puntos de engranaje comercial entre las regiones y localidades hispanas, de ellas entre sí y con el resto del Mediterráneo Oriental, llegando a ser el punto de intercambio marítimo con el interior sur-peninsular, de los productos manufacturados ultramarinos y la minería del interior de la Bética.

Por los textos medievales sabemos que Selambina tuvo puertos en su periferia. De Motril, por los mismos motivos, se puede inducir similar conclusión, aunque estuvo más expuesta que Selambina por no tener una configuración como la citada localidad. De Motril cabe destacar geográficamente el llamado Cerro de la Virgen, en el que se ha detectado la reciente conducción de agua y estructuras que se relacionaban con la misma en sus cercanías (depósito de agua romano citado). en el período antiguo la cuenca del Guadalfeo mantuvo más cohesión por motivos geográficos que en los tiempos modernos.

RELACIÓN DE LAS MONEDAS DE

MOTRIL Y SALOBREÑA

1MONEDAS DIBUJOS

CÁSTULO

1.-AE.  Dupondio.

Anv. Cabeza desnuda a derecha

Rev. Esfinge marchando a derecha. Anepígrafa

Peso: 26.30 gr            Sentido: 6 h                Módulo: 34 mm     Procedencia: Motril.

2.- AE. As.

Anv. Cabeza desnuda a derecha. Leyenda (c. ib.)

Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ib.)

Peso: 14.25 gr      Sentido: 2 h         Módulo: 26 mm     Procedencia: Salobreña

3 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA (2)

3MONEDAS DIBUJOS 3 copia

3.- AE.  Dupondio.

Anv. Cabeza desnuda a derecha. Delante, mano.

Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ib.)

Peso: 32.85 gr     Sentido: 11 h       Módulo:  33 mm   Procedencia: Salobreña.

4 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA (2) copia

4MONEDAS DIBUJOS 4 copia

4.-AE.  Dupondio.

Anv. Cabeza desnuda a derecha.

Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ib.)

Peso: 29.55 gr     Sentido: 1 h       Módulo:  29  mm  Procedencia: Salobreña.

5 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA (1)

5MONEDAS DIBUJOS 5 copia

5.- AE. Dupondio.

Anv. Cabeza desnuda a derecha.

Rev. Esfinge marchando a derecha (leyenda ib.)

Peso: 15.95  gr     Sentido: 2 h       Módulo:  29  mm  Procedencia: Salobreña.

CELSE

6 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA (1)

6MONEDAS DIBUJOS 6 copia

6.- AE. As.

Anv. Cabeza masculina desnuda a derecha. Delante, delfines.

Rev. Jinete con palma, a derecha. Debajo (CASE).

Peso: 15.60 gr     Sentido 6 h     Módulo: 27 mm      Procedencia: Salobreña.

7 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA (1)7.- AE. As.

Anv. Cabeza de Hércules con piel de león, a izquierda. Detrás, clava.

Rev. Dos atunes, a derecha. Leyenda: SKS LB’ M. Leyenda fenicia bustrofedón.

Peros. 9.80 gr    Sentido:    5 h   Módulo:  25 mm    Procedencia: Motril.

8 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA

8.- AE. As.

Anv.  Cabeza de Hércules, a izquierda. Detrás, clava.

Rev.  Dos atunes, a izquierda. Creciente lunar, a izquierda; disco solar, arriba. Leyenda partida; abajo sinistrógira SKS; arriba, dextrógira LB’ M. Leyenda bustrofedón.

P. 9.30 gr   Sentido:      12 h      Módulo:    24 mm     Procedencia: Motril.

9 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA

9.- AE.  As.

Anv. Cabeza de Hércules con piel de león, a izquierda. Detrás, clava. (Perforada)

Rev. Dos atunes, a izquierda. en el centro, leyenda dextrógira: SKS LB ‘ M. Abajo, creciente lunar a izquierda. Disco solar (desgastado), arriba.

7.90 gr    Sentido:       12 h   Módulo:   24 mm     Procedencia: Motril

10 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia

10MONEDAS DIBUJOS 10 (1) copia
10.- AE.   As.
     Anv. Cabeza de Hércules con piel de león, a izquierda, Detrás, clava.
     Rev.  Dos atunes, a izquierda. En cartela central, leyenda: SKS LB’M. Abajo, creciente
     lunar, a izquierda. Arriba, disco solar difuso.

Peso; 10.25 gr   Sentido:      11  h   Módulo:     24 mm    Procedencia: Salobreña.

11MONEDAS DIBUJOS 11 copia

11.- AE. Semis.

Anv. Cabeza de Hércules con piel de león a izquierda. Detrás, clava.

Rev. Atún en el centro, a izquierda. Debajo, SKS dextrógira. Arriba, Alef.

Peso: 3.23 gr   Sentido:      6 h      Módulo:   19 mm      Procedencia:  Motril.

OBULCO

12 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA OBULCO (2)

12.- AE   As.

Anv. Cabeza femenina, a derecha. delante (OBULCO, muy desgastado).

Rev. Espiga y arado. Leyenda en caracteres ibéricos en doble cartela central (….)

Peso: 25, 25 gr         Sentido:    9 h        Módulo:   29 mm   Procedencia: Salobreña.13 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA OBULCO (1)13MONEDAS DIBUJOS 13 copia

13.- AE. As.
       Anv. Cabeza femenina, a derecha. Delante; Leyenda OBULCO.
       Rev. Arado arriba. Espiga, abajo. En doble cartela: leyenda ibérica (……)
       Peso:  23.05 gr            Sentido 5 h           Módulo: 30 mm  Procedencia: Salobreña.

MALAKA

14 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA OBULCO (3)
14.- AE As.
      Anv. Cabeza laureada de Vulcano a izquierda. Detrás, tenazas. Delante AKLM.
      Rev. Sol radiado de frente.
      Peso: 10, 55 gr        Sentido:   9 h       Módulo:   27 mm    Procedencia: Salobreña.

CARTEIA

15 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA KARTEIA (2) copia15MONEDAS DIBUJOS 15 copia
15.- AE. Cuadrante.
      Anv. Cabeza masculina, a izquierda. Detrás, CART.
      Rev. Proa de nave romana.
      Peso: 3,25 gr     Sentido: 7 h      Módulo:  16 mm  Procedencia: Salobreña.
16 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA KARTEIA
16MONEDAS DIBUJOS 16 copia.jpg
16.- AE. Dupondio.
       Anv. Cabeza bifronte de Jano
       Rev. Proa de nave romana, a derecha.
       Peso: 46.75 gr        Sentido: 5 h       Módulo: 35 mm    Procedencia: Salobreña.   
17MONEDAS DIBUJOS
17.- AR. Denario (serrati).
       Anv. Mercurio con caduceo. Detrás, N.
       Rev. Ulises con perro. Leyenda C. MAMIL. LIMETAN.
       Peso: 2,90 gr       Sentido: 1 h          Módulo:   19 mm    Procedencia Motril.
  18 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA KARTEIA (1)
18MONEDAS DIBUJOS 55 (2) copia
18.- AR. Denario (serrati).
    Anv. Cabeza diademada de Venus a derecha. Detrás, S C.
    Rev. Victoria en triga a derecha. Encima leyenda: O. C.  NAE. BALB.
    Peso: 3,66 gr    Sentido:   6 h      Módulo:  16 mm    Procedencia: Motril.

CELSE (Acuñaciones de época tardía)

19 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CELSE19MONEDAS DIBUJOS 19 copia
19.- AE   As.
      Anv. Cabeza de Augusto a derecha. AVGVSTVS DIVI F.
      Rev. Toro de pie a derecha. CVI. CEL. L. BACCIO II VIR MAN. FESTO.
      Peso: 10. 85 gr    Sentido: 2 h  Módulo: 26 mm   Procedencia: Salobreña.
20 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CELSE
20MONEDAS DIBUJOS 20 copia
20.- AE.  As.
       Anv. Cabeza de Augusto a derecha. AVGVSTVS DIVI F.
       Rev. Toro de pie a derecha. Leyenda: CVI. CEL. L. BACCIO II VIR MAN. FESTO.
       Peso: 12.55 gr     Sentido:  10 h     Módulo: 27 mm   Procedencia: Salobreña.
21 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CELSE
21MONEDAS DIBUJOS 21 copia
21.- AE. As.

      Anv. Cabeza de Augusto a derecha. AVGVSTVS DIVI F.

      Rev. Toro de pie a derecha. CVI. CEL. L. BACCIO II VIR MAN. FESTO.
      Peso: 12.00 gr     Sentido:   6 h    Módulo:   28 mm   Procedencia: Salobreña.

CALAGVRRIS IVLIA

22 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA22MONEDAS DIBUJOS 22 copia
22.-AE. As.
      Anv. Cabeza de Augusto a derecha. IMP. CAESAR AVGVSTVS P. P.
      Rev. Toro de pie a derecha. C. SEM. BARBA Q. BAEB. FLAVO II VIR M. CAL. I.
      Peso: 14.35 gr    Sentido 2 h  Módulo 30 mm      Procedencia: Salobreña.

EMERITA

23 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA23MONEDAS DIBUJOS 23 copia

23.- AE.   As.
      Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR (AV)G. TRIBV (INIC.) POTES.
      Rev. En tres líneas: P. CARISIVS/ LEG/ AVGVSTI.
      Peso: 9,19 gr      Sentido;  8 h     Módulo:  26 mm    Procedencia: Salobreña.
24 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA EMERITA
24MONEDAS DIBUJO (2) copia
24.- AE.   As.
    Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR (AV)G TRIBV(INIC.) POTES.
    Rev. En tres líneas: CAESAR AVGVS.. TRIBVN. POTES.
    Peso: 8.95 gr      Sentido:   6 h       Módulo:   26 mm     Procedencia: Salobreña.
25 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA EMERITA
25MONEDAS DIBUJOS 25 copia
25 AE.- As.
    Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR (AV)G TRIBV(INIC.) POTES.
    Rev.[PERM. IMP. CAE]ESAR A[VG]
    Peso: 9.91 gr      Sentido:  6 h     Módulo:  25 mm   Procedencia: Motril.
26 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA EMERITA
26MONEDAS DIBUJOS 26 copia
26.- AE. As.
   Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR (AV)G TRIBV(INIC.) POTES.
   Rev. Altar. PERMI AVG. CAE. PROVIDENT.
   Pero: 7.29 gr      Sentido:  3 h     Módulo:  24 mm Procedencia: Motril.27 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA EMERITA
27.- AE.  As.
   Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR  AV[G] TRIBV(INIC.) POTES.

   Rev. Altar. PERMI AVG. CAE. PROVIDENT.

   Peso: 9.55 gr      Sentido:  3 h     Módulo: 26 mm    Procedencia: Motril.28 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA EMERITA
28MONEDAS DIBUJOS 28 copia
28.- AE.   As.
     Anv. Cabeza desnuda de Augusto a derecha. CAESAR (AV)G TRIBV(INIC.) POTES.
     Rev. Águila legionaria sobre globo.
     Peso: 9.29 gr      Sentido:  6 h     Módulo:  29 mm     Procedencia: Motril.

IVLIA TRADVCTA29 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA IULIA TRADUCTA29MONEDAS DIBUJOS 29 copia

29.- AE.  As.
       Anv. Cabeza de Augusto desnuda a izquierda (PERM. CAES. AVG.)
       Rev. Dentro de láurea, en dos líneas: IVL/TRAD.
       Peso: 4.80 gr       Sentido: 11 h       Módulo: 24 mm   Procedencia: Motril.
30 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA IUKIA TRADUCTA
30MONEDAS DIBUJOS 30 copia
30.- AE.  As.
       Anv. Cabeza de Augusto desnuda a izquierda (PERM. CAES. AVG.)
       Rev. Dentro de láurea, en dos líneas: IVL/TRAD.
       Peso: 7.25 gr       Sentido: 3 h      Módulo:  23 mm     Procedencia: Motril.31 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑAIVLIA TRADVCTA
31MONEDAS DIBUJOS 31 copia
31.- AE.  As.
      Anv. Cabeza de Augusto desnuda a izquierda (PERM. CAES. AVG.)
      Rev. Dentro de láurea, en dos líneas: IVL/TRAD.
      Peso: 8.77 gr     Sentido  3 h       Módulo:  25 mm  Procedencia: Motril.
32 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA IVLIA TRADVCTA
32MONEDAS DIBUJOS 32 copia
32.- AE.  As.
       Anv. Cabeza de Augusto desnuda a izquierda (PERM. CAES. AVG.)
       Rev. Dentro de láurea: en dos líneas: IVL/TRAD.
       Peso: 7.80 gr      Sentido     3 h     Módulo:  23 mm      Procedencia: Motril.

COLONIA PATRICIA

33 MONEDA FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MORIL
33MONEDAS DIBUJOS 33 copia
33.- AE. As.
      Anv. Cabeza de Augusto desnuda a izquierda (PERM. CAES. AVG.)
      Rev. En láurea: COLONIA PATRICIA.
      Peso: 8.36 gr       Sentido    2 h     Módulo: 22 mm     Procedencia: Motril.

COLONIA HISPALIS

34 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA COLONIA HISPALIS
34MONEDAS DIBUJOS 34 copia
34.- AE. As.
     Anv. Cabeza desnuda de Tiberio a izquierda: PER. [M.  DIVI AVG. COL. ROM]VLA.
     Rev. Cabezas afrontadas de Germánico y Druso. GER(MANICVS) CAESAR DRVSVS
     CAESAR.
     Peso: 10.19 gr    Sentido: 5 h       Módulo:  26 mm    Procedencia: Motril.

TIBERIO (14-37 d. de C.)

35 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑATIBERIO
35MONEDAS DIBUJOS 35 copia
35.- AE.  As.
     Anv. Cabeza laureada de Tiberio a izquierda. (TI.) CAESAR AVGVSTI F. IMPERAT.
     Rev. Águila legionaria sobre globo.
     Peso: 9.70 gr     Sentido   6 h.     Módulo:  27 mm  Procedencia: Motril.
36 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TIBERIO (2)
36MONEDAS DIBUJOS 36 copia
36.- AE.  As.
      Anv. Cabeza laureada de Tiberio a izquierda. TI. CAE(SAR)   (DIVI) AVGVSTI
      AVGVSTVS  P. M.
      Rev. Cabezas de Nerón y Druso. NERO ET DRVSVS  (CAESARES QVINQ. C. V. I. N. I.)
      Peso: 10.28 gr     Sentido: 12 h   Módulo:  28 mm  Procedencia: Motril.
37 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TIBERIO (1)
37MONEDAS DIBUJOS 37 copia
37.- AE.  As.
      Anv. Cabeza laureada de Tiberio a izquierda. (TI.) CAESAR (DIVI AVG, F. AVGVSTVS).
      Rev. Figura femenina irreconocible.
      Peso; 8.19 gr     Sentido 12 h     Módulo: 28 mm  Procedencia: Motril..

GERMÁNICO (17-19)

38 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GERMÁNICO
38MONEDAS DIBUJOS 38 copia
38.- AE. As.
      Anv. Cabeza desnuda de Germánico a izquierda. GERMANICVS CAESAR TI. AVG. F.
      DIVI N.
     Rev. S. C. GERMANICVS PON. P. M. TR. (AVG.).
     Peso: 10.70 gr     Sentido:  7 h   Módulo: 26 mm  Procedencia: Motril.

CLAUDIO (41-54)

39 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
39MONEDAS DIBUJOS 39 copia
39.- AE. As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. P. M. TR. P.
     IMP.
    Rev. Constancia de pie a izquierda. CONSTANTIAE AVGVSTI   S. C.
    Peso: 10.05. gr     Sentido: 7 h   Módulo: 27 mm   Procedencia: Salobreña.40 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
40MONEDAS DIBUJOS 40 copia
40.- AE. As. 
      Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P.
      M. TR. P. IMP.
      Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
      Peso: 11.55 gr     Sentido: 6 h     Módulo: 27 mm  Procedencia: Motril.
41 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
41MONEDAS DIBUJOS 41 copia
41.- AE.  As.
    Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
   Peso: 6.46 gr      Sentido —    Módulo 25 mm  Procedencia: Motril.
42 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
42MONEDAS DIBUJOS 42 copia
42.- AE.  As.
    Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. P. M. TR. P.
    IMP.
   Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
   Peso: 9.04 gr     Sentido: 6 h     Módulo: 26 mm   Procedencia: Motril.
43 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
43MONEDAS DIBUJOS 43 copia
  43.- AE.  As.
       Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
       IMP.
      Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
      Peso: 7.55 gr     Sentido; 6 h    Módulo: 24 mm   Procedencia:  Motril.
44 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
44MONEDAS DIBUJOS 44 copia
44.- AE. As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 8.24 gr      Sentido: 6 h  Módulo: 24 m.  Procedencia: Motril.
45 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
45MONEDAS DIBUJOS 45 copia
45.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso:  9.62 gr    Sentido: 6 h    Módulo:  26 mm     Procedencia: Motril.
46 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
46MONEDAS DIBUJOS 46 copia
46.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso:  8.90 gr   Sentido:    6 h     Módulo: 27 mm   Procedencia: Motril.
47 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
47MONEDAS DIBUJOS 47 copia
47.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 7.22 gr    Sentido: 6 h         Módulo:  27 mm   Procedencia: Motril.
48 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA
48MONEDAS DIBUJOS 48 copia
48.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 11.15 gr    Sentido: 6 h   Módulo:  27 mm   Procedencia: Motril.
49 MONEDA FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
49MONEDAS DIBUJOS 49 copia
49.- AE.  As.
      Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso: 8.00 gr     Sentido: 12 h    Módulo:  24 mm   Procedencia: Motril.
50 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO50MONEDAS DIBUJOS 50 copia
50.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG. P. M. TR. P.
     IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 9.15 gr     Sentido:  6 h    Módulo: 26 mm   Procedencia: Motril.
51 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
51MONEDAS DIBUJOS 51 copia
51.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso: 8.68 gr     Sentido: 6 h     Módulo:  22 mm     Procedencia: Motril.
52 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA
52MONEDAS DIBUJOS 52 copia
52.- AE  AS.
    Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso; 7.33 gr     Sentido: 6 h   Módulo: 25 mm   Procedencia:  Motril.
53 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
53MONEDAS DIBUJO
53.- AE.  As.
    Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 8.10 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 24 mm   Procedencia: Motril.
54 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
54MONEDAS DIBUJOS 54 copia
54.- AE  As.
    Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 6.26 gr    Sentido:  6 h     Módulo: 25 mm   Procedencia: Motril.
55 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
55MONEDAS DIBUJOS 55 (1) copia
55.- AE.  As.
       Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
       IMP.
      Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
      Peso: 8.84 gr   Sentido: 6 h     Módulo: 28 mm  Procedencia; Motril.
56 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
56MONEDAS DIBUJOS 69 (2) copia
56.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 7.61 gr    Sentido:  6 h    Módulo: 28 mm     Procedencia: Motril.
57 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
57MONEDAS DIBUJOS 63 (2) copia
57.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso: 8.87 gr    Sentido   6 h    Módulo: 25 mm    Procedencia:  Motril.
58 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
58MONEDAS DIBUJOS 58 copia
58.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
    Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
    Peso: 6.68 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 26 mm   Procedencia: Motril.
59 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
59MONEDAS DIBUJO 59 copia
59.- AE.  As.
      Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
      IMP.
      Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
      Peso: 7.85 gr    Sentido:  6 h    Módulo: 26  mm   Procedencia: Motril.
60 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
60MONEDAS DIBUJOS 60 copia
60.- AE.  As.
      Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
      IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso: 8.85 gr   Sentido:  6 h  Módulo: 26 mm  Procedencia: Motril.
61 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
61MONEDAS DIBUJOS 61 copia
61.- AE.  As.
      Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
      IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso9.21 gr     Sentido 6 h     Módulo:  27 mm     Procedencia: Motril.
62 MONEDAS FOTOS NOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
62MONEDAS DIBUJOS 62 copia
62.- AE  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
     IMP.
     Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS AVGVSTA S. C.
     Peso: 8.00 gr    Sentido 6 h    Módulo: 26 mm     Procedencia: Motril.
63 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO copia
63MONEDAS DIBUJOS 63 (1) copia
63.- AE.  As.
     Anv. Cabeza desnuda de Claudio a izquierda. TI. CLAVDIVS CAESAR AVG, P. M. TR. P.
    IMP.
    Rev. Constancia de pie. CONSTANTIAE (AVGVSTI)
    Peso: 8.20  gr   Sentido: 6 h    Módulo: 25 mm   Procedencia: Motril.
64 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO
64MONEDAS DIBUJOS 64 copia
64.- AE. As.
      Anv. (TIBERVS CLAVDIVS CAESAR AV) G. P. M. TIR. P. IMP. P. P.
      Rev. Constancia de pie. CONSTANTIAE (AVGVSTI).
      Peso: 6.07 gr   Sentido: 6 h Módulo: 26 mm  Procedencia: Motril.
65 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO65MONEDAS DIBUJOS 65 copia
65.- AE.   As.
       Anv. Cabeza de Claudio desnuda a derecha. TI. CLAVDIVS CAESAE (AVG)….(resto
       ilegible..
       Rev. Esperanza de pie a izquierda. SPES AVGVSTA  S.   C.
       Peso: 8.10 gr     Sentido:  6 h      Módulo: 26 mm     Procedencia: Motril.

NERÓN (54-68)

66 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA66MONEDAS DIBUJOS 66 copia

66.- AE.   As.
     Anv. Cabeza laureada y radiada de Nerón. NERO CLAVD. CAESAR AVG. GER. P.  M. TR.
     P. P.
    Rev. Templo de Jano con las puertas cerradas. PACE. P.  R. VBIQ. PARTA IANVM
    CLAVSIT. S. C.
    Peso: 12.75 gr    Sentido:  6 h   Módulo: 26 mm    Procedencia: Salobreña.
67 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA NERÓN
67MONEDAS DIBUJO
67.- AE.   As.
       Anv. NERO CAESAR AVG. GERM. IMP.
       Rev. Victoria a izquierda. ( S.  P.  Q.  R.)
       Pero: 9.67 gr    Sentido:  6 h     Módulo:  mm    Procedencia: Motril.
68 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIANO68MONEDAS DIBUJOS 68 (2) copia
68.- AE.  As.
       Anv. Cabeza laureada de Vespasiano a derecha. IMP. CAESAR VESPASIANVS AVG.
       Rev.  Águila legionaria.  S.  C.
       Peso: 14.25 gr     Sentido:  11 h      Módulo: 28 mm    Procedencia: Salobreña.
69 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA FOTOS
69MONEDAS DIBUJOS 69 (1) copia
69.- AE. As.
      Anv. Cabeza laureada de Vespasiano a derecha. IMP. VESPASIANVS AVG.  COS. IIII.
      Rev. Águila legionaria a derecha. S.  C.
     Peso: 12.75 gr    Sentido: 5 h  Módulo: 27 mm   Precedencia: Salobreña.70 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIANO
70MONEDAS DIBUJOS
70.- AE. As.
       Anv. Cabeza de Vespasiano laureada a izquierda. IMP. VESPASIANVS  AVG.
       Rev. Caduceo entre dos cornucopias. PON. MAX. TR. POT. P. P. COS. V  CRNS.
       Peso: 14.25 gr     Sentido: 5  h   Módulo: 26 mm   Procedencia: Salobreña.
71 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA
71MONEDAS DIBUJOS copia (2)
71.- AE.  As.
       Anv. Cabeza laureada de Vespasiano a izquierda. (IMP. CAES. VESPASIAN. AVG.)
       COS. VIII.
       Rev. Fides de pie a izquierda. (FIDES PVBLICA)  S.  C.
       Peso: 20.61 gr   Sentido: 6 h     Módulo: 33 mm  Procedencia: Motril.
72 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIANO
72MONEDAS DIBUJOS MOTRIL SALOBREÑA
72.- AE.  As.
       Anv. Cabeza laureada de Vespasiano a derecha. IMP. CAESAR VESPASIANVS (AVG. P.
       M.  TR. P. P. COS. II)
       Rev. Águila sobre globo. S. C.
       Peso: 8.10 gr     Sentido: 7 h    Módulo: 28 mm   Procedencia: Motril.
73 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIANO
73MONEDAS DIBUJOS copia
73.- AE.  As.
      Anv. Cabeza laureada de Vespasiano a derecha. IMP. CAES. VESPASIAN. AVG. (COS III)
      Rev. Victoria marchando a izquierda. (VICTORIA NAVALIS)  S.  C.
      Peso: 8.72  gr   Sentido: 6 h Módulo  26 mm   Procedencia: Motril.
74 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VESPASIABO
74MONEDAS DIBUJOS copia
74.- Oricalco.
      Anv. (IMP. CAES) VESPASIANVS ( AVG. P.  M. TR. P. P. COS. III).
      Rev. Esperanza ofreciendo flor al emperador escoltado por dos guerreros.
     (CONCORDIA) SENATVS.
     Peso: 22.58  gr    Sentido: 12 h   Módulo: 34 mm    Procedencia: Motril.

TITO (79-81)75 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TITO

75MONEDAS DIBUJOS copia
75.- AE.   As.
     Anv. Cabeza desnuda de Tito a derecha. (IMP. TITVS CAES. VESPASIAN.) AVG. (P.  M.).
     Rev. Equidad a izquierda. S. C.
     Peso: 9.80 gr      Sentido: 7 h     Módulo: 24 mm    Procedencia: Motril.

