ANÍBAL BARCA COMO ESTRATEGO

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Dedicado a mi buen amigo y consejero el Prefesor Enrico Acquaro, siendo titular de la Cátedra de Estudios Fenicios y Púnicos en la Universidad de Bolonia (Italia), y que participó varios años en las excavaciones arqueológicas de Puente del Noi en Almuñécar (Granada, España), bajo cuyo consejo me decidí a intentar realizar este trabajo, nada fácil, por la gran cantidad de bibliografía antigua que se ha necesitado para su realización.

Introducción general que explica, de forma abreviada, los procesos del desarrollo de la vida militar de Amílcar Barca y su hijo Aníbal.

A la llegada de los fenicios a la Península Ibérica se encontraron con un mapa geográfico compuesto por una serie de tribus de las que destacamos las más relacionadas con los dos período que se registran en la larga permanencia del elemento semita tanto en la franja costera como en el interior. Por ello es preciso distinguir dos fases claramente definidas a través de la historia de los fenicios en Hispania; un primer momento marcado por la convivencia de un mercado en Occidente, que puede comprender desde el siglo XII aproximadamente a. de n. e., y una segunda etapa, marcadamente de influencia cartaginesa, con un desarrollo algo diferente en lo que a objetivos primarios se refiere.

Así, lo que prima en la case inicial de los contactos es la búsqueda de un mercado y fuente de intercambios con los aborígenes. en la segunda se mezclan los intereses, pero destacando como más relevante el establecimiento de un imperio militar. De aquí que la etapa de los Bárquidas esté fuertemente significada por la guerra contra Roma.

Esto sentado, los objetivos que se van a desarrollar a continuación exigen una clarificación de antecedentes sobre las poblaciones y tribus que los fenicios encuentran a su llegada a Hispania.

En los estudios modernos sobre la presencia del elementos fenicios en la Península, se han localizado numeroso yacimientos desde el Algarve portugués hasta las proximidades de Cartagena. Así, podemos destacar las necrópolis fenicio-púnicas de Huelva, como los restos aparecidos en su ría, que pueden adentrarse en una cronología bastante alta dentro de la primera fase. Los restos de ciudad aparecidos en el río Guadalhorce (Málaga); los numeroso enterramientos de la zona del río de Vélez (Toscanos, Trayamar, etc.); las necrópolis de Almuñécar y Villaricos; los numerosos y recientes restos de las cercanías de Cádiz, etc.   

No se debe olvidar que los establecimientos no se limitaron exclusivamente a la franja costera, sino que hay penetraciones hacia el interior, como puede comprobarse en Alboloduy (Almería), y las necrópolis fuertemente influenciadas por los ritos orientales, como Carmona, Pozomoro, La albaida, etc.

Todo ello se ve reflejado en los numerosos trabajos publicados por Blázquez, Blanco, M. Almagro, Pellicer, Malquer, Tarradell, etc.

Entre las conclusiones que derivan de estos trabajos modernos podemos destacar que, una vez concluida la conquista de la Península por parte de roma, el elemento feniciopúnico pervive y continúa su labor inicial, aunque bajo control romano.

En la actualidad se encuentran los estudios en un momento de análisis crítico sobre el pasado arqueológico y en una investigación sistemática y comparativa de los yacimientos actuales.

Se han utilizado las fuentes clásicas, que se indicarán al final del trabajo, con motivo el desarrollo de toda la temática que comprende esta investigación. Así pues, siguiendo los textos, con sus respectivas críticas y estudio comparado, iniciamos esta introducción general con os datos que nos ofrecen sobre la Península y sus gentes.

De esta forma nos encontramos con los siguientes elementos aborígenes bastante dispersos, siguiendo una ordenación geográfica del territorio, pero especialmente bético.

Reciben tal denominación por ser ka ciudad más significativa Basti (actual Baza o cercanías (Granada). el territorio de los bastetanos se extendía desde Murgi (Mojácar, Almería) y Acci (Guadíx, Granada). Las zonas más significativas ocupadas por este elemento humano es la de Mentesa Bastitana (La Guardia, Jaén), zona del nacimiento del río Guadalquivir en la sierra se Cazorla, y el río Segura en la misma demarcación.

Estrabón nos hace una descripción detallada de las costumbres y formas de vida de esta gente, indicándonos que los romanos copiarían muchos de estos detalles.

Hacía frontera con los bastetanos por el este y sur. Dentro de su territorio se encontraban Cástulo (actual Cazlona, Jaén), Mentesa Oretana (Santo Tomé, Jaén) y Daimiel (Ciudad Real). Se establecía una línea divisoria entre la Tarraconensis y la Bética, desde Murgi-Acci-nordeste de Jaén, hasta el Guadalquivir.

Estos tenían al Este a los Oretanos; al Sur, a los Bástulos-Penos y, en la región de la Serranía de Ronda (Málaga), a los célticos (Se internaba por la parte occidental en la comarca de Córdoba y Sevilla, ocupando parte el occidente de Jaén y casi todas las provincias de Granada y Málaga.

El contacto con la cultura oriental, al abrigo de la benignidad de estas tierras, despertó y desfogó la imaginación de los griegos, quienes situaron en estas tierras los relatos fantásticos de los Campos Elíseos, los famosos rebaños de Gerión, la llegada de Baco y Pan, las Hazañas de Hércules, los reinados de Hispán, Hespero, Atlante…etc.

Su territorio se extiende en una línea que va desde Gibraltar hasta Vera (Probable Villaricos, Almería).

Entre esta tribu y los fenicios se realizan intercambios de intereses, como dice Salustio en una de sus obras.

Con relación a la descripción de las ciudades, Pomponio nos dice que son pequeñas, enumerando ls más importantes. Del intercambio entre y fenicios y aborígenes, habla también AvienoEl contacto entre estos elementos, bástulos con su riqueza y su cultura, y fenicios, con las manufacturas, desencadenón una fusión denominada “Bástulos Penos”.

e) Elemento tartesio

Nada se sabe con claridad respecto a los tertesos. Las fuentes aparecen un tanto oscuras al respeto. Tan sólo Estrabón y Plinio nos dan algunos rasgos sobre ellos, recogiendo la tradición anterior.

f) Elemento celta

El territorio que ocupaba esta etnia se resumen en unas cuantas comarcas; en las cercanías de Ronda: Accinippo (Ronda la Vieja, Arunci (Morón, Sevilla), Turobriga (cercana a Arucci Vetus (Aroche, Huelva), Lastigi (Zahara), Alpesa (Cercanías de Conil), Cepona (Fantasía) y Serippo (Los Molares).

Dentro del terreno e las relaciones del elemento aborigen y el colonizador, Estrabón nos habla de la facilidad con que los fenicios se impusieron a los nativos que se pretendía colonizar.

 

FENICIA Y SU IMPULSO COLONIZADOR

 

Teniendo como trasfondo su marco geográfico, corto de espacio y sometido a frecuentes riesgos, las ciudades costeras de la parte de la cordillera del Líbano se lanzan a buscar expansión y establecer una economía de mercado basada en la explotacíón y elaboración de las materias primas que les proporcionarán los elementos colonizados. Encabezan estas iniciativas las ciudades más relevantes en este imperativo socioeconómico: Tiro, Sidón, Biblos, Arados y Beritus. Este movimiento tiene una fecha inicial a finales del siglo VIII a. de n. e., como viene demostrando la arqueología modernamente. Sin embargo, los textos antiguos sitúan para la Península Ibérica unas fechas de iniciación de contactos en el siglo XII a. de n. e. Nos sirve como punto de partida para fijar estos contactos, la fundación de Cádiz (1.100 aproximadamente).

Estrabón narra la llegada de los fenicios a esta localidad con leyendas fantásticas, como la fundación de Carteia por Hércules, quien puso límites al orbe conocido indicándolo con dos columnas y haciendo ver que las montañas de Calpe y Abila, una en la costa peninsular, y la otra en la africana, constituían una frontera-límite de la tierra y de las campañas del héroe.

Dentro de la narración de la fundación de Gadir figuran unos contactos previos de los fenicios en las localidades de Seks y Onuba. Hay quien opina que es pura leyenda, pero los últimos hallazgos, tanto en la ciudad de Almuñécar (vaso del siglo XVI a. de n. e.), como los de la ría de Hueva (embarcación hallada en la ría, cargada de productos manufacturados, de fechas anteriores a los datos cronológicos dados por la Arqueología a Cádiz), nos hace pensar que pueda ser cierta la leyenda porque encuentra algunos puntos de respuesta en la documentación arqueológica, admitiéndose que antes de la fundación de Gadir tuviera lugar la de Seks y Onuba. Las fuentes arqueológicas están a favor de esta tesis, pero con cierta prudencia.

Cuando se inician los contactos de los fenicios con las tribus costeras y parte del interior del territorio, se establecen relaciones y asentamientos permanentes, creando factorías y ciudades. Cabe pensar que estos emporios, principalmente dedicados al comercio y a la industria, comenzaran con pequeños núcleos de población que, al paso del tiempo y la llegada de nuevos colonos, crecieran hasta llegar a ser colonias de cierta relevancia, pero en nada pensable a los aglutinamientos de población mixta de época romana.

Así, pues, comienza a aparecer en la franja de Cadiz-costa, las colonias que se extenderán hasta el límite sur de la provincia de alicante; Barbesula (en la desembocadura del río Guadiaro), Salduba (Marbella, Málaga), Suel (Fuengirola, Málaga), Malaka (Málaga), Menoba (en la desembocadura del río Vélez), Sexti (Torrox, Málaga), Ex (Almuñécar, Granada), Selambina (Salobreña, Granada), Abdera (Adra, Almería), y Murgi (Mojácar, Almería).

 

RELACIONES CON EL INTERIOR

Los fenicios establecieron relaciones comerciales con Castulo, Illiberi, Escua, Ilurco, Hipponova, e Illiturgi. Abdera, Ex y alguna otra colonia del sur fueron la base de los establecimientos que los fenicios crearon para explotar las minas del Sureste de la Bética.

En cuanto al tacto de los fenicios dentro de terreno diplomático con las nuevas etnias, se tienen pocos datos. Las colonias creadas adoptaron un sistema federativo y establecieron un gobierno autónomo. Entre las más destacadas figuran Gadir y Malaka. No se conoce ningún detalle que deje entrever un rasgo de predominio político de una colonia sobre otra. El único vínculo que las unía era el origen común y los intereses comerciales. Cada colonia tenía sus propios magistrados. Estaban gobernadas por un sistema aristocrático jerarquizado que se encargaba de redactar las leyes y mantener los contactos con las colonias vecinas. Se disponía, ademas, de una asamblea en la que se tomaban decisiones cuando aparecían desacuerdos entre los magistrados.

 

PRESENCIA GRIEGA EN EL SUR PENINSULAR

 

Los autores antiguos nos citan dos colonias perfectamente identificables en cuanto a la identidad étnica: las colonias de Mainake y Odysea. De ella nos hablan Estrabón y Avieno. Estaban al frente de este movimiento migratorio los focenses. La primera de ellas está situada al Este de Málaga, aunque no se ha podido identificar aún. Desaparición de la esfera colonial a partir de la batalla naval de Alalia (535 a. de n. e.), fecha en la que los griegos sufren esta derrota y pierden sus relaciones comerciales con los supuestos tartesios. La ciudad de Odysea es un tanto hipotética, aunque se habla de ella.Hay quien la supone en el interior de la Alpujarra Baja de Granada, intentándola identificar con la actual Ugíjar. Pero todo es una mera conjetura basada en la toponimia. Estrabón, por su parte, afirma que al elemento griego se le atribuye la creación de algunas manufacturas, la introducción del uso de la moneda y algunas divinidades.

INTERVENCIÓN DE CARTAGO EN LA PENÍNSULA

Diodoro de Sicilia narra la llegada de los cartagineses explicitando detalles, a la Península. ante la competencia presentada por otras operaciones coloniales, como es la griega, y la resistencia o sublevación contra los fenicios de las costas y del interior, las colonias se vieron en la necesidad de buscar la protección de Cartago. A finales del siglo VII, los cartagineses se dirigieron a la Península pasando por Ibiza, asentándose conjuntamente con los fenicios, de su mismo origen, para reforzar la influencia y control que éstos venían manteniendo con los aborígenes. Este dominio se extiende prácticamente desde el Algarve hasta Baria. Fue realmente a comienzos del siglo V cuando se produjo la llegada fuerte de cartagineses. En esas fechas, los cartagineses se disputaban conjuntamente con los etruscos, el dominio del mar en Occidente contra los griegos, contra quienes en el año -535 combatieron en Alalia. Tras esta batalla surgió un nuevo dueño en la influencia y dominio comercial en el Mediterráneo Occidental. En estas fechas en la que se narran estos estos episodios, el pueblo romano se encuentra en los inicios de su historia. romanos y cartagineses firman un acuerdo en el que se deja bien claro que los romanos se comprometían, al igual que sus aliados, a no comerciar con la Península Ibérica ni, por lo tanto, a fijar colonias en este territorio. La primera Guerra Púnica, que duró 24 años, dio como resultado la pérdida de Sicilia y Cerdeña por parte de los cartagineses. No obstante los jefes cartagineses respaldados por su gran fortuna en sus emporios comerciales del resto del Mediterráneo, estaban un tanto perplejos por el lento pero só sólido nacimiento de una segunda potencia. La pérdida de las grandes islas ponía en guardia a los cartagineses e intentaban hacer frente a esta humillación haciéndose fuertes en Hispania donde las riquezas estaban sin explotar y las tribus nativas eran idóneas para formar un ejército contra Roma. Amílcar Barca desembarca en Gadir con numerosos refuerzos africanos. Venía a Hispania con renombre y fama conseguido en África tras la terminación y arreglo de algunas discordias que comenzaban a perturbar el orden en Cartago. La pérdida de una colonias tan importantes suponía una seria advertencia a un imperio marítimo fraguado durante siglos. La estrategia de Amílcar Barca sopesó bien el proceso y significado del avance romano, y se adelantó para consolidar un frente que frenara y pusiera fura de combate a Roma. Sus intenciones concretas eran organizar un poderoso ejército y conducirlo hasta la misma Roma. No se puede olvidar que Amílcar Barca venía respaldado por un pasado glorioso: había conseguido dominar a los temibles libios. Era un guerrero prudente, hábil político, soldado intrépido y de buen trato con sus subordinados. Pero la hazaña romana le dejó fija una sola idea: destruir a Roma y su poderío. Tras su llegada a la Península, recorre el territorio de los Turdetanos entablando con ellos estrechas relaciones. Sin embargo tuvo que someter a los Túrdulos al igual que a los Célticos y Oretanos. En todo este estratégico recorrido supo hacer acopio de riquezas, contentar a sus soldados con premios y establecer una bien entendida y prudente administración. La llegada de Amílcar tuvo lugar en el año -238. Al siguiente sometió a los Bastetanos y a otras tribus de la parte oriental, continuando su política de afianzamiento en la Península, guerreando y sometiendo a todas las tribus, desde las costas del sur hasta la desembocadura del Ebro. Este proceso habría dado pie a que el mismo Amílcar Barca emprendiera el ataque contra Roma, a no ser por el incidente ocurrido en Castrum Album, donde murió a manos de un hispano en una circunstancia desconocida por la habilidad de Amílcar. Asdrúbal, su yerno, le sucedió en el mando, ya que era su lugarteniente. Dentro de sus planes figuraba la idea de instaurar una nueva dinastía en Hispania. Con el fin de robustecer la empresa de Amílcar, fundó Cartago Nova (Kart Hadasth) en el año -228 a. de n. e. A partir de esta fundación fue esta ciudad, por su posición y comercio, el centro de las operaciones militares cartaginesas. como consecuencia de todo esto, las empresas militares iniciciadas por Amílcar, fueron continuadas por Asdrúbal hasta llegar a pasar el Ebro. Los romanos, ocupados en la conquista de la Galia, sólo pudieron frenar su empuje hacia el Norte, consiguiendo que las colonias griegas fueran respetadas y la ciudad y territorio de Sagunto. Tras ocho años de gobierno, dio empuje a la agricultura y comercio. Murió a traición. A la muerte de Asdrúbal, sube al poder Aníbal (año -221), hijo de Amílcar, por aclamación del ejército y posterior aceptación del Senado cartaginés. fue preparado por su padre tanto en el terreno político como militar. antes de tomar el poder había sido lugarteniente de su cuñado Asdrúbal. Los textos clásicos, como se verá, hablan del juramento hecho por Aníbal ante el altar de los dioses, de mano de su padre, prometiendo odio eterno a los romanos. Mientras Aníbal era aclamado como estratego por las tropas de Hispania, una oligarquía turbulenta enervaba el poderío de Cartago y alimentaba discordias hereditarias en el seno de las familias principales. Pero todo acabó, como se ha dicho, con la aceptación de aníbal por parte del senado cartaginés.

DEBATES EN CARTAGO POR LA ELECCIÓN DE ANÍBAL

La familia de los Hannónidas, que veía con recelo el encumbramiento de la familia Bárquida, se opuso a que el gobierno ratificase el nombramiento de Aníbal. Argumentó que era imprudente confiar el mando supremo de las tropas y encomendar el gobierno de Hispania a un joven ardiente y educado con instintos belicosos, y cuyo genio precoz iba a encender una guerra desastrosa entre dos repúblicas que podrían consolidarse con la paz y acrecentarse en el comercio. Como resultado de esta contienda política, el partido contrario a Hannón decidió aprobar el nombramiento de Aníbal. Éste tomó el mando a los 26 años. Tenía dotes de gran militar y madurez de anciano. Las opiniones sobre este personaje son encontradas según los planes y procedencia de los bandos contendientes. Lo que para uno es defecto, para otro es virtud y en ello se juega la eficacia. La “fides púnica” es un instrumento de rivalidad púnico-romana que se pone en práctica como elemento de guerra. Aparte de esto, es propio del carácter del elemento norteafricano. Era tal la influencia psicológica que los soldados veteranos que, cuando jóvenes había sido conducidos a la victoria por Amílcar, se entusiasmaban al contemplar en el hijo, la misma postura, el mismo semblante, la misma gallardía del padre. Veían en él resucitado a su antiguo general: los bisoños admiraban a un compañero; y la plebe, preciada de exterioridades vitoreaban al bizarro mancebo y al joven héroe.

La primera actividad de Aníbal fue el ponerse en contacto con los pueblos y comarcas sometidas por sus antecesores. Dentro de estos pueblos podemos destacar, en el territorio de la Bética oriental: Castulo, Illiturgi, Illiberi, Illurco, Illipula, Escua, Ebora…etc., como más significadas. Las regiones del norte eran las más reaccionarias y las que realizaban incursiones sobre las ricas regiones del sur. Entre las ciudades destacadas de la región sur sobresale en la vida de Aníbal, la plaza de Castulo, importante por pertenecer a ella destacadas familias de la Hispania antigua. en ella Aníbal tomó esposa: una doncella llamada Himilce. Este matrimonio no solo respondía a la vida afectiva de Aníbal, sino también a las pretensiones políticas de su programa de actividades. Tal acción significó un reforzamiento entre las relaciones de las dos etnias, hecho que repercutiría de forma positiva en la decisión de formar un gran ejército contra su objetivo principal: Roma.

Como preámbulo al programa de sus proyectos inicia una serie de preparativos de carácter general; abrió caminos, fortificó pueblos, construyó puentes, levantó torreones en las colinas más destacadas y en puntos estratégicos de las costas que durante siglos conservaron el nombre de “Torres de Aníbal”, cuyo fin cubría tanto la seguridad de las ciudades y territorios comarcales como la vigilancia y control del movimiento marítimo en las costas y mares. Las relaciones con Himilce no retrasaron ni frenaron los planes contra Roma. Preparó un ejército sometiéndolo a una rígida disciplina. Emprendió compañas contra pueblos del interior y parte del Norte: Olcades, Vacceos y Carpetanos. Después del éxito militar sobre estas tribus, no tomó represalias, sino que procuró con su astuta sagacidad, ganarse su amistad y apoyo con el fin de formar bloque con ellos y presentar al enemigo un ejército gigantesco. Consiguió unificar el territorio comprendido entre la Bética y el Ebro, cosa que no pudieron realizar ni su padre ni su tío. La única ciudad que se mostró reacia a Aníbal fue Sagunto.

Episodio de Sagunto

Sagunto fue una colonia griega a la que los cartagineses se habían comprometido a respetar tras el primer tratado pactado con los romanos en el reparto de influencias y limitaciones. A la vista de los éxitos obtenidos por Aníbal en la Península, los romanos sintieron recelos y procuraron mantener estrechas relaciones con el pueblo saguntino, afirmando su alianza. Esta plaza era en realidad el foco de las intrigas romanas contra Aníbal. Desde aquí se procuraba por todos los medios sublevar a los pueblos que el cartaginés había sumado a su causa. Ante tal situación política, Aníbal informó a su gobierno de la doble actuación romana: sublevación de las tribus próximas a Sagunto y las vejaciones a que se veían sometidos los aliados de Cartago. Recibió autorización del senado para someter a esta ciudad y así quedar con las espaldas libres cuando emprendiera su marcha contra Roma, ya que era un peligro dirigirse a Italia con un enemigo dentro de sus dominios. Ante el cerco de Sagunto, el senado romano envía una embajada para entrevistarse con Aníbal, quien los recibió y escuchó. Le pidieron que se abstuviera de atacar al pueblo saguntino porque aliado del pueblo romano y, a la vez, recordar el pacto de limitar sus campañas en las orillas del Ebro. La ciudad fue tomada y destruida sin recibir apoyo alguno por parte de los romanos. La toma de Sagunto fue un reto a muerte entre Cartago y Roma. La actitud romana frente a los saguntinos despertó recelos entre sus pueblos aliados y creó un malestar de inseguridad entre ellos. Por su parte, la acción de Aníbal creo un ambiente de inseguridad y firmeza, a la vez que demostraba una actitud valiente y decidida. Los romanos no llegaron a comprender que los resultados y consecuencias de la toma de Sagunto fuera una declaración abierta de guerra por parte de Cartago que hacía pactos, tras estas hazaña, con los galos y preparaba un gran ejército para dirigirlo contra ellos. Ante esta situación el senado romano concibió serios temores y se apercibió para la guerra. La sagacidad de Aníbal era imprevisible. Las riquezas capturadas a los saguntinos sirvieron, por un lado, para sus soldados; por otro, con estos bienes se ganó mediante soborno a sus amigos y parciales que apoyaba su partido en Cartago, La conmoción producida en roma antes estos sucesos de Hispania, motivó que el senado romano investigara si la acción llevada a cabo por por Aníbal era el resultado de una hazaña individual de un cartaginés o había recibido el respaldo y apoyo del senado de Cartago. Ante tal dilema el senado romano pidió, en el primero de los casos, la entrega de Aníbal y, en el segundo, la declaración de guerra. Roma, en efecto, envía una embajada a Cartago que no recibió mas que manifestaciones hostiles y reconvenciones contra Roma como promovedora de las infaustas discordias. Aníbal, entre tanto, oía t se preparaba ante lo que ya era inminente: la guerra contra roma que había programado. Tanto la preparación material como la organización de los planes, tuvieron lugar en Cartago Nova. De aquí se dirigió a Gadir para celebrar en el templo de Melkart la toma de Sagunto y poner bajos los auspicios de los dioses sus futuras empresas. Respecto a la preparación del ejército, Silio Itálico nos narra que parte de él estaba integrado por soldados de la Bética. al frente de ellos iban dos personajes importantes: Phorcys y Araurico. Del territorio tartésico también tomaron parte gran cantidad de soldados. Éstos se sumaron a los Oretanos, Túrdulos, Astures, Celtiberos y Cántabros. Según nos cuenta Silio Itálico, Phorcys murió en la batalla del lago Trasimeno, y Araurico quedó gravemente herido. Cuando el ejército de Aníbal entró en Italia y se produjeron los primeros reveses sufridos por los romanos, Gneo Escipión, con una escuadra, contraataca a los cartagineses en su propio terreno. Desembarcó en las inmediaciones de Tarragona y derrotó a Hannón, jefe de enlace con el ejército de Italia. Asdrúbal, hermano de Aníbal, ante la pérdida de Hannón, no presentó batalla y se replegó hacia los cuarteles de Cartago Nova. Gneo Escipión se quedó en Tarragona. Pasado el invierno, Asdrúbal y su hermano Amílcar emprende de nuevo la campaña contra Escipión en la desembocadura del Ebro. A la vista de este desastre. Asdrúbal hacia las costas meridionales. Los romanos, ante esta deserción, se apresuran a ganar terreno y se lanzan a la conquista del Sur. Pero antes de esta partida se formalizan pactos con los pueblos sometidos a fin de tener las espaldas cubiertas. La mar quedó a merced de los romanos, hecho que dio pie a que penetrara por Almería y avanzara a través de Basti (Baza, Granada) y Auringi (Jaén), saqueando y destruyendo cuanto encontraba a su paso y le ofreciera resistencia o había tenido relación con los cartagineses. Asdrúbal tuvo que hacer frente tanto a los errores y cobardía de sus mandos, como al avance inexorable de los romanos en la conquista de la Península. Se refugió en la Lusitania donde tenía grandes refuerzos, para organizarlos y hacer frente al enemigo. Los Celtiberos, que había pactado con los romanos, recibieron plena libertad de acción y se dirigieron contra los pueblos del Sur, causando gran desastre. A pesar de todo, Asdrúbal se sobrepuso y consiguió rechazarlos. Roma comprendió que, ante los desastres contra los cartagineses en Italia, y, ante los progresos de Escipión en Hispania, era preciso minar el poderío cartaginés en su propio terreno. De aquí que encomendara el envío de refuerzos a Hispania y se ordenara hacer pactos con los pueblos vecinos de los Pirineos, a fin de cortar el paso a un posible abastecimiento de Aníbal a través de esta ruta. En el año -215 el foco más importante de la actividad bélica estuvo centrado en las ciudades más opulentas y seguras que mantenían los cartagineses en la Bética. Las ciudades de su parte oriental fueron las que sufrieron el mayor impacto de despliegue político y militar llevado a cabo por Gneo y Publio Escipión. Los cartagineses mantuvieron gran cantidad de mujeres hispanas como rehenes en la ciudad de Sagunto. Su liberación por los romanos supuso una captación de simpatía y la liberación de un yugo impuesto por Cartago. De esta forma se renovó la antigua alianza con Sagunto. Gneo Escipión se encargó de combatir la resistencia por tierra mientras que Publio procuró interceptar cualquier envío de refuerzo desde Cartago. Debido a esto, las costas del sur fueron controladas por la marina romana desde el año -215. Dado que las fuerzas de Asdrúbal no eran suficientes para presentar batalla a los romanos, se decidió esperar refuerzos desde África. Mientras tanto se retiró a Gadir, por prudencia, ante imprevistos. A pesar de ello, y tras dejar bien preparada su escuadra, decidió presentar batalla a los romanos. Pero ocurrió un hecho imprevisto por Asdrúbal; los prefectos de las naves cartaginesas, considerados culpables del desastres del Ebro, temiendo severas represalias, desertaron y desembarcaron en Carteia y sublevaron la región céltica, dedicándose al robo y al saqueo. Al frente de los sublevados se encontraba un personajes llamado Galbo. Éstos no se atrevieron a presentar batalla abierta, sino que practicaron la guerrilla hasta tal punto que Asdrúbal se vio obligado a buscar refugio en lugar fortificado. Los rebeldes se dirigieron contra Escua (Archidona, Málaga) y la tomaron por la fuerza. Esta plaza era un recinto fortificado casi inexpugnable por su configuración geográfica. Estaba bien pertrechada de víveres, municiones y vestuario para el ejército cartaginés. La escasa guarnición con que estaba defendida permitió a los rebeldes tomarla sin dificultad. Teniendo en cuenta la indisciplina que reinada entre éstos, Asdrúbal preparó sigilosamente su ejército, y tras algunas batallas, logró recuperar la ciudad. Cuando apenas había sido apaciguada la rebelión, Asdrúbal recibió órdenes del senado cartaginés de pasar a Italia. Esta noticia cundió hasta llegar a oídos e los romanos. Asdrúbal, por su parte, informó al senado del peligro que implicaba desguarnecer la Península. Los romanos, que estaban prevenidos, se aprestaban para una contraofensiva decisiva y final. Tales precauciones y riesgos fueron debidamente comunicados al senado de Cartago, quien decidió mandar a Himilcón con una escuadra y ejército de refuerzo. Una vez llegadas estas tropas, Asdrúbal tuvo el camino expedito hacia Italia para sumarse el ejército de Aníbal. Puestos en aviso los Escipiones, presentaron batalla en Metauro y este ejército fue derrotado aparatosamente. Asdrúbal se vio obligado a retroceder a las provincias meridionales de la Península con el resto del ejército superviviente. Toda esperanza de trasladarse a Italia quedó abortada. Los Escipiones, tras esta victoria, quedaron mermados en víveres e impedimenta en general. Para no captarse antipatías ante los pueblos hispano, solicitaron del pueblo romano y del senado ayuda con el fin de conseguir y proseguir sus victorias, ganando terreno en el único frente donde los cartagineses estaban sufriendo serios y casi irreversibles reveses. El senado, con gran esfuerzo, consiguió mandar la ayuda solicitada. Este refuerzo se puso de inmediato en marcha hacia la ciudad de Illiturgi, que sencontraba cercada por Asdrúbal. Esta localidad había desertado en favor de los romanos El asedio fue llevado a cabo conjuntamente por Asdrúbal, Amílcar y Magón. Los romanos consiguieron llegar a tiempo y romper el asedio. A pesar de ser en número inferiores a los cartagineses, consiguieron entrar en la ciudad después de alcanzar la victoria. en corto espacio de tiempo tanto el ejército cartaginés como el romano se apresuraron a equiparse y prepararse para nuevas confrontaciones. Los planes de ambos eran deshacer las alianzas de ayuda mutua entre pueblo y ejército. Tito Livio nos dice que toda la Hispania Ulterior se habría perdido por los romanos si Publio Escipión no hubiera pasado el Ebro y reanimado el espíritu de sus aliados. Los cartagineses reciben un nuevo refuerzo de África a las órdenes de Asdrúbal Gisgón. Como consecuencia de todos estos preparativos se produce un nuevo enfrentamiento en las cercanías de Castrum Album (¿Alicante?) con un resultado indeciso. Asdrúbal trató de resarcirse de las derrotas sufridas, pero se produjo una nueva deserción; Castulo, patria de la esposa de Aníbal, se había pasado al bando de los romanos. Illiturgi (Mengíbar, Jaén) era el centro de intrigas y conspiraciones llevadas a cabo por los agentes de los Escipiones contra la dominación cartaginesa. Era aquí donde se hallaba el punto de partida de todas las actividades secretas con los magnates de las comarcas vecinas.. Toda esta labor de zapa, hábilmente preparada contra los púnicos, dio como fruto la deserción de Castulo. La ciudad fue cercada con el fin de conseguir su rendición, sometiéndola al desabastecimiento y consecuente hambre. Pero tras una maniobra astuta, Escipión consiguió introducir víveres en la ciudad, haciendo, además, levantar el cerco. Los cartagineses, en venganza, se dirigieron hacia Biguerra (¿Bogarra?, Albacete), que al igual que Castulo, se había pasado al bando de los romanos. La inmediata acción defensiva de éstos, evitó la guerra, y Asdrúbal se retiró a Munda. El ejército romano continuó su persecución contra los cartagineses hasta alcanzarles en Munda. Se produjo un enfrentamiento en el que Gneo Escipión fue herido. A pesar de la ventaja cartaginesa, este combate no tuvo resultados positivos para nadie. El Propio Tito Livio indica que el resultado a favor de los romanos fue un rumor. El estado de Escipión provocó el desconcierto entre las filas romanas, que huyeron desalentados. Esto dio pie a que Asdrúbal tomara la iniciativa y, con el campo favorable, comenzara a ocupar las comarcas sublevadas, llegando hasta Auringi (Jaén). A pesar de la herida, Gneo Escipión reorganizó su ejército y venció a los cartagineses en esta ciudad tras un asedio. Ante tal situación, Asdrúbal, siguiendo la táctica de Aníbal, hizo estrechas alianzas con los galos, consiguiendo un ejército que llegó hasta Cartago Nova al mando de dos régulos llamados Civismaro y Menicato. En realidad este ejército , formado por gente que sólo pretendía el pillaje, robo y saqueo de las comarcas sublevadas, fue pronto derrotado por una milicia organizada y con ideas muy diferentes.

Ambos ejércitos se mantuvieron inactivos durante el año que sigue a la derrota de los galos en Hispania (-214). En este interim los romanos aprovechas una oportunidad para establecer relaciones y alianzas con la ciudad de Sica, en el Norte de África. Esta ciudad, gobernada por Sifax, pide a los romanos que formen un ejército con las numerosas hordas de africanos. Fue encargado de llevar esta labor Quinto Statorio. Envalentonado Sifax con esta nueva alianza, invade el territorio donde se encontraba Masinisa quien lo derrota venciéndolo y obligándolo a desterrarse. Masinisa, después de esta victoria, pasa a Hispania en ayuda de Asdrúbal Gisgón, desembarcando en Cartago Nova. Entre tanto, romanos y cartagineses se dedican a pactar alianzas con el fin de renovar la guerra, buscando apoyo. Los púnicos reforzaron sus tropas con la ayuda aportada por Masinisa, de un lado, y tropas hispanas, contando, pues, con tres cuerpos de ejército. Al frente del primer ejército se encontraba Asdrúbal Barca, instalado en Anatorgis (Requena o Teruel). Los otros dos se encontraban en la comarca de Jaén, mandados por Magón y Asdrúbal Gisgón. Comenzada la contienda, los Escipiones creyeron más estratégico atacar ambos frentes ya que cabía la posibilidad de que alguno de ellos rehusase el combate y se prolongase aún más la guerra. Pero esta táctica no dio el resultado esperado a los romanos. Publio Escipión, con dos terceras partes de su ejército, acudió en busca de Asdrúbal Gisgón y Magón. Gneo Escipión, con la tercera parte restante , salió al encuentro de Asdrúbal Barca. Gneo se dirigió hacia A, donde Asdrúbal Barca,valiéndose de amenazas y prodigando dádivas, consiguió que desertaran los celtiberos Anatorgis, componentes del ejército romano. Por lo que tuvo que ponerse en retirada ante el acoso cartaginés. Por su parte, Publio había tomado posiciones en Castulo, donde en poco tiempo se vio bloqueado. En ello tuvo una eficaz actuación Masinisa, que dejó, con su caballería ligera, sin respiro al ejército romano. Puso en vilo al contingente romano día y noche con toda clase de escaramuzas. Publio recibió la noticia de que Indívilis, jefe de Susetanos (de las comarcas de Valencia y Murcia), venía a unirse a los cartagineses. Tal movimiento de tropas hizo pensar a Publio que su hermano Gneo había tenido dificultades, por lo que decidió burlar las líneas de Masinisa durante la noche y salir el encuentro de Indivilis. en esta salida dejó a su lugarteniente Fonteyo, al mando de una escasa guarnición. Con todo, no consiguió burlar a Masinisa que, de inmediato, salió en su persecución Cuando el ejército romano estaba a punto de atacar a Indivilis , hizo su aparición la caballería númida, quedando Publio entre dos frentes A esto se sumó la aparición en escena de las tropas de Magón y de Asdrúbal Gisgón. Publio perdió la vida en esta batalla. Las tropas romanas se dieron a la fuga desconcertadas. Los númidas salieron tras los fugados causando una masacre entre ellos. Algunos se salvaron refugiándose en Segura de la Sierra y en Illiturgi. Tras esta victoria, Magón y Asdrúbal dieron algún descanso a sus tropas, y se encaminaron para unirse a Asdrúbal Barca, que se encontraba en lucha con Gneo Escipión. Cuando éste divisó la numerosa tropa que se dirigía contra él, intuyó que algún desastre había ocurrido a su hermano; por lo que rehusó el combate y se refugió en una torre que poco después fue cercada e incendiada por los cartagineses, muriendo en ella Gneo Escipión. La nueva victoria llevó a los cartagineses a recuperar sus antiguas alianzas con los pueblos de esta comarca. Biguerra fue una de ellas. El partido cartaginés cobró aliento en todos los pueblos que había aceptado la causa romana. La plebe de Castulo e illiturgi se alzó contra los romanos que aún quedaban en estas plazas aniquilándolos. Así termina esta primera fase de las guerras púnicorromanas en lucha por la supremacía politicomilitar en territorio hispano. Una vez derrotados los romanos, el ejército cartaginés despreció la presencia de auellos en la Tarraconenesis. Este descuido va a suponer una reacción por parte de Roma, que provocará la total destrucción del poderío cartaginés en la Península.Asdrúbal se hizo fuerte en la Hispania Ulterior. su avance hacia tarragona fue lento.

Por otro lado, Asdrúbal preparaba un ejército para ir contra Italia.

Entre tanto el joven romano llamado Gayo Marcio consiguió formar un ejército a base unir soldados fugitivos y dispersos. Con ello consiguió organizar una división que contuvo el intento de Asdrúbal de atravesar el Ebro (año -212). De esta forma deshizo sus planes consiguiendo con ello reavivar la esperanza de un triunfo de las tropas romanas en Italia.

El senado romano, sabedor de la derrota y muerte de los Escipiones, vio con agrado los triunfos de gayo Marcio, quien se hizo nombrar propretor por el ejército. Este detalle no agradó al senado, que era quien otorgaba tales títulos, y nombró propretor a Claudio Nerón, que desconocía la astucia de Asdrúbal, y no consiguó su propósito de derrotarlo.

Apenas desembarcó en Tarragona, tomó el mando del ejército que había mandado Gayo Marcio. A estas tropas se sumaron las recuperadas por Tito Fonteyo en Segura de la Sierra, descendiendo hasta donde se encontraba Asdrúbal. Consiguió sorprender sigilosamente a las tropas cartaginesas en el desfiladero denominado Lapides Atri, entre Mantesa e Illiturgi. Atrapado Asdrúbal en este desfiladero, podía fñacilmente haber sido aniquilado si el romano hubiera conocido la táctica diplomática del cartaginés. En efecto, Asdrúbal envió emisarios comunicando a Claudio Nerón que sus intenciones eran evacuar rápidamente Hispania, ya que su ejército estaba desgastado de tantos enfrentamientos producidos con los romanos. Tal noticia fue tomada al pie de la letra por el romano, y Asdrúbal, aprovechando la dilación de tal estratagema, se aprestó a organizar la retirada. Claudio Nerón, que se disponía a negociar con el cartaginés, se encontró con que al día siguiente, el campo del ejército cartaginés había sido levantado y abandonado.. Intentó avanzar en persecución del enemigo, pero tan sólo mediaron escaramuzas de mediana importancia.

Claudio Nerón perdió su confianza ante el senado, quien planeó un nuevo nombramiento para restaurar la pérdida militar y prestigio, no sólo por la muerte de los Escipiones, sino por la ridúcula acción de Claudio Nerón. Se solicitaron voluntarios, pero nadie quería correr el riesgo de perder su prestigio ganado con el esfuerzo. En esta situación se presentó ante el senado Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio Escipión y sobreno de Gneo. Se ofreció para vengar la muerte de entrambos Escipiones así como la intención de recuperar la Península Ibérica. A pesar de los obstáculos que se le presentaron, como el de su juventud, 25 años, fue aceptado para tal cargo y empresa. Así, fue nombrado procónsul, tras una demostración de su habilidad oratoria persuasiva sobre conocimientos militares y estratégicos relacionados con Hispania y el carácter de los hispanos. En sus primeras operaciones partió con ejército y escuadra arribando a Ampurias. De aquí se dirige por tierra a Tarragona y se preparó para entablar combate. Alli convocó a las tropas de Gayo Marcio procurando reanimarlas afirmando alianzas y procurando otras nuevas. La situación de los jefes cartagineses en la Península era la siguiente: Asdrúbal Barca, en Cástulo; Magón, en Gadir; Asdrúbal Gisgón en la Mancha.

En el año -210, Escipión reunió su ejército en Tarragona, y se preparó para entablar combate. Su objetivo, llevado en secreto, fue el casco de Cartago Nova. Los detalles de esta campaña sólo eran conocidos por sus íntimos, como Gayo Laelio, quien se puso al frente de la escuadra ye, partiendo de Tarragona, llegó en siete días a Cartago Nova. El ataque se planeó por la parte norte de la ciudad, que era su punto más vulnerable. Tras algunos avances y retrocesos, los romanos lograron penetrar en la ciudad. Fue saqueada y sometida. Asdrúbal se rindió.

POLÍTICA DE ESCIPIÓN

Después de esta victoria, Escipión reúne sus tropas de tierra y mar , tras elogiarlas y premiarlas debidamente, se dispuso a organizar las primeras acciones a llevar a cabo. Así, pues, comienza por una táctica muy política. Entre los prisioneros hispanos de Cartago Nova, tenidos como rehenes por Asdrúbal, se encontraban algunos magnates para asegurar sus alianzas con los demás pueblos.Se encontraban también muchas familias opulentas establecidas en Cartago Nova, que preferían, para vivir, una ciudad que proporcionara todo género de comodidades y el brillo de un lujo espléndido a las pobres aldeas sometidas a sus patrimonios. Escipión convocó a los más notables personajes, les exhortó con afabilidad y tacto, y les hizo saber que los romanos conquistaban los pueblos con beneficios y no con violencia, diciendo que la buena disposición a la República romana y no una odiosa servidumbre había de ser el vínculo que con él los enlazase. Los despidió cordialmente en absoluta libertad. Hizo formar un estado de los demás españoles cautivos, de sus nombres y patria y, regalando a los más jóvenes anillos y brazaletes, a los viejos espadas y puñales,, les permitió, con afables amonestaciones, volver al seno de sus familias. La conducta de Escipión granjeó a los romanos más partido que la derrota de ejércitos. Llegó a nonocer rápidamente el carácter hispano. El pueblo en su rudeza se dio cuenta de que los romanos tan sólo eran enemigos de los cartagineses. Escipión apareció a los ojos de los hispanos como un elemento beneficioso para la comunidad rehecha. La rendición de la capital del imperio cartaginés permitió a los romanos tomar asiento firme en la Península. Aunque los cartagineses ocupaban las plazas principales y conservaban numerosos aliados y todos los elementos de resistencia, la pérdida de una capitalidad y la proximidad de un centro de operaciones enemigas,, no podían menos de ser un paso avanzado para la futura dominación. La conquista de Cartago Nova favoreció rápidamente el dominio moral que la política romana iba preparando contra el gobierno norteafricano. Asdrúbal quedó sorprendido al saber el asalto y toma de la ciuda y, desde la comarca de Cástulo, donde permanecía con su ejército, procuró atenuar la pérdida y reanimar el espíritu de sus soldados y oficiales. Para ello quiso arriesgar una batalla desafiando y provocando a Escipión. Este enfrentamieto se produce en el -209.Los cartagineses ocupaban con recelo la comarca de Cástulo, porque el partido prerromano se había ensoberbecido e inspiraba temores de un levantamiento. En esta misma fecha tiene lugar la batalla de Bilches. Escipión avanza desde Tarragona para enfrentarse al enemigo, encontrándose con él en las cercanías de Abula. Al avistarse ambos ejércitos, Escipión envió algunas tropas para contener a la terrible caballería númida. Intentó Escipión luchar en campo abierto, pero Asdrúbal se mantuvo firme en sus posiciones. Sabiendo el romano que el cartaginés esperaba la ayuda de Asdrúbal Gisgón y de Magón , temió que pudiera convertirse aquello en algo similar a lo de su padre y tío. Por ello se decidió a presentar batalla rápidamente. Decide, pues, atacar y consigue tomar Bilches Tras ello, Asdrúbal se ve forzado a retirarse hacia el Tajo. Después de esta batalla Escipión dejó en libertad a muchos hispanos sin rescate, tras haber sido hechos prisioneros. Con ello no hacía más que seguir adelante con su táctica diplomática de hombre clemente y generoso. Asdrúbal Gisgón y Magón acudieron tarde en ayuda de su jefe. Escipión se retiraba a Tarragona por el puerto de Muradal cuando ambos generales llegaban al ya abandonado campo de batalla. A pesar de la victoria de Abula por parte de los romanos, ello no supuso una pérdida cuantiosa para los cartagineses, puesto que continuaban con numerosas fuerzas haciendo la guerra en la Península. Éstos fusionaron sus ejércitos para reforzar el de Aníbal en Italia. Reunidos los dos Asdrúbal, Magón y Masinisa, resilvieron que Asdrúbal Barca pasase a Italia, encargándose Masinisa de llamar la atención de los romanos hacia la parte meridional de Hispania. Asdrúbal Gisgón vigilaría el resto de las provincias manteniéndose a la defensiva. Magón por su parte, se dirigiría hacia las Baleares a fin de reclutar soldados. El proyecto de marcha sobre Italia comenzó a ponerse en acción a principios del -208. Asdrúbal superó por las mismas vías que su hermano Aníbal, los Pirineos y los Alpes, descendiendo a continuación a las llanuras de Italia.

La noticia de este nuevo contingente causó espanto en Roma. Asdrúbal cercó Plasencia desde donde envió cuatro galos y dos númidas a caballo, portadores de informes para Aníbal que se encontraba en el punto opuesto del territorio italiano. Extraviados los emisarios en su marcha, cayeron en poder de un destacamento romano mandado por el propretor Claudio Nerón. Éste consiguió averiguar la misión de los emisarios y atacó a Asdrúbal, deseoso de vengar la afrenta sufrida en Hispania. Asdrúbal fue emboscado y murió luchando. Mientras tanto Asdrúbal Gisgón, Magón y Masinisa, mantenían en Hispania la guerra contra Escipión. Aquellos rehusaron el combate frontal esperando noticias de Italia. Sabido el desastre, resolvieron tomar la ofensiva y estimular para la guerra a sus aliados. En el año -207 tiene lugar el cerco de la ciudad de Auringi. Ante el panorama planteado por la derrota del ejército enviado a Italia y tras la decisión de iniciar los combates contra los romanos en la Península, Magón se anticipó excitando a los celtiberos. Pero el propretor Marco Silano se dirigió contra ellos consiguiendo dispersarlos y haciendo prisioneros a sus jefes. El propio Escipión persiguió a Asdrúbal Gisgón que tenía en esta comarca todo su ejército. Éste, al aproximarse los romanos, se repartió entre las cercanas fortalezas y ciudades principales burlando las intenciones del enemigo. Como Escipión quería trabar batalla decisiva, pensó que había perdido la oportunidad y se dio cuenta que era preciso poner cerco a las plazas cuyas rendiciones exigían tiempo y en cuyas empresas ponían en peligro su reputación militar. Teniendo en cuenta estas premisas, retrocedió hacia las provincias del norte y encargó a su hermano Lucio el cerco de Auringi. Esta plaza fue segunda por su categoría y los romanos se apresuraron a tomar, desde que desde aquí se controlaba la mayor parte de la Bética. Lucio intentó persuadir a los soldados y ciudadanos a la rendición, pero obtuvo una respuesta negativa. Por ello se preparó para el asedio levantando doble foso y trinchera. Tras diversas escaramuzas con avances y retrocesos, lograron dejar desguarnecida la ciudad en algunos puntos. Tras la rendición de la ciudad, ya que los ciudadanos abrieron sus puertas, los soldados salieron y se entregaron a los romanos. Los generales cartagineses no se preocuparon demasiado por este revés. Reorganizaron un ejército en las comarcas donde aún no habían entrado los romanos. Con él ocuparon Illipa. Cuando Escipión conoció la magnitud de este ejército, se aprestó a no cometer el error de sus antecesores. Confió en un jefe llamado Colca que tuvo gran influencia en la comarca de Granada y entornos. Los únicos aliados de que disponían los romanos se entraban en las proximidades de Illiberi y lugares próximos a la misma. Mientras que los cartagineses dominaban Málaga, Sevilla, Córdoba y gran parte de Jaén. Escipión comosionó a Marco Silano para conducir esta fuerza que se unió al resto del ejército junto a Cástulo, donde estaban los mandos. Desde este punto partió el procónsul en busca de los enemigos congregados en las inediaciones de Betula. Se produjo un choque entre las fuerzas romanas y cartaginesas, que se encontraban al mando de Magón y Masinisa. Escipión, con buena estrategia, consiguió ponerlos en retirada hacia Sevilla. Poco tiempo después dio en Carmona un combate donde los cartagineses, muy mermados en sus fuerzas, se vieron obligados a retirarse a Gadir. Aprovechando la coyuntura política, Escipión se puso en contacto con el norte de África con el fin de establecer alianzas con el rey Sifax. Por su parte, el gobierno cartaginés ordenó hacer los mimso a Asdrúbal Gisgón. Algunos historiógrafos dicen que las dos embajadas presentes ante el rey Sifax llegaron a residir juntas. Escipión quedó aparentemente amigo de Sifax. Pero Asdrúbal jugó su carta política ofreciéndole por esposa a su hija Sofonisba, hecho que decantó en favor del cartaginés. Masinisa, que también era candidato a tal matrimonio, se sintió ofendido y se pasó al bando de los romanos. Con ello la balanza se inclinó a favor del bando de Escipión. Escipión regresa a Cartago Nova con una misión perfectamente cumplida: enfrentar a los dos africanos. Debido a su ausencia, el bando cartaginés había conseguido afirmar alianzas.. Con ello la situación se encontraba un tanto revuelta. Cástulo e Illiturgi se habían rebelado. El bando cartaginés se vió reforzado. Escipión soportó toda clase de agravios hasta encontrar la situación idónea para tomar represalias. cuando hubo conseguido dar un escarmiento a los elementos pro cartagineses, dirigió su ejército contra Illiturgi, ordenado a la vez que Mucio Marcio tomase por las armas Cástulo. Illiturgi se aprestó a dar cara a los romanos. Tras una penosa y encarnizada lucha, con grandes pérdidas por parte de Escipión, la ciudad fue tomada y sus habitantes muertos sin distinción. La ciudad fue completamente destruida. Con ello desapareció una de las ciudades más fuertes de la Hispania antigua. Se suele identificar con Andújar o Santa Potenciana. Destruida Illiturgi, Escipión se dirige contra Castulo que estaba en posición de los cartagineses. Temiendo una matanza similar a la de Illiturgi, Castulo se le pensó mejor y llegó a un acuerdo con los romanos si que se produjera derramamiento de sangre.

