CONTEXTO ARQUEOLÓGICO DE LOS LEONES FENICIOS (PROBABLE MONUMENTO FUNERARIO) APARECIDOS EN EL ÁREA ALEDAÑA DE LA NECRÓPOLIS PUENTE DEL NOI. Almuñécar, Granada.

IN HONOREM a mi estimado amigo Antonio Berrio Alabarce

El conjunto de terreno que forman parte de la necrópolis de Puente del Noi lo forma una colina y terreno cercanos a ella. Sobre el mismo se encuentra emplazado el Instituto Antigua Sexi y toda una serie de edificaciones anteriores a la excavación. Sobre la cresta de dicha colina hay una serie de chalets construidos antes de que se practicara la excavación. Entre estas edificaciones hay una casa-chalet donde se han encontrado elementos que son muy similares a los hallados en la etapas de excavación desde el año 1979. Los materiales que se van a mostrar en esta publicación fueron encontrados en el rebaje de terreno que se llevó a cabo en una de esas viviendas desde años muy anteriores a que se iniciara la excavación oficial de los terrenos libre de esa colina. Se van a mostrar tal como se han conservado hasta el momento, y muestran una variedad muy semejante a los últimamente localizados. En fechas de la construcción de los restantes chalets han aparecido materiales cuyo fin se desconoce, pero que debían ser de una tipología muy similar a los nuevos hallados hace pocos años. Y una de las novedades entre los conjuntos de elementos de ajuar, es la aparición de piezas que no han sido detectadas recientemente. Objetos relacionados con la vida y trabajo de los fenicios que por estos lugares pudieran establecerse. Resulta muy extraño que en un espacio de unos 500 m2 se hayan obtenidos piezas diferentes a las habituales en el nuevo proceso de excavación.

Como se irá viendo, los movimientos de tierra en las antiguas construcciones de viviendas, se han detectado la presencia de tumbas de tamaño mayor a las habituales. Se han comentado hallazgos insospechados de tumbas similares de la 1E de la cima de la colina. Incluso se rumoreó la aparición de elementos sepulcrales de mayores y variadas proporciones; y es posible que algunos de los hallazgos de restos de construcciones fenicias, puedan pertenecer a una de las supuestas tumbas de grandes proporciones, pero que suponemos, porque no se ha visto ni localizado, su existencia debido a la gran cantidad de tumbas excavadas hasta el momento. Tumba de corredor, de ciertas proporciones, 4C, tumba de pozo con hipogeo 1E. Pero los rumores de otras ocultas se oyeron al inicio de la excavación oficial.

Otro fenómeno extraño es la cantidad de algunas de las piezas halladas, como ungüentarios mejor conservados y más numerosos que los encontrados hasta el momento, al igual que elementos específicos de la profesión tan practicada por los fenicios en aquellos momentos: la pesca. Tan extraño resulta esta novedad que no deja de sorprendernos, porque, en los tres años de excavación, no han aparecido ni uno sólo de este tipo.

RELACIÓN DE MATERIALES PARALELOS A LA EXCAVACIÓN GENERAL DE PUENTE DEL NOI

Fot 1.- Esta imagen refleja uno de los momentos en que se realizaron excavaciones fuera del contexto de las practicadas en el terreno conocido como Puente del Noi. Y aparecen los mismos fenómenos que se han mostrado posteriormente en la excavaciones oficiales. El corte lateral muestra la linde con el terreno de nuestras excavaciones, donde, en otros momentos, se verán los materiales comunes de todo este recinto. La excavación se hizo con criterio aceptable a pesar de que el terreno no permitía cuadricular con exactitud las catas donde van a ir apareciendo la gran variedad de materiales comunes a todo este espacio.

Foto 2.- En esta imagen se observa la delimitación entre la zona B de las excavaciones oficiales y su dirección hacia la cresta superior donde, al parecer, en tiempos pasados aparecieron elementos poco corrientes en tipología de enterramiento. Debajo de un chalet de la parte superior, cuando se hicieron los cimientos, se descubrió, según cuentan los antiguos propietarios, un enterramiento de dimensiones superiores a todos los hasta ahora conocidos. Y probablemente, los materiales de una probable construcción de monumento funerario, tenga que ver con los restos encontrados en este espacio que mostramos. Es muy probable que tenga que ver con ello. De la hipótesis se puede pasar a la verdad o tesis. Pero no estamos del todo seguros y podría ser material de una tumba monumental existente en este mismo terreno.

Foto 3.- En este corte entre terrenos de distintos propietarios, podemos observar el mismo fenómeno del sector B; Los restos de la tumba profunda nos muestra en su cabecera cómo una tumba nueva posterior la ha interrumpido. Lo que demuestra, en parte, que la intensidad de localizaciones de tumbas en esta parte antigua del terreno, era tan densa como las antes citadas.

LEONES DECORATIVOS DE UN MONUMENTO FUNERARIO FENICIO

Foto 4.- Las dos imágenes que se van a mostrar secuencialmente nos indica que los nombrados leones fenicios se encontraban, años atrás, en el jardín de este vivienda. La cara del león está desgastada por las circunstancias que en se encontraba este elemento: bastante deformado.

Figura 5.- Vista del mismo león, de perfil, en el que se aprecia bien las patas delanteras y traseras. La parte posterior carece de forma haciéndonos ver que se encontraba adosado a una supuesta esquina frontal del probable monumento funerario. Está revestido de un material similar al estuco, pero se cree que es alguna mezcla de cal y argamasa.

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Foto 6.- Esta imagen nos muestra en color, el tipo de material de su revestimiento. Es la figura que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Local de Almuñécar. Y da la impresión que la figura en blanco y negro es más expresiva que la que se encuentra expuesta.

Foto 7.- Esta pieza, según la opinión de quien la encontró, persona muy culta, se pensaba que es parte de otro de los leones que se encontraban formando el monumento funerario. Y estamos convencidos de que tiene razón: la pieza que formaría parte de una de las dos esquinas de ese monumento. Pero que se encuentra bastante deteriorado porque tal vez ha rodado mucho o ha sufrido en el saqueo que toda esta zona ha sufrido desde la época antigua de la zona de Puente del Noi. Personalmente estoy convencido de que, quien la encontró, tiene razón: formaba parte de un monumento; no era una piedra de cubrir tumbas, sino parte de la decoración funeraria.

Foto 8.- Aquí mostramos uno de los trozos de piedra caliza que, probablemente, formara parte de una de las esquinas del monumento funerario en este terreno. Se observa como una especie de canal sobre el que podría colocarse uno de los leones.

Foto 9.- Con esta foto podemos observar que el material de que está hecho es el mismo que se ve tanto en el león entero como en el probable trozo de presentamos.

Foto 10.- Esta imagen se puede entender como otros de los elementos angulares que formaran el pie y esquinas de la tumba funeraria. La parte central derecha tiene un diseño como indicado para que encajara una de los piezas decorativas del monumento funerario.

Foto 11.- Esta pieza, del mismo tipo de material, está tallada como para que, sobre ella, se encajara una de las supuestas figuras del monumento funerario. Si se comparan las anchuras de todas estas piezas, puede comprobarse que están talladas para que los elementos decorativos encajen a la perfección haciendo juego sobre el monumento. Sólo basta superponerlos.

Foto 12.- Esta pieza semicircular es un tanto misteriosa. Hemos visto su imagen tanto en el Museo Local como en casa de un particular. Hoy se encuentra en este museo. Su material es el mismo de las piezas anteriores. Podía formar parte de la hornacina destinada al difunto.

Dibujo de Antonio Quirós Martín

Este dibujo puede servir de ejemplo para afirmar que debieron existir tumbas con monumentos funerarios cubriendo la sepultura. Quiero recordar que los sillares abundaban apilados junto al muro de la finca conocida como La Cerca. Después, probablemente fueron reutilizados en casas nuevas que se construyeron en sus cercanías; y otros sillares podían proceder de la tumba con dromos (4C), porque este elemento funerario está construido de sillares, de los que faltan gran cantidad.

ELEMENTOS ARQUEOLÓGICOS HALLADOS EN LAS EXCAVACIONES DE ESTE TERRENO.

TIPOLOGÍA DE LAS PIEZAS HALLADAS

Jarra fenicia

Foto 13.- Jarra de borde con sección triangular, con asa que empieza en la boca y termina por encima del centro del vientre de la misma. Su fondo termina con base plana. El color es anaranjado y con excrecencias blanquizcas. No ha sido retocada, y conserva su antiguo estado original. Apareció muy fracturada, pero pudieron recomponer su forma. Su fondo es plano. Su fecha de fabricación se remonta a la primera parte del siglo IV a. de C.

Foto 14.-Ungüentario helenístico globular completo, cuerpo casi esférico, y cuello largo, zona de vástago y pie triangular. Color anaranjado, borde exvasado y de forma triangular. Cronología: final del siglo V a. de C.

Foto 15.- Ungüentario helenístico, fusiforme, se sección triangular, vástago y pie troncocónico, cuello cilíndrico largo, cuerpo de forma de huso, color marrón desgrasado, con cavidad interior hasta llegar al vástago, largo y macizo. Cronología: finales del siglo III a. de C.

Foto 16.- Ungüentario helenístico, fusiforme, borde exvasado, rectilíneo, cuello largo y estrecho, macizo hasta el vientre; comienzo del vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado con cambio de tonalidad por efecto del contexto. Cronología: finales del siglo III, principio del siglo II a. de C.

Foto 17.- Ungüentrario helenístico, tipo fusiforme, borde de sección triangular, cuello alargado, vástago macizo y pie troncocónico; color anaranjado claro. Cronología: comienzo del siglo II a. de C.

Foto 18.- Ungüentario helenístico, tipo fusiforme, cuello alargado, vástago macizo, pie troncocónico. Color anaranjado. Cronología principios del siglo II a. de C.

Foto 19.- Ungüentario helenístico, tipo fusiforme, cuerpo en forma de huso con la cavidad interior hueca hasta el vástago que es macizo, con pie troncocónico. Coloración anaranjada-marrón. Cronología: finales del siglo IV , principio del III a. de C.

Foto 20.- Ungüentario helenístico, borde triangular, cuello cilíndrico alto, cuerpo fusiforme que llega hasta el vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado weis; cronología: principio del siglo III. a. de C.

Foto 21.- Ungüentario helenístico fusiforme, vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado claro. Su cronología es de finales del siglo III a. de C.

Foto 22.- Ungüentario helenístico fusiforme, cuerpo triangular, vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado. Cronología: mitad del siglo III a. de C.

Foto 23.- Ungüentario helenístico, corte triangular, vástago macizo y alargado con pie troncocónico. Color anaranjado claro. Cronología: aparecen durante todo el siglo II a. de C.

Foto 24.- Ungüentario helenístico, tipo fusiforme, cuello largo, vástago macizo hasta el pie, que es troncocónico. Color anaranjado irregular por posible incineración. Cronología: se sitúa entre finales del siglo III y comienzos del II a. de C.

Foto 25.- Ungüentario helenístico fusiforme, borde de sección triangular, cuello largo y cilíndrico, cuerpo con cavidad interior hasta el vástago y pie bitroncocónico. Color anaranjado oscuro. Cronología: siglo II a. de C.

Foto 26.- Ungüentario helenístico fusiforme, vástago macizo hasta el pie, troncocónico. Color anaranjado claro. Cronología: siglo III a. de C.

Foto 27.- Ungüentario helenístico, fusiforme, vástago macizo hasta el pie troncocónico. Cronología: finales del siglo III y comienzos del II a. de C.

Foto 28.- Ungüentario con forma bulboide; de pequeñas dimensiones, entre 8 y 12 cm. Su base es plana. Cronología: siglo I a. de C.

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Foto 29.- Ungüentario de forma bulboide, cuello corto, borde exvasado, base plana. Cronología: Siglo I. a. de C.

Foto 30.- Ungüentario de tipo romano, con forma bolboide y base redondeada, base plana y cronología similar al anterior: segunda mitad del siglo I a. de C.

Foto 31.- Ungüentario de forma bulboide, de origen romano, con extremo exvasado, cuello largo y bulbo de la misma dimensión. Base plana. Cronología: segundo mitad del siglo I a. de C.

Foto 32.- Ungüentario de tipo bulboide, de origen romano, extremo exvasado, y base plana. Cronología: siglo I a. de C.


JARROS

Foto 33.- Jarro de cuerpo bitroncocónico, borde exvasado, color anaranjado, pie plano. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 34.- Jarro de cuerpo bitroncocónico, borde exvasado, asa elevada sobre el borde y termina sobre la base del cuello, pie plano. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 35.- Jarro de cuerpo bitroncocónico, borde exvasado, asa elevada sobre el borde y terminada por encima del vientre. Cronología: Igual que la imagen anterior.

Foto 36.- Jarro de la misma forma que la anterior, con cronología idéntica.

Foto 37.- Jarro bitroncocónico, borde exvasado, asa sobrealzada en el borde y algo ensanchada sobre la parte superior del vientre. Cronología igual que la anterior.

Foto 38.- Jarro bitronococónico, borde exvasado, asa sobrealzada y terminada sobre la mitad del vientre. Color anaranjado y cronología igual al anterior.

Foto 39.- Jarro bitroncocónico, asa por encima del vientre y algo elevada sobre el borde. De la misma cronología que el anterior.

Foto 40.- Jarrito de forma casi cilíndrico, borde exvasado y asa que nace sobre el mismo borde y termina casi en el centro del vientre.. Cronología: primera mitad del siglo III a. de C.

Foto 41.- Jarrito de forma casi tubular o cilíndrico, aunque la parte superior es troncocónica, borde exvasado y asa que parte desde el mismo borde y llega hasta el centro superior. Cronología: segunda mitad del siglo III a. de C.

Foto 42.- Jarrito de forma tubular-cilíndrico, borde exvasado, asa algo realzada y termina en el centro del vientre: Cronología. primera mitad del siglo III a. de C,

Foto 43.- Jarrito de forma tubular en su mitad inferior, y troncocónica en la superior, borde exvasado y asa que parte desde el borde algo realzada y termina en la mitad superior. Cronología: primera mitad del siglo III a. de C.

Foto 44.- Jarrito de forma tubular-cilíndrico, desde el asa hasta arriba troncocónico, borde exvasado y asa ligeramente realzada que baja hasta casi el vientre, color anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo III a. de C.

Foto 45.- Jarrito con forma cilíndrica inferior y troncocónica superior. Borde exvasado y asa que empieza en el borde y termina muy cerca del cuello. Color anaranjado-rojo. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 46.- Jarrito de forma cilíndrica en su mitad inferior, y troncocónica en la superior. Borde exvasado y asa ligeramente sobrelazado que termina sobre la parte tubular. Color anaranjado-marrón. Cronología: segunda mitad del siglo III a. de C.

Foto 47.- Jarrito con la parte inferior cilíndrica, y la mitad superior troncocónica. Asa ligeramente sobrealzada en el borde y terminando en el tercio superior, color marrón-anaranjado. Cronología: segunda mitad del siglo III a. de C.

Foto 48.- Jarrita bitroncocónica, borde exvasado y asa bien sobrealzada que termina a la altura del cuello, color marrón anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 49.- Jarrita de cuerpo bitroncocónico, cuello exvasado, asa sobrealzada que termina cerca del borde. Base plana triangular, color anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 50.- Jarrita de las mismas características que la anterior. Cronología la misma.

Foto 51.- Modelo de jarrita de la misma factura que la anterior, igual que su cronología.

PLATOS

Foto 52.- Plato de tipo campaniense con borde hacia arriba y decoración central. Su cronología es del siglo IV a. de C.

Foto 53.- Plato de forma plana con pocico en la parte central. Datacion: siglo III a. de C.

Foto 54.- Plato con fondo en forma de pocico, color anaranjado y pie indicado, borde exvasado hacia abajo. Cronología del siglo II. a. de C.

Foto 55.- Plato de borde exvasado hacia abajo y pocico central. color anaranjado claro. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 56.- Plato de borde exvasado hacia abajo y pocico central, color anaranjado. Misma cronología.

Foto 57.- Plato con las mismas características de los anteriores.

Foto 58.- Plato de las mismas características anteriores.

Foto 59.- Plato de borde exvasado hacia abajo y pocico central, color anaranjado y cronología del siglo III a. de C.

Foto 60.- Plato con arandela de borde ensanchada y exvasado, color anaranjado. Cronología: segunda mitad del siglo II d, de C.

Foto 61.- Plato de borde vuelto hacia abajo, con pocico central. Color marrón-anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo II a. de C.

Foto 62.- Huevo de avestruz utilizado como elemento de ajuar funerario. Por contexto arqueológico se puede datar en la primera mitad del siglo IV.

Foto 63.- Ollita de cerámica con doble asa y tapadera.

Foto 64.-Vista vertical de la pieza anterior. Sin contexto.

Foto 65.- Tapadera de la ollita de cerámica.

Foto 66.- Ánfora de doble asa adherida al cuello y al borde de forma troncocónica de origen romano. Sin contexto.

Foto 67.- Vasija sin asa con borde exvasado y cuello cilíndrico. Se puede considera romana; de color marrón anaranjado.

Foto 68.- Vaso de cerámica aretina con borde realzado, color marrón claro e inscripción en el centro. Sin contexto. Cronología: finales del siglo I a. de C.

Foto 69.- Detalle central de la pieza anterior donde se aprecia el sello del ceramista (VOLVSI). Siglo I d. de C.

Foto 70.- Cazoleta romana con borde resaltado; color marrón claro. Sin contexto.

Foto 71.- Cazoleta de características similares a la anterior.

Foto 72.-Cuchillo de piedra caliza, o sílex, sin contexto arqueológico.

Foto 73.- Piedra marmórea, de todo grisáceo probablemente usada para curtir pieles, o triturar grano.

Foto 74.- Piedra redondeada con pulimento basto, destinada a la molida de grano o curtido. Sin contexto.

Foto 75.- Detalle de color de la pieza anterior.

Foto 76.- Parte superior de un clavo de hierro. Sin contexto.

Foto 77.-Clavo de diferente formato, parte superior con cabezal. Sin contexto.

Foto 78.-Fuente de estilo campaniense, con pie plano y fondo de reborde destacado. Cronología: siglo II d. de C.

Foto 79.- Pieza de collar- Siglo V a. de C.

Foto 80.- Concha marina sin contexto.

Foto 81.-Elementos marinos utilizados para las redes de pesca. No hay paralelos en toda la necrópolis Puente del Noi.

Foto 82.- Piezas marinas utilizadas como plomadas en las faenas de pesca marina. Son de cerámica. Sin contexto.

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Foto 83. Elementos marinos similares a los anteriores.

Foto 84.- Piezas de material rocoso de uso doméstico. Sin contexto.

Foto 85.- Piezas de collar.

Foto 86.- Pieza de collar.

Foto 87.– Pieza de collar.

Foto 88.- Amuleto.

Foto 89.- Pieza de pedestal probablemente encajada con la pieza de la figura anterior.

Foto 90.- Objeto doméstico.

Foto 90.- Este parte forma conjunto con la anterior encajando sobre la parte superior.

LUCERNAS DE A. BERRIO.

Foto 91.- Lucerna bicorne. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 92.- Lucerna fenicia de un solo pico. En la parte del vientre se observa una ranura circular y en la base del pico se puede identificar aún parte de la mecha enroscada, y agujero del pico alargado, color marrón anaranjado. Cronología: fechada a principios del siglo IV a. de C.

Foto 92.- Lucerna fenicia similar a la anterior. En la parte media posterior se observan dos conatos de orejas para sujetarlas o moverlas. Ranura circular a la altura de la panza. Se puede fechar también a principios del siglo IV.

Foto 93.- Lucerna de un pico con el mismo grosor entre la base del aceite y el pico. Tiene pie de base circular. Tonalidad marrón oscuro y restos de mecha en torno a la base del pico. Cronología cercana al siglo VI a. de C.

Foto 94.- Lucerna con las mismas características del tipo anterior, aunque con el pico más corto y sin restos de mecha. Cronología siglo VI. a. de C.

Foto 95.- Lucerna fenicia con cuerpo circular y pico poco pronunciado. Conserva restos de la combustión. Cronología: siglo II a. de C.

ALGUNAS DE LAS MONEDAS FENICIAS DE BRONCE APARECIDAS EN CASA DE A. BERRIO

Foto 96.- AE. Anverso: Hercules-Melkart. Siglo II a. de C.

Foto 97.-AE. Reverso. Dos atunes a izda. Leyenda fenicia partida ilegible. En el centro: disco solar con 8 rayos a izquierda. A derecha, creciente lunar a izquierda con punto.

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Foto 98.- AE. Cabeza de Hércules Melkart a izquierda, cubierta con piel de león y maza detrás. Anepígrafa.

Foto 99.- AE. Reverso. Dos atunes a izquierda, leyenda partida (samek-caph-samek; arriba MP`L). En el centro: creciente lunar a izquierda con punto; a derecha, disco solar con seis rayos.

Foto 100.- AE. Cabeza de Hércules Melkart con piel de león y maza detras.

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Foto 101.- AE. Reverso. Dos atunes a izquierda, leyenda partida casi ilegible. En el centro creciente lunar a derecha con punto central; a izquierda, disco solar con ocho rayos.

Foto 102.- AE. Cabeza de Hércules Melkart a izquierda, cubierta con piel de león y detrás, maza

Foto 103.- AE. Reverso: dos atunes a izquierda. Leyenda partida: abajo: SKS (samek-Kaph-Samek; arriba MP`L. En el centro: Disco solar a izquierda con siete rayos, creciente lunar con punto a derecha.

Conclusión.

Los materiales que acabamos de exponer de forma detallada, pero sin referencias paralelas, constituye un conjunto inédito de elementos arqueológicos en el que nos hemos empeñado en localizar y tratar de incluirlos en el conjunto total de la Necrópolis Puente del Noi en Almuñécar, iniciada en 1979.

Hemos expuesto nuestro punto de vista sin hacer referencia directa a los diversos autores que han trabajado estos materiales a lo largo de todo el Mediterráneo. Los materiales se copian y eso hace que aparezcan ejemplares similares, pero no fabricados bajo el mismo patrón. De ahí las variantes y los herrores más o menos numerosos que se vienen cometiendo con bastante frecuencia. Exponemos lo que se ha encontrado y se trata de establecer una cronología y tipología acorde con todos los materiales aquí hallados desde fechas antiguas.

No obstante queremos destacar los numerosos autores que han trabajado y trabajan sobre este tema, que tantas y variadas opiniones han expresado desde que se iniciaron de forma científica el estudio de las diferentes localidades que han proporcionado tanto centros y materiales.

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Dr. Atonio Ruiz Fernández.

Granada, 17-02-2022.

ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA DE LA PROVINCIA DE GRANADA Y SU ENTORNO

Dedicado a mi Director de Tesis, Dr. Nicolás Marín Díaz, Profesor Titular de Historia Antigua y Arqueología de la Facultad Filosofía y Letras de la Universidad de Granada

Iniciamos el trabajo con un plano general de la provincia de Granada y su periferia, para mostrar la red de yacimientos de las distintas etapas de paleolítico en este espacio arqueológico, marcando las diferentes zonas con la denominación de los respectivos emplazamientos.

Prehistoria de Granada

PALEOLÍTICO INFERIOR.

El Aculadero (Puerto de Santa María) tiene elementos que prueban la presencia del hombre en esta región aproximadamente unos 900.000 años.

Aparición del hombre en la Prehistoria: 1.500.000 años.

a) El homo erectus (no se tienen datos óseos).

b) Ajuar: guijarros tallados.

c) Lascas poco definidas.

En la provincia de Granada se localiza uno de los yacimientos más antiguos relativo a la aparición de restos humanos.

  • EMPLAZAMIENTOS: Cúllar-Baza 1 (600.000 a. de c.)
  • ESPACIOS HABITADOS: lagos y charcas.
  • FAUNA: a) équidos de corta talla. b) abundan los cérvidos: bisonte, jabalí. algunos restos de elefante, y varios restos de carnívoros y roedores.
  • INSDUSTRIA: tosca y escasa propia del Abbevillense primitivo.

ACHELENSE

  • Vega de Granada

ESTACIONES:

  • Cercanías de Loja.
  • Cercanías de Guadix.

Cercanías de Loja, en las terrazas del Genil: elementos: bifaces, sílex, denticulados, lascas, raederas, raspadores y perforadores. Cerro Pelado ( a diez km de Loja): industria de lascas, raederas, raspadores, escotaduras y perforadores.

GUADIX (Fonelas)

Solana del Zamborino: Cazadero estacional, Tres niveles de restos de équidos, elefantes, hipopótamos, cérvidos, jabalíes. Materiales: piezas de sílex, cuarzo y cuarcitas: bifaciales (cordiformes, lanceoladas, limandes y hendidores sobre lascas, raederas y lenticulados. Hogares: formados por círculos de cantos de cuarcitas, con cenizas y huesos quemados. Caza: Se practicaba la quema de vegetación para llevar el animal a la zona pantanosa. Se utilizaban TRAMPAS para la caza. Hábitat: Vivían en campamentos estacionales. No eran permanentes.

PALEOLÍTICO MEDIO

MUSTERIENSE (100.000-32.000 a. de C.)

El hombre se convierte en troglodita o habitante de las cuevas, a consecuencia de las duras condiciones climáticas, aunque en otros espacios habitaban al aire libre, siendo cierto que alternó campamentos estacionales a la intemperie, con las cuevas durante temporadas invernales.

Las excavaciones practicadas son escasas y las pocas practicadas, aún no se han publicado.

ESTACIONES:

  • LA CARIGÜELA (Píñar): Se encuentra el hombre neandertal: restos de cráneo. b) Características: torus supraorbitalis, huesos gruesos, órbitas cuadrangulares.

TERRAZAS DEL GENIL (Vega de Granada):

  • Abrigos de los cabezones (Vertiente norte de Sierra Elvira)
  • Pandera y Pino (Terrazas del río Velillos)
  • Alrededores del Cerro de los Infantes.
  • Villanueva de Mesía: Sílex y cuarcitas raederas, cuchillos, raspadores, buriles y perforadores.. Puede entenderse como un campamento al aire libre.

SIERRA ARANA (Vertiente norte).

IZNALLOZ

DARRO

  • Yacimientos al aire libre en:

DOMINGO PÉREZ:

  • Llano de la Venta de la Nava
  • Los Corralillos y Terre.

PÍÑAR:

  • Fuente de la Zarza
  • Cerrillo de Orea
  • Llano de la estación de Huélago
  • Yacimientos en cuevas:
  • Cueva de la Carigüela
  • El Puntal.
  • Cueva de Horá

LA CARIGÜELA: Fue excavada inicialmente por Spahni. Sus resultados están aún inéditos. Tiene depósitos de más de cinco metros de potencia, con estratos neolíticos y del Bronce (investigados por Pellicer). El estudio ha sido tan rico en materiales que un metro cúbico ha dado entre 400 y 500 útiles, y 50.000 lascas de piedra tallada y un incalculable número de huesos de animales.

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RESTOS:

  • de hombres neandertales
  • raederas, hojas, cuchillos, raspadores, buriles.

FAUNA: Caballos, ciervos, toros salvajes, rinocerontes, cabra hispánica, lobo, oso, hiena, lince, gato montés.

CUEVA DE HORÁ (Darro, cerca de Carigüela). Este yacimiento muestra un estado estratigráfico en el que se dibuja la diferencia climática por el que ha pasado. Es un amplio abrigo formado por hundimiento de una dolina. Su ajuar es diferente al de la Carigüela.

De todo esto se deduce que se poseen pocos datos sobre la vida del hombre neandertal. Vivían en comunidades pequeñas, con campamentos al aire libre sobre las terrazas de los ríos de la depresión de Granada, o en las faldas de Sierra Harana. el campamento se montaba al aire libre o en cueva, según la estación fuera fría o cálida. Se puede decir que todos estos habitats son de tipo estacional.

  • ECONOMÍA: (Teoría sobre la división del trabajo cazador (hombre), recolector (mujer): teoría sobre la vida difícil o consumidora de esta antigua sociedad. Caza de: équidos, toros, ciervos, cabra hispánica, jabalíes. Recolección: pocos datos: vegetales anfibios, insectos, huevos.

EL HOMBRE MUSTERIENSE SE CONSIDERA CAZADOR-RECOLECTOR

La vida de los cazadores neandertales se adaptaba a las condiciones impuestas por el medio donde vivían, y esta permanencia durante tanto tiempo en estos entornos demuestra que había gran compenetración entre estas bandas y el medio.

En la zona de Granada se detecta un bajo nivel de vida, pero, dados los adecuados medios de producción, podrían fácilmente satisfacer sus necesidades materiales.

PALEOLÍTICO SUPERIOR Y MESOLÍTICO

(32.000-8.200)

AURIÑACIENSE Y GRAVETENSE

Finalizado el período würmiense II-III, el hombre neandertal desaparece de forma brusca. Las sociedades de cazadores y recolectores llegan a su apogeo. Aparece el HOMO SAPIENS SAPIENS con todas las características que definen al hombre moderno. Esta época llega hasta el último período glaciar (8.200).

  • Se da un perfeccionamiento de técnicas de trabajo e instrumentos.
  • Un desarrollo sin precedentes en las formaciones sociales que pueden superar el ámbito familiar, afectando al complejo del hábitat.
  • Las ideas religiosas aparecen cada vez más complicadas, buscando modos de exteriorizarse como la representación artística.
  • Aparece la pintura parietal bien atestiguada en las provincias de Málaga y Cádiz.
  • No obstante la cultura neandertal perdura perdura hasta este período, como se muestra en el descubrimiento de Saint-Cesaire.
  • El Paleolítico se inicia en las regiones mediterráneas: Aurignac y Gravet.
  • La mayor parte de los útiles que se van a manifestar en este período son una evolución de los ya utilizados por el Achelense y Musteriense: raspadores, buriles, hojas retocadas truncaduras y perforadores, que mostrarán un mayor impulso en su fabricación y variedades.

Para Granada esta es una de las etapas más oscuras tanto en el Paleolítico superior como en el Epipaleolítico, aunque en las provincias de Almería y Málaga se dan testimonios de la presencia de este período cultural humano. La falta de elementos auriñacienses en nuestra provincia se explica por la perduración del proceso musteriense.

ESTACIONES

LA CARIGÜELA: (23.000-17.000 por análisis de la técnica de termoluminiscencia): Se considera un Musteriense evolucionado. Es la explicación de la ausencia de auriñaciense. La contradicción aparece cuando en la excavación de Spahni son hallados restos humanos de homo sapiens sapiens, considerados probablemente artífices del musteriense evolucionado. Pero la escasa definición del medio en que aparecieron estos restos, parece indicar que fue más una intrusión posterior del homo sapiens sapiens en el medio del neandertal, cosa que puede corroborarse por el análisis del instrumental poco evolucionado del material lítico de contexto.

CUEVA DE HORÁ: En contra de lo anterior, aquí se dan materiales auriñacienses.

Es típicamente auriñaciense, según lo define el ajuar.

Útiles de talla laminar: raspadores y hojas de piedra.

Paralelos se encuentran en Cueva del Higuerón y El Chorro (Málaga), y en la cueva de Ambrosio (Almería).

SOLUTRENSE

(19.000 a. de C. en Francia y España)

Nueva técnica: retoque plano por presión.

Innovación: Introducción del arco como instrumento importado. Se da de un Solutrense que muestra retoque plano auriñaciense, y retoque abrupto típico del gravetense.

ESTACIONES

Zona del Pantano del Cubillas:

  • Su hábitat es mixto, a cubierto y al aire libre: puntas con muescas lateral y retoque abrupto: Solutrense mediterráneo: raspadores en extremo de hojas, buriles, hojas retocadas y piezas truncadas.
  • Río de Dúrcal: Hábitat en cuevas a consecuencia del frío en el solutrense-gravetense granadino.

MAGDALENIENSE

En Granada no se detecta.

En Málaga hay varios emplazamientos: Rincón de la Victoria, Cueva de Nerja.

NEOLÍTICO

(9.000-7.000)

NEOLÍTICO ANTIGUO

El hombre pasa de predador a productor de alimentos iniciándose en la transformación y control de la naturaleza.

El Próximo Oriente es la cuna de esta evolución humana, siendo la Península Ibérica tan sólo un elemento de paso en la expansión de este cambio. Pero los centros europeos han mostrado un acúmulo de técnicas y adelantos neolíticos independientes de Oriente, con personalidad propia.

La neolitización de Occidente muestra una serie de avances e innovaciones que se manifiestan en los siguientes aspectos:

  • Domesticación de animales y prácticas agrícolas.
  • Tecnología: invención de la cerámica, útiles de piedra pulimentada, instrumentos agrícolas: molino de mano, hoces.
  • Estructura social: sedentarización: primera comunidades campesinas, con explosión demográfica.

Teorías poligenista y difusionista.

EN LA PENÍNSULA IBÉRICA LA NEOLITIZACIÓN ES IMPORTADA y sufre la influencia oriental, o se conocen los pasos previos autóctonos en la producción de alimentos, por lo que hay que recurrir a la influencia mediterránea.

Hoy se está en condiciones de afirmar que los primeros grupos neolíticos de la Península Ibérica pertenecen al llamado «horizonte de la cerámica cardial», extendiéndose por Cataluña y Levante a fines del VI milenio y comienzos del V, y mostrando unos materiales abiertamente diferentes al de las poblaciones autóctonas.

TESTIGO IMPORTANTE

CUEVA D’OR (Alicante, V milenio a. de C.): la escasa representación de animales salvajes muestra que la actividad cinegética ya no representa una base importante en la estructura económica: se consume eminentemente la oveja y la cabra que son animales domésticos.

Asociados a estos avances, las poblaciones neolíticas introducen en la Península importantes innovaciones:

  • Cerámica cardial: decorada con el cardium de la concha marina (cardium edule), mediante impresión. Otros, con motivos incisos y cordones decorativos.
  • Aquí se demuestran pruebas del conocimiento de las especies cultivadas en el Mediterráneo Oriental.
  • Innovaciones: vasijas de cerámica, hachas, azuelas de piedra pulida, molinos de mano, cucharas de hueso, peines dentados.
  • Adornos: de hueso, concha y piedra: colgantes, anillos, brazaletes, punzones y agujas de hueso.

NEOLÍTICO ANTIGUO EN GRANADA

LA CARIGÜELA (Pellicer): Sufre una nueva ocupación (V milenio a. de C). Manuel Pellicer ha excavado una secuencia cultural que va desde el Neolítico al Bronce (V-III milenio).

CARACTERÍSTICAS: Neolítico antiguo.

  • Cerámica cardial: vasijas con perfil globular, decoración con bandas horizontales, verticales, líneas oblicuas, en espigas, triángulos alineados, cordones superpuestos.
  • Utillaje lítico y óseo: hojitas y lascas de piedra, hacha de piedra pulimentada.
  • Componente humano: La cueva funciona como habitación.
  • Fauna salvaje: Se cazan siervos, toros, jabalíes, caballos, cabra hispánica, conejos y liebres.
  • Fauna doméstica: cabra, oveja y cerdo.

LAS MAJOLICAS (Alfacar): Cueva hundida y excavada por aficionados; ha dado restos de cerámica cardial.

CUEVA DEL MALALMUERZO (Moclín): Ha dado un fragmento de cerámica decorada con el natis de concha.

CONCLUSIÓN: LA CUEVA ES UNA INSTALACIÓN ESTACIONAL.

  • El origen inmediato de los primeros grupos neolíticos que llegan a Granada, procede del complejo cardial levantino, donde se dan las cerámicas cardiales decoradas con el natis de las conchas.
  • La expansión del cardial en esta provincia ha debido ser mayor del que nos revelan los materiales hallados hasta ahora, como indica la potencia de los yacimientos, como La Carigüela, la dispersión de los otros hallazgos relativamente alejados, y la gran expansión de la gran neolitización en los períodos posteriores.

NEOLÍTICO MEDIO (5.000 a. de C)

Pastores y campesinos. El pastoreo era la base de la estructura económica, complementada por una agricultura residual. Más del 60% de los restos de animales aparecidos en cuevas, pertenecen a pequeños rumiantes: ovejas, cabras; después van los bóvidos y cerdos. Tanto la Cueva de los Murciélagos de Zuheros como la Carigüela muestran unas proporciones similares en este tipo de fenómeno. Posteriormente, en los Castillejos de Montefrío, el porcentaje se incrementará hasta el 75%.

CULTURA DE LAS CUEVAS

CARACTERÍSTICAS

  • Desaparece la cerámica cardial casi por completo (estrato VIII de la Carigüela).
  • Aparecen: vasos bicónicos con decoración incisa e impresa, vaso globular con decoración de motivos solares (estrato XII, La Carigüela).

PARALELO IMPORTANTE:

  • CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS DE ZUHEROS (4.345-3.980 (Córdoba)):

ELEMENTOS:

  • Cerámica pintada con almagra, después de la cocción.
  • Vasos con asas-pitorros.
  • Brazaletes de mármol y caliza tallados y decorados con estrías paralela

Este fenómeno no es muy marcado en la Carigüela, que muestra una cerámica sin decoración cardial.

NEOLÍTICO MEDIO EN GRANADA

Nota preliminar: Salvo la Carigüela, los demás yacimientos que se han venido conociendo han sufrido los efectos negativos del furtivismo y aficionados, causando grave problema a la hora de establecer una estratigrafía científica.

Carigüela: tiene cerámicas cardiales, pero no el tipo de collar de brazaletes de piedra decorados y el tipo de asa-pitorro.

En este período la cueva se utiliza como lugar de habitación y de enterramiento. En la cueva del Agua (Alhama), Pellicer descubrió un enterramiento donde el cadáver estaba depositado en fosa. El cuerpo aparece en posición encogida, y en el caso el cadáver llevaba en el tobillo una de las típicas pulseras de caliza decoradas con estrías paralelas.

TIPOS: La cerámica muestra una mayor variedad en las formas y en la decoración, que en el Neolítico Antiguo.:

  • Cerámica: formas ovoides con cuello cilíndrico muy marcado; vasitos geminados comunicantes; vaso bruñido a la almagra, después de la cocción.
  • Industria lítica: cuchillos y hoces de piedra, elementos de sílex, raspadores y perforadores; piedra pulida: hachas, azuelas y escoplos.
  • Utillaje: punzones, agujas, espátulas, útiles dentados
  • Adornos: brazaletes de mármol y caliza; pulseras de pizarra; cuentas de collar de piedra, cuentas de hueso y conchas.
  • Economía: practican el pastoreo; cultivan trigo y cebada.
  • Forma de vida: el hombre es troglodita: vive en cueva, pero aparece el primer indicio de asentamiento al aire libre (La Molaina, Sierra Elvira).

Actividades agrícolas, tan sólo están atestadas por el yacimiento de la cueva de los Murciélagos de Zuheros, donde se han descubierto varios depósitos de cereales: escanda, trigo común y cebada desnuda.

Otros silos o depósitos han sido hallados en Cueva d’Or; otro, pero más tardío, ha sido hallado en la Cueva de Nerja: cebada desnuda y trigo común, huesos de aceitunas y bellotas. Los huesos proceden de un olivo salvaje, o en proceso de domesticación.

El sistema productivo de las poblaciones del Neolítico Medio, basado en el pastoreo y agricultura marginal, imponía un tipo de existencia seminómada, con poblaciones dispersas que se asentaban en el piedemonte de las serranías. Los asentamientos, consistentes en pequeñas áreas de ocupación en el interior de las cuevas y abrigos, hacen pensar en una pequeña escala de ocupación estacional. Se trata de trogloditas, aunque parecer ser que el hábitat al aire libre fue más corriente de lo que se supone. La escasa entidad de los materiales empleados puede ser la causa de que apenas quede constancia del hábitat. Esta hipótesis se confirma con el hallazgo del campamento estacional de la Molaina, al pie de Sierra Elvira.

El modelo de sociedad es el llamado «modo de producción doméstico», consistente en pequeños grupos que forman unidades domésticas de producción, aglutinados por estructuras de parentesco en pequeñas comunidades. Es un sistema social igualitario, sin fuertes diferencias entre sus miembros, cuya economía se caracteriza por una distribución y división por sexos, con producción orientada al consumo de la colectividad. Su tecnología es muy primitiva, de confección familiar. Las últimas etapas de la cultura neolítica media, en la segunda mitad del IV milenio y comienzos del III, son momentos de crisis y cambios, que se conocen mal por falta de documentación arqueológica que den estratigrafía firme y cronologías absolutas. La uniformidad cultural del Neolítico Medio se rompe en el Neolítico Tardío. Mientras la Cultura de las Cuevas inicia un período de recesión cultural, otras comunidades hacen frente a la crisis alterando sus patrones en elementos tan importantes como el hábitat. La crisis se resuelve al principios del III milenio con la entrada en la región de influencias, elementos humanos, procedentes de las primeras comunidades plenamente campesinas del Bajo Guadalquivir y Almería; algo más tarde sufre la influencia de los que entierran en tumbas megalíticas, creando un importante foco cultural en las regiones donde habitaban las poblaciones neolíticas de las cuevas.

ESTACIONES DEL NEOLÍTICO MEDIO EN GRANADA

PRIMER GRUPO:

SIERRA HARANA:

  • CUEVA DE LA CARIGÜELA (Píñar).
  • CUEVA DE LA VENTANA (Píñar)
  • CUEVA DE PRADO NEGRO
  • CUEVA DE LAS MAJOLICAS (Alfacar)

SEGUNDO GRUPO

COMPLEJO DE ALHAMA:

  • CUEVA DE LA MUJER
  • CUEVA DEL AGUA (enterramiento con pulsera de piedra decorada con estrías)
  • CUEVA DE LOS MOLINOS
  • CUEVA DE SIMA RICA
  • CUEVA DE SIMA DEL CONEJO
  • CUEVA DE SIMA DEL CARBURERO

TERCER GRUPO

COMPLEJO DE MOTRIL

  • CUEVA DEL CAPITÁN
  • CUEVA DE LAS CAMPANAS
  • CUEVA DE LOS INTENTOS

CUARTO GRUPO

  • CUEVA DEL MALALMUERZO (Moclín)
  • CUEVA DE LAS PEÑAS DE LOS GITANOS (Montefrío)

ESTA CUEVAS HA SIDO LUGAR DE HABITACIÓN Y DE ENTERRAMIENTO

NEOLÍTICO TARDÍO

(IV-III milenio a. de C.)

Como se ha dicho antes, los yacimientos experimentan un cambio en el tipo de producción cerámica; aparece la cerámica lisa, en contraposición a la decoración del del Neolítico Medio. Desaparece también el brazalete de caliza con estrías grabadas y aparece el ídolo de caliza, cruciforme, préstamo de la cultura del Almería.

En Granada tenemos la Cueva de los Murciélagos de Albuñol.

ELEMENTOS: en el conjunto destacan los materiales de:

  • Cestería: cestillos cilíndricos estrechos y hondos, cestos planos, bolsitas de acusada transparencia, tapas, esteras y sandalias. Las técnicas son las siguientes: cestería atada y cordada, cestería atada y formando sogas, romboidal atada, la cosida en espiral, la pseudotrenzada o en rabo de cerdo trenzada.
  • Granos de papáver somniferum, como alimento y sedante.
  • Vasos ovoides toscos, decorados con incisiones, impresión y punzón, cordones adosados decorativos.
  • Punzones de hueso.
  • Espátulas.
  • Hachas de piedra pulimentada.
  • Cuchara de mango plano, con agujero para colgarla.
  • Cajita de forma oval.
  • Maza.

Objetos de adorno:

  • Diadema de oro, cinta sencilla de mayor a menor.
  • Brazaletes de mármol y de pectúnculo.
  • Colmillos de jabalí, decorados con incisiones.
  • Conchas decoradas.
  • Collar de cuentas de calaíta.
  • Fragmento de peine.
  • Trigo común.
  • Piñones y brácteas de piña.

En esta cueva hay dos fases culturales. La mayor parte de los objetos se encuentran en una primera etapa fechada en el Neolítico Tardío, y una segunda, fijada en el cobre, en la que la cueva se utilizaría para depositar un enterramiento colectivo, al que pertenecería la diadema de oro.

En otros lugares se han detectado otros elementos que forman parte del ritual del Neolítico Tardío.

  • Restos humanos: cráneos y huesos largos con incisiones y marcas realizadas para cortar músculos y ligamentos en un momento posterior a la muerte. Esto puede conectarse con prácticas de descarnación o de antropofagia ritual: a) Las Majolicas (Alfacar) b) Cueva de las Tontas (Montefrío) c) Cueva de la Carigüela: bóveda craneana hallada fortuitamente, descrita como «cráneo-copa», sin contexto estratigráfico.

Frente al seminomadismo de estas estructuras económicas de las anteriores comunidades, se inicia el sedentarismo donde el medio lo permite, al aire libre, con mayor incidencia en la agricultura. Nacen así los primeros hábitats sedentarios al aire libre. Cambian las formas de asentamiento y el tipo económico, aunque mantienen los elementos decorativos de la cultura de las cuevas: cerámicas, pulseras de pectúnculo, brazaletes de mármol, industria de sílex con pequeñas hojas y elementos geométricos etc. Este fenómeno ha quedado demostrado en la Peña de los Gitanos de Montefrío, donde uno de los grupos troglodíticos que habitaba en las numerosas covachas, grietas y abrigos, terminó por emplazar su hábitat junto a los tajos de las terrazas de Los Castillejos, adosando a las paredes rocosas débiles estructuras de materia orgánica, que quedaban al resguardo de los vientos dominante en una bien orientada solana. Este sedentarismo se inicia hacia el 3.200 y perdura hasta el Bronce.

LOS METALES

(III-II melenios)

Se desarrolla en la zona del valle del Almanzora, y también del Bajo Guadalquivir, y penetrando hacia la depresión de Baza-Huéscar.

Frente a la cultura de las cuevas, que entierran a sus muertos en la misma área, los recién llegados lo harán en grandes monumentos megalíticos, concentrándolos en grandes necrópolis a extramuros de sus poblados.

CULTURA DE LAS CUEVAS:

EN GRANADA: Ocupan la parte más occidental del territorio. Superponen y aculturizan a las antiguas Culturas de las cuevas en:

  • CASTILLO DE MONTEFRÍO: Se produce una superposición de los metales sobre el Neolítico Tardío. Se ven influencias del Bajo Guadalquivir en cerámicas y movimientos de fauna.

APARECEN:

CERÁMICA:

  • Grandes fuentes carenadas.
  • Ollitas globulares con mamelones perforados, en la panza.
  • Cucharas con pico de vertedero (lámparas).

HÁBITAT:

Aumenta el área y se convierte en pequeña aldea autosuficiente, en la que se potencian los recursos agrícolas frente a la economía pastoril neolítica.

RITUAL FUNERARIO

  • Se mantiene la inhumación en fosa, que rompen los estratos de habitación.
  • Se simultanea con el megalitismo del Cobre en los alrededores, apareciendo de forma paralela. Podían considerarse como pertenecientes al Cobre Antiguo.

En Montefrío el desarrollo del Megalitismo va ligado a otras importantes novedades, como la introducción de formas cerámicas fuertemente emparentados con los tipos del Bajo Gualdalquivir, cambios en las industrias líticas y óseas, dando pie a nuevas actividades, y la plena implantación del sistema de producción agrícola, comprobado por la progresiva disminución de ovejas y cabras, y el incremento de cerdos y bóvidos, éstos utilizados en las labores del campo. Los cambios enunciados no son bruscos y a lo largo de las tres fases del poblado, desde el Neolítico Tardío hasta el Cobre, continúan las formas cerámicas y otros elementos, lo que demuestra que la población se mantuvo incólume sin grandes aportaciones étnicas.

ELEMENTOS CULTURALES EN LA PROVINCIA DE GRANADA

Los elementos culturales que definen el Magalitismo en la provincia de Granada son los siguientes:

  • Se montan aldeas estables (Montefrío), con mayor área de densidad de población.
  • Se produce un desarrollo de base agrícola en la estructura económica.
  • Se inicia u progresivo desarrollo del comercio y uso de las vías de comunicación con el Bajo Guadalquivir.
  • Aparece la metalurgia del Cobre.
  • El ritual funerario se incrementa: aparece el SEPULCRO MEGALÍTICO DE CORREDOR.

En España se desarrolla un megalitismo que se extenderá por Europa, comenzando en el Neolítico Tardío y Cobre.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DÓLMENES DE LA PROVINCIA DE GRANADA

TEORÍA SOBRE EL ORIGEN DE LOS DÓLMENES

1.- Primera tesis: Evolución de las formas más sencillas hasta las más complejas: Bosch Gimpera (hablando del 3000 a. de C.) mantiene que los primeros sepulcros desprovistos de corredor, aparecen en el Noroeste peninsular, desarrollándose después los típicos sepulcros, desprovistos de corredor cuya evolución culminaría en las sepulturas de cámara circular cubiertas con falsa cúpula, abundantes en Almería y la costa portuguesa.

2.- Luis Siret y H. Obermaier se inspiraron en Oriente y especialmente en Micenas para buscar una explicación a los «tholoi» de la región costera de la Península. E. Smith («difusionismo») llega a relacionar con Egipto toda manifestación megalítica que aparezca en el mundo.

3.- Daryl Forde u Gordon Childe («difusionistas moderados») afirmaban que los «tholoi» y las sepulturas en cuevas artificiales habían sido construidos por grupos llegados desde el Egeo a las costas meridionales de la Península al iniciarse la Edad del cobre. Pero al comprobarse la relativa modernidad de Micenas (1.500 a. de C.), Gordon Childe sugirió, como origen de los «tholoi» hispanos, las tumbas circulares de la Edad del Bronce de Creta (fechadas en 2.500 a. de C). En su expansión por toda Europa se utilizó la Península como plataforma de comunicación. Las viviendas circulares y las fortificaciones o torres semicirculares se explican por esta influencia. Se justifican de este modo tanto la influencia en el urbanismo (construcciones circulares y torres defensivas) como la entrada de los metales por la influencia oriental.

4.- Explicación mixta: Según el matrimonio Leisner, el megalitismo en el tipo de tumba megalítica simple de corredor, es anterior a «tholoi» de falsa cúpula en los que se inicia la Edad de Cobre. Así se define en megalitismo peninsular como propio, y las tumbas tipo «tholoi» como de influencia oriental, como se ve en los Millares y en Vila Nova de Sao Paulo. entre los defensores de estas colonias e importaciones orientales se encuentran Sangmeister, Blance, Schubart, Schüle, y Kalb.

5.- El C-14 ha demostrado el origen autóctono de las tumbas megalíticas.

Conclusiones:

Sin entrar en discusión sobre el origen del fenómeno megalítico, se puede decir que:

  • La antigüedad del fenómeno magalítico, cuyo origen se remonta a más de un milenio a la construcción de las primeras sepulturas megalíticas del Mediterráneo oriental
  • El carácter puramente neolítico de las primera manifestaciones megalíticas del territorio portugués, producidas por los herederos de los «concheros» mesolíticos.
  • La difusión del megalitismo en la Península desde Occidente hacia las regiones mediterráneas, en contra de la teoría «orientalista».
  • Separación en España, de dos tradiciones: una neolítica o occidental (representada por sepulcros de corredor), que llegaría hasta las altas tierras granadinas, y otra a comienzos de la edad del Cobre, y representada por los grandes «tholoi», que quizá surgieron a partir de los sepulcros circulares sin corredor de la cultura de Almería, siguiendo unos prototipos y tradiciones locales que nada deben a las supuestas influencias del Mediterráneo oriental.

Dado que estos monumentos con los que se relacionan son más modernos, no se puede establecer una relación de origen con ellos.

En el Alentejo portugués hay precedentes históricos que corroboran la existencia de tumbas de corredor, con falsa cúpula, pertenecientes a la edad del Cobre.

PRECEDENTE:

  • Vila Nova de Sao Pedro: Se plantea la cuestión sobre si son influenciados por la cultura oriental.
  • Los más antiguos monumentos del siglo son del IV milenio a. de C.
  • Los más recientes son del 3000 a. de C.

Se piensa modernamente que el megalitismo se inicia en Bretaña y Normandía, y se extiende a toda la cornisa atlántica.

Por ello se deduce que:

  • El megalitismo es un milenio anterior a las primeras sepulturas megalíticas del Mediterráneo Oriental.
  • Las primera que aparecen son del Neolítico.
  • Se difunden después por la cuenca mediterránea.

EN ESPAÑA:

  • Se tiene una tradición neolítica occidental: con sepulturas de corredor en las altas tierras granadinas.
  • Se mantiene la tradición del Cobre, con influencia de la cultura de Almería independiente y propia, sin conexión con Oriente.

ESTACIONES: Montefrío, Necrópolis de:

  • PEÑA DE LOS GITANOS
  • EL CASTILLÓN
  • LA CAMARILLA
  • EL RODEO.

Con más de un centenar de sepulcros megalíticos. Son de pequeñas y medianas proporciones, no superando los 8 me de longitud, con un patrón muy homogéneo.

ESTRUCTURA DEL SEPULCRO MEGALÍTICO:

  • Cámara trapezoidal, con corredor corto también trapezoidal.
  • Pareces de losas ortostáticas alternantes con mampostería desnuda.
  • Accesos mediante puertas abiertas en los ortostatos.
  • Decoración con salientes tallados (cuernos) y una figura esquemática de ciervo, cuatro arcos concéntricos y varias estrías verticales paralelas.
  • Suelen tener túmulo de tierra.
  • El enterramiento aparece individual o doble.

AJUAR: Necrópolis de LA CAMARILLA: Aparece ya saqueada ya desde época romana (hallazgos de lucernas romanas en su interior, lo que acusa ya la expoliación en esa época).

  • Vasos de cerámica (escasos y, a veces, con decoración campaniforme).
  • Hojas y elementos de hoz, de sílex.
  • Puntas de flecha de sílex.
  • Hacas y cinceles de piedra pulida.
  • Puñales de lengüeta.
  • Punzones y puntas de flechas de cobre.
  • Brazalete de pectúnculo.
  • Botones de hueso y marfil con perforación en V.
  • Punzones y puntas de flecha de cobre.
  • A esto se añade elementos del Bronce, como puñales de remache y espirales de cobre.

PARALELOS: Montes Orientales: escasos en tumbas y poco investigadas.

  • SIERRA MARTILLA (Loja).
  • LAS PEDRIZAS (Íllora).
  • LA COLÁ (Tózar).
  • NECRÓPOLIS DEL CORTIJO DE CAMARGO (Montejícar).
  • EL CHILLERÓN (Píñar).
  • CORTIJO DE EL HACHO (Alamedilla).
  • CERRILLO DE LAS CABEZUELAS (Huétor-Santillán).
  • LABORCILLAS (Excavada por Siret, y publicada por Leisner).
  • PEDRO MARTÍNEZ (Excavado y publicado por Siret y Leisner).
  • LOS ERIALES (de plena Edad del Bronce, con importaciones argáricas).

Segudo conjunto conservado:

  • NECRÓPOLIS DE HUÉLAGO (Excavada por Siret).
  • NECRÓPOLIS DE FONELAS (Reexcavada recientemente por Ferrer).
  • NECRÓPOLIS DE CRUZ DEL TÍO COGOLLERO: En esta necrópolis destaca un hallazgo de una estela de pizarra decorada con un motivo antropomorfo enmarcado en líneas grabadas en zig-zag.

En las vaga de Granada tenemos los siguientes monumentos:

  • MONUMENTO MEGALÍTICO DE EL TORIL (Dílar).
  • PANTANO DE LOS BERMEJALES: Aparece un sepulcro de galería, de 9 m de largo, con atrio, corredor y cámara, separados por puertas de dos hojas con perforación rectangular. Estaba rodeado por un círculo de piedras alineadas que marcaban el límite del antiguo túmulo. Estas necrópolis se dispersa a lo largo de 5 km a lo largo del río Cacín. Gran número pertenece al grupo de galería, sin cámara diferenciada, salvo en la puerta de entrada. Otros sepulcros tiene cámara trapezoidal, siguiendo el modelo de la cultura megalítica de Granada. Entre ellos destaca el
    • SEPULCRO DE LA NAVILLA I, con 7 m. de longitud, con 80 cadáveres inhumados, y sus ajuares, que marcan el uso del monumento desde el final del Cobre a todo el Bronce Antiguo.
    • LOS VÍNCULOS (dos sepulcros): Están asociados en el interior de un túmulo de 25 m de diámetro, de 3 m. de altura. El mayor tiene planta trapezoidal, fechado en la Edad del Cobre, tenía 23 cadáveres. El más pequeño estaba al cierre del túmulo, con planta asimétrica, cámara cuadrangular y pequeño corredor lateral. Este ejemplo contrasta con los patrones regulares de la arquitectura megalítica granadina.

ZONA DE GUADIX-BAZA:Expansión hacia el Este: se extiende por el río de Gor.

Los primeros monumentos se localizan en Villanueva de las Torres (grupo de Alicún), junto a la confluencia de los ríos Gor y Fardes, extendiéndose después por los términos municipales de Gorafe y Guadix (grupo de la Sabinilla, Las Majadillas, llanos de la Cuenca de Guadix, Llanos de los Olivares, Hoya de Conquil, y Llano del Cerrillo de las Liebres, continuando hasta las proximidades de Gor (Loma de Gabiarra, Llano de Carrascosa, La Torrecilla y El Puntal de la Rambla del río de Baúl).

  • Río Gor: Cámara trapezoidal o rectangular, en menos casos poligonal o cuadrada, corredor trapezoidal muy corto: en raros casos superan los 5 m. Son construcciones de pequeñas dimensiones, formadas por losas de caliza o conglomerado, aunque en algunos casos se utiliza el corte natural de la pendiente para utilizarlo como pared lateral de la cámara.

Necrópolis de Gabiarra (M. Botella y Martínez): Siret habla de «tholoi» de falsa cúpula, construidos con mampostería, cuyo sistema contrasta con los sepulcros ortostáticos descritos. Debe ser un intrusismo procedente de la Cultura de los Millares que entran en contacto con el complejo megalítico de Gor. La cuenca del río Gor es muy abundante. Presenta el rito de inhumación colectiva, siendo el máximo de individuos enterrados 22.

Siret contabilizó 760 cadáveres en 103 sepulturas, por lo que el promedio de enterramientos colectivos es bastante alto.

AJUARES: propios de la Cultura de las cuevas:

  • Cerámicas impresas.
  • Vasos de yeso.
  • Ídolos cruciformes
  • Trapecios de sílex.
  • Placas grabadas.

AJUARES DEL COBRE ANTIGUO (dentro de esta misma necrópolis)

  • Cerámica simbólica.
  • Ídolos oculados.

AJUARES DEL BRONCE ANTIGUO Y PLENO

  • Copas argáricas.
  • Vasos carenados.
  • Puñales de remache.
  • Espirales de cobre.

Las dos grandes áreas que muestran de forma más densa estos elementos funerarios son:

  • CERCANÍAS DEL PANTANO DE LOS BERMEJALES, que enlaza con la cuenca del Guadalquivir,y
  • ZONA DE LOS MONTES, con monumentos más corrientes: cámara trapezoidal y corredor corto.

Los enterramiento de la alta Andalucía, en época megalítica, se hacen también en cuevas naturales y artificiales, allí donde no era posible la obtención de grandes losas para si construcción.

ESTRUCTURA ECONÓMICA Y SOCIAL:

Se practica la ganadería,la trashumancia estacional, aumenta el ganado ovino y caprino. Estos fenómenos se observan en los Castellones de Laborcillas y en Montefrío.

Se incrementa la agricultura y se produce una desviación de esta labor hacia la ganadería. No se puede afirmar una diferencia de jerarquía en la composición de la sociedad megalítica. La homogeneidad de los monumentos megalíticos y sus ajuares, demuestra que se trata de una sociedad igualitaria. Tasa de natalidad alta contrarrestada por el alto índice de mortalidad, con especial incidencia sobre la población infantil y juvenil.

LOS MILLARES

(COBRE: 2500 a. de C.)

Es una cultura vinculada a la de los Millares de Almería. Está formada por pequeños grupos de prospectores metalúrgicos que desde el foco de la zona almeriense y murciana irrumpe en la Alta Andalucía. El C-14 establece la fecha de 2.500 a. de C. Ocupan las altiplanicies de Huéscar y Baza y la Hoya de Guadix, entran en contacto con la cultura megalítica de Granada, que frena su expansión hacia el Oeste. Introducen dos grandes innovaciones: EL CONOCIMIENTO DE LA METALURGIA Y LOS POBLADOS FUERTEMENTE FORTIFICADOS, cuyo modelo queda representado por la ciudad almeriense de los Millares (Santa Fé, Almería).

El clima y el biotipo de estas fechas es muy similar al actual, aunque más húmedo y repoblado, según se desprende del estudio de los materiales hallados en la excavación: polen, que acusa una flora dotada de bosques hoy inexistentes en la realidad. La fauna se detecta en la variedad de las muestras óseas aparecidas en el Cerro de la Virgen de Orce, y en los Castillejos de Montefrío: huesos de ciervos, jabalíes e incluso osos y uros.

EMPLAZAMIENTOS

  • BAZA.
  • HUÉSCAR.
  • GUADIX.

Se introducen dos innovaciones:

  • LA METALURGIA
  • POBLADOS FUERTEMENTE FORTIFICADOS

El clima por estas fechas es más suave: se detectan castores y nutrias en Purullena (Cuesta del Negro).

EL MALAGÓN (Cúllar-Baza) Poblado compuesto por varias cabañas de planta circular.

En un conjunto de cabañas de planta circular y pequeño diámetro que no supera los 4 m.

Presenta:

  • Paredes con altos zócalos de piedra trabada con barro, de 1.20 m de altura sobre los que se levantan muros de tapial.
  • La techumbre posiblemente cónica, hecha con un tramado de ramajes, e impermeabilizada con barro.
  • En el interior de las casas existen bancos corridos, adosados a las paredes, y grandes hogares, delimitados por un anillo de barro cocido.
  • Las casas tienen una habitación donde se hacía todo.
  • Todo parece indicar que la sociedad tenía como argumento base la familia nuclear.

El poblado estaba protegido con una potente línea de fortificación. La defensa se completa con un pequeño fortín de planta casi circular, emplazado sobre la cima del cerro bajo el que se asienta la ciudad. Este pequeño fortín tenía como misión el control de paso y vigilancia de los movimientos en los caminos, ya que constituye un cruce importante donde se ponen en contacto las rutas que unen el Sudoeste con el Alto Guadalquivir.

Los materiales arqueológicos son similares a los de los Millares:

  • La cerámica no es muy notable, algunos muy cuidados, pequeños, a veces decorados, con motivos simbólicos incisos.
  • Pequeños cuencos, fuentes y platos de bordes biselados, vasos cilíndricos y troncocónicos, que, a veces, presentan en la base impronta de cestería.
  • Vasijas de mayores dimensiones, tienen perfiles ovoides, fabricadas con moldes, cuyo borde queda marcado en la superficie exterior del vaso por un fuerte baquetón.
  • Industria lítica y ósea: hojas dentadas, elementos de hoz, puntas de flecha de sílex con pedúnculo y aletas, otras de base cóncava, hachas de piedra pulimentada, punzones de hueso.
  • Ha aparecido una figura antropomorfa de marfil de 17 cm de altura.
  • Queseras troncocónicas o en forma de carrete.
  • Cucharas o «cuernecillos» de arcilla, con los extremos perforados, que posiblemente se utilizaran en la industrial textil.

No cabe duda de que la técnica de la metalurgia de los Millares se introdujo en este espacio en la provincia de Granada. en el Malagón se han encontrado restos de materia prima que se elaboraba para la obtención del metal. Se elaboraba al aire libre, en pequeños hornos circulares. La fundición del mineral se efectuaba junto a la mina, próximo a las chozas donde se albergaban los mineros. El horno de fundición consistía en un simple hoyo en tierra, de poca profundidad y corto diámetro, rodeado de piedras hincadas. Allí se mezclaba el mineral, el fundente y la leña, y se introducían las toberas de los fuelles asociados desde el exterior.

Los instrumentos que se fabricaron en estos momentos tienen un carácter estrictamente familiar y doméstico. Sólo en contados casos se utilizaron como armas. Los instrumentos conocidos fabricados en cobre son: cuchillos, sierras, punzones y leznas. Piezas decorativas hechas en cobre, no se conocen hasta la posterior Edad del Bronce. Este nuevo elemento cultural no llega a sustituir al hueso y la piedra que precisamente en este momento alcanzan su mayor expansión.

CERRO DE LA VIRGEN (Final del Cobre Antiguo, Orce).

Es un emplazamiento mayor que el MALAGÓN (Excavado por Schüle).

Aparecen numerosas viviendas de planta circular, de adobe, con cubierta de cúpula. Se parecen a la de EL Malagón, pero las de Orce son mayores.

ECONOMIA

  • Es de tipo mixto: ganadería y agricultura, y una aportación cinegética de mediana entidad.
  • El ganado vacuno va desplazando a ovino y caprino.
  • El ganado vacuno gana interés por su utilidad en la tracción.
  • El ganado ovino interesa por su lana y carne.
  • Aparece por primer vez el CABALLO DOMÉSTICO.
  • Aparece el perro como elemento guardián.
  • Aparece el conejo doméstico.

LA CAZA: Es muy importante: ciervos, cabras hispánicas, jabalíes, gato, lince, conejo, asno.

AGRICULTURA: Se tienen datos sobre la existencia de una acequia de riego. Los emplazamientos suelen estar juntos a río y arroyos, por lo que lo anterior no se puede generalizar. Parece más viable una agricultura extensiva de secano con barbechos anuales, y con pequeños huertos de hortalizas y leguminosas regados por acequias, como la descubierta en Orce.

RITUAL FUNERARIO

En LAS ANGOSTURAS (Gor), se usan tholos con cúpula. Aparecen enterramientos colectivos e individuales lo mismo en tholos que en cuevas. Aparecen ídolos en interior de las viviendas; demuestra el carácter beneficioso considerado por este por éste sobre los otros seres vivos, siendo probablemente considerados como objetos de culto doméstico.

SOCIEDAD:

La sociedad de la Cultura de los Millares sigue manteniendo un esquema igualitario, aunque con cierta evolución:

  • Aunque las poblaciones neolíticas y megalíticas poseen ajuares funerarios sencillos compuestos por elementos sencillos de carácter utilitario: cerámicas, hachas de piedra, hojas de sílex etc., y algunos objetos rituales como ídolos.
  • En los Millares se introducen elementos fabricados con materias primas exóticas y costosas: marfil, cuentas de cáscaras de huevo de avestruz y metal.
  • Chapman concluye que se da una diferenciación en los ajuares de las tumbas de Almería, por lo que se deduce que ya se está dando una jerarquización en la sociedad, cosa que culminaría en la Cultura del Argar.

La aparición de estos materiales exóticos hacen pensar en un comercio entre las culturas peninsulares de los Millares y Vila Nova de Sao Pedro con el Corte de África, donde a la vez hace aparición la cerámica ibérica decorada con técnica campaniforme, y objetos metálicos.

EL VASO CAMPANIFORME

El período de máxima expansión de las culturas calcolíticas se inicia con la aparición del VASO CAMPANIFORME.

  • En Granada coincide con la fase del Cobre Pleno.
  • Teorías sobre su aparición: «Igualdad paneuropea», teoría del «reflujo» de Sangmeister, cuenca del Ródano, en Vila Nova de Sao Pedro se da el estilo «marítimo».
  • El vaso campaniforme se inició en la Península Ibérica.
  • A Granada llegan (según el C-14) las primeras piezas en poco antes del 2.000 a. de C., según las piezas de:
  • LOS CASTILLEJOS de Montefrío.
  • CERRO DE LA VIRGEN, de Orce.

Se tienen pequeños ejemplares de estilo «marítimo», con la duda de superficie cubierta por bandas impresas con líneas oblicuas, y cuencos con motivos impresos en el borde.

Después del 1.900 a. de C. aparecen vasos estilo «Ciempozuelos», con barrocas decoraciones incisas. Al principio coexistieron con el estilo «marítimo», pero no fueron fabricados por las poblaciones indígenas granadinas, aunque el elevado número de ejemplares del Cerro de la Virgen hacen pensar que fueron asimilados y fabricados.

Los vasos «ciempozuelos» son imitados, y enlazan con la inminente CULTURA DEL ARGAR.

  • El campaniforme marítimo puede considerarse como un elemento producido por élites de clase social emergente que los comerciaban a larga distancia.
  • El campaniforme Ciempozuelos puede considerarse como un elemento de carácter étnico, que identifica a las comunidades pastoriles de la Meseta, justificando su difusión con actividades relacionadas con la trashumancia entre el centro y la periferia de la Península. Torrecardelas es un vivo ejemplar de la abundancia y asimilación de esta técnica por parte de la población autóctona granadina.

PRIMERAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS DE GRANADA

PINTURA

  • NEOLÍTICO MEDIO (IV milenio).
  • COBRE.

Aparece en abrigos y cuevas. Se trata de paneles que muestran figuras aisladas y, a veces, escenas colectivas. Se inscriben en el arte esquemático andaluz

ESTACIONES

  • SIERRA HARANA: Musteriense (Hugo Obermeier).
  • LLANO DE LA VENTA DE LA NAVA: Pinturas esquemáticas.
  • CUEVA DE HORÁ: Pinturas esquemáticas.
  • CUEVA DEL AGUA DE PRADO NEGRO: Figuras antropomorfas.
  • CARIGÜELA: Símbolos solares.
  • CUEVA DEL MALALMUERZO: Símbolos solares.
  • CUEVA DE LA MUJER: Símbolos solares.

Es una pintura esquemática monocroma.

  • LAS MAJOLICAS: Figura antropomorfa.

Hay que tener en cuenta las representaciones que aparecen en la esquematización de animales y elementos simbólicos de las necrópolis de la Edad del Cobre y los paneles esquemáticos de los monumentos megalíticos: la Camarilla (Peña de los Gitanos), La Cueva del Tío Cogollero de Fonelas. Este período finaliza aproximadamente a la llegada del Bronce Pleno, por fenómenos relacionados, debido a la sobriedad y el espíritu»iconoclasta» de la cultura del Argar.

Los conjunto esquemáticos hasta ahora estudiados son los de los alrededores de MOCLÍN: pequeños abrigos como los de:

  • CUEVAS DE LIMONES.
  • CUEVAS BERMEJAS.
  • PEDRIZA DEL PEÑASCAL.
  • CUEVA DEL CORTIJO DE HIEDRA ALTA.
  • CUEVA DEL HORNILLO DE LA SOLANA.
  • CUEVA DE LAS VEREAS.
  • CUEVA DE LA ARAÑA.

Ofrecen algunas figuras antropomorfas aisladas de tipo ancoriforme y «fi griega».

  • ABRIGO DE LA CAÑADA DE CORCUELA: Aparece más de una veintena de figuras formando una de las pocas escenas de conjunto que se conocen en este círculo. Se interpreta como una escena de caza donde donde se ven figuras ancoriformes, cruciformes, en doble Y, etc.

SIERRA HARANA:

  • PORTILLO DEL TORIL (Iznalloz).
  • ABRIGO DE JULIO JIMÉNEZ (Iznalloz).
  • TAJO DEL ÁGUILA (Bogarre).
  • CUEVAS DE PANORÍA (Darro).
  • CUEVA DE LA VEREA DE LA CRUZ (Diezma).
  • ABRIGO DE SILLAR BAJA (Diezma).

En ellas aparecen figuras antropomorfas similares a las anteriores junto con algunos otros elementos como son los signos pectiniformes, puntos y barras pintadas etc.

Dudosas son las pinturas del Llano de Carchuna. En Huéscar, La piedra del Letrero de los Mártires muestran símbolos solares, algunos pectiniformes y esquematizaciones humanas.

LA CULTURA DEL ARGAR

(1.900-1.800 a. de C.)

Tiene su origen en el Bajo Almanzora, en su parte costera. Se inicia en la Edad del Bronce con la aparición de la Cultura del Argar.

Otros emplazamientos similares se han localizado en Granada, Jaén, Murcia y Alicante. En otras provincias florecen otras culturas de la Edad del Bronce más o menos influenciadas por el Argar.

CARACTTERÍSTICAS:

  • Cerámicas lisas muy bruñidas, con perfiles de estilo «metálico», a menudo carenados.
  • Formas cerradas frente a las vasijas abiertas -platos y fuentes- de la Edad del Cobre

CAMBIOS:

  • Frente a sepulturas individuales dentro de la vivienda, enterramiento colectivo situado en necrópolis fuera del poblado.

ECONOMÍA:

  • Nace mayor especialización de la estructura económica.
  • Desarrollo de una sociedad estratificada.
  • Esto anterior desarrollará el «militarismo», a consecuencia de ello el

URBANISMO:

  • Se ocupan laderas y cimas frente a los llanos amesetados de la Edad del Cobre (cabañas aisladas y dispersas irregularmente sobre el terreno).
  • Se levanta sobre planta rectangular, con varias habitaciones alineadas a lo largo de estrechas terrazas que se escalonan por las pendientes de los cerros, o que forman núcleos más compactos con calles estrechas y tortuosas en las partes superiores de los mismos.

ESTRUCTURA SOCIAL:

  • Se pasa de una estructura social igualitaria a otra estratificada y compleja.
  • La creciente importancia de la metalurgia, con especialización, motiva este cambio social.
  • Se incrementa el militarismo debido a la progresiva importancia de las fortificaciones y al armamento.
  • El desarrollo de la división de clases sociales se encuentra reflejado en los ajuares funerarios, con un constante aumento de la diferencia de riqueza.

ESTACIONES DEL BRONCE ARGÁRICO

CARACTERÍSTICAS:

  • La población es megalítica (llegando hasta el 1.500 a. de C.)sin casi asimilación de las innovaciones argáricas, manteniéndose reacia al cambio. Aceptarán de forma gradual la transformación de sus rituales funerarios, sin llegar a aceptar totalmente los sistemas de producción económica.
  • Hasta estas fechas no se abandonan los grandes monumentos megalíticos, sustituyéndolos por inhumaciones en el interior de los poblados, siguiendo el ritual argárico.
  • Los cambios en urbanismo y en los tipos de cerámica son más lentos aún.

GRUPO GRANADINO DE LA CULTURA DEL ARGAR.

En la zona norte de la provincia de Granada se asimila más rápidamente la cultura argárica, como se demuestra en el Cerro de la Virgen de Orce, altiplanicies de Huéscar y Baza, Depresión de Guadix y vega de Granada. Este ámbito forma un grupo arqueológico denominado «Grupo granadino de la cultura del Argar».

EMPLAZAMIENTOS: Los más notables son:

  • POBLADO DE LA CUESTA DEL NEGRO (1.800 a. de C., Purullena)
  • CERRO DE LA ENCINA (Monachil).

CUESTA DEL NEGRO:

  • Según el C-14, se trata de un emplazamiento que se inicia en el Argar. No tiene contexto arqueológico precedente. Este emplazamiento se mantuvo entre 4 ó 4 siglos.
  • Ocupa un terreno apto para el cultivo, práctica de la agricultura y la ganadería.
  • Está montada en un lugar estratégicamente defendido por su naturaleza.
  • Está situado en el cruce de caminos con Almería y Alto Guadalquivir.

URBANISMO:

  • Es un recinto fortificado de planta rectangular situado en la zona central del yacimiento, formado por gruesos lienzos de muralla, con agujeros en caras para postes de pino.
  • En lomas y laderas contiguas se emplaza el poblado, formado por cabañas de muros delgados, cubiertos con madera y barro.
  • Las defensas se completan con un pequeño fortín, aproximadamente circular, aislado del hábitat, y situado en la parte superior de la cuesta, donde protege el camino de entrada que desciende de los llanos superiores.

RITUAL FUNERARIO

  • Las tumbas están dentro de la casa-habitación. En pocos casos el cadáver aparece en vasijas. Lo normal es la fosa en pozo vertical o inclinado, que accede a una cámara lateral, en forma de cueva, donde se deposita el cadáver con su ajuar funerario.
  • Ritual: Inhumación, con ajuar sencillo. El enterramiento puede ser simple, doble o triple (un sólo caso). El enterramiento doble se efectúa cuando son individuos masculino y femenino. El cadáver aparece en posición fetal.
  • El ajuar puede contener: vasijas con comida: cabra, oveja, cerdo; armas, punzones, alfileres de cobre; objetos de oro, piedra, cobre y plata. El oro es raro.
  • Hay diferencia en los ajuares según el sexo: los cadáveres masculinos aparecen con hojas de puñal y alfileres para sujeción de la vestimenta, con dos vasos carenados de diferente tamaño, con la particularidad de que, cuando se trata de un individuo importante, aparece una copa argárica de peana y una olla de boca cerrada. en los enterramientos femeninos son corrientes punzones de cobre y hueso, un vaso carenado junto con un cuenco, a los que se une en los ajuares más ricos una copa o una olla.

ESTRUCTURA SOCIAL: Si se analizan los ajuares funerarios, se pueden distinguir cuatro niveles sociales, diferenciables por la calidad de los objetos encontrados. Junto con el ajuar aparece, en algunas tumbas restos de animales que fueron colocados como parte del rito funerario. Es interesante observar en la estadística de cadáveres que un gran número de las tumbas corresponden a niños; con lo que se estima una alta mortalidad infantil. Así, el 33% mueren entre los 20 y 30 años; de 40 años, sólo seis casos; uno solo de 60 años.

ECONOMÍA:

  • Se practica una agricultura de secano y alguna de regadío en las cercanías del Fardes.
  • Hay pastoreo de rebaños de cabras y óvidos.
  • Se utilizan los bóvidos como animales de tracción, que se sacrifican cuando son adultos o viejos.
  • La caza es muy usual.
  • Actividad metalúrgica: se han encontrado moldes de fundición de cobre. Actividad textil: aparecen telares, restos de tejidos, útiles de hueso etc.

CONCLUSIÓN: Cuesta del Negro tuvo una comunidad argárica autosuficiente en todo menos en el abastecimiento de cobre y plata. Permanece activo en los años 1.800- 1.400 a. de C. aproximadamente.

  • Su población estaba estratificada como consecuencia del avance en el uso de los metales, como se aprecia en los ajuares funerarios.

CERRO DE LA ENCINA (Monachil)

(1.800-1,200 a. de C.)

A la vista de los recursos naturales que se encuentran en el entorno de las comunidades que se asientan en las cercanías de las riberas de los ríos que irrigan la Vega de Granada, hay que pensar que unas zonas practicaría la actividad agrícola, mientras que otras, las situadas al piedemonte de sierra Nevada, practicarían más la industria como la minería y la metalurgia. De esta forma ninguna de estas comunidades serían autosuficientes, por lo que se establecería un intercambio de sus productos, estableciéndose un comercio entre unas zonas y otras.

Este es el caso del poblado del Cerro de la Encina, que controla los pastizales de la sierra y los filones de mineral que posee.

Ámbito de la zona argárica:

  • CERRO DE LOS INFANTES (Pinos Puente).
  • ZUJAIRA.
  • CASTILLEJO DE SIERRA ELVIRA.
  • CERRO DE LA CRUZ (Cüéjar Sierra).
  • HUÉTOR VEGA.
  • CERRO DE LA ENCINA (Monachil)
  • CASTILLEJO DE MONACHIL.

CERRO DE LA ENCINA:

Esta formado por tres mesetas escalonadas. Sigue el esquema de la Cuesta del Negro. sobre la meseta central se emplazó la fortificación.

  • La casa tiene planta rectangular.
  • Cerca de un centro de almacenaje con grandes vasijas para el grano.
  • en las mesetas y laderas contiguas se encuentran las casas, situadas sobre terrazas escalonadas. Las casas llegan hasta cerca del río.
  • Cada terraza tiene un largo muro que divide las zonas habitadas.
  • En su meseta central se ha practicado un corte en donde se han detectado todas las fases del Bronce.

AGRICULTURA: Se practica:

  • Secano.
  • Regadío, es decir: policultivo.

GANADERÍA:

  • El caballo desplaza a los bóvidos que, cuando llega a adulto u viejo, es sacrificado para consumo humano.
  • La caza es más abundante que el Cuesta del Negro.

NECRÓPOLIS:

  • Muestra más variedad que la de la Cuesta del Negro.
  • Se puede notar una mayor diferencia social por el tipo de enterramiento y su respectivo ajuar.
  • Hay sepulturas en cuevecilla, al exterior de las casas, cerradas con piedra.
  • En los interiores de las casas aparecen sepulturas en cista.

DESAPARICIÓN DEL ARGAR

Es muy probable que la desaparición del Argar tengan relación con el agotamiento de los recursos naturales a descubierto de Sierra Nevada, y con la aparición de una nueva forma de tratar el cobre: el estaño, que da lugar al bronce.

El mundo argárico decae a partir del 1.300 a. de C. Se produce una crisis que afecta a todo el continente europeo.

En Europa se produce la ecolución del bronce que afectará a la Península Ibérica.

  • Se abren nuevas bases económicas
  • Reorganización de las rutas comerciales.
  • Caídas de las estructuras argáricas.
  • Socialmente se retrocede, en estructura, a un estado más primitivo, igualitario, acorde con el modo de producción doméstico.

Se mantienen los mismos emplazamientos con una cultura supeerpuesta en:

  • CERRO DE LA ENCINA.
  • CERRO DE LOS INFANTES.
  • CERRO DE LOS CHINOS.

Pero aparecen otros en las cercanías, como el Cerro del Real en Galera.

Se ocupan laderas y mesetas más bajas y mejor comunicadas con las vías naturales, sin tener que buscar un lugar alto para defenderse.

Esto da lugar a que se reutilicen los espacios que se adaptan a las exigencias de los nuevos sistemas de vida: economía nueva.

Los emplazamientos que controlan las vías naturales adquieren mayor importancia como el Cerro de los Infantes, mejor situado por su emplazamiento, que el Cerro de la Encina.

El Sudeste pierde su economía y destaca el Bajo Guadalquivir, siguiendo la CULTURA TARTÉSICA. Todo ello ocurre como consecuencia de:

  • Sustitución del cobre arsenicado en la demanda comercial por el bronce bronce.
  • La situación del Bajo Guadalquivir, bien comunicado por tierra y por mar, con las rutas del estaño.
  • La explotación de las minas de plata y cobre en Onuba.
  • El aprovchamiento de las tierras bajas del Guadalquivir, idóneas para el desarrollo intensivo agrícola y ganadero.

Pero es el desarrollo de Tartesos quien impulsa este cambio, monopolizando el comercio del estaño. (Hallazgo en la Ría de Huelva de un depósito de chatarra destinado a fundirse).

A pesar de la influencia tartésica, con sus nuevos materiales detectados en los emplazamientos granadinos, se respectan las antiguas culturas que mantienen la tradición argárica.

El Bronce Medio (1.600 a. de C.) deja su rastro en algunos lugares de las costa granadina, al podemos considerar Bronce argárico.

De esta forma consideramos los siguientes emplazamientos:

ALMUÑÉCAR:

  • Necrópolis fenicio-púnica de Puente del Noi.
  • Necrópolis fenicia de Monte de Velilla.
  • Pago del Sapo (Almuñécar-La Herradura).

En Puente del Noi apareció un enterramiento con cadáver en posición encogida o fetal. Los elementos de ajuar eran tulipas de cerámica colocadas alrededor el cadáver. Como el cadáver no se sacó, suponemos que debajo de él habría algún elemento como un puñalito de bronce. No se tocó y quedó enterrado con arena.

Monte de Velilla ha registrado gran cantidad de materiales argáricos, fenicio-púnicos y elementos romanos. Aparecieron, entre las piezas, un colgante de oro de forma troncocónica en la finca del dueño del lugar. El estudio preliminar ha sido hecho por el Dr. Machael Blech, del Ins, Arq. Alemán de Madrid. Se tiene información de que los materiales más importantes de este yacimiento era bastante numeroso; material que ha desaparecido sin dejar rastro, y de las mismas características que el estudiado por M. Blech. El furtivismo hizo estragos en este yacimiento.

Otro de los cimientos se encuentra en el conocido Pago del Sapo. Los materiales están catalogados como bronce argárico, en conexión con las dos yacimientos anteriormente citados.

POBLADOS DEL BRONCE FINAL

  • CABEZUELOS (Úbeda).
  • CERRO DE LA ENCINA.
  • CERRO DE LOS INFANTES.
  • CERRO DEL REAL (Huéscar).

ESTRUCTURA DOMÉSTICA EN EL BRONCE FINAL

  • Cabañas de planta oval, aisladas y dispersas por el emplazamiento.
  • Tienen una sola habitación.
  • Pequeños zócalos y muro de tapial o adobe.
  • Techo de materia orgánica o barro.
  • El algunas paredes interiores se usa estuco, decoradas con acanalados geométricos.
  • Interior con pequeñas áreas empedradas o pavimentadas con barro cocido en sencillos dibujos geométricos. Sobre ellas se han conservado restos de pesas de telar.

Esto indica que se vuelve a los sistema del Cobre.

BRONCE FINAL TEMPRANO

(1.100-900 a. de C)

Hay una fuerte influencia de la Meseta (Gogotas).

Documentos de tipo europeo o atlántico:

  • Hachas de aletas laterales.
  • Hachas de talón y anillas.

La cerámica ha cambiado, apareciendo:

  • Vajillas de formas abiertas: platos y fuentes carenados.
  • Grandes orzas de fondo plano., en cocinas.

BRONCE FINAL PLENO

( 900-800 a. de C.)

  • Desaparece la influencia de la Meseta
  • Se estrechan las relaciones con los elementos tartésicos.

Se importan de Tartessos:

  • Cerámicas decoradas con motivos bruñidos y aplicaciones metálicas.
  • Soportes de carrete y fíbulas de codo.
  • Materiales de origen mediterráneo:
  • Hachas de apéndices laterales.
  • Cerámicas pintadas etc.
  • Se practica el rito de la incineración, que está poco documentado.

BRONCE FINAL TARDÍO

(800-700 a. de C.)

CERRO DE LOS INFANTES: Ha sido bien estudiado.

Es evidente el impacto colonial fenicio, que demuestra una aculturación, dando lugar lugar a la aparición de la cultura ibérica.

ECONOMÍA:

  • Fuerte componente pastoril sin especializar.
  • La cría de caballo queda relegada en el Cerro de la Encina.
  • Se impone el ganado vacuno, ovejas y cabras.
  • Menor importancia de la agricultura en la economía.

CULTURA IBÉRICA

A finales del siglo IX y comienzos del VIII se fijan las primeras colonias en las costas del sur.

Los fenicios introducen en la sociedad tartésica los siguientes elementos orientales:

  • Peines.
  • Estuches.
  • Muebles incrustados de marfil.
  • Guarniciones de bronce para carros de combate.
  • Páteras.
  • Braseros.
  • Jarritos de bronce y plata.
  • Pomos de cristal con ungüentos.
  • Perfumes exóticos.
  • Recipientes de alabastro.
  • Telas estampadas y bordadas.
  • Joyas.
  • Entalles.
  • Artes suntuarias con fauna y flores del jardín oriental: el león y la roseta, la gacela y el loto, lámpara y la palma.

Se introduce además:

  • Talleres.
  • Iconografía.
  • Alfabeto.
  • Introducción del HIERRO.

La colonización fenicia se sintetiza en las siguientes fases:

  • Contactos con la zona de Huelva: hallazgos de la Ría de Huelva, hacia los años 850 a. de C.
  • Siglo VIII: La Mezquitilla y Chorreras.
  • Época de apogeo: 750-650 a. de C. : Necrópolis «Laurita» en Almuñécar.
  • Culminación de la colonización en el siglo VII: Guadalhorce y Guadarranque…

Sobre el siglo VIII, en la alta Andalucía las comunidades siguen en una cultura plenamente prehistórica del Bronce Final.

El Cerro de los Infantes, junto a Pinos Puente, ha sido la fuente más importante para observar el fenómeno de la aculturación de la sociedad del Bronce final.

CERRO DE LOS INFANTES:

FASE ARGÁRICA:

URBANISMO: Ocupación de una pequeña área en la parte alta, con

BRONCE FINAL:

URBANISMO:

  • Se mantienen los patrones típicos de esta cultura, con cabañas de tipo oval, delimitadas por zócalos de piedra, sobre los que se alzan las paredes de tapial amarillento.
  • Las estructuras domésticas abarcan un gran espacio de laderas y contornos inferiores.
  • Elementos tartésicos precoloniales del Bronce Final.
  • Fíbula de codo.
  • Fuentes carenadas con decoración bruñida.
  • Soportes de carrete.

En la fase en que se entra en contacto con los elementos fenicios, la cerámica parece hecha de molde, de paredes finas fuentes carenadas, vasos carenados de borde alto y hombro marcado.

En la última fase del Bronce Final se importan:

  • Cerámicas finas de engobe rojo, fabricadas a torno.
  • Ánforas en forma de odre y hombro marcado.
  • Fíbulas de doble soporte. Platos de engobe rojo.

Posteriormente aparecen:

  • El torno de alfarero.
  • Horno de alta temperatura.

Con ello se da lugar el período protoibérico

CAMBIOS MÁS NOTORIOS QUE MARCAN LA TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO INDÍGENA:

  • Se copia a torno lo que se hacía a mano: «Cerámicas grises», y cerámicas polícromas.
  • Nueva importaciones del medio fenicio: platos de engobe rojo.
  • Manufacturas de hierro.
  • Se sustituyen las cabañas de planta oval o cuadrada, por viviendas más complejas, debido a la influencia colonial, con varias habitaciones. Lo que acusa una nueva estructura social. Los zócalos se hacen más sólidos y, junto al tapial, se desarrolla un sistema de adobe y mixto, similar al fenicio más antiguo colonial.
  • A finales del siglo VII aparece un gran horno de cerámica, lo que demuestra que la comunidad de la Vega de Granada ha abandonado el modo de vida prehistórico.

ENTRE LOS AÑOS 750 Y 650 a. de C., SE CONSOLIDAN LOS CIMIENTOS DE LA CULTURA IBÉRICA Y LOS PUEBLOS DE GRANADA ATRAVIESAN EL UMBRAL DE LA HISTORIA

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CUEVA DE LA CARIGÜELA. PÍÑAR.

NECRÓPLIS DE GUIRRETE. MONTEFRÍO.

SOLANA DEL ZAMBORINO

Aquí se hallaron restos de équidos, elefantes, hipopótamos, cérvidos y jabalíes. De materiales: pieza de sílex, cuarzo y cuarcitas: bifaciales (cordiformes, lanceoladas, limandes, y hendidores sobre lascas, raederas y lenticulados.

Los hogares estaban formados por círculos de cantos de cuarcitas, con cenizas y huesos quemados.

SOLANA DEL ZAMBORINO: (Fonelas) molares de bóvidos

SOLANA DEL ZAMBORINO (Fonelas). Lasca de sílex.

SOLANA DEL ZAMBORINO (Fonelas). Sílex.

SOLANA DEL ZAMBORINO (Fonelas): Sílex, lascas bifaciales

SOLANA DEL ZAMBORINO (fonelas): Sílex, lascas de raederas denticuladas.

CUEVA DE LA CARIGÜELA: PÍÑAR.

CUEVA DE LA CARIGÜELA, DE PÍÑAR. Fase más antigua.

En principio de estudio, la situamos en el Paleolítico Medio, etapa Musteriense.

Hay restos del hombre neandertal.

Resto humano neandertal: torus supraorbital, huesos gruesos, órbitas cuadrangulares.

En las cercanías de la cueva de la Carigüela se encuentran: Fuente de la Zarza, Cerrillo de Orea, Llano de la estación de Huélago. en cuevas: La Carigüela, El puntal y Horá.

El período de la Carigüela se enmarca en el paleolítico superior (23.000- 17.000). Aquí se utilizó como elemento datador, la termoluminiscencia. Pertenece al Musteriense avanzado.

La Carigüela

Píñar. Vasos globulares, con dibujos de mano decorando con formas onduladas usando elementos de conchas.

Cerámica excisa, practicada con conchas de mar.

Fragmentos de cerámica decorada con el la concha (cardium).

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CUEVA DE LA LA CARIGÜELA. PÍÑAR

La Cueva de la Carigüela, en el Neolítico antiguo de Granada (V milenio a. de C.) fue excavada en esta fase, por M. Pellicer, abarcando del el Neolítico al Bronce.

En esta fase antigua del Neolítico, se observan las siguientes características: cerámica cardial: vasijas con forma globular, con decoración de banda horizontales, verticales, oblicuas, en espigas, triángulos alineados, cordones superpuestos. Los útiles: hueso y piedra: hojitas y lascas de piedra, hachas de piedra pulimentada.

En el Neolítico Medio en esta cueva aparece cerámica cardial y no cardial.

CUEVA DE HORÁ (cerca de la Carigüela), Restos líticos, sílex. En Horá aparecen restos de hombre neandertales. Spahni. Los restos de materiales hallados son muy numerosos de animales. Se han hallado raederas, hojas, cuchillos, raspadores, buriles. Basado en los restos animales, se han detectado: caballos, ciervos, toros salvajes, cabra hispánica, lobo, oso, lince, gato montés.

Esta yacimiento muestra las variaciones climáticas por las que ha pasado. Pero el ajuar es diferente al de la Carigüela

CUEVA DE NERJA, MÁLAGA. ÉPOCA: MAGDALENIENSE.

La Cueva del Malalmuerzo se data en el Neolítico Antiguo de Granada. Puede verse que su decoración está hecha con el natis de una concha

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS DE ZUHEROS (CÓRDOBA). Cerámica pintada con almagra, después de la cocción. Vasos con asas-pitorro.

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CUEVA DE PRADO NEGRO. IZNALLOZ.

CUEVA DE PRADO NEGRO, ISNALLOZ.

CUEVA DE PRADO NEGRO. IZNALLOZ.

CUEVA DE PRADO NEGRO. IZNALLOZ.

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CUEVA DE LA MUJER. ALHAMA.

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CUEVA DE SIMA RICA. ALHAMA. Ajuar: Fragmentos de cerámica incisa. Vasija de doble asa.

ALHAMA, NEOLÍTICO. Elementos de sílex, raedores, raspadores, etc.

CUEVA DELOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. NEOLÍTICO TARDÍO. (IV-III milenio a. de C.).

Los materiales que más destacan se resumen en los siguientes: cestería, cestillos colíndricos estrechos y hondos, cestos planos,, bolsitas de acusada transparencia, tapas, estepas y sandalias. Las técnicas son las siguientes: cestería atada y cordada, cestería atada y formando sogas, romboidal atada, la cosida en espiral, la pseudotrenzada o en rabo de cerdo tranzada.

Materiales como:

  • Granos de papáver somniferum, como aimento y sedante.
  • Vasos ovoides toscos, decorados con incisiones, impresión a punzón, cordones adosados decorativos.
  • Punzones de hueso.
  • Espátulas.
  • Hachas de piedra pulimentada.
  • Cuchara de mango plano, con agujero para colgarla.
  • Cajita de forma oval.Maza.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

Diadema de oro,

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Cuchara para colgarla. collar de cuentas

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CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Cestería

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Sandalias

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Sandalia cosida.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Cestillo

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Fragmentos de elementos de cestería, tapas y sandalias.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS, ALBUÑOL. Tapadera, y cestillo con tapadera.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Fragmentos de cerámica incisa y excisa.

DÓLMENES DE CATEGORÍA DEL SURESTE.

Marcamos en este plano general de España las zonas que han registrado yacimientos arqueológicos. Hemos marcado en rojo las partes de la Península Ibérica que muestra una mayor incidencia en este aspecto. Hoy día podemos decir que los yacimientos son más numerosos que los indicados en este plano general. No obstante hemos de destacar que la zona sur es la que que nos dado dado mayor luz en la investigación arqueológica, pero haciendo hincapié en que estamos citando lugares prehistóricos, y por tanto nos referimos a la Prehistoria hispana, con una supremacía en el sureste y noroeste. Pero nosotros nos vamos a centrar fundamentalmente en la franja que abarca las provincias de Almería, Granada, Jaén, Málaga, Sevilla y Cádiz, alguna de las cuales muestran indicios reducidos en cuanto a yacimientos arqueológicos se refiere. Pero el punto central de nuestra investigación se va a centrar, de base, en las cercanías de Granada como foco principal de nuestra exposición.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DÓLMENES DE LA PROVINCIA DE GRANADA

ORIGEN DE LOS DÓLMENES: TEORÍAS:

1.- Evolución de las formas más sencillas hasta las más complejas. Teoría de Bosch Gimpera: dice que los primeros sepulcros, sin corredor, se ven el el Noroeste peninsular. Después van apareciendo con corredor, hasta que su evolución termina en cámara circular con falsa bóveda.

2.- Siret y Obermeier afirman que es Oriente quien inspira este tipo de tumba: los tholoi griegos.

3.- G. Childe y D. Folde afirman que este tipo de tumba provienen de de Oriente se extiende por las costas meridionales de España en la edad del Cobre. Hasta tal punto que la Península Ibérica se convierte en un foco de expansión hacia Europa

4.- Últimamente de llega a i¡una explicación intermedia: unos son auténticamente hispanos y otros de influencia oriental.

La tradición neolítica occidental se manifiesta en las altas tierras granadinas, con influencia de los elementos del Cobre de las tierras de Almería. y Su estaciones más conocidas son: en Montefrío: PEÑAS DE LOS GITANOS, EL CASTILLÓN. LA CAMARILLA, EL RODEO.

ACRÓPOLIS DEL GUIRRETE. MONTEFRÍO.

NECRÓPLIS DE GUIRRETE. MONTEFRÍO.

NECRÓPOLIS LA CAMARILLA MEGALÍTICA DE MONTEFRÍO. Características de las tumbas: cámara trapezoidal, con corredor corto y trapezoidal; paredes de losas ortostáticas alternantes con mampostería desnuda.; acceso con puertas abiertas en los ortostatos; decoración con salientes tallados.

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LA CAMARILLA. MONTEFRÍO. ENTERRAMIENTO POR INHUMACIÓN.

NECRÓPOLIS LA CAMARILLA. MONTEFRÍO.

Ajuar de La CAMARILLA: hojas y elementos de hoz, de sílex; hachas y cinceles de piedra pulida; puñales de lengüeta,

Ajuar de la Camarilla

NECRÓPOLIS LA CAMARILLA. MONTEFRÍO.

Cuchara para ser colgada.

LOS CASTILLEJOS. MONTEFRÍO.

Peineta de hueso.

DOLMEN EL RODEO. MONTEFRÍO.

COMARCA DE GUADIX. DÓLMENES DE FONELAS

CERRO DE LOS CASTELLONES, MORELÁBOR. LABORCILLAS

NECRÓPOLIS MEGALÍTICAS DE FONELAS

NECRÓPOLIS MEGALÍTICAS DE FONELAS.

NECRÓPOLIS MEGALÍTICAS DE FONELAS. Vasijas

NECRÓPOLIS MEGALÍTICA DE FONELAS. Decoración con motivos solares.

Fonelas.

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PANTANO DE LOS BERMEJALES. LOS VÍNCULOS.

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PANTANO DE LOS BERMEJALES. DOLMEN ADINTELADO

LOS VÍNCULOS (PANTANO LOS BERMEJALES) AJUAR Puntas de flecha y raedor.

DOLMEN DE GORAFE.

ÍDOLO DE GORAFE.

GORAFE. Puntas de flechas.

GORAFE MEGALÍTICO, Puntas de flechas.

CACÍN, megalítico. Cerámica cardial.

ANTEQUERA (MÁLAGA), CUEVA DE LA MENGA. DOLMEN.

CUEVA DEL ROMERAL ANTEQUERA (MÁLAGA). DOLMEN.

LOS MILLARES. ALMERÍA

(EDAD DEL COBRE, 2500. a. de C.)

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LOS MILLARES. ACCESO.

Ambito de expansión: BAZA, HUÉSCAR, GUADIX.

LOS MILLARES, TUMBAS RECONSTRUIDAS.

LOS MILLARES.VISTA AÉREA DEL POBLADO

LOS MILLARES. ALMERÍA. PARTE DEL POBLADO.

TUTUGI (GALERA) DAMA OFERENTE

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BAZA. YACIMIENTO DONDE APARECIÓ LA DAMA.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN FRONTAL.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN LATERAL IZQUIERDA

DAMA DE BAZA. POSICIÓN LATERAL DERECHA

DAMA DE BAZA. VISTA POSTERIOR.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN IN SITU.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN IN SITU.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN IN SITU FRONTAL

DAMA DE BAZA. DIBUJO IN SITU DE LA FIGURA Y SU AJAR FUNERARIO.

Elementos de ajuar de la tumba de la DAMA DE BAZA

MALAGÓN, CÚLLAR-BAZA. CERCA DE CHIRIVEL, ALMERÍA MALAGÓN,IDOLOS,

CERRO DE LA VIRGEN ENTERRAMIENTO POR INHUMACIÓN. ORCE.

El ajuar aparece en cabecera y pies del cadáver.

CERRO DE LA VIRGEN. ORCE ENTERRAMIENTO POR INHUMACIÓN.

CERRO DE LA VIRGEN. ORCE. VASO CAMPANIFORME.

CERRO DE LA VIRGEN. ORCE. VASO CARENADO.

CUEVA DE LAS VEREAS (cercanías de MOCLÍN.

CULTURA DEL ARGAR

CUESTA DEL NEGRO. PURULLENA. ENTERRAMIENTO POR INHUMACÓN.

CUESTA DEL NEGRO. PURULLENA. ENTERRAMIENTO POR INHUMACÓN.

CUESTA DEL NEGRO. PURULLENA. ENTERRAMIENTO POR INHUMACÓN.

CUESTA DEL NEGRO. MOLDES.

CUESTA DEL NEGRO, PURULLENA. CERÁMICA EXCISA E INCISA.

Cuesta del Negro tuvo una comunidad argárica autosuficiente en todo menos en el abastecimiento del cobre y plata. Permanece activo en los años 1.800-1400 a. de C.

EL ARGAR

EL ARGAR EN ALMERÍA (Según Siret)

ARGAR. ALMUÑÉCAR. NECRÓPOLIS PUENTE DEL NOI.

PUENTE DEL NOI. TULIPAS DE LA TUMBA ANTERIOR.

YACIMIENTO ARGÁRICO. MONTE DE VELILLA. ALMUÑÉCAR: TULIPAS

MONTE DE VELILLA. ALMUÑÉCAR. TULIPAS ARGÁRICAS.

MATERIALES ARGÁRICOS DE MONTE DE VELILLA Y PAGO DE EL SAPO. ALMUÑÉCAR

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Granada, 5 de Enero de 2022.

BOBLIOGRAFÍA

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RELIGIÓN E IDEOLOGÍA EN EL IMPERIO ROMANO

Significado y trascendencia de lo religioso entre los romanos

Dentro de la tradición popular de elemento histórico romano se decía sentir un cierto orgullo por ser el pueblo más religioso del mundo conocido, El mismo Cicerón se expresaba en los siguientes términos: religiones id est cultu deorum, multo superiores (Cic. N.D., 2,3.). Si nos comparamos con las demás naciones -dice más adelante- resultamos iguales o inferiores en diversos terrenos, excepto en el de la religión, que significa el culto de los dioses en lo que somos, con mucho, superiores». Constituía, pues, para un romano un motivo de orgullo en el que se le atribuyera ese carácter religioso especial.

El término religio: Significado e interpretaciones.

Antes de dar un sentido real de lo que significa religión para el elemento romano, es preciso explicar las acepciones que el término latino religio pueda tener. Se trata de una una palabra absolutamente latina y por tanto nos podría servir para descubrir importantes aspectos de la religión romana. del término religio no existe en griego un equivalente. Del latín se han derivado todas las lenguas occidentales.

La palabra religio ha entablado discusiones y desacuerdos entre los latinistas. Pero el contexto es por donde en determinadas ocasiones se ha podido delimitar con cierta precisión el sentido exacto de la palabra.

Hay opiniones donde se dice que puede proceder del verbo religare, que significa «ligarse con respecto a los dioses». Otros dicen que procede del elemento intensificador «re» y el verbo legere, cuyo significado es «observar escrupulosamente las normas del culto».

Los romanos, pues, pensaban que existía una interdependencia entre el caelum y terra, una relación entre los dioses y los hombres.

Sin estar seguro de la benevolencia y de la gracia de los dioses, el romano se sentía desamparado. Esta versión se corresponde con el primer sentido etimológico de la palabra religión. Todo eso constituye el fundamento del culto romano con lo que pretendía obtener la pax veniaque deum, o bien alejar la ira deum. Por todo ello el pueblo en general y el hombre en particular pretendía asegurarse en la eficacia del culto, cosa que se corresponde con el segundo significado o etimología del término relegere.

Caracteres intrínsecos de la religión romana.

En primer lugar tenemos que destacar lo que ellos consideraban un factor decisivo: Castitas, o lo que es «pureza».

Varrón, con relación a esta faceta tan especial, dijo: » durante más de ciento setenta años, los romanos honraron a sus dioses sin estatuas; de haberse mantenido, el culto hubiese sido más puro». En contra de esta afirmación se podría objetar que se han hallado en el Lacio, en algunas tumbas de incineración, figurillas pertenecientes al siglo IX a. de n.e. No se sabe si representan a divinidades. como en otros hallazgos más modernos, según ocurre en una tumba de mujer, excavada recientemente en Almuñécar, se puede concluir que se trata de representaciones de figuras humanas tal vez con carácter votivo sin más trascendencia religiosa.

Corroboran la afirmación de Varrón la ausencia de antropomorfismo en la religión romana primitiva, pues hasta el siglo VI a. de n.e. no comenzaron los romanos a construir templos y estatuas, todo por influencia griega y etrusca. La ausencia de la hierogamia en el panteón romano, era un carácter propio de esta religión. Las divinidades eran masculinas o femeninas, pero no formaban pareja. Toda la evolución se debió principalmente a la influencia griega. Otro de los aspectos de esta especial religión estaba marcado por ausencia de los héroes o semidioses, nacidos de los devaneos de alguna divinidad.

Otra de las facetas a considerar como muy relevante, era la funcionalidad. Con relación a los dioses romanos no tenía poéticas leyendas, al contrario que los griegos.

Las divinidades eran conocidas por el pueblo debido a unas funciones determinadas; de esta forma se establecían los diferentes cultos.

Otra de las facetas a destacar era su sometimiento al estado: la religión romana tenían un carácter netamente político. En Roma nada escapaba al control del estado. Se tenían oráculos como los griegos, para que pudieran responder a las peticiones tanto de las realizadas por el pueblo como por el individuo particular.

Los libros sibilinos, de origen greco-etrusco, que eran considerados como procedentes de Cumas, están bajo el control del Senado.

Todas las demás manifestaciones religiosas estaban controladas por los colegios especiales, particularmente por el de los pontífices.

En los inicios de Roma esta religión mantenía un carácter antitético entre lo tradicional y lo aperturista, como el Ianus bifrons, mirando hacia el pasado y hacia el futuro.

El Pontifex Maximus era el mantenedor del tradicionalismo, quien atendía a la ejecución de las ceremonias públicas para el mantenimiento de la pax veniaque deum.

El movimiento aperturista estaba controlado viri sacris faciundis (cuyo número aumentó de dos a quince en tiempos de Sula). Su misión consistía en vigilar la introducción de dioses extranjeros. el hecho de aceptar una divinidad extraña a la tradicional tenía lugar cuando se producían crisis provocadas por calamidades.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA RELIGIÓN ROMANA

La religión romana sufrió diversas vicisitudes desde el nacimiento de roma hasta la instauración del Imperio. Pero se puede decir más aún: la escuela comparativa ha encontrado estrechos parentescos entre ciertos elementos de la religión romana y otros de la religión védica. Esto nos sirve para explicar los orígenes indoeuropeos de determinadas concepciones originarias de los pueblos occidentales pertenecientes a un mismo trono o etnia común,

Restos indoeuropaos de la religión romana:

Ciertos ritos de la religión romana.

Mater Matuta, cuyo significado «diosa de la aurora» llegó a perderse para transformarse en «diosa madre», o «Madre Buena», recibía culto mediante dos extraños ritos el día de las «Matralias», el 11 de Junio. Ello consistía en que las matronas romanas llevaban en brazos y daban de mamar no a sus propios hijos, sino a los de sus hermanas; hacían también que en el templo de Mater Matuta una esclava a la que golpeaban con varas antes de echarla fuera. Es decir, la diosa de la aurora es «una de las figuras femeninas más destacada del Rig Veda, donde aparece amamantando y lamiendo a un niño que unas veces es hijo suyo y de su hermana la noche simultáneamente» y otras es sólo el hijo de su hermana la noche.

Todo parece sugerir que a Roma llegó sólo la forma o rito más lógico: «La Aurora alimentando al hijo de su hermana la noche».

Las matronas romanas conservaron el rito de imitar a la diosa y dejaron perderse el mito.

El mito de expulsar a la esclava puede explicarse mediante un paralelo védico: para que resultara benéfica, la Aurora debe aparecer por un momento y después dejar paso al día. En el mito védico se alaba a Indra por expulsar a la Aurora que es «demasiado lenta».

El mito de Rig Veda se trasluce en el rito romano de la siguiente forma: La esclava representa a la Aurora. Por el mismo procedimiento la escuela comparatista ha logrado esclarecer los ritos de la » Diva Angerona», de la Fortuna Primigenia y de la «Lua Mater», ritos que para los romanos resultaban ininteligibles por encontrarse fuera de su contexto mitológico. Livio dice que Lua formaba parte de la mitología romana y que era habitual que los derrotados que perdían sus armas fueran consagrados a esta divinidad. Pero observando la etimología, según las lenguas clásicas, el verbo luo significa lavar, purificar. En patología médica existe el término «lues» usado como enfermedad destructiva, y se suele dispensar como cepa médica. Cuando aparece la expresión Lua Saturni, según Livio, se relaciona con elementos de fecundidad, simbolizada por la pareja de divinidades. Menciona este autor latino que la diosa recibía como ofrende las armas de los enemigos quemándolas en su honor. Otro hecho similar ocurrió en la batalla contra Perseo, rey de Macedonia que fue derrotado en la batalla de Pidna, a mediados del siglo II a. de n.e. A pesar de todo esto , cuenta que no se dedicaron a tal divinidad ningún santuario o templo, hecho que desde antiguo, los romanos no solían hacer. El fenómeno de edificar templos es una manifestación posterior.

Siguiendo con esta misma interpretación de los hecho rituales votivos, se suele relacionar a Saturno con el ciclo natural de la agricultura. Saturno se vincula etimológicamente con el verbo latino sero/satum, sembrar. De todas formas Lua Mater, su esposa, se seguía considerando como una divinidad extranjera y de procedencia védica.

La existencia de las estructuras jerárquicas tripartitas

La tradición romana guardó el recuerdo de las tres tribus que se suponían haber constiruido la estructura básica de la sociedad original de Roma: los Ramnes, los Tities, y los Luceres.

Los romanos dieron una interpretación étnica para dar una justificación a esta división tripartita. Estas tres facciones representaban a las tribus de Rómulo, a los sabinos y a los etruscos, de cuya mezcla resultó Roma. Pero esta explicación resulta insuficiente.

Esta división tripartita tenía un carácter funcional, como la división social de la India por funciones: brahamanes o sacerdotes, guerreros y agricultores-ganaderos. En Roma los Ramnes eran los compañeros de Rómulo, rey-sacerdote, los Luceres correspondían a los soldados por excelencia (tal vez los etruscos), y los Tities, a los agricultores-ganaderos (tal vez los sabinos).

Esta división funcional se refleja también en la jerarquía de los tres dioses principales de Roma antes de la existencia de la tríada capitolina: Júpiter, Marte, y Quirino.

Según Georges Dumozil, esta tríada sólo puede explicarse recurriendo a la estructura conceptual que lla,a «Ideología de las tres funciones», que se advierte en la mayor parte de las sociedades indoeuropeas. Júpiter, dios de la clase sacerdotal; Marte, dios de la clase de los guerreros, y Quirino, dios de los quirites o encargados de las ocupaciones productivas en tiempos de paz.

Este esquema se fue degenerando desde que los latinos se establecieron en la Península Itálica, debido a influencias diversas.

Elementos activos de la religión histórica

Prescindiendo de las reminiscencias indoeuropeas puesta de releve por la escuela comparatista, los elementos más antiguos de la religión romana deben ser los concernientes a la religión familiar y a la religión concerniente a las faenas agrícolas, pues sea cual fuere el origen el pueblo romano, al comienzo de la época histórica, constituía una comunidad de labradores al Sur del Tíber inferior. Antes de la fundación de roma en 753 a. de n.e., debían vivir en pequeños poblados o en granjas dispersas

La religión familiar

El Pater Familias actuaba como sacerdote, es decir, como representante del individuo constituido bajo su autoridad ante las fuerzas numinosas que lo rodeaban. Los Númina eran seres espirituales cuyo favor era preciso alcanzar o conservar mediante determinados ritos. Su número era muy considerable dentro del ámbito familiar. Los más importantes eran: Jano, Vesta, los Penates y el Genius de la familia.

Jano era el espíritu de la puerta. Se le representó con dos rostros (bifrons). Vigilaba las entradas y salidas de la familia y defendía los vanos de la casa.

Su culto, en época posterior, fue asumido por la religión estatal. El templo de Jano se abre en tiempos de guerra para que esté en vigilia continua.

Vesta, el Numen que alimentaba el fuego, la dispensadora del calor, a quien los hombres debían acudir para preparar los alimentos. También ocupaba un lugar importante en la vida religiosa de la familia. Este culto fue también asumido por la religión estatal. El colegio de las vírgenes vestales, jóvenes con su voto de castidad, encargadas de mantener vivo el fuego que ardía en el altar de la ciudad consagrado a Vesta, tiene su origen en las hijas de familia que, en la ausencia de los hombres, vigilaban el fuego del hogar.

Los Penates eran dioses protectores de la despensa (Penus) donde se conservaban las provisiones de la familia. Cuando más tarde los romanos representaron los Numina mediante imágenes, las de los Penates se colocaban sobre la mesa para que presenciaran las comidas de la familia.

El Genius constituía el guardián de cada hombre. De esta divinidad dependía la facultad procreativa del ser humano. El lecho matrimonial se le llamaba lectum genialis. Del Genius dependía igualmente la personalidad del individuo y su propio destino, Para la familia tenía particular importancia el genius del Pater Familias. Era necesario conseguir el favor de esta divinidad, pues de él dependía la existencia y prosperidad familiar.

Cuando el Pater Familias moría, el heredero inhalaba su último aliento, rito que debía significar la creencia en la supervivencia y perpetuidad de la vida de la familia. Además, los romanos daban culto a los que consideraban fundadores de la gens. Solía ser un ser mítico, a veces una divinidad como Venus, considerada fundadora de la Gens Iulia. Siempre se trataba de un ser irrastreable históricamente.

Otro elemento de la religión familiar era el culto a los muertos llamados Manes. El motivo de este culto estaba causado en parte por el miedo a los muertos, pues se pensaba que tenían capacidad de causar daño a los vivos, por lo que era necesario aplacarlos. Se les solía ofrecer flores y alimentos en el día del aniversarios, no de su muerte, sino de su nacimiento, en el mes de febrero se celebraban fiestas públicas en honor de los muertos.

La religión agrícola

Cada Numen estaba relacionado con un determinado lugar o función específica. Pero los agrícolas estaban caracterizados por las siguientes funciones específicas: Robigus; A esta divinidad se dedicaban las fiestas denominadas robigalia Tenía poder sobre el tizón que amenazaba a los trigos. Nodutus: divinidad que tenía el poder de hacer engordar los granos. Volutina: Era la divinidad que tenía como misión rodear a las espigas de las cáscaras protectoras necesarias. Patulona: Divinidad encargada de abrir las espigas.Vernactor: Divinidad asociada a la arada de los rastrojos. Redaractor: divinidad asociada a la segunda arada de los campos. Insitor: Divinidad que colabora protegiendo la siembra. Obarator: Divinidad encargada de proteger la arada que cubría la semilla. Subruncinator: Divinidad que protegía cuando se realizaba la escarda de los frutos sembrados. Mesor: Divinidad que protege cuando se realiza la siega. Convector; Divinidad que protege en la recogida del grano. Conditor: Divinidad que colabora en el almacenamiento del grano. Promitor: Divinidad que colabora y protege su utilización.

Es posible que michas de estas divinidades no sean más que creaciones de los pontífices romanos que se complacían en las descomposición de las labores rurales.

LA IDEOLOGÍA, LA RELIGIÓN Y EL MOMENTO HISTÓRICO

La ideología es el producto de una determinada situación socio-económica. No son elementos que existen separados.Desde que se produce el primer asentamiento estable y permanente de un determinado elemento humano, comienza a aparecer con más fuerza la tendencia la tendencia a idear planteamientos teledirigentes de unas comunidades sobre otras, y de unos intereses en función de otros. Así, cuando se produce la primera acumulación de riqueza en la primera gran revolución social de la Historia, comienzan a bislumbrarse los primeros intentos de predominio de un elementos sobre otro: la acumulación de riqueza produce y multiplica la ambición y nace la guerra. El poblado abierto tiene la necesidad de proteger sus bienes con defensa.

No cabe pues, una disociación entre la realidad viviente y el producto ideológico que de ella nace. No es la Historia la que al hombre, sino a la inversa. No hay, pues, dicotomía entre elemento humano y su entorno. Es la circunstancia del medio quien provoca una determinada ideología llevada a nivel de pensamiento. La pervivencia de las ideas existe en tanto en cuanto pueda satisfacer las necesidades de la realidad socio-económica. Esto se cumplirá cuando el sistema ideológico tenga una flexibilidad y una capacidad de adaptación a los momentos por los que pasa el ser humano social y económico.

Cualquier ideología no tiene identidad propia, sino que procede del propio desarrollo de la vida en que se encuentra el hombre inmerso (C. Marx y F. Engels; La ideología alemana. Barcelona 1970). Incluso todas las manifestaciones que se dan en el individuo tanto en el aspecto religioso como ético y moral son la consecuencia del mismo fenómeno ambiental en que se encuentra inmerso. Vale, pues el enunciado que dice «que no es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia (Marx y Engels, ibidem) aunque se produzca un falseamiento entre la influencia ejercida por la realidad social y la influencia de la ideología.

Consecuentemente la definición completa de la Ideología requiere una concreción histórica en una concreta formación social del papel que dicha ideología haya desarrollado.

Althuser plantea sobre la ideología dos aspectos: a) Su existencia real. b) Su misma realidad existencial, es decir, representar la relación imaginaria de los individuos con las condiciones reales de su existencia, condiciones que se verán modificadas por la propia dinámica de los cambios y evolución de las circunstancias socio-económicas. En consecuencia, la Ideología sirve para reproducir de forma material, basada en la imaginación, las relaciones de producción. Podemos decir que la Ideología es un ente con capacidad de recoger el conjunto de que se rodea el elemento humano creándola como base sobre la que se sustenta de forma relativa el funcionamiento de toda la sociedad. Esta base no responde más que a lo que el propio hombre ha creado como sujeto de toda formación socio-económica. El elemento base de toda esta situación es el hombre, quien verá falseada toda su situación por una conciencia social influida por la Ideología

La Ideología, El según Althuser, existe por y para el hombre. Frente a la Ideología existe también la utopía, pero sin provocar un enfrentamiento entre ambas. No se da una oposición entre ellas sino una relación muy directa.

Si se acepta la oposición, tenemos entonces a la Ideología como la base dominadora, y a la utopía, como dominada. Pero en el fondo de la cuestión es la Ideología quien toma de la utopía los elementos necesarios para su adaptación a cada circunstancia de la situación socio.económica del medio real. El francés Althuser expone que la Ideología es la relación imaginaria (mental) de los sujetos con sus relaciones sociales.

Puente Ojea incluye dentro de la Ideología, denominándolo horizonte utópico. De esta manera abre dos vertientes: la primera legitima los principios de la clase dominante confirmando el dominio que desde el punto de vista real tiene la Ideología, base de su sustentación del poder ejercido por la clase dominante; la segunda corresponde a la clase dominada y explica su condición de dependencia subordinándose a la clase dominante a la vez que propone su posible salida de esta situación.

Cualquier movimiento de la Antigüedad Clásica nos puede servir de testimonio; tal ocurre con las escuelas pitagórica, la doctrina platónica sobre el modelo de sociedad para un estado, el estoicismo y epicureísmo y quienes buscan una situación de equilibrio entre la Ideología que nace del medio y el citado horizonte utópico bivalente. El fenómeno esclavista es un hecho que testimonia la irrealidad de todas las utopías que se han venido planteando a través de toda la Historia de la Humanidad: en el Mundo Antiguo tenemos reflejado el hecho en sí, y se abre a través del cristianismo la lucha antiesclavista. Pero la realidad utópica permanece yacente en la sociedad a través de todos los tiempos, ya que, de forma solapada, se ha impuesto la dictadura de las ideas y el fenómeno de la esclavitud reaparece, sin que el elemento humano perciba con claridad que el hecho histórico se repite: sigue existiendo la esclavitud mientras el individuo depende de un medio imprescindible para la vida: una condición socio.económica de la que no puede desligarse si quiere subsistir, ya que su existencia vital depende de ella.

En definitiva, sigue dependiendo la Utopía de la Ideología.

Lo que podríamos llamar contraideologías u horizontes utópicos, tropiezan con la verdad de la situación: son las causas productoras las causantes de volver a la realidad impuesta por la ideología y que es el desarrollo de las fuerzas productivas el que tiene capacidad para sustituir el modelo vigente de sociedad.

Lógicamente cuando la clase consigue subir al poder y se constituye en clase dominante, lo que era contraideología se convierte en Ideología dominante y entonces hará su aparición un nuevo horizonte utópico que tratará de justificarse ante la nueva realidad y volverán a surgir nuevas posibilidades de deseos de cambio socio-económicos. Esta nueva situación ideológica Puente Ojea la plantea diciendo que el cambio de una ideología dominante en otra, tiene lugar a partir de las contradicciones entre el horizonte utópico y la temática concreta en el seno de la ideología dominante. Ello nos lleva a la conclusión de que es en el horizonte utópico donde se gestan los cambios que van a provocarse en la evolución histórica de los sistemas y donde cada Ideología irá dando paso a otra.

El funcionamiento de toda Ideología se lleva a cabo mediante el Aparato Ideológico del Estado que, según Althuser, es un conjunto de realidades que se presentan de modo inmediato al observador en forma de instituciones diferenciadas y especializadas.

Estos medios estatales significan las relaciones de individuos con las relaciones de producción y de las relaciones que de ella se derivan mediante la deformación que la actuación ideológica provoca. Si la función primaria del Estado es ejercer el poder, es lógico pensar que, además del poder ideológico del Estado existe la puesta en marcha del sistema represivo para evitar en todo medio el que se provoque el nacimiento de nuevos sistemas ideológicos que antes consideramos utópicos. Para ello el Estado cuenta con su propio aparato represivo que le haga mantenerse por el hecho de la lucha que se provoca entre la Ideología y la realidad.

No cabe duda de que el estado tratará por todos los medios aparentemente legales o reales, de dar una apariencia de legalidad a la aplicación de todo su sistema coercitivo o represivo con tal de mantenerse en el poder. En resumen, se puede decir que tanto el aparato ideológico como el Estado en sí, actuarán conjuntamente, si bien entre los aparatos ideológicos y los aparatos represivos o coercitivos, preside lo que llamamos Ideología que justifica la actuación de todos los demás.

El conocimiento sobre la situación de todos los aparatos ideológicos del Estado, implica en conocimiento previo de cómo surge la Ideología: la Ideología tiene su nacimiento en las luchas de clases enfrentadas, cosa que en toda sociedad constituye el motor de la misma.

Si profundizamos en sus objetivos, vemos que se trata de la reproducción de los medios de producción: cada grupo tiene su propia estrategia dentro de este capítulo. La finalidad de la sociedad precapitalista, lo que pretende es la consecución del plusproducto, por lo que la estructura social en castas y estamentos acarrea la confusión de los elementos económicos con los políticos, religiosos y, consecuentemente, se produce un enmascaramiento de la conciencia de clase que causa en las sociedades precapitalistas una intervención menos intensa de los elementos represivos estatales.

Es preciso estudiar las actuaciones y situaciones de los aparatos ideológicos estatales en cada formación humana. En el terreno de la religión será preciso estudiar las situaciones socio-económicas para tratar de comprender sus aparatos ideológicos.

La religión se nos presenta como un conjunto de ritos y códigos de comportamiento moral del elemento humano penetrando en todas las facetas de la vida tanto en la puramente socio-económica como en cualquier manifestación social de la misma.

LA CIUDAD Y EL ESTADO EN EL MUNDO GRIEGO

ENTRADA DEL SISTEMA ROMANO

Al comenzar su aparición en el mundo occidental el fenómeno de ciudad, podemos contar dentro del territorio griego lo que consideramos polis, que, más que ciudades, estados propiamente dichos constituían palacios estados.

No se tienen paralelos en Oriente de esta tendencia social de organización. Cada polis tiene sus propias características: sus sistemas políticos son diferentes…no había más rasgos comunes que el de la lengua e incluso existían ciertas diferencias en ello.

El origen de la polis nace de la unión de aldeas o comunidades para organizarse, cada una a su manera y con sistemas de régimen diferentes. No cabe duda que una organización basada en el linaje o gens constituía la base de extinción de la propia ciudad o estructura social como tal organizada.

Dentro de los diferentes modos de organización podemos contar con estructuras tan opuestas como: monarquía, aristocracia, oligarquía, tiranía y democracia.

En resumen, es una agrupación de personas en régimen de comunidad con independencia propia, bajo una misma ley y con organización política.

Con este sistema de organización, aparecerá la propiedad privada, la economía mercantil y la pérdida paulatina de la consanguinidad gentilicia. Desaparece el parentesco y la polis se presenta como una comunidad de ciudadanos que habitan una ciudad, pueden beneficiarse de las ventajas que ello conlleva y están obligados a cumplir las mismas leyes. No cabe duda que la diferencia entre los ciudadanos era el tener la categoría de tal, porque evidentemente no todos eran iguales, ni la situación era la misma para todos. La figura del meteco en la comunidad ateniense es testimonio de las diferencias existentes en esta organización.

No se puede tener un actividad ciudadana de categoría sin la posesión del carácter ciudadano.

La polis se presenta como una unidad independiente. Cada una tiene sus dioses, su politeia, su estado social y sus recursos. Todo cuanto se produce tiene como trasfondo la polis: todo es político.

Cuando surgen los problemas de luchas entre comunidades, aparecen las ligas, fenómeno que en el fondo de la cuestión no es más que la lucha de la hegemonía de una ciudad sobre otra.

Se daba otro tipo de liga de carácter meramente religioso, pero que en el fondo no llevaba más que la intención antes expuesta.

Otro de los intentos era el crear una ciudad sobre otra ciudad, es decir, la aparición de la megalópolis, pero nunca dentro de lo que se puede considerar un estado en sentido más moderno.

El siglo IV va a ser el punto de partida de grandes cambios en esta organización política. Se hizo necesario acabar con la polis, aunque no todos los estamentos estuvieran de acuerdo. Con esta crisis, la polis deje de ser el elemento base de la comunidad griega. Se pretende crear la Helladópolis, o mejor la cosmópolis. Esto se ve bien claro en los intentos de la monarquía macedónica y en el imperio de Alejandro Magno. La ciudad va a seguir existiendo, pero dentro de otros esquemas y dependientes de otras monarquías llamadas helenísticas.

El sistema helenístico intenta sacar a la ciudad o mundo griego del sistema estancado que suponía la ciudad de corte tradicional.

Los problemas que empiezan a plantearse con el paso de los acontecimientos no tienen más solución que el olvidarse que las ciudades eran autosuficientes y que se necesitaba un cambio en el enfoque social, político y económico que hiciera evolucionar el sistema.

El intento de la conquista del Imperio Persa no es más que un intento que refleja el deseo de salir de los problemas que conlleva tal cambio y evolución.

La imposición del Imperio no suponía la desaparición de la ciudad, sino que la ciudad se negaba a su desaparición como tal. Ni la derrota de Atenas por Macedonia, ni la conquista del Imperio Persa significan más que un intento de solucionar los problemas planteados: las luchas de clases continuarían dentro de los estamentos dominantes.

Tan sólo la llegada de los romanos crea un sistema un tanto más estable en la sociedad griega. Las características ofrecidas por los romanos son algo semejantes a la griegas, pero hay algo nuevo: la organización romana es también una polis, pero ésta se impone sobre las demás añadiendo un nuevo y diferente factor: el Derecho romano. Se trata de un elemento tan relevante como lo es la religión en el mundo medieval. La importancia del derecho en el mundo romano es tan considerable porque ha sabido crear uniones y diferencias entre los habitantes del Imperio. Podemos ver estos fenómenos en la clasificación que paulatinamente se va haciendo de todas las ciudades y regiones que se van conquistando. Hay ciudades aliadas, confederadas, latinas, tributarias, etc., con lo que podemos concluir que la máxima aspiración de una de ellas era el conseguir la mayor categoría posible, hecho que implicaba la posesión de los derechos plenos de ciudadanía romana: ser ciudadano romano.

Roma sigue siendo una ciudad, pero se marchaba a una mayor unión.

Con el tiempo también va a resultar insuficiente el sistema de Roma como cabeza del Imperio. Se trata de una monarquía y de un mayor poder sobre ciudades. Toda ciudad quiere asemejarse a Roma. Se intenta imitar a la gran ciudad en el terreno urbanístico, político, religioso y económico.

Este cambio o evolución no se va a detener. Continúa el proceso hasta la época del Dominado, donde la ciudad va a ir perdiendo ese carácter centralista: se va a pasar del sistema esclavista al feudal; de la sociedad antigua a la sociedad medieval.

Otros de los fenómenos sociales observados es ver cómo todo el poder no se puede concentrar en una sola persona, tanto el político como el religioso. Dentro de esta observación podemos incluir, en primer lugar, las divisiones creadas dentro del Bajo Imperio, en que se puede observar hasta cuatro emperadores.

Dentro del estamento eclesiástico aparece el fenómeno de la jerarquización del poder.

Se da, pues, la desaparición del modelo antiguo para dar paso al medieval.

LA RELIGIÓN ESTATAL

Cunado se produjo la aparición del Estado, hubo cambios externos de la religión. En el momento en que Roma llega a convertirse en una ciudad-estado, y por ende en la capital de un reino, sus prácticas religiosas experimentaron una ampliación desmesurada, pero la finalidad primordial se mantuvo. La religión familiar pretendía asegurar la salud y prosperidad familiar. La religión agrícola buscaba alcanzar la prosperidad de los campos. La religión estatal: la prosperidad del Estado (Salus rei publicae).

en la religión estatal surgirá un sacerdocio del Estado, que desempeñará el mismo papel que el Pater familias de la religión familiar.

Por medio de la liturgia, gracias al conservadurismo, podemos descubrir la evolución de la religión de la ciudad de Roma al compás de la evolución de ella misma.

Entre tanto, en el terreno de los calendarios festivos de la liturgia romana podemos citar:

1) La festividad de las Lupercales, que tenía lugar el 15 de febrero. Consistía e que los sacerdotes (luperci, significa hombres-lobos por el disfraz que llevaban) con tiras de piel de cabrito flagelaban a los transeuntes, especialmente a las mujeres. Se tenía la creencia de que esos golpes las hacían más fecundas.

La marcha de los luperci se realizaba alrededor del Palatino, es decir, en torno a los límites del antiguo oppidum Palatinum que había sido la cuna de la Urbs.

Esta festividad debe ser una de las más antiguas del calendario romano, no sólo por el recorrido, sino también por las costumbre pastoriles correspondientes a épocas pasadas que están implícitas en esa festividad.

2) La fiesta del Septimontium se celebraba el 11 de diciembre. En ellas participaban sólo los que vivían en las montañas. Varrón dice sobre ellas:»ferias non populi sed montanorum modo». Se conoce la lista de los siete montes, que no deben confundirse con las siete colina de la futura ciudad de Roma: Palatinum, Germal, Velia (estos tres se incluirían más tarde en la única denominación de Palatino), Fagutal, Oppiano, Cispio (quedarían más tarde absorbidos en el Esquilino y Celio).

La delimitación topográfica que supone esta fiesta corresponde a una etapa posterior a la de las Lupercales y a un momento intermedio entre las aldeas aisladas y la organización final dela ciudad.

3)Las fiestas de los Argei que se celebraban en dos épocas del año (el 16 y 17 de marzo y el 14 de mayo), consistían en llevar en procesión, llevados por los Argei, 27 muñecos de cañizo a 27 capillas construidas para albergarlos. En mayo los muñecos eran tomados de las capillas (sacraria) y arrojados al Tíber desde el puente Sublicio.

Prescindiendo de la significación de esta ceremonia, que no está clara, es preciso señalar los siguientes datos: el puente Sublicio era el más antiguo de Roma. La procesión, según datos de Varrón, recorría las colinas de Celio, Esquilino, Viminal, Quirinal y Palatino, rodeando al foro que pertenecía ya a la ciudad.

Se aprecia en estas tres fiestas el ensanchamiento progresivo de Roma: la Roma quadrata del Palatino, los siete montículos, y finalmente, la Urbs centrada en torno al foro. En esta etapa última, el foro era el corazón religioso de la ciudad, con el santuario de Vesta y las Vestales.

Pasado el tiempo, sería en el Capitolio donde se construiría el templo más importante de Roma, consagrado a la tríada capitolina. Pero la religión romana realizó esta transformación no por sí mismas, sino debido a influencias etruscas, como consecuencias de las cuales se transformó la tríada primitiva de Júpiter, Marte y Quirino en Júpiter, Juno y Minerva.

Al hundirse la monarquía y desaparecer el sistema de rey-sacerdote, se perdió también el equilibrio social del viejo sistema tripartito. Es verdad que en el plano religioso continuó la figura del rex sacrorum, pero esta figura no ejercía ningún papel en la vida ciudadana.

La república, pues, se caracterizó por los conflictos sociales que, aunque tenían como origen problemas sociales entre patricios y plebeyos, ejercieron influencia en el plano religioso.

Así, los plebeyos consiguieron mediante la lex ogulnia (300 a. de n.e.) que la mitad de los puestos de los colegios estuviesen ocupados por ellos. (Sin embargo, los puestos del rex sacrorum, flamines maiores, salii, siguieron reservados a los patricios).

La construcción del templo de Castor, originariamente dios griego, protector de la caballería, en el s. V a, de n.e., y la construcción de otro templo consagrado a la tríada: Demeter, Dionisos y Ceres (Ceres-Liber-Libera, cuyo culto estaba confiado a la plebs, construcción que se realizó por los mismos años, se debieron, entre otras razones, a una política de mantener satisfechos a las clases sociales.

El que la religión romana se transformase tanto por factores internos, provocados por las tensiones, político-sociales, como por influencias externas, se debía al hecho de ser la religión romana un politeismo abierto.

Las transformaciones más serias, como la introducción de nuevas divinidades, permitidas por un politeismo abierto y romano, sólo tuvieron lugar en circunstancias particulares de gran peligro para el pueblo, sea por guerras, sea por epidemias. Así, la introducción del culto de Apolo, dios griego, cuya invocación más antigua, es la de médico, ocurrió durante una gran epidemia: en los Campos Flaminios se le consagró un santuario para que velase pro valetudine populi. El templo fue edificado en el 431 a. de n. e.

A principios del siglo IV se introdujo el culto a la divinidad etrusca Juno de Veyes. Ello se debió a una promesa del jefe de las tropas romanas en lucha contra los etruscos durante el asedio de Veyes. Se construyó su templo en el Aventino, como divinidad de origen extranjero y distinta a la capitolina. Juno Regina era considerada diosa nacional.

A finales del siglo III a. de n.e. se introdujo el culto a Cibeles, la Magna Mater. Era una divinidad oriental que residía en el monte Ida, país de los antiguos troyanos. En estos momentos estaban los romanos muy angustiados por los resultados iniciales de la Segunda Guerra Púnica. Un oráculo obtenido de los libros sibilinos prometió a los romanos la victoria a condición de que la «madre del monte Ida fuera trasladada a Roma».

en el año 204 a. de n. e. fue instalada Cibeles provisionalmente en el templo de la Victoria. en el 191, se le erigió un templo propio.

Once años antes había sido introducido el culto a Venus Eryx, a quien se construyó un templo sobre el Capitolio. Los romanos recurrieron a Venus durante la Primera Guerra Púnica. El cónsul Lucio Junio no dejó de reconocer a Venus en la Afrodita del monte Eryx, que logró ocupar definitivamente en el año 248 a. de n.e.

Estos dos últimos cultos introducidos por los romanos en las graves circunstancia de las guerras púnica, están relacionadas con la leyenda de Eneas, troyano, hijo de Venus.

La leyenda y las circunstancias peligrosas justificaron estas innovaciones.

4) El culto romano.

Ya desde antiguo se distinguía entre la liturgia nacional (sacra romana) y el rito griego (graecus ritus). La influencia etrusca, no tenida en cuenta en esta división, se manifestaba en el arte de los arúspices.

En el rito griego el oficiante actuaba con la cabeza descubierta, coronada de laurel. En el rito romano el oficiante actuaba con la cabeza cubierta. En el rito griego las plegarias no invitaban a otras divinidades distintas de las que estuviesen siendo objeto de culto. En el rito romano se hacían las plegarias como invocación general a las restantes divinidades.

El rito griego se reservaba para aquellas divinidades que conservaban rasgos de su origen griego, aunque hubiesen sido modificadas por un proceso de romanización. Tal ocurría en el culto de Hércules romano, romanizado por la leyenda. Los sacrificios que se le hacían, se le ofrecían graeco ritu. La influencia griega se manifestó también en la introducción de algunas ceremonias específicas: a) Lectisternia: consistía en rendir culto a las imágenes divinas colocadas sobre lechos ceremoniales. El primer lectisternium se celebró en el 399 a. de n.e. De los lectisternia se deriva el culto de la 1) Suplicatio: que se prescribía en las crisis más graves, después de consultar a los viris sacris faciundis. Era obligatoria para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, quienes debían acudir a todos los templos para suplicar a los dioses que los librara de la angustia. 2) Juegos seculares: También pertenecientes al rito griego. Su objeto era conseguir una lustración general, en casos excepcionales. Fueron instituidos en el año 249 a. de n. e., con las prescripciones de que se celebraban cada 100 años.

Ante determinados sucesos los decenviros consultaron los libros sibilinos y determinaron que durante tres noches se celebrasen los juegos tarentinos en el Campo de Marte, en honor al Dios Pater y Proserpina, así como un sacrificio de víctima de pelaje negro.

Más tarde, augusto introdujo importantes modificaciones en estos juegos.

El rito romano.

Las celebraciones litúrgicas unas eran de carácter regular (feriae) y otras excepcionales (feriae imperativae) con intención expiatoria.

El término feriae quizá indique «dedicación exclusiva en honor de los dioses». prescindiéndose de ocupaciones profanas. El sacerdote más importante de la ciudad, el Flamen Dialis, debía permanecer quotidie feriatus.

Las festividades regulares, normales, pertenecían a dos categorías: las establecidas en días fijos (feriae estativae), y las que tenían fechas móviles (feriae conceptivae).

Entre las móviles estaban especialmente las festividades agrarias, cuya celbración dependía de las variaciones estacionales. Pero el mes era fijo. Así, los sementivae podían caer en distintos días de enero. Las fiestas de los campos celebradas por los fratres arvales, ocurrían en días variables de mayo.

La fiestas fijas figuraban en letras capitales en los calendarios. Las feriae más antiguas se destacan en los calendarios por el mayor tamaño de las letras capitales.

Aunque la tradición ha guardado memoria del año Romuleano, que empezaba en marzo, los calendarios consideraban enero como primer mes.

Durante el mes de enero se celebraban tres ceremonias públicas: 1) El Agonium, día 9 de enero, ofrecida a Jano por rex sacrorum (El mes de enero estaba consagrado a Jano). 2) Las carmentalia, día 11 y 15, es decir, antes y después de las Idus, dedicada a Carmentis o Carmenta, divinidad tutelar del Carmen como elemento de la liturgia.

El mes de febrero estaba dedicado a las purificaciones de vivos y muertos (Etimológicamente la tradición antigua mantiene que el término februare era sinónimo de lustrare o purgare. el 15 se celebraban las Lupercalia o purificación del fundamento de la antigua Roma. El 17, las Quirinalia, en la que se celebraba el rito purificativo de tostar el grano destinado a los vivos. el día 21, las Feralia, con las que se terminaban los días destinados a los muertos (dies parentales). El día 24, el Refugium, o purificación de la institución real. El día 27, las Equinaria, o purificación de las tribus mediante unas carreras de carros.

Al correr de los meses, las festividades se suceden según las necesidades de la ciudad y las exigencias de la estación. Así como las campañas militares solían iniciarse en marzo y se les daba término en octubre normalmente, debido a esto, muchas festividades de marzo tienen el carácter de ritos inaugurales de la estación militar, mientras que en octubre se celebran ceremonias que aluden a la clausura.

El ritmo de la naturaleza explica otras celebraciones. Así, la mayor parte de los ritos relacionados con el desarrollo de la vegetación tienen lugar en abril, mientras que los relacionados con la maduración y conservación de los frutos, ocurren respectivamente en agosto y diciembre.

El culto consistía en plegarias acompañadas de un sacrificio. Sin plegarias, el sacrificio es inútil (Plinio el Viejo, Naturalis Historia, 28, 10). Estos dos elementos constituyen la base de la liturgia romana. La oración se hacía con la cabeza cubierta y vuelto el rostro hacia el Este al mismo tiempo que se estaba tocando el altar o la estatua de la divinidad. El sacerdote hacía las fórmulas de las oraciones para no equivocarse y el fiel repetía cuidadosamente.

La oración se terminaba mediante la adoratio, que consistía en enviar un beso con la mano (oscula facere), o mediante la supplicatio, que consistía en una prosternación.

Los sacrificios podían ser cruentos o incruentos. Los cruentos consistían en ofrendas que podían ser sencillas (las primicias, libaciones de vino, tortas sacrificales) o copiosas (Epulum Iovis).

Las cruentas implicaban la muerte de animales. La elección de la víctima estaba sometida también a prescripciones legales. Según la divinidad de que se tratara había que elegir animales adultos (hostiae maiores), de leche, (lactantes), machos (mares) o hembras (feminae).

Estos animales antes de ser debidamente definitivamente elegidos debían ser examinados (probatio) para asegurarse de su estado de salud, su hermosa apariencia, y de ciertos detalles accidentales que debieran tener, según las prescripciones.

La víctima elegida era coronada con bandas (ínfulas) y tiras de lienzo (vittae) y luego era llevada ante el altar. Se la consagraba mediante la inmolatio, rito que consistía en derramar sobre la cabeza de la víctima harina sagrada (mola salsa) y vino. Además, el sacrificador pasaba la hoja del cuchillo todo a lo largo del espinazo del animal: desde la cabeza a la cola (inmolavitque mola vino cultroque). Mediante este rito la víctima era separada del mundo profano. La muerte del animal corría a cargo, en época clásica, de los ayudantes de los sacerdotes (ministri o victimarii o popae).

A continuación se examinaban los órganos internos (exta) para determinar si la divinidad acepta o no, el sacrificio, o dicho de otro modo, si se da una litatio. En el sacrificio romano, los órganos internos (exta) y la sangre se conservaban para los dioses, mientras que la carne (viscerae) se destinaba a usos profanos. (Se suponía que la vida residía en las exta y en la sangre, y que a los dioses sólo podía interesarles la vida).

Entre los griegos, sin embargo,tanto la carne como los órganos internos se repartían entre los dioses y los oferentes. Se consideraban exta la vesicula biliar (fel), el hígado (iecur), el corazón (cor), las asaduras (pulmo). Lucano menciona también la membrana del peritoneo (omentum). Según Plinio el Viejo, el corazón no se consideró exta antes del 274 a. de n.e.

En principio, el examen de los exta (inspicere exta) era un acto sencillo; si aparecía en buenas condiciones, se suponía que la divinidad estaba conforme. Entonces el oficiante los cocía en un caldero (aula) o, a veces, los asaba en un espetón (veru) para ofrecerlos (exta porricere, dare o reddere) a la divinidad.

Generalmente, antes de cocer o asar los exta eran rociadas de harina sagrada y se les añadían otras porciones tomadas de diferentes partes del animal. Exta y magmenta, después de de cocidas o asados, se cortaban (pro sexta) antes de ofrecerlas a la divinidad.

El examen de los exta se contaminó muy pronto con las doctrina etruscas del arte adivinatorio. De tal modo que los arúspices consultaban los exta (consulere) para hacer predicciones, se basaban en los supuestos de que los exta, y especialmente el hígado, eran un microcosmos en relación simpática con el Universo. El hígado tenía una parte que se refería al consultante (Pars familiaris).

Los sacrificios tenían la finalidad de obtener la aprobación de los dioses, sobre todo si se tenía la conciencia de haber perdido la pacem veniamque deum. Según esto, los sacrificios podían ser votivos cuando simplemente se trataba de asegurarse el favor de los dioses y, expiatorios, cuando se trataba de establecer la paz de los dioses. (Para un romano una calamidad o un desastre era síntoma de la ira deum). El votum era una solemne promesa hecha a los dioses en virtud de la cual un magistrado se entregaba en prenda a los dioses a cuenta del Estado, hasta que se cumpliera lo prometido (votum solvere).

Los votos podían convertirse en tradicionales y podían ser debido solamente a circunstancias excepcionales, como el ver sacrum ofrecido después del desastre de Trasimeno (El ver sacrum consistía en un sacrificio de todas las crías de ganado de cerda, ovino, caprino y bovino nacidas durante la primavera.

El votum podía ser incondicional o condicionado. En el siglo I los votos incondicionados, como el hecho por Augusto en los Juegos Seculares, eran poco frecuentes. Predominaba el voto condicionado o contractual (dabo cum dederis). La corriente contractual que tanto distinguíó a la piedad romana parece que su origen es de época del rey Numa.

Los sacerdotes

En época monárquica el rey era el jefe supremo de la religión estatal, siendo asistido por los sacerdotes. En época republicana se desdoblaron las funciones políticas y religiosas. Su finalidad era evitar la tendencia a volver al restablecimiento de un poder absoluto, siendo encomendada la suprema potestad religiosa a un sacerdote con el título de rex sacrorum o rex secrificulus quien debía renunciar a cualquier ejercicio de magistratura civil. Al final de este período el rex sacrorum es simplemente el sacerdote de Jano y el jefe de la religión nacional es el Pontifex Maximus.

En época imperial el jefe de la religión nacional sigue siendo Pontifex Maximus, cargo que los emperadores procuran se le conceda.

Los sacerdotes que al principio tan sólo se reclutaban entre los patricios,estaban organizados en colegios, excepto los flámines. El reclutamiento se realizaba por cooptatio. Solamente las vestales hacían votos de castidad.

Los flamines

Cada uno de ellos está dedicado al servicio de una divinidad. Se dividían en flamines maiores y flamines minores. Los flámines mayores eran el flamen dialis, flamen martialis y el flamen quirinalis, dedicados al culto de Júpiter, Marte, y Quirino respectivamente.

El oficio de flamen dialis, que fue abandonado en los últimos tiempos de la República, fue restablecido nuevamente por Augusto.

El flamen dialis no debía realizar ningún trabajo ni permanecer fuera de su casa ninguna noche; pertenecía al Senado, tenía un lictor y usaba silla curul.

Los pontifices

El numero de pontífices fue primitivamente de tres, cuatro o cinco. Eran los encargados de del cuidado y conservación del puente sagrado llamado Sublicius, de cuya función recibieron el nombre lo pontífices. Además, los pontífices estaban encargados de las prácticas religiosas públicas y privadas. El más importante de ellos, el Pontifex Maximus, que con el tiempo llegó a convertirse en la máxima autoridad religiosa de los romanos, era el que redactaba en calendario, señalaba los días fastos (laborables) y nefastos (festivos). El pontifex maximus controlaba el índice de los dioses indigetes, indigitamenta, en el cual estaban registrados los dioses propiamente romanos. Este índice solía ser revisado y aumentado de cuando en cuando.

Las Vestales

Su número osciló entre las cuatro, seis y siete, según los tiempos. La que dirigía el grupo se llamada gran vestal. Estaban encargadas del culto a la diosa Vesta. Las vestales eran patricias; no debían tener defectos físicos, tenía que tener voto de castidad y estar dedicada al culto de la diosa durante treinta años: los diez primeros para instruirse; los diez siguientes, para ejercer el cargo, y los diez últimos para enseñar a las nuevas vestales. Vivían todas en una casa llamada Atrium Vestae.

Los Salios

Su número era de doce. Estaban encargados del culto a Marte. en el mes de marzo realizaban una danza sagrada, de carácter militar, llamada saltatio que era acompañada de un canto rítmico.

Los Feciales

Su número era de veinte. Tenían encomendada como función las relaciones internacionales. Intervenían en el proceso de la declaración de guerra. Éstos debían comprobar previamente que los culpables eran los enemigos. Igualmente intervenían en la función foedera. El sacerdote fecial a quien se encomendaban las negociaciones, recibía el nombre de pater patratus.

Los Lupercales

Eran dose y pertenecía a las familias patricias de los Quintilios y e los Fabios.

En las Lupercalias recorrían las calles de Roma y daban golpes con tiras de piel de cabrito a cuantos quisieran tener hijos. Era éste un rito mágico con el que pretendían suscitar la fecundidad. Celebraban también otros ritos mágicos para proteger al ganado contra el peligro de los lobos.

El dios Lupercus, a quien servían, se identificó más tarde con el dios griego Pan,

Los Arvales

Su número era de doce y estaban encargados del culto a Ceres.

Los Intérpretes de los Libros Sibilinos

En principio fueron dos (duoviri sacris faciundis); más tarde se aumentó a diez. Sula amplió este colegio a quince miembros.

Su función era interpretar los Libros Sibilinos adquiridos por Tarquinio el Soberbio y procedentes de la sibila de Cumas. Mediante los libros trataban de ver la voluntad de los dioses en los acontecimientos religiosos y decretaban lo que era necesario hacer para proteger a Roma del castigo de los dioses que se anunciaban mediante los prodigia.

Los Arúspices

Eran sacerdotes de inferior categoría. Les estaba encomendada la función de analizar las entrañas de la víctimas ofrecidas en sacrificio y a través de ellas hacer predicciones.

Los Augures

No eran sacerdotes sino expertos oficiales que estaban encargados de la interpretación de los signos celestes.

Al principio, la pertenencia a estos colegios era un derecho reservado a los patricios. Hasta el años 367 a. de n.e. no fueron admitidos los plebeyos en el colegio de los viris sacris faciundis, dereco que consiguieron gracias a la Lex Licinia. En el acceso al colegio de los pontífices y augures no fue permitido a los plebeyos hasta el año 300 a. de n.e., año en que se promulgó la Lex Ogulnia.

El culto al Emperador

Los precedentes que nos ha legado la Historia sobre este fenómeno proceden de Oriente. A partir de Alejandro Magno deificado por el sumo sacerdote del dios Amón en Egipto, se introdujo en el mundo griego el culto a los déspotas. En Roma fue Augusto quien comenzó a fomentar la veneración y no rechazó el título de divus que le tributaban los poetas. Difundió las leyendas que lo entroncaban con Venus. Presentaba a Apolo como su especial protector y a Marte Ultor como el vengador de César.

En Roma no autorizó su veneración directa, pero sí admitía veneración especial a su genius como si fuera el genius de la ciudad.

La utilización que el Estado hace de la religión, en el fondo no se manifiesta, sino un aparato más de la instrumentación del poder.

El culto estatal (James, E.O.) era una continuación de la religión de la granja y del campo.

Tanto el culto estatal como el imperial constituyeron la forma como se organizó el Estado Romano desde Augusto. Es evidente, como se ha dicho antes que la influencia oriental tuvo una actuación decisiva, hasta tal punto que la monarquía militar que inauguró el Imperio, tuvo en este sistema de culto un reforzamiento ideológico claro dentro del cometido político. No hay que descartar las influencias que determinadas prácticas locales tuvieron en la extensión del culto imperial.

El culto imperial no implica sólo el culto al emperador, sino también la multiplicación de diversas formas existentes y su implantación en todo lo político-institucional integrado en el Imperio. Así nos encontramos que todo este fenómeno político-religioso se va a extender a todos los territorios del imperio.

En el fondo Augusto pretendía, a la vez que ganaba sus posiciones en este terreno de la política religioso-social, apoyándose en el resurgir de toda la tradición religiosa de la época republicana, reformar las tendencias del mundo oriental para vincular todo los religioso al jefe político militar que significaba el emperador.

El culto al emperador llega a concentrar en su persona las cuatro virtudes cardinales: Virtus, Clementia, Uistitia et Pietas. Este fenómeno comienza a manifestarse como propiedades inherentes a la figura del emperador; pero esto no significó un proceso rápido, sino que se fue realizando de forma progresiva.

Todo esto se ha podido constatar con la existencia de templos dedicados al emperador en distintas localidades del Imperio, pero cuyas manifestaciones comienzan a tener un carácter colectivo.

Otras de estas manifestaciones podemos observarlas en la identificación que a través del tiempo se va haciendo de las distintas divinidades del panteón romano con determinados emperadores, hecho que conllevó un reforzamiento del carácter universal y,en consecuencia, un apoyo absoluto en su función de jefe del Imperio.

El fenómeno de la divinización del emperador no fue un proceso rápido.

Dentro de la gran multiplicidad de cultos y de dioses, el culto imperial fue un gran resorte de unión tanto para la propia Roma como para Italia y las provincias, de tal forma que constituyó el símbolo de la unión y del sentido de imperio entre todos los habitantes de tan extenso territorio.

En todo ello hay que destacar necesariamente el protagonismo que Augusto dio a su genius, que llega a tener un carácter universal. Este culto, de origen privado, llega a convertirse en culto al emperador viviente.

Todo este proceso fue tal que el lento proceso, alimentado por la estrecha vinculación entre la divinidad y el emperador, acabaría en el hecho de divinizarlo en vida.

INFLUECIAS ETRUSCAS

Las influencias externas que más transformaciones operaron sobre la religión romana fueron las provenientes de los etruscos y de los griegos.

Los etruscos fueron los que enseñaron a los romanos a erigir estatuas a los dioses. La primera estatua de Júpiter hecha en terracota y colocada en el Capitolio, fue obra de un escultor etrusco, Vulca de Veyes (Plinio, H.N. 35,157).

Al asumir los dioses forma humana mediante las estatuas, se pensó en seguida en una morada para ellos. De esta manera el lugar sagrado (fanum), que muchas veces consistía en un bosque sagrado o lucus, adoptó la forma de un santuario o aedes que solía erigirse en el lugar consagrado a la divinidad.

Fueron también los etruscos los que enseñaron a los romanos a construir los templos. A ellos se debió la construcción del templo del Capitolio, consagrado a la triada capitolina: Júpiter, Juno y Minerva, mediante la cual se sustituyó la antigua tríada: Júpiter, Quirino y Marte.

Esta transformación de la tríada se explica por la importancia que tenía la mujer en Etruria. Importancia social superior a la que tenían en las sociedades indoeuropeas.Estas innovaciones debieron realizarse durante el período en que los etruscos gobernaron Roma, al final de la Monarquía.

De los etruscos aprendieron también los romanos el arte de los arúspices. Relacionado con estas innovaciones se encuentra la introducción de Juno de Veyes en el siglo IV a. de n.e.

CONSTACTOS CON LA MITOLOGÍA GRIEGA

Los romanos fueron adoptando de forma progresiva el culto a divinidades griegas: Apolo, Venus de Eryx. Pero la influencia griega fue mucho más honda.

La religión primitiva romana era eminentemente práctica: los romanos no se ocuparon ni de elaborar una cosmogonía, ni una mitología, ni una teología. Esta laguna teórica la llenaron los romanos apropiándose de los mitos griegos al realizar una labor de identificación entre sus divinidades nacionales y la de los griegos. Este proceso asimilatorio comenzó en el siglo VI por mediación de los etruscos y se acentuó durante la República al estrecharse progresivamente los lazos culturales directos entre latinos y griegos. La base que sirvió a los romanos de apoyo para realizar esta asimilación no fue arbitraria, ya que romanos y griegos tuvieron un pasado común indoeuropeo, como queda manifiesto por el nombre de Júpiter con las variantes onomásticas de Zeus Pater y Dius Pitar de los indúes.

Divinidades griegas y romanas:

LA TIERRA Y EL CUELO (Urano)

12 TITANES, de los cuales

CRONOS Y RHEA

(Saturno) Cibeles)

AFRODITA HESTIA POSEIDÓN HADES DEMETER ZEUS HERA Venus Vesta Neptuno Plutón Ceres Júpiter Juno

ATENEA APOLO ARTEMIS HERMES DIONYSOS ARES HEPHAISTOS

Miner Apol. Diana Merc. Baco Marte Vulcano

A lo largo del tiempo que corre entre el siglo VI a. de n.e. y el siglo III a. de n.e., se creó el Olimpo greco-romano, como resultado del proceso de identificación de las divinidades romanas con las griegas. Este Olimpo contenía las doce principales divinidades. De todas ellas sólo Apolo fue en Roma una divinidad enteramente nueva.

La influencia griega no sólo se limitó al campo de la mitología, sino que también alcanzó a la liturgia, según se ha visto al tratar de los ritos.

OTROS CULTO ORIENTALES

Los aparatos ideológicos del Estado se fundamentaban en dos elementos base: la ciudad y la familia. Este fenómeno bipartito dejaba fuera cualquier elemento que no quedara encuadrado dentro de esta estructura oficial. Así, los extranjeros no gozaban de la ciudadanía romana y, por tanto, quedaban excluidos.

En el caso de las comunidades tribales, como se dijo al principio de este trabajo, se intenta que los jefes de las tribus detenten el título de princeps familiae.

En otros casos se intentará dar a las divinidades sincretizadas el carácter de augusteas o bien se asocian al numen del Emperador. Como ejemplo de este fenómeno tenemos el caso de la diosa Nemesis. Para aceptarla se la liga al culto imperial (Testimonio de este divinidad tenemos recogido en las inscripciones de la Ermita de san Sebastíán en Adra).

De todos modos, la introducción de todas estas divinidades suponían un trastorno interno en el funcionamiento del aparato ideológico estatal y religioso que podía perjudicar la finalidad rectora de toda una tradición de comunidad religiosa y política.

La victoria cartaginesa de Trasimeno supuso la caída de una serie de valores de tal forma que el desencanto se apoderó de la mentalidad religiosas imperante.

El caso de las Bacanales puede traerse a colación en el sentido de que suponían un nuevo carisma frente a una sociedad en crisis.

Después de la victoria romana de Flaminio intentó introducir nuevas formas religiosas que no tuvieran aceptación por parte del Estado.

Pero frente a la irreversible situación expansiva de Roma en todo el Mediterráneo, tanto oriental como occidental, se produce también el irreversible fenómeno de la adopción de nuevos ritos y divinidades.

La aparición del Círculo de los Escipiones tendrá parte decisiva en estas adquisiciones. Frene a ello el estado tendrá parte decisiva en estas adquisiciones. Frente a ello, El Estado trata de resolver el problema mediante el sistema de los sincretismos religiosos, siendo Augusto quien consigue una plena unidad religiosa y política. Se ha dicho que el Ara Pacis ha sido la mejor representación de la ideología religiosa imperante.

Pero los problemas no estaban resueltos en este terreno. El primero de ellos es la vinculación de los actos religiosos a determinadas clases sociales, sobre todo a aquel elemento social que estaba ligado a la comunidad bien por la civitas bien por pertenecer a una gens o familia.

El segundo problema es la falta de contenido ético capaz de satisfacer a los diferentes estamentos de la sociedad romana en todo el Imperio. En último término tenemos el encuentro que se produce con otras nacientes religiones, como la cristiana de carácter universal, o la judía, con carácter nacionalista.

Esta brecha o falta de contenido trató de resolverse desde la época de los Severos mediante una profundización de la divinización imperial, ya que se pretendía convertir y dar al imperio un carácter totalitario, a tono con la ideología oriental .

La búsqueda de la unidad religiosa a través del Sol será un proyecto religioso ideado por Aureliano, dándose el mismo el nombre de deus et dominus.

Esta especulación no podía tener éxito porque adolecía de falta de penetración en las diferentes capas sociales que se encuentran a su vez con el impacto de unas religiones mistéricas con más contenido religioso que las estatales.

No obstante los cultos mistéricos en los sus elementos mistéricos y orgiásticos jugaban un amplio papel encontrarán su limitación en los imperativos impuestos por las pequeñas zonas en que se desarrollan, añadiéndose a esto lo complejo de sus ritos no haciéndolos asequibles a las masas sino tan solo a los iniciados. Pero a la vista de los hechos y el problema que constituía el acceso a la mayoría de estos ritos, éstos se irán simplificando de forma que adquieran un carácter más generalizado. Este fenómeno se manifiesta con los cultos de Isis, Attis y Mitra.

En un principio estos cultos no significaban una oposición frente a los aparatos del Estado, sino que más bien sirvieron para aglutinar a todas aquellas masas que, por no pertenecer a familias, gens o poseer la civitas, se encontraban fuera de la religión estatal.

Todo esto abocó, debido a causas socio-económicas principalmente, en un cambio ideológico que se irá infiltrando paulatinamente en el Imperio.

Por todo ello el culto al emperador comienza a perder fuerza ante las innovaciones que se adaptaban mejor a las nuevas circunstancias temporales. Como veremos más adelante, será el cristianismo quien tendrá un papel decisivo en la evolución social y, sobre todo, en el terreno estrictamente religioso, creando un nuevo orden de cosas hasta desembocar en nuevas formas de gobierno y cambios radicales en la ideología estatal.

El culto de Isis

El culto de Isis tenía como base el mito de Osiris que simbolizaba poéticamente las condiciones especiales que tiene la vegetación en Egipto. He aquí una de las versiones del mito: Geb y Nat tuvieron dos hijos llamados Osiris y Set, y dos hijas llamadas Isis y Neftis. Isis era esposa de Osiris, mientras que Neftis atendía a Set. Osiris gobernaba el mundo como un monarca bondadoso, pero Set adoptó frente a él una actitud hostil y logró asesinarlo a pesar de la protección de Isis, engañándolo para que se dejara encerrar en un sarcófago. Luego Set con sus ayudantes lo arrojaron al Nilo. Isis abatida por la tristeza sin embargo no descansó hasta encontrar a su esposo muerto. En unión con Neftis pronunció una lamentación con virtudes mágicas sobre el cadáver. Esto y las atenciones prodigadas al cuerpo mutilado por Anubis, y las dos hermanas, lograron devolverlo a la vida,

Entre tanto Isis concibió a su hijo Horus del difunto Osiris. Set logró de nuevo apoderarse de Osiris y lo descuartizó en catorce trozos, que Isis enterró conforme los iba encontrando.

Horus fue guardado en la región pantanosa del Delta y cuando alcanzó la edad viril, Isis lo llevó ante los dioses. Se celebró un juicio en el que Tot defendió a Osiris y Horus. Set fue condenado. Horus fue reconocido heredero y Osiris no regresó a la tierra, sino que fue nombrado señor del mundo inferior y juez supremo de los muertos. Osiris, pues, representa al rey bondadoso. Isis a la amante esposa. Neftis, a la hermana fiel. Horus al hijo vengador de la injusticia. Set, al hermano envidioso. Anubis y Tot, a los amigos que socorren en el desamparo.

Además, la dramatización del dolor y de la resurrección inspiró al pueblo la esperanza de una vida bienaventurada más allá de la tumba.

Según algunos egiptólogos la forma mistérica del culto de Isis y Osiris, tuvo lugar en una época avanzada, cuando entraron en contacto con el mundo griego, en época helenística.

El misterio del culto consistía en una interpretación más profunda del mito y en una serie de ceremonias que se iban recibiendo gradualmente y que se mantenían secretas para los no iniciados.

En los misterios de Isis había tres grados. Los grados segundo y tercero nos son desconocidos. El grado primero aparece insinuado en la Metamorfosis de Apuleyo. Parece ser que consistía en la anticipación del viaje al trasmundo, sugerida por medios sugestivos-hipnóticos.

De las excavaciones del Iseum de Pompeya, se deduce que este culto se introduce allí en el siglo II a. de n.e. El Senado tomó enérgicas medidas para que el culto no fuera introducido en Roma.

Particularmente Augusto y Tiberio que estuvieron empeñados en la revitalización del culto oficial y tradicional de Roma, se mostraron hostiles para con los devotos de Isis, a quienes, por otra parte, consideraban partidarios de Cleopatra.

A partir de Calígula, el culto de Isis empezó a florecer en todo el imperio. En el Campo de Marte se edificaron un Iseum y un Terapeum.

Durante el reinado de Caracalla se construyó otro Iseum en el Quirinal.

Junto con el culto de Isis se introdujo el culto a Serapis,divinidad promovida por Ptolomeo I Soter, elaborado basándose en Osiris y en el buey Apis.

El culto a Cibeles y Attis

Este culto fue introducido en Roma en el año 204 a. de n.e., por disposición oficial del Senado, previa consulta a los Libros Sibilinos durante la grave crisis de la Segunda Guerra Púnica.

Mito de Cibeles: Una enorme roca dominando Agdo, en Frigia, adoptó la forma de una gran Madre. Dormida, Zeus quiso hacerle el amor, pero a diosa se resistió luchando con Zeus, quien le dejó caer el semen durante la lucha.

De la roca nació un monstruo bisexual. Los dioses trataron de domesticarlo. Líber o Baco mezcló vino en el agua de la fuente en la que el monstruo llamado Addistis solía beber. Cuando éste, como consecuencia del vino, cayó en un profundo sueño, Baco le ató sus partes viriles a un árbol. al despertarse, el monstruo se arrancó las partes viriles de cuya sangre brotó un granado o ul almendro, que fructificó a su debido tiempo. Nana, hija del río Sangario, comió de sus frutos y quedó embarazada. Cuidada por Cibeles, dio a luz al niño Attis. su abuelo lo expuso pero fue criado por una cabra. El niño se hizo mayor y fue pastor.

Cibeles, la madre de los dioses, se enamoró de él, y lo hizo su favorito con la condición de que únicamente aceptara sus favores. Pero Attis se dejó seducir por una ninfa, por lo que Cibeles se vengó volviéndolo loco. Bajo el efecto de la locura, Attis se emasculó bajo un árbol, a las orillas del río Gallo. De su sangre brotó una fuente de cuatro bocas.

Según unas fuentes, Attis se transformó en pino, según otras, murió. Pero la diosa sintió compasión y pidió a Jípiter que lo resucitara.

Según una tradición, no revivió por completo; sólo movía su dedo meñique y crecían sus cabellos.

Según otra versión, Attis dormía durante el invierno y se despertaba durante el verano.

Evidentemente este tipo se encuentra relacionado relacionado con los ciclos de la naturaleza.

Las fiestas en honor de Cibeles y Attis se celebraban del 15 al 18 de marzo. durante esos días se iban reviviendo las diversas partes del mito.

En abril se celebraban los juegos megalenses en honor de Cibeles solamente ya que el día 24 de abril era el aniversario de la introducción del culto en Roma el año -204.

Las fiestas de Attis, en los lugares más alejados del santuario terminaron por adoptar la forma mistérica de ritos de iniciación.

Una de los formas más impresionantes del culto a Cibeles y Attis era el taurobolio, a veces llamado también criobolio.

En Roma se celebraba todavía por lo menos entre el -295 y el 390 de n. e. Consistía en que el sumo sacerdote, revestidos de los ornamentos sagrados era metido en un hoyo tapado con una especie de parrilla de madera sobre la que se colocaba el toro sacrificado, cuya sangre al desparramarse, caía sobre el sacerdote. Éste sale después con un aspecto horrible y se manifiesta al pueblo que lo adora.

Quizá esta ceremonia expresaba una purificación espiritual.

El culto de Mitra

El mito. Después de la creación del mundo, Saturno o Cronos entregó sus poderes a Júpiter, identificado con el dios iranio Ahura Mazda. Este dios de la luz que representaba la vida y el bien, tiene entablado un combate eterno con el poder de las tinieblas que representa el mal y la muerte. Mitra es el fiel auxiliar de Ahura Mazda. Había nacido de una roca, símbolo de la bóveda celeste, provisto de arco, aljaba y puñal.

La hazaña más famosa de Mitra fue el sacrificio del toro. Primeramente el dios cazó al toro que pastaba tranquilamente en las praderas. Después de mucho luchar y de dominar a la bestia, la llevó triunfalmente sobre sus hombros a una gruta, en la que sacrificó al toro contra su voluntad por orden del dios supremo. De la sangre del animal agonizante brotó una nueva vegetación en forma de espiga de trigo. Mitra concluyo un acuerdo con el dios Sol, quien, al parecer, le había dado la orden de parte de Júpiter. (Ahura Mazda) de matar al toro. en un banquete sagrado ambos comen la carne del toro y beben su sangre.

Al final de su vida terrena, Mitra asciende al cielo junto con el Sol en una carroza.

Doctrina y culto

Solo del mitraismo, entre los cultos mistéricos orientales, se conoce la doctrina.

El dios era concebido como el defensor de la justicia y guía victorioso.

El nuevo Mystes o iniciado nacía al culto de un niño desnudo después de haber superado numerosas pruebas. Tenían un rito de purificación con perdón e los pecados. Los grados de iniciación eran siete: los tres primeros eran diversos grados de los aspirantes; a partir del cuarto se formaba parte como miembro de pleno derecho. Los iniciados del grado más alto son los representantes del dios en la tierra.

Celebraron procesiones, en algunas de las cuales participaba el toro que había de ser sacrificado, no sólo para ofrecerlo al dios sino también para recordar sus gloriosas hazañas. Después se celebraba un banquete sagrado. Debe tenerse en cuenta que la sangre y carne del toro se consideraba como semilla de la eternidad. A veces, en lugar de la carne y sangre del toro, comían como sustituto pan y vino. Este culto no admitía a las mujeres entre sus adeptos.

Introducción en Roma

Plutarco nos informa de que los romanos establecieron contacto con el mitraísmo por medio de los piratas cilicios, asentados en Italia después de su derrota a manos de Pompeyo el Grande.

En el siglo I a. de n. e. no fue admitido oficialmente por el Senado, por lo que no pudo entrar en Roma. Fue favorecido por los sucesores de Augusto y Tiberio. Nerón lo fomentó. en el siglo II de n. e. La imagen de Mitra aparece en todas las provincias del Imperio, cuyo culto fue divulgado principalmente por los soldados y los comerciantes. durante este mismo siglo llegó a penetrar en el palacio imperial del Palatino.

EL CRISTIANISMO

El cristianismo entró poco después de su nacimiento en contacto con el mundo romano. San Pedro y san Pablo ejercieron una amplia labor de difusión del cristianismo en el mismo corazón de Roma. Este nuevo movimiento religioso aportaba importante novedades que lo distinguía de la religión romana. a) El concepto de sobrenaturalidad: el romao no creía que la fuerza numinosa fuera de orden distinto al natural. Esto explica que pudieran aceptar un cierto parentesco natural de algunos hombres con la divinidad. b) El espiritualismo cristiano restaba importancia a la letra de las leyes, mientras que la religión romana era altamente formalista. c) El cristianismo presentaba un carácter universal, mientras que la religión romana, a pesar de su aperturismo, no tenía más aspiraciones que las del imperio romano. d) El cristianismo tenía una fundamentación histórica, mientras que la religión romana, bao la influencia griega, adoptó una fundamentación mítica. e) La religión romana no consideraba el individuo, sino a la colectividad, por lo que ni desarrolló la mística ni la ética individual; mientras que en el cristianismo, el individuo reviste una particular importancia. f) A los romanos les faltaba igualmente el concepto de la inmortalidad. Más exacto, tenían fe en cierta inmortalidad de ultratumba, pero se trataba de una inmortalidad familiar. La inmortalidad personal se fue abriendo camino en el último siglo dela República, pero se la considera privilegio de los grandes personajes. El cristianismo aportará el mensaje de inmortalidad individual. g) Al politeísmo romano opuso el cristianismo el más estricto monoteísmo.

La lucha entre ambas religiones se prolongó durante cinco siglos. El golpe definitivo fue asestado a la religión romana por Teodosio, quien ordenó la clausura de los templos, prohibió los sacrificios públicos así como los cultos domésticos en honor de los lares (manes), penates y los genios.

Sin embargo la religión romana no desapareció sin dejar huella e el cristianismo. He aquí una serie de vestigios romanos en la religión cristiana: 1) El obispo de Roma adoptó el título e Pontifex Maximus. 2) El cristianismo adoptó gran cantidad de términos de la religión romana: religio, pietas, sanctus, sacramentum etc. 3) El cristianismo asumió algunas festividades romanas:los Lupercalias influyeron en la fiesta de la purificación de la Virgen; los Ambarvalia, en las rogativas por los campos, etc. 4) El culto a los muertos adoptó rasgos de las costumbres romanas; empleo de flores y otros detalles. 5) la estructura de las plegarias.

Dentro de todo este cambio profundo que produce la religión cristiana en la estructura socio-política del imperio romano, conviene hacer además unas cuantas precisiones. y matizaciones en lo que concierne a otros movimientos ideológicos que intentaron ser la alternativa dentro de lo que se puede considerar como aparatos ideológicos del Estado romano.

Puede observarse una gradual decadencia del sistema esclavista que corre paralela a la paulatina pérdida de poder real del pater familias en la sociedad romana.Tanto esta debilidad familiar como la falta de contenidos éticos de los ritos romanos van a producir una decadencia de la ciudad que pretendía seguir siendo el eje central de la estructura del Imperio.

En otro terreno de cosas, el cambio que se produce en el sistema de producción provoca la hegemonía del campo sobre la civitas.

Tanto la crisis de la familia como la civitas y los cambios en los sistemas de producción van a incidir de forma directa y decisiva sobre la propia influencia del Emperador o poder imperial.

Ante esta nueva situación de cosas. el Estado necesita buscar las respectivas alternativas tanto en lo que a aparatos ideológico se refiere como a los instrumentos religiosos que lo coadyuvan.

Si la familia se desmorona y los lazos religiosos que la unían ya no surtían los efectos previstos en favor de una estabilidad ciudadana que, a su vez, incidía de forma directa en el control de todo el sistema socio-político, era necesario una transformación gradual que sirviera para la representación y reproducción de las nuevas formas socio-económicas que estaban surgiendo que, en definitiva, permitirían la continuidad del proceso histórico. En este terreno las cosas, es necesario considerar que el movimiento filosófico dirigido por Séneca se iba a encarrilar hacia el fortalecimiento del sistema vigente, como alternativa de continuidad.

Si tenemos en cuenta el carácter universal que inspiraba la filosofía estoica, ésta llega a considerarse como perfectamente entroncada, dentro de la cosmópolis, con la concepción universal del Imperio.

Si tenemos en cuenta que el estoicismo que protagoniza en estos momentos Séneca, defiende las tres unidades-base que se encontraban en crisis: familia, civitas e Imperio, la nueva concepción venía a salvar de momento la situación.

Para Séneca, la familia es un Estado en miniatura. A tal punto llegó el sentido práctico de la nueva doctrina que, en época de los Antoninos, se convierte en la religión oficial del Imperio.

El Emperador era un orbis terrarum, y Roma la civitas por excelencia a la que hay que imitar. Esto se unía al supuesto de que todos los individuos practicaban los normas predicadas por Séneca.

El estoicismo estaba desprovisto de expresión y por tanto su capacidad quedó limitada. Tan sólo sirvió para cumplimentar el culto oficial y a determinadas capas de la sociedad: no tenía un carácter universal.

Era necesario un sistema que recogiera un carácter universal y un contenido ético-moral.

El culto al Emperador tenía un carácter universal que tropezaba con los cultos provinciales y, aunque intentó sincretizarlos, fracasó en muchos de sus intentos.

A pesar de los intentos de simbiosis, el estoicismo no pudo llegar más que a determinados niveles de individuos, por lo que la mayoría de los elementos humanos de la plebe romana quedaba fuera de estos esquemas religiosos. En el terreno de los esclavos tampoco surtió el efecto más mínimo, ya que se vieron inclinados a buscar unas creencias más acordes con su propio estado social. Cuando en el colonato llegan a confundirse los ciudadanos libres y los esclavos, la situación se complica aún más.

El Edicto de Caracalla proclamando a todos los individuos del Imperio ciudadanos romanos, tampoco resolvió la situación. Si los aparatos ideológicos del Estado no corrían paralelos a los religiosos, no se podía consolidar esta nueva situación.

En estas formas aparece el cristianismo como método de salvación de todos los males. Los intentos de ligar a la familia en su sentido primitivo, fracasaba precisamente por la falta de un contenido ético-moral. El estoicismo presenta una búsqueda de libertad interior, simplicidad de corazón, ayuda mutua, misericordia, etc., como rasgos más destacados.

Pero frente a la religión oficial, el pueblo busca sus propios dioses asequibles a su forma de vida y necesidades humanas y éticas.

De esta forma se llega a la extinción de un sistema oficial que no supo mantener sus aparatos ideológicos por falta de adecuación a la realidad que se necesitaba.

La alta sociedad había pedido su influencia en las masas, en el terreno religioso y filosófico dado que tanto el estoicismo como el neoplatonismo van a protagonizar unos sistemas no accesibles a la mayoría de la población.

En este estado de cosas se presenta el cristianismo aportando lo que en aquellos momentos de la historia necesitaba: una religión de carácter universal y una doctrina de pleno sentido ético-moral. Esta fue la clave de su triunfo como se ha visto en la anterior exposición de sus sistemas frente a todos los que por entonces se conocían en todo el Imperio.

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Vigil, M. Edad Antigua. Historia de España. Alfaguara.

CRIPTOPÓRTICOS DE SEKS (Almuñécar, Granada, España)

El estudio de los elementos arquitectónicos más relevantes de esta colonia romana, constituye uno de los misterios más relevantes por resolver. Se ha buscado a través de todo el Mediterráneo, intentando localizar elementos paralelos para poder establecer una cronología más precisa, pero los contextos arqueológicos no nos han aclarado nada por lo confuso y mezclado en que se encuentra todo. Se ha podido comprobar que el elemento criptopórtico se encuentra no sólo en lo que hoy se considera ciudad moderna -montada sobre la estructura antigua-, sino que han aparecido también estos elementos en lugares tan apartados como Cotobro y Monte de Velilla, en la zona de costa, pero también tenemos este elemento en lugares con algunas villas rústicas, como las cercanas a la zona de Las Peñuelas.

En cuanto a la localización de estos elementos, nos basamos en el estudio que, hasta el momento, se ha practicado sobre la ciudad moderna. Podíamos pensar que hubo una ciudad romana en esta localidad, conocida últimamente como FIRMVM IVLIVM SEX, pero que, en realidad, nunca ha existido una ciudad material, como hoy día se entiende. La transcripción del nombre de la ciudad ha dado modernamente el nombre de SEKS, cuando en realidad era un topónimo trilítero (Samech, Kaph, Samech, siendo la «e» el resultado de una resonancia vocálica en la articulación de sus consonantes, pues se sabe que las lenguas semítica no disponían de ese elemento fónico), y que ha dado multitud de variantes a través de su historia lingüística de carácter popular. No ha existido una ciudad romana propiamente dicha, sino una macrofactoría de salazones en todo su trazado arquitectónico.

Prestando atención a lo que hoy se considera núcleo urbano, hay que decir que Almuñécar no responde a una estructura hipodámica ni al esquema tradicional (Vitruvio) de lo que es la urbe romana, como bien podemos ver en otras localidades costeras a levante y a poniente de esta ciudad. En ningún trazado urbano actual se pueden observar un cardo maximvs ni un decvmanvs. Los elementos hasta ahora encontrados están representados sólo por estructuras industriales: series de diferentes tipos de piletas de salazones, depósitos de agua, sistemas de canalizaciones de abastecimiento y vías de eliminación de aguas residuales. Y como sistemas de almacenamiento, una gran cantidad de galerías (criptopórticos) situadas a distintos niveles en todo el conjunto. Aparecen a nivel del mar y en cualquier cota del conjunto.

Los sistemas de canalizaciones, que se verán en otro apartado, son muy variados, y los depósitos de agua están a niveles muy bien estudiados para su utilidad: el principal se encuentra en la zona conocida como La Santa Cruz, y el último sobre el conocido Peñón del Santo.

En definitiva, se puede decir que, cuando el elemento musulmán entra en esta localidad, se ve obligado a romper las estructuras romanas para poder ocuparlas, hecho que explica que aparezcan calles «modernas» tan tortuosas y quebradas. Se rompen series enteras de criptopórticos para poder construir «calles» donde no existían. Y las que vemos rectilíneas y paralelas son consecuencias de la eliminación de numerosas series de galerías para poder moverse por esos lugares. Testigos podemos ver cuando, al pasar por una de esas calles, aparecen, en los laterales, restos de los muros que conformaban las galerías; y no son pocos. Pero se sabe que existen otras galerías que continúan ocultas desde sus inicios, y que, alguna vez, podrán salir a la luz.

CRIPTOPÓRTICOS DE SEKS

Se van a exponer por sectores cada uno de los elementos existentes hasta hora a través de todas las calles y lugares de la ciudad moderna.

Sus proporciones, medidas y situaciones se irán dando de acuerdo con su emplazamiento y que figuran en el trabajo general Sexsi, Almuñécar.

Perímetro del casco antiguo de Almuñécar.

Plano general sobre la ubicación de los sistemas de criptopórticos de Sexsi. Marcados en negrita las zonas de mayor número de galerías.

Sector A. Peñón del Santo. Esta zona Fue excavada en 1945 por D. Antonio Fontán. Por los indicios de restos de muros abovedados, debían ser tres o cuatro naves o criptopórticos. Hay restos claros de que los muros de las galerías llegaban hasta el talud, y que debió desprenderse gran parte de las estructuras. Las piletas de salazón debieron estar o a nivel del depósito de agua, o en la parte superior del Peñón, cuya forma no era como hoy se ve. Terminaba en punta y fue allanada por Da. Encarnación Márquez, propietaria de una azucarera de la zona.

Peñón del Santo. Sector A. Detalle del punto de arranque de una de las galerías que formaban este conjunto industrial.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Fase de excavación. Sector L. Está compuesto este elemento de una nave central y siete colaterales, con prolongaciones, en su orientación, hacia Poniente y Levante, contándose su continuidad en ambos sentidos, o sea, las estructuras de naves abovedadas continuaban hasta que fueron destruidas para abrir paso.

Criptopórtico Cueva de siete Palacios. Esta edificación romana ha sido convertida en Museo Local, donde se pueden ver los materiales arqueológicos de las diferentes excavaciones llevadas a cabo hasta este momento. En él se exponen materiales ibéricos, egipcios, fenicios, romanos y árabes. Vista de conjunto del restos de las naves que, con el tiempo o la acción antrópica, formaban esta unidad aneja a la Cueva de Siete Palacios. Sin duda ha sido utilizada con el tiempo como cantera de materiales de las nuevas construcciones anejas. Se le considera la segunda unidad por su estado de conservación.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Puerta de comunicación entre los diferentes compartimentos que formaban este conjunto arquitectónico. Fase de excavación. Hoy constituye la puerta principal de acceso.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Sector L. Fase de excavación. Obsérvese como se continúan las naves en esta parte del conjunto total, formando una unidad estructural de la misma tipología que la anterior. Las naves que se observan tienen unas medidas muy similares a las anteriores.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Foto de detalle donde se aprecian los restos de gran número de naves rotas por las razones antes expresadas. Su profundidades son distintas como se verá en la planimetría. Prácticamente todo este Sector ha sido habitado por gente en diferentes épocas.

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Este Plano refleja lo que son las naves de la cueva de Siete Palacios, pero, además, en su parte superior izquierda, se conserva una galería que se encuentra enrasada con un sistema de aparejo de madera. Esta última nave tiene su continuidad en las siguientes viviendas.

Esta figura es una proyección ortogonal donde se trata de reflejar el volumen de lo que se conserva y lo que se supone existió antes de ser destruida.

Este plano trata de reflejar los elementos que integran el conjunto más complicado y extraño de los localizados en parte inferior de la ciudad moderna. Realmente esta zona ha sido muy modificada y sólo se conserva lo que podemos ver en fotos, pero realmente debe atravesar toda la calle perpendicular a Baja del Mar y cruzar en ángulo recto la calle Cerrajeros.

Galerías romanas retocadas en época musulmana, en el centro de la ciudad, calle Baja del Mar. Se trata de una serie encadenada de estructuras que han sido muy alteradas a través del tiempo, pero que guardan los indicios de los materiales romanos usados en su construcción. Como toda nave, conservan su agujero en el techo, que probablemente era su punto de acceso. Otras veces parecen luminarias de tipo árabe. Pero lo que no deja lugar a dudas es el aparejo. Este mismo tiempo se encuentra en la calle Morería Baja, zona muy cercana a la parte de la factoría de salazones mejor conservada, como la del Majuelo.

Detalle de la foto anterior, donde podemos comprobar el tipo de aparejo, el clásico uso de opvs latericivm, en su típica colocación de gruesos y delgados. Su agujero es muy claro. Todas las galerías romanas lo tienen.

Puerta de acceso a las galerías romanas interiores. Tiene forma de arco califal. Lo que se explica por la ocupación que los árabes de ellas.

En esta foto se aprecia mejor la forma del arco árabe; pero se nota que la estructura romana ha sido retocada en la remodelación del mismo. Conserva, como todas las galerías, el agujero del techo, que aparenta ser una luminaria.

En esta foto de detalle se aprecia bien el agujero de forma cuadrada, y el aparejo de opvs incertvm.

Vista de la nave anterior y paso lineal hacia otra de las naves. Como se puede observar, las pareces han sido enlucidas con mortero de época medieval. También se observa el agujero del techo.

Secuencia y paso a otras de las naves. La puerta es artificial. Ha sido abierta a golpe de pico y enlucida con mortero árabe. Pero el grosor del muro entra dentro de los cánones tipológicos usados por los romanos.

Paso hacia la parte final de este conjunto de galerías. Como se puede ver, se produce una alternancia de tipos de materiales, lo mismo el opvs incertvm, que el opvs latericivm

La siguiente puerta da paso hacia el interior y se ve de la misma forma que la anterior. Se pasa a la siguiente nave y ya nos encontraremos con un espacio que se sitúa al borde de la calle actual (Alta del Mar), a la que se accede con dificultad por el estrechamiento de las estructuras.

En esta imagen podemos observar una puerta de paso a otra nave; pero, ya al fondo, se observa que el acceso es prácticamente imposible, porque el espacio se cierra e impide acceder, salvo que se hubiera desmontado toda la estructura que se encuentra de frente. Da la impresión de que las formas cambian e impiden el acceso por el aumento de los volúmenes de las estructuras.

En este plano indicamos la presencia de una nave recientemente descubierta y es de la más grandes el conjunto. Se ve en la parte inferior derecha.

Plaza del Ayuntamiento.

Nuevo descubrimiento de nave en el centro de la ciudad. Se trata de una nave de proporciones similares a la Cueva de Siete Palacios, pero sólo con dos naves pequeñas laterales que lindarían con las estructuras bajas de la calle posterior Escamado. Vista tomada desde el interior de la casa de los Müller.

Plaza del Ayuntamiento. Galería de los Müller. Nave-galería en fase de restauración moderna. A derecha se ve una abertura tipo hornacina similar a otras naves del área Eras del Castillo. Es una de las más grandes que se han localizado en la ciudad.

Galería de los Müller desde un espacio superior con canalizaciones modernas procedentes del exterior.

Galería de los Müller. En la parte superior izquierda se puede ver el aparejo de opvs incertvm alterado por los añadido modernos.

Eras del Castillo

Este plano nos presenta todo el conjunto de naves que existen en Eras del Castillo. Es el grupo más complejo. Se dan varias medidas y tipos de galerías. La mayor parte de ellas se encuentran encima de Cueva de Siete Palacios.

En esta foto podemos ver una galería con la bóveda recubierta de chapa de madera, al igual que sus paredes. Forma parte de un conjunto muy numeroso de «cuevas» y que se verán enseguida. Sus proporciones son similares a la gran mayoría de las que se encuentran en esta zona. Todas las viviendas modernas están montadas o ocupadas desde que se conoce su existencia.

Esta foto muestra una galería enchapada con papel decorativo y forma parte de la unidad anterior. Sus características son las mismas en cuanto a su construcción y a sus materiales y módulos.

El Sector E ha dado lugar a ciertas elucubraciones sobre la forma que presenta. Y simplemente se trata de una serie de galerías que, por la forma y condiciones del terreno, adopta la forma que tiene. Se ha llegado a cometer el disparate de «reconstruir» el teatro de Sexsi. Grave disparate, pues no hace más que confundir a la gente y a recibir críticas por la falta de información. No quieren reconocer que Almuñécar fue sólo una gran factoría de salazones, con estructuras que aparecen desde el Majuelo hasta lo más alto de la ciudad. Aquí no existen construcciones para el «panem et circenses«. Templos y foros, los necesarios por la gran industria que había.

Calle Angustias Moderna. Criptopórtico que forma parte de los típicos. Es de proporciones medias y situado en el área superior de Eras del Castillo, en la calle Angustias Moderna. Su interior se encuentra completamente encalado desde que fue habitado por personal en época reciente. Gracias a su ocupación se conserva en buen estado. En plano se localiza con facilidad. A continuación se encuentra otro espacio de galería consecutiva cuya bóveda había sido destruida, sobre cuyos muros se levantó nueva habitación. Y todo ese espacio, con cubierta indicada con línea discontinua, estuvo formado por una de las series más abundantes en número de criptogalerías.

Esta galería se encuentra en el plano al comienzo de la calle Angustias Moderna, a derecha, según se sale. Su bóveda ha sido destruida para poder levantar encima de ella otra habitación. Tan sólo se conserva este trozo de bóveda indicando su curvatura.

En este mismo Sector, pero en la calle Angustias Nueva, podemos ver este espacio en cuyo muro interior se encuentra una galería de las mismas proporciones que las anteriores. Hoy está taponado porque por su interior, años atrás, el ayuntamiento introdujo la canalización de aguas residuales. Sebe ser abierto y estudiado como el resto de las galerías. Este espacio hueco indica su presencia.

Calle Angustias Nueva, paralela a Moderna, registra una galería de las mismas características y medidas que las anteriores.

Aquí se indica su muro interior con su aparejo muy encalado, lo que evita poder ver el aparejo de opvs incertvm de su alzado.

CALLE ANTIGUA

Sector M. Calle Antigua. A unos metros de su inicio fue localizada esta galería de alguna mayor extensión. Fue usada como casa habitual. Sus paramentos y bóveda están muy encalados por el uso continuado en el tiempo. No ha sido reformada en su estructura básica.

La misma galería anterior, vista desde el punto opuesto. Aquí se aprecia que había una salida hacia otro espacio, probablemente galería también, y cuya puerta de acceso se encuentra taponada por obra moderna. En esta foto se aprecia, en algunos espacios, la impronta del maderamen usado para el levantamiento de la bóveda, tal como ocurre en Espaldas de San Miguel, donde se aprecia con toda claridad esta señal constructiva.

En esta foto de la misma galería se puede ver el taponamiento sin abrir del otro extremo de la galería; y se deja ver algo del opvs incertvm de su alzado. Tenemos que decir que esta galería se encuentra en línea con la que se ha descubierto recientemente en la Plaza del Ayuntamiento. En el espacio que media entre ambas galerías se han visto y destruido las naves intermedias entre las dos ya indicadas.

Esta foto muestra parte del aparejo de opvs latericivm característico de estas construcciones. Tu grosor es muy superior al de otros de los paramentos que se encuentran en sus cercanías. Hay más compartimentos que se muestran en otras publicaciones sobre este mismo tema.

En este sector, M, casi al final de la calle Antigua, nos encontramos con una serie de galerías modificadas y convertidas en vivienda. En esta foto, habiendo roto espacio para acceder a ellas, tenemos de frente, a derecha e izquierda, el acceso a todas las estructuras aquí conservadas. Las que mostramos son las que ofrecen mayor identificación. Esta entrada ya está muy modificada.

Esta galería está muy modificada, pero guarda las mismas proporciones de toda la cadena de estructuras romanas. La puerta que se observa se abrió para dar paso de unas a otras.

En esta galería se observa el fenómeno de medio-enrase de la bóveda de una de las naves de toda la serie, Tiene las mismas proporciones que las demás tanto en altura como anchura y grosor de los paramentos.

Nave transformada como la anterior en habitáculo de la vivienda. Tiene sus mismas medidas, aunque de largo difiera algo. La bóveda ha sido enrasada, pero no hemos podido comprobar si se encuentra enrasada o totalmente eliminada. Téngase en cuenta que encima hay otra vivienda actualmente.

Y finalmente, siguiendo las mismas condiciones de habitabilidad, podemos observar una pequeña cocina, inicio de la entrada de la vivienda. Todas estas estructuras tienen los mismos módulos de una red continuada de habitaciones que fueron galerías romanas en su totalidad.

Y este es el final de lo que hoy queda como punto de acceso a la red de galerías que se acaban de describir. Es curioso observar la altura de los escalones de acceso. Ello indica que la altura, por defecto de solería de las galerías, que no tenían suelo artificial, sino sólo roca madre, tuvo que ser rellenada de forma artificial para equilibrar las diferencias de alturas entre las distintas galerías.

Y finalmente, sobre un elemento de fachada que da a la calle Antigua, se ha podido comprobar un acceso que no se ha podido ver por la dificultad de no tener entrada fácil desde fuera. Pero por la forma se deduce que son estructuras que nos llevan a las mismas conclusiones: entrada a galerías que estarán transformadas en su interior. El aparejo es el mismo que los de las galerías antes vistas.

Este Sector es uno de los más complejos. La calle San Joaquín esta dividida en tres parte: la que discurre junto a la cueva de Siete Palacios, y dos subsectores: uno paralelo a la muralla -que, por cierto, la parte superior ha desaparecido y se ve en las fotos más antiguas- y el otro donde se encuentra la «calle más estrecha del mundo» enorme disparate de la imaginación humana, que se divide en dos ramales bien diferenciados.

El Sector M. El tramo final de la calle Antigua está muy ligado el Sector F. Apenas se entra en la calle San Miguel, a izquierda, tenemos la continuidad de las series de criptopórticos que van a configurar la mayor parte del casquete superior de la ciudad. En este plano reflejamos principalmente lo que son las redes de galerías, no los restos de otros elementos romanos que se hayan en su trazado.

En este rincón de calle Nueva vamos a encontrar uno de los criptopórticos más interesantes de todo el complejo-Por esta puerta se accede a la gran nave que linda con las estructuras del Majuelo.

Este plano muestra una de las zonas más alteradas: calle Nueva y Santa Isabel. En sus cimientos se encuentran las prolongaciones de las estructuras del Majuelo. No se han respetado en absoluto.

Zona próxima o prolongación del Majuelo. Es de las mejores galerías conservadas. Es un conjunto como se puede observar en las restantes fotos. Esta es la nave mejor conservada. Sus medidas son superiores a las restantes. La solería es rudimentaria y casi da con la roca madre como punto de su anclaje. Está encalada pero no con la intensidad del resto de las galerías. La puerta que podemos ver es artificial. porque ha sido abierta a golpe de pico. Sin embargo sí tiene su agujero en la parte superior de su bóveda. Tiene agujeros de de acceso y respiraderos.

En esta foto e puede comprobar que el estado del suelo no se parece al de los demás. No dispone de solería moderna. Quizá sea la razón por la que su altura es superior a las demás. El aparejo tipo opvs invertvm es muy evidente a pesar de estar blanqueado.

Junto a las dos naves anteriores, sobre la misma fachada, podemos observar en los punto extremos, los arranques de una bóveda existente con anterioridad. Ha sido enrasada y se ha construido sobre ella una habitación superior. La marca de su existencia queda bien patente señalada en sus extremos.

Justo lado de la anterior, y aprovechando que la puerta estaba abierta, se pudo fotografiar el interior en que que observado un corral para animales, instalado sobre una galería colateral a izquierda y derecha. Las medidas se corresponden con el tamaño e dos galerías separadas para crear más espacio. Todo ello forma parte del conjunto que linda con el parque de la factoría de salazones de El Majuelo. La datación de estos elementos gira en torno a la época de decadencia del Imperio sobre los siglos III-IV d. de C.

Si nos adentramos más en dirección a las salazones y observamos el fondo de esta nave adaptada, se ve una escalera de acceso a la parte superior. Lo que indica que la bóveda fue destruida para ganar espacio entre los galerías. Pero el aparejo de opvs incertvm se ve bien claro a ambos lados de esta foto.

Detalle de la foto anterior para indicar que su construcción no es moderna, sino la transformación de la antigua galería o galerías que aquí se encontraban. En la ventana de la derecha se observa el grosor clásico de los muros del alzado de las galerías en esta zona.

En el interior de este espacio, situado cerca de los anteriores, podemos ver una nave partida y su entrada artificial para su ocupación como apero de elementos del campo. Los módulos de sus dimensiones coinciden con los de toda esta zona, en las cercanías del Majuelo. Téngase en cuenta que debajo de estos espacios, con toda seguridad, hay piletas de salazones enterradas que formaban parte del todo el conjunto del yacimiento industrial. De hecho, en los nuevos alcantarillados cercanos han aparecido y se tienen catalogados.

En esta foto tenemos indicado otro espacio que fue galería. Conserva su aparejo de opvs incertvm y sus proporciones de medidas de anchura y altura.

Muy cercana a los espacios anteriores podemos comprobar que esta habitación está enrasada porque su bóveda ha sido destruida para construir encima habitáculos modernos.

Este plano refleja una de las partes de la ciudad con más criptopórticos y mejor conservados. Espaldas de San Miguel.

En este plano del Sector F hemos reflejado una de las zonas más densas en las cadenas de criptopórticos de la parte superior de la ciudad, no sólo por el número sino, sobre todo, por la buena conservación de los elementos arquitectónicos conservados. Y destaca la buena técnica de construcción, con un aparejo muy regular, y la constancia de proporciones y medidas de sus paramentos y bóvedas.

Primera nave de este Sector. Su interior no se encuentra muy encalado, pero si destaca con cierta claridad la impronta del maderamen usado en su construcción. Se notan perfectamente las maderas de la cimbra en la ejecución de la bóveda.

Esta foto, de la misma nave, se ve partida por un nuevo muro construido para la sujeción del torreón que se encontraba encima de la misma. Y parte de la otra mitad de la nave se puede ver en las fotos del Sector San Joaquín III, al fondo, con entrada incluida. Pero, desgraciadamente ha desaparecido por la construcción de una nueva vivienda sobre ese espacio.

A continuación de la calle Espaldas de San Miguel y a continuación de la nave anterior, nos encontramos con una serie de galerías de menor tamaño, y algo modificadas por el uso del encalado durante muchos años.

En una puerta anterior a la nave antes vista, nos aparece esta, muy similar en su estructura, pero también muy recargada por la cal usada para su mantenimiento. Aquí se observa que ha sido usada como apero de elementos agrícolas.

De seguido a la segunda galería, y entrando desde la calle artificial, vemos esta nave con las mismas proporciones y muy encalada. Aquí se aprecia bien su uso doméstico.

De de la foto anterior, éste es el lado contrario de la nave. Como aclaración hay que decir que todas ellas tienen un acceso artificial, o sea, que uno de sus muros ha sido roto para poder acceder a su interior.

Anterior a esta foto, hay otra que no hemos podido mostrar, pero que es continuación de una nave enrasada en gran parte.

Muy cercana a la foto anterior, desde la calle artificial, se pasa al interior de este espacio, que es una nave enrasada y convertida en apero agrícola. Subiendo por los peldaños de esa pequeña escalera, por un paso artificial abierto a pico, se pasa a una galería abovedada con trazado algo curvo por necesidad del terreno.

Puerta de la galería abierta a pico. Vemos el paramento de fondo. A ambos lados está situada la la galería.

En esta foto vemos la entrada artificial a izquierda. De frente se ve que la nave era más profunda y ha sido separada con aparejo y material superpuesto, que indica que esta dimensión era mayor y debe seguir siéndolo. Las proporciones siguen siendo similares a las anteriores.

Segunda parte de la galería, que ha sido usado como apero de campo. El punto terminal es de obra normal de época. como todas, está encalada, pero sin mucha profundidad.

Ésta muestra el lugar habitado por una señora cuando se hizo la foto. Disponía de una pequeña entrada, y el lugar de su cama. Si se observa bien, la bóveda está muy desgastada por el paso del tiempo y no ha sido enlucida. Solo ligeramente encalada en los paramentos bajos.

En este detalle de la misma foto, se precia que la galería, pequeña, ha sido dividida. El aparejo de separación de lo que sigue, es de material moderno.

Plano de la calle Clavelicos y Morería alta. toda la calle Clavelicos está apoyada sobre unas de las murallas de aterrazamiento o de contención, que se encuentra justo detrás y dando a la calle Torremolinos. y son numerosos los espacios destinados a Galerías, que son usadas, en su mayor parte, para aperos agrícolas y cuadras de animales.

En la parte final de la calle Clavelicos aparecieron zonas de galerías que fueron destinadas a aperos y corrales para animales de campo. Aquí se muestra una de ellas, pero la gran mayoría se encuentran ocultas desde tiempos atrás.

Sobre la calle Morería alta se van a encontrar una serie de galerías transformadas en aperos de campo y como cuadras de animales.

En esta foto podemos apreciar el tipo más común, donde se aprecia la transformación y uso para los fines indicados. Las galerías rotas con esa intención se ven comunicadas entre ellas mediante la abertura de puertas adinteladas.

Esta foto muestra otra pieza convertida en habitáculo. Son series de galerías transformadas en taller de trabajo, pero sus techos han sido destruidos para poder levantar encima nuevas piezas de casa moderna.

En esta foto se muestra el espacio doméstico que se repita a través del resto de la calle Morería alta. Al fondo de la imagen se ve lo que sigue siendo una muralla que discurre como elemento de apoyo de la zona superior, o calle Antigua. Y este espacio es una adaptación de las galerías que aquí se encontraban tiempos atrás.

Esta foto muestra la continuidad de los tipos de vivienda que se dan a los largo de la citada calle. Al fondo tenemos que el mismo muro o muralla de contención de la calle antigua que discurre, el alto, por detrás de todo este conjunto.

Esta foto muestra sobre el mismo terreno, pero en espacio más reducido, el uso de la zona rota de galerías del área de Poniente. Todas las bóvedas han sido derribadas porque el empuje de la muralla posterior amenazaba con su peso el derrumbe de las mismas

Los sistemas de amurallamiento se pueden ver en toda la parte superior del casco urbano actual, y mostrando un grosor de casi más de dos metros de anchura. Este fenómeno se deja ver en el Sector K, en el que la calle que discurre por detrás está formada en algunos tramos por la propia muralla como también ocurre en la parte superior de la calle Antigua.

El Sector K, calle Morería Baja, es una de las que muestran también gran número de estructuras romanas tipo galerías, depósitos de agua y probables piletas de salazones. En nuestro trabajo tan sólo se ha podido detectar galerías que siguen un modelo similar a las encontradas en calle Baja del Mar. Lo que puede justificar la presencia de piletas es el depósito de agua que con toda probabilidad estaba destinado a la alimentación de las piletas por estas zonas.

CALLE MORERÍA BAJA, EN SU INICIO.

Esta foto muestra una galería de grandes dimensiones y que se encontraba habitada cuando se localizó. A su alrededor se encuentran otras que se muestran a continuación.

En esta foto se ve el desmonte de las estructuras de reutilización moderna, dejando a descubierto las formas romanas en parte del conjunto.

En esta foto se puede ver la limpieza del revestimiento moderno cuando personas habitaban aquí. La separación de dependencias está hecha con opvs incertvm. La construcción de la bóveda está más evolucionado que la mayoría de los niveles de la ciudad. El material usado es el ladrillo u opvs latericivm. Las proporciones son de mayor tamaño que las anteriores, y sistema de bóveda rebajada.

Este detalle de foto muestra el detalle de la posición del ladrillo de mayor y menor grosor, en un juego de 3-2 en cuanto a su posición como aparejo. Y en el centro de la imagen se ve el uso del clásico agujero de acceso a la galería.

Foto de detalle lateral de una nave. Se aprecia un arco de comunicación entre naves, hecha de opvs latericivm, aunque su base muestra restos de opvs incertvm. Es evidente que esta galería ha sufrido modificaciones a través del tiempo en época romana.

Detalle de la foto anterior donde podemos observar el aparejo del opvs latericivm en su alternancia de tamaños. Al igual que el acceso del techo con agujero de forma cuadrangular.

Foto de uno de los espacios mayores de nave romana del conjunto ya reformado y mal retocado.

En esta foto se muestra la remodelación del suelo con losas de cerámica moderna, no acordes con la realidad de esta galería. Al fondo derecha tenemos el paso de una zona a otra del sector.

Foto que muestra la comunicación entre los compartimentos de este conjunto. Se puede observar muy bien la alternancia de estilos arquitectónicos: opvs latericivm y opvs incertvm.

Foto en donde se muestra un arco tallado en opvs incertvm donde no se sabe a dónde podía conducir. Pero todo parece indicar que era algo similar a un depósito de restos de cerámica romana. No sorprende que aquí existiera un horno de cerámica. Se han registrado en el exterior estructura de un posible horno que, sin razón que lo justifique, ha sido tapado por el anterior arqueólogo.

Calle San Joaquín. Esta nave se encuentra justo al lado de las que forman el conjunto de la cueva de siete Palacios. Es de mayores dimensiones, pero ignoramos el tipo de construcción por estar con revestimiento moderno.

En línea con la nave anterior, se encuentra esta otra, que se encuentra partida. Pensamos que es fruto del paso del tiempo, pero parece más un a parte de un nave partida del mismo tipo que el del interior de la Cueva.

Sector calle San Joaquín III. en el interior de esta casa podemos ver una especie de arco profundo que parece indicar que servía para pasar de un lado a otro de la muralla que asciende desde un extremo de la cueva de siete Palacios. La muralla ha perdido un muro superior de opvs incertvm.

CALLE SAN JOAQUÍN II. Junto a la gran muralla que procede de Eras del Castillo, en el interior de este pequeña casa, podemos ver esta pequeña galería, que se encuentra taponada por materiales modernos. No se descarta que sea un paso que atravesara la muralla. Aún no se ha explorado.

Foto del interior de una habitación de esta misma calle, en cuyo interior se ve el aparejo de estructura romana bastante encalada y diferente estructura de paramento de los laterales. El paramento frontal está muy encalado, pero se nota la técnica constructiva romana.

Foto de detalle del recinto anterior con dos espacios definidos. La técnica es la citada estructura romana.

Foto de detalle con el interior modificado situado en la misma calle y con dos alturas, una de entrada y otra, donde se aprecia la profundidad del recinto y que da paso a un espacio similar al de las galerías.

Calle San Joaquín III. Emplazamiento de una galería que comparte espacio por medio de un muro divisorio con otra galería del Sector F. En la foto se observa el hueco de entrada a la citada galería, y en el alzado se ve parte del llamado torreón, que probablemente lo fue. Hoy día ha desaparecido por ciertas negligencias municipales.

Vista de la arte superior del torreón y los aparejos de construcción usados en su alzado.

Foto de detalle donde se aprecia puerta semiartificial y el alzado en esta parte del torreón.

Foto de detalle del umbral de la puerta, con un sillar situado sobre la misma.

En esta foto vemos que ya se empieza a tratar con encalado lo que se va convertir en vivienda moderna.

Foto de detalle más amplio. La puerta fue abierta a golpe de pico como se puede apreciar. El aparejo aparece roto a golpes de pico.

Foto donde se ve el interior de la nave partida y el aparejo muy deteriorado. A derecha, el muro que comparte esta galería con la contigua (Sector F, al inicio).

MONTE DE VELILLA, (vaguada).

Monte Velilla se encuentra a izquierda de río Verde, según se desciende al mar, casi al final. Subiendo por la ladera nos encontramos con estas estructuras romanas cubiertas por la maleza. En el centro se observan estructuras que debieron ser mayores de lo que encontramos. Esta construcción tiene una entrada dintelada, construida con opvs incertvm y en si interior veremos los muros y sistema interno del yacimiento.

En esta foto se puede ver la entrada a la nave que se verá a izquierda de la imagen. Se alternan elementos constructivos mezclados. Se usa el opvs latericivm, incertvm de forma aleatoria.

Esta foto muestra el paramento con técnica de opvs incertvm. Estos materiales serían traídos de de la zona del columbario Torre del Monje, porque en este terreno no aparece ese material. Las dimensiones de grosor de los muros son normales, como en cualquier otra estructura romana. de ahí su identificación.

En esta foto se puede ver, a izquierda, la forma del arco de entrada a la pequeñas galería romana.

Monte de Velilla. Esta pequeña galería es de pequeñas proporciones y contiene revestimiento de encalado. El aparejo es el clásico de estilo dominante romano.

COTOBRO, junto al barranco inferior.

Cotobro. Cuando se publicó el pozo romano del rincón de Cotobro, dentro de los elementos apareció esta pequeña galería, mal conservada y de proporciones reducidas. Se desconoce su finalidad porque resulta un tanto extraño que tan sólo apareciera esta pieza constructiva. Ha sido muy reutilizada y retocada, según se aprecia en su aparejo, con restauraciones modernas. Justo al lado han aparecido unas termas romanas poco accesibles a que la gente pueda verlas con claridad. Mala protección.

ERAS DEL CASTILLO

Repetimos este plano que aquí se encuentra la mayor parte de las galerías del Sector L, en su parte superior. La cueva de Siete Palacios se encuentra debajo.

En esta foto se muestra una pequeña entrada artificial para acceder a una pequeña galería interior.

Galería interior en este espacio bastante reducido. Aquí se usan materiales clásicos para el opvs incertvm. Se ignora el punto real de acceso. Cuando se excave se podrá saber algo porque, por ahora es un misterio.

Muy cerca de la pequeña nave anterior encontramos el acceso casi natural a un conjunto de naves pequeñas y realmente algo misteriosas por sus características. Parecen un laberinto en medio de naves de ciertas proporciones. Los muros laterales son de proporciones mayores de lo normal. Lo que hace pensar que este sector se elevaba más de lo que a simple vista se puede ver.

En esta foto mostramos la continuación de la serie pequeña de dimensiones, pero muy característica dentro del conjunto. Las proporciones son reducidas pero muy definidas como galerías romanas clásicas. Se piensa que son piezas destinadas a servir de almacenaje.

Con esta foto podemos tener una idea de las verdaderas proporciones con respecto a su anchura y altura. Los materiales son comunes a los anteriores.

Esta foto muestra la nave las larga del conjunto. al final se cierra con otra más corta.

Nave final de esta especie de laberinto. Su finalidad puede estar relacionada con lo que se viene aplicando a la totalidad del conjunto de las naves de Sexsi.

Y aquí nos encontramos una nave especial cerrada o taponada. En principio con esa solución se evitó que se deteriorara. Pero ya es hora de que se destape, se limpie y se exponga al público.

En esta foto mostramos su interior: una nave central y dos colaterales a derecha según se entra. Se pudo fotografiar antes de que las taponaran.

A la entrada de la zona superior, y encima de la Cueva de Siete Palacios, se encuentran todas estas naves descritas en Eras del Castillo. Aquí tenemos una de ellas, que se encuentra abandonada y que últimamente pude ver en muy mal estado. Mientras estuvo habitada, se podía ver mucho mejor en su estado de conservación.

En esta foto vemos esta casa que no es otra cosa que una nave usada como vivienda. Hoy día sólo queda los restos del alzado y un lateral de la bóveda que se encontraba dentro.

En esta foto mostramos la entrada a una de las galerías mayores de este conjunto. al fondo, la entrada.

Foto señalando la puerta de entrada al fondo de la imagen.

Foto donde se puede ver muy bien la galería abovedada con una forma algo rebajada. Es la más grande del conjunto.

Casi en frente de la anterior podemos ver esta otra nave, también con bóveda rebajada, de una proporciones similares. Hoy ya se encuentra deshabitada y cerrada con una verja.

Nueva foto de la galería anterior. Ha sido desmontada como casa-vivienda y ha quedado lo que se ve. Pienso que aún no se ha restaurado. Sólo ha dejado de ser vivienda.

Foto de una nave situada en las cercanías de Las Peñuelas. Esta galería debió estar completa. tiempos atrás, con motivo de la construcción de la carretera de Almuñécar-Jete, se le dio un corte grande, eliminando mas de la mitad de la nave. Y con motivo de un nuevo remodelado de la anchura de dicha vía, se volvió a recortar, dejando sólo lo que hoy día se ve. Un desastre de las autoridades. Casi con toda seguridad, si se practica una excavación, aparecerán elementos integrantes de una villa rústica bastante completa. Hoy día queda poco: un muro de opvs incertvm y poco más.

CONCLUSIÓN

Como conclusión podemos afirmar que estamos ante un misterioso sistema industrial sin paralelos con los que se pueda establecer relación directa y cronológica. Es un complejo bastante variado que hemos tenido que ir identificando y explorando detenidamente para poder llegar a alguna conclusión con sentido práctico. Y es que estamos ante un sistema de criptopórticos muy variados y en todos los niveles del casco antiguo de la ciudad moderna. Nos queda la esperanza de que en otro lugar u ocasión se encuentren formas similares y tan numerosas como éstas. Por lo pronto nos ceñimos a pensar que estamos ante un sistema complementario para el desarrollo de la gran industria de salazones, donde estas galerías formaban la parte complementaria para la conservación de los productos y dispuestos para la exportación. Pero sigue siendo algo misterioso en conjunto. No se trata de un nivel aislado, sino de un conjunto completo y variado. Si se observa el el sistema de muros de aterrazamiento de todo la estructura antigua, constituye un plan de muros de contención de los sistemas romanos en los que se irán fijando las cadenas de criptopórticos que se suceden siempre manteniendo el nivel de la zona donde se levantan. No son viviendas ni nada similar. Son almacenes ubicados en las cercanías de los sistemas de producción, que son las cadenas de piletas de salazones que aparecen en todos los niveles o cotas del gran conjunto industrial de Sexsi.

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Granada España, 7 de Julio de 2021.

Antonio Ruiz Fernández

URBANISMO ANTIGUO DE ALMUÑÉCAR, (TERCERA PARTE)

TESIS DOCTORAL

SECTOR M

Por necesidad de aclaración, la complicación de la calle San Joaquín obliga a establecer una división por sectores, ya que la unidad principal presenta homogeneidad de trazado. Se han considerado dos calles transversales como San Joaquín I y II, para poder explicar mejor los materiales que se van a mostrar.

La mayor novedad que presenta una de estas transversales es la aparición de una pileta de salazones en estas cotas. También cabe destacar el hecho de que una de las galerías romanas aparezca partida por un muro romano debido a que levantaron un torreón en lo que se consideraba como baluarte defensivo del complejo industrial. Consecuencia de ello es que dos galerías se encuentran afectadas por ese hecho: una de Espaldas de San Miguel y otra de San Joaquín I.

La conclusión más definitoria que se saca de este sector es el hecho que aparezcan piletas de salazones en niveles tan elevados, cosas que lleva a admitir sin lugar a dudas que todo el recinto de Sexs estaba dedicado a la fabricación de tales productos del mar. En esta zona se trabajó sin lugar a dudas todo cuanto producía esta región de la costa sur, ya que también se tienen pruebas de la existencia de tinajas grandes (dolium) en varias zonas de centro industrial. Cosa que no se practicó fue un análisis de los posibles posos que existieran en los distintos dolium que se han encontrado desde las cotas más altas hasta las que están casi a nivel del mar. Y lo productos que se han detectado por los tipos de envases han sido el aceite, vino y tal vez el grano, aparte de los frutos de época de la zona.

Fot. 1M. Calle Antigua. Esta foto nos muestra el primer tramo de la calle Antigua, cuyos datos son los siguientes: 1, anchura del murallón romano medieval, mostrando la perspectiva que se indicaba en la descripción general: 2, tramo grande de la calle montado sobre él, una vez enrasado hasta el nivel adecuado; 2, fachada cuya composición y medidas se corresponden con los esquemas que normalmente se viene admitiendo como romanos, y que comprenden todo el trayecto que se ha recogido en la toma fotográfica.

Foto 2M. Calle Antigua: 1.- Punto por donde discurre la muralla sobre la que se ha montado la calle. 2.-Muros laterales pertenecientes a estructuras romanas reutilizadas para viviendas modernas. 3.-Indicación de moro moderno montado sobre la muralla romano-medieval que para por esta zona. Foto Autor.

Foto 3M. Interior de casa casa moderna que reutiliza la estructura romana para crear hábitat moderno: 1-2 Muros romanos con enlucido moderno y abertura en muros romano para pasar al interior de un compartimento interno de las estrutura romanas. El enlucido y encalamiento no permiten ver el aparejo antiguo de estas casas modernas.

Fot. 4M. Calle San Joaquín II. En este espacio, cuyo muro de fondo es la continuidad del alzado principal del subsector IV del área de la Cueva, se piensa que se encontraba el inicio de otra cadena de naves que continuaría a través del subsector de San Joaquín I, hasta conectar con la calle Antigua, al comienzo de la pendiente. 

Fot. 4M (bis). Calle Antigua. Si se observa el paramento de la vivienda de la derecha, se observa que hay una mezcla de materiales entre las casas consecutivas: una con aparejo fino actual, y otra con materiales que dejan traslucir a través del encalado, los componentes antiguos de origen romano.

Fot. 5M. 1. Calle Antigua. Muros de casas modernas apoyados sobre la muralla romano-medieval. 2.- Centro de la calle montada de pleno sobre la citada muralla.

Fot. 6M. Calle Antigua. Paramentos romanos con reforzamiento de época moderna (ladrillos): 1, muro romano en paramento interior y cuyo acceso a él es artificial, ya que se ha debido destruir el muro de calle antiguo; 2, restos de muro romano en base, sobre el que se ha levantado, en parte, un alzado de ladrillo como refuerzo. Se observa que, en la citada base, todos los indicios han sido rotos para poder pasar a las estructuras situadas en el interior de este corredor artificial; 3, paramentos de casas modernas que reutilizan los muros romanos, revistiéndolos con ladrillos y otros materiales.

Fot. 7M. Calle Antigua. Pasillo artificial, como se ha indicado en la foto 5M, que da acceso a los sistemas de naves colindantes con el subsector IV. Se puede observar, a simple vista, la existencia de mortero romano sobre el suelo, como resultado del allanamiento del terreno para facilitar el paso a las casas modernas: 1, entrada a las naves abovedadas con falsos techos; 2, restos de estructuras romanas sobre el suelo y reutilizadas para construir escalones; 3, continuidad de los restos de opvs caementicivm, usado en las bases de este espacio como testigo de lo que dentro de las otras casas es imposible ver, a causa de los enlosados modernos; 4, entrada a casa cuyos paramentos son romanos, y su medida es de 0,80 m de grosor. Se da la coincidencia de que la casi totalidad de estas casas modernas, que superan una altura de 4 m, tiene, a partir de este punto, un alzado muy diferente.

Fot. 8M. Calle Antigua. Nave romana abovedada con techo enrasado: 1, línea de muro donde se observa una interrupción del paramento romano; 2, inmediatamente encima, se observa un falso techo de escayola donde se oculta la bóveda, o lo que de ella quede encubierta.

Fot. 9M. Calle Antigua. Tercera nave alineada con  las mismas características. En esta imagen se ve otra de las tres unidades de galerías abovedadas que se van separando usando el mismo muro romano que las separa como se ve en la imagen; escalón sobrealzado de separación. El total de naves de esta vivienda es de cuatro. El módulo de medidas se mantiene en toda la secuencia que se encuentra en este tramo de la calle Antigua: 2,60 x 2,90 x 3,20 m.

Fot. 10M. Calle Antigua. Nave romana con las mismas características de la anterior: 1, anchura de la misma; 2, paramentos romanos. En este espacio se ha producido una modificación por lor los propietarios que la habitan.

Fot. 11M. Calle Antigua. Continuando sobre la calle, se pueden ver: 1, paramento de la secuencia de la calle Antigua en su primer plano a derecha; 2, resto de muro romano a pie de suelo, donde se ha construido una plazuela moderna en cuya superficie se veían los materiales romanos rotos.; 3, aspecto externo del murallón en este espacio, donde afloran indicios de su estructura interna y que colindan con el calle Morería Alta a izquierda; 4, uso de grandes escalones para superar la altura de la propia naturaleza del murallón romano-medieval; el desnivel supera el metro. La adaptación a lo antiguo es una constante en todo el conjunto de la ciudad moderna.

Fot. 12M. Calle San Joaquín I Placeta. Estado antiguo camuflado de los restos romanos aflorando en superficie después de haber sido rotos para poderlos ocupar. Hoy día ya no son identificables. Sólo las fotografías antiguas revelan su existencia. A lo largo de la calle del subsector I puede verse la secuencia de restos alineados sobre el suelo y que constituyen el punto de arranque de los alzados de muchos muros actuales: 1, tramo de muro romano muy encalado, que se extiende a lo largo de toda la base del muro de la casa, que se ve en la foto. Es un muro de separación de estructuras, y la casa a él adosada también se levanta sobre muro romano reutilizado; 2, punto de arranque longitudinal interrumpido por rotura, en dos sentidos, formando ángulo recto: uno que cierra la calle, y otro que se dirige hacia el punto de encuentro con la calle Antigua. Restos de ello se ven en los escalones de piedra toba formando una pequeña grada. El resto de la plazuela está formada de hormigón romano. Tiene marcados indicios de muros que no se recogen en la fotografía (hoy irrecuperables); 4,5,6,7, que constituyen restos de muros divisorios que cerraban lo que hoy es calle; 3, indicación de secuencia de muro interrumpido en el punto 12M,3. Se eleva sobre el suelo aproximadamente 0,50 m.

Fot. 13. M. Sobre la calle Antigua, se puede observar cómo aparecen en el alzado de algunas casas modernas los restos de muros antiguos que han sido derribados para poder dar acceso a toda la calle. Se dejan ver ladrillos fuertemente encalados que no permiten aclarar el aparejo genuino del alzado. La calle se cortaba en este punto: no había calle.

Fot. 14M. Eras del Castillo. Eras del Castillo. Vista general de la exploración con excavación: 1, muro medieval. No se llegó a la roca madre; 2, resto de muro de similar estructura a la exterior; muro árabe de cierto grosor; muro árabe de escaso volumen a derecha de la imagen. Se desconoce los elementos de ajuar o materiales que se hayan localizado aquí.

Fot. 15M. Eras del Castillo. Vista del muro árabe (reutilización de materiales romanos) en la excavación practicada sobre esta zona, bajo el antiguo depósito de agua de la ciudad moderna. Recuérdese que en este lugar los romanos construyeron un fortín defensivo y que, probablemente, los ingleses bombardearan en 1812.

Fot. 16M. En una exploración sobre Eras del Castillo, perteneciente a este sector, junto al murallón romano medieval aparecieron muros de distintas épocas, mezclados de formas casi irreconocibles. En ello se aprecia: 1, muro medieval con aparejo muy irregular; resto de otro muro más ligero; resto de un murete algo delgado; aparejo medieval.

Fot. 17M. Eras del Castillo. Vista del muro medieval que se cruza con otro transversal: 1, pequeño bloque con agujero que parece indicar que sea el de un gozne de una puerta; resto de alzado de muro árabe; 2 resto de aparejo. 

Fot. 18M. Vista general del área de Eras del Castillo, momento previo a la excavación: punto más elevado de la ciudad (cota 46): 1, alineación de casas modernas, que antes tuvieron naves. Este punto linda con el sector F, donde se encuentra parte del torreón que pervive como reliquia del fortín romano; de frente, el resto de muralla árabe montada sobre ruinas romanas. Alineación de casas cuyas dos primeras plantas usan de base el muro romano.

Sobre este espacio de la ciudad se montó un depósito de agua moderno para surtir a la ciudad moderna en tiempos relativamente recientes. En la foto se ven las ruinas de su demolición donde después se excavará.

Fot. 19M. Eras del Castillo. Vista detallada del área del murallón medieval: de frente: lienzo de muralla medieval (1) y lienzo de muro romano (2) que enlaza con el sector L, de la zona aneja a la Cueva; 3, parte del muro medieval, roto para abrir acceso a San Joaquín II.

Fot. 20M. Eras del Castillo. Construcciones adosadas al murallón, en las que se observa: 1, alzado de construcción con técnica de tierra prensada; 2, parte rota desde antiguo para comunicar espacios de la ciudad; 3, reutilización de materiales romanos en el aparejo de la casa moderna.

Fot. 21M. Eras del Castillo. Vista de conjunto del murallón: 1, tramo medieval; 2, tramo romano que llega hasta la muralla romana en el área de la Cueva. Las intersecciones de paramentos son muy heterogéneas. A partir de este punto, en sentido Norte, la muralla romano-árabe pasa por los espacios mostrando su estado de resistencia. Hasta hace poco tiempo había un lienzo de unos 20 m de longitud, de estructura romana. que ha sido destruido con los nuevos permisos del ayuntamiento.

Fot. 22M. Calle San Joaquín II. En esta foto, muy retrospectiva, se pueden ver, en primer lugar, las casas adosadas a las estructuras romanas de fondo, que sobresale por encima de ellas, todas de una sola planta, habiendo perdido por cualquier motivo su antigua cubierta, y que sus muros son reutilizaciones: 1, casas que usan más o menos espacios de naves; 2, resto de muralla romana a la que se encuentra adosada otra medieval, que no se ve en este plano, porque se encuentra detrás, y las edificaciones relativamente modernas, la ha retocado.

Fot. 23M. Calle San Joaquín II. Paramentos de áreas destinadas a naves. En sus interiores se encuentran los muros divisorios de tal forma que casi todas las casas modernas coinciden en sus módulos, según el número de naves que se hayan utilizado en su proceso de enrasamiento. En la foto se aprecia el muro divisorio de forma indicada.

Fot. 24M. Calle San Joaquín II. Vista general de la foto anterior: 1, paramentos romanos con escalón de acceso motivado por los desniveles ya expuestos; 2, punto de rotura para abrir paso; 3, espacio donde se encuentra una nave. Los vestigios que quedaban han desaparecido por causa de la nueva pavimentación de la calle. 

Fot. 25M. Calle San Joaquín II. Los detalles que nos proporciona esta foto son: 1, muro divisorio de nave; 2, punto de arranque de un muro lateral con restos que señalan su alineación; 3, parte del muro completamente lisa, indicándonos que es el fondo de un muro divisorio, mientras que los extremos ofrecen irregularidades estructurales que suponen ser elementos de conexión con otros sistemas de muros; 5, muro romano medieval roto para abrir paso a esta calle, por la parte de arriba; 6, anchura y paso abierto con rotura de los muros romanos que ascienden, reutilizados en los paramentos de las casas laterales.

Fot. 26M. Calle San Joaquín II. En esta foto se ven las superposiciones de estructuras romanas y medievales: 1, muro romano de fachada con restos de otro adosado e él, lo que significa que en el espacio de la calle se encontrarían más naves que por lógica tenían que ser eliminadas, como ocurre en otros espacios; 2, revestimiento de muralla romana con aparejo medieval o moderno y opvs caementicivm en lo más alto del paramento. 

Fot. 27M. Calle San Joaquín II. Pequeña nave rebajada. Todo parece indicar que se trata de elemento arquitectónico abandonado perteneciente a otras estructuras romanas más antiguas que han sido absorbidas por  formas posteriores en su proceso natural de evolución. Espacio interior de  nave muy deteriorada: 1, paramento muy roto de nave interior; 2, arco de escalera, con muro romano en su inicio; 3, punto de arranque de una bóveda pequeña.

Fot. 28M. Calle San Joaquín II. En esta foto, además de indicar los muros antes vistos, se puede observar la excesiva elevación de las entradas a las casas modernas, llegándose hasta el 1,50 m de altura sobre el nivel de la calle en pendiente.

Fot. 29M. Calle San Joaquín III. Ampliación de detalles sobre la foto anterior: 1, indicación de una sucesión de paramentos reutilizados, y que son los componentes de toda la infraestructura de la parte izquierda de la vía moderna; 2, acceso a nave reutilizada; 3, muro frontal que probablemente forma nave con el homólogo de enfrente; 4, anchura de la supuesta nave y de alguna más, a raíz de los vestigios existentes.

Fot. 30M. Calle San Joaquín III. Interior de una vivienda en la que se ve el aparejo de opus incertum en sus paredes. Ha sido retocado por los propios ocupantes. Su cubierta, de antigua bóveda, ha sido enrasada modernamente.

Fot. 31M. Calle San Joaquín III. Este detalle sobre la calle de esta zona indica lo poco profunda que está la roca, apenas uno centímetros. El muro que se ve de frente señala que la estructura romana echa sus cimientos siempre en roca madre. Se trasluce el aparejo.

Fot. 32M. Calle San Joaquín III. Esta foto señala la continuidad en el ascenso hacia las bifurcaciones de la calle hacia otras estructura en lugares superiores entre el 1 y el 3 se indica el espacio que ha tenido una galería que desapareció; el 2 y el 4 marca el espacio de otra galería que ha sido destruida por motivos de espacio para el paso.

Fot. 33M. Calle San Joaquín III. La descripción de los puntos señalados es como sigue: 1, indicación y delimitación del murete interrumpido y que configura la alineación de esta serie de naves, en sentido paralelo a la calle Antigua; 2, indicación del punto, a partir del que se ha levantado el muro moderno; 3, interrupción de estructura romana a cuyo nivel se encuentra una nave enrasada, con sus alzados romanos en casi perfecto estado; 4, indicación de la anchura de esta probable nave; 5, detalle de una rotura para abrir paso a una vía. Como se puede apreciar, la roca madre está como siempre a flor del suelo.

Fot. 34M. Calle San Joaquín III. En esta foto se puede apreciar: 1, resto de muro romano lateral; 2, uso de cemento moderno sobre la roca madre. Restos de un depósito o pileta, que se detallará más adelante, a izquierda, según se sube.

Fot. 35M. Calle San Joaquín III. Siguiendo el punto puede comprobar la reutilización de muros en la casa adyacente. Nótese como el muro arranca directamente de la roca madre. El aparejo romano está fuertemente encalado. pero se trasluce el opus incertum de su aparejo.

Fot. 36M. Calle Antigua. Detalle para destacar los restos de aparejo romano que se observa sobre el suelo: 1, entrada a una cadena de naves enrasadas; la jambas de la puerta son gruesas porque son muros romanos reutilizados; 2, restos de aparejo romano sobre el suelo.

Fot. 37M. Calle San Joaquín III. Hacia la mitad de la calle, tiempo atrás, se pudo ver este detalle de resto de posible pileta o depósito, que sobresalía debajo del muro romano del paramento de una casa. Esta prueba es indicativa de una evolución de las formas en Sexs. Se ha excavado recientemente confirmando lo que se ha dicho sobre su identificación, pero no se atreven a afirmar que es una prueba de que las salazones están en todas las cotas.

Fot. 38M. Calle San Joaquín III. Siguiendo la misma línea antes indicada antes, se tiene otro tramo de muro romano reutilizado: 1, indicación del primer tramo de los restos de opvs incertvm, a través de la cal moderna; 2, paramento romano de frente sobre el suelo; 3, restos de un muro de separación que existió, y que demarca exactamente tanto las dimensiones de la nave, que se verá más adelante, como la que no se ha podido tomar en la vivienda, situada justamente enfrente; 4, reutilización de varios peldaños de escalera, a causa del enrase moderno de los suelos de las naves que carecían de él. Y bifurcación de las estructuras, ambas hacia la calle San Miguel.

Fot. 39M. Calle San Joaquín III. Esta foto nos muestra la bifurcación de los subsectores antes indicados, y el inicio, por la zona centro, de naves. La anchura de esta nueva estructura es de 3,60 m: 1, indicación de la existencia de un espacio ciego en esta área; 2, espacio que debió ser punto de división de secuencias de naves.

Fot. 40M. Calle San Joaquín III. Espacio sin explorar en esa vivienda de enfrente. A su entrada se observan restos de muros romanos que se han modificado por necesidad de espacio. Por las formas que rodean esta vivienda se afirma que tiene estructuras interiores romanas que no se han fotografiado, pero que hay indicios de que las tiene.

Fot. 40M (bis). Calle San Joaquín III. Subsector IV. Según las indicaciones, a izquierda se pueden ver: 1, restos de muro  romano en bajo; encima, paramento romano, que es el punto de apoyo de todo el subsector III. A izquierda, restos de punto de arranque de muros romanos, al igual que en el punto 2. Pero estos indicios son más antiguos, y los que existen a sus respectivos lados, también son romanos, colindando con las naves de la calle Antigua 9M, 10M, 11M.

Fot. 45M. Calle San Joaquín III. Perspectiva a izquierda de la foto anterior: 1, murete de cierre del espacio de abajo sobre roca madre; 2, vivienda con galería en su interior; En ella precisamente se va a encontrar con espacios inferiores, que son naves, como se verá. y una entrada que se verá a continuación.

Fot. 41M. Calle San Joaquín III. Entrada artificial al subsector IV: 1, paramento romano muy remozado en casa moderna; 2, muro romano, índice de la continuidad de los paramentos romanos en toda el área; 3, paso artificial cuya medida es de 0,50 m, pero con indicios claros de haber sido abierto de forma artificial para dar acceso a la parte posterior de todo este subsector IV; 4, apoyo en el suelo, quebrado del paramento, romano sobre roca madre; 5, anchura de un probable espacio muerto, o pasillo ciego. Realmente es un detalle muy corriente, sin que se le vea el sentido práctico. salvo el separar estructuras y poder accedera ellas por los . Este es el sector que más irregularidades presenta en este sentido.

Fot. 42M. Calle San Joaquín III. Secuencia de la foto anterior: 1, muro romano que debía cerrar este paso; 2, paso artificialmente abierto; 3, muro perteneciente al paramento de la casa que echa sus cimientos en esta área. El punto 1 indica también la secuencia continuada de un muro que nace precisamente en el subsector, que se estudia desde la calle Antigua (9M; 10M; 11M).

Fot. 43M. Calle San Joaquín III. Perspectiva opuesta a la foto anterior: 1, murete de cierre del espacio de abajo; 2, muro prolongación del espacio de abajo; 3, paramento de la estructura superior, punto de apoyo de las edificaciones posteriores. En ella precisamente se va a encontrar con espacios inferiores, que son naves, como se verá; 4, entrada que se verá a continuación.

Fot. 44M. Calle San Joaquín III. En esta foto se aprecia el paso artificial hacia el último tramo del subsector IV, en el que se puede ver el muro de la derecha, punto de sujeción de todo el paramento superior y, a izquierda, los restos de  alzado romano muy deteriorado, pero que indican la realidad estructural de toda esta área: 1, muro que cerraba este recinto o espacio ciego; 2, paso artificial abierto para ocupar el interior de esta área; 3, indicación del suelo que, parece una plazuela de escasas proporciones, cuando, en realidad, no es más que el tramo superior de un sistema abovedado que se encuentra justamente debajo, y que pertenece a un área de la calle Antigua.

Fot. 46M. Calle San Joaquín   III. En esta foto se nos muestra una pequeña área de forma triangular, considerada como un espacio neutro. Las paredes 2 y 3, conservan una altura, que puede alcanzar de 8 a 10 m. El punto 1 tiene dos vanos artificiales, pero sus muretes laterales son de la misma composición que los otros. (Foto del autor).

Fot. 47M. Calle San Joaquín III. Aspecto general de la bifurcación III: 1, acceso al recinto antiguo con restos de nave en su interior; 2, relleno artificial de espacio realzado de época romana; 3, muro romano que, en perspectiva nos indica que se unía al punto 2, formando el espacio que dejaba en su interior, un recinto cerrado, como en otros sectores de esta misma área; 4, acceso artificial realizado por los propios ocupantes.

Fot. 48M. Calle San Joaquín III. Espacio interno de galería transformada situado a izquierda de la subida al subsector III: 1, muros de opus incertum; 2, interior  que colinda con la calle del subsector II.

Fot. 49M. Calle San Joaquín III. En esta foto se comprueba, con más precisión, la anchura de este espacio, que antes considerábamos naves rotas para abrir paso. A ambos lados se puede contemplar que sus muros no son más que reutilizaciones de alzados romanos pertenecientes a las naves interiores, que han sido destruidas. Los puntos 1 indican esos paramentos. El punto 2 indica el elemento que atestigua la realidad del punto 1; y el punto 3 da la anchura, que se aproxima a 2,20 m.
 

Fot. 50M. Calle San Joaquín III. Esta imagen indica un primer plano de la anchura de esta calle, que no es otra cosa que el espacio, o vano, de una nave destruida para poder abrir paso. Sobre el suelo, en su parte derecha, se indica un realce de terreno, que acusa la presencia de opvs caementicivm. Los muros situados a ambos lados tienen el mismo grueso general de todas las naves, y su composición es de opvs incertvm.

Fot. 51M. Calle San Joaquín III. Los puntos a resaltar en esta foto son: 1, paso artificial abierto, con roturas de estructuras; 2, paso similar al anterior; 3, acceso a nave; 4, muro romano destruido con relleno posterior a base de materiales de derribo; 5, entrada a otro sistema de nave.

Fot. 52M. Calle San Joaquín III. Esta foto muestra la bifurcación de los subsectores III y IV, a derecha, el sentido seguido hacia el subsector IV y, a izquierda, el III. En las indicaciones gráficas se tiene: 1, entrada a la nave con bóveda enrasada; 2, construcción artificial para acceso a interior de nave; 3, acceso a la estructura ciega que se aproxima a calle San Miguel. Este conjunto final es una completa estructura complicada por las formas que adquieren todos los restos romanos que se conservan aquí. Es de las zona que muestra una maraña de estructuras difícil de identificar por lo manipulada que está.

Fot. 53M. Calle San Joaquín III. Interior de la nave abovedada enrasada, situada a izquierda de la subida a estos subsectores. Se pueden ver dos compartimentos en su interior, divididos por un muro en casi en perfecto estado de conservación: 1, paramentos romanos encalados, con un grosor de 0,80 m; 2, paramento interior que limita con el subsector II, con aparejo romano y encalado; 3, resto de muro romano que sobresale del paramento superior es del mismo tipo.

Fot. 54M. Calle San Joaquín III. Llegando a las cercanías de la galería partida que se encuentra al final, la calle se trastoca tanto que resulta casi imposible distinguir lo que es originario y lo aunténtico. en 1 y 2.

Fot. 55M. Calle San Joaquín III. Pasillo ciego a la estructura romana galería partida; 1, muro que forma parte del torreón romano usado como espalda de la casa limítrofe, que está revestida con mortero moderno. Los muros de su interior son igualmente romanos con revoque también moderno, pero su grosor es idéntico al de los de fuera.

Fot. 56M. Calle San Joaquín III. Vista hacia arriba sobre el aspecto de las dimensiones de este subsector III: 1, altura rematada en sillares de piedra toba pertenecientes al torreón; 2, acceso a la nave. Se puede decir que está coronado con el sistema de opus quadratum. Su altura alcanza casi los 10 m.

Fot. 57M. Calle San Joaquín III. Vista más detallada de la entrada a la nave: 1, dintel formado por tres piedras toba yuxtapuestas; 2, jambas de la entrada en donde no se aprecia la continuidad hasta el suelo. 

Fot. 58M. Calle San Joaquín III. Entrada a la nave partida: 1, acceso en forma puerta con jambas y dintel; 2, paramento de muro divisorio de los sectores M y F. Es evidente que no se trata de una puerta clásica, sino de un paso entre naves, cosa que se da aquí como norma de construcción. El espacio de calle es artificial y, como en otros espacios, una zona muerta entre galerías.

Fot. 59M. Calle San Joaquín III. Vista más detallada del interior de la nave: 1, paramento divisorio de la nave; 2, paso interior que debe comunicar este sector con elementos del F. Frente a él hay otro paso, pero se ignora su trayectoria por ser dificultosa su comprobación; 3, punto situado enfrente del primer paso con el 2; 4, indicios claros de rotura de paramento en la entrada a la nave, donde se puede apreciar que tal entrada tenía una abertura que no llegaba hasta el suelo.

SECTOR N

Sexs. Sector N. Este espacio se encuentra enmarcado entre la calle Antigua y dos tramos, a distinto nivel, en la calle Morería Alta. La muralla superior sujeta las estructuras de la calle Antigua. Morería Alta superior tiene una plataforma de hormigón romano que formaba parte del aterrazamiento de este sector. Todas las galerías de esta zona han sido reutilizadas y transformadas. No se ha encontrado ningún indicio de conservación de galería abovedada. Lo único que se detecta es el módulo o medida de la galería.

Fot. 1N. Calle Morería Alta. Indicación de paramentos modernos levantados sobre esquemas romanos reutilizando muros interiores y exteriores del sector. A izquierda de la imagen hay series de elementos internos que están relacionados con las galerías y galerías que no se han podido fotografiar. A derecha hay estructuras pero en estado ruinoso tal que no se hapodo afirmar nada. Sólo una excavación lo podría esclarecer.

Fot. 2N. Calle Morería Alta (zona inferior). Aquí se aprecia un pseudo-paramento romano, que ha sido el resultado de romper gran masa de opvs caementicivm. La elevación que se observa a izquierda se debe a que hay estructuras romanas en sus interiores, que no se han podido fotografías. Es una zona compleja y complicada. A derecha hay una red de estructuras relacionadas con las galerías, que tampoco se han podido fotografiar.

Fot. 3N. Calle Morería Alta. Esta foto señala la existencia de la plataforma de hormigón romano que cerraba el punto 3N,3, habiendo sido alterado para abrir paso a través de él (fot. 3N,2).

Fot. 4N. Vista de la calle Morería Alta en su primer subsector. Los paramentos 4N,2, a ambos lados de la calle, muestran claros restos de aparejo romano. la calle es como las demás: no responde a un trazado previo de urbanismo. La calle está constituida por elementos romanos que han sido esencialmente modificados por los ocupantes posteriores de u forma progresiva. A ambos lados los muros son romanos y utilizados pata adaptarlos a las necesidades de un nuevo hábitat. La parte izquierda de la imagen se encuentra en la planimetría de este gran sector. La derecha es del contiguo. Si los muros fueran picados, de inmediato aparecería el aparejo romano. Por esa razón las viviendas tienen gran estabilidad.

Fot. 5N.  Calle Morería Alta. Detalle de muro romano sobre el suelo. En la parte izquierda de la toma se señala un perfecto alineamiento de los espacios domésticos.

Fot. 6N. Calle Morería Alta. Esta toma da la siguiente información: paramentos romanos reutilizados, trasluciéndose la estructura interna a través del encalamiento moderno; y grosor del muro romano de esta zona, 0,80 m.