DOMICIANO (81-96)

76 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DOMICIANO76MONEDAS DIBUJOS 76 copia
76.- AE.   As.
      Anv. Cabeza diademada y radiada de Domiciano a derecha.  IMP. CAES. DOMIT. AVG.
      GERM. COS. XVII CENS. PER P. P.
      Rev. Fortuna de pie a derecha. FORTVNAE AVGVSTI  S. C.
      Peso; 1.44 gr    Sentido: 5 h   Módulo: 26 mm    Procedencia: Salobreña.
77 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DOMICIANO
77MONEDAS DIBUJOS copia
77.- AE.  Dupondio.
     Anv. Cabeza de Domiciano diademada a derecha.. IMP. CAES. DIVI VESP. F. DOMITIAN.
     AVG P- M.
     Rev. Equidad a izquierda. (AEQVITAS AVGVSTI) S. C.
     Peso: 19.44 gr    ——             Módulo: 31 mm    Procedencia: Motril

NERVA (96-98)78 MOMEDAS FOTOS DIBUJOS NERVA

78MONEDAS DIBUJOS 78 copia
78.- AE. As.
      Anv. Cabeza diademada de Nerva a derecha. IMP. NERVA CAES. AVG. P. M.  TR. P. COS.
      III P.
      Rev. Libertad de pie a izquierda. LIBERTAS PVBLICA. S. C.
      Peso: 12.48 gr  Sentido: 6 h    Módulo: 27 mm Procedencia: Salobreña.
79 MONEDAS FOTOS DIBUJOS NERVA
79MONEDAS DIBUJOS 79 copia
79.- AE,  As.
       Anv. Cabeza diademada de Nerva a derecha. IMP. NERVA CAES. AVG. P. M.  TR. P. COS.       
       II.
       Rev. Fortuna de pie a izquierda. FORTVNA AVGVSTI S. C.
       Peso: 7.87 gr     Sentido: 5 h    Módulo: 25 mm    Procedencia: Motril.
80 MONEDAS FOTOS DIBUJOS NERVA
80MONEDAS DIBUJOS 80 copia
80.- AE  As.
       Anv. Cabeza diademada de Nerva a derecha. IMP. NERVA CAES. AVG. P. M.  TR. P.
       COS. II.
      Rev. Fortuna de pie a izquierda. FORTVNA AVGVSTI S. C.
      Peso: 6.87 gr     Sentido: 12 h   Módulo: 25 mm   Procedencia: Motril.
81 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DIBUJOS81MONEDAS DIGUJOS 81 copia
81.- AE.  As.

      Anv. Cabeza diademada de Nerva a derecha. IMP. NERVA CAES. AVG. P. M.  TR. P.COS. 

      II.

      Rev. Fortuna de pie a izquierda. FORTVNA AVGVSTI S. C.
      Peso: 8.00 gr   Sentido:  6 h    Módulo: 24 mm   Procedencia: Motril.
82MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA NERVA82MONEDAS DIBUJOS 82 copia
82.- AE.  As.

      Anv. Cabeza diademada de Nerva a derecha. IMP. NERVA CAES. AVG. P. M.  TR. P. COS.

      II.

     Rev. Fortuna de pie a izquierda. FORTVNA AVGVSTI S. C.
     Peso: 6.30 gr  Sentido: 6 h  Módulo: 23 mm    Procedencia: Motril.

TRAJANO (98-117)

83 bis MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia83MONEDAS DIBUJOS 83 copia
83.- AE. As.
    Anv. Cabeza laureada y radiada a derecha. IMP. CAES. NERVA  TRAIAN AVG. GERM. P.
    M.
    Rev. Fortuna de pie a izquierda. S. C. TRP.  VII. IMP. IIII COS. V.   P.P.
    Peso: 10.05 gr    Sentdo: 12 h  Módulo: 27 mm  Procedencia: Salobreña.
83 bisMONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia83 bis MONEDAS DIBUJOS 83 bis copia
83.- (bis)  AE.  As.
       Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA TRAIAN.
       AVG. GERM. P. M.
       Rev. Fortuna sentada a izquierda. TR. P. VII. IMP. IIII COS. V.  P’  P.
       Peso: 10.15 gr    Sentido:  6  h     Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.
84 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia84MONEDAS DIBUJOS 84 copia
84.- AE As.

      Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA TRAIAN.

     AVG. GERM. P. M.

Rev. Fortuna de pie a izquierda.  S. C.

Peso: 11.55 gr  Sentido;   6 h    Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.85 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia

85MONEDAS DIBUJOS copia

85.- AR.  Denario.
      Anv.  Cabeza laureada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA. TRAIAN AVG. GERM.
      Rev. Fortuna de pie a izquierda, con rama de oliva y cornucopia. P. M.  TR. P. COS. II P.
      P.
      Peso: 3.17 gr   Sentido:   6 h  Módulo: 20 mm    Procedencia: Motril.
86 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO copia86MONEDAS DIBUJOS
86.- AE.  As.

       Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA TRAIAN.

      AVG. GERM. DA(CICVS) P. M.
      Rev. Fortuna de pie a izquierda.  S. C.
      Peso: 8.31 gr    Sentido: 6  h  Módulo: 28 mm   Procedencia: Motril.87 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO (2)87MONEDAS DIBUJOS
87.- AE.  As.
       Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA TRAIAN.
       AVG. GERM. P. M.
       Rev. Fortuna sentada a izquierda. TR. P. VII. IMP. IIII COS. V.  P.  P.
       Peso: 19.14 gr     Sentido: 7  h   Módulo: 33 mm   Procedencia: Motril.
88 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TRAJANO (1)88MONEDAS DIBUJOS 88 copia
88.-  AE.  Dupondio.

       Anv. Cabeza laureada y radiada de Trajano a derecha. IMP. CAES. NERVA TRAIAN.

       AVG. GERM. P. M.
       Rev. (deteriorado)
       Peso: 20.36 gr?    Sentido:  12 h    Módulo: 32 mm   Procedencia: Motril.
89 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIABO copia
89MONEDAS DIBUJOS 89 copia
89.- AE. As.
       Anv. Cabeza desnuda de Adriano a izquierda. HADRIANVS AVG. COS. III  P. P.
       Rev. Adriano de pie levantando a Hispania como mujer. RESTITVTORI HISPANIAE  S.
       C.
      Peso: 21.90 gr     Sentido:  6 h   Módulo:  24 mm   Procedencia: Salobreña.
90 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIABO (1) copia90MONEDAS DIBUJOS 90 copia
90.- AE  Sextercio.
      Anv. Cabeza laureada de Adriano a Derecha. IMP. CAESAR TRAIAN. HADRIANVS AVG.
      Rev. Adriano a caballo a derecha. VIRT. AVG. P. M. TR.  P. COS. III   S. C.
      Peso: 21.80 gr    Sentido: 12  h    Módulo: 34 mm   Procedencia: Salobreña.
91 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIANO
91MONEDAS DIBUJOS 91 copia
91.- AE.   Sextercio.
      Anv. Cabeza radiada de Adriano a derecha. HADRIANVS AVGVSTVS.
      Rev. Roma sentada a derecha. COS. III  S.   C.
      Peso: 11.79 gr    Sentido: 12  h    Módulo: 21 mm   Procedencia: Salobreña.
92 MONEDAS FOTOS DE MOTRIL SALOBREÑA92 MONEDAS DIBUJOS MOTRIL SALOBREÑA
92.- AE.  Sextercio.
      Anv. Cabeza laureada de Adriano a derecha.
      Rev.  Libertas sentada a izquierda.[…]BERTAS.
      Peso: 10.38 gr   Sentido: 6 h    Módulo: 26 mm   Procedencia: Motril.
93 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIANO
93MONEDAS DIBUJOS 93 copia
93.- AE. Dupondio.
      Anv. Cabeza laureada de Adriano a derecha. HADRIANVS AVG. COS. III  P.  P.
      Rev. Fortuna de pie a izquierda. FORTVNA AVG. S.  C.
      Peso: 27.20 gr    Sentido: 5 h   Módulo: 30 mm   Procedencia: Motril.
94 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ADRIANO94MONEDAS DIBUJOS
94.- AE.  Dupondio.
     Anv. Cabeza laureada de Adriano a derecha. IMP. CAES. TRAIANVS HADRIANVS AVG.
     P. M. TR.  P. COS. III.
    Rev. Fortuna de pie a derecha. PIE. AVG. PONT. MAX. TR. POT. COS. IIII  S.  C.
    Peso: 7.11 gr   Sentido: 6 h    Módulo: 29 mm  Procedencia: Motril.

ANTONINO PÍO (138- 161)

95 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ANTONINO PÍO95MONEDAS DIBUJOS 95 copia
95.- AE. As.
     Anv. Cabeza laureada de Antonino a derecha. ANTONINVS AVG. PIVS  P.  M.  TR. P.
     Rev. Eternidad de pie a izquierda.  TR. POT. XXIII COS.  S.  C.
     Peso: 11.55 gr   Sentido:  3 h    Módulo: 27 mm  Procedencia: Salobreña.
96 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ANTONINO PÍO96MONEDAS DIBUJOS 96 copia
96.- AE.  As.
      Anv. Cabeza diademada de antonino a derecha. ANTONINVS AVG. PIVS  P.  P.
      Rev. Mujer de pie a izquierda tendiendo la mano derecha y recogiendo su manto con
      la izquierda.  TR. POT. COS. III  S.  C.
      Peso: 10.55 gr   Sentido: 11 h   Módulo: 27 mm  Procedencia: Salobreña.
97 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ANTONINO PÍO copia
97MONEDA DIBUJO (2) copia
97.- AE.  Dupondio.
       Anv. Cabeza laureada de Antonino a derecha. IMP. CAES. T.(AEL. H)DR.
      ANTONINVS AVG, PIVS P. P.
      Rev. Annona sentada a izquierda. TR. P. VIII COS. S. C. ANNONA AVG.
      Peso: 8.10 gr    Sentido: 6 h   Módulo: mm   Procedencia: Motril.

FAUSTINA SENIOR (141)

98 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA
98MONEDA DIBUJO copia
98.- AE.  As.
      Anv. Cabeza de Faustina a derecha.
      Rev. Ceres de pie con cuerno de la abundancia.
      Peso: 9.62 gr    Sentido: 12 h  Módulo: 25 mm   Procedencia: Motril.
99 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA FAVSTINA SENIOR
99MONEDAS DIBUJOS 99 copia
99.- AE.  Semis.
     Anv. Cabeza de Faustina a derecha. DIVA FA(VST)INA PIA.
     Rev. Eternidad de pie a izquierda. S.  C.
     Peso: 8.05 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Motril.

FAVSTINA IVNIOR (145)

100 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA FAVSTINA IVNIOR100MONEDAS DIBUJOS 100 copia
100.- AE. As.
       Anv. Cabeza de Faustina a derecha. FAVSTINA AVGVSTA.
       Rev. Cibeles sentada a derecha en trono flanqueado por leones. MATRI MAGNAE.
       Peso: 17.29 gr  Sentido: 12 h  Módulo:  32 mm  Procedencia: Salobreña.

MARCO AURELIO (161-180)

101 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MARCO AVRELIO copia
101MONEDAS DIBUJOS 101 copia
101.- AE.  As.
       Anv. Cabeza diademada y radiada de Marco Aurelio a derecha. M. ANTONINVS AVG.
       GERM.  SARM.
       Rev. Paz de pie a izquierda. PAX AETERN(A) AVG.  S.  C.
       Peso: 11.80 gr    Sentido: 6  h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Salobreña.
102 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MARCO AVRELIO copia102MONEDAS DIBUJOS 102 copia
102.- AE.  As.
         Anv. Cabeza radiada de Marco Aurelio a derecha. CONS. (ES) RATIO PAX AVG. S.  C.
         Rev. Paz de pie a izquierda. PAX AETER(A) AVG. S. C.
         Peso: 11.05 gr   Sentido: 7 h  Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.

LUCIO VERO (161-169)

103 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA LVCIO VERO
103MONEDA DIBUJO (2) copia
103.- AE. As.
        Anv. Cabeza desnuda de Lucio Vero a derecha. L. VERVS AVG. ARMENIACVS.
        Rev. Armenia sentada a izquierda. TR. P. IIII. IMP. COS. II. Debano: ARMEN.
        Pwso: 9.05 gr    Sentido: 11  h   Módulo: 26 mm  Procedencia: Motril.

MAXIMINO PÍO (235-238)

104 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GORDIANO (2) copia
104MONEDA DIBUJO (2)
104.- AE. Dupondio.
       Anv. Busto laureado y drapeado de Maximino Pío a derecha. MAXIMINVS PIVS AVG.
       GERM.
       Rev. Salud sentada a izquierda con serpiente que se levanta de altar. SALVS AVGVSTI.
       Debajo: S. C.
       Peso: 23.84 gr  Sentido 12 h  Módulo: 32 mm   Procedencia: Motril.

GORDIANO (238-244)

105 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GORDIANO (1)
105MONEDAS DIBUJOS 105 copia
105.- AE. Sextercio.
         Anv. Busto diademado, radiado y drapeado de Gordiano a derecha. IMP. CAES.
         GORDIANVS PIVS FEL. AVG.
         Rev. Gordiano de pie a izquierda, con cetro y escudo. P. M. TR. P. III COS. II P. P.
         Peso: 26.95 gr   Sentido: 1 h   Módulo: 26 mm    Procedencia: Salobreña.

HERENIO ETRUSCO (251)

106 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA HERENIO ETRUSCO copia
106MONEDAS DIBUJOS 106 copia
106.- AE.  As.
       Anv. Busto drapeado de Herenio a derecha. Q. HER. ETR. MES. DECIVS NOB. C.
       Rev. Esperanza avanzando a izquierda. SPES PVBLICA.
       Peso: 12.79 gr    Sentido: 11 h Módulo: 27 mm    Procedencia: Salobreña.

HOSTILIANO (251)

107 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA HOSTILIANO

107MONEDAS DIBUJOS 107 copia
107.- AE.  Dupondio.
        Anv. Busto laureado, laureado y drapeado de Hostiliano a derecha.  IMP. CAES. (C.
        VAL. H.) OS. MES. QVINT AVG.
        Rev. Seguridad de pie, con la mano izquierda sobre su cabeza y apoyada en una
        columna. SECVRI(TAS) AVGG.
        Peso: 17.80 gr   Sentido: 12  h    Módulo. 27 mm   Procedencia: Motril.

GALIENO (253-268)

108 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO copia108MONEDAS DIBUJOS 108 copia
108.- AE. Antoniniano.
        Anv. Busto radiado y drapeado de Galeno a derecha. GALLIENVS AVG.
        Rev. Paz sentada a izquierda, con cetro y ramo de olivo. PAX AVG.
        Peso: 2.75 gr     Sentido: 2  h   Módulo: 20 mm  Procedencia: Salobreña.
109 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO
109MONEDAS DIBUJOS 109 copia
109.- AE.  Antoniniano.
        Anv. Cabeza radiada de Galieno a derecha. GALLIENVS AVG.
        Rev. Antílope a izquierda. DIANAE CONS. AVG.
        Peso: 2.45 gr    Sentido: 6  h    Módulo: 16 mm  Procedencia: Salobreña.
110 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO (2)110MONEDAS DIBUJOS 110 copia
110.- AE. Antoniniano.
         Anv. Cabeza radiada de Galieno a derecha. GALLIENVS AVG.
         Rev. Antílope a  derecha. DIANAE CONS. AVG.
         Peso: 2.25 gr   Sentido: 11 h   Módulo: 21 mm    Procedencia: Salobreña.
111 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO (1)111MONEDAS DIBUJOS 111 copia
111.- AE. Dupondio.
          Anv. Cabeza laureada de Galieno a derecha.  IMP. C. P.  LIC. GALLIENVS AVG.
          Rev. Virtud con cetro y escudo a izquierda. VIRTVS AVGG.  S.  C.
          Peso: 15.43 gr   Sentido: 6  h    Módulo: 28 mm   Procedencia; Motril.
112 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GALIENO
112MONEDAS DIBUJOS 112 copia
112.- AE. Antoniniano.
       Anv. Cabeza radiada de Galieno a derecha. GALLIENVS AVG.
       Rev. Seguridad de pie. GENIVS AVG.
       Peso: 2.47 gr   Sentido: 12 h   Módulo: 20 mm  Procedencia: Motril.

VALERIANO II (253-255)

113 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALERIANO II113MONEDAS DIBUJOS 113 copia
113.- AR. Antoniniano.
        Anv. Busto radiado y drapeado de Valeriano a derecha. DIVO CAES. VALERIANO.
        Rev. Águila posada a izquierda. CONSECRATIO.
        Peso. 3.90 gr   Sentido: 12 h  Módulo: 20 mm  Procedencia: Motril.

SALONINA (268)

114 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA SALONINA

114MONEDAS DIBUJOS 114 copia
114.-  AE. Antoniniano.
          Anv. Busto de Salonina a derecha. SALONINA AVG.
          Rev. Fecundidad sentada a izquierda, con joven delante. FECVNDITAS AVG.
          Peso: 4.15 gr    Sentido: 5  h   Módulo: 22 mm   Procedencia: Salobreña.

CLAUDIO EL GÓTICO (268-270)

115 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO EL GÓTICO
115MONEDAS DIBUJOS 115 copia
115.-  AE. Antoniniano.
         Anv. Cabeza radiada de Claudio el Gótico a derecha. DIVO CLAVDIO.
         Rev. Águila posada a derecha. CONSECRATIO.
         Peso: 2.33 gr    Sentido: 6  h   Módulo: 18 mm  Procedencia: Motril.
116 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CLAUDIO EL GÓTICO
116MONEDAS DIBUJOS 116 copia
116.- AE. Antoniniano.

         Anv. Cabeza radiada de Claudio el Gótico a derecha. DIVO CLAVDIO.

         Rev. Águila posada a derecha. CONSECRATIO.
         Peso: 1. 72 gr     Sentido: 6 h    Módulo: 19 mm   Procedencia; Motril.

SEVERINA (270-275)

117 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA SEVERINA copia
117MONEDAS DIBUJOS 117 copia
117.- AE. Antoniniano.
        Anv. Cabeza de Severina a derecha. (SEVERINA) AVG.
        Rev. Sin identificar.
        Peso: 6.30 gr   Sentido: 12  h   Módulo:  20 mm   Procedencia: Motril.

AURELIANO (270-275)

118 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA AURELIANO (2)

118MONEDA DIBUJO (2) copia
118.- AE.   Antoniniano.
         Anv. Busto radiado, barbado, laureado y drapeado de Aureliano a derecha. IMP.
         AVRELIANVS AVG.
         Rev. Victoria de pie a derecha. VICTORIA AVG.
         Peso: 3.34 gr  Sentido: 5 h    Módulo: 21 mm    Procedencia: Motril.

TÁCITO ( 275-276)

119 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TÁCITO
119MONEDAS DIBUJOS 119 copia
119.- AE. Antoniniano.
        Anv. Busto barbado, radiado y diademado a derecha. IMP. CL. TACITVS AVG.
        Rev. Neptuno de pie a izquierda. En campo  A. A. TEMPORVM FELICITAS.
        Peso. 3.39 gr   Sentido: 12 h  Módulo 22 mm   Procedencia: Motril.

CARINO ( 283-285)

120 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CARINO

120MONEDA DIBUJO (2) copia
120.- AE. Antoniniano.
        Anv. Busto, barbado, radiado, diademado y drapeado de Carino a derecha. IMP.
        CARINVS P. F. AVG.
        Rev. LAETITIA  de pie a derecha. LAETITIA FVND.
        Peso: 3.45 gr    Sentido 12 h  Módulo: 23 mm   Procedencia: Motril.

DIOCLECIANO (284-305)

121 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DIOCLECIANO
121MONEDAS DIBUJOS 121 (2) copia
121.- AE. Antoniniano.
        Anv. Busto radiado, diademado y drapeado de Diocleciano a derecha. IMP.
        DIOCLETIANVS AVG.
        Rev. Diocleciano con atributos de Júpiter. IOVI AVG.
        Peso: 4.95 gr   Sentido: 5 h   Módulo: 21 mm    Procedencia: Salobreña.
122 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA DIOCLACIANO
122MONEDAS DIBUJOS 122 (2) copia
122.- AE. Antoniniano.
       Anv. Busto radiado, diademado y drapeado de Diocleciano a derecha. IMP. C .C.
       DIOCLETIANVS  P. F. AVG.
       Rev. Diocleciano de pie con atributos de Júpiter. IOVI CONSERVAT.
       Peso: 3.45 gr   Sentido:  11 h   Módulo: 24 mm   Procedencia: Salobreña.

MAXIMIANO ( 286-308)

123 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAXIMIANO
123MONEDAS DIBUJOS 123 copia
123.- AE. Semis.
        Anv. Busto radiado, barbado, diademado y drapeado de Maximiano a derecha. IMP.
        C. M. A. MAXIMIANVS P. F. AVG.
        Rev. Maximiano recibiendo la victoria de manos de Júpiter. CONCORDIA MILITVM K.
        L.
        Peso: 2.87 gr    Sentido: 12 h    Módulo: 24 mm   Procedencia: Motril.

LICINIO (308-324)

124 MONEDAS FOTOS LICINIO copia

124MONEDAS DIBUJOS 124 copia

124.- AE. Semis.
        Anv. Busto de Licinio galeado y drapeado a derecha. IMP. LICINIVS AVG.
        Rev. Dos cautivos atados al pie de un estandarte. VIRTVS EXERCIT. Dentro del
        estandarte VOT XX. Exergo SIS.
        Peso: 2.98 gr    Sentido: 6  h    Módulo: 19 mm  Procedencia: Motril.

CONSTANTINO I EL GRANDE (307-337)

125 MONEDAS DIBUJOS CONSTANTINO I EL GRANDE
125MONEDAS DIBUJOS 125 (2) copia
125.- AE.  Follis.
          Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino I el Grande a derecha.
          CONSTANTINVS P. F. AVG.
          Rev. Constantino de pie a izquierda. SOLI INVICTO COMITI  S.  F.
          Peso: 4.15 gr   Sentido: 7 h    Módulo: 21 mm  Procedencia: Salobreña.
126 MONEDAS DIBUJOS CONSTANTINO I EL GRANDE
126MONEDAS DIBUJOS 126 copia
126.- AE. Follis.

          Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino I el Grande a derecha.

          CONSTANTINVS P. F. AVG.
          Rev. Victoria a derecha con un cautivo a sus pies. SARMATIA DEVICTA. Exergo: PTR.
          Peso: 2.59 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 19 mm  Procedencia: Motril.
127 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE copia
127MONEDA DIBUJO copia
127.- AE. Follis.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino I el Grande a derecha. IMP.

         CONSTANTINVS P. F. AVG.

         Rev. Sol a izquierda con globo. SOLI INVICTO COMITI. Exergo: R. S.
         Peso: 2.39 gr  Sentido:   12 h   Módulo: 19 mm  Procedencia: Motril.
128MONEDAS DIBUJOS CONSTANTINO I EL GRANDE (2)
128MONEDA DIBUJO (2)
128.- AE. 4.
        Anv. Busto galeado y acorazado de Constantino I  a izquierda. VRBS ROMA.
        Rev. Loba alimentando a Rómulo y Remo. Anepígrafa. Exergo: CONS.
        Peso: 1.84 gr   Sentido:    6 h   Módulo: 15 mm   Procedencia Motril.
129 MONEDA MOTRIL SALOBREÑACONSTANTINO I EL GRANDE
129MONEDA DIBUJO copia
129.- AE-3.

      Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino I el Grande a derecha.

      CONSTANTINVS P. F. AVG.
      Rev. Puerta con dos torretas y estrella en el centro. PROVIDENTIAE AVGG. Exergo: R
     (Q).
      Peso: 2.91 gr   Sentido: 12 h   Módulo: 18 mm  Procedencia: Motril.
130 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE130MONEDAS DIBUJOS 130 copia
130.- AE- 3/4.
       Anv. Busto diademado y acorazado de Constantino I a izquierda. VRBS ROMA.
       Rev. Rev. Loba alimentando a Rómulo y Remo con dos estrellas encima. Anepígrafa.
       Exergo: PLG.
       Peso: 2.19 gr    Sentido: 6 h     Módulo:  17 mm  Procedencia: Motril.
131 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA
131MONEDAS DIBUJOS 131 copia
131.- AE-4.
      Anv. Busto galeado y acorazado de Costantino I  a izquierda. CONSTANTINVS MAX.
     AVG.
     Rev. Dos victorias afrontadas sujetando guirnalda. Dentro: VOT. P.  R. sobre un altar
     con una estrella: VICTORIAE LAETAE PRINC. PERP. Exergo: STR.
     Peso: 3.26  gr   Sentido  6 h  Módulo: 17 mm   Procedencia: Motril.
132 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE copia
132MONEDAS DIBUJOS 132 (2) copia
 132.- AE-4.

        Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino I el Grande a derecha.

        CONSTANTINVS AVG.
        Rev. Puerta con dos torretas y estrella en el centro. PROVIDENTIAE AVGG. Exergo: 
        PLG.
        Peso: 2.65 gr   Sentido: 12 h    Módulo: 17 mm  Procedencia: Motril.
133 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE
133MONEDAS DIBUJOS 133 copia
133.- AE-4.
      Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino a izquierda. CONSTANTINOPOLIS.
      Rev. Victoria de pie, pisando proa de nave con escudo a su izquierda. Delante: láurea.
      Exergo: TRS.
      Peso: 1.99 gr   Sentido: 6 h  Módulo: 15 mm  Procedencia. Motril.
134 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE copia
134MONEDAS DIBUJOS 134 copia
134.- AE-4.
         Anv. Busto diademado y acorazado de Constantino I a izquierda. VRBS ROMA.
         Rev. Loba alimentando a Rómulo y Remo. Encima: rodela y estrella.
         Peso: 2.19 gr    Sentido: 6 h     Módulo:  17 mm  Procedencia: Motril.
135 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE
135MONEDAS DIBUJOS 135 copia
135.- AE-2.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Constantino I a derecha. IMP. CONSTANTINVS
         P.  F. AVG.
         Rev. Cetro con dos estandartes a los lados. (S)PQR. OPTIMO PRINCIPI. Exergo: RS.
         Peso: 3.90 gr    Sentido:  12 h   Módulo: 21 mm   Procedencia: Motril.
136 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE copia
136MONEDAS DIBUJOS 136 copia
136.- AE-4.
         Anv. Busto diademado y acorazado de Constantino I a izquierda.
         CONSTANTINOPOLIS.
         Rev. Victoria alada con crismón en la izquierda, pisando la proa de una nave.
         Peso: 1.43 gr  Sentido: 12 h   Módulo: 16 mm  Procedencia: Motril.
137 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO I EL GRANDE copia
137MONEDAS DIBUJOS copia
137.- AE-3/4.

