SEKS (Almuñécar, Granada)

 

 

SEKS

(Almuñécar, Granada)

FORMAS INDUSTRIALES Y PÚBLICAS ROMANAS

Antonio Ruiz Fernández

 

 

 

Dedicado a mi esposa,a mis hijos y a mis nietos

 

 

 INTRODUCCIÓN

 

En este trabajo de investigación se pretende aclarar muchos puntos oscuros que se tienen, desde antiguo, sobre el origen e identidad de Almuñécar.

El trabajo ha sido constante,  penoso en muchos momentos, pero eficaz. Se puede decir que, desde los años 60 del siglo pasado, se ha ido recopilando toda cuanta información ha llegado a mi poder. El trabajo fue ultimado a finales de los 90, fecha en que se leyó como tesis doctoral en la Universidad de Granada.

Tanto el texto, como la realización de fotografías, y el levantamiento de todas las planimetrías, han sido obra del autor, salvo los planos cedidos por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, y alguno del Ayuntamiento de Almuñécar.

En todo ese recorrido se puede decir que hemos llegado a recoger información de cada uno de los rincones del casco antiguo y zona periférica del mismo. Por ello debo agradecer la información proporcionada por personas de la ciudad, a la que estaré siempre agradecido. Pues los propios vecinos de las casas estudiadas no escatimaron en colaborar con la información que tenían sobre las formas, estructuras y materiales antiguos de que estaban hechas sus casas. Cuando la gente sencilla y humilde del casco viejo hacía alguna reforma en su vivienda, se encontraba con materiales de una contex-tura y dureza poco corriente. Habían tropezado con los materiales usados por los ro-manos desde hacía más de dos mil años.

Es notorio que hasta los más modernos autores, que han estudiado Almuñécar, opinan que se trata de una ciudad romana. Por muchas razones piensan que esto es así. Pero los hechos revelan que la realidad es muy distinta a lo que podemos leer tanto en libros modernos como en autores antiguos.

Para ello, y precisamente por eso, he realizado este largo y extenso trabajo; para esclarecer de una vez qué es lo que realmente ha existido en lo que se viene llamando Sexi, con tanta proliferación: una ciudad romana, con estructuras públicas y privadas, casas, mansiones, teatro, mercados, puertos, etc.

Y nada más lejos de la realidad cuando empezamos a hacer una estadística arqueológica y técnica. Si realmente esto hubiera sido así, cabe hacerse muchas preguntas, y pedir pruebas que testifiquen lo que se viene afirmando con tanta abundancia de opiniones.

Era tal la fama propagada por autores clásicos, que casi no cabía duda en admitir que, evidentemente, se trataba de una gran ciudad, primero fenicia y después romana.

Aquí se plantea una gran cuestión: ¿Dónde están las pruebas de la existencia de una ciudad fenicia? Esto en primer lugar. Todo arqueólogo debe saber que los fenicios jamás construían una necrópolis dentro de la ciudad. Esto se demuestra con las citas de los trabajos realizados en Cueva de Siete Palacios, y la descripción hecha en el Manuscrito de Almuñécar, donde se detalla, a su manera, la gran cantidad de hallazgos de elementos fenicios encontrados en una tumba cuando se practicaban reformas junto a la llamada Puerta del Sol de la Iglesia Parroquial. Otro de los hallazgos tuvo lugar en Cueva de Siete Palacios, donde se encontró un fragmento de plato de cerámica de barniz rojo fenicio, probablemente perteneciente al ajuar de una tumba fenicia situada en este lugar, y que fue rota por la nueva construcción romana que aquí se levantó. Por otra parte, también se perforó alguna de las piletas de salazones del Majuelo para ver si aparecían restos estructurales fenicios; sólo encontraron fragmentos de cerámica fenicia, pero nada de estructuras murales que pudieran testificar la presencia de un emplazamiento urbano en esta localidad. Sólo elementos probablemente pertenecientes a las salazones. A este respecto cabe decir que el elemento fenicio, tras la definitiva derrota de los cartagineses en la batalla de Ilipa (-206), se unió a la actitud que tomaron los fenicios gaditanos, y colaboraron con los romanos, permitiéndoles e incrementando sus factorías de salazones. Eso hizo que perduraran en estas costas fenicios y romanos: unos aportaron sus técnicas, y otro sus infraestructuras industriales. Lo que lleva a explicar que aparezcan restos fenicios mezclados con romanos. Pero nunca, repito, apareció una infraestructura urbana fenicia en este lugar. Pues en tiempos anteriores, probablemente, la llegada de los fenicios hasta aquí fue temporera. Este fenómeno explica que en la necrópolis fenicia de Puente del Noi no se pueda establecer una continuidad cronológica; hasta el punto de que unas tumbas se encuentran interfiriendo a otras. Se marchaban y, a la temporada siguiente, ya no sabían donde se encontraban las tumbas de tiempos atrás. Por eso, esa forma tan poco común de ver que una tumba corte a otra.

Nadie puede dudar de su presencia aquí. Pero lo cierto es que no nos han dejado ningún resto de infraestructura urbana.

Por ello, y haciendo hincapié en lo dicho en párrafos anteriores, se sabe que los fenicios no levantaban ciudad donde había necrópolis. Continúa siendo un misterio este hecho. Es posible que los romanos, después del año 206 a. de C, destruyeran hasta la última piedra de la hipotética ciudad fenicia; pero no parece probable, porque los romanos concedieron privilegios a los fenicios, como es permitirles la fabricación de las salazones, y la facultad de acuñar moneda propia a cambio de su lealtad.

Aclarado este aspecto, citamos otros lugares donde se detectó la presencia romana: Monte  de Velilla, en el que apareció una pequeña nave abovedada (hoy enterrada o destruida por la nueva urbanización); sobre el nuevo campo de fútbol municipal, aparecieron estructuras probablemente similares a las termas romanas de la Carrera. Esto se sabe por los comentarios de los operarios que trabajaron en su construcción. No tenemos pruebas directas de ello; en Cotobro aparecieron: un pozo romano, y piletas de salazones; las villas rústicas se encontraban sobre la Albina (lugar pantanoso), barrio de San Sebastián, dos en la carretera de Jete, y una grande en los Bañuelos. Es muy probable que en las Peñuelas existiera otra. No se olvide que sobre el Camino Bajo, en su parte más baja, existió lo que se llamó El Cuartón de la Ciudad Antigua, pues se pueden ver muros y materiales formando parte de tales estructuras. Los columbarios eran seis, pero sólo quedan dos: el de la Albina, y el de la carretera de Jete. De los otros, sólo quedan indicios, como ocurre en la finca La Cerca. Por último, queda decir algo sobre el acueducto romano. Se piensa que nace en la Virgen del Agua, pero hay indicios claros de que hay canal por el lecho de río Verde que pasa por Jete y continúa hacia Otívar (hay fotos de ese canal bajo el río). Todo parece indicar que su inicio es el canal antes citado, pero no se tiene la certeza absoluta de que sea así. En cuanto a sus proporciones es conveniente aclarar que el elemento, básico para la industria de Seks, dispone de diez puentes que salvan las vaguadas en las dos vertientes, río Verde y río Seco, terminando en la Santa Cruz, desde donde, por medio de un canal, empalmaba con el puente final a la entrada de la actual ciudad. Por medio de canales de un sistema de sifón, finalizaba en la Torre de Descarga, situada donde hoy se levanta la Iglesia Parroquial, y cuyos materiales pueden verse hoy usados en su alzado, tanto la piedra pizarrosa como sillares de piedra toba. La Iglesia no tiene cimientos, está montada sobre los fuertes muros romanos de la Torre de Descarga. Hoy se pueden ver sobre la calle cómo está montada encima de materiales romanos.

Volviendo al casco antiguo de Seks, hay que decir que las estructuras hasta hoy detectadas y fotografiadas, no dan pie a admitir que se trate del esquema de ciudad. Ni una sola calle actual responde a un cardo maximus o a un decumanus. Las únicas calles que podrían presentar dudas a la hora de considerarlas romanas, son San Miguel, Angustias Nueva y su paralela Angustias Moderna. Pero las exploraciones de los alcantarillados nuevos han dado como prueba que todas están cruzadas por muros romanos en todo su trazado.

La cantidad de materiales analizados, incluyendo los de origen árabe, dan pie a afirmar que esto no es una ciudad típicamente romana, sino una gran factoría de salazones, como se indicará a continuación. Se ha hecho una estadística de los tres niveles confirmados y analizados, tanto en la vertiente de levante como en la de poniente, de materiales contabilizados de época romana, y más del 90% de ellos son de tipo romano. El resto lo forman elementos árabes y cristianos.

Para aportar algo más de luz sobre esta afirmación, hay que decir, a la vista de lo que se puede comprobar, que los elementos industriales y de almacenaje aparecen en todos los niveles. Así, comenzando por la Plaza de la Rosa, en los rebajes de las nuevas construcciones aparecieron restos de hornos de cerámica (antiguo Pasapoga) y al comienzo de la calle Alta del Mar. Viniendo de la calle Real, al inicio de Baja del Mar, apareció gran cantidad de cerámica y estructuras murales. En la misma calle Real se puede ver parte de un canal de conducción de aguas que, a partir de la librería, se dirige hacia la parte superior, probablemente hasta las dependencias orientales de la Cueva de Siete Palacios, por la calle San Joaquín (I). En Plaza del Ayuntamiento las estructuras halladas bajo la actual farmacia son evidentes. En el interior de l a casa de la familia Müller apareció una gran nave abovedada, según se entra, al fondo. Tengo una fotografía (negativo) donde se observa gran parte de su bóveda, que linda por detrás con la calle Escamado. Hoy está transformada en un gran salón. Aquí se encuentra una canal subterráneo que se dirige hacia la Iglesia, y también, con canal y tuberías de cerámica, hacia la parte superior del barrio del Castillo.

Al comienzo de la calle Antigua, a izquierda, según se asciende, hay una nave abovedad bien conservada. Enfrente de ella había una ermita, donde aparecieron cantidades de materiales romanos, hoy perdidos. Sobre la calle Escamado se encuentra el Palacete del Corregidor, con materiales romanos que ya han sido estudiados y publicados.

Llegados a la calle San Joaquín (I), nos encontramos, por un lado, con el gran muro de aterrazamiento romano, un torreón medieval y el complejo de la Cueva de Siete Palacios, que fue tres veces mayor de lo que hoy se puede ver.

A la entrada de la calle San Miguel, a mano izquierda, podemos ver toda una serie encadenada de galerías abovedadas, cinco, al igual que podemos comprobar que otras muchas galerías de este tipo han sido destruidas para poder crear calle de acceso a todas esta viviendas ocupadas desde hace muchos años por familias de esta ciudad moderna. Este curioso observar que en el Libro de Asentamientos no se mencione ni una sola galería abovedada, cuando se hace entrega de casas a los nuevos habitantes que vienen de otras tierras a vivir aquí.

Siguiendo por la calle Espaldas de San Miguel, encontramos unas gradas de piedra toba, que fue de mayores proporciones de las que vemos. Más adelante había un antiguo lavadero (hoy ermita sobre una galería abovedada), con indicios de haber tenido más altura de la que se ve. Casi al final de la calle San Miguel, en un derribo aparecieron unos muros de mayores proporciones de lo habitual. Pertenecen a naves abovedadas que formaban parte del gran conjunto de la citada calle. Toda entera formaba un conjunto paralelo a Cueva de Siete Palacios. Entre las calles Clavelicos y Torremolinos, con motivo de nuevas construcciones modernas, aparecieron estructuras muy similares al conjunto de la Cueva en tipología y tamaño. Esto ha quedado enterrado.

En la calle Angustias Nueva, al principio, hay una nave abovedada bien conservada.

En la calle Angustias Moderna se encuentra, cerca de una placeta, una nave abovedada muy bien conservada, y otros muchos restos de muros pertenecientes a estructuras que han sido destruidas para poder abrir paso.

Ya sobre Eras del Castillo, encima de la Cueva, tenemos un conjunto de seis galerías abovedadas, y otra (hoy taponada) según se sube hacia Eras desde levante.

Casi al final de la Cuesta del Carmen, a izquierda, se encuentran los restos de la gran muralla romana que circundaba la ciudad. Sobre la parte superior de la misma se encuentra el canal cortado, que llevaba agua hacia la parte del Castillo, donde se han descubierto depósitos al respecto. Este canal procedía de Eras del Castillo, a donde llegaba el agua por medio de un sistema de sifón, procedente del depósito que estaba montado en el solar que hoy ocupa la actual Iglesia Parroquial.

Partiendo de la parte noroeste del Castillo, se encuentra un gran lienzo de la muralla romana que circundaba todo el complejo industrial. Sobre esta muralla se ha levantado la muralla medieval cristiana, cuyas almenas pueden observarse al final de la calle Antigua.

Partiendo de la calle Morería Alta podemos encontrar restos importantes sobre la calle, resto de una plataforma de hormigón para el equilibrio del terreno. Hay muchos indicios sobre la calle en todo su trazado.

En la calle Morería Baja se ha descubierto un complejo conjunto de dos galerías abovedadas, un depósito de agua encima de una galería y un murallón de contención al fondo, que supera los dos metros de grosor. La calle posterior, Morería Alta se encuentra montada sobre el citado murallón. Sobre la misma calle, un poco más arriba aparece un conjunto grande de piletas de salazones. Unas se encuentran sobre otro gran murallón de aterrazamiento. Otras han sido excavadas hace pocos años, siendo un total de doce, aunque no se excavó todo el terreno. La zona de poniente ha sido la que más demoliciones ha experimentado a través del tiempo.

De forma similar, debajo del murallón de contención que se encuentra cerca de la Cueva, sobre la calle Carmen Baja, aparecieron en un obra nueva, cinco piletas de salazones en una cota similar a la anteriormente citada.

En la calle Baja del Mar, en su cruce con Cerrajeros, hay un complejo conjunto de naves romanas, que fueron modificadas por el elemento musulmán, para convertirlo en un posible lugar de baños o, incluso, mezquita. Se distinguen muy bien los paramentos de opus incertum, muros de ladrillo (opus testaceum), y agujeros en el techo como en todas las galerías abovedadas, que ha sido trasformado en lucernaria, al estilo musulmán. Este conjunto llega desde Baja del Mar hasta Alta del Mar, donde, en un determinado lugar, una de las galerías abovedadas se resintió por peso de la casa, que se encuentra encima, y hubo necesidad, por parte de los propietarios, de meter una inyección de hormigón hasta que se rellenó el hueco de la nave de abajo.

La periferia del casco antiguo de la ciudad viene marcada por la muralla que, iniciada a la entrada de Almuñécar en la Carretera de Jete, continúa por Avda. de Cala, Calle Nueva, parte superior del Majuelo (Puerta del Alcazaba), hasta enlazar con el Castillo, muros de poniente de la Tenaza (escalonados), dando la vuelta a todo el Castillo, hasta conectar con las murallas de levante, siguiendo por la Cuesta del Carmen, enlazando con la muralla que pasa por el antiguo cine Coliseo, Puerta del Mar (bar El Choco) y continuando por la calle Alcalde Julio Fajardo, y siguiendo por la acera izquierda de la Avda. de Andalucía, finalizaba, por último, en la Carrera, Puerta de Granada. En esta zona es donde se encuentran las termas romanas últimamente descubiertas.

Finalmente hay que decir lo que pensamos sobre la realidad de este complejo de estructuras romanas. Téngase en cuenta que lo que en todo el recinto arqueológico ha aparecido es lo siguiente: galerías abovedadas, piletas de salazón en todas las cotas de la ciudad moderna, incluido el Peñón del Santo, restos de elementos arquitectónicos de edificios públicos (como templos o mercados) y, además, no hay ninguna calle actual que responda a un esquema urbano heredado de los romanos. Por todo ello no cabe más que decir. El lector tiene la palabra. Yo tengo la información, y pienso, basándome en los datos arqueológicos, que todo este conjunto responde sólo a una estructura industrial con todos sus elementos.

Al autor

 

 

ALMUÑÉCAR

 

ESTADO DE LA CUESTIÓN

Al iniciar el estudio de un sistema arquitec­tónico como el de Almuñécar, de entrada, cualquier no iniciado se deja llevar por explicaciones que la tradición no escrita ha grabado en la creencia popular de forma vaga y fantasiosa.

Esta ciudad ha alcanzado una tradición islámica, último contacto actuante, como factor antrópico, en la comprensión de las estructuras heredadas de un pasado casi inmediato. No obstante, tal estado de opinión tiene cierta razón de ser cuando se pueden rastrear, con evidencia, los vestigios más relevantes y significativos del acervo urbano medieval.

Pero lo que más ha calado en el observador poco avezad0, es la tradición musulmana que, por inercia popular, ha llegado a influir decisivamente sobre las concepciones adoptadas a la hora de indagar en las raíces de un sistema arquitectónico antiguo, que han inducido a asumir un concepto erróneo en la interpretación de los elementos de estudio que aquí se plantean.

Así, se ha sufrido el riesgo de que una tradición popular condicione a tantos cuantos han dado su opinión o juicio sobre un complejo arquitectónico tan controvertido y extraño como el de Almuñécar.

Debido a esta concepción, impregnada de prejuicios o posturas apriorísticas, tal es el punto de vista que se ha venido manteniendo que, lo más inmediato, ha marcado la pauta a seguir para explicar, de manera llámese ortodoxa, la complicada trama que Almuñécar presenta ante el inexperto e, incluso, ante el versado.

Es asumible que la red viaria de la ciudad se preste a definiciones precipitadas, influenciadas por el estado de opinión popular dominante.

Pero la cautela, observación, recopilación de datos, crítica objetiva, y análisis sistemático y cuantificado de todo indicio o vestigio, deben marcar las líneas a seguir, y presidir toda postura asumida a la hora de iniciar una seria investigación en un complejo, en principio, no fácil de catalogar. Para explicar lo que realmente es este trabado núcleo de estructuras, se deben asumir ciertos condicionantes, como las dificultades en las prospecciones.

Los problemas planteados en estas dificultades se resumen en:

1.-Urbanismo moderno superpuesto a las formas antiguas: reutiliza­ciones de elementos musulmanes y cristianos modernos, sobre elementos arquitectóni­cos, algo de unos y múltiples de otros.

2.- Roturas provocadas en época romana y moderna.

3.- Aperturas de calles que rompen los sistemas arquitectó­ni­cos antiguos, y alteraciones de otras que en el Medievo se citan.

4.- Fórmulas constructivas para salvar los numerosos desniveles en las zonas abruptas de la planta general del complejo, donde se asienta el conjunto estructural de esta ciudad moderna.

5.- Soluciones de los antiguos para salvar tales desnive­les.

6.-Desapariciones de restos arquitectónicos a causa de los modernos planes urbanísticos.

7.-Roturas intencionadas en determinados descubrimien­tos arqueológicos.

  1. TRANSFORMACIONES EN ÉPOCA MEDIEVAL

Las alteraciones estructurales de esta fase se resumen en:

1) Destrucción total de la Torre de Descarga, dentro del complejo urbano, punto terminal del acueducto romano, que abastecía este centro industrial, y su consumo humano. Tal torre se encontraba en la parte norte de la actual Iglesia de la Encarnación. Hoy dicha torre forma parte de sus cimientos.

2) Hay, encubierto con revestimiento moderno, otro depósito que recogía parte del caudal de la citada torre, para abastecer el área levantina, donde hay una factoría de mayores proporciones que la del Majuelo.

3) Reutilización, por parte del elemento musulmán, de una secuencia de naves romanas

como probables baños o mezquita.

4) Construcción del Castillo fortaleza musulmana sobre un complejo romano, donde lo más relevante es una casa romana, con áreas destinadas a almacenes, o silos, entre sus componentes (descubierta en 1989).

5) Reutilización, como espacio de vivienda moderna, del complejo arquitectónico romano, en la mayor parte de los sectores en que ha sido dividida la ciudad.

1.1. Elementos constructivos. Abandono y consecuencias

En esta situación se señala la falta de interés del elemento islámico (en términos generales y por motivos tal vez justificados, según los intereses de cada comunidad) por el casquete superior de la ciudad. Esto se entiende desde el punto de vista práctico: el elenco estructural romano no reunía condiciones de habitabilidad, por lo que, probablemente, no fuera ocupado. Lo que no significa que algunos espacios sí lo fueran, como es el subsector supuestamente destinado a baños o mezquita, donde se observa reutilización del alzado romano, sobre el que se ha modelado un arco de herradura a la entrada del recinto, y aprovechado las aberturas de las bóvedas para montar tragaluces con vidrio.

Ya desde la ocupación de Almuñécar por el elemento islámico, se tienen noticias sobre ruinas que se dicen abandonadas1.

Otra de las connotaciones, aplicada a tales ruinas, es ser antiguas y, por tanto, anteriores a la época de la llegada del elemento musulmán a la Península Ibérica.

Después del análisis superficial de los restos hoy visibles, se ha comprobado que muchas de las dependencias arquitec­tónicas de tal conjunto, ofrecen un estado ruinoso, deterioro producido en fechas algo lejanas; fenómeno que probablemente ha dado lugar a una fácil reutilización, por parte de los ocupan­tes, de los elementos existentes en época tardía, para adaptar­los a hábitat doméstico. Así, se ven bóvedas caídas, que soportan un techo moderno, también en estado ruinoso (sector L de Eras del Castillo).

Normalmente, cuando una cubierta abovedada aparece con sus puntos de arranque sobre los propios muros laterales, ello indica que, casi con toda certeza, se trata de una de las naves romanas que, al paso del tiempo, por deficiencia de aparejo, se ha derrumbado.

Recientemente se ha comprobado que, cuando se tiene intención de destruir una cubierta abovedada para montar una planta encima, esa bóveda preexistente es derribada hasta el punto de no dejar indicio de su existencia, aunque en otros lugares se han limitado a enrasarla con un falso techo de escayola o yeso, y montar sobre la propia bóveda, antes enrasada en su superfi­cie externa, muros del alzado superior moderno.

En otras áreas, las antiguas estructuras caídas (o no) han sido eliminadas con el fin de hacer calle en donde no había acceso. Por ello se constata que muchas de las calles de hoy, antes fueron sistemas abovedados completos, que formaban unidad arquitectónica con otras secuencias situadas en paralelo.

Después de comprobar los alineamientos de las calles del casquete superior de la ciudad actual, en unos subsectores se ve la línea seguida por el arquitecto romano y, en otros, la necesi­dad del colono medieval, forzado a romper los esquemas antiguos porque no responden a las necesidades que su forma de vida exige.

Por ello, hay momentos en que, incluso, se abre calle usando como soporte unos murallones que servían (y sirven) de contra­fuertes a los sistemas de aterrazamiento del complejo romano.

Al darse un choque frontal entre lo existente, de época romana, y lo que se precisa por imperativos de un nuevo tipo de vida, costumbres e industrias, no cabe más solución que la de comprender que la nueva población llegada adapte a sus necesi­dades cuanto encuentre a su paso y, por ello, en la medida de sus posibilidades, lo transforma.

Gracias a la información recibida de inquilinos, se ha sabido que espacios murados en ruinas, han sido usados por los mismos como puntos de arranque de sus casas, pero conservando las módulos precedentes. Por tal razón, los esquemas modernos del casquete superior respetan las mismas proporciones, según los sectores de que se trate, y la construcción antigua reutilizada.

Es largo enumerar los casos constatados, pero, a su tiempo, se citarán, y sólo se indicarán como uno de los datos fehacien­tes de que el abandono y la no ocupación de estos espacios por el elemento musulmán, contribuyeron en gran medida al deterioro de la mayor parte de la zona monumental de Seks, sin olvidar que, a partir de los repartos, tras la expulsión de moriscos y judíos de esta localidad, el esquema general del conjunto volviera a sufrir, como parece indicarse que así fue, nuevos cambios entre transformaciones y readaptaciones.

Resulta sospechoso que la parte superior de la ciudad, entregada a los nuevos ocupantes tras dicha expulsión, no sea en ningún momento mencionada. Por ello se tiende a pensar que el casquete superior y gran parte del espacio de Poniente, no fueron ocupados porque se encontraran en estado ruinoso, además de no reunir condiciones de habitabilidad, lo que aún hoy día ocurre.

En los años cincuenta eran numerosos los espacios de la parte superior de la ciudad donde se podían ver chumberas, higueras y abundante matorral, todo dentro de las mismas estructuras.

En algunos de los sectores se ha podido hacer ver que aún se conserva lo que aquí se expone. Las viviendas abandonadas por los expulsados se encuentran en sectores tradicionalmente conocidos como espacios habitables, dotados de ciertos desaho­gos, en lo que se considera ciudad medieval.

Por ello nos remitimos al Libro de Apeos de Almuñécar, en el que se ve cómo se va cumpliendo cada una de estas propuestas explicativas y analizadoras del problema urbano actual y antiguo.

Así pues, en las citas de tal documento se van enumerando, y en parte describiendo, las casas situadas en espacios conocidos como collationes, demarcaciones religiosas.

1.2. Asentamientos modernos

Los asentamientos llevados a término entre los años 1491 y 1497, siguiendo secuencia cronológica, son los siguientes, según los textos:

“Diosele unas casas en la colaçión de Santiago, de cara a la Judería desta dicha çibdad que han por linderos de la una parte una calle real que desciende del Alcaçaba y de la otra parte casa de juan de Ledesma, diéronsele e con un corral a las espaldas a la que está la madera” 2

(L. R. A., nº 1, año 1491).

La colación de Santiago comprende toda la parte baja de la ciudad, hasta la llamada Puerta del Mar. Se observa la división zonal en que quedó distribuido el espacio habitable del núcleo antiguo. Tal división se hizo siguiendo criterios religiosos, algo similares a las actuales feligresías o distritos parro­quiales.

En el cómputo de collationes hay que señalar dos más: la de Santa María, que comprendía la zona norte de la ciudad y el centro, extendiéndose hasta la calle Vélez, y la de la Trini­dad, que abarcaba gran parte de las cercanías de la factoría del Majuelo y calles próximas. Hoy sólo quedan restos de muros de su ermita, sobre el fondo de la citada calle Nueva, en las cercanías del pozo que existe en la misma.

En el año 1492, se dice:

” Diósele unas casas que salen sobre la calle Real desta çibdad, con un pedaço de corral a las espaldas que han por linderos de la parte un cobertizo 3.

Aquí se destaca el siguiente rasgo: existencia de corrales, estructuras romanas abandonadas y aprovechadas como locales de servicio para ganado y almacén.

Por otra parte, se menciona un cobertizo (nombre conservado en la misma calle), entendido como secuencia de naves alineadas, existen­tes años atrás.

En la colación de Santa María de la Antigua, se citan con frecuencia casas caídas que, si se considera que tal área abarcaba el sector de la calle Nueva y numerosas anejas, concuerdan con las interpretaciones vertidas sobre la procedencia arqui­tectónica de tales edificaciones: restos de paramentos romanos encuadrados en el complejo industrial del Majuelo, como se demuestra en las investigaciones realizadas de forma precisa en este sector.

Son frecuentes los corrales actuales, en los que se ve paramento romano con cubierta rota, y viviendas montadas sobre el mismo.

En el año 1493, se dice:

…colaçión de Santiago…casas que an por linderos de la una parte el baño desta çibdad e de la otra parte… 4 .

Como se ha indicado en párrafos anteriores, la colación de Santiago, comercial e industrial, conserva una secuencia de naves abovedadas romanas, alineadas y en posición paralela, reutilizada por el elemento musulmán.

Se ven, en los techos de su cubierta, tragaluces de vidrio similares a los que tiene cualquier baño de tradición islámica.

En el año 1493, se dice:

Dieronse unas casas en dicha çibdad, junto a Santiago, con un pedaço de corral que sale al baño e junto a la pescadería, que han por linderos de la una parte la dicha Yglesia de Santiago e de la otra casa de Juan Carnero e el dicho baño e pescadería 5 .

La zona descrita en este fragmento se identifica como el sector que comprende parte de la calle Baja del Mar (baños, mezquita y posible cárcel de la Inquisición), la antigua pescadería (desaparecida), y el Convento de Mínimos, lugar de emplazamiento de la iglesia de Santiago.

En el año 1494, se dice:

 Diéronseles unas casas en dicha çibdad, en la colaçión de Santiago que han por linderos de la una parte el baño e de la otra parte la calle real 6 .

Se considera una nueva aportación para la futura confección de configuración urbana de este sector, tan importante en el aspecto económico y social de la ciudad.

En el año 1494, se dice:

“(…) casas en la colaçión de Santia­go (…) e de la otra parte las casas del aduana del açúcar7.

De forma reiterada, se habla de aspectos económicos. Ahora se cita la aduana del azúcar, lo que confirma que el sector levantino de la ciudad constituye el núcleo industrial y comercial del conjunto. Esta situación se va produciendo, de forma continua, en torno a la probable definición del estero de río Verde, no sólo en estas fechas sino también en las anteriores.

En el año 1495, se dice:

Diósele más un corralejo questá solo, do está una hyguera entre Nuestra Señora de la Antigua y el pozo8.

Se deduce de este fragmento que la zona descrita se inscribe en el marco actual del final de la calle Nueva, donde se conserva el citado pozo, el espacio de la iglesia, destinado a casas modernas, y los corrales, compartimentos y naves pertenecientes al complejo del Majuelo, cuya demarcación comprendía desde la Puerta de Vélez hasta la playa de San Cristóbal.

En el año 1495, se dice:

Diósele unas casas en la dicha çibdad, en la colaçión de Santiago, que solía ser mezquita de moros, de que son linderos…de la otra parte, un callejón que entra en las ataraçanas e a las espaldas de dichas ataraçanas9.

Aquí se cita, por primera vez, algo que pudo y debió existir en época romana: astilleros navales10. Se da la circunstancia de que, además, en la zona baja de Levante ha aparecido un puntal de espigón terminal de puerto, bien conservado y cuya medida real se ignora 11 .

En el año 1495, se dice:

“(…) en la colaçion de Santa María una almaçería cayda” 12 .

Probablemente se hace alusión a desvanes o dependencias domésticas, caídas ya desde época anterior, y que, según hoy se comprueba en muchos lugares de la ciudad, se continúan usando como trasteros.

En el año 1496, se citan:

“(…) casares caidos en la colaçión de Santa María.

En el mismo año:

“(…) corral do está una hyguera que linda con casares caydos y con una almaçería questá sobre la puerta de las dichas casas 13.

Se vuelve a describir una situación urbanística en el sector de Santa María, en calle Nueva, estrechamente vinculada a las estructuras del Majuelo14.

En el año 1497, se dice:

Diósele unas casas que heran sinagoga, en la colaçión de Santiago, que an por linderos de la una parte el horno de Alaixa e de la otra parte la calle Real”15.

Cabe notar la presencia, en estos sectores de la ciudad, de edificios públicos notorios. Tanto la sinagoga como la mezqui­ta, atarazanas, baños, aduana y fábrica de azúcar, formaban un complejo montado sobre las viejas estructuras del estero marino-fluvial romano.

En este mismo año, se citan:

…casas del aduana donde se solía faser el açúcar, que era de los genoveses16.

Y más adelante:

“(…) dieron por casas a…la mitad de un horno de la uya, que es la puerta  que solía ser de la judería, que ha por linderos de la una parte una casa que solía ser synoga, e por delante la calle Real 17.

Este sector es el más equipado, ya que se concentran en él no sólo edificios públicos de tipo industrial, sino también religiosos (mezquita, sinagoga). La judería controlaría el aspecto mercantil de la ciudad medieval.

De todo esto se concluye que, siendo la zona levantina el lugar donde se debió concentrar la mayor actividad portuaria de época romana, por sus especiales características, consecuentemente existiría una infraestructura urbana de edificios públicos y privados, para prestar servicios a una actividad típicamente mercan­til.

            1.3. Reutilización de la factoría del Majuelo

Por suerte, los planos del Servicio Histórico Militar muestran unos espacios esquemáticos poligonales que dan a entender que, en fechas relativamente próximas, parte del complejo industrial de piletas y compartimentos de zonas auxiliares, se encontraban al descubierto. Téngase en cuenta que una pequeña parte ha estado visible dentro de la factoría, y que se corresponde, una vez descubierta la mayor parte de ella, con un sector del foro[i].

Los antiguos propietarios de la citada finca rellenaron, con tierras acarreadas, el espacio que quedaba a la intemperie. Por otra parte, es tradición, según la gente mayor de la ciudad, la práctica de la salazón en los recipientes que la factoría tenía entonces al descubierto.

            1.4. Desaparición de las zonas portuarias

Modernamente se ha delimitado, con cierta precisión, la antigua línea de costa en las vertientes de Levante y Poniente18. El Instituto Arqueológico Alemán de Madrid ha realizado sondeos en ambos esteros marinos antiguos, llegando a la conclusión de que el diseño cartográfico de la zona portuaria natural de Seks, se adentraba por ambas vegas, y formaba dos ensenadas: una mayor, río Verde, y otra menor, río Seco. Así, Seks estaba favorecida por la configuración de la costa, con dos zonas portuarias. La más segura y amplia era la de río Verde. La ribera izquierda de esta última, según se entra, ha sido más importante en la construcción de amarres, espigones y zonas de refugios navales. Así, queda abierto el proceso analítico para estudiar cada elemento constructivo y todos en conjunto, a fin de establecer, dentro de las lógicas limitaciones reales, un criterio inter­pretativo unitario de este complejo arquitectónico.

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN A LA ARQUEOLOGÍA ROMANA

DE SEKS (ALMUÑÉCAR)

 

EXPOSICIÓN SINCRÓNICA DE LAS ESTRUCTURAS

Los planteamientos científicos, en estudios y conclusiones en materia de investigación histórico‑arqueológica, deben seguir unas normas que, dentro de cada proyecto de trabajo, encaucen los procedimientos precisos. Por ello, cuando la falta de rigor, prospección, análisis y comprobación convergen en un sistema a estudiar, las conclusiones se dispersan y crean una situación de ambigüedad, que impiden conclusiones serias o, por lo menos, correctamente planteadas.

Esto supuesto, por el momento, poco ha salido a la luz sobre la verdad histórica en lo concerniente al estudio de un medio como es el que se viene conociendo, desde tiempos antiguos, con el nombre de Seks.

Sabido es que investigación y estudio de yacimientos no faltan y, por ello, esto forma un mosaico de detalles arqueo­lógicos dispersos e inconexos, de los diferentes aspectos de esta comunidad humana.

Aplicando estas premisas a Almuñécar, se dispone de documentos escritos relativos a la ciudad, impregnados de prurito localista (Historia de Almuñécar y su antigüedad defendida, Bibliot. Nac., leg. Nº 5857; y Manuscrito de Motril).

