ESCARABEOS Y ESCARABOIDES DE LAS NECRÓPOLIS FENICIAS DE SEKS

 

 

Antes de proceder al estudio y descripción de cada uno de estos elementos, es preciso determinar sus circunstancias en particular y su conjunto en general.

A propósito de esto, indicamos que las piezas proceden de tres emplazamientos arqueológicos: Necrópolis fenicia «Laurita», necró­polis fenicia de Puente del Noi, necrópo­lis de Monte de Velilla (sin excavar en su mayor parte).

Del yacimiento «Laurita» proceden, en principio, tres piezas publica­das por Pellicer[1] en 1963. Recientemente ha sido localizada una pieza que perteneció a la tumba n. 1 de la citada necrópolis[2]. Otros dos escarabeos proceden de los hallazgos fortuitos que han tenido lugar en las laderas del Monte Velilla, donde existe, aún sin excavar, parte de una necrópolis que ha dado materiales tanto del Bronce Pleno como de época fenicia[3].

La necrópolis que nos ha aportado mayor número de piezas ha sido la de Puente del Noi.

A parte del estudio comparado realizado sobre estas piezas, así como el descripti­vo, se va a incluir también el gemológico practicado por el Dr. Fernando Gervilla Linares, Profesor de la Facultad de Ciencias de la Universisad de Granada[4].

De todas estas piezas tan sólo están clasificadas y estudiadas las existentes en el Museo Arqueológico de Granada, procedentes de las necrópo­lis de Puente del Noi y de la «Laurita».

 

 DESCRIPCIÓN DE LOS ESCARABEOS Y ESCARABOIDES

 

1.- Escarabeo.

 

 

Material: Cornalina[1].

Medidas: 1,70 cm. de largura, 1,35 cm. de anchu­ra, 0,95 cm. de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba n. 5, sector A[2], fig.1.

Contexto arqueológico: El conjunto del ajuar estaba formado por una jarrita de bor­de exvasado y cuerpo bitroncocónico, dos platos de borde vuelto hacia abajo y pocillo central, dos copitas y una lucer­na de in­fluencia grie­ga. Estos elementos han sido datados en la primera mitad del siglo IV a. de C.

Su estado de conservación es muy bueno, así como su talla.

Cronología: Primera mitad del siglo IV a. de C.

Escarabeo muy bien conservado. Su ejecu­ción es buena. En su trazado muestra simili­tud con el tipo indicado por Padró (cfr. pág. sig. nota 1).

 Anverso: El escarabajo presenta el protórax y los élitros bien marcados, y un triángulo en cada élitro[3].

Las patas están in­di­cadas de forma esque­mática.

El ori­fi­cio que lo atraviesa longi­tudinal­mente para su suspensión, conserva restos del eje que lo sustenta­ba.

 Reverso: Presenta una escena de lucha entre dos guerreros, desnudos ambos, con casco, donde el ven­cedor sujeta un puñal en su mano derecha y trata de suje­tar, con la izquier­da, la mano armada de su con­trin­cante, que está de rodillas[4].

 

   

 

 

2.- Escarabeo

 

Material: Cornalina roja clara[1].

Medidas: 1,30 cm. de largura, 0,9 cm. de anchura, 0,60 cm. de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba n. 5, sector B[2], fig. 2.

Contexto arqueológico: Apareció forman­do parte de un collar de cuentas y varias vasijas de cerámica.

Su talla es correcta.

Anverso: Protórax, élitros y patas están muy bien marcados. Tiene orificio longitu­dinal de suspensión. Por ello se piensa que formara parte de un collar, o bien se utili­zara como simple amuleto.

 Reverso: León sentado sobre sus cuartos traseros, cola erguida y cabeza vuelta a izquier­da, todo encua­drado en orla[3].

Cronología aproximada: Primera mitad del siglo V a. de C., fig. 2.  .MAG. n. 10.400.

 

 

 

3.- Escarabeo

Material: Cornalina roja clara[1].

Medidas: 1,20 cm. de largura, 0,90 cm. de anchu­ra, 0,65 cm. de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba n. 18a del sector C.