      Anv. Busto diademado y Drapeado de Constantino I a derecha. IMP. CONSTANTINVS 

      P.  F. AVG.
      Rev. Dos soldados afrontados sosteniendo cada uno lanza y estandarte. GLORIA
      EXERCITVS. Exergo: SMALB.
      Peso: 1.55 gr   Sentido: 6 h  Módulo: 17 mm  Procedencia: Motril.
138 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia
138MONEDA DIBUJO (2) copia
138.-AE-3.

      Anv. Busto diademado y Drapeado de Constantino I a derecha. IMP. CONSTANTINVS 

      P.  F. AVG.
      Rev. Constantino a izquierda con globo. SOLI INVICT(O) COM(ITI). Exergo: RS.
      Peso: 5.40 gr   Sentido: 6 h Módulo: 19 mm  Procedencia: Motril.

CONSTANTINO II (337-340)

139 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTINO II
139MONEDAS DIBUJOS 139 copia
139.- AE-3.
          Anv. Busto drapeado de Constantino II a izquierda. CONSTANTINVS IVN. NOB. C.
          Rev. Puerta con dos torretas y estrella entre ellas. PROVIDENCIAE AVG. Exergo:
          CONSA.
          Peso: 2.48 gr  Sentido:  5 h   Módulo: 19 mm   Procedencia: Motril.

CONSTANTE (337-350)

140 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTE
140MONEDAS DIBUJOS 140 copia
140.- AE-4.
         Anv. Busto diademado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (leyenda ilegible)
         Rev. Victoria con láurea a izquierda. Exergo: SMAN.
         peso: 1.30 gr   Sentido: 12 h   Módulo: 17 mm  Procedencia: Motril.
141 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia
141MONEDAS DIBUJOS 141 (1) copia
141.- AE-2.
         Anv.  Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. CONSTANS
         NOB. CAES.
         Rev. Altar, a ambos lados  R. R. PRINCIPI IVVENTVTIS.
         peso:  5.45 gr    Sentido: 5 h  Módulo: 21 mm   Procedencia: Motril.
142 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTE copia
142.- AE-3.
          Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.
          CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Saldado acometiendo contra enemigo a caballo. (FE)L. TEMP. R(EPARATIO).
          En campo S.
          Peso: 3.42 gr   Sentido:  6 h  Módulo: 18 mm Procedencia: Motril.
143 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTE copia
143MONEDAS DIBUJOS 143 copia
143.- AE-4.

          Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Dos soldados con lanzas y estandarte entre ellos. (GL)ORIA EXERCITVS. Exergo:
          TRS.
          Peso: 1.34 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 18 mm    Procedencia Motril.
144 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTE
144MONEDAS DIBUJOS 144 copia
144.- AE-4.

      Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

      CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
      Rev. Constante de pie con cetro y victoria.
     Peso: 1.85 gr  Sentido: 12 h  Módulo: 15 mm  Procedencia: Motril.
145 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANTE
145MONEDAS DIBUJOS 145 copia
145.- AE-4.

          Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Constante de pie con cetro y victoria.
          Peso: 2.00 gr   Sentido: 12 h  Módulo: 16 mm   Procedencia: Motril.

CONSTANCIO II (337-361)

146 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
146MONEDAS DIBUJOS 146 copia
146.- AE-Centional.
          Anv. Busto diademado y drapeado de Constancio II a derecha. D. N. CONSTANTIVS
          P. F. AVG.
          Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO.
         Peso: 8.05 gr  Sentido: 5 h  Módulo: 27 mm   Procedencia: Salobreña.
147 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
147MONEDAS DIBUJOS 147 copia
147.- AE-3.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Constancio II a derecha. D. N.

         CONSTANTIVS

         P. F. AVG.
         Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO.
         Peso: 1.96 gr  Sentido: 5 h  Módulo: 17 mm  Procedencia: Salobreña.
148 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II (2)
148MONEDAS DIBUJOS 148 copia
148.- AE-4.

         Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Dos victorias afrontadas con sendas guirnaldas. DD.  AVGG. Q. N. N.
          Peso: 1.55 gr  Sentido: 12  h    Módulo: 14 mm   Procedencia: Salobreña.
149 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II (1) copia
149MONEDAS DIBUJOS 149 copia
149.- AE-3.

         Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

         CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
         Rev. Constante de pie con cetro y victoria.
         Peso: 3.78 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 20 mm  Procedencia Salobreña.
150 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia                                  150MONEDAS DIBUJOS 150 copia
150.- AE-4.

          Anv.  Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN) S  P. F. En exergo: SMALA.
          Rev. Dos soldados afrontados con estandarte en el centro. VICTOIAE DD. AVGG. Q.
          N.  N.
          Peso. 1.36 gr     Sentido: 6 h   Módulo: 15 mm  Procedencia: Salobreña.
   
151 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia151MONEDAS DIBUJOS 151 copia
151.- AE-4.

          Anv.  Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO.
          Peso: 2.45 gr  Sentido: 5 h  Módulo: 18 mm   Procedencia: Salobreña.
152 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
152MONEDAS DIBUJOS 152 copia
152.- AE-3.

          Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO. Exergo: 
          PTRS.
          Peso: 1.45 gr   Sentido: 2 h   Módulo: 15 mm Procedencia: Salobreña.
153 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II153MONEDAS DIBUJOS
153.- AE. Centional.

          Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO. Exergo: 
          PTRS.
          Peso: 2.05 gr   Sentido: 6 h.   Módulo: 15 mm Procedencia: Salobreña.
154 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
154MONEDAS DIBUJOS 154 copia
154.- AE-2.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

        CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
        Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO. Exergo: 
        PTRS.
       Peso: 2.05 gr   Sentido: 6 h   Módulo: 23 mm     Procedencia: Motril.
155 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
155MONEDAS DIBUJOS 155 copia

155.- AE-4.

Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

        CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
        Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP REPARATIO. Exergo: 
        PTRS.
        Peso: 0.97 gr  Sentido: 12 h   Módulo: 15 mm Procedencia: Motril.
156 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
156MONEDAS DIBUJOS 156 copia
156.- AE-3.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

        CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
        Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO. Exergo: TSA: 
        Peso: 2.96 gr   Sentido: 12 h   Módulo: 18 mm     Procedencia: Motril.
157 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
157MONEDAS DIBUJOS 157 copia
157.- AE-3.
          Anv. Busto laureado, diademado y drapeado a derecha, de (D.N. CONSTAN)S  P. F.
AVG.
         Rev. Dos soldados con sendas lanzas y estandarte entre ellos. GLORIA EXERCITVS.
Exergo: SMALA.
         Peso: 2.98 gr    Sentido   12 h    Módulo: 18 mm   Procedencia: Motril.
158 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
158MONEDAS DIBUJOS 158 copia
158.- AE-2.

       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

       CONSTAN) S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO.
       Peso: 3.20 gr   Sentido:  6 h   Módulo:  20 mm   Procedencia: Motril.
159 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
159 MONEDAS DIBUJOS copia
159.- AE-4.

       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

       CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Dos victorias afrontadas con sendas guirnaldas. DD.  AVGG. Q. N. N. Delante P.
       Peso: 1.43 gr  Sentido: 1 h    Módulo: 13 mm   Procedencia: Motril.
160 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
160 MONEDAS DIBUJOS copia
160.- AE-4.

       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

       CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Constancio de pie con globo y cetro (SPES REIPVBLICAE).
       Peso: 2.01 gr   Sentido:  6 h   Módulo: 14 mm  Procedencia: Motril.
161 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
161MONEDAS DIBUJOS 161 copia
161.- AE-4.

         Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

         CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
        Rev. Dos victorias afrontadas con sendas guirnaldas. D.D.  AVGG. Q. N. N. Delante P.
        Peso: 1.36 gr  Sentido: 6 h    Módulo: 14 mm   Procedencia: Motril.
162 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
162MONEDAS DIBUJOS 162 copia
162.- AE-4.

Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

       CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO.
       Peso: 1.52 gr   Sentido: 12 h  Módulo: 18 mm   Procedencia: Motril.
163 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
163MONEDA DIBUJO (2) copia
163.- AE-Centional.
         Anv. Busto drapeado de Constancio II a derecha. D. N. CONSTANTINVS NOB. CAES.

         Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO. Exergo TRS. 

        Peso: 4.57 gr  Sentido: 6 h  Módulo: 21 mm   Procedencia: Motril.
164 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II
164MONEDA DIBUJO (2)
164.-AE-Centional.

       Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

       CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO.
       Peso: 5.00 gr   Sentido: 7 h  Módulo: 22 mm   Procedencia: Motril.
.
165 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia165MONEDA DIBUJO (2)
  165.- AE-Centional.
           

          Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

          CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
          Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO.
          Peso: 3.95 gr   Sentido: 7 h  Módulo: 21 mm   Procedencia: Motril.
166 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
166MONEDA DIBUJO (2)
166.- AE-3.

       

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

        CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
       Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO. Exergo: ALEA.
       Peso: 1.65 gr   Sentido: 6 h  Módulo: 18 mm   Procedencia: Motril.
167 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA CONSTANCIO II copia
167MONEDA DIBUJO (2)
167.- AE-Centional.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de CONSTANTE  a derecha. (D.N.

        CONSTAN)S  P. F. En exergo: S.
        Rev. Soldado derribando a enemigo a caballo.  FEL. TEMP. REPARATIO. Exergo:
        CPGL..
        Peso: 2.02 gr   Sentido: 6 h  Módulo: 20 mm   Procedencia: Motril.

MAGNENCIO (351-353)

168 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAGENCIO copia

168MONEDA DIBUJO (2)168.- 1/2 Centional.
         Anv. Busto drapeado de Magnencio a derecha. (D. N. MAGNENT)IVS P. F. AVG.
         Detrás: R.
         Rev. Dos victorias afrontadas con láurea en el centro.: VOT. V MVLT. X VICTORIAE
         (DD. NN. AVG. ET) CAES.
         Peso: 2.94 gr   Sentido: 7 h  Módulo: 18 mm  Procedencia: Motril.
169 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAGENCIO169MONEDA DIBUJO (2)
169.- AE-1/2.
         Anv. Busto drapeado de Magnencio a derecha. (D. N. MAGNENT)IVS P. F. AVG.
         Detrás: R.
         Rev. Dos victorias afrontadas con láurea en el centro.: VOT. V MVLT. X VICTORIAE
         (DD. NN. AVG. ET) CAES.
         Peso: 3.69 gr    Sentido: 7 h  Módulo: 19 mm  Procedencia: Motril.
170 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAGENCIO
170MONEDAS DIBUJOS 170 copia
170.- AE-Centional.
         Anv. Busto drapeado de Magnencio a derecha. (D. N. MAGNENT)IVS P. F. AVG.
         Detrás: Gamma.
         Rev. Dos victorias afrontadas con láurea en el centro.: VOT. V MVLT. X VICTORIAE
         (DD. NN. AVG. ET) CAES. Debajo: estrella. Exergo: R. E. (épsilon)
         Peso: 5.90 gr    Sentido: 6 h  Módulo: 23 mm  Procedencia: Motril.
171 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAGENCIO
171MONEDAS DIBUJOS 171 copia
171.- AE-Centional.
         Anv. Busto drapeado de Magnencio a derecha. D. N. MAGNENTIVS P. F. AVG.

         Rev. Dos victorias afrontadas con láurea en el centro.: VOT. V MVLT. X VICTORIAE 

         (DD. NN. AVG. ET) CAES. Debajo: estrella. Exergo: RPLG
         Peso: 4.10 gr    Sentido: 12 h  Módulo: 20 mm  Procedencia: Motril.
172 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA MAGENCIO
172MONEDAS DIBUJOS 172 copia
172.- AE-Centional.

            Anv. Busto drapeado de Magnencio a derecha. D. N. MAGNENTIVS P. F. AVG.

            Rev. Gran Cristograma. SALVS DD.  NN. AVG. ET CAES.
            Peso: 4.20 gr     Sentido; 11 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Salobreña.

VALENTE (364-378)

173 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTE
173MONEDAS DIBUJOS 173 copia
173.- AE-3.
         Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Valente. D. N. VALENS P. F. AVG.
         Rev. Victoria avanzando a izquierda. SECVRITAS REIPVBLICAE.
         Peso: 2.40 gr    Sentido: 7 h    Módulo: 18 mm  Procedencia: Salobreña.

GRACIANO (367-383)

174 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO copia
174MONEDAS DIBUJOS 174 copia
174.- AE-2.
         Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.
         GRATIANVS  P. F. AVG.
         Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL.
         Peso: 3.78 gr   Sentido: 7 h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Salobreña.
175 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO
175MONEDAS DIBUJOS 175 copia
175.- AE-2.
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.
        GRATIANVS  P. F. AVG.
        Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL. Exergo:
        TRP.
        Peso: 6.05 gr   Sentido: 11 h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Salobreña.
176 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO copia
176MONEDA DIBUJO (2) copia
176.- AE-2.

        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.

        GRATIANVS  P. F. AVG.
        Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL. Exergo:
        SMOP.
        Peso: 3.82 gr   Sentido: 6 h   Módulo: 23 mm   Procedencia: Motril.
177 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO copia
177MONEDA DIBUJO (2) copia
177.- AE-2.

        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.

        GRATIANVS  P. F. AVG.
        Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL. Exergo:
        LVGP.
        Peso: 4.23 gr   Sentido: 7 h   Módulo: 24 mm   Procedencia: Motril.
178 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia
178MONEDA DIBUJO (2)
178.- AE-2.

        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.

        GRATIANVS  P. F. AVG.
        Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL. Exergo:
        LVGP.
        Peso: 4.64 gr   Sentido: 12 h   Módulo: 22 mm   Procedencia: Motril.
179 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA GRACIANO copia
179MONEDA DIBUJO (2) copia
179.- AE-2.

         Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Graciano a derecha. D. N.

         GRATIANVS  P. F. AVG.
         Rev. Graciano levantando a una mujer arrodillada. REPARATIO REIPVBL.
         Peso: .43 gr   Sentido: 12 h   Módulo: 19 mm   Procedencia: Motril.

 VALENTINIANO II (357-392)

180 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia

180MONEDAS DIBUJOS 180 copia
180.- AE-1.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.
          VALENTINIANVS IVN. P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SMOP.
         Peso: 10.55 gr    Sentido: 7 h   Módulo: 26 mm  Procedencia: Salobreña.  
181 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
181MONEDAS DIBUJOS 181 copia
181.- AE-2.

         Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

         VALENTINIANVS P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SMOP.

         Peso: 3.98 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 22 mm  Procedencia: Salobreña.

182 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia

182MONEDA DIBUJO (2)
182.- AE-2.

         Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

         VALENTINIANVS P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SMOP.
         Peso: 3.55 gr    Sentido: 5 h   Módulo: 22 mm  Procedencia: Motril.
183 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
183MONEDAS DIBUJOS 183 copia
183.- AE-2.

         Anv.  Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

         VALENTINIANVS IVN. P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SCON.
         Peso: 4. 90 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 20 mm  Procedencia: Motril.
184 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
184MONEDAS DIBUJOS 184 copia
184.-AE-2.

        Anv.  Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.
        Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
        una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: ANTB.
        Peso: 5.55 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 22 mm  Procedencia: Motril..
185 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
185MONEDAS DIBUJOS 185 copia
185.- AE-2.

         Anv.  Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

         VALENTINIANVS P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: ANTB.
         Peso: 2.30 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 22 mm  Procedencia: Motril.
186 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II (2)
186MONEDAS DIBUJOS 186 copia
186.- AE-2.

        Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: ANTB.
         Peso: 2.30 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Motril.
187 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II (1)
197MONEDAS DIBUJOS 197 copia
187.-AE-2.

        Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.
        Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
        una mujer arrodillada con la derecha. Exergo: SCON.
        Peso: 3.05 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 23 mm  Procedencia: Motril.
188 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
188MONEDAS DIBUJOS 188 copia
188.- AE-2.

        Anv.  Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.
        Rev. Valentiniano de pie, con estandarte en la derecha y globo en la izquierda.
        GLORIA ROMANORVM. Exergo: CON.
        Peso: 3.35 gr    Sentido: 5 h   Módulo: 20 mm  Procedencia: Motril.
189 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II
189MONEDAS DIBUJOS 189 (1) copia
189.- AE-3.

        Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.
        Rev. Seguridad de pie a izquierda. SECVRITAS REIPVBLICAE.
        Peso: 2.95 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Salobreña.
190 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA copia
190MONEDAS DIBUJOS
190.- AE-2.

         Anv.  Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

         VALENTINIANVS IVN. P. F. AVG.
         Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y levantando a
         mujer arrodillada con la derecha. Exergo: TRS.
         Peso: 2.95 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Motril.
191 1 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
191MONEDAS DIBUJOS copia
191.- AE-2.

        Anv.  Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.
        Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y
        levantando a una mujer arrodillada con la derecha. (RES)TITVTOR (REIPVB)

        Exergo: TRS.

       Peso: 4.30 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 22 mm  Procedencia: Motril.

192 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II

192MONEDAS DIBUJOS 192 copia
192.- AE-2.

Anv. Busto diademado y drapeado de Valentiniano II a derecha. D. N.

        VALENTINIANVS P. F. AVG.

        Rev. Valentiniano de pie con victoria sobre globo en la izquierda, y

        levantando a una mujer arrodillada con la derecha. (RES)TITVTOR (REIPVB).

        Exergo: TRS.

        Peso: 2.74 gr    Sentido: 12 h   Módulo: 21 mm  Procedencia: Motril.

TEODOSIO I (379-395)

193 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I
193MONEDAS DIBUJOS 193 copia
193.- AE-2.
         Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.
        THEODOSIUS P. F. AVG.
        Rev. Teodosio de pie a izquierda,  con victoria sobre globo en su derecha y
        levantando a una mujer arrodillada con la izquierda. REPARATIO REIPVBLICAE.
        Exergo: SMRP.
        Peso: 5.20 gr   Sentido: 5 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
194 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA VALENTINIANO II copia
194MONEDAS DIBUJOS 194 (2) copia
194.- AE-2.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

        THEODOSIUS P. F. AVG.
        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM.
        Peso: 3.90 gr    Sentido: 2 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
        
195 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I copia
195MONEDAS DIBUJOS copia
195.- AE-2.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

        THEODOSIUS P. F. AVG.

        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: SMNA.

        Peso: 2.80 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 21 mm  Procedencia: Motril.
196 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I copia
196MONEDAS DIBUJOS 196 copia
196.- AE-2.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

       THEODOSIUS P. F. AVG.

       Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: ANTA.

       Peso: 4.50 gr   Sentido: 5 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
197 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I
197MONEDAS DIBUJOS 197 copia
197.- AE-2.

         Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

        THEODOSIUS P. F. AVG.
        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: CONSA.
        Peso: 5.30 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 22 mm  Procedencia: Motril.
198 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I (2) copia
198MONEDAS DIBUJOS 198 copia
198.- AE-2.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

        THEODOSIVS P. F. AVG.

        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: TESB.

        Peso: 5.20 gr    Sentido: 12 h    Módulo: 23 mm  Procedencia: Salobreña.
199 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA TEODOSIO I (1)
199MONEDAS DIBUJOS 199 copia
199.-AE-Centional.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

       THEODOSIUS P. F. AVG.

       Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: SMNA.

       Peso: 3.35 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 20 mm  Procedencia: Motril.
200MONEDAS DIBUJOS TEODOSIO I copia
200MONEDAS DIBUJOS 200 copia
200.- AE-2.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

        THEODOSIVS P. F. AVG.

        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: ANTA.

        Peso: 3.45 gr    Sentido: 12 h    Módulo: 22 mm  Procedencia: Motril.
201 MONEDAS DIBUJOS TEODOSIO I
201MONEDAS DIBUJOS 201 copia
201.- AE-3.

        Anv. Busto diademado, laureado y drapeado de Teodosio II a derecha. D. N.

        THEODOSIVS P. F. AVG.

        Rev. Teodosio de pie con lábaro y globo. GLORIA ROMANORVM. Exergo: SMNA.

        Peso: 3.45 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 20 mm  Procedencia: Salobreña.

MAGNO MÁXIMO (383-388)

202MONEDAS DIBUJOS MAGNO MÁXIMO copia

202MONEDA DIBUJO (2) copia
202.- AE-2.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Magno Máximo a derecha. D. N. MAG.
         MAXIMVS P. F. AVG.
         Rev. Magno Máximo de pie a derecha, con victoria sobre globo en su izquierda y
         levantando a mujer arrodillada. REPERATIO REIPVB. Exergo: C. P.
         Peso: 3.81 gr    Sentido: 12 h    Módulo: 23 mm   Procedencia; Motril.
203MONEDAS DIBUJOS MAGNO MÁXIMO copia
203MONEDA DIBUJO copia
203.-AE-2.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Magno Máximo a derecha. D. N. MAG.
         MAXIMVS P. F. AVG.
         Rev. Magno Máximo de pie a derecha, con victoria sobre globo en su izquierda y
         levantando a mujer arrodillada. REPERATIO REIPVB. Exergo: TCON.
         Peso: 5.71 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 22 mm   Procedencia; Motril.
204MONEDAS DIBUJOS MAGNO MÁXIMO copia
204MONEDA DIBUJO (2) copia
204.- AE-2.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Magno Máximo a derecha. D. N. MAG.
         MAXIMVS P. F. AVG.
         Rev. Magno Máximo de pie a derecha, con victoria sobre globo en su izquierda y
         levantando a mujer arrodillada. REPERATIO REIPVB. Exergo: C. P.
         Peso: 3.08 gr    Sentido: 6 h    Módulo: 23 mm   Procedencia; Motril.
205 MONEDAS DIBUJOS MAGNO MÁXIMO
205MONEDA DIBUJO (2) copia
205.- AE-2.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Magno Máximo a derecha. D. N. MAG.
         MAXIMVS P. F. AVG.
         Rev. Magno Máximo de pie a derecha, con victoria sobre globo en su izquierda y
         levantando a mujer arrodillada. REPERATIO REIPVB. Exergo: C. P.
         Peso: 4.57 gr    Sentido: 12 h    Módulo: 23 mm   Procedencia; Motril.
206MONEDAS DIBUJOS MAGNO MÁXIMO copia
206MONEDAS DIBUJOS copia
206.- AE-2.
         Anv. Busto diademado y drapeado de Magno Máximo a derecha. D. N. MAG.
         MAXIMVS P. F. AVG.
         Rev. Magno Máximo de pie a derecha, con victoria sobre globo en su izquierda y
         levantando a mujer arrodillada. REPERATIO REIPVB. Exergo: CONS.
         Peso: 4.11 gr    Sentido: 7 h    Módulo: 22 mm   Procedencia; Motril.

ARCADIO (283-408)

207 MONEDAS DIBUJOS ARCADIO copia
207MONEDAS DIBUJOS 207 copia
207.- AE-2.
         Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N. ARCADIVS             P. F. AVG.
         Rev. Arcadio de frete con estandarte y victoria sobre globo. GLORIA ROMANORVM.
         Peso: 2.75 gr    Sentido: 5 h  Módulo: 20 mm   Procedencia: Salobreña.
208 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ARCADIO
208MONEDAS DIBUJOS 208 copia
208.- AE-2.
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N. ARCADIVS P.
        F. AVG.
        Rev. Arcadio de frete con estandarte y victoria sobre globo. GLORIA ROMANORVM.
        Exergo: SMKB.
       Peso: 4.85 gr    Sentido: 6 h. Módulo: 20 mm   Procedencia: Salobreña.
209 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ARCADIO copia
209MONEDAS DIBUJOS 209 copia
209.- AE-4.
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N. ARCADIVS P.
        F. AVG.
        Rev. Salud con los pechos desnudos y arrastrando una vaca. SALVS (REIPVB). Exergo:
        CONSB.
        Peso: 1.10 gr    Sentido: 6 h   Módulo: 14 mm   Procedencia: Salobreña.
210 MONEDAS FOTOS MOTRIL SALOBREÑA ARCADIO copia210MONEDAS DIBUJOS 210 copia
210.- AR-1/2.
        Anv. Busto laureado, diademado y drapeado de Arcadio a derecha. D. N. ARCADIVS P.
        F. AVG.
        Rev. Roma sentada a izquierda con victoria y cetro. VIRTVS (RO)MANORVM. Exergo:
        TRPS.
        Peso: 1.02 gr    Sentido: 12 h  Módulo: 14 mm   Procedencia: Motril.
Granada, 16 de mayo de 2019
Antonio Ruiz Fernández. Licenciado en Filología Clásica, Dr. en Historia Antigua por
la Universidad de Granada y Catedrático de Latín.

ESCARABEOS Y ESCARABOIDES DE LAS NECRÓPOLIS FENICIAS DE SEKS

Antonio RUIZ FERNÁNDEZ

Antes de proceder al estudio y descripción de cada uno de estos elementos, es preciso determinar sus circunstancias en particular y su conjunto en general.

A propósito de esto, indicamos que las piezas proceden de tres emplazamientos arqueológicos: Necrópolis fenicia «Laurita», necró­polis fenicia de Puente del Noi, necrópo­lis de Monte de Velilla (sin excavar en su mayor parte).

Del yacimiento «Laurita» proceden, en principio, tres piezas publica­das por Pellicer[1] en 1963. Recientemente ha sido localizada una pieza que perteneció a la tumba n. 1 de la citada necrópolis[2]. Otros dos escarabeos proceden de los hallazgos fortuitos que han tenido lugar en las laderas del Monte Velilla, donde existe, aún sin excavar, parte de una necrópolis que ha dado materiales tanto del Bronce Pleno como de época fenicia[3].

La necrópolis que nos ha aportado mayor número de piezas ha sido la de Puente del Noi.

A parte del estudio comparado realizado sobre estas piezas, así como el descripti­vo, se va a incluir también el gemológico practicado por el Dr. Fernando Gervilla Linares, Profesor de la Facultad de Ciencias de la Universisad de Granada[4].

De todas estas piezas tan sólo están clasificadas y estudiadas las existentes en el Museo Arqueológico de Granada, procedentes de las necrópo­lis de Puente del Noi y de la «Laurita».

 

 DESCRIPCIÓN DE LOS ESCARABEOS Y ESCARABOIDES

1.- Escarabeo.

Material: Cornalina[1].