Fot. 9N. Calle Morería Alta. Interior de vivienda de un área de esta calle: muro romano con revestimiento de mortero moderno de frente; a izquierda, muro romano de fondo paralelo al de la calle; techo: probable nave enrasada para poder construir encima; restos de muro testigo que conforma este espacio, respondiendo a las medidas habituales de naves, fundamentalmente en altura y anchura. Al fondo derecha se puede ver la muralla romana sobre la que se apoyan los elementos de esta casa. Dicho muralla sujeta también la calle Antiguo, que se encuentra junto encima.

Fot. 10N. Calle Morería Alta. Espacio interno correspondiente a la fachada 8N,2. En él se ve, a ambos lados: paramentos romanos revestidos de mortero moderno encalado; muro de fondo, que discurre paralelo a los antes citados en 6N y 7N, formando un gran contrafuerte; 3, muro romano divisorio de subsector, probablemente de una nave rota. Y al fondo, la muralla sobre la que se apoyan estas estructuras, al igual que la anterior.

Fot. 13N. Calle Morería Alta. Espacio abierto de forma artificial, para acceder a los compartimentos que lindan y se apoyan con sus muros sobre el murallón de la plataforma superior: muro dividiendo espacios transversales de paramentos romanos que forman este pasillo artificial; muro transversal que hace de fachada interior de la vivienda indicada, con puerta de madera; restos, sobre el suelo, de muros romanos, testigos de su situación paralela a la calle; escalón como el anterior. El suelo es la roca madre, cosa que explica el diseño obligado de las estructuras romanas. Detrás de la puerta de fondo se encuentra la muralla romana anteriormente citada.

Fot. 11N. Calle Morería Alta. Aquí se puede observar el afloramiento claro de muros romanos: plataforma de hormigón; construcción de altos escalones porque la roca madre lo impone con su desnivel.

Fot. 12N. Calle Morería Alta. Es una imagen evidente de la reutilización de espacios interiores mediante la apertura artificial: escalones provocados por el relleno interno en casa, con reutilización; muro de fachada romano, roto para pasar al interior; casa moderna con zonas romanas cambiadas. Estado intermedio de la evolución de estas viviendas interiores.

Fot. 17N. Calle Morería Alta. En esta imagen se puede ver cómo la estructura de la roca madre obliga a construir con ciertos desniveles. Vista de conjunto, donde se observa, a derecha, la secuencia de muro romano en toda la fachada; a izquierda, restos de conexiones entre ellos. Ese desnivel obliga a construir altos escalones.

Fot. 14N. Calle Morería Alta. Detalle de fachada moderna en la misma calle, y a continuación del pasillo citado en 13N: restos sobre suelo de hormigón romano correspondiente a un relleno para equilibrio del terreno. El muro romano queda bien patente sobre la fachada, con ligero retranqueo.

Fot. 15N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma 13 con indicación de muro de fachada, de estructura romana; 2, resto de muro adosado pero con finalidad independiente estructuralmente, como parte de una plataforma de equilibrio del terreno, dadas las fuertes pendientes existentes en este sector. Dicho desnivel es de más de metro y medio.

Fot. 18N. Calle Morería Alta. Aquí tan sólo se observan restos romanos usados como rampas de acceso a las casas. Es esta imagen se estudia la parte izquierda. La derecha es del Sector O.

Fot. 16N. Calle Morería Alta. Detalle de la perspectiva 15N, en donde se ve la reutilización de un muro romano, cuya finalidad se sitúa paralela a 16N: 1, paramento romano; 2, escalón de entrada, construido aprovechando los restos de un muro romano adosado. El escalón en rampa tiene una habitación romana taponada.

Fot. 21N. Calle Morería Alta. En esta perspectiva de paso artificial, pueden verse los siguientes datos arquitectónicos: 1, espacio roto para comunicar las calles, también artificiales; 2, espacio bajo el nivel del suelo, cuyos paramentos son de opvs incertvm, con revestimiento moderno, y cuyas medidas se corresponden con las de una nave abovedada, ahora enrasada, con el fin de poder montar habitáculos encima; 3, uso de escalones para ocupar el nivel marcado por la estructura anterior; 4, uso de escalera para entrar a un espacio con basamento de opvs caementicivm, y que forma parte de la plataforma de este material en toda la calle adjunta a él. Los niveles inferiores a este punto siguen otras medidas marcadas por la calle inferior.

Fot. 22N. Calle Morería Alta. En este punto de calle se observa: 1, resto de paramento romano aflorando sobre muro moderno; 2, paso artificial para dar acceso; 3, paramento romano con una altura aproximada a los 3,50 m.

Fot. 19N. Calle Morería Alta. Imagen del mismo murallón, en el que se aprecia: 1, paso abierto mediante rotura; 2, paramento del mismo; 3, espacio relleno para facilitar acceso a las estructuras adosadas al murallón.

Fot. 21N. Calle Antigua. Punto inicial de la calle Antigua, en donde se puede observar: 1, estructura mural de fachada, posada sobre la misma muralla, y de la que, probablemente, ha usado su aparejo; 2, espacio de la citada calle asentada sobre el murallón almenado destruido.

Fot. 21N. Calle Antigua. Indicación de parte de la muralla que ha sido reutilizada, procedente del lienzo donde tiene almenas. Todas estas viviendas se apoyan sobre la muralla romana que se encuentra en todo el recorrido tanto de la calle Antigua con en la primera fase de la calle Morería Alta.

Fot. 22N. Calle Antigua. Continuidad de los paramentos de fachada que se describen: 1, indicación de un espacio que ha conservado, hasta hace poco, los indicios claros del opvs incertvm; 2, secuencia del mismo paramento anterior, pero muy remozado exteriormente.

Fot. 23N. Calle Morería Alta. Punto en que la calle Morería Alta enlaza con la Antigua. A partir de la esquina superior de esta imagen, la muralla romana desaparece porque se desvía en dirección Este hacia cueva de Siete Palacios, pasando por la parte inferior de ella, hacia la calle Carmen Baja y desembocando en Cuesta del Carmen para dirigirse, por último hacia la muralla de Levante.

Fot. 24N. Calle Antigua. Parte final de la secuencia que se viene describiendo para resaltar: indicación de lo que es el paramento romano reutilizado; 2, 3, módulos de estructuras pertenecientes a naves, con medidas casi idénticas. En su aparejo se observan las señales claras del opvs incertvm.

Fot. 25N. Calle Antigua. Lienzos de fachadas, cuyos paramentos son reutilizaciones de estructuras romanas. Así, se tiene bien demarcados los espacios correspondientes a las medidas de las naves de tipo común, dentro de los módulos normales usados en estos sectore. Los interiores de esta fachada registra dentro elementos romanos no fotografiados.

Fot. 26N. Calle Antigua. Desde el exterior se pudo ver que contenía elementos de estructura antigua, como galería abovedada y muros de separación.

Fot. 27N. Calle Antigua. Detalle de una de las formas reutilizadas, en la que ha sido necesario elevar el acceso, por el relleno que se ha precisado en su interior, que no disponía de suelo.

Fot. 28N. Calle Antigua. Detalle de la fachada de la foto anterior, para indicar: 1, longitud aproximada del espacio de la nave; 2, altura del paramento externo que se conserva, con clara manifestación del aparejo exterior.

Fot. 29N. Calle Morería Alta. El desnivel de la roca madre provocó que las estructuras romanas se elevaran en su alzado. Y cuando posteriormente se ocupa todo ese espacio como vivienda, se ven obligados a levantar casi dos metros la plataforma de equilibrio en casi toda la calle, con lo que se pueden observar los siguientes elementos: 1, paso artificial realizado mediante la rotura de la plataforma de hormigón romano; 2, resto de la plataforma usado como elemento de acceso a los compartimentos interiores en toda esta área; 3, uso de escalinatas forzadas por la antigua altura de la citada plataforma; 4, restos de muros que indican la rotura moderna de toda esta estructura de base, usada a lo largo de esta falla del terreno. Y un detalle sobre el terreno: el paso se abre rompiendo la plataforma de hormigón romano para poder pasar, cosa que debió ser dificultosa.

Fot. 30N. Calle Morería Alta. En este detalle de la calle se observan los siguientes fenómenos: 1, paramentos de estructuras romanas montadas sobre la plataforma de hormigón y opvs incertvm; 2, aspecto externo del opvs incertvm; 3, pasillo calle artificial abierto mediante la rotura de plataforma antes hasta llegar a la roca madre.

Fot. 31N. Calle Morería Alta. Aquí se puede observar, con detalle, el rebaje y desaparición de parte de la plataforma, con el fin de abrir paso hacia otras calles: 1, vista de la plataforma con casi un metro de grosor; 2, punto más profundo de ese nivel; 3, apertura de la calle mediante la eliminación de la plataforma hasta una profundidad intencionada, y en consonancia con la base de las casas levantadas sobre el suelo; 4, apertura artificial para acceder a los puntos más bajos en ese nivel.

Fot. 32N. Salida de la calle Morería Alta en su punto de unión con la calle Antigua. En ella se observa: 1, paramento reutilizado que cierra, en la calle Antigua, pero de forma artificial, ya que se unía a la estructura situada enfrente, al lado opuesto de la calle; 2, secuencia de muros que conforman el paramento reutilizado de una secuencia de galerías enrasadas; 3, indicación de fachada que marca el prototipo de lo que es espacio destinado a nave, y que ha sido reutilizado para vivienda moderna; 4, espacio similar al anterior que apoya esta opinión, como en muchos de los sectores que han sido ya estudiados.

Fot. 33N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma anterior, donde se aprecia la presencia del opvs incertvm con ulteriores alteraciones, debido al deterioro de la forma romana. Sobre el suelo de la calle puede verse una ventana que indica que en su interior se encuentra una estructura por debajo del nivel de la calle. Se habla de lo mismo, puesto que se está sobre el mismo tipo de terreno irregular por los desniveles.

Fot. 34N. Calle Morería Alta con unión calle Antigua. Foto de detalle, donde se ve: 1, paramento  cuyo aparejo se posa sobre el murallón, lo que indica que parte de la calle está montada sobre la muralla que ha sido rebajada por necesidad de acceso a San Miguel; 2, espacio relleno artificialmente para poder acceder a las dependencias superiores adosadas al murallón; 3, indicación de la anchura real del mismo, en donde se comprueba que es la misma de la calle Antigua, en sus inicios.

Fot. 35N. Calle Morería Alta. Vista general de la calle, en su punto extremo superior: 1, paramento reutilizado en toda la línea de fachada, pero sólo en la base; 2, línea de fachada con paramento encima de la estructura mural, debajo de la línea de calle, en la zona más baja, reutilizada, en medio, y con revestimiento moderno; 3, resto de muralla medieval que muestra aparejo romano destacando 0,50 m sobre la superficie actual de la calle.

Fot. 36N. Calle Morería Alta. Foto de detalle de la misma calle en la que se aprecia: 1, inicio de los podia de acceso; 2, lienzo de la muralla medieval, que se apoya sobre estructura romana. Hace poco se produjo derrumba de parte de este lienzo y se aprovechó para practicar una excavación en la que llegaron a ver partes de la la muralla, aunque la apreciación de la arqueólogo se limitó a considerar que sólo eran muros romanos, y no la muralla de un aterrazamiento y defensa de las estructuras industriales de Sexs.

Fot. 37N. Calle Morería Alta. En esta foto se observan dos muros romanos dentro del espacio doméstico: 1, indicación del murallón romano-medieval, que mide de altura 2,70 m  aproximadamente sobre la calle de arriba Morería Alta (superior), y unos 12 m sobre la de abajo (inferior); 2, indicación de otro muro romano medieval interno sobre el que se ha montado una casa moderna.

Fot. 38N. Calle Morería Alta. En este detalle del sector se ve lo siguiente: 1, muro prolongación del antes citado 38N, que forma línea maestra para toda la secuencia; 2, muro paralelo al de calle Antiguo, que nos sirve como prueba para establecer una probable hipótesis acerca de que este sector estuvo integrado por redes paralelas de naves romanas.

Fot. 39N. Calle Morería Alta. Detalle sobre la toma anterior, en el que se ve la estrechez de la calle, como nota más destacada, y la apertura, mediante la rotura, del paso de ella: 1, pasillo de calle abierto artificialmente; 2, indicación de la estrechez de paso de la calle.

Fot. 40N. Calle Morería Alta. Nuevo detalle sobre la misma calle artificial, para observar  la alineación de los elementos que se utilizan como medio de acceso a las dependencias laterales de la parte izquierda de la imagen.

Fot. 41N. Calle Morería Alta. En esta perspectiva de la calle artificial, se observan los siguientes fenómenos: 1, paramento romano reutilizado, que se alinea a lo largo de todo el alzado del conjunto de fachadas; 2, 3, secuencias de podia para acceder a las dependencias de las casas, formando parte del muro antiguo adosado, para delimitar y separar las estructuras de naves; 4, paso artificial abierto a base de romper el hormigón romano.

Fot. 42N. Calle Morería Alta. Detalle sobre uno de los podia anterior a los que se pueden ver: 1, 4, alineación de parte del paramento adosado a las estructuras de los muros romanos; 2, restos de la destrucción del citado muro adosado a la pared de fondo; 3, sistemas de escalones, usados de necesidad, impuesta por la diferencia de nivel entre la calle artificial y los paramentos interiores.

Fot. 43N. Detalle de la foto anterior donde se aprecia, con cierta precisión, la composición estructural de la plataforma de relleno sobre la que se montan los grandes escalones de acceso.

Fot. 44N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma anterior, donde se aprecia la presencia del opvs incertvm con ulteriores alteraciones, debido al deterioro de la forma romana.

Fot. 25N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma anterior, remarcando la existencia en el paramento de la nave superior, del opvs incertvm, con revestimiento y alzado modernos.

SECTOR O

Sexs,(Almuñécar). Sector O. Se encuentra enmarcado entre las calles Morería Alta, Baja, Santa Isabel, y Orobia. Lo único que se puede identificar son los muros romanos que salen al exterior de las casas actuales. La zona ocupada por el viejo cuartel de la Guardia Civil está sin explorar.

Fot. 1-O. Calle Morería Baja. Muro perteneciente al antiguo Cuartel de la Guardia Civil, al que se considera, con evidencia, que tiene base y paramentos romanos. Se han hecho exploraciones superficiales y, en realidad, no se ha concluido nada en concreto. Una excavación es lo más apropiado, pero hay dificultades para conseguirlo y no se está por ello. Lo peor que sucede es el ser arqueólogo municipal.

La parte que se explica en este sector es la derecha. La izquierda es del sector N.

Fot. 2-O. Calle Morería Baja. Detalle tomado sobre la esquina de ese cruce de muros, en donde se puede ver la estructura de muro y composición de su alzado. Es un opvs incertvm con fuerte revoque moderno, al que se le ha desprendido fragmentos, dejando ver el aparejo interno de la técnica edilicia indicada.

Fot. 3-O. Calle Morería Baja. Paramento de la parte externa del Cuartel, donde se ve: a izquierda, grueso muro que permite ver la piedra al exterior; paramento que está construido con opvs incertvm; y la calle. espacio roto para abrir paso. A izquierda, el acceso elevado está motivado por la roca madre.

Fot. 4-O. Calle Morería Baja. A izquierda, secuencia de muros alineados con una ligera indicación de cierre hacia la mitad de su recorrido. Estas paredes responden al tipo más común de lo que se puede ver en todo el Poniente. Los muros miden 0,80 m de grosor, según se comprueba en las jambas de las puertas. Esta calle es artificial, creada con el tiempo, y no con un plan de urbanismo predeterminado, como se viene demostrando.


Fot. 5-O. Calle Morería Baja. Detalle, sobre la esquina de la derecha, en que se aprecia el aparejo de tipo opvs incertvm, en el interior.

Fot. 5-O. Calle Morería Baja. Desde un punto opuesto, observación del grosor de los muros, e indicación del probable punto de cierre, por cambio de proporciones a partir de una determinada fachada. La derecha es de Morería Alta, y la izquierda, morería Baja, por necesidad de planos.

Fot. 6-O. Calle Morería Baja. Secuencia curvilínea del trazado de la calle Morería Baja, en la que destacamos, a izquierda, línea de fachadas de viviendas que se prolonga desde el muro del Cuartel; punto en que termina tal alineación artificial y comienza una abertura en cuesta-rampa, que enlaza con la calle Morería Baja; 3, alineación que ha cambiado su continuidad con la anterior, probablemente debido a que había un cierre de estructuras en esa línea, lo que parece confirmarse por las fachadas que hay enfrente, en el sector de arriba. 

Fot. 7-O. Calle Morería Baja. Fachada derecha de la imagen: Detalle donde se indica la nueva línea de calle: nuevo indicio de probable cierre de estructura, a izquierda; Se piensa que este tramo, entre las líneas, ha sido destruido para facilitar el acceso a las otras dependencias. Detalle a tener muy en cuenta es la reutilización de una base romana, donde el muro no deja indicios de su aparejo externo, cuando lo normal es que se mostrara como en otros parajes, donde se aprecia la piedra, mientras que aquí se ve roto y sin orden; lo que junto con la existencia del podivm de acceso a izquierda, hace pensar que esto ha sido una plataforma de equilibrio de un fallo de terreno, roto para facilitar el paso.

Fot. 8-O. Calle Morería Baja. Secuencias de elementos arquitectónicos situados encima de un muro de contención que se encuentra bajo estas estructuras: a derecha: paramento romano remozado ahora; espacio interior montado sobre un enrasamiento de la estructura inferior, probable nave reformada; por desequilibrio del terreno hay espacio bajo el nivel de la calle, con muro principal formado por el contrafuerte de contención, situado debajo de la casa.

Fot. 9-O. Calle Morería Baja. Detalle de la foto anterior en rampa para resaltar: 1, existencia del opvs incertvm en el alzado, con revoque moderno; 2, indicación de que el muro aquí cambia de sentido, y cierra ocupando el espacio libre que se ve en la calle y habitáculo casi a nivel de la calle, que indica la existencia de habitación interior; 2, ventana del espacio situado bajo el nivel de la calle, y que tiene su acceso al girar en esquina.

Fot. 10-O. Calle Morería Baja. Detalle de las fotos anteriores, para indicar: 1, anchura de la calle, resultado de derribos para abrir paso; 2, es una estructura montada encima de las probables galerías de los espacios de abajo como se ve en la imagen: dos ventanas; una de acceso y otra de ventilación a ras de suelo. El cambio de altura se debe a la forma de la roca madre que es irregular; 3, reaparición de estructuras bajo el nivel de la calle, cosa que confirma la existencia del muro de contención, que se continúa a pesar de los cierres que han existido a través de toda la calle moderna. 

Fot. 11-O. Calle Morería Baja. Detalle sobre la toma anterior, en donde se puede observar: 1, indicación de la existencia de espacio bajo el nivel de la calle, lo que supone un muro de contención; 2, paramento romano revestido con argamasa moderna muy débil, que se ahueca a causa de la mayor resistividad del aparejo interior; 4. puerta moderna de entrada a los bajos interiores, que son varios, como se verá.

Fot. 12-O. Calle Morería Baja. Interior del punto indicado antes, y al que se accede con escalera moderna, como se ve. Estos interiores son naves transformadas, y en el que se destaca: 1, cubierta de madera después de romper una bóveda; 2, abertura sobre ese muro anterior para acceder a una estructura bajo el nivel de la calle; 3, muro divisorio que divide el espacio que ocupa una galería; 4, muro de separación de estructuras romanas en el interior de una nave que sirve de apoyo a la escalera artificial de acceso.

Fot. 13-O. Calle Morería Baja. Vista general del tramo final de esta calle, en la que se destaca: punto final de la misma, pero que se continúa estructuralmente en los elementos del sector K, situado a continuación; 2, espacio de muros en los que se considera que, a su término, se producía otro cierre, por el cambio de sentido y grosor del paramento. A derecha e la imagen: 1, bajada a espacios inferiores donde están las dependencias romanas convertidas en casa.
 

Fot. 14-O. Calle Morería Baja. Vista general de este corto espacio alineado donde se aprecia los accesos a la estructuras interiores que se encuentra bajo el nivel de la calle. Conviene notar, aunque es del sector N, a derecha de la imagen, hay una rotura de las estructuras constructiva que explica la el aparejo del muro base de la línea de calle (2). 2-3-4 es la línea de elementos ocupados por nuevas adaptaciones de estructuras antiguas. La calle se ha hecho mediante el procedimiento de roturas apropiadas para poder moverse en una ciudad no originaria, que era factoría, no ciudad romana.

Fot. 15-O. Calle Morería Baja.Tramo final de este recorrido donde se da la existencia de espacios subterráneos en la fachada, pero aquí ya se han remozado, y tan sólo muestran las medidas de los muros exteriores. A la vuelta de fachada sí se puede ver la estructura antigua.

Fot. 16-O. Calle Morería Baja. Vista de la cuesta desde arriba: 1, paramento romano en su base y parte de su alzado, pero a nivel muy bajo; 2, paramento romano que deja ver el opus incertum que se trasluce por la debilidad del encofrado. algo retocado. Grosor de los muros idéntico a los anteriores porque son muros romanos reutilizados. No han tenido que levantar nuevos, ya existían otros más resistentes y los utilizaron. Esta calle es de las más destacadas en su diseño: se abrió en sentido vertical a las estructuras antiguas.

 Fot. 17-O. Calle Morería Baja. Vista de la misma cuesta, donde ya se puede apreciar con más precisión: 1.2, grosor de los muros domésticos; 3, anchura de la calle que ha sido abierta por el método de romper las estructuras romanas en sentido vertical de bajada; 4, restos de muros muy deteriorados, pero que dejan ver aparejo antiguo. Las casas de la izquierda están en sentido horizontal; las de la derecha, vertical.

Fot. 18-O. Calle Morería Baja. Encrucijada al final de la cuesta anterior, en donde se pueden ver: 1, indicación direccional hacia unos espacios cerrados; 2, indicación de la cuesta artificial que se acaba de exponer; 3, paramentos de viviendas modernas levantadas sobre las estructuras preexistentes, y que conforman toda una secuencia hasta la parte media del sector K, donde se han encontrado las naves y depósito de agua.

Fot. 19-O. Calle Morería Baja. Detalle final de la existencia de dicho muro de cierre donde se puede, además, observar: 1, existencia de paramento romano en su parte superior, sobre la calle; 2, piedras que sobresalen de la pared acusando la rotura del muro que cerraba la calle, y que se continuaba por el interior de la manzana de casas siguientes; 3, continuación, como se ha dicho ya, del aparejo romano en las bases de los muros que descienden hasta la calle Morería Baja.

Fot. 20-O. Calle Morería Baja. Detalle donde se indica que esta cuesta es artificial por la existencia de un muro que la cortaba, lo que significa que antes no existía sino que, al partirlas de forma sucesiva, hicieron una cuesta bastante pendiente; 1, restos de piedras de muro romano muy resistentes; 2, punto con el que se unía al otro lado de la calle; 3, probable dirección del muro de cierre. Hoy ya es irreconocible por la modernización.

Fot. 21-O. Vista general de la calle Morería Baja cuya fachada se encuentra alineada con la que constituye el punto medio del sector K, al fondo de la imagen. Obsérvese el estado del pavimento de la calle, porque es el que refleja casi la situación primitiva en su mayor parte: roca madre. Hoy está cambiado.

Fot. 22-O. En la calle Orobia, muy cerca del Cuartel antes citado, aparece: 1, muro romano de cierre, en ángulo recto con la calle y los paramentos interiores; 2, cubierta artificial y ajena a la estructura que se estudia. Es un añadido que refleja su antigüedad por no haber sido contemplado en la vivienda, si fuera de origen moderno; 3, paramento divisorio de estancias, paralelo al muro de fachada e interior, respectivamente; 4, paramento romano de fondo, que divide todo este ámbito de calle hasta el final de la misma: Es la muralla que sirve de apoyo a todas las estructuras romanas de Poniente en este nivel.

Fot. 23-O. Calle Nueva. Entrada indicada antes. En ella se observan los siguientes componentes: 1, muro de fondo que probablemente haya que considerar como uno de los contrafuertes, ya que este nivel y el superior, que hay detrás de él, son bastante pronunciados. Se trata de la muralla proveniente de calle Vélez, y que llega a medir más de los 8 m; y paramento romano muy retocado, en donde el material moderno de revoque se ha bufado, debido a la fuerte consistencia del aparejo interno; 3, paramento de cierre que, como se verá, es antiguo y está muy revestido; 4, pasillo considerado artificial; 5, línea moderna de fachada, cuyo muro ha sido roto para poder acceder a los interiores de ese subsector.

Fot. 24-O. Calle Nueva. Aspecto interior del pasillo, en el que se aprecia: 1, muro antiguo, con muy mal estado en su aparejo externo; muro al que se considera contrafuerte por su alineación con el proveniente del sector P; 2, dirección del muro de fondo romano que forma la espalda de la casa colindante;  3, muro romano con revoque moderno, en línea con el que viene desde la espalda de fachada de la calle Orobia en ese sentido.

Fot. 25-O. Calle Morería Baja. Cuesta artificial que se relaciona con el pasillo cerrado que antes se ha descrito, para indicar: 1, muro muy retocado, pero que tiene la misma entidad que el situado al final del paso central de la cuesta; 2, paso artificial en la parte superior de la cuesta; 3, muro romano cuya identidad ha sido demostrada..

Fot. 26-O. Calle Morería Baja. Indicación del momento final de esta parte del sector, con una alineación de fachadas que se corresponden con el sector K.

Fot. 27-O. Calle Orobia. Estancia dedicada a apero de labranza:: 1, muro romano de fondo, cubierta añadida ajena totalmente a la estructura de estas dependencias, lo que se sitúa en la misma línea; a derecha: paramento en ángulo recto a la calle y al interior, con claros indicios de aparejo romano, ya que muestra aparejo de piedra vista tan sólo revocada por una ligera capa de argamasa moderna y cal de blanqueo.

RESUMEN y contenido general de este Sector O

Como se ha indicado al inicio de este apartado de estudio formal de estas estructuras transformadas y modificadas, ya el arquitecto romano se tuvo que enfrentar a las formas del terreno tan alterados en la vertiente de Poniente. Se se observa con detalle, se puede ver que las actuales viviendas no tienen cimientos, sino que se adaptan a la herencia que los romanos les han dejado. Ello explica que, al adaptarse, aparezcan casas modernas, que reutilizan esas estructuras, habitáculos con ventanas a ras del suelo, como se verá. Los interiores no han conservado ninguna estructura de nave original, sino que las han enrasado poniéndoles techos de madera o escayola. La densidad de viviendas en toda la zona de Poniente es superior a Eras del Castillo y toda la perspectiva de Levante. Pero hay que admitir que los fenómenos atmosféricos han han tenido que ver en ello. Piletas de salazones y naves abovedadas han aparecido en Morería Alta y Morería Baja, amén de los sistemas de contención para el establecimientos de esas estructuras. La técnica dominante es la reutilización de todas las estructuras como se ha podido comprobar.

SECTOR P

Almuñécar. Pplano del Sector P. Comprende las calles Vélez, Callejón del Silencio, Nueva, Santa Isabel, Orobia, Morería Baja, y Martínez Rodas. Sobre las calles Orobia y Santa Isabel hay estructuras de naves abovedadas que han sido destruidas. Se conservan sólo los muros romanos muy encalados. A la entrada de la calle Vélez se ha descubierto, en el interior de una casa: una muralla de perimetral de fuerte espesor, con un aparejo romano de aspecto más rudo, con piedras de un volumen muy superior a lo hasta ahora visto, pudiendo medir aproximadamente 0,75 m. Apenas se ve argamasa entre estas piedras; varias piletas de salazones que prueban eran similares a las del Majuelo. Se observan también elementos con opus signinum. En la calle Morería Baja hay unas diez galerías abovedadas enrasadas. En todo el trazado de la calle Nueva se han descubiertos numerosos muros romanos con motivo de la reposición de las tuberías de abastecimiento de agua. Toda esta calle es similar a lo descubierto en el Majuelo. El espacio comprendido entre calle Nueva y Callejón del Silencio, ocupado por las viviendas modernas, está montado sobre una de las grandes áreas de piletas de salazón perteneciente a las mismas formas del Majuelo. La muralla medieval está montada sobre espacio de la factoría de salazones.

Fot. 1P. Calle Vélez: La parte izquierda de la calle se encuentra montada sobre estructuras romanas y la propia calle es el resultado de la demolición de otras estructuras precedentes. Y sobre esta línea indicada se van a ver las estructuras romanas sobre casi el nivel de la calle. A derecha de la calle, las casas ocurre algo similar, y la muralla perimetral de época árabe se encuentra debajo de estas estructuras actuales. Toda la calle es zona arqueológica de todo el conjunto industrial. Según se avanza por la calle, z izquierda se abre una callejón sin salida por donde se va entrar en la primera serie de elementos descubiertos relativamente recientes.

Fot. 2P. Calle Vélez. Entrando en el citado callejón, casi al fondo, se observan los siguientes datos: 1, muro saliente hacia la calle procedente de la muralla interior; 2 y 3 muestra una aparejo de opus incertum enmascarado; el punto 4 es el acceso artificial a las estructuras que se encuentran dentro. El encalado moderno ha creado una imagen de color actual, evitando identificar lo que realmente es todo esta maraña de casas construidas encima.

Fot. 3P. Calle Vélez. En este punto se recogen los siguientes datos: indicios de muro de cierre roto (entrada) con un grosor de 60 cm. La puerta es artificial abierta por los propietarios. El muro que se va a lo largo de la calle es enteramente romano enmascarado con revestimiento actual.

Fot. 4P. Calle Vélez. Interior del subsector en su punto terminal. Realmente este espacio ya interior muestra muros con retoques modernos que aparecen mezclados (1-2) con las estructuras antiguas. Y lo que más llama la atención es el suelo que aparece con tierra (3). Y no se ha practicado excavación alguna, cosa que habría aclarado bastante el verdadero sentido de toda la zona, porque esto se considera parte de la zona de la industria de salazones del Majuelo.

Fot. 5P. Calle Vélez. Compartimento anejo al anterior, separado del mismo por un muro de ladrillo:  opvs latericivm, para usos posteriores; el grosor des muro es de 60 cm; la estructura del muro es de opus incertum con reparaciones posteriores; 4, comienzo del paramento de piedras sin tallar finamente, de mayores dimensiones de las hasta ahora vistas en muro alguno.

Fot. 6P. Calle Vélez. Lienzo de la citada muralla anterior donde se ve de opvs incertvm, con un aparejo de piedras de gran tamaño y en un regular estado de conservación probablemente por el uso recibido a través del tiempo. Su altura es de 2,80 m (hasta el techo moderno), pero que puede llegar hasta los 9 m; 2, y, a continuación, muro de opvs incertvm, de menores proporciones, y de piedra más delgada; su altura es similar al frontal.

Fot. 7P. Calle Vélez. Cierre del muro de grandes piedras talladas de forma irregular y su aparejo con piedras cuyas medidas dan aproximadamente 0,80 m x 0,40 m; justo al lado, un muro transversal que divide en sectores todo el paramento de fondo, guiado por el muro contrafuerte, en la secuencia de esta estructura.

Fot. 8P. Calle Vélez. Perspectiva desde donde se aprecia la superposición de formas romanas, de épocas diferentes: con aparición de muro de opvs caementicivm, saliendo de la base de otro de opvs incertvm, y paramento de grandes piedras, de opvs incertvm. Llama la atención el color de los bloques de piedras con ese tono ennegrecido, consecuencia probable de haber hecho fuegos en este sótano-almacén.

Fot. 9P. Calle Vélez. Habitacvlvm alineado con el murallón anterior donde se puede ver un mro muro de opvs incertvm. pramento romano de fondo y superpuesto al murallón en línea con la muralla anterior,emte descrita y finalmente un muro de opvs testacevm, abierto de forma artificial y retocado después.

Fot. 10P. Calle Vélez. Habitacvlvm alineado con el anterior, en el que se observa: paramento romano con revestimiento moderno; murallón romano de piedra gruesa sin talla; muro romano de opvs incertvm, sin revestimiento, pero retocado por deterioro; y muro divisorio paralelo al anterior. Sus alturas oscilan alrededor de los 2,80 m.

Fot. 11P. Calle Vélez. Habitacvlvm romano, retocado modernamente que se encuentra a continuación del anterior y en el que se ve: muro romano revestido con argamasa moderna, muralla de piedra gruesa, al fondo, con revestimiento moderno,

Fot. 12P. Calle Vélez. Interior del espacio donde se encuentra la muralla romana. Paramento romano de opvs latericium con revestimiento moderno; a su lado se puede ver el opus incertun deteriorado recubierto con revestimiento moderno; este paramento se encuentra de frente a la muralla de piedra gruesa, sin talla.

Fot. 13P. Calle Vélez. Interior del recinto de la muralla. Detalla para señalar el uso de la técnica de opus latericium, con uso de ladrillo de mayor tamaño que el árabe. En él puede apreciarse la utilización de ladrillo de distinto grosor y según el orden: 3-2-3-2, etc.

Fot. 14P. Calle Vélez. Interior de la zona de la muralla. Detalle de la foto orecedente en el que se puede distinguir: muro de opvs incertvm, en el que se ve, sobremontado, otro de opvs caementicivm. La secuencia cronológica que debe seguirse aquí es la siguiente: elemento más antiguo: murete de opvs caementicivm  y signinvm; en segundo lugar, la muralla de piedra pizarrosa; podríamos considerar al muro superpuesto al de opvs caementicivm, y que se encuentra adosado a la muralla. Cabe destaca el uso de la piedra de proporciones mayores al habitual con una tonalidad verde-oscura.

Fot. 15P. Calle Vélez. Interior de la zona donde se encuentra la muralla. Paramento de opvs incertvm con revestimiento moderno. Al pie, puede observarse la colocación de las piedras en el aparejo, al desprenderse la argamasa actual.

Fot. 16P. Calle Vélez. Parte superior de la zona de la muralla donde se ve cómo sobresale y constituye un muro contrafuerte para las estructuras que se encuentran detrás, y al igual que en el paramento anterior, aquí también se puede ver la elevación de dos muros romanos que se cortan en ángulo recto. A izquierda del punto, en su parte superior, se detecta la utilización de ladrillo y piedra, pertenecientes a otras estructuras romanas, probablemente de este mismo espacio.

Fot. 17P. Calle Vélez. Se avanza hacia adelante en calle Nueva y se comienza a producir las típicas roturas de elementos romanos para entrar en los interiores de las galerías abovedadas. Este pequeño patio es un reflejo de ello. Las puertas de las viviendas indican las medidas de los interiores y el groso de las jambas de las puertas, la porporción de los elementos romanos de su interior usado para vivienda. La muralla discurre por detrás de estas viciendas en dirección al centro de calle Nueva. Y en esta foto se destaca lo que se ha tenido que hacer para poder acceder a las estructuras romanas de mayor altura con la construcción de esas escaleras adicionales porque se ha usado la muralla para servir de apoyo a nuevas estructuras modernas

Fot. 23P. Calle Vélez. Zona baja de la foto anterior en ump de lo compartimentos romanos reutilizados aquí: al fondo derecha muro romano de 0,90 m de grosor; escalera para acceder a otro compartimento a causa del desnivel creado por la altura de la muralla y del terreno. Su altura aproximada, es de 2,90 m. Los muros dejan ver que sus muros ocultan su formato arquitectónico con el encalado moderno de sus alzados.

Fot. 19P. Calle Vélez. Estancia aneja a la anterior, donde se aprecia: muro de opvs incertum. y enrasamiento de un probable sistema de naves. A media altura se observa un agujero artificial en el que se ha explorado l muralla dejando ver su composición a la vista: opus incertum.

Fot. 20P. Calle Nueva. Desde la parte izquierda de la imagen, la fila de viviendas se encuentra situada encima de los restos de la muralla perimetral medieval. Al final de este tramo de calle. a izquierda, sobre la Pensión Marina, se dejarán ver los restos que queda de la muralla.

Fot. 21P. Calle Vélez.  Muro de calle, paralelo al gran murallón de piedra pizarrosa sin talla, visto en las imágenes anteriores. En calle Santa Isabel con desvío hacia calle Nueva, dr observa detalle como éste, en que se ve que es una entrada provocada por derribo de elementos romanos y la penetración con pasillo hacia el interior donde se aprecian la reutilización de estructuras antiguas de origen romano.

Fot. 22P. Calle Santa Isabel, que desemboca en calle Nueva En los espacios indicados 1,2,3 se observan las jambas de las puertas de entrada de las viviendas y se ve que sus módulos son casi iguales porque son una reutilización de formas romanas previas. El aparejo exterior deja ver que el enlucido, al no ser muy resistente, deja ver señales de que al antiguo elemento tiene un aparejo diferente.

Fot. 23P. Calle Santa Isabel. Nueva encrucijada de aperturas de calles artificiales: 1, probables espacios destinados a naves enrasadas; 2, secuencias de espacios antes descritos; 3, entrada a un patio donde se aprecia la estructura antigua, como se verá paso. No se dan más detalles porque estas características son una constante que se viene repitiendo en todo el casco antiguo: las reutilizaciones porque no se presenta otra alternativa urbanística.

Fot. 24P. Calle Santa Isabel. Vista del interior del segundo espacio indicado en la foto anterior: 1, muro romano maestro de división que discurre a lo largo del patio formando parte de una galería que se extiende en una profundidad de unos 20 m. Los accesos se han realizado abriendo espacio sobre el lateral de los muros paralelos de las galerías, que está transformada en habitaciones modernas. Si se observa el muro izquierdo se puede apreciar que el encalado de la pared deja ver en superficie las señales de un aparejo interior no moderno, sino antiguo romano.

Fot. 44P. Calle Nueva. Área abierta con sistemas de casas montadas sobre estructuras romanas, situadas bajo los paramentos actuales: la zona izquierda con paramento romano reutilizado da sobre la calle, pero en su parte interior todas estas casas se encuentran apoyadas por la muralla que viene des el Majuelo, y todos sus muros están adosados a dicha muralla. la parte derecha de la misma calle, a su vez, se encuentra adosada a la muralla perimetral árabe-cristiana.

Fot. 49P. Calle Nueva. Continuación del pasillo anterior al inicio de la calle Nueva con muralla dentro. Los muros laterales, a ambos lados del callejón es abierto para poder tener acceso a los espacios que se encuentran en los interiores de la viviendas a través de toda la calle. Lo que se observa al fondo de este corredor es la misma muralla que se ha visto al inicio de la calle. 1 es la indicación de la situación de la muralla; 2, es la entrada a los espacios de zonas de galerías que han sido modificadas para usa doméstico, poder observar el espacio por donde discurre la muralla.

Fot. 27P. Calle Nueva. En esta imagen se muestra la trayectoria de la muralla en dirección al Majuelo a la vez que la composición de su alzado que es muy similar anteriormente Altura aproximada de la misma: 8 m vista desde el callejón; dentro, 2,30 m. La piedra del mampuesto es igual que las citadas antes, o sea, una variante de caliza.

Fot. 28P. Calle Nueva. En obras de reposición del servicio de aguas se ve cómo aparecen los muros romanos que forman parte de las mismas estructuras que se tienen en el Majuelo. Sólo podemos mostrarlo porque no se llegó a medir ni la profundidad sobre el suelo ni la verdadera función que podían haber desempeñado. En este concreto punto se observa la superposición o continuidad de un muro sobre otro y cómo los muros de la casas modernas echan su base sobre lo robustos muros romanos.

Fot, 29P. Calle Nueva. Aspecto más detallado del opvs incertvm del muro situado debajo del paramento moderno construido con materiales procedentes de derribos y reutilizaciones de estructuras, fenómeno que se ha practicado en toda la zona oeste de la ciudad moderna.

Fot. 30P. Callejón de la Najarra. Este es el huerto de la Pensión Marina cuyo subsuelo contiene estructuras similares a las de la factoría del Majuelo. En los años 70, a continuación de este huerto, se practicó un rebaje de terreno para nuevas construcciones modernas La máquina retro arrasó destruyendo gran cantidad de estructuras. Se denunció el caso a las autoridades de Granada (Museo Arqueológico para que se presentara, y cuando aparecieron, ya quedaba poco que salvar. En consecuencia el denunciante tuvo que cargar con las consecuencias. Hipocresía oficial como siempre. Y se volvió a enterrar todo.

Se continúa con el comentario arqueológico y añadimos que en este huerto se puede ver lo que quedaba de la muralla perimetral procedente de la zona del Majuelo. Al fondo se puede comprobar la línea de muralla sobre el suelo. Las viviendas situadas sobre el terreno han utilizado la muralla para fijar su cimentación.

Fot. 31P. Callejón de la Najarra. Detalle de la técnica de alzado de la muralla, con utilización de ladrillo como elemento de construcción. Puede ser una etapa de construcción ya de época cristiana, pero se desconoce por falta completa exploración, y de época visigótica poco, o nada, se puede decir aquí.

Fot. 32P. Callejón de la Najarra. Punto terminal de lo que se conserva de esta muralla medieval perimetral, junto a la conocida Pensión Marina.

Fot. 33P. Avenida de Cala. Tramo final de las estructuras romanas procedentes de la factoría del Majuelo. Se observa el muro de opvs incertvm, similar a los ya conocidos en otros sectores. Se piensa que es el cierre de las formas que llegaban por encima de la salida de la ca calle Puerta de Vélez, donde también han aparecido restos importantes de lo que pudo ser la muralla romana que cercaba todo el complejo industrial. Y al margen de esto, muy cerca de estos resto de muros, en la parte derecha de las construcciones modernas, han aparecido numerosas estructuras que han sido silenciadas, pero que se conserva ese conocimiento. Realmente esta excavación es un «parche» cuando no se atrevieron los arqueólogos hacer una prospección en lugares aledaños.

Comentario final de este Sector

Como conclusión de este recorrido sobre las estructuras del Sector, se concluye que lo más destacado de lo visto y descrito son: la muralla romana que se inicia a la entrada de calle Vélez y termina cerca del parque del Majuelo, Lo que más ha sorprendido es el uso de materiales poco frecuentes en esa estructura defensiva como el tamaño de las piedras empleadas en su alzado.

En el aspecto negativo, la casi total ausencia de exploración arqueológica y la destrucción de zona pobladas de elementos industriales pertenecientes a la producción de salazones.

SECTOR Q

Sector Q.

Este sector se encuentra enmarcado entre las calles Antigua, Orobia, Horno Nuevo, y Vélez. La calle Vélez en este tramo se encuentra sobre la muralla medieval. Toda esta zona está montada sobre estructuras romanas, que van apareciendo cada vez que se derriba una casa. Los muros interiores de todas estas casas modernas tienen continuidad con los de aterrazamiento que han aparecido en el contiguo sector P, y que llegarán hasta la Plaza del Ayuntamiento.

Fot. 1Q. Entrada a la calle Vélez desde la periferia de Poniente. Camino hacia Vélez Málaga. En este espacio se observa, por los restos hallados, que la factoría o zona de salazones del Poniente termina en este punto. Esta parte se conoce como Puerta de Vélez. De aquí partía la vía romana de la costa en dirección a Malaca.

Fot. 1Q. Avenida de Cala, Puerta de Vélez y Callejón de la Najarra (Avda de Europa). Lugar donde debió estar la llamada Puerta de Vélez: espacio por donde discurre el murallón medieval perimetral; tramo donde se ve el murallón, procedente de la zona norte o sector Y; además del punto donde se estuvo en pie la Puerta de Vélez.

Fot. 2Q. Puerta de Vélez. Detalle de la foto anterior en el que se indica el espacio ocupado por la citada Puerta. Bajo este espacio han aparecido los restos de la muralla romana doble. No se tiene información gráfica documental del punto y la forma de esta puerta medieval o vía romana de la costa que partía desde este punto en dirección a Málaga

Fot. 3Q. Vista de la calle Vélez en dirección al centro de la ciudad, en donde se puede indicar: casas que se apoyan sobre la base de la muralla, destruida para tal fin, a izquierda; espacios donde han debido existir estructuras romanas que hoy no se ven, por encontrarse todo muy alterado.

Fot. 4Q. Calle Vélez. Vista desde el punto opuesto de calle Vélez: alineación de viviendas situadas sobre los restos del murallón que se encuentra detrás y enrasado a derecha de la imagen; alineaciones de casas relativamente modernas donde se supone la existencia de elementos romanos que justifican algunos de los detalles de sus trazados y divisiones internas de las viviendas; paso hacia el sector O. Salvo algún pequeño detalle, todo parece nuevo, aunque no es así. 

Fot. 5Q. Calle Horno Nuevo. En calle transversal a calle Vélez: calle Horno Nueva indicada en la foto anterior, en la que tan sólo se puede observar la existencia de espacios subterráneos o semisótanos, de los que se ha recibido información de albañiles: sobre la estructura de aparejos, con muros fuertes y de cierto grosor. 

Fot. 6Q. Calle Vélez con avda. de Cala. Excavación para construir por nueva obra, donde han aparecido los muros paralelos de la muralla periférica romana y árabe de la ciudad. Puede verse parte de la muralla a ambos lados, separados por el relleno moderno de tierra. Han sido rotos por la excavadora y no se ha podido determinar su verdadero alcance y funcionalidad.

Fot. 7Q. Calle Vélez. Muralla romana desde el punto opuesto. Vista frontal del corte de los muros de la doble alineación. Ha sido cortado por la excavadora. Pero la muralla lateral ha sido totalmente demolida. No ha habido excavación científica; tan sólo una supervisión y recogida de materiales hallados (de superficie).

Fot. 8Q. Calle Vélez. Vista detallada de la misma foto anterior para precisar la separación de los muros y el relleno moderno de tierra. Uno de los laterales, el derecho según se sube, se ve roto por la máquina, pero más que el izquierdo.

Fot. 9Q. Calle Escamado. Palacete del Corregidor, donde se ha practicado excavación en sus interiores, que ha dado como resultado el hallazgo de diversos tipos de materiales de las culturas romanas y árabes fundamentalmente. Pero no es muy fiable en sus conclusiones.

Fot. 10Q. Primer tramo de la calle Antigua (que sube), en la que han aparecido numerosos datos de tipo estructural y cerámico romanos: espacio donde existió una ermita (fondo izquierda) en la que aparecieron numerosas estructuras romanas, a la vez que gran cantidad de cerámica, cuando fue destruida para edificar la casa moderna que hoy se puede ver; en esta calle ascendente hay un espacio frontal a una estructura, que se considera equivalente, en medidas, a una nave que se encuentra justo enfrente según se sube por la calle Antigua. La indicación de espacios, en semisótanos, que pone de manifiesto la existencia de probables estructuras similares a las de la nave descubierta y citada anteriormente. 

Fot. 11Q. Calle Orobia. El espacio interior que da a la calle, en el que podemos observar: áreas subterráneas o semisótanos con estructuras murales antiguas; espacio que se supone fue cerrado. 

Fot. 12Q. Calle Orobia en su punto de ensanche central: muro romano en el sector situado a su lado y en el que se ven indicios de ese tipo, lo mismo que en sus estructuras interiores; paramentos con algunos indicios, pero no muy claros, sobre su antigüedad; línea de fachada que se prolonga hasta el sector P al que pertenece, y por lo que se llega a indicar que se trata de una secuencia homogénea, aunque al exterior se nos presente algo modernizada en su aparejo.  

Fot. 13Q. Calle Orobia. Interior del espacio indicado anteriormente, en el que se distingue un muro de fondo, presuntamente romano, y otro vertical a la calle, con indicios de opvs incertvm.

Fot. 16Q. Calle Vélez. Solar al inicio de la calle. Estructuras romanas que afloran después del derribo de una casa antigua. Comienzan a aparecer estructuras con cierta abundancia. Se encuentran en mal estado pero dejan ver la técnica del opus incertum. Todas las formas acusan un claro fin industrial por su tamaño y materiales usados: piedra común de este tipo de elemento: argamasa clásica como materia preferente.

Estas fotos se hicieron mucho después y no dejan ver por la maleza que cubre el terreno, los materiales aflorados en el derribo de la casa.

Fot. 17Q. Calle Velez. Foto del fondo de la zona arqueológica.

Fot. 18Q. Calle Vélez. Vista general de la zona arqueológica totalmente abandonada y desprotegida.

Fot. 19Q. Calle Vélez. Vista general de fondo de la zona arqueológica dando a calle Horno Nuevo.

Fot. 20Q. Calle Vélez. Solar arqueológico donde se puede apreciar la existencia de un área cuadrangular construida con piedras talladas y mortero con baja calidad probablemente por deterioro debido a la humedad. Esta zona se caracteriza porque no se ha montado sobre roca madre, al menos en lo que aquí se puede ver, porque no se ha excavado con profundidad.

Fot. 21Q. Calle Vélez. Vista de detalle del espacio comentado en la foto anterior.

Fot. 22Q. Calle Vélez. Lo más destacado de esta parte es el hallazgo de una conducción de agua probablemente destinada a las necesidades de la industria de salazón. Su material es piedra caliza moldeada con acanaladura interior.

Fot. 23Q. Calle Vélez. Imagen para destacar la estructura del aparejo de muretes que conforman el espacio cerrado, y la composición del aparejo que se encuentran en mal estado. Téngase en cuenta que los cimientos del edificio estaban montados sobre todo lo que se ve en el solar. De ahí su estado de conservación.

Fot. 24Q. Calle Vélez. Imagen de detalle que muestra el aparejo de los muros y la forma de la construcción.

Fot. 25Q. Calle Vélez. Imagen del interior de este pequeño recinto lleno de maleza. El aparejo del muro está deteriorado por las razones expuestas anteriormente.

Fot. 26Q. Calle Vélez. Imagen de detalle que muestra el estado de conservación del aparejo del recinto.

Fot. 27Q. Calle Vélez. Foto del interior del recinto mejor conservado,

Fot. 28Q. Calle Vélez. Foto de detalle de las piedras talladas que se encuentran en esta construcción. Las más relevantes se encuentran superpuestas y sin argamasa.

Fot. 29Q. Calle Vélez. Detalle de una de las esquinas del espacio rectangular conservado. Se puede ver que su interior estaba enlucido y con estuco impermeabilizante y, justo a su lado, piedras rectangulares talladas y con ranuras de buen trazo. Ello lleva a la conclusión de que este espacio estaba destinado a la industria de salazón o similar, ya que disponía de conducciones de agua como se ha visto anteriormente.

Fot. 30Q. Calle Vélez. Se muestra en esta imagen uno de los muros conservados que contiene restos de muro con enlucido en uno de sus laterales.

Fot. 31Q. Calle Vélez. Aspecto en que ha quedado esa zona arqueológica sin practicar una verdadera y científica excavación. Prácticamente la máquina ha arrasado todo lo aparecido en la campaña previa. Se ha localizado un dolium empotrado en zona de rocosa, cosa que, a su vez, muestra que los romanos echaron los cimientos de sus estructuras sobre roca madre, y no sobre tierra.

Fot. 32Q. Calle Vélez. Al inicio, a mano izquierda, Se ven restos de un dolium romano bien situado en zona fija. También se han localizado restos de otros. Pueden verse los fragmentos del hallado justo encima del excavado sobre el terreno.

Como se ha podido ver antes, toda esta zona arqueológica fue excavada con anterioridad hace varios años. Y la excavación reciente ha destrozado totalmente este yacimiento. No se ha practicado una exploración e identificación de lo que este espacio contenía. Prácticamente ha sido destruido.

SECTOR R

Sector R

Este sector abarca las calles San Joaquín, Cuesta del Castillo, Antigua, Carmen Baja, Escamado, y Plaza del Ayuntamiento. Gran muro de aterrazamiento/contención se encuentra sobre la calle Escamado, dando respaldo a toda la masa de casas de la plaza que encuentran sobre él. Frente al Ayuntamiento se hay una casa que contiene en su interior dos elementos importantes: una gran galería abovedada remozada modernamente (quizá la mayor del conjunto de la ciudad), y el sistema canalizado de conducción de agua, que llega desde el depósito terminal (hoy Iglesia Parroquial) hasta esta casa, y después continúa hasta la zona de la Cueva de Siete Palacios o barrio del Castillo. Una importante galería abovedada se encuentra al comienzo de la calle Antigua (bien conservada). En la misma calle Escamado, el Palacete del Corregidor ha puesto al descubierto numerosos restos romanos y árabes. Hay indicios de otras galerías a lo largo de la calle Antigua.

Fot. 1R. Calle Antigua, Inicio. Paramento ciertamente romano, ya que, a media distancia de este primer punto, aparecen las estructuras romanas sobre la misma fachada de la calle, formando parte del alzado general. Dichos muros se encuentran a ambos lados de la calle, ya que la parte izquierda de la misma [antigua ermita] fue destruida para levantar lo que hoy se ve. Toda la calle se encuentra así, al igual que todo el casco antiguo de la ciudad.

Fot. 2R. Calle Antigua. Una vez dentro del espacio indicado en la foto anterior, aparece el paramento izquierdo, según se entra, con la técnica del opvs incertvm casi en estado primitivo, en primer plano. El revoque moderno es tan débil que ha dejado al descubierto el aparejo en todo el lienzo de muro. Este muro se prolonga a lo largo de toda la calle. Ésta fue abierta por necesidad, por lo que fueron destruida galerías en toda la ella, procedimiento habitual.

Fot. 3R. Calle Antigua. Continuidad del mismo paramento, incluyendo el espacio de la entrada que, como el resto de este tipo de estructura, es artificial. Se observa igualmente que continúa el alzado hacia el fondo, comunicándose con el tramo limítrofe que forma parte de sus medianerías. La abertura. que se ve, es el acceso a la galería abovedada que se va a mostrar. El grosor de los muros es de 60 cm.

Fot. 4R. Calle Antigua. Detalle de ese trazado final y su relación con los del fondo: paramento romano perteneciente a la nave; paramento colateral que se relaciona anteriormente con el paramento de la nave, pero que ha sido roto para poder acceder a las dependencias interiores. Este trozo de muro, que se verá con más detalle, está levantado con la técnica del opvs latericium.

Fot. 5R. Calle Antigua. Detalle sobre el paramento de bloques de cemento moderno, donde puede verse la composición del aparejo romano en el interior.

Fot. 6R. Calle Antigua. Nave construida vertical a la calle. La foto muestra su muro de cierre sobre la calle. Tiene un fuerte revestimiento de estucos modernos, ya que ha sido utilizada hasta hace pocos años como vivienda. Su forma de bóveda es algo rebajada y la cimbra sobre la que se construyó, estaba a poca distancia del suelo actual. [No se ha practicado excavación]. Como no se ha intentado quitar el enlucido moderno, no se sabe si esta nave es exactamente del mismo estilo y composición que las vistas en el sector K, aunque se asemeja. Los muros que se encuentran en su entorno muestran una aparejo de opus latericium, el mismo tipo que el Sector K.

Fot. 7R. Vista de la misma nave desde su punto opuesto. Por sus características de diseño, podría situarse cronológicamente en la misma época de las naves del sector K, que puede situarse en época tardía (s. III-IV). como no se ha excavado, no hay material de contexto para fijar una fecha de construcción adecuada y certera. Como ocurre en todas ellas, su entrada es artificial. Se supone que el agujero del techo está tapado por el enlucido moderno.

Fot. 8R. Calle Antigua. Detalle sobre la foto anterior y sobre el mismo fondo. En él se observan los muretes de apoyo al arco de la bóveda y el paramento de cierre algo deteriorado en el alzado. Altura aproximada de 3.90 m, anchura: 3 m; largo: 10 m.

Fot. 9R. Calle Antigua. Muro romano donde se comprueba la técnica que se ha enunciado en la foto 4R, con el opvs latericivm. El módulo del ladrillo utilizado es de 6 cm x 28 cm x 22 cm.

Fot. 10R. Situados sobre la Plaza del Ayuntamiento, destaca esta fachada con el único fin de indicar dónde se tiene el punto básico para iniciar lo que de elementos hídricos se puede considerar en Seks, en los sistemas romanos de conducción de aguas. Dentro, en su patio, se inicia toda una vía de distribución, y cuyos elementos de transporte han prácticamente desaparecido. Casa de los Müller-Mateos.

Fot. 11R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R. Entrada al canal subterráneo sito bajo la estructura moderna. Se abre trampilla sobre el suelo, bajo la escalera general y, través de una escaleras originales romanas se accede a la galería abovedada a través de la cual debió existir una canalización entubada para establecer un sistema de abastecimiento tanto de las zonas bajas del complejo como una derivación que subiera el agua hasta la parte más elevada de toda la parte alta. En cercanías con este canal, dentro del primitivo ayuntamiento, en el habitáculo destinado a cárcel, hubo hasta que se retocó ese edificio, una canal que se dirigía hacia la vertiente de Levante para llevar agua a la probable factoría de esta parte. Su salida se ha detectado en la Huerta de los Müller-Mateos, cuyas imágenes se mostrarán más adelante para verificarlo. En canal de la casa de los Müller se produce una derivación en sentido Barrio del Castillo, cuyos tubos de cerámica se pueden ver en parte. Y el canal general en cuestión tiene una trazado que se dirige bajo tierra hacia la iglesia, y que terminaría cerca de la Casa de la Cultura. Uno de los propietarios de la casa logró llegar hasta el final, acabando su trayectoria en el espacio donde existió una escuela para niños, lugar donde hoy está la Casa de la Cultura.

En cuanto a los elementos usados en la construcción de esta escalera de acceso al canal desde la superficie, se observa el uso de la técnica del opvs incertvm y el uso de estuco impermeabilizante. Pero los muretes laterales están construidos con opvs latericivm y argamasa blanquecina.

Fot. 12R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de los Müller-Mateos. Interior de la casa 10R. Entrada al sistema, o parte conservada, de este trayecto. Después del análisis del tramo pequeño de entrada, donde hay hormigón romano como elemento habitual de impermeabilización, se piensa que ha sido eliminada probablemente una estructura que, o bien ha sido depósito, o bien una arqueta de distribución hermética, con alimentación procedente de la torre de descarga existente entonces en el actual espacio que ocupa la Iglesia Parroquial. Así se indica en la planimetría adjunta al inicio de este Sector.

Fot. 13R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R, propiedad de los Müller-Mateos. Primer tramo de nave con cubierta de ladrillo (opvs latericivm) y muretes laterales de ladrillo alternando con la piedra. Se marca bien la alternancia del ladrillo romano con el opvs incertvm de sus muretes laterales. Se observa el giro del canal que se dirige hacia la calle, pero en realidad es la dirección hacia la Iglesia Parroquial, de donde se supone partían las tuberías canalizadas para su distribución por toda la factoría. La cubierta del canal está formada por una bóveda de medio cañón, y sus derivación hacia el Castillo, el canal está cubierto con grandes lajas de piedra en sentido horizontal. No se tienen más conocimientos porque no se ha explorado con una excavación que lo permitiera. La medidas del canal es 75 x 55 cm. El largo se estima en algo más de los 30 m en el espacio que se ha podido estudiar.

Fot. 14R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa de las familias Müller-Mateos, 10R. A izquierda está el punto en el que el sistema de conducción gira, iniciándose la derivación de un sistema que arranca de éste, (o bien desemboca en él); aunque lo más racional es admitir una derivación. En algunos espacios se puede observar cierto indicio de pavimento usado en los sistemas de impermeabilización. La piedra y el ladrillo se alternan.

Fot. 15R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R. Detalle de la derivación. Obsérvese el sistema de conducción por medio de tuberías de cerámica machihembrada, protegidas con ladrillos romanos y el adintelamiento de la galería secundaria con losas grandes de cubierta.

Fot. 16R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R. Tramo final del sistema en lo que se ha podido localizar del mismo hasta ahora. Se encuentra interrumpido a unos 20 m del punto en que se tomó referencia, por el nuevo sistema de alcantarillado que lo ha roto. Obsérvese la técnica de construcción con la alternancia del opvs latericivm y opvs incertvm. La dirección del canal cegado va camino de la Iglesia. Se cree que tomaba el agua del depósito terminal que se encontraba justo en el espacio ocupado ahora por tal edificio religioso. Pero también se ha citado la probabilidad que tal canal llegaba hasta la Casa de la cultura.

Fot. 17R. Plaza del Ayuntamiento. Edificio 10R de la familia Müller-Materos. Según se entra desde la calle, se llega a un patio central porticado. Y de frente se encuentra una construcción cerrada que alberga una estructura como la que se ve en esta imagen. Con dificultad se pudieron tomar estas fotos porque en ese momento se estaba trabajando en su modernización y no se podía acceder porque no permitían entrar. Se pudo comprobar que se trataba de una galería abovedada de medio cañón romana, que se encontraba enmascarada por el mortero moderno, pero que su interior contenía el sistema de opvs incertvm. Sus medidas se calculaban en unos 20 m de largura, 6 m de altura y 4.50 m de anchura. Como no se ha podido analizar en profundidad, se deduce por el contexto que los muros laterales eran de opvs incertvm, como se puede ver en imágenes posteriores. La cimbra utilizada era algo rebajada y los muros sobre los que se apoya bastante altos.

Fot. 18R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de las familias Müller-Mateos,10R. Imagen de detalle de la foto anterior para poder destacar que los muros de la galería se prolongan en el sentido de la toma de foto, y que llegaba hasta empalmar con la casa vecina (casa de la familia Miranda), que también contenía parte de este tipo de galería abovedada, y ha sido destruida hace varios años al hacerla nueva desde los cimientos.

Fot. 19R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de las familias Müller-Mateos,10R. Según se observa, la cimbra utilizada en la construcción de esta galería era rebajada, y sus puntos de apoyo más altos de los normal entre los tamaños usados a través de la historia de la localidad. Se encontraba tan revestido de material moderno que no ha permitido poder analizar con claridad su contenido estructural en los laterales. El corte dado para acceder a la nave muestra levemente la estructura interior.

Fot. 20R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de las familias Müller-Mateos,10R. en el extremo opuesto de la galería se pudo comprobar que el material usado es claramente opvs incertvm. Foto difícil de conseguir por la dificultad a la se hubo de exponer el personal. El efecto óptico hace ver la bóveda con más altura de la que realmente tiene. No parece rebajada.

Fot. 21R. Calle Escamado. Se encuentra justo detrás de la casa de las familias Müller-Mateos en un nivel superior. Y el muro de la derecha, que se ve en la calle, es precisamente uno de los laterales de la galería romana de la casa 10R. Los ventanales, a ras de suelo, en la calle indican que dan al interior donde se encuentra el elemento citado. La extensión real de la galería, en principio, tiene la medida aproximada que se ve a lo largo de la calle Escamado, es decir, hasta el final de la misma.

Fot. 22R. Calle Escamado. Los sistemas de escaleras de acceso que se ven aquí, tienen la misma motivación y función que los explicados antes. Lo que significa que todas estas viviendas se apoyan sobre el fuerte muro de la gran galería de la casa de las familias Müller-Mateos. que se encuentra detrás y a nivel algo inferior. Además, se observa que los paramentos revelan algunas señales de semejanza con los aparejos romanos con fuertes deterioros. 

Fot. 23R. Calle Escamado. Detalle de las edificaciones existentes delante del Palacete: Los peldaños para el acceso se justifican por el nivel de suelo de estas viviendas. Debajo se encuentra la casa de las familias Müller-Mateos con sus estructuras romanas antes citadas. El muro de fondo aparece con su enlucido descarnado dejando ver un aparejo antiguo de procedencia romana muy deteriorado.

Fot. 24R. Calle Escamado. Palacete del Corregidor. Dentro había muros romanos que han sido totalmente eliminados con la recomposición de todo el interior. También ha desaparecido lo que quedaba de un torreón medieval, que estaba adosado al murallón de contención. Se ha practicado excavación en el patio interior donde han aparecido materiales romanos y árabes de forma aleatoria y difícil de catalogar cronológicamente.

Fot. 25R. Calle Carmen Baja. Inicio de estructuras que se van a ir modificando por los nuevos ocupantes de esos espacios. El opvs incertvm va a aparecer en los muros exteriores e interiores de las casas respectivamente.

Fot. 26R. Calle Carmen Baja. Continuidad de las líneas de fachada a ambos lados de la calle, en donde se quiere resaltar que se trata no de roturas sino de alineaciones de estructuras que han debido responder a los esquemas de emplazamientos de sistemas de aterrazamiento, dada la fuerte pendiente existente dentro de estas mismas casas.

Fot. 27R. Calle Carmen Baja. Continúa la calle en sentido Sur con las irregularidades de terreno que fuerzan a los ocupantes a modificar la estructura para poder hacer habitables sus viviendas. El suelo de la calle apenas tiene pavimento porque la roca original está casi a flor de superficie. Las medidas de las fachadas que se ven tienen casi la misma forma. Son muros reutilizados se debe a que no se utiliza arena de la playa para su construcción, sino que se aprovecha la herencia antigua que es mucho más resistente. El salitre de la arena puede poner en peligro el alzado de la estructura.

Fot. 28R. Calle Carmen Baja. Ensanche de la calle, en cuya parte izquierda se tienen datos testificales de la existencia de paramentos romanos a lo largo de toda ella. A derecha de la imagen se ha abierto un pasaje rompiendo las estructuras antiguas por necesidad de ocupar espacio para viviendas. Se han modificado hasta tal punto que la antigüedad de las mismas está en entredicho.

Fot. 29R. Calle Carmen Baja. Las formas antiguas existentes hasta hace poco tiempo han obligado a zigzaguear el trazado de esta calle y, a su vez, modificar las fachadas de las nuevas casas adaptadas a sus necesidades. Si se observan los aparejos de las paredes de la calle, puede decirse que no son de nueva construcción, sino la modificación para formar una calle a tono con las modernidad actual. Y cada vez más la verdadera identificación es más difícil de explicar debido a este fenómeno de modernización.

Fot. 30R. Calle Carmen Baja. Esta imagen muestra un proceso de transformación de estructura romana en casa moderna. Se pueden ver los restos de muros romanos mezclados con el cemento moderno. Y finalmente una casa, en su casi totalidad, moderna.

Fot. 31R. Detalle de la foto anterior donde se aprecia el aparejo romano formado por piedras y argamasa romana junto al hormigón moderno.

Fot. 32R. Calle Carmen Baja. Detalle de la foto precedente en donde se puede apreciar un primer tramo de paramento romano y segundo muro romano bastante retocado y muro romano de un paramento que gira por la configuración del terreno debido a la afloración de la roca madre.

Fot. 33R. Calle Carmen Baja. En esta imagen se presenta el mismo detalle visto desde otro ángulo, y en el que se puede observar: muro roto para abrir puerta de casa moderna a derecha.

Fot. 34R. Calle Carmen Baja. Vista general del paso ciego, abierto mediante la rotura de dos secuencias de muros situados en fachada y en su punto medio. El suelo es roca madre con una ligera capa de cemento moderno. Al fondo de la imagen: muro romano de fondo, comprobado desde la calle posterior, que es otro paso artificial cegado o abierto por la misma situación urbanística que la que se trata se explicar.

Fot. 35R. Calle Carmen Baja. Vista parcial de esta calle para resaltar la secuencia de muros que antes se has citado. A ambos lados se observa gran similitud de estructuras pero todos están remozados con mortero moderno.

Fot.36R. Calle Carmen Baja. Detalle sobre la parte izquierda de esta calle, en el que se puede ver el interior de una vivienda que muestra los fuertes muros, y el de cierre, situado formando casi ángulo recto. La altura de un muro maestro ha permitido ocupar y crear habitáculos en el nivel superior. De ahí la escalera interior.

Fot. 37R. Calle Carmen Baja. Estamos en la parte superior de toda la secuencia antes expuesta, es decir, un sistema paralelo con líneas y puntos comunes en su recorrido. Es una elevación de terreno motivado por la estructura de la roca madre. Por este espacio pasa la muralla procedente de la base de la Cueva de Siete Palacios para unirse con otro trazado de muralla que se ve en la calle Morería Alta: paramento romano que se prolonga hasta el fondo del pasillo cerrado; paramento romano en punto opuesto; paramento romano que se mantiene rectilíneo.

Fot. 38R. Calle Carmen Baja. En este pasillo, indicación sobre el suelo, de los restos de muro romano de base para construir sobre él. Es decir, ha sido derribado el muro antiguo y con los materiales de derribo han levantado el moderno.

Fot. 39R. Calle Carmen Baja. Sobre la misma calle aparece un espacio de estructura antigua y que, en su interior alberga estructuras antiguas con mampostería romana algo deteriorada. La entrada muestra restos del aparejo romano. La base de la puerta está hecha con lajas gruesas de piedra romana procedente de derribos.

Fot. 40R. Calle Carmen Baja. Detalle sobre el paramento en el que se puede ver el aparejo de técnica opvs incertvm romana encalado modernamente. La caída del enlucido moderno aquí, se debe a que se ha utilizado arena de playa y el salitre lo ha perjudicado. Su suelo es roca madre en superficie.

Fot. 41R. Calle Carmen Baja. El interior de este espacio tuvo cubierta en forma de galería. Se derrumbó y le pusieron techo de uralita. El muro de fondo que sobresale detrás, conserva su antigua forma a pesar de las alteraciones que ha sufrido.

Fot. 42R. Calle Carmen Baja. Espacio interior de la entrada indicada en la foto anterior: paramentos laterales de la estancia y paramento de fondo, con aparejo bastante deteriorado pero de opvs incertvm.

Fot. 43R. Calle Carmen Baja. Imagen en la que se muestra la continuidad del paramento de la cuesta anterior (Cuesta del Castillo), a derecha, según se sube: muro romano muy transformado, de otro sector, pero en contacto con el Sector R; corta pendiente con fuerte desnivel, para el que ha utilizado uno de los muros levantados en el sistema de aterrazamientos y que discurre a unos 15 m a izquierda en nivel superior. 

Conviene recordar que en esta calle aparecieron un mínimo de 5 piletas de salazones y más precisamente en una de ellas fue encontrado un peculio con unos 50 denarios de época republicana romana. Fueron estudiada y publicadas haces pocos años por la Universidad de Granada.

Fot. 44R. Calle San Joaquín. Una vez situados en la calle San Joaquín [ I ], al final del ascenso antes visto (fot. 43R), se encuentra toda una estructura situada frente a las del sector M, que es la prolongación hacia Poniente de las dependencias del sector L, adjunto a la Cueva de Siete Palacios, y más concretamente, de los elementos arquitectónicos de la Cueva en su parte exterior: espacio con estructuras situadas bajo el nivel del suelo y que pone de manifiesto una posible alineación de naves transformadas, a este nivel, y la situada de forma inmediata con otras estructuras del sector M, estrechamente ligado a éste.

Fot. 45R. Calle Antigua. Se cruza verticalmente con San Joaquín. En la misma línea de fachada, según se desciende, se han encontrado formaciones cuyos paramentos no dejan lugar a dudas sobre su identidad: el muro de la derecha fue roto para poder ocupar las construcciones romanas que se encuentran dentro.

Fot. 46R. Calle Antigua. En la anterior puerta metálica que se ha visto sobre la calle, estando en cierta ocasión abierta, se pudo tomar la información que se da: a izquierda, muro romano revocado ligeramente y que, en su trayectoria hacia el interior, ha sido roto para abrir paso a las dependencias que hay dentro; al fondo de tales dependencias se puede ver un muro romano que cierra probablemente la parte baja, y sin duda, la de arriba, dando a la calle (Fot. 44R).

Fot. 47R. Calle Antigua. El muro derecho de la imagen muestra aberturas sobre la calle y que se encuentran casi a nivel del suelo. Los interiores son estructuras antiguas similares a las que hay en el Sector K. y Sector I, en el que se pudo ver un horno moderno de pan cuyas estructuras se encontraban apoyadas sobre los muros romanos.

Fot. 48R. Calle Antigua. En un recodo que se puede ver de inmediato, al llegar a la esquina de la fachada indicada en la foto anterior, hay una vivienda con fachada remozada, antiguo horno de pan, similar al visto en Sector I (Morería Baja). Dentro de una ordenación de estructuras internas, se puede comprobar la existencia de muros romanos algo transformados, pero no dejan de mostrar su sello de piedra vista, reutilizando todos los muros que son fundamentales para el mantenimiento del armazón general de la casa.

Fot. 49R. Calle Antigua. Foto de detalle para ver claramente el aparejo de esta casa. En las viviendas donde se han realizado transformaciones, nunca se encuentra un muro con las características que aquí se ven. Todo el aparejo está enmascarado con el uso de la cal de blanqueo. Hay algún lienzo con aparejo romano retocado posteriormente.

Fot. 50R. Calle Antigua. Foto de detalle sobre otros muros interiores de la misma casa para hacer resaltar los paramentos y su gran volumen. Estas estructuras se encuentra cerca del elemento Cueva de Siete Palacios en Sector L.

Fot. 51R. Cuesta del Castillo. Los elementos de esta empinada calle muestran claramente, por la fuerte pendiente de su recorrido, la construcción de podios de acceso para poder acceder a las viviendas.

Fot. 52R. Cuesta del Castillo. Secuencia del paramento reutilizado en todo este rincón: secuencias de puertas artificiales, de acceso a estancias de módulos casi idénticos. Hay muro superpuesto, como se puede observar sobre la base del paramento más importante. 

Fot. 53R. Cuesta del Castillo. Indicación del sistema de muro adosado, pero transformado según las necesidades de cada vivienda moderna. Este rincón se hizo por necesidad de paso, lo que conllevó la destrucción de elementos romanos.

Fot. 54R. Cuesta del Castillo. Detalle frontal en el que se aprecia el uso de la piedra en el paramento de muro adosado y con escalón de acceso. El muro encalado deja ver las señales de su interior de opvs incertvm. Hoy todo el antiguo aspecto de fachada ha desaparecido.

Fot. 55R. Cuesta del Castillo. Perspectiva general de la calle para indicar la continuidad en su parte izquierda, y la alineación de los sistemas de muros romanos, aunque muy revocados.

Fot. 56R. Cuesta del Castillo. Detalle sobre la misma vista anterior para precisar el paramento, en el que se puede ver, con cierta claridad, la existencia de muros en los restos que sobre el suelo se pueden observar: indicación, sobre el paramento, de la existencia de aparejo romano en todo el trazado; anchura de la calle que llega a coincidir con un espacio natural considerado como probable nave de tamaño medio. Cada uno de los podia detecta la existencia de un muro de contención de plataformas de equilibrio de terreno.

Fot. 57R. Cuesta del Castillo. Detalle sobre la fachada, en la que se puede apreciar: a derecha, espacio donde se ve paramento de estructura romana por caída de enlucido; indicación de las señales de las piedras del aparejo romano a derecha.

Fot. 58R. Cuesta del Castillo. Paso cerrado en el que se han detectado elementos arquitectónicos, que se puede considerar como espacios de naves enrasadas. Si se hubiera tenido acceso a tomar fotos de los interiores, se confirmaría todo lo que se está afirmando. Y por esa razón, cuando se practica alguna reforma del interior de estos lugares, el material de desecho siempre ha mostrado que es de origen romano.

Fot. 59R. Calle Cuesta del Castillo. Pendiente realmente pronunciada en el acceso a calle San Joaquín. Esta foto fue tomada en época bastante posterior al resto de las demás. En ella se puede ver que el suelo ha cambiado de aparejo, cuando antes era casi relleno de tierra o ligera capa de cemento moderno.

SECTOR S

SEXS, Almuñécar. Sector S.  Este sector está comprendido por las calles Carmen Baja, Cuesta del Castillo, Horno Cuatro Esquinas, Cobertizo, y Real. Es una de las zonas que más deterioro de materiales romanos ha registrado. Sobre la calle Real ha aparecido recientemente una canalización de agua que conducía hacia la Cueva de Siete Palacios. Otra conducción de similares características ha aparecido sobre la misma zona, pero hoy está visible y se puede ver el canal de conducción de agua romano. Gran cantidad de materiales han aparecido con motivo del derribo de unas casas modernas al final de la calle Carmen Baja. Los materiales se llevaron al Ayuntamiento y se ignora su destino. Otras zonas excavadas en calle Real se verán en la figura en plano del Sector I.

SECTOR S

Fot. 1-S. Cuesta del Castillo: paso artificial construido mediante la rotura de todos los sistemas de aterraz. Desde el inicio de calle Real desde el el ayuntamiento, parte la citada calle. El aspecto empinado de esta calle, que es artificial, da a entender que todas las estructuras que la integran son antiguas formas de construcciones antiguas. El procedimiento habitual son los trazados aproximados en ángulo recto. Si realmente se tratara de una estructura hipodámica, la construcción de una ciudad se habría ejecutado de forma muy diferente. No como se aprecia en estas imágenes y en todas las que conforman lo que se viene llamando «ciudad de Sexi». Y ya ha quedado demostrado que no se trata de una ciudad, sino de una estructura industrial a gran escala. Cosa que no quita valor arqueológico a lo que se viene estudiando.

Si se examinaran los interiores de las casas a ambos lados de la calle, se podría comprobar que contienen estructuras que no son habituales de las viviendas de hoy, sino que ofrecen material para remontarse a miles de años atrás. En algunas de ellas se ha podido comprobar sobre la marcha elementos muy antiguos y que se ven en la propia fachada de las viviendas. Si se descarnara el aparejo de enlucido de toda la calle, se podría ver el elementos romano como base que sostiene todas o casi todas las casas de la localidad. Y realmente en enlucido reciente ha enmascarado casi el cien por cien de toda la ciudad. Y consecuentemente hay que pensar que se tiene toda una estructura romana revestida, a través del tiempo, con enlucido moderno que ha impedido poder ver cómo era este pueblo al ser abandonado por los romanos a partir del año 476.

Fot. 2-S. Cuesta del Castillo. Secuencias de paramentos que se consideran romanos por sus especiales características, y por tener restos en sus bases. Tanto los interiores como los muros externos tiene señales de un uso de muros antiguos. El hecho de construir esos grandes podios de acceso demuestra que es más fácil añadir que romper las estructuras externas. Los interiores de estas viviendas han tenido que sobremontar rellenado suelo a consecuencia el fuerte desnivel de la cuesta. Pero la vivienda inferior, sin embargo, puede aprovechar esa diferencia para abrir sin neidad de podio, como puede verse. Las ventanas de la parte derecha da fé de ello.

Fot. 3-S. Calle Horno Cuatro Esquinas. A mitad de la cuesta anterior: a derecha, haciendo esquina, cuando se hizo cambio de forma, se pudo comprobar que el muro principal era de estructura muy diferente, pues era un muro romano medieval, probablemente destinado a los sistemas de aterrazamiento; restos de muros romanos en la base a izquierda.. 

Fot. 4-S. Calle Horno Cuatro Esquinas. Toma desde la calle anterior: interior de una casa con un patio cuyo muro de fondo da claras muestras de ser romano, por su aparejo y grosor, 1,90 m. Esta foto se consiguió con dificultad.

Fot. 5-S. Cuesta del Castillo. Detalle de la toma anterior, donde se puede apreciar: A izquierda. entrada a unas estancias que nos han sido descritas, pero no se han podido ver directamente, y que tienen indicios de haber constituido naves romanas. Se indica el grosor del muro de calle, que alcanza los 0,80 m; debajo, entrada a las estructuras o acceso propiamente dicho; podivm de acceso. Se puede comprobar que su composición es romana, menos la parte superior que es un añadido. El grosor llega casi a los 1,20 m. 

Fot. 6-S. Cuesta del Castillo. Detalle de la foto anterior para que se vea bien tanto la entrada y el grosor de su muro, como la composición del paramento del podivm.

Fot. 7-S. Vista general de la misma Cuesta, tomada desde la parte elevada, para mostrar la serie de podios (1, 2,) que se han tenido que montar para acceder a las dependencias interiores. Es interesante observar que el inicio o punto de acceso por el podivm está alineado con un espacio que da entrada a un pequeño patio cerrado, como si su muro formara parte del aparejo del que se encuentra enfrente.

Fot. 8-S. Calle Alta del Mar. Indicación de la existencia de un muro romano de gran espesor y que parece haber desempeñado una función de sujeción o aterrazamiento. Continúan los fuertes desniveles.

Fot. 9-S. Calle Alta del Mar. Detalle de la muralla anterior, en donde se precisa: espacio en que se ha realizado un rebaje de terreno, en el que se han detectado tanto materiales estructurales como cerámicos; y espacio que indica el centro del murallón romano.

Fot. 10-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Vista de conjunto de la zona rebajada, en donde se pueden ver: muro romano sobre talud cortado a pico y donde se comprueba cómo se ha tenido que perforar para llegar hasta la roca madre, a la vez que los restos de estructura mural romana en ruinas. los restos de estructura romana, donde se conservan parte de muros ligeros y otros gruesos.

Fot. 11-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Aspecto parcial de la esquina de este subsector, en que se puede apreciar: paramento romano ya detallado; elementos romanos en estado ruinoso; restos de un muro romano roto por la pala mecánica; y al final haciendo esquina: contrafuerte de estructura romana, que se ha mantenido como punto de apoyo para la estructura moderna colindante. 

Fot. 12-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle sobre la toma anterior sobre el punto y donde se puede ver una estructura semicircular con un aparejo que se sale de la normalidad. Puede ser un punto final de muralla construido con opvs incertvm ya retocado con posterioridad.

Fot. 13-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle sobre el fondo de la zona rebajada, en la que se puede contemplar: 1, indicación del muro romano sobre roca de frente; 2, paramento romano situado sobre roca y cuya parte superior, ahora, se nivela con la calle que discurre por arriba; 3, restos de construcciones romanas muy derruidas, a derecha de la imagen.

Fot. 14-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Plano parcial del terreno rebajado, en donde se pueden ver: 1, restos de un subsector, donde se puede ver la técnica del opvs incertvm en el centro de la imagen; 2, muro romano adosado a un corte sobre roca y relleno de escombros a su alrededor; 3, restos de construcciones romanas en muy mal estado, a izquierda de la imagen.. 

Fot. 15-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle sobre la toma del corte vertical de la máquina, donde se puede apreciarm a derecha: restos de muro romano; y a izquierda, restos de construcción sobre corte practicado encima de tierra. El resto auténtico es el que busca la roca madre en su levantamiento, tal como se observa en el de la derecha.

Fot. 18S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle para indicar el grosor y la composición del muro posiblemente romano antes expuesto, mostrando los mechinales donde se empotran las vigas de construcción moderna, y ello debido a que ofrecía fuerte resistencia ya que la calle que discurre por arriba podía crear serios problemas de seguridad por el efecto desnivel. Este mismo fenómeno se ha podido ver en el Sector B, muralla de poniente, con mechinales de posible similitud estructural.

Fot. 17S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Fota de detalle en donde se marca con una línea el perfil del basamento del muro que linda con la calle Carmen Baja. El aparejo antiguo se trasluce en los espacios que se encuentran desconchados.

Fot. 20S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle de la Foto anterior, en donde se marca el carácter estructural romano (parte inferior) y el moderno (parte superior) de su aparejo. Llama la atención el hecho de buscar, como base de apoyo, la construcción romana en el fondo bajo con aparejo de opvs incertvm.

Fot. 19-S. Calle Carmen Baja. Paramentos laterales que se consideran romanos y que, además, cerraban este acceso que se ve en otras de las cuestas, paralelo al anterior. La fachada que se observa aún de ladrillo provisional de obra, indica exactamente el lugar donde se encontraron cinco piletas de salazones, de las que una proporcionó los citados denarios romanos.

Fot. 20-S. Calle Carmen Baja. A izquierda de la imagen se observa la característica entrada a vivienda con una separación entre ella igualitaria. O sea, los módulos típicos de las fachadas van indicando el especio interior de las casas porque la propia estructura obliga a admitir que dentro se encuentran las construcciones romanas tantas veces vistas.

Fot. 21-S. Calle Carmen Baja. Tan sólo se ha podido fotografiar uno de los interiores de la fachada que se ha visto en 9S. La secuencia de los muros de fondo parecen tener relación con los paramentos que se han descubierto en la zona de este sector, donde se han practicado los rebajes. 

Fot. 22-S. Cuesta denominada del Cobertizo. Sus alzados están levantados con materiales reutilizados antiguos, y con basamentos romanos. La aparición de materiales ha sido muy frecuente.

Fot. 23-S. Calle Cobertizo. Los elementos de estas edificaciones a base de ladrillo rojos vistos, responden a una época moderna, pero se han levantado sobre estructuras antiguas y no árabes. Modelo árabe de casa antigua no se ha encontrado nada hasta el momento, aunque se hable por tradición de barrios árabes sin tener un testimonio seguro de su existencia. Hasta el momento, tan sólo se puede hablar de murallas árabes en el Castillo y periferia de la ciudad. y Sí, hay una edificación remana que ha sido ocupada por los árabes en calle Baja del mar. Son galerías romanas utilizadas casi seguro como estancia para baño, con entrada con arco califal. Se piensa que algunos agujeros del techo fueron adaptados como lucernarios, cosa que crea dua por la poca calidad y cantidad.

Fot. 26S. Calle Cobertizo. Detalle de la toma anterior donde se puede apreciar: restos en la base de estructuras romanas muy deterioradas; y, a la izqierda de la imagen, el alzado de ladrillo visto que se apoya sobre estructuras más antiguas dada su altura importante. marcando el punto hasta el que es posible detectar la continuidad o aprovechamiento del alzado romano. 

SECTOR T

Sector T. Este sector está delimitado por las calles San Joaquín, Baja del Mar, Cuesta del Carmen, Plaza del Teatro, y Alta del Mar (Crucero Canarias). La parte central de Carmen Baja puso al descubierto cinco piletas de salazones. En una de ellas apareció un tesorillo de denarios de plata. Su datación llega hasta finales del s. II a. de C. En consecuencia las piletas, que estaban abandonadas en esa fecha, son anteriores a las del Majuelo.

En la parte izquierda del plano se observa la muralla de aterrazamiento romana, que llega hasta calle Real. Sobre la calle San Joaquín está la primera muralla de aterrazamiento del conjunto.

Fot. 1T. Cuesta del Carmen. Situación antigua de este mismo espacio antes de que se construyeran casas modernas sobre él. A izquierda de la imagen existió una fábrica azucarera. A derecha, detrás de las viviendas que se ven, a nivel más elevado, ha existido muralla moderna que recientemente ha sido destruida.

Fot. 2T. Cuesta del Carmen. Situación en que ha quedado parte de muralla que se utilizó para contener el empuje de la fuerte pendiente y la presión de las edificaciones superiores.

Fot. 3T. Espacio que ocupó la antigua plaza de las cañas. De frente se ve parte del muro de contención que se prolonga hasta la calle Carmen Baja. El tipo de aparejo varía, pero son variantes de época moderna. Cuando se levantó la fábrica, según contaron operarios y algunos de los dueños, aparecieron materiales de época romana; cerámicas y elementos de un probable horno de cerámicas, según los restos que dijeron haber encontrado.

Fot. 4T. Cuesta del Carmen. Ampliación de la perspectiva anterior, donde se aprecia con cierta claridad: añadido moderno a la muralla; en la base se detecta estructura más antigua que debió levantarse para poder sujetar el posible movimiento de tierras por la presión. A derecha de la imagen se ve un aparejo muy similar el sistema usado habitualmente por el mundo romano, y era lógico porque justo detrás se han hallado estructuras de origen romano. El punto marcado con (3) muestra restos más profundos que avalan lo afirmado anteriormente.

Fot. 5T. Imagen de detalle donde se ve el alzado de la muralla moderna, pero no la más antigua por encontrarse cubierta por los derribos de la fábrica.

Fot. 6T. Se continúa en los niveles superiores del pueblo para ver una muralla importante que ha sido dañada en su recorrido, cosa que no ha permitido contemplar que era una muralla perimetral de lo que se consideraba en época árabe «Alcazaba». Entre calle Carmen Baja y San Joaquín (I).

Vista más amplia de la muralla donde se puede observar con más detalle el aparejo romano algo retocado posteriormente: matorrales provocados por la estructura medieval añadida, que lleva tierra como componente, y muro romano bien conservado que se empotra sobre la muralla.

Fot. 7T. Bajo calle San Joaquín (I). Tramo del murallón romano en el fondo del subsector: aparejo romano algo retocado en fase medieval; zona de base donde se aprecia revoque de estructura romana impermeabilizante. 

Fot. 8T. Torreón junto a la muralla de la calle San Joaquín (I). Vista, desde abajo, del torreón medieval: estructura de tierra prensada con triple hilera de ladrillo a diferentes alturas; añadido moderno sobre el murallón para evitar su desplome, debido a su mal estado de conservación en este subsector. La tierra prensada es inestable. Se observa, no obstante, que la parte oeste del alzado tiene aún a la vista mechinales a dos niveles, cosa que indica que ahí se ha podido establecer una techumbre en elgún momento de sus historia.

Fot. 9T. Vista, desde arriba, del mismo torreón antes de que se realizaran los añadidos sobre la muralla: paramento del torreón, y parte superior del murallón. La base de este torreón fue excavada hace unos años. Los materiales eran variados y mezclados, árabes y romanos.

Fot. 11T. Construcciones a los pìes de la muralla de la calle San Joaquín (1). Perspectiva en la que se observan otros muros medievales que se empotran en el murallón anterior. Este espacio junto a la muralla ha sido destruido para edificación moderna en donde se profundizó de tal manera que dio como resultado la aparición de piletas de salazones romanas. Se encontraron cinco, pero se cree que había más porque la último casi se encontraba sobre los cimientos de la casa vecina. El resultado ha sido algo esperanzador para aclarar la realidad de toda la estructura de lo que se considera ciudad romana, ue no lo es, porque es la segunda vez (constatado que se sepa) que aparecen en niveles superiores tal cantidad de elementos industriales. Pero ha sido una novedad el hecho de que en una de las piletas apareció un peculio con monedas romanas: son denarios de los usados para pagar habitualmente a los soldados. Aparecieron dentro de un envoltorio de piel ya algo deteriorado. Contenía aproximadamente una cuarentena de denarios de plata, de los que tan sólo se han podido estudiar 28. La más moderna es el año 46 a. C. Todas las piletas fueron «excavadas» por los operarios, en vista del hallazgo, pensando que podría haber más elementos en cualquiera de las otras.

Tal hallazgo se comentará más adelante por lo que significa un estudio en profundidad de la historia de tales monedas y sus circunstancias.

Fot. 11T. Calle San Joaquín (en nivel inferior de la muralla). Parte baja del murallón anterior, donde se aprecia: zona superior del muro sobre el que se han levantado casas modernas; muro romano vertical al murallón al fondo de la imagen, y en el que se aprecia bien la técnica del opvs incertvm. Este muro se prolonga hasta la calle, constituyendo un elemento divisorio dentro de estas estructuras. Aquí es donde han aparecido las piletas de salazones y las monedas romanas.

Fot. 12T. Calle Cuesta del Castillo en su tramo final: punto de partida del murallón en sentido a Poniente. A partir de aquí, o bien se derrumbó, o fue destruido para ganar espacios para las viviendas que ocupan su solar. Al fondo de la imagen: punto exacto donde fue roto el murallón para abrir paso a las partes superiores; rotura del muro romano (al fondo) superior que se continuaba por la calle San Joaquín (I); justo detrás, las viviendas modernas han hecho desaparecer los elementos estructurales que se extendían desde la Cueva de Siete Palacios hacia el Oeste, o sea, el segundo cuerpo de Cueva que fue destruido para poder pasar. En el plano general L se reflejan todos estos cambios y las primitivas estructuras.

Fot. 13T. Calle San Joaquín: Al fondo de la imagen se observa como el enlucido moderna ha enmascarado el aparejo general de la estructura romana. Detrás se encuentran los muros del Sector dos de Cueva de Siete Palacios.

Fot. 14T. Cuesta del Castillo. Vista, desde la parte baja de este espacio: línea de fachada supuestamente con paramento romano; sistema de acceso moderno perteneciente a una estructura romana destruida; y al final de este trozo de calle (esquina izquierda superior): punto de arranque del murallón que aquí ha sido roto para abrir calle, necesaria para subir a la parte alta de la ciudad moderna. Todas las viviendas en esta cuesta han tenido que ser sobrealzadas para poder contrarrestar la fuerte pendiente.

Fot. 15T. Cuesta del Castillo. Detalle de la parte superior de la calle en la que igualmente puede observarse la reutilización de paramentos, y que han necesitado el equilibrio interno mediante relleno para igualar el desnivel existente: indicación del desnivel en fuerte pendiente; uso de escalones para acceso, a consecuencia del relleno interior. 

Fot. 16T. Cuesta del Castillo. Detalle de la toma anterior para resaltar: podios construidos reutilizando bases de muro romano; paramentos de casas modernas, donde se aprecian detalles de probables estructuras romanas, paralelas a los muros antes ya descritos. 

Fot. 17T. Cuesta del Castillo. Vista, hacia abajo, de la misma calle, en su primer tramo alto: a izquierda: alturas de las edificaciones que coinciden con los tipos tradicionalmente admitidos en todo el conjunto de la ciudad actual. Se piensa que es un paramento que, por su grosor, se identifica con el complejo en general; plataforma que indica la existencia de muro, y que se utiliza como elemento de acceso a todas las dependencias de esta fachada, de forma escalonada, según la necesidad que la diferencia de niveles exija. 

Fot. 18T. Calle Carmen Baja. Paramento moderno de este tramo de esta calle, bajo la cual se encuentran elementos como el gran murallón, el torreón medieval, algunos muros romanos aún visibles, y las destruidas piletas de salazón: 1-2, probable paramento romano remozado; 3, indica justo el lugar donde se encontraron las piletas de salazones antes citadas.

Fot. 19T. Calle Carmen Baja (en sentido Este). Continuación de la secuencia anterior, en donde se observa: indicación de la continuidad del muro sobre el suelo con paso artificial; continuidad de la zona de las piletas de salazón del paramento en toda la calle (parte derecha de la calle).

Fot. 20T. Calle Carmen Baja. Continuación de la secuencia del espacio anterior, pero con incremento del posterior que da sobre el murallón: a derecha: indicación de la altura que se considera lógica, debido a las reutilizaciones que ha sufrido; fachadas que muestran al exterior la composición de su estructura interna, traslúcida a través del revoque moderno. 

Fot. 21T. Calle Carmen Baja. Detalle de la toma anterior, en donde se ha tenido que remontar el desnivel para facilitar el acceso, superando más del metro de altura. 

Fot. 22T. Calle Carmen Baja. Indicación de una nueva rotura en la línea de fachada, lo que informa de cambios en la estructura de plano de este subsector. Por ello, se aprecia: cambio en la línea de suelo y fachada; rotura del muro que unía estos paramentos, con el fin de abrir un paso y ocupar los compartimentos que a continuación se verán. Es evidente que los muros de las casas muestran claros indicios tras los encalados moderno que ocultan en su interior el aparejo romano.

Fot. 23T. Calle Carmen Baja. Dentro de la serie de muros rotos que se observan sobre el suelo, se puede anotar las siguientes distancias que los separan. Los encalados del suelo con ligeros escalones marcan la señal de los muros que se han destruido para poder ocupar las dependencias que se verán a continuación. Es una de las zonas que más eliminaciones de estructuras ha sufrido. Hoy estos restos que se ven han desaparecido totalmente gracias a la actuación de arreglos de calles. Todos los vestigios han desaparecido. es imposible distinguir donde empieza lo nuevo y donde queda lo antiguo. Los restos deja a descubierto los inicios de las estructuras que se han roto por los ocupantes actuales. Pero lo que es calle, ha perdido todo lo que podía informar. Afortunadamente estas fotos muestran que han existido estructuras romanas con marcado estilo romano. Justo en niveles superiores se encuentran las estructuras del complejo de Cueva de Siete Palacios.

Fot. 24T. Calle Carmen Baja. El mismo terreno donde se aprecia el escalonamiento producido por la rotura de las estructuras romanas que aquí han existido y que es lo que queda como testigo de su existencia. Vista general de la calle artificial donde se pueden comprobar todas las roturas de muros, con el fin de poder abrir calle en un subsector que era tan cerrado como toda la secuencia que precede. Por ello, se indican: accesos a dependencias modernas que guardan las mismas medidas que los espacios ocupados por las naves tradicionales. Aquí se dan dos de estos espacios en línea, que no se nos permitió fotografiar; secuencia de muros sobre el suelo, situados a distinto nivel, en pendiente, según se ve en aproximación al murallón de fondo visto ya antes; a derecha se observa el paso hacia el murallón.

Fot. 33T. Calle Carmen Baja. Detalle de la toma anterior para ver lo siguiente: 1, secuencia escalonada de muros rotos, en sentido paralelo a las estructuras de fondo; 2, línea de fachada descrita como romana con estructuras interiores y módulos de galerías similares a las vistas en otros espacios; 3, indicios externos del aparejo romano, pero muy encalados.

Fot. 26T. Calle Carmen Baja. Vista del mismo rincón, pero para presentar: 1, existencia del murallón, como fondo base de todas las estructuras que se apoyan sobre él como último soporte; 2, nueva indicación de fachada con restos de muro romano; 3, muro divisorio o elemento de una estructura rota, paralela al alzado de fondo que es el murallón de calle San Joaquín.

Fot. 27T. Calle Carmen Baja. Detalle sobre el mismo espacio anterior, donde se ve lo siguiente: paramento de estructura romana en toda la fachada, que se verá en otra perspectiva más precisa; podivm artificial para poder acceder a vivienda construido sobre un muro destruido, y que se prolonga a lo largo de todo el alzado, variando su altura según la necesidad y la pendiente; 3, fachada antigua remozada a derecha.

Fot. 37T. Calle Carmen Baja. Toma de detalle para mostrar: murallón de fondo con su gran elevación sobre la base actual; paramentos reutilizando la muralla para poder apoyarse sobre ella.

Fot. 29T. Calle Carmen Baja. Detalle del espacio anterior para remarcar: fachada con paramento romano en su parte frontal; su encalado deja ver que detrás hay opus incertum; por la altura de la puerta de esta vivienda se calcula la existencia de una galería que debió ser destruida. Tan sólo se aprovechan los muros laterales de la misma.

Fot. 30T. Calle Carmen Baja. Vista general del alzado de un subsector de esta área, donde se ve: 1, Restos de estructura romana visible, encalada, sobe la que se ha levantado una escalera de accesoa ambos lados. Ello denota que esta parte de las estructuras romanas eran bastante densas a la vista de los restos y que también cerraban la zona totalmente. El paso es claramente artificial, como viene siendo lo habitual aquí, muro que parte en ángulo recto hacia la izquierda y que forma parte de una estructura situada tras él, y otro en la parte de arriba.

Fot. 31T. Calle Carmen Baja. En esta imagen, realizada sobre la parte anterior y en momentos diferentes, se ve cómo se pueden apreciar los elementos que se vienen admitiendo como genuinamente romanos: y es el murete testigo de otro que ha sido eliminado en su alzado y que se puede ver como punto de arranque sobre el que se ha construido modernamente.

Fot. 32T. Calle Carmen Baja. Vista desde el punto opuesto de este mismo muro divisorio: 1, paramento romano que se perfilará mejor en otras imágenes de detalle; 2, escalonamiento producido sobre el muro divisorio, que formaba muro de cierre para acceder a la casa de cuyo paramento parte; alzado de vivienda moderna que echa sus cimientos sobre las estructuras antiguas; 4, paramento con claras señales de estructura romana: pueden verse directamente las piedras del opvs incertvm.

Fot. 33T. Calle Carmen Baja. En la fachada opuesta al paramento anterior se observan igualmente dos muros romanos: aunque en distinta línea, casas que nos hacen suponer que corresponden a diferentes espacios. 

Fot. 34T. Calle Carmen Baja. Detalle de la foto anterior (33T) en la que se puede apreciar de cerca los indicios de piedras, aparejo de opvs incertvm. Como puede observarse, las piedras del aparejo de opus incertum dejan verse en este muro que se prolonga a través de la puerta con espacio cerrado.

Fot. 35T. Calle Carmen Baja. Secuencias de estructuras alineadas en el interior del patio antes descrito (34T), en el que se puede apreciar, además de casi todos los elementos básicos de muros, su composición, pero enmascarada por el enlucido moderno: opvs incertvm tras el revoque; línea punteada que nos marca la altura de lo que es muro romano y de lo que es añadido moderno. 

Fot. 36. Calle Carmen Baja. Continuación del espacio anterior (35T) con su misma línea y tipo de construcción. Se aprecian en la pared los salientes de las piedras que conforman el aparejo interno. Las medidas de estos espacios vienen siendo idénticas a otras manifestaciones de este tipo registradas en otros sectores, como los del área superior de la antigua ciudad. De todo lo que aquí se ha visto, tan sólo estos dos compartimentos pueden encuadrarse en los módulos que se vienen considerando naves enrasadas o transformadas.

Fot. 37T. Calle Carmen Baja. En esta imagen se aprecia el alineamiento de los elementos de este espacio, en donde distinguimos: pared de estructura romana; muro romano alineado con lo que le sigue, a derecha; resto de muro de cierre al fondo; y resto de muro utilizado como podivm para acceder a las casas de atrás, a derecha. 

Fot. 38T. Calle Carmen Baja. Detalle de la toma anterior (37T), donde se pueden identificar mejor los datos de interés: muro romano con indicios claros al exterior a derecha; escalonamiento motivado para aligerar la pendiente (centro), y que forma parte del muro romano de cierre en este tramo del subsector; muro romano del que sólo se conserva la base, y que ha sido utilizado para construir un acceso a la casa de donde parte, escalera. Sus medidas sobre el suelo son de 3,20 m de anchura, y de altura 0,75 m, y 0,10 m. El muro 38T, mide 4,25 m.

Fot. 39T. Calle Carmen Baja. Esta imagen se ha elegido para indicar cómo se aprovechó en terreno para establecer una sistema fácil de acceso, pero aprovechando los restos antiguos de estructuras romanas. La roca madre en estos momentos estaba a la vista. Tan sólo se cubría con una ligera capa de cemento.

Fot. 40T. Calle Carmen Baja. En esta imagen se destaca el aparejo romano sobre el que se ha construido un ligero acceso en forma de escalera. Pero lo más destacado es que se aprovecha la existencia de un muro romano cuyas elementos componentes están s flor de tierra, muy encalado. Toda esta imagen está enmascarada, pero es evidente su realidad antigua.

Fot. 41T. Calle Carmen Baja. Detalle sobre el muro de cierre anterior (40T), en donde se puede apreciar, además, la existencia de plataforma de enrase por desnivel del suelo: se ve mortero junto al muro de frente; punto de partida de un nuevo paramento romano que se sale de la línea general de la calle moderna.

Fot.42T. Calle Alta del Mar, bajo cuyo suelo se encuentra toda una secuencia de naves, que se expondrán en el Sector O. Aquí sólo se señala que esta alineación fue, tiempos atrás, un murallón (que se puede comprobar en la parte superior de la citada cuesta), justo donde se inicia la cuesta en la parte alta. Toda esta calle se encuentra sobre sistemas de naves abovedadas. Pero es necesario aclarar que las naves que se verán en otro Sector, se dirigen casi en línea recta des Baja del Mar hasta Alta del Mar casi en vertical. Y, a partir de aquí, subiendo la cuesta de la calle se encuentran verdaderas redes de galerías que han idos apareciendo conforme se han ido practicando reformas en esta casas. Una de las casas de la cuesta empezó a hundirse porque se encontraba construida en zona donde estaban las galerías enterradas. Le metieron inyecciones de cemento para estabilizar terreno, pero se supone que varias galerías quedarían destruidas por la presión.

Fot. 43T. Calle Alta del Mar. Detalle del murallón, del que sólo queda un pequeño lienzo, usado como escalera de comunicación entre dos calles artificiales. Punto de unión entre las calles Alta del Mar y Carmen Baja. A lo largo de toda Alta del Mar, a sus espalda, existe una muralla que, como en este caso, sujetan la estructura antigua de la zona alta.

Fot. 44T. Calle Alta del Mar. Vista general de esta plazuela, cuya cota se encuentra a 7,50 m, y que marca todo el espacio que fue observado cuando se realizaron los cimientos de las casas que la rodean: a izquierda de la imagen existía una casa antigua en cuyo cimientos había estructuras antiguas que han sido destruidas., y justo al lado, otra casa antigua que conservaba los llamados «blanqueos», en donde se secaba el tabaco y probablemente se tratara también el azúcar.

Fot. 45T. Calle Alta del Mar. Indicación de toda una línea que estuvo ocupada por estructuras romanas, y que en sus cimientos fue descubierta una apretada malla de muros romanos: 1, los pilares de este edificio moderno están montados sobre los muros romanos que hay debajo. Fueron vistos en obras posteriores, y estaban relacionados con la factoría de salazones. No se pudo hacer fotos. Personalmente los vi y no disponía de cámara.

Fot. 46T. Calle Carmen Baja. Realce provocado por la continuidad del murallón antes citado. La calle que asciende es un hueco entre el murallón que cierra lo que es el paramento de toda la urbanización que se ha levantado sobre el fondo de todo el testero, que partía de la esquina de cierre del murallón medieval ascendente. Por otro lado, se observa el desnivel natural de la parte superior, en la calle Carmen Baja, que ha sido muy alterada, construyéndose sobre pequeñas áreas.

Fot. 47T. Calle Carmen Baja. Justo encima del murallón que se encuentra a izquierda de lo que se ve en esta foto, la altura del mismo ha provocado que se tuvieran que hacer altos escalones para acceder a los habitáculos de esta parte de la calle. Hoy no existe.

Fot. 48T. Calle Carmen Baja. Esta misma imagen es similar a la anterior, donde se ha tenido que un acceso artificial por las mismas razones con el murallón que se encuentra debajo.

SECTOR U

Fot. 1U. Cuesta del Carmen. Aspecto parcial del murallón romano de Levante, situado debajo del primer subsector de U. Obsérvese la base vertical, de piedra gruesa, con sistema de opvs incertvm que se poya directamente sobre roca madre. Se encuentra sobre una base rocosa como en todas las estructuras. Es una de las murallas periféricas del complejo. Su trayectoria procede aquí de la zona de Cueva de siete Palacios y, desde este punto, se dirige hacia la muralla de Levante, en cuyo alzado Se ha descubierto hace poco la canalización del agua en dirección a las últimas dependencias romanas del complejo. En este tramo de muralla no se ha podido distinguir bien, debido al encalamiento, si los árabes reutilizaron la estructura romana en la parte superior de la misma, aunque el estado comprobado sobre el terreno no lo atestigua.

Fot. 2U. Cuesta del Carmen. Vista casi total de la parte superior del murallón en este sector, donde se ve: sentido longitudinal longitudinal de la muralla en un espacio de casi cien metros; en segundo lugar se observa el alzado en posición inclinada con respecto a la base, con estructuras romanas y añadidos medievales y modernos; pero el basamento es romano, como ya se ha visto. Las viviendas modernas se apoyan sobre la muralla como punto de soporte que les da seguridad y estabilidad. Es una constante que se viene repitiendo en todos los niveles de la ciudad moderna: reutilización de los elementos más consistentes y resistentes que los romanos levantaron en este lugar.

Fot. 3U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista superior del murallón, con intención de relacionarlo con su función arquitectónica, tanto hacia las estructuras de abajo, como a la calle Cueva de Siete Palacios. Aquí se observa lo que queda de la muralla en su parte más elevada. Su consistencia es resistente. No se ha desmoronado como ocurre con las murallas árabes que quedan en algunos espacios de la ciudad. La tierra prensada no resiste al tiempo y se degrada por los fuertes cambios estacionales o fenómenos atmosféricos y sísmicos. En la imagen ofrecida se ve la muralla en su parte superior justo en el centro de la foto en sentido vertical.

Fot. 4U. Calle Cueva de Siete Palacios. Perspectiva más completa sobre la extensión que comprende el subsector sureste de este espacio. Se presenta esta imagen porque abarca tanto los restos de la muralla como los elementos modernos que se han añadido con el tiempo, de los que se sabe que han utilizado para levantar nuevas construcciones en toda la ciudad apoyándose en las estructuras previas de origen romano.

Fot. 5U. En la calle Cueva de Siete Palacios se indica la posición que sigue el murallón en su parte interna y más elevada, y se comprueba cómo sirve de sujeción para todo cuanto haya existido en este espacio, ya que aquí también se han producido derribos, pues a partir de los puntos que se indican, toda la estructura superior (o parte de ella) son añadidos modernos. El elemento indicado se encuentra en el centro izquierda de la imagen ofrecida.

Fot. 6U. Entre las calles Cuesta del Carmen y Cueva de Siete Palacios. Detalle del murallón en su parte superior, donde se puede apreciar su grosor, que llega a alcanzar 1,20 m. En este punto el revoque nos impide ver el aparejo externo. 

Fot. 7U. Perspectiva de la calle Cueva de Siete Palacios que, como se puede observar en su parte derecha, está producida por una serie de cortes provocados en las secuencias que, en línea recta, se sitúan de forma casi rectangular sobre ella y conforman los sectores D y E. El momento ligeramente curvo es un fenómeno producido a lo largo de la apertura artificial de la propia calle y en razón de los intereses de aquellas personas que vieron la necesidad de hacerlo. A partir de este punto peraltado, el sector deja de identificarse, como parte probablemente integrante del sector L, o ámbito de la Cueva de Siete Palacios. A izquierda, según se baja, se encuentran dos calles transversales que van a reutilizar estancias en origen romanas, formadas por galería que han sido enrasadas o destruidas, como se verá.

Fot. 8U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista tomada muy cerca del murallón. Se puede comprobar cómo esta calle ha sido creada dando cortes sin más cuidado que el de crear accesos a las nuevas viviendas. Esa es la razón para explicar la existencia de muros modernos que han sido levantados reutilizando los materiales de los respectivos derribos practicados con el paso de los años. En una de estas nuevas «calles» se verá alguna nave abovedada y muchos restos de ellas que han quedado como testigos de la existencia de una verdadera cadena en los diferentes niveles del casquete superior de la ciudad moderna.

Fot. 9U. Calle Cueva de Siete Palacios. Aquí se nos muestra la calle tomada desde la parte sureste, es decir, desde el subsector que fue destruido para la edificación de las antedichas escuelas. Los puntos que se destacan se identifican como sigue: primer plano de acceso artificial al tercer pasillo interno del subsector; similar acceso, pero más simétrico que el anterior a izquierda; curva en perspectiva de la calle, pero vista desde el muro de las escuelas. 

Fot. 10U. Calle Cueva de Siete Palacios. Acceso artificial al tercer pasillo ciego. Hay dos pasos interiores más pequeños totalmente necesarios para poder ocupar las dependencias de la parte colindante con la Cueva. De esta forma se puede distinguir: paramento rectilíneo de opvs incertvm con revoque moderno; la altura de estos espacios es de una sola planta, porque tan sólo han usado las medidas de una galería tradicional, común a ambos lados de las estructuras del pasillo. En los muros laterales que dan al pasillo se observa con claridad que el aparejo en romano ya que se traslucen los elementos usados en la construcción.

Fot.11U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle del paramento de la parte derecha, según se entra:  en la parte central se puede considerar la anchura de lo que pudo ser una nave destruida para poder ocupar las estancias que aquí se encontraban; se ha construido modernamente más de lo permitido a costa de acabar con las formas más antiguas, cosa que se verá a continuación. Puede observarse a derecha, en las jambas de una de las puerta modernas, el grosor de las mismas que se encuentra dentro del tradicional uso de las estructuras clásicas romanas: 60 cm.

Fot. 12U. Calle Cueva de Siete Palacios. Nueva vista del subsector indicando: 1, detalles observables en los muros donde  se puede identificar el opvs incertvm, la anchura del pasillo coincidente con las interiores, lo que lleva a concluir lo mismo que en el pasillo anterior, situado en el nivel segundo. Es una evolución dentro del tiempo en que se ha venido estudiando estos espacios en la arquitectura romana. Conviene decir que en estos lugares de la ciudad moderna no se ha registrado absolutamente ningún elemento árabe.

Fot. 13U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto anterior para observar la anchura interior con indicación de la existencia de rebaje de terreno en el acceso a este espacio y comprobación del  grosor del muro exterior de la serie, en toda la secuencia. 

Fot. 14U.Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto anterior para indicar la apertura de un nuevo paso mediante la rotura de paramento romano e indicación de los desniveles en el suelo para demostrar la existencia de relleno y el desnivel marcado por la pendiente natural de terreno.

Fot. 15U. Calle Cueva de Siete Palacios Segundo acceso interior dentro de este mismo subsector con paramento moderno y rotura del antiguo, para abrir más espacio e indicación del fondo con paramento romano.

Fot. 16U. Calle Cueva de Siete Palacios. Tramo final del pasillo, en línea recta con el punto de salida, donde se ven los muros que marcan el cierre del mismo, a la vez que el uso de un espacio posterior a todas las puertas que se observan. Tras la puerta con rejas, se encuentra un murallón romano de aterrazamiento, que se continúa por los espacios antes estudiados hasta cerrar el pie de las antiguas escuelas. 

Fot. 17U. Calle Cueva de Siete Palacios. Identificación del primer pasillo interior en este espacio, cuya realización ha sido debida a la necesidad de romper estructuras para poder acceder a las dependencias más internas de las secuencias próximas a la Cueva: se ve existencia de plataforma de relleno moderno y paramento probablemente moderno; paramento romano en línea con otro existente anterior y que es el fondo de la serie de naves (transformadas) que se ven desde la entrada a este subsector. Las alturas son las mismas, aunque se encuentran semiocultas por los añadidos posteriores modernos, es la misma, lo que quiere aclarar que las alturas que sobrepasan una planta, son todas añadidos modernos.. 

Fot. 18U. Calle Cueva de Siete Palacios. Segundo pasillo ciego, con naves enrasadas a ambos lados. Se piensa que la parte central fue tanto elemento abovedado cubierto, como lo que se identifica, según estas características. Así, que todaslas puerta se encuentran a la misma distancia unas de otras, porque realmente se trata de un sistema de galerías que ha sido enrasado. Esas medidas son 2,70 m x 2,30 m. Su largura es variable (según los casos).

Fot. 19U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista, en detalle, de la parte media de este mismo subsector. Paramento rectilíneo con los espacios internos ya citados. Muro de fondo remontado con edificación posterior encima. El nivel de altura es similar al de enfrente. Pasillo con las mismas dimensiones en cuanto a anchura.

Fot. 20U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de fondo de la toma anterior. En ella se aprecia la anchura del pasillo y el muro de cierre superpuesto a otro de mayor potencia. Acceso a una de las naves (enrasadas), observándose sobre el suelo los restos de materiales romanos y el grosor normal de los paramentos de estas estancias.

Fot. 21U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle final del fondo del pasillo ciego con entrada a nave cegada e indicación gráfica del grosor de los muros exteriores como se ve a izquierda de la imagen.

Fot. 22U. Calle Cueva de Siete Palacios. Último espacio conservado de esta secuencia de naves enrasadas con muro romano inicio de toda la secuencia que conforma la parte superior de las naves de los subsectores pertenecientes a las escuelas y al mismo pasillo ciego de la técnica del opvs latericium, o uso del ladrillo de un grosor idéntico al visto en las naves del sector K. Los módulos y medidas son los mismos que se ha venido comprobando a lo largo de toda la seriación de galerías abovedadas de este espacio. A izquierda y detrás de los animales se ven los ladrillo romanos. Realmente desconocemos la forma que tendría cuando se usan ladrillos de ese tamaño, pero ciertamente se han podido ver en los Sectores K, I, Q y T. K, Q y T han sido los que ha registrado el uso de galerías con muros donde se observa la mampostería de opvs latericivm. Más aún, en el K el ladrillo ha sido usado en la construcción de las bóvedas y arcos. En los demás no se ha comprobado ese uso tan poco frecuente.

Fot. 23U. Calle Cueva de Siete Palacios. Se inicia la descripción de los espacios que han sido originariamente usados como galerías, pero que las bóvedas han desaparecido en la adaptación moderna. Descripción de los interiores desde el fondo del segundo pasillo se observa muro romano que da a la calle artificial, muro romano de fondo, paralelo al de la calle y muro de fondo y separación de las estructuras romanas.

Fot. 24U. Calle Cueva de Siete Palacios. Interior del siguiente espacio: paramentos que dejan entrever el opvs incertvm a derecha y al fondo. El suelo se encuentra con una ligera capa de cemento moderno sobre roca. 

Fot. 25U. Calle Cueva de Siete Palacios. Estancia contigua a la anterior, mostrando las mismas características de muro romano vertical a el pasillo-calle, destacando la base que sobresale 0,80 m, aproximadamente y que forma la pared más resistente de la habitación, muro de fondo con revoque moderno y suelo con capa de cemento moderno y encalado en los extremos en el fondo.

Fot. 26U. Calle Cueva de Siete Palacios. Ángulo opuesto al anterior, en el que se puede diferenciar bien el muro romano de fondo y el muro, a derecha, con aparejo de opvs incertvm enmascarado por el uso de la cal, pero en el que se ven con claridad las piedras que sobresalen de la pared y que acusan, a la vez, el deterioro de la misma. 

Fot. 27U. Calle Cueva de Siete Palacios. Compartimento contiguo al anterior, en el que se puede apreciar cubierta artificial. Se trata de un enrasamiento evidente, ya que lo que existe encima es otra nave enrasada, y a un nivel superior con respecto al suelo, cosa un tanto rara porque ese fenómeno se ha visto solo en el complejo de Cueva de Siete Palacios y en otros como calle San Joaquín. Otro indicio ofrece un bajante de aguas. El muro derecha de la imagen muestra paramento romano con revoque moderno en el que se ven las piedras que hay tras él. Detrás de esta pared hay roca o materiales de relleno, al igual que en los muros contrafuertes que sujetan o descargan el peso de la estructura de la Cueva de Siete Palacios sobre la roca que tiene detrás. 

Fot. 28U. Calle Cueva de Siete Palacios. Espacio de nave enrasada situada a derecha del pasillo ciego según se entra. Sus módulos y proporciones son los mismos que se ha comprobado en la serie de enfrente. Pared de fondo con revoque de argamasa moderna y cubierta enrasada. 

Fot. 29U. Calle Cueva de Siete Palacios. Paramento de idénticas características al anterior y que se encuentra contiguo al mismo. Puede verse tanto los muros que lo conforman como la solería son modernas. Es la más retocada de todo este espacio.

Fot. 30U. Calle Cueva de Siete Palacios. La primera vivienda a izquierda es una continuación de las estructuras de Cueva de Siete Palacios y que se prolonga hasta las que se acaban de describir con anterioridad. Es una prolongación de la misma estructura romana. Los muros que dan a la calle son los mismos que se encuentran en la prolongación de la Cueva. Fueron rotos al abrirse paso por necesidad de ocupación y acceso a las nuevas viviendas. No hubo ocasión de explorar el interior.

Fot. 31U Calle Cueva de Siete Palacios. Vista desde un plano superior para corroborar que lo afirmado en la foto anterior se comprueba aquí: en primer plano está la salida Este de Cueva de Siete palacios, donde se sabe que el muro izquierdo es auténtico romano y que fue roto para abrir paso creando calle. A derecha del primer plano se ve un puerta que indica el acceso a galerías que se continúan hacia la calle Angustias Moderna. Absolutamente todo romano de primer orden. Y el inicio de muro situado enfrente de esta imagen marca la continuidad de las galerías hacia abajo en la calle Cuevas de Siete Palacios que se han descrito poco antes.

Fot. 32U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la fachada norte del inicio de este sector con paramento romano con dos subdivisiones interiores, como se observa en plano. Se ven los restos de muro en el suelo y en el alzado sobre el suelo, con estructuras rotas que unían esta parte con la Cueva. A derecha hay un pasillo artificial que se dirige a Eras del Castillo.

Fot. 33U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto anterior precisando el espacio que indica la rotura de estructura, y cuya medida es de 2,50 m, distancia del espacio que señala la división real de las dos series de naves que aquí se inician. 

Fot. 34U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista, desde el SE, de la entrada de la Cueva en este sector: a izquierda, acceso artificial hacia Eras del Castillo; al fondo de la imagen: nave central de la Cueva que se prolonga en sentido sureste; en mismo lugar: anchura tanto de la nave central de la Cueva, como del paso hacia la calle Cueva de Siete Palacios; espacio que se considera prolongación de la nave de la Cueva y que llega hasta el cruce con la calle Angustias Moderna. Y paramento romano del comienzo del sector en su parte noreste.

SECTOR V

PLANO DE LA PRIMERA PARTE DEL SECTOR V

Excavación practicada en un espacio suficiente para poder determinar, al menos, si las estructuras que se van a mostrar se encuentran dentro de los modelos antiguos más abundantes del complejo. La verdad es que no. Son actuaciones y elementos que no muestran unidad. No existen verdaderos muros. Los cortes que se han dado y su posterior análisis dan a entender que lo más relevante no se mueve dentro de las tipologías generalizadas que se vienen registrando en toda la ciudad. El nivel de la zona tiene una cota baja (13 m aproximadamente). La cuatro catas practicadas han dado como resultado la existencia de unas estructuras que se pueden encuadrar más en época cristiano-árabe que romana. Y los materiales aparecidos es un totum revolutum que no invita a establecer una cronología fiable por mucho que se hayan esforzado quienes excavaron. A nos quince metros se encuentran las estructuras romanas de canalizaciones, Aquí también se da algo similar, pero más dentro de un uso doméstico que otra cosas.

Fot. 1V. Plaza del Ayuntamiento. Vista general de los cortes dados en el interior de la casa indicada: cata cuarta, donde se han descubierto dos formas de hogares/desagües; cata con otro de los citados elementos; cata con un elementos circular y resto de muro; en primer plano, muro que enlaza con otro probablemente existente bajo el paramento general del alzado moderno de esta casa; cata donde tan sólo se ha encontrado cerámica descolocada, no estratigráfica.

Fot. 2V. Plaza del Ayuntamiento. Vista parcial de tres cortes: indicación de uno de los hogares en muy mal estado de conservación, a derecha; probable elemento circular de desagüe fecal formado por piedras colocadas de forma circular sin apenas argamasa de revestimiento; desagüe situado en el tercer corte, con una de sus partes revocadas; y hogar en el que se observan tan sólo las piedras de la base, con mal estado de conservación y de mayor tamaño.

Fot. 3V. Plaza del Ayuntamiento. Corte tercero, en donde se puede ver: 1, resto de un desagüe pero muy deteriorado; y elemento considerado desagüe; a derecha aparece un muro de probable origen romano por su fuerte consistencia. Podría decirse que estas estructuras cilíndricas forman parte de los pozos negros que han aparecido en otros lugares de la ciudad moderna como el encontrado recientemente en la calle Morería alta, y en calle Nueva, de idénticas facturas.

Fot. 4V. Plaza del Ayuntamiento. Segundo corte en el que se puede observar: muro de tierra, testigo de separación entre catas; piedras de relleno de muro de tierra; hogar en el primer corte; pozo negro poco más definido, revocado en pared interior.

Fot. 5V. Plaza del Ayuntamiento. Detalle del punto. Cuadrículas de 2 x 2 m con restos de construcción que llega a poca profundidad. Aquí no se ha llegado en ningún punto a la roca madre.

Fot. 6V. Plaza del Ayuntamiento. Detalle de la misma foto, para apreciar la forma en que aparecieron los materiales: todo revuelto.

Fot. 7V. Plaza del Ayuntamiento. Vista de perfil de los dos primeros pozos negros descubiertos.

Fot. 8V. Plaza del Ayuntamiento. Vista de detalle de los dos primeros pozos negros: uno, en la esquina superior izquierda, otro, en la esquina opuesta, pero con una mayor definición. En general, la diferentes formas que se han encontrado podría definir que estos elementos pertenecen a distintas época en esta casas, cosa que explicaría los ligeros cambios de forma y conservación en el tiempo.

Como conclusión de esta parte de excavación de puede afirmar los restos aparecidos en este trabajo son elementos domésticos que se pueden remontar a época medieval y moderna. El fenómeno de pozos negros era lo habitual, y ha aparecido, como se ha dicho, en varias cota de la ciudad. No existía alcantarillado y se usaba este procedimiento. Tampoco existía agua corriente y entonces se recurrió a la construcción de pozos de agua, aunque no potable, pero era muy útil para usos domésticos. Había pozos en Cuesta de la Iglesia, calle Cobertizo, calle San José… Y algunos espacios más.

En tiempos de Roma, en Sexs no existía alcantarillado de aguas residuales de forma generalizada. Tan solo se construyeron en superficie por la dureza de la roca madre. En calle nueva y Majuelo se han detectado canalizaciones que proceden de la parte superior del complejo industrial. Las conducciones de agua potable se hacían con intubaciones dentro de canales como los vistos de Plaza del Ayuntamiento, casa de los Müller-Mateos, en calle Real, en murallas de Levante y cercanías de cueva de Siete Palacios.

Fot. 9V. Calle Real. Edificio con su estructura interna destruida, y donde se ha llevado a cabo una excavación de urgencia bastante completa en cuanto a terreno a analizar.

Fot. 10V. Calle Derrumbadero. Zona posterior del mismo edificio, en donde se incluye otro subsector que también registró muros y gran cantidad de cerámica. Mas adelante se verán conducciones de cerámica romana que se reutilizarán en una moderna panadería. Muros medievales y modernos se han descubierto en el derribo de la estructura antigua de esta calle, que realmente se encuentra más en calle San José que en Derrumbadero.

Fot. 11V. Calle San José. Secuencia de casas viejas de sobre cimentaciones antiguas, a ambos lados, pero la parte izquierda es la que ha dado novedades arqueológicas, como conducciones de agua entubada de procedencia romana, y cuyos paramentos acusan aparejos antiguos. En su parte derecha se ha detectado, cuando se rebajaba el terreno, material cerámico y estructuras de mampostería que no fueron analizadas.

Fot. 12V. Calle San José. En el interior de esta construcción, horno de pan, con motivo de innovación de vivienda han aparecido estructuras muradas que han aprovechado antiguas construcciones para abastecerse de agua necesaria para la industria de pan. Los agujeros que se observan en el muro de la derecha, son los entrantes de las tuberías romanas que desembocaban en una pequeña alberca o depósito de agua. Los elementos de cerámica se ven en parte del alzado de los muros maestros del horno de pan. Y por sus medidas se deduce que son del tipo que usaban los romanos en el alzado de las estructuras romanas.

Fot. 13V. Calle San José. Detalle de la imagen anterior donde se muestran los agujeros en pared donde se encuentran las tuberías romanas a ras del enlucido.

Fot. 14V. Calle San José. Detalle de otro de los huecos por donde circulaba el agua mediante tuberías de cerámica.

Fot. 15V. Calle San José. Vistan frontal donde se encuentra una de las tuberías de cerámica romana. Es probable que esta conducción de agua tenga relación con el canal descubierto den la Huerta de Los Müller-Mateos, que procedía del interior de una de las dependencias del antiguo ayuntamiento de la ciudad. Había en la trayectoria hacia la huerta una deriva que se dirigía hacia la calle San José. Y esto puede ser su explicación.

Fot. 16V. Calle San José. Vista del interior de la tubería de cerámica romana que se encuentra empotrada en el muro del horno de pan. Es un sistema de tubería machihembrada de unos 30 cm de diámetros. Cuando se hizo la foto, aún había agua estancada del tiempo en que funcionaba la panadería moderna. Realmente el canal que se encontraba en el Ayuntamiento formaba parte de la red de distribución hacia la parte de Levante del complejo industrial de Sexs. Y éste, a su vez, recogía en agua, también entubada, del depósito terminal que se encontraba sobre el espacio que hoy ocupa la Iglesia Parroquial, y de esta forma van encajando todos los trozos de conducciones que van apareciendo bajo el suelo de la ciudad moderna superpuesta a la antigua Sexs.

Fot. 17V. Calle Real. A unos 50 m de la imágenes anteriores en Plaza del Ayuntamiento. En el punto central de la calle Real, y más precisamente entre esta calle y la de San José: área de excavación de emergencia, donde se ha descubierto cierto número de estructuras, mezclas entre romano y medieval. Se ven dos grandes cortes con un muro testigo, de separación entre ellos, de un metro de grosor. En el primero han aparecido dos elementos: un arranque de muro en diagonal y, en el extremo del mismo, indicios de un posible pozo negro similar a los de la Plaza. En el segundo corte se puede contemplar cuatro cuadrículas, casi del todo diferentes entre sí: cada una tiene su propia peculiaridad. Pero los muros más relevantes tienen una composición resistente, siguiendo la tradición romana.

Fot. 18V. Vista parcial del área de excavación, donde se pueden ver las cuatro cuadrículas, a las que se va a describir de forma individualizada y, a la vez, en conjunto. De izquierda a derecha se puede ver: muro romano superpuesto a otro más antiguo; probable pileta. Ciertamente no guardan relación los muros romanos con las formas superpuestas. Son el resultado del tiempo en que se produce esta mezcla de estructuras.

Fot. 19V. Calle Real. Detalle de la primera cuadrícula: muro de separación entre ésta y la del fondo, lo que significa una superposición de estructuras, siendo la superior menos resistente. La inferior se ve claramente con aparejo clásico romano, tal como ocurre en Cueva de Siete Palacios con la superposición de muros romanos de distinta época; primer resto de muro en situación estratigráfica; segundo muro en posición estratigráfica con una composición poco resistente; el muro de superficie y perteneciente a la estructura mural superior destruida o reutilizada en tiempos modernos; y por último: muro testigo utilizado como elemento de separación entre los dos cortes. La técnica de  estos muros es romana: opvs incertvm. REalmente aquí se tiene una estratigrafía de muros superpuestos.

Fot. 22V. Calle Real. Detalle del primer corte. En él se aprecia el murete muy deteriorado, que atraviesa casi en diagonal, la cuadrícula. Puede observarse una superposición de estructuras de muros. Los otros elementos que se muestran, son irrelevantes. Pero lo que sí llama la atención es observar sobre el extremo inferior del muro en diagonal, la presencia de unas piedras colocadas de tal forma que conforman una especie de hogar, de las mismas características y proporciones que los vistos en los cortes, como ya se ha indicado. La parte superior derecha tiene restos de estructura de pozo negro, como se ha vista en la Plaza del Ayuntamiento.

Fot. 21V. Calle Real. Detalle sobre la profundidad a que se ha llegado en la cuadrícula primera: 4,70 m. Se ha ido buscando la roca madre y no se ha encontrado probablemente debido a que se encuentra demasiado profunda y genera peligro en la excavación. En ella se observa el inicio de las estructuras de muros más antiguos y, de forma progresiva, la situación estratigráfica de todos los elementos.

Fot. 22V. Calle Real. Detalle sobre la profundidad a que se ha llegado en la cuadrícula segunda: 4,70 m. Como se puede observar, el inicio de los muros romanos se encuentra a escasa profundidad. Este corte muestra, a todas luces, que el material sedimentado es homogéneo. Obsérvese el corte vertical de frente y se comprobará este dato. Hay que concluir que en esta parte del corte no hay elemento romano debido al peligro que conllevaba. Se está en una cota sobre el nivel del mar bastante baja.

Fot. 23V. Calle Real. Segunda cuadrícula separada de la anterior por muro de fondo, en el que se puede observar: muro medieval, divisorio de las cuadrículas, dos a dos; muro romano que separa esta cuadrícula de la anterior; muro romano en posición estratigráfica; muro de tierra, como elemento de separación entre los dos cortes. Realmente puede tratarse de una estructura muy degradada de época de un romano tardío. Si se hubiera perforado con en las cuadrículas anteriores, tal vez se hubiera derrumbado esta parte de la excavación.

Fot. 24V. Calle Real. Cuarta cuadrícula, en la que sólo se pueden analizar los muros que la encuadran; a su izquierda, muro romano con restos de otro bajo él. Al fondo, muro de piedra vista, pero con ligeros indicios de que son romanos. A derecha de la imagen, el corte no da señales de estructura alguna. Es de tierra, lo que indica que hay continuidad en la estructura de fondo.

Fot. 25V. Calle Real. En esta imagen se observa la superposición de muros como los citados anteriormente. Los muros que se ven interceptados no son romanos.

Fot. 26V. Calle Real. Tercera cuadrícula situada junto a la primera: muro de escaso grosor (0,50 m), formando parte de una dependencia que, por ciertos indicios, ha sido una pileta de salazón o similar. Se puede observar la existencia de estuco como revestimiento; segundo murete componente de la misma pieza y con la misma función arquitectónica; suelo de probable pileta de salazón, con capa de pavimento, algo desgastada; elementos añadidos, con posterioridad, a los bordes de esta cuadrícula; revoque original que se extiende ampliando el espacio que debe tener tal elemento. El pavimento que se observa es del mismo material que se puede ver sobre el suelo interior de la cuadrícula, lo mismo que el indicado, y que se puede ver en la esquina superior izquierda de la misma pieza, sobre el murete. Las baldosas de cerámica, visibles aquí, son, sin duda, posteriores y de época árabe.

PLANO DE LA SEGUNDA PARTE DEL SECTOR V

Fot. 27V. Punto de la calle Real, en donde sufre una bifurcación para abrirse en un subsector, donde se halla un complejo de elementos romanos de cierta consideración. A derecha de la imagen existían grifos de agua pública. Esta parte del muro separador de calle, va a registrar una conducción de agua por medio de canalización y que se ha comprobado que es romana. El agua no va entubada, pero no lleva agua ahora, aunque podía haberse reutilizado para las introducir las tuberías modernas.

Fot. 28V. Punto de bifurcación en calle Real. Inicio de las estructuras romanas más importantes, en cuanto a su conservación en este sector: indicación del espacio donde aparecieron formas de muros, cerámicas, cadáveres y un dolivm a izquierda de la imagen; indicación del punto donde se piensa empieza la secuencia de las naves de este sector, al fondo de la imagen a derecha. El fragmento de columna que divide la calle tiene aspecto de haberse usado como miliario. Hay otro en cuesta de la Iglesia. y restos de otros en diferentes esquinas de la ciudad utilizados como guardaesquinas.

Fot 29V. Calle Real. En la imagen se ve, a izquierda, los grifos antes citados (s. XVI-II). Es uno de los puntos que registran el abastecimiento de agua para la población. Pero lo que aquí es de comentar es la aparición del canal romano para distribución de agua que se dirige hacia la zona baja de lo que fue parte de la factoría de salazones. Su estructura consta de los clásicos muretes laterales y cubierta con lajas de piedra. Y, en cuanto a su procedencia, es probable que proceda, como una derivación, de la canalización general procedente del punto distribuidor situado en el interior del antiguo ayuntamiento, punto del que se dirigía a la Huerta de los Müller-Mateos y desde donde, a su vez, se producía una deriva en dirección a calle Real, punto donde se ve la imagen presentada. Pero hay otra posibilidad, ya que en en la misma calle Real, con motivo de remodelación de un establecimiento, justo detrás, aparecieron indicios de canal pero procedente de las cercanías de la estructura de la calle San Joaquín, donde la tradición cuenta que había una canalización que se dirigía hacia calle Real, y que era peligroso por su fuerte pendiente interior.

Fot. 30V. Detalle de la foto anterior donde se observa la estructura del canal y su cubierta. Faltó una exploración más completa sobre su trayectoria en ambos sentidos, tanto de origen como de destino.

Fot. 31V. Calle Baja del Mar. Indicación de estructuras modernas, donde han aparecido indicios de componentes romanos: A derecha de la calle, cuando se practicaron las rebajas para una nueva construcción, en primer plano aparecieron numerosos cadáveres probablemente de época de la guerra napoleónica. Y en cuanto a elementos romanos, se vieron estructuras pertenecientes al sistema de almacenaje, restos de galerías rotas que estaría contiguas a las que se hundieron en una casa vecina al principio de la calle Alta del Mar. También apareció una vasija, tipo dolium, que posteriormente fue reutilizada como depósito de aguas residuales. Y desde este punto hasta la imagen 37V, se van a ver estructuras reutilizadas de forma continuada. A izquierda de la imagen, las casas que se ven muestran en su aparejo indicios de los materiales que fueron usados en su construcción. El aparejo está enmascarado con revestimientos modernos.

Fot. 32V. Calle Baja del Mar. Área donde se tiene elementos estructurales que acusan la existencia de reutilizaciones de construcciones romanas: al fondo derecha, lo que se conserva en su interior son estructuras romanas tipo galería abovedada que se van a ver en mayor cantidad.

Fot. 33V. Calle Baja del Mar. En la casa que precede, en su interior se pudo ver el aparejo de su estructura y se comprobó el uso mezclado de opvs incertvm junto con ladrillos clásicos romanos, pero como casi siempre enmascarado con enlucido modernos, tal como se ve en la imagen presentada.

Fot. 34V. Calle Baja del Mar. Detalle de la misma foto anterior donde se aprecia la técnica romana con su aparejo de opvs incertvm. A izquierda de la imagen se ve el grosor que presenta el muro de fondo.

Fot. 35V. Calle Baja del Mar. Aspecto actual de la parte externa del lugar donde se encuentran las naves romanas. La estructura de la fachada ha sido fuertemente retocada, aunque en algunos de sus puntos se observa el grosor de los paramentos que se verán en las siguientes fotos.

Fot. 36V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Ampliación del espacio señalado en la toma anterior, para indicar el recorrido que va a experimentar la alineación de naves que hay dentro de tales estructuras. Los muros de la calle Cerrajeros tienen un aparejo muy similar a los que se van a ver con revoque en el interior de las naves. Pensamos que esta calle es artificial y que fue creada mediante una selección de formas romanas por parte del elemento árabe. Realmente se ignora el uso que le dieron los árabes. Se han examinado, tiempos atrás, las estructuras murales y distribución interna de las casas, al otro lado de la calle, y sus muros tenían los mismos componentes que aquí se ven. Todo este espacio ha sido totalmente modificado.

Fot. 37V. Calle Baja del Mar. Desde el interior de la vivienda a que pertenecen o se encuentran la secuencia de naves romanas, se encuentra esta forma abovedada. En sus estructura se ve el uso del ladrillo clásico romano, la forma arqueada del inicio de la entrada y el agujero central en la cubierta, tal como las demás bóvedas de la galerías romanas. Su altura es de 3x 3 x 4 m aproximadamente. La técnica constructiva es el opvs latericivm.

Fot.38V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Una vez situados en el interior de la casa, aproximadamente a tres metros de la línea de calle, justo en el espacio que hoy tiene el patio interior, según se entra, a izquierda, se puede ver la primera nave romana: sistema de bóveda construida con la técnica del opvs latericivm y cuyos componentes son idénticos a los usados en el sector K; indicación de una agujero respiradero-entrada en el centro de la bóveda, componente usual en este tipo de estructuras; y muro de cierre, retocado fuertemente en época árabe.

Fot. 39V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Paramento romano modificado abriendo en él una puerta de estilo árabe, arco califal. El arco no es una nueva construcción superpuesta a la pared del muro romano. Sus medidas son similares a las de la puerta de acceso moderno. El ladrillo usado no es el modelo romano sino el árabe, más delgado.

Fot. 40V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Detalle sobre la foto anterior, en el que se aprecia la existencia del arco de herradura en la entrada, llevado a cabo mediante la alteración del muro maestro de la nave romana y se observa que el ladrillo usado desde otro punto de vista es el romano y no el árabe. También la existencia de un tragaluz-respiradero.entrada romana, antigua abertura romana, en el centro de la bóveda: anchura del arco de herradura árabe; indicación del aparejo romano que forma la estructura general de todo este conjunto de naves encadenadas; abertura de la parte superior de la bóveda romana, convertida en lucernario, pero que, en origen, era el acceso a estas naves.

Fot. 41V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Detalle sobre la foto anterior para indicar la existencia de la nave tras la puerta con arco de herradura. En ella se observa el tragaluz en el centro del techo con forma de lucernaria, bóveda romana rebajada, y paso hacia la siguiente nave.

Cuarto espacio ocupado por una de las naves que conforman este conjunto. Aquí, al igual que en la nave anterior, se puede observar la modificación llevada a cabo en la bóveda: se han empotrado sobre las esquinas de las bóvedas unos elementos arquitectónicos similares a pechinas, rellenándolos posteriormente de tal forma que la nave, que originariamente es de medio cañón, se ha convertido en casi hemisférica.

Fot. 42V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Se observan las bóvedas reformadas convertidas en casi rebajadas romanas. Y el paso de una nave a otro se hace rompiendo la estructura antigua romana.

Fot. 43V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Detalle sobre la foto anterior, para indicar: técnica con que se ha levantado el sistema de naves, usando la piedra como elemento fundamental; existencia del hormigón como elemento de revoque o enlucido; abertura romana para abrir paso entre los distinto compartimentos de este conjunto de naves abovedadas. Este agujero en la bóveda de la nave, ha sido transformado en lucernaria central.

Fot. 44V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. A partir del punto anterior (43V), hay una secuencia casi sin explorar, y que no ha sido reutilizada por el elemento árabe, como las anteriores sí lo fueron. Obsérvese cómo los muros, rotos para abrir paso, ya no muestran el uso del ladrillo, ni el perfil del corte dado sobre el paramento es homogéneo, sino roto indiscriminadamente, con el único motivo de comprobar, por curiosidad, hasta donde llega el sistema: muro romano roto, con revestimiento de época medieval; paramento de cierre de la pequeña nave existente entre 42V-43V con indicación de la anchura del paso hacia otras naves. Pero, obsérvese cómo las naves se suceden a través de los espacios rotos recientemente, en el que se pueden ver alineados dos tramos más de naves romanas.

Fot. 46V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Rotura intencionada para poder acceder a las dependencias interiores del final supuesto de este conjunto de naves encadenadas: indicación de la dirección que siguen las estructuras; corte dado por los ocupantes medievales, creando lo que parece un muro de época, siendo un paso totalmente artificial.

Fot. 46V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Parte final del sistema de galerías romanas que muestra lo explorado hasta el momento. Aquí termina lo que se ha descubierto hasta ahora, pero que se continúa en dirección a calle Alta del Mar. El hecho es que en las viviendas colindantes, cuando fueron modificadas por necesidad, aparecieron los restos de estructuras a nivel inferior por la variabilidad del terreno. Aquí sí se encuentra la roca madre.

Fot. 47V. Calle Alta del Mar. La parte derecha de la imagen, a lo largo de la cuesta se encuentra una gran serie de galerías similares a las que se han descrito antes y que se encuentran en conexión con todo lo visto. Se ha podido comprobar, sobre todo en la parte superior de la cuesta, donde la última de las casas sufrió, años atrás, hundimiento de toda su base. Ello fue debido a las galerías que se encuentran debajo. Todas estas viviendas, tanto a un lado como a otro, se encuentran situadas sobre las estructuras primitivas romanas. Así que tuvieron que calzar toda la base con hormigón moderno.

Esto demuestra que la las estructuras romanas se encuentran casi todas en superficie o bajo tierra u que se han utilizado bien para formas nuevas casas o han sido destruidas. Lo más importante ha sido todo lo que los romanos dejaron al marcharse cuando el Imperio se desmoronó.

SECTOR X

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Fot. X. Situación de la zona costera de Almuñécar a finales del siglo XIX: camino actual del Paseo Prieto Moreno; terraplén artificial de barrera ante la playa. Edificios más antiguos.

(Foto muy antigua del Paseo Marítimo y Playa de Puerta del Mar). 

Fot. 2X. Paseo del Altillo en sus inicios. Detalle para precisar mejor esta barrera de escombros y arena. El mar en época de temporales penetraba en casi toda la zona baja de la ciudad. Las edificaciones de la parte central de la imagen guardan en sus cimientos los restos de la antigua muralla romana, elementos que se mostrarán en el último capítulo de esta exposición. Al fondo derecha de la imagen se puede ver el espacio por donde se producía los desagües más recientes, cuando ya había algo de alcantarillado. Se encuentra en la zona llamada Puerta del Mar, ya de fecha relativamente reciente.

Fot. 2X. Grabado de la Puerta del Mar. Se refleja en él la puerta de acceso (arco) y a su lado una hornacina donde se encontraba una imagen de la Virgen del Rosario que se distinguí porque llevaba en su mano una rosa. De ahí nace en el nombre de la Plaza de la Rosa, por la flor que la Virgen llevaba en su mano.

Fot. 3X. Plaza de la Rosa. En el centro de la imagen se encuentra el punto por donde se entraba desde la playa y por eso se llamaba Puerta del Mar. Hubo un tiempo en que ese paso no hace muchos años se podía ver parte de la construcción antigua de esa paso marino. Fue reutilizado como garaje hasta que se construyó el edificio que ahora se ve. Esa cancela tapa realmente el espacio por donde se extendía el trazado de la Puerta del Mar. Y justo a su lado se encontraba la muralla que protegía de los golpes de los temporales marinos.

Fot. 4X. Plaza de la Rosa. El elemento que apareció a consecuencia de los rebajes para las nuevas construcciones, dio como resultado la aparición del conducto que formaba la Puerta del Mar. y que se puede observar con claridad. Es una construcción en forma de canal con cubierta rectangular que encaja con la imagen presentada en el grabado sobre la Puerta del Mar. La estructura no es romana y menos aún los materiales utilizados. Se consideran árabes. Pero que los sillares que se encuentran debajo del antiguo Cine Coliseo, sí son romanos. Lo que quiere decir que en época romana se protegían también de las tempestades del mar.

Fot. 5X. Plaza de la Rosa. Imagen tomada del interior de una vivienda en la plaza. En ella se puede ver la muralla y con poca claridad los elementos que la componen. Este lienzo se extiende en sentido oeste pasando por el citado cine Coliseo, donde se ha detectado los sillares calizos de los cimientos de la muralla, imagen que se verá en el Sector Z. Pero aquí se observa una muralla que termina con la hilada de almenas y aspilleras como se va a ver, pero su adarve probablemente ha sido eliminado para ganar espacio modernamente. Se puede considerar que es una estructura árabe-moderna, pero con cimientos romanos, como se ha afirmado antes.

Fot. 6X. Plaza de la Rosa. La muralla almenada vista desde un alto: contramuro adosado como elemento contrafuerte; almenas tipo medieval-moderno.

Fot. tX. Plaza de la Rsa. Imagen de la parte interior del sistema almenado de la muralla donde se aprecian almenas y aspilleras algo inclinadas y bastante cerradas en el ángulo de tiro defensivo.

Fpt. 8X. Plaza de la Rosa. Vista de la dimensión vertical de las almenas de la muralla. Las aspilleras se encuentran algo separadas.

Fot. 9X Avenida de Andalucía. Calle que delimita la parte de la estructura romana con el mar. En el levantamiento de estas viviendas se ha detectado gran cantidad de material romano, probablemente perteneciente a la factoría de salazones de esta parte del núcleo industrial. Al fondo izquierda de esta imagen se encuentra un espacio, ya construido, donde apareció un elemento de probable zona portuaria dada su forma y consistencia. Ciertamente no pudo ser destruida y quedó enterrada formando parte de los cimientos de la construcción.

Fot. 10X. Calle Bilbao. Perspectiva del espigón, y observación de cómo se introduce bajo las estructuras de los bloques modernos, indicándose, con ello, que es mayor de lo que en este plano nos presenta.

Fot.11X. Calle Bilbao. Espigón de puerto indicado en la foto anterior. No se pudo destruir y quedó bajo los cimientos de los bloques de casas.

Fot.12X. Encuentro de la zona Plaza de la Rosa con Baja del Mar, punto la más baja cota de toda la ciudad: lugar donde se han detectado elementos romanos en las cimentaciones abiertas para las nuevas casas y espacio donde existen restos romanos bajo tierra, a escasa profundidad; y dando a la calle Alta de Mar aparecieron gran cantidad de muros pertenecientes a una estructura industrial. Se hallaron algunas monedas, y materiales cerámicos.

Fot. 13X. Plaza de la Rosa-Aduana Vieja. Espacio completo donde se han detectado restos señalados en la foto anterior destacando la indicación de la zona donde se han abierto los agujeros de las zapatas, en los que se han hecho patentes los muros de estructuras romanas; y lugar donde se encontraba la tercera parte, con arco de apoyo, de la Puerta del Mar. 

Fot. 14X. Plaza de la Roza-Aduana Vieja. En esta zona existió un cine de espacio abierto. Aquí se vio, cuando hicieron las zapatas de la nueva construcción, un alfar romano, gran cantidad de cerámica romana y árabe y una verdadera cadena de tinajas de gran tamaño similares a los tipos conocidos como dolivm, de los que se conservan en casas particulares.

Fot. 15X. Plaza de la Roza-Aduana Vieja. Operario excavando para extraer una de las vasijas grandes que aparecieron en casi todas la zapatas abiertas para montar los pilares de la nueva construcción.Fot. 8X. Plaza de la Rosa. Detalle de uno de los agujeros abiertos para la colocación de zapatas, y en cuyos laterales se han dejado ver los muros romanos.

Fot. 16X. Plaza de la Rosa. Recinto donde aparecieron restos romanos y árabes. Extracción de una tinaja. Restos de un horno de cerámica romano, tinajas tipo dolium, de fabricación árabe (3 piezas) y numerosos restos de material cerámico romano y árabe. La fecha aproximada de estos hallazgos tuvo lugar en los años 60s.


 

SECTOR Y

RELACIÓN PLANIMÉTRICA

ALZADO DEL DEPÓSITO TERMINAL DEL ACUEDUCTO ROMANO

PLANTA DEL DEPÓSITO TERMINAL DEL ACUEDUCTO ROMANO (ÁREA DE LA ACTUAL IGLESIA PARROQUIAL)

RELACIÓN FOTOGRÁFICA

Fot. 1Y. Calle del Aire. Detalle para destacar que los restos de base de la construcción romana que aquí existió debieron prolongarse hasta cerrar probablemente toda la calle del Aire que queda a espaldas de la Iglesia.

En este espacio, como se ha dicho antes, se encontraba el depósito terminal del acueducto romano de Sexs. Fue ya en el siglo XV cuando debió construirse la nueva iglesia parroquial. Fue derribado el depósito y en su lugar se construyó la actual iglesia. Los materiales de la demolición fueron reutilizados en el levantamiento de la misma. Hoy puede verse en el aparejo externo con toda claridad. Los árabes describieron bien la estructura de su alzado. Según sus cálculos, el depósito debió tener aproximadamente unos 25 m de altura. Como la cota base es de 25 m, la parte del depósito más elevada, podía alcanzar los 50 m. Y de esta forma se producía un equilibrio de presión hidrostática entre el depósito de la Santa Cruz, que se encontraba en la cota 50, y la cota 50 de la iglesia, a una distancia de un km aproximadamente, con lo que la presión del agua, que no pasaba de un 5%, no rompiera el equilibrio y no sufriera a consecuencia de la diferencia de niveles o presión hidrostática. La cota del depósito permitió distribuir el agua a todos los niveles desde esta altura. Para ello fue necesario la entubación de los canales que van a ir apareciendo en toda la periferia de la factoría emplazada en el área de la industria de salazones del complejo romano.

Fot. 2Y. Calle del Aire. Primer plano de la parte superior de esta secuencia de estructura romana: primer tramo de muro romano retocado y que ocupa la parte norte del alzado del depósito romano; y desde el punto más elevado: altura que ha debido ser eliminada en el rebaje producido para el levantamiento del alzado de la Iglesia. Se considera que esta altura ha debido alcanzar, por lo menos, a la vista del fuerte desnivel entre los puntos de arriba y el de abajo, aproximadamente los 7 m. E decir: aquí se ve que la iglesia utiliza como base la parte baja del aparejo del depósito y se observa que los materiales romanos están a la vista con el alzado de la iglesia justo encima. Los sillares que formaban parte de las esquinas del depósito, han sido reutilizados en toda la periferia, y al mismo nivel de altura sobre el actual suelo en el que se asienta.

Fot. 3Y. Calle del Aire. Detalle sobre la parte superior de los cimientos romanos de la Iglesia, para remarcar la rotura que sobre el aparejo se ha practicado. Los sillares que la primera parte del alzado pertenecen a la antigua Torre de Descarga del acueducto romano, situada en este lugar de la ciudad. Los cimientos, de opvs incertvm, hoy están tapados y camuflados. El opvs quadratvm se ha utilizado en todo el alzado del depósito.

Fot. 4Y. Calle del Aire. Detalle de la toma anterior, con el fin de exponer que la diferencia entre los puntos aquí indicados, dan señales más que suficientes para mostrar que se trata probablemente de toda una base de opvs caementicivm, para equilibrar el desnivel entre las alturas opuestas por el desnivel del terreno. La diferencia de proyección sobre la calle, explica, en cierto modo, que haya sido roto el aparejo romano, con el fin de dar homogeneidad y que no desentone, ni dé muestras de que la Iglesia carece de cimentación propia, recortando para ello todo el espacio de esta base cuanto sea necesario a fin de conseguir ofrecer un aspecto de estructura única.

Fot. 5Y. Calle del Aire. Perspectiva de la parte posterior de la Iglesia. Obsérvense los restos de aparejo romano sobre la base de la misma. Se piensa que la Iglesia ocupa lo que realmente fue el espacio del depósito y la torre de descarga. A partir de este punto se deja ver que el depósito llegaba en su base hasta este punto, y que se comprobará a continuación con otras imágenes de estos límites a poniente de la iglesia. 

Fot. 6Y. Calle Parra. Cimientos del Oeste de la Iglesia. Situados en la vertiente de Poniente de la Iglesia. En este espacio se puede observar estructura de opvs incertvm y caementicivm en toda la base del subsector. Se piensa que el pasillo que se ve es totalmente artificial. Ello lo prueba la no existencia de línea de fachada; punto donde se aprecia la total inexistencia de paramento romano externo; uso del antes citado podivm de piedra toba, base moderna con con materiales procedentes del derribo de la torre de descarga del depósito terminal; consideración del espacio que se piensa no existió hasta que fue roto el sistema romano.

Nota adicional: cuando se repusieron recientemente las solería del interior de la iglesia, se pudo ver cómo los muros de la misma se montaban sobre los muros romanos, sobresaliendo del suelo actual aproximadamente 20 cm. Al día siguiente volví para tomar medidas y fotografiar y me encontré con la desagradable sorpresa de que los albañiles habían tapado aquellos salientes muros romanos y no pude tomar fotos ni medidas. Les habían ordenado que taparan aquello después de notar mi presencia. Pero los muros siguen ahí enterrados.

Fot. 7Y. Calle Parra. Cimientos del oeste de la Iglesia. Detalle de las fotos anteriores para hacer ver el uso de la piedra toba en el perímetro del edificio y la base sobre la que se apoya. Obsérvese el segundo nivel de estos cimientos para comprobar que son sillares de piedra toba romanos reutilizados.

Fot. 8Y. Calle Parra. Cimientos del oeste de la Iglesia. Perspectiva donde se amplía la visión de conjunto de la vertiente de Poniente: indicación de hasta dónde llegan el opvs incertvm y el caementicivm; línea mínima de la base, de opvs caementicivm; observación de que en el alzado de la Iglesia el uso de la piedra toba alcanza los dos metros de altura en todo su perímetro. El muro-base ha sido retocado en parte y se ve cómo se monta el aparejo de la iglesia sobre el muro romano en la base.

Fot. 9Y. Calle Fuentenueva. Atrio de la iglesia. Parte oeste. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Detalle sobre la toma en el punto de cierre, donde apreciamos: altura, al exterior, que conserva la base romana; espacio abierto considerado artificial. Evidentemente el espacio del atrio era mayor de lo que se ve.

Fot. 10Y. Calle Fuentenueva. Atrio de la iglesia. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Se ve la zona baja del alzado del actual atrio de la Iglesia, en la parte suroeste. Se puede igualmente contemplar lo que queda como testigo de la base de opvs caementicivm e incertvm. Todo parece llevarnos a admitir que lo que se puede analizar no es un sistema de muros en esta concreta zona, sino más bien la rotura de una plataforma de soporte del gran depósito terminal que ha debido existir sobre todo este material. No se detecta ningún dato sobre una línea precisa de muro externo, para poder delimitar lo que realmente ocupó tanto el depósito como la torre de descarga del mismo.

Fot. 11Y. Calle Fuentenueva. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Detalle sobre la toma precedente, para indicar cómo se ha roto la estructura romana con el fin de hacer comunicables todos los accesos planificados a propósito de la construcción de la nueva Iglesia Parroquial.

Fot. 12Y. Calle Fuentenueva. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Ampliación de detalle sobre la foto precedente para anotar la inexistencia de línea de aparejo externo, lo que lleva a corroborar que, cuanto se viene afirmando de que todo este espacio, constituía una plataforma de grandes proporciones destinada a montar sobre ella todo el sistema de abastecimiento hídrico, fuente de alimentación de todo el complejo industrial de Sexs.

Fot. 13Y. Línea de calle moderna, en la Avenida de Cala, donde se pueden diferenciar bien dos espacios o lienzos de muralla: a derecha, tramo en buen estado de conservación, pero en los interiores de las viviendas; tramo reutilizado y estrechado con las construcciones modernas que se le han adosado. Estas fachadas modernas no hacen más que seguir el trazado de la muralla antigua apoyándose sobre ella para construir.

Fot, 14Y. Avenida de Cala-Carrera de a concepción. Lo más destacado de esta imagen es la existencia de la muralla formando parte de lo propia estancia-bar. A la derecha los ventanales están construidos aprovechando la muralla, que alcanza el metro y veinte centímetros. Este lienzo mide unos 8 m aproximadamente. Esto ya no existe con las remodelaciones modernas.

Fot. 15Y. Avenida de Cala. Lienzo de la muralla a izquierda con una longitud aproximada de 200 m. Es continuación del tramo visto en el lienzo de muralla dentro de un bar.El portón a izquierda muestra parte del grosor de la muralla que fue reducida por necesidad e espacio.

Fot. 16Y. Avenida de Cala. Tercer tramo del espacio ocupado por la muralla árabe. Sobre la esquina derecha existía un típico bar en el que se podía comprobar la anchura de la muralla porque se encontraba a la vista. A izquierda se practicó un rebaje de terreno para nueva edificación. Se pudo comprobar la existencia de limo con una profundidad de más de cinco metros de potencia. No se pudo averiguar más por falta de exploración profunda. Posiblemente se habría encontrado arna de playa, como ocurre en la zona de carretera de Málaga.

Fot. 17Y. Avenida de Cala. A izquierda de la imagen se encontraba la muralla perimetral que llegaba hasta la Puerta de Vélez. El aparejo de estas construcciones se encuentra montado sobre la ruina de la muralla. Debido a ello y por su altura, se hizo necesario hacer un acceso elevado, ya que hay desnivel entre Avenida de Cala y Calle Vélez. Al final de este tramo, con motivo de derribo de casas, han aparecido también muros romanos más propios de estructuras industriales que defensivos.

Fot. 18Y. Avenida de Cala. Imagen de detalle de uno de los accesos elevados de las casas de este tramo de calle. El desnivel llega a los dos metros del suelo y calle Vélez.

Fot. 19Y. Cruce entre Avenida de Cala y Carril hacia río Seco (aún sin nombre). Punto donde finaliza la expansión de la factoría del Majuelo: de frente: edificio del que se ha comprobado que sus cimientos tienen estructuras romanas debajo; y en primer plano: restos de muros romanos como punto final de la factoría del Majuelo, en su expansión hacia el Norte.

Fot. 20Y. Cruce entre Avenida de Cala y Carril hacia río Seco. Solar del antiguo cine Galiardo. Detalle de la foto anterior para observar su técnica de opvs incertvm y la dimensión del muro romano descubierto.

Fot. 21Y. Cruce entre Avenida de Cala y Carril hacia río Seco. Solar del antiguo cine Galiardo. Detalle de la misma foto anterior para observar su profundidad que alcanza más de los dos metros. No se llegó a la roca madre. Esta circunstancia sólo se da en la periferia por el desnivel de los terreno que fueron invadidos por el aluvión con el paso del tiempo.

Fot. 22Y. Callejón de la Najarra. (Avda. de Europa). Situados en un área muy cercana a la llamada Puerta de Vélez, denominada Callejón de la Najarra, inicio y a la vez fin de la factoría de salazones del Majuelo: espacio donde se han podido detectar numerosas estructuras industriales pertenecientes a dicha factoría en sentido norte; a derecha ocurre otro tanto. Ahí se han encontrado muchos materiales que han hecho desaparecer por miedo a la prohibición por hallarse en terreno arqueológico.

Fot. 23Y. Avenida de Cala. Podivm de acceso a vivienda asentada sobre la doble muralla romana, cuyos restos aparecen más abajo.

Fot. 24Y. Avenida de Cala.  Perspectiva de la muralla en dirección a la llamada Puerta de Vélez. Las casas que se ven están asentadas sobre la base de la misma. Por el lado opuesto ha sido necesario el levantamiento de podios y escaleras para poder superar ese resto de muralla que soporta las casas en toda esa alineación.

Fot. 25Y. Avenida de Cala.  En esta perspectiva continuamos indicando la secuencia rota de la línea de muralla medieval árabe. En el primer plano del espacio que se indica en la foto existía, hasta hace muy poco, un lienzo de muralla sin más revestimiento que la cal sobre el aparejo antiguo. Su grosor alcanzaba 1.2 m.
Ignoramos la profundidad sobre todo a derecha. A izquierda se encuentra el terreno con un nivel de limo que supera los 10-20 m. Difícil lo tienen los árabes para mijar en suelo firma la gran muralla perimetral defensiva que se necesitaba para seguridad de la plaza.

Se sabe que lo que es entorno antiguo gozo con el tiempo de varios anillo de murallas perimetrales concéntricos. Unos, en niveles superiores, otros, en niveles medios, y finalmente sobre la cota 13, que es la altura que se da sobre la entrada del acueducto romano de la zona de Carrera de la concepción.

Fot. 26Y. Avenida de Cala. Perspectiva de línea de calle donde el murallón medieval ha desaparecido, aunque hasta hace poco se conservaba un tramo pequeño del mismo.

Fot. 27Y. Avenida de Cala. La Parte derecha de la imagen muestra una secuencia de muros elevado que se han montado sobre la muralla perimetral del casco antiguo de la ciudad.. El grosor llega a alcanzar un 1,2 m, aunque ha sido disminuido por los propietarios de las casas para ganar espacio. Es parte de la muralla árabe.

Fot. 28Y. Avenida de Cala y cruce con Carrera de la Concepción. Espacios internos del punto 27Y,1, donde se puede comprobar la anchura de murallón, conservado en su totalidad y que alcanzaba 1,20 m de grosor. Hoy día está totalmente destruido.

Fot. 29Y. Carrera de la Concepción. Zona donde se quiere hacer resaltar que la estructura de construcciones romanas se encuentra a escasa profundidad, casi al mismo nivel del actual piso. En la salida hacia Málaga se pudo comprobar la existencia de muros romanos profundos cercanos a lo que hoy es río Seco. En nuevas edificaciones se pudo comprobar la categoría de los muros hallados. En el movimiento de tierras se produjo un accidente que causó un siniestro en lo obra a causa del desprendimiento de un muro de cierto tamaño.

Fot. 30Y. Carrera de la Concepción. Aspecto deteriorado del paramento romano en donde se observan las concreciones provocadas por el enterramiento a que ha estado sometido.

Fot. 31Y. Puerta de Granada. Estado de la muralla tras la realización del rebaje practicado. Todo esto se encuentra bajo los cimientos de la Casa de la Cultura. Como la excavación se practicó se detenerse a ver con cuidado lo que estaba apareciendo, fue imposible determinar la procedencia y recorrido de estos muros, ni siquiera la forma de su aparejo. Su conexión con los elementos romanos y árabes es imposible de determinar. Se pude ver muro y algo de torreón.

Fot. 32Y. Puerta de Granada. Muralla medieval y estructura de hormigón romano. El sentido que se observa en su trazado le hace conectar con las estructuras conservadas en el tramo final de la Avenida de Cala. En esta imagen se ve una especie de opvs caementicivm, probablemente relacionado con el sistema de canalización del sifón del acueducto; línea de muralla; espacio donde la muralla experimenta un giro a izquierda, ligero, para continuar en dirección hacia el punto antes indicado.

Fot. 33Y. Cuesta del Derrumbadero. Esta imagen muestra, a izquierda, una fuerte pendiente provocada por la propia estructura rocosa del subsuelo, por donde ha debido pasar la muralla perimetral que se dirigía hacia el Callejón de Valdivia (Avenida de Madrid), separando lo que se conocía como Huerta de los Frailes, hasta empalmar con la muralla perimetral romana en la zona de Plaza de la Rosa. Se considera romana porque en las construcciones que se llevaron a cabo muy cerca de la Huerta de los Müller-Mateos, no se pudieron hacer zapatas en su cimentación, dada la dureza que presentaban. Hoy se encuentran esos muros soterrados sin tocarlos por la misma razón que el material de puerto aparecido en la calle Bilbao.

Fot. 34Y. Cuesta del Derrumbadero. Indicación del muro de contención perteneciente al depósito adicional que se encontraba junto a la Torre de descarga o Depósito Terminal situado en la zona donde se encuentra hoy la iglesia parroquial. Se extiende a lo largo de unos 50 m, aproximadamente. Su altura es imprevisible, dado el revestimiento moderno que ha sufrido. En la pared donde se ha localizado ese muro, se ha puesto al descubierto, de forma espontánea, el aparejo romano interior, que, a su vez, es la forma externa del muro romano, como se verá a continuación.


Fot. 35Y. Cuesta del Derrumbadero. Detalle de la imagen anterior para hacer resaltar el uso de la piedra y del cemento romano usados en la mampostería. Todo se encuentra enmascarado por el revestimiento moderno que se ha desprendido porque la argamasa moderna estaba formada por arena de playa con salitre, causa de su deterioro.

Fot. 36Y. Cuesta del Derrumbadero. Aspecto que presenta la gruesa capa de revoque moderno adosada a la estructura de muro romano: capa de argamasa moderna; aparejo romano de opvs incertvm. Al fondo se observa una estructura más resistente que no se pudo explorar.

Fot. 37Y. Calle Angustias Vieja. Aspecto de la misma sección de muralla, donde ya se ha levantado la Casa de la Cultura, con la eliminación de los restos de muralla que aquí se pueden apreciar. Debajo de este espacio aparecieron enterramientos romanos y medievales modernos.

Fot. 38Y. Calle Angustias Vieja. Espacio noroeste de cierre de la muralla de circunvalación de la ciudad medieval. Aquí, donde se indica, la muralla ha sido destruida hasta los mismos cimientos.

Fot. 39Y. Calle del Derrumbadero, artificial, ya que en este punto debía cerrarse, debido a la existencia de un murallón de circunvalación, que se verá a continuación: espacio de calle artificialmente abierto; indicación del punto (segunda puerta a derecha) por donde se entra en casa moderna que tiene en su interior un torreón de tierra prensada, similar al visto en el sector T. Dicho torreón da sobre el talud, de no mucha altura, sobre la actual carretera de circunvalación que forma hoy la Avenida de Madrid.

Fot. 40Y. Esta zona se denomina Cuesta del Derrumbadero. A izquierda se encuentra la finca donde se han hallado varios elementos de la arquitectura romana. Sujetando todo el sistema, debajo se encuentra el murallón de contención que forma parte de la muralla de circunvalación. A derecha de la imagen hay estructuras domésticas modernas que han reutilizado materiales romanos en sus alzados y, justo en el punto que se indica, se inicia el muro de contención de un probable depósito de agua, complementario al de la Iglesia, que se encuentra al lado del templo.

Fot. 41Y. Tramo de la calle Cuesta del Derrumbadero, junto a la Huerta de los Müller, donde se indica una secuencia de casas relativamente modernas, que se apoyan en la estructura posterior, formada por los restos de la muralla de circunvalación.

Fot. 42Y. Indicación en esta calle Derrumbadero de la secuencia de casas apoyadas a ambos lados sobre los restos romanos preexistentes. Todos se encuentran a nivel bajo, por donde pasa una derrama del canal de distribución situado en una zona destruida del antiguo ayuntamiento de la ciudad.

Fot. 43Y. Espacio del antiguo recinto de la Puerta de Granada, de la sólo se podían apreciar vestigios en algunas viviendas sobre la empinada cuesta. Esta entrada podía tener cierta relación estratégica con la configuración del acceso, según se entra viniendo desde el barrio de San Sebastián, con su característica forma en zig-zag. Aquí se observa: pendiente con fuerte desnivel que debe ser superado por el sistema de arribada del canal del sifón procedente y a través del último tramo de puente del acueducto romano; espacio libre forzado por la necesidad de abrir paso hacia la ciudad medieval.

Nota. Los antiguos habitantes de la ciudad cuentan y se sabe por tradición oral, que este acceso se encontraba precedido por una vaguada de cierta profundidad. Se cree también que las aguas de río Seco llegaron a pasar por aquí, aunque se considera muy difícil por encontrarse con la estructura del acueducto romano. Y que río Seco pasaba por aquí no se duda, pero cuando se producían desbordamientos del mismo, lo cual ha provocado daños cada vez que se producía. Incluso recientemente se siguen repitiendo.

Fot. 44Y. Callejón de Valdivia (Avenida de Andalucía). Huerta de los Müller-Mateos. Resto conservado de la antigua muralla medieval de circunvalación de la ciudad, probablemente montada en estructuras previas pertenecientes a la supuesta factoría de salazones de Levante. Se trata de una mezcla de estructuras.

Fot. 45Y. Avenida de Andalucía. Detalle de la perspectiva anterior para precisar mejor los datos sobre medida y aparejo. Hacia la derecha de este muro, se han conservado hasta no hace muchos años, restos de muralla sobre roca madre, cuando aún no se había construido obra moderna sobre esta zona. También se conservaba un torreón, que ha quedado dentro de una vivienda en calle Derrumbadero. 

Fot. 46Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Aparejo romano, prolongación del visto en la foto anterior. En él se ve una abertura que pertenece a un canal de conducción de agua para la probable zona de piletas de salazones situada en este lugar. Lo extraño es el hecho de que su bocana aparezca cegada desde tiempos antiguos.

Nota. Se tiene información de su existencia por un señor que experimentó su existencia haciendo el recorrido de su trayectoria y que, partiendo desde una habitación del ayuntamiento, llegó a salir él y otros, por ese canal.

Fot. 47Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Vista del canal de conducción de agua que, procedente de la zona y del antiguo Ayuntamiento, e Iglesia parroquial actual, desemboca en un ramal de la misma sobre esta huerta. Este canal pasaba por la antigua letrina del viejo ayuntamiento. Detalle sobre la foto anterior para hacer notar el aparejo de opvs signinvm de sus muretes laterales. Al fondo se observa el paso del canal que continúa a través del subsuelo de la calle Derrumbadero. El suelo del canal está completamente desgastado por la erosión. La cubierta está formada por lajas de piedra pizarrosa. Se puede observar que el fondo del canal tiene una derivación que discurre en sentido calle Real.

Fot. 48Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Resto de una tubería doble, de cerámica romana, que formaría parte de la red de distribución de agua en esta zona. Apareció en a removida de terreno cuando se estaba rebajando para crear los cimientos. Su forma deja ver que era muy resistente para poder soportar fuerte presión.

Fot. 49Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Capitel romano de estilo corintio. Sus medidas aproximadas son 75 x 40 cm. Se localizó en un garaje dentro de la nueva construcción, hecho que hace ver que formaba parte de una estructura arquitectónica de relevancia, como la existencia de un foro o templo romano. Sin duda que se ha perdido mucho material que formaba parte de esta supuesta estructura.

APARTADO AÑADIDO DE TRABAJO COMPLEMENTARIO

Fotos 62Y a 94Y. Tramo del acueducto romano desde el canal de la Santa Cruz a los Grifos de la Carrera de la Concepción. Y junto a él, termas romanas.

Fot. 62Y. Carretera de Jete. Tramo final del acueducto romano de la ciudad, formado por dieciocho arcos, de los que faltan cuatro. La parte superior, por donde discurría el canal, ha sido destruida a través del tiempo, sobre todo en época de los musulmanes, en que el acueducto fue totalmente abandonado.
 

Fot. 63Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Fase de excavación. En esta foto se muestra la parte superior del acueducto dejando bien claro que el canal por donde circulaba el agua entubada ha quedado totalmente arrasado.

 

Fot. 64Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. La totalidad del canal de los arcos se encuentra derruido, y sólo los arcos, menos cuatro de la  parte central, se ven completos. El canal superior del acueducto estaba cubierto con estructura de medio cañón y el agua discurría entubada por su interior.

Fot. 65Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Esta foto muestra la parte terminal de entrada del acueducto en la ciudad moderna, donde se observan siete arcos. Se sabe que el acueducto continuaba en sentido hacia la Iglesia, creando un vaguada de ciertas proporciones cuando esa parte fue destruida para la nueva carretera. Es evidente que continuaba probablemente con unas conducciones de aguas entubadas, que llegarían hasta la Torre de descarga, situada en el emplazamiento de la actual Iglesia. 

 

Fot. 66Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Emplazamiento de las termas romanas, a derecha, y acueducto partido por el derrumbe de cuatro arcadas a causa de una pésima excavación llevada cabo con precipitación y usando máquinas excavadoras en la ejecución de puesta a descubierto del mismo.

Fot. 67Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Acueducto romano. Vista de la parte terminal del mismo a la entrada de la ciudad y vista general de las termas romanas. (Foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 68Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Vista casi completa del conjunto de las termas, donde se ven los siguientes elementos: en el centro, apodyterivm; delante, el hypocavstvm; a derecha, emplazamiento de las piscinas; al fondo, parte del acueducto que se dirige hacia San Sebastián, y está interrumpido roto por la Carretera Nacional 340.

Fot. 69Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Vista de conjunto del hypocavstvm de las termas, aún sin perfilar debidamente en su excavación. Tan sólo se observa un arquito central de la zona central del mismo.

Fot. 70Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Conjunto del hypocavstvm de las termas, donde se ven cuatro compartimentos, donde se restaurarán varios más. Tan sólo podemos observar dos arcos completos.

 

Fot. 72Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Vista frontal del hypocavstvm de las termas. La entrada se compone de doble arcada de ladrillo visto. Ampliación donde se puede ver, a izquierda, el arranque de los muretes de ladrillo del hypocaustum. Se comprueba la baja calidad del material del horno de calor. Es la parte que más ha sufrido en su conservación sin duda por la baja calidad de los materiales.

Fot. 73Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de conjunto de la parte este de las termas, donde se aprecia la entrada artificial del apodyterivm de las mismas. A su izquierda se ve el acueducto.

Fot. 74Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Interior abovedado del apodyterivm. En su interior a ambos lados se ven bancos de piedra, y, al fondo, mechinales sobre los que se apoyarían una serie de vigas. Se ignora la función de la puerta arqueada, aunque se piensa que daría acceso a otras dependencias de este recinto. 

Fot. 75Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete.  Vista posterior del apodyterivm de las termas. En primer plano se ve la superficie de lo que fue una de las pilas. A su izquierda hay un agujero que hace pensar en un elemento de conducción de agua.

 

Fot. 76Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Pila de baño grande, de forma semicircular con revestimiento de estuco, y encuadrada por muros romanos de opvs incertvm. Todas estas pilas estarían cubiertas según se deduce de los muros alineados a su alrededor, que servirían para sujetar una techumbre.

Fot. 79Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. En esta piscina se ven muy bien los dos escalones de entrada a la piscina, así como su revestimiento. El pocico del fondo del suelo pudo contener algún elemento de desagüe.


Fot. 80Y. Carretera de Jete. Vista de toda la cubierta del apodyterivm. Toda esta zona ha sido restaurada al estilo moderno, sin conservar las técnicas de la restauración clásica. Los materiales usados nada tienen que ver con los romanos.

Fot. 82Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Canal de entrada o desagüe de todo el complejo de baños. Su desnivel se inclina hacia el Oeste, y se encuentra ya fuera de las estructuras de baño propiamente dichas.

Fot. 83Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Se trata de una plataforma escalonada, cuadrangular. Indica que las estructuras de las termas romanas continuaban hacia levante. Pero las obras nuevas han prevalecido sobre las romanas. Es un tanto curioso observar que esta estructura rebajada registra el uso del opvs qvadratvm en su parte interior.

Fot. 85Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Sección de las termas donde se aprecia el tramo de acueducto que se dirige hacia el barrio de San Sebastián, junto a la carretera de Jete (Foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 84Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Zona noreste  del complejo de las termas romanas. Aquí se ven los diversos compartimentos que integraban la casi totalidad de los habitáculos de estos baños. 

Fot. 86Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de parte del conjunto de las termas, donde se aprecian piscina, apodyterium y acueducto (Foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 87Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista frontal del apodyterivm de las termas y parte del hypocavstvm. Detrás, el acueducto. (Foto de Francid L. Ruiz). Llama algo la atención en los elementos constructivos el grosor del ladrillo utilizado, pues se nota que es menor que el que viene usando en las estructuras del interior del complejo industrial.

Fot. 88Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista frontal del apodyterium de las termas (Foto de Francid L. Ruiz). Curiosamente se puede ver que, mientras ha estado este conjunto bajo tierra, se ha conservado mejor que cuando se ha destapado el hallazgo. Las técnicas de construcción son las clásicas en este conjunto de estructuras romanas en Sexs. El opvs incertvm, el latericivm y caementicivm son la base de toda la estructura del conjunto de los baños.

Fot. 89Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de conjunto de las termas con sus diversos compartimentos, junto al acueducto. (Foto de Francid L. Ruiz). Compartimentos adicionales a lo propiamente considerado como complejo de las termas. Formas rectangulares que forman parte del conjunto como auxiliares.

Fot. 90Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de una de las piscinas semicirculares, donde se aprecia con claridad el revestimiento interior de las paredes de la piscina con le técnica del opus signinum y el escalón para acceder a ella. (foto de Francid L. Ruiz)

Fot. 91Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista  general del conjunto de las termas de la Carrera (foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 92Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista parcial de una de las piscinas de las termas de la Carrera (foto de Francid L. Ruiz).

Foto 93Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Interior de una piscina romana donde se aprecia el estuco impermeabilizante con opus signinum. (Foto de Francid L. Ruiz).

Foto 94Y. Grabado del siglo XIX hecho por George Vivian. Muestra, al fondo, la imagen del Ingenio del Agua del barrio de San Sebastián en Almuñécar.

SECTOR Z

Almuñécar. Sector Z. Se encuentra enmarcado entre las calles Clavelicos y Nueva. Se encuentra muy cerca de las estructuras del Majuelo. Los restos romanos son visibles desde la misma calle. Tiene formas romanas reutilizadas, pero que se encuentran casi destruidas por las obras modernas. Hay un canal, que atraviesa viviendas modernas, con claros indicios de haber sido desagüe de época romana, precedente de las zonas altas con piletas de salazón.

Fot. 1Z. Calle Clavelicos. Las zona de canalización de agua residuales industriales normalmente tienen su origen en los lugares donde se ha practicado la salazón. Y es en esta calle donde se comienza de ver el lugar de origen, pero que se encuentran taponados por las construcciones modernas y nueva urbanización. Éste es una de los puntos de recogida que se encuentra taponado, pero en su interior se encuentra el canal de desagüe. Los muros que se ven de frente son romanos enlucidos y encalados. La calle es artificial. Este canal se dirige hacia calle Nueva casi en línea recta y dirección oeste.

Fot. 2Z. Calle Clavelicos. A continuación, en la misma calle, aparece un espacio con muros de estructura romana encalado. Detrás de esa puerta se encuentra una zona abierta con ruinas donde aparece la canalización casi paralela a la anterior.

Fot. 3Z. Calle Nueva. Se encuentra esta canalización al fondo izquierda de la citada calle. La anchura del canal es aproximadamente de 90 cm (3). Se encontraba debajo de la edificación romana con galerías y en las proximidades de la zona Majuelo, donde se dan sistemas de galerías como las que se han visto en el Sector J. Se puede observar el resto de muro antiguo junto al muro mayor en el suelo (2). El aparejo de las estructuras colindantes se trasluce a través del encalado moderno (1). A izquierda de la imagen y casi al punto de partida, se ve una canalización procedente de una vivienda en línea con la principal.

Fot. 4Z. Calle Nueva. Imagen de detalle donde, en el mismo sistema de desagüe se puede ver: (1) punto de salida del canal de evacuación que desemboca en el central; (2) muro romano de fondo donde se ha practicado una abertura para uso moderno de desagüe superficial; (3) paso artificial no encauzado; (4), paramento de probables naves en todo el tramo del pasillo con alzado a base de sillares de piedra caliza, cosa que revel que se encuentra muy cerca de la estructuras del Majuelo; (5), disminución del volumen del pasillo; (6) entrada artificial a una de las dependencias que se considera antigua nave romana.

Fot. 5Z, Calle Nueva. A poca distancia del canal anterior se puede ver éste, donde su estructura queda bien trazada, con sus muros laterales donde se aprecia la base sobre roca madre, los alzados de opus incertum y el fondo de comunicación con la llegada desde atrás. Su anchura tiene una medida similar al anterior canal.

Fot. 6Z. Calle Clavelicos-Calle Alfareros. A costa distancia de los dos canales de desagüe se encuentra una zona de alfares. Se cree que a través de la historia se han sucedido las técnicas de fabricación de pìezas de cerámica, tanto la doméstica con la de construcción. Y, como es coherente, se cree que aquí en otros tiempos se ha debido fabricar cerámica romana y posteriormente, árabe. Pero no tenemos constancia fiable porque en la demolición reciente de estas estructuras no se ha llevado a cabo inspección de los materiales antiguos que debieron aparecer. Otro alfar se encuentra sobre la muralla de Poniente, del que tampoco se tiene materiales que digan otra cosa. Lo más reciente es árabe, como es normal. Pero sí se mantuvo una tradición de cerámicas populares principalmente de carácter decorativo.

CONCLUSIONES FINALES

Tras haber realizado una detallada descripción de todos los sectores que componen el complejo estructural de las formas de Seks, es obligado hacer una ordenación del elenco de datos de cada uno de los ámbitos estudiados, para poder establecer unos criterios lógicos, basados en la estadística porcentual, que se ha podido efectuar tras el recorrido arqueológico emprendido a lo largo de todo el trabajo.

Resulta no fácil querer dar una nueva imagen sobre un yacimiento que ha permanecido durante tanto tiempo bajo el tópico de una determinada denominación, y romper los esquemas mantenidos, hasta el momento presente, como científicamente inamovibles.

Esta tarea, llevada en silencio durante más de veinte años (y aún no se considera zanjada por razones obvias), ha dado como fruto una información lo suficientemente extensa como para plantearse de nuevo la cuestión. No se trata de un problema de topónimo (Sexi), ni si ha existido un cargo sacerdotal (flamen), bien probado por la inscripción, o de una estructura comercial, en distintas épocas, formada por una determinada clase social dedicada a operaciones de este tipo, como era la ecuestre, en algunas fases de la historia de Roma; no es ésa nuestra cuestión.

Admitimos como elemento humano, un organigrama elemental en el que figuran: sectores sociales dedicados a la actividad mercantil, por una parte, y una población servil, probablemente integrada por colonos romanos, aborígenes y elementos de la antigua comunidad fenicio-púnica

Éste sería el esquema mercantil. Pero formando también parte,no de manera directa, con el citado estamento, existía, además, un cargo sacerdotal y, por último, una guarnición militar, indispensable para la seguridad del emporio y de los propios intereses de Roma, como punto marítimo de control y vigilancia sobre movimientos costeros principalmente.

Esto es lo que, en breve síntesis, constituye la plataforma básica del factor humano en Seks.

Pero el problema, o mejor, la cuestión sobre el hábitat, en general, y las estructuras elementales que se montan, como imperativos ineludibles en una organización urbana, ése es el problema a dilucidar, de manera que dejemos, de forma lo más precisa posible, bien clarificada tal cuestión, a partir de las premisas que se van a exponer esquemáticamente, en cuanto a hábitat; y, de forma amplia y documentada, en cuanto a cuadros de estructuras, analizadas a través de todo el núcleo de Sexs.

El tema del hábitat es uno de los problemas que más dificultades nos ha planteado a la hora de demostrar su realidad, con pruebas irrefutables. Por lo que al conjunto estructural del núcleo arquitectónico de Sexs se refiere, el único testimonio hasta ahora aportado, como emplazamiento de hábitat, se ha descubierto de forma accidental sobre el interior del Castillo de San Miguel, en el que se ha puesto de manifiesto un número amplio de formas que demuestran la existencia de una villa romana o similar. Pero hay que decir que resulta difícil determinarlo por la retocado que ha sido este punto tan estratégico a través de todos los tiempos.

En cuanto al resto del núcleo principal, aún no se ha podido confirmar ni un sólo testimonio de casa romana, entendida como vivienda. Pero en época romana no cabe duda de su uso como área de vigilancia y punto defensivo.

En las estructuras industriales de la factoría del Majuelo, las dependencias que se venían considerando como posibles cubicula, pertenecen a las fábricas, constituyendo componentes auxiliares y cuyos paramentos responden, en gran número de casos, a los alzados destinados para cubierta de protección de los diversos compartimentos que formaban la factoría. En resumen, no se ha podido demostrar que, entre los componentes arquitectónicos del Majuelo, haya áreas «ex profeso» destinadas a vivienda.

En lo relativo a la población servil, no se olvide que ha existido un núcleo habitado en el norte del Barrio de San Sebastián, bajo el nivel de la actual carretera de Jete, con sus correspondientes estructuras murales. A esta zona se le viene conociendo como Cuartón de la Ciudad antigua. Éste ha podido ser uno de los sectores destinados a la población, tanto servil, autóctona, como de ascendencia fenicio-púnica. No se descartan, por ello, que hayan existido otros emplazamientos, tal como reflejan las informaciones obtenidas a través del Libro de Asentamientos. Pero aún queda sin justificar o identificar la residencia de los altos cargos que debieron existir en Sexs. Todos los indicios apuntan hacia los lugares mejor dotados por la naturaleza, y con un emplazamiento realmente estratégico.

La localización de tales hábitats ha sido detectada en los siguientes puntos: villa rústica del Guardahamas (término municipal de Lentegí, Granada), a una hora de camino, a pie, de dicha localidad y a una distancia aproximada de 22 km de Almuñécar, sobre la vía que unía Sexs con Ilbira; villa romana situada en el valle de río Seco Alto, llamada «Los Bañuelos», a diez km. de Almuñécar; villa romana a 200 m del columbario romano conocido con el nombre de Torre del Monje; villa romana junto al lugar llamado «Las Peñuelas», unos 300 m más abajo del anteriormente citado; villa romana junto al columbario romano llamado 2La Albina»; villa romana situada en las cercanías del depósito de decantación y arqueta de distribución del acueducto romano de Sexs; en las proximidades del lugar conocido como La Santa Cruz; villa romana en el centro del Barrio de San Sebastián junto al tramo de puente final del acueducto romano, a su entrada a la ciudad de Almuñécar; villa romana en la finca conocida como «La Cerca», junto a la necrópolis fenicio-púnica de Puente del Noi, donde, poco ha, fue destruido un columbario romano de planta rectangular.

Como bien puede colegirse de estos datos, es patente que la clase dirigente tenía su residencia habitual en el interior de los territorios que Sexs en estos momentos. Se puede entender que, en etapas de alto rendimiento industrial, las situaciones ambientales serían los condicionantes que obligarían a la clase social alta, a establecerse en lugares libres de los fuertes olores, inducidos de la fabricación de todo lo que aquí se manipulaba. No cabe duda de que la insalubridad era un factor decisivo para que aparecieran los hábitats detectados en lugares tan alejados del núcleo industrial.

No es posible eliminar la carencia total de hábitat en las zonas portuarias. Es justificable admitir la presencia de una infraestructura mínima, que atendiera la necesidades más elementales de los movimientos humanos inducidos de la propia actividad mercantil. Pero aún no se ha confirmado ningún dato que dé luz a esta lógica y elemental supuesta infraestructura de, por lo menos, hospedaje.

Por todo ello y, sobre todo, atendiendo más a los materiales inventariados en la investigación, que a los argumentos de tipo literario, que no dejan de tener su valor, queremos extraer una conclusión acorde con lo que vemos, aunque, lo que se dice en los textos, no deje de ser importante.

Con un extracto de los materiales tomados de cada sector, obtendremos una versión aproximada al fin que pretendemos demostrar. Por ello, no queremos que se pierda de vista la situación, organización y composición del factor, tal vez, más relevante que aquí vamos a tratar.

Ya ha quedado dicho que las cripto-galerías abovedadas constituyen un sistema isotérmico ideal para las condiciones requeridas en el mundo antiguo, como medio de almacenaje. Tales sistemas, generalmente, se encuentran alineados, siguiendo la pendiente que marca el terreno. Cuando éste falla, el arquitecto romano recurre a la técnica del aterrazamiento mediante la aplicación, sobre todo en los puntos más irregulares y con mayor cota de nivel, entre distancias cortas, de gruesos muros de contención, sobre los que, incluso, llegan a levantarse, en algunas ocasiones, los propios paramentos de las galerías y sistemas de piletas o depósitos. Esto se podrá comprobar mediante un seguimiento de los distintos sectores que componen toda la infraestructura.

En términos generales podemos decir que los nuevos ocupantes de las formas dejadas por los romanos, normalmente han seguido, en la apertura de nuevas calles, el sistema de muros que dieron lugar a los aterrazamientos. De ahí la gran consistencia tanto de calles como de viviendas actuales.

Hemos detectado, en varios casos, calles modernas, cuya base es un murallón romano-medieval rebajado, con unos desniveles que llegan a alcanzar los 8 y 10 m que, a su vez, ha sido utilizado para apoyar sobre el citado murallón todas las estructuras domésticas que se han podido colocar al abrigo de su potente resistencia. Este fenómeno es muy común en el gran sector de Poniente, donde tenemos pruebas concluyentes sobre el aprovechamiento, por parte del elemento romano, de las pendientes más pronunciadas.

Con todos estos argumentos, y pretendiendo establecer una conclusión basada en una estadística matemática, tenemos la intención de presentar la versión que creemos, según nuestra información, más aproximada a la verdadera identidad de la antigua ciudad de Sexs, así considerada por los textos.

Para que no resulte confuso, hemos preferido la versión Seks, basándonos en la transcripción del antiguo componente fenicio S K S (samech, caph, samech), dándole solamente una vocal de apoyo (e) en la articulación de las tres consonantes. Creemos que es la versión al castellano más acertada, desde el punto de vista de la transcripción de los caracteres fenicios, considerándola más aproximada, ya que refleja prácticamente su antigua morfología y fonética.

Estructuras morfológicas (Véanse todos los sectores con su descripción detallada y sus conclisiones parciales). Pero veamos el resumen de lo más destacado de sus formas:

Sector A

a) Piletas de salazones de pescado (desaparecidas pero confirmadas históricamente).

a) Serie de sistemas de galerías abovedadas.

b) Depósito de gua romano.

c) Puente romano, elementos de unión entre el sector del Castillo de San Miguel y el Peñón del Santo, con una galería abovedada, a lo largo de todo el trazado.

Secor B

a) Graneros en superficie.

b) Almacenes subterráneos.

c) Pozo-aljibe.

d) Formas domésticas, propias de una villa romana.

e) Muros de contención de plataformas, escalonados.

f) Depósito de agua sobre la vertiente de Poniente.

g) Pileta de salazón sobre la misma vertiente.

Sector C

a) Alineaciones de muros sin función específica bien conocida.

b) Muros romanos reutilizados, en casas modernas.

Secor D

a) Muros romanos construidos para la sujeción de plataformas de aterrazamiento.

Sistemas alineados de casas modernas, cuyo alzado es el resultado de una alineación de galería romanas enrasadas.

Sector E

a) Galerías abovedadas, conservadas en buen estado.

b) Galerías enrasadas.

c) Galería semienrasadas.

d) Muros intermedios, que dividen las alineaciones situadas a distinto nivel, sirviendo para el montaje de galerías en paralelo.

Sector F

a) Galerías encadenadas de forma sistemática.

b) Gruesos muros de aterrazamiento.

c) Gradas de probables templos.

Sector G

a) Muros romanos de contención de terrazas.

b) Restos de sistemas de galerías.

c) Indicios de piletas de salazones.

Sector H

a) Restos de muros romano reutilizados en estructuras modernas.

b) Información oral sobre la reutilización de piletas para la fabricación moderna de la cerámica.

Sector I

a) Muros-contrafuertes de aterrazamiento, con lienzos de gran elevación

b) Indicios de galerías enrasadas.

c) Espacios cerrados, con señales de haber sido antiguas galerías romanas.

d) Piletas de salazón localizadas, pero sin excavar.

Sector J

a) Sistemas de galerías romanas, bien conservadas.

b) Sistemas de galerías romanas enrasadas.

c) Sistemas de conducciones de aguas.

Sector K

a) Gruesos muros romanos de aterrazamiento.

b) Galerías abovedadas, en posición paralela.

c) Depósitos de agua romanos.

d) Restos de piletas de salazones.

e) Sistemas de almacenamiento, en dolium, sobre superficie descubierta.

Sector L

a) Primera fase de estructuras muradas que comprendía la cueva de siete Palacios.

b) Sistema de base homogéneo, de galerías levantadas de forma frontal, dos a dos, y colaterales entre sí.

c) Sistema de base que comprende un ámbito similar, en superficie, a los dos anteriores.

d) Sistema de base con gal erías abovedadas, a la salida de la cueva, a izquierda, en el Sector NW.

e) En el espacio superior, emplazamiento de galerías abovedadas, con diferentes módulos y abarcando casi todo el casquete de Eras del Castillo.

f) Indicios claros de la existencia de materiales impermeabilizantes, pertenecientes a depósitos de agua, y a sus redes de distribución.

g) Restos de sistemas de conducciones de agua, tanto en el área superior como en el inferior.

h) Indicación clara del comienzo de un tercer cuerpo de estructuras de galerías, sobre un largo sistema abovedado.

Sector M

a) Sistema de muros romanos, destinado a los aterrazamientos.

b) Sistemas de galerías abovedadas, encubiertas con falto techo.

c) Galerias enrasadas para construir sobre ellas añadidos modernos.

d) Restos de piletas de salazón o de depósito de agua.

Sector N

a) Sistemas de muros romanos, de contención, para los aterrazamientos.

b) Sistemas de muros romanos que, probablemente, han pertenecido a los paramentos normales de galerías abovedadas.

Sector O

a) Muros romanos, de sistemas de aterrazamientos.

b) Probable existencia de elementos industriales.

Sector P

a) Sistemas de muros romanos de aterrazamiento.

b) Restos de piletas de salazón de pescado.

c) Restos de galerías, de las que tan sólo quedan los muros maestros, reutilizados.

Sector Q

a) Trazados de esquemas de galerías reutilizadas.

b) Muros romanos, de contención, de aterrazamiento.

Sector R:

a) Galerías romanas abovedadas, bien conservadas.

b) Galerías romanas reutilizadas.

c) Galerías romanas, enrazadas, para leantar sobre ellas.

d) Muros romanos de aterrazamiento.

e) Elementos de conducción de agua.

Sector S

a) Muros romanos,que forman parte de sistemas de aterrazamiento.

b) Restos de muros romanos, reutilizados en casas modernas.

Sector T

a) Componentes destinados a la industria de cerámica.

b) Fuertes muros romanos de contención en la zona industrial destinada a la producción de cerámica, ya indicada, y situada a nivel inmediatamente inferior al de la cueva de siete Palacios.

c) Existencia de piletas de salazones en situación de abandono, por las características ya descritas en época romana.

d) Restos de estructuras romanas, tanto reutilizadas en viviendas modernas, como sobre el pavimento de una calle artificial.

Sector U

a) Fuerte y elevado muro romano de contención, sito bajo las estructuras modernas y medievales, utilizado para el sistema de los aterrazamientos.

b) Sistemas de galerías abovedadas, enrasadas en todo el sector, existiendo dos secuencias similares seguidas, que han experimentado este cambio.

Sector V

a) Conjunto de componentes circulares, de escasas proporciones, que muestran señales de pertenecer al proceso de alaboración del garum. Por ello lo consideramos como hogares de cocción.

b) Un segundo conjunto, donde podemos ver igualmente restos de un hogar, y elementos murales, con aspecto y señales de haber sido piletas de salazón.

c) Un tercer conjunto, integrado por toda una secuencia de muros romanos, con claras manifestaciones de haber sido área de fabricación de salazones.

d) Secuencia de galerías abovedadas reutilizadas, pero conservando, casi íntegramente, su forma antigua.

Sector X

a) Sistema de muralla, probablemente ya iniciada desde época romana.

b) Zona de elaboración de pescado, con muros que aparentan pertenecer a medio de almacenaje.

c) Restos de u probable puntal de muelle de un puerto, o embarcadero romano.

Sector Y

a) Restos de estructuras de salazones.

b) Restos de depósito terminal del acueducto romano, y de la torre de descarga, sobre la base de la actual Iglesia Parroquial.

c) Resto de depósito adicional, en las proximidades de la citada iglesia.

d) Sistema de muralla periférica defensiva.

e) Elementos aislados, con indicios de haber servido a una estructura de almacenaje.

Sector Z

a) Secuencias de estructuras de muros romanos destinados a galerías, hoy enrasadas.

b) Restos de canales de evacuación de aguas, probablemente residuales.

Estructuras destinadas a:

a) Almacenamiento: Sectores: D, E, F, R, L, U, que dan un porcentaje total del 24% de la mismas. Este dato se refiere tan sólo a los citados sectores.

b) Almacenamiento y salazón. Sectores: G, I, J, K, L, M, N, O, P, Q, S, V, X, Z.; Porcentaje sectorial: 52%

c) Salazón, Sector: A, que da un porcentaje del 4%.

d) Vivienda: Sector B: que da un porcentaje del 4%.

e) Almacenaje e industria de cerámica. Sector C, que da un porcentaje del 4%.

f) Salazón y cerámica: Sectores H, T, que dan un porcentaje del 8%.

g) Abastecimiento de agua: Sector Y, que da un porcentaje del 4%.

A la vista de estos resultados, establecemos un orden preferencial en las distintas funciones que desempeñan los Sectores integrantes del complejo.

El sistema de almacenes o galerías que tienen, además, elementos de producciones de salazones, alcanza un 52 % del total de las estructuras.

El sistema, que sólo contiene formas de almacenaje, obtiene el 24 % del total del mismo.

Los centros, destinados fundamentalmente a la industria de salazón y a la cerámica, alcanza el 8 % de las estructuras.

Las áreas destinadas exclusivamente a la salazón, vivienda, almacenaje, que incluyen elementos de industria cerámica, salazón y abastecimiento de agua, todos registran un 4 % aproximadamente.

Analizando estos resultados, con mayor amplitud de funciones, vemos las siguientes conclusiones:

a) Con salazón: 84 %.

b) Con almacenes: 80 %.

Esto se ha hecho considerando la totalidad de los diversos Sectores que componen el complejo industrial.

A la vista de tales evidencias, y considerando que son representativos de todo cuanto, hasta ahora, ha sido analizado y descrito con la mayor precisión que se ha podido, no descartando la probabilidad de que, con el tiempo, aparezcan más datos por ahora, y considerando que se ha examinado más del 80 % del espacio, que aún consideramos arqueológico, los resultados nos inducen a expresar la siguiente puntualización: los elementos arquitectónicos predominantes son los destinados a la industria y almacenaje de los productos que aquí se elaboraban.

Sumando la profusa enumeración de datos que aquí mostramos, tenemos que concluir afirmando, con las pertinentes reservas que el caso requiere, la verdadera identidad de la colonia de Seks.

Estimamos que nos encontramos ante una factoría de salazones, dotada de un adecuado y amplio sistema de almacenaje para sus productos.

El elemento industrial queda bien reflejado a través del numeroso espectro de formas, que se nos han manifestado, desde la cota 4 hasta la 44, aproximadamente.

El factor subsidiario y auxiliar, manifestado como un instrumento de ayuda para la fabricación de las salazones, aparece indiscriminadamente en las mismas cotas que hemos adjudicado para la salazón.

Un problema que aún queda sin aclarar es el relativo al hábitat humano.

Con relación a tal cuestión, es conveniente recordar lo que antes de ha indicado al citar las villas localizadas en los diversos lugares antes mencionados.

Otro de los grandes problemas es la ausencia, casi total, de enterramientos sistemáticos en esta colonia. Hasta el momento presente, tan sólo han aparecido algunas tumbas, de forma aislada y dispersa. Varias han aparecido en la necrópolis de Puente del Noi; otras, en sectores abandonados de la factoría del Majuelo.

Por ahora, dentro de lo que podemos analizar como componente funerario, sólo nos encontramos con los antes citados columbarios, que consideramos no como un sistema de enterramiento público, sino como manifestación familiar y privada.

Resumiendo este tema, podemos afirmar que, por el momento, los documentos epigráficos relativos a enterramientos son muy escasos.

De esto podemos inducir que el elemento humano que aquí operaba, era eminentemente servil, y podía ser inhumado en cualquier lugar. El sustrato de ascendencia fenicio-púnica continuaría practicando sus ritos funerarios en los mismos lugares donde lo había realizado antes: Puente del Noi, como se ha podido demostrar, a la hora de datar gran número de tumbas. La población aborigen practicaría sus ritos con un sentido independiente del resto de la comunidad; y la clase dirigente utilizaría los citados columbarios.

Pensamos que esta clase, formada por comerciantes, cargos religiosos y militares, estarían en lugares como los descritos cuando hemos hablado de las villas. todos éstos tienen muy claro cuál es su situación y, por ello, fijan su residencia, salvo tal vez la clase militar, en las riberas de los esteros marinos y en lugares estratégicos de la zona interior. Es conveniente añadir que todos estos elementos, que hasta aquí se han enumerado, son necesarios a la hora de adoptar una postura, cuando se trata de presentar una nueva versión sobre la colonia de Seks.

Téngase en cuenta que esta colonia, Sexs, como factoría de salazones de tales proporciones, que comprendía todo lo que se designa en la planimetría antigua, y la parte aún no descubierta, no era un lugar muy propicio para las condiciones humanas, exigidas en una ciudad normal. Los fuertes olores de una industria de tales características harían imposible la vida normal. Por tales razones, las clases llamadas privilegiadas, fijan su residencia lejos de las factorías.

Para el elemento servil, cualquier medio es adecuado. Podrían vivir perfectamente dentro de una estructura del emporio.

Resumiendo todo lo anteriormente dicho e interpretando las diversas opiniones y afirmaciones, propuestas al respecto, después de los diversos análisis practicados, no cabe más solución que admitir que estamos ante una forma única de factoría, por el momento, en la que todo cuanto pensábamos que era parte de un conjunto urbano, como cualquier otro, ha resultado ser algo diferente, con unas estructura que en nada coinciden con el concepto de planimetría normal, en el ámbito de la técnica urbanística romana.

En este esquema, que aquí y ahora acabamos de describir, no hay ni cardo maximus ni decumanus, y lo que es bastante revelador, ni restos de edificios públicos destinados al ocio o a la diversión. Tan sólo hemos localizado restos de edificios religiosos, como elementos de carácter público, pero nada de teatro, ni anfiteatro, ni termas (dentro de lo que hoy es ciudad, en casco urbano actual, salvo el Castillo) ni nada de tal talante recreativo o lúdico. Pero no se descarta que aparezca con nuevas excavaciones.

Por poner un ejemplo de lo que ha sido, y lo sigue siendo, una ciudad completa, citamos a Baelo Claudia, donde apenas ninguno de los elementos publicos, antes citados, falta.

Seks es una factoría total.

Los conjuntos de piletas, como bien ha quedado testimoniado, aparecen en cualquier punto del emporio; mientras que los elementos fundamentales de una comunidad homogénea romana tiene un hábitat, acorde con la forma tradicional de una organización regulada por la tradición impuesta desde Roma.

En resumen, y sin más argumentaciones que la que nos ha revelado este núcleo industrial, no podemos ir más allá de la que nos ha dado como herencia la cultura y civilización romanas, y admitir y juzgar, por lo que hemos visto y no por lo que ha dicho y escrito reiteradamente:

«Seks es una colonia romana que ha heredado y desarrollado unas técnicas industriales tomadas del sustrato púnico residente en esa época. Tales técnicas han sido llevadas al máximo posible de desarrollo, convirtiendo a esta avanzadilla rocosa sobre el mar, en una gran factoría, donde lo que prima es el factor industrial y las estructuras auxiliares de la misma».

En Almuñécar destaca lo industrial, sin dejar de llamarse, como acostumbraron hacer los púnicos: Seks.

Todo lo que ocurre después, son añadidos; pero ese sentido de «reducto», «recinto» no se ha perdido; y tanto Roma como después, a su manera cada uno, islámicos y cristianos, han continuado usándola, apenas sin alterar el esquema heredado de antes, con la única salvedad de su reutilización, aunque para ello hayan tenido que romper bastantes estructuras.

El esquema urbanístico actual, sobre la forma antigua de la ciudad, es la transforación que el elemento islámico realizó sobre la estructura industrial de Seks.

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Villaronga y Garriga, L., Las monedas hispano‑cartaginesas, Barcelo­na, 1973.
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Granada, 20-12-1990.

Antonio Ruiz Fernández

URBANISMO ANTIGUO DE ALMUÑÉCAR, PRIMERA PARTE

TESIS DOCTORAL

Trabajo realizado desde los años 1970 a 1990. Veinte años de investigación.

PRIMERA PARTE

ÍNDICE DE MATERIAS

INTRODUCCIÓN                                                                                      

ALMUÑÉCAR, ESTADO DE LA CUESTIÓN                                                    

  1. TRANSFORMACIONES EN ÉPOCA MEDIEVAL                              
    1. Elementos constructivos. abandono y

consecuencias.                                                                                  

           1.2.       Asentamientos modernos.                                                         

           1.3.       Reutilización de la factoría del Majuelo.                                     

           1.4.       Desaparición de las zonas portuarias.                          

INTRUDUCCIÓN A LA ARQUEOLOGÍA ROMANA SE SEKS

(ALMUÑÉCAR)                                                                                         

EXPOSIÓN SINCRÓNICA DE LAS ESTRUCTURAS                           

SEKS EN LAS FUENTES ESCRITAS                                                      

  1. TEXTOS HISTORIOGRÁFICOS GRECOLATINOS            
    1. Hecateo de Mileto                                                          
    2. Dífilo de Sínope                                                              
    3. Estrabón                                                                         
    4. Tito Livio                                                                         
    5. Pomponio Mela                                                              
    6. Gayo Plinio Segundo                                                     
    7. Marco Valerio Marcial                                                  
    8. C. Ptolomeo                                                                    
    9. Itinerario de Antonino                                                 
    10. Anónimo de Ravena                                                     
    11. Mario Victorino                                                            
  2. TEXTOS EPIGRÁFICOS LATINOS                                         

2.1. Documento epigráfico funerario             1                       

2.2. Documento epigráfico funerario            2                     

2.3. Documento epigráfico funerario             3                     

2.4. Documento epigráfico funerario             4                              

2.5. Documento epigráfico honorífico           1                       

2.6. Documento epigráfico honorífico           2                       

2.7. Documento epigráfico honorífico           3                     

2.8. Documento epigráfico                            1                      

2.9. Documento epigráfico                            2                      

2.10. Documento epigráfico                          3                     

2.11. Grafito                                                   1                      

2.12. Grafito                                                   2                    

2.13. Grafito                                                   3                     

2.14. Grafito                                                   4                    

  1. LEYENDAS NUMISMÁTICAS PUNICORROMANAS Y

LATINAS                                                                                   

  • DOCUMENTOS ÁRABES                                                                    

4.1. Al- Razi                                                                               

4.2. Al- Udri                                                                               

4.3. Idrisi                                                                                    

4.4. Yaqut                                                                                   

4.5. Al-Wahid al Marrakusi                                                     

4.6. Al-Himyari                                                                         

4.7. Al-Sabti                                                                                

4.8. Ibn al-Jatib                                                                        

4.9. Al-Umari                                                                             

4.10. Al Qalqasandi                                                                   

ESTRUCTURA ARQUITECTÓNICA DE SEKS                                     

  1. ESTUDIO SINCRÓNICO DE LOS MATERIALES                                 
  2. MATERIALES USADOS                                                                 
    1. La piedra. Opus caementicium.                                        
    2. Arcilla                                                                                   
  • EDILICIA ROMANA EN LA BÉTICA                                           

SISTEMAS DE NAVES ABOVEDADAS DE SEKS                               

  1. Funciones                                                                                        
  1. Sostenimiento y adaptación de los espacios para

explanadas y terrazas.                                                                   

  1. Terrenos.                                                                            
    1. Relleno de zonas quebradas.                                                       
  • Estructuras.                                                                                    
    • Plantas.                                                                                
    • Técnicas                                                                               
    • Cubierta.                                                                               
    • La luz.                                                                                    

FORMAS CONSTRUCTIVAS Y PRODUCCIÓN INDUSTRIAL                      

  1. ESTRUCTURA DE LA FACTORÍA                                                           
    1. El garvm y sus variedades.                                                            
    2. El garvm se Seks y su contexto meridional.                
    3. El montaje de la industria de salazón.                          
    4. Elaboración del garvm, ingredientes

y variedades.                                                                       

ETNIAS Y PUEBLOS DEL SUR.                                                             

Evolución, relaciones humanas e intereses mutuos.                        

CRITERIOS DE DIVISIÓN DEL CONJUNTO

ARQUITECTÓNICO DE SEKS                                                                

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES                               

SECTOR  A                                                                                                  

     Área del Peñón del Santo.                                                                  

     Puente romano.                                                                                   

     Naves abovedadas.                                                                               

     Depósito de agua romano.                                                                  

     Área del Castillo de San Miguel.                                                           

     Tenaza del Castillo                                                                               

     Conclusión del sector A                                                                      

SECTOR  B                                                                                                  

     Interior del Castillo de San Miguel                                                  

     Casa romana                                                                                         

Área de las termas del Castillo                                                               

Conclusión del sector B                                                                           

SECTOR  C                                                                                                  

Conclusión del sector C                                                                           

SECTOR  D                                                                                                 

Conclusión del sector D                                                                         

SECTOR  E                                                                                                

Conclusión del sector E                                                                        

SECTOR  F                                                                                               

Conclusión del sector F                                                                        

SECTOR  G                                                                                               

Conclusión del sector G                                                                         

SECTOR  H                                                                                                

Conclusión del sector  H                                                                       

SECTOR  i                                                                                                 

Conclusión del sector i                                                                         

SECTOR J                                                                                                 

Conclusión del sector J                                                                         

SECTOR  K                                                                                               

Conclusión del sector K                                                                        

SECTOR  L                                                                                                

     Zona de excavación de la Cueva al mismo nivel                      

     Zona aneja a la Cueva                                                                    

     Zona superior de la Cueva, y formas anejas.                            

Conclusión del sector L                                                                      

     Subsector Cueva.                                                                            

     Subsector bajo, anejo a la Cueva.                                                

     Subsector encima de la Cueva.                                                     

SECTOR  M                                                                                            

     Conclusión del sector M                                                            76

SECTOR  N                                                                                      177

     Conclusión del sector N                                                             181

SECTOR  O                                                                                      182

     Conclusión del sector O                                                            184

SECTOR  P                                                                                       185

     Conclusión del sector P                                                             190

SECTOR  Q                                                                                      191

     Conclusión del sector Q                                                             192

SECTOR  R                                                                                        193

     Conclusión del sector R                                                               198

SECTOR  S                                                                                          199

     Conclusión del sector S                                                                 202

SECTOR  T                                                                                           203

     Conclusión del sector T                                                                  207

SECTOR  U                                                                                            208

     Conclusión del sector U                                                                   211

SECTOR  V                                                                                             213

     Conclusión del sector V                                                                   219

SECTOR  X                                                                                             221

     Conclusión del sector X                                                                    222

SECTOR  Y                                                                                              223

     Conclusión del sector Y                                                                     229

SECTOR  Z                                                                                               231

     Conclusión del sector Z                                                                      232

SECUENCIAS FOTOGRÁFICAS (A-Z)                                                  233

LÁM. SECTOR  A                                                                               234-267

LÁM. SECTOR  B                                                                                268-328

LÁM. SECTOR  C                                                                               329-330

LÁM. SECTOR  D                                                                               331-353

LÁM. SECTOR  E                                                                               354-400

LÁM. SECTOR  F                                                                               401-479

LÁM. SECTOR  G                                                                              480-481                                                                                                                 

LÁM. SECTOR  H                                                                             482-485

LÁM. SECTOR  I                                                                               486-502

LÁM. SECTOR  J                                                                              503-542

LÁM. SECTOR  K                                                                              543-579

LÁM. SECTOR  L                                                                              580-680

LÁM. SECTOR  M                                                                             681-727

LÁM. SECTOR  N                                                                              728-746

LÁM. SECTOR  O                                                                             747-759

LÁM. SECTOR  P                                                                              760-792

LÁM. SECTOR  Q                                                                              793-798                                                                                                                           

LÁM. SECTOR  R                                                                              799-839

LÁM. SECTOR  S                                                                               840-854

LÁM. SECTOR  T                                                                              855-885

LÁM. SECTOR  U                                                                              886-905

LÁM. SECTOR  V                                                                              906-930

LÁM. SECTOR  X                                                                               931-939

LÁM. SECTOR  Y                                                                               940-987

LÁM. SECTOR  Z                                                                              988-991    

FIGURAS PLANIMÉTRICAS DEL COMJUNTO

ARQUITECTÓNICO DE SEKS                                                                 992

FIGURA 1                                                                                                  993

FIGURA 2                                                                                                   994

FIGURA 3                                                                                                   995

FIGURA 4                                                                                                   996

FIGURA 5                                                                                                   997

FIGURA 6                                                                                                   998

FIGURA 7                                                                                                   999

FIGURA 8                                                                                                 1000

FIGURA 9                                                                                                 1001

FIGURA 10                                                                                               1002

FIGURA 11                                                                                               1003

FIGURA 12                                                                                               1004

FIGURA 13                                                                                               1005

FIGURA 14                                                                                               1006

FIGURA 15                                                                                               1007

FIGURA 16                                                                                               1008

FIGURA 17                                                                                               1009

FIGURA 18                                                                                               1010

FIGURA 19                                                                                               1011

FIGURA 20                                                                                               1012

FIGURA 21                                                                                               1013

FIGURA 22                                                                                               1014

FIGURA 23                                                                                               1015

FIGURA 24                                                                                               1016

FIGURA 25                                                                                               1017

FIGURA 26                                                                                               1018

FIGURA 27                                                                                               1019

FIGURA 28                                                                                               1020

FIGURA 29                                                                                               1021

FIGURA 30                                                                                               1022

FIGURA 31                                                                                                1023

FIGURA 32                                                                                                1024

FIGURA 33-I                                                                                             1025

FIGURA 33-II                                                                                            1026

FIGURA 34                                                                                                1027

FIGURA 35                                                                                                1028

FIGURA 36                                                                                                1029

FIGURA 37                                                                                                1030

Dedicado a mi esposa,

a mis hijos y a mis nietos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

En este trabajo de investigación se pretende aclarar muchos puntos oscuros que se tienen, desde antiguo, sobre el origen e identidad de Almuñécar.

El trabajo ha sido constante,  penoso en muchos momentos, pero eficaz. Se puede decir que, desde los años 60 del siglo pasado, se ha ido recopilando toda cuanta información ha llegado a mi poder. El trabajo fue ultimado a finales de los 90, fecha en que se leyó como tesis doctoral en la Universidad de Granada.

Tanto el texto, como la realización de fotografías, y el levantamiento de todas las planimetrías, han sido obra del autor, salvo los planos cedidos por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, y alguno del Ayuntamiento de Almuñécar.

En todo ese recorrido se puede decir que hemos llegado a recoger información de cada uno de los rincones del casco antiguo y zona periférica del mismo. Por ello debo agradecer la información proporcionada por personas de la ciudad, a la que estaré siempre agradecido. Pues los propios vecinos de las casas estudiadas no escatimaron en colaborar con la información que tenían sobre las formas, estructuras y materiales antiguos de que estaban hechas sus casas. Cuando la gente sencilla y humilde del casco viejo hacía alguna reforma en su vivienda, se encontraba con materiales de una contextura y dureza poco corriente. Habían tropezado con los materiales usados por los romanos desde hacía más de dos mil años.

Es notorio que hasta los más modernos autores, que han estudiado Almuñécar, opinan que se trata de una ciudad romana. Por muchas razones piensan que esto es así. Pero los hechos revelan que la realidad es muy distinta a lo que podemos leer tanto en libros modernos como en autores antiguos.

            Para ello, y precisamente por eso, he realizado este largo y extenso trabajo; para esclarecer de una vez qué es lo que realmente ha existido en lo que se viene llamando Sexi, con tanta proliferación: una ciudad romana, con estructuras públicas y privadas, casas, mansiones, teatro, mercados, puertos, etc.

            Y nada más lejos de la realidad cuando empezamos a hacer una estadística arqueológica y técnica. Si realmente esto hubiera sido así, cabe hacerse muchas preguntas, y pedir pruebas que testifiquen lo que se viene afirmando con tanta abundancia de opiniones.

            Era tal la fama propagada por autores clásicos, que casi no cabía duda en admitir que, evidentemente, se trataba de una gran ciudad, primero fenicia y después roma-na.

            Aquí se plantea una gran cuestión: ¿Dónde están las pruebas de la existencia de una ciudad fenicia? Esto en primer lugar. Todo arqueólogo debe saber que los fenicios jamás construían una necrópolis dentro de la ciudad. Esto se demuestra con las citas de los trabajos realizados en Cueva de Siete Palacios, y la descripción hecha en el Manuscrito de Almuñécar, donde se detalla, a su manera, la gran cantidad de hallazgos de elementos fenicios encontrados en una tumba cuando se practicaban reformas junto a la llamada Puerta del Sol de la Iglesia Parroquial. Otro de los hallazgos tuvo lugar en Cueva de Siete Palacios, donde se encontró un fragmento de plato de cerámica de barniz rojo fenicio, probablemente perteneciente al ajuar de una tumba fenicia situada en este lugar, y que fue rota por la nueva construcción romana que aquí se levantó. Por otra parte, también se perforó alguna de las piletas de salazones del Majuelo para ver si aparecían restos estructurales fenicios; sólo encontraron fragmentos de cerámica fenicia, pero nada de estructuras murales que pudieran testificar la presencia de un emplazamiento urbano en esta localidad. Sólo elementos probablemente pertenecientes a las salazones. A este respecto cabe decir que el elemento fenicio, tras la definitiva derrota de los cartagineses en la batalla de Ilipa (-206), se unió a la actitud que tomaron los fenicios gaditanos, y colaboraron con los romanos, permitiéndoles e incrementando sus factorías de salazones. Eso hizo que perduraran en estas costas fenicios y romanos: unos aportaron sus técnicas, y otro sus infraestructuras industriales. Lo que lleva a explicar que aparezcan restos fenicios mezclados con romanos. Pero nunca, repito, apareció una infraestructura urbana fenicia en este lugar. Pues en tiempos anteriores, probablemente, la llegada de los fenicios hasta aquí fue temporera. Este fenómeno explica que en la necrópolis fenicia de Puente del Noi no se pueda establecer una continuidad cronológica; hasta el punto de que unas tumbas se encuentran interfiriendo a otras. Se marchaban y, a la temporada siguiente, ya no sabían donde se encontraban las tumbas de tiempos atrás. Por eso, esa forma tan poco común de ver que una tumba corte a otra.

            Nadie puede dudar de su presencia aquí. Pero lo cierto es que no nos han dejado ningún resto de infraestructura urbana.

            Por ello, y haciendo hincapié, en lo dicho en párrafos anteriores, se sabe que los fenicios no levantaban ciudad donde había necrópolis. Continúa siendo un misterio este hecho. Es posible que los romanos, después del año 206 a. de C, destruyeran hasta la última piedra de la hipotética ciudad fenicia; pero no parece probable porque los romanos concedieron privilegios a los fenicios, como es permitirles la fabricación de las salazones, y la facultad de acuñar moneda propia a cambio de su lealtad.

            Aclarado este aspecto, citamos otros lugares donde se detectó la presencia romana: Monte  de Velilla, en el que apareció una pequeña nave abovedada (hoy enterrada o destruida por la nueva urbanización); sobre el nuevo campo de fútbol municipal, aparecieron estructuras probablemente similares a las termas romanas de la Carrera. Esto se sabe por los comentarios de los operarios que trabajaron en su construcción. No tenemos pruebas directas de ello; en Cotobro aparecieron: un pozo roma-no, y piletas de salazones; las villas rústicas se encontraban sobre la Albina (lugar pan-tanoso), barrio de San Sebastián, dos en la carretera de Jete, y una grande en los Bañuelos. Es muy probable que en las Peñuelas existiera otra. No se olvide que sobre el Camino Bajo, en su parte más baja, existió lo que se llamó El Cuartón de la Ciudad Antigua, pues se pueden ver muros y materiales formando parte de tales estructuras. Los columbarios eran seis, pero sólo quedan dos: el de la Albina, y el de la carretera de Jete. De los otros, sólo quedan indicios, como ocurre en la finca La Cerca. Por último, queda decir algo sobre el acueducto romano. Se piensa que nace en la Virgen del Agua, pero hay indicios claros de que hay canal por el lecho de río Verde que pasa por Jete y continúa hacia Otívar (hay fotos de ese canal bajo el río). Todo parece indicar que su inicio es el canal antes citado, pero no se tiene la certeza absoluta de que sea así. En cuanto a sus proporciones es conveniente aclarar que el elemento, básico para la industria de Seks, dispone de diez puentes que salvan las vaguadas en las dos vertientes, río Verde y río Seco, terminando en la Santa Cruz, desde donde, por medio de un canal, empalmaba con el puente final a la entrada de la actual ciudad. Por medio de canales de un sistema de sifón, finalizaba en la Torre de Descarga, situada donde hoy se levanta la Iglesia Parroquial, y cuyos materiales pueden verse hoy usados en su alzado, tanto la piedra pizarrosa como sillares de piedra toba. La Iglesia no tiene cimientos, está montada sobre los fuertes muros romanos de la Torre de Descarga. Hoy se pueden ver sobre la calle cómo está montada encima de materiales romanos.

            Volviendo al casco antiguo de Seks, hay que decir que las estructuras hasta hoy detectadas y fotografiadas, no dan pie a admitir que se trate del esquema de ciudad. Ni una sola calle actual responde a un cardo maximvs o a un decvmanvs maximvs. Las únicas calles que podrían presentar dudas a la hora de considerarlas romanas, son San Miguel, Angustias Nueva y su paralela Angustias Moderna. Pero las exploraciones de los alcantarillados nuevos han dado como prueba que todas están cruzadas por muros romanos en todo su trazado.

            La cantidad de materiales analizados, incluyendo los de origen árabe, dan pie a afirmar que esto no es una ciudad típicamente romana, sino una gran factoría de salazones, como se indicará a continuación. Se ha hecho una estadística de los tres niveles confirmados y analizados, tanto en la vertiente de levante como en la de poniente, de materiales contabilizados de época romana, y más del 90% de ellos son de tipo romano. El resto lo forman elementos árabes y cristianos.

            Para aportar algo más de luz sobre esta afirmación, hay que decir, a la vista de lo que se puede comprobar, que los elementos industriales y de almacenaje aparecen en todos los niveles. Así, comenzando por la Plaza de la Rosa, en los rebajes de las nuevas construcciones aparecieron restos de hornos de cerámica (antiguo Pasapoga) y al comienzo de la calle Alta del Mar. Viniendo de la calle Real, al inicio de Baja del Mar, apareció gran cantidad de cerámica y estructuras murales. En la misma calle Real se puede ver parte de un canal de conducción de aguas que, a partir de la librería, se dirige hacia la parte superior, probablemente hasta las dependencias orientales de la Cueva de Siete Palacios, por la calle San Joaquín (I). En Plaza del Ayuntamiento las estructuras halladas bajo la actual farmacia son evidentes. En el interior de la casa de la familia Müller apareció una gran nave abovedada, según se entra, al fondo. Tengo una fotografía (negativo) donde se observa gran parte de su bóveda, que linda por detrás con la calle Escamado. Hoy está transformada en un gran salón. Aquí se encuentra una canal subterráneo que se dirige hacia la Iglesia, y también, con canal y tuberías de cerámica, hacia la parte superior del barrio del Castillo.

            Al comienzo de la calle Antigua, a izquierda, según se asciende, hay una nave abovedad bien conservada. Enfrente de ella había una ermita, donde aparecieron cantidades de materiales romanos, hoy perdidos. Sobre la calle Escamado se encuentra el Palacete del Corregidor, con materiales romanos que ya han sido estudiados y publicados.

            Llegados a la calle San Joaquín (I), nos encontramos, por un lado, con el gran muro de aterrazamiento romano, un torreón medieval y el complejo de la Cueva de Siete Palacios, que fue tres veces mayor de lo que hoy se puede ver.

            A la entrada de la calle San Miguel, a mano izquierda, podemos ver toda una serie encadenada de galerías abovedadas, cinco, al igual que podemos comprobar que otras muchas galerías de este tipo han sido destruidas para poder crear calle de acceso a todas esta viviendas ocupadas desde hace muchos años por familias de esta ciudad moderna. Este curioso observar que en el Libro de Asentamientos no se mencione ni una sola galería abovedada, cuando se hace entrega de casas a los nuevos habitantes que vienen de otras tierras a vivir aquí.

            Siguiendo por la calle Espaldas de San Miguel, encontramos unas gradas de piedra toba, que fue de mayores proporciones de las que vemos. Más adelante había un antiguo lavadero (hoy ermita sobre una galería abovedada), con indicios de haber tenido más altura de la que se ve. Casi al final de la calle San Miguel, en un derribo aparecieron unos muros de mayores proporciones de lo habitual. Pertenecen a naves abovedadas que formaban parte del gran conjunto de la citada calle. Toda entera formaba un conjunto paralelo a Cueva de Siete Palacios. Entre las calles Clavelicos y Torremolinos, con motivo de nuevas construcciones modernas, aparecieron estructuras muy similares al conjunto de la Cueva en tipología y tamaño. Esto ha quedado enterrado.

            En la calle Angustias Nueva, al principio, hay una nave abovedada bien conservada.

            En la calle Angustias Moderna se encuentra, cerca de una placeta, una nave abovedada muy bien conservada, y otros muchos restos de muros pertenecientes a estructuras que han sido destruidas para poder abrir paso.

            Ya sobre Eras del Castillo, encima de la Cueva, tenemos un conjunto de seis galerías abovedadas, y otra (hoy taponada) según se sube hacia Eras desde levante.

            Casi al final de la Cuesta del Carmen, a izquierda, se encuentran los restos de la gran muralla romana que circundaba la ciudad. Sobre la parte superior de la misma se encuentra el canal cortado, que llevaba agua hacia la parte del Castillo, donde se han descubierto depósitos al respecto. Este canal procedía de Eras del Castillo, a donde llegaba el agua por medio de un sistema de sifón, procedente del depósito que estaba montado en el solar que hoy ocupa la actual Iglesia Parroquial.

            Partiendo de la parte noroeste del Castillo, se encuentra un gran lienzo de la muralla romana que circundaba todo el complejo industrial. Sobre esta muralla se ha levantado la muralla medieval cristiana, cuyas almenas pueden observarse al final de la calle Antigua.

            Partiendo de la calle Morería Alta podemos encontrar restos importantes sobre la calle, resto de una plataforma de hormigón para el equilibrio del terreno. Hay muchos indicios sobre la calle en todo su trazado.

            En la calle Morería Baja se ha descubierto un complejo conjunto de dos galerías abovedadas, un depósito de agua encima de una galería y un murallón de contención al fondo, que supera los dos metros de grosor. La calle posterior, Morería Alta se encuentra montada sobre el citado murallón. Sobre la misma calle, un poco más arriba aparece un conjunto grande de piletas de salazones. Unas se encuentran sobre otro gran murallón de aterrazamiento. Otras han sido excavadas hace pocos años, siendo un total de doce, aunque no se excavó todo el terreno. La zona de poniente ha sido la que más demoliciones ha experimentado a través del tiempo.

            De forma similar, debajo del murallón de contención que se encuentra cerca de la Cueva, sobre la calle Carmen Baja, aparecieron en un obra nueva, cinco piletas de salazones en una cota similar a la anteriormente citada.

En la calle Baja del Mar, en su cruce con Cerrajeros, hay un complejo conjunto de naves romanas, que fueron modificadas por el elemento musulmán, para convertirlo en un posible lugar de baños o, incluso, mezquita. Se distinguen muy bien los paramentos de opus incertvm, muros de ladrillo (opvs testacevm), y agujeros en el techo –como en todas las galerías abovedadas, que ha sido trasformado en lucernario, al estilo musulmán-. Este conjunto llega desde Baja del Mar hasta Alta del Mar, donde, en un determinado lugar, una de las galerías abovedadas se resintió por peso de la casa, que se encuentra encima, y hubo necesidad, por parte de los propietarios, de meter una inyección de hormigón hasta que se rellenó el hueco de la nave de abajo.

            La periferia del casco antiguo de la ciudad viene marcada por la muralla que, iniciada a la entrada de Almuñécar en la Carretera de Jete, continúa por Avda. de Cala, Calle Nueva, parte superior del Majuelo (Puerta del Alcazaba), hasta enlazar con el Castillo, muros de poniente de la Tenaza (escalonados), dando la vuelta a todo el Castillo, hasta conectar con las murallas de levante, siguiendo por la Cuesta del Carmen, enlazando con la muralla que pasa por el antiguo cine Coliseo, Puerta del Mar (bar El Choco) y continuando por la calle Alcalde Julio Fajardo, y siguiendo por la acera izquierda de la Avda. de Andalucía, finalizaba, por último, en la Carrera, Puerta de Granada. En esta zona es donde se encuentran las termas romanas últimamente descubiertas.

            Finalmente hay que decir lo que pensamos sobre la realidad de este complejo de estructuras romanas. Téngase en cuenta que lo que en todo el recinto arqueológico ha aparecido es lo siguiente: galerías abovedadas, piletas de salazón en todas las cotas de la ciudad moderna, incluido el Peñón del Santo, restos de elementos arquitectónicos de edificios públicos (como templos o mercados) y, además, no hay ninguna calle actual que responda a un esquema urbano heredado de los romanos. Por todo ello no cabe más que decir. El lector tiene la palabra. Yo tengo la información, y pienso, basándome en los datos arqueológicos, que todo este conjunto responde sólo a una estructura industrial con todos sus elementos.

                                 Al autor

ALMUÑÉCAR,ESTADO DE LA CUESTIÓN

                Al iniciar el estudio de un sistema arquitec­tónico como el de Almuñécar, de entrada, cualquier no iniciado se deja llevar por explicaciones que la tradición no escrita ha grabado en la creencia popular de forma vaga y fantasiosa.

                Esta ciudad ha alcanzado una tradición islámica, último contacto actuante, como factor antrópico, en la comprensión de las estructuras heredadas de un pasado casi inmediato. No obstante, tal estado de opinión tiene cierta razón de ser cuando se pueden rastrear, con evidencia, los vestigios más relevantes y significativos del acervo urbano medieval.

                Pero lo que más ha calado en el observador poco avezado, es la tradición musulmana que, por inercia popular, ha llegado a influir decisivamente sobre las concepciones adoptadas a la hora de indagar en las raíces de un sistema arquitectónico antiguo, que han inducido a asumir un concepto erróneo en la interpretación de los elementos de estudio que aquí se plantean.

                Así, se ha sufrido el riesgo de que una tradición popular condicione a tantos cuantos han dado su opinión o juicio sobre un complejo arquitectónico tan controvertido y extraño como el de Almuñécar.

                Debido a esta concepción, impregnada de prejuicios o posturas apriorísticas, tal es el punto de vista que se ha venido manteniendo que, lo más inmediato, ha marcado la pauta a seguir para explicar, de manera llámese ortodoxa, la complicada trama que Almuñécar presenta ante el inexperto e, incluso, ante el versado.

                Es asumible que la red viaria de la ciudad se preste a definiciones precipitadas, influenciadas por el estado de opinión popular dominante.

                Pero la cautela, observación, recopilación de datos, crítica objetiva, y análisis sistemático y cuantificado de todo indicio o vestigio, deben marcar las líneas a seguir, y presidir toda postura asumida a la hora de iniciar una seria investigación en un complejo, en principio, no fácil de catalogar. Para explicar lo que realmente es este trabado núcleo de estructuras, se deben asumir ciertos condicionantes, como las dificultades en las prospecciones.

                Los problemas planteados en estas dificultades se resumen en:

                1.-Urbanismo moderno superpuesto a las formas antiguas: reutiliza­ciones de elementos musulmanes y cristianos modernos, sobre elementos arquitectóni­cos, algo de unos y múltiples de otros.

                2.- Roturas provocadas en época romana y moderna.

                3.- Aperturas de calles que rompen los sistemas arquitectó­ni­cos antiguos, y alteraciones de otras que en el Medievo se citan.

                4.- Fórmulas constructivas para salvar los numerosos desniveles en las zonas abruptas de la planta general del complejo, donde se asienta el conjunto estructural de esta ciudad moderna.

                5.- Soluciones de los antiguos para salvar tales desnive­les.

                6.-Desapariciones de restos arquitectónicos a causa de los modernos planes urbanísticos.

                7.-Roturas intencionadas en determinados descubrimien­tos arqueológicos.

            1. TRANSFORMACIONES EN ÉPOCA MEDIEVAL

                Las alteraciones estructurales de esta fase se resumen en:

                1) Destrucción total de la Torre de Descarga, dentro del complejo urbano, punto terminal del acueducto romano, que abastecía este centro industrial, y su consumo humano. Tal torre se encontraba en la parte norte de la actual Iglesia de la Encarnación. Hoy dicha torre forma parte de sus cimientos.

                2) Hay, encubierto con revestimiento moderno, otro depósito que recogía parte del caudal de la citada torre, para abastecer el área levantina, donde hay una factoría de mayores proporciones que la del Majuelo.

                3) Reutilización, por parte del elemento musulmán, de una secuencia de naves romanas

como probables baños o mezquita.

                4) Construcción del Castillo fortaleza musulmana sobre un complejo romano, donde lo más relevante es una casa romana, con áreas destinadas a almacenes, o silos, entre sus componentes (descubierta en 1989).

                5) Reutilización, como espacio de vivienda moderna, del complejo arquitectónico romano, en la mayor parte de los sectores en que ha sido dividida la ciudad.

1.1. Elementos constructivos. Abandono y consecuencias

                En esta situación se señala la falta de interés del elemento islámico (en términos generales y por motivos tal vez justificados, según los intereses de cada comunidad) por el casquete superior de la ciudad. Esto se entiende desde el punto de vista práctico: el elenco estructural romano no reunía condiciones de habitabilidad, por lo que, probablemente, no fuera ocupado. Lo que no significa que algunos espacios sí lo fueran, como es el subsector supuestamente destinado a baños o mezquita, donde se observa reutilización del alzado romano, sobre el que se ha modelado un arco de herradura a la entrada del recinto, y aprovechado las aberturas de las bóvedas para montar tragaluces con vidrio.

                Ya desde la ocupación de Almuñécar por el elemento islámico, se tienen noticias sobre ruinas que se dicen abandonadas1.

                Otra de las connotaciones, aplicada a tales ruinas, es ser antiguas y, por tanto, anteriores a la época de la llegada del elemento musulmán a la Península Ibérica.

                Después del análisis superficial de los restos hoy visibles, se ha comprobado que muchas de las dependencias arquitec­tónicas de tal conjunto, ofrecen un estado ruinoso, deterioro producido en fechas algo lejanas; fenómeno que probablemente ha dado lugar a una fácil reutilización, por parte de los ocupan­tes, de los elementos existentes en época tardía, para adaptar­los a hábitat doméstico. Así, se ven bóvedas caídas, que soportan un techo moderno, también en estado ruinoso (sector L de Eras del Castillo).

                Normalmente, cuando una cubierta abovedada aparece con sus puntos de arranque sobre los propios muros laterales, ello indica que, casi con toda certeza, se trata de una de las naves romanas que, al paso del tiempo, por deficiencia de aparejo, se ha derrumbado.

                Recientemente se ha comprobado que, cuando se tiene intención de destruir una cubierta abovedada para montar una planta encima, esa bóveda preexistente es derribada hasta el punto de no dejar indicio de su existencia, aunque en otros lugares se han limitado a enrasarla con un falso techo de escayola o yeso, y montar sobre la propia bóveda, antes enrasada en su superfi­cie externa, muros del alzado superior moderno.

                En otras áreas, las antiguas estructuras caídas (o no) han sido eliminadas con el fin de hacer calle en donde no había acceso. Por ello se constata que muchas de las calles de hoy, antes fueron sistemas abovedados completos, que formaban unidad arquitectónica con otras secuencias situadas en paralelo.

                Después de comprobar los alineamientos de las calles del casquete superior de la ciudad actual, en unos subsectores se ve la línea seguida por el arquitecto romano y, en otros, la necesi­dad del colono medieval, forzado a romper los esquemas antiguos porque no responden a las necesidades que su forma de vida exige.

                Por ello, hay momentos en que, incluso, se abre calle usando como soporte unos murallones que servían (y sirven) de contra­fuertes a los sistemas de aterrazamiento del complejo romano.

                Al darse un choque frontal entre lo existente, de época romana, y lo que se precisa por imperativos de un nuevo tipo de vida, costumbres e industrias, no cabe más solución que la de comprender que la nueva población llegada adapte a sus necesi­dades cuanto encuentre a su paso y, por ello, en la medida de sus posibilidades, lo transforma.

                Gracias a la información recibida de inquilinos, se ha sabido que espacios murados en ruinas, han sido usados por los mismos como puntos de arranque de sus casas, pero conservando las módulos precedentes. Por tal razón, los esquemas modernos del casquete superior respetan las mismas proporciones, según los sectores de que se trate, y la construcción antigua reutilizada.

                Es largo enumerar los casos constatados, pero, a su tiempo, se citarán, y sólo se indicarán como uno de los datos fehacien­tes de que el abandono y la no ocupación de estos espacios por el elemento musulmán, contribuyeron en gran medida al deterioro de la mayor parte de la zona monumental de Seks, sin olvidar que, a partir de los repartos, tras la expulsión de moriscos y judíos de esta localidad, el esquema general del conjunto volviera a sufrir, como parece indicarse que así fue, nuevos cambios entre transformaciones y readaptaciones.

                Resulta sospechoso que la parte superior de la ciudad, entregada a los nuevos ocupantes tras dicha expulsión, no sea en ningún momento mencionada. Por ello se tiende a pensar que el casquete superior y gran parte del espacio de Poniente, no fueron ocupados porque se encontraran en estado ruinoso, además de no reunir condiciones de habitabilidad, lo que aún hoy día ocurre.

                En los años cincuenta eran numerosos los espacios de la parte superior de la ciudad donde se podían ver chumberas, higueras y abundante matorral, todo dentro de las mismas estructuras.

                En algunos de los sectores se ha podido hacer ver que aún se conserva lo que aquí se expone. Las viviendas abandonadas por los expulsados se encuentran en sectores tradicionalmente conocidos como espacios habitables, dotados de ciertos desaho­gos, en lo que se considera ciudad medieval.

                Por ello nos remitimos al Libro de Apeos de Almuñécar, en el que se ve cómo se va cumpliendo cada una de estas propuestas explicativas y analizadoras del problema urbano actual y antiguo.

                Así pues, en las citas de tal documento se van enumerando, y en parte describiendo, las casas situadas en espacios conocidos como collationes, demarcaciones religiosas.

1.2. Asentamientos modernos

                Los asentamientos llevados a término entre los años 1491 y 1497, siguiendo secuencia cronológica, son los siguientes, según los textos:

«Diosele unas casas en la colaçión de Santiago, de cara a la Judería desta dicha çibdad que han por linderos de la una parte una calle real que desciende del Alcaçaba y de la otra parte casa de juan de Ledesma, diéronsele e con un corral a las espaldas a la que está la madera” 2 (L. R. A., nº 1, año 1491).

                La colación de Santiago comprende toda la parte baja de la ciudad, hasta la llamada Puerta del Mar. Se observa la división zonal en que quedó distribuido el espacio habitable del núcleo antiguo. Tal división se hizo siguiendo criterios religiosos, algo similares a las actuales feligresías o distritos parro­quiales.

                En el cómputo de collationes hay que señalar dos más: la de Santa María, que comprendía la zona norte de la ciudad y el centro, extendiéndose hasta la calle Vélez, y la de la Trini­dad, que abarcaba gran parte de las cercanías de la factoría del Majuelo y calles próximas. Hoy sólo quedan restos de muros de su ermita, sobre el fondo de la citada calle Nueva, en las cercanías del pozo que existe en la misma.

                En el año 1492, se dice:

» Diósele unas casas que salen sobre la calle Real desta çibdad, con un pedaço de corral a las espaldas que han por linderos de la parte un cobertizo«3.

                Aquí se destaca el siguiente rasgo: existencia de corrales, estructuras romanas abandonadas y aprovechadas como locales de servicio para ganado y almacén.

                Por otra parte, se menciona un cobertizo (nombre conservado en la misma calle), entendido como secuencia de naves alineadas, existen­tes años atrás.

                En la colación de Santa María de la Antigua, se citan con frecuencia casas caídas que, si se considera que tal área abarcaba el sector de la calle Nueva y numerosas anejas, concuerdan con las interpretaciones vertidas sobre la procedencia arqui­tectónica de tales edificaciones: restos de paramentos romanos encuadrados en el complejo industrial del Majuelo, como se demuestra en las investigaciones realizadas de forma precisa en este sector.

                Son frecuentes los corrales actuales, en los que se ve paramento romano con cubierta rota, y viviendas montadas sobre el mismo.

                En el año 1493, se dice:

«…colaçión de Santiago…casas que an por linderos de la una parte el baño desta çibdad e de la otra parte…«4 .

                Como se ha indicado en párrafos anteriores, la colación de Santiago, comercial e industrial, conserva una secuencia de naves abovedadas romanas, alineadas y en posición paralela, reutilizada por el elemento musulmán.

                Se ven, en los techos de su cubierta, tragaluces de vidrio similares a los que tiene cualquier baño de tradición islámica.

                En el año 1493, se dice:

«Dieronse unas casas en dicha çibdad, junto a Santiago, con un pedaço de corral que sale al baño e junto a la pescadería, que han por linderos de la una parte la dicha Yglesia de Santiago e de la otra casa de Juan Carnero e el dicho baño e pescadería«5 .

                La zona descrita en este fragmento se identifica como el sector que comprende parte de la calle Baja del Mar (baños, mezquita y posible cárcel de la Inquisición), la antigua pescadería (desaparecida), y el Convento de Mínimos, lugar de emplazamiento de la iglesia de Santiago.

                En el año 1494, se dice:

« Diéronseles unas casas en dicha çibdad, en la colaçión de Santiago que han por linderos de la una parte el baño e de la otra parte la calle real«6 .

                Se considera una nueva aportación para la futura confección de configuración urbana de este sector, tan importante en el aspecto económico y social de la ciudad.

                En el año 1494, se dice:

«(…) casas en la colaçión de Santia­go (…) e de la otra parte las casas del aduana del açúcar«7.

                De forma reiterada, se habla de aspectos económicos. Ahora se cita la aduana del azúcar, lo que confirma que el sector levantino de la ciudad constituye el núcleo industrial y comercial del conjunto. Esta situación se va produciendo, de forma continua, en torno a la probable definición del estero de río Verde, no sólo en estas fechas sino también en las anteriores.