Contexto arqueológico: Practicado en esta tumba el doble enterramiento, esta pieza fue localizada junto al cadáver más antiguo o más profundo. A su lado apa­re­cie­ron una cuchari­lla de plata, un collarín de oro, un escaraboide engarzado en anillo basculante, y un anillo de plata con chatón liso[2].

En esta tumba no hubo reutilización[3]. Su estado de conservación es mediano. El perí­me­tro aparece una pequeña rotura de su clí­peo.

La ejecución, buena.

 Anverso: Protórax y élitros bien marcados. Las patas no se distinguen bien. Tiene ori­ficio longitudinal de suspensión, lo que indica que se utilizaría como col­gante o amuleto, o bien formando parte de un collar.

Reverso: Divinidad mirando a derecha, toca­do con la corona de Atef. Sostiene con la mano derecha un látigo, llevándose su iz­quierda a la boca. Una flor de loto brota del suelo, terminando en cabeza de cobra en los dos lados en que se divide. Está senta­do sobre una flor de loto, de la que salen las dos rami­fi­cacio­nes terminadas en serpien­te. A su iz­quier­da puede verse una de ellas, me­nor, mirando a iz­quierda, a su dere­cha, la otra, y todo en­vuelto en orla[4].

Cronología aproximada: Segunda mitad del siglo IV a. de C. Fig. 3. MAG. N. 10.786.

 

   

 

 

4.- Escaraboide en montura basculante

 

Material: Pasta rojiza[1]. Está engarza­do en oro y mon­tado en anillo de plata.

Medidas: 1,50 cm de largura, 0,90 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Puente del Noi, tumba 18b del sector C, segundo enterramiento o más profundo.

Contexto arqueológico: Apareció con otro anillo de plata con chatón liso[2], además de elementos cerá­mi­cos.

Su estado de conservación es notable, así como su ejecución.

 Anverso: Es ligeramente abombado y liso.

 Reverso: Representación animalística en forma de perro que mira hacia atrás y cola alzada bífida, apo­yán­dose sobre sus cuartos trase­ros, con la pata iz­quierda levantada, y cola sobrealzada y punta bífida. Cuerpo estilizado, boca puntiaguda y orejas erguidas. Podría tratarse de una representa­ción de la divini­dad Set. En su perife­ria hay una decoración soguea­da algo desgas­tada.

Cronología aproximada: Segunda mitad del siglo IV a. de C.  MAG. n. 10.396.

 

 

5Escarabeo 5 copia

5.- Escarabeo en sortija basculante

Está engarzado y montado en anillo de plata[1].

Material: A pesar de su cremación, se ha identifi­cado como esteatita[2].

Medidas: 1,5 cm de largura, 1,20 cm de anchura, 0,60 cm de altura. Diámetro del anillo: 3,70 cm.

Contexto arqueológico: Apareció en la tumba nº. 3 de la necrópolis «Laurita», dentro de una vasija de ala­bastro junto con los elemen­tos que habían sido inci­nerados. Otra vasija de similares características forma­ba parte del ajuar, junto con una cuenta de collar de serpentina[3].

Cronología fijada por el conjunto de la necrópolis, es decir, finales del siglo VIII.

Este escarabeo ha sufrido las consecuen­cias direc­tas de la cremación, por lo que tanto su anverso como reverso aparecen muy desdi­bujados debido a que la substancia orgánica de la que estaba fabricado se ha deteriorado[4].Fig. 5. MAG. n. 8.310.

 

 

 

 

6.- Escarabeo en montura basculante

Está enmarcado en oro. Se ha perdido el anillo al que iría unido[1].

Procedencia: Necrópolis Laurita.

Material: A causa de la incineración[2] no se puede precisar entre hueso o colmillo, pero no es materia inorgánica[3].

Medidas: 1,7 cm de largura, 125 cm de anchura, 0,60 cm de altura.

Contexto arqueológico: Vaso de alabastro[4] con carte­la del faraón Sheshonq III y un plato de barniz rojo, todo perteneciente a la tumba n. 16 de la necró­polis «Laurita».