La noticia de este nuevo contingente causó espanto en Roma. Asdrúbal cercó Plasencia desde donde envió cuatro galos y dos númidas a caballo, portadores de informes para Aníbal que se encontraba en el punto opuesto del territorio italiano. Extraviados los emisarios en su marcha, cayeron en poder de un destacamento romano mandado por el propretor Claudio Nerón. Éste consiguió averiguar la misión de los emisarios y atacó a Asdrúbal, deseoso de vengar la afrenta sufrida en Hispania. Asdrúbal fue emboscado y murió luchando. Mientras tanto Asdrúbal Gisgón, Magón y Masinisa, mantenían en Hispania la guerra contra Escipión. Aquellos rehusaron el combate frontal esperando noticias de Italia. Sabido el desastre, resolvieron tomar la ofensiva y estimular para la guerra a sus aliados. En el año -207 tiene lugar el cerco de la ciudad de Auringi. Ante el panorama planteado por la derrota del ejército enviado a Italia y tras la decisión de iniciar los combates contra los romanos en la Península, Magón se anticipó excitando a los celtiberos. Pero el propretor Marco Silano se dirigió contra ellos consiguiendo dispersarlos y haciendo prisioneros a sus jefes. El propio Escipión persiguió a Asdrúbal Gisgón que tenía en esta comarca todo su ejército. Éste, al aproximarse los romanos, se repartió entre las cercanas fortalezas y ciudades principales burlando las intenciones del enemigo. Como Escipión quería trabar batalla decisiva, pensó que había perdido la oportunidad y se dio cuenta que era preciso poner cerco a las plazas cuyas rendiciones exigían tiempo y en cuyas empresas ponían en peligro su reputación militar. Teniendo en cuenta estas premisas, retrocedió hacia las provincias del norte y encargó a su hermano Lucio el cerco de Auringi. Esta plaza fue segunda por su categoría y los romanos se apresuraron a tomar, desde que desde aquí se controlaba la mayor parte de la Bética. Lucio intentó persuadir a los soldados y ciudadanos a la rendición, pero obtuvo una respuesta negativa. Por ello se preparó para el asedio levantando doble foso y trinchera. Tras diversas escaramuzas con avances y retrocesos, lograron dejar desguarnecida la ciudad en algunos puntos. Tras la rendición de la ciudad, ya que los ciudadanos abrieron sus puertas, los soldados salieron y se entregaron a los romanos. Los generales cartagineses no se preocuparon demasiado por este revés. Reorganizaron un ejército en las comarcas donde aún no habían entrado los romanos. Con él ocuparon Illipa. Cuando Escipión conoció la magnitud de este ejército, se aprestó a no cometer el error de sus antecesores. Confió en un jefe llamado Colca que tuvo gran influencia en la comarca de Granada y entornos. Los únicos aliados de que disponían los romanos se entraban en las proximidades de Illiberi y lugares próximos a la misma. Mientras que los cartagineses dominaban Málaga, Sevilla, Córdoba y gran parte de Jaén. Escipión comosionó a Marco Silano para conducir esta fuerza que se unió al resto del ejército junto a Cástulo, donde estaban los mandos. Desde este punto partió el procónsul en busca de los enemigos congregados en las inediaciones de Betula. Se produjo un choque entre las fuerzas romanas y cartaginesas, que se encontraban al mando de Magón y Masinisa. Escipión, con buena estrategia, consiguió ponerlos en retirada hacia Sevilla. Poco tiempo después dio en Carmona un combate donde los cartagineses, muy mermados en sus fuerzas, se vieron obligados a retirarse a Gadir. Aprovechando la coyuntura política, Escipión se puso en contacto con el norte de África con el fin de establecer alianzas con el rey Sifax. Por su parte, el gobierno cartaginés ordenó hacer los mimso a Asdrúbal Gisgón. Algunos historiógrafos dicen que las dos embajadas presentes ante el rey Sifax llegaron a residir juntas. Escipión quedó aparentemente amigo de Sifax. Pero Asdrúbal jugó su carta política ofreciéndole por esposa a su hija Sofonisba, hecho que decantó en favor del cartaginés. Masinisa, que también era candidato a tal matrimonio, se sintió ofendido y se pasó al bando de los romanos. Con ello la balanza se inclinó a favor del bando de Escipión. Escipión regresa a Cartago Nova con una misión perfectamente cumplida: enfrentar a los dos africanos. Debido a su ausencia, el bando cartaginés había conseguido afirmar alianzas.. Con ello la situación se encontraba un tanto revuelta. Cástulo e Illiturgi se habían rebelado. El bando cartaginés se vió reforzado. Escipión soportó toda clase de agravios hasta encontrar la situación idónea para tomar represalias. cuando hubo conseguido dar un escarmiento a los elementos pro cartagineses, dirigió su ejército contra Illiturgi, ordenado a la vez que Mucio Marcio tomase por las armas Cástulo. Illiturgi se aprestó a dar cara a los romanos. Tras una penosa y encarnizada lucha, con grandes pérdidas por parte de Escipión, la ciudad fue tomada y sus habitantes muertos sin distinción. La ciudad fue completamente destruida. Con ello desapareció una de las ciudades más fuertes de la Hispania antigua. Se suele identificar con Andújar o Santa Potenciana. Destruida Illiturgi, Escipión se dirige contra Castulo que estaba en posición de los cartagineses. Temiendo una matanza similar a la de Illiturgi, Castulo se le pensó mejor y llegó a un acuerdo con los romanos si que se produjera derramamiento de sangre.

Dominada por los romanos la parte suroriental de la Bética, quedan aún en poder de los cartagineses las regiones occidentales. La consolidación del poder de los romanos se vio reflejada en una ciudad que recibió un sufrió un trato simular al de Sagunto. Se trata de la ciudad de Astapa (Estepona, Málaga). Astapa era una ciudad tan aliada y amiga de los cartagineses como enemiga acérrima de los romanos, quienes habian recibido de sus habitantes pruebas inequívocas de odio. Los cartagineses, desde esta plaza, tenían en continua tensión a los comarcanos aliados de los romanos. Desde aquí se practicaba una guerra lenta y demoledora con pequeñas escaramuzas perfectamente programadas. Era una perfecta guerra de desgaste contra un enemigo siempre desprevenido o en inferioridad numérica. Lucio Macio se dirigió contra ellos. Pero los moradores de esta ciudad no soportaron ser sometidos y lo destruyeron todo lanzándose sobre la hoguera, como último paso. La toma y destrucción fue el último hecho de armas de los romanos contra los cartagineses, quienes se retiraron a Gadir dejando el territorio a merced de los romanos. Tras el tratado que puso fin a la segunda guerra púnica, quedó todo el territorio peninsular en poder de los romanos. De esta forma se puso fin a la dominación cartaginesa bajo el mando de los Bárquidas, en un país donde habían dominado durante más de 200 años. Durante este período dieron su fruto los elementos civilizadores que los fenicios habían traído a Hispania. Cuando los cartagineses, sobreponiéndose a los primitivos colonos subyugaron a las razas indígenas, mantuvieron las diversas repúblicas federativas que, industriosas y pacíficas, tenían leyes propias y alguna cultura. En cada cantón había un magnate o régulo cuyas órdenes respetaba toda la tribu y al que procuraron atraerse a todos los cartagineses. La administración de Amílcar y Asdrúbal hasta tal extremo identificaron los intereses de Cartago con los de la Península que su conquista costó a los romanos tanta sangre y tan arduos esfuerzos como la del resto de Hispania. Auringi, Illiturgi, Castulo y Astapa aparecen en la Historia como ciudades importantes cuyos moradores hicieron sacrificios heroicos en favor de sus aliados. Tan señalada obstinación y los distintos ejércitos reclutados en la Península prueban que el gobierno de los cartagineses no era violento, y que la familia Barca había sabido granjearse simpatías profundas. Resulta bastante negativo, por una parte, la destrucción, por los romanos, de los anales y memorias cartagineses; y, por otra, la abolición de la confederación y fueros del país, que los fenicios mantuvieron intactos. De todas estas luchas entre dos repúblicas poderosas en la Antigüedad sólo queda una maltrecha situación provocada por el enfrentamiento armado que afectó profundamente a las estructuras y raíces ancestrales de la etnia y sabiduría peninsular. Esta introducción nos lleva a documentar debidamente los episodios de la Guerras Púnicas sobre todo la Segunda y Tercera. Para ello recurriremos a la historiografía antigua tanto latina como griega. En esta parte del documento se tratará de ver las cualidades reales de Aníbal, paso a paso, para ir demostrando las tácticas militares del personaje, los aciertos y errores, analizando los episodios desde su llegada a Hispania hasta el final de sus días después de sufrir una serie de tropiezos principalmente habidos en territorio italiano. Iremos cotejando las coincidencias y discrepancias entre autores en su interpretación de cuanto va sucediendo en el desarrollo de los acontecimientos. Iniciaremos a exposición rememorando lo que aconteció en la Primera Guerra Púnica, porque los resultados de la misma van a tener una repercusión en los acontecimientos que tienen lugar en Hispania a su llegada. Recordemos que los cartagineses eran de la misma etnia que los fenicios, pero éstos perseguían unos fines muy distintos a los de Cartago. El fenicio estrictamente hablando era un comerciante. Le movía intereses económicos, mientras que los cartagineses vinieron a la Península buscando rehacerse del trauma bélico sufrido en Sicilia. Intentarán por todos los medios atraerse a sus hermanos de sangre a sus intereses enfilados a iniciar una recuperación del ultraje sufrido frente a los romanos y hacer frente a la tremenda carga económica impuesta por los romanos tras su victoria sobre ellos. El lugar no podía ser mejor para iniciar una recuperación de los variados reveses recibidos desde el inicio de la conquista y dominio comercial del Mediterráneo. Ya Cartago se movía por unos intereses militares, aunque los económicos no estaban fuera de sus intenciones. Ya los griegos también se movían por el Mediterráneo occidental por las mismas razones. Pero Roma había iniciado su historia (-753) tratando de apoderarse de lo que consideraba territorio peninsular. Y se tuvo que enfrentar con todas las colonias que se hallaban al sur de la Península, tanto griegas como fenicio-púnicas Una vez hecha este preámbulo, se van a ir exponiendo y comentando los textos referentes a los episodios más notables de esta lucha por el poder en el Mediterráneo occidental.

RELACIÓN DE AUTORES DE FORMA DIACRÓNICA

Año -237 a -218

“Se dice que Aníbal, a la edad de nueve años. cuando intentaba persuadir a su padre Amílcar para que lo llevase consigo a Hispania, terminada ya la Guerra de África, estando realizando sacrificios para llevar el ejército allá, fue llevado ante el altar y obligado con juramento a ser enemigo del pueblo romano tan pronto como pudiese”.

Las consecuencias de la Primera Guerra púnica se registran en las actitudes del ejército cartaginés dispuesto a tomar venganza de la terrible humillación militar sufrida en Sicilia, Cerdeña y África. Pero pensamos que era más la cuantiosa penalización económica impuesto por Roma tras la derrota de aquellos. Aníbal es impulsado por su padre a odiar eternamente a los romanos, y su intención no es otra que buscar los medios necesarios para resarcirse de aquel enorme impuesto (2200 talentos, tipo griego de Eubea) que se fueron incrementando a consecuencia del plazo de amortización. La guerra tuvo como escenario los puntos claves de Sicilia, territosio de Cartago en África, el estrecho entre Córcega y Cerdeña y las cercanas islas Lípari.

21.2.1 a 7

“Embargado por estas preocupaciones, de tal forma actuó en la guerra de África, que tuvo lugar inmediatamente después de la paz romana, de cinco años de duración, y después durante nueve años en incrementar el poderío púnico en Hispania”, que dio la impresión de que promovía una guerra mayor de la que podía emprender; y si hubiese vivido más tiempo, con Amílcar como guía, los cartagineses hubiesen llevado las armas a Italia, cosa que hicieron bajo la mano de Aníbal.La inesperada muerte de Amílcar y la niñez de Aníbal alejaron la guerra. durante ocho años entre padre e hijo, ocupó el poder Asdrúbal. dicen que la gracia de su juventud ke ganó primero el afecto de Amílcar; más tarde, la feliz disposición de su ingenio le elevó a yerno suyo. Con este título que llevaba consigo y el apoyo del partido de los Barca, cuya influencia sobre el ejército y la plebe era más que mediana, se apoderó del poder al que el voto de los nobles no le hubiera llevado. Usó más de su diplomacia que de su fuerza y aumentó el poderío de Cartago más con los lazos de hospitalidad establecidos con los reyezuelos y con los pueblos nuevos, que ganó para su causa por medio de la amistad con los príncipes, que por la fuerza y las armas. Pero la paz no le resultó más segura. Pues un bárbaro airado por la muerte de su amo, le asesinó públicamente.. Capturado por los circundantes, su aspecto permaneció inalterado, como si hubiese huido y, desgarrado por la tortura su rostro no se inmutó, sino que, venciendo el dolor con alegría, llegó a sonreír. Con este Asdrúbal, que fue de una admirable habilidad en atraerse las tribus y unirlas a su mando, el pueblo romano renovó su pacto. Según éste, el límite de ambos imperios lo constituía el río Ebro, y se garantizaba la libertad de los saguntinos, pueblo intermedio entre los dos imperios”.

Comentario

En este texto se reflejan los pensamientos y proyectos de Amilcar para su venganza de los fracasos sufridos antes Roma: atacar Italia de todas formas y prepararse para ello. En primer lugar se contemplan las condiciones del Tratado de Paz firmado con los romanos: Fijación como límite infranqueable pasar el Ebro, y acabar con los amigos de Roma dentro de Hispania. Para lo cual se proponen atacar la plaza más representativa aliada de Roma: Sagunto. Las condiciones no serán respetadas y se declarará una guerra abierta contra sus enemigos. Los planes de Amílcar se frustran por su muerte prematura y la de su yerno Asdrúbal. Pero Aníbal, fiel seguidor de los designios de su padre Amílcar, llevará a cabo los proyectos antes planeados.

Livio: 21.3.1 “Para ocupar el lugar de Asdrúbal, el senado cartaginés, que tuvo dificultad en corroborar la elección hecha por el ejército que llevo al joven Aníbal al pretorio aclamándole general con la aprobación pública de todos. Tenía, pues, el apoyo popular”. “Asdrúbal, ya antes, se había ganado la simpatía de Aníbal escribiéndole cartas mientras era aún niño. El senado estuvo e acuerdo con estas medidas. Con el apoyo de los Barca, se adiestró en la milicia con el fin de que sucediera a su padre en el poder”. “Hannón, líder de la otra facción dijo que Asdrúbal parecía pedir algo justo; sin embargo pensaba que no se le debía conceder lo que pedía.”Habiéndose atraído sobre sí a todo el mundo por la extrañeza de tan capciosa opinión, dijo: ¿Es que no tememos que el hijo de Amílcar vea demasiado pronto el enorme poder y la grandeza de la tiranía paterna y tengamos que servir demasiado prematuramente a su hijo, y a cuyo yerno han sido encomendados nuestros ejércitos como herencia?””Yo pienso que este joven debe quedar en casa bajo la tutela de los magistrados, debe ser educado en igualdad de derechos con los restantes jóvenes, no vaya a ser que este pequeño fuego se convierta en una hoguera”.

Livio 21.2.1-10 ” Pocos y casi los más prudentes estaban de acuerdo con Hannón. Pero, como ocurre la mayor parte de las veces, la mayoría venció a la valiosa minoría. Enviado Aníbal a Hispania, de inmediato, a su llegada, se atrajo a todo el ejército”.”Los viejos soldados creyeron que les había vuelto el joven Amílcar, al observar en él el mismo vigor en el rostro, la misma fuerza en sus palabras y energía en la mirada. Pero en poco tiempo consiguió que su padre significara poco, ganándose el favor de todos”.”Jamás existió una inteligencia tan hábil en conjugar cosas contrarias: obedecer y mandar. Así, pues, difícilmente se podía saber si era más estimado por el ejército o por un jefe”.”Asdrúbal no elegía a nadie siempre que tuviera que realizar una operación difícil o de valor, ni los soldados se atrevían o confiaban más en otro jefe”.”Tenía gran audacia a la hora de afrontar riesgos, y gran cautela en el mismo peligro. Ni su cuerpo ni su ánimo se fatigaba o caía vencido por causa de algún esfuerzo”. “Soportaba los mismo el frío que el calor. Moderado en la comida y en la bebida. No le dominaba la lujuria. Ni de noche ni de día establecía diferencia entre sueño y vigilia”.”Se entregaba al descanso el tiempo que le dejaba libre su trabajo. No descansaba ni en lecho blando ni en lugar silencioso. Muchos lo vieron cubierto con un sayo militar, tumbado en el suelo entre las guardias y puestos de vigilancia de los soldados”.”Su vestimenta no se diferenciaba en nada de la de sus iguales en edad. Sus armas y sus caballos llamaban la atención. Era, con mucho, el primero entre los jinetes y los infantes. Marchaba en cabeza en el combate. Una vez trabado el combate, era el último en salir”.”Grandes vicios se igualaban con las grandes virtudes de tal hombre: su inhumana crueldad; su más que pérfida lealtad púnica; falsedad, falta de respeto por lo sagrado, carencia de miedo a los dioses, ningún respeto a los juramentos, ningún escrúpulo religioso”. “Con esta disposición natural de virtudes y defectos, en tres años, bajo el mando de Asdrúbal, sirvió en el ejército sin dejar de pasar nada que debiera ser realizado o visto por el gran futuro general”.

Comentario

Lo más relevante de este texto de Livio se centra el el personaje de Aníbal. Lo lucha por el poder dentro de las diferentes posiciones políticas de Cartago. Los bandos del poder en la metrópoli cartaginesa se entra en la sucesión del personaje más apto para la sucesión de Asdrúbal. en una reflexión anterior a todo esto, el comentarista se centra en la figura del Anibal. Nos hace un retrato de su niñez, marcando detalladamente sus dotes humanas y conocimientos militares. Algo de lo que aquí se dice se verá reflejado en el comportamiento a través de su trayectoria militar y bélica cuando consigue pasar Pirineos y Alpes. Tal era la psicología de este personaje que conocía a la perfección el comportamiento particular de las diferentes etnias que componen su ejército en Italia. Desconfiaba de todo y todos. Se cuenta que cada noche la pasaba en lugar distinto. Nunca estaba localizable por ese natural olfato del riesgo que suponía tener su propia tienda de campaña. Se deslocalizaba y ni sus adeptos sabían o conocía su situación- Incluso se vestía con ropas que no llamaran la atención: nadie lo distinguía con el habitual camuflaje en las situaciones cambiantes de cada noche.

Livio 21.5. 1 a 17 “Por lo demás, desde el momento en que fue aclamado general, fue como si Italia hubiese sido declarada campos de operaciones para él, y hubiese sido declarada la guerra contra Roma”. “pensando que se debía prolongar por más tiempo, no fuera que también a él, como a su padre Amílcar y después a Asdrúbal, alguna desgracia, al vacilar, lo eliminara, decretó atacar a los saguntinos”. “Pero, como era indudable que atacándolos se provocaba la intervención de los ejércitos romanos, llevó primero el ejército contra los territorios de los olcades, pueblo situado al otro lado del Ebro, y que más que estar sometidos a Cartago, figuraban entre sus amigos.De este modo podía parecer que no había querido atacar a los saguntinos, sino que había sido arrastrado a esta guerra a consecuencia de los acontecimientos derivados de la sumisión y conquista de los pueblos vecinos”. “Toma y saquea Cartala, su capital, ciudad opulenta, por lo cual, aterraorizadas las ciudades menores, se sometieron y aceptaron el tributo. El ejército, vencedor y enriquecido por el botín, es llevado a invernar a Cartago Nova”.”Allí se aseguró la adhesión de los ciudadanos y de los aliados, repartiendo con libertad el botín y pagando fielmente el estipendio pasado. Al comenzar la primavera, llevó la guerra contra los vacceos”.”Fueron tomadas a la fuerza Hermántica y Arbocala, ciudades vacceas. Arbocala se defendió largo tiempo gracias al valor y número de sus habitantes”.”Los fugitivos de Hermántica, uniéndose a los desterrados olcades, pueblo sometido el año anterior, ponen en pie de guerra a los carpetanos”. “y, atacando a Aníbal, que regresaba del país de los vacceos, no lejos del río Tajo, entorpecieron la marcha del ejército cargado con su botín”.”Aníbal se abstuvo de luchar y, acampando a la orilla del río, tan pronto se hizo el silencio en el campo enemigo, atravesó el río por una vado y estableció su campamento lo suficientemente lejos para que el enemigo pudiese vadear el río, con el propósito de caer entonces sobre ellos”.”Da instrucciones a la caballería de que, cuando los vean entrados en el agua y por ella impedidos, los ataquen. Sitúa en la orilla a los cuarenta elefantes”.”Los carpetanos, con los refuerzos de los olcades y vacceos, eran cien mil. Su alineación era invencible si se combatía en campo abierto”. ” Así, pues, feroces por naturaleza y confiados en el número de guerreros, porque pensaban que el enemigo retrocedería por miedo y, pensando en que la victoria estaba en que el río se encontraba entre los dos ejércitos, se lanzan al río con griterío sin que nadie lo mande por donde a cada uno le venía más cerca”. “Y desde la otra parte de la orilla una enorme fuerza de caballería se lanzó al río y se entabló combate en medio del mismo, con una lucha dispar”, “pues mientras la caballería atacante a duras penas se mantiene en el vado, incluso podía ser derribada por un jinete sin armas, enviado su caballo al azar, todo jinete a cuerpo libre y sin armas, firme en su caballo en medio de la corriente, podía hacer la guerra tanto cuerpo a cuerpo como de lejos”. “Una gran parte fue arrastrada por el río; otros, arrastrados por la corriente impetuosa, fueron pisados por los elefantes”. “Los últimos, para quienes fue más seguro el regreso a su orilla, habiéndose reagrupado por el miedo, antes de que recibieran ánimos, Aníbal, estando en el río en orden de combate cerrado, los expulsó de aquella orilla y, devastados los campos, a los pocos días, recibió también la sumisión de los carpetanos”. “Y ya todo el territorio del otro lado del Ebro, menos el saguntino, era de los cartagineses”.

Comentario

En estos episodios bélicos se desarrolla lo que Aníbal venía planeando para sus tácticas en el momento que se decidiera emprender los ataques contra Roma. Ni sólo en su estrategias a orillas de los ríos, que se los iba a encontrar en Italia, sino también en el plan bélico a seguir cuando se tenga que enfrentar a un enemigo desconocido. Pero lo más importante que tenía in mente el cartaginés era dejar atrás un pie seguro cuando se diera la circunstancia de echar mano de una ayuda extra desde Hispania: tener la espaldas cubiertas, pero que no darían su fruto esperado las circunstancias del desarrollo de sus tácticas en Italia. Sabemos que las pidió, pero que fracasaron.

Livio 21.6.1 a 8 “Aún no había estallado la guerra contra Sagunto, pero ya se creaban conflictos con los pueblos vecinos, causa futura de la guerra, sobre todo con los turdetanos”.”Como quiera que el mismo causante de la lucha ayudase a éstos y fuese evidente que no buscaba el derecho, sino un pretexto de lucha, los saguntinos enviaron legados a Roma a pedir auxilio para la guerra. que sin duda alguna era inminente”.”Por entonces eran cónsules en Roma Publio Cornelio Escipión y Tito Sempronio Longo. Éstos, habiéndoles dado audiencia en el Senado para que informaran sobre la situación política y, pareciéndoles bien que se enviaran legados a Hispania para examinar la situación de sus aliados”, “quienes, si consideraban una causa justa, presentaran acusación contra Aníbal para que dejara en paz a los saguntinos, aliados del pueblo romano,, e hicieran volver a los cartagineses al África y presentaran las quejas de los aliados del pueblo romano”, “ordenada tal legación y aún no enviada, antes de lo que nadie se esperaba, llegó la noticia de que Sagunto era asaltada. “Entonces se expuso de nuevo todo el asunto ante el Senado. Unos pensaban que la intervención de debía llevar a cabo por tierra y mar, proponiendo a Hispania y África como provincias para cónsules. Otros porponían que se dirigiera la guerra contra toda Hispania y contra Aníbal”. “Había quienes pensaban que el tema no se debía llevar a la ligera y que se debía esperar que regresaran los legados enviados a Hispania. “Esta opinión, que parecía la más segura,ganó, y fueron enviados urgentemente como legados P. Valerio Flaco y Q. Bebio Tánfilo, a Sagunto ante Aníbal, y después a Cartago, si no desistía de la guerra, para pedir la cabeza del propio causante de la misma, como castigo por la alianza rota”.

Comentario

En la reflexión sobre este texto, se ve claramente que Aníbal ya no respetaba nada en absoluto lo pactado anteriormente con Roma. La Fides Punica se cumple como siempre. Se verá como ni siquiera van a prestar atención a los avisos del Senado romano, ni a nadie. El objetivo de Aníbal era acabar con roma por todos los medios. Y la provocación se la ponían en bandeja. La venganza de Aníbal era incondicional: ni promesas, ni pactos ni embajadas ni más protocolos: acabar con Roma.

Livio, 21,7,1-10 “Mientras deliberan sobre estas cosas los romanos y planean sus proyectos, ya Sagunto era situada con gran violencia”.”Esta ciudad era, con mucho, las más opulenta de las situadas a la otra parte del Ebro, emplazada cerca de una milla del mar. Sus habitantes pasan por oriundos de Zacinto, mezclados con algunos rútulos de Ardea”. “Pero en breve tiempo habían alcanzado una gran opulencia, sea por su comercio de mar y tierra, sea por el aumento de población o por la fuerza de su disciplina, que les hizo guardar la fidelidad debida a los aliados hasta su ruina”. “Anínal, entre tanto, en su territorio, con su terrible ejército devastó a su paso los campos y atracó por tres puntos la ciudad”. “Había una esquina de muralla que se extendía hacia un terreno más llano y abierto que todo el territorio del alrededor. Contra ella mandó instalar los manteletes para poder, por medio de ellos, situar los arietes junto a la muralla”. “Pero si este lugar, situado cerca de la muralla fue lo bastante adecuado para instalar los manteletes, no se tuvo la misma fortuna cuando se procedió a su instalación y utilización”.”Estaba encima de ellos una torre enorme, y la muralla,como correspondía a aquel punto más expuesto, se elevaba hasta una altura superior al resto del recinto. Por otra parte, lo más selecto de la juventud se situaba con tanto más vigor allí donde veía ser mayor el riesgo y el peligro. “Al principio rechazaron al enemigo con sus dardos sin dejar un punto seguro para sus trabajos. Después no sólo no tenían ya ánimo para luchar con sus dardos desde los muros y desde las torres, sino para caer sobre los destacamentos de los enemigos”. “En estos repentinos combates caían tantos saguntinos como cartagineses”. Y una vez que el mismo Aníbal, que se acercó demasiado descubierto a la muralla, cayó gravemente herido por una dardo que le atravesó la pierna, fue tan grande el espanto y confusión a su alrededor que no faltó mucho para que abandonasen las obras y manteletes”.

Comentario

Comienza la vacilación de Roma, manifiestamente demostrada con no tomar una decisión contundente contra los cartagineses que, incluso sabiendo que sus aliados había empezado a ser atacados en su ciudad por el enemigo, que dudaron si mandaban o no una ayuda inmediata para defenderlos. Aníbal, lleno de espíritu agresivo y altanero, atacó la ciudad sin tomar las debidas precauciones despreciando la capacidad de defensa que podía tener su enemigo y estuvo a punto de tener que abandonar el asedio de Sagunto. Pero persistió en su plan.

21.8.1 a 12″Durante algunos días, mientras la herida de Aníbal era curada, el sitio se redujo a un bloqueo. Pero durante ese tiempo, aunque las escaramuzas cesaron, no se interrumpió por ello el trabajo de asedio y bloqueo”. “Y de esta forma se renovó la lucha con mucho más vigor y por diferentees, puntos, a pesar de que había pocos lugares aptos para ello. se empezaron a instalar máquina y mover arietes”. “El ejército cartaginés era muy numeroso, calculándose sus efectivos en unos ciento cincuenta mil hombre”. “Los sitiados, no bastándose para defenderse y vigilarlo todo, se vieron obligados a dispersarse”. “Y de esta forma los arietes comenzaban ya a golpear los muros, bastantes partes se estaban agrietando ya quebrantadas,; pues, por un lado una larga brecha había dejado al descubierto la ciudad; por otro, tres torres y todo el lienzo de muralla intermedio se había derrumbado con gran estrépito”. “A causa de esta brecha, los cartagineses se creyeron ya dueños de la ciudad; pues, a través de ella, como si un muro protegiese a unos y a otros, los dos bandos se lanzaron a la lucha. “No era en nada similar a aquellos combates imprevistos que en los asedios, por una ocasión súbita, se traban, sino que los ejércitos en formación, como en campo abierto, se enfrentaban por las ruinas de la muralla y a poca distancia de las casas”. “Por un lado la esperanza, por otro la desesperación, encienden los ánimos. Los cartagineses, ya la plaza presa con un pequeño esfuerzo más. Los saguntinos oponían sus cuerpos en defensa de la ciudad desmantelada, sin retroceder un paso para que el enemigo no ocupara el terreno abandonado”. “Y así, cuanto más encarnizada y apretadamente por ambos lados se luchaba, más numerosos eran los heridos, y ningún dardo caía en vano entre cuerpos y armaduras”. “Usaban los saguntinos una arma arrojadiza llamada falárica, cuya hasta era de abeto y redonda en toda su extensión, excepto en el extremo en donde se colocaba el hierro. Éste, cuadrado como en el pilvum estaba rodeado de una estopa bañada en pez”. “Eñ hierro era largo como de tres pies para poder traspasar la armadura y el cuerpo. Pero, aun en el caso de quedar clavado en el escudo y no penetrar en el cuerpo, llenaba de terror”, “pues, como se lanzaba encendido y su carrera avivaba su llama, obligaba al doldado a despojarse de sus armas y exponerse indefenso a los golpes siguientes”.

21.9.1 a 4″Como quiera que el combate se mantuviese dudoso durante algún tiempo, y los saguntinos acrecentaran sus ánimos, ya que estaban luchando contra toda esoeranza, el Cartaginés, no habiendo aún vencido, se daba por vencedor”. ” Los defensores de la ciudad levantan de repente un clamor y rechazan contra ñas ruinas del mro al enemigo. Posteriormente, tras obstaculizarlos y perturbarlos y ponerlos en fuga dispersamente, regresan a su campamento”. “Mientras tanto en Roma se anunció el regreso de los legados. Aníbal envió emisarios a la playa para decirles que no debían avanzar inseguros entre tanta y tan desenfrenada fuerza de armas enemigas; y que Aníbal no podía perder el tiempo en recibir legaciones en medio de una situación tan crítica”. “Estaba claro que no querían que se les recibiera en Cartago. Envía, pues (Aníbal) una carta con unos mensajeros a los notables del partido bárquida para que predispongan los ánimos a los suyos a fín de que el otro bando político no favoreciera en nada al pueblo romano”.

Comentario

Aníbal pretende distraer la atención de senado movilizando sus seguidores y decide desviar la atención para dejar inutilizada la reclamación que los romanos pretenden llevar hasta Cartago.

21.10.1 a 13″Así, pues, una vez que fueron recibidos y escuchados, aquella legación resultó totalmente inútil”. “Sólo Hannón llevó ante el Senado la defensa del pacto, con profundo silencio, por la fuerza de su autoridad, sin contar con el asentimiento de los” “oyentes en el Senado, poniendo por testigos ante el mismo, con juramento, a los dioses, jueces y testigos de las alianzas, con el fin de evitar que los romanos entraran en guerra a favor de los saguntinos. Él advertía poniendo sobre aviso que no se enviara al hijo de Amílcar al frente del ejército; ni los manes ni la descendencia de aquel descansarían, ni jamás los pactos con los romanos se mantendrían firmes mientras quedara vivo algún elemento de la familia bárquida”. “Enviásteis al frente del ejército, como proporcionando leña al fuego, a un joven ardiente de ansia de poder, y que no se ve más que un camino para su plan: sicontinúa con sus armas y ejército, suscitando una guerra tras otra. Habéis alimentado el fuego en el que ahora vosotros ardéis”. “Vuestros ejércitos asedian a Sagunto, donde se están rompiendo los pactos. Inmediatamente después las legiones romanas asediarán Cartago con la ayuda de los mismos dioses por los que en la guerra anterior vengaron los pactos rotos”. caso desconocéis al enemigo, o a vosotros, o a la suerte de uno y otro pueblo? Vuestro buen general no recibió en su campamento a los legados que venían de parte de sus aliados y en defensa de los mismos, y violó el derecho de hospitalidad. Éstos, sin embargo, cosa que no suele ocurrir ni con los enemigos, después de ser rechazados, se dirigen a vosotros. Exigen el derecho que les confieren los pactos. Para que no haya un perjuicio general, reclaman al autor del delito y culpable del crimen”. “Cuanto más ligeramente actúan y comienzan a moverse, tanto más temo que se endurezcan cuando con tenacidad mociemzan a actuar. Recordad los hechos de las islas Egates y del Monte Eryx, que por tierra y por mar durante veinticuatro años dominasteis”. “Y no era este joven el general, sino su padre Amílcar, otro Marte, como quieren éstos. Pero en Tarento, es decir, en Italia, no habíamos roto los pactos como ahora en Sagunto se ha hecho”. “Vencieron, pues, los hombres y los dioses y, tema que se traía en cuestión: qué pueblo había roto los pactos, el resultado de la guerra, como justo juez dio la victoria a aquel que tenía razón”. “Ahora Aníbal dirige sus manteletes contra Cartago e intenta romper las murallas de la ciudad con el ariete. Las ruinas de Sangunto- ¡ Ojalá el azar se hubiera equivocado¡ -caerán sobre nuestras cabezas y una vez aceptada la guerra con los saguntinos, tendremos también que asumirla contra los romanos, y ahora siente un odio profundo contra este joven, que es una antorcha viva de guerra”. “pero no se puede entregar sólo como expiación de la ruptura de la alianza, sino que, si alguien lo exige, debe ser desterrado a los últimos confines de las tierras y ser relegado a unos lugares de donde ni siquiera nos pueda llegar la existencia de su nombre y fama, ni pueda soliviartar la quietud de una ciudad pacífica”. “Pienso que debe enviarse una embajada rápidamente a Roma para que den una satisfacción al Senado; otra embajada que comunique a Aníbal la retirada inmediata de las tropas del sitio de Sagunto y que entreguen al propio aníbal a los romanos, según los pactos; y una tercera embajada para que se devuelvan sus posesiones a los saguntinos”.

Comentario

Si los romanos tenían conocimiento de lo ocurrido ya en Hispania, cuando la embajada saguntina llegó a Roma para pedir ayuda ante los cartagineses, ¿a qué viene esta petición a Cartago? La hipocresía romana queda en evidencia. Sabían que cuando la embajada de Sagunto se presentó ante el Senado, la ciudad de Sagunto estaba ya siendo destruida. Sabía y conocían que los cartagineses jamás se retractarían de su fechorías porque habían sido estrepitosamente derrotados y multados en Sicilia. Era odio profundo lo que sentían hacia todo lo romano. Y tienen el descaro de presentarse ante el Senado cartaginés para pedir que se cumpla lo pactado cuando conocían la actitud cartaginesa ante los juramentos, promesas, pactos y demás juramentos, incluso ante los dioses: ¡ Nunca cumplirían pacto alguno ni aún siquiera mediando las promesas ante los dioses ! La ya citada fides punica no tenía límites en los escrúpulos.

21.11.1 a 13″Cuando Hannón terminó de hablar, no fue necesario que nadie le contestase: tant dueño era Anibal de casi todo el Senado: se acusaba a Hannón de haber hablado con mayor malevolencia que Valerio Flaco, legado romano”. “En consecuencia se contestó a los romanos que la guerra la habían comenzado los saguntinos, no Aníbal. Y que el pueblo romano obraría muy injustamente si anteponía los saguntinos a la antigua amistad de los cartagineses”. “Mientras los romanos consumen el tiempo enviando legaciones, Aníbal, viendo que los combates y trabajos habían agotado a sus soldados, les concede un descanso de varios días, después de establecer puestos de guardia en los manteletes y obras. Entre tanto les enciende los ánimos ya con odio hacia el enemigo, ya con la esperanza de la recompensa”. “Pero cuando anunció ante la asamblea de todas las tropas que el botín de la ciudad sería para los soldados, hasta tal punto se les encendió su ánimo que, si se les hubiese dado en aquel instante la señal de ataque, no hubiese habido fuerza alguna que hubiese podido resistir”. “Los saguntinos, si bien descansaron de la lucha por algunos días, no siendo atacados ni atacando ellos, no por esto dejaron de trabajar ni de día ni de noche, hasta levantar nueva muralla, parte que, al derrumbarse, dejara a descubierto la ciudad”. “Pasada esta tregua, comenzaron los ataques más encarnizados que nunca; entre los diversos clamores que por todas partes se oían, los sitiados no sabían a qué parte debían acudir primero o preferentemente”. “El mismo Aníbal iba delante para exhortar a los combatientes por donde avanzaba una torre móvil que, en altura, vencía la de todas las fortificaciones.. Y cuando ésta, situada a una distancia conveniente, barrió con catapultas y ballestas, situadas en todos los vallados, a los defensores de las murallas,” “entonces Aníbal, creyendo llegado el momento, lanzó a quinientos africanos a socavar con picos el pie de la muralla. No era difícil este trabajo, ya que el cemento no estaba endurecido con cal, sino que las piedras estaban unidas con barro, según la costumbre antigua”. “De este modo era derrumbado un espacio de muro más extenso que el que era socavado, y por las brechas los grupos de sitiadores entraban en la ciudad”. “Se apoderan de un lugar elevado y, trasladando allí ballestas y catapultas, lo rodean de un muro para tener así un castillo de la misma ciudad, a modo de ciudadela, dominándola toda. Los saguntinos, por su parte, construyen una muralla interior en la parte de la ciudad aún no perdida”. “De uno y otro lado trabajan y luchan con la mayor energía; pero, en su defensa, los saguntinos más reducida la ciudad”. “Al mismo tiempo va aumentado, a causa del largo asedio, la falta de todas las cosas, y disminuye la esperanza de un auxilio exterior, estando tan lejos los romanos, su única esperanza, y en poder del enemigo todas las regiones circundantes”. “Sin embargo, levantó un poco los abatidos ánimos la repentina partida de Aníbal contra los oretanos y carpetanos; estos dos pueblos, consternados por la dureza de las levas, apresaron a los reclutadores y amenazaron con sublevarse; pero, vencidos por la rapidez de Aníbal, dejaron las armas que habían tomado”.

Comentario

Aquí se nos describe la situación desesperada de la ciudad de Sagunto y de los esfuerzos titánicos de sus habitantes para hacer frente al encarnizado y pertinaz ataque a los saguntinos que, por auténtica desidia romana, se permite que sean destruidos para aumentar sus motivos de contraataque a los pérfidos cartagineses.

21.12.1 a 8″No continuó conm menos lentitud el sitio de Sagunto bajo la dirección de Maharbal, hijo de Himilcón, a quien Aníbal había transmitido el mando. Con tanta actividad lo condujo que ni los sitiados ni los sitiadores sintieron la ausencia del general”. “Sostuvo algunos combates favorables y arruinó con tres arietes una cierta extensión de muro y pudo mostrar a Aníbal, a su llegada, todo el suelo sembrado de recientes ruinas”. “Inmediatamente condujo éste el ejército hasta la misma ciudadela; una sangrienta batalla con gran matanza por ambas partes, se entabló; y una oarte de la misma ciudadela fue tomada. Entonces dos hombres intentaron poner en práctica las exiguas esperanzas de paz: el saguntino Alcón y el hispano Alorco”. “Alcón, sin saberlo los saguntinos, confiando en alcanzar algo con sus ruegos, pasó de noche al campamento de Aníbal. cuando vio que las lágrimas nada podían y que se le proponían durísimas condiciones, como impuestas por un vencedor airado, de mediador se cambió en tránsfuga, y se quedó al lado del enemigo, diciendo que moriría quien bajo tales condiciones intentara proponer la paz”. “Se les pedía que devolviesen los suyos a los turdetanos, y que después de entregar todo el oro y la plata, saliesen de la ciudad con solo sus vestidos y se trasladasen a donde el vencedor les indicara”. “Asegurando Alcón que los saguntinos no aceptarían estas condiciones de paz, Alorco dijo que cuando todo era vencido, los ánimos también lo eran; y se ofreció como mediador de paz; era él, entonces, soldado de Aníbal, pero era públicamente amigo y huesped de los saguntinos”. “Después de entregar sus armas a los centinelas enemigos, atravesó las fortificaciones y fue conducido, como él mismo pedía, ante el pretor de Sagunto”. “Como quiera que se hubiese agolpado una gran multitud, ésta fue apartada y el Senado concedió audiencia a Alorco, quien habló de esta manera: “Si vuestro conciudadano Alcón, tal como vino a pedir la paz ante Aníbal, os hubiera traído una buenas condiciones del mismo, yo no hubiera hecho este camino, no viniendo ni como emisario ni como desertor; sino que, ya que él se ha pasado al enemigo por su culpa y por la vuestra -por la suya si tuvo miedo; por la vuestra, si existe un peligro para los que dicen la verdad-, yo, para que no ignoréis que tenéis algunas condiciones de salvación y de paz, en defensa de la antigua hospitalidad que tengo con vosotros, he venido a hablaros”. “En defensa vuestra y no de ningún otro yo expresaba lo que ahora digo ante vosotros, es decir: es cierto que jamás hice mención de paz con vosotros mientras permanecisteis con las armas y mientras habéis esperado ayuda de los romanos”. “Después de que no tenéis ninguna esperanza en los romanos ni tampoco os sirven de mucho vuestras armas y vuestras murallas, os traigo una paz más necesaria que justa”. “Si hay alguna esperanza de paz, si tenéis intención de alcanzarla, es preciso que la aceptéis como vencidos, tal como pretende Aníbal como vencedor, si no estáis dispuestos a aceptar lo que se pierde como castigo, puesto que todo es del vencedor, sino que aceptaréis cualquier cosa que quede como regalo”. “Se apodera de la ciudad, en su casi totalidad destruida, habiéndola tomado casi toda. Os deja los campos; está dispuesta a dejaros un lugar donde podáis construir una ciudad”. “Ordena que le entreguéis todo el oro y plata públicos; protegerá las vidas de vuestras esposas e hijos si salís de Sagunto sin armas y con sólo dos vestidos”. “Esto es lo que el enemigo vencedor ordena, Estas cosas, aunque duras y amargas, son las que la situación os aconseja. ciertamente yo tengo la esperanza de que os devolverá algunas cosas cuando haya conseguido el dominio sobre todo”. “Pero yo pienso que conviene que soportéis esto antes de que vuestros cuerpos sean destrozados y que permitáis que vuestras esposas e hijos sean arrebatados y arrastrados ante vuestros propios ojos, por derecho de guerra”.

Comentario

En este pasaje se exponen las situaciones de los vencidos saguntinos. La fides punica acabará imponiéndose de nuevo. La mente perversa de Aníbal acabará destruyendo al pueblo saguntino. Hace promesas que no cumplirá, como se verá más adelante. La ciudad arrasada y sus habitantes de la misma forma y sin piedad. Quizá esto guarde alguna relación que los repetidos comentarios de algún senador que, tiempos después no dejará de pronunciar la expresión Carthago delenda est, y no solo eso sino también arada y sembrada de sal. Alguna razón tendría para hacer estas peticiones.

21.14.1 a 4. “Como quiera que, poco a poco, la asamblea del pueblo se introdujera entre el Senado rodeado por una multitud difusa, de repente, los senadores de más autoridad se retiran antes de que le diesen una respuesta y, llevando a la plaza todo el oro y la plata tanto público como privado, lo echan en una hoguera rápidamente encendida, y la mayoría de ellos mismos se lanza en medio de las llamas”. “Cuando toda la ciudad se encontraba aterrorizada por este espectáculo, se oye un nuevo tumulto por el lado de la ciudadela. Efectivamente, una torre castigada durante mucho tiempo se había derrumbado; y a través de sus ruinas apareció una cohorte de cartagineses atacando y haciendo señal a su general de que la ciudad se encontraba desguarnecida de centinelas y defensores habituales”. “No creyendo Aníbal que fuese momento de dudas, atacando con todas sus fuerzas, tomó rápidamente la ciudad y dio órdenes de pasar a cuchillo a todos los jóvenes en edad de combatir. Orden cruel, pero que los acontecimientos justificaron”. “Pues ¿quién podía ser perdonado de unos hombre que, o encerrados con sus mujeres e hijos se quemaban con sus propias casas, o con las armas en la mano no ponían otro fin a la lucha que la muerte”?

Comentario

Ante la desesperación, la ciudad de Sagunto elige morir quemándolo todo antes que caer en manos de un sanguinario ejército cartaginés y su jefe Aníbal. Y Roma conocía que Sagunto había caído en manos del Cartaginés. Hipocresía romana. La ciudad se suicida ante el orgullo de Cartago. Deslealtad tras deslealtad.

21.15.1 a 3″La ciudad fue tomada con un gran botín, aunque la mayor parte de la riqueza había sido destruida por sus propios dueños y, en la matanza no distinguió edades la ira, y los prisioneros fueron propiedad de los soldados, sin embargo, consta que el producto de lo que se vendió alcanzó una suma considerable, y que se enviaron a Cartago muchos vasos y trajes de valor”. Algunos autores sostienen que se tomó Sagunto a los ocho meses de asedio; que de alli marchó Aníabl a invernar a Cartago Nova, y que a los cinco meses de salir de Cartago Nova llegó a Italia.

21.17.1.”Ya de tiempo atrás, las provincias fueron asignada a los cónsules. Entonces se ordenó que se sortearan. Hispania correspondió a Cornelio; África y Sicilia, a Sempronio.”A Cornelio se le asignó menos tropa porque el pretor Lucio Manlio y él mismo, con una fuerte guarnición, eran enviados a la Galia”. “El número de naves se redujo para Cornelio: le dieron sesenta quinquerremes -ùes no se pensaba que emprendería la guerra por mar, o se había de desarrollar el combate por vía marítima por parte del enemigo- y recibió dos legiones romana con su correspone¡diente caballería y catorce mil infantes aliados y mil seiscientos jinetes”.

21.18.1 a 14. “Preparadas así todas las tropas y para que todo se realizase de acuerdo con la legalidad necesaria, envían a África a los legados, de edad mayor, Quinto Fabio, Marco Livio, Lucio Emilio, Gayo Licinio y quinto Bebio, para saber e informarse si Anibal había asaltado Sagunto con consentimiento popular”. “Y si confirmaban y defendían que lo que parecía haber hecho se había llevado a cabo con consentimiento popular, que se declarara la guerra al pueblo púnico”. “Cuando los romanos llegaron a Cartago y se les dio audiencia por parte del Senado, tras haber preguntado Quinto Fabio sólo la cuestión que se había ordenado, entonces un cartaginés dijo:” “Tanto esta legación como la anterior son capciosas al preguntar si Aníbal había tomado Sagunto por decisión propia. No obstante, esta embajada es bastante más moderada en palabras, pero más dura de hecho”. “Entonces Aníbal fue acusado y reclamado; y ahora nosotros expresamos la confesión de su culpa y de inmediato nos piden responsabilidades como de un confeso”. “Yo no considero que se haya de investigar si Sagunto ha sido asaltada con consentimiento particular o público, sino si se ha realizado justa o injustamente”. “Vuestra investigación y acusación va dirigida contra un conciudadano nuestro, es decir, si actuó bajo nuestra responsabilidad o por propia iniciativa. Sólo os trae un motivo de controversia con nosotros: si tal cosa se había llevado a cabo de acuerdo con los pactos”. “En resumen, puesto que se está de acuerdo en aclarar si los generales actuaron bajo consentimiento popular, o por propia iniciativa, existe un tratado redactado por el cónsul Gayo Lutacio y firmado por vosotros y nosotros en el que se tomaron precauciones sobre los aliados de uno y otro lado, pero nada sobre los saguntinos, ya que no eran aliados entonces”. “pero en el pacto que se firmó con Asdrúbal, los saguntinos fueron excluidos. Contra esto yo no tengo nada que decir, sino lo que he sabido de vosotros”. “Vosotros os negasteis a aceptar el tratado que el cónsul Gayo Lutacio primeramente hizo no nosotros, porque no se había realizado ni de acuerdo con la voluntad de los senadores, ni por decisión del pueblo; así, pues, hubo necesidad de realizar un pacto de nuevo bajo la aprobación general”. “Si a vosotros no os obligan vuestros acuerdos, salvo si han sido acordados bajo vuestra voluntad o acuerdo, mucho menos aún os pudo obligar el pacto con Asdrúbal que nosotros son conocerlo o firmamos”. “En consecuencia, olvidaos de hacer mención de Sagunto o del Ebro, y que alguna vez salga a la luz lo que vuestro ánimo gestó”. “Entonces el romano, habiendo hecho un pliegue con la toga, dijo: “Aquí os traemos la paz y la guerra: aceptad lo que os plazca”. Después de haber pronunciado estas palabras se le respondió con un griterío terrible, dando a entender qué era lo que se deseaba”. “Y habiendo éste hablado de nuevo, tras mostrar el pliegue vuelto, que significaba la guerra, todos respondieron que la aceptaban y que la recibían con los mismos ánimos con que la emprenderían”.

Comentario

Los enviados por el Senado romano presentan su argumentos y peticiones ante el Senado cartaginés. No había intención alguna por parte de los cartagineses de reconocer que habían roto los pactos firmados con Roma. De forma escueta y clara, los embajadores de Roma le ofrecen a los cartagineses elegir entre la paz y la guerra. Dado que la paz tenía una consecuencias muy duras para los cartagineses, como la entrega de los culpables de la violación de pactos, no tuvieron otra opción que elegir la que Roma se esperaba: la guerra.

Livio. 21. 6-11″Esta respuesta inmediata y declaración de guerra fue valorada más conforme a la dignidad del pueblo romano que por controversia verbal, de acuerdo con el derecho de pactos, tanto antes, como, sobre todo, después de haber sido destruida Sagunto”. “Mas, si la cuestión fuera discrepancia de términos tan sólo, en qué se debía haber comparado el tratado de Asdrúbal con el anterior de Lutacio”. que fue modificado, cuando inteligentemente se había añadido en el tratado de Lutacio que se ratificaría siempre y cuando el pueblo diera su opinión; en el tratado de Asdrúbal no se había tocado nada de esto y en un silencio de tantos años de tal forma se pudo comprobar la integridad del tratado mientras vivió que ni aún siquiera después de muerto su autor se cambiara nada”? “Por lo demás, aunque se permaneciera en el anterior tratado, los saguntinos estaban bien salvaguardados, porque los aliados de unos y otros estaban exceptuados. Pues no se había añadido: “para aquellos que entonces lo fuesen”, ni “los que después se adoptaran”. “Y cuando les pareciera bien concertar nuevos aliados, ¿quién podría juzgar justo o que alguien sin méritos fuese recibido en amistad, o una vez así aceptados como leales no fuesen defendidos cuando los aliados de los cartagineses incitaran a la deserción o los disidentes voluntariamente se retiraran”? “Los legados romanos desde Cartago pasaron a Hispania, tal como les había sido ordenado, para visitar los pueblos y apartarlos de los cartagineses”. “Se dirigieron primero a los burgusios, por los que fueron recibidos benignamente, cansados como estaban del yugo cartaginés. Lo mismo intentaron con otros pueblos del otro lado del Ebro en su deseo de probar fortuna”. “Allí se dirigieron a los volcianos, y de ellos recibieron una respuesta célebre en Hispania, que apartó a los restantes pueblos de la alianza romana. Así, pues, les contestó en el consejo el mayor edad de ellos: “¿Cómo no os avergonzáis, romanos, de pedirnos que antepongamos nuestra amistad a la de los cartagineses, cuando lo que éstos hicieron recibieron de vosotros una traición mucho más cruel que la venganza de los cartagineses? “Idos a buscar aliados en donde se ignore la desgracia de Sagunto. Para los pueblos de Hispania las ruinas de Sagunto serán una lección tan triste como valiosa, para que nadie confíe en la fe ni en la amistad de los romanos”. “Después de esto se les intimidó para que saliesen del punto del territorio de los volcianos. Y desde entonces no volvieron a oir palabras gratas en ninguna asamblea de pueblo hispano. De esta forma, tras recorrer en vano Hispania, pasaron a la Galia…..”.