                En el año 1495, se dice:

«Diósele más un corralejo questá solo, do está una hyguera entre Nuestra Señora de la Antigua y el pozo«8 .

                Se deduce de este fragmento que la zona descrita se inscribe en el marco actual del final de la calle Nueva, donde se conserva el citado pozo, el espacio de la iglesia, destinado a casas modernas, y los corrales, compartimentos y naves pertenecientes al complejo del Majuelo, cuya demarcación comprendía desde la Puerta de Vélez hasta la playa de San Cristóbal.

                En el año 1495, se dice:

«Diósele unas casas en la dicha çibdad, en la colaçión de Santiago, que solía ser mezquita de moros, de que son linderos…de la otra parte, un callejón que entra en las ataraçanas e a las espaldas de dichas ataraçanas«9.

                Aquí se cita, por primera vez, algo que pudo y debió existir en época romana: astilleros navales10. Se da la circunstancia de que, además, en la zona baja de Levante ha aparecido un puntal de espigón terminal de puerto, bien conservado y cuya medida real se ignora11 .

                En el año 1495, se dice:

«(…) en la colaçion de Santa María una almaçería cayda»12 .

                Probablemente se hace alusión a desvanes o dependencias domésticas, caídas ya desde época anterior, y que, según hoy se comprueba en muchos lugares de la ciudad, se continúan usando como trasteros.

                En el año 1496, se citan:

«(…) casares caidos en la colaçión de Santa María«.

                En el mismo año:

«(…) corral do está una hyguera que linda con casares caydos y con una almaçería questá sobre la puerta de las dichas casas«13.

                Se vuelve a describir una situación urbanística en el sector de Santa María, en calle Nueva, estrechamente vinculada a las estructuras del Majuelo14.

                En el año 1497, se dice:

«Diósele unas casas que heran sinagoga, en la colaçión de Santiago, que an por linderos de la una parte el horno de Alaixa e de la otra parte la calle Real»15 .

Cabe notar la presencia, en estos sectores de la ciudad, de edificios públicos notorios. Tanto la sinagoga como la mezqui­ta, atarazanas, baños, aduana y fábrica de azúcar, formaban un complejo montado sobre las viejas estructuras del estero marino-fluvial romano.

                En este mismo año, se citan:

«…casas del aduana donde se solía faser el açúcar, que era de los genoveses«16.

                Y más adelante:

«(…) dieron por casas a…la mitad de un horno de la uya, que es la puerta  que solía ser de la judería, que ha por linderos de la una parte una casa que solía ser synoga, e por delante la calle Real«17.

                Este sector es el más equipado, ya que se concentran en él no sólo edificios públicos de tipo industrial, sino también religiosos (mezquita, sinagoga). La judería controlaría el aspecto mercantil de la ciudad medieval.

                De todo esto se concluye que, siendo la zona levantina el lugar donde se debió concentrar la mayor actividad portuaria de época romana, por sus especiales características, consecuentemente existiría una infraestructura urbana de edificios públicos y privados, para prestar servicios a una actividad típicamente mercan­til.

            1.3. Reutilización de la factoría del Majuelo 

                Por suerte, los planos del Servicio Histórico Militar muestran unos espacios esquemáticos poligonales que dan a entender que, en fechas relativamente próximas, parte del complejo industrial de piletas y compartimentos de zonas auxiliares, se encontraban al descubierto. Téngase en cuenta que una pequeña parte ha estado visible dentro de la factoría, y que se corresponde, una vez descubierta la mayor parte de ella, con un sector del foro[1].

                Los antiguos propietarios de la citada finca rellenaron, con tierras acarreadas, el espacio que quedaba a la intemperie. Por otra parte, es tradición, según la gente mayor de la ciudad, la práctica de la salazón en los recipientes que la factoría tenía entonces al descubierto.

            1.4. Desaparición de las zonas portuarias

                Modernamente se ha delimitado, con cierta precisión, la antigua línea de costa en las vertientes de Levante y Poniente18. El Instituto Arqueológico Alemán de Madrid ha realizado sondeos en ambos esteros marinos antiguos, llegando a la conclusión de que el diseño cartográfico de la zona portuaria natural de Seks, se adentraba por ambas vegas, y formaba dos ensenadas: una mayor, río Verde, y otra menor, río Seco. Así, Seks estaba favorecida por la configuración de la costa, con dos zonas portuarias. La más segura y amplia era la de río Verde. La ribera izquierda de esta última, según se entra, ha sido más importante en la construcción de amarres, espigones y zonas de refugios navales. Así, queda abierto el proceso analítico para estudiar cada elemento constructivo y todos en conjunto, a fin de establecer, dentro de las lógicas limitaciones reales, un criterio interpretativo unitario de este complejo arquitectónico.

EXPOSICIÓN SINCRÓNICA DE LAS ESTRUCTURAS

                Los planteamientos científicos, en estudios y conclusiones en materia de investigación histórico‑arqueológica, deben seguir unas normas que, dentro de cada proyecto de trabajo, encaucen los procedimientos precisos. Por ello, cuando la falta de rigor, prospección, análisis y comprobación convergen en un sistema a estudiar, las conclusiones se dispersan y crean una situación de ambigüedad, que impiden conclusiones serias o, por lo menos, correctamente planteadas.

                Esto supuesto, por el momento, poco ha salido a la luz sobre la verdad histórica en lo concerniente al estudio de un medio como es el que se viene conociendo, desde tiempos antiguos, con el nombre de Seks.

                Sabido es que investigación y estudio de yacimientos no faltan y, por ello, esto forma un mosaico de detalles arqueo­lógicos dispersos e inconexos, de los diferentes aspectos de esta comunidad humana.

                Aplicando estas premisas a Almuñécar, se dispone de documentos escritos relativos a la ciudad, impregnados de prurito localista (Historia de Almuñécar y su antigüedad defendida, Bibliot. Nac., leg. Nº 5857; y Manuscrito de Motril).

                Por ello se hace una breve cita de aquellas actividades realizadas hasta ahora:

                a) Aportación arqueológica con excavación, de J. M. Fontana en 1945, en el Peñón del Santo19, con descubrimiento de varias piletas de salazón de pescado junto a las actuales ruinas romanas, hoy visibles en este subsector de la ciudad.

                b) Prospecciones arqueológicas del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid20, en los años 1950.

                c) Excavaciones de Pellicer en el Cerro de San Cristóbal y a Levante del Castillo de San Miguel, en su ladera21. .

                d) Excavaciones realizadas por Sotomayor en la finca el Majuelo22.

                e) Excavaciones dirigidas por Molina Fajardo y A. Ruiz, sobre la colina de Puente del Noi23.

                f) Excavaciones en el Majuelo, llevadas a cabo por Molina Fajardo24.

                g) Excavaciones en la periferia del Castillo de San Miguel25.

                h) Excavaciones de urgencia en Eras del Castillo26, Plaza del Ayuntamiento27 (dos), calle Real28, Explanadas de San Miguel29, Palacete30 del Corregidor y, por último, en Cueva de Siete Palacios31.

                Aplicando este cúmulo de operaciones arqueológicas, término con el que se precisa su correcto significado, a los razona­mientos antes expuestos, es necesario delimitar lo que tiene apariencia de científico, y lo que realmente lo es.

                Haciendo crítica de las primeras intervenciones (Peñón del Santo), los resultados fueron recogidos como noticia por Gómez‑Moreno y Ponsich y Tarradell32, y se ignora cómo y cuáles fueron los resultados de tal trabajo, aunque se dice que aparecieron piletas de salazón de pescado en mal estado de conservación en la cima del Peñón.

                Las dos únicas excavaciones, llevadas a cabo con rigor en estos parajes, han sido las practicadas sobre el Cerro de San Cristóbal, zona periférica de Levante del Castillo de San Miguel (Pellicer)33, y la primera fase de la factoría de salazones del Majuelo (Sotomayor)34.

                En la excavación de la Cueva, los resultados han sido normales dentro de lo esperado, dado que no ha existido estratigrafía, debido a que la ocupación de este espacio tuvo lugar en época tardía, al ser comprobado que los materiales hallados aparecen revueltos: cerámica, y otros elementos, en estratos muy dispares, como se ha visto en el proceso de excavación.

                Así, un mismo tipo de cerámica afloraba tanto superficial como en niveles profundos.

                Este espacio ha sido utilizado para los más diversos fines: desde hábitat, en época reciente, hasta como cementerio de animales, según documento arqueológico (sector L, parte baja de la Cueva).

                Según testimonios orales, en los años ’60 se realizaron exploraciones sobre el relleno de la Cueva, extrayéndose algunas vasijas de cerámicas en el subsector de acceso de la puerta de Poniente.

                Con estas indicaciones la Cueva pudo ser ocupada por el elemento islámico como almacén, según se observa en el sector K (fig. 17), donde recientemente se ha comprobado la reutili­zación de materiales romanos por parte de los musulmanes, ya que se observan elementos secundarios de ambas culturas, revueltos (46-K; 47‑K y 48‑K).

                En el sector X (fig. 34), han sido detectadas otras reutilizaciones, según información tomada cuando se abrieron los cimientos de una construcción moderna. Se extrajeron, de compartimentos de estructura romana, dos vasijas tipo dolivm, mostradas en 9X, en cuyo contexto apareció fuerte mezcla de elementos romanos y musulmanes.

                En calle Real se ha practicado una excavación de emergen­cia, donde se ha sobrepasado la profundidad necesaria para la búsqueda de elementos estructurales.

                Los componentes de sistemas romanos cesan a una profundidad aproximada de 1,50 m. A pesar de ello, se ha continuado profundizando hasta los 4,70 m, excavando sobre zona de tierra o limo, tal vez pensando hallar algún resto de muro ibérico o púnico. El resultado ha sido negativo.

                Sorprendentemente, sobre esta misma calle, a unos 20 m, en sentido hacia la playa, en el derribo de una casa antigua, al abrirse las bases para asentamiento de zapatas, se comprobó, en la sola exploración superficial y algo de movimientos de tierras, y que apenas se llegó a los ¾  de m, pudo seguirse una secuencia de muros romanos que, en base, formaban parte de los viejos cimientos de la antigua casa derribada (no se permitió la fotografía).

                Aparte de este dato, se vio cómo una pieza cerámica similar a un dolivm, utilizado como recipiente de fosa séptica, quedaba fijado con hormigón romano en el suelo, junto a un paramento romano enterrado. Pero la novedad fue el hallazgo de numerosos fragmentos de cerámica púnica, romana, medieval y moderna, todo ello revuelto y en una potencia que apenas llegaba al metro de profundidad.

                La conclusión de tales resultados fue pensar que el material hallado era un relleno llevado a cabo para equilibrio de la superficie tiempos atrás.

                Los materiales no estaban en posición estratigráfica, sino que la consecuencia del desnivel, en este sector de la ciudad, producía movimiento de tierra debido a las necesidades que las nuevas estructuras impusieron a la hora de remodelarse lo que quedó de la cultura anterior, para poder ser ocupada.

                En conclusión, son acumulaciones, dentro de la profundidad indicada, de material movido a partir de la llegada del elemento musulmán. Lo que no quiere decir que debajo de estas estructuras de muros romanos, los materiales se encuentren en posición.

                Así, cuando se ha pretendido dar una opinión sobre las extrañas formas que presenta el sistema arquitectónico de Seks, se ha hecho de modo precipitado, sin analizar los elementos estructurales que dan cuerpo al conjunto, sino más de manera aislada y con escasez de datos al respecto. Ello ha llevado a definir un sistema como la Cueva de Siete Palacios, recopilando las diversas interpretaciones que sobre ella se han vertido, diciendo que se trata de una cárcel de esclavos (ergástula), o criptopórtico sobre el que se asentaba un foro o edificios públicos.

                No se puede definir, por un solo componente arquitectónico, sin contar con el contexto arqueológico, lo que es el conjunto que se estudia en Almuñécar. Por ello, nuestra intención, aunque arriesgada, no deja de ser coherente, ya que trata de dar una definición unilateral de cada sector, estableciendo una interrelación posterior de todas ellas, creando cuerpo unitario que dé sentido al complejo en su totalidad.

                Pero, también, se tratará de establecer una relación estrecha entre el núcleo central y los periféricos, para no dejar carentes de función algunos componentes que se dan de modo algo confuso.

                Lo preocupante, desde el punto de vista científico, ha sido la falta de método analítico que, de forma sistemática, iniciara un banco de datos, con el fin de dar forma y contenido a las estructuras que se han venido descubriendo desde tiempos pasados.

                Por todo ello, se insiste en que, con un estudio programa­do, teniendo en cuenta los elementos que presenta la simple exploración casi superficial, se consiga llegar a unas conclu­siones que se sitúen dentro de lo que, con cierta lógica, pueda ser admitido como proyecto científico.

                Es necesario que, como se dijo al principio de esta relación de fechas y datos inconexos, sea hora de plantearse, de forma correcta, cuanto concierne a unas estructuras faltas de explicación metódica y, sobre todo, partir de los numerosos datos de que se ha dispuesto para un estudio serio y ordenado.

                Aquí se plantea, con exigencia, ofrecer una aceptable respuesta a un acervo de documentos objetivos, con rigor y coherencia. No se trata de hacer una nueva exposición de lo que intrínsecamente constituye la esencia de Seks, sino de presen­tar una versión diferente que satisfaga la demanda de entendi­dos y profanos.

                Volviendo un poco atrás, por ahora no hay más solución que la de seguir usando los tópicos tradicionales; lo que no es óbice para que se vayan imponiendo otros que solucionen esta cuestión pendiente.

                Al igual que lo relacionado con lo fenicio-púnico, no presenta un estado de continuidad homogéneo, ya que las conclusiones sobre lo excavado, en materia de hábitat permanente de este elemento humano en estos parajes, es insostenible por las características de los yacimientos en sí, y hay que decir que, por falta de rigor, tanto lo relativo al fenómeno fenicio púnico, abundante, como la suficiencia de elementos romanos en estructuras arquitectónicas, no han despertado, tal vez por un fenómeno de encubrimiento de las interioridades domésticas actuales, el suficiente interés por indagar en los interiores de las citadas estructuras; lo que revelara la verdad de una reiterada situación falseada por falta de solvencia científica, que se constata con la simple observación de los elementos mostrados, con una frecuencia más que suficiente, pero mal interpretada.

                Después de reiteradas observaciones de lo descubierto al exterior del sistema constructivo, se ha llegado a iniciar un nuevo camino para comprobar si lo que aparece en superficie tiene respuesta en el interior del conjunto. En efecto, a partir de la década de los años ’60, se inicia un constante seguimiento de cuanto se descubre, bien de forma intencionada, bien por observación de lo que se da en superficie; y, en principio, se llega a conclusiones que, ordenadas y clasifi­cadas con criterio de carácter tipológico, inducen a seguir en la búsqueda de una continuidad en todo aquello que diera muestras de llevar a esa unidad y, sobre todo, a una coherencia con el conjunto de cada uno de los compartimentos en que se podía subdividir el núcleo urbano de la actual ciudad.

                Los diferentes sectores, en que se ha dividido el esquema arquitectónico antiguo, después de un planteamiento interpretativo nuevo, han abierto un cierto camino hacia esa búsqueda de unidad que, dentro de todo sistema evolutivo, pueda ofrecer respuesta a las diversas cuestiones planteadas.

                Dadas estas premisas, dentro de la planimetría lógica, ideada para responder al proceso de este complejo, con casi siete siglos de presencia romana y, precisamente debido a ello, se ha dividido diametralmente la ciudad en dos grandes sectores, que podrían explicar las evoluciones o cambios experimentados en ese largo período de historia.

                Esos sectores vienen impuestos por la diferencia de curvas de nivel. El núcleo superior muestra más homogeneidad tipológi­ca que los planos inferiores.

                A partir de una cota concreta, los materiales utilizados son de un tipo, y los restantes, o bien cambian o se mezclan. El casquete superior, más coherente y homogéneo, ha sido siempre el más abandonado, quizá debido a que ha sido habitado por gente de nivel social y económico humilde. Y por ello, la consecuencia final de esta ocupación ha sido la conservación de todas las líneas maestras de las distintas áreas que conforman este sector, y sobre las que se han venido superponiendo, de manera generalizada, los alzados de las viviendas relativamente modernas.

                Hay zonas donde se puede ver la reutilización de paramen­tos romanos en su casi totalidad (no se hace referencia a los abovedados).

                Los trazados antiguos son tan desconocidos y tan faltos de lo que se entiende como lógica urbanística en los esquemas romanos que, a veces, resulta confuso seguir las líneas de las estruc-turas, según un orden.

                Hay subsectores que muestran las alteraciones sufridas por la ocupación medieval y reciente. Pero otros necesitan una gran dosis de estudio y comparación.

                Una de las causas que motivan confusión en algunas áreas es el aterrazamiento, usado como elemento de equilibrio en los lugares donde el suelo tiene grandes o pequeños desniveles. Es un fenómeno frecuente, y muestras de ello son las grandes masas de piedra con cal grasa observables en superficie, a través de varias calles actuales.

                Esta enmarañada situación, formada por secuencias casi ininterrumpidas de naves abovedadas, deja muchos casos en un completo desconocimiento de los accesos a esos espacios. Se comprenden las dificultades que debieron superar los nuevos ocupantes de los referidos elementos arquitectónicos, cuando se han visto forzados a romper los muros de esos recintos. En cierto modo puede servir de explicación para dar sentido a la complicación y dificultad de accesos a estas estructuras, la intención de hacer frente a las continuas acciones de piratería que, con relativa frecuencia, tenían lugar en estas costas. Unas estructuras cerradas y con entradas del tipo que se tratan de explicar, no hay duda de que crearían serios proble­mas a cualquier intento de este tipo. En definitiva no es más que un sistema de almacenamiento fortificado y con accesos difíciles de localizar.

                Las áreas que comprenden las calles San Miguel, Espaldas de San Miguel, Eras del Castillo, Nueva del Carmen, Angustias Moderna, Morería Alta y otras de estos niveles, presentan indicios de ser artificiales, es decir, con accesos abiertos a pico, rompiendo los muros romanos para ocupar tales formas constructivas.

                Pero hay otro dato de interés a este respecto, relativo a las citas sobre restos antiguos de tipo arquitectónico; y es que uno de los historiógrafos musulmanes habla de la existen­cia, en la zona alta de la ciudad, de ruinas antiguas35.

                En algunos subsectores se observa que los muros, e incluso sistemas abovedados, han sido rotos para abrir accesos y penetrar en otros recintos cerrados. Con esta práctica se han hecho desaparecer series enteras de criptosistemas abovedados para interconectar las redes viarias modernas de paso.

                En el subsector de la calle San Joaquín (I), indicaba un inquilino, cuya casa tiene en su interior nave abovedada, que, tiempos atrás, la gente tuvo que allanar el espacio existente a lo largo de toda la fachada nororiental, aneja a su casa cueva para que los animales de tracción pasaran sin dificultad, y se pudiese acceder a las casas (naves abovedadas), donde habitaban.

                Esto revela que, en este sector, se construyó aterrazamiento para nivelar el solar donde se encontraba emplazado el sistema del complejo de la Cueva, cuya área conservada representa la cuarta parte de su unidad arquitectónica.

                El otro gran sector, o área de mediana altura y zona baja de Poniente, tiene características algo diferentes. Los materiales de construcción amplían su variedad. Se usa el ladrillo (opvs testacevm), no registrado como elemento de aparejo en todo el casquete superior, tanto para el alzado de arcos y muros como en abovedamientos, y el opvs incertvm en los muros soportes de las naves abovedadas.

                Sobre tipos de bóvedas, en un subsector concreto, se observan formas vaídas, normales, de medio punto, y tragaluces circulares similares a los agujeros detectados en las cubiertas de la mayoría de las formas hasta ahora conocidas.

                En general, se afirma que, si se traza una diagonal norte-sur, el semiplano de Levante ha sido el que más transformacio­nes y desgastes ha experimentado. En primer lugar, con relación al casco urbano actual, ha sido la zona con más materiales sedimenta­dos, como se ve en algunos cortes practicados en derribos.

                Supuesto un segundo murallón contrafuerte, perteneciente a la última cota de aterrazamiento de desniveles, comprobado en calle Real (excavación de urgencia, y rebaje de cimentación de edificio donde se halló gran cantidad de materiales en superfi­cie), con acumulación de éstos, aglutinados en dos casos de los tres practicados sin orden ni estratigrafía), se infiere que el sector más deteriorado por el abandono y la erosión, así como sometido a cambios de todo tipo estructural por las diferentes etnias del pasado, ha sido precisamente el denominado zona de Levante.

                De las dos ensenadas, la mayor era la levantina, que se adentraba algo más de 2 km en lo que hoy es la cuenca de río Verde, por encima de la paralela a la costa actual, trazada desde el llamado Portichuelo. La segunda, más reducida, partía, casi en diagonal, desde las proximidades de la factoría del Majuelo, en su mitad, hasta los promontorios formados por las tres colinas donde se encuentran las necrópolis púnicas: Puente del Noi, Laurita y colina situada sobre la antigua colonia de la Diputación Provincial de Granada. En ambos esteros se han registrado indicios de componentes de puertos artificiales. En la factoría del Majuelo, Sotomayor descubrió soportes, en donde se podía ensamblar travesaño, utilizable como punto de amarre de barcos36. En la zona de Levante, estero mayor, se ha localizado un punto extremo de puntalón de muelle de puerto romano, de opvs caementicivm, habitual en la construcción portuaria. En resumen, todo un proceso de deforestación, provocado por diferentes causas naturales e intereses locales, ha desencadenado, como resultado final, una fuerte sedimentación, (aparte de la elevación de terreno por causas geológicas, hundimiento de la zona de Alborán y, como consecuencia, elevación de la franja costera granadina), que ha dado lugar a la formación de las actuales vegas de los ríos Seco y Verde, fenómeno que ha producido simultáneamente el enterramiento de las áreas portuarias, con más intensidad en Levante que en Poniente. Como indica el plano de evolución geológica de la línea de costa37, la de Levante  pasa por encima de lo que se considera zona portuaria en este sector, y donde los muros de contención están enterrados a escasa profundidad. La gran área de factoría de salazones yace bajo tierra en el espacio comprendido entre la línea de evolución geológica antigua, y lo que hoy es la parte baja de la ciudad, a lo largo y ancho de laderas del estero periférico de Levante. No faltan puntos donde se han destruido lienzos de muros de la factoría de salazón. Así, la vertiente más alterada está a Levante del barrio de San Sebastián. Sobre la ladera, en sus puntos más bajos, han aparecido muros romanos. Por encima de estas estructuras hay una villa romana, en el citado barrio de San Sebastián. Tal vez con el tiempo se sepa qué resta aún debajo del corredor formado por las laderas que bordean el estero antiguo de río Verde. En cuanto a la ensenada de río Seco, la línea de playa se encontraba cerca de donde se han hallado las necrópolis púnicas mayores; lo que daría luz sobre el hipotético primitivo estacionamiento fenicio-púnico.


1 Cfr. Fuentes historiográficas medievales: notas 60 a 70, en INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE ALMUÑÉCAR.

2 Mª Carmen Calero Palacios, “El Manuscrito de Almuñécar: Libro de Apeos” del Archivo de la Diputación Provincial de Granada, Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, p. 419.

3 Ibidem p. 437.

4 Ibidem, p. 464.

5 Ibidem, p. 469.

6 Ibidem, p. 479.

7 Ibidem, p. 491.

8 Ibidem, p. 499.

9 Ibidem, p. 500.

10 Cfr. Simonet en Ibn al-Jatib, en el epígrafe Seks en las Fuentes Escritas.

11 Cfr. Planimetría del Sector X, Fig. 34.

12 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit., p. 502.

13 Ibidem, p. 507.

14 Cfr. Planimetría del Sector J, fig. 16.

15 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit. p. 512.

16 Ibidem, p. 514.

17 Ibidem, p. 514.

18 O. Arteaga-Hoffmann-H. Schubart-H.D. Schuld, Investigaciones Geológicas y Arqueológicas sobre los cambios de la línea de costa en el litoral de la Andalucía Mediterránea, Informe Preliminar, 1985, Anuario Arqueológico de Andalucía, 1985, II Actividades sistemáticas, 1987, pp. 120 ss., fig. 4.

19 M. Ponsich y M. Tarradell, Garum et industries antiques de salaison dans la Méditerranée occidentale, Paris, 1965, pp. 82 ss.

20 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.

21 Trabajos de  carácter general para tema inicial: Véanse M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Granada, 1962. Id. Actividades de la Delegación de zona de la Provincia de Granada durante los años 1957-1962, NAH, Madrid, 1964; Id. Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada) AEA., 17, Madrid, 1964; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964; Id. Actividades de la Delegación de la Provincia de Granada, NAH, Madrid, 1955. J. Maluquer de Motes, Descubrimiento de una necrópolis en la antigua ciudad de Sexi (Almuñécar, Granada), Zephyrus, XIV y AEARq., 28.

22 Trabajo de carácter general, M. Sotomayor Muro, Nueva factoría de salazones de pescado en Almuñécar (Granada), NAH, XV, Madrid, 1971.

23 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández  y otro, La  necrópolis feniciopúnica de Puente de Noi, Almuñécar en la Antigüedad, Granada, 1982, pp. 147 ss.

24 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, op. cit. pp. 279 ss.; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar, Arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 185 ss.

25 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Dos cortes bajo las murallas del Castillo de San Miguel, Almuñécar…, op. cit., II, pp. 351 ss.

26 Trabajo inédito por urgencia, pero reflejado en la Planimetría del Sector M, fig. 24.

27 F. Molina Fajardo, Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 89 ss.; Id. Excavación de urgencia sin publicar, realizada en la zona cercana al Castillo de San Miguel, y sólo reflejada en Planimetría (Sector V, fig. 33.).

28 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 121 ss.

29 Excavación de urgencia llevada a cabo en la explanada de Eras del Castillo y aún no publicada.

30 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Excavación de urgencia en el solar del Palacete del Corregidor, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 105 ss.

31 F. Molina Fajardo, El Bronce Final yla colonización Fenicia, Almuñécar…, op. cit., pp. 21 ss.; F. Molina Fajardo, J. Junquera García, E. Pérez Pita y J. Gómez Torres, Arquitextura romana, Almuñécar…, op. cit., pp.252 ss.

32 M. Ponsich y M. Tarradell, op. cit., pp. 85 ss.

33 Cfr. Nota 19.

34 Cfr. Nota 20.

35 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII según al`Udri (1003-1035), Cuadernos de Historia del Islam, 1977, pp. 5-8.

36 Cfr. Nota 22.

37 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.


SEKS EN LAS FUENTES ESCRITAS

           

1. TEXTOS HISTORIOGRÁFICOS GRIEGOS Y LATINOS

            Como ha quedado indicado en la exposición introducto­ria, las fuentes escritas no siempre se corresponden con los hechos reales. Este fenómeno se observa cuando se trata de hacer una equiparación entre lo escrito y lo arqueológico, que podría traducirse en un intento de establecer una correlación paralela entre lo que es y lo que hay; o lo que es igual: los textos escritos no se mue-ven en las mismas coordenadas históricas que los elementos arqueológicos.

                Pero, a pesar de este factor de incongruencia, se va a prescin­dir, en parte, de la arqueología para fijar la atención en lo que los antiguos estimaban como estructuras urbanas, fuérenlo o no, hecho que ocurre. Pues dentro de la arqueología urbana no se hace distinción entre una ciudad como Baelo Claudia, ejemplo clásico, y lo que podía ser sólo una factoría, como lo son numerosos emplazamientos costeros tanto en la Península Ibérica como en Marruecos atlántico.

                Pero, siguiendo el criterio de los historiógrafos antiguos, se va a aplicar su método al relatar las citas que se hacen en la Antigüedad sobre Seks. Así, recurriendo a un texto de Estrabón (Geogr. IV, 1,5), éste dice que la eficacia de una repoblación se fundamenta en la vida urbana, desarrollando los aspectos más comerciales. Estrabón duda también sobre la aplicación de la denominación dada a este tipo de ciudad, ante los aspectos negativos ofrecidos por un emplazamiento como el de Seks en sus inicios.

                El contenido etimológico del topónimo queda suficientemen­te explicado por J. M. Solá‑Solé38, que presenta la secuencia ŠKŠ (samek, kaf, samek), cuya trascripción griega dará la forma ’Εξ.

                La Historiografía antigua ha proporcionado pocas citas sobre los inicios de esta colonia. Durante el período romano serán más frecuentes y amplias. Conocidos son los trabajos sobre la colonización fenicia y griega y los contactos de tales etnias con la localidad de Seks39.

                Esta ciudad, por seguir el término que los antiguos usan, queda integrada política, jurídica y militarmente en el Conventvs Gaditanvs, dentro de la Provincia Bética.

                El emplazamiento de la ciudad, en sus orígenes, sigue siendo una incógnita, aunque hay opiniones que apuntan la idea de situarla en las cercanías de la actual Jete40.

            1.1. Hecateo de Mileto (s. VI a. de C.)

Las citas históricas de Seks se inician con un texto de este autor, y dice así:

«Μαστιαvoi, eθvoς πρoς ταiς Ηρακλεiαις Στήλαις, Εκαταioς Εuρoπh. Εiρηται δε aπo Μαςτίας πόλεως. Σύαλις, πόλις Μαστιηνων. Σίξoς, πόλις Μαστιανων. Ηκαταioς Εuρωπh»

                Esto es:«Mastienos, raza próxima a las columnas de Heracles; Hecateo en Europa. Se les da este nombre de la ciudad de Mastia. Syalis, ciudad de los Mastienos. Sixos, ciudad de los Mastienos. Hecateo en Europa»41.

                Con relación a la dependencia política de Seks en estas fechas, se indica que la capitalidad o metrópolis de los Mastienos era la ciudad de Mastia, presuntamente identificable con la ciudad de Carthago Nova, en sus orígenes, ya que se dice que la población o comunidad autóctona de Seks pertenecía a la misma etnia42.

                Son diversas las interpretaciones que se han dado sobre el topónimo ŠKŠ en el aspecto lexicográfico, presumiblemente debido a desconocimiento semántico, ya que, según se desprende de su posterior estudio, hubo un momento, en el proceso de las acuñaciones, en que su compren-sión fue desconocida43.

                Por otra parte, tal confusionismo motivó una amplia gama de variantes morfológicas, unas procedentes de la trascripción griega (‘′Εξ/ Σίξoς), y otras, de la versión latina, a partir del término SEX (transcripción del espíritu áspero (‛) por s latina, épsilon (ε) por E y KŠ por X), resultado que adquiere múltiples fórmulas: AEX, EX, EXITANVM, SEX, SEXI, SEXETANVM, SEXSI y SEXI-TANVM, con sus derivados gentilicios correspondientes.

            1.2. Dífilo de Sínope (s. III a. de C.)

            La cita aportada por este autor griego fue recogida por Ateneo de Naucratis en su obra El Convite de los Sofistas. Su texto es como sigue:

«kreisonoς  ̉Αμύκλαvoς (σκόμβρoς) και Σπαvός Σαξιταvός λεγόμεvoς γαρ και γλυκύτερoς».

O sea: El mejor escombro es el de Amyclas y el hispano llamado sexitano, pues es más delicado y agradable”44.

                Tal fama de las salazones de Seks en el Mediterráneo quedará reflejada en la reiteración de su calidad a través de varios autores.

            1.3. Estrabón (s. I a. de C.)

                Uno de sus textos recoge la siguiente noticia sobre Seks:

«h δe Μάλακα πλησίov mallvn, Φoιvιvικŋ τω ςχήματι. eφεξhV δ` eστin twnΕξιταvwv πόλις, eξ hς καi τa ταρίχη eπωvύμως λέγεται«:

                Es decir: “Málaga está más cerca, con esquema de ciudad fenicia. Después de ésta se encuentra la ciudad de los exitanos, de la cual es epónima su salazón”45.

                Más adelante, en otro texto, a propósito de la fundación de Cádiz, habla de la situación de Seks, y explica la retirada de los fenicios de allí, alegando que los hados no les fueron propicios.

                Su contenido es:

«[…] κατασχεiv εiς τι χoρίov evτoς τwv στηvwv, ev w nun eστi h τwv Εξιταvwv πόλις. evταuθα δε θύσαvτας, μh γεvoμέvωv καλwv τwv iερείωv,avακάμψαι πάλιv

                Es decir: “[…] desembarcaron en un lugar, a la parte de acá de las Columnas, en la que ahora se encuentra la ciudad de los Exita­nos. Tras haber ofrecido sacrificios allí y, al no serles propicios, se volvieron”46.

                Este texto ha dado lugar a especulaciones, que no han provocado más que confusión, y alimentado los pruritos localis­tas, llegándose incluso a suponer que se ha producido una mani-pulación en el proceso mismo de la Historia Antigua, cuando se ha querido establecer un criterio de prioridades en el trans­curso de las colonizaciones, iniciado por los fenicios47.

            1.4. Tito Livio (s. I d. de C.)

                En el primer texto relativo a Seks (Sexetanvm), Livio expone la rebelión que se produjo en el año 197 a. de C., por parte de algunas ciudades, colonias, entre las que se contaban Seks, Malaca y otras.

                Como era normal, después de los episodios bélicos de época púnica, la comunidad de Seks ya había conseguido cierta estabilidad en lo que se refiere a la población fenicio-púnica. Resultaría pues, incongruente que una comunidad estable se levantara en armas contra una potencia como Roma, y sin unos motivos que no supusieran el haber roto vínculos de tipo político y sociales esta-blecidos con ella.

                El primer texto dice como sigue:

«vixdvm terminato cvm Philippo bello (…) ingens in Hispania ulteriore coortvm est bellvm. M. Helvivs eam provinciam obtinebat. is litteris senatvm certiorem facit Cvlcham et Lvxinivm regvlos in armis esse, cvm Cvlcha decem et septem oppida, cvm Lvxinio validas urbes Carmonem et Bardonem, in maritima ora Malacitanos Sexetanosqve et Baetvriam omnem et qvae nondvm animos nvdaverint ad finiti­mo-rvm motvs consvrrectvra (…)»

                Es decir:«Apenas terminada la guerra con Filipo, estalló una gran revuelta en la Hispania Ulterior. Marco Helvio estaba al frente de esta provincia, y puso en conocimiento del Senado que los régulos Culcas y Luxinio se habían levantado en armas. Culcas tenía bajo su dominio 18 ciudades; Luxinio las poderosas ciudades de Carmona y Bardo, y que en la costa, los malacitanos y sexetanos y toda la Beturia y los que todavía no habían descubierto sus intenciones, se levantarían en armas (…)«48.

                Sin duda, esta rebelión fue provocada por incumplimiento de los pactos firmados con Roma, y por abusos tributarios de mandos militares romanos.

            1.5. Pomponio Mela (s. I d. de C.)

                Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

«in illis oris ignobilia svnt oppida qvorvm mentio tantvm ad ordinem facit;  Vrci  in  sinvm  qvem Vrcitanvm vocant, extra Abdera, Svel, Ex, Maenoba, Malaca, Saldvba, Lacippo, Barbesvla».

                Es decir:«En aquellas costas hay ciudades importantes. Su mención se hace por seguir un orden de cita; Urci se encuentra al fondo de la ensenada llamada urcitana; fuera se encuentran las ciudades de Abdera, Suel, Ex, Maenoba, Malaca, Salduba, Lacippo y Barbesula»49.

                La fecha de este episodio coincide con una situación tranquila en la Bética. Al menos las guerras civiles entre César y los hijos de Pompeyo habían quedado atrás, y la paz romana prevalecía sobre casi toda la Península.

            1.6. Gayo Plinio Segundo (s. I d. de C.)

               El texto que este autor ha dejado sobre Seks, es el siguiente:

«dein Maenoba cvm flvvio, Sex cognomine Firmvm Ivlivm, (Selambina), Abdera, Mvrgi, Baeticae finis. oram eam vniversam originis Poe-norvm existimavit M. Agrippa»

                Esto es:»le sigue Menoba con su río, Sex con el sobrenombre Firmvm Ivlivm, Selambina, Abdera, Mvrgi, fin de la Bética. Marco Agripa consideró que toda aquella costa fue púnica desde sus orígenes»50.

                La cronología aplicada a los sucesos que se narran en esta obra establece alguna conexión entre la situación particular de Seks y las guerras entre César y Pompeyo.

                Alrededor del año 46 a. de C., la población, en general, o colonia romana, tuvo algo que ver en los sucesos finales de la citada guerra. Hay ciertos datos indicadores de hechos bélicos atribuibles a los últimos momentos de la lucha entre pompeya­nos y cesarianos. A pesar de la probable concesión de la titularidad de Mvnicipivm concedida por César en el año 49 a. de C., se deja ver que la evolución del topónimo no se produce hasta la desaparición de los caracteres púnicos de las leyendas monetales. Además, en el año 46 a. de C., aún se combatía entre seguidores de uno y otro bando.

                La ciudad de Seks parece haber estado de parte de los pompeyanos, como atestigua el hallazgo de un tesorillo de denarios de plata aparecido en una pileta de salazón abandonada51. Tras el estudio del material, se ha comprobado que la última de las piezas puede fecharse en el año 46 a. de C., observándose también el uso de símbolos y leyendas alusivas a Pompeyo. Probablemente tal acuñación fuera realizada por un hijo de éste.

                El abandono de la leyenda púnica y la adopción del topónimo en caracteres latinos tienen lugar (aparte de la decadencia de lo fenicio-púnico en varios aspectos de tal cultura, entre ellos la lengua), cuando Roma impone definitivamente su influen­cia en todos los aspectos sobre el imperio consolidado, deci­diéndose el cambio epigráfico, producido aproximadamente a finales del siglo I a. de C., o primera mitad del I d. de C. Se da una incongruencia lingüística entre los textos históricos que citan la ciudad (unos con topónimo helenizado; otros, latinizado) y la epigrafía numismática. Tal contrasen­tido es insostenible desde el punto de vista histórico, pero da la impresión de que se asiente en ello, aunque semánticamente sea anacrónico e incluso lleguen a darse, de forma simul-tánea, diferentes variantes en una misma época, por más que ello constituya un topónimo polisé-mico, como en algunas ocasiones se ha admitido.         

                La presencia militar en Seks se ha comprobado desde el año 46 a. de C., y se supone que existía desde antes, pudiéndose indicar, como dato de ello, el año l97, fecha en que las ciudades costeras y otras se sublevan contra Roma.

                Con todo, y profundizando en el texto de Plinio, se puede decir que, aparte de las conno-taciones políticas de pactos anteriores establecidos con Roma, la denominación Firmvm Ivlivm puede significar una fórmula de sumisión al nuevo poder establecido, indicando que justamente el término cognomine funciona como un elemento de enlace para sumar un calificativo que, en la mejor de las interpretaciones, puede ser entendido como fórmula adulatoria, comprensible desde el punto de vista interpretativo, por las situaciones históricas que mantenía la colonia de Seks. En efecto, se ha comprobado que, por lo menos en el año 46 a. de C., hay revueltas, como indica la Arqueología (cfr. nota 33), que manifestaban inestabilidad aún después de Munda (49 a. de C.).

                La aplicación efectiva del estatuto de derecho latino, concedido por Julio César, entraría en vigor en estas colonias posiblemente no de forma inmediata.

                La segunda cita de Plinio es la siguiente:

«colias sive Parianvs sive Sexitanvs a patria Baetica lacertorvm minimi»

                Es decir:» El colias pariano o sexitano que se cría en la costa bética, son los más pequeños de éstos»52 .

                En este texto tan sólo se hace alusión a uno de los tipos de pescados que se elaboraban en Seks, indicando su abundancia en el Mediterráneo53.

            1.7. Marco Valerio Marcial (s. I d. de C.)

                Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

«cvm Saxetani ponatvr coda lacerti  et, bene si cenas, conchis invncta tibi: svmen, aprvm, leporem, boletos, ostrea, mvllos mittis: habes nec cor, Papyle, nec genivm«.

                O sea:» Mientras tú te sirves pescadillas saxetanas revueltas con caracolas, si es que cenas bien; tú, en cambio, pones ubre de cerda, jabalí, liebre, setas, ostras y barbos. Papilo, ni tienes gusto ni inteligencia»54 .

                Considerando que este autor es irónico por antonomasia, sus referencias a Seks se en-cuadran en el contexto de unos versos de tal talante, que sólo la alusión a una localidad de prestigio podía servirle para componer una sátira. El servirse del topónimo para este fin, no deja de ser más que una anécdota, ya que se conoce bien por otros autores, el buen nombre de sus productos.

            1.8. C. Ptolomeo (s. II d. de C.)

                Su texto es como sigue:55

«Βαστoύλωn τωn καλoυμέvωn Πoιvωn

Μεnραλία                                                                        ς΄           λ”           λς΄         ιβ”

Εn τω Iβηρικω πελάγει…

Μάλακα                                                                           η΄          L γ”       λζ΄         L”

Μαίnoβα                                                                          θ΄           δ”           λζ΄         δ”

Σέξ                                                                                      θ΄           L” δ       λζ΄         δ”

Σηλάμβιvα                                                                      δ”           λζ΄         δ”:

De los Bástulos llamados púnicos:

Menralia                                                                         6o                 30′         36o             30′

(…)

Dentro del mar ibérico:

Malaca                                                                                             60                 50′         370

Mainoba                                                                         90                 15′          370             5′

Sex                                                                                    90                 45′         370             15′

Selambina                                                                     100                15′          370           15′

                En esta relación de datos cartográficos, la columna de la izquierda indica la longitud; la de la derecha, la latitud; ambas en grados y minutos.

                Esta enumeración se inicia desde el Atlántico hacia el interior del Mediterráneo.

                La lista completa de ciudades de dicha geografía es la siguiente:

                Menralia,                        

                Transdvcta,    

                Barbesvla,       

                Carteia,             

                Svel,

                Saldvba,  

                Malaca,

                Mainoba,

                Sex,

                Selambina,

                Portvs Magnvs.

                Según este mismo autor, la población de estas comunidades estaba formada por elementos libios, venidos en tiempos de los Bárquidas, púnicos y fenicios; aunque parece indicar que formaban una misma etnia de origen tiria, salvo los estrictamente africanos, llegados a propósito de las Guerras Púnicas46 .

                Las respectivas situaciones de las ciudades colindantes con Seks, según los cálculos de Ptolomeo, se corresponden con cierta precisión. No obstante, y según otras opiniones, con tales coordenadas, la ubicación de la Seks púnica parece más bien corresponder al antiguo emplazamiento de Jete (cfr. nota 22), 7 km hacia el interior de la vega de río Verde.

                A tal efecto, se puede decir que esta localidad ha regis­trado, en sus cercanías, bastantes restos de estructuras arquitectónicas romanas.

                Por otra parte, la similitud entre los topónimos SEX y XET no puede ser más elocuente. Téngase en cuenta que XET es un término arabizado, al igual que el de la localidad próxima a La Herradura, cuyo topónimo XAT, ha dado Jate.

            1.9 Itinerario de Antonino (s. II d. de C.)

                La lista de ciudades57 y sus distancias con relación a Seks, es como sigue:

TVGIA                                                                             XXXV                  m.p.   

SAXETANVM                                                                XXXVIII             m.p.

FRAXINVM                                                                   XVI                       m.p.   

CAVICLVM                                                                    XVI                       m.p.

HACTARA                                                                      XXIV                    m.p.   

MENOVA                                                                         XXXIIII            m.p.

ALBA                                                                                XXIV                  m.p.   

MALACA                                                                         XII                      m.p.

VRCI                                                                                  XXIIII                m.p.

TVRANIANA                                                                  VI                       m.p.

MVRGI                                                                             XII                      m.p.

                La trayectoria histórica de este documento se inicia con el citado Emperador. Una de sus redacciones fue concretada por Ético de Istria, que es la llegada hasta hoy, y encontrada en un manuscrito del siglo VIII d. de C.

                Es la exposición de las redes viarias que se extendían en las dos dimensiones cartográficas de la Península Ibérica. El texto en el que se menciona Seks, muestra, en orden, la distancia comprendida en el trayecto entre Cástulo y Málaga.

                Las cercanías entre las dos ciudades limítrofes con Seks se identifican con lugares cercanos a Dalías (Mvrgi), y las proximidades de Torrox (Caviclvm). Las distancias casi concuer­dan con los emplazamientos de los restos arqueológicos de ambas localidades58.

            1.10. Anónimo de Ravena (s. III-IV d. de C.)

                Se trata de un documento de contenido geográfico en el que se recogen citas de topónimos. En él no se menciona a Seks. Sin embargo los nombres nuevos intercalados entre Malaca y Abdera, Lenvbar y Caesarea, uno por corrupción morfológica, Lenvbar, otro por expansión semántica o sinonímica, Caesarea (I. CAESAR), podrían identificarse ambas, con cierta reserva, con las colonias antiguas de Maenoba y Seks; ésta última llamada desde el siglo I a. de C., Sexi cognomine firmvm Ivlivm (cfr. nota 13)59.

            1.11. Mario Victorino (s. VI d. de C.)

El texto que ha dejado, está relacionado con el plantea­miento de un problema de fonética histórica, y se presenta de la siguiente forma:

«sed libenter qvaererem, qvibvs litteris – scriptvri essent eas voces, qvae in declinatione nec g et s – exevnt, ut nix nivis, senex senis – sexvs sexvs et Sex oppidvm in Hispania – avstrvxit qvod est ab traho, et vexit«

            Es decir:» Pero si quisiera saber bien qué letras se han de usar en aquellas palabras que en su declinación no llevan ni g ni s, ni c ni s, como nix nivis, senex senis, sexvs sexvs y Sex ciudad en Hispania, avstrvxit que procede de traho, y de vexit»60.

            El dato que aporta este autor es valioso para explicar la evolución fonética del topónimo, y la época en que se plantea el problema, aunque este detalle podía ser secundario, ya que era factible su recopilación de textos anteriores.

            2. TEXTOS EPIGRÁFICOS LATINOS

                Lo más importante estriba en que son testimonios directos de hechos y personas pertenecientes a esta localidad, y no se duda de que aquí indican el índice de credibilidad máximo, ya que no dependen, para su interpretación, más que de una buena traducción y comprensión exacta de su contenido.

                Es cierto que un yacimiento, tan renombrado como Seks, no lleva, de forma paralela a su notoriedad, una secuencia de documentos que aporten más conocimientos sobre la condición y ámbito de un conjunto arquitectónico peculiar.

                Dentro de la tradición, escrita se cita una inscripción hallada en la localidad de las Albuñuelas (Granada), de la que sólo queda tradición oral de su texto, descubierta por el cura párroco que, en aquellas fechas, ostentaba tal cargo en la citada localidad. Fue D. Francisco Tallón García quien, además de citar el texto de memoria, indicó que tal inscripción, en mármol, cubría la bocana de un horno de pan privado, y fue llevada posteriormente al museo que en aquella ocasión existía en la Diputación Provincial de Granada, donde se extravió.

                El texto decía lo siguiente: HIC TERMINVS INTER SEXITANOS ET ILLIBERITANOS: «Este es el límite entre los sexitanos y los iliberitanos».

                Al parecer, era un texto de miliario, donde se indica el límite de separación territorial de dos circunscripciones municipales. El no disponer del documento impide toda hipótesis de trabajo, aparte de la que genera su existencia.

            2.1. Documento epigráfico funerario 1 (s. II-III d. de C.)

            Texto:

D.M.S. C. AEMILIVS  CANTABRINVS  SEXSITANVS

ANN.  LXII PIVS IN SVIS

H. S. EST

S.T.T.L.

                 Dice así:«A los sagrados dioses Manes. Gayo Emilio Cantabrino, sexitano, a los sesenta y dos años. Piadoso con los suyos. Aquí yace. Que la tierra te sea ligera»61 .

            Tan sólo presenta el dato de un personaje que nació en Seks, y murió en las cercanías de la localidad de Íllora (Granada).

            2.2. Documento epigráfico funerario 2 (s. I-II d. de C.)

                Apareció en Almuñécar, pero se ignora su paradero. Ha sido transmitido por varios autores de los que alguno ha podido tener acceso a él.

                Texto:

P. IVLIVS  PRIMVS  HIC  SITVS  EST

 CVM  SVIS  S . T. T. L

COLVMBARIA  POSIDO  NVMERO VI

  DEXTRA  ET  SINISTRA

                Dice así:«A Publio Julio Primo; aquí yace con los suyos; que la tierra te sea ligera; levantó seis columbarios, unos a derecha y otros a izquierda»62.

                Tal documento aporta datos relativos a una familia que poseía un panteón privado, añadiendo que existían otros en diferentes puntos de la localidad, como se ha podido comprobar.

                Esta inscripción indica que el propietario posee otros panteones en distintos parajes de Seks; e interpretando, con reservas, el texto, se supone que las características del mismo, en cuanto a su tamaño, concuerdan con las del hueco existente hoy sobre la cara suroeste del alzado externo del columbario Torre del Monje.

                El número de columbarios citados en ese documento se admite como cierto, ya que se han detectado cuatro: el conocido como Torre del Monje, el de la colina de la finca denominada La Albina; un tercero, del que sólo quedan vestigios al borde de la actual carretera de Jete, cerca de la Torre del Monje; y un cuarto, demolido no hace muchos años, situado en la finca La Cerca, junto a la necrópolis de Puente del Noi (sector C de la excavación).

                Fragmentos de columnas y numerosos sillares de piedra toba, hallados en los alrededores de la citada finca, indican que existió una villa romana en su interior.

                Puesto que hay gran cantidad de restos arqueológicos en una propiedad situada en el centro del barrio de San Sebastián, y que son elementos arquitectónicos de una villa, se conjetura que en este espacio existiera otro panteón familiar o columbario.

                Sumando el cómputo final de estos datos, se llega a la conclusión de que hay una coincidencia casual con el número de edificaciones funerarias enumeradas en el documento epigráfico. Razonadamente se piensa que su cantidad debió ser mayor, ya que se han detectado otras villas aún no estudiadas.

            2.3. Documento epigráfico funerario 3 (s. II-III d. de C.)

            Texto:

D  M  S  C  BEBIVS MARCIANVS ANNORVM  X  M  VIII

D  XXVIII  PL  I  S  LE…VIS

                Dice así:«A los sagrados dioses Manes. Gayo Bebio Marciano. De diez años, ocho meses y veintiocho días. Querido entre los suyos. [Que la tierra te sea] ligera»63.

                La piedra fue encontrada en la vega de Almuñécar, en una de las laderas de la parte izquierda de río Verde.

            2.4. Documento epigráfico funerario 4 (s. II d. de C.)

            Texto:

            AM-AN-V-S-T

                Dice: «Am…de cinco años. Que la tierra [te] sea [ligera]»64 .

            2.5. Documento epigráfico honorífico 1 (s. II d. de C.)

                Texto:

C – AEMILIO – NIGRO – ANNIO – SENECAE –

FILIO – ARVACO – GALERIA – SEXITAN –

FLAMINI – DIVORVM – AVGVSTORVM – PROVINCIAE –

BAETICAE – AMICO – RARISSIMO –

AEMILI – LIGVRIVS – ET- ITALICVS –

ET – DELIVS – EXIMIA – PRO – LIBER – POSUE…RVNT

                Dice así:«A Gayo Emilio Nigro, hijo de Séneca, de la familia Galeria, sexitano, sacerdote de los divinos Augustos de la provincia bética, amigo entrañable; los de la familia Emilia, Ligurio, Itálico y Delio le hicieron este recuerdo por su gran genero­sidad»65 .

                La importancia del documento se centra en la categoría social que representa el personaje al que está dedicada tal inscripción, lo que da una entidad especial a la localidad, ya que supone la existencia de un alto cargo religioso en Seks.

                Un dato importante es el modo y lugar en que fue hallada esta inscripción. Apareció como elemento de relleno de muro, dentro de uno de los compartimentos de la factoría del Majuelo.

                Como nota adicional, se puede inferir que esta inscripción, debió montarse en las cercanías del Majuelo, y tal vez en un lugar como templo o foro.

            2.6. Documento epigráfico honorífico 2 (s. I-II d. de C.)

                Texto: NOREM.»…honor…» 66.

            2.7. Documento epigráfico honorífico 3 (s. II-III d. de C.)

                Texto:

L. STERT  L F  ACILIO…MATERN ASIAE…F CI

              Dice así:«A lucio Estert(inio), Acilio Materno, hijo de Lucio [de la tribu] de Asia, le construyó»67 .

              La validez que se quiera dar a la interpretación de la onomástica, es pura conjetura por la mutilación de la inscrip­ción. Lo que sí parece tener fundamento es su alusión a un personaje militar.

            2.8. Documento epigráfico 1 (s. II-III d. de C.)

            Texto:

VALER…

                Puede decir: «A Valerio/a…»68 .

            2.9. Documento epigráfico 2 (s. III-IV d. de C.)

                Texto:

…BVS S…IDARI.DA…I.ID OB DI…

I…QVOTAN…T SCRIP…

                La traducción de este texto se presta a confusiones y suposiciones aventuradas69. Por ello se elude.

                Hay rasgos indicativos de que se trata de una inscripción honorífica dedicada a un personaje de la colonia.

            2.10. Documento epigráfico 3 (s. II d. de C.)

                Texto:

GAL   C R

                «Galerio/a…C.R.»70 .

                Se trata de un fragmento hallado en la campaña de excava­ciones del año 1984, dentro de la factoría del Majuelo. Su traducción es hipotética.

            2.11. Grafito 1

                Texto:

D O M

                 «¿Domicio?»71

                Son siglas en la parte superior, cerca del labio de la boca de un dolivm.

            2.12. Grafito  2

                Texto:

G V B

                «¿Gubieno?»72 .

                Estampilla sobre la parte superior de ánfora. Se halló en las proximidades de Jete.

            2.13. Grafito 3

            Texto:

S E X [TO]

                «Sex[to] «73.

                Estampilla sobre el fondo de vaso campaniense, hallado en la factoría del Majuelo.

                Como rasgo curioso, se indica que tal inscripción aparece repetida tres veces, formando círculo sobre el fondo del vaso; pero se supone que eran cinco, al faltarle un fragmento donde, lógicamente, por estética de dibujo, debía repetirse.

            2.14. Grafito 4 (s. I d. de C.)

                Texto:

A G R I C O L

                «¿De Agrícola?«.

                Estampilla sobre asa de ánfora74. Por la factura y tipo de vasija puede situarse en el siglo I de nuestra Era.

  1. LEYENDAS NUMISMÁTICAS PÚNICORROMANAS Y LATINAS

                Como se ha indicado en textos precedentes, la comunidad de Seks acuñó moneda propia.

                Comenzando por un momento de fuerte influencia gaditana, después de la derrota cartaginesa en Ilipa, paulatinamente se van imponiendo la tradición, tipos y modelos de Gades, tras los pactos firmados con Roma. Las ciudades gozan de cierta autonomía en asuntos internos, en los que entra la facultad de acuñar su moneda.

                La primera fase se caracteriza por la acuñación de tipos similares a los de Gades. Pero la leyenda es propia, y se observa en Seks el uso de caracteres paleopúnicos (ŠKŠ )75. Posteriormente esta leyenda se incrementa añadiéndosele una nueva raíz, que se suma a la anterior: M B ‘ L Š K Š, traducible por: «De los habitantes de la ciudad de Seks»76.

                Se continúa durante casi un siglo, hasta llegar a una situación de desconocimiento de la lengua púnica. Ello revela que se ignoran la lengua, las formas de los caracteres púnicos, y su significado. Consecuencia lógica es el abandono de los grafismos púnicos, y la adopción de los latinos mediante equivalencias fonemáticas.

                El momento final se produce cuando, además de ignorar el valor y significado de la lengua púnica, usan sus signos de forma anárquica, apareciendo ejemplares con leyenda en posición sinistrógira; otros, dextrógiros e, incluso, en una misma leyenda, unos sinistrógiros y otros dextrógiros.

                Posiblemente en estas fechas de historia local se produje­ra el cambio de caracteres gráficos, aproximadamente en tiempos de Calígula o Claudio, presentando una leyenda basada tan sólo en el topónimo simple de Š K Š, sin la cartela M B ‘ L. No se excluye el siglo I a. de C.

                Las contramarcas D D sobre algún ejemplar, que perduran con el uso del topónimo en caracteres púnicos, muestran su perviven­cia hasta fechas tardías. Pero se podía pensar que no es más que un recurso para dar validez legal a tipos que eran acuñados por el Estado Romano77.

                A pesar de esto, no se admite que la leyenda latina se originara a propósito de la presencia de Julio César, a mediados del siglo I a. de C., sino que lo más acertado podría ser que tal leyenda aludiera a la familia Julio-Claudia, posibili­tándose una acuñación paralela.

                Los textos de las leyendas son los siguientes:

                a) Púnico antiguo:                                                          Š K Š;

                b) Neopúnico:                                                                  M B ‘ L Š K Š;

                c) Latinos:                                                                         F- I- SEX y F- I- SEXS.

                La traducción e interpretación de las leyendas púnica y neopúnica ha sido estudiada por Solá‑Solé (cfr. nota 1). La versión latina aproximadamente se traduce como «Sexs, leal a(l) César».

DOCUMENTOS ÁRABES

             El elenco bibliográfico que ofrece la cultura islámica sobre Seks es muy valioso desde el punto de vista arqueológico, ya que proporciona datos sobre la existencia de una civiliza­ción anterior, describiendo, a veces de forma muy detallada, determinados elementos arquitectónicos que serán de gran ayuda para el posterior estudio de la arquitectura romana, sobre todo en lo concerniente a los capítulos:

                a) Ingeniería hidráulica, sobre la industria de Seks.

                b) Existencia de construcciones en la ciudad, fuera de su técnica arquitectónica, y que el elemento islámico apenas reutili­zó.

                c) Existencia de atarazanas y zonas portuarias, de las que sí hicieron uso, etc.    

                Pero, para seguir un orden desde la llegada del Islán a estos parajes, se presenta  la documentación respetando la secuencia cronológica.

            4.1. Al-Razi

            Sus documentos narran hechos que abarcan una cronología que va desde el siglo IV al X de nuestra Era78.

            En sus escritos dice lo siguiente:

«…es un hisn que pertenece a la Kura de Elvira».

            4.2. Al-Udri

                Sus escritos se datan en el siglo XI de nuestra Era. Su texto sobre Almuñécar es como sigue:

» En Almuñécar hay una antigua fortaleza, casi inexpugnable, en la que hay muchos restos arqueológicos de los primitivos. Hay allí una acequia que conduce hasta la fortaleza y cerca de ésta, por el Norte, un ídolo muy bien construido en piedra y yeso. Su altura pasa de cien brazas. El agua llevada a la fortaleza bulle en lo alto del ídolo, para descender al suelo, correr hacia la fortaleza y subir hasta una altura correspondiente a la del ídolo. Los restos de ésos son claramente visibles hasta nuestro tiempo»79.

                Comentando detalles de las ruinas que cita, no hay duda de que habla de restos romanos en mal estado de conservación.

            Lo primera impresión es pensar en que el elemento islámico no ocupó esos espacios, cuando los cita como ruinosos y, al parecer, ajenos a sus intereses.

                En cuanto al sistema hidráulico, es notorio que el trazado expuesto es el que ahora hay que demostrar.

                El primer punto, referido al sistema descrito, es la colina donde está emplazada la Iglesia Parroquial, cercano a la muralla norte, donde estaba la Puerta de Granada, y que constituía un límite en tiempos de dominio musulmán.

                El propio autor dice que al Norte de la fortaleza se hallaba el ídolo, definido como torre de descarga, que equili­brara la presión entre las cotas 50 y 25,55, correspondientes al punto de la arqueta de distribución y al nivel del suelo de la iglesia. La distancia entre la arqueta, depósito y torre de descarga es aproximadamente de 900 m.

                La descripción que al-Udri presenta sobre el trazado del acueducto dentro de la ciudad, es explícita: el agua que cae desde el ídolo hasta el suelo, debe remontarse para superar una altura equivalente, existente en la fortaleza.

                La primera altura superada es la que corresponde a Eras del Castillo, punto más elevado de la ciudad. Desde aquí se produciría un reparto hacia las zonas de influencia, y se incluía el paso de canales de conducción hasta la fortaleza, desde donde se dirigiría hasta el Peñón del Santo. Aquí aún existe un depósito de agua indicado en planimetría (Fig. 7, pág. 1067).

                Se tiene la certeza de que la descripción de este autor, corroborada por restos arque-ológicos de la Iglesia, evidencia que el depósito terminal y torre de descarga estaban levantados sobre el citado emplazamiento (Fig. 36, pág. 1136).

            4.3. Idrisi

                Sus documentos abarcan una cronología amplia, situándose entre los siglos VI y XI de nuestra era. Sus notas sobre Almuñécar son de las más completas y detalladas.

                En primer lugar es preciso clarificar que los islámicos distinguen bien entre medina, como ciudad, e hisn, fortaleza o castillo.

                El texto de Idrisi80 es como sigue:

“Almuñécar es una ciudad hermosa, de tipo medio, con muchas pes querías y abundan­tes frutas. En su centro hay una edificación cuadrada que se alza como un ídolo de amplia base y estrecha cima, a modo de pirámide. En ella hay, a ambos lados, dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba. En frente, por un sólo lado, hay un gran depósito en el suelo, al cual llega el agua desde la distancia aproximada de una milla, por encima de muchos puentes arqueados unidos por piedra dura, que vierten su agua en el citado depósito. Las gentes enteradas de Almuñécar dicen que esa agua subía a lo alto del faro (manar), descendía por el otro lado y corría hacia un pequeño molino, cuyo lugar aún persiste ahora sobre una montaña que da al mar. No saben cuál era su finalidad».

                Comentando esto, hay que decir que sólo añade detalles sobre la aportación de al‑Udri. Así, fija la situación del depósito, que recogía el agua al caer desde el aliviadero de la torre. Además, cita la conducción de agua a través de un acueducto formado por puentes. Otro dato importante es la base cuadrada de la torre de descarga.

                Cuando dice que en ella hay dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba, se entienden como dos sifones que, partiendo de la torre, por efecto de vasos comunicantes, se dirigen hacia lo más alto de la ciudad, ya que la presión ejercida por la diferencia de altura de la citada torre, es suficiente para hacer subir el agua al punto que se desee, dentro de Almuñécar.

                El molino, probablemente, podría estar sobre Eras del Castillo, punto natural más elevado del casco urbano. Y, por otro lado, parece indicar que se encontraba al pie de la torre de descarga.

            4.4. Yaqut

                Sus escritos son de los siglos XII y XIII.

                Lo más importante de su trabajo es la referencia que hace al hisn de al-Munakkab81.

            4.5. Al-Wahid al Marrakusi

                Su texto82 se sitúa entre los siglos VI y XIII. El documento sobre  Almuñécar es como sigue:

«Después de la ciudad, conocida como Almería, a orillas del mar Mediterráneo, está la fortaleza de Almuñécar, que es un pequeño lugar, también batidas sus murallas por el mar. Entre Almuñécar y Almería, hay cuatro etapas, y entre esta fortaleza de Almuñécar y Málaga, tres».

                La única novedad que aporta este autor alude a las murallas abatidas por el mar. Probablemente se tratara del anillo que circunvalaba la zona baja de la ciudad, sobre todo en la zona de Puerta del Mar.

            4.6. Al-Himyari

                Sus escritos83 son de finales del siglo XIII y comienzos del XIV de nuestra era.

                Su texto es el siguiente:

«Se hallan muchas ruinas antiguas; los antiguos habían construido conducciones de agua y elevaron monumentos, algunos de los cuales subsisten. En las cercanías de la fortaleza, por el lado norte, llama la atención una importante torre de agua (daimas), edificada con sillares; cuadrada en la base y terminada en punta, a una altura de unos cien codos. El agua que viene a desembocar en este edificio tiene escape por un aliviadero («manfas») en la coronación. En la cara norte de esta torre, de arriba a abajo hay tallado en su anchura, una especie de goterón, que permitía al agua, saliente del rebosadero, llegar hasta el suelo. Este dispositi­vo prueba que el agua conducida hasta la torre provenía de un punto situado a un nivel superior al del monumento».

                La nueva información del documento se refiere, en parte, al material usado: sillares de piedra caliza porosa (toba) que hoy se ven reutilizados en la base de los paramentos de la Iglesia.

                Otro dato explica que la caída de agua desde el aliviadero había ya creado huella, aunque lo que destaca el autor es un canalón que dejaba escapar el agua rebosante desde lo alto de la torre de descarga.

                En el mismo texto, al‑Himyari continúa más adelante:

«Almuñécar era un buen fondeadero de verano, que ofrecía un abrigo a su lado este, que estaba en la desembocadura de un río; la dominaba un hisn inexpugnable; tenía un arrabal, mercados y mezquitas; insiste, así mismo, en la existencia de restos de culturas antiguas».

                Esto último reafirma sobre todo su fondeadero, situado en su parte este, es decir, en el estero de río Verde.

                Por estas fechas el estero de tal río debió tener aún bastante extensión hacia el interior, y que servía de refugio natural contra los vientos de Poniente.

                Otro dato importante es un arrabal. Probablemente se refiera a lo que tradicionalmente se ha conocido como Cuartón de la Ciudad Antigua, detrás del barrio de San Sebastián, entre colinas, laderas, Camino Bajo y vega, zona con mejor condición de habitabilidad que el actual casco urbano.

                Es importante resaltar en algunos autores, aún en el siglo XIV, la insistencia en relatar la presencia de ruinas de antiguas culturas. Esto supone que hubo una gran parte de la ciudad heredada que no fue ocupada. Se infiere por ello que se trata del conjunto arquitectónico abandonado por los romanos, y que se encontraba en estado ruinoso.

            4.7. Al-Sabti

                Este autor84 pertenece al siglo XIV de nuestra era, y su texto es el siguiente:

“El puerto de Almuñécar es veraniego y está protegido por dos flancos orientales. Tiene un río que vierte en el mar; sobre el que se alza una fortaleza en desuso y en él hay un arrabal, un zoco y una mezquita aljama».

                En este texto se incide sobre la misma idea de puerto, protegido por la propia configuración del territorio: la ensenada de río Verde.

            4.8. Ibn al-Jatib

            Sus escritos median entre los años 1313 y 1374 de nuestra era.

                Los datos, proporcionados por Ben Sarifa85, y según su traducción, son los siguientes:

«En el siglo XIV nos describe así Almuñécar: Puerto y fondeadero de veleros, lugar planeado por los cristianos antes del Islán y donde se asientan. Su fortaleza es inexpugnable y sus telas muy bien confeccionadas. Sus excelencias son evidentes. El alcázar, de amplios ventana­les y perfecta hechura. La mezquita, situada en el más noble lugar, y el edificio antiguo de tiempos inmemorables, cual si fuera una lima enhiesta o una lanza en manos de un jinete, contra las vicisitudes del tiempo y semejante al palacio de Haman, de flancos finos hechos de piedra tallada y que casi une cielos y tierra. (Almuñécar) rebosa caña de azúcar y en su tierra proliferan pasas excelentes, su territorio es espléndi­do…Hasta Almuñécar llega la tierra de Sawar y en su cercanía está la sede de la escuadra, en ella las promesas no sufren demora, ni su plazo precisa dilación. Ahora bien, su nombre induce a mal agüero y conviene seguir dándole de lado, sus caminos, por su difícil acceso, impiden que la frecuenten sus reyes. Su aire está corrompido y las pestes predominan, sus vecinos son envidiosos. Si se encienden los cielos y se alteran con los vientos simunes, entonces sus habitantes saldrán de las tumbas de sus casas y huirán renqueantes a sus montañas. A ella se trae la grasa, el trigo entre su gente escasea y hay que tener paciencia si el mar no lo envía domado. El camaleón en sus páramos se asa y se le exige al libre la sangre del foráneo».

                Simonet86 ofrece otra versión, que se diferencia de la anterior en su extensión semántica. Dice así:

«La llama puerto y parada de naves, fundación y morada de las sierras de Jesucristo, fortalecida por un castillo inexpugnable».

                Más adelante continúa:

«Su alcázar era de ingeniosa fábrica y con arcadas abiertas, su mezquita puesta en un lugar eminente. Su antiguo monumento arquitectónico, parecía una lima puesta perpendicularmente o un pilar derecho, y sus esquinas eran de piedras labradas; parecía que había hecho con el tiempo pacto».

                La importancia se explica con bastante precisión: la torre de descarga del acueducto romano, en la colina de la Puerta de Granada.

                Ambas versiones dicen que las esquinas de esta edificación estaban reforzadas con piedra tallada y resistente (toba).

                Otro texto de Ibn al-Jatib  muestra Ben Sarifa87 en su obra Almuñécar en la Época Islámica, que dice así:

“…y la región de Almuñécar, en la cual está la antigua ciudad, con admirables restos”.

                Ben Sarifa88 continúa exponiendo los textos tomados de Ibn al-Jatib en los que se cita la existencia de graneros y pirámides, enterrados por el rey usurpador, después de haber sido consagrados los ídolos y ocultados los restos.

                En primer lugar, es preciso prestar atención a las palabras usadas en sentido estricto, cuando emplea la expresión «antigua ciudad” y, además, “con admirables restos». No hay duda de que está hablando de las estructuras romanas deshabitadas y abandonadas.

                En ningún momento autor islámico alguno habla de la ocupación de tales ruinas. Se constata que fueron usados los parajes del Castillo y algunas dependencias romanas de la llamada colación de Santiago.

                Los graneros citados por al-Jatib pueden ser entendidos como naves abovedadas (o los pasadizos subterráneos del actual Castillo, y depósitos superficiales del mismo), de las que algunas se encuentran bajo el nivel actual del suelo.

                El último texto tomado de la obra de al-Jatib89 relativo a la estructura de Almuñécar, dice así:

 “Las cuestas de Almuñé­car son funestas: quien osado se arriesgase por ellas y se libra de precipitarse, ése, agradecido, debe liberar un esclavo”.

                La explicación es simple: Almuñécar no tenía calles en sentido estricto del término, sino que, a partir de la ocupa­ción musulmana, hubo necesidad de ir abriendo pasos para acceder a la fortaleza y lugares estratégicos de las formas heredadas.

                No hay duda de que los antiguos sistemas de aterrazamientos tendrían su medio de acceso; pero tal esquema de estructuras no respondería a las necesidades de los islámicos para llegar a esas dependencias. De ahí las roturas.

                En otro pasaje de la obra de al-Jatib se habla de la construcción naval, tan necesaria e importante hasta la época moderna90.

            4.9. Al-Umari

            Sus escritos datan del siglo XIV de nuestra Era.

            Su texto refiere la discusión sobre la identificación de Almuñécar como hisn (castillo) o medina (ciudad)91.

            4.10. Al-Qalqasandi

            Sus textos se datan en el siglo XV de nuestra era.

                En sus documentos destaca la producción agrícola, con especial alusión al azúcar, plátanos y uvas pasas92.

                Levi-Provençal93 dice sobre Almuñécar:

 “Abd-al-Rhaman desembarcó en una ciudad que está a orillas del mar, Almuñécar. Los frutos que producía eran las pasas, caña de azúcar, hierbas y cereales, además de una hermosa seda».

                Desde el punto de vista arqueológico e industrial de la zona, es de gran valor un dato aportado por Sermet94 con relación al aspecto naval de Almuñécar. Dice así:

«Les Phéni­ciens fondèrent Almuñécar sous le nom de Sexi. Les Romains y bâtirent un très fort castillo remanié depuis, mais dont on peut voir les tours; on a dans les alluvions de la vega retrouvé une de leur galères«:

                Es decir :»Los fenicios fundaron Almuñécar con el nombre de Sexi. Los romanos construyeron en ella un castillo muy fuerte, retocado después, pero aún se pueden ver sus torres; se ha encontrado bajo el aluvión de la vega una de sus galeras…».

                Este dato confirma que el espacio, que hoy conforma la vega, era navegable, y debe corresponder a la zona más inundada por el aluvión y el fenómeno de emersión de la costa, indicada y estudiada por Sermet, como es la vega de río Verde.

                Extraídas del Libro de Repartimientos de Almuñécar, se tienen las siguientes noticias: además de las conocidas Puerta de Granada, Vélez-Málaga, y del Mar, en el Libro de Apeos de la ciudad se habla de otra: la denominada Puerta del Alcazaba. Actualmente puede verse uno de sus pilones en la alineación de murallas romano-medievales que bordean la cornisa de roca de encima del Majuelo.

                Probablemente una escalera de piedra toba, que se inicia sobre la base de las piletas del Majuelo, llegara hasta la citada entrada, además de la que se indica como primordial95.

                En otros apartados del Libro de Apeos, se habla de dos arrabales situados entre los ríos Seco y Verde. Se les conocía con los nombres de Almauz y Aleuxa. Malpica cita los arrabales que tenía la ciudad, pero no los ubica96. Pensamos que el citado Cuartón de la Ciudad Antigua tiene alguna relación con los citados arrabales.

                Con relación al puerto comercial, existe la confirmación de su realidad. Lo que se ignora es si en estas fechas los espigones romanos estarían aún al descubierto97, cosa que parece confirmarse después de la exploración del Instituto Arqueológi­co Alemán de Madrid98 (Cfr. fig. 4).

                Extractado del citado Libro de Asentamientos, Malpica99 habla de los siguientes compartimentos de la ciudad:

“En la colación de Santiago y junto a la llamada Puerta del Mar, se encuentran: la judería, edificios básicos para el desarrollo de la vida urbana, como mezquita, baños, sinagoga, pescadería y aduana del azúcar».

                Por lo que puede significar la aportación de citas textuales del Libro de Apeos de la ciudad, se han extraído aquellos fragmentos considerados más relevantes, con relación a los siguientes datos arqueológicos: descripción de viviendas antiguas, casas arruinadas, corrales, baños, almacerías, división de la ciudad en distritos parroquiales, concentración de elementos industriales, atarazanas, judería, aduana, hornos, secaderos de azúcar, como componentes urbanos más significati­vos. Para ello nos remitimos a lo expuesto al inicio de este trabajo, al mostrar la información completa de tal secuencia, y que Mª. C. Calero refiere como documentos del Libro de Asentamien­tos (Cfr. Estudio sincrónico…)

                Analizando el contenido de la aludida documentación, se definen los siguientes sectores, partiendo de la división de la ciudad en colaciones y que, según el Libro de Asentamientos, se admiten sólo dos: la colación de Santiago y la de Santa María; pero hay una tercera que no ha sido citada probablemente por haberla extendido o comprendido en la segunda; ésta supuesta, se denominaría (colación) de la Trinidad, y cuyos restos se encuentran transformados en la vieja ermita de la calle Nueva, remozada y convertida, hace no muchos años en casas modernas (hemos tenido la ocasión de conocerla con su estructura completa, aunque en estado ruinoso). Esta supuesta colación no es citada en los libros de forma precisa, pero se lee entre líneas que fue absorbida por la de Santa María de la Antigua.

                La colación de Santiago, en la parte baja de la ciudad, abarcaba lo que era pescadería antigua, calles Alta y Baja Mar, Plaza de la Rosa, Aduana Vieja, parte de la Cuesta del Carmen, y todo el sector del adarve, a cuya muralla había casas adosadas. La Judería comprendía el área de las calles Alta y Baja del Mar y la calle Real. Los baños estaban probablemente en un sector antiguo de origen romano. Hoy se conservan indicios de ese supuesto destino dentro de casas de esa zona de la ciudad.            

Con relación a las atarazanas, ya desde tiempos atrás, se habla de la construcción de embarcaciones. En torno a la nueva ciudad, a su vez, las murallas serán utilizadas para adosar viviendas. Además, hay que citar la fabricación del azúcar, cuyos centros estaban en el sector de las atarazanas. Las «casas caídas y corrales» pueden corresponder a elementos romanos.

                Otra de las manifestaciones urbanísticas es la vivienda que utiliza el adarve para apoyar su estructura. Los sistemas de aterrazamiento serán aprovecha­dos en época medieval para levantar sus sistemas murados defensivos, formándose anillos de murallones que, a su vez, serán utilizados posteriormente para adosar viviendas sobre ellos.

                Insistiendo en esto mismo, un autor musulmán, que describe rasgos de la ciudad, habla de las antiguas fortificaciones hechas por sus predecesores, lo que no es una aseveración gratuita, porque, en efecto, lindando con el Castillo, hacia la vertiente de poniente, se extiende un murallón romano en sentido sur-norte, que ha sido roto y añadido a otro de factura moderna medieval, pero que probablemente indicara que la Seks romana estaría rodeada por un sistema de murallas; lo que es arqueológicamente demostrable y estratégicamente admisible.


38 J.M. Solá-Solé, SKS, SKS o SKS? Sefarad, 16, 1956, pp. 325-335; J. Lecerf, Annales de l´Institut d’Études Orientales de l´Université d´Alger, X, 1952, pp. 428-433; A. García y Bellido, Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, I, 2, Madrid, 1952., pp. 419-422; M. de Saulcy, Recherches sur la Numismatique punique, Memoires de l´Institut Royal de France, XV,2, 1945, pp. 192-194; F.C. Movers, Das Phönizische Sprache, Halle, 1869, p. 280; A.C. Judas, Étude demonstrative de la langue phénicienne, Paris, 1847, p. 24; M. Lindberg, citado en la obra de Saulcy, p. 112; E. Hübner, Monmenta linguae ibericae, Berlín, 1893, p. 117; Id. Sexi, Real Enziklopädie der Altertumwissenchapht (R.E.), 2ª. 2028; A. Dietrich, Scripturae linguae phoeniciae, Leipzig, 1837, p. 12; J. M. Millas Villacrosa, citado en Saulcy, p. 312; E. Meyer, Geschichte der Altertums II, 2, Stuttgar, 1931, p. 93; L. J. Velásquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137-141; A. Delgado, Catalogue des monnaies et de médailles antiques de feu, G. Daniel de Lorichs, Madrid, 1857, p. 19. como obra complementaria a esta materia, véase A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924.

39 J. Boaddman, Los griegos en ultramar, comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid, 1975, pp. 215 ss. G. Trías, Economía de la colonización griega, Estudios de Economía Antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 99 ss.; N. Santos Yanguas y M. Picazo, La colonización griega, 1980, pp. 143 ss.; A. García y Bellido, La colonización fócea en España desde sus orígenes hasta la batalla de Alalia, Ampurias II, 1940, pp 55 ss.; M. Tarradell, Economía de la colonización fenicia, estudios de Economía antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 88 ss.; R. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, XXIX, 1970, pp. 367 ss.; A.E. Astier, Saguntum and the origin of the second Punic War, Latomus XXVI, 1957, pp. 577 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones de España y el Norte de África durante el gobierno bárquida y la conquista romana (237-219), Saitabi, XI, 1961, pp. 21 ss.; Como obras de ampliación bobliográfica, citamos a R. Carpenter, The Greeks in Spain, London 1925. A. García y Bellido, La Península Ibérica en los comienzos de su historia, Madrid, 1952; Id. Navegantes y geógrafos griegos en España, Estudios Geográficos, 2, 1941; Id. Tartessos, la colonización púnica y la colonización griega, Madrid, 1953; Id. Hispania graeca, Barcelona, 1948; Id. El mundo de las colonizaciones, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1952, I, 2; Id. Fenicios y cartagineses en Occidente, Madrid, 1942; H. Schubart y H. G. Niemeyer, L´espansione fenicia nell Mediterráneo, Espagna, Roma, 1971; J. M. Blázquez Martínez, La romanización (2 vols.), Madrid, 1974-75; J, M. Blázquez Martínez y A. Montenegro Duque, España romana (vol. I), la conquista y la explotación económica, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1982.

40 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, op. cit., p.123; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), 1962, pp 5 ss.; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964, pp. 304 ss; A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad Fenicia o ¢´Ex en el Ámbito de Tartessos, Granada, 1979, p. 212; M. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus provincias de Ultramar, Madrid, 1845, p. 634 a.; A. Tovar, Iberische Landeskunde, Baetica, I, Baden-Baden, 1974, pp. 81-82; J. M. Roldán Hervás, Itinerria Hispana, Fuentes antiguas para el estudio de las vías romanas en la Península Ibérica, Valladolid, 1975, p. 265; F. Molna Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad, La necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, Granada, 1982, p. 18; R. Thouvenot, Essai sur la Province romaine de la Bétique, Paris, 1973, p. 372; J. M. Blázquez Martínez, Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente, Salamanca, 1975, pp. 118 ss.; Texto de consulta; F. Flórez, España Sagrada, Madrid, 1804.

41 Hecateo de Mileto, en Esteban de Bizancio, FAH, II, p. 253; A. Schulten, Otros testimonios anteriores al año 500 a. De C., FAH, Barcelona, 1955, pp. 13 y 187; Texto de consulta. Jakoby, Die Fragmente der griech Historiker, Vol. I.

42 A. Schulten, FHA, I, p. 129; Id. Tartessos, pp. 85 ss. y 206 ; C. Belda, el proceso de romanización de la provincia de Murcia, 1975, pp. 16 ss.; Texto de consulta: A. García y Bellido, Cartagena en la Antigüedad, Investigación y Progreso, 9-10, Madrid, 1943.

43 A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, II Congresso Internazionale di Studi Fenici e Punici, Roma, 1987, artículo de consulta: Introducción y Conclusión.

44 Dífilo de Sínope, en Ateneo de Naucratis, III, 121 a.; A. Schulten, FHA, I, p. 85.

45 Estrabón, Geografía de Iberia, III,4,2; M. Cortés y López, Diccionario geográfico, histórico de la España antigua: Tarrconense, Bética, Lusitania, Madrid, 1935, I, pp. 65 ss.; J. Alemany Bolufler, La geografía de la Península Ibérica, R.A.B. M., 1910, pp. 149 ss.; J. M. Blázquez Martínez, La Iberia de Estrabón, Hispania Antiqua, I, 1971, pp. 11 ss.; Textos de Consulta: A. Tardieu; Geografía, París, 1903. A. Blázquez, Descripción de la Iberia de Estrabón, Madrid, 1909. A. Schulten, Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, Barcelona, 1952. A. García y Bellido, España y los españoles hace dos mil años, según la Geografía de Estrabón, Madrid, 1968. F. Veloso y J. Cardoso, Estrabâo, Libro III da Geografía, Primeria contribuçao para una nova ediçao crítica, Oporto, 1965. F. Lassere, Strabon, Geographie, t. II, Livres III y IV, Paris, 1966.

46 Estrabón, op. cit., III, 5,5,; A. Schulten, FHA, VI, pp.82 y 119.

47 W. Potscher, der Name des Heracles, Emerita XXXIX, pp.169 ss.; Textos de consulta: R. Dion, Tartessos, l´Océan et les travaux d´Hercule, RH, 224, 1960. R. Desaud, Melkart, Syria, XXIV 3º y 4º, 1946-48.J. M. Blázquez Martínez, El Herakleion, un templo semita en Occidente, I Congreso Arqueológico del Marruecos Español, Tetuán, 1954; Id. Relaciones entre Hispania y los semitas (sirios, fenicios chipriotas, cartagineses y judíos) en la Antigüedad, en Festschrift für Franz Althein, Berlin, 1969; J. Bayet, Les origines de l’Hercule romain, Paris, 1926.

48 T. Livio, Ab Urbe Condita Libri, XXXIII, 22, 6; A. Schulten, FHA, III, pp. 175 y 341; L. García Iglesias, La Beturia, un problema geográfico de la Hispania Antigua, AEARq., 44, 1971, pp. 86 ss.; T. Livio, en FHA, III, frag. XXXII, 2, 5; Como obras de consulta, véanse C. F. Walters y R.S. Conway, Ab Urbe Condita, Oxford, 1914; P. Jol, Ab Urbe Condita, col. Budé, Paris, 1971.

49 Pomponio Mela, De Situ Orbis, II, 94; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 39 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I de nuestra Era (según P. Mela y C. Plinio), Buenos Aires, 1947, pp. l9 ss.; A. Tovar, Iberische…, Op. cit., pp. 75 ss; Como ediciones críticas: C. Frik, De Situ Orbis, ed, Teubner, Leipzig, 1880; H. Hout, De Situ Orbis, ed. Didot, Paris, 1883; H. Philipp, De Situ Orbis, Leipzig, 1812.

50 Plinio, N. H., III, 8; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 137 y 161 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I…, pp. 69 ss., y 115 ss.; E. Klotz, Die geographischen commentarii des Agrippa, Klio, 24, 1955, pp. 458 ss.; Schnabel, Die Erdkarte des Agrippa, Philologus, 1936, pp. 505 ss.; Como obras críticas, véanse: C. Mayhoft, Naturales Historiae, ed. Teubner, Leipzig, 1892‑1909; H. Rakham, Pliny Natural History, ed. Loeb Classical Library, Lon­don, 1961; Detlefsen, Die Geographie der Provinz Baetica bei Plinius, Philolo­gus, XXX, 1870.

51 A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática republicana romana de Sexsi (Almuñécar), Studia Graecolatina Carmen Sanmillán in Memoriam dicata, Granada, 1988, pp. 387 y 398.

52 Plinio, N. H., XXXII, 146; A. García y Bellido, España y los españo­les.., Op. cit., p. 187; Véase como dato complementario, nota 32.

53 Darenberg et Saglio, Dictionaire des Antiquités, t. I, p. 1459, au mot «garvm»; Zahn, en Pauly‑Wissowa, VII, A, columnas 841‑849; J. J. Van Norstrand, Roman Spain, p. 183; A. García y Bellido, Fenicios y cartagine­ses…, pp. 82 ss.; P. Grimal et Th. Monod, Sur la véritable nature du garvm, REA, 1952, pp. 27‑28; Knock, Fragment. comic. attic., I, 186; Seneque, Ep., 95, 25; Ausonio, Ep. 25; M. P. Charlesworth, Trade Routes and Commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, chap. 9, pp. 149‑167; St. Gsell, Histoire ancienne de l’Afrique du Nord, t. I, p. 373; Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, el término scombraria; Estrabón, Geogr. FHA, VI, 2, p. 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 2; Avieno, Or. marit., 452; A. Thomazi, Histoire de la pêche, Paris, 1947, pp. 481‑482; M. Ponsich, A propos d`une usine antique de salaisons à Belo, MVU, 12, 1976, pp. 68 ss.; Da Veiga Ferreira, Algunas considera­ciones sobre las fábricas de conserva de preixe da antiguadade encontradas en Portugal, Archivo de Beja, 24, 1967, pp. 123 ss.; M. del Amo, Restos materiales de la población romana de Onoba, Huelva Arqueología, II, 1976, pp. 23 ss.; M. Esteve, Fábrica de salazón romana de la Algaida (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz), NAH, 1953, pp. 126 ss.; J. R. García, Garvm sociorvm, La industria de salazones de pescado en la Edad Antigua en Cartagena, Anales de la Universidad de Murcia, 36, 1977‑78., pp. 27 ss.; G. Martín, Las pesquerías romanas de la costa de Alicante, Papeles del Laboratorio de Valencia, 10, 1970, pp.179 ss.; M. Sotomayor Muro, Nueva Factoría…, pp. 147 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Economía de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 52, 110, 161, 162 ss., 407 ss., 443 ss.,149 ss.; Id. Historia económica de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 101, 161, 263 ss.; Id. La economía de la Hispania romana, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal (Nueva Edición), Madrid, 1982, pp. 328, 411, 441, 547 ss.; Como obra de consulta y ampliación, véase M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, Op. cit.; B. Guegan, Les dix livres de cuisine d`Apicius, Paris, 1937 (En este texto se explican las técnicas de fabricación y formas antiguas de prepara­ción de pescado).

54 (54) Marcial, M. V., Epigramm., X, 48, 11 y XXI, 52, 7; Como obras complemen­tarias, véan­ se: W. M. Unsay, Epigrammae, Oxford, 1902; H. J. Isaac, Paris, 1930‑1933; M. Dolç, Hispania y Marcial, Contribución al conocimiento de la España Antigua, Barcelona, 1953.

55 Ptolomeo, C., II, 4, 6.; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 187 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 304 ss.; Como obras críticas véanse: C. Müller, Geographia, ed. Didot, Paris, 1883; Tauchnitz, Geographia, Leipzig, 1945; F. E. Robbins, Ptolomy, ed. Loeb Classical Library, London, 1963.

56 M. Pastor Muñoz, La Península Ibérica en Marciano de Heraclea, H. A., VIII, 1978, pp. 89 ss.; J. Alemany Bolufler, Geografía de la Península Ibérica, R. A. B. M., pp. 304 ss.; A. Tovar, Op. cit., Baetica, I, pp. 66 ss.; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes Antiguas sobre los Bastetanos, Primer Encuentro de Cultura Ibérica, Baza, 1982; H. Schubart, H. G. Niemeyer y M. Pellicer Catalán, Toscanos, la factoría paleopúnica en la desembocadura del río Vélez, AEA, nº 66; E. Pareja López y M. Megía Navarro, Salobreña datos para su historia, Granada, 1978; J. Fischer, Ptolomaei Geographie Codex Urbinas, Leipzig, 1894.

57 Itin. Antonin., 405, 3; J. M. Roldán Hervás, Itineraria hispana…, p. 56; E. Saavedra, Discurso de recepción a la Real Acadmia de la Historia, leído en 1862, Madrid, 1914, pp. 26 ss.; Como texto crítico de ampliación véase: O. Cuntz, Itineraria romana, I, Itineraria Antonini Augusti et Burdigalense, Leipzig, 1929.

58 F. Fita, BRAH, 57, pp. 106 ss.; R. Touvenot, Op, cit., p. 372; A. Tovar, op. cit., Baetica, I, pp. 80 y 84; J. M. Roldán Hervás, op. cit., pp. 230 y 251; C. Bermúdez, Sumario de las Antigüedades que hay en España, Madrid, 1832, p. 379; E. Saavedra, op. cit., p. 39.

59 J. M. Roldán Hervás, Op. cit., pp. 111 ss.; M. Cortés y López, op. cit., p. 375.

60 (60) Mario Victorino, I, 4, ed. Keill, H., Gramm. Latin., vol. VI, Scriptores artis metricae, Hildeshein, 1961, p. 21, (72‑85).

61 E. Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum, II, Berlín, 1869, nº 5495; J. Vives, Inscripciones latinas en la España romana, Barcelona, 1972, nº 5414; W. Schulze, Geschichte lateinischer Eigenname, Berlín, 1923, pp. 69 y 295; E. Groag, A. Stein y L. Petersen, Prosopographia Imperi Romani, Berlin, 1935, pp. 51 y 70; A. H. M. Jones, J. R. Martindale y J. Morris, The Prosopography of the Later Roman Empire, I, a. d. 269‑395, Cambridge, 1971, pp. 24 ss.; J. Kajanto, The Latin Cognomina, Helsinki, 1965, p. 198; Mª L. Albertos, Onomástica personal primitiva: Ta­rraconen­se y Bética, Salamanca, 1966, p. 75; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas sobre Almuñécar (SEXI FIRMVM IVLIVM), Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983; M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, Inscripciones latinas de la Provincia de Granada, Granada, 1989.

62 E. Hübner, CIL, nº 2002; A. Fernández Guerra, Epigrafía romano-granadina, Madrid, 1867, p. 4; M. Lafuente Alcántara, Historia de Granada, Granada, 1843, p. 341; M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas…, op. cit., p. 231; C. Bermúdez, Sumario, Op. cit., p. 352; J. Vives y Escudero, ILER, nº 35 y 36; E. Groag, Prosopographia…, op. cit., p. 135; E. Pareja López, Granada…, Op. cit., I, Provincia, Granada, 1981, p. 354; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, op. cit.; M. Gómez‑Moreno, Misceláneas, Historia, Arte y Arqueología, Madrid, 1949; F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit.

63 L. Vázquez de Parga, Colección de Antigüedades que perteneció a D. Aurelio Fernández Guerra, Adquisiciones del MAN, Madrid, 1935, p. 4; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, op, cit., pp. 232‑233; S. Schulze, op. cit., p.464.

64 M. Pastor Muñoz, Epigrafía romana…, p. 325; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 22 ss.

65 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 315 ss.; Id. Nuevo flamen, op. cit., pp. 291 ss.; Textos relativos a onomástica; M. Pastor Muñoz, A. Mendoza Eguaras, Epigrafía latina…, nº 27, 36, 105; I. Kajanto, op. cit., p. 227; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 27, 37, 203, 204; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 205 ss.; Textos relativos a cultos, véanse: R. Etienne, Le culte imperial dans la Peninsule Iberique d’August à Diocletien, Paris, 1974, pp. 213 ss., 231 ss.; F. Molina Fajardo, M. Joyanes Pérez, Escultura, Almuñécar Arqueología…, Granada, 1983, pp. 291 ss.; Textos relativos a flamines, véanse: G. Alfoldy, Flamines Provinciae Hispaniae Citerioris, Madrid, 1973; R. Etienne, Op. cit., pp. 122, 126, 212 y 213.

66 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, p. 336.

67 Ibidem, p. 339; W. Schulze, op. cit., p. 430; J. Vives y Escudero, ILER, p. 751; I. Kajanto, op. cit., p. 139.

68 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 233 ss.; A. Balil Illana, Los Valerii Vegeti, una familia senatorial oriunda de la Bética, Oretania, 89, 1961, pp. 98 ss.; C. Castillo, Prosopographia Baetica, Pamplona, 1965, pp. 123 ss.; A. Prieto Arciniega, Estructura social del Conventus Cordubensis durante el Alto Imperio Romano, Granada, 1973, p. 46; Como obras complementarias, véanse: M. Pastor Muñoz, Aspectos sociales y económicos del Municipium Florentinum Illiberritanum, AEA Rq., 1983; Id. La sociedad en el municipio romano de Iliberis, Sodalitates, III.

69 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 341‑343.

70 Ibidem, pp. 344‑345.

71 Ibidem, pp. 348‑349.

72 Ibidem, pp. 349‑350.

73 Ibidem, pp. 350.

74 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 345‑348; Sobre cronología de ánforas, véanse: M. Beltrán Lloris, Las ánforas romanas en España, Zaragoza, 1970, p. 480; R. Rodríguez Almeida, Novedades de epigrafía anforaria del monte Testaccio, Recherches sur les amphores romaines, Col., École Française de Rome, Roma, 1972, p. 137.

75 E. Flórez, Medallas de las colonias, municipios y pueblos antiguos de España, Tres tomos, Madrid, 1758 y 1773, lam. XXVII; A. Heiss, Description générale des monnaies antiques de l`Espagne, Paris, 1870, 1, pl. XLVI; V. I. de Lastanosa, Museo de las medallas desconocidas españolas, Huesca, 1645, p. 224, nº 15; Como obras complementarias de este tema, véanse: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks.; J. C. Lindberg, De nummis punicis sextorum, olim a Canaca et Concanae tributis, Auniae, 1824; A. Delgado, Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1871‑1876; M. Gómez‑Moreno, Miscelá­neas, Madrid, 1949; A. Beltrán, Curso de numismática, I, Numismática Antigua de España, Cartagena, 1950; O. Gil Farrés, La moneda hispánica en la Edad Antigua, Madrid, 1966; A. M. de Guadán, Numismática ibérica e ibero‑roma­na, Madrid, 1969; Id. Tipología de las contramarcas en la numismática iberoromana, Numario Hispánico, 17, IX, 1960; L. Villaronga y Garriga, Numismá­tica Antigua de Hispania, Barcelona, 1978; F. Chaves Tristán y Mª C. Marín Ceballos, Numismática y religión romana en Hispania, La religión romana en Hispania, Madrid, 1981; Id. El elemento religioso en la amonedación hispánica antigua, Actes du 9è. Congrès Internatio­nal de Numismatique, Louvaine‑La Neuve, 1982; P. P. Ripollés, Corpus Nummorum Hispanorum, I, Medagliere Vaticano, Rev. Italica, 16, 1982; E. Acquaro, Note di epigrafia monetale punica, RIN, 76, 1974; E. S. G. Robinson, Punic Coins of Spain and their bearing on the Roman Republican Series, Oxford, 1956; N. C. Robinson, Carthaginian and other Sout Italian coinage of the second Punic War, 1964.

76 J. M. Solá‑Solé, Miscelánea púnica‑hispana IV, Sefarad I, 1967, p. 25.

77 F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismática antigua de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 188, lam. VIII, nº 97, y lam. X, nº 121.

78 E. Levi‑Provençal, La description de l’Espagne d’Ahmed al‑Razi, Was al‑Andalus, III, 51‑108.

79 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII, según al‑`Udri, (1003‑1035)), Cuadernos de Historia del Islám, 1977, pp. 5‑8; Ben Sarifa, Nusus `an al‑Andalus, ed. de al‑Aziz al Ahwani, 90, Almuñécar, Arqueología e Historia III, 1986, p. 210.

80 Ben Sarifa, Nusht al‑musstac, ed. en Roma, 564, Almuñécar Arqueología e Historia, III, p. 210; Obra general sobre Idrisi: R. Dozy y M. J. de Goeje, Idrisi, Descriptión de l`Afrique et de l`Espagne, Leyden, 1866.

81 Sobre este punto véase: La España musulmana en la obra de Yaqut, de Abd‑al‑Karim, Gamal, Cuadernos de Historia del Islám, 6, 1974.

82 `Al Wahid al Marrakusi, al Mu`yib, ed., al‑Aryan y al‑`Alami, El Cairo, 1949, 371.

83 E. Levi‑Provençal, La Peninsule Iberique au Moyen Âge, d`après le Kitab ar Rawd al‑Mictar, Leyden, 1938, pp. 225 ss.

84 Al‑Sabti, en al‑Rawd al‑Mi`tar, ed. Ihsan `Abbas, 548, Almuñécar, Arqueología e Historia III, citado por Ben Sarifa, pp. 213‑214.

85 Para este punto véase: Chabana, Mohamed Kamal, Ib al‑Jatib en Mi`yar al ijtiyar fi dikr al‑ma`‑ahid wa‑l‑di‑yar, s 1, 1977.

86 J. Simonet, Descripción del reino de Granada, Almuñécar en Ibn al‑Jtib, Historia de la dinastía Nazerita, 1860, p. 63.

87 Ibn al‑Jatib, Al Lamha al badriyya, 29, publicado por Dar al‑Jadida Ihaa, IV, 608, de M,`AA.`Inan, citado por Ben Sarifa, Almuñécar…, III, p. 205.

88 Ben Sarifa, Al Jatib, Al Ihata, III, 469, Almuñécar…, III, p. 205.

89 Ben Sarifa, citando el texto Diwan al‑sayyb wa‑l‑yahan, Almuñécar…, III, pp. 606‑607.

90 Véase en Ibn al‑Jatib el texto sobre construcciones navales (en su maqama Mi`yar al ijtiyar fi dikr al-ma`ahid wa‑l‑diyar).

91 A. Malpica Cuello, Primeros elementos de análisis de la estructura de poblamiento en Almuñécar a fines de la Edad Media: Al Umari, Almuñécar Arqueología e Historia, II, 1983, p. 395.

92 Para este punto véase la obra de L. Seco de Lucena, Subh al a`sa Kitabat al insa, Aubar, 1975.

93 Texto de consulta: E. Levi‑Provençal, La Peninsule…, texte arabe de notices relatives à l`Espagne, au Portugal et au Sudoueste de la France, Leyden, 1938.

94 J. Sermet, Op. cit., p. 182.

95 Mª C. Calero Palacios, El Manuscrito de Almuñécar, Libro de Apeos, del Archivo de la Diputación Provincial de Granda, Extracto de sus textos, Almuñécar Arqueología e Historia, II, pp. 427 ss.

96 A. Malpica Cuello, Almuñécar y su tierra en vísperas de la llegada de los cristianos, Almuñécar Arqueología e Historia, 1982, p. 420.

97 Liagre de Sturler, Les relations commerciales entre Gênes de la Belgique et l`Outremont, vol. II, docum. 382, pp. 382 y 508 a 510, t. II, docum. 386, pp. 514‑515.

98 Cfr. nota 19.

99 A. Malpica Cuello, Primeros elementos…, p. 196.

ESTRUCTURAS ARQUITECTÓNICAS DE SEKS

            1. ESTUDIO SINCRÓNICO DE LOS MATERIALES

                El desarrollo de la arquitectura romana desde sus inicios hasta su expansión en todo el Imperio, se debió fundamentalmen­te a la asimilación de técnicas importadas del Próximo y Medio Oriente100.

                Sus antecedentes se hallan en las culturas mesopotámicas y egipcias. Los elementos más desarrollados en ellas fueron arco, bóveda y ladrillo101. A estos tres elementos, Roma suma su descubrimiento: el opvs caementicivm, cuyos componentes son: piedras menudas e irregulares, cal grasa, arena y puzzolana que, al combinarse, experimentan una reacción tal que, de forma acelerada, adquiría una dureza que superaba a la de los componentes. La cohesión que ofrecía esta novedad de aparejo, fomentó que se levantaran grandes bóvedas.

                La aportación que el arquitecto romano Vitruvio hace a este respecto en su obra Architectvra, comprende sólo la época republicana, y particularmente la de César y Augusto. Por ello, los elementos arquitectónicos, que se utilizan en esta fase, son los importados y la técnica del opvs caementicivm. No obstante, es obligado decir que la mayoría de los elementos constructivos, tanto en materias-base como en técnicas de alzado y cubiertas, se encuentran en los cánones de la obra del antes citado autor102. Así, el opvs signinvm, caementicivm, incertvm, testacevm y, en algunos aspectos, vitatvm, forman el nudo de los conjuntos arquitectónicos localizados en Seks, habiéndose comprobado la existencia de estas formas y técnicas en más del 90% de los sectores en que ha sido dividida la ciudad moderna, para realizar el trabajo con cierta comodidad, y principalmente a una escala que permita una visión clara de cuanto existe en cada área del complejo industrial.

                Uno de los primeros estudiosos del tema arquitectónico fue Nibby103. En ese mismo siglo, Choisy104 continúa los trabajos iniciados por éste, utilizando los mismos métodos. Le siguen a muy corto plazo, Miles, Lanciani, Van Deman y T. Franck105.

                La técnica y el modo de empleo de los materiales son la base de donde parten los estudios que tales investigadores usaban en sus respectivos métodos de identificación e inter­pretación, estableciendo sus esquemas cronológicos a partir de las conclusiones obtenidas en sus diversos análisis.

                Hay un trabajo, que se pretendió generalizar como modelo de estudio en todo el período romano, siempre bajo el mismo condicionante del problema de las cronologías, que no llegó a alcanzar sus pretensiones, por limitarse su investigación al período comprendido entre la Pre-historia y el período de los Antoninos.

                Con ello, el carácter unitario y generalizador que se le quiere dar a la obra, queda incom-pleto. Pero Blake106, su autor, no sólo quedó falto de ese sentido unitario que él quería dar a su trabajo, sino que tampoco se podía hacer extensible al complejo mundo arquitectónico de las Provincias, donde el substrato autóctono ejerce una importante influencia al implan­tar nuevas técnicas en sus respectivos territorios.

                Lugli107 es el único que realiza un trabajo arquitectónico completo, pero no ya basado, como los anteriores, en la evolución de las técnicas, sino en la clasificación extemporánea de todas las manifestaciones arquitectónicas del mundo romano y, principal­mente, en el ámbito de Roma.

                Los aspectos más destacables de su obra se centran en: catalogación de sistemas, considerando importante la concentración de materiales usados, según el tipo de edificio y su funcionalidad. Con ello concluye diciendo que cada tipo de edificación exige la técnica que requiere su propia finalidad.

                El estudio del ladrillo, como elemento constructivo, ha sido, sobre todo en Roma (porque en provincias este fenómeno se da escasamente), uno de los factores más precisos a la hora de establecer la secuencia cronológica, en momentos, absolutamente precisa. Esta práctica se lleva a cabo sobre el ladrillo rectangular, dándose la circunstancia de que algunos llevan el sello del alfarero. Pero el momento decisivo tiene lugar cuando se imprime sobre él un dato tan importante como el año consu­lar108.

                Esta información documental, tiene valor cuando el material no es reutilizado, fenómeno muy frecuente.

                El trabajo más completo, en este aspecto, sobre sellos es el de Bloch109.

                Utilizando la técnica latericia, Gros investiga las razones por las que se producen determinadas estructuras arquitectónicas, valiéndose de los aspectos económicos, políti­cos y sociales de cada momento y lugar110.

                La obra más importante, en técnica edilicia, ha sido realizada por Adam111. Su interés queda centrado en los siguien­tes temas: trabajo lítico, es decir, estudio de la piedra indicando la cantera y sus procedimientos de extracción; instrumentos usados; mortero, materiales secundarios; madera y toda la gama componentes-base utilizados en arquitectura.

                Según Steinby112, los estudios deben hacerse en zonas parciales, sin tomar como elemento matriz los prototipos que Roma presente. Esto es una ruptura fuerte con los sistemas precedentes, que prescinden de los cánones tradicionales utilizados para la catalogación y datación de la obra arquitectóni­ca. Con ello, considera necesario una división radical entre lo que es un edificio metropolitano, y lo periférico o provincial. Por ello piensa que no se debe practicar el método analógico cuando se quiere establecer un paralelismo entre los diversos lugares en que el estudio de determinado edificio se lleve a cabo. Esto conlleva cierta libertad de interpretación algo independiente, al estudiar la arquitectura, sobre todo la provinciana, donde hay muchos factores condicionantes, como la infraestructura autóctona, que se debe tener muy en cuenta, porque no es nada despreciable tanto en materiales como en las técnicas constructivas o arquitectónicas. Ejemplo se ve en la Península Ibérica antes de la irrupción cultural romana. El substrato urbanístico autóctono de Hispania influirá decisiva­mente en las concepciones planimétricas de las ciudades, principalmente cuando los asentamientos, en su mayoría, tendrán lugar sobre estructuras preexistentes.

                En Hispania se tiene: Sagvntvm, Carthago Nova, Castvlo, Italica, Hispalis, Cordvba, Malaca etc113.

            2. MATERIALES USADOS

            2.1. La Piedra. Opvs caementicivm

                Dentro de la tradición más generalizada en la arquitectu­ra romana en el uso de materiales base de construcción, se encuentran el tufo y el travertino.

                Al principio se practicaba la técnica ciclópea, sin argamasa. A partir del siglo III a. de C., esos grandes bloques de piedra son usados en proporciones más pequeñas, de contorno irregular y unidos con mortero de cal grasa, arena y puzzolana. A esta nueva composición de materiales se la denominará, a partir de este momento, opvs caementicivm.

                Cuando un alzado de fachada es construido con piedras de aspecto externo algo refinado y geométrico, a esta técnica se llama opvs incertvm114. Las primeras manifestaciones de este invento, que se inician en el siglo II a. de C., tienen lugar en Roma, Ostia y Pompeya[1]. El uso de la piedra toba se generaliza a mediados del siglo I a. de C. Este tipo de roca ofrece las ventajas de ser más blanda y moldeable. Cuando en el opvs incertvm la piedra, en su talla, adquiere forma casi troncopiramidal, se da lugar a una nueva tipología que se denominará opvs reticv­latvm.

                Haciendo juego con esta técnica, suele aparecer el ladrillo, que forma planos horizontales; mientras que la piedra lo hace ocupando las esquinas de los edificios, como ocurre en los pilares del acueducto de los Milagros, en Mérida.

                La combinación del opvs latericivm y el opvs incertvm dio lugar a la aparición de un nuevo sistema de aparejo: el opvs mixtvm.

                El opvs reticvlatvm, piedras tratadas hasta conseguir forma troncopiramidal, y el opvs latericivm, aparecen en época de Tiberio; pero su mayor difusión tiene lugar a lo largo del siglo I d. de C.

            2.2. Arcilla

                Es un elemento usado en todo el Mediterráneo, tanto en tapial como en adobe secado al sol. La cronología de su uso va desde los primeros tiempos de la historia de Roma hasta la época clásica. Es precisamente Vitruvio quien ha dejado el testimonio más claro cuando la cita como componente de los elementos arquitec­tó­nicos116. En los estudios de Blake, el uso de tal material se remonta al siglo VI a. de C., sobre todo en la fabricación de tégulas planas y curvas117.

                Haciendo un poco de arqueología en esta materia, se admite, con evidencia, que este material, o su uso, entra en Roma por influjo de las colonias griegas del sur de Italia y Sicilia. Dando fe de ello, se puede comprobar que en la Magna Grecia se utiliza la terracota como elemento arquitectónico decorativo, desde época muy temprana118. En tiempos de Augusto la localidad de Urbisaglia era el centro más importante de fabricación de ladrillos. En Pompeya aparece desde el siglo II a. de C. La primera arcilla que se utiliza en Roma, como elemento de construcción, es importada.

                La técnica del opvs testacevm consiste en el uso del opvs caementicivm con revestimiento exterior de ladrillo cocido y colocados a ambos lados del paramento. En los inicios se usaban tégulas rojas. Posteriormente se comienza la fabricación de un tipo de ladrillo, que se dividía formando dos partes llamadas semilater por su forma triangular. Sus medidas eran 22 x 26 cm, y cuya parte angulosa se encajaba en el hormigón para dar mayor cohesión al aparejo. Blake afirma que, en un principio, esta nueva técnica se utilizaba en aquellas estructuras urbanas que tenían que soportar humedad y calor de forma intensa, como en las termas119. El ladrillo se combinó, en un principio, con el opvs incertvm, con el fin de conseguir planos horizontales, dándose la misma utilización con el opvs reticvlatvm, cuyo fin era el mismo.

                A partir de Tiberio, se encuentran edificios totalmente construidos con este material. En tiempos de Augusto, se utiliza tan sólo en los paramentos interiores, mientras que los exteriores eran revestidos con piedra. A finales de la época de Augusto, el ladrillo se usa también en los exteriores.  En tiempos de Tiberio su uso adquiere carácter oficial, y se llega a producir cierta evolución en su empleo. Estas variaciones experimentadas se utilizan para establecer, una secuencia cronoló­gica. De esta manera se determinan una serie de detalles que indican tal evolución: tipo de arcilla, corte hecho sobre los ladrillos, módulo de ladrillos por metro de altura, sistemas bipedales a intervalos regulares en muro etc. Con el tiempo su grosor disminuye y se aumenta la cantidad de mortero en las juntas, lo que conlleva un incremento de medidas en módulos120.

            3. EDILICIA ROMANA EN LA BÉTICA

                Como preámbulo para explicar el proceso de adaptación a los nuevos sistemas edilicios en Seks, se toma muestra de los existentes en Roma, aunque no se suceden al mismo ritmo y tiempo.

                El tipo de ladrillo (opvs testacevm) de forma triangular, no sustituye al rectangular. Otra de las variantes se produce en el revoque usado entre ladrillos, así como la ausencia de sellos en los mismos121. Lo que más abunda es la piedra en sus variados tipos de tallados122. Pero lo que sí se impone, por razones estrictamente de necesidad, es el ladrillo, elemento base en construcciones como las termas, donde los factores de humedad y altas temperaturas siguen siendo los máximos condi­cionantes de su uso. El empleo del ladrillo, como elemento dominante del aparejo, se da en las siguientes estructuras de Seks: en la casa romana del Castillo: en el sistema hídrico de termas, pero sólo en el hypocavstvm; También se ha detectado en silos y en un pasillo corredor subterráneo que pone en contacto las dependen­cias internas del mismo y su salida, en un punto de la entrada principal; y en otro, con la Tenaza o sistema defensivo casi periférico, en la zona sur del mismo Castillo. En los sistemas abovedados sólo se ha registrado un caso, cuyos muros y bóvedas son de piedra, revestidos de ladrillo usando dos módulos de medida.  Como dato de interés, encima de esta estructura, con naves comunicadas por arcos abovedados, hay un depósito de agua cuya superficie abarca el tamaño de las naves situadas debajo123.

                Por otro lado, conviene añadir que este sector estaba formado por una secuencia de naves del mismo estilo y composi­ción, dadas las ruinas detectadas, y que abarcaba el espacio que se indica en la planimetría levantada. El uso del ladrillo en este sector se hace extensivo a las cubiertas y paramentos del grueso muro que delimita las terrazas en que queda enmarcada toda el área de las salazones de Poniente. Se utiliza tanto el ladrillo como la roca pizarrosa y la toba; con lo que se concluye que este sector ha sido retocado o reedificado con materiales de acarreo de otra estructura anterior rota.

                Hay un segundo sector, con sus paramentos levantados de piedra, abovedado, pero con entrada flanqueada por una bóveda de medio cañón, e incluso los muros de soporte edificados con el mismo material124. El componente base de este sector, mayoritariamente, es de pizarra, elemento común en la mayor parte de los edificios del conjunto. Se puede decir que casi el 99% de las edificaciones están construidas con este tipo de roca. Por ello, las formas usuales de edificación, en cuanto a técnicas, son el opvs caementicivm, opvs incertvm y, en mucha menor proporción, el opvs testacevm.

                Como se dijo, el ladrillo puede verse en el hypocavstvm de las termas de la casa roma-na125,  y en las termas junto al acueducto, a la entrada de la Puerta de Granada. 

                En otro punto de la ciudad, relacionado con el sistema hídrico de distribución, aparece una nave subterránea, desde cuyo inicio se produce una bifurcación hacia dos lugares contrapuestos de la ciudad: uno, en dirección al antiguo depósito de aguas de la Iglesia de la Encarnación; otro que, a pocos metros del sitio de entrada al canal, se dirige hacia el sector norte del casco viejo, y en el que se ve un sistema de conducción con tubos de cerámica, que debieron constituir una red de distribución de las diversas partes del complejo industrial, y a todos los niveles. Esta prueba puede hacerse extensible a la totalidad del conjunto. Se trata de una nave abovedada de ladrillo visto y argamasa126. Tal coincidencia, con unidad de criterio en cuanto al uso del ladrillo, se produce siempre que se da la circunstancia de uso relacionado con elementos destinados al almacenamiento de agua y a la producción de calor, donde la arcilla es el mejor elemento127.

                Como colofón a este breve esbozo, tanto de la clasifica­ción general de las técnicas y materiales romanos, como de los usados en esta localidad, y dejando un resquicio en este proceso de investigación general, se admite, como verdadero, concluir que los estilos y modos arquitectónicos de este complejo industrial se cumplen con regularidad, debido a que el entorno geográfico y geológico permitían conseguir con facilidad materia­les como arcilla, bastante abundante, para el ladrillo, piedra, elemento soporte sobre el que se asienta el conjunto industrial. No es necesario violentar los cánones romanos, aunque hay situaciones en que las estructuras, paramentos y edificaciones dan señales de alteraciones en sus formas estructurales, tal vez debidas a situaciones extrañas a la propia arquitectura, como los derrumbes provocados por el abandono y el paso del tiempo, crisis económicas, recomposiciones y reutilizaciones hechas por los propios romanos en sus diferentes fases de historia local y, lo peor a nuestro entender: reutilizar materiales de un estilo arquitectónico derruido, en la recomposi­ción o nueva edificación de otro. Muestra de ello se ve en el uso indiscriminado y anárquico de piedras, ladrillos y tobas en algunos paramentos, como un sector de la zona de Poniente. Todo esto muestra un sistema arquitectónico en decadencia, coincidente con una época de crisis económica y social (siglo III d. de C.)128. Precisamente, el caso de las reutilizaciones de materiales va a ser el caballo de batalla a la hora de realizar un intento de composición de la cronología de este complejo. Si no se olvida que la permanencia romana aquí ha subsistido desde el siglo II (o antes, a partir del 206 a. de C.), hasta el s. V d. de C., con guerras civiles por medio, crisis del siglo III d. de C. etc., difícil se presenta establecer una secuencia cronológica, y ello aproximada. Si se sitúa la cronología del flamen a finales del período de Marco Aurelio (161‑180), la reconstrucción de esa área de la factoría debió realizarse en época muy posterior a la de la propia inscripción, es decir, por lo menos después de la crisis del siglo III129. Caso aparte es el uso de la piedra tallada, que se describe usada en las esquinas de la torre de descarga del acueducto romano130. Según la historiografía islámica, las esquinas de tal torre se encontraban fortificadas con piedras talladas, porosas y resistentes, comprobándose que es toba, elemento lítico práctico y útil para tal construcción. Este material aparece también en los componentes del Majuelo, utilizado en los paramentos de una edificación que se asemeja al resto de un foro del complejo de la factoría de Poniente. La toba se reutiliza en construcciones tanto romanas como medievales y modernas. Así, edificaciones de cuarenta años atrás, han usado bastante material procedente de las estructu­ras romanas sobre el mismo solar moderno, en donde existió el alzado de un edificio de tal época. En lo referente a las zonas portuarias, se ha citado la existencia del espigón en párrafos anteriores. Su composición coincide con el descrito por Vitruvio cuando habla de los componentes usados en zonas ganadas al mar131. El nivel del mar está a tres metros aproximadamente del actual132.

SISTEMAS DE NAVES ABOVEDADAS DE SEKS

                Los sistemas analizados en la mayor parte de los sectores del conjun­to arquitectónico de Seks, constituyen, por ahora, un precedente sin paralelos en las actuales plantas urbanístico-industriales del Mediterráneo.

                Después de un recorrido por numerosas factorías de salazones en la cuenca mediterránea y en la costa marroquí atlántica, tan sólo se han identificado algunos elementos aislados similares a los de Seks, no sólo en la forma sino en el tipo de aparejo utilizado133. Pero esto no es suficiente para establecer principios por los que se levanta una estructura en la que hay un predominio de formas arquitectónicas tan reiteradas, en un complejo que se viene denominando Mvnicipivm y Oppidvm.

                Paralelos, hasta ahora, no se han detectado para establecer conexiones tipológicas. En las factorías marroquíes se ha comprobado que, incluso las más relevantes, carecen de infraes­tructura urbana134. Puede ser que una localidad de las cercanías de Lixus (Larache, Marruecos), con el tiempo, ponga al descubierto un sistema similar. Por ahora no hay configuración de estas características.

                Por ello es obligado comenzar el estudio e interpretación de los sistemas a analizar, sin contar con precedentes donde establecer unos mínimos elementos referenciales. En este sentido Seks es única en su forma, composición y ordenamiento135.

                Dado que los elementos de estudio están constituidos por una secuencia de sistemas abovedados, orgánicamente distribui­dos por todo el complejo, es conveniente establecer un plan de trabajo que describa y busque aquello que, con objetividad, conduzca a una explicación del fenómeno, admitido como razona­ble y coherente.

                Se van a describir los diversos componentes, pero no desligados del sentido unitario que conforma la totalidad del conjunto industrial.

                Como preámbulo, es necesario prefijar que, a la hora de adoptar un criterio lógico, en las cercanías de Seks han sido detectadas varias villas rústicas romanas, que abocan a una razonable justificación del comportamiento estructural de este conjunto.

                Dado el uso de la técnica de abovedamiento sistemático en todos los niveles del complejo, es preciso establecer cómo se presenta y qué alineamientos sigue.

                En primer lugar es obvio que la posición de estos sistemas, unas veces sigue la forma del terreno, entrelazando secuencias de naves sin demasiado esfuerzo para corregir los defectos del suelo y, otras, esta arquitectura prosigue su línea, superando desniveles a base del ya conocido método de aterrazamiento.

                Pero, y esto es cuestión pendiente aún, lo que primero se debe hallar es algún indicio o técnica seguida en el sistema constructivo del mundo grecorromano, que sirva de referente, para explicar, con algún fundamento histórico precedente, el problema que genera la cuestión: los sistemas abovedados de Seks, y la terminología aplicable, aunque sea por analogía semántica. Para ello es preciso remontarse al mundo antiguo, y ver la evolución del uso de la bóveda, sus fines, proceso de la misma y derivaciones funcionales a través del tiempo. Por esta razón, los precedentes históricos de Seks radican en una desviación de uso (experimentada ya en las formas conocidas del mundo romano y griego) de los considerados criptopórticos. Tales elementos tienen su razón de ser, dentro de un tipo estructural, en ocupar los huecos vacíos que muestra un edificio, o salvar los desniveles del terreno cuando se levanta un conjunto arquitectónico de cierta entidad en espacio y volumen.

                En principio, estas áreas quedaban ciegas; pero después se les fue dando utilidad hasta convertirlas en pasillos subterrá­neos y paseos; en superficie, cubiertos (στoά), y simples vías de comunicación subterránea en una misma edificación.

                Estos son, en términos generales, los usos más habituales que se dieron a los sistemas abovedados situados en la parte más baja de los tipos de edificaciones que requerían tales elementos136. Con el paso del tiempo, y por razones de necesi­dad, estas construcciones, denominadas criptopórticos, llegan a prestar servicios muy diferentes a los que habían venido desempeñando. Por ello, y atendiendo a este fenómeno, dentro de los usos secundarios, se ha comprobado que, en muchas ocasiones se utilizaron como tiendas y, sobre todo, como horrea; lo que lleva a pensar que, al darse con cierta frecuen­cia tal desviación de uso, y ello comprobado en numerosos edificios, los analógicamente llamados criptopórticos de Seks, pueden ser entendidos como corriente arquitectónica derivada de esa desviación de función que se hizo en numerosas ocasiones en este sistema de construcción grecorromano.

                No se va a usar el término criptopórtico porque, en realidad, no son tales, aunque mantengan la misma forma, salvo en la denominada Cueva de Siete Palacios, donde casi con toda probabilidad se cumple uno de los principios para los que los antiguos criptopórticos se levantaron: equilibrar un sistema arquitectónico. Tal explicación puede ser admitida en este complejo especial dentro del conjunto de Seks. Pero puede constituir un hecho aislado en todo un sistema.

                También se ha de considerar que, en un principio, pudo servir de criptopórtico, aunque las proporciones hacen pensar en un conjunto con unas dimensiones triples a lo que hoy se conserva.

                Por otra parte, tras las excavaciones practicadas en su interior, y una vez analizados los resultados, se ha comprobado que tal espacio ha sido reutilizado como centro de prepara­ción de salazones, con estructuras tan elementales que parecen completamente fortuitas y asistemáticas. Pero también cabe la posibilidad de que la arquitectura sobre la que han apareci­do componentes destinados a salazones, sean restos de formas arruinadas bajo la nueva construcción romana. Testigo de ello es la existencia de muros más antiguos sobre los que, en ocasiones, se montan los nuevos de este edificio (cfr. Planimetría, sector L, fig. 18).

                Los indicios arqueológicos hallados no son más que meros indicadores de un uso secundario y ocasional para infraestruc­turas industriales. Que en épocas posteriores, tales espacios se incorporen a un uso de local de almacenamiento, depende de un cambio de función de tal edificación en el tiempo.

                Por estos datos, es obligado dar una breve explicación histórica que, en la medida de lo posible, aporte algo de luz sobre formas que no cuentan con paralelos en lo que tradicio­nalmente se viene considerando factoría de salazones. Ni las más importantes colonias del Mediterráneo aportan un cuadro de elementos estructurales que se asemejen a lo que aquí es objeto de estudio.

                Por ello, y haciendo un intento de llegar a una explicación ajustada a verdad, hay necesidad de mostrar un recorrido histórico tanto por elementos aislados como por conjuntos monumentales completos.

                Debido a ello, forzados por la necesidad, se inicia el estudio partiendo de lo que históricamente se considera criptopórtico que, con prudencia, se tratará de relacionar con las formas que se abordan en este trabajo.

                En términos clásicos, la palabra κρυπτά procede del griego κρυπτός, o su substantivo κρυπτή. Dicho término pasa al latín a finales de la época republicana romana, y es usado por Varrón y Vitruvio137. En tal época el término se entiende en latín como via qva per montem perfvssvm itvr138. Hay diez formas a las que se aplica este término, dentro de la arquitectura grecoromana139. En la terminología edilicia aparece relacionado con edificaciones como horrevm140, lo que la aproxima al significado aplicable a las estructuras de Seks.

                El texto de Vitruvio dice así:

«qvi avtem frvctibvs rvsticis servivnt, in eorvm vestibvlis stabvla tabernae, in aedibvs criptae horrea apothecae ceteraqve qvae ad frvctvs servandos magis qvam elegantiam decorem possvnt»

                Su traducción: «Quienes se dediquen a los frutos del campo, los compartimentos se han de construir de forma que los establos y almacenes se levanten en los vestíbulos, y en la casa, los subterráneos, graneros y almacenes y todo aquello que pueda servir más para conservar los frutos que de adorno para elegancia».

                Los criptopórticos, en general, presentan dos problemas: su verdadera definición y sus antecedentes. Tanto lo uno como lo otro se suman provocando gran disparidad de formas y definiciones arquitectónicas.  El primer problema queda ya resuelto en el siglo III a. de C., considerándolo como una edificación utilizada para pasadizo subterráneo cerrado. Esta oscuridad, en su origen, hace surgir a la vez, cuestiones sobre sus funciones, estructuras y técnicas desglo­sadas en tipos variados, y provocando mezclas de poca relación con los módulos primitivos. Así, no se puede hablar de modelos que no se dan bajo una forma bien estructurada, y perfectamente adaptados a las diversas funciones.

                Será interesante exponer los tipos que los arquitectos romanos han creado, haciendo ver que su realidad difiere de los cánones antiguos, hasta el punto de que no necesariamente sean edificaciones subterráneas, sino que aparezcan como modelos urbanísticos más o menos en superficie. Esto se va a dar, y más en época republicana, tanto en las construcciones públicas como privadas, siendo utilizadas para los más diversos fines, respondiendo a las necesidades que cada comunidad o estructura pueda precisar, tal como, según se ve, ocurre con Seks.

                Los tres aspectos de interés para su estudio son: Funcio­nes, Estructuras, Técnicas.

                Finalmente se finaliza con conclusiones cronológicas, modos de transmisión, y relación con sus antecedentes.

            1. Funciones

                La función más evidente, en su interpretación como precedente, viene dada por la propia estructura arquitectónica. Se podría decir que los diversos tipos que aparecen en Seks se catalogan bajo las siguientes variantes que en cada momento se definirán formalmente:

            1.1. Sostenimiento y adaptación de los espacios para explanadas y terrazas.

                Esta definición es más apropiada a los criptopórticos monumentales de Roma, con las subsiguientes variantes que se puedan presentar, ya que a la función de sostenimiento de estructuras superiores, se pueden asociar utilizaciones más prácticas (aquí entran en juego los diferentes niveles sobre la base, que se dan en Cueva de Siete Palacios, con división hecha de muros) y estancias mejor aprovechadas (división de los dos sectores en la citada Cueva, a causa de los niveles del suelo). Ejemplos de uso como soporte de terrazas se encuentran en la exedra de los Atálidas de Delfos; en las salas subterráneas de los Ptolomeos141, con su complejo de cisternas etc.

            1.2. Terrenos

            Limitación de los terrenos por construcción parcial en subsuelo que permite agrandar las terrazas, corregir desnive­les, ganar espacios utilizables para depósitos, graneros, tiendas, almacenes, etc. De ello se deduce que su función no está exclusivamente vinculada a ser un elemento de sostenimiento.

            1.3. Rellenos de zonas quebradas

                Por otra parte, sin menoscabo de la función anterior, hay situaciones en que las irregularidades del suelo no son salvadas por este sistema, y la solución se halla utilizando otra técnica edilicia: rellenar los espacios menores con mortero y piedra, como ocurre en la mayoría de zonas huecas del casquete superior del conjunto arquitectónico de Seks. Éste es el recurso más aplicado, dada la frecuencia de irregularidades morfoló­gicas que presenta la superficie rocosa de numerosos sectores de este núcleo industrial.

            2. Estructuras

            2.1. Plantas

                Los tramos extensos se mantienen con superficie regular, pero los suelos anómalos, por fuerza natural, violentan las normas de la edificación para seguir su propio sentido arqui­tectónico. Muy importante aquí es hacer notar que, bajo ninguna condición, las naves, o pórticos cerrados, entren en una dinámica de uso en pendiente. Por ello, el trazado general de las cryptonaves, (criptas abovedadas cerradas), se alinean en una secuencia ininterrumpida, formando en las vertientes suroeste, noroeste y norte), según cotas de nivel, zonas aterrazadas en donde, por una parte, las pequeñas diferencias de altura o irregularidades del terreno, se salvan con relleno de hormigón y piedra; y por otra, los fuertes desniveles se equilibran por medio de muros contra­fuertes, visibles aún.

                Sobre estas dos maneras de allanar formas geomorfológicas se levantan las construcciones o criptas abovedadas cerradas, de tal manera que puede admitirse un sistema de estructuras que conforman anillos, y se van cerrando resistiendo la curvidad del terreno y las cotas, y ampliándose, según el diámetro se haga mayor. Así, los sistemas de criptas se inician a partir de las cotas 4‑6, y culminan en la 48 aproximadamente, de tal manera que, si se considera la altura media de cada serie de naves, que es de 2,70 m, más sus encofrados, con un grosor aproximado de 0,60 m, los encadenamientos de cryptonaves abovedadas, alcanzarían la cifra de nueve niveles en total, aunque supondría una regularidad del terreno en toda su superficie. Por ello se considera que las verdaderas líneas o anillos vienen indicados por los referidos muros contrafuertes en todo el espacio construido.

                Así pues, en la secuencia norte-sur, se aprecian dos niveles, superpuestos a partir del muro de contención, contrarres­tando la descarga del área completa de la Cueva de Siete Palacios: uno, bien definido, aunque con bastantes elementos destruidos o deformados, enrasados o transforma-dos; otro, que se dibuja naciendo de las cubiertas abovedadas del casquete terminal del área superior.

                Sin embargo, a partir del citado contrafuerte, los muros de aterraza­miento se hacen más confusos, tanto por la disminu­ción de la pendiente como por las transformaciones que se han venido realizando a través de una evolución propia de un asentamiento como éste.

                Es interesante observar cómo, por la inercia de la Historia, se van cumpliendo las ordenaciones urbanas que ya predijo Vitruvio en las orientaciones de las casas:

«Las zonas expuestas al sol sufren sus inclemencias en los climas marinos, sobre todo surmediterráneos, por lo que habrá que procurar orientar las construcciones hacia el Septentrión, que es más sano»142.

                En efecto, la zona orientada al Norte ha sido la más castigada en reutilizaciones y transformaciones, notándose, por el contrario, un abandono en las áreas sur, Levante y Poniente de la ciudad, de tal manera que la mayor concentración de criptonaves abovedadas, piletas de salazones y depósitos de agua, se han localizado, en mayor número, en los citados ámbitos, siendo marcadamente superior todo lo que se considera franja sur de la ciudad.

                Le siguen en cifras, sucesivamente, los grandes sectores de Poniente y levante. Los aterrazamientos son más necesarios en la vertiente de Poniente, debido al fuerte desnivel que se da en cortas distancias. Sin embargo, el sector levantino, aunque en menor cantidad, ha revelado la existencia de un amplio número de naves, formando unidad estructural que, por encontrarse en una de las zonas posteriormente más solicitadas por el fenómeno comer­cial, la industria y los servicios portuarios, ha mantenido su estruc­tura, aunque algo alterada, en época medieval, y que, con sus características peculiares, por ser utilizadas como almace­nes, han conservado su antigua forma en planta y alzado en todo su conjunto.

                Nótese, a este respecto, que la zona portuaria más importante de este centro industrial, está emplazada en el sector de Levante, donde debió concentrarse el mayor peso del movimiento comercial, ya que constituiría la demarcación más concurrida por su amplio estuario marino.

                Siguiendo la descripción, en sus características genera­les, se nota lo siguiente: formas cerradas de las naves alineadas, es decir, que la mayoría de los sectores presentan sus piezas separadas unas de otras, con medidas muy similares en algunas zonas (la mayor parte situadas en el área superior de la actual ciudad): tanto en las naves de soporte, como en las que se montan sobre ellas, la luz ha sido evitada hasta no poderse constatar ni una sola entrada a nave que no haya sido otra que la practicada artificialmente por los ocupantes medievales o modernos.

                Tan sólo se observan, en aquellos donde su conservación lo permite, unos tragaluces, la mayor parte circulares (hoy taponados, pero de época), en la parte central de las bóvedas de las naves. A veces se ve una especie de abertura lateral, de época también, semejante a una puerta adintelada, pero no se puede asegurar que lo sea, porque todos los indicios llevan a pensar que tal entrada, actualmente visible, no es más que una prolongación artificial moderna realizada por la acción antrópica (cfr. nave partida, sector M; fig. 24).

                En esta secuencia de dos o tres plantas superpuestas, no se observa más que el equilibrio arquitectónico entre la planta de sostenimiento, Cueva de Siete Palacios, y los dos probables alzados superiores, aunque uno de ellos, por los indicios, está retranqueado, dando un cierto alzado de aspecto troncopirami­dal.

                La tradición de los criptopórticos en el mundo romano revela, de forma casi generalizada, que tales elementos arquitectónicos se utilizan fundamentalmente para agrandar edifi­cios, sobre todo los de carácter público, y constituirse en soportes de terrazas, con estructuras anteriormente planifica­das, como puede ser la Στoά, cuya independencia primitiva se fundamenta en la época helenística y para transformarla en elementos parciales, asociados a conjuntos y modelos relacionados con las nuevas reglas de la composición arquitectónica143. Este proceso facilitará su empleo y utilización rápida en la arquitectura romana en época republicana gracias, particularmente, al uso de la nueva técnica del opvs caementicivm, que permite la construcción, rápida y económica, de la bóveda144.

            3. Técnicas

                El estudio de los medios técnicos parte del propio uso de los criptopórticos en época helenística, con la pertinente connotación que supone el empleo posterior como añadido innovador en la arquitectura republicana romana y su evolución, según medio y fin a que se destine.

                Como es normal en toda estructura arquitectónica, deben considerar­se tres aspectos fundamentales en los criptopórticos: muros, soporte y cubierta. Los muros destacan por su doble función: base y sostenimiento. El primero se establece como apoyo de su estructura. El segundo tiene por finalidad sujetar la masa arquitectónica que sobre él pesa.

                Se debe levantar con un cuidadoso aparejo, de mampostería tradicional, y uso, casi generalizado, de la piedra vista y, si es posible, apoyarlo en suelo sólido, roca madre, o de similar constitución145El grosor de los muros va en función de los elementos que soporta, y del fin para el que se ha construido. Oscila entre los 0,60 m, y los 1,20 m, según las alturas y finalidades. El módulo más generalizado alcanza los 0,90 m. En algún sector (área de la Cueva de Siete Palacios) se ven, sobre roca madre en pendiente, muros contrafuertes que mueren en altura, conjugando el desnivel sobre el que se sujeta.

                Como detalle resalta la inexistencia de fosa de cimenta­ción sobre roca, y un apoyo superficial en ella, pero con equilibrio perfecto en la adaptación al terreno. Hay pasta de encofrado en las naves del área de la Cueva, y algunos detalles aislados en otros sectores. Pero, general­mente, la piedra vista aparece en los muros verticales, y de canto, en los sistemas de bóvedas. El mortero, siguiendo las normas de Vitruvio, no se ve al exterior, sino que el aparejo está hecho con piedra de períme­tro irregular, algo cuidado en su cara externa, unidas entre sí con mortero en el interior del paramento.

                Los espacios pequeños se rellenan con piedra menuda, de forma que el aspecto externo muestra apariencia ciclópea. Y es que aquí se sigue la norma dictada por Vitruvio, para evitar humedad lo más posible146.

                La gran cohesión es obrada por la argamasa de cal grasa y arena que une, en su parte interna, todo el aparejo exterior del alzado, y así se evita, en gran parte, la humedad, obstácu­lo a eliminar dentro de las exigencias de la estructura que este sistema de naves impone, considerando la función que va a desempeñar147.

                A veces se dan ciertos espacios vanos, y aparentemente sin sentido que, probablemente, estén destinados a eliminar las aguas de lluvia, evitar la humedad, o como factor de equilibrio entre las temperaturas interna y externa de las naves que separan.

                En algunos momentos tales espacios se interpretan como medios de acceso a las naves, o todo lo contrario, dificultar su entrada, pero se ignora. En las roturas modernas hechas sobre algunos muros de la zona semidestruida del sector de la Cueva, se observan unos conductos de sección rectangular, que han podido servir de canalización para el tendido de distribución de aguas, con tuberías de cerámica o plomo a través de ellos. Tales conduc­ciones parecen discurrir a ras de suelo de las naves superiores unas veces, y otras, a través del interior de algunos muros.

                El elemento que no se ha podido localizar aún, es la tubería, probablemente por haber estado al descubierto. En el interior de la Cueva hay dos sistemas de canaliza­ción, situados en la parte donde hoy está la falsa entrada de Levante. El más pequeño es una derivación del grande; lo que significa que del principal parten salidas que abastezcan de agua zonas del conjunto en su parte superior. La capacidad bruta del canal grande, por donde pasaba el agua entubada, tiene una potencia de más de 250 l/s. Pero, al ir el agua por tuberías, como debió ser, prácticamente se reduciría a la mitad. Es menos problemático construir un canal adintelado y colocar dentro una red de tuberías, que practicar una canali­zación de mampostería impermeabilizada con opvs signinvm. Esta técnica, canal con tuberías, es la supuesta en el sifón del acueducto, ya que permite, en cualquier momento, reparar una avería, a la vez que con este sistema se elimina más fácil­mente la humedad.

                Por otro lado es necesario admitir que estas canaliza­ciones sirvieron como elementos de conducción de agua de lluvia. Pero parece indicar que formaban parte de la red distribuidora planificada desde lo más alto del casquete superior, adonde llegaba el agua por medio del sistema de vasos comunicantes, desde la torre de descarga del acueducto romano. Desde ese punto irradiarían, en varias direcciones, sistemas de conducciones que abastecieron los espacios situados en cotas inferiores, como se ha comprobado con el descubrimiento de canal sobre la parte superior levantina, dirigiéndose al Peñón del Santo (fot. 2,3 ,4,5,6D). En los soportes se observa que las líneas de naves, como norma general, utilizan sus propios muros para sostener su alzado y estruc-tura superior. Por ello, cualquier sistema que discurra paralelo a otro, lleva su propia línea de muro, de tal modo que no se usa la medianería, sino la yuxtaposición, colaborando con ello a la finalidad perseguida en estas formas arquitectónicas: la isotermia interior.

                Es interesante observar que estas técnicas no se siguen en todos los sectores, sino sólo en aquellos que se encuentran más expuestos a los cambios fuertes de temperaturas estacionales, y a la fuerza y características de los vientos

            3.1. Cubierta

            Las cubiertas con que se protegen los principales elemen­tos de la factoría, o las diversas secciones y niveles indus­triales a través del complejo148, los espacios cubiertos, de almacenaje, o naves cerradas, están techadas con bóvedas de medio cañón, rebajadas, vaídas, y de aristas, éstas últimas formadas por el cruce, en ángulo recto, de las de medio punto (caso de la Cueva y zona aneja de hemicrucería). Hay pequeños sistemas abovedados, utilizados como medio de intercomunica­ción, o pasadizo que une naves entre sí (nave del «cabrero») en el sector K.

                El pasadizo más grande conocido, del que aún quedan restos, discurría por la parte superior del puente romano que unía el Castillo con el Peñón del Santo. Tenía una anchura de 3,80 m, y una altura de 2,30 m. Por su interior discurría una conduc­ción de agua, o sistema de tuberías.

                Esta tesis se fundamenta en que el nivel más bajo del depósito de agua coincide con la base de la nave cubierta. Por ello el agua llegaba por un pasaje más elevado; de lo contrario, tendría que hacerse a presión, y eso no es lo normal, por eludir el simple uso de los niveles entre los grandes centros elevados.

                Los pasadizos subterráneos tienen unas medidas que oscilan entre los 0,65 m de anchura y 0,75 m de altura. 

            3.2. La luz

                En todo este sistema de terrazas para naves cerradas, es natural que la luz, o su ausencia, juegue una función importante y, por ello mismo, plantee problemas.         

                Como  primera razón, es imprescindible exponer en qué estado se encuentran las citadas naves y espacios destinados a ellas: la casi totalidad ha sido hallada en las siguientes condicio­nes: cimientos sobre suelo, o roca madre; grosor medio de los muros es de 0,90 m; entrada proble-mática y confusa.

                En la dificultad planteada sobre la forma de acceso a este tipo de nave almacén, tan sólo se han podido identificar de forma generalizada, aberturas sobre la cubierta: Hueco circular en el centro de las bóvedas, todos taponados de época, con piedra y argamasa, aproximadamente de 0,50 m de diámetro, tal como se da en la Cueva, donde puede verse la abertura rectangu­lar de acceso y abertura respiradero.

                En resumen, las entradas continúan siendo una nota difícil de explicar en el sistema. Por todo ello se estima que, en algunos casos, los accesos son patentes: entrada por agujero practicado en la bóveda, y por pasillos abovedados. La pequeña entrada adintelada es muy dudosa.

                Es preciso dejar claro que de todos estos rasgos descritos se pueden colegir los siguientes fenómenos: Ausencia total de luz; grosor adecuado de los muros para que la oscilación térmica sea mínima en su interior, y de esta forma funcione como cámara isoterma; el suelo no muestra enlosado ni pavimento; no hay naves con indicios de uso de solería; sólo roca madre. Consecuencia de ello puede ser la justificación de los factores ambientales que se deben exigir para la correcta conservación de productos elaborados en la factoría: La humedad que acumularían los suelos enlosados o con pavimentos; los cambios de temperatura que provocarían muros débiles y la influencia en la degradación de las materias orgánicas que generaría la entrada de luz. Para eliminación de los gases acumulados, las naves disponían de respiraderos.

                No cabe duda de que, en efecto, el comienzo de uso de los criptopórticos tiene lugar en época helenística. Esta nueva técnica es asumida por los arquitectos romanos y la aplican para nuevos fines, además de los ya conocidos.

                Los usos son bastante diferentes de los que normalmente les dieron los griegos. La evolu-ción del griego al romano se asemeja, en proporción, al que los actuales dueños hacen de ellos: En Roma sirve hasta de almacén, cosa inimaginable para un griego; en la actualidad, aquí, de vivienda, impensado para un romano.

                Con todo, se cree que esta estructura, potenciada por la técnica del opvs caementicivm y las nuevas aplicaciones que el arquitecto romano y la sociedad le dan, se inicia a partir del siglo II a. de C., y perdura hasta la total desaparición del elemento romano en estos lugares.

                En las invasiones que provocan la caída de la parte occidental del Imperio, los nuevos colonos se encuentran con un sistema de estructuras romanas, como terrazas pobladas de naves cerradas y de diferentes medidas, áreas con naves coronadas con piletas o depósitos de agua, mercados a ambos lados del núcleo central, puertos y zonas de servicios, templos, la red hidráulica, etc.

                Cuando el elemento islámico ocupa esta localidad, y permanece en ella durante casi ocho siglos, se tiene la impresión de que apenas ha hecho uso de lo que ha encontrado, salvo de lo que le interesó. Se limitan a levantar estructuras originales propias sobre la obra anterior romana, que se encontraría en estado ruinoso en la mayor parte de los sectores.

                Ocupan el espacio más estratégico del conjunto donde levantan su fortaleza, a la que denominan hisn.

                Estadísticamente el elemento islámico, desde el punto de vista urbanístico, no ha dejado en herencia ni un 1% del total de estructuras propias. Por el contrario, la arquitectura romana aparece por doquier, tanto en superficie como en subterrá­neos.

                En el proceso evolutivo del criptopórtico, a través de su misma historia, y en los diversos lugares donde se hizo uso de él, se contempla lo que le va a ir sucediendo allí donde se ha detectado su empleo y función.

                Como se ha dicho antes, el modelo helenístico sufre cambios cuando el arquitecto romano lo utiliza. Así, en Aosta, por imperativos circunstanciales, en período tardío o, incluso, en fechas más recientes, los criptopórticos han sido transfor­mados, o adaptados para ser utilizados como horrea, con una división en sectores, por medio de muros de separación149.

                En Narbona hay adaptaciones similares150. La mayor parte de las transformaciones de criptopórticos en horrea, se debe a factores meramente externos y circunstanciales. Esto ocurre debido a las facilidades que presentaban para tales fines, como eran el ser un lugar cerrado y protegido de los agentes atmosféricos. Hay muchos casos en que criptopórticos, como los de Aosta, Arlés, Reims, Bavar, etc., cuya misión principal se ceñía a los cánones de Vitruvio, es decir, servir de refugio a los especta­dores en caso de lluvia durante una representación teatral, desviaron accidentalmente su uso, en caso de emergencias sirviendo de almacenes151.

                Insistiendo en el mismo tema, la aparición de los cripto­pórticos en la arquitectura romana se ve ligada al empleo del opvs caementicivm152, a la búsqueda de espacios subterráneos celulares, y a la aplicación de estas técnicas para fines bien definidos, ya al margen de los usos tradicionales de tales formas arquitectónicas.

                Como se ha dicho, la degradación o multiplicación de funciones se amplía. En el mundo romano, por necesidades propias de otra sociedad y con sentido práctico y funcional, no sólo se usa este recurso para los fines originarios helenísti­cos, sino que se les dan otras aplicaciones, como construir depósitos de agua subterráneos, paso de circulación de carros y, como aquí trae el tema, de almacenes que aprovechen las ventajas de una nueva técnica y conseguir una aplicación más práctica a los productos almacenables. Aquí, el criptopórtico, al que se considera mejor llamar cryptonave, se ha converti­do en horrevm, con modifica­ciones en las que pierde algunas de sus antiguas características arquitectónicas: Se dividen en secciones para aislar un producto de otro, con fines utilita­rios y evitar mezclas de olores, establecer un calendario de conservación, y dificultar la piratería.

                Lo que sí se puede ya proponer es una definición de aquellos tipos arquitectónicos que, como en las formas de Seks, se salen del fin tradicional de lo que se considera criptopórtico porque, teniendo en cuenta la estructura y fines de tal elemento, no se puede calificar como tal a toda nave abovedada, aunque su inspiración esté en ella, pero no la forma y tradi­ción antiguas.

                Un dato a añadir, y que aún no se ha indicado suficiente­mente, es el uso del opvs incertvm en la casi totalidad del complejo de Seks, lo que es novedad frente al opvs caementi­civm, usado en Roma como técnica innovadora frente a los del mundo helenístico.

                El sector conocido como Cueva de Siete Palacios tiene un paralelo en la villa Adriana, donde existe un compartimento de características similares al edificio de Seks. Es decir, una nave central con otras laterales y casi alineadas frontalmente. Su alzado está revestido con opvs signinvm, de un espesor de 0,03 m153 y un mampuesto de contextura poco habitual en cuanto a consistencia; por lo que parece indicar que su destino ha sido el de depósito de agua. Pero del análisis exhaustivo de sus elementos constructi­vos se deduce que su finalidad fue servir de almacén de nieve para uso doméstico durante el estío.

                Los criptopórticos de Narbona154 muestran indicios de haber servido de horrea, o más bien, relacionados con los mercados, como indican los textos155. Ernest Wilf piensa que en Narbona se da un único caso de criptopórtico usado como horrea. El plano de la edificación lleva múltiples subdivisiones y corredores, que presentan aspecto de almacenes. Estos horrea narbonenses no se encuentran ligados al forvm, cuyo emplazamiento y dispositivo general son conocidos. De esta forma los cambios producidos en el uso de los criptopórticos constituyen un precedente en que basar algún tipo de relación tanto arquitectónica como funcional.

                La Arqueología no ha proporcionado aún paralelo alguno que ofrezca un punto de partida, y permita relacionar, por lo menos, las estructuras. Lo que se tiene de yacimientos arqueo­lógicos son sólo elementos muy aislados, y sin fuerza suficien­te para establecer una relación.

                Los sistemas de factorías que presentan algún elemento son los de Lixus156, Tahadart157, Sahara158 y Bolonia159; que son pruebas muy parciales y reducidas en aportación de formas similares a las de Seks. Sirven para establecer una comparación meramente técnica, como es el uso del mismo material y formas abovedadas, cuya finalidad es distinta. Por ello se está algo solo al plan-tear una definición global sobre un conjunto que se ha venido definiendo πόλις, por la Historiografía griega, oppidvm, por los romanos, medina y ciudad, en época medieval y moderna. La verdad está en los resultados del análisis: ni cardo maximvs ni decvmanvs. Sólo una casa. Sólo naves, piletas, depósitos (…) que dan, como cuadro final, una factoría de salazones de pescado, con encadenamientos de sistemas abovedados de almacenaje.


100 Sp. Kostod, Historia de la Arquitectura I, Oxford University Press,1988, pp. 331 ss.; L. Benevolo, El arte y la ciudad antigua, 2, Roma‑Bari, 1982, pp. 22 ss.; A. Blanco, Vestigios de la Córdoba romana, Habis, I, 1970, pp. 109 ss.; A. García y Bellido, Colonia Aelia Augusta Italica, Madrid, 1966, pp. 14 ss.; Id. El urbanismo en España en la Edad Antigua, Madrid, 1968, pp. 58 ss.; C. Castillo, Städte und Personen der Baetica, Aufstieg, II, 3, pp. 601 ss.; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Castulo, I, Madrid, 1975; R. Ramos Fernández, La ciudad romana de Ilici, Alicante, 1975; E. B. Smith, La Arquitectura egipcia como expresión cultural, Watkin Glen. N.Y. American Life Fundation, 1969; J. R. Barlett, Jericho, Guilford, Surrey, Lutter worth Press, 1982; M. A. Beck, Atlas of Mesopotamia, London and Edinburg, Thomas Nelson and Sons, 1956; H. Frankfort, The Art and Architecture of the Ancient Orient, Harmondsworth and Baltimore, Penguin, 1970; L. Lampl, Cities and Planning in the Ancient, Near East, New York‑Brazeviller, 1968; S. Lloyd, H. W. Müller y R. Martin, Ancient, Architecture, Mesopotamia, Egypt, Greece, New York, Abrahams, 1974; A. Badawy, Arquitectu­ra del Antiguo Egipto y del Oriente Próximo, Cambridge, Massachusset, MIT., 1966; M. del Amo, Restos romanos de la población romana de Onoba, (Huelva), Arqueología, 2, 1976; W. MacDonald, The Architecture of the Roman Empire, New York, Yale University Press, 1982; J. B. Ward‑Per­kins, A. Claridge, Pompeii, A. D. 79, New York, 1978; A. Boetius, Etruscan and Early Roman Architectu­re, Har­mondsworth, New York, Penguin, 1978; T. Kraus,T. L. von Matt, Pompeii and Herculaneum, New York, Abrahams, 1973;L. Soroni Mazzolani, The Idea of the City in Roman Througth, Bloo­mington, Indiana University Press, 1970; F. Brown, Roman Architecture, New York, Braziller, 1965; P. Lavedon, Histoire de l`Urbanisme, Antiquité, IIè éd., Paris; A. Grenier, Manuel d`Archéologia gallo‑romaine, III, L`Architectu­re, l`Urbanisme, les Monuments, Paris, 1958; A. Balil Illana, Colonia Iulia Augusta Barcino, Madrid, 1954; A. Beltrán et alii, Symposium de ciudades augústeas, Bimilenario de Zaragoza, I, II, 1976‑1977.

101 Sp. Kostof, Op. cit., pp. 82 ss., pp. 94 ss., pp. 121 ss.; P. León, Notas sobre la técnica edilicia en Itálica, AEspA., 50‑51, 1977‑1978, pp. 143‑169; E. J. Miles, The materials used in the building of ancient Rome and the logical origin, Journal British and American Society, vol. I, 1885‑86, pp. 54‑55; M. Steinby, I bolli laterizi e i criteri di tecnici nella datazione delle cortine laterizie romana, Esame su un grupo di edifici ostiensi dei primi anni di Anchiani, Miscelanea Archeologica, 1967, pp. 389‑406; A. Balil Illana, Casa y urbanismo en la España antigua, La España romana, BSEAA, XXXVIII, 1973, pp. 105 ss.; Th. Hauschild, Konstruktionen auf der oberen Stadterrasen des antiken Tarraco, AEspA., 45‑47, 1972, pp. 3 ss.; A. Jiménez, De Vitruvio a Vignola, autoridad de la tradición; Como obras complementarias, véanse: J. P. Adam, La constructio romaine, materiaux et tecnique, Paris, 1984; H. Bloch, I bolli laterizi e la storia dell`edilizia romana, Contributi all`Archeolo­gia ed alla storia romana, Roma, 1947; T. Franck, Roman Building of the Republic, an atamp to date them from their materials, Papers American Academy in Roma, vol. III, Roma, 1924; G. Lugli, Tecnica edilizia romana con particola­re riguardo a Roma e Lazio, Roma, 1957.

102 Vitruvio, Arquitectura, I, 3, II; 3, 4, 5, 6, 8.

103 Como obra general véase: A. Nibby, Roma Antica, I, 1838, II, 1839.

104 Como obra general véase: A. Choisy, L`art de bâtir chez les romains, Pa­ris, 1873.

105 E. B. van Deman, Methods of determining the date of roman concret Monuments, AJA, second series, Journal of the Archeological Institute of America, XVI, nº 2, pp. 230‑251, y nº 3, pp. 387‑432; Como obras complementa­rias véanse: E. J. Miles, The materials used…, p. cit.; T. Franck, Op. cit.; R. Lanciani, Ancient and Modern Roma, Rome, 1925.

106 Como obras de carácter general, véanse: M. E. Blake, Ancient roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to August, Was­hington, 1947; Id. Roman Construction in Italy from Tiberius throught the Flavian, Washington, 1959; M. E. Blake, D. Taylor Bishop, Roman Construction in Italy from Nerva throught the Antoninus, Filadelfia, 1973.

107 Véase G. Lugli, op. cit., y nota 101.

108 P. Setälä, Private domini in Roma Brick Stamps on the Empire, A Historical and Prosopographical Study of Landowners in the District of Rome, Helsinki,1977, pp. 316 ss.; Como obras complementarias véanse:T. Franck, Op. cit., nota 2; T. Helen, Organisation of Roman Brick Production in the first and second Centuries A. D.: an Interpretation of Roman Brick Stamps, Helsinki, 1975.

109 Cfr. Nota 101 y, en especial el trabajo de H. Bloch.

110 Como obra complementaria, véase: P. Gros, Architecture et societé à Rome et Italie centromeridional aux deux derniers siècles de la Republique, Latomus, 156, Bruxelles, 1978.

111 Cfr. J. P. Adam, nota 101.

112 Cfr. nota 101: M. Steinby.

113 Cfr. nota 100: A. Balil, Op. cit.; C. Castillo, Op. cit.; R. Ramos, Op. cit.; nota 2: A. Balil, Op. cit.; A. Beltrán, Op. cit.; A. Blanco, Op. cit.; A. Garía y Bellido, Op. cit.

114 Cfr. Planimetría del Sector L y las fotografías de los subsectores que conforman este complejo sector.

115 Cfr. not. 101: M. Steinby.

116 Cfr. nota 101: M. Steinby.

117 A. Blánquez, Vitruvio, Los diez Libros de Arquitectura, Barcelona, 1970, II, 3, pp. 40 ss.

118 Cfr. nota 1: M. E. Blake, Op. cit.

119 L. Roldán Gómez, La técnica edilicia y su empleo en Hispania (1), Rev. Arq., Sep-Oct., 1987, pp. 35 ss.

120 A. Blánquez, Op. cit., pp. 130 ss; Véase nota 2: M. E. Blake, Op. cit.

121 Cfr. Planimetría del sector B (hypocavstvm de la casa romana en el Castillo de San Miguel).

122 Cfr. Planimetría urbana de los sectores B, K, V,; Nota 2: P. León, Op. cit.

123 A. Ruiz Fernández, Arqueología romana de la costa granadina, Cuadernos Monográficos nº 2‑3, Motril, 1985, pp. 57 ss.

124 Cfr. Planimetría del sector K (fig. 17).

125 Cfr. Planimetría de los sectores 0L, 1L y 2L, figs. 18 a 23.

126 Cfr. Planimetría del sector B (fig. 2) y documentación fotográfica del mismo.

127 Cfr. Planimetría del sector R (fig. 29) y documentación fotográfica del mismo.

128 Cfr. Planimetría de los sectores K y V (figs. 13 y 17) y documentación fotográfica correspondiente.

129 Cfr. Planimetría del sector J (fig. 16) y sector B (fig. 11).

130 M. Pastor Muñoz y F. Molina Fajardo, Epigrafía romana de Almuñécar (Sexi Firmum Iulium), Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, pp. 328 ss.

131 Cfr. notas del capítulo 2º: nº 62 (Idrisi), 65, 68 y 72 (Ibn al‑Jatib).

132 A. Blánquez, Op. cit., pp. 134 ss.

133 Cfr. Planimetría del sector X (fig. 34) y su documentación fotográfica.

134 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25 (fig. 13), 36 (fig. 21), 44 (fig. 27) y 70 (fig.45).

135 Ibidem, pp. 25 ss.

136 R. Martin, Les Cryptoportiques: problèmes des origines en les cryptoportiques dans l`Arqchitecture romaine. École Française de Rome, Rome,1973, pp. 23 ss.; G. de Angelis D `Ossat, I criptoportici quali elementi basamentali nella tipologia compositiva dell`architectura romana, en Les cryptoporti­ques., pp. 45 ss.;J. B. Ward‑Perkins, The cryptoportic: a practical solution to certain problems of roman urban desing, en Les Cryptopor­tiques…, pp.51 ss.; R. A. Staccioli, Sulla destinazione e l`uso dei criptoportici, en Les cryptoportiques…, pp. 57 ss.; P. Romanelli, I criptoportici forensi di Aosta e di Arles, Rendiconti dell`Acade­mia dei Lincei, serie VIII, vol. IX, 1954 (1955) pp. 645‑657; Id. Edifici sotterranei di Bavai, Archeologia Classica, VI, 1954, pp. 284‑291; Id. Edifici sotterranei dell`agora de Smirne, Latomus, XVI, 1957, pp. 275‑292; A. Maiuri, Il criptopor­tico di Sessa Aurunca, Rendiconti Academia Archeologia, Lettere e Belle Arti di Napoli, XXXVI, 1961 (1962), p. 55; Como obra complemen­taria, véase: G. Lugli, Enciclopedia dell`arte antica, s. v., Criptoportico.

137 Apiano, III, 6, 7.

138 Séneca, Epist., 57, 1; Petronio, Satur., p. 16; Estrabón, V, 4, 7. Dentro de las denominaciones detectadas en los diferentes autores relativas a los criptopórti­cos, se han indicado las siguientes: AMBULATIO, TECTA, CRYPTA THEATRI (CIL, V, 1008, X, 833‑834, XI, 4206); CLOACA, Iuv. V,106; Estrabón, XIV, 43; CELLARIVM APOTHECA, CIL, IX, 5159; MITHRAEVM, CIL, XIV, 66; CARCER, Sidonio Apolinar, Carm., 23, 319; ADYTVM SEPVLCHRI,CIL, III. 1096, VI, 10005; ADYTVM, en Itin. Burdig., 594, 25, 596,19; SPELVNCAM, ANTRVM, Itin. Burdig., 598, 6.

139 F. Coarelli, Les cryptoportiques dans l`Architecture romaine, École Française de Rome, Rome, 1973, pp. 12‑13; Los términos más genéricos que se aplican a este elemento arquitectónico, son los siguientes: AEDES, CIL, 1096; CASTRA, Hist. August. Hadr., 10, 4; CHALCIDICVM, CIL, X, 810; CVRIA, CIL, XI, 5753; EXEDRA, CIL, III, 10, 96; HORREVM, CIL, IX, 5159; y Vitruvio, VI, 5, 2 ( y APOTHECA ); MACERIA, Varr., Men., 536; PODIVM, CIL, IX, 3168; PORTICVS, CIL, II, 3428, III, 1096X 810, XI,4206; THEATRVM, CIL, V, 1008, a, X, 833, XI, 4206; TRIBVNALIA, CIL, X, 833, s;VIRIDIA, CIL, 1‑2, 1505; XYSTVS, Varr., Men., 536.

140 CIL,IX, 5159; Vitruvio, VI, 5, 2.

141 R. Martin, Op. cit., p. 32.

142 R. Martin, Op. cit., p. 29.

143 Ibidem, p. 29.

144 Ibidem, p. 30.

145 Vitruvio, II, 4.

146 Ibidem, II, 8 y VI, 11.

147 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 60‑61, fig. 37.

148 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.

149 F. Benoit, Les cryptoportiques de la Narbonnaise, Atti I Congresso Internazionale, Archeologia, Italia Settentrional, 1963, pp. 145 ss.; A. Grenier, Op. cit., III, 1, pp. 305‑322.

150 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.

151 G. Gullini, Il criptoportico nell`Architectura republicana, en Les cryptoporti­ ques…, p. 137.

152 E. S. P. Rocotti, Criptoportici sotterranei di villa Adriana, en Les cryptoporti­ques…, pp. 264‑5.

153 I. Solier, Notes sur les galeries souterraines de Narbonne, en Les cryptoporti­ques…, pp. 322‑323.

154 Id. Notes sur les cryptoportiques de Narbonne, plan des Horrea, en Les cryptoporti­ques…, p. 324.

155 E. Will, Les cryptoportiques de Forum de la Gaule, en Les cryptoporti­ques…, p. 327.

156 M. Ponsich et M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25, (fig. 13), p. 36 (fig. 21).

157 Ibidem, p. 44.

158 Ibidem, p. 70 (fig. 25).

159 Ibidem, p. 86 (fig. 53).

FORMAS CONSTRUCTIVAS Y PRODUCCIÓN INDUSTRIAL

                Como señala su propia trayectoria histórica, el emporio de Seks es bien considerado por los autores antiguos, al hacer una valoración positiva de sus productos160.

                Por otra parte, es obligado indicar que sus inicios y técnicas comienzan con la colonización fenicia que, según la cronología de sus cerámicas, se remonta a finales del siglo IX a. de C. y comienzos del VIII.

                Por ello, el proceso de fabrica­ción debe llegar, por lo menos, hasta esas fechas, ya que, aparte de los negocios de trueque que practicaban los fenicios con los indígenas ibéricos, al ver las  posibilidades de conseguir provecho de un montaje industrial como el de la salazón, lo harían y, de ahí, la evolución del proceso hasta su desaparición con la caída del poder romano en el sur Peninsular y el Norte de Africa161.

                Los montajes industriales no eran tan simples como se dice por tradición162. Las factorías fabricaban sus productos en función de la calidad, tamaño y abundancia de pesquerías. Por ello cabe decir, por un lado, que los productos no presentaban una elaboración en cadena con las mismas denominaciones, sino que incluso sobre un mismo tipo de materia prima, había variedad; lo que significa que, al igual que hoy, cuando un animal se despieza para su comercialización, también las calidades de los productos elaborados establecían una gama de valoración. Tal fenómeno es válido para todos los tipos de especies marinas. La calidad es un elemento de valor para estimar la aceptación comercial. Abundando en este tema, los autores antiguos establecían categorías con respecto al producto más estimado: los atunes y túnidos en general, menores en tamaño y cualidades, como la caballa, el bonito, la melva, etc163. Hasta tal punto fue importante que, la mayoría de las colonias costeras dedicadas a las salazones de pescado, adoptaron, como emblema, para reverso de sus monedas, las figuras del atún y del delfín.

                Es evidente que se puede establecer una categoría de género por la variedad de las pesquerías. Téngase en cuenta que aquí se habla de túnidos, scomber, con denominaciones de colias, lacertvm164, etc. Pero el examen realizado sobre restos de pescado, hallados en las piletas de salazones, no ha sido practicado en su totalidad; por lo que tan sólo se ha tenido en cuenta lo más relevante de los hallazgos: las vértebras de grandes atunes165.Sin embargo, otros vestigios, considerados de tanto interés como el anterior, no han sido tenidos en cuenta; así, las escamas, espinas, e incluso un material secundario, y los tipos de anzuelos, cuyo estudio aún no se ha realizado. Las escamas dan luz sobre la cuestión de la gama de variedades de la fauna marina de acá.

                Por otra parte no sólo en el Majuelo han aparecido elementos de análisis. La Cueva de Siete Palacios dio también escamas cuando se practicó su excavación. Estos elementos no se usaban para pescado pequeño, sino de cierta entidad. Las secciones y láminas eran indicativas de que se trataba de piezas de tamaño superior166.

            1. ESTRUCTURA DE LA FACTORÍA

                Otro aspecto a tratar es la articulación de la propia estructura industrial.            

                Como puede verse en la factoría del Majuelo, la distribu­ción de las piletas no es un fenó-meno arbitrario, sino que todo se organiza en función de las materias que se pretenden elaborar. Así pueden verse sectores de piletas homogéneas, formando áreas bien definidas que, además, presentan muretes de separa­ción, como testigos de que los productos que se trabajaban en cada uno de esas secciones eran diferentes, y se pretendía que no se produjeran alteraciones o conta-minaciones entre las variedades elaboradas.

                Aplicando un criterio puramente cuantitativo, las dimen­siones de las piletas están en función de la calidad y cantidad de materia que se preparaba. Es sabido que en la elaboración de las variedades de garvm, el pescado destinado a este fin se preparaba en salas auxiliares, y se troceaba antes de ser tratado con los ingredientes de la salazón de cada clase.

                En las piletas se operaba el proceso de transformación, gracias a los tipos de salmuera utilizados. Falta por saber las concentraciones salinas usadas, por carecer de un análisis residual de aquellas piletas, que pudieron aportar esta característica como componente de la salmuera.

            1.1. El Garvm y sus variedades

En términos generales, todo el complejo industrial está formado por dos grandes esquemas básicos: piletas grandes, medianas y algunas especiales de pequeñas dimensiones. Las primeras se destinaban a la preparación y elaboración de los escabeches, con pescado de clase superior y mediano; las segundas se destinaban a las salsas propiamente dichas. Tanto uno como otro producto reciben el nombre de garvm. Pero es preciso indicar que tal denominación se aplicaba sobre todo a las salsas elaboradas usando como materia prima los hipogastrios de diferentes clases de pescado. Esto, lógicamente, llevaba a la producción de diversas calidades en los derivados obtenidos. De tal modo es así, que los tipos de garvm, fabricados con entrañas de determinado pescado, se vendían en pequeños envases, y a precios no asequibles a toda economía.

                El garvm se utiliza­ba, a veces, como condimento para la preparación de otros platos. La variedad era tan amplia en sus diversas calidades que, en algún momento, se utiliza como elemento jocoso en escritos de carácter literario, de tono irónico167. Ello no quita que algunas de estas variedades de garvm se cotizaran a alto precio por su calidad168.

                En cuanto a las estructuras usadas en la preparación del tal producto, entendido como salsa, los depósitos descubiertos en Seks son de medianas proporciones. Hay un hogar donde los ingredientes y materia base se someten a cocción. Sus piletas son manifiestamente más pequeñas que el resto del conjunto, y de diferente factura. Constituyen un tipo existente en todo el Mediterráneo Occidental169. No se olvide que la elaboración definitiva del garvm se realizaba en recipientes de cerámica que se colocaban sobre los antes citados hogares. Tales espacios, destinados a la obten­ción del garvm tipo salsa, con sus especiales formas estructu­rales, fabricadas con mampuesto, no son exclusivos del área del Majuelo. Los tipos medianos y grandes se han localizado en numerosos puntos del complejo, tanto que se han constatado desde la cota 4 hasta la 44170. Pero los hogares destinados a la cocción del garvm han aparecido, casi todos, en los niveles inferiores. Su construc­ción tiene forma circular y de escaso diámetro. Aún se encuen­tra sin un estudio pormenorizado. Se han localizado en los sectores excavados en calle Real y Plaza del Ayuntamiento. No han aparecido aisladas, sino formando parte de un conjunto mayor, como se puede comprobar en el contexto arqueológico171.En las excavaciones practicadas en la calle Real, puede verse cómo los muretes de las piletas han sido rebajados casi al nivel del suelo. Pero algunas de ellas muestran aún algo de pavimento en su fondo172.

                Por otra parte, y en época medieval, gran parte de esas formas han sido muy alteradas, y casi arrasadas para levantar, apoyándose en ellas, las viviendas modernas.  De esta forma, toda edificación que sobre ella se levante, tendrá sólida base, y no sufrirá fisuras en sus paramentos173. En otros sectores, como la zona contigua a la Cuesta del Carmen, donde hubo un ingenio azucarero moderno, la tradición ha proporcionado datos sobre antiguos depósitos de salazones e, incluso, de un horno de cerámica174. Se dice que ésta era abundante, ya que hay depósito de desechos, que-dando todo bajo las casas nuevas.

            1.2. El Garvm de Seks y su contexto meridional

                En relación con la elaboración y comercialización de los productos, se puede analizar y establecer un paralelismo con el conjunto de las colonias mediterráneas, y cómo se construía una factoría de salazones. Por ello se acude de nuevo a los textos antiguos.

                Según Balil175, los principales caminos y rutas comerciales parecen haber sido los del mar que, en el caso de Gades, fueron, con el tiempo, más intensos y ambiciosamente explotados, hasta el punto de ser considerados secreto de Estado. Esto no comprende el desconocimiento y desaprovechamiento de las rutas terrestres. Desde Gades y todos los centros industriales se explotaban rutas que ponían en contacto puntos comerciales marítimos, fluviales y terrestres.

                García y Bellido dice que Hispania y Mauritania establecían relaciones comerciales con países lejanos que no vacilaban en enviar, a lo largo de la Bética, a sus comerciantes para intercambiar sus mercancías por pescado salado176.

                Por su parte, Benoit piensa que el mercado de la Bética tenía tal importancia, que sus importaciones de vino y sobre todo de aceite y salazón, estaban asegurados por el fisco, y contribuía al abastecimiento de Roma177.

            1.3. El Montaje de la industria de salazón

Con relación a la industria de salazón en sí misma, es necesario considerar tres aspectos: las técnicas de montaje de la industria desde el punto de vista arquitectónico, elabora­ción de la materia prima, en parte ya tratada, y el proceso de comercialización y transporte. Por ello, se va a exponer, tomando como referencias las técnicas constructivas de Seks, el sistema de montaje de una industria de tales características.

                El procedimiento de montaje de piletas es fundamentalmente la misma en todas las factorías de la Cuenca Mediterránea y vertiente atlántica de Marruecos. El principio básico consiste en construir a ras de suelo para facilitar el relleno, y asegurar una menor resistencia en la colocación de las masas de pescado y sal, equilibrado en peso por la masa que la rodea.

                A veces, como ocurre en Seks, la pileta se excava en roca, evitando tan sólo que el terreno sea permeable; por lo que todo se equilibra con un simple revestimiento de opvs signinvm, más un mampuesto previo. Otras veces hay que levantar estructuras sobre roca, rellenando los espacios huecos y dando a los muretes la inclinación necesaria para que equilibre el contra­peso de empuje, de dentro hacia fuera. Los ángulos de las piletas son redondeados para evitar fisuras y las aristas horizonta­les, muy a menudo, son reforzadas con cuarto de círculo en relieve, o una bovedilla de ancha sección. Las piletas presentan un fondo, sin salida para evacuar residuos o agua. Si se presta atención, puede verse en muchas una especie de pocico destinado a recoger los residuos que quedan como posos, después que la materia elaborada ha sido retirada dentro de sus respectivos envases. Por ello se piensa que, con sólo limpiar el citado pocico era suficiente, aunque no se descarta que además fueran baldeadas con agua, una vez finalizada la campaña. Un sistema de desagüe hubiera complicado en extremo el drenaje de cual­quier industria de esta clase. Generalmente, los sectores con piletas y los recintos que componen esta factoría, estaban protegidos con cubier­tas, normalmente a dos aguas, usando techumbre de teja ancha y rematada con caballete de teja estrecha de medio punto. Su finalidad era evitar la rápida evaporación de la salmuera por un lado, y la lluvia que pudiera disminuirla en exceso, por otro178.

            1.4. Elaboración del garvm. Ingredientes y variedades

            Referente a la fabricación del garvm, se sabe que tal proceso consiste básicamente en la maceración de entrañas de pescado, tratadas con leche, sal, huevos y sangre, en función de qué clase de pescado se utilice, y con quisquillas, ostras o  cualquier  otro marisco.               

                Su sabor era bien diferente según los ingredientes añadidos, y el producto base utiliza-do. Se permitía todo con el fin de conseguir calidad.

                Así, Plinio179 dice que se podían mezclar, hasta hacer fermentar, salmonetes, en el tipo de garvm denominado de los aliados o negro (Cfr. Galeno180, op. cit.), para convertirlo con hígado en un exquisito plato.

                Se podía alterar su virtud al mezclarlo con agua, vino o vinagre. Resultaba ser un medica-mento excitante, estimulante y digestivo, por su riqueza en ázoe181.

                Su precio dependía pues de su calidad. En su embalaje se utilizaban, para las calidades altas, recipientes que no medían más de diez o doce centímetros182.

                El garvm constituye un centro de atracción de estudios monográficos. Las citas antiguas abundan, remontándose en Grecia al siglo V a. de C.; y la que hay sobre Seks aparece en Dífilo de Sínope.

                El garvm de Gades es citado, por primera vez, en una obra de un comediógrafo, Eupolis183. Antífanes184 lo cita también a finales del siglo IV a. de C.

                Todo parece indicar que la expansión de este producto, o mejor, su comercialización a gran escala, comenzaría en época helenística.

                Las citas relativas al garvm no van paralelas a los datos toponímicos, y a las relaciones comerciales entre púnicos y nativos ibéricos. El primero que habla de factorías de salazo­nes diferentes a las de Gades, es Estrabón, al que siguen Plinio, Marcial, Séneca y otros, pero destacando la cita recogida por Ateneo, tomada de la obra de Dífilo de Sínope, quien alaba las excelencias del ςκoμβρός de Seks185 .

                Gades figuraba como la más renombrada. Partía como la capitalizadora de la producción, aunque las calidades ya se habían extendido por todo el Sur, de tal manera que se califi­caba este producto no como gaditano sino como bético, pudiendo satisfacer cualquier demanda que sobre él se hiciera186.

                Poco a poco la fama de este producto se divulga, y aparecen otros centros de fabricación, como la isla de Escombreras, o Carthago Nova, que rápidamente adquieren fama. Durante este período se produce el llamado por Galeno y Aelio garvm de los aliados, o negro, y primario por Paulo de Egina. La fama del citado garvm debe su nombre a dos hechos importantes: su fabricación se hace usando como elemento básico la caballa, y su comercialización es capitalizada por asociaciones de Caballeros o Clase Equestre187.

                El uso de almadrabas se ha mantenido hasta nuestros días, subsistiendo aún en puntos muy concretos de la costa sur, aunque no con el mismo rendimiento de aquellos tiempos188.

                Se sabe, por otra parte, que un elemento, la sal, era indispensable para la elaboración de este producto; por lo que se piensa que debe ser una industria inducida y existente junto a la factoría de salazón, o cercanías.

                No se dispone de datos arqueológicos fehacientes sobre su proceso de obtención, aunque sí de lugares donde se ha elabora­do. La factoría de Seks probablemente obtuviera ese elemento de las salinas recientemente descubiertas en Torrenueva (Granada), en el delta de la desembocadura o estero marino del río Guadalfeo189. Como testimonios más antiguos sobre los emplazamientos dedicados a esta producción, están las salinas de San Fernando (Cádiz), que funcionarían como industrias anejas a la factoría de Gades190. Sobre el comercio de la sal en particular se ha escrito bastante191, pero no es la cuestión base de este tema, ya que aquí es un ingrediente para el montaje de una industria que lo precisa como tal.

                El montaje de una industria de salazón requería dos condiciones indispensables: movi-miento estacional de pesquería, con sus ciclos de mareas, y la existencia de agua dulce en sus cercanías, por lo menos. Conjugando tales condicionantes, se levantaban las factorías. Esto hace que las atlánticas y mediterráneas difieran en cuanto a la distancia del mar, a causa de las mareas, ya que éstas apenas son apreciables en el Medite­rráneo. En cuanto a la disposición de las estructuras en las diversas áreas de Seks, provoca una cierta dificultad la situación de las piletas en puntos elevados del complejo. Por ello, se observa que se han localizado estos elementos en las siguientes cotas: 4; 8,55; 20,20; 22,90; 26,10; 31, 85; 40; 41,45 y 44,60. Este desnivel sin duda ocasionaría problemas de transporte. Los productos elaborados eran almacenados en los sistemas abovedados que había en cada nivel del complejo y, desde allí, conducidos hasta los barcos. El proceso seguido desde que se producen las capturas hasta su elaboración, es el siguiente: realizada la pesca, se transportaba, supuestamente en carros, a través de una vía (calle enlosada en el Majuelo, Seks), bien de cerámica, bien de piedra con caementvm. Se llevaba hasta unas salas, donde se les quitaban las partes consideradas despojo, destinadas a la fabricación del garvm192. El atún era cuarteado en trozos de diferentes tamaños y formas o, si era pequeño, abierto y cubierto con sal para secarlo, y comercializarlo bajo tal preparación. Las salas se construyen en una situación cómoda para el transporte de la materia prima previamente preparada, y para su posterior elaboración en las piletas, donde se salaban. Como se ha dicho, en proporciones ya estudiadas, el pescado se salaba193. Tal proceso duraba unos veinte días. La salmuera que se formaba, se utilizaba para el tratamiento de los hipogastrios o desechos de pescado, destinados a la obten­ción del garvm. Una vez terminado el proceso de salazón, el producto ya elaborado, se introducía en ánforas a este fin, taponadas herméticamente y se guardaban en almacenes adrede construidos.Con relación al garvm, para acelerar el proceso de fabricación, se colocaba en las citadas ollas de cerámica y se cocía. De esta forma la salmuera aceleraba su efecto de evaporación, a la vez que la masa adquiría su punto idóneo en cuanto a su mezcla y composición. Un autor dice a propósito del garvm y su preparación:«…a continuación, colocado el pescado y la salmuera al fuego hasta que se cueza, es decir, hasta que comience a consumirse un poco»194.Dada la existencia de elementos de montaje y fabricación de este producto en Seks, las formas de cocción se componen de un hogar, de un compartimento destinado a calentar, colocado encima del hypocavstvm, y otro espacio para enfriar los productos una vez adecuadamente tratados al fuego. Los tamaños de las ollas de cocción iban en función de los hogares usados. No cabe duda de que hubo un gran movimiento comercial de este producto, como reflejan tanto la propia factoría y los autores que de ella hablan en la Antigüedad.

ETNIAS Y PUEBLOS DEL SUR

Evolución, relaciones humanas e intereses mutuos

Durante la fase de su historia antigua, la ciudad de Almuñécar ha venido siendo considerada como un asentamiento humano similar a los otros existentes, dentro de las caracterís­ticas habituales de los emplazamientos costeros196. Son numerosos los núcleos ribereños que citan los escrito­res antiguos y modernos, considerados como centros estables y con una población parte autóctona, mixta o bien como etnias puras. Estas características son comunes para toda la costa surmediterránea en general, y de forma particular, para el reducto de Seks.

Así pues, los textos antiguos citan, como ya se ha dicho, a los Mastienos, o gentes que, se supone, reciben su denomina­ción étnica de la metrópolis de Mastia, ciudad presuntamente anterior y sobre la que se levantó posteriormente Carthago Nova197.  

Con posterioridad a esas fechas se cita el nombre de Libyophoenices198, dando a entender que se trata de un elemento mixto199, aunque se puede pensar al respecto que no es un fenómeno de mestizaje (en contra de la opinión de Balil), ya que, según los trabajos de Solá‑Solé, con referencia al nombre de la esposa de Aníbal, Himilce, se ha podido comprobar que es de origen fenicio, y no ibérico; por lo que el cartaginés casó con una mujer de su propia etnia200.

Éstos (phoenices), que se asientan en el Norte de África, en territorio habitado por africanos (libios), realizan prospec­ciones colonizadoras y comerciales con la franja costera meridional, mientras que los libios serán, después, merce­na­rios de los cartagineses. No se olvide que, por ocupar el lugar donde los cartagine­ses levantaron su ciudad, ya se venía pagando un impuesto a la población autóctona (Justino, XVIII, 5,14); por lo tanto el paso para convertirse en mercenario era insignificante.

Las denominaciones que se les suelen dar a los habitantes del Sur son algo variadas y no muy claras201. Pero, lo más coherente, desde el punto de vista antropoló­gico, es admitir la existencia de una etnia autóctona, de origen ibérico que, en la época que se estudia, formaba una comunidad humana perteneciente al Bronce Final.

Esta tesis se demuestra, mediante la aportación arqueológi­ca, con datos atribuibles a dicha cultura. Ello no quita que, en determinados lugares, haya hecho acto de presencia una secuencia de tumbas del Bronce Pleno (Puente del Noi).

En segundo lugar se encuentra el elemento feni­ciopúnico, ­ cuya cronología se remonta a finales del siglo IX a. de C., avalado por numerosa aportación arqueológica al respec­to202.

Dentro del período de colonización fenicia se distinguen tres etapas: la primera se encuadra en los escarceos iniciales del elemento fenicio a finales del siglo IX a. de C., y cuyo componente humano está integrado por gentes procedentes de la metrópolis oriental, Tiro203.

La segunda expedición se puede calificar como fase en la que los dos elementos étnicos, provenientes de un mismo tronco, pero por diferentes procesos, se suman en el transcurso de los siglos VI al IV a. de C., forzados por la ayuda que los cartagineses tienen que prestar a los antiguos colonos fenicios, caídos en desgracia frente a las tribus ibéricas en general204.

Esta llegada de los cartagineses a la Península tiene lugar después de la fundación de Ibiza por los mismos, y como consecuencia de la expansión comercial de Carthago en el Mediterráneo y Marruecos atlántico205.

La tercera etapa tiene lugar antes de la tercera guerra púnica y como consecuencia del desastre sufrido por los cartagineses en Sicilia y, algo después, en Cerdeña206. Las dos primeras etapas presentan un carácter marcadamente comercial. La tercera, por el contrario, no es más que la plataforma estratégica para emprender la guerra contra Roma, y de esa forma intentar resarcirse del fuerte tributo impuesto por la pérdida de la guerra. Como consecuencia del proyecto iniciado por la familia Bárca, entran en la Península Ibérica numerosos elementos libios que conforman el grueso del ejército mercenario cartagi­nés.

Se ignora qué tipo de influencia ejerciera este nuevo factor humano en la población autóctona; pero, lo que sí se puede decir es que, a partir de este momento histórico (238 a. de C.), la arribada de esa nueva etnia puede convertirse en una situación permanente, aunque los puntos geográficos que capitalizaron la atención de los Bárquidas, se encuentran fundamen­talmente en las inmediaciones del Guadalquivir y principales centros mineros e industriales del territorio bético207.

Se puede pensar que el militarismo impuesto por Carthago, sobre todo cuando Aníbal decide emprender la guerra contra Roma, haría levas entre la antigua población fenicia y entre los iberos, lo que se da como un hecho constatado208.

Como conclusión de toda esta parte bélica, se puede decir que, a finales del siglo III a. de C., la población se estabi­liza después de las sucesivas victorias militares de Roma contra Carthago.

En la localidad de Seks, tras las excavaciones arqueológi­cas practicadas, se ha podido detectar un espacio vacío entre los siglos IV y III a. de C., en lo relativo a estadística de enterra-mientos en la necrópolis feniciopúnica de Puente del Noi, comprobándose, a su vez, que en los siglos II y I a. de C., se producen esas variaciones, cambiando también algunas características de las tumbas209. Pero, a pesar de todos estos datos, comprobados tan sólo en las necrópolis como factores indicativos de lo que había estado ocurriendo años atrás, nada se sabe sobre estructuras permanentes de carácter urbano, ni siquiera de reutilización, según se desprende de todos los sondeos llevados a cabo a través de cortes practicados sobre el casco urbano actual por Pellicer, en la zona levantina, junto a la muralla del Castillo de San Miguel, y por Sotomayor, en el Majuelo.

La planimetría llevada a cabo con sondeos superficia­les en los interiores de todos los recintos cerrados modernos, ha llevado a la misma conclusión210.

Volviendo al tema etnológico, tras la derrota infringida por P. Cornelio Escipión a los cartagineses211, se produce en Hispania, en cierto modo comprensible, una reacción: por una parte los derrotados se ven forzados a marcharse como conse­cuen­cia del desastre de Ilipa212, a través del puerto de Carteia213; por otra, el antiguo residuo esencialmente comercial y colonizador, optó por acogerse al nuevo dueño: Roma214, permaneciendo en la Península de forma indefinida.  

Este comporta­miento humano pudo haberse hecho extensivo al resto de las antiguas comunidades fenicias que, como Seks, se dedicaron siempre al comercio y a la industria. La decisión de los que desearon pactar con Roma la continuidad de su pervivencia se refleja en el momento preciso en que los cartagineses piden a los gaditanos, ante lo incierto de su futuro, que les dejen refugiarse en su ciudad. Éstos, por su parte, desconfiados y prácticos, optan por excusarse; se niegan a recibirlos dentro de sus murallas y se deciden a alinearse, de forma pasiva, con Roma, en quien veían perspectiva de futuro; mientras que, si ayudaban a sus adláteres, la inseguri­dad, y sobre todo el riesgo de caer juntamente con ellos, era cosa inmi­nente, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos bélicos últimos215. No es aventurado inducir de aquí que las restantes comunidades costeras tomaran la misma decisión.

En Seks se continúa con los mismos ritos de inhumación, con variaciones, como se ha di-cho, en la tipología y dimensio­nes de las tumbas, que no afectan esencialmente a la antigua tradición funeraria, aunque la suntuosidad de antaño dejó de existir216. De esta forma se va a producir una especie de simbiosis tecnológica recíproca: los fenicios aportan sus conocimientos técnicos, y los romanos su arquitectura; cuyo resultado se va a multiplicar de forma insospechada, creando una macrofactoría de cuya existencia se tienen noticias, casi probables, de que remontan su inicio al siglo I a. de C217. Por otro lado, el elemento fenicio se desliga de los antiguos pactos contraídos con Carthago; y el nuevo titular político-militar, Roma, acepta esa prudente y precavida decisión, movida por el interés de reiniciar a gran escala la práctica comercial e industrial, que las viejas colonias habían venido desarrollando desde los primeros contactos con el Mediterráneo Occidental. Roma sabe conjugar sus intereses y pacta, dando a cambio, cierta autonomía interna en la gestión política, propia de esas comunidades218. Como señales externas de esta nueva situación, se produce un gesto por parte de Roma, permitiendo que, al igual que Gades, la primera, y Carthago Nova, después219, (año -138) se hiciera extensiva al resto de las viejas colonias la facultad de acuñar moneda propia220. En efecto, esta pequeña autonomía, bien vista por Roma, permite que Seks acuñe su moneda propia, usando para ello tanto la leyenda púnica como los signos y motivos propios de su cultura221.

Téngase en cuenta que la acuñación de Seks, atributo similar al de Gades, no llega, dentro de su cronología, más allá de la derrota de los cartagineses en Ilipa en el 206 a. de C., hecho demostrado recientemente a través de los estudios que sobre este tema se han realizado222. Se piensa que tanto el desconoci­miento de la lengua fenicia como la implantación del latín, desembocaron en el uso de ésta última en las leyendas monetales. Como se ha dicho, el elemento púnico acepta las condicio­nes en la misma igualdad de circunstancias que la antigua metrópolis, Gades; pero, a cambio, pretende pacificar la zona y atraerse las simpatías tanto de los colonos púnicos como de las etnias aborígenes; y utilizar las técnicas comerciales e industriales que los fenicios habían desarrollado, y elevarlas al máximo rendimiento. Esto se confirma poco después en la gran expansión que experimenta la elaboración de sus productos industriales: la salazón de pescado y el garvm, ambos en sus diferentes modalidades de preparado; y, como resultado induci­do: la expor-tación de los productos que, a su vez, genera otra actividad múltiple: la construcción naval y la industria maderera, con una clase social cuya función consistirá en sufragar los fletes que se originen al respecto223. En consecuencia, es preciso decir que el antiguo comer­ciante fenicio se convierte en un fabricante permanente en la industria de salazones de pescado, abandonando su carácter itinerante derivado de su profesión mercantil, lo que se traduce en un paso a una situación estable, con un empobrecimiento que, como muestran los ritos funerarios a partir del siglo II a. de C., se hace cada vez más patente, como se comprueba en las necrópolis224.

Lentamente y de forma progresiva, el romano colono va absorbiendo al púnico. En las necrópolis aparecen tanto el ritual púnico como el romano, en época tardía: pe­queñas tumbas en forma de fosa, al lado de los enterramientos tradi­cionales de rito púnico225. Se podría pensar que este elemento semita continuaría sus antiguas tradiciones, sumándose, con el paso del tiempo, a las posteriores juderías, cuya existencia en Almuñécar ha sido fuertemente registrada en el Libro de Asentamientos226. Y con todo esto se pretende abrir paso a un nuevo tema que estudie y analice la evolución urbana de Seks y de su etnia; trabajo que lógicamente conlleva un nuevo planteamiento antropológico en la evolución de este yacimiento.

CRITERIOS DE DIVISIÓN DEL CONJUNTOARQUITECTÓNICO DE SEKS

                Ante el complejo conjunto arquitectónico de Seks, lo razonable es establecer una base crítica elemental para interpretarlo con cierta lógica. Hay lugares cuyo estado de conservación, estudios realiza­dos sobre los mismos y sus resultados, hubieran dado lugar a un planteamiento diferente al adoptado, como se da en la Cueva, Majuelo y otros.

                Una segunda base crítica hubiera sido la división de componentes industriales en zonas, según densidad o de almace­naje, como se ha dado a entender en los capítulos iniciales, considerando los sectores de Poniente como una de las principales áreas de factorías de salazones y su zona portua­ria; y, al de Levante, como áreas industriales y portuarias.

                Un tercer criterio válido hubiera sido dividir este núcleo en áreas densas en elementos arquitectónicos, como el casquete superior de la ciudad, Castillo y Peñón del Santo, y zonas muy erosionadas por el tiempo o por la acción antrópica, identifi­cando estos espacios como los correspondientes a las partes bajas, área de la colina de la actual Iglesia y centro.

                A pesar de esto, se ha pensado seguir, por condicionamien­tos planimétricos y, sobre todo, por la idea de presentar de manera detallada todo el conjunto, un criterio simplemente localista, donde se ha iniciado una enumeración del elenco estructural romano, comenzando con la descripción de materiales del Peñón del Santo y, a partir de ahí, de forma casi correla­tiva, se ha continuado realizando una planimetría, a escala gráfica lo suficientemente amplia como para cumplir la necesi­dad de poder llegar al fin más práctico que se intenta conse­guir: detallar cuanto se ha considerado con suficiente entidad para ser comentado.

                El recorrido planimétrico se ha practicado de Sur a Norte, y de forma que los diversos sectores estén correlativos, siempre que los criterios unitarios pretendidos en cada sector, no sean interrumpidos por la necesidad de fraccionar en exceso las distintas partes de la ciudad. Por ello, en una zona el aislamiento del sector Z, se hizo por no poder emplazarlo dentro de los tres sectores con que colinda, de tal forma que la propia distribución planificada, con su sentido unitario, no permitió romperla, y se situó fuera de su contexto estructural, condicionados por el espacio material de la escala usada.

                Sólo las zonas del Castillo, (Sector B) y el área de la colina de la Iglesia (sector Y) han sido realizadas a escala 1/500. El primero, por dar visión de conjunto que mostrara la unidad de los componentes del Castillo y, en segundo lugar, por la escasez de elementos detectados en este sector. Por lo demás, se ha pretendido dar una secuencia alineada de los componentes estructurales de Seks.

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

                Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

                El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desapare-cidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

                Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmen-te, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.


160 Sobre salazones véanse las notas del capítulo I, 3, 4, 5, 6, 21, 26, 34,35 y 115.

161 M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica «Laurita»…, pp. 5 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Nuevos hallazgos púnicos en el Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1963, pp. 275 ss.

162 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 92 ss.;-Véanse en la misma obra los montajes de Lixus (s. V), Anzila, Kouas, Tahadart y Cotta (sobre el s.-IV a. de C).

163 Véanse las clases de garvm por sus calidades, en Pauly‑Wissowa: Sarmatia, Sila, p. 830 y en t. VII, pp. 841‑849; Estrabón, FHA, VI, p. 159; Avieno, Ora mar. v. 452; Plinio, N. H. XXI, 94; Ateneo, III, 121 a; A. García y Bellido, Las colonizaciones púnica y griega…, p. 8.

164 Belon, Libri de piscibus, 1554, p. 141; Como obra complementaria véase: D`Arcy­ Thompson, Poisson el animaux aquatiques au temps de Pline, Paris, 1944.

165 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 287; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, II, p. 203, lam. 11, nº 2.

166 F. Molina Fajardo, El Bronce Final y la colonización fenicia, Almuñécar…, 1983, pp. 21‑34; Id. Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñé­car…, II, pp. 89 ss.

167 Plinio, N. H. XXX, 93; Manilio, V, 672; Séneca, Epist. ad Luc., 95, 25.

168 Ateneo, III, 121, a.

169 G. Purpura, Pesca e establimenti antichi per la lavorazione del pesce in Sicilia (Trapani), Cala Minola (Levanzo), Sicilia Acheologica, 48, 1982, fig. 4; M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 10 ss., fig. 21, p. 51; M. Fernández Miranda y L. Caballero, Abdera, excavaciones en el Cerro de Montecristo (Adra, Almería), AEA., p. 95, fig. 76.

170 Como información sobre el hallazgo de piletas fuera del espacio habitual véase: A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismáti­ca … Introducción y conclusiones.

171 Sobre la factoría del Majuelo, ver nota 6 del título 2.

172 Cfr. Planimetría urbana de Seks, sector T (fig. 31).

173 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar …, II, p. 165, lam. I, nº 1.

174 Información proporcionada por D. Manuel Mateos Rivas, testigo de los hallazgos.

175 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Prehistoria y Edad Antigua, Santiago de Compostela, 1976, p. 138.176 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, p. 84.

176 F. Benoit, Relations commerciales entre le Midi de la Gaule…, t. VIII, nº 3‑4, 1961, p. 330.

177 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm…, pp. 106 ss.

178 Plinio, N. H., IX, 30, 3.

179 Galeno, De Alimentorvm facvltatibvs, III, 30.

180 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pl. XIX, nº 16.

181 Knock, Frag, comic. att..,I, 186.

182 Ibidem, II, 43.

183 Ateneo, Op. cit., III, 121 a.

184 M. P. Charlesworth, Trade Routes an commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, c. 9, pp. 149‑167.

185 Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, 1, 18; Estrabón, 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 12; Ptolomeo, II, B, 14; Avieno, 425.

186 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 99.

187 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.

188 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.

189 J. Sermet, Op, cit., p. 235.

190 J. L. Toutain, L`économie antique, p. 156; St. Gsell, Histoire ancienne de l`Afrique du Nord, t. IV, pp. 50‑52; F. Benoit, L`économie du littoral de la Narbonnaise à l`époque antique, Le commerce du sel et les pêcheries, R. E. L., XXV, nº 1‑2 (année 1959), p. 95.

191 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 106.

192 A. Gruvel, L`Industrie de pêches au Maroc, p. 208.

193 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 102 ss.

194 A. García y Bellido, Colonización púnica, Ars Hispaniae, Colonizaciones púnica y griega, Madrid, 1947, p. 137; Id. Las colonizaciones púnica y griega en la Península Ibérica, Madrid, 1954, p. 7; G. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita en la Península Ibérica, Rivista di Studi Fenici, V, pp. 195, 196 y 202; P. Paris, G. Bonsor, Laumonier, R. Ricard y C. Margelina, Fouilles de Belo, 1919‑1921, Bordeaux, 1923, pp. 169 ss.; L. Siret, Villaricos y Herrerías, Antigüedades púnicas, romanas, visigodas y árabes, Memoria descriptiva e Historia, Madrid, 1908, pp. 11 ss.; Ateneo, III, 121; Plinio, N. H., III, 1, 1; Como textos complementarios véanse: S. Giménez Reina, Excavaciones en el Faro de Torrox, Memoria Arqueológica de la Provincia de Málaga hasta 1946; I. J. Pérez de Barrada, Excavaciones en la colonia de San Pedro de Al cántara, Málaga, Junta Superior de Excavaciones y antigüedades, Memo­ria, 106, Madrid, 1930.

195 Polibio, III, 33, 7; Ed. Didot, Fragmenta Hist. Graec., t. II, p. 33; Id. Frag. 20; Diodoro, XXV, 11, 12; A. Schulten y L. Pericot, FHA, Barcelona, 1955, t. I, pp. 33, 34, 38, 113, 125, 129, 186, 187, 422, 452; Polibio, III, 24, 2; Teopompo, MLI, 236; Hecateo, frag. 310, 314; Escimno, 197; Apiano, Iber., 56; Ptolomeo, II, 4, 6; Agrippa (en Plinio, III, 8).

196 Avieno, Ora  maritima, v. 421; Escimno, 197; Hecateo, frag. 310, 314; Libio, Ab Urbe Condita Libri, XXI, 22, 2‑3; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Relaciones entre Hispania y los semitas … op. cit.; Id. Aspectos económicos y geográficos…, op. cit.; C. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita…, op. cit.; M. Tarradell, El impacto greco‑fenicio en el extremo Occidente, resistencia y asimilación; C. H. Whittaker, The Western Phoenicians: Colonisa­tion and Assimilation, Proceding of the Cambridge Philological Society, 200 (NS 20), 1974.

197 La cuestión sobre el origen étnico de los mastienos es muy controvertida y confusa incluso en los mismos textos; cfr. nota 117.

198 J. M. Solá‑Solé, RS., tOr, 42, 1967, p. 312.

199 Justino, XVIII, V, 14.

200 Apiano, Iber., 56; Denominación aplicada, en términos genéricos, al elemento autóctono de la Península Ibérica antes y después de las colonizaciones, bajo el título de Bástulos, Edetanos, Celtas, Bastetanos, etc.

201 Para este punto véanse las obras de carácter general: A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad…, op. cit.; F. Molina Fajardo et alii, La necrópolis feniciopúnica…, op. cit.; nota 22.

202 Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit. 44, 5, 2; L. Siret, op. cit., p. 87, opina que, por el hecho de haber usado madera de cedro en sarcófagos, el elemento fenicio es de origen tirio; cfr. nota 22; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis «Laurita»…, op. cit, texto de consulta.

203 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Santiago de Compostela, 1976, p. 139; M. J. Jiménez de Cisneros, Historia de Cádiz en la Antigüedad, Instituto de Estudios Gaditanos, pp. 60‑ 61; Polibio, I, 10, 5; II, 1, 5; III, 20, 2; Pompeyo Trogo, Op. cit. 44, 5, 3‑4; M. Tarradell, Sobre la última época de los fenicios en Occidente, Zephyrus, IV, Salamanca, 1953, p. 512; Como obras de carácter general, véanse: I. Gamer‑Wallert, Ägyptische und ägyptisierende Funde von der Iberischen Halbinsel, Wiesbaden, 1978: A. García y Bellido, La colonización cartaginesa desde sus comienzos (654) hasta la conquista de los Bárquidas (237).

204 A. García y Bellido, La colonización cartaginesa… En esta obra opina que la fundación de Ibiza ocurrió en el año 654 a. de C.; St. Gsell, Histoire ancienne…, t. I, p. 423, admite la fundación de Ibiza hacia el año 654‑3 a. de C.

205 Apiano, Iber., 4; Livio, XXI, 1, 5; Polibio, I, 67; II, 2, 12, 21, 35; III, 16‑19; IV, 16, 6‑9; Diodoro, 35; Zonaras, VIII, 19, 3‑7; 20, 11‑13; Como obras complementarias véanse: E. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, l9, 1970; H. Chr. Eucken, Probleme der Vorgeschichte des 2 Punischen Krieges, Diss., Freiburg, Br., 1968; F F. Hampl, Zur Vorgeschichte der ersten und sweiten Punischen Krieges, in Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt, Hrsg., von H. Temporini, I, Berlin, 1972; C. Thiancourt, Les causes et les origines de la seconde guerre punique et le commencement de la troisième décade de Tite Live, Paris, 1890; E. Pais, Storia della Sardegna e della Corsica durante il dominio romano, Roma, 1923.

206 J. M. Blázquez Martínez, Fuentes literarias y epigráficas de la época  republicana referentes a minas en Hispania, p. 2; Como complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones entre Hispania y el Norte de África durante el período bárquida y la conquista romana (237‑219), Saitabi, 11, 1961; G. Paratore, La segunda guerra punica nella terza deca di T. Livio, Roma, 1970; A. Klotz, Darstellung des sweiten  Punischen Krieges, Studien zur Geschichte und Kultur des Altertums, XX, 2, Paderborn, 1936.

207 Apiano, 24; Diodoro, 25, 19; Dión Cassio, 12, frag. 48; Cornelio Nepote, Vidas de los grandes capitanes extranjeros; Str. 4, 1; Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, frag. 151; Floro, I, 22, 2; Livio, XXI, 22, 2‑3;  XXIII, 29, 4, 29, 10‑29, 14; XXVII, 18, 7; Orosio, IV, 16, 14; Polibio, III, 10, 5, 7‑13, 1‑10‑113‑6; Polieno, 7, 48; Pompeyo Trogo, op. cit., 44, 5, 6.

208 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., pp. 23 ss.; F. Molina Fajardo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983, pp. 251‑270; Como obras complementarias, véanse: A. Tejera, Las tumbas  fenicias y púnicas del Mediterráneo occidental (estudio tipológico), 1979; P. Gaukler, Nécropoles puniques de Carthage, 1915.

209 Apiano, Iber., 19.28.31 y 37; Cornelio Nepote, De virib. Illust…, 49; Livio XXVII, 20, 3; XXVIII, 19, 1; Polibio, X, 7, 6-38,7; Valerio Máximo, IV, 3,1.

210 Apiano, 27; Frontino, 2, 3, 4; Livio, XXVIII, 12, 10‑16, 13; Orosio, 4, 18, 7; Polibio, XI, 20, XXI, 20, 1‑21, 1‑22, 1‑24, 1; Polieno, 8, 16, 1; Como obras complementarias véanse: R. Corzo Sánchez, La segunda guerra púnica en la Bética, Habis, 6, 1975; R. Develin, Scipio Africanus Imperator, Latomus, 36, 1977; J. Mangas, El papel de la diplomacia romana en la conquista de la Península Ibérica, Hispania, 30, 1971; J. M. Roldán Hervás, Cartago y Roma en la Península Ibérica, Historia de España Antigua II, Hispania Romana, Madrid, 1978; J. Frantz, Die Kriege der Scipionen in Spanien, Munich, 1883; A. Schulten, Ein römischen Lager aus den sweiten punischen Kriege, Philologus, Wochenschrift, 48, 1928.

211 Livio, XXVIII, 12, 10; Como complementaria véase el artículo de R. Corzo Sánchez, op. cit.

212 Livio, XXVIII, 30, 3‑30, 12; Véase también el artículo de la nota anterior.

213 Apiano, Iber., 37; Livio, XXVIII, 30, 4; Orosio, 9, 10, 8.

214 Apiano, 38; Livio, XXVIII, 37, 1‑2 y 9.

215 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., fig. 5; F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad…, Op. cit., pp. 17‑42.

216 Ibidem, pp. 212 ss.; A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática…, Op. cit., pp. 308 ss.

217 A. Balil Illana, Op. cit., recoge la clasificación de las ciudades, sopesando su actitud frente a Roma.

218 A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924‑26, t. II, p. 51, lam. IX‑X, t. III, p. 8, lam. LXXIV.

219 Ibid., t. I, p. 19, lam. LXXXVII, t. II, p. 16, lam. X. LXXXI, p. 24, lam. LXXXIV, p. 34, lam. LXXXVIII; L. Villaronga y Garriga, Comentarios sobre la metalurgia aplicada a la investigación numismática, RSEN, nº  138‑143, 1976; C. Alfaro Asíns, Observaciones sobre las monedas de Seks, según la colección del MAN, Almuñécar Arqueología e Historia III, Grana­da, 1986, pp. 75 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismáti­ca antigua de Almuñécar, Almuñécar, Arqueología e Historia, 1983, pp 179 ss; Como obras complementarias, véanse: M. Tarradell, Arqueología y Numismática aragonesas; A. Beltrán Martínez, Estado actual de la Numismática antigua española; F. Alvarez Burgos, Catálogo general de la  moneda hispánica desde sus orígenes hasta el siglo V, Ciclo fenicio, cartaginés e hispano‑romano, Madrid, 1979; Id. Las acuñaciones del Sur de España; L. Villaronga y Garriga, Las monedas hispano-cartaginesas, Barcelona, 1973; Id. Numismática antigua de Hispania, Barcelona, 1979; A. M. de Guadán, Las monedas de Gades, ANE, 1963; Id. Numismática ibérica e iberorromana, Madrid, 1969.

220 J. M. Solá‑Solé, El alfabeto monetario de las cecas «libiofenices», Biblioteca Universitaria Puvill., The Catholic University of America, 1980, pp. 12‑17; Id. ¿ ŠKŠ, SKS o SKS…?, op. cit.; Id. A propósito de un rótulo monetario, Miscelánea púnico‑hispana IV, Sefarad, XXVII, Madrid‑Barcelona, 1967,pp. 18 y 27; L. J. Velázquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137‑141.

221 Como texto de consulta véase: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, op. cit.; C. Alfaro Asins, op. cit.

222 A. Balil Illana, Op. cit., p. 215; F. Benoit, Relations commerciales entre le monde ibero‑punique et le Midi de la Gaule Archaïque à l`époque romain, REA, t. LVIII, nº 3, 4, 1961, p 330; A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses, op. cit., p. 84; Id. La Península Ibérica y los comienzos de su Historia, pp. 457‑463; Id. Colonización púnica, op. cit., p. 137.

223 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., Introducción; cfr. notas: 128 y 135.

224 Ibidem, p. 154.

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

                Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

                El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desapare-cidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

                Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmente, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.

SECTOR  A  

Como ha quedado reflejado en lo anteriormente enunciado, la secuencia arqueológica de este sector está integrada por el siguiente elenco que se va a describir.

Área del Peñón del Santo

Comprende una serie de estructuras que se enumeran según sus características: puente romano con nave aboveda­da;restos de criptonaves oalmacenes, y depósito de agua bien conser-vado.

 Puente romano

                La conexión que el elemento romano estableció entre el espacio del Castillo de San Miguel y el citado Peñón, se llevó a cabo mediante un puente. Sus características son las siguien­tes: los materia­les de construcción de piedra pizarrosa, cal grasa y arena de río.

                Se trata de la composi­ción conocida como mortero clá­si­co romano u opvs caementicivm. Al exterior muestra, en distintos tramos conservados, la técnica conocida como opvs incertvm (fots. 36A, 37A y 38A). Su altura sobre el nivel del mar era aproximadamente de 30 m. Sobre el punto de arranque de superficie y desde él, es de 27 m.  Su estructura estaba articulada por los siguientes elemen­tos: como puente, estuvo formado por tres cuerpos de arcadas con luces de menor a mayor, según se eleva (fots. 35A; 36A), de los que sólo se conservan la luz, o base, y los puntos de arranque de algunos arcos (fots. 38A,1,2,3,4, 39A, 40A).

                La anchura, medida en base y en la cota más alta conserva­da (fots. 16A; 31A; 33ª), es de 6 m, sin sufrir ningún estrecha­miento, según se eleva. Las luces de los arcos mayores miden 5,40 m, y 2 m los menores (fot. 36A,1,2,3,4).

                Se comprende que el incremento de la luz de los arcos, según se asciende, se debe a causas estrictamente técnicas. Se trata, pues, de aligerar lo más posible una masa estructural que elimine peso. El puente estuvo culminado por una nave cubierta con bóveda de medio cañón, cuya altura interna era de 2,80 m, y su anchura, de 4,80 m. Los muretes de soporte de la citada nave abovedada miden 0,60 m.

                Las técnicas usadas son: opvs incertvm en paramentos exter­nos y opvs signinvm, en el revestimiento superior o cubierta de la nave y algunas otras partes internas, con el fin de impermeabilizar lo más posible contra la humedad en general (fots. 19A y 21A,1 (muretes laterales), 2, 3): opvs signinvm, 18A; opvs incertvm: fondo terminal de la nave; 18A: cubierta interior de la misma). Se supone que, dada la existencia de un depósito de agua muy próximo a este punto terminal de la citada nave y con el desnivel entre el Castillo de San Miguel y el Peñón en cues­tión, existiría una conducción de agua proce­dente de la zona de Eras del Castillo, o directamente del depósito terminal de la zona norte.

Naves abovedadas

Admitida la existencia de piletas de salazones (en un pasado reciente) sobre la superficie superior del Peñón del Santo, es consecuen­cia natural la construcción de estructuras de almacenaje[1]

                Los restos que permanecen aún en pie, indican la existen­cia (por lo menos) de tres naves abovedadas situadas en paralelo, con muros medianeros y de las que tan sólo se conservan los paramen­tos de fondo sobre roca madre (fots. 43A,2,3,4; 44A,2; 46A,2); y los puntos de arranque de las bóvedas, que conservan restos indicativos de su existen­cia (fots. 43ª,1; 46A,1), cuya extensión conservada es de 5,50 m, prolongándose hasta una zona de talud casi vertical, enterrados y des-truidos, con una extensión aproximada de l7 m (fot. 45A).

                Las tres naves detectadas tienen las siguientes medi­das: 1ª, anchura: 2,10 m; altura: 2,30 m; largura o fondo: 5,30 m. Medidas extensibles a todas.

                El resto, que se supone pudo cambiar su orientación, aunque la linealidad que se conserva en el muro que da sobre el precipicio, es un tanto dudosa, no se puede afirmar que sea una secuen-cia de las naves que han existido en todo este trazado­.    

                El grosor de este muro sobre el suelo, y que se conserva como resto sobre el citado precipicio, es de 1,10 m. Por ello, cabe suponer, a la vista de lo que se ve y se ha comprobado, que el área de naves fuera mayor de lo que ofrecen los restos conser­vados.

                Así, el muro sobre roca madre podría servir tan sólo como elemento de separación de naves. Ello se induce por el espacio vacío que resta donde aparece y, puesto que tal muro divisorio muere sobre el talud actual, se piensa que ese espacio libre, situado entre ese muro y los restos del Puente, pudo haber estado ocupado por otras naves o construcciones complementarias de la industria. De ahí que se haya marcado esta zona con más elementos de lo que lo conservado mues-tra (fots. 51A y 5­0A).

                En cuanto a las líneas laterales del puente, se pueden observar determinados restos testigos en su alineación (fots. 25A; 26A; 27A; 278, y 46A,2).

                La composición interna de los elementos usados como relleno, se puede ver en la fotogra-fía, 34A, donde la piedra usada de mampuesto apenas si se mezcla con materiales extra­ños, salvo raras inclusiones de fragmentos de cerámica.

                Los documentos planimétricos conservados en el Servicio Histórico Militar proporcionan el dato más valioso en torno a la realidad del Puente. Puede observarse cómo nace su planta al final de laTenaza del Castillo, con un ligero ensanche de la misma, y prolongándose hasta el actual hueco conser­vado de la nave (fot. 17A), a la misma altura del depósito de agua romano del Peñón. Su medida lineal, teniendo en cuenta tanto la planimetría moderna como la propia, ofrecida por la cartografía antigua, es de 138 m (fots. 62A,3); 63A (núm.5) y 65A,3).

                En todo esto es preciso puntualizar algunos aspectos­. Así, las proporciones, que ha indicado la cartografía del Servicio Histórico Militar, no se debieron corresponder con lo que realmente debió medir la nave cubierta. Efectivamente, al otro lado de la calzada, que separa el Peñón del Santo de laTenaza del Castillo, comienzan a apare­cer, en primer lugar, los restos de los otros puntos de apoyo del puente romano, cuyos datos proporcionan las fotogra­fías antiguas de la ciudad (fots. 14A y 15A).

                A continuación, partiendo del punto final de laTenaza moderna (fot. 62A,2), se comienza a observar la presencia de numerosos restos estructurales, probablemente pertenecientes a la nave cubierta del Puente, prolongación de la comunicaci­ón establecida entre los citados puntos. Dichos restos pueden ser vistos hoy sobre la propia base de laTenaza y, por ello, se piensa que esa estructu-ra defensiva moderna ha sido levantada envolviendo el conducto romano mediante la adición de muros protectores que pudieran soportar mayores embates.

                LaTenaza, que es una estructura militar defensiva de vanguardia, acaba absorbiendo a todo el conjunto romano, incrementando su fortaleza en el interior de la misma. En algunos tramos de ella se han construido dep­ó­sitos de agua modernos, aprovechando la impermeabilidad que ofrecen sus paredes interio­res. Los restos de este tramo de nave se pueden ver a lo largo de casi toda esta estructura castrense, en sus cimien­tos (fots. 2A,1), 3A, 5A, 6A y 10A,1). En algún tramo (fot. 4A) se puede observar el hormigón romano.

                Como documentos fotográficos antiguos, se muestra una secuencia, en donde se aprecia la existencia de restos estructu­rales pertenecientes al citado puente (fots. 12A, 13A,2,3, 14A ).

Depósito de agua romano

                Se encuentra en línea con el fondo terminal de la nave cubierta delPuente, y aproxima-damente a 10 m de ella (fots. 48A; 49A). Ha sido excavado casi totalmente en roca, y su alzado, construido con la técnica del opvs incertvm y revestido de opvs signinvm, con capa de estuco im-permeabilizante. Sus esquinas son redondeadas para evitar fisuras y facilitar su limpieza, como es normal en este tipo de construc­ción. Sus medidas son: altura: 2,80 m: anchura: 2,50 m, y largura: 6,20 m, aproximadamente.

                Conocido su interior, y no habiendo observado sobre pared o fondo ningún tipo de orificio de entrada o salida, se piensa que el agua llegaba hasta él por la parte de arriba, lo que conlleva que la conducción discurriera por la cubierta del anteriormente citado Puente (que posee en los restos de su cubierta, material impermeabilizante), con un desnivel muy bajo, por lo que la presión sería también ligera, ­dada la escasa diferencia de altura entre las conducciones del Castillo de San Miguel y el Peñón del Santo (cotas 40 y 31 respectivamen­te).

Área del Castillo de San Miguel

Tenaza del Castillo

                Como ha quedado ya indicado, laTenaza fue construida aprovechando parte de los paramentos y estructura general de la nave romana que comunicaba el Peñón con el Castillo o área romana de ese sector. Pero en la longitud de la Tenaza tan sólo se reutilizó el tramo que llega hasta el talud existente entonces. En el momento en que éste se produce como consecuencia de derribos para la construcción de un hotel, termina laTenaza, y continúa la comuni­cación con el Peñón usando elpuente romano que, además­, estaba dotado de nave cubierta (fots. 16A, 17A, 18A; 65A,3).

                La Tenaza tiene un diseño en forma de trapecio, en su primera parte, y rectangular en el tramo que se dirige hacia el mar, con nivel más bajo que el Castillo y, prácticamente lo rodeaba (fot. 62­A,2; 63A,3-4, 64A,1,2,4; 65A,2), con sus correspondientes torreones, tanto a Levante como a Poniente y Sur(fots. 58A; 61A).

                Excavaciones practicadas cerca de los muros de Levante del Castillo y los de la Tenaza, han puesto al descubierto muros pertenecien­tes a antiguas estructuras romanas, que formarían parte de las recientemente halladas en el interior del Castillo (fots. 59A y 60A).

También en el área de Levante de la Tenaza puede verse que la estructura de base es una reutili-zación de la nave romana, según se puede observar en los cimientos de sus muros (fots. 56A y 57A).

                Por último, se puede ver con claridad que los materia­les en las formas modernas, aparte de reutilizar lo antiguo, imitan, en el aparejo, las técnicas usadas por los romanos.

            Conclusión del sector A

                Después de la enumeración detallada de las estruc­tu­ras de este sector, se puede afirmar que constituye un conjunto arquitectónico, compuesto por las siguientes partes: piletas de salazo-nes de pescado (desaparecidas pero constatadas por los testimonios aportados del pasado), alma-cenes en forma de naves abovedadas, siguiendo los mismos cánones de las analizadas en todo el conjunto de la ciudad actual; depósito de agua destinado a las necesidades de las salazones y, por último­, elpuente, que unía los sectores A y B mediante un pasadizo abovedado, montado sobre la parte superior del mismo. Su finalidad es múltiple, pu­diendo usarse como medio de constituir una avanzadilla, transporte de agua al sector, sistema defensivo, control de la navegación, etc.

                Ello sintetizado en breve, se nos muestra como un sector utilizado de zona industrial y de almacenaje y, a su vez, como punto de control y de defensa ante cualquier evento de pirate­ría, y movimientos marítimos antiguos y modernos.

SECTOR B

                Tras haber hecho un recorrido general del trazado de todos los subsectores que integran el Castillo y construcciones anejas, se pasa a la descripción detallada de este sector, comenzando con una panorámica general de los paramentos del Castillo, tanto de conjunto como de zonas secto-riales (fots.1B; 2B; 3B 4B y 5B). En ellos se puede ver la estructura del montaje de los elementos básicos de le fachada, con muros de gran espesor, muchos de los cuales muestran la reutilización de materiales romanos en sus aparejos. En la base de los mismos se han detectado puntos de apoyo, que son enteramente romanos, y sobre lo que se ha producido una reutilización estructural y super-posición de determinados lienzos de murallas.

En la zona de los paramentos de Levante (fots. 6B; 7B; 8B; 9B; 10B y 11B), no se ha visto con claridad la reutilización de los muros romanos, ni siquiera en las bases y cimientos de las murallas. Pero los materiales de piedra, usados en los alzados, proceden de demoliciones practicadas sobre elementos arquitectónicos romanos.

Continuando la descripción de lo que se considera medieval-moderno, se observa, en lo que de paramento de tal compuesto queda, el murallón de cierre posterior del Castillo, y el sistema de-fensivo de vanguardia, formado por la Tenaza (fot. 12B).

Una vez situados sobre la zona de Poniente, se contempla todo el gran sector integrado por los diversos sistemas que conforman la secuencia de estructuras, de la más diversa índole, a lo largo de todo el trazado de esta colina. De izquierda a derecha, se enumeran los distintos espacios que componen toda esta secuencia (fot. 13B): 1, sistemas de muros escalonados para formar contrafuertes (fot.12B); 2, indicación de diversos restos romanos que se irán detallando; 3, torreón moderno, cuyo alzado ha perdido el revestimiento exterior, dejando ver el viejo paramento medieval árabe, antigua forma de su estructura. Todo parece indicar que tal torreón, similar a otro que se encuentra en la misma vertiente, era de planta rectangular. En época de dominio cristiano, dicho torreón fue reutilizado, y mediante un sistema de encofrado, casi circular, fue revestido con materiales más modernos, y enlucido con el tradicional sistema de piedra vista, enmarcada con revoque de hormigón actual. Visto de forma parcial, la fotografía 14B nos presenta: 1, muralla con adarve; 2, restos de puntos terminales de estructura romana.

                Situados bajo el actual puente fijo de entrada al Castillo (fot. 15B), se puede observar cómo han sido reutilizados paramentos que responden más a una técnica de construcción romana que a cualquier otra de las que, a menudo, se pueden identificar. Es una escalinata que conduce al sistema de nave, y se extiende a lo largo de la fachada principal del citado Castillo.

Estructuras barrocas en el interior de este sistema defensivo se dan algunas (fot. 17B), como es la que se observa en la fotografía perteneciente al Patio de Armas.

En la siguiente foto de detalle (fot. 18B), se pueden ver casi todas las dependencias exterio-res de esta vertiente: sistema de muros romanos escalonados, usados como contrafuertes; 2, probables zonas abovedadas y, junto a ellas, una pileta de salazón; 3, continuidad de los sistemas de muros contrafuertes de forma escalonada, sobre y según la configuración del propio terreno.

Situándonos en el espacio más meridional de este subsector, se encuentran, con bastante asiduidad, los restos de muros romanos, que han sufrido modificaciones, probablemente debido a haber sido demolidos para reutilizar sus piedras.

A continuación de los restos precedentes, y de forma globalmente vista, se puede contem-plar una estructura, algo compleja, en esta fuerte pendiente (fot. 19B): 1, restos de muro, en la parte superior, que parecen haber sufrido una fuerte erosión o desprendimientos; 2, sistema escalonado de muro contrafuerte que llega hasta las estructuras culminantes de este conjunto, o bases del sistema de muros del recinto superior; 3, depósito de agua de cierta magnitud, que igualmente se encuentra protegido por el modo de escalonamiento de muralla de contención. Todas estas formas de muros y dependencias son muy frecuentes, lo que sorprende un poco, dado el fuerte desnivel que se puede observar a lo largo de toda esta cadena de edificaciones romanas (fots. 20B y 21B). Es uno de los puntos de unión, entre los paramentos romanos y modernos que se puede observar en 21B, donde el alzado romano y medieval o moderno se entremezclan (fot. 22B,1,2). De forma generali-zada se pueden ver los diferentes tipos en los romanos, que se conservan deteriorados, pero en estado casi perfecto de aparejo (fots. 23B; 24B y 25B). En ellos, aparte del sistema de aterrazamien-to que aquí se puede ver, hay, además, un depósito de agua y parte de otro, como se verá más ade-lante (fot. 26B).

                Las medidas que se han podido tomar de este depósito son las siguientes: 9,30 m de largu-ra; 2,35 m de altura y 1,50 m de anchura (fot. 27B). Su revestimiento interior está formado por opvs signinvm; y el aparejo es de opvs incertvm, como el resto de las construcciones que aquí se dan (fot. 28B). El resto de los muros, que continúan formando este largo paramento, mide 10,20 m de largura; la altura, de lo que se ha podido tomar y se mantiene bien, es de 2,80 m (fots. 34B y 35B).

En cuanto a detalles, sobre esta forma de adosar los muros a la roca, la toma 32B ofrece una idea clara de cómo se realiza la técnica de escalonar, y cómo se adhiere a la roca. Las partes, que han sufrido fuertes alteraciones, se pueden observar en la foto 30B, donde se ve el hormigón romano, que no forma parte de los sistemas de terraplenes de opvs incertvm, sino de depósitos y similares.

                En la foto 35B se muestra la silueta que presenta el paramento en esta parte, en la que se ven muros casi rectilíneos, y otros que destacan, dando a entender que formaban parte de un siste-ma o compartimento destruido.

En la foto 36B se presenta el sistema que más datos nos da sobre existencia de conexiones, tanto de edificaciones exteriores como de su prolongación hacia las partes interiores del Castillo, y cuyas estructuras, por ahora, se desconocen.

Una vez situados frente a la abertura indicada en la foto anterior (fot. 35B,3), en el detalle que se muestra en la 36B, se pueden ver los muros laterales, con aparejo externo perfectamente conservado (fot. 36B,1), y el punto de acceso hacia una pileta de salazones.

                Una vez pasado ese corto espacio, en 37B se ve ya la citada pileta. Muestra un revestimiento interno algo desgastado, pero auténtico. Las medidas tomadas sobre estas formas, que integran un pequeño conjunto, son: muretes de entrada: 0,60 m de grosor; murete que sale hacia el talud: 1,10 m de largura, 0,80 m de anchura; muro, hasta la pileta: 1,17 m de largura. Medidas de la pileta: largura, 2,30 m, anchura, 1,50 m, profundidad, 0,70 m. El resto de las medidas de los muros que, a partir de este lugar, se han podido tomar, son respectivamente: 6,10 m, el primer tramo; muro que se dirige hacia la pendiente: largura, 1,10 m, anchura, 0,60 m. Resto del muro hasta el torreón, 3 m, aproximadamente. En este último tramo de muralla escalonada, se tienen las siguientes medidas: alturas de los escalones, de abajo hacia arriba, 0,75 m, 0,35 m, 0,75 m y 0,75 m. Las anchuras de cada escalón, 1,10 m, 1,20 m, 0,20 m, 0,15 m y 0,15 m.

                En el tramo, que llega hasta el comienzo de la pared posterior del torreón, se puede comprobar la existencia de ese sistema escalonado en esta parte de la muralla romana de la zona de Poniente.

                En la foto 38B,2, se observa, además, la existencia, sobre la roca, de un grueso tramo de suelo de hormigón romano, lo que da alguna señal sobre la identificación de este tramo, como ele-mento probable de una base de pileta o depósito de agua. En cuanto a la indicación del sistema escalonado de muralla, en la foto 39B se puede ver, con cierto detalle, el citado paramento que, al parecer, se adentra bajo las estructuras romanas situadas en los muros externos del Castillo. Mayor presión y conjunto de detalles se pueden observar en las características que se ofrecen en las fotos siguientes (fots. 40B; 41B; 42B).

                Situados frente al foso del Castillo, se observa igualmente la existencia de un muro romano reutilizado, como elemento o punto opuesto a la muralla frontal, para dar el debido espacio al foso o elemento defensivo (fots. 43B, 44B, 2; 45B,2, y 46B). La medida de este muro coincide con la del paramento general del Castillo, según se entra, y algunos metros de la izquierda. Pero este muro se encuentra ya muy retocado por la acción antrópica. Realmente forma parte de una antigua estruc-tura que se continúa a través del fuerte paramento que hay en 48B y 49B, y que constituye un poderoso sistema de murallón romano que, probablemente, se dirigiera hasta el Majuelo. Pero no se dispone de datos suficientes. Lo que sí se puede afirmar es que tal muro, que ha sido reutilizado para el foso del Castillo, se cerraba con este último que se acaba de exponer, y cuyo grosor alcanza 1,10 m.

            Interior del Castillo de San Miguel

Casa romana

                Una vez descrito todo cuanto ha sido posible en la periferia del Castillo, se va a analizar lo que dentro del mismo se ha podido detectar en las últimas fechas.

                Tras el levantamiento del cementerio, que ha estado emplazado en este lugar desde 1851, hasta hace aproximadamente 31 años, (el cementerio viejo fue eliminado antes de los años`80) el uso de esos lugares con una finalidad muy lejana a la militar, como es natural, ha dado como resultado el descubrimiento de una casa romana muy alterada en sus dependencias en época de dominio musulmán; unas, sufriendo grandes deterioros, y otras, guardando casi íntegramente su antigua forma por la utilidad directa que les suponía a los nuevos ocupantes su uso. No se sabe, a ciencia cierta, hasta qué punto los elementos arquitectónicos de la casa han sido útiles a las culturas que por aquí han pasado. No se olvide que este reducto militar, después de la expulsión del elemento musulmán de la ciudad, fue ocupado por hispanos, de forma permanente, y por franceses, ocasionalmente. Las transformaciones que se practicaran sobre estas instalaciones militares son difíciles de precisar, ya que las culturas y las técnicas de que se sirven, son diferentes.

                Pero, dejando todo esto atrás, hay que decir que se debería haber recopilado bastante más material arquitectónico, si la recuperación del Castillo se hubiera llevado de forma ordenada, y con los medios que una adecuada excavación hubiera podido lograr; lo que, en lógica elemental, nos habría conservado mucho más material, que hoy aparece completamente destruido, como se puede apreciar en la secuencia de fotografías que necesariamente hay que exponer y detallar. Hoy día se han recuperado ya muchas formas antiguas tras una sistemática limpieza de todas las zonas recuperadas.

Entrando, pues, por la puerta sur (agujero artificial de acceso), para dar una visión panorámica de la zona interior del Castillo, nos hemos situado en la parte más elevada del mismo, que es como un torreón de grandes proporciones y que probablemente fuera el sector destinado a un posible hábitat dentro de este reducto. Desde él se divisan, a la derecha de la imagen (fot. 49B), estructuras que parecen haber sufrido modificaciones en su trazado, dependencias con muros de escasa altura, que deben ser habitáculos de la zona sureste de la casa que aquí existe. En el punto extremo, a la derecha, se pueden contemplar las murallas musulmanas que se conservan en gran extensión, a pesar de que el Castillo fue semidestruido por el ejército napoleónico a su retirada.

En la parte central, a casi tres metros de desnivel, sobre el resto de los paramentos se ve lo que constituye el núcleo medio del espacio ocupado por la casa, y en primer plano, unos muros de cierre, que no se pueden definir, ya que es imposible, por ahora, determinar hasta donde se pudiera extender la planta general de este emplazamiento. La mezcla de elementos arquitectónicos es bastante fuerte. Por ello se tratará de ir delimitando, por medio de las técnicas, lo que pueda corresponder a cada época, a rasgos generales, ya que este trabajo se limita a detallar lo romano y, de pasada, lo medieval.

Situados de nuevo en la parte sur de estas dependencias, se inicia el recorrido descriptivo partiendo de una nave, considerada de época cristiana, en la que las técnicas constructivas siguen una de las modalidades usadas por los romanos: paramento de piedra vista alternando con hileras triples de ladrillo que, en la tradición edilicia romana, recibe el nombre de opvs vitatvm; pero que aquí realmente no se trata de tal procedimiento, sino de una imitación.

                El aparejo, que corresponde a la citada técnica romana, es más perfilado y cuidado. Podría tratarse de una reutilización de aparejo y técnica, pero se cree que es una construcción, hecha con materiales romanos, reutilizados posteriormente. El encofrado de la bóveda es muy similar al que se sigue en los sistemas romanos. Se piensa que hay una relación directa en la copia de formas, ya que la ciudad, en esos momentos, estaba en buen estado de conservación con respecto a esas estructuras y, casualmente, este es el único testimonio de que se dispone en todo el casquete superior de la ciudad, y que, además, ha sido una casa romana. Todo el conjunto superior podía haber dispuesto de edificaciones como ésta; y todo viene a parar a una sola forma de manifestación doméstica en todo el recinto.

Por otro lado, se tiene la zona de naves subterráneas, probablemente reutilizadas, en gran parte de él; lo que podría llevar a pensar en unos horrea romanos, reutilizados por los ocupantes posteriores, como el resto de las dependencias que se ve en superficie. No se olvide que estamos en la zona más aireada de todo el conjunto. Ello puede servir como argumento ad hoc para admitir que las dependencias subterráneas, que tan sólo se ha tomado muy superficialmente, sean realmente una infraestructura de naves romanas, siguiendo el estilo de los criptopórticos.

                Las medidas de esta nave abovedada son las siguientes: largura, 10 m; anchura, 2,50 m; altura, 3,20 m. En cuanto al grosor de los muros, tan sólo nos podemos guiar por el que presenta, hacia la parte externa, el agujero por donde se ha podido entrar para tomar esta documentación fotográfica, siendo su grosor 1,20 m (fot. 51B).

Una vez dentro del recinto, a través de la nave abovedada vista antes, se observa (fot. 52B) una serie de elementos arquitectónicos a los que aún no se le encuentra conexión con el resto; pero que están ahí, y tan sólo nos hemos limitado a indicar su procedencia e identidad arquitectónica. Así, en esta imagen, se ven, de izquierda a derecha: estructura que presenta todos los indicios de haber sido una pileta o depósito. Tiene pavimento de revestimiento interior. Ello da pie a admitir tal finalidad. Sus medidas son aproximadamente, dentro de lo fiable: largura, 2,50 m; anchura, 1,10 m; profundidad, 1,20 m. Justo a su lado se ve un muro romano roto y no en el cambio de sentido que experimenta. Su longitud aproximada es 9 m; altura, 1 m, dentro de lo que ha quedado de su alzado. Al fondo, y junto al mismo paramento, se levanta un nuevo lienzo de aparejo romano que forma casi el término de lo que se considera como área de las termas, en la parte que corresponde a la zona con elementos de abastecimiento de aguas y dependencias anejas y auxiliares del hypocavstvm. Tanto la técnica de construcción del primer paramento como la del segundo, es romana; pero la primera está montada según los cánones del opvs latericivm, y la segunda, con el del opvs incertvm.

Continuando la exposición de las distintas dependencias que se pueden ver, se tiene la aparición de un agujero excavado de manera fortuita, y que nos ha puesto al descubierto paramentos romanos y medievales (fot. 50B,5). Justo a su lado, se ven, de nuevo, las estructuras romanas, formando una construcción alineada, paralela a la que se muestra en 50B,4 ; pero su material es el opvs incertvm y un revoque de pavimento externo, que no se da en el primero. Al fondo de todo (fot. 50B,7), están los muros protectores de lo que, después, se detallará, y que forman la zona de las termas, en su área destinada a producir calor, o hypocavstvm.

Para ver, de manera detallada, la parte interior de lo que se ha considerado probable pileta o depósito, se ofrece la imagen 53B, indicando los puntos en que se ha observado la presencia de material de revestimiento, pero que no tienen las características que se ven en los depósitos y piletas habituales, sino que, siendo pavimento con este fin, muestran otra composición que, además, se hace extensiva a gran número de dependencias con estas notas funcionales.

De forma continuada, en esta descripción, hay paramentos que parten de los muros antes descritos (fot. 53B,1), y que se continúan, formando una especie de cuadrícula, y eran la base sobre la que se asentarían muchas de las dependencias de la parte superior de esta casa (fot. 54B).El paramento de cierre de la zona sur del Castillo se ve en la panorámica casi completa, donde se encuentran las dos grandes estructuras que forman este conjunto: a izquierda, murallón contra-fuerte y, a la vez, muro de cierre, que asciende para constituir la plataforma de acceso, en época posterior, a la parte más elevada que da al Sur y de toda esta superestructura (fot. 54B,1). A la derecha de la imagen que se cita (fot. 56B), y sobre lo que hoy se ve como suelo, (que no lo es), en 56B,4, hay un muro romano que se alinea, como se ha dicho, de forma paralela al trazado general de la muralla de Levante y a las estructuras romanas, que se sitúan a su izquierda.

Como se puede observar en esta misma imagen (fot. 56B,2,3), no cabe duda de que grandes tramos de muros romanos han sido rotos, e incluso paramentos enteros, dadas las características que nos muestran los grandes fragmentos de opvs caementicivm que se ven a la izquierda de la imagen 56B,2. Se podría decir que se ha intentado “borrar” del contexto determinados elementos arquitectónicos que pondrían en entredicho todo lo que se afirma modernamente sobre la interpretación que se está dando a propósito de la supuesta casa nazarí que algunos afirman. Son demasiado relevantes los datos “eliminados” en el levantamiento del antiguo cementerio.

Área de las termas del Castillo

                Una vez analizada la parte sur, que está a la entrada de la nave, nos situamos sobre el nivel superior para mostrar y analizar las distintas dependencias que conforman la zona de las termas. Así, en 57B se tiene una perspectiva de este sector, pero incompleta, como se podrá ir mostrando. En la imagen 62B se ven los elementos arquitectónicos anejos a la parte de los baños propiamente dichos, en donde se puede precisar el muro maestro (fot. 58B,2), que separa toda la zona de dependencias térmicas (fot. 58B), de las destinadas a la foto de baños propiamente dichos (fot. 58B,3). El muro romano (fot. 58B,4) mide, de largo y ancho respectivamente, 25 m y 1 m. El primer compartimento, que presenta una solería de baldosas de cerámica, mide 3,30 m de largura y 2 m de anchura. La altura de sus muros es muy variable, pero el mayor mide 0,80 m de altura; los muretes de fondo: 0,65 m de grosor.

                En la vista detallada del siguiente espacio, se puede observar una zona partida (fot. 59B) por un muro romano que mide 0,50 m de grosor, y 1,84 m de largura. El espacio completo que se ve, con el muro que divide, mide 1,75 m aproximadamente. Los materiales empleados son el ladrillo y la piedra, opvs latericivm e incertvm, respectivamente.

En la planimetría general ha quedado perfilado, a escala, todo el detalle de las medidas.

A la derecha del muro divisorio, que se ha observado en la primera imagen 58B,2, se analizan las formas que se dan de manera consecutiva. El primer tramo de muro que se ha seguido hasta llegar a este espacio, mide, dentro de las limitaciones que impone el deterioro del terreno aproximadamente 14,60 m lineales. El primer elemento murado rectangular cerrado, presenta revestimientos en sus paramentos, no la piedra vista, sino una especie de revoque que se encuentra en muchas más dependencias. Así, las medidas de este primer compartimento son: 1,50 m de anchura; 2,90 m de largura, pero alineado sobre ese muro, bisectriz de toda esta secuencia. Su profundidad o altura es variable y está en función de que se excave debidamente hasta encontrar el suelo; pero su profundidad media ahora es de 0,90 m (fot. 60B,6).

Una vez dentro de las estructuras que conforman el espacio de las termas, se ve toda una secuencia de dependencias que, a nuestro parecer, han sufrido fuertes modificaciones, bien por parte de los antiguos ocupantes, bien por los modernos y sus propias máquinas que han intervenido recientemente en el desmantelamiento del antiguo cementerio.

En la imagen que se ofrece en 62B, se observa el muro divisorio entre la zona termal y los pasos situados detrás de ella. Las medidas de estos tramos, previos al hogar de las termas, se han indicado con toda precisión en la planimetría sobre este subsector. Lo que sí se quiere precisar aquí es la secuencia de estructuras, cuyo tramo final está marcado por unas formas, que parecen indicar el punto de entrada de agua y la base de alimentación de calor a esta dependencia.

Una vez situados sobre el propio hogar (fot. 63B), se ve, a izquierda, uno de los fuertes y resistentes muros de encuadre de los pilares y sistema de embovedado del hypocavstvm. La materia fundamental es el ladrillo, que después se analizará.

En la foto 64B, se remarca, de forma más incisiva, cómo es precisamente el ladrillo el elemento estructural que se utiliza en todo el aparejo de hypocavstvm, salvo los gruesos muros, antes indicados, que forman los dos resortes sobre los que se apoyan todos los demás elementos componentes de tal estructura. Se señalan debidamente todos los puntos en los que se puede observar la presencia de los pilares, bien adosados al muro soporte, bien como elementos sobre los que se asienta la cubierta, en forma de falsa bóveda, de la parte superior del hypocavstvm.

En la perspectiva que se presenta desde otro ángulo, se observa la forma de los paramentos laterales, con opvs latericivm, los puntos de salida de aire, los pilares adosados al muro lateral y los pequeños arcos, que forman las falsas bóvedas, soporte de toda la estructura superior (fot. 63B). Las tres formas arqueadas, con sus pilares intermedios, se ven en las fotos siguientes de detalle, en las que, además de la estructura de fondo, sobre la que se apoyan estas bóvedas, se puede compro-bar la forma rudimentaria con que se han levantado los arcos (fots. 67B; 68B; 69B; 70B; 71B; 72B). Efectivamente, no se trata más que de una falsa bóveda, conseguida a base de colocar los ladrillos en posición horizontal, cerrándolos de ángulo, según se sube, hasta formar una falsa clave de cierre en su punto más elevado. Es una técnica de escaso valor arquitectónico y mediana consistencia, ya que la resistividad, por la posición que adoptan los ladrillos, es bastante menos potente. Es un procedimiento usado muy frecuentemente por la técnica musulmana. En este caso puede ser una reutilización de antiguos elementos romanos remozados. En origen, no se trata de un procedimiento musulmán, sino romano, transformado posteriormente. En su parte posterior, punto por donde se piensa que recibía tanto el agua, para su preparación, como el elemento combustible, para el calor, las dependencias auxiliares se encuentran en tal estado que son casi inidentificables.

En la foto 73B, se ve una abertura a la izquierda y otra mayor a la derecha, que podían constituir tanto las vías de alimentación del hypocaustum como la de su limpieza. Pero no se des-carta la destrucción de otro subsector.

En una foto, con mayor ángulo de esta área, sobre el muro de más volumen (fot. 74B ,7), se tiene la existencia de un orificio circular por el que, se piensa, podría haber discurrido una canalización de agua de servicio, tal vez para las zonas tibias, aunque podía ser una salida de agua a alta temperatura. Pensando que, por el extremo calor alcanzado, la tubería sería de cerámica.

En cuanto a las medidas de los pilares, se han anotado las siguientes: 0,40 m de largura y de anchura; las distancias entre pilares: 0,45 m; los pilares del centro miden: 0,45 x 0,50 m; sus interespacios: 0,56 m, y 0,45 m. Todos estos detalles quedan perfectamente delimitados en la planimetría del sector (fig. 8).

Desde la perspectiva indicada en 75B, se puede ver el muro de soporte mayor, de los dos que encuadran el hypocavstvm. Obsérvese cómo se encuentran divididos los distintos elementos que integran el citado muro, como si se tratara de un sistema de tierra prensada, tipo musulmán medieval. Lo que realmente se da es una división de elementos, según la forma interna del subsector calefactor del espacio de las termas. En verdad se observa un sistema de bloques superpuestos, con marcados trazos de divisiones entre ellos.

En la parte posterior de las termas, tras el muro de apoyo, se pueden ver (fot. 76B) unas dependencias estrechamente relacionadas con la composición de estos espacios. Su aspecto externo es muy similar a las dependencias que se verán después: piedra y revoque impermeabilizantes.

Todo resulta tan aislado que parecer haberse producido una transformación en el conjunto de las termas. Ha podido ocurrir, sobre todo en época medieval de la historia de este edificio.

Desde las zonas de tratamiento previo del agua, nos situamos de forma que se puedan ver las dependencias orientadas a Levante (fot. 77B). Esta primera parte de dependencias (fot. 74B,1,2,4), que ocupa el centro, tiene las siguientes medidas aproximadas: anchura, 2,40 m; fondo, 11,50 m. La altura de los paramentos es muy variable, ya que se encuentran muy erosionados. A la derecha de la imagen que se ofrece hay una zona cuyas estructuras han sido destruidas por la precedente intervención del elemento humano, y eliminadas por las máquinas modernas, que han causado grave pérdida de la identidad de este subsector. A izquierda, no obstante, se pueden ver algunas formas, al menos conservadas en sus bases

En cuanto al revestimiento de esta primera dependencia, hay que decir que se trata de un revoque aislante muy deteriorado y retocado, pero que guarda las características de ser un preparado impermeabilizante, común a todas las dependencias que se van a ver en el conjunto.

En la imagen, que se muestra a continuación de la anterior, se ve un elemento que parece más un canal de recogida de aguas residuales de los baños, que un espacio-piscina (fot. 78B). El muro de la derecha mide 1 m de grosor; el de la izquierda: 0,60 m, y se encuentra dividido en el centro por un murete, situado a más bajo nivel, de 0,45 m. La anchura de este paso o corredor es de 1,20 m. Al pie del muro grueso puede verse una estructura de alzado, con apariencia de haber sido anterior a esta construcción, con un resalte de 0,35 m y la misma extensión que el muro superpuesto. Este suelo se ve claramente roto no sólo desde antiguo, sino modernamente.

En la imagen 79B, se puede ver la zona más amplia de lo que se viene considerando espacio de baños o pilas de las termas. En el centro se observa una dependencia grande, dentro de la cual hay, en el extremo derecho anterior, dos compartimentos o pilas menores, cercadas por muretes que han sido rebajados y cuyas medidas son: el indicado en primer plano, 1 m; los laterales y el de fondo: 0,60 m; anchura, 2,95 m; largura, 7,95 m. Las dos bañeras o pilas pequeñas miden: largura y anchura, 1,30 x 0,96 m y 0,90 x 0,96 m. El grosor de los muros es de 0,45 m. Todo parece indicar que, al lado de estas pequeñas formas de pilas, había otras que han sido rotas, y de las que quedan indicios de muros.