Por ello se hace una breve cita de aquellas actividades realizadas hasta ahora:

  1. a)Aportación arqueológica con excavación, de J. M. Fontana en 1945, en el Peñón del Santo19, con descubrimiento de varias piletas de salazón de pescado junto a las actuales ruinas romanas, hoy visibles en este subsector de la ciudad.
  2. b)Prospecciones arqueológicas del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid20, en los años 1950.
  3. c)Excavaciones de Pellicer en el Cerro de San Cristóbal y a Levante del Castillo de San Miguel, en su ladera21.
  4. d)Excavaciones realizadas por Sotomayor en la finca el Majuelo22.
  5. e)Excavaciones dirigidas por Molina Fajardo y A. Ruiz, sobre la colina de Puente del Noi23.
  6. f)Excavaciones en el Majuelo, llevadas a cabo por Molina Fajardo24.
  7. g)Excavaciones en la periferia del Castillo de San Miguel25.
  8. h)Excavaciones de urgencia en Eras del Castillo26Plaza del Ayuntamiento27 (dos), calle Real28, Explanadas de San Miguel29, Palacete30 del Corregidor y, por último, en Cueva de Siete Palacios31.

Aplicando este cúmulo de operaciones arqueológicas, término con el que se precisa su correcto significado, a los razona­mientos antes expuestos, es necesario delimitar lo que tiene apariencia de científico, y lo que realmente lo es.

Haciendo crítica de las primeras intervenciones (Peñón del Santo), los resultados fueron recogidos como noticia por Gómez‑Moreno y Ponsich y Tarradell32, y se ignora cómo y cuáles fueron los resultados de tal trabajo, aunque se dice que aparecieron piletas de salazón de pescado en mal estado de conservación en la cima del Peñón.

Las dos únicas excavaciones, llevadas a cabo con rigor en estos parajes, han sido las practicadas sobre el Cerro de San Cristóbal, zona periférica de Levante del Castillo de San Miguel (Pellicer)33, y la primera fase de la factoría de salazones del Majuelo (Sotomayor)34.

En la excavación de la Cueva, los resultados han sido normales dentro de lo esperado, dado que no ha existido estratigrafía, debido a que la ocupación de este espacio tuvo lugar en época tardía, al ser comprobado que los materiales hallados aparecen revueltos: cerámica, y otros elementos, en estratos muy dispares, como se ha visto en el proceso de excavación.

Así, un mismo tipo de cerámica afloraba tanto superficial como en niveles profundos.

Este espacio ha sido utilizado para los más diversos fines: desde hábitat, en época reciente, hasta como cementerio de animales, según documento arqueológico (sector L, parte baja de la Cueva).

Según testimonios orales, en los años ’60 se realizaron exploraciones sobre el relleno de la Cueva, extrayéndose algunas vasijas de cerámicas en el subsector de acceso de la puerta de Poniente.

Con estas indicaciones la Cueva pudo ser ocupada por el elemento islámico como almacén, según se observa en el sector K (fig. 17), donde recientemente se ha comprobado la reutili­zación de materiales romanos por parte de los musulmanes, ya que se observan elementos secundarios de ambas culturas, revueltos (46-K; 47‑K y 48‑K).

En el sector X (fig. 34), han sido detectadas otras reutilizaciones, según información tomada cuando se abrieron los cimientos de una construcción moderna. Se extrajeron, de compartimentos de estructura romana, dos vasijas tipo dolivm, mostradas en 9X, en cuyo contexto apareció fuerte mezcla de elementos romanos y musulmanes.

En calle Real se ha practicado una excavación de emergen­cia, donde se ha sobrepasado la profundidad necesaria para la búsqueda de elementos estructurales.

Los componentes de sistemas romanos cesan a una profundidad aproximada de 1,50 m. A pesar de ello, se ha continuado profundizando hasta los 4,70 m, excavando sobre zona de tierra o limo, tal vez pensando hallar algún resto de muro ibérico o púnico. El resultado ha sido negativo.

Sorprendentemente, sobre esta misma calle, a unos 20 m, en sentido hacia la playa, en el derribo de una casa antigua, al abrirse las bases para asentamiento de zapatas, se comprobó, en la sola exploración superficial y algo de movimientos de tierras, y que apenas se llegó a los ¾  de m, pudo seguirse una secuencia de muros romanos que, en base, formaban parte de los viejos cimientos de la antigua casa derribada (no se permitió la fotografía).

Aparte de este dato, se vio cómo una pieza cerámica similar a un dolivm, utilizado como recipiente de fosa séptica, quedaba fijado con hormigón romano en el suelo, junto a un paramento romano enterrado. Pero la novedad fue el hallazgo de numerosos fragmentos de cerámica púnica, romana, medieval y moderna, todo ello revuelto y en una potencia que apenas llegaba al metro de profundidad.

La conclusión de tales resultados fue pensar que el material hallado era un relleno llevado a cabo para equilibrio de la superficie tiempos atrás.

Los materiales no estaban en posición estratigráfica, sino que la consecuencia del desnivel, en este sector de la ciudad, producía movimiento de tierra debido a las necesidades que las nuevas estructuras impusieron a la hora de remodelarse lo que quedó de la cultura anterior, para poder ser ocupada.

En conclusión, son acumulaciones, dentro de la profundidad indicada, de material movido a partir de la llegada del elemento musulmán. Lo que no quiere decir que debajo de estas estructuras de muros romanos, los materiales se encuentren en posición.

Así, cuando se ha pretendido dar una opinión sobre las extrañas formas que presenta el sistema arquitectónico de Seks, se ha hecho de modo precipitado, sin analizar los elementos estructurales que dan cuerpo al conjunto, sino más de manera aislada y con escasez de datos al respecto. Ello ha llevado a definir un sistema como la Cueva de Siete Palacios, recopilando las diversas interpretaciones que sobre ella se han vertido, diciendo que se trata de una cárcel de esclavos (ergástula), o criptopórtico sobre el que se asentaba un foro o edificios públicos.

No se puede definir, por un solo componente arquitectónico, sin contar con el contexto arqueológico, lo que es el conjunto que se estudia en Almuñécar. Por ello, nuestra intención, aunque arriesgada, no deja de ser coherente, ya que trata de dar una definición unilateral de cada sector, estableciendo una interrelación posterior de todas ellas, creando cuerpo unitario que dé sentido al complejo en su totalidad.

Pero, también, se tratará de establecer una relación estrecha entre el núcleo central y los periféricos, para no dejar carentes de función algunos componentes que se dan de modo algo confuso.

Lo preocupante, desde el punto de vista científico, ha sido la falta de método analítico que, de forma sistemática, iniciara un banco de datos, con el fin de dar forma y contenido a las estructuras que se han venido descubriendo desde tiempos pasados.

Por todo ello, se insiste en que, con un estudio programa­do, teniendo en cuenta los elementos que presenta la simple exploración casi superficial, se consiga llegar a unas conclu­siones que se sitúen dentro de lo que, con cierta lógica, pueda ser admitido como proyecto científico.

Es necesario que, como se dijo al principio de esta relación de fechas y datos inconexos, sea hora de plantearse, de forma correcta, cuanto concierne a unas estructuras faltas de explicación metódica y, sobre todo, partir de los numerosos datos de que se ha dispuesto para un estudio serio y ordenado.

Aquí se plantea, con exigencia, ofrecer una aceptable respuesta a un acervo de documentos objetivos, con rigor y coherencia. No se trata de hacer una nueva exposición de lo que intrínsecamente constituye la esencia de Seks, sino de presen­tar una versión diferente que satisfaga la demanda de entendi­dos y profanos.

Volviendo un poco atrás, por ahora no hay más solución que la de seguir usando los tópicos tradicionales; lo que no es óbice para que se vayan imponiendo otros que solucionen esta cuestión pendiente.

Al igual que lo relacionado con lo fenicio-púnico, no presenta un estado de continuidad homogéneo, ya que las conclusiones sobre lo excavado, en materia de hábitat permanente de este elemento humano en estos parajes, es insostenible por las características de los yacimientos en sí, y hay que decir que, por falta de rigor, tanto lo relativo al fenómeno fenicio púnico, abundante, como la suficiencia de elementos romanos en estructuras arquitectónicas, no han despertado, tal vez por un fenómeno de encubrimiento de las interioridades domésticas actuales, el suficiente interés por indagar en los interiores de las citadas estructuras; lo que revelara la verdad de una reiterada situación falseada por falta de solvencia científica, que se constata con la simple observación de los elementos mostrados, con una frecuencia más que suficiente, pero mal interpretada.

Después de reiteradas observaciones de lo descubierto al exterior del sistema constructivo, se ha llegado a iniciar un nuevo camino para comprobar si lo que aparece en superficie tiene respuesta en el interior del conjunto. En efecto, a partir de la década de los años ’60, se inicia un constante seguimiento de cuanto se descubre, bien de forma intencionada, bien por observación de lo que se da en superficie; y, en principio, se llega a conclusiones que, ordenadas y clasifi­cadas con criterio de carácter tipológico, inducen a seguir en la búsqueda de una continuidad en todo aquello que diera muestras de llevar a esa unidad y, sobre todo, a una coherencia con el conjunto de cada uno de los compartimentos en que se podía subdividir el núcleo urbano de la actual ciudad.

Los diferentes sectores, en que se ha dividido el esquema arquitectónico antiguo, después de un planteamiento interpretativo nuevo, han abierto un cierto camino hacia esa búsqueda de unidad que, dentro de todo sistema evolutivo, pueda ofrecer respuesta a las diversas cuestiones planteadas.

Dadas estas premisas, dentro de la planimetría lógica, ideada para responder al proceso de este complejo, con casi siete siglos de presencia romana y, precisamente debido a ello, se ha dividido diametralmente la ciudad en dos grandes sectores, que podrían explicar las evoluciones o cambios experimentados en ese largo período de historia.

Esos sectores vienen impuestos por la diferencia de curvas de nivel. El núcleo superior muestra más homogeneidad tipológi­ca que los planos inferiores.

A partir de una cota concreta, los materiales utilizados son de un tipo, y los restantes, o bien cambian o se mezclan. El casquete superior, más coherente y homogéneo, ha sido siempre el más abandonado, quizá debido a que ha sido habitado por gente de nivel social y económico humilde. Y por ello, la consecuencia final de esta ocupación ha sido la conservación de todas las líneas maestras de las distintas áreas que conforman este sector, y sobre las que se han venido superponiendo, de manera generalizada, los alzados de las viviendas relativamente modernas.

Hay zonas donde se puede ver la reutilización de paramen­tos romanos en su casi totalidad (no se hace referencia a los abovedados).

Los trazados antiguos son tan desconocidos y tan faltos de lo que se entiende como lógica urbanística en los esquemas romanos que, a veces, resulta confuso seguir las líneas de las estructuras, según un orden.

Hay subsectores que muestran las alteraciones sufridas por la ocupación medieval y reciente. Pero otros necesitan una gran dosis de estudio y comparación.

Una de las causas que motivan confusión en algunas áreas es el aterrazamiento, usado como elemento de equilibrio en los lugares donde el suelo tiene grandes o pequeños desniveles. Es un fenómeno frecuente, y muestras de ello son las grandes masas de piedra con cal grasa observables en superficie, a través de varias calles actuales.

Esta enmarañada situación, formada por secuencias casi ininterrumpidas de naves abovedadas, deja muchos casos en un completo desconocimiento de los accesos a esos espacios. Se comprenden las dificultades que debieron superar los nuevos ocupantes de los referidos elementos arquitectónicos, cuando se han visto forzados a romper los muros de esos recintos. En cierto modo puede servir de explicación para dar sentido a la complicación y dificultad de accesos a estas estructuras, la intención de hacer frente a las continuas acciones de piratería que, con relativa frecuencia, tenían lugar en estas costas. Unas estructuras cerradas y con entradas del tipo que se tratan de explicar, no hay duda de que crearían serios proble­mas a cualquier intento de este tipo. En definitiva no es más que un sistema de almacenamiento fortificado y con accesos difíciles de localizar.

Las áreas que comprenden las calles San Miguel, Espaldas de San Miguel, Eras del Castillo, Nueva del Carmen, Angustias Moderna, Morería Alta y otras de estos niveles, presentan indicios de ser artificiales, es decir, con accesos abiertos a pico, rompiendo los muros romanos para ocupar tales formas constructivas.

Pero hay otro dato de interés a este respecto, relativo a las citas sobre restos antiguos de tipo arquitectónico; y es que uno de los historiógrafos musulmanes habla de la existen­cia, en la zona alta de la ciudad, de ruinas antiguas 35.

En algunos subsectores se observa que los muros, e incluso sistemas abovedados, han sido rotos para abrir accesos y penetrar en otros recintos cerrados. Con esta práctica se han hecho desaparecer series enteras de criptosistemas abovedados para interconectar las redes viarias modernas de paso.

En el subsector de la calle San Joaquín (I), indicaba un inquilino, cuya casa tiene en su interior nave abovedada, que, tiempos atrás, la gente tuvo que allanar el espacio existente a lo largo de toda la fachada nororiental, aneja a su casa cueva para que los animales de tracción pasaran sin dificultad, y se pudiese acceder a las casas (naves abovedadas), donde habitaban.

Esto revela que, en este sector, se construyó aterrazamiento para nivelar el solar donde se encontraba emplazado el sistema del complejo de la Cueva, cuya área conservada representa la cuarta parte de su unidad arquitectónica.

El otro gran sector, o área de mediana altura y zona baja de Poniente, tiene características algo diferentes. Los materiales de construcción amplían su variedad. Se usa el ladrillo (opvs testacevm), no registrado como elemento de aparejo en todo el casquete superior, tanto para el alzado de arcos y muros como en abovedamientos, y el opvs incertvm en los muros soportes de las naves abovedadas.

Sobre tipos de bóvedas, en un subsector concreto, se observan formas vaídas, normales, de medio punto, y tragaluces circulares similares a los agujeros detectados en las cubiertas de la mayoría de las formas hasta ahora conocidas.

En general, se afirma que, si se traza una diagonal norte-sur, el semiplano de Levante ha sido el que más transformacio­nes y desgastes ha experimentado. En primer lugar, con relación al casco urbano actual, ha sido la zona con más materiales sedimenta­dos, como se ve en algunos cortes practicados en derribos.

Supuesto un segundo murallón contrafuerte, perteneciente a la última cota de aterrazamiento de desniveles, comprobado en calle Real (excavación de urgencia, y rebaje de cimentación de edificio donde se halló gran cantidad de materiales en superfi­cie), con acumulación de éstos, aglutinados en dos casos de los tres practicados sin orden ni estratigrafía), se infiere que el sector más deteriorado por el abandono y la erosión, así como sometido a cambios de todo tipo estructural por las diferentes etnias del pasado, ha sido precisamente el denominado zona de Levante.

De las dos ensenadas, la mayor era la levantina, que se adentraba algo más de 2 km en lo que hoy es la cuenca de río Verde, por encima de la paralela a la costa actual, trazada desde el llamado Portichuelo. La segunda, más reducida, partía, casi en diagonal, desde las proximidades de la factoría del Majuelo, en su mitad, hasta los promontorios formados por las tres colinas donde se encuentran las necrópolis púnicas: Puente del Noi, Laurita y colina situada sobre la antigua colonia de la Diputación Provincial de Granada. En ambos esteros se han registrado indicios de componentes de puertos artificiales. En la factoría del Majuelo, Sotomayor descubrió soportes, en donde se podía ensamblar travesaño, utilizable como punto de amarre de barcos36. En la zona de Levante, estero mayor, se ha localizado un punto extremo de puntalón de muelle de puerto romano, de opvs caemen­ticivm, habitual en la construcción portuaria.En resumen, todo un proceso de deforestación, provocado por diferentes causas naturales e intereses locales, ha desencadenado, como resultado final, una fuerte sedimentación, (aparte de la elevación de terreno por causas geológicas, hundimiento de la zona de Alborán y, como consecuencia, elevación de la franja costera granadina), que ha dado lugar a la formación de las actuales vegas de los ríos Seco y Verde, fenómeno que ha producido simultáneamente el enterramiento de las áreas portuarias, con más intensidad en Levante que en Poniente. Como indica el plano de evolución geológica de la línea de costa37, la de Levante  pasa por encima de lo que se considera zona portuaria en este sector, y donde los muros de contención están enterrados a escasa profundidad. La gran área de factoría de salazones yace bajo tierra en el espacio comprendido entre la línea de evolución geológica antigua, y lo que hoy es la parte baja de la ciudad, a lo largo y ancho de laderas del estero periférico de Levante. No faltan puntos donde se han destruido lienzos de muros de la factoría de salazón. Así, la vertiente más alterada está a Levante del barrio de San Sebastián. Sobre la ladera, en sus puntos más bajos, han aparecido muros romanos. Por encima de estas estructuras hay una villa romana, en el citado barrio de San Sebastián. Tal vez con el tiempo se sepa qué resta aún debajo del corredor formado por las laderas que bordean el estero antiguo de río Verde. En cuanto a la ensenada de río Seco, la línea de playa se encontraba cerca de donde se han hallado las necrópolis púnicas mayores; lo que daría luz sobre el hipotético primitivo estacionamiento fenicio-púnico.

1 Cfr. Fuentes historiográficas medievales: notas 60 a 70, en INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE ALMUÑÉCAR.
2 Mª Carmen Calero Palacios, “El Manuscrito de Almuñécar: Libro de Apeos” del Archivo de la Diputación Provincial de Granada, Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, p. 419.
3 Ibidem, p. 437.
4 Ibidem, p. 464.
5 Ibidem, p. 469.
6 Ibidem, p. 479.
7 Ibidem, p. 491.
8 Ibidem, p. 499.
9 Ibidem, p. 500.
10 Cfr. Simonet en Ibn al-Jatib, en el epígrafe Seks en las Fuentes Escritas.
11 Cfr. Planimetría del Sector X, Fig. 34.
12 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit., p. 502.
13 Ibidem, p. 507.
14 Cfr. Planimetría del Sector J, fig. 16.
15 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit. p. 512.
16 Ibidem, p. 514.
17 Ibidem, p. 514.
18 O. Arteaga-Hoffmann-H. Schubart-H.D. Schuld, Investigaciones Geológicas y Arqueológicas sobre los cambios de la línea de costa en el litoral de la Andalucía Mediterránea, Informe Preliminar, 1985, Anuario Arqueológico de Andalucía, 1985, II Actividades sistemáticas, 1987, pp. 120 ss., fig. 4.
19 M. Ponsich y M. Tarradell, Garum et industries antiques de salaison dans la Méditerranée occidentale, Paris, 1965, pp. 82 ss.
20 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.
21 Trabajos de  carácter general para tema inicial: Véanse M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Granada, 1962. Id. Actividades de la Delegación de zona de la Provincia de Granada durante los años 1957-1962, NAH, Madrid, 1964; Id. Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada) AEA., 17, Madrid, 1964; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964; Id. Actividades de la Delegación de la Provincia de Granada, NAH, Madrid, 1955. J. Maluquer de Motes, Descubrimiento de una necrópolis en la antigua ciudad de Sexi (Almuñécar, Granada), Zephyrus, XIV y AEARq., 28.
22 Trabajo de carácter general, M. Sotomayor Muro, Nueva factoría de salazones de pescado en Almuñécar (Granada), NAH, XV, Madrid, 1971.
23 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández  y otro, La  necrópolis feniciopúnica de Puente de Noi, Almuñécar en la Antigüedad, Granada, 1982, pp. 147 ss.
24 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, op. cit. pp. 279 ss.; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar, Arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 185 ss.
25 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Dos cortes bajo las murallas del Castillo de San Miguel, Almuñécar…, op. cit., II, pp. 351 ss.
26 Trabajo inédito por urgencia, pero reflejado en la Planimetría del Sector M, fig. 24.
27 F. Molina Fajardo, Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 89 ss.; Id. Excavación de urgencia sin publicar, realizada en la zona cercana al Castillo de San Miguel, y sólo reflejada en Planimetría (Sector V, fig. 33.).
28 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 121 ss.
29 Excavación de urgencia llevada a cabo en la explanada de Eras del Castillo y aún no publicada.
30 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Excavación de urgencia en el solar del Palacete del Corregidor, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 105 ss.
31 F. Molina Fajardo, El Bronce Final yla colonización Fenicia, Almuñécar…, op. cit., pp. 21 ss.; F. Molina Fajardo, J. Junquera García, E. Pérez Pita y J. Gómez Torres, Arquitextura romana, Almuñécar…, op. cit., pp.252 ss.
32 M. Ponsich y M. Tarradell, op. cit., pp. 85 ss.
33 Cfr. Nota 19.
34 Cfr. Nota 20.
35 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII según al`Udri (1003-1035), Cuadernos de Historia del Islam, 1977, pp. 5-8.
36 Cfr. Nota 22.
37 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.

 

 

 

 

 

SEKS EN LAS FUENTES ESCRITAS

  1. TEXTOS HISTORIOGRÁFICOS GRIEGOS Y LATINOS

Como ha quedado indicado en la exposición introducto­ria, las fuentes escritas no siempre se corresponden con los hechos reales. Este fenómeno se observa cuando se trata de hacer una equiparación entre lo escrito y lo arqueológico, que podría traducirse en un intento de establecer una correlación paralela entre lo que es y lo que hay; o lo que es igual: los textos escritos no se mueven en las mismas coordenadas históricas que los elementos arqueológicos.

Pero, a pesar de este factor de incongruencia, se va a prescin­dir, en parte, de la arqueología para fijar la atención en lo que los antiguos estimaban como estructuras urbanas, fuérenlo o no, hecho que ocurre. Pues dentro de la arqueología urbana no se hace distinción entre una ciudad como Baelo Claudia, ejemplo clásico, y lo que podía ser sólo una factoría, como lo son numerosos emplazamientos costeros tanto en la Península Ibérica como en Marruecos atlántico.

Pero, siguiendo el criterio de los historiógrafos antiguos, se va a aplicar su método al relatar las citas que se hacen en la Antigüedad sobre Seks. Así, recurriendo a un texto de Estrabón (Geogr. IV, 1,5), éste dice que la eficacia de una repoblación se fundamenta en la vida urbana, desarrollando los aspectos más comerciales. Estrabón duda también sobre la aplicación de la denominación dada a este tipo de ciudad, ante los aspectos negativos ofrecidos por un emplazamiento como el de Seks en sus inicios.

El contenido etimológico del topónimo queda suficientemen­te explicado por J. M. Solá‑Solé38, que presenta la secuencia ŠKŠ (samek, kaf, samek), cuya trascripción griega dará la forma ¢’Εξ.

La Historiografía antigua ha proporcionado pocas citas sobre los inicios de esta colonia. Durante el período romano serán más frecuentes y amplias. Conocidos son los trabajos sobre la colonización fenicia y griega y los contactos de tales etnias con la localidad de Seks39.

Esta ciudad, por seguir el término que los antiguos usan, queda integrada política, jurídica y militarmente en el Conventvs Gaditanvs, dentro de la Provincia Bética.

El emplazamiento de la ciudad, en sus orígenes, sigue siendo una incógnita, aunque hay opiniones que apuntan la idea de situarla en las cercanías de la actual Jete40.

            1.1. Hecateo de Mileto (s. VI a. de C.)

Las citas históricas de Seks se inician con un texto de este autor, y dice así:

Μαστιαvoieθvoς πρoς ταiς Ηρακλεiαις Στήλαις, Εκαταioς Εuρoπh. Εiρηται δε aπo Μαςτίας πόλεως. Σύαλις, πόλις Μαστιηνων. Σίξoς, πόλις Μαστιανων. Ηκαταioς Εuρωπh“.

Esto es:“Mastienos, raza próxima a las columnas de Heracles; Hecateo en Europa. Se les da este nombre de la ciudad de Mastia. Syalis, ciudad de los Mastienos. Sixos, ciudad de los Mastienos. Hecateo en Europa” 41.

Con relación a la dependencia política de Seks en estas fechas, se indica que la capitalidad o metrópolis de los Mastienos era la ciudad de Mastia, presuntamente identificable con la ciudad de Carthago Nova, en sus orígenes, ya que se dice que la población o comunidad autóctona de Seks pertenecía a la misma etnia42.

Son diversas las interpretaciones que se han dado sobre el topónimo ŠKŠ en el aspecto lexicográfico, presumiblemente debido a desconocimiento semántico, ya que, según se desprende de su posterior estudio, hubo un momento, en el proceso de las acuñaciones, en que su comprensión fue desconocida43.

Por otra parte, tal confusionismo motivó una amplia gama de variantes morfológicas, unas procedentes de la trascripción griega (‘′Εξ/ Σίξoς), y otras, de la versión latina, a partir del término SEX (transcripción del espíritu áspero (‛) por s latina, épsilon (ε) por E y KŠ por X), resultado que adquiere múltiples fórmulas: AEX, EX, EXITANVM, SEX, SEXI, SEXETANVM, SEXSI y SEXITANVM, con sus derivados gentilicios correspondientes.

            1.2. Dífilo de Sínope (s. III a. de C.)

La cita aportada por este autor griego fue recogida por Ateneo de Naucratis en su obra El Convite de los Sofistas. Su texto es como sigue:

kεισονος  ̉Αμύκλανος (σκόμβρoςκαι Σπανός

Σαξιταvός λεγόμενoς γαρ και γλυκύτερoς”.

O sea: El mejor escombro es el de Amyclas y el hispano llamado sexitano, pues es más delicado y agradable” 44.

Tal fama de las salazones de Seks en el Mediterráneo quedará reflejada en la reiteración de su calidad a través de varios autores.

            1.3. Estrabón (s. I a. de C.)

Uno de sus textos recoge la siguiente noticia sobre Seks:

“η δe Μάλακα πλησίov μαλλονΦoινινικŋ τω ςχήματι. εφεξης δ` εστιν των ‛Εξιτανων πόλις, εξ ης καi τa ταρίχη eπωνύμως λέγεται“:

Es decir: “Málaga está más cerca, con esquema de ciudad fenicia. Después de ésta se encuentra la ciudad de los exitanos, de la cual es epónima su salazón”45.

Más adelante, en otro texto, a propósito de la fundación de Cádiz, habla de la situación de Seks, y explica la retirada de los fenicios de allí, alegando que los hados no les fueron propicios.

Su contenido es:

” […] κατασχειν εiς τι χoρίoν εντoς των στηνων, εν νυν εστι η των Εξιτανων πόλις.   ενταuθα δε θύσανταςμη γενομένων καλων των ιερείωv, ανακάμψαι πάλιν”.

Es decir: “[…] desembarcaron en un lugar, a la parte de acá de las Columnas, en la que ahora se encuentra la ciudad de los Exita­nos. Tras haber ofrecido sacrificios allí y, al no serles propicios, se volvieron” 46.

Este texto ha dado lugar a especulaciones, que no han provocado más que confusión, y alimentado los pruritos localis­tas, llegándose incluso a suponer que se ha producido una manipulación en el proceso mismo de la Historia Antigua, cuando se ha querido establecer un criterio de prioridades en el trans­curso de las colonizaciones, iniciado por los fenicios47.

            1.4. Tito Livio (s. I d. de C.)

En el primer texto relativo a Seks (Sexetanvm), Livio expone la rebelión que se produjo en el año 197 a. de C., por parte de algunas ciudades, colonias, entre las que se contaban Seks, Malaca y otras.

Como era normal, después de los episodios bélicos de época púnica, la comunidad de Seks ya había conseguido cierta estabilidad en lo que se refiere a la población fenicio-púnica. Resultaría pues, incongruente que una comunidad estable se levantara en armas contra una potencia como Roma, y sin unos motivos que no supusieran el haber roto vínculos de tipo político y sociales establecidos con ella.

El primer texto dice como sigue:

“vixdvm terminato cvm Philippo bello (…) ingens in Hispania ulteriore coortvm est bellvm. M. Helvivs eam provinciam obtinebat. is litteris senatvm certiorem facit Cvlcham et Lvxinivm regvlos in armis esse, cvm Cvlcha decem et septem oppida, cvm Lvxinio validas urbes Carmonem et Bardonem, in maritima ora Malacitanos Sexetanosqve et Baetvriam omnem et qvae nondvm animos nvdaverint ad finiti­morvm motvs consvrrectvra (…)

Es decir:“Apenas terminada la guerra con Filipo, estalló una gran revuelta en la Hispania Ulterior. Marco Helvio estaba al frente de esta provincia, y puso en conocimiento del Senado que los régulos Culcas y Luxinio se habían levantado en armas. Culcas tenía bajo su dominio 18 ciudades; Luxinio las poderosas ciudades de Carmona y Bardo, y que en la costa, los malacitanos y sexetanos y toda la Beturia y los que todavía no habían descubierto sus intenciones, se levantarían en armas (…)48.

Sin duda, esta rebelión fue provocada por incumplimiento de los pactos firmados con Roma, y por abusos tributarios de mandos militares romanos.

            1.5. Pomponio Mela (s. I d. de C.)

Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

“in illis oris ignobilia svnt oppida qvorvm mentio tantvm ad ordinem facit;  Vrci  in  sinvm  qvem Vrcitanvm vocant, extra Abdera, Svel, Ex, Maenoba, Malaca, Saldvba, Lacippo, Barbesvla”.

Es decir:En aquellas costas hay ciudades importantes. Su mención se hace por seguir un orden de cita; Urci se encuentra al fondo de la ensenada llamada urcitana; fuera se encuentran las ciudades de Abdera, Suel, Ex, Maenoba, Malaca, Salduba, Lacippo y Barbesula”49.

La fecha de este episodio coincide con una situación tranquila en la Bética. Al menos las guerras civiles entre César y los hijos de Pompeyo habían quedado atrás, y la paz romana prevalecía sobre casi toda la Península.

            1.6. Gayo Plinio Segundo (s. I d. de C.)

El texto que este autor ha dejado sobre Seks, es el siguiente:

“dein Maenoba cvm flvvio, Sex cognomine Firmvm Ivlivm, (Selambina), Abdera, Mvrgi, Baeticae finis. oram eam vniversam originis Poenorvm existimavit M. Agrippa”

Esto es:”le sigue Menoba con su río, Sex con el sobrenombre Firmvm Ivlivm, Selambina, Abdera, Mvrgi, fin de la Bética. Marco Agripa consideró que toda aquella costa fue púnica desde sus orígenes” 50.

La cronología aplicada a los sucesos que se narran en esta obra establece alguna conexión entre la situación particular de Seks y las guerras entre César y Pompeyo.

Alrededor del año 46 a. de C., la población, en general, o colonia romana, tuvo algo que ver en los sucesos finales de la citada guerra. Hay ciertos datos indicadores de hechos bélicos atribuibles a los últimos momentos de la lucha entre pompeya­nos y cesarianos. A pesar de la probable concesión de la titularidad de Mvnicipivm concedida por César en el año 49 a. de C., se deja ver que la evolución del topónimo no se produce hasta la desaparición de los caracteres púnicos de las leyendas monetales. Además, en el año 46 a. de C., aún se combatía entre seguidores de uno y otro bando.

La ciudad de Seks parece haber estado de parte de los pompeyanos, como atestigua el hallazgo de un tesorillo de denarios de plata aparecido en una pileta de salazón abandonada51. Tras el estudio del material, se ha comprobado que la última de las piezas puede fecharse en el año 46 a. de C., observándose también el uso de símbolos y leyendas alusivas a Pompeyo. Probablemente tal acuñación fuera realizada por un hijo de éste.

El abandono de la leyenda púnica y la adopción del topónimo en caracteres latinos tienen lugar (aparte de la decadencia de lo fenicio-púnico en varios aspectos de tal cultura, entre ellos la lengua), cuando Roma impone definitivamente su influen­cia en todos los aspectos sobre el imperio consolidado, deci­diéndose el cambio epigráfico, producido aproximadamente a finales del siglo I a. de C., o primera mitad del I d. de C. Se da una incongruencia lingüística entre los textos históricos que citan la ciudad (unos con topónimo helenizado; otros, latinizado) y la epigrafía numismática. Tal contrasen­tido es insostenible desde el punto de vista histórico, pero da la impresión de que se asiente en ello, aunque semánticamente sea anacrónico e incluso lleguen a darse, de forma simultánea, diferentes variantes en una misma época, por más que ello constituya un topónimo polisémico, como en algunas ocasiones se ha admitido.

La presencia militar en Seks se ha comprobado desde el año 46 a. de C., y se supone que existía desde antes, pudiéndose indicar, como dato de ello, el año l97, fecha en que las ciudades costeras y otras se sublevan contra Roma.

Con todo, y profundizando en el texto de Plinio, se puede decir que, aparte de las connotaciones políticas de pactos anteriores establecidos con Roma, la denominación Firmvm Ivlivm puede significar una fórmula de sumisión al nuevo poder establecido, indicando que justamente el término cognomine funciona como un elemento de enlace para sumar un calificativo que, en la mejor de las interpretaciones, puede ser entendido como fórmula adulatoria, comprensible desde el punto de vista interpretativo, por las situaciones históricas que mantenía la colonia de Seks. En efecto, se ha comprobado que, por lo menos en el año 46 a. de C., hay revueltas, como indica la Arqueología (cfr. nota 33), que manifestaban inestabilidad aún después de Munda (49 a. de C.).

La aplicación efectiva del estatuto de derecho latino, concedido por Julio César, entraría en vigor en estas colonias posiblemente no de forma inmediata.

La segunda cita de Plinio es la siguiente:

“colias sive Parianvs sive Sexitanvs a patria Baetica lacertorvm minimi”

Es decir:” El colias pariano o sexitano que se cría en la costa bética, son los más pequeños de éstos” 52.

En este texto tan sólo se hace alusión a uno de los tipos de pescados que se elaboraban en Seks, indicando su abundancia en el Mediterráneo53.

            1.7. Marco Valerio Marcial (s. I d. de C.)

Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

“cvm Saxetani ponatvr coda lacerti  et, bene si cenas, conchis invncta tibi: svmen, aprvm, leporem, boletos, ostrea, mvllos mittis: habes nec cor, Papyle, nec genivm“.

O sea:” Mientras tú te sirves pescadillas saxetanas revueltas con caracolas, si es que cenas bien; tú, en cambio, pones ubre de cerda, jabalí, liebre, setas, ostras y barbos. Papilo, ni tienes gusto ni inteligencia” 54 .

Considerando que este autor es irónico por antonomasia, sus referencias a Seks se encuadran en el contexto de unos versos de tal talante, que sólo la alusión a una localidad de prestigio podía servirle para componer una sátira. El servirse del topónimo para este fin, no deja de ser más que una anécdota, ya que se conoce bien por otros autores, el buen nombre de sus productos.