Los escarabeos montados en oro son de tradición egipcia, al igual que los que llevan como elementos decorativos un motivo como la roseta. El período en que se conocen estos tipos en Egipto comprende el Imperio Medio y el Saíta[5]. Por ello se considera de origen egip­cio, aunque hay algunos ejemplares detec­ta­dos en Cartago[6]. Cronología aproximada: Siglo VIII[7]. Fig. 6. MAG. n. 8.311.

 

7.- Escaraboide

Material: Pasta vítrea verdosa, de sección semi­circu­lar[1]. Medi­das: 1,40 cm de largura, 0,85 cm de anchu­ra, 0,45 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis «Laurita», tumba n. 20.

Contexto arqueológico: Apareció en vaso de ala­bastro junto con restos humanos incinera­dos, pertene­ciente al faraón Osorkón II, oinokoe pirifor­me, oino­koe con boca en forma de seta, y anillo de cobre y restos. Posiblemente se utilizó como amuleto.

 Anverso: Presenta superficie lisa. Tiene agujero lon­gi­tu­dinal de suspensión.

 Reverso: Leyenda jeroglífica perfectamente legible. La lectura interpretación nos la ofrece Padró[2]. Las equi­­valencias fonéticas son: (leyendo de izquierda a dere­cha y de arriba abajo) el h, el n y el sw; debajo, pri­mero dos t, y el nb en la  parte inferior. Se puede indicar una interpretación como «Jonsu, Señor del Doble País». Este tipo de escara­boide se encuentra tes­tado en Cartago[3]

Esta pieza se considera como la forma más próxi­ma en su evolución tipológica a la de los escarabeos[4]. Fig.7.

Cronología aproximada: Finales del siglo VIII y co­mienzos del VII. MAG. n. de registro 8.318.

 

 

8.- Escaraboide en anillo basculante

 

Material: Se desconoce. Está enmarcado en oro y montado en anillo de oro.

Medidas: 1,80 cm de largura, 0,85 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Con­servación: Muy buena.

Contexto: Un conjunto de dos pendientes[1] y ani­llo basculante se halló en el interior de un vaso de ala­bastro con inscripción jeroglí­fica y cartela de Take­lot II en la tumba n. 1.

Lugar de conservación: En poder de un particu­lar[2].

Cronología: Finales del siglo VIII a. de C.

 

9.- Escaraboide

Material: Por los indicios puede identificarse como hueso, ya que la esteatita no suele es­triarse[1].

Medidas: 1,50 cm de largura, 0,85 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis de Monte Velilla, en las cercanías de y a levante de la ciudad.

Contexto arqueológico: Probablemente pertenez­ca a un conjunto de materiales halla­dos en la ladera del citado Monte de Velilla, donde se han localizado otros materiales de singular importancia, como el estudiado por Blech[2], catalogable como fenicio.

Al mismo tiem­po, los materiales secundarios han apare­ci­do con cierta frecuencia en el desmonte para las nuevas construcciones practicadas en dichos Mon­te[3].

 

10.- Escarabeo

Material: Jaspe (o sílex)[1].

Medidas: 1,35 cm de largura, 0,99 cm de anchu­ra, 0,50 cm de altura.

Lugar de hallazgo: Necrópolis fenicia de Monte Velilla.

Contexto arqueológico: Se desconoce, pero tene­mos noticias de materiales cerámicos cuando se remo­vie­ron las tierras donde apa­reció[2].

 Anverso: Protórax y élitros marcados con simples y suaves incisiones. Tiene su agujero   longitudinal de suspensión obturado.

 Reverso: Es amorfo a consecuencia de su utilización moderna. Presenta señales de   fractu­ras. Cronología: Se puede dar una aproxima­ción: Los materiales hasta ahora  descubiertos en esta necrópo­lis son anteriores al siglo V a. de C.

Lugar de conservación: Se encuentra en poder de una familia de Almuñécar. Fig. 10.

Aparte de la aparición de todas estas piezas, es nece­sario indicar aquí que se tienen noticias de la existen­cia de otros ejemplares de los que tan sólo se han podido recabar algunas indicaciones sobre sus características formales[3].