Medidas: 1,70 cm. de largura, 1,35 cm. de anchu­ra, 0,95 cm. de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba n. 5, sector A[2], fig.1.

Contexto arqueológico: El conjunto del ajuar estaba formado por una jarrita de bor­de exvasado y cuerpo bitroncocónico, dos platos de borde vuelto hacia abajo y pocillo central, dos copitas y una lucer­na de in­fluencia grie­ga. Estos elementos han sido datados en la primera mitad del siglo IV a. de C.

Su estado de conservación es muy bueno, así como su talla.

Cronología: Primera mitad del siglo IV a. de C.

Escarabeo muy bien conservado. Su ejecu­ción es buena. En su trazado muestra simili­tud con el tipo indicado por Padró (cfr. pág. sig. nota 1).

 Anverso: El escarabajo presenta el protórax y los élitros bien marcados, y un triángulo en cada élitro[3].

Las patas están in­di­cadas de forma esque­mática.

El ori­fi­cio que lo atraviesa longi­tudinal­mente para su suspensión, conserva restos del eje que lo sustenta­ba.

 Reverso: Presenta una escena de lucha entre dos guerreros, desnudos ambos, con casco, donde el ven­cedor sujeta un puñal en su mano derecha y trata de suje­tar, con la izquier­da, la mano armada de su con­trin­cante, que está de rodillas[4].

   

2.- Escarabeo

Material: Cornalina roja clara[1].

Medidas: 1,30 cm. de largura, 0,9 cm. de anchura, 0,60 cm. de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba n. 5, sector B[2], fig. 2.

Contexto arqueológico: Apareció forman­do parte de un collar de cuentas y varias vasijas de cerámica.

Su talla es correcta.

Anverso: Protórax, élitros y patas están muy bien marcados. Tiene orificio longitu­dinal de suspensión. Por ello se piensa que formara parte de un collar, o bien se utili­zara como simple amuleto.

 Reverso: León sentado sobre sus cuartos traseros, cola erguida y cabeza vuelta a izquier­da, todo encua­drado en orla[3].

Cronología aproximada: Primera mitad del siglo V a. de C., fig. 2.  .MAG. n. 10.400.

3.- Escarabeo

Material: Cornalina roja clara[1].

Medidas: 1,20 cm. de largura, 0,90 cm. de anchu­ra, 0,65 cm. de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba n. 18a del sector C.

Contexto arqueológico: Practicado en esta tumba el doble enterramiento, esta pieza fue  localizada junto al cadáver más antiguo o más profundo. A su lado apa­re­cie­ron una cuchari­lla de plata, un collarín de oro, un escaraboide engarzado en anillo basculante, y un anillo de plata con chatón liso[2].

En esta tumba no hubo reutilización[3]. Su estado de conservación es mediano. El perí­me­tro aparece una pequeña rotura de su clí­peo.

La ejecución, buena.

 Anverso: Protórax y élitros bien marcados. Las patas no se distinguen bien. Tiene ori­ficio longitudinal de suspensión, lo que indica que se utilizaría como col­gante o amuleto, o bien formando parte de un collar.

Reverso: Divinidad mirando a derecha, toca­do con la corona de Atef. Sostiene con la mano derecha un látigo, llevándose su iz­quierda a la boca. Una flor de loto brota del suelo, terminando en cabeza de cobra en los dos lados en que se divide. Está senta­do sobre una flor de loto, de la que salen las dos rami­fi­cacio­nes terminadas en serpien­te. A su iz­quier­da puede verse una de ellas, me­nor, mirando a iz­quierda, a su dere­cha, la otra, y todo en­vuelto en orla[4].

Cronología aproximada: Segunda mitad del siglo IV a. de C. Fig. 3. MAG. N. 10.786.

   

4.- Escaraboide en montura basculante

Material: Pasta rojiza[1]. Está engarza­do en oro y mon­tado en anillo de plata.

Medidas: 1,50 cm de largura, 0,90 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba 18b del sector C, segundo enterramiento o más profundo.

Contexto arqueológico: Apareció con otro anillo de plata con chatón liso[2], además de elementos cerá­mi­cos.

Su estado de conservación es notable, así como su ejecución.

 Anverso: Es ligeramente abombado y liso.

 Reverso: Representación animalística en forma de perro que mira hacia atrás y cola alzada bífida, apo­yán­dose sobre sus cuartos trase­ros, con la pata iz­quierda levantada, y cola sobrealzada y punta bífida. Cuerpo estilizado, boca puntiaguda y orejas erguidas. Podría tratarse de una representa­ción de la divini­dad Set. En su perife­ria hay una decoración soguea­da algo desgas­tada.

Cronología aproximada: Segunda mitad del siglo IV a. de C.  MAG. n. 10.396.

5Escarabeo 5 copia

5.- Escarabeo en sortija basculante

Está engarzado y montado en anillo de plata[1].

Material: A pesar de su cremación, se ha identifi­cado como esteatita[2].

Medidas: 1,5 cm de largura, 1,20 cm de anchura, 0,60 cm de altura. Diámetro del anillo: 3,70 cm.

Contexto arqueológico: Apareció en la tumba nº. 3 de la necrópolis «Laurita», dentro de una vasija de ala­bastro junto con los elemen­tos que habían sido inci­nerados. Otra vasija de similares características forma­ba parte del ajuar, junto con una cuenta de collar de serpentina[3].

Cronología fijada por el conjunto de la necrópolis, es decir, finales del siglo VIII.

Este escarabeo ha sufrido las consecuen­cias direc­tas de la cremación, por lo que tanto su anverso como reverso aparecen muy desdi­bujados debido a que la substancia orgánica de la que estaba fabricado se ha deteriorado[4].Fig. 5. MAG. n. 8.310.

6.- Escarabeo en montura basculante

Está enmarcado en oro. Se ha perdido el anillo al que iría unido[1].

Procedencia: Necrópolis Laurita.

Material: A causa de la incineración[2] no se puede precisar entre hueso o colmillo, pero no es materia inorgánica[3].

Medidas: 1,7 cm de largura, 125 cm de anchura, 0,60 cm de altura.

Contexto arqueológico: Vaso de alabastro[4] con carte­la del faraón Sheshonq III y un plato de barniz rojo, todo perteneciente a la tumba n. 16 de la necró­polis «Laurita».

Los escarabeos montados en oro son de tradición egipcia, al igual que los que llevan como elementos decorativos un motivo como la roseta. El período en que se conocen estos tipos en Egipto comprende el Imperio Medio y el Saíta[5]. Por ello se considera de origen egip­cio, aunque hay algunos ejemplares detec­ta­dos en Cartago[6]. Cronología aproximada: Siglo VIII[7]. Fig. 6. MAG. n. 8.311.

7.- Escaraboide

Material: Pasta vítrea verdosa, de sección semi­circu­lar[1]. Medi­das: 1,40 cm de largura, 0,85 cm de anchu­ra, 0,45 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis «Laurita», tumba n. 20.

Contexto arqueológico: Apareció en vaso de ala­bastro junto con restos humanos incinera­dos, pertene­ciente al faraón Osorkón II, oinokoe pirifor­me, oino­koe con boca en forma de seta, y anillo de cobre y restos. Posiblemente se utilizó como amuleto.

 Anverso: Presenta superficie lisa. Tiene agujero lon­gi­tu­dinal de suspensión.

 Reverso: Leyenda jeroglífica perfectamente legible. La lectura interpretación nos la ofrece Padró[2]. Las equi­­valencias fonéticas son: (leyendo de izquierda a dere­cha y de arriba abajo) el h, el n y el sw; debajo, pri­mero dos t, y el nb en la  parte inferior. Se puede indicar una interpretación como «Jonsu, Señor del Doble País». Este tipo de escara­boide se encuentra tes­tado en Cartago[3]

Esta pieza se considera como la forma más próxi­ma en su evolución tipológica a la de los escarabeos[4]. Fig.7.

Cronología aproximada: Finales del siglo VIII y co­mienzos del VII. MAG. n. de registro 8.318.

8.- Escaraboide en anillo basculante

Material: Se desconoce. Está enmarcado en oro y montado en anillo de oro.

Medidas: 1,80 cm de largura, 0,85 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Con­servación: Muy buena.

Contexto: Un conjunto de dos pendientes[1] y ani­llo basculante se halló en el interior de un vaso de ala­bastro con inscripción jeroglí­fica y cartela de Take­lot II en la tumba n. 1.

Lugar de conservación: En poder de un particu­lar[2].

Cronología: Finales del siglo VIII a. de C.

9.- Escaraboide

Material: Por los indicios puede identificarse como hueso, ya que la esteatita no suele es­triarse[1].

Medidas: 1,50 cm de largura, 0,85 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Monte Velilla, en las cercanías de y a levante de la ciudad.

Contexto arqueológico: Probablemente pertenez­ca a un conjunto de materiales halla­dos en la ladera del citado Monte de Velilla, donde se han localizado otros materiales de singular importancia, como el estudiado por Blech[2], catalogable como fenicio.

Al mismo tiem­po, los materiales secundarios han apare­ci­do con cierta frecuencia en el desmonte para las nuevas construcciones practicadas en dichos Mon­te[3].

10.- Escarabeo

Material: Jaspe (o sílex)[1].

Medidas: 1,35 cm de largura, 0,99 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis fenicia de Monte Velilla.

Contexto arqueológico: Se desconoce, pero tene­mos noticias de materiales cerámicos cuando se remo­vie­ron las tierras donde apa­reció[2].

 Anverso: Protórax y élitros marcados con simples y suaves incisiones. Tiene su agujero   longitudinal de suspensión obturado.

 Reverso: Es amorfo a consecuencia de su utilización moderna. Presenta señales de   fractu­ras. Cronología: Se puede dar una aproxima­ción: Los materiales hasta ahora  descubiertos en esta necrópo­lis son anteriores al siglo V a. de C.

Lugar de conservación: Se encuentra en poder de una familia de Almuñécar. Fig. 10.

Aparte de la aparición de todas estas piezas, es nece­sario indicar aquí que se tienen noticias de la existen­cia de otros ejemplares de los que tan sólo se han podido recabar algunas indicaciones sobre sus características formales[3].

La primera pieza es un escaraboide enmarcado en oro. Sus medidas nos son desconocidas. La indicación de su desaparición fue hecha por los obreros[4]. La peculiaridad de ser oro el enmarque, nos puede servir de guía para establecer alguna relación con las otras piezas de la misma necrópo­lis. Ello nos daría pie a poder establecer una cronología similar a la de las piezas de estas características, fijándola en la segunda mitad del siglo VIII. En cuanto a su procedencia, hay que decir que, por la misma razón antes expuesta, debe considerarse procedente de Egipto, aunque se hayan dado algunas también en Cartago.

Una segunda pieza, de diferente composición, fue probablemente hallada en la tumba excavada por el Profesor Pita Andrade. Se trata de una pieza que por los indicios, pasta yesosa[5], da indicios de asemejarse, en color, a la n. 9 de nuestra catálogo. Por ello se puede indicar que su material fuera más bien hueso.

En cuanto a su cronología, se piensa que si, por razones obvias, la tumba es del siglo VIII, se induce que la pieza lo sea igualmente también.

Según Pellicer[6], este escaraboide tiene forma semiesférica, y como dibujo en el campo, una roseta.

En cuanto a paralelos, nos indica que en Rabs y Douïmes se da este tipo con cierta frecuencia, y que se encuentran estudiados y catalogados por Delattre y Gauckler.

Conclusiones

Es conveniente hacer una clara distinción entre los escarabeos de la necrópolis Laurita, la de Puente del Noi y la del Monte de Velilla.

Las diferencias no se marcan sólo por las diferentes cronologías, sino también por los materiales tanto del escara­beo como por el engarce y montaje. En las piezas de la necrópolis Laurita se utiliza, como material del escarabeo, la esteatita, hueso (piezas nn. 5 y 6) y pasta verdosa (pieza n. 7 (?)).

En Puente del Noi se utiliza la calcedonia (piezas nn. 1, 2, 3) y la esteatita (pieza n. 4). En la necrópolis de Monte de Velilla se utiliza el hueso y el jaspe (piezas nn. 9 y 10).

En cuanto  al material de engarce y montaje, en la Laurita se utiliza en los ejemplares nn. 6 y 8; mientras que en Puente del Noi tan sólo se da en la n., 4, y en la n. 5 tenemos plata. No hay noticias sobre el uso de este material noble en Monte de Velilla, pero se tienen testimonios de su uso en otras piezas, como colgantes[1].

Hay noticias de existencia de otros escarabeos en los que se utilizó este metal.

En Puente del Noi es menor la cuantía de las piezas de oro. Por el contrario Laurita muestra más frecuencia en su uso. De aquí se puede deducir que la crono­logía más antigua está más vinculada a la importación por parte de los fenicios, de los materiales originarios de Egipto.

Esta es la tesis que se mantiene como más probable dentro de la variedad de los tipos de escara­beos que se han dejado ver en Occidente. No se olvide que el tipo de fenicio que comercia con los aborígenes ibéricos comercia con los produc­tos que compra en Oriente.

No es, en general, manufacturero, sino comer­ciante; por lo que se estima que los escarabeos, al igual que muchas otras piezas, son compradas en Egipto y vendidas o intercambiadas en Iberia.

En cuanto al sentido totémicoreligioso de los escarabeos hay que decir que, según los indicios que tenemos, todo indica que formaban parte de collarines, y como tales iban, portadores de todos aquellos elementos que servían para preservar de las fuerzas o manifestaciones negativas. Por ello, al igual que en el mundo egipcio, el escarabeo funciona como amule­to, fenómeno que se da hoy en algunas manifestacio­nes religiosas.

NOTAS

[1] M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica del Cerro de San Cristóbal (Almuñé­car, Grana­da), Exca­vacio­nes Arqueológicas en España, 17, Madrid, 1963.

[2] F. Molina Fajardo, J. Padró i Parcerisa, Nuevos materiales procedentes de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Almuñécar Arqueología e Historia, pp. 53-54.

[3] A. Ruiz Fernández, Elementos egiptizantes de la historia antigua de la ciudad de la Sex fenicio-púnica de la ciudad de Almuñécar, Motril, 1982, Art. 224-230.

[4] Fernando Gervilla Linares, Gemólogo Diplomado por la «Gemmological Association of Great Britain». Ayudante L.R.U. del Depar­tamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Granada.

[5] Escarabeo elaborado con calcedonia (variedad microcrista­lina del cuarzo: SiO2). Presente un color rojo ladrillo oscuro, con una estructura interna irregular. Dentro del grupo de la calcedo­nia, se clasifica como la variedad denominada Sardo. A las variedades rojizas de calcedonia se las suele denomi­nar también cornalina.

[6] F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández, C. Huertas Jimé­nez, La necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, Almuñécar en la antigüedad, Granada, 1982, p. 35-36 fig. 11, láms. 12-13.

Nota.- Este escarabeo fue recuperado gracias a la colaboración de la profesora del I.B. de Almuñé­car, Catedrática de Latín, Dª Concepción Jurado, quien intervino de forma decisiva cuando unos desaprensivos trataban de saquear la citada tumba del sector A, en ausencia nuestra.

[7] J. Padró y Parcerisa, Egiptian-type Documents from the Mediterranean Littoral of the Iberian Peninsula before the Roman Conquest, «Études Préli­minaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain», 56, vol. I, p. 55 lám. XXV, 1.

[8] G. M. A. Richter, Engraved Gems of the Greeks and Etrus­cans, A History of Greek Art in Miniature, Londres, 1968, passim; P. Zazoff, Etruskis­che Scarabäen, Maguncia, 1968, passim; Id. Scarabäen, n. 241, p. 125, lám. 46, es un escarabeo muy similar al que aquí se estudia.

[9] Escarabeo elaborado con calcedonia. Presenta un color rojizo claro de aspecto traslúci­do, y está atravesado por varias bandas de un color rojo más intenso en posición diagonal. Dentro del grupo de la calcedonia se clasifica como la variedad denominada carneola (o carneolina).

[10] F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández, C. Huertas Jimé­nez, op. cit., pp. 44 y 50; F. Molina Fajardo, J. Padró i Parcerisa, Una sepultura con amuletos de tipo egipcio de la necrópolis de Puente de Noy (Almuñécar, Granada), Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 120, fig. 2, n. 26.

[11]  J. H. Hernández, J. Padró i Parcerisa, Escarabeos del Museo Arqueoló­gico de Ibiza, «Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza», 7, Madrid, 1982, pp. 86-90.

[12] Escarabeo elaborado con calcedonia.  Presenta un color rojizo claro de aspecto traslúci­do con una estructura interna caracterizada por un moteado rojizo disperso por todo el escara­beo. Dentro del grupo de la calcedonia se clasifica como la variedad denominada carneola (o carneoli­na).

[13] F. Molina Fajardo et alii, Almuñécar…,op. cit., pp. 141142, fig. 80, lám 16., y pp. 140-147.

[14] En esta tumba no hubo reutilización, sino doble enterramiento. Hay que hacer constar que el responsable de esta excavación no supo comprender que la forma presentada por el primer enterramiento no era como él suponía. Por esta razón fue rota una estructura de cal que moldeaba su forma. En nueva versión sobre esta excavación se prepara el dibujo con el tipo de lecho del primer cadáver.

[15] P. E. Newerry, Catalogue Géneral des Antiquités Egyptiennes du Musée Du Caire, Scarab-shaped Seals, Londres, 1907, lám. IX, n. 36.457; W. M. F. Petrie, Naukratis, Part I, 1884-85, «Memoirs of the Egypt Exploration Fund», 3, Londres, 1886, lám. XXXVII, n. 122; J. Vercout­ter, Les Objets Egyptiens et Egyptisants du Mobilier Funéraire Carthaginois, «Bibliothèque Archéologique et Historique», XL, Paris, 1945, pp. 109-110, lám. II, nn. 61-63, y p. 248, lám. XIX, n. 690; J.H. Fernández, J. Padró i Parcerisa, Escarabeos del Museo Arqueológico de Ibiza, «Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza», Madrid, 1982, n. 11, pp. 56,57 y 73; H. B. Walters, Cathalogue oh the Engraved Gems and Ca­meos,Greek, Etruscan and Roman, in the British Museum, Londres, 1926, p. 44, lám. VI, nn. 359; J.H. Fernández, J. Padró i Parcerisa, Escarabeos del Museo…, op. cit., nn. 12 y 13, pp. 57-62, 73 y 75, 28-56, 177-185; L. Siret, Villaricos y Herrerías, Antigüedades púnicas, romanas, visigóticas, Memoria descriptiva e histórica, «Memorias de la Real Academia de la Historia», XIV, Madrid, 1907, p. 83, n. 459, p. 86, n. 462, láms. XVI, 37, n. 4, XIX, n. 7; W. Culican, Phoenician romains from Gibraltar, The Australian Journal of Biblical Archaeology, 1, 5, Sidney, 1972, p. 115, lám. XXIV, fig. 3, y p. 135; J. Padró i Parcerisa, Los escarabeos de Emporion, Miscelánea Arqueológi­ca, XXV Aniversario de los Cursos Internacionales de Prehistoria y Arqueología en Ampurias (1947-1971), II, Barcelona, 1974, pp. 116-119, n. 3, fig. 2, n. 2.

[16] Escaraboide. En diapositiva muestra un color rojo con brillo mate. Su aspecto parece indicar con está elaborado con esteatita.

[17] F. Molina Fajardo et alii, op. cit., pp. 141-142, n. 3, fig. 80, láms. 14-15.

[18] M. Pellicer Catalán, op. cit., pp. 16 y 18, fig. 9, n. 5; J. Padró y Parcerisa, Materiales egipcios del Cerro de San Cristóbal, Almuñécar (Granada), Hallazgos de la Campaña de 1963.

[19] Escaraboide incinerado, aunque no está calcinado. Ha sido elaborado con esteatita. Con este nombre se denomina a una variedad de talco (Si4O10Mg3(OH)2) de grano fino compacta. Este material raramente es puro y con frecuencia presenta contenidos relativamente importantes de otros silicatos como clorita ( Si4-xAlxO10(mg, Fe­,Al)3(OH)2Mg3(OH)6), moscovita (Si8O20Al4(OH)4K2) y/o tremolita (Si8O22Mg5(OH)2Ca2).

[20] M. Pellicer catalán, op. cit., pp. 18, 52, 62, figs. 9, 5, lám. XIX, 1; Id. Madrider Mitteilungen, 4, pp. 12, 33, 35, fig. 8,4, lám. 8b; Fernandez Chicarro, VIII CNA., P. 106, lám. 17; Díaz Este­ban, Sefarad, XXV, 2, p. 284; M. Blázquez Martínez, Tartessos, p. 195, lám. 44A.

[21] Contexto de su hallazgo. Con motivo de la construcción del nuevo Barrio de los Marinos, fue localizada esta tumba por parte de los obreros. El número indicado para ella fue el 3. La fecha en que este hallazgo se realizó fue marzo del ’63. Los materiales fueron recogidos por la familia Prieto Moreno. Posteriormente intervino el profesor Pellicer, quien organizó dentro de lo que la situación le permitió, el desaguisado organizado por la inexperiencia de la gente que primero intervino. Entre las piezas recuperadas de este primer enterramiento fueron hallados dos vasos de alabastro. En el interior de uno de ellos fue hallado, junto con restos humanos de incineración, un anillo de plata con escarabeo basculante y una cuenta de serpentina.

La fecha indicada para esta pieza se ha marcado a partir de la datación propuesta por Pellicer para la fase más reciente del yacimiento: finales del siglo VIII, comienzos del VII. El factor determinante de esta cronología lo constituyen los dos kotyloi protocorintios de la tumba 19 (cfr. Pellicer, Cerro de San Cristóbal, p. 65). J. Leclant, E. Cuadrado y P. Cintas se han pronunciado posteriormente en el sentido de subir la cronología, sobre todo de algunos materiales que no se pueden encajar en fechas tan recientes. Por su parte J. Ferron, a raíz del estudio realizado sobre la inscripción que tiene el alabastrón hallado en la tumba n. 3, piensa que se debe fechar, subiendo como máximo, a finales del siglo VIII.

En cuanto a una fecha absoluta, debido a su estado de conservación, no se puede precisar, aunque incluso así, todo dato absoluto es una tanto arriesgado aventurar. El escarabeo está completamente alterado por la incineración del conjunto de la urna. Hoy escarabeo y anillo están separados.

En cuanto a los tipos paralelos, Pellicer mantiene que esta modalidad de escarabeo montado en anillo es de origen púnico. Sin embargo se da con mucha frecuencia en Egipto. Por ello se piensa que su origen de egipcio.

[22] M. Pellicer Catalán, op. cit., p. 24, fig. 24, n. 3, lám. XIX, n. 2; Id. Madrider Mitteilungen, 4, pp. 12, 23, 35, fig. 15, lám. 8, a.; Díaz Esteban, Sefarad, XXV, 2, p. 286; Blázquez Martínez, Tartessos, pp. 194 ss., lám. 86A.

[23] Como se ha visto en el análisis, este escarabeo presenta una montura de oro rota en el extremo que se corresponde con el clípeo. Puede considerarse dentro del tipo II, con el protórax indicado. Su perforación longitudinal de suspensión queda al descubierto a consecuencia de la rotura en el  extremo que coincide con el clípeo. En su base muestra otra ligera alteración. En su reverso, dentro de lo alterado que se encuentra, hay indicios de una forma que se asemeja a una roseta, y que ocupaba todo el campo.

[24] Escarabeo o escaraboide calcinado. El anverso se encuentra perforado y parte del material se ha perdido. El reverso se conserva algo mejor y en él se observa una estructura porosa que recuerda un material orgánico (hueso o colmillo). El hecho de que parte del anverso se haya quemado también apoya esta idea, ya que el material pétreo no se habría calcinado.

[25] Dentro del vaso de alabastro perteneciente a este faraón apareció el escarabeo, junto con los restos humanos incinerados. Esta circunstancia nos induce a pensar que los escarabeos que aparecen en urnas cinerarias formaban parte del atuendo personal del individuo con que se halla. Por ello inducimos que podría servir como amuletos.

[26] C.G.C. Newberry, op. cit., lám. XIII, líneas 4 y 5; Petrie, Bouttons, pp. 15 ss.; Gadner, Naukratis II, lám. XVIII, 3.

[27] Vercoutter, op. cit., n. 320, p. 173.

[28] Por las características cronológicas del conjunto de materiales que se hallaron en el interior de esta tumba, la fecha más acertada, dada la casi cronología absoluta de las restantes piezas, es segunda mitad del siglo VIII.

[29] M. Pellicer Catalán, op. cit., pp. 38 y 40, lám. XVIII, n. 1, fig. 34, n. 4; J. Padró i Parcerisa, Materiales egipcios del Cerro de San Cristóbal, Almuñécar (Granada). Hallazgos de la Campaña de 1963, Almuñécar arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 28-30; Cfr. Petrie, op. cit., lám. LVII, 30, 2; Erman und Grapow, Wp. II, p. 330.

Nota.-Este escarabeo no ha podido ser observado directamente, por lo que la descripción material es sólo aproximativa. Se dispone de la información proporcionada por M. Pellicer Catalán, que fue quien practicó la excavación. En el Museo Arqueológico de Granada no está expuesta esta pieza en vitrina y se ignora si está en depósito.

[30] J. Padró y Parcerisa, Materiales egipcios del cerro de San Cristóbal, Almuñécar (Granada), Hallazgos de la campaña de 1963, Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, pp. 29-30.

[31] J. Vercoutter, Objets egyptiens, op. cit., pp. 92 y 176; CGC, Nweberry,  op. cit., lám. X, nn. 36.609, 36.623, 36.626,36.879 y 36.914, pp. 153, 157, 221 y 229; J. Vercoutter, op. cit., p. 145, n. 211, p. 146, n. 212, pp. 180, nn. 385-387, p. 299, n. 854; id. pp. 92 y 176.

[32] Vercoutter, op. cit., pp. 92 y 176.

[33] F. Molina Fajardo, J. Padró y Parcerisa, NUEVOS MATERIALES PROCEDENTES DE LA NECRÓPOLIS DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL, Almuñécar Arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 45-55.