            1.8. C. Ptolomeo (s. II d. de C.)

Su texto es como sigue: 55

Βαστoύλωn τωn καλoυμέvωn Πoιvωn

Μεnραλία                                                                        ς΄           λ”           λς΄         ιβ”

Εn τω Iβηρικω πελάγει…

Μάλακα                                                                           η΄          L γ”       λζ΄           L”

Μαίnoβα                                                                          θ΄           δ”         λζ΄           δ”

Σέξ                                                                                      θ΄           L” δ     λζ΄           δ”

Σηλάμβιvα                                                                        δ”           λζ΄        δ”:

De los Bástulos llamados púnicos:

Menralia                                                                         6o           30′         36o             30′

(…)

Dentro del mar ibérico:

Malaca                                                                             60                 50′         370

Mainoba                                                                         90                 15′          370               5′

Sex                                                                                    90                 45′         370              15′

Selambina                                                                     100                 15′          370             15′

En esta relación de datos cartográficos, la columna de la izquierda indica la longitud; la de la derecha, la latitud; ambas en grados y minutos.

Esta enumeración se inicia desde el Atlántico hacia el interior del Mediterráneo.

La lista completa de ciudades de dicha geografía es la siguiente:

                Menralia,                        

                Transdvcta,    

                Barbesvla,       

                Carteia,             

                Svel,

                Saldvba,  

                Malaca,

                Mainoba,

                Sex,

                Selambina,

                Portvs Magnvs.

Según este mismo autor, la población de estas comunidades estaba formada por elementos libios, venidos en tiempos de los Bárquidas, púnicos y fenicios; aunque parece indicar que formaban una misma etnia de origen tiria, salvo los estrictamente africanos, llegados a propósito de las Guerras Púnicas56 .

Las respectivas situaciones de las ciudades colindantes con Seks, según los cálculos de Ptolomeo, se corresponden con cierta precisión. No obstante, y según otras opiniones, con tales coordenadas, la ubicación de la Seks púnica parece más bien corresponder al antiguo emplazamiento de Jete (cfr. nota 22), 7 km hacia el interior de la vega de río Verde.

A tal efecto, se puede decir que esta localidad ha regis­trado, en sus cercanías, bastantes restos de estructuras arquitectónicas romanas.

Por otra parte, la similitud entre los topónimos SEX y XET no puede ser más elocuente. Téngase en cuenta que XET es un término arabizado, al igual que el de la localidad próxima a La Herradura, cuyo topónimo XAT, ha dado Jate.

            1.9 Itinerario de Antonino (s. II d. de C.)

La lista de ciudades57 y sus distancias con relación a Seks, es como sigue:

TVGIA                                                                              XXXV                 m.p.   

SAXETANVM                                                                 XXXVIII            m.p.

FRAXINVM                                                                    XVI                      m.p.   

CAVICLVM                                                                     XVI                     m.p.

HACTARA                                                                      XXIV                  m.p.   

MENOVA                                                                        XXXIIII             m.p.

ALBA                                                                               XXIV                  m.p.   

MALACA                                                                        XII                      m.p.

VRCI                                                                                XXIIII                m.p.

TVRANIANA                                                                 VI                        m.p.

MVRGI                                                                            XII                      m.p.

La trayectoria histórica de este documento se inicia con el citado Emperador. Una de sus redacciones fue concretada por Ético de Istria, que es la llegada hasta hoy, y encontrada en un manuscrito del siglo VIII d. de C.

Es la exposición de las redes viarias que se extendían en las dos dimensiones cartográficas de la Península Ibérica. El texto en el que se menciona Seks, muestra, en orden, la distancia comprendida en el trayecto entre Cástulo y Málaga.

Las cercanías entre las dos ciudades limítrofes con Seks se identifican con lugares cercanos a Dalías (Mvrgi), y las proximidades de Torrox (Caviclvm). Las distancias casi concuer­dan con los emplazamientos de los restos arqueológicos de ambas localidades58.

            1.10. Anónimo de Ravena (s. III-IV d. de C.)

Se trata de un documento de contenido geográfico en el que se recogen citas de topónimos. En él no se menciona a Seks. Sin embargo los nombres nuevos intercalados entre Malaca y Abdera, Lenvbar y Caesarea, uno por corrupción morfológica, Lenvbar, otro por expansión semántica o sinonímica, Caesarea (I. CAESAR), podrían identificarse ambas, con cierta reserva, con las colonias antiguas de Maenoba y Seks; ésta última llamada desde el siglo I a. de C., Sexi cognomine firmvm Ivlivm (cfr. nota 13)59.

            1.11. Mario Victorino (s. VI d. de C.)

El texto que ha dejado, está relacionado con el plantea­miento de un problema de fonética histórica, y se presenta de la siguiente forma:

“sed libenter qvaererem, qvibvs litteris  scriptvri essent eas voces, qvae in declinatione nec g et s  exevnt, ut nix nivis, senex senis sexvs sexvs et Sex oppidvm in Hispania  avstrvxit qvod est ab traho, et vexit

Es decir:” Pero si quisiera saber bien qué letras se han de usar en aquellas palabras que en su declinación no llevan ni g ni s, ni c ni s, como nix nivis, senex senis, sexvs sexvs y Sex ciudad en Hispania, avstrvxit que procede de traho, y de vexit”60.

El dato que aporta este autor es valioso para explicar la evolución fonética del topónimo, y la época en que se plantea el problema, aunque este detalle podía ser secundario, ya que era factible su recopilación de textos anteriores.

  1. TEXTOS EPIGRÁFICOS LATINOS

Lo más importante estriba en que son testimonios directos de hechos y personas pertenecientes a esta localidad, y no se duda de que aquí indican el índice de credibilidad máximo, ya que no dependen, para su interpretación, más que de una buena traducción y comprensión exacta de su contenido.

Es cierto que un yacimiento, tan renombrado como Seks, no lleva, de forma paralela a su notoriedad, una secuencia de documentos que aporten más conocimientos sobre la condición y ámbito de un conjunto arquitectónico peculiar.

Dentro de la tradición, escrita se cita una inscripción hallada en la localidad de las Albuñuelas (Granada), de la que sólo queda tradición oral de su texto, descubierta por el cura párroco que, en aquellas fechas, ostentaba tal cargo en la citada localidad. Fue D. Francisco Tallón García quien, además de citar el texto de memoria, indicó que tal inscripción, en mármol, cubría la bocana de un horno de pan privado, y fue llevada posteriormente al museo que en aquella ocasión existía en la Diputación Provincial de Granada, donde se extravió.

El texto decía lo siguiente: “HIC TERMINVS INTER SEXITANOS ET ILLIBERITANOS”: “Este es el límite entre los sexitanos y los iliberitanos”.

Al parecer, era un texto de miliario, donde se indica el límite de separación territorial de dos circunscripciones municipales. El no disponer del documento impide toda hipótesis de trabajo, aparte de la que genera su existencia.

            2.1. Documento epigráfico funerario 1 (s. II-III d. de C.)

Texto:

D.M.S.CAEMILIVS

 CANTABRINVS

 SEXSITANVS

ANN.  LXII

PIVS IN SVIS

H.S.EST

S.T.T.L.

Dice así:“A los sagrados dioses Manes. Gayo Emilio Cantabrino, sexitano, a los sesenta y dos años. Piadoso con los suyos. Aquí yace. Que la tierra te sea ligera” 61.

Tan sólo presenta el dato de un personaje que nació en Seks, y murió en las cercanías de la localidad de Íllora (Granada).

            2.2. Documento epigráfico funerario 2 (s. I-II d. de C.)

Apareció en Almuñécar, pero se ignora su paradero. Ha sido transmitido por varios autores de los que alguno ha podido tener acceso a él.

Texto:

  1.  IVLIVS  PRIMVS  HIC  SITVS  EST

 CVM  SVIS  S . T. T. L

COLVMBARIA  POSIDO  NVMERO VI

  DEXTRA  ET  SINISTRA

Dice así:“A Publio Julio Primo; aquí yace con los suyos; que la tierra te sea ligera; levantó seis columbarios, unos a derecha y otros a izquierda” 62.

Tal documento aporta datos relativos a una familia que poseía un panteón privado, añadiendo que existían otros en diferentes puntos de la localidad, como se ha podido comprobar.

Esta inscripción indica que el propietario posee otros panteones en distintos parajes de Seks; e interpretando, con reservas, el texto, se supone que las características del mismo, en cuanto a su tamaño, concuerdan con las del hueco existente hoy sobre la cara suroeste del alzado externo del columbario Torre del Monje.

El número de columbarios citados en ese documento se admite como cierto, ya que se han detectado cuatro: el conocido como Torre del Monje, el de la colina de la finca denominada La Albina; un tercero, del que sólo quedan vestigios al borde de la actual carretera de Jete, cerca de la Torre del Monje; y un cuarto, demolido no hace muchos años, situado en la finca La Cerca, junto a la necrópolis de Puente del Noi (sector C de la excavación).

Fragmentos de columnas y numerosos sillares de piedra toba, hallados en los alrededores de la citada finca, indican que existió una villa romana en su interior.

Puesto que hay gran cantidad de restos arqueológicos en una propiedad situada en el centro del barrio de San Sebastián, y que son elementos arquitectónicos de una villa, se conjetura que en este espacio existiera otro panteón familiar o columbario.

Sumando el cómputo final de estos datos, se llega a la conclusión de que hay una coincidencia casual con el número de edificaciones funerarias enumeradas en el documento epigráfico. Razonadamente se piensa que su cantidad debió ser mayor, ya que se han detectado otras villas aún no estudiadas.

            2.3. Documento epigráfico funerario 3 (s. II-III d. de C.)

Texto:

D  M  S 

C.  BEBIVS MARCIANVS ANNORVM  X  M  VIII

D  XXVIII  PL  I  S  LE…VIS

Dice así:“A los sagrados dioses Manes. Gayo Bebio Marciano. De diez años, ocho meses y veintiocho días. Querido entre los suyos. [Que la tierra te sea] ligera” 63.

La piedra fue encontrada en la vega de Almuñécar, en una de las laderas de la parte izquierda de río Verde.

            2.4. Documento epigráfico funerario 4 (s. II d. de C.)

Texto:

AM –AN-V-S-T

Dice: “Am…de cinco años. Que la tierra [te] sea [ligera]” 64.

           2.5. Documento epigráfico honorífico 1 (s. II d. de C.)

Texto:

C   AEMILIO NIGRO    ANNIO    SENECAE    FILIO    ARVACO    GALERIA    SEXITAN    FLAMINI   DIVORVM   AVGVSTORVM  PROVINCIAE   BAETICAE  AMICO   RARISSIMO   AEMILI   LIGVRIVS   ET  ITALICVS  ET  DELIVS  EXIMIA   PRO  LIBER  POSUE…RVNT

Dice así:“A Gayo Emilio Nigro, hijo de Séneca, de la familia Galeria, sexitano, sacerdote de los divinos Augustos de la provincia bética, amigo entrañable; los de la familia Emilia, Ligurio, Itálico y Delio le hicieron este recuerdo por su gran genero­sidad” 65.

La importancia del documento se centra en la categoría social que representa el personaje al que está dedicada tal inscripción, lo que da una entidad especial a la localidad, ya que supone la existencia de un alto cargo religioso en Seks.

Un dato importante es el modo y lugar en que fue hallada esta inscripción. Apareció como elemento de relleno de muro, dentro de uno de los compartimentos de la factoría del Majuelo.

Como nota adicional, se puede inferir que esta inscripción, debió montarse en las cercanías del Majuelo, y tal vez en un lugar como templo o foro.

            2.6. Documento epigráfico honorífico 2 (s. I-II d. de C.)

Texto: NOREM.“…honor…” 66.

            2.7. Documento epigráfico honorífico 3 (s. II-III d. de C.)

Texto:

  1. STERT  L F  ACILIO… MATERN ASIAE…F CI

Dice así:“A lucio Estert(inio), Acilio Materno, hijo de Lucio [de la tribu] de Asia, le construyó” 67.

La validez que se quiera dar a la interpretación de la onomástica, es pura conjetura por la mutilación de la inscrip­ción. Lo que sí parece tener fundamento es su alusión a un personaje militar.

            2.8. Documento epigráfico 1 (s. II-III d. de C.)

Texto:

VALER…

Puede decir: “A Valerio/a…” 68.

            2.9. Documento epigráfico 2 (s. III-IV d. de C.)

Texto:

…BVS S…IDARI.DA…I.ID OB DI…

I…QVOTAN…T SCRIP…

La traducción de este texto se presta a confusiones y suposiciones aventuradas69. Por ello se elude.

Hay rasgos indicativos de que se trata de una inscripción honorífica dedicada a un personaje de la colonia.

            2.10. Documento epigráfico 3 (s. II d. de C.)

Texto:

GAL   C R

“Galerio/a…C.R.” 70.

Se trata de un fragmento hallado en la campaña de excava­ciones del año 1984, dentro de la factoría del Majuelo. Su traducción es hipotética.

            2.11. Grafito 1

Texto:

D O M

“¿Domicio?” 71.

Son siglas en la parte superior, cerca del labio de la boca de un dolivm.

            2.12. Grafito  2

Texto:

G V B

“¿Gubieno?” 72.

Estampilla sobre la parte superior de ánfora. Se halló en las proximidades de Jete.

            2.13. Grafito 3

Texto:

S E X [TO]

“Sex[to] “ 73.

Estampilla sobre el fondo de vaso campaniense, hallado en la factoría del Majuelo.

Como rasgo curioso, se indica que tal inscripción aparece repetida tres veces, formando círculo sobre el fondo del vaso; pero se supone que eran cinco, al faltarle un fragmento donde, lógicamente, por estética de dibujo, debía repetirse.

            2.14. Grafito 4 (s. I d. de C.)

Texto:

A G R I C O L

                “¿De Agrícola?“.

Estampilla sobre asa de ánfora74. Por la factura y tipo de vasija puede situarse en el siglo I de nuestra Era.

  1. LEYENDAS NUMISMÁTICAS PÚNICORROMANAS Y LATINAS

Como se ha indicado en textos precedentes, la comunidad de Seks acuñó moneda propia.

Comenzando por un momento de fuerte influencia gaditana, después de la derrota cartaginesa en Ilipa, paulatinamente se van imponiendo la tradición, tipos y modelos de Gades, tras los pactos firmados con Roma. Las ciudades gozan de cierta autonomía en asuntos internos, en los que entra la facultad de acuñar su moneda.

La primera fase se caracteriza por la acuñación de tipos similares a los de Gades. Pero la leyenda es propia, y se observa en Seks el uso de caracteres paleopúnicos (ŠKŠ )75. Posteriormente esta leyenda se incrementa añadiéndosele una nueva raíz, que se suma a la anterior: M B ‘ L Š K Š,  traducible por: “De los habitantes de la ciudad de Seks” 76.

Se continúa durante casi un siglo, hasta llegar a una situación de desconocimiento de la lengua púnica. Ello revela que se ignoran la lengua, las formas de los caracteres púnicos, y su significado. Consecuencia lógica es el abandono de los grafismos púnicos, y la adopción de los latinos mediante equivalencias fonemáticas.

El momento final se produce cuando, además de ignorar el valor y significado de la lengua púnica, usan sus signos de forma anárquica, apareciendo ejemplares con leyenda en posición sinistrógira; otros, dextrógiros e, incluso, en una misma leyenda, unos sinistrógiros y otros dextrógiros.

Posiblemente en estas fechas de historia local se produje­ra el cambio de caracteres gráficos, aproximadamente en tiempos de Calígula o Claudio, presentando una leyenda basada tan sólo en el topónimo simple de Š K Š, sin la cartela M B ‘ L. No se excluye el siglo I a. de C.

Las contramarcas D D sobre algún ejemplar, que perduran con el uso del topónimo en caracteres púnicos, muestran su perviven­cia hasta fechas tardías. Pero se podía pensar que no es más que un recurso para dar validez legal a tipos que eran acuñados por el Estado Romano77.

A pesar de esto, no se admite que la leyenda latina se originara a propósito de la presencia de Julio César, a mediados del siglo I a. de C., sino que lo más acertado podría ser que tal leyenda aludiera a la familia Julio-Claudia, posibili­tándose una acuñación paralela.

Los textos de las leyendas son los siguientes:

  1. a) Púnico antiguo:                                                        Š K Š;
  2. b) Neopúnico:                                                               M B ‘ L Š K Š;
  3. c) Latinos:                                                                      F-I-SEX F-I-SEXS.

La traducción e interpretación de las leyendas púnica y neopúnica ha sido estudiada por Solá‑Solé (cfr. nota 1). La versión latina aproximadamente se traduce como “Sexs, leal a(l) César”.

38 J.M. Solá-Solé, SKS, SKS o SKS? Sefarad, 16, 1956, pp. 325-335; J. Lecerf, Annales de l´Institut d’Études Orientales de l´Université d´Alger, X, 1952, pp. 428-433; A. García y Bellido, Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, I, 2, Madrid, 1952., pp. 419-422; M. de Saulcy, Recherches sur la Numismatique punique, Memoires de l´Institut Royal de France, XV,2, 1945, pp. 192-194; F.C. Movers, Das Phönizische Sprache, Halle, 1869, p. 280; A.C. Judas, Étude demonstrative de la langue phénicienne, Paris, 1847, p. 24; M. Lindberg, citado en la obra de Saulcy, p. 112; E. Hübner, Monmenta linguae ibericae, Berlín, 1893, p. 117; Id. Sexi, Real Enziklopädie der Altertumwissenchapht (R.E.), 2ª. 2028; A. Dietrich, Scripturae linguae phoeniciae, Leipzig, 1837, p. 12; J. M. Millas Villacrosa, citado en Saulcy, p. 312; E. Meyer, Geschichte der Altertums II, 2, Stuttgar, 1931, p. 93; L. J. Velásquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137-141; A. Delgado, Catalogue des monnaies et de médailles antiques de feu, G. Daniel de Lorichs, Madrid, 1857, p. 19. como obra complementaria a esta materia, véase A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924.
39 J. Boaddman, Los griegos en ultramar, comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid, 1975, pp. 215 ss. G. Trías, Economía de la colonización griega, Estudios de Economía Antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 99 ss.; N. Santos Yanguas y M. Picazo, La colonización griega, 1980, pp. 143 ss.; A. García y Bellido, La colonización fócea en España desde sus orígenes hasta la batalla de Alalia, Ampurias II, 1940, pp 55 ss.; M. Tarradell, Economía de la colonización fenicia, estudios de Economía antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 88 ss.; R. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, XXIX, 1970, pp. 367 ss.; A.E. Astier, Saguntum and the origin of the second Punic War, Latomus XXVI, 1957, pp. 577 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones de España y el Norte de África durante el gobierno bárquida y la conquista romana (237-219), Saitabi, XI, 1961, pp. 21 ss.; Como obras de ampliación bobliográfica, citamos a R. Carpenter, The Greeks in Spain, London 1925. A. García y Bellido, La Península Ibérica en los comienzos de su historia, Madrid, 1952; Id. Navegantes y geógrafos griegos en España, Estudios Geográficos, 2, 1941; Id. Tartessos, la colonización púnica y la colonización griega, Madrid, 1953; Id. Hispania graeca, Barcelona, 1948; Id. El mundo de las colonizaciones, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1952, I, 2; Id. Fenicios y cartagineses en Occidente, Madrid, 1942; H. Schubart y H. G. Niemeyer, L´espansione fenicia nell Mediterráneo, Espagna, Roma, 1971; J. M. Blázquez Martínez, La romanización (2 vols.), Madrid, 1974-75; J, M. Blázquez Martínez y A. Montenegro Duque, España romana (vol. I), la conquista y la explotación económica, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1982.
40 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, op. cit., p.123; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), 1962, pp 5 ss.; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964, pp. 304 ss; A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad Fenicia o ¢´Ex en el Ámbito de Tartessos, Granada, 1979, p. 212; M. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus provincias de Ultramar, Madrid, 1845, p. 634 a.; A. Tovar, Iberische Landeskunde, Baetica, I, Baden-Baden, 1974, pp. 81-82; J. M. Roldán Hervás, Itinerria Hispana, Fuentes antiguas para el estudio de las vías romanas en la Península Ibérica, Valladolid, 1975, p. 265; F. Molna Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad, La necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, Granada, 1982, p. 18; R. Thouvenot, Essai sur la Province romaine de la Bétique, Paris, 1973, p. 372; J. M. Blázquez Martínez, Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente, Salamanca, 1975, pp. 118 ss.; Texto de consulta; F. Flórez, España Sagrada, Madrid, 1804.
41 Hecateo de Mileto, en Esteban de Bizancio, FAH, II, p. 253; A. Schulten, Otros testimonios anteriores al año 500 a. De C., FAH, Barcelona, 1955, pp. 13 y 187; Texto de consulta. Jakoby, Die Fragmente der griech Historiker, Vol. I.
42 A. Schulten, FHA, I, p. 129; Id. Tartessos, pp. 85 ss. y 206 ; C. Belda, el proceso de romanización de la provincia de Murcia, 1975, pp. 16 ss.; Texto de consulta: A. García y Bellido, Cartagena en la Antigüedad, Investigación y Progreso, 9-10, Madrid, 1943.
43 A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, II Congresso Internazionale di Studi Fenici e Punici, Roma, 1987, artículo de consulta: Introducción y Conclusión.
44 Dífilo de Sínope, en Ateneo de Naucratis, III, 121 a.; A. Schulten, FHA, I, p. 85.
45 Estrabón, Geografía de Iberia, III,4,2; M. Cortés y López, Diccionario geográfico, histórico de la España antigua: Tarrconense, Bética, Lusitania, Madrid, 1935, I, pp. 65 ss.; J. Alemany Bolufler, La geografía de la Península Ibérica, R.A.B. M., 1910, pp. 149 ss.; J. M. Blázquez Martínez, La Iberia de Estrabón, Hispania Antiqua, I, 1971, pp. 11 ss.; Textos de Consulta: A. Tardieu; Geografía, París, 1903. A. Blázquez, Descripción de la Iberia de Estrabón, Madrid, 1909. A. Schulten, Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, Barcelona, 1952. A. García y Bellido, España y los españoles hace dos mil años, según la Geografía de Estrabón, Madrid, 1968. F. Veloso y J. Cardoso, Estrabâo, Libro III da Geografía, Primeria contribuçao para una nova ediçao crítica, Oporto, 1965. F. Lassere, Strabon, Geographie, t. II, Livres III y IV, Paris, 1966.
46 Estrabón, op. cit., III, 5,5,; A. Schulten, FHA, VI, pp.82 y 119.
47 W. Potscher, der Name des Heracles, Emerita XXXIX, pp.169 ss.; Textos de consulta: R. Dion, Tartessos, l´Océan et les travaux d´Hercule, RH, 224, 1960. R. Desaud, Melkart, Syria, XXIV 3º y 4º, 1946-48.J. M. Blázquez Martínez, El Herakleion, un templo semita en Occidente, I Congreso Arqueológico del Marruecos Español, Tetuán, 1954; Id. Relaciones entre Hispania y los semitas (sirios, fenicios chipriotas, cartagineses y judíos) en la Antigüedad, en Festschrift für Franz Althein, Berlin, 1969; J. Bayet, Les origines de l’Hercule romain, Paris, 1926.
48 T. Livio, Ab Urbe Condita Libri, XXXIII, 22, 6; A. Schulten, FHA, III, pp. 175 y 341; L. García Iglesias, La Beturia, un problema geográfico de la Hispania Antigua, AEARq., 44, 1971, pp. 86 ss.; T. Livio, en FHA, III, frag. XXXII, 2, 5; Como obras de consulta, véanse C. F. Walters y R.S. Conway, Ab Urbe Condita, Oxford, 1914; P. Jol, Ab Urbe Condita, col. Budé, Paris, 1971.
49 Pomponio Mela, De Situ Orbis, II, 94; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 39 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I de nuestra Era (según P. Mela y C. Plinio), Buenos Aires, 1947, pp. l9 ss.; A. Tovar, Iberische…, Op. cit., pp. 75 ss; Como ediciones críticas: C. Frik, De Situ Orbis, ed, Teubner, Leipzig, 1880; H. Hout, De Situ Orbis, ed. Didot, Paris, 1883; H. Philipp, De Situ Orbis, Leipzig, 1812.
50 Plinio, N. H., III, 8; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 137 y 161 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I…, pp. 69 ss., y 115 ss.; E. Klotz, Die geographischen commentarii des Agrippa, Klio, 24, 1955, pp. 458 ss.; Schnabel, Die Erdkarte des Agrippa, Philologus, 1936, pp. 505 ss.; Como obras críticas, véanse: C. Mayhoft, Naturales Historiae, ed. Teubner, Leipzig, 1892‑1909; H. Rakham, Pliny Natural History, ed. Loeb Classical Library, Lon­don, 1961; Detlefsen, Die Geographie der Provinz Baetica bei Plinius, Philolo­gus, XXX, 1870.
51 A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática republicana romana de Sexsi (Almuñécar), Studia Graecolatina Carmen Sanmillán in Memoriam dicata, Granada, 1988, pp. 387 y 398.
52 Plinio, N. H., XXXII, 146; A. García y Bellido, España y los españo­les.., Op. cit., p. 187; Véase como dato complementario, nota 32.
53 Darenberg et Saglio, Dictionaire des Antiquités, t. I, p. 1459, au mot “garvm”; Zahn, en Pauly‑Wissowa, VII, A, columnas 841‑849; J. J. Van Norstrand, Roman Spain, p. 183; A. García y Bellido, Fenicios y cartagine­ses…, pp. 82 ss.; P. Grimal et Th. Monod, Sur la véritable nature du garvm, REA, 1952, pp. 27‑28; Knock, Fragment. comic. attic., I, 186; Seneque, Ep., 95, 25; Ausonio, Ep. 25; M. P. Charlesworth, Trade Routes and Commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, chap. 9, pp. 149‑167; St. Gsell, Histoire ancienne de l’Afrique du Nord, t. I, p. 373; Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, el término scombraria; Estrabón, Geogr. FHA, VI, 2, p. 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 2; Avieno, Or. marit., 452; A. Thomazi, Histoire de la pêche, Paris, 1947, pp. 481‑482; M. Ponsich, A propos d`une usine antique de salaisons à Belo, MVU, 12, 1976, pp. 68 ss.; Da Veiga Ferreira, Algunas considera­ciones sobre las fábricas de conserva de preixe da antiguadade encontradas en Portugal, Archivo de Beja, 24, 1967, pp. 123 ss.; M. del Amo, Restos materiales de la población romana de Onoba, Huelva Arqueología, II, 1976, pp. 23 ss.; M. Esteve, Fábrica de salazón romana de la Algaida (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz), NAH, 1953, pp. 126 ss.; J. R. García, Garvm sociorvm, La industria de salazones de pescado en la Edad Antigua en Cartagena, Anales de la Universidad de Murcia, 36, 1977‑78., pp. 27 ss.; G. Martín, Las pesquerías romanas de la costa de Alicante, Papeles del Laboratorio de Valencia, 10, 1970, pp.179 ss.; M. Sotomayor Muro, Nueva Factoría…, pp. 147 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Economía de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 52, 110, 161, 162 ss., 407 ss., 443 ss.,149 ss.; Id. Historia económica de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 101, 161, 263 ss.; Id. La economía de la Hispania romana, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal (Nueva Edición), Madrid, 1982, pp. 328, 411, 441, 547 ss.; Como obra de consulta y ampliación, véase M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, Op. cit.; B. Guegan, Les dix livres de cuisine d`Apicius, Paris, 1937 (En este texto se explican las técnicas de fabricación y formas antiguas de prepara­ción de pescado).
54 (54) Marcial, M. V., Epigramm., X, 48, 11 y XXI, 52, 7; Como obras complemen­tarias, véan­ se: W. M. Unsay, Epigrammae, Oxford, 1902; H. J. Isaac, Paris, 1930‑1933; M. Dolç, Hispania y Marcial, Contribución al conocimiento de la España Antigua, Barcelona, 1953.
55 Ptolomeo, C., II, 4, 6.; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 187 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 304 ss.; Como obras críticas véanse: C. Müller, Geographia, ed. Didot, Paris, 1883; Tauchnitz, Geographia, Leipzig, 1945; F. E. Robbins, Ptolomy, ed. Loeb Classical Library, London, 1963.
56 M. Pastor Muñoz, La Península Ibérica en Marciano de Heraclea, H. A., VIII, 1978, pp. 89 ss.; J. Alemany Bolufler, Geografía de la Península Ibérica, R. A. B. M., pp. 304 ss.; A. Tovar, Op. cit., Baetica, I, pp. 66 ss.; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes Antiguas sobre los Bastetanos, Primer Encuentro de Cultura Ibérica, Baza, 1982; H. Schubart, H. G. Niemeyer y M. Pellicer Catalán, Toscanos, la factoría paleopúnica en la desembocadura del río Vélez, AEA, nº 66; E. Pareja López y M. Megía Navarro, Salobreña datos para su historia, Granada, 1978; J. Fischer, Ptolomaei Geographie Codex Urbinas, Leipzig, 1894.
57 Itin. Antonin., 405, 3; J. M. Roldán Hervás, Itineraria hispana…, p. 56; E. Saavedra, Discurso de recepción a la Real Acadmia de la Historia, leído en 1862, Madrid, 1914, pp. 26 ss.; Como texto crítico de ampliación véase: O. Cuntz, Itineraria romana, I, Itineraria Antonini Augusti et Burdigalense, Leipzig, 1929.
58 F. Fita, BRAH, 57, pp. 106 ss.; R. Touvenot, Op, cit., p. 372; A. Tovar, op. cit., Baetica, I, pp. 80 y 84; J. M. Roldán Hervás, op. cit., pp. 230 y 251; C. Bermúdez, Sumario de las Antigüedades que hay en España, Madrid, 1832, p. 379; E. Saavedra, op. cit., p. 39.
59 J. M. Roldán Hervás, Op. cit., pp. 111 ss.; M. Cortés y López, op. cit., p. 375.
60 (60) Mario Victorino, I, 4, ed. Keill, H., Gramm. Latin., vol. VI, Scriptores artis metricae, Hildeshein, 1961, p. 21, (72‑85).
61 E. Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum, II, Berlín, 1869, nº 5495; J. Vives, Inscripciones latinas en la España romana, Barcelona, 1972, nº 5414; W. Schulze, Geschichte lateinischer Eigenname, Berlín, 1923, pp. 69 y 295; E. Groag, A. Stein y L. Petersen, Prosopographia Imperi Romani, Berlin, 1935, pp. 51 y 70; A. H. M. Jones, J. R. Martindale y J. Morris, The Prosopography of the Later Roman Empire, I, a. d. 269‑395, Cambridge, 1971, pp. 24 ss.; J. Kajanto, The Latin Cognomina, Helsinki, 1965, p. 198; Mª L. Albertos, Onomástica personal primitiva: Ta­rraconen­se y Bética, Salamanca, 1966, p. 75; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas sobre Almuñécar (SEXI FIRMVM IVLIVM), Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983; M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, Inscripciones latinas de la Provincia de Granada, Granada, 1989.
62 E. Hübner, CIL, nº 2002; A. Fernández Guerra, Epigrafía romano-granadina, Madrid, 1867, p. 4; M. Lafuente Alcántara, Historia de Granada, Granada, 1843, p. 341; M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas…, op. cit., p. 231; C. Bermúdez, Sumario, Op. cit., p. 352; J. Vives y Escudero, ILER, nº 35 y 36; E. Groag, Prosopographia…, op. cit., p. 135; E. Pareja López, Granada…, Op. cit., I, Provincia, Granada, 1981, p. 354; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, op. cit.; M. Gómez‑Moreno, Misceláneas, Historia, Arte y Arqueología, Madrid, 1949; F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit.
63 L. Vázquez de Parga, Colección de Antigüedades que perteneció a D. Aurelio Fernández Guerra, Adquisiciones del MAN, Madrid, 1935, p. 4; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, op, cit., pp. 232‑233; S. Schulze, op. cit., p.464.
64 M. Pastor Muñoz, Epigrafía romana…, p. 325; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 22 ss.
65 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 315 ss.; Id. Nuevo flamen, op. cit., pp. 291 ss.; Textos relativos a onomástica; M. Pastor Muñoz, A. Mendoza Eguaras, Epigrafía latina…, nº 27, 36, 105; I. Kajanto, op. cit., p. 227; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 27, 37, 203, 204; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 205 ss.; Textos relativos a cultos, véanse: R. Etienne, Le culte imperial dans la Peninsule Iberique d’August à Diocletien, Paris, 1974, pp. 213 ss., 231 ss.; F. Molina Fajardo, M. Joyanes Pérez, Escultura, Almuñécar Arqueología…, Granada, 1983, pp. 291 ss.; Textos relativos a flamines, véanse: G. Alfoldy, Flamines Provinciae Hispaniae Citerioris, Madrid, 1973; R. Etienne, Op. cit., pp. 122, 126, 212 y 213.
66 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, p. 336.
67 Ibidem, p. 339; W. Schulze, op. cit., p. 430; J. Vives y Escudero, ILER, p. 751; I. Kajanto, op. cit., p. 139.
68 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 233 ss.; A. Balil Illana, Los Valerii Vegeti, una familia senatorial oriunda de la Bética, Oretania, 89, 1961, pp. 98 ss.; C. Castillo, Prosopographia Baetica, Pamplona, 1965, pp. 123 ss.; A. Prieto Arciniega, Estructura social del Conventus Cordubensis durante el Alto Imperio Romano, Granada, 1973, p. 46; Como obras complementarias, véanse: M. Pastor Muñoz, Aspectos sociales y económicos del Municipium Florentinum Illiberritanum, AEA Rq., 1983; Id. La sociedad en el municipio romano de Iliberis, Sodalitates, III.
69 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 341‑343.
70 Ibidem, pp. 344‑345.
71 Ibidem, pp. 348‑349.
72 Ibidem, pp. 349‑350.
73 Ibidem, pp. 350.
74 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 345‑348; Sobre cronología de ánforas, véanse: M. Beltrán Lloris, Las ánforas romanas en España, Zaragoza, 1970, p. 480; R. Rodríguez Almeida, Novedades de epigrafía anforaria del monte Testaccio, Recherches sur les amphores romaines, Col., École Française de Rome, Roma, 1972, p. 137.
75 E. Flórez, Medallas de las colonias, municipios y pueblos antiguos de España, Tres tomos, Madrid, 1758 y 1773, lam. XXVII; A. Heiss, Description générale des monnaies antiques de l`Espagne, Paris, 1870, 1, pl. XLVI; V. I. de Lastanosa, Museo de las medallas desconocidas españolas, Huesca, 1645, p. 224, nº 15; Como obras complementarias de este tema, véanse: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks.; J. C. Lindberg, De nummis punicis sextorum, olim a Canaca et Concanae tributis, Auniae, 1824; A. Delgado, Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1871‑1876; M. Gómez‑Moreno, Miscelá­neas, Madrid, 1949; A. Beltrán, Curso de numismática, I, Numismática Antigua de España, Cartagena, 1950; O. Gil Farrés, La moneda hispánica en la Edad Antigua, Madrid, 1966; A. M. de Guadán, Numismática ibérica e ibero‑roma­na, Madrid, 1969; Id. Tipología de las contramarcas en la numismática iberoromana, Numario Hispánico, 17, IX, 1960; L. Villaronga y Garriga, Numismá­tica Antigua de Hispania, Barcelona, 1978; F. Chaves Tristán y Mª C. Marín Ceballos, Numismática y religión romana en Hispania, La religión romana en Hispania, Madrid, 1981; Id. El elemento religioso en la amonedación hispánica antigua, Actes du 9è. Congrès Internatio­nal de Numismatique, Louvaine‑La Neuve, 1982; P. P. Ripollés, Corpus Nummorum Hispanorum, I, Medagliere Vaticano, Rev. Italica, 16, 1982; E. Acquaro, Note di epigrafia monetale punica, RIN, 76, 1974; E. S. G. Robinson, Punic Coins of Spain and their bearing on the Roman Republican Series, Oxford, 1956; N. C. Robinson, Carthaginian and other Sout Italian coinage of the second Punic War, 1964.
76 J. M. Solá‑Solé, Miscelánea púnica‑hispana IV, Sefarad I, 1967, p. 25.
77 F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismática antigua de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 188, lam. VIII, nº 97, y lam. X, nº 121.