La primera pieza es un escaraboide enmarcado en oro. Sus medidas nos son desconocidas. La indicación de su desaparición fue hecha por los obreros[4]. La peculiaridad de ser oro el enmarque, nos puede servir de guía para establecer alguna relación con las otras piezas de la misma necrópo­lis. Ello nos daría pie a poder establecer una cronología similar a la de las piezas de estas características, fijándola en la segunda mitad del siglo VIII. En cuanto a su procedencia, hay que decir que, por la misma razón antes expuesta, debe considerarse procedente de Egipto, aunque se hayan dado algunas también en Cartago.

Una segunda pieza, de diferente composición, fue probablemente hallada en la tumba excavada por el Profesor Pita Andrade. Se trata de una pieza que por los indicios, pasta yesosa[5], da indicios de asemejarse, en color, a la n. 9 de nuestra catálogo. Por ello se puede indicar que su material fuera más bien hueso.

En cuanto a su cronología, se piensa que si, por razones obvias, la tumba es del siglo VIII, se induce que la pieza lo sea igualmente también.

Según Pellicer[6], este escaraboide tiene forma semiesférica, y como dibujo en el campo, una roseta.

En cuanto a paralelos, nos indica que en Rabs y Douïmes se da este tipo con cierta frecuencia, y que se encuentran estudiados y catalogados por Delattre y Gauckler.

 

Conclusiones

Es conveniente hacer una clara distinción entre los escarabeos de la necrópolis Laurita, la de Puente del Noi y la del Monte de Velilla.

Las diferencias no se marcan sólo por las diferentes cronologías, sino también por los materiales tanto del escara­beo como por el engarce y montaje. En las piezas de la necrópolis Laurita se utiliza, como material del escarabeo, la esteatita, hueso (piezas nn. 5 y 6) y pasta verdosa (pieza n. 7 (?)).

En Puente del Noi se utiliza la calcedonia (piezas nn. 1, 2, 3) y la esteatita (pieza n. 4). En la necrópolis de Monte de Velilla se utiliza el hueso y el jaspe (piezas nn. 9 y 10).

En cuanto  al material de engarce y montaje, en la Laurita se utiliza en los ejemplares nn. 6 y 8; mientras que en Puente del Noi tan sólo se da en la n., 4, y en la n. 5 tenemos plata. No hay noticias sobre el uso de este material noble en Monte de Velilla, pero se tienen testimonios de su uso en otras piezas, como colgantes[1].

Hay noticias de existencia de otros escarabeos en los que se utilizó este metal.

En Puente del Noi es menor la cuantía de las piezas de oro. Por el contrario Laurita muestra más frecuencia en su uso. De aquí se puede deducir que la crono­logía más antigua está más vinculada a la importación por parte de los fenicios, de los materiales originarios de Egipto.

Esta es la tesis que se mantiene como más probable dentro de la variedad de los tipos de escara­beos que se han dejado ver en Occidente. No se olvide que el tipo de fenicio que comercia con los aborígenes ibéricos comercia con los produc­tos que compra en Oriente.

No es, en general, manufacturero, sino comer­ciante; por lo que se estima que los escarabeos, al igual que muchas otras piezas, son compradas en Egipto y vendidas o intercambiadas en Iberia.

En cuanto al sentido totémicoreligioso de los escarabeos hay que decir que, según los indicios que tenemos, todo indica que formaban parte de collarines, y como tales iban, portadores de todos aquellos elementos que servían para preservar de las fuerzas o manifestaciones negativas. Por ello, al igual que en el mundo egipcio, el escarabeo funciona como amule­to, fenómeno que se da hoy en algunas manifestacio­nes religiosas.

 

NOTAS

[1] M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica del Cerro de San Cristóbal (Almuñé­car, Grana­da), Exca­vacio­nes Arqueológicas en España, 17, Madrid, 1963.

[2] F. Molina Fajardo, J. Padró i Parcerisa, Nuevos materiales procedentes de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Almuñécar Arqueología e Historia, pp. 53-54.