Comentario

Los legados romanos se retiran de Cartago, pasan a Hispania y tienen que marcharse a la Galia: Intentaron convencer a los nativos hispanos de que les interesaba la alianza con ellos, pero aquellos le respondieron con las palabras que merecían: había abandonado a los saguntinos a sus suerte ante un enemigo feroz como Aníbal. No merecían ningún apoyo. Los despreciaron hasta hacerlos marchar. Opinión y actitud que se extendió por toda Hispania.

Livio. 21.21.1 a 13. “Aníbal, una vez tomada Sagunto, se retiró a Cartago Nova para invernar. Allí supo lo que se había dicho y hecho tanto en Roma como en Cartago: que él no sólo había dirigido la guerra sino que también había sido el causante”. Repartíó y vendió lo que quedó del botín, y sin perder tiempo convoca a sus soldados españoles y les dice: “Creo, amigos, que vosotros mismos os dais cuenta de que, una vez pacificados los pueblos de Hispania, o bien debemos dar por terminadas nuestras campañas y licenciar los ejércitos, o traspasar la guerra a otras regiones;” “de este modo, si partimos a buscar en otras naciones gloria y riquezas, los pueblos de este país se enriquecerían no sólo por la paz sino también por los frutos de la victoria”. “Así, pues, como se presenta una campaña lejos de aquí, y no se sabe cuando volveréis a ver vuestras casas que os son quedridas, doy permiso por si alguno quiere visitar a los suyos”. “Pero quiero que estéis de regreso a comienzo de la primavera, para empezar, con la ayuda de los dioses, una guerra que ha de sernos de gran gloria y provecho”. “A todos fue grato este permiso espontáneo de visitar a sus familias, pues sentían ya la añoranza de los suyos, y preveían que habían de pasar aún mucho más tiempo sin verlos”. “El descanso a través de todo el invierno reanimó los ánimos, ya exhaustos y a punto de agotarse para soportar de nuevo toda clase de fatigas. Todos volvieron al comienzo de la primavera, según lo ordenado”. “Aníbal, después de revisar las tropas auxiliares de todas las naciones hispanas, marchó a Gades para cumplir los votos que había hecho a Hércules, y se comprometió con nuevas promesas si le era próspero el futuro”. “A continuación, dividiendo sus fuerzas entre ataque y defensa, para que durante su marcha a Italia, a través de Hispania y de la Galia, no quedase indefensa África, descubierta por el lado de Sicilia, decidió asegurarla con una fuerte guarnición”. “Por otra parte, pidió de África un refuerzo de tropas ligeras, en especial lanceros, de forma que, siriviendo los africanos en Hispania y kis hispanos en África, lejos de su país, fuesen todos mejores soldados y estiviesen atados por intereses mutuos”. “Envió a África trece mil ochocientos cincuenta infantes armados de cetra, con ochocientos setanta honderos baleares y mil doscientos jinetes de distintas tribus”. “Dispuso que estas tropas se quedasen, en parte para defensa de Cartago,, y otras distribuidas por África. Al mismo tiempo, sus reclutadores, enviados a las ciudades, alistan cuatro mil jóvenes selectos, a los que manda conducir a Cartago en calida, a su vez, de rehenes y defensores”.

Comentario

Aníabal comienza la preparación de sus fuerzas para marchar sobre Italia. Descansa a sus soldados y programa la estrategia para no dejar desprotegida ni Hispania ni Cartago. No se fía de su tropa e la sitúa de forma que los africanos defiendan Hispania y los hispanos África.

Livio. 21.22.1 a 5″Pensando que no se podía descuidad Hispania, tanto menos cuanto estaba informado de que se encontraba inundada de embajadas romanas con la intención se sokiviantar los ánimos de los reyezuelos”, “encarga a su hermano Asdrúbal aquella provincia y la guarnece con tropas africanas principalmente, con once mil setecientos cincuenta infantes, trescientos ligures y quinientos baleáricos””A estas tropas auxiliares de infantería se le sumaron cuatrocientos cincuenta jinetes libio-fenicios, raza púnica mezclada con africanos, númidas y moros habitantes del Océano alrededor de mil quinientos, y una pequeña tropa de ilergetes de Hispania, trescientos jinetes y, para que no fuera a faltar a los de tierra ninguna clase de ayuda, veintiún elefantes”. “Les fue entregada una escuadra para proteger las costas, porque, en el Mediterráneo en que habían vencido los romanos. se había podido creer que los romanos em`prenderían la guerra, formada por cincuenta quinquerremes, dos cuadrirremes y cinco trirremes; pero, preparadas y equipadas de remos, había treinta y dos quinquerremes y cinco trirremes”. “Desde Gades, llevó los ejércitos a los campamentos de invierno de Cartago Nova; y, desde allí, marchando a través de la ciudad de Gaussa, se dirigió hacia el Ebro por la costa”.

Comentario

Aníbal hace los preparativos para emprender y llevar a cabo su proyecto de invadir el territorio italiano. Se prepara con cuerpos de ejércitos perfectamente equipados, no sólo para combatir por tierra, sino por mar. Pero a Italia, sólo llevará ejército de tierra. La escuadras quedan en la Península Ibérica y zona de dominio cartaginés.

Livio. 21.32.3″Sin embargo, para que Hispania no se quedara sin tropas auxiliares romanas, provincia que le había tocado en suerte,, envió a Gneo Escipión, su hermano, con la mayor parte de las tropas contra Asdrúbal”. “No sólo para proteger a los antiguos aliados y ganarse a otros nuevos, sino incluso para expulsar a Asdrúbal de Hispania”.

Aquí se inicia la SEGUNDA GUERRA PÚNICA, según T. Livio.

Livio. 21.60.1 a 9. “Mientras estas cosas tienen lugar en Italia, Gneo Cornelio Escipión, tras haber sido enviado a Hispania con una armada y su ejército,”marchando desde la desembocadura del Ródano y atravesando los Montes Pirineos, llevaba la armada a Emporion; “tras desembarcar allí su ejército, somete a su dominio toda la costa desde los layetanos hasta el río Ebro, en parte para renovar las alianzas y en parte para hacer nuevas”. “Desde aquí, ganada la fama de clementes, se extendió no sólo a la pueblos de la costa sino también entre las etnias mediterráneas y montañeras; pero no sólo formaron la paz entre ellos, sino también hicieron pactos de armas, e incluso reclutaron algunas cohortes entre ellos”. “La provincia de la parte de acá del Ebro estaba en poder de Hannón. Aníbal lo había dejado para la defensa de aquella región. Así, pues, antes de que se perdiera todo, considerando que se debía ir avanzando, puesto el campamento a la vista de los enemigos,, se dirigió al frente de combate”. “El romano pensaba que no se debía posponer el combate, porque sabía que se iba a combatir con Asdrúbal y Hannón, y prefería pelear con cada uno por separado antes que contra los dos a la vez”. “Aquel combate no fue de gran fuerza. Murieron seis mil enemigos; fueron capturados dis mil con la guarnición del campamento. Pues éste fue tomado al asalto y el propio general con algunos reyezuelos fueron hechos prisioneros, y, Cissis, fortificación próxima al campamento, fue asaltada”. “Por lo demás, el botín de la ciudad fue bastante pequeño: trajes bárbaros y esclavos débiles. “Este campamento enriqueció a los soldados, no sólo a costa del ejército que había sido vencido, sino a costa del que combatía en Italia con Aníbal, porque había dejado todas las cosas de valor en la parte de acá de los Pirineos, para que no fueran para que no fueran un obstáculo en su marcha hacia Italia”.

Comentario

Ya se inicia la lucha entre cartagineses y romanos, Asbrúbal va a ser un objetivo fácil de eliminar, al igual que sus generales colaboradores. Los romanos inician con éxito sus luchas en Hispania.

Livio. 21.61.1 a 11Ya se inicia la lucha entre cartagineses y romanos, Asbrúbal va a ser un objetivo fácil de eliminar, al igual que sus generales colaboradores. Los romanos inician con éxito sus luchas en Hispania.”Antes de que se diera noticia cierta de este combate, Asdrúbal, tras haber pasado el Ebro con ocho mil infantes, mil jinetes, como si a su primera llegada tuviera que enfrentarse a los romanos, después de que enteró de las pérdidas de Cissis y del campamento, se dirigió hacia la costa. No lejos de Tarragona, de una mayor huida, arrastra hacia la naves a los soldados de la armada y marineros aliados que andaban errantes y dispersos por los campos, lo que ocurre cuando los triunfos provocan el descuido, con los jinetes sueltos por todas partes y gran matanza de ellos”. Para que no se acostumbraran demasiado a aquel lugar, tratando de evitar que Escipión los diezmara, se refugió al otro lado del Ebro”. “Pero Escipión, reunido precipitadamente el ejército ante el rumor de nuevos enemigos, habiendo advertido a unos cuantos prefectos de la armada, dejada una pequeña guarnición en Tarragona, se dirige con su armada hacia Emporion”. Apenas se marchó Escipión, hizo su aparición Asdrúbal y forzando una defección al pueblo de los ilergetes, que había entregado rehenes a Escipión, destroza los propios campos de ellos con la juventud de los aliados fieles a los romanos”. “Saliendo rápidamente Escipión del campamento de invierno, abandona el campo de la parte de acá del Ebro (Asdrúbal). Escipión, tras haber invadido con su hostil ejército el pueblo de los ilergetes, abandonado por el autor de la defección, asedia” ” la ciudad de Tanagro, que era la capital de aquel pueblo y, en pocos días, exigidos muchos más rehenes que antes, aceptó la sumisión incondicionada de los ilergetes con imposición incluso de un alto tributo monetario”. “Desde allí se dirige contra loa ausetanos, cercanos al Ebro, también aliados de los cartagineses y, asediada la ciudad, rechazó las emboscadas de los lacetanos que traían de noche ayuda a sus vecinos, no muy lejos de la ciudad, cuando pretendían entrar”. Murieron alrededor de doce mil. Habiendo abandonado los armas, huyeron huyeron vagando por los campos dejando sus casas. A los asediados no les quedaba otra cosa que la defensa que supone la llegada del invierno”. El asedio duró treinta días, durante los que, apenas la nieve caída alcanzó los cuatro pies de altura,, cubrió los manteletes y arietes de los romanos, de forma que les servía de protección contra el fuego que les arrojaban de vez en cuando los enemigos”. “Finalmente habiéndose refugiado Amusico, su jefe, en Asdrúbal, se someten con un pacto de veinte talentos y vuelve a Tarragona al campamento de invierno.

Comentario

En este primer encuentro entre cartagineses y sus aliados, contra los romanos, van éstos, de forma progresiva, recuperando terreno y ganándose la amistad de los pueblos cercanos a la Tarraconense, antes aliados fieles de los cartagineses.

TEXTOS GRIEGOS

DOCUMENTOS DE POLIBIO SOBRE ANÍBAL BARCA

 Año -237 a -218

Polibio 2,1,5-9 Los cartagineses, tan pronto como hubieron puesto en orden sus asuntos de África, alistaron tropas y enviaron rápidamente a Amílcar a los parajes ibéricos. Amílcar se puso al frente de este ejército y, con su hijo Aníbal, que entonces tenía nueve años, atravesó las columnas de Heracles y recobró para los cartagineses el dominio sobre Hispania (años -237 a -229). Pasó casi nueve años en los lugares citados y sometió a muchos iberos, unos por las armas y otros por la persuasión. Y acabó su vida de una manera digna de sus hazañas anteriores. En una refriega contra unos hombres muy fuertes, dotados de un gran vigor, se arrojó al peligro con audacia y sin pensárselo. Allí perdió la vida con gran coraje (Livio, XXIV,41,3). Entonces los cartagineses entregaron el mando a Asdrúbal, yerno de Amílcar y trierarco.

Asdrúbal en Hispania.

Polibio. 2,13,1-7. En esta misma época Asdrúbal ejercitaba su mandato con habilidad y realismo, y en conjunto logró un gran progreso cuando erigió la población que unos llaman Ciudad  Nueva, y otros Cartago fundación que contribuyó muchísimo a favorecer la política de los cartagineses. Sobre todo por la situación  estratégica del lugar, tanto por la se refiere a Ibería como a Libia. 2,13,3  Opinión de los romanos sobre la fundación de Cartago en Hispania. Establecimientos de un pacto entre Roma  y Asdrúbal.2,13,4 Los romanos constataron que allí se había establecido un poder mayor y temible y pasaron a preocuparse de Iberia se dieron cuenta cómo en los tiempos anteriores se habían descuidado y que los cartagineses se habían anticipado a construir un gran imperio e intentaron con todas sus fuerzas recuperar lo perdido.

Polibio. 2.36.1-7. Asdrúbal, general cartaginés, había ejercido ocho años el mando en Hispania cuando murió asesinado arteramente una noche en su propio aposento por un hombre de raza gala; fue un ajuste de cuentas particular. Había promovido un gran auge en la causa cartaginesa, no tanto mediante empresas guerreras como mediante tratos con los jefes del país. Entonces los cartagineses confirieron el mando de Hispania a Aníbal, aunque era joven, debido a la perspicacia y a la audacia que había mostrado en las acciones. Aníbal tomó el mando, y pronto evidenció el propósito de hacer la guerra a los romanos, aunque ahora lo difiriera algo. Desde aquella época, sospechas y fricciones constituían las relaciones mutuas entre romanos y cartagineses, Éstos maquinaban secretamente, pues querían vengar sus derrotas en Sicilia, y los romanos desconfiaban porque se daban Cuenta de las asechanzas. De ahí que los buenos observadores previeran que la guerra entre ellos iba a estallar tras no mucho tiempo.

Polibio. 3.6.1-3“Algunos tratadistas de la historia de Aníbal, al querer enseñarnos las causas de la guerra en cuestión entre romanos y cartagineses, aducen primero el asedio de Sagunto por parte de los cartagineses y, en segundo lugar, su paso, en contra de los tratados del río que los naturales del país llaman Ebro (se trata del Júcar). Yo podría afirmar que estos fueron los comienzos de la guerra, pero negaría rotundamente que fueran las causas. ¡ Nada de esto¡”.

Polibio.3,8,3-10. “Fabio, el historiador romano, afirma que la causa de la guerra contra Aníbal fue, además de la injusticia cometida contra los saguntinos, la avaricia y la ambición de Asdrúbal, ya que éste, tras adquirir un gran dominio de los territorios de Hispania, se presentó en el África, donde intentó derogar las leyes vigentes y convertir en monarquía la constitución de los cartagineses. Los prohombres de la ciudad, al apercibirse de su intento contra la constitución, se pusieron de acuerdo y se enemistaron con él. Cuando Asdrúbal lo comprendió, se marchó del África y, desde entonces, manejó a su antojo los asuntos hispanos, prescindiendo del Senado cartaginés. Aníbal, que desde niño había sido compañero de Asdrúbal y emulador de su manera de gobernar, luego que hubo recibido la dirección de los asuntos de Hispania, dirigió las empresas del mismo modo que él. Esto hizo que ahora la guerra contra los romanos estallara contra la voluntad de los cartagineses, por decisión de Aníbal. Porque ningún notable cartaginés había estado de acuerdo con el modo con que Aníbal trató a la ciudad de Sagunto. Fabio afirmaba esto, y luego asegura que, tras la caída de la plaza mencionada, los romanos acudieron y exigieron a los cartagineses que les entregasen a Aníbal o arrostraran la guerra. Ante su afirmación de que ya desde el principio los cartagineses estaban disgustados por la conducta de Aníbal, se podría preguntar a este autor si dispusieron de ocasión más propicia que ésta o de manera más justa y oportuna para avenirse a las pretensiones romanas y entregarles al causante de tales injusticias. Así se libraban discretamente, por medio de terceros, del enemigo común de la ciudad, lograban la seguridad del país y apartaban la guerra que se les venía encima y satisfacían, con solo un decreto, a los romanos.A todo esto, ¿qué podría decir Fabio? Nada, evidentemente. La verdad es que los cartagineses tanto distaron de hacer cualquier cosa de las indicadas, que, según las iniciativas de Aníbal, guerrearon continuamente durante dieciséis años, y no cesaron hasta que, tras poner a prueba todas sus esperanzas, al final vieron en peligro su país y sus vidas.

Polibio 3.9,6 “En cuanto a la guerra entre romanos y cartagineses hay que considerar que la primera causa fue el resentimiento de Amílcar, el llamado Barca, que era padre natural de Aníbal….?

Polibio. 3,10,5-7. “Amílcar…después de las derrota de los mercenarios sublevados, puso luego todo su interés en los asuntos de Hispania, pues quería aprovechar estos recursos para la guerra contra los romanos. Hay que tener en cuenta una tercera causa, me refiero a éxito de los cartagineses en los asuntos de Hispania. Porque, por confiar en estas fuerzas entraron llenos de coraje en la guerra citada. Es innegable que Amílcar, aunque murió diez años antes del comienzo de esta segunda guerra, contribuyo decisivamente a su estallido. Ello se puede probar de muchas maneras, pero para merecer crédito bastará con considerar lo que se expone a continuación.

Polibio. 3,11,1-5-6-7 “En la época en que Aníbal, derrotado por los romanos, acabó por exiliarse de su patria y vivió en la corte de Antíoco… “A medida que pasaba el tiempo, el rey recelaba cada vez más de Aníbal, surgió la oportunidad de explicarse acerca de la desconfianza creada entre ellos dos. En el diálogo, Aníbal se defendió de múltiple modos y, al fina, cuando ya agotaba los argumentos, explicó lo que sigue: Cuando su padre iba a pasar a Hispania con sus tropas, Aníbal contaba nueve años y estaba junto a un altar en el que Amílcar ofrecía un sacrificio a Zeus. Una vez que obtuvo agüeros favorables, libó en honor de los dioses y cumplió los rotos prescritos, ordenó a los demás que asistían al sacrificio que se apartaran un poco, llamó junto a sí a Aníbal y le preguntó amablemente si quería acompañarle en la expedición. Aníbal asintió entusiasmado y aún se lo pidió como hacen los niños. Amílcar, entonces, le cogió por la mano derecha, lo llevó hasta el altar y le hizo jurar, tocando las ofrendas, que jamás sería amigo de los romanos”.

Polibio,3,12,1-4 “De modo que debemos tener este testimonio como prueba irrefutable del odio de amíltar y de sus intenciones que luego evidenciaron los mismos hechos: tan enemigo de los romanos hizo a Asdrúbal, que era el marido de su hija, y a su propio hijo Aníbal, que ese odio resultó insuperable. Pero Asdrúbal murió prematuramente y no pudo hacer notorias a todos sus intenciones; Aníbal, en cambio, tuvo la ocasión de demostrar, a carta cabal, el odio que contra los romanos había heredado de su padre.

Polibio. 3.13.1-8  “Los cartagineses soportaron a duras penas su descalabro en Sicilia; pero aumentaron su cólera, como dije antes, lo ocurrido en Cerdeña y la gran cantidad de dinero que, al final, les fue impuesta. Por ello, así que hibieron sometido la mayor parte de los territorios de Hispania, estuvieron dispuestos a todo lo que se presentara contra los romanos. Cuando les llegó la noticia de la muerte de Asdrúbal, a quien, tras la muerte de Amílcar, habían confiado sus asuntos hispanos, primero tantearon las preferencias de las tropas. Cuando desde los campamentos se les hizo saber que los soldaos había elegido unánimemente a Aníbal como general,, reunieron al intante la asamblea popular y ratificaron por unanimidad la decisión de sus tropas. Aníbal se hizo cargo del mando al instante e hizo una salida para someter a la tribu de los ólcades. Llegó a Altea, su ciudad más fuerte y acampó junto a ella. Luego la atacó de manera enérgica y formidable y la tomó en poco tiempo; ello hizo que las demás ciudades, espantadas, se entregaran a los cartagineses. En ellas Aníbal recaudó dinero; tras hacerse con una fuerte suma se presentó en Cartago Nova para pasar allí el invierno.Trató con liberalidad a sus súbditos, anticipó parte de sus soldadas a sus compañeros de armas y les prometió aumentarlas, con lo que infundió grandes esperanzas en sus tropas y al propio tiempo se hizo muy popular.

Año -220

Polibio. 3.14.1-8. “Al verano siguiente salió de nuevo, esta vez contra los vacceos; lanzó un ataque súbito contra Salamanca y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala, debido a sus dimensiones y también a la bravura, la tomó por la fuerza. Ya se retiraba cuando se vio expuesto a los más graves peligros: le salieron al encuentro los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de aquellos lugares; les acompañaban sus vecinos, que se les unieron excitados principalmente por los ólcades que habían logrado huir; les atacaban también, enardecidos, los salmantinos que se habían salvado. Si los cartagineses se hubiesen visto en la precisión de entablar con ellos una batalla campal, sin duda alguna habrían sido derrotados. Pero Aníbal, que se iba retirando con habilidad y prudencia, tomó como defensa el río llamado Tajo, y trabó el combate en el momento en que el enemigo lo vadeaba, utilizando como auxiliar el mismo río y sus elefantes, ya que disponía de cuarenta de ellos. Todo le resultó de manera imprevista y contra todo cálculo. Pues los bárbaros intentaron forzar el paso por muchos lugares y cruzar el río, pero la mayoría de ellos murió al salir del agua ante los elefantes que recorrían la orilla y siempre se anticipaban a los hombres que iban saliendo. Muchos también sucumbieron dentro del río mismo a manos de los jinetes cartagineses, porque los caballos dominaban mejor la corriente, y los jinetes combatían contra los hombre de a pie desde una situación más elevada. Al final cruzó el río el mismo Aníbal con su escolta, atacó a los bárbaros y puso en fuga a más de cien mil hombres. Una vez derrotados, nadie de allá del Ebro se atrevió fácilmente a afrontarle, a excepción de Sagunto: Pero Aníbal, de momento, no atacaba en absoluto a la ciudad, porque no quería ofrecer ningún pretexto claro de guerra a los romanos hasta haberse asegurado el resto del país; en ello seguía sugerencias y consejos de su padre Amílcar.

Polibio 3.15.1-13. “Los saguntinos despachaban mensajeros a roma continuamente porque preveían el futuro y temían por ellos mismos. Querían, al propio tiempo, que los romanos no ignorasen los éxitos de los cartagineses en Hispania. Hasta entonces los romanos no les había hecho el menor caso, pero en aquella ocasión enviaron una embajada que investigara lo ocurrido. Era el tiempo en que Aníbal ya había sometido a los que quería y se había establecido de nuevo con sus tropas en Cartago Nova para pasar el invierno. Esta ciudad era algo así como el ornato y capital de los cartagineses en Hispania. Allí se encontró con la embajada romana, la recibió en audiencia y escuchó lo que decían acerca de la situación. Los romanos poniendo por testigos a los dioses, les exigieron que  se mantuvieran alejados de los saguntinos (pues estaban bajo su protección) y no cruzaran el río Ebro, según el pacto establecido con Asdrúbal. Aníbal, como joven que era, embargado de ardor guerrero, que había tenido éxito en sus empresas, y dispuesto desde hacía tiempo a la enemistad con los romanos, les acusaba antes sus embajadores, como si fuera él el encargado de velar por los saguntinos, de que, aprovechando una revuelta que había estallado en la ciudad hacía muy poco,, habían efectuado un arbitraje para dirimir aquella turbulencia y habían mandado ejecutar injustamente a algunos prohombres. Dijo que no vería con indiferencia a los que había sido traicionados. Pues era algo innato en los cartagineses no pasar por alto ninguna injusticia. Pero el mismo tiempo Aníbal envió correos a Cartago para saber qué debía hacer, puesto que los saguntinos, fiados en su alianza con los romanos, dañaban a algunos pueblos de los sometidos a los cartagineses. Aníbal, en resumen, estaba poseído de la irreflexión y de coraje violento. Por eso no se servía de las causas verdaderas y se escapaba hacia pretextos absurdos. Es lo que suelen hacer quienes por estar aferrados a sus pasiones desprecian el deber. ¡Cuánto más le hubiera valido creer que los romanos debían devolverles Cerdeña y restituirles el importe de los tributos que, aprovechándose de las circunstancias, les habían impuesto y cobrado anteriormente, y afirmar que si no accedían, ello significaría la guerra! Pero ahora, al silenciar la causa verdadera y fingir una inexistente sobre los saguntinos, dio la impresión de empezar la guerra no sólo de un modo irracional, sino aún injusto. Los embajadores romanos, al comprobar que la guerra era inevitable, zarparon hacia Cartago, pues querían renovar allí sus advertencias. Evidentemente estaban seguros de que la guerra no se desarrollaría en Italia, sino en Hispania y de que utilizarían como base para esta guerra la ciudad de Sagunto.

Polibio 3.17.1-11 “Aníbal levantó el campo y avanzó con sus tropas desde Cartago Nova, marchando hacia Sagunto. Esta ciudad no está lejos del mar y al pie mismo de una región montañosa que une los límites de la Iberia y de la Celtiberia. Dista de la costa unos siete estadios. Sus habitantes se alimentan del país, que es muy feraz. Y sobrepasa en fertilidad a todos los de Hispania. Aníbal, pues, acampó allí, y estableció un asedio muy activo, ya que reveía muchas ventajas para el futuro si conseguía tomar la ciudad por la fuerza. Creía en primer lugar que quitaría a los romanos la esperanza de trabar la guerra en Hispania, y después que, si intimidaba a todos, volvería más dóciles a los ya sometidos a los cartagineses, y más cautos a los iberos que conservaban todavía la independencia.  Pero lo principal era que, al no dejar atrás a ningún enemigo, podría continuar su marcha sin ningún peligro. Además, suponía que iba a disfrutar de recursos en abundancia para sus empresas, que infundiría coraje a sus soldados con la ganancia que cada uno lograría y que con el botín que enviaría procuraría la prosperidad de los cartagineses residentes en la metrópoli. Haciendo tales cálculos, proseguía el asedio con firmeza: a veces daba ejemplo a sus tropas y participaba de las fatigas de las operaciones, otras, las arengaba y arrostraba audazmente los peligros Tras sostener penalidades y preocupaciones de todas clases, tomó la ciudad al asalto tras ocho meses. Se apoderó de muchas riquezas, de prisioneros y bagaje. El dinero, según su propósito inicial lo reservó para sus propios proyectos; los prisioneros los distribuyó entre sus propios soldados, según el merecimiento de cada uno y remitió el bagaje íntegro a Cartago sin pérdida de tiempo. Al obrar así, ni erró en sus cálculos, ni falló en su propósito inicial: aumentó en los soldados el ardor combativo y predispuso a los cartagineses para lo que les anunciaba. Y con tales pertrechos y provisiones, él mismo logró muchas cosas útiles después.

Polibio. 3,20, 1-10. Cuando llegó a los romanos la noticia de la toma de Sagunto, no celebraron ninguna asamblea!. no. por Júpiter¡ para tratar de la guerra, cosa que afirman algunos historiadores que llegan a incluir los discursos pronunciados por los rivales políticos, actuando de manera totalmente absurda-¿Cómo iba a ser posible que los romanos, que en el año anterior habían advertido a los cartagineses que si invadían el país de los saguntinos les declararían la guerra, se reunieran, tomada ya por la fuerza la ciudad de Sagunto,, para deliberar si debían pelear o no? ¿Cómo y de qué forma presentan éstos el extraño abatimiento del Senado romano y, al mismo tiempo, afirman que los padres llevaron a la asamblea a sus hijos de doce años, quienes participaron en las discusiones, y no revelaron a nadie, ni siquiera a los parientes, ningún secreto?Nada de esto es lógico ni verídico en absoluto a no ser que, ¡ por Júpiter !, la Fortuna hubiera proporcionado a los romanos, entre otras muchas cosas, ser juiciosos ya de nacimiento: Contra semejantes libros, como los que escriben Quereas y Sósilo, na hay que decir más; creo que tienen la disposición y la fuerza de una historia de cuentos de bárbaros o de charlatanes vulgares y no de una verdadera historia. Los romanos, al saber lo ocurrido con los saguntinos, eligieron unos embajadores y los enviaron sin dilación a Cartago. Debían proponer alternativamente dos cosas: si aceptaban la primera, los cartagineses sufrían a todas luces daño y vergüenza; la segunda les presentaba el inicio de problemas y de grandes peligros. en efecto, los romanos exigían la entrega de Aníbal y de sus consejeros; de lo contrario, habría guerra. Los romanos llegaron a Cartago, se presentaron al Senado cartaginés y expusieron sus condiciones. Los cartagineses escucharon con disgustos aquellas propuestas; sin embargo, eligieron como portavoz suyo al más hábil entre ellos y empezaron a justificarse.

Polibio, 3,21,1-10. El portavoz silenció los pactos establecidos como si no hubieran existidos, o bien, de existir, como si para ellos fueron nulos, ya que se habían convenido si haberles sido consultado. En ello los cartagineses decían seguir el ejemplo dado por los propios romanos: en efecto, el tratado concluido en la guerra de Sicilia por Lutacio, decían fue convenido por él, y luego invalidado por el pueblo romano, porque se había hecho al margen de su parecer. Los cartagineses urgían y apoyaban toda su defensa en los pactos últimos establecidos en la guerra de Sicilia. Y negaban que en ellos constara algo escrito acerca de Hispania; lo único que se ordenaba específicamente era que los aliados de ambos bandos gozaran de seguridad. Y demostraron que entonces los saguntinos no eran aliados de los romanos; a este propósito leyeron mucho los tratados. Los romanos rechazaron de plano estas justificaciones, afirmando que si Sagunto se mantuviera aún intacta, tal justificación sería admisible, y se podrían tratar los puntos discutibles. Pero como la ciudad había sido violada, o había de entregar a los culpables (con lo cual quedaría claro para todos que ellos no habrían participado en la injusticia, sino que esta obra se había llevado a cabo contra su parecer) o, si se negaban a ello, reconocían que habían participado en la injuria y aceptaban la guerra. Tales fueron, en resumen, los argumentos que ellos utilizaron. Nos parece necesario el no dejar de lado este punto para que ni aquellos a quienes incumbe el deber y la necesidad de ser muy estrictos en este aspecto se aparten de la verdad en sus deliberaciones más indispensables, ni tampoco los estudiosos se confundan, inducidos a error por la ignorancia o la parcialidad de los historiadores: por el contrario, debe haber una visión de conjunto de las obligaciones mutuas que pactaron romanos y cartagineses desde el prinicpio hasta la época actual.

Polibio, 3.22. 1-12. El primer pacto entre romanos y cartagineses se concluye en tiempos de Lucio Junio Bruto y Marco Horacio, los primeros cónsules romanos nombrados después del derrocamiento de la monarquía. Bajo su consulado se consagró el templo de Júpiter Capitolino. Esto ocurrión veintiocho años antes del paso de Jerjes a Grecia (año -480). Lo hemos transcrito traduciéndolo con la máxima exactitud posible, pues también entre los romanos es tan grande la diferencia entre la lengua actual y la antigua que, algunas cosas si los más entendidos logran discernirlas claramente. Los pactos son del tenor siguiente:” que haya paz entre los romanos y sus aliados y los cartagineses y sus aliados bajo las condiciones siguientes: que ni los romanos ni los aliados de los romanos naveguen más allá del cabo Hermoso si no les obliga una tempestad, o bien los enemigos. Si alguien es llevado allá por la fuerza, que no les sea permitido comprar ni tomar nada, excepción hecho del aprovisionamiento para el navío o para los sacrificios y que se vayan a los cinco días. Los que lleguen allí con fines comerciales no podrán concluir negocios si no es bajo la presencia de un heraldo o de un escribano. Lo que se venda en presencia de estos, sea garantizado al vendedor por fianza pública, tanto si se vende en África como en Cerdeña. si algún romano se presenta en Sicilia, en un paraje sometido al dominio cartaginés, gozará de los mismos derechos. que los cartagineses no comentan injusticias contra el pueblo de los ardeatinos, no contra el de Antio, ni contra el de Laurento, ni contra el de Circe, ni contra el de Terracina…”.

Polibio, 3.25.1-9, (Año -279-8. Tercer Tratado). Los romanos establecieron todavía un último pacto en la época de la invasión de Pirro antes de que los cartagineses iniciaran la guerra de Sicilia. En este pacto se conservan todas las cláusulas de los acuerdos ya existentes, pero además, se añaden los siguientes: ” Si hacen por escrito un pacto de alianza contra Pirro, que lo hagan ambos pueblos, para que les sea posible ayudarse mutuamente en el país de los atacados. Sea cual fuere de los dos el que necesite ayuda, sean los cartagineses los que proporcionen navíos para la ida y para la vuelta; cada pueblo se proporcionará los víveres. Los cartagineses ayudarán a los romanos por más, si éstos lo necesitan. Nadie obligará a las dotaciones a desembarcar contra su voluntad”. Siempre era obligado hacer un juramento. Se hicieron así: en los primeros pactos los cartagineses juraron por los dioses paternos y los romanos por unas piedras, según la costumbra antigua, y además por Aires y Enialio. el juramento por las piedras se efectúa así: el que lo formula con referencia a un tratado, toma en su mano una piedra y, tras jurar por la fe pública, dice lo siguiente: “Si cumplo este juramento, que todo me vaya bien, pero si obro y pienso de manera distinta, que todos los demás se salven en sus propias patrias, en sus propias leyes, en su propios bienes, templos sepulturas,, y to solo caiga así, como ahoraesta piedra”. Y tras decir esto, arroja la piedra de su mano.

Polibio, 3.26.1-7. (Últimos tratados)

Las cosas eran así, y los pactos se conservan todavía en las tables de bronce en el templo de Júpiter Capitolino, en el archivo de los ediles. ¿Quién no se extrañara naturalmente del historiador Filino, no de que ignore estos pactos (lo cual no es de extrañar, pues incluso ahora los más ancianos romanos y cartagineses, incluso los que parecen que más se habían interesado por el tema, los ignoraban), sino que se atrevió, no sé con qué seguridades, a escribir lo contrario: dice que entre romanos y cartagineses había un pacto, según el cual los romanos no podían entrar en ningún puntos de Sicilia, ni os cartagineses en ningún punto de Italia. Según Filino los romanos pisotearon los pactos y juramentos, puesto que fueron los primeros en hacer una travesía a Sicilia. Pero tales pactos no existen, y no hay constancia escrita acerca de ellos. Filino los cita explícitamente en su segundo libro . De tal cosa hemos hecho mención en la introducción a nuestra obra histórica, dejamos ahora el tratarla con algún detalle, porque muchos en este tema se equivocan por fiarse de la obra de Filino. entendámonos: Si alguien reprocha a los romanos su paso a Sicilia, relacionándolo con el hecho de que habíase admitido sin reserva a los mamertinos en amistad, y cuando éstos se la pidieron, les prestaron ayuda, aunque los mamertinos había traicionado no sólo a Mesina, sino también a Regio, desde esta perspectiva su indignación es explicable. Pero si éste supone que la travesía significó la transgresión de pactos y juramentos, aquí su ignorancia es manifiesta.

Polibio, 3.27.1-10. Porque, acabada la guerra de Sicilia, los romanos hacen unos pactos distintos, en los cuales las cláusulas contenidas eran las siguientes: “Los cartagineses evacuarán (toda Sicilia) todas las islas que hay ente Italia y Sicilia, que ambos bandos respeten la seguridad de los aliados respectivos. que nadie ordene nada que afecte a los dominios del otro, que no levanten edificios públicos en ellos ni recluten mercenarios y que no atraigan a su amistad a los aliados del otro bando. Los cartagineses pagarán en diez años dos mil doscientos talentos, y en aquel mismo momento abonarán mil. Los cartagineses devolverán sin rescate todos sus prisioneros a los romanos”. Después de esto, al acabar la guerra de África, los romanos, tras amenazar con la guerra a los cartagineses hasta casi decretarla, añadieron al pacto lo siguiente: ” Los cartagineses evacuarán Cerdeña y pagarán otros mil doscientos talentos”, tal como explicamos más arriba. Y a todo lo dicho hay que añadir las últimas convenciones aceptadas por Asdrúbal en Hispania, según las cuales “los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra”. Estos fueron los tratados entre romanos y cartagineses desde el principio hasta los tiempos de Aníbal. hemos indicado ya las razones aducidas entonces por los cartagineses; ahora expondremos las de los romanos, no las que entonces manifestaron, indignados por la pérdida de Sagunto, aunque se habla de ellas con mucha frecuencia y por muchos. En primer lugar no se debían tener por nulos los pactos establecidos con Asdrúbal, como los cartagineses tienen la desfachatez de afirmar. en efecto: en ellos no constaba, como en los establecidos por Lutacio, “que serán vigentes si los ratifica el pueblo romano”; Asdrúbal había pactado con autoridad omnimoda un tratado en el que se decía “que los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra”. en los pactos de Sicilia consta, como reconocen también aquellos, “que cada parte garantizará la seguridad de los aliados de la otra, y no sólo a los aliados de aquel momento, que era la interpretación ofrecida por los cartagineses. Pues en tal caso se habría añadido “que no se aceptarían otros aliados que los que entonces tenían” o bien “que los aceptados posteriormente no se incluirían en el pacto”. Pero no se hizo constar ninguna cláusula en este sentido, con lo cual quedó claro que la seguridad afectaba los aliados de ambas partes, a los de entonces y a los que se adhirieran posteriormente. Lo cual es muy lógico, pues, por descontado que se iban a hacer unos pactos que les privaran de la posibilidad de unirse, según las circunstancias, a aquellos que les parecieran amigos o aliados útiles, o bien que les forzaran, tras aceptar su lealtad, a abandonarles cuando alguien cometiera una injusticia contra ellos. Lo esencial en el pensamiento de ambas partes en los pactos era esto: no molestar a los aliados que entonces tenía cada parte, y que ninguna de ellas debía aceptar a los aliados de la otra. en cuanto a los adquiridos posteriormente se estipulaba “no reclutar mercenarios entre ellos; ninguna parte ordenaría nada que afectara los dominios de la otra o los de sus aliados; se garantizaba la seguridad de los ciudadanos de ambas partes”.

Polibio, 3.30.1-4. Las cosas estaban así y era notorio que los saguntinos ya se habían aliado con los romanos muy anteriormente a la época de Aníbal. He aquí la máxima prueba de ello, reconocida por los mismos cartagineses: cuando los safuntinos se pelearon entre ellos, no se dirigieron a los cartagineses, a pesar de que los tenían muy cerca y disponían ya de los asuntos de Hispania, sino a los romanos, y gracias a ellos enderezaron su situación política. Conocido es también que los saguntinos, muchos años antes, se habían puesto bajo la protección de los romanos.

Polibio, 3. 33.1-8. Los embajadores romanos (de ahí arrancó nuestra digresión) escucharon el alegato cartaginés y no añadieron nada. El de mayor edad mostró su manto a los senadores cartagineses y les dijo que allí les llevaba la guerra y la paz; lo sacudiría y les soltaría lo que eligieran. El sufeta cartaginés les dijo que soltaran lo que a ellos les pareciera bien. cuando el romano dijo que les soltaba la guerra, la mayoría de los componentes del Senado alzó la vez y gritó que la aceptaban. Y con estas palabras los embajadores y el Senado cartaginés se separaron. Aníbal pasaba el invierno en Cartago Nova. Primero licenció a los iberos hacia sus ciudades respectivas, con la intención de tenerlos dispuestos y animosos para el futuro. A continuación dio instrucciones a su hermano Asdrúbal acerca de cómo debía ejercer el gobierno y la autoridad sobre los iberos. y de cómo debía hacer los preparativos contra los romanos en el caso de que él mismo se encontrara ausente en cualquier otro sitio. en tercer lugar se preocupó de la seguridad de los asuntos de África. con cálculo propio de un hombre prudente y experto, hizo pasar soldados de África a Hispania y de ésta al África, estrechando con semejante plan la lealtad mutua de ambas poblaciones. Los que pasaron al África fueron los tersitas y los mastios y además los oretanos iberos y los ólcades. Los soldados procedentes de estos pueblos sumaban mil doscientos jinetes y tres mil ochocientos cincuenta hombres de a pie. Además de éstos, había baleares (en número de ochocientos setenta, cuyo nombre significa propiamente “honderos”. Los habitantes de estas islas usan principalmente hondas, y este uso ha dado nombre a las islas y a sus moradores. La mayoría de los citados fue acantonada en Metagonia del África, pero algunos lo fueron en la propia Cartago. A ella mandó también Aníbal cuatro mil infantes, en calidad a la vez de rehenes y de refuerzos, procedentes de las ciudades llamadas metagonitas. En Hispania dejó a su hermano Asdrúbal cincuenta quinquerremes, diez cuatrirremes y cinco trirremes. De estas naves treinta y dos quinquerremes y cinco trirremes tenían dotaciones. Le confió también como caballería cuatrocientos cincuenta libiofenicios y africanos, trescientos ilergetes (de Lérida y Huesca) y mil ochocientos hombre reclutados entre los númidas: los messalios, los macneos y los mauritanos que viven en la costa; como infantería, once mil ochocientos cincuenta soldados de a pie africanos, trescientos ligures, quinientos baleares y veintiún elefantes. Nadie debe extrañarse de la exactitud de esta enumeración acerca de las disposiciones de Aníbal en Hispania, aunque apenas la usaría uno que hubiera dispuesto personalmente las acciones en todas sus partes. Que nadie nos concede precipitadamente se hemos procedido de modo semejante a algunos historiadores que pretenden dar visos de verdad a sus falsedades. Pues nosotros hemos encontrado en el cabo Licinio esta enumeración grabada por orden de Aníbal en una tablilla de bronce en la época en que él se paseaba por Italia; hemos creído que, al menos en esta materia, la tablilla es totalmente fiable y por esto hemos decidido dar crédito a la inscripción.

Polibio. 3.35.1-2. Terminado durante el invierno lo que hemos dicho, y habiendo asegurado la defensa de África y de Hispania, el día señalado sacó su ejército, compuesto de noventa mil infantes y doce mil jinetes. Atravesando el Ebro sojuzgó a los ilergetes y bargusios, después a los airenosios y andosinos, tocando ya a los Pirineos.

Polibio, 3.41.2. Publio salió para Hispania con sesenta naves.

Año -218.

Polibio narra los datos de la SEGUNDA GUERRA PÚNICA

Polibio 3.76.1-13. En la misma época Gneo Cornelio, nombrado por su hermano Publio comandante de las fuerzas navales, según dije más arriba, zarpó con toda la flota desde las bocas de Ródano y alcanzó Hispania por los parajes cercanos a la ciudad llamada Emporion. empezando desde alli hacía los desembarcos e iba asediando a los habitantes de la costa hasta el río Ebro, que le rechazaban; en cambio trató benignamente a los que le acogieron y los protegió de la mejor manera posible. Aseguró, pues, las poblaciones costeras que le habían pasado y avanzó con todo su ejército hacia los territorios del interior. Había reunido ya un gran número de aliados de entre los hispanos.A medida que avanzaba se atraía a las ciudades y sometía a otras. Los cartagineses dejados en estos parajes al mando de Hannón, acamparon frente a los romanos cerca de la ciudad llamada Cissa. Gneo Cornelio formó a sus tropas y libró un combate del cual salió victorioso, con lo que se adueñço de muchas riquezas, ya que las tropas cartaginesas que habían marchado a Italia,, había confiado sus bagajes a los cartagineses de aquí. Gneo Cornelio convirtió en amigos y aliados a todos los naturales del país que habitaban el norte del Ebro; cogió vivo al general de los cartagineses Hannón y al caudillo ibero Indíbil; éste detentaba el mando de aquellos lugares de tierras adentro, y había sido siempre muy amigo de los cartagineses. Enterado muy pronto de lo sucedido, Asdrúbal cruzó el río Ebro y acudió a prestar ayuda. Se enteró de que las tripulaciones de la flota romana, dejadas allí, al saber los triunfos de sus ejércitos de tierra, se habían dispersado de manera confiada y negligente; concentró, pues, unos ocho mil hombres de infantería de su propio ejército y mil jinetes, sorprendió diseminados por el país a los romanos de las naves, mató a muchos de ellos y obligó a los demás a huir hacia sus propias embarcaciones. Asdrúbal, entonces, se retiró, cruzó de nuevo el río Ebro y se preocupó de la guarnición y defensa de los parajes situados detrás del río; pasó el invierno en Cartago Nova; Gneo alcanzó de nuevo su flota, castigó según la usanza romana a los culpables de lo ocurrido, concentró en un sólo punto a sus fuerzas terrestres y navales y estableció su campamento de invierno en Tarragona. En previsión del futuro repartió en botín en partes iguales entre los soldados, lo cual les infundió gran ardor para el futuro y simpatías hacia él.

Año -217.

Polibio, 3.96.1-14. Asdrúbal y los suyos, al señalarles los vigías, ya de lejos, la navegación del enemigo, dispusieron que sus fuerzas de tierra se ordenaran junto a la costa, al tiempo que ordenaban a las dotaciones embarcar en sus naves. Los romanos estaban ya cerca. Los cartagineses dieron la señal de combate entonando un grito de guerra, decididos a librar la batalla naval. Se trabaron , pues, con el enemigo durante breve tiempo le disputaron la victoria. No mucho después comenzaron a replegarse. La reserva de infantería situada frente a las costas, no les aprovechó tanto, por infundirles valor en la batalla, como les perjudicó,, ya que les infundía una cierta esperanza de salvación. Tras perder dos naves con sus tripulantes, y los remos y marinería de cuatro, huyeron, replegándose hacia tierra. Los romanos los persiguieron bravamente y ellos lanzaron las naves hacia la costa; sus tripulantes saltaron de ellas y y se salvaron corriendo hacia sus formaciones. Los romanos se aproximaron audazmente a tierra firme y remolcaron a las naves enemigas que lograron remover; se hicieron al mar abierto con gran alegría: habían vencido al adversario en la primera embestida, se había hecho con el dominio del mar y habían arrebatado veinticinco naves al enemigo.

Las operaciones de Iberia adquirieron desde este momento perspectivas más brillantes, debido al éxito reseñado. Y los cartagineses, al enterarse de la derrota sufrida, dotaron al instante setenta naves y las despacharon, ya que estaban convencidos de que, para cualquier intento, les era indispensable el dominio del mar.

Esta flota tocó primero Cerdeña; desde aquí se dirigió a los territorios de Italia junto a Pisa; la marinería creía que allí establecería contacto con los hombre de Aníbal. Pero los romanos, desde la propia Roma, se hicieron a la mar con ciento veinte navÍos penterremes, y los cartagineses, sabedores de esta salida, zarparon de nuevo hacia Cerdeña, y después, de nuevo, hacia Cartago Nova. Gneo Servilio, con la escuadra referida, persiguió a los cartagineses durante algún tiempo, convencido de que los alcanzaría, pero por ser mucha la distancia, renunció. Entonces ancló primero en Lilibeo, en Sicilia, después zarpó de nuevo hacia África, a la isla de Cercina, y cobró dinero a sus habitantes para no devastarles el país; de retorno se apoderó de la isla de Cosira, dejó una guarnición en la pequeña ciudad y se dirigió de nuevo a Lilibeo. Finalmente fondeó allí su flota. Y al cabo de poco tiempo se reintegró a su ejército de tierra.

Polibio, 3,97,1-8. Los del Senado se enteraron de la victoria de Gneo en la batalla naval, y convencidos de que era útil, y más aún, necesario, no desatender las operaciones de Iberia, sino oponerse a los cartagineses y extender la guerra, equiparon veinte naves, nombraron jefe, según su decisión inicial, a Publio Cornelio Escipión, y con gran celo lo mandaron junto a su hermano Gneo y codirigió colegiadamente los asuntos de Iberia. Angustiaba a los romanos la idea de que si los cartagineses dominaban tal país, adquirirían provisiones abundantes y muchos hombres, pugnarían más por dominar el mar y ayudarían a sus ejércitos de Italia, enviando tropas y dinero a Aníbal. Atribuyeron pues, gran importancia a esta guerra, y despacharon a las naves y a Publio, Éste llegó a Iberia, entró en contacto con su hermano y fue de una gran utilidad para las empresas conjuntas. En efecto, los romanos antes jamás se habían atrevido a cruzar el Ebro, sino que se contentaban con la amistad y confianza de los que habitaban al norte de este río. Pero, entonces, lo cruzaron, y por primera vez tuvieron el valor de operar en el otro lado. Y aquí les ayudó mucho una casualidad.

Cuando hubieron intimidado a los iberos que habitaban en las inmediaciones del vado, se llegaron hasta la ciudad de Sagunto, y acamparon a unos cuarenta estadios de distancia, junto al templo de Afrodita.

Ocupaban un lugar muy estratégico porque les ofrecía seguridad contra el enemigo y además era muy apto para que les aprovisionaran desde el mar. La flota iba costeando paralelamente a su avance.

Polibio, 3.98.1-11. Y entonces se dio el cambio de situación siguiente: cuando Aníbal emprendió su marcha hacia Italia, de cuantas ciudades ibéricas desconfiaba, tomó como rehenes a los hijos de los hombres más ilustres y os concentró, en su totalidad, en la ciudad de Sagunto, porque esta era de acceso difícil, y además confiaba mucho en los hombre que dejaba allí. Había un ibero de nombre Abílix, no inferior ni en fama ni en situación a cualquier otro ibero, y encima daba la impresión de superar mucho a los otros en su buena disposición y lealtad hacia los cartagineses. Este hombre consideró la situación, juzgó que eran más brillantes las esperanzas depositadas en los romanos y reflexionó consigo mismo sobre la devolución de los rehenes, una estratagema digna de un ibero y de un bárbaro. Convencido de que entre los romanos podía llegar a ser un hombre de gran prestigio si les aportaba conjuntamente lealtad y utilidad, rompiendo sus pactos con los cartagineses se aprestó a entregar los rehenes a los romanos: se había percatado de Bóstar, general cartaginés enviado por Asdrúbal para impedir que los romanos cruzaran el río, pero que no se había atrevido a oponérseles, después de retirarse, acampaba en Sagunto, al lado del mar; era un hombre ingenuo y benigno por naturaleza, que le tenía una gran confianza: Abílix, entonces, habla de los rehenes de Bóstar, y le dice que los romanos han cruzado el río; los cartagineses ya no podrán retener por el miedo sus dominios en Iberia, pero las circunstancias exigen la benevolencia de los somatidos; ahora que los romanos se han aproximado y se han situado frente a Sagunto, amenazando la ciudad, si él, Bóstar, hace salir a los rehenes y los devuelve a sus padres y a sus ciudades, arruinaría las ambiciones de los romanos. Pues ésto querían hacer precisamente lo mismo si eran ellos los que se apoderaban de los rehenes. Bóstar, pues, debía conciliarse la benevolencia de todos los iberos para con los cartagineses, prever el futuro y pensar tambien en la seguridad de los rehenes. Y si era él mismo, añadió, el que tratara personalmente el asunto, acrecentaría, multiplicándolo, el agradecimiento. En efecto, al restituir los muchachos a sus ciudades, no sólo se atraería la adhesión de los padres, sino también de la masa de las poblaciones, al poner bajo su vista con esta conducta la estima y la magnitud de los cartagineses para con sus aliados. Además les insinuó la cantidad de obsequios que él personalmente recibiría de los que hubieran recuperado a sus hijos: pues los padres, al verse inesperadamente en posesión de sus allegados más próximos, rivalizarían en mostrar su liberalidad hacia el autor de tal decisión. Abílix añadió, ademas, muchas más cosas por el estilo y con el mismo tono, y logró persuadir a Bóstar a seguir sus proposiciones.