En la foto 80B se presenta una imagen próxima a las dos piezas indicadas en primer plano. En la 81B se marca el espacio de lo que ha podido ser una pila o área de baño de mayor tamaño. En la imagen 84B, se muestra una de las dos piezas homogéneas.

Siguiendo la descripción de todo este sector, se señala otro espacio similar al visto en 78B, pero algo más amplio, que mide 1,60 m de anchura y 7,95 de largura. Al fondo de la misma imagen hay unas aberturas, en forma de escape, a las que se puede identificar como desagüe de los espacios destinados al baño. Se ve una pequeña arqueta de recogida, por los restos de canalizaciones que se ven, de las piscinas que hay cerca, a lo largo de todo el fondo. El grosor de los muros de este espacio estrecho, es de 0,60 m, a ambos lados.

                Al fondo de todo esto se tiene un espacio que se ve flanqueado por otros dos, cuyas funcio-nes se desconocen, pero parecen formar parte de las estructuras de los baños y, tras todo esto, una zona, que debió estar dividida en tres partes, según los indicios de muro de cierre que se han podido detectar. Su suelo o pavimento está en muy mal estado, debido a la erosión. Tal espacio mide 6,95 m de largura, comprendiendo todas las probables dependencias; y el muro, que forma límite con el corte, al que se considera artificial, mide 0,60 m de grosor. Lo que de él se conserva mide aproxima-damente 12 m; pero se piensa que cerraba en ambos extremos de este espacio, por lo que se deduce que tan sólo se ha conservado el núcleo central de las dependencias destinadas al baño (fot. 84B).

Tomando una perspectiva desde la zona levantina, se observa el corte producido por la máquina moderna (desmantelamiento del cementerio), haciéndose patentes las estructuras que se han visto antes (fot. 85B,3,7,9). La diferencia de nivel, como se puede ver, es de casi cuatro metros sobre el suelo, en general. Se cree que estos alzados de muros, que hay en la zona baja de 85B, no tendrían una altura como la de arriba, pero existirían sistemas escalonados de comunicación.

                De nuevo en el área de murallas de Levante (fot. 85B), se pueden comprobar los elemen-tos defensivos que, al parecer, se salvaron de la destrucción llevada a cabo por el ejército napoleó-nico. En el subsector de este mismo lienzo de muralla, se puede comprobar cómo la parte exterior ha sido reforzada mediante el revestimiento de piedras, mientras que el interior es íntegramente de tierra prensada. No se tienen pruebas para saber si la cimentación de este sistema se apoyaba en una estructura previa romana, aunque hay algunos indicios sobre la base de la muralla en su parte externa.

Situados en la actual entrada, cerca de uno de los torreones, se puede ver la alineación de muros, que recorren todo el sistema, casi de un extremo a otro (fot. 91B), con secuencias de muretes transversales de cierre; lo que indica que se dividían en sectores que no se pueden definir. El recorrido de este muro es de 29,70 m, y su grosor, de 0,60 m. Hacia su centro hay una división, cuya anchura es de 2,80 m, y los muros conservados de la misma miden: 3,40 m de largura y 2,20 m respectivamente. Pero, además, estos dos muros se prolongan en dirección a la muralla exterior del Castillo, llegando uno de ellos a medir 2,50 m. El otro se encuentra muy erosionado.

De forma paralela al antes descrito, hay otro cuyo recorrido es de 19,90 m, y su grosor, de 0,60 m. A una distancia de 3,30 m, hay un pequeño recuadro, algo desigual, cuya largura es de 1,90 m, y el grosor, de 0,45 m. Pueden verse algunas estructuras más, pero la demolición provocada por la máquina ha hecho desaparecer todo resto. Se espera que con una excavación, previa a la restauración del Castillo, se recuperen algunos de los espacios y líneas perdidas.

En la foto panorámica 92B, se puede ver este alineamiento, indicado en 50B,7, a la vez que los compartimentos situados más a la derecha de la imagen que a su izquierda. Al fondo se puede detectar el muro de cierre en dos sentidos. El espacio visto como un compartimento cerrado, se muestra en 93B, y sus medidas se han ofrecido en la descripción anterior (fot. 91B).

En el punto antes indicado, se piensa que había una estructura de cierre, que ha sido rota por las necesidades que implicaba la construcción del Castillo, pero no sería de extrañar que reaparecieran cuando se realice la pertinente excavación con la restauración programada. En el espacio situado detrás de la muralla de fachada, con adarve, a izquierda de la imagen ofrecida (fot. 94B,1), se puede ver lo que es elemento romano, con aparejo perfectamente definible, las estructuras que quedan aún en pie, de época musulmana (fot. 94B,2), y las formas atribuibles a la época de Carlos III (fot. 94B, 3,4,5).

En este mismo subsector del Castillo, se observan, sobre la zona excavada (fot. 95B,4), elementos arquitectónicos cuyos aparejos entran más en lo que se definiría como romano que como medieval o moderno, ya que son ciertamente catalogables cada uno de ellos. Hay superposiciones de estructuras y yuxtaposiciones, similares a las conservadas en la zona de las termas.

Pero, situados sobre el pasillo moderno de entrada al Castillo, se ven de nuevo las formas típicas de paramentos romanos, pertenecientes a un sistema de almacenes, en batería, pero algo diferente a lo que habitualmente se viene detallando a través de toda la ciudad moderna (fot. 96B).

                Los primeros muros, vistos a izquierda de la imagen, forman parte de toda la infraestructura que se va a contemplar en diferentes planos y que, en cierto modo, pueden relacionarse con las que se dan en 91B; 92B y 93B. Realmente se trata de dos secuencias, casi paralelas, de zonas de proporciones similares y de formas normalmente rectangulares (fot. 98B). Se encuentran adosadas a un edificio de tradición musulmana situado en su parte izquierda, según la imagen ofrecida (fot. 99B). Hay dos sistemas de muros que discurren paralelos y se encuentran divididos por los correspondientes muros de separación, que dan forma a las dependencias, que se consideran almacenes a flor de superficie, pero han podido perfectamente tener cubierta. Tales formas de almacenes presentan, como se ha indicado, una estructura rectangular. Se encuentran alineadas en paralelo y de forma un poco anómala en su ángulo frontal, según se mira. Pero, en realidad, no es más que una probable deformación causada por las superposiciones posteriores, que han afectado a todo el sistema (fot. 99B).

                Frente a estos muros maestros de limitación de espacios cerrados, se puede observar la presencia de alzados que no están bien alineados, pero se piensa que tienen una estrecha relación con los cuestionados en esta descripción. La distribución de este sistema, con sus compartimentos adláteres, su cierre al fondo, como se puede observar en la imagen 100B, además de otros muros que se han detectado, parecen formar todos en bloque, un conjunto que se asemeja más a un granero en superficie, que a depósitos de salazones. Pero no se debe descartar nada de esto, aunque, tal vez, el sistema de utilización como cubicula quede más lejos de una explicación, ya que no se ha detectado ninguna señal superficial de acceso y, por tanto, dificulta admitir tal definición. Pero, y esto es lo más importante, no se puede perder de vista que este lugar constituye el área más sana y propicia para que los alimentos se conserven bien. Este es el sector más salubre de todo el conjunto de Seks, ya que se encuentra a merced de todos los vientos, y sobre una base estrictamente rocosa, lo que evita la humedad. Todas estas razones llevan a concluir que no es un desacierto pensar que los romanos emplazaran en este lugar sus almacenes de alimentos para la población directora de la factoría.   

                Una gran cuadrícula se había montado en torno a los elementos que constituyen la zona de almacenes, e, incluso, los bajos, como se verá, serán utilizados para almacenaje, excavados en roca madre. Las medidas registradas en esta área vienen dadas como sigue: longitud del muro principal, 20,80 m, grosor; 0,45 m. Este último dato es común a todos los muretes que se dan en estas cuadrículas. Las primeras, de izquierda a derecha, de frente, miden: 1ª: 3 x 3 m; 2ª: 3 x 2,60 m; 3ª: 3 x 2,40 m. El espacio restante, en este sentido, mide 10 m aproximadamente, porque se supone que cierra al final con las cuadrículas estudiadas en el subsector de Levante. La segunda fila de cuadrículas, situada detrás de las anteriores, mide: 1ª: 3 x 2,60 m; 2ª: 2,60 x 2,60 m. Los espacios que se siguen se encuentran muy erosionados y no se ha podido hacer una medición precisa debido a la indefinición de los restos que se pueden ver. La edificación que se sitúa detrás de esta cuadrícula, torre cárcel en época musulmana, ha tenido una intervención clara en los restantes componentes de esta zona del Castillo y ha llegado a romper su unidad.

                Además de estas formas, se cree, destinadas a almacenaje de productos alimenticios y otros, hay un depósito de agua en forma de aljibe, al que no se ha catalogado, porque presenta algunas características que hacen dudar; por lo que no se quiere arriesgar opinión. Cuando se realice su limpieza, se podrá analizar el aparejo y forma (fot. 102B). Por el aspecto exterior y la utilización de materiales, parece una estructura musulmana, pero el uso del ladrillo y sistema de aparejo, da pie para pensar en un depósito romano, cosa que sería muy normal donde se ha localizado una casa romana. Podría perfectamente constituir el aljibe de recogida de aguas de lluvia. El resto de las estructuras que se van a exponer se encuentran en muy mal estado de conservación. Así, en la foto 103B, se pueden ver numerosos restos de muros difíciles de catalogar, probablemente debido a la reutilización a través de los años.

                El muro que se muestra con restos de canalizaciones (fot. 104B) cerraba, y lo hace de una forma un tanto confusa, con el muro maestro de las dependencias que se acaban de describir como probables almacenes. Su posición, con respecto al muro con que enlaza, es de ángulo recto. El canalito que se ve a 0,60 m de la superficie actual, aparece como un elemento a tener en cuenta a la hora de fijar los sistemas de distribución de agua. Es adintelado y probablemente tendría tubería. La altura del paramento observable en 105B es demasiado profunda y tal vez se hayan tocado estructuras romanas subsistentes.

En toda la secuencia de muros que se vienen describiendo, hay un denominador común: todo parece indicar que se encuentra formado por un cuadrilátero que circunda todas las estructuras hasta ahora descritas, formando una especie de vallado, organizado en torno a lo que es la casa o elementos fundamentales de lo que es tal edificación.

En la foto 105B, se ve una secuencia de muros que cierra, en lo que se ha detallado en la anterior, formando ángulo recto. Sobre uno de los puntos extremos de la imagen dada en esta foto (fot. 105B,3), se puede ver, en ese preciso espacio, una piedra de molinillo romano, que tapona la entrada de esa especie de pozo conducto que, a continuación, se analiza. Así, en 106B se ve el citado pozo circular con la piedra de molino caída en el fondo, desde el punto superior o bocana, donde se encontraba al parecer. Este detalle permite decir que la abertura que muestra este pozo es muy similar al diámetro de entrada o acceso.

Como bien se puede detectar, la construcción de esta dependencia ha sido realizada excavando en roca una especie de fosa, que no es tal, sino una entrada o lucernaria de todo un conducto subterráneo utilizado como recinto o granero, al estilo de los criptopórticos de época romana tardía, que se han citado en los capítulos introductorios de este trabajo. A partir de la roca excavada, se puede ver que se ha construido con opvs latericivm, del mismo estilo y proporciones al usado en los pilarillos y falsas bóvedas del hypocavstvm de las termas.

Dentro del cuadro de estructuras murales sin una definición clara, se pueden ver las que se muestran, apreciándoseles los rasgos de reutilizaciones de paramentos que no son definibles ni como romanos, ni como musulmanes, sino que hará falta un postrer análisis a través de la excavación que debe preceder al proceso de restauración (fot. 107B). Detalles de este tipo, sin una definición clara, se pueden ver, en el último tramo de estructuras murales que se observan en el extremo noroeste del espacio interior del Castillo (fot. 108B).

Situados de nuevo junto a las murallas de Levante, se ve el proceso de los antiguos para acceder al punto más elevado del compartimento sur (fot. 109B,2). Y, una vez arriba, aparecen, en un primer tramo, estructuras consideradas eminentemente medievales y modernas, pero que presentan atisbos de reutilizaciones, sobre todo en los revestimientos que tienen algunos de los paramentos que se ven a izquierda de la imagen ofrecida en 110B,1. Los de la derecha, (fot. 110B,4) muestran la técnica del opvs latericivm, pero no presentan una definición clara a la hora de identificar su verdadera procedencia, ya que tanto musulmanes, cristianos como romanos la utilizan. Tan sólo un análisis del mortero puede dar algún factor clarificador sobre una u otra identidad. Se acepta, a primera vista, por una definición moderna sobre fundamentos romano-musulmanes, cosa que podrá, en última instancia, definir la excavación que de esta área se lleve ordenadamente a término, cosa que se espera poseer, como dato definitivo (fot. 111B), una vez se presente la oportunidad de poder llevar a cabo exploración y estudio de tal tipo, en unos lugares tan escasamente analizados en subsuelo.

En el tramo segundo de este espacio, se puede localizar, aparte del gran número de elemen-tos sin precisar, por falta de exploración metódica, y con gran confusión, una parte donde se ubica uno de los tramos de nave o criptopórtico que, se cree, rodea toda la vertiente oeste y sureste del Castillo (fot. 112B, 5).

                Con más precisión, se puede ver fotografía de aproximación en las imágenes que se obser-van en 113B y 114B, mostrando una especie de nave sobre la que se ignora, por deficiencia de no poder observarla con mayor precisión, si tiene cubierta adintelada o es abovedada. Sí es posible identificar los paramentos donde se ve el opvs latericivm, del mismo estilo al existente en las ter-mas y del pozo. En la parte izquierda de la imagen, se ve un alzado de piedra, que se presenta difícil de definir, por no poderse analizar el aparejo, debido a la indefinición que da su situación actual. Es preciso acercarse, pero no lo permite su peligroso estado y carencia de medios para acceder. Como elemento arquitectónico, se cree que se trata de un pasillo, que conecta con los antes vistos en el área de acceso principal del Castillo. Pero esto es suponer y no definir. Por tanto, nos limitamos tan sólo a indicar que se trata de un factor más a tener en cuenta, como elemento arquitectónico subte-rráneo.

Como epígrafe de última hora hay que añadir que toda esta zona ha sido limpiada y restaurada y, a la vista de lo hallado, parece que ha quedado claro que este espacio ha formado parte de un elemento de producción. Lo han definido como lagar de época musulmana, cuya raigambre queda indefinido al no poder determinar desde qué momento tal elemento hizo su aparición. Se ignora si hubo algún elemento estructural que pudiera poner tela de juicio su verdadero origen. No disponemos de publicación, por ahora, para poderlo cotejar.

                Es de considerar también el hecho de que se utilice este espacio como lugar de enterramientos, aunque hay que tener en cuenta que es una zona bastante reducida. No es de extrañar que las tumbas sean romanas. Este fenómeno ha sido comprobado también en parte de la factoría de salazones del Majuelo, donde aparecieron dos enterramientos, pero con una técnica funeraria diferente, ya que aquí, dentro del recinto del Castillo, se usa la piedra como elemento de construcción, mientras que en el Majuelo se utilizaron tégulas romanas grandes y de diferente tamaño. Las zonas donde aparecieron los enterramientos romanos se pueden ver en las fotos 115B, 116B y 118B.

                Por otra parte, en nuestra posición sobre la existencia de una casa romana de cierta entidad sobre el Castillo, hay que aportar una serie de materiales que lo confirman. Las fotos 118B, 119B y 120B dan testimonio de que aquí se usaron columnas de mármol que, probablemente, pertene-cerían a una zona porticada de la casa. También aparecieron materiales de tipo industrial, como son las piedras de molino de trigo o grano, como se prueba en las fotos 121B y 122B. Lo que no obsta para que los musulmanes reutilizaran todo este material, dando lugar a que den la impresión de que todo pertenecía a su cultura, cuando la base de todo ello es romana, tanto la zona de las termas, enterramientos y el perímetro de estructuras que rodeaban todo.

            Conclusión del sector B

                El espacio que comprende este concreto sector de descripción y análisis, queda enmarcado fundamentalmente por la secuencia de dos elementos que, en cierto modo, se entrecruzan: el Castillo de San Miguel, con sus estructuras formadas por elementos medievales y modernos, y todo el elenco cultural arquitectónico, que se ha localizado no sólo en su interior, sino también en la periferia que bordea, con su propio sistema de estructuras, todo este estratégico sector.

Bajo el punto de vista romano, no se puede pensar que esta área tuviera función defensiva. Por las características que presenta en bloque todo el sistema, hay que decir que lo que se ha hallado se resume en: sistemas subterráneos de posible función similar a la de los criptopórticos, destinados, en principio, a granero o conducto subterráneo de comunicación, localizados en dos espacios diferentes: partes norte y sur respectivamente.

En superficie se ha centrado nuestra atención en un núcleo clave: la casa, en torno a la que gira todo lo demás: graneros en superficie y subterráneos, pozo o conducto, termas domésticas, etc. Pero hay algo en lo que se pretende hacer fuerte hincapié: no se ha descubierto nada de estuco pintado. Los que se usan, de revestimiento, en los compartimentos localizados, son pobres de composición. Tan sólo es una ligera capa de estuco de tono crema.

Por otro lado, las termas presentan una estructura de escaso valor arquitectónico. Los revoques, en los elementos hallados en ese espacio, son pobres.

En contraposición a esto, se tiene el hallazgo de fragmentos de fustes de columnas; lo que hace pensar en la existencia de un pórtico en la zona del complvvivm. Cuando una casa es mediana, normalmente se usan pilastras de opvs latericivm, no mármol necesariamente. Ello resulta un tanto contradictorio; pero los hechos están ahí: no hay revoco con pintura en los muros analizados, revestimiento de estuco pobre, termas de escaso valor arquitectónico, etc.

Todo ello hace ver que se trata de una casa, pero de escasa categoría artística; por lo que se llega a pensar que fuera ocupada por gente de no muy alto nivel económico, o mejor, por una clase militar o cargo público no permanente; con lo que se puede suponer que podría tratarse de un edificio público al servicio de cierta clase, llamemos, funcionarial. Pero la duda queda ahí: no hay elementos de juicio suficientes para admitir que se trate de una zona de hábitat permanente y económicamente poderosa, porque esa categoría social vivía en la periferia del estero marino de río Verde, y en el interior del territorio, en villas rústicas bien situadas (La Albina, Torrecuevas, La Cerca, Los Bañuelos, Barrio de San Sebastián, etc.). Ello es lo que nos mueve a pensar que esto fuera una residencia de personal no permanente y de carácter militar o, como se ha dicho funcionarial, al servicio de todo un complejo industrial. Como centro estratégico ocupa el punto neurálgico de todo el complejo, desde donde se podía controlar, en gran parte, el movimiento marítimo y terrestre.

En un resumen esquemático de la situación interior del Castillo, hay que decir que la línea, sobre la que se encuentra todo el trazado, enmarca un cuadrilátero casi perfecto, porque se encuentra interrumpido en numerosos puntos por las superposiciones, que se han llevado a cabo sobre este sistema, a través de los distintos usos que de él se han hecho en el tiempo.

                En cuanto a los elementos hallados en la periferia de lo que se viene admitiendo como Castillo, hay que decir que la parte de Poniente registra una secuencia interrumpida de sistemas de contención a base de muros de escalonamiento, que sirven para sostener las estructuras que se han venido montando a lo largo de toda la vertiente. Se cree que se trata fundamentalmente de sistemas de muros de contención que protegen toda una plataforma en la que se pueden ver numerosas estructuras industriales que, se cree, por ahora, no van más allá del fondo que ellas mismas mues-tran. Pero es lógico que, si se tiene un depósito de agua, pileta de salazón y algunos otros restos sin identificar, todos encajan dentro del conjunto, como dando a entender que tenían su función.

No se explica un depósito de agua de más de 9 m de longitud para una sola pileta de salazón. Sin duda debieron existir otros elementos, cuya fuente de alimentación sería este mismo depósito. Por ello se concluye, sobre este subsector, diciendo que, bajo los paramentos modernos del Castillo han existido, y deben subyacer tales elementos adicionales, formando una secuencia de estructuras industriales relacionadas con toda la zona, de forma complementaria. Pero no se descarta, en absoluto, que tal depósito de agua, esté relacionado con las formas que se encuentran dentro del área del Castillo, ya que la cota del espacio de Levante está por debajo de la del depósito y, debido a ello, no se duda en establecer una cierta relación funcional, o como elemento integrante de todas las estructuras romanas que hay en el Castillo. En definitiva, se concluye diciendo que estamos ante una casa más de tipo oficial que de carácter privado, en donde se dan elementos propios de un hábitat, con dependencias destinadas almacenaje. A su vez, podía desempeñar una función de control y vigilancia, por ser el sector más estratégico de todo el conjunto.

SECTOR  C

                El espacio comprendido por este pequeño sector se sitúa entre terrenos de las cercanías del Castillo y la última zona de la de este mismo nombre.

En el punto en que se interrumpe la calle citada, para dar acceso al Castillo, procedi-miento considerado artificial, en las estructuras que se ven a izquierda, según se entra, se com-prueba la secuencia formada por un muro de contención, que salva el nivel de la calle en todo su trazado, y que se eleva, aproximadamente, 3,50 m sobre el suelo posterior, en su mayor parte, hasta hace poco ocupada por los alfares, elementos que nos dejan como testigos, formas que se pueden calificar como romanas por las características externas y los módulos de sus paramen-tos.

No cabe duda de que han sido rotas todas las dependencias que han existido delante del Castillo, para poder levantar una defensa natural con espacio muerto, que facilite a un potencial enemigo, el acercarse a la fortaleza. Esa “tierra de nadie” ha estado formada largo tiempo por un descampado que, hasta hace no muchos años, se ha conservado.

No se trata de que se eliminaran los elementos arquitectónicos, sino que no se utilizaran e, incluso, se demolieran en gran parte. Es evidente que, como se verá en sectores enmarcados en el mismo espacio, conviene mantener un sistema de obstáculos que impidan el acceso fácil al Castillo. Y, en efecto, han existido y aún se conservan. Hay detectadas estructuras que guardan escasa altura, y que obstaculizarían el paso en ese sentido.

Dicho esto, aparece, a la entrada de Explanada de San Miguel, a izquierda, una serie de edificaciones, que son reutilizaciones de formas murales consideradas romanas. Por sus proporcio-nes y el uso de podivm, en su punto de entrada, se cree que se trata de tales construcciones (fot. 1C). Quedan vestigios de su antiguo alzado en los puntos que se indican: 1C,1, podivm; 1C,2, resto de muro que deja ver la composición de su alzado.

                En la parte posterior de este alineamiento, se puede ver toda una secuencia de reutiliza-ciones modernas en las que se comprueba la existencia de paramentos romanos interiores, con motivo de la recomposición de algunas de estas casas, de las que no se tiene material fotográfico, pero se consiguió información sobre los muros y sus proporciones (fot. 3C,2).

Aparte de estos detalles, es interesante observar cómo se monta la estructura del aparejo, sobre la misma roca. La fotografía presentada tiene más de 8 años (se escribe este trabajo en los años `80), y aún se dejan ver, sobre los paramentos externos, las señales de un aparejo de opvs incertvm.

En el citado punto 3C,2, los muros detectados, atravesaban de lado a lado toda esta aline-ación, dando a las calles Explanada de San Miguel y San Miguel Bajo. Los muros que se observan a izquierda de la imagen ofrecida, están registrados desde principio de este siglo (XX), ya que se dispone de documentación fotográfica que permite identificarlos desde la perspectiva de Levante (fot. 4C). Hacia el centro de la calle San Miguel Bajo, se puede comprobar que en la casa, que se ha levantado con sistema de pilares, se vio, mediante una exploración de emergencia, los muros romanos que habían sido destruidos hasta casi la roca, pero hubo material suficiente para poder identificarlos y tomar sus medidas, que han sido reflejadas en la planimetría del sector.

Conclusión del sector C

                A la vista de los escasos materiales de que se dispone, las conclusiones se dificultan o se simplifican, porque se cree que esta secuencia hay que considerarla como elemento integrante del gran sector, que debió existir en todo el espacio situado frente al Castillo, siendo fundamentalmente ocupado por alfares y que, en la actualidad, conservan varias alineaciones de estructuras romanas en sus cercanías: unas, hechas desaparecer por la edificación de barriadas nuevas, y las viejas construcciones llevadas a cabo mediante la reutilización de los muros, que quedaron como ele-mentos defensivos en el espacio muerto situado frente al foso del Castillo.

Como conclusión inducida, ya que se tienen algunos datos de hallazgos de piletas en los alfares, con motivo de su transformación en zonas libres y viviendas, cabe decir que este gran sec-tor, en general, y el pequeño, en particular, formaron parte de una probable zona dedicada a la elaboración de pescado y a la fabricación de cerámica fundamentalmente industrial. Como argu-mento que apoya esta afirmación, existe el testimonio de uno de los propietarios, que confirmaron que ellos utilizaban “cubas” (¿piletas?), de antiguo, para el tratamiento y preparación de la cerámica en sus procesos de fabricación.

SECTOR D

El sector D forma parte de las estructuras mixtas, o cuyos elementos constructivos parti-cipan de las técnicas medievales y modernas, por un lado, y romanas reutilizadas, por otro. Ambas se encuadran dentro de los sistemas arquitectónicos programados para la defensa de la ciudad. Aquí tan sólo se trabaja con el espacio destinado a la infraestructura romana, formada por los componentes industriales y los destinados al almacenaje, como los más usuales.

                No cabe duda de que existen otros sistemas de apoyo, o complementarios a la finalidad primordial de estos medios de producción. Por ello no se prescinde de los sistemas de aterraza-miento, con su técnica y composición, los elementos hidráulicos y su distribución, como lo más destacado de todo el conjunto.

                Uno de los componentes arquitectónicos más ausente es la red de comunicaciones, den-tro de la totalidad del complejo. Este defecto o falta de identificación constituye un problema casi insalvable, ya que los accesos modernos, en gran mayoría artificiales, no dan opción a deter-minar, en ningún momento, dónde hay una vía de comunicación interior, que relacione los dife-rentes sectores del complejo. Tan sólo se pueden identificar algunos tramos pequeños, y ello porque plantean más dudas que soluciones. Lo que se ignora es su continuidad y ensamblaje en un conjunto de red viaria interior de intercomunicación.

                Se inicia el recorrido descriptivo intentando conectar todo el sistema defensivo de la zona levantina de la ciudad. Así, aparecen, al inicio de la Cuesta del Carmen, los restos de un torreón medieval moderno (fot. 1D,2), secuencia de sistemas de murallas que, a lo largo de todo su trazado, irán mostrando distintos aparejos, según la técnica de construcción usada.

No es de extrañar encontrarse con superposiciones de aparejo diferente, como ocurre en los materiales usados en murallas árabes y entre los del período moderno.

Sobre el talud, que da al actual Paseo de Prieto Moreno, se observa la secuencia de todos los tramos conservados. En ellos (fot. 2D) se detecta la existencia de técnicas distintas. Los puntos bajos de este sistema están formados por estructuras romanas (fots. 2D,2,3; 3D,1,2; 4D,2), aunque lo que predomina es el material de época cristiana, superpuesto al romano (fots. 2D,2; 3D,1; 4D,1; 7D; 8D; 9D; 10D,1; 11D,3; 12D,4). No se olvide que tal superposición de estruc-turas de murallas con base romana, tiene muy estrecha relación con las construcciones que se encuentran apoyadas sobre ellas, y cuyo aparejo es el mismo, como se verá más adelante.

                Así, pues, la muralla se va cerrando, según la propia configuración del terreno, hasta formar recinto con los muros y torreones del Castillo de San Miguel (fots. 2D; 3D; 4D; 7D; 8D; 9D; 10D; 11D; 12D).

                Hay que considerar que el sistema de muros romanos de Levante, dirigido hacia el Cas-tillo, constituía igualmente un medio para la conducción de agua. En la parte interna de esta muralla, sobre un patio rodeado de muros romanos (fots. 33D; 34D; 35D), se han podido tomar fotografías donde se detecta el canal de conducción interrumpido, cortado y taponado. En su interior se podía ver el opvs signinvm de revestimiento e impermeabilización (fots. 5D y 6D). Ello lleva a concluir que su destino era el Peñón del Santo, hasta donde se llegaba mediante un gran puente. Para ello se recuerda que, justo al lado del punto donde terminaba el puente romano, se encuentra un depósito romano de agua, que siempre ha estado a la intemperie y visible para todos, hasta que se decidió “modernizar” el Peñón, quedando cubierto y enlucido y, últimamente convertido en el apero de los jardines de esta zona. Esta conducción de agua ha quedado modernamente absorbida por la casa moderna que se monta sobre ella, siendo impo-sible su recuperación.

                Una vez hecho este inciso, se continúa describiendo la composición de los aparejos de las distinta partes de la muralla, que no es homogénea, sino que, en cada época, según las nece-sidades de reparación, se ha practicado un tipo de restauración diferente, no sólo por la tradi-ción arquitectónica, sino también por la dotación presupuestaria, cuando se libraba dinero para el sistema defensivo.

                En cuanto a las características estructurales, se observa que el grosor de las murallas varía, según las épocas. En unos tramos alcanza 1,20 m de grosor, en otros, 0,90 m; pero esto, en su parte elevada, porque la base no se ha podido ponderar.

                La técnica del alzado, en general, es la piedra vista, como se puede comprobar a lo largo de todo el recorrido. La altura es variable, sobre todo debido a los deterioros sufridos por diver-sas causas y circunstancias. El punto más elevado actualmente, puede alcanzar los 10 m. Se presume que, además, estaban provistas de adarves, como en otros lugares de la ciudad.

                En cuanto a la parte interna del sistema de amurallamiento, se detecta cómo la propia muralla queda bajo la calle para formar parte de ella, ya que tal no existía, sino que fue hecha de forma artificial, aprovechando la misma muralla.

A derecha de la subida, hay todo un paramento romano de contención (fot. 13D, 2), al que se ve, con mayor precisión, en la fotografía 14D, con un alzado superior a los 9 m, y que se extiende a lo largo de todo el corte producido por el talud de relieve del casco urbano.

Sobre los muros de la calle se pueden ver los vestigios de las antiguas estructuras mura-les. Así, en la misma Cuesta del Carmen, tanto a derecha como a izquierda, se observan las viejas formas murales romanas, aunque bastante modificadas por los ocupantes posteriores (fots.15D; 16D; 17D), que dejan ver las huellas de los antiguos aparejos.

A media cuesta, girando a derecha, por un paso artificial provocado a causa de nueva apertura de calle en tiempos pasados y mediante la rotura del muro romano que se ha podido ver en 14D, está la parte considerada ya íntimamente relacionada con las estructuras que se han descrito en el sector E. En efecto, sobre la parte izquierda que da la imagen 18D, al pie del muro maestro de esta construcción aparentemente moderna, se puede comprobar la existencia del paramento antiguo y que se relaciona con los que a continuación se van a describir.

El tramo 19D, secuencia de enlace del paramento anterior, no es más que un muro con-trafuerte para sujetar las estructuras que se van a ir levantando a lo largo de las series encadena-das y paralelas que se va a tener ocasión de estudiar y, en parte, ver. El aparejo, que muestra este pequeño subsector, entra dentro del tipo opvs incertvm. Pueden, en efecto, verse las pie-dras con tal técnica a lo largo de la base, camufladas bajo una ligera capa de revoque moderno y encalamiento.

En la parte opuesta de este subsector, se pueden ver los vestigios del muro de conten-ción, localizado en 14D, en su prolongación hacia la zona sur. El realce, que se le ha dado moder-namente, se debe a una pura necesidad de establecer cierta seguridad, pero, en su base, se pueden ver las piedras de su aparejo, tal como se observa en la foto 21D. Este mismo muro, justo en el punto 20B,2, ha sido roto intencionadamente para poder establecer una referencia de comunicación entre la zona baja y los sectores E, D, y U. Desde una altura superior se puede comprobar cómo se dibuja la secuencia de dicho muro, adaptándose a las imposiciones de la configuración del terreno, y desde el mismo punto anterior, se muestra una perspectiva de las secuencias de alineamientos, con formas romanas en sus interiores, y en perfecto orden arqui-tectónico (fot. 23D).

En el punto 23D,1 se ve el primer muro de contención que va a sujetar las estructuras que han existido en la calle cerrada que se nos muestra en el centro de la imagen. En el punto (23D,2), está la fachada de una serie alineada de formas cuyos paramentos han sido muy alte-rados, hasta el punto de que apenas han contado con la mitad de su altura para poder terminar lo que hoy es vivienda moderna. Pero se puede comprobar que las coordenadas de los tipos que se vienen admitiendo como naves, encajan perfectamente con las medidas que aquí se pueden constatar: el módulo de una casa normal coincide con las medidas en altura, anchura y largura de una nave tipo habitual, dentro de este gran sector.

En el punto 23D,3, se contempla otra de las secuencias alineadas paralelas, no sólo a la que se sitúa en una base inferior, sino que también, aunque no se vea en esta imagen, corre paralela a la que se halla inmediatamente detrás. De la misma manera que en (23D,2), las medidas guardan una estrecha relación con los tipos de naves hasta ahora estudiados aquí, las distancias, medidas y proporciones de los espacios que se sitúan en este punto, coinciden con las que le preceden.

En la imagen que se ofrece en 24D, se comprueba la existencia de un espacio central, en forma de calle, que ha debido ser roto para abrir paso y que estuvo ocupado por una cadena de naves. El alineamiento visto a la derecha de esta serie de casas (24D,3), tiene un paramento que ha sido muy alterado a través del tiempo, pero sus módulos corren paralelos a los antes expues-tos en el sector superior de L, y más concretamente, con la nave que tiene la bóveda partida. El muro de la izquierda (24D,2), de 0,4 m de grosor, ha debido experimentar un estrechamiento en su punto terminal ya que, cuando enlaza con las edificaciones modernas, que se sitúan paralelas al 24D,3, aumenta su volumen. Sobre el punto medio del paramento 24D,3, se puede ver una pequeña indicación de muro que destaca ligeramente de la pared en su base (fots. 25D; 26D), en una distancia de 6 m, del que se cree es un indicio de muro adosado, que debió formar parte de una estructura hoy desaparecida, en la calle cerrada donde se encuentra. Justo a su lado se levantó el paramento que conformaba toda la fachada de tal alineamiento de probables naves.

La estructura que se ve al fondo como elemento de cierre, probablemente es una cons-trucción artificial, ya que el muro presenta escasos datos de su antigüedad, pero la base es muy similar a la de los paramentos que se encuentran en su entorno (fots. 27D; 29D; 30D). Los res-tos de fachada que se ven en la foto 28D, muestran el punto posterior de la estructura que se cierra tras 27D. En ella están las líneas de fachada que se prolongan desde 29D; 30D y 31D, con un seguimiento perfecto de los muros continuados hasta la Cuesta del Carmen. Las medidas de 28D se corresponden con una nave normal de las que preceden en el pasillo cerrado.

Una vez descrita esta calle ciega, situados frente a la estructura que se encuentra al fondo de la imagen ofrecida en la foto 24D, en la Cuesta del Carmen, se puede ver cómo en la parte superior de la casa de una sola planta, se detecta la presencia de un muro romano que se encuentra en línea con los que han quedado detrás, en la antes citada calle ciega (fot. 31D).

Al otro lado de la misma Cuesta del Carmen, sobre el muro, se comprueba la existencia de una serie de restos que muestran las estructuras que han sido rotas, probablemente para abrir la citada Cuesta (fot. 32D,2); pero en el punto 32D,1, se observa otra rotura que permite pasar a las estructuras situadas casi al borde del sistema amurallado que da sobre el Paseo de Prieto Moreno. En el interior de este paso, indicado en 32D,1, a izquierda según se entra, se pue-de ver un paramento de muro romano que se extiende a lo largo de todo el espacio aquí edifi-cado (fot. 33D). Su altura alcanza 1,10 m. Se puede comprobar como un elemento más de infor-mación en la foto presentada, en sentido hacia la calle (fot. 34D), donde 34D,1 deja ver el apa-rejo con apenas un revoque posterior, y 34D,2, con fuerte revestimiento.

En la foto 35D, se puede observar la prolongación del paramento romano, bajo una cu-bierta artificial que termina en un muro romano de cierre que da sobre la Cuesta del Carmen.

Una vez salidos de este espacio, la calle Nueva del Carmen ha sido una de las que más modificaciones ha experimentado en los últimos años y, por tanto, también es una de las más difíciles de identificar en lo que a restos romanos se refiere.

Como se observa en la imagen 36D, los revoques modernos han sido tan fuertes que es prácticamente imposible decir que su alzado fuera romano. La parte izquierda de la imagen, en algunos de sus tramos, deja ver el antiguo sistema romano, tal como se puede comprobar en la foto 37D. El revoque moderno se ha caído y deja ver señales evidentes de su antigua compo-sición. Las alturas de estos alzados son, a todas luces, como se aprecia en casi todos, casi idénti-cos; es decir, oscilan alrededor de los 2,30 m.

Desde el punto anterior, girando a izquierda, aparece una secuencia de fachada que con-serva cierta cantidad de elementos antiguos, en lo referente a aparejo (fot. 38D). No sólo es el dato del aparejo, elemento decisorio, sino también el uso de escalones altos, como dato comple-mentario y testigo de un fenómeno muy común en las áreas que han sido antes naves: el relleno del espacio interior por carecer de pavimento. Como el suelo viene siendo muy desigual, se rellena con tierra o escombros, para equilibrarlo, hecho que implica una elevación sobre el nivel de la calle y, consecuentemente, el uso, por necesidad, del escalón o podivm posterior.

En la panorámica 39D, se puede observar el alineamiento del subsector, con un inter-valo de reutilización casi idéntico en cada una de las viviendas. A su vez, se ve no sólo la aline-ación de naves sobre la calle, sino también, como se señala en el punto 39D,3, otra línea más profunda que discurre paralela a la que hay en la calle. Es de gran interés observar cómo esta parte de la calle Nueva del Carmen es casi paralela a las estructuras de la calle Angustias Moder-na, que se encuentra a un nivel superior, detrás.

En la fotografía 40D, se puede ver esta alineación, a la que tanto se está acudiendo para explicar la situación de las naves o espacios que lo fueron. La anchura de la calle y la altura de sus paramentos a través de todas las viviendas son muy reveladoras: la anchura es homogénea y muestra las mismas proporciones que la calle Angustias Moderna. Sobre las paredes exteriores, en sus puntos bajos se observan los restos de muros que, en parte, conforman el aparejo interno y, progresivamente, han sido recubiertos y han dejado de verse.

En los puntos 41D,1 y 42D,2, se puede ver con toda claridad la un paramento que se observa en este espacio libre dejado por los propietarios que, sin pretenderlo, han dado la prue-ba de la existencia de un alzado continuo a lo largo de toda la calle. El opvs incertvm se ha deja-do ver, de forma clara y sin revoques en este pequeño tramo.

Pasando por la entrada, al pie del punto 42D, a través de una abertura sobre un muro, cuyo grosor es de 0,90 m y que ha sido previamente roto para poder acceder, se llega a la nave abovedada conservada, en línea con los elementos de la calle. Estos espacios son equivalentes, en sus medidas, a los que se encuentran en su parte externa, es decir, adosados a ellos y a lo largo, igualmente, de toda la calle.

Las medidas que ha dado esta nave son las siguientes: altura, 2,90 m; anchura, 2,15 m; largura, 5,85 m. El muro que va desde su paramento lineal hasta la calle, mide 2,30 m, que es la anchura de la nave que se encontraba adosada a ella y, sumando ésta con el grueso del muro de la calle, dan aproximadamente, el equivalente a la citada nave que, tiempos atrás, fue enrasada, como todas o casi todas las de su línea. Este módulo se va a repetir de forma constante en todas las casas que se van a analizar e identificar (fot. 43D).

Para que se vean y se comprueben con imágenes los datos que se vienen dando, se pre-sentan una serie de perspectivas de la fachada de esta calle, como información previa a los inte-riores transformados, que se van a aportar (fots. 44D; 45D; 46D y 47D). Los espacios que se muestran en las foto 48D y 49D, se corresponden respectivamente con las dos puertas consecu-tivas que se pueden ver en la foto 46D,2, de tal manera que se identifican las medidas, que se vienen comprobando, con las que estos dos espacios ofrecen de forma general.

Aparte de esta consideración y aprovechando el contraste que ha proporcionado la luz del flash, se ha podido demostrar que el paramento exterior de este espacio (fot. 47D) indica la altura conservada del alzado que conforma su muro exterior y que, además, puede verse cómo se prolonga en ambos sentidos.

En la foto 48D se puede ver con nitidez que la pared de fondo de esta dependencia, está construida con la técnica del opvs incertvm, formando parte de la misma casa, y se une a la otra dependencia mediante un muro de separación. Tiene algo de revoque moderno y su bóveda ha sido previamente enrasada.

En los siguientes alzados mostrados de esa misma calle (fots. 50D; 51D), tomados desde ángulos opuestos: el primero, en la calle Nueva del Carmen, muestra de nuevo los muros de fa-chada con claros indicios del uso de la técnica del opvs incertvm, como se puede comprobar en 47D, al principio del tramo de fachada, que se ve en la imagen que se muestra. En el alzado pos-terior, situado en la calle Angustias Moderna, vista desde el punto sur, se ve igualmente la aline-ación casi recta, de todas las casas y, además, apoyadas, con sus cimientos sobre la roca.

Tomadas desde el punto opuesto, se puede observar igualmente la alineación de las ca-sas, pero obedeciendo a la estructura impuesta por el muro romano que ordena arquitectóni-camente toda esta secuencia (fots. 52D; 53D).

El muro que se ve en 53D con más precisión, comienza con un alzado cuyo grosor mide aproximadamente 1,30 m. No se mantiene en todas las estructuras observables a lo largo de la calle, sino que los propios inquilinos actuales los han reducido de grosor, con tal de ganar espa-cio para sus viviendas, y anchura en los pasos abiertos para calles.

Conclusión del sector D

A la vista de los materiales encontrados en el recorrido de este sector, es preciso hacer una división entre lo que es material medieval y moderno, y el que nos ocupa, el romano.

Dentro de esta categoría de materiales hay que indicar que se pueden identificar como elementos arquitectónicos para el almacenaje. No se ha podido detectar ni un solo indicio de espacio destinado a operaciones industriales. En efecto, hay dos grandes alineaciones de estruc-turas que, en ningún momento, pierden su proporción, dentro de las normas que se han extraí-do del estudio de los paramentos y espacios a los que se considera que reúnen las características de tales edificaciones romanas. Por tanto, aparte de tener en cuenta las estructuras que se sitúan sobre el borde del talud de la ciudad en el espacio que declina sobre el Paseo de Prieto Moreno, donde se ha podido detectar la presencia de muros romanos, probablemente destinados a con-tención de las otras estructuras, que se sitúan en sus cercanías e incluso en el límite de los mu-ros citados, hay que decir que la finalidad primordial, por los paralelismos que se vienen reali-zando del esquema general de este sector, queda vinculado estrechamente a edificaciones que se han levantado para servir de almacenaje de los productos que aquí se elaboraban, con mayor seguridad y garantías de conservación que en las zonas bajas y periféricas de la factoría.

SECTOR   E

El área que se va a describir y analizar se encuadra dentro de un sector que es conside-rado como de los más interesantes, bajo el punto de vista de organización y distribución de los elementos que lo componen.

La vertiente de Levante, que guarda ciertas diferencias con la de Poniente, sobre todo por los pocos cambios que en ella se han manifestado en las reutilizaciones y materiales, consta de alineamientos rectilíneos de sus elementos estructurales integrantes, que se suceden en tres hileras, pero con otro sector concatenado o situado a continuación de éste (D, fig. 10); y un espacio que, dando un giro de casi 180 grados, pasando Eras del Castillo, forma casi el dibujo de la cavea de un teatro.

Se considera que, a la vista de las naves descubiertas en todo este sector, el componente arquitectónico más frecuente es el criptopórticoo criptonave.

Las transformaciones también han proliferado, como se podrá ver por las situaciones intermedias que se localizan, como es el hecho de que aparezcan bóvedas semipartidas por la adaptación sufrida al convertirlas en casa-habitación. Las tres grandes alineaciones registran sistemas abovedados que confirman esta opinión.

En cuanto a las calles, se continúa manteniendo la idea de que, mientras no se demues-tre lo contrario, no es posible afirmar que alguna sea originaria, como se podrá comprobar. La única duda que podía hacer vacilar, es un elemento de la calle Angustias Moderna. Se trata de un muro adosado al de una nave interior. Tal muro, que se puede ver en la calle, si se tiene en cuenta que la anchura de la calle viene coincidiendo con la de las naves, puede ser muro lateral de la misma, que se ha roto para abrir calle. Por ello, es complicado afirmar que tal calle, o las otras, sean tales, porque puede tratarse de una rotura intencionada de elementos con el fin de abrir un acceso rectilíneo para todas estas casas.

Una vez sentadas estas anotaciones preliminares, se comienza con el recorrido descrip-tivo del sector.  

En la perspectiva general que se ofrece en 1E, se pretende indicar que tan sólo se hace referencia a la parte derecha de la imagen. En ella se ve un perfecto alineamiento de fachadas que responden a la estructura, organización y distribución de las formas romanas que aquí se van a estudiar. Se observa, pues, a derecha, el primer indicio directo de muro romano sobre la calle Angustias Moderna.

Antes de llegar a ella, se halla un espacio hueco, perteneciente a una nave rota y, en su interior, un muro romano atribuible a una nave que ha sido cerrada por haberse introducido, a través de ella, la tubería del alcantarillado urbano moderno del área superior. Pero tal nave se encuentra tan sólo con un trozo de su bóveda rota (fots. 2E; 3E). El muro de la izquierda, según se entra, es romano; el opuesto, moderno (fot. 2E).

Según se avanza, se detecta, sobre la misma calle y de forma adosada, el paramento de un espacio de naves rotas, una secuencia de muro romano que, probablemente, se extendiera a toda la calle y que, por necesidad de homogeneizar la fachada, ha sido eliminado. Se trata de un muro adosado a otro, ya que el sistema de medianerías tan sólo se realizaba en las secuencias de naves alineadas. Cuando se construyen en paralelo, ocurre lo aquí visto (fot. 3E): emparejamien-to de paramentos. El hueco que se abre a continuación, no es más que una de las aberturas artificiales para dar acceso a los espacios que después se verán.

A continuación de ese tramo artificial, se continúan las áreas ocupadas por construccio-nes que reúnen las mismas características de medidas, en perfecta alineación con los espacios que se han visto al inicio de la calle.

En la primera puerta, que hay a derecha según se avanza, tenemos un fragmento de bóveda (fot. 6E) que ha sido enrasada casi totalmente, con el fin de poder construir sobre ella y dar una mayor capacidad de habitabilidad a estos pequeños espacios (fots. 4E; 5E).

Visto desde otro ángulo, se observa la misma secuencia, cuyo paramento externo es idéntico, y con un grosor de 0,80 m (fot. 7E).

Nada más girar al fondo, en sentido sur, se puede observar sobre el paramento de una secuencia de estructuras, el indicio de aparejo romano, según se ha señalado (fot. 8E).  

Sobre el suelo de este mismo espacio, pueden verse claramente los puntos de arranque de muros que cerrarán este sistema (fot. 9E,2), prolongándose en unos tres metros de longitud. El grosor de los muros de estos espacios, se sitúa en los mismos módulos que los anteriores: 0,80 m. Las alturas de las estancias entran dentro de las mismas medidas normales en el sector (fot. 10E,3). El fondo de este recinto ha sido modificado abriéndose una sola puerta donde antes había dos (fot. 11E), y las alturas que se indican están condicionadas por la propia estructura interna de que se componen los espacios interiores, que son naves adaptadas para vivienda, con el correspondiente enrase de las mismas. Los realces que se aprecian sobre el suelo se deben a las diferencias de nivel entre el punto de entrada, y de fondo.

Siguiendo la estructura externa de las edificaciones y los paramentos que componen la fachada que da a la calle San Miguel, se pasa a través de otra abertura artificial (fot. 12E). En ella se pueden ver, sobre el suelo actual, los restos de un cierre construido con hormigón romano, bastante sobrealzado. Los paramentos que sobre él se montan dan claras señales del opvs in-certvm de su interior.

El paso segundo, realizado también de forma artificial, es estrecho, ya que se ha procu-rado rebajar recientemente tan sólo lo que se ha considerado necesario para el paso de personas (fot. 13E). Gracias a la casa, que principalmente se apoya sobre esta base, se ha podido conser-var, como testigo de la existencia de este tipo de técnica, usada para el equilibrio del terreno en numerosos espacios quebrados. Los paramentos que se observan sobre esta calle artificial son romanos, muy revestidos con argamasa moderna.

A continuación del paramento principal antes visto, se encuentra un tramo de nave con-vertida en lavadero público (hoy es una ermita) de este ámbito de la ciudad (fot. 14E). Puede observarse encima de esta estructura reutilizada, el aparejo romano que sobresale por la cubier-ta, dando claras señales de que, en su parte superior, ha existido o bien algún depósito o bien un sistema de nave. Justo al lado del citado lavadero se puede ver una nueva entrada artificial, que da paso a una nueva nave y a otras dependencias similares. El punto de entrada ha sido roto para poder pasar hacia esas estancias, como ya se ha dicho, y en el interior hay un pequeño patio, correspondiente a un espacio similar al que se puede ver en una nave correlativa.  

En la foto 16E, se puede comprobar la existencia de los restos antes indicados, sobre el espacio del lavadero y de la nave, como se verá. La entrada, tiene restos evidentes de las roturas de muros.

A continuación, en la calle, el paramento de otra serie de naves continúa hacia otros espacios, que se verán sólo en parte externa.

Desde el interior del recinto pequeño cerrado (fot. 17E), se ve tanto el muro roto sobre el paramento como el que da a la calle. El muro que se dirige hacia fuera está encalado (fot. 18E), y sobre el suelo, los claros indicios de roturas para abrir paso Una vez dentro, se puede observar la puerta moderna de la nave y el paramento roto en que se enmarca (fot. 19E). En su parte supe-rior está la forma abovedada que da hacia fuera, lo que hace suponer que se continuaba, ocu-pando todo el espacio que forma hoy un pequeño patio (fot. 20E). Pero, además, encima se pue-de comprobar cómo el muro se eleva con aspecto de continuidad para formar otra estructura superior. El interior de la nave muestra un muro divisorio en el fondo, una cubierta, con el hor-migón algo perdido, y unos muros laterales, marcando con claridad la superposición de la es-tructura abovedada, como si se tratara no de una obra unitaria arquitectónicamente hablando, sino de dos piezas simplemente superpuestas y soldadas por el hormigón (fots. 21E; 22E; 23E; 24E; 25E y 26E).

Por una puerta artificial, situada en este mismo patio pequeño, se pasa a otra depen-dencia interior, estrechamente relacionada con todo el entorno que se va a ver, y se comprueba que se trata de un espacio que ha debido ser un sistema abovedado por sus proporciones.

También de forma artificial se han abierto puertas en su interior para intercomunicar todos sus habitáculos.

Los muros presentan las características de las estructuras de este tipo. Todo el interior (que no se permitió fotografiar), está formado por una secuencia de sistemas de naves en paralelo, pero no con muros de separación medianeros, sino con los propios, fenómeno algo corriente en este tipo de arquitectura romana (fot. 27E). La técnica que se ha seguido en todo este conjunto es la del opvs incertvm, pero revocado modernamente.

Las medidas de este pequeño subsector son las siguientes: plataforma de equilibrio del suelo: largura, 5,30 m; anchura, 1,70 m y 1,60 m, en los puntos extremos de la misma; altura máxima, 1,30 m; pasillo artificial hacia la nave: anchura, 1,05 m; muro izquierdo, 3,50 m; derecho, 2,70 m (hasta el muro roto); nave: anchura, 1,90 m; altura,2,70 m, fondo, 3,30 m; patio: largura, 3,30 m, anchura,2,30 m. La altura de este patio descubierto alcanza 2,50 m. El compartimento, al que se entra por la puerta que hay en el patio pequeño, tiene las siguientes medidas: muros de fondo, 5,20 m; anchura, 1,90 m; altura, 2,30 m. El grosor del muro divisorio es de 0,90 m. La largura del paramento que se encuentra a continuación y en línea, 3,10 m.

Una vez salidos a la calle, el paramento que continúa a través de ella, mide, en tres tra-mos de diferente alineación en curva ligera: primero, 4,60 m; segundo, 2,61 m; tercero, 3,20 m que, como se verá en planimetría del sector, dará una secuencia de tres naves en línea (fot. 28E).

Ya sobre la calle, se pueden ver los diferentes tramos señalados, indicando una secuencia curvilínea. Se trata de formas abovedadas que han sido enrasadas, o bien se han caído por el abandono y el paso del tiempo. A continuación de tal alineación de naves, se pueden ver estructuras sobre el suelo de la calle, que no son más que elementos de relleno para equilibrar los espacios quebrados (fot. 29E).

Se indica en 29E,2, la secuencia de los muros que constituyen el paramento externo de las naves, que se suceden formando el semicírculo al que se hacía referencia antes, al comienzo de la descripción, en sus líneas generales de ordenación arquitectónica.

A continuación se puede ver el aspecto exterior de esa alineación de muros, en cuyo interior se ha descubierto toda una cadena de naves, que actualmente se encuentran enrasadas y tan sólo guardan, como testigo, los muros maestros de las mismas, aunque, en algunos casos, hasta éstos han desaparecido, con el fin de proporcionar mayor amplitud a tales recintos peque-ños e inadecuados para habitar.

En la foto 30E,1, se puede ver cómo se ha recubierto de cal un trozo de paramento que había perdido su revoque moderno en este mismo espacio que se viene estudiando; y en 31E,2, se puede comprobar la existencia de muro romano tras el débil revoque con que se ha revestido.

Es esta una de las pruebas de mayor fuerza para demostrar qua las gentes que aquí ha-bitan, apenas si han cambiado lo que es fundamental en sus casas: los muros maestros, para-mentos de naves y espacios de estructuras romanas en general.

En la foto 31E,1, se ve cómo se sigue la línea, pero con un ligero cambio de sentido, según el propio giro que las estructuras romanas van experimentando en todo este sector.

Se observa igualmente el uso de escalones altos, a causa de la necesidad que los ocu-pantes tienen de equilibrar un suelo, que no disponía de pavimento, como es norma en la estruc-tura de una nave.

El paso indicado en 32E,4, es otro elemento artificial. Se piensa que no existiría estruc-tura en alzado, ya que, a la vista de los restos que hacen suponer la existencia, en este espacio, de una secuencia frontal de tres templetes, probablemente sólo fuera un muro de cierre a poca altura. La anchura de ese paso es aproximadamente de 4 m, y la fachada de la nave, a izquierda, según se sube, es de 7,42 m. Los indicios a pie de calle, sobre la base de los muros, son patentes (fot. 32E,6).

La siguiente secuencia de muros externos de naves mide 7,25 m de largo. En él se ven dos entradas; lo que hace pensar en una división o existencia de dos naves enrasadas seguidas, con muro medianero de separación.

En 33E,5 se pueden ver ya los inicios de gran cantidad de restos de muros que han sido rotos para crear paso en esta zona del sector, como se verá con más detalle, de inmediato.

Continuando la exposición de datos sobre calle, se sigue en dirección a Eras del Castillo, o punto superior del conjunto arquitectónico. De esta forma, y a continuación del espacio ante-rior, se puede ver otra serie de encadenamientos de naves.

Se puede observar la característica general que presentan todas estas fachadas, con una altura similar en todos los espacios y los distanciamientos entre las casas, coincidiendo con las medidas que vienen presentando la casi totalidad de las estructuras abovedadas romanas (fot. 34E).

En la foto 35E, se puede comprobar la alineación de las estructuras romanas y, en el primer tramo de ellas, destaca un muro que sobresale por desaparición de la edificación de que formaba parte (fot. 35E,3). Se piensa que se está ante un espacio que tiene todos los indicios de ser un área de naves rotas para abrir la calle, como se verá a continuación en los restos que hay sobre la misma. En efecto, en la foto 37E,4 está la prueba evidente de la existencia de un muro adosado a otro y que forma parte de la nave que ocupó el espacio que hoy es calle. Tal testigo ha desaparecido recientemente, a consecuencia de los arreglos municipales.

Siguiendo esta línea, se puede ver cómo, a continuación, existen vestigios de otro muro también adosado y que, juntamente con el que se ve en 37E,4, formarán una secuencia de naves en el espacio vacío que queda delante.

Situados en el punto 37E,2, se amplía, desde otra perspectiva, para demostrar que en este espacio, que se ve en 38E, hay un alineamiento de muro adosado, y que pertenecería al supuesto sistema de naves, o a cualquier otra estructura romana en este lugar. El muro indicado en 38E,1, cerraba en el punto señalado a continuación y que era medianero entre dos formas similares (fot. 39E,3). Aquí tiene ya claro sentido lo que se viene afirmando, sobre todo si se dan las medidas como prueba de esta identificación. Así, el muro indicado en 39E,3 mide 3,30 m de anchura; su altura es de 2,15 m y 1,40 m, punto más alto y bajo, respectivamente. La longitud del muro 37E,4 es de 1,60 m (está cortado); su grosor, 0,90 m.  

En la fotografía 40E, se puede ver, con detalle, la estructura del muro romano que, como se puede comprobar, muestra al exterior las mismas características que la mayoría de los que se encuentran en todos los espacios que se vienen considerando como naves o estructuras roma-nas.

El muro de cierre de las estructuras exteriores que se vienen indicando, lo forma un paramento que abarca toda una fachada (fot. 41E,1). En ella, además de observar el riguroso nivel de altura, 2,30 m, reglamentario en todo cuanto se está verificando como nave, sobre el suelo, ha existido, como se corrobora en la foto, una especie de plataforma, de escasa altura, pero que tiene su razón de ser en un relleno similar a lo que se ha visto antes, construido con la misma técnica.

Visto de frente, y en una panorámica general de Eras del Castillo, se puede afirmar, con cierto criterio de verosimilitud, que se trata de una secuencia, en paralelo, de tres filas de naves, más la que se considera ha existido en la parte derecha de la imagen, de la que sólo quedan muros testigos.

Las tres filas de naves que se piensa existen aquí, pero enrasadas, se pueden distinguir bien analizando las divisiones que los mismos propietarios han dejado indicadas en la fachada (fot. 42E,2, 3,4). La primera de ellas aparece encalada; la segunda y tercera, por medio de puer-tas y ventanas, quedan bien indicadas, además de comprender un espacio doble de la primera.

Otra de las consideraciones que obliga a hacer esta imagen, es observar cómo la esquina izquierda del punto 42E,2, se encuentra alineada con los paramentos que se sitúan en frente, a la par que las estructuras que se ven a izquierda del citado punto (42E,2). Un dato, que se debe tener bastante claro, es el módulo que se viene detectando en las alturas. Se puede comprender que todo cuanto sobrepasa los 2,30 m es obra nueva superpuesta; mientras que las bases guardan rigurosamente este dato; hecho que se produce siempre que se detecta la existencia de una nave completa, enrasada o caída.

Desde una perspectiva lateral, se puede observar la existencia (hoy ya no) de ese ligero podivm de acceso a las casas modernas. Un dato interesante se ve reflejado en el hecho de abrir una sola puerta en la segunda parte, donde se encuentran las dos naves, en esa misma casa. La razón de no situarla en medio se debe al obstáculo que presenta el muro divisorio o medianero que las separa (fot. 43E).

Observando la parte izquierda de la imagen anterior (fot. 42E), se puede ver, en primer lugar, un pasillo similar al detectado en el núcleo central del sector superior de L, que da acceso al sistema de naves situadas en orden cuadrangular, y que pone en comunicación unas estruc-turas romanas, que dan a la calle Angustias Moderna y, a su vez, a un nivel superior, en el que se enmarcan todos los elementos que, a continuación, se verán (fot. 44E). Se observa, efectivamen-te, una serie de estructuras en línea, aunque experimente una ligera curva en su trazado. La secuencia de los muros están indicadas en 44E,4, y el fondo, que da la anchura, (fot. 44E,3); el pasillo hacia la plazuela artificial (fot. 44E,2); el espacio roto, que probablemente fue ocupado por naves u otras estructuras (fot. 44E,1), y la indicación de la plazuela antes citada (fot. 44E,5).

En la planimetría general de todo este espacio queda bien reflejado el encuadre de cada elemento y su situación con respecto a los colindantes o alineados.

Continuando la descripción, en el punto 44E,6 se puede comprobar la existencia de los restos de muro, que probablemente hayan pertenecido a otro, adosado, como los anteriormente vistos o, lo más aceptable, formaran parte del pequeño realce que se tiene en el punto 45E,2, es decir, que el 45E,1, aporta las mismas características. Se piensa que esto último es lo más cohe-rente, a la vez que da argumento para el 45E,2. El paramento, que se ve encima, es el que forma la línea de fachada de toda la secuencia que, casi de manera rectilínea, se dirige a la plazuela de fondo.

En la foto 46E, se muestra un detalle de este paramento, en el que se puede ver cómo se ha caído el revoque moderno y deja ver el opvs incertvm. El grosor de estos muros, como módu-lo dominante en este subsector, es de 0,40 m, bastante inferior a lo que se viene detectando en la mayor parte de los alzados.

La perspectiva que se presenta desde el fondo de la plazuela muestra, a izquierda, el alineamiento, ligeramente curvo, de los elementos que se estudian en este sector, relacionados con las estructuras situadas en su parte interna; a la derecha, una serie rectilínea más homogé-nea que la anterior y más fácil de identificar, por no presentar irregularidades en la base del terreno. El fenómeno de las alturas viene mostrándose con idénticas características (fot. 47E). En la esquina inferior izquierda, aparecen ya los primeros restos de muros testigos de alzado, de elementos que han sido destruidos para poder ocupar estos espacios.

Área despejada de la plazuela, a cuyos lados se encuentran determinadas estructuras romanas (fot. 48E). A sus respectivos lados se puede ver cómo se reutilizan paramentos: unos procedentes de la parte inferior o calle Angustias Moderna, otros, sobre la misma superficie de la plazuela: 48E,1. En ella, (48E,2), se indica el hueco por donde penetra una vía de desagüe de alcantarillado a través de la nave que hay debajo, y que ya se ha indicado en 2E y 3E. El punto 48E,3 señala un paramento elevado sobre la nave que se encuentra debajo y alineada con 48E,1. En 49E, se observan con más precisión los detalles de paramento romano en alzado y entrada de la alcantarilla (fot. 49E,2,3). En 50E, se ve cómo destaca el paramento que viene de la estructura de abajo (fot. 50E,3) y un muro de cierre, también procedente de la zona inferior (fot. 50E).  

Ya sobre la esquina izquierda de la plazuela, en el alineamiento, se ven los restos com-ponentes de un muro que, probablemente se extendiera en dos sentidos, para constituir las es-tructuras que, se supone, han sido rotas en este espacio, al que ya se ha considerado como abier-to de forma artificial (fot. 51E,3).

Siguiendo el sentido que se marca en la foto 52E,3, se ve cómo se prolonga el sistema hasta enlazar con las estructuras anejas a esta serie (fot. 52E,1,2).

En la foto 54E, se puede comprobar cómo los indicios existentes de muro romano, se extienden hacia el punto indicado en 52E,2. En la fotografía 55E, se muestra una panorámica de la plazuela, señalando los puntos que se vienen considerando como alineaciones de muros (fot. 55E,1) y punto de desagüe (fot. 55E,2).

Situados en el punto 53E,1, se puede ver, en la parte inferior de esta especie de corte o desnivel, un muro divisorio de cierta consideración, al que se calcula tiene un grosor aproxi-mado de 0,98 m (fot .66E,1) y sobre aquel, se ha montado el murete desde el que se ha tomado su posición, y podido ver cómo deslinda la zona inferior de la superior.

En el punto 56E,2, hay un muro romano que forma parte del sistema de naves above-dadas y enrasadas que discurren a lo largo de toda la parte derecha de la calle Angustias Moder-na, y cuya altura es de 2,30 m aproximadamente. La anchura de este sistema queda indicada con una flecha sobre la cubierta de una de ellas. El patio interior, que se ve en 41E, es el resultado de una demolición o derrumbe de las estructuras que han existido ahí. Se puede ver, como testimo-nio de ello, la acumulación de piedras pertenecientes al aparejo de dichas estructuras.

En 57E, se ve con más precisión la alineación de los paramentos (57E,1), muro de cierre en sentido vertical (57E,2), paramento de nave (57E,3), y muro de cierre.  

En 58E, se observa otro de los muros de cierre (58E,1) y el vertical que se ha visto en 56E,1.

Sobre el fondo de la plazuela, donde hay un murete moderno levantado con bloques de hormigón, y en el nivel inferior al mismo, se comprueba la existencia de un muro romano que destaca por encima del que forma parte de la nave inferior, sobre la que se ha montado el que se ve en 59E,1. La cubierta de la nave inferior ha sido enrasada o bien se derrumbó (fot. 59E,2).

En la fotografía 60E se indica otro de los muros romanos que forman parte del patio que se viene describiendo debajo de la superficie de la plazuela, en su parte posterior: 60E,1, muro ya descrito; 60E,2, muro del que se habla, y que enlaza con el 60E,1.

Tomando una panorámica de fondo de este pequeño subsector, se observan todos los alineamientos que se producen para distribuir los diferentes paramentos romanos que se en-cuentran en él: 61E,1, muro divisorio de un sistema que tiene acceso por la calle artificial, que se encuentra transversalmente, en sentido vertical, a la calle Angustias Moderna; 61E,2, para-mento que se alinea hasta terminar en la misma calle antes citada; 61E,3, paramento romano paralelo al punto 61E,1, y paramento romano paralelo al 61E,2.

En 62E, se tiene una vista de conjunto de los diversos muros que se entrelazan para dar forma a los elementos básicos que se consideran componentes de las estructuras que aquí han existido, y cuyos únicos testigos son ellos.  

En construcciones paralelas, situadas en este mismo espacio, pero un poco más a la iz-quierda, se puede ver, en una especie de pasillo artificial, hecho para poder comunicar los dis-tintos espacios que aquí se encuentran, toda una secuencia de muros que se cruzan en forma un tanto confusa, pero que tal confusión se debe a los añadidos modernos practicados sobre ellos. Así, en 63E,1, se tiene, pero fotografiados desde el punto 53E,1, la parte superior de una nave (63E,1), restos de su paramento lateral (63E,2), que se puede ver cómo destaca ligeramente sobre el alzado; 63E,3, paramento romano que se dirige vertical sobre 63E,1 y 63E,2, que es otro elemento paralelo al 63E,3, dirigiéndose igualmente sobre el 63E,1.

En el punto 64E, se detallan los muros romanos que se han señalado antes en 63E,1, elemento moderno añadido sobre el muro de fondo que sí es romano; 64E,2, paramento romano paralelo a los de la calle Angustias Moderna; 64E,3, muro romano vertical al 64E,2; 64E,4, para-mento romano en nivel superior, probablemente debido a que su base se encuentra más alta, paralelo al muro 64E,2.

Para observar con más precisión la estructura o componentes del alzado de los muros que se ven en el pequeño pasillo, se indica en la foto de detalle 65E: 1, paramento romano inte-rrumpido en su alineación en sentido vertical con 3; 2, añadido moderno sobre el paramento de fondo; 3, paramento romano que en las tomas anteriores no se podían mostrar con mayor pre-cisión, alineado en paralelo con los muros de fachada de la calle Angustias Moderna y cuyos indicios claros se pueden observar sobre el punto 4.

En la fotografía 66E, se muestran, de forma más completa, los diferentes componentes de este subsector. Las medidas que se han tomado sobre los puntos de la plazuela a partir del murete roto que se ve sobre el suelo, son las siguientes: primer tramo, 3,9 m; segundo, 5,9 m; tercero, con un ligero giro a izquierda, 6 m; igualmente girando en ángulo recto, 6 m, y, por últi-mo, el tramo de cierre, 4,80 m. El murete sobre suelo da, a derecha, 1,95 m sobresaliendo; a iz-quierda, 0,50 m.

Se toma una situación a la entrada de la calle Angustias Moderna, frente a la puerta de Levante de la Cueva (fot. 67E), para indicar la existencia de los sistemas de aterrazamientos, desniveles, salvados con ciertos rebajes del terreno (67E,3), con el fin de marcar las diferencias de altura entre los componentes arquitectónicos de los espacios destinados a naves en la plazuela antes vista, cuya mitad alineada no se ha descrito con precisión. Por ello, nos hemos situado en la parte posterior de ese mismo alineamiento para marcar que las estructuras mantienen los mismos parámetros en sus medidas (fot. 68E).

En la entrada, o acceso a la parte superior de las estancias de la Cueva (fot. 69E), se quiere indicar que el elemento que separa a ambos sectores es un paso artificial, y que antes se encontraban unidos.

En 69E,2, se tiene un alzado romano revocado que se unía a la estructura que tiene enfrente.

En 69E,1, la secuencia de paramentos que conforman la línea paralela de las estructuras, que están detrás, es una de las fachadas corridas de dicho espacio abierto.

En la foto 70E, se puede ver la alineación de los alzados que antes se indicaban. Desde el punto superior de dicha alineación, se observan, además, las formas que se encuentran a su lado, formando parte de esta calle artificial y el muro de cierre al fondo, por uno de los elemen-tos arquitectónicos de la calle Angustias Moderna, que se encuentra justo detrás y a nivel infe-rior (fot. 71E).

Se está de nuevo en el centro de la calle Angustias Moderna para acceder a unas estruc-turas cuya entrada es también artificial y que se puede comprobar (fot. 72E). La mayor parte de los muros exteriores de las fachadas de estas casas se han levantado con los materiales de de-rribo, procedentes de las formas romanas que se han caído o han sido utilizadas como cantera, al encontrarse en ruinas.

En 72E,6 se puede ver un derribo, en tiempo reciente, de un paramento moderno, pero que fue levantado con los materiales romanos procedentes, a su vez, de otros restos romanos del mismo lugar. Obsérvense las piedras que hay sobre el suelo y se comprobará cómo son reutili-zaciones. Esta calle, o paso, ha tenido niveles diferentes marcados por el cambio del terreno, y a ello se debe la aparición de aterrazamientos modernos con materiales romanos debajo (fot. 72E,3,4,5), siendo este último un paso abierto para facilitar el acceso a la parte superior, a la vez que los otros dos facilitan la entrada, a nivel, a las respectivas viviendas situadas a su altura.

El punto 72E,1, pertenece a una fachada antigua, de la que su parte inferior es romana, mientras que más de la mitad de su alzado superior es moderno. Era una nave romana que ha-bía perdido su cubierta, similar a la existente en la misma casa y que, a continuación se verá.

El punto 72E,2, es una fachada construida con materiales procedentes de derribo de for-mas romanas, tal como se indica en la foto 73E, donde se aprecia la reutilización clara de mate-riales sobre el muro, que aún están en pie, parte de lo cual, se ha indicado en 72E,6. El signi-ficado de esto se traduce en una reutilización de estos espacios, dividiéndolos de forma artificial. Se conservan los muros maestros de la estructura básica; se destruyen los que son demasiado gruesos y de hormigón desgastado, o bien, como probablemente ocurre aquí, se montan sobre los restos de los derribos o muros romanos caídos. El espacio de muro en alzado, que se ve aquí (fot. 73E), tiene la misma justificación que el que hay en 72E,1, del que los propietarios actuales informaron sobre la existencia de unos muros a mediana altura, reutilizándolos ellos mismos para levantar su casa actual.

En la foto 74E, se tiene una perspectiva general de este paso, donde se pueden apreciar las observaciones que antes debidamente se ha apuntado: paramentos reutilizados en su mayor parte (74E,3, 5,7), aterrazamiento con abertura de paso en el centro (74E,2), e indicación de las alturas en cada uno de los paramentos (74E,4,5,7) y, por último, paso artificial al fondo de la imagen.

Las dimensiones del sistema de aterrazamiento, que se da en este paso, son las siguien-tes: derecha, según se entra: altura, 1,07 m; anchura, 1,82 m; fondo, 7,40 m; paso entre estos dos muretes, 2,48 m; en su parte superior, 1,90 m.

En detalle de imágenes se puede observar, en este paso antes citado, a derecha, según se entra, fachada de estancia cuyos muros posteriores han sido indicados en 66E,2, al igual que sus muros laterales, dentro de los que se encuentran enmarcados (fot. 75E). Es el espacio normal que suele ocupar una de las naves que aparecen por estos niveles.

En la misma línea anterior se puede observar otra fachada cuyos datos, en parte, han sido dados en fotos anteriores (fot. 62E,2), pero que ocupan todo el fondo que permite la confi-guración del terreno; por lo que esta elevación no admite usar más que los espacios que la roca situada detrás, les deja libres (fot. 76E). Cada espacio indicado por una puerta, se corresponde con alineación de naves.

Siguiendo en dirección a la segunda abertura artificial de este paso, se encuentran mu-ros rotos, tanto a derecha como a izquierda, que confirman cuanto se viene diciendo sobre el uso de paramentos romanos a ambos lados de las citadas secuencias de naves. Así, en el punto 77E, se pueden observar los siguientes datos: 1, paso artificial; 2, plataforma de relleno perteneciente tanto a la base como al alzado de muros que se verán a izquierda de la imagen que se presenta; 3, estructura al fondo, que pertenece a otro sector, pero que indica, además, la existencia de numerosas plataformas de relleno en toda esta área; 4, indicación de restos que conformaban muros y plataforma artificial de equilibrio en el terreno; 5, escalonamiento del terreno motivado por la existencia del cierre provocado por la estructura de equilibrio que se viene explicando. Los espacios que se ven a derecha de la imagen, están ocupados por formas romanas que antes poseyeron naves en su interior, y que hoy se encuentran enrasadas, pero conservando los muros maestros tanto en su interior como en la distribución interna de su estructura. Un detalle de lo que se acaba de afirmar se atestigua en la foto 78E, donde se puede apreciar la existencia de elementos romanos rotos en la base, pero que se prolongan formando parte del alzado general de estas casas. Se piensa, además, que aquí ha existido un cierre, causado bien por la continui-dad de los muros que se alinean, bien por el aterrazamiento, pudiéndose admitir ambas inter-pretaciones.

Desde el punto opuesto, se pueden ver, a izquierda de la imagen anterior y a derecha de la que se presenta (fot. 79E), los restos del probable punto de cierre o muro de unión que cor-taba este paso artificial. Los paramentos que se pueden ver son originarios, es decir, romanos, y reutilizados en su totalidad. Esto se verá a la vuelta de tal secuencia. En una foto de conjunto se aprecia con detalle lo que se viene afirmando sobre la artificialidad del paso y la probable con-tinuidad del muro de cierre y plataforma de hormigón romano con piedra (fot. 80E).

En el paso indicado en 80E,4, se señala una de las estructuras que han sido rebajadas a fuerza de romper hormigón romano y piedra, para poder establecer un paso de acceso a las for-mas que se van a indicar seguidamente. Véanse, en 81E, los siguientes datos arquitectónicos; 1, paramento romano montado sobre la supuesta plataforma; 2, muro romano usado sólo en su mitad y sobre el que se levanta el resto del paramento del espacio interior, que fue también nave, hoy rota; 3, alineación de todo un paramento corrido, que llega hasta el muro de cruce en casi ángulo recto, hasta la nave o espacio interior que se ha visto en 27E; 4, paso artificial para llegar al interior de esas estructuras; 5, hormigón romano con piedra que ha debido ser roto para acceder a estas series de naves. Los módulos de las alturas se siguen manteniendo.

Desde el punto opuesto a la foto anterior, se observa la existencia de un muro adosado, aparte de la plataforma de relleno en superficie, y el paramento romano que forma el muro del alzado de los espacios que, considerados como naves enrasadas, en los interiores, situados a la izquierda de la imagen. Se cree que se inicia un pequeño cambio de orientación en la distribu-ción interna de este estrecho paso artificial, tal como se puede comprobar por medio de dos elementos: el estrechamiento, producido en 82E,1, y el muro adosado, que se puede ver en la parte izquierda de la imagen, y que forma elemento aparte, junto con el dato anterior, no iden-tifcándose con la secuencia de estructura romana que se observa en su alineación, comprendida en el punto 82E,3.

Siguiendo la prolongación del sistema de muro en este pasillo artificial, los alzados mu-rales continúan adentrándose en otras zonas de naves (fot. 83E). Al final de tal pasillo se produ-ce un fuerte desnivel, salvado mediante la rotura de una forma de relleno de hormigón romano y piedra. La secuencia de muro se ve cortada por otro sistema que deslinda esta cadena de formas, de las colindantes, en otra parte del sector.

Aparte del punto 83E,1, que es un muro de cierre, apenas se gira un poco a izquierda, aparece otro paramento romano que se prolongan en dos sentidos: hacia la derecha, penetra en un subsector, que se verá anejo a éste y, a izquierda, formando parte de la nave que a continua-ción se va a comprobar (fot. 84E).

La estructura que se encuentra a continuación de ésta y que se ha visto en 72E,1, for-maba parte de una alineación de naves que se movía formando casi un semicírculo en el dibujo de su trazado.

En el punto 74E,4 se puede ver una fachada cuyo paramento se considera romano en su base y algo en su alzado. De forma paralela se observan dos secuencias casi juntas y que tienen las mismas medidas que la nave que se acaba de indicar (fots. 86E; 87E). De ellas, la primera tiene unas proporciones muy similares a la nave indicada antes; pero, la segunda está formada por una secuencia de dos espacios unidos por una puerta de entrada artificial. Las medidas son idénticas en los dos espacios y comparten un muro medianero.

Pasando de estos espacios cerrados, que se consideran naves enrasadas, a un espacio abierto que se viene utilizando como huerto, se llega a una zona donde la secuencia de muros se sitúa de forma que colabora a un ordenamiento de alzados que siguen en paralelo una línea semicircular. De esta manera, observando desde el interior de tal huerto los paramentos exterio-res que dan a él, se comprueba que son aparejo romano y que se continúan a lo largo de toda la fachada interior de este área cerrada (fot. 88E,3). Ya situados dentro de tal espacio, se puede ver la presencia de muros romanos adosados, como el que hay en 89E,2, donde, además, se tiene un alzado que deslinda una zona de naves, que se ha descrito en otro subsector de este capítulo, y que pertenece a la misma línea de los muros vistos en 27E, siendo medianeros. En 89E,1, se tiene el paramento de una estructura aneja a la anteriormente citada en la calle Espaldas de San Miguel.

Observando, desde otro ángulo, se puede ver cómo se cruzan las estructuras murales para formar espacios cerrados en paralelo (fot. 90E,1,2, 3,4).

Si se sigue la línea de deslinde entre el subsector de la calle Espaldas de San Miguel y éste, se puede comprobar la existencia de ese muro, que se sitúa mucho más bajo que el espacio que se encuentra al lado opuesto (fot. 91E,3). En el paramento indicado en 91E,2, se tiene un muro medianero entre las estructuras que han existido dentro de este huerto y las que se sitúan al lado opuesto. Al fondo de esta imagen, en 91E,1, se observa un muro de cierre en ángulo recto dentro del mismo huerto. Paralelo a la secuencia anterior se puede ver, en el solar del citado huerto, un muro muy derruido (fot. 92E,2), que va a unirse, de forma oblicua al que discurre paralelo y forma parte, a su vez, de las naves alineadas en la calle Angustias Moderna. Dentro del mismo recinto, se puede observar una alineación de muro ruinoso y camuflado entre plan-tas, que discurre igualmente paralelo al anterior (fot. 93E, 2). Cerrando la línea casi semicircular de la estructura del pequeño huerto, se observa un tramo de muro que forma parte de los alza-dos de la propia casa en donde se encuentra este espacio, y sale fuera para unirse a las estruc-turas que antes se ha citado en 83E,2. Se puede comprobar, además, que se ha producido una yuxtaposición de muros, de manera que no se interfieran en su trazado ninguna de las formas que se sitúan en estos dos subsectores (fot. 94E,3). El muro yuxtapuesto se indica en 94E,1. Una de las secuencias de muro, dentro del huerto, se indica en 95E,1, que separa espacios situados a distinto nivel y que, además, corre paralelo y con el mismo movimiento semicircular que los dos indicados antes. Presumimos que todas estas secuencias de muros forman parte de un conjunto de naves que, por abandono u otro motivo, se han deteriorado en exceso, quedando reducidas sus dimensiones a meros arranques indicadores de una línea a la que se considera bisectriz de las secuencias de una serie de naves, como las que se tienen atestiguadas cerca de este sector (fig.12).

Conclusión del sector E

A la vista del elenco estructural que nos presenta este sector y dada la frecuencia de situaciones arquitectónicas, similares en su casi totalidad, nos resulta muy difícil establecer un criterio básico que defina, con carácter general, todo este conjunto. Pero, antes de establecer cualquier criterio unitario, como todo parece indicar, hacemos una exposición de los elementos estructurales que se han podido detectar en todo el subsector. Se tienen localizadas cuatro naves, aunque una de ellas no ha podido ser fotografiada por estar taponada. En segundo lugar, se ha podido comprobar que toda la alineación de la calle Angustias Moderna, está compuesta por un sistema de espacios homogéneos en sus muros internos y de calle, cuyas medidas son idénticas en todo el trazado; que los espacios se suceden, de forma que guardan una estrecha relación de proporcionalidad, dando la sensación de seguir todos un mismo patrón arquitectó-nico, y coinciden con los paramentos tipológicos que se vienen registrando en casi todo el gran sector de Levante, con lo que se viene admitiendo como naves. No cabe duda de que una de las características de este sector es la rotura de estructuras; pero este fenómeno, tan común en una ciudad a la que se considera como resultado integral de una reutilización, es la norma que pre-valece y ordena, al no heredarse un esquema urbano clásico, sino una compleja, y a la vez monó-tona, estructura mercantil que, a la vista de los datos de que disponemos, debe abocar a una definición de todo el conjunto.

Por ello, y dados los datos de que disponemos en este sector, decimos que, según los ele-mentos de juicio a nuestro alcance, todo nos lleva a un mismo tipo de estructura: zona de alma-cenamiento. No se tienen datos sobre infraestructura industrial.

SECTOR  F

                El área comprendida por este sector es de las más am­plias y, a su vez, compleja y rica en estruc­turas romanas. Queda emplazada entre la calle San Miguel, en casi todo su recorrido, y Eras del Cas­tillo.

                La configuración del terreno es irregular. Los pasillos y calles son artificiales, pues se han roto sistemas enteros de naves, se han abierto pasos rompiendo secuencias de muros y, más aún, las construcciones romanas se han reutilizado, en su mayor parte, adaptándolas a usos domésticos moder­nos; por lo que las transfor­maciones han sido muy numerosas, a pesar de que existe en este sector mayor número de elementos roma­nos que en todos los demás. Por ello, se procederá con preci­sión, en todos los espacios.

                Al inicio de la calle San Miguel, según se entra desde el punto terminal de la calle Antigua, se avanza a través de un paso artificial, hacia las dependencias con mayores evi­dencias de estructuras romanas. En esta entrada (fot. 1F, 2), se ha roto el paramento romano de la secuencia que existe en toda la calle San Miguel. Uno de los muros de cierre de las estructuras que aquí se hallan, se ven en 1F,1, donde se aprecia, pero algo deterio­rado, el paramento antiguo reutilizado, en esta primera casa de la calle. Hoy ya ha desaparecido.

                Penetrando por el acceso artificial, indicado en 1F,2, se ve cómo, a derecha de 2F, ha desaparecido el muro antiguo. Los escalo­nes, sobre el suelo, son el resultado de un vaciado de la estructura base de hormigón romano usado para el equilibrio de las zonas de nivel irregular, a causa de las fracturas de la roca madre. A izquierda de la misma imagen, se observan unas formas muy reutiliza­das, pero no destruidas, como las de la parte derecha. Por último, al fondo, se ven viejos aparejos de opvs incertvm.

                Situados ante el paramento de fondo más amplio de esta primera parte, aparece el muro terminal de una nave destruida, de la que tan sólo queda ese alzado y los arran­ques de los muros laterales que conformaban su estructura interna (fot. 3F,4,5). La altura de este muro es de 3,20 m, aproximadamente, hasta donde llega el encalado moderno; pero los salientes de los paramentos laterales hacen pensar que las proporciones de esta estructura eran mayores, por la posición de dichas formas y la altura que alcanzan, llegando a 7,80 m, dato que no sorprende si se examinan los de la Cueva, después de su excavación. La única dificultad que se presenta es la inexistencia de un punto de arranque de bóveda, hecho que no se puede demostrar porque la estructura hallada tiene indicios de haber sido alterada y recortada.

                Como conclusión, ante este primer elemento analizado, se afirma que el espacio corres-ponde al de una de las naves ya desaparecidas.

                En la perspectiva 4F se ve, a izquierda, una secuencia de muro romano con cierta altura (superior a 8 m), que enlaza con los componentes de los espacios situados detrás del paramento de fondo, de lo que se ha considerado como primera nave desapa­recida. En el suelo, la existencia del escalón situado frente al muro de cierre de la nave rota, hace pensar que ha sido destruida la plataforma de opvs cae­menticivm usado para equilibrar el espacio aterrazado. Las pruebas se ven en la composición del citado escalón, cuyos componentes estructurales son la piedra y el hormigón citados.                 Otro detalle a tener en cuenta en este sistema de muros romanos de ciertas proporciones, es la existencia, en la parte superior de los mismos, de una secuencia de muros romanos, pero con una técnica de construcción diferente. Se observa aún, la presencia de muro de piedra toba, super-puesto a los de técnica de opvs in­certvm.

                Aproximándose a las partes del sistema un poco ocultas por la configuración del conjunto, se observa la rotura del paramen­to romano, que se continúa desde el muro de fondo de la nave primera rota, hasta cerrar en el paramento vertical a él. Al fondo del mismo muro de cierre, se ve la última de las estruc­turas que confor­man los muros alineados romanos en este espacio cerrado. Obsérvese la puerta artificial en 6F.

                En el conjunto presentado en 7F, se detecta, en primer plano, uno de los muros en paralelo, que ha sido roto para acceder a las dependencias interiores y transfor­marlas en vivienda.

                Desde el punto de vista arquitectónico es interesante observar en estas imáge­nes, la técnica del opvs incertvm, con una de sus mejores manifesta­ciones estructura­les, sobre todo en el muro de fondo en 7F, donde se aprecia con detalle el uso de la piedra grande, ocupando la mayor parte posible, dentro de su norma, del alzado, y la piedra mediana y menuda, los interespa­cios de la misma, hasta no dejar libre resquicio del aparejo externo.

                En 8F se comprueba el desarrollo de la citada técnica, aparte de dos componen­tes más: la abertura de puerta artifi­cial, de acceso a una de las naves más amplias del sector, y la reutilización del espacio muerto entre esta nave y la que se sitúa debajo, descrita en 3F.

                Casi se tiene la convicción de que tal lugar estuvo ocupado por nave aboveda­da, pero no se dispone de datos arquitectó­nicos que lo testifiquen, como podría ser un ligero indicio de arranque de bóveda.

                Observando desde la puerta artificial indicada en 8F, se detecta, a derecha, un arranque de muro que cerraba la entrada a este lugar. Por otro lado, obsérvese la técnica de opvs incertvm sobre el muro (fot. 9F).

                En la imagen ofrecida de frente, está, en su izquierda superior, el punto inicial del muro de cierre, roto. Lo que se ve debajo es una reconstrucción del aparejo, hecho modernamente (fot. 10F).

                En 11F se presenta el momento en que la estructura romana es reutilizada para el alzado de una vivienda moderna, encajada dentro del sistema romano. A la vez, se identifica la parte recons-truida del aparejo romano y el punto de arranque del muro de cierre antes citado. Desde la puerta artificial de la nave más elevada, se comprueba la existencia de una superposición de muros romanos en piedra toba. Todo parece indicar que formaba una especie de torreón, ya que ocupa la parte más elevada de toda el área de este sector (fot. 12F). La gente suele llamarlo El Torreón, lo que da pie a admitir su realidad antigua. Estruc­turalmente, para su montaje hubo que anular dos naves situadas debajo, mediante la construcción de dos bases murales que las dividen diame-tralmente, de tal manera que las anulan como dependencias destinadas al almacenaje.

                Descritos los exteriores de esta primera parte, se ve el interior de la nave, con planta algo irregular debido al muro que afecta al torreón antes citado, ya que es parte de su punto de apoyo y ha tenido que servirse del espacio interior de la nave, cortándola en una esquina.

                En 13F se observa la técnica seguida en esta nave; su construcción: encofrado de madera, cuya impronta se dibuja aún con cierta claridad. El muro de fondo separa esta nave de toda la secuen­cia encadenada, a partir de este punto. En detalle del extremo contrario de la misma nave, se observa que ha sido partida por el citado muro de apoyo del torreón de encima (fot. 24F). Se supone el motivo, y se cree que se trata de un muro cuyo fin es servir de sujeción a la estructura super-puesta: El Torreón. Las medidas de la nave son las siguientes: altura: 4,10 m; anchura: 2,10 m;  largura: 9,75 m. La fachada exterior mide, desde su pie al punto más alto: 5,60 m. El muro de cierre, desde la puerta de la nave superior, entre los espacios que conservan el aparejo romano visible y el encalado, mide aproximadamente 12 m. El fondo del espacio muerto, que se ve entre la nave segunda y el paramento de fondo de la primera, mi­de de anchura: 2,05 m; y de largura: 6,60 m. El grosor del muro de cierre es de 0,85 m.

                Continuando con los detalles sobre la estructura de la nave segunda, se observa sobre su bóveda un taponamiento que, al parecer, pudo estar más fácil de abrir, antes de que se construyera el citado torreón encima. La factura de tal tapón es de época, es decir, romana. Esta forma rectan-gular de abertura sobre bóveda ha sido usada en los sectores K y zona aneja baja de L. Sus medidas son: 0,40 x 0,80 m. Desde otro punto, situado encima de esta nave, se observan los espacios en que se muestran edifica­ciones superpuestas a las naves (fot. 16F), en las que se ven los elementos que se relacionan con otros sectores limítrofes con éste (cfr. fig. 24). De izquierda a derecha de la imagen presen­tada, se ve  la cubierta de la nave segunda, hoy con capa de cemento moderno. En el centro, y en sentido vertical, el espacio está ocupado por una nave que se encuentra partida en dos por la misma razón que la nave número dos de la primera parte del sector. A derecha de 16F hay un espa-cio modificado y convertido en vivienda moderna aunque sus muros interiores son los elementos básicos de su forma.

                En 17F se ve la mayor parte de la cubierta de la nave segunda (fot. 17F,2), los muros de piedra toba al fondo (fot. 17F,3), y la zona superior de la nave parti­da del sector M (fot. 17F,4). La novedad es la conservación de parte del elemento de protec­ción que se observa detrás de la placa de cemento moderno que tiene la nave segunda. También se ven restos de aparejo constructivo, caído sobre ese techo, y espacios reutilizados en casi toda la periferia.

                En 18F se muestra el inicio de un paramento, construido con piedra toba y situado encima de los muros terminales de la nave segunda. La altura media de tal muro es de 1 m aproxima­damente, en su estado ruinoso.

                En 19F se ve parte de la cubierta moderna de la nave segunda (fot. 19F,1), el muro de piedra toba sobre sus paramentos (fot. 19F,2), y el comienzo de otro espacio que también utiliza la misma piedra (fot. 19F,3).

                La perspectiva de 20F, desde un punto superior, indica, de izquierda a derecha, la cubierta de la nave segunda (fot. 20F,1), el espacio muerto entre el muro de la nave primera y el de la segunda (fot. 20F,2), y el paramento de la nave primera (fot. 20F,3). Al fondo de la imagen se ven los espacios abiertos de forma artificial que han permiti­do llegar a estos recintos cerrados. El entorno de la parte superior de la nave se observa en las imágenes que ofrecen varias fotos en las que, además de la cubierta de hormigón moderno, se comprueba la presencia de puntos de arran-que super­puestos a ella, y otros espacios colindantes (fots. 21F y 22F). La zona que pudo ser nave, pero que no muestra indicios sobre ello (fots. 23F y 24F), da la impresión de ser un factor de separa­ción de formas arquitectónicas, más que un elemento de conti­nuidad. En cuanto al muro, situado frente al paramento de cierre de la primera nave (fot. 25F), se ve con claridad en su ali-neación. También se observa cómo se levanta sobre él parte del alzado moderno de la vivienda que lo ha reutilizado.

                Continuando, desde la base de este conjunto, el recorrido descriptivo, se ven, sobre el suelo, el saliente del paramento lateral de uno de los muros de la primera nave (fot. 26F,3) y el inicio de un pasillo que tenía sus cierres estructurales, y que han sido modernamente rotos para abrir paso, alargándose hacia otras estancias. Así, en 27F, hay, a iz­quierda de la imagen, restos de la primera nave, muros que se continúan, y el paso antes indicado.

                Tal como se ha dicho, sobre 28F se puede comprobar, al fondo de la misma, un muro de cierre, roto para abrir paso y dar acceso a estas dependencias. Desde este punto (fot. 28F,1), se organiza una secuencia de muros romanos que van a conformar el entramado de naves más homo-géneo de todo el sistema arquitectó­nico de Seks. Así, en 29F, se observa, a derecha, un muro moderno levantado sobre formas romanas previas. A izquierda del mismo detalle, se ve la secuencia de muros romanos bien conser­vados y con su alzado retranqueado, a 1 m de su partida de base. La anchura de este paso artificial es similar al visto delante de la nave segunda, por lo que se piensa tenía la misma finalidad.

                Una vez salidos del ámbito de estas dos naves, se dan algunas de las medidas que han sido posibles tomar. Así, el espacio de la primera nave rota mide de anchura: 2,45 m; el recorrido de paramento hasta la línea del pasillo rectilíneo: 5,07 m; el muro del pasillo, hasta la puerta artificial: 6,40 m. En cuanto a las alturas, la del pasillo artificial, en su parte de abajo, mide: 3,30 m, y la parte superior, con un ligero retranqueo de 0,30 m: 1,60 m, con lo que alcanza los 4,90 m en total. El alzado previo a éste, llega a más de los 9 m. Hacia la mitad del citado pasillo, hay una abertura artificial de acceso a todas las dependencias aquí ubicadas y que discurren en paralelo.

                En 30F se muestra tal acceso. Este nuevo paso tiene una anchura media de 1,16 m; el gro-sor del muro es de 0,90 m. Los muros interiores colaterales, modernos, dan la profundidad de los espacios que han sido rotos: 6,40 m, con una anchura de 1,80 m, equivalente a la normal de una nave tipo de las aquí registradas. En 31F se observan con precisión las características de este nuevo paso artificial, practicado no sólo para ocupar los recintos que se encuentran al fondo, sino también los espacios intermedios que están entre el muro de fachada y los paramen­tos terminales. Al final de la imagen 31F, se tiene de nuevo un alzado romano, tras el que se encuentra una nueva línea de naves. Mientras tanto, viendo desde arriba la imagen dada por este paso artificial (fot. 32F), se observan el grosor y la altura que alcanzan estas dependencias. Vista tal imagen, es claro que el paso ha sido hecho rompiendo parte de la triple serie de naves que discurre, a partir de este punto, en sentido este.

                En la primera parte ofrecida de este conjunto de naves, se muestran imágenes de las situadas en primera línea antes de llegar a las estructuras del fondo. Así, a izquierda, según se entra, se ve el espacio mostrado en 33F, formado por una nave de tipo medio y cuyas medidas son: altura: 2,70 m; anchura: 1,90 m, y largura: 3,40 m. Tiene un fuerte revoque moderno. A izquierda de la misma imagen y antes de llegar al fondo, se ha detectado otra estancia, ya antes enrasada, pero con aparejo en buen estado (fot. 36F). Sus medidas tienen el mismo módulo que las colindantes, menos su longitud: 2,40 m.

                Una vez visto este primer tramo, dentro de las estructuras detectadas a ambos lados del pasillo largo, situados en el fondo de todo el subsector, se localiza una serie de naves cuyas imágenes se muestran en 34F y 35F. Estas dos partes de la nave acusan una ligera curva en su trazado, condicionada por la composición de la roca madre. La longitud de esta nave es de 5,26 m. Su altura y anchura son las mismas de las precedentes.                Un dato de interés es hacer notar que el paramento de esta nave se prolonga hacia arriba. Al no permitirse el acceso a la parte superior de estas casas, no se comprobó qué manifes­tacio­nes murales tenían sus dependencias interiores. Pero el aparejo externo marca una altura superior a los 7 m. Es probable que existieran naves super-puestas; de lo que hay preceden­tes en la Cueva (cfr. sector L anejo a la Cueva). Pues, con relación a Eras del Castillo, que se encuentra detrás de estos sistemas de naves, el desni­vel es de 4,80 m, y está salvado con un muro de fondo, comprobable desde otro ángulo y que, aplicando la lógica más elemental, hace concluir lo antes expuesto sobre la doble nave. El contexto arqueológico apunta en este sentido.

                En cuanto al resto de los espacios, hay que decir que sus medidas son acordes con los tipos de formas arquitectónicas detectadas a las que, por analogía técnica, quedan asimila­dos, ya que no ha sido posible tomar las pertinentes medidas.

                Una vez analizados estos espacios, y situados de nuevo en el pasillo primero, se continúa la descripción de las áreas sucesivas. De esta manera se observa y com­prueba, en 37F, el muro de cierre, roto para abrir acceso. A derecha se recupera la imagen perdida por nueva construcción (fot. 27F,2), la que aquí se muestra en 27F,5, haciendo ver cómo el muro romano ha sido alterado desde fuera para ensanche del pasillo, cuyo punto más bajo se ve sobre el suelo, a lo largo del espacio marcado en 27F,6. A izquierda de la imagen aparece la continuidad del muro iniciado casi al término de la primera nave rota (fot. 28F, 2). La medida de este tramo es de 3,20 m. La anchura del pasillo queda indicada en 28F,4, donde apenas si alcanza un metro.

                El lienzo de muro, que se ve a derecha de la imagen 37F,5, se prolonga hasta enlazar con los restos de alzados que hay al fondo del subsector. La altura de éste alcanza los dos metros; pero las reutilizaciones de paramentos en época moderna, con revoques y enlucidos, impiden conocer los inicios y fines.

                En la imagen presentada desde la rotura del muro de cierre del pasillo (fot. 38F), se ob-serva, a izquierda, cómo se deja ver el paramento que, en el fondo, ha sido eliminado: a la derecha, muro romano con fuerte revoque, de tal manera que no sería posible identificarlo si no fuera por la parte superior que ha quedado con aparejo de opvs incertvm al descubierto (fot. 38F,1). El grosor del muro de cierre roto es de 0,80 m. En la foto de detalle presentada (fot. 39F), se comprueba la prolongación más de lo que se ha visto antes, y el muro disminuido de grosor, lle­gando sus indicios hasta el final del pasillo. Es una foto retrospectiva, y en ella se ve con más precisión el muro romano a izquierda y su prolongación en mayor espacio de lo que se ha mostrado en fotos precedentes.

                Una vez se entra en zona situada tras el muro de cierre, se pasa a un área caracterizada por alteraciones y la existen­cia de numerosas dependencias romanas fuertemente alteradas.

                Al fondo de 40F se ve el muro de cierre, roto, a izquier­da. En el centro, el mismo muro de cierre, bien conservado, con una superposición de muro romano con retranqueo a media altura, alcanza ya los 4,45 m, y se adentra algo más de 7 m en dirección a las estructuras montadas bajo el nivel de Eras del Castillo, situadas tras todo esto, en sentido norte.

                A unos 3 m de distancia del muro de cierre se observa, sobre el suelo, un resto de muro romano que ha quedado como testigo de la presen­cia de otro, de cierre, prácticamente hecho desaparecer para dar anchura a esta calle. El espacio que media entre el muro de fondo y éste, es el mismo que define la longitud de una de las naves interiores. En cuanto a la anchura de este espacio, oscila entre los 2,80 m y 3 m, variación que permite su aceptación, puesto que el alzado de la parte izquierda, visto en 40F, ha sido reducido de volumen, y la línea que traza sobre el suelo, posibilita jugar con esta aproximación. Por otra parte, el muro visto en la misma imagen, a derecha, es romano, hasta tal punto que forma parte del alzado de las naves.

                En 41F se observa un poyo, cuya interpretación puede ser un tanto confusa. Si se acepta que se trata de un paramento ado­sado y emparejado con el de la fachada 41F, 3, se piensa que es una prolongación normal. (Nótese que el fenómeno de los retranqueos en los paramentos romanos es algo frecuente). Se observa también una especie de relleno o plataforma de escaso grosor, a la vez que los restos del muro de cierre de una probable nave en este espacio (fot. 41F y 42F,2).

                Situados de frente a la fachada de este espacio artificialmente abierto, se comprueba la presencia de dos líneas de alzados romanos prolongados hacia Eras del Castillo, con una longitud de casi 7 m, y una altura sobre el suelo actual de 4,50 m de media, tanto a un lado como a otro. La fachada fron­tal mide 3,05 m de largo, y comprende el espacio de una de las naves normales en este subsector. El muro exterior mide 0,60 m de grosor; su altura: 2,70 m, y su anchura: 1,90 m. El primer espacio que se ha medido de estas casas, se encuentra alineado con los que se ven en las construcciones vecinas antes citadas. Lo mismo ocurre con la nave observada detrás de tal sitio, que no es más que otra, cuya cubierta ha sido eliminada. El interior de este sistema abovedado se ve en 44F y 45F, extremos correspondientes de la nave en cuestión. Sus medidas coinciden con el lugar que fue nave y que se encuentra enrasa­do, dando al exterior.

                Continuando la descripción de los elementos romanos de este subsector, en la imagen 46F, se ve, a izquierda, una entrada a un sistema de naves, unas enrasadas, otras con sus bóvedas y muros de separación. En este punto de entrada ha podido existir un muro de cierre, ya que hay ensanche iló­gico en el paramento de tal entrada y se alinearía con los restos del alzado de enfrente. Pero, se podría estar ante un muro de un sistema externo, con pasillo ciego central, por lo que se muestra con un ligero retranqueo de paramento en su alzado (fot. 46F, 4), lo que no quita que aquí existiera otra nave alineada con el resto de las demás. En el fondo de la imagen 46F,3 hay un muro de cierre (fot. 46F,2), con paso artificial hacia otro lado. El espacio central puede conside­rarse como perteneciente a una nave, pero tan sólo en parte, ya que el muro 46F, 4 tiene toda la apariencia de pertenecer no a naves situadas a izquierda, sino a la parte de abajo o izquierda, por tener el citado retranqueo a media altura. Pero esto puede quedar como probabilidad, aunque se tiene el prece­dente demasiado cerca para no pensar que se trata de un muro exterior y, por tanto, podía ser un alzado externo pertene­cien­te a nave de abajo (fot. 47F). Las medidas tomadas de tal muro son las siguientes: largura: 3,45 m; altura sin retranqueo: 0,90 m; con retran­queo: 0,95 m. El muro de fondo mide: 1,53 m más 0,68 m de la parte rota para abrir paso.

                En 48F se comprueba que el paramento exterior de muro romano ha sido alterado en su grosor, ya que no se ve homogé­neo, sino cambiado y con piedras salientes de su paramento (fot. 48F,2).

                Dejado, por el momento este aspecto, se pasa por la antes citada entrada a las dependen­cias interiores indicadas en 46F,1, y aparece una secuencia de naves cuyas bóvedas no están rotas, pero sí con techo moderno de escayola bajo su verdadera cubierta (fot. 49F). Son varias, pero tan sólo se tomó noticia de algunas.

                En una de las dependencias interiores se vieron indicios de otra serie de naves (fot. 50F), pero ya con la bóveda enrasada. En cuanto a sus medidas, se ha comprobado que la anchura y altura son las mismas de las antes analizadas, salvo la largura, que aquí es de 5,80 m.

                Una vez salidos de estos recintos cerrados, de nuevo en el paso artificial, se comprueba lo dicho antes sobre el grosor del muro de cierre que ha experimentado una disminución en su volu-men. El paramento que se ve en 51F,2, es romano y, a partir de ese cierre interrumpido, se puede ver que cambia de nuevo el sentido de la situación de los paramentos. Así, en 52F, lo más relevante es la recuperación de la línea de fachada procedente de su homóloga, al otro lado del muro de cierre. A su vez, a partir de ese punto, se puede ver cómo se encuentra el muro de la parte izquierda de la imagen, destacando sobre el suelo y, simultáneamente, el muro de cierre se encuentra no sólo al lado de allá, sino también al de acá. La anchura de este espacio es de 1,75 m, prácticamente la de la nave. El alzado ob­servado a izquierda no es una superposición del moderno, sino una reuti-lización del propio romano, disminuido de grosor. Su longitud es de 13,40 m.

                En 52F,4 se tiene el acceso a un lugar, nave enrasada­, estructuralmente en contacto con otras dependencias. De esta manera, a través de una puerta, en zona inferior, se pasa a nave enra-sada (fot. 53F), con techo artificial empotrado en los alzados romanos de ambos lados. Al fondo, un muro medianero con la nave vista enrasada, muestra una abertura con acceso al interior de otra, pero con su correspondiente bóveda. Su muro de entrada tiene un grosor de 0,90 m, y el espacio enrasado: 3,50 m de anchura; lo que da una proporción poco corriente en este sector. Su altura no se puede precisar. El nivel de suelo de la nave interior con respecto a la de entrada, es de 0,70 m, indicándose que se sigue la línea del terreno, para el levantamiento de tales estructuras.

                En la entrada de esta encadenamiento de naves (fot. 54F), se contempla, además del muro de fondo, un pequeño vano en forma de semibóveda de aristas. A izquierda, según se entra y girando casi 15 grados, se ve la imagen de 55F. Si se hace a derecha, se comprueba que, adem­ás de la nave, hay continuidad de estructura tras el falso tabique que los propietarios han levantado. Con ello, y teniendo en cuenta otros factores, se cree que este sistema se continúa hasta enlazar con la fachada que da a una corta pero fuerte pendiente de calle. Las medidas de esta nave son: altu­ra: 2,50 m; anchura: 1,90 m y largura: 8,27 m, aproximadamente, sin contar con la prolongación, transformada, hasta la fachada de la citada cuesta (fot. 56F).

                Observando este paso desde el punto opuesto, se demuestra la existencia del muro, a derecha, sobre el que se ha levantado el paramento actual, pero reutilizan­do su estructura antigua, de forma que presente un aspecto moderno (fot. 57F). Por lo dem­ás, este pasillo es un área de naves intenciona­damente rotas para abrir calle.

                Desde otro ángulo se observan los paramentos y muros o indicios de tales, en el suelo de la calle, por lo que estas estructuras han sido rotas hasta tal punto que hay calles que son el resultado de una eliminación de sistemas abovedados (fot. 58F). De este modo, los paramentos que se detectan en el suelo indican que la continuidad es evidente tanto en sentido ascendente como lineal. Así, en 59F,1, sobre calle, se ve la prolongación de la es­tructu­ra mural, siendo aprovechada para formar un escalón en su rápido descenso. La continuidad (fot. 59F,1,2) es evidente.

                Observando desde un punto elevado de esta pendien­te, se comprueba que la secuencia, a través de la calle descenden­te, se mantiene (fot. 60F,2). La presencia de elementos de conexión con el paramento de enfrente, al final de la secuencia, como se ve en 61F, demuestra que el subsector dejado atrás se unía al que ahora se inicia. Esto se comprueba en la vista panorá­mica de 62F, donde se aprecian los diferentes cortes y los diversos niveles, a través de la fuerte pendiente que antes se ha indicado. De forma escalonada se analiza y ve hasta cinco alturas diferentes de arriba a abajo. Así, al pie de 62F,6, se observa el nivel más elevado, que es una secuencia de naves rotas; el punto 62F,2, señala el siguiente, salvado en parte, por el sistema de escalones, construidos sobre los restos de muro en el suelo, para acceso a los espacios superiores; el 62F,4, marca la propia calle artificial; el 62F,5, viene dado por los restos de muros observados sobre el suelo y el correspondiente escal­ón que atraviesa la calle hasta conectar con el paramento de enfrente (fot. 62F,5). Como añadido, se indica un espacio más a partir del escalón antes citado, que queda señalado con la secuencia de estructuras interrumpidas por la apertura de nueva calle. Al fondo de la misma, se muestra un muro que separa los paramentos que dan a Eras del Castillo, de los que se encuen­tran en este sector. Su altura es de 3,50 m, desde el pie del muro limítrofe. En detalle se ve el escalón existente de forma marcada entre la calle artificial, punto más alto, y el escalón de abajo (fot. 64F). Nótese que el espacio que abarcan los dos extremos, dan la medida justa de la anchura de una nave. Ascendiendo hacia el punto más elevado (fot. 64F), tenemos ese muro que conforma el momento fina­l de las últimas naves vistas antes, y los alineamientos que se continua­ban a través de los elementos indicados en 64F,1,4, de forma que este espacio quedaba enteramente cerrado por el sistema, pero fue roto para ocupar tales lugares que, en cierto modo, quedaban aislados si no se abría acceso hacia ellos.

Si se observa con detalle el paramento que separa el sector Eras del Castillo del F, casi en este muro se ve una ligera indicación de la existencia de un paso poste­riormente cegado; pero esto es sólo una insinuación a partir de unos meros rasgos que permiten ver una forma de arco, cerrado por la propia técnica romana (fot. 65F,1). Pero, lo que sí indica que aquí ha existido muro adosado, es la planta de alzado del que hay restos al lado del citado muro anterior, y del que queda indicio en forma de poyo (fot. 65F,2). La extensión del muro de fondo se aprecia bien en 66F, y cuya largura es de 5,50 m. Es de interés, además, observar el sistema de escalones que acusa la línea de naves que discurría por la parte superior de este subsector.

                En 67F se señala la presencia del muro adosado. En 68F aparece un sistema que cerraba con los paramentos situados enfrente (fot. 68F,3). En esta imagen se observa la reutilización de muros romanos tanto en lo considerado base, como en su parte elevada.

                El paramento 68F,1, constituye uno de los cierres de separación de naves. Igualmente es de interés comprobar que se utiliza el escalón, como en el espacio que se encuentra frente a las naves antes citadas. Lo que se ha hecho es rebajar el nivel de la calle para empotrar los sistemas de acometida de aguas y alcantarillado modernos. De ahí que se encuentre a un nivel inferior.

                Siguiendo la descripción de estos paramentos, en 69F, prolongación del 68F en sentido vertical a la calle San Miguel, se ve la secuencia de muros romanos en el alzado de 69F,1, alargado hasta lo que se considera inicio del sistema de gradas de una posible tríada de templetes (fot. 69F,2). En 70F se ve lo que puede ser la esquina terminal de esa supuesta serie de escali­natas, atribuibles a los accesos a dichos templetes. En él se observa la utilización de elementos arquitec-tónicos propios de esas formas. De este modo, en 71F se muestra una perspectiva de lo que es atribuible al conjunto de la posible tríada de edificios religiosos. En principio se puede pensar que se está ante esa hipotética edificación. Pero, posteriormente han podido sufrir abandono y el desplazamiento a otros lugares, como las cercanías a las zonas de puertos, considerados puntos más idóneos para tal fin. Esto ha podido ocurrir aquí. Hay elemen­tos para pensarlo.

                Se sabe que tales edificaciones deben tener el horizonte despejado. Como en la parte supe-rior del sector se ha descu­bierto que delante de las gradas hay edificacio­nes romanas, ello ha dado pie a esta posible hipótesis de desplazamiento, en el tiempo, de tales edificios. Como pruebas se tiene, aunque no determinantes, la localización (aparecieron enterradas) de esculturas de divinida-des y personajes importan­tes sobre el propio lecho de la zona del Majuelo (muy cerca del Callejón del Silencio). Esto, en la vertiente de Poniente; pero en la de Levante se han hallado, a no mucha profundidad, restos de columnas y capiteles, tanto corintios como dóricos, restos de pilastras de mármol, y trozos de elementos decorados de cornisas. Todo ello en zonas portua­rias. A pesar de esto, no se puede dejar de entender que tal lugar, bastante alterado, haya sido sede de edificios religio­sos. Así, en 68F se observa, en primer plano, parte del graderío (fot. 71F,1) fuertemente dete-riorado, en el que se ven algu­nos de sus elementos en posición. En la parte de enfrente hay restos de una edi­ficación conside­rada posterior, por razones obvias de evolución arquitectó­nica en la zona. Y haciendo hincapié sobre el tema de los componentes arquitectónicos usados en el sistema de graderío, en 72F se ve la colocación alternada, según los niveles de alturas, de algunos peldaños de las gradas, en su primera parte, pe­ro bastante deteriorados.

                A continuación de este sistema, hay un espacio intermedio­, con un murete divisorio entre gradas (fot. 73F). De forma continuada prosigue este procedimiento con elemen­tos que pertenecen a otra secuencia de gradas, pero alteradas (fot. 74F). Y, por último, el tramo mejor conservado de una secuencia que puede ser un sistema de acceso a templo o edificio público (fots. 75F; 76­F; 77F).

                Todas las imágenes expuestas presentan una visión algo estereotipada de lo que tal sistema aparenta no ser, pero observado el ámbito desde la perspectiva 78F, la visión de conjunto del esquema se presenta de forma más coherente, aunque su alineación no dé una secuencia totalmen-te homogénea. Con relación a tal nota negativa, el graderío ha sufrido transfor­maciones causadas por diversos motivos y, entre ellos, la necesidad de ensanche de la calle, precisamente en el tramo mejor conservado. Cabe la posibilidad de que un tercer cuerpo de gradas se encontrara no preci-samente en el espacio de las dos detectadas, sino a continuación, y ocupando parte de la cuesta en fuerte pendiente. Pero se tiene la certeza de que la totalidad del sistema de acceso se encontraba a lo largo del espacio debida­mente indicado y de forma correlativa. Sus medidas son: desde la esquina de fuerte pendiente hasta las primeras tobas, que forman el supuesto primer tramo de escalinata: 3 m, aproxima­damente. Las tobas del mismo miden: de largo: 0,80 m, 0,40 m y 0,30 m, que es la más usual en el módulo de largura. Entre este tramo y el siguiente hay un espacio indefinido por lo irregular que se presenta, midiendo 3,50 m de extensión que, en teoría, puede constituir el espacio del segundo cuerpo de escalinatas, pero los datos no son del todo fiables. Hacia el supuesto y casi confir­mado tercer tramo, hay dos pequeños espacios con aparejo de opvs incertvm, que miden: 0,45 m y 0,60 m respectivamente, de largura; a los que se considera elemen-tos extraños y posteriores a la es­tructura de un templo o edificio público.

                Con motivo del derribo de una casa situada justo detrás del segundo cuerpo de gradas, han apareci­do los muros romanos que daban forma a este espacio, pero sin una definición clara (fot. 79F,1,2,3). El grosor coincide con el de las estructuras colatera­les, de las que es claramente una secuencia, como se puede ver in situ. Las medidas de las gradas mejor conservadas vienen dadas en la planimetría del sector (cfr. fig. 12), manteniéndose acordes con las anteriores. El resto de los componentes que se ven, corresponden a estructuras rotas por apertura de nuevas calles o accesos (fot. 79F).

                Frente a los sistemas de gradas, se ha indicado antes la existencia de paramen­tos que con-forman todo un espacio cons­truido, y al que se ha fijado una lógica cronología poste­rior a la edifi-cación que pudo existir donde aparecen las gradas. Si fueron templos lo que aquí hubo, debió tener un horizonte libre de obstáculos. Por esta razón se cree que las edificacio­nes hoy delante deben, en lógica, ser posteriores (fot. 80F).

                En 80F se produce una alteración en las estructuras y orden de colocación en los distintos niveles que ocupan­. Este fenómeno se puede comprobar aquí, donde 80F, 1, marca el grosor del paramento reutilizado en toda la secuencia iniciada en este punto, y termina en la plazuela; mien-tras que en 80F,2, la situación es diferente por el cambio de orientación de las estructu­ras mura-les. Según se acaba de decir, en 81F se ve reutiliza­ción de paramentos en todo el alzado y no una superpo­sición de los mismos. Tal fenómeno se ha visto antes sobre este mismo sector, en 29F y 37F,5, donde tal reutilización es tan perfecta que no se puede deslindar de lo que es puramente romano.

                En 82F se indica lo que aflora de muro sobre el suelo de la calle, pero el paramento que ocupa toda la zona baja de estas vivien­das, es romano, como se ha comprobado viéndolo por dentro y demostrando que se trata de toda una secuencia triple de naves enrasadas, con muros medianeros, y cuyas medidas coinciden con los tipos modulares que se vienen dando a través del sector. La fachada moderna de este conjunto reutilizado mide 7,40 m, dando una capacidad de fondo de las tres filas de naves un módulo de 1,90 m, normotipo en este sector (fot. 83F).

                En vista general de la plazuela, están los paramentos a todos lados, y cuyo paso interme-dio es falso, como la mayor­ía de las construcciones modernas superpuestas a las formas de base romanas. Así, las edificaciones, identificables a am­bos lad­os, tienen los módulos de una estructura romana de base, respon­diendo a los cánones de las antiguas formas, alteradas en parte, por los intentos modernos de ampliar recintos para crear espacios.

                La gran mayoría de las casas modernas sólo han podido ganar amplitud elevando sus estructuras, porque la expansión en superficie es imposible, dado el escaso solar disponible para realizar alteraciones de planta edificable. En el extremo del paramento indicado en 84F,2, al final del mismo y realizado sobre la secuencia de su muro romano, se ve una interrupción del mismo en 85F,2, donde aparece el muro romano o resto de una plataforma de equilibrio del terreno, que enlazaba con la estructura al otro lado de las fachadas actuales. Esta abertura es artificial.

                Sobre la calle San Miguel se observa la alineación de todos los paramentos, de manera que se piensa que respondan a una ordenación de formas similares a otras del sector E (fot. 86F, fig. 11). A izquierda del paramento indicado en 83F, se ve la construcción de una nueva casa sobre un solar que contiene los elementos antiguos de formas romanas.

                En 87F se tiene una visión de conjunto de un espacio en el que queda dividida toda la secuencia de la calle San Miguel, de tal modo que se considera que la casi totalidad de las casas hoy así alineadas, tan sólo disponen de una superficie similar a la que se señala en esta imagen. Las casas de mayor solar son aquellas que han reutilizado más de una unidad romana, intercomuni-cándolas. Los muros romanos, retocados, se ven tanto al fondo como en los laterales. Y lo que es más definitorio: el muro de fachada se aprecia perfectamente alineado, siendo uno de los datos que ha facilitado establecer la tesis de que todas las estructuras de esta calle han podido formar uno de los grandes complejos de formas romanas, similares a los vistos en Cueva de Siete Pala­cios. De esta forma, se muestran detalles de los citados muros, en los que se observa con precisión la técnica usada en el alzado de los muros (fot. 88F).

                En 89F y 90F se comprueba, de forma expedita, que el muro de fachada ha sido reducido mediante la rotura del aparejo externo para ganar espacio. Este sirve de ejemplo para ver que las dependencias, supuestas por inducción, son romanas, y constituyen un punto de referencia para llegar a una hipótesis más avanzada. Por ello se ha decidido plantear la cuestión de un probable gran emplazamiento a lo largo de esta rectilínea calle, y cuya bisectriz la constituiría el centro aproxi­mado de la misma.

                Con tiempo y observación, aprovechando las obras públicas y privadas, se aportará algún dato directo sobre esta idea, ya que se han comentado noticias sobre este tema. En obras munici-pales de años atrás, hubo hallazgos de restos estructura­les que sorprendieron a los propios obre-ros, pues aparecían restos de formas aboveda­das que fue­ron rápidamente tapadas.

                Se vuelve a la parte posterior del emplazamiento de las gradas, y aparece un resto de opvs caementicivm, manifestando que se trata de una de las plataformas de equilibrio de terreno (fot. 91F,3). Lo que se ha podido medir sobre ella, da: 4,30 m de largura, y 1,20 de altura media. Sobre la misma se alza un paramento romano que forma parte de la vivienda donde se encuentra (fots. 92F; 93F). El alzado, situado al girar, forma parte del elemento constructivo de una serie de es-tructuras romanas muy reutilizadas y cuyas imágenes se han mostrado a propó­sito del sector E (fig. 11).

                Continuando esta misma secuencia, sobre 94F, se ve igual­men­te, una alineación de formas que cierran la anterior, y cuyas medidas coinciden con los tipos que se han venido dando a todos los paramentos del sector. Si se observan los muros de la imagen mostrada, se ve que tienen revoque moderno y ligera­mente encalado.

                En 88F se tiene, al fondo, el muro que separa esta parte alta de la inferior, con un desnivel de 3,50 m aproximadamente. El realce, un poco más estrecho, es artifi­cial. Tanto a derecha como a izquierda, se observa la presencia de paramentos que no responden a esquemas modernos, sino a reutilizaciones de estancias romanas.

                En 96F se muestra la secuencia de fachada izquierda de 95F, en donde se indica la pre-sencia de espacios para los sistemas de naves reutilizadas que se dan en ella y que, según las medidas, son tres en posición paralela, con muros internos mediane­ros. Las estructuras super-puestas son modernas, aunque en algunos casos el paramento forme parte del alzado superior. Al fondo de la parte izquierda de 95F, se comprueba la presen­cia de paramentos casi yuxtapuestos, pertenecientes a dos estadios diferentes (fot. 97F). En esta imagen se muestra que el muro de la derecha está sobre la superficie de las Eras, mientras que el de la izquierda se ve apoyado en las estructu­ras de la parte baja de este sector, elevándose sobre el paramento de fondo del alzado que da consistencia a todo el sistema de naves consecu­tivas.

                Situados de nuevo sobre la fuerte pendiente descrita antes (fot. 62F), hacia la mitad de su descenso, hay apertura de paso artificial (fot. 98F), en el que se contemplan las clásicas roturas de muros a ambos lados, para abrir acceso. En uno de los puntos intermedios del acceso (fot. 99F), se detecta, a derecha e izquier­da, la existencia de paramentos romanos que afloran como testigos de las antiguas formas ocupadas por estas áreas. Así, a izquierda de la imagen hay un muro romano encalado, formando parte del esquema general, propuesto para la alineación de los elementos arquitec­tónicos de la calle San Miguel, formando una especie de espaldar del supuesto muro paralelo, a lo largo de toda la citada calle. En esta misma situación, con la ima­gen presentada en 100F y 101F, se comprueba el estado de los elemen­tos construc­tivos romanos que dan la impresión de que se trata de un arranque de arco de bóveda, pero no se asegura. Podría tratarse de un siste-ma abovedado de escasa relevancia arqui­tectónica, y ser la cubierta de un sistema de conducción de agua, cosa muy normal.

                En 102F se observa la alineación de paramentos que se asemejan a los pasillos ciegos ya vistos. Pero la alineación, a izquierda, forma parte del potente muro alineado de la calle San Mi-guel, antes aludido.

                Desde un punto opuesto al anterior, se muestra otra imagen para resaltar el aparejo roma-no, trasluc­ido desde su encalamiento y se le ve la línea de altura que alcanza, hecho que conviene tomar con cautela, porque ya se ha visto en otras dependencias la existencia de paramen­tos roma-nos tan retocados que parecen modernos.

                Continuando el análisis de las formas que se siguen hacia el interior de estos espacios, se ve, a izquierda, la prolongación del citado paramento, paralelo a la calle San Miguel (fot. 104F,1) y, a derecha, las estructuras que lindan con las partes superiores, descritas al principio de este sector. Tales paramentos son paralelos a los vistos en 40F.

                Al final de este recorrido interior, aparece un espacio en el que el nivel del suelo desciende notablemente, dando la impresión de que la parte precedente, ya vista, es un relleno para abrir acceso a estos recintos, pero no hay datos sufi­cientes que defiendan esta posición, ya que el inicio de la entrada se encuentra al mismo nivel que la calle descendente, con roca madre en el suelo. Se piensa que es un corte de época, con parte de su espacio algo más bajo que el resto del subsec­tor. A izquierda de 105F, se detecta la secuencia de paramento romano; mientras que en el centro se ha levantado una construcci­ón moderna, a derecha de la cual se observa un muro continuado de las fachadas vistas, antes de llegar a este punto (fot. 106F), donde su alzado conserva el aparejo libre de argamasa y revoque moderno.

                En el recorrido de todas las estructuras que se han presentado, tan sólo se manifiesta que tales construcciones roma­nas, muy densas como se ha comprobado, manifiestan una clara tenden-cia en lo que se considera como fin o destino de tales formas.

Conclusión del sector F

En el recorrido de todas las estructuras que se han presentado, tan sólo podemos mani-festar que tales construcciones romanas, muy densas, como se ha podido comprobar, muestran una clara tendencia en lo que podríamos considerar como fin, destino de tales formas. Dada la homogeneidad de las construcciones, su constante repetición sin mostrar casi variantes ni en tipos ni en módulos, hay que reconocer que más del 90% de los espacios que han sido analizados y, visto el escaso terreno, al que no se pudo acceder por diversas causas, responden a una infra-estructura a la que definimos como almacenes. Por eso, junto con las dependencias de los secto-res L y E, sobre todo, se puede concluir que las formas analizadas son propias de una zona don-de lo principalmente tratado ha sido la estructura destinada al almacenaje. Aparte de algún dato ajeno a esto incluido, como es la posible tríada de templetes con finalidad religiosa, por lo demás, no se duda en definir a todo este sector como una gran área de almacenamiento.

SECTOR  G

El espacio que comprende este sector está formado básicamente por las grandes áreas que antes fueron alfares. No obstante, lo que se estudia aquí son los espacios que se hallan de-trás de las fachadas de las casas situadas a espaldas y debajo de la calle San Miguel. 

El lugar que ocupaban los últimos alfares hoy es irreconocible, por haber sido transfor-mados en instalaciones deportivas sin un previo estudio de su subsuelo. No se ha realizado, como decimos, ninguna excavación y, por tanto, la información que se tiene es bastante escasa. Tan sólo contamos con los datos que nos han proporcionado algunos albañiles de los que traba-jaron en las obras allí practicadas.

Dentro de sus conocimientos, se ha podido conseguir una información lo más aproxi-mada posible, a base de proporcionarles reseñas descriptivas de lo que allí normalmente se podía descubrir. Todos han coincidido en afirmar que lo que se encontraba en cimientos y movi-mientos de tierra tenía algo que ver con las formas que ellos mismos han visto en el Majuelo. Por tanto, es probable que las piezas que aquí subyacen sean o piletas de salazones o depósitos de agua. A su vez, nos han descritos sistemas de muros con materiales muy duros, que quedaron enterrados tras el relleno para el levantamiento de las pistas deportivas. Nos mostraron frag-mentos de cerámica romana y restos de utensilios de hueso, ello procedente de los rebajes para las zapatas de algunos de los alzados que se tuvieron que hacer. Por otra parte, los propios due-ños de esos antiguos alfares, nos han informado de que algunas de las estructuras usadas por ellos para el tratamiento del barro, eran muy antiguas, sin poder precisar más, porque se trata de una herencia ancestral, y nunca se ocuparon de averiguar sus orígenes. Por ello, la informa-ción de los albañiles nos resulta más válida a la hora de saber si había, o no, formas romanas en ese espacio, ya que se ha llegado hasta los puntos arqueológicamente más fiables para poder localizar algún elemento de referencia.

Esto dicho, iniciamos la descripción de los restos que se pueden ver en superficie.

En la foto 1G, se tiene una secuencia de paramentos antiguos, cercando espacios sin utilizar y que pueden encuadrarse dentro de las estructuras que se han visto en el sector H, como un ele-mento más de muros abandonados a lo largo del espacio que se dejó sin utilizar, delante del Cas-tillo de San Miguel. Estos paramentos se adentran y ponen en contacto con las casas que dan a la calle San Miguel.

En la fotografía 2G, se pueden ver, en su centro, antiguas construcciones con superpo-siciones modernas, igualmente conectadas con las zonas bajas de las casas antedichas. Unos muros afloran con claridad, como los situados en el centro, y otros sólo muestran vestigios sobre el suelo actual, como los que se ven a izquierda.

Sobre la calle Higueras de Clavelicos, se observan las líneas de fachadas alineadas, a izquierda (fot. 4G) y los muros modernos de las instalaciones deportivas, donde existieron los viejos alfares. En la parte que da a la calle San Miguel, las primeras fachadas situadas a izquier-da, en una extensión que abarca tres viviendas modernas, se encuentran estructuras conectadas a las que se han visto en 1G y 2G, no siéndonos posible poderlas fotografiar. Se piensa que se trata de la misma secuencia estructural observada en el sector H (fig. 14).

Conclusión del sector G

Al igual que se ha considerado al sector H como probable zona industrial, por las carac-terísticas que se han podido recabar, aprovechando toda clase de información tanto arqueoló-gica, histórica, como oral, todo parece indicar que este sector formaba parte del mismo esquema y, por tanto, puede encuadrarse dentro de una zona cuya función se sitúa en el área destinada a la producción industrial, que puede ser tanto la puramente dedicada a la salazón, como a la fabricación de envases industriales y domésticos, es decir: La cerámica. No descartamos las salazones en determinada época de la historia local de Seks, en estos niveles, pero todo parece indicar que lo que prima en estas alturas es el almacén. La industria cerámica puede justificarse por necesidades derivadas de la propia organización de este emporio comercial: el envase es necesario y se podía fabricar aquí.

SECTOR  H

El ámbito que comprende este sector queda enmarcado en el espacio que ha venido siendo, desde tiempos atrás, terreno destinado a campo de nadie, libre de viviendas, con el fin de establecer una línea defensiva natural entre el área urbana medieval moderna y el elemento defensivo, por excelencia, de la ciudad. Ello no conllevó la eliminación de todos los restos ruino-sos que se encontraban entre ambos sectores, sino que, por el contrario, se pretendería mante-nerlos como factor disuasorio ante el ataque de un enemigo potencial, y tener siempre el campo despejado, a la entrada del reducto fortificado. Debido a esto, se puede comprobar la existencia de una serie de estructuras, cuya pervivencia puede deberse a esta política defensiva, en época medieval y moderna. Muchas de estas formas han sido ya reutilizadas, llevándose a cabo el levantamiento de varias barriadas, aprovechando los alineamientos de fuertes muros, que se pueden aún comprobar en los interiores de algunos pequeños huertos. La mayoría de estos es-pacios han sido destinados a casas de pescadores.

Como es natural, es más práctico, para economías pobres, reutilizar los fuertes muros existentes, aunque estén en ruinas, que levantar una casa de nueva planta. Tan cierto es este fenómeno que, hasta hace poco tiempo, las casas han tenido tan sólo una altura, cosa que justifi-ca la reutilización, en general, de los paramentos romanos que, a continuación, se verán forman-do parte de un área que hoy se utiliza como huerto.

Esto supuesto, comenzamos la descripción de los distintos elementos que integran este sector, por la calle Higueras de Clavelicos, en donde, tanto a un lado como a otro, se puede ver una serie de edificaciones casi alineadas, pero no en posición rectilínea, que nos hace suponer la reutilización de las estructuras o secuencias de muros romanos que han existido en diversos lugares de la Explanada de San Miguel.

Los sistemas de alineaciones han debido situarse según la propia orientación que mues-tran las partes de los paramentos que conforman cada edificación. Ello nos lleva a pensar que las alineaciones de casas se han dejado llevar por la inercia estructural de las mismas edificacio-nes romanas preexistentes. Así, la calle que se ve (fot. 1H) en la fachada que sobre ella se indica, se observa una ligera curva, con escalones y un desnivel de más de 4 m, dándonos a entender que unas veces habrá sido necesario modificar las proporciones de los elementos que se utilicen, alterando sus medidas, y otras, darán la medida justa en sus magnitudes. En resumidas cuentas, esta es la causa de las modificaciones o alteraciones en el trazado de tal calle y alguna más.

Un hecho, que es preciso tener muy en cuenta, es que tal espacio no tiene los desniveles comprobados en las dos grandes zonas de Levante y Poniente; por lo que las alineaciones de las estructuras que los romanos llevaron a cabo en este sector, estarán planificadas con mayor sime-tría que todo el resto del conjunto del espacio de Seks.

Situándonos en la calle Alfareros y adentrándonos en una de las casas, que han sido le-vantadas aprovechando, para el alzado, los sistemas de muros interiores (fot. 2H), se puede ver cómo, en los cimientos de la misma, formando un estrecho pasillo, se ven secuencias de muro en el suelo, sobre el que se eleva el alzado moderno. Dentro de este mismo recinto, en otra ocasión se pudo identificar toda la estructura interna, cuyos paramentos eran de opvs incertvm, con ligero revoque de su aspecto externo. La dirección que pudimos comprobar, seguía el esquema de sistemas cuadrangulares o de planta rectangular.

Al fondo de la calle Alfareros, en una entrada artificial situada al término de la misma, casi sobre la propia entrada formada por un estrecho paso, nos adentramos en uno de los huer-tos y, al bajar sobre la superficie interior, nos encontramos con un sistema de muros romanos muy alterados en su aparejo externo (fot. 3H,1).El que se ve en 3H, 2, tiene, en su base, una es-tructura formada por opvs incertvm.

Sobre la fachada de enfrente (fot. 4H), se puede ver otra secuencia de muro romano, algo deteriorado, pero con la técnica del opvs incertvm, alineado a lo largo de toda la parte fron-tal, hasta formar parte de los paramentos de las casas que se encuentran en esa área, dando a la calle Torremolinos.

Dentro del mismo huerto, se puede identificar otra serie de muros, que se cortan en án-gulo recto y delimitan una finca de otra. Toda esta serie de alzados forman las espaldas de las casas que dan a la calle antedicha (fot. 5H).

Para hacernos una idea más completa sobre el alineamiento de estos sistemas de muros, en la foto 6H, hecha desde un alto, se puede confirmar dicho alineamiento, que se extiende has-ta enlazar con las secuencias de la calle San Miguel, con un ensamblaje en ángulo recto, de la que se puede mostrar más adelante una de las partes que la integran.

En la foto 6H, comprobamos cómo se monta el aparejo moderno sobre el romano y, además, la identificación del aparejo como opvs incertvm. La altura de estos muros marca una media entre uno y dos metros aproximadamente.

De forma paralela al muro anterior (fot. 6H), se puede comprobar la existencia de otro, que se prolonga igualmente hacia la calle San Miguel, en sentido norte, y que tiene otros muros romanos que se cortan en él, formando ángulo recto. Como también se puede demostrar, en esta imagen, que los paramentos de las casas, por donde pasa este muro, se asientan sobre él para levantar alturas superiores (fot. 7H). Los ensamblajes sobre este mismo muro antedicho, se pueden ver en la imagen 8H, donde el aparejo aparece algo retocado y con una ligera capa de revoque moderno.

Nos situamos en el inicio de la calle San Miguel, en el punto donde se cruza con las ca-lles Antigua y Torremolinos. En la primera parte de esta última, sobre la pendiente que se ob-serva en la foto 9H, se ve un paramento romano muy retocado modernamente y en cuyo inte-rior (fot. 9H,2) se tienen estructuras de compartimentos romanos (fot. 10H). Los muros que se ven a uno y otro lado de este subsector, son romanos, y por el punto 10H,1, pasamos a un espa-cio que se puede considerar como nave romana enrasada (fot. 11H). La estructura del muro de fondo de este espacio es de opvs incertvm, adosado a la roca madre, modernamente encalado.

Fuera de estas formas interiores, en la parte de abajo, se observa la secuencia de tres espacios de fachada con idéntica medida, coincidiendo con la media modular de las naves del sector F.

Las sucesiones que se ven a lo largo de toda la calle Torremolinos, antiguas cuevas, se-gún cuentan sus propietarios, montan sus estructuras modernas sobre elementos romanos que han existido de forma libre, hasta que se decidió edificar en toda la calle.

Para comprobar que esto era así, examinamos el interior de algunas pequeñas casas abandonadas y, tan sólo pudimos ver las alineaciones que hay detrás de ellas, y sobre las que se apoyan; no pudiendo precisar si los paramentos de las mismas eran restos de muros romanos, o bien en su interior o en su base, pero es muy difícil de comprobar.

Conclusión del sector H

Según ya se ha adelantado en la introducción al estudio de este sector, se puede pensar que toda esta zona se considere área de expansión industrial.

No se debe olvidar que, probablemente, en este sector y en otros que conforman este ámbito, han existido varios alfares que, al parecer, no han hecho más que mantener una tradi-ción antigua que, en cierto modo, podría entroncarse con una más vieja industria de este tipo. No se olvide que la manufactura de la salazón necesita una industria auxiliar que satisfaga la demanda de envases destinados a la gran masa de productos industriales que se dan en las sala-zones. Se puede pensar, puesto que el elemento fundamental e ineludible, el agua, podía llegar sin dificultad hasta ese sector de la ciudad.

A esto hay que añadir que el espacio más adecuado, por la propia configuración del te-rreno, se encuentra precisamente aquí, ya que no hay pendientes pronunciadas y este tipo de industria requiere terrenos llanos. Por ello, opinamos que este sector ha podido ser una zona de fabricación de envases de cerámica, de salazones, y tener dependencias destinadas al almace-naje.

SECTOR  I

En este capítulo describimos el tramo que comprende desde el punto de partida del murallón con adarve y almenas, en las proximidades del foso del Castillo, comprendiendo las calles Clavelicos, sectores alto, medio y bajo, hasta finalizar en el espacio donde hace poco han quedado al descubierto las estructuras de varias piletas de salazones y un muro romano de gran espesor, que se piensa tenía una función eminentemente de aterrazamiento (horno moderno).  

Dentro de las estructuras que se van estudiar, como elementos arquitectónicos romanos, incluimos piezas bien caracterizadas: las piletas, los muros de aterrazamiento y de contención, los muros claramente pertenecientes a estructuras romanas, a las que se supone forman parte de algún otro complejo de naves por las características de su aparejo, y las viviendas que se encuentran a su alrededor y, por último, el murallón medieval moderno, que echa sus bases sobre estructuras previas romanas con naves adosadas y tapadas por él.

Partiendo en sentido nor-tesur, iniciamos el análisis con la indicación de una secuencia de fachadas cuyo punto inicial tiene lugar junto a la parte final del sistema de muralla almenada, con adarve (fot. 1-I). Los paramentos de tal fachada encierran muros romanos, que son pro-longación de los complejos abovedados que se encuentran en las cercanías del sector F (fig. 1-2).Hace poco se ha podido comprobar cómo han roto muros romanos dentro de este espacio y se han visto los componentes de las estructuras romanas: opvs caementicivm.

Toda la secuencia de viviendas que se siguen a continuación y en sentido sur, que forma la calle Torremolinos, tiene las mismas proporciones tanto de fachada como de fondo, con alguna ligera diferencia en los módulos de fachadas. Hoy se encuentran bien enlucidas, pero años atrás, el aparejo romano era bien visible, debido principalmente al abandono en que se encontraban tales elementos y ocupados por gente humilde.

Las estructuras romanas se han conservado y se han usado lo mismo que en la Cueva de Siete Palacios, hasta no hace mucho. En gran parte de estas fachadas se puede observar aún la señal de la técnica constructiva romana tras la cal o el revoque moderno.

En la foto 2-i se puede ver, desde la perspectiva, tomada en sentido sur-norte, toda la secuencia conservada de este sistema defensivo de muralla, según se indica con la doble flecha.

Y siguiendo el sentido con que iniciamos la descripción, se ve el primer tramo de mura-lla conservado con una serie de almenas y su adarve correspondiente, reutilizado como elemento en las casas que sobre ella se apoyan. La mayor parte de la muralla ha sufrido fuertes perjuicios, porque las viviendas, que sobre ella están adosadas, han practicado perforaciones sobre su es-tructura, tales que han provocado su derrumbe en gran extensión de la misma. Por ello casi todas las almenas han desaparecido, quedando tan sólo el muro mediobajo que serviría de apo-yo y sujeción de todas las casas que se sitúan en las calles Clavelicos y Torremolinos.

En la foto 4-i, se puede ver el único tramo que conserva almenas, con adarve y barba-cana detrás. La altura de dicha muralla se puede observar en la foto 5-i, donde, además, se tiene el testimonio claro de un hundimiento en la misma, a causa del abandono y el empuje de las casas situadas detrás y a un nivel superior, del continuo vaciamiento de paramento llevado a cabo por los propietarios que han construido adosados a ella. Esta, probablemente, es una de las razones más fuertes en cuanto a la desaparición de una reliquia arquitectónica de tal entidad. Su altura, en este subsector puede alcanzar los 8 m.

Siguiendo en sentido sur, examinados los interiores de algunas casas que nos han per-mitido ver, descubrimos dos líneas más de la muralla que, como se verá más adelante, tiene base romana (fots. 6-i; 7-i). El paramento externo muestra diferentes aspectos debido a los retoques hechos por los vecinos cuyas casas se apoyan sobre ella.

En la foto 8-i, se puede ver una fase de esta muralla donde la construcción moderna ha ocupado incluso la parte superior de la misma, habiendo destruido almenas y adarve. De esta manera, se puede observar tanto el sistema de tierra prensada como el paramento que divide fases de la muralla (8-i,2).

Una vez en la calle Clavelicos (fot. 9-i), tanto su parte derecha, que da sobre la muralla, como la izquierda, que se encuentra igualmente sujeta por otra secuencia de muro romano, como se verá después, forman un complejo que se alinea entre los citados sistemas de muros. A derecha de la calle Clavelicos (fot. 9-i), hacia el centro de la misma, un propietario nos informó sobre la existencia de una cueva (nave abovedada) en su casa, pero se vio forzado a destruirla para adaptar el espacio a su casa.

La noticia sobre la antigua configuración de esta calle, es la de haber sido toda una red de naves que, alineadas en batería, se encontraban a lo largo de toda la calle. El resultado de lo que ahora se puede ver no es otro que el remozamiento de todos los sistemas que han sido adaptados a vivienda. Es decir, las casas modernas que se pueden ver no son más que el reciclaje de los sistemas murados romanos, cuyo testigo más claro lo constituye el fondo de la totalidad de ellas, como se verá en algunos casos analizados.

Partiendo de nuevo desde las cercanías del tramo almenado, nos encontramos con el testimonio que se esperaba: muro romano en la base del sistema de muralla (fots. 10-i; 11-i; 12-i). En el primero, se ve la técnica del opvs incertvm, algo retocado por los modernos. Los para-mentos laterales registran, como es normal, alzados con la misma técnica. Debido a la imperme-abilidad que provocan los gruesos muros, al no derribarlos, la humedad se ha apoderado de las partes bajas y, por ello, se han destinado a espacios de desahogo y corrales para animales. No se ha detectado pavimento alguno, salvo en sistema de empedrado que ciertos de los propietarios han realizado sobre el antiguo suelo de roca madre. En los detalles que se presentan en las fotos 11-i y 12-i, se pueden ver sucesivamente las estructuras de fondo tanto del paramento principal como de los laterales, observándose la técnica de construcción romana. Las divisiones, en este último detalle, han sido realizadas de forma artificial, y no se corresponden con los módulos romanos.

Al mostrar una perspectiva desde la zona alta de las almenas, se ha tomado, en la parte de Poniente, perteneciente, en parte, a este sector, una serie de muros que se encontraban sin montajes modernos, como es el indicado en el punto 13-i,3. Es importante esta observación porque nos hacer ver el estado casi original de la antigua estructura.

Bajando por la calle San Crescencio, nos encontramos de frente con la secuencia de la calle Clavelicos, cuya parte frontal queda dividida por toda una secuencia de muros, como se verá después (fot. 14-i).

Saliendo de la misma calle, desde otro ángulo, se tiene a izquierda, unas casas que se apoyan sobre el muro de cierre procedente del sector J, para morir al final del nuestro. A dere-cha, otra serie de viviendas que, como se verá a continuación, se encuentran divididas por un muro romano paralelo al de la muralla (fot. 15-i).Una vez girado a izquierda, entramos en otro alineamiento de los provocados por estas estructuras que, al parecer, guardan una relación, por lo menos, de construirse en paralelo a lo largo de toda la mayor parte de la vertiente de Po-niente. Así, en la misma calle Morería Alta (fot. 16-i), nos encontramos con una secuencia de fondo, formada por un muro romano que divide diametralmente todo el sistema de casas modernas, dejando por delante otros espacios que nos dan señales para admitir los indicios de muros alineados, y que conforman una serie de sistemas paralelos (fots. 17-i; 18-i).

Hacia el final de la calle Clavelicos se encuentra un salida, en sentido vertical a la misma (fot. 19-i), a cuya derecha hay una serie de estructuras romanas reutilizadas (fot. 20-i), obser-vándose claramente la composición de sus paramentos de opvs incertvm. Dividiendo la calle Clavelicos, nos encontramos una nueva bajada que llega hasta el centro del sector K, y cuya calle superior está formada, en gran parte, por el muro de contención y el relleno que se ha practicado sobre el hueco que dejaba, y el paramento superior de la calle Morería Alta. Los alzados que se observan en esta calle, que es artificial, muestran al exterior la estructura antigua de su aparejo, aunque en algunos el revoque moderno es muy marcado (fot. 21-i).

Visto desde la parte inferior el final de la calle Clavelicos, con sus casas adosadas al sistema de muralla de base romana, se puede comprobar que los paramentos de la calle ascen-dente (fot. 22-i), en su parte derecha, según se sube, se tienen aún los muros de estructura romana, que se siguen usando como corrales; mientras que, a izquierda, ya se han reutilizado para vivienda, aunque las zonas bajas han sido también destinadas a corrales y espacios de desa-hogo, como se ha podido comprobar en 19-i.

Los muros de la parte derecha de la calle, según se desciende, muestran evidentes seña-les de rechazo al revoque moderno. Este fenómeno suele ser bastante frecuente, cuando los aparejos tienen al exterior tan sólo piedras, y éstas de cierta magnitud. El hormigón o argamasa moderna no tiene la suficiente consistencia como para adherirse a una piedra con superficie lisa.

En la bajada que se encuentra en el punto de cruce entre el final de la calle San Miguel y el comienzo de la calle Antigua, se puede ver toda una serie de escalonamientos en las reutilizaciones, que se han producido de todos los paramentos y estructuras romanas situadas a lo largo de toda ella. Para poder ocupar estos espacios, ha sido necesario construir escalones de acceso, como se ve en la foto 23-i,2.

Si continuamos el descenso por la citada calle, se llega a un espacio cuyas estructuras se encuentran divididas y, a su vez, reforzadas por el mismo sistema de muro de contención o aterrazamiento que el que se ve en K (fig. 17). Las estructuras que se han encontrado dentro del recinto, situadas a derecha de la imagen, son la continuación de las que se han visto en el citado sector, aunque no con la misma función (fot. 24-i).

Sobre el origen de la calle de descenso, hay que decir lo que ya, de forma sistemática, se viene comprobando en todo este espacio: es una calle artificial, y que ha sido rota la continuidad del murallón romano que procede, desde algo más lejos, del sector K.  

Ya dentro de este espacio, se puede comprobar, sobre los cortes dados, una serie de estructuras calificables como piletas de salazones, dos de las cuales se pueden ver de frente y dos junto al muro romano del que parecen salir como si se encontraran enterradas por el mismo. En la foto 26-i, se indica la ubicación exacta de cada una.

Por otro lado, se piensa que aquí se ha roto gran cantidad de material romano tanto por los que construyeron el antiguo horno de pan como, después, por los que han realizado el rebaje del terreno. En la foto 26-i, se puede ver, de forma más concreta, la existencia de las piletas de salazones. La maleza crecida sobre este espacio impide ver la unidad del conjunto. Sobre estas estructuras, o piletas, se observa la existencia un gran murallón de hormigón romano que, en estos momentos, alcanza casi los 4 m de altura, con un grosor aproximado de 1,45 m. Como dato de interés se puede comprobar que la técnica seguida en época medieval en el uso de la tierra prensada para los murallones, se puede fundamentar en la que se nos muestra a través de este sector: son auténticos cubos de hormigón romano u opvs caementicivm o caementvm sin piedras en su composición, usados en todo el lienzo de fondo de este espacio. Murallón que fue reutilizado por los modernos como estructura o elemento de fondo del horno de pan. Aún se pueden ver los ladrillos que conformaban su estructura abovedada semiesférica del mismo (fot. 28-i).

Detallando más la imagen, sobre la presentada anteriormente, podemos identificar en 29-i,2, la ubicación de una de las naves que se detallan más en las siguientes fotos (fots. 30-i; 31-i). En la parte izquierda de la primera (fot. 30-i,3), puede verse cómo la pileta se encuentra sobre un espacio excavado en la roca, adentrándose hacia el muro de fondo, pero sin saber si se sitúa en su trazado sobre él, o termina antes.

Por todos los indicios, parece que el muro se ha levantado sobre roca y la pileta ha sido rota por el mismo. Ello nos puede llevar a establecer una prioridad cronológica de un elemento sobre otro. En la perspectiva tomada sobre otro ángulo, se puede observar cómo el espacio existente entre muro y pileta es demasiado corto. Por ello, pensamos que las piletas son anterio-res al muro (fot. 32-i,1).

En cuanto a la composición del murallón de contención, se puede indicar que se encuen-tra montado sobre roca, con un paramento formado por cuatro lienzos de piezas en forma de prisma, construidos con hormigón romano. Encima de él se puede observar una segunda fase con técnica diferente, que se asemeja más al opvs incertvm en su composición interna, lo que nos dice bien claro que su altura era superior a lo que actualmente se puede comprobar. Con relación a su continuidad, es probable que se prolongara hasta enlazar con el murallón medieval de cierre del sector J (fig. 16). Lo que sí queda bien patente es que tal murallón romano sirve de punto de apoyo a todas las estructuras modernas que se encuentran adosadas a él a lo largo de toda la calle y los sectores siguientes, y que los muros de la mayor parte de todas las edifica-ciones dichas, forman parte de los elementos romanos que aquí han existido. Este tramo es un eslabón más en toda la cadena y sistemas de aterrazamiento del gran sector oeste de la ciudad, situado encima del área eminentemente industrial del Majuelo.

Las piletas de salazones presentan un aparejo de opvs caementicivm en sus muretes, con revoque idéntico a los ya analizados en otros sectores de carácter industrial. Los muretes que dan a la roca son más delgados que los otros.

La secuencia de piletas que se puede ver en 26-i, de izquierda a derecha, dan las siguien-tes medidas: 1ª: anchura, 2,80 m; 2ª: altura, 1,34 m, anchura, 1,17 m; grosor de los muretes, 0,85 m 3ª: altura, 1,32 m; 4ª: altura, 2,50 m, anchura, 1,62 m, grosor de murete, 0,33 m. La falta de otras medidas se debe a la imposibilidad de poderlas tomar por no haberse realizado excavación alguna.

Siguiendo la línea del murallón, pueden verse dos muros que salen de su aparejo, con un grosor de 1,20 m, situados a una distancia de 3,30 m. Se piensa que formaban parte del sistema de estructuras romanas que se encontraban aquí y que se pueden comparar con el que se ve en la foto 34-i, 5, que forma parte, integrándose, de la estructura interna de la edificación que se encuentra a su lado.

                Como nota adicional, es preciso añadir que, sobre este mismo espacio, se ha descubier-to, mediante una excavación programada al respecto, toda una serie de piletas de salazones romanas pertenecientes a un sector calificado como los hallados en la zona del Majuelo. Su número ascendía, teniendo en cuenta que no se excavó todo el terreno necesario, a doce piletas de características diferentes a las que aparecen en superficie de este mismo terreno. La noticia se dio manifestando que se trataba de una nueva factoría de salazones de Almuñécar. En realidad, no es más que una parte más de todo el conjunto industrial que conforma Seks.

Conclusión del sector i

Lo más destacado de este sector viene marcado por el elevado índice de reutilización de los elementos arquitectónicos romanos en él. Se piensa que estamos ante un sector más, de esta zona de Poniente donde los aterrazamientos por medio de grandes, fuertes y elevados muros, son la nota más destacada.

Al formar parte del citado sistema, se tiene una clara visión, de cuál es su finalidad: los aterrazamientos pretenden el equilibrio del quebrado terreno para hacerlo viable con fines industriales, como se puede concluir a la vista de los hallazgos reiterados de piletas. Ya se ha visto en K toda una manifestación en este sentido, con depósito de agua incluido.

Se han constatado, en la parte superior del sector, compartimentos y restos de muros con la estructura general muy alterada; ignoramos si han existido realmente naves, salvo una que no se ha podido fotografiar por haberse derrumbado y desescombrado, pero que nos da pie para generalizar el fenómeno ya que todos los propietarios de la calle Clavelicos hablan de sus antiguas casas con elementos arquitectónicos de este tipo, sobre los que han levantado sus pro-pias casas.

En cuanto a la parte baja, que ya nos da señales de presencia de elementos industriales, piletas, puede constituir un segundo aterrazamiento, y cuyo muro de contención se ha podido analizar aquí.

Las fuertes pendientes que se ven en las calles no son más que la consecuencia de las roturas practicadas, desde época medieval, sobre los sistemas de muros de contención de terra-zas, con el fin de ocupar todos los componentes que se encontraban sobre ellas. Para el romano no había más que la pendiente propia del sistema escalonado al levantar sus estructuras, pero era casi rectilíneo y si existía algo de pendiente, debió ser muy ligera.

El ascenso a esas estructuras se haría en sentido horizontal y no vertical, como preten-dieron e hicieron ya los musulmanes.

Las empinadas cuestas actuales tienen su origen en la rotura del sistema romano, para acceder por el medio más corto a todas las áreas, y es precisamente el sector de Poniente el que muestra los aterrazamientos más en paralelo y, por tanto, él ha provocado mayor desnivel en las actuales calles, como bien se puede apreciar.

Resumiendo todo lo expuesto, se puede afirmar que este sector se enmarca dentro de las estructuras que se consideran industriales y destinadas al almacenaje.

En cuanto a la cronología, tan sólo se puede decir que se ven los elementos abandona-dos y con las superposiciones de los que se construyen encima, pero ignoramos su fecha aproxi-mada, o no disponemos de las técnicas necesarias para poder establecer una cronología evolu-tiva con un mínimo de coherencia y fiabilidad.

SECTOR J

El estudio de este sector comporta una cierta complicación, no por los materiales en sí, sino porque la conexión de sus estructuras, en parte, con las del Majuelo, es muy directa. Así que contamos, en primer lugar, con los puntos bajos de la zona en cuestión, que no son más que la prolongación de los espacios enterrados de la factoría antedicha.

Nuestro estudio se asienta sobre las estructuras que se encuentran actualmente sobre superficie y que forman parte tanto de las edificaciones modernas como de los elementos situados debajo; por lo que las precauciones en la clasificación de ellas y su interconexión, deben ser ineludibles, dentro de las posibilidades que hay que establecer para cualquier tipo de relación.

Sabemos, por experiencias tenidas años atrás, con motivo de los rebajes de terreno lle-vados a cabo en la misma línea del Majuelo, pero algo más al Norte, que determinadas unidades de estructuras industriales, fueron destruidas por la máquina excavadora justo donde hoy se encuentran edificaciones modernas en el Callejón de la Najarra. Se trata, pues, de una misma secuencia, y ello nos lleva a concluir, con cierta fuerza, que los elementos industriales propia-mente dichos, del Majuelo, abarcaban todo lo que es hoy el área de la calle Nueva y Callejón de la Najarra, extendiéndose hasta el espacio que hoy se conoce como edificio Galiardo (antiguo cine), lugar donde realmente han aparecido los últimos elementos de formas romanas (fots.54-57Y).Efectivamente se ha podido comprobar que, a partir de este límite, aparecen restos de construcciones romanas que tienen todos los indicios de ser los últimos reductos de la factoría, a esta cota de nivel. Hay testimonios de rebaje de terrenos, donde se ha podido comprobar este fenómeno (rebaje del solar del antiguo cine Galiardo (ver fotos adicionales; solar jardín del Dr. Álvarez) y, por último, la profunda zanja llevada a cabo en la construcción del mercado nuevo (sin restos de ninguna clase) que, en cierto modo, nos sorprendió, por la cercanía a la muralla medieval y estructuras romanas). Como resumen de todo esto, reiteramos la estrecha relación existente entre este sector y la factoría del Majuelo.

El recorrido descriptivo comienza en el torreón situado en la esquina noroeste de la factoría del Majuelo. Se trata, pues, de una construcción romana, de fuerte consistencia arqui-tectónica, ampliada en fase medieval, con el fin de levantar un torreón defensivo, uno de tantos que fueron reutilizados a lo largo de todo el sistema amurallado de la ciudad, en esa época e, incluso, en la moderna (fots. 1J; 2J; 3J).

En el punto 1J, tan sólo se nos indica la situación, como punto de integración en el sistema de estructuras del Majuelo.

En el punto 2J, precisamos algunos datos de interés arquitectónico, como son los restos de construcción, según la técnica romana (2J,1), la superposición del elemento musulmán y moderno encima de las bases romanas (2J,2) y, por último, la continuidad, a través de para-mentos modernos con reutilización de los sistemas de muros, que fueron romanos, y que se reutilizaron para el levantamiento de todo el lienzo de muralla periférica de la ciudad medieval moderna.

En el punto 3J se marcan los indicios de continuidad de muro romano, tanto en sentido a izquierda (3J,1), como frontal, casi vertical al Callejón de la Najarra (3J,2). La altura del muro romano aquí, puede alcanzar los 4,50 m, y su grosor, aproximadamente, los 1,45 m. La secuen-cia de estructuras que se estudia corre paralela a la del Majuelo, hasta tal punto que, muchas de ellas están divididas, participando de ambos espacios. La única diferencia se establece sólo desde el punto de vista técnico, ya que se ha hecho una división de la factoría, estimando que constituyen parte de ella tan sólo las áreas que registran piletas y las construcciones que, anejas a la misma, han ido esporádicamente apareciendo.

Así, en la foto 4J, puede verse cómo toda una cadena de muros o sistema amurallado, se encuentra completamente unido a los elementos industriales que últimamente aparecieron, como integrantes de la factoría. Puede verse en este detalle cómo también la rampa, con canali-zaciones interiores y exteriores, queda formando límite físico con la secuencia de muros que se estudia en este sector.

En las estructuras murales, se ven con mayor detalle, sobre la foto 5J donde se marca lo que se considera parte de nuestro estudio y dejamos, por ahora, lo que se piensa ha sido objeto de otro trabajo.

A través de toda la secuencia que se indica, se observa que los muros se subdividen o presentan paramentos con aparejos que parecen no ser toda una continuidad. Y es cierto. La razón se debe a que cada espacio queda demarcado por el ámbito o dimensión que tiene la estructura que se encuentra justo detrás y, por tanto, esa presunta continuidad no tiene razón de ser por el fraccionamiento que reciben cuando los paramentos posteriores son los que determi-nan los puntos de división de los diferentes espacios con que se corresponden.

Según este criterio, en la fotografía 5J, se pueden precisar cinco espacios que ofrecen, dentro de cierta continuidad de forma externa, un aparejo en modo alguno homogéneo. Y ello se debe a la razón que acabamos de exponer: discontinuidad en la parte posterior, debido a que se corresponde con espacios absolutamente diferentes.

La foto 6J es una prueba de los materiales que se vienen utilizando en toda la secuencia de estructuras industriales o edificios públicos. En este caso se tiene delante un muro pertene-ciente a un probable alzado de un mercado romano, que da sobre las estructuras industriales de la factoría del Majuelo. En las técnicas de construcción se ve cómo se usa el aparejo de piedra vista, según el procedimiento del opvs incertvm, y el ladrillo, alternando con un espacio muy concreto del alzado de este muro.

En la foto 7J se puede contemplar la escalinata adosada al muro principal del citado foro. A su vez, un canal de desagüe, a la derecha, se introduce en el conjunto general de la facto-ría para recoger las aguas residuales de la elaboración del pescado. Sobre el centro del muro frontal hay una especie de abertura semitaponada, que daría acceso a un posible sótano o depó-sito situado justo debajo del suelo de la plataforma del foro. Un muro de opvs quadratvm forma el límite entre el suelo y el posible depósito antes citado. Todo ello nos lleva a concluir que esta parte ha sufrido alteraciones arquitectónicas a través de la historia de la factoría. Es probable que la escalinata pusiera en contacto la factoría de abajo con las zonas más elevadas, también ocupadas por piletas de salazones y depósitos de agua, como se verá más adelante.

Dentro de la consideración general del aspecto que presentan las formas que limitan con el área de este trabajo, es conveniente destacar, aunque tan sólo sea como noticia breve, la presencia de un complejo arquitectónico que antes se ha nombrado: el mercado o foro. En efecto, en la foto 8J mostramos algunos componentes estructurales de su alzado (que no han sido incluidos en la planimetría general ni sectorial). Se indica sobre esta visión parcial el área superior de esta estructura (8J,2) y la secuencia de fondo donde se puede ver el sistema de muros romanos que es objeto de nuestra atención.

En la fotografía 9J, se observa cómo se elevan algunas de las formas, probablemente para constituir paramentos de las estructuras, objeto de nuestro trabajo, pero, como se ha dicho antes, es un poco problemático determinar dónde empieza uno y termina el otro, o viceversa; razón por la que no queremos entrar en materia, en esta perspectiva de edificio público, ya que consideramos que se trata de un elemento integrante de la factoría del Majuelo, como trabajo ya realizado y publicado.

En la foto 10J, se puede ver, con mayor precisión, el área del probable mercado y, sobre todo, el espacio de fondo, donde se quiere hacer resaltar la diferencia de línea en el paramento de los diferentes espacios que se ven aquí. Las líneas divisorias nos las ponen al descubierto las propias viviendas que están reutilizando toda esta secuencia, pero que, insistiendo en lo antes dicho, se piensa que son paramentos que casualmente, para nuestro trabajo, constituyen los muros de fondo de toda esta secuencia, en paralelo, de alineamientos de naves que se encuen-tran, como se verá más adelante, a la espalda de la zona en cuestión.

La fotografía 11J muestra uno de los posibles sistemas de almacenaje bajo el suelo del foro. No tiene aspecto de ser un depósito de agua por carecer de opvs signinvm impermeabili-zante.

La foto 12J refleja la mayor parte de la solería de la plaza o foro, con restos de edifica-ciones que se levantan en distintos puntos de su trazado, casi todos, puntos del sistema de almacenaje, pero no depósito de agua, como ha quedado reflejado antes. El suelo debió estar enlosado con material de mármol, como se verá en detalles siguientes. El suelo actual muestra las improntas marcadas por la citada solería.

La fotografía 13J nos indica parte de la solería, los muros colindantes de la parte del foro, que ha debido sufrir mayor modificación, ya que su aparejo colinda con otras estructuras romanas que tienen características algo diferentes de las del Majuelo, dando a otra parte de la ciudad moderna, como se verá más adelante.

La fotografía 14J nos muestra ya la solería con improntas, y parte de ella con restos de baldosas de mármol blanco (fot. 14J,3), a la vez que los punto de acceso a los elementos arqui-tectónicos que se encuentran debajo de este suelo, y parte del alzado que limita con las formas colindantes de la calle Nueva (fot. 14J,1).

La fotografía 15J refleja, en el centro del foro, el alzado de escasa altura, que indica el acceso a los depósitos subterráneos, así como los muros de alzado que delimitaban el conjunto del foro.

La fotografía 16J señala la parte central del foro, donde se ven restos de edificaciones, en forma de muros, muy deterioradas, y con restos de solería de mármol blanco.

Las fotos 17J y 18J muestran principalmente los restos de solería de mármol blanco, donde se puede ver que tiene un tamaño diferente: unas losas son cuadradas y otras rectan-gulares. Se nota que todo este conjunto ha sido usado como cantera de abastecimiento para construir, con sus preciosos materiales, edificaciones modernas.

La foto 19J señala la entrada en el conjunto de piletas del Majuelo, del canal de recogida de aguas residuales procedentes de los sistemas de salazón que existieron en las zonas superiores del conjunto romano. Se puede ver la diferencia de cubierta que trae dicho canal: hasta llegar al Majuelo viene cubierto con bóveda de medio cañón; mientras que, a partir de este punto, discurre cubierto con simples lajas de piedra, o bien descubierto a través de casi todo su trazado (fot. 20J). Pero, después de unos 25 m, vuelve a ser cubierto con lajas de piedra y bóve-da de medio cañón, hasta desaguar en la zona portuaria de la gran factoría, terreno que sigue enterrado después de haber sido excavado en los años ´60 por el profesor Sotomayor, y que dejó al descubierto los posibles puntos de amarres portuarios de las embarcaciones. Esta valiosa zona arqueológica fue enterrada por decisión del Ayuntamiento de la ciudad en esos momentos, para construir el jardín moderno encima de ella.

Siguiendo la enumeración de todos estos muros indicativos, podemos ver con claridad cómo en la foto que nos muestra la secuencia de paramentos posteriores, se nos distingue dónde empieza una línea de naves, dónde termina y comienza, a su vez, la siguiente. Así, en la foto 21J se diferencian cinco niveles arquitectónicos distintos. Como nota de interés, añadimos, a propó-sito de esta imagen, una indicación del sistema de construcción de muros o murallas de conten-ción que ya se ha enumerado en otro sector (figs. 17, 19 y 31, como más representativas). Se trata de un escalonamiento producido en la muralla, de forma que, aprovechando la pendiente de la roca, se llega a construir lo que se viene considerando muros de aterrazamiento (fot. 10J,2).

La foto 10J,1 nos muestra una panorámica que abarca parte de la zona del Majuelo y la casi totalidad del sistema de muros alineados que se vienen exponiendo como elementos a estudiar. En 10J,1,3, determinado el espacio del que se viene hablando, intentamos presentar una visión de conjunto de toda la secuencia de muro, encima del Majuelo. Pero esta continuidad no se interrumpe en los puntos que se indican, sino que se continúan a través de las estructuras defensivas del Castillo de San Miguel, donde, en otro lugar, podremos ver la continuidad del sistema que se inicia en nuestro punto de partida.

En la foto 22J, se puede apreciar la presencia del antes citado muro de contención esca-lonado (fot. 22J,2), las secuencias de paramentos terminales de las naves o espacios situados inmediatamente detrás de los muros que se ven en 22J,1,3; y, por último, lo que se considera, por noticias que se tiene de ella, la Puerta del Alcazaba, de la que nos resta una gran parte de su alzado. Se piensa que el componente externo, que hoy se ve en el aparejo de tal puerta, es medieval, sin dejar de pensar que el núcleo interno pueda ser de origen romano.

En la perspectiva que presentan las fotos 23J y 24J, se puede comprobar el sistema escalonado de las distintas partes de que se compone esta secuencia, corroborando con ello nuestra opinión de que no se trata de un muro unitario, sino más bien de las espaldas de edifi-caciones situadas detrás de las que hoy se ven. Precisamente ese escalonamiento es provocado porque las diferentes estructuras que tienen detrás lo exigen, a la vez que queda bien delimitado por el aspecto externo que nos ofrecen los paramentos, al corresponderse cada una con una estructura diferente.

A continuación de la citada puerta, nos encontramos con un gran lienzo de muralla, cuya composición interna y externa presentan indicios de ser medievales. Pero la base sobre la que se asienta, debe corresponderse con elementos romanos que, como se ha comprobado desde el Castillo de San Miguel hacia este sentido direccional, hay fuertes muros romanos que cierta-mente tenían algo que ver con las posteriores manifestaciones de sistemas de murallas defen-sivas. Este espacio (fot. 25J) ha sufrido un fuerte deterioro, debido al mal estado de conserva-ción desde tiempos atrás, y una parte de él se ha derrumbado hace unos meses. Sería de gran interés comprobar, con motivo de esa caída, la existencia de un aparejo diferente, por lo menos en su base. Téngase en cuenta que el muro que parte del foso del Castillo de San Miguel en sentido norte, tiene varios espacios en hueco, dando la sensación de que se ha producido de-rrumbe a causa bien de fallo del terreno, bien a fenómeno de tipo sísmico (en el s. IV d. de C, por estas zonas hubo fuertes terremotos).

Ciertamente es algo incomprensible que se produzca una rotura en un sistema de cons-trucción que tiene una consistencia superior a todas las que posteriormente se han realizado en estas alineaciones defensivas. Sobre los mismos elementos que componen la Puerta del Alca-zaba, se puede ver la reutilización de los muros romanos en 26J,4; pero, además, es conveniente anotar que tanto los muros que corren hacia e interior de la citada entrada, como los que se pueden ver a ambos lados, están levantados con material reutilizado, con formas que, presumi-mos, han sido previamente o cantera de extracción, o simplemente destruidos. Obsérvese el material que se ve sobre el paramento interno de la entrada (fot. 27J,2).

En la línea exterior o fachada del murallón se ha tomado detalle de la base para hacer notar cómo cambia de aspecto en el momento en que se le ha caído el aparejo externo, dejando ver el interior, al que pudimos identificar como romano por su composición (fot. 28J).

El detalle que se presenta para hacer ver que la Puerta del Alcazaba, se encuentra en el punto que ahora analizamos, lo da el paramento interno del corredor, que se nos muestra com-pletamente rectilíneo hasta morir en la misma esquina y saliente de la parte baja de ese acceso (fot. 29J).

El gran lienzo de murallón que se nos conserva muestra, a lo largo de toda su base, una forma diferente a la del aparejo de la parte media y superior. En esta base, pues, se ve la se-cuencia de toda una cenefa de piedra que en nada se asemeja a la materia superpuesta (fots. 30J y 31J,2). En su parte interna (fot. 32J), queda claro lo que decimos, respecto al aparejo que se ha usado en su construcción: tierra prensada. Pero, como argumento de lo que tratamos de demos-trar, en las bases romanas, obsérvese la parte inferior de la foto 32J y se podrá ver la compo-sición del opvs incertvm en todos los puntos indicados.

Se ha venido diciendo que el pasillo corredor, que conduce a la Puerta del Alcazaba antes citada, tiene un aparejo medieval. Pero nos quedan dudas de si realmente lo es, porque hay bastantes indicios de que puede tratarse de una reutilización con ligera modificación del aparejo, fenómeno que se ha visto también en el sector T (fig. 31), donde la apariencia externa nos hace pensar en tal solución. Se cree que aquí ocurre otro tanto, sobre todo por la gran simi-litud de formas externas que se dan (fots. 33J; 34J), entre lo que aquí se ve y lo que hay consta-tado como auténtico romano en otros espacios (fig. 32).

Continuando, una vez pasado este pasillo corredor de la Puerta del Alcazaba, se ve ya desde la calle interior (Morería Alta) el murallón de cierre que termina en la puerta citada, y que va a unirse, para cerrar el recinto, a la muralla almenada que parte de la calle Antigua, y se encuadra dentro del sector i (fig. 15). En esta misma perspectiva, se puede ver, sobre los muros de las casas que dan a esta calle, en su punto terminal, secuencias de muros romanos reutili-zados como elementos de acceso, o simplemente como momento de arranque de los alzados modernos de las casas (fot. 35J,1). En este punto concreto se tiene atestiguado el murallón de cierre, mejor indicado en 36J. Los muros romanos reutilizados pueden verse en 35J,2,3,4.

Nos situamos de nuevo sobre el espacio posterior del murallón que da sobre el Majuelo, para estudiar las estructuras que hay en la calle interior. Ese espacio, el comprendido entre el murallón del Majuelo y la calle, o muro de calle, está ocupado ahora por una vieja alfarería abandonada, en donde han existido numerosas estructuras romanas, que hoy se encuentran rotas y los materiales reutilizados.

Los muros exteriores de este recinto, probablemente lo sean, como puede verse en los que dejan transparentar el paramento de este espacio cerrado (fot. 37J). Los sillares son bien patentes y parte del muro muestra indicios de piedras que nos dan pie a admitir que la técnica sea de época romana. La razón de esta formación se puede comprobar observando el aparejo que se deja ver a través de la capa de cal que recubre la pared y, sobre todo, en el espacio que a continuación se ve en conjunto (fot. 38J), y en detalle (fot. 39J). Aquí, en esta parte final del muro, se ve con claridad el apunte de aparejo romano en el suelo y se cree que su alzado tiene la misma identidad (fot. 39J,2). Su continuidad (fot. 39J, 1) se atestigua en los muros que se han tenido que romper para abrir un estrecho paso hacia otras dependencias superiores.  

En ese pequeño paso interior, que se ha citado, y penetrando en el reducto que com-prende, se localiza un área de viviendas modernas de una sola planta, en la que se puede observar que todos los paramentos son de opvs incertvm, recubiertos de cal moderna (fot. 40J, 1,2,3). Este espacio es una prolongación de las estructuras del alfar antes citado en esta misma dirección. Por lo tanto, se piensa que las estructuras murales que aquí se pueden ver y compro-bar no son más que supervivencias de todas las series que se han destruido dentro de la citada alfarería, en que algunas formas han quedado ocultas por la tierra y la maleza.

Una vez descritos los espacios superiores de las estructuras que se encuentran tras el murallón de tierra prensada, nos dirigimos a la parte inferior del muro romano que se ha visto encima de todas las dependencias del Majuelo. Justo en el punto 41J, se puede observar lo que, a simple vista, parecen casas modernas normales. Básicamente todos estos espacios edificados que aquí se puede analizar, no son más que antiguos compartimentos romanos con una fuerte reutilización mediante aprovechamiento de muros y fuerte revoque con mortero moderno. Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que las secuencias enumeradas en 42J,1,2,3, no son más que parte de toda una cadena de naves enrasadas, como se verá.

Introduciendo otro elemento atribuible a otro sector (fig. 37) por necesidad de comple-tar y dar más coherencia a la entrada a este espacio, del área que describimos, se quiere clarifi-car, mediante su información, que toda esta placeta se encuentra integrada en una de las estan-cias destruidas para poder ocupar las formas que se encuentran en todo este recinto.

Así, en la foto 42J,3, se puede comprobar la existencia de muros reutilizados en las vi-viendas modernas que se encuentran en torno al espacio que nos ocupa. Los puntos indicados en 42J,3, pueden verse de forma contigua en el paramento situado frente al que se ha tomado como referencia. La citada alineación se ve claramente en 43J,1,2,3, de tal manera que se pue-den ver naves que conservan su bóveda, y otras que han sido enrasadas, o bien se han caído.

Centrándonos en el punto 43J,3, se observa cómo, tanto en fachada como en interior, se detectan las estructuras murales y puntos de arranques de bóvedas que se vienen enunciando. Así, en 43J,1, se puede identificar el muro romano alineado con la calle actual y que se conecta con las estructuras interiores formando una unidad de naves. En el detalle que se presenta en 45J, fachada del espacio interior antes expuesto, se puede comprobar, aportando un poco más de precisión, la existencia de los puntos de arranque de una bóveda que ha sido destruida y de la que tan sólo nos quedan los muros extremos de la bóveda de nave (fot. 46J,1).

El punto 43J,1 nos señala, formando parte de esta secuencia, la entrada a unos espacios cuyas estructuras internas se relacionan estrechamente con las expuestas en 44J. El interior, situado tras esta puerta, no se ha podido fotografiar, pero conocemos su planimetría y cómo se entronca con el resto del sistema. En el punto 47J,3 se ve la entrada a este espacio, y en los otros elementos (47J,2), la necesidad de utilizar podivm para poder acceder a una nave estrecha transformada en vivienda; mientras que 47J,1, es tan sólo un solar de nave, situado al mismo nivel que los demás de este conjunto. Es probable que el motivo del podivm, que se ve en 48J, se deba a la existencia de estructuras subterráneas situadas bajo esta vivienda, hecho que es probable.

Una vez que se ha entrado por el punto 47J,3, y través de sus compartimentos, que son romanos transformados, pero tan sólo en su reparto, no en su composición, se llega al interior de la vivienda, y entramos en una de las piezas mejor conservadas de naves (fot. 49J). El acceso, como en la casi totalidad de las construcciones, es artificial.  

La puerta que hay en 49J2, ha sido abierta a golpe de pico. Se puede ver en esta pers-pectiva de la nave lo que se nos indica en la fotografía: puerta artificial (49J,2), y la abertura en el punto central de la nave, sobre su bóveda. Por lo demás, los paramentos se encuentran en una situación casi original: un ligero encalamiento del sistema de opvs incertvm en todo el alzado interior, bóveda incluida. Sus medidas son las siguientes: altura, 2,80 m; anchura, 1,80 m; lar-gura, 6,20 m.

En la foto 50J, se nos manifiesta como dato revelador la indicación del punto que se considera entrada del recinto. Dentro de los detalles a perfilar, se han de señalar esos datos que se consideran elementos arquitectónicos de nuestro estudio: la abertura que se observa en el centro de la bóveda de la nave (fot. 51J,1), se interpreta como único medio de acceso a este sistema; pero, además, se tiene que manifestar que, junto a este detalle formal, muy importante, se encuentra otro factor que hasta ahora no ha sido detectado en ningún paramento o nave ni nada similar: un agujero de 5 cm de diámetro, que nos indica el medio de respiración de este recinto. Es un dato de alto valor arqueológico, arquitectónico y funcional.

En el punto 52J, hay un detalle de lo que ha podido constituir el verdadero elemento de entrada a este sistema de nave. Su diámetro es aproximadamente de 0,50 m. Se encuentra tapo-nada con una piedra con agujero en el centro. Su forma es circular. El grosor de la bóveda es de unos 0,55 m (fot. 53J,2).

Comenzando por el primer subsector que, pensamos, tiene muros romanos a sus espal-das, detrás del Majuelo, se presenta, en primer lugar, un pozo cuyo aparejo y composición inter-na es imposible de mostrar ahora, pero que tiempos atrás pudimos ver que se trataba de una reutilización de un elemento romano destinado al abastecimiento de agua de las estructuras industriales del Majuelo. Su aparejo usa la técnica del opvs incertvm; su diámetro es de 1,45 m, incluido el grosor del murete del brocal. Su forma es circular.

Continuando la descripción, nos encontramos con un pasillo artificial que da acceso a las partes interiores de los espacios romanos que se sitúan detrás de los muros continuados del Majuelo. El paso mide alrededor de 1,60 m. El muro derecho, según se entra, 10,56 m de lar-gura; el de la izquierda, 12,70 m. Tanto al fondo de uno como del otro, se puede comprobar la existencia de unos lugares que no han sido casi alterados, y nos presentan unos paramentos de opvs incertvm bien identificables. Las demás paredes aparecen demasiado revocadas con mor-tero moderno (fot. 55J).

En la fotografía 56J,1,2, se ve el interior de la nave situada a izquierda del pasillo, según se entra. Pueden identificarse los muros romanos tanto en 56J,1, como 56J,2, con indicación de continuidad hacia partes interiores que no se ha podido fotografiar, pero que se sitúan como componentes de toda una secuencia de elementos arquitectónicos romanos. La altura de este paramento tiene un módulo tradicional: 2,30 m. Justo enfrente de este espacio de supuesta nave enrasada, se puede ver, en el alzado de la calle, otra forma paralela que acabamos de describir, con idéntica composición y altura, dejándose ver incluso el aparejo de opvs incertvm (fot. 57J ,2).

Al igual que se ha dicho para el anterior, este espacio de nave enrasada se continúa en dirección al Majuelo, donde tiene su muro final de cierre, fijado como límite de separación entre ambos sectores. La puerta que se ve al fondo de la imagen que se presenta, nos indica la conti-nuidad hacia las estructuras que finalizan en el Majuelo, situadas a corta distancia.

En ese mismo pasillo artificial que citamos al principio de toda esta secuencia, giramos en ángulo recto y nos encontramos con un espacio destinado a nave, cuyo interior mide 3,90 m de anchura; 2, 60 m de altura, y 5,62 m de fondo. Las paredes, como se puede comprobar, así como el fondo, son de opvs incertvm. Este punto terminal tiene detrás otras formas que no se han podido fotografiar, y que constituyen el final del sistema que linda con el Majuelo (fots. 58J; 59J).

Siguiendo por este intrincado pasillo artificial, nos encontramos en la propia calle, con toda una secuencia de muros de opvs incertvm (fot. 60J), formando los alzados de construc-ciones que debieron ser parte de la secuencia del Majuelo, como el resto de las edificaciones que encontramos aquí. Las medidas de los muros situados a ambos lados de este pasillo corredor, en el espacio situado frente al habitáculo 59J, son de 4,60 m y 5,45 m. Girando a derecha, el muro mide 3,05 m, y el que sigue, 5,20 m.

El espacio indicado en 61J, señala, en primer lugar, la existencia de un muro que da al pasillo (61J,2) y que constituye un elemento estructural perteneciente a una nave destruida, si se tienen en cuenta los parámetros exigidos para tales formas. El punto 61J,1 marca el espacio que ocupa una de las naves reutilizadas y que se encuentra a la otra parte del área que se estudia. Obsérvese cómo queda enmascarado el muro, mediante la cal moderna, dejando ver las huellas del opvs incertvm. Por último, en la parte donde se cierra completamente este pasillo, se ven casas modernas cuyos paramentos externos se encuentran sobre cimientos romanos, pero en su exterior no hay nada antiguo (fot. 62J).

Situados en el punto extremo de la muralla medieval que hay sobre la factoría del Ma-juelo, se puede ver uno de los torreones casi completamente destruido por la erosión, el mal uso y el abandono (fot. 63J,2) que, con más detalle, se puede observar en 64J,3.

                En la fotografía 65J se ve el límite entre el muro del foro y formas más antiguas de pile-tas de salazones, que han sido cortadas por la evolución del sistema. También se acusa del abuso de las obras modernas que han interferido en este sector.

                Las fotos 66J y 67J muestran de forma parcial el conjunto de parte de lo que fue la ma-yor zona de factoría de la parte de Poniente. Se observan los distintos sectores que componían su estructura, con muros de separación entre las diferentes unidades y tipos de piletas de sala-zones.

                Las fotos 68J, 69J, 70J y 71J demuestran lo que se viene afirmando: las diferentes tipo-logías de piletas y el abandono que se viene observando a través de la evolución de la industria. Igualmente se observan algunos desagües que sirven para limpiar piletas.

                La fotografía 72J muestra un recinto destinado a la preparación de los productos, tiene un pilar central que hace comprender que tenía cubierta, a dos aguas.

Conclusión del sector J

Los elementos y estructuras que acabamos de exponer aquí, nos llevan a establecer una serie de anotaciones encaminadas a tratar de definir lo que en conjunto, se piensa constituye este sector. Por una parte, se puede ver cómo se relaciona con el complejo industrial del Majue-lo, constituyendo una prolongación de las estructuras arquitectónicas en superficie, dentro de lo que se viene considerando parte alta del conjunto arquitectónico.

De todos los elementos vistos, el área que inmediatamente se sitúa a continuación de la factoría, está integrada básicamente por estructuras abovedadas, aunque tan sólo una se con-serve entera. Pero, en sus inmediaciones, se puede contemplar cómo se van situando los espa-cios pertenecientes a otras, que se han caído, o han sido enrasadas para construir modernamen-te sobre ellas. Aparte de lo que se ha considerado, se ve también la existencia de una serie de muros que han podido formar una cadena de cierre que pone límite a todo el sector del Majuelo. Hoy se encuentra ocupado por viejas alfarerías.

Por todo lo visto, se piensa que este sector se integra en las estructuras del Majuelo como elemento arquitectónico fundamentalmente destinado almacenar los productos que allí se elaboraban, es decir, son formas industriales que se encuentran anejas y reutilizadas moderna-mente como estancias o viviendas, pero que sus estructuras responden a los antiguos esquemas de naves abovedadas, en su mayor parte, y destinadas a ser utilizadas como almacenes.

SECTOR K

Iniciamos el proceso de análisis de este espacio situando topográficamente las áreas que se van describir. Los límites vienen marcados por las calles Morería Alta, Morería Baja y calle Nueva. Es preciso hacer resaltar que la zona de Poniente, en general, muestra unas caracterís-ticas peculiares que le son propias, y ello debido probablemente a que este gran sector se en-cuentra ligado al núcleo principal de elementos dedicados a la industria de salazones.

Si se observan detenidamente todas las estructuras, el carácter evolutivo se aprecia con más fuerza que en los sectores de la parte alta de la ciudad y zona de Levante. Éstos muestran una situación más permanente, mientras que los de Poniente manifiestan con más evidencia las transformaciones que han sufrido a través del tiempo.

No obstante ello, se hace hincapié en que la zona más baja de este sector en cuestión, se encuentra mucho más fuertemente vinculada a la factoría de salazones del Majuelo, de la que forma parte integrante, en su área alta y cuyas infraestructuras tienden más a ser espacios de almacenaje que elementos industriales, como ocurre en el Majuelo. Por eso hacemos esta breve reflexión antes de iniciar el recorrido descriptivo del mismo.

El primer núcleo que se estudia, elementos de la calle Martínez Rodas, hay que relacio-narlo con parte del sector P (fig. 27), ya que, tanto la parte superior como la media, según el desnivel que se observa, 8 m aproximadamente, nos indica que los muros de contención de terrazas se encuentran intercalados formando líneas ligeramente curvas por la configuración del terreno, y que se continúan a través de este primer espacio que nos disponemos a describir.

Así, el primer tramo de fachada que se ve (fot. 1K,1), probablemente tenga algún resto de paramento romano, cosa que no se ha podido confirmar analíticamente. Ello debido a la fuerte transformación que ha sufrido el subsector en general. Pero, dentro de una lógica urbanística, donde las estructuras romanas vienen siendo el soporte de todo lo moderno, qué duda cabe que seguirán constituyendo los paramentos romanos los puntos de soporte de todas las infraestruc-turas modernas que aquí se pueden observar.

Por otro lado, la dinámica iniciada desde época medieval para hacer de un complejo industrial un medio habitable, ha llevado al continuo proceso de abrir espacios que comuniquen unos sectores con otros, a costa de eliminar parcialmente algunos tramos de estructuras que los modernos consideraron indispensables para dar acceso a todos estos espacios inexplicablemente muy cerrados y sin sentido urbanístico propiamente dicho. Por tal razón, en esta primera calle y hacia la mitad de la misma, se ha producido la rotura intencionada de fuertes muros de conten-ción que se encuentran a ambos lados, tanto en el sector P como en el K (figs. 17 y 27).

El aterrazamiento es un fenómeno común en la zona de Poniente, debido al fuerte des-nivel que hay en corto espacio. Fue una necesidad primaria establecer esos contenedores para poder montar tanto los elementos de industrias como estructuras de almacenaje a través de todos los sistemas de escalonamientos de esta gran área. Testigos de tal técnica se conservan con gran claridad en el sector norte, situado entre la calle Antigua (primer tramo de arriba) y la calle Morería Baja (cfr. fig. 25).

Continuamos el proceso descriptivo en la calle Nueva, a lo largo de todo un paramento que se considera como reutilizado, pero muy alterado modernamente, que está ahí y se conside-ra como tal.

En un paso interior de esta manzana (fot. 3K, fig. 17), se observa en 3K,1, la existencia de un muro, recientemente destruido para ganar espacio, cuyas características son las propias del opvs incertvm. Como puede demostrarse, las piedras y argamasa procedentes del derribo apare-cen como testigos de tal indicación. Simultáneamente a tal derribo, se produjo un rebaje de terreno en el que aparecieron formas similares a las del Majuelo, con profusión de cerámicas que no pudimos estudiar y catalogar. Pero aquí nos remitimos a las manifestaciones arquitectó-nicas, que es lo que por ahora prima.

Los muros antes citados continúan en las estructuras de alzados que siguen de pie y se extienden hacia el interior de este espacio hasta constituir el límite de separación entre la calle Morería Baja y este tramo de la calle Nueva.

Si se observan los paramentos desde dentro, se ve que se encuentran muy ligeramente revocados, dejando traslucir la forma externa del opvs incertvm (fot. 4K). La presencia del ladrillo es un elemento nuevo (opvs testacevm), en los dos arcos de la entrada a este espacio (fot. 4K,2).

Antes de entrar en este patio, en el mismo umbral y junto al muro maestro de toda la calle, se ha realizado una excavación para reponer tuberías de agua. Aprovechando esta ocasión se ha podido comprobar que, justo debajo del citado muro, ha hecho aparición lo que se viene afirmando a través de nuestro trabajo: la mayor parte de los muros de casas modernas, o son reutilizaciones completas de alzados romanos, o aquellos se montan sobre los romanos constitu-yendo su verdadero cimiento. Aquí se pueden dar, de forma alterna, tales manifestaciones. Para nosotros constituye una prueba irrefutable de un dato que acaba de mostrársenos en este tramo de calle (fots. 5K, 6K, 7K, 8K). El grosor del muro descubierto permite levantar sobre el mismo todo el paramento de fachada moderna que hoy existe (fots. 6K, 2, 8K, 2). Simultáneamente se ha podido comprobar la existencia de una red de distribución de agua, con arqueta y ramifica-ciones de canales (fots. 5K; 7K).

Como puede comprobarse, las alteraciones que se han venido realizando a través del tiempo, quedan bien manifiestas en el aspecto moderno que presenta el patio objeto de estudio (fot. 9K). Puede comprobarse, y esto que quede como testimonio argumental de otras manifes-taciones de este tipo, cosa que haremos en otros espacios, que nada de similitud hay en el aspec-to de 30 años atrás en este patio, y lo que hoy nos encontramos (fots. 3K; 9K). El revestimiento de las paredes evita su identidad. En la fotografía más antigua (fot. 3K), se puede comprobar la técnica del opvs incertvm en los paramentos que entonces eran manifiestos. En el aspecto mo-derno (fot. 9K), no se ven arco de ladrillo, ni indicadores de alzado romano.

Este patio se continúa hacia el interior, hasta dar acceso a las estructuras que colindan con ambas calles (fot. 10K) y en donde se observa la existencia de estructuras antiguas con revo-que moderno y aperturas de accesos artificiales, como nota común a gran número de estancias en toda la ciudad.

Girando hacia la parte superior de este subsector y en la misma calle, se pudo tomar de-talle en una demolición practicada para ganar espacio, de la forma interna de uno de los para-mentos que se viene admitiendo como antiguos muros romanos. En efecto, aquí se puede ver cómo se ha levantado un muro que ofrece claras señales de reutilizaciones de materiales roma-nos. Se ve el ladrillo como componente dominante, la piedra pizarrosa y, de forma aleatoria, la toba. El tipo de ladrillo usado es el de mayor grosor, que se verá de nuevo en las naves above-dadas de este mismo sector. El módulo del muro es de 0,60 m (fot. 11K).

Continuando en el análisis de este paramento sobre la calle, nos encontramos con un final supuesto, donde aparecen las piedras de cierto tamaño al pie de muro y en un supuesto paso artificial (fots. 12K; 13K). Aquí se produce una encrucijada con cuatro direcciones, donde ha sido necesario romper para dar acceso a los distintos subsectores. Hay indicios evidentes que nos indican esta apertura (fot. 12K,1,2), notándose la continuidad entre el murete que sobresale de la pared (fot. 12K,2) y los restos que afloran sobre el pie del paramento (fot. 12K,1).

Siguiendo la descripción, tras un giro de 90 grados, pasamos a la calle Morería Baja, que va a ser la que más datos nos va a proporcionar. En primer, lugar se ven los altos podia que han sido necesario levantar para acceso de las casas. Se trata de claras reutilizaciones modernas, como se verá. Puede indicarse que la propia calle es un espacio reconvertido, ya que, cuando se abrió para la instalación de la red de alcantarillado, hubo serias dificultades por los fuertes muros transversales que debieron ser rotos para tales instalaciones (fot. 14K). Más adelante, se aprecia sobre el paramento romano, resto de muro que sobresale de la pared actual y que proba-blemente formaba cierre en este espacio (fot. 15K,1). En esta parte, donde se ubica el podivm de acceso (fot. 15K,2), se supone la existencia de un sistema que posiblemente sea un espacio de naves enrasadas, como se verá de seguido. Sobre el muro izquierdo (fot. 15K,3) se puede identi-ficar una reutilización de alzado de muro romano que enlazará con la parte interior de la zona de naves, y cuyos datos testigos podrán verse con claridad.

Si continuamos el análisis del paramento en cuestión, sobre la parte izquierda de la ca-lle, se observa la forma antigua de un paramento que se extiende a lo largo de todo este subsec-tor, indicándosenos, a su vez, la altura del mismo de forma espontánea (fot. 16K, 1,2). A lo largo de esta fachada, se puede identificar, después de lo dicho antes, la existencia de naves above-dadas cuya cubierta ha sido en unos casos enrasada, en otros, se les ha colocado un falso techo (fots. 17K; 18K). No se puede decir que el paramento alcance tan sólo la altura que se presenta en 17K,2, sino que puede alzarse hasta mayores proporciones, como puede comprobarse en el análisis del paramento en 19K,1.

La existencia de los podia para acceder a las casas que se encuentran en esta fachada de la calle (fot. 20K), indican que bajo ellas hay una cadena de estructuras que se consideran naves, aunque los techos abovedados se encuentren enrasados. De esta manera se respetan los fondos que pertenecen a otras viviendas y que se encuentran, en parte, bajo el nivel del suelo, sobre la calle en cuestión.

En una apertura artificial de la calle (fot. 21K), nos encontramos con un paramento cuyo aspecto externo acusa un saliente y la técnica del opvs incertvm en estos subsectores. Igual-mente, enfrente del mismo, se puede identificar otro paramento de tales características (fot. 22K) y que, además, queda corroborado por la presencia, sobre el suelo, de un muro testigo dé-bilmente destacado. Por tanto esa entrada se puede considerar artificial y probablemente, según los datos últimos de que disponemos, se realizara en época medieval, aunque los depósitos de líquidos que se han descubierto recientemente, utilizando dolivm semienterrados, nos ofrecen una nueva versión sobre la cuestión: es una forma abierta, sin techumbre, pero cercada de siste-ma de muros. Se demuestra que el terreno se encuentra muy alterado, y con áreas que han sufri-do fuertes cambios durante la repoblación cristiana.

Se piensa que no sólo este sector, sino los interiores de las naves, también estuvieron dedicados a este u otro tipo de almacenaje.

Dentro de este complejo hay estructuras que han perdido su finalidad originaria, como son los arcos que se pueden ver al fondo del paramento romano (fot. 24K,1, 2).

De forma coherente es preciso dividir este subsector en dos partes para describirlo: área subterránea y espacio superior. En cuanto a la primera, se puede decir que está compuesta por tres series de naves de las que tan sólo se conservan dos de ellas; mientras que las restantes, o han sido modificadas o destruidas.

La primera serie de naves podría situarse sobre el espacio que marca la entrada a este subsector (fot. 25K,5). La segunda serie se corresponde con la ya existente y que se localiza para-lela a la supuesta primera (fot. 26K). Sus medidas son las siguientes: largura, 6,38 m; anchura, 3,40 m; altura, 2,70 m. Esta nave muestra, a su entrada, una alteración de planta sufrida en el tiempo, y razonadamente se piensa en una modificación de época romana posterior (fot. 25K,3), apreciándose usos de ladrillos que no se corresponden con la edilicia estrictamente clásica.

El paramento divisorio de fondo está construido con la técnica del opvs incertvm. La bóveda, algo rebajada, ha sido levantada utilizando el sistema conocido como opvs testacevm, y cuya estructura secundaria está compuesta por dos tipos de ladrillos: uno grueso, de 0,06 m, y otro de 0,035 m. Ambos tienen la misma anchura y largura: 0,28 m x 0,22 m respectivamente. La secuencia de los mismos en el aparejo, es una alternancia de dos gruesos por tres finos. El opvs incertvm de sus paramentos laterales comienza en los cimientos y termina en el punto de arranque de la bóveda.

Casi en el centro de la cubierta, hay una abertura enmarcada por bloques de piedra toba. Se piensa que este es el antiguo medio de acceso. Su medida es de 0,60 m x 0,50 m (fot. 27K). Esta supuesta entrada se encuentra taponada con piedras y técnica, de época. Entrando por su puerta artificial, no presenta una línea homogénea, sino un refuerzo o engrosamiento que, en línea oblicua, se dirige por su parte izquierda, hasta el punto de su fondo, que mide 3,85 m. Justo delante de esta nave hay un espacio que debió estar ocupado por otra, ya que guarda las mismas proporciones y se encontraba comunicada con la segunda por medio de otra puerta de época romana posterior (fots. 38K,1; 39K). Las medidas de la supuesta nave son: 5,40 m de largura, y 2,70 de anchura. A continuación se observa otro espacio, que también debió formar parte de la infraestructura de naves, y que se adentra en la vivienda que actualmente se encuen-tra frente a la misma, formando parte de esta red o encadenamiento de elementos arquitectó-nicos. Su longitud es de 2,20 m. La anchura coincide con la anterior (fot. 40K). Su paramento se identifica con la continuidad marcada sobre el actual suelo (fot. 31K,1), en donde se aprecia con toda claridad su secuencia. A su vez, la existencia sobre el suelo de un arco de ladrillo, en línea con el muro, de una anchura de 0,60 m, nos hace suponer que se trata de una estructura que, tiempos atrás, tuvo un nivel real muy por debajo del que se observa ahora. Los restos hallados dentro de ella, nos hace pensar en una reutilización en época medieval como horno o similar, al haberse encontrado en su interior bastante carbón (fot. 48K).

Si nos adentramos por el punto 40K,2, pasamos al otro sistema de naves que, tiempos atrás, mostraban el aspecto que se indica en primer lugar (fot. 33K), y que hoy nos presentan ya lo que realmente eran (fot. 34K). Las medidas de esta nueva nave son: largura, 8,57 m; anchura, 3,90 m; altura, 2,70 m. En el punto de separación lateral de estas dos naves se puede observar la existencia de dos pasos originales, con arco de medio punto alterado. Las luces aproximadas de ambos arcos son de 1,30 m (fots. 35K; 36K). A su vez, frente a esos dos arcos, hay una abertura que muestran uno de sus lados, muro con aparejo correcto, mientras que el otro, aparece roto; lo que nos hace pensar que era una especie de salida al exterior. A causa del ensolado moderno no se puede conocer la altura real de la misma. Su anchura actual es de 0,85 m, y su altura (sin tener en cuenta la parte rota), 0,55 m.

Si se observa con detalle el punto 38K, todo parece indicar que esta nave o bien ha sido más larga de lo que muestra, o bien se ha producido una alteración en el tiempo, como es el añadido que se ve en 38K,1, que, a su vez, presenta una abertura en la bóveda (38K, 2). El hecho de que aparezca tal agujero 38K,3 y, a la vez 38K,1, que es un paso, nos hace pensar que lo del techo es lo más antiguo, coincidiendo en la forma y medidas con la de la otra nave, que era más larga de lo que ahora muestra, ya que este tipo de entrada es el tradicional romano y, por tanto, la nave ha sido acortada, cambiando su sistema de acceso por una puerta que la comunicaba con otra nave situada justo al lado, por el punto 38K y 39K.

La segunda línea de naves se continuaría ocupando el espacio que hay delante, y que mide 7,53 m. La anchura de su muro es de 0,60 m, más el grosor interior de la nave. Este sistema se continuaría a través de las casas modernas actuales hasta por lo menos el final de este subsector. En su parte frontal se pueden observar dos arcos de distinto nivel: el primero, con una altura de 1,45 m; luz de 2,10 m, y fondo de 1,10 m. El segundo tiene una altura de 2,80 m; anchura de 1,10 m, y fondo de 0,45 m. Ambos tienen un paramento de opvs incertvm, rematado en sus bordes con opvs testacevm de 0,28 m de grosor (fots. 42K; 43K; 44K; 45K; 46K). Precisa-mente sobre este punto de detalle, se ve en el suelo la existencia de restos de muros que forman parte del cierre de la nave y que el muro moderno es una reutilización del muro paralelo de los alzados que aquí se han usado (fot. 46K,3). La prueba de que esto ha sido un sistema de alma-cenaje, queda bien patente en los detalles que aquí se aportan: aparición de almacén con vasijas sobre el suelo semienterradas (fots. 47K; 48K).

Una deducción consecuente con esto, debe ser la admisión de que este recinto era una especie de patio abierto; lo que no quita que tiempos atrás, hubiera sido una nave, como todo parece indicar, si se tiene en consideración el recorte sufrido en su planta por la nave segunda. Lo que no ha dado señales claramente sobre su identidad, es el arco que aparece sobre el suelo, bajo el que ha hecho aparición una estructura que aún no se ha podido definir por falta de una prospección adecuada (fot. 48K,3).

Pasando a la parte superior, es decir, a las estructuras situadas encima de las naves, nos encontramos con varios compartimentos de los que, entre lo más destacado es un depósito de agua que ocupa la parte superior de la tercera serie de naves (fot. 49K).

No se puede pasar por alto la existencia de un gran murallón, situado en la parte poste-rior de la tercera fase de naves que ocupa todo el fondo del subsector que estamos analizando (fot. 49K,1,2). Testigos de esta obra de ingeniería son los restos de un probable depósito de agua (fots. 50K; 51K). Tal depósito nos ofrece unas medidas que no se pueden precisar bien a causa de las roturas y reutilización que ha sufrido, pero que nos pueden ser lo suficientemente justas para admitirlo como tal.

El punto que da sobre la parte terminal de la tercera serie de naves, mide 4,03 m; su altura aproximada, 6 m; el grosor de los muretes que lo conforman, da los siguientes datos: tra-mo de mayor grosor: 1 m; tramo intermedio: 0,80 m; tramo más estrecho, 0,60 m. El grosor general que presentan los paramentos está en los 0,60 m.

A partir de este espacio se puede comprobar que las diversas estancias o zonas destina-das naves, marcan las siguientes medidas: 1ª, 2,75 m de largura; 2ª, 4,25 m, y 3ª, 10,75 m. El grosor de los muros de separación de los diversos compartimentos es de 0,60 m. El muro de fondo, que es de aterrazamiento, mide 3,30 m de grosor, en el espacio que se encuentra inme-diatamente detrás de los dos arcos ciegos que antes se han analizado (fot. 43K,1,2).

Consecuentemente a todo ello, inducimos que la calle que se encuentra justo detrás de lo que se ha visto, ha sido montada, en parte, sobre este gran muro de contención (fot. 52K,1). Pasado esto, se quiere dejar bien patente que las medidas han sido tomadas con precisión. Así, la capa impermeabilizante del depósito mide 0,35 m, y el estuco, 0,01 m.

La extensión, que se ha podido medir, de forma casi exacta, ha sido la dimensión que nos presenta el muro que divide este sector del que se inicia inmediatamente hacia la parte superior, y que mide, en lo que se ha podido comprobar, 27,45 m de largura; pero no se pierda de vista que hasta el final de este paramento, alcanza los 42 m, aproximadamente (fots. 54K,1; 55K,1).

Si nos situamos sobre la parte superior de la calle, podemos comprobar que el muro se deja ver (fot. 56K) a lo largo de todo el subsector, en su casi totalidad.

Continuando la línea en sentido contrario, se ve igualmente que el aparejo externo de las casas actuales muestran los mismos indicios de la estructura romana externa (fot. 57K). Pero se puede aún precisar más. La fachada que se aprecia en la foto 58K, en su casi totalidad, se corresponde con un paramento íntegramente reutilizado hasta su base. Pero las manifestaciones no sólo quedan ahí, sino que en los alzados de las estructuras que van a aparecer en el punto inmediatamente superior, comienzan a presentar señales claras de muros romanos con la técnica del opvs incertvm (fot. 59K,4). En la parte izquierda se observa igualmente la secuencia del subsector que estamos analizando (fot. 59K,1,2,3).La consecuencia lógica es pensar, a raíz de los datos que presentamos, que la calle se encuentra montada, como ya ha ocurrido en otros lugares, sobre el propio muro romano que, al paso del tiempo y cambio de infraestructura industrial, ha sufrido las más sorprendentes modificaciones en su forma externa.

Una vez llegados al final de este subsector, se puede comprobar realmente que las redes viarias han experimentado grandes alteraciones (fots. 60K; 61K). En el extremo opuesto del subsector más elevado, se observa igualmente la reaparición de las estructuras ocultas de los paramentos que ya se han podido comprobar e identificar en las zonas que se han manifestado con más prolijidad de datos. Por ello se indica aquí el tramo final de este espacio (fots. 62K; 63K; 64K), donde se puede decir que la parte inferior descrita, se corresponde con la secuencia natural de todo el subsector, y que puede perfectamente identificarse con la secuencia de naves encadenadas o sistemas, al menos, similares al que acabamos de describir en la primera parte de este sector.

El punto 64K,2, nos pone de manifiesto que las naves, en la parte más baja del subsec-tor, se continúan. El paramento externo deja sus señales de identidad en los muros que dan a la calle (fot. 64K), y la existencia del mismo tipo de nave en 65K,2, donde, sin lugar a dudas, se puede decir que hay una reutilización idéntica a la ya manifestada en el otro subsector de naves. Precisamente en este espacio, justo en el punto 65K,3, se puede comprobar la existencia, en el aparejo externo, del opvs incertvm y testacevm, formando juego en todo el muro exterior. El paramento que pretendemos mostrar aquí, puede catalogarse e identificarse con el simple análisis de las manifestaciones externas que nos presenta la fotografía 65K,2.

Conclusión del sector K

Tras la exposición de todos estos datos, se tienen que delimitar los espacios que se ha descritos. En primer lugar, la zona baja nos ha puesto de manifiesto que su estructura está más relacionada con las secuencias del Majuelo, del que han aparecido, con motivo de aperturas de zanjas en el suelo, los muros que sujetan los paramentos de las casas modernas, o se prolongan formando parte del alzado de numerosos edificios modernos.

Los tipos de muros, por sus características, se pueden relacionar más con la zona baja que con la alta. Las deformaciones de estructuras son más frecuentes aquí que en la zona supe-rior. Sin embargo, ésta muestra más fuertemente el proceso de cambios en los usos que se han ido dando a las formas encontradas. La zona baja no nos proporciona datos, aunque tan sólo sean de evolución arquitectónica, que puedan llevar a establecer un proceso de cambios a través del tiempo. La zona alta, por el contrario, da claras señales de evolución y cambios dentro de la misma fase romana y, en las reutilizaciones, cambios en época medieval y moderna.

Por otra parte, la zona superior da los siguientes elementos arquitectónicos: depósito de agua, naves abovedadas y muros de contención y aterrazamiento.

No disponemos de testimonios de tipo industrial, pero se pueden fácilmente suponer, ya que el depósito de agua fundamentalmente presupone una aplicación para la salazón. Por tanto, se considera que esta área es parte de la factoría que se supone se extiende por el sector de Po-niente, no con la intensidad que se produce en el Majuelo, pero sí, tal vez, de una forma más selectiva, por los escalonados paramentos estructurales que, de forma continuada, se van mon-tando por todas las áreas del complejo general de Seks. En definitiva, se puede afirmar que es una célula más de todo este complejo.

Desde el punto de vista cronológico, el proceso evolutivo se ha detectado con gran fuerza en este sector, habiéndose observado modificaciones en las estructuras arquitectónicas (naves, arcos, módulos de las mismas, abandonos de unas formas y adopción de otras, arcos sin sentido arquitectónicos), lo que explica una clara modificación en la evolución de la historia industrial de esta área del complejo de Seks.

SECTOR  L

               Para un completo estudio de las distintas partes que componen esta área, se ha dividido el sector L en tres aparta­dos: zona donde se realizó excavación en la planta baja; planta baja, y planta alta, que comprende la parte superior, núcleo de Eras del Castillo. Y, siguiendo este criterio, se estudia y expone un conjunto estructural que forma una de las unidades más extensas y complicadas de este trabajo. Pero antes de comenzar, es imprescindible hacer un breve esquema sobre la zona que se va a detallar.

                En primer lugar, se expone el ámbito espacial abarcado por este complejo y, en segundo lugar, como esqueje histó­rico, quiénes han ocupado esta zona, y qué uso se ha hecho de ella.

                Si se analiza la planimetría practicada, puede colegirse que las proporciones no son las que, a simple vista, deduce cualquier visitante de este lugar.

                Por otro lado, se engloba en este sector la parte baja y la superpuesta, aplicando, como criterio, el carácter unitario, no sólo por la técni­ca, sino también por la tipología de formas.

                Lo que se conserva de nave es la cuarta parte de lo que fue este complejo. En efecto, se comprueba cómo se expande hacia los latera­les a través de los espacios conservados en los interiores de las casas adosadas a la Cueva, en la calle San Joaquín (I).

                Por otro lado, en su parte noroeste, se ve que existió otra estructura («cueva») de similares características, pero que se ha derrumbado, quedando sólo los puntos de arranque que se observan en el testero, a izquierda de la entrada principal de la Cueva, según se sale. Además, es estimable que, así como se admite un sector adosado a la misma, en la calle San Joaquín (I), éste se extiende hasta constituir otra unidad paralela, mostrando un aspecto casi rectangular a lo que realmente debi­ó ser el complejo. Todos los indicios apuntan a tal solución como lógica­mente posible y arqui-tectónicamente aceptable.

                La inclusión de toda la parte superior, ha dado mayor relieve al estudio unitario aplicado a estos tipos de instala­ciones, además de conside­rarlo lógico, ya que la conexión entre todos estos espacios se presenta como un solo edificio.

                Para su estudio se ha procedido estableciendo una serie de niveles, indispensables para hacer coherentes todas las unidades arquitectónicas que aquí se dan, pero no con una plani­metría escasa en proporciones, sino amplia, de modo que se refleje en ella la mayor cantidad de datos posibles que se detecten en todo el complejo. Por tal razón se ha dividido este tramado en varios planos: zona de excavaciones planta baja; planta ba­ja propiamente dicha; planta superior, super­puesta a la superior. Complementariamente se hacen secciones de la planta baja y superior, y proyección caballera del alzado de la planta inferior (cfr. figuras 18 a 23).

                En cuanto a la reutilización de la Cueva, hay opiniones encontradas y contrapuestas, pero lo único que se recuer­da, ya en nuestros días, es la ocupación, por gente muy humilde, de todos cuantos rincones existen aquí, de las modificaciones realizadas en su exterior, y los añadidos practicados. Pero esto no es suficiente para explicar determinados fenó­menos comprobados en la fase de excavación, y que se indican en este estudio y exposición de datos.

            Zona de excavación de la Cueva, al mismo nivel

                Después de las diversas opiniones vertidas sobre la finalidad de estas dependencias, se prescinde de ellas, y se expone lo detectado con un análisis exhaustivo de cuantos detalles y rasgos se han encontrado en una detenida observación de paramentos, bóvedas, canales y agujeros registrados. Pero el primer paso se da en el proceso de excavación de la planta baja de la Cueva, que tuvo lugar a partir de Diciembre de 1981, comenzán­dose por la entrada noreste.

                De forma progresiva y siguiendo un orden puramente local, se avanza dejando al descu-bierto el suelo de toda la Cueva. Se descubre, en primer lugar, un canal excavado en roca, que llega hasta el muro de entrada. Todo parece indicar que es anterior a la construcción de la propia Cueva, porque hay seña­les de continuidad junto a él, hasta el punto de ver montado su muro encima, cortándolo. Al avanzar, en la segunda nave lateral, a izquierda según se entra, apareció cerámica muy variada y mezclada sin orden estratigráfico.

                Entre los primeros materiales hay fragmentos de estuco, con pinturas blanca, roja y negra, como lo más relevante. En este mismo sentido, pero en el fondo de la tercera nave lateral, apareció un fragmento de plato fenicio de barniz rojo que, probablemente, perteneciera a un resto de ajuar de una tumba fenicia, rota con las nuevas edificaciones romanas, o simplemente, uno de tantos hallazgos fortuitos de cualquier punto de la ciudad.

                En la cuarta nave, casi a su inicio, a derecha según se entra, aparecieron restos de un équi-do (fot. 1L). Esto no es de extrañar, porque uno de los fines de la Cueva, ha sido el servir de depósito de desechos.

                Como ya ha quedado expuesto al principio de esta enumera­ción de datos, los estucos aparecieron en una posición incon­creta, sin estratigrafía definida y, por supuesto, no como ele-mentos componentes del revestimiento del interior de los muros de la Cueva (fot. 2L).

                Continuando la exposición de estos rasgos proporciona­dos por la excavación, aparecen, en otra fosa explorada en el suelo, bastantes escamas de pescado, que no han sido analiza­das. Los muros de estructuras anteriores, comienzan a dejarse ver, a la altura de la cuarta nave lateral, abar-cando ambas partes y la zona centro (fots. 3L; 4L; 5L; 6L; 7L; 8L; 9L), casi perfilando un cuadrado bajo el nivel actual de la parte que está al descubierto.

                En los espacios ocupados por la sexta y séptima naves aparecen las estructuras murales, pero no de forma tan marcada como antes, donde el opvs incertvm es usado en toda regla. Los res-tos de muros apenas son perceptibles, dejándose ver una capa de yeso que parecía un conato de revestimiento del suelo de la Cueva, pero sin llegar a serlo (fots. 10L; 11L). Son filtraciones pro-vocadas por la humedad a través de las capas de materia­les que se han ido depositando en todo la Cueva.

                En cuanto a los materiales aparecidos, no han sido muy abundantes, y sin guardar posición estratigráfica. En la excavación de la última parte de la Cueva, la cerámica árabe apareció hasta en el punto más hondo del corte.

                La situación de este subsector en época romana se encon­traba en el mismo estado en que ha quedado después de la excavación. Cuando se produce la retirada, es posible que se originara algún tipo de depósito, pero no hasta el punto de conseguir equilibrar toda la superficie.

                Como los estucos no son del alzado de la Cueva, la aparición de algún elemento numis-mático y las posiciones de los materiales no seguían un orden estratigráfico, no cabe pensar más que una solución: cuando el elemento humano ocupa las estructuras que se encuentra, las escudriña hasta donde le es posible; pero será la posterior ocupación, a partir del siglo XV, la que produzca el mayor impacto sobre todo el medio. Y es lógico pensar que, si se encuentra un hábitat, en este caso, unas naves con grandes vacíos en forma de fosa, lo normal es que se proceda a su equilibrio mediante el relleno. Para ello traen tierra del sitio más fácil. Esta puede ser la explicación más simple, sin necesidad de recurrir a ambiguas opiniones: si los materiales han aparecido revueltos, no hay duda de que se trata de un relleno artificial, y no de una situación estrati­gráfica producida con la permanencia de os ocupantes a través del tiempo.

                Los vecinos cuentan que, en una de las ocasiones en que se tocó el suelo de la Cueva, apa-recieron tinajas grandes que, al levantarlas, produjeron cierto estado de humedad sobre sus casas, cuyas estructuras son anejas a la Cueva, como estancias paralelas tanto tipológica como estructural-mente. Los suelos de la Cueva, que en principio no existieron, como ocurre en las estancias ana-lizadas en la ciudad moderna, fueron removidos en numerosas ocasiones, a causa de fantasiosas leyendas que sobre ella se vertían. Pero el uso más común ha sido el servir de hábitat, largo tiempo, a muchas familias humildes, no medievales.

                En el centro de la quinta serie de naves colaterales, hay un paso hacia las dos últimas, que han quedado como aisladas de las que preceden. Tal cierre, comprobado tanto en secciones como en plantas (fig. 20), es de época, o sea, romana; no es una innovación medieval.

                A partir de aquí, se explican, en cierto modo, las pertenencias de los componentes arqui-tectónicos a esta sección de la Cueva; elementos que han quedado marginados de ella por mano de las nuevas generaciones que por aquí han pasado, y que, probablemente, haya sido realizado por la población moderna. Relacionados con esta segunda parte de la Cueva, hay dos sistemas de cana-lización: uno, similar a un paso hacia las partes superiores (fot. 12L), y otro que ha sido eliminado de la estructura tras la adaptación moderna de la Cueva.

                El canal, de sección rectangular, que escasamente cubría el volumen de una tubería de cerámica normal (15 cm de diámetro), se encuentra un poco antes de la salida de Levante de la Cueva, en diagonal al canal grande, de forma que era una derivación secundaria. Está reflejado en la planimetría aneja a la Cueva (fig. 18, 6).

                Antes de exponer la estructura y finalidad del canal mayor, se considera indispensable explicar la presencia de dos agujeros sobre dos bóvedas colaterales, precisamente a partir de un estrechamiento del muro antes indicado. A esto se une la presencia de los dos canales, mientras que otro subsector de la Cueva no tiene nada similar. El citado canal servía de espacio abierto para el montaje de sistemas de conducción de tuberías, bien de plomo, bien de cerámica. Su recorrido ha sido inspec­cionado, pero con dificultades para superar los tramos de escalonamiento que tiene su trazado, donde hay acumulación de gases estáticos tóxicos.

                El segundo canalito es una derivación de él, ya que lo corta en un punto detectado, for-mando parte de una red de distribución. Se supone que a lo largo del trazado del canal mayor se producen otras derivaciones.

                Con respecto al citado canal mayor, se aporta informa­ción de algunas personas que lo-graron penetrar por él, pero sin llegar a su término.

                Justo en la calle San Joaquín (I), a la altura de la sexta y séptima nave lateral, y en el espacio considerado conjunto arquitectónico paralelo a la Cueva, se abrió, tiempos atrás, un agujero de ciertas proporciones. En el recorrido se midieron 15 m en sentido noroeste, hasta localizar una fuerte pendiente descendente, con sistema escalonado. Se desconoce el final, pero puede formar parte de la red de distribución y traída de aguas a la zona superior del conjunto. Es probable que el canal, recientemente descu­bierto cerca de la plaza del Ayuntamiento, tuviera relación con esta red, pero no se conoce la conexión. Las medidas del citado canal son de 1,80 m de profundidad, no igual en todo su trazado, y 0,60 m de anchura. En uno de sus tramos se ve su trazado con sistema de bóveda, como elemento de cubierta; en otro, como el que asciende desde la Cueva, aparece adintelado, con grandes lajas de piedra. En su recorrido se han detectado agujeros rectangulares identificados como puntos de derivación de la red de agua. En el extremo superior, según se sube, y a una altura aproximada a la de las naves, aparece el final de esta conduc­ción, presentando un agujero abocinado, por donde se piensa entraría en contacto con la parte superior. Recientemente, hacia la mitad de calle Real, con motivo de obra nueva, según se desciende a derecha, apareció un canal de conducción de agua, que bajaba de la zona de cueva de Siete Palacios; lo que puede entenderse como final del anteriormente citado sistema de conducción que partía de la calle San Joaquín, junto a la citada Cueva. Téngase en cuenta que un poco más hacia debajo de calle Real, se ha descubierto, y se puede ver, un canal romano de conducción, que podía tener relación con el antes citado e, incluso, ser continuidad del mismo.

            Zona aneja a la Cueva

                Se inicia el recorrido  descriptivo  desde  la entrada de Poniente de la Cueva. Si se observa con  detalle el lienzo que conforma la fachada de este espacio exterior, se ve toda una secuencia, donde se dibuja el acceso a la Cueva (fot. 13L,3), su enlace con el supuesto subsector adosado o contiguo, con varios puntos de referencia (fot. 13L,2,5,7). Dicha entrada está enmarcada por un sistema adintelado, mostrando un reborde de unos 10 cm, y con una franja de 0,70 m, en la parte superior, y 0,50 m en la lateral, continuada en una cenefa de piedra saliente, con 1,60 m de largura y 1,80 m de altura. Este mismo detalle se prolonga a lo largo de toda la nave que sigue en sentido sur, hasta finalizar sobre el muro de cierre de fondo.

                El espacio que ocupa esta entrada está rematado en una pequeña bóveda, de la que se conserva algo más de la mitad, apoyada en elementos que constituyen el punto de arranque de las naves que se adentran hacia la derecha, según se mira (13L,5), y en los que forman el punto de continuidad, en sentido vertical al anterior. Por la parte izquierda del detalle 13L,7, se comprueba cómo se prolonga hacia otra dirección la estructu­ra externa de la Cueva, de manera que constituirá un nuevo subsector de esta gran área.

                En 13L,6 se indica el emplazamiento de un probable depósito. A raíz de las aportaciones que se obtengan de las prospeccio­nes, se establecerá una razonable hipótesis de su existencia.

                Por último, en 13L,1 se detecta la profundidad del supuesto espacio considerado parte del suelo de una cuarta área de naves.

                El punto de arranque de la fase de naves, aneja frontal­mente a la Cueva, se inicia en 14L,2,5; 15L,1,3; 16L,3; 19L,2­; 20L,4; 21L,4; 22L,1.

                Un subsector, dentro de este mismo espacio, se puede analizar en 22L,2, 3. Se trata de una nave principal, con dos colatera­les, de dimensiones normales, con similar altura a las de la Cueva. La técnica de su cubierta es un encofrado de hormigón, modelado con cimbra, que deja un revoque de cal grasa y arena como elemento de enlucido en todas las bóvedas. Las dos pequeñas naves laterales se cortan con la principal, dando aristas, como en el interior de la Cueva. El suelo carece de pavimento (fot. 22L,2,3). Este fenómeno es una constante en todas las estructu­ras analizadas.

                Una vez visto este espacio abovedado, se continúa con el lienzo de naves derruidas de 27L, donde se comprueba el fenómeno de caída de las bóvedas a consecuencia de las superposi­ciones modernas descontroladas, y filtraciones de aguas. Este subsector manifiesta las mismas carac-terísticas que la Cueva, con aberturas en la cubierta (fot. 27L,3). Los paramentos tienen una medida muy similar a los de la Cueva: 0,60 m de grosor. Este lienzo de fondo, en el que se ven ligeramente los puntos de los sistemas abovedados y muros de soporte (fots. 28L; 29L; 36L; 37L; 38L; 41L; 42L; 43L; 44L) constituye un elemento arquitectó­nico que separa lo que es simplemente nave, de una probable cadena de muros contrafuertes.

                Este nuevo subsector en ruinas estaba compuesto por una serie de naves, en número de cuatro, que partían en sentido vertical a su paramento de fondo, y que formaban uno de los dos espacios laterales afrontados, prolongándose hasta los límites del borde del murallón contrafuerte, reflejado en planimetría con línea discontinua (cfr. fig. 19).

                Tras la perforación practicada sobre el muro de fondo de la primera nave destruida (fots. 28L; 29L,3), con el fin de indagar si permanecían enterradas o cerradas tras los muros de estas for-mas, se ha comprobado, como dato positivo de tal explora­ción, que los muros que, en cierta ocasión habían quedado al descubierto a causa de otras anteriores roturas, también intencionadas, tan sólo servían como elementos de apoyo de las naves sobre roca madre de fondo (31L; 32L): estado en que ha quedado esta experiencia, tras su consolidación; 33L; 35L,2: estado en que aparecieron los citados muros, cuyo techo hubo que sujetar para evitar el derrumbe de la parte superior, hoy una plazuela artificial, cuyo suelo original se desconoce, pero se supone. Dentro de una secuencia en la descripción de los puntos donde se inician las naves transversales de este subsector, se ven testigos harto elocuentes. La primera de ellas queda patente en 29L; la segunda, en este sentido direccional, muestra los cimientos y parte del alzado en 36L, donde los puntos 3 y 4 señalan los muros de soporte de las bóvedas y el paramento de fondo de la nave. La técnica constructiva es el opvs in-certvm.

                La tercera nave se ve en 37L, donde, en los números 4 y 5, se indica el muro de separación de ellas, soporte de la bóveda, y el paramento de fondo de la misma.

                En 38L se ven detalles de la parte superior de los restos de su cubierta: 1, paramento de fondo; 2, canal adintelado, probable elemento de encauzamiento de tuberías de agua para el subsector de arriba, de la planta baja y de dependencias anejas que debieron existir, según las deri-vaciones observadas en su trazado; 3, paramento de arranque de la bóveda.

                Con relación a lo apuntado antes sobre los elementos de conducción de agua, hay suficien-tes datos para admitir que, en la parte inmediatamente superior de este espacio y, sobre esta nave, ha existido un depósito de agua o pileta de salazón (fots. 39L; 40L). Los datos son evidentes: canal probablemente terminal y restos de material de revestimiento e impermeabilizante de tales construcciones: la base muestra parte del pavimento con restos del suelo del depósito (fot. 40L,1): restos adheridos a la piedra; 2, restos del suelo de depósito. El canal, tiene las mismas proporciones que el del interior de la Cueva (hoy tapado, y que está adintelado, como técnica de protección de las tuberías que discurrirían a través de él para abastecer el depósito. Sus medidas son las adecuadas a la capacidad de las tuberías de 15 cm de diámetro.

                La cuarta nave transversal se ve en 41L,3, y de modo más simétrico con el conjunto, en 44L. En esta última se detalla: 1, suelo con tierra, casi real; la roca se encuentra a menos de 0,15 m de profundidad; 2, muro de separación de ambas naves, tercera y cuarta; 3, arranque de la bóveda y muro montado sobre ella en la parte superior.

                En 43L,1, está el muro terminal de esta última nave del sistema estudiado ahora, y que inmediatamente después se inicia otro paramento, ajeno al sector L.

                La mampostería de la zona superior, perteneciente a la infraestructura, marcada en gran parte con línea discontinua, se ve en 44L, donde se observa el momento de arranque de los para-mentos de las supuestas naves (fots. 45L,2; 46L,2).

                En cuanto a la continuidad de muros base, con estructuras similares a éstas, desde el punto de vista técnico, aunque no morfológico, se comprueba en 47L, en donde además se observa el nacimiento en sentido vertical, de otros muros divisorios, elementos de otras naves que no se muestran con la evidencia de los casos anteriores.

                Uno de los aspectos técnicos o funcionales, también apreciado en el interior de la Cueva, es la existencia de mechina­les sobre la altura media de los muros de fondo. Lo normal es una situación en los paramentos sobre los que se apoyan las bóvedas (fots. 48L; 49L).

                Si se analiza el muro terminal de esta serie de naves, se comprueba en él (50L) la existencia de un cruce de alzados: uno que parte en sentido suroeste, y otro, en noroeste. En el centro se ob-serva la composición del hormigón romano usado para rellenar los grandes huecos. Curiosamente sobre el mismo cruce de muros en cuestión, se ven dos canalizaciones cuya finalidad debe estar relacionada bien con un sistema de ventilación, bien con una red de conducción de agua entubada. Las proporciones son las más adecuadas para la segunda supuesta función. Y como en este punto se pasa ya a un espacio, que escapa a los límites del presente sector, se continúa con el subsector paralelo a la Cueva en planta (fots. 52L,1; 53L).

                La periferia queda bien enmarcada por la propia estructura de la prolongación de la mis-ma, en sentido norte. Se sabe que, hasta hace poco, esta calle era muy difícil de acceso. El podivm de 54L,2, es testigo de lo que realmente era tal paso: una base pedregosa, consecuencia de derribos de formas romanas, y de superficie muy irregular. Pero la aspereza no nacía de la naturaleza del terreno, sino de la prolongación de los sistemas de muros y plataformas rotos para crear acceso a las partes adosadas al sistema de naves de la Cueva.

                De ella nacen, en sentido norte, una red de muros, cortados para conformar estructuras modernas, que señalen lo que es una fachada reciente, a la vez que intentan hacerlas habitables. Así que el podivm no es más que un testigo modificado y revestido de mortero moderno. Conformando el desnivel, queda como testigo el resto del podivm anterior, prolongado a lo largo de toda la fachada (fot. 55L).

                Como se observa, tal podivm se mantiene rectilíneo, pero se piensa que es una secuencia de muros verticales a la fachada, hasta cerrar sobre el murallón, y ése era el obstáculo con que se en-contraron los medievales a la hora de abrir la nueva calle. Al observar esta perspectiva, se puede afirmar que la zona centro coincide con una nave divisoria, como en la Cueva, y los muros de las naves afrontadas morirían sobre el gran murallón, que debió tener mayor altura que ahora, lo que es obvio, ya que la calle San Joaquín (I) tiene unos 80 años.

                A simple vista, al analizar la parte sureste de la Cueva, se piensa que termina en 56L y 63L. Pero los restos, bien sobre los paramentos que aquí aparecen, bien como estructuras observadas en las construcciones anejas, hacen opinar lo contrario: las edificaciones de la Cueva se prolongan hacia Levante hasta enlazar con la calle Angustias Moderna, extendiéndose en una superficie de más de cuatro módulos de naves. Testigo de ello lo constituyen las conservadas a la salida de Levante (64L),­ en donde la prolongación de la central, abovedada, es inten­cionada, y que daría unidad a todas las áreas, hoy convertidas en viviendas modernas.

                En las nuevas excavaciones practicadas sobre este lateral del recinto de la Cueva, ha apa-recido el interior visto en la fotografía 63L, tras derribar hasta parte de los muros de cierre antiguos. Esto se ve en la fotografía 57L, con el muro lateral de arranque de una bóveda y la prolongación hacia el centro de la calle, de otro muro que cerraría sobre el borde del gran murallón de conten-ción.

                En la fotografía 58L se observa un muro de la nave semiderruida, con un ligero retranqueo hacia la mitad de su altura, y en su borde exterior se ve la rotura del muro que se prolongaba hacia esta calle artificial moderna.

                La fotografía 59L muestra otras dependencias que han estado enterradas hasta este mo-mento, pero que formaban parte del conjunto de naves que discurrían de forma paralela a la Cueva, en dirección sureste.

                Las fotos 60L y 61L muestran estructura similares a las halladas en la excavación de la Cue-va, pero que demuestran que son posteriores a lo que hay dentro de ella.

                La fotografía 62L da a conocer un sistema de canalización que no ha llegado a excavarse en su totalidad porque se salía del terreno marcado para tal excavación, pero que probablemente conectaba con el viejo canal que la gente siempre ha comentado como elemento que conducía hacia la parte baja de la ciudad en dirección a la calle Real (parte de este canal ha sido recientemente descubierto y taponado en una obra nueva de la citada calle Real).

                A la salida de la Cueva, en la puerta de Levante, se observa, en 65L, una secuencia de paramentos que forman parte de la unidad de la misma (fot. 65L,1). La altura alcanzada en este punto llega hasta el paramento superior del conjunto total de este gran sector (fot. 65L,2). Por otra parte, la altura que alcanza la corta red de naves, a derecha de la Cueva, según se sale (fot. 65L,3) y, por último, ­la indica­ción de la continuidad del sistema de pasillo central abovedado (65L,4), forman parte del conjunto externo del complejo.

                Tal sistema de naves se ve en 66L, donde se aprecia, en un primer plano, una nave de fondo corto, con paso artificial y, al final, la pared terminal del último tramo de nave. El espacio de calle, que queda delante de la Cueva, en una extensión aproximada de 20 m lineales, formaría parte del conjunto unitario de la misma.

                A izquierda, según se sale de la Cueva, se observa cómo se produce la continuidad entre las estructuras de la misma y las construcciones de la calle San Joaquín (I), que es artificial. El espacio 67L,5, corresponde a una nave semidestruida, pero incluida en el sistema de la Cueva.

                En la secuencia 68L se indica, con más detalle, cómo se produce la unión de ambas estruc-turas para hacer ver la continuidad en todos los aspectos.

                En la perspectiva 69L se marcar el espacio perteneciente a la estructura de la Cueva, basándolo en el paramento 69L,3, que se continúa, de forma rectilínea, con el muro que sale de la puerta de Levante de la Cueva.

                Los espacios libres, a izquierda de la imagen dada, son intencionados para crear el paso de la calleCueva de Siete Palacios, y enlace con la calle Angustias Moderna.

                En 70L, 71L y 72L, se indica el cambio de dirección de las estructuras para facilitar el acceso a la parte superior de la Cueva y demás dependencias del área de arriba. Se piensa que en este espacio, las estructuras romanas giran dirigiéndose en sentido sur, como se aprecia en 70L,3 y en 71L, donde hay un intento, por parte de los ocupantes modernos, de modificar la estructura mural de la calle. Se cree que es un giro normal de la línea interna de las naves que, por imperativos de la configuración del terreno, fuerza a cambiar su sentido, aunque, en el interior de estas parcelas, se mantiene la horizontalidad del suelo (fot. 72L). En este mismo punto indicado, se ha producido una rotura intencionada para abrir paso hacia las Eras. La secuencia de muros rotos se observa en las líneas comprobadas entre un punto y el opuesto (fot. 73L). Se ve la secuencia hacia las partes superiores en 74L, donde la estructura se divide en dos partes: una, que guarda la línea de altura de la base (74L,4,5­), y otra, que empieza a seguir un nivel y orientación diferente (74L,3).

                Desde el ángulo presentado en 75L, se comprueba que la referencia 75L, 2, se sitúa en un plano inmediatamente inferior a los que se van a encontrar en la plazuela, sita encima de la Cueva, y todas las dependencias situadas en este nivel. Por esta razón los techos antiguos en este subsector han sido alterados por falta de equilibrio en el alzado. Todas las alturas situadas bajo el nivel de bóveda de la Cueva, han sido modificadas, debido a la inclinación de la calle ascendente. Por esta razón, las naves han perdido todas sus bóvedas, al ser adaptadas para vivienda moderna.

                El interior de la Cueva, en excavación, presentaba el aspecto mostrado desde la puerta de Levante (fots. 76L; 77L). Desde la de Poniente, se ve una perspectiva general, restaurada y adaptada para museo local.

                Estructurada en una secuencia de naves colaterales a una longitudinal central, y con una cubierta abovedada, la Cueva tiene un fondo de 21 m, desde la primera nave hasta la última, sin sumar los elementos de entradas a Levante y Poniente, lo que le da una mayor extensión (cfr. fig. 19). Las bóvedas laterales son de medio cañón y, al cortarse con la central, crean la de aristas, que discurre a lo largo de toda la zona central, hasta el paso de la quinta a la sexta pareja de naves late-rales afrontadas, donde sufre un ligero estrechamiento provocado por el engrose de muros de las citadas naves afrontadas. Las aristas, que mueren en las esquinas de todos los muros, experimentan una ligera alteración, modificando la línea de la bóveda de aristas.

                Pasado este espacio, se recupera de nuevo la simetría, iniciada al comienzo de la Cueva. La entrada tiene un grosor muy pronunciado; pero, si se considera que el espacio superior contiene otras estructuras similares a las de abajo, cabe pensar que su módulo (2,35 m de grosor), se justifica por el peso que debía soportar (las estructuras de arriba).

                Los tabiques de separación de las naves del interior, miden 0,6 m, menos en el paso de la quinta a la sexta, que tiene un grosor de 1,45 m. La anchura de las naves es de 2,75 m. La nave prin-cipal mide 2,90 m de anchura, menos en el estrechamiento, donde alcanza 1,85 m. Las cuatro bóvedas que conforman el sector situado frente a la puerta de Poniente, tienen las siguien­tes luces: 2,75 m, menos la primera, que tiene 2,10 m. Las naves, a izquierda según se sale por la puerta de Poniente, se estructuran en una nave longitudinal, cuya medida es de 2,90 m, y las naves colaterales: 2,75 m, y los muros de separa­ción: 0,60 m. Lo que da una profundidad de 6,80 m. La altura de las bóvedas es de 3,30 m, medida tomada desde una perspectiva antigua, antes de la excavación. Las variaciones tras aquella, pueden verse en los cortes transversales y en las secciones practicadas (fig. 20). El grosor del encofrado de las bóvedas es de 0,55 m, traslosándose en sentido horizontal.

                El material utilizado está compuesto por lajas de pizarra en las bóvedas, sillarejo irregular en los muros, y un relleno de mampostería superpuesto a las bóvedas. Los muros presentan la técnica del opvs incertvm. Pero, a partir del punto en que se colocan las cimbras para el montaje de las bóvedas, el material ofrece una forma irregular: aparece un revoque, que no es un enlucido, sino el propio hormigón conformado por las maderas colocadas para el levantamiento de las bóvedas. En la mayor parte de los puntos de intersección entre el arranque de las cubiertas y los muros, se comprueba la división de ambos sistemas (fot. 80L). En ellas se observa el alzado del muro de fondo casi desligado de la bóveda, y el aspecto de los muros de sujeción que cambia en el momento y punto donde se inicia la bóveda.

                Otro dato importante a tener en cuenta en este sistema de bóvedas, no como elemento arquitectónico sino como factor funcional muy concreto, es el agujero que aparece en algunos trazados de bóvedas. Así, en cada extremo de la nave central aparece una abertura: en la parte noreste (fot. 82L) y en la sureste (fot. 81L). El primero, situado sobre el paramento frontal, pero orientado de tal forma que impide la entrada de luz. El segundo, abierto sobre la misma bóveda y cubierto con piedras de época. Estas aberturas del centro de las bóvedas, en su mayor parte circula­res, aquí presentan formas rectangulares. También resulta revelador que aparezcan tan sólo en la segunda parte de la Cueva, es decir, pasados los muros de mayor grosor, en las dos últimas naves afrontadas (fots. 83L,1; 84L,2; 85L,3). Todas están taponadas con piedras talladas de época. En la mayoría de las estructuras en que se detecta este componente, siempre se concluye que es el único pasaje en donde la nave presenta algo utilizable como acceso.

                Pero aquí resulta extraño que haya que interpretarlos como entrada, ya que hay aberturas en superficie, aunque no consti­tuyan elementos de comunicación de estos espacios con el exterior, pues sólo une estas naves entre sí. Por tanto, hay que seguir admitiendo que es un punto de acceso a las naves.

                Sobre el espacio perteneciente al subsector situado de forma paralela a la Cueva y con la misma orientación, tan sólo hay una prueba testimonial: una nave idéntica, en tipo y medida, a las de la Cueva. Su propietaria indicó que, en la vivienda limítrofe a la suya, existe otra abovedada, pero semienrasa­da (fot. 86L).

                Al límite sureste de este conjunto, hay detectada, visualmen­te, otra nave de las mismas características, pero no se permiti­ó fotografiarla.

                En resumen, hay que decir que sobre este subsector se tienen suficientes datos como para admitir su realidad. Tal alineamiento, junto a una edificación como la Cueva, no puede tener una explicación más coherente que el considerar a este supuesto subsector como un elemento arqui-tectónico, parte de un complejo superior, del que se dice que está compuesto por cuatro subsectores o más, de los que los tres primeros presentan pruebas suficientes para ser admitidos como tales.

            Zona superior de la Cueva, y formas anejas

                Se piensa que toda la explanada superior de la Cueva, y gran parte de lo que hoy conforma el área de Eras del Castillo, presentan unidad arquitectónica. Por ello se ha creído conve­niente englobar en la planimetría de todo este espacio la mayor parte de esta zona.

                En cuanto a los lugares, que aparecen sin edificaciones, hay que decir que no es más que el resultado de la destrucci­ón paulatina de la mayor parte de las estructuras, tanto en las partes inte-riores como en las que sirven de pasillos y huecos internos.

                La casi totalidad de las edificaciones que se contemplan en este espacio, no son más que reutilizaciones de estancias romanas convertidas en viviendas. También la mayoría de ellas, en su forma interna, tiene los aparejos pertenecientes a toda una red de naves abovedadas que confor-man, de manera un tanto irregular, todo este nivel arquitectónico.

                También en este subsector se aprecian, delimitados y visibles, dos cuerpos de alzado sobre la parte superior del área de la Cueva. La más alta limita con lo que constituye Eras del Castillo.

                Con una descripción detallada, no sólo de las estructuras visibles, se comprueba la presen-cia de los dos niveles en las dependencias de las actuales viviendas, y también en las propias formas romanas del área central de este subsector.

                Se inicia el proceso descriptivo por el punto de entrada, casi encima de la puerta de Levante de la Cueva (fots. 87L; 88L). El primer espacio para analizar es una secuencia de estructuras con bóvedas enrasadas, o recubiertas con chapa de aglomerado de madera.

                En 87L,1 se indica la entrada a dos naves interiores que forman los únicos espacios de esta vivienda (fots. 89L; 90L). Tal como ocurre en otros lugares, aquí se aprecia el uso de elementos de revestimiento, que enmascaran toda la nave. Se sabe por los propietarios, que las paredes y la cubierta son elementos de una nave. Las medidas coinciden con las de las construccio­nes limítrofes. Frente a este paramento (fot. 87L) hay una secuencia paralela, cuyo alzado no es más que la estructura de la base, reutilizada en casi todo el muro de fachada. Téngase en cuenta que tal base es la prolongación de los componentes de la Cueva (fot. 65L,2,3).

                El aspecto exterior de su fachada moderna no hace más que reflejar lo que ha sido su antigua forma interna (fot. 91L). Se piensa que el fondo de esta parte, que se corresponde con los espacios de enfrente, no llega más lejos del punto indicado en 65L,2, aunque no se puede confirmar con clara definición. El aparejo externo presenta una forma que se asemeja a los paramentos colindantes. Lo que sí parece estar claro es que el espacio superior, situado justo encima de la pri-mera nave de base (fot. 66L), m­uestra indicios de aspecto externo igual a los que se vienen viendo como romanos en todas estas dependencias.

                En la perspectiva 92L, se ve la superficie situada encima de la zona central de la Cueva, que está debajo. Los puntos derivados señalan las estructuras romanas conservadas en este subsector: a izquierda de la imagen, hay unas estancias con paramentos que, en parte, muestran señales de su antigüedad y, en parte, remozados. Al fondo de la misma, se ve la secuencia de naves alineadas. A derecha del mismo espacio, la continuidad del gran muro romano, que separa la sección de la Cueva desde abajo, y la prolongación de éste hacia el sureste.

                En 93L se ve el realce experimentado por el suelo, indicación de que debajo se encuentra el citado muro divisorio. Viendo más cerca el fondo señalado en 92L, se encuentra el paramento externo de dos naves antes citadas, consecutivas. La longitud de este muro alcanza los 10 m. Su altura exterior llega a los 3,15 m, y el interior de la misma, a los 2,60 m. La puerta observada es una perforación artificial.

                En 94L,1, se indica un muro, o resto de él, adosado al de la Cueva o nave; y el saliente de encima de la falsa entrada pertenece al alzado de la nave, que corría paralela a esta secuen­cia. El grosor del muro del alzado es de 0,80 m. En 94L,4, se ve, formando unidad con el resto de estruc-turas, la continuidad del elemento de separación entre el subsector de la Cueva y el que se encon-traba adosado a ella, hoy parte de la calle San Joaquín (I). Su grosor aproximado es de 1,45 m, sobresaliendo del suelo, en este corto espacio, 0,90 m. Se comprueba que la estructura de encima de esta serie de naves, es moderna, pero no se puede estar seguro, aunque las apariencias así lo hacen ver.

                En 95L se observa la puerta artificial de una de las naves antes citadas (fot. 95L,2), y un paso artificial, creado mediante la rotura del muro que unía este paramento (fot. 95L,2,4). Tal muro, a izquierda, se apoya sobre la prolongación del alzado que sirve de fondo a toda la secuencia de naves colaterales, situadas a derecha de la Cueva, según se entra desde la puerta de Poniente. Este asentamiento se aprecia mejor, viendo la secuencia desde la perspectiva que presenta 98L,5,6, en donde se ve la continuidad, a partir de la rotura antes mostrada por otro paramento que lo hace continuar hasta enlazar con el murallón romano, que se dirige a Eras del Castillo, y que, como se ha visto en el sector de abajo, al fondo del paramento testigo del segundo subsector, situado al noreste de la Cueva, arranca de esa esquina del supuesto subsector (41L,4,). La nave, hoy visitable (fot. 96L), mide de anchura 2,75 m. El revestimiento es tan fuerte que apenas se puede distinguir el aparejo de que está construida la bóveda.