[3] A. Ruiz Fernández, Elementos egiptizantes de la historia antigua de la ciudad de la Sex fenicio-púnica de la ciudad de Almuñécar, Motril, 1982, Art. 224-230.

[4] Fernando Gervilla Linares, Gemólogo Diplomado por la «Gemmological Association of Great Britain». Ayudante L.R.U. del Depar­tamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Granada.

[5] Escarabeo elaborado con calcedonia (variedad microcrista­lina del cuarzo: SiO2). Presente un color rojo ladrillo oscuro, con una estructura interna irregular. Dentro del grupo de la calcedo­nia, se clasifica como la variedad denominada Sardo. A las variedades rojizas de calcedonia se las suele denomi­nar también cornalina.

[6] F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández, C. Huertas Jimé­nez, La necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, Almuñécar en la antigüedad, Granada, 1982, p. 35-36 fig. 11, láms. 12-13.

Nota.- Este escarabeo fue recuperado gracias a la colaboración de la profesora del I.B. de Almuñé­car, Catedrática de Latín, Dª Concepción Jurado, quien intervino de forma decisiva cuando unos desaprensivos trataban de saquear la citada tumba del sector A, en ausencia nuestra.

[7] J. Padró y Parcerisa, Egiptian-type Documents from the Mediterranean Littoral of the Iberian Peninsula before the Roman Conquest, «Études Préli­minaires aux Religions Orientales dans l’Empire Romain», 56, vol. I, p. 55 lám. XXV, 1.

[8] G. M. A. Richter, Engraved Gems of the Greeks and Etrus­cans, A History of Greek Art in Miniature, Londres, 1968, passim; P. Zazoff, Etruskis­che Scarabäen, Maguncia, 1968, passim; Id. Scarabäen, n. 241, p. 125, lám. 46, es un escarabeo muy similar al que aquí se estudia.

[9] Escarabeo elaborado con calcedonia. Presenta un color rojizo claro de aspecto traslúci­do, y está atravesado por varias bandas de un color rojo más intenso en posición diagonal. Dentro del grupo de la calcedonia se clasifica como la variedad denominada carneola (o carneolina).

[10] F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández, C. Huertas Jimé­nez, op. cit., pp. 44 y 50; F. Molina Fajardo, J. Padró i Parcerisa, Una sepultura con amuletos de tipo egipcio de la necrópolis de Puente de Noy (Almuñécar, Granada), Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 120, fig. 2, n. 26.

[11]  J. H. Hernández, J. Padró i Parcerisa, Escarabeos del Museo Arqueoló­gico de Ibiza, «Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza», 7, Madrid, 1982, pp. 86-90.

[12] Escarabeo elaborado con calcedonia.  Presenta un color rojizo claro de aspecto traslúci­do con una estructura interna caracterizada por un moteado rojizo disperso por todo el escara­beo. Dentro del grupo de la calcedonia se clasifica como la variedad denominada carneola (o carneoli­na).

[13] F. Molina Fajardo et alii, Almuñécar…,op. cit., pp. 141142, fig. 80, lám 16., y pp. 140-147.

[14] En esta tumba no hubo reutilización, sino doble enterramiento. Hay que hacer constar que el responsable de esta excavación no supo comprender que la forma presentada por el primer enterramiento no era como él suponía. Por esta razón fue rota una estructura de cal que moldeaba su forma. En nueva versión sobre esta excavación se prepara el dibujo con el tipo de lecho del primer cadáver.