Polibio, 3.99.1-9. Abílix señaló el día en que se presentaría con unos hombres de confianza para llevarse a los jóvenes, y se fue. Por la noche se presentó en el campamento romano, y juntándose con algunos iberos que luchaban al lado de los romanos, a través de ellos logró llegar hasta los generales. Les demostró con abundancia de pruebas la inclinación y conversión de los iberos hacia ellos si recuperaban a los jóvenes que habían entregado como rehenes, y se ofreció a entregarles a los jóvenes. Publio Cornelio y los suyos acogieron esta propuesta con mucho entusiasmo, y le prometieron grandes recompensas. Abílix entonces se retiró a su residencia, tras señalar día, tiempo y lugar en que deberían aguardarle los receptores. Tras esto, tomó consigo los jóvenes traídos desde Sagunto, y salió de noche, porque quería pasar desapercibido, pasó el atrincheramiento romano, llegó al lugar determinado en el momento preciso e hizo entrega de todos los rehenes a los generales romanos. Publio y los suyos honraron excepcionalmente a Abílix y lo emplearon para efectuar las restitución de los rehenes a sus ciudades de origen, haciendo que le acompañaran algunos amigos. Él iba recorriendo las villas y, mediante la entrega de los muchachos, ponía a la vista de todos la bondad y magnanimidad de los romanos, y junto a ellas, la desconfianza y la dureza de los cartagineses; poniendo como ejemplo su propia mudanza empujó a muchos iberos a hacerse amigos de los romanos.

Bóstar, que habñia entregado los rehenes al enemigo, de la manera más ingenua de lo que su edad permitía suponer, corrió riesgos muy superiores al normal. Pero como la estación estaba ya muy entrada, los dos bando esparcieron su fuerza para pasar el invierno. La fortuna había prestado una ayuda suficiente a los romanos, con el caso de estos muchachos para los proyectos futuros. Y esta es la situación en Iberia.

Año -216

Polibio, 3.113. 6. Al mismo tiempo Aníbal hizo pasar el río a los baleares y lanceros y los dispuso al frente del ejército, y sacando del campo el resto de sus fuerzas, atravesó por dos lugares la corriente y las formó frente al enemigo. A su izquierda, junto al río, dispuso la caballería ibera y celta, dando frente a los jinetes romanos, inmediatamente la mitad de la infantería pesada africana, y a continuación de éstos, la infantería ibera y celta, A su espalda puso la otra mitad de los africanos, y finalmente, en el ala derecha formó la caballería reunida. Habiendo así extendido en una línea recta su ejército, tomando la mitad de los tropas iberas y celtas, avanzó, manteniendo el contacto entre ellos y los flancos, pero separándose de ellos gradualmente hasta formar una media luna, extremando sus extremos. Su intención era utilizar en la batalla como rehenes, a los africanos y entablar la lucha con los iberos y los celtas.

Polibio, 3.114.1. El armamento de los africanos era a la romana, ya que Aníbal los había equipado con los despojos de la batalla anterior. El escudo de los iberos y de los celtas era muy parecido; las espadas en cambio eran distintas; las de los iberos podían herir lo mismo de punta que de filo, pero la de los celtas servían únicamente para el tajo, y esto en una cierta distancia. Estando dispuestos en compañías alternadas, los celtas desnudos, los iberos cubiertos con túnicas de lino de color de púrpura a la costumbra de su país, ofrecían un aspecto extraño e impresionante. Los africanos del ala derecha hicieron un cambio a la izquierda, y, empezando el ataque por la derecha, cayeron sobre el flanco del enemigo; mientras que los de la izquierda, como su situación se le imponía, giraron a la derecha y atacaron por la izquierda.- De donde resultó lo que Aníbal había imaginado-. que los romanos, en su persecución de los celtas, fueron copados por los africanos; entonces ya no conservaron la formación compacta, sino que individualmente o por los bandos, combatían contra el enemigo que caían sobre sus flancos”

Comentario.

Aquí podemos observar la estrategia planificada por Aníbal en su proyecto de combate. Aníbal planifica un sistema de ataque de “embolsamiento” del enemigo, de manera que no pueda escapar. El ejército de Aníbal era invencible a campo abierto con este sistema de organización militar. A campo abierto, este plan era muy superior al romano, quien acabaría destrozado.

Polibio. 3.117.6. Del ejército de Aníbal cayeron cuatro mil celtas, mil quinientos iberos y africanos, y unos doscientos soldados de a caballo. Los romanos hechos prisioneros, lo fueron fuera de la batalla por la razón siguiente.

Polibio, 9,11.1-3. (Fragmentos) Los generales cartagineses. tras haber vencido al enemigo, no lograron vencerse a sí mismos. Creían que la guerra contra los romanos había concluido y se ensarzaron en peleas entre ellos, acuciados por la ambición y el afán de dominio, verdaderamente innatos en los cartagineses. Asdrúbal, hijo de Gisgón, se apoyó en su autoridad y llegó a un extremo tal de sordidez que exigió una cantidad enorme de dinero al amigo más leal del que, a la sazón, disponían los cartagineses en Iberia. Se trataba de Indíbil, expulsado de su reino por los romanos y que por el afecto que profesaba a los cartagineses, pudo recuperar. en un principio Ibdíbil no le atendió, pues confiaba en la lealtad demostrada a los cartagineses, pero Asdrúbal le tildó de falso y le obligó a entregar como rehenes a sus propias hijas.

Polibio, 9.22,1-5. Para ambas naciones, me refiero a romanos y cartagineses, un hombre era la causa y el alma de lo que ocurría, quiero decir Aníbal. A todas luces él dirigiía personalmente las operaciones de Italia, y las de Iberia a través del mayor de sus hermanos, Asdrúbal, y tras la muerte de éste, a través de Magón el Viejo. Entre los dos aniquilaron a los generales romanos (Publio y Gneo) destacados en la Península. También dirigía las operaciones de Sicilia, primero a través de Hipócrates, y después, a través del africano Mitón.

Polibio, 10.2. 1. Ahora vamos a historiar los hechos de Publio Cornelio Escipión en Iberia, y añadiremos todas las gestas de su vida.. Nos parece, pues, indispensable que los lectores conozcan anticipadamente algo del carácter, de la manera de ser de este personaje. Fuen quien gozó de más fama en los tiempos pasados y, por ello, todo el mundo se empeña en saber quien fue, en conocer su forma de ser y sus tendencias.

Polibio, 10, 6. En resumen, entonces reunió a sus tropas y las exhortaba a que no se alarmaran por la derrota anterior, puesto que los romanos jamás habían sido vencidos por la potencia de los cartagineses, sino por la traición de los celtiberos, y también por la temeridad de los dos generales romanos, que se habían separado demasiado uno del otro., fiados en la alianza con aquellos de quienes he hecho mención. La dos cosas afirmó que ahora ocurrían al enemigo, porque éste había distanciado mucho sus campamentos y, además, había tratado con soberbia a sus aliados, enajenándolos y convirtiéndolos en amigos. Esto había hecho que algunos ya le hubieran enviado mensajeros y que otros cuando cobraran más confianza el ver que ellos, los romanos, había cruzado el río, se le presentaran espontáneamente no por sentimientos de adhesión hacia él, es cierto, pero sí por rechazar al máximo la insolencia de los cartagineses para con ellos. Afirmaba que, sin embargo, lo más importante era que los generales adversarios se habían enemistado y que se negaban a presentar batalla conjuntamente contra los romanos. Se si arriesgaban separadamente, eran fácilmente superables. Lo exhortaba a pensar eso y a atravesar el río con confianza; él y los demás comandantes les prometían cumplir la parte que les concernía a ellos. con estas palabras dejó a Marco Silano, su lugarteniente, con tres mil soldados de infantería y quinientos jinetes, para que patrullaran lor los lugares por donde se había hecho la travesía y vigilaran a los aliados de acá del río; él hizo pasar a las fuerzas restantes sin dejar prever sus intenciones. Su verdadera determinación era no hacer nada de lo que había dicho delante de todos; lo que se suponía era asediar de repente la ciudad hispana de Cartago Nova. Y he aquí la primera gran prueba de nuestra opinión, hace poco expuesta. Mas que nada porque a sus veintisiete años se entregó totalmente a empresas que la gente creía desesperado ante la magnitud de los desastres ocurridos y, además, porque en esta dedicación dejó a un lado los planes vulgares, que le podían venir a la mente a cualquiera, y pensó y se propuso hacer lo que (ni amigos) ni enemigos podían sospechar. Y todo lo realizaba con los cálculos más precisos. Ya de buenas a primeras, cuando todavía estaba en Roma, había hecho averiguaciones, había investigado con detalle la traición de los celtiberos y la separación de las legiones romanas y dedujo que en todo ello radicaba la causa de los desastres sufridos por los hombres de su padre; los cartagineses ni le impresionaron ni le desanimaron, como habían causado impacto y desaliento a sus gentes. Después supo que los aliados de más allá del ebro se mantenían fieles a los romanos y, también, que los generales cartagineses nadaban a la greña y que trataban desdeñosamente a los pueblos sometidos. Todo ello le hizo cobrar ánimo para la expedición en la que se fió no de la suerte, sino del cálculo.

Llegado ya a Iberia, lo removió todo para indagar sobre los enemigos. Pudo enterarse de que las fuerzas de los cartagineses se habían dividido en tres grupos: Magón estaba más allá de las Columnas de Herakles, entre el pueblo llamado de los conios; Asdrúbal, hijo de Gisgón, estaba en Lusitania, en la desembocadura del Tajo, y el segundo Asdrúbal (hermano pequeño de Aníbal) asediaba una ciudad en la región de los carpetanos; los tres se encontraban a mas de diez días de marcha de Cartago Nova. Se convenció de que si se decidía a presentar batalla al enemigo, enfrentarse a los tres en bloque le era altamente inseguro, ya que sus antecesores habían sido derrotados y el adversario era muy superior en número.

Polibio, 10,7,1-6. Por otro lado, si provocaba a batalla a un grupo solo, incluso si llegaba a hacerlo en fuga, acudirían las fuerzas cartaginesas restantes a él, de uno u otro modo, se vería rodeado; así que temía sucumbir a la misma desgracia que su tío Gneo Escipión y que su padre Publio. Por esto, ya desde el principio descartó una operación de este tipo. Sabía, en cambio, que la ciudad de Cartago Nova, que ya he citado, era muy útil al enemigo y que, precisamente en la guerra de entonces, perjudicaba mucho a los romanos. Durante el invierno había reunido informaciones de gente que conocía muy bien sus peculiaridades. Lo primero que supo fue que era prácticamente la única ciudad de Iberia dotada de un puerto capaz de albergar una flota, es decir, fuerzas navales. Averiguó, además, que su situación era excepcionalmente favorable para los cartagineses, para sus navegaciones desde el África y sus travesías por mar. en segundo lugar se enteró de que los cartagineses guardaban en este sitio prácticamente todos sus fondos y los bagajes de su ejército, demás de sus rehenes procedentes de toda Iberia. Lo más importante era que hombres verdaderamente expertos en la guerra, allí había sólo mil como guarnición de la ciudadela, porque jamás nadie llegó a sospechar que hubiera quien planeara asediar la plaza, dominando, como dominaban, prácticamente, los cartagineses toda Iberia.

Tito Livio (continuación)

Livio, 22.11,6. que unas naves de transporte que, de Ostia llevaban provisiones para el ejército de Hispania, habían sido apresadas por la flota cartaginesa cerca del puerto de Cosano.

Livio, 22, 19,1-12. A comienzos del verano en que se habían producido una serie de acontecimientos, también en Hispania reanudose la guerra por tierra y mar. Asdrúbal añadió diez naves a las que, aparejadas y con su correspondiente dotación, le dejara su hermano, y confió el mando de aquella escuadra de cuarenta unidades a Himilcón. Salidos de Cartago Nova, hízoles avanzar costeando, en tanto que el ejército marchaba por el litoral: su intención era combatir con unas u otras fuerzas, según por donde se les presentara el enemigo.

Este mismo plan concibió primeramente Escipión, al enterarse de que el enemigo había salido de su acantonamiento; mas luego, viendo nuevas posibilidades en un combate terrestre, pues las noticias llegadas del campo adversario encarecían mucho los nuevos refuerzos recibidos, embarcó la infantería de marina y decidió ir al encuentro del enemigo con una flota de treinta y cinco unidades.

Hízose a la mar en Tarragona, y al día siguiente llegó a un abrigo que distaba diez millas de la desembocadura del Ebro. Desde allí envió dos naves exploradoras marsellesas, las cuales regresaron con la noticia de que la escuadra cartaginesa estaba anclada en la desembocadura y el campamento junto a la orilla.

En vista de ello, a fin de sorprenderlos desprevenidos y sobrecogidos de espanto todos a un tiempo, levó anclas y se dirigió hacia el enemigo.

Hay en Hispania muchas torres situadas en lugares elevados que sirven a los naturales de atalayas y a le vez de defensa contra los bandidos. Desde una de ellas se dio aviso a Asdrúbal de la proximidad de las naves romanas: se produjo en tierra y en el campamento un tumulto antes de que en la costa y junto a las naves, donde ni se había oído el golpe de remos ni otro ruido de la escuadra, ni había podido verlas por ocultárselas unos promontorios, cunado de repente un jinete enviado por Asdrúbal y tras él otro y otro -que se encontraban paseando por la costa, o tranquilos en sus tiendas y no teniendo nada tan lejos del pensamiento en aquel día, como el enemigo o un combate- les manda embarcar rápidamente y coger las armas; la escuadra romana se halla ya a escasa distancia del puerto.

Los jinetes que iban llegando daban esta orden por todos los lados; luego presentose el propio Asdrúbal con todo el ejército: el ruido de la general agitación lo arrastra todo pues se arrojan hacia las naves a la vez remeros y soldados, y más parecen huir de tierra que ir a la lucha. Apenas están todos a bordo, ya unos sueltan las amarras y levan las anclas; otros, para evitar toda demora, cortan las cuerdas que las sujetan y en medio del desorden y agitación generales, la preparaci´çon de los soldados estorban los trabajos de los marinos, la zozobra de los marinos impide a los soldados coger y preparar sus armas. Y ya el romano no sólo estaba cerca, sino que había incluso alineado sus naves en formación de combate. De aquí que, desconcertados los cartagineses más por su propia confusión que por el enemigo y la lucha, e intentando más bien que emprendiendo el combate, diéronse a la fuga con su armada. Mas como no era fácil entrar en formación tan anplia y que avanzaba todo a la vez, por la desembocadura del río que tenían enfrente, llevaron desordenadamente las naves a la playa, y desembarcando: unos en vados, otros en tierra forme, huyeron, parte conservando las armas, parte desarmados, hacia su ejército desplegado en la costa; con todo, al primer encuentro, dos naves les fueron apresadas y otras cuatro hundidas.

Livio, 22.20.1-12. Los romanos, aunque la tierra firme estaba ya en poder del enemigo, cuyo ejército veían en armas, desplegado a lo largo de la costa, no vacilaron en perseguir a la desmoralizada flota adversaria, y amarrando por la popa a todas las naves que no había estrellado su proa contra la orilla y que esuvieren encalladas, las llevaron a alta mar: de cuarenta naves apresaron a unas veinticinco. Y no fue esto el mejor resultado de aquella victoria, sino el haberse hecho dueños absolutos del mar en aquella costa con una sola y ligera batalla.

Llevaron, pues, la escuadra a Onusa, y desembarcaron en tierra firme. tomaron la ciudad por asalto destruyéndola, y desde ella se dirigieron a Cartago Nova, donde después de asolar toda la campiña circundante, llegaron incluso a incendiar las casas extramuros. desde allí la escuadra, ya cargada de botín, llegó a Longuntica, donde había una gran cantidad de esparto almacenado por Asdrúbal para usos de sus navíos. Tomando cuanto hubieron menester, pegaron fuego a todo los restante. Y además de costear la Península, pasaron también a la isla de Ibiza. Allí, durante dos días atacaron la capital de la isla con gran cantidad de fuerzas, pero en vano, de modo que, comprendiendo que perdían el tiempo inútilmente dedicáronse a asolar la campiña; y destruidas e incendiadas algunas aldeas, con un botín mayor que el arrebatado en la Península, vinieron a las naves momento en que se presentaron a Escipión emisarios de las islas Baleares pidiendo la paz. Desde allí la flota tomó rumbo de retorno y regresó a la parte oriental de la provincia, a doden acudieron emisarios de todos los pueblos situados a esta parte del Ebro, y así mismo de otros muchos de las más apartadas regiones de Hispania. Pero pueblos que se sometieron de hecho a la dominación romana y pasaran a formar parte del Imperio, entregando rehenes en garantía, hubo más de ciento veinte. Por ello, teniendo ya suficiente confianza en el número de fuerzas de tierra, el romano avanzó hasta el desfiladero de Cazlona. Asdrúbal se retiró hacia Lusitania, a la parte más próxima al Océano.

Livio 22.21, 1-8. Tranquilo parecía que iba a ser el resto del verano, y lo habría sido por parte del adversario cartaginés; mas, a la natural propensión de los hispanos a los levantamientos, vino a añadirse el hecho concreto de que Mandonio e Indíbil, antiguo reyezuelo de los ilergetes. al retirarse los romanos del paso de Cazlona a la región costera, sublevaron a sus paisanos y se dirigieron hacia el territorio de unos aliados de Roma, que estaban en paz con ellos, para saquearlo. Escipión envió contra ellos a un tribuno con soldados auxiliares de infantería ligera, a quienes bastó un leve combate para poner en fuga a aquellas desorganizadas guerrillas, después de causarles mil bajas, cogerles algunos prisioneros y desarmar a la mayor parte. Mas esta refriega fue motivo de que Asdrúbal, que se retiraba en dirección al Atlántico, retrocediera a esta parte del Ebro para proteger a sus Aliados. Habrían acampado los cartagineses en el territorio de los ilergavones, y los romanos junto a Nova Clase, cuando una noticia imprevista llevó la guerra a otra región; los celtiberos que había enviado a los principales de su región como emisarios y habían entregado rehenes a los romanos, incitados por un mensajero mandado por Escipión, se levantan en armas y con un ejército respetable invaden el territorio sometido a los cartagineses. Toman al asalto tres plazas, libran luego con éxito dos batallas con el propio Asdrúbal; causan al enemigo cerca de quince mil bajas y le cogen cuatro mil prisioneros y muchas enseñas militares.

Livio, 22.22.1-21. [1]Así las cosas en Hispania, llegó a esta provincia Publio Escipión, al cual le había sido confiada, prorrogándosele el mando militar al terminar su consulado. Enviábale el Senado con treinta navíos de línea, y con ellos ocho mil soldados y gran cantidad de provisiones.[2] Esta flota, enorme a causa del número de naves de carga que de ella formaban parte, fue divisaba ya desde lejos y, en medio de la alegría de los romanos y de aliados, atracó en el puerto de Tarragona. [3] Desembarcada allí la tropa, Escipión fue a reunirse con su hermano y en lo sicesivo dirigieron ambos la guerra de común acuerdo.[4] Como los cartagineses estaban dedicados totalmente a su lucha contra los celtiberos, los dos caudillos romanos atraviesan sin demora el Ebro y, sin haber hallado enemigo alguno, se disponen a llegar hasta Sagunto, pues se sabía que en su ciudadela estaban encerrados, bajo la vigilancia de una módica guarnición, los rehenes de toda Hispania que Aníbal había dejado allí.[5] Esta era la única garantía que tenía a todos los pueblos hispanos de poner en práctica su deseo de aliarse con los romanos: temían, en efecto, pagar su defección con la sangre de sus hijos.[6] Un sólo hombre libró a Hispania entera de aquel dogal, con un procedimiento en que más brilla la astucia que la lealtad. Hallábase en Sagunto un hispano distinguido, Abélux, partidario durante un tiempo de los cartagineses, pero que entonces había cambiado de partido como la Fortuna, según suele ser mudable el favor de los autóctonos respecto a los ocupantes.[7] Con todo, convencido que un hombre que se pasa al enemigo y no entrega algo verdaderamente importante, no es considerado más que como un ser vil e infame, se afanaba en ser de la mayor utilidad para sus nuevos aliados.[8] y Así, consideradas todas las posibilidades que el azar podía dejar en sus manos, decidió poner todo el empeño en lograr el rescate de los rehenes, no dudando de que aquella ocasión era la que mejor podía granjear a los romanos la amistad de los jefes hispanos. [9]Mas como sabía bien que los guardias nada harían sin orden del oficial que estaba al frente de la guarnición, Bóstar, a él se dirige arteramente.[10] Tenía Bóstar su campamento en la misma costa con el fin de cerrar el paso a los romanos por aquella parte.[11] Llamándole allí aparte, simula descubrirle, como si él la ignorara, la verdad de la situación: “El temor había tenido sumisos hasta aquel día, a los hispanos, porque los romanos estaban lejos; ahora, en cambio, el campamento hallábase ya a esta parte del Ebro, ofreciendo buena defensa y refugio a los descontentos; por consiguiente había que reanudar con favores y beneficios unos lazos que el temor ya no estrechaba. [12]Sorprendido Bóstar, preguntó qué favor de rápida ejecución habría que pudiera lograr un efecto tan importante.”Devuelve” -contestó Abelux- sus rehenes a los ciudades”. [13]Esta medida será doblemente bien vista: por sus propios padres, en particular, personas de elevada posición en sus respectivas ciudades y, en general, por los misos pueblos.[14] Todo el mundo quiere que se le tenga confianza, y el demostrársela previamente le obliga, muchas veces, a ser leal. El servicio de restituir los cautivos, pido que corra de mi cuenta, afín de que también con mi colaboración efectiva ayude yo a mi proyecto, y haga todavía más digna de gratitud una acción grata ya por sí misma”. [15]Convencido de que la hubo -carecía el hombre de la sagacidad característica de su raza – por la noche dirigiose Abelux secretamente a las avanzadillas de los romanos y se puso en contacto de algunos soldados hispanos auxiliares. Conducido por éstos a presencia de Escipión.[16] Expuso su intento. Dadas por ambas partes palabras de lealtad y fijados fecha y lugar para la entrega de los rehenes, volvió a Sagunto. El día siguiente lo pasó con Bóstar para recibir sus órdenes respecto a la ejecución del proyecto. [17]Despidiose diciendo que habñia decidido ir de noche para burlar así la vigilancia enemiga; mas, en realidad, despertando a los carceleros de los muchachos a la hora convenida con los romanos, condújoles, cual si nada supiera, a la emboscada preparada por su propia falsía. [18] Lleváronles al campamento romano, y todas las demás formalidades de la entrega a sus familias las llevó a cabo según había proyectado con Bóstar, exactamente igual que hubiese hecho de haber obrado en nombre de los cartagineses. [19] El favor que por este hecho cobraron los romanos superó al que en el mismo acto habrían obtenido los cartagineses, Como éstos, mientras las cosas les fueron bien, se había mostrados duros y soberbios, podía parecer que eran ahora el cambio de su suerte y el recelo lo que los había inducido a clemencia; [20] el romano, en cambio, recién llegado y desconocido hasta entonces, había empezado con muestras de indulgencia y liberalidad, con lo que Abelux había obrado avisadamente el cambiar los aliados. [21]Pemsando así, todos aquellos pueblos, en unánime acuerdo, esperaban pasarse, y hubieran ido a las armas sin demora, de no haber llegado el invierno, que obligó también a romanos y cartagineses a acuartelarse.

Año -216. Según Livio, en esta fecha comienza en Hispania la Segunda Guerra Púnica.

Tito Livio 23.26. 1-11. [1]Mientras estas cosas son llevadas a cabo en Italia y se preparan otras, en Hispania la guerra no era mucho menos activa, sino más ventajosa para los romanos.[2]Habiéndose repartido entre ellos Publio y Gneo Escipión las fuerzas, se acordó que Gneo llevara a cabo su empresa por tierra, y Publio, por mar. Asdrúbal, jefe de los cartagineses, no teniendo confianza en ninguna de las dos partes de sus fuerzas, se mantenía en un lugar seguro, lejos del enemigo, con cierta distancia de separación; hasta que le fueron enviada desde África, después de rogar mucho y largo tiempo, una tropa de cuatro mil infantes y quinientos jinetes como refuerzo. [3]Finalmente, recuperada su esperanza, situó su ejército un poco más cerca del enemigo, y ordenó que la escuadra se equipara y se dispusiera para proteger las costas y las islas. [4] Al deseo de reanudar las operaciones se le sumó el abandono por parte de los prefectos de la escuadra, quienes, tras la deserción producida en la desembocadura del Ebro a causa del miedo, nunca más fueran de la confianza de su general en las operaciones cartaginesas. [5] Estos desertores habían provocado una revuelta entre los pueblos de los tartesios y algunas de sus ciudades se habían sumado a ellos; incluso una tuvo que ser sometida por la fuerza por los mismos. [6] Los romanos dirigieron la guerra contra aquella gente. Asdrúbal con un ejército hostil, penetrando en el territorio de los enemigos, ordenó dirigirse contra Calbo, importante jefe de los tartesios, colocándose delante de los muros de una ciudad capturada unos días antes, jefe que tenía en su campamento un fuerte ejército.[7]Tras enviar por delante una ligera expedición para provocar al enemigo al combate, envió una parte de la caballería a saquear los campos a todas partes y que mataran a los que se encontraran dispersos. [8] A la vez se produjo un tumulto en el campamento, las huidas y las muertes de los campos, y después por todos los lugares, y dirigiéndose al campamento por diversos lugares y caminos, hasta tal punto el miedo se apoderó de sus ánimos, que no tenía ya fuerza no sólo para emprender una defensa, sino incluso para rechazar al enemigo en combate. [9] Salen, pues, en formación del campamento, danzando según su costumbre, y una inesperada audacia infundió terror a un enemigo que poco antes atacaba sin precauciones. [10] De esta forma el propio Asdrúbal, asegurado además por la corriente de un río, condujo sus tropas a una colina bastante escarpada, y recuperó una ligera guarnición que había enviado por delante y a unos jinetes que andaban dispersos. Pero no confiado ni en la colina ni en el río, fortificó su campamento con una empalizada. [11]Mientras duró este miedo alternante, tuvieron lugar algunas escaramuzas; pero ni el númida (africano) igualó al hispano, ni el flechador Nauro, al armado escudo, similar en rapidez y un tanto superior en fuerza física y de ánimo.

Livio, 23.27.1-12. Viendo los sublevados que ni presentándose ante el campamento podían atraer a los cartagineses al combate, [2]ni era fácil el ataque a sus posiciones, se dirigen a asaltar Ascua, donde Asdrúbal, al entrar en aquel país, había dejado el grano y demás provisiones, y se apoderan del campo alrededor. Y ya no pudieron ser retenidos por ninguna orden ni en la marcha ni en el campamento. [3]Asdrúbal se enteró de esta negligencia, natural después del éxito; exhortó a sus soldados a atacar a los enemigos dispersos y sin enseña, y descendiendo de la colina, marcha derechamente con sus tropas formadas hacia el campamento.[4]Cuando los centinelas y fugitivos, desde las atalayas y puestos de guardia, llevaron la noticia de su presencia, se dio el grito de “a las armas”. [5]Sin esperar órdenes, sin enseñas, toman las armas y en desorden se lanzan a la lucha; cuando los primeros había llegado ya a las manos, aún llegaban grupos corriendo, y otros no había salido del campamento. [6] Con todo, su audacia llegó a aterrorizar al enemigo; pero, viéndose aislados en su lucha contra un adversario ordenado, inseguros por su inferioridad numérica, comenzaron a mirarse los unos a los otros; rechazados por todas partes, forman un círculo, [7] aplican los cuerpos unos contra otros, unen las armas a las armas, y rechazados hacia un reducido espacio, donde apenas tienen sitio para mover las armas, quedan envueltos por un anillo de enemigos y son exterminados durante el día; [8]Un reducido número logra abrirse paso y huye a los montes y a los bosques; el mismo terror hizo que abandonaran el campamento, y al día siguiente toda la población se rindió.[9]Pero no permaneció fiel por mucho tiempo a su pacto, pues no tardó en recibir orden Asdrúbal de pasar en seguida con su ejército a Italia, noticia que,divulgada en Hispania, hizo volver hacia los romanos casi todos los ánimos. [10]Desde esto, Asdrúbal, rápidamente envía una carta a Cartago, notificando cuánto daño había provocado la noticia de su marcha a Italia; si llegar a marcharse de Hispania, antes de que atravesara el río Ebro, ésta caería en poder de los romanos, [11] porque, aparte de que no tenía ni guarnición ni jefe que dejar en su puesto, los generales romanos eran tales que apenas se les podía hacer frente con unas fuerzas paralelas. [12] En consecuencia, si Hispania les importaba algo, que le dejaran un sucesor con un ejército fuerte; a quien, si todo le salía bien esta provincia no le iba a resultar tranquila.

Año -215.

Livio, 23.28, 1-12. [1] Esta carta, aunque al principio preocupó bastante al Senado, sin embargo, no se tomó ninguna decisión, sobre lo de Asdrúbal, ni sobre las fuerzas perdidas, ya que lo que primaban eran los asuntos de Italia.[2] Himilcón fue enviado a defender Hispania por tierra y por mar, con un ejército completo y una crecentada escuadra.[3] -Este, tan pronto como hizo pasar las tropas marinas y terrestres, una vez fortificado el campamento, amarradas las naves y rodeados con una empalizada, con guarnición de soldados selectos, él mismo, lo más rápido que lo pudo hacer, a traves de dudosos y enconados pueblos, según su intención, llegó a la plaza de Asdrúbal. [4]Habiéndoles expuesto las órdenes y decretos del Senado, y habiendo sido informado él mismo, a su vez, de cómo había de realizar la guerra en Hispania, regresó a su campamento, no confiando en nada más que en la rapidez de volver por donde había venido antes de que se dieran cuenta y lo descubrieran. [5] Asdrúbal, antes de levantar el campamento, pidió dinero a todos los pueblos de su dominio [6] al saber que Aníbal había comprado ciertos pasos con dinero, y que no había conseguido tropas auxiliares galas, sino asalariadas; pues sabía que atravesar los Alpes sin dinero costaría un enorme trabajo. Reunido el dinero a la fuerza, se dirigió hacia el Ebro. [7] Cuando fueron conocidos por los romanos las órdenes de Cartago y la marcha de Asdrúbal, los dos generales. dejando todo lo demás,[8] unen sus tropas y se preparan a oponerse a la marcha emprendida por Asdrúbal, creyendo que si conseguía unirse a Aníbal el ejército de Hispania la ruina del poderío romano sería inevitable. [9] Inquietos por esto, reunieron sus tropas junto al Ebro y, pasando el río, deliberaron si debían avanzar hasta acampar frente a Asdrúbal o limitarse a atacar a los aliados de Cartago, [10] cortando así el camino proyectado por el enemigo; decidieron, por fín, poner sitio de Ibera, ciudad entonces la más rica de aquella región y llamada así por la vecindad del río. [11]Lo supo Asdrúbal, pero, en vez de acudir en socorro de sus aliados, puso sitio a otra ciudad que acababa de someterse a los romanos. [12] De esta forma, una vez comenzado el asedio por los romanos, se dejó y se dirigió la guerra contra Asdrúbal.

Livio, 23,29, 1-17. [1] Durante algunos días tuvieron los campamentos a cincuenta millas de distancia, trabándose escaramuzas, pero no batallas cerradas. [2] Al fin, en el mismo día y como por acuerdo, se dio por los dos lados la señal de combate, y los dos ejércitos bajaron al llano. [3] El romano se formó con tres cuerpos; parte de los vélites se dispuso mezclado con los soldados de primera fila; los demás se ordenaron detrás de la enseñas, y la caballería guarneció las alas. [4] Asdrúbal refuerza su centro con hispanos; a la derecha coloca a los cartagineses; a la izquierda, los africanos y los auxiliares mercenarios. La caballería se distribuyó en las alas, los númidas con la infantería cartaginesa, los otros con los africanos. [5] No todos los númidas se colocaron a la derecha sino solamente aquellos que, como los saltarines de oficio, acostumbraban llevar dos caballos en lo más recio de la pelea, saltando con todas sus armas del fatigado al fresco; tal es la agilidad y docilidad de aquella raza de caballos. [6]Dispuestos de esta forma, los generales de cada bando estaban muy confiados, ya que ninguno tenía notable superioridad en cuanto a número o calidad de las tropas; sin embargo, el ánimo de los soldados estaba muy lejos de ser el mismo. [7] Aunque los romanos combatían muy lejos de su patria, sus jefes los habían convencido de que combatían por Italia y por Roma; así, pues, dependiendo su regreso a la patria del resultado de aquella batalla, estaban completamente decididos a vencer o morir. [8] en el otro ejército la decisión era menor. Casi todos los soldados eran hispanos y preferían ser vencidos en Hispania a vencer para que los llevasen a Italia. [9]Así, pues, al primer choque, cuando apenas se habían lanzado los venablos, el centro de Asdrúbal retrocedió y volvió la espalda a los romanos, que avanzaban vigorosamente. El combate fue más encarnizado en las alas. [10] Los cartagineses por un lado, y por otro los africanos, estrechan al ejército romano, lo atacan por los dos flancos y lo rodean en el doble ataque. [11] Pero, reuniéndose en masa en el centro. tienen bastante fuerza para rechazar en cada lado las dos alas del enemigo. [12] Había, pues, dos combates en los que los romanos, que al fin había derrotado ele centro, se encontraban muy superiores en número y en fuerzas. La victoria no fue dudosa. [13]En el combate ereció mucha gente, y si los hispanos no hubiesen huido en desorden, apenas comezada la batalla, pocos hubiesen sobrevivido de todo el ejército enemigo. [14]La caballería casi no combatió, porque los moros y los númidas, en cuanto vieron ceder al centro, huyeron en confusión, abandonando hasta los elefantes delante de ellos y dejando descubiertas las alas. [15]Asedrúbal permaneció allí hasta que quedó claramente pronunciada la derrota, escapando con muy pocos hombres de en medio de la matanza. Los romanos se apoderaron de su campamento y lo saquearon. [16] Este combate les atrajo a cuantos vacilaban aún en Hispania, y quitó a Asdrúbal toda esperanza, no solamente de llevar sus tropas a Italia, sino hasta de permanecer con tranquilidad en Hispania. [17] en roma, donde anunciaron esta noticia cartas de Escipión, no se regocijaron tanto de la victoria como de la imposibilidad e que se encontraría en adelante Asdrúbal para llegar a Italia.

Livio, 23,32,6. Llega la noticia del descalabro en Italia y de que casi todos los pueblos se habían pasado a los romanos. Turbados y excitados por estas noticias casi simultáneas, envían a Magón con su tropas y naves a Hispania.

Livio, 23.46. 6. Tres días después, mil doscientos setenta y dos jinetes númidas e hispanos se pasaron a Marcelo. Los romanos se aprovecharon muchas veces de su valor y de su lealtad. Terminada la guerra, los hispanos en Hispania, y los númidas en África, recibieron tierras en recompensa de su bravura.

Livio, 23,48, 4. Al fin de este verano, en el que sucedió todo lo que hemos relatado, se recibieron cartas de los dos Escipiones, Publio y Gneo, en las cuales anunciaba los éxitos tan importantes y felices que habían alcanzado en Hispania; pero, al mismo tiempo decían que no tenían dinero para el estipendio, ni vestido, ni trigo para el ejército, y que la tripulación de las naves estaba falta de todo lo necesario.

Livio, 23,49, 5-14 [5] Cuando las provisiones llegaron, Asdrúbal, Magón y Amílcar, hijo de Bomílcar,, sitiaban Iliturgis, que se había pasado a los romanos. [6]Entre estos tres campamentos de enemigos, los Escipiones, habiéndose dirigido contra la ciudad de los aliados, con una gran lucha y matanza por parte de los que ofrecían resistencia, se llevaron el trigo, del que había gran carestía, [7]y tras haber exhortado a los habitantes a que protegieran las murallas con el mismo ánimo con que habían visto al ejército romano luchar por ellas, lo llevan ara asaltar el campamento mayor, al que mandaba Asdrúbal. [8] Allí mismo se juntaron dos generales y dos ejércitos cartagineses. viendo que allí se trataba un asunto de suma importancia. Así, pues, se entabló un combate tras una salida realizada desde el campamento. [9] Sesenta mil enemigos en aquel día intervinieron en el combate; por parte de los romanos, unos dieciséis mil; sin embargo, hasta tal punto la victoria fue segura [10] que murieron, siendo superiores en número, muchos más enemigos que romanos; [11] hicieron más de tres mil prisioneros, poco menos de mil caballos, cincuenta y nueve enseñas militares, siete elefantes, cinco de ellos muertos en el combate, y también en aquel día se apoderaron de tres campamentos. [12] El sitio de Iliturgis fue levantado, pero los ejércitos cartagineses sitiaron entonces Intíbilis. La provincia había sufrido sus bajas; era de todas la más ávida de guerra con tal de que hubiera esperanza de botín o de fuerte sueldo; y en esta época estaba muy poblada. [13] Un segundo encuentro tuvo lugar entre los dos ejércitos con la misma fortuna por parte de los dos bandos. Murieron más de trece mil enemigos; más de dos mil hechos prisioneros con dos enseñas y cuarenta y nueve elefantes. [14] Entonces casi todos los pueblos de Hispania se pasaron a los romanos. En esta campaña Hispania fue escenario de acciones muchos más importantes que las que tuvieron lugar en Italia.

Período -214-212.

Livio, 24,41. 1-11. En aquel año en Hispania, el resultado de las empresas fue distinto. Antes de que pasaran el Ebro los Romanos, Magón y Asdrúbal, desbarataron las numerosas tropas hispanas.[2] Los aliados de la Hispania ulterior estaban indecisos y se hubieran pasado a los cartagineses si Publio Cornelio, atravesando el Ebro rápidamente, no hubiese llegado a tiempo. [3] Los romanos establecieron primero el campamento en Castrum Album, famoso por la muerte de Amílcar el Grande. [4] Su ciudadela había sido fortificada y contenía una reserva de trigo; mas, la presencia de los enemigos que hostigaron impunemente con su caballería a los romanos, y la muerte de casi dos mil soldados que merodeaban o buscaban forrajes por el campo, les indujeron a retirarse a posiciones más seguras y fortificaron el campamento junto al monte Victoria. [5] Acudieron allí Gneo Escipióm con todas sus tropas, y Asdrúbal, hijo de Gisgón, tercer general cartaginés, con un ejército regular. Se establecieron al otro lado del río, frente al campamento romano. [6]Publio Escipión, con tropa ligera, examinó ocultamente los alrededores, cosa que no pasó inadvertida al enemigo, que lo hubiese copado a campo abierto, si él no se hubiera hecho fuerte en un montecillo cercano; tambiém allí lo rodearon, y lo libró del asedio su hermano. [7] Castulo, ciudad noble y fuerte hispana aliada de los cartagineses, hasta el punto de que era la patria de la esposa de Abíbal, hizo defección a los romanos.[8] Iliturgis, por contener una guarnición romana, fue atacada por los cartagineses, y parecía que el hambre iba a decidir sobre su caída. [9] Gneo Escipión salió en su ayuda con una legión, armada a la ligera, pasó entre los dos campamentos, y ocasionando numerosas bajas al enemigo, penetró en la ciudad, de donde al día siguiente hizo erupción con feliz éxito. [10] Hubo en los dos combates más de doce mil muertos, mil prisioneros, y se apoderaron de treinta y seis estandartes; así, dejaron Iliturgis. [11] Se dirigieron a Biguerra, ciudad aliada que era objeto de atauqe por parte de los cartagineses, a los que la sola presencia de Gneo Escipión hizo levantar el sitio.

Livio,24,42,1-11.[1] Los cartagineses acamparon en Munda y los romanos fueron en pos te de ellos.[2] Puestos en orden de combate, pelearon durante casi cuatro horas. Aunque dominaban los romanos, dieron la señal de retirada, pues Gneo Escipión había sido herido en la pierna por uan jabalina, y sus soldados temían que su herida fuese mortal. [3] De ser por este retraso, hubierab tomado el campamento cartaginés, pues ya los soldados y hasta los elefantes había retrocedido hasta la empalizada y en las mismas trincheras habían caído heridos treinta y nueve elefantes. [4]Murieron doce mil hombres, se hicieron tres mil prisioneros y fueron capturados cincuenta y siete estandartes. [5]Los cartagineses se retiraron a Auringis, y les siguieron acosándolos los romanos. Gneo Escipión acudió al combate en una litera; la victoria romana no fue dudosa, pero con la mitad de bajas por parte del enemigo, puesto que eran pocos los supervivientes del combate anterior.[6] Mas es una raza nacida para la lucha. Magón recibió de su hermano la orden de movilizar tropas con las que completó su ejército y les dio ánimos. [7] Pero los refuerzos, en su mayoría, eran galos y combatían por un partido tantas veces derrotado en los últimos días; marcharon contra los enemigos con mejor disposición de ánimo que antes y con resultados también similares. [8] Se produjeron unos ocho mil muertos, cogieron mil prisioneros y capturaron cincuenta y ocho estandartes; abundantes collares galos, collares y brazaletes de oro en gran cantidad. Murieron dos reyezuelos galos, Menicapto y Vismaro. Fueron capturados ocho elefantes y muertos tres.

Año -212

[9]A la vista del éxito, los romanos se avergonzaron de haber dejado por ocho años ya, en poder del enemigo, la ciudad de Sagunto, primera causa de la guerra. [10]Después de expulsada la guarnición cartaginesa, recuperaron la ciudad y la devolvieron a aquellos habitantes antiguos que habíam escapado de las desgracias de la guerra. [11] A los turdetanos, que fueron causa de la guerra entre Sagunto y Cartago, los sometieron, los vendieron como esclavos y arrasaron su ciudad.

Livio, 24,47, 8,9,11, [8] También los españoles eran cerca de un millar, se pasaron al cónsul con la sola condición de que se dejase libre, sin maltratarla, la guarnición cartaginesa. entregaron al sónsul las enseñas. [9] Se abrieron las puertas a los cartagineses y dejados ir bajo promesa. Llegaron a Salaria ante Aníbal. [11]Se mandó a los hispanos doble ración y la república tuvo ocasión a menudo de apreciar su valor y su fidelidad.

Livio, 24, 48, 1-13. [1] Los éxitos obtenidos en Hispania, la renovación de antiguas alianzas y la obtención de nuevas, hicieron que Publio y Gneo Escipión extendieran hasta África sus pretensiones. [2] Sífax era rey de los númidas, de pronto convertido en enemigo del pueblo cartaginés; le enviaron una comisión compuesta por tres centuriones, [3] con la promesa del agradecimiento del Senado y del pueblo romano, si continuaba hostigando al enemigo, favor que le sería devuelto con creces, [4] Gustole al bárbaro; y hablando de guerra, comprendió su ignorancia frente a tan regular disciplina; les rogó, pues, que volvieran dos de ellos ante sus generales, para darles cuenta del resultado de su misión, y que el otro permaneciera junto a él para que le enseñara el arte militar. [5]”Los númidas somos gente ruda en arte de guerra de infantería; útiles solo para la caballería, [6]desde el origen de nuestra nación así ha sucedido; así nos han educado desde niños; nuestro enemigo es hábil infante; pues, si queremos competir con él, es preciso que nosotros seamos también infantes hábiles.[7]Mi reino es rico en hombres, pero hace falta armarlo, equiparlo e instruirlo; con una tropa reunida casi al azar, es aventurado luchar”. [8] Los legados se manifestaron dispuestos a complacerle, con la única condición de devolverle el rehén si sus generales no aprobaban el pacto. [9-10] dicho rehén fue Quinto Estatorio. Partieron con los otros embajadores númicas, con la orden de impulsar a la defección a cuantos númidas hubiera en plazas cartaginesas. [11-12] Estatorio seleccionó jinetes entre la juventud númida; enseñoles a formar, a maniobrar, a seguir los estandartes, a guardar las filas; acostumbroles a todo trabajo y deber de la guerra. El rey confiaba tanto en sus jinetes como en sus infantes; y en terrenos llanos superaban éstos por igual, al cartaginés. [13] Para los romanos de Hispania, la llegada de los emisarios del rey fye de gran provecho, pues al circular el rumor, hubo numerosas defecciones de númidas. Así empezó la amistad de Roma con Sífax. Al advertirla Cartago, envió una embajada a Gaya, rey de los mesulos, región opuesta de la Numidia.

Livio, 24, 49, 1-8. [1] Tenía Gaya un hijo (Masinisa) de diecisiete años, joven de tal carácter que ya entonces se tenía en él grandes esperanzas de que transformaría el reino heredado en otro más extenso y rico. [2] Los embajadores le hicieron ver que, ante la unión entre Roma y Sífax frente a reyes y pueblos africanos, [3] le convenía unirse a Cartago lo más pronto posible, antes de que Sífax pasara a Hispania, o los romanos a África. “Es fácil vencer a Sífax ahora que no tiene de aliado romano más que el nombre”. [4] Masinisa intercedió ante Gaya y envió su ejército que, unido a las legiones cartaginesas, derrotó a Sífax. Hubo treinta mil muertos. [5] Sífax, con pocos soldados, desde la línea de batalla huyó a los maurusios, habitantes de la región oceánica, frente a Gades. Por su fama, acudían a él bárbaros de todas partes [6] con los que formó un ejército numeroso para pasar a Hispania, separada por el Estrecho. Pero llegço Masinisa con su ejército vencedor y, solo, sin ayuda de Cartago, lo venció gloriosamente. [7] En Hispania nada sucedió digno de mención; tan solo que los generales romanos atrajeron a la juventud celtibera hacia sus banderas, con el mismo sueldo que les había ofrecido Cartago [8] y enviaron a más de trescientos nobles hispanos a Italia a captarse la voluntad de sus compatriotas. fue el único hecho notable de aquel año, por ser los celtiberos los primeros mercenarios que tuvo Roma.

Año -211.

Livio, 25,32, 1-10. [1] durante este mismo verano en Hispania, donde por espacio de dos años nada se había realizado digno de memoria, aunque la guerra se hacía más por medios diplomáticos que con las armas, los generales romanos abandonaron sus cuarteles de invierno y unieron sus tropas. [2] Se convocó allí una asamblea y las opiniones de todos coincidieron en afirmar que, si bien hasta este momento se había conformado con retener a Asdrúbal, que intentaba pasar a Italia, era ya tiempo de proponerse esto como objetivo: poner fin a la guerra en Hispania. [3] Y creían que con los veinte mil celtiberos llamados este invierno a las armas, se habían unido suficientes fuerzas para esta empresa. [4] Eran tres los ejércitos de enemigos: Asdrúbal, hijo de Gisgón y Magón que, con sus campamentos unidos, se hallaban a una distancia de los romanos de unos cinco días de camino. [5] Más próximo estaba el hijo de Amílcar, Asdrúbal, antiguo general en Hispania, que tenía su ejército junto a una ciudad llamada Astorgis. [6] Los generales romanos querían atacar antes a éste y querían contar con suficientes fuerzas para ello; tan sólo les preocupaba la posibilidad de que, derrotado éste, el otro Asdrúbal y Magón atemorizados, se retiraran a los bosques intransitables o a los montes,, y de esta manera prolongara la guerra. [7] Por consiguiente pensaron que lo mejor era dividir sus tropas en dos partes y al mismo tiempo emprender la guerra en todos los frentes de Hispania. Las distribuyeron de modo que Publio Cornelio llevara dos partes del ejército romano y de las tropas aliadaas, contra Magón y Asdrúbal. [8]Y Gneo Cornelio, con la tercera parte del antiguo ejército y la ayuda además de los celtiberos, hiciera la guerra contra Asdrúbal Barca. [9] Los dos generales salieron al mismo tiempo con sus ejércitos, precedidos de los celtiberos, y establecieron sus campamentos junto a la ciudad de Antorgis, a la vista de los enemigos y separados de ellos por un río. [10] Allí se detuvo Gneo Escipión con las tropas que antes hemos dicho, y Publio Escipión partío hacia el lugar que se le había asignado para hacer la guerra.

Livio, 25,33, 1-9. Asdrúbal, cuando advirtió que en el campamento había tan sólo un reducido ejército romano y que éste tenía puestas toda su esperanza puesta en las tropas auxiliares de los celtiberos. [2] conocedor de la deslealtad de os bárbaros y sobre todo de estas tribus, entre las que hacía tantos años guerreaba, [3]pactó con los jefes de los celtiberos mediante secretas conversaciones (la comunicación era fácil, puesto que uno y otro campamento estaban llenos de hispanos) que se llevasen de allí las tropas. [4] Por una parte, a éstos no les parecía desleal la proposición (no se trataba en efecto, de que volvieran sus tropas contra los romanos) y por otra, se les ofrecía, para que no hicieran la guerra, una recompensa tan grande como hubiera sido incluso suficiente para inducirles a hacerla. Además, no sólo el descanso en sí, sino también el regreso a su patria y el placer de ver a los suyos y a sus cosas, eran en general gratos; [5] y así, no fue mucho más difícil convencer a la muchedumbre que a sus jefes; además, ni siquiera tenían miedo de que los romanos, tan escasos en número, intentaran retenerlos por la fuerza. [6] Los jefes romanos, en verdad, deberán prevenir siempre este peligro y estos hechos serviles, para que se confíen hasta tal punto en los auxiliares extranjeros, que no tengan en el campamento mayor número de tropa y sobre todo, de su propia patria. [7] De repente, cogiendo sus insignias, los celtiberos se marcharon sin responder otra cosa a los romanos, que les preguntaban el motivo y les rogaban que se quedasen, sino que se veían reclamados por la necesidad de su hogares . [8] Escipión, cuando vio que sus aliados no podían ser retenidos ni con suplicas ni con la fuerza y comprendió que sin ellos su situación era muy inferior a la del enemigo, como no podía reunirse de nuevo con su hermano ni encontraba ninguna otra solución favorable por el momento [9] determinó retroceder cuanto pudiera, concentrando toda su atención en esto: no enfrentarse en un lugar llano con el enemigo que, después de atravesar el río, iba persiguiéndole en su huida a muy corta distancia.

Livio, 25,34, 1-14. [1]Por estos mismos días un nuevo temor, pero de mayor peligro por parte de un enemigo, acosaba a Publio Escipión. [2] Era este nuevo enemigo el joven Masinisa, aliado en este momento de los cartagineses que, después con la amistad de roma, llegó a ser ilustre y poderoso. [3] Entonces, con su caballería númida, salió al encuentro de Publio Escipión cuando se acercaba, y después se presentaba asiduamente día y noche, hasta tal punto hostil, [4] que no sólo cogía prisioneros a los que, habiéndose alejado algo del campamento con el fin de recoger leña o forraje, sorprendía vagando de un lado para otro, sino que lanzándose con frecuencia en medio de los puestos de guardia, producía enorme confusión. [5]También por la noche sus repentinas incursiones producían alarma en las puertas y en la estacada, y los romanos en ningún lugar y momento se veían libres de temor o de inquietud. [6] Se veían obligados a permanecer dentro de la empalizada, privados de todas las cosas, puesto que el asedio era casi regular y parecía que iba a ser más estecho, si Indíbil, que según se decía, se aproximaba con siete mil quinientos suesetanos, lograba unirse a los cartagineses. [7] Escipión, general prudente y previsor, obligado por la necesidad, tomó una decisión temeraria, esto es, salir por la noche al encuentro de Indíbal y trabar combate con él dondequiera que le encontrase. [8] Por consiguiente, dejando en el campamento una reducida guarnición y poniendo al frente de ella, como lugarteniente, a T. Fonteyo, salió a media noche y, encontrando a los enemigos, trabó combate con ellos. [9] Luchaban más formados en columna de marcha que en orden de batalla. Sin embargo, los romanos eran vencedores, aunque en una lucha tan confusa, resultaba difícil determinarlo. Pero de repente los jinetes númidas, a quienes pensaba el general haber burlado, desplegándose por los flancos, infundieron un gran terror. [10] Además, después de haberse entablado combate con los númidas, se sumó un nuevo enemigo: loa jefes cartagineses atacaron por la espalda a los romanos que ya estaban luchando con la caballería númida y un combate indeciso se estableció alrededor de los romanos, que no sabían a qué enemigo mejor atacar, o por qué parte, reuniendo sus fuerzas, podrían romper el cerco. [11] El general luchaba y animaba al mismo a sus soldados y se presentaba donde más era la lucha, hasta que cayó, atravesado su costado derecho por una lanza. La columna de asalto enemiga cuando vio que Escipión caía muerto del caballo, se disperso corriendo por todo el frente saltando de gozo y anunciando a grandes gritos”que el general romano había caído”. [12] Estas voces se difundieron enseguida por todas partes e hicieron que los enemigos se consideraran con toda seguridad vencedores y los romanos vencidos. [13]Perdido el jefe, los soldados comenzaron enseguida a huir del frente, pero, si bien era fácil abrirse paso entre las líneas de númidas y tropas auxiliares de armamento ligero, [14] sin embargo, a duras penas podían escapar de tan gran número de jinetes y de infantes, que igualaban en rapidez a los caballos. Casi muchos más murieron en la huida que en la lucha y ninguno hubiera sobrevivido si, habiéndose luchado cuando ya el día se inclinaba a su ocaso no hubiera llegado enseguida la noche.