                Una vez atravesado este falso pasillo (fot. 97L; 97L,1), se encuentra otro espacio que tuvo un sentido similar al de una o varias naves (fot. 99L). Los paramentos se comprueban en 98L,1,5 ,7,8, del espacio indicado, y se remarcan en otras zonas más precisas (fot. 100L). El punto de cierre que da a la parte delantera de la zona inferior, zona aneja a la Cueva, sobre la puerta de Poniente de la Cueva, da indicios de arranque de las estructuras, superpuestas en el área situada debajo, trazada de forma teórica en planimetría de este subsector del complejo (cfr. fig. 23). El punto de donde partía la estructura superior, superpuesta a la de abajo, tiene su centro en 101L, en cuya línea se indican los momentos de arranque de los paramentos que conformaron el alzado de este subsector (fot. 101L,3), que se continuaban por 101L,1, para cerrar o formar una secuencia de naves similares a las analizadas en este espacio superior.

                Encima de lo que hoy es cubierta de la Cueva, (fots. 101L,1; 102­L,2) se comprueba lo si-guiente: grueso muro romano que divide diametralmente los subsectores formados por la Cueva y el espacio situado delante, en la puerta de Poniente de la misma, separán­dolos de las otras dos áreas de naves de la zona baja, formadas por la secuencia adosada a lo largo de la Cueva, calle San Joaquín (I), y el espacio situado delante, en sentido noroeste; es decir, que este muro constituye la espina que separa, en dos partes casi iguales, los cuatro bloques que pudieron componer este com-plejo (fot. 101L,4).

                En la parte superior (101L,1) se ve la réplica de muro que separa las partes homólogas de abajo, aunque con ligero desplazamiento, debido a un nuevo ordenamiento en la distribución y situación de las naves de arriba. No se olvide que se tiene un nuevo punto de apoyo debajo, como se ha comprobado en 107L y 108L.

                En descripción de detalles, no se deja pasar el descubri­miento de pavimento impermeabi-lizante del suelo, en el espacio 101L,3, donde se ve una gruesa capa de opvs signinvm. Se piensa que ésta se continúa hasta relacionarse con las dependencias que antes, en nivel inferior, se han considerado componentes bien de un depósito de agua o pileta de salazones (39L; 40L; 41L).

                Situados frente a este espacio descrito, se encuentran dependencias romanas convertidas en habitáculos modernos (fot. 104L). Este falso aspecto de vivienda se clarifica cuando se ve la composición interna de los muros y el momento de arranque de la bóveda en uno de los lados. Por ahora se penetra a través del falso paso (fot. 104L,5), estruc­tura destruida previamente para tal fin, y se adentra en las naves más ocultas de este subsector (fot. 104L,2), situadas bajo el nivel de las que dan a Eras del Castillo, con cuatro metros, aproximadamente, más que éstos. Desde este mismo punto se detecta cómo el paramento divisorio de fondo (fot. 104L,3), en la nave que se tiene delan-te, se remonta, aproximadamente, dos metros para constituirse en las espaldas de las naves que dan a la citada plaza de Eras del Castillo. A su vez, en esta misma foto (fot. 104L), se ve, en 104L,6, una inte­rrupción del muro usado como punto de apoyo en las viviendas, y que se continúa en 104L,7, indicándose el tramo (fot. 104L, 6) destruido, y apreciándose, encima de la entrada de la nave, los restos del muro roto, así como en sus puntos extremos.

                También se da aquí la secuencia de una línea de muro, espalda de las naves que se encuen-tran a derecha de la imagen (fot. 104L,4), así como el paramento lateral de una nave, antes citada, que presenta una bóveda rota (104L,1). Detalle del muro de fondo de 103L,3, se ve en 105L,3.

                Dados estos rasgos de la parte externa de tal espacio de sistemas abovedados, nos aden-tramos en la nave antes citada (fot 104L,3), para analizar su interior (fots. 106L y 107L). Tiene las mismas característi­cas que las antes estudiadas (cfr. fot. 96L). Sus medidas son las siguientes: altura: 2,20 m; anchura: 2,75 m; largura: 4,50 m. La falsa entrada se encuentra flanqueada por un muro que mide de grueso 1,45 m, que se apoya sobre roca madre, ya que, en este espacio, se está fuera de los vanos de la Cueva y partes anejas del mismo nivel. Al fondo de la nave, sobre la bóveda, fuertemente revestida con capas de cal, se aprecia una perfora­ción que pertenece al antiguo acceso que las naves tienen en este sector.

                En 108L se ve la cubierta de la misma nave con revesti­miento de cemento moderno. Los muros laterales se aprecian en los puntos 108L,1,4, y el de fondo, en 108L,2. Los laterales manifies-tan una proyección hacia arriba, constituyendo los paramen­tos de las edificaciones en alto, a en-trambos lados de la nave. Situados en salida de la nave en cuestión, se encuentra un falso pasillo a su derecha, que conducirá hacia una secuencia de nave, de módulo reducido. Justo ante el citado punto, se observa un estrecho pasillo con dos gruesos muros a ambos lados y, al frente, una entrada aparentemente natural, consecuencia de una rotura (fot. 111L,2). Encima de la entrada se ve un muro que sobresale iniciando un paramento (fot. 111L,3) que, desde una perspectiva superior, muestra ser un nuevo alzado montado sobre la estructura de abajo. Su grosor es de 0,90 m; su largura: 2,55 m, y su anchura, 1,10 m (fot. 110L,2 ).

                De nuevo en la línea de abajo, se entra por una falsa puerta, y se encuentra una secuencia de naves de escasas proporciones, que giran en ángulo recto casi formado un corto laberinto (fots. 112L; 113L; 114L; 115L). El final de la secuencia es el punto indicado por la última fotografía. La primera de ellas mide 2,20 m de largura; la segunda: 7,20 m, y la tercera 2,20 m. De anchura tienen un mismo módulo: 1,40 m, y las alturas: 1,90 m.

                En 116L se ve una perspectiva de conjunto entre las naves 108L, 104L, y la secuencia de las pequeñas, con el muro de arranque, encima de su acceso artificial. Al lado izquierdo, según se entra a la serie de naves antes descritas, se ve la indicada en la parte exterior (fot 107L). Tiene su bóveda rota, comprobándose su punto inicial en uno de los muros de su alzado (fot. 118L,2). Su largura es de 4,95 m; el grosor de su muro interior: 1,45 m, y el exterior: 0,45 m. Tal diferencia se explica porque dentro son muros adosados, mientras que fuera, no. Su anchura es de 3,70 m, incluyendo muros; la anchura real interior es de 2,10 m. Su aparejo es de opvs incertvm. A propósito de esta estancia, conviene decir que algunos de sus paramentos se han restaurado, dando impresión de no ser romanos, si no se tuviera en cuenta el contexto. Los retoques han sido numerosos y frecuentes, hasta el punto de llegar a dudar de la autenticidad de los alzados y estructuras en muchos sitios.

                En esta misma parte, pero en uno de sus extremos lindantes con las naves pequeñas (fot. 119L), se observa una abertura (fot. 119L,3) que da entrada a una pequeña nave, conectada con la 107L, que en esta imagen presenta el punto de arranque de la nave con bóveda rota (fot. 120L,3). La citada nave da señales de tener acceso natural, pero las roturas de su parte superior indican que no (fot. 122L,2). Su interior muestra bóveda de medio cañón. Sus medidas aproxi­madas son: fondo: 1,40 m; anchura: 1,20 m, y altura: 1,90 m. El grosor del muro de entrada es de 0,90 m. En el para-mento de fondo presenta una acanaladura vertical de 0,35 m de ancho, por 0,05 m de fondo, en su centro, desde la bóveda al suelo.

                Volviendo a la línea de calle, se observa cómo en 123L, se comprueba la correlación entre las diferentes estructuras en este subsector. Así, en 124L,1, se muestra la línea de fachada de una nave reutilizada, adentrada un poco en el espacio libre, modificando sus medidas según el tipo aquí dominante.

                En 123L se observa este fenómeno, ya que la anchura de fondo de esta calle es de 3,95 m (fot. 123L,2), y no señalada en 123L,5.

                En 123L,3 se ve el paramento de la nave de bóveda rota (fot. 120L). Después hay un falso paso con rotura de paramento para abrir el acceso, apareciendo a continuación los muros de 123L,4, perfectamente alineados.

                Se vuelve a la plazuela situada encima de la Cueva, para continuar los detalles, a izquierda de la misma. Así, se pasa de nuevo por el estrecho corte de muro (fot. 123L,4) y aparece el para-mento reconstruido de una cadena de naves semidestruidas.

                En 124L se presenta, (fot. 124L,3), una secuencia de muro que se cierra en 124L,2, de don-de, a su vez, sale, en sentido vertical, otro muro cuya huella tan sólo está indicada. Continúa después hasta cerrarse, por fuera, con estructuras más reutilizadas (124L,1).

                En 125L hay una visión de conjunto: 1, área del techo de la Cueva; 2, muro algo alterado en su alzado, continuación del iniciado en 125L,7; 3, puerta artificial de acceso a otras naves; 4, muro añadido a otro del mismo tipo y técnica, que muere en 125L,5, de donde parte un segundo, en ángulo recto, tanto hacia dentro como hacia fuera.

                En 126L se comprueban las afirmaciones sobre la distribu­ción de los espacios: 1, punto de arranque, en ángulo recto; 2, muro romano adosado; 3, punto de arranque del muro de la nave. En la perspectiva 127L y 128L se ve la alineación. Si se entra por la antes citada puerta artificial, apa-recen dos compartimentos que se corresponden, en medida, con lo visto fuera. Sus módulos son los siguientes, de derecha a izquierda: primera nave: largura: 2,80 m; altura de los muros: 0,90 m y 3,20 m; grosor del muro externo: 0,90 m; interior, 0,80 m. El punto de arranque, en sentido vertical a todo el paramento corrido, mide 1,50 m de altura. La anchura de las tres naves rotas es de 3,40 m; su largura: 3,45 m; y la tercera, más corta, 2,80 m. Dentro de ellas se observa la serie de muros de separación, bastante alterados (129L,2; 130L,1; 131L,2). Este último, que deslinda la segunda de la tercera, tiene doble muro yuxtapuesto.

                A través de 129L,2, nos adentramos en una nave, alineada con la 120L, y bien conservada (fot. 132L). Sus medidas son: altura: 2,60 m; anchura: 3,30 m; y largura: 4,80 m.

Toda esta secuencia de naves tiene las siguientes caracte­rísticas comunes: coinciden en los módulos de anchura y altura, y en sus características arquitectónicas.

                En perspectiva desde la parte alta, se identifican las distintas formas y alineaciones de naves (fot. 133L,2,3,4,5,6, con otras que hay detrás). La nave con bóveda ahora descrita se encuen-tra en 133L,3.

                Perfilados los interiores a los que se ha tenido acceso, se finaliza dando las medidas de otros compartimentos de la plazuela y lo ya descrito a su lado. Tal es 133L,8, que mide de fondo 4,70 m, y de largura: 6,80 m, dividido en dos espacios de naves consecutivas, por un muro romano de 0,90 m de grosor.

                Situados en las secuencias de muros, paralelos al alzado de cierre, que sube desde 116L, en sentido suroeste, aparecen tan sólo indicios de estructuras. Así, en 134L se ve: 1, paramento romano con revoque moderno; 2, indicio de arranque de muro romano de cierre; 3, indicación, sobre el suelo, de un resto como testigo; 4, paramentos romanos retocados modernamente que hacen dudar al identificarlos con las formas romanas, por no disponer de fotografías más antiguas.

                Los muros situados a espaldas de toda esta secuen­cia se han tomado, pero enmarcados dentro de otro sector, el M (fig. 24). Se han incluido aquí para explicar el sentido y secuencias indicados en 135L 2,3, y que se relacionan con los muros que se ven (hoy ya no), en 149L. Los puntos siguientes a este encadenamiento los han incluido en el citado sector M, porque, como se ha dicho, lo más coherente hubiera sido planificarlo aquí, pero las limitaciones impuestas por la planimetría, no lo ha permitido.

                Vista esta secuencia, en la plazuela Eras del Castillo, se encuentran las estancias más elevadas de todo el conjunto de Seks (fot. 138L), cuya cota, sobre el nivel del mar, da una altura de 44,60 m. Si a esto se suma la altura de los paramentos de las naves en este espacio, se llega a una altura aproximada de 48 m sobre el nivel del mar.

                El número de naves reutilizadas actualmente en este espacio de fachadas (fot. 138L,1,2, 3,4), es de cuatro. En los detalles del paramento principal, (fot. 139L) se observa el grosor del muro, de 0,90 m, y el aspecto exterior que deja ver la estructura externa de los muros. El nivel de su altura se sitúa ligera­mente por encima de las puertas de las casas.

                Al penetrar por la puerta 139L, se contempla la estructura interna de una de las naves reutilizadas en 140L, prolongada hasta situarse encima de la nave ancha del subsector, ubicado inmediatamente detrás (fot. 108L), formando límite natural con ella.    

                En la siguiente estructura, en la misma plazuela, hay un pasillo reutilizado, pero en mal estado de conservación (fot. 141L), en donde se aprecia, de forma detallada: 1, muro paramento de la nave última de las alineadas en la plazuela; 2, paramento de nave en sentido vertical, respecto a las anteriores; 3, restos de muro romano, aflorando como testigo de una yuxtaposición. En la prolongación horizontal de este nivel, se encuentran otras naves dirigidas en el mismo sentido, pero en nivel inferior. Se supone que los restos estudiados ahora se correspondían con otras naves, al mismo nivel, y cuyos muros de alzado se encuentran ahora sobre las citadas naves.

                En la perspectiva 142L se observan los restos de muro sobre el suelo actual (142L, 1,4). Los alzados que se ven en 143L,3,4, son los vestigios de una yuxtaposición, y el paramento 143L,1, una reutilización de materiales anteriores superpuestos a una forma más antigua en la propia evolución de este conjunto.

                En fotografía desde un alto, se comprueban yuxtaposiciones de naves montadas en para-lelo, pero a distinto nivel (fot. 144L): 4, nave con orientación sureste; 5, nave en paralelo, a nivel superior, con la antes citada. Se comprueba cómo, en la parte más alta oriental de la izquierda, se observa el muro saliente hacia arriba y lógicamente perteneciente a una estructura superior super-puesta, midiendo aproximadamente 0,85 m de altura, y 0,90 m de grosor.

                Frente a este murete que destaca, se ve el contrapuesto, situado justo en paralelo (145L,3), cuyo grosor es de 0,90 m, ocupando todo el fondo. Pero es preciso marcar una división en este mismo espacio, que separa en dos esta área superior en 144L,3; 146L,5, dando a entender que de aquí partía un par de muros en paralelo, con unas medidas algo diferentes a las que se registran debajo; pero que no ponen en duda su correlación con los que se encuentran en el nivel superior y en posición paralela. Se comprueba cómo tienen muro medianero en común (fot. 146L,5).

                A partir de 146L,3, se detecta otro espacio superior destina­do a naves, cuya anchura es de 4,50 m, su altura: 3,05 m, y su muro de cierre: 0,90 m. Los muros laterales son medianeros y, al no poder haber sido medidos, se ignora este dato.

                La opinión más aceptable es admitir toda una secuencia que ocuparía la parte superior de esta línea de formas, y que se prolonga hasta el murallón de cierre. Así, en el punto 146L, se obser-va: 1, muro romano de cierre lateral usado como elemento arquitectónico para toda la secuencia de casas, que reutilizan los paramentos de edificaciones romanas; 2, muro indicando la continuidad que se pretende inducir. Se encuentra a ambos lados del pasillo que los separa y con un muro de 0,90 m de grosor encima; 5, muro medianero perteneciente a una pretendida nave en este espacio superior. Sobre el fondo de 145L, 3, y en nivel inferior, se contempla la fachada que presenta la imagen 147L y 150L. La primera, más antigua y con más datos que ofrecer, no tiene el tapona-miento practicado en la falsa puerta. Se trata de una nave central cuyo fondo mide 6,30 m (fot. 150L). Según se entra, se ve, a derecha, el hueco de dos naves, con una separación de 1,40 m. Su anchura es de 2,10 m, y su altura: 2,20 m. Sobre el centro se observa una abertura en el techo, que se corresponde con la técnica ya conocida en todos estos sistemas de naves: antigua forma de entrada.

                Situados en la fachada (fot. 149L), se observa una serie de elementos que informan sobre la continuidad y rotura de estructuras ya desaparecidas: 1, indica el arranque de un muro que partía en sentido vertical a este sistema; 2, detalle de la falsa entrada; 3: corresponde al espacio que se cree es el de las naves abovedadas adláteres, pero que, a su vez, indican el punto de arranque de las estancias consideradas elementos integrantes de un subsector que inicia el espacio superior de este complejo de naves. El momento de arranque, en sentido vertical, se comprueba en 148L,2, que in-dica una zona algo superior al paramento que se viene considerando sobreelevado con relación al resto de los alzados.

                En los puntos 149L y 150L se observa la línea de fachada y el inicio de las partes que indi-can el comienzo de los paramen­tos que enlazan con el resto de las edificaciones identificadas en este subsector superior.

                En el subsector correspondiente a la Cueva, la excavación practicada, con elementos arqui-tectónicos en los cimientos, no pertenecientes al alzado estructural de la misma, ha revelado lo siguiente: aparición de muros romanos anteriores al conjunto, en la base de tal edificación; apari-ción de un estado estratigráfico a consecuencia de un relleno en el tiempo; hallazgos de compo-nentes estructurales que indican la manipulación de pescado dentro del subsector en su suelo; sistemas de conducción de agua por canal en uno de los extremos, con derivaciones menores, (cfr. fig. 19).

                En la supuesta estratigrafía, los materiales corresponden a las siguientes etapas de la historia de Seks: cerámica ibérica de los períodos del Bronce Medio y Final; cerámica fenicia de finales del siglo VIII a. de C.; cerámica púnica reciente; cerámica romana común; cerámica medie-val musulmana y cerámica reciente. Además, ha aparecido una moneda púnica en materiales de relleno que se extrajeron hace varios años en movimien­to de tierra en su interior.

                No existe secuencia cronológica en los materiales o estratigrafía, sino sólo la provocada por el relleno practicado por parte de los ocupantes.

                Hay que admitir que este espacio ha sido utilizado para fines industriales. La presencia de mechinales en los muros afrontados de las naves laterales de la Cueva, hace pensar que se empotra­ran en ellos para montar travesaños que sirvieran de colgadero al probable tipo de pescado, que aquí se almacenara, una vez seco, entre otras manifestaciones. El hallazgo de escamas y estructuras de función industrial, los canales y pequeños depósitos, dan argumento para admitirlo.

                En cuanto al subsector anejo a la Cueva, hay que decir que la gran base estaba integrada por cuatro áreas relacionadas entre sí, al menos en las dos más elevadas, y comunicadas con un paso, como se ha comprobado; por ello, es tarea ahora explicar cuál era su finalidad.

                Sentado lo afirmado en el subsector L anejo a la Cueva, a propósito de las excavaciones, o lo que es igual, su utilización como plataforma en la que se ha elaborado algún tipo de pescado, se confirma que, una vez comprobada la existencia de algunos elementos, testigos de ser un secadero de pescado, por lo menos en una época, este espacio se ha destinado a almacén de productos manu-facturados en las áreas industriales, e incluso aquí. Todo indica que se han almacenado grandes tinajas, como hace años se pudo comprobar.

                Una vez se expongan las condiciones que se dan en estos recintos cerrados, se verá con más claridad por qué se llega a tal conclusión, aparte de haber encontrado resto de pescado en su inte-rior, como testigos y pruebas de esta afirmación.

                Analizando la estructura de este edificio, se muestra lo siguiente: el grosor de los muros externos oscila entre los 0,90 m, y 1,45 m, según los lugares, fenómeno que hace que la temperatura interior experimente ligera oscilación térmica que, consecuentemente, lleva a inferir que se trata de una cámara isoterma con ligeras alteraciones estacionales. No se olvide que las estructuras que faltan, se sitúan tanto en la superfi­cie superior como a los lados, y esto es un factor a tener en cuenta a la hora de concluir lo que se afirma sobre la funcio­nalidad real de este complejo arquitec-tónico. En segundo lugar se ha constatado fehacientemente que, al menos, el espacio excavado no ha registrado resto alguno de pavimento roma­no, como requeriría una estructura así. El único suelo detectado ha sido roca madre, fenómeno común en todas las estructuras vistas y documentadas hasta ahora. En tercer lugar, se ha localizado un sistema de ventilación indirecta a través de unas aberturas situadas en los extremos de la Cueva, de tal forma que evitan toda entrada de luz. Tan sólo se percibe la entrada de aire. En cuarto lugar, se observa la orientación Levante Poniente, que sitúan la ventilación en una marcada posición con respecto a los vientos más comunes en la zona costera.

                Si se conjugan tales elementos: temperatura casi constante (cámara isoterma por la propia estructura de la Cueva); ausencia de luz natural (factor que provoca la descomposición de la materia orgánica); ausencia de luz solar (ya que la Cueva se ve al exterior como un edificio hermé-tico y sin acceso); ausencia de pavimento en el suelo, cuyo único elemento es roca madre, para evitar humedad; corriente de aire controlada y estratégicamente montada en los puntos claves del alzado. Todo esto sintetizado en: ausencia total de luz, isotermia, ausencia de humedad, y paso de aire controlado, conjugados estos datos, no pueden dar otro resultado que admitir que son almace-nes destinados a la conserva, en una época, o de preparación de pescado, en otra.

                El subsector situado encima de la Cueva, constituye el espacio mayor del sector L. Fundamentalmente está formado por series de naves alineadas, con diferentes tipos y medidas. En la mayor parte de ellas se observa el elemento común de la ventilación, con abertura en la bóveda. Las entradas actuales son artificiales, al igual que los suelos, salvo en los lugares donde se ha detectado el elemento impermeabilizador, bien para evitar filtraciones que perjudi­quen las estruc-turas de abajo, bien porque se trate de la existencia de depósitos de salazón o almacenamiento de agua. Así, toda una sección de este subsector muestra un elemento impermeabilizante de opvs signinvm, encima de la parte destruida, ante la puerta de Poniente de la Cueva.

                Los testimonios están ahí y son ineludibles. Ello induce a pensar que es una nueva loca-lización de superficie cubierta destinada al almacenamiento y a la preparación de pescado, que da sentido unitario no sólo a la parte de arriba de este sector, sino que, de forma indirecta, ratifica la funcionalidad de los espacios situados debajo, como la Cueva y su entorno. Estructuralmente hay que admitir que existieron espacios superpuestos a los ya descritos, y que constituían un nuevo sector elevado. Las pruebas son evidentes en el área central, fuera de la base que es la Cueva. Los muros de arranque de otras naves más elevadas han sido identificados como paramentos destrui-dos, pertenecientes a otros de mayor elevación. En resumen, se puede afirmar que esta parte del complejo tiene los siguientes componentes: abastecimiento de agua, depósitos o piletas, y naves abovedadas en todo su espacio. Si se añaden las características descritas para el subsector de abajo, se puede definir como zona industrial de similar funciona­lidad.

Conclusiones del sector L

Subsector Cueva

La excavación practicada en esta fase, con elementos arquitectónicos en los cimientos, no pertenecientes al alzado estructural de la Cueva, nos ha puesto de relieve lo siguiente: apari-ción de muros romanos anteriores a todo el conjunto en el espacio que constituye la base de tal edificación; aparición de un estado estratigráfico algo extraño, como consecuencia de haberse producido un relleno artificial en el tiempo, que ha podido ser muy concreto por las caracterís-ticas generales detectadas en el transcurso y análisis de los resultados de la excavación; hallaz-gos de elementos estructurales que nos indican la existencia de manipulación de pescado den-tro del subsector y en su parte profunda o suelo; existencia de sistemas de conducción de agua a través de un canal localizado en uno de los extremos, con diferentes derivaciones menores, (cfr. fig. 19).

Visto que no existe secuencia cronológica en los materiales o estratigrafía propiamente dicha, sino tan sólo la provocada por el relleno que se ha practicado por parte de los ocupantes, se tiene que admitir que este espacio ha sido utilizado para fines industriales. La presencia de mechinales (como ha quedado dicho antes) en los muros afrontados de las naves laterales, nos hace pensar que probablemente se empotraran en ellos para fijar travesaños, que sirvieran de secadero del tipo de pescado, que aquí se almacenara, entre otras manifestaciones. El hallazgo de escamas y estructuras de función industrial, como los canales y pequeños depósitos, nos hacen llegar a estas conclusiones.

Subsector bajo, anejo a la Cueva

Admitido que la gran base de este complejo estaba integrada por cuatro áreas relaciona-das entre sí, por lo menos en las dos más elevadas y comunicadas con un paso, como se ha podi-do comprobar, es tarea ahora explicar cuál era su finalidad.

Analizando la estructura de este edificio, se puede mostrar lo siguiente: el grosor de los muros externos oscila entre los 0,90 m, y 1,45 m, según los lugares, fenómeno que hace que la temperatura interior tenga una ligera oscilación térmica que, consecuentemente, nos lleva a poder establecer que se trata de una gran cámara isoterma con escasas variaciones de tempera-turas estacionales.

No se olvide que las estructuras que faltan, se sitúan tanto en la superficie superior como a los lados, y esto es un factor a tener muy en cuenta a la hora de concluir lo que se quiere decir, y en parte ya se ha dicho, sobre la funcionalidad real de este complejo arquitectónico.

En segundo lugar, se ha podido constatar fehacientemente que, al menos, el espacio que se ha excavado, no ha registrado en ningún momento resto alguno de pavimento romano, como requeriría una estructura así. El único suelo que se ha detectado ha sido la roca madre, fenóme-no común en todas las estructuras que se han visto y documentado hasta ahora.

En tercer lugar, se ha localizado un sistema de ventilación indirecta a través de unas aberturas, observadas en los extremos de la Cueva, de tal forma situadas que evitan toda entra-da de luz. Tan sólo se percibe la entrada de aire.

En cuarto lugar, se puede observar la orientación Levante Poniente, que sitúan la venti-lación en una marcada posición con respecto a los vientos más comunes en la zona costera.

Subsector encima de la Cueva

Este subsector constituye el espacio mayor, conservado en todo el sector L. Fundamen-talmente está integrado por series de naves alineadas, como se ha podido ver a través de toda la descripción anterior, con diferentes tipos y medidas. En la mayor parte de ellas se observa el elemento común de la ventilación, mediante una abertura en la bóveda. Todas las entradas son artificiales, al igual que los suelos, salvo en los lugares donde se ha detectado el elemento imper-meabilizador, bien para evitar filtraciones que perjudiquen las estructuras que se encuentran debajo, bien porque se trate, como todo parece indicar, de la existencia de depósitos destinados a la salazón o al almacenamiento de agua. Téngase en cuenta que se han localizado canales de distribución de agua en algunos puntos, como se ha visto. Casi toda una sección de este subsec-tor parece mostrar un elemento impermeabilizante, como el opvs signinvm, que se ha localizado encima de la parte destruida, delante de la entrada de Poniente de la Cueva. Los testimonios están ahí y son ineludibles. Ello nos induce fundamentalmente a pensar que estamos ante una nueva localización de superficie cubierta, destinada al almacenamiento y a la preparación de pescado, que ciertamente da sentido unitario a la parte superior de la Cueva como, de forma indirecta, a los espacios situados debajo, la Cueva y su entorno. Estructuralmente se tiene que admitir que existieron espacios superpuestos a los ya descritos, y que constituían un nuevo sector elevado. Las pruebas son más que evidentes en el espacio central, fuera del área cuya base es la Cueva. Los muros de arranque de otras naves más elevadas han sido identificados como paramentos destruidos, pertenecientes a otros de mayor elevación.

En resumen, se puede afirmar que esta parte del complejo tiene los siguientes compo-nentes: abastecimiento de agua, depósitos o piletas, y naves abovedadas en todo su espacio. Si le añadimos las características descritas para el subsector de abajo, se puede concluir que cons-tituye otra zona industrial de semejante funcionalidad. En lo concerniente a los tres subsectores que conformaban el área inferior, es preciso decir que se encuadran dentro de la misma deno-minación y funcionalidad, ya que los testigos que se nos presentan tan sólo son eso, pero de estructuras que han sido rotas y que formaron parte del gran complejo. Por ello se da nuestra última y definitiva calificación a este sector, afirmando que se trata de un área de elaboración de pescado, a la vez que espacios destinados al almacenaje de las manufacturas de Seks.

SECTOR  M

El espacio demarcado comprende un sector rela­cionado con lo que se considera área de gran densidad arqueológica. Así que guarda una relación grande de afinidad estructural con el sector L, considerado el más relevante por su calidad y buen estado de conser­vación.  

Se inicia la descripción desde la cota 33,50 de la calle San Miguel y, de forma fraccionada, nos adentramos en cada uno de los subsectores en que ha sido dividi­do este espacio, ya que el callejero moderno, con topónimos diferentes en los distintos tramos que abarca, usa indistin-tamente, de común denominador, el de calle San Joaquín, hasta el punto de que hay necesidad de dividir en cuatro subsectores, con la misma toponimia, el conjunto de ramales de calles que presenta la cartografía tanto antigua como moderna.

En cuanto a la evolución de este sector, como componente urbano de la ciudad, la calle San Joaquín comprendió tan sólo un espacio situado entre la actual puerta de Poniente de la Cueva y su unión con la calle Antigua. En este primer aspecto de la calle San Joaquín se precisa indicar que su prolongación hasta la entrada este de la citada Cueva, tuvo lugar con la apertura de paso, realizado rompiendo material, usado de plataforma equilibradora del terreno. Según los vecinos, para ocupar las naves (cue­vas), donde ellos han levantado sus casas, tuvieron que allanar el suelo que linda con la Cueva y el murallón de contención que hay debajo (cfr. fig. 19).

Posteriormente y en sentido oeste, de forma artificial, dos nuevos ramales de calle desem-bocan en las antes citadas; una, que comunica San Joaquín con Eras del Castillo (mediante la rotu-ra de muros romanos y murallón medieval; (cfr. fig. 24), y otro ramal, que, partiendo verticalmente y en sentido sur, se bifurca en dos nuevos pasos, ambos sin salidas, o ciegos.

Ello indica que tanto uno como otro han sido abiertos artifi­cialmente, para ocupar y habi-tar las estructuras de antaño, cerradas e incomunicadas entre sí.

Se observan, como prueba de ello, las múltiples huellas de formas romanas sobre el actual pavimento, en estado de primiti­vo cierre. No tiene sentido admitir que las actuales calles respondan a algún esque­ma urbanístico, ni medieval, ni moderno. Todo, o casi todo para ser más coherentes, responde a la necesidad de crear, por una parte, vías de comunicación que se interrelacionen y, por otra, ocupar recintos que, aunque disponían de algunos espa­cios, de huecos propios de su estruc-tura, eran, sin embargo, puntos cerrados y casi inaccesibles, que hubo que romper para montar lo que hoy se contempla en la mayor parte del casco urba­no actual.

En lo que concierne a determinadas calles de este sector, es necesario aclarar que una de ellas constituye el primer ejemplo que aquí se estudia como especial. De hecho son varias las que muestran esta característica tan peculiar. Así, la calle Antigua (fot. 1M,1) ha sido levantada desmon-tando la muralla almenada, que parte de las cercanías del Castillo, y se dirige en sentido sur-norte. Sobre ella se ha montado el primer tramo de dicha calle, partiendo del punto cero de la calle San Miguel, en sentido norte. La estabilidad de la calle, sin fisuras ni movimientos de base, a pesar de los drenajes practicados, los alcantarillados modernos son bien elocuentes por sí mismos.

En 1M, testigo claro, se observa cómo el murallón queda debajo con sólo comprobar la anchura de la calle y el grosor del murallón.

Pasando a la descripción, se inicia la secuencia desde la calle San Miguel y en el punto donde comienza la Antigua. Si se sigue la línea de fachada, se observa una secuencia de reutili­zaciones de muros romanos no en alzado sino en base, y esto en algunos tramos, porque en otros (fot. 1M,1) se ve que el aparejo de un determinado recinto está levantado utilizando materiales romanos originarios (fot. 4M).

Las construcciones realizadas en este primer tramo se han llevado a término obligadas por la secuen­cia curvilínea de la muralla de conten­ción, sobre la que descansa parte de la calle y la totalidad de las casas de la parte izquierda de la misma, según se desciende o se va hacia el Norte. Pero la estructura romana queda manifiesta en las secuencias de viviendas sitas a derecha del mismo sentido (fots. 2M; 3M). Hacia la mitad de este tramo de secuencias de formas, se produce una interrupción por necesidad de abrir paso al exterior, por donde el acceso resultaba más fácil, y comunicaba unas áreas que habían quedado encerradas por su forma y situación.

En 4M se observa un espacio de nave, transfor­mada en cobertizo, como paso hacia otras estructuras bajo el nivel de las corres­pondientes a otro sector. El intento de convertir estos receptácu­los en elementos de vivienda es el principal motivo que ha provocado las transformacio-nes que hoy se ven en numerosos lugares. El que presenta 4M es un ejemplo de ello.

Como se viene detallando, a mitad de la calle, se produce un quiebro en la secuencia de los muros domésticos norma­les, para dar paso hacia una secuencia de naves que habían quedado aisladas por la dificultad de comunicarlas al exterior. De ahí, la abertura de este espacio, que muestran 5M y 7M. En esta última se comprueba la existencia de restos en el suelo, que han pertenecido a materiales romanos de enrase para equilibrio del terreno, de opvs caemen­ticivm (fot. 7M,1,2,3).

Al fondo de tal área está la entrada artificial a dos de las naves. Entrando, a derecha se ve otra puerta artifi­cial para facilitar la comunicación y ventilación de las naves que se siguen orde-nadamente en la calle. En el interior de esta secuencia, se contemplan otras naves con dimensiones idénticas, midiendo la altura (punto de enrase de la bóveda), 2,60 m, aproximadamente; su anchu-ra. 2,50 m. Los muros tienen un grosor de 0,90 m (fots. 8M; 9M; 10M). Se supone que la altura, a partir del enrase de las bóvedas, alcanzaría los 3,20 m.  

Toda esta secuencia se continúa a través de una lí­nea casi paralela a la calle. Las tres naves indicadas son testigo de todo el conjunto. El resto de la calle lo integran las casas modernas, pero que son el aprove­chamiento de los espacios ocupados por las antiguas naves que se iban sucedien-do, en tres líneas en batería. Si se observa con detalle esta primera parte, se concluye que las estructuras, desde la calle San Miguel, en sentido sur-norte, forman grupo de naves de caracter­ísticas comunes. To­das han sido naves afectadas por la nueva aplicación utilitaria; todas tienen, o han tenido, bóveda de medio cañón (só­lo tres la conservan, aunque cubiertas con falso techo), y las demás han sido enrasadas para elevar sobre ellas otras habita­ciones, pero siempre montando lo nuevo sobre los muros latera­les de las bóvedas, punto fuerte de apoyo. En proporciones hay poca oscilación de unas a otras, con casi la misma longitud (entre 5 y 6 m) y la misma altura, 2,30 m, aproximadamen­te. El grosor de los muros varía entre los 0,80 m y 0,90 m. La anchura de los habi-táculos es aproximadamente de 2,50 m en las supuestas naves, aunque se toman como referencia los seis compartimentos analizados y medidos.

Continuando la calle Antigua hacia el Norte (fot. 12M), se llega a una plazuela (fot. 13M), donde se aprecian, en el suelo, (fot. 13M,1,2) los vestigios del muro maestro, que conformaba el fondo de la secuencia de naves. Esta plazuela es artificial, ya que, como se aprecia en imagen, se veían bastantes más indicios de muros sobre el suelo, que constituían la secuencia de los muros de las naves expuestas.

Al comienzo del subsector San Joaquín (II), hay, sobre fachada, restos de muros romanos encalados, y que son la base de nueva secuencia en sentido norte-sur (fot. 14M). Esta alineación se sitúa a espaldas de la secuencia antes expuesta, descrita ahora desde el lado opuesto. Se ven, en primer lugar, los muros que conforman este nuevo espacio de naves, al que se entra por un lugar, hoy calle, que estuvo cerrado. Por tanto es un acceso artificial hacia otros compartimentos (fots. 15M; 16M; 17M; 18M). En estos testimonios urbanos se comprueban, sobre el suelo, los indicios de los muros rotos para penetrar en los recintos que informan estas edificaciones (fots.19M; 20M), donde son visibles los restos y reutilizaciones de los paramentos de las estructuras romanas pree-xistentes. Ampliando la fotografía 20M, se puede observar cómo salen del muro, a nivel del suelo, restos de una pileta de salazones, o de un posible depósito, con su revestimiento de opvs signinvm (fot. 57M).  

En 22M, aparte de ser un paso artificial, se presenta una bifurcación que ha hecho dividir esta área en dos subsecto­res: III y IV. Y, como se comprueba en detalles, los restos afloran tanto sobre los que se podría considerar paramentos modernos, como en los que, aún en menores pro-porciones, son residuos testimoniales directos de muros romanos (fot. 22M ,3). A la entrada de este subsector, antes de la bifurcación, se ve, en el interior de una vivienda, la secuencia de las naves reutili­zadas con diferentes fines. En este detalle se ve el muro de fondo que limita con el subsector San Joaquín (II), el muro que le precede e identificable por estar débilmente encalado (fot. 23M,1), y los muros transversales que cortan en vertical a los antes citados.

En 24M se indica el punto de arranque de una secuencia de naves fuertemente modifica-das, pero, en su aspecto externo, dejan indicios patentes de la reutilización de los paramentos, como sistema básico de aprovechamiento para nuevas viviendas.

Penetrando en el subsector IV de esta calle, aparecen los muros exteriores de las construc-ciones romanas, con huellas de sus aparejos, constituyendo, a derecha e izquierda, dos secuencias paralelas. Uno de ellos (fots. 24M; 27M) es limítrofe con las cadenas de naves de la calle Antigua; otro, con el subsector II (fot. 28M). Como se aprecia, las proporciones de altura, anchura y muro, están dentro de las coorde­nadas comprobadas en la casi totalidad de este sector: altura media, entre 3 m y 3,30 m; grosor de muros, entre 0,60 m y 0,90 m. La altura de los espacios interiores oscila entre 2,50 m y 4 m, con ligera variaci­ón.

El subsector III, en sus inicios, (fot. 29M) muestra un paso artificial, y los restos de muros de estructuras destruidas y derruidas por el abandono. En algún momento se utiliza como murete de acceso para aquellos compartimentos difíciles de acceder por la naturaleza del edificio y la dificultad del suelo. De aquí los típicos altos escalones que se contemplan en gran número de cons-trucciones romanas reutilizadas. En este subsector III, según se sube, a izquierda, dentro de una de las viviendas actuales, se ha podido tomar el dato de la fotograf­ía 30M, en la que se da una reutili-zación idént­ica a la ya descrita 23M, que es una nave enrasada con doble muro (uno con abertura artificial), de los que el del fondo limita con la calle del subsector II. Tiene el mismo aparejo y casi las mismas medidas, guardando una estrecha relación con el anterior, ya que forma parte de la citada secuencia de nave­s enrasadas. Sobre la primera rotura en fachada del muro, se observan, en el interior de una casa, los restos de una bóve­da en su punto de arranque. La parte alta es obra moderna, para escalera (fot. 31M,3). El fondo de ésta es muro viejo, muy retocado en el tiempo.

Continuando hacia el subsector IV, aparece una forma de acceso algo irregular, lo que evidencia reutilización del modo más fácil, por los nuevos ocupantes, en estos espacios, de toda una serie de alzados romanos. Así, en 30M, los paramentos de todos los muros de las actuales viviendas son romanos reutili­zados, rompiendo incluso los peraltes de enrase que se hacían para equilibrar el terreno. El paso hacia otro compartimento (fot. 32M,3), se hace mediante la rotura de muros antiguos, hecho que se comprueba en 33M,2. Una vez en esta área, se observa el arranque de otros muros romanos, rotos para hacer accesibles los compartimentos que hoy se ven en 34M,1,3.

Sobre 33M,3, el espacio que aparenta ser un suelo normal, no es más que la parte superior de un sistema abovedado, debajo de este lugar.

Por otro lado, el área central de 34M, se entiende como un posible corredor o espacio muerto, hecho comprobado en otros sectores, como el F (fig. 12). Vista desde otro ángulo, en esta misma área cerrada, se observa el muro interrumpido en su parte derecha y frontal (fot. 35M,1,2), a la vez que dicha estructura se cierra, porque se corres­ponde con el paralelo del sector F (fig. 12).

Las medidas de esta especie de planimetría troncocóni­ca, aproximadamente son: de entrada: 0,50 m; muros: 0,50 m, a ambos lados, y fondo: 0,60 m. La altura oscila entre los 0,60 m y 0,50 m. El muro que debió ser de cierre, a la entrada, mide 1 m de largura y 0,60 m de altura. Su grosor es de 1,10 m aproximadamente, y constituye un muro soporte de todo el espacio que se encuentra bajo este nivel. A derecha, según se entra, hay una puerta de acceso a una posible nave, cuyas medidas oscilan entre los 3,50 m de fondo, los 2,50 m de anchura, y los 2,40 m de altura. Se piensa que es una de las naves existentes en este tramo de casas modernas, que son reutilizaciones de todo el sistema. En cuanto a su estructura y composición, se comprueba el aspecto de su alzado, con opvs incertvm y enlucido moderno, en algunos tramos. Puede ser una nave abovedada, cuya cubierta ha sido destruida y enrasada con bovedilla moderna, a fin construir sobre ella. Pero no se pierda de vista que el alzado de este sector es romano hasta una altura superior a los 8 m; por lo que, en este subsector, la reutilización se practica casi totalmente en lo que es estruc­tura de continente de todas estas casas modernas (fot. 36M).

 Continuando hacia adelante en este rincón, se ve, al fondo, un espacio triangular, cuyos paramentos son romanos, con una altura aproximada de 5 m. Los tres muros son de estructura romana. Los vanos de la parte frontal son modernos, a la vez que la parte superior del frontal (fots. 37M; 38M).

Siguiendo el sentido del subsector III, en su parte izquier­da se ven sobre el suelo, restos de muros rotos que debieron conti­nuar hasta cerrar en la fachada de enfrente (fot. 39M,1), aunque lo debió hacer con el punto de 39M,3. El interior de la casa, tiene muros maestros romanos, con fuerte revestimiento moderno. Debajo de ello se encuentra lo que se suponía era una nave enrasada, he-cho comprobado.

La foto 39M,1 indica que todo cuanto precede en fachadas domésti­cas es reutillización normal, comprobable en 40M, y otro acceso artificial con muros revestidos y con estructura roma-na, como se ha indicado en 39M,1. En ella se aprecia, sobre el suelo la necesidad de haber tenido que rebajar el terreno a fin de hacerlo accesible.

41M muestra una alineación casi simétrica que ha podido ser un antiguo espacio destinado a nave.

42M indica un punto de arranque de cierre de estructu­ra (fot. 42M,2), pero, a su vez, el inicio, o fin, de una secuencia de muros que configuran otra cadena de naves romanas transforma-das en viviendas.

Continuando hacia el término de este subsector III, hay otro recinto cerrado o pasillo ciego (fots. 44M y 45M). En él se ve, a izquierda, una vivienda moderna construida reutilizando muros romanos y revestidos con argamasa y enlucido modernos (fot. 44M,1).

Siguiendo esta misma línea, aparece el arranque directo del muro romano (fots. 46M,1; 47M). Se trata, en efecto, de una apertura, pero se ignoran sus medidas reales, ya que se llega a confundir lo nuevo y lo modernamente roto, porque ha sido usado como habitación de desahogo. En su parte superior tiene piedra toba en forma de dintel. La citada entrada mide aproximada-mente 0,85 m de anchura y, de altura. 0,50 m, según se observa, porque la llegada hasta el suelo viene marcada por rotura, y esto induce a posible error. Su altura, desde el suelo actual, es de 1,90 m, pero con la reserva de que se trate de un tragaluz o respiradero antes que de una puerta. El mu-ro, que aflora al exterior antes de llegar a esta altura, mide 1,70 m. El fondo, también romano, que se continúa, formando muro de contenci­ón del torreón, situado encima de la nave, mide 1,10 m. La altura aproximada de estos paramentos es de 8 m, con cornisa de ladrillo de triple hilada esca-lonada, a 4,50 m (fots. 41M; 42M,1). La nave, a la que se entra por esta supuesta puerta, está partida por un muro central. Mide aproximadamente 1,20 m de anchura (fots. 48M; 49M). Su profundidad es de unos 10 m; su altura, 3,20 m. Puede pensarse que este muro, que divide la nave en dos partes supuestamente simétricas, no es otro que el que se ve pasar como fachada exterior (fot. 45M,2), con lo que se concluye que la cronología de la nave es anterior al citado muro. Algo antes de llegar al fondo, hay dos pasos arqueados que no se han podido detallar, pero se ven en 49M,2. Desde fuera, estos paramentos confirman la tesis de haber sido la base del antes citado torreón. En su parte superior, por la que se une al sector F, hay muros levantados con piedra toba. En su parte baja tan sólo se califica como uno de los pasillos ciegos, vistos en otros sectores (fots. 45M y 50M).En la terraza de la casa colindante a la nave partida, los muros de enfrente e izquierdo son romanos y prolongación de los que se encuentran debajo, que son los que forman tanto la nave como la propia casa (fot. 51M). Desde este mismo punto elevado se ha tomado una perspectiva del subsector II para formar una idea del alineamiento de las estructuras, así como la lógica seguida para trazar calle moderna (fots. 52M y 53M). Partiendo desde este mismo lugar, pero a nivel de suelo, se tiene, a derecha, el acceso artificial de llegada a Eras del Castillo (sector superior de L; fig. 22). Si se observa con detenimiento, la pared izquierda, según se baja, se utilizan, con bastante frecuencia, accesos a las casas bastante peraltados. Su explicación es simple: usos de materiales romanos para equilibrar desniveles, aunque las naves, al menos las que hay localizadas, tienen como suelo roca madre. La actitud general ante la rotura de muros romanos de base, es levantar altos escalones, porque, debido a que las naves pueden encontrarse, y de hecho así están, bajo el nivel de la calle abierta, se ven forzados a tener que ensolar sus casas, y por ello colocan debajo materia­les de relleno, lo que implica realzar el antiguo suelo de roca madre por lo menos 0,50 m y, en consecuencia, romper menos muro romano a la entrada y base. Este fenómeno es tan usual que, en determinadas zonas de la ciudad, por la fuerte pendien­te existente, se haya llegado a levantar hasta más de dos metros de altura el podio de acceso a las casas, a nivel de calle.

En otros sectores como éste, se ve que la altura se debe a que debajo hay otra estructura, a la que hay que respetar (fots. 54M y 55M). Las explicaciones deben darse en cada sector, y según el contexto arqueológico de cada uno.

Así, continuan­do la descripción, se observa que esta calle en cuestión, muestra dos lienzos de muro externo romanos, conservados como testigos de una secuencia (fots. 54M, 55M). Todos los interiores conservan restos de las antiguas naves, pero con información para poderlos exponer y plasmar en la planimetría sectorial. La parte superior de la calle antes citada, tiene un acceso a Eras del Castillo mediante la rotura del murallón romano ­medieval allí aún existente.

En 57M se muestra una perspectiva general de la calle, con un estrangulamiento casi a la mitad de su trazado. Nótese la fuerte pendiente entre el punto inicial, abajo, y su final, arriba. Gran parte de los paramentos de las casas de la izquierda, son romanos; pero hay momentos en que se duda sobre su autenticidad, como ocurre en el punto en que se encuentran restos de una pileta o depósito, saliendo por la base de un muro catalogado como romano (fot. 57M). La postura más razonable es pensar que son superposiciones de estructuras en el tiempo, tal como ocurre en la Cueva y el propio Majuelo (cfr. sector anejo a la Cueva, fig. 19).

Analizando la función de estos muros sobre la calle moderna (fots. 54M; 55M; 56M), se piensa que se trata de una secuencia de naves destruidas para dar paso a todo este complejo ocu-pado. A su vez, esta acción podía haber sido realizada en dos fases: una desde arriba hacia abajo, hasta el primer estrechamiento de la calle (fot. 53M,3); el segundo, derribando muro preexistente en dicho cierre vial. El acceso artificial más evidente lo constituye la rotura del muro romano medieval que actualmente comunica Eras del Castillo con el subsector II.

La conclusión gira en torno a admitir que, a lo largo de esta vía ha sido destruido un enca-denamiento de naves, a distintos niveles, y cuyos muros testigos son, en parte, los que hoy afloran junto a otros también romanos, pero integrantes de otras naves o estructuras romanas (fots. 55M, 56M).

En el punto donde se estrecha la calle, hay una pe­queña nave en el interior de uno de los compartimentos (fot. 61M). Al fondo se aprecia el hormigón romano de un muro con revestimien­to posterior, de época medieval y, un poco más arriba, como se indica en 58M,1, detalle tomado en 1.972, se contempla un lienzo de paramento romano que forma parte del conjunto de naves, que se extendían a lo largo de este subsector II. Adosado a él hay una secuencia de casas de una sola planta, consecuen­cia lógica de una normal reutilización hecha en los primeros tiempos de la repo-blación cristiana.

Es obligado decir en este momento que, tras consultar antiguas fotografías de la ciudad, la mayoría de las vivien­das de aquella época, en el área superior, muestran que las estructuras son de una sola planta. Ello da pie admitir que lo que se hizo entonces, fue la directa ocupación de los sectores de naves que sólo disponían de una planta (fot. 58M,2). Los tres puntos que se marcan sobre detalle, comprenden una gran área, donde se comprueba lo que se está afirmando: las viviendas son de una sola altura.

De nuevo en la pequeña nave del subsector II, junto al gran murallón romano medieval (fot. 61M), se toman sus medidas: altura, 1,10 m; anchura. 1,20 m; largura, 2 m, aproxima­damente.

En el subsector I hay, dentro de paramentos romanos, una nave enrasada y, además, en línea con toda la secuencia del tercer núcleo abovedado de la Cueva (fot. 62M). El muro de fondo es continuaci­ón de lo que en planos se ha interrumpido, pero que esta es su continui­dad, y que va a enlazar con la secuencia expuesta a lo largo de la parte que abarca la calle Antigua en este sector M. El resto de las casas de la misma alineación no han podido ser estudiadas por no autorizarlo sus propieta­rios; por esto, aparte de lo modificadas que están en sus respecti­vos interiores, los muros maestros al exterior, manifiestan su reutilización moderna con el típico revestimiento de cal. Detrás del murallón romano medieval se han practicado excava­ciones de urgencia y han sido localizados muros romanos alineados con los que forman los cimientos de las casas modernas de Eras del Castillo (fots. 63M; 64M, y fig. 24). En ellas se contempla una secuencia de lo que se cree fue parte de los cimientos de las estructuras que existieron en el punto más alto del conjunto romano, que puede llegar a alcanzar la cota 48, es decir, sobre los alzados de los muros hasta ahora conservados, cuya cota real alcanza los 48 m. Uno de los muros (fot. 65M,1) muestra la base de sustentación del punto de apoyo del gozne de algún elemento de puerta o similar. Los muros detectados confirman la opinión de que son base de elementos arquitectónicos de elevada altura, ya que tienen un grosor superior al normal, 1,20 m. Todos los indicios inducen a pensar que son elementos de edificaciones anteriores a las que se vienen normalmente describien­do. Su técnica de construcción presenta una composición algo diferente a la típicamente considerada como romana. No tiene la consistencia interna del mortero romano ni una apariencia externa como el resto de las construcciones hasta ahora analizadas. Su aparejo es irregular, y no muestra las caracterís­ticas del opvs incertvm. Es diferente, pero encaja en los módulos que en otros lugares se han detectado como formas de construcci­ón débiles. Tal fenómeno se ha visto también en el sector L de dentro de la Cueva.

El antes citado paso entre Eras del Castillo y el subsec­tor II, se efectúa en los límites de los sectores M y F (fots. 67M,4; 68M,3 y 69M, 2). El murallón romano medieval muestra al exterior un lienzo que mide aproximadamente 6,30 m de largura; 4,50 m de altura, y 1,80 m de grosor.

En 68M,2 se indica la existencia de un lienzo de estructu­ra romana que aflora hasta una altura de casi 5 m, y una anchura de 0,80 m, prolongándose hasta la edificación del límite oeste de la derruida área, así orientada, del subsector de la Cueva. Esta yuxtaposición de técnicas diferentes ha provocado un fenómeno curioso: cómo las culturas posteriores a la romana reutilizaron las preexistentes, y éstas eran más consistentes; y, con el paso del tiempo y la erosión, las modernas se han ido desmoronando, dejando ver las que se encuentran detrás o más antiguas; en este caso lo han sido las romanas, tal como ha podido ocurrir en este sector de la ciudad. Lo más significativo, encontrado en el estudio y descrip­ción de este sector, aparte de unas características arqui­tectó­nicas similares a las de los sectores L y F, y otros que se detallarán más adelante, ha sido la elevada altura que han manifestado sus alzados, mostrando tantas profundidades como en el subsector IV (fots. 37M y 38M), y las elevaciones en sus niveles, incluso más altos (fots. 44M; 45M y 50M). Por otro lado tan sólo se han podido encontrar dos naves con bóvedas y no completas (fots. 48M; 49M y 61M). El enrase es lo más usual en las modificacio­nes. No obstante, se considera que tres de ellas conservan aún su bóveda, aunque se encuentran tras un falso techo moderno (fots. 9M; 10M y 11M). Los restos de elementos que pertenezcan a otro tipo de estructura son escasos. Tan sólo se han localizado indicios de piletas o depósitos (fot. 57M). Todo ello induce a concluir que esta área ha sido destina­da a almacenaje, aunque el hecho de que aparezca una pileta indique que es el testigo de un posible punto industrial.

Las deformaciones modernas impiden admitir con más evidencia por qué razón han desaparecido elementos arqui­tectóni­cos existentes en las mismas calles actuales, que podían servir de elementos inductivos, para aceptar, con cierto margen de realidad, todo cuanto se expone. El material, que se muestra en 57M, hoy ya no se puede ver, más que en fotografía.

En definitiva, lo que aquí se ha detectado está destina­do a almacenes y algún indicio, a estructura industrial. Por ello se consideran elementos definibles dentro de lo que se viene conside-rando factoría o zona industrial de salazón.

Conclusión del sector M

Lo más significativo que se ha encontrado en el estudio y descripción de este sector, aparte de unas características arquitectónicas, similares a las de los sectores L y F, y otros que se detallarán más adelante, ha sido la elevada altura que han manifestado sus alzados, mostran-do tantas profundidades como en el subsector IV (fots. 37M y 38M), y las elevaciones en sus niveles, incluso más altos (fots. 44M; 45M y 50M).

Por otro lado, tan sólo se han podido encontrar dos naves con bóvedas, y no precisa-mente completas (fots. 48M; 49M y 61M).

El enrase es lo más usual en las modificaciones. No obstante podemos considerar que tres de ellas conservan aún su bóveda aunque se encuentran tras un falso techo moderno (fots. 9M; 10M y 11M). Los restos de elementos, que pertenezcan a otro tipo de estructura, son muy escasos. Tan sólo se han localizado indicios de piletas o depósitos (fot. 57M).

Todo ello nos induce a pensar que esta área mantiene una finalidad arquitectónica des-tinada al almacenaje, aunque el hecho de que aparezca una pileta pueda indicarnos que es el testigo de un posible punto industrial.

Las deformaciones modernas nos impiden concluir con más nitidez por qué razón han terminado por desaparecer elementos arquitectónicos existentes en las mismas calles actuales, que podían servirnos de elementos inductivos, para poder afirmar, con cierto margen de reali-dad, todo cuanto decimos. El material, que se muestra en la foto 55M, hoy ya no se puede ver más que en fotografía. En definitiva, lo que aquí se ha podido detectar lo forman edificios funda-mentalmente destinados a almacenes, y algunos indicios de estructura industrial. Por ello, se consideran elementos definibles dentro de lo que se viene considerando factoría o zona indus-trial de salazón.

SECTOR N

            El sector N constituye una de las áreas que registran en su estructura y morfología una de las mayores complejida­des, debido a factores geológicos del terreno. Se observa que en su trazado se dan varios desniveles con diferente intensidad. En este espacio no se ha localizado elemento abovedado, aunque muchos paramentos internos lo han tenido.  Lo más relevante que se indica en este sector se resume en las siguientes manifestaciones arquitectónicas:

                a) Fuertes y ligeras pendientes.

                b) Muros romanos en interiores y en los supuestos exteriores de las calles.

                c) Murallones contrafuertes para sistemas de aterrazamientos.

                d) Elementos con estructuras de opvs caementi­civm usados para equilibrar algunos desni-veles, común en bastantes áreas de la ciudad.

                e) Apertura de accesos artificiales en interiores y para consoli­dación de calles modernas.

                f) Reutilizaciones de paramentos romanos en la mayoría de los muros analizados exterior-mente, y en algunos interiores.

                Antes de iniciar la descripción general, hay que decir que este sector constituye uno de los complejos urbanos que más problemas ha creado a la hora de reutilizar, con la nueva cultura, toda la herencia de formas antiguas. En algunos espacios la pendiente ha condi­cionado el estilo y forma de la reutiliza­ción. Se nota que la operación transformación, o puesta en uso de la mayor parte de las estructuras romanas, ha sido un proceso largo a través del período medieval, para fijar unas rasantes medio aceptables, con el fin de hacer viables unos trazados antiguos de difícil acceso.

                El primer apartado de este capítulo comprende la descrip­ción y análisis de sus pendientes. En el primer tramo del trabajo se nota que tal pendiente aparece con un desnivel de 2,50 m apro-ximadamente, entre acceso y curva de fondo (fot. 1N). A continuación se incrementa ese desnivel hasta alcanzar los 3,50 m. Durante un tramo aproximado de 15 m se mantiene este nivel (fot. 4N), que empieza a descender hasta conseguir casi el punto cero, comparado con el momento inicial (fot. 1N). Pero tal desnivel se efectúa en suave descenso (fot. 5N).

                A partir de ese punto, con cruce de calle, se inicia otra pendiente con una rampa no muy pronunciada (fot. 14N), que culmina en otro cruce (fot. 18N), con un desnivel aproximado de 1,80 m, y prolongado hasta buscar el punto cero (fot. 19N).

                Entre 8N y 21N, en corto espacio, hay una pronunciada pendiente que alcanza los 2,50 m en 15 m lineales. Pero la más pronuncia­da de todas se encuentra en 20N, donde, en un tramo de 20 m, se llega a un desnivel de casi 6 m. Esta área es de las más desniveladas a consecuencia de los fuertes cortes en las pendientes.

                26N, inicio del desnivel antes citado, es decir 6 m sobre el punto más bajo del sector, comienza con un área que se nivelaba al terreno natural mediante una terraza que superaba los dos metros sobre roca madre (fots. 27N; 28N), en donde se aprecia apertura de calle artificial, con rotura de la plataforma equilibradora (fots. 30N; 31N; 32N; 33N; 34N) que posteriormente, se continúa con un sistema de murallón contrafuerte, conforme se va abriendo la nueva pendiente (fot. 35N).

                La estrecha calle que se aprecia en las fotos antes enumeradas, es artificial, ya que se ve cómo ha sido destruida la plataforma para abrir un estrecho paso, y la misma citada plataforma ha seguido siendo utilizada para acceder a áreas, cuyo fondo está ocupado por ese mismo material. La pendiente, desde la plataforma, se eleva hasta superar los 2,50 m sobre el punto anterior, y continúa haciéndolo hasta llegar, en la calle Antigua, en sus inicios, a más de 6 m, ya que esta calle está hecha sobre el murallón romano medieval. Este desnivel se ve en 45N y 46N, que ha sido motivo del levantamiento del mura­llón contrafuerte romano (fots. 43N y 44N) para fortalecer y contener la masa arquitectónica superior. Está integrada por el sector M. Pero se cree que la función de este muro es proteger la parte baja, añadiéndose, además, la plata­forma de hormig­ón romano, que constituye la base de sustentación de los paramentos apoyados sobre los citados elementos arquitectónicos.

                En 47N se inicia contacto con la calle Antigua, que es de las más pendientes en su trazado. Muestra indicios de línea artificial mediante rotura de estructuras, que se indican a ambos lados de la calle, a lo largo del espacio aquí visto. El desnivel puede alcanzar los 3,50 m (fots. 47N y 48N).

                En 54N se inicia un muro de contención, como se aprecia en 54N,2, en el que usan escalo-nes de más de 2 m, para crear acceso a las estructuras inferio­res, que finalizan en la línea que aquí se inicia. No se ha podido analizar el interior de estos paramentos por encontrarse, en su mayoría, cerrados desde hace tiempo.

                En resumen, se puede decir que la arquitectura moderna tiene que ceñirse a los condicio-nantes que encabezan el inicio de tal descripción, y el segundo apartado comprende el sistema de alzados utilizados.

                En relación a los alzados en cuestión, registrados en este sector, se concluye que, en elevado porcentaje, las fachadas modernas, así como los muros maestros interiores, responden a un sentido práctico en el uso de la herencia del pasado. El casco urbano actual puede conside­rarse en una relación 10/1, sistema doméstico que ha reutilizado las infraestructuras romanas. En el núcleo superior, o a partir de la cota 15, la reutilización puede llegar al 100 %, atestiguado documental­mente.

                Haciendo un recorrido similar al anterior, se ve que en 1N, los paramentos de esta calle usan las estructuras del alzado romano, pero reforzándolas con elementos modernos, como es el revestimien­to con ladrillo. El grosor de los muros exterio­res gira en torno a los 0,80 m y 0,90 m. Los espacios interdomésticos tienen medidas que, en unos casos, equivalen a la anchura de la nave normal (2,50 m), a veces doble.

                En 2N,1, se ve un muro romano exterior que cerraba en 2N,2. De la misma manera, esta calle ha sido abierta artificialmente, ya que sigue conservando sus módulos habituales.

                En 3N,1, hay muros romanos externos, con un nivel interior superior al de la calle.

                En 4N,1, se ven paramen­tos exteriores con gruesos muros, entre 0,80 m y 0,90 m, en toda la calle. El espacio indicado en 5N, muestra un visible ejemplo de fachada exterior, con reutilización de paramentos romanos de los que parten hacia el interior de las casas modernas, una secuencia, hasta apoyarse en el murallón romano medieval, su punto de apoyo en las espaldas.

                En 6N se observa, al fondo (fot. 6N,1), parte del gran lienzo del murallón (que da sobre la calle Morería Alta) relacio­nado con la contextura de los paramentos de 5N.             En 6N, 2, se observa uno de los muros paralelos al mu­rallón que contiene, en sus interespacios, muchos muros diviso-rios en este subsector.

                La continuidad de este sistema de muros divisorios se observa ya dentro de las casas modernas que los han reutiliza­do.

                7N,1,2,3, presenta un ejemplo de lo antes dicho: tres sistemas de muros que discurren en paralelo al murallón de la calle More­ría Alta (fot. 6N,1).

                El espacio 8N,1, señala ejemplo de paramento exterior en el que, además de aflorar en algunos lienzos el aparejo romano, indica el grosor tipo que tienen los muros (8N,2).

                En 9N,1,2,4, se ven muros interiores reutiliza­dos, con revestimiento externo y encala-miento.

                En 10N,1, paramentos divisorios laterales.

                En 10N,2, muro de fondo, de grosor aproximado a los 0,90 m, que discurre paralelo al cita-do en 6N,1.

                En 10N,3, muro divisorio, de grosor similar, con abertura artificial que permite el acceso a las dependencias interiores.

                En 11N,1, paramentos romanos con revestimiento moderno.

                En 12N,2, muro roto para dar paso a 12N,3, que, a su vez, es el tope paralelo a esta secuen-cia de alzados de muros interiores.

                En 14N se ve con evidencia cómo arranca el muro romano de plataforma de opvs caemen-ticivm, y que se continúa a lo largo del paramento de la calle, salvando un paso artificial.

                En 15N,1,2, se ven detalles del paramento y plataforma de hormigón.

                El espacio 17N presenta casi toda la secuencia citada en 15N,1,2, mostrando los muros su grosor habitual en estas formas. 0,80 m y 0,90 m.

                El espacio 18N indica continuidad del citado muro de fachada hasta el final de esta calle, límite del sector.

                El 19N,1, es un tramo que ha sufrido pocas modificacio­nes modernas, y 19N,2, confirma el uso de plataforma interior.

                El muro indicado en la pendiente 20N, probablemente se haya levantado guardando las distancias de los interespacios, porque en el sector siguiente hay indicios de continuidad de esta estructura.

                En 21N se señalan estancias modernas con reutilización de formas romanas. Se observa el escalonamiento provocado por la rotura de los sistemas de aterrazamiento.

                En 27N,3,4, se fija la dirección que siguen los muros romanos montados sobre plataforma de opvs caementicivm.

                En 28N,1, se recogen los paramentos romanos sobre platafor­ma de hormigón.

                31N,1, marca la continuidad del anterior, con indicios de los paramentos exteriores, aflo-rando el opvs incertvm en algunos subsectores.

                32N,3, señala, además, un escalona­miento superior para acceder a los habitáculos inte-riores.

                En 35N,1, se recoge la serie murada de paramentos de este subsector, que muere en la primera parte de la pendien­te de la calle Antigua.

                Los paramentos del punto opuesto, 35N,3, se han montado aprovechando el muro contra-fuerte en este espacio (35N,2).

                En 36N,1, se recoge un lienzo de paramento que finaliza en 35N,2.

                En 39N,1, se indica la continuación del murallón contra­fuerte superior, base y soporte de gran parte de la calle Antigua.

                39N,2, inicia nuevos paramentos de habitáculos modernos que guardan distancias próximas a lo que se viene admitiendo como medida tipo, módulo de nave.

                En 40N se ve testigo del murallón almenado, del que es continuación.

                43N,1, es un paramento que parte del murallón con fuerte pendiente, hacia poniente, y que se va equilibrando por medio del aterrazamiento (fot. 43N,2), que se va dando de forma escalonada hasta llegar a la cota 7 aproximadamente.

                En 46N se da prueba del sistema de escalonamiento de los paramentos hasta la citada cota.

                47N,1, marca el final del muro contrafuerte, usado en toda la calle precedente como para-mento de la casa moderna.

                En 47N,2,3,4, se muestra una secuencia de muros divisorios de alzado romano, rotos para abrir la calle Antigua en este tramo.

                En 48N,2, se indica el uso del mismo paramento hasta un cruce que cerraría todo este sub-sector, al final de la secuen­cia.

                En 50N,1,2,3, se indica la reutilización de formas romanas, de las que una es nave enra-sada, conservándose el arco, rebajado, marcado sobre su fachada (fot. 51N,1). El módulo de los muros es el normalmente usado: 0,80 m y 0,90 m.

                En 52N,1,2,3, se marca el final del paramento que conforma la fachada de esta secuencia de habitáculos modernos, cerrándo­se en un ligero muro conservado (fot. 54N,1), produciéndose de inmedia­to el cambio de altura en los paramentos siguientes, por el inicio de un espacio con otras características estructura­les (fot. 54N,2,3).

                Los murallones contrafuertes de este sector, que se utilizan en el levantamiento arquitec-tónico del mismo, son dos. El primero sirve de soporte a la calle Antigua, en su primer tramo, a entrada de la calle San Miguel (fots. 40N; 43N; 44N), cuyo grosor es de 2,10 m, siendo el de más resistencia, ya que sirve para contener la parte superior, formada por el sector M, y como punto de apoyo para el subsector que se encuentra debajo de él.

                El segundo muro de contención es de menor grosor, pero está levantado, en algún subsec-tor, sobre plataforma de opvs caementicivm, de grandes dimensiones (fots. 6N; 7N; 27N; 28N; 29N; 30N; 31N; 32N; 33N; 34N; 35N; 36N; 37N; 38N), constituyendo la base de arranque que da consistencia a las estructuras romanas situadas debajo. Tan sólo 6N,1, 7N,1 y 36N,3, marcan con alguna precisión el trazado y la profundidad de este elemento de contención.

                La dirección de esta línea de soporte seguiría en sentido sur-norte, para cerrar, a la altura del Palacete del Corregidor, el anillo de muralla que se extendía hasta el subsector sur del área del sector T. Por tanto, en 39N se ha producido un corte de esa muralla para facilitar la continuidad de la calle Antigua.

                Por otra parte, y muy cerca de este punto, está el murallón que viene desde las cercanías del foso del Castillo. Su secuencia conforma la base de soporte de la construcción tanto antigua como medieval y moderna (fots. 40N; 42N,1, 43N,3; 44N,2). Es lógico que esta muralla se cerrara unién-dose a la que soporta la masa de la Cueva, provocando otra rotura en la calle Antigua, o tal vez con las antes citadas en 39N.

                Los habitácu­los sitos en este interespacio, se encuentran en posiciones con plantas bastante violentadas, porque el desnivel entre las dos líneas de muralla y la distancia entre las mismas, son fuertes. La diferencia alcanza casi 12 m, en una distancia que llega a tener una longitud entre los 12 y 20 m.    

                En 4N y 46N se constata el fuerte desnivel y la corta distancia. Debido a ello, los para-mentos de las edificaciones romanas más consistentes han dejado fuerte huella de reutiliza­ción a lo largo de la calle Morería Alta (primer subsec­tor), donde se observa, sobre la misma, que su línea es inventada modernamente, ya que se ha realizado rompiendo parte de las plataformas de enrase para equilibrio del terreno. Las fachadas actuales han sido construidas reutilizando los paramentos romanos. Sólo en los interiores se comprueba, y no en todos los casos, la existencia de muros que no responden a una arquitec­tura moderna, sino a la reutilización de materiales preceden­tes.

                A partir de 47N, se encuentra una serie escalonada de espacios cuyas medidas longitu-dinales, teniendo en cuenta la distribuci­ón interna de todo el sector N, se corresponde simétri­camente con el resto que precede, y basándose en los alinea­mientos de los sectores anejos. Por tanto, forman una red de divisiones bien proporcionadas, y que han podido constituir un área de naves similar al de la zona alta o casquete superior de la ciudad (fot. 48N,2).

                La existencia de plataforma de opvs caementicivm, o el enrase del suelo sin el citado hor-migón, se ven en 49N, donde el gran escalón, de varios peldaños, acusa este fenó­meno.

                Siguiendo esta misma línea, se encuentra una fachada, con una antigua forma arqueada de su aspecto exterior, y que puede formar parte de una nave (fots. 50N; 51N,1).

                Toda la secuen­cia, hasta 52N,3, consti­tuye un área cuyas medidas son homogéneas y equidis­tantes, dando pie a una interpretación similar a la calle: toda esta secuencia muestra señales de la existencia de un sistema de naves en todo el espacio indicado en la planime­tría. Los para-mentos conservados son identificables (fot. 52N,1,2). El final de este subsector acaba en el murete inferior del paramento indicado en 52N, con una división bien marcada entre ambos espacios. Los habitáculos domésticos, observables en todo el trazado, guardan proporciones cercanas a las de las naves de la zona superior. Por ello se han indicado en planimetría, con línea discontinua, los espacios que coinciden con las formas antes señaladas (fot. 53N,1). En 54N se ve la división, tal vez artificial, entre dos subsectores.

                En 54N,2,3, se marca un nuevo nivel en la reutilización de los paramentos, con una cota indicadora del inicio de un espacio destinado a habitáculo moderno, pero donde las muestras exteriores son de estructura romana bastante retocadas, con enlucido y encalado actuales.

                Como conclusión, después de esta descripción, se puede indicar que las formas arquitec-tónicas de este sector N, muestran estructuras básicas de construcciones romanas.

            Conclusiones del sector N

                1) Relleno de espacios con fuerte pendiente, para equilibrar desniveles naturales del terre-no.

                2) Construcción de muros de contención grue­sos, para facilitar los posterio­res aterraza-mientos, donde se van empla­zando las diferentes estructu­ras y formas romanas.

                3) Aperturas de calles modernas (desde época medieval), con la modifica­ción del cuadro arquitectóni­co antiguo, que es preciso reconstruir, analizando no los edificios modernos, sino en conjunto.

                4) Presencia de muros testigos en fachadas actuales del sector, que acusan la existencia de paramentos de esquemas de naves romanas, como las de los sectores E, F, D, etc., pero cuyos módulos coinciden con las medidas que se ven en esta vertiente de la ciudad, y atestiguado en el sector K (fig. 17).

                Resumiendo y sintetizando tales factores, se puede admitir que estos espacios forman parte, en estilo, medidas y técn­icas, de la idea generalizada del conjunto hasta ahora estudiado, es decir, que son naves de almacenaje muy retocadas, en la mayor parte de los casos, pero sin indicios de depósitos de agua, ni de salazón. Su existencia es inducida, pero, por ahora, no demostrable, ya que no se dispone, en este sector, de elementos que lo atestigüen claramente. Se usa como argumento ad hoc la presencia, en los mismos niveles y, muy cerca de este sector, de piletas de salazón y depósito de aguas (Sector K).

SECTOR  O

Este sector constituye una de las piezas que muestra un fuerte índice en alteraciones de estructuras, que se ven alineadas, según los gruesos muros de contención, o plataformas, que se extienden a lo largo de todos los niveles detectados en la zona de Poniente.

 Sin un criterio de división definitivo, sobre la base de unas premisas correctamente argumentadas, la distribución por sectores nos lleva, a veces, a contemplar áreas que participan de características mixtas, en lo que a organización y distribución de elementos arquitectónicos se refiere.

Una vez hecha esta observación, se inicia el recorrido descriptivo del sector a partir del antiguo cuartel de la guardia civil, situado al comienzo de la calle Morería Alta.

Efectivamente, los paramentos que se observan tienen componentes estructurales romanos. Los muros exteriores, únicos que se han podido analizar, dan señales de la existencia de opvs incer-tvm en algunos de los alzados (fots.1-O; 2-O). En la segunda de ellas (fot. 2-O) se puede obser-var, al haberse desprendido el revoque moderno, la aparición del opvs incertvm tras él.

Siguiendo el recorrido descriptivo por la calle Morería Alta I, se puede observar, sobre la base de los paramentos (fot. 3-O) la existencia de muros, cuyo pie tiene un fuerte desnivel con relación a los espacios interiores. En el punto 3-O,2 se ven los indicios externos del aparejo ro-mano retocado y deteriorado. En el punto 3-O,1, se observa igualmente un aparejo antiguo bajo el mismo revoque. Por último, en 3-O,3 se puede señalar que había un cierre en la estructura mural antigua y que, por tanto, el paso que se ve, es artificial. El suelo ha tenido una plataforma de relleno que procede de un nivel superior, provocado por la diferencia de altura en el terreno.

Continuando la descripción del paramento, se ve en 4-O, una secuencia alineada en la que apenas surgen diferencias de nivel y de altura en el espacio base, o estructura considerada modelo de nave, e igual en la alineación de los paramentos en toda la secuencia.

Al fondo de 4-O, se advierte una variación provocada por el cambio de orientación de la base, según el terreno donde se asienta. Obsérvese la continuidad del aparejo, y un factor muy importante: a pesar de la pendiente del suelo, no se aprecia, ni una ligera fisura en el alzado. Este fenómeno se explica porque se reutilizan materiales estructurales romanos a través de todo el sector. Otro detalle a considerar es la estrechez de la calle que, como se ha dicho, probable-mente tenga la misma explicación que en la parte superior del sector K (fig. 17), en donde se ha detectado que gran parte de la calle está montada sobre muro de aterrazamiento. Como detalle de la estructura interna se indica el punto 5-O, donde se puede ver la composición de aparejo en el muro exterior, sobre el suelo. El ligero estrechamiento, que se observa en esta calle, probable-mente se debe a un nuevo cierre en la estructura que aquí se contempla (fot. 6-O).Al llegar al punto central de la curva que muestra el trazado general de esta calle, se produce una nueva abertura artificial de la misma, en ángulo recto, y con una fuerte pendiente, como se verá más adelante (fot. 7-O) que, incluso, provoca un cambio en la organización de los paramentos, de tal forma que la estructura da claras señales de una alteración en la distribución de los componen-tes arquitectónicos de esta calle, en el punto 7-O,1. Hay, en efecto, un probable cierre, o mejor, paso artificial a partir del punto 8-O,2, que formaría unidad con las estructuras romanas situa-das justo enfrente. La calle continúa con un ligero ascenso en su base, que llega a proporcionar la información de que, bajo el paramento indicado en 8-O,1, hay un fuerte rebaje y, en conse-cuencia, un muro contrafuerte de aterrazamiento, que es continuación del ya estudiado en K. Efectivamente los espacio modulares atribuibles a naves, bajo el nivel de la calle, se dejan ver con cierta claridad (fots. 9-O,2,3; 10-O,1,2,3; 12-O,1,2,3; 13-O,1,2). Además de estas evidencias, es preciso anotar la comprobación de que el paramento superior está levantado de opvs in-certvm (fots. 9-O,1; 11-O,1,2; 13-O,2). El factor altura sigue manteniéndose tanto en las estruc-turas que se encuentran bajo el nivel de la calle (fots. 9-O,1,2,3; 12-O,3), como en las que se ven en superficie (fot. 14-O,1,2), en las que se ha podido tomar detalle del interior de uno de los espacios que tienen su alzado bajo el citado nivel (fot.14-O,3), y que se refleja en un detalle tomado desde la misma puerta, indicada en la foto anterior. Su interior muestra unos muros con un grosor que entra dentro de los módulos romanos más frecuentes (0,90 m). Hay muro en ver-tical a la línea maestra de calle (fot. 15-O,1), elemento transversal de cierre, que marca los espa-cios tradicionales, dentro de los parámetros que exigen las naves detectadas en la zona de Po-niente, como es ésta (fot. 15O,3).El grosor de los paramentos se observa en el punto 15-O,2. A continuación se indica el resto del alzado que, se supone, no termina al final de la calle, sino que continúa a través de los muros de la secuencia de estructuras que entran dentro del sector K (fots. 16-O; 17-O).

Situados de nuevo en el punto 7-O,2, donde se encuentra una de las roturas intencio-nadas, para poder comunicar la plataforma superior con la de abajo (fot. 19-O). En el punto central se observan componentes, o restos de piedras, que sobresalen del paramento, testimo-niando con ello la existencia de un muro roto para abrir paso en ese tramo de calle. Los para-mentos de la misma, tienen indicios del opvs incertvm, que se deja ver a través del revoque mo-derno, sobre todo en la parte derecha de la imagen, según se sube (fot. 19-O). Visto desde arriba, se pueden comprobar, sobre el muro derecho, los indicios de su viejo origen romano (fot. 20-O).

Por otro lado, se detecta cómo los espacios intermedios que marcan los límites de cada vivienda, coinciden, en origen, con los destinados a naves (fot. 21-O).Hacia el centro de esta bajada se puede comprobar la existencia de restos de muro que cerraban este paso en ese tramo (fot. 22-O).Tanto a un lado como a otro, pueden verse las huellas evidentes de la existencia de un muro de cierre. En una foto de detalle, se precisa con toda claridad el aparejo interno del tal supuesto muro de cierre (fot. 23-O).

Salidos a la calle Morería Baja, nos encontramos en una encrucijada con accesos, algu-nos completamente artificiales, y la alineación de las estructuras (fots. 24O; 25-O), donde la dis-tancia entre las distintas puertas de las casas nos va indicando las dimensiones de las antiguas estructuras reutilizadas.

Pasando por el punto 24-O,1, se llega a un espacio marcado por la fuerte presencia de estructuras romanas muy modificadas, pero que conservan las alineaciones de muros de su anti-gua distribución, camufladas bajo las alteraciones o adiciones modernas (fot. 26-O). Entrando en este espacio cerrado, encontramos un muro romano a izquierda, con el aparejo muy deterio-rado, una entrada provocada por la rotura del muro de cierre y, al fondo, uno de los muros maestros, que proceden de las formas que describimos al principio de este sector.

En la foto 27-O, se puede observar, según se entra, a izquierda, un muro romano muy retocado, pero que deja ver la estructura de piedra en varios puntos de su alzado; a derecha, un muro romano muy alterado y revestido con argamasa moderna y, al fondo, cerrando estas estructuras, todo un paramento con señales de su antigua construcción. Téngase en cuenta que tal muro de fondo se encuentra alineado con el punto 23-O, del que ya se ha comprobado su identidad. Ese muro queda indicado en el punto 29-O,4 que divide diametralmente la secuencia de edificios que se estudia en este sector. En el punto 30-O, se puede ver el momento de cierre, mediante una calle que desciende, término de este sector, señalándose, a su vez, la continuidad de los alineamientos, cuyas estructuras se montan apoyadas, en todos los casos, por sistemas de muros de contención, que son destinados a sujetar las plataformas de aterrazamiento.

A lo largo de la calle Orobia, en uno de sus interiores más abandonados, se ha podido comprobar la existencia de dos alineamientos de muros romanos, de los que tan sólo se ha podi-do tomar detalle (fot. 30-O) de uno interior, con aparejo considerado como romano, y de otro externo (30-O,3), con revestimiento moderno más reciente, pero todos tienen los indicios de pertenecer a formas romanas.

Los techos, como se puede observar, están enrasados al estilo que nos es común en la mayoría de los casos que se ha ya registrado (fot. 30-O,2). Los paramentos de cierre son los que nos dan mayores pruebas de su antigüedad no sólo por su grosor (0,80 m), sino por las piedras que se traslucen a través de su revoque moderno. Este detalle se aprecia un poco más en un rasgo tomado sobre este mismo espacio (fot. 32-O,3), donde las proporciones de las piedras se hacen patentes. Al fondo de la misma foto (fot. 32-O,1), puede verse igualmente el muro que antes se ha indicado como supuesto límite de estas estructuras. Obsérvese, porque esto es muy indicativo de lo que estamos afirmando, que el techo, que aquí está construido de una forma muy peculiar, no ha sido planificado previamente, sino que está yuxtapuesto, clavando el maderamen sobre la pared, lo que nos hace pensar en una reutilización de estancias antiguas, porque, si fueran modernas, tal techo formaría cuerpo con los paramentos del alzado, y no sería un añadido, como ahora lo es, y que se puede comprobar. Este curioso dato ha sido también observado en la entrada de Levante de la Cueva, donde una nave ha sido enrasada, sin rom-perla, mediante un maderamen añadido.

Conclusión del sector O

Dentro del estudio general de la zona de Poniente, donde queda enmarcado este sector, se ha podido comprobar que las líneas arquitectónicas de las edificaciones que se han descrito, en términos generales, entran dentro de la tipología más usual. Téngase en cuenta que los elementos con que nos hemos encontrado a través de todo su recorrido, considerando que no ha sido posible poder penetrar en las edificaciones que debían ser analizadas en su estructura interna, tan sólo se limitan a lo siguiente: muros que forman parte de los sistemas de aterraza-miento en las grandes líneas de toda la zona de poniente, y que se relacionan estrechamente con los otros sectores de los que forman parte; algunos espacios interiores, que se han podido identi-ficar como romanos, pero sin poder analizar si su finalidad era similar a los que ya se han com-probado en otros sectores y, por último, espacios cerrados que guardan las mismas proporciones que se ha considerado comunes a los tipos de naves halladas en esta área.

En resumen, se puede concluir afirmando que las estructuras, aunque no con suficientes datos estudiadas, pero basándonos en las secuencias de los aterrazamientos, elemento patente en toda la gran área de Poniente, responden a los mismos esquemas industriales ya estudiados en sectores como el K (fig. 17).

SECTOR  P

Este sector se encuentra en un nivel muy próximo al de la factoría de salazones del Majuelo, coincidiendo en gran parte con el mismo, sobre todo en la zona inferior, directamente ligada a la factoría y considerada como prolongación de la misma.

El espacio situado en la parte más baja, abarca el tramo entre la Puerta de Vélez y la antigua Ermita de la calle Nueva, con un nivel similar al resto de la citada factoría, por lo que se piensa que la mayor parte de esta área, está levantada sobre la misma, reutilizando, como se verá, gran número de paramentos romanos tanto en los niveles altos como en los bajos, aunque este subsector disponía, como elementos arquitectónicos, tanto de conjuntos industriales, como de almacenaje. Por ello, distinguimos los siguientes subsectores:  

1) Zona inferior, cuyo destino muestra indicios de haber estado dedicada a la manufac-tura de salazones.

2) Zona superior, cuya finalidad da señales de haber estado destinada no sólo a la manufactura sino también al almacenaje, como en otros sectores del área de Poniente.

En cuanto a la distribución de áreas destinadas a uno u otro fin, hay que notar cómo se planteó la estructura del terreno para conseguir un esquema correcto en el montaje de las infra-estructuras aquí proyectadas y realizadas.

Por ello, y siguiendo un orden descriptivo y topológico, iniciamos el recorrido arqueoló-gico desde la denominada Puerta de Vélez, hasta la calle Vélez (fot. 1P).

Los paramentos de ambos lados dan señales de su emplazamiento sobre las estructuras murales situadas debajo (muros de parte de la factoría, enterrados), o bien usándose estos cita-dos paramentos en alturas superiores conservadas y recubiertas con mortero moderno, como se verá en muchos espacios de calles actuales.

Penetrando por el punto 1P,1, al fondo de este callejón ciego, obsérvense, sobre el para-mento derecho, fuertes muros romanos débilmente revestidos de argamasa moderna, pero que, no por ello, las piedras del opvs incertvm dejan de aflorar (fots. 2P,3,4; 3P,1,2). Encima del alza-do romano se observa una superposición de muro relativamente reciente (2P,1, y fuerte revesti-miento moderno que impide ver el aparejo externo romano (2P,2). Este detalle externo es indi-cativo de toda una antigua línea mural, que reflejamos en la planimetría por sectores (cfr. figs. 5 y 27).

Es claro que en 3P,1,2 se ha producido una rotura intencionada de la secuencia mural, con el fin de poder acceder a las dependencias interiores, que eran bastante inaccesibles. El mu-ro, como se observa en 4P,1, cerraba con el otro paramento de la izquierda y continuaba for-mando parte del alzado interior de división de la manzana de casas de 1P,2 (hoy se encuentra muy alterado y sólo se conservan los cimientos).

En 4P,3 se observa otra interrupción intencionada que probablemente ocuparía el hueco de la calle para constituir una dependencia, como se verá en los interiores que se indica en 4P,4, marcando un acceso artificial a toda una cadena de estructuras con dependencias de diferentes épocas y finalidades. El pavimento de la calle ha sido revestido recientemente con empedrado y hormigón. En las dependencias internas de 4P,4 no se ha detectado pavimento, sino tan sólo las estructuras murales y las dependencias industriales, como los restos de piletas.

Por el punto 5P,2, con paramento romano a lo largo de toda la callejuela, penetramos en toda una secuencia recientemente descubierta, y que corrobora la opinión generalizada sobre las estructuras en terrazas de todo el complejo industrial de Seks.

Las secuencias de paramentos de estructura romana se encuentran alineadas formando áreas rectangulares. La superposición de formas industriales es frecuente. Se puede observar cómo un murete de pileta sale por debajo de un muro romano supuestamente posterior.

El estado de conservación de los restos es algo defectuoso en la superficie exterior de los paramentos. Así, en la zona interior, más profunda de este subsector, se puede contemplar los muros con su revestimiento moderno y algunos espacios reconstruidos (fot. 6P, 1,2,3).

En 6P,2, se puede ver cómo un muro romano posterior, está superpuesto a otro, que presenta una estructura de hormigón similar al usado en los depósitos de agua o piletas de sala-zón.

En el siguiente espacio alineado, se puede ver igualmente el muro romano revestido y retocado con materiales modernos: muretes romanos de ladrillo (opvs latericivm) y revesti-miento con mortero moderno (fot. 7P).

En línea con lo anterior, nos encontramos la secuencia formada por un grueso murallón, probablemente destinado a muro de contención (fots. 8P; 9P; 10P y fig. 27). Se puede inducir, por la secuencia a lo largo de toda la zona interna de este subsector, que su prolongación llega, por lo menos, hasta la calle Santa Isabel, y tal vez, se extendiera hasta enlazar con muros homó-logos de la calle Nueva.

Es bien patente que la composición de este tipo de paramento no es muy corriente en la ciudad, por lo menos en lo que se lleva investigado. Por el momento, no disponemos de otra prueba similar. Las piedras usadas en el aparejo externo llegan a alcanzar más de 0,60 m de largura. En cuanto a su altura, todo parece indicar que los muros romanos de este subsector alcanzan la parte superior de la casa moderna, habiendo sido reutilizados, como se verá más adelante.

En los puntos 10P,1,2, se puede observar un murete de opvs caementicivm saliendo del murallón de piedra pizarrosa, y sobre el que se ha levantado una estructura mural romana. Se piensa que la parte inferior corresponde a una serie de piletas o depósitos de agua por tener revestimiento de opvs signinvm. Pasado este tramo, vuelve a aparecer el murallón a espaldas de otros compartimentos de este mismo espacio interior (fot. 12P,4) que continúa hacia la izquier-da de la foto presentada, viéndose en 13P,2.

Los siguientes compartimentos se encuentran divididos por muros de ladrillo grueso que muestran revestimiento moderno (fot. 12P,1,6; 13P,1,4). En algunos momentos se ve el muro romano en estos paramentos, como puede comprobarse en 13P,3. A continuación del espacio descrito antes, vemos otro compartimento dividido por muros transversales romanos, en el que se vuelve a mostrar, de forma algo encubierta, el aparejo externo del gran murallón (fot. 14P,2).En esta misma secuencia se detecta una serie de alzados romanos levantados con ladrillo (opvs testacevm), en cuya técnica constructiva se puede observar el uso alterno de dis-tintos grosores en los mismos, procedimiento usado en otras áreas (cfr. fig. 17). En algunos paramentos el ladrillo aparece homogéneo (fot. 15P,2); en otros, alternado (fot. 16P). El reves-timiento moderno es muy frecuente, aunque deja muchos espacios, testigos de la forma antigua (fot. 17P).

Como ya ha quedado dicho, los paramentos han sido usados hasta alturas superiores a los 9 m, como puede comprobarse en 18P; 19P,1,2; 20P,1,2. Constituyen el armazón de esta gran casa que, tiempos atrás sirvió de cuartel militar. Estos muros muestran al exterior, aunque algo retocadas, las piedras del opvs incertvm con que fueron construidos. Las dimensiones regis-tradas alcanzan hasta los 20 m de largo y 9 m de alto; pero se ignora la verdadera dimensión, ya que continuaban por otras viviendas anejas a este subsector.

La foto 20P nos da una idea de la extensión del muro maestro que se detecta, y que es la continuidad del que se ha visto en fotos anteriores, pero paralelo al del aparejo de las piedras grandes (fot. 10P,2).

Continuando la secuencia vial, se ve en 21P la parte externa de la descrita en párrafos anteriores; es decir, que los muros de estas casas se encuentran reutilizando todo un paramento, paralelo al que discurre por dentro. Estas fachadas antiguas han sido muy alteradas. Veinte años atrás podían verse, a través de la cal, las piedras de los paramentos tipo opvs incertvm.

Superada la anterior vía, a través de un paso artificial, nos adentramos en un patio ciego, en el que se aprecia la estructura romana oculta tras el mortero moderno (fot. 22P,1.2).

A través del paramento 22P,2, pasamos a un espacio interior en donde se puede con-templar diferencia de altura en el suelo, debiéndose construir escalones para poder pasar de un tramo a otro. Es probable que constituyeran recintos de naves abovedadas, pero no tenemos indicios. Se observan los muros con el grosor habitual en todo este sector, alcanzando los 0,90 m (fot. 23P,1), y los enrasamientos que se han detectado en otros espacios similares a éstos (fot. 24P,1).

En la foto 24P,2 se observa un lienzo de muro cuya estructura ha sido horadada, dejando ver el opvs testacevm tras el revoque moderno.

Continuando la descripción vial, partimos del punto anterior y nos encontramos con el tramo 25P, en donde se puede ver otro fenómeno de paso artificial.

El tramo 25P,2 constituye una secuencia de muro de gran grosor, que ha sido revestido con argamasa moderna.

En 25P,1 se produce una abertura artificial más evidente que la que confirmamos en la calle. Se trata de un pasillo que da acceso a unas viviendas modernas reutilizando todos los paramentos, al igual que se aprecia en los anteriores dejados atrás, pero con la diferencia de que aquí han sido fuertemente retocados y encalados. El grosor del tramo 26P,1 es de 0,90 m, y las bases de los muros interiores dejan claras señales de la reutilización (fot. 26P,2,3).

Situados de nuevo en la calle Santa Isabel, se observa cómo se produce un fuerte giro en la alineación de la misma, lo que coincide exactamente con la anchura normal de los espacios que se viene analizando. Por ello se piensa que ha sido roto el sistema, con el fin de intercomu-nicar las diversas zonas que aquí se encuentran, condicionadas por la orografía propia del suelo urbano antiguo. Este hecho es mucho más palpable en las áreas superiores del conjunto arqui-tectónico (fig. 12).

Así, pues, en 27P,1,2,3, hay tres tramos consecutivos, que son los puntos de enlace de las secuencias que se ha descrito en 18P, 19P y 20P. Los módulos de anchura y los muros que las dividen se corresponden en medidas con los anteriores. Así, en 28P,1 se observa un paramento que tiene una altura aproximada de 5 m, dejando ver indicios de opvs incertvm.

En 28P,2 se detecta uno de los muros divisorios de las edificaciones colindantes que antes se han descrito.

En 29P,2 se puede observar el otro paramento de similares características.

En 31P,3, hay otro paso de los que llamamos artificiales, por ser causados por la destruc-ción de estructuras romanas.

En recientes obras de albañilería se pudo comprobar, en la apertura de cimientos, la presencia de materiales romanos como base de todas estas edificaciones.

En 31P,1 hay otro alzado que, en su base, acusa la presencia de opvs incertvm en el apa-rejo. En esta fotografía retrospectiva del mismo tramo, hecha desde otro ángulo, se puede obser-var lo antes dicho: 32P,1, paso artificial hacia la calle superior; 32P,2, podivm artificial para acceder a los espacios de la izquierda; 32P,3, paramento antiguo con huecos probablemente destinados a naves. En el exterior se detecta el revestimiento moderno de los alzados romanos.

En la foto 34P, se tiene un ejemplo más de la existencia de paramentos romanos. El punto 34P,1 se corresponde, en paralelo, con el 29P,2, formando el espacio que hoy ocupa la casa que se ve. Debajo de toda la secuencia que se puede contemplar en esta calle, se encuentran los gruesos muros, que se han venido estudiando desde el comienzo de este sector (fots. 5P a 20P).

Continuando la línea 32P,1, paso artificial, nos encontramos con la calle y fachada indi-cada en 35P,4. En primer lugar es necesario comentar el estado del pavimento de la misma, en donde se aprecia de inmediato la presencia de suelo rocoso, con un ligero revoque moderno de hormigón.

La línea 35P,4 enlaza con la que conectaremos en el sector K, en la que se tiene eviden-ciada la cimentación y parte del alzado, con reutilización de muro romano en todo el trayecto (fots. 49K; 54K; fig.17). Probablemente en el interior de toda esta secuencia, prolongación de todo el sector K, las dependencias antiguas romanas hayan sido reutilizadas y transformadas, como en otros muchos parajes de este gran sector de Poniente (cfr. fig. 16).

En el espacio 35P,1, no hace mucho tiempo, se han realizado obras de remodelación, y han sido destruidos algunos de los muros interiores, ya que en los escombros se han detectado los componentes base del opvs incertvm. Esto se ha localizado en la parte final del paramento 36P que, como se ve, hasta ha cambiado el aspecto de la calle, con un nuevo revestimiento de piedra y cemento.

En la calle Martínez Rodas, justo en el punto 37P,2, se indica la existencia de un sub-sector que ha sido dividido de forma artificial, quedando encubierto por el aspecto rectilíneo que nos muestra el trazado de la calle. En el punto 37P,2 debe efectuarse la unión de un gran muro de contención, similar a los ya descritos en otros apartados de esta demarcación urbana. La línea 37P,1 es moderna, y sólo encubre los paramentos que se encuentran en sus interiores, a lo largo de todo este trazado de viviendas modernas. La diferencia de nivel entre la parte superior del punto 37P y el bajo, es de 9 m aproximadamente.

Casi enfrente de la anterior pendiente, nos encontramos con el punto 38P, 2, que ocupa el espacio de una antigua Ermita, que ha sido convertida en vivienda moderna. Sus cimientos nos van a confirmar, una vez más, el hecho de que la estructura superior de las casas se monta sobre muros romanos situados exactamente debajo, constituyendo aquí los verdaderos cimien-tos de toda una manzana de casas. Incluso los paramentos exteriores han sido transformados con revoque moderno, dándoles aspecto de construcción de nueva planta.

En el sector K, en la parte que se corresponde con ese mismo nivel, se puede comprobar que esa táctica se cumple a la perfección (fots. 5K a 8K; fig. 17).

En 39P se puede ver la existencia del muro, formando parte de los cimientos de la casa, pero no en la correspondiente a la Ermita, sino a la situada enfrente. En 40P se observa mejor la composición del alzado de opvs incertvm.

En la foto 41P se ve el nivel de la calle y el muro romano debajo.

En la 42P, en perspectiva, se ve la línea del alzado actual de la Ermita y, en 43P,2, la precisa situación del muro romano debajo y su alineación justa. El punto que se nos indica en 43P marca, de forma precisa, el tramo que ocupa el muro romano observado, y que se alinea con la señalización dada en 38P,3, de tal forma que constituye un muro de cierre del pasillo, esta-blecido entre la ermita y la casa de enfrente; por lo que se piensa que tal paso es artificial.

Como todo el espacio de la calle Nueva se encuentra al mismo nivel aproximadamente que la factoría de salazones del Majuelo, se puede afirmar como tesis, que la estructura moder-na, que se presenta en la panorámica 44P, se encuentra montada sobre las formas arquitec-tónicas similares a las de la factoría de salazones, siendo la alineación de la calle la que ha tra-zado las formas existentes bajo la misma, o lo que es igual, las edificaciones superficiales mues-tran, tal vez, las líneas maestras de las formas existentes debajo. Como prueba de ello nos remitimos a los descubrimientos hechos a raíz de las reposiciones de alcantarillado, cuya operación ha dejado al descubierto muros romanos en todos los puntos donde se ha perforado verticalmente. En el punto 44P,1, nos introducimos en los patios interiores de esta alineación, y nos encontramos con los muros maestros de todos los edificios que empiezan a descolgarse del nivel marcado por el Majuelo. Así, el primer patio (fot. 45P) nos muestra parte de un paramento que discurre paralelo a otro interior y al de la calle. En este mismo sentido y pasando al interior, encontramos en 46P un muro de fuerte grosor, pero que discurre en sentido vertical hacia la calle, probablemente formando un muro divisorio de los compartimentos que aquí hayan exis-tido antes de la reutilización. Este mismo muro va a morir, remontándose, en otro superior, del que ya se ha dado noticia antes (fot. 37P,2).

El punto 47P, en consonancia con los niveles antes descritos, nos indica los siguientes datos: 47P,1, muro de fondo paralelo a las calles superior e inferior, grueso y de fuerte conten-ción, probablemente destinado a contrafuerte, para separar los grandes desniveles; el punto 46P,2 nos señala el cierre del muro procedente de la parte inferior de este recinto (45P); y el punto 46P,3, muro romano con fuerte revestimiento de argamasa moderna y encalado. Aparte, obsérvese la escalinata, ya que es testigo del gran desnivel que se produce, por la forma del terreno, en todo el subsector. El segundo patio inspeccionado se encuentra muy próximo al anterior y casi en la misma línea. Sus muros maestros son los mismos, aunque las reutiliza-ciones diferentes.

En 47P se pueden observar los restos, sobre las paredes, de muro antiguo que ha sido abierto artificialmente para dar acceso a la zona interior. En 47P,2 se detecta que el pavimento del suelo es muy rudimentario. Si nos adentramos más, nos encontramos con uno de los típicos pasillos ciegos, donde se puede ver, en 49P,1, muro de fondo, no en línea con el que se ha indicado en 47P,1, sino con el 45P. Su grosor puede inducirse de la función que se piensa tiene: muro de contención.

El punto 49P,2 nos muestra en su interior un compartimento con muros romanos que se han podido fotografiar.

En el punto 50P se puede contemplar, en un espacio contiguo a 49P,1, la existencia del aparejo romano, tipo opvs incertvm, algo deformado por el deterioro que haya sufrido con el paso del tiempo.

Existen algunos patios en los que podríamos haber dado más argumentos de tipo estructural, pero no se nos ha facilitado el acceso, ni la fotografía. Por ello retornamos a la línea de calle, y se indica que el paramento, presentado por la misma en 50P,1, se encuentra montado sobre muro romano, y parte del alzado, en su espacio interior, es una reutilización.

En la línea 51P,2 aparece una secuencia bastante deteriorada. En su interior se puede observar la existencia de paramento romano bien definido, como los que se indican en 52P,1, que es un muro alineado con el de la calle e interior.

El punto 52P,2 nos da una reutilización de una columna romana, algo alterada. El 52P,3, señala muro con paramento de opvs testacevm. Su base, según se puede observar en 54P,1, es de piedra; su alzado muestra indicios de haber sido estructura arqueada. Su alineación es paralela a las calles anterior y posterior.

Saliendo a la calzada del callejón del Silencio, hay otro paramento vial con reutilización de estructura romana, prolongación de la forma que se encuentra al fondo de la imagen (co-mienzo de la factoría de salazones del Majuelo).

Los puntos 56P y 57P nos muestran edificaciones de alzado moderno, sobre el emplaza-miento de las estructuras de la factoría citada. Por lo que se piensa que, en su mayor parte, no son más que el aprovechamiento de las formas romanas conservadas, por ser edificaciones con alzados, superiores a los que hoy se ven en la parte excavada de la factoría.

En sentido paralelo al anterior, pero en posición más avanzada hacia la Puerta de Vélez, nos encontramos con una secuencia de restos de muralla, que han sido reutilizados moderna-mente por levantar, a espaldas de la misma, toda una secuencia de casas modernas que, con toda seguridad, tienen en su base las líneas de edificaciones romanas. Así, en el punto 58P, co-menzamos a observar parte de muralla romano medieval sobre la que se monta el alzado moder-no.

El punto 59P indica otro tramo de la misma, al igual que en 60P.

En el 61P se señala: paramento de ladrillo con revestimiento moderno (fot. 61P,1) y un arco de medio punto semienterrado, que ha podido ser uno de los tradicionales pasos entre murallas, pero queda la duda (fot. 61P,2). Esta estructura no es de sorprender en absoluto, ya que se encuentra muy cerca de la llamada Puerta de Vélez, y sabemos que las construcciones de este tipo de acceso podían usar tanto la piedra como el ladrillo.

                La fotografía 62P muestra una estructura de obra romana que indica ser el final de las estructuras que se extienden desde el Majuelo hasta este espacio. A partir de este lugar, en las siguientes excavaciones, que se han practicado con motivo de nuevas construcciones, no ha aparecido ningún resto de material, ni moderno ni antiguo; todo era limo del arrastre del río.

Conclusión del sector P

Los elementos arquitectónicos aquí analizados marcan cierta diferencia con el resto de los sectores ya vistos.  

Lo más relevante ha sido el sistema de murallones de contención, o sistema usado para el aterrazamiento de los espacios con fuertes desniveles. Se ve, con cierto detalle, que las estruc-turas, en general, se repiten, pero hay, sin embargo, un subsector que aporta algo nuevo: la secuencia, relativa, de una cronología. Ello ha quedado patente en el murallón de contención formado con gruesas piedras sin tallar; y por otro lado, fenómeno poco común en todos los sectores que se han analizado. Pero, insistimos, la superposición de tres diferentes estructuras y tipos constructivos nos han llevado a establecer una clara diferencia de época de construcción, a la vez que su distinta finalidad. Ello ha quedado bien clarificado.

Por ahora, esto no se ha podido distinguir con toda certeza en ningún sector, salvo la propia factoría del Majuelo. Por otro lado, ha sido también el sector que ha dado las pruebas evidentes de que la mayor parte de todos los paramentos del área de Poniente se encuentran o bien reutilizando paramentos desde la propia superficie, o bien sus cimientos son la continua-ción de su alzado superior. Como tercer dato, los muros de aterrazamiento son las líneas maes-tras que dividen los amplios sectores de una zona que ha sido, en líneas generales, fuertemente alterada por las reutilizaciones modernas. Pero, en resumidas cuentas, los elementos arquitec-tónicos son los mismos, en general, que se vienen registrando en el casco urbano: muros de con-tención para aterrazamientos, piletas o restos de las mismas, indicios de depósitos de agua y espacios destinados al almacenaje, en la forma común de naves abovedadas, aunque en este sector se encuentren enrasadas y con elementos modernos superpuestos.

SECTOR  Q

Constituye uno de los espacios urbanos actuales en el que se ha detectado escaso nú-mero de datos arqueológicos sobre las posibles estructuras romanas que tratamos de identificar.

Iniciamos el análisis descriptivo a partir de la entrada de la Puerta de Vélez. Por un lado nos presenta la secuencia del sistema de muralla procedente del sector Y, que se cierra en el punto 1Q,3.  Como nota adicional, se puede decir que, en este preciso punto, se tiene el final de los elementos estructurales pertenecientes a la factoría de salazones del Majuelo, cuyo límite precisamente se ha detectado a izquierda de la imagen que ofrecemos en 1Q. Detallando un poco más la información que se debe dar al respecto, sobre todo en lo referente a elementos romanos en este sector, hay que decir que son realmente escasos, aunque se piensa que se debe a las fuertes modificaciones que ha introducido el urbanismo moderno en estas áreas.

El marco que constituyó la entrada de la ciudad medieval, por la zona de Poniente, se indica en el punto 2Q, señalando el espacio donde debió existir una entrada, ya que se trata del punto donde se tiene detectada la muralla de circunvalación de la ciudad, y las dos calles que parten de él tienen como topónimo precisamente tal nombre. Se piensa que en la parte frontal de la imagen que ofrecemos, en el interior de las casas modernas, deben existir conexiones de estructuras relacionadas con el sector P (fig. 27), ya que los grandes muros detectados en el inicio de este sector, por la calle Vélez, tienen su continuidad por la parte superior de estas viviendas, formando un muro de contención, pero que no se han podido tomar datos debido a las fuertes alteraciones internas de todas estas casas.

En la imagen que se muestra en 3Q, se tienen los restos de muros romanos reciente-mente aparecidos, donde se puede ver el alzado de ellos, de forma que constituyen un empare-dado que pudo ser un pasillo interior de esta forma de muralla. Su profundidad no es muy marcada, y su separación aproximada es de 1,30 m. Como se observa, este tipo de muralla ha sido destruido con motivo del rebaje de una nueva vivienda. No se ha respetado la estructura antigua y ha quedado en muy mal estado por las reducidas proporciones que le han dejado.

En la fotografía 4Q se muestra con mayor detalle el muro izquierdo de la doble muralla.

La imagen 5Q muestra el fondo, que se formaba al final de esta calle, en dirección a la zona de los muros aparecidos en el solar del desaparecido cine Galiardo. El escaso material y lo maltrecho que ha quedado, no nos han podido mostrar, de forma clara, la secuencia final de este tramo de la muralla romana.

La fotografía 6Q es una imagen de este tramo final, donde aparecen unos restos que in-dican una secuencia lateral hacia izquierda y derecha, pero que no se ha excavado para poderlo comprobar con precisión.

La imagen 7Q, en el punto 7Q,3, nos marca aproximadamente la zona donde se podría haber encontrado la puerta occidental romana del conjunto antiguo, o la posteriormente llama-da Puerta de Vélez. El espacio 7Q,1 indica, casi con precisión, el muro de las casas modernas montado sobre el viejo muro romano.

Por el punto que se indica en 8Q,3, pasamos a una calle cuya originalidad desconoce-mos, pero que es una de las que comienzan a dar cierta información sobre los niveles usados en su planteamiento urbano: las zonas bajas comienzan a aparecer, tal como se puede observar en los puntos que se indican al respecto (fot. 8Q,2). Los paramentos situados a la izquierda de la imagen son de los que han sufrido también fuertes alteraciones, que se verán en otro sector. En la parte superior de la imagen anterior, y girando a izquierda, podemos observar algunos datos de interés, dentro de la escasez que caracteriza a este sector. Así, se observan en 10Q unos para-mentos antiguos, que son probables reutilizaciones romanas conectadas con las estructuras situadas al final de la parte izquierda de esta calle.

El remozamiento de las fachadas en algunos alzados de las casas evita la identificación, como ocurre en 11Q, donde se piensa que, en el punto 11Q,2, se ha creado un paso artificial, si se observan las alineaciones de las fachadas.

En el punto 11Q,1, se puede ver la existencia de paramentos interiores con formas anti-guas, pero, en los que, además, habría que comprobar, con la experimentación directa, la exis-tencia de aparejo romano. Tal como se indica en el punto 11Q,1, se puede observar, en el interior de la estancia, que está bajo el nivel de la calle, la existencia de un aparejo antiguo en los muros interiores y que son precisamente de tierra prensada.

El punto 12Q,2 deja señales para ver que se trata de un paramento con aparejo romano, algo revestido de revoque moderno. Pero, el hecho de que se produzcan bufados en las paredes, en este tipo de construcciones, se debe fundamentalmente a la existencia de un aparejo muy resistente detrás que, por no tener la suficiente porosidad, provoca la caída de los materiales con que se revoca.

A lo largo de la calle Orobia no se ha detectado indicio alguno digno de comentario, aun-que se ha intentado penetrar en los interiores abiertos, para tratar de seguir las líneas que se consideran deben existir como elementos dirigentes y constitutivos de todas las secuencias que se encuentran dentro de estos sectores.

En el tramo de la calle Antigua, que entra en el esquema del sector, hay que señalar que, a media calle, sobre el punto 13Q,2 y frente a él, se encuentra una nave abovedada bien conser-vada, que nos hace suponer que, a través de toda la secuencia alineada, como se ha dicho, debe haber existido una prolongación de este tipo de construcción. Si medimos los espacios, efectiva-mente coinciden.

Sobre el punto 13Q,1 ha existido una ermita, citada ya en la introducción de este trabajo, y en la que pudieron comprobar no sólo la existencia de dos niveles sobre el suelo, sino también la aparición de abundante material cerámico muy variado, pero básicamente romano. Justo por encima de este viejo subsector, hay una casa cuyas medidas de fachada coinciden con los tipos que se viene registrando para naves, y de los que se pueden ver algunos bajo el nivel del suelo, a lo largo de este tramo de calle.

Conclusión del sector Q

La única parte de este sector que nos ha presentado, con más claridad, algún dato pre-ciso sobre la existencia de elementos romanos, ha sido precisamente el tramo central de la calle Antigua, donde se han detectado los espacios y estructuras internas que se corresponden con los módulos generales de las naves, de las que se tiene un ejemplo, aunque situado enfrente de esta fachada; pero no se olvide que el paso de la calle Antigua es también artificial, dados los com-ponentes que se han localizado sobre la misma. También es de notar la aparición reciente de restos de la antigua muralla romana al fondo de la calle Vélez, como se ha demostrado con las fotos aportadas.

En resumen, se puede afirmar que los datos son muy escasos y poco coherentes para poder establecer un criterio funcional unitario, aunque tengamos algunos vestigios como prue-bas sobre la identidad antigua de este sector, cosa que se debe dejar como hipótesis lógica de trabajo.

SECTOR  R

El estudio de este sector es un tanto complejo por lo heterogéneo de los trazados urba-nos que comprende. Tengamos en cuenta que se comienza el trabajo en el inicio de la calle Antigua, y a través de todo el espacio o manzana urbana situada a su izquierda, hasta llegar a la calle Carmen Baja, en su primera parte, y se continúa por la zona alta de la calle San Joaquín, hasta enlazar de nuevo con el punto de partida o calle Antigua.

En este sector se dan múltiples manifestaciones de estructuras. Nos encontramos con algún habitáculo, tipo nave, indicios de otras que han sido transformadas o reutilizadas enrasán-dolas, grandes muros divisorios o elementos de contención, como se verán, pero ningún resto de pileta de salazón, aunque sí toda una infraestructura de conducción de agua por medio de un sistema de nave, de escasas proporciones, pero lo suficientemente grande como para que discurra por ella toda una red de tuberías del tipo que fueren.

Hasta ahora, en este mismo sistema de conducción se ha detectado una derivación con dos tuberías de cerámica que parten en dirección suroeste, y que constituyen el único testigo donde se han podido encontrar manifestaciones de entubamiento para la canalización del agua.

Como es natural, y participando de todo el esquema que regula la utilización general de todas las áreas de la ciudad, desde el punto de vista moderno, no romano, la estructura básica del sistema de aterrazamiento se mantiene, indicada en la serie de muros contrafuertes que iremos describiendo en sus correspondientes contextos, y analizando los cortes que provocará la reestructuración que va a sufrir todo este conjunto, desde la llegada del elemento musulmán, fenómeno que no cesará ni en nuestros días.

Una vez hecho este preámbulo, iniciamos el recorrido de las estructuras, según el orden indicado.

Al inicio de la calle Antigua, a unos 20 m de su comienzo, encontramos una estancia en la que aparecen las estructuras romanas (fot. 1R), a izquierda de la cuesta, según se sube. El aparejo se deja ver apenas se descarna la pared. Todo este espacio está compuesto por una nave con elementos adicionales, como derivaciones o indicadores de que hay continuidad de los com-ponentes básicos.

Los aparejos se dejan ver con cierta facilidad (fot. 2R). Encima de estas estructuras se observa la construcción, ya moderna, a base de ladrillo. El muro se eleva hasta los 3,20 m en su exterior. La parte de entrada se sitúa en el extremo interno de la estancia. Se trata, como casi siempre, de una puerta artificial (fot. 3R,1). Pero, como se ha dicho antes, el paramento se pro-longa exteriormente algo más de lo que constituye la propia nave (fot. 4R).

Los puntos extremos de ésta se pueden observar en las fotos 6R y 7R. Al fondo de este último detalle se puede ver una especie de poyete y dos sobremuros, que se utilizan como ele-mentos de refuerzo en los puntos levantados sobre el citado poyo, dejando un espacio del muro de fondo de la nave al descubierto (fot. 8R).

Tal como se ha indicado antes, aquí se dan otros componentes, como puede verse en la fotografía 9R, donde comprobamos la existencia de un muro romano levantado según la técnica del opvs testacevm. Ignoramos si esta estructura se alterna con el opvs incertvm, que es el do-minante en los paramentos de esta nave. Las medidas de ella, que se encuentra situada de forma perpendicular a la calle, según la práctica del aterrazamiento, son las siguientes: anchura, 2,80 m; altura, 2,30 m; largura, 10 m, y grosor del muro, 0,90 m.

Una vez superada la cuesta en su primer cruce o encrucijada, a izquierda, nos encon-tramos la calle Escamado, en donde se puede contemplar la existencia de un edificio del siglo XVII y en cuyo interior se han hecho catas de urgencia para analizar el substrato arqueológico, detectándose cerámicas de variadas culturas (fot. 10R). En el fondo de su alzado general, se han localizado muros romanos, y uno de los considerados como de aterrazamiento, con restos de un torreón, que reflejamos en planimetría, siendo reutilizado por los repobladores como fosa sép-tica y que, con motivo del remozamiento del edificio, ha sido destruido hasta hacerlo totalmen-te desaparecer.

Frente a esta edificación, se tienen unas estructuras que fueron dependencias auxiliares del citado Palacete. Tales dependencias se levantaron sobre formas preexistentes, que se encuentran relacionadas con la nave antes vista (fot. 11R) y que están en línea con ella. La utili-zación de podivm de acceso a estas viviendas está justificada por no tener relación estructural su paramento con los componentes de la calle Escamado. Es, efectivamente, un alzado cuya base radica en los componentes estructurales que se hallan debajo, y dando sobre la Plaza del Ayun-tamiento. Es preciso añadir aquí el nuevo descubrimiento de una nave abovedada situada detrás y encima de las conducciones de agua, que se han localizado sobre la citada Plaza. En efecto, el muro que da sujeción a toda la calle Escamado, pertenece a una serie de naves de cierta consi-deración, que ha existido a lo largo de ella, y de la que forma parte el hallazgo recientemente localizado.

 Así que esta es la razón que justifica todo el paramento de la citada calle. Por tanto, no existía acceso a las alturas que pudieran crearse sobre esa base de naves, por lo que hubo nece-sidad de respetar su forma, de manera que los modernos continuaron manteniendo su existen-cia para una función muy similar, por no decir idéntica, a la de los criptopórticos romanos: sujetar y ser almacén de la moderna casa sobre la gran nave levantada en su parte inferior. Las fotografías de detalle se aportarán en un elenco aparte. Actualmente la bóveda se encuentra revestida con materiales modernos, pero las fotos de detalle demostrarán su antigua compo-sición interna, muy similar a la del sector K.

La parte externa o calle Escamado muestra indicios de que el paramento es romano (fots. 12R; 13R).

Una vez vista esta parte, situados de nuevo sobre la Cuesta del Castillo y, en su primera encrucijada, según se sube, a izquierda, encontramos un espacio cerrado formado por unas estructuras, de las que tan sólo se puede disponer de un análisis de los elementos que componen su fachada. Así, en la foto 14R se puede ver una secuencia, debidamente caracterizada, de para-mentos que muestran claras señales de una fuerte reutilización.

En la foto 15R se ven los restos de muros adosados y, en algunos momentos, el uso de un pequeño realce, en el suelo, para poder acceder a las viviendas. En una foto de detalle del alzado, se observa cómo se deja ver el aparejo al exterior (fot. 16R).En toda la secuencia del alzado, que se considera más caracterizado, se pueden observar todos los componentes que entran dentro de los esquemas tradicionales en este análisis (fots. 17R; 18R; 19R), perfilándose, de forma reitera-da, el dibujo de los tipos comunes en estas construcciones.

Para dar un poco de consistencia a uno de los paramentos de este espacio, se ve cómo se ha conservado un tramo del alzado descendente, con el fin de sujetar el empuje de todo el lienzo de muro ascendente (fots. 20R; 21R). El grosor de tal resto de muro es de 1,40 m. A lo largo de él se observan continuamente, según se desciende, los restos de piedras que atestiguan la presen-cia de muros romanos.

Los continuos podia se han levantado en esta calle para poder aprovechar los emplaza-mientos de los sistemas de naves que, en vez de situarse de forma que sigan la pendiente, lo hacen en sentido horizontal, según se establece en los sistemas de aterrazamiento: se levantan o excavan pequeñas superficies, o bien se rellena el terreno con un muro soporte, antes de colocar una nave u otro elemento de construcción siguiendo la pendiente, lo que sería todo un desatino arquitectónico: es mejor dar terreno al terreno que quitárselo, ya que esto conlleva una defor-mación del mismo que, con el paso del tiempo, se vuelve contra la construcción sobre él levan-tada.

Por tal razón se cree que en tal cuesta, que se ve en la foto 21R, hay un total de siete for-mas artificiales de escalonamiento del terreno, con el fin de situar bien, de forma coherente y ordenada, todos los sistemas arquitectónicos que se pretenden levantar sobre la roca de Seks.

En la foto 22R se pueden contemplar detalles tanto de una manifestación como de otra, es decir, existencia de muros de aterrazamiento en los interiores de las casas, como paramentos destinados a naves, a lo largo de toda la Cuesta (fots. 23R; 24R). Sobre la misma Cuesta y en su parte izquierda, se observa un nuevo espacio similar al que se ha visto un poco más abajo. Se trata de un tramo con casi las mismas características. Todos los paramentos que se observan, tanto a un lado como a otro y el del fondo (fot. 25R), son romanos, aunque se muestran algo retocados.

En el punto 25R,6, se tiene comprobada la existencia de un espacio de nave reutilizada, en cuyas paredes se observa el aparejo común a todas las estructuras, además del enrasamiento de la bóveda mediante un falso techo de madera que la encubre.

Seguimos hacia arriba y se ve una nueva secuencia de muros que, en parte, son romanos y, en parte, cierres modernos que se alinean para dar homogeneidad a todo el conjunto. Así, en el punto 28R vuelve a producirse una fuerte pendiente, que es salvada mediante la construcción de un muro corto, pero fuerte, aprovechando uno de los tramos de aterrazamiento proveniente de la calle, que en la imagen se ve de frente. Una vez sobre esa calle, aparecen de nuevo las formas que nos atestiguan la presencia de sistemas de naves, que siguen el mismo sentido de la calle, es decir, el horizontal, no el vertical.

En la foto 29R, se muestra el acceso cuya estructura interna se nos presenta al contrario de lo que es normal: la nave o espacio que de ella queda, se sitúa vertical sobre el paramento de fondo. El aparejo de los muros puede ser identificado con cierta claridad, sobre todo al pie de muro (fot. 30R). Al lado de este espacio se ha podido descubrir otro en el que, además, se puede ver la utilización de revoque como elemento impermeabilizante, sobre una estructura de opvs incertvm (fot. 31R).

Como prueba de la existencia de un muro contrafuerte al fondo de estas dos estructuras, podemos ver, encima de los dos citados espacios, cómo se eleva un muro detrás, que tiene todos los indicios de ser romano, con la función clara de serlo y estar destinado a sujetar todas las estructuras que se montan detrás (fot. 32R,1).

Se continúa por esta calle, que se considera artificial, como todas las que se van a ver (fots. 33R; 34R).

A lo largo de sus paramentos se pueden ver las reutilizaciones y los revestimientos en el punto 34R,2. En el extremo más cercano de la imagen se puede ver un espacio interior de una casa, en el que se dibujan perfectamente los paramentos romanos, tanto de cierre como de fondo (fot. 35R,1,3). Las alturas de estos paramentos se sitúan dentro de los módulos normales en todo este tipo de edificaciones.

El ensanche, que se puede ver en la imagen 36R, es totalmente artificial. En él se obser-va una serie de irregularidades motivadas por elementos romanos reutilizados dentro de la lógica de un aprovechamiento racional, en lo que las estructuras existentes permiten. Así, en 36R,1, se puede ver una de las calles que se han abierto con el único fin de hacer paso hacia las dependencias que se encuentran en ese subsector.

Desde otro ángulo se ve la misma perspectiva (fot. 37R), en la que se tiene (37R,2) en-trada a un pasillo cerrado, (37R,3), existencia de un sótano, que fue un espacio probablemente destinado a nave. Así, en la fotografía 38R se presenta el tramo antes indicado como pasillo arti-ficial cerrado, para dar entrada a las dependencias romanas que hay en su interior, a ambos lados de los paramentos que se pueden observar (fot. 38R). Los muros que se ven son romanos, y hacia la mitad de este tramo, se produce un corte motivado por el cambio en la dirección de las estructuras murales, dando a entender que la línea de elementos paralelos se rompe. Los escalones que se observan probablemente coinciden con los cortes producidos sobre los para-mentos que atravesaban la calle. El muro de fondo casi deslinda una plataforma superior que se verá a continuación. Tal muro es romano. Sobre la parte izquierda se ve el uso de escalera por haber rellenado el espacio interior de una nave, cuyo suelo no tenía pavimento (fot. 39R). Sobre la misma calle se ven los restos de paramentos con piedras bien indicadas en su aparejo (fot. 40R).

Una vez salidos de esta cerrada área, situados de nuevo sobre la calle, se ven alineacio-nes de muros viejos con su paramento reutilizado (fot. 41R), y cómo se nota el corte producido en una estructura que debería cerrarse con todo su volumen en la fachada de enfrente (fot. 42R), al igual que los pasos artificiales que se indica en 42R,1,2. En el paramento del primer plano, que se destaca sobre el resto, se puede ver el aparejo de opvs incertvm.

En las fotos 43R y 44R se observa una casi perfecta alineación, en cuyas paredes exterio-res se puede ver el aparejo en algunos puntos.

Situados en una calle, o mejor, paso cerrado casi paralelo al anterior en su primera parte, donde se encuentran las naves enrasadas, se observan los restos de la probable muralla, que se halla bajo la estructura de la Cueva de Siete Palacios. Por el punto que precede o calle artificial sobre la Cuesta del Castillo, el murallón fue roto para poder acceder a la parte superior. Pero este fue hecho para poder pasar a las dependencias que se encuentran en el interior de los espacios que se continúan.

En la foto 45R se tiene el citado paso, en el que tanto a derecha como a izquierda, en las estructuras que se ven aún en pie, se observan los indicios de los paramentos con aparejo roma-no. El tramo que se ve un poco realzado sobre el suelo, probablemente sea el punto bajo que se conserva de la muralla que pasaba por aquí. Es de interés ver cómo, a lo largo de todo este pasi-llo, no hay resquicio que muestre una huella de aparejo romano. Penetrando por esta extraña calle, se ven los restos antedichos en todos los paramentos, y cómo han sido rotos para poder hacer accesibles estas dependencias, hasta el punto de que nos es casi imposible recomponer la antigua forma que todo esto tenía (fot. 46R). Sobre la parte izquierda se ven restos de los para-mentos, que han sufrido fuertes modificaciones en su aspecto externo, pero dentro conservan su aparejo romano, como se puede ver en 47R,1,2, que, con más detalle, precisamos en la foto 48R, donde se ve el hormigón romano y el opvs incertvm, muy deteriorado, encima de él. Y obser-vando con detalle en el muro de enfrente, vamos a ver la extraña forma que ofrece el aparejo exterior. Probablemente se trata de un estrechamiento artificial de los muros para poder facili-tar, como ya se ha dicho, el paso (fot. 49R). En este mismo espacio se tiene ocasión de com-probar que, sobre el suelo, se observan señales claras de haber destruido dos muros, uno de cierre y otro, adosado al 49R,2,3. Ahora bien, las señales más evidentes de una rotura de para-mento por motivo de espacio, se perfilan en 50R, donde la piedra de aparejo que se deja ver, es muy desigual, mostrando indicios de la composición interna del muro (fot. 50R,2).

De la misma manera puede indicarse, sobre el suelo, el volumen de estructura mural que ha sido destruida, y que da muestras de haber sido un muro adosado, que cerraba todo este espacio que ahora se ve abierto.

En la foto 51R, se muestra la base de muro, que da señales de que haya podido sufrir el mismo fenómeno de disminución de su volumen. Al llegar al fondo de este pasillo ciego, encontramos los muros de cierre romanos, que pueden constituir el espacio muerto que se viene observando a lo largo de muchas estructuras de secuencias de naves (fot. 52R).

De nuevo sobre el final de la Cuesta del Castillo, se observan algunos detalles sobre el paramento del muro que da a la calle, en el que se pueden ver los restos de paramento indicados sobre la misma pared, aparentemente moderna (fots. 53R; 54R; 55R); manifestación de un aparejo de opvs incertvm, por la aparición de la piedra sobre la superficie, con una ligera capa de cal sobre otra de revoque moderno que se ha desprendido. Al fondo de la imagen (fot. 54R,1) se puede ver el alzado de un elemento perteneciente a la estructura de los sectores L y M respectivamente, ya que es el lugar en que ambos sectores se encuentran. Al girar, en la subida de la Cuesta, se puede ver toda la secuencia que es apoyada por los muros maestros, marcados detrás de todo el paramento posterior. Los indicios de naves en esta parte, se señalan a lo largo de él (fot. 56R). Así, todas las estructuras que se observan bajo el nivel de la calle, tienen algo que ver con esto (fot. 57R,3). En fotos retrospectivas, se han mostrado ya, a propósito del sector M, los restos de los muros que han sido rotos en épocas pasadas, y que nos marcaban con clari-dad sus propios indicios, así como los puntos de enlace con el resto de los componentes. Se produce un nuevo giro, marcado por la línea moderna de calle, y encontramos toda una secuen-cia de muros de paramento romano remozado, en parte, y modificado según las necesidades de la propia calle e, incluso, dependencias interiores de los mismos, en las que se ven las secuencias internas de los muros romanos y su alineación (fots. 58R; 59R; 60R). En algunos momentos se pueden ver, como en otros, los indicios de la técnica romana sobre el paramento de la calle. Ob-sérvese, en este caso, la foto 60R. En el interior del edificio, que se encuentra a continuación del que se ha mostrado en 59R, al ver sus estructuras internas, se ha podido comprobar cómo se enlazan los muros que se ven sobre la calle, con los que se encuentran en el interior (fots. 61R; 62R; 63R). Todos ellos siguen la forma que se ha marcado sobre la planimetría de este lugar. Son muros de piedra vista, algo retocados por el remozamiento moderno, pero que guardan las características generales de lo que son.

Una vez situados sobre la Plaza del Ayuntamiento, nos encontramos con un edificio de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en cuyo patio interior se va a tener ocasión de ver la estructura de una conducción de agua a través de una pequeña nave que, según su trazado, irá asumiendo derivaciones de otros sistemas, a lo largo de su recorrido (fot. 64R). Una vez situados en el patio interior, según se entra, a izquierda y a la altura del centro, por una pequeña puerta situada casi debajo de las escaleras de la casa, se puede ver una secuencia de escalones, consi-derados medievales, que tan sólo han servido para interrumpir el recorrido de este sistema de conducción. Estamos convencidos de que este pasillo ha servido en alguna ocasión como ele-mento de la propia casa para caso de posible emergencia o función por nosotros imprevista; y no hay duda de que ha sido alterado en su sistema de comunicación con otros sectores. Es posible que aquí existiera un depósito de agua, porque se ha detectado elemento impermeabilizante sobre el punto 65R,2, pero esto no obvia el que haya una justificación para que se encuentre cerrado en uno de los puntos que se considera como área de prolongación, sobre todo si se tiene en cuenta el descubrimiento reciente de naves romanas, con unas proporciones mayores a las hasta ahora halladas en todo el conjunto, aunque se encuentran retocadas.

A lo largo de esta escalinata, descendemos y pasamos a la estructura interior (fot. 66R), formada por una nave de 0,75 m de altura y 0,60 m de anchura; siendo su longitud imprevisible, aunque se considera que su extensión se aproxima tan sólo a la distancia que guarda con el depósito terminal, situado sobre el emplazamiento actual de la Iglesia parroquial.

Una vez en el interior de esta entrada, se puede observar su composición, con un siste-ma de encofrado de ladrillo sobre muro romano de opvs incertvm en su parte inferior (fot. 67R). El revoque, que se observa sobre los ladrillos, responde al sistema de encofrado que se ha usado, de forma que el cemento utilizado se ha salido fuera del espacio de los mismos, hasta dar la sensación de que sea un añadido posterior. No es así, sino que tal revoque o, mejor, el caemen-tvm utilizado en el encofrado revoca dando esa sensación de recubrimiento. Este mismo fenó-meno es observable también en el encofrado de los sistemas de naves en general. El opvs incertvm y el opvs caementicivm se mezclan a través del tiempo, ya que se observa que, en algu-nos tramos, se diferencian, y en otros, se superponen; por lo que no podemos hablar claramente sobre una técnica latericia pura, o incertvm puro. Por ello estamos convencidos de que este sistema de conducción ha sufrido cambios en su aparejo desde su más remoto trazado hasta su fase de abandono (fot. 68R).

En esta foto (68R), y más concretamente sobre lo indicado en 68R,2, se observa una abertura que da paso a una derivación de las que se ha podido localizar.

Se piensa que, en todo el trazado, del que se tiene información por personas, que tiem-pos atrás, intentaron llegar hasta el final del mismo, pero que no lo consiguieron, deben existir más derivaciones que intercomuniquen un sistema de distribución, al que se da un mayor relie-ve del que, a simple vista, se le puede atribuir.

A partir del citado punto 68R,2, hay que decir que esta derivación, de medidas 0,50 m de altura por 0,35 m de anchura, confirma la opinión de que todo el sistema responde a una canalización llevada a cabo por medio de tuberías, en este caso de cerámica, tal como se puede comprobar directamente en 69R,5. En este tramo de conducción, interrumpido como se puede observar, se ha llevado a cabo un revestimiento posterior, realizado con ladrillo de 0,06 m de grosor. La cubierta es adintelada en todo el trazado que se ha podido ver, pero nos queda la cer-teza de que este sistema ha sido retocado en época pasada, y que ha tenido unas medidas más amplias que las que se ven en esta imagen, y que su estrechamiento se debe a ese posterior revestimiento de ladrillo visto. Probablemente la cubierta fuera de medio punto, pero ha podido ser también modificada. Si se observa con detalle la parte izquierda, según se entra, se puede ver cómo detrás del ladrillo, usado como elemento de revestimiento, hay un aparejo de piedra.

En cuanto a la tubería de cerámica, de 0,15 m de diámetro, aparece cubierta con una capa de hormigón y ladrillo. Todo parece indicar que por este espacio discurría una doble fila de tuberías de este tipo.

Si continuamos hacia el centro de la Plaza del Ayuntamiento, nos encontramos, en toda la alineación de la tubería, con un tramo de casi 20 m de largo, hasta el punto en que el nuevo sistema de alcantarillado lo cortó. En este espacio se ve la utilización del ladrillo como compo-nente dominante en muretes laterales y cubierta abovedada (fot. 70R).

Conclusión del sector R

Si se tienen en cuenta los elementos que nos hemos encontrado en todas las secuencias halladas, los podemos resumir en: dos naves realmente conservadas; cinco como elementos reu-tilizados con enrase de sus respectivas bóvedas; paramentos probablemente correspondientes a otras naves muy alteradas y, por último, toda una serie de muros de aterrazamiento que, en algunos sectores, son auténticas murallas de contención. Del único sistema, del que no se ha hallado resto, ha sido de depósito de agua, aunque sí de trazados de conducción, ni de piletas de salazón. Por todo ello, nos inclinamos a pensar, sin descartar ninguna futura posibilidad estruc-tural y funcional de parte del sector, que el destino primordial del mismo, a la vista de los resul-tados de materiales analizados, y teniendo gran reserva sobre los espacios descritos muy super-ficialmente, es fundamentalmente haber servido como área de almacenaje; pero esto, como se ha dicho, a la espera de que en algún momento aparezcan otros componentes estructurales que amplíen el abanico de posibilidades, ya que sabemos que, a corta distancia de este sector, y sin desviarse mucho de la cota, han sido detectadas piletas de salazón.

SECTOR  T

                Se podría decir que este extenso sector se compone de dos centros algo diferentes y muy transformados.

                Se inicia en un subsector que nace en un antiguo solar destinado a ingenio azucarero, de cuya área y subsuelo se ha recibido información por parte de sus antiguos propietarios.

                Así, cuando tuvo lugar la apertura de cimientos en dicho centro, apareció cantidad de cerámica que, lógicamente, no pudieron identificar, siendo sepultadas de nuevo con el movimiento de escombros.

                Dados los conocimientos de los propietarios, con el paso del tiempo, y por deseos de inves-tigación histórica sobre la ciudad, se pudo facilitar información detallada de lo que apareció sobre aquel lugar.

                Se ha descrito un horno de cerámica que, por información, se identifica con un alfar romano. Simultáneamente aparecieron secuencias de muros, cuando se llegó a la profundidad de terreno normal para tales hallazgos.

                En una zona próxima se pudo ver la secuencia de sistemas de muros procedentes de todos los puntos de esta área, pero no se estableció interrelación porque habría sido preciso levantar todo el espacio que comprendía el subsector. Pero los sistemas de muros estaban ahí, aunque bajo los cimientos de las actuales casas modernas.

                Este mismo dato y sistema de composición estructural o, por lo menos formal, se ha repe-tido sobre el solar que ocupó el antiguo cine Pasapoga, donde se pudo comprobar la existencia de otro horno de cerámica, en un entorno arqueológico complejo por las secuencias y alineaciones de sistemas de muros. Desgracia­damente se estropearon los negativos donde se tenía informa­ción de los muros y área industrial, aunque se facilitó documenta­ción fotográfica sobre el hallazgo de varios dolia romanos, de los que hay información.

                Cambiando de lugar, y como contrapunto de lo que se acaba de citar de forma inconcreta y sin datos fidedignos y documen­tados, se va hacia la parte noreste, debajo del muro de contenci­ón del aterrazamiento, que tiene lugar bajo los alzados del sistema arquitectónico de la Cueva, para recorrer, desde allí, un espacio que, por los datos que se tienen, parece haber sido asentamien­to de una de las partes más antiguas en montajes industriales de salazones. Aparecen piletas de salazones en el rebaje realizado para la construcción de una casa de nueva planta. Se destruye un complejo de cinco piletas de salazones (por lo menos), proporcionando una de ellas, un tesorillo de denarios de plata, del que se ha establecido una cronología aproximada, que se aportará como argumento y elemento de datación a la hora de fechar las estructuras romanas, al menos de esta parte del sector. Las estructuras medievales se ven en la reposición de algunos lienzos del muro de contención de la Cueva, con la construc­ción, junto a él, de un torreón medieval que formaba parte del sistema defensivo de la ciudad en esas fechas.

                Poco hicieron los medievales para montar sus sistemas defensivos. Apenas si se limitó al levantamiento de una cadena de torreones a través de los círculos casi concéntricos que trazó la ingeniería romana en esta roca, núcleo de Seks.

                Lo cierto es que se han localizado los torreones junto a los muros romanos fuertes en este sector, en el J (fig. 16), R (fig. 29), F (fig. 12), D (fig. 10), P (fig. 27) e Y (fig. 35).

                Se inicia, pues, el recorrido descriptivo desde la zona más baja del sector. En el rellano, bajo la calle Alta del Mar (fig. 31 y 1T, 2T), donde se detectaron muros romanos en la nueva construc-ción, realizada sobre la misma, se comprobó que los muros de la calle, en las casas antiguas, esta-ban montados sobre los de abajo, y esto, aparte de las numerosas ramifica­ciones que partían con regularidad de estas estructuras. No se permitió fotografiar, pero las medidas y sentido de los sistemas sí se pudieron tomar, levantando planimetría. Se continúa través de una escalera, resto de muro de contención que se prolonga hasta enlazar con los de la Fabriquilla (fot. 3T). Este mismo muro, bastante grueso, sujeta los paramentos situados en los niveles superiores que aquí se muestran (fot. 4T). Girando a izquierda en esta calle (Carmen Baja), se encuentra el típico fenó-meno de los realces para acceder a las dependencias (fot. 5T y 6T), hecho que no se justifica si no es por la artificia­lidad de estas estructuras, que nunca fueron pensadas para acceso, por esta calle, a las dependencias que se indican. Es decir, se trata de edificaciones, cuyas estructuras encuentran su entrada por la calle Alta del Mar, y no por aquí. Lógicamen­te es un sistema que ha estado sujeto por el murallón, indicado en la parte baja (fot. 3T), que se prolonga a través de la cuesta, enlazando con un tramo del sector S (fig. 30; 11S).

                El hecho de que, en este corto trayecto, se den peraltes, que se ven en 6T, se justifica porque, en este espacio, la construcción ha sobresa­lido por encima de la calle, hasta el punto de que nunca se ha considerado posible salida hacia otra vía por este estrecho y complicado paso. Esto ocurre cuando no existe calle efectiva y, de ahí, la posterior necesidad de construir elementos de acceso por medio de podios y escaleras. La fachada siguiente, conside­rada parte integrante del paramento antiguo, ha sido destruida y no ha quedado espacio para testificar elemento arquitec-tóni­co. Por ello se indica sólo un muro moderno que, en testimonio de su antigua forma, han dejado los actuales vecinos (fot. 7T). En ese mismo punto se ha comprobado el paso artificial (fot. 7T,1), y que el paramento de la derecha, de gran interés, ha sido confirmado elemento arquitectónico romano gracias al derribo producido hace pocos meses, dejando al descubierto los muros maestros de todo este espacio, ya explicado en el sector S (fot. 7T,3). El único indicio que resta, y que enlaza con este sector, es el muro retocado (fot. 7T,2), que se prolonga, como se indica en planimetría, hasta alcanzar las estructuras superiores junto al murallón de cierre, sito bajo la Cueva.

                En 8T se muestra, en panorámica, el murallón de cierre romano que comprende los sec-tores: D, zona aneja de L, T y U (figs. 10; 19; 31 y 32, respectivamente). El aspecto de interés en este momento, viene dado por este sector. Los puntos indicados en 8T,1,2,3, forman el murallón de cierre y contención, sito al SE del sector U, murallón romano medieval del sector T, y murallón de cierre que abarca el sector T, el U y zona aneja de L. El murallón romano medieval llama la aten-ción, viéndose dos instantáneas de diferentes épocas (fot. 9T y 10T), para indicar, una vez más, el fenómeno transformador de estructuras antiguas, que constituyen la mayor dificultad para en-contrar indicios que aúnen esquemas, considerados indispensables para dar unidad y sentido a este conjunto unitario.

                Por ello se pretende considerar que las referencias, no atestiguadas con pruebas tangibles, merecen tenerse en cuenta, aunque tan sólo posean un valor testimonial; pero es la prueba de tradición, conseguida de personas de cierta garantía informativa y cultural. Así, se observan (hoy ocultos y en parte destruido) los tramos del murallón.

                En 11T,1 se señala el murallón romano en la parte superior. Su anclaje con el murallón divisorio (fot. 11T,2) se efectúa en el punto de arriba, formando cierre en el sistema de murallas de época medieval.

                Como se aprecia en 12T, el desnivel es de 12 m, aproxima­damente. Las técnicas de cons-trucción son las propias de cada fase, romana en base, medieval a partir de la mitad del alzado. Se piensa que este murallón fue un medio de sujeción de plataforma, con función similar a otros registrados en el conjunto. Téngase en cuenta que la configuración topográfica es acciden­tada en este punto, y para el montaje llevado a cabo en el sector de la Cueva, era necesaria, dada la mole arqui­tectónica que el edificio suponía a las pretensiones romanas.

                En 13T se observa la diversidad de aparejos utilizados en el alzado, abarcando desde, el romano en base (fot. 13T,3) y medieval musulmán (fot. 13T,2), al moderno en la parte superior. Tal fenómeno estructural se aprecia en el trazado de esta muralla (fot. 14T). Es evidente que su reu-tilización ha sido fuerte, lo que ha provocado deterioro en el trazado de su alzado.

                En la parte del solar, donde se levantó el ingenio de azúcar, y concre­tamente en el punto en que se practicó el rebaje para la construcci­ón de la chimenea, fue donde apareció el horno de cerámica romano y el depósito de desechos de cerámica.

                Dejado este subsector, se continúa bajo el área del complejo de la Cueva (fot. 15T), donde aparece de nuevo el murallón de contención del sistema de terraza superior. Sobre él, y adosados a su paramento, se observa lo siguiente: encalamientos y revoques modernos de las viviendas apoyadas sobre él (fot. 16T); muros empotrados para dividir los espacios que se utilizan en época romana, y que muestran al exterior el opvs incertvm (fot. 16T,2; 17T,2; 18T,1,2,3). Las estructuras murales forman cuadrículas que designan espacios destinados probablemente a naves, aun­que otros dan señales de ser parte integrante de subsectores de piletas de salazón.

                Junto a un torreón medieval adosado al murallón, y en el espacio rebajado para levantar viviendas modernas, aparecieron las antes mencionadas piletas (fot. 19T), y los denarios que darían la cronología aproximada de tales elementos: el año 46 a. de C. De aquí se extrae una conclusión: si la cronología llega al citado año, y el tesorillo fue ocultado dentro de la pileta, y en su parte honda, ello se traduce en admitir que tal elemento industrial estaba abandonado en esas fechas, lo que induce a pensar que su construcción es anterior a la mitad del siglo I a. de C. Esta es la primera conclusión parcial, pero, desde ahora se plantea ya el sistema de abastecimiento de agua a la factoría en sus inicios, y con ello, la cronología del acueduc­to romano. A continuación aparece el torreón adosado al murallón (fots. 19T y 20T) y un detalle del mismo. Si en época medieval ya sufrió modificaciones, en estas fechas le ocurre otro tanto, y se ve revestido con hormigón moderno, con hierro en su aparejo (fot. 19T,2). Se piensa que dicho torreón, tuvo mayor elevación de la que hoy se contempla. Éste continúa a lo largo de la fachada y es interrumpido en 21T,2, donde hay dos cortes artificiales: uno del mu­rallón, y otro, en la parte superior de la Cuesta del Castillo (fot. 21T,2,3). Se piensa que la pendiente es el resultado de un equilibrio entre los diversos aterra-zamientos de esta zona. La cuesta, en principio, debía ser una secuencia de altos escalo­nes.

                Desde este murallón hay unas secuencias de paramentos romanos, cuyo acceso tiene lugar mediante la utilización de un muro adicional romano, usado para los podios (fot. 22T,2). Igual-mente el paramento romano se prolonga hacia la parte superior de la pendiente, de tal manera que ha sido necesario el uso de escalones adicionales para entrar en estos espacios (fot. 23T,2). Los aterrazamientos y el uso de dos niveles en este subsector, se observan en la recta que ha debido construirse mediante relleno (o en su caso, vaciado) de los espacios inferiores (fot. 24T y 25T).

                Superada esta línea, se entra en dirección sureste, mostrando un paramento moderno, antes romano, y ahora, por necesidad de espacio, ha sido casi derruido. En algunos tramos se con-serva la forma antigua, con revoque moderno (fot. 27T,2).

                El paso hacia un nivel algo inferior, se realiza mediante la rotura de la secuencia estructural indicada en 27T,2, cuyos muros están alineados, e incluso sobre el suelo (fot. 27T,1) se observa un testigo de esa unión.

                Los siguientes paramentos muestran (fot. 28T,2) señales de formas romanas, ya en parte reseñadas antes (fot. 17T; 18T), y que se traslucen tras el revoque moderno, en algunos casos débiles y finos (fot. 29T).

                Niveles diferentes se aprecian en 30T, donde ha sido necesario superar, con escalones, más de un metro de desnivel.

                Siguiendo la línea de fachada, se ve cómo se han producido aperturas de calles rompiendo los paramentos (fot. 31T,2), y se puede indicar que se produce un cambio de formas en la alineaci­ón de las edificaciones que aquí han existido tiempos atrás (fot. 31T,1).

                En la siguiente línea mostrada, se comprueba sobre el terreno cómo se ha producido una ininterrumpida fragmentaci­ón de las formas de este recinto, hasta casi llegar al límite del murallón, al fondo de este subsector (fot. 32T). Los distintos cortes se observan sobre el suelo, donde los restos de muros son palpables (fot. 33T; 34T; 44T; 45T). Se piensa que los diferentes comparti-mentos, que aquí se pueden comprobar, se encuentran alineados en posición casi paralela al con-junto situado a izquierda de la imagen. También los paramentos de la derecha, unos tienen revoque moderno, y otros, antiguo; tras los cuales se ve la composición de la forma interna del alzado (fot. 33T,3). Casi al final de esta secuencia escalonada de formas destruidas, se observa un podivm algo pronunciado, para facilitar el acceso y equilibrio de entrada de las viviendas, en esta línea final (fot. 34T,2). Los paramentos del fondo dan muestras de reutilización de estructuras murales de época romana (fot. 35T,1,2). Un pasillo entre las líneas de casas, que se cortan en ángulo recto, permite ver el murallón de atrás de estas formas y descritas en varios sectores (fot. 36T; 37T). La elevación, que el citado murallón alcanza en esta parte del sector, es aproximadamente de 16 m, de fuerte desnivel con respecto al punto más bajo de esta área.

                Continuamos la descripción de estos espacios, y se observa cómo se adentran los citados muros rotos en las construcciones anejas al área abierta (fot. 38T). Se comprueba en 39T, donde se ve un lienzo lateral cortado por otro frontal, en mal estado de conservación, tras reutilización descuidada. En uno de sus muros interiores se perfila la composición de su estructura, muy dete-riorada y con componentes de restauración modernos (fot. 40T).

                En 41T se observa un ventanuco que da a una estancia inferior con desnivel, que se en-cuadra dentro de los elementos considerados romanos, pero de los peor conservados. En el interior de este mismo espacio hay una secuencia de habitáculos cuyos muros, en mal estado, dejan ver una estructura antigua, algo dudosa entre lo romano y lo medieval; pero tal deterioro se ha visto tam-bién en la cima del sector L de la Cueva, o L de la zona superior, donde la técnica degeneró fuer-temente (fot. 42T).

                En el siguiente compartimento hay un muro lateral, donde se ve el aparejo camuflado por el revoque moderno, adosado al talud de piedra, que originariamente se perforara al construir esta secuencia de edificaciones (fot. 43T).

                Fuera de estos espacios internos y sobre la calle, se ven restos alineados de estructuras, rotas para transitar a través de esta intrincada falsa calle. Hay restos de paramento, que salen del suelo como testigos de su antigua realidad (fot. 44T; 45T). Al final de ellos se ve cómo la estructura se cerraba en ángulo recto hasta llegar al murallón, en la parte posterior, indicada en 45T. Otra (fot. 46T), presenta el testigo de ese cierre y la forma expresa de un paramento de estructura romana con aparejo, dejando ver el opvs incertvm al exterior (fot. 46T,2).

                Enfrente de este muro hay otro similar, pero rebajado para convertirlo en contrafuerte y que, por debajo, se le identifica por su estructura interna (fot. 47T,1). A continuación se ve un es-pacio hueco que acusa la presencia de muro romano rebajado y persistiendo en el aparejo de toda la fachada, según 47T,1,2. Es evidente que aquí se ha producido entrelazamiento de muros y líneas que multiplican las formas posibles dadas en este lu­gar, porque, lo que sí hay, es una autenticidad de estructu­ras romanas. Algunos de los muros ofrecen formas de tipo opvs testacevm (fot. 51T,5).

                En 53T se marca la línea final de lo que aquí ha existido de formas romanas. A partir de este punto, todo ha sido, hasta hace unos años, un solar inhóspito, cubierto de matorral, en rampa y talud, y con pocas posibilidades de hallar estructuras romanas sobre él, aunque esto nunca ha sido óbice para que se levantara, donde casi era imposible e impensable para los moder­nos. Ejemplo hay en la vertiente de Poniente del Castillo, con construcciones sobre el talud e, incluso, con muros de conten­ción escalonados para sujetar sus estructuras en fuerte pendiente.

                En otros momentos aún, llegan a cubrir huecos, existen­tes en las paredes de piedra, cortadas a pico por su propia naturaleza, con el fin de hacer de ellas un paramento artificial, utili-zable como componente de una de las dependencias de la factoría de salazones. Hay documen-tación fotográfica de este fenómeno.

                En 54T se comprueba cómo este sector limita con parte del U. En 55T hay determinados muros, a ambos lados de este paso artificial, que comunican y establecen el límite entre los citados sectores. En la foto de cierre, dentro de este subsec­tor, se observan detalles de usos de elementos arquitectónicos, conservados hasta hoy (fot. 56T,1,3): opvs incertvm y testacevm.

                Por último, se cierra este sector con una imagen en que apenas si se aprecia algún elemento arquitectónico romano (fot. 57T); pero que, bajo la forma aparente de esta cuesta, se encuentran prolongaciones de zonas de naves no exploradas aún, y que son continuidad del subsector expuesto en la figura 33. Es toda una secuencia de naves aún conservadas, que se adentran bajo los edificios modernos y que llegan a morir junto al muro final, paralelo al murallón de contención. Testigos de estas formas quedan en los peraltes de la calle Carmen Baja, recogi­dos en 4T y 5T, cuya explicación está basada en ser parte de un muro que superaba la altura de lo que hoy se ha convertido en calle (que no lo fue), sobrepasando el nivel, ahora comproba­ble. Sobre este sistema de naves, hoy partidas por el alcanta­rillado y cimentación de casas modernas, en realidad no sucede tal, sino que esos muros domésticos son el resultado del aprovechamiento de un nuevo muro que cierra en la parte superior de la calle, hoy apreciado en el sector S (fig. 30).

            Conclusión del sector T

                Los grandes subsectores presentados ofrecen dos ángu­los, tanto estructurales como funcionales, algo diferentes. Pero, antes de llegar a alguna conclusión, es preciso aclarar que, tanto un subsector como otro, han sufrido profundas transforma­ciones, hasta el punto de no poder identificar más que restos de muros, ya reutilizados, ya en cimientos.

                El subsector de la zona denominada como la “Fabriquilla”, ha registrado elementos indus-triales destinados a la fabricacióndeenvases; la parte superior, o entorno del torreón medieval, conserva mayor número de elementos, y es del que se puede establecer algún tipo de cronología, al menos de las piletas donde aparecieron los denarios de plata. No se puede fijar norma generalizada de que esta parte del sector T sea íntegra­mente industrial, pero los problemas planteados por el análisis de los actuales interiores domésticos evitan establecer un criterio uniforme para toda esta área. No obstante, cabe pensar que constituyendo todo este subsector una línea casi continua a lo largo de este murallón, se podía entender como parte integrante de un emplazamiento de salazones.

                Por los denarios se puede afirmar que, si tal tesori­llo fue ocultado en un elemento indus-trial, se debe a que éste se encontraba ya abandonado, lugar idóneo para el ocultamiento. Siendo esto así, este espacio industrial cayó en desuso hacia la mitad del siglo I a. de C. Por tanto, tales estructuras deben considerarse, si no contemporáneas, al menos anteriores al resto de las formas arquitectónicas que aquí se ven.

SECTOR  U 

Teniendo en cuenta las líneas generales que siguen las edificaciones romanas en este sector, éstas se encuadran dentro de espacios que no son más que prolongaciones, en unos, termina­les, en otros adicionales, del espectro arquitectónico de Levante.  

Si se observa el plano general de la planta (fig. 32), se ve, en primer lugar, que, en la puerta de Levante de la Cueva, se detectan indicios de continuidad de las naves de las citadas estructuras en sentido este. Ello se confirma con la aparici­ón de resto de bóveda perteneciente al complejo de la Cueva, a causa de un derribo reciente. Tal fenómeno se aprecia a lo largo del descenso de la calle Cueva de Siete Palacios, hasta el murallón de aterrazamiento, bajo el nivel de las escue­las, con un corte casi vertical, de más de 12 m de altura.

En resumen, se puede decir que este sector queda enmarcado por la Cueva, parte noroeste, y por el murallón romano medieval, en el Sureste. El espacio comprendido entre estos dos extremos, registra en su interior dos pasos artificiales, accesos para la ocupación moderna de las antiguas formas romanas que aquí se encuentran.

Las características generales de altura, grosor de muros y espacios interiores son las dominantes en el contexto urbano de los elementos próximos. Se puede decir que estas áreas se ensamblan a las de los sectores D y E (figs. 10 y 11).

La calle Cueva de Siete Palacios es acceso artificial para comunicar los cuatro pasos que unen estos sectores, siendo esta vía la salida de escape hacia la Cuesta del Carmen y parte baja de la ciudad.

Se inicia la descripción por el muro de contención (fot. 1U), prolongación del mismo que se encuentra bajo la zona ocupada por el sector superior de L (fig. 19), que colinda con el sector T (15T y 16T). Este murallón muere en lo alto de la Cuesta del Carmen, uniéndose a otro sistema de muralla que continúa bordeando la ciudad al filo de la cornisa de roca, extendida hasta el Castillo (fig. 10). La forma de este muro de contención es aterraplenada, con una composición similar a la vista en el subsector P (fig. 27; fots. 8P; 9P; 10P), a base de grandes piedras, con revestimiento moderno, y cuya técnica es el opvs incertvm. Sobre una base vertical, levantada a partir de roca madre, se alza con una altura de 1,20 m aproximadamente. A continua­ción, en un espacio de 4,50 m, se adosa sobre roca, con una inclinación de casi 30 grados sobre la vertical, y acaba con una superposición de tipo medieval, o romano muy retocado (fot. 2U). En 3U se comprueba su extensión longitudinal y altura, y sus diferentes partes.

Llegado al supuesto punto más bajo de la muralla, se produce rotura intencionada de la misma, para dar paso a la calle Cueva de Siete Palacios, girando a derecha. El primer tramo de esta calle apoya su carga sobre el murallón (fot. 4U) que, desde otra perspectiva (fot. 5U), demuestra lo antes expuesto. Las imágenes 6U, 7U, 8U, ofrecen una idea aproximada de las dimensio­nes en grosor, según altura, de tal muro.

Comenzando la descripción desde el punto opuesto del sector, salida este de la Cueva, aparece un esquema que sigue, en parte, las líneas arquitectónicas de la citada Cueva. Por lo pronto se comprueba una especie de pasillo abovedado que parte desde la Cueva, y que ha sido punto de unión de los diferen­tes compartimentos, también abovedados, que se observan a ambos lados de ese eje central (fot. 9U). A izquierda (fot. 9U,5) se ve que es un paso, abierto de forma artificial, como indican los indicios de rotura, en el suelo, de uno de los paramentos (fot. 9U,4), que ha debido ser espacio ocupado por naves. La parte central de este corredor cubierto, seguiría la línea marcada en 9U,1 siendo todo un corredor de comunicación entre áreas diferen­tes. En la parte derecha se ve muro romano, paramento del que partía la bóveda que hoy falta, pero que deja testigos sobre la citada pa­red (fot. 9U,8). Este corredor llegaría a enlazar con las secuen­cias de la calle Angustias Moderna (fig. 11). En este punto se iniciaría una nueva alineación de naves que discu­rrirían paralelas, tal como se puede ver en las figuras 10 y 11. Por tanto, el verdadero inicio de este sector, en su parte noreste, comienza desde la misma Cueva, escalonándose progresivamente, seg­ún desciende, de forma natural, el nivel del suelo, hasta llegar al muro de contención de la parte acantilada (fot. 1U).

El punto de partida en este subsector noreste, se inicia en 9U,3,4,7, marcándose respec-tivamente la anchura del paramen­to, su altura e indicios de su continuidad hacia la Cueva. En 10U,1 se comprueba un paramento romano levantado con opvs incertvm, que se deja ver a través de la cal moderna. El punto de enlace con el sector L se observa en 10U,2.

La secuencia hacia abajo se ve en 12U,3,5, donde los muros conservan sus antiguas me-didas, comprobadas en los alineamien­tos de la Cueva o edificaciones anejas a ella.

El 12U,4 indica cómo se desciende de nivel y que el piso de suelo ha sido alterado para hacerlo transi­table. La altura de 12U,5 es prueba de la conservación de los niveles correspon­dientes a las naves, que ya aquí han sido enrasa­das, conserván­dose sólo los paramen­tos interiores y exteriores.

En el espacio 13U se testimonia la perfecta alineación en esta serie de estructuras romanas (fot. 13U,1). La altura de tales edificaciones se mantiene constante en todos estos sectores, elimi-nados los añadidos modernos perfectamente identificables. Dichas alturas oscilan entre los 2,30 m y los 2,90 m. Como dato interesante, los cubicvla modernos suelen respetar las medidas de sus elementos reutilizados, sobre todo por la dificul­tad que les suele suponer la alteración de tales edifica­ciones.

El espacio indicado en 13U,3, sirve de guía para identifi­car la anchura destinada a un paso central, hoy destruido. El alineamiento prosigue marcando la dirección en los niveles que actúan de condicionantes de las estructuras, según se desciende (fot. 14U).

Al iniciarse el descenso de nivel del suelo, todo indica que los espacios encontrados a continuación, se alinean con las estructuras de los sectores D y E. En efecto, las paredes exteriores se encuentran más retocadas, aunque ello no implica reutilización de muros romanos divisorios de estas áreas de naves. En la panorá­mica 15U se observa el esquema de divisiones producidas en la bajada del nivel, a­daptándose al terreno en sus distintos planos. El aspecto exterior da señ­ales de reutiliza­ción de paramentos romanos. Pero no deja de ser menos curiosa la observación de los alineamientos de los sectores D y E, rotos para abrir calle moderna, y que se prolongan hacia tres subsectores que se van a comentar.

El primer tramo a analizar se encuentra tan destruido que no ha sido posible más que la identificación del muro mediane­ro con el segundo subsector. La construcción de unas escuelas y la falta de prospección a raíz de su reciente derribo, ha privado de conocer la auténtica situación de las secuencias de muros de este espacio, ­de similares características estructurales a los dos siguientes. Por ello se pasa al inmediato superior, en el que se ve un paso interior, con las mismas medidas que los anteriores, en lo que se considera nave enrasada modernamente (fot. 16U).

Los espacios contemplados en 16U,1 tienen unas medidas muy similares; sus muros, el mismo grosor. 0,60 m; menos los de fondo, que alcanzan los 0,90 m.

En el espacio 16U,3 hay una secuencia paralela a la anterior, con las mismas característi-cas de medidas y divisio­nes interio­res. Conforme se penetra en este pasillo interior, se observa que la altura de las estancias laterales es homog­énea y casi simétrica con el conjunto. Se ve, al fondo del mismo, un muro romano, el mismo que cierra por delante el murallón contrafuerte (17U,2). Este muro aflora 1 m aproximadamente, sobre el nivel del suelo, se continúa hasta enlazar con el cierre de las escuelas y, en sentido contrario, con el muro de conten­ción, situado bajo la Cueva (cfr. fig. 31). Se observa, más adelante, có­mo aparecen nuevos tramos de este murallón dentro de los para-mentos de las viviendas.

Se inicia la descripción desde el fondo hacia la salida de este pasillo, viendo con más detalle el muro que sobresale, abierto de forma artificial. Tras él hay una vivienda cuyo fondo se posa sobre el murallón contrafuerte, que cierra la cadena de aterrazamiento de todo este sector.

En 19U,1 se ve el acceso a una de las habitaciones que conforman este primer tramo. El muro de fondo (19U,3) está sobremontado por otro, que forma escalón y cierra este espacio.

Dentro del primer recinto con paramentos romanos de tipo común en esta área, se ve cómo se prolonga hacia el interior del mismo el muro, visto antes en 19U,3, de tal manera que no sólo se registra su presencia sino también su altura, que viene a coincidir con la que se indica en el pasillo exterior. Al fondo de este habitáculo se aprecia un muro romano con revesti­miento de revoque moderno. El tramo colindan­te registra otro recinto de similares proporciones. En su fondo se observa paramento de opvs incertvm revocado con cal ya estratificada (fot. 21U). En el suelo hay, al igual que en el resto de las demás depen­den­cias, ausencia de pavimento. Lo que se ve es una capa de cemento moderno sobre roca.

En 23U se registra un espacio del mismo recinto ante­rior, con fuerte encalamiento de muros, cuyo grosor alcanza tan sólo 0,50 m. En la misma línea de la estancia anterior se ve otra de similares proporciones y estructuras: suelo de cemento moderno sobre roca.

En 24U,1,2, hay clara diferencia de grosor en los paramen­tos colaterales. Su revestimiento es moderno. En 25U,1,2, se detecta un sistema de cons­trucción igual al antes citado, perteneciente a la misma estancia. Su cubierta es un enrasamiento moderno. Puede tratarse, como en otros muchos compartimentos, de sistemas enrasados de redes de naves above­da­das.

En tercer lugar, se muestra otra estancia adaptada igual­mente para vivienda, con paramen-tos de opvs incertvm y revoques de cal moderna. La cubierta ha sufrido el mismo fenómeno de las estancias anteriores. Los módulos son muy similares en todas ellas (fot. 25U). En la serie de enfrente, tan sólo se han tomado noticias de algunos de los componentes arquitectónicos. Así, en 27U se comprueba una estancia de las mismas características que las antes citadas, tanto en proporciones como en materiales y medidas, aunque la que aquí se muestra se compone de dos, previamente unidas y separadas por un ligero tabique.

En 28U se indica la segunda habitación aneja. En el fondo (fot. 28U,2) se ve que el pie de muro muestra al exterior piedras de su estructura interna. La última de estas estancias es la que ha proporcionado, dentro de esta alineación de naves, las pruebas tangibles de la estructura mural (opvs incertvm), con revoque moderno muy alterado y el opvs testacevm (fot. 29U,2) formando muro divisorio en sentido vertical al romano de fondo. El tipo de ladrillo pertenece al grueso, usado en la zona de Poniente (fig. 17). Esta última prueba es la que marca la pauta para definir lo que, en principio, se proponía como hipotéti­co; pero, cuanto más abandonado se encuentra un espacio, más señ­ales de su antigüedad presenta.

El tercer pasillo cerrado se encuentra detrás del subsec­tor norte del segundo, de tal manera que sus viviendas se asientan sobre las de abajo. Esto se indica en 31U,2, cuyo paramento, en planta superior, muestra igualmente las característi­cas del opvs incertvm en todo su trazado hasta el fondo del pasillo. Sus espacios y medidas son muy similares a los de abajo.

En 32U,1 se ve con cierta claridad, que las paredes actuales acusan, debido a la débil capa de revoque, el uso del citado opvs incertvm. La anchura del pasillo es similar al ante­rior (fot. 33U). El grosor de los muros se comprueba en 35U,2, donde se aprecia, aparte de haber sido previamente medido, un grosor de 0,60 m.

En 36U hay un estrecho paso artificial, de acceso a sectores cerrados antes de su reuti-lización; por lo que hubo necesidad de abrir paso mediante la rotura de estructuras romanas. Al mismo tiempo hay material de relleno sobre el suelo, como en otros sectores de Poniente (cfr. fig. 25). Igualmente se aprecia, en el segundo rincón de este subsector, una serie de escalones que ates-tiguan el hormigón romano para aterraza­miento de espacios con huecos o fuertes desniveles. Téngase en cuenta que la parte posterior del fondo de 37U,2, está sujeta por el murallón romano que procede del sector T, a la altura de la Cueva. Ello conlleva un relleno de refuerzo para salvar el desnivel que hay inmediatamente detrás de estas estructuras (fot. 38U).

En el frontal de 39U, hay una secuencia de formas proce­dentes de reutilizaciones romanas, apoyadas en el murallón de contención, con un pequeño paralelo arquitectónico en el subsector de abajo (18U, 3). El resto de las estructuras tienen su acceso por la calle Cueva de Siete Palacios.

 Es importante resaltar que los espacios de difícil acceso, en el tercer subsector, (fots. 36U; 37U) eran inaccesibles por la propia estructura de sus piezas arquitectónicas, componentes de los mismos. Ello ha provocado la rotura de estructuras anti­guas, con el fin de usar los compartimentos de este sector. Ello confirma tambi­én la opinión tan reiterada de que los pasos, accesos y entradas en la casi totalidad de este complejo arquitectónico, han sido el resultado de una necesidad humana, forzada a romper los esquemas romanos para transformar lo que fue construido, con un objetivo muy concreto, en algo que los nuevos ocupantes adecúan a sus necesidades: convertir en hábi­tat lo que tan sólo era una infraestructura industrial y comercial.

Topográficamente considerado este sector, se considera que su orientación es contrapuesta a la vertiente que mira al Majuelo.

Como ha quedado reflejado en los preliminares, ha sido dividida la ciudad moderna en varios sectores que condicionan el tipo de elemento, utilizable según la orientación. Al filo de esta observación, se ve sobre el terreno que los elementos comunes de este espacio de Levante manifies-tan, en las prospec­ciones practicadas hasta el momento­, unas características arquitectónicas más uniformes y constantes. Esto puede tambi­én comprobarse en los sectores C, D, E, U (figs. 9; 10; ­11; ­32, respectivamente).

De todo ello se concluye que las manifestaciones estruc­tu­rales en el sentido expuesto, se decantan en los siguientes aspectos formales: muro de contención para construir el aterra­za-miento de este sector, cuyo extremo noreste se apoya sobre muro grueso, levantado para sujetar un talud, casi vertical; los tipos de naves, limítrofes con la Cueva, guardan cierta relaci­ón de proporcionalidad con el extremo levantino de la misma, aunque el cambio se inicia al comienzo del desnivel observado en la pendiente de la calle Cueva de Siete Palacios, y es a partir de este punto, cruce con la calle Angustias Moderna, donde se inicia el cambio de línea y tipología de las formas que los encadena­mientos de naves manifiestan en el sector de Levante grandes aline-aciones con secuencias paralelas. Tan sólo se registran muros divisorios de aterrazamientos y naves, aunque enrasadas, encadenadas, situadas en planos con diferentes niveles, pero en aline-aciones paralelas.

Como nota adicional, se indica que, en fechas relativamen­te modernas, esta estructura romana se encontraba cerrada y abandona­da. Tras su ocupación se necesitó romper la estructu­ra interna de este espacio, siguiendo los alineamientos romanos para acceder a las tres series de naves de abajo, y al interior del tercero y, desde él, a las partes superiores, inaccesibles por arriba, pues la apertura de entra­da, por este lado del sector, era costosa y difícil.

Conclusión del sector U

Topográficamente considerado, este sector se puede concluir como que su orientación es contrapuesta a la vertiente que mira al Majuelo. Como ha quedado reflejado en los puntos de vista preliminares, ha sido dividida la ciudad moderna en varios grandes sectores que condicio-nan el tipo de elemento que debe utilizarse según la orientación.

Al filo de esta observación, se ve sobre el terreno, que los elementos comunes de todo este espacio de Levante manifiestan en las prospecciones practicadas hasta el momento, unas características arquitectónicas más uniformes y constantes.

Esto puede también comprobarse en los sectores C, D, E, U (figs. 9; 10; 11; 32, respec-tivamente).

De todo ello, concluimos que las manifestaciones estructurales en el sentido expuesto, se decantan en las siguientes estructuras formales: muro de contención para construir el ate-rrazamiento de todo este sector, cuyo extremo noreste se apoya sobre muro grueso, que se levanta para sujetar todo un talud, casi vertical; los tipos de naves, en la zona limítrofe con la Cueva, guardan cierta relación de proporcionalidad con el extremo levantino de la misma, aunque el cambio se inicia al comienzo del fuerte desnivel que se observa en la pendiente de la calle Cueva de Siete Palacios y es precisamente a partir de este punto, cruce con la calle Angus-tias Moderna, donde se inicia el cambio de línea y tipología de las formas que los encadena-mientos de naves manifiestan en todo el sector de Levante: grandes alineaciones con secuencias paralelas. Tan sólo se registran muros divisorios de aterrazamientos y naves; aunque enrasadas, encadenadas, situadas en planos con diferentes niveles, aunque en alineaciones paralelas.

Como nota adicional, se puede indicar que, en fechas relativamente modernas, toda esta estructura romana se encontraba cerrada y abandonada. Tras su ocupación hubo necesidad de romper literalmente la forma interna de este espacio, siguiendo tan sólo los alineamientos ro-manos, tanto para acceder a las tres seriaciones de naves de abajo, como por dentro del tercero y, desde él, acceder a las partes superiores que quedaban inaccesibles por la parte de arriba, ya que la apertura de entrada, por esta parte del sector, era más costosa y difícil.

Concluimos afirmando que este método de ocupación será una constante en todo el cas-quete superior de la ciudad moderna, donde aún se manifestará con mucha más evidencia.

SECTOR V

Los elementos estructurales descubiertos en el espacio de este sector son muy variados y complejos. Comprende desde un estudio puramente casi sedimentario o estratigrafiado, con situaciones intermedias, hasta un sistema de almacenaje.

 A pesar de la dispersión que se da en este espacio en sus diversos componentes, el enri-quecimiento es considerable por la aportación de datos hasta ahora desconocidos en todo el ámbito de excavaciones y sondeos realizados.

Distinguimos tres grandes subsectores, cada uno con su propia identidad, aunque, entre dos de ellos, hay algún factor estructural que se repite.

En los elementos formales detectados como almacenes, hay algunas novedades en cuan-to a su forma y reutilizaciones.

En resumen se puede decir que este sector presenta casi todos los elementos que conforman el complejo industrial.

Iniciamos el recorrido descriptivo por el viejo edificio en que se ubica la farmacia de la Plaza del Ayuntamiento (fots. 1V; 2V). Relacionado con este edificio, se tiene otro espacio donde se han realizado rebajes de terreno, con hallazgo de gran cantidad de cerámica (fot. 3V). Incluso algunos restos de muros de las actuales viviendas, más concretamente de un horno de pan, pue-den considerarse como reutilizaciones, pero falta realizar una prueba.

Situándonos de nuevo sobre el punto 1V, se ve una panorámica de las catas practicadas en este subsector. Se observan, casi en posición rectilínea, los cortes realizados. Son catas de 2 m x 2 m, en las que han aparecido elementos arquitectónicos, gran cantidad de material de relleno y unos pequeños hogares, con una distribución muy irregular.  

En el corte primero no disponemos de restos arquitectónicos, pero sí ha aparecido gran cantidad de cerámica fragmentada, cuya explicación se debe no a un estado estratigráfico previo, sino a ser un escalón final donde han venido a parar los materiales erosionados de la zona alta de la ciudad.

Pero es necesario aclarar un punto fundamental en esta pequeña excavación. Se ha veni-do comprobando, a través de los lugares en donde se han llevado a cabo derribos, que la mayoría de los puntos observados, sus alzados posan sobre bases anteriores. Esto se ha dado en todos los casos detectados y estudiados, cuya base o cimentación primitiva es romana, e incluso gran parte de los paramentos derribados constituían elementos de los alzados de estas casas, consi-deradas como modernas, pero que, en origen, no lo eran. Aquí ocurre algo similar: con el derri-bo de los paramentos de este solar no se ha tocado en los puntos fundamentales por mantener los paramentos antiguos externos, con lo que se ha podido averiguar si se apoyaban sobre anti-gua base romana.

Si se tiene en cuenta que el material detectado en las cuatro catas es de escasa solidez e inestable, no nos queda otro camino para poder explicar la sujeción de unos paramentos tan pesados y que no han sufrido deterioro ni con el derribo de los muros interiores, ni a conse-cuencia de haberlos dejado prácticamente sin punto de apoyo, más que con el de su propia base e incluso practicando las catas junto a sus cimientos; ello puede explicarse, pues, por otro fenómeno: deben tener un soporte que no se ha podido comprobar, bajo el paramento que se tiene a la vista, y que debe tener una gran consistencia, ya que, de lo contrario, no se habrían mantenido de pie, tal como ha ocurrido. A ello se suma un fenómeno algo particular, pero que puede tener relación con esto: el suelo de la calle comenzó a resentirse poco tiempo después de realizar las catas, pero los muros maestros permanecieron inmóviles.

Nuestra primera conclusión, a posteriori, sobre este espacio arqueológico, es admitir que debajo de este solar, en puntos que fueron previamente comprobados por los constructores antiguos de estas casas, deben existir elementos más resistentes, porque, a fortiori, no puede explicarse su permanencia en pie con una base de puro aglomerado de barro y restos de cerá-micas mezcladas con piedras pequeñas.

En el primer corte (fots. 5V; 6V), se observan los materiales que se han ido descubrien-do progresivamente y que se ven, además, en uno de los lados, la existencia de restos de muros cuya identidad no ha sido estudiada, pero que guardan relación con otros elementos más, que no se han tenido en cuenta a la hora de estudiar el contexto arquitectónico de los cuatro cortes practicados.

Uno de los muros que se han detectado, pero que no se ha tenido en cuenta en el pro-ceso de la excavación, es el que se puede ver en la imagen 7V,3, cuyo alzado se dirige hacia el muro del paramento principal de este subsector y que probablemente forme parte de una estruc-tura arquitectónica destruida en su alzado.

Aparte de este elemento, que es tan importante en tales consideraciones arquitectóni-cas, se puede observar la presencia de unos componentes industriales, o al menos así lo parecen, formados por una cadena de estructuras circulares de escasa magnitud, construidos con piedra y argamasa, con revoque en su pared interna.

En 7V se puede ver respectivamente sobre el punto 7V,1, uno de tales elementos que parece relacionarse con el resto. Su estado de conservación es malo, mientras que el situado jun-to a él (7V,2), se conserva bastante mejor y, además, muestra revoque en su parte interna. Sus diámetros oscilan entre los 0,60 y 0,50 m. Los muros testigos debieron eliminarse para poder dar mayor unidad a la forma y manera de relacionarse todos estos elementos.

En la foto 9V, se pueden ver tres de los cuatro elementos que componen esta secuencia de estructuras. En 9V,1, se tiene una de ellas, pero en muy mal estado estructural. En 9V,2 hay uno en buen estado de conservación, pero con un aparejo formado tan sólo de piedras, y cuyo diámetro apenas alcanza los 0,30 m. Los otros componentes difieren de este, en tamaño.

Con relación a su interpretación, se puede afirmar que todo parece señalar estructuras de carácter industrial, y cuya finalidad se relacionaría con el proceso de fabricación del garum, constituyendo una serie de hogares (que tienen paralelos en el Majuelo y en calle Real) indus-triales. Pero también podrían tener una función secundaria, como parte de formas domésticas. Téngase en cuenta que, inmediatamente más abajo de donde se encuentran estos hogares, hay restos de piletas de salazón e indicios de las mismas. Es claro que se precisan más datos para dar una interpretación fidedigna, pero, por ahora, es lo único que se puede decir, como lo más apro-ximado.

Continuando hacia la parte inferior de la calle Real (fot. 12V, nos encontramos con otra excavación de emergencia (fot. 13V), en la que se han encontrado los elementos que, con cierta avidez, deseábamos ver en la que se ha descrito antes. Es razonable que aquí se hayan hecho presentes esos elementos arquitectónicos, por encontrarse a un nivel casi cuatro metros por debajo al visto en la Plaza del Ayuntamiento.

Con diferencia cronológica se realizaron realmente dos grandes cortes en este solar, aunque quienes practicaron la excavación lo hayan considerado tres. Si se observa la panorá-mica se puede comprobar, en efecto, que lo que se ve son dos cortes con las mismas dimensio-nes, aunque se practicaran en distintos momentos. Las proporciones en que se llevaron a cabo dichos cortes han sido de 4 x 4 m. En la primera, la más irregular, situada a pie de la calle Real, con un desnivel de casi 2,50 m, presenta, desde el punto de vista estructural, un muro que cruza diagonalmente el corte. Es de piedra, con aparejo algo débil y muy mal conservado. Su grosor oscila entre los 0,60 m y los 0,70 m. Su aspecto externo es pobre, y parece haber sido levantado para ser cimiento, y no parte del alzado, como se puede observar en la imagen. La profundidad que se puede ver no responde a su punto de arranque, sino que se ha llevado a cabo, se supone, con intención de buscar estructuras más profundas, tal vez tratado de hallar lo que todavía no se ha localizado en ningún punto de la ciudad: elementos arquitectónicos fenicios.

Insistimos en este punto porque realmente se ha profundizado tanto que se ha llegado más lejos de los 4,70 m. Se piensa que, una vez localizado el fondo de una secuencia de muros, lo que de inmediato se nos presenta es la tierra; la excavación en estos niveles ha finalizado; conociéndose, como bien se sabe, que las estructuras en esta ciudad finalizan apenas se llega a la tierra. Lo único que se ha podido encontrar en lo excavado, y no es poco, son secuencias de muros romanos y, una vez hallado el punto final de éstos, debajo no hay nada, máxime si no se han tenido en cuenta las cotas a que se trabaja.

El segundo corte está formado por cuatro dependencias, de las que tres solamente han sido perforadas hasta una profundidad peligrosa, por sus características de falta de resistencia en el terreno. No obstante, procedemos a interpretar las estructuras que se dan y que son de sumo interés para la arquitectura que aquí se ha detectado y a la que se le ha dado escasa impor-tancia. En la imagen 14V, se puede observar la existencia de cuatro compartimentos separados por la propia ordenación de sus muros que se levantaban en este subsector. En el primero de ellos (fot. 15V) se puede diferenciar perfectamente la secuencia de elementos arquitectónicos que se han superpuesto, en unos espacios, y se han relacionado, en otros. Así, en 15V,5 podemos ver un muro romano alineado con el 15V,4, de menor grosor, ambos cerrados por el 15V,1, de características similares al 15V,5. Pero lo más relevante de este punto, desde la secuencia evolu-tiva, es la superposición de elementos murales, ya que nos indica el proceso de adiciones que se han dado en esta zona. Obsérvese a este respecto los puntos 15V,2,3, en los que se puede ver con toda claridad la existencia de muros superpuestos de forma escalonada que no sólo se localizan en este corte sino que se extienden a otros vecinos. Esto se interpreta como un dato a considerar para, por lo menos, establecer algunos puntos de referencia a la hora de explicar la evolución arquitectónica en Seks.

En el corte 16V, se observa algunas notas comunes con el anterior, como puede ser la superposición continuada de los muros romanos que se encuentran debajo de los que se ven en superficie, y que nos suponen una antigua forma estructural con una configuración diferente a la que se ve. Las medidas de los muros, tanto de abajo como superiores, siguen los módulos del corte anterior. Si este corte se hubiera podido continuar, probablemente se nos hubiera cerrado formando otro espacio rectangular, como el anterior, porque la continuidad de los muros de abajo y superficiales es evidente (fot. 16V,1,3).

Justo al lado del corte indicado en 15V se tiene una estructura casi rectangular, en la que se detectan elementos que nos hacen pensar en una pileta de salazón, que ha sido reutilizada posteriormente para otro fin.

Los elementos que se pueden considerar modernos en esta forma, se observan clara-mente en la imagen que de ella se presenta en 14V, donde se aprecian componentes ajenos a las piletas de salazones: el uso de baldosas de cerámica, que nos hacen pensar en una reutilización medieval. Pero, por otro lado, se detectan recubrimientos de paredes con estucos usados gene-ralmente en los revoques impermeabilizantes (fot. 17V,3,5), además del suelo, en los muretes por su parte interna.

El corte cuarto nos muestra muros reutilizados, y otros bajo la estructura de superficie (fot. 18V). No obstante se observa un aparejo de piedra vista que no nos da señales de un para-mento romano clásico, sino más bien de época medieval o, mejor aún, muro de cimentación donde el aparejo externo no se cuida como se hace con el alzado.

Las fotos 19V y 20V nos muestran la parte más honda de este subsector, pero llegando a niveles de profundidad que no han sido necesarios, ya que lo que se pretendía localizar eran formas romanas y púnicas y, lógicamente, una vez alcanzado el límite de la cimentación, sólo se encuentra tierra.

Lo normal es que aparezcan superpuestas o reutilizadas, pero no con espacios superes-tructurales de más de un metro de tierra de potencia, lo que no es normal. Sabemos perfecta-mente que entre púnicos y romanos no medió espacio de tiempo, sino que, a lo más, se reutili-zarían los medios de que dispusieron los fenicios en este lugar.

En la imagen que se presenta en 20V se puede observar este fenómeno de búsqueda de estructuras que no aparecen. En la imagen 21V podemos ver una secuencia de formas romanas superpuestas, con una profundidad que llega casi a los 2 metros.

Continuando nuestro trabajo de localización de elementos arquitectónicos, desde el espacio superior a la excavación anterior o calle Real, nos situamos ante dos salidas o espacios que consideramos de vital importancia por las aportaciones que nos han dado en este estudio. Así, en el punto 23V,1, se puede observar un edificio moderno que ha sido levantado sobre res-tos romanos que pudimos ver directamente en su fase de rebaje de terreno, que no pasó del me-tro y medio aproximadamente, y en el que aparecieron las secuencias de muros romanos de una forma similar a la que acabamos de mostrar, pero no se nos permitió fotografiar.

Curiosamente, además de los materiales a los que aludimos, aparecieron numerosos res-tos humanos cuya apariencia primera nos daba a entender que pertenecían a una época relati-vamente reciente, probablemente de época napoleónica en esta ciudad. Lo más llamativo de este rebaje de terreno es la forma en que pudimos comprobar el rescate de numerosas piezas cerámi-cas. Fue un tanto sorprendente, porque en este casi metro y medio de potencia de tierra, como se ha indicado antes, espacio removido, los restos cerámicos hallados fueron muy variados. Pu-dimos comprobar directamente cómo aparecía la cerámica púnica casi sobre la propia superficie y, además, revuelta con otros elementos romanos, árabes y modernos.

Pero, lo que de pleno nos atañe en esta cuestión, es el ordenamiento de los muros que pudimos ver y, calculado con la ayuda de la distancia de colocación de las zapatas de los pilares, pudimos levantar una esquemática planimetría de todo el subsector, en el que incluimos el hallazgo interesante de un dolivm, que había sido durante mucho tiempo utilizado como fosa séptica de una de las viviendas. El citado dolivm permanece enterrado en el mismo lugar donde fue hallado por ser imposible su levantamiento, debido a que se encuentra fijo al suelo con opvs caementicivm. Ello se ha indicado debidamente en la planimetría que entonces pudimos levan-tar.

Pero, a nuestro entender, lo que más nos interesa de este subsector es la probable rela-ción estructural que pueda tener con los elementos que se ha localizado en un espacio, a no más de 30 m de éste, y que, dentro de lo que se va a explicar en 23V,2, forma una zona con caracte-rísticas especiales. Así, en el citado punto se han tenido pruebas evidentes, pero siempre dentro de las limitaciones que nos imponen los propietarios de las obras, de que todo este complejo era un área de naves de almacenaje, que se encuentra bajo la calle que se indica, y que, en parte, se ha fotografiado, casi de una forma un tanto pirata, para dar, al menos, una prueba de lo que es-tamos afirmando.

Precisamente en la línea que se indica en 23V,2, hace unos 20 años, una de las casas que dan a la calle Alta del Mar, al comienzo de la cuesta, algo pendiente, vimos cómo tuvieron que introducir una fuerte inyección de hormigón moderno, porque las casas situadas encima de unas supuestas naves, habían ejercido demasiada presión sobre las estructuras abovedadas que hay debajo, lo que estaba provocando grandes fisuras en sus paramentos y armazón interior. Pero, como se dijo antes, no se puede desligar ningún dato de los que se vienen exponiendo, ya que se cree que todos forman parte de una unidad estructural.

En la foto que se presenta, como punto donde tuvo lugar el resentimiento de los citados cimientos modernos, hay que señalar que se encuentra a un nivel casi metro y medio superior al que se va a exponer a continuación. Pero es conveniente indicar que el hundimiento de fachada que se produjo, tuvo lugar en el punto casi más elevado que señalamos en 24V, y que, muy pro-bablemente, las naves que se van a exponer enseguida, se prolongan en su estructura alineada, por toda la calle, en sentido transversal.

En la foto 25V, se quiere señalar, de forma gráfica, la distancia a que se encuentran las dos partes, que se consideran muy relacionadas entre sí. Los paramentos, que hoy se ven como modernos, no lo son; y algunos dejan ver aún las huellas de su antigua estructura. En el punto 25V,1 se marca el comienzo de las estructuras abovedadas que se encuentran en su interior. En 25V,2, el lugar donde han aparecido numerosas formas de muros romanos, cerámica, cadáveres y dolivm, antes citados.

Para aportar algún dato algo más concreto que la simple cita, en la foto 26V se muestran indicios de lo que se viene considerando estructuras antiguas, probablemente romanas, reutili-zadas, que conforman el aspecto de esta parte baja de la ciudad.

En 26V,1 se tienen unas alineaciones muy remozadas, que no responden a un esquema urbano, como se ha señalado ya en varias ocasiones.

En 26V,2, se ven muros que nos dan claros indicios sobre su antigüedad por la forma que nos ofrece el aparejo externo. En 25V,3 aparece un espacio donde se señalizó el rebaje de terreno y hallazgos de estructuras y cerámicas variadas.

En el punto 27V se observa el interior de una casa, donde el aparejo aparece reutilizado y formando parte de un sistema de estructuras romanas, que se continúan en ambos sentidos de la calle Baja del Mar. Sobre la forma del muro antiguo se ha levantado el moderno, como se puede observar a los lados de la chimenea de fondo. En uno de los laterales ha quedado al descubierto el muro antiguo donde se ve el opvs incertum (fot. 28V).

Justo en el punto 29V, se ve el acceso al sistema de naves romanas, localizadas hace unos 35 años, en que se nos permitió fotografiarlas, aunque los medios de que disponíamos no eran lo suficientemente buenos como para poder presentar detalles más precisos sobre este encadenamiento de naves y sus peculiaridades, así como de sus alteraciones con el tiempo y los usos que de ellas se han hecho.

En la foto 30V, se indica el espacio de vía que recorre toda la secuencia que se va a expo-ner. Estamos convencidos, aunque no disponemos de pruebas fidedignas, de que la indicada en esta imagen es artificial, como las demás del conjunto general; y las estructuras que se encuen-tran a su lado, han dado claras muestras de poseer espacios y características que coinciden con las que se van a ver a continuación.

Como argumento a fortiori, es preciso indicar que estamos en la parte donde se encon-raban las lógicas infraestructuras portuarias y las dependencias anejas que conllevan lo que tal zona requiere. Estos argumentos se pueden examinar con más precisión en los capítulos intro-ductorios del presente trabajo.

Una vez pasados los umbrales de la casa que se indica en 29V, nos encontramos con un patio cuya estructura no pudimos fotografiar, pero que se está formando parte de este amplio complejo de naves. En uno de los laterales del citado patio, orientado en sentido sur, podemos observar la primera imagen de una nave abovedada, de medio punto, con muro divisorio arti-ficial y un agujero circular en el centro de la misma. La técnica constructiva es el opvs lateri-civm, usado ya en otros espacios, como los del sector K, en sus respectivas naves. Se observa además, una especie de revoque que, más que antiguo, parece moderno, y a lo sumo, medieval. Las dimensiones de esta estancia, aproximadamente son: 3,20 m de altura; 2,40 m de anchura, y 2mde fondo o largura. El agujero central que se observa tiene un diámetro de 0,40 m apro-ximadamente. El grosor de la bóveda es de algo más de 0,90 m.

Aparte de lo que aquí acabamos de describir, es preciso indicar que la profundidad de tal nave es mayor de lo que se ha dado; sólo que en la fotografía no pudimos tomar, está todo lo que queríamos hacer; pero este sistema se prolonga hasta casi dar con la estructura de la calle Cerrajeros, a la que, en teoría, se cree formaba parte del complejo de naves de todo este espacio.

En cuanto a la interpretación de todo este primer subsector, dentro de este espacio romano, es conveniente indicar que el citado patio no es más que el punto de arranque de varias alineaciones de naves de todo este sistema, siendo la primera bóveda, en que se presenta, una de las dos direcciones que se indican en este conjunto de construcciones abovedadas. Es conve-niente hacer un poco de memoria del pasado, y decir que se realizaron, tiempos atrás, modifi-caciones en el citado patio, siendo muy difícil romper las estructuras que aquí había. Era preciso, para los intereses de los propietarios, modificar parte del alzado, formado por otro sis-tema abovedado, igualmente construido de ladrillo y opvs caementicivm, o lo que es lo mismo, opvs latericivm, alternando con testacevm. Tal punto de arranque de elementos alterados, sigue una línea en sentido contrario al que nos muestra la imagen 31V.

Una vez pasada esta bóveda o nave, nos situamos dentro de otra, alineada con la ante-rior, y desde la que hicimos la foto cuya imagen presentamos en 33V. La nave, desde la que se filmó tal foto, es igualmente abovedada, pero no de ladrillo, sino de piedra, con un ligero revo-que. Su altura es de 2,70 m aproximadamente; su fondo, de 3 m, y su anchura, de 2,60 m. El paso de una nave a otra, dentro de esta secuencia, se hace mediante una abertura artificial for-mada por una entrada de arco de herradura. Realmente se trata de la rotura de un paramento de cierre romano, sobre el que se ha construido tal arco de herradura, como paso a las otras depen-dencias. Es muy probable que este sector fuera considerado parte o núcleo de una mezquita musulmana que se nos describe en este subsector en los Libros de Asentamientos, aunque no se nos diga que fuera de nueva planta, sino sólo una mezquita, sin precisar más detalles. Curiosa-mente esta entrada y la situación general de la secuencia de naves reutilizadas que se van a mostrar a continuación, se encuentran situadas hacia Oriente. Esto no nos puede llevar a nin-guna conclusión precipitada, pero no sería de extrañar que tales dependencias hubieran sido reutilizadas por el elemento árabe como oratorio.

El tipo de ladrillo utilizado en el aparejo del arco de herradura es muy diferente, en tamaño, a los usados en la bóveda de la nave romana antes vista (fot. 33V). En la foto de frente se puede observar mejor la forma del citado arco. A su vez, contemplamos el aspecto de una nave situada inmediatamente detrás del citado arco (fot. 34V). En la primera de ella se puede ver una abertura en la cubierta o bóveda. Su altura es similar a la anterior, pero el aparejo es de piedra con revoque, como bien se puede observar. En foto de detalle, se puede comprobar lo antes dicho sobre la cubierta, pero, además, hay que decir que el tragaluz, o antigua forma de acceso romana, tiene cubierta de vidrio. Por ello se piensa que, en fase árabe, estas depen-dencias se han utilizado con fines muy distintos para los que fueron construidos en un principio.

Una vez pasada esta nave, cuyas medidas aproximadas son 2,30 m de altura, 2,70 m de anchura, y 3,50 m de fondo, a continuación de ellas, mostrada en la foto 34V, nos encontramos con otra en la que se tiene que hacer las siguientes puntualizaciones: tiene igualmente una aber-tura en la bóveda, con lucernaria de vidrio; tal bóveda es algo rebajada, y las esquinas han sido algo redondeadas, como si se les hubiera añadido pechinas, con el fin de hacerlas bóvedas se-miesféricas. El paso para la siguiente ha debido ser hecho en época musulmana, porque se observa igualmente la utilización del ladrillo con un ligero arquito sobre las jambas, del mismo material. Las medidas de esta nave son idénticas a la precedente, aunque las modificaciones que se han practicado sobre ella, alteran, de alguna manera, la realidad que nos hemos encontrado.

Una vez pasada tal nave, a través de la puerta artificial, se puede ver que el sistema cam-bia de dirección. En esta nueva nave se puede observar, y entonces lo comprobamos, que la bóveda ha sido cubierta con un techo de madera, con el antiguo aparejo, detrás. Las caracterís-ticas son casi las mismas; sólo se cambia de sentido (fot. 35V).

Cuando sobrepasamos esa nave, que no se ha podido registrar en fotografía, nos encon-tramos con otra sucesiva, de la que sólo se ha tomado lo que se observa en la foto 36V, pero que, realmente, se trata de otra nave abovedada, no testimoniada, aunque la imagen que se presenta lo revela. En tal imagen, de nuevo volvemos encontrarnos con un acceso artificial, pero proba-blemente realizado por los musulmanes. El grosor del muro es de 0,80 m, pero no se observa detalle de ladrillo, sino piedra.

Pasada esta falsa puerta, nos situamos dentro de otra nave abovedada, semejante a la anterior en todo, tanto en materiales como en proporciones. Tiene igualmente el tragaluz, o lucernario, con vidrio en el centro de la bóveda pero, tanto ésta como la precedente, no tienen la especie de pechinas que las convierten en hemisféricas.  

Al fondo e izquierda de la imagen 36V, nos encontramos con una nueva secuencia de naves que cambian de nuevo su sentido. La forma que se presenta en 37V, muestra, al fondo, un muro romano de cierre que, a su vez, tiene un paso a izquierda para iniciar un nuevo recorrido de naves. Pero la puerta artificial que se muestra aquí sí tiene señales claras de haber sido abier-ta en época musulmana, al menos en su parte derecha, porque la izquierda guarda su aparejo romano íntegro.

Inmediatamente después del paso anterior, se puede comprobar la existencia de una nave, que no se recoge en la imagen, pero que precede a la puerta artificial que se puede contem-plar.

Una vez pasada la puerta que se ve en 38V, se tiene una serie encadenada de pequeñas naves, cuyos accesos son recientes y practicados por los actuales propietarios. Las características arquitectónicas de todas estas naves terminales son las mismas que se vienen viendo a través de todo el subsector. Se utilizan los materiales comunes al conjunto de la mayoría de las edificacio-nes del complejo industrial, y los módulos son muy similares entre sí.

Cuando se llega hasta el supuesto final de toda esta secuencia, que no es tal, porque se ha podido comprobar la existencia de más elementos abovedados, nunca se ha podido demos-trar su punto terminal, porque siempre se ha quedado frente a un muro que no se ha podido romper. Un dato a tener en cuenta es el hecho de que el suelo ha sido rellenado, no se sabe en qué época, pero ello ha sido la causa de que los que han intentado avanzar, no lo pudiesen hacer. Se supone, por las medidas referenciales tomadas desde dentro, que estas edificaciones pasan por debajo de la actual calle Alta del Mar, en su fuerte pendiente.

No cabe duda de que la casa que se resintió en esta misma pequeña pero pronunciada cuesta, se encuentra justo encima de un sistema abovedado, ya que es la única causa que puede explicar el que sus paramentos exteriores e interiores comenzaran a resentirse y a hundirse. Probablemente varias naves se encuentran hoy rellenas con una fuerte carga de hormigón moderno.

Conclusión del sector V

Dentro de un análisis general del amplio espectro que define este sector, se puede per-fectamente considerar a las dos primeras zonas estudiadas como áreas destinadas claramente a la industria. Si se observan los elementos arquitectónicos hallados en ellas, la primera nos presenta una serie de hogares que pudieron tener estrecha relación con la preparación del ga-rum; elemento que se vuelve a registrar igualmente en la segunda zona de excavación de la calle Real, donde, además, hay estructuras de piletas.  

Por otra parte, también la factoría del Majuelo tiene estructuras similares a las que se han observado aquí, tanto en la calle Real como en la Plaza de la Constitución (cfr. Almuñécar, Arqueología e Historia II, pág. 189, II, 2).

Vistas estas características, se quiere concluir que lo que se tiene ante nosotros, en las dos primeras etapas, son formas eminentemente industriales muy reutilizadas.

En cuanto a la zona final o secuencia de naves, se ha de decir que estamos ante un nuevo sistema de construcciones destinadas al almacenaje, supuestamente más ricas en formas que las del Majuelo, por ser la zona portuaria más amplia de todo el complejo y, lo más importante, la cercanía al sector portuario de la gran ensenada de Levante, mucho más amplia que la del Majuelo, que la convierte en el lugar más idóneo y apropiado para poseer dependencias desti-nadas al almacenaje de los productos dispuestos para la exportación.

Aunque sea de forma negativa, hay que considerar que todas las excavaciones llevadas a cabo en el interior de lo que es hoy ciudad moderna que, según nuestros cálculos, han sido ya seis, no se ha descubierto nada relacionado con estructura doméstica. De forma aislada, en algu-nos compartimentos, la Cueva ha registrado estuco romano pintado, relacionado directamente con este fenómeno. Tal estuco ha sido un producto del relleno artificial que se ha practicado sobre los vanos del citado criptopórtico. Ni siquiera la casa descubierta en el Castillo de San Mi-guel ha dado nada, hecho un tanto contradictorio, porque, al menos, se sabe que son dependen-cias destinadas a habitación.

Tampoco se tienen noticias de posibles mosaicos, salvo en una villa fuera de la actual ciudad.

Todo esto sumado, resulta un tanto chocante, porque, si ha existido una ciudad romana, como se ha venido predicando con tanto énfasis, nosotros nos seguimos preguntando lo más elemental. Y lo más elemental es el hábitat, aunque sea muy rudimentario.

No se ha descubierto indicio secundario que acuse la presencia de elemento arquitec-tónico perteneciente a hábitat. Se cree que se ha avanzado bastante en la investigación que se ha llevado a cabo a lo largo de muchos años, y aún no disponemos de dato fiable en este sentido y, por tanto, nos mantenemos en la postura definitoria adoptada tras la gran cantidad de material que lo corrobora. No disponemos, pues, a la hora de abordar una definición unitaria del conjun-to, más que de elementos destinados a la industria y dependencias auxiliares. Sólo de tipo priva-do se tiene el testimonio de la casa en el interior del Castillo, y aún así, pobre y de casi nula información sobre lo que podría haber constituido un prototipo de hábitat doméstico romano en Seks.

Salvo que haya que admitir una nueva posibilidad: que las casas aquí sean diferentes al resto de las habituales en otras ciudades costeras romanas o romanizadas. Pero se piensa que la solución no va por ahí, sino en admitir, con espíritu crítico, que las estructuras o formas de que disponemos, reflejan más el esquema de un complejo industrial que un trazado urbano clásico, como el que se puede ver en Baelo Claudia o cualquier otro lugar costero de mediana categoría urbanística.

SECTOR X

El ámbito que comprende este sector tiene como marco general su situación eminente-mente marítima, ya que se encuentra precisamente en las cercanías de lo que se viene llamando, desde antiguo, Puerta del Mar. Abarca parte del paseo del Altillo, la zona de la Plaza de la Rosa y parte de la Avenida de Andalucía.

Si se observa una panorámica de la playa de Levante, donde hoy se encuentra el Paseo del Altillo, desde la situación rocosa del Paseo de Prieto Moreno, tiempos atrás, se puede saber por qué se denomina Paseo del Altillo a este espacio de ciudad moderna. En efecto, para evitar las inundaciones periódicas provocadas por el mar en todos los tiempos, al parecer, en época moderna se procedió a crear una barrera artificial que frenara la entrada de agua en momentos de temporal.

En la fotografía que se presenta, de las más antiguas conservadas, se puede ver cómo se ha montado un dique de tierra para evitar que las aguas del mar penetraran en el interior de la parte más baja de la ciudad. Pero se piensa que, en épocas anteriores, los antiguos utilizarían algunos medios para evitar este mismo fenómeno natural (fots. 1X; 2X). Probablemente se levantaran murallas escalonadas, u otros sistemas defensivos, aparte de poder haber utilizado el mismo plan. Pero no se olvide que era un peligro continuo mantener una protección solamente con este tipo de defensa, ya que se hacía más fácil la posibilidad de recibir ataques marinos con estos medios disuasorios. Ha existido un sistema de murallas de altura realmente considerable en este perfil de costa, que frenaría el paso del agua a la ciudad y, además, se utilizaría como medio disuasorio ante cualquier ataque de carácter bélico. Así, en la foto 4X se muestra un paramento que no nos atrevemos a calificar como puramente medieval, sino que, en parte, da señales de que originariamente podría ser romano.

La primera parte del mismo, al que se le ha quitado la barbacana, muestra un aparejo interno más robusto y resistente de lo que un muro medieval puede presentar. Su recorrido se extiende a lo largo de toda la manzana de casas, a uno y otro lado del lugar donde se ha detec-tado este lienzo de muralla.

En cuanto a la parte que da a la playa, además de tener sus correspondientes almenas, se observa que forma un sistema escalonado de alzado, en el levantamiento de toda la línea que marca su trazado, lo que se interpreta tanto como una defensa contra el mar, como contra cual-quier eventualidad bélica (fot. 5X).

A partir del punto 3X, arrancaba el sistema de puerta de entrada a la ciudad por este sector de la misma. Justo en el punto central de la imagen que se presenta, había uno de los compartimentos, que se conservaban hasta hace poco, sobre el sistema de acceso a la ciudad. Aquí se encontraba la llamada Puerta del Mar, cuyos elementos y componentes arquitectónicos han sido eliminados y quedado bajo los cimientos de las casas colindantes. Según la tradición, tal puerta estaba formada por un arco central y dos laterales de descarga, y un paso en zig zag, hacia la playa.

El nivel que se puede establecer para la actual playa difiere poco del que se detecta hoy en la Plaza de la Rosa, lugar donde se han descubierto numerosas estructuras romanas bajo el suelo, en solar del antiguo cine Pasapoga (fots. 6X; 7X).

Sobre la planimetría general y parcial, se han marcado las áreas donde aparecieron alineaciones de muros, probablemente pertenecientes a instalaciones industriales portuarias y de otro tipo. En el punto 8X, donde se puede ver uno de los huecos abiertos para los anclajes de las zapatas del edificio que se levantó allí y en sus extremos, se observan dos sistemas de muros alineados en paralelo, con una profundidad aproximada de 2,50 m. Cuando esta operación se practicaba, ya se habían extraído dos vasijas, tipo dolivm, sin asas, de las mismas características de las que podemos contemplar en 9X, situada sobre otro de los huecos abiertos para zapatas y encajada junto a muros romanos que se cortaban en ángulo recto. Sobre el punto 10X, al fondo de la imagen, se encuentra el edificio que se ha levantado sobre el solar. Además de los dolia y muros romanos, se pudo ver parte de un horno de cerámica, casi sobre el centro del solar. Pero, volviendo al punto de línea que nos interesa en la parte que se señala en la toma fotográfica, se indican con flechas los lugares exactos donde se ha descubierto un espigón de puerto (fot. 10X,1), y restos de otros sobre el solar que ocupa el edificio que marca indicación dada. Tras el estudio realizado sobre el antiguo dibujo de la costa de Almuñécar, no se olvide que la línea que se ha trazado pasa por estas inmediaciones y, por tanto, es obvio pensar que estamos en un área donde deben existir formas portuarias y muros-diques de contención. La prueba de esta afirma-ción se puede demostrar mediante la aportación de un descubrimiento realizado años atrás, con motivo del rebaje practicado para un nuevo edificio (fots. 11X; 12X). El material de este espigón es el opvs caementicivm realizado directamente sobre el agua, según las técnicas de construccio-nes portuarias usadas por los ingenieros romanos. La dureza es tal que ni las máquinas de aire comprimido pudieron perforarla, montándose el alzado posterior, en parte, encima de esta pla-taforma antigua.

                En un espacio situado a continuación de las fotos 4X y 5X, aparecen los restos de muros romanos, de piedra toba, bajo los cimientos del antiguo cine Coliseo (fots. 13X y 14X), que for-marían parte del sistema de murallas que circundaban la factoría. Es posible que este sistema fuera retocado por las culturas posteriores, musulmana y cristiana. Se cree que estos muros se prolongarían en sentido hacia la Cuesta del Carmen, donde vuelven a aparecer de nuevo; pero nada impide pensar que se continuaran hasta cerrar en las rocas del comienzo de la avenida de Prieto Moreno.

Conclusión del sector X

Los elementos que se nos han presentado en este pequeño sector, casi todos se relacio-nan con el estacionamiento portuario. El sistema de muralla probablemente tuviera origen romano, reutilizado por las generaciones étnicas posteriores. Es comprensible que si los medie-vales previeron la penetración arrolladora del agua del mar, y construyeron lo que acabamos de ver en fotos anteriores, por la misma razón los romanos no habrían quedado en mejores situa-ciones ante tales eventos naturales. Por ello inducimos que debió existir un sistema de defensa contra las avalanchas del mar, y que éste debió seguir siendo utilizado por los medievales y mo-dernos.  

A finales del siglos pasado, para comunicar la playa moderna con el interior de la ciu-dad, fueron rotas las murallas para crear acceso y como consecuencia de ello, hubo necesidad de hacer un terraplén de cierta altura y anchura, con el fin de, por lo menos, aminorar el efecto de los fuertes temporales, que, según se ha podido comprobar directamente, ni siquiera el sistema de terraplén era suficiente para sujetar el fuerte oleaje en determinadas ocasiones.

En resumen, se tiene que decir que los datos proporcionados por este sector tienen un carácter marcadamente industrial y portuario, y que sus componentes se encuentran relaciona-dos más que con formas de producción directa, con las propias de un estacionamiento portuario, es decir, servicios y dependencias auxiliares propias de tal montaje comercial.

SECTOR  Y

Se ha abordado el estudio de este gran sector abarcando un espacio mayor de lo que se considera usual en este trabajo. La razón se debe fundamentalmente a la escasez de datos arque-ológicos que nos presenta.

Los elementos de estructura arquitectónica se pueden agrupar en los siguientes tipos: murallón de circunvalación de la ciudad medieval; restos de depósitos de agua y torre de descar-ga, ubicados en las cercanías del área que ocupa la actual Iglesia Parroquial y unos edificios cer-canos a ella; restos de muros romanos situados en las faldas de la pequeña colina que ocupa la Iglesia; restos de sistemas, unos pertenecientes a los limítrofes de la factoría del Majuelo, otros, a estructuras romanas sin identificar, en la zona norte de la ciudad; y, por último, una canalí-zación subterránea que presumimos es la arteria principal del sistema de sifón que conducía el agua, por medio de tuberías, desde el pie de la torre de descarga del depósito hasta el punto más elevado de la ciudad: Eras del Castillo.

Iniciamos el recorrido descriptivo comenzando por el murallón de circunvalación, en el que nos cabe la posibilidad de admitir que parte de su alzado, puede pertenecer, como elemen-tos reutilizados, a las estructuras de la factoría de salazones que se encuentran enterradas, a cierta profundidad, a lo largo de todo este subsector y contando con los elementos aflorados junto al Paseo del Altillo. De esta situación se tiene el testimonio de los resistentes muros apa-recidos con motivo del rebaje de terreno, efectuado para sentar las zapatas de toda la construc-ción moderna que aquí se ha realizado recientemente.

En la foto 1Y, se puede observar todo un lienzo de murallón, cuyo aparejo se ve muy alterado en su aspecto externo. En algunos tramos de su alzado se deja ver la huella del sistema romano de opvs incertvm. Su altura se corresponde con lo habitual dentro de los planes defen-sivos medievales, llegando a alcanzar los 8 m en algunos tramos (fot. 2Y). En el interior de la finca que cierra este murallón existe una nave que, partiendo desde ahí, llega hasta el recinto ocupado por la antigua cárcel. Recientemente se ha comprobado la existencia de dicha nave al realizarse el rebaje de suelo tanto en la construcción del nuevo Ayuntamiento, como en el derribo de una casa cercana y en línea. En las zanjas se vio perfectamente la rotura de dicha con-ducción, que se dirigía a la finca antes citada. Se piensa que se trata de un sistema de llevada de agua entubada a través de las canalizaciones, que se están haciendo patente como una red arterial por toda la ciudad.

La cercanía con el otro sistema de canalización abovedada hace pensar en su relación con otros más (cfr. fots. 66R a 70R).

Se piensa que se produciría un encuentro de canales en el centro de la vaguada, que entonces configuraba la actual Plaza del Ayuntamiento, y más concretamente, en el interior del viejo edificio del antiguo Ayuntamiento, sito en el mismo lugar. Desde aquí, por la citada vía subterránea, se llegaba a la susodicha finca, cercada por el murallón. Se piensa que, a su vez, otra línea debía partir en dirección a la Iglesia, como a simple vista es obligado admitir, centro de distribución y canalización principal de todo el complejo de Seks.

Una vez hecha esta pequeña aclaración sobre el citado elemento de conducción de agua, añadimos que en este espacio y a lo largo de él, ha debido existir toda una secuencia de edifica-ciones pertenecientes tanto a las infraestructuras industriales de la factoría, como a las portua-rias.

Los edificios públicos han dejado su testimonio en la existencia de restos encontrados en algunos de los rebajes practicados. Así, se tiene, como prueba testimonial, un capitel corintio, de 0,60 m de altura, que pudo formar parte de un posible templo o foro en este subsector del com-plejo industrial.

Observando con más detalle el terreno situado detrás de estos murallones, nos encon-tramos con una serie de estructuras romanas que, hasta ahora, habían permanecido sin descu-brir ni identificar. Esta zona marca el comienzo de sistemas de muros romanos enterrados y que forman parte actualmente de la cimentación de las nuevas viviendas. Detrás del muro de con-tención mostrado en la fotografía 3Y, aparece un sistema de canalización de agua, probablemen-te destinado a abastecer los recintos romanos de todo este lienzo, que abarca la totalidad de la avenida de Andalucía hasta las cercanías de la playa.

Ya en la fotografía 4Y, sobre un muro romano de contención que sujeta la calle Derrum-badero, puede observarse un agujero no artificial, sino antiguo y deformado, por donde se deja ver el canal de conducción de aguas que hasta la Huerta de los Müller llegaba.

La fotografía 5Y deja ver el interior del canal, con paredes recubiertas de estuco muy deteriorado, y una cubierta formada por lajas de piedra del propio terreno pizarroso. Al fondo de este tramo de canal se ve el paso del conducto que, al parecer, discurre por toda la zona o bajo la calle que pasa por encima. Este es sólo un ramal del canal que se adentra en la citada huerta.

La fotografía 6Y muestra con más detalle la situación en que se encuentra esta conduc-ción de agua.

                Con el movimiento de tierra que se ha llevado a cabo para la modernización de este recinto, han hecho su aparición numerosos fragmentos de tuberías de cerámica (fot. 7Y), bastante resistentes, y que servirían para la distribución del agua por toda esta zona.

Como no se ha practicado ninguna excavación en este sector de la ciudad, no se puede decir que se trate de otra parte de la factoría. Pero sí se tiene testimonios de los obreros que trabajaron en estos parajes cuando se construyeron las nuevas viviendas: aparecieron numero-sos sistemas de muros de una dureza tal que no pudieron romperlos con los medios de que dis-ponían, optaron por montar los cimientos sobre los muros romanos que le resultaban más segu-ros para los alzados.

Dentro de la línea de defensa que se viene describiendo, se puede indicar una marca de continuidad del sistema en la foto 8Y, donde se aprecia la existencia de fuerte muro a media escalera, que conecta con el anteriormente descrito.

En 9Y hay que decir que toda esta alineación de casas modernas se apoya sobre la secuencia indicada en 8Y, a cuyas espaldas se encuentra toda esta serie.

Subiendo por un estrecho paso, situado a mitad de la calle que vemos en 9Y, nos encon-tramos con estructuras de ladrillo, cuya identidad nos resulta difícil de explicar y relacionar con las romanas, pensando, por ello, que son modernas, ya que, al parecer, pertenecen a una anti-gua industria local relativamente moderna (fots. 10Y; 11Y; 12Y). Precisamente hacia la mitad del paramento moderno, que se ve en 11Y, en la parte de sus cimientos, fue donde se pudo apreciar la existencia del canal de conducción de agua, antes citado.

No hay duda de que los espacios que se ven han estado ocupados por formas romanas, pero que han sido tan alteradas que apenas se puede identificar nada, o tan sólo se conserva lo que queda bajo los muros modernos.

Siguiendo la callejuela anterior, pasamos a la calle María de Molina, en donde sí apare-cen al exterior restos de paramentos romanos sobre los muros de las casas modernas. Es lo que se puede apreciar en 13Y,1,2; 14Y,1,2,3. Se ha observado con detalle y se pueden identificar como restos de muros usados para el alzado moderno de estas viviendas.

A partir del punto 15Y, llamado Cuesta del Derrumbadero, nos encontramos con toda una secuencia, que aquí señalamos con una flecha, como elemento romano que conforma el paramento de un subsector que la tradición popular consideró siempre como un albercón.

El alto muro, que se ve en 16Y, conserva el grosor de la estructura interna del aparejo romano.

Por deterioro del revestimiento moderno, que se ha desprendido en parte, ha quedado al descubierto el aparejo externo de un muro de estructura y técnica romanas, como bien se puede observar en 17Y y 18Y, donde se distingue perfectamente la capa moderna caída y las piedras que conforman el aparejo de opvs incertvm en su interior.

Siguiendo un proceso de analogía morfológica, concluimos que todo este lienzo de muro tiene unidad, y se integra dentro de una estructura romana que desconocemos, pero que la tra-dición popular lo identifica como paramento perteneciente al albercón citado. Téngase en cuen-ta que el supuesto depósito de agua, que ubicamos sobre el solar de la Iglesia parroquial, se en-cuentra a escasos metros, en paralelo, de tal albercón.

Al final de este largo lienzo de muro romano, nos encontramos con otras estructuras que muestran señales de ser reutilizaciones (fot. 19Y,1,2), con el uso de podivm para poder acceder a los espacios que superan el nivel de la calle, y restos de muro sobre aparente pared moderna.

El uso de escalones grandes o podia es una práctica habitual en todo el casquete supe-rior de la ciudad actual.

Justo enfrente de la estructura que acabamos de ver, se observa, en 20Y,1, un paso arti-ficial, por donde se piensa que había un cierre, debido al paso del murallón de la zona norte y que pronto tendremos ocasión de ver y analizar. En el punto 20Y,2, dentro de la casa moderna y dando hacia el murallón, que se ha visto al principio de este capítulo (fots. 1Y; 2Y), hay un to-rreón medieval que forma parte de los elementos defensivos de la ciudad medieval. Sus carac-terísticas son similares al estudiado en el sector T.

En línea con la trayectoria del acueducto en su entrada a la ciudad, situados frente a lo que fue Puerta de Granada (fot. 21Y), con un fuerte desnivel, ya que entre el punto más bajo, cota 11,70, y el más alto, cota 25,55, no hay más de 40 m lineales. Tales estructuras que aquí se ve, no han podido ser analizadas en sus interiores. Tan sólo nos remitimos a indicar lo que significa para este estudio el trazado de esta calle: fuerte desnivel que debe superar el acueducto para llevar el agua a su destino: el depósito terminal, situado donde ya se ha indicado: solar de la Iglesia Parroquial y zonas anejas.

Si situados en la parte noroeste de este sector, se puede ver la línea que seguía el mura-llón en este tramo.

En las construcciones modernas, con motivo de los rebajes de cimentación, han apare-cido formas romanas, al desmontar estructuras modernas apoyadas sobre él, o semienterrado y derruido (fots. 22Y; 23Y).

Las imágenes que se presenta corresponden a los descubrimientos hechos sobre la calle Angustias Vieja.

Con motivo del rebaje de terreno practicado para la construcción de la Casa de la Cul-tura, en la parte superior de esta colina norte, sobre la cota 25,50 aproximadamente, ha apareci-do parte de la secuencia de este murallón, cuyo grosor alcanza los 1,40 m. Junto a él, pero sin relación directa, se ha descubierto también una especie de podivm o pilar grueso de opvs cae-menticivm, que nada tiene que ver con la muralla en cuestión, pero sí con la conducción del tra-mo final del acueducto, a su entrada en el complejo, formando parte del sistema de canalización por el que discurriría toda una red entubada, según los cánones del sifón (fots. 24Y; 25Y; 26Y).

En línea con el punto 22Y, y siguiendo hacia el Oeste, nos encontramos con casas mo-dernas cuyo aparejo, tanto interior como exterior, nos presenta restos de la muralla de circun-valación de la ciudad medieval y moderna.

Así, desde la propia Avenida de Cala (fot. 27Y), pueden verse unos paramentos externos de casas, cuyos interiores muestran vestigios evidentes de su antigua función (fot. 28Y). El grosor es de 1,20 m.

Continuando la línea anterior, se ven otros alzados que le suceden, pero que apenas conservan vestigios de su estructura. Prácticamente han desaparecido (fot. 29Y).

Si nos adentramos por el punto medio de las fachadas que se indican en 29Y, a escasos metros, en un solar rebajado, nos encontramos de nuevo con vestigios de muros modernos apo-yados en clara base romana (fot. 30Y), cuya profundidad no alcanza más del metro y medio (fots. 31Y; 32Y).

La técnica romana puede verse, aunque algo deteriorada, por ser cimientos de es-tructuras, y no paramentos superiores. En el punto 32Y observamos, además del opvs incertvm, el opvs caementicivm, que parece constituir la fuerte base de un elemento antiguo de tipo aún no identificado.

Seguimos la línea de muralla de circunvalación y hallamos un tramo que, hasta hace pocos años, conservaba el mejor testigo de toda esta secuencia (fot. 33Y). Se podía ver el aparejo. Era parte del muro externo de una típica taberna llamada El «Jarapo», continuando por la carpintería de Justo, elemento colindante y coetáneo.

Se produce al final del último tramo, que acabamos de describir, un fuerte giro a dere-cha, según se avanza en ese sentido, y se ve toda una secuencia de casas, cuyas bases y cimientos están montados sobre la muralla previamente arrasada hasta casi el suelo (fot. 34Y). El uso de los podia se justifica precisamente por encontrarse, a causa de la muralla, por debajo del nivel de la calle Vélez, situada justo detrás. Toda esta secuencia de muralla termina en la denominada Puerta de Vélez, que se encontraba al final del último tramo que acabamos de analizar.

Cambiando de escenario arqueológico, iniciamos la descripción del área del depósito terminal del acueducto, en el interior de la ciudad y sobre la colina en que se encontraba empla-zado, para analizar los restos que nos han quedado del mismo. La vertiente norte de la Iglesia (fot. 37Y) nos muestra una panorámica con vestigios atribuibles tanto a la torre de descarga como a los componentes de base que conforman el depósito de agua situado en la base de la misma Iglesia. Es muy difícil precisar el grosor de los muros, pero teniendo en cuenta que coin-ciden con lo que es el alzado de la Iglesia, que sitúa sus muros sobre la estructura base del depó-sito romano, se cree que puede llegar a alcanzar algo más de los 1,45 m, aunque en la parte que da a la calle no podemos precisarlo debido a que se encuentra muy alterado. Pero fijándonos bien en esta vertiente y en el muro de base en concreto, se ha llegado a pensar que lo que se ve no son restos de muros exactamente sino parte de una plataforma de equilibrio del terreno, dada la fuerte pendiente que se puede ver en la misma calle, a la que lógicamente se considera artificial.

En el análisis de los tramos que se conservan en esta vertiente norte, se puede observar que, en líneas generales, el alzado de la Iglesia casi coincide con los muros romanos de base, pero como se ha dicho, el aparejo externo aparece sin línea de continuidad, con lo que se piensa que, o bien como se ha dicho, ha sido rota una plataforma de equilibrio del terreno, o bien los muros han sido ajustados a las necesidades de los paramentos del alzado general de la Iglesia. En esta parte norte estaba situada la torre de descarga. Tal vez por ello, aquí fuera más razo-nable admitir que existiera la citada plataforma de equilibrio, ya que debía soportar el mayor peso de la masa de agua que debía contener y retener para hacer funcionar el sistema de sifón establecido entre este punto y el situado en la parte más alta del complejo romano, sobre Eras del Castillo.

Obsérvese cómo en 38Y,1, la línea de calle rota, está más adentro que los puntos de apo-yo de los pilares contrafuertes del alzado de la Iglesia (fot. 38Y,2). Se piensa, como conclusión de tal pequeño subsector, que el aparejo que se ve y sobre el que se apoya la estructura de la Iglesia, ha tenido unas proporciones superiores a las que se ven y que probablemente están for-mando parte de los cimientos del ábside de la citada edificación.

Por todos los indicios, según examinamos la línea de fachada, ello parece indicarnos que el canal con las entubaciones, procedente del acueducto, tenía que discurrir por niveles superio-res a los que se ven.

Los detalles de mayor envergadura de los cimientos que se suponen aquí, se tienen bien patentes en las fotos 39Y y 40Y, donde se observa la rotura de las estructuras murales o base de las edificaciones hídricas que aquí han existido. De forma más detallada aún, se pueden ver fotos de precisión, en que se observa la rotura, comprobada por la irregularidad del aparejo, analizable a simple vista (fots. 40Y; 42Y).

En la vertiente de Poniente del mismo edificio, se encuentra hoy la secuencia de estructuras de formas romanas en toda la base de cimentación, con una clara reutilización de los muros bases romanos o plataforma de equilibrio, como se ha indicado antes en la vertiente norte (fots. 43Y; 44Y; 45Y).

Con toda certeza esta línea de restos de muros en la base de la Iglesia se prolonga hasta el espacio ocupado por el atrio de la misma, en donde se observa su continuidad (fots. 46Y; 47Y; 48Y).

La bajada, del atrio hacia la calle, que sale del mismo, a izquierda, muestra claras seña-les de que se han abierto a golpe de pico, como se comprueba en la foto 49Y. Los muros del citado atrio se montan sobre las viejas estructuras romanas. Pero también insistimos aquí en la posibilidad de que todo cuanto aflora en superficie sea igualmente resto de una plataforma de equilibrio del terreno, ya que no se ha podido demostrar la existencia de ningún resto de para-mento con aparejo externo homogéneo. Tan sólo se pudo, con motivo de la reposición de la actual solería de la Iglesia, ver en el interior de la misma cómo se montaban los paramento mo-dernos sobre los muros romanos existentes debajo, pero la rapidez con que se llevó la ejecución de las obras, no nos permitió poder tomar fotografías de tales detalles, aparte de la negación de una excavación sobre el solar interno.

La vertiente este del mismo edificio tenía al descubierto algunos muros sobre el suelo, que han quedado sepultados bajo la nueva capa de enlosado que se le ha puesto modernamente. Las características modulares de la Iglesia, después de las observaciones hechas, nos llevan a concluir que tanto su anchura como largura, se aproximan, a nuestro entender, a las medidas reales, que tuvieron depósito de agua y torre de descarga conjuntamente.

Si recordamos la descripción que de estas construcciones nos hicieron los cronistas de época, se puede deducir que los materiales de este edificio han reutilizado tanto la piedra de sillería o toba, como lo que de alzado levantaran, cuando se ideó la construcción de la nueva iglesia.

Alejándonos un poco en dirección suroeste, nos encontramos con un espacio domésti-co, con bastantes restos de elementos arquitectónicos romanos en su interior. Por ello se piensa que ha formado parte de estructura romana, pero ignoramos de qué tipo, dado el escaso aparejo exterior analizable.

La tradición cuenta que este complejo, de cierta consideración, fue, tiempos atrás, una especie de palacete con jardín musulmán (fot. 50Y). Lo cierto es que conserva la flora de casi todos los elementos que suelen componer la ornamentación, en cuanto a plantas aromáticas se refiere.

Por nuestra parte, se cree que se trata de formas romanas cuyo espacio ha sido usado para morada de las antiguas autoridades que por aquí han pasado. Bien es sabido que el Castillo de San Miguel era una fortaleza militar, no una residencia, por lo que nos inclinamos por esta última estimación.

Lindando con los muros del antes citado jardín, nos encontramos con unas estructuras donde la tradición nos cuenta que, siglos atrás, se había instalado una comunidad religiosa. En lo relativo al aparejo externo de esta edificación, todo parece indicar que ha sufrido una fuerte modificación exterior, quedando la parte interna con estructuras que, según cuentan, disponían de sótanos similares a las naves que se ha localizado en lugares cercanos a éste.

Su distribución interna gira en torno a un patio central porticado, del que hoy se puede ver algún elemento. Es posible que dispusiera de naves, pero, hasta el momento, no se ha detectado nada en esa línea arquitectónica (fots. 51Y; 52Y).

Como elementos adicionales a este sector, se cree necesario incluir aquí algunos restos de estructuras romanas recientemente descubiertas, a propósito de rebajes de terreno. El pri-mero de ellos se halla situado casi en el término del área de la factoría, o ámbito que comprende, en su totalidad, la factoría del Majuelo (fot. 53Y). A izquierda de esta imagen se tiene el espacio que entra dentro de las proporciones de la factoría, cuya parte terminal no ha sido tocada aún. A derecha, se han detectado estructuras límites de la citada factoría. De esto último se tiene el testimonio de un muro de cierre que nos indica claramente que estamos ante el límite norte de la factoría de Poniente (fots. 54Y; 55Y). Se trata de una forma con entrantes a ambos lados, indicando su continuidad en sentido sur. Su aparejo es de piedra, según la técnica del opvs incertvm. Sus medidas son: largura, 4,50 m; fondo, 1,10 m aproximadamente; grosor, 0,60 m. Se ha profundizado junto a él para observar su cimentación, hasta 1,40 m (fots. 56Y; 57Y).

En la zona noroeste de la ciudad, a 20 m de la línea de muralla medieval, se ha podido detectar, en un rebaje, la existencia de una secuencia de muro romano (fot. 58Y). Se trata de una estructura de características similares a las antes vistas, pero bastante más deterioradas, debido a las construcciones que ha debido soportar encima (fot. 59Y).

Todo parece indicar que pertenece a una antigua construcción romana desvinculada, por lo que parece, del conjunto urbano que se viene considerando unitario, pero que, a su vez, se integra en otra que se ha detectado en ese sector de la ciudad y que actualmente se encuentra en su totalidad bajo las nuevas construcciones, prolongándose en sentido oeste. Las medidas que se han podido tomar son: largura, 3,50 m; altura, 1,30 m.

Se piensa que su continuidad en sentido norte es clara, por otros indicios que se han podido captar, aunque no con la fotografía (fots. 60Y; 61Y).

                La zona recientemente descubierta en los aledaños del acueducto a la entrada de la ciudad, ha dado como resultado el descubrimiento de la mayor parte de este tramo de arcos del mismo, a la vez que un complejo de estructuras que conforman unas termas romanas. Se podría haber recuperado la totalidad de este tramo, pero la apresurada excavación del acueducto per-mitió que cuatro de sus arcos se derrumbaran y se perdieran, porque sus restos rotos fueron tirados como escombros en vez de haber intentado su reimplantación y restauración, tal como se hizo en los Arcos de Torrecuevas, tiempos atrás. La fotografía 62Y nos muestra el tramo más extenso a la entrada de la ciudad. En uno de sus extremos se ve el arco partido. En la fotografía 63Y se ven los puntos de arranque de los arcos perdidos entre los dos tramos del puente del acueducto. A su derecha se dejan ver los restos de las termas que, a continuación se detallarán.

                La fotografía 64Y muestra la parte central de hypocavstvm de las termas, así como los muros de las estructuras que conforman este complejo. Recientemente esta parte ha sido mejor excavada y han dejado al descubierto de formas más patente los arcos del hypocavstvm.

En la fotografía 65Y se ven, en la parte central de la imagen, la bóveda del apodyterivm o vestuario. A izquierda, los puntos de arranque de los arcos rotos del hypocavstvm; y a la dere-cha, los muros que circundan las formas de las pilas de baños.

La imagen 66Y muestra el interior del apodyterivm, con bóveda de medio cañón, y me-chinales sobre el muro de fondo, y poyetes a ambos lados. También se observa, al fondo, una pequeña puerta arqueada, que podría dar paso a otra dependencia, hoy no descubierta.

                En la imagen 67Y se ve una puerta de entrada que no parece natural, sino más bien abierta con posterioridad a la ejecución de esta obra.

                La imagen 68Y muestra una estructura de probable pila situada a un nivel superior al del apodyterivm. Puede verse la técnica del opvs signinvm como elemento impermeabilizante, y los muros bastante enrasados, así como un agujero que puede ser una entrada-salida de las aguas termales.

                En la fotografía 69Y se ve una pila, revestida de estuco impermeabilizante, una canal de desagüe en el centro, trazado diagonalmente, y escalones laterales, así como la puerta de acceso.

                La imagen 70Y muestra una de las pilas, revestida de estuco y de forma semicircular. Los muros laterales, con sólo sus puntos de arranque, podían haber servido para formar los puntos de apoyo de la techumbre.

La fotografía 71Y destaca por indicarnos la forma de la pila, sus escalones para bajar al agua y el revestimiento con citado estuco. En la fotografía 72Y se muestra el detalle de los esca-lones de acceso al fondo de la pila.

                La imagen 73Y muestra otra pila, con el mismo revestimiento de estuco y dos escalones que ocupan todo un lado de la pila.

                La fotografía 74Y señala espacios que, probablemente, pertenecieran a otras dependen-cias de los baños, como biblioteca u otras.

                La imagen 75Y muestra el canal de abastecimiento de agua que, con toda probabilidad, procediera del mismo acueducto, ya que se encuentra justo a su lado.

                La fotografía 76Y indica un lugar de las termas donde pudo estar la dependencia de la biblioteca. Muestra en una de sus laterales un escalón que podía servir de asiento.

                Las fotos 77Y y 78Y muestran espacios sin definir por el mal estado de conservación y los pocos datos que nos ofrecen para su identificación. No cabe duda que eran dependencias anejas y complementarias de las termas.

Conclusión del sector Y

En el análisis de este amplio y a la vez disperso sector, hay que decir que los componen-tes estructurales, con que nos hemos encontrado, hacen pensar en un planteamiento algo com-plejo.

Se han visto los siguientes elementos: restos de estructuras de salazones, tanto en la zona de Levante como en la terminal de Poniente o Majuelo; amplias edificaciones destinadas a depósitos de agua o conducciones de la misma (subsector de la Iglesia y edificio a ella adjunto); sistema de muralla periférica de la ciudad, con varios tramos de la misma conservados, bastan-tes reutilizados; sistemas de distribución de agua en diferentes puntos del sector; restos de edificaciones romanas sin definición concreta; y, por último, espacios modernos que han sido y son consecuencia de reutilizaciones de formas romanas muy retocadas, tanto en época musul-mana como moderna.

Desde el punto de vista funcional y estructural, la conclusión más clara que se puede extraer de todos estos datos es que la colina, sobre la que hoy se asienta la actual Iglesia, cons-tituye el centro de atracción del estudio de este sector ya que su casi totalidad está ocupada por formas relacionadas, en su casi totalidad, con depósitos de abastecimiento de agua a no sólo la industria de salazón del complejo, sino a todo el amplio sistema que ello genera, es decir, se atiende a la salazón en todos sus aspectos, las industrias de cerámica, que han dado muestras de haber existido, servicios públicos más imprescindibles, como los comerciales y de hospedaje, que debieron existir, como estructuras de utilidad obligada, en un centro comercial de tal enti-dad, dado el gran perímetro portuario que aquí se ha registrado, comprendiendo zonas tan am-plias como la del Majuelo y ensenada de Levante.

 Desde este elevado punto, cota 25,55 en base, sobre el nivel del mar, y algo más de 50, desde el punto más elevado de la torre de descarga, por medio del sistema de sifón, debió existir una tupida red de distribución de agua, de forma que las áreas más altas de la zona industrial fueran atendidas con tal red, y desde allí, a todas las zonas situadas bajo su nivel de influencia, excepto las factorías de abajo, que tienen su propia red de abastecimiento mediante canalización procedente del depósito. Por esta razón, el complejo de alimentación o conjunto de depósitos y torre de descarga desempeñaban funciones similares pero con diferente procedimiento: la torre de descarga llenaba los depósitos situados bajo su nivel, de forma casi directa y, a la vez, gracias a la presión que en ella se generaba, con sifones llenos de tuberías, elevaba el agua hasta los lugares más altos del complejo, haciéndola llegar hasta el depósito situado sobre el Peñón del Santo, pasando por canales intermedios, que se han podido comprobar a lo largo de toda la des-cripción sectorial practicada.

Como elementos también a tener en cuenta, destacamos la zona de Levante, que contie-ne bajo sus tierras y edificios toda una red de elementos industriales propios de un complicado sistema, como el de una factoría.

Antes de llegar al depósito terminal, situado donde hoy se encuentra el templo parro-quial de la Encarnación, han aparecido importantes restos de unas termas, casi en el punto medio de este tramo de acueducto romano; pero que, con casi toda certeza, se encuentran más relacionados con un emplazamiento situado en el barrio de San Sebastián, donde se tienen datos suficientes como para demostrar que allí se encontraba una importante villa romana, por la cantidad de materiales de calidad que han ido apareciendo en el transcurso de los años moder-nos.

SECTOR  Z

Este pequeño sector podría considerarse como un subsector adicional al J, ya que con-tiene elementos comunes con él y con el K. Las estructuras son muy similares y las reutiliza-ciones siguen la misma pauta que en los espacios anejos.

De esta forma, en la panorámica tomada en la placeta de la foto 1Z, se puede ver cómo el paramento de la izquierda o alzado general de las casas situadas en la misma dirección, se encuentran superpuestas a toda una base formada por un muro romano bien comprobado. Dicho muro debió alinearse hasta cerrar, al fondo de la imagen, con las estructuras romanas que lindan con el Majuelo, área situada detrás del paramento y espacios inferiores de fondo.

Al llegar al muro de la estructura que se ve cerrando esta placeta (fot. 1Z), justo a izquierda, nos encontramos con un pasillo al que consideramos artificial, como a simple vista se puede deducir, y que se compone de muros romanos a ambos lados, con formas romanas en sus bases, según se puede comprobar en la imagen que se presenta (fot. 2Z). Su anchura es de 1,10 m, y comunica la placeta con las formas internas, antiguos espacios ocupados por naves above-dadas, sobre todo a derecha, según se sube.

Los paramentos parecen formar parte de una antigua estructura destinada a almacenes, aunque la presencia de canales subterráneos, cuyo fin sería o bien abastecer de agua a estas zonas, o bien servir de sistemas de evacuación de aguas residuales, que desembocarían en alguna de las cloacas del Majuelo, nos hacen pensar en una doble misión, cosa que se ha presen-tado también en la zona de la Cueva.

La situación de los muros y los indicios que se nos muestran parecen demostrarnos que estas estructuras formaban compartimentos independientes, como bien se puede observar en 3Z,1,5, donde el muro romano, con una altura que supera los 4 m, parece constituir una división del área de este sector. Frente a él (fot. 3Z,2) se tiene un compartimento con todos los indicios de nave enrasada, y con las medidas modulares que en el sector J se han descrito y estudiado.

A su vez, bajo el nivel del suelo, se ha detectado la presencia de otros compartimentos, con una probable finalidad similar (fot. 3Z,6), y cuyos muros están construidos con el sistema del opvs incertvm, como el resto de las piezas que aquí se están viendo. Los paramentos, tanto a un lado como a otro del pasillo, mantienen la misma técnica constructiva y las mismas propor-ciones.

Al final de tal paso artificial, se observa cómo en algunos puntos se dejan ver restos de muros romanos que han tenido probablemente otra función, que ignoramos (fot. 4Z,2). En su parte derecha se observa un paramento levantado con piedra toba y un espacio que ha debido ser una nave (fot. 4Z,4,6) por las medidas que presenta. La anchura del pasillo disminuye (fot. 4Z,5), y al fondo se observan: un paso artificial (fot. 4Z,3) que rompe el muro romano (fot. 4Z,2), que se ha abierto con el fin exclusivo de hacer pasar las aguas de lluvia procedentes de las calles San Crescencio y Clavelicos, en sus dos tramos.

A izquierda del pasillo (fot. 4Z,1) se tiene un sistema canalizado, original, pero reutili-zado hoy también para recoger las aguas de lluvia procedentes de los niveles antes citados (fot. 5Z). En él se puede comprobar que sus muros son originarios; tan sólo han sido retocados enca-lándolos, y discurren paralelos bajo otras estructuras también romanas. Su base es roca madre con un ligero revoque de cemento moderno. Sus medidas: 0,80 m x 0,60 m. Su cubierta ha sido remozada mediante un sistema de bovedillas en todo su trazado, probablemente sustituyendo una antigua cubierta de medio punto o adintelada. Situándonos de nuevo en el tramo inicial, se puede comprobar, dirigiéndonos hacia la cuesta ascendente, la existencia de la reutilización en los paramentos de las casas que nos encontramos (fot. 6Z 1,3). A su vez, se vuelve a utilizar el escalón debido a que en los interiores de estas casas no ha existido pavimento. Por ello, al proceder a su colocación, ha sido necesario rellenar previamente todo el espacio interior hasta nivelar su solería interna con el escalón artificial que se ha colocado en la puerta (fot. 6Z,2). Si nos situamos tras los puntos indicados en 4Z,3 y 5Z, nos encontramos de nuevo con las estructuras romanas reutilizadas que, en su trazado, provienen: unas del sector K (fot. 7Z) y otras, del sector J (fot. 8Z).

En la primera de ellas se puede comprobar la existencia de muros alineados, que son la prolongación del muro contrafuerte visto y estudiado en K (fot. 7Z,1), un paramento romano de fondo (7Z,2) que se relaciona con los elementos arquitectónicos del sector J y Z simultánea-mente, ya que se interrelacionan, y hay dependencias reutilizadas que se conectan más con las estructuras romanas del sector J, en la calle San Crescencio, que con las del sector Z, propia-mente. Pasando por un pequeño corredor, nos encontramos con una serie de muros, cuyas características y medidas nos hacen pensar en que son elementos estructurales pertenecientes a naves romanas muy alteradas, incluso en sus alzados (fot. 8Z,1,2). Pero las indicaciones sobre la continuidad en los paramentos son evidentes.

Conclusión del sector Z

Se piensa que, tal como se ha indicado al inicio de esta descripción, este pequeño sector se enmarca estructuralmente dentro del esquema general del sector J. Por tanto, las funciones que se ha aplicado a tal espacio son válidas, al establecer un paralelismo formal entre ellos.

Sin embargo, se aporta un nuevo dato no detectado ni en el sector K, ni en el J. Es el sistema de eliminación de aguas residuales, con naves cubiertas.

Pero, en definitiva, aquí se tiene toda una secuencia de estructuras arquitectónicas cuya finalidad primordial es la función almacén.


[1] Nota del autor: Se tienen noticias de otros autores, relativas a una excavación practicada por Antonio Fontán, antiguo Gobernador Civil de Granada, quien en los años 40, llevó a cabo esta tarea sobre el citado Peñón. No se ha localizado documentación al respecto.

Granada, 5 de diciembre de 2024.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

ANÍBAL BARCA COMO ESTRATEGO

Antonio Ruiz Fernández

Dedicado a mi buen amigo y consejero el Profesor Enrico Acquaro, siendo titular de la Cátedra de Estudios Fenicios y Púnicos en la Universidad de Bolonia (Italia), y que participó varios años en las excavaciones arqueológicas de Puente del Noi en Almuñécar (Granada, España), bajo cuyo consejo me decidí a intentar realizar este trabajo, nada fácil, por la gran cantidad de bibliografía antigua que se ha necesitado para su realización.

Introducción general que explica, de forma abreviada, los procesos del desarrollo de la vida militar de Amílcar Barca y su hijo Aníbal, pero se hace hincapié en Aníbal, protagonista de este trabajo.

A la llegada de los fenicios a la Península Ibérica se encontraron con un mapa geográfico compuesto por una serie de tribus de las que destacamos las más relacionadas con los dos período que se registran en la larga permanencia del elemento semita tanto en la franja costera como en el interior. Por ello es preciso distinguir dos fases claramente definidas a través de la historia de los fenicios en Hispania; un primer momento marcado por la convivencia de un mercado en Occidente, que puede comprender desde el siglo XII aproximadamente a. de n. e., y una segunda etapa, marcadamente de influencia cartaginesa, con un desarrollo algo diferente en lo que a objetivos primarios se refiere.

Recopilación de datos de autores sobre el tema.

Así, lo que prima en la case inicial de los contactos es la búsqueda de un mercado y fuente de intercambios con los aborígenes. en la segunda se mezclan los intereses, pero destacando como más relevante el establecimiento de un imperio militar. De aquí que la etapa de los Bárquidas esté fuertemente significada por la guerra contra Roma.

Esto sentado, los objetivos que se van a desarrollar a continuación exigen una clarificación de antecedentes sobre las poblaciones y tribus que los fenicios encuentran a su llegada a Hispania.

En los estudios modernos sobre la presencia del elementos fenicios en la Península, se han localizado numeroso yacimientos desde el Algarve portugués hasta las proximidades de Cartagena. Así, podemos destacar las necrópolis fenicio-púnicas de Huelva, como los restos aparecidos en su ría, que pueden adentrarse en una cronología bastante alta dentro de la primera fase. Los restos de ciudad aparecidos en el río Guadalhorce (Málaga); los numeroso enterramientos de la zona del río de Vélez (Toscanos, Trayamar, etc.); las necrópolis de Almuñécar y Villaricos; los numerosos y recientes restos de las cercanías de Cádiz, etc.   