[15] P. E. Newerry, Catalogue Géneral des Antiquités Egyptiennes du Musée Du Caire, Scarab-shaped Seals, Londres, 1907, lám. IX, n. 36.457; W. M. F. Petrie, Naukratis, Part I, 1884-85, «Memoirs of the Egypt Exploration Fund», 3, Londres, 1886, lám. XXXVII, n. 122; J. Vercout­ter, Les Objets Egyptiens et Egyptisants du Mobilier Funéraire Carthaginois, «Bibliothèque Archéologique et Historique», XL, Paris, 1945, pp. 109-110, lám. II, nn. 61-63, y p. 248, lám. XIX, n. 690; J.H. Fernández, J. Padró i Parcerisa, Escarabeos del Museo Arqueológico de Ibiza, «Trabajos del Museo Arqueológico de Ibiza», Madrid, 1982, n. 11, pp. 56,57 y 73; H. B. Walters, Cathalogue oh the Engraved Gems and Ca­meos,Greek, Etruscan and Roman, in the British Museum, Londres, 1926, p. 44, lám. VI, nn. 359; J.H. Fernández, J. Padró i Parcerisa, Escarabeos del Museo…, op. cit., nn. 12 y 13, pp. 57-62, 73 y 75, 28-56, 177-185; L. Siret, Villaricos y Herrerías, Antigüedades púnicas, romanas, visigóticas, Memoria descriptiva e histórica, «Memorias de la Real Academia de la Historia», XIV, Madrid, 1907, p. 83, n. 459, p. 86, n. 462, láms. XVI, 37, n. 4, XIX, n. 7; W. Culican, Phoenician romains from Gibraltar, The Australian Journal of Biblical Archaeology, 1, 5, Sidney, 1972, p. 115, lám. XXIV, fig. 3, y p. 135; J. Padró i Parcerisa, Los escarabeos de Emporion, Miscelánea Arqueológi­ca, XXV Aniversario de los Cursos Internacionales de Prehistoria y Arqueología en Ampurias (1947-1971), II, Barcelona, 1974, pp. 116-119, n. 3, fig. 2, n. 2.

[16] Escaraboide. En diapositiva muestra un color rojo con brillo mate. Su aspecto parece indicar con está elaborado con esteatita.

[17] F. Molina Fajardo et alii, op. cit., pp. 141-142, n. 3, fig. 80, láms. 14-15.

[18] M. Pellicer Catalán, op. cit., pp. 16 y 18, fig. 9, n. 5; J. Padró y Parcerisa, Materiales egipcios del Cerro de San Cristóbal, Almuñécar (Granada), Hallazgos de la Campaña de 1963.

[19] Escaraboide incinerado, aunque no está calcinado. Ha sido elaborado con esteatita. Con este nombre se denomina a una variedad de talco (Si4O10Mg3(OH)2) de grano fino compacta. Este material raramente es puro y con frecuencia presenta contenidos relativamente importantes de otros silicatos como clorita ( Si4-xAlxO10(mg, Fe­,Al)3(OH)2Mg3(OH)6), moscovita (Si8O20Al4(OH)4K2) y/o tremolita (Si8O22Mg5(OH)2Ca2).

[20] M. Pellicer catalán, op. cit., pp. 18, 52, 62, figs. 9, 5, lám. XIX, 1; Id. Madrider Mitteilungen, 4, pp. 12, 33, 35, fig. 8,4, lám. 8b; Fernandez Chicarro, VIII CNA., P. 106, lám. 17; Díaz Este­ban, Sefarad, XXV, 2, p. 284; M. Blázquez Martínez, Tartessos, p. 195, lám. 44A.

[21] Contexto de su hallazgo. Con motivo de la construcción del nuevo Barrio de los Marinos, fue localizada esta tumba por parte de los obreros. El número indicado para ella fue el 3. La fecha en que este hallazgo se realizó fue marzo del ’63. Los materiales fueron recogidos por la familia Prieto Moreno. Posteriormente intervino el profesor Pellicer, quien organizó dentro de lo que la situación le permitió, el desaguisado organizado por la inexperiencia de la gente que primero intervino. Entre las piezas recuperadas de este primer enterramiento fueron hallados dos vasos de alabastro. En el interior de uno de ellos fue hallado, junto con restos humanos de incineración, un anillo de plata con escarabeo basculante y una cuenta de serpentina.

La fecha indicada para esta pieza se ha marcado a partir de la datación propuesta por Pellicer para la fase más reciente del yacimiento: finales del siglo VIII, comienzos del VII. El factor determinante de esta cronología lo constituyen los dos kotyloi protocorintios de la tumba 19 (cfr. Pellicer, Cerro de San Cristóbal, p. 65). J. Leclant, E. Cuadrado y P. Cintas se han pronunciado posteriormente en el sentido de subir la cronología, sobre todo de algunos materiales que no se pueden encajar en fechas tan recientes. Por su parte J. Ferron, a raíz del estudio realizado sobre la inscripción que tiene el alabastrón hallado en la tumba n. 3, piensa que se debe fechar, subiendo como máximo, a finales del siglo VIII.