4       DOCUMENTOS ÁRABES

El elenco bibliográfico que ofrece la cultura islámica sobre Seks es muy valioso desde el punto de vista arqueológico, ya que proporciona datos sobre la existencia de una civiliza­ción anterior, describiendo, a veces de forma muy detallada, determinados elementos arquitectónicos que serán de gran ayuda para el posterior estudio de la arquitectura romana, sobre todo en lo concerniente a los capítulos:

a) Ingeniería hidráulica, sobre la industria deSeks.

b) Existencia de construcciones en la ciudad, fuera de su técnica arquitectónica, y que el elemento islámico apenas reutili­zó.

c) Existencia de atarazanas y zonas portuarias, de las que sí hicieron uso, etc.

Pero, para seguir un orden desde la llegada del Islán a estos parajes, se presenta  la documentación respetando la secuencia cronológica.

            4.1. Al-Razi

Sus documentos narran hechos que abarcan una cronología que va desde el siglo IV al X de nuestra Era78.

En sus escritos dice lo siguiente:

“…es un hisn que pertenece a la Kura de Elvira”.

            4.2. Al-Udri

Sus escritos se datan en el siglo XI de nuestra Era. Su texto sobre Almuñécar es como sigue:

” En Almuñécar hay una antigua fortaleza, casi inexpugnable, en la que hay muchos restos arqueológicos de los primitivos. Hay allí una acequia que conduce hasta la fortaleza y cerca de ésta, por el Norte, un ídolo muy bien construido en piedra y yeso. Su altura pasa de cien brazas. El agua llevada a la fortaleza bulle en lo alto del ídolo, para descender al suelo, correr hacia la fortaleza y subir hasta una altura correspondiente a la del ídolo. Los restos de ésos son claramente visibles hasta nuestro tiempo” 79.

Comentando detalles de las ruinas que cita, no hay duda de que habla de restos romanos en mal estado de conservación.

Lo primera impresión es pensar en que el elemento islámico no ocupó esos espacios, cuando los cita como ruinosos y, al parecer, ajenos a sus intereses.

En cuanto al sistema hidráulico, es notorio que el trazado expuesto es el que ahora hay que demostrar.

El primer punto, referido al sistema descrito, es la colina donde está emplazada la Iglesia Parroquial, cercano a la muralla norte, donde estaba la Puerta de Granada, y que constituía un límite en tiempos de dominio musulmán.

El propio autor dice que al Norte de la fortaleza se hallaba el ídolo, definido como torre de descarga, que equili­brara la presión entre las cotas 50 y 25,55, correspondientes al punto de la arqueta de distribución y al nivel del suelo de la iglesia. La distancia entre la arqueta, depósito y torre de descarga es aproximadamente de 900 m.

La descripción que al-Udri presenta sobre el trazado del acueducto dentro de la ciudad, es explícita: el agua que cae desde el ídolo hasta el suelo, debe remontarse para superar una altura equivalente, existente en la fortaleza.

La primera altura superada es la que corresponde a Eras del Castillo, punto más elevado de la ciudad. Desde aquí se produciría un reparto hacia las zonas de influencia, y se incluía el paso de canales de conducción hasta la fortaleza, desde donde se dirigiría hasta el Peñón del Santo. Aquí aún existe un depósito de agua indicado en planimetría (Fig. 7, pág. 1067).

Se tiene la certeza de que la descripción de este autor, corroborada por restos arqueológicos de la Iglesia, evidencia que el depósito terminal y torre de descarga estaban levantados sobre el citado emplazamiento (Fig. 36, pág. 1136).

            4.3. Idrisi

Sus documentos abarcan una cronología amplia, situándose entre los siglos VI y XI de nuestra era. Sus notas sobre Almuñécar son de las más completas y detalladas.

En primer lugar es preciso clarificar que los islámicos distinguen bien entre medina, como ciudad, e hisn, fortaleza o castillo.

El texto de Idrisi80 es como sigue:

“Almuñécar es una ciudad hermosa, de tipo medio, con muchas pesquerías y abundan­tes frutas. En su centro hay una edificación cuadrada que se alza como un ídolo de amplia base y estrecha cima, a modo de pirámide. En ella hay, a ambos lados, dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba. En frente, por un sólo lado, hay un gran depósito en el suelo, al cual llega el agua desde la distancia aproximada de una milla, por encima de muchos puentes arqueados unidos por piedra dura, que vierten su agua en el citado depósito. Las gentes enteradas de Almuñécar dicen que esa agua subía a lo alto del faro (manar), descendía por el otro lado y corría hacia un pequeño molino, cuyo lugar aún persiste ahora sobre una montaña que da al mar. No saben cuál era su finalidad”.

Comentando esto, hay que decir que sólo añade detalles sobre la aportación de al‑Udri. Así, fija la situación del depósito, que recogía el agua al caer desde el aliviadero de la torre. Además, cita la conducción de agua a través de un acueducto formado por puentes. Otro dato importante es la base cuadrada de la torre de descarga.

Cuando dice que en ella hay dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba, se entienden como dos sifones que, partiendo de la torre, por efecto de vasos comunicantes, se dirigen hacia lo más alto de la ciudad, ya que la presión ejercida por la diferencia de altura de la citada torre, es suficiente para hacer subir el agua al punto que se desee, dentro de Almuñécar.

El molino, probablemente, podría estar sobre Eras del Castillo, punto natural más elevado del casco urbano. Y, por otro lado, parece indicar que se encontraba al pie de la torre de descarga.

            4.4. Yaqut

Sus escritos son de los siglos XII y XIII.

Lo más importante de su trabajo es la referencia que hace al hisn de al-Munakkab81.

            4.5. Al-Wahid al Marrakusi

Su texto82 se sitúa entre los siglos VI y XIII. El documento sobre  Almuñécar es como sigue:

“Después de la ciudad, conocida como Almería, a orillas del mar Mediterráneo, está la fortaleza de Almuñécar, que es un pequeño lugar, también batidas sus murallas por el mar. Entre Almuñécar y Almería, hay cuatro etapas, y entre esta fortaleza de Almuñécar y Málaga, tres”.

La única novedad que aporta este autor alude a las murallas abatidas por el mar. Proba-blemente se tratara del anillo que circunvalaba la zona baja de la ciudad, sobre todo en la zona de Puerta del Mar.

            4.6. Al-Himyari

Sus escritos83 son de finales del siglo XIII y comienzos del XIV de nuestra era.

Su texto es el siguiente:

“Se hallan muchas ruinas antiguas; los antiguos habían construido conducciones de agua y elevaron monumentos, algunos de los cuales subsisten. En las cercanías de la fortaleza, por el lado norte, llama la atención una importante torre de agua (daimas), edificada con sillares; cuadrada en la base y terminada en punta, a una altura de unos cien codos. El agua que viene a desembocar en este edificio tiene esca-pe por un aliviadero (“manfas”) en la coronación. En la cara norte de esta torre, de arriba a abajo hay tallado en su anchura, una especie de goterón, que permitía al agua, saliente del rebosadero, llegar hasta el suelo. Este dispositi­vo prueba que el agua conducida hasta la torre provenía de un punto situado a un nivel superior al del monumento”.

La nueva información del documento se refiere, en parte, al material usado: sillares de piedra caliza porosa (toba) que hoy se ven reutilizados en la base de los paramentos de la Iglesia.

Otro dato explica que la caída de agua desde el aliviadero había ya creado huella, aunque lo que destaca el autor es un canalón que dejaba escapar el agua rebosante desde lo alto de la torre de descarga.

En el mismo texto, al‑Himyari continúa más adelante:

“Almuñécar era un buen fondeadero de verano, que ofrecía un abrigo a su lado este, que estaba en la desembocadura de un río; la dominaba un hisn inexpugnable; tenía un arrabal, mercados y mezquitas; insiste, así mismo, en la existencia de restos de culturas antiguas”.

Esto último reafirma sobre todo su fondeadero, situado en su parte este, es decir, en el estero de río Verde.

Por estas fechas el estero de tal río debió tener aún bastante extensión hacia el interior, y que servía de refugio natural contra los vientos de Poniente.

Otro dato importante es un arrabal. Probablemente se refiera a lo que tradicionalmente se ha conocido como Cuartón de la Ciudad Antigua, detrás del barrio de San Sebastián, entre colinas, laderas, Camino Bajo y vega, zona con mejor condición de habitabilidad que el actual casco urbano.

Es importante resaltar en algunos autores, aún en el siglo XIV, la insistencia en relatar la presencia de ruinas de antiguas culturas. Esto supone que hubo una gran parte de la ciudad heredada que no fue ocupada. Se infiere por ello que se trata del conjunto arquitectónico abandonado por los romanos, y que se encontraba en estado ruinoso.

            4.7. Al-Sabti

Este autor84 pertenece al siglo XIV de nuestra era, y su texto es el siguiente:

“El puerto de Almuñécar es veraniego y está protegido por dos flancos orientales. Tiene un río que vierte en el mar; sobre el que se alza una fortaleza en desuso y en él hay un arrabal, un zoco y una mezquita aljama”.

En este texto se incide sobre la misma idea de puerto, protegido por la propia configuración del territorio: la ensenada de río Verde.

            4.8. Ibn al-Jatib

Sus escritos median entre los años 1313 y 1374 de nuestra era.

Los datos, proporcionados por Ben Sarifa85, y según su traducción, son los siguientes:

“En el siglo XIV nos describe así Almuñécar: Puerto y fondeadero de veleros, lugar planeado por los cristianos antes del Islán y donde se asientan. Su fortaleza es inexpugnable y sus telas muy bien confeccionadas. Sus excelencias son evidentes. El alcázar, de amplios ventana­les y perfecta hechura. La mezquita, situada en el más noble lugar, y el edificio antiguo de tiempos inmemorables, cual si fuera una lima enhiesta o una lanza en manos de un jinete, contra las vicisitudes del tiempo y semejante al palacio de Haman, de flancos finos hechos de piedra tallada y que casi une cielos y tierra. (Almuñécar) rebosa caña de azúcar y en su tierra proliferan pasas excelentes, su territorio es espléndi­do…Hasta Almuñécar llega la tierra de Sawar y en su cercanía está la sede de la escuadra, en ella las promesas no sufren demora, ni su plazo precisa dilación. Ahora bien, su nombre induce a mal agüero y conviene seguir dándole de lado, sus caminos, por su difícil acceso, impiden que la frecuenten sus reyes. Su aire está corrompido y las pestes predominan, sus vecinos son envidiosos. Si se encienden los cielos y se alteran con los vientos simunes, entonces sus habitantes saldrán de las tumbas de sus casas y huirán renqueantes a sus montañas. A ella se trae la grasa, el trigo entre su gente escasea y hay que tener paciencia si el mar no lo envía domado. El camaleón en sus páramos se asa y se le exige al libre la sangre del foráneo”.

Simonet86 ofrece otra versión, que se diferencia de la anterior en su extensión semántica. Dice así:

“La llama puerto y parada de naves, fundación y morada de las sierras de Jesucristo, fortalecida por un castillo inexpugnable”.

Más adelante continúa:

“Su alcázar era de ingeniosa fábrica y con arcadas abiertas, su mezquita puesta en un lugar eminente. Su antiguo monumento arquitectónico, parecía una lima puesta perpendicularmente o un pilar derecho, y sus esquinas eran de piedras labradas; parecía que había hecho con el tiempo pacto”.

La importancia se explica con bastante precisión: la torre de descarga del acueducto romano, en la colina de la Puerta de Granada.

Ambas versiones dicen que las esquinas de esta edificación estaban reforzadas con piedra tallada y resistente (toba).

Otro texto de Ibn al-Jatib  muestra Ben Sarifa87 en su obra Almuñécar en la Época Islámica, que dice así:

“…y la región de Almuñécar, en la cual está la antigua ciudad, con admirables restos”.

Ben Sarifa88 continúa exponiendo los textos tomados de Ibn al-Jatib en los que se cita la existencia de graneros y pirámides, enterrados por el rey usurpador, después de haber sido consagrados los ídolos y ocultados los restos.

En primer lugar, es preciso prestar atención a las palabras usadas en sentido estricto, cuando emplea la expresión “antigua ciudad” y, además, “con admirables restos”. No hay duda de que está hablando de las estructuras romanas deshabitadas y abandonadas.

En ningún momento autor islámico alguno habla de la ocupación de tales ruinas. Se constata que fueron usados los parajes del Castillo y algunas dependencias romanas de la llamada colación de Santiago.

Los graneros citados por al-Jatib pueden ser entendidos como naves abovedadas (o los pasadizos subterráneos del actual Castillo, y depósitos superficiales del mismo), de las que algunas se encuentran bajo el nivel actual del suelo.

El último texto tomado de la obra de al-Jatib 89 relativo a la estructura de Almuñécar, dice así:

 “Las cuestas de Almuñé­car son funestas: quien osado se arriesgase por ellas y se libra de precipitarse, ése, agradecido, debe liberar un esclavo”.

La explicación es simple: Almuñécar no tenía calles en sentido estricto del término, sino que, a partir de la ocupa­ción musulmana, hubo necesidad de ir abriendo pasos para acceder a la fortaleza y lugares estratégicos de las formas heredadas.

No hay duda de que los antiguos sistemas de aterrazamientos tendrían su medio de acceso; pero tal esquema de estructuras no respondería a las necesidades de los islámicos para llegar a esas dependencias. De ahí las roturas.

En otro pasaje de la obra de al-Jatib se habla de la construcción naval, tan necesaria e importante hasta la época moderna90.

            4.9. Al-Umari

Sus escritos datan del siglo XIV de nuestra Era.

Su texto refiere la discusión sobre la identificación de Almuñécar como hisn (castillo) o medina (ciudad)91.

             4.10. Al-Qalqasandi

Sus textos se datan en el siglo XV de nuestra era.

En sus documentos destaca la producción agrícola, con especial alusión al azúcar, plátanos y uvas pasas92.

Levi-Provençal93 dice sobre Almuñécar:

 “Abd-al-Rhaman desembarcó en una ciudad que está a orillas del mar, Almuñécar. Los frutos que producía eran las pasas, caña de azúcar, hierbas y cereales, además de una hermosa seda”.

Desde el punto de vista arqueológico e industrial de la zona, es de gran valor un dato aportado por Sermet94 con relación al aspecto naval de Almuñécar. Dice así:

“Les Phéni­ciens fondèrent Almuñécar sous le nom de Sexi. Les Ro-mains y bâtirent un très fort castillo remanié depuis, mais dont on peut voir les tours; on a dans les alluvions de la vega retrouvé une de leur galères:

Es decir :”Los fenicios fundaron Almuñécar con el nombre de Sexi. Los romanos construyeron en ella un castillo muy fuerte, retocado después, pero aún se pueden ver sus torres; se ha encontrado bajo el aluvión de la vega una de sus galeras…”.

Este dato confirma que el espacio, que hoy conforma la vega, era navegable, y debe corres-ponder a la zona más inundada por el aluvión y el fenómeno de emersión de la costa, indicada y estudiada por Sermet, como es la vega de río Verde.

Extraídas del Libro de Repartimientos de Almuñécar, se tienen las siguientes noticias: además de las conocidas Puerta de Granada, Vélez-Málaga, y del Mar, en el Libro de Apeos de la ciudad se habla de otra: la denominada Puerta del Alcazaba. Actualmente puede verse uno de sus pilones en la alineación de murallas romano-medievales que bordean la cornisa de roca de encima del Majuelo.

Probablemente una escalera de piedra toba, que se inicia sobre la base de las piletas del Majuelo, llegara hasta la citada entrada, además de la que se indica como primordial95.

En otros apartados del Libro de Apeos, se habla de dos arrabales situados entre los ríos Seco y Verde. Se les conocía con los nombres de Almauz y Aleuxa. Malpica cita los arrabales que tenía la ciudad, pero no los ubica96. Pensamos que el citado Cuartón de la Ciudad Antigua tiene alguna relación con los citados arrabales.

Con relación al puerto comercial, existe la confirmación de su realidad. Lo que se ignora es si en estas fechas los espigones romanos estarían aún al descubierto97, cosa que parece confirmarse después de la exploración del Instituto Arqueológi­co Alemán de Madrid98 (cfr. fig. 4).

Extractado del citado Libro de Asentamientos, Malpica99 habla de los siguientes compar-timentos de la ciudad:

“En la colación de Santiago y junto a la llamada Puerta del Mar, se encuentran: la judería, edificios básicos para el desarrollo de la vida urbana, como mezquita, baños, sinagoga, pescadería y aduana del azúcar”.

Por lo que puede significar la aportación de citas textuales del Libro de Apeos de la ciudad, se han extraído aquellos fragmentos considerados más relevantes, con relación a los siguientes datos arqueológicos: descripción de viviendas antiguas, casas arruinadas, corrales, baños, almacerías, división de la ciudad en distritos parroquiales, concentración de elementos industriales, atarazanas, judería, aduana, hornos, secaderos de azúcar, como componentes urbanos más significati­vos. Para ello nos remitimos a lo expuesto al inicio de este trabajo, al mostrar la información completa de tal secuencia, y que Mª. C. Calero refiere como documentos del Libro de Asentamien­tos (cfr. Estudio sincrónico…)

Analizando el contenido de la aludida documentación, se definen los siguientes sectores, partiendo de la división de la ciudad en colaciones y que, según el Libro de Asentamientos, se admiten sólo dos: la colación de Santiago y la de Santa María; pero hay una tercera que no ha sido citada probablemente por haberla extendido o comprendido en la segunda; ésta supuesta, se denominaría (colación) de la Trinidad, y cuyos restos se encuentran transformados en la vieja ermita de la calle Nueva, remozada y convertida, hace no muchos años en casas modernas (hemos tenido la ocasión de conocerla con su estructura completa, aunque en estado ruinoso). Esta supuesta colación no es citada en los libros de forma precisa, pero se lee entre líneas que fue absorbida por la de Santa María de la Antigua.

La colación de Santiago, en la parte baja de la ciudad, abarcaba lo que era pescadería anti-gua, calles Alta y Baja Mar, Plaza de la Rosa, Aduana Vieja, parte de la Cuesta del Carmen, y todo el sector del adarve, a cuya muralla había casas adosadas. La Judería comprendía el área de las calles Alta y Baja del Mar y la calle Real. Los baños estaban probablemente en un sector antiguo de origen romano. Hoy se conservan indicios de ese supuesto destino dentro de casas de esa zona de la ciudad. Con relación a las atarazanas, ya desde tiempos atrás, se habla de la construcción de embarcaciones. En torno a la nueva ciudad, a su vez, las murallas serán utilizadas para adosar viviendas. Además, hay que citar la fabricación del azúcar, cuyos centros estaban en el sector de las atarazanas. Las “casas caídas y corrales” pueden corresponder a elementos romanos.

Otra de las manifestaciones urbanísticas es la vivienda que utiliza el adarve para apoyar su estructura. Los sistemas de aterrazamiento serán aprovecha­dos en época medieval para levantar sus sistemas murados defensivos, formándose anillos de murallones que, a su vez, serán utilizados posteriormente para adosar viviendas sobre ellos.

Insistiendo en esto mismo, un autor musulmán, que describe rasgos de la ciudad, habla de las antiguas fortificaciones hechas por sus predecesores, lo que no es una aseveración gratuita, porque, en efecto, lindando con el Castillo, hacia la vertiente de poniente, se extiende un murallón romano en sentido sur-norte, que ha sido roto y añadido a otro de factura moderna medieval, pero que probablemente indicara que la Seks romana estaría rodeada por un sistema de murallas; lo que es arqueológicamente demostrable y estratégicamente admisible.

78 E. Levi‑Provençal, La description de l’Espagne d’Ahmed al‑Razi, Was al‑Andalus, III, 51‑108.
79 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII, según al‑`Udri, (1003‑1035)), Cuadernos de Historia del Islám, 1977, pp. 5‑8; Ben Sarifa, Nusus `an al‑Andalus, ed. de al‑Aziz al Ahwani, 90, Almuñécar, Arqueología e Historia III, 1986, p. 210.
80 Ben Sarifa, Nusht al‑musstac, ed. en Roma, 564, Almuñécar Arqueología e Historia, III, p. 210; Obra general sobre Idrisi: R. Dozy y M. J. de Goeje, Idrisi, Descriptión de l`Afrique et de l`Espagne, Leyden, 1866.
81 Sobre este punto véase: La España musulmana en la obra de Yaqut, de Abd‑al‑Karim, Gamal, Cuadernos de Historia del Islám, 6, 1974.
82 `Al Wahid al Marrakusi, al Mu`yib, ed., al‑Aryan y al‑`Alami, El Cairo, 1949, 371.
83 E. Levi‑Provençal, La Peninsule Iberique au Moyen Âge, d`après le Kitab ar Rawd al‑Mictar, Leyden, 1938, pp. 225 ss.
84 Al‑Sabti, en al‑Rawd al‑Mi`tar, ed. Ihsan `Abbas, 548, Almuñécar, Arqueología e Historia III, citado por Ben Sarifa, pp. 213‑214.
85 Para este punto véase: Chabana, Mohamed Kamal, Ib al‑Jatib en Mi`yar al ijtiyar fi dikr al‑ma`‑ahid wa‑l‑di‑yar, s 1, 1977.
86 J. Simonet, Descripción del reino de Granada, Almuñécar en Ibn al‑Jtib, Historia de la dinastía Nazerita, 1860, p. 63.
87 Ibn al‑Jatib, Al Lamha al badriyya, 29, publicado por Dar al‑Jadida Ihaa, IV, 608, de M,`AA.`Inan, citado por Ben Sarifa, Almuñécar…, III, p. 205.
88 Ben Sarifa, Al Jatib, Al Ihata, III, 469, Almuñécar…, III, p. 205.
89 Ben Sarifa, citando el texto Diwan al‑sayyb wa‑l‑yahan, Almuñécar…, III, pp. 606‑607.
90 Véase en Ibn al‑Jatib el texto sobre construcciones navales (en su maqama Mi`yar al ijtiyar fi dikr al-ma`ahid wa‑l‑diyar).
91 A. Malpica Cuello, Primeros elementos de análisis de la estructura de poblamiento en Almuñécar a fines de la Edad Media: Al Umari, Almuñécar Arqueología e Historia, II, 1983, p. 395.
92 Para este punto véase la obra de L. Seco de Lucena, Subh al a`sa Kitabat al insa, Aubar, 1975.
93 Texto de consulta: E. Levi‑Provençal, La Peninsule…, texte arabe de notices relatives à l`Espagne, au Portugal et au Sudoueste de la France, Leyden, 1938.
94 J. Sermet, Op. cit., p. 182.
95 Mª C. Calero Palacios, El Manuscrito de Almuñécar, Libro de Apeos, del Archivo de la Diputación Provincial de Granda, Extracto de sus textos, Almuñécar Arqueología e Historia, II, pp. 427 ss.
96 A. Malpica Cuello, Almuñécar y su tierra en vísperas de la llegada de los cristianos, Almuñécar Arqueología e Historia, 1982, p. 420.
97 Liagre de Sturler, Les relations commerciales entre Gênes de la Belgique et l`Outremont, vol. II, docum. 382, pp. 382 y 508 a 510, t. II, docum. 386, pp. 514‑515.
98 Cfr. nota 19.
99 A. Malpica Cuello, Primeros elementos…, p. 196.



 

 

 

ESTRUCTURAS ARQUITECTÓNICAS DE SEKS

  1. ESTUDIO SINCRÓNICO DE LOS MATERIALES

El desarrollo de la arquitectura romana desde sus inicios hasta su expansión en todo el Imperio, se debió fundamentalmen­te a la asimilación de técnicas importadas del Próximo y Medio Oriente100.

Sus antecedentes se hallan en las culturas mesopotámicas y egipcias. Los elementos más desarrollados en ellas fueron arco, bóveda y ladrillo101. A estos tres elementos, Roma suma su descubrimiento: el opvs caementicivm, cuyos componentes son: piedras menudas e irregulares, cal grasa, arena y puzzolana que, al combinarse, experimentan una reacción tal que, de forma acelerada, adquiría una dureza que superaba a la de los componentes. La cohesión que ofrecía esta novedad de aparejo, fomentó que se levantaran grandes bóvedas.

La aportación que el arquitecto romano Vitruvio hace a este respecto en su obra Architectvra, comprende sólo la época republicana, y particularmente la de César y Augusto. Por ello, los elementos arquitectónicos, que se utilizan en esta fase, son los importados y la técnica del opvs caementicivm. No obstante, es obligado decir que la mayoría de los elementos constructivos, tanto en materias-base como en técnicas de alzado y cubiertas, se encuentran en los cánones de la obra del antes citado autor102. Así, el opvs signinvm, caementicivm, incertvm, testacevm y, en algunos aspectos, vitatvm, forman el nudo de los conjuntos arquitectónicos localizados en Seks, habiéndose comprobado la existencia de estas formas y técnicas en más del 90% de los sectores en que ha sido dividida la ciudad moderna, para realizar el trabajo con cierta comodidad, y principalmente a una escala que permita una visión clara de cuanto existe en cada área del complejo industrial.

Uno de los primeros estudiosos del tema arquitectónico fue Nibby103. En ese mismo siglo, Choisy104 continúa los trabajos iniciados por éste, utilizando los mismos métodos. Le siguen a muy corto plazo, Miles, Lanciani, Van Deman y T. Franck105.

La técnica y el modo de empleo de los materiales son la base de donde parten los estudios que tales investigadores usaban en sus respectivos métodos de identificación e inter­pretación, estableciendo sus esquemas cronológicos a partir de las conclusiones obtenidas en sus diversos análisis.

Hay un trabajo, que se pretendió generalizar como modelo de estudio en todo el período romano, siempre bajo el mismo condicionante del problema de las cronologías, que no llegó a alcanzar sus pretensiones, por limitarse su investigación al período comprendido entre la Prehistoria y el período de los Antoninos.

Con ello, el carácter unitario y generalizador que se le quiere dar a la obra, queda incompleto. Pero Blake106, su autor, no sólo quedó falto de ese sentido unitario que él quería dar a su trabajo, sino que tampoco se podía hacer extensible al complejo mundo arquitectónico de las Provincias, donde el substrato autóctono ejerce una importante influencia al implan­tar nuevas técnicas en sus respectivos territorios.

Lugli107 es el único que realiza un trabajo arquitectónico completo, pero no ya basado, como los anteriores, en la evolución de las técnicas, sino en la clasificación extemporánea de todas las manifestaciones arquitectónicas del mundo romano y, principal­mente, en el ámbito de Roma.

Los aspectos más destacables de su obra se centran en: catalogación de sistemas, considerando importante la concentración de materiales usados, según el tipo de edificio y su funcionalidad. Con ello concluye diciendo que cada tipo de edificación exige la técnica que requiere su propia finalidad.

El estudio del ladrillo, como elemento constructivo, ha sido, sobre todo en Roma (porque en provincias este fenómeno se da escasamente), uno de los factores más precisos a la hora de establecer la secuencia cronológica, en momentos, absolutamente precisa. Esta práctica se lleva a cabo sobre el ladrillo rectangular, dándose la circunstancia de que algunos llevan el sello del alfarero. Pero el momento decisivo tiene lugar cuando se imprime sobre él un dato tan importante como el año consu­lar108.

Esta información documental, tiene valor cuando el material no es reutilizado, fenómeno muy frecuente.

El trabajo más completo, en este aspecto, sobre sellos es el de Bloch109.

Utilizando la técnica latericia, Gros investiga las razones por las que se producen determinadas estructuras arquitectónicas, valiéndose de los aspectos económicos, políti­cos y sociales de cada momento y lugar110.

La obra más importante, en técnica edilicia, ha sido realizada por Adam111. Su interés queda centrado en los siguien­tes temas: trabajo lítico, es decir, estudio de la piedra indicando la cantera y sus procedimientos de extracción; instrumentos usados; mortero, materiales secundarios; madera y toda la gama componentes-base utilizados en arquitectura.

Según Steinby112, los estudios deben hacerse en zonas parciales, sin tomar como elemento matriz los prototipos que Roma presente. Esto es una ruptura fuerte con los sistemas precedentes, que prescinden de los cánones tradicionales utilizados para la catalogación y datación de la obra arquitectóni­ca. Con ello, considera necesario una división radical entre lo que es un edificio metropolitano, y lo periférico o provincial. Por ello piensa que no se debe practicar el método analógico cuando se quiere establecer un paralelismo entre los diversos lugares en que el estudio de determinado edificio se lleve a cabo. Esto conlleva cierta libertad de interpretación algo independiente, al estudiar la arquitectura, sobre todo la provinciana, donde hay muchos factores condicionantes, como la infraestructura autóctona, que se debe tener muy en cuenta, porque no es nada despreciable tanto en materiales como en las técnicas constructivas o arquitectónicas. Ejemplo se ve en la Península Ibérica antes de la irrupción cultural romana. El substrato urbanístico autóctono de Hispania influirá decisiva­mente en las concepciones planimétricas de las ciudades, principalmente cuando los asentamientos, en su mayoría, tendrán lugar sobre estructuras preexistentes.

En Hispania se tiene: Sagvntvm, Carthago Nova, Castvlo, Italica, Hispalis, Cordvba, Malaca etc113.

  1. MATERIALES USADOS

            2.1. La Piedra. Opvs caementicivm

Dentro de la tradición más generalizada en la arquitectu­ra romana en el uso de materiales base de construcción, se encuentran el tufo y el travertino.

Al principio se practicaba la técnica ciclópea, sin argamasa. A partir del siglo III a. de C., esos grandes bloques de piedra son usados en proporciones más pequeñas, de contorno irregular y unidos con mortero de cal grasa, arena y puzzolana. A esta nueva composición de materiales se la denominará, a partir de este momento, opvs caementicivm.

Cuando un alzado de fachada es construido con piedras de aspecto externo algo refinado y geométrico, a esta técnica se llama opvs incertvm114. Las primeras manifestaciones de este invento, que se inician en el siglo II a. de C., tienen lugar en Roma, Ostia y Pompeya[1]. El uso de la piedra toba se generaliza a mediados del siglo I a. de C. Este tipo de roca ofrece las ventajas de ser más blanda y moldeable. Cuando en el opvs incertvm la piedra, en su talla, adquiere forma casi troncopiramidal, se da lugar a una nueva tipología que se denominará opvs reticv­latvm.

Haciendo juego con esta técnica, suele aparecer el ladrillo, que forma planos horizontales; mientras que la piedra lo hace ocupando las esquinas de los edificios, como ocurre en los pilares del acueducto de los Milagros, en Mérida.

La combinación del opvs latericivm y el opvs incertvm dio lugar a la aparición de un nuevo sistema de aparejo: el opvs mixtvm.

El opvs reticvlatvm, piedras tratadas hasta conseguir forma troncopiramidal, y el opvs latericivm, aparecen en época de Tiberio; pero su mayor difusión tiene lugar a lo largo del siglo I d. de C.

            2.2. Arcilla

Es un elemento usado en todo el Mediterráneo, tanto en tapial como en adobe secado al sol. La cronología de su uso va desde los primeros tiempos de la historia de Roma hasta la época clásica. Es precisamente Vitruvio quien ha dejado el testimonio más claro cuando la cita como componente de los elementos arquitec­tó­nicos116. En los estudios de Blake, el uso de tal material se remonta al siglo VI a. de C., sobre todo en la fabricación de tégulas planas y curvas117.

Haciendo un poco de arqueología en esta materia, se admite, con evidencia, que este material, o su uso, entra en Roma por influjo de las colonias griegas del sur de Italia y Sicilia. Dando fe de ello, se puede comprobar que en la Magna Grecia se utiliza la terracota como elemento arquitectónico decorativo, desde época muy temprana118. En tiempos de Augusto la localidad de Urbisaglia era el centro más importante de fabricación de ladrillos. En Pompeya aparece desde el siglo II a. de C. La primera arcilla que se utiliza en Roma, como elemento de construcción, es importada.

La técnica del opvs testacevm consiste en el uso del opvs caementicivm con reves-timiento exterior de ladrillo cocido y colocados a ambos lados del paramento. En los inicios se usaban tégulas rojas. Posteriormente se comienza la fabricación de un tipo de ladrillo, que se dividía formando dos partes llamadas semilater por su forma triangular. Sus medidas eran 22 x 26 cm, y cuya parte angulosa se encajaba en el hormigón para dar mayor cohesión al aparejo. Blake afirma que, en un principio, esta nueva técnica se utilizaba en aquellas estructuras urbanas que tenían que soportar humedad y calor de forma intensa, como en las termas119. El ladrillo se com-binó, en un principio, con el opvs incertvm, con el fin de conseguir planos horizontales, dándose la misma utilización con el opvs reticvlatvm, cuyo fin era el mismo.

A partir de Tiberio, se encuentran edificios totalmente construídos con este material. En tiempos de Augusto, se utiliza tan sólo en los paramentos interiores, mientras que los exteriores eran revestidos con piedra. A finales de la época de Augusto, el ladrillo se usa también en los exteriores.  En tiempos de Tiberio su uso adquiere carácter oficial, y se llega a producir cierta evo-lución en su empleo. Estas variaciones experimentadas se utilizan para establecer, una secuencia cronoló­gica. De esta manera se determinan una serie de detalles que indican tal evolución: tipo de arcilla, corte hecho sobre los ladrillos, módulo de ladrillos por metro de altura, sistemas bipedales a intervalos regulares en muro etc. Con el tiempo su grosor disminuye y se aumenta la cantidad de mortero en las juntas, lo que conlleva un incremento de medidas en módulos120.