No se debe olvidar que los establecimientos no se limitaron exclusivamente a la franja costera, sino que hay penetraciones hacia el interior, como puede comprobarse en Alboloduy (Almería), y las necrópolis fuertemente influenciadas por los ritos orientales, como Carmona, Pozomoro, La Albaida, etc.

Todo ello se ve reflejado en los numerosos trabajos publicados por Blázquez, Blanco, M. Almagro Basch, Pellicer, Maluquer, Tarradell, etc.

Entre las conclusiones que derivan de estos trabajos modernos podemos destacar que, una vez concluida la conquista de la Península por parte de roma, el elemento feniciopúnico pervive y continúa su labor inicial, aunque bajo control romano.

En la actualidad se encuentran los estudios en un momento de análisis crítico sobre el pasado arqueológico y en una investigación sistemática y comparativa de los yacimientos actuales.

Se han utilizado las fuentes clásicas, que se indicarán al final del trabajo, con motivo el desarrollo de toda la temática que comprende esta investigación. Así pues, siguiendo los textos, con sus respectivas críticas y estudio comparado, iniciamos esta introducción general con os datos que nos ofrecen sobre la Península y sus gentes.

De esta forma nos encontramos con los siguientes elementos aborígenes bastante dispersos, siguiendo una ordenación geográfica del territorio, pero especialmente bético.

Reciben tal denominación por ser ka ciudad más significativa Basti (Badia), actual Baza o cercanías (Granada). el territorio de los bastetanos se extendía desde Murgi (Mojácar, Almería) y Acci (Guadíx, Granada). Las zonas más significativas ocupadas por este elemento humano es la de Mentesa Bastitana (La Guardia, Jaén), zona del nacimiento del río Guadalquivir en la sierra se Cazorla, y el río Segura en la misma demarcación.

Estrabón nos hace una descripción detallada de las costumbres y formas de vida de esta gente, indicándonos que los romanos copiarían muchos de estos detalles.

Hacía frontera con los bastetanos por el este y sur. Dentro de su territorio se encontraban Cástulo (actual Cazlona, Jaén), Mentesa Oretana (Santo Tomé, Jaén) y Daimiel (Ciudad Real). Se establecía una línea divisoria entre la Tarraconensis y la Bética, desde Murgi-Acci-noreste de Jaén, hasta el Guadalquivir.

Estos tenían al Este a los Oretanos; al Sur, a los Bástulos-Penos y, en la región de la Serranía de Ronda (Málaga), a los célticos (Se internaba por la parte occidental en la comarca de Córdoba y Sevilla, ocupando parte el occidente de Jaén y casi todas las provincias de Granada y Málaga.

El contacto con la cultura oriental, al abrigo de la benignidad de estas tierras, despertó y desfogó la imaginación de los griegos, quienes situaron en estas tierras los relatos fantásticos de los Campos Elíseos, los famosos rebaños de Gerión, la llegada de Baco y Pan, las Hazañas de Hércules, los reinados de Hispán, Hespero, Atlante…etc.

Su territorio se extiende en una línea que va desde Gibraltar hasta Vera (Probable Villaricos, Almería).

Entre esta tribu y los fenicios se realizan intercambios de intereses, como dice Salustio en una de sus obras.

Con relación a la descripción de las ciudades, Pomponio Mela nos dice que son pequeñas, enumerando las más importantes. Del intercambio entre y fenicios y aborígenes, habla también Avieno. El contacto entre estos elementos, bástulos con su riqueza y su cultura, y fenicios, con las manufacturas, desencadenó una fusión denominada «bástulos penos».

e) Elemento tartesio

Nada se sabe con claridad respecto a los tartesos. Las fuentes aparecen un tanto oscuras al respeto. Tan sólo Estrabón y Plinio nos dan algunos rasgos sobre ellos, recogiendo la tradición anterior.

f) Elemento celta

El territorio que ocupaba esta etnia se resumen en unas cuantas comarcas; en las cercanías de Ronda: Accinippo (Ronda la Vieja, Arunci (Morón, Sevilla), Turobriga (cercana a Arucci Vetus (Aroche, Huelva), Lastigi (Zahara), Alpesa (Cercanías de Conil), Cepona (Fantasía) y Serippo (Los Molares).

Dentro del terreno e las relaciones del elemento aborigen y el colonizador, Estrabón nos habla de la facilidad con que los fenicios se impusieron a los nativos que se pretendía colonizar.

 

FENICIA Y SU IMPULSO COLONIZADOR

 

Teniendo como trasfondo su marco geográfico, corto de espacio y sometido a frecuentes riesgos, las ciudades costeras de la parte de la cordillera del Líbano se lanzan a buscar expansión y establecer una economía de mercado basada en la explotación y elaboración de las materias primas que les proporcionarán los elementos colonizados. Encabezan estas iniciativas las ciudades más relevantes en este imperativo socioeconómico: Tiro, Sidón, Biblos, Arados y Beritus. Este movimiento tiene una fecha inicial a finales del siglo VIII a. de n. e., como viene demostrando la arqueología modernamente. Sin embargo, los textos antiguos sitúan para la Península Ibérica unas fechas de iniciación de contactos en el siglo XII a. de n. e. Nos sirve como punto de partida para fijar estos contactos, la fundación de Cádiz (1.100 aproximadamente).

Los fenicios establecieron relaciones comerciales con Castulo, Illiberi, Escua, Ilurco, Hipponova, e Illiturgi. Abdera, Ex y alguna otra colonia del sur fueron la base de los establecimientos que los fenicios crearon para explotar las minas del Sureste de la Bética.

Estrabón narra la llegada de los fenicios a esta localidad con leyendas fantásticas, como la fundación de Carteia por Hércules, quien puso límites al orbe conocido indicándolo con dos columnas y haciendo ver que las montañas de Calpe y Abila, una en la costa peninsular, y la otra en la africana, constituían una frontera-límite de la tierra y de las campañas del héroe.

Dentro de la narración de la fundación de Gadir figuran unos contactos previos de los fenicios en las localidades de Seks y Onuba. Hay quien opina que es pura leyenda, pero los últimos hallazgos, tanto en la ciudad de Almuñécar (vaso del siglo XVI a. de n. e.), como los de la ría de Hueva (embarcación hallada en la ría, cargada de productos manufacturados, de fechas anteriores a los datos cronológicos dados por la Arqueología a Cádiz), nos hace pensar que pueda ser cierta la leyenda porque encuentra algunos puntos de respuesta en la documentación arqueológica, admitiéndose que antes de la fundación de Gadir tuviera lugar la de Seks y Onuba. Las fuentes arqueológicas están a favor de esta tesis, pero con cierta prudencia.

Cuando se inician los contactos de los fenicios con las tribus costeras y parte del interior del territorio, se establecen relaciones y asentamientos permanentes, creando factorías y ciudades. Cabe pensar que estos emporios, principalmente dedicados al comercio y a la industria, comenzaran con pequeños núcleos de población que, al paso del tiempo y la llegada de nuevos colonos, crecieran hasta llegar a ser colonias de cierta relevancia, pero en nada pensable a los aglutinamientos de población mixta de época romana.

Así, pues, comienza a aparecer en la franja de Cadiz-costa, las colonias que se extenderán hasta el límite sur de la provincia de alicante; Barbesula (en la desembocadura del río Guadiaro), Salduba (Marbella, Málaga), Suel (Fuengirola, Málaga), Malaka (Málaga), Menoba (en la desembocadura del río Vélez), Sexti (Torrox, Málaga), Ex (Almuñécar, Granada), Selambina (Salobreña, Granada), Abdera (Adra, Almería), y Murgi (Mojácar, Almería).

 

 

RELACIONES CON EL INTERIOR

En cuanto al tacto de los fenicios dentro de terreno diplomático con las nuevas etnias, se tienen pocos datos. Las colonias creadas adoptaron un sistema federativo y establecieron un gobierno autónomo. Entre las más destacadas figuran Gadir y Malaka. No se conoce ningún detalle que deje entrever un rasgo de predominio político de una colonia sobre otra. El único vínculo que las unía era el origen común y los intereses comerciales. Cada colonia tenía sus propios magistrados. Estaban gobernadas por un sistema aristocrático jerarquizado que se encargaba de redactar las leyes y mantener los contactos con las colonias vecinas. Se disponía, ademas, de una asamblea en la que se tomaban decisiones cuando aparecían desacuerdos entre los magistrados.

 

PRESENCIA GRIEGA EN EL SUR PENINSULAR

Los autores antiguos nos citan dos colonias perfectamente identificables en cuanto a la identidad étnica: las colonias de Mainake y Odysea. De ella nos hablan Estrabón y Avieno. Estaban al frente de este movimiento migratorio los focenses. La primera de ellas está situada al Este de Málaga, aunque no se ha podido identificar aún. Desaparición de la esfera colonial a partir de la batalla naval de Alalia (535 a. de n. e.), fecha en la que los griegos sufren esta derrota y pierden sus relaciones comerciales con los supuestos tartesios. La ciudad de Odysea es un tanto hipotética, aunque se habla de ella.Hay quien la supone en el interior de la Alpujarra Baja de Granada, intentándola identificar con la actual Ugíjar. Pero todo es una mera conjetura basada en la toponimia. Estrabón, por su parte, afirma que al elemento griego se le atribuye la creación de algunas manufacturas, la introducción del uso de la moneda y algunas divinidades.

INTERVENCIÓN DE CARTAGO EN LA PENÍNSULA

Diodoro de Sicilia narra la llegada de los cartagineses explicitando detalles, a la Península. ante la competencia presentada por otras operaciones coloniales, como es la griega, y la resistencia o sublevación contra los fenicios de las costas y del interior, las colonias se vieron en la necesidad de buscar la protección de Cartago. A finales del siglo VII, los cartagineses se dirigieron a la Península pasando por Ibiza, asentándose conjuntamente con los fenicios, de su mismo origen, para reforzar la influencia y control que éstos venían manteniendo con los aborígenes. Este dominio se extiende prácticamente desde el Algarve hasta Baria. Fue realmente a comienzos del siglo V cuando se produjo la llegada fuerte de cartagineses. En esas fechas, los cartagineses se disputaban conjuntamente con los etruscos, el dominio del mar en Occidente contra los griegos, contra quienes en el año -535 combatieron en Alalia. Tras esta batalla surgió un nuevo dueño en la influencia y dominio comercial en el Mediterráneo Occidental. En estas fechas en la que se narran estos estos episodios, el pueblo romano se encuentra en los inicios de su historia. romanos y cartagineses firman un acuerdo en el que se deja bien claro que los romanos se comprometían, al igual que sus aliados, a no comerciar con la Península Ibérica ni, por lo tanto, a fijar colonias en este territorio. La primera Guerra Púnica, que duró 24 años, dio como resultado la pérdida de Sicilia y Cerdeña por parte de los cartagineses. No obstante los jefes cartagineses respaldados por su gran fortuna en sus emporios comerciales del resto del Mediterráneo, estaban un tanto perplejos por el lento pero sólido nacimiento de una segunda potencia. La pérdida de las grandes islas ponía en guardia a los cartagineses e intentaban hacer frente a esta humillación haciéndose fuertes en Hispania donde las riquezas estaban sin explotar y las tribus nativas eran idóneas para formar un ejército contra Roma. Amílcar Barca desembarca en Gadir con numerosos refuerzos africanos. Venía a Hispania con renombre y fama conseguido en África tras la terminación y arreglo de algunas discordias que comenzaban a perturbar el orden en Cartago. La pérdida de una colonias tan importantes suponía una seria advertencia a un imperio marítimo fraguado durante siglos. La estrategia de Amílcar Barca sopesó bien el proceso y significado del avance romano, y se adelantó para consolidar un frente que frenara y pusiera fura de combate a Roma. Sus intenciones concretas eran organizar un poderoso ejército y conducirlo hasta la misma Roma. No se puede olvidar que Amílcar Barca venía respaldado por un pasado glorioso: había conseguido dominar a los temibles libios. Era un guerrero prudente, hábil político, soldado intrépido y de buen trato con sus subordinados. Pero la hazaña romana le dejó fija una sola idea: destruir Roma y su poderío. Tras su llegada a la Península, recorre el territorio de los Turdetanos entablando con ellos estrechas relaciones. Sin embargo tuvo que someter a los Túrdulos al igual que a los Célticos y Oretanos. En todo este estratégico recorrido supo hacer acopio de riquezas, contentar a sus soldados con premios y establecer una bien entendida y prudente administración. La llegada de Amílcar tuvo lugar en el año -238. Al siguiente sometió a los Bastetanos y a otras tribus de la parte oriental, continuando su política de afianzamiento en la Península, guerreando y sometiendo a todas las tribus, desde las costas del sur hasta la desembocadura del Ebro. Este proceso habría dado pie a que el mismo Amílcar Barca emprendiera el ataque contra Roma, a no ser por el incidente ocurrido en Castrum Album, donde murió a manos de un hispano en una circunstancia desconocida por la habilidad de Amílcar. Asdrúbal, su yerno, le sucedió en el mando, ya que era su lugarteniente. Dentro de sus planes figuraba la idea de instaurar una nueva dinastía en Hispania. Con el fin de robustecer la empresa de Amílcar, fundó Cartago Nova (Kart Hadasth) en el año -228 a. de n. e. A partir de esta fundación fue esta ciudad, por su posición y comercio, el centro de las operaciones militares cartaginesas. como consecuencia de todo esto, las empresas militares iniciadas por Amílcar, fueron continuadas por Asdrúbal hasta llegar a pasar el Ebro. Los romanos, ocupados en la conquista de la Galia, sólo pudieron frenar su empuje hacia el Norte, consiguiendo que las colonias griegas fueran respetadas y la ciudad y territorio de Sagunto. Tras ocho años de gobierno, dio empuje a la agricultura y comercio. Murió a traición (Explicación dudosa). A la muerte de Asdrúbal, sube al poder Aníbal (año -221), hijo de Amílcar, por aclamación del ejército y posterior aceptación del Senado cartaginés. fue preparado por su padre tanto en el terreno político como militar. antes de tomar el poder había sido lugarteniente de su cuñado Asdrúbal. Los textos clásicos, como se verá, hablan del juramento hecho por Aníbal ante el altar de los dioses, de mano de su padre, prometiendo odio eterno a los romanos. Mientras Aníbal era aclamado como estratego por las tropas de Hispania, una oligarquía turbulenta enervaba el poderío de Cartago y alimentaba discordias hereditarias en el seno de las familias principales. Pero todo acabó, como se ha dicho, con la aceptación de aníbal por parte del senado cartaginés.

DEBATES EN CARTAGO POR LA ELECCIÓN DE ANÍBAL

La familia de los Hannónidas, que veía con recelo el encumbramiento de la familia Bárquida, se opuso a que el gobierno ratificase el nombramiento de Aníbal. Argumentó que era imprudente confiar el mando supremo de las tropas y encomendar el gobierno de Hispania a un joven ardiente y educado con instintos belicosos, y cuyo genio precoz iba a encender una guerra desastrosa entre dos repúblicas que podrían consolidarse con la paz y acrecentarse en el comercio. Como resultado de esta contienda política, el partido contrario a Hannón decidió aprobar el nombramiento de Aníbal. Éste tomó el mando a los 26 años. Tenía dotes de gran militar y madurez de anciano. Las opiniones sobre este personaje son encontradas según los planes y procedencia de los bandos contendientes. Lo que para uno es defecto, para otro es virtud y en ello se juega la eficacia. La «fides púnica» es un instrumento de rivalidad púnico-romana que se pone en práctica como elemento de guerra. Aparte de esto, es propio del carácter del elemento norteafricano. Era tal la influencia psicológica que los soldados veteranos que, cuando jóvenes había sido conducidos a la victoria por Amílcar, se entusiasmaban al contemplar en el hijo, la misma postura, el mismo semblante, la misma gallardía del padre. Veían en él resucitado a su antiguo general: los bisoños admiraban a un compañero; y la plebe, preciada de exterioridades vitoreaban al bizarro mancebo y al joven héroe.

La primera actividad de Aníbal fue el ponerse en contacto con los pueblos y comarcas sometidas por sus antecesores. Dentro de estos pueblos podemos destacar, en el territorio de la Bética oriental: Castulo, Illiturgi, Illiberi, Illurco, Illipula, Escua, Ebora…etc., como más significadas. Las regiones del norte eran las más reaccionarias y las que realizaban incursiones sobre las ricas regiones del sur. Entre las ciudades destacadas de la región sur sobresale en la vida de Aníbal, la plaza de Cástulo, importante por pertenecer a ella destacadas familias de la Hispania antigua. en ella Aníbal tomó esposa: una doncella llamada Himilce, fenómeno curioso porque el nombre no es ibérico sino fenicio, probablemente originario de los fenicios comerciantes). Este matrimonio no solo respondía a la vida afectiva de Aníbal, sino también a las pretensiones políticas de su programa de actividades. Tal acción significó un reforzamiento entre las relaciones de las dos etnias, hecho que repercutiría de forma positiva en la decisión de formar un gran ejército contra su objetivo principal: Roma.

Como preámbulo al programa de sus proyectos inicia una serie de preparativos de carácter general; abrió caminos, fortificó pueblos, construyó puentes, levantó torreones en las colinas más destacadas y en puntos estratégicos de las costas que durante siglos conservaron el nombre de «Torres de Aníbal», cuyo fin cubría tanto la seguridad de las ciudades y territorios comarcales como la vigilancia y control del movimiento marítimo en las costas y mares. Las relaciones con Himilce no retrasaron ni frenaron los planes contra Roma. Preparó un ejército sometiéndolo a una rígida disciplina. Emprendió compañas contra pueblos del interior y parte del Norte: Olcades, Vacceos y Carpetanos. Después del éxito militar sobre estas tribus, no tomó represalias, sino que procuró con su astuta sagacidad, ganarse su amistad y apoyo con el fin de formar bloque con ellos y presentar al enemigo un ejército gigantesco. Consiguió unificar el territorio comprendido entre la Bética y el Ebro, cosa que no pudieron realizar ni su padre ni su tío. La única ciudad que se mostró reacia a Aníbal fue Sagunto.

Episodio de Sagunto

Sagunto fue una colonia griega a la que los cartagineses se habían comprometido a respetar tras el primer tratado pactado con los romanos en el reparto de influencias y limitaciones. A la vista de los éxitos obtenidos por Aníbal en la Península, los romanos sintieron recelos y procuraron mantener estrechas relaciones con el pueblo saguntino, afirmando su alianza. Esta plaza era en realidad el foco de las intrigas romanas contra Aníbal. Desde aquí se procuraba por todos los medios sublevar a los pueblos que el cartaginés había sumado a su causa. Ante tal situación política, Aníbal informó a su gobierno de la doble actuación romana: sublevación de las tribus próximas a Sagunto y las vejaciones a que se veían sometidos los aliados de Cartago. Recibió autorización del senado para someter a esta ciudad y así quedar con las espaldas libres cuando emprendiera su marcha contra Roma, ya que era un peligro dirigirse a Italia con un enemigo dentro de sus dominios. Ante el cerco de Sagunto, el senado romano envía una embajada para entrevistarse con Aníbal, quien los recibió y escuchó. Le pidieron que se abstuviera de atacar al pueblo saguntino porque aliado del pueblo romano y, a la vez, recordar el pacto de limitar sus campañas en las orillas del Ebro. La ciudad fue tomada y destruida sin recibir apoyo alguno por parte de los romanos. La toma de Sagunto fue un reto a muerte entre Cartago y Roma. La actitud romana frente a los saguntinos despertó recelos entre sus pueblos aliados y creó un malestar de inseguridad entre ellos. Por su parte, la acción de Aníbal creo un ambiente de inseguridad y firmeza, a la vez que demostraba una actitud valiente y decidida. Los romanos no llegaron a comprender que los resultados y consecuencias de la toma de Sagunto fuera una declaración abierta de guerra por parte de Cartago que hacía pactos, tras estas hazaña, con los galos y preparaba un gran ejército para dirigirlo contra ellos. Ante esta situación el senado romano concibió serios temores y se apercibió para la guerra. La sagacidad de Aníbal era imprevisible. Las riquezas capturadas a los saguntinos sirvieron, por un lado, para sus soldados; por otro, con estos bienes se ganó mediante soborno a sus amigos y parciales que apoyaba su partido en Cartago, La conmoción producida en roma antes estos sucesos de Hispania, motivó que el senado romano investigara si la acción llevada a cabo por por Aníbal era el resultado de una hazaña individual de un cartaginés o había recibido el respaldo y apoyo del senado de Cartago. Ante tal dilema el senado romano pidió, en el primero de los casos, la entrega de Aníbal y, en el segundo, la declaración de guerra. Roma, en efecto, envía una embajada a Cartago que no recibió mas que manifestaciones hostiles y reconvenciones contra Roma como promovedora de las infaustas discordias. Aníbal, entre tanto, oía y se preparaba ante lo que ya era inminente: la guerra contra roma que había programado. Tanto la preparación material como la organización de los planes, tuvieron lugar en Cartago Nova. De aquí se dirigió a Gadir para celebrar en el templo de Melkart la toma de Sagunto y poner bajos los auspicios de los dioses sus futuras empresas. Respecto a la preparación del ejército, Silio Itálico nos narra que parte de él estaba integrado por soldados de la Bética. al frente de ellos iban dos personajes importantes: Phorcys y Araurico. Del territorio tartésico también tomaron parte gran cantidad de soldados. Éstos se sumaron a los Oretanos, Túrdulos, Astures, Celtiberos y Cántabros. Según nos cuenta Silio Itálico, Phorcys murió en la batalla del lago Trasimeno, y Araurico quedó gravemente herido. Cuando el ejército de Aníbal entró en Italia y se produjeron los primeros reveses sufridos por los romanos, Gneo Escipión, con una escuadra, contraataca a los cartagineses en su propio terreno. Desembarcó en las inmediaciones de Tarragona y derrotó a Hannón, jefe de enlace con el ejército de Italia. Asdrúbal, hermano de Aníbal, ante la pérdida de Hannón, no presentó batalla y se replegó hacia los cuarteles de Cartago Nova. Gneo Escipión se quedó en Tarragona. Pasado el invierno, Asdrúbal y su hermano Amílcar emprende de nuevo la campaña contra Escipión en la desembocadura del Ebro. A la vista de este desastre. Asdrúbal hacia las costas meridionales. Los romanos, ante esta deserción, se apresuran a ganar terreno y se lanzan a la conquista del Sur. Pero antes de esta partida se formalizan pactos con los pueblos sometidos a fin de tener las espaldas cubiertas. La mar quedó a merced de los romanos, hecho que dio pie a que penetrara por Almería y avanzara a través de Basti (Baza, Granada) y Auringi (Jaén), saqueando y destruyendo cuanto encontraba a su paso y le ofreciera resistencia o había tenido relación con los cartagineses. Asdrúbal tuvo que hacer frente tanto a los errores y cobardía de sus mandos, como al avance inexorable de los romanos en la conquista de la Península. Se refugió en la Lusitania donde tenía grandes refuerzos, para organizarlos y hacer frente al enemigo. Los Celtiberos, que había pactado con los romanos, recibieron plena libertad de acción y se dirigieron contra los pueblos del Sur, causando gran desastre. A pesar de todo, Asdrúbal se sobrepuso y consiguió rechazarlos. Roma comprendió que, ante los desastres contra los cartagineses en Italia, y, ante los progresos de Escipión en Hispania, era preciso minar el poderío cartaginés en su propio terreno. De aquí que encomendara el envío de refuerzos a Hispania y se ordenara hacer pactos con los pueblos vecinos de los Pirineos, a fin de cortar el paso a un posible abastecimiento de Aníbal a través de esta ruta. En el año -215 el foco más importante de la actividad bélica estuvo centrado en las ciudades más opulentas y seguras que mantenían los cartagineses en la Bética. Las ciudades de su parte oriental fueron las que sufrieron el mayor impacto de despliegue político y militar llevado a cabo por Gneo y Publio Escipión. Los cartagineses mantuvieron gran cantidad de mujeres hispanas como rehenes en la ciudad de Sagunto. Su liberación por los romanos supuso una captación de simpatía y la liberación de un yugo impuesto por Cartago. De esta forma se renovó la antigua alianza con Sagunto. Gneo Escipión se encargó de combatir la resistencia por tierra mientras que Publio procuró interceptar cualquier envío de refuerzo desde Cartago. Debido a esto, las costas del sur fueron controladas por la marina romana desde el año -215. Dado que las fuerzas de Asdrúbal no eran suficientes para presentar batalla a los romanos, se decidió esperar refuerzos desde África. Mientras tanto se retiró a Gadir, por prudencia, ante imprevistos. A pesar de ello, y tras dejar bien preparada su escuadra, decidió presentar batalla a los romanos. Pero ocurrió un hecho imprevisto por Asdrúbal; los prefectos de las naves cartaginesas, considerados culpables del desastres del Ebro, temiendo severas represalias, desertaron y desembarcaron en Carteia y sublevaron la región céltica, dedicándose al robo y al saqueo. Al frente de los sublevados se encontraba un personajes llamado Galbo. Éstos no se atrevieron a presentar batalla abierta, sino que practicaron la guerrilla hasta tal punto que Asdrúbal se vio obligado a buscar refugio en lugar fortificado. Los rebeldes se dirigieron contra Escua (Archidona, Málaga) y la tomaron por la fuerza. Esta plaza era un recinto fortificado casi inexpugnable por su configuración geográfica. Estaba bien pertrechada de víveres, municiones y vestuario para el ejército cartaginés. La escasa guarnición con que estaba defendida permitió a los rebeldes tomarla sin dificultad. Teniendo en cuenta la indisciplina que reinada entre éstos, Asdrúbal preparó sigilosamente su ejército, y tras algunas batallas, logró recuperar la ciudad. Cuando apenas había sido apaciguada la rebelión, Asdrúbal recibió órdenes del senado cartaginés de pasar a Italia. Esta noticia cundió hasta llegar a oídos e los romanos. Asdrúbal, por su parte, informó al senado del peligro que implicaba desguarnecer la Península. Los romanos, que estaban prevenidos, se aprestaban para una contraofensiva decisiva y final. Tales precauciones y riesgos fueron debidamente comunicados al senado de Cartago, quien decidió mandar a Himilcón con una escuadra y ejército de refuerzo. Una vez llegadas estas tropas, Asdrúbal tuvo el camino expedito hacia Italia para sumarse el ejército de Aníbal. Puestos en aviso los Escipiones, presentaron batalla en Metauro y este ejército fue derrotado aparatosamente. Asdrúbal se vio obligado a retroceder a las provincias meridionales de la Península con el resto del ejército superviviente. Toda esperanza de trasladarse a Italia quedó abortada. Los Escipiones, tras esta victoria, quedaron mermados en víveres e impedimenta en general. Para no captarse antipatías ante los pueblos hispano, solicitaron del pueblo romano y del senado ayuda con el fin de conseguir y proseguir sus victorias, ganando terreno en el único frente donde los cartagineses estaban sufriendo serios y casi irreversibles reveses. El senado, con gran esfuerzo, consiguió mandar la ayuda solicitada. Este refuerzo se puso de inmediato en marcha hacia la ciudad de Illiturgi, que se encontraba cercada por Asdrúbal. Esta localidad había desertado en favor de los romanos El asedio fue llevado a cabo conjuntamente por Asdrúbal, Amílcar y Magón. Los romanos consiguieron llegar a tiempo y romper el asedio. A pesar de ser en número inferiores a los cartagineses, consiguieron entrar en la ciudad después de alcanzar la victoria. en corto espacio de tiempo tanto el ejército cartaginés como el romano se apresuraron a equiparse y prepararse para nuevas confrontaciones. Los planes de ambos eran deshacer las alianzas de ayuda mutua entre pueblo y ejército. Tito Livio nos dice que toda la Hispania Ulterior se habría perdido por los romanos si Publio Escipión no hubiera pasado el Ebro y reanimado el espíritu de sus aliados. Los cartagineses reciben un nuevo refuerzo de África a las órdenes de Asdrúbal Gisgón. Como consecuencia de todos estos preparativos se produce un nuevo enfrentamiento en las cercanías de Castrum Album (Acra Leuca) ¿Alicante?) con un resultado indeciso. Asdrúbal trató de resarcirse de las derrotas sufridas, pero se produjo una nueva deserción; Cástulo, patria de la esposa de Aníbal, se había pasado al bando de los romanos. Illiturgi (Mengíbar, Jaén) era el centro de intrigas y conspiraciones llevadas a cabo por los agentes de los Escipiones contra la dominación cartaginesa. Era aquí donde se hallaba el punto de partida de todas las actividades secretas con los magnates de las comarcas vecinas.. Toda esta labor de zapa, hábilmente preparada contra los púnicos, dio como fruto la deserción de Cástulo. La ciudad fue cercada con el fin de conseguir su rendición, sometiéndola al desabastecimiento y consecuente hambre. Pero tras una maniobra astuta, Escipión consiguió introducir víveres en la ciudad, haciendo, además, levantar el cerco. Los cartagineses, en venganza, se dirigieron hacia Biguerra (¿Bogarra ?, Albacete), que al igual que Cástulo, se había pasado al bando de los romanos. La inmediata acción defensiva de éstos, evitó la guerra, y Asdrúbal se retiró a Munda. El ejército romano continuó su persecución contra los cartagineses hasta alcanzarles en Munda. Se produjo un enfrentamiento en el que Gneo Escipión fue herido. A pesar de la ventaja cartaginesa, este combate no tuvo resultados positivos para nadie. El Propio Tito Livio indica que el resultado a favor de los romanos fue un rumor. El estado de Escipión provocó el desconcierto entre las filas romanas, que huyeron desalentados. Esto dio pie a que Asdrúbal tomara la iniciativa y, con el campo favorable, comenzara a ocupar las comarcas sublevadas, llegando hasta Auringi (Jaén). A pesar de la herida, Gneo Escipión reorganizó su ejército y venció a los cartagineses en esta ciudad tras un asedio. Ante tal situación, Asdrúbal, siguiendo la táctica de Aníbal, hizo estrechas alianzas con los galos, consiguiendo un ejército que llegó hasta Cartago Nova al mando de dos régulos llamados Civismaro y Menicato. En realidad este ejército, formado por gente que sólo pretendía el pillaje, robo y saqueo de las comarcas sublevadas, fue pronto derrotado por una milicia organizada y con ideas muy diferentes.

Ambos ejércitos se mantuvieron inactivos durante el año que sigue a la derrota de los galos en Hispania (-214). En este interim los romanos aprovechas una oportunidad para establecer relaciones y alianzas con la ciudad de Sica, en el Norte de África. Esta ciudad, gobernada por Sífax, pide a los romanos que formen un ejército con las numerosas hordas de africanos. Fue encargado de llevar esta labor Quinto Statorio. Envalentonado Sífax con esta nueva alianza, invade el territorio donde se encontraba Masinisa quien lo derrota venciéndolo y obligándolo a desterrarse. Masinisa, después de esta victoria, pasa a Hispania en ayuda de Asdrúbal Gisgón, desembarcando en Cartago Nova. Entre tanto, romanos y cartagineses se dedican a pactar alianzas con el fin de renovar la guerra, buscando apoyo. Los púnicos reforzaron sus tropas con la ayuda aportada por Masinisa, de un lado, y tropas hispanas, contando, pues, con tres cuerpos de ejército. Al frente del primer ejército se encontraba Asdrúbal Barca, instalado en Anatorgis (Requena o Teruel). Los otros dos se encontraban en la comarca de Jaén, mandados por Magón y Asdrúbal Gisgón. Comenzada la contienda, los Escipiones creyeron más estratégico atacar ambos frentes ya que cabía la posibilidad de que alguno de ellos rehusase el combate y se prolongase aún más la guerra. Pero esta táctica no dio el resultado esperado a los romanos. Publio Escipión, con dos terceras partes de su ejército, acudió en busca de Asdrúbal Gisgón y Magón. Gneo Escipión, con la tercera parte restante, salió al encuentro de Asdrúbal Barca. Gneo se dirigió hacia donde Asdrúbal Barca,valiéndose de amenazas y prodigando dádivas, consiguió que desertaran los celtiberos Anatorgis, componentes del ejército romano. Por lo que tuvo que ponerse en retirada ante el acoso cartaginés. Por su parte, Publio había tomado posiciones en Cástulo, donde en poco tiempo se vio bloqueado. En ello tuvo una eficaz actuación Masinisa, que dejó, con su caballería ligera, sin respiro al ejército romano. Puso en vilo al contingente romano día y noche con toda clase de escaramuzas. Publio recibió la noticia de que Indívilis, jefe de Susetanos (de las comarcas de Valencia y Murcia), venía a unirse a los cartagineses. Tal movimiento de tropas hizo pensar a Publio que su hermano Gneo había tenido dificultades, por lo que decidió burlar las líneas de Masinisa durante la noche y salir el encuentro de Indivilis. en esta salida dejó a su lugarteniente Fonteyo, al mando de una escasa guarnición. Con todo, no consiguió burlar a Masinisa que, de inmediato, salió en su persecución Cuando el ejército romano estaba a punto de atacar a Indivilis , hizo su aparición la caballería númida, quedando Publio entre dos frentes A esto se sumó la aparición en escena de las tropas de Magón y de Asdrúbal Gisgón. Publio perdió la vida en esta batalla. Las tropas romanas se dieron a la fuga desconcertadas. Los númidas salieron tras los fugados causando una masacre entre ellos. Algunos se salvaron refugiándose en Segura de la Sierra y en Illiturgi. Tras esta victoria, Magón y Asdrúbal dieron algún descanso a sus tropas, y se encaminaron para unirse a Asdrúbal Barca, que se encontraba en lucha con Gneo Escipión. Cuando éste divisó la numerosa tropa que se dirigía contra él, intuyó que algún desastre había ocurrido a su hermano; por lo que rehusó el combate y se refugió en una torre que poco después fue cercada e incendiada por los cartagineses, muriendo en ella Gneo Escipión. La nueva victoria llevó a los cartagineses a recuperar sus antiguas alianzas con los pueblos de esta comarca. Biguerra fue una de ellas. El partido cartaginés cobró aliento en todos los pueblos que había aceptado la causa romana. La plebe de Cástulo e illiturgi se alzó contra los romanos que aún quedaban en estas plazas aniquilándolos. Así termina esta primera fase de las guerras púnicorromanas en lucha por la supremacía politicomilitar en territorio hispano. Una vez derrotados los romanos, el ejército cartaginés despreció la presencia de aquellos en la Tarraconensis. Este descuido va a suponer una reacción por parte de Roma, que provocará la total destrucción del poderío cartaginés en la Península. Asdrúbal se hizo fuerte en la Hispania Ulterior. su avance hacia tarragona fue lento.

Por otro lado, Asdrúbal preparaba un ejército para ir contra Italia.

Entre tanto el joven romano llamado Gayo Marcio consiguió formar un ejército a base unir soldados fugitivos y dispersos. Con ello consiguió organizar una división que contuvo el intento de Asdrúbal de atravesar el Ebro (año -212). De esta forma deshizo sus planes consiguiendo con ello reavivar la esperanza de un triunfo de las tropas romanas en Italia.

El senado romano, sabedor de la derrota y muerte de los Escipiones, vio con agrado los triunfos de gayo Marcio, quien se hizo nombrar propretor por el ejército. Este detalle no agradó al senado, que era quien otorgaba tales títulos, y nombró propretor a Claudio Nerón, que desconocía la astucia de Asdrúbal, y no consiguió su propósito de derrotarlo.

Apenas desembarcó en Tarragona, tomó el mando del ejército que había mandado Gayo Marcio. A estas tropas se sumaron las recuperadas por Tito Fonteyo en Segura de la Sierra, descendiendo hasta donde se encontraba Asdrúbal. Consiguió sorprender sigilosamente a las tropas cartaginesas en el desfiladero denominado Lapides Atri, entre Mentesa e Illiturgi. Atrapado Asdrúbal en este desfiladero, podía fácilmente haber sido aniquilado si el romano hubiera conocido la táctica diplomática del cartaginés. En efecto, Asdrúbal envió emisarios comunicando a Claudio Nerón que sus intenciones eran evacuar rápidamente Hispania, ya que su ejército estaba desgastado de tantos enfrentamientos producidos con los romanos. Tal noticia fue tomada al pie de la letra por el romano, y Asdrúbal, aprovechando la dilación de tal estratagema, se aprestó a organizar la retirada. Claudio Nerón, que se disponía a negociar con el cartaginés, se encontró con que al día siguiente, el campo del ejército cartaginés había sido levantado y abandonado.. Intentó avanzar en persecución del enemigo, pero tan sólo mediaron escaramuzas de mediana importancia.

Claudio Nerón perdió su confianza ante el senado, quien planeó un nuevo nombramiento para restaurar la pérdida militar y prestigio, no sólo por la muerte de los Escipiones, sino por la ridícula acción de Claudio Nerón. Se solicitaron voluntarios, pero nadie quería correr el riesgo de perder su prestigio ganado con el esfuerzo. En esta situación se presentó ante el senado Publio Cornelio Escipión, hijo de Publio Escipión y sobrenombre de Gneo. Se ofreció para vengar la muerte de entrambos Escipiones así como la intención de recuperar la Península Ibérica. A pesar de los obstáculos que se le presentaron, como el de su juventud, 25 años, fue aceptado para tal cargo y empresa. Así, fue nombrado procónsul, tras una demostración de su habilidad oratoria persuasiva sobre conocimientos militares y estratégicos relacionados con Hispania y el carácter de los hispanos. En sus primeras operaciones partió con ejército y escuadra arribando a Ampurias. De aquí se dirige por tierra a Tarragona y se preparó para entablar combate. Allí convocó a las tropas de Gayo Marcio procurando reanimarlas afirmando alianzas y procurando otras nuevas. La situación de los jefes cartagineses en la Península era la siguiente: Asdrúbal Barca, en Cástulo; Magón, en Gadir; Asdrúbal Gisgón en la Mancha.

En el año -210, Escipión reunió su ejército en Tarragona, y se preparó para entablar combate. Su objetivo, llevado en secreto, fue el casco de Cartago Nova. Los detalles de esta campaña sólo eran conocidos por sus íntimos, como Gayo Laelio, quien se puso al frente de la escuadra ye, partiendo de Tarragona, llegó en siete días a Cartago Nova. El ataque se planeó por la parte norte de la ciudad, que era su punto más vulnerable. Tras algunos avances y retrocesos, los romanos lograron penetrar en la ciudad. Fue saqueada y sometida. Asdrúbal se rindió.

POLÍTICA DE ESCIPIÓN

Después de esta victoria, Escipión reúne sus tropas de tierra y mar , tras elogiarlas y premiarlas debidamente, se dispuso a organizar las primeras acciones a llevar a cabo. Así, pues, comienza por una táctica muy política. Entre los prisioneros hispanos de Cartago Nova, tenidos como rehenes por Asdrúbal, se encontraban algunos magnates para asegurar sus alianzas con los demás pueblos. Se encontraban también muchas familias opulentas establecidas en Cartago Nova, que preferían, para vivir, una ciudad que proporcionara todo género de comodidades y el brillo de un lujo espléndido a las pobres aldeas sometidas a sus patrimonios. Escipión convocó a los más notables personajes, les exhortó con afabilidad y tacto, y les hizo saber que los romanos conquistaban los pueblos con beneficios y no con violencia, diciendo que la buena disposición a la República romana y no una odiosa servidumbre había de ser el vínculo que con él los enlazase. Los despidió cordialmente en absoluta libertad. Hizo formar un estado de los demás españoles cautivos, de sus nombres y patria y, regalando a los más jóvenes anillos y brazaletes, a los viejos espadas y puñales,, les permitió, con afables amonestaciones, volver al seno de sus familias. La conducta de Escipión granjeó a los romanos más partido que la derrota de ejércitos. Llegó a conocer rápidamente el carácter hispano. El pueblo en su rudeza se dio cuenta de que los romanos tan sólo eran enemigos de los cartagineses. Escipión apareció a los ojos de los hispanos como un elemento beneficioso para la comunidad rehecha. La rendición de la capital del imperio cartaginés permitió a los romanos tomar asiento firme en la Península. Aunque los cartagineses ocupaban las plazas principales y conservaban numerosos aliados y todos los elementos de resistencia, la pérdida de una capitalidad y la proximidad de un centro de operaciones enemigas,, no podían menos de ser un paso avanzado para la futura dominación. La conquista de Cartago Nova favoreció rápidamente el dominio moral que la política romana iba preparando contra el gobierno norteafricano. Asdrúbal quedó sorprendido al saber el asalto y toma de la ciudad y, desde la comarca de Cástulo, donde permanecía con su ejército, procuró atenuar la pérdida y reanimar el espíritu de sus soldados y oficiales. Para ello quiso arriesgar una batalla desafiando y provocando a Escipión. Este enfrentamiento se produce en el -209.Los cartagineses ocupaban con recelo la comarca de Cástulo, porque el partido prerromano se había ensoberbecido e inspiraba temores de un levantamiento. En esta misma fecha tiene lugar la batalla de Bilches. Escipión avanza desde Tarragona para enfrentarse al enemigo, encontrándose con él en las cercanías de Abula. Al avistarse ambos ejércitos, Escipión envió algunas tropas para contener a la terrible caballería númida. Intentó Escipión luchar en campo abierto, pero Asdrúbal se mantuvo firme en sus posiciones. Sabiendo el romano que el cartaginés esperaba la ayuda de Asdrúbal Gisgón y de Magón , temió que pudiera convertirse aquello en algo similar a lo de su padre y tío. Por ello se decidió a presentar batalla rápidamente. Decide, pues, atacar y consigue tomar Bilches Tras ello, Asdrúbal se ve forzado a retirarse hacia el Tajo. Después de esta batalla Escipión dejó en libertad a muchos hispanos sin rescate, tras haber sido hechos prisioneros. Con ello no hacía más que seguir adelante con su táctica diplomática de hombre clemente y generoso. Asdrúbal Gisgón y Magón acudieron tarde en ayuda de su jefe. Escipión se retiraba a Tarragona por el puerto de Muradal cuando ambos generales llegaban al ya abandonado campo de batalla. A pesar de la victoria de Abula por parte de los romanos, ello no supuso una pérdida cuantiosa para los cartagineses, puesto que continuaban con numerosas fuerzas haciendo la guerra en la Península. Éstos fusionaron sus ejércitos para reforzar el de Aníbal en Italia. Reunidos los dos Asdrúbal, Magón y Masinisa, resolvieron que Asdrúbal Barca pasase a Italia, encargándose Masinisa de llamar la atención de los romanos hacia la parte meridional de Hispania. Asdrúbal Gisgón vigilaría el resto de las provincias manteniéndose a la defensiva. Magón por su parte, se dirigiría hacia las Baleares a fin de reclutar soldados. El proyecto de marcha sobre Italia comenzó a ponerse en acción a principios del -208. Asdrúbal superó por las mismas vías que su hermano Aníbal, los Pirineos y los Alpes, descendiendo a continuación a las llanuras de Italia.

La noticia de este nuevo contingente causó espanto en Roma. Asdrúbal cercó Plasencia desde donde envió cuatro galos y dos númidas a caballo, portadores de informes para Aníbal que se encontraba en el punto opuesto del territorio italiano. Extraviados los emisarios en su marcha, cayeron en poder de un destacamento romano mandado por el propretor Claudio Nerón. Éste consiguió averiguar la misión de los emisarios y atacó a Asdrúbal, deseoso de vengar la afrenta sufrida en Hispania. Asdrúbal fue emboscado y murió luchando. Mientras tanto Asdrúbal Gisgón, Magón y Masinisa, mantenían en Hispania la guerra contra Escipión. Aquellos rehusaron el combate frontal esperando noticias de Italia. Sabido el desastre, resolvieron tomar la ofensiva y estimular para la guerra a sus aliados. En el año -207 tiene lugar el cerco de la ciudad de Auringi. Ante el panorama planteado por la derrota del ejército enviado a Italia y tras la decisión de iniciar los combates contra los romanos en la Península, Magón se anticipó excitando a los celtiberos. Pero el propretor Marco Silano se dirigió contra ellos consiguiendo dispersarlos y haciendo prisioneros a sus jefes. El propio Escipión persiguió a Asdrúbal Gisgón que tenía en esta comarca todo su ejército. Éste, al aproximarse los romanos, se repartió entre las cercanas fortalezas y ciudades principales burlando las intenciones del enemigo. Como Escipión quería trabar batalla decisiva, pensó que había perdido la oportunidad y se dio cuenta que era preciso poner cerco a las plazas cuyas rendiciones exigían tiempo y en cuyas empresas ponían en peligro su reputación militar. Teniendo en cuenta estas premisas, retrocedió hacia las provincias del norte y encargó a su hermano Lucio el cerco de Auringi. Esta plaza fue segunda por su categoría y los romanos se apresuraron a tomar, desde que desde aquí se controlaba la mayor parte de la Bética. Lucio intentó persuadir a los soldados y ciudadanos a la rendición, pero obtuvo una respuesta negativa. Por ello se preparó para el asedio levantando doble foso y trinchera. Tras diversas escaramuzas con avances y retrocesos, lograron dejar desguarnecida la ciudad en algunos puntos. Tras la rendición de la ciudad, ya que los ciudadanos abrieron sus puertas, los soldados salieron y se entregaron a los romanos. Los generales cartagineses no se preocuparon demasiado por este revés. Reorganizaron un ejército en las comarcas donde aún no habían entrado los romanos. Con él ocuparon Illipa. Cuando Escipión conoció la magnitud de este ejército, se aprestó a no cometer el error de sus antecesores. Confió en un jefe llamado Colca que tuvo gran influencia en la comarca de Granada y entornos. Los únicos aliados de que disponían los romanos se entraban en las proximidades de Illiberi y lugares próximos a la misma. Mientras que los cartagineses dominaban Málaga, Sevilla, Córdoba y gran parte de Jaén. Escipión conmocionó a Marco Silano para conducir esta fuerza que se unió al resto del ejército junto a Cástulo, donde estaban los mandos. Desde este punto partió el procónsul en busca de los enemigos congregados en las inmediaciones de Betula. Se produjo un choque entre las fuerzas romanas y cartaginesas, que se encontraban al mando de Magón y Masinisa. Escipión, con buena estrategia, consiguió ponerlos en retirada hacia Sevilla. Poco tiempo después dio en Carmona un combate donde los cartagineses, muy mermados en sus fuerzas, se vieron obligados a retirarse a Gadir. Aprovechando la coyuntura política, Escipión se puso en contacto con el norte de África con el fin de establecer alianzas con el rey Sífax. Por su parte, el gobierno cartaginés ordenó hacer los mismo a Asdrúbal Gisgón. Algunos historiógrafos dicen que las dos embajadas presentes ante el rey Sífax llegaron a residir juntas. Escipión quedó aparentemente amigo de Sífax. Pero Asdrúbal jugó su carta política ofreciéndole por esposa a su hija Sofonisba, hecho que decantó en favor del cartaginés. Masinisa, que también era candidato a tal matrimonio, se sintió ofendido y se pasó al bando de los romanos. Con ello la balanza *******se inclinó a favor del bando de Escipión. Escipión regresa a Cartago Nova con una misión perfectamente cumplida: enfrentar a los dos africanos. Debido a su ausencia, el bando cartaginés había conseguido afirmar alianzas. Con ello la situación se encontraba un tanto revuelta. Cástulo e Illiturgi se habían rebelado. El bando cartaginés se vió reforzado. Escipión soportó toda clase de agravios hasta encontrar la situación idónea para tomar represalias. cuando hubo conseguido dar un escarmiento a los elementos pro cartagineses, dirigió su ejército contra Illiturgi, ordenado a la vez que Mucio Marcio tomase por las armas Cástulo. Illiturgi se aprestó a dar cara a los romanos. Tras una penosa y encarnizada lucha, con grandes pérdidas por parte de Escipión, la ciudad fue tomada y sus habitantes muertos sin distinción. La ciudad fue completamente destruida. Con ello desapareció una de las ciudades más fuertes de la Hispania antigua. Se suele identificar con Andújar o Santa Potenciana. Destruida Illiturgi, Escipión se dirige contra Cástulo que estaba en posición de los cartagineses. Temiendo una matanza similar a la de Illiturgi, Castulo se le pensó mejor y llegó a un acuerdo con los romanos si que se produjera derramamiento de sangre.

La noticia de este nuevo contingente causó espanto en Roma. Asdrúbal cercó Plasencia desde donde envió cuatro galos y dos númidas a caballo, portadores de informes para Aníbal que se encontraba en el punto opuesto del territorio italiano. Extraviados los emisarios en su marcha, cayeron en poder de un destacamento romano mandado por el propretor Claudio Nerón. Éste consiguió averiguar la misión de los emisarios y atacó a Asdrúbal, deseoso de vengar la afrenta sufrida en Hispania. Asdrúbal fue emboscado y murió luchando. Mientras tanto Asdrúbal Gisgón, Magón y Masinisa, mantenían en Hispania la guerra contra Escipión. Aquellos rehusaron el combate frontal esperando noticias de Italia. Sabido el desastre, resolvieron tomar la ofensiva y estimular para la guerra a sus aliados. En el año -207 tiene lugar el cerco de la ciudad de Auringi. Ante el panorama planteado por la derrota del ejército enviado a Italia y tras la decisión de iniciar los combates contra los romanos en la Península, Magón se anticipó excitando a los celtiberos. Pero el propretor Marco Silano se dirigió contra ellos consiguiendo dispersarlos y haciendo prisioneros a sus jefes. El propio Escipión persiguió a Asdrúbal Gisgón que tenía en esta comarca todo su ejército. Éste, al aproximarse los romanos, se repartió entre las cercanas fortalezas y ciudades principales burlando las intenciones del enemigo. Como Escipión quería trabar batalla decisiva, pensó que había perdido la oportunidad y se dio cuenta que era preciso poner cerco a las plazas cuyas rendiciones exigían tiempo y en cuyas empresas ponían en peligro su reputación militar. Teniendo en cuenta estas premisas, retrocedió hacia las provincias del norte y encargó a su hermano Lucio el cerco de Auringi. Esta plaza fue segunda por su categoría y los romanos se apresuraron a tomar, desde que desde aquí se controlaba la mayor parte de la Bética. Lucio intentó persuadir a los soldados y ciudadanos a la rendición, pero obtuvo una respuesta negativa. Por ello se preparó para el asedio levantando doble foso y trinchera. Tras diversas escaramuzas con avances y retrocesos, lograron dejar desguarnecida la ciudad en algunos puntos. Tras la rendición de la ciudad, ya que los ciudadanos abrieron sus puertas, los soldados salieron y se entregaron a los romanos. Los generales cartagineses no se preocuparon demasiado por este revés. Reorganizaron un ejército en las comarcas donde aún no habían entrado los romanos. Con él ocuparon Illipa. Cuando Escipión conoció la magnitud de este ejército, se aprestó a no cometer el error de sus antecesores. Confió en un jefe llamado Colca que tuvo gran influencia en la comarca de Granada y entornos. Los únicos aliados de que disponían los romanos se entraban en las proximidades de Illiberi y lugares próximos a la misma. Mientras que los cartagineses dominaban Málaga, Sevilla, Córdoba y gran parte de Jaén. Illiturgi se aprestó a dar cara a los romanos. Tras una penosa y encarnizada lucha, con grandes pérdidas por parte de Escipión, la ciudad fue tomada y sus habitantes muertos sin distinción. La ciudad fue completamente destruida. Con ello desapareció una de las ciudades más fuertes de la Hispania antigua. Se suele identificar con Andújar o Santa Potenciana. Destruida Illiturgi, Escipión se dirige contra Cástulo que estaba en posición de los cartagineses. Temiendo una matanza similar a la de Illiturgi, Castulo se le pensó mejor y llegó a un acuerdo con los romanos si que se produjera derramamiento de sangre.

Dominada por los romanos la parte suroriental de la Bética, quedan aún en poder de los cartagineses las regiones occidentales. La consolidación del poder de los romanos se vio reflejada en una ciudad que recibió un sufrió un trato simular al de Sagunto. Se trata de la ciudad de Astapa (Estepona, Málaga). Astapa era una ciudad tan aliada y amiga de los cartagineses como enemiga acérrima de los romanos, quienes habían recibido de sus habitantes pruebas inequívocas de odio. Los cartagineses, desde esta plaza, tenían en continua tensión a los comarcanos aliados de los romanos. Desde aquí se practicaba una guerra lenta y demoledora con pequeñas escaramuzas perfectamente programadas. Era una perfecta guerra de desgaste contra un enemigo siempre desprevenido o en inferioridad numérica. Lucio Macio se dirigió contra ellos. Pero los moradores de esta ciudad no soportaron ser sometidos y lo destruyeron todo lanzándose sobre la hoguera, como último paso. La toma y destrucción fue el último hecho de armas de los romanos contra los cartagineses, quienes se retiraron a Gadir dejando el territorio a merced de los romanos. Tras el tratado que puso fin a la segunda guerra púnica, quedó todo el territorio peninsular en poder de los romanos. De esta forma se puso fin a la dominación cartaginesa bajo el mando de los Bárquidas, en un país donde habían dominado durante más de 200 años. Durante este período dieron su fruto los elementos civilizadores que los fenicios habían traído a Hispania. Cuando los cartagineses, sobreponiéndose a los primitivos colonos subyugaron a las razas indígenas, mantuvieron las diversas repúblicas federativas que, industriosas y pacíficas, tenían leyes propias y alguna cultura. En cada cantón había un magnate o régulo cuyas órdenes respetaba toda la tribu y al que procuraron atraerse a todos los cartagineses. La administración de Amílcar y Asdrúbal hasta tal extremo identificaron los intereses de Cartago con los de la Península que su conquista costó a los romanos tanta sangre y tan arduos esfuerzos como la del resto de Hispania. Auringi, Illiturgi, Castulo y Astapa aparecen en la Historia como ciudades importantes cuyos moradores hicieron sacrificios heroicos en favor de sus aliados. Tan señalada obstinación y los distintos ejércitos reclutados en la Península prueban que el gobierno de los cartagineses no era violento, y que la familia Barca había sabido granjearse simpatías profundas. Resulta bastante negativo, por una parte, la destrucción, por los romanos, de los anales y memorias cartagineses; y, por otra, la abolición de la confederación y fueros del país, que los fenicios mantuvieron intactos. De todas estas luchas entre dos repúblicas poderosas en la Antigüedad sólo queda una maltrecha situación provocada por el enfrentamiento armado que afectó profundamente a las estructuras y raíces ancestrales de la etnia y sabiduría peninsular. Esta introducción nos lleva a documentar debidamente los episodios de la Guerras Púnicas sobre todo la Segunda y Tercera. Para ello recurriremos a la historiografía antigua tanto latina como griega. En esta parte del documento se tratará de ver las cualidades reales de Aníbal, paso a paso, para ir demostrando las tácticas militares del personaje, los aciertos y errores, analizando los episodios desde su llegada a Hispania hasta el final de sus días después de sufrir una serie de tropiezos principalmente habidos en territorio italiano. Iremos cotejando las coincidencias y discrepancias entre autores en su interpretación de cuanto va sucediendo en el desarrollo de los acontecimientos. Iniciaremos a exposición rememorando lo que aconteció en la Primera Guerra Púnica, porque los resultados de la misma van a tener una repercusión en los acontecimientos que tienen lugar en Hispania a su llegada. Recordemos que los cartagineses eran de la misma etnia que los fenicios, pero éstos perseguían unos fines muy distintos a los de Cartago. El fenicio estrictamente hablando era un comerciante. Le movía intereses económicos, mientras que los cartagineses vinieron a la Península buscando rehacerse del trauma bélico sufrido en Sicilia. Intentarán por todos los medios atraerse a sus hermanos de sangre a sus intereses enfilados a iniciar una recuperación del ultraje sufrido frente a los romanos y hacer frente a la tremenda carga económica impuesta por los romanos tras su victoria sobre ellos. El lugar no podía ser mejor para iniciar una recuperación de los variados reveses recibidos desde el inicio de la conquista y dominio comercial del Mediterráneo. Ya Cartago se movía por unos intereses militares, aunque los económicos no estaban fuera de sus intenciones. Ya los griegos también se movían por el Mediterráneo occidental por las mismas razones. Pero Roma había iniciado su historia (-753) tratando de apoderarse de lo que consideraba territorio peninsular. Y se tuvo que enfrentar con todas las colonias que se hallaban al sur de la Península, tanto griegas como fenicio-púnicas Una vez hecha este preámbulo, se van a ir exponiendo y comentando los textos referentes a los episodios más notables de esta lucha por el poder en el Mediterráneo occidental.

RELACIÓN DE AUTORES DE FORMA SINCRÓNICO-DIACRÓNICA

La documentación de estos relatos están estrechamente relaciones con la bibliografía general de los autores más relevantes en la narración de los acontecimientos de las tres guerras púnicas mantenidas entre Roma y Cartago. Pero nos centramos más en los episodios de la segunda guerra púnica y los resultados después de Zama, con el inicio de la tercera guerra, que provocará la huida de Aníbal de Cartago a otras nacionalidades extranjeras. Pero que nos centraremos más en Aníbal como militar estratego, tanto en su propio terreno como en los países donde se refugió. Siria y Bitinia (Asia Manor). Por ello se irá haciendo comentario sobre los textos originales de los narradores más importantes de la historia clásica. Pero relegándonos sólo a expresar nuestra opinión personal a la vista de los textos, sin citar otras opiniones relativas al tema y centrándonos tan sólo en los textos que se van a ir exponiendo de forma sucesiva, citando los períodos a los que los autores hacer referencia de los acontecimientos bélicos de Anibal en Hispania, Italia, Cartago y el extranjero. Pero se hablará de Aníbal en todos los aspectos, porque su carácter era determinante en la trayectoria de los acontecimientos que se van a ir encadenado a los largo de esta contienda.

Año -237 a -218

Livio, 21, 1-4. Se dice que Aníbal, a la edad de nueve años. cuando intentaba persuadir a su padre Amílcar para que lo llevase consigo a Hispania, terminada ya la Guerra de África, estando realizando sacrificios para llevar el ejército allá, fue llevado ante el altar y obligado con juramento a ser enemigo del pueblo romano tan pronto como pudiese».

Las consecuencias de la Primera Guerra púnica se registran en las actitudes del ejército cartaginés dispuesto a tomar venganza de la terrible humillación militar sufrida en Sicilia, Cerdeña y África. Pero pensamos que era más la cuantiosa penalización económica impuesto por Roma tras la derrota de aquellos. Aníbal es impulsado por su padre a odiar eternamente a los romanos, y su intención no es otra que buscar los medios necesarios para resarcirse de aquel enorme impuesto (2200 talentos, tipo griego de Eubea) que se fueron incrementando a consecuencia del plazo de amortización. La guerra tuvo como escenario los puntos claves de Sicilia, territorio de Cartago en África, el estrecho entre Córcega y Cerdeña y las cercanas islas Lípari.

Livio, 21.2.1 a 7. Embargado por estas preocupaciones, de tal forma actuó en la guerra de África, que tuvo lugar inmediatamente después de la paz romana, de cinco años de duración, y después durante nueve años en incrementar el poderío púnico en Hispania», que dio la impresión de que promovía una guerra mayor de la que podía emprender; y si hubiese vivido más tiempo, con Amílcar como guía, los cartagineses hubiesen llevado las armas a Italia, cosa que hicieron bajo la mano de Aníbal. «La inesperada muerte de Amílcar y la niñez de Aníbal alejaron la guerra. durante ocho años entre padre e hijo, ocupó el poder Asdrúbal. dicen que la gracia de su juventud se ganó primero el afecto de Amílcar; más tarde, la feliz disposición de su ingenio le elevó a yerno suyo. Con este título que llevaba consigo y el apoyo del partido de los Barca, cuya influencia sobre el ejército y la plebe era más que mediana, se apoderó del poder al que el voto de los nobles no le hubiera llevado. Usó más de su diplomacia que de su fuerza y aumentó el poderío de Cartago más con los lazos de hospitalidad establecidos con los reyezuelos y con los pueblos nuevos, que ganó para su causa por medio de la amistad con los príncipes, que por la fuerza y las armas. Pero la paz no le resultó más segura. Pues un bárbaro airado por la muerte de su amo, le asesinó públicamente.. Capturado por los circundantes, su aspecto permaneció inalterado, como si hubiese huido y, desgarrado por la tortura su rostro no se inmutó, sino que, venciendo el dolor con alegría, llegó a sonreír. Con este Asdrúbal, que fue de una admirable habilidad en atraerse las tribus y unirlas a su mando, el pueblo romano renovó su pacto. Según éste, el límite de ambos imperios lo constituía el río Ebro, y se garantizaba la libertad de los saguntinos, pueblo intermedio entre los dos imperios.

COMENTARIO

En este texto se reflejan los pensamientos y proyectos de Amílcar para su venganza de los fracasos sufridos antes Roma: atacar Italia de todas formas y prepararse para ello. En primer lugar se contemplan las condiciones del Tratado de Paz firmado con los romanos: Fijación como límite infranqueable pasar el Ebro, y acabar con los amigos de Roma dentro de Hispania. Para lo cual se proponen atacar la plaza más representativa aliada de Roma: Sagunto. Las condiciones no serán respetadas y se declarará una guerra abierta contra sus enemigos. Los planes de Amílcar se frustran por su muerte prematura y la de su yerno Asdrúbal. Pero Aníbal, fiel seguidor de los designios de su padre Amílcar, llevará a cabo los proyectos antes planeados.

Livio 21.2.1-10 Pocos y casi los más prudentes estaban de acuerdo con Hannón. Pero, como ocurre la mayor parte de las veces, la mayoría venció a la valiosa minoría. Enviado Aníbal a Hispania, de inmediato, a su llegada, se atrajo a todo el ejército».»Los viejos soldados creyeron que les había vuelto el joven Amílcar, al observar en él el mismo vigor en el rostro, la misma fuerza en sus palabras y energía en la mirada. Pero en poco tiempo consiguió que su padre significara poco, ganándose el favor de todos».»Jamás existió una inteligencia tan hábil en conjugar cosas contrarias: obedecer y mandar. Así, pues, difícilmente se podía saber si era más estimado por el ejército o por un jefe. Asdrúbal no elegía a nadie siempre que tuviera que realizar una operación difícil o de valor, ni los soldados se atrevían o confiaban más en otro jefe. Tenía gran audacia a la hora de afrontar riesgos, y gran cautela en el mismo peligro. Ni su cuerpo ni su ánimo se fatigaba o caía vencido por causa de algún esfuerzo». «Soportaba los mismo el frío que el calor. Moderado en la comida y en la bebida. No le dominaba la lujuria. Ni de noche ni de día establecía diferencia entre sueño y vigilia».»Se entregaba al descanso el tiempo que le dejaba libre su trabajo. No descansaba ni en lecho blando ni en lugar silencioso. Muchos lo vieron cubierto con un sayo militar, tumbado en el suelo entre las guardias y puestos de vigilancia de los soldados. Su vestimenta no se diferenciaba en nada de la de sus iguales en edad. Sus armas y sus caballos llamaban la atención. Era, con mucho, el primero entre los jinetes y los infantes. Marchaba en cabeza en el combate. Una vez trabado el combate, era el último en salir. Grandes vicios se igualaban con las grandes virtudes de tal hombre: su inhumana crueldad; su más que pérfida lealtad púnica; falsedad, falta de respeto por lo sagrado, carencia de miedo a los dioses, ningún respeto a los juramentos, ningún escrúpulo religioso. Con esta disposición natural de virtudes y defectos, en tres años, bajo el mando de Asdrúbal, sirvió en el ejército sin dejar de pasar nada que debiera ser realizado o visto por el gran futuro general.

COMENTARIO

Lo más relevante de este texto de Livio se centra en el personaje de Aníbal. La lucha por el poder dentro de las diferentes posiciones políticas de Cartago. Los bandos del poder en la metrópoli cartaginesa se centran en la elección del personaje más apto para la sucesión de Asdrúbal. En una reflexión anterior a todo esto, el comentarista se centra en la figura del Aníbal. Nos hace un retrato de su niñez, marcando detalladamente sus dotes humanas y conocimientos militares. Algo de lo que aquí se dice se verá reflejado en el comportamiento a través de su trayectoria militar y bélica cuando consigue pasar Pirineos y Alpes. Tal era la psicología de este personaje que conocía a la perfección el comportamiento particular de las diferentes etnias que componen su ejército en Italia. Desconfiaba de todo y todos. Se cuenta que cada noche la pasaba en lugar distinto. Nunca estaba localizable por ese natural olfato del riesgo que suponía tener su propia tienda de campaña. Se deslocalizaba y ni sus adeptos sabían o conocían su situación. Incluso se vestía con ropas que no llamaran la atención: nadie lo distinguía con el habitual camuflaje en las situaciones cambiantes de cada noche y nunca dormía en el mismo sitio.

COMENTARIO

Livio 21.5. 1 a 17. Por lo demás, desde el momento en que fue aclamado general, fue como si Italia hubiese sido declarada campos de operaciones para él, y hubiese sido declarada la guerra contra Roma. pensando que se debía prolongar por más tiempo, no fuera que también a él, como a su padre Amílcar y después a Asdrúbal, alguna desgracia, al vacilar, lo eliminara, decretó atacar a los saguntinos. Pero, como era indudable que atacándolos se provocaba la intervención de los ejércitos romanos, llevó primero el ejército contra los territorios de los olcades, pueblo situado al otro lado del Ebro, y que más que estar sometidos a Cartago, figuraban entre sus amigos.De este modo podía parecer que no había querido atacar a los saguntinos, sino que había sido arrastrado a esta guerra a consecuencia de los acontecimientos derivados de la sumisión y conquista de los pueblos vecinos. Toma y saquea Cartala, su capital, ciudad opulenta, por lo cual, aterrorizadas las ciudades menores, se sometieron y aceptaron el tributo. El ejército, vencedor y enriquecido por el botín, es llevado a invernar a Cartago Nova. Allí se aseguró la adhesión de los ciudadanos y de los aliados, repartiendo con libertad el botín y pagando fielmente el estipendio pasado. Al comenzar la primavera, llevó la guerra contra los vacceos. Fueron tomadas a la fuerza Hermántica y Arbocala, ciudades vacceas. Arbocala se defendió largo tiempo gracias al valor y número de sus habitantes. Los fugitivos de Hermántica, uniéndose a los desterrados olcades, pueblo sometido el año anterior, ponen en pie de guerra a los carpetanos. Y, atacando a Aníbal, que regresaba del país de los vacceos, no lejos del río Tajo, entorpecieron la marcha del ejército cargado con su botín. Aníbal se abstuvo de luchar y, acampando a la orilla del río, tan pronto se hizo el silencio en el campo enemigo, atravesó el río por una vado y estableció su campamento lo suficientemente lejos para que el enemigo pudiese vadear el río, con el propósito de caer entonces sobre ellos. Da instrucciones a la caballería de que, cuando los vean entrados en el agua y por ella impedidos, los ataquen. Sitúa en la orilla a los cuarenta elefantes. Los carpetanos, con los refuerzos de los olcades y vacceos, eran cien mil. Su alineación era invencible si se combatía en campo abierto. Así, pues, feroces por naturaleza y confiados en el número de guerreros, porque pensaban que el enemigo retrocedería por miedo y, pensando en que la victoria estaba en que el río se encontraba entre los dos ejércitos, se lanzan al río con griterío sin que nadie lo mande por donde a cada uno le venía más cerca. Y desde la otra parte de la orilla una enorme fuerza de caballería se lanzó al río y se entabló combate en medio del mismo, con una lucha dispar, pues mientras la caballería atacante a duras penas se mantiene en el vado, incluso podía ser derribada por un jinete sin armas, enviado su caballo al azar, todo jinete a cuerpo libre y sin armas, firme en su caballo en medio de la corriente, podía hacer la guerra tanto cuerpo a cuerpo como de lejos. Una gran parte fue arrastrada por el río; otros, arrastrados por la corriente impetuosa, fueron pisados por los elefantes. Los últimos, para quienes fue más seguro el regreso a su orilla, habiéndose reagrupado por el miedo, antes de que recibieran ánimos, Aníbal, estando en el río en orden de combate cerrado, los expulsó de aquella orilla y, devastados los campos, a los pocos días, recibió también la sumisión de los carpetanos. Y ya todo el territorio del otro lado del Ebro, menos el saguntino, era de los cartagineses.

COMENTARIO

En estos episodios bélicos se desarrolla lo que Aníbal venía planeando para sus tácticas en el momento que se decidiera emprender los ataques contra Roma. Ni sólo en su estrategias a orillas de los ríos, que se los iba a encontrar en Italia, sino también en el plan bélico a seguir cuando se tenga que enfrentar a un enemigo desconocido. Pero lo más importante que tenía «in mente» el cartaginés era dejar atrás un pie seguro cuando se diera la circunstancia de echar mano de una ayuda extra desde Hispania: tener la espaldas cubiertas, pero que no darían su fruto esperado las circunstancias del desarrollo de sus tácticas en Italia. Sabemos que las pidió, pero que fracasaron.

Livio 21.6. 1 a 8. Aún no había estallado la guerra contra Sagunto, pero ya se creaban conflictos con los pueblos vecinos, causa futura de la guerra, sobre todo con los turdetanos. Como quiera que el mismo causante de la lucha ayudase a éstos y fuese evidente que no buscaba el derecho, sino un pretexto de lucha, los saguntinos enviaron legados a Roma a pedir auxilio para la guerra, que, sin duda alguna era inminente. Por entonces eran cónsules en Roma Publio Cornelio Escipión y Tito Sempronio Longo. Éstos, habiéndoles dado audiencia en el Senado para que informaran sobre la situación política y, pareciéndoles bien que se enviaran legados a Hispania para examinar la situación de sus aliados, quienes, si consideraban una causa justa, presentaran acusación contra Aníbal para que dejara en paz a los saguntinos, aliados del pueblo romano,, e hicieran volver a los cartagineses al África y presentaran las quejas de los aliados del pueblo romano, ordenada tal legación y aún no enviada, antes de lo que nadie se esperaba, llegó la noticia de que Sagunto era asaltada. Entonces se expuso de nuevo todo el asunto ante el Senado. Unos pensaban que la intervención de debía llevar a cabo por tierra y mar, proponiendo a Hispania y África como provincias para cónsules. Otros porponían que se dirigiera la guerra contra toda Hispania y contra Aníbal. Había quienes pensaban que el tema no se debía llevar a la ligera y que se debía esperar que regresaran los legados enviados a Hispania. Esta opinión, que parecía la más segura,ganó, y fueron enviados urgentemente como legados P. Valerio Flaco y Q. Bebio Tánfilo, a Sagunto ante Aníbal, y después a Cartago, si no desistía de la guerra, para pedir la cabeza del propio causante de la misma, como castigo por la alianza rota.

COMENTARIO

En la reflexión sobre este texto, se ve claramente que Aníbal ya no respetaba nada en absoluto lo pactado anteriormente con Roma. La «Fides Punica» se cumple como siempre. Se verá como ni siquiera van a prestar atención a los avisos del Senado romano, ni a nadie. El objetivo de Aníbal era acabar con Roma por todos los medios. Y la provocación se la ponían en bandeja. La venganza de Aníbal era incondicional: ni promesas ni pactos ni embajadas ni más protocolos: acabar con Roma.

Livio, 21,7,1-10. Mientras deliberan sobre estas cosas los romanos y planean sus proyectos, ya Sagunto era sitiada con gran violencia. Esta ciudad era, con mucho, las más opulenta de las situadas a la otra parte del Ebro, emplazada cerca de una milla del mar. Sus habitantes pasan por oriundos de Zacinto, mezclados con algunos rútulos de Ardea. Pero en breve tiempo habían alcanzado una gran opulencia, sea por su comercio de mar y tierra, sea por el aumento de población o por la fuerza de su disciplina, que les hizo guardar la fidelidad debida a los aliados hasta su ruina. Aníbal, entre tanto, en su territorio, con su terrible ejército devastó a su paso los campos y atracó por tres puntos la ciudad. Había una esquina de muralla que se extendía hacia un terreno más llano y abierto que todo el territorio del alrededor. Contra ella mandó instalar los manteletes para poder, por medio de ellos, situar los arietes junto a la muralla. Pero si este lugar, situado cerca de la muralla fue lo bastante adecuado para instalar los manteletes, no se tuvo la misma fortuna cuando se procedió a su instalación y utilización. Estaba encima de ellos una torre enorme, y la muralla, como correspondía a aquel punto más expuesto, se elevaba hasta una altura superior al resto del recinto. Por otra parte, lo más selecto de la juventud se situaba con tanto más vigor allí donde veía ser mayor el riesgo y el peligro. Al principio rechazaron al enemigo con sus dardos sin dejar un punto seguro para sus trabajos. Después no sólo no tenían ya ánimo para luchar con sus dardos desde los muros y desde las torres, sino para caer sobre los destacamentos de los enemigos. En estos repentinos combates caían tantos saguntinos como cartagineses. Y una vez que el mismo Aníbal, que se acercó demasiado descubierto a la muralla, cayó gravemente herido por un dardo que le atravesó la pierna, fue tan grande el espanto y confusión a su alrededor que no faltó mucho para que abandonasen las obras y manteletes.

COMENTARIO

Comienza la vacilación de Roma, manifiestamente demostrada con no tomar una decisión contundente contra los cartagineses que, incluso sabiendo que sus aliados había empezado a ser atacados en su ciudad por el enemigo, que dudaron si mandaban o no una ayuda inmediata para defenderlos. Aníbal, lleno de espíritu agresivo y altanero, atacó la ciudad sin tomar las debidas precauciones despreciando la capacidad de defensa que podía tener su enemigo, y estuvo a punto de tener que abandonar el asedio de Sagunto. Pero persistió en su plan. Ello indica que la madurez en las tácticas militares aún no había pasado por pruebas como ésta, y así irá consiguiendo experiencia sobre todo cuando pase los Pirineos y Alpes, donde sufrirá los ataques de sus gentes, desacostumbrados a ver cómo invaden su territorio los extranjeros. Y lo sufrirá Aníbal.

Livio, 21.8.1 a 12. Durante algunos días, mientras la herida de Aníbal era curada, el sitio se redujo a un bloqueo. Pero durante ese tiempo, aunque las escaramuzas cesaron, no se interrumpió por ello el trabajo de asedio y bloqueo. Y de esta forma se renovó la lucha con mucho más vigor y por diferentes, puntos, a pesar de que había pocos lugares aptos para ello, se empezaron a instalar máquinas y mover arietes. El ejército cartaginés era muy numeroso, calculándose sus efectivos en unos ciento cincuenta mil hombre. Los sitiados, no bastándose para defenderse y vigilarlo todo, se vieron obligados a dispersarse. Y de esta forma los arietes comenzaban ya a golpear los muros, bastantes partes se estaban agrietando ya quebrantadas, pues, por un lado una larga brecha había dejado al descubierto la ciudad; por otro, tres torres y todo el lienzo de muralla intermedio se había derrumbado con gran estrépito. A causa de esta brecha, los cartagineses se creyeron ya dueños de la ciudad; pues, a través de ella, como si un muro protegiese a unos y a otros, los dos bandos se lanzaron a la lucha. No era en nada similar a aquellos combates imprevistos que en los asedios, por una ocasión súbita, se traban, sino que los ejércitos en formación, como en campo abierto, se enfrentaban por las ruinas de la muralla y a poca distancia de las casas. Por un lado la esperanza, por otro la desesperación, encienden los ánimos. Los cartagineses, ya la plaza presa con un pequeño esfuerzo más. Los saguntinos oponían sus cuerpos en defensa de la ciudad desmantelada, sin retroceder un paso para que el enemigo no ocupara el terreno abandonado. Y así, cuanto más encarnizada y apretadamente por ambos lados se luchaba, más numerosos eran los heridos, y ningún dardo caía en vano entre cuerpos y armaduras. Usaban los saguntinos una arma arrojadiza llamada falárica, cuya hasta era de abeto y redonda en toda su extensión, excepto en el extremo en donde se colocaba el hierro. Éste, cuadrado como en el pilvum estaba rodeado de una estopa bañada en pez. El hierro era largo como de tres pies para poder traspasar la armadura y el cuerpo. Pero, aun en el caso de quedar clavado en el escudo y no penetrar en el cuerpo, llenaba de terror, pues, como se lanzaba encendido y su carrera avivaba su llama, obligaba al soldado a despojarse de sus armas y exponerse indefenso a los golpes siguientes.

Livio, 21.9.1 a 4. Como quiera que el combate se mantuviese dudoso durante algún tiempo, y los saguntinos acrecentaran sus ánimos, ya que estaban luchando contra toda esperanza, el Cartaginés, no habiendo aún vencido, se daba por vencedor. Los defensores de la ciudad levantan de repente un clamor y rechazan contra las ruinas del muro al enemigo. Posteriormente, tras obstaculizarlos y perturbarlos y ponerlos en fuga dispersamente, regresan a su campamento. Mientras tanto en Roma se anunció el regreso de los legados. Aníbal envió emisarios a la playa para decirles que no debían avanzar inseguros entre tanta y tan desenfrenada fuerza de armas enemigas; y que Aníbal no podía perder el tiempo en recibir legaciones en medio de una situación tan crítica. Estaba claro que no querían que se les recibiera en Cartago. Envía, pues (Aníbal) una carta con unos mensajeros a los notables del partido bárquida para que predispongan los ánimos a los suyos a fin de que el otro bando político no favoreciera en nada al pueblo romano.

COMENTARIO

Aníbal pretende distraer la atención de senado movilizando sus seguidores y decide desviar la atención para dejar inutilizada la reclamación que los romanos pretenden llevar hasta Cartago.

Livio, 21.10.1 a 13. Así, pues, una vez que fueron recibidos y escuchados, aquella legación resultó totalmente inútil. Sólo Hannón llevó ante el Senado la defensa del pacto, con profundo silencio, por la fuerza de su autoridad, sin contar con el asentimiento de los oyentes en el Senado, poniendo por testigos ante el mismo, con juramento, a los dioses, jueces y testigos de las alianzas, con el fin de evitar que los romanos entraran en guerra a favor de los saguntinos. Él advertía poniendo sobre aviso que no se enviara al hijo de Amílcar al frente del ejército; ni los manes ni la descendencia de aquel descansarían, ni jamás los pactos con los romanos se mantendrían firmes mientras quedara vivo algún elemento de la familia bárquida. Enviasteis al frente del ejército, como proporcionando leña al fuego, a un joven ardiente de ansia de poder, y que no se ve más que un camino para su plan: si continúa con sus armas y ejército, suscitando una guerra tras otra. Habéis alimentado el fuego en el que ahora vosotros ardéis. Vuestros ejércitos asedian a Sagunto, donde se están rompiendo los pactos. Inmediatamente después las legiones romanas asediarán Cartago con la ayuda de los mismos dioses por los que en la guerra anterior vengaron los pactos rotos». caso desconocéis al enemigo, o a vosotros, o a la suerte de uno y otro pueblo? Vuestro buen general no recibió en su campamento a los legados que venían de parte de sus aliados y en defensa de los mismos, y violó el derecho de hospitalidad. Éstos, sin embargo, cosa que no suele ocurrir ni con los enemigos, después de ser rechazados, se dirigen a vosotros. Exigen el derecho que les confieren los pactos. Para que no haya un perjuicio general, reclaman al autor del delito y culpable del crimen. Cuanto más ligeramente actúan y comienzan a moverse, tanto más temo que se endurezcan cuando con tenacidad comienzan a actuar. Recordad los hechos de las islas Egates y del Monte Eryx, que por tierra y por mar durante veinticuatro años dominasteis». «Y no era este joven el general, sino su padre Amílcar, otro Marte, como quieren éstos. Pero en Tarento, es decir, en Italia, no habíamos roto los pactos como ahora en Sagunto se ha hecho». «Vencieron, pues, los hombres y los dioses y, tema que se traía en cuestión: qué pueblo había roto los pactos, el resultado de la guerra, como justo juez dio la victoria a aquel que tenía razón». «Ahora Aníbal dirige sus manteletes contra Cartago e intenta romper las murallas de la ciudad con el ariete. Las ruinas de Sangunto- ¡ Ojalá el azar se hubiera equivocado¡ -caerán sobre nuestras cabezas y una vez aceptada la guerra con los saguntinos, tendremos también que asumirla contra los romanos, y ahora siente un odio profundo contra este joven, que es una antorcha viva de guerra». «pero no se puede entregar sólo como expiación de la ruptura de la alianza, sino que, si alguien lo exige, debe ser desterrado a los últimos confines de las tierras y ser relegado a unos lugares de donde ni siquiera nos pueda llegar la existencia de su nombre y fama, ni pueda soliviantar la quietud de una ciudad pacífica». «Pienso que debe enviarse una embajada rápidamente a Roma para que den una satisfacción al Senado; otra embajada que comunique a Aníbal la retirada inmediata de las tropas del sitio de Sagunto y que entreguen al propio Aníbal a los romanos, según los pactos; y una tercera embajada para que se devuelvan sus posesiones a los saguntinos».

COMENTARIO

Si los romanos tenían conocimiento de lo ocurrido ya en Hispania, cuando la embajada saguntina llegó a Roma para pedir ayuda ante los cartagineses, ¿a qué viene esta petición a Cartago? La hipocresía romana queda en evidencia. Sabían que cuando la embajada de Sagunto se presentó ante el Senado, la ciudad de Sagunto estaba ya siendo destruida. Sabían y conocían que los cartagineses jamás se retractarían de su fechorías porque habían sido estrepitosamente derrotados y multados en Sicilia. Era odio profundo lo que sentían hacia todo lo romano. Y tienen la hipocresía de presentarse ante el Senado cartaginés para pedir que se cumpla lo pactado, cuando conocían la actitud cartaginesa ante los juramentos, promesas, pactos y demás juramentos, incluso ante los dioses: ¡ Nunca cumplirían pacto alguno ni aún siquiera mediando las promesas ante los dioses ! La ya citada fides punica no tenía límites en los escrúpulos.

Livio, 21.11.1 a 13. Cuando Hannón terminó de hablar, no fue necesario que nadie le contestase: tan dueño era Aníbal de casi todo el Senado: se acusaba a Hannón de haber hablado con mayor malevolencia que Valerio Flaco, legado romano. En consecuencia se contestó a los romanos que la guerra la habían comenzado los saguntinos, no Aníbal. Y que el pueblo romano obraría muy injustamente si anteponía los saguntinos a la antigua amistad de los cartagineses». «Mientras los romanos consumen el tiempo enviando legaciones, Aníbal, viendo que los combates y trabajos habían agotado a sus soldados, les concede un descanso de varios días, después de establecer puestos de guardia en los manteletes y obras. Entre tanto les enciende los ánimos ya con odio hacia el enemigo, ya con la esperanza de la recompensa. Pero cuando anunció ante la asamblea de todas las tropas que el botín de la ciudad sería para los soldados, hasta tal punto se les encendió su ánimo que, si se les hubiese dado en aquel instante la señal de ataque, no hubiese habido fuerza alguna que hubiese podido resistir. Los saguntinos, si bien descansaron de la lucha por algunos días, no siendo atacados ni atacando ellos, no por esto dejaron de trabajar ni de día ni de noche, hasta levantar nueva muralla, parte que, al derrumbarse, dejara a descubierto la ciudad. Pasada esta tregua, comenzaron los ataques más encarnizados que nunca; entre los diversos clamores que por todas partes se oían, los sitiados no sabían a qué parte debían acudir primero o preferentemente. El mismo Aníbal iba delante para exhortar a los combatientes por donde avanzaba una torre móvil que, en altura, vencía la de todas las fortificaciones. Y cuando ésta, situada a una distancia conveniente, barrió con catapultas y ballestas, situadas en todos los vallados, a los defensores de las murallas, entonces Aníbal, creyendo llegado el momento, lanzó a quinientos africanos a socavar con picos el pie de la muralla. No era difícil este trabajo, ya que el cemento no estaba endurecido con cal, sino que las piedras estaban unidas con barro, según la costumbre antigua. De este modo era derrumbado un espacio de muro más extenso que el que era socavado, y por las brechas los grupos de sitiadores entraban en la ciudad. Se apoderan de un lugar elevado y, trasladando allí ballestas y catapultas, lo rodean de un muro para tener así un castillo de la misma ciudad, a modo de ciudadela, dominándola toda. Los saguntinos, por su parte, construyen una muralla interior en la parte de la ciudad aún no perdida. De uno y otro lado trabajan y luchan con la mayor energía; pero, en su defensa, los saguntinos más reducida la ciudad. Al mismo tiempo va aumentado, a causa del largo asedio, la falta de todas las cosas, y disminuye la esperanza de un auxilio exterior, estando tan lejos los romanos, su única esperanza, y en poder del enemigo todas las regiones circundantes. Sin embargo, levantó un poco los abatidos ánimos la repentina partida de Aníbal contra los oretanos y carpetanos; estos dos pueblos, consternados por la dureza de las levas, apresaron a los reclutadores y amenazaron con sublevarse; pero, vencidos por la rapidez de Aníbal, dejaron las armas que habían tomado.

COMENTARIO

Aquí se nos describe la situación desesperada de la ciudad de Sagunto y de los esfuerzos titánicos de sus habitantes para hacer frente al encarnizado y pertinaz ataque a los saguntinos que, por auténtica desidia romana, se permite que sean destruidos para aumentar sus motivos de contraataque a los pérfidos cartagineses.

Livio, 21.12.1 a 8. No continuó con menos lentitud el sitio de Sagunto bajo la dirección de Maharbal, hijo de Himilcón, a quien Aníbal había transmitido el mando. Con tanta actividad lo condujo que ni los sitiados ni los sitiadores sintieron la ausencia del general. Sostuvo algunos combates favorables y arruinó con tres arietes una cierta extensión de muro y pudo mostrar a Aníbal, a su llegada, todo el suelo sembrado de recientes ruinas. Inmediatamente condujo éste el ejército hasta la misma ciudadela; una sangrienta batalla con gran matanza por ambas partes, se entabló; y una parte de la misma ciudadela fue tomada. Entonces dos hombres intentaron poner en práctica las exiguas esperanzas de paz: el saguntino Alcón y el hispano Alorco. Alcón, sin saberlo los saguntinos, confiando en alcanzar algo con sus ruegos, pasó de noche al campamento de Aníbal. cuando vio que las lágrimas nada podían y que se le proponían durísimas condiciones, como impuestas por un vencedor airado, de mediador se cambió en tránsfuga, y se quedó al lado del enemigo, diciendo que moriría quien bajo tales condiciones intentara proponer la paz. Se les pedía que devolviesen los suyos a los turdetanos, y que después de entregar todo el oro y la plata, saliesen de la ciudad con solo sus vestidos y se trasladasen a donde el vencedor les indicara. Asegurando Alcón que los saguntinos no aceptarían estas condiciones de paz, Alorco dijo que cuando todo era vencido, los ánimos también lo eran; y se ofreció como mediador de paz; era él, entonces, soldado de Aníbal, pero era públicamente amigo y huésped de los saguntinos. Después de entregar sus armas a los centinelas enemigos, atravesó las fortificaciones y fue conducido, como él mismo pedía, ante el pretor de Sagunto. Como quiera que se hubiese agolpado una gran multitud, ésta fue apartada y el Senado concedió audiencia a Alorco, quien habló de esta manera: «Si vuestro conciudadano Alcón, tal como vino a pedir la paz ante Aníbal, os hubiera traído una buenas condiciones del mismo, yo no hubiera hecho este camino, no viniendo ni como emisario ni como desertor; sino que, ya que él se ha pasado al enemigo por su culpa y por la vuestra -por la suya si tuvo miedo; por la vuestra, si existe un peligro para los que dicen la verdad-, yo, para que no ignoréis que tenéis algunas condiciones de salvación y de paz, en defensa de la antigua hospitalidad que tengo con vosotros, he venido a hablaros». «En defensa vuestra y no de ningún otro yo expresaba lo que ahora digo ante vosotros, es decir: es cierto que jamás hice mención de paz con vosotros mientras permanecisteis con las armas y mientras habéis esperado ayuda de los romanos». Después de que no tenéis ninguna esperanza en los romanos ni tampoco os sirven de mucho vuestras armas y vuestras murallas, os traigo una paz más necesaria que justa». «Si hay alguna esperanza de paz, si tenéis intención de alcanzarla, es preciso que la aceptéis como vencidos, tal como pretende Aníbal como vencedor, si no estáis dispuestos a aceptar lo que se pierde como castigo, puesto que todo es del vencedor, sino que aceptaréis cualquier cosa que quede como regalo». Se apodera de la ciudad, en su casi totalidad destruida, habiéndola tomado casi toda. Os deja los campos; está dispuesta a dejaros un lugar donde podáis construir una ciudad. Ordena que le entreguéis todo el oro y plata públicos; protegerá las vidas de vuestras esposas e hijos si salís de Sagunto sin armas y con sólo dos vestidos. Esto es lo que el enemigo vencedor ordena, Estas cosas, aunque duras y amargas, son las que la situación os aconseja. ciertamente yo tengo la esperanza de que os devolverá algunas cosas cuando haya conseguido el dominio sobre todo. Pero yo pienso que conviene que soportéis esto antes de que vuestros cuerpos sean destrozados y que permitáis que vuestras esposas e hijos sean arrebatados y arrastrados ante vuestros propios ojos, por derecho de guerra.

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En este pasaje se exponen las situaciones de los vencidos saguntinos. La fides punica acabará imponiéndose de nuevo. La mente perversa de Aníbal acabará destruyendo al pueblo saguntino. Hace promesas que no cumplirá, como se verá más adelante. La ciudad arrasada y sus habitantes de la misma forma y sin piedad. Quizá esto guarde alguna relación que los repetidos comentarios de algún senador que, tiempos después, no dejará de pronunciar la expresión «Carthago delenda est», y no sólo eso sino también arada y sembrada de sal. Alguna razón tendría para hacer estas peticiones. Muy conocida es la actitud cartaginesa frente a los pactos y acuerdos: jamás los cumplirán.

Livio, 21.14.1 a 4. Como quiera que, poco a poco, la asamblea del pueblo se introdujera entre el Senado rodeado por una multitud difusa, de repente, los senadores de más autoridad se retiran antes de que le diesen una respuesta y, llevando a la plaza todo el oro y la plata tanto público como privado, lo echan en una hoguera rápidamente encendida, y la mayoría de ellos mismos se lanza en medio de las llamas». «Cuando toda la ciudad se encontraba aterrorizada por este espectáculo, se oye un nuevo tumulto por el lado de la ciudadela. Efectivamente, una torre castigada durante mucho tiempo se había derrumbado; y a través de sus ruinas apareció una cohorte de cartagineses atacando y haciendo señal a su general de que la ciudad se encontraba desguarnecida de centinelas y defensores habituales. No creyendo Aníbal que fuese momento de dudas, atacando con todas sus fuerzas, tomó rápidamente la ciudad y dio órdenes de pasar a cuchillo a todos los jóvenes en edad de combatir. Orden cruel, pero que los acontecimientos justificaron». «Pues ¿quién podía ser perdonado de unos hombre que, o encerrados con sus mujeres e hijos se quemaban con sus propias casas, o con las armas en la mano no ponían otro fin a la lucha que la muerte»?

COMENTARIO

Ante la desesperación, la ciudad de Sagunto elige morir quemándolo todo antes que caer en manos de un sanguinario ejército cartaginés y su jefe Aníbal. Y Roma conocía que Sagunto había caído en manos del cartaginés. Hipocresía romana. La ciudad se suicida ante el orgullo de Cartago. Deslealtad tras deslealtad. Pero los saguntinos no permitieron que sus despojos se convirtieran en botín de guerra: lo destruyen todo, hasta su familia. Aníbal sólo consigue un pequeño despojo que enviará a Cartago para justificar su éxito. El sentimiento bélico de Aníbal sobrepasa lo increíble dentro de la maldad: Aníbal era malvado por naturaleza, vengativo, y su odio hacia todo lo romano no tenía límites. Al final, todo este sentimiento se volverá contra él: se conocían muy bien sus valores militares y estratégicos, pero su sentido humanitario dejaba mucho que desear. En el extranjero conocían al detalle los episodios bélicos de Aníbal. Prueba de ello son las actitudes de los personajes que lo reciben al final de su carrera militar. El orgullo de lo que fue acabó con él, como si fuera un cobarde. Se sintió humillado por los que presumiblemente eran amigos suyos y acabaron dejándolo en el abandono más ruinoso.

Livio, 21.15.1 a 3. La ciudad fue tomada con un gran botín, aunque la mayor parte de la riqueza había sido destruida por sus propios dueños y, en la matanza no distinguió edades la ira, y los prisioneros fueron propiedad de los soldados, sin embargo, consta que el producto de lo que se vendió alcanzó una suma considerable, y que se enviaron a Cartago muchos vasos y trajes de valor». Algunos autores sostienen que se tomó Sagunto a los ocho meses de asedio; que de allí marchó Aníbal a invernar a Cartago Nova, y que a los cinco meses de salir de Cartago, Nova llegó a Italia.

Livio, 21.17.1.Ya de tiempo atrás, las provincias fueron asignada a los cónsules. Entonces se ordenó que se sorteara. Hispania correspondió a Cornelio; África y Sicilia, a Sempronio. A Cornelio se le asignó menos tropa porque el pretor Lucio Manlio y él mismo, con una fuerte guarnición, eran enviados a la Galia. El número de naves se redujo para Cornelio: le dieron sesenta quinquerremes -pués no se pensaba que emprendería la guerra por mar, o se había de desarrollar el combate por vía marítima por parte del enemigo- y recibió dos legiones romanas con su correspondiente caballería y catorce mil infantes aliados y mil seiscientos jinetes.

Livio, 21.18.1 a 14. Preparadas así todas las tropas y para que todo se realizase de acuerdo con la legalidad necesaria, envían a África a los legados, de edad mayor, Quinto Fabio, Marco Livio, Lucio Emilio, Gayo Licinio y Quinto Bebio, para saber e informarse si Anibal había asaltado Sagunto con consentimiento popular. Y si confirmaban y defendían que lo que parecía haber hecho se había llevado a cabo con consentimiento popular, que se declarara la guerra al pueblo púnico. Cuando los romanos llegaron a Cartago y se les dio audiencia por parte del Senado, tras haber preguntado Quinto Fabio sólo la cuestión que se había ordenado, entonces un cartaginés dijo: «Tanto esta legación como la anterior son capciosas al preguntar si Aníbal había tomado Sagunto por decisión propia. No obstante, esta embajada es bastante más moderada en palabras, pero más dura de hecho». Entonces Aníbal fue acusado y reclamado; y ahora nosotros expresamos la confesión de su culpa y de inmediato nos piden responsabilidades como de un confeso». «Yo no considero que se haya de investigar si Sagunto ha sido asaltada con consentimiento particular o público, sino si se ha realizado justa o injustamente». «Vuestra investigación y acusación va dirigida contra un conciudadano nuestro, es decir, si actuó bajo nuestra responsabilidad o por propia iniciativa. Sólo os trae un motivo de controversia con nosotros: si tal cosa se había llevado a cabo de acuerdo con los pactos». «En resumen, puesto que se está de acuerdo en aclarar si los generales actuaron bajo consentimiento popular, o por propia iniciativa, existe un tratado redactado por el cónsul Gayo Lutacio y firmado por vosotros y nosotros en el que se tomaron precauciones sobre los aliados de uno y otro lado, pero nada sobre los saguntinos, ya que no eran aliados entonces». «pero en el pacto que se firmó con Asdrúbal, los saguntinos fueron excluidos. Contra esto yo no tengo nada que decir, sino lo que he sabido de vosotros». «Vosotros os negasteis a aceptar el tratado que el cónsul Gayo Lutacio primeramente hizo no nosotros, porque no se había realizado ni de acuerdo con la voluntad de los senadores, ni por decisión del pueblo; así, pues, hubo necesidad de realizar un pacto de nuevo bajo la aprobación general». «Si a vosotros no os obligan vuestros acuerdos, salvo si han sido acordados bajo vuestra voluntad o acuerdo, mucho menos aún os pudo obligar el pacto con Asdrúbal que nosotros no conocerlo o firmamos». «En consecuencia, olvidaos de hacer mención de Sagunto o del Ebro, y que alguna vez salga a la luz lo que vuestro ánimo gestó». «Entonces el romano, habiendo hecho un pliegue con la toga, dijo: «Aquí os traemos la paz y la guerra: aceptad lo que os plazca». Después de haber pronunciado estas palabras, se le respondió con un griterío terrible, dando a entender qué era lo que se deseaba». «Y habiendo éste hablado de nuevo, tras mostrar el pliegue vuelto, que significaba la guerra, todos respondieron que la aceptaban y que la recibían con los mismos ánimos con que la emprenderían».

COMENTARIO

Los legados enviados por el Senado romano, presentan sus argumentos y peticiones ante el Senado cartaginés. No había intención alguna por parte de los cartagineses de reconocer que habían roto los pactos firmados con Roma. De forma escueta y clara, los embajadores de Roma le ofrecen a los cartagineses elegir entre la paz y la guerra. Dado que la paz tenía unas consecuencias muy duras para los cartagineses, como la entrega de los culpables de la violación de pactos, no tuvieron otra opción que elegir la que Roma se esperaba: la guerra.

Livio. 21. 6-11. Esta respuesta inmediata y declaración de guerra fue valorada más conforme a la dignidad del pueblo romano que por controversia verbal, de acuerdo con el derecho de pactos, tanto antes, como, sobre todo, después de haber sido destruida Sagunto. Mas, si la cuestión fuera discrepancia de términos tan sólo, en qué se debía haber comparado el tratado de Asdrúbal con el anterior de Lutacio. que fue modificado, cuando inteligentemente se había añadido en el tratado de Lutacio que se ratificaría siempre y cuando el pueblo diera su opinión; en el tratado de Asdrúbal no se había tocado nada de esto y en un silencio de tantos años de tal forma se pudo comprobar la integridad del tratado mientras vivió que ni aún siquiera después de muerto su autor se cambiara nada. Por lo demás, aunque se permaneciera en el anterior tratado, los saguntinos estaban bien salvaguardados, porque los aliados de unos y otros estaban exceptuados. Pues no se había añadido: para aquellos que entonces lo fuesen, ni «los que después se adoptaran». Y cuando les pareciera bien concertar nuevos aliados, ¿quién podría juzgar justo o que alguien sin méritos fuese recibido en amistad, o una vez así aceptados como leales no fuesen defendidos cuando los aliados de los cartagineses incitaran a la deserción o los disidentes voluntariamente se retiraran». Los legados romanos desde Cartago pasaron a Hispania, tal como les había sido ordenado, para visitar los pueblos y apartarlos de los cartagineses. Se dirigieron primero a los burgusios, por los que fueron recibidos benignamente, cansados como estaban del yugo cartaginés. Lo mismo intentaron con otros pueblos del otro lado del Ebro en su deseo de probar fortuna. Allí se dirigieron a los volcianos, y de ellos recibieron una respuesta célebre en Hispania, que apartó a los restantes pueblos de la alianza romana. Así, pues, les contestó en el consejo el mayor edad de ellos: «¿Cómo no os avergonzáis, romanos, de pedirnos que antepongamos nuestra amistad a la de los cartagineses, cuando lo que éstos hicieron recibieron de vosotros una traición mucho más cruel que la venganza de los cartagineses? «Idos a buscar aliados en donde se ignore la desgracia de Sagunto. Para los pueblos de Hispania las ruinas de Sagunto serán una lección tan triste como valiosa, para que nadie confíe en la fe ni en la amistad de los romanos». Después de esto se les intimidó para que saliesen del punto del territorio de los volcianos. Y desde entonces no volvieron a oír palabras gratas en ninguna asamblea de pueblo hispano. De esta forma, tras recorrer en vano Hispania, pasaron a la Galia……

COMENTARIO

Los legados romanos se retiran de Cartago, pasan a Hispania y tienen que marcharse a la Galia: Intentaron convencer a los nativos hispanos de que les interesaba la alianza con ellos, pero aquellos le respondieron con las palabras que merecían: habían abandonado a los saguntinos a su suerte ante un enemigo feroz como Aníbal. No merecían ningún apoyo. Los despreciaron hasta hacerlos marchar. Opinión y actitud que se extendió por toda Hispania. Aquí el reproche a la actitud romana esta muy clara: Roma había dejado a su suerte a los saguntinos, mal ejemplo que ahora pidan que el resto de Hispania los acepte.

Livio. 21.21.1 a 13. Aníbal, una vez tomada Sagunto, se retiró a Cartago Nova para invernar. Allí supo lo que se había dicho y hecho tanto en Roma como en Cartago: que él no sólo había dirigido la guerra sino que también había sido el causante. Repartíó y vendió lo que quedó del botín, y sin perder tiempo convoca a sus soldados españoles y les dice: «Creo, amigos, que vosotros mismos os dais cuenta de que, una vez pacificados los pueblos de Hispania, o bien debemos dar por terminadas nuestras campañas y licenciar los ejércitos, o traspasar la guerra a otras regiones;» de este modo, si partimos a buscar en otras naciones gloria y riquezas, los pueblos de este país se enriquecerían no sólo por la paz sino también por los frutos de la victoria». «Así, pues, como se presenta una campaña lejos de aquí, y no se sabe cuando volveréis a ver vuestras casas que os son queridas, doy permiso por si alguno quiere visitar a los suyos». «Pero quiero que estéis de regreso a comienzo de la primavera, para empezar, con la ayuda de los dioses, una guerra que ha de sernos de gran gloria y provecho». A todos fue grato este permiso espontáneo de visitar a sus familias, pues sentían ya la añoranza de los suyos, y preveían que habían de pasar aún mucho más tiempo sin verlos. El descanso a través de todo el invierno reanimó los ánimos, ya exhaustos y a punto de agotarse para soportar de nuevo toda clase de fatigas. Todos volvieron al comienzo de la primavera, según lo ordenado. Aníbal, después de revisar las tropas auxiliares de todas las naciones hispanas, marchó a Gades para cumplir los votos que había hecho a Hércules, y se comprometió con nuevas promesas si le era próspero el futuro. A continuación, dividiendo sus fuerzas entre ataque y defensa, para que durante su marcha a Italia, a través de Hispania y de la Galia, no quedase indefensa África, descubierta por el lado de Sicilia, decidió asegurarla con una fuerte guarnición». «Por otra parte, pidió de África un refuerzo de tropas ligeras, en especial lanceros, de forma que, sirviendo los africanos en Hispania y los hispanos en África, lejos de su país, fuesen todos mejores soldados y estuviesen atados por intereses mutuos. Envió a África trece mil ochocientos cincuenta infantes armados de cetra, con ochocientos setenta honderos baleares y mil doscientos jinetes de distintas tribus. Dispuso que estas tropas se quedasen, en parte para defensa de Cartago, y otras distribuidas por África. Al mismo tiempo, sus reclutadores, enviados a las ciudades, alistan cuatro mil jóvenes selectos, a los que manda conducir a Cartago en calidad, a su vez, de rehenes y defensores.

COMENTARIO

Aníbal comienza la preparación de sus fuerzas para marchar sobre Italia. Descansa a sus soldados y programa la estrategia para no dejar desprotegida ni Hispania ni Cartago. No se fía de su tropa y la sitúa de forma que los africanos defiendan Hispania y los hispanos África. Aquí nos muestra su actitud ante el ejército mercenario: es una tropa formada con distintas etnias, caracteres, formas de vivir, de pensar, y por ello no se fía de su actitud ni en Hispania ni en África, y por ello, los separa: su desconfianza es bien clara, pero normal según sus cálculos: su ejército no tiene patria, es mercenario y éste sólo piensa en lo crematístico de su contrato bélico.

Livio. 21.22.1 a 5. Pensando que no se podía descuidad Hispania, tanto menos cuanto estaba informado de que se encontraba inundada de embajadas romanas con la intención se soliviantar los ánimos de los reyezuelos, encarga a su hermano Asdrúbal aquella provincia y la guarnece con tropas africanas principalmente, con once mil setecientos cincuenta infantes, trescientos ligures y quinientos baleáricos. A estas tropas auxiliares de infantería se le sumaron cuatrocientos cincuenta jinetes libio-fenicios, raza púnica mezclada con africanos, númidas y moros habitantes del Océano alrededor de mil quinientos, y una pequeña tropa de ilergetes de Hispania, trescientos jinetes y, para que no fuera a faltar a los de tierra ninguna clase de ayuda, veintiún elefantes. Les fue entregada una escuadra para proteger las costas, porque, en el Mediterráneo en que habían vencido los romanos. se había podido creer que los romanos emprenderían la guerra, formada por cincuenta quinquerremes, dos cuadrirremes y cinco trirremes; pero, preparadas y equipadas de remos, había treinta y dos quinquerremes y cinco trirremes. Desde Gades, llevó los ejércitos a los campamentos de invierno de Cartago Nova; y, desde allí, marchando a través de la ciudad de Gaussa, se dirigió hacia el Ebro por la costa.

COMENTARIO

Aníbal hace los preparativos para emprender y llevar a cabo su proyecto de invadir el territorio italiano. Se prepara con cuerpos de ejércitos perfectamente equipados, no sólo para combatir por tierra, sino por mar. Pero a Italia sólo llevará ejército de tierra. Las escuadras quedan en la Península Ibérica y zona de dominio cartaginés.

Livio. 21.32.3. Sin embargo, para que Hispania no se quedara sin tropas auxiliares romanas, provincia que le había tocado en suerte, envió a Gneo Escipión, su hermano, con la mayor parte de las tropas contra Asdrúbal. No sólo para proteger a los antiguos aliados y ganarse a otros nuevos, sino incluso para expulsar a Asdrúbal de Hispania.

Aquí se inicia la SEGUNDA GUERRA PÚNICA, según T. Livio.

Livio. 21.60.1 a 9. «Mientras estas cosas tienen lugar en Italia, Gneo Cornelio Escipión, tras haber sido enviado a Hispania con una armada y su ejército,»marchando desde la desembocadura del Ródano y atravesando los Montes Pirineos, llevaba la armada a Emporion; «tras desembarcar allí su ejército, somete a su dominio toda la costa desde los layetanos hasta el río Ebro, en parte para renovar las alianzas y en parte para hacer nuevas. Desde aquí, ganada la fama de clementes, se extendió no sólo a la pueblos de la costa sino también entre las etnias mediterráneas y montañeras; pero no sólo formaron la paz entre ellos, sino también hicieron pactos de armas, e incluso reclutaron algunas cohortes entre ellos. La provincia de la parte de acá del Ebro estaba en poder de Hannón. Aníbal lo había dejado para la defensa de aquella región. Así, pues, antes de que se perdiera todo, considerando que se debía ir avanzando, puesto el campamento a la vista de los enemigos,, se dirigió al frente de combate. El romano pensaba que no se debía posponer el combate, porque sabía que se iba a combatir con Asdrúbal y Hannón, y prefería pelear con cada uno por separado antes que contra los dos a la vez. Aquel combate no fue de gran fuerza. Murieron seis mil enemigos; fueron capturados dos mil con la guarnición del campamento. Pues éste fue tomado al asalto y el propio general con algunos reyezuelos fueron hechos prisioneros, y, Cissis, fortificación próxima al campamento, fue asaltada. Por lo demás, el botín de la ciudad fue bastante pequeño: trajes bárbaros y esclavos débiles. Este campamento enriqueció a los soldados, no sólo a costa del ejército que había sido vencido, sino a costa del que combatía en Italia con Aníbal, porque había dejado todas las cosas de valor en la parte de acá de los Pirineos, para que no fueran para que no fueran un obstáculo en su marcha hacia Italia.

COMENTARIO

Ya se inicia la lucha entre cartagineses y romanos; Asbrúbal va a ser un objetivo fácil de eliminar, al igual que sus generales colaboradores. Los romanos inician con éxito sus luchas en Hispania. Aquí Roma fracasó y aquí Roma empezó la recuperación del dominio de la guerra. Aníbal triunfa en Italia, pero en Hispania se ve como un gigante con pies de barro: todo intento de ayuda va a fracasar; los Alpes y sus gentes van a ser el obstáculo que haga pensar que Aníbal no disponía de medios de retaguardia seguros. Ni desde Hispania, ni desde Cartago esperaba ya apoyo firme y seguro.

Livio. 21.61.1 a 11. Ya se inicia la lucha entre cartagineses y romanos, Asbrúbal va a ser un objetivo fácil de eliminar, al igual que sus generales colaboradores. Los romanos inician con éxito sus luchas en Hispania. Antes de que se diera noticia cierta de este combate, Asdrúbal, tras haber pasado el Ebro con ocho mil infantes, mil jinetes, como si a su primera llegada tuviera que enfrentarse a los romanos, después de que enteró de las pérdidas de Cissis y del campamento, se dirigió hacia la costa. No lejos de Tarragona, de una mayor huida, arrastra hacia la naves a los soldados de la armada y marineros aliados que andaban errantes y dispersos por los campos, lo que ocurre cuando los triunfos provocan el descuido, con los jinetes sueltos por todas partes y gran matanza de ellos. Para que no se acostumbraran demasiado a aquel lugar, tratando de evitar que Escipión los diezmara, se refugió al otro lado del Ebro. Pero Escipión, reunido precipitadamente el ejército ante el rumor de nuevos enemigos, habiendo advertido a unos cuantos prefectos de la armada, dejada una pequeña guarnición en Tarragona, se dirige con su armada hacia Emporion». Apenas se marchó Escipión, hizo su aparición Asdrúbal y forzando una defección al pueblo de los ilergetes, que había entregado rehenes a Escipión, destroza los propios campos de ellos con la juventud de los aliados fieles a los romanos. Saliendo rápidamente Escipión del campamento de invierno, abandona el campo de la parte de acá del Ebro (Asdrúbal). Escipión, tras haber invadido con su hostil ejército el pueblo de los ilergetes, abandonado por el autor de la defección, asedia la ciudad de Tanagro, que era la capital de aquel pueblo y, en pocos días, exigidos muchos más rehenes que antes, aceptó la sumisión incondicionada de los ilergetes con imposición incluso de un alto tributo monetario. Desde allí se dirige contra loa ausetanos, cercanos al Ebro, también aliados de los cartagineses y, asediada la ciudad, rechazó las emboscadas de los lacetanos que traían de noche ayuda a sus vecinos, no muy lejos de la ciudad, cuando pretendían entrar. Murieron alrededor de doce mil. Habiendo abandonado los armas, huyeron huyeron vagando por los campos dejando sus casas. A los asediados no les quedaba otra cosa que la defensa que supone la llegada del invierno». El asedio duró treinta días, durante los que, apenas la nieve caída alcanzó los cuatro pies de altura,, cubrió los manteletes y arietes de los romanos, de forma que les servía de protección contra el fuego que les arrojaban de vez en cuando los enemigos. Finalmente habiéndose refugiado Amusico, su jefe, en Asdrúbal, se someten con un pacto de veinte talentos y vuelve a Tarragona al campamento de invierno.

COMENTARIO

En este primer encuentro entre cartagineses y sus aliados, contra los romanos, van éstos, de forma progresiva, recuperando terreno y ganándose la amistad de los pueblos cercanos a la Tarraconense, antes aliados fieles de los cartagineses.

TEXTOS GRIEGOS

DOCUMENTOS DE POLIBIO SOBRE ANÍBAL BARCA

 Año -237 a -218

Polibio 2,1,5-9 Los cartagineses, tan pronto como hubieron puesto en orden sus asuntos de África, alistaron tropas y enviaron rápidamente a Amílcar a los parajes ibéricos. Amílcar se puso al frente de este ejército y, con su hijo Aníbal, que entonces tenía nueve años, atravesó las columnas de Heracles y recobró para los cartagineses el dominio sobre Hispania (años -237 a -229). Pasó casi nueve años en los lugares citados y sometió a muchos iberos, unos por las armas y otros por la persuasión. Y acabó su vida de una manera digna de sus hazañas anteriores. En una refriega contra unos hombres muy fuertes, dotados de un gran vigor, se arrojó al peligro con audacia y sin pensárselo. Allí perdió la vida con gran coraje (Livio, XXIV,41,3). Entonces los cartagineses entregaron el mando a Asdrúbal, yerno de Amílcar y trierarco.

Asdrúbal en Hispania.

Polibio. 2,13,1-7. En esta misma época Asdrúbal ejercitaba su mandato con habilidad y realismo, y en conjunto logró un gran progreso cuando erigió la población que unos llaman Ciudad  Nueva, y otros Cartago fundación que contribuyó muchísimo a favorecer la política de los cartagineses. Sobre todo por la situación  estratégica del lugar, tanto por la se refiere a Ibería como a Libia. 2,13,3  Opinión de los romanos sobre la fundación de Cartago en Hispania. Establecimientos de un pacto entre Roma  y Asdrúbal. 2,13,4 Los romanos constataron que allí se había establecido un poder mayor y temible y pasaron a preocuparse de Iberia se dieron cuenta cómo en los tiempos anteriores se habían descuidado y que los cartagineses se habían anticipado a construir un gran imperio e intentaron con todas sus fuerzas recuperar lo perdido.

Polibio. 2.36.1-7. Asdrúbal, general cartaginés, había ejercido ocho años el mando en Hispania cuando murió asesinado arteramente una noche en su propio aposento por un hombre de raza gala; fue un ajuste de cuentas particular. Había promovido un gran auge en la causa cartaginesa, no tanto mediante empresas guerreras como mediante tratos con los jefes del país. Entonces los cartagineses confirieron el mando de Hispania a Aníbal, aunque era joven, debido a la perspicacia y a la audacia que había mostrado en las acciones. Aníbal tomó el mando, y pronto evidenció el propósito de hacer la guerra a los romanos, aunque ahora lo difiriera algo. Desde aquella época, sospechas y fricciones constituían las relaciones mutuas entre romanos y cartagineses, Éstos maquinaban secretamente, pues querían vengar sus derrotas en Sicilia, y los romanos desconfiaban porque se daban Cuenta de las asechanzas. De ahí que los buenos observadores previeran que la guerra entre ellos iba a estallar tras no mucho tiempo.

Polibio. 3.6.1-3. Algunos tratadistas de la historia de Aníbal, al querer enseñarnos las causas de la guerra en cuestión entre romanos y cartagineses, aducen primero el asedio de Sagunto por parte de los cartagineses y, en segundo lugar, su paso, en contra de los tratados del río que los naturales del país llaman Ebro (se trata del Júcar). Yo podría afirmar que estos fueron los comienzos de la guerra, pero negaría rotundamente que fueran las causas. ¡ Nada de esto¡.

Polibio.3,8,3-10. Fabio, el historiador romano, afirma que la causa de la guerra contra Aníbal fue, además de la injusticia cometida contra los saguntinos, la avaricia y la ambición de Asdrúbal, ya que éste, tras adquirir un gran dominio de los territorios de Hispania, se presentó en el África, donde intentó derogar las leyes vigentes y convertir en monarquía la constitución de los cartagineses. Los prohombres de la ciudad, al apercibirse de su intento contra la constitución, se pusieron de acuerdo y se enemistaron con él. Cuando Asdrúbal lo comprendió, se marchó del África y, desde entonces, manejó a su antojo los asuntos hispanos, prescindiendo del Senado cartaginés. Aníbal, que desde niño había sido compañero de Asdrúbal y emulador de su manera de gobernar, luego que hubo recibido la dirección de los asuntos de Hispania, dirigió las empresas del mismo modo que él. Esto hizo que ahora la guerra contra los romanos estallara contra la voluntad de los cartagineses, por decisión de Aníbal. Porque ningún notable cartaginés había estado de acuerdo con el modo con que Aníbal trató a la ciudad de Sagunto. Fabio afirmaba esto, y luego asegura que, tras la caída de la plaza mencionada, los romanos acudieron y exigieron a los cartagineses que les entregasen a Aníbal o arrostraran la guerra. Ante su afirmación de que ya desde el principio los cartagineses estaban disgustados por la conducta de Aníbal, se podría preguntar a este autor si dispusieron de ocasión más propicia que ésta o de manera más justa y oportuna para avenirse a las pretensiones romanas y entregarles al causante de tales injusticias. Así se libraban discretamente, por medio de terceros, del enemigo común de la ciudad, lograban la seguridad del país y apartaban la guerra que se les venía encima y satisfacían, con solo un decreto, a los romanos.A todo esto, ¿qué podría decir Fabio? Nada, evidentemente. La verdad es que los cartagineses tanto distaron de hacer cualquier cosa de las indicadas, que, según las iniciativas de Aníbal, guerrearon continuamente durante dieciséis años, y no cesaron hasta que, tras poner a prueba todas sus esperanzas, al final vieron en peligro su país y sus vidas.

Polibio 3.9,6 En cuanto a la guerra entre romanos y cartagineses hay que considerar que la primera causa fue el resentimiento de Amílcar, el llamado Barca, que era padre natural de Aníbal….

Polibio. 3,10,5-7. Amílcar…después de las derrota de los mercenarios sublevados, puso luego todo su interés en los asuntos de Hispania, pues quería aprovechar estos recursos para la guerra contra los romanos. Hay que tener en cuenta una tercera causa, me refiero a éxito de los cartagineses en los asuntos de Hispania. Porque, por confiar en estas fuerzas entraron llenos de coraje en la guerra citada. Es innegable que Amílcar, aunque murió diez años antes del comienzo de esta segunda guerra, contribuyo decisivamente a su estallido. Ello se puede probar de muchas maneras, pero para merecer crédito bastará con considerar lo que se expone a continuación.

COMENTARIO

Las dudas sobre la fiabilidad por parte de Aníbal no se hacen esperar. Ya empezaba a tener sospechas de la poca lealtad de sus mercenarios. Y empieza a sentirse inseguro de sus hombres, porque le han provocado una rebelión interna. Nota que tendrá muy presente a la hora de configurar la posición de sus milicias cuando se enfrente a los enemigos. Desconfía de todos, y por ello su estrategia cambiará según las circunstancias. Y esto se podrá comprobar cuando se encuentre en terreno italiano.

Polibio. 3,11,1-5-6-7 En la época en que Aníbal, derrotado por los romanos, acabó por exiliarse de su patria y vivió en la corte de Antíoco… A medida que pasaba el tiempo, el rey recelaba cada vez más de Aníbal, surgió la oportunidad de explicarse acerca de la desconfianza creada entre ellos dos. En el diálogo, Aníbal se defendió de múltiple modos y, al final, cuando ya agotaba los argumentos, explicó lo que sigue: Cuando su padre iba a pasar a Hispania con sus tropas, Aníbal contaba nueve años y estaba junto a un altar en el que Amílcar ofrecía un sacrificio a Zeus. Una vez que obtuvo agüeros favorables, libó en honor de los dioses y cumplió los rotos prescritos, ordenó a los demás que asistían al sacrificio que se apartaran un poco, llamó junto a sí a Aníbal y le preguntó amablemente si quería acompañarle en la expedición. Aníbal asintió entusiasmado y aún se lo pidió como hacen los niños. Amílcar, entonces, le cogió por la mano derecha, lo llevó hasta el altar y le hizo jurar, tocando las ofrendas, que jamás sería amigo de los romanos.

Polibio,3,12,1-4 “De modo que debemos tener este testimonio como prueba irrefutable del odio de Amílcar y de sus intenciones que luego evidenciaron los mismos hechos: tan enemigo de los romanos hizo a Asdrúbal, que era el marido de su hija, y a su propio hijo Aníbal, que ese odio resultó insuperable. Pero Asdrúbal murió prematuramente y no pudo hacer notorias a todos sus intenciones; Aníbal, en cambio, tuvo la ocasión de demostrar, a carta cabal, el odio que contra los romanos había heredado de su padre.

Polibio. 3.13.1-8  “Los cartagineses soportaron a duras penas su descalabro en Sicilia; pero aumentaron su cólera, como dije antes, lo ocurrido en Cerdeña y la gran cantidad de dinero que, al final, les fue impuesta. Por ello, así que hubieron sometido la mayor parte de los territorios de Hispania, estuvieron dispuestos a todo lo que se presentara contra los romanos. Cuando les llegó la noticia de la muerte de Asdrúbal, a quien, tras la muerte de Amílcar, habían confiado sus asuntos hispanos, primero tantearon las preferencias de las tropas. Cuando desde los campamentos se les hizo saber que los soldaos habían elegido unánimemente a Aníbal como general, reunieron al instante la asamblea popular y ratificaron por unanimidad la decisión de sus tropas. Aníbal se hizo cargo del mando al instante e hizo una salida para someter a la tribu de los ólcades. Llegó a Altea, su ciudad más fuerte y acampó junto a ella. Luego la atacó de manera enérgica y formidable y la tomó en poco tiempo; ello hizo que las demás ciudades, espantadas, se entregaran a los cartagineses. En ellas Aníbal recaudó dinero; tras hacerse con una fuerte suma se presentó en Cartago Nova para pasar allí el invierno.Trató con liberalidad a sus súbditos, anticipó parte de sus soldadas a sus compañeros de armas y les prometió aumentarlas, con lo que infundió grandes esperanzas en sus tropas y al propio tiempo se hizo muy popular.

COMENTARIO

En este inciso, Polibio, introduce lo que ocurrió entre Aníbal y su padre, y lo que habían hecho ante los altares de los dioses. Ciertamente esto lo hizo cuando notó que el rey Antíoco iba perdiendo la confianza y fiabilidad de Aníbal, refugio tras su huida de Cartago después de la gran derrota de Zama y por otras razones de tipo económico. Pero es consecuencia que se veía venir. Se aprovechó de su situación como sufeta y su actitud fue despreciada de forma palmaria ante el Senado cartaginés y el pueblo. Antíoco. Conocía todas las artimañas que Aníbal venía haciendo con Roma -a la que Antíoco también quería combatir, pues de hecho lo hizo, pero con fracaso por su parte- y la forma de tratar a los pueblos sometidos, las cargas que les imponía que eran insoportables. Todo ello confluyó en el ánimo de Antíoco, y Aníbal se vio obligado a abandonar aquella corte y marchar a otras tierras.

Año -220

Polibio. 3.14.1-8. Al verano siguiente salió de nuevo, esta vez contra los vacceos; lanzó un ataque súbito contra Salamanca y la conquistó; tras pasar muchas fatigas en el asedio de Arbucala, debido a sus dimensiones y también a la bravura, la tomó por la fuerza. Ya se retiraba cuando se vio expuesto a los más graves peligros: le salieron al encuentro los carpetanos, que quizás sea el pueblo más poderoso de aquellos lugares; les acompañaban sus vecinos, que se les unieron excitados principalmente por los ólcades que habían logrado huir; les atacaban también, enardecidos, los salmantinos que se habían salvado. Si los cartagineses se hubiesen visto en la precisión de entablar con ellos una batalla campal, sin duda alguna habrían sido derrotados. Pero Aníbal, que se iba retirando con habilidad y prudencia, tomó como defensa el río llamado Tajo, y trabó el combate en el momento en que el enemigo lo vadeaba, utilizando como auxiliar el mismo río y sus elefantes, ya que disponía de cuarenta de ellos. Todo le resultó de manera imprevista y contra todo cálculo. Pues los bárbaros intentaron forzar el paso por muchos lugares y cruzar el río, pero la mayoría de ellos murió al salir del agua ante los elefantes que recorrían la orilla y siempre se anticipaban a los hombres que iban saliendo. Muchos también sucumbieron dentro del río mismo a manos de los jinetes cartagineses, porque los caballos dominaban mejor la corriente, y los jinetes combatían contra los hombre de a pie desde una situación más elevada. Al final cruzó el río el mismo Aníbal con su escolta, atacó a los bárbaros y puso en fuga a más de cien mil hombres. Una vez derrotados, nadie de allá del Ebro se atrevió fácilmente a afrontarle, a excepción de Sagunto: Pero Aníbal, de momento, no atacaba en absoluto a la ciudad, porque no quería ofrecer ningún pretexto claro de guerra a los romanos hasta haberse asegurado el resto del país; en ello seguía sugerencias y consejos de su padre Amílcar.

COMENTARIO

En este episodio podemos observar una de las tácticas más comunes en las estrategias de Aníbal: combatir a las orillas de los ríos. La zona de Helmántica fue atacada, como otras de las muchas de la Iberia superior. Pero el Cartaginés supo llevarse al enemigo a las zonas por él preferidas: los ríos. Allí les tendió la trampa que tanto va a utilizar el Italia (Tesino, Trebia, lago Trasimeno…). y los bárbaros, como dice al autor, cayeron en la trampa a consecuencia del desconocimiento del combate sobre un lecho de río, y además, con un arma muy poderosa: el elefante. Pero fue la caballería númida la que mayor estrago causó a los nativos. Aníbal puso en retirada a un ejército ibero de más de cien mil hombres, hecho desconocido hasta entonces. Así que empezó a funcionar la estrategia de Aníbal: caballería númida, elefantes y el lugar por él elegido como más idóneo para combatir: un río.

Polibio 3.15.1-13. “Los saguntinos despachaban mensajeros a roma continuamente porque preveían el futuro y temían por ellos mismos. Querían, al propio tiempo, que los romanos no ignorasen los éxitos de los cartagineses en Hispania. Hasta entonces los romanos no les había hecho el menor caso, pero en aquella ocasión enviaron una embajada que investigara lo ocurrido. Era el tiempo en que Aníbal ya había sometido a los que quería y se había establecido de nuevo con sus tropas en Cartago Nova para pasar el invierno. Esta ciudad era algo así como el ornato y capital de los cartagineses en Hispania. Allí se encontró con la embajada romana, la recibió en audiencia y escuchó lo que decían acerca de la situación. Los romanos poniendo por testigos a los dioses, les exigieron que  se mantuvieran alejados de los saguntinos (pues estaban bajo su protección) y no cruzaran el río Ebro, según el pacto establecido con Asdrúbal. Aníbal, como joven que era, embargado de ardor guerrero, que había tenido éxito en sus empresas, y dispuesto desde hacía tiempo a la enemistad con los romanos, les acusaba antes sus embajadores, como si fuera él el encargado de velar por los saguntinos, de que, aprovechando una revuelta que había estallado en la ciudad hacía muy poco,, habían efectuado un arbitraje para dirimir aquella turbulencia y habían mandado ejecutar injustamente a algunos prohombres. Dijo que no vería con indiferencia a los que había sido traicionados. Pues era algo innato en los cartagineses no pasar por alto ninguna injusticia. Pero el mismo tiempo Aníbal envió correos a Cartago para saber qué debía hacer, puesto que los saguntinos, fiados en su alianza con los romanos, dañaban a algunos pueblos de los sometidos a los cartagineses. Aníbal, en resumen, estaba poseído de la irreflexión y de coraje violento. Por eso no se servía de las causas verdaderas y se escapaba hacia pretextos absurdos. Es lo que suelen hacer quienes por estar aferrados a sus pasiones desprecian el deber. ¡Cuánto más le hubiera valido creer que los romanos debían devolverles Cerdeña y restituirles el importe de los tributos que, aprovechándose de las circunstancias, les habían impuesto y cobrado anteriormente, y afirmar que si no accedían, ello significaría la guerra! Pero ahora, al silenciar la causa verdadera y fingir una inexistente sobre los saguntinos, dio la impresión de empezar la guerra no sólo de un modo irracional, sino aún injusto. Los embajadores romanos, al comprobar que la guerra era inevitable, zarparon hacia Cartago, pues querían renovar allí sus advertencias. Evidentemente estaban seguros de que la guerra no se desarrollaría en Italia, sino en Hispania y de que utilizarían como base para esta guerra la ciudad de Sagunto.

Polibio 3.17.1-11 Aníbal levantó el campo y avanzó con sus tropas desde Cartago Nova, marchando hacia Sagunto. Esta ciudad no está lejos del mar y al pie mismo de una región montañosa que une los límites de la Iberia y de la Celtiberia. Dista de la costa unos siete estadios. Sus habitantes se alimentan del país, que es muy feraz. Y sobrepasa en fertilidad a todos los de Hispania. Aníbal, pues, acampó allí, y estableció un asedio muy activo, ya que reveía muchas ventajas para el futuro si conseguía tomar la ciudad por la fuerza. Creía en primer lugar que quitaría a los romanos la esperanza de trabar la guerra en Hispania, y después que, si intimidaba a todos, volvería más dóciles a los ya sometidos a los cartagineses, y más cautos a los iberos que conservaban todavía la independencia.  Pero lo principal era que, al no dejar atrás a ningún enemigo, podría continuar su marcha sin ningún peligro. Además, suponía que iba a disfrutar de recursos en abundancia para sus empresas, que infundiría coraje a sus soldados con la ganancia que cada uno lograría y que con el botín que enviaría procuraría la prosperidad de los cartagineses residentes en la metrópoli. Haciendo tales cálculos, proseguía el asedio con firmeza: a veces daba ejemplo a sus tropas y participaba de las fatigas de las operaciones, otras, las arengaba y arrostraba audazmente los peligros Tras sostener penalidades y preocupaciones de todas clases, tomó la ciudad al asalto tras ocho meses. Se apoderó de muchas riquezas, de prisioneros y bagaje. El dinero, según su propósito inicial lo reservó para sus propios proyectos; los prisioneros los distribuyó entre sus propios soldados, según el merecimiento de cada uno y remitió el bagaje íntegro a Cartago sin pérdida de tiempo. Al obrar así, ni erró en sus cálculos, ni falló en su propósito inicial: aumentó en los soldados el ardor combativo y predispuso a los cartagineses para lo que les anunciaba. Y con tales pertrechos y provisiones, él mismo logró muchas cosas útiles después.

Polibio. 3,20, 1-10. Cuando llegó a los romanos la noticia de la toma de Sagunto, no celebraron ninguna asamblea!. no. por Júpiter¡ para tratar de la guerra, cosa que afirman algunos historiadores que llegan a incluir los discursos pronunciados por los rivales políticos, actuando de manera totalmente absurda-¿Cómo iba a ser posible que los romanos, que en el año anterior habían advertido a los cartagineses que si invadían el país de los saguntinos les declararían la guerra, se reunieran, tomada ya por la fuerza la ciudad de Sagunto,, para deliberar si debían pelear o no? ¿Cómo y de qué forma presentan éstos el extraño abatimiento del Senado romano y, al mismo tiempo, afirman que los padres llevaron a la asamblea a sus hijos de doce años, quienes participaron en las discusiones, y no revelaron a nadie, ni siquiera a los parientes, ningún secreto?Nada de esto es lógico ni verídico en absoluto a no ser que, ¡ por Júpiter !, la Fortuna hubiera proporcionado a los romanos, entre otras muchas cosas, ser juiciosos ya de nacimiento: Contra semejantes libros, como los que escriben Quereas y Sósilo, na hay que decir más; creo que tienen la disposición y la fuerza de una historia de cuentos de bárbaros o de charlatanes vulgares y no de una verdadera historia. Los romanos, al saber lo ocurrido con los saguntinos, eligieron unos embajadores y los enviaron sin dilación a Cartago. Debían proponer alternativamente dos cosas: si aceptaban la primera, los cartagineses sufrían a todas luces daño y vergüenza; la segunda les presentaba el inicio de problemas y de grandes peligros. en efecto, los romanos exigían la entrega de Aníbal y de sus consejeros; de lo contrario, habría guerra. Los romanos llegaron a Cartago, se presentaron al Senado cartaginés y expusieron sus condiciones. Los cartagineses escucharon con disgustos aquellas propuestas; sin embargo, eligieron como portavoz suyo al más hábil entre ellos y empezaron a justificarse.

Polibio, 3,21,1-10. El portavoz silenció los pactos establecidos como si no hubieran existidos, o bien, de existir, como si para ellos fueron nulos, ya que se habían convenido sin haberles sido consultado. En ello los cartagineses decían seguir el ejemplo dado por los propios romanos: en efecto, el tratado concluido en la guerra de Sicilia por Lutacio, decían fue convenido por él, y luego invalidado por el pueblo romano, porque se había hecho al margen de su parecer. Los cartagineses urgían y apoyaban toda su defensa en los pactos últimos establecidos en la guerra de Sicilia. Y negaban que en ellos constara algo escrito acerca de Hispania; lo único que se ordenaba específicamente era que los aliados de ambos bandos gozaran de seguridad. Y demostraron que entonces los saguntinos no eran aliados de los romanos; a este propósito leyeron mucho los tratados. Los romanos rechazaron de plano estas justificaciones, afirmando que si Sagunto se mantuviera aún intacta, tal justificación sería admisible, y se podrían tratar los puntos discutibles. Pero como la ciudad había sido violada, o había de entregar a los culpables (con lo cual quedaría claro para todos que ellos no habrían participado en la injusticia, sino que esta obra se había llevado a cabo contra su parecer) o, si se negaban a ello, reconocían que habían participado en la injuria y aceptaban la guerra. Tales fueron, en resumen, los argumentos que ellos utilizaron. Nos parece necesario el no dejar de lado este punto para que ni aquellos a quienes incumbe el deber y la necesidad de ser muy estrictos en este aspecto se aparten de la verdad en sus deliberaciones más indispensables, ni tampoco los estudiosos se confundan, inducidos a error por la ignorancia o la parcialidad de los historiadores: por el contrario, debe haber una visión de conjunto de las obligaciones mutuas que pactaron romanos y cartagineses desde el principio hasta la época actual.

Polibio, 3.22. 1-12. El primer pacto entre romanos y cartagineses se concluye en tiempos de Lucio Junio Bruto y Marco Horacio, los primeros cónsules romanos nombrados después del derrocamiento de la monarquía. Bajo su consulado se consagró el templo de Júpiter Capitolino. Esto ocurrió veintiocho años antes del paso de Jerjes a Grecia (año -480). Lo hemos transcrito traduciéndolo con la máxima exactitud posible, pues también entre los romanos es tan grande la diferencia entre la lengua actual y la antigua que, algunas cosas ni los más entendidos logran discernirlas claramente. Los pactos son del tenor siguiente: que haya paz entre los romanos y sus aliados y los cartagineses y sus aliados bajo las condiciones siguientes: que ni los romanos ni los aliados de los romanos naveguen más allá del cabo Hermoso si no les obliga una tempestad, o bien los enemigos. Si alguien es llevado allá por la fuerza, que no les sea permitido comprar ni tomar nada, excepción hecho del aprovisionamiento para el navío o para los sacrificios y que se vayan a los cinco días. Los que lleguen allí con fines comerciales no podrán concluir negocios si no es bajo la presencia de un heraldo o de un escribano. Lo que se venda en presencia de estos, sea garantizado al vendedor por fianza pública, tanto si se vende en África como en Cerdeña. si algún romano se presenta en Sicilia, en un paraje sometido al dominio cartaginés, gozará de los mismos derechos. que los cartagineses no comentan injusticias contra el pueblo de los ardeatinos, no contra el de Antio, ni contra el de Laurento, ni contra el de Circe, ni contra el de Terracina….

En estos párrafos de Polibio se entabla discusión sobre la verdadera cobertura del tratado o tratados entre los cartagineses y los romanos. Cada uno juega a su política y no se ponen de acuerdo. Al final todo llega a la decisión que se toma en el Senado cartaginés cuando los embajadores romanos plantean la paz o la guerra.

(Año -306. Tercer Tratado).

Polibio, 3.25.1-9, Los romanos establecieron todavía un último pacto en la época de la invasión de Pirro antes de que los cartagineses iniciaran la guerra de Sicilia. En este pacto se conservan todas las cláusulas de los acuerdos ya existentes, pero además, se añaden los siguientes: » Si hacen por escrito un pacto de alianza contra Pirro, que lo hagan ambos pueblos, para que les sea posible ayudarse mutuamente en el país de los atacados. Sea cual fuere de los dos el que necesite ayuda, sean los cartagineses los que proporcionen navíos para la ida y para la vuelta; cada pueblo se proporcionará los víveres. Los cartagineses ayudarán a los romanos por mar, si éstos lo necesitan. Nadie obligará a las dotaciones a desembarcar contra su voluntad». Siempre era obligado hacer un juramento. Se hicieron así: en los primeros pactos los cartagineses juraron por los dioses paternos y los romanos por unas piedras, según la costumbra antigua, y además por Aires y Enialio. el juramento por las piedras se efectúa así: el que lo formula con referencia a un tratado, toma en su mano una piedra y, tras jurar por la fe pública, dice lo siguiente: «Si cumplo este juramento, que todo me vaya bien, pero si obro y pienso de manera distinta, que todos los demás se salven en sus propias patrias, en sus propias leyes, en su propios bienes, templos sepulturas, y tan solo caiga así, como ahora esta piedra». Y tras decir esto, arroja la piedra de su mano.

Polibio, 3.26.1-7. (Últimos tratados). Las cosas eran así, y los pactos se conservan todavía en las tables de bronce en el templo de Júpiter Capitolino, en el archivo de los ediles. ¿Quién no se extrañara naturalmente del historiador Filino, no de que ignore estos pactos (lo cual no es de extrañar, pues incluso ahora los más ancianos romanos y cartagineses, incluso los que parecen que más se habían interesado por el tema, los ignoraban), sino que se atrevió, no sé con qué seguridades, a escribir lo contrario: dice que entre romanos y cartagineses había un pacto, según el cual los romanos no podían entrar en ningún puntos de Sicilia, ni los cartagineses en ningún punto de Italia. Según Filino los romanos pisotearon los pactos y juramentos, puesto que fueron los primeros en hacer una travesía a Sicilia. Pero tales pactos no existen, y no hay constancia escrita acerca de ellos. Filino los cita explícitamente en su segundo libro . De tal cosa hemos hecho mención en la introducción a nuestra obra histórica, dejamos ahora el tratarla con algún detalle, porque muchos en este tema se equivocan por fiarse de la obra de Filino. entendámonos: Si alguien reprocha a los romanos su paso a Sicilia, relacionándolo con el hecho de que habíase admitido sin reserva a los mamertinos en amistad, y cuando éstos se la pidieron, les prestaron ayuda, aunque los mamertinos habían traicionado no sólo a Mesina, sino también a Regio, desde esta perspectiva su indignación es explicable. Pero si éste supone que la travesía significó la transgresión de pactos y juramentos, aquí su ignorancia es manifiesta.

COMENTARIO

En estos documentos se habla de pactos ficticios y pactos reales. los historiadores no son de fiar porque no se ha detectado ningún documento escrito que lo testifique.

Polibio, 3.27.1-10. Porque, acabada la guerra de Sicilia, los romanos hacen unos pactos distintos, en los cuales las cláusulas contenidas eran las siguientes: «Los cartagineses evacuarán (toda Sicilia) todas las islas que hay ente Italia y Sicilia, que ambos bandos respeten la seguridad de los aliados respectivos. que nadie ordene nada que afecte a los dominios del otro, que no levanten edificios públicos en ellos ni recluten mercenarios y que no atraigan a su amistad a los aliados del otro bando. Los cartagineses pagarán en diez años dos mil doscientos talentos, y en aquel mismo momento abonarán mil. Los cartagineses devolverán sin rescate todos sus prisioneros a los romanos. Después de esto, al acabar la guerra de África, los romanos, tras amenazar con la guerra a los cartagineses hasta casi decretarla, añadieron al pacto lo siguiente: » Los cartagineses evacuarán Cerdeña y pagarán otros mil doscientos talentos», tal como explicamos más arriba. Y a todo lo dicho hay que añadir las últimas convenciones aceptadas por Asdrúbal en Hispania, según las cuales «los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra». Estos fueron los tratados entre romanos y cartagineses desde el principio hasta los tiempos de Aníbal. hemos indicado ya las razones aducidas entonces por los cartagineses; ahora expondremos las de los romanos, no las que entonces manifestaron, indignados por la pérdida de Sagunto, aunque se habla de ellas con mucha frecuencia y por muchos. En primer lugar no se debían tener por nulos los pactos establecidos con Asdrúbal, como los cartagineses tienen la desfachatez de afirmar. en efecto: en ellos no constaba, como en los establecidos por Lutacio, «que serán vigentes si los ratifica el pueblo romano»; Asdrúbal había pactado con autoridad omnímoda un tratado en el que se decía «que los cartagineses no cruzarían el río Ebro en son de guerra». En los pactos de Sicilia consta, como reconocen también aquellos, «que cada parte garantizará la seguridad de los aliados de la otra, y no sólo a los aliados de aquel momento, que era la interpretación ofrecida por los cartagineses. Pues en tal caso se habría añadido «que no se aceptarían otros aliados que los que entonces tenían» o bien «que los aceptados posteriormente no se incluirían en el pacto». Pero no se hizo constar ninguna cláusula en este sentido, con lo cual quedó claro que la seguridad afectaba los aliados de ambas partes, a los de entonces y a los que se adhirieran posteriormente. Lo cual es muy lógico, pues, por descontado que se iban a hacer unos pactos que les privaran de la posibilidad de unirse, según las circunstancias, a aquellos que les parecieran amigos o aliados útiles, o bien que les forzaran, tras aceptar su lealtad, a abandonarles cuando alguien cometiera una injusticia contra ellos. Lo esencial en el pensamiento de ambas partes en los pactos era esto: no molestar a los aliados que entonces tenía cada parte, y que ninguna de ellas debía aceptar a los aliados de la otra. en cuanto a los adquiridos posteriormente se estipulaba «no reclutar mercenarios entre ellos; ninguna parte ordenaría nada que afectara los dominios de la otra o los de sus aliados; se garantizaba la seguridad de los ciudadanos de ambas partes».

COMENTARIO

Las dudas sobre nuevo tratado entre romanos y cartagineses gira en torno a la entrada de los romanos en territorio de Sicilia. Hay dudas sobre la autenticidad de este acuerdo porque los historiadores se plantean si existieron o no. Todo parece indicar su inexistencia y los romanos entran en Sicilia, lugar muy reservado para el mundo cartaginés.

Polibio, 3.30.1-4. Las cosas estaban así y era notorio que los saguntinos ya se habían aliado con los romanos muy anteriormente a la época de Aníbal. He aquí la máxima prueba de ello, reconocida por los mismos cartagineses: cuando los saguntinos se pelearon entre ellos, no se dirigieron a los cartagineses, a pesar de que los tenían muy cerca y disponían ya de los asuntos de Hispania, sino a los romanos, y gracias a ellos enderezaron su situación política. Conocido es también que los saguntinos, muchos años antes, se habían puesto bajo la protección de los romanos.

Polibio, 3. 33.1-8. Los embajadores romanos (de ahí arrancó nuestra digresión) escucharon el alegato cartaginés y no añadieron nada. El de mayor edad mostró su manto a los senadores cartagineses y les dijo que allí les llevaba la guerra y la paz; lo sacudiría y les soltaría lo que eligieran. El sufeta cartaginés les dijo que soltaran lo que a ellos les pareciera bien. cuando el romano dijo que les soltaba la guerra, la mayoría de los componentes del Senado alzó la vez y gritó que la aceptaban. Y con estas palabras los embajadores y el Senado cartaginés se separaron. Aníbal pasaba el invierno en Cartago Nova. Primero licenció a los iberos hacia sus ciudades respectivas, con la intención de tenerlos dispuestos y animosos para el futuro. A continuación dio instrucciones a su hermano Asdrúbal acerca de cómo debía ejercer el gobierno y la autoridad sobre los iberos. y de cómo debía hacer los preparativos contra los romanos en el caso de que él mismo se encontrara ausente en cualquier otro sitio. en tercer lugar se preocupó de la seguridad de los asuntos de África. con cálculo propio de un hombre prudente y experto, hizo pasar soldados de África a Hispania y de ésta al África, estrechando con semejante plan la lealtad mutua de ambas poblaciones. Los que pasaron al África fueron los tersitas y los mastios y además los oretanos iberos y los ólcades. Los soldados procedentes de estos pueblos sumaban mil doscientos jinetes y tres mil ochocientos cincuenta hombres de a pie. Además de éstos, había baleares (en número de ochocientos setenta, cuyo nombre significa propiamente «honderos». Los habitantes de estas islas usan principalmente hondas, y este uso ha dado nombre a las islas y a sus moradores. La mayoría de los citados fue acantonada en Metagonia del África, pero algunos lo fueron en la propia Cartago. A ella mandó también Aníbal cuatro mil infantes, en calidad a la vez de rehenes y de refuerzos, procedentes de las ciudades llamadas metagonitas. En Hispania dejó a su hermano Asdrúbal cincuenta quinquerremes, diez cuatrirremes y cinco trirremes. De estas naves treinta y dos quinquerremes y cinco trirremes tenían dotaciones. Le confió también como caballería cuatrocientos cincuenta libiofenicios y africanos, trescientos ilergetes (de Lérida y Huesca) y mil ochocientos hombre reclutados entre los númidas: los messalios, los macneos y los mauritanos que viven en la costa; como infantería, once mil ochocientos cincuenta soldados de a pie africanos, trescientos ligures, quinientos baleares y veintiún elefantes. Nadie debe extrañarse de la exactitud de esta enumeración acerca de las disposiciones de Aníbal en Hispania, aunque apenas la usaría uno que hubiera dispuesto personalmente las acciones en todas sus partes. Que nadie nos concede precipitadamente se hemos procedido de modo semejante a algunos historiadores que pretenden dar visos de verdad a sus falsedades. Pues nosotros hemos encontrado en el cabo Licinio esta enumeración grabada por orden de Aníbal en una tablilla de bronce en la época en que él se paseaba por Italia; hemos creído que, al menos en esta materia, la tablilla es totalmente fiable y por esto hemos decidido dar crédito a la inscripción.

Polibio. 3.35.1-2. Terminado durante el invierno lo que hemos dicho, y habiendo asegurado la defensa de África y de Hispania, el día señalado sacó su ejército, compuesto de noventa mil infantes y doce mil jinetes. Atravesando el Ebro sojuzgó a los ilergetes y bargusios, después a los airenosios y andosinos, tocando ya a los Pirineos.

COMENTARIO

Aquí Polibio comenta el episodio de la embajada romana ante el Senado cartaginés. Se repite el hecho de la declaración de guerra. Se recuenta con quien Cartago cuenta a la hora de emprender la guerra contra Roma, quienes son sus aliados, cómo ganarse el pueblo ibero en general con la dificulad de ser tan heterogéneo en todos los sentidos. En el Sur tienen a sus hermanos de sangre, conocidos como los comerciantes fenicios; pero el centro es más reticente y desconfiado. No lo tendrán fácil pero conseguirán atraerlos a su propósito.

Año -218.

Polibio, 3.41.2. Publio salió para Hispania con sesenta naves.

COMENTARIO

Aníbal inicia su viaje hacia los Pirineos y Alpes para atacar a Roma en su propio terreno. Pero Roma, quizá sin saber lo que se plantea a fondo, manda a un general romano hacia Iberia para atacar en sus orígenes, a los cartagineses establecidos en territorio ibérico. Hecho que Aníbal sospechaba, y por eso propuso dejarse la espaldas cubiertas con cuerpos de ejércitos tanto en la Península Ibérica como en África, pero con la suspicacia de dejar a africanos en Iberia y a iberos en África. Muy propio de la astucia de Aníbal.

Polibio narra los datos de la SEGUNDA GUERRA PÚNICA

Polibio 3.76.1-13. En la misma época Gneo Cornelio, nombrado por su hermano Publio comandante de las fuerzas navales, según dije más arriba, zarpó con toda la flota desde las bocas de Ródano y alcanzó Hispania por los parajes cercanos a la ciudad llamada Emporion. empezando desde alli hacía los desembarcos e iba asediando a los habitantes de la costa hasta el río Ebro, que le rechazaban; en cambio trató benignamente a los que le acogieron y los protegió de la mejor manera posible. Aseguró, pues, las poblaciones costeras que le habían pasado y avanzó con todo su ejército hacia los territorios del interior. Había reunido ya un gran número de aliados de entre los hispanos. A medida que avanzaba se atraía a las ciudades y sometía a otras. Los cartagineses dejados en estos parajes al mando de Hannón, acamparon frente a los romanos cerca de la ciudad llamada Cissa. Gneo Cornelio formó a sus tropas y libró un combate del cual salió victorioso, con lo que se adueñó de muchas riquezas, ya que las tropas cartaginesas que habían marchado a Italia,, había confiado sus bagajes a los cartagineses de aquí. Gneo Cornelio convirtió en amigos y aliados a todos los naturales del país que habitaban el norte del Ebro; cogió vivo al general de los cartagineses Hannón y al caudillo ibero Indíbil; éste detentaba el mando de aquellos lugares de tierras adentro, y había sido siempre muy amigo de los cartagineses. Enterado muy pronto de lo sucedido, Asdrúbal cruzó el río Ebro y acudió a prestar ayuda. Se enteró de que las tripulaciones de la flota romana, dejadas allí, al saber los triunfos de sus ejércitos de tierra, se habían dispersado de manera confiada y negligente; concentró, pues, unos ocho mil hombres de infantería de su propio ejército y mil jinetes, sorprendió diseminados por el país a los romanos de las naves, mató a muchos de ellos y obligó a los demás a huir hacia sus propias embarcaciones. Asdrúbal, entonces, se retiró, cruzó de nuevo el río Ebro y se preocupó de la guarnición y defensa de los parajes situados detrás del río; pasó el invierno en Cartago Nova; Gneo alcanzó de nuevo su flota, castigó según la usanza romana a los culpables de lo ocurrido, concentró en un sólo punto a sus fuerzas terrestres y navales y estableció su campamento de invierno en Tarragona. En previsión del futuro repartió en botín en partes iguales entre los soldados, lo cual les infundió gran ardor para el futuro y simpatías hacia él.

Año -217.

Polibio, 3.96.1-14. Asdrúbal y los suyos, al señalarles los vigías, ya de lejos, la navegación del enemigo, dispusieron que sus fuerzas de tierra se ordenaran junto a la costa, al tiempo que ordenaban a las dotaciones embarcar en sus naves. Los romanos estaban ya cerca. Los cartagineses dieron la señal de combate entonando un grito de guerra, decididos a librar la batalla naval. Se trabaron , pues, con el enemigo durante breve tiempo le disputaron la victoria. No mucho después comenzaron a replegarse. La reserva de infantería situada frente a las costas, no les aprovechó tanto, por infundirles valor en la batalla, como les perjudicó, ya que les infundía una cierta esperanza de salvación. Tras perder dos naves con sus tripulantes, y los remos y marinería de cuatro, huyeron, replegándose hacia tierra. Los romanos los persiguieron bravamente y ellos lanzaron las naves hacia la costa; sus tripulantes saltaron de ellas y se salvaron corriendo hacia sus formaciones. Los romanos se aproximaron audazmente a tierra firme y remolcaron a las naves enemigas que lograron remover; se hicieron al mar abierto con gran alegría: habían vencido al adversario en la primera embestida, se había hecho con el dominio del mar y habían arrebatado veinticinco naves al enemigo.

Las operaciones de Iberia adquirieron desde este momento perspectivas más brillantes, debido al éxito reseñado. Y los cartagineses, al enterarse de la derrota sufrida, dotaron al instante setenta naves y las despacharon, ya que estaban convencidos de que, para cualquier intento, les era indispensable el dominio del mar.

Esta flota tocó primero Cerdeña; desde aquí se dirigió a los territorios de Italia junto a Pisa; la marinería creía que allí establecería contacto con los hombre de Aníbal. Pero los romanos, desde la propia Roma, se hicieron a la mar con ciento veinte navíos penterremes, y los cartagineses, sabedores de esta salida, zarparon de nuevo hacia Cerdeña, y después, de nuevo, hacia Cartago Nova. Gneo Servilio, con la escuadra referida, persiguió a los cartagineses durante algún tiempo, convencido de que los alcanzaría, pero por ser mucha la distancia, renunció. Entonces ancló primero en Lilibeo, en Sicilia, después zarpó de nuevo hacia África, a la isla de Cercina, y cobró dinero a sus habitantes para no devastarles el país; de retorno se apoderó de la isla de Cosira, dejó una guarnición en la pequeña ciudad y se dirigió de nuevo a Lilibeo. Finalmente fondeó allí su flota. Y al cabo de poco tiempo se reintegró a su ejército de tierra.

Polibio, 3,97,1-8. Los del Senado se enteraron de la victoria de Gneo en la batalla naval, y convencidos de que era útil, y más aún, necesario, no desatender las operaciones de Iberia, sino oponerse a los cartagineses y extender la guerra, equiparon veinte naves, nombraron jefe, según su decisión inicial, a Publio Cornelio Escipión, y con gran celo lo mandaron junto a su hermano Gneo y codirigió colegiadamente los asuntos de Iberia. Angustiaba a los romanos la idea de que si los cartagineses dominaban tal país, adquirirían provisiones abundantes y muchos hombres, pugnarían más por dominar el mar y ayudarían a sus ejércitos de Italia, enviando tropas y dinero a Aníbal. Atribuyeron pues, gran importancia a esta guerra, y despacharon a las naves y a Publio, Éste llegó a Iberia, entró en contacto con su hermano y fue de una gran utilidad para las empresas conjuntas. En efecto, los romanos antes jamás se habían atrevido a cruzar el Ebro, sino que se contentaban con la amistad y confianza de los que habitaban al norte de este río. Pero, entonces, lo cruzaron, y por primera vez tuvieron el valor de operar en el otro lado. Y aquí les ayudó mucho una casualidad.

Cuando hubieron intimidado a los iberos que habitaban en las inmediaciones del vado, se llegaron hasta la ciudad de Sagunto, y acamparon a unos cuarenta estadios de distancia, junto al templo de Afrodita.

Ocupaban un lugar muy estratégico porque les ofrecía seguridad contra el enemigo y además era muy apto para que les aprovisionaran desde el mar. La flota iba costeando paralelamente a su avance.

Polibio, 3.98.1-11. Y entonces se dio el cambio de situación siguiente: cuando Aníbal emprendió su marcha hacia Italia, de cuantas ciudades ibéricas desconfiaba, tomó como rehenes a los hijos de los hombres más ilustres y los concentró, en su totalidad, en la ciudad de Sagunto, porque ésta era de acceso difícil, y además confiaba mucho en los hombres que dejaba allí. Había un ibero de nombre Abílix, no inferior ni en fama ni en situación a cualquier otro ibero, y encima daba la impresión de superar mucho a los otros en su buena disposición y lealtad hacia los cartagineses. Este hombre consideró la situación, juzgó que eran más brillantes las esperanzas depositadas en los romanos y reflexionó consigo mismo sobre la devolución de los rehenes, una estratagema digna de un ibero y de un bárbaro. Convencido de que entre los romanos podía llegar a ser un hombre de gran prestigio si les aportaba conjuntamente lealtad y utilidad, rompiendo sus pactos con los cartagineses se aprestó a entregar los rehenes a los romanos: se había percatado de Bóstar, general cartaginés enviado por Asdrúbal para impedir que los romanos cruzaran el río, pero que no se había atrevido a oponérseles, después de retirarse, acampaba en Sagunto, al lado del mar; era un hombre ingenuo y benigno por naturaleza, que le tenía una gran confianza: Abílix, entonces, habla de los rehenes de Bóstar, y le dice que los romanos han cruzado el río; los cartagineses ya no podrán retener por el miedo sus dominios en Iberia, pero las circunstancias exigen la benevolencia de los sometidos; ahora que los romanos se han aproximado y se han situado frente a Sagunto, amenazando la ciudad, si él, Bóstar, hace salir a los rehenes y los devuelve a sus padres y a sus ciudades, arruinaría las ambiciones de los romanos. Pues esto querían hacer precisamente lo mismo si eran ellos los que se apoderaban de los rehenes. Bóstar, pues, debía conciliarse la benevolencia de todos los iberos para con los cartagineses, prever el futuro y pensar también en la seguridad de los rehenes. Y si era él mismo, añadió, el que tratara personalmente el asunto, acrecentaría, multiplicándolo, el agradecimiento. En efecto, al restituir los muchachos a sus ciudades, no sólo se atraería la adhesión de los padres, sino también de la masa de las poblaciones, al poner bajo su vista con esta conducta la estima y la magnitud de los cartagineses para con sus aliados. Además les insinuó la cantidad de obsequios que él personalmente recibiría de los que hubieran recuperado a sus hijos: pues los padres, al verse inesperadamente en posesión de sus allegados más próximos, rivalizarían en mostrar su liberalidad hacia el autor de tal decisión. Abílix añadió, ademas, muchas más cosas por el estilo y con el mismo tono, y logró persuadir a Bóstar a seguir sus proposiciones.

Polibio, 3.99.1-9. Abílix señaló el día en que se presentaría con unos hombres de confianza para llevarse a los jóvenes, y se fue. Por la noche se presentó en el campamento romano, y juntándose con algunos iberos que luchaban al lado de los romanos, a través de ellos logró llegar hasta los generales. Les demostró con abundancia de pruebas la inclinación y conversión de los iberos hacia ellos si recuperaban a los jóvenes que habían entregado como rehenes, y se ofreció a entregarles a los jóvenes. Publio Cornelio y los suyos acogieron esta propuesta con mucho entusiasmo, y le prometieron grandes recompensas. Abílix entonces se retiró a su residencia, tras señalar día, tiempo y lugar en que deberían aguardarle los receptores. Tras esto, tomó consigo los jóvenes traídos desde Sagunto, y salió de noche, porque quería pasar desapercibido, pasó el atrincheramiento romano, llegó al lugar determinado en el momento preciso e hizo entrega de todos los rehenes a los generales romanos. Publio y los suyos honraron excepcionalmente a Abílix y lo emplearon para efectuar las restitución de los rehenes a sus ciudades de origen, haciendo que le acompañaran algunos amigos. Él iba recorriendo las villas y, mediante la entrega de los muchachos, ponía a la vista de todos la bondad y magnanimidad de los romanos, y junto a ellas, la desconfianza y la dureza de los cartagineses; poniendo como ejemplo su propia mudanza empujó a muchos iberos a hacerse amigos de los romanos.

Bóstar, que había entregado los rehenes al enemigo, de la manera más ingenua de lo que su edad permitía suponer, corrió riesgos muy superiores al normal. Pero como la estación estaba ya muy entrada, los dos bando esparcieron su fuerza para pasar el invierno. La fortuna había prestado una ayuda suficiente a los romanos, con el caso de estos muchachos para los proyectos futuros. Y esta es la situación en Iberia.

Año -216

COMENTARIO

Las primeras escaramuzas o intentos de los cartagineses tras la llegada a Emporion de la armada romana, los puso en guardia. El proyecto era poner en riesgo a la armada cartaginesa, en teoría superior a la romana, pero que no consiguieron frenar el intento de Roma de presentar un frente por mar que hiciera peligrar la llegado de refuerzos de Cartago para ayudar a Aníbal en sus operaciones militares en Italia. Los romanos consiguieron entrar en Sicilia a pesar de la fuerza cartaginesa.

Pos otra parte, Escipión consigue romper los lazos que hacían imposible conectar con los iberos. Mediante una actitud de política reconciliadora con las comunidades iberas al norte del Ebro, la confianza hacia los cartagineses empieza a resquebrajarse. La política de Aníbal de tomar rehenes ante su marcha contra Italia, exigiendo rehenes de categoría y dejándolos en Cartago Nova, frena cualquier intento de rebelión de los nativos ibéricos en un posible intento de rebelión mientras él esta en Italia. Pero esta táctica empieza a resquebrajarse, y los iberos, temerosos de que los romanos se ganen la simpatía de los naturales, optan por entregar los rehenes sus familias para ganarse su simpatía y apoyo en caso de que esta política les falle. Los romanos lo ven con buenos ojos y están de acuerdo. Ambos, romanos e iberos, sacarían buen partido de esta táctica y se lleva a cabo.

Polibio, 3.113. 6. Al mismo tiempo Aníbal hizo pasar el río a los baleares y lanceros y los dispuso al frente del ejército, y sacando del campo el resto de sus fuerzas, atravesó por dos lugares la corriente y las formó frente al enemigo. A su izquierda, junto al río, dispuso la caballería ibera y celta, dando frente a los jinetes romanos, inmediatamente la mitad de la infantería pesada africana, y a continuación de éstos, la infantería ibera y celta, A su espalda puso la otra mitad de los africanos, y finalmente, en el ala derecha formó la caballería reunida. Habiendo así extendido en una línea recta su ejército, tomando la mitad de los tropas iberas y celtas, avanzó, manteniendo el contacto entre ellos y los flancos, pero separándose de ellos gradualmente hasta formar una media luna, extremando sus extremos. Su intención era utilizar en la batalla como rehenes, a los africanos y entablar la lucha con los iberos y los celtas.

Polibio, 3.114.1. El armamento de los africanos era a la romana, ya que Aníbal los había equipado con los despojos de la batalla anterior. El escudo de los iberos y de los celtas era muy parecido; las espadas en cambio eran distintas; las de los iberos podían herir lo mismo de punta que de filo, pero la de los celtas servían únicamente para el tajo, y esto en una cierta distancia. Estando dispuestos en compañías alternadas, los celtas desnudos, los iberos cubiertos con túnicas de lino de color de púrpura a la costumbra de su país, ofrecían un aspecto extraño e impresionante. Los africanos del ala derecha hicieron un cambio a la izquierda, y, empezando el ataque por la derecha, cayeron sobre el flanco del enemigo; mientras que los de la izquierda, como su situación se le imponía, giraron a la derecha y atacaron por la izquierda.- De donde resultó lo que Aníbal había imaginado-. que los romanos, en su persecución de los celtas, fueron copados por los africanos; entonces ya no conservaron la formación compacta, sino que individualmente o por los bandos, combatían contra el enemigo que caían sobre sus flancos.

COMENTARIO

Aquí podemos observar la estrategia planificada por Aníbal en su proyecto de combate. Aníbal planifica un sistema de ataque de «embolsamiento» del enemigo, de manera que no pueda escapar. El ejército de Aníbal era invencible a campo abierto con este sistema de organización militar. A campo abierto, este plan era muy superior al romano, quien acabaría destrozado. Aquí demuestra Aníbal que su plan estratégico era eficaz. Era imposible vencerlo con el sistema «media luna».

Polibio. 3.117.6. Del ejército de Aníbal cayeron cuatro mil celtas, mil quinientos iberos y africanos, y unos doscientos soldados de a caballo. Los romanos hechos prisioneros, lo fueron fuera de la batalla por la razón siguiente.

Polibio, 9,11.1-3. (Fragmentos) Los generales cartagineses. tras haber vencido al enemigo, no lograron vencerse a sí mismos. Creían que la guerra contra los romanos había concluido y se enzarzaron en peleas entre ellos, acuciados por la ambición y el afán de dominio, verdaderamente innatos en los cartagineses. Asdrúbal, hijo de Gisgón, se apoyó en su autoridad y llegó a un extremo tal de sordidez que exigió una cantidad enorme de dinero al amigo más leal del que, a la sazón, disponían los cartagineses en Iberia. Se trataba de Indíbil, expulsado de su reino por los romanos y que por el afecto que profesaba a los cartagineses, pudo recuperar. en un principio Ibdíbil no le atendió, pues confiaba en la lealtad demostrada a los cartagineses, pero Asdrúbal le tildó de falso y le obligó a entregar como rehenes a sus propias hijas.

COMENTARIO

SegÚn este texto de Polibio, las guerras contra los romanos y el triunfo sobre ellos, demuestra que el sentido de patria no jugaba un papel importante en sus vidas; y aparece la ambición, que, con el tiempo se convertirá en un enemigo que destruirá su presencia en la Península Ibérica.

Polibio, 9.22,1-5. Para ambas naciones, me refiero a romanos y cartagineses, un hombre era la causa y el alma de lo que ocurría, quiero decir Aníbal. A todas luces él dirigía personalmente las operaciones de Italia, y las de Iberia a través del mayor de sus hermanos, Asdrúbal, y tras la muerte de éste, a través de Magón el Viejo. Entre los dos aniquilaron a los generales romanos (Publio y Gneo) destacados en la Península. También dirigía las operaciones de Sicilia, primero a través de Hipócrates, y después, a través del africano Mitón.

COMENTARIO

Asdrúbal, hermano de Aníbal, juntamente con Magón el viejo, fueron los que mantuvieron intacto el poder de los cartagineses en la Península. Aníbal confiaba plenamente en ellos, y lo cierto, es que acabarían con los dos Escipiones, mientras el estaba derrotando de forma continuada a las fuerzas romanas cada vez más debilitadas. Y Aníbal luchaba abiertamente en Italia sintiéndose con las espaldas cubiertas porque no sólo el ponía el jaque al ejército romano en Italia, sino que se sentía vencedor al saber que la guerra en Iberia iba a su favor. Pero no se olvide que un solo fallo estratégico de los Escipiones fue la causa del desastre romano en Iberia.

Polibio, 10.2. 1. Ahora vamos a historiar los hechos de Publio Cornelio Escipión en Iberia, y añadiremos todas las gestas de su vida. Nos parece, pues, indispensable que los lectores conozcan anticipadamente algo del carácter, de la manera de ser de este personaje. Fue quien gozó de más fama en los tiempos pasados y, por ello, todo el mundo se empeña en saber quien fue, en conocer su forma de ser y sus tendencias.

Polibio, 10, 6. En resumen, entonces reunió sus tropas y las exhortaba a que no se alarmaran por la derrota anterior, puesto que los romanos jamás habían sido vencidos por la potencia de los cartagineses, sino por la traición de los celtiberos, y también por la temeridad de los dos generales romanos, que se habían separado demasiado uno del otro, fiados en la alianza con aquellos de quienes he hecho mención. La dos cosas afirmo que ahora ocurrían al enemigo, porque éste había distanciado mucho sus campamentos y, además, había tratado con soberbia a sus aliados, enajenándolos y convirtiéndolos en amigos. Esto había hecho que algunos ya le hubieran enviado mensajeros y que otros cuando cobraran más confianza el ver que ellos, los romanos, había cruzado el río, se le presentaran espontáneamente no por sentimientos de adhesión hacia él, es cierto, pero sí por rechazar al máximo la insolencia de los cartagineses para con ellos. Afirmaba que, sin embargo, lo más importante era que los generales adversarios se habían enemistado y que se negaban a presentar batalla conjuntamente contra los romanos. Se si arriesgaban separadamente, eran fácilmente superables. Lo exhortaba a pensar eso y a atravesar el río con confianza; él y los demás comandantes les prometían cumplir la parte que les concernía a ellos. con estas palabras dejó a Marco Silano, su lugarteniente, con tres mil soldados de infantería y quinientos jinetes, para que patrullaran los lugares por donde se había hecho la travesía y vigilaran a los aliados de acá del río; él hizo pasar a las fuerzas restantes sin dejar prever sus intenciones. Su verdadera determinación era no hacer nada de lo que había dicho delante de todos; lo que se suponía era asediar de repente la ciudad hispana de Cartago Nova. Y he aquí la primera gran prueba de nuestra opinión, hace poco expuesta. Mas que nada porque a sus veintisiete años se entregó totalmente a empresas que la gente creía desesperado ante la magnitud de los desastres ocurridos y, además, porque en esta dedicación dejó a un lado los planes vulgares, que le podían venir a la mente a cualquiera, y pensó y se propuso hacer lo que (ni amigos) ni enemigos podían sospechar. Y todo lo realizaba con los cálculos más precisos. Ya de buenas a primeras, cuando todavía estaba en Roma, había hecho averiguaciones, había investigado con detalle la traición de los celtiberos y la separación de las legiones romanas y dedujo que en todo ello radicaba la causa de los desastres sufridos por los hombres de su padre; los cartagineses ni le impresionaron ni le desanimaron, como habían causado impacto y desaliento a sus gentes. Después supo que los aliados de más allá del Ebro se mantenían fieles a los romanos y, también, que los generales cartagineses andaban a la greña y que trataban desdeñosamente a los pueblos sometidos. Todo ello le hizo cobrar ánimo para la expedición en la que se fió no de la suerte, sino del cálculo.

Llegado ya a Iberia, lo removió todo para indagar sobre los enemigos. Pudo enterarse de que las fuerzas de los cartagineses se habían dividido en tres grupos: Magón estaba más allá de las Columnas de Herakles, entre el pueblo llamado de los conios; Asdrúbal, hijo de Gisgón, estaba en Lusitania, en la desembocadura del Tajo, y el segundo Asdrúbal (hermano pequeño de Aníbal) asediaba una ciudad en la región de los carpetanos; los tres se encontraban a mas de diez días de marcha de Cartago Nova. Se convenció de que si se decidía a presentar batalla al enemigo, enfrentarse a los tres en bloque le era altamente inseguro, ya que sus antecesores habían sido derrotados y el adversario era muy superior en número.

Polibio, 10,7,1-6. Por otro lado, si provocaba a batalla a un grupo solo, incluso si llegaba a hacerlo en fuga, acudirían las fuerzas cartaginesas restantes a él, de uno u otro modo, se vería rodeado; así que temía sucumbir a la misma desgracia que su tío Gneo Escipión y que su padre Publio. Por esto, ya desde el principio descartó una operación de este tipo. Sabía, en cambio, que la ciudad de Cartago Nova, que ya he citado, era muy útil al enemigo y que, precisamente en la guerra de entonces, perjudicaba mucho a los romanos. Durante el invierno había reunido informaciones de gente que conocía muy bien sus peculiaridades. Lo primero que supo fue que era prácticamente la única ciudad de Iberia dotada de un puerto capaz de albergar una flota, es decir, fuerzas navales. Averiguó, además, que su situación era excepcionalmente favorable para los cartagineses, para sus navegaciones desde el África y sus travesías por mar. en segundo lugar se enteró de que los cartagineses guardaban en este sitio prácticamente todos sus fondos y los bagajes de su ejército, demás de sus rehenes procedentes de toda Iberia. Lo más importante era que hombres verdaderamente expertos en la guerra, allí había sólo mil como guarnición de la ciudadela, porque jamás nadie llegó a sospechar que hubiera quien planeara asediar la plaza, dominando, como dominaban, prácticamente, los cartagineses toda Iberia.

COMENTARIO

Los cartagineses en Iberia eran prácticamente dueños de todo el territorio. Los romanos lo sabían. Pero los tres jefes se creían dueños y pensaron que todo estaba asegurado. El romano no lo dudó: vio que el enemigo se encontraba muy dividido en sus intereses locales y muy separados entre sí. La ocasión era de oro. No interesaba entablar combate con cada uno de ellos por separado. Ello disminuía sus posibilidades. Escipión optó por atacar el corazón del poder de cartaginés en Iberia: asaltar la ciudad de Cartago Nova. donde se encontraba prácticamente todo lo que Aníbal había dejado en Iberia para su seguridad en Italia: pertrechos, equipamientos, guarnición y lo más valioso: rehenes seleccionados de entre los poderosos iberos.

Tito Livio (continuación)

Livio, 22.11,6. que unas naves de transporte que, de Ostia llevaban provisiones para el ejército de Hispania, habían sido apresadas por la flota cartaginesa cerca del puerto de Cosano.

Livio, 22, 19,1-12. A comienzos del verano en que se habían producido una serie de acontecimientos, también en Hispania reanudose la guerra por tierra y mar. Asdrúbal añadió diez naves a las que, aparejadas y con su correspondiente dotación, le dejara su hermano, y confió el mando de aquella escuadra de cuarenta unidades a Himilcón. Salidos de Cartago Nova, hízoles avanzar costeando, en tanto que el ejército marchaba por el litoral: su intención era combatir con unas u otras fuerzas, según por donde se les presentara el enemigo.

Este mismo plan concibió primeramente Escipión, al enterarse de que el enemigo había salido de su acantonamiento; mas luego, viendo nuevas posibilidades en un combate terrestre, pues las noticias llegadas del campo adversario encarecían mucho los nuevos refuerzos recibidos, embarcó la infantería de marina y decidió ir al encuentro del enemigo con una flota de treinta y cinco unidades.

Hízose a la mar en Tarragona, y al día siguiente llegó a un abrigo que distaba diez millas de la desembocadura del Ebro. Desde allí envió dos naves exploradoras marsellesas, las cuales regresaron con la noticia de que la escuadra cartaginesa estaba anclada en la desembocadura y el campamento junto a la orilla.

En vista de ello, a fin de sorprenderlos desprevenidos y sobrecogidos de espanto todos a un tiempo, levó anclas y se dirigió hacia el enemigo.

Hay en Hispania muchas torres situadas en lugares elevados que sirven a los naturales de atalayas y a le vez de defensa contra los bandidos. Desde una de ellas se dio aviso a Asdrúbal de la proximidad de las naves romanas: se produjo en tierra y en el campamento un tumulto antes de que en la costa y junto a las naves, donde ni se había oído el golpe de remos ni otro ruido de la escuadra, ni había podido verlas por ocultárselas unos promontorios, cuando de repente un jinete enviado por Asdrúbal y tras él otro y otro -que se encontraban paseando por la costa, o tranquilos en sus tiendas y no teniendo nada tan lejos del pensamiento en aquel día, como el enemigo o un combate- les manda embarcar rápidamente y coger las armas; la escuadra romana se halla ya a escasa distancia del puerto.

Los jinetes que iban llegando daban esta orden por todos los lados; luego presentose el propio Asdrúbal con todo el ejército: el ruido de la general agitación lo arrastra todo, pues se arrojan hacia las naves a la vez remeros y soldados, y más parecen huir de tierra que ir a la lucha. Apenas están todos a bordo, ya unos sueltan las amarras y levan las anclas; otros, para evitar toda demora, cortan las cuerdas que las sujetan y en medio del desorden y agitación generales, la preparación de los soldados estorban los trabajos de los marinos, la zozobra de los marinos impide a los soldados coger y preparar sus armas. Y ya el romano no sólo estaba cerca, sino que había incluso alineado sus naves en formación de combate. De aquí que, desconcertados los cartagineses más por su propia confusión que por el enemigo y la lucha, e intentando más bien que emprendiendo el combate, diéronse a la fuga con su armada. Mas como no era fácil entrar en formación tan amplia y que avanzaba todo a la vez, por la desembocadura del río que tenían enfrente, llevaron desordenadamente las naves a la playa, y desembarcando: unos en vados, otros en tierra firme, huyeron, parte conservando las armas, parte desarmados, hacia su ejército desplegado en la costa; con todo, al primer encuentro, dos naves les fueron apresadas y otras cuatro hundidas.

Livio, 22.20.1-12. Los romanos, aunque la tierra firme estaba ya en poder del enemigo, cuyo ejército veían en armas, desplegado a lo largo de la costa, no vacilaron en perseguir a la desmoralizada flota adversaria, y amarrando por la popa a todas las naves que no había estrellado su proa contra la orilla y que estuvieren encalladas, las llevaron a alta mar: de cuarenta naves apresaron a unas veinticinco. Y no fue esto el mejor resultado de aquella victoria, sino el haberse hecho dueños absolutos del mar en aquella costa con una sola y ligera batalla.

Llevaron, pues, la escuadra a Onusa, y desembarcaron en tierra firme. tomaron la ciudad por asalto destruyéndola, y desde ella se dirigieron a Cartago Nova, donde después de asolar toda la campiña circundante, llegaron incluso a incendiar las casas extramuros. desde allí la escuadra, ya cargada de botín, llegó a Longuntica, donde había una gran cantidad de esparto almacenado por Asdrúbal para usos de sus navíos. Tomando cuanto hubieron menester, pegaron fuego a todo los restante. Y además de costear la Península, pasaron también a la isla de Ibiza. Allí, durante dos días atacaron la capital de la isla con gran cantidad de fuerzas, pero en vano, de modo que, comprendiendo que perdían el tiempo inútilmente dedicáronse a asolar la campiña; y destruidas e incendiadas algunas aldeas, con un botín mayor que el arrebatado en la Península, vinieron a las naves momento en que se presentaron a Escipión emisarios de las islas Baleares pidiendo la paz. Desde allí la flota tomó rumbo de retorno y regresó a la parte oriental de la provincia, a donde acudieron emisarios de todos los pueblos situados a esta parte del Ebro, y así mismo de otros muchos de las más apartadas regiones de Hispania. Pero pueblos que se sometieron de hecho a la dominación romana y pasaran a formar parte del Imperio, entregando rehenes en garantía, hubo más de ciento veinte. Por ello, teniendo ya suficiente confianza en el número de fuerzas de tierra, el romano avanzó hasta el desfiladero de Cazlona. Asdrúbal se retiró hacia Lusitania, a la parte más próxima al Océano.

COMENTARIO

Livio nos narra los episodios ocurridos a la llegada de los Escipiones tanto por tierra como por mar. los cartagineses pierden combates navales y los enemigos de Roma abandonan la zona de Cartago Nova sin pensar que el objetivo de Roma pretendía apoderarse del punto más importante de Cartago en Hispania. Asdrúbal se aleja de la zona y se desplaza hacia la Lusitania. Por ahora le allanan el terreno a los generales romanos.

Livio 22.21, 1-8. Tranquilo parecía que iba a ser el resto del verano, y lo habría sido por parte del adversario cartaginés; mas, a la natural propensión de los hispanos a los levantamientos, vino a añadirse el hecho concreto de que Mandonio e Indíbil, antiguo reyezuelo de los ilergetes. al retirarse los romanos del paso de Cazlona a la región costera, sublevaron a sus paisanos y se dirigieron hacia el territorio de unos aliados de Roma, que estaban en paz con ellos, para saquearlo. Escipión envió contra ellos a un tribuno con soldados auxiliares de infantería ligera, a quienes bastó un leve combate para poner en fuga a aquellas desorganizadas guerrillas, después de causarles mil bajas, cogerles algunos prisioneros y desarmar a la mayor parte. Mas esta refriega fue motivo de que Asdrúbal, que se retiraba en dirección al Atlántico, retrocediera a esta parte del Ebro para proteger a sus Aliados. Habrían acampado los cartagineses en el territorio de los ilergavones, y los romanos junto a Nova Clase, cuando una noticia imprevista llevó la guerra a otra región; los celtiberos que había enviado a los principales de su región como emisarios y habían entregado rehenes a los romanos, incitados por un mensajero mandado por Escipión, se levantan en armas y con un ejército respetable invaden el territorio sometido a los cartagineses. Toman al asalto tres plazas, libran luego con éxito dos batallas con el propio Asdrúbal; causan al enemigo cerca de quince mil bajas y le cogen cuatro mil prisioneros y muchas enseñas militares.

Livio, 22.22.1-21. [1] Así las cosas en Hispania, llegó a esta provincia Publio Escipión, al cual le había sido confiada, prorrogándosele el mando militar al terminar su consulado. Enviábale el Senado con treinta navíos de línea, y con ellos ocho mil soldados y gran cantidad de provisiones.[2] Esta flota, enorme a causa del número de naves de carga que de ella formaban parte, fue divisaba ya desde lejos y, en medio de la alegría de los romanos y de aliados, atracó en el puerto de Tarragona. [3] Desembarcada allí la tropa, Escipión fue a reunirse con su hermano y en lo sucesivo dirigieron ambos la guerra de común acuerdo.[4] Como los cartagineses estaban dedicados totalmente a su lucha contra los celtiberos, los dos caudillos romanos atraviesan sin demora el Ebro y, sin haber hallado enemigo alguno, se disponen a llegar hasta Sagunto, pues se sabía que en su ciudadela estaban encerrados, bajo la vigilancia de una módica guarnición, los rehenes de toda Hispania que Aníbal había dejado allí.[5] Esta era la única garantía que tenía a todos los pueblos hispanos de poner en práctica su deseo de aliarse con los romanos: temían, en efecto, pagar su defección con la sangre de sus hijos.[6] Un sólo hombre libró a Hispania entera de aquel dogal, con un procedimiento en que más brilla la astucia que la lealtad. Hallábase en Sagunto un hispano distinguido, Abélux, partidario durante un tiempo de los cartagineses, pero que entonces había cambiado de partido como la Fortuna, según suele ser mudable el favor de los autóctonos respecto a los ocupantes.[7] Con todo, convencido que un hombre que se pasa al enemigo y no entrega algo verdaderamente importante, no es considerado más que como un ser vil e infame, se afanaba en ser de la mayor utilidad para sus nuevos aliados.[8] y Así, consideradas todas las posibilidades que el azar podía dejar en sus manos, decidió poner todo el empeño en lograr el rescate de los rehenes, no dudando de que aquella ocasión era la que mejor podía granjear a los romanos la amistad de los jefes hispanos. [9]Mas como sabía bien que los guardias nada harían sin orden del oficial que estaba al frente de la guarnición, Bóstar, a él se dirige arteramente.[10] Tenía Bóstar su campamento en la misma costa con el fin de cerrar el paso a los romanos por aquella parte.[11] Llamándole allí aparte, simula descubrirle, como si él la ignorara, la verdad de la situación: «El temor había tenido sumisos hasta aquel día, a los hispanos, porque los romanos estaban lejos; ahora, en cambio, el campamento hallábase ya a esta parte del Ebro, ofreciendo buena defensa y refugio a los descontentos; por consiguiente había que reanudar con favores y beneficios unos lazos que el temor ya no estrechaba. [12] Sorprendido Bóstar, preguntó qué favor de rápida ejecución habría que pudiera lograr un efecto tan importante.»Devuelve» -contestó Abelux- sus rehenes a los ciudades». [13]Esta medida será doblemente bien vista: por sus propios padres, en particular, personas de elevada posición en sus respectivas ciudades y, en general, por los misos pueblos.[14] Todo el mundo quiere que se le tenga confianza, y el demostrársela previamente le obliga, muchas veces, a ser leal. El servicio de restituir los cautivos, pido que corra de mi cuenta, afín de que también con mi colaboración efectiva ayude yo a mi proyecto, y haga todavía más digna de gratitud una acción grata ya por sí misma». [15]Convencido de que la hubo -carecía el hombre de la sagacidad característica de su raza – por la noche dirigiose Abelux secretamente a las avanzadillas de los romanos y se puso en contacto de algunos soldados hispanos auxiliares. Conducido por éstos a presencia de Escipión.[16] Expuso su intento. Dadas por ambas partes palabras de lealtad y fijados fecha y lugar para la entrega de los rehenes, volvió a Sagunto. El día siguiente lo pasó con Bóstar para recibir sus órdenes respecto a la ejecución del proyecto. [17]Despidiose diciendo que había decidido ir de noche para burlar así la vigilancia enemiga; mas, en realidad, despertando a los carceleros de los muchachos a la hora convenida con los romanos, condújoles, cual si nada supiera, a la emboscada preparada por su propia falsía. [18] Lleváronles al campamento romano, y todas las demás formalidades de la entrega a sus familias las llevó a cabo según había proyectado con Bóstar, exactamente igual que hubiese hecho de haber obrado en nombre de los cartagineses. [19] El favor que por este hecho cobraron los romanos superó al que en el mismo acto habrían obtenido los cartagineses, Como éstos, mientras las cosas les fueron bien, se habían mostrados duros y soberbios, podía parecer que eran ahora el cambio de su suerte y el recelo lo que los había inducido a clemencia; [20] el romano, en cambio, recién llegado y desconocido hasta entonces, había empezado con muestras de indulgencia y liberalidad, con lo que Abelux había obrado avisadamente el cambiar los aliados. [21]Pensando así, todos aquellos pueblos, en unánime acuerdo, esperaban pasarse, y hubieran ido a las armas sin demora, de no haber llegado el invierno, que obligó también a romanos y cartagineses a acuartelarse.

Año -216. Según Livio, en esta fecha comienza en Hispania la Segunda Guerra Púnica.

Tito Livio 23.26. 1-11. [1]Mientras estas cosas son llevadas a cabo en Italia y se preparan otras, en Hispania la guerra no era mucho menos activa, sino más ventajosa para los romanos.[2]Habiéndose repartido entre ellos Publio y Gneo Escipión las fuerzas, se acordó que Gneo llevara a cabo su empresa por tierra, y Publio, por mar. Asdrúbal, jefe de los cartagineses, no teniendo confianza en ninguna de las dos partes de sus fuerzas, se mantenía en un lugar seguro, lejos del enemigo, con cierta distancia de separación; hasta que le fueron enviada desde África, después de rogar mucho y largo tiempo, una tropa de cuatro mil infantes y quinientos jinetes como refuerzo. [3]Finalmente, recuperada su esperanza, situó su ejército un poco más cerca del enemigo, y ordenó que la escuadra se equipara y se dispusiera para proteger las costas y las islas. [4] Al deseo de reanudar las operaciones se le sumó el abandono por parte de los prefectos de la escuadra, quienes, tras la deserción producida en la desembocadura del Ebro a causa del miedo, nunca más fueran de la confianza de su general en las operaciones cartaginesas. [5] Estos desertores habían provocado una revuelta entre los pueblos de los tartesios y algunas de sus ciudades se habían sumado a ellos; incluso una tuvo que ser sometida por la fuerza por los mismos. [6] Los romanos dirigieron la guerra contra aquella gente. Asdrúbal con un ejército hostil, penetrando en el territorio de los enemigos, ordenó dirigirse contra Calbo, importante jefe de los tartesios, colocándose delante de los muros de una ciudad capturada unos días antes, jefe que tenía en su campamento un fuerte ejército.[7]Tras enviar por delante una ligera expedición para provocar al enemigo al combate, envió una parte de la caballería a saquear los campos a todas partes y que mataran a los que se encontraran dispersos. [8] A la vez se produjo un tumulto en el campamento, las huidas y las muertes de los campos, y después por todos los lugares, y dirigiéndose al campamento por diversos lugares y caminos, hasta tal punto el miedo se apoderó de sus ánimos, que no tenía ya fuerza no sólo para emprender una defensa, sino incluso para rechazar al enemigo en combate. [9] Salen, pues, en formación del campamento, danzando según su costumbre, y una inesperada audacia infundió terror a un enemigo que poco antes atacaba sin precauciones. [10] De esta forma el propio Asdrúbal, asegurado además por la corriente de un río, condujo sus tropas a una colina bastante escarpada, y recuperó una ligera guarnición que había enviado por delante y a unos jinetes que andaban dispersos. Pero no confiado ni en la colina ni en el río, fortificó su campamento con una empalizada. [11]Mientras duró este miedo alternante, tuvieron lugar algunas escaramuzas; pero ni el númida (africano) igualó al hispano, ni el flechador Nauro, al armado escudo, similar en rapidez y un tanto superior en fuerza física y de ánimo.

Livio, 23.27.1-12. Viendo los sublevados que ni presentándose ante el campamento podían atraer a los cartagineses al combate, [2]ni era fácil el ataque a sus posiciones, se dirigen a asaltar Ascua, donde Asdrúbal, al entrar en aquel país, había dejado el grano y demás provisiones, y se apoderan del campo alrededor. Y ya no pudieron ser retenidos por ninguna orden ni en la marcha ni en el campamento. [3]Asdrúbal se enteró de esta negligencia, natural después del éxito; exhortó a sus soldados a atacar a los enemigos dispersos y sin enseña, y descendiendo de la colina, marcha derechamente con sus tropas formadas hacia el campamento.[4]Cuando los centinelas y fugitivos, desde las atalayas y puestos de guardia, llevaron la noticia de su presencia, se dio el grito de «a las armas». [5]Sin esperar órdenes, sin enseñas, toman las armas y en desorden se lanzan a la lucha; cuando los primeros había llegado ya a las manos, aún llegaban grupos corriendo, y otros no había salido del campamento. [6] Con todo, su audacia llegó a aterrorizar al enemigo; pero, viéndose aislados en su lucha contra un adversario ordenado, inseguros por su inferioridad numérica, comenzaron a mirarse los unos a los otros; rechazados por todas partes, forman un círculo, [7] aplican los cuerpos unos contra otros, unen las armas a las armas, y rechazados hacia un reducido espacio, donde apenas tienen sitio para mover las armas, quedan envueltos por un anillo de enemigos y son exterminados durante el día; [8]Un reducido número logra abrirse paso y huye a los montes y a los bosques; el mismo terror hizo que abandonaran el campamento, y al día siguiente toda la población se rindió.[9]Pero no permaneció fiel por mucho tiempo a su pacto, pues no tardó en recibir orden Asdrúbal de pasar en seguida con su ejército a Italia, noticia que, divulgada en Hispania, hizo volver hacia los romanos casi todos los ánimos. [10]Desde esto, Asdrúbal, rápidamente envía una carta a Cartago, notificando cuánto daño había provocado la noticia de su marcha a Italia; si llegar a marcharse de Hispania, antes de que atravesara el río Ebro, ésta caería en poder de los romanos, [11] porque, aparte de que no tenía ni guarnición ni jefe que dejar en su puesto, los generales romanos eran tales que apenas se les podía hacer frente con unas fuerzas paralelas. [12] En consecuencia, si Hispania les importaba algo, que le dejaran un sucesor con un ejército fuerte; a quien, si todo le salía bien, esta provincia no le iba a resultar tranquila.

COMENTARIO

El enfrentamiento entre las fuerzas romanas y cartaginesas pendía de la estabilidad entre Asdrúbal y Cartago. Ésta, al comunicarle que debía marchar en ayuda de Aníbal en Italia, provoca que Asdrúbal se dirija al Senado cartaginés con dureza y lógica estratégica, comunicándole que se ponía en peligro la preponderancia de Cartago en Hispania. Esto indica que la situación empezaba a socavar la situación estratégica del cartaginés frente a Roma. Si Asdrúbal marcha a Italia, la retaguardia que tenían en Hispania se vería muy mermada porque los romanos empezaban a hacerse fuertes; y si Asdrúbal se marcha, dejando un ejército inseguro e inestable, y los romanos cada vez mas firmes en sus acciones militares, pronto toda la Península Ibérica caería bajo el poder romano.

Año -215.

Livio, 23.28, 1-12. [1] Esta carta, aunque al principio preocupó bastante al Senado, sin embargo, no se tomó ninguna decisión, sobre lo de Asdrúbal, ni sobre las fuerzas perdidas, ya que lo que primaban eran los asuntos de Italia.[2] Himilcón fue enviado a defender Hispania por tierra y por mar, con un ejército completo y una crecentada escuadra.[3] -Este, tan pronto como hizo pasar las tropas marinas y terrestres, una vez fortificado el campamento, amarradas las naves y rodeados con una empalizada, con guarnición de soldados selectos, él mismo, lo más rápido que lo pudo hacer, a traves de dudosos y enconados pueblos, según su intención, llegó a la plaza de Asdrúbal. [4]Habiéndoles expuesto las órdenes y decretos del Senado, y habiendo sido informado él mismo, a su vez, de cómo había de realizar la guerra en Hispania, regresó a su campamento, no confiando en nada más que en la rapidez de volver por donde había venido antes de que se dieran cuenta y lo descubrieran. [5] Asdrúbal, antes de levantar el campamento, pidió dinero a todos los pueblos de su dominio [6] al saber que Aníbal había comprado ciertos pasos con dinero, y que no había conseguido tropas auxiliares galas, sino asalariadas; pues sabía que atravesar los Alpes sin dinero costaría un enorme trabajo. Reunido el dinero a la fuerza, se dirigió hacia el Ebro. [7] Cuando fueron conocidos por los romanos las órdenes de Cartago y la marcha de Asdrúbal, los dos generales. dejando todo lo demás,[8] unen sus tropas y se preparan a oponerse a la marcha emprendida por Asdrúbal, creyendo que si conseguía unirse a Aníbal el ejército de Hispania, la ruina del poderío romano sería inevitable. [9] Inquietos por esto, reunieron sus tropas junto al Ebro y, pasando el río, deliberaron si debían avanzar hasta acampar frente a Asdrúbal o limitarse a atacar a los aliados de Cartago, [10] cortando así el camino proyectado por el enemigo; decidieron, por fin, poner sitio de Ibera, ciudad entonces la más rica de aquella región y llamada así por la vecindad del río. [11]Lo supo Asdrúbal, pero, en vez de acudir en socorro de sus aliados, puso sitio a otra ciudad que acababa de someterse a los romanos. [12] De esta forma, una vez comenzado el asedio por los romanos, se dejó y se dirigió la guerra contra Asdrúbal.

COMENTARIO

Prevalece la opinión del Senado cartaginés. Envían a Himilcón para sumarse a las tropas de Asdrúbal. Pero esto no resolvió las dudas de éste y se vio obligado a partir hacia Italia, cosa que no se podría conseguir sin dinero. Se avecinaba un descalabro de las tropas cartaginesas en su viaje a Italia, como después de verá.

Livio, 23,29, 1-17. [1] Durante algunos días tuvieron los campamentos a cincuenta millas de distancia, trabándose escaramuzas, pero no batallas cerradas. [2] Al fin, en el mismo día y como por acuerdo, se dio por los dos lados la señal de combate, y los dos ejércitos bajaron al llano. [3] El romano se formó con tres cuerpos; parte de los vélites se dispuso mezclado con los soldados de primera fila; los demás se ordenaron detrás de la enseñas, y la caballería guarneció las alas. [4] Asdrúbal refuerza su centro con hispanos; a la derecha coloca a los cartagineses; a la izquierda, los africanos y los auxiliares mercenarios. La caballería se distribuyó en las alas, los númidas con la infantería cartaginesa, los otros con los africanos. [5] No todos los númidas se colocaron a la derecha sino solamente aquellos que, como los saltarines de oficio, acostumbraban llevar dos caballos en lo más recio de la pelea, saltando con todas sus armas del fatigado al fresco; tal es la agilidad y docilidad de aquella raza de caballos. [6]Dispuestos de esta forma, los generales de cada bando estaban muy confiados, ya que ninguno tenía notable superioridad en cuanto a número o calidad de las tropas; sin embargo, el ánimo de los soldados estaba muy lejos de ser el mismo. [7] Aunque los romanos combatían muy lejos de su patria, sus jefes los habían convencido de que combatían por Italia y por Roma; así, pues, dependiendo su regreso a la patria del resultado de aquella batalla, estaban completamente decididos a vencer o morir. [8] En el otro ejército la decisión era menor. Casi todos los soldados eran hispanos y preferían ser vencidos en Hispania a vencer para que los llevasen a Italia. [9]Así, pues, al primer choque, cuando apenas se habían lanzado los venablos, el centro de Asdrúbal retrocedió y volvió la espalda a los romanos, que avanzaban vigorosamente. El combate fue más encarnizado en las alas. [10] Los cartagineses por un lado, y por otro los africanos, estrechan al ejército romano, lo atacan por los dos flancos y lo rodean en el doble ataque. [11] Pero, reuniéndose en masa en el centro. tienen bastante fuerza para rechazar en cada lado las dos alas del enemigo. [12] Había, pues, dos combates en los que los romanos, que al fin habían derrotado el centro, se encontraban muy superiores en número y en fuerzas. La victoria no fue dudosa. [13]En el combate pereció mucha gente, y si los hispanos no hubiesen huido en desorden, apenas comenzada la batalla, pocos hubiesen sobrevivido de todo el ejército enemigo. [14]La caballería casi no combatió, porque los moros y los númidas, en cuanto vieron ceder al centro, huyeron en confusión, abandonando hasta los elefantes delante de ellos y dejando descubiertas las alas. [15]Asdrúbal permaneció allí hasta que quedó claramente pronunciada la derrota, escapando con muy pocos hombres de en medio de la matanza. Los romanos se apoderaron de su campamento y lo saquearon. [16] Este combate les atrajo a cuantos vacilaban aún en Hispania, y quitó a Asdrúbal toda esperanza, no solamente de llevar sus tropas a Italia, sino hasta de permanecer con tranquilidad en Hispania. [17] En roma, donde anunciaron esta noticia cartas de Escipión, no se regocijaron tanto de la victoria como de la imposibilidad de que se encontraría en adelante Asdrúbal para llegar a Italia.

Livio, 23,32,6. Llega la noticia del descalabro en Italia y de que casi todos los pueblos se habían pasado a los romanos. Turbados y excitados por estas noticias casi simultáneas, envían a Magón con su tropas y naves a Hispania.

Livio, 23.46. 6. Tres días después, mil doscientos setenta y dos jinetes númidas e hispanos se pasaron a Marcelo. Los romanos se aprovecharon muchas veces de su valor y de su lealtad. Terminada la guerra, los hispanos en Hispania, y los númidas en África, recibieron tierras en recompensa de su bravura.

Livio, 23,48, 4. Al fin de este verano, en el que sucedió todo lo que hemos relatado, se recibieron cartas de los dos Escipiones, Publio y Gneo, en las cuales anunciaban los éxitos tan importantes y felices que habían alcanzado en Hispania; pero, al mismo tiempo, decían que no tenían dinero para el estipendio, ni vestido, ni trigo para el ejército, y que la tripulación de las naves estaba falta de todo lo necesario.

Livio, 23,49, 5-14 [5] Cuando las provisiones llegaron, Asdrúbal, Magón y Amílcar, hijo de Bomílcar, sitiaban Iliturgis, que se había pasado a los romanos. [6]Entre estos tres campamentos de enemigos, los Escipiones, habiéndose dirigido contra la ciudad de los aliados, con una gran lucha y matanza por parte de los que ofrecían resistencia, se llevaron el trigo, del que había gran carestía, [7]y tras haber exhortado a los habitantes a que protegieran las murallas con el mismo ánimo con que habían visto al ejército romano luchar por ellas, lo llevan para asaltar el campamento mayor, al que mandaba Asdrúbal. [8] Allí mismo se juntaron dos generales y dos ejércitos cartagineses. viendo que allí se trataba un asunto de suma importancia. Así, pues, se entabló un combate tras una salida realizada desde el campamento. [9] Sesenta mil enemigos en aquel día intervinieron en el combate; por parte de los romanos, unos dieciséis mil; sin embargo, hasta tal punto la victoria fue segura [10] que murieron, siendo superiores en número, muchos más enemigos que romanos; [11] hicieron más de tres mil prisioneros, poco menos de mil caballos, cincuenta y nueve enseñas militares, siete elefantes, cinco de ellos muertos en el combate, y también en aquel día se apoderaron de tres campamentos. [12] El sitio de Iliturgis (Mengíbar) fue levantado, pero los ejércitos cartagineses sitiaron entonces Intíbilis. La provincia había sufrido sus bajas; era de todas la más ávida de guerra con tal de que hubiera esperanza de botín o de fuerte sueldo; y en esta época estaba muy poblada. [13] Un segundo encuentro tuvo lugar entre los dos ejércitos con la misma fortuna por parte de los dos bandos. Murieron más de trece mil enemigos; más de dos mil hechos prisioneros con dos enseñas y cuarenta y nueve elefantes. [14] Entonces casi todos los pueblos de Hispania se pasaron a los romanos. En esta campaña Hispania fue escenario de acciones muchos más importantes que las que tuvieron lugar en Italia.

COMENTARIO

La situación de los romanos empieza a vislumbrar que los romanos estaban dominando la situación en Hispania. Los cartagineses y su ejército mercenario sufren derrotas notables que hacen presagiar que Aníbal, por entonces en Italia, cada vez perdía más la esperanza de recibir refuerzos procedentes de de Cartago o Hispania. Los romanos les iban ganando terreno y simpatía de los nativos hispanos

Período -214-212.

Livio, 24,41. 1-11. En aquel año en Hispania, el resultado de las empresas fue distinto. Antes de que pasaran el Ebro los Romanos, Magón y Asdrúbal, desbarataron las numerosas tropas hispanas.[2] Los aliados de la Hispania ulterior estaban indecisos y se hubieran pasado a los cartagineses si Publio Cornelio, atravesando el Ebro rápidamente, no hubiese llegado a tiempo. [3] Los romanos establecieron primero el campamento en Castrum Album, famoso por la muerte de Amílcar el Grande. [4] Su ciudadela había sido fortificada y contenía una reserva de trigo; mas, la presencia de los enemigos que hostigaron impunemente con su caballería a los romanos, y la muerte de casi dos mil soldados que merodeaban o buscaban forrajes por el campo, les indujeron a retirarse a posiciones más seguras y fortificaron el campamento junto al monte Victoria. [5] Acudieron allí Gneo Escipióm con todas sus tropas, y Asdrúbal, hijo de Gisgón, tercer general cartaginés, con un ejército regular. Se establecieron al otro lado del río, frente al campamento romano. [6]Publio Escipión, con tropa ligera, examinó ocultamente los alrededores, cosa que no pasó inadvertida al enemigo, que lo hubiese copado a campo abierto, si él no se hubiera hecho fuerte en un montecillo cercano; también allí lo rodearon, y lo libró del asedio su hermano. [7] Cástulo, ciudad noble y fuerte hispana aliada de los cartagineses, hasta el punto de que era la patria de la esposa de Aníbal, hizo defección a los romanos.[8] Iliturgis, por contener una guarnición romana, fue atacada por los cartagineses, y parecía que el hambre iba a decidir sobre su caída. [9] Gneo Escipión salió en su ayuda con una legión, armada a la ligera, pasó entre los dos campamentos, y ocasionando numerosas bajas al enemigo, penetró en la ciudad, de donde al día siguiente hizo erupción con feliz éxito. [10] Hubo en los dos combates más de doce mil muertos, mil prisioneros, y se apoderaron de treinta y seis estandartes; así, dejaron Iliturgis. [11] Se dirigieron a Biguerra, ciudad aliada que era objeto de ataque por parte de los cartagineses, a los que la sola presencia de Gneo Escipión hizo levantar el sitio.

Livio,24,42,1-11.[1] Los cartagineses acamparon en Munda y los romanos fueron en pos te de ellos.[2] Puestos en orden de combate, pelearon durante casi cuatro horas. Aunque dominaban los romanos, dieron la señal de retirada, pues Gneo Escipión había sido herido en la pierna por una jabalina, y sus soldados temían que su herida fuese mortal. [3] De ser por este retraso, hubiera tomado el campamento cartaginés, pues ya los soldados y hasta los elefantes habían retrocedido hasta la empalizada y en las mismas trincheras habían caído heridos treinta y nueve elefantes. [4]Murieron doce mil hombres, se hicieron tres mil prisioneros y fueron capturados cincuenta y siete estandartes. [5]Los cartagineses se retiraron a Auringis, y les siguieron acosándolos los romanos. Gneo Escipión acudió al combate en una litera; la victoria romana no fue dudosa, pero con la mitad de bajas por parte del enemigo, puesto que eran pocos los supervivientes del combate anterior.[6] Mas es una raza nacida para la lucha. Magón recibió de su hermano la orden de movilizar tropas con las que completó su ejército y les dio ánimos. [7] Pero los refuerzos, en su mayoría, eran galos y combatían por un partido tantas veces derrotado en los últimos días; marcharon contra los enemigos con mejor disposición de ánimo que antes y con resultados también similares. [8] Se produjeron unos ocho mil muertos, cogieron mil prisioneros y capturaron cincuenta y ocho estandartes; abundantes collares galos, collares y brazaletes de oro en gran cantidad. Murieron dos reyezuelos galos, Menicapto y Vismaro. Fueron capturados ocho elefantes y muertos tres.

COMENTARIO

Hasta el momento los romanos llevan la iniciativa en todos los frentes del Sur, territorio afín a los cartagineses. Los romanos, a pesar de haber sufrido algún percance por parte de uno de sus generales, se repusieron y consiguieron derrotar en varios ocasiones a los enemigos. Cada vez se cerraba más la posibilidad de que Aníbal recibiera ayuda desde Hispania.

Año -212

[9]A la vista del éxito, los romanos se avergonzaron de haber dejado por ocho años ya, en poder del enemigo, la ciudad de Sagunto, primera causa de la guerra. [10]Después de expulsada la guarnición cartaginesa, recuperaron la ciudad y la devolvieron a aquellos habitantes antiguos que había escapado de las desgracias de la guerra. [11] A los turdetanos, que fueron causa de la guerra entre Sagunto y Cartago, los sometieron, los vendieron como esclavos y arrasaron su ciudad.

Livio, 24,47, 8,9,11, [8] También los españoles eran cerca de un millar, se pasaron al cónsul con la sola condición de que se dejase libre, sin maltratarla, la guarnición cartaginesa, entregaron al cónsul las enseñas. [9] Se abrieron las puertas a los cartagineses y dejados ir bajo promesa. Llegaron a Salaria ante Aníbal. [11]Se mandó a los hispanos doble ración y la república tuvo ocasión a menudo de apreciar su valor y su fidelidad.

Livio, 24, 48, 1-13. [1] Los éxitos obtenidos en Hispania, la renovación de antiguas alianzas y la obtención de nuevas, hicieron que Publio y Gneo Escipión extendieran hasta África sus pretensiones. [2] Sífax era rey de los númidas, de pronto convertido en enemigo del pueblo cartaginés; le enviaron una comisión compuesta por tres centuriones, [3] con la promesa del agradecimiento del Senado y del pueblo romano, si continuaba hostigando al enemigo, favor que le sería devuelto con creces, [4] Gustole al bárbaro; y hablando de guerra, comprendió su ignorancia frente a tan regular disciplina; les rogó, pues, que volvieran dos de ellos ante sus generales, para darles cuenta del resultado de su misión, y que el otro permaneciera junto a él para que le enseñara el arte militar. [5]»Los númidas somos gente ruda en arte de guerra de infantería; útiles sólo para la caballería, [6]desde el origen de nuestra nación así ha sucedido; así nos han educado desde niños; nuestro enemigo es hábil infante; pues, si queremos competir con él, es preciso que nosotros seamos también infantes hábiles.[7]Mi reino es rico en hombres, pero hace falta armarlo, equiparlo e instruirlo; con una tropa reunida casi al azar, es aventurado luchar». [8] Los legados se manifestaron dispuestos a complacerle, con la única condición de devolverle el rehén si sus generales no aprobaban el pacto. [9-10] Dicho rehén fue Quinto Estatorio. Partieron con los otros embajadores númidas, con la orden de impulsar a la defección a cuantos númidas hubiera en plazas cartaginesas. [11-12] Estatorio seleccionó jinetes entre la juventud númida; enseñoles a formar, a maniobrar, a seguir los estandartes, a guardar las filas; acostumbroles a todo trabajo y deber de la guerra. El rey confiaba tanto en sus jinetes como en sus infantes; y en terrenos llanos superaban éstos por igual, al cartaginés. [13] Para los romanos de Hispania, la llegada de los emisarios del rey fue de gran provecho, pues al circular el rumor, hubo numerosas defecciones de númidas. Así empezó la amistad de Roma con Sífax. Al advertirla Cartago, envió una embajada a Gaya, rey de los mesulos, región opuesta de la Numidia.

COMENTARIO

Los generales romanos, visto el éxito en el sur de Hispania, cobraron confianza y seguridad. Cuidaron que la ciudad más importante, Cartago Nova, no quedara en ningún momento a merced de los cartagineses y sus aliados, que no eran pocos en estos territorios. Y visto los resultados, buscaron la forma de conectar con territorio cercano al sur de Hispania. hicieron un pacto con el rey de los númidas Sífax, llegando a un acuerdo de ayuda mutua en protección y formación militar por parte de los romanos.

Livio, 24, 49, 1-8. [1] Tenía Gaya un hijo (Masinisa) de diecisiete años, joven de tal carácter que ya entonces se tenía en él grandes esperanzas de que transformaría el reino heredado en otro más extenso y rico. [2] Los embajadores le hicieron ver que, ante la unión entre Roma y Sífax frente a reyes y pueblos africanos, [3] le convenía unirse a Cartago lo más pronto posible, antes de que Sífax pasara a Hispania, o los romanos a África. «Es fácil vencer a Sífax ahora que no tiene de aliado romano más que el nombre». [4] Masinisa intercedió ante Gaya y envió su ejército que, unido a las legiones cartaginesas, derrotó a Sífax. Hubo treinta mil muertos. [5] Sífax, con pocos soldados, desde la línea de batalla huyó a los maurusios, habitantes de la región oceánica, frente a Gades. Por su fama, acudían a él bárbaros de todas partes [6] con los que formó un ejército numeroso para pasar a Hispania, separada por el Estrecho. Pero llegó Masinisa con su ejército vencedor y, solo, sin ayuda de Cartago, lo venció gloriosamente. [7] En Hispania nada sucedió digno de mención; tan solo que los generales romanos atrajeron a la juventud celtibera hacia sus banderas, con el mismo sueldo que les había ofrecido Cartago [8] y enviaron a más de trescientos nobles hispanos a Italia a captarse la voluntad de sus compatriotas. fue el único hecho notable de aquel año, por ser los celtiberos los primeros mercenarios que tuvo Roma.

COMENTARIO

Los cónsules romanos había entablado amistad con Sífax, pero no un compromiso de defensa mutua ante un posible conflicto. Masinisa, sin embargo , se encontraba en condiciones de desventaja y tuvo que claudicar ante los cartagineses para que se enfrentaran a Sífax, ante el temor de que los romanos tomaran ventaja en las alianzas bélicas que se avecinaban. Sífax acabaría vencido por la liga cartaginesa-Masinisa.

Año -211.

Livio, 25,32, 1-10. [1] Durante este mismo verano en Hispania, donde por espacio de dos años nada se había realizado digno de memoria, aunque la guerra se hacía más por medios diplomáticos que con las armas, los generales romanos abandonaron sus cuarteles de invierno y unieron sus tropas. [2] Se convocó allí una asamblea y las opiniones de todos coincidieron en afirmar que, si bien hasta este momento se había conformado con retener a Asdrúbal, que intentaba pasar a Italia, era ya tiempo de proponerse esto como objetivo: poner fin a la guerra en Hispania. [3] Y creían que con los veinte mil celtiberos llamados este invierno a las armas, se habían unido suficientes fuerzas para esta empresa. [4] Eran tres los ejércitos de enemigos: Asdrúbal, hijo de Gisgón y Magón que, con sus campamentos unidos, se hallaban a una distancia de los romanos de unos cinco días de camino. [5] Más próximo estaba el hijo de Amílcar, Asdrúbal, antiguo general en Hispania, que tenía su ejército junto a una ciudad llamada Astorgis. [6] Los generales romanos querían atacar antes a éste y querían contar con suficientes fuerzas para ello; tan sólo les preocupaba la posibilidad de que, derrotado éste, el otro Asdrúbal y Magón atemorizados, se retiraran a los bosques intransitables o a los montes, y de esta manera prolongara la guerra. [7] Por consiguiente pensaron que lo mejor era dividir sus tropas en dos partes y al mismo tiempo emprender la guerra en todos los frentes de Hispania. Las distribuyeron de modo que Publio Cornelio llevara dos partes del ejército romano y de las tropas aliadas, contra Magón y Asdrúbal. [8]Y Gneo Cornelio, con la tercera parte del antiguo ejército y la ayuda además de los celtiberos, hiciera la guerra contra Asdrúbal Barca. [9] Los dos generales salieron al mismo tiempo con sus ejércitos, precedidos de los celtiberos, y establecieron sus campamentos junto a la ciudad de Antorgis, a la vista de los enemigos y separados de ellos por un río. [10] Allí se detuvo Gneo Escipión con las tropas que antes hemos dicho, y Publio Escipión partió hacia el lugar que se le había asignado para hacer la guerra.

Livio, 25,33, 1-9. Asdrúbal, cuando advirtió que en el campamento había tan sólo un reducido ejército romano y que éste tenía todas sus esperanzas puesta en las tropas auxiliares de los celtiberos. [2] Conocedor de la deslealtad de os bárbaros y sobre todo de estas tribus, entre las que hacía tantos años guerreaba, [3]pactó con los jefes de los celtiberos mediante secretas conversaciones (la comunicación era fácil, puesto que uno y otro campamento estaban llenos de hispanos) que se llevasen de allí las tropas. [4] Por una parte, a éstos no les parecía desleal la proposición (no se trataba en efecto, de que volvieran sus tropas contra los romanos) y por otra, se les ofrecía, para que no hicieran la guerra, una recompensa tan grande como hubiera sido incluso suficiente para inducirlos a hacerla. Además, no sólo el descanso en sí, sino también el regreso a su patria y el placer de ver a los suyos y a sus cosas, eran en general gratos; [5] y así, no fue mucho más difícil convencer a la muchedumbre que a sus jefes; además, ni siquiera tenían miedo de que los romanos, tan escasos en número, intentaran retenerlos por la fuerza. [6] Los jefes romanos, en verdad, deberán prevenir siempre este peligro y estos hechos serviles, para que se confíen hasta tal punto en los auxiliares extranjeros, que no tengan en el campamento mayor número de tropa y sobre todo, de su propia patria. [7] De repente, cogiendo sus insignias, los celtiberos se marcharon sin responder otra cosa a los romanos, que les preguntaban el motivo y les rogaban que se quedasen, sino que se veían reclamados por la necesidad de su hogares . [8] Escipión, cuando vio que sus aliados no podían ser retenidos ni con suplicas ni con la fuerza y comprendió que sin ellos su situación era muy inferior a la del enemigo, como no podía reunirse de nuevo con su hermano ni encontraba ninguna otra solución favorable por el momento [9] determinó retroceder cuanto pudiera, concentrando toda su atención en esto: no enfrentarse en un lugar llano con el enemigo que, después de atravesar el río, iba persiguiéndole en su huida a muy corta distancia.

Livio, 25,34, 1-14. [1]Por estos mismos días un nuevo temor, pero de mayor peligro por parte de un enemigo, acosaba a Publio Escipión. [2] Era este nuevo enemigo el joven Masinisa, aliado en este momento de los cartagineses que, después con la amistad de roma, llegó a ser ilustre y poderoso. [3] Entonces, con su caballería númida, salió al encuentro de Publio Escipión cuando se acercaba, y después se presentaba asiduamente día y noche, hasta tal punto hostil, [4] que no sólo cogía prisioneros a los que, habiéndose alejado algo del campamento con el fin de recoger leña o forraje, sorprendía vagando de un lado para otro, sino que lanzándose con frecuencia en medio de los puestos de guardia, producía enorme confusión. [5]También por la noche sus repentinas incursiones producían alarma en las puertas y en la estacada, y los romanos en ningún lugar y momento se veían libres de temor o de inquietud. [6] Se veían obligados a permanecer dentro de la empalizada, privados de todas las cosas, puesto que el asedio era casi regular y parecía que iba a ser más estrecho, si Indíbil, que según se decía, se aproximaba con siete mil quinientos suesetanos, lograba unirse a los cartagineses. [7] Escipión, general prudente y previsor, obligado por la necesidad, tomó una decisión temeraria, esto es, salir por la noche al encuentro de Indíbil y trabar combate con él dondequiera que le encontrase. [8] Por consiguiente, dejando en el campamento una reducida guarnición y poniendo al frente de ella, como lugarteniente, a T. Fonteyo, salió a media noche y, encontrando a los enemigos, trabó combate con ellos. [9] Luchaban más formados en columna de marcha que en orden de batalla. Sin embargo, los romanos eran vencedores, aunque en una lucha tan confusa, resultaba difícil determinarlo. Pero de repente los jinetes númidas, a quienes pensaba el general haber burlado, desplegándose por los flancos, infundieron un gran terror. [10] Además, después de haberse entablado combate con los númidas, se sumó un nuevo enemigo: los jefes cartagineses atacaron por la espalda a los romanos que ya estaban luchando con la caballería númida y un combate indeciso se estableció alrededor de los romanos, que no sabían a qué enemigo mejor atacar, o por qué parte, reuniendo sus fuerzas, podrían romper el cerco. [11] El general luchaba y animaba él mismo a sus soldados y se presentaba donde más era la lucha, hasta que cayó, atravesado su costado derecho por una lanza. La columna de asalto enemiga cuando vio que Escipión caía muerto del caballo, se disperso corriendo por todo el frente saltando de gozo y anunciando a grandes gritos»que el general romano había caído». [12] Estas voces se difundieron enseguida por todas partes e hicieron que los enemigos se consideraran con toda seguridad vencedores y los romanos vencidos. [13]Perdido el jefe, los soldados comenzaron enseguida a huir del frente, pero, si bien era fácil abrirse paso entre las líneas de númidas y tropas auxiliares de armamento ligero, [14] sin embargo, a duras penas podían escapar de tan gran número de jinetes y de infantes, que igualaban en rapidez a los caballos. Casi muchos más murieron en la huida que en la lucha y ninguno hubiera sobrevivido si, habiéndose luchado cuando ya el día se inclinaba a su ocaso no hubiera llegado enseguida la noche.

Livio,25,35,1-9. [1] Inmediatamente los generales cartagineses, nada perezosos en aprovecharse de su fortuna, apenas dieron el descanso necesario a los soldados, se dirigieron con su columna en apresurada marcha hacia Asdrúbal el de Amílcar, con la firme convicción de que podrían terminar la guerra, si se unían. [2] Cuando llegaron allí, se produjeron grandes manifestaciones de alegría entre los dos ejércitos y sus respectivos generales, llenos de contento por la reciente victoria con la que había logrado aniquilar a tan ilustre general con todo su ejército, y además plenamente convencidos de obtener otra victoria semejante. [3] Aún no había llegado ciertamente a los romanos la noticia de tan enorme desastre, pero había entre ellos cierto triste aliento y oculto presentimiento, como suele ocurrir en aquellos que presagian un mal inminente. [4] El propio general se daba cuenta de que mientras él había sido abandonado por sus aliados las tropas de los enemigos habían aumentado en gran manera y además, por deducciones y conjeturas, se inclinaba más bien a sospechar la derrota sufrida que a concebir alguna halagüeña esperanza: [5] En efecto, ¿cómo Asdrúbal y Magón habían podido conducir hasta allí su ejército sin lucha, a no ser habiendo terminado ya su propia guerra? [6]Ahora bien, ¿cómo su hermano no le había cortado el paso o le había seguido al menos para unir las tropas con las suyas si no podía evitar que los ejércitos y los jefes enemigos se reagruparan en uno solo? [7] Angustiado por estas preocupaciones, creía que tan solo había por el momento una solución aceptable: retroceder de allí cuanto pudiera; y en una sola noche, sin que los enemigos lo advirtieran y libre por esto de persecución, recorrieron bastante camino. [8] Al amanecer, cuando los enemigos se dieron cuenta de su marcha, comenzaron a perseguirle con una columna de tropas lo más rápidamente posible, evitando por delante a los númidas. [9] Éstos les dieron alcance antes de la noche y atacándolos ya por los flancos, ya por retaguardia, los obligaron a detenerse y a proteger la columna. Sin embargo exhortaba a que combatieran y avanzaran al mismo tiempo cuando pudieran hacerlo sin riesgo, antes de que las tropas de a pie los alcanzaran.

Livio, 25.36. 1-16. [1] Durante algún tiempo no se consiguió avanzar mucho, puesto que la columna ya avanzaba, ya se detenía, y como ya la noche se aproximaba, [2] Escipión retiró a los suyos del combate y, reuniéndolos, los condujo a cierto montículo que no ofrecía, por cierto, mucha seguridad, y menos para un ejército tan desmoralizado; pero eran, no obstante, algo más elevados los restantes de alrededor. [3] Allí colocaron en el centro la impedimenta, la caballería y los infantes, situados alrededor, rechazaban fácilmente en un principio los ataques de los númidas asaltantes. [4] Pero después, cuando llegó el grueso de la columna, constituida por los tres ejércitos con sus respectivos jefes, se hizo patente que poco podrían defender tan sólo con las armas en un lugar sin fortificar. [5] El general comenzó a mirar a su alrededor y a reflexionar si podría, de algún modo, levantar en torno una empalizada. Pero la colina estaba hasta tal punto desprovista de vegetación y tan pedregoso era el suelo que ni se hallaban matorrales para cortar las estacas, ni tierra apropiada para obtener el revestimiento del césped del terraplén, ni para excavar la fosa o hacer trabajo alguno de fortificación. [6] El terreno, además, no era en absoluto escarpado, no abrupto de modo que pudiera ofrecer al enemigo acceso o subida difícil: todo estaba inclinado en suave pendiente. [7]No obstante, para oponer cierta apariencia de empalizada, pusieron alrededor las albardas entrelazadas con sus cargas, amontonándolas hasta la altura acostumbrada en las empalizadas y, entre los espacios que entre las albardas quedaban, arrojaron bagajes de todo género en montón. [8] Al llegar los ejércitos cartagineses emprendieron la subida del monte con toda facilidad, pero el aspecto inusitado de la fortificación los retuvo primeramente como sorprendidos, [9] mientras los jefes gritaban por todas partes:»¿porqué se detenían y no desbarataban y deshacían aquel juguete que apenas valdría para detener a las mujeres o a los niños? El enemigo, oculto tras los bagajes, era ya su prisionero». [10] Los jefes gritaban esto con desprecio, pero no era fácil ni saltar por encima, ni echar abajo los pesos acumulados, ni derribar los bagajes en montón y repletos con sus propias cargas. [11] Pasándose estaca de mano en mano, lograron deshacer los obstáculos y abrir paso a los soldados, y como esto se hizo por muchas partes a la vez, enseguida el campamento estuvo totalmente ocupado. Dominados por el mayor número, los romanos caían muertos por todas partes acribillados por los vencedores [12] Sin embargo, una gran parte de los soldados se refugió en los bosques próximos, y desde allí huyó al campamento de Publio Escipión, a cuyo frente estaba el lugarteniente T. Fonteyo. [13] Unos refieren que Gneo Escipión murió en la colina, al primer ataque de los enemigos; otros, que consiguió huir con algunos soldados a una torre próxima al campamento; que esta torre fue cercada de fuego, y de este modo tomada; al quemarse las puertas que no habían podido ser abatidas por ninguna violencia, todos murieron dentro con el propio general. [14] Gneo Escipión murió a los ocho años de haber llegado a Hispania, veintinueve días después de la muerte de su hermano. No fue mayor el sentimiento en Roma por la muerte de éstos que en Hispania entera, [15] porque entre sus conciudadanos, parte del dolor era debido a la pérdida de los ejércitos, la enajenación de la provincia y el desastre del Estado. [16] En Hispania lloraban y lamentaban la pérdida de estos generales por sí mismos. Más sentida fue la muerte de Gneo, porque su gobierno había durado más tiempo y había sido el primero en atraerse las simpatías de los hispanos y dar una prueba de la justicia y moderación romanas.

COMENTARIO

La estrategia de los dos Escipiones, tanto de Publio como de Gneo, se vino abajo. La suerte del enemigo con la muerte de Publio facilitó y cambió la actitud de los cartagineses y sus aliados. Error de previsión, desconocimiento del terreno, la lucha nocturna y la falta de medios, acabó con los dos cónsules romanos. La moral de Roma se vino abajo. Era muy difícil rehacer la situación catastrófica de un ejército derrotado y puesto en fuga. El camino se ponía fácil para que Aníbal pudiera recibir ayuda desde Hispania.

Libio, 26,37,1-19. [1] Cuando los ejércitos de Roma parecían aniquilados e Hispania perdida, un sólo hombre consiguió restablecer la situación. [2] Había en el ejército romano un activo joven, L. Marcio, caballero romano, hijo de Septimio, dotado de un valor e inteligencia bastante mayores de lo que correspondía a su posición social. [3] Las enseñanzas de Gneo Escipión, a cuyas órdenes había aprendido durante tantos años las artes de la milicia, habían venido a reforzar sus excelentes cualidades naturales. [4] Este joven, entonces, con los soldados que había logrado reunir de la huida y con otros que sacó de las guarniciones, había llegado a formar un ejército no despreciable y se había reunido con el lugarteniente de Escipión T. Fonteyo, [5] tanto prestigio alcanzó el caballero romano entre los soldados y tan grande era el respeto que le profesaban que, una vez fortificado el campamento, situado más acá del Ebro, y como pareciera oportuno designar en los comicios militares un jefe del ejército, [6] relevándose unos a otros en la vigilancia de la empalizada y de los puestos de guardia hasta que todos depositaron su sufragio, confirieron el mando supremo a Lucio Marcio. [7] Éste, inmediatamente, empleó todo el tiempo, que por cierto fue muy breve, en fortificar el campamento y transportar víveres. Los soldados ejecutaban todas sus órdenes no sólo con inteligencia sino con espíritu animoso. [8] Pero cuando llegó la noticia de que Asdrúbal el de Gisgón, había atravesado el Ebro y se aproximaba con la intención de aniquilar los restos del ejército, y los soldados vieron que el nuevo general daba la señal para la batalla, [9] recordando qué generales habían tenido poco antes y en qué jefes y en qué tropas habían puesto su confianza al marchar al combate, empezaron todos repentinamente a llorar golpeándose la cabeza, y unos elevaban sus manos al cielo haciendo reproches a los dioses, otros, tendidos en tierra, invocaban llorando cada uno a su respectivo general, llamándole por su nombre. [10] No se lograban acallar estas lamentaciones aunque los centuriones alentaban a los soldados de su respectivo manípulo y el propio Marcio intentaba calmarlos y les increpaba diciendo que «¿por qué se abandonaban a llantos femeniles e inútiles en lugar de enardecer sus ánimos para defenderse a sí mismo y con ello a la República?, y que no permitieran que sus generales quedaran sin venganza». [11] De repente se oyó el griterío y el sonido de las trompetas y, transformada súbitamente su pena en furia, los soldados se dispersan corriendo cada uno a sus armas y, como ardiendo en coraje, acuden en tropel a las puertas y se lanzan contra el enemigo que se acercaba descuidado y en desorden. [12] Al momento, el hecho imprevisto infundió terror a los cartagineses y, llenos de extrañeza se preguntaban de dónde habían surgido de repente tantos enemigos, estando el ejército casi aniquilado, de dónde habían recibido tan gran audacia, tan gran confianza en si mismos, unos soldados vencidos y puestos en fuga, quién se había proclamado general, muertos los dos Escipiones, quién era el jefe en el campamento, quién había dado la señal para la lucha?» [13] Ante estos hechos, todos tan inesperados, primeramente llenos de incertidumbre y atónitos, los cartagineses retrocedieron; después, rechazados por una acometida más vigorosa, se vieron obligados a volver las espaldas, [14] y si Marcio no hubiera dado apresuradamente la señal para la retirada, y colocándose junto a los primeros manípulos, reteniendo él con su propia mano a algunos, no hubiera logrado sujetar a sus exaltadas tropas, o hubieran hecho una tremenda carnicería entre los que huían, o los perseguidores se hubieran arriesgado en un impetuoso y arriesgado ataque. Enseguida los hizo volver al campamento, ávidos todavía de matanza y sangre. [15] Los cartagineses, rechazados primeramente en desorden desde la empalizada de los enemigos, cuando vieron que nadie les seguía, pensaron que los romanos se había detenido por temor, y se retiraron a su campamento respectivamente y con paso tranquilo. [16] Igual diligencia tuvieron en la vigilancia del campamento, pues, aunque el enemigo se hallaba próximo, no obstante pensaban que no eran más que los restos de los dos ejércitos aniquilados pocos días antes. [17] Por este motivo, Marcio, después de haber comprobado que la vigilancia estaba muy abandonada y descuidada en el campo enemigo, forjó un plan a primera vista más temerario que audaz, esto es, atacar a su vez a los enemigos, [18] pensando que sería más fácil tomar el campamento de un solo Asdrúbal, que defender el suyo si se reunían de nuevo los tres ejércitos y los tres generales. [19] Al mismo tiempo pensaba que, o lograría mejorar la apurada situación de los romanos si salía triunfador en el empeño, o si era rechazado, siendo suya la iniciativa de la lucha, podría al menos evitar el desprecio hacia su persona.

COMENTARIO

Después del desastre de los Escipiones surge un leve esperanza con la aparición de un rescatador de la situación. L. Marcio recupera lo que quedaba de los dos ejércitos y se enfrenta a los tres de los cartagineses. Empieza a surgir un atisbo de luz entre los soldados romanos dispersos y acobardados tras la calamidad bélica anterior.

Año -210.

Livio, 25.38.1-23. [1] No obstante, Marcio, pensando que debía alentar con una arenga a los soldados para que no decayera el ánimo, ante un proyecto tan repentino y poco adecuado a la situación en que se hallaban y que además había de realizarse aprovechando la oscuridad de la noche, los convocó a una asamblea y les habló así; [2] » Ya mi veneración hacia mis generales, tan firme después de su muerte como lo eran mientras vivían, ya la presente situación de todos nosotros, puede daros la seguridad, soldados, de que este mando que habéis concedido si bien glorioso a vuestro parecer, es, sin embargo, en realidad molesto y angustioso para mí. [3] En efecto, en unas circunstancias en que, a no ser que el miedo embotara mi tristeza, a duras penas lograría dominarme de modo que pudiera encontrar consuelo en mi desaliento, me veo obligado yo solo a ocuparme de la suerte de todos vosotros, cosa en verdad muy difícil en tan profunda aflicción. [4] Y ni siquiera en los momentos en que debo pensar de qué modo podría conservar para la patria estos restos de los dos ejércitos, me es posible arrojar de mi alma la continua tristeza, [5] porque constantemente tengo presente recuerdo y las imágenes de los dos Escipiones me agitan día y noche con preocupaciones y desvelos. Con frecuencia me despiertan de mi sueño, [6] y me ordenan que no permita que mis soldados vuestros compañeros de armas, invencibles en estas tierras durante ocho años, ni la República quede sin venganza. [7] Me mandan seguir sus enseñas y sus designios y así como mientras ellos vivían no hubo nadie más obediente que yo a sus mandatos; así, después de su muerte, consideré lo mejor aquello que en cada ocasión yo opine que ellos habrían hecho. [8] Quisiera también que vosotros, soldados, no prosiguierais llorándolos con lamentaciones y lágrimas como si hubieran muerto, puesto que continúan viviendo llenos de gloria en la fama de sus hazañas, sino que, cuantas veces se presente a vuestra imaginación su recuerdo, debéis empezar el combate como si fueran ellos en persona los que os arengan y dan la señal para combatir. [9] Y no otra imagen, en verdad, en la que ofreciéndose en el día de ayer ante vuestros ojos y a vuestro recuerdo, os impulsó a aquel combate memorable [10] en que disteis a los enemigos una prueba de que el nombre romano no se había extinguido con los Escipiones y que un pueblo cuya energía y valor no fueron hundidos en Cannas, resurgirá siempre de todas las calamidades que el destino le inflija. [11]Ahora, puesto que por vuestra propia voluntad os habéis atrevido a tanto, me complace poner a prueba hasta donde seréis capaces de llegar bajo la dirección de vuestro general. Ayer, cuando os dí la señal para la retirada, mientras perseguíais impetuosamente al enemigo en su desordenada huida, no quise reprimir vuestra audacia, sino diferirla, para que en mayor ocasión obtuvierais mayor gloria. [12] Así, ahora, preparados y en el momento oportuno podréis atacar a los enemigos desprevenidos, vosotros bien armados y ellos indefensos e incluso adormilados. Y no he concebido esta esperanza a la ligera, sino con un fundamento real. [13] Si alguien en verdad os preguntara cómo habéis podido defender vuestro campamento de un enemigo tan numeroso y engreído en su victoria, vosotros, tan escasos en número y abatidos por vuestra derrota, no podríais responder sino que os habíais preocupado de consolidar vuestras fortificaciones y vosotros mismos estabais equipados y dispuestos porque temíais el ataque. [14] Y así es la realidad. Los hombres se hallan indefensos, sobre todo contra los golpes imprevistos de la fortuna, porque no se adoptan precauciones ni protección alguna contra aquello que no produce inquietud. [15] Lo que menos pueden temer ahora los enemigos es que vosotros, hace poco situados y atacados asaltemos a su vez su campamento. Atrevámonos a hacer lo que nadie pueda creer que osaremos. Será tanto más fácil cuanto más difícil parece. Al llegar la media noche, os conduciré en silenciosa columna. [16] Tengo comprobado que el relevo de los centinelas no se hace con regularidad y que los puestos de guardia están medio abandonados. [17] El campamento podrá ser tomado al primer ataque y tan pronto suene en sus puertas el grito de guerra. entonces, entre los enemigos entorpecidos por el sueño y llenos de pavor ante el inesperado tumulto, atacándolos sin armas en sus propios lechos, podéis llevar a cabo aquella matanza de la que llevabais tan a mal que se os apartara en el día de ayer. [18] Sé que mi proyecto parece audaz, pero en las situaciones difíciles y casi desesperadas, las resoluciones más temerarias, son precisamente las más seguras, porque, si, al presentarse una ocasión cuya oportunidad pasa volando, se duda por un instante, en vano se la busca después, una vez perdida. [19] Un sólo ejército se encuentra próximo, otros dos se hallan no lejanos; podemos tener esperanza de triunfo si los atacamos ahora; y ya habéis probado vuestras fuerzas y las suyas. [20] Si aplazamos el día y nuestra salida de ayer hace que se fije en nosotros la atención del enemigo, existe el riesgo de que se reúnan todas las tropas y todos los generales; ¿Podremos después hacer frente a los tres ejércitos y a los tres jefes que Gneo Escipión no pudo resistir con su ejército intacto? [21] Lo mismo que nuestros jefes han perecido por dividir sus tropas, los enemigos pueden ser derrotados separadamente y divididos. No contamos con otros medios para hacer la guerra, por consiguiente nada debemos esperar sino la oportunidad de la noche próxima. [22] Marchad y que los dioses os ayuden. cuidad vuestros cuerpos para que, descansados y llenos de vigor, irrumpáis en el campamento de los enemigos con la misma vehemencia que habéis defendido el vuestro». [23] Los soldados no solo escucharon con alegría el nuevo plan de su nuevo jefe, sino que les agradó tanto más cuanto más audaz era. El resto del día se empleó en preparar las armas y en atender las necesidades corporales y la mayor parte de la noche se dedicó al descanso. De madrugada levantaron el campo.

Livio, 25,39. 1-18. [1] Más allá del campo próximo, a una distancia de seis mil pasos, estaban acampadas otras tropas cartaginesas. En el espacio intermedio había un espacio cubierto de espesa arboleda, y aproximadamente en el centro de este bosque, según el procedimiento común entre los cartagineses, se ocultó una cohorte romana y la caballería. [2] Así, después de haber interceptado el camino en su parte media, las restantes tropas, en silenciosa columna, fueron conducidas hacia el campamento más próximo, y como no había ningún puesto de guardia ante las puertas, ni centinelas en la empalizada, entraron como en su propio campamento sin que nadie se opusiera. [3] Enseguida resonaron las trompetas y los romanos lanzaron el grito de guerra. Unos matan a los enemigos medio dormidos, otros prenden fuego a las chozas, cubiertas de paja seca. Otros ocupan las puerta para impedir la huida. [4] El fuego, el griterío, la matanza, todo simultáneo, aturdieron a los enemigos hasta el punto de que, como privados de sentido, no pudieron ni escuchar ni adoptar precaución alguna. [5] Inermes se lanzan entre la multitud de enemigos bien armados: unos se precipitan hacia las puertas; otros, al encontrar interceptados los caminos, saltan sobre la empalizada, [6] y a medida que iban logrando escapar, huían inmediatamente hacia el otro campamento; pero, al atravesar el bosque, fueron rodeados por los jinetes, que salieron corriendo de su escondite, y perecieron allí absolutamente todos, [7] si bien, aunque alguno hubiera logrado escapar de esta matanza, los romanos pasaron tan apresuradamente desde este campamento, que había ya tomado, hasta el otro, que no podía haberles precedido un mensajero de la derrota. [8] Allí, como pensaban hallarse más alejados del enemigo y además algunos se habían dispersado al amanecer con el fin de recoger leña y forraje y hacer alguna presa, encontraron todo en mayor desorden y menos vigilado aún; en los puestos de guardia tan sólo estaban las armas; los soldados inermes, se hallaban sentados o echados en el suelo o pasando ante la estacada y las puertas. [9] Los romanos, todavía enardecidos por la reciente pelea y orgulloso con su victoria, empezaron a combatir con estos soldados tan confiados y desprevenidos. Y así, en vano intentaron ofrecer resistencia en las puertas. Al primer griterío y alarma, acudieron corriendo desde todos los puntos del campamento, y ya dentro del recinto, se entabló un encarnizado combate; [10] y la lucha se habría mantenido por más tiempo si, al volver los escudos romanos ensangrentados, no hubieran sospechado los cartagineses la otra derrota y no les habría infundido esto un enorme pánico. [11] El terror obligó a todos a emprender la huida y, dispersándose por donde encontraron camino libre, tan sólo quedaron en el campamento los cuerpos de aquellos que habían muerto en la lucha. Así, bajo las órdenes de L. Marcio, en un sólo día y en una sola noche, fueron ocupados los dos campamentos enemigos. [12] Claudio, que tradujo del griego al latín los anales de Acilio, refiere que los enemigos tuvieron unos treinta y siete mil muertos y dejaron cautivos unos mil doscientos treinta. Además se recogió un enorme botín, en el que, entre otras cosas, [13] figuraba una escudo de plata de ciento treinta y siete libras y siete libras de peso, con la efigie de Asdrúbal Barca. [14] Valerio Antia afirma que fue ocupado un sólo campamento y cayeron en el asalto siete mil enemigos. Después, en una salida, se entabló un segundo combate con Asdrúbal en el que murieron diez mil cartagineses y fueron capturados cuatro mil quinientos treinta. [15] Pisón escribe que, mientra Magón perseguía en desorden a los nuestros que se retiraban, cayó en una emboscada, donde murieron cinco mil hombres. [16] Todos consideran grande el nombre del general Marcio; e incluso algunos rodean de prodigios su gloria, afirmando que «mientras él pronunciaba su arenga, una llamarada surgió de su cabeza sin que él lo notara, y este hecho produjo un gran pavor en los soldados que lo rodeaban; [17] y como testimonio de la victoria que él había logrado sobre los cartagineses, estuvo en el templo hasta el incendio del Capitolio el escudo llamado Marcio con la efigie de Asdrúbal. [18] Después, por algún tiempo la situación permaneció tranquila en Hispania, porque ni uno ni otro se atrevían a arriesgar en un combate decisivo la solución de la guerra después de tan grandes derrotas recibidas e inferidas recíprocamente.

COMENTARIO

L. Marcio consigue derrotar y tomar dos campamentos cartagineses. Nadie se hubiera atrevido a pensar que un ejército romano derrotado levantara cabeza con tanta decisión. La confianza de los cartagineses y sus aliados despreciaron la posibilidad de que sus enemigos se repusieran de los dos desastres anteriores. La astucia, sagacidad, coraje y valentía infiltrada en los ánimos de los romanos por Marcio, hicieron crecer sus ánimos hasta llevarlos a la victoria que nunca habrían imaginado ni Asdrúbal Gisgón, ni Asdrúbal Barca, ni Magón.

Livio, 26.18.1-11. [1] Entre tanto en Hispania, después del desastre recibido, ninguno de los pueblos se pasaron al bando de los romanos ni ningunos nuevos desertaron. [2] Y en Roma. después del desastre de Capua, el Senado y el pueblo se preocuparon más por Italia que por Hispania. Estaban de acuerdo en que se incrementara el ejército y que se enviara un general. [3] Y no estaba suficientemente claro tanto el que se enviara a éste como el que se eligiera muy bien a aquel que iba a suceder en su puesto a aquellos dos que siendo extraordinarios generales habían caído hacía treinta días. [4] Proponiendo unos a uno y otros a otros, finalmente se llegó a la conclusión de que se celebraban comicios para la elección de procónsul en Hispania. Los cónsules fijaron fecha para la elección del mismo. [5] Primeramente esperaban que, quienes se consideraban dignos de tan gran mando, dijeran públicamente sus nombres. Cuando desapareció tal expectación, se les vino de nuevo encima el pesar de la derrota encajada y la añoranza de los generales muertos. [6] Así, pues, la ciudad se ensombreció y casi falta de decisión en el día de los comicios, no obstante se dirigió al Campo de Marte. Y dirigidas sus miradas hacia los magistrados, contemplan los semblantes de los principales que se miran entre sí, y empiezan a levantarse hasta tal puto que las derrotas sufridas por las pérdidas y situación desesperada de Roma, que nadie se atreviera a aceptar un cargo militar en Hispania, [7] cuando de forma inesperada, Publio Cornelio, hijo de Publio (tristemente famoso) que había muerto en Hispania, con una edad aproximada de veinticuatro años, habiendo dicho públicamente que él estaba dispuesto a ir, se situó en lo más alto, desde donde todo el mundo lo pudiera ver. [8] Después que todos los ojos se dirigieron hacia él, al instante, con favor clamoroso, le auguraron un mando feliz y favorable. [9] A continuación, todos a una fueron obligados a prestar sufragio no sólo las centurias, sino incluso los hombre de Escipión, y ordenaron que el mando estuviera en Hispania.[10] Después de realizado este acto, como quiera que se hubieran tranquilizado los ánimos y la euforia, se produjo un inesperado silencio y un pensamiento callado vagaba por las mentes: ¿ Valía más la razón que el favor despertado? [11] Preocupaba sobre todo la edad. Algunos sentían miedo a la suerte, a la casa y al nombre por las dos desgraciadas familias de quien iba a dirigirse a aquella tierra donde se debían desarrollar los acontecimientos entre las tumbas de padre y tío.

Livio, 26,19, 1-4,10-14. [1] Cuando notó, por la rapidez con que se realizaron los hechos, la gran preocupación de los hombres, convocada una asamblea, habló de tal forma sobre su edad, de su poder encomendado y de la guerra que debía emprender, [2] que levantó de nuevo el ardor que ya se había apagado, lo renovó y llenó a la gente de una esperanza tan segura como suele producir la fe de una promesa humana o el razonamiento nacido de una confianza cierta. [3] Escipión no fue precisamente admirable sólo por sus verdaderas cualidades, sino porque se encontraba dotado de cierta habilidad desde su infancia y hacía ostentación de ello, [4] y muchas veces, ante la multitud pareció verse entre sombras nocturnas o comportándose con una mente premonitora, o como dejado llevar por una mente inspirada por la divinidad…[10] A aquellas tropas pertenecientes al antiguo ejército que tenía en Hispania y a la que habían sido transportadas desde Puzol con Gayo Nerón, se suman diez mil soldados y mil jinetes y el propretor Marco Silano fue cedido como ayudante para llevar a cabo aquella empresa. [11] Así, con una armada de treinta naves -todas eran quinquerremes-, desde la desembocadura del Tíber, costeando las orillas del mar Tirreno, los Alpes, el golfo galo, y después el promontorio de los Pirineos, desembarcó sus tropas en Ampurias, ciudad griega, pues son oriundos de Fócea. [12] A continuación ordenó que las naves avanzaran y se dirigió a Tarragona con la infantería. Reunió a todos los aliados, pues a consecuencia de su fama se habían presentado numerosas legaciones de toda la provincia. [13] Ordenó que se vararan las embarcaciones allí, y que cuatro trirremes marsellesas que habían sido enviadas por delante desde Roma con una misión, se enviaran de nuevo a su lugar. [14] Después comenzó a dar respuestas a cada una de las legaciones inquietas por la variedad de tanto desastre, de forma que no se perdiera ninguna palabra audaz de su ánimo tan encendido, y que todo cuanto dijera inspirara tanta autoridad cuanta fidelidad.