[34] Se sabe que la primera fase de descubrimiento de la necrópolis Laurita tuvo desgraciada fortuna. De las 20 tumbas tan solo de la n. 11 en adelante pudieron ser estudiadas con detalle y precisión. De las primeras tan sólo restan los materiales que se menospreciaron por ser de cerámica fragmentada. En manos de desaprensivos se encuentran ejemplares que van desde ánforas de alabastro hasta pendientes de oro, amuletos, anillos y un largo etcétera. Para la recomposición y estudio se ha tenido que indagar entre las personas que directamente estuvieron relacionadas con el inicio del proceso de obras en el área, así como entre los obreros y amigos de los obreros. Es de agradecer a Molina Fajardo el esfuerzo que en esta dirección de recuperación de datos importantes ha llevado a cabo.

[35] Presenta numerosas estriaciones longitudinales, características de materiales tipo hueso.

[36] Michel Blech, El colgante de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 43-46.

[37] F. Molina Fajardo, C. Huertas Jiménez, Vasos cerámicos de la necrópolis fenicio-púnica del Cerro de Velilla, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 33-44. F. Molina Fajardo, El Bronce Final y la Colonización Fenicia, Almuñécar Arqueología e Historia, Granada, 1983, p. 33.

[38] Escarabeo elaborado en jaspe (o sílex). Se denomina así a una variedad microcristalina de cuarzo (SiO2) que suele contener abundantes impurezas. En ocasiones este material se incluye dentro del grupo de la calcedonia. El escarabeo es de color pardo uniforme sin ningún tipo de estructura interna significativa. Muestra en un lateral una clara fractura concoidea.

[39] Información proporcionada por D. José López, obrero de la finca donde apareció, quien nos facilitó los datos contextuales que nos faltaban.

[40] Se tiene constancia de que varios ejemplares han ido a aparar a manos extrañas; unas se nos han perdido a todo control, otras han sido localizadas y, con cierta dificultad, estudiadas. Así, el profesor Pellicer nos habla en su obra primera sobre esta excavación, en p. 6, consiguiendo la información de los operarios que trabajaban en la empresa constructora.

Nos indica el citado profesor que el primero de los escarabeos indicado por los obreros estaba enmarcado en oro, por lo que se considera dentro de los tipos clásicos existente en esa época en Egipto. En cuanto a su cronología, no se puede precisar, pero lógicamente se puede encuadrar dentro de la necrópolis en general, y de la segunda mitad del siglo VIII a. de C., si se considera que todas las enmarcadas en oro se encuentran dentro de esa cronología.

Otra pieza de escaraboide se cita a propósito de la visita del profesor Pita Andrade, quien intervino primeramente en el hallazgo de la necrópolis antes de que fuera encargado de la excava­ción el profesor Pellicer (cfr. Excavaciones en el Cerro…, op. cit., p. 63, nota 156. La tumba donde apareció esta segunda pieza fue la n. 2, excavada por el profesor Pita.

[41] M. Pellicer Catalán, op. cit., p. 6.

[42] Padró, Materiales egipcios…, op. cit., p. 27.

[43] Pellicer, op. cit., p. 63, nota 156.

[44] M. Blech, El colgante de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia III, pp. 43-59.

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Antonio Ruiz Fernández, Licenciado en Filología Clásica. Catedrático de Latín de IES Cartuja de Granada, Dr. en Historia Antigua por la Universidad de Granada.

Fernando Gervilla Linares, Gemólogo Diplomado por la «Gemmological Association of Great Britain». Ayudante L.R.U. del Depar­tamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Granada.

Granada, 18 de Mayo de 2.019.

NECRÓPOLIS FENICIA DE PUENTE DEL NOI (ALMUÑÉCAR, Granada). ESTADO DE LA CUESTIÓN. ADDENDA.

INTRODUCCIÓN Y OBSERVACIONES        

La necrópolis fenicia de Seks sobre Puente del Noi se empieza a explorar sobre el año 1979.

Se hacen los primeros registros a partir de la fecha indicada, y se prepara el terreno para que en los años sucesivos se inicie una excavación sistemática.

Se llega a la conclusión de que tal presupuesta necrópolis se encuentra emplazada en torno al emplazamiento del actual IES de Almuñécar (Antigua Sexi), junto con las restantes colinas que conforman este panorama agrícola.

En los escarceos, casi furtivos, se localizaron sobre el campo de deportes del Centro Escolar, una secuencia de cinco tumbas que fueron excavadas de forma poco o nada ortodoxa. Posteriormente los materiales hallados fueron considerados como de superficie, aunque pertenecían a tumbas con un formato muy similar a las posteriormente excavadas.

Ya en el año 80 se iniciaron las excavaciones sistemáticas, dividiéndose toda aquella zona en varios sectores: A (desordenada), B, C, D y E.

En esta nueva exposición tratamos de ordenar y rectificar bastantes errores cometidos en la excavación e interpretación tanto de las tumbas como de los materiales hallados.

Así pues, la mayor parte de los materiales, que se van a exponer aquí, son una selección de los que se encuentran en un estado casi completo o completos. No se van a repetir los fragmentos ni las interpretaciones. Ya fueron publicadas en 1982 y, por tanto, nos limitamos a corregir bastantes errores de interpretación e intentar completar o añadir los elementos arqueológicos que no se llegaron a publicar por prisas en la preparación de los documentos, y se quedaron esperando para que, en las próximas, salieran a la luz; cosa que no ha ocurrido, como ha quedado bien patente con el paso del tiempo en posteriores publicaciones.

En este trabajo se incluyen las tumbas fenicias casi completas en dibujos aislados y, a veces, con materiales in situ. Las fotos que se incluyen no coinciden, en muchos casos, con los dibujos, debido al fenómeno de la perspectiva. El dibujo aparece ortogonal, mientras, que la foto muestra la tumba, en muchos de los casos, en forma panorámica.

Como la mayoría de los materiales ya están publicados desde 1982, nos centramos mucho más en el fenómeno enterramiento. De ahí que mostremos sólo los materiales que se conservan, como se ha indicado, lo más completos posible.

Con relación a la interpretación de las fases de excavación, hay que explicar elementos que han sido sistemáticamente mal interpretados. Así, la Necrópolis no se suele denominar fenicio-púnica. Son en realidad dos palabras sinónimas, pero tienen una interpretación diferente. Fenicio es originario de Fenicia, región de donde proceden, púnico es cartaginés, territorio emplazado en el norte de África, actual Túnez.

Los enterramientos de esta zona son fenicios originarios; no son de la comunidad procedente de Cartago. Véase el ajuar funerario y se podrá observar que forman parte de los elementos comerciales usados por los fenicios en sus intercambios comerciales con los aborígenes de Almuñécar: los iberos o pueblos ibéricos del Sur. Los cartagineses vinieron a Hispania para reclutar un ejército y combatir contra Roma, como consecuencia de la Primera Guerra Púnica. No venían a montar una industria de salazones, sino a combatir desde aquí al enemigo que le había impuesto unas sanciones económicas insostenibles e insoportables para su economía y supervivencia.

Por esa razón los ajuares se ciñen más a elementos del comercio que  al tema de la guerra.

Otras de la razones que conviene aclarar es por qué aparecen las tumbas interrumpiéndose unas a otras, sobretodo en el Sector B. La explicación es coherente: los primitivos fenicios no mantenían un hábitat permanente en esta zona de la costa. Venían por temporadas y se establecían en campamentos temporales: llegaban en temporada adecuada para la pesca y se establecían en terrenos adaptados a sus costumbres. Evidentemente no se situaban sobre las zonas de las necrópolis, sino lejos de ellas. Los fenicios nunca hacían tumbas en lugares urbanos. Y el hecho de que aparezca esa gran cantidad de tumbas interrumpidas unas por otras, hace suponer que los que abrían una tumba nueva, ignoraban que debajo había otras; de ahí las superposiciones y roturas. Y la explicación es simple: cuando volvían al año siguiente, venía gente nueva que desconocía la topografía del lugar, y por eso se ven las citadas interferencias entre las tumbas.

Los mismo que ocurre en Bolonia (Baelo Claudia, Tarifa, Cádiz), con una población romana permanente, y otra población de temporada procedente del Norte de África. Esta zona debió experimentar una situación similar, sobre todo en los meses de gran actividad industrial.

Por esta razón se entiende que no hayan aparecido rastros de lo que podíamos considerar un núcleo urbano fenicio estable y permanente: hasta ahora no se ha encontrado nada en absoluto de urbanismo. Tan sólo hemos visto algo de mampostería en el recubrimiento de las paredes internas de algunas de las tumbas en Puente del Noi. Sería posible admitir que en las colinas cercanas hubiera habido algo de hábitat; pero tan sólo podemos ver sillares y sillarejo en la construcción de balates de las laderas de algunas de estas colinas; pero que, igualmente, podrían haber formado parte de una tumba fenicia destruida posteriormente. En conclusión; nada de elementos urbanos, al menos hasta ahora.

Sobre la factoría romana del Majuelo, en alguna de sus zonas se han practicado perforaciones intentando buscar algo de estructura industrial o urbana que justifique la presencia fenicia en este lugar. Sólo se han hallado restos cerámicos y nada más.

Nosotros nos vamos a centrar en la zona de Puente del Noi para exponer todo cuanto ha quedado inédito en publicaciones anteriores. Sobre la exposición se explicará todo cuanto, creemos, ha quedado sin aclarar.

TUMBA1Puente del Noi Sector A 1. pg copia

En esta imagen podemos ver el corte sobre el talud del terreno, donde se encuentra el campo de deportes del Centro Escolar. Tenemos las siluetas de dos de las tumbas que se encontraban en este lugar.

Adelantamos anteriormente que fueron muy mal excavadas, y que apenas se encontró su verdadero y exacto perfil y que no se pudo, por razones obvias, levantar la planta de ninguna de las cinco tumbas que aquí fueron halladas. Por otro lado, hay que decir que todas las plantas de edificio de este Centro Educativo (Instituto) se encuentran montadas sobre las estructuras de las tumbas fenicias de esta necrópolis.

TUMBA3Puente del Noi Sector A 3-4. pg copia

En esta imagen podemos observar los espacios que ocuparon las tercera y cuarta tumba de este imperfecto Sector.

TUMBA5Puente del Noi Sector A 5. pg copia

En esta imagen se ve mejor el hueco que ocupaba esta tumba, y de la que se extrajeron varias piezas de cerámica, que se verán más adelante, a continuación, y también hizo su aparición un huevo de avestruz completamente aplastado y que se recompuso con dificultad.

TUMBA6Puente del Noi sector 2-3-5A copia (2)

Y, por último, pudimos reconstruir cómo fue el perfil de tres de las tumbas que fueron identificadas como tales. Encajan perfectamente con la tipología que normalmente se detecta en el resto de la necrópolis.

Material T1 1ATumbas de Puente del Noi 8A (2) copia

En este dibujo podemos ver una pieza de las halladas en esas tumbas. Es un tipo de ánfora usada por los fenicios en los ajuares funerarios. Curiosamente se da la circunstancia de que es la única pieza de estas características que se ha encontrado en todas las tumbas descubiertas hasta el momento. Su tipo encaja con un posible origen griego.

Material T2 4A1Tumbas de Puente del Noi 11A copia

Aquí mostramos un elemento funerario muy común en la vajilla que en aquellos tiempos usaban los fenicios, y que, igualmente, es muy frecuente encontrar en las tumbas de esta necrópolis

Material T3 4A2Tumbas de Puente del Noi 11A copia

Esta es otra de las piezas halladas en esa zona arqueológica y que entra dentro de la misma tipología del resto del conjunto general.

Material T4 4A3Tumbas de Puente del Noi 11A

Similar pieza a las anteriores, con una forma de plato muy común en el resto de las piezas que se irán viendo en el conjunto de la publicación.

Material T5 5A3Tumbas de Puente del Noi 11A
Material T7 A,1,2,3,4,5Tumbas de Puente del Noi 6A (2) copia

Aquí podemos ver, en conjunto, platos fenicios en donde se ven las variantes tipológicas sobre todo en el fondo de la pieza y la forma de su borde.Platos fenicios de características algo diferentes a los anteriores. No se perfilan más detalles porque pueden verse en la publicación de 1982.

Material T6 5ATumbas de Puente del Noi 5A jarrita (2) copia

Pieza arqueológica interesante desde el punto de vista tipológico, porque es un elemento no muy común en los ajuares que se verán en los otros sectores. Este formato se denomina en griego oinochoe (jarrita para el vino).

Material T8 A3 aTumbas de Puente del Noi 3A Jarra (2) copia

Este modelo de jarra sí se da con frecuencia estadística en el resto de los ajuares que van apareciendo en la excavación de la necrópolis.

TUMBAS DEL SECTOR B

1-0Puente del Noi sector 1B copia (2)

El Sector B muestra una secuencia de numeración anárquica. Ello es debido al desconocimiento que se tenía sobre la existencia de estos elementos que, realmente, se encontraban dispersos y removidos por las expoliaciones que se han venido practicando a lo largo de la historia de este lugar, Y ello dará lugar a poder explicar el hecho de que las tumbas se interfieran unas con  otras, como se verá más adelante.

Esta tumba muestra un diseño diferente si la comparamos con las demás. Son así por la sencilla explicación de la falta de continuidad en la permanencia de la población fenicia, que se establecería en lugares cercanos, pero no junto a las necrópolis.

Normalmente consiste en una fosa excavada sobre un suelo de esquisto. Unas veces muestra una forma rectangular, sin escalones laterales; y otras, pueden llevar hasta escalones de mampostería en sus laterales, cabecera y pies, como se irá viendo en la exposición.

En este ejemplo podemos ver fosa simple (tipo I) sin escalones laterales.

1Puente del Noi sector 1B Detalle copia (2)

Perteneciente a la tumba nº 1, vemos esta ánfora fenicia que aparece sobre la cabecera de la misma y que formaba parte de ajuar funerario, que se colocaba fundamentalmente sobre cabecera y pies de la misma, aunque también se podía ver sobre cualquier punto de forma aleatoria. Normalmente se trataba de recipientes para comida y bebida. Así, es rara la tumba que no registre huesos de cabras, pero colocados usualmente en los pies de la tumba, como se irá viendo.

En la publicación de 1982 este elemento citado de ajuar no se cita en ningún momento, ni mucho menos se muestran los huesos de animales.

2-19Puente del Noi sector 2-19B 1NO copia

En este dibujo mostramos dos tumbas: la 2B y la 19B. Explicación: el desconocimiento sobre la situación que se esperaba encontrar en este espacio. En la 2B se han dibujado in situ algunas de las piezas que aparecieron según se iba profundizando en el lecho del enterramiento. Pero, si se observa la cabecera, pueden verse restos de los citados animales, que se colocaban como comida para la vida de ultratumba del fallecido: cabras sacrificadas para servir de alimento al difunto en la otra vida.

2Puente del Noi sector 2B detalle copia

Tumba nº 2. Formando parte del ajuar, aparecieron in situ dos platos fenicios y otros elementos del enterramiento, pero que no se reflejan aquí. Pueden verse en la enumeración de piezas de la publicación de 1982.

3Puente del Noi sector 3B copia (2)

La tumba nº 3 muestra una estructura de fosa con escalón lateral menos en su cabecera. Se extrajeron sus piezas sin realizar ningún dibujo sobre la misma. (Consultar la publicación citada cuando no se citen las piezas).

4Puente del Noi sector 4B (1) copia

En la tumba nº 4 pueden verse algunos elementos dibujados sobre su fondo en la cabecera. Pero lo más destacado es ver que el lecho de la tumba registra, sobre el pie de la misma, un espacio que ha debido pertenecer a otro enterramiento. Se cree que una tumba ha sido montada sobre otra ya preexistente, fenómeno que se verá con bastante frecuencia, como se podrá ver más adelante.

5-49Puente del Noi sector 49-5B copia

Tumba nº 5B y 49B. Aquí mostramos un caso típico de superposición de enterramientos. El más antiguo es el 49; el 5 es el más reciente. Los tipos de tumbas son distintos en su construcción. En el 5 se dibujaron algunos de los materiales que aparecieron. Cuando se construyó el 5, se rompió el 49, y, por tanto, éste es el más antiguo cronológicamente hablando. Esta explicación nos lleva a lo que se expuso al inicio, cuando se dijo que la población no era permanente, sino que se renovaba todos los años. Y por esos, los nuevos que venían, ignoraban que debajo ya preexistían enterramientos. Y por eso los rompen para sus nuevas tumbas.

5Puente del Noi sector 5B (2) copia

En este dibujo de detalle, perteneciente a la tumba nº 5, se muestran los objetos que aparecieron sobre la cabecera de la misma. Se trata de un quemador de perfumes o pebetero, y dos piezas de telar. Elementos muy comunes en los ajuares domésticos de las comunidades fenicias.

6-7-48Puente del Noi sector 6-7-48B (1) copia

Tanta es la irregularidad del sistema seguido en la excavación que aquí podemos ver una secuencia formada por las tumbas 6B-7B-48B. En realidad se encuentran unas junto otras. Sólo la 7B muestra algunos elementos dibujados in situ. Otro aspecto a considerar es el fenómeno de la superposición de las tumbas, de forma que se interfieren unas a otras. Lo antes expuesto: desconocimiento de que había tumbas preexistentes sobre aquel terreno. Y todas están interferidas. Como puede verse, aparecen muchas piedras que han sido removidas por las expoliaciones a través del tiempo.

7Puente del Noi sector 7B (2) copia

Tumba nº 7B. Podemos ver, dibujado sobre la cabecera de la tumba, un oinochoe. El restos de materiales se pueden ver en la publicación de 1982.

8Puente del Noi sector 8B (1) copia

Tumba nº 8B. Caso típico de rotura de una tumba para montar otra en ese lugar. Las piedras removidas son indicios claros del saqueo. Pero, al pie de la misma, se ve parte del lecho de la tumba que ha sido rota para construir otra sobre ella, fenómeno muy corriente como se viene diciendo.

9Puente del Noi sector 9B copia (2)

Tumba nº 9B. Se trata de un enterramiento de medianas proporciones, con escalón lateral en torno al lecho.

10Puente del Noi sector 10B copia (2)

Tumba nº 10B. Es el tipo de enterramiento sin escalones laterales. Una simple fosa excavada sobre el esquisto.

11-1Puente del Noi sector 11B 1 copia (2)

Tumba 11B. Se trata de una fosa con escalones laterales sólo a los lados. Se observan, en el centro, los restos de un cadáver en posición. Extrañamente no han sido descolocados en el saqueo. Pueden verse, a los pies de la tumba, restos de huesos de cabra. Hay también, en la cabecera, una vasija aplastada por la presión, y algunos elementos cerámicos formando parte del ajuar funerario. La cabecera de la tumba esta formada por un murete de mampostería, que le sirve de encuadre de la misma. En su lado izquierdo tenemos piedras removidas por el expolio. A la derecha podemos ver el murete que sirve para separar esta tumba de la que se ha construido a su lado. Es claramente una interrupción.

11Puente del Noi sector 11B copia (2)

Tumba 11B (Detalle). Obsérvese cómo ha sido reforzada la cabecera para darle consistencia a esta  parte de la tumba, y el tipo de aparejo utilizado, que se asemeja bastante al usado por los romanos, aunque aquí se usa, además del sillarejo, con argamasa que se deja ver al exterior.

En esta tumba podemos ver la posición del cadáver, que apenas ha sido removido. A los pies observamos los huesos de cabra, cosa habitual en estos enterramientos. Los otros elementos de ajuar han  sido retirados sin dibujar incomprensiblemente, porque deben ser reflejados en la planimetría de la tumba. En la parte inferior derecha se ven los restos de murete para separar y sostener una tumba antigua de una más reciente, como se viene comprobando en casi todo este Sector.

13Puente del Noi sector 13B (2) copia

En este ejemplar de tumba (tipo I) no se reflejan ni restos humanos, ni materiales de ajuar. Debió ser tapada con lajas de piedras de cierto tamaño, y pensamos que toda la tumba estaría cubierta con este elemento. En la cabecera se ven restos del inicio de otra tumba que estaría casi pegada a esta tumba en cuestión, por lo que decimos sobre las interferencias en esta zona.

14Puente del Noi sector 14B (1) copia

En esta tumba, 14B, aparte de su estructura con lecho escalonado sólo en sus laterales, hemos podido mostrar algún elemento del ajuar funerario. Pero insistimos en la rotura que se ve en el extremo superior derecho, donde se observa que la tumba situada por encima en el terreno, llega a romper la esquina de ésta. También, en su lateral derecho, se hay acumulado material desmontado en el expolio de la misma.

15Puente del Noi sector 15B (2) copia

De esta tumba (15B), tan sólo podemos mostrar el lecho, algo irregular quizá por la dureza del terreno de silicatos. No se han podido dibujar materiales in situ.

16Puente del Noi sector 16B (1) copia

Tumba 16B, escalonada en sus laterales y escasamente en los pies de la misma. Obsérvese, en su parte superior izquierda, cómo la tumba situada por encima en el solar, abre un pequeño lecho; lo que nos indica que en la construcción de esta tumba (16B) se interfirió con otra situada justo por delante.

17-1Puente del Noi sector 17B (1) copia

En la tumba 17B se hace ver que, cuando fue construida, se rompió la que está situada por encima de su cabecera. Véase cómo se continúa un lecho tanto en su parte izquierda como derecha. Los restos humanos apenas han sido tocados. Los materiales de ajuar se encuentran en su sitio, aunque sobre el escalón lateral derecho podemos ver el dibujo de una pieza que apareció desplazada de su lugar apropiado. Ello indica que esta tumba no se libró del expolio.

18-0Puente del Noi sector 18B 4 copia (2)

Esta tumba (18B) es una de las mayores de este Sector B. Pero lo que más se resalta es el expolio que sufrió. El lecho se encontraba totalmente cubierto con lajas de piedra de cierta consideración. Los restos humanos, aquí no dibujados, se encontraban dispersos, al igual que los elementos de ajuar. Y, como puede observarse, también fue rota la tumba que se encuentra a los pies de la misma. Su lecho se encuentra recubierto con muretes de mampostería en sus cuatro lados.

18-1Puente del Noi sector 18B 1 cabecera (2) copia

Sección de la cabecera de la tumba 18B. Obsérvese el tipo de aparejo que recubre el lecho en su parte superior o cabecera.

18-3Puente del Noi sector 18B 2 pie (2) copia

Pie de la tumba 18B, muy similar por su aparejo al de la cabecera.

18-4Puente del Noi sector 18B lateral derecho copia (2)

Tumba 18B. Vista lateral donde se aprecia el revestimiento con aparejo de sillarejo.

18-4Puente del Noi sector 18B lateral izquierdo)

Tumba 18B. Vista del sillarejo de otro de sus lados.

20Puente del Noi sector 20B 1 (2) copia

Tumba 20B. Es el tipo más corriente por su forma. No se dibujó ningún material in situ.

21Puente del Noi sector 21B (1) copia

Esta tumba muestra escalón lateral en todo el entorno de su lecho. Tan sólo se ha dibujado un elemento de ajuar cerca de su cabecera.

22Puente del Noi sector 22B 1 (2) copia

Esta tumba muestra el fenómeno de haber sido interrumpida por otra más moderna. Aparece un objeto de ajuar y piedras sobre el pie indicando que ha sido expoliada.

23Puente del Noi sector 23B (1) copia

Aquí no se han detectado indicios de saqueo, pero tampoco se ha registrado material del ajuar. Como nota adicional también se puede decir que es una tumba construida, pero no usada; hecho que suele darse algunas veces. En este caso hay algunos elementos catalogados en la publicación de 1982.

24-0Puente del Noi sector 24B 1 copia (2)

La tumba 24B sí registra materiales de ajuar y restos humanos dispersos sobre su lecho. Probablemente el lecho estuviera cubierto con grandes lajas de piedra.

25Puente del Noi sector 25B (2) copia

La tumba 25B muestra unas características similares a la anterior. Además, fue rota en su cabecera por otra construida cerca de ella.

26-46Puente del Noi sector 26-46B (1) copia

Aquí vemos dos tumbas, o tres, según se mire. La 46B tiene justo debajo otra que, a su vez, ha sido rota para construir la 26B. Y al lado izquierdo de ésta se ve un murete de mampostería para dar consistencia a otra que había a su lado.

27-51Puente del Noi sector 51B copia

Dos tumbas (27B y 51B) con la misma tipología. Se nota que en la construcción de la última se rompió parte de la 27B, de la que hemos podido dibujar algunos elementos de ajuar.

27aPuente del Noi sector copia (2)

El enterramiento 55B no debe incluirse como tumba fenicia, ya que tiene todas las características de un enterramiento de incineración ibérico, sobre una pequeña fosa en la que se observa el casi superficial hueco donde se sitúa la urna o vasija.

28Puente del Noi sector 28B copia (2)

La tumba 28B forma parte del grupo de las típicas formas fenicias, con sus característicos escalones laterales en sus cuatro lados.

La tumba 29B constituye uno de los ejemplos más típicos de una tumba que corta a la otras casi por su mitad. La nueva tiene que ser reforzada con muretes de mampuesto para poderla asegurar con su entorno.

30-43Puente del Noi sector 30-43B NO (1) copia

En este ejemplo (30B, 43B) podemos ver muy bien cómo la construcción de la 30B rompe la estructura de la 43B, cortándole gran parte de su lado izquierdo. Lo que sirve como dato cronológico para afirmar que la 43B es más antigua que la 30B.

30-43Puente del Noi sector 30-43B NO (1) copia

En este dibujo mostramos dos tumbas (32B, 45B) de factura similar. La 45 conserva restos humanos desplazados a causa del saqueo. La 45B nos ha aportado unos cuantos elementos de ajuar funerario y las señales claras de haber sido expoliada.

32-45Puente del Noi sector 45B copia (2)

Tumba 32B. En su cabecera fueron halladas estas piezas de ajuar. Probablemente se trata de elementos como estuche de madera por las piezas de bronce encontradas, aparte de una lucerna bicorne, elementos de ajuar funerario.