Livio,25,35,1-9. [1] Inmediatamente los generales cartagineses, nada perezosos en aprovecharse de su fortuna, apenas dieron el descando necesario a los soldados, se dirigieron con su columna en apresurada marcha hacia Asdrúbal el de Amílcar, con la firme convicción de que podrían terminar la guerra, si se unían. [2] Cuando llegaron allí, se produjeron grandes manifestaciones de alegría entre los dos ejércitos y sus respectivos generales, llenos de contento por la reciente victoria con la que había logrado aniquilar a tan ilustre general con todo su ejército, y además plenamente convencidos de obtener otra victoria semejante. [3] Aún no había llegado ciertamente a los romanos la noticia de tan enorme desastre, pero había entre ellos cierto triste aliento y oculto presentimiento, como suele ocurrir en aquellos que presagian un mal inminente. [4] El propio general se daba cuenta de que mientras él había sido abandonado por sus aliados las tropas de los enemigos habían aumentado en gran manera y además, por deducciones y conjeturas, se inclinaba más bien a sospechar la derrota sufrida que a concebir alguna alagüeña esperanza: [5] En efecto, ¿cómo Asdrúbal y Magón habían podido conducir hasta allí su ejército sin lucha, a no ser habiendo terminado ya su propia guerra?, [6]ahora bien, ¿cómo su hermano no le había cortado el paso o le había seguido al menos para unir las tropas con las suyas si no podía evitar que los ejércitos y los jefes enemigos se reagruparan en uno solo? [7] Angustiado por estas preocupaciones, creía que tan solo había por el momento una solución aceptable: retroceder de allí cuanto pudiera; y en una sola noche, sin que los enemigos lo advirtieran y libre por esto de persecución, recorrieron bastante camino. [8] Al amanecer, cuando los enemigos se dieron cuenta de su marcha, comenzaron a perseguirle con una columna de tropas lo más rápidamente posible, evitando por delante a los númidas. [9] Éstos les dieron alcance antes de la noche y atacándolos ya por los flancos, ya por retaguardia, los obligaron a detenerse y a proteger la columna. Sin embargo exhotaba a que combatieran y avanzaran al mismo tiempo cuando pudieran hacerlos sin riesgo, antes de que las tropas de a pie los alcanzaran.

Livio, 25.36. 1-16. [1] Durante algún tiempo no se consiguió avanzar mucho, puesto que la columan ya vanzaba, ya se detenía, y como ya la noche se aproximaba, [2] Escipión retiró a los suyos del combate y, reuniéndolos, los condujo a cierto montículo que no ofrecía, por cierto, mucha seguridad, y menos para un ejército tan desmoralizado; pero era, no obstante, algo más elevado los restantes de alrededor. [3] Allí colocaron en el centro la impedimenta, la caballería y los infantes, situados alrededor, rechazaban fácilmente en un principio los ataques de los númidas asaltantes. [4] Pero después, cuando llegó el grueso de la columna, constituida por los tres ejércitos con sus respectivos jefes, se hizo patente que poco podrían defender tan sólo con las armas en un lugar sin fortificar. [5] El general comenzó a mirar a si alrededor y a reflexionar si podría, de algún modo, levantar en torno una empalizada. Pero la colina estaba hasta tal punto desprovista de vegetación y tan pedregoso era el suelo que ni se hallaban matorrales para cortar las estacas, ni tierra apropiada para obtener el revestimiento del césped del terraplén, ni para excavar la fosa o hacer trabajo alguno de fortificación. [6] El terreno, además, no era en absoluto escarpado, no abrupto de modo que pudiera ofrecer al enemigo acceso o subida difícil: todo estaba inclinado en suave pendiente. [7]No obstante, para oponer cierta apariencia de empalizada, pusieron alrededor las albardas entrelazadas con sus cargas, amontonándolas hasta la altura acostumbrada en las empalizadas y, entre los espacios que entre las albardas quedaban, arrojaron bagajes de todo género en montón. [8] Al llegar los ejércitos cartagineses emprendieron la subida del monte con toda faciliadad, pero el aspecto inusitado de la fortificación los retuvo primeramente como sorprendidos, [9] mientras los fejes gritaban por todas partes:”¿porqué se detenían y no desbarataban y deshacían aquel juguete que apenas valdría para detener a las mujeres o a los niños? El enemigo, oculto tras los bagajes, era ya su prisionero”. [10] Los jefes gritaban esto con desprecio, pero no era fácil ni saltar por encima, ni echar abajo los pesos acumulados, ni derribar los bagajes en montón y repletos con sus propias cargas. [11] Pasándose estaca de mano en mano, lograron deshacer los obstáculos y abrir paso a los soldados, y como esto se hizo por muchas partes a la vez, enseguida el campamento estuvo totalmente ocupado. Dominados por el mayor número, los romanos caían muertos por todas partes acribillados por los vencedores [12] Sin embargo, una gran parte de los soldados se refugió en los bosques próximos, y desde allí huyó al campamento de Publio Escipión, a cuyo frente estaba el lugarteniente T. Fonteyo. [13] Unos refieren que Gneo Escipión murió en la colina, al primer ataque de los enemigos; otros, que consiguió huir con algunos soldados a una torre próxima al campamento; que esta torre fue cercada de fuego, y de este modo tomada; al quemarse las puertas que no habían podido ser abatidas por ninguna violencia, todos murieron dentro con el propio general. [14] Gneo Escipión murió a los ocho años de haber llegado a Hispania, veintinueve días después de la muerte de su hermano. No fue mayor el sentimiento en Roma por la muerte de éstos que en Hispania entera, [15] porque entre sus conciudadanos, pate del dolor era debido a la pérdida de los ejércitos, la enajenación de la provincia y el desastre del Estado. [16] En Hispania lloraban y lamentaban la pérdida de estos generales por sí mismos. Más sentida fue la muerte de Gneo, porque su gobierno había durado más tiempo y había sido el primero en atraerse las simpatías de los hispanos y dar una prueba de la justicia y mederación romanas.

Libio, 26,37,1-19. [1] Cuando los ejércitos de Roma parecían aniquilados e Hispania perdida, un sólo hombre consiguió restablecer la situación. [2] Había en el ejército romano un activo joven, L. Marcio, caballero romano, hijo de Septimio, dotado de un valor e inteligencia bastante mayores de lo que correspondía a su posición social. [3] Las enseñanzas de Gneo Escipión, a cuyas órdenes había aprendido durante tantos años las artes de la milicia, habían venido a reforzar sus excelentes cualidades naturales. [4] Este joven, entonces, con los soldados que había logrado reunir de la huida y con otros que sacó de las guarniciones, había llegado a formar un ejército no despreciable y se había reunido con el lugarteniente de Escipión T. Fonteyo, [5] tanto prestigio alcanzó el caballero romano entre los soldados y tan grande era el respeto que le profesaban que, una vez fortificado el campamento, situado más acá del Ebro, y como pareciera oportuno designar en los comicios militares un jefe del ejército, [6] relevándose unos a otros en la vigilancia de la empalizada y de los puestos de guardia hasta que todos depositaron su sufragio, confirieron el mando supremo a Lucio Marcio. [7] Éste, inmediatamente, empleó todo el tiempo, que por cierto fue muy breve,, en fortificar el campamento y transportar víveres. Los soldados ejecutaban todas sus órdenes no sólo con inteligencia sino con espíritu animoso. [8] Pero cuando llegó la noticia de que Asdrúbal el de Gisgón, había atravesado el Ebro y se aproximaba con la intención de aniquilar los restos del ejército, y los soldados vieron que el nuevo general daba la señal para la batalla, [9] recordando qué generales habían tenido poco antes y en qué jefes y en qué tropas habían puesto su confianza al marchar al combate, empezaron todos repentinamente a llorar golpeándose la cabeza, y unos elevaban sus manos al cielo haciendo reproches a los dioses, otros, tendidos en tierra, invocaban llorando cada uno a su respectivo general, llamándole por su nombre. [10] No se lograban acallar estas lamentaciones aunque los centuriones alentaban a los soldados de su respectivo manípulo y el propio Marcio intentaba calmarlos y les increpaba diciendo que “¿por qué se abandonaban a llantos femeniles e inútiles e lugar de enardecer sus ánimos para defenderse a sí mismo y con ello a la República?, y que no permitieran que sus generales quedaran sin venganza”. [11] De repente se oyó el griterío y el sonido de las trompetas y, transformada súbitamente su pena en furia, los soldados se dispersan corriendo cada uno a sus armas y, como ardiendo en coraje, acuden en tropel a las puertas y se lanzan contra el enemigo que se acercaba descuidado y en desorden. [12] Al momento, el hecho imprevisto infundió terror a los cartagineses y, llenos de extrañeza se preguntaban de dónde habían surgido de repente tantos enemigos, estando el ejército casi aniquilado, de dónde habían recibido tan gran audacia, tan gran confianza en si mismos, unos soldados vencidos y puestos en fuga, quien se había proclamado general, muertos los dos Escipiones, quién era el jefe en el campamento, quién había dado la señal para la lucha?”. [13] Ante estos hechos, todos tan inesperados, primeramente llenos de incertidumbre y atónitos, los cartagineses retrocedieron; después, rechazados por una acometida más vigorosa, se vieron obligados a volver las espaldas, [14] y si Marcio no hubiera dado apresuradamente la señal para la retirada, y colocándose junto a los primeros manípulos, reteniendo él con su propia mano a algunos, no hubiera logrado sujetar a sus exaltadas tropas, o hubieran hecho una tremenda carnicería entre los que huían, o los perseguidores se hubierab arriesgado en un impetuoso y arriesgado ataque. Enseguida los hizo volver al campamento, ávidos todavía de matanza y sangre. [15] Los cartagineses, rechazados primeramente en desorden desde la empalizada de los enemigos, cuando vieron que nadie les seguía, pensaron que los romanos se había detenido por temor, y se retiraron a su campamento respectivamente y con paso tranquilo. [16] Igual diligencia tuvieron en la vigilancia del campamento, pues, aunque el enemigo se hallaba próximo, no obstante pensaban que no eran más que los restos de los dos ejércitos aniquilados pocos días antes. [17] Por este motivo, Marcio, después de haber comprobado que la vigilancia estaba muy abandonada y descuidada en el campo enemigo, forjó un plan a primera vista más temerario que audaz, estos es, atacar a su vez a los enemigos, [18] pensando que sería más fácil tomar el campamento de un solo Asdrúbal, que defender el suyo si se reunían de nuevo los tres ejércitos y los tres generales. [19] Al mismo tiempo pensaba que, o lograría mejorar la apurada situación de los romanos si salía triunfador en el empeño, o si era rechazado, siendo suya la iniciativa de la lucha, podría al menos evitar el desprecio hacia su persona.

Año -210.

Livio, 25.38.1-23. [1] No obstante, Marcio, pensando que debía alentar con una arenga a los soldados para que no decayera el ánimo, ante un proyecto tan repentino y poco adecuado a la situación en que se hallaban y que además habñia de ralizarse aprovechando la oscuridad de la noche, los convocó a una asamblea y les habló así; [2] ” Ya mi veneración hacia mis generales, tan forme después de su muerte como lo eran mientras vivían, ya la presente situación de todos nosotros, puede daros la seguridad, soldados, de que este mando que habéis concedido si bien gñorioso a vuestro paracer, es, sin embargo, en realidad molesto y angustioso para mí. [3] En efecto, en unas circunstancias en que, a no ser que el miedo embotara mi tristeza, a duras penas lograría dominarme de modo que pudiera encontrar consuelo en mi desaliento, me veo obligado yo solo a ocuparme de la suerte de todos vosotros, cosa en verdad muy difícil en tan profunda aflicción. [4] Y ni siquiera en los momentos en que debo pensar de qué modo podría conservar para la patria estos restos de los dos ejércitos, me es posible arrojar de mi alma la continua tristeza, [5] porque constantemente tengo presente recuerdo y las imágenes de los dos Escipiones me agitan día y noche con preocupaciones y desvelos. Con frecuencia me despiertan de mi sueño, [6] y me ordenan que no permita que mis soldados vuestros compañeros de armas, invencibles en estas tierras durante ocho años, ni la República quede son venganza. [7] Me mandan seguir sus enseñas y sus designios y así como mientras ellos vivían no hubo nadie más obediente que yo a sus mandatos,, así, después de su muerte, consideré lo mejor aquello que en cada ocasión yo opine que ellos habrían hecho. [8] Quisiera tambien que vosotros, soldados, no prosiguierais llorándolos con lamentaciones y lágrimas como si hubieran muerto, puesto que continúan viviendo llenos de gloria en la fama de sus hazañas, sino que, cuantas veces se presente a vuestra imaginación su recuerdo, debéis empezar el combate como si fueran ellos en persona los que os arengan y dan la señal para combatir. [9] Y no otra imagen, en verdad, rd la que ofreciéndose en el día de ayer ante vuestros ojos y a vuestro recuerdo, os impulsó a aquel combate memorable [10] en que disteis a los enemigos una prueba de que el nombre romano no se había extinguido con los Escipiones y que un pueblo cuya energía y valor no fueron hundidos en Cannas, resurgirá siempre de todas las calamidades que el destino le inflija. [11]Ahora, puesto que por vuestra propia voluntad os habéis atrevido a tanto, me complace poner a prueba hasta donde seréis capaces de llegar bajo la dirección de vuestro general. Ayer, cuando os dí la señal para la retirada, mientras perseguíais impetuosamente al enemigo en su desordenada huida, no quise reprimir vuestra audacia, sino diferirla, para que en mayor ocasión obtuvierais mayor gloria. [12] Así, ahora, preparados y en el momento oportuno podréis atacar a los enemigos desprevenidos, vosotros bien armados y ellos indefensos e incluso adormilados. Y no he concebido esta esperanza a la ligera, sino con un fundamento real. [13] Si alguien en verdad os preguntara cómo habéis podido defender vuestro campamento de un enemigo tan numeroso y engreído en su victoria, vosotros, tan escasos en número y abatidos por vuestra derrota, no podríais responder sino que os habíais preocupado de consolidar vuestras fortificaciones y vosotros mismos estabais equipados y dispuestos porque temíais el ataque. [14] Y así es la realidad. Los hombres se hallan indefensos, sobre todo contra los golpes imprevistos de la fortuna, porque no se adoptan precauciones ni protección alguna contra aquello que no produce inquietud. [15] Lo que menos pueden temer ahora los enemigos es que vosotros, hace poco situados y atacados asaltemos a su vez su campamento. Atrevámonos a hacer lo que nadie pueda creer que osaremos. Será tanto más fácil cuanto más difícil parece. Al llegar la media noche, os conduciré en silenciosa columna. [16] Tengo comprobado que el relevo de los centinelas no se hace con regularidad y que los puestos de guardia están medio abandonados. [17] El campamento podrá ser tomado al primer ataque y tan pronto suene en sus puertas el grito de guerra. entonces, entre los enemigos entorpecidos por el sueño y llenos de pavor ante el inesperado tumulto, atacándolos sin armas en sus propios lechos, podéis llevar a cabo aquella matanza de la que llevabais tan a mal que se os apartara en el día de ayer. [18] Sé que mi proyecto parece audaz, pero en las situaciones difíciles y casi desesperadas, las resoluciones más temerarias, son precisamente las más seguras, porque, si, al presentarse una ocasión cuya oportunidad pasa volando, se duda por un instante, en vano se la busca después, una vez perdida. [19] Un sólo ejército se encuentra próximo, otros dos se hallan no lejanos; podemos tener esperanza de triunfo si los atacamos ahora; y ya habéis probado vuestras fuerzas y las suyas. [20] Si aplazamos el día y nuestra salida de ayer hace que se fije en nosotros la atención del enemigo, existe el riego de que se reúnan todas las tropas y todos los generales; ¿Podremos después hacer frente a los tres ejércitos y a los tres jefes que Gneo Escipión no pudo resistir con su ejército intacto? [21] Lo mismo que nuestros jefes han perecido por dividir sus tropas, los enemigos pueden ser derrotados separadamente y divididos. No contamos con otros medios para hacer la guerra, por consiguiente nada debemos esperar sino la oportunidad de la noche próxima. [22] Marchad y que los dioses os ayuden. cuidad vuestros cuerpos para que, descansados y llenos de vigor, irrumpáis en el campamento de los enemigos con la misma vehemencia que habéis defendido el vuestro”. [23] Los soldados no solo escucharon con alegría el nuevo plan de su nuevo jefe, sino que les agradó tanto más cuanto más audaz era. El resto del día se empleó en preparar las armas y en atender las necesidades corporales y la mayor parte de la noche se dedicó al descanso. De madrugada levantaron el campo.

Livio, 25,39. 1-18. [1] Más allá del campo próximo, a una distancia de seis mil pasos, estaban acampadas otras tropas cartaginesas. en el espacio intermedio había un espacio cubierto de espesa arboleda, y aproximadamente en el centro de este bosque, según el procedimiento común entre los cartagineses, se ocultó una cohorte romana y la caballería. [2] Así, después de haber interceptado el camino en su parte media, las restantes tropas, en silenciosa columna, fueron conducidas hacia el campamento más próximo, y como no había ningún puesto de guardia ante las puertas, ni centinelas en la empalizada, entraron como en su propio campamento sin que nadie se opusiera. [3] Enseguida resonaron las trompetas y os romanos lanzaron el grito de guerra. Unos matan a los enemigos medio dormidos, otros prenden fuego a las chozas, cubiertas de paja seca. Otros ocupan las puerta para impedir la huida. [4] El fuego, el griterío, la matanza, todo simultáneo, aturdieron a los enemigos hasta el punto de que, como privados de sentido, no pudieron ni escuchar ni adoptar precaución alguna. [5] Inermes se lanzan entre la multitud de enemigos bien armados: unos se precipitan hacia las puertas; otros, al encontrar interceptados los caminos, saltan sobre la empalizada, [6] y a medida que iban logrando escapar, huían inmediatamente hacia el otro campamento; pero, al atravesar el bosque, fueron rodeados por los jinetes, que salieron corriendo de su escondite, y perecieron allí absolutamente todos, [7] si bien, aunque alguno hubiera logrado escapar de esta matanza, los romanos pasaron tan apresuradamente desde este campamento, que había ya tomado, hasta el otro, que no podía haberles precedido un mensajero de la derrota. [8] Allí, como pensaban hallarse más alejados del enemigo y además algunos se habían dispersado al amanecer con el fin de recoger leña y forraje y hacer alguna presa, encontraron todo en mayor desorden y menos vigilado aún; en los puestos de guardia tan sólo estaban las armas; los soldados inermes, se hallaban sentados o echados en el suelo o pasando ante la estacada y las puertas. [9] Los romanos, todavía enardecidos por la reciente pelea y orgulloso con su victoria, empezaron a combatir con estos soldados tan confiados y desprevenidos. Y así, En vano intentaron ofrecer resistencia en las puertas. Al primer griterío y alarma, acudieron corriendo desde todos los puntos del campamento, y ya dentro del recinto, se entabló un encarnizado combate; [10] y la lucha se habría mantenido por más tiempo si, al volver los escudos romanos ensangrentados, no hubieran sospechado los cartagineses la otra derrota y no les habría infundido esto un enorme pánico. [11] El terror obligó a todos a emprender la huida y, dispersándose por donde encontraron camino libre, tan sólo quedaron en el campamento los cuerpos de aquellos que habían muerto en la lucha. Así, bajo las órdenes de L. Marcio, en un sólo día y en una sola noche, fueron ocupados los dos campamentos enemigos. [12] Claudio, que tradujp del griego al latín los anales de Acilio, refiere que los enemigos tuvieron unos trinta y siete mil muertos y dejaron cautivos unos mil doscientos treinta. Además se recogió un enorme botín, en el que, entre otras cosas, [13] figuraba una escudo de plata de ciento treinta y siete libras y siete libras de peso, con la efigie de Asdrúbal Barca. [14] Valerio Antia afirma que fue ocupado u sólo campamento y cayeron en el asalto siete mil enemigos. Después, en una salida, se entabló un segundo combate con Asdrúbal en el que murieron diez mil cartagineses y fueron capturados cuatro mil quinientos treinta. [15] Pisón escribe que, mientra Magón perseguía en desorden a los nuestros que se retiraban, cayó en una emboscada, donde murieron cinco mil hombres. [16] todos consideran grande el nombre del general Marcio; e incluso algunos rodean de prodicios su gloria, afirmando que “mientras él pronunciaba su arenga, una llamarada surgió de su cabeza sin que él lo notara, y este hecho produjo un gran pavor en los soldados que lo rodeaban””; [17] y como testimonio de la visctoria que él había logrado sobre los cartagineses, estuvo en el templo hasta el incendio del Capitolio el escudo llamado Marcio con la efigie de Asdrúbal. [18] Después, por algún tiempo la situación permaneció tranquila en Hispania, porque ni uno ni otro se atrevían a arriesgar en un combate decisivo la solución de la guerra después de tan grandes derrotas recibidas e inferidas recíprocamente.

Livio, 26.18.1-11. [1] entre tanto en Hispania, después del desastre recibido, ninguno de los pueblos se pasaron al bando de los romanos ni ningunos nuevos desertaron. [2] Y en roma. después del desatre de Capua, el Senado y el pueblo se preocuparon más por Italia que por Hispania. Estaban de acuerdo en que se incrementara el ejército y que se enviara un general. [3] Y no estaba suficientemente claro tanto el que se enviara a éste como el que se eligiera muy bien a aquel que iba a suceder en su puesto a aquellos dos que siendo extraordinarios generales habían caído hacía treinta días. [4] Proponiendo unos a uno y otros a otros, finalmente se llegó a la conclusión de que se celebraban comicios para la elección de procónsul en Hispania. Los cónsules fijaron fecha para la elección del mismo. [5] Primeramente esperaban que, quienes se consideraban dignos de tan gran mando, dijeran públicamente sus nombres. cuando desapareció tal expectación, se les vino de nuevo encima el pesar de la derrota encajada y la añoranza de los generales muertos. [6] Así, pues, la ciudad se ensombreció y casi falta de decisión en el día de los comicios, no obstante se dirigió al Campo de Marte. Y dirigidas sus miradas hacia los magistrados, contemplan los semblantes de los principales que se miran entre sí, y empiezan a levantarse hasta tal puto que las derrotas sufridas por las pérdidas y situación desesperada de Roma, que nadie se atreviera a aceptar un cargo militar en Hispania, [7] cuando de forma inesperada, Publio Cornelio, hijo de Publio (tristemente famoso) que había muerto en Hispania, con una edad aproximada de veinticuatro años, habiendo dicho públicamente que él estaba dispuesto a ir, se situó en lo más alto, desde donde todo el mundo lo pudiera ver. [8] Después que todos los ojos se dirigieron hacia él, al instante, con favor clamoroso, le auguraron un mando feliz y favorable. [9] A continuación, todos a una fueron obligados a prestar sufragio no sólo las centurias, sino incluso los hombre de Escipión, y ordenaron que el mando estuviera en Hispania.[10] Después de realizado este acto, como quiera que se hubieran tranquilizado los ánimos y la euforia, se produjo un inesperado silencio y un pensamiento callado vagaba por las mentes: ¿ Valía más la razón que el favor despertado? [11] Preocupaba sobre todo la edad. Algunos sentían miedo a la suerte, a la casa y al nombre por las dos desgraciadas familias de quien iba a dirigirse a aquella tierra donde se debían desarrollar los acontecimientos entre las tumbas de padre y tío.

Livio, 26,19, 1-4,10-14. [1] Cuando notó, por la rapidez con que se realizaron los hechos, la gran preocupación de los hombres, convocada una asamblea, habló de tal forma sobre su edad, de su poder encomendado y de la guerra que debía emprender, [2] que levantó de nuevo el ardor que ya se había apagado, lo renovó y llenó a la gente de una esperanza tan segura como suele producir la fe de una promesa humana o el razonamiento nacido de una confianza cierta. [3] Escipión no fue precisamente admirable sólo por sus verdaderas cualidades, sino porque se encontraba dotado de cierta habilidad desde su infancia y hacía ostentación de ello, [4] y muchas veces, ante la multitud pareció verse entre sombras nocturnas o comportándose con una mente premonitora, o como dejado llevar por una mente inspirada por la divinidad…[10] A aquellas tropas pertenecientes al antiguo ejército que tenía en Hispania y a la que habían sido transportadas desde Puzol con Gayo Nerón, se suman diez mil soldados y mil jinetes y el propretor Marco Silano fue cedido como ayudante para llevar a cabo aquella empresa. [11] Así, con una armada de treinta naves -todas eran quinquerremes-, desde la desembocadura del Tíber, costeando las orillas del mar Tirreno, los Alpes, el golfo galo, y después el promontorio de los Pirineos, desembarcó sus tropas en Ampurias, ciudad griega, pues son oriundos de Fócea. [12] A continuación ordenó que las naves avanzaran y se dirigió a Tarragona con la infantería. Reunió a todos los aliados, pues a consecuencia de su fama se habían presentado numerosas legaciones de toda la provincia. [13] Ordenó que se vararan las embarcaciones allí, y que cuatro trirremes marsellesas que habían sido enviadas por delante desde Roma con una misión, se enviaran de nuevo a su lugar. [14] Después comenzó a dar respuestas a cada una de las legaciones inquietas por la variedad de tanto desastre, de forma que no se perdiera ninguna palabra audaz de su ánimo tan encendido, y que todo cuanto dijera inspirara tanta autoridad cuanta fidelidad.

Livio,26.20, 1-11. [1] Se marchó de Tarragona y el ejército se dirigió hacia las ciudades de los aliados y a los campamentos de invierno; elogió a los soldados porque había dominado a la provincia después de los reveses sufridos en dos encuentros sucesivos, [2] y porque, no consiniendo los que gozaban de las glorias del triunfo, tras haberlos hecho retroceder de los campos de la parte de acá del Ebro y haber defendido a los aliados con lealtad. [3] Tenía a Marcio a su lado con tan gran honra que fácilmente apareciera que no temía nada más que alguien le hiciera sombre a su fama. [4] Silano sucedió a Nerón y los nuevos soldados fueron llevado al campamento de invierno. Escipión, emprendidas y realizadas todas las cosas que debía hacer rápidamente, se dirigió a Tarragona. [5] Entre los enemigos la fama de Escipión no era mucho menor que entre los aliados y conciudadanos y una cierta intuición y previsión del futuro causaba un mayor recelo, de manera que podría convertirse, invertirse y convertirse en una causa de miedo nacido supersticiosamente. [6] Por distintos caminos se dirigieron al campamento. Asdrúbal Gisgón se extendía hasta el Océano y Gades; Magón, hasta el Mediterráneo y, principalmente, hasa del desfiladero de Cástulo; Asdrúbal, hijo de Amílcar, se situó junto al Ebro y paso el invierno en los alrededores de Sagunto. [7] Al final de aquel verano en el que fue tomada Capua, Escipión llego a Hispania; cuando se puso en marcha la armada púnica desde Sicilia a Tarento para evitar el abastecimiento de la guarnición romana que [8] había en la ciudadela tarentina, cerró todos los accesos desde el mar hacia la ciudadela, pero con el asedio prolongado, provocaba una carestía mucho más intensa para los aliados que para el enemigo, [9] pues no se podía ayudar a los ciudadanos a través de la tranquila playa y a puerto abierto con la ayuda de las naves púnica, con tan gran cantidad de trigo cuanta gastaba la propia multitud de naves formada por toda clase de hombres,[10] de forma que la guarnición de la ciudadela pudiese sustentarse sin abastecimientos de víveres nuevos, porque eran pocos, ya que estaban previstos de antes, y para los tarentinos y para la armada no era ni aún siquiera suficiente lo transportado. [11] Finalmente la armada fue despedida con mayor favor y agradecimiento del que había traído: el abastecimiento no les había aliviado mucho, al estar lejos la ayuda naval, no se había podido transportar el trigo.

Livio, 26,21,1-2. [1] Al final de aquel mismo verano, M. Marcelo había llegado a Roma desde la provincia de Sicilia, fue recibido en audiencia por el pretor C. Calpurnio en el templo de Belona. [2] Habiendo tratado allí de las operaciones realizadas por él, tras lamentarse ligeramente no tanto de su suerte como de la de los soldados, porque no le había gustado llevarse al ejército, estando la provincia en muy mal estado, pidió entrar en la ciudad con los honores del triunfo. No lo consiguió.

Livio, 26,41,1-9. [1] En Hispania, al principio de la primavera, P. Escipión, botadas las naves y convocadas mediante un edicto las tropas auxiliares de los aliados, ordenó enviar la armada y los navíos de carga hacia la desembocadura del río Ebro. [2]Habiendo ordenado que reunieran allí las legiones desde el campamento de invierno, él mismo con cinco mil aliados, se dirigió hacia el ejército desde Tarragona. Habiendo llegado allí, considerando que debía dirigir la palabra a los extraordinarios soldados veteranos que sobrevivieron en medio de tanto desastre militar, convocada una asamblea, les habñó así: [3] “Ningún nuevo general antes que yo pudo dar con toda justicia y derecho las gracias a sus soldados antes de que se sirviera de ellos: [4]la suerte me obligó a vosotros antes de que viera la provincia y el campamento, en primer lugar por aquella piedad hacia mi padre y mi tío mientras estuvieron vivos y muertos, [5] en segundo lugar, porque, a causa de tan gran desastre de la provincia, habéis recuperado íntegramente las posesiones perdidas, por vuestro valor, para mí, como sucesor, y para el pueblo romano. [6] Pero, cuando tengamos los preparativos listos y emprendamos la acción, con los dioses favorables, no vamos a permanecer en Hispania como ellos, sino que vamos a hacer que no quede ni un púnico ante la desembocadura del Ebro; no vamos a evitar el paso de los enemigos, sino que pasaremos nosotros y le llevaremos la guerra. [7] Temo que a alguien parezca vuestra decisión mayor y más audaz de lo que corresponde al recuerdo de los desastres hace poco recibidos, o con relación a mi edad. [8] Nadie mejor que yo puede olvidarse de los reveses militares recibidos en Hispania, como de quien su padre y su tío, en un espacio de treinta días, fueron muertos, de tal modo que se acumulara sobre la misma familia muerte sobre muerte. [9] Pero como la orfandad familiar y la soledad quebrantan el ánimo, tanto la suerte del Estado como el valor personal prohíben caer en la desesperación extrema. Por un extraño hado se nos ha dado tal suerte que, vencido en grandes guerras, saldremos vencedores. [19] Mi ánimo, que en estos momentos es mu mayor inspiración, me augura que Hispania va a ser nuestra, y que todo nombre púnico será desterrado de aquí, y los mares y las tierras se llenarán de huidos a la desbandada. [20] Lo que la mente espontáneamente adivina, igualmente la razón certera lo acepta. Nuestros aliados, vejados por éstos, piden por medio de embajada nuestra lealtad. Tres jefes en desacuerdo, estando a punto de separarse uno de otro, dividieron el ejército en tres partes muy alejadas entre sí. [21] La misma fortuna que se cebó sobre nosotros cae ahora sobre ellos; efectivamente se separan de sus aliados como nosotros antes de los celtiberos, y dividieron los ejércitos, hecho que la causa de la pérdida de mi padre y de mi tío. [22] La discordia interna no les deja ir juntos a una, ni podrán hacer frente a cada uno de nosotros separadamente. Vosotros, ahora, soldados, apoyad el nombre de los Escipiones, descendiente de vuestros generales, brotando de ramas cortadas. [23] Ea, soldados veteranos, haced pasar el Ebro a vuestro nuevo general; pasad a una tierras recorridas por vosotros con grandes éxitos de armas. [24] Rápidamente haré que, tal como ahora habéis reconocido en mí la figura, el rostro y el aspecto de mi padre y de mi tío, [25] se os dé una imagen de ingenio, lealtad y valor de forma que cualquiera de vosotros dirá que os ha renacido el Escipión general”

Livio, 26,42, 1-9. [1] enardecidos los ánimos de los soldados con este discurso, dejando a M. Silano para la defensa de la región con tres mil infantes y trescientos jinetes, hizo pasar el Ebro a todas las restante tropas, -había entonces veinticinco mil infantes y dos mil quinientos jinetes-. [2] Aconsejando algunos que, teniendo en cuenta que los ejércitos púnicos se habían separado hasta tan diversas regiones, se atacara al más cercano, diciendo que era un peligro que por tal acción se agruparan todos en uno, y la cosa no era igual si se trataba de todos los ejércitos [3], determinó entre tanto asaltar a Cartago Nova, ciudad opulenta por sus grandes riquezas y llena de todo aparato militar, -había allí armas, dinero y rehenes de toda Hispania-, [4] situada además en una zona estratégica para pasar al África, como sobre un puerto bastante grande para una armada de gran escala, y no conozco ningún otro en las costas de Hispania que esté en nuestro mar. [5] Ninguno sabía por donde se iba a ir, salvo Gayo Lelio. Éste, situado en el centro de la armada, de tal modo había ordenado la marcha de las naves que, al mismo tiempo, Escipión, desde tierra, presentaba el ejército y la entrada de la armada en el puerto. [6] En siete días se llegó desde el Ebro a Cartago Nova, por tierra y por mar simultáneamente. el campamento fue instalado en la parte de la región de la ciudad que mira al norte; se le opuso una empalizada desde la parte de atrás porque la parte frontal se encontraba defendida por la propia naturaleza del terreno. [7] De esta forma se encuentra emplazada Cartago Nova: hay una enseada en casi la mitad de la costa de Hispania, sobre todo el frente al viento africano, con unos dos mil quinientos pasos hacia el interior, y con una anchura un poco más extensa. [8] En la desembocadura de éste, una enseñada en una pequeña isla que sobresale del mar, forma un puerto protegido de todos los vientos, sobre todo el africano, Desde el interior de la ensenada se extiende una península y sobre esta misma colina ha sido construida la ciudad, por levante y por el sur protegida del mar. [9] Una colina que se extiende en unos doscientos cincuenta pasos, une la ciudad con tierra firme, Desde allí, puesto que la defensa de la ciudad es de tan escasa importancia, el general romano no levantó defensa, bien haciendo alarde de confianza ante el enemigo, o para que el acceso a las murallas quedara abierto.

Libio, 26,43, 1-8. [1] Habiéndose terminado las obras de la partes que se tenían que fortificar, puso las naves en orden en el puerto, colocándolas en posición de asedio naval. Tras haber pasado revista a la armada, recomendando a los prefectos de la armada que mantuvieran guardias nocturnas en prevención, ya que el enemigo lo intentaría todo tan pronto como se encontrara asediado, [2] habiendo regresado al campamento para informar del plan de su proyecto a sus soldados, ya que se iba a comenzar una guerra en una ciudad que debía ser asaltada, y dando esperanzas con exhortaciones, de que se apoderaría de la ciudad, tras convocar una asamblea, habló en los siguientes términos: [3] Si alguno cree que vosotros sois llevados para asaltar una sola ciudad, este tal tiene un más un motivo exacto de vuestro trabajo que de beneficio. Verdaderamente vais a asaltar los muros de una ciudad, pero con una sola ciudad vais a apoderaros de toda Hispania. Aquí está todo el dinero de los enemigos [4] “Aquí están todos los rehenes de todos los nobles de los reyes y pueblos que al mismo tiempo caerán en vuestro poder. Inmediatamente, todo cuanto se encuentra en poder de los cartagineses, lo encontrarán cuando se rindan. [5] Aquí está todo el dinero de los enemigos, sin el que ellos no pueden emprender ninguna clase de guerra, porque mantienen un ejército de mercenarios; y este dinero nos será de gran utilidad para ganarnos los ánimos de los bárbaros. [6] Aquí están las catapultas y todas las armas, que al mismo tiempo servirán para nuestra instrucción y dejarán desnudos a los enemigos. [7] Nos apoderaremos además de una rica ciudad con un puerto tan excelente, desde donde se nos proporcionarán todos los medios de guerra por tierra y por mar que exige la contienda.Cuando tengamos estas grandes cosas, entonces arrebataremos al enemigo otras mucho mayores. [8] Esta es su ciudadela, este granero es su arsenal de armas de bronce, este es el escondite de todas sus cosas; por aquí se encuentra la línea recta desde África; esta es una de las plazas desde los Montes Pirineos y Gades; desde aquí África amenaza a todas Hispania.

Livio, 26, 44, 1-10. [1] Los había armado. al ver que por tierra y por mar se preparaba el asalto, él mismo dispuso [2] las tropas. Dos mil ciudadanos pone delante por aquella parte en la que se encontraba el campamento romano. Asedia a la ciudadela con quinientos soldados, sitúa a otros quinientos e una colina de la ciudad hacia levante. Ordena que la restante multitud se dirija allí done se produzca clamor o donde una desesperada situación lo exigiera atenta a todo. [3] Una vez abierta la puerta envía a aquellos que habían previamente preparado, por el camino que conduce al campamento de los enemigos. Los romanos, al tomar la iniciativa su propio jefe, se retrajeron un poco con el fin de que tomara sitio en el combate los más apropiados para tal cometido. [4] Al principio, el combate fue equilibrado; las tropas de ayuda enviadas después desde el campamento, no hicieron solamente huir al enemigo, sino que, hasta tal punto, atosigaron a los desparramados que, si no hubiera tocado retirada, pareciera que había caído sobre la ciudad mezclados con fugitivos. [5] El lugar no fue mucho mayor en la ciudad que en el combate. Muchos puestos de guardia, a causa del pavor y el miedo, fueron abandonados y las murallas fueron abandonadas tras saltar por donde a cada uno le vino más cerca. [6] Cuando al entrar Escipión se dio cuenta de que la colina que llaman de Mercurio había sido abandonada en muchas partes por los defensores, ordena que todos, saliendo del campamento vayan a asaltar la ciudad y que lleven escaleras. [7] -El mismo se acerca a la ciudad protegido con los escudos de tres fuertes jóvenes delante de él, -una enorme fuerza de toda clase de armas arrojadiza era lanzada desde los muros-, y exhorta y ordena lo que es oportuno-, [8] y lo que sobre todo era conveniente para encender los ánimos de los soldados; era testigo y espectador del valor y de la pereza de cada uno. [9] Así, pues, se lanza contra los golpes y las armas; no pueden rechazarlos ni los que se encontraban encima de los muros armados, porque avanza a porfía. Y al mismo tiempo desde la naves, toda la parte de la ciudad que se encontraba bañada por el mar, es capturada. Por ello se produjo un tumulto mayor que la propia violencia. [10] Mientras se aplica a ello y despliegan apresuradamente las escaleras, mientras cada uno se apresta a saltar a tierra por donde le viene más cerca, con la propia precipitación, unos se estorban a otros.

Livio, 26,45, 1-9. [1] Mientras ocurren estas cosas, el cartaginés llena los muros de soldados armados y una gran violencia se producía a causa de la enorme congestión de armas. [2] Pero ni los hombres ni las armas ni ninguna otra cosa podía defenderse como una muralla. Pocas escaleras pudieron igualar la altura de las murallas, y por donde eran más altas, por allí eran más débiles. [3] De esta forma, al no poderse escapar que se encontraba en lo alto, sin intentaban atacarlos subiendo por las escaleras, se rompían por su propio peso. A unos que habían subido con escaleras, el humo los cegó y cayeron a tierra. [4] Hombres y escaleras caían por todas partes y como quiera que a la llegada misma creciera el empuje y ánimo de los enemigos, se dio la señal de retirada. [5] Esto les dio no sólo una esperanza ante la intranquilidad presente, sino incluso que, en adelante, la ciudad no podía ser tomada no con escaleras ni con cercos, -a causa de la obsesión de tanta derrota-,;las obras de reparación serían difíciles y darían tiempo para llevar ayuda a sus generales. [6] Cuando apenas había cesado el anterior tumulto, Escipión ordenó que soldados de refresco y con nuevos bríos tomara las escaleras de los fatigado y heridos y que atacaran la ciudad con mayor ímpetu. [7] cuando le fue anunciada a Escipión que la marea bajaba, por en medio de unos pescadores, bien valiéndose de unas barcas pequeñas, bien encayando las mismas en los vados al recorrer los marinos la laguna, se dio cuenta de que era fácil abrirse paso hacia la muralla, y condujo allí, con él, a quinientos soldados armados. [8] Era casi medio día y en esos momentos en que el agua se repliega hacia el mar de forma espontánea deslizada por su propia corriente. Entonces se levantó un fuerte viento norte que empujaba a las aguas de la laguna hacia donde iba la corriente, y hasta tal punto había dejado vacíos los vados que en algunos sitios el agua llegaba hasta el ombligo; en otras partes, apenas si llegaba a las rodillas. [9] Con cuidado y razón, esto fue interpretado como un prodigio. Escipión, dirigiéndose a los dioses quienes le habían apartado las aguas del mar para el paso de los romanos, y había rebajado el nivel de la laguna, ordenó que Neptuno fuera delante como jefe de la expedición y que pasara por medio de la laguna hacia la muralla.

Livio, 26,46,1-10. [1] Un enorme trabajo les quedaba a quienes permanecían en tierra firme. No era un obstáculo tanto la altura de las murallas, sino que, incluso, los que avanzaban, se encontraban entre dos fuegos, hasta el punto de que los ataques laterales eran más peligrosos para los que atacaban que poner los cuerpos ante las armas de los enemigos. [2] En otra parte, para unos quinientos, el paso a través de la laguna fue fácil, y desde allí, la subida a las murallas; pues no estaban protegidos con obra fuerte hasta el punto de haber confiado excesivamente en la defensa natural del propio lugar como la laguna, y no hubiera ningún puesto de guardia, ni guarnición armada apostada ya que se encontraban todos ocupados en prestar ayuda allí donde se producía peligro. [3] Una vez que entraron en la ciudad sin luchar, desde allí se dirigen lo más rápido que pueden a la puerta en torno a la que se desarrollaba el combate. [4] Los ánimos de éstos no sólo estuvieron atentos a la lucha, , sino que incluso eran oídos y ojos [5] de los que luchaban, mirando y animando a los luchadores para que nadie se diera cuenta de que la ciudad había sido tomada por la espalda, antes de que las flechas cayeran contra los enemigos y tuvieran un doble enemigo por ambas partes. [6] Entonces, desordenados los defensores por el miedo, las murallas comenzaron a ser tomadas y la puerta a ser derribada por dentro y por fuera; y enseguida, a causa de la matanza, muertos y apartados para que no estorbaran el paso en las puertas, el ejército atacó. [7] Gran cantidad de soldados pasaron por encima de las murallas.Éstos por todas partes de dedicaron a matar a los ciudadanos. el escuadrón que había pasado por la puerta con sus jefes, en orden de batalla por medio de la ciudad, llegó hasta el foro. [8] Desde allí, al ver que los enemigos huían por dos caminos, unos se dirigieron hacia la colina que se extendía hacia levante, ocupada y guarnecida con quinientos soldados; otros hacia la misma ciudadela, en la que el propio Magón con casi todo su ejército se había refugiado tras ser expulsados de los muros. envía una parte del ejército contra la colina para asaltarla, y él mismo conduce la otra parte contra la ciudadela. [9] La colina fue tomada al primer ataque, y Magón, al intentar defenderla y ver que todo estaba lleno de enemigos y que no había esperanza alguna, se entregó juntamente con la ciudadela y la guarnición. [10] en el momento en que la ciudadela se rindió, se produjo una tremenda matanza en toda la ciudad y no se perdonaba a ningún joven que salía al paso. Dada entonces la señal, se puso fin a la matanza. Los vencedores se dedicaron al pillaje que tuvo como resultado un enorme y variado botín.

Livio, 26,47,1-10. [1] De hijos varones de la nobleza ibérica se recuperaron alrededor de diez mil. Dejó en libertad a los que eran ciudadanos de Cartago Nova. Los devolvió a la ciudad y todo cuanto como restos les había dejado la guerra. [2] Había alrededor de dos mil artesanos. Les comunicó que serían esclavos del pueblo romano con la cercana esperanza de libertad si se portaban bien en los menesteres de la guerra. [3] El resto de la multitud de jóvenes y de esclavos fuertes se destinó como ayuda para los remeros de la armada. Incrementó el número de naves en ocho, equipadas con prisioneros. [4] Aparte de esta multitud de hispanos había rehenes, por lo que se tuvo el cuidado de tratarlos como hijos de aliados. [5] Igualmente se incautó una gran cantidad de equipo bélico: más de ciento veinte catapultas de gran tamaño, y doscientas ochenta y una pequeña; [6] veintitrés ballestas grandes, cincuenta y dos pequeñas y un gran número de escorpiones grandes y pequeños, de armas y de lanzas; sesenta y cuatro enseñas militares. [7] Gran cantidad de oro y de plata fue enviada al general: doscientas sesenta y seis copas de oro, csi todas de una libra de peso; de plata bruta y labrada dieciocho mil trescientas, de una libra y gran cantidad de vasos de plata. [8] todas estas piezas fueron contadas y pesadas por el cuestor Gayo Flaminio. Se cogieron cuarenta mil modios de trigo y doscientos setenta mil de cebada. [9] fueron asaltadas y capturadas setenta y tres naves de carga en el puerto, algunas incluso con la mercancía: trigo, armas, bronce, hierro, lienzos, esparto y otros objetos destinados para la construcción naval, [10] de forma que la propia Cartago fuera poca cosa ante tan gran cantidad de armamento bélico capturado.

Livio,26,48,1-14. [1] Aquel mismo día se le ordenó a Gayo Lelio, juntamente con los aliados navales, proteger la ciudad, [2] y él mismo llevó las legiones al campamento y ordenó que los soldados, cansados por todas las operaciones bélicas del día, puesto que habían combatido y habían sufrido tanto riesgo en la toma de la ciudad, y después de tomada habían tenido que pelear duramente contra los que se habían refugiado en la ciudadela, ordenó, digo, que dieran descanso a sus cuerpos. [3] Al día siguiente, convocados los soldados marinos y los aliados, en primer lugar dio gracias a los dioses inmortales, quienes no solo se había solidarizado colaborando en la toma de una riquísima ciudad en un sólo día, sino que incluso antes había colaborado con todas las fuerzas de África y de Hispania, de forma que no les quedara nada en absoluto a los enemigos y a ellos le había quedado todo intacto. [4] Elogió a continuación el valor de los soldados porque no les había asustado ni la salida impetuosa de los enemigos, ni la altura de las murallas, ni los desconocidos vados de la laguna, ni el fortín situado en los alto de la colina, ni la fortificada ciudadela, de forma que la sobrepasaron y la destrozaron. [5] Así, pues, aunque estaba en deuda con todos, la principal manifestación de homenaje público en el cerco de las murallas se debía a aquel que había sido el primero en pasarlas: galardonaría a aquel que se había hecho merecedor de tal encomio. [6] fueron propuestos dos: Quinto Trebelio, centurión de la legión cuarta, y Sexto Digitio, aliado marino. Y ellos mismos entre sí no competían tanto como habían expuesto sus vidas frente al enemigo. [7] Gayo Lelio, prefecto de la armada, había estado con los aliados, y Marco Sempronio Tuditano, con los legionarios. [8] habiendo llegado esta disputa casi hasta la sedición, indicando Escipión a tres jueces de litigio, quienes, oídos los testigos, juzgaron con conocimiento e causa cual de los dos había traspasado en primer lugar las murallas de la ciudad, [9] siendo Gayo Lelio y Marco Sempronio abogados de uno y otro bando, sacando de entre ellos otro, añadió a Publio Cornelio Gaudino y ordenó que los tres litigantes se sentaran e hicieran su exposición. [10] Como quiera que este asunta se tratara y desarrollara en medio de una disputa mayor que un combate, porque los privados de tan gran cargo no habían sido llamados tanto como abogados como moderadores de estas ambiciones, Gayo Lelio, tras abandonar el consejo, se dirigió a Escipión ante el tribunal, [11] y le informa que el asunto se desarrolla si moderación bi control y que estaban apunto de llegar a las manos entre los dos; por lo demás, eliminada cierta violencia, el asunto se desarrollaba como en cualquier otra situación de este tipo de cosas odiosas, a saber: la gloria del valor se busca con engaño y mentiras. [12] Aquí se encontraban igualmente los soldados legionarios, los soldados de la armada dispuestos dispuestos a jurar por todos los dioses, más lo que querían que lo que sabían que era cierto, y a comprometer con perjurio no sólo su vida sino las enseñas militares, las águilas y el compromiso de juramento. [13] Ante él exponía estas cosas de parte de P. Cornelio y M. Sempronio. Escipión, tras felicitar a Gayo Lelio, convocó una asamblea y declaró que él estaba bastante seguro de que Quinto Trebolio y Sexto Digitio habían traspasado el muro a la vez y de que él premiaba a los dos por su valor, con la guirnalda mural. [14] A continuación premió a los restantes según el mérito del valor de cada uno: antes que a nadie, a Gayo Lelio prefecto de la armada, a quien igualó a sí mismo, con toda clase de elogios, lo premió con una corona de oro y treinta bueyes.