Livio,26.20, 1-11. [1] Se marchó de Tarragona y el ejército se dirigió hacia las ciudades de los aliados y a los campamentos de invierno; elogió a los soldados porque había dominado a la provincia después de los reveses sufridos en dos encuentros sucesivos, [2] y porque, no consintiendo los que gozaban de las glorias del triunfo, tras haberlos hecho retroceder de los campos de la parte de acá del Ebro y haber defendido a los aliados con lealtad. [3] Tenía a Marcio a su lado con tan gran honra que fácilmente apareciera que no temía nada más que alguien le hiciera sombre a su fama. [4] Silano sucedió a Nerón y los nuevos soldados fueron llevado al campamento de invierno. Escipión, emprendidas y realizadas todas las cosas que debía hacer rápidamente, se dirigió a Tarragona. [5] Entre los enemigos la fama de Escipión no era mucho menor que entre los aliados y conciudadanos y una cierta intuición y previsión del futuro causaba un mayor recelo, de manera que podría convertirse, invertirse y convertirse en una causa de miedo nacido supersticiosamente. [6] Por distintos caminos se dirigieron al campamento. Asdrúbal Gisgón se extendía hasta el Océano y Gades; Magón, hasta el Mediterráneo y, principalmente, hasta del desfiladero de Cástulo; Asdrúbal, hijo de Amílcar, se situó junto al Ebro y paso el invierno en los alrededores de Sagunto. [7] Al final de aquel verano en el que fue tomada Capua, Escipión llego a Hispania; cuando se puso en marcha la armada púnica desde Sicilia a Tarento para evitar el abastecimiento de la guarnición romana que [8] había en la ciudadela tarentina, cerró todos los accesos desde el mar hacia la ciudadela, pero con el asedio prolongado, provocaba una carestía mucho más intensa para los aliados que para el enemigo, [9] pues no se podía ayudar a los ciudadanos a través de la tranquila playa y a puerto abierto con la ayuda de las naves púnica, con tan gran cantidad de trigo cuanta gastaba la propia multitud de naves formada por toda clase de hombres,[10] de forma que la guarnición de la ciudadela pudiese sustentarse sin abastecimientos de víveres nuevos, porque eran pocos, ya que estaban previstos de antes, y para los tarentinos y para la armada no era ni aún siquiera suficiente lo transportado. [11] Finalmente la armada fue despedida con mayor favor y agradecimiento del que había traído: el abastecimiento no les había aliviado mucho, al estar lejos la ayuda naval, no se había podido transportar el trigo.

Livio, 26,21,1-2. [1] Al final de aquel mismo verano, M. Marcelo había llegado a Roma desde la provincia de Sicilia, fue recibido en audiencia por el pretor C. Calpurnio en el templo de Belona. [2] Habiendo tratado allí de las operaciones realizadas por él, tras lamentarse ligeramente no tanto de su suerte como de la de los soldados, porque no le había gustado llevarse al ejército, estando la provincia en muy mal estado, pidió entrar en la ciudad con los honores del triunfo. No lo consiguió.

Livio, 26,41,1-9. [1] En Hispania, al principio de la primavera, P. Escipión, botadas las naves y convocadas mediante un edicto las tropas auxiliares de los aliados, ordenó enviar la armada y los navíos de carga hacia la desembocadura del río Ebro. [2]Habiendo ordenado que reunieran allí las legiones desde el campamento de invierno, él mismo con cinco mil aliados, se dirigió hacia el ejército desde Tarragona. Habiendo llegado allí, considerando que debía dirigir la palabra a los extraordinarios soldados veteranos que sobrevivieron en medio de tanto desastre militar, convocada una asamblea, les habló así: [3] «Ningún nuevo general antes que yo pudo dar con toda justicia y derecho las gracias a sus soldados antes de que se sirviera de ellos: [4]la suerte me obligó a vosotros antes de que viera la provincia y el campamento, en primer lugar por aquella piedad hacia mi padre y mi tío mientras estuvieron vivos y muertos, [5] en segundo lugar, porque, a causa de tan gran desastre de la provincia, habéis recuperado íntegramente las posesiones perdidas, por vuestro valor, para mí, como sucesor, y para el pueblo romano. [6] Pero, cuando tengamos los preparativos listos y emprendamos la acción, con los dioses favorables, no vamos a permanecer en Hispania como ellos, sino que vamos a hacer que no quede ni un púnico ante la desembocadura del Ebro; no vamos a evitar el paso de los enemigos, sino que pasaremos nosotros y le llevaremos la guerra. [7] Temo que a alguien parezca vuestra decisión mayor y más audaz de lo que corresponde al recuerdo de los desastres hace poco recibidos, o con relación a mi edad. [8] Nadie mejor que yo puede olvidarse de los reveses militares recibidos en Hispania, como de quien su padre y su tío, en un espacio de treinta días, fueron muertos, de tal modo que se acumulara sobre la misma familia muerte sobre muerte. [9] Pero como la orfandad familiar y la soledad quebrantan el ánimo, tanto la suerte del Estado como el valor personal prohíben caer en la desesperación extrema. Por un extraño hado se nos ha dado tal suerte que, vencido en grandes guerras, saldremos vencedores. [19] Mi ánimo, que en estos momentos es mi mayor inspiración, me augura que Hispania va a ser nuestra, y que todo nombre púnico será desterrado de aquí, y los mares y las tierras se llenarán de huidos a la desbandada. [20] Lo que la mente espontáneamente adivina, igualmente la razón certera lo acepta. Nuestros aliados, vejados por éstos, piden por medio de embajada nuestra lealtad. Tres jefes en desacuerdo, estando a punto de separarse uno de otro, dividieron el ejército en tres partes muy alejadas entre sí. [21] La misma fortuna que se cebó sobre nosotros cae ahora sobre ellos; efectivamente se separan de sus aliados como nosotros antes de los celtiberos, y dividieron los ejércitos, hecho que es la causa de la pérdida de mi padre y de mi tío. [22] La discordia interna no les deja ir juntos a una, ni podrán hacer frente a cada uno de nosotros separadamente. Vosotros, ahora, soldados, apoyad el nombre de los Escipiones, descendiente de vuestros generales, brotando de ramas cortadas. [23] Ea, soldados veteranos, haced pasar el Ebro a vuestro nuevo general; pasad a una tierras recorridas por vosotros con grandes éxitos de armas. [24] Rápidamente haré que, tal como ahora habéis reconocido en mí la figura, el rostro y el aspecto de mi padre y de mi tío, [25] se os dé una imagen de ingenio, lealtad y valor de forma que cualquiera de vosotros dirá que os ha renacido el Escipión general»

COMENTARIO

Publio Cornelio Escipión se hace cargo de las fuerzas romanas en Hispania. Viene con un nuevo ejército, que se sumará al que quedaba en la Península, y prestará atención a la organización territorial para controlar los movimientos de los cartagineses en toda Hispania con la intención de arrojarlos definitivamente al África. No se olvide que los generales enemigos son Asdrúbal Gisgón, Asdrúbal Barca y Magón. El objetivo principal era ocupar los puntos estratégicos de Sagunto, Cartago Nova y la zona de Cástulo e Iliturgis.

Livio, 26,42, 1-9. [1] Enardecidos los ánimos de los soldados con este discurso, dejando a M. Silano para la defensa de la región con tres mil infantes y trescientos jinetes, hizo pasar el Ebro a todas las restante tropas, -había entonces veinticinco mil infantes y dos mil quinientos jinetes-. [2] Aconsejando algunos que, teniendo en cuenta que los ejércitos púnicos se habían separado hasta tan diversas regiones, se atacara al más cercano, diciendo que era un peligro que por tal acción se agruparan todos en uno, y la cosa no era igual si se trataba de todos los ejércitos [3], determinó entre tanto asaltar a Cartago Nova, ciudad opulenta por sus grandes riquezas y llena de todo aparato militar, -había allí armas, dinero y rehenes de toda Hispania-, [4] situada además en una zona estratégica para pasar al África, como sobre un puerto bastante grande para una armada de gran escala, y no conozco ningún otro en las costas de Hispania que esté en nuestro mar. [5] Ninguno sabía por donde se iba a ir, salvo Gayo Lelio. Éste, situado en el centro de la armada, de tal modo había ordenado la marcha de las naves que, al mismo tiempo, Escipión, desde tierra, presentaba el ejército y la entrada de la armada en el puerto. [6] En siete días se llegó desde el Ebro a Cartago Nova, por tierra y por mar simultáneamente. El campamento fue instalado en la parte de la región de la ciudad que mira al norte; se le opuso una empalizada desde la parte de atrás porque la parte frontal se encontraba defendida por la propia naturaleza del terreno. [7] De esta forma se encuentra emplazada Cartago Nova: hay una ensenada en casi la mitad de la costa de Hispania, sobre todo el frente al viento africano, con unos dos mil quinientos pasos hacia el interior, y con una anchura un poco más extensa. [8] En la desembocadura de éste, una enseñada en una pequeña isla que sobresale del mar, forma un puerto protegido de todos los vientos, sobre todo el africano, Desde el interior de la ensenada se extiende una península y sobre esta misma colina ha sido construida la ciudad, por levante y por el sur protegida del mar. [9] Una colina que se extiende en unos doscientos cincuenta pasos, une la ciudad con tierra firme, Desde allí, puesto que la defensa de la ciudad es de tan escasa importancia, el general romano no levantó defensa, bien haciendo alarde de confianza ante el enemigo, o para que el acceso a las murallas quedara abierto.

Libio, 26,43, 1-8. [1] Habiéndose terminado las obras de la partes que se tenían que fortificar, puso las naves en orden en el puerto, colocándolas en posición de asedio naval. Tras haber pasado revista a la armada, recomendando a los prefectos de la armada que mantuvieran guardias nocturnas en prevención, ya que el enemigo lo intentaría todo tan pronto como se encontrara asediado, [2] habiendo regresado al campamento para informar del plan de su proyecto a sus soldados, ya que se iba a comenzar una guerra en una ciudad que debía ser asaltada, y dando esperanzas con exhortaciones, de que se apoderaría de la ciudad, tras convocar una asamblea, habló en los siguientes términos: [3]» Si alguno cree que vosotros sois llevados para asaltar una sola ciudad, este tal tiene aún más un motivo exacto de vuestro trabajo que de beneficio. Verdaderamente vais a asaltar los muros de una ciudad, pero con una sola ciudad vais a apoderaros de toda Hispania. Aquí está todo el dinero de los enemigos [4] «Aquí están todos los rehenes de todos los nobles de los reyes y pueblos que al mismo tiempo caerán en vuestro poder. Inmediatamente, todo cuanto se encuentra en poder de los cartagineses, lo encontrarán cuando se rindan. [5] Aquí está todo el dinero de los enemigos, sin el que ellos no pueden emprender ninguna clase de guerra, porque mantienen un ejército de mercenarios; y este dinero nos será de gran utilidad para ganarnos los ánimos de los bárbaros. [6] Aquí están las catapultas y todas las armas, que al mismo tiempo servirán para nuestra instrucción y dejarán desnudos a los enemigos. [7] Nos apoderaremos además de una rica ciudad con un puerto tan excelente, desde donde se nos proporcionarán todos los medios de guerra por tierra y por mar que exige la contienda. Cuando tengamos estas grandes cosas, entonces arrebataremos al enemigo otras mucho mayores. [8] Esta es su ciudadela, este granero es su arsenal de armas de bronce, este es el escondite de todas sus cosas; por aquí se encuentra la línea recta desde África; esta es una de las plazas desde los Montes Pirineos y Gades; desde aquí África amenaza a todas Hispania.

Livio, 26, 44, 1-10. [1] Los había armado. Al ver que por tierra y por mar se preparaba el asalto, él mismo dispuso [2] las tropas. Dos mil ciudadanos pone delante por aquella parte en la que se encontraba el campamento romano. Asedia a la ciudadela con quinientos soldados, sitúa a otros quinientos e una colina de la ciudad hacia levante. Ordena que la restante multitud se dirija allí done se produzca clamor o donde una desesperada situación lo exigiera atenta a todo. [3] Una vez abierta la puerta envía a aquellos que habían previamente preparado, por el camino que conduce al campamento de los enemigos. Los romanos, al tomar la iniciativa su propio jefe, se retrajeron un poco con el fin de que tomaran sitio en el combate los más apropiados para tal cometido. [4] Al principio, el combate fue equilibrado; las tropas de ayuda enviadas después desde el campamento, no hicieron solamente huir al enemigo, sino que, hasta tal punto, atosigaron a los desparramados que, si no hubiera tocado retirada, pareciera que había caído sobre la ciudad mezclados con fugitivos. [5] El lugar no fue mucho mayor en la ciudad que en el combate. Muchos puestos de guardia, a causa del pavor y el miedo, fueron abandonados y las murallas fueron abandonadas tras saltar por donde a cada uno le vino más cerca. [6] Cuando al entrar Escipión se dio cuenta de que la colina que llaman de Mercurio había sido abandonada en muchas partes por los defensores, ordena que todos, saliendo del campamento vayan a asaltar la ciudad y que lleven escaleras. [7] -El mismo se acerca a la ciudad protegido con los escudos de tres fuertes jóvenes delante de él, -una enorme fuerza de toda clase de armas arrojadiza era lanzada desde los muros-, y exhorta y ordena lo que es oportuno-, [8] y lo que sobre todo era conveniente para encender los ánimos de los soldados; era testigo y espectador del valor y de la pereza de cada uno. [9] Así, pues, se lanza contra los golpes y las armas; no pueden rechazarlos ni los que se encontraban encima de los muros armados, porque avanza a porfía. Y al mismo tiempo desde la naves, toda la parte de la ciudad que se encontraba bañada por el mar, es capturada. Por ello se produjo un tumulto mayor que la propia violencia. [10] Mientras se aplica a ello y despliegan apresuradamente las escaleras, mientras cada uno se apresta a saltar a tierra por donde le viene más cerca, con la propia precipitación, unos se estorban a otros.

Livio, 26,45, 1-9. [1] Mientras ocurren estas cosas, el cartaginés llena los muros de soldados armados y una gran violencia se producía a causa de la enorme congestión de armas. [2] Pero ni los hombres ni las armas ni ninguna otra cosa podía defenderse como una muralla. Pocas escaleras pudieron igualar la altura de las murallas, y por donde eran más altas, por allí eran más débiles. [3] De esta forma, al no poderse escapar el que se encontraba en lo alto, si intentaban atacarlos subiendo por las escaleras, se rompían por su propio peso. A unos que habían subido con escaleras, el humo los cegó y cayeron a tierra. [4] Hombres y escaleras caían por todas partes y como quiera que a la llegada misma creciera el empuje y ánimo de los enemigos, se dio la señal de retirada. [5] Esto les dio no sólo una esperanza ante la intranquilidad presente, sino incluso que, en adelante, la ciudad no podía ser tomada no con escaleras ni con cercos, -a causa de la obsesión de tanta derrota- ;las obras de reparación serían difíciles y darían tiempo para llevar ayuda a sus generales. [6] Cuando apenas había cesado el anterior tumulto, Escipión ordenó que soldados de refresco y con nuevos bríos tomara las escaleras de los fatigado y heridos y que atacaran la ciudad con mayor ímpetu. [7] Cuando le fue anunciada a Escipión que la marea bajaba, por en medio de unos pescadores, bien valiéndose de unas barcas pequeñas, bien encallando las mismas en los vados al recorrer los marinos la laguna, se dio cuenta de que era fácil abrirse paso hacia la muralla, y condujo allí, con él, a quinientos soldados armados. [8] Era casi medio día y en esos momentos en que el agua se repliega hacia el mar de forma espontánea deslizada por su propia corriente. Entonces se levantó un fuerte viento norte que empujaba a las aguas de la laguna hacia donde iba la corriente, y hasta tal punto había dejado vacíos los vados que en algunos sitios el agua llegaba hasta el ombligo; en otras partes, apenas si llegaba a las rodillas. [9] Con cuidado y razón, esto fue interpretado como un prodigio. Escipión, dirigiéndose a los dioses quienes le habían apartado las aguas del mar para el paso de los romanos, y había rebajado el nivel de la laguna, ordenó que Neptuno fuera delante como jefe de la expedición y que pasara por medio de la laguna hacia la muralla.

Livio, 26,46,1-10. [1] Un enorme trabajo les quedaba a quienes permanecían en tierra firme. No era un obstáculo tanto la altura de las murallas, sino que, incluso, los que avanzaban, se encontraban entre dos fuegos, hasta el punto de que los ataques laterales eran más peligrosos para los que atacaban que poner los cuerpos ante las armas de los enemigos. [2] En otra parte, para unos quinientos, el paso a través de la laguna fue fácil, y desde allí, la subida a las murallas; pues no estaban protegidos con obra fuerte hasta el punto de haber confiado excesivamente en la defensa natural del propio lugar como la laguna, y no hubiera ningún puesto de guardia, ni guarnición armada apostada, ya que se encontraban todos ocupados en prestar ayuda allí donde se producía peligro. [3] Una vez que entraron en la ciudad sin luchar, desde allí se dirigen lo más rápido que pueden a la puerta en torno a la que se desarrollaba el combate. [4] Los ánimos de éstos no sólo estuvieron atentos a la lucha, sino que incluso eran oídos y vistos [5] de los que luchaban, mirando y animando a los luchadores para que nadie se diera cuenta de que la ciudad había sido tomada por la espalda, antes de que las flechas cayeran contra los enemigos y tuvieran un doble enemigo por ambas partes. [6] Entonces, desordenados los defensores por el miedo, las murallas comenzaron a ser tomadas y la puerta a ser derribada por dentro y por fuera; y enseguida, a causa de la matanza, muertos y apartados para que no estorbaran el paso en las puertas, el ejército atacó. [7] Gran cantidad de soldados pasaron por encima de las murallas. Éstos por todas partes de dedicaron a matar a los ciudadanos. El escuadrón que había pasado por la puerta con sus jefes, en orden de batalla por medio de la ciudad, llegó hasta el foro. [8] Desde allí, al ver que los enemigos huían por dos caminos, unos se dirigieron hacia la colina que se extendía hacia levante, ocupada y guarnecida con quinientos soldados; otros hacia la misma ciudadela, en la que el propio Magón con casi todo su ejército se había refugiado tras ser expulsados de los muros. envía una parte del ejército contra la colina para asaltarla, y él mismo conduce la otra parte contra la ciudadela. [9] La colina fue tomada al primer ataque, y Magón, al intentar defenderla y ver que todo estaba lleno de enemigos y que no había esperanza alguna, se entregó juntamente con la ciudadela y la guarnición. [10] En el momento en que la ciudadela se rindió, se produjo una tremenda matanza en toda la ciudad y no se perdonaba a ningún joven que salía al paso. Dada entonces la señal, se puso fin a la matanza. Los vencedores se dedicaron al pillaje que tuvo como resultado un enorme y variado botín.

COMENTARIO

La ciudad de Cartago Nova es asediada a ultranza. Se estudia metro a metro el espacio por donde pueda ser atacada. Finalmente Magón se rinde ante la imposibilidad de ofrecer resistencia a un pertinaz ataque de los romanos. Gran botín, pero enorme matanza. Los rehenes son liberados y se van usar como moneda de cambio para conseguir el apoyo de las ciudades donde residían sus familias.

Livio, 26,47,1-10. [1] De hijos varones de la nobleza ibérica se recuperaron alrededor de diez mil. Dejó en libertad a los que eran ciudadanos de Cartago Nova. Los devolvió a la ciudad y todo cuanto como restos les había dejado la guerra. [2] Había alrededor de dos mil artesanos. Les comunicó que serían esclavos del pueblo romano con la cercana esperanza de libertad si se portaban bien en los menesteres de la guerra. [3] El resto de la multitud de jóvenes y de esclavos fuertes se destinó como ayuda para los remeros de la armada. Incrementó el número de naves en ocho, equipadas con prisioneros. [4] Aparte de esta multitud de hispanos había rehenes, por lo que se tuvo el cuidado de tratarlos como hijos de aliados. [5] Igualmente se incautó una gran cantidad de equipo bélico: más de ciento veinte catapultas de gran tamaño, y doscientas ochenta y una pequeña; [6] veintitrés ballestas grandes, cincuenta y dos pequeñas y un gran número de escorpiones grandes y pequeños, de armas y de lanzas; sesenta y cuatro enseñas militares. [7] Gran cantidad de oro y de plata fue enviada al general: doscientas sesenta y seis copas de oro, casi todas de una libra de peso; de plata bruta y labrada dieciocho mil trescientas, de una libra y gran cantidad de vasos de plata. [8] todas estas piezas fueron contadas y pesadas por el cuestor Gayo Flaminio. Se cogieron cuarenta mil modios de trigo y doscientos setenta mil de cebada. [9] fueron asaltadas y capturadas setenta y tres naves de carga en el puerto, algunas incluso con la mercancía: trigo, armas, bronce, hierro, lienzos, esparto y otros objetos destinados para la construcción naval, [10] de forma que la propia Cartago fuera poca cosa ante tan gran cantidad de armamento bélico capturado.

Livio,26,48,1-14. [1] Aquel mismo día se le ordenó a Gayo Lelio, juntamente con los aliados navales, proteger la ciudad, [2] y él mismo llevó las legiones al campamento y ordenó que los soldados, cansados por todas las operaciones bélicas del día, puesto que habían combatido y habían sufrido tanto riesgo en la toma de la ciudad, y después de tomada habían tenido que pelear duramente contra los que se habían refugiado en la ciudadela, ordenó, digo, que dieran descanso a sus cuerpos. [3] Al día siguiente, convocados los soldados marinos y los aliados, en primer lugar dio gracias a los dioses inmortales, quienes no sólo se había solidarizado colaborando en la toma de una riquísima ciudad en un sólo día, sino que incluso antes había colaborado con todas las fuerzas de África y de Hispania, de forma que no les quedara nada en absoluto a los enemigos y a ellos le había quedado todo intacto. [4] Elogió a continuación el valor de los soldados porque no les había asustado ni la salida impetuosa de los enemigos, ni la altura de las murallas, ni los desconocidos vados de la laguna, ni el fortín situado en lo alto de la colina, ni la fortificada ciudadela, de forma que la sobrepasaron y la destrozaron. [5] Así, pues, aunque estaba en deuda con todos, la principal manifestación de homenaje público en el cerco de las murallas se debía a aquel que había sido el primero en pasarlas: galardonaría a aquel que se había hecho merecedor de tal encomio. [6] Fueron propuestos dos: Quinto Trebelio, centurión de la legión cuarta, y Sexto Digitio, aliado marino. Y ellos mismos entre sí no competían tanto como habían expuesto sus vidas frente al enemigo. [7] Gayo Lelio, prefecto de la armada, había estado con los aliados, y Marco Sempronio Tuditano, con los legionarios. [8] Habiendo llegado esta disputa casi hasta la sedición, indicando Escipión a tres jueces de litigio, quienes, oídos los testigos, juzgaron con conocimiento de causa cual de los dos había traspasado en primer lugar las murallas de la ciudad, [9] siendo Gayo Lelio y Marco Sempronio abogados de uno y otro bando, sacando de entre ellos otro, añadió a Publio Cornelio Gaudino y ordenó que los tres litigantes se sentaran e hicieran su exposición. [10] Como quiera que este asunto se tratara y desarrollara en medio de una disputa mayor que un combate, porque los privados de tan gran cargo no habían sido llamados tanto como abogados como moderadores de estas ambiciones, Gayo Lelio, tras abandonar el consejo, se dirigió a Escipión ante el tribunal, [11] y le informa que el asunto se desarrolla sin moderación ni control, y que estaban a punto de llegar a las manos entre los dos; por lo demás, eliminada cierta violencia, el asunto se desarrollaba como en cualquier otra situación de este tipo de cosas odiosas, a saber: la gloria del valor se busca con engaño y mentiras. [12] Aquí se encontraban igualmente los soldados legionarios, los soldados de la armada dispuestos a jurar por todos los dioses, más lo que querían que lo que sabían que era cierto, y a comprometer con perjurio no sólo su vida sino las enseñas militares, las águilas y el compromiso de juramento. [13] Ante él exponía estas cosas de parte de P. Cornelio y M. Sempronio. Escipión. Tras felicitar a Gayo Lelio, convocó una asamblea y declaró que él estaba bastante seguro de que Quinto Trebolio y Sexto Digitio habían traspasado el muro a la vez y de que él premiaba a los dos por su valor, con la guirnalda mural. [14] A continuación premió a los restantes según el mérito del valor de cada uno: antes que a nadie, a Gayo Lelio prefecto de la armada, a quien igualó a sí mismo, con toda clase de elogios, lo premió con una corona de oro y treinta bueyes.

Livio, 26,49, 1-16. [1] A continuación ordenó llamar a los rehenes hispanos, de los que da vergüenza citar el número; pues se diría por unos que ascendían a trescientos y por otros, a tres mil setecientos veinticuatro. [2] Igualmente las cifras difieren entre los autores: unos dicen que la guarnición púnica era de diez mil hombres, otros de siete mil, y otros por encima de los veinticinco mil. [3] Se ha escrito que los escorpiones mayores y menores capturados ascienden a sesenta, según el autor griego Sileno. Según Valerio Antias eran seis mil los escorpiones mayores, y los menores trece mil; a la hora de imaginar, no existe control alguno. [4] Ni aun siquiera se está de acuerdo en el número de jefes. La mayoría dice que Gayo Lelio estaba al frente de las naves; otros, que era M. Silano. [5] Valerio Antias dice que Aris estaba al frente de la guarnición púnica, entregándose a los romanos; otros dicen que fue Magón. [6] Tampoco se está de acuerdo en el número de naves capturadas, ni en la cantidad de oro o plata, ni en el dinero; si hay que creer a alguien, lo mejor es quedarse en la mitad. [7] Por lo demás, una vez llamados los rehenes, se les pidió que tuvieran buen ánimo, pues habían venido a caer en el poder del pueblo romano [8] quien prefiere atraerse más a los hombre más por favores que por miedo, y entablar pactos con los pueblos extranjeros más por medio de la lealtad que con una triste esclavitud. [9] A continuación, dando los nombres de sus respectivas ciudades, pasó revista a los cautivos, cuantos y de qué ciudad eran, y envió mensajeros a sus casas para que cada uno viniera a recoger a los suyos. [10] Si se presentaban algunos legados de las ciudades, los despedía con presentes. Al cuestor Gayo Flaminio le encomendó el cuidado de los demás. [11] Entre estas cosas, de en medio de la multitud de rehenes, una mujer, poseída de gran temor, esposa de Mandonio, que era hermano de Indíbil, príncipes de los ilergetes, llorando se arrojó a los pies del general y comenzó a rogarle que pusiera un gran cuidado en los guardianes destinados a los mujeres. [12] Diciéndoles Escipión que no les faltaría de nada, entonces la mujer de nuevo replicó:»No le damos importancia a esas cosas; porque, para ésta ¿qué clase de suerte no es suficiente? Es otro tipo de preocupación la que me embarga al mirar a estas mujeres , pues yo ya estoy fuera del riesgo del ultraje femenino». [13] Exuberantes por su edad y por su belleza en torno a ella estaban las hijas de Indíbil y otras similares en nobleza, todas ellas teniéndola como madre. [14] Entonces Escipión dijo:»Yo haría en defensa de mi disciplina y de la del pueblo romano que no se viole jamás nada de lo que entre vosotras sea considerado sagrado; [15] y ahora, para tomar las debidas precauciones, vuestra virtud y dignidad hace que seáis dignas del cuidado propio de una matrona incluso en los peligros». [16] A continuación las entregó a un hombre de probada integridad y le ordenó que las cuidara con el mismo respeto que se daba a las madres y esposas de los huéspedes.

Livio, 26,50, 1. [1] Una doncella de edad madura, cautiva, es llevada por los soldados ante él, dotada de tal belleza que hacía volver la mirada a su paso…

Livio, 26,51. 1-14. [1] Escipión retuvo consigo a Lelio hasta que situara a los cautivos y rehenes y el botín, según su opinión. [2] Dispuestas todas las cosas según su parecer, una vez preparada una quinquerreme, envía a Roma un mensajero para comunicar la victoria, tras embarcar en seis naves los cautivos juntamente con Magón y quince senadores que con él habían sido hechos prisioneros. [3] Él mismo se tomó unos cuantos días, durante los cuales había decidido permanecer en Cartago Nova, para entrenar a los soldados del mar y a la infantería. [4] En el primer día las legiones recorrieron con las armas un espacio de cuatro millas; en el segundo fueron obligados a limpiar las armas y a asear las tiendas de campaña; al tercer día se enfrentaron entre sí con varas, fingiendo un combate real, y se entrenaron con varas con nudos. El cuarto día se destinó al descanso, el quinto se trabajó. [5] Mantuvieron este orden de trabajo y descansó mientras estuvieron en Cartago Nova. [6] Los soldados de la armada llevados a alta mar eran ejercitados en el manejo de la habilidad naval y en arte de asaltar una nave. [7] Todas estas operaciones, fuera de la ciudad, por tierra y por mar, ejercitaban los cuerpos y los ánimos para el combate. La propia ciudad resonaba con los dispositivos de la guerra, llenos los arsenales con toda clase de artesanos en artes de la guerra. [8] El general visitaba todas estas cosas con similar cuidado, ya se encontraba con la escuadra naval, ya con la infantería, ya se dedicaba a la inspección de las cosas y obras, tanto los objetos que se fabricaban en los talleres las de los armeros y arsenales; cada día una multitud de operarios se dedicaba a estos quehaceres. [9] De esta forma iniciada y realizadas las operaciones de reposición de averías en los muros, y colocadas guarniciones para custodia de la ciudad, se marchó a Tarragona, recibiendo muchas legaciones en el camino, a las que despidió en marcha, después de darles una respuesta [10], a una parte la llevó hasta Tarragona, en donde había dicho que se reuniría con todos los nuevos y viejos aliados. [11] Y casi todos cuantos viven en la parte de acá del Ebro, muchos pueblos incluso de la provincia ulterior se reunieron aquí. Los jefes de los cartagineses al principio ocultaron intencionadamente el rumor de la ciudad tomada; después, como la situación era bastante clara que impidieran ocultar y fingir la situación, moderaban la realidad con palabras. [12] Con una llegada inesperada y casi llegado el día, sólo una ciudad hispana había sido tomada que un joven engreído, con el premio de un triunfo insignificante había impuesto una especie de gran victoria con demasiado gozo: [13] pero cuando había oído que se acercaban tres generales, tres vencedores del ejército enemigo, en seguida le llegaron los recuerdos de la muerte de los propios paisanos. [14] Estas cosas lanzaban al público, sin que ellos ignoraran cuánto se había perdido en todas las fuerzas, una vez perdida Cartago Nova.

Año -208.

Livio, 27,14, 5. [5] Los hispanos ocupaban por decisión de Aníbal la primera línea, y esta era la principal fuerza de todo el ejército.

Livio, 27, 17, 1-17. [1] Al principio del verano en que se realizaban estas cosas, Publio Escipión, habiendo pasado el invierno en ganarse a los bárbaros, a unos con dinero, a otros con la devolución de los rehenes y cautivos, Edesco, uno de los famosos caudillos hispanos, vino ante él. [2] Su esposa e hijos estaban en poder de los romanos; pero, aparte de este motivo, la atrajo hacia él aquella fortuita inclinación de ánimos que había arrastrado a toda Hispania del dominio púnico al romano. [3] Por el mismo motivo se presentaron Indíbil y Mandonio, ciertamente los principales de toda Hispania, con toda su tropa popular, después de abandonar a Asdrúbal para dirigirse hacia las colinas que se asomaban sobre su campamento, en donde se encontraba seguro en medio de los montañas que le rodeaban, sería recibido por los romanos. [4] Asdrúbal, al darse cuenta de que el ejército enemigo se encontraba con la adición de tan grandes tropas, que las suyas disminuían y que se perderían por donde pudieran, si no se apresurara para incrementarlas algo, determinó entablar combate cuanto antes. [5] Escipión deseaba mucho más la lucha ya por la esperanza que incrementaba la buena marcha de las operaciones militares, ya porque antes de que se agruparan los ejércitos de los enemigos, prefería luchar con un solo general y un ejército, a hacerlo con todos. [6] Pero incluso si hubiera que luchar al mismo tiempo con varios, por ello incrementó con cierta habilidad las tropas. Pues al darse cuenta de que no se utilizaba en absoluto el material de guerra naval, ya que toda la costa hispana se encontraba desprovista de armas púnicas, habiendo varado las naves en Tarragona, sumó al ejército de tierra las tropas navales. [7] Había gran cantidad de armas de las que fueron capturadas en Cartago Nova y las que fueron fabricadas después de la toma de la ciudad, por los artesanos de la misma. [8] Al inicio de la primavera, Escipión, saliendo con sus tropas desde Tarragona -pues ya había regresado Lelio de Roma sin el que no quería hacer ningún movimiento de tropas- emprendió la marcha contra el enemigo. [9] Cuando iba atravesando por lugares pacificados, cuando pasaba por el territorio de cada pueblo, para añadirse y sumar aliados, Indíbil y Mandonio le salieron al encuentro con sus tropas. [10] Indíbil habló por los dos en modo alguno como un bárbaro inculto, sino más bien con respeto y autoridad, más excusando su paso como obligado que felicitándolo como una primera ocasión perdida; [11] pues sabía que él había recibido el exsecrable nombre de tránsfuga por los viejos aliados y aceptado por los nuevos; y que él no reprochaba aquella costumbre de los hombres si la causa es el odio dudoso, no el nombre. [12] Después recordó los méritos contra los jefes cartagineses, la avaricia contra el orgullo de aquellos y los ultrajes de todo tipo cometidos contra él y contra sus ciudadanos. [13] De esta forma tan sólo su cuerpo había estado en poder de ellos hasta aquel momento; y que su espíritu se encontraba desde hace tiempo allí donde creían que el derecho y la justicia eran honrados; y suplicantes recurrían también a los dioses para que no permitieran que la violencia y el ultraje causado por los hombres, se sufriera. [14] Ellos pedían a Escipión que su paso no les causara ni honra ni engaño. Al conocerlos personalmente desde aquel día, por sus obras se los debería valorar, [15] De esta forma el romano respondió que lo haría, que no los consideraría como tránsfugas porque ellos no firmarían un pacto firme allí donde nada ni divino ni humano se considerara sagrado. [16] Después, habiéndoles puesto a la vista a sus esposas y a sus hijos, se los devolvió en medio de lágrimas y alegría, y en aquel día fueron recibidos en hospitalidad. [17] Al día siguiente se aceptó el compromiso de fidelidad por medio de un pacto y fueron enviados para conducir sus tropas. A continuación, desde aquel campamento se desplegaron hasta que se llegó frente al enemigo con aquellos generales.

COMENTARIO

El éxito de Escipión se extendió por toda la Penínula. Y la estrategia de los romanos no fue el enfrentarse irreflexivamente a los enemigos cartagineses. Sino que decidió enfrentarse a ellos por separado y evitar cualquier contratiempo. Esperó información de Roma. Además, se le unieron antiguos aliados de los cartagineses: Indíbil y Mandonio, con quienes firmaron pactos. Objetivo: dividir a los cartagineses para combatir por separado, y que no ocurriera lo que paso con su padre y tío.

Livio, 27,18.1-20. [1] El próximo ejército cartaginés, al mando de Asdrúbal, se encontraba junto a la ciudad de Baeula (Bailén, Jaén). Delante del campamento tenían montados puestos de guardia con jinetes. [2] En ella soldados a la ligera y los que llegaban desde vanguardia, antes de que se les asignara un lugar en el campamento, se tomaron con tal desprecio el ataque que fácilmente se podía saber cuál era el ánimo en ambos bandos. [3] Los jinetes fueron rechazados hacia el campamento en estrepitosa huida y las enseñas romanas fueron llevadas hasta casi las propias puertas. [4] Y ciertamente en aquel mismo día, con los ánimos tan exaltados para el combate, los romanos [5] montaron su campamento. De noche, Asdrúbal se llevo las tropas a una colina que tenía una llanura en su parte más alta; por la espalda, delante y alrededor un río la rodeaba como una playa a toda la orilla. [6] Debajo también una planicie inferior con gran extensión. También estaba rodeada por una pendiente difícil de subir. [7] Hacia esta llanura inferior, al día siguiente, Asdrúbal, después que vio que el enemigo se encontraba en línea de batalla delante del campamento, envió a la caballería númida, a los baleáricos de armas ligeras y a los africanos. [8] Escipión, recorriendo las filas mostraba las enseñas al enemigo que intentaba apoderarse de las colinas, con la esperanza perdida de combatir a campo abierto; estaba a la vista que había de confiar más en la naturaleza del lugar que en el valor y en las armas. Pero murallas más altas tenía Cartago Nova y el soldado romano las había superado. [9] No constituían un obstáculo para su armas, ni las colinas, ni la ciudadela, ni mucho menos el mar. Las alturas que había arrebatado al enemigo habían servido para que, saltando por escollos y precipicios, huyeran; pero también les cortaría esta huida. [10] Ordena que dos cohortes ocupen el desfiladero del valle por donde discurre el río, una en la parte de acá y la otra que corte el camino que desde la ciudad, a través de atajos, lleva al campo. Él mismo conduce a los soldados preparados, que el día anterior habían despejado de enemigos los puestos de guardia, que se encontraba sobre un alero inferior. [11] En primer lugar avanzaron por lugares ásperos, obstaculizados no por otra cosa que por la vía. Después, cuando llegaron a la distancia de disparo, se lanzo sobre ellos una enorme cantidad de armas de todo tipo; [12] por contra, ordena que utilicen como armas arrojadizas las piedra que se encuentran en cualquier parte del camino, y que haga esto no sólo el soldado sino también la multitud de siervos de carga mezclados con los soldados. [13] pero, aunque el ascenso era difícil, y casi eran repelidos hacia abajo por los dardos y las piedras, sin embargo de ánimo y por la costumbre de escalar muros, consiguieron subir. [14] Tan pronto como éstos tomaron algún terreno parejo, y pudieron pisar suelo firme y seguro, se burló a la infantería ligera protegida con un espacio intermedio, en un combate a base de disparos con piedras, incitándolos a una lucha de soldados cuerpo a cuerpo; los hicieron abandonar el lugar y causando una gran matanza, los obligaron a retroceder hasta la línea de batalla situada en una colina más elevada. [15] Entonces Escipión divide con Lelio las restantes tropas después de ordenar a los vencedores avanzar contra el centro del grueso del combate y ordena que él dé un rodeo por la parte derecha de la colina hasta que encuentre una vía de acceso más suave: él mismo por la parte izquierda, dando un pequeño rodeo, corta el paso a los enemigos que se le cruzan. [16] Por esto, al principio, se dislocó el combate mientras pretendían dirigir las alas del ejército contra el griterío que les rodeaba por todas partes y romper el orden de combate. [17] Lelio, a pesar el griterío, cumplió con esto, y mientras hacen retroceder a la infantería para que no sean atacados por la espalda, pues la vanguardia se encontraba un poco debilitada, se abrió un espacio para andar por medio del terreno. [18] Éstos nunca habrían podido escapar por un lugar tan desigual estando las filas intactas y los elefantes colocados delante de sus enseñas. [Como se produjeran muertes por uno y otro lado, Escipión, que se había dirigido del ala izquierda a la derecha, peleaba en un lado muy desguarnecido de enemigos. [20] Y ya ni siquiera se abría una brecha para la huida, pues los puestos de guardia por ambos lados, por la derecha y por la izquierda se habían situado sobre las vías ocupándolas y la puerta del campamento estaba taponada por la huida del general y de los príncipes, incrementada por el miedo de los elefantes a los que los enemigos tenían incluso asustados. Murieron aproximadamente ocho mil hombres.

Livio, 27,19, 1-12. [1] Asdrúbal, ya antes de que emprendieran el combate, perdido su dinero y enviados por delante los elefantes, habiendo reunido de la huida el mayor número que pudo, a través del río Tajo se dirigió hacia los Pirineos. [2] Escipión, habiéndose apoderado del campamento de los enemigos, tras dar a sus soldados todo el botín, salvo los hombre libres, para pasar revista a los cautivos en número de diez mil infantes, encontró a dos mil jinetes. De entre éstos, mandó a sus casas a todos los hispanos sin rescate, y ordenó que el cuestor pusiera en venta a los africanos. [3] A continuación, la diluida multitud de hispanos, anteriormente en propiedad de los rendidos, y el día precedente de los cautivos, llamó a él rey con gran aclamación. [4] Entonces Escipión, mandando silencio por medio de un heraldo, dijo que el nombre de general supremo le correspondía a él, con el que le solían nombrar sus soldados; pero el gran nombre real, considerado por algunos, no se aceptaba en Roma en absoluto. [5] En silencio pensarían que la opinión con respecto a él sería considerada como real, si lo pensaron como lo mejor dentro del ingenio de los hombres. Por ello se abstendrían del incorrecto uso del término. [6] Los bárbaros se percataron de su grandeza de espíritu, de cuyo nombre otros hombres se admirarían ante el desprecio de tan alto rango. [7] Se realizaron donaciones a los reyezuelos y príncipes hispanos, y de la gran cantidad de caballos capturados, ordenó que Indíbil eligiera los trescientos que quisiera. [8] Cuando por orden del general el cuestor comenzara a vender a los africanos, al enterarse de que un joven de forma excepcional se encontraba entre ellos, y que era de carácter real, lo envió ante Escipión. [9]Como Escipíón le preguntara a éste quién era, cuál era su naturaleza y por qué se encontraba en el ejército a aquella edad, dijo que era númida y que sus paisanos le llamaban Masiva: tras haber quedado huérfano de padre, había estado en casa de su abuelo materno Gala, rey de los númidas, y que, sacado juntamente con su abuelo Masinisa, quien hacía poco tiempo había venido con la caballería en ayuda de los cartagineses, había pasado a Hispania. [10] Y que a causa de su edad le había sido prohibido por Masinisa que tomara parte en ninguna guerra;; y que allí, tras habérsele desbocado el caballo en una pendiente, había caído en manos de los romanos. [11] Escipión, tras haber ordenado que el númida fuera protegido, cumplió con las órdenes que se debían cumplimentar por el tribunal; desde aquí, tras dirigirse al pretorio, habiéndolo llamado a su presencia, le preguntó si quería o no regresar con Masinisa. [12] Como quiera que, después de llorar de alegría, dijera que quería marcharse, entonces entregó al joven un anillo de oro, un manto hispano, una fíbula de oro y un caballo enjaezado hasta donde quisiera con caballería.

COMENTARIO

El encuentro bélico entre romanos y cartagineses en Baecula tuvo un resultado calamitoso para los segundos. La estrategia de Asdrúbal tuvo un resultado muy negativo para sus intenciones. Visto lo cual, se marcho hacia el norte camino de los Pirineos. Escipión continúa ganándose la simpatía y el apoyo de los hispanos. Y planea también atraerse la atención del rey Masinisa en el norte de África, devolviéndole a su nieto que se encontraba entre los cautivos de la batalla contra los cartagineses.

Livio, 27.20, 1-8. [1] Se deliberó también sobre la marcha de la guerra. Algunos autores dicen que al instante sale en persecución de Asdrúbal, [2] pensado que era dudoso que Magón y el otro Asdrúbal juntaran las tropas con él; enviada una guarnición que tan sólo se situara en los Pirineos, él se dedicó el resto del verano a recibir como leales a los pueblos de Hispania. [3] Pocos días después de la batalla de Baecula, cuando Escipión al volver a Tarragona pasase por el desfiladero de Cástulo, Asdrúbal Gisgón y Magón, vinieron ante Asdrúbal desde la Hispania ulterior, ayuda tardía después de desastre recibido, con el proyecto de seguir el resto de las operaciones de una guerra no poco desfavorable. [4] Informándose allí sobre cuál era el estado de ánimo entre los hispanos en la región de cada provincia, sólo Asdrúbal Gisgón pensaba que las costas últimas de Hispania que miran hacia el Océano y Gades, todavía no estaban al corriente sobre la presencia romana y que por ello permanecía fiel a los cartagineses. [5] entre el otro Asdrúbal y Magón era claro que los ánimos de todos habían sido ganados públicamente y privadamente por los favores de Escipión y que no se pondría fin a las deserciones hasta que todos los soldados hispanos fuesen transportados a los confines de Hispania y llevados a la Galia.[6] Así, pues, aunque el Senado cartaginés no tomara una determinación, sin embargo Asdrúbal tendría que marcharse a Italia donde el peso de la guerra y la situación bélica más importante se encontraba, y al miso tiempo, con el fin de apartar a todos los soldados hispanos de Hispania, lejos del nombre de Escipión. [7] Su ejército, menguado ya por las deserciones ya por los desastres recibidos, lo completaba con soldados hispanos, e hizo pasar al propio Magón, una vez entregado su ejército a Asdrúbal Gisgón, a las Baleares con gran cantidad de dinero y regalos para transportar las tropas auxiliares. [8] Asdrúbal Gisgón machó hacia el interior de Lusitania con su ejército y no quiso entrar en combate con los romanos. Tres mil jinetes completaron la fuerza que componía el ejército de Masinisa. Y éste, transitando por la Hispania citerior, llevaba ayuda a sus aliados y saqueaba las ciudades y los campos de sus enemigos. Una vez acordados estos presupuestos, los generales partieron para dar cumplimiento a lo establecido. En aquel año esto fue lo que ocurrió en Hispania.

Año -207.

Livio, 28,1,1-9. [1] Con el paso de Asdrúbal a Italia, tanto parecía que había disminuido la guerra aquí, como se había aliviado la situación en Hispania; pero volvió a empezar allí de repente una lucha similar a la anterior. [2] Los romanos y cartagineses ocupaban los siguientes territorios en aquellas circunstancias: Asdrúbal Gisgón se había situado en la parte del [3] Océano y en Gades; las costas de nuestro mar y casi toda la Hispania oriental estaban en poder de Escipión y del dominio romano. [4] Un nuevo general, Hannón, atravesó el Estrecho desde África con nuevo ejército, para sustituir a Asdrúbal Barca. Unido a Magón, en breve tiempo puso en pie de guerra en la Celtiberia, región situada entre dos mares, un gran número de hombres. [5] Escipión mandó contra él a Marco Silano con mas de diez mil infantes y quinientos jinetes. [6] Silano, a marchas forzadas, le obstaculizaban las asperezas del terreno y las estrecheces de los frecuentes desfiladeros, como es muy frecuente en la mayor parte de Espania- a pesar de todo tras enviar no sólo mensajeros, sino incluso la noticia de su llegada, valiéndose por ello de los jefes desertores, llegó desde la Celtiberia hasta el enemigo. [7] Valiéndose de estos mismos elementos, descubrió estando a diez millas de distancia del enemigo, que había dos campamentos junto al camino por donde iban a pasar; en la parte izquierda había un ejército nuevo con más de nueve mil hombres y a la derecha se encontraba el campamento púnico; [8] Este campamento se encontraba debidamente protegidos y seguro, con puestos de guardia y guarniciones militares; el otro se encontraba muy desguarnecido y descuidado, como era natural en los bárbaros y novatos, y no tenían miedo al no encontrarse en su patria. [9] Silano, pensando que este debía ser el primero en ser atacado, ordenó que se llevaran las banderas lo más posible hacia la izquierda y que de esta forma fueran vistos por los puestos de vigilancia de los púnicos; él mismo, enviando por delante espías avanza hacia el enemigo con su ejército en movimiento.

Libio, 28,2,1-16. [1] Estaban a tres millas cuando todavía no se habían percatado ninguno de los enemigos. Los lugares eran muy quebrados y las colinas se encontraban cubiertas de matorral. [2] Allí, en un ondulado valle y por este detalle resguardado, ordena que se sitúen los soldados y que coman. Mientras tanto los espías llegaron comunicando las palabras de los desertores; [3] entonces, dejando los romanos los bagajes por medio, toman las armas y en línea de combate marchan a la lucha. Se encontraban a mil pasos de distancia cuando fueron vistos por los enemigos y de pronto comenzaron a temblar; y Magón, espoleando su caballo sale del campamento al primer grito y tumulto. [4] Había en el ejército de los celtiberos cuatro mil soldados con escudos y doscientos jinetes. Sitúa a esta legión completa -y ello constituía casi toda su fuerza- en primera línea de combate; a los restantes que estaban armados a la ligera los puso de apoyo. [5] Tras haberlos sacado del campamento en formación, al instando los romanos lanzaron sus armas atravesando la empalizada. [6] Se parapetan los hispanos para defenderse contra las armas que se les vienen encima lanzadas por el enemigo y, a continuación, se levantan para replicarles lanzando las suyas; como es habitual,habiendo rechazado los romanos tales disparos con sus escudos, conjuntados unos contra otros; entonces, avanzando pie con pie, comenzó el combate espadas en manos. [7] Por lo demás, la aspereza de los lugares hacía inútil la rapidez de los celtiberos con la que acostumbraban a enfrentarse en los combates, cosa que no era igual para los romanos, acostumbrados a un combate en tierra firme, [8] a no ser que las estrechuras y los matorrales que obstaculizaban, trastornaran las filas y se vieran obligados a combatir de uno a uno y de dos en dos, con sus adversarios. [9] Esto era un obstáculo para la huida del enemigo, cosa que los presentaba como dirigidos hacia la muerte, [10] y una vez muertos todos los escudados celtiberos, la infantería ligera y los cartagineses, que había venido en ayuda desde otro campamento, caían abatidos. [11] No mas de dos mil infantes y toda la caballería, apenas iniciado el combate, escaparon con Magón. Hannón y el otro general, con aquellos que habían llegado los últimos al destrozado combate, son capturados vivos. [12] Casi toda la caballería y el resto de la antigua, siguiendo a Magón en su huida, al décimo día, llegaron a la provincia gaditana ante Asdrúbal: los celtiberos, soldados novatos, dispersados hacia los bosques cercanos de allí, regresaron a sus casas. [13] Esta oportuna victoria no había puesto fin a una guerra ya avanzada, ya que era pábulo de guerra futura, si aquellos hubiesen querido llamar a las armas a otros pueblos, proclamando para ello a las tribus celtiberas. [14]. Así, pues, habiendo elogiado debidamente a Silano, Escipión, con la esperanza de guerrear, si no se detuviera sin vacilar, se dirigió contra aquel resto de guerra que quedaba en la última región hispana, contra Asdrúbal. [15] El cartaginés, habiendo montado casualmente el campamento en la bética para mantener los ánimos de los aliados en la lealtad, levantadas repentinamente las banderas con la idea de huir más que de emprender el viaje, se dirige a Gades y a la parte costera del Océano. [16] Por lo demás, mientras retenía al ejército, pensando que él estaba preparado para el combate, antes que desde Gades atravesara el Estrecho, dividió a todo el ejército por todas las ciudades para que ellos mismos con muros y con armas se defendieran.

COMENTARIO

Se acerca el momento supremo de la derrota definitiva de los cartagineses en Hispania. En Baecula se dio un paso decisivo para demostrar que las fuerzas romanas estaban más preparadas para el combate de las cartagineses. El romano era un elemento bien informado y seguro de cómo se debe combatir a un enemigos que da señales de debilidad e inseguridad para el combate. El cartaginés es un elemento mercenario y apátrida. Lucha por ser mercenario y percibir un premio y no un éxito de su patria. Cada vez se ven más arrinconados en la zona suroeste de Hispania, y con las miras puestas en que se les acercaba el momento de, o desertar los que son hispanos, o escapar hacia el norte de África.

Livio, 28,3,1-16. [1] Cuando Escipión se dio cuenta de que la guerra se había detenido por todas partes y que era de un trabajo muy largo más que grande al llevar las armas a cada una de las ciudades, dio marcha atrás. [2] Para no dejar en manos del enemigo aquella región, envía a Lucio Escipión, su hermano, con diez mil infantes y mil jinetes para tomar la rica ciudad, en aquellos lugares, a la que los bárbaros llaman Orongis. [Está emplazada en el territorio de los Maesos, tribu de Hispania, campo fértil; sus habitantes extraen incluso plata. Asdrúbal había poseído aquella ciudadela para realizar salidas a los pueblos del interior de estas tierras. [4] Escipión, emplazado el campamento cerca de la ciudad, antes de que levantara una empalizada en torno a la misma, envió gentes hasta las puertas para que de cerca probaran los ánimos mediante el diálogo y les persuadieron para que aceptaran mejor la amistad de los romanos que la violencia de las armas. [5] Cuando se respondió que nada se había apaciguado tras rodear la ciudad con una doble empalizada, divide al ejército en tres partes, con el fin de que una estuviera descansada y dispuesta de refresco y las otras dos combatiendo. [6] Cuando la primera parte comenzó a combatir, se inició una lucha encarnizada y dudosa; no era fácil escalar y arrimar la escalera a los muros a causa de las flechas que caían sobre ellos. [7] Incluso quienes había arrimado las escaleras contra los muros, unos caían rechazados con horcas fabricadas a propósito, contra otros desde arriba eran lanzados ganchos de hierro de forma que se creara una situación de peligro si colgados sobre el muro no eran rechazados. [8] Cuando Escipión se dio cuenta de esto, que la lucha se encontraba igualada con un corto número de los suyos y de que ya superaba al enemigo, puesto que se luchaba desde la muralla, comenzó a atacar a la vez desde dos partes de la ciudad, una vez conquistada la primera. [9] Esta acción causó tan gran terror a los que estaban combatiendo con los de vanguardia, que se encontraban agotados, que los ciudadanos en repentina escapada abandonaron el combate desertando, y la guarnición púnica, por miedo a que la ciudad se rindiera, y se coaligaran todos a una, una vez abandonados los puestos de vigilancia. [10] A causa de esto invadió a los ciudadanos el temor de que, si el enemigo entraba en la ciudad, tanto los cartagineses como los hispanos que salieran al paso de los enemigos, fuesen asesinados indiscriminadamente. [11] Así, pues, abierta de repente la puerta, en tropel se escaparon de la ciudad, manteniendo los escudos por delante para que las armas arrojadizas no les dieran de frente, mostrando las diestras desnudas para dar la impresión de que habían dejado sus espadas. [12] Como quiera que aquello pareciera poco claro a causa de la distancia, o estuviese dudoso o se sospechara fuera un engaño, no se supo aclarar; tras haber realizado un avance hostil contra los transfugas, murieron tantos como en el combate perdido. [13] Por las mismas puertas se introdujeron las hostiles enseñas de la ciudad. Por otras partes eran muertos con segures y picos, y las puertas eran golpeadas, y cualquier jinete que entraba para ocupar el foro se precipitaba con el caballo al galope, -así se había ordenado-.[14] Se había sumado también una guarnición de triarios a la caballería; los legionarios invaden las tres partes restantes de la ciudad. Evitaron la muerte de quienes les salían al encuentro y el saqueo, a no ser que alguno se defendiera con los armas. [15] Todos los cartagineses se entregaron para ser vigilados y también casi trescientos ciudadanos que habían cerrado las puertas; la ciudad fue entregada a los restantes y sus bienes les fueron devueltos. [16] Cayeron muertos casi dos mil enemigos en el asalto de la ciudad; entre los romanos no murieron más de noventa.

COMENTARIO

La ciudad de Aurgi (Orongis) al final cae en manos de los romanos con la misma facilidad que antes habían derrotados a los cartagineses en Baecula. El final de Ilipa se acerca e, incluso, las fuerzas mercenarias se dividen porque ven que no tienen salida por ninguna parte. La superioridad de Escipión, tanto anímica como militar se hace patente y eso infunde terror a sus enemigos.

Livio, 28,4, 1-4. [1] El asalto tuvo éxito, incluso para aquellos que llevaron el peso de la toma de la ciudad, para el general y para el ejército; los que llevaban delante de sí a la enorme cantidad de cautivos, hicieron vistosa su entrada. [2] Escipión habiendo elogiado a su hermano, lo hizo con tal honra de palabra que le dio a entender que la ciudad de Orongis (Jaen, Auringis>Orongis) tomada por él, había igualado a la que él en persona había capturado: Cartago Nova, [3] y porque se avecinaba el invierno y no pudiera intentar la toma de Gades ni perseguir al ejército disperso de Asdrúbal, por todas partes de la provincia, se llevó todas sus tropas hacia Hispania citerior. [4] Enviada las legiones al campamento de invierno y Lucio Escipión a Roma, y quedando Hannón como jefe de los enemigos, y los restantes nobles como cautivos, él se dirigió a Tarragona.

Livio, 28,12,10-15. [10] En Hispania, en cierto modo, la situación era favorable, pero, por otra, era muy al contrario; la una, porque los cartagineses vencidos en la batalla, con la pérdida de su capitán, habían sido arrinconados hacia la costa extrema de Hispania hasta el Océano; [11] la otra, muy dispar, porque Hispania no era como Italia, sino como ninguna otra parte de las tierras, propicia para reponerse con la guerra, gracias al ingenio de los hombres y al terreno. [12] En consecuencia, fue la primera de las provincias iniciadas por los romanos, aunque son todas del continente, pero fue la última de todas en ser dominada bajo la mano y auspicio de César Augusto. [13] Por entonces, allí Asdrúbal Gisgón el general de mayor grado y fama entre los Bárquidas, tras regresar de Gades con las esperanzas de reemprender la guerra, con la ayuda de Magón hijo de Amílcar, tras haber hecho levas en la Hispania ulterior, con un número aproximado de cincuenta mil infantes, armó cuatro mil quinientos jinetes. [14] Sobre las fuerzas ecuestres, el resto de los autores casi están de acuerdo: algunos afirman que fueron enviados hacia la ciudad de Silpia en número de sesenta mil infantes. [15] Allí, dos generales cartagineses se asentaron en llanuras abiertas con la idea de que no rehusaran el combate.

Livio, 28,13, 1-10. [1] Escipión, llegado el rumor de que se había preparado un ejército tan grande, pensando que con sus legiones romanas no se podía igualar a aquella multitud, de forma que no pudiera ni en apariencia hacer frente a unas tropas auxiliares de bárbaros, [2] y que tampoco se debía confiar tan gran fuerza en ellos para que, cambiando de opinión, hecho que fue la causa de la perdición de su padre y de su tío, ofrecieran una gran ocasión, tras haber enviado a Culcas Silano, quien estaba al frente de veintiocho ciudades, [3] para que cogiera a los jinetes e infantes de aquel, a quienes había prometido que él reclutaría durante el invierno. [4] Él, Saliendo de Tarragona y tras haber reunido una mediana cantidad de tropas auxiliares de entre los aliados que habitan a través de la vía, llegó a Cástulo. [5] Llevadas las tropas allí por Silano fueron en número de quinientos infantes y jinetes. Desde allí se avanzó hasta la ciudad de Baecula con todo el ejército de ciudadanos, aliados, infantes y jinetes, con un total de cuarenta y cinco mil. [6] Magón y Masinisa lo atacaron con toda la caballería cuando estaban montando el campamento y los que levantaban las fortificaciones se habrían desparramado si no hubiera sido por unos jinetes apostados adrede detrás de una colina por el propio Escipión, por si ocurría precisamente esto, saliesen al encuentro de improviso contra los desparramados. [7] Aquellos, apenas iniciado el combate derribaron al que se encontraba a mano, a los cercanos a la empalizada y, en primer lugar, se realizó en combate contra los fortificadores; con los restantes que habían avanzado bajo las enseñas y en orden de combate, la lucha fue bastante más larga y dudosa. [8] Pero, como quiera que salieran de sus puestos las cohortes debidamente preparadas a continuación fuesen retirados de las obras de fortificación los soldados y muchos hasta obligados a tomar las armas y de refresco atacaran a otras que se encontraban agotadas y se lanzaran al combate desde el campamento el grueso del ejército armado, tanto cartagineses como los númidas vuelven ciertamente las espaldas. [9] Primeramente acometían contra las formaciones de compañías, en nada perturbadas las filas a causa del temor y la precipitación; en segundo lugar, cuando los romanos atacaron duramente contra los últimos y no podían soportar el ataque, olvidándose totalmente de las filas, cada uno busca escaparse por donde puede y le viene más cerca. [10] y aunque con aquel combate, por una parte los ánimos de los romanos se habían crecido un poco y el de los enemigos había decaído, sin embargo, durante algunos días que siguieron, no pasaron las escaramuzas provocadas por las salidas de la caballería ligera.

Livio, 28, 14, 1-20. [1] Cuando fueron sometidas a prueba las respectivas fuerzas por medio de estas escaramuzas, Asdrúbal fue el primero en sacar a línea combate a sus tropas. A continuación los romanos hicieron otro tanto. [2] Pero tanto uno como otro ejército se detuvo en formación frente a la empalizada, y no atreviéndose ninguno a ser el primero en entablar combate, estando ya el día a punto de caer, los cartagineses fueron los primeros en hacer regresar el ejército al campamento; a continuación, los romanos. [3] Esto mismo se hizo durante algunos días. el cartaginés era el primero en sacar las tropas del campamento; también era el primero en dar la señal de retirada a causa del cansancio provocado por la permanencia en pie de los soldados: ni uno ni otro bando se atrevía a avanzar, ni a disparar ni a dar ninguna voz. [4] De un bando, los romanos ocupaban la mitad del frente; de otro, los cartagineses, mezclados con los africanos. Los aliados ocupaban las alas -los bandos tenían hispanos en sus filas -; delante de las alas, al frente de la línea de combate púnica, los elefantes, de lejos, daban la impresión de ser castillos. [5] Ya comenzaban las arengas en uno y otro bando de tal forma que en línea de combate estaban en posición de combate; ocupaban el centro de la línea de combate el romano y el cartaginés, entre quienes se daba un motivo de guerra, dispuestos a combatir con igualdad de fuerzas y de ánimo. [6] Cuando Escipión se dio cuenta de que se confiaba obstinadamente en esto,cambió todo el plan intencionadamente para la fecha en que se había decidido entablar combate. [7] Por la tarde, a través del campamento se dio la orden de que antes del amanecer, tanto hombres como caballeros estuviesen curados y comidos, y de que los jinetes tuviesen los caballos descubiertos y con sus bocados puestos. [8] Apenas hubo suficiente luz, lanzó toda la caballería con la infantería ligera contra los puestos de guardia púnicos; [9] a continuación, sin dilación, él mismo avanza con el grueso armado de las legiones, una vez robustecidas las alas con soldados romanos en contra de lo que pensaban los suyos y los propios enemigos y colocados los aliados en medio de la línea de combate. [10] Asdrúbal, nervioso por el clamor de los jinetes, hasta el punto de que saltó desde su tienda y vio la revuelta ante la empalizada, el miedo de los propios soldados y las enseñas de las legiones resplandecientes y la llanura repleta de enemigos. Al instante envía a toda la caballería contra los jinetes; [11] el mismo con el ejército de infantería sale del campamento y en alineamiento de combate no cambia nada del orden tradicional. [12] Ya hacía rato que el combate de jinetes era dudoso y por sí mismo no se podía juzgar, porque a los que eran rechazados, se les daba refugio en el frente de la infantería, cosa que ocurría casi alternativamente; [13] pero cuando los frentes se encontraban a no más de quinientos pasos, dada la señal de retirada, Escipión, abiertas las líneas de la caballería, coloca a toda la infantería ligera en medio, cogida y dividida en dos partes en la retaguardia detrás de las alas. [14] A partir de este momento, cuando llegó la hora de iniciar el combate, ordena que los hispanos avancen con paso apretado -era la mitad de la línea de combate -; [15] él mismo, desde el ala derecha -al frente de la cual se encontraba- envía un mensajero a Silano y Marcio para que dirigieran el ala hacia la parte izquierda según viesen que él de dirigía a la derecha. [16] y que entablaran combate con la parte bien armada de la infantería y caballería antes de que el centro del combate pudiese reunirse entre sí. [17] De esta forma, extendidas las alas con tres cohortes de infantes y tres escuadrones de caballería, soldados armados a la ligera para este fin, se dirigían contra el enemigo a gran velocidad, siguiendo las alas en sentido oblicuo; [18] en el centro había un embolsamiento por donde las enseñas de los hispanos avanzaban bastante lentamente. [19] Y ya habían entrado en combate las alas con el grueso de la fuerza enemiga de vanguardia. Los cartagineses veteranos y los africanos aún no se había puesto a tiro, ni tampoco hasta las alas para ayudar a los que combatían y se atrevieran a correr de un lado para otro con el fin de que no quedara a descubierto el centro del combate para cualquier enemigo que viniera de frente. [20] Las alas eran estrechadas por dos frentes; la caballería, la infantería ligera, los vélites corrían hacia los lados una vez rodeadas las alas: las cohortes atacaban de frente para romper las alas desde otra línea de batalla;

Livio, 28,15, 1-16. [1] y como quiera que por parte de ambos lados la lucha era desigual, esto fue motivado porque se había presentado contra el soldado latino y romano una multitud de baleáricos y soldados inexpertos hispanos. [2] Y cayendo ya la luz del día, las fuerzas del ejército de Asdrúbal comenzaron a fallar, al salir apresuradamente al combate agobiados por el tumulto de la mañana y forzados a ello antes de que pudieran tomar fuerzas comiendo; [3] y precisamente con este fin Escipión había alargado el tiempo cuidadosamente para prolongar el combate hasta bien tarde, pues finalmente a final de la hora séptima las enseñas de infantería atacaron contra las alas; [4] en medio de la batalla la lucha se hizo un tanto más lenta, de manera que el calor del sol de mediodía, el sufrimiento de estar de pie bajo las armas y al mismo tiempo el hambre y la sed debilitaron los cuerpos antes de que se entrara en combate con el enemigo. [5] De esta forma se mantuvieron de pie apoyados sobre los escudos. Y demás de esto, los elefantes, asustados por este tumultuoso tipo de combate de jinetes, de vélites y de infantería ligera, se habían metido en medio del combate desde las alas. [6] Cansados en su cuerpos y en sus ánimos dieron marcha atrás; sin embargo mantuvieron el orden de sus filas como si el frente en su totalidad se retirara a la orden de un general. [7] Pero atacando por todas partes por esta razón mucho más duramente, cuando los vencedores se dieron cuenta de la situación se inclinaba a su favor y que fácilmente no se podía soportar aquel ataque, [8] Asdrúbal, aunque trataba de retener insistentemente a los que cedían, diciendo a voces que por la espalda había colinas y un lugar seguro si serenamente se refugiaban, [9] sin embargo, como el miedo venciera toda clase de respeto, abandonando cada uno por su arte al enemigo, volviendo rápidamente la espalda, todos se desparramaron en la huida. [10] En primer lugar comenzaron a situar las enseñas al pie de las colinas y a llamar a orden militar a los soldados, dudando los romanos levantar un frente de combate en la colina opuesta; después, cuando vieron que las enseñas avanzaban valerosamente, asustados, se ven obligados a refugiarse en el campamento, iniciada de nuevo la huida. [11] El romano se encontraba cerca de la empalizada; hubiese tomado el campamento con tan fuerte ataque si no hubiera sido porque, a causa del fuerte sol cual suele brillar entre las nubes cargadas de humedad, hubiera caído el agua con gran violencia que apenas los vencedores habrían podido retirarse a su campamento, e incluso de algunos se apoderó el escrúpulo de no intentar ninguna otra cosa en aquel día. [12] Los cartagineses, aunque la noche y la lluvia los forzaba al descanso obligado, cansados por el sufrimiento y las heridas, [13] sin embargo, porque el miedo y el peligro no ofrecían ocasión de parar para los que estaban dispuestos a asaltar el campamento al amanecer, una vez reunidas por todas partes alrededor piedras de los valles cercanos, refuerzan la empalizada con cuya defensa intentarían defenderse cuando ya no existiera medio de defenderse con las armas. [14] Pero la deserción de los aliados hizo que la huida pareciera más segura que el quedarse. El comienzo de la deserción tuvo, lugar por parte del régulo Atteno, de los turdetanos. [15] Éste desertó con gran cantidad de tropas de conciudadanos; a causa de esto, dos fortificadas ciudades con guarniciones fueron entregadas por los prefectos al romano; [16]y para que el hecho no se extendiera más a los ánimos inclinados a la deserción, con el silencio del principio de la noche, Asdrúbal levanta el campamento.

Livio, 28,16, 1-14. [1] Escipión, cuando al amanecer los soldados que estaban de guardia le informaron de que los enemigos se habían marchado, ordena que se lleven las enseñas al frente de la caballería que iría por delante, [2] y por ello, con el ejército en movimiento, de forma que fueran llevados adelante, con la condición de que las huellas les guiaran directamente hacia los huidos: los generales creyeron que existía un camino más corto hacia el río Betis, de forma que pudieran atacar a los que intentaran atravesarlo, sin duda los perseguirían. [3] Asdrúbal, cerrado el paso del río, se dirige al Océano y se retira de forma dispersa como si fueran fugitivos. De esta forma se distanciaron de las legiones romanas. [4]La caballería ligera, bien por la espalda, bien por los flancos, no dejaba de inquietarlos saliéndoles al encuentro y haciendo paradas. [5] Pero, habiéndose detenido la vanguardia ante los frecuentes choques y a causa de que entablaran escaramuzas el ejército ecuestre con vélites y con tropas auxiliares de infantería, se sumaron las legiones. [6] A partir de entonces, no era ya un combate sino una matanza, como si se tratara de ganado, hasta que el propio general instigador a la huida, escapó hacia las colinas cercanas con casi seis mil soldados semidesarmados. Lo restantes o fueron hechos prisioneros o muertos. [7] Los cartagineses fortificaron y defendieron a aquella multitud desordenada por la precipitación en una colina defendida de forma natural; y por eso, como el enemigo intentara inútilmente atacar por la empinada pendiente, no sin dificultad se pudieron defender, [8] Pero el asedio practicado en un pasaje desnudo y pobre, difícilmente era soportable durante algunos días; por ello se producían deserciones hacia el enemigo. Finalmente el propio general, tras haber hecho venir las naves, – pues no estaban lejos de allí – huyó de noche tras dejar el ejército abandonado. [9] Escipión, enterado de la huida del jefe de los enemigos, dejó a Silano diez mil infantes y mil jinetes para el asedio del campamento. [10] Él mismo, con las restantes tropas, en sesenta jornadas, con el fin de conocer más seriamente las causas de los reyezuelos y de las ciudades, y con el propósito de dar premio al verdadero valor de los méritos, se dirigió a Tarragona. [11] Habiéndose reunido Masinisa a escondidas con Silano tras su marcha, para tener a su propio pueblo obediente a nuevos consejos, pasó a África con unos pocos conciudadanos. [12] Algún motivo fuerte y digno de aprobación debió moverle a un cambio tan súbito, no porque en este tiempo apareciese alguna causa evidente, sino por su fidelidad mantenida muy firme hasta su vejez, sirviendo de prueba para ello. [13] También Magón, con las naves que regresaron enviadas por Asdrúbal, se dirigió a Gades, Los demás, abandonados por los jefes, unos pasándose a los romanos, otros huyendo, se dispersaron por las ciudades próximas. No quedó ninguna fuerza de número ni tropa considerable. [14] Fue así como bajo las órdenes de Publio Escipión fueron expulsados los cartagineses de Hispania a los trece años de empezar la guerra, y a los cuatro de haber Publio Escipión recibido la provincia y el ejército.

COMENTARIO

Esta batalla (Alalia, -206), con todas sus características, pone de manifiesto que las fuerzas cartaginesas se vieron abandonadas oir su general. Su ejército quedo completamente a la deriva. Huyeron, se entregaron o murieron.

Livio, 28,19,1-18. [1] Aunque las Hispanias se habían quedado al margen de las guerras púnicas, de algunos pueblos podía verse claramente que, si se mantenían en paz, era más por el miedo, sabedores como eran de su culpabilidad, que por fidelidad. Entre ellos los más destacados por su fuerza y por los agravios, eran Iliturgis (Andújar) y Cástulo (Cazlona) . [2] Los habitantes de Cástulo fueron aliados en los momentos de prosperidad, pero cuando murieran los Escipiones con sus respectivos ejércitos, se pasaron a los cartagineses. Los iliturgitanos entregaron y degollaron a los fugitivos de aquel desastre, añadiendo así a la defección un crimen. [3] El castigo de estos pueblos cuando llegó Escipión, y en los momentos en que la situación política de Hispania era dudosa, habría sido más merecido que útil. [4] Pero ahora que había llegado la paz, parecía haber llegado el momento de aplicar las debidas represalias. Así, mandó venir de Tarragona a Lucio Marcio y lo envió a poner cerco a Cástulo con una tercera parte del ejército. Él, por su parte, llegó en cinco jornadas con su ejército a Iliturgis. [5] Sus puertas estaban cerradas y todo estaba preparado par iniciar el asedio y asalto. Hasta ese punto existía la conciencia de que ellos se sabían merecedores por la guerra no declarada contra ellos. [6] Por esto, Escipión comenzó a exhortar a sus soldados: los hispanos, al cerrar sus puertas, habían declarado su temor. De esta forma se tenía que emprender una guerra contra ellos con unos ánimos muchos más débiles hacia ellos que contra los cartagineses. [7] Porque contra ellos (los cartagineses) se luchaba sin rabia por conseguir la gloria y el poder; pero a éstos (los hispanos) había que pedir cuenta de su perfidia y crímenes. [8] Había llegado la hora de que se pagara la nefanda muerte de sus camaradas y del engaño montado contra ellos mismos si de la misma manera se dieran a la fuga dispersándose, y que, para que de aquí en adelante castigaran con duro ejemplo de forma que nadie nunca jamás causara grave ultraje a un ciudadano romano o soldado desafortunado por alguna desgracia. [9] Incitados por las palabras de su general se distribuyen las escalas entre los soldados previamente seleccionados, tras dividir el ejército de forma que el legado Lelio estuviese al frente de una parte. Por dos lugares a la vez atacaron la ciudad, llenándola de terror e indecisión. [10] No solamente el general o la mayoría de los cabecillas exhortan a que se defienda valientemente la ciudad, sino el propio miedo de cada uno, nacido de su conciencia de culpabilidad. [11] Recordaban y se aconsejaban mutuamente que buscaran una muerte y no la victoria por sí misma: cuando alguien afrontara la muerte se recordaría tanto si, en la lucha y en la línea de combate, cuando Marte común a menudo encubra al vencido y denigre al vencedor, [12] como después del incendio y destrucción de la ciudad, murieran tras haber sufrido las mas afrentadas indignidades entre cadenas y azotes ante la mirada de las esposas cautivas y los hijos. [13] Así, no sólo la fuerza de la edad militar sino también las mujeres y niños añaden su fuerza física y psíquica, proporcionan armas a los combatientes y llevan piedras a los que defienden muros fortificándolos. [14] No se trataba sólo de una libertad que tan sólo fortalece los pechos de los varones, sino que tenían ante sus ojos los últimos suplicios para todos y una denigrante muerte. Los ánimos se encendían no sólo por la lucha contra el sufrimiento y riesgo, sino también por la propia mirada entre ellos. [15] Así, pues, se inició el combate con tal ardor que el famoso conquistador de la Hispania, con frecuencia rechazado por la juventud de una sola ciudad, se apartara de los muros tras un combate deshonroso. [16] Cuando Escipión se dio cuenta de esto, temiendo que el ánimo de los enemigos se creciera tras tantos intentos vanos por parte de los suyos, y sus soldados se desmoralizaran, pensando que él debía intentarlo y tomar parte en el riesgo, y reprendida la pereza de sus soldados, ordena que avancen las escalera y él mismo intenta subir si los demás sienten temor. [17] Cuando había empezado a escalar las murallas con ánimo decidido, tras levantarse un griterío o por todas partes entre los solícitos soldados en respuesta a su general, comenzaron a arribarse las escaleras por todas partes a la vez. [18] Lelio dio la orden de ataque desde otra parte. Entonces, vencida la resistencia de los defensores de la ciudad y desalojados de sus paramentos, las murallas fueron ocupadas. Incluso la ciudadela es tomada por aquella parte que parecía inexpugnable entre el tumulto.

Livio, 28, 20, 1-12. [1] Los desertores africanos que entonces estaban en las tropas auxiliares romanas, marchando los ciudadanos para defender aquellos lugares donde se veía peligro, [2] y los romanos, allí donde pudieron tener acceso, dirigieron su mirada hacia la parte más alta de la ciudad que estaba protegida por una elevada roca, sin ninguna parte de fortificación y libre de defensores. [3] Hombre delgados y preparados físicamente, llevando consigo clavos de hierro, escalan la roca a través de los salientes de la misma. [4] Si se encontraba una roca demasiado difícil y ligera, tras colocar clavos a corta distancia, habiendo hecho sus escaleras, los delanteros extendiendo las manos a los de atrás, los últimos empujando a los que iban delante, llegan a la cumbre. [5] Desde allí se lanzan corriendo con griterío hacia la ciudad ya tomada por los romanos. [6] Entonces dio la sensación de que la ciudad había sido tomada por la ira y por el odio. Nadie se acordó de que debían ser capturados vivos, nadie, estando todo abierto pensó en no saquear. Matan tanto a los armados como a los inermes, lo mismo a hombre que a mujeres. La cruel ira llegó hasta el asesinato de los niños. [7] A continuación prenden fuego a las casas y derriban lo que el fuego no puede destruir. hasta tal punto se les puso en su ánimo barrer las huellas de una ciudad y destruir la memoria de una sede de enemigos. [9] Pero la noticia de la matanza de Iliturgis precedió la llegada de Escipión, y el temor y la desesperación cundieron entre los defensores. [10] Y por causas diversas, pretendiendo cada parte velar por sí, sin pensar en la otra, primero calladas suspicacias, más tarde una discordia abierta, dividieron a los cartagineses de los hispanos. [11] Cerdubelo fue quien aconsejó abiertamente a estos últimos la rendición. Himilcón estaba al frente de los auxiliares cartagineses. -Cerdubelo entregó a los romanos por medio de un pacto secreto, a los cartagineses juntamente con la ciudad. [12] Esta victoria fue más benigna. No era tanto el agravio recibido y la rendición voluntaria había hecho más ligera la ira.

COMENTARIO

CAE ILITURGIS (Andújar). Los romanos llegar a no distinguir entre soldados, ciudadanos, mujeres y niños. Se cometen crímenes injustificables por parte del ejército. Escipión calla, por ahora.

Livio, 28,21,1-10. [1] Desde allí Marcio fue enviado a someter al imperio y obediencia de los romanos a los bárbaros que aún no estuviesen sometidos. Escipión volvió a Cartago Nova para cumplir los votos a los dioses y celebrar los juegos de gladiadores preparados con motivo de la muerte de su padre y de su tío. [2] El espectáculo de gladiadores no estuvo a cargo de hombres de aquella clase donde reclutan los lenistas a los esclavos, ni de gente de sangre venal. El trabajo de todos los luchadores fue voluntario y gratuito. [3] Pues unos fueron enviados por los reyezuelos para ejemplo del valor innato de su pueblo, [4] otros declararon espontáneamente que querían luchar en honor de su jefe; otros su espíritu de emulación y lucha los llevó a retar y a aceptar el reto. [5] Los hubo que, no pudiendo o no queriendo terminar amistosamente sus pleitos, lo decidieron por la espada, pactando entre sí que el fallo sería del vencedor. [6] Y no hombres de oscuro linaje, sino famosos e ilustres, entre ellos Corbis y Orsus, primos hermanos que luchaba entre sí por el principado de la ciudad de Ibes, se declararon dispuestos a disputárselo por el hierro.[7] Corbis era mayor que Orsus. El padre de éste había sido recientemente príncipe, tras haber recibido el poder de su hermano mayor después de su muerte, [8] Queriendo Escipión que se discutiera con palabras y tranquilizar sus iras, ambos parientes se negaron a ello y no querían tener otro juez de contienda que no fuera Marte entre dioses y hombre. [9] El mayor físicamente, el menor en la flor de su juventud, anteponiendo la muerte en combate antes de que cualquiera de ellos mandara sobre el otro, no queriendo apartarse de tan gran odio, dieron un famoso espectáculo ante el ejército y todo un documento de cuanto la ambición de poder puede significar entre los hombres. [10] El mayor, por su práctica en las armas y por su astucia, fácilmente dominó las débiles fuerzas del menor. A este espectáculo de luchadores siguieron los juegos fúnebres en pro de la abundancia de la provincia y los dispositivos castrenses.

Livio,28,22,1-15. [1] La marcha de la guerra continuaba entre tanto bajo el mando de los legados. Marcio, pasado el Betis, al que los indígenas llaman Certis, recibió sin lucha la sumisión de dos opulentas ciudades. Astapa era una ciudad que siempre había seguido el partido de Cartago. [2] Y esto no hubiera producido tanta indignación a no ser por el odio singular que, aparte de las necesidades de la guerra, mostraban contra los romanos. [3] Y no es que la ciudad fuese fuerte por su situación ni la hicieran arrogante sus defensas, pero su gusto por el bandidaje los impulsaba a hacer incursiones por los campos de los pueblos vecinos, aliados de los romanos, capturando a los soldados, sirvientes de armas y mercaderes perdidos. [4] Y hasta una caravana que, considerando poco seguro el camino, marchaba con fuerte escolta y pasaba a través de su territorio, fue envuelta en una emboscada y a favor de su poca ventajosa posición, fue pasada a cuchillo. [5] A la llegada del ejército enviado a la ciudad, los habitantes conscientes de su crímenes, no juzgando segura su sumisión a tal enemigo y desconfiando de la eficacia de las murallas y de sus armas, imaginan contra sí mismas un feroz atentado.[6] Designan un lugar en el foro, donde amontonan todo lo que en sus casa tenían de más valor. Mandan que sus esposas se sitúen entre este montón juntamente con sus hijos; levantan a su alrededor piras de leña echando en ellas haces de ramas secas. [7] Eligen después cincuenta jóvenes armados y les ordenan «que mientras fuera incierto el éxito de la lucha, fuesen guardianes de aquel lugar, de sus bienes y de las personas que eran más queridas que estas cosas. [8] Si la suerte se inclinaba contra ellos, cuando viesen la ciudad a punto de ser tomada, supiesen que todos los que hubiesen visto marchar a la lucha, morirían en ella». [9] A ellos les rogaba que los dioses de los cielos y de los infiernos que acordándose de la libertad que aquel día, debía morir o con una hermosa muerte o con una infame servidumbre, nada dejase que pudiera servir de objeto al furor de los enemigos. [10] En sus manos tenía el hierro y el fuego. Los que tuviesen que morir, muriesen por manos amigas y fieles antes que sufrir los ultrajes de la arrogancia enemiga». [11] A estas exhortaciones añadieron un terrible precaución contra el que por esperanza o cobardía se apartase de lo mandado. Inmediatamente en rápida columna se lanzan en confuso griterío por las puertas abiertas. [12] No había ningún puesto de guardia que ofreciera seguridad ni resistencia, porque nada se podía temer menos que el que se atreviera a salir por las murallas. Unos cuantos escuadrones de caballería y de soldados armados a la ligera inesperadamente salen del campamento enviados precisamente a esto. [13] El combate fue tanto más duro por su ímpetu y animosidad que ordenado. Así, la caballería rechazada, que había sido la primera en enfrentarse al enemigo, infundió terror a la infantería ligera. y se habría combatido bajo el propio foso si la fuerza de las legiones no hubiera enderezado el combate, conseguido un corto espacio de tiempo para reorganizarlo. [14] Allí se sintió pavor durante algún tiempo en torno a las enseñas, al precipitarse ciegos por la rabia y con enconada audacia a herirse y contra el hierro. Después, los soldados veteranos, constantes contra los ataques temerarios, con la muerte de los de cabeza, eliminó a los e atrás. [15] Poco después se intentó hacer avanzar a la infantería, cuando vio que nadie retrocedía, y que cada uno de forma obstinada, persistía en morir sobre sus propias huellas, abierto el frente de combate, para que la multitud de gente armada pudiese conseguir lo que faltaba por hacer, embolsando a las alas del ejército de los enemigos, los mató a todos juntamente combatiendo en círculo.

Livio, 28, 23, 1-8. [1] Estas alas del ejército, no obstante, a modo de soldados enemigos airados y que luchaban duramente, eran aniquilados aplicando el derecho de guerra contra la gente armada y que se resiste. [2] La matanza fue mucho más espeluznante en otra ciudad cuando a una multitud de mujeres y niños pacíficos, y desarmados sus propios conciudadanos los mataron y arrojaron a la mayoría de sus cuerpos medio vivos a una pira encendida y los arroyos de sangre apagaban las llamas que se encendían. Finalmente, ellos mismos, impulsados por la desgraciada muerte de los suyos, se arrojaron con sus armas en medio de las llamas. [3] Los romanos vencedores llegaron cuando la matanza estaba ya consumada y, atónitos a la vista de tan atroz espectáculo, quedaron algún tiempo inmóviles. [4] pero el oro y la plata que entre el cúmulo de otros objetos brillaban, excitaron la codicia natural del común de los hombres, y queriendo arrebatarlos del fuego, fueron unos cogidos por las llamas, otros medio quemados por el vapor ardiente al no poder retirar los primeros a causa de la enorme multitud que tenían a sus espaldas empujando. [5] Así, Astapa fue destruida por el hierro y el fuego sin dejar botín a los soldados. Marcio, sometidos por el terror de estos hechos todos los pueblos de la región, condujo a Cartago Nova, donde estaba Escipión, al ejército vencedor. [6] Por aquellos mismos días llegaron unos fugitivos de Gades ofreciendo la ciudad y la guarnición púnica que existía en la misma, y que entregarían a su general juntamente con su armada. [7] Magón se había refugiado allí después de la huida, y reagrupadas naves en el mar, había reunido por medio del prefecto algunas tropas auxiliares al otro lado del Estrecho desde las costas de África y desde los lugares próximos a Hispania. [8] habiéndose dado crédito a las palabras de los fugitivos. Marcio se dirigió hacia allá con cohortes bien dispuestas y Lelio con siete trirremes y una quinquerreme para que emprendieran la hazaña de común acuerdo por tierra y por mar.

COMENTARIO

Astapa fue aniquilada con todos sus habitantes dentro: suicidio colectivo.

Livio, 28,24, 1. [1] El propio Escipión, afectado por una grave enfermedad, más grave sin embargo, cuando la fama, siguiendo la tendencia general de los hombres en incrementar intencionadamente los rumores, añade algo a lo que se ha oído; esto perturbó a toda la provincia y principalmente a la parte más alejada. [2] Entonces se comprobó el grave peligro que habría levantado si esta desgracia hubiera sido cierta cuando un falso rumor había despertado tan grandes tempestades. Faltaron los aliados a su fidelidad y los soldados a su deber. [3] A Mandonio y a Indíbil, que ya en sus mentes se habían asignado el trono de las Hispanias para cuando fuesen expulsados los cartagineses, nada les sucedió según sus esperanzas. [4] Levantando sus pueblos (eran pues lacetanos) y excitando a la juventud de los celtiberos, devastan con ensañamiento los campos de los suesetanos y de los sedetanos, aliados del pueblo romano. [5] Otra discordia se levantó entre los romanos del campamento de Sucrón. Allí había ocho mil soldados, guarnición impuesta a aquellos pueblos que habitan al lado de acá del Ebro. [6] Las mentes de aquellos cambiaron no tan sólo por los rumores dudosos sobre la vida del general, sino incluso ya antes, a causa del desenfreno acumulado, como ocurre, a consecuencia de la inactividad diaria.

Livio, 28,25,6 [6] Se les reprochaba generalmente el no haber sido pagado en su día el estipendio, y que habiendo defendido con su valor, cuando la sublevación de Iliturgis, el nombre romano y conservado la provincia, a los iliturgitanos se les había dado la pena merecida por su culpa, pero nadie había para pagar la recompensa debida a sus méritos. [11] La sedición ya de por sí desfalleciente fue aplacada por la repentina quietud de los rebeldes hispanos. Pues Indíbil y Mandonio, cuando se dijo que vivía Escipión, volvieron a su país, abandonando su intento. [12] Y ya no había ni romano ni extranjero a quien poder asociar a su locura.

Livio, 28,30,1-12. [1] Por aquel miso tiempo Hannón, prefecto de Magón, enviado hacia el río Betis desde Gades, con pocos soldados africanos, armó aproximadamente a cuatro mil hispanos atrayéndoselos con regalos. [2] Después, despojado el campamento por Lucio Marcio y de la mayor parte de soldados, entre el tumulto del campamento capturado, perdidos incluso algunos en la huida, persiguiendo la caballería a los dispersos, él escapó con unos pocos. [3] Mientras estos hechos ocurren junto al río Betis, Lelio, entre tanto, con su armada se dirigió a Carteia, navegando desde el estrecho hacia el Océano, la ciudad se encontraba emplazada en la costa del Océano, donde se abre el mar por primera vez desde el paso estrecho. [4] Gades fue recuperada sin lucha, por traición. Como antes se ha dicho, los que vinieron al campamento romano habían tenido la esperanza de que prometieran aquello espontáneamente. Pero esta improvisada traición fue descubierta y Magón entregó todos los apresados a Adherbal, pretor, para que se los llevara a Cartago. [5] Adherbal, tras ser embarcados los traidores en una quinquerreme y enviarla por delante, porque era más lenta que las trirreme, él a corta distancia la sigue con ocho trirremes. [6] Cuando ya atravesaban el Estrecho con las quinquerremes, Lelio, en una quinquerreme desde el puerto de Carteia, persiguiendo a las siete trirremes que iban por delante, se dirige contra Adherbal y sus naves, muy confiado en que una vez capturada la quinquerreme en la corriente del Estrecho no podría navegar de un lado para otro contra un mar opuesto. [7] El cartaginés, ante una situación tan inesperada, sin saber qué hacer, dudó si seguir a la quinquerreme o dirigir su proa contra el enemigo. Esta misma duda provocó la ocasión de evitar la lucha. [8] Ya se encontraban bajo el fuego de las armas y los enemigos los acosaban por todas partes. El acaloramiento y el deseo de controlar las naves, los anulaba. No era un combate naval, ya que no se hacía nada por propio deseo, ni había conocimientos sobre la guerra naval, ni opinión alguna. [9] La propia naturaleza del mar y el ardor de toda la lucha que tenían su fuerza en las naves propias, impulsaban a los que atacaban a las naves contrarias en sentido contrario por culpa de los remeros. Se veía a la nave que huía navegando con la proa hacia atrás, impulsada por los vencedores, y a la perseguidora, como si hubiese caído en una corriente contraria de mar, retirarse huyendo. [10] Ya en la propia lucha, la nave, dirigiéndose hostilmente con su espolón contra la nave de los enemigos, ella misma, de costado, volviéndose rápidamente la envolvía por la proa. [11] Al entablarse un combate dudoso entre las trirremes, bajo el arbitraje de la suerte, la quinquerreme romana, como quiera que se gobernara más fácilmente bien por ser más consistente por su peso, bien por el mayor número de filas de remos que cortaban las aguas, hundió a dos trirremes, y empujada por esta fuerza cortó los remos de un costado de un navío. [12] A las restantes que hubiese alcanzado, las habría castigado si no hubiese sido porque Adherbal con las cinco restantes trirremes se hubiese dirigido a África.

Livio, 28, 31. 1-4. [1] Lelio regresó vencedor a Carteia, enterado de lo que había ocurrido en Gades -que había sido descubierta la conspiración y que los conjurados habían sido enviados a Cartago y que la esperanza que había supuesto, se había disipado-. [2] Enviada una delegación a Lucio Marcio, le dijeron que si quería que se regresara ante el general para malgastar el tiempo, permaneciendo en Gades. Estuvo de acuerdo Marcio y ambos regresaron tras pocos días a Cartago Nova. [3] Ante la marcha de éstos, no solamente no respiró Magón al verse agobiado tanto por tierra como por mar, sino que, incluso, al enterarse de la rebelión de los ilergetes, con la esperanza de recuperar Hispania, envió una embajada a Cartago ante el Senado, [4] para que al mismo tiempo, exagerando la sedición pública del campamento romano y a la vez la defección, exhortaran a que le enviaran tropas con las que pudieran recuperar el dominio de Hispania entregado por sus antepasados.

Livio, 28, 32, 8. [8] Magón, quien con unas pocas naves se escapó del orbe de las tierras a una isla circundada por el Océano, es lo que le preocupa, no los ilergetes. [9] En efecto, allí se trataba de un general cartaginés y de tropas cartaginesas, por pocas que fuesen. Aquí, nada más que bandidos y jefes de bandidos, que, si algún valor tenían para devastar los campos vecinos, incendiar poblados y robar ganados, nada valían formados en ejército y en un combate regular. Lucharán más confiados en su velocidad en huir que en sus armas.

Livio, 28, 35, 1-13.[1] Las negociaciones ya antes empezadas con Masinisa por unas y otras causas habían ido difiriéndose, porque el númida sólo con Escipión en persona quería entrevistarse y sólo por su diestra quería ver sancionada la alianza. [2] Esta fue entonces la causa del viaje tan largo y apartado de Escipión. Encontrándose Masinisa en Gades y enterado por Marcio de que se acercaba Escipión, empezó a quejarse de que los caballos se consumían encerrados en la isla, agotando las provisiones de todos y comiendo ellos mismos con penuria, además de que los caballeros, con la inercia languidecían. [3] Con estos pretextos indujo a Magón a que le dejase pasar al continente para devastar los campos vecinos. [4] Una vez pasado, envió delante tres príncipes númidas para convenir el tiempo y lugar de la conferencia; ordena que dos sean retenidos como rehenes por Escipión. Vuelto el tercero para conducir a Masinisa al lugar mandado, con una pequeña escolta llegaron a la entrevista. [5] Ya antes la fama de las hazañas de Escipión había llenado de admiración al númida y le había inducido a imaginárselo de aspecto espléndido y majestuoso. pero a su presencia, creció su veneración. [6] Pues, a parte de que por naturaleza era grande su majestad, una larga cabellera le embellecía, y el porte de su cuerpo con cuidadados y afeites, sino realmente viril y militar, y su edad en el completo vigor de sus fuerzas. [7] La flor de su juventud, como renacida después de la enfermedad, hacía este vigor más pleno y más espléndido. [8] Al primer encuentro, estupefacto el númida,, dio las gracias a Escipíon por haberle devuelto a su sobrino…[13] Masinisa, con el permiso de los romanos, para que no pareciese haber pasado sin motivos al continente, devastó los campos vecinos y regresó a Gades.

Livio, 28, 36,1-13. [1] Magón, dada la situación desesperada en Hispania a causa de que la sedición militar primero y la defección de Indíbil después había parecido mejorar, se disponía pasar a África cuando se le notificó desde Cartago que el Senado le ordenaba llevar a Italia la escuadra que tenían en Gades, [2] y que reuniendo allí la mayor cantidad de jóvenes galos y ligures que pudiese, se uniese con Aníbal, y que no dejase desfallecer una guerra emprendida con el mayor empuje y la mayor fortuna. [3] Para ello le fue enviado dinero de Cartago; además del cual arrancó todo lo que pudo a los gaditanos, expoliando no sólo su erario, sino también sus templos, obligando a todos los particulares a entregarle su oro y su plata. [4] Costeando el litoral de Hispania, no lejos de Cartagon Nova, desembarca una de soldados y tala los campos vecinos. Después aborda con su escuadra la ciudad. [5] Allí, durante el día, mantuvo a bordo a sus soldados. De noche los desembarca y los lleva a aquella parte de la muralla por donde tomaron los romanos Cartago Nova. No creía que la ciudad fuese guardada por una guarnición lo suficientemente fuerte y esperaba que algunos ciudadanos se alzarían con la esperanza de cambiar la situación. [6] Pero mensajeros aterrorizados habían traído, al mismo tiempo, del campo, la noticia del saqueo, de la huida de los labradores, y de la llegado de los enemigos. [7] Y ya de día había sido vista la escuadra y no se creía un azar el haber tomado posición ante la ciudad. Así, la guarnición estaba preparada y armada junto a la puerta que da a la laguna y al mar. [8] Cuando los enemigos, desparramados, mezclados los soldados con la chusma marinera, se lanzaron contra las murallas con un tumulto superior a su fuerza, se abrió de repente la puerta y los romanos salieron con gran griterío. [9] Al primer ataque y a la primera descarga de proyectiles rechazan a los enemigos turbados y los persiguen con gran carnicería hasta el mar. [10] Ninguno hubiera escapado del combate o de la persecución si las naves no se hubieran acercado para recoger a los fugitivos. [11] hasta las naves llegó el terror. Para impedir que los enemigos suban mezclados con los suyos tiran las escaleras y cortan cables y anclas para no retardar las maniobras. [12] Muchos, nadando hacia las naves, no pudiendo a causa de la oscuridad distinguir qué era lo que tenían que evitar, dónde debían cogerse, perecieron miserablemente. [13] Al día siguiente, cuando la flota había huido hacia el Océano, de donde había venido, se encontraron hasta ochocientos hombres muertos entre los muros y la costa y cerca de dos mil armaduras.

Livio, 28, 37 1-9. [1] Magón, a su regreso a Gades, encontró cerradas las puertas de la ciudad, abordó a Cimbis, lugar no lejano de Gades. Rechazada su armada, envió legados para que preguntaran por qué a él, que era amigo y aliado, le habían sido cerradas las puertas. [2] Ellos se excusaron diciendo que se había hecho a causa de los saqueos realizados por una multitud desenfrenada que las naves habían desembarcado. Entonces se atrajo a una entrevista a los sufetes, que era la máxima magistratura entres los cartagineses, y al cuestor; los hizo azotar y los crucificó. [3] Después, con las naves, paso a la islas Pitiusas, a unas cien millas del continente, entonces habitadas por cartagineses. [4] Así, la flota fue amistosamente recibida, y no sólo se les aprovisionó abundantemente, sino que, para completar la tripulación, les proporcionaron hombres y armas. Seguro, con estos refuerzos el cartaginés, pasó a las Baleares, distantes de allí cincuenta millas. [5] Las islas baleares son dos, mayor la una y más rica en armas y gentes, provista con un puerto con el cual creía Magón poder atravesar cómodamente, pues era ya el fin del otoño. [6] Pero no de otro modo que los romanos habitaren las isla, fueron atacadas las naves en son de guerra. Así somo ahora el pueblo utiliza principalmente la honda, entonces era esta la arma sola que conocían y nadie de otra nación ha sobresalido tanto en su manejo como los baleares sobresalen sobre todos los demás pueblos. [7] Y así, una tal lluvia de piedras, a manera de granizo espesísimo, cayo sobre la armada que se acercaba a tierra que, no atreviéndose a entrar en puerto, volvieron las naves hacia alta mar. [8] De allí pasaron a la isla menor de las Baleares, de fértil suelo, pero no igualmente fuerte en hombres y armas. [9] Desembarcaron y fijaron el campamento en un lugar fuerte dominando el puerto; y apoderándose sin lucha de la ciudad y del campo, reclutaron dos mil auxiliares. Los enviaron a Cartago y pusieron sus naves en seco para invernar. Después de la partida de Magón de la costa del Océano, los gaditanos se sometieron a Roma .

POLIBIO (Continuacón)

Año -209

Polibio, 10, 9, 1-8. [1] A su edad, que he apuntado un poco más arriba, ya abrigaba estos proyectos, pero los ocultó a todo el mundo, a excepción de Gayo Lelio, hasta que creyó oportuno hacerlos públicos. [2] Los historiadores están de acuerdo en todas estas previsiones, pero siempre que llegan al final de sus hazañas, no alcanzo a entender por qué no atribuyen al hombre y a su prudencia el éxito obtenido, sino a los dioses y a la suerte, [3] eso sin el testimonio de sus íntimos y de los que convivieron con él, incluso cuando existe una carta del propio Publio Escipión a Filipo, en la cual aquel expone claramente que fue con la ayuda de las previsiones citadas arriba como él emprendió las operaciones y, principalmente el asedio de Cartago Nova. [4] Entonces dio secretamente órdenes de navegar hacia la ciudad citada al almirante de la escuadra, Gayo Lelio, que era el único que conocía los planes, [5] como se indicó más arriba; [6] él tomó las fuerzas de infantería e hizo la marcha muy rápidamente. El número de soldados de infantería era de unos veinticinco mil; los jinetes eran dos mil quinientos. [7] llegó al lugar en siete días y puso su campamento en las afueras, al lado norte de la ciudad. Al lado opuesto del perímetro del campamento trazó un foso y una empalizada doble, que iban de mar a mar. Por el lado que daba a la ciudad no puso nada, pues la misma configuración del lugar le ofrecía seguridad suficiente. [8] Puesto que nos disponemos a narrar el asedio y la toma de la ciudad en cuestión, nos parece indispensable describir a los lectores, con algún detalle, el paraje en que está la población y la disposición de éste.

Polibio, 10, 10, 1-12. [1] Está situada hacia el punto medio del litoral hispano en un golfo orientado hacia el suroeste. La profundidad del golfo es de unos veinte estadios y la distancia entre ambos extremos es de diez; el golfo, pus, es muy semejante a un puerto. En la boca del golfo hay una isla que estrecha enormemente el paso de penetración hacia adentro, por sus flancos. La isla está de rompiente del oleaje marino, de modo que dentro del golfo hay siempre una gran calma, interrumpida solo cuando los vientos africanos se precipitan por las dos entradas y encrespan el oleaje. Los otros, en cambio, jamás remueven las aguas, debido a la tierra firme que la circunda. En el fondo del golfo hay un tómbolo, encima del cual está la ciudad rodeada del mar por el Este y por el Sur, aislada por el lago al Oeste, y en parte, por el Norte, de modo que el brazo de tierra que alcanza al otro lado del mar, que es el que enlaza la ciudad con tierra firme, no alcanza una anchura mayor de dos estadios.

El casco de la ciudad es cóncavo; en su parte meridional presenta un acceso más plano desde el mar. Unas colinas ocupan el terreno restante, dos de ellas muy montuosas y escarpadas, y tres no tan elevadas, pero abruptas y difíciles de escalar. La colina más alta está al Este de la ciudad y se precipita en el mar; en su cima se levanta un templo a Asclepio. Hay otra colina frente a ésta, de disposición similar, en la cual se edificaron magníficos palacios reales, construidos, según se dice, por Asdrúbal, quien aspiraba a un poder monárquico. Las otras elevaciones del terreno, simplemente unos altozanos, rodean la parte septentrional de la ciudad. De estos tres, el orientado hacia el Este se llama el de Hefesto; el que viene a continuación, el de Altes, personaje que, al parecer obtuvo honores divinos por haber descubierto una mina de plata. El tercero de los altozanos lleva el nombre de Cronos. Se ha abierto un cauce artificial entre el estanque y las aguas más próximas, para facilitar el trabajo de los que se ocupan de las cosas de la mar. Por encima de este canal que corta el brazo de tierra que separa el lago y el mar, se ha tendido un puente para que carros y acémilas puedan pasar por aquí, desde el interior del país, los suministros necesarios.

Polibio, 10, 11.1-8. [1] Esta es, pues, la configuración del lugar. Por el lado que daba al mar los romanos no dispusieron nada, pues el estanque aseguraba su campamento y él completaba su defensa. En el espacio abierto entre el mar y el estanque, el que unía la ciudad con la tierra firme, Escipión no erigió ningún atrincheramiento; este espacio era el centro de su propio campamento. Lo hizo o bien para alarmar al enemigo o porque convenía a sus planes, para disponer lo más libremente posible de las entradas y salidas de la acampada. Inicialmente el perímetro de la ciudad medía no más de veinte estadios, aunque sé muy bien que no faltan quienes han hablado de cuarenta, pero no es verdad. Lo afirmamos no de oídas, sino porque lo hemos examinados personalmente y con atención; hoy es aún más reducido. La flota romana llegó en el momento preciso y Escipión congregó a aquella muchedumbre y la arengó y echó manos de los argumentos en que él confiaba y no de otros: los hemos expuesto detalladamente algo mas arriba, en lugar oportuno. Demostró que la empresa era factible; resumió las pérdidas que experimentaría el enemigo, si ellos alcanzaban la victoria y cómo progresaría su propia causa; por lo demás prometió coronas de oro a los primeros que escalaran los muros y los premios habituales a los que se distinguieran por su coraje; acabó señalando que ya desde el principio Poseidón se le había aparecido en sueños y que le había sugerido este intento; además le había declarado que, cuando la acción se llevara a cabo, su ayuda sería tan manifiesta que nadie del ejército podía dudar de su cooperación. Mereció pues argumentos irrefutables con palabras de exhortación, prometió coronas de oro y mencionó la providencia del dios, con lo cual infundió a toda aquella juventud gran empuje y ardor,

Polibio, 10, 12, 1-10. [1] Al día siguiente hizo fondear las naves, al mando de Gayo Lelio, delante del litoral; llegaban proyectiles de todas clases. Por tierra seleccionó a dos mil hombre, los más fornidos y los apostó conjuntamente con los que llevaban las escaleras. El asalto empezó a tercera hora del día. Magón, el comandante de la ciudad, dividió su cohorte de mil hombres; dejó la mitad en la acrópolis y situó a los restantes al pie de la colina oriental. Tomó a los demás y armó a los más robustos, unos dos mil con las armas que quedaban en la ciudad. A éstos los situó en la puerta que conducía al brazo de tierra y hacia el campamento enemigo. Y mandó a los que quedaban socorrer con todas sus fuerzas donde fuera preciso de la muralla. en el mismo momento en que Escipión a toque de corneta ordenó el asalto, Magón hizo salir por la puerta su gente armada, creído que así aterrorizaría al enemigo y haría fracasar totalmente su tentativa. Estos hombre arremetieron vigorosamente contra los romanos que salían de su acampada y que se iban alineando a lo largo del istmo. Se entabló un combate encarnizado y en los dos bandos se podían oír la exhortaciones propias de la guerra. Las mismas salían de los que se encontraban en el campamento que los que quedaban en la ciudad; todo el mudo animaba a los suyos. sin embargo, la eficacia de los refuerzos que afluían no era la misma, porque a los cartagineses sólo les llegaba a través de un portón, y además, debían recorrer casi dos estadios; los romanos, en cambio, los tenían al alcance de la mano y, además, por muchos sitios. Esto convertía la lucha en desigual. Publio Escipión había colocado intencionadamente a sus hombres al lado mismo del campamento, para atraer lejos al enemigo: veía claramente que si lograba aniquilar a éstos, la flor y nata de la guarnición de la ciudad, lo desorganizaría todo y, desde entonces nadie se atrevería a salir por aquella puerta. Durante largo rato la pugna fue indecisa, ya que luchaban por ambos lados la propia escogida, pero al final, el empuje de los refuerzos que afluían desde el campamento rechazó a los cartagineses, que se volvieron de espaladas. Ya durante la batalla muchos de ellos habían perecido, pero cuando se precipitaron huyendo hacia la portezuela, murieron aún más, al pisotearse mutuamente.. Esto desatinó tanto a los de la ciudad, que los que guarnecían la muralla, llegaron a abandonarla. Poco faltó para que, en su acoso, los romanos entraran en la plaza junto con los que huían delante de ellos. Pero lograron apoyar las escaleras en el muro sin correr peligro.

Polibio, 10, 13, 1-11. [1] Escipión, personalmente no rehuyó el riesgo, pero lo hizo con la máxima seguridad posible. Llevaba con él tres escuderos que le cubrían con sus adargas y, así le protegían del lado del muro. Se presentaba personalmente en los flancos, y subía a los lugares más elevados, con lo cual colaboraba grandemente en la acción, comprobaba lo ya realizado y, ademas, el hecho de que los otros lo vieran en persona, influía coraje a los combatientes, y a eso se debió el que en aquella batalla no se omitiese nada de lo necesario, ya que siempre que se mostraba la urgencia de algo para la ocasión, todo se hacía al punto, según correspondiera. Los primeros empezaron a trepar por las escaleras con coraje, pero aquella invasión se convirtió en muy arriesgada, no tanto por lo nutrido de los defensores como por las grandes dimensiones de las murallas. cuando vieron que los atacantes se veían en dificultades, los de arriba cobraron ánimo. en efecto, bastantes escaleras se rompían porque eran muy altas y subían por ellas muchos a la vez. Los que guiaban la escala debían ascender casi en vertical, y esto los mareaba: para arrojarlos al vacío bastaba una mínima resistencia por parte de los defensores. Cuando éstos, apostados en las almenas disparaban vigas o palos, los asaltantes eran rechazados y devueltos al suelo. Pero ni estas contrariedades bastaron para atajar el ataque vigoroso de los romanos; cuando los primeros eran rechazados, ya los siguientes subían por el sitio que cada vez quedaba libre. El día había avanzado mucho, los soldados estaban rendidos por las penalidades y el general de los asaltantes, mandó tocar a retirada.

Polibio, 10, 14, 1-14. [1] La guarnición de la plaza exultaba, creída de que ya había anulado el peligro, pero Publio Escipión esperaba la hora de reflujo. dispuso en la orilla del lago quinientos hombres con sus correspondientes escaleras e hizo descansar al resto cerca e la puerta y el istmo. Tras una arenga les entregó mas escaleras que las que tenían antes, de manera que en el muro pulularan asaltantes por todas partes. Así que se dio la orden de combate y los romanos hubieron aplicado sus escalas al muro, subiendo al punto con gran atrevimiento, los de dentro de la ciudad experimentaron una gran confusión y desánimo. Creían haber alejado el riesgo, y ahora veían cómo se les iniciaba otra vez por este segundo asalto. Andaban escasos de proyectiles y además, les descorazonaba el gran número de bajas que sufrían. Contrariados por lo sucedido, ofrecían, sin embargo, gran resistencia. Precisamente cuando la lucha en las escaleras alcanzó su máxima intensidad, se inició en reflujo. Poco a poco el agua iba desalojando los niveles más altos del lago y se producía una corriente fuerte e intensa por la desembocadura hacia el mar inmediato; a los que miraban aquel fenómeno sin reflexionar, la cosa les debía parecer increíble. Cornelio Escipión había dispuesto unos guías; ordenó a sus hombres meterse en el agua; dijo, por encima de todo, a los que había encomendado la misión, que no tuvieran miedo. Si había algo en lo que tenía una habilidad innata, era en infundir coraje y en transmitir su estado de ánimo a aquellos a quienes arengaba. Los hombre obedecieron y atacaron corriendo a través de la marisma; todo el ejército creyó que ello se hacía por la providencia de un dios: les recordó lo de Poseidón y el anuncio de Publio en su primer parlamento. Se excitaron tanto en sus espíritus, que se apretujaron, forzaron el paso hacia un portal e intentaron, desde fuera, astillar las puertas con hachas y machetes. Los que se había apresurado al muro a través del estanque, encontraron unas almenas desguarnecidas y, no sólo aplicaron sus escalas sin ningún peligro sino que subieron y ocuparon aquel lienzo de muralla sin necesidad de combatir. Los defensores se había diseminado por otros lugares, principalmente por el istmo, y por la puerta no podía esperar que el enemigo los asaltara desde el estanque. El conjunto de sucesos hacía que, entre los defensores, nadie pudiera oír ni ver nada de lo necesario, a lo que contribuía el desorden, el griterío y la confusión de aquella mezcla de combatientes.

Polibio, 10, 15, 1-11. [1] Los romanos, pues, conquistaron el muro. Recorrieron su cresta y la limpiaron de enemigos. Para este tipo de operaciones les ayudaba mucho sus armas. Cuando llegaron a la altura de los portales, unos bajaron para astillar los barrotes, los de fuera penetraron por allí y los que habían forzado el paso por medio de escaleras en el paraje del istmo, derrotados ya los defensores, tomaron las almenas. Así fue la conquista de la muralla; los que habían entrado por la puerta se dirigieron a la colina oriental, expulsaron a los defensores y las ocuparon. Cuando Publio Escipión creyó que el número de los suyos que había entrado era ya respetable, envió, según la costumbre de los romanos, a la mayoría contra la ciudad, con la orden de matar a todo el mundo que encontraran, sin perdonar a nadie; no podían lanzarse a recoger botín hasta oír la señal correspondiente. Creo que la finalidad de esto es sembrar el pánico. en las ciudades conquistadas por los romanos se puede ver con frecuencia no sólo las personas descuartizadas, sino perros y otras bestias. Aquí esto se dio sobremanera, pues el número de los atrapados era enorme. Publio Cornelio se dirigió personalmente contra la acrópolis, al frente de un millar de hombres. Estaba ya cerca y Magón inicialmente se resistió. Sin embargo comprobó que la ciudad había caído ya totalmente, envió mensajeros que cuidaran de su propia seguridad y rindió la fortaleza. Ante esto, Publio Cornelio mandó dar la señal de cesar en la matanza y los romanos se lanzaron al botín. Llegó la noche y los romanos que tenían orden de ello se quedaron en la acampada. Publio Cornelio y sus mil hombre vivaquearon en la acrópolis de Cartago Nova y, a través de los oficiales, mandó a los demás salir de las casas, reunir el botín en el ágora, el que correspondía a cada manípulo, y pernoctar a su lado. Ordenó que vélites salieran del campamento y los apostó en la colina de la parte oriental. Y esta es la manera como los romanos, en Iberia, conquistaron Cartago Nova.

COMENTARIO

Descripción paralela de la toma por asalto de Cartago Nova según la información de Polibio. Quizá T. Livio sea más preciso porque habla de la situación del personal de los rehenes que Aníbal había dejado en la ciudad como garantia de su seguridad ante la inseguridad que le presentaba la población ibérica en aquellos momentos en los que él andaba por Italia.

Polibio, 10,16, 1-9. Al día siguiente los romanos amontonaron en el ágora los bagajes de los soldados cartagineses, así como los ajuares de los ciudadanos y de los obreros. Según el uso romano, los tribunos los distribuyeron entre sus legiones. Cunado toman una ciudad obran como sigue: de cada unidad eligen un número fijo de hombre según la importancia de la plaza, para coger el botín; algunas veces seleccionan manípulos enteros; sin embargo, nunca escogen a más de la mitad; los restantes permanecen en sus líneas, vigilantes, ya dentro, ya fuera de la plaza, de modo tal, sin embargo, que sean vistos por todos. como sus ejércitos, las más de la veces se componen de dos legiones romanas y otras dos aliadas, y las cuatro legiones resultantes rara vez se juntan, todos los que han sido enviados a reunir botín regresan con éste, cada hombre a su propia legión y, después de la venta de lo aprehendido, los tribunos reparten sus productos a partes iguales entre todos, no sólo entre los que habían permanecido como fuerza protectora, sino incluyen también a los vigilantes de las tiendas, a los enfermos y a los enviados a cualquier servicio. Ya describimos detalladamente, cuando tratamos la constitución, que nadie puede escamotear nada del botín, sino que han de ser fieles al juramento que prestan cuando se juntan por primera vez en el campamento. La consecuencia es que cuando la mitad va en busca del botín y la otra mitad, conservando la formación, realiza una misión de cobertura, a los romanos la avaricia no les hace peligrar la situación. Sus esperanzas de obtener lucro no les infunden recelos mutuos sino que son exactamente las mismas en los que quedan a la expectativa y en los que se dedican a la rapiña. Nunca abandona nadie su lugar y esto perjudica normalmente al enemigo..

Polibio, 10,17,1-16. La mayoría de los hombres soportan riesgos y penalidades de cara a las ganancias. Es natural que, cuando llega una oportunidad, los que quedan en campamentos y guarniciones permanezcan allí de mala gana, ya que en la mayoría de las naciones el botín queda en poder del que lo captura. aunque los reyes y los generales pongan gran empeño en ordenar que todo el mundo entregue sus presas, sin embargo la creencia general es que lo que uno logre escamotear le pertenece. De ahí que, cuando son muchos los que se dirigen a reunir botín, si no se ejerce sobre ellos un dominio férreo, peligre la empresa íntegra. Son muchos los que han visto cómo un éxito inicial corona totalmente sus propósitos, ya sena éstos el asalto de un campamento enemigo o la toma de una ciudad, y, sin embargo, acabaron fracasando y lo perdieron todo; la causa es la codicia. Este es el aspecto, pues, que más deben velar los generales, para que, en la medida de lo posible, todos tengan la certeza del que el botín, si llega la oportunidad, será repartido entre todos por igual. Mientras los tribunos estaban repartiendo los despojos, el general romano mandó concentrar a los prisioneros, que eran muchos, casi diez mil. Puso aparte a los habitantes de la ciudad, con sus mujeres e hijos, e hizo también un grupo con los artesanos. A los primeros les exhortó a ser amigos de Roma, a que no olvidaran aquel beneficio, y los despachó a sus casas. Ante la salvación tan inesperada, éstos rompieron a llorar y se fueron dando vivas muestras de veneración para con el general. A los artesanos, de momento les dijo que eran esclavos públicos de Roma. Pero prometió la libertad a todos los que evidenciaran prácticamente su adhesión e interés para con los romanos, esto si la guerra contra los cartagineses se desarrollaba según sus designios. Les ordenó a todos inscribirse en la lista del cuestor y, para cada grupo de treinta, nombró un procurador romano. El número total era de unos dos mil. Seleccionó a los más fornidos de los prisioneros restantes, a los más distinguidos por su edad y por su figura, y los mezcló con sus tripulaciones. Así duplicó los efectivos de su marinería y tripuló también las naves capturadas. Faltó poco para que cada nave tuviera una dotación doble de la anterior. Las naves apresadas fueron dieciocho, que sumó a las treinta y cinco de que ya disponía. Publio Cornelio prometió la libertad también a estos hombres para que después, tras la victoria definitiva sobre los cartagineses, si colaboraban con interés y buenas intenciones. Con estos tratos dados a los prisioneros infundió confianza entre los ciudadanos, que se le adhirieron, tanto a su persona como a las operaciones generales. También los artesanos se interesaron mucho, dadas las esperanzas de libertad con sus previsiones, Publio Cornelio aprovecho la oportunidad de aumentar su escuadra casi en un cincuenta por ciento.

Polibio, 10,18, 1-14. A continuación separó a Magón y a los cartagineses que éste mandaba. Dos de estos prisioneros pertenecían al Consejo de Ancianos cartaginés y cinco eran senadores. Los colocó bajo la custodia de Gayo Lelio, a quien ordenó que vigilara adecuadamente a aquellos hombres. Luego llamó a los rehenes, más de trescientos en número. Hizo que los niños se le acercaran, uno por uno, los acarició y les dijo que no tuvieran miedo: no tardarían mucho en volver a ver a sus padres. También exhortó a los demás a tener confianza. Les dijo que escribiera cada uno a sus parientes de su propia ciudad. Debían comunicarle en primer lugar, que estaban a salvo, que no les había pasado nada, y, a continuación que los romanos se avenían a restituirlos a todos a sus patrias, con toda seguridad, si las ciudades aceptaban su alianza. Esto fue lo que dijo. Previamente había dispuesto del botín. Lo más práctico para sus fines y, entonces, repartió obsequios correspondientes a las edades y a los sexos: regaló a las niñas joyas y brazaletes, y a los niños espadas y puñales. La mujer de Mandonio, hermano de Indíbil, rey de los ilérgetes salió del grupo de mujeres rehenes para arrodillarse a los pies; le rogaba entre lágrimas que respetara su dignidad mejor de lo que la habían respetado los cartagineses. El romano, compadecido, le preguntó si le faltaba algo necesario; ella era una mujer ya madura, de evidente preeminencia y majestad; a tal demanda se mantuvo en silencio. Publio Cornelio mandó llamar a los cartagineses que habían cuidado a aquellas mujeres; los reclamados arguyeron que les habían dado en abundancia lo que necesitaban. La matrona se aferró más que antes a las rodillas de Publio Escipión repitiendo las mismas palabras, lo que ponía al romano en un aprieto mayor. Empezó a sospechar negligencia por parte de los cartagineses y los encargados de ellas a quienes había interrogado, le había respondido falsamente. Por consiguiente dijo a las mujeres que cobraran ánimo, porque él personalmente nombraría a unos que cuidaran que no les faltara nada necesario. La mujer guardó un breve silencio y luego exclamó:»General, si crees que pedimos algo para nuestro estómago es que no has comprendido correctamente mis palabras». Entonces Publio Cornelio entendió cabalmente lo que quería decir la mujer. Recorrió con la mirada la espléndida belleza de las hijas de Indíbil y de las de muchos otros reyes, y se le saltaron las lágrimas tras aquella tímida insinuación, por parte de la ibera, de sus afrentas. Y entonces demostró haber adivinado: tomó a la mujer por la mano y le dijo que ni ella ni las demás debían desconfiar: él velaría por ellas como si les fueran hermanas e hijas y que, tal cual ya había manifestado, nombraría para esto a unos hombres de confianza.

Polibio, 10, 19, 1-9. Después, Publio Cornelio entregó a los cuestores el dinero que había constituido el erario público de los cartagineses. Éste rebasaba los seiscientos talentos, que sumados a los cuatrocientos que él llevaba consigo desde Roma, arrojaron un total de más de mil: constituían los fondos de que disponía. Fue en aquella ocasión cuando unos soldados romanos muy jóvenes encontraron a una muchacha en flor de la edad y que en belleza superaba a las demás mujeres. Sabían que Publio Cornelio era mujeriego, y fueron s su encuentro con la joven, diciéndole que se la entregaban. Él se sorprendió; admirado de aquella beldad, les dijo que de ser soldado raso, no hubiera habido regalo que hubiese aceptado más complacido. Sin embargo, él era el general, y no había obsequio que pudiera aceptar menos. con ello dio a entender -al menos a mí me lo parece- que estas cosas proporcionan a los jóvenes un gusto y un pasatiempo alguna vez, a saber en tiempos de ocio y relajación; en cambio, en época de acción son un gran obstáculo tanto temporal como espiritual para los que las llevan a cabo. As sus soldados les dijo que les quedaba agradecido; mandó llamar al padre de la joven y se la entregó con la recomendación y que la casara con el ciudadano que le pareciera bien. con tal mesura y continencia, se ganó la estima de sus subordinados. Así lo administró todo. confió a los tribunos los prisioneros restantes y remitió a Gayo Lelio a Roma en una pentera con los prisioneros más insignes.Debía proclamar aquellos éxitos en su patria, en la que casi nadie confiaba, por lo que se refería a las operaciones en Iberia. Publio Cornelio sabía bien que ante tamañas noticias, los romanos se repondrían y se entregarían con más ardor a las operaciones.

Polibio, 10, 20, 1-8. Él se quedó todavía algún tiempo en Cartago Nova, donde ejercitó intensamente a las fuerzas navales romanas y adiestró a los tribunos acerca de cómo debían instruir a las fuerzas de tierra. El primer día hizo correr a sus hombres, armados, unos treinta estadios, el segundo día les hizo limpiar las armas, custodiarlas y vigilar sus panoplias al aire libre. Al día siguiente les concedió un descanso para que se relajaran. En la cuarta jornada dispuso que unos lucharan con espadas de madera emboladas y recubiertas de cuero. mientras el resto disparaba dardos también embolados. Al quinto día repitió las carreras y todo lo que se había ido haciendo. Le preocupaban muchos los artesanos para que no fallara nada en el cuidado de los armas ni en los mismos combates. De modo que dispuso a unos hombres adecuados que debían velar sobre lo que he indicado antes; él hacía un recorrido diario y disponía personalmente el material para todos. Alrededor de la ciudad las fuerzas terrestres se ejercitaban en maniobras militares, las marinas en el mar, remaban y se disponían a otras prácticas. La gente de la ciudad afilaban armas, trabajaban el bronce y construían utensilios. Todo el mundo se afanaba en preparativos bélicos; cualquiera que lo hubiera observado se habría visto forzado a considerar la ciudad, según el dicho de Jenofonte, como un taller de guerra. Cuando le pareció que todo el mundo se había entrenado de modo suficiente con vistas a la prosecución de las operaciones, aseguró la ciudad con una guarnición y con diversas reparaciones en los muros. Mandó alzar el campo, tanto a sus fuerzas de tierra como a las de mar, y emprender la marcha en dirección a Tarragona. Consigo llevaba los rehenes.

Polibio 10,34,1-11. Ya se ha explicado antes que en Iberia, el general supremo de los romanos, pasó el invierno en Tarragona. Primero logró la amistad y confianza de los iberos mediante la devolución de los rehenes. En esto encontró un colaborador espontáneo en Edecón, rey de los edetanos, quien, así que supo de la caída de Cartago Nova y que Escipión retenía a su mujer y a sus hijos, calculó al punto que los iberos cambiarían de mando y resolvió convertirse en adalid de aquel movimiento: confiaba mucho en que si recuperaría a los suyos y que daba la impresión de que había abrazado la causa romana por principio y no por necesidad. Y dio ciertamente en el clavo. Poco después de que las fuerzas romanas hubieran sido enviadas al campamento de invierno, se presentó en Tarragona con un cortejo de parientes y amigos. Allí se entrevistó con Escipión y le dijo que daba muchas gracias a los dioses por el hecho de que había podido ser él el primero del país que había acudido a verle: los demás iberos se entendían todavía con los cartagineses y les enviaban embajadas; él, en cambio, se dirigía a los romanos; había ido allí a entregarse a su lealtad, y no él sólo, sino con parientes y amigos. De modo que si aceptaba su amistad y alianza, le iba a ser muy útil tanto en el presente como en el futuro, porque los iberos restantes, al ver que había sido admitido como amigo y que había sido atendido en sus demandas, actuarían de manera semejante. También ellos deseaban recobrar a sus familiares y aliarse con Roma; para el futuro, el honor y la humanidad romanos le obligarían, y así les serían aliados incondicionales en lo que quedaba de operaciones. Por eso pedía que le fueran restituidos hijos y esposa, y poder volver a su casa con el título de amigo, para demostrar al máximo posible, un motivo razonable de su adhesión a Publio Cornelio en persona y en la causa romana. Edecón dijo esto y luego guardó silencio.

Polibio, 10, 35.1-8. Escipión, ya dispuesto a ello y que ya había pensado, más o menos, lo mismo que lo había hecho Edecón, le devolvió la mujer y los hijos y le confirmó su amistad. Y no se limitó a eso, sino que durante los días que permanecieron con él, se ganó al ibero y a sus acompañantes de múltiples maneras; les infundió grandes esperanzas para el futuro y los despidió hacia sus casas. El hecho se difundió rápidamente y todos los habitantes al norte del Ebro adoptaron de golpe, como movidos por un resorte, la causa de Roma; me refiero a los que no le eran todavía amigos. A Escipión le salió todo según sus cálculos. Cuando los cartagineses hubieron partido, comprobó que por mar no tenía adversarios y disolvió sus fuerzas navales; escogió de su marinería a los hombre más dotados y los distribuyo en manípulos, con lo que aumentó sus efectivos terrestres, Indíbil y Mandonio eran los príncipes más importantes de entre los iberos y eran considerados los amigos más leales de los cartagineses. Sin embargo, hacía tiempo que se sentían molestos. y desde que Asdrúbal fingió desconfiar de ellos y, como ya narré más arriba, les exigió mujeres e hijos en calidad de rehenes, además de una fuerte suma de dinero, buscaban ocasión para dejarle. Creyeron que entonces era el momento; hicieron salir a sus fuerzas del campamento de los cartagineses y, de noche, se retiraron a unas fragosidades que les ofrecían seguridad. Esto hizo que la mayoría de los iberos desertara del partido cartaginés. Hacía mucho tiempo que se sentían ofendidos por la soberbia de los cartagineses, pero hasta entonces no había dado con una oportunidad de hacer evidente su decisión.

Polibio, 10 36, 1-7. Algo así ha sucedido ya a muchos. Es, en efecto, importante -lo hemos repetido insistentemente- coronar con éxito las operaciones y superar al enemigo en las tentativas, pero para explotar los éxitos se necesita gran atención y experiencia. Podemos decir que son más los que han alcanzado victorias que los que las han aprovechado debidamente. En este punto los cartagineses fueron del primer grupo. Empezaron por derrotar a los romanos e, incluso, dieron muerte a sus dos generales, Publio y Gneo Escipión, lo que les hizo suponer que se apoderarían de Iberia sin combatir; de ahí que trataran desdeñosamente a los nativos, a los que con tal conducta convirtieron en unos enemigos sometidos, no en aliados ni en amigos. Tal resultado fue lógico: pensaban que una es la manera de conquistar un imperio, y otra, la de conservarlo. No habían asimilado que los que conservan mejor su supremacía son los que se mantienen en los mismos principios por los cuales la establecieron. Se ha demostrado muchas veces, y muy claramente, que los hombres logran el poder si tratan con benignidad e infunden esperanzas a sus vecinos; si, tras conseguir lo que se deseaba, estos mismo hombres observan una mala conducta y gobiernan despóticamente a los que sometieron, es natural que un cambio así en los dominadores haga cambiar de partido a los dominados. Es lo que ocurrió a los cartagineses.

Polibio, 10,37,1-10. En tales circunstancias, Asdrúbal planeó muchos y diversos proyectos referente a lo que se le echaba encima. Le acongojaba la deserción de Indíbil, también la enemistad y hostilidad hacia su persona que sus mismos generales no disimilaban, y le ponía en aprieto la presencia de Escipión. Recelaba que éste acudiría con su ejército y, al ver que los iberos le habían abandonado y que se habían pasado a la vez a los romanos, llegó a la conclusión siguiente: pensó que era lo más atinado prepararse lo mejor posible y presentar batalla al enemigo. Si la suerte le daba la victoria, reflexionaría sin peligro acerca de lo que debería hacerse luego, pero si le era adversa se retiraría, con los que lograra salvar, a la Galia, donde reclutaría el máximo numero posible de bárbaros, para dirigirse a Italia, donde reforzaría a su hermano Aníbal y participaría en sus mismas esperanzas. Estos eran los planes y las ocupaciones de Asdrúbal. Escipión recibió a Gayo Lelio, atendió las órdenes del Senado, hizo salir sus fuerzas del campamento de invierno y se puso en marcha con ellas. En la ruta, los iberos le salieron al encuentro y se incorporaron gustosamente y con todo interés a la campaña. Ibdíbil hacía tiempo que había mandado legados a Escipión; cuando éste se aproximaba a su territorio, él acudió desde su propio campo acompañado por sus amigos. En una entrevista justificó su amistad anterior con los cartagineses y explicó la confianza que había depositado en ellos, y sus logros. A continuación relató las injusticias y desprecios que les habían inferido los cartagineses. Ahora Indíbil pretendía que el mismo Publio se erigiera en juez de lo narrado. Si se demostraba que había injustamente calumniado a los cartagineses, esto evidenciaría que tampoco sería leal para con los romanos; pero si tantas injurias como las enumeradas le forzaban a admitir la enemistad cartaginesa, en tal caso Escipión debía tener fundada esperanza de que, si él ahora se acogía al bando de los romanos, les sería firme y leal en su adhesión.

Polibio, 10, 38. 1-10. Hablaron todavía más prolijamente del tema; cuando acabaron tomó la palabra Escipión y le aseguró que daba crédito a sus palabras, que conocía muy bien la soberbia de los cartagineses por la crueldad con que había tratado a los otros iberos, principalmente a las mujeres y a las hijas, a quienes encontró no con el aspecto de rehenes, sino de prisioneras y de esclavas; añadió que él, en cambio, las había respetado de tal modo que, no ya ellos, sino sus mismos padres no lo hubieran igualado. Los iberos reconocieron que estaban de acuerdo con ello, y empezaron a adorarle y a llamarle «rey». Los presentes aplaudieron ante tal palabra, y Escipión, conmovido, les exhortó a tener confianza; les aseguró que los romanos los tratarían muy bien. Les entregó sus hijas inmediatamente y, al día siguiente, concluyó un pacto con ellos. Lo esencial con este pacto fue que los iberos seguirían a los jefes romanos y que obedecerían sus órdenes. Tras esto los jefes iberos se retiraron a sus campamentos, tomaron sus fuerzas respectivas y se incorporaron al ejército de Escipión. Acamparon junto a los romanos y marcharon contra Asdrúbal.

COMENTARIO

Los hechos que se narran por Polibio en estas situaciones después de la toma de Cartago Nova, reflejan una situación muy similar, hasta el punto de no saber quién os original en sus explicaciones o si uno copia los textos del otro. Lo cierto es que tan solo se producen matices diferenciales entre las palabras de Livio y Polibio. Pero da la sensación de que se leen el uno al otro, o bien reciben esta información por medio de terceros.

Año -208.

Polibio, 10, 38,7-10. El jefe cartaginés recorría por entonces los parajes de Cástulo, los alrededores de la ciudad de Baecula, no lejos de sus minas de plata. Informado de la proximidad de los romanos, cambió de lugar su campamento y se procuró seguridad en un río que fluía a sus espaldas. Delante de la empalizada había un llano defendido por un escollo lo suficientemente hondo para ofrecer protección; el llano era tan ancho que cabía en él el ejército cartaginés formado. Asdrúbal permaneció en este sitio; apostó día y noche centinelas en el escollo. Escipión se acerco empeñado en trabar combate, pero comprobó que las posiciones del enemigo eran estratégicas y seguras, lo que le tenía indeciso. Esperó dos días, pero temía la llegada de los hombres de Magón y del otro Asdrúbal, el hijo de Gisgón, con lo que se vería rodeado de enemigos. Decidió, pues, probar su suerte y tantear al adversario.

Polibio, 10,39.1-9. Una vez preparado su ejército, hizo salir del campamento a los vélites y a una tropa escogida de infantería; dispuso también el restos de su fuerza, pero de momento la retuvo dentro del campamento. Sus órdenes fueron cumplidas con decisión. Primeramente el jefe cartaginés permaneció a la expectativa de los que iba acaeciendo. Cuando comprobó que el empuje de los romanos ponía a los suyos en posición desventajosa, hizo salir a su ejército y lo aproximó a los escollos, fiado en aquel paraje. En aquel mismo momento Escipíón hizo entrar en combate a su infantería ligera que debía apoyar a los que iniciaron la acción. El resto de sus fuerzas lo tenía ya dispuesto: la mitad directamente a sus órdenes. Con estos hombres dio un rodeo por el escollo y arremetió contra los cartagineses. El mando de la segunda mitad lo confió a Lelio, con la orden de marchar contra el flanco derecho del enemigo. Estas operaciones se encontraban ya en pleno desarrollo, cuando Asdrúbal hizo salir todavía a sus hombres del campamento. Confiado en su posición no se había movido de él, convencido de que el enemigo no se atrevería a atacar. Pero éste atacó, contra las previsiones del cartaginés, quien desplegó sus fuerzas demasiado tarde. Los romanos acometieron por las alas en lugares donde el enemigo no había establecido posiciones, de modo que no sólo treparon sin riesgo por el escollo, sino que se establecieron en formación, se lanzaron contra los que les agredían sesgadamente y los mataron. Los cartagineses, que a su vez entraban también en formación, se vieron forzados a revolverse y a emprender la huida. Según sus propósitos iniciales, Asdrúbal no luchó hasta el final, cuando vio a sus fuerzas huir derrotadas, tomo su dinero y sus fieras, reunió el máximo de fugitivos que le fue posible y se retiró siguiendo el río Tajo, aguas arriba, en dirección a los puertos pirenaicos y a los galos que allí viven. Escipión no creyó oportuno acosar de cerca a los hombres de Asdrúbal, ya que él mismo temía el ataque de los otros dos generales, por lo que envió a sus soldados a saquear el campamento enemigo.

Polibio, 10, 40, 1-12. Al día siguiente reunió a todos los prisioneros, unos diez mil soldados de infantería y más de dos mil jinetes, y dispuso personalmente de ellos. Los iberos que, en las regiones citadas, anteriormente habían sido aliados de los cartagineses, fueron y se entregaron a la lealtad de los romanos. A medida que se iban encontrando con Escipión le llamaban «rey». El primero que lo hizo, que lo veneró, fue Edecón, Indíbil y los suyos. Hasta aquel momento Escipión no hizo caso de la palabra, pero después de la batalla le llamaba «rey» ya todo el mundo, y la cosa llegó a sus oídos. Entonces congregó a los iberos y les comunicó su deseo de tener la fama real en todas partes por el hecho de serlo, pero no quería ser rey, y mucho menos que le llamaran así. Luego ordenó que todo el mundo le llamara «general». Indudablemente es de justicia subrayar aquí la grandeza de ánimo de este hombre; era aún muy joven, pero la suerte le había acompañado hasta tal punto que sus subordinados se vieron inducidos a tal estimación y a darle este nombre. Él, en cambio, no se ensoberbeció y rechazó la tendencia a tales fantasías. Y, a pesar de ello, resulta aún más admirable la excepcional magnanimidad de este hombre en su vejez, cuando sumaba a sus triunfos en Hispania la destrucción de los cartagineses, el sometimiento de la mayor parte de las regiones de África, precisamente las más bellas, desde los altares Filenio a las Columnas de Heracles, y el derrocamiento de los reyes de Siria, en Asia. En resumen: había uncido a la obediencia romana la parte mayor y más hermosa del universo. Tampoco de aquí tomó pretexto para aspirar a una dinastía real en algunos de los lugares del mundo que había invadido. Cuando se puede decir todo esto, uno puede presumir ya no de una naturaleza humana, sino incluso divina. Escipión, en cambio, superó en moderación a los demás hombres hasta tal punto que, cuando la fortuna se le ofrecía, rechazó lo máximo que nadie se atrevería a pedir a los dioses: me refiero a la dignidad real. Escipión en mucho más la patria y la lealtad que le es debida, que un poder monárquico, centro de todas las miradas y considerado fuente de felicidad. Puso aparte a los prisioneros iberos y los expidió sin rescate a sus ciudades. Mandó que los hombres de Indíbil se quedaran con trescientos caballos y repartió en resto entre los que carecían de ellos. Por lo demás, él personalmente ocupó el campamento de los cartagineses, por la configuración tan estratégica del terreno y se quedó allí: esperaba la llegada de los otros dos generales adversarios. sin embargo, mandó a alguno de los suyos a observar el paso de los Pirineos por parte de Asdrúbal. Pero el fin del verano ya se echaba encima. y, entonces, se retiró con sus tropas a Tarragona, en cuyo territorio quería pasar el invierno.

Año -207.

Polibio, 11,1, 1-11. La llegada de Asdrúbal a Italia resultó muy fácil y rápida. Todo esto desagradó a Asdrúbal. Pero las circunstancias ya no le concedían ninguna tregua: vio que el enemigo avanzaba, dispuesto en orden de combate y se vio forzado a ordenar también a los iberos y a los galos que se le habían alistado. Colocó en primera línea a sus diez elefantes, aumentó la profundidad de sus filas, aprestó todas sus tropas en un espacio reducido y él mismo se situó en el centro de su formación, en vanguardia, a la altura de los elefantes. Decidido ya de antemano a vencer o morir en aquel choque, arremetió contra el flanco izquierdo del adversario. Pero el asalto de Livio fue también formidable: atacó con sus hombres y la refriega se tornó encarnizada. Claudio se había ordenado en la lucha por la parte derecha, pero las dificultades del terreno le impedían avanzar y envolver al enemigo; era porque confiaba en ellas por lo que Asdrúbal se había lanzado contra el ala izquierda adversaria. A Claudio le apuraba el no poder cooperar en nada, pero los mismos acontecimientos le enseñaron qué podía hacer. Por detrás del lugar donde se combatía recogió a sus soldados del ala derecha, rebaso el muro izquierdo de su propio campamento y atacó de flanco a los cartagineses a la altura de los elefantes. Hasta aquel momento la lucha había sido indecisa, porque en ambos bando los hombres luchaban con un arrojo idéntico. Si salían vencidos, a los romanos no les quedaba esperanza de salvación, pero tampoco, en el mismo caso, ni a iberos ni a cartagineses. Los elefantes prestaron un mismo servicio a los dos bandos en lucha: abandonados en medio y heridos por los tiros, habían desbaratado tanto las filas romanas como las cartaginesas. Cuando al frente de los suyos, Claudio cayó sobre la retaguardia enemiga, la lucha se convirtió en desigual, porque los iberos se vieron atacados de frente y por la espalda. La mayor parte de ellos pereció en la misma batalla. Murieron también seis elefantes junto con los hombre que los conducían; los cuatro restantes se abrieron paso a través de las hileras y los romanos los capturaron más tarde, pero no a los indios que cuidaban de ellos. Asdrúbal fue siempre un hombre valiente y lo fue también en esta ocasión suprema. Murió también en este choque y no merece que los dejemos sin una palabra de alabanza. Ya se expuso antes que era hermano de Aníbal y que, cuando éste marchó a Italia, dejó a su cargo las operaciones de Iberia. También se han reseñado sus últimos combates contra los romanos. Debido a los generales que desde Cartago le remitían a Iberia en calidad de colaboradores, tuvo que vérselas con circunstancias muy diversas, que siempre afrontó de una manera digna de su padre Barca, es decir, con nobleza y coraje; me refiero a las adversidades y derrotas que sufrió. Todo esto se ha consignado en capítulos anteriores. Ahora trataré de las últimas acciones en las que me parece particularmente digno de respeto y emulación. Se puede comprobar que, en su mayoría, los reyes y generales que llegan a afrontar una batalla decisiva, se ponen sin cesar ante los ojos la gloria y el provecho que le reportará la victoria, y monologan de cada punto si la operación progresa según sus cálculos. En cambio, no colocan en absoluto ante su vista la derrota, ni piensan qué deberán hacer después de ella. Lo uno es muy sencillo, y lo otro requiere gran atención. Son muchos los que por cobardía o por abulia innata han convertido en infame unos reveses, cubriendo así de deshonor sus gestas anteriores. Sus soldados había luchado noblemente, pero ellos transformaron en ignominioso el resto de su vida. Aquí han fallado muchos jefes militares; quienes quieran darse cuenta de ello verán que en este punto es máxima la diferencia que va de hombre a hombre. El tiempo pretérito nos ha ofrecido muchos ejemplos. Mientras tuvo una esperanza razonable de realizar una gesta a la altura de su vida anterior, Asdrúbal cuidó no menos que nadie de su seguridad en la batalla, pero cuando la fortuna le retiró, cualquier esperanza para el futuro y le ató a aquella circunstancia extrema, ciertamente no omitió preparativo alguno de cara a la victoria que tal riesgo. Pero, previendo igualmente la derrota, trató de afrontar esta eventualidad de modo que no se viera obligado a tolerar algo indigno de su vida pasada. Hemos dicho todo esto en atención a los que se ocupan de los asuntos públicos. No deben arriesgarse temerariamente ni deben defraudar la confianza de los que creen en ellos, pero no deben estimar su vida más de lo conveniente y convertir así en vergonzosos y reprochables sus desastres.

COMENTARIO

Asdrúbal, hermano de Aníbal no pudo cumplir su misión de sumarse a su ejército. Hubo una encarnizada lucha y salieron derrotados y muchos muertos. Esto constituirá un duro golpe para las pretendidas intenciones de Aníbal. Estamos en la antesala de lo que pronto ocurrirá entre los espacios de Tarento y Roma. La autosufuciencia de Aníbal se pondrá en entredicho cuando se vea frente la ciudad símbolo de la patria romana.

Polibio, 11,3, 1-7. Tras su victoria, los romanos saquearon en el acto el campamento enemigo, y mataron a muchos galos tendidos, ebrios, en sus literas; parecían que degollaran víctimas para el sacrificio. Luego reunieron el resto de los prisioneros, de los cuales el erario ingresó mas de trescientos talentos. Entre cartagineses y galos, en la batalla murieron no menos de diez mil hombres; los muertos romanos fueron dos mil. Algunos próceres cartagineses fueron castigados vivos; el resto murió. cuando la noticia llegó a Roma, Primero no fue creída: tan grande era el deseo de ver el triunfo consumado. Pero se presentaron otros que refirieron lo ocurrido y con detalle; entonces la ciudad se llenó de una alegría loca. Se adornaron los templos, los santuarios se llenaron de holocaustos, de tartas de oblación y libaciones. Los romanos cobraron tal ánimo y confianza que ni tan siquiera les importaba ya que Aníbal, hasta entonces su máximo terror, estuviera todavía en Italia

Polibio, 11,19,1-3. Dice Polibio: (según comentario sobre Aníbal en Italia)¿ Quién no alabaría el saber militar, el coraje y el vigor de Aníbal en sus campañas, si considera el largo tiempo que duraron, si piensa en las batallas que libró de menor a mayor envergadura, en los asedios que emprendió, en las ciudades que desertaron de uno y otro bando y reflexiona, ademas, sobre el alcance del conjunto de sus planes, sobre su gesta, en la que Aníbal guerreó ininterrumpidamente durante dieciséis años contra Roma en tierras de Italia, sin licenciar jamás las tropas de sus campamentos? Las retuvo, como un buen piloto, bajo su mando personal. Y unas multitudes tan enorme jamás se les sublevaron ni se pelearon entre ellas, por más que echaba mano de hombres que no eran ni del mismo linaje ni de la misma nacionalidad. En efecto, militaban en su campo africanos, iberos, galos fenicios, italianos, griegos, gentes que nada tenían en común a excepción de su naturaleza humana, ni las leyes, ni las costumbres, ni el idioma. A pesar de todo, la habilidad de Aníbal hacía que le obedecieran, a una sola orden, gentes tan enormemente distintas, que se sometieran a su juicio aunque las circunstancia fueran complicadas o inseguras, y ahora la fortuna soplara estupendamente a su favor, y en otra ocasión al revés. desde este punto de vista es lógico que admiremos la eficiencia de este general en el arte militar. Sin temor a equivocarnos podemos decir que si hubiera empezado atacando las otras partes del mundo y hubiera acabado por Roma, no habría fallado en sus propósitos. Pero empezó dirigiéndose contra los que hubieran debido ser los últimos: inició y acabó su gesta peleando contra los romanos.

COMENTRARIO

En este capítulo, Polibio, dejando de lado su misión de relatar los episodios de Aníbal en Italia, expresa su opinión personal sobre los valores y conocimientos militares de un hombre que estuvo a punto de cambiar el rumbo de la historia del mundo antiguo. Si Anibal hubiera tomado Roma, tal vez algo hubiera cambiado el desarrollo de la historia. Pero no se olvide que Roma, en esos momentos, tenía estrategos que podían haber afrontado la derrota de Roma in situ, pero no ocurrió. Lo que no adelanta ningún posible cambio en el orden mundial del mundo occidental. Por esos momentos, los generales romanos prácticamente eran dueños de la Península Ibérica, y nadie puede aventurar el futuro del resto del mundo antiguo sin tener en cuenta que los mejores estrategos romanos podían haber tomado no sólo Iberia sino también el Norte de Africa y de camino Cartago. Aníbal podía haberse quedado solo como «rey» de Roma, nada más.

Polibio, 11,20, 1-9. Asdrúbal es derrotado en Ilipa (-206). Asdrúbal concentró las tropas cartaginesas desde las ciudades donde pasaba el invierno. Avanzó y acampó en las cercanías de la población llamada Ilipa (cercana a Cádiz); mandó excavar un foso al pie de sus montañas. Disponía de una llanura muy favorable para un choque o una batalla campal. Contaba con setenta mil soldados de infantería, cuatro mil jinetes y treinta y dos elefantes. Escipión mandó a Marco Junio a Cólicas a recoger las fuerzas que había reclutado para él, tres mil hombre de a pie y quinientos de a caballo. Él personalmente tomó a los aliados e inició la marcha: avanzaba hacia la realización de sus planes. Se aproximaba ya a Cástulo por los parajes de Bécula (Bailén), donde proyectaba reunirse con sus tropas de Cólicas, al frente de las cuales iba Marco Junio. Pero allí las circunstancias le pusieron en una situación difícil. Las fuerzas romanas que tenía no le bastaban para arriesgar por sí solas el choque, sin el apoyo de los aliados; por otra parte le parecía inseguro y absurdo empeñar una batalla decisiva en la que debía depositar íntegramente sus esperanzas en los aliados. Pero en medio de sus vacilaciones las circunstancias le apremiaban y se vio obligado a echar mano de sus iberos para causar impresión al enemigo. Sin embargo la lucha la entablaría con sus propias legiones. Tal era su proyecto. Alzó el campo con todos sus hombres, unos cuarenta y cinco mil infantes y tres mil jinetes. Aproximó a los cartagineses y, cuando los tuvo a la vista, acampó delante de ellos, en una lomas. Magón creyó que les ofrecía una oportunidad magnífica para atacar a los romanos cuando todavía acampaban. Tomó consigo la mayor parte de su caballería y, además, a Masinisa con sus africanos, y se lanzó contra la acampada romana, convencido que cogería desprevenido a Escipión. Ése, sin embargo, había adivinado el futuro y había apostado detrás de una loma un número de jinetes no inferior al de los cartagineses, que se vieron atacados cuando no lo esperaban. ante lo imprevisto de aquella aparición romana, muchos cartagineses se dieron a la fuga y cayeron de los caballos, aunque otros establecieron contacto con el enemigo y lucharon bravamente, pero los jinetes romanos eran muy hábiles y descabalgaban, por lo que los jinetes cartagineses, que sufrían muchas bajas, cedieron tras una breve resistencia. Primero se retiraban sin romper su formación, pero, cuando los romanos apretaron, disolvieron sus escuadrones y huyeron desordenadamente a su campamento. Esto hizo que los romanos cobraran más ánimos para la lucha, mientras que entre los cartagineses cundía el desánimo. Luego, durante unos días, ambos bandos hacía salir sus tropas a la llanura que mediaba entre los dos campamentos; se tanteaban mutuamente con escaramuzas de caballería y de infantería, y así acabaron por lanzarse a la batalla campal decisiva.

Polibio, 11, 22, 1-11. Parece que en aquella ocasión Escipión unió dos estratagemas. Había observado que Asdrúbal hacía salir a sus fuerzas ya bastante entrado el día, situaba en medio a sus africanos y distribuía a los elefantes por las dos alas. Él hacía salir a sus tropas más tarde todavía, situaba a los romanos en el centro de la formación enfrentados a los africanos y, en el extremo de ambas alas, emplazaba a los iberos. El día en que había decido dar la batalla hizo todo lo contrario de lo reseñado, con lo que facilitó mucho el triunfo de sus hombres, al poner en inferioridad al enemigo. Apenas alboreó, mandó a sus ayudantes con la orden, impartida a tribunos y soldados, de que tomaran un rancho y, luego, salieran al campo con las armas; debían colocarse delante del foso. Naturalmente fue obedecido, y aún con buen ánimo, porque todo el mundo se imaginaba lo que iba a suceder. Entonces mandó avanzar a su caballería y a su infantería ligera; debían aproximarse al campamento enemigo e iniciar una escaramuza audaz. Así que hubo salido el sol, apareció él personalmente con la infantería pesada, avanzó y, cuando alcanzó el centro de la llanura, allí formó a los suyos, pero con un dispositivo distinto al habitual: colocó en medio a los iberos y a los romanos en las alas. Los cartagineses apenas si tuvieron tiempo de armarse: la caballería enemiga se había acercado súbitamente al foso, y el restos de las tropas romanas había ya formado. Todo esto forzó a los oficiales de Asdrúbal, cuyos hombres estaban todavía en ayunas, a enviar, sin ningún otro tipo de preparación para tal eventualidad, a la llanura, a enfrentarse con la caballería romana, a su propia caballería y a la infantería ligera, mientras que Asdrúbal ordenó para el combate a la infantería pesada cartaginesa en el llano no muy distante del pie de las lomas, que era donde habitualmente se colocaba. Pasó algún tiempo hasta que los romanos se movieran. Ya entrado el día, el choque de las dos infanterías ligeras seguía indeciso y equilibrado, porque los que se encontraban en apuros se replegaban hacia sus falanges y, allí, se revolvían para regresar al combate. Entonces, Escipión empezó a recoger en los espacios libres que quedaban entre los destacamentos a los que se retiraban de las escaramuzas, los distribuyó detrás de los que habían formado en las dos alas, primero los vélites y detrás de éstos los jinetes, y empezó el ataque en toda regla avanzando en una fila que trazaba una línea recta. cuando estaba a un estadio de distancia del enemigo ordenó avanzar también a los iberos dispuestos del mismo modo.En el ala derecha las unidades de infantería y los escuadrones de caballería debían girar hacia su derecha, y en el ala izquierda, las tropas correspondientes, a la izquierda.

Polibio, 11,23,1-9. Él en persona tomó a su mando, en el ala derecha los tres escuadrones de caballería que abrían la marcha; Lucio Marco y Marco Junio mandaban los de la izquierda; delante avanzaban, como es normal, los vélites y tres secciones, que entre los romanos se llaman cohortes. Así pues los romanos avanzaron a paso ligero en columna contra el enemigo: Escipión giraba hacia la derecha y los otros hacia la izquierda; las líneas de detrás seguían siempre la inflexión de las de delante.Cunado los romanos estaban ya casi tocando al enemigo, la primera línea frontal de los iberos, que avanzaban al paso, quedaba todavía lejos. Las dos alas romanas enfilaron contra las rivales, que era lo que respondía a los cálculos iniciales de Escipión. Los movimientos siguientes, que posibilitaron a los que iban detrás alinearse a la misma altura de los que les precedían, y establecer contacto con el enemigo en vistas a la batalla, fueron en direcciones contrarias tanto en las dos alas como en la caballería y en la infantería. en efecto, la caballería y la infantería ligera del ala derecha viraron en su misma dirección, procurando envolver al adversario; en la infantería pesada, al revés, giró a la izquierda. en el ala izquierda los manípulos torcieron hacia la derecha y la caballería y los vélites a la izquierda. Este último movimiento hizo que, en ambas alas, la derecha dela caballería y de la infantería ligera se convirtiera en la izquierda. A este detalle, Escipión no le prestaba demasiada importancia; preveía algo más decisivo, que era desplegarse en una línea que rebasaría los flancos enemigos.Su cálculo resultó exacto. Un general debe saber siempre lo que ha sucedido y utilizar unas maniobras tácticas que favorezcan su acción.

Polibio, 11,24, 1-9. Como consecuencia de este choque, los elefantes, heridos por los tiros de la caballería y de los vélites, hostigados desde ambos frentes, lo pasaron muy mal, y dañaron por igual a romanos y cartagineses; corrían al azar por ambos bandos y aplastaban a todos los que hollaban. En las alas, la infantería cartaginesa estaba en situación difícil y el centro, donde formaban los africanos, la flor y nata de aquel ejército, no podía hacer nada: no podía ir en socorro de las alas porque así habría dejado un espacio libre para la arremetida de los iberos, ni, si permanecían en su sitio,llegaban a ser útiles, porque el enemigo que tenían delante no estaba a su alcance. Con todo, durante algún tiempo, las alas cartaginesas lucharon bravamente, ya que en ambas el choque era decisivo. sin embargo, cuando el calor llegó a su grado máximo, los cartagineses ya estaban extenuados, porque habían salido no por propia iniciativa y no se habían podido preparar debidamente. Los romanos, con una moral más alta, eran superiores también físicamente, con más razón aún porque sus soldados mejores peleaban contra los más flojos del adversario, debido a la presión de su general. Los hombres de Asdrúbal empezaron a retroceder lentamente a pesar del apuro en que se hallaban; después giraron todos en redondo y se retiraron hacia el pie de la montaña; cuando el ataque romano se generalizó huyeron en desorden hacia el foso. De no salvarles un dios, los romanos los hubieran echado incluso del campamento. Pero precisamente entonces se formó en la atmósfera un aguacero extraordinario, descargaban lluvias continuas y torrenciales, tanto, que los romanos se las vieron y se las desearon para alcanzar su campamento.

La mayor parte de las muertes romanas se debieron a quemaduras recibidas mientras buscaban oro y plata fundidos.

Cuando hubo expulsado a los cartagineses de España, todo el mundo felicitaba a Escipión y le rogaba que descansara y que se entregara al ocio, puesto que había concluido la guerra. El repuso que los envidiaba ya que creían esto; él, sin embargo, pensaba ahora más que nunca cómo podría empezar ahora la guerra contra Cartago, ya que hasta entonces eran los cartagineses los que había hecho la guerra a los romanos, pero, en el presente, la suerte había concedido a éstos la iniciativa en la guerra contra los cartagineses. Escipión dialogó con Sifax y fue tan noble, habló con tanta humildad y acierto que, días mas tarde Asdrúbal le dijo a Sifax que Escipión le parecía más temible aún en la conversación que en el campo de batalla.

COMENTARIO

La batalla de Alalia (-206), en las cercanías de Gades, prácticamente puso fin a la guerra de los cartagineses y romanos en Iberia. Desde aquí se va a producir un nuevo proyecto: atacar decisivamente a los cartagineses en su propio terreno: Cartago. Y va a ser lo que va a poner punto y final a la guerra de Aníbal contra Roma. Los cartagineses, derrotados en Ilipa, buscan la forma de que los gaditados les abran sus puertas para refugiarse del ataque romano e intentar reponerse. Pero se negaron muy diplomáticamente para evitar que los romanos emprendieran ataques contra ellos. Tal rechazo hizo que el resto de los supervivientes del combate emprendieran la retirada definitiva hacia el Norte de Árfrica.

Polibio, 11,26, 1-7. Con esta intención, los tribunos, al día siguiente, empezaron a recaudar fondos. Cuando los tribunos comunicaron la decisión a Escipión, éste se dio por enterado y participó al consejo lo que procedía. Se señaló el día en que se debían presentar los soldados. Se perdonaría a la masa, pero los promotores serían castigados severamente. Eran en, número, unos treinta y cinco. Llegó el día fijado y los amotinados acudieron para reconciliarse y percibir su soldada. Escipión había ordenado secretamente a los tribunos, a los que se había encomendado este cometido, que precedieran personalmente a los sediciosos y que cada uno de ellos eligiera a cinco cabecillas de los amotinados: debía tratarlos cordialmente e invitarlos a que los acompañaran, si podían lograrlo, a sus tiendas respectivas o, de lo contrario, al menos a una cena con la correspondiente sobremesa. Tres días antes ordenó a los de su propio campamento que dispusieran víveres para bastante tiempo, con el pretexto de dirigirse, bajo las órdenes de Marco Silano, contra el desertor Indíbil. Esto hizo que los amotinados cobraran más confianza; creyeron que cuando trataran con el general, lo harían desde una situación de fuerza, dado que las tropas del otro campamento se habían ausentado.

Polibio, 11,27, 1-8. Llegaron cerca de la ciudad, cuando Escipión ordenó a los demás soldados que al día siguiente se pusieran en marcha al alborear, con sus bagajes; a los tribunos y a los oficiales les mandó que, así que hubieran salido de la ciudad, hicieran que la tropa se descargara del equipaje y quedara, armada, junto a las puertas; después ellos mismos debían repartirse por ellas y vigilar que no saliese por allí ningún revoltoso. Los tribunos encargados de recibir a los amotinados, cuando éstos se llegaron a ellos, los trataron afablemente, según las órdenes recibidas. Se les había mandado también detener, después de la cena, a los treinta y cinco hombre, y custodiarlos atados; nadie podría salir del recinto, excepción hecha de un hombre por oficial, que iría a notificar al general que ya se había llevado a cabo todo. Cuando los tribunos hubieron cumplido las órdenes, al día siguiente Escipión comprobó que al alborear los soldados que habían llegado ya estaban concentrados en el ágora, por lo que convocó la asamblea. Se dio la señal y todos concurrieron a la junta como era costumbre, pero perplejos en su pensamiento acerca de cómo verían al general y sobre lo que les diría en aquellas circunstancias. Escipión, entonces, mandó mensajeros a los centuriones de las puertas con la orden de hacer entrar las fuerzas armadas que debían rodear la asamblea. Luego avanzó, y así que apareció, los pensamientos de todos cambiaron. Casi todos creían que se encontraban aún en una situación de inferioridad; entonces, cuando de manera súbita e inesperada, lo vieron firme, el pánico se apoderó de todos con sólo contemplarlo.

Polibio, 11,28,1-11. Y él empezó a hablar; les manifestó que encontraba extraño que se hubieran amotinado, tanto si era por descontento, como porque esperaban extraer algún provecho. Ya que tres son las causas, dijo, por las cuales los hombres se atreven a rebelarse contra su patria y sus gobernantes: cuando deben reprocharle algo con enfado, cuando los tratan duramente y, por lo tanto, cunde un descontento general, o !Por Zeus¡ Cuando se ven elevados a las esperanzas más altas y más bellas. «yo ahora me pregunto: ¿Cuál de estas cosas os ha pasado? Es evidente que estabais descontentos de mí porque no habíais cobrado vuestro salario. Pero de esto yo no tengo la culpa, en lo que depende de mi mando, jamás os faltó nada de sueldo. Luego estáis descontentos de Roma porque no os ha liquidado lo que os debe desde hace mucho tiempo.¿Pero era imprescindible que para reclamarlo os convirtierais en desertores de la patria, en enemigo de la que os ha nutrido?¿No podíais acudir a mí, por lo que toca a esto, y pedir a otros amigos que apoyaran vuestra gestión y os ayudaran? Esta, me parece, había sido la mejor solución. A los que pelean en calidad de mercenarios de alguien, se les puede perdonar si se amotinan a causa de los sueldos, pero para los que luchan en pro de sí mismos, de sus mujeres e hijos, no hay indulgencia posible. Hacen, poco más o menos lo que un hijo que dijera que su padre le ha engañado en cuestiones de dinero y se fuera contra él, armado, para matar a aquel a quien debe la vida. ! Por Zeus ¡ ¿Es que os he impuesto fatigas y peligros superiores a vosotros que a los demás?¿Es que he distribuido a los otros más ganancias, más botín? No os atreveréis a decirlo, y si os atrevierais, no lo podríais demostrar. ¿Cuál es, pues, la causa de este descontento que ha hecho que os amotinéis contra mí? Esto es lo que exijo saber. Pero creo que nadie de vosotros puede decir nada, ni tan siquiera imaginarlo……

Polibio, 11,30,1-5 [… ]Escipión, pues, reprimió con acierto el principio de grandes males que habían empezado a enraizar y restituyó a sus tropas el estado de ánimo anterior.

Polibio, 11.31. 1-4. Escipión congregó sin pérdida de tiempo la asamblea de sus fuerzas en la misma ciudad de Cartago Nova y les habló de la desvergüenza de Indíbil y de su deslealtad en contra de ellos; adujo multitud de detalles y estimuló a su ejército para la campaña contra los reyes citados. Enumeró, a continuación, las batallas libradas ya contra los cartagineses e iberos juntos, éstos, bajo mando cartaginés: si los romanos siempre habían salido victoriosos, argumentó, no era natural que ahora ellos desconfiaran, ni aún en el caso de sufrir alguna derrota contra los iberos que mandaba Indíbil. Por eso se negaba rotundamente a aceptar por aliado a ibero alguno y afrontaría el riesgo con sólo los romanos, para que quedara muy claro que éstos no habían derrotado a los cartagineses por la ayuda de los iberos, como sostienen algunos, echándolos así de Iberia, «hemos vencidos a los cartagineses e iberos por el coraje de los romanos, por nuestra propia fuerza». Dijo esto y los exhortó a la concordia; debía enfrentarse a aquella guerra con la misma confianza con que habían hecho frente a otras. Añadió que, con ayuda de los dioses, pensaría en lo que le llevara a la victoria. sus gentes cobraron tal ánimo y esperanza que, sólo con mirarlas, parecería que ya avistaban al enemigo y se aprestaban para el combate.

Polibio, 11,32,1-7. Tras la arenga, Escipión disolvió la asamblea. Al día siguiente levantó el campo e inició la marcha. Al cabo de diez días, alcanzó el río Ebro y acampó delante del enemigo, luego de cuatro jornada más de camino. Al día siguiente envió a un valle que había allí algunas cabezas de ganado de las que seguían a su ejército; previamente había ordenado a Lelio que tuviera dispuestos sus jinetes; también mandó a unos tribunos que prepararan a los vélites. Lo iberos se lanzaron inmediatamente a la captura de las bestias y Escipión envió contra ellos algunos vélites y esto ocasionó un choque: soldados de ambos bandos corrieron en apoyo de los suyos y hubo una fuerte escaramuza de infantería en medio del valle. La ocasión era oportuna y favorable, por lo que Lelio que, en cumplimiento de las órdenes recibidas, tenía dispuesta la caballería, arremetió contra la infantería enemiga y la aisló al pie de la montaña; la mayor parte de los infantes cartagineses se diseminó por el valle y murió a manos de los jinetes romanos. Los bárbaros exasperados, y temerosos de que aquella derrota pudiera hacer creer que estaban aterrados, salieron con el alba y dispusieron todas sus fuerzas en orden de batalla. Escipión ya había previsto esta emergencia. Al ver que los iberos bajaban absurdamente en masa hacia el valle y que alineaban en la llanura no sólo a la caballería, sino también a la infantería, dejó pasar algún tiempo: quería que adoptaran aquella formación el máximo número posible de enemigos. Teniendo gran confianza en su caballería, confiaba más en su infantería, porque en una batalla campal, cuerpo a cuerpo, sus hombres, ellos personalmente, y sus armamentos eran muy superiores a los iberos.

Polibio, 11,33,1-8. Cuando creyó que era ya el momento, opuso sus vélites al enemigo alineado al pie del monte contra los que habían descendido hasta el valle, envió desde el campamento cuatro cohortes en formación cerrada, a pelear contra la infantería enemiga. Simultáneamente Gayo Lelio, que mandaba la caballería romana, avanzó a través de las lomas que bajaban del campamento romano al valle, y cargó contra la retaguardia de la caballería ibera, con lo que la distrajo en un combate contra él. Privada del apoyo de sus jinetes, la infantería ibera, que había bajado al valle confiada en su caballería, se vio en situación dificultosa y apurada en el combate. Y algo no distinto experimentó la caballería ibera: atrapada en una angostura, no podía maniobrar. Allí murieron más jinetes iberos a manos de sus propios camaradas que por la acción de los romanos; su propia infantería los oprimían por un flanco, por el frente, la infantería enemiga, y por detrás, la caballería romana. Tal fue el desarrollo del combate. Los iberos que habían bajado a la llanura habían muerto prácticamente todos; los que quedaron al pie del monte, lograron huir. Constituían la infantería ligera una tercera parte de todo el ejército. Indíbil se salvo con ella y se escapó hacia un lugar fortificado. Cumplidos los objetivos en Iberia, Escipión se dirigió exultante a Tarragona; llevaba para su patria un triunfo espléndido, una bellísima victoria. Y como estaba muy interesado en no perderse la elecciones a cónsul, ya próximas en Roma, dispuso debidamente todo los de Iberia, confió el campamento romano a Junio y a Marco, y él, con Gayo Lelio y otros amigos, zarpó en dirección a la capital del Lacio.

ANÍBAL SE PREPARA Y DISPONE A INVADIR ITALAIA

Documentos.

Polibio, III, 34, 1-9. Aníbal, después de tomar sus previsiones acerca de la seguridad de las operaciones en África y en España, esperaba con impaciencia la llegada de los mensajeros que le habían enviado los galos. En efecto: había investigado exhaustivamente la fertilidad de la tierra situada al pie de los Alpes y alrededor del Po, el número de sus habitantes, la audacia bélica de estos hombres, y lo que le importaba más, la aversión que abrigaban contra los romanos como consecuencia de la guerra que tratamos antes. Por esto Aníbal se aferraba a esta esperanza y hacia toda clase de promesas; enviaba con gran interés legados a los jefes de los galos que habitaban en la parte de acá de los Alpes y a los de los mismos Alpes. Suponía que sólo entablaría en Italia la guerra contra los romanos si podía superar las dificultades del terreno y llegar a los lugares antecichos, y si podía usar a los galos como aliados y colaboradores para el plan que tenía fijado. al llegar los mensajeros y anunciar la buena disposisión y las esperanzas de los galos, diciendo, además, que el paso de los Alpes sería muy duro y difícil, pero no imposible, Aníbal congregó a sus tropas desde los lugares donde habían invernado (año -218) al comienzo de la primavera. Acababa de saber lo ocurrido en Cartago, y esto le infundió ánimos. Confiado en la buena disposición de sus conciudadanos exhortaba abiertamente a sus tropas para la guerra contra los romanos. Expuso muy claramente de qué modo los romanos había exigido la entrega de su persona y la de todos sus oficiales de su campamento; les indicó, además, la fertilidad del país al que iban a marchar; y también la buena disposición y alianza de los galos. Al ofrecérsele para el combate las tropas entusiásticamente, las felicitó, les indicó el día en que iniciaría la marcha y disolvió la asamblea.

COMENTARIO

Como buen estratego, Aníbal plantea primero cómo están los ánimos de los galos y tribus por los que va a pasar camino hacia Roma. Qué situación económica tienen esos posibles aliados de su guerra. Se asegura de que formen parte de su estrategia al introducirse en un terreno que desconoce. Cuál es la disposición de las tribus galas con respecto a los romanos. Cómo son las vías que conducen a Roma. Es una estrategia elemental antes de decidirse a pasar por un territorio totalmente desconocido.

Polibio, III, 35, 1-8. Aníbal realizó los mencionados preparativos durante el invierno, dispuso una seguridad suficiente para los asuntos de África y de España, y cuando llegó el día señalado, se puso en marcha con noventa mil soldados de a pie y alrededor de doce mil de caballería. Cruzó el río Ebro y sometió a las tribus de ilergetes, bargusios, también a los ernesios y a los endosinos, hasta llegar a los llamados Pirineos. Redujo a todos estos pueblos, tomó por la fuerza algunas ciudades más pronto de lo que hubiera esperado, pero le costaron numerosas y duras luchas en las que perdió no pocos hombres. Dejó a Hannón como gobernante de todo el territorio desde el río (¿Ebro?) hasta los Pirineos, y de los bargusios, pues desconfiaba mucho de ellos porque eran amigos de los romanos. Del ejército de que dispuso separó para Hannón diez mil hombres de infantería y mil jinetes, y también dejó la impedimenta de los que marchaban con él. Licenció y mandó a sus hogares a un número de soldados igual al mencionado, con la intención de dejarles bien dispuestos hacia él, y dejar entrever a los restantes la esperanza de retorno a la patria, no sólo a los iberos que marchaba a la campaña con él, sino también a los del país que se quedaban en sus casas. Quería que todos se pusieran en movimiento con buen ánimo por si eventualmente precisaba de su ayuda. Tomando, pues, el resto de las tropas ligeras, cincuenta mil soldados de a pie y unos nueve mil jinetes, los condujo a través de los montes llamados Pirineos para pasar el río que se llama Ródano. Tenía una ejército no tan numeroso con útil y excepcionalmente entrenado por lo continuo de sus luchas en España.

COMENTARIO

Aníbal se asegura de la fiabilidad de las tribus que se van encontrando. y pone en práctica una decisión acertada; sabe que se va a enfrentar a un ejército que tiene una influencia grande sobre toda la península italiana. Pero si surge algún contratiempo irreparable y tiene que dar marcha atrás, qué hacer. Decide mandar a sus ciudades respectivas a aquellos soldados que por sus circunstancia especiales no les eran muy útiles, y los manda a sus casas. De esta forma intenta guardarse las espaldas si tiene que volver y no encontrarse de nuevo con una resistencia de los los aborígenes del territorio de retorno. Idea y decisión que tuvo buena acogida por parte des los soldados licenciados.

Polibio, III, 37 y 38: Descripción geográfica de los territorios conocidos hasta entonces, de forma genérica hasta llegar a: … He explicado todo esto para que mi narración no sea totalmente oscura para los que ignoran los lugares, sino que puedan considerar, al menos, las divisiones generales y guiarse en mis afirmaciones por algún conocimiento, tomando como punto de partida los espacios celestes. Igual que al mirar solemos volver siempre el rostro hacia lo que nos muestran, es preciso volver nuestros pensamientos y dirigirlos a los parajes que sin interrupción se nos muestran a lo largo de la exposición.

Polibio III, 39, 1-12. Pero dejemos estas consideraciones y sigamos el hilo de la narración que hemos propuesto. En esta época los cartagineses dominaban todas las partes de África que miran al Mar Interior, des las Altares de Fileno (entre Cartago y Cirene), que están en la sirte Mayor, hasta las columnas de Hércules. La longitud de esta costa es de más de dieciséis mil estadios. Habían cruzado la entrada de las Columnas de Hércules y se habían apoderado de toda España hasta el promontorio que, en el Mar Mediterráneo, es el final de los Montes Pirineos (Creus). Estos montes separan a los españoles de los galos. Desde este lugar a la entrada de las Columnas de Hércules, hay unos ocho mil estadios. Desde las Columnas de Hércules a Cartagena hay unos tres mil; en esta ciudad inició Aníbal su expedición contra Italia. Desde esta ciudad hasta el río Ebro hay dos mil seiscientos estadios, y desde este río a Ampurias, mil seiscientos estadios (desde Emporio hasta Narbona, unos seiscientos). Y desde aquí hasta el paso del Ródano alrededor de mil seiscientos estadios [Los romanos han medido y señalado cuidadosamente esta distancia emplazando mojones cada ocho estadios] Desde el vado del Ródano, marchando junto al río remontando su curso, hasta el lugar en que las vertientes de los Alpes dan ya a Italia, hay mil cuatrocientos estadios. Pero queda el paso mismo de los alpes, unos mil doscientos estadios, que Aníbal debía recorrer para llegar a las llanuras del río Po, en Italia. De modo que, contando desde Cartagena, la cifra total de estadios que debía recorrer era de unos nueve mil. De todos estos lugares, por lo que se refiere a distancias, había ya recorrido casi la mitad, pero si se considera la dificultad, le restaba la mayor parte del camino.

Plobio, III,40, 1-14. Paso por la Galia Cisalpina. Aníbal atacó los desfiladeros pirenaicos con un gran temor a los galos, porque aquellos parajes son sumamente escarpados. Los romanos, en ese mismo tiempo, ya habían oído de boca de los embajadores enviados a Cartago lo decidido allí y los discursos que se pronunciaron. Supieron que Aníbal había cruzado el río Ebro con su ejército más pronto de lo que ellos suponían, y decidieron enviar a España a Publio Cornelio Escipión con sus legiones (-218), y a Tiberio Sempronio a África. Mientras éstos reclutaban las tropas y hacían los preparativos restantes, los romanos se apresuraron a organizar las colonias que ya había planeado enviar a la Galia (Cisalpina). Pusieron gran ardor en amurallar las ciudades, y ordenaron a sus futuros habitantes que se personaran en ellas en el plazo de treinta días. Cada ciudad iba a tener unos seis mil. Fundaron la primera colonia en la parte de acá del río Po y la llamaron Placentia; la segunda, en la parte de allá del río, y la llamaron Cremona. Apenas fundadas estas ciudades, los galos llamados boyos (que desde hacía tiempo buscaban, sin encontrarla, una ocasión para deshacerse de la amistad de los romanos), se envanecieron fiados, por las declaraciones de sus mensajeros,, en la llegada de los cartagineses, y desertaron de los romanos, abandonando los rehenes entregados al final de la guerra pasada que se ha citado antes. Llamaron a los insubres que compartían con ellos la cólera por los hechos de antes, y devastaron las tierras que los romanos habían distribuido en lotes. Persiguieron a los fugitivos hasta Mutina, que era colonia romana, y la asediaron. Entre los que encerraron allí había tres hombres notables que habían sido enviados para repartir las tierras; uno de ellos era Gayo Lutacio, que anteriormente había sido cónsul, y dos antiguos pretores. Los tres creyeron oportuno parlamentar con los boyos, a lo que éstos accedieron. Pero cuando los romanos hubieron salido, lo boyos, menospreciando cualquier derecho, los cogieron prisioneros; esperaban que así recuperarían sus propios rehenes. Lucio Manlio, al que habían nombrado pretor, y estaba en aquellos parajes con sus fuerzas, cuando oyó lo ocurrido, acudió en su socorro a marchas forzadas.. Pero los boyos se enteraron de su llegada y le tendieron una celada en unos encinares, y al tiempo de llegar los romanos en el paraje boscoso se vieron a la vez asaltados desde dos partes; lo boyos les infligieron muchas bajas. Los supervivientes emprendieron la huida, pero cuando alcanzaron unas alturas, allí se reagruparon como para poder efectuar con dificultad una honrosa retirada. Los boyos persistieron en su persecución y los cercaron en la aldea llamada Tannes. Cuando en Roma se enteraron de que los boyos habían atrapado la legión cuarta y la asediaban enérgicamente, enviaron al punto en su ayuda las legiones puestas a disposición de Publio Cornelio Escipión, al mando de un pretor; ordenaron a aquel reclutar y concentrar más legiones de entre los aliados.

Polibio, III, 41, 1-9. [Aníbal cruza el Ródano] Esto fue lo que pasó en la Galia Cisalpina desde el principio hasta la llegada de Aníbal…Los cónsules romanos, cuando terminaron los preparativos para sus operaciones, zarparon a principios de verano para las actuaciones que tenían asignadas. Publio puso rumbo a Iberia con sesenta naves quinquerremes. Y se aplicó a la guerra de manera tan importante y hacía tales preparativos en Lilibeo, juntando todo lo que podía desde cualquier parte, que daba la impresión de que nada más desembarcar asediaría Cartago. Publio Cornelio Escipión costeó la Liguria, y en cinco días llegó de Pisa a la región de Marsella. Fondeó junto a la primera boca del Ródano, la llamada Masaliota, e hizo desembarcar a sus fuerzas, pues le llegaba la voz de que Aníbal cruzaba ya los Pirineos. Sin embargo, estaba convencido de tenerle todavía a gran distancia, tanto por las dificultades de los lugares como por la multitud de galos que había de por medio. Pero Aníbal, que había sobornado a unos galos con dinero y sometido a otros por la fuerza, se presentó inesperadamente con su ejército y se dispuso a cruzar el Ródano; el Mar de Cerdeña le quedaba a la derecha. Cuando Escipión tuvo noticia de la presencia del enemigo, no acababa de creerlo, por la prontitud de aquella llegada, así que quiso averiguar la verdad. Concedió un descanso a las tropas que habían arribado por mar y deliberó con sus oficiales acerca de qué clase de terreno debían elegir para presentar batalla al enemigo. Mandó como avanzadilla a sus trecientos jinetes más bravos, dándoles como guías y auxiliares a unos galos que casualmente estaban a sueldo de los masaliotas.

Polibio, III, 42, 1-11. Aníbal, así que llegó a los parajes próximos al río, intentó cruzarlo allí donde su curso es todavía único, a una distancia del mar, que un ejército haría en unos cuatro días. Se concilió de todas las formas imaginables la amistad de los pueblos ribereños: les compró las barcas y los esquifes, suficientes en número, puesto que muchos de los que habitan la región del Ródano se dedican al tráfico marítimo. Adquirió de ellos también la madera necesaria para fabricar barcas, por lo cual, al cabo de dos días, tenía construidas muchísimas, pues sus hombres se empeñaban en no depender del vecino y en depositar en si mismo la esperanza de cruzar el río. pero entonces se concentró en la otra orilla una gran multitud de bárbaros con la intención de impedir el paso del río a los cartagineses. Aníbal se percató muy bien de que en aquellas circunstancias no podría forzar por la violencia el paso del río, porque el número de enemigos apostados era incalculable, no podría aguantar allí sin que el adversario le atacara por todas partes. A la tercera noche envía parte de sus fuerzas, con unos guías naturales del país, bajo el mando de Hannón, el hijo del sufeta Bomílcar. El contingente marcho unos doscientos estadios curso arriba del río hasta llegar a un lugar en el que la corriente se divide y forma una pequeña isla, y se quedaron allí. Fijando y atando troncos de un bosque vecino, en breve tiempo armaron muchas balsas, suficientes para lo que entonces necesitaban; en ellas cruzaron el río con seguridad y sin que nadie les estorbara. Tomaron un lugar abrupto, y aquel día permanecieron allí tanto para descansar de las penalidades anteriores como para prepararse para la operación siguiente, según las órdenes que tenían. Aníbal hizo algo muy parecido con las tropas que habían quedado con él. Lo que le ofrecía más dificultades era hacer cruzar el río a los elefantes, que eran treinta y siete.

COMENTARIO

Anibal iba muy bien equipado para afrontar los contratiempos que se le presentaban por parte de los enemigos inesperados que se le presentaban. Llega al río que pretende atravesar y se encuentra con grandes dificultades por el rechazo de los naturales del terreno. Pero lo de admirar es el cuidado que puso en llevar bien equipado de personal adiestrado en la construcción de barcos y lo que hoy llamaríamos ingenieros de caminos. Su equipo iba completo. Hizo acopio de materiales para construir embarcaciones y atravesar sin problemas los ríos. Su equipo bélico era completo y eficaz. Punto muy importante en las operaciones militares.

Polibio, III, 43, 1-12. De todos modos, al llegar la quinta noche, los que habían cruzado el río por la parte superior de su curso, al amanecer avanzaron por la orilla contra los bárbaros apostados en ella. Aníbal, que tenía ya dispuestos sus propios soldados, esperaba el momento de cruzar. Había llenado los esquifes con caballería ligera, y las barcas con infantería más ligera. Los esquifes estaban situados arriba y contra corriente; a continuación los transportes ligeros. Así serían los esquifes los que soportaran la fuerza mayor de la corriente, y el paso de las demás embarcaciones sería más seguro durante la travesía. Idearon también arrastrar los caballos a popa de los esquifes, para que nadaran. Un sólo hombre conducía por las riendas tres o cuatro a la vez, a cada lado de la popa, de modo que ya inmediatamente, en el primer paso, trasladaron un buen número de caballos. Los bárbaros al ver el intento de los enemigos, salieron desordenadamente de sus atrincheramientos, convencidos de que frustrarían con facilidad el desembarco cartaginés. Aníbal vio que en la orilla opuesta sus soldados estaban ya cerca, pues, según lo convenido, le había señalado su presencia mediante humaredas. Ordenó a todos los hombre embarcar a la vez, y a los que dirigían las embarcaciones navegar contra corriente. La operación se hizo rápidamente, porque los que estaban en las embarcaciones rivalizaban entre ellos, con gran griterío, en su pugna contra la fuerza del río. Ambos ejércitos estaban frente a frente, en las dos orillas: unos se asociaban a las dificultad de sus camaradas, y les seguían con gritos en sus esfuerzos, mientras que los bárbaros entonaban cantos de guerra y llamaban al combate. El espectáculo era sobrecogedor y despertaba angustia. en el momento en que los bárbaros abandonaron sus barracas, los cartagineses que estaban en aquella orilla los acometieron de manera súbita e inesperada. Algunos prendieron fuego al campamento, pero la mayoría atacó directamente a los que acechaban la travesía. Los bárbaros, sorprendidos por aquella inesperada maniobra, unos retrocedieron para proteger sus barracas, otros se defendieron y entablaron combate con los atacantes. Cuando comprendió que la acción se desarrollaba según sus cálculos, Aníbal, rápidamente organizó a los que habían desembarcado, los arengó y trabó pelea contra los bárbaros. Los galos, ante aquel desorden y ante un hecho tan inesperado, volvieron pronto la espalda y se dieron a la fuga.

Polibio, III, 44. 1-13. El general cartaginés, pues, dominó a la vez el paso del río y a los enemigos. Luego se dedicó inmediatamente a hacer pasar a los hombres que quedaban en la otra orilla. Tras pasar a todas sus fuerzas en poco tiempo, aquella noche acampó en la misma orilla del río. Al enterarse, al día siguiente, de que una flota romana había fondeado en la desembocadura, envió quinientos jinetes nómadas a inspeccionar dónde esteban, cuántos eran y qué hacían los enemigos. Al mismo tiempo dispuso que unos hombres adiestrados pasaran los elefantes.

Él reunió sus fuerzas y les presentó a Mágilo y a otros reyezuelos, que habían acudido allí desde las llanuras del Po. A través de un intérprete hizo saber a sus tropas los planes que habían acordado. Lo que infundió más ánimos a aquella masa de hombres fue, primero, el ver con sus propios ojos a aquellos que les incitaban y que les decían que ellos mismos colaborarían en una guerra contra los romanos. En segundo lugar, la seguridad y la promesa de que les guiarían por unos lugares por donde no les iba a faltar nada necesario para marchar contra Italia con toda seguridad y en poco tiempo. Hablaban, además, de la fertilidad del país al que iban a llegar, de su extensión, del coraje de los hombres en compañía de los cuales iban a combatir contra las fuerzas romanas. Los galos, después de hablar así, se retiraron. Tras ellos se destacó Aníbal, y en persona en primer lugar recordó a aquella multitud de gestas ya cumplidas, en las que, afirmó, ellos mismos habían afrontado muchos peligros y empresas azarosas, sin fracasar en ninguna por haber seguido su parecer y consejo. De modo que los incitó a estar confiados, al ver que lo más arduo de la empresa estaba superado; pues habían vencido el paso del río y habían visto por sí mismo la adhesión y la predisposición de los aliados. Por eso creía que podían despreocuparse de cada una de las operaciones porque caían bajo su incumbencia personal. En cambio, debían cumplir las órdenes, ser hombres valientes y a la altura de las gestas pasadas. La muchedumbre aplaudió y evidenció gran empuje y ardor. Aníbal los felicitó, y tras rogar a los dioses por todos sus planes, los despidió diciéndoles que se cuidaran y que se prepararan con empeño; la marcha iba a iniciarse a la aurora siguiente.

COMENTARIO

Las tareas de Aníbal como estratego quedaban patente ante su comportamiento con los nuevos aliados. Su plan de pasar el río con cierta corriente, fue arriesgada, pero resultó bien, a pesar de que las embarcaciones usadas para hacer pasar a los caballos fue complicada porque una nave como un esquife para tirar de los caballos nadando, sin duda fue atrevida, precisamente por la debilidad de ese tipo de barco, que es un elemento auxiliar de los barcos grandes. También cumplió los objetivos de atraerse la simpatía y apoyo de las tribus que se iba encontrando en su camino hacia Roma, llegando a firmar pactos con ellos.

Polibio, III, 45, 1-6. Ya se había disuelto aquella asamblea cuando llegaron los númidas enviados en misión de reconocimiento. La mayoría de los que habían salido habían muerto y los restantes habían huido precipitadamente, porque no lejos de su propio campo se habían tropezado con la caballería romana, enviada por Publio con la misma finalidad, y ambos destacamentos habían puesto tal coraje en la escaramuza que murieron en ella ciento cuarenta jinetes entre galos y romanos, y más de doscientos jinetes númidas. Después de la refriega los romanos siguieron la persecución y se acercaron al atrincheramiento carteginés, que examinaron; dieron la vuelta y regresaron para explicar a su general la presencia del enemigo. Escipión transportó inmediatamente los bagajes a las naves, levantó todo su campamento y avanzó hacia el río, deseando establecer contacto con el enemigo. Al día siguiente de la asamblea, Aníbal, al amanecer, hizo levantar toda la caballería en dirección al mar, en situación de observadora, e iba haciendo salir del atrincheramiento a sus fuerzas de a pie para emprender la marcha. Él personalmente se quedó en espera de los elefantes y de los hombres que había dejado a su cuidado. El paso de los elefantes se efectuó como sigue:

Polibio, III, 46, 1-11. Construyeron un gran número de balsas muy sólidas, ataron fuertemente entre sí a dos de ellas y las adosaron a tierra firme, a la orilla misma del río; entre ambas tenían una anchura de cincuenta pies. Por la parte externa de éstas ataron otras que encajaran con ellas, y alargaron así la plataforma hacia el curso del río. Consolidaron el lado de la corriente con cables fijados en tierra, atándolos a los árboles que se crecían en la orilla, para que toda la obra resistiera y no cediera, yéndose río abajo. Cuando hubieron construido el conjunto de esta plataforma proyectada hacia adelante, de una anchura de dos pletros añadieron a la última balsa dos más excepcionalmente resistentes, atadas estrechamente, y a éstas otras, de la misma manera, de modo tal que las amarras fueran fáciles de cortar. Además, había fijado a las balsas muchas correas: con ellas los esquifes que iban a remolcar las balsas, impedirían que fueran arrastradas por el río, y al retenerlas con fuerza contra la corriente, permitirían transportar y pasar a los elefantes sobre tales artilugios. Recubrieron las balsas con mucha tierra, que echaron encima hasta nivelarlas; las allanaron y les dieron el mismo color del camino que conducía al vado a través de la tierra firme. Los elefantes están acostumbrados a obedecer a los indios hasta llegar al agua, pero en modo alguno se atreven a penetrar en ella. Los indios hicieron avanzar por la tierra apisonada a un par de hembras, que los elefantes siguieron. Así que situaron en las últimas balsas a los elefantes, cortaron las amarras que las unían a las otras, tiraron con los esquifes de los cables y pronto separaron de la tierra apisonada los elefantes y las balsas que los transportaban. Tras esta operación de animales, al principio se pusieron a dar vueltas y embestían hacia todas partes; pero, rodeados por la corriente, se acobardaron y se vieron forzados a permanecer en su sitio. De esta manera, atando cada vez dos balsas, hicieron cruzar encima de ellas la mayoría de los elefantes. Algunos, con todo, se lanzaron aterrorizados al río a mitad de la travesía, y ocurrió que sus indios murieron todos, pero los elefantes se salvaron, pues, gracias a fuerza y longitud de sus trompas, que levantaban por encima del agua, inspirando y exhalando a la vez, resistieron la corriente, haciendo erguidos la mayor parte de la travesía.

COMENTARIO

Sin duda la operación del paso de los elefantes de una orilla a otra del río, fue una obra no de Aníbal, sino de sus guías indios que los conducían. Pero no deja de ser un éxito del cartaginés en la marcha de su ejército hacia Roma. el planteamiento de construir las plataformas para cruzar el río sí fue un éxito de la ingeniería cartaginesa: cómo convencer a unos enormes animales a posarse sobre unas especies de terrazas cubiertas de tierra para disimular que se movían sobre una superficie natural y no sobre unas balsas hechas con troncos madera de los bosques cercanos. Mérito de estrategia militar cartaginesa y, en definitiva, de Aníbal.

Polibio, III, 49, 1-13. Cuando hacía tres días que los cartagineses habían iniciado la marcha, el general romano llegó al paso del río. Comprobó que el adversario ya había partido, y se maravilló a más no poder, ya que estaba persuadido de que jamás osaría efectuar la marcha hacia Italia por aquellos lugares, entre otras razones porque los bárbaros de aquellos parajes eran muchos y muy traidores. Pero al ver que los cartagineses se habían arriesgado, regresó rápidamente hacia las naves, llegó donde estaban y embarcó a sus tropas. Envió a su hermano a las operaciones de España, y él, personalmente, viró en redondo y navegó hacia Italia, con el afán de adelantarse al adversario y, a través de Etruria, encontrarlo al pie de los Alpes.

Aníbal marchó ininterrumpidamente durante cuatro días desde que cruzara el río, y llegó a un lugar llamado la Isla (río Isère), país muy poblado y rico en trigo, cuyo nombre se debía a su misma forma: por un lado fluye el río Ródano y por el otro el Isère; cuando confluyen dan a este lugar la figura de una punta. Tanto en dimensiones como en forma, es un un ligar parecido al que en Egipto se llama El Delta, sólo que en éste el mar forma uno de los lados que ciñe la desembocadura de los ríos; aquí el lado correspondiente los forman las montañas difícilmente practicables, de penetración penosa y casi, por así decir, inaccesible.

Aníbal, pues, llegó a este lugar, y se encontró en el con dos hermanos que se disputaban la realeza, y que se habían enfrentado ya con sus dos ejércitos. El mayor de estos hermanos se atrajo a Aníbal y le pidió colaboración y ayuda para hacerse con el poder. El cartaginés accedió, pues era claro el provecho que en aquel momento iba a obtener. De modo que le ayudó militarmente, y tras expulsar al otro, obtuvo muy buena colaboración por parte del vencedor; pues no sólo abasteció abundantemente de trigo y otras provisiones a su ejército, sino que al cambiarle las armas viejas y gastadas renovó así una fuerza de manera muy oportuna. Además, como avitualló a la mayoría con vestidos y calzados, les procuró la mayor facilidad para cruzar los montes. Y lo que es más importante: los cartagineses temían su paso por la región de los galos llamados alóbroges, y este rey les cubrió la retaguardia con su propio ejército; así dispuso que los cartagineses avanzaran sin peligro hasta llegar al paso de los Alpes.

Paso de Aníbal por los Alpes

Polibio, III,59, 1-9. Tras una marcha de diez días a lo largo del río, unos ochocientos estadios, Anibal inició la ascensión de los Alpes, y cayó en los mayores riesgos. Pues mientras los cartagineses se encontraban aún en la llanura, los jefes de las tribus de los alóbroges se mantuvieron distanciados de ellos. tanto por temor a la caballería como a los bárbaros que cerraban la marcha. Pero cuando éstos se hubieron retirado a sus tierras y los hombre de Aníbal empezaban el avance por terrenos difíciles, entonces los jefes alóbroges concentraron un número de tropas suficientes y se adelantaron a ocupar lugares estratégicos, por los cuales los hombre de Aníbal debían efectuar inevitablemente la ascensión. Si hubieran logrado mantener oculta su intención, hubieran podido destruir totalmente el ejército de los cartagineses; pero como fueron descubiertos, aunque causaron grandes estragos en los hombres de Aníbal, no fueron menores los que se infirieron a sí mismos. El general cartaginés, en efecto, sabedor de que los bárbaros se habían anticipado a ocupar posiciones estratégicas, acampó en sus mismas estribaciones y permaneció allí. Envió a algunos galos de los que actuaban como guías para que indagaran las intenciones del adversario y toda su disposición. Los enviados cumplieron las órdenes, y Aníbal pudo saber que el enemigo observaba cuidadosamente el orden y custodiaba los parajes, pero que de noche se retiraban a una ciudad no lejana, Se ajustó, pues, a esta táctica, y dispuso la acción como sigue: tomó sus fuerzas, avanzó a la vista de todos, se aproximó a los lugares abruptos y acampó no lejos del enemigo. Cuando sobrevino la noche, ordenó encender hogueras, y dejó allí la mayor parte de sus tropas. Equipó a los hombre más aptos como soldados de infantería ligera, durante la noche pasó los desfiladeros y tomó las posiciones que habían sido ocupadas antes por el adversario, puesto que los bárbaros se habían retirado, según su costumbre, a la ciudad.

Polibio, III, 51, 1-13. Logrado esto, cuando vino el día, los bárbaros, apercibidos de lo ocurrido, primero desistieron de sus intenciones. Pero después, al ver la gran cantidad de acémilas y a los jinetes que marchaban con dificultad y lentamente por aquellas fragosidades, se decidieron por esta circunstancia a cortar la marcha. Cuando llegó el momento, los bárbaros atacaron por todas partes, y el desastre de los cartagineses fue muy grande, no tanto por los hombres, sino por aquellos parajes. La vereda, en efecto, no sólo era estrecha y pedregosa, sino también empinada, de manera que cualquier movimiento, o cualquier perturbación hacía que se despeñaran por los precipicios muchas acémilas con sus cargas. Los que provocaban más este desorden eran los caballos heridos; cada vez que una herida los desbocaba, unos caían de bruces sobre las acémilas, y otros se precipitaban hacia adelante y arrastraban consigo todo los que en la aspereza se les presentaba; se producía una confusión enorme. Al ver esto Aníbal, y calcular que si se perdían todos los bagajes ni aún los que consiguieran eludir el riesgo se salvarían, recogió a los que de noche habían tomado las posiciones estratégicas y se lanzó en ayuda de los suyos que abrían la marcha. Allí murieron muchos bárbaros, puesto que Aníbal atacaba desde lugares más altos, pero no menos cartagineses. En efecto, la confusión que ya acompañaba a la marcha se acrecentó por el griterío y el combate de los citados. Sólo cuando hubo matado a la mayoría de los alóbroges y obligado a replegarse a los restantes y a huir a sus tierras, Aníbal logró que, a duras penas, atravesaran aquellos lugares difíciles las acémilas y los acemileros supervivientes. él mismo, pasado el peligro, reunió a todos los hombre que pudo y atacó la ciudad desde la que el enemigo le había agredido. La sorprendió casi desierta, pues las posibles ganancias habían atraído a sus habitantes, y se adueñó de ella. En este lugar Aníbal obtuvo muchas cosas útiles, tanto para el presente como para el futuro. De momento se hizo con una gran cantidad de caballos y de acémilas, junto con muchos hombres suyos que habían caído prisioneros. Tuvo, además, gran abundancia de trigo y de ganado para dos o tres días, y, sobre todo, infundió temor a las tribus vecinas, de manera que los habitantes de las proximidades ya no se atrevieron sin más a molestarle durante la ascensión.

COMENTARIO

No fue un camino de rosas para Aníbal pasar los Alpes. Pero a pesar de la dificultad consiguó sobreponerse. Los alóbroges fueron un serio obstáculo para cruzar estas montañas tan escarpadas y estrechas. Perdió bastante de lo que llevaba debido a los ataques de los enemigos alpinos. fue atacado severamente, pero su estrategia fue muy superior a pesar de la dificultad del desconocimiento del terreno. Hizo huir al enemigo venciéndolo y saqueando su ciudad, cosa que le proporciono un respiro en el equipamiento de su ejército y abastecimiento de víveres y animales tanto de carga como de caballería. Los bárbaros no volvieron a molestar. Fue un éxito de buen estratego.

Polibio, III,52, 1-8. Aníbal estableció allí su campamento, aguardó un día y se puso de nuevo en marcha. En las jornadas siguientes condujo con seguridad su ejército hasta cierto punto, pero en el día cuarto se volvió a ver expuesto a grandes riesgos. en efecto, los que habitaban los lugares por donde pasaba, tramaron de común acuerdo un engaño y le salieron al encuentro con coronas y ramos de olivo, lo cual entre casi todos los bárbaros es señal de amistad, al igual que el caduceo entre los griegos. Tales lealtades no acababan de convencer a Aníbal, e intentaba con sumo cuidado averiguar sus intenciones y su entero propósito. Ellos afirmaron que conocían bien la toma de la ciudad y la ruina de los que habían intentado dañarle, y le aclararon que estaban allí por esto, porque no querían hacer ni sufrir nada malo; le prometieron, además, que le entregarían rehenes. Durante mucho tiempo Aníbal anduvo precavido y desconfiaba de lo que le iban diciendo. Con todo, calculó ( que si aceptaba) aquellos ofrecimientos, quizás convertiría en más cautos y pacíficos a los que se les habían presentado pero, si no los aceptaba, los tendría por enemigos declarados. Se avino, pues, a lo que le decían, y simuló aceptar aquellas amistades. Los bárbaros entregaron los rehenes, aportaron rebaños en abundancia y, en suma, se entregaron sin reservas ellos mismos en sus manos, de modo que Aníbal y los suyos acabaron por creer tanto en ellos que los tomaron por guías en los lugares difíciles que iban a seguir. Los bárbaros, pues, los guiaron durante dos días, y entonces una masa de bárbaros que los iba siguiendo los atacan cuando iban cruzando un desfiladero difícil y escarpado.

Polibio, III,53, 1-10. En aquella ocasión se hubiera perdido completamente todo el ejército de Aníbal. Pero éste guardaba todavía un punto de desconfianza, y, en previsión del futuro, había situado bagajes y caballería abriendo la marcha; la infantería marchaba, cerrándola a retaguardia. Éste, pues, estaba al acecho, lo cual aminoró el desastre, pues los soldados de a pie contuvieron el ataque de los bárbaros, sin embargo, y a pesar de que salió del trance, perdió gran cantidad de hombres, de acémilas y de caballos. El enemigo, en efecto, había ocupado las alturas; los bárbaros, avanzando por las cumbres, hacían caer peñascos, que rodaban contra unos, lanzaban a mano piedras contra otros, y así les causaron tanto riesgo y confusión que Áníbal se vio forzado a pernoctar con la mitad de su ejército en un lugar yermo, rocoso y pelado, separado de los caballos y de las acémilas; les iba cubriendo, hasta que a duras penas logró, durante la noche, salvar el desfiladero, Al día siguiente, cuando el enemigo se hubo ya retirado, estableció contacto con jinetes y acémilas, y progresó hacia los pasos más avanzados de los Alpes, sin encontrarse ya ningún grupo organizado de bárbaros, y hostigado sólo por pequeñas bandas y en ciertos parajes, unos por retaguardia y otros por vanguardia, le privaron de algunas acémilas con asaltos bien calculados. En todas estas acciones, a Aníbal le fueron de gran utilidad los elefantes: el enemigo no osaba atacar por los lugares por los cuales éstos pasaban, ya que la extraña figura de estos animales les resultaba imponente.

Al cabo de nueve días llegó a la cumbre, donde acampó y aguardó dos, con la intención de hacer descansar a los que se habían salvado y recobrar a los rezagados. En esta ocasión, muchos de los caballos que habían perdido el tino y muchas de las bestias de carga que la habían arrojado de sí siguieron sorprendentemente el rastro, lo recorrieron y volvieron a establecer contacto con el campamento.

COMENTARIO

Aníbal continúa su viaje hacia su objetivo. Otras tribus del lugar se le acercaron ofreciéndole amistad y ayuda. Ante esto, Aníbal quedó muy dudoso de su sinceridad amistosa y decidió aceptar la oferta de los bárbaros; pero no se fiaba de ellos. «Timeo Danaos et dona ferentes» tal vez sería la frase más apropiada para entender los planes ofrecidos por los naturales. Desconfía absolutamente de ellos. Así que iba prevenido contra un probable intento de ataque de estos bienhechores ofrecidos por el azar. Y avanza, pero con los cinco sentidos en cada movimiento de estos enemigos disfrazados de bondad de bondadosos. El estratego sigue siéndolo muy discretamente pero los aborígenes vuelven a atacarlo en su marcha aprovechando la configuración del terreno.

Polibio, III, 56, 1-6. Aníbal, cuando hubo reunido toda su fuerza, emprendió el descenso, y al tercer día de su partida de los precipicios citados, llegó a la llanura. Había perdido muchos combatientes, unos a manos de los enemigos, o a causa de los ríos, durante la marcha, y muchos hombres en los barrancos y lugares difíciles de los Alpes, y no sólo hombres, sino aún acémilas y caballos en cantidad superior. Al final, toda la marcha desde Cartagena duró cinco meses, y el paso de los Alpes, quince días. Llegó, pues, audazmente a las llanuras del Po, al pueblo de los insubres. Había salvado parte de los soldados de África, doce mil de a pie y ocho mil iberos; la cifra de caballos de que disponía, en conjunto, no iba mucho más allá de los seis mil, como el mismo Aníbal señala en la estela que, en el cabo Lacinio, contiene un recuento de sus tropas.

Por aquel mismo tiempo, como dije más arriba, Escipión había confiado fuerzas a su hermano Gneo, con el encargo de que atendiera los asuntos de Iberia e hiciera enérgicamente la guerra a Asdrúbal. Él zarpó con unos pocos hombres hacia Pisa. Hizo la marcha a través de la Etruria, y tomó de los pretores el mando de los ejércitos que, a sus órdenes, hacían la guerra a los boyos. Acudió a las llenuras del Po y acampó allí, ansioso de trabar batalla.

Escipión y Aníbal se ven en Italia frente a frente.

Polibio, III, 60, 1-13. Ya hemos precisado el número de soldados con que Aníbal llegó a Italia. Tras su entrada, acampó en los mismas estribaciones de los Alpes y, de momento procuró que sus tropas se recuperaran. Todo su ejército estaba en una situación lamentable no sólo por las ascensos y descensos y por las penalidades de la travesía, la escasez de víveres y los nulos cuidados corporales lo habían deteriorado enormemente. Ante estas privaciones y lo continuo de las calamidades muchos se habían desmoralizado por completo. Las dificultades del terreno habían imposibilitado a los cartagineses transportar provisiones abundantes para tantas decenas de millares de hombre, e incluso se perdió la mayor parte de lo que acarreaban cuando perdieron las acémilas. Cuando cruzó el Ródano, Anibal tenía unos treinta y ocho mil hombres de infantería, y más de cho mil jinetes, pero en los pasos perdió casi la mitad de las fuerzas, como apunté más arriba. Los supervivientes tenían algo de salvajes en su aspecto y en su comportamiento, como consecuencia de la continuidad de las penalidades aludidas. Aníbal puso mucha atención en su cuidado y recuperó a sus hombres tanto en sus cuerpos como en sus espíritus. Hizo igualmente que se repusieran los caballos.

Tras esto, rehechas ya sus tropas, los turineses, que viven al pie de los Alpes, andaban peleando con los insubres, pero recelaban de los cartagineses; primero Aníbal les había ofrecido su amistad y alianza. Pero al serle rechazadas, acampó junto a la ciudad, que era muy fuerte, y en tres días la rindió por asedio. Mandó decapitar a sus oponentes, con lo cual infundió tal pavor a los bárbaros que habitaban en las cercanías que acudieron todos inmediatamente a ofrecerle su lealtad y sus personas. El resto de los galos que habitaban las llanuras se apresuró a asociarse a las empresas de los cartagineses, según el acuerdo anterior. Pero debido a que las legiones romanas habían rebasado a la mayor parte de los galos y los habían interceptado, permanecían inactivos; algunos incluso se vieron forzados a militar con los ejércitos romanos. Al ver esto Aníbal, decidió no perder tiempo, sino seguir adelante y hacer algo para infundir confianza a los que estaban dispuestos a participar en sus esperanzas.

Polibio, III, 61, 1-12. Tales eran sus propósitos. Sabía, además, que Escipión había cruzado el Po con sus tropas y que estaba cerca. Al principio no hacía caso a los mensajeros: no dejaba de pensar que días antes le habían dejado en los pasos del Ródano, y calculaba cuán larga y difícil sería la navegación desde Marsella a Etruria. Sabía, además, por sus informadores, cuán enorme y dura era para un ejército la marcha desde el mar Tirreno a través de Italia hasta los Alpes. Pero como las informaciones que llegaban eran cada vez más frecuentes y claras, se admiró y quedó sobrecogido ante los planes y la gesta del cónsul. Y Escipión experimentó algo semejante. Primero creyó que Aníbal ni tan siquiera iba a intentar el paso por los Alpes con un ejército tan heterogéneo. Si llegaba a atreverse, Escipión suponía que, evidentemente, la ruina de Aníbal iba a ser total. Calculando así, cuando se enteró de que Aníbal había salvado el obstáculo, y se encontraba ya en Italia, asediando algunas ciudades, quedó pasmado de la audacia del hombre y de su coraje. Lo mismo sintieron los habitantes de Roma ante lo que se les venía encima. Apenas si acababa de cesar el rumor de que los cartagineses había tomado Sagunto y, tras haber deliberado sobre ello, habían mandado uno de los cónsules al África a asediar la propia ciudad de Cartago, y al otro a Iberia, para que allí guerreara contra Aníbal, cuando les llega la noticia de que Aníbal está allí con su ejército y de que está ya asediando algunas ciudades en Italia. Lo ocurrido les pareció increíble, y perturbados mandaron inmediatamente mensajeros a Tiberio, que se encontraba en Lilibeo, a señalarle la presencia del enemigo; debía abandonar sus planes y correr a toda prisa en socorro de su país. Tiberio concentró inmediatamente a los hombres de su flota y los envió con la orden de que navegaran en dirección a la patria. A través de los tribunos tomó juramento a sus fuerzas de tierra, y les señaló el día en que debían presentarse en Rímini para pernoctar allí. Ésta es una ciudad junto al Mar Adriático, situada en el límite meridional de la llanura del Po. Había movimientos simultáneos en todas partes, lo que ocurría eran noticias inesperadas para todos, y ello producía en cada uno una inquietud acerca del futuro que no se podía tomar a la ligera.

COMENTARIO

Escipión y Aníbal se encontraron frente a frente. Y sin esperárselo, Escipión no podía entender cómo Aníbal había podido hacer pasar su enorme ejército a través de un territorio tan problemático como los Alpes. El hecho era que Aníbal se encontraba de pleno en Italia y estaba empezando a sitiar ciudades. Escipión empezó a mandar mensajes a los militares romanos que se encontraban lejos de Roma, como Sicilia. Ordenó que se movilizara todo en previsión de lo que se podía avecinar. Roma estaba consternada y se imaginaba lo peor, pero esto aún no se había producido: Anibal se encontraba como en casa: dispuesto a acabar con Roma.

Polibio, III,62, 1-11. En este momento, Aníbal y Escipión ya estaban uno cerca del otro, y se propusieron arengar a sus propias fuerzas, exponiendo cada uno lo adecuado a las circunstancias presentes.

Polibio, III, 64, 1-11. Escpión había cruzado en aquellos mismos días el río Po, y pensaba pasar también el río Tesino. Ordenó a los pontoneros que tendieran puentes, y concentrando al resto de las fuerzas, las arengó. La mayoría de las cosas que se dijo se referían al honor de la patria y de las gestas de los antepasados; en cuanto a la situación presente, les habló de esta manera: afirmó que, aunque de momento ellos no tenían ninguna experiencia del enemigo, el mero hecho de saber que iban a luchar contra cartagineses les debía hacer tener una esperanza indiscutible de victoria. Debían pensar, sin la menor duda. que era cosa absurda e indigna que los cartagineses se opusieran a los romanos, cuando habían sido derrotados por ellos tantas veces y les habían pagado muchos tributos, y casi habían sido sus esclavos durante tanto tiempo ya. Y cuando, además de lo dicho, hemos aprendido a conocer a estos hombres hasta el punto de que no se atreven a mirarnos cara a cara, ¿qué debemos pensar acerca del futuro si hacemos una previsión correcta? «Ni aún su propia caballería que trabó combate con la nuestra junto al Ródano, se salió con honor, antes bien, tras sufrir grandes pérdidas, huyó vergonzosamente hasta alcanzar su propio campamento; su general, con todo su ejército, cuando supo la presencia de nuestros soldados, se retiró de una manera muy parecida a una desbandada, y fue por su propia decisión, por miedo, por lo que utilizó la ruta de los Alpes». (?) Y añadió que ahora Aníbal estaba allí, tras haber perdido la mayor parte de su ejército, y lo que le quedaba era impotente e inútil por las malas condiciones en que estaba. Había perdido también la mayor parte de sus caballos y el resto no servía para nada debido a la duración de la marcha y a sus dificultades. Con todo esto Escipión intentaba demostrarles que les bastaría con mostrarse al enemigo. Lo que más les pedía era que cobraran ánimo al ver que él estaba allí; puesto que jamás habría abandonado la flota y las acciones en Iberia, a las que había sido enviado, y no habría acudido tan aprisa si no se hubiera convencido, de manera absolutamente lógica, de que esta acción era necesaria para la patria, y de que era cosa clara en ella la victoria.

La autoridad del orador y la verdad de lo que les decía hizo que todos cobraran ánimo para la lucha. Escipión les felicitó por su empuje y les despidió con la recomendación de que estuvieran prestos a las órdenes.

Primer enfrentamiento entre romanos y cartagineses en el río Tesino (año -218)

Polibio, III, 65, 1-11. Al día siguiente ambos jefes avanzaron por la orilla del río (Tesino) que da a los alpes; los romanos tenían la corriente a la izquierda y los cartagineses a la derecha. Al cabo de dos jornadas supieron por los forrajeadores que los dos ejércitos estaban cerca el uno del otro; se quedaron en el lugar en que estaban y acamparon. Al amanecer, tomando ambos generales toda su caballería, y Escipión también a sus infantes armados de jabalina, se adelantaron por la llanura, con el deseo de inspeccionarse mutuamente las fuerzas. Así que se aproximaron y vieron la polvareda levantada, al instante se alinearon para la batalla. Escipión situó delante a los infantes armados de jabalinas, y con ellos a los jinetes galos; dispuso el resto de frente y avanzaba lentamente. Anibal colocó al frente su caballería bridada, y el resto de ella sin freno, y así se enfrentó al enemigo. Había dispuesto a ambas alas la caballería númida, en vista a una operación envolvente. Los dos jefes y los jinetes de los dos bandos estaban con gran moral para la pelea, y el primer choque fue tal que la infantería ligera romana no consiguió disparar con antelación sus jabalinas, y se replegaron rápidamente a través de los huecos que entre sí dejaban los escuadrones, pasmados ante la arremetida enemiga y temiendo acabar pateados por los jinetes que se echaban encima. Entonces, pues, las caballerías chocaron frontalmente, y su encuentro fue indeciso durante muco tiempo. Lo que había a la vez era un combate de de caballería y de infantería, porque durante la misma lucha descabalgó una gran cantidad de combatientes. Pero, tras la operación envolvente de los númidas, que atacaban por la espalda, los infantes romanos armados de jabalina que antes habían rehuido el choque contra la caballería cartaginesa se vieron aplastados por el número y violencia de los númidas. Y la caballería que primero luchaba de frente contra los cartagineses, perdió muchos hombres, pero infligió pérdidas aún mayores al enemigo. Mas cuando los númidas cargaron por la espalda se dio a la fuga; unos se dispersaron y otros se agruparon en torno a su comandante.

Polibio, III, 66, 1-11. Escipión, pues, levantó el campo y avanzó, a través de la llanura, hacia el puente tendido sobre el río Po; quería que sus fuerzas se anticiparan a cruzarlo primero; veía que los terrenos eran llanos y que el enemigo era superior en caballería. Además, él mismo estaba gravemente herido; por esto decidió apostar sus fuerzas en un lugar seguro. Durante algún tiempo Aníbal supuso que los romanos le presentarían batalla con sus fuerzas de infantería, pero al ver que habían levantado el campamento, los persiguió hasta la primera orilla y hasta el puente tendido encima, encontró que la mayoría de las tablas habían sido arrancadas, pero hizo prisioneros a los custodios del puente que estaban todavía allí. Sin embargo, cuando se enteró que el resto de los romanos estaba ya muy lejos, dio la vuelta e hizo marcha por las márgenes del río, deseoso de encontrar un lugar donde se pudiera tender fácilmente un puente sobre el Po. Al cabo de dos días se detuvo, y sirviéndose, a modo de puente, de embarcaciones fluviales para el paso, encargó a Asdrúbal el traslado de las tropas; él mismo, después de cruzar, inmediatamente entabló negociaciones con unos embajadores de lugares próximos que se habían presentado. Pues así que se produjo su victoria, todos los galos limítrofes se presentaron, según el propósito inicial, a hacerse amigos de los cartagineses, a ayudarles a salir a campaña con ellos. Aníbal, pues, recibió amablemente a los presentes, y cuando se le hubieron juntado las tropas de la otra orilla, avanzó paralelamente al río, en una marcha opuesta a la anterior, pues ahora la hacia río abajo, ansioso de establecer contacto con el enemigo. Escipión, que había cruzado el río Po y había acampado junto a la ciudad de Placencia, colonia romana, se curaba a sí mismo y a los demás heridos y, creyendo haber apostado a su ejército en un lugar seguro, permanecía inactivo. Pero Aníbal, que al cabo de dos días de haber cruzado el río, llegó cerca del enemigo, al tercer día, situó sus tropas a la vista de los romanos. Mas nadie salía al encuentro, y acampó, dejando unos cincuenta estadios de intervalo entre ambos campamentos.

COMENTARIO

La batalla de Tesino fue muy favorable a Aníbal. Éste supo jugar muy bien el papel de los númidas, y acabó el enfrentamiento con una huida por parte de los romanos que quedaron maheridos y temerosos de un nuevo enfrentamiento entre los dós ejércitos. Pero se van a enfrentar de nuevo. La estrategia de Aníbal fue muy positiva para sus objetivos. Ello le valió que los galos se pasaran al bando de los cartagineses.

Segundo enfrentamiento entre cartagineses y romanos: Trebia.

Polibio. III.67, 1-9. Los galos que combatían entre los romanos, al ver que las esperanzas de los cartagineses eran más brillantes, tramaron un complot, y aguardaban una ocasión para atacar a los romanos; entre tanto permanecían en sus tiendas. Cuando los soldados que estaban junto a la misma empalizada cenaron y se retiraron a descansar, los galos dejaron pasar la mayor parte de la noche hasta la tercera guardia; entonces atacaron a los romanos acampados junto a ellos. Mataron a muchos e hirieron a no pocos; al final decapitaron a los muertos y se pasaron a los cartagineses; eran dos mil, y poco menos de doscientos jinetes. Aníbal los acogió benévolamente a su presencia, los estimuló y prometió a todos recompensas adecuadas: luego los remitió a sus ciudades de origen, para que explicaran a sus conciudadanos cómo los había tratado y los animaran a aliarse a él. Sabía que todos, cuando se hubieran enterado de la traición que sus propios conciudadanos habían cometido contra los romanos, se aliarían, sin duda, alguna, a sus empresas. Al tiempo que éstos, se presentaron también los boyos y entregaron a Aníbal aquellos tres hombres enviados por los romanos para proceder a la distribución de tierras, de los que se habían apoderado por traición al principio de la guerra, como más arriba dije. Aníbal acogió su lealtad y estableció también con ellos amistad y alianza, pero les devolvió a los hombres con el encargo de que los custodiaran para poder recibir a cambio de ellos a sus propios rehenes, según sus planes iniciales. Escipión, indignado por la traición sufrida, calculó que si ya antes los galos les habían sido hostiles, ahora ocurriría que todos los de alrededor se inclinarían por los cartagineses. Creyó, pues, indispensable precaverse ante el futuro; llegó la noche, y al amanecer, levantó el campo y marchó en dirección al río Trebia y a las colinas que se levantan junto a él, confiando tanto en la aspereza de aquella región como en los aliados que habitaban en sus inmediaciones.

Polibio, III, 68, 1-15. Aníbal, tras conocer su marcha, envió sin dilaciones a los jinetes númidas, y no mucho después a los restantes. El ejército mandado por él mismo, seguía inmediatamente detrás. Los númidas cayeron sobre el campamento abandonado y lo incendiaron. Ello favoreció enormemente a los romanos, ya que si la caballería cartaginesa, que los perseguía muy de cerca, los hubiera atrapado con los bagajes en el terreno llano, muchos habrían muerto a manos de los jinetes. Pero entonces la mayoría consiguió cruzar el río Trebia; de los que quedaron atrás en la retaguardia, unos murieron y otros cayeron vivos en manos de los cartagineses.

Escipión cruzo el río y acampó junto a las primeras colinas, y tras rodear el campamento de un foso y de una empalizada, recibió a Tiberio Sempronio con las fuerzas que traía; cuidaba su propia herida con gran interés, pues deseaba estar en condiciones de participar en el próximo combate. Aníbal estableció su campamento a unos cuarenta estadios de distancia del enemigo. La gran masa de galos que habitaba aquellas llanuras se había sumado a las esperanzas de los cartagineses; aprovisionaba en abundancia y estaba dispuesto a colabor con los hombres de Aníbal en cualquier trabajo y empresa.

En Roma, cuando se supo lo ocurrido en el combate de caballería, hubo sorpresa, porque el hecho era algo imprevisto, pero no faltaron pretextos para creer que lo sucedido no era una derrota: unos culpaban la precipitación del general, otros, la perversa voluntad de los galos, a juzgar por la deserción reciente. en suma, puesto que sus tropas de a pie estaban intactas, se suponía que, en conjunto, también las esperanzas continuaban íntegras. Así, cuando Tiberio Sempronio llegó y cruzó Roma con sus tropas, creyeron que con su sola presencia decidirían la contienda. A los soldados concentrados en Rímini, según su juramento, su general los recogió y avanzó, deseoso de juntarse con las fuerzas de Escipión. Unidos ya ambos ejércitos, hizo acampar a los suyos junto a sus compatriotas, quería que sus hombres se recuperaran, pues durante cuarenta días habían marchado ininterrumpidamente desde Lilibeo hasta Rímini. Al propio tiempo iba haciendo los preparativos para la batalla. Deliberaba con gran interés con Escipión, preguntándole acerca de lo ya sucedido, y discutía con él la situación presente.

Polibio, III, 69, 1-14. En aquellos mismos días Aníbal había tomado por traición la ciudad de Clastidio: se la entregó un hombre de Bríndisi a quien la habían confiado los romanos. Dueño de la fortaleza y de su depósito de trigo, lo utilizó para aquella oportunidad, y se llevó consigo a los hombre hechos prisioneros sin inferirle ningún daño: quería proporcionar una prueba en sus disposiciones para que los que se vieran atrapados por las circunstancias no desesperaran, temerosos de su salvación junto a él. Al traidor lo honró de manera magnificente, confiando en que la esperanza depositada en los cartagineses atrajera a los que ejercían algún gobierno. Pero después observó que algunos galos que habitaban entre el río Po y el Trabia y que habían pactado amistad con él, enviaban mensajeros también a los romanos; creían que de esta manera estarían seguros igualmente junto a los dos contrincantes. Aníbal, pues, envió dos mil soldados de infantería y unos mil de caballería, ente galos y númidas, con la orden de hacer un pillaje en las tierras de aquellos. Estas tropas enviadas cumplieron su misión y recogieron botín en abundancia; rápidamente los galos se presentaron ante la empalizada romana en demanda de ayuda. Tiberio Sempronio buscaba desfe hacía tiempo una ocasión para intervenir; tomó esto como pretexto y envió la mayor parte de su caballería, y con ella un millar de soldados de a pie, armados de jabalinas. Éstos combatieron con gran ardor al otro lado del Trebia y disputaron el botín a los enemigos; lograron que los galos y los númidas se retiraran a su propio vallado. Los jefes de campamento cartaginés comprendieron al instante lo que ocurría, ayudaban con sus reservas desde sus posiciones a los que estaban en situación difícil; al ocurrir esto, fueron los romanos los que volvieron la espalda y se retiraron, a su vez, a su propia empalizada. Tiberio Sempronio, al verlo, envió a todos sus jinetes y a los lanceros. Ante su ataque, los galos cedieron de nuevo y se fueron retirando en vista a su propia seguridad. El general cartaginés no estaba preparado para jugárselo todo en una batalla. Juzgaba que una batalla decisiva no debe librarse sin un plan preconcebido ni por cualquier oportunidad, lo que hay que reconocer que es propio de un buen general. De momento retuvo a los que estaban junto a él en la empalizada, y los obligó a revolverse y a afrontar al enemigo, pero les impidió que salieran en su persecución y lo afrontaran; les reclamaba por medio de sus oficiales y de trompeteros. Los romanos aguardaron un breve tiempo y se retiraron: habían perdido algunos de los suyos, pero habían causado mucho más bajas a los cartagineses

Polibio, III, 70, 1-12. Tiberio, exaltado y alborozado por aquel triunfo, ansiaba entablar lo antes posible una acción decisiva. Debido a la enfermedad de Escipión, tenia la ocasión de tratar aquella situación según sus criterios personales. Pero, con todo, quería saber también la opinión de su colega en el mando y dialogaba con él acerca de estos temas. En cuanto a la situación de entonces, Escipión creía lo contrario; suponía que las legiones, si durante el invierno se ejercitaban, mejorarían su preparación. Creía, además, que la versatilidad de los galos no le mantendrían leales a los cartagineses cuando éstos estuvieran inactivos y se vieran obligados a permanecer ociosos, sino que harían alguna cosas nueva contra ellos. Y por encima de todo esperaba que él, personalmente, curado ya de la herida sería de una utilidad positiva para los intereses comunes. Por todas estas previsiones, pedía a Sempronio que se atuviera a los planeado. Éste sabía que todo aquello había sido dicho de modo acertado y oportuno, pero, empujado por su amor a la gloria y confiando en la situación, se apresuró, de un modo irracional, a jugarse él mismo el todo por el todo, sin que Escipión pudiera participar en la batalla, ni los cónsules nombrado pudieran tomar el mando, aunque era ya el tiempo de hacerlo. Evidentemente, Tiberio Sempronio no cumplía con su deber, ya que escogía no lo oportuno en aquella situación, sino su propia oportunidad.

Aníbal tenía una idea muy semejante a la de Escipión en cuento a la situación de entonces y deseaba todo lo contrario, entablar batalla con el enemigo. Pretendía, antes que nada, aprovechar el ardor de los galos cuando todavía estaba intacto. Además, iba a pelear contra unas tropas romanas bisoñas, todavía no experimentadas. En tercer lugar, quería combatir mientras duraba todavía la invalidez de Escipión. Y lo que pretendía, por encima de todo, era hacer algo y no perder el tiempo inútilmente: quien ha situado sus ejércitos en un país extranjero, y se expone a empresas increíbles , sólo tiene una manera de salir adelante: renovar constantemente las esperanzas de los aliados. Aníbal, pues, sabedor del ataque inmediato de Tiberio Sempronio, estaba en estas condiciones.

COMENTARIO

Podemos decir que la situación, antes del trance final de los encuentros esporádicos entre Escipión y sus aliados, amo la de Aníbal y los suyos, se encontraba un un interim. Aníbal conocía muy bien sus posibilidades. Conocía la estrategia planeada por Escipión. Tanto uno como otros se temían, pero el romano se encontraba en una situación delicada por sus estado de salud, lo que jugaba en favor de Aníbal. La situación el estado físico de los ejércitos era similar. Los romanos planificaron su proyecto de combate siguiendo la estrategia de Escipión. Tiberio Sempronio daba la razón al plan de Escipión, pero en su mente tenía una idea diferente de llevar a cabo el encuentro contra los cartagineses. Y esto provocará el descalabro de las tropas romanas cuando lleguen a enfrentarse.

Polibio, III, 71, 1-11. Desde hacía tiempo se había fijado en que entre los campamentos había un lugar llano y pelado, que era muy propio para una emboscada: corría por él un riachuelo en cuyas orillas había zarzas y espinos que las recubrían totalmente; Aníbal se propuso tender allí una trampa al enemigo y aplastarle. En efecto: iba a pasar fácilmente desapercibido, ya que los romanos desconfiaban de los lugares boscosos, puesto que los galos preparaban sus celadas en ellos; en cambio, no sospechaban de lugares llanos y sin vegetación: no se daban cuenta de que para ocultarse sin sufrir daños los emboscados, son más adecuados estos lugares que los boscosos: en ellos se puede divisar desde muy lejos; en la mayoría de estos parajes hay escondrijos suficientes. Un riachuelo cualquiera con una ligera escarpadura, a veces unas cañas, unos helechos o cualquier planta espinosa es suficiente para ocultar no sólo la infantería sino con frecuencia incluso la caballería, con tal de que se tenga la mínima precaución de colocar las armas debajo, pegadas al suelo, y de esconder los cascos debajo de los escudos. Entonces el general cartaginés deliberó con su hermano Magón y los demás consejeros acerca de la batalla inminente, y todos aprobaron sus planes. Durante la cena del ejército, Aníbal llamó a Magón, su hermano, joven lleno de ardor e instruido desde su infancia en el arte de la guerra, y reunió asimismo a cien hombre de caballería e igual número de infantería. Todavía no había caído la noche cuando eligió a los hombres más vigorosos de todo el campamento y les dijo que en concluyendo la cena se presentaran en su tienda. Los incitó y les infundió el coraje que la ocasión requería, tras lo cual hizo que ellos mismos seleccionaran de sus propias formaciones a los diez soldados más valientes, y que se dirigieran con ellos a un lugar de la acampada. Ellos cumplieron la orden, y a éstos, que eran mil soldados de caballería y otros tantos de infantería, Aníbal, los mandó de noche a la emboscada; a su cabeza puso unos guías, y dio instrucciones a su hermano en cuanto al momento del ataque. Él mismo, al rayar el día, concentró a la caballería númida, hombres excepcionalmente sufridos, los exhortó, prometió recompensas a los más valientes, y les mandó que se aproximaran al atrincheramiento enemigo, que cruzaran rápidamente el río y que, provocando escaramuzas, hicieran mover a los romanos; intentaba coger al adversario en ayunas y no preparado para lo que se le echaba encima. Juntó también a los demás comandantes, los arengó también de modo semejante para la refriega, dispuso que todos tomaran alimento y que se pusieran muy a punto armas y caballos.

Polibio, III, 72, 1-13. Cuando vio que la caballería númida se aproximaba, Tiberio envió al punto a la suya propia, con la oren de establecer contacto con el enemigo y atacarlo. A continuación hizo salir a sus lanceros de a pie, unos seis mil, e iba moviendo también desde el vallado al resto de sus tropas, como si su aparición fuera a decidir todo; pues estaba excitado por el número de sus hombres y por lo sucedido la víspera con sus jinetes. La estación era ya el solsticio de invierno y el día era muy nevoso y extremadamente frío. Los hombres y caballos romanos había salido prácticamente todos en ayunas, por así decirlo. Inicialmente el ardor y el afán sostuvieron a las tropas romanas. Pero, al atravesar el río Trebia, cuyo caudal había crecido debido a las lluvias caídas por la noche en los lugares situados encima de los campamentos, la infantería realizó la travesía a duras penas, porque el agua les llegaba al pecho. Esto, y el hambre y el frío, produjo grandes penalidades al ejército romano, pues el día había avanzado mucho. Los cartagineses había comido y bebido dentro de sus tiendas, tenían bien dispuestos a sus caballos, se untaban con grasa y se armaban alrededor de los fogatas.

Aníbal acechaba la ocasión, y así que vio que los romanos se habían puesto a cruzar el río, mandó por delante, como cobertura, a sus lanceros de a pie y los baleares, en conjunto unos ocho mil hombres, y luego hizo salir al grueso de su ejército. Avanzó ocho estadios frente a sus propio campamento, y formó una sola línea con su infantería, veinte mil hombres en número, iberos, galos y africanos. Distribuyó su caballería por las alas, en número de más de diez mil, contando la de los aliados galos; dividió a sus elefantes y los situó delante de las dos alas.

En aquel momento Tiberio llamaba hacia a sí a su propia caballería, al ver que no tenían nada que hacer contra aquel enemigo, ya que los númidas se retiraban con facilidad, dispersándose, pero se revolvían y atacaban de nuevo con audacia y temeridad; los númidas acostumbraban a pelear de este modo. Sempronio alineó su infantería según la táctica habitual romana. Los romanos propiamente dichos eran dieciséis mil, y sus aliados unos veinte mil. entre los romanos un ejército completo para las operaciones de envergadura cuenta con este número de hombres, esto cuando las circunstancias llevan a pelear conjuntamente a los dos cónsules. A continuación distribuyó su caballería por las alas, unos cuatro mil hombres, y avanzó contra el enemigo altaneramente, en orden y haciendo la progresión paso a paso.

Polibio, III, 73, 1-8. Cuando los dos bandos estaban ya cerca uno de otro, la infantería ligera que precedía ambas formaciones trabó combate. Los romanos se vieron en inferioridad en muchos lugares; a los cartagineses, por el contrario, la acción les era ventajosa, porque los lanceros romanos sufrían penalidades ya desde la aurora. Y había disparado la mayoría de sus dardos en la refriega contra los númidas; las jabalinas que les restaban habían quedado inutilizadas por la persistencia de la humedad. Y lo mismo ocurría a la caballería y a todo el ejército. Los cartagineses totalmente al revés: formados, y con un vigor intacto, sin experimentar fatiga, eran siempre efectivos y se afanaban siempre allí donde fuera necesario. Por eso, cuando en los espacios vacíos recogieron a los que habían iniciado el combate y se enzarzaron las tropas de la infantería pesada, la caballería de los cartagineses presionó en el acto desde ambas alas al enemigo; era muy superior en número de caballos y la fatiga no había hecho mella en ella, pues acababa de entrar en acción. La caballería romana retrocedió, y al quedar desguarnecidas las alas de su formación, los lanceros cartagineses y la masa de los númidas rebasaron las avanzadillas propias, cayeron sobre los flancos romanos, en los que causaron grandes estragos, y no les permitieron combatir a los que les atacaban de frente. Las infanterías pesadas, que en ambos bandos ocupaban el frente y el centro de las formaciones respectivas, sostuvieron durante largo tempo un cuerpo a cuerpo, con lo cual la pugna no se decidía.

Polibio, III, 74, 1-11. En aquel momento se levantaron los númidas que estaban en la emboscada y atacaron súbitamente por la espalda a los romanos que luchaban en el centro; en las tropas romanas se produjo una gran confusión y dificultad. Al final, las dos alas de las fuerzas de Tiberio, presionadas fuertemente por los elefantes y en los flancos por la infantería ligera, volvieron la espalda, y en su huida se vieron empujados hasta el río que tenían a retaguardia. Al ocurrir esto, de los romanos colocados en el entro del combate, los que formaban detrás morían por el ataque de los emboscados y lo pasaron mal; los que estaban en primera línea, forzados, derrotaron a los galos y a una parte de los africanos: mataron a muchos de ellos y rompieron las líneas cartaginesas. Pero al ver que sus camaradas de las alas habían sido derrotados, renunciaron tanto a prestarles ayuda, como a regresar a su campamento: pensaron que la caballería cartaginesa era demasiado numerosa. Además, el río era un obstáculo, y la lluvia caía continua y pesadamente sobre sus cabezas. Se mantuvieron, pues, en formación, y se retiraron agrupados en seguridad hacia Placencia, en número no inferior a diez mil. La mayoría de los restantes murió junto al río por la acción de los elefantes y de la caballería cartaginesa. Los soldados de infantería que lograron escapar y la mayoría de la caballería se retiraron también, como se dijo antes, y llegaron con los demás a Placencia.

El ejército de los cartagineses, que había acosado hasta el río al enemigo, ya no pudo progresar más debido a la lluvia, y se retiró a su campamento. Todos estaban contentos sobremanera, porque las cosas les habían salido a derechas.. en total habían muerto unos pocos iberos y africanos: la mayoría de bajas eran de galos. Pero la lluvia y una nevada que cayó posteriormente los puso también en tan mala situación que se les murieron todos los elefantes menos uno, y también perecieron de frío muchos hombres y caballos.

COMENTARIO

Por último tiene lugar el encuentro de cartagineses y romanos. El enfrentamiento fue de desastre para los romanos. La estrategia de Aníbal dio buenos resultados. la batalla se desarrolló en media de un mal tiempo de lluvia y nieve. Los romanos no contaban con la agilidad de los númidas ni con la emboscada que les tendió Aníbal antes del combate. Las mermas romanas fueron muy numerosas. Los cartagineses estaban eufóricos ante los resultados conseguidos. Evidentemente las bajas romanas fueron muy numerosas. Las cartaginesas no muy cuantiosas. Quienes más sufrieron fueron los elefantes de los que tan sólo quedó vivo uno. No era el proyecto que tenía Escipión y que ambos acordaron llevar a cabo. Sempronio sufrió una humillación vergonzosa. No cumplió lo acordado con los planes de Escipión. El segundo desastre romano tiene lugar también junto a un río. Pero fue la astucia de Aníbal lo que llevó a los cartagineses al triunfo: una emboscada donde nadie se lo esperaba acabó con las esperanzas de triunfo de los romanos.

Polibio, III, 75, 1-8. Tiberio Sempronio, aunque sabía lo ocurrido, quería ocultarlo lo más posible a los de Roma, y envió unos mensajeros que explicaran que se había librado una batalla, pero que el tiempo invernal les había frustrado la victoria. Los romanos, primero, dieron fe a tales anuncios, pero poco después se enteraron de que los cartagineses les habían llegado a acechar el campamento, de que todos los galos se habían decidido por su amistad, de que los suyos habían abandonado el campamento, que después de la batalla se habían retirado y se habían concentrado todos en las ciudades y de que eran aprovisionados desde el mar remontando el curso del Po; supieron en suma, con demasiada claridad lo ocurrido en la batalla. A pesar de que les parecía un hecho paradójico, se dedicaron con gran intensidad a custodiar los puntos peligrosos y a efectuar otros preparativos. Enviaron legiones a Cerdeña y a Sicilia y, además, guarniciones a Tarento y a otros lugares estratégicos; equiparon también sesenta naves quinquerremes. Gneo Emilio y Gayo Flaminio que acababan de ser nombrados cónsules, concentraron a los aliados y reclutaron legiones nuevas para ellos. Establecieron, además, depósitos de víveres, unos en Rímini y otros en Etruria, porque pensaban hacer la marcha por estos lugares. Enviaron legados a Hierón en demanda de ayuda, y éste les mandó quinientos cretenses y mil peltastas; los romanos lo iban disponiendo activamente todo, porque siempre que los rodea un peligro real son muy temibles, tanto particular como colectivamente.

Polibio, III, 76, 1-13. En la misma época Gneo Cornelio, nombrado por su hermano Publio comandante de las fuerzas navales, según dije más arriba, zarpó con toda la flota desde las bocas del Ródano y alcanzó Iberia por los parajes cercano a la ciudad llamada Ampurias. Empezando desde allí, hacía desembarcos e iba asediando a los habitantes de la costa hasta el río Ebro que lo rechazaban; en cambio, trató benignamente a los que lo acogieron, y los protegió de la mejor manera posible. Aseguró, pues, las poblaciones costeras que se le había pasado, y avanzó con todo su ejército hacia los territorios del interior. Había reunido ya un gran número de aliados de entre los españoles. A medida que avanzaba, se atraía a unas ciudades y sometía a otras. Los cartagineses dejados en estos parajes al mando de Hannón, acamparon frente a los romanos cerca de una ciudad llamada Cissa. Gneo Cornelio formó a sus tropas y libró un combate del cual salió victorioso, con lo que se adueñó de muchas riquezas, ya que las tropas cartagineses que habían marchado a Italia habían confiado sus bagajes a los cartagineses de aquí. Gneo Cornelio convirtió en amigos y aliados a todos los naturales del país que habitaban al norte del Ebro; cogió vivo al general de los cartagineses Hannón y al caudillo ibero Indíbil; éste detentada el mando de aquellos lugares de tierra adentro, y había sido siempre muy amigo de los cartagineses. Enterado muy pronto de los sucedido, Asdrúbal cruzó el río Ebro y acudió a prestar ayuda. Se enteró de que las tripulaciones de la flota romana, dejadas, allí, al saber los triunfos de sus ejércitos de tierra, se habían dispersado de manera confiada y negligente; encontró, pues, unos ocho mil hombres de infantería de su propio ejército y mil jinetes, sorprendió diseminados por el país a los romanos de las naves, mató a muchos de ellos y obligó a los demás a huir hacia sus propias embarcaciones. Asdrúbal, entonces, se retiró, cruzó de nuevo el río Ebro y se preocupó de la guarnición y defensa de los parajes situados detrás del río. Pasó el invierno en Cartagena; Gneo alcanzó de nuevo a su flota, castigó según la usanza romana a los culpables de lo sucedido, concentró en un solo punto a sus fuerzas terrestres y navales y estableció su campamento de invierno en Tarragona. En previsión del futuro repartió el botín en partes iguales entre sus soldados, lo cual les infundió gran ardor para el futuro y simpatía para él.

COMENTARIO

Los comentarios de Sempronio en Roma sobre lo sucedido, pronto quedaron desmentidos sobre la realidad de lo ocurrido en el río Trebia. En Roma se supo la verdad y se planificó una estrategia rápida. Cambiamos de escenario en el que Polibio cuenta los episodios de los romanos en Hispania, como hizo antes ya T. Livio, pero con detalles particulares y algunos puntos de vista diferentes como se verá. Las falsas noticias sobre el resultado de la batalla de Trebia cundió también entre los marinos de la flota romana, llegando a creerse los resultados, cosas que les dejó como seguros de su éxito y empezaron a divagar a campo abierto. Los cartagineses, al darse cuenta de ello, arremetiron contra ellos y los cogieron tan desprevenidos que tuvieron que o enfrentarse a ellos, o huir hacia las naves para escapar del desastre.

Polibio, III, 77, 1-7. Tal era la situación en Iberia. Llegada la primavera (año -217), Gayo Flaminio recogió sus fuerzas, avanzó a través de Etruria y acampó junto a la ciudad de los arretinos. Gayo Servilio, a su vez, se dirigió a Rímini, para vigilar por aquí la invasión de los enemigos. Aníbal, que pasaba el invierno en territorio galo, retenía en custodia a los romanos que habían cogido prisioneros en la batalla, y les suministraba los víveres justos para sobrevivir; a los aliados de los romanos, en cambio, ya de buenas a primeras, los trató con humanidad; después los reunió y les dijo en todo exhortatorio, que no se había presentado a pelear contra ellos, sino a su favor, y contra los romanos, por lo cual era indispensable, afirmó, que si estaban en su sano juicio, se hicieran amigos de él, ya que se encontraba allí, ante todo, para lograr la libertad de los italianos, y al propio tiempo para salvar las ciudades y al país que cada uno de ellos había perdido a manos de los romanos. Tras estas afirmaciones los remitió a todos a sus países sin exigir rescate, con la intención, a la vez, de atraerse de este modo a los que habitaban Italia, y de que éstos se enajenaran de su simpatía hacia los romanos; pretendía, además, excitar a los que pensaban que la dominación romana había causado algún daño a sus ciudades o a sus puertos.

COMENTRARIO

Aníbal no daba «puntada sin hilo», como se suele decir. Ganó el combate y apresó a los vencidos que pudo, entre ellos había nativos y romanos. A los nativos trató de ganárselos con un buen trato, como realmente hizo; los atrajo a su favor por todos los medios; le interesaba ganarse la simpatía de los italianos que no estaban de acuerdo con Roma. A los prisioneros romanos los trató con lo indispensable para sobrevivir. Y de esta forma no dar la sensación de que apareciera como realmente era: un hombre cruel. Era una forma indirecta de atraerse la simpatía de los nativos en general: no dar la sensación de lo que realmente era: cruel con los vencidos, y más si éstos eran romanos. Esto formaba parte de la estrategia general en territorio romano.

Polibio, III, 78, 1-8. Además, durante el período invernal, usó de esta estratagema. ciertamente fenicia. Temía la inconstancia de los galos, e incluso algún atentado contra su persona, porque sus relaciones con ellos eran muy recientes, de modo que se preparó una pelucas, adaptadas a las diversas edades de la vida y a sus distintos aspectos, y las utilizó cambiándolas constantemente; también se mudaba los vestidos, adecuándolos a aquellos. Todo esto lo hizo difícil de reconocer no sólo a los que lo habían visto alguna vez de pasada, sino incluso a los que lo trataban habitualmente. Veía también que los galos estaban molestos porque la guerra se desarrollaba en su propio territorio, y que estaban impacientes y deseosos de llevarla a tierras enemigas, aparentemente por su odio a los romanos, pero en realidad más por el provecho a obtener. Aníbal, pues, tomó la decisión de levantar el campo lo más pronto posible y satisfacer los deseos de sus tropas. Por eso, al tiempo de cambiar la estación, se informó por los que parecían que conocían mejor el país y supo que las rutas que llevaban a tierra enemiga eran largas y familiares al adversario; en cambio, había un camino que, a través de las marismas, conducía a la Etruria. La marcha iba a ser penosa, pero breve, y, además, inesperada para Flaminio y los suyos. Como por natural estas empresas le eran habituales, Aníbal determinó avanzar por esta ruta. Por el campamento corrió el rumor de que el general los iba a conducir por terrenos pantanosos, y todo el mundo mostró sus reservas ante tal itinerario, porque se imaginaban las ciénagas y los atolladeros de aquellos parajes.

Polibio, III, 79, 1-12. Cuando se hubo asegurado cuidadosamente de que los lugares de la ruta eran cenagosos, pero firmes, Aníbal levantó el campo. Situó en vanguardia a los africanos y a los iberos, y, además, al contingente más útil de todo su ejército. Y entre éstos colocó el bagaje para que, de momento, disfrutaran de provisiones; para el futuro ya no le importaba en absoluto el aprovisionamiento; pensaba que, al llegar al territorio enemigo, si era vencido, ya no precisaría nada indispensable, y si triunfaba en una batalla campal, no carecería de provisiones. Detrás de los hombres citados colocó a los galos y, cerrando la formación, a la caballería. Puso a su hermano Magón como jefe de la retaguardia, más que nada porque los galos eran blandos y aborrecían las penalidades; si, al sufrirlas, intentaban retroceder, Magón podría impedírselo con la caballería, que se les echaría encima. Los iberos y los africanos hicieron la marcha por las marismas aún no removidas, y la concluyeron con penalidades soportables, puestos que todos eran gente sufrida y habituada a tales dificultades, pero los galos avanzaban difícilmente, ya que el fondo de las marismas había sido revuelto y hollado. No soportaron aquella dificultad penosa y difícilmente, como hombres que no estaban acostumbrados a aquellas molestias. No lograron retroceder por los jinetes que tenían detrás. Todos lo pasaron muy mal, principalmente porque no podían dormir, ya que marcharon continuamente durante cuatro días y tres noches a través del agua; los que lo sufrieron más, y perecieron en número mayor que los restantes, fueron precisamente los galos. La mayoría de las acémilas cayo en los lodazales y murió; su caída, con todo, prestaba una utilidad a los hombres, porque , si se sentaban encima de ellas y de los bagajes, lograban emerger del agua y descansar un breve sueño durante la noche. No pocos caballos perdieron las pezuñas debido a la marcha continua encima del lodo. Y el mismo Aníbal se salvó con dificultad a lomos del único elefante superviviente, pasando muchas penalidades. Sufría, además, dolores terribles por una fuerte inflamación ocular que padecía y que acabó privándole de la visión en un ojo, ya que en aquella situación no se podía detener ni cuidar.