  1. EDILICIA ROMANA EN LA BÉTICA

Como preámbulo para explicar el proceso de adaptación a los nuevos sistemas edilicios en Seks, se toma muestra de los existentes en Roma, aunque no se suceden al mismo ritmo y tiempo.

El tipo de ladrillo (opvs testacevm) de forma triangular, no sustituye al rectangular. Otra de las variantes se produce en el revoque usado entre ladrillos, así como la ausencia de sellos en los mismos121. Lo que más abunda es la piedra en sus variados tipos de tallados122. Pero lo que sí se impone, por razones estrictamente de necesidad, es el ladrillo, elemento base en construcciones como las termas, donde los factores de humedad y altas temperaturas siguen siendo los máximos condi­cionantes de su uso. El empleo del ladrillo, como elemento dominante del aparejo, se da en las siguientes estructuras de Seks: en la casa romana del Castillo: en el sistema hídrico de termas, pero sólo en el hypocavstvm; También se ha detectado en silos y en un pasillo corredor subterráneo que pone en contacto las dependen­cias internas del mismo y su salida, en un punto de la entrada principal; y en otro, con la Tenaza o sistema defensivo casi periférico, en la zona sur del mismo Castillo. En los sistemas abovedados sólo se ha registrado un caso, cuyos muros y bóvedas son de piedra, revestidos de ladrillo usando dos módulos de medida.  Como dato de interés, encima de esta estructura, con naves comunicadas por arcos abovedados, hay un depósito de agua cuya superficie abarca el tamaño de las naves situadas debajo123.

Por otro lado, conviene añadir que este sector estaba formado por una secuencia de naves del mismo estilo y composi­ción, dadas las ruinas detectadas, y que abarcaba el espacio que se indica en la planimetría levantada. El uso del ladrillo en este sector se hace extensivo a las cubiertas y paramentos del grueso muro que delimita las terrazas en que queda enmarcada toda el área de las salazones de Poniente. Se utiliza tanto el ladrillo como la roca pizarrosa y la toba; con lo que se concluye que este sector ha sido retocado o reedificado con materiales de acarreo de otra estructura anterior rota.

Hay un segundo sector, con sus paramentos levantados de piedra, abovedado, pero con entrada flanqueada por una bóveda de medio cañón, e incluso los muros de soporte edificados con el mismo material124. El componente base de este sector, mayoritariamente, es de pizarra, elemento común en la mayor parte de los edificios del conjunto. Se puede decir que casi el 99% de las edificaciones están construidas con este tipo de roca. Por ello, las formas usuales de edificación, en cuanto a técnicas, son el opvs caementicivm, opvs incertvm y, en mucha menor proporción, el opvs testacevm.

Como se dijo, el ladrillo puede verse en el hypocavstvm de las termas de la casa romana125,  y en las termas junto al acueducto, a la entrada de la Puerta de Granada.

En otro punto de la ciudad, relacionado con el sistema hídrico de distribución, aparece una nave subterránea, desde cuyo inicio se produce una bifurcación hacia dos lugares contrapuestos de la ciudad: uno, en dirección al antiguo depósito de aguas de la Iglesia de la Encarnación; otro que, a pocos metros del sitio de entrada al canal, se dirige hacia el sector norte del casco viejo, y en el que se ve un sistema de conducción con tubos de cerámica, que debieron constituir una red de distribución de las diversas partes del complejo industrial, y a todos los niveles. Esta prueba puede hacerse extensible a la totalidad del conjunto. Se trata de una nave abovedada de ladrillo visto y argamasa126Tal coincidencia, con unidad de criterio en cuanto al uso del ladrillo, se produce siempre que se da la circunstancia de uso relacionado con elementos destinados al almacenamiento de agua y a la producción de calor, donde la arcilla es el mejor elemento127.

Como colofón a este breve esbozo, tanto de la clasifica­ción general de las técnicas y materiales romanos, como de los usados en esta localidad, y dejando un resquicio en este proceso de investigación general, se admite, como verdadero, concluir que los estilos y modos arquitectónicos de este complejo industrial se cumplen con regularidad, debido a que el entorno geográfico y geológico permitían conseguir con facilidad materia­les como arcilla, bastante abundante, para el ladrillo, piedra, elemento soporte sobre el que se asienta el conjunto industrial. No es necesario violentar los cánones romanos, aunque hay situaciones en que las estructuras, paramentos y edificaciones dan señales de alteraciones en sus formas estructurales, tal vez debidas a situaciones extrañas a la propia arquitectura, como los derrumbes provocados por el abandono y el paso del tiempo, crisis económicas, recomposiciones y reutilizaciones hechas por los propios romanos en sus diferentes fases de historia local y, lo peor a nuestro entender: reutilizar materiales de un estilo arquitectónico derruido, en la recomposi­ción o nueva edificación de otro. Muestra de ello se ve en el uso indiscriminado y anárquico de piedras, ladrillos y tobas en algunos paramentos, como un sector de la zona de Poniente. Todo esto muestra un sistema arquitectónico en decadencia, coincidente con una época de crisis económica y social (siglo III d. de C.)128. Precisamente, el caso de las reutilizaciones de materiales va a ser el caballo de batalla a la hora de realizar un intento de composición de la cronología de este complejo. Si no se olvida que la permanencia romana aquí ha subsistido desde el siglo II (o antes, a partir del 206 a. de C.), hasta el s. V d. de C., con guerras civiles por medio, crisis del siglo III d. de C. etc., difícil se presenta establecer una secuencia cronológica, y ello aproximada. Si se sitúa la cronología del flamen a finales del período de Marco Aurelio (161‑180), la reconstrucción de esa área de la factoría debió realizarse en época muy posterior a la de la propia inscripción, es decir, por lo menos después de la crisis del siglo III129. Caso aparte es el uso de la piedra tallada, que se describe usada en las esquinas de la torre de descarga del acueducto romano130. Según la historiografía islámica, las esquinas de tal torre se encontraban fortificadas con piedras talladas, porosas y resistentes, comprobándose que es toba, elemento lítico práctico y útil para tal construcción. Este material aparece también en los componentes del Majuelo, utilizado en los paramentos de una edificación que se asemeja al resto de un foro del complejo de la factoría de Poniente. La toba se reutiliza en construcciones tanto romanas como medievales y modernas. Así, edificaciones de cuarenta años atrás, han usado bastante material procedente de las estructu­ras romanas sobre el mismo solar moderno, en donde existió el alzado de un edificio de tal época. En lo referente a las zonas portuarias, se ha citado la existencia del espigón en párrafos anteriores. Su composición coincide con el descrito por Vitruvio cuando habla de los componentes usados en zonas ganadas al mar131. El nivel del mar está a tres metros aproximadamente del actual132.

100 Sp. Kostod, Historia de la Arquitectura I, Oxford University Press,1988, pp. 331 ss.; L. Benevolo, El arte y la ciudad antigua, 2, Roma‑Bari, 1982, pp. 22 ss.; A. Blanco, Vestigios de la Córdoba romana, Habis, I, 1970, pp. 109 ss.; A. García y Bellido, Colonia Aelia Augusta Italica, Madrid, 1966, pp. 14 ss.; Id. El urbanismo en España en la Edad Antigua, Madrid, 1968, pp. 58 ss.; C. Castillo, Städte und Personen der Baetica, Aufstieg, II, 3, pp. 601 ss.; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Castulo, I, Madrid, 1975; R. Ramos Fernández, La ciudad romana de Ilici, Alicante, 1975; E. B. Smith, La Arquitectura egipcia como expresión cultural, Watkin Glen. N.Y. American Life Fundation, 1969; J. R. Barlett, Jericho, Guilford, Surrey, Lutter worth Press, 1982; M. A. Beck, Atlas of Mesopotamia, London and Edinburg, Thomas Nelson and Sons, 1956; H. Frankfort, The Art and Architecture of the Ancient Orient, Harmondsworth and Baltimore, Penguin, 1970; L. Lampl, Cities and Planning in the Ancient, Near East, New York‑Brazeviller, 1968; S. Lloyd, H. W. Müller y R. Martin, Ancient, Architecture, Mesopotamia, Egypt, Greece, New York, Abrahams, 1974; A. Badawy, Arquitectu­ra del Antiguo Egipto y del Oriente Próximo, Cambridge, Massachusset, MIT., 1966; M. del Amo, Restos romanos de la población romana de Onoba, (Huelva), Arqueología, 2, 1976; W. MacDonald, The Architecture of the Roman Empire, New York, Yale University Press, 1982; J. B. Ward‑Per­kins, A. Claridge, Pompeii, A. D. 79, New York, 1978; A. Boetius, Etruscan and Early Roman Architectu­re, Har­mondsworth, New York, Penguin, 1978; T. Kraus,T. L. von Matt, Pompeii and Herculaneum, New York, Abrahams, 1973;L. Soroni Mazzolani, The Idea of the City in Roman Througth, Bloo­mington, Indiana University Press, 1970; F. Brown, Roman Architecture, New York, Braziller, 1965; P. Lavedon, Histoire de l`Urbanisme, Antiquité, IIè éd., Paris; A. Grenier, Manuel d`Archéologia gallo‑romaine, III, L`Architectu­re, l`Urbanisme, les Monuments, Paris, 1958; A. Balil Illana, Colonia Iulia Augusta Barcino, Madrid, 1954; A. Beltrán et alii, Symposium de ciudades augústeas, Bimilenario de Zaragoza, I, II, 1976‑1977.
101 Sp. Kostof, Op. cit., pp. 82 ss., pp. 94 ss., pp. 121 ss.; P. León, Notas sobre la técnica edilicia en Itálica, AEspA., 50‑51, 1977‑1978, pp. 143‑169; E. J. Miles, The materials used in the building of ancient Rome and the logical origin, Journal British and American Society, vol. I, 1885‑86, pp. 54‑55; M. Steinby, I bolli laterizi e i criteri di tecnici nella datazione delle cortine laterizie romana, Esame su un grupo di edifici ostiensi dei primi anni di Anchiani, Miscelanea Archeologica, 1967, pp. 389‑406; A. Balil Illana, Casa y urbanismo en la España antigua, La España romana, BSEAA, XXXVIII, 1973, pp. 105 ss.; Th. Hauschild, Konstruktionen auf der oberen Stadterrasen des antiken Tarraco, AEspA., 45‑47, 1972, pp. 3 ss.; A. Jiménez, De Vitruvio a Vignola, autoridad de la tradición; Como obras complementarias, véanse: J. P. Adam, La constructio romaine, materiaux et tecnique, Paris, 1984; H. Bloch, I bolli laterizi e la storia dell`edilizia romana, Contributi all`Archeolo­gia ed alla storia romana, Roma, 1947; T. Franck, Roman Building of the Republic, an atamp to date them from their materials, Papers American Academy in Roma, vol. III, Roma, 1924; G. Lugli, Tecnica edilizia romana con particola­re riguardo a Roma e Lazio, Roma, 1957.
102 Vitruvio, Arquitectura, I, 3, II; 3, 4, 5, 6, 8.
103 Como obra general véase: A. Nibby, Roma Antica, I, 1838, II, 1839.
104 Como obra general véase: A. Choisy, L`art de bâtir chez les romains, Pa­ris, 1873.
105 E. B. van Deman, Methods of determining the date of roman concret Monuments, AJA, second series, Journal of the Archeological Institute of America, XVI, nº 2, pp. 230‑251, y nº 3, pp. 387‑432; Como obras complementa­rias véanse: E. J. Miles, The materials used…, p. cit.; T. Franck, Op. cit.; R. Lanciani, Ancient and Modern Roma, Rome, 1925.
106 Como obras de carácter general, véanse: M. E. Blake, Ancient roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to August, Was­hington, 1947; Id. Roman Construction in Italy from Tiberius throught the Flavian, Washington, 1959; M. E. Blake, D. Taylor Bishop, Roman Construction in Italy from Nerva throught the Antoninus, Filadelfia, 1973.
107 Véase G. Lugli, op. cit., y nota 101.
108 P. Setälä, Private domini in Roma Brick Stamps on the Empire, A Historical and Prosopographical Study of Landowners in the District of Rome, Helsinki,1977, pp. 316 ss.; Como obras complementarias véanse:T. Franck, Op. cit., nota 2; T. Helen, Organisation of Roman Brick Production in the first and second Centuries A. D.: an Interpretation of Roman Brick Stamps, Helsinki, 1975.
109 Cfr. Nota 101 y, en especial el trabajo de H. Bloch.
110 Como obra complementaria, véase: P. Gros, Architecture et societé à Rome et Italie centromeridional aux deux derniers siècles de la Republique, Latomus, 156, Bruxelles, 1978.
111 Cfr. J. P. Adam, nota 101.
112 Cfr. nota 101: M. Steinby.
113 Cfr. nota 100: A. Balil, Op. cit.; C. Castillo, Op. cit.; R. Ramos, Op. cit.; nota 2: A. Balil, Op. cit.; A. Beltrán, Op. cit.; A. Blanco, Op. cit.; A. Garía y Bellido, Op. cit.
114 Cfr. Planimetría del Sector L y las fotografías de los subsectores que conforman este complejo sector.
[1] Cfr. not. 101: M. Steinby.
116 Cfr. nota 101: M. Steinby.
117 A. Blánquez, Vitruvio, Los diez Libros de Arquitectura, Barcelona, 1970, II, 3, pp. 40 ss.
118 Cfr. nota 1: M. E. Blake, Op. cit.
119 L. Roldán Gómez, La técnica edilicia y su empleo en Hispania (1), Rev. Arq., Sep-Oct., 1987, pp. 35 ss.
120 A. Blánquez, Op. cit., pp. 130 ss; Véase nota 2: M. E. Blake, Op. cit.
121 Cfr. Planimetría del sector B (hypocavstvm de la casa romana en el Castillo de San Miguel).
122 Cfr. Planimetría urbana de los sectores B, K, V,; Nota 2: P. León, Op. cit.
123 A. Ruiz Fernández, Arqueología romana de la costa granadina, Cuadernos Monográficos nº 2‑3, Motril, 1985, pp. 57 ss.
124 Cfr. Planimetría del sector K (fig. 17).
125 Cfr. Planimetría de los sectores 0L, 1L y 2L, figs. 18 a 23.
126 Cfr. Planimetría del sector B (fig. 2) y documentación fotográfica del mismo.
127 Cfr. Planimetría del sector R (fig. 29) y documentación fotográfica del mismo.
128 Cfr. Planimetría de los sectores K y V (figs. 13 y 17) y documentación fotográfica correspondiente.
129 Cfr. Planimetría del sector J (fig. 16) y sector B (fig. 11).
130 M. Pastor Muñoz y F. Molina Fajardo, Epigrafía romana de Almuñécar (Sexi Firmum Iulium), Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, pp. 328 ss.
131 Cfr. notas del capítulo 2º: nº 62 (Idrisi), 65, 68 y 72 (Ibn al‑Jatib).
132 A. Blánquez, Op. cit., pp. 134 ss.

SISTEMAS DE NAVES ABOVEDADAS DE SEKS

Los sistemas analizados en la mayor parte de los sectores del conjun­to arquitectónico de Seks, constituyen, por ahora, un precedente sin paralelos en las actuales plantas urbanístico-industriales del Mediterráneo.

Después de un recorrido por numerosas factorías de salazones en la cuenca mediterránea y en la costa marroquí atlántica, tan sólo se han identificado algunos elementos aislados similares a los de Seks, no sólo en la forma sino en el tipo de aparejo utilizado133. Pero esto no es suficiente para establecer principios por los que se levanta una estructura en la que hay un predominio de formas arquitectónicas tan reiteradas, en un complejo que se viene denominando Mvnicipivm y Oppidvm.

Paralelos, hasta ahora, no se han detectado para establecer conexiones tipológicas. En las factorías marroquíes se ha comprobado que, incluso las más relevantes, carecen de infraes­tructura urbana134. Puede ser que una localidad de las cercanías de Lixus (Larache, Marruecos), con el tiempo, ponga al descubierto un sistema similar. Por ahora no hay configuración de estas características.

Por ello es obligado comenzar el estudio e interpretación de los sistemas a analizar, sin contar con precedentes donde establecer unos mínimos elementos referenciales. En este sentido Seks es única en su forma, composición y ordenamiento135.

Dado que los elementos de estudio están constituidos por una secuencia de sistemas abovedados, orgánicamente distribui­dos por todo el complejo, es conveniente establecer un plan de trabajo que describa y busque aquello que, con objetividad, conduzca a una explicación del fenómeno, admitido como razona­ble y coherente.

Se van a describir los diversos componentes, pero no desligados del sentido unitario que conforma la totalidad del conjunto industrial.

Como preámbulo, es necesario prefijar que, a la hora de adoptar un criterio lógico, en las cercanías de Seks han sido detectadas varias villas rústicas romanas, que abocan a una razonable justificación del comportamiento estructural de este conjunto.

Dado el uso de la técnica de abovedamiento sistemático en todos los niveles del complejo, es preciso establecer cómo se presenta y qué alineamientos sigue.

En primer lugar es obvio que la posición de estos sistemas, unas veces sigue la forma del terreno, entrelazando secuencias de naves sin demasiado esfuerzo para corregir los defectos del suelo y, otras, esta arquitectura prosigue su línea, superando desniveles a base del ya conocido método de aterrazamiento.

Pero, y esto es cuestión pendiente aún, lo que primero se debe hallar es algún indicio o técnica seguida en el sistema constructivo del mundo grecorromano, que sirva de referente, para explicar, con algún fundamento histórico precedente, el problema que genera la cuestión: los sistemas abovedados de Seks, y la terminología aplicable, aunque sea por analogía semántica. Para ello es preciso remontarse al mundo antiguo, y ver la evolución del uso de la bóveda, sus fines, proceso de la misma y derivaciones funcionales a través del tiempo. Por esta razón, los precedentes históricos de Seks radican en una desviación de uso (experimentada ya en las formas conocidas del mundo romano y griego) de los considerados criptopórticos. Tales elementos tienen su razón de ser, dentro de un tipo estructural, en ocupar los huecos vacíos que muestra un edificio, o salvar los desniveles del terreno cuando se levanta un conjunto arquitectónico de cierta entidad en espacio y volumen.

En principio, estas áreas quedaban ciegas; pero después se les fue dando utilidad hasta convertirlas en pasillos subterrá­neos y paseos; en superficie, cubiertos (στoά), y simples vías de comunicación subterránea en una misma edificación.

Estos son, en términos generales, los usos más habituales que se dieron a los sistemas abovedados situados en la parte más baja de los tipos de edificaciones que requerían tales elementos136. Con el paso del tiempo, y por razones de necesi­dad, estas construcciones, denominadas criptopórticos, llegan a prestar servicios muy diferentes a los que habían venido desempeñando. Por ello, y atendiendo a este fenómeno, dentro de los usos secundarios, se ha comprobado que, en muchas ocasiones se utilizaron como tiendas y, sobre todo, como horrea; lo que lleva a pensar que, al darse con cierta frecuen­cia tal desviación de uso, y ello comprobado en numerosos edificios, los analógicamente llamados criptopórticos de Seks, pueden ser entendidos como corriente arquitectónica derivada de esa desviación de función que se hizo en numerosas ocasiones en este sistema de construcción grecorromano.

No se va a usar el término criptopórtico porque, en realidad, no son tales, aunque man-tengan la misma forma, salvo en la denominada Cueva de Siete Palacios, donde casi con toda probabilidad se cumple uno de los principios para los que los antiguos  criptopórticos se levantaron: equilibrar un sistema arquitectónico. Tal explicación puede ser admitida en este complejo especial dentro del conjunto de Seks. Pero puede constituir un hecho aislado en todo un sistema.

También se ha de considerar que, en un principio, pudo servir de criptopórtico, aunque las proporciones hacen pensar en un conjunto con unas dimensiones triples a lo que hoy se conserva.

Por otra parte, tras las excavaciones practicadas en su interior, y una vez analizados los resultados, se ha comprobado que tal espacio ha sido reutilizado como centro de prepara­ción de salazones, con estructuras tan elementales que parecen completamente fortuitas y asistemáticas. Pero también cabe la posibilidad de que la arquitectura sobre la que han apareci­do componentes destinados a salazones, sean restos de formas arruinadas bajo la nueva construcción romana. Testigo de ello es la existencia de muros más antiguos sobre los que, en ocasiones, se montan los nuevos de este edificio (cfr. Planimetría, sector L, fig. 18).

Los indicios arqueológicos hallados no son más que meros indicadores de un uso secundario y ocasional para infraestruc­turas industriales. Que en épocas posteriores, tales espacios se incorporen a un uso de local de almacenamiento, depende de un cambio de función de tal edificación en el tiempo.

Por estos datos, es obligado dar una breve explicación histórica que, en la medida de lo posible, aporte algo de luz sobre formas que no cuentan con paralelos en lo que tradicio­nalmente se viene considerando factoría de salazones. Ni las más importantes colonias del Mediterráneo aportan un cuadro de elementos estructurales que se asemejen a lo que aquí es objeto de estudio.

Por ello, y haciendo un intento de llegar a una explicación ajustada a verdad, hay necesidad de mostrar un recorrido histórico tanto por elementos aislados como por conjuntos monumentales completos.

Debido a ello, forzados por la necesidad, se inicia el estudio partiendo de lo que históricamente se considera criptopórtico que, con prudencia, se tratará de relacionar con las formas que se abordan en este trabajo.

En términos clásicos, la palabra κρυπτά procede del griego κρυπτός, o su substantivo κρυπτή. Dicho término pasa al latín a finales de la época republicana romana, y es usado por Varrón y Vitruvio137. En tal época el término se entiende en latín como via qva per montem perfvssvm itvr138. Hay diez formas a las que se aplica este término, dentro de la arquitectura grecorromana139. En la terminología edilicia aparece relacionado con edificaciones como horrevm140, lo que la aproxima al significado aplicable a las estructuras de Seks.

El texto de Vitruvio dice así:
“qvi avtem frvctibvs rvsticis servivnt, in eorvm vestibvlis stabvla taber-nae, in aedibvs criptae horrea apothecae ceteraqve qvae ad frvctvs servandos magis qvam elegantiam decorem possvnt”

Su traducción: “Quienes se dediquen a los frutos del campo, los compartimentos se han de construir de forma que los establos y almacenes se levanten en los vestíbulos, y en la casa, los subterráneos, graneros y almacenes y todo aquello que pueda servir más para conservar los frutos que de adorno para elegancia”.

Los criptopórticos, en general, presentan dos problemas: su verdadera definición y sus antecedentes. Tanto lo uno como lo otro se suman provocando gran disparidad de formas y definiciones arquitectónicas.  El primer problema queda ya resuelto en el siglo III a. de C., considerándolo como una edificación utilizada para pasadizo subterráneo cerrado. Esta oscuridad, en su origen, hace surgir a la vez, cuestiones sobre sus funciones, estructuras y técnicas desglo­sadas en tipos variados, y provocando mezclas de poca relación con los módulos primitivos. Así, no se puede hablar de modelos que no se dan bajo una forma bien estructurada, y perfectamente adaptados a las diversas funciones.

Será interesante exponer los tipos que los arquitectos romanos han creado, haciendo ver que su realidad difiere de los cánones antiguos, hasta el punto de que no necesariamente sean edificaciones subterráneas, sino que aparezcan como modelos urbanísticos más o menos en superficie. Esto se va a dar, y más en época republicana, tanto en las construcciones públicas como privadas, siendo utilizadas para los más diversos fines, respondiendo a las necesidades que cada comunidad o estructura pueda precisar, tal como, según se ve, ocurre con Seks.

Los tres aspectos de interés para su estudio son: Funcio­nes, Estructuras, Técnicas.

Finalmente se finaliza con conclusiones cronológicas, modos de transmisión, y relación con sus antecedentes.

  1.  Funciones

La función más evidente, en su interpretación como precedente, viene dada por la propia estructura arquitectónica. Se podría decir que los diversos tipos que aparecen en Seks se catalogan bajo las siguientes variantes que en cada momento se definirán formalmente:

1.1. Sostenimiento y adaptación de los espacios para explanadas y terrazas.

Esta definición es más apropiada a los criptopórticos monumentales de Roma, con las subsiguientes variantes que se puedan presentar, ya que a la función de sostenimiento de estructuras superiores, se pueden asociar utilizaciones más prácticas (aquí entran en juego los diferentes niveles sobre la base, que se dan en Cueva de Siete Palacios, con división hecha de muros) y estancias mejor aprovechadas (división de los dos sectores en la citada Cueva, a causa de los niveles del suelo). Ejemplos de uso como soporte de terrazas se encuentran en la exedra de los Atálidas de Delfos; en las salas subterráneas de los Ptolomeos141, con su complejo de cisternas etc.

1.2. Terrenos

Limitación de los terrenos por construcción parcial en subsuelo que permite agrandar las terrazas, corregir desnive­les, ganar espacios utilizables para depósitos, graneros, tiendas, almacenes, etc. De ello se deduce que su función no está exclusivamente vinculada a ser un elemento de sosteni­miento.

1.3. Rellenos de zonas quebradas

Por otra parte, sin menoscabo de la función anterior, hay situaciones en que las irregularidades del suelo no son salvadas por este sistema, y la solución se halla utilizando otra técnica edilicia: rellenar los espacios menores con mortero y piedra, como ocurre en la mayoría de zonas huecas del casquete superior del conjunto arquitectónico de Seks. Éste es el recurso más aplicado, dada la frecuencia de irregularidades morfoló­gicas que presenta la superficie rocosa de numerosos sectores de este núcleo industrial.

             Estructuras

2.1. Plantas

En general, las plantas se trazan acordes con una función arquitectónica. Si se pretendiera hacer una nave como pasadi­zo, lo normal sería un alzado rectilíneo. Pero en este caso es precisa/mente la superficie del terreno la que impone los sistemas a seguir en las líneas recta y curva.

Los tramos extensos se mantienen con superficie regular, pero los suelos anómalos, por fuerza natural, violentan las normas de la edificación para seguir su propio sentido arqui­tectónico. Muy importante aquí es hacer notar que, bajo ninguna condición, las naves, o pórticos cerrados, entren en una dinámica de uso en pendiente. Por ello, el trazado general de las cryptonaves, (criptas abovedadas cerradas), se alinean en una secuencia ininterrumpida, formando en las vertientes suroeste, noroeste y norte), según cotas de nivel, zonas aterrazadas en donde, por una parte, las pequeñas diferencias de altura o irregularidades del terreno, se salvan con relleno de hormigón y piedra; y por otra, los fuertes desniveles se equilibran por medio de muros contra­fuertes, visibles aún.

Sobre estas dos maneras de allanar formas geomorfológicas se levantan las construcciones o criptas abovedadas cerradas, de tal manera que puede admitirse un sistema de estructuras que conforman anillos, y se van cerrando resistiendo la curvidad del terreno y las cotas, y ampliándose, según el diámetro se haga mayor. Así, los sistemas de criptas se inician a partir de las cotas 4‑6, y culminan en la 48 aproximadamente, de tal manera que, si se considera la altura media de cada serie de naves, que es de 2,70 m, más sus encofrados, con un grosor aproximado de 0,60 m, los encadenamientos de cryptonaves abovedadas, alcanzarían la cifra de nueve niveles en total, aunque supondría una regularidad del terreno en toda su superficie. Por ello se considera que las verdaderas líneas o anillos vienen indicados por los referidos muros contrafuertes en todo el espacio construido.

Así pues, en la secuencia norte-sur, se aprecian dos niveles, superpuestos a partir del muro de contención, contrarres­tando la descarga del área completa de la Cueva de Siete Palacios: uno, bien definido, aunque con bastantes elementos destruidos o deformados, enrasados o transformados; otro, que se dibuja naciendo de las cubiertas abovedadas del casquete terminal del área superior.

Sin embargo, a partir del citado contrafuerte, los muros de aterraza­miento se hacen más confusos, tanto por la disminu­ción de la pendiente como por las transformaciones que se han venido realizando a través de una evolución propia de un asentamiento como éste.

Es interesante observar cómo, por la inercia de la Historia, se van cumpliendo las ordenaciones urbanas que ya predijo Vitruvio en las orientaciones de las casas:

Las zonas expuestas al sol sufren sus inclemencias en los climas marinos, sobre todo surmediterráneos, por lo que habrá que procurar orientar las construcciones hacia el Septentrión, que es más sano”142.

En efecto, la zona orientada al Norte ha sido la más castigada en reutilizaciones y transformaciones, notándose, por el contrario, un abandono en las áreas sur, Levante y Poniente de la ciudad, de tal manera que la mayor concentración de criptonaves abovedadas, piletas de salazones y depósitos de agua, se han localizado, en mayor número, en los citados ámbitos, siendo marcadamente superior todo lo que se considera franja sur de la ciudad.

Le siguen en cifras, sucesivamente, los grandes sectores de Poniente y levante. Los aterrazamientos son más necesarios en la vertiente de Poniente, debido al fuerte desnivel que se da en cortas distancias. Sin embargo, el sector levantino, aunque en menor cantidad, ha revelado la existencia de un amplio número de naves, formando unidad estructural que, por encontrarse en una de las zonas posteriormente más solicitadas por el fenómeno comer­cial, la industria y los servicios portuarios, ha mantenido su estruc­tura, aunque algo alterada, en época medieval, y que, con sus características peculiares, por ser utilizadas como almace­nes, han conservado su antigua forma en planta y alzado en todo su conjunto.

Nótese, a este respecto, que la zona portuaria más importante de este centro industrial, está emplazada en el sector de Levante, donde debió concentrarse el mayor peso del movimiento comercial, ya que constituiría la demarcación más concurrida por su amplio estuario marino.

Siguiendo la descripción, en sus características genera­les, se nota lo siguiente: formas cerradas de las naves alineadas, es decir, que la mayoría de los sectores presentan sus piezas sepa-radas unas de otras, con medidas muy similares en algunas zonas (la mayor parte situadas en el área superior de la actual ciudad): tanto en las naves de soporte, como en las que se montan sobre ellas, la luz ha sido evitada hasta no poderse constatar ni una sola entrada a nave que no haya sido otra que la practicada artificialmente por los ocupantes medievales o modernos.

Tan sólo se observan, en aquellos donde su conservación lo permite, unos tragaluces, la mayor parte circulares (hoy taponados, pero de época), en la parte central de las bóvedas de las naves. A veces se ve una especie de abertura lateral, de época también, semejante a una puerta adintelada, pero no se puede asegurar que lo sea, porque todos los indicios llevan a pensar que tal entrada, actualmente visible, no es más que una prolongación artificial moderna realizada por la acción antrópica (cfr. nave partida, sector M; fig. 24).

En esta secuencia de dos o tres plantas superpuestas, no se observa más que el equilibrio arquitectónico entre la planta de sostenimiento, Cueva de Siete Palacios, y los dos probables alzados superiores, aunque uno de ellos, por los indicios, está retranqueado, dando un cierto alzado de aspecto troncopirami­dal.

La tradición de los criptopórticos en el mundo romano revela, de forma casi generalizada, que tales elementos arquitectónicos se utilizan fundamentalmente para agrandar edifi­cios, sobre todo los de carácter público, y constituirse en soportes de terrazas, con estructuras anteriormente planifica­das, como puede ser la Στoά, cuya independencia primitiva se fundamenta en la época helenística y para transformarla en elementos parciales, asociados a conjuntos y modelos relacio­nados con las nuevas reglas de la composición arquitectónica143. Este proceso facilitará su empleo y utilización rápida en la arquitectura romana en época republicana gracias, particular­mente, al uso de la nueva técnica del opvs caementicivm, que permite la construcción, rápida y económica, de la bóveda

  1.  Técnicas

El estudio de los medios técnicos parte del propio uso de los criptopórticos en época helenística, con la pertinente connotación que supone el empleo posterior como añadido innovador en la arquitectura republicana romana y su evolución, según medio y fin a que se destine.

Como es normal en toda estructura arquitectónica, deben considerar­se tres aspectos fundamentales en los criptopórticos: muros, soporte y cubierta. Los muros destacan por su doble función: base y sostenimiento. El primero se establece como apoyo de su estructura. El segundo tiene por finalidad sujetar la masa arquitectónica que sobre él pesa.

Se debe levantar con un cuidadoso aparejo, de mampostería tradicional, y uso, casi generalizado, de la piedra vista y, si es posible, apoyarlo en suelo sólido, roca madre, o de similar constitución145.  El grosor de los muros va en función de los elementos que soporta, y del fin para el que se ha construido. Oscila entre los 0,60 m, y los 1,20 m, según las alturas y finalidades. El módulo más generalizado alcanza los 0,90 m. En algún sector (área de la Cueva de Siete Palacios) se ven, sobre roca madre en pendiente, muros contrafuertes que mueren en altura, conjugando el desnivel sobre el que se sujeta.

Como detalle resalta la inexistencia de fosa de cimenta­ción sobre roca, y un apoyo superficial en ella, pero con equilibrio perfecto en la adaptación al terreno. Hay pasta de encofrado en las naves del área de la Cueva, y algunos detalles aislados en otros sectores. Pero, general­mente, la piedra vista aparece en los muros verticales, y de canto, en los sistemas de bóvedas. El mortero, siguiendo las normas de Vitruvio, no se ve al exterior, sino que el aparejo está hecho con piedra de períme­tro irregular, algo cuidado en su cara externa, unidas entre sí con mortero en el interior del paramento.

Los espacios pequeños se rellenan con piedra menuda, de forma que el aspecto externo muestra apariencia ciclópea. Y es que aquí se sigue la norma dictada por Vitruvio, para evitar humedad lo más posible146.

La gran cohesión es obrada por la argamasa de cal grasa y arena que une, en su parte interna, todo el aparejo exterior del alzado, y así se evita, en gran parte, la humedad, obstácu­lo a eliminar dentro de las exigencias de la estructura que este sistema de naves impone, considerando la función que va a desempeñar147.

A veces se dan ciertos espacios vanos, y aparentemente sin sentido que, probablemente, estén destinados a eliminar las aguas de lluvia, evitar la humedad, o como factor de equilibrio entre las temperaturas interna y externa de las naves que separan.

En algunos momentos tales espacios se interpretan como medios de acceso a las naves, o todo lo contrario, dificultar su entrada, pero se ignora. En las roturas modernas hechas sobre algunos muros de la zona semidestruida del sector de la Cueva, se observan unos conductos de sección rectangular, que han podido servir de canalización para el tendido de distribución de aguas, con tuberías de cerámica o plomo a través de ellos. Tales conduc­ciones parecen discurrir a ras de suelo de las naves superiores unas veces, y otras, a través del interior de algunos muros.