Livio, 26,49, 1-16. [1] A continuación ordenó llamar a los rehenes hispanos, de los que da vergüenza citar el número; pues se diría por unos que ascendían a trescientos y por otros, a tres mil setecientos veinticuatro. [2] Igualmente las cifras difieren entre los autores: unos dicen que la guarnición púnica era de diez mil hombres, otros de siete mil, y otros por encima de los veinticinco mil. [3] Se ha escrito que los escorpiones mayores y menores capturados ascienden a sesenta, según el autor griego Sileno. Según Valerio Antias eran seis mil los escorpiones mayores, y los menores trece mil. a la hora de maginar, no existe control alguno. [4] Ni aun siquiera se está de acuerdo en el número de jefes. La mayoría dice que Gayo Lelio estaba al frente de las naves; otros, que era M. Silano. [5] Valerio Antias dice que Aris estaba al frente de la guarnición púnica, entregándose a los romanos; otros dicen que fue Magón. [6] Tampoco se está de acuerdo en el número de naves capturadas, ni en la cantidad de oro o plata, ni en el dinero; si hay que creer a alguien, lo mejor es quedarse en la mitad. [7] Por lo demás, una vez llamados los rehenes, se les pidió que tuvieran buen ánimo, pues habían venido a caer en el poder del pueblo romano [8] quien prefiere atraerse más a los hombre más por favores que por miedo, y entablar pactos con los pueblos extranjeros más por medio de la lealtad que con una triste esclavitud. [9] A continuación, dando los nombres de sus respectivas ciudades, pasó revista a los cautivos, cuantos y de qué ciudad eran, y envió mensajeros a sus casas para que cada uno viniera a recoger a los suyos. [10] Si se presentaban algunos legados de las ciudades, los despedía con presentes. al cuestor Gayo Flaminio le encomendó el cuidado de los demás. [11] Entre estas cosas, de en medio de la multitud de rehenes, una mujer, poseída de gran temor, esposa de Mandonio, que era hermano de Indíbil, príncipes de los ilergetes, llorando se arrojó a los pies del general y comenzó a rogarle que pusiera un gran cuidado en los guardianes destinados a los mujeres. [12] Diciéndoles Escipión que no les faltaría de nada, entonces la mujer de nuevo replicó:”noNo le damos importancia a esas cosas; porque, para ésta ¿qué clase de suerte no es suficiente? Es otro tipo de preocupación la que me embarga al mirar a estas mujeres , pues yo ya estoy fuera del riesgo del ultraje femenino”. [13] Exuberantes por su edad y por su belleza en torno a ella estaban las hijas de Indíbil y otras similares en nobleza, todas ellas teniéndola como madre. [14] Entonces Escipión dijo:”Yo haría en defensa de mi disciplina y de la del pueblo romano que no se viole jamás nada de lo que entre vosotras sea considerado sagrado; [15] y ahora, para tomar las debidas precauciones, vuestra virtud y dignidad hace que seáis dignas del cuidado propio de una matrona incluso en los peligros”. [16] A continuación las entregó a un hombre de probada integridad y le ordenó que las cuidara con el mismo respeto que se daba a las madres y esposas de los huéspedes.

Livio, 26,50, 1. [1] Una doncella de edad madura, cautiva, es llevada por los soldados ante él, dotada de tal belleza que hacía volver la mirada a su paso…

Livio, 26,51. 1-14. [1] Escipión retuvo consigo a Lelio hasta que situara a los cautivos y rehenes y el botín, según su opinión. [2] Dispuestas todas las cosas según su parecer, una vez preparada una quinquerreme, envía a Roma un mensajero para comunicar la victoria, tras embarcar en seis naves los cautivos juntamente con Magón y quince senadores que con él había sido hechos prisioneros. [3] Él mismo se tomó unos cuantos días, durante los cuales había decidido permanecer en Cartago Nova, para entrenar a los soldados del mar y a la infantería. [4] En el primer día las legiones recorrieron con las armas un espacio de cuatro millas; en el segundo fueron obligados a limpiar las armas y a asear las tiendas de campaña; al tercer día se enfrentaron entre sí con varas, fingiendo un combate real, y se entrenaron con varas con nudos. El cuarto día se destinó al descanso. el quinto se trabajó. [5] Mantuvieron este orden de trabajo y descansó mientras estuvieron en Cartago Nova. [6] Los soldados dela armada llevados a alta mar eran ejercitados en el manejo de la habilidad naval y en arte de asaltar una nave. [7] Todas estas operaciones, fuera de la ciudad, por tierra y por mar, ejercitaban los cuerpos y los ánimos para el combate. La propia ciudad resonaba con los dispositivos de la guerra, llenos los arsenales con toda clase de artesanos en artes de la guerra. [8] El general visitaba todas estas cosas con similar cuidado, ya se encontraba con la escuadra naval, ya con la infantería, ya se dedicaba a la inspección de las cosas y obras, tanto los objetos que se fabricaban en los talleres las de los armeros y arsenales; cada día una multitud de operarios se dedicaba a estos quehaceres. [9] De esta forma iniciada y realizadas las operaciones de reposición de averías en los muros, y colocadas guarniciones para custodia de la ciudad, se marchó a Tarragona, recibiendo muchas legaciones en el camio, a las que despidió en marcha, después de darles una respuesta [10] a una parte la llevó hasta Tarragona, en donde había dicho que se reuniría con todos los nuevos y viejos aliados. [11] Y casi todos cuantos viven en la parte de acá del Ebro, muchos pueblos incluso de la provincia ulterior se reunieron aquí. Los jefes de los cartagineses al principio ocultaron intencionadamente el rumor de la ciudad tomada; después, como la situación era bastante clara que impidieran ocultar y fingir la situación, moderaban la realidad con palabras. [12] Con una llegada inesperada y casi llegado el día,, sólo una ciudad hispana había sido tomada que un joven engreído, con el premio de un triunfo insignificante había impuesto una especie de gran victoria con demasiado gozo: [13] pero cuando había oído que se acercaban tres generales, tres vencedores del ejército enemigo, en seguida le llegaron los recuerdos de la muerte de los propios paisanos. [14] Estas cosas lanzaban al público, sin que ellos ignoraran cuanto se había perdido en todas las fuerzas, una vez perdida Cartago Nova.

Año -208.

Livio, 27,14, 5. [5] Los españoles ocupaban por decisión de Aníbal la primera línea, y esta era la principal fuerza de todo el ejército.

Livio, 27, 17, 1-17. [1] Al principio del verano en que se realizaban estas cosas, Publio Escipión, habiendo pasado el invierno en ganarse a los bárbaros, a unos con dinero, a otros con la devolución de los rehenes y cautivos, Edesco, uno de los famosos caudillos hispanos, vino ante él. [2] su esposa e hijos estaban en poder de los romanos; pero, aparte de este motivo, la atrajo hacia él aquella fortuita inclinación de ánimos que había arrastrado a toda Hispania del dominio púnico al romano. [3] Por el mismo motivo se presentaron Indíbil y Mandonio, ciertamente los principales de toda Hispania, con toda su tropa popular, después de abandonar a Asdrúbal para dirigirse hacia las colinas que se asomaban sobre su campamento, en donde se encontraba seguro en medio de los montañas que le rodeaban, sería recibido por los romanos. [4] Asdrúbal, al darse cuenta de que el ejército enemigo se encontraba con la adición de tan grandes tropas, que las suyas disminuían y que se perderían por donde pudieran, si no se apresurara para incrementarlas algo, determinó entablar combate cuanto antes. [5] Escipión deseaba mucho más la lucha ya por la esperanza que incrementaba la buena marcha de las operaciones militares, ya porque antes de que se agruparan los ejércitos de los enemigos, prefería luchar con u solo general y un ejército, a hacerlo con todos. [6] pero incluso si hubiera que luchar al mismo tiempo con varios, por ello incrementó con cierta habilidad las tropas. Pues al darse cuenta de que no se utilizaba en absoluto el material de guerra naval, ya que toda la costa hispana se encontraba desprovista de armas púnicas, habiendo varado las naves en Tarragona, sumó al ejército de tierra las tropas navales. [7] Había gran cantidad de armas de las que fueron capturadas en Cartago y las que fueron fabricadas después de la toma de la ciudad, por los artesanos de la misma. [8] Al inicio de la primavera, Escipión, saliendo con sus tropas desde Tarragona -pues ya había regresado Lelio de Roma sin el que no quería hacer ningún movimiento de tropas- emprendió la marcha contra el enemigo. [9] Cuando iba atravesando por lugares pacificados, cuando pasaba por el territorio de cada pueblo, para añadirse y sumar aliados, Indíbil y Mandonio le salieron al encuentro con sus tropas. [10] Indíbil habló por los dos en modo alguno como un bárbaro inculto, sino más bien con respeto y autoridad, más excusando su paso como obligado que felicitándolo como una primera ocasión perdida; [11] pues sabía que él había recibido el exsecrable nombre de tránsfuga por los viejos aliados y aceptado por los nuevos; y que él no reprochaba aquella costumbre de los hombres si la causa es el odio dudoso, no el nombre. [12] Después recordó los méritos contra los jefes cartagineses, la avaricia contra el orgullo de aquellos y los ultrajes de todo tipo cometidos contra él y contra sus ciudadanos. [13] De esta forma tan sólo su cuerpo había estado en pode de ellos hasta aquel momento; y que su espíritu se encontraba desde hace tiempo allí donde creían que el derecho y la justicia eran honrados; y suplicantes recurrían también a los dioses para que no permitieran que la violencia y el ultraje causado por los hombres, se sufriera. [14] Ellos pedían a Escipión que su paso no les causara ni honra ni engaño. Al conocerlos personalmente desde aquel día, por sus obras se los debería valorar, [15] De esta forma el romano respondió que lo haría, que no los consideraría como tránsfugas porque ellos no firmarían un pacto firme allí donde nada ni divino ni humano se considerara sagrado. [16] Después, habiéndoles puesto a la vista a sus esposas y a sus hijos,, se los devolvió en medio de lágrimas y alegría, y en aquel día fueron recibidos en hospitalidad. [17] Al día siguiente se aceptó el compromiso de fidelidad por medio de un pacto y fueron enviados para conducir sus tropas. A continuación, desde aquel campamento se desplegaron hasta que se llegó frente al enemigo con aquellos generales.

Livio, 27,18.1-20. [1] El próximo ejército cartaginés, al mando de Asdrúbal, se encontraba junto a la ciudad de Baeula (Bailén, Jaén). Delante del campamento tenían montados puestos de guardia con jinetes. [2] En ella soldados a la ligera y los que llegaban desde vanguardia, antes de que se les asignara un lugar en el campamento, se tomaron con tal desprecio el ataque que fácilmente se podía saber cual era el ánimo en ambos bandos. [3] Los jinetes feron rechazados hacia el campamento en estrepitosa huida y las enseñas romanas fueron llevadas hasta casi las propias puertas. [4] Y ciertamente en aquel mismo día, con los ánimos tan exaltados para el combate, los romanos [5] montaron su campamento. De noche, Asdrúbal se llevo las tropas a una colina que tenía una llanura en su parte más alta; por la espalda, delante y alrededor un río la rodeaba como una playa a toda la orilla. [6] Debajo también una planicie inferior con gran extensión. También estaba rodeada por una pendiente difícil de subir. [7] hacia esta llanura inferior, al día siguiente, Asdrúbal, después que vio que el enemigo se encontraba en línea de batalla delante del campamento, envió a la caballería númida, a los baleáricos de armas ligeras y a los africanos. [8] Escipión, recorriendo las filas mostraba las enseñas al enemigo que intentaba apoderarse de las colinas, con la esperanza perdida de combatir a campo abierto; estaba a la vista que había de confiar más en la naturaleza del lugar que en el valor y en las armas. Pero murallas más altas tenía Cartago Nova y el soldado romano las había superado. [9] No constituían un obstáculo para su armas, ni las colinas, ni la ciudadela, ni mucho menos el mar. Las alturas que había arrebatado al enemigo habían servido para que, saltando por escollos y precipicios, huyeran; pero también les cortaría esta huida. [10] ordena que dos cohortes ocupen el desfiladero del valle por donde discurre el río, una en la parte de acá y la otra que corte el camino que desde la ciudad, a través de atajos, lleva al campo. El mismo conduce a los soldados preparados, que el día anterior habían despejado de enemigos los puestos de guardia, que se encontraba sobe un alero inferior. [11] En primer lugar avanzaron por lugares ásperos, obstaculizados no por otra cosa que por la vía. Después, cuando llegaron a la distancia de disparo, se lanzo sobre ellos una enorme cantidad de armas de todo tipo; [12] por contra, ordena que utilicen como armas arrojadizas las piedra que se encuentran en cualquier parte del camino, y ue haga esto no sólo el soldado sino también la multitud de siervos de carga mezclados con los soldados. [13] pero, aunque el ascenso era difícil, y casi eran repelidos hacia abajo por los dardos y las piedras, sin embargo de ánimo y por la costumbre de escalar muros, consiguieron subir. [14] Tan pronto como éstos tomaron algún terreno parejo, y pudieron pisar suelo firme y seguro, se burló a la infantería ligera protegida con un espacio intermedio, en un combate a base de disparos con piedras, incitándolos a una lucha de soldados cuerpo a cuerpo; los hicieron abandonar el lugar y causando una gran matanza, los obligaron a retroceder hasta la línea de batalla situada en una colina más elevada. [15] entonces Escipión divide con Lelio las restantes tropas después de ordenar a los vencedores avanzar contra el centro del grueso del combate y ordena que él dé un rodeo por la parte derecha de la colina hasta que encuentre una vía de acceso más suave: él mismo por la parte izquierda, dando un pequeño rodeo, corta el paso a los enemigos que se le cruzan. [16] Por esto, al principio, se dislocó el combate mientras pretendían dirigir las alas del ejército contra el griterío que les rodeaba por todas partes y romper el orden de combate. [17] Lelio, a pesar el griterío, cumplió con esto, y mientras hacen retroceder a la infantería para que no sean atacados por la espalda, pues la vanguardia se encontraba un poco debilitada, se abrió un espacio para andar por medio del terreno. [18] éstos nunca habrían podido escapar por un lugar tan desigual estando las filas intactas y los elefantes colocados delante de sus enseñas. [Como se produjeran muertes por uno y otro lado, Escipión, que se había dirigido del ala izquierda a la derecha, peleaba en un lado muy desguarnecido de enemigos. [20] Y ya ni siquiera se abría una brecha para la huida, pues los puestos de guardia por ambos lados, por la derecha y por la izquierda se habían situado sobre las vías ocupándolas y la puerta del campamento estaba taponada por la huida del general y de los príncipes, incrementada por el miedo de los elefantes a los que los enemigos tenían incluso asustados. Murieron aproximadamente ocho mil hombres.

Livio, 27,19, 1-12. [1] Asdrúbal, ya antes de que emprendieran el combate, perdido su dinero y enviados por delante los elefantes,, habiendo reunido de la huida el mayor número que pudo, a través del río Tajo se dirigió hacia los Pirineos. [2] Escipión, habiéndose apoderado del campamento de los enemigos, tras dar a sus soldados todo el botín, salvo los hombre libres, para pasar revista a los cautivos en número de diez mil infantes, encontró a dos mil jinetes. De entre éstos, mandó a sus casas a todos los hispanos sin rescate, y ordenó que el cuestor pusiera en venta a los africanos. [3] A continuación, la diluida multitud de hispanos, anteriormente en propiedad de los rendidos, y el día precedente de los cautivos, llamó a él rey con gran aclamación. [4] Entonces Escipión, mandando silencio por medio de un heraldo, dijo que el nombre de general supremo le correspondía a él, con el que le solían nombrar sus soldados; pero el gran nombre real, considerado por algunos, no se aceptaba en Roma en absoluto. [5] En silencio pensarían que la opinión con respecto a él sería considerada como real, si lo pensaron como lo mejor dentro del ingenio de los hombres. Por ello se abstendrían del incorrecto uso del término. [6] Los bárbaros se percataron de su grandeza de espíritu, de cuyo nombre otros hombres se admirarían ante el desprecio de tan alto rango. [7] Se realizaron donaciones a los reyezuelos y príncipes hispanos, y de la gran cantidad de caballos capturados, ordenó que Indíbil eligiera los trescientos que quisiera. [8] Cuando por orden del general el cuestor comenzara a vender a los africanos, al enterarse de que un joven de forma excepcional se encontraba entre ellos, y que era de carácter real, lo envió ante Escipión. [9]Como Escipíón le preguntara a éste quién era, cuál era su naturaleza y por qué se encontraba en el ejército a aquella edad, dijo que era númida y que sus paisanos le llamaban Masiva: tras haber quedado huéfano de padre, había estado en casa de su abuelo materno Gala, rey de los númidas, y que, sacado juntamente con su abuelo Masinisa, quien hacía poco tiempo había venido con la caballería en ayuda de los cartagineses, había pasado a Hispania. [10] Y que a causa de su edad le había sido prohibido por Masinisa que tomara parte en ninguna guerra;; y que allí, tras habérsele desbocado el caballo en una pendiente, había caído en manos de los romanos. [11] Escipión, tras haber ordenado que el númida fuera protegido, cumplió con las órdenes que se debían cumplimentar por el tribunal; desde aquí, tras dirigirse al pretorio, habiéndolo llamado a su presencia, le preguntó si quería o no regresar con Masinisa. [12] como quiera que, después de llorar de alegría, dijera que quería marcharse, entonces entregó al joven un anillo de oro, un manto hispano, una fíbula de oro y un caballo enjaezadohasta donde quisiera con caballería.

Livio, 27.20, 1-8. [1] Se deliberó también sobre la marcha de la guerra. Algunos autores dicen que al instante sale en persecución de Asdrúbal, [2] pensado que era dudoso que Magón y el otro Asdrúbal juntaran las tropas con él; enviada una guarnición que tan sólo se situara en los Pirineos, él se dedicó el resto del verano a recibir como leales a los pueblos de Hispania. [3] Pocos días después de la batalla de Baecula, cuando Escipión al volver a Tarragona pasase por el desfiladero de Cástulo, Asdrúbal Gisgón y Magón, vinieron ante Asdrúbal desde la Hispania ulterior, ayuda tardía después de desastre recibido, con el proyecto de seguir el resto de las operaciones de una guerra no poco desfavorable. [4] Informándose allí sobre cuál era el estado de ánimo entre los hispanos en la región de cada provincia, sólo Asdrúbal Gisgón pensaba que las costas últimas de Hispania que miran hacia el Océano y Gades, todavía no estaba al corriente sobre la presencia romana y que por ello permanecía fiel a los cartagineses. [5] entre el otro Asdrúbal y Magón era claro que los ánimos de todos habían sido ganados públicamente y privadamente por los favores de Escipión y que no se pondría fin a las deserciones hasta que todos los soldados hispanos fuesen transportados a los confines de Hispania y llevados a la Galia.[6] Así, pues, aunque el Senado cartaginés no tomara una determinación, sin embargo Asdrúbal tendría que marcharse a Italia donde el peso de la guerra y la situación bélica más importante se encontraba, y al miso tiempo, con el fin de apartar a todos los soldados hispanos de Hispania, lejos del nombre de Escipión. [7] Su ejército, menguado ya por las deserciones ya por los desastres recibidos, lo completaba con soldados hispanos, e hizo pasar al propio Magón, una vez entregado su ejército a Asdrúbal Gisgón, a las Baleares con gran cantidad de dinero y regalos para transportar las tropas auxiliares. [8] Asdrúbal Gisgón machó hacia el interior de Lusitania con su ejército y no quiso entrar en combate con los romanos. Tres mil jinetes completaron la fuerza que componía el ejército de Masinisa. Y éste, transitando por la Hispania citerior, llevaba ayuda a sus aliados y saqueaba las ciudades y los campos de sus enemigos. Una vez acordados estos presupuestos, los generales partieron para dar cumplimiento a lo establecido. En aquel año esto fue lo que ocurrió en Hispania.

Año -207.

Livio, 28,1,1-9. [1] Con el paso de Asdrúbal a Italia, tanto parecía que había disminuido la guerra aquí, como se había aliviado la situación en Hispania; pero volvió a empezar allí de repente una lucha similar a la anterior. [2] Los romanos y cartagineses ocupaban los sigientes territorios en aquellas circunstancias: Asdrúbal Gisgón se había situado en la parte del [3] Océano y en Gades; las costas de nuestro mar y casi toda la Hispania oriental estaban en poder de Escipión y del dominio romano. [4] Un nuevo general, Hannón, atravesó el Estrecho desde África con nuevo ejército, para sustituir a Asdrúbal Barca. Unido a Magón, en breve tiempo puso en pie de guerra en la Celtiberia, región situada entre dos mares, un gran número de hombres. [5] Escipión mandó contra él a Marco Silano con mas de diez mil infantes y quinientos jinetes. [6] Silano, a marchas forzadas, le obstaculizaban las asperezas del terreno y las estrecheces de los frecuentes desfiladeros, como es muy frecuente en la mayor parte de Espania- a pesar de todo tras enviar no sólo mensajeros, sino incluso la noticia de su llegada, valiéndose por ello de los jefes desertores, llegó desde la Celtiberia hasta el enemigo. [7] Valiéndose de estos mismos elementos descubrió estando a diez millas de distancia del enemigo, que había dos campamentos junto al camino por donde iban a pasar; en la parte izquierda había un ejército nuevo con más de nueve mil hombres y a la derecha se encontraba el campamento púnico; [8] Este campamento se encontraba debidamente protegidos y seguro, con puestos de guardia y guarniciones militares; el otro se encontraba muy desguarnecido y descuidado, como era natural en los bárbaros y novatos, y no tenían miedo al no encontrarse en su patria. [9] Silano, pensando que este debía ser el primero en ser atacado, ordenó que se llevaran las banderas lo más posible hacia la izquierda y que de esta forma fueran vistos por los puestos de vigilancia de los púnicos;él mismo, enviando por delante espías avanza hacia el enemigo cpn su ejército en movimiento.

Libio, 28,2,1-16. [1] Estaban a tres millas cuando todavía no se habían percatado ninguno de los enemigos. Los lugares eran muy quebrados y las colinas se encontraban cubiertas de matorral. [2] Allí, en un ondulado valle y por este detalle resguardado, ordena que se sitúen los soldados y que coman. Mientras tanto los espías llegaron comunicando las palabras de los desertores; [3] entonces, dejando los romanos los bagajes por medio, toman las armas y en línea de combate marchan a la lucha. Se encontraban a mil pasos de distancia cuando fueron vistos por los enemigos y de pronto comenzaron a temblar; y Magón, espoleando su caballo sale del campamento al primer grito y tumulto. [4] había en el ejército de los celtiberos cuatro mil soldados con escudos y doscientos jinetes. Sitúa a esta legión completa -y ello constituía casi toda su fuerza- en primera línea de combate; a los restantes que estaban armados a la ligera los puso de apoyo. [5] Tras haberlos sacado del campamento en formación, al instando los romanos lanzaron sus armas atravesando la empalizada. [6] Se parapetan los hispanos para defenderse contra las armas que se les vienen encima lanzadas por el enemigo y, a continuación, se levantan para replicarles lanzando las suys; como es habitual,habiendo rechazado los romanos tales disparos con sus escudos, conjuntados unos contra otros; entonces, avanzando pie con pie, comenzó el combate espadas en manos. [7] Por lo demás, la aspereza de los lugares hacía inútil la rapidez de los celtiberos con la que acostumbraban a enfrentarse en los combates, cosa que no era igual para los romanos, acostumbrados a un combate en tierra firme, [8] a no ser que las estrechuras y los matorrales que obstaculizaban, trastornaran las filas y se vieran obligados a combatir de uno a uno y de dos en dos, con sus adversarios. [9] Esto era un obstáculo para la huida del enemigo, cosa que los presentaba como dirigidos hacia la muerte, [10] y una vez muertos todos los escudados celtiberos, la infantería ligera y los cartagineses, que habñia cendido en ayuda desde otro campamento, caían abatidos. [11] No mas de dos mil infantes y toda la caballería,apenas iniciado el combate, escaparon con Magón. Hannón y el otro general, con aquellos que habían llegado los últimos al destrozado combate, son capturados vivos. [12] Casi toda la caballería y el resto de la antigua , siguiendo a Magón en su huida, al décimo día, llegaron a la provincia gaditana ante Asdrúbal: los celtiberos, soldados novatos, dispersados hacia los bosques cercanos de allí, regresaron a sus casas. [13] Esta oportuna victoria no habñia puesto fin a una guerra ya avanzada, ya que era pábulo de guerra futura, si aquellos hubiesen querido llamar a las armas a otros pueblos, proclamando para ello a la tribus celtiberas. [14].Así, pues, habiendo elogiado debidamente a Silano, Escipión, con la esperanza de guerrear, si no se detuviera sin vacilar se dirigión contra aquel resto de guerra que quedaba en la última región hispana, contra Asdrúbal. [15] El cartaginés, habiendo montado casualmente el campamento en la bética para mantener los ánimos de los aliados en la lealtad, levantadas repentinamente las banderas con la idea de huir más que de emprender el viaje, se dirige a Gades y a la parte costera del Océano. [16] Por lo demás, mientras retenía al ejército, pensando que él estaba preparado para el combate, antes que desde Gades atravesara el Estrecho, dividió a todo el ejército por todas las ciudades para que ellos mismos con muros y con armas se defendieran.

Livio, 28,3,1-16. [1] Cuando Escipión se dio cuenta de que la guerra se había detenido por todas partes y que era de un trabajo muy largo más que grande al llevar las armas a cada una de las ciudades, dio marcha atrás. [2] Para no dejar en manos del enemigo aquella región,, envía a Lucio Escipión, su hermano, con diez mil infantes y mil jinetes para tomar la rica ciudad, en aquellos lugares, a la que los bárbaros llaman Orongis. [Está emplazada en el territorio de los Maesos, tribu de Hispania, campo fértil;sus habitantes extraen incluso plata. Asdrúbal había poseído aquella ciudadela para realizar salidas a los pueblos del interior de estas tierras. [4] Escipión, emplazado el campamento cerca de la ciudad, antes de que levantara una empalizada en torno a la misma, envió gentes hasta las puertas para que de cerca probaran los ánimos mediante el diálogo y les persuadieron para que aceptaran mejor la amistad de los romanos que la violencia de las armas. [5] Cuando se respondió que nada se había apaciguado tras rodear la ciudad con una doble empalizada, divide al ejército en tres partes, con el fin de que una estuviera descansada y dispuesta de refresco y las otras dos combatiendo. [6] Cuando la primera parte comenzó a combatir, se inició una lucha encarnizada y dudosa; no era fácil escalar y arrimar la escalera a los muros a causa de las flechas que caían sobre ellos. [7] Incluso quienes había arrimado las escaleras contra los muros, unos caían rechazados con horcas fabricadas a propósito, contra otros desde arriba eran lanzados ganchos de hierro de forma que se creara una situación de peligro si colgados sobre el muro no eran rechazados. [8] Cuando Escipión se dio cuenta de esto, que la lucha se encontraba igualada con un corto número de los suyos y de que ya superaba al enemigo, puesto que se luchaba desde la muralla, comenzó a atacar a la vez desde dos partes de la ciudad, una vez conquistada la primera. [9] Esta acción causó tan gran terror a los que estaban combatiendo con los de vanguardia, que se encontraban agotados, que los ciudadanos en repentina escapada abandonaron el combate desertando, y la guarnición púnica, por miedo a que la ciudad se rindiera, y se coaligaran todos a una, una vez abandonados los puestos de vigilancia. [10] A causa de esto invadió a los ciudadanos el temor de que, si el enemigo entraba en la ciudad, tanto los cartagineses como los hispanos que salieran al paso de los enemigos, fuesen asesinados indiscriminadamente. [11] Así, pues, abierta de repente la puerta, en tropel se escaparon de la ciudad, manteniendo los escudos por delante para que las armas arrojadizas no les dieran de frente, mostrando las diestras desnudas para dar la impresión de que habían dejado sus espadas. [12] Como quera que aquello pareciera poco claro a causa de la distancia, o estuviese dudoso o se sospechara fuera un engaño, no se supo aclarar; tras haber realizado un avance hostil contra los transfugas, murieron tantos como en el combate perdido. [13] Por las mismas puertas se introdujeron las hostiles enseñas de la ciudad. Por otras partes eran muertos con segures y picos, y las puertas eran golpeadas, y cualquier jinete que entraba para ocupar el foro se precipitaba con el caballo al galope, -así se había ordenado-.[14] Se había sumado también una guarnición de triarios a la caballería; los legionarios invaden las tres partes restantes de la ciudad. Evitaron la muerte de quienes se le salían al encuentro y el saqueo, a no ser que alguno se defendiera con los armas. [15] Todos los cartagineses se entregaron para ser vigilados y también casi trescientos ciudadanos que habían cerrado las puertas; la ciudad fue entregada a los restantes y sus bienes les fueron devueltos. [16] Cayeron muertos casi dos mil enemigos en el asalto de la ciudad; entre los romanos no murieron más de noventa.

Livio, 28,4, 1-4. [1] El asalto tuvo éxito, incluso para aquellos que llevaron el peso de la toma de la ciudad, para el general y para el ejército; los que llevaban delante de sí a la enorme cantidad de cautivos, hicieron vistosa su entrada. [2] Escipión habiendo elogiado a su hermano, lo hizo con tal honra de palabra que le dio a entender que la ciudad de Orongis (podería ser Jaen, Aurigis>Orongis) tomada por él, había igualado a la que él en persona había capturado: Cartago Nova, [3] y porque se avecinaba el invierno y no pudiera intentar la toma de Gades ni perseguir al ejército disperso de Asdrúbal, por todas partes de la provincia, se llevó todas sus tropas hacia Hispania citerior. [4] Enviada las legiones al campamento de invierno y Lucio Escipión a Roma, y quedando Hannón como jefe de los enemigos, y los restantes nobles como cautivos, él se dirigió a Tarragona.

Livio, 28,12,10-15. [10] en Hispania, en cierto modo, la situación era favorable, pero, por otra, era muy al contrario; la una porque los cartagineses vencidos en la batalla, con la pérdida de su capitán, habían sido arrinconados hacia la costa extrema de Hispania hasta el Océano; [11] la otra, muy dispar, porque Hispania no era como Italia, sino como ninguna otra parte de las tierras,propicia para reponerse con la guerra, gracias al ingenio de los hombres y al terreno. [12] en consecuencia, fue la primera de las provincias iniciadas por los romanos, aunque son todas del continente, pero fue la última de todas en ser dominada bajo la mano y auspicio de César Augusto. [13] Por entonces, allí Asdrúbal Gisgón el general de mayor grado y fama entre los Bárquidas, tras regresar de Gades con las esperanzas de reemprender la guerra, con la ayuda de Magón hijo de Amílcar, tras haber hecho levas en la Hispania ulterior, con un número aproximado de cincuenta mil infantes, armó cuatro mil quinientos jinetes. [14] Sobre las fuerzas ecuestres, el resto de los autores casi están de acuerdo: algunos afirman que fueron enviados hacia la ciudad de Silpia en número de sesenta mil infantes. [15] Allí, dos generales cartagineses se asentaron en llanuras abiertas con la idea de que no rehusaran el combate.

Livio, 28,13, 1-10. [1] Escipión, llegado el rumor de que se había preparado un ejército tan grande, pensando que con sus legiones romanas no se podía igualar a aquella multitud, de forma que no pudiera ni en apariencia hacer frente a unas tropas auxiliares de bárbaros, [2] y que tampoco se debía confiar tan gran fuerza en ellos para que, cambiando de opinión, hecho que fue la causa de la perdición de su padre y de su tío, ofrecieran una gran ocasión, tras haber enviado a Culcas Silano, quien estaba al frente de veintiocho ciudades, [3] para que cogiera a los jinetes e infantes de aquel, a quienes había prometido que él reclutaría durante el invierno. [4] Él, Saliendo de Tarragona y tras haber reunido una mediana cantidad de tropas auxiliares de entre los aliados que habitan a través de la vía, llegó a Cástulo. [5] Llevadas las tropas allí por Silano fueron en número de quinientos infantes y jinetes. Desde allí se avanzó hasta la ciudad de Baecula con todo el ejército de ciudadanos, aliados, infantes y jinetes, con un total de cuarenta y cinco mil. [6] Magón y Masinisa lo atacaron con toda la caballería cuando estaban montando el campamento y los que levantaban las fortificaciones se habrían desparramado si no hubiera sido por unos jinetes apostados adrede detrás de una colina por el propio Escipión, por si ocurría precisamente esto, saliesen al encuentro de improviso contra los desparramados. [7] Aquellos, apenas iniciado el combate derribaron al que se encontraba a mano, a los cercanos a la empalizada y, en primer lugar, se realizó en combate contra los fortificadores; con los restantes que habían avanzado bajo las enseñas y en orden de combate, la lucha fue bastante más larga y dudosa. [8] Pero, como quiera que salieran de sus puestos las cohortes debidamente preparadas a continuación fuesen retirados de las obras de fortificación los soldados y muchos hasta obligados a tomar las armas y de refresco atacaran a otras que se encontraban agotadas y se lanzaran al combate desde el campamento el grueso del ejército armado, tanto cartagineses como los númidas vuelven ciertamente las espaldas. [9] Primeramente acometían contra las formaciones de compañías, en nada perturbadas las filas a causa del temor y la precipitación; en segundo lugar, cuando los romanos atacaron duramente contra los últimos y no podían soportar el ataque, olvidándose totalmente de las filas, cada uno busca escaparse por donde puede y le viene más cerca. [10] y aunque con aquel combate, por una parte los ánimos de los romanos se habían crecido un poco y el de los enemigos había decaído, sin embargo, durante algunos días que siguieron, no pasaron las escaramuzas provocadas por las salidas de la caballería ligera.

Livio, 28, 14, 1-20. [1] cuando fueron sometidas a prueba las respectivas fuerzas por medio de estas escaramuzas, Asdrúbal fue el primero en sacar a línea combate a sus tropas. A continuación los romanos hicieron otro tanto. [2] Pero tanto uno como otro ejército se detuvo en formación frente a la empalizada, y no atreviéndose ninguno a ser el primero en entablar combate, estando ya el día a punto de caer, los cartagineses fueron los primeros en hacer regresar el ejército al campamento; a continuación, los romanos. [3] Esto mismo se hizo durante algunos días. el cartaginés era el primero en sacar las tropas del campamento; también era el primero en dar la señal de retirada a causa del cansancio provocado por la permanencia en pie de los soldados: ni uno no otro bando se atrevía a avanzar, ni a disparar ni a dar ninguna voz. [4] De un bando, los romanos ocupaban la mitad del frente; de otro, los cartagineses, mezclados con los africanos.. Los aliados ocupaban las alas -los bandos tenían hispanos en sus filas -;delante de las alas, al frente de la línea de combate púnica, los elefantes, de lejos, daban la impresión de ser castillos. [5] Ya comenzaban las arengas en uno y otro bando de taal forma que en línea de combate estaban en posición de combate; ocupaban el centro de la línea de combate el romano y el cartaginés, entre quienes se daba un motivo de guerra, dispuestos a combatir con igualdad de fuerzas y de ánimo. [6] Cuando Escipión se dio cuenta de que se confiaba obstinadamente en esto,cambió todo el plan intencionadamente para la fecha en que se había decidido entablar combate. [7] Por la tarde, a través del campamento se dio la orden de que antes del amanecer, tanto hombres como caballeros estuviesen curados y comidos, y de que los jinetes tuviesen los caballos descubiertos y con sus bocados puestos. [8] Apenas hubo suficiente luz, lanzó toda la caballería con la infantería ligera contra los puestos de guardia púnicos; [9] a continuación, sin dilación, él mismo avanza con el grueso armado de las legiones, una vez robustecidas las alas con soldados romanos en contra de lo que pensaban los suyos y los propios enemigos y colocados los aliados en medio de la línea de combate. [10] Asdrúbal, nervioso por el clamor de los jinetes, hasta el punto de que saltó desde su tienda y vio la revuelta ante la empalizada, el miedo de los propios soldados y las enseñas de las legiones resplandecientes y la llanura repleta de enemigos. Al instante envía a toda la caballería contra los jinetes; [11] el mismo con el ejército de infantería sale del campamento y en alineamiento de combate no cambia nada del orden tradicional. [12] Ya hacía rato que el combate de jinetes era dudoso y por sí miso no se podía juzgar, porque a los que eran rechazados, se les daba refugio en el frente de la infantería, cosa que ocurría casi alternativamente; [13] pero cuando los frentes se encontraban a no más de quinientos pasos, dada la señal de retirada, Escipión, abiertas las líneas de la caballería, coloca a toda la infantería ligera en medio, cogida y dividida en dos partes en la retaguardia detrás de las alas. [14] A partir de este momento, cuando llegó la hora de iniciar el combate, ordena que los hispanos avancen con paso apretado -era la mitad de la línea de combate -; [15] él mismo, desde el ala derecha -al frente de la cual se encontraba- envía un mensajero a Silano y Marcio para que dirigieran el ala hacia la parte izquierda según viesen que él de dirigía a la derecha. [16] y que entablaran combate con la parte bien armada de la infantería y caballería antes de que el centro del combate pudiese reunirse entre sí. [17] De esta forma, extendidas las alas con tres cohortes de infantes y tres escuadrones de caballería, soldados armados a la ligera para este fin, se dirigían contra el enemigo a gran velocidad, siguiendo las alas en sentido oblicuo; [18] en el centro había un embolsamiento por donde las enseñas de los hispanos avanzaban bastante elntamente. [19] Y ya habían entreado en combate las alas con el grueso de la fuerza enemiga de vanguardia. Los cartagineses veteranos y los africanos aún no se había puesto a tiro, no tampoco hasta las alas para ayudar a los que combatían y se atrevieran a correr de un lado para otro con el fin de que no quedara a descubierto el centro del combate para cualquier enemigo que viniera de frente. [20] Las alas eran estrechadas por dos frentes; la caballería, la infantería ligera, los vélites corrían hacia los lados una vez rodeadas las alas: las cohortes atacabab de frente para romper las alas desde otra línea de batalla;

Livio, 28,15, 1-16. [1] y como quiera que por parte de ambos lados la lucha era desigual, esto fue motivado porque se había presentado contra el soldado latino y romano una multitud de baleáricos y soldados onexpertos hispanos. [2] Y cayendo ya la luz del día, las fuerzas del ejército de Asdrúbal comenzaron a fallar, al salir apresuradamente al combate agobiados por el tumulto de la mañana y forzados a ello antes de que pudieran tomar fuerzas comiendo; [3] y precisamente con este fin Escipión había alargado el tiempo cuidadosamente para prolongar el combate hasta bien tarde, pues finalmente a final de la hora septima las enseñas de infantería atacaron contra las alas; [4] en medio de la batalla la lucha se hizo un tanto más lenta, de manera que el calor del sol de mediodía, el sufrimiento de estar de pie bajo las armas y al mismo tiempo el hambre y la sed debilitaron los cuerpos antes de que se entrara en combate con el enemigo. [5] De esta forma se mantuvieron de pie apoyados sobre los esscudos. Y demás de esto, los elefantes, asustados por este tumultuoso tipo de combate de jinetes, de vélites y de infantería ligera, se habían metido en medio del combate desde las alas. [6] Cansados en su cuerpos y en sus ánimos dieron marcha atrás; sin embargo mantuvieron el orden de sus filas como si el frente en su totalidad se retirara a la orden de un general. [7] Pero atacando por todas partes por esta razón mucho más duramente, cuando los vencedores se dieron cuenta de la situación se inclinaba a su favor y que fácilmente no se podía soportar aquel ataque, [8] Asdrúbal, aunque trataba de retener insistentemente a los que cedían, diciendo a voces que por la espalda había colinas y un lugar seguro si serenamente se refugiaban, [9] sin embargo, como el miedo venciera toda clase de respeto, abandonando cada uno por su arte al enemigo, volviendo rápidamente la espalda, todos se desparramaron en la huida. [10] En primer lugar comenzaron a situar las enseñas al pie de las colinas y a llamar a orden militar a los soldados, dudando los romanos levantar un frente de combate en la colina opuesta; después, cuando vieron que las enseñas avanzaban valerosamente, asustados, se ven obligados a refugiarse en el campamento, iniciada de nuevo la huida. [11] El romano se encontraba cerca de la empalizada; hubiese tomado el campamento con tan fuerte ataque si no hubiera sido porque, a causa del fuerte sol cual suele brillar entre las nubes cargadas de humedad, hubiera caído el agua con gran violencia que apenas los vencedores habrían podido retirarse a su campamento, e incluso de algunos se apoderó el escrúpulo de no intentar ninguna otra cosa en aquel día. [12] Los cartagineses, aunque la noche y la lluvia los forzaba al descanso obligado, cansados por el sufrimiento y las heridas, [13] sin embargo, porque el miedo y el peligro no ofrecían ocasión de parar para los que estaban dispuestos a asaltar el campamento al amanecer, una vez reunidas por todas partes alrededor piedras de los valles cercanos, refuerzan la empalizada con cuya defensa intentarían defenderse cuando ya no existiera medio de defenderse con las armas. [14] Pero la deserción de los aliados hizo que la huida pareciera más segura que el quedarse. el comienzo de la deserción tuvo, lugar por parte del régulo Atteno, de los turdetanos. [15] Éste desertó con gran cantidad de tropas de conciudadanos; a causa de esto, dos fortificadas ciudades con guarniciones fueron entregadas por los prefectos al romano; [16]y para que el hecho no se extendiera más a los ánimos inclinados a la deserción, con el silencio del principio de la noche, Asdrúbal levanta el campamento.

Livio, 28,16, 1-14. [1] Escipión, cuando al amanecer los soldados que estaban de guardia le informaron de que los enemigos se habían marchado, ordena que se lleven las enseñas al frente de la caballería que iría por delante, [2] y por ello, con el ejército en movimiento, de forma que fueran llevados adelante, con la condición de que las huellas les guiaran directamente hacia los huidos: los generales creyeron que existía un camino más corto hacia el río Betis, de forma que pudieran atacar a los que intentaran atravesarlo, sin duda los perseguirían. [3] Asdrúbal, cerrado el paso del río, se dirige al Océano y se retira de forma dispersa como si fueran fugitivos. De esta forma se distanciaron de las legiones romanas. [4]La caballería ligera, bien por la espalda, bien por los flancos, no dejaba de inquietar los saliéndoles al encuentro y haciendo paradas. [5] Pero, habiéndose detenido la vanguardia ante los frecuentes choques y a causa de que entablaran escaramuzas el ejército ecuestre con vélites y con tropas auxiliares de infantería, se sumaron las legiones. [6] A partir de entonces, no era ya un combate sino una matanza, como si se tratara de ganado, hasta que el propio general instigador a la huida, escapó hacia las colinas cercanas con casi seis mil soldados semidesarmados. Lo restantes o fueron hechos prisioneros o muertos. [7] Los cartagineses fortificaron y defendieron a aquella multitud desordenada por la precipitación en una colina defendida de forma natural; y por eso, como el enemigo intentara inútilmente atacar por la empinada pendiente, no sin dificultad se pudieron defender, [8] Pero el asedio practicado en un pasaje desnudo y pobre, difícilmente era soportable durante algunos días; por ello se producían deserciones hacia el enemigo. Finalmente el propio general, tras haber hecho venir las naves, – pues no estaban lejos de allí – huyó de noche tras dejar el ejército abandonado. [9] Escipón, enterado de la huida del jefe de los enemigos, dejó a Silano diez mil infantes y mil jinetes para el asedio del campamento. [10] Él mismo, con las restantes tropas, en sesenta jornadas, con el fin de conocer más seriamente las causas de los reyezuelos y de las ciudades, y con el propósito de dar premio al verdadero valor de los méritos, se dirigió a Tarragona. [11] Habiéndose reunido Masinisa a escondidas con Silano tras su marcha, para tener a su propio pueblo obediente a nuevos consejos, pasó a África con unos pocos conciudadanos. [12] Algún motivo fuerte y digno de aprobación debió moverle a un cambio tan súbito, no porque en este tiempo apareciese alguna causa evidente, sino por su fidelidad mantenida muy firme hasta su vejez, sirviendo de prueba para ello. [13] También Magón, con las naves que regresaron enviadas por Asdrúbal, se dirigió a Gades, Los demás, abandonados por los jefes, unos pasándose a los romanos, otros huyendo, se dispersaron por las ciudades próximas. No quedó ninguna fuerza de número ni tropa considerable. [14] Fue así como bajo las órdenes de Publio Escipión fueron expulsados los cartagineses de Hispania a los trece años de empezar la guerra, y a los cuatro de haber Publio Escipión recibido la provincia y el ejército.

Livio, 28,19,1-18. [1] Aunque las Hispanias se habían quedado al margen de las guerras púnicas, de algunos pueblos podía verse claramente que, si se mantenían en paz, era más por el miedo, sabedores como eran de su culpabilidad, que por fidelidad. Entre ellos los más destacados por su fuerza y por los agravios, eran Iliturgis (Andújar) y Cástulo (Cazlona) . [2] Los habitantes de Cástulo fueron aliados en los momentos de prosperidad, pero cuando murieran los Escipiones con sus respectivos ejércitos, se pasaron a los cartagineses. Los iliturgitanos entregaron y degollaron a los figitivos de aquel desastre, añadiendo así a la defección un crimen. [3] El castigo de estos pueblos cuando llegó Escipión, y en los momentos en que la situación política de Hispania era dudosa, habría sido más merecido que útil. [4] Pero ahora que había llegado la paz, parecía haber llegado el momento de aplicar las debidas represalias. Así, mandó venir de Tarragona a Lucio Marcio y lo envió a poner cerco a Cástulo con una tercera parte del ejército. Él, por su parte, llegó en cinco jornadas con su ejército a Iliturgis. [5] sus puertas estaban cerradas y todo estaba preparado par iniciar el asedio y asalto. Hasta ese punto existía la conciencia de que ellos se sabían merecedores por la guerra no declarada contra ellos. [6] Por esto, Escipión comenzó a exhortar a sus soldados: los hispanos, al cerrar sus puertas, había declarado su temor. De esta forma se tenía que emprender una guerra contra ellos con unos ánimos muchos más débiles hacia ellos que contra los cartagineses. [7] Porque contra ellos (los cartagineses) se luchaba sin rabia por conseguir la gloria y el poder; pero a éstos (los hispanos) había que pedir cuenta de su perfidia y crímenes. [8] Había llegado la hora de que se pagara la nefanda muerte de sus camaradas y del engaño montado contra ellos mismos si de la misma manera se dieran a la fuga dispersándose, y que, para que de aquí en adelante castigaran con duro ejemplo de forma que nadie nunca jamás causara grave ultraje a un ciudadano romano o soldado desafortunado por alguna desgracia. [9] Incitados por las palabras de su general se distribuyen las escalas entre los soldados previamente seleccionados, tras dividir el ejército de forma que el legado Lelio estuviese al frente de una parte. Por dos lugares a la vez atacaron la ciudad, llenándola de terror e indecisión. [10] No solamente el general o la mayoría de los cabecillas exhortan a que se defienda valientemente la ciudad, sino el propio miedo de cada uno, nacido de su conciencia de culpabilidad. [11] Recordaban y se aconsejaban mutuamente que buscaran una muerte y no la victoria por sí misma: cuando alguien afrontara la muerte se recordaría tanto si, en la lucha y en la línea de combate, cuando Marte común a menudo encubra al vencido y denigre al vencedor, [12] como después del incendio y destrucción de la ciudad, murieran tras haber sufrido las mas afrentadas indignidades entre cadenas y azotes ante la mirada de las esposas cautivas y los hijos. [13] Así, no sólo la fuerza de la edad militar sino también las mujeres y niños añaden su fuerza física y psíquica, proporcionan armas a los combatientes y llevan piedras a los que defienden muros fortificándolos. [14] No se trataba sólo de una libertad que tan sólo fortalece los pechos de los varones, sino que tenían ante sus ojos los últimos suplicios para todos y una denigrante muerte. Los ánimos se encendían no sólo por la lucha contra el sufrimiento y riesgo, sino también por la propia mirada entre ellos. [15] Así, pues, se inició el combate con tal ardor que el famoso conquistador de la Hispania, con frecuencia rechazado por la juventud de una sola ciudad, se apartara de los muros tras un combate deshonroso. [16] Cuando Escipión se dio cuenta de esto, temiendo que el ánio de los enemigos se creciera tras tantos intentos vanos por parte de los suyos, y sus soldados se desmoralizaran, pensando que él debía intentarlo y tomar parte en el riesgo, y reprendida la pereza de sus soldados, ordena que avancen las escalera y él mismo intenta subir si los demás sienten temor. [17] Cuando había empezado a escalar las murallas con ánimo decidido, tras levantarse un griterío o por todas partes entre los solícitos soldados en respuesta a su general, comenzaron a arribarse las escaleras por todas partes a la vez. [18] Lelio dio la orden de ataque desde otra parte. Entonces, vencida la resistencia de los defensores de la ciudad y desalojados de sus paramentos, las murallas fueron ocupadas. Incluso la ciudadelas es tomada por aquella parte que parecía inexpugnable entre el tumulto.

Livio, 28, 20, 1-12. [1] Los desertores africanos que entonces estaban en las tropas auxiliares romanas, marchando los ciudadanos para defender aquellos lugares donde se veía peligro, [2] y los romanos, allí donde pudieron tener acceso, dirigieron su mirada hacia la parte más alta de la ciudad que estaba protegida por una elevada roca, sin ninguna parte de fortificación y libre de defensores. [3] Hombre delgados y preparados físicamente, llevando consigo clavos de hierro, escalan la roca a través de los salientes de la misma. [4] Si se encontraba una roca demasiado difícil y ligera, tras colocar clavos a corta distancia, habiendo hecho sus escaleras, los delanteros extendiendo las manos a los de atrás, los últimos empujando a los que iban delante, llegan a la cumbre. [5] Desde allí se lanzan corriendo con griterío hacia la ciudad ya tomada por los romanos. [6] Entonces dio la sensación de que la ciudad había sido tomada por la ira y por el odio. Nadie se acordó de que debían ser capturados vivos, nadie, estando todo abierto pensó en no saquear. Matan tanto a los armados como a los inermes, lo mismo a hombre que a mujeres. La cruel ira llegó hasta el asesinato de los niños. [7] A continuación prenden fuego a las casas y derriban lo que el fuego no puede destruir. hasta tal punto se les puso en su ánimo barrer las huellas de una ciudad y destruir la memoria de una sede de enemigos. [9] Pero la noticia de la matanza de Iliturgis precedió la llegada de Escipión, y el temor y la desesperación cundieron entre los defensores. [10] Y por causas diversas, pretendiendo cada parte velar por sí, sin pensar en la otra, primero calladas suspicacias, más tarde una discordia abierta, dividieron a los cartagineses de los hispanos. [11] Cerdubelo fue quien aconsejó abiertamente a estos últimos la rendición. Himilcón estaba al frente de los auxiliares cartagineses. -Cerdubelo entregó a los romanos por medio de un pacto secreto, a los cartagineses juntamente con la ciudad. [12] Esta victoria fue más benigna. No era tanto el agravio recibido y la rendición voluntaria había hecho más ligera la ira.

Livio, 28,21,1-10. [1] Desde allí Marcio fue enviado a someter al imperio y obediencia de los romanos a los bárbaros que aún no estuviesen sometidos. Escipión volvió a Cartago Nova para cumplir los votos a los dioses y celebrar los juegos e gladiadores preparados con motivo de la muerte de su padre y de su tío. [2] El espectáculo de gladiadores no estuvo a cargo de hombres de aquella clase donde reclutan los lenistas a los esclavos, ni de gente de sangre venal. El trabajo de todos los luchadores fue voluntario y gratuito. [3] Pues unos fueron enviados por los reyezuelos para ejemplo del valor innato de su pueblo, [4] otros declararon espontáneamente que querían luchar en honor de su jefe; otros su espíritu de emulación y lucha los llevó a retar y a aceptar el reto. [5] Los hubo que, no pudiendo o no queriendo terminar amistosamente sus pleitos, lo decidieron por la espada, pactando entre sí que el fallo sería del vencedor. [6] Y no hombres de oscuro linaje, sino famosos e ilustres, entre ellos Corbis y Orsus, primos hermanos que luchaba entre sí por el principado de la ciudad de Ibes, se declararon dispuestos a disputárselo por el hierro.[7] Corbis era mayor que Orsus. El padre de éste había sido recientemente principe, tras haber recibido el poder de su hermano mayor después de su muerte, [8] Queriendo Escipión que se discutiera con palabras y tranquilizar sus iras, ambos parientes se negaron a ello y no querían tener otro juez de contienda que no fuera Marte entre dioses y hombre. [9] El mayor físicamente, el menor en la flor de su juventud, anteponiendo la muerte en combate antes de que cualquiera de ellos mandara sobre el otro, no queriendo apartarse de tan gran odio, dieron un famoso espectáculo ante el ejército y todo un documento de cuanto la ambición de poder puede significar entre los hombres. [10] el mayor, por su práctica en las armas y por su astucia, fácilmente dominó las débiles fuerzas del menor. A este espectáculo de luchadores siguieron los juegos fúnebres en pro de la abundancia de la provincia y los dispositivos castrenses.