33-0Puente del Noi sector 33B copia (3)

La tumba 33B ha dado un ajuar muy interesante como podemos ver. Al pie de la tumba apareció una vasija, tipo jarra, de cerámica. Y en la cabecera podemos ver dos platos típicos fenicios.

33aPuente del Noi sector 33B copia (1)

La tumba 33B ha dado una pieza como ésta. Se trata de la primera terracota encontrada en toda la necrópolis. Apareció en la parte inferior del lecho, junto con otros elementos del ajuar. Su descripción se detalla en la publicación de 1982.

34Puente del Noi sector 34B copia (2)

El dibujo 34B muestra uno de los casos en que las tumbas, en su construcción, se entrecortan unas a otras. Aquí vemos cómo el pie queda sesgado por la superposición de otra sobre el mismo espacio.

36-54Puente del Noi sector 54B (2) copia

En este plano de tumba dibujamos cómo dos tumbas (54B y 36B) se interrumpen una a otra. La 54B es más moderna porque es la que rompe a la 36B. Incluso en la 36B, en su pie, se observa que, la que hay por debajo, también la corta ligeramente.

38Puente del Noi sector 38B (2) copia

La tumba 38B muestra un ejemplar de jarra a pie del lecho. Pero no tiene escalones laterales.

39-0Puente del Noi sector 39B (2) copia

Esta tumba, con escalones laterales junto al lecho, nos ha proporcionado poder dibujar parte del ajuar funerario en su cabecera. El pie del lecho muestra que ha sido rota en parte para construir otra sobre ese espacio.

40Puente del Noi sector 40B copia (2)

La tumba 40B no muestra materiales de ajuar, pero sí el fenómeno de rotura en sus pies donde se levanta otra de las tumbas.

41-0Puente del Noi sector 41B 1 copia (2)

La tumba 41B muestra las siguientes características: elementos de ajuar a través de su lecho y escalones laterales. Además se observa un cierre artificial al pie del lecho para indicarnos que se ha tenido que romper otra tumba para dar consistencia a ésta.

41Puente del Noi sector 41B detalle copia

Detalle de la tumba 41B. Sobre la cabecera aparecen varios elementos de su ajuar, pero de una forma algo anárquica.

42Puente del Noi sector 42B copia (2)

Esta tumba, 42B, muestra escalones laterales alrededor de su lecho menos a los pies.

44-0Puente del Noi sector 44B PLANTA (2) copia

Esta tumba (44B) manifiesta el fenómeno del expolio de una forma muy palmaria. Disponía, en origen, de una cubierta con lajas de piedra a dos aguas, en forma de «V» invertida. Para evitar la entrada de aguas pluviales, se encontraba revestida de una capa de adobe rojo encima de todo su lecho. En su cabecera hay un murete de mampostería para dar consistencia a las lajas que formaban su cubierta. Es una de las más grandes del conjunto de este Sector B.

44-1Puente del Noi sector 44B CABECERA (2) copia

Tumba 44B. Detalle de su cabecera con lajas colocadas en la citada posición.

44-2Puente del Noi sector 44B PIE copia (2)

Tumba 44B. Detalle del pie de la misma, pero con las lajas ya removidas de su lugar. En su parte superior derecha podemos observar el lecho de otro enterramiento que ha sido superpuesto sobre esta tumba.

47Puente del Noi sector 47B copia (2)

Tumba 47B. Observamos dos cosas: parte de ajuar funerario sobre el pie del lecho; rotura en la parte izquierda de su cabecera, donde se ven indicios del lecho de otra de las tumbas adosadas. Y, sección del la tumba.

50Puente del Noi sector 50B copia (2)

Tumba 50B. Tan sólo podemos destacar la aparición de los huesos humanos del cadáver, dispersos sobre el lecho. Lo que indica su expolio, sobre todo.

52Puente del Noi sector 52B copia (2)

Tumba 52B. Expoliada y casi destruida en todo su conjunto. Todo parece indicar que su lecho estaba cubierto con grandes lajas de piedra por los restos que han quedado en su fondo. Pero otro fenómeno nos indica que la construcción de esta tumba provocó la rotura de otra anterior, como se puede comprobar en la cabecera de la tumba en cuestión.

53Puente del Noi sector 53B copia (2)

En el siguiente dibujo mostramos algo totalmente inédito y que nos muestra el plano general de este gran Sector. Aquí se ven perfectamente el conjunto de las tumbas y sus interferencias entre unas y otras, así como sus característica tipológicas.

Pensamos que, cuando se construía una tumba, dejarían alguna señal para indicar su presencia. Eso ha podido ocurrir en algunos lugares de los distintos sectores. Pero el hecho de dejar señales superficiales sobre su existencia, daba pie a que los expoliadores lo tuvieran más fácil para ejecutar sus saqueos. No obstante, parece que sí debieron existir tumbas con algún monumento funerario colocado como recordatorio encima de ella. Existen algunos datos arqueológicos de la existencia de tales monumentos.

Binder1_Página_4 2 PLANO SECTOR B copia

 

SECUENCIAS FOTOFRÁFICAS DEL SECTOR B

Al ver esta foto, lo primero que llama la atención es el desorden en que aparecen las tumbas excavadas recientemente. El procedimiento lógico es fijar las tumbas en un orden. Pero, como se verá, muestran un aspecto anárquico y desordenado en toda la zona de excavación. La razón ha sido explicada desde el principio de la descripción individualizada de los enterramientos. La comunidad humana no era estable ni permanente. Se renovaba por temporada y ello conlleva el desconocimiento del terreno y la ignorancia de que aquí ya existían personas enterradas. Excavan las fosas sobre tumbas preexistentes. Hecho que provoca lo que estamos viendo: unas tumbas interceptadas por otras y el consiguiente desorden y roturas.

Esta foto muestra algo más parecido a un laberinto que a una necrópolis fenicia. Esta parte de excavación muestra una fase posterior a la vista en la primera foto.

Aquí vemos cómo se entrecruzan los trazados de las tumbas y su recomposición mediante la construcción de muretes de separación.

Foto que muestra una situación tal que se pueden ver tumbas casi destruidas cuando se construyen nuevas.

1BPuente del Noi Sector B detalle 24. pg copia

Foto de detalle de la tumba 1B, donde se aprecia la posición de un ánfora fenicia in situ, situada sobre la cabecera del lecho funerario. Pero hace pensar que esta pieza ha sido desplazada con motivo de su saqueo.

3BPuente del Noi Sector B 3. pg copia

Aquí notamos cómo uno de los muretes funciona como elemento separador entre dos tumbas.

En la tumba 5B aparecieron un pebetero y dos pesas de telar que aquí mostramos.

Detalle de la tumba 5B. Ajuar funerario donde se aprecian dos elementos: un pebetero y dos pesas de telar, situados en la cabecera del lecho.

Detalle de la tumba 7B. Podemos ver en su cabecera del lecho un oinochoe o jarrita para servir vino.

11aBPuente del Noi Sector B 19. pg copia

Detalle de la tumba 11B. Vemos que la cabecera de la misma ha sido revestida con murete de mampostería. Todo el material ha sido retirado y sólo se ve el lecho con escalón lateral izquierdo, y derecho compartido con la tumba colindante.

11BPuente del Noi Sector D 17. pg copia

En fase anterior, la tumba 11B mostraba restos humanos dispersos, una jarra reventada por la presión y varios vasos más que conformaban el ajuar situado en la cabecera del lecho. El saqueo es evidente.

14BPuente del Noi Sector B 14. pg copia

En esta muestra vemos la tumba 14B con su lecho limpio y los escalones laterales.

18-13BPuente del Noi Sector B 5. pg copia

Esta tumba, 18B constituye uno de los ejemplos más claros del expolio sufrido a través de su historia. Todo indica que el lecho se encontraba cubierto con grandes lajas de piedra. El lecho estaba revestido con aparejo de sillarejo en sus laterales.

22BPuente del Noi Sector B 7. pg copia

Tumba 22B. A destacar sólo que comparte algo de su lecho inferior izquierdo con la tumba colindante. Hay indicios claros de su saqueo por el movimiento de las piedras.

23BPuente del Noi Sector B 15. pg copia

En esta tumba (23)B destacamos, por su forma, la separación entre ella y la que le precede; están separadas por un murete, confirmando la interrupción en su construcción.

24aBPuente del Noi Sector B 8. pg copia

Aquí (24B) hay que destacar el doble escalón lateral que se ve en la parte izquierda de la imagen.

24BPuente del Noi Sector B 21. pg copia

Detalle de la tumba 24B. en su lecho, en la cabecera aparecen dos platos fenicios como lo más relevante.

25BPuente del Noi Sector B 6. pg copia

La 25B muestra tan solo su lecho listo para fotografiar. Pero su cabecera nos da señales de una rotura en su parte izquierda.

27aBPuente del Noi Sector B. pg copia

Esta tuba (27B) no entra dentro de la tipología dominante de la zona. Es un enterramiento de incineración ibérico.

28BPuente del Noi Sector B 9. pg copia

Este tipo de enterramiento (28B) es el más frecuente entre las formas de tumbas aquí catalogadas.

32BPuente del Noi Sector B 11. pg copia

Por los indicios, sabemos que esta tumba (32B) estuvo cubierta con lajas de piedra. Detalle de ello se observa en la cabecera de la misma.

33Ba Puente del Noi Sector B 12. pg copia

Enterramiento (33B) más común dentro de las variantes que venimos observando.

Detalle de la tumba anterior (33B) donde podemos ver sobre el lecho en su cabecera, la única terracota que se ha encontrado en toda la excavación.

33BcPuente del Noi Sector B detalle 20. pg copia

Tumba 33B. Detalle de la foto anterior, donde se aprecia la terracota con más detalle.

38BPuente del Noi Sector B 13. pg copia

Tumba 38B. Tiene escalón en un solo lado. Interfiere, en la parte del pie de su lecho, a otra de las tumbas.

39BPuente del Noi Sector B 14. pg copia

Tumba 39B. Tiene escalones solo en dos lados. Su pie es interferido por otra tumba que la rompe.

44BPuente del Noi Sector B 16. pg copia

Tumba 44B. Sus lados están reforzados con muretes de mampostería, así como su cabecera. La cubierta estaba formada por grandes losas colocadas en forma de V invertida, recubiertas con adobe rojo para evitar las filtraciones de agua. Puede verse que ha sido expoliada.

45BPuente del Noi Sector B 17. pg copia

Tumba 45B. Observamos, a su izquierda, una tumba que se ha montado sobre otras probablemente anteriores. A su derecha, pueden verse, aparte de la tumba muy deteriorada, restos humanos dispersos.

52BPuente del Noi Sector B 18. pg copia

Tumba 52B. Tiene un lecho con bastante profundidad, y escalones ligeramente perceptibles. No tiene indicios de que estuviera tapada con losas de piedra.

 

 

MATERIALES ARQUEOLÓGICOS SELECCIONADOS ENTRE TODAS LAS PIEZAS HALLADAS

2BaPuente del Noi Tumba 2B copia
2BPuente del Noi Tumba 2B 1 copia
5BaPuente del Noi Tumba 5B 1 1 copia
5BPuente del Noi Tumba 5aC T5B copia
7BPuente del Noi Tumba 7B 1 copia
11BaPuente del Noi Tumba 14B es T11B copia
33BPuente del Noi Tumba 33B 1 al 12 copia
41BPuente del Noi Tumba 41B copia
44BPuente del Noi Tumba 44B 14 copia

SECTOR C

1Puente del Noi sector 1C copia (2)

Se va a hacer un una extensa exposición de las tumbas de este Sector, destacando sólo aquellas piezas que ofrezcan datos significativos para comentar. La tumba nº 1 no presenta en el dibujo nada destacado, aunque algunas cosas se verán tanto en fotos como en dibujos de materiales hallados y no dibujados in situ.

2-13Puente del Noi sector 2C 1 copia (2)

La tumba nº 13 no presenta nada en dibujo. Pero la tumba 2C, además de mostrar la forma destacada de su lecho, muestra un detalle que no se ha encontrado en ninguna de las hasta ahora excavadas: un depósito votivo independiente, situado en su cabecera, con un ánfora entre las piezas halladas.

2Puente del Noi sector 2C 1 copia (1)
3-6Puente del Noi sector 3-6C copia (2)

La tumba 3C aparece con los materiales muy removidos por el saqueo; huesos humanos, piezas de cerámica y, al pie del lecho, los restos de una cabra como resto de comida para el difunto. De la tumba 6C sólo contamos con parte de ella, porque el resto ha sido roto por la intersección con una tumba más reciente.

La tumba 4C es la más monumental de este Sector. Se conoce como tumba de Corredor. En su estructura se supone que llevaba cubierta de madera a dos aguas, de la que no quedan restos debido a su degradación por el tiempo.  Está formada por sillares de piedra porosa caliza. Su entrada, en rampa-corredor desemboca en una plataforma rectangular. En su parte frontal, vemos una especie de hornacina con carácter votivo. Los materiales de ajuar habían desaparecido por los diferentes saqueos que debió sufrir en el tiempo.

4-0Puente del Noi sector 4C copia (2)

Tumba 4C. Este alzado de sillares muestra en el centro la citada hornacina con carácter votivo. En su parte superior izquierda, vemos el corte de una tumba de fosa, que ha sido cortada cuando se construyó ésta. En la parte superior derecha se puede ver también la silueta de otra tumba de fosa, rota al construirse la 4C.

4-1Puente del Noi sector copia (2)

Tumba 4C Sección de uno de sus lados.

4-2Puente del Noi sector C copia (2)

Tumba 4C. Sección de otro de sus lados.

4-3Puente del Noi sector 4C 3 copia (2)

Tumba 4C. Sección lateral, marcando los sillares que la componen.

5-0Puente del Noi sector 5C(a-b) copia (2)

Tumba 5C. Se trata de un enterramiento doble. El primero, a la izquierda (a) de la imagen, es el que muestra gran cantidad de elementos de ajuar, destacando los huesos de cabra entre todos los elementos de cerámica . El de la derecha, más antigua (b), muestra en la cabecera, un ánfora completa; a los pies, aparecen platos, jarritos y restos de los huesos de cabra.

5-aPuente del Noi sector 5bC detalle copia (2)

Tumba 5C(a). Indicación de los diversos elementos que conforman el ajuar funerario.

5-bPuente del +Noi sector 5C cabecera y pie copia (2)

Tumba 5C. Cortes de las dos tumbas.

7Puente del Noi sector 7C copia (2)

Tumba 7C. Planta y sección.

8Puente del Noi sector 8C copia (2)

Planta y sección de la tumba 8C.

9Puente del Noi sector 9C copia (2)

Planta y sección de la tumba 9C.

10-14Puente del Noi sector 10-14C copia (2)

Tumbas 10C y 14C. La 14C, en su construcción, fue destruida parte de la 10C.

11-0Puente del Noi sector 11C copia (2)

Tumba 11C. Podemos ver el lecho con escalones laterales en sus cuatro lados.

11Puente del Noi sector 11C1 copia (2)

Sección de la tumba 11C.

12-0Puente del Noi sector 12C copia (2)

La tumba 12C nos muestra restos humanos dispersos en su lecho. Lo que indica que fue removida en su saqueo. Aparecen también algunos elementos de cerámica, como dos platos y una lucerna.

12-1Puente del Noi sector 12C 1 cabecera y pie copia (2)
12-2Puente del Noi sector 12C detalle copia (2)

Tumba 12C. Detalle de la cabecera, donde se pueden ver dos platos fragmentados, pero en posición, rotos por la presión de la tierra.

15Puente del Noi sector 15C copia (2)

Planta y sección de la tumba 15C.

16Puente del Noi sector 16C copia (2)

Planta y sección de la tumba 16C. El lecho muestra restos humanos dispersos por la expoliación.

17Puente del Noi sector 17-27C copia (2)

Planta y sección de la tumba 17C. Sobre el lecho podemos ver restos humanos en posición.

18-0aCaPuente del Noi sector 18C 1 (2) copia

Tumba 18C. Doble enterramiento superpuesto. El primero nos muestra restos humanos dispersos, elementos de cerámica en la cabecera, y restos de cabra a los pies del lecho.18-0Puente del Noi sector 18C copia (2)

Tumba 18C. Lecho de la tumba donde se aprecia el segundo enterramiento con el cadáver en posición.

18-1Puente del Noi sector 18C1 copia (2)

Sección de la tumba 18C, con más profundidad de la normal por el hecho de haber dos enterramientos sobre el mismo lugar.

18-2Puente del Noi sector 18C detalle copia (2)

Tumba 18C. Jarrito y restos de huesos de cabra pertenecientes al primer enterramiento.

19-0Puente del Noi sector 19C copia (2)

Tumba 19C. Planta y sección de la tumba. Sobre el lecho se observan restos de huesos humanos dispersos.

19-1Puente del Noi sector 2C 1 copia (3)

Tumba 19C. En fase de excavación, sobre la cabecera izquierda del lecho apareció esta Jarra.

20Puente del Noi sector 20C NO copia (2)

Tumba 20C. Planta y sección.

21Puente del Noi sector 21C copia (2)

Tumba 21C. Planta y sección. Se observan algunos elementos de ajuar sobre el lecho.

22-0Puente del Noi sector 22C copia (2)

Tumba 22C. Podemos ver los objetos cerámicos en cabecera y pies del lecho. Los restos humanos aparecen descolocados y se entiende que han sido removidos por el expolio.

22-1Puente del Noi sector 22C 1 cabecera y pie copia (2)

Sección de la tumba 22C.

23Puente del Noi sector 23C copia (2)

Planta y sección de la tumba 23C. Se trata de un enterramiento de incineración romano sobre la necrópolis fenicia. El ánfora está sesgada para poder colocar dentro de ella los restos del cadáver. Todo parece indicar que se trataba de un enterramiento incinerado de un niño.

24Puente del Noi sector 24C copia (2)

Tumba 24C. Planta y sección. Es de escasas proporciones.

25Puente del Noi sector 25C copia (2)

Planta y sección de la tumba 25C. Por los indicios, todo parece indicar que se trataba de otro enterramiento de incineración romano.

26Puente del Noi sector 26C copia (2)

Tumba 26C. Enterramiento en fosa de probable incineración de época romana.

27Puente del Noi sector 27C copia (2)

Tumba 27C. Planta y sección. Se pueden ver los elementos de ajuar, colocados de forma anárquica sobre su lecho. No aparecen restos humanos, lo que hace pensar que, a veces, se preparaban tumbas para posteriormente usarlas como enterramiento.

28-0Puente del Noi sector 28C copia (2)

Tumba 28C.  Ha sido muy removida y saqueada. Sólo se ven algunos restos humanos aislados y descolocados. Sin embargo, al pie del lecho, podemos ver un ánfora perfectamente situada y conservada.

28-1Puente del Noi sector 28C 1 cabecera y pie copia (2)

Sección de la tumba 28C.

Tumba 29C. De pequeñas proporciones. Tiene características de ser más de incineración romana que fenicia. Los fenicios no usaban estos tipos de enterramientos.

30-0Puente del Noi sector 30C copia (2)

Tumba 30C. Todo parece indicar que esta tumba no fue saqueada: el cadáver aparece en posición, el ajuar de cabecera, bien situado, y el de su pie, ánfora tumbada, entera; restos cerámicos, y huesos de la cabra ritual de los enterramientos fenicios.

30Puente del Noi sector 30C1 copia (2)

Tumba 30C. Sección de la misma.

31Puente del Noi sector 31C copia (2)

Tumba 31C. Planta y sección. Muy removidos los materiales hallados, restos humanos dispersos, fragmentos de cerámica descolocados, y algunos huesos de la cabra ritual.

32Puente del Noi sector 32C copia (2)

Tumba 32C. Planta y sección. Sin materiales para dibujar.

33Puente del Noi sector 33C copia (2)

Tumba 33C. Planta y sección. Sin materiales dibujados.

34Puente del Noi sector 34C copia (2)

Tumba 34C. Planta y sección. Los materiales muy removidos, como los restos humanos.

35Puente del Noi sector 35C copia (2)

Tumba 35C. Planta y sección.

36Puente del Noi sector 36C copia (2)

Tumba 36C. Planta y sección. Pueden verse los restos humanos algo removidos, y alguna pieza de cerámica en la cabecera de la tumba.

37Puente del Noi sector 37C copia (2)

Tumba 37C. Planta y sección. Solo se han encontrados restos de huesos humanos dispersos por el lecho.

38Puente del Noi sector 38C copia (2)

Tumba 38C. Planta y sección. Muestra la misma situación de la anterior; huesos humanos dispersos y una jarra en la cabecera.

39Puente del Noi sector 39C copia (2)

Tumba 39C. Planta y sección.

40-0Puente del Puente del Noi 40C copia (1)

Tumba 40C. Tumba de incineración con la urna colocada sobre una pequeña fosa; Se considera un tipo de enterramiento ibérico.

40Puente del Puente del Noi 40C copia (2)

Tumba 40C. Dibujo de planta y sección.

42-0Puente del Noi 42C copia (2)

Tumba 42C. Este enterramiento muestra escalón lateral en sus laterales. Está muy alterada por el expolio.

42-1Puente del Noi 42C 3 copia (2)

Tumba 42C. Sección con revestimiento de murete lateral.

42-2Puente del Noi 42C 2 copia (2)

Tumba 42C. Alzado lateral de mampostería fenicia.

42-3Puente del Noi 42C 1 copia

Tumba 42C Alzado lateral opuesto al anterior.

PLANIMETRÍA GENERAL DEL SECTOR C

Binder1_Página_6 PLANO C copia

Aquí se muestra la situación en plano de todas las tumbas de este Sector. Se observa que sus tumbas sufren menos el fenómeno de la interrupción de unas con otras, como ocurre en el Sector B de la excavación.

Sector C de Puente del Noi. Vista general con el terreno cuadriculado, medido, y las tumbas localizadas.

1CPuente del Noi Sector C . pg copia (2)

Tuba 1C. Cabecera de la tumba.

Tumba 2C. Escalón lateral en cabecera y lado derecho. Trazado del lecho algo irregular. Muestra indicios claros de haber sido expoliada en tiempos pasados.

4CaPuente del Noi Sector 4Ca. pg copia

Tumba 4C. Planta rectangular y alzado de sillares. Es conocida como tumba de corredor. Se presume que tuvo cubierta probablemente de madera y a dos aguas. El alzado frontal muestra una hornacina con carácter votivo, Tenía sillares en sus cuatro lados y en el corredor o puerta de acceso con rampa.

4CPuente del Noi Sector 4C. pg copia

Tumba 4C. Corredor de acceso. Al parecer, los sillares fueron arrancados y probablemente reutilizados en construcciones cercanas, ya que esta tumba podía ser visible claramente por su estructura. De hecho, en la finca cercana, junto a su muro de cerca, se podían ver, hasta hace poco, sillares de iguales características que los aquí ahora conservados.

5CPuente del Noi Sector C . pg copia

Tumba 5C. Es un enterramiento doble. Se aprecia mejor en el dibujo de la misma.

11CPuente del Noi Sector C 11. pg copia (2)

Tumba 11C. Se observa un lecho irregular en su construcción.

12CPuente del Noi Sector C . pg copia

Tumba 12C. Lecho estrecho y escalones laterales muy anchos.

14CaPuente del Noi Sector C . pg copia (1)

Tumba 14C. Es de destacar su profundidad y la irregularidad de la dureza del terreno de esquisto.

14CaPuente del Noi Sector C . pg copia (2)

Tumba 14C. Detalle en el que se ven dos piezas del ajuar: un jarrito en posición invertida y una jarra vertical, ambos sobre la cabecera del lecho.

15CPuente del Noi Sector C 15. pg copia

Tumba 15C. Hay una pieza de ajuar (jarra) sobre la cabecera.

16CPuente del Noi Sector C 16. pg copia

Tumba 16C. Solo se aprecia la tumba con sus escalones laterales.

17CPuente del Noi Sector C . pg copia (2)

Tumba 17C. Tumba con escalones laterales estrechos.

17CPuente del Noi Sector C 17. Detalle pg copia (2)

Tumba 17C. Detalle de ajuar funerario donde se puede ver una lucerna bicorne, una barra de una posible caja de madera, y una especie de aldaba.

18CPuente del Noi Sector C . pg copia

Tumba 18C. Se pueden ver los restos de un cadáver en posición habitual.

19CPuente del Noi Sector C 19. pg copia (2)

Tumba 19C. Detalle de ajuar sobre la cabecera del lecho.

20CPuente del Noi Sector C . pg copia

Tumba 20C. Es un tipo muy habitual en la construcción de estas tumbas. El más simple.

21CPuente del Noi Sector C . pg copia

Tumba 21C. Es de las mismas características del anterior.

22CPuente del Noi Sector C 22. pg copia

Tumba 22C. Es más larga de lo normal, y puede verse un ánfora fenicia de las más antiguas y grandes.

28CPuente del Noi Sector C. pg copia

 Tumba 28C. Tiene escalones en los cuatro lados.

 

MATERIALES MÁS RELEVANTES DEL SECTOR C

(Clasificación, medidas y cronología aproximada)

0CPuente del noi ajuar 20 copia
1CPuente del Noi Tumba 1C 5 6 11 copia
2CPuente del Noi Tumba 2C 1 copia
3CPuente del Noi Tumba 3C 1 2 copia
5CaPuente del Noi Tumba 5aC copia
5CbPuente del Noi Tumba 5bC copia
5CbPuente del Noi Tumba 5bC 1 copia
11C3Puente del Noi ajuar copia
11C4Puente del Noi ajuar 26 copia
18CaPuente del Noi Tumba 18aC copia
21C2Puente del Noi ajuar 21Ca copia
21CPuente del Noi Tumba 21C copia
22CPuente del Noi Tumba 22C copia
23CPuente del Noi Tumba 23C copia
29CPuente del Noi ajuar 33 copia
30CPuente del Noi Tumba 30C copia
32CPuente del Noi Tumba 32C copia
33CPuente del Noi ajuar 35 copia
34CPuente del Noi Tumba 34C copia
37CPuente del Noi Tumba 37C copia
41CPuente del Noi Tumba 41C copia

SECTOR D-E

SECTOR D TUMBAS 1D DIBUJOS copia (2)

Tumba 1D. Fue la primera que se excavó correctamente cuando se inició el estudios de  este Sector. Registró ajuar casi completo, que se verá más adelante. Los restos humanos aparecieron dispersos, lo que indica que fue expoliada.