El elemento que no se ha podido localizar aún, es la tubería, probablemente por haber estado al descubierto. En el interior de la Cueva hay dos sistemas de canaliza­ción, situados en la parte donde hoy está la falsa entrada de Levante. El más pequeño es una derivación del grande; lo que significa que del principal parten salidas que abastezcan de agua zonas del conjunto en su parte superior. La capacidad bruta del canal grande, por donde pasaba el agua entubada, tiene una potencia de más de 250 l/s. Pero, al ir el agua por tuberías, como debió ser, prácticamente se reduciría a la mitad. Es menos problemático construir un canal adintelado y colocar dentro una red de tuberías, que practicar una canali­zación de mampostería impermeabilizada con opvs signinvm. Esta técnica, canal con tuberías, es la supuesta en el sifón del acueducto, ya que permite, en cualquier momento, reparar una avería, a la vez que con este sistema se elimina más fácil­mente la humedad.

Por otro lado es necesario admitir que estas canaliza­ciones sirvieron como elementos de conducción de agua de lluvia. Pero parece indicar que formaban parte de la red distribuidora planificada desde lo más alto del casquete superior, adonde llegaba el agua por medio del sistema de vasos comunicantes, desde la torre de descarga del acueducto romano. Desde ese punto irradiarían, en varias direcciones, sistemas de conducciones que abastecieron los espacios situados en cotas inferiores, como se ha comprobado con el descubrimiento de canal sobre la parte superior levantina, dirigiéndose al Peñón del Santo (fot. 2,3 ,4,5,6D). En los soportes se observa que las líneas de naves, como norma general, utilizan sus propios muros para sostener su alzado y estructura superior. Por ello, cualquier sistema que discurra paralelo a otro, lleva su propia línea de muro, de tal modo que no se usa la medianería, sino la yuxtaposición, colaborando con ello a la finalidad perseguida en estas formas arquitectónicas: la isotermia interior.

Es interesante observar que estas técnicas no se siguen en todos los sectores, sino sólo en aquellos que se encuentran más expuestos a los cambios fuertes de temperaturas estacionales, y a la fuerza y características de los vientos

3.1. Cubierta

Las cubiertas con que se protegen los principales elemen­tos de la factoría, o las diversas secciones y niveles indus­triales a través del complejo148, los espacios cubiertos, de almacenaje, o naves cerradas, están techadas con bóvedas de medio cañón, rebajadas, vaídas, y de aristas, éstas últimas formadas por el cruce, en ángulo recto, de las de medio punto (caso de la Cueva y zona aneja de hemicrucería). Hay pequeños sistemas abovedados, utilizados como medio de intercomunica­ción, o pasadizo que une naves entre sí (nave del “cabrero”) en el sector K.

El pasadizo más grande conocido, del que aún quedan restos, discurría por la parte superior del puente romano que unía el Castillo con el Peñón del Santo. Tenía una anchura de 3,80 m, y una altura de 2,30 m. Por su interior discurría una conduc­ción de agua, o sistema de tuberías.

Esta tesis se fundamenta en que el nivel más bajo del depósito de agua coincide con la base de la nave cubierta. Por ello el agua llegaba por un pasaje más elevado; de lo contrario, tendría que hacerse a presión, y eso no es lo normal, por eludir el simple uso de los niveles entre los grandes centros elevados.

Los pasadizos subterráneos tienen unas medidas que oscilan entre los 0,65 m de anchura y 0,75 m de altura.

3.2. La luz

En todo este sistema de terrazas para naves cerradas, es natural que la luz, o su ausencia, juegue una función importante y, por ello mismo, plantee problemas.

Como  primera razón, es imprescindible exponer en qué estado se encuentran las citadas naves y espacios destinados a ellas: la casi totalidad ha sido hallada en las siguientes condicio­nes: cimientos sobre suelo, o roca madre; grosor medio de los muros es de 0,90 m; entrada problemática y confusa.

En la dificultad planteada sobre la forma de acceso a este tipo de nave almacén, tan sólo se han podido identificar de forma generalizada, aberturas sobre la cubierta: Hueco circular en el centro de las bóvedas, todos taponados de época, con piedra y argamasa, aproximadamente de 0,50 m de diámetro, tal como se da en la Cueva, donde puede verse la abertura rectangu­lar de acceso y abertura respiradero.

En resumen, las entradas continúan siendo una nota difícil de explicar en el sistema. Por todo ello se estima que, en algunos casos, los accesos son patentes: entrada por agujero practicado en la bóveda, y por pasillos abovedados. La pequeña entrada adintelada es muy dudosa.

Es preciso dejar claro que de todos estos rasgos descritos se pueden colegir los siguientes fenómenos: Ausencia total de luz; grosor adecuado de los muros para que la oscilación térmica sea mínima en su interior, y de esta forma funcione como cámara isoterma; el suelo no muestra enlosado ni pavimento; no hay naves con indicios de uso de solería; sólo roca madre. Consecuencia de ello puede ser la justificación de los factores ambientales que se deben exigir para la correcta conservación de productos elaborados en la factoría: La humedad que acumularían los suelos enlosados o con pavimentos; los cambios de temperatura que provocarían muros débiles y la influencia en la degradación de las materias orgánicas que generaría la entrada de luz. Para eliminación de los gases acumulados, las naves disponían de respiraderos.

No cabe duda de que, en efecto, el comienzo de uso de los criptopórticos tiene lugar en época helenística. Esta nueva técnica es asumida por los arquitectos romanos y la aplican para nuevos fines, además de los ya conocidos.

Los usos son bastante diferentes de los que normalmente les dieron los griegos. La evolución del griego al romano se asemeja, en proporción, al que los actuales dueños hacen de ellos: En Roma sirve hasta de almacén, cosa inimaginable para un griego; en la actualidad, aquí, de vivienda, impensado para un romano.

Con todo, se cree que esta estructura, potenciada por la técnica del opvs caementicivm y las nuevas aplicaciones que el arquitecto romano y la sociedad le dan, se inicia a partir del siglo II a. de C., y perdura hasta la total desaparición del elemento romano en estos lugares.

En las invasiones que provocan la caída de la parte occidental del Imperio, los nuevos colonos se encuentran con un sistema de estructuras romanas, como terrazas pobladas de naves cerradas y de diferentes medidas, áreas con naves coronadas con piletas o depósitos de agua, mercados a ambos lados del núcleo central, puertos y zonas de servicios, templos, la red hidráulica, etc.

Cuando el elemento islámico ocupa esta localidad, y permanece en ella durante casi ocho siglos, se tiene la impresión de que apenas ha hecho uso de lo que ha encontrado, salvo de lo que le interesó. Se limitan a levantar estructuras originales propias sobre la obra anterior romana, que se encontraría en estado ruinoso en la mayor parte de los sectores.

Ocupan el espacio más estratégico del conjunto donde levantan su fortaleza, a la que denominan hisn.

Estadísticamente el elemento islámico, desde el punto de vista urbanístico, no ha dejado en herencia ni un 1% del total de estructuras propias. Por el contrario, la arquitectura romana aparece por doquier, tanto en superficie como en subterrá­neos.

En el proceso evolutivo del criptopórtico, a través de su misma historia, y en los diversos lugares donde se hizo uso de él, se contempla lo que le va a ir sucediendo allí donde se ha detectado su empleo y función.

Como se ha dicho antes, el modelo helenístico sufre cambios cuando el arquitecto romano lo utiliza. Así, en Aosta, por imperativos circunstanciales, en período tardío o, incluso, en fechas más recientes, los criptopórticos han sido transfor­mados, o adaptados para ser utilizados como horrea, con una división en sectores, por medio de muros de separación149.

En Narbona hay adaptaciones similares150. La mayor parte de las transformaciones de criptopórticos en horrea, se debe a factores meramente externos y circunstanciales. Esto ocurre debido a las facilidades que presentaban para tales fines, como eran el ser un lugar cerrado y protegido de los agentes atmosféricos. Hay muchos casos en que criptopórticos, como los de Aosta, Arlés, Reims, Bavar, etc., cuya misión principal se ceñía a los cánones de Vitruvio, es decir, servir de refugio a los especta­dores en caso de lluvia durante una representación teatral, desviaron accidentalmente su uso, en caso de emergencias sirviendo de almacenes151.

Insistiendo en el mismo tema, la aparición de los cripto­pórticos en la arquitectura romana se ve ligada al empleo del opvs caementicivm152, a la búsqueda de espacios subterráneos celulares, y a la aplicación de estas técnicas para fines bien definidos, ya al margen de los usos tradicionales de tales formas arquitectónicas.

Como se ha dicho, la degradación o multiplicación de funciones se amplía. En el mundo romano, por necesidades propias de otra sociedad y con sentido práctico y funcional, no sólo se usa este recurso para los fines originarios helenísti­cos, sino que se les dan otras aplicaciones, como construir depósitos de agua subterráneos, paso de circulación de carros y, como aquí trae el tema, de almacenes que aprovechen las ventajas de una nueva técnica y conseguir una aplicación más práctica a los productos almacenables. Aquí, el criptopórtico, al que se considera mejor llamar cryptonave, se ha converti­do en horrevm, con modifica­ciones en las que pierde algunas de sus antiguas características arquitectónicas: Se dividen en secciones para aislar un producto de otro, con fines utilita­rios y evitar mezclas de olores, establecer un calendario de conservación, y dificultar la piratería.

Lo que sí se puede ya proponer es una definición de aquellos tipos arquitectónicos que, como en las formas de Seks, se salen del fin tradicional de lo que se considera criptopórtico porque, teniendo en cuenta la estructura y fines de tal elemento, no se puede calificar como tal a toda nave abovedada, aunque su inspiración esté en ella, pero no la forma y tradi­ción antiguas.

Un dato a añadir, y que aún no se ha indicado suficiente­mente, es el uso del opvs incertvm en la casi totalidad del complejo de Seks, lo que es novedad frente al opvs caementi­civm, usado en Roma como técnica innovadora frente a los del mundo helenístico.

El sector conocido como Cueva de Siete Palacios tiene un paralelo en la villa Adriana, donde existe un compartimento de características similares al edificio de Seks. Es decir, una nave central con otras laterales y casi alineadas frontalmente. Su alzado está revestido con opvs signinvm, de un espesor de 0,03 m153 y un mampuesto de contextura poco habitual en cuanto a consistencia; por lo que parece indicar que su destino ha sido el de depósito de agua. Pero del análisis exhaustivo de sus elementos constructi­vos se deduce que su finalidad fue servir de almacén de nieve para uso doméstico durante el estío.

Los criptopórticos de Narbona154 muestran indicios de haber servido de horrea, o más bien, relacionados con los mercados, como indican los textos155. Ernest Wilf piensa que en Narbona se da un único caso de criptopórtico usado como horrea. El plano de la edificación lleva múltiples subdivisiones y corredores, que presentan aspecto de almacenes. Estos horrea narbonenses no se encuentran ligados al forvm, cuyo emplazamiento y dispositivo general son conocidos. De esta forma los cambios producidos en el uso de los criptopórticos constituyen un precedente en que basar algún tipo de relación tanto arquitectónica como funcional.

La Arqueología no ha proporcionado aún paralelo alguno que ofrezca un punto de partida, y permita relacionar, por lo menos, las estructuras. Lo que se tiene de yacimientos arqueo­lógicos son sólo elementos muy aislados, y sin fuerza suficien­te para establecer una relación.

Los sistemas de factorías que presentan algún elemento son los de Lixus156, Tahadart157, Sahara158 y Bolonia159; que son pruebas muy parciales y reducidas en aportación de formas similares a las de Seks. Sirven para establecer una comparación meramente técnica, como es el uso del mismo material y formas abovedadas, cuya finalidad es distinta. Por ello se está algo solo al plantear una definición global sobre un conjunto que se ha venido definiendo πόλις, por la Historiografía griega, oppidvm, por los romanos, medina y ciudad, en época medieval y moderna. La verdad está en los resultados del análisis: ni cardo maximvs ni decvmanvs. Sólo una casa. Sólo naves, piletas, depósitos (…) que dan, como cuadro final, una factoría de salazones de pescado, con encadenamientos de sistemas abovedados de almacenaje.

133 Cfr. Planimetría del sector X (fig. 34) y su documentación fotográfica.
134 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25 (fig. 13), 36 (fig. 21), 44 (fig. 27) y 70 (fig.45).
135 Ibidem, pp. 25 ss.
136 R. Martin, Les Cryptoportiques: problèmes des origines en les cryptoportiques dans l`Arqchitecture romaine. École Française de Rome, Rome,1973, pp. 23 ss.; G. de Angelis D `Ossat, I criptoportici quali elementi basamentali nella tipologia compositiva dell`architectura romana, en Les cryptoporti­ques., pp. 45 ss.;J. B. Ward‑Perkins, The cryptoportic: a practical solution to certain problems of roman urban desing, en Les Cryptopor­tiques…, pp.51 ss.; R. A. Staccioli, Sulla destina­zione e l`uso dei criptoportici, en Les cryptoportiques…, pp. 57 ss.; P. Romanelli, I criptoportici forensi di Aosta e di Arles, Rendiconti dell`Acade­mia dei Lincei, serie VIII, vol. IX, 1954 (1955) pp. 645‑657; Id. Edifici sotterranei di Bavai, Archeologia Classica, VI, 1954, pp. 284‑291; Id. Edifici sotterranei dell`agora de Smirne, Latomus, XVI, 1957, pp. 275‑292; A. Maiuri, Il criptopor­tico di Sessa Aurunca, Rendiconti Academia Archeologia, Lettere e Belle Arti di Napoli, XXXVI, 1961 (1962), p. 55; Como obra complemen­taria, véase: G. Lugli, Enciclopedia dell`arte antica, s. v., Criptoportico.
137 Apiano, III, 6, 7.
138 Séneca, Epist., 57, 1; Petronio, Satur., p. 16; Estrabón, V, 4, 7. Dentro de las denominaciones detectadas en los diferentes autores relativas a los criptopórti­cos, se han indicado las siguientes: AMBULATIO, TECTA, CRYPTA THEATRI (CIL, V, 1008, X, 833‑834, XI, 4206); CLOACA, Iuv. V,106; Estrabón, XIV, 43; CELLARIVM APOTHECA, CIL, IX, 5159; MITHRAEVM, CIL, XIV, 66; CARCER, Sidonio Apolinar, Carm., 23, 319; ADYTVM SEPVLCHRI,CIL, III. 1096, VI, 10005; ADYTVM, en Itin. Burdig., 594, 25, 596,19; SPELVNCAM, ANTRVM, Itin. Burdig., 598, 6.
139 F. Coarelli, Les cryptoportiques dans l`Architecture romaine, École Française de Rome, Rome, 1973, pp. 12‑13; Los términos más genéricos que se aplican a este elemento arquitectónico, son los siguientes: AEDES, CIL, 1096; CASTRA, Hist. August. Hadr., 10, 4; CHALCIDICVM, CIL, X, 810; CVRIA, CIL, XI, 5753; EXEDRA, CIL, III, 10, 96; HORREVM, CIL, IX, 5159; y Vitruvio, VI, 5, 2 ( y APOTHECA ); MACERIA, Varr., Men., 536; PODIVM, CIL, IX, 3168; PORTICVS, CIL, II, 3428, III, 1096X 810, XI,4206; THEATRVM, CIL, V, 1008, a, X, 833, XI, 4206; TRIBVNALIA, CIL, X, 833, s;VIRIDIA, CIL, 1‑2, 1505; XYSTVS, Varr., Men., 536.
140 CIL,IX, 5159; Vitruvio, VI, 5, 2.
141 R. Martin, Op. cit., p. 32.
142 R. Martin, Op. cit., p. 29.
143 Ibidem, p. 29.
144 Ibidem, p. 30.
145 Vitruvio, II, 4.
146 Ibidem, II, 8 y VI, 11.
147 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 60‑61, fig. 37.
148 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.
149 F. Benoit, Les cryptoportiques de la Narbonnaise, Atti I Congresso Internazionale, Archeologia, Italia Settentrional, 1963, pp. 145 ss.; A. Grenier, Op. cit., III, 1, pp. 305‑322.
150 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.
151 G. Gullini, Il criptoportico nell`Architectura republicana, en Les cryptoporti­ ques…, p. 137.
152 E. S. P. Rocotti, Criptoportici sotterranei di villa Adriana, en Les cryptoporti­ques…, pp. 264‑5.
153 I. Solier, Notes sur les galeries souterraines de Narbonne, en Les cryptoporti­ques…, pp. 322‑323.
154 Id. Notes sur les cryptoportiques de Narbonne, plan des Horrea, en Les cryptoporti­ques…, p. 324.
155 E. Will, Les cryptoportiques de Forum de la Gaule, en Les cryptoporti­ques…, p. 327.
156 M. Ponsich et M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25, (fig. 13), p. 36 (fig. 21).
157 Ibidem, p. 44.
158 Ibidem, p. 70 (fig. 25).
159 Ibidem, p. 86 (fig. 53).

 

 

 

FORMAS CONSTRUCTIVAS Y PRODUCCIÓN INDUSTRIAL

Como señala su propia trayectoria histórica, el emporio de Seks es bien considerado por los autores antiguos, al hacer una valoración positiva de sus productos160.

Por otra parte, es obligado indicar que sus inicios y técnicas comienzan con la colonización fenicia que, según la cronología de sus cerámicas, se remonta a finales del siglo IX a. de C. y comienzos del VIII.

Por ello, el proceso de fabrica­ción debe llegar, por lo menos, hasta esas fechas, ya que, aparte de los negocios de trueque que practicaban los fenicios con los indígenas ibéricos, al ver las  posibilidades de conseguir provecho de un montaje industrial como el de la salazón, lo harían y, de ahí, la evolución del proceso hasta su desaparición con la caída del poder romano en el sur Peninsular y el Norte de Africa161.

Los montajes industriales no eran tan simples como se dice por tradición162. Las factorías fabricaban sus productos en función de la calidad, tamaño y abundancia de pesquerías. Por ello cabe decir, por un lado, que los productos no presentaban una elaboración en cadena con las mismas denominaciones, sino que incluso sobre un mismo tipo de materia prima, había variedad; lo que significa que, al igual que hoy, cuando un animal se despieza para su comercialización, también las calidades de los productos elaborados establecían una gama de valoración. Tal fenómeno es válido para todos los tipos de especies marinas. La calidad es un elemento de valor para estimar la aceptación comercial. Abundando en este tema, los autores antiguos establecían categorías con respecto al producto más estimado: los atunes y túnidos en general, menores en tamaño y cualidades, como la caballa, el bonito, la melva, etc163. Hasta tal punto fue importante que, la mayoría de las colonias costeras dedicadas a las salazones de pescado, adoptaron, como emblema, para reverso de sus monedas, las figuras del atún y del delfín.

Es evidente que se puede establecer una categoría de género por la variedad de las pesquerías. Téngase en cuenta que aquí se habla de túnidos, scomber, con denominaciones de colias, lacertvm164, etc. Pero el examen realizado sobre restos de pescado, hallados en las piletas de salazones, no ha sido practicado en su totalidad; por lo que tan sólo se ha tenido en cuenta lo más relevante de los hallazgos: las vértebras de grandes atunes165.Sin embargo, otros vestigios, considerados de tanto interés como el anterior, no han sido tenidos en cuenta; así, las escamas, espinas, e incluso un material secundario, y los tipos de anzuelos, cuyo estudio aún no se ha realizado. Las escamas dan luz sobre la cuestión de la gama de variedades de la fauna marina de acá.

Por otra parte no sólo en el Majuelo han aparecido elementos de análisis. La Cueva de Siete Palacios dio también escamas cuando se practicó su excavación. Estos elementos no se usaban para pescado pequeño, sino de cierta entidad. Las secciones y láminas eran indicativas de que se trataba de piezas de tamaño superior166.

  1. ESTRUCTURA DE LA FACTORÍA

Otro aspecto a tratar es la articulación de la propia estructura industrial.

Como puede verse en la factoría del Majuelo, la distribu­ción de las piletas no es un fenómeno arbitrario, sino que todo se organiza en función de las materias que se pretenden elaborar. Así pueden verse sectores de piletas homogéneas, formando áreas bien definidas que, además, presentan muretes de separa­ción, como testigos de que los productos que se trabajaban en cada uno de esas secciones eran diferentes, y se pretendía que no se produjeran alteraciones o contaminaciones entre las variedades elaboradas.

Aplicando un criterio puramente cuantitativo, las dimen­siones de las piletas están en función de la calidad y cantidad de materia que se preparaba. Es sabido que en la elaboración de las variedades de garvm, el pescado destinado a este fin se preparaba en salas auxiliares, y se troceaba antes de ser tratado con los ingredientes de la salazón de cada clase.

En las piletas se operaba el proceso de transformación, gracias a los tipos de salmuera utilizados. Falta por saber las concentraciones salinas usadas, por carecer de un análisis residual de aquellas piletas, que pudieron aportar esta característica como componente de la salmuera.

1.1. El Garvm y sus variedades

En términos generales, todo el complejo industrial está formado por dos grandes esquemas básicos: piletas grandes, medianas y algunas especiales de pequeñas dimensiones. Las primeras se destinaban a la preparación y elaboración de los escabeches, con pescado de clase superior y mediano; las segundas se destinaban a las salsas propiamente dichas. Tanto uno como otro producto reciben el nombre de garvm. Pero es preciso indicar que tal denominación se aplicaba sobre todo a las salsas elaboradas usando como materia prima los hipogastrios de diferentes clases de pescado. Esto, lógica­mente, llevaba a la producción de diversas calidades en los derivados obtenidos. De tal modo es así, que los tipos de garvm, fabricados con entrañas de determinado pescado, se vendían en pequeños envases, y a precios no asequibles a toda economía.

El garvm se utiliza­ba, a veces, como condimento para la preparación de otros platos. La variedad era tan amplia en sus diversas calidades que, en algún momento, se utiliza como elemento jocoso en escritos de carácter literario, de tono irónico167. Ello no quita que algunas de estas variedades de garvm se cotizaran a alto precio por su calidad168.

En cuanto a las estructuras usadas en la preparación del tal producto, entendido como salsa, los depósitos descubiertos en Seks son de medianas proporciones. Hay un hogar donde los ingredientes y materia base se someten a cocción. Sus piletas son manifiestamente más pequeñas que el resto del conjunto, y de diferente factura. Constituyen un tipo existente en todo el Mediterráneo Occidental169. No se olvide que la elaboración definitiva del garvm se realizaba en recipientes de cerámica que se colocaban sobre los antes citados hogares. Tales espacios, destinados a la obten­ción del garvm tipo salsa, con sus especiales formas estructu­rales, fabricadas con mampuesto, no son exclusivos del área del Majuelo. Los tipos medianos y grandes se han localizado en numerosos puntos del complejo, tanto que se han constatado desde la cota 4 hasta la 44170. Pero los hogares destinados a la cocción del garvm han aparecido, casi todos, en los niveles inferiores. Su construc­ción tiene forma circular y de escaso diámetro. Aún se encuen­tra sin un estudio pormenorizado. Se han localizado en los sectores excavados en calle Real y Plaza del Ayuntamiento. No han aparecido aisladas, sino formando parte de un conjunto mayor, como se puede comprobar en el contexto arqueológico171.En las excavaciones practicadas en la calle Real, puede verse cómo los muretes de las piletas han sido rebajados casi al nivel del suelo. Pero algunas de ellas muestran aún algo de pavimento en su fondo172.

Por otra parte, y en época medieval, gran parte de esas formas han sido muy alteradas, y casi arrasadas para levantar, apoyándose en ellas, las viviendas modernas. De esta forma, toda edificación que sobre ella se levante, tendrá sólida base, y no sufrirá fisuras en sus paramentos173. En otros sectores, como la zona contigua a la Cuesta del Carmen, donde hubo un ingenio azucarero moderno, la tradición ha proporcionado datos sobre antiguos depósitos de salazones e, incluso, de un horno de cerámica174. Se dice que ésta era abundante, ya que hay depósito de desechos, quedando todo bajo las casas nuevas.

1.2. El Garvm de Seks y su contexto meridional

En relación con la elaboración y comercialización de los productos, se puede analizar y establecer un paralelismo con el conjunto de las colonias mediterráneas, y cómo se construía una factoría de salazones. Por ello se acude de nuevo a los textos antiguos.

Según Balil175, los principales caminos y rutas comerciales parecen haber sido los del mar que, en el caso de Gades, fueron, con el tiempo, más intensos y ambiciosamente explotados, hasta el punto de ser  considerados secreto de Estado. Esto no comprende el desconocimiento y desaprovechamiento de las rutas terrestres. Desde Gades y todos los centros industriales se explotaban rutas que ponían en contacto puntos comerciales marítimos, fluviales y terrestres.

García y Bellido dice que Hispania y Mauritania establecían relaciones comerciales con países lejanos que no vacilaban en enviar, a lo largo de la Bética, a sus comerciantes para intercambiar sus mercancías por pescado salado176.

Por su parte, Benoit piensa que el mercado de la Bética tenía tal importancia, que sus importaciones de vino y sobre todo de aceite y salazón, estaban asegurados por el fisco, y contribuía al abastecimiento de Roma177.

1.3. El Montaje de la industria de salazón

Con relación a la industria de salazón en sí misma, es necesario considerar tres aspectos: las técnicas de montaje de la industria desde el punto de vista arquitectónico, elabora­ción de la materia prima, en parte ya tratada, y el proceso de comercialización y transporte. Por ello, se va a exponer, tomando como referencias las técnicas constructivas de Seks, el sistema de montaje de una industria de tales características.

El procedimiento de montaje de piletas es fundamentalmente la misma en todas las factorías de la Cuenca Mediterránea y vertiente atlántica de Marruecos. El principio básico consiste en construir a ras de suelo para facilitar el relleno, y asegurar una menor resistencia en la colocación de las masas de pescado y sal, equilibrado en peso por la masa que la rodea.

A veces, como ocurre en Seks, la pileta se excava en roca, evitando tan sólo que el terreno sea permeable; por lo que todo se equilibra con un simple revestimiento de opvs signinvm, más un mampuesto previo. Otras veces hay que levantar estructuras sobre roca, rellenando los espacios huecos y dando a los muretes la inclinación necesaria para que equilibre el contra­peso de empuje, de dentro hacia fuera. Los ángulos de las piletas son redondeados para evitar fisuras y las aristas horizonta­les, muy a menudo, son reforzadas con cuarto de círculo en relieve, o una bovedilla de ancha sección. Las piletas presentan un fondo, sin salida para evacuar residuos o agua. Si se presta atención, puede verse en muchas una especie de pocico destinado a recoger los residuos que quedan como posos, después que la materia elaborada ha sido retirada dentro de sus respectivos envases. Por ello se piensa que, con sólo limpiar el citado pocico era suficiente, aunque no se descarta que además fueran baldeadas con agua, una vez finalizada la campaña. Un sistema de desagüe hubiera complicado en extremo el drenaje de cual­quier industria de esta clase. Generalmente, los sectores con piletas y los recintos que componen esta factoría, estaban protegidos con cubier­tas, normalmente a dos aguas, usando techumbre de teja ancha y rematada con caballete de teja estrecha de medio punto. Su finalidad era evitar la rápida evaporación de la salmuera por un lado, y la lluvia que pudiera disminuirla en exceso, por otro178.

1.4. Elaboración del garvm. Ingredientes y variedades

Referente a la fabricación del garvm, se sabe que tal proceso consiste básicamente en la maceración de entrañas de pescado, tratadas con leche, sal, huevos y sangre, en función de qué clase de pescado se utilice, y con quisquillas, ostras o  cualquier  otro marisco.

Su sabor era bien diferente según los ingredientes añadidos, y el producto base utiliza-do. Se permitía todo con el fin de conseguir calidad.

Así, Plinio179 dice que se podían mezclar, hasta hacer fermentar, salmonetes, en el tipo de garvm denominado de los aliados o negro (cfr. Galeno180, op. cit.), para convertirlo con hígado en un exquisito plato.

Se podía alterar su virtud al mezclarlo con agua, vino o vinagre. Resultaba ser un medicamento excitante, estimulante y digestivo, por su riqueza en ázoe181.

Su precio dependía pues de su calidad. En su embalaje se utilizaban, para las calidades altas, recipientes que no medían más de diez o doce centímetros182.

El garvm constituye un centro de atracción de estudios monográficos. Las citas antiguas abundan, remontándose en Grecia al siglo V a. de C.; y la que hay sobre Seks aparece en Dífilo de Sínope.

El garvm de Gades es citado, por primera vez, en una obra de un comediógrafo, Eupolis183. Antífanes184 lo cita también a finales del siglo IV a. de C.

Todo parece indicar que la expansión de este producto, o mejor, su comercialización a gran escala, comenzaría en época helenística.

Las citas relativas al garvm no van paralelas a los datos toponímicos, y a las relaciones comerciales entre púnicos y nativos ibéricos. El primero que habla de factorías de salazo­nes diferentes a las de Gades, es Estrabón, al que siguen Plinio, Marcial, Séneca y otros, pero destacando la cita recogida por Ateneo, tomada de la obra de Dífilo de Sínope, quien alaba las excelencias del ςκoμβρός de Seks185.

Gades figuraba como la más renombrada. Partía como la capitalizadora de la producción, aunque las calidades ya se habían extendido por todo el Sur, de tal manera que se califi­caba este producto no como gaditano sino como bético, pudiendo satisfacer cualquier demanda que sobre él se hiciera186.

Poco a poco la fama de este producto se divulga, y aparecen otros centros de fabricación, como la isla de Escombreras, o Carthago Nova, que rápidamente adquieren fama. Durante este período se produce el llamado por Galeno y Aelio garvm de los aliados, o negro, y primario por Paulo de Egina. La fama del citado garvm debe su nombre a dos hechos importantes: su fabricación se hace usando como elemento básico la caballa, y su comercialización es capitalizada por asociaciones de Caballeros o Clase Equestre187.

El uso de almadrabas se ha mantenido hasta nuestros días, subsistiendo aún en puntos muy concretos de la costa sur, aunque no con el mismo rendimiento de aquellos tiempos188.

Se sabe, por otra parte, que un elemento, la sal, era indispensable para la elaboración de este producto; por lo que se piensa que debe ser una industria inducida y existente junto a la factoría de salazón, o cercanías.

No se dispone de datos arqueológicos fehacientes sobre su proceso de obtención, aunque sí de lugares donde se ha elabora­do. La factoría de Seks probablemente obtuviera ese elemento de las salinas recientemente descubiertas en Torrenueva (Granada), en el delta de la desembocadura o estero marino del río Guadalfeo189. Como testimonios más antiguos sobre los emplazamientos dedicados a esta producción, están las salinas de San Fernando (Cádiz), que funcionarían como industrias anejas a la factoría de Gades190. Sobre el comercio de la sal en particular se ha escrito bastante191, pero no es la cuestión base de este tema, ya que aquí es un ingrediente para el montaje de una industria que lo precisa como tal.

El montaje de una industria de salazón requería dos condiciones indispensables: movimiento estacional de pesquería, con sus ciclos de mareas, y la existencia de agua dulce en sus cercanías, por lo menos. Conjugando tales condicionantes, se levantaban las factorías. Esto hace que las atlánticas y mediterráneas difieran en cuanto a la distancia del mar, a causa de las mareas, ya que éstas apenas son apreciables en el Medite­rráneo. En cuanto a la disposición de las estructuras en las diversas áreas de Seks, provoca una cierta dificultad la situación de las piletas en puntos elevados del complejo. Por ello, se observa que se han localizado estos elementos en las siguientes cotas: 4; 8,55; 20,20; 22,90; 26,10; 31, 85; 40; 41,45 y 44,60. Este desnivel sin duda ocasionaría problemas de transporte. Los productos elaborados eran almacenados en los sistemas abovedados que había en cada nivel del complejo y, desde allí, conducidos hasta los barcos. El proceso seguido desde que se producen las capturas hasta su elaboración, es el siguiente: realizada la pesca, se transportaba, supuestamente en carros, a través de una vía (calle enlosada en el Majuelo, Seks), bien de cerámica, bien de piedra con caementvm. Se llevaba hasta unas salas, donde se les quitaban las partes consideradas despojo, destinadas a la fabricación del garvm192. El atún era cuarteado en trozos de diferentes tamaños y formas o, si era pequeño, abierto y cubierto con sal para secarlo, y comercializarlo bajo tal preparación. Las salas se construyen en una situación cómoda para el transporte de la materia prima previamente preparada, y para su posterior elaboración en las piletas, donde se salaban. Como se ha dicho, en proporciones ya estudiadas, el pescado se salaba193. Tal proceso duraba unos veinte días. La salmuera que se formaba, se utilizaba para el tratamiento de los hipogastrios o desechos de pescado, destinados a la obten­ción del garvm. Una vez terminado el proceso de salazón, el producto ya elaborado, se introducía en ánforas a este fin, taponadas herméticamente y se guardaban en almacenes adrede construidos.Con relación al garvm, para acelerar el proceso de fabricación, se colocaba en las citadas ollas de cerámica y se cocía. De esta forma la salmuera aceleraba su efecto de evaporación, a la vez que la masa adquiría su punto idóneo en cuanto a su mezcla y composición. Un autor dice a propósito del garvm y su preparación:“…a continuación, colocado el pescado y la salmuera al fuego hasta que se cueza, es decir, hasta que comience a consumirse un poco”194.Dada la existencia de elementos de montaje y fabricación de este producto en Seks, las formas de cocción se componen de un hogar, de un compartimento destinado a calentar, colocado encima del hypocavstvm, y otro espacio para enfriar los productos una vez adecuadamente tratados al fuego. Los tamaños de las ollas de cocción iban en función de los hogares usados. No cabe duda de que hubo un gran movimiento comercial de este producto, como reflejan tanto la propia factoría y los autores que de ella hablan en la Antigüedad.