Livio,28,22,1-15. [1] La marcha de la guerra continuaba entre tanto bajo el mando de los legados. Marcio, pasado el Betis, al que los indígenas llaman Certis, recibió sin lucha la sumisión de dos opulentas ciudades. Astapa era una ciudad que siempre había seguido el partido de Cartago. [2] Y esto no hubiera producido tanta indignación a no ser por el odio singular que, aparte de las necesidades de la guerra, mostraban contra los romanos. [3] Y no es que la ciudad fuese fuerte por su situación ni la hicieran arrogante sus defensas, pero su gusto por el bandidaje los impulsaba a hacer incursiones por los campos de los pueblos vecinos, aliados de los romanos, capturando a los soldados, sirvientes de armas y mercaderes perdidos. [4] Y hasta una caravana que, considerando poco seguro el camino, marchaba con fuerte escolta y pasaba a través de su territorio, fue envuelta en una emboscada y a favor de su poca ventajosa posición, fue pasada a cuchillo. [5] A la llegada del ejército enviado a la ciudad, los habitantes conscientes de su crímenes, no juzgando segura su sumisión a tal enemigo y desconfiando de la eficacia de las murallas y de sus armas, imaginan contra sí mismas un feroz atentado.[6] Designan un lugar en el foro, donde amontonan todo lo que en sus casa tenían de más valor. Mandan que sus esposas se sitúen entre este montón juntamente con sus hijos; levantan a su alrededor piras de leña echando en ellas haces de ramas secas. [7] Eligen después cincuenta jóvenes armados y les ordenan “que mientras fuera incierto el éxito de la lucha, fuesen guardianes de aquel lugar, de sus bienes y de las personas que eran más queridas que estas cosas. [8] Si la suerte se inclinaba contra ellos, cuando viesen la ciudad a punto de ser tomada, supiesen que todos los que hubiesen visto marchar a la lucha, morirían en ella”. [9] A ellos les rogaba que los dioses de los cielos y de los infiernos que acordándose de la libertad que aquel día día debía morir o con una hermosa muerte o con una infame servidumbre, nada dejase que pudiera servir de objeto al furor de los enemigos. [10] En sus manos tenía el hierro y el fuego. Lo que tuviese que morir, muriese por manos amigas y fieles antes que sufrir los ultrajes de la arrogancia enemiga”. [11] A estas exhortaciones añadieron un terrible precación contra el que por esperanza o cobardía se apartase de lo mandado. Inmediatamente en rápida columna se lanzan en confuso griterío por las puertas abiertas. [12] No había ningún puesto de guardia que ofreciera seguridad ni resistencia, porque nada se podía temer menos que el que se atreviera a salir por las murallas. Unos cuantos escuadrones de caballería y de soldados armados a la legera inesperadamente salen del campamento enviados precisamente a esto. [13] El combate fue tanto más duro por su ímpetu y animosidad que ordenado. Así, la caballería rechazada, que había sido la primera en enfrentarse al enemigo, infundió terror a la infantería ligera. y se habría combatido bajo el propio foso si la fuerza de las legiones no hubiera enderezado el combate, conseguido un corto espacio de tiempo para reorganizarlo. [14] Allí se sintió pavor durante algún tiempo en torno a las enseñas, al precipitarse ciegos por la rabia y con enconada audacia a herirse y contra el hierro. Después, los soldados veteranos, constantes contra los ataques temerarios, con la muerte de los de cabeza, eliminó a los e atrás. [15] Poco después se intentó hacer avanzar a la infantería, cuando vio que nadie retrocedía, y que cada uno de forma obstinada, persistía en morir sobre sus propias huellas, abierto el frente de combate, para que la multitud de gente armada pudiese conseguir lo que faltaba por hacer, embolsando a las alas del ejército de los enemigos, los mató a todos juntamente combatiendo en círculo.

Livio, 28, 23, 1-8. [1] Estas alas del ejército, no obstante, a modo de soldados enemigos airados y que luchaban duramente, eran aniquilados aplicando el derecho de guerra contra la gente armada y que se resiste. [2] La matanza fue mucho más espeluznante en otra ciudad cuando a una multitud de mujeres y niños pacíficos, y desarmados sus propios conciudadanos los mataron y arrojaron a la mayoría de sus cuerpos medio vivos a una pira encendida y los arroyos de sangre apagaban las llamas que se encendían. finalmente, ellos mismos, impulsados por la desgraciada muerte de los suyos, se arrojaron con sus armas en medio de las llamas. [3] Los romanos vencedores llegaron cuando la matanza estaba ya consumada y, atónitos a la vista de tan atroz espectáculo, quedaron algún tiempo inmóviles. [4] pero el oro y la plata que entre el cúmulo de otros objetos brillaban, excitaron la codicia natural del común de los hombres, y queriendo arrebatarlos del fuego, fueron unos cogidos por las llamas, otros medio quemados por el vapor ardiente al no poder retirar los primeros a causa de la enorme multitud que tenían a sus espaldas empujando. [5] Así, Astapa fue destruida por el hierro y el fuego sin dejar botín a los soldados. Marcio, sometidos por el terror de estos hechos todos los pueblos de la región, condujo a Cartago Nova, donde estaba Escipión, al ejército vencedor. [6] Por aquellos mismos días llegaron unos fugitivos de Gades ofreciendo la ciudad y la guarnición púnica que existía en la misma, y que entregarían a su general juntamente con su armada. [7] Magón se había refugiado allí después de la huida, y reagrupadas naves en el mar, había reunido por medio del prefecto algunas tropas auxiliares al otro lado del Estrecho desde las costas de África y desde los lugares próximos a Hispnia. [8] habiéndose dado crédito a las palabras de los fugitivos, Marcio se dirigió hacia allá con cohortes bien dispuestas y Lelio con siete trirremes y una quinquerreme para que emprendieran la hazaña de común acuerdo por tierra y por mar.

Livio, 28,24, 1. [1] El propio Escipión, afectado por una grave enfermedad, más grave sin embargo, cuando la fama, siguiendo la tendencia general de los hombres en incrementar intencionadamente los rumores, añade algo a lo que se ha oído; esto perturbó a toda la provincia y principalmente a la parte más alejada. [2] Entonces se comprobó el grave peligro que habría levantado si esta desgracia hubiera sido cierta cuando un falso rumor había despertado tan grandes tempestades. Faltaron los aliados a su fidelidad y los soldados a su deber. [3] A Mandonio y a Indíbil , que ya en sus mentes se habían asignado el trono de las Hispanias para cuando fuesen expulsados los cartagineses, nada les sucedió según sus esperanzas. [4] Levantando sus pueblos (eran pues lacetanos) y excitando a la juventud de los celtiberos, devastan con ensañamiento los campos de los suesetanos y de los sedetanos, aliados del pueblo romano. [5] Otra discordia se levantó entre los romanos del campamento de Sucrón. Allí había ocho mil soldados, guarnición impuesta a aquellos pueblos que habitan al lado de acá del Ebro. [6] Las mentes de aquellos cambiaron no tan sólo por los rumores dudosos sobre la vida del general, sino incluso ya antes, a causa del desenfreno acumulado, como ocurre, a consecuencia de la inactividad diaria.

Livio, 28,25,6 [6] Se les reprochaba generalmente el no haber sido pagado en su día el estipendio, y que habiendo defendido con su valor, cuando la sublevación de Iliturgis, el nombre romano y conservado la provincia, a los iliturgitanos se les había dado la pena merecida por su culpa, pero nadie había para pagar la recompensa debida a sus méritos. [11] La sedición ya de por sí desfalleciente fue aplacada por la repentina quietud de los rebeldes hispanos. Pues Indíbil y Mandonio, cuando se dijo que vivía Escipión, volvieron a su país, abandonando su intento. [12] Y ya no había ni romano ni extranjero a quien poder asociar a su locura.

Livio, 28,30,1-12. [1] Por aquel miso tiempo Hannón, prefecto de Magón, enviado hacia el río Betis desde Gades, con pocos soldados africanos, armó aproximadamente a cuatro mil, hispanos atrayéndoselos con regalos. [2] Después, despojado del campamento por Lucio Marcio y de la mayor parte de soldados, entre el tumulto del campamento capturado, perdidos incluso algunos en la huida, persiguiendo la caballería a los dispersos, él escapó con unos pocos. [3] Mientras estos hechos ocurren junto al río Betis, Lelio, entre tanto, con su armada se dirigió a Carteia, navegando desde el estrecho hacia el Océano, la ciudad se encontraba emplazada en la costa del Océano, donde se abre el mar por primera vez desde el paso estrecho. [4] Gades fue recuperada sin lucha, por traición. Como antes se ha dicho, los que vinieron al campamento romanos había tenido la esperanza de que prometieran aquello espontáneamente. Pero esta improvisada traición fue descubierta y Magón entregó todos los apresados a Adherbal, pretor, para que se los llevara a Cartago. [5] Adherbal, tras ser embarcados los traidores en una quinquerreme y enviarla por delante, porque era más lenta que las trirreme, él a corta distancia la sigue con ocho trirremes. [6] Cuando ya atravesaban el Estrecho con las quinquerremes, Lelio, en una quinquerreme desde el puerto de Carteia, persiguiendo a las siete trirremes que iban por delante, se dirige contra Adherbal y sus naves, muy confiado en que una vez capturada la quinquerreme en la corriente del Estrecho no podría navegar de un lado para otro contra un mar opuesto. [7] El cartaginés, ante una situación tan inesperada, sin saber qué hacer, dudó si seguir a la quinquerreme o dirigir su proa contra el enemigo. Esta misma duda provocó la ocasión de evitar la lucha. [8] Ya se encontraban bajo el fuego de las armas y los enemigos los acosaban por todas partes.El acaloramiento y el deseo de controlar las naves, los anulaba. No era un combate naval, ya que no se hacía nada por propio deseo, ni había conocimientos sobre la guerra naval, ni opinión alguna. [9] La propia naturaleza del mar y el ardor de toda la lucha que tenían su fuerza en las naves propias, impulsaban a los que atacaban a las naves contrarias en sentido contrario por culpa de los remeros. Se veía a la nave que huía navegando con la proa hacia atrás, impulsada por los vencedores, y a la perseguidora, como si hubiese caído en una corriente contraria de mar, retirarse huyendo. [10] Ya en la propia lucha, la nave, dirigiéndose hostilmente con su espolón contra la nave de los enemigos, ella misma, de costado, volviéndose rápidamente la envolvía por la proa. [11] Al entablarse un combate dudoso entre las trirremes, bajo el arbitraje de la suerte, la quinquerreme romana, como quiera que se gobernara más fácilmente bine por ser más consistente por su peso bien por el mayor número de filas de remos que cortaban las aguas, hundió a dos trirremes, y empujada por esta fuerza cortó los remos de un costado de un navío. [12] A as restantes que hubiese alcanzado, las habría castigado si no hubiese sido porque Adherbal con las cinco restantes trirremes se hubiese dirigido a África.

Livio, 28, 31. 1-4. [1] Lelio regresó vencedor a Carteia. enterado de los que había ocurrido en Gades -que había sido descubierta la conspiración y que los conjurados habían sido enviados a Cartago y que la esperanza que había supuesto, se había disipado-. [2] Enviada una delegación a Lucio Marcio, le dijeron que si quería que se regresara ante el general para malgastar el tiempo, permaneciendo en Gades. Estuvo de acuerdo Marcio y ambos regresaron tras pocos días a Cartago Nova. [3] Ante la marcha de éstos, no solamente no respiró Magón al verse agobiado tanto por tierra como por mar, sino que, incluso, al enterarse de la rebelión de los ilergetes, con la esperanza de recuperar Hispania, envió una embajada a Cartago ante el Senado, [4] para que al mismo tiempo, exagerando la sedición pública del campamento romano y a la vez la defección, exhortaran a que le enviaran tropas con las que pudieran recuperar el dominio de Hispania entregado por sus antepasados.

Livio, 28, 32, 8. [8] Magón, quien con unas pocas naves se escapó del orbe de las tierras a una isla circundada por el Océano, e el que le preocupa, no los ilergetes. [9] En efecto, allí se trataba de un general cartaginés y de tropas cartaginesas, por pocas que fuesen. Aquí, nada más que bandido y jefes de bandidos, que si algún valor tenían para devastar los campos vecinos, incendiar poblados y robar ganados, nada valían formados en ejército y en un combate regular. Lucharán más confiados en su velocidad en huir que en sus armas.

Livio, 28, 35, 1-13.[1] Las negociaciones ya antes empezadas con Masinisa por unas y otras causas habían ido difiriéndose, porque el númida sólo con Escipión en persona quería entrevistarse y sólo por su diestra quería ver sancionada la alianza. [2] Esta fue entonces la causa del viaje tan largo y apartado de Escipión. Encontrándose Masinisa en Gades y enterado por Marcio de que se acercaba Escipión, empezó a quejarse de que los caballos se consumían encerrados en la isla, agotando las provisiones de todos y comiendo ellos mismos con penuria, además de que los caballeros, con la inercia languidecían. [3] Con estos pretextos indujo a Magón a que le dejase pasar al continente para devastar los campos vecinos. [4] Una vez pasado, envió delante tres príncipes númidas para convenir el tiempo y lugar dela conferencia; ordena que dos sean retenidos como rehenes por Escipión. Vuelto el tercero para conducir a Masinisa al lugar mandado, con una pequeña escolta llegaron a la entrevista. [5] Ya antes la fama de las hazañas de Escipión había llenado de admiración al númida y le había inducido a imaginárselo de aspecto espléndido y majestuoso. pero a su presencia, creció su veneración. [6] Pues, a parte de que por naturalezas era grande su majestad, una larga cabellera le embellecía, y el porte de su cuerpo con cuidadados y afeites, sino realmente viril y militar, y su edad en el completo vigor de sus fuerzas. [7] La flor de su juventud, como renacida después de la enfermedad, hacía este vigor más pleno y más espléndido. [8] Al primer encuentro, estupefacto el númida,, dio las gracias a Escipíon por haberle devuelto a su sobrino…[13] Masinisa, con el permiso de los romanos, para que no pareciese haber pasado sin motivos al continente, devastó los campos vecinos y regresó a Gades.

Livio, 28, 36,1-13. [1] Magón, dada la situación desesperada en Hispnaia a causa de que la sedición militar primero y la defección de Indíbil después había parecido mejorar, se disponía pasar a África cuando se le notificó desde Cartago que el Senado le ordenaba llevar a Italia la escuadra que tenían en Gades, [2] y que reuniendo allí la mayor cantidad de jóvenes galos y ligures que pudiese, se uniese con Aníbal, y que no dejase desfallecer una guerra emprendida con el mayor empuje y la mayor fortuna. [3] Para ello le fue enviado dinero de Cartago; además del cual arrancó todo lo que pudo a los gaditanos, expoliando no sólo su erario, sino también sus templos, obligando a todos los particulares a entregarle su oro y su plata. [4] Costeando el litoral de Hispania, no lejos de Cartagon Nova, desembarca una soldados y tala los campos vecinos. Después aborda con su escuadra la ciudad. [5] Allí, durante el día, mantuvo a bordo a sus soldados. De noche los desembarca y los lleva a aquella parte de la muralla por donde tomaron los romanos Cartago Nova. No creía ue la ciudad fuese guardada por una guarnición lo suficientemente fuerte y esperaba que algunos ciudadanos se alzarían con la esperanza de cambiar la situación. [6] Pero mensajeros aterrorizados habían traído , al mismo tiempo, del campo, la noticia del saqueo, de la huida de los labradores, y de la llegado de los enemigos. [7] Y ya de día había sido vista la escuadra y no se creía un azar el haber tomado posición ante la ciudad. Así, la guarnición estaba preparada y armada junto a la puerta que da a la laguna y al mar. [8] Cuando los enemigos, desparramados, mezclados los soldados con la chusma marinera, se lanzaron contra las murallas con un tumulto superior a su fuerza, se abrió de repente la puerta y los romanos salieron con gran griterío. [9] Al primer ataque y a la primera descarga de proyectiles rechazan a los enemigos turbados y los persiguen con gran carnicería hasta el mar. [10] Ninguno hubiera escapado del combate o de la persecución si las naves no se hubieran acercado para recoger a los fugitivos. [11] hasta las naves llegó el terror. Para impedir que los enemigos suban mezclados con los suyos tiran las escaleras y cortan cables y anclas para no retardar las maniobras. [12] Muchos, nadando hacia las naves, no pudiendo a causa de la oscuridad distinguir qué era lo que tenían que evitar, dónde debían cogerse, perecieron miserablemente. [13] Al día siguiente, cuando la flota había huido hacia el Océano, de donde había venido, se encontraron hasta ochocientos hombres muertos entre los muros y la costa y ceca de dos mil armaduras.

Livio, 28, 37 1-9. [1] Magón, a su regreso a Gades, encontró cerradas las puertas de la ciudad. abordó a Cimbis, lugar no lejano de Gades. Rechazada su armada, envió legados para que preguntaran por qué a él, que era amigo y aliado, le habían sido cerradas las puertas. [2] Ellos se excusaron diciendo que se había hecho a causa de los saqueos realizados por una multitud desenfrenada que las naves habían desembarcado. entonces se atrajo a una entrevista a los sufetes, que era la máxima magistratura entres los cartagineses, y al cuestor; los hizo azotar y los crucificó. [3] Después, con las naves, paso a la islas Pitiusas, a unas cien millas del continente, entonces habitadas por cartagineses. [4] Así, la flota fue amistosamente recibida, y no sólo se les aprovisionó abundantemente, sino que, para completar la tripulación, les proporcionaron hombres y armas. Seguro, con estos refuerzos el cartaginés, pasó a las Baleares, distantes de allí cincuenta millas. [5] las islas baleares son dos, mayor la una y más rica en armas y gentes, provista con un puerto con el cual creía Magón poder atravesar cómodamente, pues era ya el fin del otoño. [6] Pero no de otro modo que los los romanos habitaren las isla, fueron atacadas las naves en son de guerra. Así somo ahora el pueblo utiliza principalmente la honda, entonces era esta la arma sola que conocían y nadie de otra nación ha sobresalido tanto en su manejo como los baleares sobresalen sobre todos los demás pueblos. [7] Y así, una tal lluvia de piedras, a manera de granizo espesísimo, cayo sobre la armada que se acercaba a tierra que, no atreviéndose a entrar en puerto, volvieron las naves hacia alta mar. [8] De allí pasaron a la isla menor de las Baleares, de fértil suelo, pero no igualmente fuerte hombres y armas. [9] Desembarcaron y fijaron el campamento en un lugar fuerte dominando el puerto; y apoderándose sin lucha de la ciudad y del campo, reclutaron dos mil auxiliares. Los enviaron a Cartago y pusieron sus naves en seco para invernar. Después de la partida de Magón de la costa del Océano, los gaditanos se sometieron a Roma .

POLIBIO (Continuacón)

Año -209

Polibio, 10, 9, 1-8. [1] A su edad, que he apuntado un poco más arriba, ya abrigaba estos proyectos, pero los ocultó a todo el mundo, a excepción de Gayo Lelio, hasta que creyó oportuno hacerlos públicos. [2] Los historiadores están de acuerdo en todas estas previsiones, pero siempre que llegan al final de sus hazañas, no alcanzo a entender por qué no atribuyen al hombre y a su prudencia el éxito obtenido, sino a los dioses y a la suerte, [3] eso sin el testimonio de sus íntimos y de los que convivieron con él, incluso cuando existe una carta del propio Publio Escipión a Filipo, en la cual aquel expone claramente que fue con la ayuda de las previsiones citadas arriba como él emprendió las operaciones y, principalmente el asedio de Cartago Nova. [4] Entonces dios secretamente órdenes de navegar hacia la ciudad citada al almirante de la escuadra, Gayo Lelio, que era el único que conocía los planes, [5] como se indicó más arriba; [6] él tomó las fuerzas de infantería e hizo la marcha muy rápidamente. El número de soldados de infantería era de unos veinticinco mil; los jinetes eran dos mil quinientos. [7] llegó al lugar en siete días y puso su campamento en las afueras, al lado norte de la ciudad. Al lado opuesto del perímetro del campamento trazó un foso y una empalizada doble, que iban de mar a mar. Por el lado que daba a la ciudad no puso nada, pues la misma configuración del lugar le ofrecía seguridad suficiente. [8] Puesto que nos disponemos a narrar el asedio y la toma de la ciudad en cuestión, nos parece indispensable describir a los lectores, con algún detalle, el paraje en que está la población y la disposición de éste.

Polibio, 10, 10, 1-12. [1] Está situada hacia el punto medio del litoral hispano en un golfo orientado hacia el suroeste. La profundidad del golfo es de unos veinte estados y la distancia entre ambos extremos es de diez; el golfo, pus, es muy semejante a un puerto. en la boca del golfo hay una isla que estrecha enormemente el paso de penetración hacia adentro, por sus flancos. La isla está de rompiente del oleaje marino, de modo que dentro del golfo hay siempre una gran calma, interrumpida solo cuando los vientos africanos se precipitan por las dos entredas y encrespan el oleaje. Los otros, en cambio, jamás remueven las aguas, debido a la tierra firme que la circunda. en el fondo del golfo hay un tómbolo, encima del cual está la ciudad rodeada del mar por el Este y por el Sur, aislada por el lago al Oeste, y en parte, por el Norte, de modo que el brazo de tierra que alcanza al otro lado del mar, que es el que enlaza la ciudad con tierra firme, no alcanza una anchura mayor de dos estadios.

El casco de la ciudad es cóncavo; en su parte meridional presenta un acceso más plano desde el mar. Una colinas ocupan el terreno restante, dos de ellas muy montuosas y escarpadas, y tres no tan elevadas, pero abruptas y difíciles de escalar. La colina más alta está al Este de la ciudad y se precipita en el mar; en su cima se levanta un templo a Asclepio. hay otra colina frente a ésta, de disposición similar, en la cual se edificaron magníficos palacios reales, construidos, según se dice, por Asdrúbal, quien aspiraba a un poder monárquico. Las otras elevaciones del terreno, simplemente unos altozanos, rodean la parte septentrional de la ciudad. De estos tres, el orientado hacia el Este se llama el de Hefesto; el que viene a continuación, el de Altes , personaje que, al parecer obtuvo honores divinos por haber descubierto una mina de plata. El tercero de los altozanos lleva el nombre de Cronos. Se ha abierto un cauce artificial entre el el estanque y las aguas más próximas, para facilitar el trabajo de los que se ocupan de las cosas de la mar. Por encima de este canal que corta el brazo de tierra que separa el lago y el mar, se ha tendido un puente para que carros y acémilas puedan pasar por aquí, desde el interior del país, los suministros necesarios.

Polibio, 10, 11.1-8. [1] Esta es, pues, la configuración del lugar. Por el lado que daba al mar los romanos no dispusieron nada, pues el estanque aseguraba su campamento y el completaba su defensa. En el espacio abierto entre el mar y el estanque, el que unía la ciudad con la tierra firme, Escipióm no erigió ningún atrincheramiento; este espacio era el centro de su propio campamento. Lo hizo o bien para alarmar al enemigo o porque convenía a sus planes, para disponer lo más libremente posible de las entradas y salidas de la acampada. Inicialmente el perímetro de la ciudad medía no más de veinte estadios, aunque sé muy bien que no faltan quienes han hablado de cuarenta, pero no es verdad. Lo afirmamos no de oídas, sino porque lo hemos examinados personalmente y con atención; hoy es aún más reducido.

La flota romana llegó en el momento preciso y Escipión congregó a aquella muchedumbre y la arengó y echó manos de los argumentos en que él confiaba y no de otros: los hemos expuesto detalladamente algo mas arriba, en lugar oportuno. Demostró que la empresa era factible; resumió las pérdidas que experimentaría el enemigo, si ellos alcanzaban la victoria y cómo progresaría su propia causa; por lo demás prometió coronas de oro a los primeros que escalaran los muros y los premios habituales a los que se distinguieran por su coraje; acabó señalando que ya desde el principio Poseidón se le había aparecido en sueños y que le había sugerido este intento; además le había declarado que, cuando la acción se llevara a cabo, su ayuda sería tan manifiesta que nadie del ejército podía dudar de su cooperación. Mereció pues argumento irrefutables con palabras de exhortación, prometió coronas de oro y mencionó la providencia del dios, con lo cual infundió a toda aquella juventud gran empuje y ardor,

Polibio, 10, 12, 1-10. [1] Al día siguiente hizo fondear las naves, al mando de Gayo Lelio, delante del litoral; llegaban proyectiles e todas clases. Por tierra seleccionó a dos mil hombre, los más fornidos y los apostó conjuntamente con los que llevaban las escaleras. El asalto empezó a tercera hora del día. Magón, el comandante de la ciudad, dividió su cohorte de mil hombres; dejó la mitad en la acrópolis y situó a los restantes al pie de la colina oriental.Tomó a los demás y armó a los más robustos, unos dos mil con las armas que quedaban en la ciudad. A éstos los situó en la puerta que conducía al brazo de tierra y hacia el campamento enemigo. Y mandó a los que quedaban socorrer con todas sus fuerzas donde fuera preciso de la muralla. en el mismo momento en que Escipión a toque de corneta ordenó el asalto, Magón hizo salir por la puerta su gente armada, creído que así aterrorizaría al enemigo y haría fracasar totalmente su tentativa. Estos hombre arremetieron vigorosamente contra los romanos que salían de su acampada y que se iban alineando a lo largo del istmo. Se entabló un combate encarnizado y, en los dos bandos se podían oír la exhortaciones propias de la guerra. Las mismas salían de los que se encontraban en el campamento u e los que quedaban en la ciudad; todo el mudo animaba a los suyos. sin embargo, la eficacia de los refuerzos que afluían no era la misma, porque a los cartagineses sólo les llegaba a través de un portón, y además, debían recorrer casi dos estadios; los romanos, en cambio, los tenían al alcance de la mano y, además, por muchos sitios. Esto convertía la lucha en desigual. Publio Escipión había colocado intencionadamente a sus hombres al lado mismo del campamento, para atraer lejos al enemigo: veía claramente que si lograba aniquilar a éstos,, la flor y nata de la guarnición de la ciudad, lo desorganizaría todo y, desde entonces nadie se atrevería a salir por aquella puerta. Durante largo rato la pugna fue indecisa, ya que luchaba por ambos lados la propia escogida, pero al final, el empujo de los refuerzos que afluían desde el campamento, rechazó a los cartagineses, que se volvieron de espaladas. Ya durante la batalla muchos de ellos habían perecido, pero cuando se precipitaron huyendo hacia la portezuela, murieron aún más, al pisotearse mutuamente.. Esto desatinó tanto a los de la ciudad, que los que guarnecían la muralla, llegaron a abandonarla. Poco faltó para que, en su acoso, los romanos entraran en la plaza junto con los que huían delante de ellos. Pero lograron apoyar las escaleras en el muro sin correr peligro.

Polibio, 10, 13, 1-11. [1] Escipión, personalmente no rehuyó el riesgo, pero lo hizo con la máxima seguridad posible. Llevaba con el tres escuderos que le cubrían con sus adargas y, así le protegían del lado del muro. Se presentaba personalmente en los flancos, y subía a los lugares más elevados, con lo cual colaboraba grandemente en la acción. comprobaba lo ya realizado y, ademas, el hecho de que los otros le vieran en persona, influía coraje a los combatientes. y a eso se debió el que en aquella batalla no se omitiese nada de los necesario, ya que siempre que se mostraba la urgencia de algo para la ocasión, todo se hacía al punto, según correspondiera. Los primeros empezaron a trepar por las escaleras con coraje, pero aquella invasión se convirtió en muy arriesgada, no tanto por lo nutrido de los defensores como por las grandes dimensiones de las murallas. cuando vieron que los atacantes se veían en dificultades, los de arriba cobraron ánimo. en efecto, bastantes escaleras se rompían porque eran muy altas y subían por ellas muchos a la vez. Los que guiaban la escala debían ascender casi en vertical, y esto los mareaba: para arrojarlos al vacío bastaba una mínima resistencia por parte de los defensores. Cuando éstos, apostados en las almenas disparaban vigas o palos, los asaltantes eran rechazados y devueltos al suelo. Pero ni estas contrariedades bastaron para atajar el ataque vigoroso de los romanos; cuando los primeros eran rechazados, ya los siguientes subían por el sitio que cada vez quedaba libre. el día había avanzado mucho, los soldados estaban rendidos por las penalidades y el general de los asaltantes, mandó tocar a retirada.

Polibio, 10, 14, 1-14. [1] La guarnición de la plaza exultaba, creída de que ya había anulado el peligro, pero Publio Escipión esperaba la hora de reflujo. dispuso en la orilla del lago quinientos hombres con sus correspondientes escaleras e hizo descansar al resto cerca e la puerta y el istmo. Tras una arenga les entregó mas escaleras que las que tenían antes, de manera que en el muro pulularan asaltantes por todas partes. Así que se dio la orden de combate y los romanos hubieron aplicado sus escalas al muro,, subiendo al punto con gran atrevimiento, los de dentro de la ciudad experimentaron una gran confusión y desánimo. Creían haber alejado el riesgo, u ahora veían cómo se les iniciaba otra vez por este segundo asalto. Andaban escasos de proyectiles y además, les descorazonaba el gran número de bajas que sufrían. Contrariados por los sucedido, ofrecían, sin embargo, gran resistencia. Precisamente cuando la lucha en las escaleras alcanzó su máxima intensidad, se inició en reflujo. Poco a poco el agua iba desalojando los niveles más altos del lago y se producía una corriente fuerte e intensa por la desembocadura hacia el mar inmediato; a los miraban aquel fenómeno sin reflexionar, la cosas les debía parecer increíble. Cornelio Escipión había dispuesto unos guías; ordenó a sus hombres meterse en el agua; dijo, por encima de todo, a los que había encomendado la misión, que no tuvieran miedo. Si había algo en lo que tenía una habilidad innata, era en infundir coraje y en transmitir su estado de ánimo a aquellos a quienes arengaba.Los hombre obedecieron y atacaron corriendo a través de la marisma; todo el ejército creyó que ello se hacía por la providencia de un dios: les recordó lo de Poseidón y el anuncio de Publio en su primer parlamento. Se excitaron tanto en sus espíritus, que se apretujaron, forzaron el paso hacia un portal e intentaron, desde fuera, astillar las puertas con hachas y machetes. Los que se había apresurado al muro a través del estanque, encontraron unas almenas desguarnecidas y, no sólo aplicaron sus escalas sin ningún peligro sino que subieron y ocuparon aquel lienzo de muralla sin necesidad de combatir. Los defensores se había diseminado por otros lugares, principalmente por el istmo y por la puerta no podía esperar que el enemigo los asaltara desde el estanque. El conjunto de sucesos hacía que, entre los defensores, nadie pudiera oír ni ver nada de los necesario, a lo que contribuía el desorden, el griterío y la confusión de aquella mezcla de combatientes.

Polibio, 10, 15, 1-11. [1] Los romanos, pues, conquistaron el muro. Recorrieron su cresta y la limpiaron de enemigos. Para este tipo de operaciones les ayudaba mucho sus armas. cuando llegaron a la altura de los portales, unos bajaron para astillar los barrotes, los de fuera penetraron por allí y los que habían forzado el paso por medio de escaleras en el paraje del istmo, derrotados ya los defensores, tomaron las almenas. Así fue la conquista de la muralla; los que habían entrado por la puerta se dirigieron a la colina oriental, expulsaron a los defensores y las ocuparon. cuando Publio Escipión creyó que el número de los suyos que había entrado era ya respetable, envió, según la costumbre de los romanos, a la mayoría contra la ciudad, con la orden de matar a todo el mundo que encontraran, sin perdonar a nadie; no podían lanzarse a recoger botín hasta oír la señal correspondiente. Creo que la finalidad de esto es sembrar el pánico. en las ciudades conquistadas por los romanos se puede ver con frecuencia no sólo las personas descuartizadas, sino perros y otras bestias. Aquí esto se dio sobremanera, pues el número de los atrapados era enorme. Publio Cornelio se dirigió personalmente contra la acrópolis, al frente de un millar de hombres. Estaba ya cerca y Magón inicialmente se resistió. Sin embargo comprobó que la ciudad había caído ya totalmente, envió mensajeros que cuidaran de su propia seguridad y rindió la fortaleza. Ante esto, Publio Cornelio mandó dar la señal de cesar en la matanza y los romanos se lanzaron al botín. Llegó la noche y los romanos que tenían orden de ello se quedaron en la acampada. Publio Cornelio y sus mil hombre vivaquearon en la acrópolis de Cartago Nova y, a través de los oficiales, mandó a los demás salir de las casas, reunir el botín en el ágora,, el que correspondía a cada manípulo, y pernoctar a su lado. Ordenó que vélites salieran del campamento y los apostó en la colina de la parte oriental. Y esta es la manea como los romanos, en Iberia, conquistaron Cartago Nova.

Polibio, 10,16, 1-9. Al día siguiente los romanos amontonaron en el ágora los bagajes de los soldados cartagineses, así como los ajuares de los ciudadanos y de los obreros. Según el uso romano, los tribunos los distribuyeron entre sus legiones. cunado toman una ciudad, obran como sigue: de cada unidad eligen un número fijo de hombre según la importancia de la plaza, para coger el botín; algunas veces seleccionan manípulos enteros; sin embargo, nunca escogen a más de la mitad; los restantes permanecen en sus líneas, vigilantes, ya dentro, ya fuera de la plaza, de modo tal, sin embargo, que sean vistos por todos. como sus ejércitos, las más de la veces se componen de dos legiones romanas y otras dos aliadas, y las cuatro legiones resultantes rara vez se juntan, todos los que han sido enviados a reunir botín regresan con éste, cada hombre a su propia legión y, después de la venta de lo aprehendido, los tribunos reparten sus productos a partes iguales entre todos, no sólo entre los que habían permanecido como fuerza protectora, sino incluyen también a los vigilantes de las tiendas, a los enfermos y a los enviados a cualquier servicio. Ya describimos detalladamente, cuando tratamos la constitución, que nadie puede escamotar nada del botín, sino que han de ser fieles al juramento que prestan cuando se juntan por primera vez en el campamento.. La consecuencia es que cuando la mitad va en busca del botín y la otra mitad, conservando la formación, realiza una misión de cobertura, a los romanos la avaricia no les hace peligrar la situación. Sus esperanzas de obtener lucro no les infunden recelos mutuos sino que son exactamente las mismas en los que quedan a la expectativa y en los que se dedican a la rapiña. Nunca abandona nadie su lugar y esto perjudica normalmente al enemigo..

Polibio, 10,17,1-16. La mayoría de los hombres soportan riesgos y penalidades de cara a las ganancias. Es natural que, cuando llega una oportunidad, los que quedan en campamentos y guarniciones permanezcan allí de mala gana, ya que en la mayoría de las naciones el botín queda en poder del que lo captura. aunque los reyes y los generales pongan gran empeño en ordenar que todo el mundo entregue sus presas, sin embargo la creencia general es que lo que uno logre escamotear le pertenece. De ahí que, cuando son muchos los que se dirigen a reunir botín, si no se ejerce sobre ellos un dominio férreo, peligre la empresa íntegra. son muchos los que han visto cómo un éxito inicial corona totalmente sus propósitos, ya sena éstos el asalto de un campamento enemigo o la toma de una ciudad, y, sin embargo, acabaron fracasando y lo perdieron todo;la causa es la aducida. Este es el aspecto, pues, que más deben velar los generales, para que, en la medida de lo posible, todos tengan la certeza del que el botín, si llega la oportunidad, será repartido entre todos por igual. Mintras los tribunos estaban repartiendo los despojos, el general romano mandó concentrar a los prisioneros, que eran muchos,, casi diez mil. Puso aparte a los habitantes de la ciudad, con sus mujeres e hijos,, e hizo también un grupo con los artesanos. A los primeros les exhortó a ser amigos de Roma, a que no olvidaran aquel beneficio, y los despachó a sus casas. ante la salvación tan inesperada, éstos rompieron a llorar y se fueron dando vivas muestras de veneración para con el general. A los artesanos, de momento les dijo que eran esclavos públicos de Roma. Pero prometió la libertad a todos los que evidenciaran prácticamente su adhesión e interés para con los romanos, esto si la guerra contra los cartagineses se desarrollaba según sus designios. Les ordenó todos inscribirse en la lista del cuestor y, para cada grupo de treinta, nombró un procurador romano. El número total era de unos dos mil. Seleccionó a los más fornidos de los prisioneros restantes, a los más distinguidos por su edad y por su figura, y los mezcló con sus tripulaciones. Así duplicó los efectivos de su marinería y tripuló también las naves capturadas. Faltó poco para que cada nave tuviera una dotación doble de la anterior. Las naves apresadas fueron dieciocho, que sumó a las treinta y cinco de que ya disponía. Publio Cornelio prometió la libertad también a estos hombres para que después, tras la victoria definitiva sobre los cartagineses, si colaboraban con interés y buenas intenciones. Con estos tratos dados a los prisioneros infundió confianza entre los ciudadanos, que se le adhirieron, tanto a su persona como a las operaciones generales. También los artesanos se interesaron mucho, dadas las esperanzas de libertad. con sus previsiones, Publio Cornelio aprovecho la oportunidad de aumentar su escuadra casi en un cincuenta por ciento.

Polibio, 10,18, 1-14. A continuación separó a Magón y a los cartagineses que éste mandaba. dos de estos prisioneros pertenecían al Consejo de Ancianos cartaginés y cinco era senadores. Los colocó bajo la custodia de Gayo Lelio, a quien ordenó que vigilara adecuadamente a aquellos hombres. Lugo llamó a los rehenes, más de trescientos en número. Hizo que los niños se le acercaran, uno por uno, los acarició y les dijo que no tuvieran miedo: no tardarían mucho en volver a ver a sus padres. También exhortó a los demás a tener confianza. Les dijo que escribiera cada uno a sus parientes de su propia ciudad. Debían comunicarle en primer lugar, que estaban a salvo, que no les había pasado nada, y, a continuación que los romanos se avenían a restituirlos a todos a sus patrias, con toda seguridad, si las ciudades aceptaban su alianza. Esto fue lo que dijo. Previamente había dispuesto del botín. Lo más práctico para sus fines y, entonces, repartió obsequios correspondientes a las edades y a los sexos: regaló a las niñas joyas y brazaletes, y a los niños espadas y puñales. La mujer de Mandonio, hermano de Indíbil, rey de los ilérgetes salió del grupo de mujeres rehenes para arrodillarse a los pies; le rogaba entre lágrimas que respetara su dignidad mejor de lo que la habían respetado los cartagineses. El romano, compadecido, le preguntó si le faltaba algo necesario; ella era una mujer ya madura, de evidente preeminencia y majestad; a tal demanda se mantuvo en silencio. Publio Cornelio mandó llamar a los cartagineses que habían cuidado a aquellas mujeres; los reclamados arguyeron que les habían dado en abundancia lo que necesitaban. La matrona se aferrón más que antes a las rodillas de Publio Escipión repitiendo las mismas palabras, o que ponía al romano en un aprieto mayor. empezó a sospechar negligencia por parte de los cartagineses y los encargados de ella a quienes había interrogado, le había respondido falsamente. Por sonsiguiente dijo a las mujeres que cobraran ánimo, poeque él personalmente nombraría a unos que cuidaran que no les faltara nada necesario. La mujer guardó un breve silencio y luego exclamó:”General, si crees que pedimos algo para nuestro estómago es que no has comprendido correctamente mis palabras”. Entonces Publio Cornelio entendió cabanlmente lo que quería decir la mujer. Recorrió con la mirada la espléndida belleza de las hijas de Indíbil y de las de muchos otros reyes, y se le saltaron las lágrimas tras aquella tímida insinuación, por parte de la ibera, de sus afrentas. Y entonces demostró haber adivinado: tomó a la mujer por la mano y le dijo que ni ella ni las demás debían desconfiar: él velaría por ellas como si les fueran hermanas e hijas y que, tal cual ya había manifestado, nombraría para esto a unos hombres de confianza.

Polibio, 10, 19, 1-9. Después, Publio Cornelio entregó a los cuestores el dinero que había constituido el erario público de los cartagineses. Éste rebasaba los seiscientos talentos, que sumados a los cuatrocientos que él llevaba consigo desde Roma, arrojaron un total de más de mil: constituían los fondos de que disponía. Fue en aquella ocasión cuando unos soldados romanos muy jóvenes encontraron a una muchacha en flor de la edad y que en belleza superaba a las demás mujeres. Sabían que Publio Cornelio era mujeriego, y fueron s su encuentro con la joven, diciéndole que se la entragaban. Él se sorprendió; admirado de aquella beldad, les dijo que de ser soldado raso, no hubiera habido regalo que hubiese aceptado más complacido. Sin embargo, él era el general, y no habñia obsequio que pudiera aceptar menos. con ello dio a entender -al menos a mí me lo parece- que estas cosas proporcionan a los jóvenes un gusto y un pasatiempo alguna vez, a saber en tiempos de ocio y relajación; en cambio, en época de acción son un gran obstáculo tanto temporal como espiritual para los que las llevan a cabo. As sus soldados les dijo que les quedaba agradecido; mandó llamar al padre de la joven y se la entregó con la recomendación y que la casara con el ciudadano que le pareciera bien. con tal mesura y continencia, se ganó la estima de sus subordinados. Así lo administró todo. confió a los tribunos los prisioneros restantes y remitió a Gayo Lelio a Roma en una pentera con los prisioneros más insignes.Debía proclamar aquellos éxitos en su patria, en la que casi nadie confiaba, por lo que se refería a las operaciones en Iberia. Publio cornelio sabía bien que ante tamañas noticias, los romanos se repondrían y se entregarían con más ardor a las operaciones.

Polibio, 10, 20, 1-8. Él se quedó todavía algún tiempo en Cartago Nova, donde ejercitó intensamente a las fuerzas navales romanas y adiestró a los tribunos acerca de cómo debían instruir a las fuerzas de tierra. El primer día hizo correr a sus hombres, armados, unos treinta estadios, el segundo día les hizo limpiar las armas, custodiarlas y vigilar sus panoplias al aire libre. Al día siguient les concedió un descanso para que se relajaran. En la cuarta jornada dispuso que unos lucharan con espadas de madera emboladas y recubiertas de cuero. mientras el resto disparaba dardos también embolados. Al quito día repitió las carreras y todo lo que se había ido haciendo. Le preocupaban muchos los artesanos para que no fallara nada en el cuidado de los armas ni en los mismos combates.. De modo que dispuso a unos hombres adecuados que debían velar sobre lo que he indicado antes; él hacía un recorrido diario y disponía personalmente el material para todos. Alrededor de la ciudad las fuerzas terrestres se ejercitaban en maniobras militares, las marinas en el mar, remaban y se disponían a otras prácticas. La gente de la ciudad afilaban armas, trabajaban el bronce y construían utensilios. Todo el mundo se afanaba en preparativos bélicos; cualquiera que lo hubiera observado se habría visto forzado a considerar la ciudad, según el dicho de Jenofonte, como un taller de guerra. cuando le pareció que todo el mundo se había entrenado de modo suficiente con vistas a la prosecución de las operaciones, aseguró la ciudad con un guarnición y con diversas reparaciones en los muros. Mandó alzar el campo, tanto a sus fuerzas de tierra como a las de mar, y emprender la marcha en dirección a Tarragona. Consigo llevaba los rehenes.

Polibio 10,34,1-11. Ya se ha explicado antes que en Iberia, el general supremo de los romanos, pasó el invierno en Tarragona. Primero logró la amistad y confianza de los iberos mediante la devolución de los rehenes.. En esto encontró un colaborador espontáneo en Edecón, rey de los edetanos, quien, así que supo de la caída de Cartago Nova y que Escipión retenía a su mujer y a sus hijos, calculó al punto que los iberos cambiarían de mando y resolvió convertirse en adalid de aquel movimiento: confiaba mucho en que si recuperaría a los suyos y que daba la impresión de que había abrazado la causa romana por principio y no por necesidad. Y dio ciertamente en el clavo. Poco después de que las fuerzas romanas hubieran sido enviadas al campamento de invierno, se presentó en Tarragona con un cortejo de parientes y amigos. Allí se entrevistó con Escipión y le dijo que daba muchas gracias a los dioses por el hecho de que había podido ser él el primero del país que había acudido a verle: los demás iberos se entendía todavía con los cartagineses y les enviaban embajadas; él, en cambio, se dirigía a los romanos; había ido allí a entregarse a su lealtad, y no él sólo, sino con parientes y amigos. De modo que si aceptaba su amistad y alianza, le iba a ser muy útil tanto en el presente como en el futuro, porque los iberos restantes, al ver que había sido admitido como amigo y que había sido atendido en sus demandas, actuarían de manera semejante. También ellos deseaban recobrar a sus familiares y aliarse con Roma; para el futuro, el honor y la humanidad romanos le obligarían, y así les serían aliados incondicionales en lo que quedaba de operaciones. Por eso pedía que le fueran restituidos hijos y esposa, y poder volver a su casa con el título de amigo, para demostrar al máximo posible, un motivo razonable de su adhesión a Publio Cornelio en persona y en la causa romana. Edecón dijo esto y luego guardó silencio.

Polibio, 10, 35.1-8. Escipión, ya dispuesto a ello y que ya había pensado, más o menos, lo mismo que lo había hecho Edecón, le devolvió la mujer y los hijos y le confirmó su amistad. Y no se limitó a eso, sino que durante los días que permanecieron con él, se ganó al ibero y a sus acompañantes de múltiples maneras; les infundió grandes esperanzas para el futuro y los despidió hacia sus casas. el hecho se difundió rápidamente y todos los habitantes al norte del Ebro adoptaron de golpe, como movidos por un resorte, la causa de Roma; me refiero a los que no le eran todavía amigos. A escipión le salió todo según sus cálculos. Cuando los cartagineses hubieron partido, comprobó que por mar no tenía adversarios y disolvió sus fuerzas navales; escogió de su marinería a los hombre más dotados y los distribuyo en manípulos, con lo que aumentó sus efectivos terrestres, Indíbil y Mandonio eran los príncipes más importantes de entre los iberos y eran considerados los amigos más leales de los cartagineses. Sin embargo, hacía tiempo que se sentían molestos. y desde que Asdrúbal fingió desconfiar de ellos y, como ya narré más arriba, les exigió mujeres e hijos en calidad de rehenes, además de una fuerte suma de dinero, buscaban ocasión para dejarle. Creyeron que entonces era el momento; hicieron salir a sus fuerzas del campamento de los cartagineses y, de noche, se retiraron a una fragosidades que les ofrecían seguridad. Esto hizo que la mayoría de los iberos desertara del partido cartaginés. Hacía mucho tiempo que se sentían ofendidos por la soberbia de los cartagineses, pero hasta entonces no había dado con una oportunidad de hacer evidente su decisión.

Polibio, 10 36, 1-7. Algo así ha sucedido ya a muchos. Es, en efecto, importante -lo hemos repetido insistentemente- coronar con éxito las operaciones y superar al enemigo en las tentativas, pero para explotar los éxitos se necesita gran atención y experiencia. Podemos decir que son más los que han alcanzado victorias que los que las han aprovechado debidamente. En este punto los cartagineses fueron del primer grupo. Empezaron por derrotar a los romanos e, incluso, dieron muerte a sus dos generales, Publio y Gneo Escipión, lo que les hizo suponer que se apoderarían de Iberia sin combatir; de ahí que trataran desdeñosamente a los nativos, a los que con tal conducta convirtieron en unos enemigos sometidos, no en aliados ni en amigos. Tal resultado fue lógico: pensaban que una es la manera de conquistar un imperio, y otra, la de conservarlo.. No habñian asimilado que los que conservan mejor su supremacía son los que se mantienen en los mismos principios por los cuales la establecieron. Se ha demostrado muchas veces, y muy claramente, que los hombres logran el poder si tratan con benignidad e infunden esperanzas a sus vecinos; si, tras conseguir lo que se deseaba, estos mismo hombres observan una mala conducta u gobiernan despóticamente a los que sometieron, es natural que un cambio así en los dominadores haga cambiar de partido a los dominados. Es lo que ocurrió a los cartagineses.

Polibio, 10,37,1-10. En tales circunstancias, Asdrúbal planeó muchos y diversos proyectos referente a lo que se le echaba encima. Le acongojaba la deserción de Indíbil, también la enemistad y hostilidad hacia su persona que sus mismos generales no disimilaban, y le ponía en aprieto la presencia de Escipión. Recelaba que éste acudiría con su ejército y, al ver que los iberos le habían abandonado y que se habían pasado a la vez a los romanos, llegó a la conclusión siguiente: pensó que era lo más atinado prepararse lo mejor posible y presentar batalla al enemigo. Si la suerte le daba la victoria, reflexionaría sin peligro acerca de lo que debería hacerse luego, pero si le era adversa se retiraría, con los que lograra salvar, a la Galia, donde reclutaría el máximo numero posible de bárbaros, para dirigirse a Italia, donde reforzaría a su hermano Aníbal y participaría en sus mismas esperanzas. Estos eran los planes y las ocupaciones de Asdrúbal. Escipión recibió a Gayo Lelio, atendió las órdenes del Senado, hizo salir sus fuerzas del campamento de invierno y se puso en marcha con ellas. en la ruta, los iberos le salieron al encuentro y se incorporaron gustosamente y con todo interés a la campaña. Ibdíbil hacía tiempo que habñia mandado legados a Escipión; cuando éste se aproximaba a su territorio, él acudió desde su propio campo acompañado por sus amigos. En una entrevista justificó su amistad anterior con los cartagineses y explicó la cofianza que había depositado en elos, y sus logros. A continuación relató las injusticias y desprecios que les habían inferido los cartagineses. Ahora Indíbil pretendía que el mismo Publio se erigiera en juez de lo narrado. Si se demostraba que había injustamente calumniado a los cartagineses, esto evidenciaría que tampoco sería leal para con los romanos; pero si tantas injurias como las enumeradas le forzaban a admitir la enemistad cartaginesa, en tal caso Escipión debía tener fundada esperanza de que, si él ahora se acogía al bando de los romanos. les sería firme y leal en su adhesión.

Polibio, 10, 38. 1-10. Hablaron todavía más prolijamente del tema; cuando acabaron tomó la palabra Escipión y le aseguró que daba crédito a sus palabras, que conocía muy bien la soberbia de los cartagineses por la crueldad con que había tratado a los otros iberos, principalmente a las mujeres y a las hijas, a quienes encontró no con el aspecto de rehenes, sino de prisioneras y de esclavas; añadió que él, en cambio, las habñia respetado de tal modo que, no ya ellos, sino sus mismos padres no lo hubieran igualado. Los iberos reconocieron que estaban de acuerdo con ello, y empezaron a adorarle y a llamarle “rey”. Los presentes aplaudieron ante tal palabra, y Escipión, conmovido, les exhortó a tener confianza; les aseguró que los romanos los tratarían muy bien. Les entregó sus hijas inmediatamente y, al día siguiente, concluyó un pacto con ellos. Lo esencial con este pacto fue que los iberos seguirían a los jefes romanos y que obedecerían sus órdenes. Tras esto los los jefes iberos se retiraron a sus campamentos, tomaron sus fuerzas respectivas y se incorporaron al ejército de Escipión. Acamparon junto a los romanos y marcharon contra Asdrúbal.