 

SECTOR D TUMBAS DIBUJOSe Puente del Noi 2D copia (2)

Tumba 2D. Tiene un perfil muy definido y se enmarca dentro del tipo más usual.

Zona suroeste de terreno arqueológico. Puede observarse que la tierra superficial ha sido, en parte, removida para poder ejecutar la excavación. No obstante hay que observar que se pueden ver fosas descarnadas, sin excavar, pero sí con señales claras, que indican que, con el cultivo del terreno, han sido » desnudadas «.

En esta foto comprobamos lo dicho anteriormente: tumbas alteradas y semidescubiertas por el laboreo del terreno durante muchos años.

Zona de excavación correspondiente a la subdivisión que se hizo del terreno para ejecutar la exploración. Corresponde al sector E. y parte del D.

Sector D, bien delimitado y con la superficie barrida para poder establecer una excavación ordenada. En ella aparecen varias tumbas ya en fase se excavación.

Zona del Sector D en la que se aprecia una tumba semidescubierta y desnudada durante la fase de cultivo del terreno. Se supone que ha sido expoliada, además, tiempos atrás.

Tumba con su fosa bien definida, pero sin excavar aún. Se encuentra en el Sector D.

Tumba 1D, con restos de ajuar situados sobre la cabecera del lecho.

 

 

Detalles de los restos de ajuar funerario pertenecientes a las tumbas anteriores. Están situados sobre la cabecera del lecho.

Como la anterior foto, aquí se muestra una especie de depósito votivo con cierta cantidad de elementos cerámicos colocados de forma anárquica.

Tumba del Sector D sin excavar, pero sí saqueada y cubierta de matorral desde tiempos no muy lejanos.

Tumba 44D. Es el único enterramiento del Bronce final, y como muestra de que la Cultura Argárica también se deja ver en esta zona. Pueden verse con claridad las cuatro tulipas que forman parte del ajuar. El cadáver apareció en posición fetal, fenómeno típico del Bronce.

Tumba argárica (detalle de la anterior) donde se aprecia la forma del enterramiento: una  tumba rodeada de piedras en una fosa no muy profunda.

PLANIMETRÍA GENERAL DEL SECTOR D

Puente del Noi 1PLANOS SECTOR D copia

SECTOR E

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Tumba 1E. Esta tumba ha sido la más grande de todas las localizadas en la necrópolis de Puente del Noi. Tiene una profundidad de aproximadamente 8 m. Su parte superior mide 5.60 m x 5.20 m. En esta foto se muestran los restos humanos de uno de los enterramiento que se hicieron en el mismo  espacio.

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Tumba 1E.-De talle para indicar el acceso a la parte inferior. Se ha trazado una escarpada escalinata hasta la superficie inferior. Dispone de un hipogeo taponado con sillares, que se encuentran movidos a consecuencia del saqueo que sufrió en el siglo IV a. de C.

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Tumba 1E ( Se incluyen las halladas en el proceso de excavación) Un detalle a tener muy en cuenta es la aparición de otros enterramientos hallados según se iba excavando la tumba. La que se muestra en la foto se encuentra en un lateral, tumba.   que también sería saqueada y probablemente dio pie a los que entraron a pensar que debajo había algo más, como en efecto ocurrió. Sobre el centro de la tumba apareció una de pequeñas dimensiones y que pertenecía al enterramiento de un niño. Una tercera de mayor tamaño fue encontrada algo más abajo, pero pertenecía a un individuo adulto.

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Tumba 1E (detalle).-Vista del fondo de la tumba de pozo, donde se ve el sello de entrada de la cámara interior o hipogeo.. Dicho espacio tiene unas dimensiones de 3.45 m de ancho, y de fondo, 1.90 m.

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Tumba 1E (detalle). Detalle de la entrada taponada con sillares. De los restos humanos que aparecieron no se hizo ningún estudio. Los elementos de cerámica pertenecen al siglo VII a. de C.

Tumba 1E. Detalle de la foto anterior para poder observar el fondo del hipogeo

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Tumba 1E. Dibujo tridimensional de la tumba de pozo. En este enterramiento aparecieron  cinco tumbas. Principal: la del hipogeo y cuatro secundarias por tipología, que se encontraron conforme se iba realizando la excavación.

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ARGAR. ALMUÑÉCAR. NECRÓPOLIS PUENTE DEL NOI.

Esta tumba del Bronce argárico forma parte de los elementos no registrados en la excavación del Sector E. Personalmente fue excavada por mí. Cadáver en posición fetal, cuatro tulipas y probable puñal bajo el cadáver.. Hoy se encuentra cubierta y se ignora exáctamente dónde se encuentra.

Sector E. Tumba 10E.  Ha sido una excavación sistemática. En ella se ven los restos humanos bien situados y con algunas piezas de ajuar sobre ellos.

Sector E. Tumba 12E. Enterramiento casi completo, y con los restos humanos en posición.

Detalle de la foto anterior donde se aprecia el cráneo del cadáver, y alguna pieza de cerámica sobre la cabecera del lecho.

Tumba 12E. Detalle para mostrar elementos del su ajuar, situado a sus pies.

Tumba 13E. Restos humanos sobre el lecho ya removidos por la expoliación.

Tumba 13E. Detalle donde se observan los pies del cadáver sobre objetos de cerámica correspondientes a su ajuar funerario.

Detalles de las tumbas anteriores, mostrando elementos de cerámica y restos humanos junto a ellos.

Tumba 20E. Lo más destacado es la conservación de los restos humanos sobre el lecho y situados en posición.

Hay muchos restos sin identificar y que formaban parte de lo que pudieron ser tumbas, pero que no se han marcado en este descripción general del Sector E.

MATERIALES SELECCIONADOS DE LOS SECTORES (D-E)

0Puente del noi ajuar 4 copia
1DaPuente del noi Tumba 1 ajuar 10 copia
1DaPuente del noi ajuar 5 copia
1DbPuente del noi ajuar 6 copia
1DfPuente del Noi Tumba Sector Tumba 1D 1 copia
1DcPuente del noi ajuar 7 copia
1DgPuente del Noi Tumba Sector Tumba 1D copia
1DhPuente del noi ajuar SECTOR D copia
1DhPuente del Noi Tumba Sector D NO copia
1DiTumbas de Puente del Noi 1D 2 (2) copia

CONCLUSIONES

No cabe duda de que los fenicios han estado en la ciudad de Almuñécar. Eso no lo duda ya nadie. La cuestión es de qué forma: establecimiento estable y permanente o por temporadas o período transitorio. Cuando se habla de la Cueva de Siete Palacios y los materiales fenicios allí aparecidos, junto con los hallazgos de Pellicer (Laurita) y faldas del Monte de Velilla, casi se llega a afirmar con rotundidad que en Almuñécar existió una ciudad fenicia. Y conviene puntualizar lo siguiente al respecto:

Primero: el material cerámico aparecido en Cueva de siete Palacios no significa más que un dato: cerámica de barniz rojo es propio de los enterramientos fenicios que aparecen en diferentes sitios, como Puente del Noi o Laurita. Dicho material es el que se utiliza, como ajuar funerario, en algunas de las tumbas de mayor antigüedad. Y es muy posible que el citado material perteneciera a una tumba situada sobre ese lugar, y que después, en época romana fuera destruida para levantar el complejo industrial que se construyó después en ese espacio. Al igual que podría tratarse de un material traído para rellenar el recinto de la Cueva de Siete Palacios por los ocupantes posteriores. Y por ello, conviene aclarar que la citada cueva estaba construida sobre roca madre, no tenía solería construida al respecto. Cosa que fue motivo para que los nuevos ocupantes, casi recientes en la historia local, se dedicaran a traer materiales de relleno para tapar y allanar las irregularidades del suelo de la Cueva. Por lo tanto, casi no cabe duda de que entre esos materiales llegaran elementos de cualquier parte de las cercanías de la ciudad moderna y que podrían ser cerámicas o monedas. Esto, en primer lugar; pero si realmente se hubiera tratado de una tumba fenicia, de cuya estructura no había ni el mínimo indicio, ello conllevaría una conclusión muy certera: se sabe que los fenicios nunca construían su hábitat en lugares donde había enterramientos. Luego la supuesta ciudad fenicia jamás se habría construido sobre o al lado de una necrópolis. Que la cueva fue rellanada, no cabe la menor duda. No hay más que ver que aquel nuevo hábitat humano fue utilizado hasta de enterramiento de animales (Véase mi tesis doctoral con documentación al respecto).

En cuanto a otros posibles lugares de establecimiento como hábitat, no existe ni el más mínimo indicio. La única mampostería que podemos identificar como fenicia es la que se puede ver en el revestimiento de los interiores de algunas tumbas. Y nada más.

Se ha llagado a perforar en la actual factoría de salazones del Majuelo para intentar encontrar algún tipo de construcción. a base de romper el fondo de algunas piletas de salazón.

Otro argumento no utilizado ni referido en lo más mínimo es el libro de Almuñécar titulado «Almuñécar Ilustrada y su Antigüedad Defendida » ( Manuscrito nº 5857 de la Biblioteca Nacional de Madrid), que, entre otras cosas, narra el hallazgo de una tumba en el espacio donde se encontraba la Puerta del Sol de la actual Iglesia Parroquial, con motivo de un rebaje de terreno para la construcción de la misma. Se citan materiales antiguos. En resumidas cuentas eran tumbas fenicias por todos los indicios de materiales que aparecieron. Tumba fenicia, por lo pronto. Pero no sería la única porque en varios lugares de la misma citada iglesia han aparecido otras cámaras funerarias que permanecen enterradas bajo su subsuelo. Y volvemos  otra vez a lo argumentado antes: los fenicios nunca construyeron ciudad donde había enterramientos. Por lo tanto, queda excluido el casco urbano de hoy como posible emplazamiento de algún tipo de hábitat fenicio.

Segundo. Podíamos pensar que las cercanías de las necrópolis situadas en las diferentes colinas del terreno llamado «Lo Colorado», podría haber sido el emplazamiento de algún tipo urbano. Hasta el momento, no tenemos testimonio alguno que indique tal situación. Tan sólo tenemos las necrópolis y nada más.

Tercero. El análisis de la situación y número de enterramientos localizados hasta ahora, queda muy por debajo de lo que, de forma habitual, suele ser la necrópolis de una ciudad normal. Si apenas llegan a 300 las tumbas localizadas, una población permanente y estable debe tener correlación con las tumbas de las gentes que en todo ese período de tiempo han debido vivir en estos parajes. Salvo que la población fenicia fuera muy reducida, no cabe otra explicación que justifique tan pequeña cantidad de tumbas que, según algunos, vivieron en estos parajes durante casi ocho siglos. No encaja.

Cuarto. Si tenemos en cuenta el número de enterramientos descubiertos hasta el momento -se supone que fueron muchos más, teniendo en cuenta que las colinas colindantes han manifestado, en el movimiento de tierras, que pudieron estar también ocupadas por tumbas- haciendo un esfuerzo, podíamos afirmar que debieron ser aproximadamente unas mil tumbas en toda la zona. Pero los ocho siglos de pervivencia tendrían que haber dado muchas más. De lo contrario nos daría un número ridículo de enterramientos, apenas llegando a los 100 muertos por siglo. Y esto nos hace pensar que la población fenicia de Almuñécar no ha sido permanente, sino por temporadas.

Si los romanos estuvieron aquí aproximadamente desde el año 206 a. de C., hasta bien avanzado el siglo V d. de C., y no dejaron indicios de casas en ningún lugar del casco antiguo, mucho menos los fenicios han dejado rastro de hábitat.

La población romana estaba integrada por la clase ecuestre, dirigentes económicos de la industria de salazón, la clase sacerdotal (identificada por las inscripciones), y una población flotante que podía aumentar o disminuir según las estaciones de año. La población norteafricana ha sido muy comprobada en ciudades como Baelo Claudia, Cartaya, la zona de Gades y otras. Venía en las temporadas de pesca y manufacturación. Resulta, pues, algo insólito que una comunidad como la de Ibiza registre 3000 tumbas excavadas en roca, y una colonia fenicia como la de Almuñécar, tan renombrada por los historiógrafos antiguos, apenas llegue a las 300.

La clase dirigente romana vivía en las afueras de la zona industrial. Por esa razón sí se han encontrado en villas rústicas, restos de mosaicos romanos, que yo tuve ocasión de poder ver en una zona de la carretera de Jete, cercana al columbario Torre del Monje. Había muchas más, pero no es ocasión de citar aquí porque de lo que se habla es de la presencia humana de los fenicios en el territorio de Seks. Cosa que aún está pendiente de demostrar con claridad meridiana, y la cuestión queda en el aire. Hasta ahora, imposible.

Dr. Antonio Ruiz Fernádez.

10 de Mayo de 2018

DENARIOS DE PLATA HALLADOS EN UNA PILETA DE SALAZONES EN ALMUÑÉCAR

Situación de los hechos.

A propósito del derribo de un edificio antiguo en la ciudad, y apertura de nueva cimentación de vivienda en la calle Carmen Baja, situada debajo de la denominada “Cueva de Siete Palacios”, casi en la parte central donde se llevó a cabo el rebaje del terreno, fueron descubiertas aproximadamente cinco piletas de salazones (sin poder precisar el número que exactamente pudiera haber) similares a las ya conocidas en la zona del Majuelo. [1]

A la vez que se llevaba a cabo el desmonte de materiales, quedaron al descubierto las citadas piletas. Se extrajo el material de relleno de todas ellas. Así, en una de las esquinas de una de ellas, en su fondo, fue hallado una especie de envoltorio de forma cilíndrica que más tarde se identificaría como un conjunto de monedas, todas de la misma medida e igual composición metálica.

Dado que su estado de conservación mostraba una oxidación muy avanzada, en principio se creyó que eran de cobre o bronce; pero, una vez analizadas con mayor observación y precisión, se pudo comprobar que todas eran de plata (AR).

El número de piezas ascendía a unas cuarenta y dos, aunque se piensa que pudieron ser más. Del total calculado tan sólo se han podido recuperar para su correspondiente estudio, veintiocho.[2]

A pesar de ello, con el número que nos resta, casi se puede estudiar con precisión su secuencia cronológica como la circunstancia histórica de la época en que se llevó a cabo este enterramiento numismático, y los momentos que vivió la localidad de Seks en aquella panorámica de las Guerras Civiles[3].

Con la intención de situar dentro de la Historia Romana en Hispania, la época de acuñación de cada ejemplar y poder justificar sobre todo,  la secuencia cronológica de los ejemplares más recientes, vamos a dar unas breves notas de cada moneda o tipos semejantes.

Una vez hecha esta breve exposición del hallazgo, procedamos a la enumeración y clasificación de cada uno de los ejemplares.

[1] Hubiera sido un estudio más completo de no haberse vendido a un anticuario 17 de las piezas halladas.
[1] Livio, XXXIII,21,6, habla sobre un levantamiento militar contra Roma cuando dice: “vixdum terminato cum Philippo bello…ingens in Hispania ulteriore cohortum est bellum…, in marítima ora Malacitanos, Sexetanosque et Baeturiam omnem et quae nondum animos nudaverint ad finitimarum motus consurrectura…Roldán Hervás J. M. Historia de España Antigua II. Madrid, 1978, pp. 155-173, trata con acertado criterio la compleja situación de César y Pompeyo en Hispania, abarcando un período (49-44 a. de C.) de intensa actividad bélica en la Hispania ulterior.

 

MAGISTRADOS Y PERSONAJES QUE SE DESCRIBEN EN LAS MONEDAS.

 

En la moneda nº 6 se representa a Q. Bebio Tanfilo, quien fue enviado dos veces ante los cartagineses en el año 220 a. de C.[1]; pero el autor de la acuñación fue Gneo Bebio Tanfilo, tribuno de la Plebe en el año 204 a. de C.

La moneda nº 3 fue acuñada sobre el año 168 a. de C., en conmemoración de la victoria de Paulo Emilio sobre Perseo, rey de Macedonia.

La moneda nº 14, que muestra una cabeza de asno detrás de la de Palas, alude a la diplomacia de Bruto, al hacerse pasar por necio para evitar la envidia de Tarquino el Soberbio.

La moneda nº 25 muestra el recinto de los Comicios y el Banco de los Tribunos del Pueblo. El personaje Silio Nerva  mira las dos líneas paralelas que se hallan detrás de las tres personas que votan y que parecen cuerdas que separan las tribus.

La moneda  nº 22 se le atribuye al triunviro y monetario Gayo Pobliceo Maleolo, que fue cuestor con Dolabella en Cilicia.

La moneda nº 16 fue acuñada por el cuestor y monetario Marco Lucilio  Rufo, años después tribuno de la plebe.

La acuñación de la moneda nº 26  se atribuye a Lucio Titurio  Sabino, padre de Quinto Titurio sabino, lugarteniente de Julio César en las Galias. El nombre y el retrato de Tacio, así como el tipo que representa la muerte de Tarpeya, deja entrever el origen sabino de la familia Tituria.

La moneda nº 15 se atribuye a Gayo Licinio Macer, acusado de concusión por Cicerón y, condenado por ello, se suicidó. Fue acuñada por este personaje cuando desempeñaba el cargo de triunviro monetario.

La moneda nº 4 por la leyenda L. FVRI se puede deducir que la fecha de acuñación fue en el año 136 a. de C. tras la derrota de los galos ligures por Gayo Flaminio Nepos.

La moneda nº 5 fue acuñada por Quinto Antonio Balbo, pretor de Mario en la Hispania durante la Guerra Civil entre él y Sula.

El templo de la moneda nº 28 puede representar al dedicado por Marco Horacio Pulvio en el año 509 a. de C., en honor de Júpiter Capitolino.

La moneda nº 24 fue acuñada por el pretor LVCIVS ROSCIVS FABATVS. La cabeza de Juno Sóspita o Lanuviana, indica que Roscio era oriundo de Lanuvio, y no de Lavinio.

La moneda nº 1 hace alusión a la sumisión del rey Aretas a Marco Escaro, por haber tomado parte en las discusiones entre Aristóbulo e Hircano, por la posesión de Judea.

En la moneda nº 21 se nos presenta a un personaje desconocido, Baquio, en la misma situación que el rey Aretas. En ella se recuerda la gloria del cónsul Gayo Plautio HYPSAEVS. La cabeza de Cibeles hace referencia a los Juegos Megalenses que ordenaban los ediles curules.

Las monedas nº 24, 25 y 26 muestran en sus anversos la figura de un elefante pisando a una serpiente. Se dice que César, cuyo nombre, por similitud fonética con la lengua fenicia, significa elefante, imprimió esta imagen para significar sus victorias sobre los enemigos.

La moneda nº 17 fue acuñada por Marco Minatio Sabino un año antes de la derrota y muerte del hijo de Pompeyo, procuestor en Hispania. El anverso representa a Pompeyo padre. El reverso nos presenta la Bética acogiendo a Pompeyo, ofreciéndole apoyo y proporcionándole armas para continuar la guerra contra César, quien antes había derrotado y aniquilado en África a Escipión y a sus seguidores.

Como conclusión a este breve estudio de los ejemplares más importantes del conjunto y, en especial a los últimos, podemos decir que dentro del proceso histórico de la Guerra Civil entre César y Pompeyo, período al que se puede asignar este hallazgo, esta es precisamente  una de las manifestaciones de las situaciones de inseguridad que en estos momentos se vivía, y que daban ocasión a que la gente tomara precauciones [2] cuando se producía una situación de inseguridad social y política.

Una vez sometida África, sólo quedaba Hispania. A fines del año 46 a. de C., César partió de Roma en plano invierno [3]. Los pompeyanos se habían levantado en la Bética contra el pretor cesariano Casio, cuyas tropas siguieron también el movimiento revolucionario. El ejército pompeyano de Hispania llegó pronto a contar con trece legiones.

César, ya en la Bética, tras el fracaso militar ante Corduba [4], cayó enfermo; a pesar de lo cual y por la indecisión de los pompeyanos que no querían presentar combate, los derrotó en la batallas de Munda[5].

No cabe duda de que todo este movimiento militar englobaba en sus operaciones la franja costera y, sobre todo, las ciudades que históricamente se veían afectadas por los procesos de invasiones, deserciones, puntos de contacto comercial de primer orden: Gades, Malaka, Seks,  y Abdera.

Tratando de enmarcar históricamente estas monedas, podemos pensar que tienen una estrecha relación con los acontecimientos de tipo militar, ya que la cronología que nos ofrecen los últimos ejemplares se acercan al año 46 a. C.  En tiempos pasados, el esconder las cosas de valor ante la incertidumbre político-militar era algo normal, sobre todo el dinero[6]. Esto ha podido ocurrir en circunstancias como la de Seks. Los soldados, individuos más inseguros, escondían antes del combate sus peculios.

Los soldados cobraban en monedas de plata en estas fechas[7]. En este caso el dinero es escondido en una pileta de salazones abandonada. De aquí se podría concluir: 1) Este dinero pudo pertenecer a un saldado de la guarnición militar de Seks. 2) La pileta se encontraba ya en desuso y, por tanto, pertenece a una fecha anterior al peculio escondido y 3) Este hecho nos induce a situar la factoría de la Seks romana en unas fechas bastantes más atrás de lo que veníamos admitiendo por tradición arqueológica.

Si las piletas aquí encontradas reflejan un estado antiguo de abandono, ello significa que es una zona más antigua que las monedas aquí encontradas, ya que estaban abandonadas, y por ende, tenían que ser más antiguas que las propias monedas. Si éstas tenían una cronología anterior a las piletas, el agua que hacía funcionar la factoría tendría que traerse mediante un procedimiento tradicional: el acueducto. Y si éste es del siglo I d. de C. según se ha dicho, esta situación cronológica plantea una nueva pregunta: ¿Cómo puede ser del s. I d. C. si el agua era un elemento absolutamente necesario para el montaje de una industria de salazones tan importante? Falta una respuesta lógica y armonizadora de esta sincronización de elementos arquitectónicos descuadrados en el tiempo.

 

 [1] Roldán Hervás, J, M, Historia de Roma I, La República. Madrid, 1981. Livio, XXI, 18,1, Ab Urbe Condita.
[2] Villaronga y Garriga, L.Sobre la metodología en la investigación numismática. Numisma, 1976, 138-143, p. 31.
[3] Roldán hervás, J.M. Historia de España Antigua II….p. 169.
[4] Ibidem.
[5] Idem, p. 170.
[6] Villaronga y Garriga, L. op. cit., p. 32.
[7] Idem, p. 32.

 

 

 

Breve exposición histórica de las acuñaciones

 

Con el fin de situar, dentro de la Historia Romana en Hispania, la época de acuñación de cada ejemplar y poder justificar sobre todo la situación cronológica de los ejemplares más recientes, por las circunstancias de su hallazgo, se va a exponer el momento histórico en que tuvo lugar cada emisión.

MONEDA nº 6

Gens Baebia

Las monedas de plata, denarios, atribuidas a esta familia, por la técnica de acuñación, tipo y costa inscripción, deben haber sido fabricadas en la primera época de acuñación de plata en Roma

El personaje de las mismas puede representar a Quinto Bebio Tanfilo, quien fue enviado dos veces como embajador ante los cartagineses en el año 220 a. de C. Pero el autor de la acuñación fue Gneo Bebio Tanfilo, tribuno de la plebe en el año 204 a. de C.

MONEDA nº 20

Gens Plavtia

Sobre este ejemplar tan sólo se sabe que pudo ser acuñado por esta familia en el año 190 a. de C.

 MONEDA nº 3

Gens Aemilia

Esta moneda fue acuñada en el año 167 a. de C. en conmemoración de las victorias sobre el rey de Macedonia, Perseo. Paulo Emilio lo llevó junto con sus dos hijos, en el cortejo de su carro triunfal. Con relación a la lectura Ter Pavlvs se piensa que en ella se alude a su tercer triunfo que podía ser éste.

 MONEDA nº 10

Gens Fvria

La fecha de acuñación de esta moneda es un tanto dudosa, pero relacionándola con la de Lucio Furio Filo, puede situarse en una cronología aproximada al año 136 a. de C.

MONEDA nº 14

Gens Ivnia

Se desconoce el autor de esta moneda. La cabeza de asno detrás de la cabeza de Palas alude a la diplomacia de Bruto al hacerse pasar por necio para evitar la envidia y codicia de Tarquino el soberbio. Bruto fue el fundador de la República. Al no saberse la fecha exacta, que estas piezas fueron acuñadas casi dos siglos antes de C., se ha preferido una cronología más corta.

MONEDA nº 25

Gens Silia

El recinto de los comicios y el banco de los tribunos del pueblo es refieren a un tribuno de la plebe llamado Silio Nerva. Este mira las dos líneas paralelas que se hallan detrás de tres personas que votan, y que parecen cuerdas que separan las tribus.

MONEDA nº 22

Gens Pvblicia

Se asigna a esta moneda como fecha de acuñación el lapso de tiempo entre los años 99 y 93 a. de C., y se le atribuye al triunviro monetario Gayo Poblicio Maleolo que murió en el año 81, en Cilicia, donde era cuestor de Dolabela

MONEDA nº 23. y 16

Gens Lvcilia     

         Moneda acuñada hacia el 94 a. de C. por Marco Lucilio Rufo, cuestor o monetario en esa época y tribuno de la plebe años después.

MONEDA nº 26

Gens Titvria

El nombre y el retrato de Tacio, así como el tipo que representa la muerte de Tarpeya, deja ver que la familia Tituria era de origen sabino. La acuñación de fija en el año 88 años a. de C. y se atribuye a Lucio Titurio Sabino, padre de Quinto Titurio Sabino, lugarteniente de César en las Galias.

MONEDA nº 8

Gens Cornelia-Pompeya

Esta moneda presenta la cabeza de Sula y la de Pompeyo Rufo, cónsul en el año 88 a. de C. Pero, probablemente, esta moneda fue acuñada algunos años después.