En cuanto a una fecha absoluta, debido a su estado de conservación, no se puede precisar, aunque incluso así, todo dato absoluto es una tanto arriesgado aventurar. El escarabeo está completamente alterado por la incineración del conjunto de la urna. Hoy escarabeo y anillo están separados.

En cuanto a los tipos paralelos, Pellicer mantiene que esta modalidad de escarabeo montado en anillo es de origen púnico. Sin embargo se da con mucha frecuencia en Egipto. Por ello se piensa que su origen de egipcio.

[22] M. Pellicer Catalán, op. cit., p. 24, fig. 24, n. 3, lám. XIX, n. 2; Id. Madrider Mitteilungen, 4, pp. 12, 23, 35, fig. 15, lám. 8, a.; Díaz Esteban, Sefarad, XXV, 2, p. 286; Blázquez Martínez, Tartessos, pp. 194 ss., lám. 86A.

[23] Como se ha visto en el análisis, este escarabeo presenta una montura de oro rota en el extremo que se corresponde con el clípeo. Puede considerarse dentro del tipo II, con el protórax indicado. Su perforación longitudinal de suspensión queda al descubierto a consecuencia de la rotura en el  extremo que coincide con el clípeo. En su base muestra otra ligera alteración. En su reverso, dentro de lo alterado que se encuentra, hay indicios de una forma que se asemeja a una roseta, y que ocupaba todo el campo.

[24] Escarabeo o escaraboide calcinado. El anverso se encuentra perforado y parte del material se ha perdido. El reverso se conserva algo mejor y en él se observa una estructura porosa que recuerda un material orgánico (hueso o colmillo). El hecho de que parte del anverso se haya quemado también apoya esta idea, ya que el material pétreo no se habría calcinado.

[25] Dentro del vaso de alabastro perteneciente a este faraón apareció el escarabeo, junto con los restos humanos incinerados. Esta circunstancia nos induce a pensar que los escarabeos que aparecen en urnas cinerarias formaban parte del atuendo personal del individuo con que se halla. Por ello inducimos que podría servir como amuletos.

[26] C.G.C. Newberry, op. cit., lám. XIII, líneas 4 y 5; Petrie, Bouttons, pp. 15 ss.; Gadner, Naukratis II, lám. XVIII, 3.

[27] Vercoutter, op. cit., n. 320, p. 173.

[28] Por las características cronológicas del conjunto de materiales que se hallaron en el interior de esta tumba, la fecha más acertada, dada la casi cronología absoluta de las restantes piezas, es segunda mitad del siglo VIII.

[29] M. Pellicer Catalán, op. cit., pp. 38 y 40, lám. XVIII, n. 1, fig. 34, n. 4; J. Padró i Parcerisa, Materiales egipcios del Cerro de San Cristóbal, Almuñécar (Granada). Hallazgos de la Campaña de 1963, Almuñécar arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 28-30; Cfr. Petrie, op. cit., lám. LVII, 30, 2; Erman und Grapow, Wp. II, p. 330.

Nota.-Este escarabeo no ha podido ser observado directamente, por lo que la descripción material es sólo aproximativa. Se dispone de la información proporcionada por M. Pellicer Catalán, que fue quien practicó la excavación. En el Museo Arqueológico de Granada no está expuesta esta pieza en vitrina y se ignora si está en depósito.

[30] J. Padró y Parcerisa, Materiales egipcios del cerro de San Cristóbal, Almuñécar (Granada), Hallazgos de la campaña de 1963, Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, pp. 29-30.

[31] J. Vercoutter, Objets egyptiens, op. cit., pp. 92 y 176; CGC, Nweberry,  op. cit., lám. X, nn. 36.609, 36.623, 36.626,36.879 y 36.914, pp. 153, 157, 221 y 229; J. Vercoutter, op. cit., p. 145, n. 211, p. 146, n. 212, pp. 180, nn. 385-387, p. 299, n. 854; id. pp. 92 y 176.