160 Sobre salazones véanse las notas del capítulo I, 3, 4, 5, 6, 21, 26, 34,35 y 115.
161 M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita”…, pp. 5 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Nuevos hallazgos púnicos en el Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1963, pp. 275 ss.
162 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 92 ss.;-Véanse en la misma obra los montajes de Lixus (s. V), Anzila, Kouas, Tahadart y Cotta (sobre el s.-IV a. de C).
163 Véanse las clases de garvm por sus calidades, en Pauly‑Wissowa: Sarmatia, Sila, p. 830 y en t. VII, pp. 841‑849; Estrabón, FHA, VI, p. 159; Avieno, Ora mar. v. 452; Plinio, N. H. XXI, 94; Ateneo, III, 121 a; A. García y Bellido, Las colonizaciones púnica y griega…, p. 8.
164 Belon, Libri de piscibus, 1554, p. 141; Como obra complementaria véase: D`Arcy­ Thompson, Poisson el animaux aquatiques au temps de Pline, Paris, 1944.
165 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 287; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, II, p. 203, lam. 11, nº 2.
166 F. Molina Fajardo, El Bronce Final y la colonización fenicia, Almuñécar…, 1983, pp. 21‑34; Id. Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñé­car…, II, pp. 89 ss.
167 Plinio, N. H. XXX, 93; Manilio, V, 672; Séneca, Epist. ad Luc., 95, 25.
168 Ateneo, III, 121, a.
169 G. Purpura, Pesca e establimenti antichi per la lavorazione del pesce in Sicilia (Trapani), Cala Minola (Levanzo), Sicilia Acheologica, 48, 1982, fig. 4; M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 10 ss., fig. 21, p. 51; M. Fernández Miranda y L. Caballero, Abdera, excavaciones en el Cerro de Montecristo (Adra, Almería), AEA., p. 95, fig. 76.
170 Como información sobre el hallazgo de piletas fuera del espacio habitual véase: A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismáti­ca … Introducción y conclusiones.
171 Sobre la factoría del Majuelo, ver nota 6 del título 2.
172 Cfr. Planimetría urbana de Seks, sector T (fig. 31).
173 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar …, II, p. 165, lam. I, nº 1.
174 Información proporcionada por D. Manuel Mateos Rivas, testigo de los hallazgos.
175 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Prehistoria y Edad Antigua, Santiago de Compostela, 1976, p. 138.
176 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, p. 84.
177 F. Benoit, Relations commerciales entre le Midi de la Gaule…, t. VIII, nº 3‑4, 1961, p. 330.
178 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm…, pp. 106 ss.
179 Plinio, N. H., IX, 30, 3.
180 Galeno, De Alimentorvm facvltatibvs, III, 30.
181 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pl. XIX, nº 16.
182 Knock, Frag, comic. att..,I, 186.
183 Ibidem, II, 43.
184 Ateneo, Op. cit., III, 121 a.
185 M. P. Charlesworth, Trade Routes an commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, c. 9, pp. 149‑167.
186 Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, 1, 18; Estrabón, 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 12; Ptolomeo, II, B, 14; Avieno, 425.
187 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 99.
188 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.
189 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.
190 J. Sermet, Op, cit., p. 235.
191 J. L. Toutain, L`économie antique, p. 156; St. Gsell, Histoire ancienne de l`Afrique du Nord, t. IV, pp. 50‑52; F. Benoit, L`économie du littoral de la Narbonnaise à l`époque antique, Le commerce du sel et les pêcheries, R. E. L., XXV, nº 1‑2 (année 1959), p. 95.
192 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 106.
193 A. Gruvel, L`Industrie de pêches au Maroc, p. 208.
194 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 102 ss.

 

 

ETNIAS Y PUEBLOS DEL SUR

Evolución, relaciones humanas e intereses mutuos

Durante la fase de su historia antigua, la ciudad de Almuñécar ha venido siendo considerada como un asentamiento humano similar a los otros existentes, dentro de las caracterís­ticas habituales de los emplazamientos costeros196. Son numerosos los núcleos ribereños que citan los escrito­res antiguos y modernos, considerados como centros estables y con una población parte autóctona, mixta o bien como etnias puras. Estas características son comunes para toda la costa surmediterránea en general, y de forma particular, para el reducto de Seks.

Así pues, los textos antiguos citan, como ya se ha dicho, a los Mastienos, o gentes que, se supone, reciben su denomina­ción étnica de la metrópolis de Mastia, ciudad presuntamente anterior y sobre la que se levantó posteriormente Carthago Nova197.

Con posterioridad a esas fechas se cita el nombre de Libyophoenices198, dando a entender que se trata de un elemento mixto199, aunque se puede pensar al respecto que no es un fenómeno de mestizaje (en contra de la opinión de Balil), ya que, según los trabajos de Solá‑Solé, con referencia al nombre de la esposa de Aníbal, Himilce, se ha podido comprobar que es de origen fenicio, y no ibérico; por lo que el cartaginés casó con una mujer de su propia etnia200.

Éstos (phoenices), que se asientan en el Norte de África, en territorio habitado por africanos (libios), realizan prospec­ciones colonizadoras y comerciales con la franja costera meridional, mientras que los libios serán, después, merce­na­rios de los cartagineses. No se olvide que, por ocupar el lugar donde los cartagine­ses levantaron su ciudad, ya se venía pagando un impuesto a la población autóctona (Justino, XVIII, 5,14); por lo tanto el paso para convertirse en mercenario era insignificante.

Las denominaciones que se les suelen dar a los habitantes del Sur son algo variadas y no muy claras201. Pero, lo más coherente, desde el punto de vista antropoló­gico, es admitir la existencia de una etnia autóctona, de origen ibérico que, en la época que se estudia, formaba una comunidad humana perteneciente al Bronce Final.

Esta tesis se demuestra, mediante la aportación arqueológi­ca, con datos atribuibles a dicha cultura. Ello no quita que, en determinados lugares, haya hecho acto de presencia una secuencia de tumbas del Bronce Pleno (Puente del Noi).

En segundo lugar se encuentra el elemento feni­ciopúnico, ­ cuya cronología se remonta a finales del siglo IX a. de C., avalado por numerosa aportación arqueológica al respec­to202.

Dentro del período de colonización fenicia se distinguen tres etapas: la primera se encuadra en los escarceos iniciales del elemento fenicio a finales del siglo IX a. de C., y cuyo componente humano está integrado por gentes procedentes de la metrópolis oriental, Tiro203.

La segunda expedición se puede calificar como fase en la que los dos elementos étnicos, provenientes de un mismo tronco, pero por diferentes procesos, se suman en el transcurso de los siglos VI al IV a. de C., forzados por la ayuda que los cartagineses tienen que prestar a los antiguos colonos fenicios, caídos en desgracia frente a las tribus ibéricas en general204.

Esta llegada de los cartagineses a la Península tiene lugar después de la fundación de Ibiza por los mismos, y como consecuencia de la expansión comercial de Carthago en el Mediterráneo y Marruecos atlántico205.

La tercera etapa tiene lugar antes de la tercera guerra púnica y como consecuencia del desastre sufrido por los cartagineses en Sicilia y, algo después, en Cerdeña206. Las dos primeras etapas presentan un carácter marcadamente comercial. La tercera, por el contrario, no es más que la plataforma estratégica para emprender la guerra contra Roma, y de esa forma intentar resarcirse del fuerte tributo impuesto por la pérdida de la guerra. Como consecuencia del proyecto iniciado por la familia Bárquida, entran en la Península Ibérica numerosos elementos libios que conforman el grueso del ejército mercenario cartagi­nés.

Se ignora qué tipo de influencia ejerciera este nuevo factor humano en la población autóctona; pero, lo que sí se puede decir es que, a partir de este momento histórico (238 a. de C.), la arribada de esa nueva etnia puede convertirse en una situación permanente, aunque los puntos geográficos que capitalizaron la atención de los Bárquidas, se encuentran fundamen­talmente en las inmediaciones del Guadalquivir y principales centros mineros e industriales del territorio bético207.

Se puede pensar que el militarismo impuesto por Carthago, sobre todo cuando Aníbal decide emprender la guerra contra Roma, haría levas entre la antigua población fenicia y entre los iberos, lo que se da como un hecho constatado208.

Como conclusión de toda esta parte bélica, se puede decir que, a finales del siglo III a. de C., la población se estabi­liza después de las sucesivas victorias militares de Roma contra Carthago.

En la localidad de Seks, tras las excavaciones arqueológi­cas practicadas, se ha podido detectar un espacio vacío entre los siglos IV y III a. de C., en lo relativo a estadística de enterramientos en la necrópolis feniciopúnica de Puente del Noi, comprobándose, a su vez, que en los siglos II y I a. de C., se producen esas variaciones, cambiando también algunas características de las tumbas209. Pero, a pesar de todos estos datos, comprobados tan sólo en las necrópolis como factores indicativos de lo que había estado ocurriendo años atrás, nada se sabe sobre estructuras permanentes de carácter urbano, ni siquiera de reutilización, según se desprende de todos los sondeos llevados a cabo a través de cortes practicados sobre el casco urbano actual por Pellicer, en la zona levantina, junto a la muralla del Castillo de San Miguel, y por Sotomayor, en el Majuelo.

La planimetría llevada a cabo con sondeos superficia­les en los interiores de todos los recintos cerrados modernos, ha llevado a la misma conclusión210.

Volviendo al tema etnológico, tras la derrota infringida por P. Cornelio Escipión a los carta-gineses211, se produce en Hispania, en cierto modo comprensible, una reacción: por una parte los derrotados se ven forzados a marcharse como conse­cuen­cia del desastre de Ilipa212, a través del puerto de Carteia213; por otra, el antiguo residuo esencialmente comercial y colonizador, optó por acogerse al nuevo dueño: Roma214, permaneciendo en la Península de forma indefinida.

Este comporta­miento humano pudo haberse hecho extensivo al resto de las antiguas comunidades fenicias que, como Seks, se dedicaron siempre al comercio y a la industria. La decisión de los que desearon pactar con Roma la continuidad de su pervivencia se refleja en el momento preciso en que los cartagineses piden a los gaditanos, ante lo incierto de su futuro, que les dejen refugiarse en su ciudad. Éstos, por su parte, desconfiados y prácticos, optan por excusarse; se niegan a recibirlos dentro de sus murallas y se deciden a alinearse, de forma pasiva, con Roma, en quien veían perspectiva de futuro; mientras que, si ayudaban a sus adláteres, la inseguri­dad, y sobre todo el riesgo de caer juntamente con ellos, era cosa inmi­nente, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos bélicos últimos215. No es aventurado inducir de aquí que las restantes comunidades costeras tomaran la misma decisión.

En Seks se continúa con los mismos ritos de inhumación, con variaciones, como se ha di-cho, en la tipología y dimensio­nes de las tumbas, que no afectan esencialmente a la antigua tradición funeraria, aunque la suntuosidad de antaño dejó de existir216. De esta forma se va a producir una especie de simbiosis tecnológica recíproca: los fenicios aportan sus conocimientos técnicos, y los romanos su arquitectura; cuyo resultado se va a multiplicar de forma insospechada, creando una macrofactoría de cuya existencia se tienen noticias, casi probables, de que remontan su inicio al siglo I a. de C217. Por otro lado, el elemento fenicio se desliga de los antiguos pactos contraídos con Carthago; y el nuevo titular político-militar, Roma, acepta esa prudente y precavida decisión, movida por el interés de reiniciar a gran escala la práctica comercial e industrial, que las viejas colonias habían venido desarrollando desde los primeros contactos con el Mediterráneo Occidental. Roma sabe conjugar sus intereses y pacta, dando a cambio, cierta autonomía interna en la gestión política, propia de esas comunidades218. Como señales externas de esta nueva situación, se produce un gesto por parte de Roma, permitiendo que, al igual que Gades, la primera, y Carthago Nova, después219, (año -138) se hiciera extensiva al resto de las viejas colonias la facultad de acuñar moneda propia220. En efecto, esta pequeña autonomía, bien vista por Roma, permite que Seks acuñe su moneda propia, usando para ello tanto la leyenda púnica como los signos y motivos propios de su cultura221.

Téngase en cuenta que la acuñación de Seks, atributo similar al de Gades, no llega, dentro de su cronología, más allá de la derrota de los cartagineses en Ilipa en el 206 a. de C., hecho demostrado recientemente a través de los estudios que sobre este tema se han realizado222. Se piensa que tanto el desconoci­miento de la lengua púni­ca como la implantación del latín, desembocaron en el uso de ésta última en las leyendas monetales. Como se ha dicho, el elemento púnico acepta las condicio­nes en la misma igualdad de circunstancias que la antigua metrópolis, Gades; pero, a cambio, pretende pacificar la zona y atraerse las simpatías tanto de los colonos púnicos como de las etnias aborígenes; y utilizar las técnicas comerciales e industriales que los fenicios habían desarrollado, y elevarlas al máximo rendimiento. Esto se confirma poco después en la gran expansión que experimenta la elaboración de sus productos industriales: la salazón de pescado y el garvm, ambos en sus diferentes modalidades de preparado; y, como resultado induci­do: la exportación de los productos que, a su vez, genera otra actividad múltiple: la construcción naval y la industria maderera, con una clase social cuya función consistirá en sufragar los fletes que se originen al respecto223. En consecuencia, es preciso decir que el antiguo comer­ciante fenicio se convierte en un fabricante permanente en la industria de salazones de pescado, abandonando su carácter itinerante derivado de su profesión mercantil, lo que se traduce en un paso a una situación estable, con un empobrecimiento que, como muestran los ritos funerarios a partir del siglo II a. de C., se hace cada vez más patente, como se comprueba en las necrópolis224.

Lentamente y de forma progresiva, el romano colono va absorbiendo al púnico. En las necrópolis aparecen tanto el ritual púnico como el romano, en época tardía: pe­queñas tumbas en forma de fosa, al lado de los enterramientos tradi­cionales de rito púnico225. Se podría pensar que este elemento semita continuaría sus antiguas tradiciones, sumándose, con el paso del tiempo, a las posteriores juderías, cuya existencia en Almuñécar ha sido fuertemente registrada en el Libro de Asentamientos226. Y con todo esto se pretende abrir paso a un nuevo tema que estudie y analice la evolución urbana de Seks y de su etnia; trabajo que lógicamente conlleva un nuevo planteamiento antropológico en la evolución de este yacimiento.

CRITERIOS DE DIVISIÓN DEL CONJUNTO ARQUITECTÓNICO DE SEKS

Ante el complejo conjunto arquitectónico de Seks, lo razonable es establecer una base crítica elemental para interpretarlo con cierta lógica. Hay lugares cuyo estado de conservación, estudios realiza­dos sobre los mismos y sus resultados, hubieran dado lugar a un planteamiento diferente al adoptado, como se da en la Cueva, Majuelo y otros.

Una segunda base crítica hubiera sido la división de componentes industriales en zonas, según densidad o de almace­naje, como se ha dado a entender en los capítulos iniciales, considerando los sectores de Poniente como una de las principales áreas de factorías de salazones y su zona portua­ria; y, al de Levante, como áreas industriales y portuarias.

Un tercer criterio válido hubiera sido dividir este núcleo en áreas densas en elementos arquitectónicos, como el casquete superior de la ciudad, Castillo y Peñón del Santo, y zonas muy erosionadas por el tiempo o por la acción antrópica, identifi­cando estos espacios como los correspondientes a las partes bajas, área de la colina de la actual Iglesia y centro.

A pesar de esto, se ha pensado seguir, por condicionamien­tos planimétricos y, sobre todo, por la idea de presentar de manera detallada todo el conjunto, un criterio simplemente localista, donde se ha iniciado una enumeración del elenco estructural romano, comenzando con la descripción de materiales del Peñón del Santo y, a partir de ahí, de forma casi correla­tiva, se ha continuado realizando una planimetría, a escala gráfica lo suficientemente amplia como para cumplir la necesi­dad de poder llegar al fin más práctico que se intenta conse­guir: detallar cuanto se ha considerado con suficiente entidad para ser comentado.

El recorrido planimétrico se ha practicado de Sur a Norte, y de forma que los diversos sectores estén correlativos, siempre que los criterios unitarios pretendidos en cada sector, no sean interrumpidos por la necesidad de fraccionar en exceso las distintas partes de la ciudad. Por ello, en una zona el aislamiento del sector Z, se hizo por no poder emplazarlo dentro de los tres sectores con que colinda, de tal forma que la propia distribución planificada, con su sentido unitario, no permitió romperla, y se situó fuera de su contexto estructural, condicionados por el espacio material de la escala usada.

Sólo las zonas del Castillo, (Sector B) y el área de la colina de la Iglesia (sector Y) han sido realizadas a escala 1/500. El primero, por dar visión de conjunto que mostrara la unidad de los componentes del Castillo y, en segundo lugar, por la escasez de elementos detectados en este sector. Por lo demás, se ha pretendido dar una secuencia alineada de los componentes estructurales de Seks.

196 A. García y Bellido, Colonización púnica, Ars Hispaniae, Colonizaciones púnica y griega, Madrid, 1947, p. 137; Id. Las colonizaciones púnica y griega en la Península Ibérica, Madrid, 1954, p. 7; G. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita en la Península Ibérica, Rivista di Studi Fenici, V, pp. 195, 196 y 202; P. Paris, G. Bonsor, Laumonier, R. Ricard y C. Margelina, Fouilles de Belo, 1919‑1921, Bordeaux, 1923, pp. 169 ss.; L. Siret, Villaricos y Herrerías, Antigüedades púnicas, romanas, visigodas y árabes, Memoria descriptiva e Historia, Madrid, 1908, pp. 11 ss.; Ateneo, III, 121; Plinio, N. H., III, 1, 1; Como textos complementarios véanse: S. Giménez Reina, Excavaciones en el Faro de Torrox, Memoria Arqueológica de la Provincia de Málaga hasta 1946; I. J. Pérez de Barrada, Excavaciones en la colonia de San Pedro de Al cántara, Málaga, Junta Superior de Excavaciones y antigüedades, Memo­ria, 106, Madrid, 1930.
197 Polibio, III, 33, 7; Ed. Didot, Fragmenta Hist. Graec., t. II, p. 33; Id. Frag. 20; Diodoro, XXV, 11, 12; A. Schulten y L. Pericot, FHA, Barcelona, 1955, t. I, pp. 33, 34, 38, 113, 125, 129, 186, 187, 422, 452; Polibio, III, 24, 2; Teopompo, MLI, 236; Hecateo, frag. 310, 314; Escimno, 197; Apiano, Iber., 56; Ptolomeo, II, 4, 6; Agrippa (en Plinio, III, 8).
198 Avieno, Ora  maritima, v. 421; Escimno, 197; Hecateo, frag. 310, 314; Libio, Ab Urbe Condita Libri, XXI, 22, 2‑3; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Relaciones entre Hispania y los semitas … op. cit.; Id. Aspectos económicos y geográficos…, op. cit.; C. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita…, op. cit.; M. Tarradell, El impacto greco‑fenicio en el extremo Occidente, resistencia y asimilación; C. H. Whittaker, The Western Phoenicians: Colonisa­tion and Assimilation, Proceding of the Cambridge Philological Society, 200 (NS 20), 1974.
199 La cuestión sobre el origen étnico de los mastienos es muy controvertida y confusa incluso en los mismos textos; cfr. nota 117.
200 J. M. Solá‑Solé, RS., tOr, 42, 1967, p. 312.
201 Justino, XVIII, V, 14.
202 Apiano, Iber., 56; Denominación aplicada, en términos genéricos, al elemento autóctono de la Península Ibérica antes y después de las colonizaciones, bajo el título de Bástulos, Edetanos, Celtas, Bastetanos, etc.
203 Para este punto véanse las obras de carácter general: A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad…, op. cit.; F. Molina Fajardo et alii, La necrópolis feniciopúnica…, op. cit.; nota 22.
204 Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit. 44, 5, 2; L. Siret, op. cit., p. 87, opina que, por el hecho de haber usado madera de cedro en sarcófagos, el elemento fenicio es de origen tirio; cfr. nota 22; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis “Laurita”…, op. cit, texto de consulta.
205 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Santiago de Compostela, 1976, p. 139; M. J. Jiménez de Cisneros, Historia de Cádiz en la Antigüedad, Instituto de Estudios Gaditanos, pp. 60‑ 61; Polibio, I, 10, 5; II, 1, 5; III, 20, 2; Pompeyo Trogo, Op. cit. 44, 5, 3‑4; M. Tarradell, Sobre la última época de los fenicios en Occidente, Zephyrus, IV, Salamanca, 1953, p. 512; Como obras de carácter general, véanse: I. Gamer‑Wallert, Ägyptische und ägyptisierende Funde von der Iberischen Halbinsel, Wiesbaden, 1978: A. García y Bellido, La colonización cartaginesa desde sus comienzos (654) hasta la conquista de los Bárquidas (237).
206 A. García y Bellido, La colonización cartaginesa… En esta obra opina que la fundación de Ibiza ocurrió en el año 654 a. de C.; St. Gsell, Histoire ancienne…, t. I, p. 423, admite la fundación de Ibiza hacia el año 654‑3 a. de C.
207 Apiano, Iber., 4; Livio, XXI, 1, 5; Polibio, I, 67; II, 2, 12, 21, 35; III, 16‑19; IV, 16, 6‑9; Diodoro, 35; Zonaras, VIII, 19, 3‑7; 20, 11‑13; Como obras complementarias véanse: E. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, l9, 1970; H. Chr. Eucken, Probleme der Vorgeschichte des 2 Punischen Krieges, Diss., Freiburg, Br., 1968; F F. Hampl, Zur Vorgeschichte der ersten und sweiten Punischen Krieges, in Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt, Hrsg., von H. Temporini, I, Berlin, 1972; C. Thiancourt, Les causes et les origines de la seconde guerre punique et le commencement de la troisième décade de Tite Live, Paris, 1890; E. Pais, Storia della Sardegna e della Corsica durante il dominio romano, Roma, 1923.
208 J. M. Blázquez Martínez, Fuentes literarias y epigráficas de la época  republicana referentes a minas en Hispania, p. 2; Como complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones entre Hispania y el Norte de África durante el período bárquida y la conquista romana (237‑219), Saitabi, 11, 1961; G. Paratore, La segunda guerra punica nella terza deca di T. Livio, Roma, 1970; A. Klotz, Darstellung des sweiten  Punischen Krieges, Studien zur Geschichte und Kultur des Altertums, XX, 2, Paderborn, 1936.
209 Apiano, 24; Diodoro, 25, 19; Dión Cassio, 12, frag. 48; Cornelio Nepote, Vidas de los grandes capitanes extranjeros; Str. 4, 1; Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, frag. 151; Floro, I, 22, 2; Livio, XXI, 22, 2‑3;  XXIII, 29, 4, 29, 10‑29, 14; XXVII, 18, 7; Orosio, IV, 16, 14; Polibio, III, 10, 5, 7‑13, 1‑10‑113‑6; Polieno, 7, 48; Pompeyo Trogo, op. cit., 44, 5, 6.
210 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., pp. 23 ss.; F. Molina Fajardo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983, pp. 251‑270; Como obras complementarias, véanse: A. Tejera, Las tumbas  fenicias y púnicas del Mediterráneo occidental (estudio tipológico), 1979; P. Gaukler, Nécropoles puniques de Carthage, 1915.
211 Apiano, Iber., 19.28.31 y 37; Cornelio Nepote, De virib. Illust…, 49; Livio XXVII, 20, 3; XXVIII, 19, 1; Polibio, X, 7, 6-38,7; Valerio Máximo, IV, 3,1.
212 Apiano, 27; Frontino, 2, 3, 4; Livio, XXVIII, 12, 10‑16, 13; Orosio, 4, 18, 7; Polibio, XI, 20, XXI, 20, 1‑21, 1‑22, 1‑24, 1; Polieno, 8, 16, 1; Como obras complementarias véanse: R. Corzo Sánchez, La segunda guerra púnica en la Bética, Habis, 6, 1975; R. Develin, Scipio Africanus Imperator, Latomus, 36, 1977; J. Mangas, El papel de la diplomacia romana en la conquista de la Península Ibérica, Hispania, 30, 1971; J. M. Roldán Hervás, Cartago y Roma en la Península Ibérica, Historia de España Antigua II, Hispania Romana, Madrid, 1978; J. Frantz, Die Kriege der Scipionen in Spanien, Munich, 1883; A. Schulten, Ein römischen Lager aus den sweiten punischen Kriege, Philologus, Wochenschrift, 48, 1928.
213 Livio, XXVIII, 12, 10; Como complementaria véase el artículo de R. Corzo Sánchez, op. cit.
214 Livio, XXVIII, 30, 3‑30, 12; Véase también el artículo de la nota anterior.
215 Apiano, Iber., 37; Livio, XXVIII, 30, 4; Orosio, 9, 10, 8.
216 Apiano, 38; Livio, XXVIII, 37, 1‑2 y 9.
217 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., fig. 5; F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad…, Op. cit., pp. 17‑42.
218 Ibidem, pp. 212 ss.; A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática…, Op. cit., pp. 308 ss.
219 A. Balil Illana, Op. cit., recoge la clasificación de las ciudades, sopesando su actitud frente a Roma.
220 A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924‑26, t. II, p. 51, lam. IX‑X, t. III, p. 8, lam. LXXIV.
221 Ibid., t. I, p. 19, lam. LXXXVII, t. II, p. 16, lam. X. LXXXI, p. 24, lam. LXXXIV, p. 34, lam. LXXXVIII; L. Villaronga y Garriga, Comentarios sobre la metalurgia aplicada a la investigación numismática, RSEN, nº  138‑143, 1976; C. Alfaro Asíns, Observaciones sobre las monedas de Seks, según la colección del MAN, Almuñécar Arqueología e Historia III, Grana­da, 1986, pp. 75 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismáti­ca antigua de Almuñécar, Almuñécar, Arqueología e Historia, 1983, pp 179 ss; Como obras complementarias, véanse: M. Tarradell, Arqueología y Numismática aragonesas; A. Beltrán Martínez, Estado actual de la Numismática antigua española; F. Alvarez Burgos, Catálogo general de la  moneda hispánica desde sus orígenes hasta el siglo V, Ciclo fenicio, cartaginés e hispano‑romano, Madrid, 1979; Id. Las acuñaciones del Sur de España; L. Villaronga y Garriga, Las monedas hispano-cartaginesas, Barcelona, 1973; Id. Numismática antigua de Hispania, Barcelona, 1979; A. M. de Guadán, Las monedas de Gades, ANE, 1963; Id. Numismática ibérica e iberorromana, Madrid, 1969.
222 J. M. Solá‑Solé, El alfabeto monetario de las cecas “libiofenices”, Biblioteca Universitaria Puvill., The Catholic University of America, 1980, pp. 12‑17; Id. ¿ ŠKŠ, SKS o SKS…?, op. cit.; Id. A propósito de un rótulo monetario, Miscelánea púnico‑hispana IV, Sefarad, XXVII, Madrid‑Barcelona, 1967,pp. 18 y 27; L. J. Velázquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137‑141.
223 Como texto de consulta véase: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, op. cit.; C. Alfaro Asins, op. cit.
224 A. Balil Illana, Op. cit., p. 215; F. Benoit, Relations commerciales entre le monde ibero‑punique et le Midi de la Gaule Archaïque à l`époque romain, REA, t. LVIII, nº 3, 4, 1961, p 330; A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses, op. cit., p. 84; Id. La Península Ibérica y los comienzos de su Historia, pp. 457‑463; Id. Colonización púnica, op. cit., p. 137.
225 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., Introducción; cfr. notas: 128 y 135.
226 Ibidem, p. 154.

 

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desaparecidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmente, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.

 SECTOR  A

Como ha quedado reflejado en lo anteriormente enunciado, la secuencia arqueológica de este sector está integrada por el siguiente elenco que se va a describir.

Área del Peñón del Santo

Comprende una serie de estructuras que se enumeran según sus características: puente romano con nave aboveda­da; restos de criptonaves o almacenes, y depósito de agua bien conservado.

            Puente romano

La conexión que el elemento romano estableció entre el espacio del Castillo de San Miguel y el citado Peñón, se llevó a cabo mediante un puente. Sus características son las siguien­tes: los materia­les de construcción de piedra pizarrosa, cal grasa y arena de río.

Se trata de la composi­ción conocida como mortero clá­si­co romano u opvs caementicivm. Al exterior muestra, en distintos tramos conservados, la técnica conocida como opvs incertvm (fots. 36A, 37A y 38A). Su altura sobre el nivel del mar era aproximadamente de 30 m. Sobre el punto de arranque de superficie y desde él, es de 27 m.  Su estructura estaba articulada por los siguientes elemen­tos: como puente, estuvo formado por tres cuerpos de arcadas con luces de menor a mayor, según se eleva (fots. 35A; 36A), de los que sólo se conservan la luz, o base, y los puntos de arranque de algunos arcos (fots. 38A,1,2,3,4, 39A, 40A).

La anchura, medida en base y en la cota más alta conserva­da (fots. 16A; 31A; 33ª), es de 6 m, sin sufrir ningún estrecha­miento, según se eleva. Las luces de los arcos mayores miden 5,40 m, y 2 m los menores (fot. 36A,1,2,3,4).

Se comprende que el incremento de la luz de los arcos, según se asciende, se debe a causas estrictamente técnicas. Se trata, pues, de aligerar lo más posible una masa estructural que elimine peso. El puente estuvo culminado por una nave cubierta con bóveda de medio cañón, cuya altura interna era de 2,80 m, y su anchura, de 4,80 m. Los muretes de soporte de la citada nave abovedada miden 0,60 m.

Las técnicas usadas son: opvs incertvm en paramentos exter­nos y opvs signinvm, en el revestimiento superior o cubierta de la nave y algunas otras partes internas, con el fin de impermeabilizar lo más posible contra la humedad en general (fots. 19A y 21A,1 (muretes laterales), 2, 3): opvs signinvm, 18A; opvs incertvm: fondo terminal de la nave; 18A: cubierta interior de la misma). Se supone que, dada la existencia de un depósito de agua muy próximo a este punto terminal de la citada nave y con el desnivel entre el Castillo de San Miguel y el Peñón en cues­tión, existiría una conducción de agua proce­dente de la zona de Eras del Castillo, o directamente del depósito terminal de la zona norte.

           Naves abovedadas

Admitida la existencia de piletas de salazones (en un pasado reciente) sobre la superficie superior del Peñón del Santo, es consecuen­cia natural la construcción de estructuras de almacenaje[1].

Los restos que permanecen aún en pie, indican la existen­cia (por lo menos) de tres naves abovedadas situadas en paralelo, con muros medianeros y de las que tan sólo se conservan los paramen­tos de fondo sobre roca madre (fots. 43A,2,3,4; 44A,2; 46A,2); y los puntos de arranque de las bóvedas, que conservan restos indicativos de su existen­cia (fots. 43ª,1; 46A,1), cuya extensión conservada es de 5,50 m, prolongándose hasta una zona de talud casi vertical, enterrados y destruidos, con una extensión aproximada de l7 m (fot. 45A).

Las tres naves detectadas tienen las siguientes medi­das: 1ª, anchura: 2,10 m; altura: 2,30 m; largura o fondo: 5,30 m. Medidas extensibles a todas.

El resto, que se supone pudo cambiar su orientación, aunque la linealidad que se conserva en el muro que da sobre el precipicio, es un tanto dudosa, no se puede afirmar que sea una secuencia de las naves que han existido en todo este trazado­.

El grosor de este muro sobre el suelo, y que se conserva como resto sobre el citado precipicio, es de 1,10 m. Por ello, cabe suponer, a la vista de lo que se ve y se ha comprobado, que el área de naves fuera mayor de lo que ofrecen los restos conser­vados.

Así, el muro sobre roca madre podría servir tan sólo como elemento de separación de naves. Ello se induce por el espacio vacío que resta donde aparece y, puesto que tal muro divisorio muere sobre el talud actual, se piensa que ese espacio libre, situado entre ese muro y los restos del Puente, pudo haber estado ocupado por otras naves o construcciones complementarias de la industria. De ahí que se haya marcado esta zona con más elementos de lo que lo conservado muestra (fots. 51A y 5­0A).

En cuanto a las líneas laterales del puente, se pueden observar determinados restos testigos en su alineación (fots. 25A; 26A; 27A; 278, y 46A,2).

La composición interna de los elementos usados como relleno, se puede ver en la fotografía, 34A, donde la piedra usada de mampuesto apenas si se mezcla con materiales extra­ños, salvo raras inclusiones de fragmentos de cerámica.

Los documentos planimétricos conservados en el Servicio Histórico Militar proporcionan el dato más valioso en torno a la realidad del Puente. Puede observarse cómo nace su planta al final de la Tenaza del Castillo, con un ligero ensanche de la misma, y prolongándose hasta el actual hueco conser­vado de la nave (fot. 17A), a la misma altura del depósito de agua romano del Peñón. Su medida lineal, teniendo en cuenta tanto la planimetría moderna como la propia, ofrecida por la cartografía antigua, es de 138 m (fots. 62A,3); 63A (núm.5) y 65A,3).

En todo esto es preciso puntualizar algunos aspectos­. Así, las proporciones, que ha indicado la cartografía del Servicio Histórico Militar, no se debieron corresponder con lo que realmente debió medir la nave cubierta. Efectivamente, al otro lado de la calzada, que separa el Peñón del Santo de la Tenaza del Castillo, comienzan a apare­cer, en primer lugar, los restos de los otros puntos de apoyo del puente romano, cuyos datos proporcionan las fotogra­fías antiguas de la ciudad (fots. 14A y 15A).

A continuación, partiendo del punto final de la Tenaza moderna (fot. 62A,2), se comienza a observar la presencia de numerosos restos estructurales, probablemente pertenecientes a la nave cubierta del Puente, prolongación de la comunicaci­ón establecida entre los citados puntos. Dichos restos pueden ser vistos hoy sobre la propia base de la Tenaza y, por ello, se piensa que esa estructura defensiva moderna ha sido levantada envolviendo el conducto romano mediante la adición de muros protectores que pudieran soportar mayores embates.

La Tenaza, que es una estructura militar defensiva de vanguardia, acaba absorbiendo a todo el conjunto romano, incrementando su fortaleza en el interior de la misma. En algunos tramos de ella se han construido dep­ó­sitos de agua modernos, aprovechando la impermeabilidad que ofrecen sus paredes interio­res. Los restos de este tramo de nave se pueden ver a lo largo de casi toda esta estructura castrense, en sus cimien­tos (fots. 2A,1), 3A, 5A, 6A y 10A,1). En algún tramo (fot. 4A) se puede observar el hormigón romano.

Como documentos fotográficos antiguos, se muestra una secuencia, en donde se aprecia la existencia de restos estructu­rales pertenecientes al citado puente (fots. 12A, 13A,2,3, 14A ).

            Depósito de agua romano

Se encuentra en línea con el fondo terminal de la nave cubierta del Puente, y aproximadamente a 10 m de ella (fots. 48A; 49A). Ha sido excavado casi totalmente en roca, y su alzado, construido con la técnica del opvs incertvm y revestido de opvs signinvm, con capa de estuco impermeabilizante. Sus esquinas son redondeadas para evitar fisuras y facilitar su limpieza, como es normal en este tipo de construc­ción. Sus medidas son: altura: 2,80 m: anchura: 2,50 m, y largura: 6,20 m, aproximadamente.

Conocido su interior, y no habiendo observado sobre pared o fondo ningún tipo de orificio de entrada o salida, se piensa que el agua llegaba hasta él por la parte de arriba, lo que conlleva que la conducción discurriera por la cubierta del anteriormente citado Puente (que posee en los restos de su cubierta, material impermeabilizante), con un desnivel muy bajo, por lo que la presión sería también ligera, ­dada la escasa diferencia de altura entre las conducciones del Castillo de San Miguel y el Peñón del Santo (cotas 40 y 31 respectivamen­te).