MONEDA nº 9, 27, 7,

Gens Carvilia

Estas monedas presentan las mismas características. Sólo se sabe su fecha de acuñación:  84 a. de C.

MONEDA nº 15

Gens Licinia

Se atribuye a Gayo Licinio Macer, quien, declarado por unanimidad, culpable de concusión, cuando Cicerón era pretor, se suicidó en el año 66 a. de C. Esta moneda fue acuñada siendo él mismo triunviro monetario en el año 84 a. de C.

MONEDA nº 5.

Gens Antonia

Fue acuñada en el año 82 a. de C. por Quinto Antonio Balbo, pretor de Mario en Hispania durante la guerra civil entre él y Sula.

MONEDA nº 28

Gens Volteia

Esta moneda fue acuñada por esta familia en el año 80 a. de C. El templo en ella representado es el de Júpiter Capitolino tetrástilo con tres puertas y la imagen de las tres divinidades capitolinas. Se piensa que este templo representa al antiguo dedicado por Marco Horacio Pulvio en el año 509 a. de C., en honor de Júpiter Capitolino.

MONEDA nº 18 

Gens Plaetoria

Esta moneda fue acuñada por Marco Pletorio Cestiano en el año 68 a. de C., edil curul en esas fechas.

MONEDA Nº 19, 24

Gens Roscia

Indica las mismas características de la anterior.

Esta moneda fue acuñada en el año 66 a. de C. por el pretor Lucio Roscio Fabatvs, muerto en la guerra de Módena. La cabeza de Juno Sospita o Lanuviana nos indica que Roscio era oriundo de Lanuvio, no confundible con Lavinio. Juno era adorada en dicha ciudad donde se la representaba con la cabeza cubierta por una piel de cabra y armada con un escudo escotado a los lados y con una lanza. Juno Sospita tenía dos templos incluso en Roma, de los que uno fue dedicado por Gayo Cornelio Cetego.

MONEDA nº 1

Gens Aemilia

Esta moneda recuerda la sumisión que Marco Escauro impuso a Aretas, rey de Arabia para que se sometiese a Pompeyo por haber tomado parte en las discusiones entre Aristóbulo e Hircano, por la posesión de Judea. Escauro le impuso además un impuesto de trescientos talentos. La fecha de acuñación es el año 62 a. de C.

MONEDA nº 2, 21

Gens Plavtia

Indica las mismas características de la anterior.

Publio Hypsaevs, en el año 58 a. de C., acuñó monedas junto con Marco Escauro. Esta moneda recuerda la gloria de su antepasado el cónsul Gayo Plautio Hypsaevs, quien el año 341 a. de C. tomó la ciudad de Priverne, obteniendo los honores del triunfo. Aulo Plautio acuñó esta moneda en el año 54 a. de C. En ella Baquio, personaje desconocido, se encuentra en la misma posición que el rey Aretas. La cabeza de Cibeles hace referencia a los juegos megalenses ordenados por los ediles curules.

MONEDAS nº 11, 12, 13

Gens Ivlia

Estas monedas han dado opiniones como la de creer que César, al no considerar político imprimir su imagen en las monedas, se hizo representar por un elefante, cuyo nombre en púnico (Caesar) tenía precisamente ese significado. El elefante pisando a una serpiente puede representar la victoria de César sobre sus enemigos. La fecha de acuñación en el año 50 a. de C.

MONEDA nº 4

Gens Antia

Esta moneda fue acuñada por el hijo del tribuno de la plebe Ancio Restión en el año 49 a. de C., quien, injustamente condenado por los triunviros, fue salvado por uno de sus esclavos. El tipo de Hércules vencedor alude al origen de su familia que se suponía descendiente a Antíades, hijo de Hércules. El altar representa el Parivm, en Misia, presentando también algunas de las monedas cara de buey y altar adornado con guirnaldas.

MONEDA nº 17

Gens Minatia-Pompeia

         Esta moneda fue acuñada por Marco Minatio Sabino en el año 46 a. de C., un año antes de la derrota y muerte del hijo de Pompeyo quien era procuestor en Hispania. El anverso de la moneda representa a Pompeyo padre. En esta moneda se representa la Baetica de Hispania acogiendo a Pompeyo y ofreciéndole apoyo proporcionándole armas para poder continuar la guerra contra Julio César, después del desastre de África en donde habían aniquilado a Escipión y a sus seguidores.

DESCRIPCIÓN DE LAS MONEDAS

 

 Se ha considerado catalogar las monedas por la “gens” a que han podido pertenecer. De aquí que se vean y lean en anverso y reverso los datos revelados por todos los elementos que presentan cada uno de los ejemplares.

 

CATÁLOGO

 

TAMP

194-190 a. C. circa

 

FOTOS Y DIBUJOS DE LOS DENARIOS DE PLATA

TAMP

194-190 a. C. circa

1Denario de plata de Almuñécar 1

1Dibujos del Tesorillo de denarios 1

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Palas a d. con casco alado. Detrás X

R/ Los Dióscuros a caballo a d. Arriba TAMP en monograma. Exergo: ROMA.

Módulo: 20 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,64 grs.

Cohen, VII, 1. Cawford, II, 110/1a

Esta moneda pertenece a la primera época de acuñación en plata con motivo de las embajadas a los cartagineses sobre el año 204 a. de C.

2Denario de plata de Almuécar

YPSAE

          60 a. C. circa2DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 2 copia

AR/ Denario.

A/ Cabeza diademada de Anfítrite a d. Detrás, delfín. Delante: P. YPSAE S.C.

R/ Júpiter en cuadriga al galope a i. sosteniendo un rayo. Detrás de la cuadriga, escorpión. Debajo, en dos líneas C. YPSAE COS. PREIV.

Módulo: 20 mm. Sentido: 9 h. Peso: 4,11 grs.

Cohen, XXXIII, PLAVTIA,5. Craeford, LI, 420/2 a

Moneda acuñada por Lucio Plaucio Hipsaeo en el año 190 a. C.

3Denario de plata de Almuñécar 3

3DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 3 copia

AR/ Denario.

A/ Cabeza diademada y velada de la CONCORDIA.

Leyenda: PAVLVS LEPIDVS CONCORDIA.

R/ Paulo Emilio atando un trofeo a un árbol ante el cual se ve a Perseo, último rey de Macedonia, con las manos atadas a las espaldas y a sus dos hijos.

Leyenda: arriba TER. ; exergo [PAV]LUS.

Módulo: 19 mm. Sentido: 12 h. Peso: 3,40 grs.

Cohen, I, 9; Crawford, II, LI, 415/1

Esta moneda fue acuñada en el año 167 a. C., con motivo de la derrota de Perseo, rey de Macedonia.

FVRI CN. F. BROCCHI

63 a. C. circa

4Denario de plata de Almuñécar 4 copia4DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 4

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Ceres a derecha, coronada de espigas; a izquierda, una espiga; a derecha, un grano de cebada. En el campo III VIR. En el exergo: BROCCHI.

R/  Silla curul entre dos fasces con hacha. Encima: L. FURI CN. F.

Módulo: 19 mm.. Sentido: 6 h. Peso: 3,65 gr.

Cohen, XIX, 5. Crawford, LI, 414/1.

Por la leyenda L. FVRI se puede deducir que la fecha de acuñación fue en el año 136 a. C., tras la derrota de los galos ligures por Gayo Flaminio Nepos.5Denario de plata de Almuñécar 5

5DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 5

M. IVNI

145 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Palas a derecha, con casco alado. Delante, X; detrás. Cabeza de asno.

R/ Dióscuros a caballo a derecha; debajo: M. IVNI. Exergo: ROMA.

Módulo: 20 mm. Sentido: 3 h. Peso: 390 gr.

Cohen, XXIII; Iunia; Crawford, II, XXXV, 220/1.

Esta moneda fue acuñada hacia el año 124 a. C.

6Denario de plata de Almuñécar 6

P. NERVA

113 a. C. circa

6DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 6 copia

AR/ Denario.

A/ Busto de Palas a izquierda, con casco, armado con lanza y escudo en el que hay representado un jinete corriendo a izquierda. Arriba, media luna. Delante *. Detrás ROMA.

R/ Recinto de los comicios en el que una figura presenta a otra una tablilla, y una tercera lanza una tablilla a un cesto. Arriba: símbolo. Debajo de él: P. NERVA.

Módulo: 19 mm.. Sentido: 5 h. Peso: 4,10 gr.

Cohen, XXXVIII, SILIA. Crawford, XL, 292/1.

Moneda acuñada por el triunviro monetario Silio Nerva en el año 104 a. C.7Denario de plata de Almuñécar 7

7DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 7

M. LVCILI RVF.

101 a. C. circa

AR/Denario.

A/ Cabeza de Palas con casco alado a derecha. Detrás: PV, todo dentro de corona de laurel.

R/ Victoria en biga, al galope, a derecha, sosteniendo un látigo.

Arriba: RVF. En exergo: M. LVCILI.

Módulo; 20 mm. Sentido: 8 h. Peso: 3,95 gr.

Cohen, XXV, LVCILIA. Crawford, XLII, 324/1.

La moneda, atribuida a Marco Lucio Rufo, fue acuñada en el año 94 a. C.

8Denario de plata de Almuñécar 8

L. TITVRI L.F. SABINVS

89 a. C. circa

8DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 8

AR/ Denario.

A/ Cabeza desnuda de Tatio a derecha. Delante, una palma. Detrás:, SABIN.

R/ Tarpeya con el cabello despeinado, elevando las manos al cielo y casi aplastada por escudos, arrodillada entre dos soldados que se disponen a lanzar sus escudos sobre ella. Arriba: estrella y media luna. Exergo: L. TITVRI.

Módulo: 19 mm. Sentido: 9 h. Peso: 3,59 gr.

Cohen, XXXIX, TITVRIA, 6 : Crawford, XLV, 344/2c.

Moneda acuñada por Lucio Titurio Sabino en el año 88 a. C.

L. TITVRI L.F. SABINVS

89 a. C. circa9Denario de plara de Almuñécar 9 copia

9DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 9 copia

L. TITVRI L.F. SABINVS

89 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza desnuda de Tatio a derecha. Delante, una palma. Detrás:, SABIN.

R/ Tarpeya con el cabello despeinado, elevando las manos al cielo y casi aplastada por escudos, arrodillada entre dos soldados que se disponen a lanzar sus escudos sobre ella. Arriba: estrella y media luna. Exergo: L. TITVRI.

Módulo: 20 mm. Sentido: 9 h. Peso: 3,68 gr.

Cohen, XXXIX, TITVRIA, 5. Crawford, XLV, 344/2c.

Moneda acuñada por Lucio Titurio Sabino en el año 88 a. C.10Denario de plata de Almuñécar 10 copia

10DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 10 copia

GAR. OGVL. VER

86 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza laureada de Júpiter  joven a derecha. Debajo, un rayo.

R/ Júpiter en una cuadriga al galope a derecha, lanzando rayo. En campo, una letra alfabética. Debajo: GAR; en exergo: VER. OCV[L].

Módulo: 19 mm. Sentido: 10 h. Peso: 3.64 gr.

Cohen, XI,2. Crawford, XLVI, 350 A/1e.

Según Cavedoni esta moneda fue acuñada en el año 84 a. C.

11Denario de plata de Almuñécar 11

11DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 11

LICINIVS L. F. MACER

84 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Busto diademado de Júpiter  joven a izquierda, visto por detrás, lanzando un triple venablo.

R/ Palas en cuadriga a galope a derecha, sosteniendo un escudo y lanzando un venablo. Exergo en dos líneas: C. LICINIVS C.F./MACER.

Módulo: 19 mm. Sentido: 11 h. Peso: 3, 66 gr.

Cohen, XXIV, LICINIA, 1. Crawford, XLVI, 354/1.

Esta moneda fue acuñada en el año 84 a. de C., siendo triunviro monetario Gayo Licinio Macer.12Denario de plata de Almuñécar 12

12DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 12

ANTO. BALB. PR.

83-92 a. C, circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza laureada de Júpiter a derecha. Detrás, S.C.

R/ Victoria en cuadriga al galope a derecha, llevando una corono y una palma larga.

Leyenda: en exergo: Q. ANTO. B.[ALB./PR], en dos líneas.

Moneda dentada.

Esta moneda fue acuñada en el año 82 a. de C. por Quinto Antonio Balbo, pretor de Mario en Hispania durante la guerra civil entre él y Sila.

Módulo: 20 mm. Sentido: 6 h. Peso: 4,80 gr.

Cohen, III, 1. Crawford, XLVII, 364/1a

13Denario de plata de Almuñécar 1313 DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 13

POMPEI RVFI

54 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza desnuda de SVLLA a derecha. Delante. SVLLA COS.

R/ Cabeza desnuda de Pompeyo Rufo a derecha. Detrás: RVFVS COS. Delante: Q. POM. [RVFI.].

Módulo: 20 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,96 grs.

Esta moneda fue acuñada entre 88 a. C.

Cohen, XV, 19. Crawford, LII. 434/1.14Denario de plata de Almuñécar 14

LEN Q.

76-75 a. C. circa

14DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 14 copia

AR/ Denario.

A/ Cabeza diademada de genio a derecha. Detrás, cetro detrás. Encima: G.P.R.

R/ Cetro, globo y timón en corona de laurel.

Leyenda: CN. LENT. Q. EX S. [C].

Módulo: 20 mm. Sentido: 6 h. Peso: 4,17 grs.

Cronología: entre el 88 a. C.

Cohen, XIV, 10. Crawford, XLIX, 393/1a

15Denario de plata de almuñécar 15

15DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 15 copia

MALL. A. ALBINVS S.F. L. METEL.

96 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Palas a derecha con casco y crines. Arriba, martillo. Delante, X.

R/ Hombre desnudo llevando el Strophivm, sosteniendo una lanza y apoyando el pie en una armadura. Detrás, una proa de nave y C. MA.

Módulo: 19 mm. Sentido, 9 h. Peso: 3,66 grs.

Moneda acuñada por el triunviro monetario Gayo Poblicio Maleolo en el año aproximado a 99 a.  C.

Cohen, XXXIII, Poblicia, 2. Crawford, XLIII, 335/3c16Denario de plata de Almuñécar 16 (1)

16Dibujos del Tesorillo de denarios 16 copia

MALL. A. ALBINVS S.F. L. METEL.

96 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Palas a derecha con casco y crines. Arriba, martillo. Delante, *.

R/ Hombre desnudo llevando el Strophivm, sosteniendo una lanza y apoyando el pie en una armadura. Detrás, una proa de nave y C. MA.

Módulo: 18 mm. Sentido, 9 h. Peso: 3,64 grs.

Moneda acuñada por el triunviro monetario Gayo Poblicio Maleolo en el año aproximado a 99 a. C.

Cohen, XXXIII. POBLICIA, 3. Crawford, XLIII, 335/3 c17Denario de plata de Almuñécar 17

17DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 17

VOLTEI M.F.

78 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Cabeza laureada de Júpiter a derecha.

R/ Templo tetrástilo. En el frontón, un rayo. Exergo: M. VOLTEI  M. F.

Módulo: 19 mm. Sentido: 2 h. Peso: 3,61 gr.

Moneda acuñada por esta familia en el año 80 a. C.

Cohen, XLII, VOLTEIA, 1. Crawford, XLIX, 385/1.18Denario de plata de Almuñécar 1818Denarios de plata 2 Dibujos 18

PLAETORIVS M.F. CESTIANVS AED. CVR.

67 a. C. circa

AR/ Denario:

A/ Cabeza de Cibeles a derecha con corona mural.

Leyenda: delante: PLAVTIVS. Detrás: AED. CVR. S.C.

R/ Silla curul. En el campo, a derecha: símpulo, a izquierda, ala.

Leyenda: M. PLAETORIVS AED. CUR. EX S. C.

Módulo: 19 mm. Sentido: 3 h. Peso: 3,75 grs.

Moneda acuñada por Publio Hypsaevs en el año 54 a. C.

Cohen, XXXIII, 6. Crawford,  431/1.

PLAETORIVS M.F. CESTIANVS AED. CVR.

67 a. C. circa

19Denario de plata de Almuñécar 19

19Denarios de plata 2 Dibujos 19

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Cibeles a derecha, con corona mural. Detrás: CESTIANVS.  Delante: globo. Todo dentro de collar.

R/ Silla curul. En el campo, a derecha: símpulo, a izquierda, ala.

Leyenda: M. PLAETORIVS AED. CUR. EX S. C.

Módulo: 20 mm. Sentido: 6 h. Peso: 3,90 grs.

Moneda acuñada por Marco Pletorio Cestiano en el año 68 a. de C.

Cohen, XXXII, IVNIA II, 8. Crawford, L, 409/2.

ROSCI FABATI

64 a. C. circa

20Denario de plata de Almuñécar 20

20DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 20 copia

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Juno Sospita. Detrás, signo.

Leyenda: L ROSCI.

R/ Muchacha dando de comer a una serpiente. Detrás, el mismo símbolo del anverso. Exergo: FABATI.

Moneda dentada.

Módulo: 19 mm. Sentido: 6 h. Peso: 3,56 grs.

Moneda acuñada por el pretor Lucio Roscio Fabatvs en el año 66 a. de C.

Cohen XXXVI, ROSCIA, Crawford 412/1.

SCAVR. P. HYPSAEVS AED. CVR.

58 a. C. circa

21Denario de plata de Almuñécar 21

21DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 21 copia

AR/ Denario.

A/ Aretas de rodillas teniendo un camello de la brida y presentando un rama de olivo. Leyenda: arriba; en dos líneas [M. SCAVR./AE/ D. CVR. Detrás EX; delante  SC. Exergo REX ARETAS

R/ Júpiter en una cuadriga, al galope, a izquierda.

Leyenda: Encima en dos líneas: P. HYPSAE/AED. CVR. [CAPTV].

Exergo: en dos líneas: C. HYPSAE [COS.]/PREIV[E].

Módulo: 20 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,50 grs.

En opinión de Riccio esta moneda fue acuñada por Marco Emilio Lépido en el año 62 a. C.

Cohen, I, AEMILIA-PLAVTIA, 1. Crawford, II, 422/1b

22Denario de plara de Almuñécar 22

22Denarios de plata 22 Dibujos copia

PLAVTIVS AED. CVR.

55 a. C. circa

AR/ Denario.

A/ Aretas de rodillas teniendo un camello de la brida y presentando un rama de olivo. Leyenda: arriba; en dos líneas [M. SCAVR./AE/ D. CVR. Detrás EX; delante  SC. Exergo REX ARETAS

R/ Júpiter en una cuadriga, al galope, a izquierda.

Leyenda: Encima en dos líneas: P. HYPSAE/AED. CVR. [CAPTV].

Exergo: en dos líneas: C. HYPSAE [COS.]/PREIV[E].

Módulo: 20 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,50 grs.

En opinión de Riccio esta moneda fue acuñada por Marco Emilio Lépido en el año 62 a. de C.

Cohen, I, AEMILIA-PLAVTIA, 1. Crawforford, II, 422/1b.

23Denario de plata de Almuñécar 23

23DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 23 copia

AR/ Denario.

A/ Cabeza de Cibeles a derecha con corona mural. Leyenda delante: PLAVTIVS. Detrás  AED. CVR. S. C.

R/ Baquio arrodillado sujetando el freno a un camello y presentando una rama de olivo. Delante: IVDAEVS. Exergo BACCHIVS.

Módulo: 19 mm. Sentido: 3 h. Peso: 3,75 grs.

Moneda acuñada por Publio Hypsaevs en el año 54 a. C.

Cohen, XXXIII, 8. Cawford, 431/1

24Denario de plata de Almuñécar 24

24Dibujos del Tesorillo de denarios 24 copia

CAESAR

49-48 a. C. circa

AR/ Denario

A/ Elefante a derecha aplastando una serpiente con sus patas delanteras. Exergo: CAESAR.

R/ Símpulo, aspersorio, hacha y gorro flamíneo.

Módulo: 19 mm. Sentido: 6 h. Peso: 3,65 gr.

Cohen, XX, 10. Crawford, III, 443/1

Esta moneda fue acuñada por Julio César en el año 50 a. C. quien se representó a sí mismo bajo la forma de elefante que aplasta a sus enemigos (César= a elefante en lengua púnica).

CAESAR

49-48 a. C. circa

25Denario de plata de Almuñécar 25

25DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 25

AR/ Denario

A/ Elefante a derecha aplastando una serpiente con sus patas delanteras. Exergo: CAESAR.

R/ Símpulo, aspersorio, hacha y gorro flamíneo.

Módulo: 20 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,66 grs.

Esta moneda fue acuñada por Julio César en el año 50 a. de C. quien se representó a sí mismo bajo la forma de elefante que aplasta a sus enemigos (César= a elefante en púnico).

Cohen, XX, 10. Crawford, III, 443/1

Cronología igual a la anterior.

26Denario de plata de Almuñécar 26

CAESAR

49-48 a. C. circa26DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 26 copia

AR/ Denario

A/ Elefante a derecha aplastando una serpiente con sus patas delanteras. Exergo: CAESAR.

R/ Símpulo, aspersorio, hacha y gorro flamíneo.

Módulo: 20 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,92 grs.

Esta moneda fue acuñada por Julio César en el año 50 a. C. quien se representó a sí mismo bajo la forma de elefante que aplasta a sus enemigos (César= a elefante en púnico).

Cohen, XX, 10. Crawford, III, 443/1

Cronología igual a la anterior.

27Denario de plata de Almuñécar 27

ANTIVS C. F. RESTIO

47 a. C. circa

27DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 27

AR/Denario

A/ Cabezas unidas de los dioses Penates, diademados, a derecha.

Leyenda: DEI PENATES.

R/ Hércules de pie desnudo, sosteniendo una clava, un trofeo y el despojo del león de Nemea.

Leyenda: C. ANTIVS  C.F.

Módulo: 19 mm. Sentido: 12 h. Peso: 3,40 grs.

Cohen, III, 1. Crawford, LIV, 455/2a

Esta moneda fue acuñada en el año 48 a. de C. por el hijo del tribuno de la plebe Ancio Restión.

C.N. MAGNVS IMP. F.M. MINAT. SABIN. PR(O) Q.

46-45 a. C. circa

28Denario de plata de Almuñécar 28

28DENARIOS DE PLATA, DIBUJOS 28 copia

AR/ Denario.

A/ Cabeza desnuda de Pompeyo a derecha. Detrás, IMP. Delante. C: N. MAGN.

R/ Pompeyo hijo de pie entre una mujer con corona mural de pie a izquierda, y otra también con corona mural arrodillada a derecha.

Exergo: en dos líneas: M. MINAT/SABI.

Módulo: 19 mm. Sentido: 5 h. Peso: 3,52 grs.

Moneda acuñada en el año 46 a. C. por Marco Minatio Sabino, un año antes de la muerte de Cnaeo Pompeyo hijo.

Cohen, XXVIII, MINATIA-POMPEIA, 3. Crawford, LV, 470/1B

CONCLUSIONES

         Dentro  del proceso histórico de la guerra civil entre César y Pompeyo, el hallazgo de estas monedas en forma de “tesorillo” (peculio), podemos considerarlo como una consecuencia de las precauciones humanas que se solían tomar cuando tenía lugar un acontecimiento de estas características: la inseguridad política.

Una vez sometida África, faltaba tan sólo someter Hispania. A finales del 46 a. de C., César partió de Roma en pleno invierno. Los pompeyanos se habían levantado en la Bética contra el pretor cesariano Casio, cuya tropas también siguieron el movimiento revolucionario. El ejército pompeyano de Hispania llegó pronto a contar con trece legiones.

César, ya en la Bética y tras un fracaso militar ante Corduba, cayó enfermo; a pesar de lo cual y por la indecisión de los pompeyanos que no querían presentar combate, los derrotó en la batalla de Munda.

No cabe duda de que todo este movimiento militar englobaba en sus operaciones la franja costera, y sobre todo, las ciudades que históricamente se veían vinculadas a los procesos de invasiones, reformas, deserciones y puntos de contacto comerciales de primer orden.

Enmarcando históricamente estas monedas, podemos pensar que tienen una estrecha relación con los acontecimientos de tipo militar, ya que la cronología que nos ofrecen sus últimos ejemplares (Familia Minatia-Pompeia) datan del año 46 a. de C. precisamente.

Era un hecho normal en la historia de la humanidad que, cuando un personaje presentía revoluciones, sintiera necesidad de esconder aquello que poseyera de algún valor, como, por ejemplo, su peculio. Esto es precisamente lo que se ha podido dar en esta circunstancia. El denario, o mejor, la moneda de plata, elemento en el que se solía pagar a los soldados en esta etapa de Roma, se escondan en aquellos lugares que ofrecieran alguna garantía de recuperación posterior. En este caso el “tesorillo” es ocultado en una pileta e salazones, hecho que nos lleva a las siguientes conclusiones;

  1. Este dinero perteneció con casi toda probabilidad a un soldado de la guarnición militar de Sexs, que posiblemente se encontraba bajo dominio o simpatía de los pompeyanos.
  2. Que la pileta de salazones se encontraba ya en estos momentos en desuso, lo que conlleva su preexistencia, pudiéndose remontar a más de la mitad del siglo I a. de C. y
  3. Esto puede indicarnos que Sexs (SKS) fue factoría y plaza militar más que nada en estas altas fechas de su historia.
  4. Esta conclusión abre una nueva problemática histórica: La factoría de salazones usa necesariamente agua dulce. De lo contrario no podría funcionar. El agua de lluvia, sobre todo en temporada alta (verano-otoño) no sería suficiente para cubrir las necesidades de esta industria tan importante y grande. Aquí se plantea una cuestión cronológica: si el agua de lluvia no era de ninguna forma suficiente, el acueducto tendría que existir ya con anterioridad. Esto presupone que la cronología admitida sobre la construcción del acueducto no es acertada, porque lo sitúan las investigaciones modernas en el siglo I después de C. Y la pileta nos ha informado que pertenece, como mínimo, al siglo I (años 46 a. C.).
  5. Ante esto, no cabe duda que hay que replantearse una nueva cronología para el acueducto romano de Almuñécar.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Granada, 18 de enero de 2018.