[32] Vercoutter, op. cit., pp. 92 y 176.

[33] F. Molina Fajardo, J. Padró y Parcerisa, NUEVOS MATERIALES PROCEDENTES DE LA NECRÓPOLIS DEL CERRO DE SAN CRISTÓBAL, Almuñécar Arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 45-55.

[34] Se sabe que la primera fase de descubrimiento de la necrópolis Laurita tuvo desgraciada fortuna. De las 20 tumbas tan solo de la n. 11 en adelante pudieron ser estudiadas con detalle y precisión. De las primeras tan sólo restan los materiales que se menospreciaron por ser de cerámica fragmentada. En manos de desaprensivos se encuentran ejemplares que van desde ánforas de alabastro hasta pendientes de oro, amuletos, anillos y un largo etcétera. Para la recomposición y estudio se ha tenido que indagar entre las personas que directamente estuvieron relacionadas con el inicio del proceso de obras en el área, así como entre los obreros y amigos de los obreros. Es de agradecer a Molina Fajardo el esfuerzo que en esta dirección de recuperación de datos importantes ha llevado a cabo.

[35] Presenta numerosas estriaciones longitudinales, características de materiales tipo hueso.

[36] Michel Blech, El colgante de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 43-46.

[37] F. Molina Fajardo, C. Huertas Jiménez, Vasos cerámicos de la necrópolis fenicio-púnica del Cerro de Velilla, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 33-44. F. Molina Fajardo, El Bronce Final y la Colonización Fenicia, Almuñécar Arqueología e Historia, Granada, 1983, p. 33.

[38] Escarabeo elaborado en jaspe (o sílex). Se denomina así a una variedad microcristalina de cuarzo (SiO2) que suele contener abundantes impurezas. En ocasiones este material se incluye dentro del grupo de la calcedonia. El escarabeo es de color pardo uniforme sin ningún tipo de estructura interna significativa. Muestra en un lateral una clara fractura concoidea.

[39] Información proporcionada por D. José López, obrero de la finca donde apareció, quien nos facilitó los datos contextuales que nos faltaban.

[40] Se tiene constancia de que varios ejemplares han ido a aparar a manos extrañas; unas se nos han perdido a todo control, otras han sido localizadas y, con cierta dificultad, estudiadas. Así, el profesor Pellicer nos habla en su obra primera sobre esta excavación, en p. 6, consiguiendo la información de los operarios que trabajaban en la empresa constructora.

Nos indica el citado profesor que el primero de los escarabeos indicado por los obreros estaba enmarcado en oro, por lo que se considera dentro de los tipos clásicos existente en esa época en Egipto. En cuanto a su cronología, no se puede precisar, pero lógicamente se puede encuadrar dentro de la necrópolis en general, y de la segunda mitad del siglo VIII a. de C., si se considera que todas las enmarcadas en oro se encuentran dentro de esa cronología.

Otra pieza de escaraboide se cita a propósito de la visita del profesor Pita Andrade, quien intervino primeramente en el hallazgo de la necrópolis antes de que fuera encargado de la excava­ción el profesor Pellicer (cfr. Excavaciones en el Cerro…, op. cit., p. 63, nota 156. La tumba donde apareció esta segunda pieza fue la n. 2, excavada por el profesor Pita.

[41] M. Pellicer Catalán, op. cit., p. 6.

[42] Padró, Materiales egipcios…, op. cit., p. 27.

[43] Pellicer, op. cit., p. 63, nota 156.

[44] M. Blech, El colgante de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia III, pp. 43-59.

 

 

 

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Antonio Ruiz Fernández, Licenciado en Filología Clásica. Catedrático de Latín de IES Cartuja de Granada, Dr. en Historia Antigua por la Universidad de Granada.

Fernando Gervilla Linares, Gemólogo Diplomado por la «Gemmological Association of Great Britain». Ayudante L.R.U. del Depar­tamento de Mineralogía y Petrología de la Universidad de Granada.

 

Granada, 18 de Mayo de 2.019.

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