            Área del Castillo de San Miguel

              Tenaza del Castillo

Como ha quedado ya indicado, la Tenaza fue construida aprovechando parte de los paramentos y estructura general de la nave romana que comunicaba el Peñón con el Castillo o área romana de ese sector. Pero en la longitud de la Tenaza tan sólo se reutilizó el tramo que llega hasta el talud existente entonces. En el momento en que éste se produce como consecuencia de derribos para la construcción de un hotel, termina la Tenaza, y continúa la comuni­cación con el Peñón usando el puente romano que, además­, estaba dotado de nave cubierta (fots. 16A, 17A, 18A; 65A,3).

La Tenaza tiene un diseño en forma de trapecio, en su primera parte, y rectangular en el tramo que se dirige hacia el mar, con nivel más bajo que el Castillo y, prácticamente lo rodeaba (fot. 62­A,2; 63A,3-4, 64A,1,2,4; 65A,2), con sus correspondientes torreones, tanto a Levante como a Poniente y Sur(fots. 58A; 61A).

Excavaciones practicadas cerca de los muros de Levante del Castillo y los de la Tenaza, han puesto al descubierto muros pertenecien­tes a antiguas estructuras romanas, que formarían parte de las recientemente halladas en el interior del Castillo (fots. 59A y 60A).

También en el área de Levante de la Tenaza puede verse que la estructura de base es una reutilización de la nave romana, según se puede observar en los cimientos de sus muros (fots. 56A y 57A).

Por último, se puede ver con claridad que los materia­les en las formas modernas, aparte de reutilizar lo antiguo, imitan, en el aparejo, las técnicas usadas por los romanos.

            Conclusión del sector A

Después de la enumeración detallada de las estruc­tu­ras de este sector, se puede afirmar que constituye un conjunto arquitectónico, compuesto por las siguientes partes: piletas de salazones de pescado (desaparecidas pero constatadas por los testimonios aportados del pasado), alma-cenes en forma de naves abovedadas, siguiendo los mismos cánones de las analizadas en todo el conjunto de la ciudad actual; depósito de agua destinado a las necesidades de las salazones y, por último­, el puente, que unía los sectores A y B mediante un pasadizo abovedado, montado sobre la parte superior del mismo. Su finalidad es múltiple, pu­diendo usarse como medio de constituir una avanzadilla, transporte de agua al sector, sistema defensivo, control de la navegación, etc.

Ello sintetizado en breve, se nos muestra como un sector utilizado de zona industrial y de almacenaje y, a su vez, como punto de control y de defensa ante cualquier evento de pirate­ría, y movimientos marítimos antiguos y modernos.

[1] Nota del autor: Se tienen noticias de otros autores, relativas a una excavación practicada por Antonio Fontán, antiguo Gobernador Civil de Granada, quien en los años 40, llevó a cabo esta tarea sobre el citado Peñón. No se ha localizado documentación al respecto.

Fot. 1A. Tenaza y Peñón del Santo. Vista general donde se ven las ruinas del puente romano: 1; 2, paso de la Tenaza (hoy enrasado) que, por medio del puente, comunicaba Castillo y Peñón. Como se ha dicho, la Tenaza ha envuelto parte de la galería romana que discurría entre los dos puntos indicados, y cuyos restos se ven al pie de los muros laterales a Levante y a Poniente. (Foto del autor).

 Fot. 2A. Resto de muro romano reutilizado al pie de la Tenaza en su tramo final, y punto de arranque de lo que queda de esta parte del puente. (Foto del autor).

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es scan-sector-a3n.psd_.psd_.jpg

 Fot. 3A. Perspectiva de la base de la Tenaza, donde se aprecia un largo lienzo de hormigón romano (opvs caementicivm); al parecer podría haber formado parte de una conducción de agua, ya que en él se observa material impermeabilizante de opvs signinvm, usado para tal fin. (Foto del autor).

Fot. 4A. Detalle de la Tenaza, donde se ve mejor la estructura de un espacio arquitectónico romano, con material impermeabilizante, en línea con lo mostrado en la foto anterior. (Foto del autor).

Fot. 5A. Base de la Tenaza, con indicación de sus cimientos de hormigón romano. Las flechas señalan el aparejo y su dirección hacia el puente romano. (Foto del autor).

 
 
 
Fot. 6A. Detalle de la Tenaza. Espacio con restos de hormigón romano a continuación del mostrado en la foto anterior. (Foto del autor).

 
 
 
 
 
Fot. 7A. Descripción: Con el Castillo de fondo: 1, paramento moderno de la Tenaza; 2, 3 y 4, restos de la galería romana en la base de un muro de la misma. (Foto del autor).

 
 
 
 
 
 
Fot. 8A. Tenaza del Castillo. Detalle sobre el material mostrado en la foto anterior. Se observa con claridad la estructura del opvs incertvm. (Foto del autor).

 
 
 
 
Fot. 9A. Tenaza del Castillo. En esta imagen se muestra: 1, restos de muro romano en los cimientos de la Tenaza; 2, restos de opvs incertvm en la base del material anterior.(Foto del autor).
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
       Fot. 10A. Descripción de la imagen: 1, espacio con restos de                   muro de la galería romana que discurría por la parte superior del puente; 2, paramento de la Tenaza                  construido con material romano reutilizado. (Foto del autor).

Fot. 11A. Vista del Peñón del Santo desde la Tenaza: 1, espacio ocupado por el depósito de agua romano, situado en la parte derecha del Peñón, según se sube; 2, hueco final de la galería romana cubierta del puente romano sobre el Peñón; 3, espacio del puente donde se ven los restos de la base, o luz, de algunos de los arcos del mismo puente. (Foto del autor).
Fot. 12A. Panorámica del Castillo de San Miguel y del Peñón del Santo: 1, Castillo; 2, espacio ocupado por el puente romano, señalando la galería cubierta y los cuerpos de arcadas; 3, Peñón del Santo. En estas fechas, principio del siglo XX, la parte superior del Peñón ya había sido allanada. Se sabe que, al igual que los otros peñones sobre el mar, terminaba en forma de cresta rocosa.

Fot. 13A. Descripción de la imagen: 1, Peñón del Santo; 2, indicación del espacio que fue ocupado por el puente romano; 3, restos de muros romanos de la galería cubierta del citado puente; 4, restos de muros modernos de la Tenaza en la zona de Levante; 5, Castillo de San Miguel.

Fot. 14A. Prolongación de la Tenaza del Castillo en dirección al Peñón Del Santo. Espacio del puente romano derruido: Indicación de los puntos donde se pueden ver claramente la existencia de muro romano, cimiento-base del puente romano.

Fot. 15A. Detalles de la foto anterior para indicar con mayor precisión dónde se entraban los restos de muros romanos, base del puente romano, iniciándose al final de la Tenaza y llegando hasta la calle moderna reciente.

Fot. 16A. Sobre la cima del Peñón del Santo: Se indica mediante flechas parte de la cubierta que formaba la galería romana que discurría por la parte superior del puente romano. Se puede ver el tipo de aparejo usado para impermeabilizar dicha cubierta (opvs signinvm). (Foto del autor).

Fot. 17A. Espacio hueco perteneciente al tramo final de la galería cubierta que discurría por encima del puente romano: 1, muro romano lateral; 2, paramento de fondo del final de la galería; 3, inicio de la cubierta de la misma. (Foto del autor).

Fot. 18A. Detalle sobre la foto anterior (17A), para señalar el fondo final de la galería romana del puente, con aparejo de opvs incertvm. (Foto del autor).

Fot. 19A. Detalle de la foto anterior, donde se indica la existencia de aparejo de opvs signinvm para impermeabilizar el tramo final de le galería cubierta del puente romano.(Foto del autor).

Fot. 20A. Entrada moderna al tramo final de la galería romana en el Peñón del Santo: 1, parte rota modernamente para dar acceso al final de la galería: 2, indicación de los muros laterales que conformaban el alzado de la galería sobre el puente. Las medidas de los muretes es de 0,60 m, y la distancia entre sí es de 6 m aproximadamente. (Foto del autor).

Fot. 21A. Desde lo que se cree es el inicio del puente romano a partir del Peñón del Santo: Restos de muros romanos alineados: 1, luz del cuerpo de arcos inferior; 2 y 3, luces de los arcos del segundo cuerpo; 4, luz del tercer cuerpo de arcos. Los materiales usados son el hormigón romano (opvs incertvm) y el impermeabilizante (opvs signinvm). (Foto del autor).

Fot. 22A. Parte superior del puente romano: 1, restos del punto de arranque de los muros del primer arco del tercer cuerpo de arcadas del puente; 2, detalle del espacio que ocupa la base de la luz del citado primer arco, con la técnica del opvs caementicivm. La altura del muero conservado sólo alcanza los 0, 60 m. La luz alcanza los 5,40 m, y su anchura es de 6 m, como la base inferior del puente a la altura de la carretera moderna. (Foto del autor).

Fot. 23A. Parte del puente romano sobre el Peñón del Santo. Detalle sobre la luz del primer arco: uso del opvs signinvm; 2, opvs caementicivm. (Foto del autor).

Fot. 24A. Parte del puente romano sobre el Peñón del Santo. Detalle sobre la foto anterior: restos del alzado del puente, partiendo de la roca madre y elevándose aproximadamente 1, 20 m sobre el suelo, y manteniéndose en línea recta en sentido noreste, y una extensión de unos 8 m. La técnica edilicia es el opvs incertvm. (Foto del autor).

Fot. 25A. Parte del puente romano sobre el Peñón del Santo. Lienzo de paramento del puente en la vertiente oeste, levantado sobre roca y con una altura aproximada de 3 m, llegando en algunos tramos a los 9 y 10 m. (Foto del autor).

Fot. 26A. Paramento romano del puente, sobre roca. Longitud aproximada 15 m, y una altura media de unos  4 m. (Foto del autor).

Fot. 27A. Desde el límite del depósito de agua romano existente en las cercanías del final de la galería romana cubierta: 1, muro romano con arranque de bóveda a su lado; vista parcial de la línea del puente romano; 3, aquí se puede ver, por un lado, el grosor del muro del puente y, por otro, resto de pavimento impermeabilizante, en la parte superior. (Foto del autor).

Fot. 28A. Muro del puente romano. Descripción: Aquí se pretende resaltar la línea del paramento de Poniente del puente, indicando dónde se observa su situación rectilínea, como es su base. Por lo demás, la parte arruinada que deja ver, por un lado, las dimensiones del grosor del alzado y, por otro, la utilización del opvs caementicivm y uso de la piedra pizarrosa. (Foto del autor).

Fot. 29A. Estado del paramento del puente romano en su vertiente de Levante. Se deja ver la roca madre por desprendimiento de la masa estructural superpuesta. En general, la zona de Levante ha sufrido más la erosión que la de Poniente. (Foto del autor).

Fot. 30A. En esta perspectiva se deja ver la altura aproximada del puente a través de los restos conservados. En la indicación que se muestra en la toma, se pretende indicar que, en algunos niveles, la base del puente casi llega al nivel del mar, aunque en este detalle tan sólo se puede analizar un paramento lateral, porque la parte central de este mismo nivel presenta roca madre sobre el suelo de la carretera moderna actual. Ello nos induce a pensar que sólo se trata del revestimiento de un vacío provocado por la configuración de la roca, y la anchura que se dio al puente. En definitiva, es un relleno por fallo de la roca. (Foto del autor).

Fot. 31A. En esta foto se aprecia la profundidad de los cimientos del puente. En nivel superior se puede observar igualmente cómo se monta el aparejo del cimiento sobre la roca madre. Hace más de un siglo, el paso de una playa a otra era muy difícil, por la cantidad de material que quedaba de los ruinas del puente. Téngase en cuenta que este puente fue volado en la retirada de las fuerzas napoleónicas y por una flota inglesa que estuvo bombardeando la ciudad durante tres días, según documento de que se dispone sobre el caso[1].(Foto del autor).

Fot. 32A. Detalle de la foto anterior en la que aprecia cómo los cimientos profundizan hasta dar con la roca madre. Aquí falta una excavación para comprobar hasta qué profundidad llegaba el opvs caementicivm. (Foto del autor).

Fot. 33A. Aspecto general de los restos actuales del puente. Se indica, con una flecha, la anchura de la base. En ambos lados se puede ver el aparejo del alzado externo de la construcción, hecho que no ha proporcionado las medidas exactas de este elemento arquitectónico.(Foto del autor).

Fot. 34A. Detalle del alzado anterior del puente romano, donde aparece la composición de su estructura interna: opvs caementicivm. Se observa la fuerte composición y concentración de roca pizarrosa en esta técnica edilicia. (Foto del autor).

Fot. 35A. Vista general del puente romano en la parte correspondiente al Peñón del Santo. El paso existente hoy día fue abierto rompiendo las ruinas, a principios del siglo XX. Descripción: 1, indicación del primer nivel de arcadas del puente; 2 y 3, luces respectivas de dos arcos consecutivos pertenecientes al segundo cuerpo de arcadas; 4, luz de un arco del tercer y último nivel de arcadas; 5, este punto nos señala la cavidad existente hoy aún, que pertenece a la galería cubierta que discurría por encima del tercer cuerpo de arcos del puente. (Foto del autor).

Fot. 36A. Puente romano. Plano corto de la foto anterior, donde se nos señalan las luces respectivas de los tres cuerpos de arcadas: 1, primer cuerpo; 2 y 3, segundo cuerpo; 4, tercer cuerpo. (Foto del autor).

Fot. 37A. Puente romano. Detalle sobre la foto anterior donde se muestran la base y luz del inicio del tercer cuerpo de arcadas del puente romano. Estas ruinas han sido usadas como cantera para casas modernas.(Foto del autor).

Fot. 38A. Puente romano. Indicación más precisa de las luces de los arcos de los dos primeros cuerpos del puente: 1, primer cuerpo con la luz indicada en su base; 2 y 3, base y luz del segundo cuerpo; 4, base y luz del tercer cuerpo. Obsérvese cómo la piedra ha quedado al descubierto en algunos tramos del paramento. Debajo de esta situación descarnada se encuentra el muro del paramento de la fachada. Esto quiere decir que se ha utilizado la roca como elemento constructivo, aprovechando su volumen en el interior del muro romano del puente. La roca, de donde parte el alzado, no ha sido allanada para levantar el puente, sino todo lo contrario, forma una espina sobre la que se levantan los paramentos exteriores del alzado del puente. La resistencia, de este modo, es mucho mayor. Los arcos, en consecuencia, se han hecho a partir de que la roca desaparece para aligerar peso según la pendiente natural marcada por la composición pétrea del terreno. (Foto del autor).

Fot. 39A. Puente romano. Detalle donde se aprecia con claridad: 1, 2, y 3, bases rectilíneas de las luces de arcos de los dos primeros cuerpos de arcadas del puente. (Foto del autor).

Fot. 40A. Puente romano. Detalle de la base y puntos de arranque del arco del primer cuerpo de arcadas del puente. (Foto del autor).

Fot. 41A. Galería del puente romano. Aspecto general, de izquierda a derecha, de los muros del alzado correspondiente a las galerías, en ruinas, del área superior del Peñón del Santo. En la base se puede ver el punto de arranque desde la roca madre.(Foto del autor).

Fot. 42A. Galerías romanas abovedadas (rotas) del Peñón del Santo. Espacio correspondiente a las tres galerías que se indican en esta zona. El árbol y la maleza impiden ver con claridad el aparejo y alzado. (Foto del autor).

Fot. 43A. Vista de perfil de las paredes de fondo de las galerías romanas de este sector: 1, arranque de la cubierta en bóveda; 2, 3 y 4, espacios que indican la situación de los muros terminales de fondo correspondientes a las tres galerías antes indicadas. (Foto del autor).

Fot. 44A. Vista de conjunto de lo que se considera área de las tres galerías con inicio indicado de bóvedas: 1, muro de fondo (restos de cimientos o base); 2, espacio de fondo de las tres galerías situadas en paralelo. (Foto del autor).

Fot. 45A. Área de las galerías romanas del Peñón: 1, muro citado en la foto anterior. De él se conservan 5,50 m de largo en este espacio, y más adelante y en línea, 1, 50 en su extremo, en dirección al precipicio acantilado actual; 2, aquí se indican las dimensiones de las espaldas de las naves, con una extensión aproximada de 11, 20 m, y una altura de 2,30 m, aunque la construcción exterior se eleva por encima de los 5 m sobre el nivel-base de las galerías. Considerando que el muro conservado, que aflora desde la roca, se prolonga hasta el tramo existente sobre el acantilado del Peñón (fotos 51-52A), se puede inducir que la extensión de este conjunto, incluyendo los restos de las galerías conservadas, podría llegar a medir 45,80 m aproximadamente; lo que nos puede llevar a concluir que la seriación de galerías pudo abarcar todo el espacio indicado por el citado muro. Esto estaría en consonancia con las dimensiones del depósito romano de agua, que tiene una capacidad mayor a todos los hasta ahora conocidos, exceptuando el supuesto depósito existente sobre el terreno de la actual Iglesia parroquial.(Foto del autor).

Fot. 46A. En esta foto se aprecia muy bien: 1, parte de la cubierta de las bóvedas de las galerías, situadas sobre el fondo del muro maestro; 2, y aquí se precisa muy bien la alineación de paramento lateral del puente. Por otro lado, esta continuidad rectilínea, habiendo ya superado el hueco de la galería, nos induce a pensar y a corroborar lo expuesto en la foto anterior, donde se indica la probabilidad de admitir unas dimensiones mayores a las que hoy, a simple vista, se observan. Este muro rectilíneo discurre paralelo al depósito y ha sido arrasado por las obras modernas. (Foto del autor).

Fot. 47A. Detalle adicional de la foto anterior, donde se ve, en la parte superior, un muro de arranque hacia arriba, confirmando que las construcciones de este espacio superaban la altura del puente romano, como se observa en la primera indicación: 1; en el tramo medio: 2, se ven los restos salientes que quedan de las bóvedas de las naves; y en la parte inferior, el muro de fondo: 3, restos salientes de la tercera galería, según se indica en el dibujo planimétrico. (Foto del autor).

Fot. 48A. Interior del depósito de agua romano situado en la cima del Peñón del Santo. Obsérvese la forma redondeada de las esquinas y el revestimiento con material impermeabilizante que termina con una capa de estuco. Su techo, enrasado modernamente, esta a nivel con la cima del Peñón. (Foto del autor).

Fot. 49A. Peñón del Santo. Estado posterior del interior del depósito (fue convertido en bar). Algunos lienzos de sus muros están descarnados, dejando ver restos de opvs signinvm en sus paredes. Sus medidas son: altura: 2,80 m; anchura: 250 m; largura: 6,20 m. (Foto del autor).

Fot. 50A. Peñón del Santo. Indicación de la puerta moderna de acceso al depósito de agua romano, convertido, hoy día, en un apero de herramientas por parte del Ayuntamiento. (Foto del autor).

Fot. 51A. Peñón del Santo. Muro romano sobre el talud, prolongación del existente frente a las tres naves. Sus medidas son: largura: 1,50 m; anchura: 1,10 m; altura (en lo que se conserva): 2,0 m, en su punto más profundo.(Foto del autor).

Fot. 52A. Peñón del Santo. Muestra, de perfil, del muro anterior sobre el talud. Su estado nos revela que parte de este muro se ha derrumbado sobre el acantilado, y que aquí han podido existir otras estructuras hoy desaparecidas. (Foto del autor).

Fot. 53A. Muro moderno levantado sobre las ruinas de la prolongación de la Tenaza, que se extendía hacia Levante a partir del puente romano. (Foto del autor).

Fot. 54A. Detalle del muro anterior sobre los restos del muro de la antigua Tenaza. (Foto del autor).

Fot. 55A. Detalle de muro moderno construido sobre los restos de la Tenaza, con materiales procedentes del derribo de edificaciones romanas. (Foto del autor).

Fot. 56A. Muro de la Tenaza en su vertiente levantina, donde se ve el muro sobre piedra probablemente perteneciente a muros romanos. (Foto del autor).

Fot. 57A. Muro de la Tenaza a Levante: 1, torreón de Levante dentro del área de la Tenaza, montado sobre muro que usa como base estructuras romanas, probablemente pertenecientes a la preexistente galería cubierta romana del puente: 2, roca madre sobre la se levanta el muro romano reutilizado para la muralla moderna. (Foto del autor).

Fot. 58A. Restos del muro y torreón de Levante de la Tenaza, con aparejo procedente de materiales romanos. (Foto del autor).

Fot. 59A. Muros de la Tenaza montados sobre base romana y que formaban el anillo que llegaba hasta los torreones de la facha principal del Castillo por la parte de Levante. (Foto del autor).

60A. Muro medieval alineado con el anterior y que formó parte del conjunto de la Tenaza. La muralla que separa las casas modernas del Castillo, están levantadas sobre los restos de la Tenaza en toda la vertiente de Levante.(Foto del autor).

Fot. 61A. Torreón de la Tenaza con almenas, a Poniente, continuando con una muralla en dirección al Peñón.(Foto del autor).

Fot. 62A. Planos del Servicio Histórico Militar. (http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/)

Fot. 63A. Planos del Servicio Histórico Militar. Planimetría militar: 1, zona sur del Castillo; 2, Tenaza del Castillo; 3, cubierta superior de la galería del puente romano; 4, Peñón del Santo. (http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/).  Detalle sobre el plano anterior, donde se aprecia: parte terminal sur del Castillo de San Miguel, Tenaza del Castillo con sus muros completos y torreones; dibujo del puente romano en dirección al Peñón del Santo; Peñón del Santo con una edificación sin identificar, pero que pudo ser una ermita moderna, conocida como de San Sebastián. Las figuras poligonales que se observan al fondo izquierda del plano, pueden corresponder a la representación esquemática de la factoría de salazones del Majuelo, en el tiempo en que estuvieron semidescubiertas sus estructuras.

Fot. 64A.  Planos del Servicio Histórico Militar. (http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/). Plano militar: 1, torreón y muro de la vertiente de Levante; 2, continuación del muro de la Tenaza y torreones anejos; 3, probable esquema dado a las formas rectangulares de las piletas de salazones romanas del Majuelo; 4, espigón de la Tenaza en dirección a la galería abovedada (arruinada) romana del puente; 5, puente romano con galería superior; 6, Peñón del Santo, con edificaciones sin identificar; Peñón del Santo.

Fot. 65A. Planos del Servicio Histórico Militar.  (http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/). Detalle sobre el plano militar: 1, playa de la Caletilla; 2, torreón de enlace entre la Tenaza del Castillo y la galería abovedada del puente; 3, puente romano; 4, estructuras sin identificar del Peñón, que fue usado como base de batería avanzada.
[1] Documento militar inglés donde se relatan los hechos bélicos navales, firmado por el oficial que mandaba la flota. 

FIGURA 7

SECTOR B

Tras haber hecho un recorrido general del trazado de todos los subsectores que integran el Castillo y construcciones anejas, se pasa a la descripción detallada de este sector, comenzando con una panorámica general de los paramentos del Castillo, tanto de conjunto como de zonas sectoriales (fots.1B; 2B; 3B 4B y 5B). En ellos se puede ver la estructura del montaje de los elementos básicos de le fachada, con muros de gran espesor, muchos de los cuales muestran la reutilización de materiales romanos en sus aparejos. En la base de los mismos se han detectado puntos de apoyo, que son enteramente romanos, y sobre lo que se ha producido una reutilización estructural y superposición de determinados lienzos de murallas. Sigue leyendo “SEKS (Almuñécar, Granada)”

Terracotas de una tumba romana en Almuñécar, Granada.

TERRACOTAS DE UNA TUMBA ROMANA EN ALMUÑÉCAR (GRANADA)

 

  1. Introducción

Almuñécar se encuentra emplazada sobre las ruinas de la antigua factoría de salazones romana de Seks, en la costa de Granada. En el contorno arqueológico se encuentra entre Malaka y Abdera, como las más notables.

Desde el punto de vista geológico y geográfico, lo que es comarca, tiene forma triangular cuyo vértice se cierra por las estribaciones costeras de la Penibética. Este fenómeno geográfico le da un clima con especiales características y una defensa natural apetecible en cualquier época o civilización.

Desde el punto de vista geológico, las dos actuales vegas o cauces de ríos, han sido, pocos siglos atrás, dos esteros navegables (mayor el de río Verde) y, sobre todo, dos refugios naturales para el resguardo de la navegación.

Dentro de la Historiografía se habla, con cierta frecuencia, de las ciudades feniciopúnicas de la costa surmediterránea. Entre ellas figura lo que llaman la colonia Seks[1].

Es Hecateo de Mileto[2] el autor que nos da las primeras noticias históricas de esta localidad de forma fehaciente. Estrabón[3] en su geografía, la cita como ciudad fenicia, aunque en esas fechas ya se había iniciado el establecimiento de colonias, y principalmente emplazamientos militares y comerciales.

Plinio[4] la cita cuando relata la lista de ciudades costeras de la Bética. Marcial[5], en una de sus composiciones satíricas, hace referencia a las salazones de la ciudad.

  1. Livio[6], con motivo de los acontecimientos políticos acaecidos a consecuencia de la mala gestión de los militares y representantes gubernamentales enviados a este territorio del incipiente imperio, habla de la retirada de las ciudades comoMalakaSeks, del pacto firmado con Roma, en su calidad de ciudades confederadas.

Rufo Festo Avieno[7], dentro de la pretensión poética de su obra Ora Maritima, aunque sin la precisión con que lo intentan los autores de los periplos, describe con exactitud el territorio en que se encuentra Seks y sus habitantes.

Los romanos, siempre prácticos, aprovechando la técnica de los fenicios, levantan un complejo industrial integrado por una serie de sectores de factorías, que se extienden a lo largo y ancho de toda la planimetría de lo que hoy es el casco antiguo de la ciudad, un gran complejo productivo formado por una secuencia de construcciones abovedadas, que se encuentran en todos los niveles del casco antiguo de Almuñécar, conducciones de agua dulce, formada por diez tramos de puentes y numerosos canales de enlace entre puente y puente y, por último, algunas viviendas urbanas y rústicas, así como todas construcciones que llevan anejas estas estructuras.

La vida normal de un complejo industrial romano conlleva una serie de servicios e instalaciones, como modernamente tiene lugar en cualquier comunidad civilizada. Los enterramientos romanos forman parte de estas necesidades sociales.

La tradición romana, como la latina en general, coloca a sus difuntos en tumbas situadas a la entrada de las ciudades y, precisamente, en las principales vías de acceso o salidas de las mismas. Existía una tradición secular en el pueblo romano consistente en inscribir sobre lápidas textos destinados a ser leídos por los viandantes; testimonio que tenemos bien documentado en el Corpus lnscriptionum Latinarum[8].

En Almuñécar, los enterramientos romanos, hasta ahora conocidos, se ciñen sólo a yuxtaposiciones de tumbas en los enterramientos feniciopúnicos y no muy profusamente en la necrópolis de Puente del Noi. Se trata de enterramientos realizados en simples fosas excavadas en la roca, donde se colocaban las vasijas con los restos humanos incinerados y las inhumaciones. El tipo de enterramiento más conocido en esta comarca, por ahora, es el realizado en columbarios, de los que tenemos tres detectados, y de los que sólo hemos podido estudiar dos. Hay noticias de tres más en una fuente literaria antes citada por la epigrafía antigua[9].

La ignorancia y los intereses particulares nos han privado de la posibilidad de conocer una necrópolis romana en la salida de la carretera nacional hacia Málaga, destruida por la construcción de una nueva urbanización.

El rito de la incineración aparece tanto en vasijas enterradas en simples fosas como en urnas, generalmente de piedra o cerámica, colocadas en los pequeños nichos de los columbarios, cuyos cadáveres habían sido previamente incinerados. Sabemos que este ritual funerario se practicaba en época Republicana y, sobre todo, iniciado ya el Imperio. Pero llama ciertamente la atención el hecho de que, en esta zona de la ciudad, no se haya registrado ningún rito de inhumación y sea precisamente el de la incineración el que predomine, fenómeno muy habitual en las laderas oeste de la ciudad. La inhumación se ha detectado en casco antiguo de la factoría (Majuelo, Puerta de Granada, junto a la muralla romano-medieval, y en el Castillo de San Miguel).

Dedicado a mi querida esposa Carmen, (29-12-2014), a mis hijos Alberto Ginés, Ester Angélica y Antonio Jesús, y a mis siete nietos, Alicia, Marta, Miguel, Adán y Myriam, Marcos y séptimo (por llegar).

  1. Tumba romana de incineración

El descubrimiento tuvo lugar en febrero de 1973 con motivo de un desmonte realizado sobre una ladera de la vega de río Seco, en la zona denominada “Lo Colorado”. La tumba se hallaba situada a unos cincuenta metros de desnivel sobre el lecho del citado río y cercano a la CN-340, Cádiz-Barcelona, a su paso por la urbanización de Costa Banana. Al encontrarse sobre un paso de caballería y ante el inminente peligro de su desaparición, nos vimos en la necesidad de efectuar una excavación de salvamento.

El sentido de orientación de la tumba era el natural de la pendiente del terreno. La caja o fosa estaba excavada en la roca, al igual que sucede en la necrópolis de Puente del Noi. Las dimensiones de la tumba eran: 0,75 m de largo por unos 0,50 m de ancho.

Los huesos se encontraban simplemente colocados en la cabecera de la tumba. El conjunto de terracotas fue depositado en el pie del lecho probablemente quemado, junto con el cadáver, sobre la misma fosa. Aparecieron las figuras envueltas y apelmazadas en una masa de tierra negra con señales claras de cremación por los fragmentos de carbón aparecidos. Al igual que el cadáver, las figuras, probablemente votivas, sufrieron los efectos del fuego, al igual que el cadáver y los elementos de la pira a propósito para ello preparada.

Se encontró entre los huesos un pequeño arete de oro con un colgante cilíndrico de pequeñas proporciones (2,6 cm).

En esta excavación de emergencia se observó, en el espacio del lecho, junto con los huesos, una serie de fragmentos de clavos de hierro muy oxidados, que apuntaban la posibilidad de una caja de madera donde fueran depositadas las terracotas y cadáver. He comprobado sobre el terreno que en esta misma zona han aparecido con bastante frecuencia, en los rebajes de terreno, gran cantidad de estos clavos y muchos residuos de carbón, todo ello en diferentes espacios de las laderas colindantes del enterramiento en cuestión.

III. Técnicas de fabricación

Los métodos y las técnicas de fabricación de las terracotas, la preparación de los materiales, su ejecución y retocado posterior, para conseguir el objetivo una buena plasmación estética, se usan, en general, los medios conocidos en este proceso: es decir, se preparan la materia continente, moldes habituales, engobes etc., como son las diferentes pinturas o barnices para hacer los retocados posteriores. Todos los instrumentos hasta ahora conocidos, han podido ser usados aquí. Han debido existir tantos moldes como figuras se han hallado. No se ha encontrado ninguna forma repetida. Sí han aparecido restos de figuras o elementos que pudieron formar parte de una figura, o son restos de desechos. Estos restos se encontraron, según se iba haciendo la operación de salvamento, junto con las figuras que, de forma apelmazada, iban encontrándose.

Elementos que distinguimos en todas estas formas de terracotas:

Moldes: La fabricación se lleva a cabo mediante la utilización de moldes. Según se desprende de la observación de las figuras, siendo éstos, generalmente, dobles y asimétricos. Se observa la existencia de un molde simétrico: el perteneciente a la figura, 2 que muestra una clara división anteroposterior.

No hay constancia de figura hecha con un solo molde. En el caso de los bustos que presentan un tocado bastante complicado, se aprecia el uso de un tercer molde para el ensamblaje de la parte superior del tocado, donde generalmente se encuentra el pasador usado en estos casos.

Después del moldeado podemos considerar un segundo tratamiento:

Material: La materia usada es la arcilla roja y gris. El tono más frecuente es el rojizo. Quien determina la tonalidad de la arcilla es el punto de oxidación, cuando se somete al proceso de la cocción. Los fragmentos observados, determinan si la cremación ha sido armónica o dispar. Por ello, cuando vemos los bordes de los fragmentos, comprobamos el cambio de tonalidad del cocido en el horno. Sin embargo, los fragmentos grises, por razones de su estructura química, muestran más regularidad en el período de cocción.

Atributos propios de las figuras: El proceso de fabricación de una figura daba como resultado la creación de una forma, con los rasgos que previamente se habían plasmado sobre el molde. Un segundo paso consistía en retocar, en general, todas las curvas y ensortijados trazos de la mayoría de las figuras, para perfeccionar las líneas que previamente se habían diseñado en el vacío de la moldura. Creemos que, principalmente los tocados y los peinados de las damas, fueron los más difíciles de perfeccionar. Los instrumentos que para estos fines se utilizaban eran la paleta y el punzón. Hay, no obstante, algunas formas que apenas han recibido retoque, según se desprende de la observación de algunas figuras. Las vestimentas son más fáciles de perfeccionar, mientras que los rasgos de un soldado no requieren tanta filigrana en el retoque.

Interior de las terracotas: Normalmente son huecas. Alguna, como parece ser la figura compuesta por tres personajes (Fig. 17), da la sensación de que es compacta. Pero sólo está rellena a posteriori, tras la cremación. Así que compacta no hay ninguna. Cuando las figuras son macizas, corren el riesgo de que se resquebrajen durante la cocción. Si el calor se distribuye de forma pareja, la cocción suele ser más equilibrada, y no corre riesgo de fracturarse. Tanto la parte superior como la inferior distribuyen el calor de forma más homogénea, que evitan riesgos de rotura o fracturación.

En algunos casos, la unión entre cabeza y tronco se realiza usando una piedra tallada a propósito, para conectar una parte con otra. Pero, en su mayor parte esta unión es hueca.

Retoques: Se trata de modificar los puntos de unión del ensamblaje de las figuras. Pueden verse las improntas de la paleta sobre los citados puntos de unión, como ocurre en gran parte de las terracotas.

Soportes: Son las bases de apoyo de las figuras. Hay figuras que tienen la base o podium casi de forma redonda; otras son rectangulares. Los bustos suelen tener la base redondeada (véanse las figuras 8, 10, 11, 14. Otro tipo de base suele ser ovalada. La figura 16 tiene una base casi rectangular, pero con las esquinas redondeadas.

Las formas que presentan algunas piezas son las que exigen una base especial, como de hecho ocurre con las figuras de gladiador, guerrero, actor trágico o cátedra de maestro y el conjunto de las tres figuras juntas.

Hay algunas figuras que muestran una base que es el inicio de su propia forma, como se puede ver en las figuras  7 y 9, y en gran cantidad de fragmentos.

Pintura: Sólo aparecen indicios de que estas figuras estuvieran pintadas, pero no son fiables. Una de las figuras femeninas, la más relevante, debería haber dado señales claras del uso de tal elemento decorativo, pero no aparece nada (figura 8). Sigue leyendo “Terracotas de una tumba romana en Almuñécar, Granada.”