Año -208.

Polibio, 10, 38,7-10. El jefe cartaginés recorría por entonces los parajes de Cástulo, los alrededores de la ciudad de Baecula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento y se procuró seguridad en un río que fluía a sus espaldas. Delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó dia y noche centinelas en el escollo. Escipión se acerco empeñado en trabar combate, pero comprobó que las posiciones del enemigo eran estratégicas y seguras, lo que le tenía indeciso. Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Gisgón, con lo que se vería rodeado de enemigos.. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario.

Polibio, 10,39.1-9. Una vez preparado su ejército, hizo salir del campamento a los vélites y a una tropa escogida de infantería; dispuso también el restos de su fuerza, pero de momento la retuvo dentro del campamento. sus órdenes fueron cumplidas con decisión. Primeramente el jefe cartaginés permaneció a la espectativa de los que iba acaeciendo. cuando comprobó que el empuje de los romanos ponía a los suyos en posición desventajosa, hizo salir a su ejército y lo aproximó a los escollos, fiado en aquel paraje. en aquel mismo momento Escipíón hizo entrar en combate a su infantería ligera que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas lo tenía ya dispuesto: la mitad directamente a sus órdenes. con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. el mando dela segunda mitad lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hizo salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron. Los cartagineses que a su vez entraba también en formación, se vieron forzados a revolverse y a emprender la huida. Según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final. cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas, tomo su dinero y sus fieras, reunió el máximo de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo, aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que allí viven. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca a los hombres de Asdrúbal, ya que éñ mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo.

Polibio, 10, 40, 1-12. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos. A medida que se iban encontrando con Escipión le llamaban “rey”. el primero que lo hizo, que lo veneró, fue Edecón, Indíbil y los suyos. Hasta aquel momento Escipión no hizo caso de la pelabra. pero después de la batalla le llamaba “rey” ya todo el mundo, y la cosa llegó a sus oídos. Entonces congregó a los iberos y les y les comunicó su deseo de tener la fama real en todas partes por el hecho de serlo, pero no quería ser rey, y mucho menos que le llamaran así. Luego ordenó que todo el mundo le llamara “general”. Indudablemente es de justicia subrayar aquí la grandeza de ánimo de este hombre; era aún muy joven, pero la suerte le había acompañado hasta tal punto que sus subordinados se vieron inducidos a tal estimación y a darle este nombre. Él, en cambio, no se ensoberbeció y rechazó la tendencia a tales fantasías. Y, a pesar de ello, resulta aún más admirable la excepcional magnanimidad de este hombre en su vejez, cuando sumaba a sus triunfos en Hispania la destrucción de los cartagineses, el sometimiento de la mayor parte de las regiones de África, precisamente las más bellas, desde los altares filenio a las Columnas de Heracles, y el derrocamiento de los reyes de Siria, en Asia. en resumen: había uncido a la obediencia romana la parte mayor y más hermosa del universo. Tampoco de aquí tomó pretexto para aspirar a una dinastía real en algunos de los lugares del mundo que había invadido. cuando se puede decir todo esto, uno puede presumir ya no de una naturaleza humana, sino incluso divina. Escipión, en cambio, superó en moderación a los demás hombres hasta tal punto que, cuando la fortuna se le ofrecía, rechazó lo máximo que nadie se atrevería a pedir a los dioses: me refiero a la dignidad real. Escipión en mucho más la patria y la lealtad que le es debida, que un poder monárquico, centro de todas las miradas y considerado fuente de felicidad. Puso aparte a los prisioneros iberos y los expidió sin rescate a sus ciudades. Mandó que los hombres de Indíbil se quedaran con trescientos caballos y repartió en resto entre los que carecían de ellos. Por lo demás, él personalmente ocupó el campamento de los cartagineses, por la configuración tan estratégica del terreno y se quedó allí: esperaba la llegada de los otros dos generales adversarios. sin embargo, mandó a alguno de los suyos a observar el paso de los Pirineos por parte de Asdrúbal. pero el fin del verano ya se echaba encima. y, entonces, se retiró con sus tropas a Tarragona, en cuyo territorio quería pasar el invierno.

Año -207.

Polibio, 11,1, 1-11. La llegada de Asdrúbal a Italia resultó muy fácil y rápida. Todo esto desagradó a Asdrúbal. Pero las circunstancias ya no le concedían ninguna tregua: vio que el enemigo avanzaba, dispuesto en orden de combate y se vio forzado a ordenar también a los iberos y a los galos que se le habían alistado. colocó en primera línea a sus diez elefantes, aumentó la profundidad de sus filas, aprestó todas sus tropas en un espacio reducido y el mismo se situó en el centro de su formación, en vanguardia, a la altura de los elefantes. Decidido ya de antemano a vencer o morir en aquel coque, arremetió contra el flanco izquierdo del adversario. Pero el asalto de Livio fue también formidable: atacó con sus hombres y la refriega se tornó encarnizada. Claudio se había ordenado en la lucha por la parte derecha, pero las dificultades del terreno le impedían avanzar y envolver al enemigo; era porque confiaba en ellas por lo que Asdrúbal se había lanzado contra el ala izquierda adversaria. A Claudio le apuraba el no poder cooperar en nada, pero los mismo acontecimientos le enseñaron qué podía hacer. Por detrás del lugar donde se combatía recogió a sus soldados del ala derecha, rebaso el muro izquierdo de su propio campamento y atacó de flanco a los cartagineses a la altura de los elefantes. Hasta aquel momento la lucha había sido indecisa, porque en ambos bando los hombres luchaban con un arrojo idéntico. Si salían vencidos, a los romanos no les quedaba esperanza de salvación, pero tampoco, en el mismo caso, ni a iberos ni a cartagineses. Los elefantes prestaron un mismo servicio a los dos bandos en lucha: abandonados en medio y heridos por los tiros, habían desbaratado tanto las filas romanas como las cartaginesas. Cuando al frente de los suyos, Claudio cayó sobre la retaguardia enemiga, la lucha se convirtió en desigual, porque los iberos se vieron atacados de frente y por la espalda. La mayor parte de ellos pereció en la misma batalla. Murieron también seis elefantes junto con los hombre que los conducían; los cuatro restantes se abrieron paso a través de las hileras y los romanos los capturaron más tarde, pero no a los indios que cuidaban de ellos. Asdrúbal fue siempre un hombre valiente y lo fue también en esta ocasión suprema. Murió también en este choque y no merece que los dejemos sin una palabra de alabanza. Ya se expuso antes que era hermano de Aníbal y que, cuando éste marchó a Italia, dejó a su cargo las operaciones de Iberia. También se han reseñado sus últimos combates contra los romanos. Debido a los generales que desde Cartago le remitían a Iberia en calidad de colaboradores, tuvo que vérselas con circunstancias muy diversas, que siempre afrontó de una manera digna de su padre Barca, es decir, con nobleza y coraje; me refiero a las adversidades y derrotas que sufrió. Todo esto se ha consignado en capítulos anteriores. Ahora trataré de las últimas acciones en las que me parece particularmente digno de respeto y emulación. Se puede comprobar que, en su mayoría, los reyes y generales que llegan a afrontar una batalla decisiva, se ponen si cesar ante los ojos la gloria y el provecho que le reportará la victoria, y monologan de cada punto si la operación progresa según sus cálculos. en cambio, no colocan en absoluto ante su vista la derrota, ni piensan qué deberán hacer después de ella. Lo uno es muy sencillo, y lo otro requiere gran atención. Son muchos los que por cobardía o por abulia innata han convertido en infame unos reveses, cubriendo así de deshonor sus gestas anteriores. sus soldados había luchado noblemente, pero ellos transformaron en ignominioso el resto de su vida. Aquí han fallado muchos jefes militares; quienes quieran darse cuenta de ello verán que en este punto es máxima la diferencia que va de hombre a hombre. el tiempo pretérito nos ha ofrecido muchos ejemplos. Mientras tuvo una esperanza razonable de realizar una gesta a la altura de su vida anterior, Asdrúbal cuidó no menos que nadie de su seguridad en la batalla, pero cuando la fortuna le retiró cualquier esperanza para el futuro y le ató a aquella circunstancia extrema, ciertamente no omitió preparativo alguno de cara a la victoria que tal riesgo. Pero, previendo igualmente la derrota, trató de afrontar esta eventualidad de modo que no se viera obligado a tolerar algo indigno de su vida pasada. Hemos dicho todo esto en atención a los que se ocupan de los asuntos públicos. No deben arriesgarse temerariamente ni deben defraudar la confianza de los que creen en ellos, pero no deben estimar su vida más de lo conveniente y convertir así en vergonzosos y reprochables sus desastres.

Polibio, 11,3, 1-7. Tras su victoria, los romanos sauqearon en el acto el campamento enemigo, y mataron a muchos galos tendos, ebrios, en sus literas; parecían que degollaran víctimas para el sacrificio. Luego reunieron el resto de los prisioneros, de los cuales el erario ingresó mas de trescientos talentos. entre cartagineses y galos, en la batalla murieron no menos de diez mil hombres; los muertos romanos fueron dos mil. algunos próceres cartagineses fueron castigados vivos; el resto murió. cuando la noticia llegó a Roma, primero no fue creída: tan grande era el deseo de ver el triunfo consumado. Pero se presentaron otros que refirieron lo ocurrido y con detalle; entonces la ciudad se llenó de una alegría loca. Se adornaron los templos, los santuarios se llenaron de holocaustos, de tartas de oblación y libaciones. Los romanos cobraron tal ánimo y confianza que ni tan siquiera les importaba ya que Aníbal, hasta entonces su máximo terror estuviera todavía en Italia

Polibio, 11,19,1-3. Dice Polibio: (según comentario sobre Aníbal en Italia)¿ Quién no alabaría el saber militar, el coraje y el vigor de Aníbal en sus campañas, si considera el largo tiempo que duraron, si piensa en las batallas que libró de menor a mayor envergadura, en los asedios que emprendió, en las ciudades que desertaron de uno y otro bando y reflexiona, ademas, sobre el alcance del conjunto de sus planes, sobre su gesta, en la que Aníbal guerreó ininterrumpidamente durante dieciséis años contra Roma en tierras de Italia, sin licenciar jamás las tropas de sus campamentos? Las retuvo, como un buen piloto, bajo su mando personal. Y unas multitudes tan enorme jamás se les sublevaron ni se pelearon entre ellas, por más que echaba mano de hombres que no eran ni del mismo linaje ni de la misma nacionalidad. En efecto, militaban en su campo africanos, iberos, galos fenicios, italianos, griegos, gentes que nada tenían en común a excepción de su naturaleza humana, ni las leyes, ni las costumbres, ni el idioma. A pesar de todo, la habilidad de Aníbal hacía que le obedecieran, a una sola orden, gentes tan enormemente distintas, que se sometieran a su juicio aunque las circunstancia fueran complicadas o inseguras, y ahora la fortuna soplara estupendamente a su favor, y en otra ocasión al revés. desde este punto de vista es lógico que admiremos la eficiencia de este general en el arte militar. Sin temor a equivocarnos podemos decir que si hubiera empezado atacando las otras partes del mundo y hubiera acabado por roma, no habría fallado en sus propósitos. Pero empezó dirigiéndose contra los que hubieran debido ser los últimos: inicio y acabó su gesta peleando contra los romanos.

Polibio, 11,20, 1-9. Asdrúbal es derrotado en Ilipa (-206). Asdrúbal concentró las tropas cartagineses desde las ciudades donde pasaba el invierno. Avanzó y acampó en las cercanías de la población llamada Ilipa (cercana a Cádiz); mandó excavar un foso al pie de sus montañas. Disponía de una llanura muy favorable para un choque o una batalla campal. Contaba con setenta mil soldados de infantería, cuatro mil jinetes y treinta y dos elefantes. Escipión mandó a Marco Junio a Cólicas a recoger las fuerzas que había reclutado para él, tres mil hombre de a pie y quinientos de a caballo. Él personalmente tomó a los aliados e inició la marcha: avanzaba hacia la realización de sus planes. Se aproximaba ya a Cástulo por los parajes de Bécula (Bailén), donde proyectaba reunirse con sus tropas de Cólicas, al frente de las cuales iba Marco Junio. Pero allí las circunstancias le pusieron en una situación difícil. Las fuerzas romanas que tenía no le bastaban no le bastaban para arriesgar por sí solas el choque, sin el apoyo e los aliados; por otra parte le parecía inseguro y absurdo empeñar una batalla decisiva en la que debía depositar íntegramente sus esperanzas en los aliados. Pero en medio de sus vacilaciones las circunstancias le apremiaban y se vio obligado a echar mano de sus iberos para causar impresión al enemigo. sin embargo la lucha la entablaría con sus propias legiones. Tal era su proyecto. Alzó el campo con todos sus hombres, unos cuarenta y cinco mil infantes y tres mil jinetes. Aproximó a los cartagineses y, cuando los tuvo a la vista, acampó delante de ellos, en una lomas.. Magón creyó que les ofrecía una oportunidad magnífica para atacar a los romanos cuando todavía acampaban. Tomó consigo la mayor parte de su caballería y, además, a Masinisa con sus africanos, y se lanzó contra la acampada romana, convencido que cogería desprevenido a Escipión. Ése, sin embargo, había adivinado el futuro y había apostado detrás de una loma un número de jinetes no inferior al de los cartagineses, que se vieron atacados cuando no lo esperaban. ante lo imprevisto de aquella aparición romana, muchos cartagineses se dieron a la fuga y cayeron de los caballos, aunque otros establecieron contacto con el enemigo y lucharon bravamente. pero los jinetes romanos eran muy hábiles y descabalgaban, por lo que los jinetes cartagineses, que sufrían muchas bajas, cedieron tras una breve resistencia. Primero se retiraban sin romper su formación, pero, cuando los romanos apretaron, disolvieron sus escuadrones y huyeron desordenadamente a su campamento. Esto hizo que los romanos cobraran más ánimos para la lucha, mientras que entre los cartagineses cundía el desánimo. Luego, durante unos días, ambos bandos hacía salir sus tropas a la llanura que mediaba entre los dos campamentos; se tanteaban mutuamente con escaramuzas de caballería y de infantería, y así acabaron por lanzarse a la batalla campal decisiva.

Polibio, 11, 22, 1-11. Parece que en aquella ocasión Escipión unó dos estratagemas. Había observado que Asdrúbal hacía salir a sus fuerzas ya bastante entrado el día, situaba en medio a sus africanos y distribuía a los elefantes por las dos alas. Él hacía salir a sus tropas más tarde todavía, situaba a los romanos en el centro de la formación enfrentados a los africanos y, en el extremo de ambas alas, emplazaba a los iberos. El día en que había decido dar la batalla hizo todo los contrario de lo reseñado, con lo que facilitó mucho el triunfo de sus hombres, al poner en inferioridad al enemigo. Apenas alboreó, mandó a sus ayudantes con la orden, impartida a tribunos y soldados, de que tomaran un rancho y, luego, salieran al campo con las armas; debían colocarse delante del foso. Naturalmente fue obedecido, y aún con buen ánimo, porque todo el mundo se imaginaba lo que iba a suceder. Entonces mandó avanzar a su caballería y a su infantería ligera; debían aproximarse al campamento enemigo e iniciar una escaramuza audaz. Así que hubo salido el sol, apareció él personalmente con la infantería pesada, avanzó y, cuando alcanzó el centro de la llanura, allí formó a los suyos, pero con un dispositivo distinto al habitual: colocó en medio a los iberos y a los romanos en las alas. Los cartagineses apenas si tuvieron tiempo de armarse: la caballería enemiga se había acercado súbitamente al foso, y el restos de las tropas romanas había ya formado. Todo esto forzó a los oficiales de Asdrúbal, cuyos hombres estaban todavía en ayunas, a enviar, sin ningún otro tipo de preparación para tal eventualidad, a la llanura, a enfrentarse con la caballería romana, a su propia caballería y a la infantería ligera, mientras que Asdrúbal ordenó para el combate a la infantería pesada cartaginesa en el llano no muy distante del pie de las lomas, que era donde habitualmente se colocaba. Pasó algún tiempo hasta que los romanos se movieran. Ya entrado el día, el choque de las dos infanterías ligeras seguía indeciso y equilibrado, porque los que se encontraban en apuros se replegaban hacia sus falanges y, allí, se revolvían para regresar al combate. Entonces, Escipión empezó a recoger en los espacios libres que quedaban entre los destacamentos a los que se retiraban de las escaramuzas, los distribuyó detrás de los que habían formado en las dos alas,, primero los vélites y detrás de éstos los jinetes, y empezó el ataque en toda regla avanzando en una fila que trazaba una línea recta. cuando estaba a un estadio de distancia del enemigo ordenó avanzar también a los iberos dispuestos del mismo modo.En el ala derecha las unidades de infantería y los escuadrenes de caballería debían girar hacia su derecha, y en el ala izquierda, las tropas correspondientes, a la izquierda.

Polibio, 11,23,1-9. Él en persona tomó a su mando, en el ala derecha los tres escuadrones de caballería que abrían la marcha; Lucio Marco y Marco Junio mandaban los de la izquierda; delante avanzaban, como es normal, los vélites y tres secciones, que entre los romanos se llaman cohortes. Así pues los romanos avanzaron a paso ligero en columna contra el enemigo: Escipión giraba hacia la derecha y los otros hacia la izquierda; las líneas de detrás seguían siempre la inflexión de las de delante.Cunado los romanos estaban ya casi tocando al enemigo, la primera línea frontal de los iberos, que avanzaban al paso, quedaba todavía lejos. Las dos alas romanas enfilaron contra las rivales, que era lo que respondía a los cálculos iniciales de Escipión. Los movimientos siguientes, que posibilitaron a los que iban detrás alinearse a la misma altura de los que les precedían, y establecer contacto con el enemigo en vistas a la batalla, fueron en direcciones contrarias tanto en las dos alas como en la caballería y en la infantería. en efecto, la caballería y la infantería ligera del ala derecha viraron en su misma dirección, procurando envolver al adversario; en la infantería pesada, al revés, giró a la izquierda. en el ala izquierda los manípulos torcieron hacia la derecha y la caballería y los vélites a la izquierda. Este último movimiento hizo que, en ambas alas, la derecha dela caballería y de la infantería ligera se convirtiera en la izquierda. A este detalle, Escipión no le prestaba demasiada importancia; preveía algo más decisivo, que era desplegarse en una línea que rebasaría los flancos enemigos.Su cálculo resultó exacto. Un general debe saber siempre lo que ha sucedido y utilizar unas maniobras tácticas que favorezcan su acción.

Polibio, 11,24, 1-9. Como consecuencia de este choque, los elefantes, heridos por los tiros de la caballería y de los vélites, hostigados desde ambos frentes, lo pasaron muy mal, y dañaron por igual a romanos y cartagineses; corrían al azar por ambos bandos y aplastaban a todos los que hollaban. en las alas, la infantería cartaginesa estaba en situación difícil y el centro, donde formaban los africanos, la flor u nata de aquel ejército, no podía hacer nada: no podía ir en socorro de las alas porque así habría dejado un espacio libre para la arremetida de los iberos, ni, si permanecían en su sitio,llegaban a ser útiles, porque el enemigo que tenían delante no estaba a su alcance. Con todo, durante algún tiempo, las alas cartaginesas lucharon bravamente, ya que en ambas el choque era decisivo. sin embargo, cuando el calor llegó a su grado máximo, los cartagineses ya estaban extenuados, porque habían salido no por propia iniciativa y no se habían podido preparar debidamente. Los romanos, con una moral más alta, eran superiores también físicamente, con más razón aún porque sus soldados mejores peleaban contra los más flojos del adversario, debido a la presión de su general. Los hombres de Asdrúbal empezaron a retroceder lentamente a pesar del apuro en que se hallaban; después giraron todos en redondo y se retiraron hacia el pie de la montaña;cuando el ataque romano se generalizó huyeron en desorden hacia el foso. De no salvarles un dios, los romanos los hubieran echado incluso del campamento. Pero precisamente entonces se formó en la atmósfera un aguacero extraordinario, descargaban lluvias continuas y torrenciales, tanto, que los romanos se las vieron y se las desearon para alcanzar su campamento.

La mayor parte de las muertes romanas se debieron a quemaduras recibidas mientras buscaban oro y plata fundidos.

Cuando hubo expulsado a los cartagineses de España, todo el mundo felicitaba a Escipión y le rogaba que descansara y que se entregara al ocio, puesto que había concluido la guerra. El repuso que los envidiaba ya que creían esto; él, sin embargo, pensaba ahora más que nunca cómo podría empezar ahora la guerra contra Cartago, ya que hasta entonces eran los cartagineses los que había hecho la guerra a los romanos, pero, en el presente, la suerte había concedido a éstos la iniciativa en la guerra contra los cartagineses. Escipión dialogó con Sifax y fue tan noble, habló con tanta humildad y acierto, que días mas tarde Asdrúbal le dijo a Sifax que Escipión le oarecía más temible aún en la conversación que en el campo de batalla.

Polibio, 11,26, 1-7. Con esta intención, los tribunos, al día siguiente, empezaron a recaudar fondos. cuando los tribunos comunicaron la decisión a Escipión, éste se dio por enterado y participó al consejo lo que procedía. Se señaló el día en que se debían presentar los soldados. Se perdonaría a la masa, pero los promotores sería castigados severamente. Eran en número, unos treinta y cinco. Llegó el día fijado y los amotinados acudieron para reconciliarse y percibir su soldada. Escipión había ordenado secretamente a los tribunos, a los que se había encomendado este cometido, que precedieran personalmente a los sediciosos y que cada uno de ellos eligiera a conco cabecillas de los amotinados: debía tratarlos cordialmente e invitarlos a que los acompañaran, si podían lograrlo, a sus tiendas respectivas o, de lo contrario, al menos a una cena con la correspondiente sobremesa. Tres dñias antes ordenó a los de su propio campamento que dispusieran víveres para bastante tiempo, con el pretexto de dirigirse, bajo las órdenes de Marco Silano, contra el desertor Indíbil. Esto hizo que los amotinados cobraran más confianza; creyeron que cuando trataran con el general, lo harían desde una situación de fuerza, dado que las tropas del otro campamento se habían ausentado.

Polibio, 11,27, 1-8. Llegaron cerca de la ciudad, cuando Escipión ordenó a los demás soldados que al día siguiente se pusieran en marcha al alborear, con sus bagajes; a los tribunos y a los oficiales les mandó que, así que hubieran salido de la ciudad, hicieran que la tropa se descargara del equipaje y quedara, armada, junto a las puertas; después ellos mismos debían repartirse por ellas y vigilar que no saliese por allí ningún revoltoso. Los tribunos encargados de recibir a los amotinados, cuando éstos se llegaron a ellos, los trataron afablemente, según las órdenes recibidas. Se les había mandado también detener, después de la cena,, a los treinta y cinco hombre, y custodiarlos atados; nadie podría salir del recinto, excepción hecha de un hombre por oficial, que iría a notificar al general que ya se había llevado a cabo todo.. cuando los tribunos hubieron cumplido las órdenes, al día siguiente Escipión comprobó que al alborear los soldados que habían llegado ya estaban concentrados en el ágora, por lo que convocó la asamblea. Se dio la señal y todos concurrieron a la junta como era costumbre, pero perplejos en su pensamiento acerca de cómo verían al general y sobre lo que les diría en aquellas circunstancias. Escipión, entonces, mandó mensajeros a los centuriones de las puertas con la orden de hacer entrar las fuerzas armadas que debían rodear la asamblea. Luego avanzó, y así que apareció, los pensamientos de todos cambiaron. Casi todos creían que se encontraban aún en una situación de inferioridad; entonces, cuando de manera súbita e inesperada, lo vieron firme, el pánico se apoderó de todos con sólo contemplarlo.

Polibio, 11,28,1-11. Y él empezó a hablar; les manifestó que encontraba extraño que se hubieran amotinado, tanto si era por descontendo, como porque esperaban extraer algún provecho. Ya que tres son las causas, dijo, por las cuales los hombres se atreven a rebelarse contra su patria y sus gobernantes: cuando deben reprocharle algo con enfado, cuando los tratan duramente y, por lo tanto, cunde un descontento general, o !Por Zeus¡ Cuando se ven elevados a las esperanzas más altas y más bellas. “yo ahora me pregunto: ¿Cuál de estas cosas os ha pasado? Es evidente que estabais descontentos de mí porque no habíais cobrado vuestro salario. Pero de esto yo no tengo la culpa, en lo que depende de mi mando, jamás os faltó nada de sueldo. Luego estáis descontentos de Roma porque no os ha liquidado lo que os debe desde hace mucho tiempo.¿Pero era imprescindible que para reclamarlo os convirtierais en desertores de la patria, en enemigo de la que os ha nutrido?¿No podíais acudir a mí, por lo que toca a esto, y pedir a otros amigos que apoyaran vuestra gestión y os ayudaran? Esta, me parece, había sido la mejor solución. A los que pelean en calidad de mercenarios de alguien, se les puede perdonar si se amotinan a causa de los sueldos, pero para los que luchan en pro de sí mismos, de sus mujeres e hijos, no hay indulgencia posible. Hacen, poco más o menos lo que un hijo que dijera que su padre le ha engañado en cuestiones de dinero y se fuera contra él, armado, para matar a aquel a quien debe la vida. ! Por Zeus ¡¿ Es que os he impuesto fatigas y peligros superiores a vosotros que a los demás?¿Es que he distribuido a los otros más ganancias, más botín? No os atreveréis a decirlo, y si os atrevierais, no lo podríais demostrar. ¿Cuál es, pues, la causa de este descontento que ha hecho que os amotinéis contra mí? Esto es lo que exijo saber. Pero creo que nadie de vosotros puede decir nada, ni tan siquiera imaginarlo……

Polibio, 11,30,1-5 [… ]Escipión, pues, reprimió con acierto el prinipio de grandes males que habían empezado a enraizar y restituyó a sus tropas el estado de ánimo anterior.

Polibio, 11.31. 1-4. Escipión congregó sin pérdida de tiempo la asamblea de sus fuerzas en la misma ciudad de Cartago Nova y les habló de la desvergüenza de Indíbil y de su deslealtad en contra de ellos; adujo multitud de detalles y estimuló a su ejército para la campaña contra los reyes citados. Enumeró, a continuación, las batallas libradas ya contra los cartagineses e iberos juntos, éstos, bajo mando cartaginés: si los romanos siempre había salido victoriosos, argumentó, no era natural que ahora ellos desconfiaran, ni aún en el caso de sufrir alguna derrota contra los iberos que mandaba Indíbil. Por eso se negaba rotundamente a acepar por aliado a ibero alguno y afrontaría el riesgo con sólo los romanos, para que quedara muy claro que éstos no había derrotado a los cartagineses por la ayuda de los iberos, como sostienen algunos, echándolos así de Iberia, “hemos vencidos a los cartagineses e iberos por el coraje de los romanos, por nuestra propia fuerza”. Dijo esto y los exhortó a la concordia; debía enfrentarse a aquella guerra con la misma confianza con que habían hecho frente a otras. Añadió que, con ayuda de los dioses, pensaría en lo que le llevara a la victoria. sus gentes cobraron tal ánimo y esperanza que, sólo con mirarlas, parecería que ya avistaban al enemigo y se aprestaban para el combate.

Polibio, 11,32,1-7. Tras la arenga, Escipión disolvió la asamblea.Al día siguiente levantó el campo e inició la marcha.Al cabo de diez días, alcanzó el río Ebro y acampó delante del enemigo, luego de cuatro jornada más de camino. Al día siguiente envió a un valle que había allí algunas cabezas de ganado de las que seguían a su ejército; previamente había ordenado a Lelio que tuviera dispuestos sus jinetes; también mandó a unos tribunos que prepararan a los vélites. Lo iberos se lanzaron inmediatamente a la captura de las bestias y Escipión envió contra ellos algunos vélites y esto ocasionó un choque: soldados de ambos bandos corrieron en apoyo de los suyos y hubo unafuerte escaramuza de infantería en medio del valle. La ocsióm era oportuna y favorable, por lo que Lelio que, en cumplimiento de las órdenes recibidas, tenía dispuesta la caballería, arremtió contra la infantería enemiga y la aisló al pie de la montaña; la mayor parte de los infantes cartagineses se diseminó por el valle y murió a manos de los jinetes romanos. . Los bárbaros exasperados, y temerosos de que aquella derrota pudiera hacer creer que estaban aterrados, salieron con el alba y dispusieron todas sus fuerzas en orden de batalla.. Escipión ya había previsto esta emergencia. Al ver que los iberos bajaban absurdamente en masa hacia el valle y que alineaban en la llanura no sólo a la caballería, sino también a la infantería, dejó pasar algún tiempo: quería que adoptaran aquella formación el máximo número posible de enemigos. Teniendo gran confianza en su caballería, confiaba más en su infantería, porque en una batalla campal, cuerpo a cuerpo, sus hombres, ellos personalmente, y sus armamentos eran muy superiores a los iberos.

Polibio, 11,33,1-8. Cuando creyó que era ya el momento, opuso sus vélites al enemigo alineado al pie del monte contra los que habían descendido hasta el valle, envió desde el campamento cuatro cohortes en formación cerrada, a pelear contra la infantería enemiga. Simultáneamente Gayo Lelio, que mandaba la caballería romana, avanzó a través de las lomas que bajaban del campamento romano al valle, y cargó contra la retaguardia de la caballería ibera, con lo que la distrajo en un combate contra él. Privada del apoyo de sus jinetes, la infantería ibera, que había bajado al valle confiada en su caballería, se vio en situación dificultosa y apurada en el combate. Y algo no distinto experimentó la caballería ibera: atrapada en una angostura, no podía maniobrar. Allí murieron más jinetes iberos a manos de sus propios camaradas que por la acción de los romanos; su propia infantería los oprimían por un flanco, por el frente, la infantería enemiga, y por detrás, la caballería romana. Tal fue el desarrollo del combate. Los iberos que había bajado a la llanura habían muerto prácticamente todos; los que quedaron al pie del monte, lograron huir. Constituían la infantería ligera una tercera parte de todo el ejército. Indíbil se salvo con ella y se escapó hacia un lugar fortificado. Cumplidos los objetivos en Iberia, Escipión se dirigió exultante a Tarragona; llevaba para su patria un triunfo espléndido, una bellísima victoria. Y como estaba muy interesado en no perderse la elecciones a cónsul, ya próximas en Roma,, dispuso debidamente todo los de Iberia, confió el campamento romano a Junio y a Marco, y él, con Gayo Lelio y otros amigos, zarpó en dirección a la capital del Lacio.

ANÍBAL SE PREPARA Y DISPONE A INVADIR ITALAIA

Documentos.

Polibio, III, 34, 1-9. Aníbal, después de tomar sus previsiones acerca de la seguridad de las operaciones en África y en España, esperaba con impaciencia la llegada de los mensajeros que le habían enviado los galos. En efecto: había investigado exhaustivamente la fertilidad de la tierra situada al pie de los Alpes y alrededor del Po, el número de sus habitantes, la audacia bélica de estos hombres, y lo que le importaba más, la aversión que abrigaban contra los romanos como consecuencia de la guerra que tratamos antes. Por esto Aníbal se aferraba a esta esperanza y hacia toda clase de promesas; enviaba con gran interés legados a los jefes de los galos que habitaban en la parte de acá de los Alpes y a los de los mismos Alpes. Suponía que sólo entablaría en Italia la guerra contra los romanos si podía superar las dificultades del terreno y llegar a los lugares antecichos, y si podía usar a los galos como aliados y colaboradores para el plan que tenía fijado. al llegar los mensajeros y anunciar la buena disposisión y las esperanzas de los galos, diciendo, ademñas, que el paso de los Alpes sería muy duro y difícil, pero no imposible, Aníbal congregó a sus tropas desde los lugares donde habían invernado (año -218) al comienzo de la primavera. Acababa de saber lo ocurrido en Cartago, y esto le infundió ánimos. Confiado en la buena disposición de sus conciudadanos exhortaba abiertamente a sus tropas para la guerra contra los romanos. Expuso muy claramente de qué modo los romanos había exigido la entrega de su persona y la de todos sus oficiales de su campamento; les indico, además, la fertilidad del país al que iban a marchar; y también la buena disposición y alianza de los galos. Al ofrecérsele para el combate las tropas entusiásticamente, las felicitó, les indicó el día en que iniciaría la marcha y disolvió la asamblea.

Polibio, III, 35, 1-8. Aníbal realizó los mencionados preparativos durante el invierno. dispuso una seguridad suficiente para los asuntos de África y de España, y cuando llegó el día señalado, se puso en marcha con noventa mil soldados de a pie y alrededor de doce mil de caballería. Cruzó el río Ebro y sometió a las tribus de ilergetes, bargusios, también a los ernesios y a los endosinos, hasta llegar a los llamados Pirineos. Redujo a toso estos pueblos. tomó por la fuerza algunas ciudades más pronto de lo que hubiera esperado, pero le costaron numerosas y duras luchas en las que perdió no pocos hombres. Dejó a Hannón como gobernante de todo el territorio desde el río (¿Ebro?) hasta los Pirineos, y de los bargusios, pues desconfiaba mucho de ellos porque eran amigos de los romanos. Del ejército de que dispuso separó para Hannón diez mil hombres de infantería y mil jinetes, y también dejó la impedimenta de los que marchaban con él. Licenció y mandó a sus hogares a un número de soldados igual al mencionado, con la intención de dejarles bien dispuestos hacia él, y dejar entrever a los restantes la esperanza de retorno a la patria, no sólo a los iberos que marchaba a la campaña con él, sino también a los del país que se quedaban en sus casas. Quería qur todos se pusieran en movimiento con buen ánimo por si eventualmente precisaba de su ayuda. Tomando, pues, el resto de las tropas legeras, cincuenta mil soldados de a pie y unos nueve mil jinetes, los condujo a través de los montes llamados Pirineos para pasar el río que se llama Ródano. Tenía una ejército no tan numeroso con útil y excepcionalmente entranado por lo continuo de sus luchas en España.

Polibio, III, 37 y 38: Descripción geográfica de los territorios conocidos hasta entonces, de forma genérica hasta llegar a: … He explicado todo esto para que mi narración no sea totalmente oscura para los que ignoran los lugares, sino que puedan considerar, al menos, las divisiones generales y guiarse en mis aformaciones por algún conocimiento, tomando como punto de partida los espacios celestes. Igual que al mirar solemos volver siempre el rostro hacia lo que nos muestran, es preciso volver nuestros pensamientos y dirigirlos a los parajes que sin interrupción se nos muestran a lo largo de la exposición.

Polibio III, 39, 1-12. pero dejemos estas consideraciones i sigamos el hio de la narración que hemos propuesto. en esta época los cartagineses dominaban todas las partes de África que miran al Mar Interior, des las Altares de Fileno (entre Cartago y Cirene), que están en la sirte Mayot, hasta las columnas de Hércules. La longitud de esta costa es de más de dieciséis mil estadios. Habían cruzado la entrada de las Columnas de Hércules y se había apoderado de toda España hasta el promontorio que, en el Mar Mediterráneo, es el final de los Montes Pirineos (Creus); Estos montes separan a los españoles de los galos. Desde este lugar a la entrada de las Columnas de Hércules hay unos ocho mil estadios. Desde las Columnas de Hércules a Cartagena hay unos tres mil; en esta ciudad inició Aníbal su expedición contra Italia. Desde esta ciudad hasta el río Ebro hay dos mil seiscientos estadios, y desde este río a Ampurias mil seiscientos estadios (desde Emporio hasta Narbona, unos seiscientos). Y desde aquí hasta el paso del Ródano alrededor de mil seiscientos estadios [Los romanos han medido y señalado cuidadosamente esta distancia emplazando mojones cada ocho estadios] Desde el vado del Ródano, marchando junto al río remontando su curso, hasta el lugar en que las vertientes de los Alpes dan ya a Italia, hay mil cuatrocientos estadios. Pero queda el paso mismo de los alpes, unos mil doscientos estadios, que Aníbal debía recorrer para llegar a las llanuras del río Po, en Italia. De modo que, contando desde Cartagena, la cifra total de estadios que debía recorrer era de unos nueve mil. De todos estos lugares, por lo que se refiere a distancias, había ya recorrido casi la mitad, pero si se considera la dificultad, le restaba la mayor parte del camino.

Plobio, III,40, 1-14. Paso por la Galia Cisalpina. Aníbal atacó los desfiladeros pirenaicos con un gran temor a los galos, porque aquellos parajes son sumamente escarpados. Los romanos, en ese mismo tiempo, ya había oído de boca de los embajadores enviados a Cartago lo decidido allí y los discursos que se pronunciaron. Supieron que Aníbal había cruzado el río Ebro con su ejército más pronto de lo que ellos suponían, y decidieron enviar a España a Publio Cornelio Escipión con sus legiones (-218), y a Tiberio Sempronio a África. Mientras éstos reclutaban las tropas y hacían los preparativos restantes, los romanos se apresuraron a organizar las colonias que ya había planeado enviar a la Galia (Cisalpina). Pusieron gran ardor en amurallar las ciudades, y ordenaron a sus futuros habitantes que se personaran en ellas en el plazo de treinta días. Cada ciudad iba a tener unos seis mil. fundaron la primera colonia en la parte de a´ca del río Po y la llamaron Placentia; la segunda, en la parte de allá del río, y la llamaron Cremona. Apenas fundadas estas ciudades, los galos llamados boyos (que desde hacía tiempo buscaban sin encontrarla, una ocasión para deshacerse de la amistad de los romanos), se envanecieron fiados, por las declaraciones de sus mensajeros,, en la llegada de los cartagineses, y desertaron de los romanos, abandonando los rehenes entregados al final de la guerra pasada que se ha citado antes. Llamaron a los insubres que compartían con ellos la cólera por los hechos de antes, y devastaron las tierras que los romanos había distribuido en lotes. persiguieron a los fugitivos hasta Mutina, que era colonia romana, y la asediaron. entre los que encerraron allí había tres hombres notables, que habían sido enviados para repartir las tierras; uno de ellos era Gayo Lutacio, que anteriormene había sido cónsul, y dos antiguos pretores. Los tres creyeron oportuno parlamentar con los boyos, a lo que éstos accedieron. pero cuando los romanos hubieron salido, lo boyos, menospreciando cualquier derecho, los cogieron prisioneros; esperaban que así recuperarían sus propios rehenes. Lucio Manlio, al que habían nombrado pretor, y estaba en aquellos parajes con sus fuerzas, cuando oyó lo ocurrido, acudió en su socorro a marchas forzadas.. Pero los boyos se enteraron de su llegada y le tendieron una celada en unos encinares, y al tiempo de llegar los romanos en el paraje boscoso se vieron a la vez asaltados desde dos partes; lo boyos les infligieron muchas bajas. Los supervivientes emprendieron la huida, pero cuando alcanzaron unas alturas, allí se reagruparon como para poder efectuar con dificultad una honrosa retirada. Los boyos persistieron en su persecución y los cercaron en la aldea llamada Tannes. cuando en Roma se enteraron de que los boyos habían atrapado la legión cuarta y la asediaban enérgicamente, enviaron al punto en su ayuda las legiones puestas a disposición de Publio Cornelio Escipión, al mando de un pretor;ordenaron a aquel reclutar y concentrar más legiones de entre los aliados.

Polibio, III, 41, 1-9. [Aníbal cruza el Ródano] Esto fue lo que pasó en la Galia Cisalpina desde el principio hasta la llegada de Aníbal…Los cónsules romanos, cuando terminaron los preparativos para sus operaciones, zarparon a principios de verano par las actuaciones que tenían asignadas. Publio Puso rumbo a España con sesenta naves quinquerremes. Y se aplicó a la guerra de manera tan importante y hacía tales preparativos en Lilibeo juntando todo lo que podía desde cualquier parte, que daba la impresión de que nada más desembarcar asediaría CartagoPublio cornelio Escipión conteó la Liguria, y en cinco días llegó de Pisa a la región de Marsella. Fondeó junto a la primera boca del Ródano, la llamada Masaliota, e hizo desembarcar a sus fuerzas, pues le llegaba la voz de que Aníbal cruzaba ya los Pirineos. Sin embargo, estaba convencido de tenerle todavía a gran distancia, tanto por las dificultades de los lugares como por la multitud de galos que había de por medio.. Pero Aníbal, que había sobornado a unos galos con dinero y sometido a otros por la fuerza, se presentó inesperadamente con su ejército y se dispuso a cruzar el Ródano; el Mar de Cerdeña le quedaba a la derecha. cuando Escipión tuvo noticia de la presencia del enemigo, no acababa de creerlo, por la prontitud de aquella llegada, así que quiso averiguar la verdad. concedió un descanso a las tropas que habían arribado por mar y deliberó con sus oficiales acerca de qué clase de terreno debían elegir para presentar batalla al enemigo. Mandó como avanzadilla a sus trecientos jinetes más bravos, dándoles como guías y auxiliares a unos galos que casualmente estaban a sueldo e los masaliotas.

Polibio, III, 42, 1-11. Aníbal, así que llegó a los parajes próximos al río, intentó cruzarlo allí donde su curso es todavía único. a una distancia del mar, que un ejército haría en unos cuatro días. Se concilió de todas las formas imaginables la amistad de los pueblos ribereños: les compró las barcas y los esquifes, suficientes en número, puesto que muchos de los que habitan la región del Ródano se dedican al tráfico marítimo. Adquirió de ellos también la madera necesaria para fabricar barcas, por lo cual, al cabo de dos días, tenía construidas muchísimas, pues sus hombres se empeñadaban en no depender del vecino y en depositar en si mismo la esperanza de cruzar el río. pero entonces se concentró en la otra orilla una gran multitud de bárbaros con la intención de impedir el paso del río a los cartagineses. Aníbal se percató muy bien de u¡que en aquellas circunstancias no podría forzar por la violencia el paso del río, porque el número de enemigos apostados era incalculable, no podría aguantar allí sin que el adversario le atacara por todas partes. A la tercera noche envía parte de sus fuerzas, con unos guías naturales del país, bajo el mando de Hannón, el hijo del sufeta Bomílcar. El contingente marcho unos doscientos estadios curso arriba del río hasta llegar a un lugar en el que la corriente se divide y forma una pequeña isla, y se quedaron allí. Fijando y atando troncos de un bosque vecino,, en breve tiempo armaron muchas balsas, suficientes para lo que entonces necesitaban; en ellas cruzaron el río con seguridad y sin que nadie les estorbara. Tomaron un lugar abrupto, y aquel día permanecieron allí tanto para descansar de las penalidades anteriores como para prepararse para la operación siguiente, según las órdenes que tenían. Aníbal hizo algo muy parecido con las tropas que habían quedado con él. Lo que le ofrecía más dificultades era hacer cruzar el río a los elefantes, que eran treinta y siete.

Polibio, III, 43, 1-12. De todos modos, al llegar la quinta noche, los que habían cruzado el río por la parte superior de su curso, al amanecer avanzaron porla orilla contra los bárbaros apostados en ella. Aníbal, que tenía ya dispuestos sus propios soldados, esperaba el momento de cruzar. Había llenado los esquifes con caballería ligera, y las barcas con infantería más ligera. Los esquifes estaban situados arriba y contra corriente; a continuación los transportes ligeros. Así serían los esquifes los que soportaran la fuerza mayor de la corriente, y el paso de las demás embarcaciones sería más seguro durante la travesía. Idearon también arrastrar los caballos a popa de los esquifes, para que nadaran. Un sólo hombre conducía por las riendas tres o cuatro a la vez, a cada lado de la popa, de modo que ya inmediatamente, en el primer paso, trasladaron un buen número de caballos. Los bárbaros al ver el intento de los enemigos, salieron desordenadamente de sus atrincheramientos, convencidos de que frustrarían con facilidad el desembarco cartaginés. Aníbal vio que en la orilla opuesta sus soldados estaban ya cerca, pues, según lo convenido, le había señalado su presencia mediante humaredas. Ordenó a todos los hombre embarcar a la vez, y a los que dirigían las embarcaciones navegar contra corriente. La operación se hizo rápidamente, porque los que estaban en las embarcaciones rivalizaban entre ellos, con gran griterío, en su pugna contra la fuerza del río. Ambos ejércitos estaban frente a frente, en las dos orillas: unos se asociaban a las dificultada de sus camaradas, y les seguían con gritos en sus esfuerzos, mientras que los bárbaros entonaban cantos de guerra y llamaban al combate. el espectáculo era sobrecogedor y despertaba angustia. en el momento en que los bárbaros abandonaron sus barracas, los cartagineses que estaban en aquella orilla los acometieron de manera súbita e inesperada. algunos prendieron fuego al campamento, pero la mayoría atacó directamente a los que acechaban la travesía. Lo bárbaros, sorprendidos por aquella inesperada maniobra, unos retrocedieron para proteger sus barracas, otros se defendieron y entablaron combate con los atacante. cuando comprendió que la acción se desarrollaba según sus cálculos, Aníbal, rápidamente organizó a los que habían desembarcado, los arengó y trabó pelea contra los bárbaros. Los galos, ante aquel desorden y ante u hecho tan inesperado, volvieron pronto la espalda y se dieron a la fuga.

Polibio, III, 44. 1-13. El general cartaginés, pues, dominó a la vez el paso del río y a los enemigos. Luego se dedicó inmediatamente a hacer pasar a los hombres que quedaban en la otra orilla. Tras pasar a todas sus fuerzas en poco tiempo, aquella noche acampó en la misma orilla del río. Al enterarse, al día siguiente, de que una flota romana había fondeado en la desembocadura, envíó quinientos jinetes nómadas a inspeccionar dónde esteban, cuántos eran y qué hacían los enemigos. Al mismo tiempo dispuso que nos hombres adiestrados pasaran los elefantes.

Él reunió sus fuerzas y les presentó a Mágilo y a otros reyezuelos, que habían acudido allí desde las llanuras del Po. A través de un intérprete hizo saber a sus tropas los planes que habían acordado. Lo que infundió más ánimos a aquella masa de hombres fue, primero, el ver con sus propios ojos a aquellos que les incitaban y que les decían que ellos mismos colaborarían en una guerra contra los romanos. En segundo lugar, la seguridad y la promesa de que les guiarían por unos lugares por donde no les iba a faltar nada necesario para marchar contra Italia con toda seguridad y en poco tiempo. Hablaban, además, de la fertilidad del país al que iban a llegar, de su extensión, del coraje de los hombres en compañía de los cuales iban a combatir contra las fuerzas romanas. Los galos, después de hablar así, se retiraron. Tras ellos se destacó Aníbal, y en persona en primer lugar recordó a aquella multitud de gestas ya cumplidas, en las que, afirmó, ellos mismos habían afrontado muchos peligros y empresas azarosas, sin fracasar en ninguna por haber seguido su parecer y consejo. De modo que los incitó a estar confiados, al ver que lo más arduo de la empresa estaba superado; pues habían vencido el paso del río y habían visto por sí mismo la adhesión y la predisposición de los aliados. Por eso creía que podían despreocuparse de cada una de las operaciones porque caían bajo su incumbencia personal. En cambio, debían cumplir las órdenes, ser hombres valientes y a la altura de las gestas pasadas. La muchedumbres aplaudió y evidenció gran empuje y ardor. Aníbal los felicitó, y tras rogar a los dioses por todos sus planes, los despidió diciéndoles que se cuidaran y que se prepararan con empeño; la marcha iba a iniciarse a la aurora siguiente.

Polibio, III, 45, 1-6. Ya se había disuelto aquella asamblea cuando llegaron los númidas enviados en misión de reconocimiento. La mayoría de los que había salido había muerto y los restantes habían huido precipitadamente, porque no lejos de su propio campo se habían tropezado con la caballería romana, enviada por Publio con la misma finalidad, y ambos destacamentos había puesto tal coraje en la escaramuza que murieron en ella ciento cuarenta jinetes entre galos y romanos, y más de doscientos jinetes númidas. Después de la refriega los romanos siguieron la persecución y se acercaron al atrincheramiento carteginés, que examinaron; dieron la vuelta y regresaron para explicar a su general la presencia del enemigo. Escipión transportó inmediatamente los bagajes a las naves, levantó todo su campamento y avanzó hacia el río, deseando establecer contacto con el enemigo. Al día siguiente de la asamblea Aníbal, al amanecer, hizo levantar toda la caballería en dirección al mar, en situación de observadora, e iba haciendo salir del atrincheramiento a sus fuerzas de a pie para emprender la marcha. Él personalmente se quedó en espera de los elefantes y de los hombres que había dejado a su cuidado. el paso de los elefantes se efectuó como sigue:

Polibio, III, 46, 1-11. Construyeron un gran número de balsas muy sólidas, ataron fuertemente entre sí a dos de ellas y las adosaron a la tierra firme, a la orilla misma del río; entre ambas tenían una anchura de de cincuenta pies. Por la parte externa de éstas ataron otras que encajaran con ellas, y alargaron así la plataforma hacia el curso del río. Consolidaron el lado de la corriente con cables fijados en tierra, atándolos a los árboles que se crecían en la orilla, para que toda la obra resistiera y no cediera, yéndose río abajo. Cuando hubieron construido el conjunto de esta plataforma proyectada hacia adelante, de una anchura de dos pletros añadieron a la última balsa dos más excepcionalmente resistentes, atadas estrechamente, y a éstas otras, de la misma menera, de de modo tal que las amarras fueran fáciles de cortar. Además, había fijado a las balsas muchas correas: con ellas los esquifes que iban a remolcar las balsas, impedirían que fueran arrastradas por el río, y al retenerlas con fuerza contra la corriente permitirían transportar y pasar a los elefantes sobre tales artilugios. Recubrieron las basas con mucha tierra, que echaron encima hasta nivelarlas; las allanaron y los dieron el mismo color del camino que conducía al vado a través de la tierra firme. Los elefantes están acostumbrados a obedecer a los indios hasta llegar al agua, pero en modo alguno se atreven a penetrar en ella. Los indios hicieron avanzar por la tierra apisonada a un par de hembras, que los los elefantes siguieron. Así que situaron en las últimas balsas a los elefantes, cortaron las amarras que las unían a las otras, tiraron con los esquifes de los cables y pronto separaron de la tierra apisonada los elefantes y las balsas que los transportaban. Tras esta operación de animales al principio se pusieron a dar vueltas y embestían hacia todas partes; pero, rodeados por la corriente, se acobardaron y se vieron forzados a permanecer en su sitio. De esta manera, atando cada vez dos balsas, hicieron cruzar encima de ellas la mayoría de los elefantes. Algunos, con todo, se lanzaron aterrorizados al río a mitad de la travesía, y ocurrió que sus indios murieron todos, pero los elefantes se salvaron, pues, gracias a fuerza y longitud de sus trompas, que levantaban por encima del agua, inspirando y exhalando a la vez, resistieron la corriente, haciendo erguidos la mayor parte de la travesía.

Polibio, III, 49, 1-13. Cuando hacía tres días que los cartagineses habían iniciado la marcha, el general romano llegó al paso del río. Comprobó que el adversario ya había partido, y se maravilló a más no poder, ya que estaba persuadido de que jamás osaría efectuar la marcha hacia Italia por aquellos lugares, entre otras razones porque los bárbaros de aquellos parajes eran muchos y muy traidores.