COMENTARIO

Los textos de Polibio son los que con más detalle nos narran los momentos más difíciles de Aníbal en Italia. Su propuesta y ejecución de atravesar las zonas pantanosas desde el territorio de los galos hasta la Etruria, tuvo un alto coste: perdieron hombres, acémilas, provisiones… El propio Aníbal lo pagó bien caro: una infección ocular lo dejó tuerto a causa de las insalubridad de los pantanos y charcas. Y como se dijo en otra ocasión, cada día se vestía de un modo diferente por la desconfianza que tenía sobre los aliados principalmente y eludía ser identificado: no se fiaba de nadie. Y no era una estrategia baladí: cualquiera, harto de los tremendos sacrificios a los que los sometió, podía acabar con su vida. Los sufrimientos desde los Alpes hasta la zona norte de Italia no fueron pocos ni normales. Pero Aníbal pensaba que lo que no le mataba, lo hacía más fuerte. Y así ocurrió hasta el momento.

Polibio, III, 80, 1-5. Aníbal atravesó, pues, increiblemente aquellos lugares pantanosos, y tras sorprender en la Etruria a Flaminio, que había acampado delante de la ciudad de los arretinos, entonces lo hizo él mismo a la salida de las marismas; quería que sus fuerzas se recuperaran, e informarse al propio tiempo sobre el enemigo y los territorios que tenía delante. Supo que aquel país rebosaba de recursos de toda clase, y que Flaminio era un hombre ávido de popularidad y un demagogo total, desconocedor absoluto de cómo se dirigen las empresas bélicas; además, tenía una confianza ciega en sus propias fuerzas. Aníbal, pues, pensó que si lograba rebasar el campamento romano y establecerse él mismo en el país que tenía a la vista, Flaminio, recelando la burla de sus tropas, no podría contemplar con indiferencia que el país fuera devastado; herido en su orgullo, Flaminio estaría dispuesto a seguirle a cualquier lugar, afanoso de triunfar él solo, sin esperar la llegada del que compartía el mando con él. Por todo ello, Aníbal supuso que Flaminio le daría muchas oportunidades de atacarlo. Todo esto lo calculaba con lógica y sentido práctico.

Psicología de los generales.

Polibio, III, 81, 1-12. No sería natural decir otras cosas: si alguien cree que en el arte de la guerra hay algo más importante que conocer las preferencias y el carácter del general enemigo, es un ignorante y está cegado por la soberbia. Así como en los duelos personales o en las luchas cuerpo a cuerpo, el que pretende vencer y examinar cómo podrá alcanzar su objetivo y qué parte de sus antagonistas se muestra desnuda y desarmable, igualmente es indispensable que los responsables máximos de una empresa guerrera examinen no qué parte del cuero está al descubierto, sino qué parte del espíritu del general adversario se muestra vulnerable. Porque muchos por su indolencia y por una inoperancia total arruinan no sólo las empresas del estado, sino que, simplemente, pierden sus propias vidas por la pasión que sienten por el vino muchos, no logran conciliar el sueño si no se enajenan y emborrachan; otros, en su afán de placeres venéreos, por el transporte que éstos importan, no sólo arruínan sus ciudades y haciendas, sino que pusieron incluso su vida con deshonor. La cobardía y la flojedad de la vida privada reportan oprobio a quienes las tienen, pero si se dan en un comandante en jefe, constituyen una calamidad pública y el mayor de los desastres. Pues no sólo convierten en ineficaces a los esclavizados por ellas, sino que muchas veces exponen a los mayores riesgos a los que les están confiados. La temeridad, la audacia y el coraje irracional, e incluso la vanagloria y la soberbia son cosas que van muy bien al enemigo, pero muy peligrosas para los amigos; un hombre así es accesible a cualquier acechanza, emboscada o engaño. Si alguien pudiera apercibirse de los errores de los demás y atacar al adversario allí por donde el general enemigo es principalmente vulnerable, su triunfo total sería inmediato. Si alguien priva a una nave de su timonel, toda la embarcación y sus hombres caerán en manos del enemigo: de la misma manera, si alguien en la guerra es capaz de manipular la previsión y el cálculo al general enemigo, muchas veces logrará vencer totalmente, hombre por hombre, a sus oponentes. En aquella ocasión Aníbal, por haber previsto y calculado en lo que se refería al general enemigo, no se engañó en su plan.

COMENTARIO

Polibio se ha retratado en su exposición sobre cómo debe ser un jefe de ejército. Y precisamente atribuye a Aníbal las virtudes de un buen general. Cierto. Pero, de forma indirecta quizás esté haciendo alusión a los momentos en que Aníbal perdió su honor en el Sur de Italia dedicándose él y sus hombres a la vida relajada y falta de disciplina, sobre todo militar. Eso va a ocurrir con el paso del tiempo. Aníbal, cuando se encuentre en las horas más bajas de su vida, caerá en los vicios y formas de vida relajada que, a partir de unos momentos débiles de su existencia, dé claras muestras de su caída de popularidad.

Polibio, III, 82, 1-11. En efecto, tan pronto como Aníbal levantó el campo, partiendo de la región de Fiésole, rebasó mínimamente el campamento romano e invadió la región que tenía delante. Flaminio se excitó al punto y se llenó de furor: se creía víctima del desdén del enemigo. Después, al quedar devastado el país y señalar las columnas de humo que la ruina era total, el romano se irritó; creía que lo ocurrido era intolerable. Algunos oficiales romanos eran del parecer de que no se debía seguir de cerca al enemigo, y mucho menos trabar combate, sino precaverse y tener en cuenta que la caballería cartaginesa era muy numerosa; ante todo era indispensable aguardar al segundo cónsul y dar la batalla con los dos ejércitos romanos unidos. Pero Flaminio desestimó estas opiniones, y a duras penas, soportó la presencia de los que las manifestaban. Los incitó a pensar en lo que, naturalmente, dirían los que habían quedado en Roma si el país llegaba a ser destruído casi en las puertas de la ciudad, Esto cuando ellos estaban acampados en la Etruria, en la retaguardia del enemigo. Cuando habló en estos términos. finalmente, levantó el campo y avanzó con sus tropas sin examinar ni la oportunidad ni el territorio, con el sólo afán de caer sobre el enemigo, como si la victoria de los romanos fuera algo incuestionable. Tal fue la confianza que infundió en las multitudes, que mayor que el de los hombres que empuñaban armas era el número de los que ajenos a la información, los seguían, ávidos de ganancia; llevaban cadenas, grilletes y todo tipo de objeto por el estilo. Aníbal, por su parte, avanzaba por la Etruria en dirección a Roma; tenía a la izquierda la ciudad llamada Crotona y los montes que la circundan; a la derecha, el lago llamado Trasimeno. A medida que progresaba, quemaba y talaba el país; quería provocar el coraje del adversario. Cuando vio que Flaminio estaba ya en contacto con él, se apercibió de unos parajes aptos para la lucha y se dedicó a preparar la batalla.

Polibio, III, 83, 1-7. En el camino había un valle en pendiente, y en toda su longitud, a ambos lados, se levantaban collados altos y contiguos; por la parte delantera opuesta, este desfiladero estaba obstaculizado en toda su abertura por un monte escarpado y difícil; por la parte de atrás había un lago que dejaba sólo un paso muy estrecho en dirección al desfiladero, al pie de la cadena montañosa. Abíbal lo atravesó bordeando el lago y ocupó personalmente la altura que se oponía frontalmente al camino; acampó allí con los africanos y los iberos, destacó a los baleares y a los lanceros de la vanguardia bajo los collados de la derecha del desfiladero, y los situó estirando su línea lo más posible. Y lo mismo hizo con los galos; les mandó que rodearan los collados de la izquierda, y los extendió en una hilera continua, de manera que los últimos ocupaban ya el acceso que, entre el lago y las cadenas montañosas, conduce hacia el lugar mencionado; Aníbal lo había dispuesto todo durante la noche, y había rodeado de emboscada el valle en pendiente; después quedó a la expectativa. Flaminio le seguía los pasos, deseoso de establecer contacto con los enemigos. En la víspera había acampado junto al lago, ya muy entrado el día. Cuando apuntó el alba del siguiente, mandó que su vanguardia avanzara y bordeara el lago hasta la misma entrada del valle, con intención de atacar al adversario.

La batalla del Trasimeno entre Aníbal y Flaminio.

Polibio, III, 84, 1-14. El día era muy brumoso. Aníbal, así que la mayoría de romanos que marchaban había penetrado en el valle, y la vanguardia del adversario había establecido contacto con el mismo, dio la consigna, que transmitió a todos los emboscados y atacó por todas partes al enemigo. Su aparición resultó inesperada a los hombres de Flaminio; debido a las condiciones atmosféricas, les era difícil comprender la situación. El enemigo arremetía desde muchos lugares dominantes y se les echaba encima. Los comandantes y los oficiales romanos no sólo no podía acudir a prestar ayuda allí donde era necesario, sino que tan ni siquiera se apercibían de lo que pasaba, porque los atacaban por la vanguardia, por la retaguardia y por los flancos. Ocurrió, por consiguiente, que la mayoría murieron en la misma formación en marcha. sin defensa posible; en la práctica se vieron entregados por la impericia de su jefe. Perecían sin esperárselo, cuando todavía discutían lo que se debía hacer. En aquella ocasión, el mismo Flaminio, indeciso y abatido por aquella calamidad, murió a manos de unos galos que se le abalanzaron encima. En el desfiladero murieron unos quince mil romanos, que no cedieron a las circunstancias, pero que no pudieron hacer nada: según la costumbre, dieron la máxima importancia a no huir y a no abandonar la formación. Los que, en la marcha, se vieron copados dentro del valle, entre el lago y la cadena montañosa, perecieron de manera vergonzosa y aún más miserable. En efecto: rechazados hacia el lago, unos se lanzaron obcecados, y nadaron cargados con las armas hasta ahogarse; la mayoría se adentró en el agua lo más posible y permanecieron allí sacando únicamente la cabeza. Cuando la caballería cartaginesa los alcanzó, comprendieron que estaban perdidos sin remisión: levantaban los brazos y suplicaban que los cogieran vivos; emitían voces de todas clases. Al final, unos murieron a manos del enemigo y otros se incitaron a darse muerte mutuamente. Es verdad que quizás seis mil romanos del desfiladero derrotaron al adversario que tenían delante, pero no lograron cercarlo ni prestar apoyo a los suyos, porque no veían nada de lo que sucedía, siendo así que hubieran podido ser de gran utilidad en la batalla. En su anhelo de avanzar progresaban convencidos que caerían encima de algún enemigo; sin apercibirse de ello, llegaron a ocupar las alturas. Ya eran dueños de ellas cuando escampó la niebla y comprendieron la magnitud del desastre; incapaces ya de cualquier cosa porque el enemigo lo dominaba y lo ocupaba todo, dieron la vuelta y se replegaron a una aldea Etruria. Después de la batalla Aníbal mandó allí a Maharbal con los iberos y algunos lanceros, que asediaron la aldea. Los romanos, rodeados de tantas calamidades, depusieron las armas y se entregaron a cambio de salvar sus vidas. La guerra total librada entre romanos y cartagineses en Etruria acabó de esta manera.

Polibio, III, 85, 1-10. Cuando fueron conducidos a su presencia los prisioneros romanos que se habían rendido con condiciones, y al propio tiempo los demás, Aníbal los reunió a todos, en número de más de quince mil. En primer lugar puso en claro que Maharbal no tenía competencia, si él personalmente no se la otorgaba, de ofrecer seguridades a los que se habían entregado por un pacto; después lanzó acusaciones contra los romanos. Cuando acabó, repartió a los romanos cogidos prisioneros entre los batallones cartagineses para su custodia, y a los aliados de los romanos los remitió a sus propias patrias sin exigir rescate alguno. Les repitió las mismas palabras que a los de antes: que estaban allí no para combatir contra los italianos, sino contra los romanos en pro de la libertad de los italianos. Hizo descansar a sus tropas e hizo enterrar a los muertos más ilustres de su propio ejército que, eran en número, unos treinta, todos los muertos eran unos mil quinientos, galos en su mayoría. Después de hacer esto, deliberó con su hermano y sus amigos, dónde y cómo debería emprender el ataque, seguro ya de la victoria final. Al llegar a Roma la noticia de la desgracia acontecida, los magistrados de la ciudad fueron incapaces de disimular, o al menos de velar la magnitud del desastre, enorme como era: se vieron forzados a declarar el hecho a la multitud, para lo cual habían congregado la asamblea del pueblo. Cuando el pretor subió a la tribuna y declaró a la multitud reunida: » Hemos perdido una gran batalla», se produjo tal consternación que quienes habían vivido ambas circunstancias creyeron que lo sucedido entonces era mucho peor que lo ocurrido en la propia batalla. Y es lógico que fuera así: hacía muchísimo tiempo que ni de palabra ni de hecho se había reconocido una derrota, y el pueblo no soportó el desastre con moderación ni con dignidad. Pero no obró igual el Senado, sino que se mantuvo en las previsiones oportunas, y deliberó acerca del cómo y qué debía hacer el futuro cada uno.

COMENTARIO

Otra vez la estulticia, la imbecilidad y el orgullo vanidoso de un general dio al traste en su lucha contra el enemigo invasor. Flaminio fue una calamidad para su ejército: no tenía conocimientos tácticos militares, sólo le movía la vanidad de haber podido vencer a un enemigo tan valeroso como su adversario Aníbal y después pasearse pomposamente por Roma como triunfador. Fue una calamidad como estratego y como militar. Pero no estaba exento de culpa tampoco el Senado que le permitió mentir para ocultar una verdad que, después, se volvería contra ellos . Por tercera vez, la batalla decisiva para contener el empuje de los cartagineses en Italia, tuvo lugar en las proximidades del agua: lago Trasimeno. Fue una de las más grandes derrotas que sufrieron las fuerzas romanas en su propio territorio. Evidentemente el Senado romano tuvo que decir la verdad de los ocurrido. Pero, lo que no se entiende es que, si ya conocían las virtudes nefastas de Flaminio, de los episodios bélicos anteriores, cómo lo mantuvieron en el mando de sus ejércitos si ya había demostrado su incapacidad y su interés frente a los cartagineses. La República se tambaleaba y no sin motivos. Los mejores generales romanos no estaban en Italia.

Tras la victoria del Trasimeno, Aníbal se dirige al Adriático

Polibio, III, 86, 1-11. Precisamente durante los días de esta batalla Gneo Servilio, el cónsul que mandaba en la región de Rímini, situada frente a la costa del Adriático, allí donde las llanuras galas limitan con el resto de Italia, no lejos de la desembocadura del Po en el mar, sabedor que Aníbal había invadido la Etruria y de que había acampado frente a Flaminio, se propuso juntársele con todas sus tropas, pero imposibilitado por la lentitud de su ejército, destacó a toda prisa a Gayo Centenio, a quien confió cuatro mil jinetes; por si las necesidades lo exigían; quería que éste se le adelantara antes de que llegara él mismo. Aníbal se enteró del socorro enemigo cuando la batalla ya había concluido, y envía a Maharbal con los lanceros y parte de la caballería. Éstos acometieron a los hombres de Gayo, y en la primera refriega mataron casi a la mitad de ellos; persiguieron a los restantes hasta una loma, y al día siguiente los cogieron prisioneros a todos. En la ciudad de Roma hacía tres días que se había anunciado la pérdida de la batalla; la consternación había alcanzado un punto máximo, y cuando sobrevino este segundo desastre, no sólo el pueblo, sino el mismo Senado cayo en un profundo desaliento. Dejaron de lado la discusión de los asuntos del año y la provisión de las magistraturas, y deliberaron a fondo sobre la situación; creían que ella y las circunstancias presentes exigían un dictador. Aníbal, aunque confiaba ya en una victoria total, por el momento renunció a acercarse a Roma; iba recorriendo el país y lo devastaba impunemente: dirigía su marcha en dirección al Mar Adriático. Atravesó los territorio de los umbros y de los picenos y al cabo de diez días llegó a la región adriática. Se había apoderado de un botín tan grande, que su ejército se veía incapaz de llevar y de transportar sus ganancias. Además, durante la marcha causó muchas bajas al enemigo; tal como ocurre en la conquista de ciudades, también entonces, se pasó la orden de matar a todos los hombres en edad militar que encontraran. Y esto lo hacía por su odio congénito contra los romanos.

Polibio, III, 87, 1-9. En esta ocasión, cuando Aníbal acampó en la costa del Adriático, en una tierra muy fértil, que da frutos de todas clases, puso un interés especial en curar y recuperar a sus hombres, no menos que a los caballos. Había pasado el invierno al aire libre en el territorio de los galos; el frío y la falta de cuidados, las penalidades posteriores y el paso por los lugares pantanosos había producido en casi todos los caballos, y también en los hombres, la llamada sarna del hambre y malestares semejantes. Aníbal, convertido en dueño de un país ubérrimo, restableció el cuerpo de sus caballos y el cuerpo y el espíritu de sus hombres. Cambió el equipo de los africanos a la manera romana, con armas recogidas de entre tantos despojos como había capturado. También en este momento mandó por mar legados a Cartago, que describieran lo sucedido. Pues entonces, por primera vez tocó la costa desde que había penetrado en Italia. Cuando los oyeron, los cartagineses exultaron de alegría, y pusieron todo su interés y providencia en ayudad, de todos los modos posibles, a las acciones de Italia y de Iberia. Los romanos, por su parte, nombraron dictador a Quinto Fabio, hombre de prudencia excepcional y de ilustre nacimiento. Todavía hoy, entre nosotros, los hombre de su linaje son llamados Máximos, es decir, los más grandes, debido a sus acciones y a los éxitos de aquél. He aquí las diferencias que hay entre un dictador y los cónsules. Éstos tienen, cada uno, un cortejo de doce lictores, mientras que el dictador lo tiene de veinticuatro. Los cónsules muchas veces necesitan del Senado para ejecutar sus planes; el dictador es un general que goza de plenos poderes. Cuando ha sido nombrado, en Roma se anulan todas las magistraturas, a excepción de los tribunos de la plebe. Pero de esto se hará una exposición más detallada en otro lugar. Los romanos, pues, nombraron un dictador, y junto a él, a Marco Minucio como comandante de la caballería. Éste está sometido al dictador, pero le sustituye en el mando cuando algo retiene al dictador en otra parte.

Polibio, III,88, 1-9. Aníbal iba moviendo su campamento en etapas breves, y no salía de la región adriática. Disponía en abundancia de vino añejo y con él lavaba a los caballos; era una medicina para su mal estado y su sarna. Lo mismo hacía con los hombres: curaba a los heridos y procuraba que los restantes soldados adquirieran vigor y valor para las necesidades que se aproximaban. Atravesó y devastó las tierras de los pretutios con la población de Adria, después las de los marrucinos y las de los frentenianos; luego avanzó hacia Yapigia. Este país está dividido en tres partes, el territorio de los daunios, el de los peucetios y el de los mesapios; Aníbal invadió el primero la Daunia. Empezó por aquí, por Luceria, que era colonia romana, e iba devastando el país. Posteriormente cambió de emplazamiento y acampó junto al lugar llamado Ibonio, recorrió el territorio de Argiripa y saqueó impunemente toda la Daunia. Entretanto, Fabio, tras su investidura, ofreció sacrificios a los dioses, salió con su colega en el mando y con las cuatro legiones alistadas para esta circunstancia. Cerca de Narnia estableció contacto con las fuerzas romanas que habían salido de Rímini para prestar ayuda. Relevó a su jefe, Gneo Servilio del mando del ejército de tierra, y lo envió a Roma con una escolta, con la orden de que si los cartagineses se movían por mar, acudiera siempre a proteger los lugares que corrieran peligro. Y él, personalmente, junto con su ayudante en el mando, tomó a sus órdenes las tropas y acampó delante de los cartagineses, en el lugar llamado Eca, que distaba del enemigo unos cincuenta estadios.

COMENTARIO

Aníbal ya se sentía, con razón, dueño de la Italia rica. Se dirigió al Adriático y allí se dedico a saquear los ricos campos y ciudades. Tuvieron el tiempo que quisieron para reponer su salud y la de los animales que tanto habían sufrido. Frenaba cualquier intento de los romanos en impedir sus planes: eran invencibles. La moral de los cartagineses y su jefe no podía estar más alta, frente a la de los romanos que se sentían hundidos y abandonados por los ineptos militares que los defendían o trataban de hacerlo. El Senado romano se vio obligado a nombrar un dictador, dada la circunstancia tan peligrosa en la que se encontraba la República romana.

Polibio, III, 89, 1-9. Aníbal supo de la presencia de Fabio y se propuso aterrorizar súbitamente al enemigo. Hizo salir a su ejército, lo aproximó al atrincheramiento romano y lo formó en orden de combate. Esperó algún tiempo sin que saliera nadie, y se retiró nuevamente a su propio campamento. Pues Fabio había decidido no exponerse ni arriesgar una batalla; procuraba por encima de todo la seguridad de sus tropas, y se atuvo firmemente a esta decisión. Primero los suyos lo desdeñaron y no faltó quien le tildara de cobarde, como si la batalla lo llenara de pavor, pero con el tiempo hizo que todos reconocieran que en aquellas circunstancias nadie hubiera sido capaz de comportarse de manera más atinada y juiciosa. Los hechos, en efecto, testificaron muy pronto a favor de sus cálculos, y fue natural que fuera así: sucedía que las tropas adversarias se habían ejercitado en la guerra continuamente, desde su más temprana juventud; contaban con un jefe que había crecido entre ellos, acostumbrado desde niño a operaciones a campo abierto. Habían vencido en muchas batallas en Iberia y dos veces seguidas a los romanos y a sus aliados. Y por encima de todo debía tenerse en cuenta que habían renunciado a todo, y que la única esperanza de salvación que tenían estaba en vencer.

La situación del ejército romano era exactamente la contraria. Por lo cual era desaconsejable arriesgar una batalla decisiva cuando lo más probable era que iban a ser derrotados. En sus cálculos, Fabio se volvió hacia Lo que les era ventajoso, fue constante en ello, y dirigió la guerra de este modo. Las ventajas de los romanos consistían en un aprovisionamiento prácticamente ilimitado y en una gran abundancia de soldados.

Polibio, III, 90, 1-14. Así pues, en el tiempo que siguió, siempre marchaba paralelamente al enemigo, y se adelantaba a ocupar los lugares estratégicos según su experiencia. Disponia en su retaguardia de provisiones abundantes, por lo que jamás permitió que sus soldados se dispersaran a forrajear ni que ni una sola vez se apartaran del atrincheramiento: vigilaba que estuvieran siempre juntos y concentrados, y acechaba lugares y oportunidades. De este modo cogió prisioneros y mató a muchos enemigos que, despreciando al adversario, se habían diseminado para forrajear, desde su propio campamento. Obraba así porque quería reducir el número de enemigos, siempre limitado, y restablecer y hacer recobrar poco a poco la confianza y el espíritu de sus propios hombres, derrotados en batallas campales por medio de éxitos parciales. No era en absoluto capaz de lanzarse deliberadamente a una confrontación decisiva. Marco Minucio, su subordinado, en el mando, no estaba de acuerdo con semejante proceder: participaba de las ideas de la masa y denigraba a Fabio delante de todos, afirmaba que se encaraba con la situación de manera floja y remisa; él, personalmente deseaba con ardor exponerse y arriesgarse a una batalla. Los cartagineses devastaron, pues, los lugares citados, rebasaron los Apeninos y bajaron al territorio de los samnitas, muy fértil, y que durante mucho tiempo se había visto libre de guerra. Allí tuvieron tal sobreabundancia de provisiones que, ni consumiéndolas, ni destruyéndolas podían agotar el botín. Recorrieron también el campo de Benevento, que era colonia romana, y conquistaron la ciudad de Venusa, que no estaba amurallada, repleta, además, de toda clase de ajuares. Los romanos les iban siguiendo constantemente los pasos, conservando una distancia de uno o dos días de marcha: rehusaban acercarse más al enemigo y trabar combate con él. Aníbal, viendo que Fabio rehuía la batalla, pero que no acababa de retirarse del campo abierto, avanzó audazmente hacia las llanuras que rodean Capua, al lugar llamado Falerno. Pensaba que una de dos: o bien forzaría al enemigo a luchar, o bien haría patente a todos que su dominio era indisputado, y que los romanos le cedían el campo abierto. Esperaba que con esto, las ciudades intimidadas desertarían una tras otra de los romanos. Hasta entonces, a pesar de que estos habían perdido dos batallas, ninguna ciudad italiana se había pasado a los cartagineses, sino que se mantenían leales, aun cuando algunas había sufrido mucho. Esto puede ser un indicio de respeto y de la estimación de que gozaba la república romana entre los aliados.

Aníbal en tierra de los samnitas y la Campania.

Polibio, III, 91, 1-10. El cálculo de Aníbal era muy lógico: las llanuras de Capua son las más famosas de Italia por su fertilidad y por su belleza; se extiende a lo largo de la costa y poseen mercados a los que concurren navegantes procedentes de casi todo el mundo que se dirigen a Italia. En estas llanura están también las ciudades más bellas e ilustres de esta península. En la franja costera se levanta Sinuesa, Cumas y Puzzoli, además de Nápoles, y finalmente el pueblo de los nucerios. Tierra adentro, la parte nórdica está habitada por los calenos y los tianitas, la parte oriental y la del sur la habitan los duanios y los nolanos. En la parte central de estas llanuras está situada la ciudad de Capua, la más próspera de todas. La descripción que los mitógrafos hacen de esta llanura es muy justificada. Se les llama también Campos Flegreos, igual que otras llanuras célebres: no es extraño que los dioses se pelearan por ellas, por su belleza y su fertilidad. Además de los apuntado, estas llanuras están bien defendidas y son de acceso difícil: están rodeados por el mar y, en su mayor parte, por una cadena montañosa que ofrece sólo tres entradas desde tierra adentro, angostas y escabrosas, la primera por el país de los samnitas, < la segunda por el Lacio> y la otra por la región de Hirpino. Por todo lo cual los cartagineses se dispusieron a acampar allí teatralmente para intimidar a todos ante algo inesperado, representar a los enemigos fugitivos y hacer patente que eran ellos los que dominaban el campo.

Polibio, III, 92, 1-10. Con este cálculo, pues, Aníbal partió del territorio de los samnitas y pasó el desfiladero por el collado llamado Eribiano. Acampó junto al río Volturno, que divide en dos partes aproximadamente iguales la citada llanura. Estableció el campamento en la parte que da hacia la ciudad de Roma, y lanzando a sus forrajeadores por todas partes, devastaba la llanura impunemente. Fabio quedó impresionado por la operación y la audacia enemiga, pero se atuvo aún más a sus decisiones. Marco Servilio, su subordinado en el mando, y todos los tribunos y centuriones del ejército, creían que habían cogido al enemigo en buena situación, y juzgaban que debían apresurarse a establecer contacto con él en las llanuras, sin tolerar que fueran arrasados los territorios más famosos. Hasta que llegó a aquellos lugares, Fabio se daba prisa y fingía estar de acuerdo con quienes estaban tan animosos y belicosos. Pero al acercarse a Falerno, se dejaba ver por las cadenas montañosas y se movía paralelamente al enemigo, de modo que, aunque daba la impresión a los aliados de no ceder el terreno al adversario, sin embargo, no hacía bajar su ejército a la llanura, y esquivaba cualquier tipo de batalla campal; le movían a ellos las causas ya dichas, y, además, la evidencia de que el enemigo le superaba enormemente en caballería. Aníbal, después de provocar al enemigo y devastar toda la llanura, se hizo con un botín enorme; luego levantó el campo. No quería echar a perder el botín, sino depositarlo en un lugar donde pudiera pasar el invierno; así su ejército gozaría de bienestar no sólo en aquel momento, sino que dispondría siempre de recursos en abundancia. Quinto Fabio adivinó este plan y que Aníbal iba a emprender la retirada por donde había venido; se percató, además, de que los parajes eran angostos y muy adecuados para un ataque. Apostó, pues, en la misma salida, a unos cuatro mil hombres, los arengó para que utilizaran su bravura oportunamente, ya que el lugar era muy estratégico; él personalmente, con la mayor parte de su ejército acampó en una colina que dominaba la entrada a los desfiladeros.

COMENTARIO

Aníbal llegó a dominar completamente el territorio de la Campania. Encontró un gran lugar donde recolectar víveres para mucho tiempo. Quinto Fabio, por su parte, no entró a la provocación que le presentaba el cartagines. Era un soldado discreto y muy previsor. Sabía cómo era Aníbal, conocía sus estratagias, y los éxitos que había ya experimentado en las campañas anteriores. Por eso, y pensando en la seguridad de sus soldados, no presentó en ningún momento batalla en campo abierto: conocía sus limitaciones. Pero sí hizo y llevó a cabo una estrategia bien pensada: seguía a Aníbal a distancia, unca en llanura, sino por las montañas; lo acechaba desde lejos. Fabio, con ello, pretendía poner nervioso a su adversario, quien quería resolver rápidamente su situación derrotando definitivamente a los romanos. El ejército de Fabio era inferior en número a sus contrincantes. Por ello y porque conocía a Aníbal, no le dio oportunidad de presentar batalla. Soldados y centuriones romanos dudaban ya de la estrategia de Fabio y lo tachaban de cobarde. Por ello le llamaban cunctator (vacilante, inseguro y dudoso). Pero nadie le apeó de sus planes ante Aníbal.

Polibio, III,93, 1-10. Los cartagineses llegaron y establecieron el campamento en la llanura, al pie mismo de las montañas; Quinto Fabio creía que lograría arrebatarles el botín sin lucha, y aún más, que, por ser el lugar muy estratégico, le permitiría culminar favorablemente aquellas operaciones. Estaba entregado de lleno a la reflexión: pensaba cómo y por dónde aprovecharía la posición ventajosa, y quiénes y desde dónde arremeterían contra el adversario. Los romanos se preparaban para el día siguiente, pero Aníbal lo previó, porque era lo más natural, y no dio tiempo ni ocasión a los planes enemigos.. Llamó a Asdrúbal, el jefe de sus servicios de intendencia, y le encargo que a toda prisa ataran el máximo número posible de haces de leña seca, fuera la que fuera; debía elegir, además, de entre los bueyes de labranza cogidos en el botín, unos dos mil de los más vigorosos, y agruparlos delante del campamento. Hecho esto, reunió a los soldados de intendencia y les indicó una prominencia que estaba entre su propio campamento y los desfiladeros por los que se disponía a hacer la marcha; les ordenó que cuando se diera la contraseña, dirigieran con fuerza y energía a los bueyes hasta que llegaran a las alturas. Después mandó cenar a todo el mundo y retirarse a descansar hasta que llegara el momento. Al caer la tercera vigilia de la noche, hizo salir a los de la intendencia y les indicó que ataran los haces a los cuernos de los bueyes. Lo hicieron rápidamente, porque eran muchos hombres, y entonces mandó prender fuego a los haces, azuzar a los bueyes y dirigirlos hacia las cimas. Detrás de los de intendencia dispuso a los lanceros, con la orden de ayudar algo a los que dirigían a los bueyes; cuando los animales hubieran emprendido la primera carrera, ellos debían correr a ambos lados y con gran griterío, a ocupar las crestas, para prestar ayuda y trabar combate con el enemigo, si por casualidad les disputaban aquellas alturas. Simultáneamente él situó sus fuerzas, primero las pesadas, detrás de ellas su caballería, a continuación el botín, y finalmente, a los iberos y a los galos. Así se dirigió a los desfiladeros y las salidas.

Polibio, III, 94, 1-10. Los romanos que custodiaban los desfiladeros, así que vieron las llamas avanzar hacia las cumbres, creyeron que Aníbal se lanzaba por allí. Abandonaron el paso difícil y se fueron a apoyar a los de las crestas. Al acercarse los bueyes, las llamas los pusieron en apuros, pues se imaginaron y creyeron que sucedía algo peor de lo que en realidad pasaba. Cuando llegaron los lanceros, se estableció entre ambos bandos una ligera escaramuza: los bueyes se lanzaron en medio, y los dos bandos quedaron en las crestas, pero separados, y se mantuvieron esperando el día, porque no alcanzaban a comprender lo sucedido. Quinto Fabio, perplejo ante los acontecimientos, y, según el poeta, «sospechando que allí había engaño», pero decidido, según su propósito inicial, a no jugarse nada al azar ni a entablar una batalla decisiva, permaneció inactivo en su campamento y aguardó el día.. Entonces Aníbal, puesto que las cosas le habían salido según sus cálculos, hizo pasar sin riesgo por los desfiladeros a sus tropas con el botín, puesto que los defensores de las angosturas las habían abandonado. Al alborear se apercibió de los romanos que, en las cumbres, hacía frente a sus lanceros; envió allí algunos iberos que trabaron combate y mataron a un millar de romanos; recuperaron fácilmente a su propia infantería ligera y descendieron del monte. Aníba, pues, después de haber salido de esta manera de Falerno, desde entonces ya acampaba sin riesgo. Miraba y pensaba dónde iba a pasar el invierno; había infundido gran miedo y perplejidad a las ciudades y a los hombres de Italia. La reputación de Quinto Fabio fue mala entre el grueso de la población, que le supuso cobarde porque había dejado escapar a los adversarios en un sitio tan ventajoso; él, con todo, no se apartó de sus propósitos. Mas obligado al cabo de pocos días a dirigirse a Roma por razón de ciertos sacrificios, confió el mando del ejército a su lugarteniente, con la orden expresa, que encareció, de que no se pusiera tanto interés en dañar al enemigo como en no sufrir ellos mismos nada malo. Pero Marco Servilio no hizo el menor caso; mientras Fabio le decía estas cosas, él ya estaba dispuesto, sin vacilar lo más mínimo, a arriesgar todo y a librar na batalla.

COMENTARIO

El episodio de los bueyes en el desfiladero cercano a campamento de cartagineses y romanos, fue una prueba de la astucia e inteligencia de Aníbal. De noche, con bueyes entorchados, preparando una emboscada para desproteger los altos del desfiladero por donde debían pasar, fue una muestra de su agudeza mental en la estrategia bélica contra los romanos, a quienes, sobre la marcha, engañó y además provocó daños a su enemigo. Pero lo importante era recuperar el cañón del desfiladero por donde tenía que pasar: venció la astucia y Aníbal consiguió su objetivo.

Lo ocurrido en Apulia

Polibio, III, 100, 1-8. Los exploradores le informaron de que en la región de Luceria y en el país llamado Gerunio había trigo en abundancia; este último lugar era muy adecuado para silo. El cartaginés determino, pues, pasar allí el invierno, y avanzó marchando junto al monte Liburno, hacia los lugares mencionados. Llegado a Gerunio, que dista de Luceria doscientos estadios, primero envió mensajeros y procuró atraerse la amistad de los habitantes de aquellas regiones, ofreciéndoles garantías de lo que les anunciaba. Si embargo, nadie le hizo el menor caso, por lo que emprendió el asedio de la plaza. Se adueñó del país rápidamente, mató a sus habitantes, pero conservó intactas la mayoría de las casas, y también las murallas, pues quería almacenar trigo allí para el invierno. Hizo acampar a su ejército delante de la ciudad, y fortificó el campamento con un foso y un atrincheramiento. Listo ya todo esto, mandó dos partes de su ejército a aprovisionarse de trigo, con la orden de que diariamente cada una debía proporcionar a los suyos una cantidad determinada; la contribución de cada grupo se debía remitir a los encargados de este servicio. Aníbal mismo con la otra parte custodiaba el campamento y protegía a sus forrajeadores allí donde se encontraran. La mayor parte del país era llana y se podía recorrer fácilmente. El número de forrajeadores cartagineses era prácticamente incalculable, y como era la estación más apropiada para la recolección, la cantidad de trigo recogida cada día era enorme.

Polibio, III, 101, 1-11. Marco Minucio recogió de manos de Fabio el mando de las tropas. Primero siguió por las crestas, en paralelo, a los cartagineses; confiado siempre en caer sobre ellos alguna vez. Pero cuando se enteró de que las tropas de Aníbal ya habían tomado Gerunio y de que recogían el trigo del país, de que habían acampado ante la ciudad protegiéndose con una estacada, abandonó las alturas y descendió por una cresta que llegaba al llano. alcanzó una montaña que esta encima del territorio de Larino, llamada Calena,, y acampó en torno a ella, resuelto a trabar combate con el enemigo a cualquier precio. Aníbal vio la aproximación del enemigo, y permitió salir a forrajear a sólo una tercera parte de su ejército; retuvo las dos restantes, y avanzó desde la ciudad dieciséis estadios en dirección al adversario. Acampó en la cima de una loma: con ello pretendía intimidar al enemigo y proporcionar al tiempo seguridad a sus forrajeadores. Entre ambos campamentos había una altura situada estratégicamente, desde la cual se dominaba el campamento enemigo; Aníbal mandó unos dos mil lanceros y consiguió ocuparla cuando todavía era de noche. Al alborear, Marco Minucio lo vio, hizo salir a sus tropas ligeras y asaltó la colina. Se produjo una escaramuza violenta de la que, al final, salieron victoriosos los romanos, que trasladaron todo su campamento a este lugar. Al tener enfrente el campamento romano, Aníbal retuvo durante cierto tiempo la mayor parte de su ejército con él. Pero cuando pasaron muchos días se vio obligado a dividir sus tropas y enviar una parte a apacentar ganado y otros a forrajear, pues se esforzaba, según su plan inicial, en no echar a perder su botín y en reunir la máxima cantidad de trigo posible; así, durante el invierno, sus hombres dispondrían de todo en abundancia, y no menos sus acémilas y sus caballos. En efecto: las máximas esperanzas de su ejército, Aníbal las depositaba en su cuerpo de caballería.

Polibio, III,102, 1-11. Fue entonces cuando Marco Minucio vio que la mayor parte de los enemigos se había diseminado por el país para las tareas reseñadas; escogió la hora más oportuna del día e hizo salir a sus fuerzas. Se aproximó al campamento de los cartagineses, hizo formar a sus tropas pesadas, repartió en grupos a su caballería y a sus tropas ligeras y los mandó contra los forrajeadores con la orden de no coger ningún prisionero vivo. Ante esto, la situación de Aníbal se convirtió en muy delicada, pues no podía oponerse de forma segura a la formación contraria ni podía prestar socorro a los suyos, esparcidos por el territorio. Los romanos que habían sido enviados contra los forrajeadores, mataron a muchos de éstos por estar esparcidos, y a los que se mantenían en la formación desdeñaron tanto a los cartagineses que llegaron a arrancarles la estacada: lo único que no hicieron fue asediarlos.

Polibio, III, 102, 1-11. Aníbal, pues, estaba en mala situación, pero no se movió, a pesar de la tormenta que lo zarandeaba. Iba rechazando a los que se aproximaban, y custodiaba a duras penas su campamento, hasta que Asdrúbal reagrupó a los que habían huido del territorio hacia el atrincheramiento de Gerunio, que eran unos cuatro mil, y se presentó para ayudar. Esto fue para Aníbal un respiro y se atrevió a efectuar una salida: formó a sus tropas a poca distancia del campamento y con gran esfuerzo rechazó el peligro que se cernía sobre él. Marco Minucio había causado muchas bajas al enemigo en la refriega junto a la estacada, y había matado todavía un número mayor de cartagineses en el territorio; entonces se replegó con grandes esperanzas de cara al futuro. Al día siguiente los cartagineses abandonaron la estacada y Marco subió y ocupó el campamento adversario. Aníbal, que temía que por la noche los romanos encontraran desguarnecida la empalizada de Gerunio y se apoderaran de los bagajes y de los depósitos, determinó retirarse y establecer de nuevo su campamento en aquel lugar. Desde entonces los cartagineses forrajearon con más cuidado y más protección, y los romanos lo contrario, con más confianza y más audacia.

COMENTARIO

Fabio fue sustituido por Marco Minucio. Buen general. Anibal, que campeaba a sus anchas por el territorio donde se había emplazado, descuidó la atención y el peligro que podía correr como consecuencia de la estrategia de Minucio, quien no dejó de perseguir y entorpecer las acciones de los cartagineses. El romano estuvo a punto de dar un golpe muy peligroso a la estrategia de Aníbal. Con escaramuzas bien estudiadas, Minucio causó un duro golpe a los enemigos que se encontró por los campos haciendo su trabajo de forrajeo.

Polibio, III, 103, 1-8. En Roma se dio más importancia a lo sucedido de la que en realidad tenía, y la gente exultaba; poseídos antes de una desconfianza total, ahora creían que se les ofrecía un cambio hacia algo mejor; además pensaban que antes la inactividad y el recelo de las legiones no se debía a un acobardamiento de las tropas, sino a la precaución del general. Todo el mundo acusaba y reprochaba a Fabio el no haber aprovechado con audacia las oportunidades; en cambio alababan tanto a Marco por lo sucedido que ocurrió lo que nunca había pasado: le concedieron también plenitud de poderes, convencido de que iba a poner un rápido fin a sus problemas. Es innegable que entonces hubo dos dictadores para una misma empresa, cosa jamás vista antes entre los romanos. Marco Minucio, cuando tuvo en claro el efecto de la masa y la potestad que el pueblo le había otorgado, sintió doblemente el afán de desafiar y de atreverse contra el enemigo. También Fabio llegó donde estaban las tropas; los hechos no le habían hecho cambiar nada; permanecía aún más firme en su opción inicial. Vio que Marco se había envanecido, que le llevaba la contraria en todo y que andaba totalmente decidido a arriesgar una batalla, por lo cual se le dio a elegir: o ejercer el mando por turno, o partirse las fuerzas y actuar cada uno según sus propias decisiones. Marco Minucio aceptó preferentemente esto último, la partición. Se dividieron, pues, el ejército, y acamparon separadamente el uno del otro, a doce estadios de distancia.

COMENTARIO

El éxito de Minucio sobre las tropas de Aníbal enardeció a la población romana. Pero todo era un espejismo; deseoso de acabar con aquella situación de inseguridad, se nombraron dos dictadores: Fabio y Minucio. Ambos discrepaban a la hora de actuar contra los cartagineses: Fabio seguía con su estrategia preventiva, y Minucio, con la intención a presentar batalla a campo abierto con las fuerzas de Aníbal. La conslusión fue la división de las fuerzas en dos ejércitos, cosas que acabaría perjudicando a los romanos.

Polibio, III, 104, 1-7. Aníbal sabía unas cosas por prisioneros capturados, y los hechos que veía le hacían adivinar las otras. Comprendía la rivalidad de los generales y la vanidad y la ambición de Marco. Creyó que lo que corría entre los enemigos no le era adverso, sino favorable. Dirigió su atención a Marco: pretendía rebatir su audacia y superarle en ardor. Entre el campamento cartaginés y el de Marco había un montecillo que podía ser perjudicial a los dos bandos, por lo que determinó ocuparlo. Pero intuía claramente, por el éxito romano anterior, que Marco Minucio acudiria inmediatamente para obstaculizar su intento, de modo que ideó lo que sigue. Los lugares que rodeaban la eminencia eran áridos, pero ofrecían muchas cavernas y hendiduras de todas clases; por la noche envió, en grupo de doscientos a trescientos a los lugares más aptos para emboscarse, quinientos jinetes y un total de unos cinco mil infantes armados a la ligera. Para que no fueran vistos al amanecer por los forrajeadores romanos, al despuntar el día, ocupó la loma con su infantería ligera. Marco Minucio, al ver lo ocurrido, lo creyó un signo de buena suerte; mandó al punto a su infantería ligera con la orden de luchar y de pelear por aquel lugar; después envió a la caballería, y a continuación marchó él mismo con las tropas pesadas, igual que la vez anterior, actuando en cada caso más o menos de la misma manera.

Polibio, III, 105, 1-11. Acababa de amanecer, y los pensamientos y los ojos de todos estaban fijos en los que habían trabado combate en la loma; no se sospechaba la carga de los emboscados. Aníbal enviaba ininterrumpidamente refuerzos a los hombres de la colina, siguiendo él personalmente paso a paso con su caballería y con sus tropas; resultó que los de a caballo trabaron prontamente combate entre ellos. Al ocurrir esto, la infantería ligera romana se vio presionada por la gran masa de caballería enemiga, y al huir hacia sus fuerzas pesadas produjo una gran confusión. Y fue entonces cuando se dio la señal a los cartagineses emboscados, los cuales aparecieron y atacaron por todos lados; y no sólo sobre la infantería ligera, sino que sobre todo el ejército romano se abatió un grave peligro. Fabio se dio cuenta de lo que pasaba y, temiendo sufrir una derrota decisiva, efectuó una salida con sus fuerzas y socorrió con gran celo a los que corrían peligro. Como se aproximó a toda prisa, los romanos recobraron su ánimo y, a pesar de haber deshecho ya toda su formación, de nuevo se reagruparon en torno a sus estandartes, se retiraron y se refugiaron entre los hombres de Fabio. La infantería ligera había sufrido muchas bajas, pero aún más las legiones, que perdieron la flor y nata de sus hombres. Aníbal y los suyos temieron el estado íntegro y el orden de las legiones que acudían a reforzar, de modo que desistieron de la persecución y de la batalla. Para los que habían asistido personalmente a la refriega, quedó claro que todo se perdió por la temeridad de Marco Minucio, y que todo hasta entonces, y también entonces, se había salvado por la prevención de Fabio. Los habitantes de Roma conocieron, por fin, claramente, la diferencia real entre la vanagloria y la precipitación de un soldado, y la previsión y el cálculo seguro y razonable de un general. Enseñados por los acontecimientos, los romanos establecieron su campamento único con una sola estacada, y desde entonces atendieron ya a Fabio y a sus consejos. Los cartagineses abrieron un foso en el espacio intermedio entre la loma y su propio campamento, rodearon con una estacada la cima del monte, que ahora dominaban, y dejaron allí una guarnición, tras la cual, ya sin peligro, dispusieron su propia invernada.

COMENTARIO

El enfrentamiento de romanos y cartagineses por ocupar lugares estratégicos resultó un descalabro para los primeros. Minucio no previó la astucia de Aníbal, quien tendió una nueva emboscada a los romanos que resultaron malparados por su falta de prevención. Hasta tal punto Minucio puso en peligro la seguridad de los ejércitos romanos que, Fabio, visto lo ocurrido, acudió en socorro del ejército de Minucio a punto de ser aniquilado. Este resultado se supo en Roma rápidamente y, por fín, el romano se dio cuenta de los valores estratégicos de Fabio: su prevención y prudencia fue lo que libró al ejército romano de ser eliminado en estas circunstancias.

Batalla de Cannas (Año -216)

Polobio, III, 106, 1-10. Al llegar el tiempo de los comicios consulares, los romanos eligieron cónsules a Lucio Emilio y a Gayo Terencio, tras cuya designación, los dictadores dejaron sus cargos. Los cónsules del año anterior, Cneo Servilio y Marco Régulo (que había sido nombrado tras la muerte de Flaminio) fueron nombrados procónsules por Lucio Emilio; tomaron mando de los acampados y dispusieron las operaciones militares según su parecer. Emilio llamó inmediatamemte a filas la parte de tropas que faltaba para completar la campaña y las envió. Pusieron en claro a Cneo que no debía en modo alguno entablar una batalla decisiva, pero sí, en cambio, librar escaramuzas continuas y lo más duras posible: así los procónsules entrenarían y harían cobrar ánimo a los soldados bisoños para las batallas decisivas. En efecto: les parecía que había contribuido no poco a los desastres anteriores el hecho de usar soldados recién reclutados y sin ninguna preparación. Ellos personalmente confiaron al pretor Lucio Postumio, nombrado general, una legión, con la que le mandaron al país de los galos: querían producir escisiones entre los galos que militaban a favor de Aníbal. Previeron también la recuperación de la flota que invernaba en Lilibeo, y enviaron a los generales de Hispania todo lo requerido para sus operaciones. Los cónsules, pues, pusieron gran empeño en esto y en los demás preparativos. Cneo Servilio recibió sus órdenes y lo dispuso todo según ellas, por lo cual omitiremos escribir más sobre el particular. No se hizo nada decisivo, ni simplemente digno de mención, tanto por las órdenes recibidas como por el cariz que presentaban las circunstancias. Hubo, en cambio, escaramuzas y choques parciales en gran número, en las que los jefes romanos alcanzaron prestigio, pues parecía que lo disponían todo con energía y coraje.

Polibio, III, 107, 1-13. Los dos ejércitos pasaron el invierno y la primavera acampados uno frente al otro. Cuando la época del año les permitió aprovisionarse de las cosechas del año, Aníbal hizo salir a sus tropas de la fortificación de Gerunio: creyó conveniente obligar como fuera al enemigo a combatir, por lo que ocupó la ciudadela de la ciudad llamada Cannas. Los romanos habían depositado en ella su trigo y el restos de sus provisiones procedentes de los parajes de Canusio, y desde esta ciudad lo trasladaban al campamento según lo exigieran las necesidades. La ciudad había sido arrasada ya antes, pero entonces la pérdida de la ciudadela y de las provisiones perturbó a las tropas romanas en no pequeño grado puestas en situación dificil no sólo por la falta de avituallamiento, al ser conquistado aquel lugar, sino que también porque la ciudadela estaba colocada estratégicamente en medio de los parajes circundantes. Los jefes romanos enviaban mensajeros a Roma continuamente para recibir instrucciones acerca de lo que debían hacer; si se aproximaban al enemigo ya no podrían rehuir la batalla, puesto que el país estaba arruinado y todos los aliados vacilaban. Los senadores decidieron combatir, presentar batalla al enemigo. Pero ordenaron a Cneo Servilio que se contuviera y ellos enviaron a los cónsules. Todos miraban hacia Paulo Emilio, quien infundía grandes esperanzas por la honradez de su vida anterior y porque parecía que poco tiempo antes había conducido con coraje y a la vez con serenidad, la guerra contra los ilirios. El Senado romano se propuso afrontar el peligro con ocho legiones, cosa inaudita entre los romanos. Cada legión tendría unos cinco mil hombres, y además aliados. Los romanos, en efecto, tal como hemos dicho en alguna parte anterior, se manejan siempre con cuatro legiones. Una legión comprende normalmente unos cuatro mil hombres de infantería y doscientos jinetes. Pero si se presenta alguna empresa de riesgo capital, aumentan en cada legión a cinco mil el número de infantes y a trescientos el de jinetes. En cuanto a los aliados, el número de soldados de a pie lo equiparan al de las legiones, pero el de jinetes lo triplican. Confían a cada uno de los cónsules dos legiones y la mitad de los aliados, y los mandan así a las operaciones. La mayoría de los combates se deciden con un cónsul, dos legiones y el número indicado de aliados; raras son las veces en que aprestan todas sus fuerzas para una sola oportunidad y un solo combate. Pero entonces estaban aterrorizados: temían tanto al futuro que determinaron afrontar el riesgo no con cuatro, sino con ocho legiones romanas a la vez.

Polibio, III, 108, 1-10. Exhortaron a los hombres de Paulo Emilio, pusieron ante sus ojos la trascendencia del resultado de la batalla para ambos bandos y les enviaron con la orden de arriesgarse totalmente, con valor y de manera digna de la patria. Éstos se unieron al resto de las tropas y, reuniendo a todo el contingente,, le expusieron la decisión del senado; pronunciaron una arenga a tono con aquella circunstancia, palabras salidas de la experiencia personal de Paulo Emilio, que era quien arengaba a las tropas. La mayor parte de su discurso tocó los desastres sufridos recientemente; pues esto era lo que había hecho cundir el desánimo, y aquí la gran mayoría precisaba de aliento. Por esto procuró imbuirles la idea de que encontrarían no una o dos causas de las derrotas sufridas en las batallas precedentes, sino muchas más, que les había conducido a aquel final. Pero entonces ya no les quedaba ningún pretexto, si eran verdaderamente hombres, para no vencer al enemigo. Jamás los dos cónsules habían combatidos juntos y con todos sus efectivos, ni antes se habían utilizado tropas entrenadas, sino bisoñas y que no habían ni siquiera visto nada terrible. Y por encima de todo: antes no sabían nada absolutamente del enemigo, se le habían opuesto en formación casi sin haberlo visto y se habían lanzado así a batallas decisivas. Pues los derrotados junto al río Trebia habían llegado de Sicilia el día anterior y formaron ya al alborear del día siguiente. Y los que lucharon en Etruria no pudieron ver al enemigo no ya antes, sino incluso durante la batalla, ya que el aire se llenó de niebla. » Pero ahora la situación es absolutamente opuesta a las antedichas:

Polibio, III, 109, 1-12. En primer ligar -dijo-, estamos aquí los dos cónsules, y no vamos a participar con vosotros únicamente nosotros en los combates, sino que, además, hemos dispuesto que los del año pasado estén aquí y tomen parte activa en los mismos, y vosotros no solamente habéis visto el armamento, la táctica y el número de enemigos, sino que, además, lleváis combatiendo casi cada día, y en ello habéis cumplido dos años. Y si en el detalle todo tiene una disposición opuestas a la de las batallas anteriores, es lógico que el desenlace de la luchas sea también el contrario. En efecto: sería absurdo, es más, imposible, por así decirlo, que si en muchas escaramuzas parciales, combatiendo contra un número igual de enemigos, habéis vencido las más de las veces, ahora, cuando formáis todos a la vez, y así sois más del doble que el adversario, seáis derrotados. Por lo cual, soldados, cuando todo está dispuesto para vuestra victoria, la empresa requiera ya únicamente de vuestro coraje y de vuestra determinación. Sobre ello me imagino que ya no conviene exhortaros más. Para los que combaten a sueldo junto a otros, o para los que, por una alianza, van a arrostrar un peligro en pro de los vecinos, lo más terrible es la batalla misma; el resultado no les afecta demasiado. Para tales hombres sería precisa una exhortación de aquel género. Pero si se trata de hombres como vosotros ahora, a quienes os peligra no lo ajeno, sino lo propio, es decir, vuestras mismas personas, la patria, las mujeres y los hijos, y para quienes el resultado de la batalla se diferencia enormemente de los peligros presentes, se necesita sólo una mención, no un estímulo. Porque ¿quién no preferiría vencer en la lucha, y si no fuera posible, morir en ella combatiendo, a vivir para ver la ruina y el insulto inferido a los que os dije? Por lo cual, soldados, haced incluso caso omiso de lo que os he hablado, pero poneos vosotros mismos, a la vista la diferencia entre el triunfo y la derrota, y lo que se sigue en ambos casos. Disponeos para la batalla no porque corran peligros las legiones de la patria, sino ella misma en su integridad. Vosotros sois su último recurso, y no tendrá con qué oponerse al enemigo si la ocasión presente se decide de modo desfavorable. La patria sustenta en vosotros su ardor y su fuerza, ha depositado en vosotros todas sus esperanzas de salvación. No debéis ahora defraudarla. Dad a la patria la gratitud debida, y haréis presente a todos los hombres que las derrotas anteriores no se debieron a que los romanos sean menos capaces que los cartagineses, sino a la inexperiencia de aquellos combatientes, y también a la dificultades ofrecidas por las circunstancias».

Tras arengarlos con estas palabras y otras por el estilo, Paulo Emilio despidió al ejército.

Polibio, III, 110, 1-11. Al día siguiente los cónsules levantaron el campo y guiaron las tropas hacia el lugar en el que oían decir que habían acampado los enemigos. Llegaron al cabo de dos días y acamparon a unos cincuenta estadios del enemigo. Paulo Emilio observó que los parajes del alrededor eran llanos y pelados, y sostuvo que allí no convenía trabar combate, ya que el enemigo los aventajaba en caballería. Lo que debían hacer era avanzar y atraerlos hacia lugares tales en los que el grueso de la batalla lo soportara la infantería. Pero Gayo Varrón poco experimentado, era de la opinión contraria, y ello motivó discusiones y tirantez entre ambos jefes, que era lo peor que podía ocurrir. El día siguiente correspondía el mando a Varrón, ya que los cónsules, según era usual, se alternaban cada día en el ejercicio del mando. Gayo Varrón, pues, levantó el campo y avanzó; quería aproximarse al enemigo, pese a que Paulo Emiliio se oponía y protestaba airadamente. Aníbal tomó consigo a su infantería ligera y a su caballería, les salió al encuentro, cayó sobre ellos cuando todavía marchaban, trabó combate inesperadamente y produjo una gran confusión entre los romanos. Éstos sostuvieron la primera carga haciendo avanzar algunas secciones de su infantería pesada, después enviaron a sus arqueros y a su caballería, con lo que lograron ventaja en este combate generalizado, porque los cartagineses no disponían de una reserva digna de este nombre y porque algunos manípulos romanos ya lograban combatir entre su infantería ligera. Pero sobrevino la noche y separó a ambos bandos; el ataque de los cartagineses no había tenido el éxito que éstos esperaban. Al día siguiente, Paulo Emilio, que ni se decidía a combatir, ni podía tampoco retirar con seguridad a su ejército, acampó con las dos terceras partes de él junto al río llamado Aufidio ( que es el único que atraviesa los Apeninos, una cordillera continua que separa todas las vertientes de Italia, las que van al Mar Tirreno y las que van al Mar Adriático; el Aufidio fluye a través de esta cordillera, tiene sus fuentes en las vertientes etruscas de Italia, pero desemboca en el Adriático), y para la tercera parte construyó una empalizada al otro lado del río, hacia el este del vado; se mantenía a una distancia de unos diez estadios de su propio campamento, y a un poco más del de los enemigos. Con todo ello pretendía proteger a los forrajeadores que salían del campamento y hostigar el propio tiempo a los forrajeadores cartagineses.

Polibio, III, 111, 1-11. Entonces Aníbal comprendió que la situación le invitaba a combatir, a librar batalla contra el enemigo, pero temía que el fracaso reciente hubiera abatido el ánimo de los suyos. Creyó que el momento exigía una arenga, y congregó a sus hombres. Reunido ya, les hizo contemplar los lugares de alrededor, y preguntó qué cosa mejor hubiera podido pedir a los dioses, en las circunstancias presentes, cuando se les concedía librar la batalla decisiva en un paraje en que la caballería los hacia muy superiores al enemigo. Todos aprobaron esta afirmación, porque era evidente, » Por consiguiente -añadió Aníbal- dad gracias a los dioses, ya que ellos cuando han llevado al enemigo a este terreno nos preparan la victoria. Y en segundo lugar, dádmelas a mí, puesto que he forzado al adversario a la lucha. Ahora ya no puede rehuirla, y luchará en un terreno que nos es ventajoso. No me parece en modo alguno que sea preciso estimularos con muchos argumentos a que tengáis buen ánimo y coraje en la refriega. Tal exhortación era necesaria cuando no teníais experiencia de lo que es combatir contra los romanos, y yo mismo os hice muchos discursos en los que os aducía ejemplos. Pero cuando habéis vencido a los romanos en tres grandes batallas consecutivas, ¿qué palabra os podría infundir más confianza que los propios hechos? En las luchas habidas hasta ahora habéis conquistado el país y os habéis apoderado de sus bienes, según nuestras promesas; siempre evitamos mentir en todos los discursos que os dirigimos. El combate ahora será por las ciudades y las riquezas contenidas en ellas. Cuando las hayáis conquistado, seréis de inmediato dueños de toda Italia; lejos ya de las penalidades, convertidos en amos de toda la riqueza de los romanos, os convertiréis en jefes y señores de todo, gracias a la batalla de ahora. De manera que lo que hoy necesitamos no son palabras, sino hechos. Estoy persuadido de que, con la voluntad de los dioses, no tardará mucho en confirmarse mi promesa». Le dijo estas cosas y otras por el estilo, que sus hombres aplaudieron con entusiasmo. Él los felicitó y aprobó su ánimo; luego despidió a los soldados. Estableció su campo sin dilación, y construyó una empalizada en la misma orilla del río donde estaba el mayor campamento de los romanos.

Polibio, III, 112, 1-5. Al día siguiente ordenó a todos sus hombres que prepararan las armas y que estuvieran prestos. Y al otro formó a sus tropas junto al río: su interés en luchar contra el enemigo era evidente. Paulo Emilio no estaba satisfecho con aquel lugar, y veía que los cartagineses pronto se verían obligados a cambiar de sitio el campamento por la necesidad de avituallarse. Permaneció, pues, inactivo y se limitó a reforzar las guardias de su acampada. Aníbal aguardó mucho tiempo sin que nadie le saliera al encuentro. por lo que hizo entrar de nuevo a sus tropas en su atrincheramiento. Envió a sus númidas contra los aguadores del campamento romano más pequeño. Los númidas llegaron hasta la misma empalizada enemiga y estorbaban la aguada, y Gayo Varrón se excito todavía más contra éstos; también las tropas se sentían impelidas a la batalla; soportaban con disgusto su aplazamiento, porque en los hombres el tiempo de espera se les hace difícil, pero cuando algo se ha decidido, hay que soportarlo todo, incluso lo que parezca más terrible. Cuando en Roma se enteraron de que los dos ejércitos estaban acampados frente a frente y que cada día se producían refriegas de avanzadillas, la ciudad estaba animada y temerosa. El pueblo temía por el futuro, puesto que se habían sufrido tantas derrotas; suponían y se imaginaban ya en sus pensamientos lo que les iba o ocurrir si ahora les sobrevenía un descalabro total. Todos los oráculos que tenían corrieron entonces de boca en boca, todo templo y toda casa rebosaba de signos y de prodigios; de ahí que plegarias y sacrificios, súplicas e imploraciones a los dioses agitaban la ciudad. En las circunstancias difíciles los romanos tienden a apropiarse dioses y hombres, y no juzgan nada indecoroso o innoble si se hace en tales tiempos.

Polibio, III, 113, 1-9. Al día siguiente, nada más tomar el mando Gayo Varrón, al alborear, movió a la vez las tropas de las dos acampadas. Hizo que las del campamento mayor cruzaran el río, y las formó al instante; juntó a ellas las del otro campamento y las ordenó en una línea continua, orientada hacia el Sur. Situó a la caballería romana junto al mismo río, en el ala derecha, y extendió a las tropas de a pie a continuación, en la misma línea; ponía los manípulos muchos más compactos, y lograba así que la profundidad de sus formaciones fuera muy superior a su frente. Colocó a la caballería aliada en el ala izquierda. Delante de todo el ejército, a una cierta distancia, situó a la infantería ligera. Incluyendo a los aliados, los romanos disponían de unos ochenta mil hombres de a pie, y de algo mas de séis mil de a caballo. En aquel mismo momento Aníbal hizo cruzar el río a sus baleares y a sus lanceros y los puso al frente de su ejército. Hizo salir del atrincharamiento al resto de sus hombres, cruzó la corriente por dos lugares distintos y formó a sus tropas frente al enemigo. Al lado mismo del río, en el flanco izquierdo, puso a los jinetes iberos y a los galos frente a la caballería romana, a continuación la mitad de su infantería pesada africana, y seguidamente a los iberos y a los galos; a su flanco dispuso el resto de los africanos; en el ala derecha situó a la caballería númica. Los extendió a todos en una sola línea, tomó personalmente las formaciones de iberos y de galos y los hizo avanzar sin que perdieran el contacto con los demás. Todo se desarrollaba según un plan preconcebido; se formaba una figura convexa en forma de media luna; las líneas de sus flancos perdían en espesor a medida que avanzaban. Aníbal quería que sus africanos durante la batalla le sirvieran de retaguardia, y que iberos y galos pelearan en primera fila.

Polibio, III, 114, 1-8. El armamento de los africanos era romano, pues a todos ellos Aníbal los había dotado con él, escogiéndolo del botín de las batallas anteriores. Los iberos y los galos tenían el escudo muy parecido, pero, en cambio, las espadas eran de factura diferente. Las de los iberos podía herir tanto de punta como por los filos; la espada gala en cambio, servía sólo para herir de filo, y ello aún a cierta distancia. Sus secciones estaban dispuestas alternadamente. Los galos iban desnudos, los iberos vestían una túnica delgadas de lino, con el borde de púrpura, según el uso de sus regiones; el conjunto ofrecía una visión extraña y sobrecogedora. El número de jinetes de que disponían los cartagineses era de diez mil; el de soldados de infantería, no muy superior a los cuarenta mil, incluidos los galos. Paulo Emilio mandaba el ala derecha romana, la izquierda Gayo Varrón y el centro los mandaba Marco Atilio y Cneo Servilio, los cónsules del año precedente. El ala izquierda cartaginesa la mandaba Asdrúbal, la derecha Hannón, y en el centro estaba el propio Aníbal, que tenía al lado a Magón, su hermano. como dije más arriba, la formación romana miraba hacia Occidente, y la de los cartagineses, hacia Oriente, de modo que cuando salió el sol, no molestó en ningún momento a los dos bandos.

Polibio, III, 115, 1-12. Las avanzadillas iniciaron la refriega. Al principio el choque entre las infanterías ligeras se mantenía indeciso. Pero, a medida que, desde su izquierda la caballería ibera y gala se aproximaban a los romanos, estos jinetes convirtieron aquello en una batalla auténtica y a la manera bárbara; se combatía no según la norma de arremetidas y retiradas alternativas, antes bien, los jinetes atacaban montados. pero luego descabalgaban y entablaban duelos individuales. En ello salieron victoriosos los cartagineses, y en la lucha mataron a la mayoría de sus adversarios, a pesar de que los romanos lucharon noblemente y con coraje. Acorralaron luego junto al río a los supervivientes y los mataron también; los cartagineses no usaron la piedad con los que les llegaron a las manos. Entonces entraron en combate las fuerzas de infantería, que seguían a las ligeras. Las formaciones de iberos y de galos resistieron algún tiempo y lucharon varonilmente contra los romanos, pero, después, acosados por el enemigo que presionaba, cedieron y se replegaron, rompiendo la figura de la media luna. Los caballeros romanos los persiguieron con furia y lograron romper fácilmente las formaciones enemigas, porque la de los galos carecía de profundidad, y la de los romanos se había engrosado precisamente desde las alas del centro y al lugar en que se combatía. El centro y las alas cartaginesas no entraron en combate al mismo tiempo, sino, en primer lugar, el centro, ya que los galos, debido a la formación en figura de media luna, se habían adelantado mucho más que las alas; lo convexo de la figura avanzaba de cara al enemigo. En su persecución los romanos corrieron hacia el centro y hacia aquellas partes del enemigo que cedían; las rebasaron tanto que ahora tenían a ambos lados, en los flancos que ofrecían, a los africanos, que eran los dotados con armamento pesado. De éstos, los que estaban a la derechas giraron hacia la izquierda, cargaron por el flanco derecho y cayeron de costado sobre el flanco enemigo, y los del ala izquierda giraron a la derecha y se desplegaron por el flanco izquierdo. La situación mostraba por sí misma lo que se debía hacer. Ocurrió lo que había calculado Aníbal: en su persecución de los galos, los romanos fueron cogidos en medio por los africanos. Y entonces ya no mantuvieron sus formaciones, sino que se revolvían individualmente y por batallones y luchaban contra los que los acosaban de flanco.

Polibio, III, 116, 1-13. Paulo Emilio, a pesar de que desde el principio estaba en el ala derecha y participaba en la lucha de la caballería, quedaba aún entre los supervivientes. Pero según las palabras que pronunciara en la alocución, quería encontrarse siempre en el corazón de la lucha. Al ver que la decisión de la batalla radicaba en las fuerzas de infantería, galopó hacia el centro de la formación romana, y al tiempo que él mismo combatía y golpeaba con sus manos al adversario, excitaba y estimulaba a los soldados que tenía alrededor. Y lo mismo hacía Aníbal, pues desde el principio se encontraba en una sección de sus tropas. Los númidas que, apostados en el ala derecha, habían asaltado a la caballería enemiga, no hicieron ni sufrieron gran cosa por lo peculiar del combate, pero mantuvieron inactivo al enemigo atrayéndoselo y luego atacándolo por todos lados. Cuando Asdrúbal y los suyos, tras matar, junto al río, a casi todos los jinetes romanos, desde el ala izquierda corrieron a apoyar a los númidas, entonces la caballería de los aliados previó el asalto, lo esquivó y se retiró. En aquella ocasión parece que Asdrúbal se comportó de manera práctica y prudente. Sabedor, en efecto, de que los númidas, que eran muchos en número, eran muy eficaces y terribles contra los que ya se daban por vencidos, les dejó los que huían, y él condujo a sus propios hombres hacia el choque de la infantería, interesado en apoyar a los africanos. Cargó por la espalda contra las legiones romanas con arremetidas sucesivas; sus escuadrones atacaban por muchos lugares al mismo tiempo, y así infundió ánimo a los africanos y abatió y llenó de pavor el espíritu de los romanos. Allí sucumbió, herido mortalmente, Paulo Emilio, con las armas en la mano. Fue un varón que realizó no menos que cualquier otro durante toda su vida hasta el último momento, lo que en justicia se debe a la patria. Los romanos, mientras combatieron frente a frente, de cara a los enemigos que los rodeaban, resistieron bravamente. Pero los de las primeras filas iban cayendo, y al final murieron todos, y entre ellos Marco Atilio y Cneo Servilio, los cónsules del año anterior, hombres nobles y que en el peligro se había mostrado dignos de Roma. Mientras ocurría este combate y esta masacre, los númidas persiguieron a los jinetes que huían, mataron a gran número de ellos y forzaron al resto a dejar sus monturas. Unos pocos romanos consiguieron huir a Venusa, entre los cuales se encontraba Gayo Terencio Varrón, el general, hombre de espíritu deshonroso, cuyo mando fue totalmente ineficaz para su propia patria.

Polibio, III, 117, 1-12. De este modo acabó la batalla que en Cannas libraron romanos y cartagineses; en ella actuaron hombres nobilísimos, tanto entre los vencedores como entre los vencidos, cosa evidenciada por los hechos mismos. De los seis mil jinetes romanos, lograron escapar hasta Venusa, con Gayo Varrón, sólo setenta, y unos trescientos de los aliados se salvaron esparcidos pos los diversos villorrios. Durante la lucha cayeron prisioneros unos diez mil soldados de infantería, los que había permanecido fuera de la batalla. Desde el campo mismo de la lucha sólo unos tres mil lograron huir a las ciudades circundantes. Todos los demás, unos setenta mil, murieron bravamente. Tanto entonces como en las ocasiones anteriores fue la caballería cartaginesa la que decidió la victoria. Quedó claro para la posteridad que en los azares de la guerra vale más poseer la mitad de infantería, pero ser muy superior en caballería, que no trabar combate en igualdad total de condiciones que el enemigo. De los de Aníbal murieron cuatro mil galos, y otros mil quinientos entre iberos y africanos. Los romanos cogidos prisioneros. lo fueron fuera de la batalla; la causa fue la siguiente: Paulo Emilio había dejado diez mil soldados de infantería en su propio campamento para que si Aníbal, descuidando el suyo, hacía formar a todos sus hombres, los romanos asaltaran el campamento adversario durante la batalla y así se apoderarían del bagaje enemigo. Si Aníbal, en cambio, preveía cualquier eventualidad y dejaba en su campo una guarnición numerosa, en la batalla decisiva, los romanos lucharían contra menos hombres. Estos romanos fueron aprisionados así: Aníbal, efectivamente, dejó una guarnición considerable en su campamento; así que empezó la batalla, los romanos, siguiendo las instrucciones recibidas, los asediaron, atacando a los defensores del campamento cartaginés. Éstos ofrecieron primero una resistencia tenaz, pero pronto se vieron en situación difícil. Mas Aníbal ya había decidido totalmente la batalla, por lo que corrió en apoyo de los suyos, hizo retroceder a los romanos y los cercó en su propio campamento. Mató unos dos mil y cogió prisioneros a los restantes. Del mismo modo los númidas asediaron a los jinetes adversarios que se habían refugiado en las fortalezas de la región y se los llevaron prisioneros. Eran unos dos mil, que anteriormente habían sido puestos en fuga.

COMENTARIO

Como hemos comentado en otras situaciones, cuando los mandos no se ponen de acuerdo en las tácticas militares, acaba ocurriendo lo de Capua. La estrategia de Aníbal no tenía ningún resquicio de escape. Eran compactos. Planificaron su táctica con tal perfección que los romanos quedaron embolsados y sin visos de salida para ponerse a salvo. Eran muy muy numerosos, pero no tan avezados como los cartagineses. No se puede llevar a combatir a soldados recién reclutados ni mezclados con los veteranos: se estorban mutuamente. Otra vez los romanos han caído en la misma trampa: Aníbal siempre ha buscado las cercanías de los ríos, como se ha visto en los episodios anteriores. Esta batalla queda para la historia como una de las peores programadas por los cónsules romanos. De aquí se hizo popular la expresión: «sufrir una capuana», una gran paliza, o sea una derrota sin paliativos. Desde este momento Aníbal queda como dueño de toda Italia por no hallar a nadie que lo frenara. El ejército mayor que había enfrentado el Senado romano contra Aníbal había sido aniquilado.

Polibio, III, 118, 1-9. Decidida la batalla del modo descrito, la situación tomó el giro esperado por ambos contendientes. Por su triunfo, los cartagineses sometieron prácticamente al restos de Italia. Los tarentinos se les pasaron inmediatamente, los de Argiripa y algunos de Capua llamaron a Aníbal. Los demás miraron con respeto, todos ya, hacia los cartagineses, que confiaban en apoderarse de Roma al primer asalto. Los romanos, por su parte, debido a esta derrota, abandonaron al punto su idea de dominar a todos los italianos. Se habían asustado ante el grave riesgo que corrían sus personas y el suelo de la patria; esperaban la presencia de Aníbal en cualquier momento. Y como si la fortuna quisiera hacer rebosar la medida y combatir a favor de los hechos ya consumados, al cabo de pocos días, cuando el terror poseía todavía a la ciudad de Roma, el general enviado a la Galia Cisalpina, cayó inesperadamente en una emboscada de los galos, y perecieron él y sus tropas sin que se salvara nadie. El senado, sin embargo, no omitió nada de lo realizable: incitó al pueblo, aseguró la ciudad y deliberó varonilmente acerca de aquella situación; esto se notó en los hechos posteriores. Entonces la derrota de los romanos era innegable y habían perdido su reputación guerrera, pero la peculiaridad de su constitución y la prudencia de sus deliberaciones no sólo les permitieron recobrar el dominio de Italia (tras derrotar a los cartagineses), sino que poco tiempo después se hicieron dueños del universo.

Textos de autores que citan episodios de la familia Barca y sus intervenciones en Iberia (fragmentos).

Período -237 a -218.

Zonaras, 8,17. Amílcar se dirigió a Iberia contra el parecer de los magistrados de la ciudad

Año -230

Zonaras, 8,19. Por este mismo tiempo Amilcar, general cartaginés, pereció vencido por los iberos. A su muerte le sucedió Asdrúbal, yerno suyo. Conquistó gran parte de Iberia y fundó en ella la ciudad de Cartago Nova.

Zonaras, 8, 21. Este tal Aníbal era hijo de Amílcar Barca; y desde niño niño fue impulsado contra los romanos. Pues Amílcar prefería educar a todos sus hijos como a los demás jóvenes unos contra otros, pero viendo que aquel progresaba más por su naturaleza física, le hizo jurar que combatiría contra ellos, y por esto le enseñó todas las demás cosas y las técnicas de la guerra. Más aún, cuando llegó a los quince años. Por esta razón, no pudo, a la muerte de su padre, alcanzar el puesto de estratego. Después de la muerte de Asdrúbal, a la edad de veintiséis años, sin vacilación, se puso al frente del ejército de Iberia. Proclamado estratego por sus soldados, consiguió que su mando fuese confirmado por los magistrados de la ciudad. Hecho esto, necesitaba un pretexto convincente para atacar a los romanos, y lo encontró en los saguntinos de Iberia. Este pueblo, establecido no lejos del Ebro, poco distante del mar, era adicto a los romanos, a los que honraba, y también había participado en los tratados de amistad con los cartagineses. Por esta razón Aníbal les declaró la guerra, convencido de que los romanos o los auxiliarían o los vengarían si algo les sucediera. Por esta razón y porque sabía que poseían grandes riquezas…los atacó. Estos montes desde el mar llamado antes Bebricón y ahora Narbonense, se extiende hasta el gran mar exterior, y contiene en sus valles muchos y diversos pueblos…distintos en lengua y en organización política.

Zonaras, 8,21. Sitiados los saguntinos, enviaron mensajeros a los pueblos vecinos y a los romanos pidiendo auxilio. A aquellos se lo impidió Aníbal, pero los romanos le enviaron mensajeros intimándole a que no se acercase a los saguntinos, con la amenaza de que si lo hacía, se dirigirían directamente a Cartago para acusarle. Pero Aníbal hizo salirles al encuentro a algunos amigos de su confianza, con orden de decirles que el general no se encontraba en el ejército, y que se había ausentado en algún lugar desconocido; encareciéndoles que se marcharan con la mayor prontitud antes de que se supiese su llegada, para no morir a manos de los soldados desenfrenados por la ausencia de su jefe. Los romanos, dándoles fe, se dirigieron a Cartago. Se reunió la asamblea, y unos fueron del parecer de conservar la paz con los romanos, mientras que los del partido de Aníbal sostenían que los saguntinos eran culpables, y los romanos se ocupaban de asuntos que en nada les competían. Entre tanto, Aníbal había emprendido el asalto a las murallas. Muchos de los de Aníbal cayeron muertos o heridos; los cartagineses derribando una parte de la muralla intentaron irrumpir dentro de la ciudad por aquel sitio, pero los saguntinos contraatacaron y los rechazaron; por ello, cobraron ánimo los sitiados y se desanimaron los cartagineses. Pero no cesaron hasta tomar la ciudad, sosteniendo el asedio durante ocho meses. Durante este tiempo, muchos casos extraordinarios sucedieron, y el mismo Aníbal fue herido gravemente. La ciudad fue tomada del modo siguiente: Acercaron a la muralla un artefacto mucho más alto que ésta, lleno de soldados, unos a la vista y otros ocultos. Mientras los saguntinos pelean con todas sus fuerzas contra los que ven, creyendo ser los únicos, los otros excavan la muralla y fuerzan su entrada. Aterrados los saguntinos por este hecho inesperado, se retiran a la ciudadela, y deliberan sobre la condiciones con las que podían honrosamente encontrar su salvación. Pero viendo que ni las pretensiones de Asdrúbal eran moderadas, no había de esperarse socorro de los romanos, solicitaron una tregua en el asalto para deliberar sobre la situación. Y juntando todo lo que de más precio tenían, le prendieron fuego, mataron ellos mismos a los que no podían pelear, y los que eran de edad adecuada irrumpieron de súbito contra el enemigo y murieron luchando heroicamente.

Zonaras, 8, 25. El otro Escipión, Gayo, navegó hacia Iberia y conquistó todo el litoral hasta el Ebro, y mucha parte del interior, ya por la fuerza ya por la persuasión, y apresó a Bannón después de vencerle en una batalla. Al saber esto Asdrúbal, hermano de Aníbal, pasó el Ebro y sometió a algunos pueblos que habían hecho defección, pero se retiró ante el avance de Escipión.

Año -217.

Zonaras, 9, 1. Escipión en Iberia ganó una batalla naval frente a la desembocadura del Ebro. Viendo que las fuerzas en lucha eran iguales, cortó las velas de las naves para que, perdida la espera, combatiesen con más valor. Devastó el campo, se apoderó de muchos lugares fortificados, y por medio de su hermano Publio Escipión, sometió las ciudades ibéricas. Pues un cierto Abelos, que parecía fiel a los cartagineses, pasándose a la causa de los romanos, persuadió al que custodiaba a los rehenes iberos para que los enviase a sus casas con el fin de asegurarse así la benevolencia de sus ciudades. Y tomando a su cargo el conducirlos, como autor de la idea que era, envió mensajeros a los Escipiones, comunicándoles lo que convenía; y, dejándolos en libertad, se ganaron la adhesión de las ciudades.

Año -216.

Zonaras, 9,1,7. Pues Aníbal estaba falto de posiciones y en Hispania la situación era confusa, y los aliados le hacían defección.

Año -215.

Zonaras, 9,3. Por su parte, los Escipiones habían pasado el Ebro, devastaban la campiña, se apoderaban de las ciudades y habían vencido a Asdrúbal, que apresuradamente les había salido al encuentro. Al saber esto los cartagineses, juzgando más importante socorrer a Asdrúbal que a Aníbal, y temerosos de que los Escipiones emprendiesen pasar a Africa, enviaron a Aníbal refuerzos exiguos, mientras que la mayor parte de sus fuerzas las mandaron con toda diligencia a Iberia a las órdenes de Magón, ordenándole que, una vez normalizada la situación en Iberia, se quedara él allí de guardia, mientras Asdrúbal pasaba a Italia con el ejército. -Al saber esto los Escipiones se abstuvieron de combatir, para que Asdrúbal no pudiese pasar a Italia si por azar vencía.- Pero, como los cartagineses hostilizaron a los aliados de los romanos, Publio entabló batalla con ellos y los venció; Gneo cayó sobre los fugitivos de la batalla y los aniquiló. Por esta derrota y a consecuencia de la defección de muchas ciudades, algunas del África misma, Asdrúbal tuvo que aguardar más tiempo del que había previsto.

Período -214 a -212.

Zonaras, 9, 3, 8. Al saber esto los Escipiones se abstuvieron de combatir… Pero, como los cartagineses hostilizaban a los aliados de los romanos, Publio salió a su encuentro y los venció; Gneo cayó sobre los fugitivos de la batalla aniquilándolos. Los Escipiones se dirigieron contra los pueblos tributarios de Sagunto, causantes de la guerra y de la ruina de esta ciudad, destruyeron su población, dieron muerte a sus habitantes y, llegados a Sagunto, la devolvieron a sus antiguos ciudadanos.

Año – 210.

Zonaras, 9, 6. Los romanos enviaron a Claudio Nerón a Iberia con su ejército; una escuadra lo llevó hasta el Ebro; habiéndose reunido allí con el resto del ejército, se dirigió contra Asdrúbal antes de que éste tuviera noticia de su presencia. Logró envolverlo pero fue engañado…Dispersó secretamente sus tropas por los montes.

Año -209.

Zonaras, 9, 8. Escipión, aunque deseoso de vengar la muerte de su padre y de su tío, y afanoso de bélica gloria, no se apresuraba a causa de la multitud de los enemigos. Pero cuando supo que éstos invernaban muy lejos de allí, sin cuidarse de ellos, se puso en marcha hacia Cartago Nova. Nadie tuvo noticia de su marcha hasta que llegó a sus mismos muros, y con gran trabajo tomó la ciudad.

Año -208.

Zonaras, 9, 8. Sabiendo que Asdrúbal, hermano de Aníbal, se acercaba, ignorante aún de la pérdida de la ciudad, y confiado de que en su camino no había de encontrar enemigos, le salió al encuentro, lo derrotó y se estableció en su mismo campamento.

Año -207.

Zonaras, 9, 8. Escipión…viendo que los enemigos se encontraban dispersos por todo el país, temió que alguien los reuniese a todos para auxiliarse mutuamente. Entonces se dirigió a él en persona contra Asdrúbal, hijo de Gisgón, y envió a Silano a la Celtiberia contra Magón, y a Lucio Escipión, su hermano, contra Bastitania. Éste se apoderó de las armas de la ciudad, venció a Magón y, persiguiéndole en su fuga hacia Asdrúbal, llegó a encontrarse con Escipión, que nada aún había hecho.

Año -206.

Zonaras, 9, 10. Escipión fue encargado del mando de Hispania hasta que todo estuviera sosegado. Primero se embarcó en dos quinquerremes en dirección a África, y allí coincidió también por azar con Asdrúbal, hijo de Gisgón. Dio hospitalidad a ambos Scifax, rey de una parte de África, unido en fidelidad con los cartagineses, y como les propusiese conciliarse, le contestó Escipión que no abrigaba ninguna enemistad personal con Asdrúbal, pero que no tenía autoridad para tratar la paz en nombre de la república. Regresado a Hispania, combatió a los ilitergitanos, que habían entregado a los cartagineses los romanos que después de la derrota de los Escipiones, habían buscado refugio allí. Y no pudo hacerse dueño de la ciudad hasta que él en persona atreviose a escalar un muro y fue herido pues, avergonzados los soldados y temiendo por él, se lanzaron con más ímpetu al ataque. Y, vencedores, degollaron a todos los habitantes y prendieron fuego a la ciudad. Aterrorizados por este hecho, muchos pueblos se entregaron voluntariamente, muchos otros fueron sometidos a la fuerza. Algunos, al ser sitiados, ellos mismos prendieron fuego a sus casas y, después de degollar a los suyos, se dieron muerte a sí mismos.

Zonaras, 9, 10, 3. Dueños de la mayor parte de Hispania, Escipión se dirigió a Cartago Nova donde, en honor a su padre y de su tío, celebró juegos de armas. Entre los muchos que lucharon, hubo dos hermanos que se disputaban un reino a pesar de los esfuerzos de Escipión para reconciliarlos, y el mayor dio muerte al menor a pesar de ser éste el más fuerte. Después de esto, Escipión cayó enfermo, y los iberos empezaron a hacer defección. Pues el ejército de Escipión, que invernaba cerca de Sucrón, se sublevó; ya anteriormente no había sido muy firme su disciplina, aunque sin declararse en franca desobediencia. Pero cuando cundió la noticia de la enfermedad de Escipión, tomando el pretexto de que se les difería el pago de los estipendios, se rebelaron abiertamente, expulsaron a los tribunos y se eligieron cónsules; su número era de ocho mil. Estas noticias impulsaron aún más a los iberos a sublevarse, y atacaron a las ciudades aliadas. Y Magón, que debía partir de Gades, no se movió y, pasando al continente, hizo mucho daño.

Zonaras, 9, 10, 8. Después de su sumisión, también se sometió la mayor parte de Hispania, Magón dejó Gades, y Masinisa se pasó a los romanos.

Los cartagineses, después de la muerte de Asdrúbal, hermano de Aníbal, decidieron que debía abandonar Hispania y recuperar Italia; enviaron dinero a Magón para que reclutase auxiliares y se dirigiese a Italia. Magón en su viaje llegó a las islas Gimnesias; no pudo fondear en la mayor, pues los habitantes, habilísimos honderos, hostilizaban desde lejos las naves; se dirigió a la menor y allí pasó el invierno. Estas islas están cercanas al río Ebro; son tres, y los griego y los romanos las llaman Gimnesias; los iberos les dan el nombre de Valerias o Pitiusas y, respectivamente, a la una Ebesos, a la otra Mayor, a la tercera, Menor. Por su parte, los romanos ocuparon Gades.

Período -237 a 218.

Plutarco, 248, 2. (Virt. Mul.) Salmantinas. Antes de combatir contra los romanos, Aníbal, hijo de Barca, puso cerco a Salmantis, gran ciudad de Iberia; los sitiados en el primer momento cobraron temor y prometieron hacer lo que se les mandaba, entregar a Aníbal trescientos talentos de plata y trescientos rehenes. Pero, al cesar el asedio, cambiaron de pensar y no cumplieron nada de los pactado. Volvió sobre sus pasos Aníbal, y dio orden a sus soldados de entrar a saco en la ciudad; aterrorizados los bárbaros accedieron a salir los de condición libre con sólo sus túnicas y dejando en la ciudad las armas, riquezas y esclavos. Pero las mujeres, calculando que los hombres serían registrados a la salida uno por uno y que a ellas no se las tocaría, tomaron las espadas, se las escondieron y salieron junto con sus maridos. Salidos todos, Aníbal los puso bajo la vigilancia de un cuerpo de Masaisilios, en un barrio apartado de la ciudad; los demás soldados se diseminaron para entregarse al saqueo. Los Masaisilios, viendo cómo se repartían el botín, no pudieron ya contenerse más ni hacer atención a los cautivos, sino que, soliviantados, se dispersaron también para tomar parte en la presa. En esto, las mujeres, levantando un gran clamor, entregan las espadas a los hombres, y algunas de ellas atacan a los guardianes; una de ellas, arrancando la lanza a un intérprete llamado Banón, le hiere con ella, a pesar de su coraza; los hombres, matando a unos y poniendo en fuga a otros, se abrieron paso con las mujeres y se escaparon. Enterado de ello Aníbal, salió en su persecución, matando a los que pudo alcanzar; los que pudieron refugiarse en los montes, se salvaron por el momento, pero después enviaron mensajes de súplica a Aníbal; éste los trató con respeto y benevolencia y los restituyó a su ciudad.

Año -216.

Plutarco, (Fab. Max). 7. Hasta que Aníbal lanzó al ataque a los iberos, expertos en escalar montañas, ligeros y rápidos.

Año -215.

Plutarco, (Marcell,). 12. Al tercer día de la batalla, más de trescientos caballeros iberos y númidas se pasaron juntos al enemigo.

Año -209.

Plutarco, (Apophth. Scip. maior), 3. Sitiando la ciudad de Batheia, que un templo de Venus dominaba, ordenó que se prometiesen en aquel lugar las cauciones, ya que a los tres días había de sentar su tribunal en aquel templo; y habiendo tomado la ciudad, lo cumplió tal como lo había prometido.

Período -237 a -218.

Plinio (Naturalis Historia), 16, 216. En Hispania, en Sagunto, dicen que el templo de Diana, llevado de Zacinto por los fundadores, es anterior en doscientos años a las ruinas de Troya, según Boccho, y está situado debajo de la ciudad. Aníbal, lleno de respeto lo conservó; las vigas de enebro subsisten aún.

Plinio, 2, 181. En consecuencia ningún día ni ninguna noche es la misma simultáneamente en todo el orbe, sino que la oposición del globo produce la noche y la marcha del sol, el día. Esto se ha probado por multitud de observaciones, en África y en Hispania, en las torres de Aníbal…en las cuales los fuegos de alarma encendidos a la hora sexta del día, se ha comprobado muchas veces que han sido visto al otro extremo de la línea, a la hora tercera de la noche.

Plinio, 3, 21. Región de los ilergetes, ciudad de Subur, río Rubricato, a partir del cual los lacetanos y los indigetas. Después de éstos, el orden en que los digo, partiendo del pie de los Pirineos hacia el interior, los ausetanos, fitanos, lacetanos, y siguiendo los Pirineos, ceretanos y vascones.

Plinio, 25, 17. Sucedía esto en Lacetania, la región más próxima de Hispania.

Período -237 a -218.

Polieno, 7, 48. Aníbal sitiaba Salmatis, populosa ciudad de Iberia. Finalmente hizo un tratado conviniendo en levantar el cerco a cambio de doscientos talentos de plata y trescientos rehenes. Pero los salmantinos no entregaron lo pactado, y Aníbal volvió con su ejército y lanzó los soldados al saqueo de la ciudad. Suplican los bárbaros que se les permita salir en túnica con las mujeres, dejando las armas, objetos de valor y esclavos. Salen todos llevando las mujeres las espadas escondidas entre sus topas, y los soldados de Aníbal se entregaron al saqueo de la ciudad; las mujeres entonces, levantando un gran griterío, entregan a los hombres las espadas; algunas con las armas en las manos, siguen a sus maridos y caen sobre los saqueadores; baten a los unos, rechazan a los otros y se abren camino a su través. Aníbal, atónito por el valor de las mujeres, devolvió a sus maridos por gracia de ellas, su patria y sus riquezas.

Año -209.

Polieno, 8,16, 6. Habiendo Escipión tomado por asalto la ciudad de Oinusa, en Hispania, los soldados que la saquearon le presentaron una joven de extraordinaria belleza; Escipión inquirió quién era su padre y se la entregó, dándole también como dote el presente que como rescate le presentaban. Y todas las mujeres de los hombres de nobles familias, así como sus hijas e hijos que se hallaran en la flor de la edad las puso al cuidado de los romanos, los más prudentes de entre los de más edad; éstos las cuidaron y las proveyeron en su cautiverio cada una según su rango. La continencia de Escipión concilió a los romanos la amistad y la alianza de numerosas ciudades ibéricas.

Año -206.

Polieno, 8, 16, 1. Escipión en Iberia, sabiendo que el ejército enemigo había acudido a la batalla en ayunas, difirió la salida y formación de sus tropas y, hacia la hora séptima, cayendo sobre un enemigo agobiado por el hambre y la sed, lo derrotó con facilidad.

Período -237 a -218.

Pompeyo Trogo (Hist. Phil. Epit.). 44, 5, 1. A continuación los primitivos cartagineses ocuparon el mando de la provincia de Hispania una vez

Pompeyo Trogo, 44, 5, 2. Acabados los antiguos reinos pues, como quiera que los gaditanos, cuyo origen es común a los cartagineses, trajeran a Hispania los rituales sagrados de Hércules desde Tiro, por motivos de seguridad y fundaran allí una ciudad, además los cartagineses enviaron ayuda a sus consanguíneos que agobiaban con guerra a los gaditanos.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 3, Allí, con una expedición afortunada, vengaron a los gaditados del ultraje, y con mayor ultraje aún, sometieron a su mando a parte de de la provincia.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 4. Después, mediante el impulso de los auspicios de la primera expedición, enviaron a Amílcar como jefe con una gran cantidad de tropa para ocupar la provincia, quien, realizadas grandes hazañas, mientras probaba la fortuna, sin esperárselo, muere tras caer en una emboscada.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 5. Asdrúbal, su yerno, ocupa su lugar, quien también es asesinado por el esclavo de un cierto hispano, que vengaba la muerte injusta de su amo.

Pompeyo Trogo, 44, 5, 6. Y el general Aníbal, superior a ambos, hijo de Amílcar, le sucedió, puesto que, superando las hazañas de ambos, sometió a toda Hispania.

Período -237 a -218.

Diodoro, 25, 8, …Y posteriormente, después que cesó la guerra en Libia (Amílcar Barca), habiendo congregado en torno a sí un grupo de hombres de la peor clase, reunió el botín aportado por éstos y el procedente de la guerra, y viendo además que su poder se acrecentaba, se dedicó a la búsqueda del favor popular y a adular a la masa, e incluso así al pueblo a entregarle el mando de toda Iberia por un tiempo indefinido.

Diodoro, 25, 9. Los celtas, siendo muchas veces más numerosos y de espíritu soberbio, combatían con el arrojo y el vigor propios del que siente desprecio, mientras los hombres de Barca trataban de compensar su inferioridad numérica con su valor y experiencia. Así quedó manifiesto a todos, que ellos habían tomado una sensata determinación, y la fortuna decidió sus empresas contra toda esperanza e hizo prosperar de modo inverosímil lo que parecía imposible y arriesgado en extremo.

Diodoro, 25, 10-4. Amílcar, después que tuvo el mando del ejército en Cartago, pronto acrecentó su nación y la hizo llegar hasta las Columnas de Hércules, Gadira y el océano. Así, la ciudad de Gadira es una colonia fenicia, se halla en los confines del orbe habitado, en medio del mismo océano y tiene un puerto. Mas, habiendo hecho la guerra contra los iberos y tartesios, junto con Istolacio, caudillo de los celtas y un hermano de éste, los destrozó a todos, entre ellos también a los dos hermanos, a la vez que a otros caudillos de los más destacados; y, habiendo cogido vivos a tres mil prisioneros, los enroló en su propio ejército. A su vez, Indortes, después de reunir un contingente de cincuenta mil hombres, puestos en fuga antes del combate, escapó hacia una colina y, sitiado por Amílcar, habiendo huido de nuevo durante la noche, fueron destrozadas la mayor parte de sus fuerzas, y el mismo Indortes capturado vivo. Amílcar, después de dejarlo ciego y darle tormento, lo hizo crucificar; mas, a los restantes prisioneros, que eran más de diez mil, los dejó libres. Y se atrajo a muchas ciudades mediante persuasión, a otras, por medio de las armas. Asdrúbal, yerno de Amílcar, enviado a Cartago por su suegro con objeto de que participara en la guerra de los nómadas sublevados contra los cartagineses, aniquiló a ocho mil de ellos, capturó vivos a dos mil, y los demás fueron obligados a pagar tributo y esclavizados. Amílcar, habiendo sometido a muchas ciudades en toda la Iberia, fundó una gran ciudad, a la que, por su emplazamiento, llamó Acra Leuca. Amílcar, que se había establecido junto a la ciudad de Hélice poniéndole sitio, permaneció allí con el resto de sus efectivos, tras enviar la mayor parte de su ejército y los elefantes a los cuarteles de Acra Leuca, la ciudad por él fundada. He aquí que el rey de los orisos, que había llegado al mismo tiempo en ayuda de los sitiados, tras haber realizado un fingido pacto de amistad y alianza bélica, puso en fuga a Amílcar; pero éste, en su huida, procuró la salvación de sus hijos y amigos, desviándose por otro camino; y así, perseguido por el rey se arrojó con su caballo a un caudaloso río, y bajo su montura pereció a causa de la corriente; sin embargo, el grupo en el que iban sus hijos Aníbal y Asdrúbal, fue conducido salvo hasta Acra Leuca.

Diodoro, 25, 12. Después que Asdrúbal, el yerno de Amílcar, conoció la desgracia de su suegro, levantó a toda prisa el campamento y marchó hacia Acra Leuca, llevando consigo más de cien bestias. Después de ser proclamado general por la tropa y los cartagineses, reunió un contingente de cincuenta mil infantes experimentados, seis mil jinetes y doscientos elefantes. Después de atacar en primer lugar al rey de los orisos, degolló a todos los causantes de la huida de Amílcar. Se apoderó también de sus ciudades, que eran doce, y de todas las ciudades de Iberia. Tomo por esposa a una hija de un reyezuelo ibero y fue proclamado por todos los iberos general con plenos poderes. Por ello fundó una ciudad junto al mar a la que llamó Nueva Cartago y después otras más porque quería sobrepasar el poderío de Amílcar. Y alistó un ejército de sesenta mil hombres, ocho mil jinetes y doscientos elefantes. Víctima de la traición de un criado, pereció degollado después de haber sido general durante nueve años.

Diodoro, 25,15. Tras la muerte de Asdrúbal el cartaginés, hallándose sin jefe, alguno (los cartagineses), eligieron por votación al hijo mayor de Amílcar, Aníbal. Estando sitiada por Aníbal la ciudad de los saguntinos, reunieron sus objetos sagrados, el oro y la plata que tenían en sus casas, los aderezos, pendientes de sus mujeres y las monedas de plata y, después de fundir cobre y plomo, los mezclaron con todo, y tras hacer así inservible el oro, salieron al exterior, lucharon heroicamente y fueron todos aniquilados, si bien ellos dieron muerte a otros muchos. Y las mujeres, después de matar a sus hijos, se ahorcaron. De este modo, (Aníbal) se apoderó de la ciudad sin que le reportara ningún beneficio. Los romanos pidieron la entrega de Aníbal para juzgarle por las infracciones cometidas contra las leyes y, al no consentirlo, entablaron la guerra llamada Anibálica

Diodoro, 25, 19. Aníbal, según cuentan Diodoro y Dión a la vez que Dionisio de Halicarnaso, era general de los sículos, e hijo de Amílcar. Este Amílcar llegó a conquistar toda la Iberia, mas fue muerto por traidor ataque de los iberos. Así, en tal ocasión, ordenó que todo su ejército se diera a la fuga y que huyesen juntos con los otros sus hijos, a los cuales, en tanto se le abrazaban y mostraban su deseo de compartir su muerte, hubo de apartar de sí con el látigo: Aníbal era de quince años, y Asdrúbal de doce; alzó de su cabeza la cimera y el yelmo, y por los iberos fue reconocido. Cuantos iberos eran se lanzaron tras él, y así, los fugitivos, hallando seguridad, se pusieron a salvo. Mas cuando vio a su ejécito libre de peligros, dio la vuelta hacia atrás y desde entonces puso empeño en no ser vencido por los iberos. y, mientras los iberos le hostigaban ardorosamente a todo su alrededor, él, que conducía su caballo con desmedida violencia, vino a precipitarse en las aguas turbulentas del río Iber. Fue alcanzado por un disparo de jabalina, ahogado, ni siquiera su cadáver pudieron encontrar los iberos; tal era su deseo, y así fue arrastrado por la corriente. El hijo de tal héoe, Aníbal, servía bajo las órdenes de un yerno (de Amílcar) y junto a él pasó a saco a toda la Iberia, en venganza de la muerte de su padre. Cuando en el transcurso de este tiempo los ausonios romanos, después de sufrir múltiples derrotas, vencieron a los sículos y les impusieron la más dura condición para ellos, que jamás ninguno llevase espada. Aníbal, ya en edad de veinticinco años, sin contar con el Senado ni con los que ostentaban la autoridad, tomó consigo a los jóvenes más ardorosos y arriesgados, como unos cien y aún más, vivía devastando la Iberia, y sin cesar aumentaba aún su juvenil ejército…

COMENTARIO

Este texto de Diodoro da mas detalles que Livio y Polibio acerca de la muerte de Amílcar y su muerte, y sobre la venganza de su yerno Asdrúbal en toda la Península.

Período – 237 a -218

Apiano, Iberia, 2. No es mi propósito, ya que sólo escribo una historia de Roma, preocuparme con detalle de qué pueblos se piensa que fueron los primeros pobladores y quiénes la poseyeron después de éstos. Sin embargo me parece que en algún momento los celtas, después de atravesar el Pirineo, la habitaron fusionándose con los nativos; lo que explica, por tanto, también el nombre de los celtiberos. De igual modo me parece que los fenicios, navegando con frecuencia hasta Iberia, desde época remota, por razones de comercio, se asentaron en una parte de ella…

Apiano, Iberia, 3. A este país afortunado y lleno de grandes riquezas, comenzarón a explotarlo los cartagineses antes que los romanos. Una parte de él la poseían ya, y la otra la saqueaban, hasta que los romanos, tras haberlos expulsado, ocuparon de inmediato las regiones de Iberia que tenían los cartagineses. Y llegando a dominar el resto del país, después de mucho tiempo y esfuerzo, y pese a las numerosas defecciones de los territorios ya ocupados. la dividieron en tres partes y enviaron a tres pretores. De qué modo llegaron ellos a someter a cada uno y cómo lucharon con los cartagineses por su posesión y, después de éstos, con los iberos y celtiberos, o mostraré en este libro…

Apiano, Iberia, 4. La primera guerra entre romanos y cartagineses fue una guerra extranjera por la posesión de Sicilia, librada en la propia Sicilia, y la segunda fue ésta de Iberia y en la propia Iberia. En el transcurso de ella, también ambos contendientes, navegando con grandes ejércitos, saquearon mutuamente sus territorios, unos Italia, otros África. La comenzaron alrededor de la ciento cuarenta olimpiada, más o menos, cuando disolvieron los tratados que habían concertado al final de la guerra de Sicilia. El motivo de la ruptura fue el siguiente: Amílcar, de sobrenombre Barca, cuando precisamente en Sicilia mandaba las fuerzas cartaginesas, prometió dar grandes recompensas a sus mercenarios celtas y a los aliados africanos. Al serles reclamadas éstas por aquellos, una vez que retornó a África, los cartagineses se vieron envueltos en la guerra de África, en el curso de la cual sufrieron numerosos reveses a manos de los propios africanos y entregaron Cerdeña a los romanos en compensación por las afrentas causadas a sus mercaderes en esta guerra de África. Por consiguiente, cuando sus enemigos lo hicieron comparecer a juicio por considerarlo, por estos motivos, el responsable de tantas calamidades para su patria. Amílcar, tras asegurar el favor de todos los hombres de Estado -de entre los que era el más popular Asdrúbal- que estaba casado con una hija del propio Amílcar, eludió el juicio, e incluso, cuando tuvo lugar una sublevación de los númidas, consiguió ser elegido general contra ellos en compañía de Annón, llamado el Grande, sin haber rendido cuentas todavía de su anterior generalato.

Apiano, Iberia, 5, Una vez que acabó la guerra y se hizo regresar a Annón a Cartago para responder de ciertos cargos, Aníbal, que se hallaba él y sólo al frente del ejército y tenía a su cuñado Asdrúbal como asociado suyo, se dirigió hacia Gades y, tras cruzar el estrecho hasta Iberia, se dedicó a devastar el territorio de los iberos, que no le habían causado daño alguno. Hacía de ello una ocasión para estar fuera de su patria, para realizar empresas y adquirir popularidad; en efecto, todo lo que apresaba, lo dividía, y daba una parte al ejército con el fin de tenerlo presto a cometer desafueros en su compañía: otra parte la enviaba a Cartago y una tercera la repartía entre los políticos de su propio partido. Finalmente, los reyes iberos y todos los hombres poderosos, que fueron coaligándose gradualmente, lo mataron de la siguiente forma: llevaron carros cargados de troncos a los que uncieron bueyes y los siguieron provistos de armas. Los africanos, al verlo, se echaron a reír, al no comprender la estrategia, pero, cuando estaban muy próximos, los iberos prendieron fuego a los carros tirados aún por los bueyes y los arrearon contra el enemigo. El fuego, expandido por todas partes al diseminarse los bueyes, provocó el desconcierto de los africanos y, al romperse la formación, los iberos, cargando a la carrera contra ellos, dieron muerte a Amílcar en persona y a gran número de los que lo estaban de los que estaban defendiéndolo.

COMENTARIO

Tanto Apiano como los autores antes citados, dan versiones diferentes sobre la muerte violenta de Amílcar. No se puede admitir más que el hecho como tal porque no son fiables y unos se copian de otros.

Apiano, Iberia, 6. Sin embargo, los cartagineses, satisfechos con el botín obtenido ya en Iberia, enviaron allí otro ejército y designaron como general en jefe a Asdrúbal, yerno de Amílcar, que estaba en Iberia. Éste llevaba consigo a Aníbal, famoso por sus hechos de armas no mucho después, hijo de Amílcar, y hermano de su propia esposa, hombre joven y belicoso que gozaba del favor del ejército. A él lo designó como lugarteniente. Asdrúbal se ganó la mayor parte de Iberia por medio de la persuasión, pues era persuasivo en su trato, y en los hechos que requería de la fuerza se servía del muchacho. Avanzó desde el océano occidental hacia el interior pues el río Ebro, que divide a Iberia poco más o menos por su mitad y desemboca en el océano boreal a una distancia de unos cinco días de viaje desde los Pirineos.

Apiano, Iberia, 7. Los saguntinos, colonos oriundos de Zacinto, que viven a mitad de camino entre los Pirineos y el río Ebro, y todos los restantes griegos que habitaban en las proximidades del llamado Emporion y en cualquier otro lugar de Iberia, temiendo por su seguridad personal, enviaron embajadores a Roma. El Senado, que no quería que se acrecentara el poderío cartaginés, envió, a su vez, embajadores a Cartago. Y ambos llegaron al acuerdo de que el río Ebro fuera límite del territorio cartaginés en Iberia y que ni los romanos llevaran la guerra contra los pueblos del otro lado del río, súbditos de los cartagineses, ni éstos cruzaran el río para hacer la guerra, y que los saguntinos y demás griegos de Iberia, fueran libres y autónomos. Estos acuerdos fueron añadidos a los tratados ya existentes en los tratados entre romanos y cartagineses.

Apiano, Iberia, 8. Poco tiempo después de estos sucesos, un esclavo, a cuyo dueño había matado con crueldad, en el transcurso de una cacería, cuando dedicado al gobierno de aquella parte de Iberia perteneciente a Cartago, sin ser visto, dio muerte a Asdrúbal. Y Aníbal mató a éste, convicto de su crimen, tras haberlo atormentado de manera terrible. El ejército, entonces, proclamó a Aníbal como su general, pues a pesar de su excesiva juventud, lo apoyaba totalmente. Y el Consejo de Cartago lo ratificó. Sin embargo, todos los adversarios políticos de Amílcar que habían temido su fuerza y la de Asdrúbal, cuando se informaron de que estaban muertos, despreciaban a Aníbal por su juventud y perseguían a los amigos y soldados de aquellos bajo las acusaciones ya antes formuladas contra los Barca. El pueblo, al mismo tiempo, se puso de parte de los acusadores, lleno de resentimiento contra los acusados, por causa de la severidad de la época de Amílcar y de Asdrúbal. Y les ordenaron llevar al tesoro público los regalos que en gran cantidad les había enviado Asdrúbal y Amílcar, por considerarlos tomados al enemigo. Éstos enviaron emisarios a Aníbal en demanda de socorro y le hicieron saber que también él recibiría el desprecio más absoluto por parte de los enemigos de su padre, si se desentendía de quienes podía colaborar con él en su patria.

Apiano, Iberia, 9. Pero Aníbal no sólo había previsto estas cosas, sino que también era consciente de que los pleitos incoados contra aquellos eran el principio de un complot contra su propia persona. y decidió que no iba a soportar esta enemistad como una amenaza para siempre, al igual que su padre y cuñado, y que tampoco iba a estar entregado de modo indefinido a la veleidad de los cartagineses, fácilmente dispuestos a mostrase desagradecidos hacia sus benefactores. Se decía también que incluso, siendo todavía niño había sido requerido por su padre a jurar ante el fuego del altar que había de ser un enemigo implacable para los romanos cuando accediera a la política. Precisamente por estas razones pensaba consolidar su posición y la de sus amigos, involucrando a su patria en empresas de gran envergadura y duración, sometiéndola a dificultades y riesgos. Veía en efecto, que tanto África como los pueblos sometidos de Iberia se hallaban en paz, pero si podía hacer resurgir contra los romanos una nueva guerra, que deseaba en especial, le parecía que los cartagineses se veían aquejados por grandes preocupaciones y temores, y él, por su parte, casi de tener éxito, obtendría una fama inmortal al hacer a su patria regidora de todo el universo, -pues no existía para ellos enemigo alguno después de los romanos-, e incluso en el caso de fracasar, aún así, el mero intento, le reportaría una gran gloria.

Apiano, Iberia, 10. Y presumiendo que sería un inicio brillante el cruzar el Ebro, convenció a los turbuletes, que eran vecinos de los de Sagunto, a quejarse ante él de estos últimos sobre la base de que hacían incursiones contra su territorio y les causaban muchos otros ultrajes. Y ellos le obedecieron. Enconces, Aníbal envió a los embajadores de éstos a Cartago, en tanto que él, en misivas privadas, expuso que los romanos trataban de convencer a la parte de Iberia sometida a Cartago para que hiciera defección de ésta, y que los saguntinos cooperaban en ello con los romanos. Y en absoluto desistía de su engaño, enviando muchos mensajes en tal sentido, hasta que el Consejo le autorizó a actuar con relación a los saguntinos del modo que considerara oportuno.. Y tan pronto tuvo la ocasión, hizo que, de nuevo, los turbuletes se presentaran ante él para quejarse de los saguntinos y mandó venir embajadores de éstos. Se presentaron embajadores saguntinos y, al exhortarles que cada uno expusiera en su presencia los motivos de sus diferencias, éstos últimos manifestaron que remitirían el juicio a Roma. Al decirle esto, los hizo salir del campamento y a la noche siguiente, habiendo cruzado el Ebro con todo su ejército, devastó el territorio y apostó sus máquinas contra la ciudad. Pero, como no pudo tomarla, la rodeó con un muro y un foso y, estableciendo alrededor a intervalos numerosos puestos de vigilancia, los inspeccionaba con frecuencia. Los saguntinos, al verse abrumados por este ataque inesperado y no anunciado por heraldos, enviaron una embajada a Roma. El Senado envió con ellos a sus propios embajadores que, en primer lugar, debían recordarle a Aníbal los acuerdos existentes y, caso de no convencerle, navegar hasta Cartago para presentar quejas contra él. A estos embajadores, cuando habían efectuado su travesía hasta Iberia y se dirigían desde el mar hasta el campamento, les ordenó Aníbal que no se acercaran. Entonces se hicieron de nuevo a la mar rumbo a Cartago en compañía de los embajadores saguntinos y volvieron a recordarles los tratados a los cartagineses. Éstos culparon a los saguntinos de causar numerosas ofensas a su súbditos. Los embajadores de Sagunto los invitaron, por su parte, a llevar el juicio ante los romanos. Pero ellos dijeron que no necesitaban de arbitraje alguno, pues podían vengar esta ofensa por sí solos. cuando se comunicó esta respuesta a Roma, algunos exhortaban a socorrer de inmediato a los saguntinos, otros se mostraban aún indecisos diciendo que éstos no se hallaban inscritos en sus tratados en calidad de aliados, sino como autónomos y libres, y que los que estaban sitiados eran libres todavía. Y prevaleció esta opinión.

Apiano, Iberia, 12. Los saguntinos, una vez perdida la esperanza de ayuda de Roma, y como el hambre los acuciaba, y Aníbal persistía en su asedio continuo -pues como había oído que la ciudad era próspera y rica, no relajaba el asedio-, reunieron el oro y la plata, tanto público como privado, en la plaza pública, por medio de una proclama, y los mezclaron con plomo y bronce fundido para que resultara inútil a Aníbal. Y ellos mismos prefirieron morir en combate antes que por hambre, se lanzaron a la carrera, de noche todavía, contra los puestos de guardia de los africanos que aún dormían y no sospechaban tal ataque. Por lo cual los mataron cuando se levantaban del lecho y se estaban armando a duras penas en medio de la confusión y algunos, incluso, cuando ya estaban luchando. El combate duró mucho tiempo y de los africanos murieron muchos, pero los saguntinos, todos. Las mujeres, al ver desde las murallas el fin de sus hombres, se arrojaron unas desde los tejados, otras se ahorcaron y otras, incluso, degollaron a sus propios hijos. Este fue el final de Sagunto, una ciudad que había sido grande y poderosa. Aníbal, tan pronto como se percató de lo que había sucedido con el oro, movido por la ira, dio muerte a aquellos saguntinos que quedaban y eran adultos, después de torturarlos, pero viendo que la ciudad estaba a orillas del mar y no lejos de Cartago y poseía una tierra buena, la pobló de nuevo e hizo de ella una colonia cartaginesa. La cual creo que actualmente se lla Cartago «Espartágena».

Apiano, Iberia, 13. Los romanos enviaron embajadores a Cartago con la orden de que reclamaran a los cartagineses la entrega de Aníbal como responsable de la violación de los tratados a no ser que todos asumieran la responsabilidad de que, si no se lo entregaban, declarasen de inmediato y públicamente la guerra. Los embajadores así lo hicieron y les anunciaron la guerra al no entregarles a Aníbal. Se dice que ocurrió de la siguiente manera. El embajador con una sonrisa les dijo, mostrándoles el pliego de la toga: «Aquí os traigo. cartagineses, la paz y la guerra; tomad aquella que elijáis». Ellos replicaron; «Danos tú mejor la que tu quieras». Cuando él les ofreció la guerra, todos prorrumpieron en un grito unánime: «La aceptamos». Y, al punto, comunicaron a Aníbal que ya podía hacer incursiones por toda Iberia sin miedo, pues los pactos estaban rotos. Y él, en consecuencia, marchando contra todos los pueblos cercanos, los puso en sumisión, ya con persuasión, ya por temor, o por la fuerza y reunió un gran ejército sin revelar su finalidad, pero con la secreta intención de invadir Italia. Envió emisarios entre los galos e hizo examinar los pasos entre los Alpes. y los cruzó (dejando) a su hermano Asdrúbal en Iberia.(…).

COMENTRARIO

Apiano narra el episodio de destrucción de Sagunto como los anteriores autores, Livio y Polibio. Insistos: se copian unos a otros. La autoridad histórica no la obtiene ninguno: tan solo existen matices diferenciales que se explican por sus simpatías particulares hacia uno u otro partido en guerra.

Apiano, Iberia, 14….(Los romanos, pensando que) tendrían que sostener la guerra en Iberia y en África, pues ni siquiera habían imaginado que los africanos invadieran jamás Italia,-enviaron a Tiberio Sempronio Longo con ciento sesenta naves y dos legiones, a África. Lo que hicieron Longo y los demás generales romanos en África está escrito en el libro Púnico-,y a Publio Cornelio Escipión lo enviaron a Iberia con sesenta naves y diez mil soldados de infantería y setecientos jinetes y, como legado suyo, enviaron con él a su hermano Gneo Cornelio Escipión. Publio, al enterarse por mercaderes masaliotas de que Aníbal había cruzado los Alpes en dirección a Italia, temiendo que cayera sobre los italiotas inesperadamente, partió con las quinquerremes en dirección a Etruria después de entregar a su hermano Gneo el ejército de Iberia. Lo que hicieron en Italia él y los otros generales de este ejército con posterioridad a él hasta que lograron expulsar a duras penas de Italia a Aníbal después de dieciséis años, lo refiere el siguiente que comprende todos los hechos de Aníbal en Italia y, por eso, se llama libro «Anibálico» de la historia de Roma.

COMENTARIO

La cita de Apiano respecto al libro Ánibalico (hecho que otros autores citan) nos hace pensar que en él estaban los hechos narrados de todos sus episodios. Muchas situaciones tal vez se hubieran aclarado de haberse conservado. Por desgracia sólo tenemos referencias; pero ha existido.

Apiano, Iberia, 15. Gneo, por su parte, no llevó a cabo nada digno de mención en Iberia antes de que regresara a su lado su hermano Publio, después de haber enviado a Italia contra Aníbal a sus sucesores en el consulado. Lo enviaron de nuevo a Iberia tras nombrarlo procónsul. Y desde este momento, los dos Escipiones sostuvieron la guerra en Iberia teniendo como oponente a Asdrúbal, hasta que los cartagineses, atacados por Sífax, el rey de los númidas, le hicieron regresar junto con una parte de su ejército, y los Escipiones vencieron con facilidad a los que quedaron. Muchas ciudades se les pasaron voluntariamente, pues eran persuasivos en grado, tanto para hacer la guerra, como para atraerse aliados.

Año -211.

Apiano, Iberia, 16. Los cartagineses, cuando concertaron la paz con Sífax, enviaron de nuevo a Asdrúbal a Iberia con un ejército más numeroso y con treinta elefantes. Lo acompañaban otros dos generales, Magón y otro Asdrúbal que era hijo de Gisgón, y a partir de entonces la guerra se hizo mucho más difícil para los Escipiones, pero, incluso, en estas condiciones, resultaron vencedores. Perecieron muchos africanos y gran número de elefantes y, finalmente, al aproximarse el invierno, los africanos invernaron en la Turdetania y, de los Escipiones, Gneo lo hizo en Orsón, y Publio en Cástulo. Aquí recibió la noticia del avance de Asdrúbal. Saliendo de la ciudad con un destacamento pequeño para reconocer el campamento, se aproximó a Asdrúbal sin ser visto, y después de rodearlo con la caballería a él y a todos los que lo acompañaban, los mató. Gneo, que no tenía noticias de nada, envió soldados a su hermano para que se aprovisionaran de trigo, y encontrándose con ellos otros africanos, entablaron combate. Al enterarse Gneo, salió a la carrera como estaba, con las tropas ligeras en su auxilio. Si embargo ya habían matado a los anteriores y persiguieron a Gneo hasta que se refugió en una torre, y Escipión y sus compañeros murieron abrasados.

Año -210.

Apiano, Iberia, 17. De esta manera perecieron los dos Escipiones, hombres excelentes en todo, y a ellos los añoraron los iberos que, gracias a su intervención, se habían pasado a los romanos. Cuando se enteraron los de la ciudad, fueron presa de gran aflicción, y enviaron a Italia a Marcelo que había llegado de Sicilia hacía poco tiempo, y en su compañía a Claudio con (…) naves, mil jinetes, diez mil soldados de infantería y recursos suficientes. Como no llevaron a cabo ninguna empresa destacada, el poderío cartaginés se incrementó notablemente y casi llegaron a dominar la totalidad de Iberia, quedando encerrados los romanos en una pequeña franja de terreno en los montes Pirineos. Al enterarse de esto los de Roma, cundió, de nuevo, el pánico. Existía el temor de que mientras Aníbal devastaba la zona norte de Italia, estos africanos invadieron el otro extremo. Por este motivo no le era posible evacuar Iberia como era su deseo, por miedo a que esta guerra fuera transferida a Italia.

Apiano, Iberia, 18. Fijaron, por consiguiente, con antelación el día en el que elegirían un general para Iberia. Al no presentarse nadie como candidato, el miedo se acentuó y un silencio sombrío atenazó a la asamblea. Finalmente Cornelio Escipión. hijo de Publio Cornelio, muerto en Iberia, hombre muy joven, -tenía veinticuatro años- pero con fama de prudente y noble, avanzando hasta el centro de la asamblea, pronunció un solemne discurso acerca de su padre y de su tío, y después de lamentar su aciago destino, proclamó que, por encima de todo, él era el vengador familiar de su padre, de su tío y de su patria. Expuso muchas otras razones sin pausa y con vehemencia, como un inspirados, prometiendo apoderarse no sólo de Iberia, sino, tras de ella, de África y también de Cartago. A algunos les pareció que hablaba a la ligera, como cosa propia de su juventud, pero al pueblo encogido por el miedo, le volvió a infundir ánimos, ya que los que están asustados se alegran con las promesas; y fue elegido general para Iberia en la convicción de que iba a llevar a cabo algo digno de su coraje.. En cambio, los de más edad no lo consideraban coraje sino temeridad. Escipión, al darse cuenta de esto, los convocó de nuevo en asamblea y pronunció otro discurso solemne en un sentido similar al anterior. Y, tras afirmar que la edad no seria para él impedimento, alguno, no obstante, los invitó públicamente a que si algunos de sus mayores quería asumir el mando, se lo concedería de voluntad. Sin embargo, como nadie aceptó su invitación, rodeado de mayores elogios y admiración, partió con diez mil soldados de infantería y quinientos jinetes, pues le fue imposible llevarse un ejército más numeroso debido a que Aníbal estaba asolando a Italia. También cogió riquezas, otros enseres y veintiocho barcos de guerra, con los que se hizo a la mar rumbo a Iberia.

Apiano, Iberia, 19. Después de hacerse cargo del ejército que estaba allí y reunirlo en un solo cuerpo de ejército con las tropas que llevaba, realizó un rito de purificación y se dirigió también a ellos con palabras grandilocuentes. Se extendió al punto por toda Iberia, molesta con los africanos y nostálgicos de la noble generosidad de los Escipiones, la noticia de que Escipión, había llegado como su general por designio de la providencia. Al enterarse Escipión de esto, fingió que realizaba todo como inspirado por la divinidad. Se informó de que los enemigos acampaban en cuatro campamentos, distantes un gran trecho unos de otros. con veinticinco mil soldados de infantería y dos mil quinientos jinetes, pero que tenía su provisión de riquezas, de trigo, armas, dardos, naves, prisioneros y rehenes procedentes de toda Iberia, en la ciudad llamada antes Sagunto y entonces ya Cartago Nova, y de que la custodiaba Magón, y de la gran cantidad de provisiones, y con la idea de tener a esta ciudad como una base segura de operaciones por tierra y por mar contra toda Iberia, ya que poseía minas de plata, un territorio fértil y mucho oro, y constituía el paso más corto a África.

Año -209.

Apiano, Iberia, 20. Animado por estos cálculos y sin haber comunicado a nadie por donde pensaba atacar, al ponerse el sol condujo el ejército durante toda la noche hasta Cartago Nova. Al amanecer, en medio del estupor de los africanos, empezó a cerca la ciudad con una empalizada y se preparó para el día siguiente, apostando escaleras y máquina de guerra por todo el rededor de la misma, excepto por una sola parte en la que el muro era más bajo y estaba bañado por una laguna y el mar, por lo que la vigilancia era menos intensa. Habiendo cargado durante toda la noche las máquinas con dardos y piedras, y tras apostar frente al puerto de la ciudad sus naves, a fin de que las de los enemigos no pudieran escapar a través de él, -pues confiaba absolutamente en apoderarse de la ciudad a causa de su elevada moral-, antes del amanecer hizo subir al ejército sobre las máquinas, exhortando a una parte de sus tropas a entablar combate con los enemigos desde arriba, y a otra parte a empujarlas contra el muro por su parte inferior. Magón, a su vez, apostó a sus diez mil hombres en las puertas con la intención de salir, cuando se le presentara la ocasión con sólo las espadas,-pues no era posible usar las lanzas en un espacio estrecho-. y envió a los restantes a las almenas. También se tomó él el asunto con mucho celo colocando numerosas máquinas, piedras. dardos y catapultas. Hubo gritos y exhortaciones por ambas partes, ninguno quedó atrás en el ataque y en el coraje, lanzando piedras, dardos y jabalinas, unos con las manos, otros con las máquinas, y otros con hondas. Y se sirvieron con ardor de cualquier otro instrumento o recurso que tuvieran en sus manos.

Apiano, Iberia, 21. Las tropas de Escipión sufrieron mucho daño. Los diez mil soldados cartagineses que estabn junto a las puertas, saliendo a la carrera con las espadas desenvainadas, se precipitaron contra los que empujaban las máquinas y causaron muchas bajas, pero no sufrieron menos. Finalmente, los romanos empezaron a imponerse por su laboriosidad y constancia. Entonces cambió la suerte, porque los que estaban sobre las murallas se encontraban ya cansados y los romanos consiguieron adosar las escalas a los muros. De nuevo la lucha se hizo penosa y difícil, porque los cartagineses que llevaban espadas, penetraron a la carrera por las puertas y cerrándolas tras ellos, se encaramaron a los muros, hasta que Escipión, que recorría todos los lugares dando gritos, y exhortaciones de ánimo, se dio cuenta, hacia el mediodía, de que el mar se retiraba por aquella parte en la que el muro era bajo y lo bañaba la laguna. Se trataba de un fenómeno diario de la baja de la marea. El agua avanzaba hasta mitad del pecho y se retiraba hasta media rodilla. Escipión se percató entonces de esto y comprendió la naturaleza del fenómeno, a saber, que estaría baja durante el resto del día y, antes de que el mar volviera a subir, se lanzó a toda la carrera por todas partes gritando: «Ahora es el momento, soldados, ahora viene la divinidad como aliada mía. Avanzad contra esta parte de la muralla. El mar nos ha cedido el paso. Llevad las escaleras y yo os seguiré».

Apiano, Iberia, 22. Después de coger él, el primero, una de las escaleras, la apoyó contra el muro y empezó a subir cuando aún no lo había hecho ningún otro, hasta que, rodeándolo sus escuderos y otros soldados del ejército, se lo impidieron, y ellos mismos acercaron, a la vez, gran cantidad de escaleras y treparon. ambos bandos atacaron con gritos y celo e intercambiaron golpes variados, pero, no obstante, vencieron los romanos. Consiguieron subir a una pocas torres en las que Escipión colocó trompeteros y hombres provistos de cuernos de caza y les dio la orden de animar y causar alboroto para dar la impresión de que ya había sido tomada la ciudad. Otros, corriendo de aquí para allá, provocan el desconcierto de igual manera y algunos, descendiendo de un salto desde las almenas, le abrieron las puertas a Escipión. Éste penetró a la carrera con el ejército. De los que estaban dentro, algunos se refugiaron en sus casas. Magón, por su parte, reunió a sus diez mil soldados en la plaza pública y cuando éstos sucumbieron, se retiró de inmediato con unos pocos a la ciudadela. Pero, al atacar, acto seguido, Magón, como ya no podía hacer nada con unos hombres que estaban en inferioridad numérica y acobardados por el miedo, se entregó él mismo a Escipión.

Apiano, Iberia, 23. Éste, por haber tomado en un solo día, el cuarto de su llegada, una ciudad poderosa y rica, debido a su audacia y buena estrella, se sintió presa de un gran orgullo y daba la impresión, en mayor medida, que ejecutaba una acción de acuerdo con los designios de la divinidad. No sólo lo pensaba así él mismo en su interior, sino que lo manifestaba públicamente en sus discursos entonces y, desde aquel momento, durante el resto de su vida. Muchas veces, en efecto, penetraba solo en el Capitolio y cerraba las puertas tras de sí, como si se dispusiera a recibir alguna información de parte de la divinidad. Y todavía en la actualidad llevan en las procesiones desde el Capitolio, solamente la estatua de Escipión, en tanto que las de los demás, las llevan desde el foro. En la ciudad tomada se apoderó de almacenes con enseres útiles para tiempos de paz y de guerra, gran cantidad de armas, dardos, máquinas de guerra, arsenales para los navíos, treinta y tres barcos de guerra, trigo y provisiones variadas, marfil, oro, plata, -una parte consistente en objetos, otra acuñada y otra sin acuñar-, rehenes iberos y prisioneros de guerra y todas aquellas cosas que antes habían quitado a los romanos. Al día siguiente realizó un sacrificio y celebró el triunfo. Después hizo un elogio del ejército, pronunció una arenga a la ciudad y, tras recordarles a los Escipiones, dejó partir libres a los prisioneros de guerra hacia sus respectivos lugares de origen con objeto de congraciarse con las ciudades. Otorgó las mayores recompensas al que subió en primer lugar la muralla; al siguiente le dio la mitad de ésta, al tercero la tercera parte, y a los demás proporcionalmente. El resto del botín – lo que quedaba de oro, plata o marfil- lo envió a Roma a bordo de las naves apresadas. La ciudad celebró un sacrificio durante tres días, pensando que de nuevo volvía a renacer el éxito ancestral y, de otro lado, Iberia y los cartagineses que habitaban en ella, quedaron estupefactos por el temor y la magnitud y rapidez de su golpe de mano.

Año -208.

Apiano, Iberia, 24. Escipión estableció una guardia en Cartago Nova y ordeno que se elevara la muralla que daba al lugar de la marea. Él se puso en camino hacia el resto de Iberia y, enviando a sus amigos a cada región, los atraía bajo su mando de buen grado y a los demás que se le opusieron, los sometió por la fuerza. Eran dos los generales cartagineses que quedaban y ambos se llamaban Asdrúbal; uno de ellos, hijo de Amílcar, andaba reclutando mercenarios muy lejos entre los celtiberos, y el otro Asdrúbal, el hijo de Gisgón, enviaba emisarios a las ciudades que todavía eran fieles, demandando que permanecieran en esta fidelidad a Cartago, pues estaba a punto de llegar un ejército inmenso, y envió a otro Magón a las zonas próximas a reclutar mercenarios de donde les fuese posible, mientras que él en persona se dirigió contra el territorio de Lersa, que se le había sublevado, y se dispuso a sitiar alguna ciudad de allí. Sin embargo, cuando se dejó ver Escipión, Magón se retiró a la Bética y acampó delante de la ciudad. En este lugar fue derrotado de inmediato al día siguiente, y Escipión se apoderó de su campamento y de la Bética.

Año -206.

Apiano, Iberia, 26. Pero, una vez que empezaron a faltarles las provisiones y el hambre hizo presa en el ejército, Escipión juzgó que no era conveniente retirarse, antes bien, tras realizar un sacrificio, convocó al ejército para dirigirle la palabra nada más concluir éste, y adoptando una vez más el rostro y la postura de un inspirado, les dijo que le había llegado el presagio divino habitual y le había exhortado a dirigirse contra los enemigos. Y era necesario tener más confianza en el dios que en el número de tropas del ejército, pues también había obtenido las victorias precedentes en razón al favor divino y no por su fuerza numérica. Y, con objeto de inspirar confianza en sus palabras, ordenó a los adivinos que llevasen al centro de la asamblea las entrañas de la víctimas sacrificadas. Mientras hablaba observó que algunos pájaros estaban revoloteando y, volviéndose bruscamente allí mismo, con un movimiento rápido y un alarido, los señaló y dijo que los dioses también se los había enviado como símbolo de la victoria. Los acompañaba en sus movimientos clavando sus ojos en ellos y gritando como un inspirado. Todo el ejército seguía a un mismo tiempo las gesticulaciones de aquel, que giraba de acá para allá, y todos se sintieron llenos de ardor como ante una victoria segura. Escipión, cuando tuvo todo tal y como lo había planteado, no vaciló ni permitió que su ardor se enfriara, sino que como un inspirado todavía, afirmó que era necesario entablar combate al punto después de estas señales. Dio la orden de que tomaran las armas después de comer y los condujo contra los enemigos sin que éstos los esperaran. Puso al frente de la caballería a Silano, y a Lelio y a Marcio, al de la infantería.

Apiano, Iberia, 27. Asdrúbal, Magón y Masinisa, cuando Escipión los atacó de modo repentino, mediando tan sólo diez estadios entre ambos ejércitos, armaron a sus tropas que aún no habían comido, con toda rapidez, confusión y tumulto. Se entabló un combate a la vez con la infantería y la caballería, y la caballería romana prevaleció por su misma táctica, persiguiendo sin tregua a los númidas acostumbrados a retroceder y volver al ataque. A estos últimos, a tan corta distancia, de nada le servían sus dardos. La infantería, sin embargo, se encontraba en situación desesperada a causa del número de los africanos y se veían superados a lo largo de todo el día. Con todo, Escipión no consiguió cambiar la suerte de la batalla, aunque corría a su lado y los animaba sin cesar. finalmente, entregando su caballo a un muchacho, y tomando un escudo de las manos de un soldado, se lanzó a la carrera, solo como estaba, en el espacio abierto entre los dos ejércitos gritando:»Venid, romanos en socorro de vuestro Escipión que corre peligro». Entonces, al ver los que estaban cerca en qué grado de peligro se encontraba y al enterarse los que estaban lejos, movidos todos de igual modo por un sentimiento de pudor y temiendo por la seguridad de su general, cargaron a la carrera furiosamente contra los enemigos, con alaridos. Los africanos, incapaces de resistir este ataque, cedieron; pues se daba además la circunstancia de que les faltaban las fuerzas al atardecer, por no haber probado alimentos. En poco tiempo perecieron en gran número. Este fue el resultado que obtuvo Escipión en la batalla celebrada en las cercanías de Carmona y cuyo desenlace fue incierto durante mucho tiempo. En ella los romanos perdieron ochocientos hombres y las bajas enemigas fueron de quince mil hombres.

COMENTARIO

Esta fue la batalla de Alalia. En ella los cartagineses fueron derrotados hasta el punto de que, desde allí, se empezaron a plantear su marcha al África. Gades no les prestarían ayuda, porque temían el recelo de los romanos si lo hacían. Es de destacar las palabras que Apiano pone en boca de Escipión: su espíritu y su fe en que vencería a los cartagineses de forma definitiva. Y esa fuerza que él inspiraba penetró en sus soldados cuando se arriesgó a enfrentarse en solo a la infantería enemiga. Su fuerza moral arrastró a todo su ejército hacia la victoria final.

Apiano, Iberia, 28. Después de este combate, los cartagineses se seguían retirando con toda rapidez y Escipión los seguía, causándoles daños y bajas cuantas veces podía ponerles las manos encima. Pero cuando ellos ocuparon un lugar bien protegido, con agua y comida abundante, y no se podía hacer otra cosa que sitiarlos, a Escipión lo apremiaban otras tareas, de modo que dejó a Silano para establecer el asedio y se marchó a otras partes de Iberia y las sometió. Los cartagineses que sufrían el sitio por Silano, retrocedieron y, finalmente, llegando al Estrecho, cruzaron hacia Gades (después de la caída de Cartago Nova, Gades se convirtió en la capital de los cartagineses). Silano, tras infringirles todo el daño que pudo, se reunió con Escipión en Cartago Nova. A Asdrúbal, el hijo de Amílcar, que estaba todavía levando tropas en torno al océano septentrional, le ordenó su hermano Aníbal que invadiera de inmediato Italia. Y él, con objeto de pasar inadvertido a Escipión, siguiendo por la costa del océano septentrional, cruzó los Pirineos hacia la Galia con los celtiberos que había reclutado. De este modo Asdrúbal se encaminó hacia Italia a marchas forzadas sin que lo supieran los italianos.

Apiano, Iberia, 29. Lucio, que había regresado desde Roma, le dijo a Escipión que los romanos pensaban enviarlo como general a África. Él, que deseaba esto ardientemente desde hacía mucho tiempo, y esperaba que sucediera así, envió a Lelio a África con cinco naves ante el rey Sífax, llevándole regalos y el recuerdo de su amistad con los Escipiones y la petición de que se uniera a los romanos en caso de que llegaran a hacer una expedición. Él prometió hacerlo, aceptó los presentes, y envió, a su vez, otros. Al enterarse de esto los cartagineses, enviaron también ellos embajadores junto a Sífax en busca de su alianza. Escipión cuando lo supo, juzgando importante atraerse a Sífax y consolidar su amistad contra los cartagineses, partió con dos naves en compañía de Lelio para verlo en persona.

Apiano, Iberia, 30. Los emisarios cartagineses, que todavía estaba con Sífax, le salieron al encuentro cuando se acercaba a la costa sin que Sífax lo supiera. Pero Escipión a toda vela, los pasó de largo con facilidad y alcanzó el puerto. Sífax los hospedó a ambos y, habiendo concertado una entrevista en privado con Escipión, lo despidió tras darle garantías, y retuvo a los cartagineses, que estaban de nuevo acechando a la espera de Escipión, hasta que éste estuvo a salvo a gran distancia en el mar. Tan gran riesgo corrió Escipión, al desembarcar y al hacerse a la mar de regreso. Se dice que en un banquete dado por Sífax, Escipión compartió el mismo sofá que Asdrúbal y éste, después de haberle hecho preguntas sobre muchas cuestiones, quedó asombrado de su dignidad y dijo a sus amigos que ese hombre no sólo era temible en el combate sino incluso en el banquete.

Apiano, Iberia, 31. Por estas fechas, algunos celtiberos e iberos, cuyas ciudades se habían pasado a los romanos, seguían sirviendo a Magón en calidad de mercenarios. Marcio los atacó y dio muerte a mil quinientos y el resto escapó para refugiarse en sus ciudades. A otros setecientos jinetes y seis mil soldados de infantería guiados por Annón los colocó en una colina, desde donde, al carecer de todo, enviaron mensajeros a Marcio para conseguir una tregua. Éste les comunicó que pactaría cuando le entregaran a Annón y a los desertores. Entonces ellos se apoderaron de Annón, aunque era su propio general, mientras escuchaba las propuestas, y de los desertores, y se lo entregaron. Marcio reclamó también prisioneros. cuando los hubo obtenido, les ordenó a todos que llevasen una cantidad estipulada de dinero a un determinado lugar de la llanura, pues no eran propios de los suplicantes los lugares elevados. Una vez bajaron a la llanura, les dijo: «Acciones merecedoras de la muerte habéis cometido vosotros que, teniendo a vuestros lugares patrios sometidos a nosotros, escogisteis combatir contra ellos al lado de los enemigos. No obstante os concedo marcharos sin sufrir castigo si deponéis vuestras armas». Sin embargo, la indignación se apoderó de todos a la vez y gritaron que entregarían sus armas. Tuvo lugar un combate encarnizado en el que la mitad de los celtiberos cayó tras haber opuesto una feroz resistencia, y la otra mitad consiguió ponerse a salvo junto a Magón. Éste hacia poco que había llegado al campamento de Annón con sesenta navíos y, al enterarse del desastre de éste, navegó hasta Gades y, sufriendo por el hambre, aguardó el futuro giro de los acontecimientos.

Apiano, Iberia, 32. Mientras Magón estaba inactivo, Silano fue enviado por Escipión a someter a la ciudad de Cástax, pero como sus habitantes le recibieron de una manera hostil, fijó su campamento ante ellos y lo comunicó a Escipión. Éste envió por delante un equipo de asedio y lo siguió, pero, desviándose de su camino, atacó la ciudad e Ilurgia. Dicha ciudad era aliada de los romanos en tiempos del anterior Escipión, pero, cando aquel murió, se pasó en secreto al bando cartaginés y, después de haber acogido a un ejército romano como si fuera todavía amiga, lo entregó a los cartagineses. Por este motivo, Escipión, lleno de ira, tomó la ciudad en cuatro horas y, pese a estar herido en el cuello, no desistió del combate hasta conseguir el triunfo. Y su ejército, por la misma razón, olvidándose del ataque y sin que nadie se lo ordenara, mató cruelmente incluso a los niños y a las mujeres, hasta dejar reducida la ciudad a los cimientos. Después de llegar a Cástax, Escipión dividió el ejército en tres cuerpos y mantuvo a la ciudad bajo vigilancia. Pero no comenzó el combate para dar tiempo a sus habitantes a cambiar de actitud, pues había oído que estaban dispuestos a ello. Y éstos, tras sacar y dar muerte a aquella parte de la guarnición que se le oponía, entregaron la ciudad a Escipión. Este último estableció una nueva guarnición y colocó la ciudad bajo el mando de uno de sus propios ciudadanos que gozaba de alta reputación. Retornó entonces a Cartago Nova, enviando a Silano y a Marcio a la zona del Estrecho para que devastaran todo cuanto pudiesen.

Apiano, Iberia, 33. Astapa era una ciudad que, siempre y en bloque, había permanecido fiel a los cartagineses. Sus habitantes, en esta ocasión en que Marcio tenía establecido el cerco en torno a ellos, convencidos plenamente de que si los romanos los apresaban, los iban a reducir a la esclavitud, reunieron todos sus enseres en la plaza pública y tras apilarlos con troncos de madera alrededor, hicieron subir sobre la pila a niños y mujeres. Tomaron juramento a cincuenta hombres notables de entre ellos, de que, cuando la ciudad fuera apresada, matarían a las mujeres y a los niños, prenderían fuego a la pila y se degollarían a sí mismos. Los astapenses, poniendo a los dioses por testigos de estas cosas, se lanzaron a la carrera contra Marcio, que no sospechaba nada, por lo que hicieron replegarse a sus tropas ligeras y a la caballería. E incluso, una vez que estuvo dispuesta la legión con sus armas, las tropas de los astapenses eran, con mucho, las más destacadas por combatir a la desesperada, pero, no obstante, se impusieron los romanos por el número, ya que por el valor no fueron inferiores en absoluto los de Astapa. Y cuando todos estuvieron muertos, los cincuenta que quedaban, degollaron a las mujeres y a los niños, prendieron fuego y se arrojaron a sí mismos a él, dejando a los enemigos una victoria sin provecho. Marcio, sobrecogido por el valor de los de Astapa, no cometió ningún acto de violencia contra sus casas.

Apiano, Iberia, 34. Después de estos sucesos, Escipión cayó enfermo y Marcio asumió el mando del ejército. Pero todos aquellos soldados que habían gastado sus ganancias a causa de su vida disipada, juzgando que, por no tener nada, nada digno de sus fatigas habían conseguido y que Escipión los despojaba de su fama y sus hechos gloriosos de armas, hicieron defección de Marcio y acamparon por su cuenta. Se unieron a ellos muchos otros procedentes de las guarniciones, y algunos, llevando dinero de parte de Magón, intentaban persuadirlos para que se pasaran a su lado. Los amotinados tomaron el dinero, eligieron generales y centuriones entre ellos, dispusieron a su manera los demás asuntos y se pusieron a sí mismo bajo disciplina militar tomándose mutuos juramentos. Cuando Escipión se enteró mandó decir a los sublevados que debido a su enfermedad no los había podido recompensar y, de otro lado, a los demás los apremió a que hicieran deponer su actitud a sus compañeros amotinados y, en común a todos, les envió una carta, como si ya estuvieran reconciliados, diciéndoles que los iba a recompensar de inmediato. Y les dio la orden de que marcharan, al punto, a Cartago Nova en busca de provisiones.

Apiano, Iberia, 35. Cuando fueron leídas estas cartas, algunos sospechaban, otros en cambio, les daban crédito, de modo que llegaron a un acuerdo y todos a la vez se pusieron en camino hacia Cartago Nova. Al aproximarse éstos, Escipión dio la orden a los senadores que lo acompañaban de que cada uno de ellos tomase como compañero a uno de los cabecillas de la sedición, cuando se acercaran, y lo recibiese como huésped. como si fuera a aconsejarle en tono amigable y lo retuviera a ocultas como prisionero. Ordenó también a los tribunos militares que cada uno tuviera dispuesto con sus armas a los hombres mas fieles al rayar el alba sin ser vistos y que, ocupando los lugares estratégicos de la asamblea a intervalos, en el caso de que alguien se pusiera de pie con idea de causar algún disturbio, lo asaeteara y lo mataran inmediatamente sin orden previa. Él en persona, poco después de despuntar el día, se hizo llevar a la tribuna y envió por los alrededores a los heraldo para convocar asamblea. La proclama se cogió de improviso y, sintiendo vergüenza de que su general, todavía enfermo, estuviera aguardándolos, y creyendo que eran convocados para el asunto de las recompensas, se precipitaron corriendo en tropel desde todos los lugares, unos sin ceñirse las espadas, otros vestidos sólo con la túnica, sin haber tenido lugar de ponerse toda su indumentaria.

Apiano, Iberia, 36. Escipión tenía en torno a él un guardia que no era visible. En primer lugar los censuró por lo sucedido, después les dijo que sólo haría recaer la culpa sobre los que comenzaron la revuelta, «a los que yo castigaré con vuestra ayuda». Y mientras decía esto, ordenó a los lictores que dividieran en dos partes a la multitud. Así lo hicieron y los senadores llevaron a los culpables al centro de la asamblea. Cuando prorrumpieron en gritos y llamaron a sus compañeros de armas para que los socorrieran, los tribunos dieron muerte al instante a los que se hicieron eco de sus palabras. La multitud, una vez que supo que la asamblea estaba custodiada, se sumió en un silencio sombrío. Escipión, después de ultrajar a los que habían sido conducidos al centro y en especial a los que de entre ellos habían gritado en demanda de ayuda, ordenó que se les cortara el cuello a todos tras sujetarlos con clavos al suelo, y para el resto, proclamó por medio del heraldo el perdón. De este modo, Escipión restableció la situación en el campamento.

Apiano, Iberia, 37. Indíbil, uno de los reyes que había llegado a un acuerdo con él, realizó una incursión en una parte del territorio sometido a Escipión, mientras estaba amotinado el ejército romano. Y cuando Escipión marchó contra él, sostuvo el combate con bravura y mató a mil doscientos romanos, pero, al haber perdido a veinte mil de los suyos, se vio obligado a pedir la paz. Y Escipión le impuso una multa y llegó a un acuerdo con él. Masinisa, sin que Asdrúbal se percatase, cruzó el Estrecho, y entablando relaciones de amistad con Escipión, juró combatir con su aliado romano, si llevaba la guerra contra África. Este hombre se mantuvo fiel en todas las circunstancias a causa del siguiente motivo. La hija de Asdrúbal el general que combatía entonces a su lado, le había sido prometida en matrimonio a Masinisa. Pero el rey Sífax se enamoró de la joven, y los cartagineses, considerando de gran importancia asegurarse a Sífax contra los romanos, le concedieron a la joven sin consultarle nada a Asdrúbal. Llevada a cabo esta acción, Asdrúbal la mantuvo oculta, por respeto a Masinisa, pero al enterarse éste, hizo una alianza con Escipión. Y Magón, el almirante, habiendo perdido la esperanza en los asuntos de Iberia a juzgar por la situación presente, se hizo a la mar rumbo al país de los ligures y los celtas, y se dedicó a reclutar mercenarios. Mientras andaba ocupado en estos asuntos, los romanos se apoderaron de Gades, que había sido abandonada por Magón.

Apiano, Iberia, 38. A partir de este momento, poco antes de la olimpiada ciento cuarenta y cuatro, comenzaron a enviar anualmente, a los pueblos de Iberia conquistados, pretores en calidad de gobernadores, o superintendentes para mantener la paz. Y Escipión, después de dejarles un ejército pequeño, adecuado a un asentamiento pacífico, estableció a los soldados heridos en una ciudad que llamó Itálica, tomando el nombre de Italia. Es la patria de Trajano y Adriano que más tarde fueron emperadores romanos…

Guerra de Aníbal. (Pasamos los episodios ya narrados de Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas)

Aníbal se apodera de Tarento por traición.

Apiano Hist. rom. VII, 32. A Tarento, que estaba bajo custodia de una guarnición de Roma, Cononeo actuó de la siguiente forma. Cononeo acostumbraba a salir de caza y, como siempre llevaba alguna pieza a Livio, el jefe de la guarnición, llegó a gozar, por ello, de una gran amistad con él. Como el país estaba en guerra, dijo que era necesario salir de caza y llevarse las piezas durante la noche, llegó a un acuerdo con Aníbal y, tomando soldados, ocultó a unos en una espesura cercana, a otros les ordenó que le acompañasen durante un corto trecho y, a otros, que permanecieran a su lado, ceñidos a ocultas con corazas y espadas, pero equipados como cazadores en su indumentaria exterior. Después de colocar un jabalí sobre unos maderos, llegó durante la noche ante las puertas. Los guardias se la abrieron como era habitual y los soldados que lo acompañaban mataron de inmediato a los guardianes, y aquellos que les seguían irrumpieron ardorosamente en el interior, casi al unísono con los primeros, recibieron a los que estaban emboscados y abrieron las puertas a Aníbal. Éste penetró en el interior, se hizo dueño al punto del resto de la ciudad y, tras conciliarse a los tarentinos, puso cerco a la ciudadela, que todavía estaba bajo custodia romana.

Apiano Hist. rom. VII, 33. Así fue como Cononeo entregó Tarento mediante traición. Los romanos que estaban en la ciudadela eran unos cinco mil y algunos de los tarentinos fueron en su ayuda y el prefecto de la guardia en Metaponto vino con la mitad de sus fuerzas. Tenían abundancia de proyectiles y de máquinas de guerra como para abrigar la esperanza de arrojar a Aníbal con facilidad fuera de las murallas. Pero también contaba Aníbal con material abundante. Así pues, llevando carretas, catapultas y algunos testudos, sacudió el muro, y con garfios cogidos por maromas, arrancó las almenas y dejó desguarnecida la muralla. Los defensores, por su parte, lanzaron piedras contra la máquina destrozando muchas de ellas, desviaban los garfios envolviéndolos con lazos corredizos y, saliendo de repente a la carrera, provocaban perturbaciones entre los sitiadores y regresaban tras haber matado a muchos. Y un día que notaron que el viento era muy fuerte, algunos de ellos arrojaron sobre las máquinas teas encendidas, estopa y pez, en tanto que otros, haciendo una salida, les prendieron fuego por debajo. Por tanto, Aníbal desesperó de este intento y rodeó a la ciudad con un muro, excepto por el lado que daba al mar, pues por allí no era posible, y dejando el asedio en manos de Annón, se retiró a Yapigia.

Apiano Hist. rom. VII, 36. Decidios los romanos a atacar a los capuanos, Aníbal envió a Annón con mil infantes y mil jinetes para que penetraran por la noche en Capua. Y éste lo hizo sin conocimiento de los romanos. Y éstos, cuando observaron, ya de día, un gran número de hombres sobre las murallas, se dieron cuenta de lo sucedido, se retiraron al punto de la ciudad y empezaron a arrasar las cosechas de los de Capua y de los otros habitantes de la Campania. A los campanios, celosos por estas pérdidas, les respondió Aníbal que tenía mucho trigo en Yapigia y les ordenó que enviaran por él y o cogieran cuantas veces lo desearan. Y ellos enviaron, para llevarse fardos de trigo, no sólo a las bestias de carga y a los hombres, sino incluso a las mujeres y a los niños. No tenían miedo del viaje, pues Aníbal se había trasladado de Yapigia a Campania y estaba acampado junto al río Calor, cerca del territorio de los beneventinos, a quienes únicamente temían por ser todavía aliados de Roma.

Apiano Hist. rom. VII, 37. Pero sucedió que Aníbal marchó hacia Lucania, llamado por Annón, dejando la mayor parte de su impedimanta en el campamento cercano a Benevento con una pequeña guardia y uno de los dos cónsules romanos al mando de aquella zona -Fulvio Flaco y Apio Claudio-, al percatarse de este hecho, atacó a los campanios cuando transportaban el trigo y mató a muchos, pues no estaban preparados, y dio el trigo a los beneventinos. Se apoderó también del campamento de Aníbal y apresó la impedimenta que había en él, y mientras Aníbal se encontraba todavía entre los lucanios, cavó un foso en torno a Capua y rodeó toda la ciudad de un muro, además del foso. Los dos cónsules construyeron otra fortificación por fuera de la anterior y usaron el espacio de terreno que mediaba entre ambas como campamento. Erigieron también almenas, unas encaradas hacia los capuanos sitiados y otras hacia los que podían atacar desde fuera, y el aspecto era el de una gran ciudad encerrando en su interior a otra más pequeña. El aspecto existente entre el muro de circunvalación y Capua era de unos dos estadios aproximadamente y en él tenían lugar cada día numerosas escaramuzas y choques, y gran número de combates singulares como en un teatro amurallado, pues los mejores exhortaban de continuo unos a otros. Taureas, un capuano, en combate singular con el romano Claudio Aselo retrocedió buscando la huida. Aselo lo persiguió hasta las murallas de Capua y, como no pudo hacer volver grupas a su caballo a causa de su fogosidad, se precipitó a través de las puertas enemigas en el interior de Capua en velocísima carrera y, después de atravessar a galope tendido toda la ciudad, salió de nuevo por las puertas opuestas en dirección a los romanos que estaban al otro lado.

Apiano Hist. rom. VII, 38. Y se salvó milagrosamente. A su vez, Aníbal, tras haber fallado en la misión para la que fue llamado a Lucania, regresó a Capua por estimar muy importante el no consentir que una ciudad grande y bien situada, cayera bajo el poder de Roma. Efectuó un ataque contra el muro de circunvalación sin resultado positivo y, como no pudo idear la forma en que podría introducir en la ciudad trigo o un ejército y tampoco ninguno de sus habitantes podía establecer contacto con él debido a la fortificación que los rodeaba por todas partes, se apresuró hacia Roma con todo el ejército. Pues se había enterado de que también los habitantes de Roma estaban oprimidos por el hambre y esperaba que sus generales regresarían de Capua o que, al menos, llevarían a cabo alguna acción más importante que la de allí. Después de atravesar con gran celeridad muchos pueblos hostiles, sin que unos pudieran detenerle y otros ni siquiera lo intentaran, acampó junto al río Anio a treinta y dos estadios de Roma.

COMENTARIO

En Capua empieza a decaer el ánimo de Aníbal y su suerte también a no ser tan segura. La duda e inseguridad comienzan a hacer mella, y la duda sobre su suerte hasta el momento no es estable. Pero se situará hasta las mismas puertas de Roma, donde, de manera inesperada, emprende la retirada y no se atreve a tomar la ciudad. ¿Qué paso por la mente de Aníbal en esos momentos?

Apiano Hist. rom. VII, 39. La ciudad fue presa de una consternación como nunca antes la tuvo, pues no contaba con fuerzas propias adecuadas – ya que las que tenía se hallaban entonces en Campania- y se había presentado de improviso un ejército tan fuerte y bajo un general invencible por su valor y buena fortuna. Sin embargo y de acuerdo con la situación presente, los que podían llevar armas custodiaban las puertas, los viejos se subían a las murallas, las mujeres y los niños acarreaban las piedras y los proyectiles, y los que estaban en los campos corrían desde allí al interior de la ciudad. Todo estaba lleno de gritos entremezclados, de lamentos y súplicas y exhortaciones mutuas, Y hubo algunos que, saliendo en veloz carrera, cortaron el puente sobre el río Anio. Los romanos habían fortificado, en otro tiempo, una pequeña ciudad contra los ecuos a la que llamaron Alba por su metrópolis. Con el concurso del tiempo, llamaron a sus habitantes albenses, bien sea por la falta de cuidado en la pronunciación o por corrección de la lengua o, simplemente, para distinguirlos de los albanos. En esta ocasión, dos mil de estos albenses acudieron con rapidez hacia Roma para participar del peligro y, tan pronto como llegaron, se armaron y montaron guardia en las puertas. Tan grande fue el celo que puso esta pequeña ciudad, la única entre tantas colonias; igual como también la pequeña ciudad de Platea corrió a participar del riesgo de entonces junto a los atenienses en Maratón.

Apiano Hist. rom. VII 40. Apio, uno de los generales romanos, permaneció en Capua en la creencia de que podía tomarla, y Fulvio Flaco, el otro, apresurándose por otros caminos con incesante rapidez, acampó junto a Aníbal, con el río Anio por medio. Aníbal, cuando se encontró con el río Anio roto y con Fulvio acampado en la ribera opuesta, decidió dar un rodeo por las fuentes del río. Fulvio llevó a cabo un movimiento paralelo, pero, incluso así, Aníbal le tendió una trampa; dejó atrás algunos jinetes númidas que, al retirarse los ejércitos, atravesaron el río Anio y devastaron el territorio romano hasta que, después de llegar juntos a la misma ciudad y provocar el pánico, retornaron al lado de Aníbal, tal como se les había ordenado. Y éste en persona, una vez que sobrepasó, dando un rodeo, las fuentes del río y dado que el camino hacia la ciudad era corto, inspeccionó la ciudad sin ser visto, según se dice, durante la noche, acompañado de tres guardias de escolta y comprobó la falta de efectivos militares y la confusión reinante, pero se retiró hacia Capua, ya sea merced a la intervención divina, que lo desvió también como en otras ocasiones, ya sea porque tuvo miedo del valor y la fortuna de la ciudad o, según él respondió a los que le instaban a atacar, porque no quería poner fin a la guerra que por miedo a que Cartago lo desposeyese de su mando. La realidad es que, en efecto, el ejército de Fulvio no estuvo en condiciones de presentarle batalla. Fulvio lo siguió en su retirada, impidiéndole que recogiera forraje y teniendo cuidado de no caer en ninguna emboscada.

COMENTARIO

Probablemente Aníbal sabía muy bien que Senado Cartaginés podía haber parado esta fase decisiva para la desaparición de Roma como potencia. Pero sólo es una suposición. Estaba muy claro que Cuando atravesó los Pirineos y los alpes con aquel ingente ejército no era para darle un castigo a los romanos, sino más aún, destruir el naciente imperio de Roma sobre el mundo accidental. ¿Por qué no atacó Roma y la destruyó? Aníbal conocía sus limitaciones y observó que tarde o temprano el pueblo italiano lo frenaría. Tenía un ejército inseguro y complejo, muy desigual. Todo el elemento africano era inestable. Los recursos de guerra y la prestación de ayuda desde Cartago e Iberia había sufrido ya reveses, y prefirió establecer un interim para ver como evolucionaba todo lo que había conseguido hasta entonces. Supuso que podría haber nacido otro «cunctator» que le hiciera sombra a sus intentos y que la unidad de carácter de la etnia romana era más constante que la disparidad de sus fuerzas en cuanto a su forma de ser y comportarse. Habría que hacerlo todo nuevo, crear un nuevo imperio, un nuevo pueblo…y el pueblo romano no había perdido su sentido de unidad aunque las etnias fueran algo diferentes, pero todas tenían el conocimiento de que el territorio romano formaba en esencia una sola comunidad. Quizá fue esta la maraña de ideas que pasaran por la mente de un militar puro, como era Aníbal. Y todo parece indicar que podría haber sido así.

Apiano Hist. rom. VII. 41. Aníbal esperó a una noche sin luna y a un emplazamiento en el que Fulvio, a la caída de la tarde, no tuvo tiempo de levantar un muro, sino que, tras cavar una trinchera dejando huecos e intervalos en vez de puertas y amontonando tierra a modo de muralla, se entregó al descanso. Envió en secreto a un cuerpo de caballería hacia una colina con buenas defensas naturales que dominaba el campamento de Fulvio y les dio la orden de permanecer quietos hasta que los romanos se apoderaran de la colina creyéndola desierta. A su vez, hizo subir a los indios en los elefantes y les ordenó irrumpir violentamente a discreción en el campamento de Fulvio a través de los huecos y los montones de tierra. También dispuso que lo siguieran a poca distancia un cierto número de soldados tocando trompetas y cuernos, a unos les ordenó que, cuando estuvieran dentro, provocaran un gran tumulto corriendo en todas direcciones para que pareciera que eran muchos, y a otros que, hablando en latín, gritaran que Fulvio, el general romano, les ordenaba abandonar el campamento y subir a la colina cercana. Ésta fue la estratagema de Aníbal y, en un primer momento, todo salió de acuerdo con sus planes. Y así, los elefantes penetraron arrollando bajo sus patas a los guardias, los trompeteros realizaron la tarea encomendada y el miedo que sobrevino a los romanos cuando se levantaron de la cama en medio de la oscuridad de la noche resultó terrorífico, y al oír a gentes dando órdenes en latín de refugiarse en la colina, así lo hicieron.

COMENTARIO

Aníbal da claras señales de su astucia a la hora de tender trampas contra los romanos. La confusión y el engaño fueron sus armas en este momento y, al parecer, con resultados positivos para su estrategia. Parece que se había descubierto la guerra de «guerrillas». Los sistemáticos romanos pecaron de confianza frente a una enemigo con conocimientos de estrategia sofisticada, y cayeron en la trampa.

Apiano Hist. rom. VII. 42. Pero Fulvio, que siempre esperaba una emboscada y sospechaba esto en todos los actos de Aníbal, en aquella ocasión, guiado por su propia inteligencia, o por inspiración divina o que sabía todo por boca de algún prisionero, apostó de inmediato a sus tribunos militares en las vías de acceso a la colina para detener a los que marchaban por ella y hacerles ver que no era el general romano, sino Aníbal, quien había dado esta orden para tenderle una emboscada. Colocó junto a los montones de tierra guardias escogidos, para que no tuviera lugar otro ataque desde fuera, y corrió en compañía de otros por todo el campamento diciendo a voces que todo estaba controlado y que los que habían penetrado con los elefantes eran pocos. Encendió antorchas y avivó el fuego en todas partes y el escaso número de los que habían entrado se hizo tan patente, que los romanos se avergonzaron de sí mismos, trocando en ira su miedo anterior, y los mataron con facilidad, pues eran pocos y armados con armas ligeras. De otro lado, los elefantes, sin espacio amplio para la retirada, atrapados entre las tiendas de campaña y los establos, ofrecían un blanco seguro de todos los lados a causa de lo angosto del lugar y del tamaño de sus cuerpos. Finalmente, llenos de dolor e irritación e incapaces de alcanzar a los enemigos, arrojaron al suelo a los conductores, los patearon con furia y barritos salvajes y se precipìtaron fuera del campamento. Fulvio Flaco, de este modo, con tranquilidad e inteligencia, cogido en una trampa inesperada, obtuvo un triunfo sobre Aníbal y salvó a su ejército, siempre temeroso de las estratagemas de éste.

COMENTARIO

En estos momentos la estrategia de Aníbal está en entredicho. Su plan picaresco y rebuscado, menosprecia la inteligencia enemiga que, sagaz, descubrió el proyecto local de Aníbal para socavar y descolocar los conocimientos del adversario. Empiezan a destaparse los trucos y planes de Aníbal, su estrategia empieza a fallar.

Apiano Hist. rom. VII. 43. Aníbal, después que falló en su intento, marchó a invernar en Lucania, y allí, este hombre rudo se entregó a una molicie no habitual y a los placeres amorosos. A partir de este momento, toda su suerte fue cambiando poco a poco. Fulvio, a su vez, marchó a Capua para reunirse con su colega en el mando y ambos atacaron duramente a la ciudad, apresurándose a tomarla durante el invierno, mientras Aníbal permanecía inactivo. Los capuanos, al faltarles los alimentos y no obtenerlos en ninguna otra parte, se entregaron a los generales romanos en compañía de la guarnición cartaginesa y de sus dos comandantes, otro Annón y Bostar. Los romanos establecieron una guarnición en la ciudad y a todos los desertores que encontraron les cortaron las manos. Enviaron a los cartagineses nobles a Roma y al resto los vendieron como esclavos. De los capuanos, dieron muerte a los responsables máximos de la defección, pero, a los demás, sólo los despojaron de su tierra. Todo el territorio en torno a Capua es muy fértil en trigo, pues se trata de tierras llanas. Y así, una vez más, Capua fue devuelta a los romanos, y los cartagineses se vieron despojados de esta posesión privilegiada de Italia.

COMENTARIO

Como se ha visto antes, Aníbal empezó a flaquear en sus estrategias y de manera progresiva fue dejando sus disciplinados comportamientos y no hizo nada, a pesar de haber perdido Capua recientementes y sin hacer nada por evitarlo. Su carácter empezó a cambiar y creía que los romanos soportarían sufrir las consecuencias de su superioridad. Ocultó su responsabilidad porque nunca llegó a sopesar el contrapunto y consecuencias que iba a tener la entrada en escena de los Escipiones, quienes, a pesar de su inicial y triste derrota en Iberia, uno de ellos, el denominado posteriormente Africano, puso en jaque su poderío arrancándole poco a poco y con firmeza Iberia y arrebatándole, una por una, las plazas estratégicas más importantes de su retaguardia en esta Península: Cartago Nova, Gades, etc. Esto fue el principio del fin de las relampagueantes victorias de Aníbal.

Apiano Hist. rom. VII, 44. En Brucios, que es una parte de Italia, había un hombre de la ciudad de Tisia -defendida por una guarnición cartaginesa- que tenía por costumbre andar siempre de pillaje y compartir el botín con el comandante del puesto y, gracias a ello, gozaba de gran familiaridad con él en todo, y casi compartía el mando. Le apenaban las vejaciones cometidas por la guarnición contra su país, por lo que, de acuerdo con el general romano y tras dar y recibir garantías, iba introduciendo cada día en la fortaleza a unos cuantos soldados como prisioneros y se llevaban sus armas como despojos. Cuando fueron suficientes los liberó, les dio armas y destruyó la guarnición cartaginesa colocando en su lugar otra romana. Pero, como Aníbal pasó por las cercanías no mucho después, los guardianes, presos de temor, huyeron a Regio y los habitantes de Tisia se entregaron a Aníbal. Éste quemó a los culpables de la rebelión y colocó una nueva guarnición en la ciudad.

Apiano Hist. rom. VII. 48….De este modo, Blacio logró vencer a Dasio a la tercera vez que le tendió una contraemboscada. Entre tanto, el cónsul romano Fulvio tenía en asedio a Herdonia. Aníbal se le aproximó más tarde sin que lo viera y ordenó no encender fuego y guardar silencio. Y así, al romper el alba, muy brumosa por cierto, envió a la caballería para que atacase al campamento romano. Éstos se defendieron desordenadamente, como era lógico en quienes acababan de levantarse, pero con bravura, pues pensaba que le había atacado una tropa pequeña procedente de alguna parte. Aníbal, por su parte, rodeó la ciudad por el otro lado de la infantería, con la idea de efectuar un reconocimiento e infundir esperanzas a los del interior, hasta que se encontró con los romanos al contornear la ciudad, bien porque estaba previsto o por casualidad, y los envolvió. Los romanos, atacados por los dos lados, cayeron ya en masa, en medio de la confusión. Perecieron unos ocho mil y el propio cónsul Fulvio. El resto trepó a un montículo situado delante del campamento y, después de defenderse con valor, lo mantuvieron a salvo e impidieron que Aníbal se apoderase del campamento.

COMENTARIO

Aún se resiste Aníbal a darse por menguado en sus estrategias. Sorprende a los romanos con argucias propias de los norteafricanos. Les gana terreno, pero no logra vencerlos a pesar de la cantidad de bajas sufridas por lo romanos y pese a matar a su su jefe Fulvio. Pero han perdido el miedo al cartaginés y las cosas están cambiando de forma notoria. Ni las estratagemas le sirven ya a Aníbal.

Apiano Hist. rom. VII. 49. Después de esto, los romanos asolaron el territorio de los yapigios que se habían sublevado, y Aníbal, el de los campanios que se habían pasado a los romanos a excepción de Atela. A sus habitantes los asentó en el territorio de los turios para que no sufrieran a causa de la guerra que llevaba a cabo entre los brucios, lucanios y yapigios. Los romanos establecieron en Atela a los desterrados de Nuceria y, tras invadir el territorio sometido aún a Aníbal, se apoderaron de Aulonia y llevaron a cabo incursiones en el país de los brucios. Asediaron también Tarento, que estaba bajo la custodia de Cartalón, por mar y por tierra, como contaba con pocas tropas cartaginesas en aquel momento, tomó a su servicio a gentes de los brucios. El capitán de estos últimos estaba enamorado de una mujer cuyo hermano militaba bajo los romanos y éste consiguió por medio de su hermana, que aquel se rindiera a los romanos, los cuales llevaron máquinas de asalto a aquella parte de la muralla que tenía bajo su custodia. De este modo, los romanos se apoderaron de Tarento, lugar situado excelentemente para la guerra, tanto por tierra como por mar.

Apiano Hist. rom. VII. 50. Aníbal se enteró de su captura cuando se aproximaba a llegar a ella e, irritado, se desvió a Turios, y desde allí, a Venusia. Allí, Claudio Marcelo, el conquistador de Sicilia, que era cónsul entonces por quinta vez, y Tito Crispino, acamparon frente a él, pero no se atrevieron a ofrecer batalla. Sin embargo Marcelo, al ver un destacamento de númidas que llevaba botín y pensando que eran pocos, lo atacó confiadamente con trescientos jinetes. Él iba en primer lugar, pues era hombre valiente para el combate y despreciaba el peligro siempre. De repente surgieron gran cantidad de africanos que lo atacaron desde todos los lados. Los romanos que estaban en retaguardia fueron los primeros en huir, pero Marcelo, creyendo que aún lo seguían, combatió con bravura, hasta que murió atravesado por un dardo. Aníbal, deteniéndose junto a su cuerpo sin vida, cuando vio todas las heridas recibidas en el pecho, lo alabó como soldado, pero se burló de él como general. Después de quitarle el anillo, incineró su cuerpo con todos los honores y envió los huesos a su hijo en el campamento romano.

COMENTARIO

Una imprudencia militar merma los éxitos romanos que, confiados ya que todo se ponía de cara al triunfo, se confiaron en exceso y los costó una nueva derrota, aunque no notoria. Pero Aníbal seguía siendo un lince con su astucia africana a pesar de todo. Las imprudencias se pagan y, esta fue notable.

Apiano Hist. rom. VII. 51. Enojados con los salapios, selló de inmediato una carta con el sello de Marcelo, antes de que muchos se enteraran de su muerte, y ordenó que la llevara un desertor romano, diciendo que el ejército de Marcelo iba detrás, y que Marcelo ordenaba que se le recibiera. Sin embargo, poco antes había llegado una misiva. Crispino informa a todas las ciudades de que Aníbal se había apoderado del sello de Marcelo. Por tanto, enviaron de regreso al mensajero para que no supiese lo ocurrido si se quedaba, prometiéndole cumplir lo ordenado. Después, se armaron y aguardaron apostados en la muralla, la emboscada. Al aproximarse Aníbal con los númidas, a quienes había provisto de armas romanas, abatieron la puerta por medio del rastrillo, como alegrándose de la llegada de Marcelo, y acogieron en el interior a cuantos pensaban que podrían vencer con facilidad. Al punto, levaron de nuevo la puerta con el rastrillo, mataron a los que habían penetrado y asaetearon desde las almenas a los que aún permanecía de pie en el exterior alrededor de las murallas, llenándolos de heridas. Aníbal se retiró, por tanto, después de haber fracasado en este segundo intento contra la ciudad.

COMENTRARIO

Nuevamente las argucias e intentos de engaño por parte de Aníbal pretenden acosar a los romanos. La prudencia no era precisamente una virtud de Aníbal. Cuando la retaguardia de Marcelo se bate en retirada, lógicamente pensaron que éste quedó a merced del enemigo y por tanto, era lógico pensar que el romano había fallecido, y si, además, había enviado los huesos del general romanos a su hijo, con más razón. El emisario fue descubierto, pero no lo retuvieron. Lo reenviaron a su gente dándose por enterados. Aquí funcionó la astucia romana y la aprovecharon de forma muy práctica: emboscaron a los enemigos. Sigue fallando la estrategia de Aníbal y su decadencia estratégica continúa.

Apiano Hist. rom. VII. 52. Entre tanto, Asdrúbal, hermano de Aníbal, marchó a Italia con el ejército que había reclutado entre los celtiberos. Acogido en son de amistad por los galos, cruzó los Alpes en dos meses, siguiendo la ruta antes realizada por Aníbal, mientras que aquél había tardado seis. Invadió Etruria con cuarenta y ocho mil soldados de infantería, ocho mil jinetes y quince elefantes. Y envió cartas a sus hermano anunciándole su llegada. Estas cartas fueron interceptados por los romanos, y los cónsules Salinátor y Nerón, enterados por ellas del número de sus fuerzas, marcharon contra él con todos sus efectivos unidos y acamparon enfrente suya en los alrededores de Sena. Sin embargo, Asdrúbal se retiró, porque no deseaba luchar, sino reunirse a toda costa con su hermano. Después de levantar el campamento durante la noche, avanzó por una zona pantanosa y llena de charcas y a lo largo de un río invadeable. Finalmente, al amanecer, los romanos los atacaron cuando estaban dispersos y agotados por la falta de sueño y el esfuerzo; mientras se reagrupaban y se ponían en formación, mataron a la mayoría con sus oficiales, e incluso, al propio Asdrúbal, y cogieron a muchos prisioneros. De este modo, libraron a Italia de un miedo terrible, pues Aníbal había resultado invencible si hubiera llegado a recibir como refuerzo este ejército.

COMENTARIO

Asdrúbal, hermano de Aníbal, llevó un gran ejército a Italia para sumarse a él. Sin problemas entró de pleno en Italia, recibió ayuda informativa de los galos. Este incremento que le llegaba a Aníbal en estos momentos hubiera supuesto el final de Roma, si no hubiera sido por le eficacia del espionaje de los romanos que dio excelentes resultados: el ejército de Asdrúbal fue borrado del mapa de una futura guerra. Y Asdrúbal murió en el intento. Y toda Italia respiró.

Apiano Hist. rom. VII. 54. Éste, deprimido por la súbita pérdida de su hermano y un ejército tan numeroso a causa del desconocimiento del lugar, y despojado de todo lo que había conseguido antes en catorce años de trabajos infatigables desde que combatía a los romanos en Italia, se retiró al territorio de los Brucios, el único pueblo que permanecía sometido a él. Aquí permaneció tranquilo, mientras esperaba la llegada de nuevas tropas de refuerzo procedentes de Cartago. Ellos le enviaron cien navíos de carga con trigo, soldados y dinero, pero, como no tenían remeros, el viento los desvió hacia Cerdeña. El pretor de allí los atacó con sus barcos de guerra, hundió a veinte y se apoderó de sesenta, el resto huyó hacia Cartago. Aníbal,por consiguiente se encontró en una situación más apurada todavía y sin esperanza de recibir ninguna ayuda de Cartago. Ni siquiera Magón, que estaba reclutando mercenarios en la Galia y Liguria, le envió ayuda alguna, sino que esperó a ver qué giro tomaban los acontecimientos. Percatándose de que no iba a poder permanecer allí por mucho tiempo, empezó a despreciar a los brucios como gentes que pronto les serían extraños, les impuso numerosas cargas y, a sus ciudades más poderosas, las trasladó a las llanuras so pretexto de que querían sublevarse, y culpando a muchos de ellos, los mató para despojarlos de su propiedades.

COMENTARIO

Tras el desastre y muerte del hermano Asdrúbal, Aníbal se vio forzado a pedir ayuda de Cartago. Ésta se apresuró a enviar refuerzos con abundancia de hombres y víveres. La flota fue prácticamente aniquilada por los romanos a consecuencia de un fallo de orientación cuando se acercó a Italia. Aníbal se está quedando cada vez más solo. Únicamente le quedaban los brucios a quienes recurrió para ponerse a salvo. Pero pensando y previendo que su final no estaba muy lejos en Italia, los aniquiló porque pronto acabarían traicionándolo. Aquí demostró su talante despiadado y no tan noble como algunos lo consideran: un pueblo que lo había aceptado lo destruye.

Apiano Hist. rom. VII. 55. Tal era la situación. En Roma accedieron al consulado Licinio Craso y Publio Escipión, el conquistador de Iberia. Craso acampó frente a Aníbal en las cercanías de Yapigia, en tanto que Escipión advertía al pueblo que nunca se verían libres del agobio cartaginés y de Aníbal en Italia, a no ser que un ejército romano pasara a África y llevara el peligro a su patria. Tras insistir con mucha obstinación y convencer a los que estaban indecisos, fue elegido él mismo como general para África y se hizo a la mar de inmediato hacia Sicilia. Allí reunió y adiestró a un ejército e hizo una incursión contra los locrios de Italia, que estaban bajo la vigilancia de Aníbal. Y después de pasar a cuchillo a la guarnición, puso la ciudad bajo el mando de Pleminio y él navegó hacia África. Pleminio cometió toda clase de ultrajes, vejaciones y crueldades contra los locrios y acabó por expoliar el templo de Proserpina. Los romanos lo ajusticiaron en la cárcel a él y a sus compañeros de fechorías y entregaron sus haciendas a los locrios para que las llevasen al tesoro de la diosa. Todo el resto del saqueo que pudieron encontrar lo devolvieron a la diosa, y lo demás lo pusieron del tesoro público.

Apiano Hist. rom. VII. 57. Cuando los cartagineses iban siendo derrotados sucesivamente en África por Escipión, aquellos de los brucios que se enteraron de ello, se sublevaron contra Aníbal y algunos mataron a sus guarniciones, en tanto que otros las expulsaron. Quienes no pudieron realizar ninguna de estas cosas, enviaron mensajeros en secreto al Senado, haciendo ver la necesidad bajo la que habían actuado y su buena voluntad. Aníbal llegó con su ejército a Petelia, que ahora no estaba ocupada por los petelios, pues Aníbal los había expulsado y había entregado la ciudad a los brucios. Los acusó de haber enviado mensajeros a Roma y, como ellos lo negaran, fingió creerlos. Pero «para que no hubiera siquiera lugar a la sospecha», como dijo, entregó a sus ciudadanos más notables a los númidas para vigilarlos a cada uno por separado, quitó las armas al pueblo y se las dio a los esclavos y colocó a éstos como guardianes de la ciudad. Luego visitó a otras ciudades e hizo lo mismo. En caso de los turios eligió a tres mil ciudadanos especialmente amigos de los cartagineses y a quinientos procedentes del campo, y las posesiones de los demás se las dio como botín a su ejército. Después de establecer una guarnición fuerte en la ciudad, asentó a éstos en Crotona, una ciudad que consideraba bien situada para sus planes y a la que había convertido en almacén y base de operaciones contra las demás ciudades.

Apiano Hist. rom. VII. 58. Cuando los cartagineses con toda urgencia para socorrer a su patria amenazada por Escipión y le enviaron a su almirante Asdrúbal a fin de que no se demorase, se irritó por la conducta malintencionada e ingrata de los cartagineses hacia sus generales, de la que tenía una larga experiencia. Tuvo miedo también de ser acusado de haber sido el primero en promover una guerra tan grande al invadir Iberia, no obstante, por imperativo de las circunstancias, se decidió a obedecer y construyó muchas naves para lo que Italia le proporcionó abundante madera. Despreciando como pueblos extraños a las ciudades que aún le estaban sometidas, decidió saquearlas a todas y, enriqueciendo al ejército, regresar a salvo de las acusaciones en Cartago. Sin embargo, por vergüenza de quebrantar él en persona los lazos de amistad, envió al almirante Asdrúbal bajo el pretexto de inspeccionar las guarniciones. Éste, cuando entraba en cada ciudad, ordenaba a sus habitantes que tomaran cuantas cosas pudieran llevar consigo y a sus esclavos, y el resto lo saqueaba. Algunos, al enterarse de esto, atacaron las guarniciones antes de que llegara Aníbal, y hubo sitios en donde triunfaron las ciudades y otros en los que impusieron las guarniciones. Hubo toda suerte de crímenes, violaciones de mujeres, rapto de doncellas y todo cuanto es usual en la toma de las ciudades.

COMENTARIO

Cuando Aníbal se ve acorralado tanto en Italia como en su propia tierra pos su Senado y la presencia de Escipión en su territorio, comienza la limpieza de todas aquellas ciudades que se le podían rebelar: fue un saqueo continuado y numeroso de ciudades que le eran fieles; pero, como se ha dicho, preveía que se alzarían contra él. Por eso las saqueó y destruyó cometiendo todo tipo de tropelias. Cosa que, a corto plazo, provocaría la salida de Anibal de Italia.

Apiano Hist. rom. VII. 59. Aníbal, conocedor del buen adiestramiento de aquellos italianos que servían bajo sus órdenes, intentó convencerlos de que lo siguieran a África con muchas promesas. Algunos de ellos se resolvieron a seguirlo, temerosos de los crímenes cometidos contra sus respectivos lugares de origen, expatriándose voluntariamente, pero otros que estaban libres de culpa, dudaban. Por consiguiente, reunió a los que habían decidido quedarse, como si fuera a decirles algo o a recompensarlos por sus servicios, o para darles algún encargo con respecto al futuro, y los rodeó de improviso con su ejército. A continuación ordenó a sus propios soldados elegir de entre ellos a los que quisieran como esclavos. Y una vez que lo habían hecho, en tanto que a otros les dio vergüenza de reducir a la esclavitud a gente que habían sido camaradas en tantas ocasiones, a todos los demás los asaeteó para que unos hombres de tal valía no fueran jamás de provecho a los romanos. Dio muerte también, junto a ellos, a cuatro mil caballos y a un gran número de animales de tiro que no podía llevar a África.

Apiano Hist. rom. VII. 60. Después de esto, embarcó todo su ejército en las naves y esperó el viento, habiendo dejado algunas fuerzas en tierra como guarniciones. Los de Petelia y otras poblaciones las atacaron, mataron a algunos de ellos y se retiraron de nuevo. Y Aníbal retornó a África después de haber devastado cruelmente durante dieciséis años Italia, de haber infligido innumerables daños a sus habitantes y haberlos llevado a una situación extrema en muchas ocasiones y tratar como enemigos a sus vasallos y aliados. Y es que él se había servido de ellos durante mucho tiempo, más por necesidad que por buena voluntad, y ahora que ya no podía beneficiarse de ellos los despreciaba como a enemigos.

COMENTARIO

Aníbal, como se vio forzado a tener que abandonar Italia, llevó a la práctica la operación de «tierra quemada». Llegó a obligar a soldados africanos que mataran a los propios compañeros que habían estado combatiendo a su lado valerosamente durante todo este tiempo; pero eran italianos…Eso se convirtió en un delito para él. Con el tiempo, este carácter oculto de Aníbal le llevaría a su propia destrucción.

Apiano Hist. rom. VIII. 33. Mientras tenían lugar estos hechos, Aníbal puso rumbo a Cartago contra su voluntad, lleno de sospechas por la falta de fe del pueblo en sus jefes, y por su precipitación. No creía que fuera a firmarse ya un tratado y, si se firmaba, estaba bien seguro de que estaría en vigor por mucho tiempo. Tocó puerto en la ciudad africana de Hadrumeto, empezó a recolectar trigo, envió a que compraran caballos y llegó a una alianza con el jefe de una tribu númida llamada areácida. Dio muerte por sospechar de ellos, a cuatro mil jinetes que había huido a su lado como desertores, los cuales pertenecieron antes a Sifax y entonces estaban con Masinissa, y repartió sus caballos entres sus tropas. Acudió a su lado Mesótilo, otro reyezuelo, con mil jinetes y Vermina, hijo de Sifax, que todavía gobernaba la parte más extensa de los dominios de su padre. Se atrajo, mediante la conciliación o por la fuerza, a algunas ciudades de Masinissa. A la ciudad de Narce, la tomó mediante la siguiente estratagema. So pretexto de comprar en el mercado de la ciudad, introdujo a algunos hombres como entre gente amiga y, cuando juzgó que era el momento de atacar, envió a muchos más, con espadas ocultas, con la orden de no causar daño a los comerciantes, hasta que oyeran la señal de los trompetas, y que entonces atacaran a aquellos que encontrasen y le mantuvieran las puertas bajo vigilancia.

Apiano Hist. rom. VIII. 34. De este modo fue tomada Narce. El pueblo cartaginés, aunque acababa de concluir el tratado y Escipión se encontraba presente todavía y sus propios embajadores no habían regresado aún de Roma, saqueó una partida de provisiones que había sido arrastrada por el viento al interior del puerto de Cartago. Hicieron prisioneros, además, a sus conductores, pese a las numerosas amenazas del Consejo, que les advertía que no quebrantaran unos tratados firmados tan recientemente. Pero el pueblo rechazaba el tratado como injusto y afirmaba que el hambre provocaba más conflictos que la ruptura del tratado. Escipión estimó que no era justo comenzar la guerra después de la firma de un tratado, pero les exigió reparaciones como a amigos que habían cometido una infracción. El pueblo, incluso, intentó retener a los embajadores hasta que llegaran los suyos desde Roma. Sin embargo, Annón el Grande y Asdrúbal Erifo los rescataron del populacho y los enviaron de vuelta, dándoles escolta con dos trirremes.. Otros, a su vez, convencieron al almirante Asdrúbal, que estaba anclado cerca del promontorio de Apolo para que atacase a los embajadores de Escipión cuando los dejasen las trirremes de escolta. Así lo hizo, y algunos de ellos murieron a causa de las heridas, pero los demás, aunque heridos, lograron ganar la entrada del puerto de su campamento a fuerza de remos y saltaron de su nave cuando estaba a punto de ser apresada. Tan grande fue el riesgo que corrieron de caer prisioneros.

Apiano Hist. rom. VIII. 46. Aníbal, en su huida, vio una masa de jinetes númidas agrupados y corriendo hacia ellos les pidió que no lo abandonaran y, cuando los hubo convencido, los condujo al combate, esperando provocar una contraofensiva de los fugitivos. Encontró en primer lugar a los masilios y entrabló combate, pero esta vez la lucha fue sólo un duelo entre Aníbal y Masinissa. Se atacaron mutuamente con ardor y Masinissa clavó un dardo en el escudo de Aníbal y éste alcanzó, como antes, al caballo de su enemigo. Entonces Masinissa, desmontado, se lanzó a pie contra Aníbal, e hirió y mató a un jinete que, delante de sus compañeros, se precipitó contra él. Paró con su escudo, hecho de piel de elefante, los dardos de los demás y, cogiendo uno de los que se había quedado clavado, lo lanzó contra Aníbal otra vez, sin que acertara tampoco en este intento, sino que también mató al jinete que estaba próximo. Pero, mientras sacaba otro dardo, fue herido en el brazo y se alejó de la lucha por breves momentos. Escipión, cuando se enteró de ello, temió por la suerte de Masinissa, y se apresuró a intervenir, pero encontró que aquel, después de haberse vendado la herida, volvía de nuevo a la lucha montando en otro caballo. Y, una vez más, estaba equilibrada la contienda y se luchaba con fuerza, llenos de admiración los soldado de ambos bandos hacia sus generales, hasta que Aníbal, al ver un cuerpo de tropas de iberos y celtas sobre una colina, cabalgó hacia ellos con la idea de conducirlos a la batalla. Entonces, los que estaban combatiendo, sin conocer el motivo de su retirada y pensando que se trataba de una fuga, abandonaron voluntariamente el combate y huyeron en desorden, no precisamente por donde había visto irse a Aníbal, sino según le venía bien a cada uno. Los romanos, a su vez, creyendo que había terminado la batalla, los persiguieron en desorden, sin comprender tampoco ellos el propósito de Aníbal.

COMENTARIO

Anibal empeza en África a tratar de ganar tiempo y fuerza ante sus enemigos. En vez de conciliarse con los norteafricanos, como mantenían éstos buenas relaciones con los romanos, los atacó. Se enfrenta a ellos, pero le responden con valentía porque veían en Aníbal un derrotado que huye de su realidad: le cuesta creer que ha perdido o degradado su fama de conquistados: sus ideales sobre la destrucción de Roma y los romanos de habían derrumbado. Pierde su fuerza de atracción por convencer a los pueblos que se encuentra en su propia tierra. No es el Aníbal de los Alpes ni el de los grande éxitos de Italia. Su fama diluye incluso ante su pueblo y Senado: Cartago, objetivo de Escipión.

Apiano Hist. rom. VIII. 47. Pero éste regresó desde la colina reforzado por las tropas de iberos y celtas, y Escipión de nuevo hizo volver a toda prisa de la persecución a los romanos y formó una línea de batalla mucho más nutrida que las tropas que habían descendido de la colina, por lo que los venció sin dificultad. Aníbal, al haber fracasado también en este último intento, huyó ya claramente, perdidas todas las esperanzas. Muchos jinetes lo persiguieron y, entre otros, Masinissa que, aunque sufría a causa de la herida, lo acosaba de cerca, pues, valoraba en mucho conducir prisionero a Aníbal ante Escipión. Pero la noche lo protegió y, al amparo de las sombras, con veinte jinetes, los únicos que fueron capaces de finalizar con él la huida, se refugió en una ciudad llamada Ton. Allí encontró a muchos jinetes brucios e iberos que había huido después de la derrota. Por tanto, temiendo a los iberos como bárbaros impulsivos y a los brucios, italianos compatriotas de Escipión, no fuera a ser que por buscar el perdón de las falas cometidas contra Italia lo entregaran a Escipión, huyó en secreto con un sólo jinete en quien confiaba plenamente. Y, después de realizar tres mil estadios en dos días y en dos noches, llegó a la ciudad costera de Hadrumeto, en donde estaba una parte de su ejército para guardar el trigo. Allí empezó a reclutar tropas en las zonas vecinas, recuperó a los que habían escapado del combate y preparó armas y máquinas de guerra.

Apiano Hist. rom. VIII. 49. Antes de que los cartagineses se enteraran de estas noticias, los primeros ordenaron a Magón, que aún estaba reclutanto mercenarios celtas, que invadiera Italia, si le era posible y regresara a África con los mercedarios, pero los romanos, interceptadas las cartas y enviadas a Roma, mandaron a Escipión otro ejército, caballos, naves y dinero. Éste ya había enviado hacia Cartago a Octavio por tierra, en tanto que él mismo navegaba hacia allí con las naves. Los cartagineses, al enterarse de la derrota de Aníbal, enviaron a Escipión una embajada en un barco pequeño y veloz, al frente de la cual iban Annón el Grande y Asdrúbal Erifo. Éstos llevaban colocado en un lugar elevado sobre la proa y báculo de heraldo y tendían sus manos hacia Escipión a la manera de los suplicantes. Éste les dio la orden de dirigirse al campamento y, cuando llegaron, se ocupó de sus asuntos sentado sobre una tribuna elevada….

Apiano Hist. rom. VIII. 57. En roma causó gran alborozo la noticia de una victoria total sobre una ciudad de tamaña importancia, que les había causado en el pasado numerosas y terribles calamidades y que había ostentado el segundo o tercer puesto en la hegemonía del mundo. Sin embargo, los senadores estaban divididos en sus opiniones, algunos se encontraban todavía irritados profundamente con los cartagineses, mientras que otros sentían piedad hacia ellos, y pensaban que debían tener un comportamiento noble en las desgracias de los otros. En esta tesitura, uno de los amigos de Escipión se levantó y dijo:»No debemos preocuparnos tanto por la salvación de los cartagineses, senadores, cuanto por preservar nuestra fe en los dioses y nuestra reputación ante los hombres, no vaya a decirse que quienes acusamos de crueldad a los cartagineses actuamos con más crueldad aún que ellos mismos y que, nos preocupamos siempre de ejercer la moderación en los asuntos triviales, nos olvidamos de ella en los más importantes. No es posible que pase inadvertida nuestra postura en este caso debido a su propia magnitud, sino que el hecho llegará a todos los confines de la tierra ahora y en el futuro, si nosotros destruimos a una ciudad famosa y dueña del mar en otro tiempo, que mandó en muchas islas, y en todo el mar y en más de la mitad de África, y que, en las guerras que sostuvo contra nosotros mismos, hizo gala de numerosos actos de fortuna y poder. Contra ellos, mientras aún tenían capacidad de combatir, era preciso pelear……

Apiano Hist. rom. VIII. 67. Así terminó la segunda guerra entre romanos y cartagineses, que comenzó en Iberia y acabó en África, de acuerdo con los tratados ya expuestos, que incluían a la propia Cartago. Esto sucedió en la ciento cuarenta y cuatro olimpíada, según el cómputo griego. Masinissa, irritado contra los cartagineses y envalentonado por su amistad con Roma, se apoderó de una gran extensión del territorio cartaginés, so pretexto de que ya le había pertenecido en otro tiempo. Entonces, los cartagineses llamaron a los romanos para pedirles que procuraran una avenencia entre ellos y Masinissa. Los romanos, en consecuencia, enviaron árbitros con órdenes de favorecer cuanto pudieran a Masinissa. De este modo, este último se apropió de una parte del territorio de los cartagineses y se efectuó un tratado entre ambos que tuvo vigencia durante cincuenta años. En este tiempo, Cartago, que gozó de una paz ininterrumpida, acrecentó sobremanera su poderío y población a causa de la fertilidad de su suelo y de su buena posición junto al mar. Muy pronto, como sucede en las situaciones de prosperidad, surgieron diferentes facciones, había un partido prorromano, otro democrático y un tercero que estaba de parte de Masinissa. Cada uno de ellos tenía líderes destacados por su reputación y valor. Annón el Grande era jefe del partido filorromano, a los partidarios de Masinissa los encabezaba Aníbal, apodado el Estornino, y la facción democrática tenía como líderes a Amílcar el Samnita y a Cartalón. Estos últimos, aprovechando que los romanos estaban en guerra contra los celtiberos y que Masinissa había marchado en auxilio de su hijo que estaba rodeado por otras fuerzas iberas, convencieron a Cartalón, jefe de las tropas auxiliares y que, por razón de su cargo, recorría el país, para que atacase a unas tropas de Masinissa acampadas en un territorio en litigio. Éste mató a algunos de ellos, se llevó el botín y azuzó a los africanos rurales contra los númidas. Otros muchos actos de hostilidad tuvieron lugar entre ellos, hasta la llegada de nuevos emisarios romanos, con vistas a restablecer la paz, a los cuales de les ordenó de igual manera, ayudar en secreto a Masinissa en los territorios que había ocupado antes de la táctica siguiente. No dijeron ni escucharon nada, a fin de que Masinissa no resultara perjudicado como en un juicio, sino que, situándose en medio de ambos litigantes, estrecharon sus manos…

Apiano Hist. rom. VIII. 69. Entonces, enviaron a los emisarios y, entre otros, a Catón, los cuales, al llegar al territorio que era objeto de disputa, pidieron a ambas partes que dejaran en sus manos todo el asunto…..Sin embargo, los enviados no aceptaron arbitrar en cuanto a partes, y regresaron, no sin haber inspeccionado detalladamente el país y ver lo bien cultivado que estaba y los grandes recursos que poseía. También entraron en la ciudad y comprobaron cuán grande era su fuerza y cómo había aumentado su población desde su derrota ante Escipión… Cuando estuvieron de regreso en Roma, manifestaron que, más que envidia, era temor lo que debían sentir ante Cartago, una ciudad enemiga tan grande y próxima que había crecido tan fácilmente. Catón, en especial dijo que ni siquiera estaría segura la libertad de Roma hasta que destruyeran Cartago. Cuando el Senado oyó estas cosas, decidió hacer la guerra, pero necesitaba aún de algún pretexto y mantuvieron su decisión en secreto. Se dice que, desde aquella ocasión, Catón defendía de continuo en el Senado la opinión de que Cartago no debía existir y que Escipión Nasica sostenía una postura contraria, que debía preservarse a Cartago como amenaza de la disciplina romana ya en vías de relajación…

Apiano Hist. rom. VIII. 74. Tal fue la guerra entre Masinissa y los cartagineses. A ésta siguió la tercera y última guerra de los romanos en África. Los cartagineses, después de haber sufrido este desastre a manos de Masinissa, y al estar la ciudad muy debilitada por este motivo, tenían miedo de él, porque estaba aún muy próximo con un gran ejército y también de los romanos que siempre les eran hostiles y harían un buen pretexto de lo ocurrido a Masinissa. En ninguna de tales apreciaciones estaban equivocados. En efecto, al enterarse de lo ocurrido, empezaron a reclutar un ejército por toda Italia sin decir para qué lo querían, sino para tenerlo listo y usarlo ante las emergencias. Los cartagineses pensando eliminar con ello cualquier pretexto, condenaron a muerte a Asdrúbal, el general de esta guerra contra Masinissa, y a Cartalón, el capitan de las tropas auxiliares, así como a cualquier otro que estuviera implicado en ella, imputando a todos ellos la culpa de la guerra. Enviaron también embajadores a Roma para acusar al propio Masinissa y a estos hombres, por haber atacado con demasiada rapidez y temeridad y haber proporcionado una ocasión de atribuir a la ciudad sentimientos de hostilidad. Sin embargo, cuando uno de los senadores preguntó a los embajadores por qué no habían condenado a los culpables al comenzar la guerra, en lugar de haber hecho después de la derrota, y por qué no les había enviado embajadores antes, en vez de hacerlo ahora, no supieron dar respuesta…

Apiano Hist. rom. VIII. 75…El Senado, que estaba de antemano resuelto y preparado para la guerra, al haber obtenido la aquiescencia de una ciudad tan fuerte y bien situada, reveló su propósito y, tras convocar una asamblea en el Capitolio, lugar en el que se suelen debatir las cuestiones relativas a la guerra, votaron hacer la guerra a los cartagineses. Enviaron de inmediato a los cónsules al mando de las fuerzas: a Manio Manilio, al frente de la infantería y, a Lucio Marcio Censorino, a cargo de la flota, con órdenes secretas de no acabar la guerra hasta que Cartago fuera arrasada hasta los cimientos. Ellos, después de haber realizado sacrificios partieron rumbo a Sicilia para, desde allí, cruzar a Útica. Eran transportados en cincuenta quinquerremes, cien hemiolias, además de muchos barcos abiertos, barcos ligeros y mercantes. Llevaban ochenta mil soldados de infantería y cuatro mil jinetes, todos ellos escogidos. Había un anhelo incontenible entre ciudadanos y aliados por participar en esta expedición espléndida y con esperanzas bien fundadas en el resultado, y muchos se ofrecieron voluntarios para su enrolamiento.

COMENTARIO

Roma estaba ya decidida a dar el último paso en poner fin a la pesadilla que había supuesto Cartago en sus vidas. El eco de las palabras de Catón resonaban por todos los rincones de Italia: «Delenda est Carthago». Pero sus palabras no comprendían sólo la destrucción de la ciudad, sino el arrasarla y cubrirla de sal, que no levantara cabeza jamás. Esa pesadilla debía desaparecer, y también el hombre que llegó a poner en jaque a Roma y a toda Italia, amén del restos de los países que conformaban el mundo europeo y oriental.

Apiano Hist. rom. VIII. 76. El mismo mensajero llevó a los cartagineses la noticia de la declaración de guerra y el hecho de inicio, pues le trajo el voto del Senado y las nuevas de que las naves navegaban contra ellos. Los cartagineses quedaron sobrecogidos y desesperados por la falta de barcos y la pérdida reciente de tantos hombres jóvenes. No tenían aliados ni mercenarios dispuestos, ni trigo reunido para resistir un asedio, ni ninguna otra cosa, ante una guerra repentina y sin anuncio de heraldo, ni siquiera eran capaces de hacer frente y Masinissa juntos. Enviaron, pues, otros embajadores a Roma con plenos poderes para arreglar la situación presente del modo que le fuera posible….

Apiano Hist. rom. VIII. 135. Al llegar el día hicieron sacrificios y procesiones por tribus a los dioses y también juegos y espectáculos diversos en su honor…

Apiano Hist. rom. IX (Fragmentos). 1. Los romanos no prestaron, en absoluto, la menor atención a Filipo de Macedonia cuando comenzó a hacerles la guerra, ni supuso para ellos objeto alguno de preocupación, dado que todavía Italia sufría los embates de Aníbal, el general de los cartagineses, y ellos mantenían grandes ejércitos en África, Cartago e Iberia, y tratando de restablecer la situación en Sicilia. Sin embargo, el otro Filipo, llevado por el ansia de acrecentar su imperio y sin que mediara previo agravio, envió embajadores a Aníbal en Italia, a cuyo frente iba Jenófanes, prometiéndole que combatiría a su lado como aliado en Italia, si él, por su parte, llegaba al acuerdo de ayudarle a sojuzgar Grecia. Aníbal convino en ello y ratificó con juramento en tratado enviando, a su vez, embajadores para tomar juramento a Filipo, pero una trirreme romana capturó a los embajadores de ambos durante la travesía de regreso y los condujo a Roma. Filipo, irritado, por este suceso, atacó Corcira que era aliada de los romanos.

Apiano Hist. rom. XI, 4. De este modo se separaron unos y otros sin haber logrado nada positivo, pero habiendo roto ya en amenazas más abiertas. Y, cuando se propaló el rumor y la creencia de que Tolomeo Filópator había muerto, Antíoco se apresuró a partir hacia Egipto con la intención de apoderarse de este país, mientras estaba vacante el trono. Se le unió a él, en Éfeso, Aníbal el cartaginés, fugitivo de su patria a causa de las acusaciones de sus enemigos, que decían a los romanos que era un hombre litigante, amigo de la guerra y que jamás sería capaz de vivir en paz. Por aquellas fechas los cartagineses estaban sometidos a los romanos en virtud de un tratado. Antíoco recibió de forma espléndida a Aníbal por la fama de su dotes militares y lo retuvo a su lado…

COMENTARIO

Roma estaba dispuesta a todo con tal de acabar definitivamente con Aníbal y sus cartagineses. Cartago había sufrido ya demasiados golpes a consecuencia de los belicosos actos de Aníbal. Quería la paz con los romanos y vivir tranquila. Para ello movió todos los hilos diplomáticos con el fin de conseguir que el Senado romano se aviniera a firmar un tratado de paz. Pero Aníbal, que por aquellos momentos de encontraba en Cartago y desempeñando un cargo de sufeta, llevaba sus cosas a su aire e interés. Su gestión económica era irregular y se ganó la desconfianza del Senado y pueblo. Y a pesar de la buena predisposición del Senado cartaginés para llegar a un acuerdo con Roma, Aníbal aceptó la petición del rey Antíoco y se fue a su corte. Era un hombre hecho para la guerra y sólo para la guerra, cosa que ya Cartago quería ya olvidar.

Apiano Hist. rom. XI, 7. Y Antíoco, proyectando invadir en primer lugar Grecia y, desde allí, emprender la guerra contra los romanos, comunicó su idea a Aníbal, el cartaginés. Éste le respondió que Grecia, desgastada desde hacía mucho tiempo, era una tarea fácil, pero que las guerras de casa son más difíciles para todos por causa del hambre que provocan, y que, en cambio, las de fuera son más livianas; que nunca conseguiría Antíoco vencer a los romanos en Grecia, donde podían procurarse con facilidad provisiones de su propio país y recursos suficientes. Por consiguiente, le aconsejó que ocupara una parte de Italia y,tomando ésta como base de operaciones, hiciera la guerra desde allí para que la situación de los romanos fuera más débil tanto en su patria como fuera de ella. «Yo tengo experiencia de Italia – dijo- y, con diez mil hombres, puedo apoderarme de sus lugares estratégicos y escribir a mis amigos de Cartago para que instiguen al pueblo a una revolución. Pues ya en estos momentos se encuentra irritado consigo mismo y con desconfianza hacia los romanos, y se llenará de arrojo y esperanza, se si entera de que yo estoy devastando otra vez Italia». Antíoco, tras escuchar con placer sus consejos y juzgando una gran cosa, como en realidad era, incorporar a Cartago en la guerra, le encargó que escribiera de inmediato a sus amigos.

Apiano Hist. rom. XI, 8. Aníbal, no obstante, no escribió las cartas, pues no lo encontraba todavía seguro, ya que los romanos lo investigaban todo, y la guerra no había estallado aún abiertamente. Además, contaba con numerosos enemigos en Cartago, y no había en aquella ciudad un sistema político seguro y bien establecido, lo que precisamente poco tiempo después, fue la causa de la destrucción de Cartago. Así que envió a Aristón un mercader de Tiro, a sus amigos, so pretexto de una transacción comercial pidiéndoles que, cuando él invadiera Italia, sublevaran ellos a Cartago, para vengar las vejaciones que había sufrido. Y Aristón así lo hizo, pero los enemigos de Aníbal, cuando se apercibieron de su llegada, promovieron un alboroto como si estuvieran ante una revolución inminente y buscaron por toda la ciudad a Aristón. Este último, con objeto de librar a los amigos de Aníbal de toda sospecha, colocó en secreto, durante la noche, un escrito delante del edificio del senado en el que se decía que Aníbal exhortaba a todos los senadores a tomar las armas en favor de su patria junto con Antíoco, después de haber hecho esto, se hizo a la mar. A la mañana siguiente se disipó el temor de los amigos de Aníbal, gracias a la argucia de Aristón, como si hubiera sido enviado a todo el senado. Sin embargo la ciudad se llenó de toda clase de tumultos con franca animosidad hacia los romanos, pero sin esperanza de poder mantenerla oculta. Esta era la situación en Cartago.

Apiano Hist. rom. XI, 9. Entretanto, los embajadores y Escipión, el que había despojado a los cartagineses de su supremacía política, fueron enviados con misión similar a los de Antíoco para averiguar los propósitos de éste y espiar su fuerza. Sin embargo, al encontrarse que el rey se había marchado a Pisidia, aguardaron en Éfeso, en donde conversaron con frecuencia con Aníbal, pues Cartago se hallaba todavía en paz con ellos y Antíoco no era aún un enemigo declarado. Le reprochaban a aquél que hubiera huido de su patria, cuando los romanos no habían llevado a cabo acción criminal alguna ni contra su persona ni contra el resto del pueblo cartaginés al margen de los tratados. Y actuaban así buscando que Aníbal llegara a ser sospechoso a los ojos del rey a causa de la asiduidad de sus charlas y reuniones. Y Aníbal, hombre habilísimo en la estrategia militar, no lo intuyó, si embargo, y el rey, al enterarse, sospechó de él y, desde aquel momento, anduvo más remiso para hacerle partícipe de sus confidencias. Y es que existía ya algo de celos y envidia hacia su persona por temor a que Aníbal le arrebatara la gloria de sus empresas.

COMENTARIO

Las argucias planeadas por Aníbal para implicar al Senado cartaginés, no llegaron a buen puerto, sino que provocaron el efecto contrario. Aníbal estaba actuando a espaldas de Antíoco, hasta que éste descubrió que los planes del cartaginés no iban por el ben camino. La inicial confianza del rey se vino abajo y dejó de hablar de sus planes de guerra con Aníbal. Empezó a desconfiar de él. Esto provocará que en poco tiempo Aníbal se vea obligado a abandonar la corte de Antíoco porque se sentía ninguneado en sus planes bélicos por parte del rey.

Apiano Hist. rom. VII, (Fragmentos). 1, Comenta el autor que los capuanos, en Campania, amontonaron muchas riquezas por la fertilidad de su suelo; se dieron al lujo y a la opulencia, y llegaron a superar la fama, en cuanto a esto, que nos ha llegado de Crotona y de Síbaris. No podían, añade, con tanta prosperidad presente y llamaron a Aníbal, por lo cual los romanos les hicieron sufrir daños insoportables. Los petelinos, en cambio, se mantuvieron leales a Roma, y llegaron a padecer tantas privaciones que, mientras Aníbal los asedió, se comieron todo el cuero que había en la ciudad, la corteza de los árboles y ramas tiernas. Resistieron el sitio durante once meses sin recibir ayuda de nadie y acabaron por rendirse, con la anuencia de los romanos (Ateneo, XII, 36).

Apiano Hist. Rom. (Pacto de Filipo V con Aníbal). 1-5. Juramento de aníbal, de Magón, de Mircano, de Barmócar, de todos los ancianos de Cartago presentes, de todos los soldados cartagineses presentes, prestando ante Jenófanes, hijo de Cleómaco, ateniense, enviado a nosotros como embajador por el rey Filipo, hijo de Demetrio, en nombre suyo, de los macedonios y de los aliados de éstos, juramento prestado en presencia de Zeus, de Hera y de Apolo, en presencia del dios de los cartagineses, de Heracles y de Yolao, en presencia de Ares, de Tritón y de Poseidón, en presencia de los dioses de los que han sido en campaña, del sol, de la luna y de la tierra…..Aníbal, general, dijo, y todos los senadores de Cartago presentes y todos los soldados cartagineses presentes: por voluntad vuestra y nuestra prestamos este juramento de amistad y de noble adhesión para ser amigos, parientes y hermanos, bajo las cláusulas siguientes: que el rey Filipo, los macedonios y los demás griegos….

Apiano Hist. rom. VIII, (La guerra contra Aníbal: Tarento). 24. 1-3. Los tarentinos, orgullosos de sus riquezas, llamaron a Pirro de Epiro, porque la democracia que mantiene, durante mucho tiempo, el poder es natural que se canse de estar siempre en las mismas condiciones y se busca un soberano. Ahora bien, cuando lo ha encontrado, lo detesta inmediatamente, porque es notorio que el cambio ha sido grande y a peor. Esto es lo que ocurrió en Tarento. El futuro parece que ha de ser siempre mejor que el presente.

Apiano Hist. rom. VIII, 25, 1-10. Primero salieron de la ciudad fingiendo una expedición. Era ya de noche cuando se acercaron al campamento cartaginés y se apostaron en un lugar boscoso, no lejos del camino, a excepción de Filémeno y Nicón, que se dirigieron a la acampada. Los centinelas los prendieron y los llevaron a la presencia de Aníbal: lo único que habían dicho era que querían conversar con el general. De modo que fueron conducidos sin dilación a su estancia. Dijeron que querían hablarle a solas. Aníbal se prestó a esta demanda y ambos se despacharon acerca de sí mismos y de sus patrias. Y que no pareciera absurda la acción que iban a emprender, lanzaron muchas y diversas acusaciones contra los romanos. Aníbal los alabó, aceptó sinceramente su interés y los despidió, pero pidiéndoles que regresaran, que acudieran pronto a su encuentro. Para aquel momento les indicó que, cuando se hubieran alejado algo del campamento, siguieran a los primeros rebaños y a los hombres que los conducían a los pastos. Podían irse sin temores en su compañía, ya que él velaría por su seguridad. Obró así porque quería tener tiempo para sopesar los planes de aquello jóvenes y para lograr, además, que sus conciudadanos creyeran que salían con la mejor intención, la de hacer botín. Nocón y sus compañeros atendieron las instrucciones de Aníbal, de lo cual éste se alegró mucho, porque finalmente tenía ocasión de llevar a buen término sus intentos. Filémeno y sus amigos tuvieron aún más interés en cumplir sus proyectos: ahora se veía que la operación no comportaba riesgo: Aníbal les era favorable y la perspectiva de un botín les avalaba de modo suficiente ante los suyos. Vendían una parte del botín y la restante la empleaban en banquetes, de modo que no sólo se ganaron la confianza de los tarentinos, sino también la envidia de bastantes de ellos.

Apiano Hist. rom. VIII, 26, 1-10. Después hicieron una segunda salida dispuesta en todos los detalles como la anterior; dieron palabra a Aníbal y la tomaron de él en los mismos términos: los cartagineses liberarían a los tarentinos, no les impondría tributos de ninguna clase, ni les mandarían nada; al entrar en la ciudad, los cartagineses podrían saquear las casas y las hospederías de los romanos. Establecieron una contraseña para que los centinelas dejaran paso libre hacia el campamento siempre que ellos llegaran. Además, recibieron autorización para entrevistarse con Aníbal muchas más veces: o bien simulaban que se disponían a una incursión, o bien que salían de caza. Todo estaba ya presto para la operación próxima; la mayor parte de los hombres acechaban una oportunidad; Filémeno era el encargado de salir de caza. Se decía de él que lo primero que había hecho en su vida era salir de cacería; esta diversión le apasionaba muchísimo. Le encargaron que, con la carne de las piezas cobradas, se ganara ante todo al comandante romano de la ciudad, Gayo Livio, y también a los centinelas de la guardia apostada en las puertas llamadas Teménides. Filémeno acepto esta misión y entraba en la ciudad con mucha frecuencia con piezas cobradas por él mismo o que le habían sido entregadas por orden de Aníbal; con una parte obsequiaba a Gayo y, con la otra, a los centinelas de la puerta, para que le abrieran siempre la portezuela, ya que las más de las veces entraba y salía de noche, alegando el miedo que le infundía el enemigo; en todo esto se ajustaba al plan trazado. Cuando Filémeno hubo acostumbrado a los centinelas del portal a que no se extrañaran, sino que cuando, de noche, él estuviera cerca del puesto y silbara, los otros le abrieran la portezuela inmediatamente, entonces procuró averiguar el día en que comandante romano de la ciudad acudiría, con una comitiva muy numerosa, al lugar llamado el Museo, no lejos del ágora, e indicó este día a Aníbal.

Apiano Hist. rom. VIII, 27, 1-10. Éste había propalado el rumor de que estaba enfermo, para que los romanos no se extrañaran de que parara tanto tiempo en el mismo sitio. Entonces exageró todavía más la simulación; el campamento cartaginés estaba a tres días de marcha de Tarento. En el día convenido hizo preparar unos diez mil hombres, entre la tropa escogida por su audacia y su ligereza; eran jinetes y soldados de infantería. Aníbal les ordenó tomar vituallas para cuatro días. Esta fuerza selecta levantó el campo al romper el día y avanzó a marchas forzadas en dirección a Tarento. Se había impartido la orden de que ochenta jinetes seleccionados se adelantaran treinta estadios al resto de la fuerzas e hicieran incursiones a ambos lados de la ruta. Con ello se evitaba que alguien viera todas las tropas: de los que encontraran dispersos, unos caerían prisioneros y los que consiguieran escapar en la ciudad delatarían sólo la incursión de los númidas. Cuando el grueso de aquella tropa llegó a ciento veinte estadios de la ciudad, Aníbal hizo que los soldados cenaran en la orilla de un río escabrosa y difícilmente divisable. Después reunió a sus oficiales, a los que no manifestó explícitamente sus planes; simplemente los exhortó a ser hombres valientes, porque les aguardaban recompensas mayores que nunca. Les mando que durante la marcha hicieran mantener la disciplina debida a todos los hombre y que reprendieran claramente a los que se salieran de su fila. Finalmente les intimó que atendieran estrictamente las órdenes que les llegaran y que no hicieran nada por iniciativa propia; dicho esto, los despidió; caída ya la noche cerrada, hizo avanzar la primera unidad, con el intento de llegar a pie a la muralla a medianoche. Los guiaba Filémeno, que tenía dispuesto un jabalí para usarlo, como siempre cuando recibiera la consigna.

Apiano Hist. rom. VIII, 28, 1-9. Según las previsiones de los jóvenes, Gayo Livio pasó el día con sus amigos en el Museo; precisamente cuando las libaciones alcanzaban el momento culminante, le avisaron, al caer la tarde, de que unos númidas devastaban el país. Él tomó medidas sólo contra esta incursión; llamó a algunos de su oficiales y les informó que, a la mañana siguiente, al alborear, salieran con la mitad de la caballería y rechazaran el destacamento enemigo que talaban sus plantaciones. Y precisamente esto, le impidió ver el conjunto de la operación. Los que estaban con Nicón y Tragisco, asi que oscureció, se agruparon en la ciudad y acecharon el momento en que Livio y sus amigos salían del banquete. Éstos se levantaron pronto, porque el festín se había celebrado durante el día. Los jóvenes se dividieron: unos se apostaron en cierto lugar; el resto se cruzó, como por casualidad, con Gayo Livio; se desplegaron delante suyo jugando, fingiendo salir también de un banquete. Cuando el romano y los suyos estuvieron todavía más ofuscados por la bebida, entonces los dos grupos se mezclaron y todos eran risotadas y juegos. Los jóvenes torcieron su camino y acompañaron a Gayo Livio a su casa. Éste se fue a dormir totalmente borracho, y no pensaba en nada inesperado o amargo, como es natural que no lo piensen los que se han pasado el día bebiendo; le embargaba una alegría lasciva. El grupo de Nicón y Tragisco se reunió con los jóvenes restantes y, entonces, se dividieron en tres grupos para vigilar las entradas más accesibles al ágora; querían que no les pasara por alto nada de lo que ocurriera en el exterior, o dentro de la ciudad. Algunos vigilaban también la casa de Gayo, porque sabían muy bien que, si surgía alguna sospecha de lo que iba a suceder, le avisarían inmediatamente y sería él quien tendría la iniciativa en las operaciones. Cuando todos los comensales se había reintegrado a sus casas y todo el alboroto era ya cosa pasada, la noche había avanzado ya mucho y casi todos los ciudadanos dormían. Las ilusiones de los jóvenes conjurados permanecían intactas. Entonces formaron un sólo grupo y se dispusieron a ejecutar sus planes.

Apiano Hist. rom. VIII, 29, 1-12 Lo que los jóvenes había establecido con los cartagineses era que Aníbal aproximaría a la ciudad tropas por el lado de Oriente, que es tierra firme, hacia las puertas Teménides; harían arder una hoguera encima de un sepulcro que unos llaman de Jacinto y otros de Apolo Jacinto. Cuando se apercibieran de ella, Tragisco y los suyo debían encender otra dentro. Entonces, los de Aníbal habían de apagar la suya y dirigirse a toda prisa hacia la puerta. Esto era lo convenido; los jóvenes atravesaron la parte habitada de la ciudad y llegaron a su cementerio. La parte oriental de Tarento está llena de sepulcros, porque los tarentinos todavía hoy entierra a sus muertos no lejos de ellos y dentro del recinto de las murallas, debido a un oráculo antiguo. Se cuenta que un dios les vaticinó que les iría mejor y gozarían de más prosperidad, si edificaban sus casas allí donde estaba su mayoría. Ellos interpretaron el oráculo en el sentido de que vivirían óptimamente. si dentro del recinto de su muralla, retenían incluso a sus muertos; por esto los entierran todavía hoy en la parte interior de las puertas. Los jóvenes en cuestión llegaron al sepulcro de Pitiónico y aguardaron allí. Cuando Aníbal y los suyos se aproximaron e hicieron la señal convenida, Nicón, Tragisco y los suyos vieron el fuego y cobraron confianza en sus ánimos; encendieron también su hoguera. Cuando la de los cartagineses se hubo extinguido, corrieron impetuosamente hacia la puerta, con la intención de anticiparse a matar por sorpresa a los centinelas que montaban guardia: los cartagineses marchaban con calma, a paso lento. Aquellos no tuvieron mayores obstáculos en la ejecución de sus propósitos: aprisionaron a los centinelas y, mientras un grupo de los jóvenes les daba muerte, los restantes astillaban los barrotes. Abrieron rápidamente las puertas y los de Aníbal, que habían realizado una marcha precisa, llegaron en el momento oportuno. Nadie se dio cuenta de la incursión contra la ciudad.

Apiano Hist. rom. VIII, 30, 1-11 Llegados a la entrada según el plan preestablecido, con toda seguridad y orden, convencidos que ya habían superado lo más difícil de sus propósitos, se dirigieron hacia el ágora por la calle que conduce a ella desde la puerta Batea. Con todo, dejaron la caballería fuera de las murallas, no menos de dos mil jinetes que los defendieran si eran atacados desde el exterior, o que les fueran útiles en los imprevistos que suelen ocurrir en estos intentos. Cerca ya del ágora, Aníbal mandó detener la marcha, preocupado por lo que había ocurrido a Filémeno, protagonista de la segunda parte de su plan.

Después de encender su fogata y de iniciar su ida contra la puerta, Aníbal había enviado a Filémeno, que tenía al jabalí en unas parihuelas, junto con dos mil soldados africanos, hacia la puerta más cercana. Ya desde el principio había sido su intención que la empresa dependiera no de una sola posibilidad, sino de diversas. Filémono se acerco a la muralla y silbó, según su costumbre. El centinela bajó inmediatamente al portón. Filémeno le dijo, desde afuera, que abriera al punto, puesto que jabalí que transportaba les pesaba mucho. El centinela abrió gustoso y alegre, con la ilusión de que él también sería partícipe de la cacería de Filémeno, ya que siempre lo era de las piezas entradas. Filémeno iba delante con la carga y lo acompañaba un hombre disfrazado de pastor; parecía un habitante de aquellos labrantíos. Detrás de éstos, dos hombre más transportaban la fiera por la parte posterior. Cuando los cuatro habían ya traspasado el umbral, mataron de un sólo golpe al que les había abierto, que se había acercado sin recelos a palpar el jabalí. Luego metieron por el portón, sin prisas y tranquilamente, a los que les seguían y que, a su vez, guiaban a los demás, aproximadamente unos treinta africanos. Al punto, lo que ya llegó a ser usual: mientras unos mataban a los centinelas, los restantes astillaban los barrotes de las puertas; algunos llamaban mediante contraseñas convenidas a los africanos que esperaban afuera. Éstos penetraron sin ningún riesgo y se dirigieron también al ágora; era lo establecido. Cuando éstos se les juntaron, Aníbal, rebosante de alegría, porque todo le salía a derechas, siguió el plan previsto.

Apiano Hist. rom. VIII, 31, 1-12. Dividió a sus dos mil galos en tres secciones, y asignó, a cada una de ellas, dos de los jóvenes que había facilitado la empresas. Los acompañaban también algunos oficiales: la orden era ocupar las calles más importantes que convergen en el ágora. Hecho ya todo, indicó a los jóvenes tarentinos que salvaran a sus conciudadanos y los libraran de la muerte; debían gritar, ya desde lejos, que los de Tarento se encerraran en sus casas; así quedarían seguros. A los oficiales galos y cartagineses, les mandó matar a cualquier romano que encontraran. Los aludidos se dispersaron y cumplieron inmediatamente la orden. Cuando los tarentinos se encontraron con el enemigo dentro de la ciudad, el clamor y la confusión fueron extraordinarios. Gayo Livio, informado de la entrada del enemigo dentro de su ciudad, comprendió que la borrachera lo había incapacitado. Salió al punto de su casa, con sus servidores, y se encaminó a la salida que daba al puerto. El centinela le abrió el portón, él pasó y tomó una de las embarcaciones del fondeadero, saltó adentro y se dirigió a la acrópolis. En este preciso momento, Filémeno y algunos más, que se había apoderado de algunas cornetas romanas y sabían tocarlas, ya que habían adquirido este uso, se fueron al teatro y tocaron a rebato. Interpretándolo como una orden, los romanos salieron armados a defender la fortaleza. Y ocurrió todo según las previsiones cartaginesas, porque los romanos salían dispersadamente por las calles, sin ningún concierto; unos murieron a manos de los cartagineses, otros a manos de los galos; sucumbieron casi todos.

Ya en pleno día, los tarentinos permanecían todavía sin moverse de sus casas; no acaban de entender lo que había pasado. Primero, el tañido de las cornetas, y el hecho de que no se producían crímenes ni pillaje, los indujo a pensar que se trataba de un movimiento de romanos, pero cuando vieron a muchos de éstos muertos por las calles, y que los galos se dedicaban a despojar los cadáveres, empezaron a sospechar la presencia de cartagineses.

Apiano Hist. rom. VIII, 32, 1-6. Cuando Aníbal hubo concentrado todas sus fuerzas en el ágora (los romanos se había refugiado en la acrópolis, que ocuparon para defenderse) y era ya mediodía, se proclamó que todos los tarentinos se dirigieran desarmados al ágora. Los jóvenes recorrían la población gritando: «¡Libertad!». y exhortaron a que nadie desconfiara, pues los cartagineses querían sólo favorecerles. Los tarentinos más partidarios de los romanos, al comprobar lo ocurrido, se refugiaron en la fortaleza; el resto se reunió desarmado, según la proclama. Aníbal les dirigió unas palabras muy amables. ante aquella esperanza imprevista, los tarentinos le aplaudieron unánimemente. Aníbal despidió al pueblo con la orden de que cada uno, al llegar a su casa, pusieran en seguida el letrero: TARENTINO, Decretó la pena de muerte a quien colgara el letrero en una casa de un romano. Él, personalmente, cogió a los dos mas experimentados en estos menesteres y se lanzó a saquear las casas de los romanos, con la orden de considerar tales a todas las desprovistas del letrero. Mantuvo en orden el resto de sus tropas, para apoyar a los saqueadores.

Apiano Hist. rom. VIII, 33, 1-7. Amontonaron muchos y variados objetos procedentes de la rapiña; los cartagineses alcanzaron una ganancia no inferior a lo que se esperaban. Aquella noche durmieron sobre las armas; Al día siguiente, Aníbal deliberó con los tarentinos y determinó fortificar la ciudad por el lado de la acrópolis; así no deberían temer a los romanos que todavía la ocupaban. Mandó primero construir una empalizada paralela a la muralla de la acrópolis y defenderla con un foso. Sabía bien que el enemigo intentaría estorbarlo y que haría una demostración de fuerza por el lugar menos pensado, de modo que mantuvo al acecho la flor y nata de sus tropas, en la convicción de que, para el futuro, lo más imprescindible era infundir pánico a los romanos y ganarse la confianza de los tarentinos. Cuando éstos clavaban los primeros palos, los romanos los atacaron, al punto, con audacia y con coraje. Aníbal ofreció una leve resistencia y, después, se replegó para provocar al enemigo. Cuando la mayor parte de los romanos había ya traspasado el foso, el cartaginés do la señal y contraatacó. La lucha era encarnizada, porque se combatía en un espacio reducido y fortificado, pero a la postre los romanos fueron vencidos y se dieron a la fuga. Muchos cayeron en la acción misma, pero murieron todavía más al verse rechazados, porque se precipitaban en el foso.

COMENTARIO

El episodio de Aníbal con la artimaña del engaño es muy propio del mundo norteafricano. Consiguen engañar a la población romana siguiendo las argucias de gente traidora. Tarento es reconquistada por Aníbal siguiendo un plan engañoso de un traidor de la ciudad.

Apiano Hist. rom. VIII, 34, 1-10. Desde entonces Aníbal continuó sin riesgos el trabajo de la estacada y, después, no operó más; la cosa le había salido según sus cálculos; había conseguido rodear al enemigo y lo forzaba a mantenerse dentro de la fortaleza; los romanos temían por sí mismos y por la acrópolis. A los de la ciudad les infundió tal coraje que llegaron a creerse suficientes, por sí solos, para hacer frente a los romanos. Después, a corta distancia de la empalizada y en dirección a la ciudad, excavó un foso paralelo a la dicha trinchera y a la muralla de la acrópolis. Desde el foso, por su lado opuesto a la ciudad, hizo amontonar tierra en dirección contraria y clavó encima una segunda empalizada; el conjunto quedó muy seguro, poco menos que una muralla; además, al lado de esta segunda estacada y en dirección a la ciudad, había dejado un espacio libre, estratégico, en el que había mandado levantar un muro, que se iniciaría en la puerta llamada «Salvadora», y acabaría en la puerta Batea. Incluso sin defensores, aquellas fortificaciones, por sus propios dispositivos, eran capaces de ofrecer seguridad a los tarentinos.

Aníbal dejó una fuerza suficiente, adecuada para la defensa de la ciudad, y campo de caballería que protegiera las murallas. Estableció su campamento a cuarenta estadios de la población, en la orilla de un río que algunos llaman Galeso, pero la mayor parte Eurotas, nombre llamado del Eurotas que fluye por tierras de Esparta. Los tarentinos tienen muchos nombres así, tanto en su ciudad como en los contornos; es cosa sabida que Tarento es fundación espartana; ambas ciudades están muy unidas por lazos de sangre. La muralla se acabó rápidamente por el afán y el ardor de los tarentinos, así como por la ayuda que recibieron de los cartagineses. Fue entonces cuando Aníbal se dispuso a conquistar la acrópolis.

Apiano Hist. rom. VIII, 35, 1-13. Había preparado ya todo lo necesario para tomarla, cuando a los romanos bloqueados en ella les llegó ayuda por mar desde Metaponto. Con ello cobraron algo de ánimo, atacaron de noche las obras del enemigo y destruyeron todo lo ya aparejado, las construcciones y las máquinas de guerra. Ante esto, Aníbal renunció a asediar la fortaleza. Una vez concluidas las obras del muro, reunió a los tarentinos y les hizo comprender que en aquella situación, lo decisivo era el dominio del mar, ya que la acrópolis dominaba la bocana del puerto, como he dicho algo más arriba. Los tarentinos no podían utilizar sus naves para nada, ni sacarlas del puerto; en cambio, los romanos recibían por mar, sin peligro alguno, todo lo necesario. Así las cosas, era imposible liberar totalmente la ciudad. Cuando Aníbal lo comprobó, hizo notar a los tarentinos que los defensores de la fortaleza se rendirían, se entregarían y desalojarían el lugar, y ello, en un plazo muy breve, si llegaban a perder la esperanza de recibir ayuda por mar. Al oírle, los tarentinos estaban de acuerdo con sus afirmaciones, pero no entendían cómo, en aquella situación, podrían lograrlo si no aparecía una flota cartaginesa, cosa impensable en aquellos momentos. No alcanzaban tampoco a conjeturar hacia donde los llevaba Aníbal cuando les hablaba de estas cosas. Y cuando les dijo que, aún sin la ayuda de los cartagineses, ellos mismos eran muy capaces de dominar el mar, entonces su desconcierto llegó al colmo; no veían la intención de Aníbal. Éste había notado la existencia de una calle de la que se podía disponer; estaba dentro del recinto amurallado y conducía paralelamente a la muralla, desde el puerto al mar exterior. Pensó que las naves tarentinas podían ser transportadas desde el puerto a la parte meridional de la ciudad. Cuando insinuó esta idea a los tarentinos, éstos no sólo la aprobaron, sino que su admiración por aquel hombre creció extraordinariamente: pensaban que nada estaba por encima de la imaginación y de su audacia. Dispusieron inmediatamente unos carromatos con ruedas que facilitarían el transporte. La cosa resultó tan pronto dicha como hecha; tal fue la multitud de hombres y el ardor que pusieron en la empresa. Los tarentinos remolcaron, como queda dicho, las naves hasta el mar abierto, y asediaron firmemente a los romanos de la acrópolis, privados ahora de cualquier socorro del exterior. Aníbal dejó una guarnición en la ciudad y alzó el campo con sus fuerzas. En una marcha de tres días alcanzó el primer campamento y paso lo que quedaba de invierno en aquella comarca.

Apiano Hist. rom. IX, (Asedio de Capua; Tarento) 1- Aníbal rodeó el campamento de Apio e inició unas escaramuzas de tanteo; pretendía provocarlo a una batalla campal. Pero no le prestaron atención y sus intentos acabaron pareciéndose a un asalto al campamento; la caballería cartaginesa cargaba formada en escuadrones y lanzaba jabalinas al campo enemigo en medio de un gran alboroto, mientras que la infantería atacaba formada en manípulos e intentaba destrozar la empalizada romana. Sin embargo, Aníbal no logró apartar a los romanos del propósito que se había formulado: su infantería ligera rechazaba a los asaltantes de la estacada y, con sus armas pesadas se defendían contra los tiros; nunca rompían su formación y cada hombre conservaba su puesto en su manípulo. Aníbal, contrariado porque no había conseguido forzar la entrada en la ciudad ni provocar a los romanos a una batalla, deliberó sobre lo que le convenía más en aquellas circunstancias. Pienso que lo que ocurría habría puesto en apuros no sólo a los cartagineses, sino a cualquier otro hombre sabedor de ello. ¿Quién creería en efecto, que los romanos, vencidos en tantas batallas por los cartagineses, que no se atrevían a encararse frontalmente con el enemigo, sin embargo, no se retiraban y mucho menos cedían el campo abierto? Añádase encima que hasta entonces sólo habían salido a campaña por las faldas de los montes, pero ahora habían bajado a la llanura, al lugar más abierto de Italia y asediaban una ciudad muy fortificada, aunque a su vez le había rodeado un enemigo que eran incapaces de mirar cara a cara. En las batallas habían vencido siempre los cartagineses, pero, al presente, en algunos aspectos, se encontraban en una situación tan enojosa como la de aquellos a los que habían derrotado. Opino que la causa de este proceder por ambos bandos, era que tanto romanos como cartagineses se habían dado cuenta que era la caballería de estos últimos la que decidía las derrotas y los éxitos de uno y otro bando. Después de la batalla eran lógicas las salidas de los campamentos de los vencidos, porque se hacía por lugares tales que la caballería enemiga no podía infligirles ningún daño. Por eso la conducta de ambos ante Capua era la única que se podía esperar.

Apiano Hist. rom. IX, 4, 1-8. Las fuerzas romanas, ciertamente, no osaban presentar batalla por miedo a la caballería enemiga, pero en cambio permanecía sin temores dentro de su campo, porque sabían bien que la que en las confrontaciones campales siempre los vencía, en estas condiciones resultaba inofensiva. Los cartagineses, por su parte, no podían permanecer ni acampar cómodamente más tiempo en la región, porque los romanos habían talado intencionadamente los forrajes; a los cartagineses les era imposible transportar a hombres, desde un lugar tan distante, cebada y forraje suficientes para una cantidad tan enorme de caballos y acémilas. Y sin la caballería, acampar y asediar al enemigo no les ofrecía ninguna seguridad; los romanos se defendían con una empalizada y un foso; desprovistos los cartagineses de sus caballos y en igualdad de condiciones, el riesgo era indeciso. Además, temían la llegada de los cónsules romanos recién nombrados, que posiblemente acamparían ante ellos y los pondrían en una situación muy apurada, ya que les interceptarían los aprovisionamientos. Todo esto indujo a pensar a Aníbal, que era imposible forzar a los romanos a levantar el asedio y cambió de táctica. supuso que si lograba hacer desapercibidamente una marcha sobre Roma, presentándose de repente por sus alrededores, tal sorpresa atemorizaría a los habitantes de la urbe, extraería algún provecho de la misma ciudad o, por lo menos, obligaría a Apio a correr en defensa de su patria, levantando el asedio o, en último término, le forzaría a dividir sus fuerzas, con lo cual se convertirían en enemigos fáciles, tanto los que quedaran en Capua como los que corrieran en auxilio de Roma.

Apiano Hist. rom. IX, 5, 1-9. Con este proyecto envió un mensajero a Capua; pidió a uno de sus africanos que fingiera desertar de su campo y se pasara a los romanos, y desde allí procurara penetrar en la ciudad, porque le preocupaba la seguridad de su mensaje. Aníbal temía que, si los romanos veían que él desaparecía, se asustaran, se desesperaran y se rindieran a los romanos. Por eso en su carta les exponía su ardid. Al día siguiente al que levantó el campo los envió al africano. Así los de Capua, conocerían sus planes y la causa que les hacía alejarse, y soportarían el asedio sin caer en el desánimo. Cuando la noticia de lo que pasaba en Capua llegó a Roma: que Aníbal había acampado que asediaba a sus propias fuerzas, el desánimo y la excitación cundieron entre los ciudadanos; les parecía que la crisis inminente era ya la definitiva. Por eso ponían todo su valor y toda su dedicación en esta empresa únicamente y enviaban refuerzos continuos. Los capuanos por su lado, recibieron de manos del africano el mensaje de Aníbal; sabedores de las intenciones de los cartagineses, decidieron tantear todavía esta esperanza y permanecer firmes en sus decisiones. Aníbal, cinco días después de su llegada a Capua, cuando la tropa hubo cenado, mandó levantar el campamento y que se pusiera en marcha, pero dejó las fogatas ardiendo para evitar que el enemigo se apercibiera de la maniobra. Recorrió a marchas forzadas el país de los samnitas, tomando siempre la precaución de hacer explorar y conquistar previamente los parajes de su ruta por sus avanzadillas. Cuando los romanos se figuraban que Aníbal estaba todavía en Capua, ocupado en lo que ocurría allí, Aníbal cruzó, sin ser visto, el río Anión, y se aproximó a Roma; plantó su campamento a no más de cuarenta estadios de la ciudad.

Apiano Hist. rom. IX, 6, 1-9. La noticia del suceso llegó a Roma, y el pánico y la confusión invadieron a todos los que estaban en la ciudad: la cosa era tan repentina como inesperada. Aníbal no se había acercado nunca tanto a la urbe: lo que se pensaba era que si lo había hecho con tanta confianza era porque las legiones romanas de Capua habían sido aniquiladas. Los hombres se apostaron en los muros y en los lugares estratégicos del exterior de la ciudad; las mujeres acudían a los templos y rogaban a los dioses: con sus cabelleras barrían el suelo; esta es costumbre que rige entre ellas cuando un riesgo total amenaza al país. Pero muy poco después de que Aníbal hubiera acampado, cuando el cartaginés ya proyectaba tantear la ciudad al día siguiente, se dio un signo imprevisto y fortuito de salvación para los romanos. Los oficiales de Gneo Flavio y de Publio Sulpicio hacía poco que acababan de alistar una legión y habían tomado a los soldados el juramento de presentarse, precisamente aquel día, con las armas en Roma; mientras tanto reclutaban y entrenaban otra. Ello hizo que aquel día se reuniera espontáneamente en Roma una gran cantidad de hombres, en un momento muy oportuno por cierto: los generales cobraron animo y los hicieron salir, los formaron delante de la ciudad y rechazaron el ataque de Aníbal. Los cartagineses lo habían iniciado, incluso, con alguna esperanza de entrar en Roma, pero cuando contemplaron la formación enemiga y uno que aprisionaron les informó de lo ocurrido, desistieron de asaltar la ciudad y recorrieron el país; lo devastaban y pegaban fuego a las alquerías. El botín que recogieron fue enorme y lo trasladaron a su campamento; el pillaje había sido tal que nadie jamás lo hubiera creído en un enemigo.

Apiano Hist. rom. IX, 7, 1- Pero, luego, los cónsules romanos decidieron osadamente acampar a diez estadios de los cartagineses. Anínal había capturado un gran botín, pero había perdido la esperanza de tomar la ciudad. Además, supuso, según sus propios cálculos iniciales, que aquellos días Apio, sabedor del peligro que corría Roma, o bien habría, simplemente, levantado el sitio de Capua para lanzarse con todas sus fuerzas a socorrer la patria, o habría dejado algunas de sus tropas allí y habría corrido con la mayor parte de ellas a defender la ciudad; creyó que, en ambos casos, lo mejor que podía hacer era levantar el campamento así que alboreara. Los soldados de Publio destruyeron los puentes tendidos sobre el río que antes cité y obligaron a los cartagineses a cruzarlo vadeándolo. Durante la travesía los hostigaron y los pusieron en grandes apuros. Pero no lograron nada decisivo, debido a la gran cantidad de jinetes y porque los númidas se adaptan bien a cualquier terreno. Sin embargo, los romanos recuperaron buena parte del botín y causaron al enemigo unos trescientos muertos; después se replegaron a su propio campamento. Mas tarde creyeron que los cartagineses se retiraban tan rápidamente por miedo y los persiguieron por las raíces de los montes. Pero las prisas de Aníbal respondían a que quería ejecutar completamente sus planes, cuando, al cabo de cinco días, supo de Apio continuaba asediando Capua, se detuvo y estableció contacto con sus perseguidores, a los que asaltó, en plena noche, en su propio campamento. Mató a la mayoría de ellos y echó a los restantes de su acampada. Ya de día comprobó que los romanos se habían refugiado en una colina muy defendida y no intentó expulsarlos de ella. Marchó por la Apulia Daunia y por los abruzos, y descendió inesperadamente hasta Reggio, de manera que casi se apodera de la ciudad. Hizo prisioneros a todos los que habían salido por los campos, de modo que a su llegada, cayeron en su poder la mayoría de los ciudadanos reginos.

Apiano Hist. rom. IX, 8, 1. Me parece muy propio que, precisamente en este punto, evidencie y proclame dignos de admiración el coraje y el pundonor de romanos y cartagineses en la guerra…

Apiano Hist. rom. IX, 9, 1-10. Pues lo mismo cabe afirmar de lo que ocurrió a Aníbal en efecto; atacar a los enemigos e intentar forzarlos a levantar un cerco mediante combates parciales, al fallar este intento dirigirse contra la propia Roma, y al fallar la tentativa por una peripecia fortuita, en la marcha de retirada, no sólo rechazar a los perseguidores, sino también tender una celada, por si se producía, como parecía lógico, algún movimiento de los que asediaban Capua, y, finalmente, no cejar en su intento, lanzarse a aniquilar al enemigo, sin limitarse únicamente a expulsar de su territorio a los reginos,¿ quién no lo aplaudiría, y admiraría al general que lo realizó? Aquí hay que pensar, sin embargo, que los romanos fueron superiores a los lacedemonios, ya que éstos, al primer aviso se esparcieron para ir a salvar Esparta, y Mantinea, al menos en lo que dependía de ellos, quedó desamparada. Pero los romanos salvaron su patria sin levantar el asedio; se mantuvieron firmes en sus intentos con coraje y tenacidad, y desde entonces atacaron Capua con más ánimo. Esto no lo digo tanto para alabar a romanos y cartagineses, cosa que he hecho ya con frecuencia, como para dirigirme a los gobernantes actuales de los dos pueblos y a los que, en ambos, dirigirán, en el futuro, los asuntos públicos. Es preciso que recuerden unas cosas, que consideren bien otras y se conviertan en émulos no de empresas absurdas y arriesgadas, sino todo lo contrario, de audacias razonables y de ingenios dignos de admiración. Las hazañas son siempre memorables tanto si constituyen un gran éxito como si no, a condición de haber tenido una finalidad noble y de haber sido proyectadas con tino y prudencia.

Apiano, Hist. rom. XI, 19. 1- ¿Quién no alabaría el saber militar, el coraje y el vigor de Aníbal en sus campañas, si considera el largo tiempo que duraron, si piensa en las batallas que libró, de menos a mayor envergadura, en los asedios que emprendió, en las ciudades que desertaron de uno y otro bando y reflexiona, además, sobre el alcance del conjunto de sus planes, sobre su gesta, en la que Aníbal guerreó ininterrumpidamente dieciséis años contra Roma en tierras de Italia, sin licenciar jamás las tropas de sus campamentos? Las retuvo, como un buen piloto, bajo su mando personal. Y unas multitudes tan enormes jamás se le sublevaron, ni se pelearon entre ellas, por más que echaba mano de hombres que no eran ni del mismo linaje ni de la misma nacionalidad. En efecto, militaban en su campo africanos, iberos, ligures, galos, fenicios, italianos griegos, gentes que nada tenían en común a excepción de su naturaleza humana, ni las leyes, ni las costumbres ni el idioma. A pesar de todo, la habilidad de Aníbal hacía que le obedecieran, a una sola orden, gentes tan enormemente distintas, que se sometieran a su juicio aunque las circunstancias fueran complicadas e inseguras, y ahora la fortuna soplara estupendamente a su favor, y en otra ocasión al revés. Desde este punto de vista es lógico que admiremos la eficiencia de este general en el arte militar. Sin temor a equivocarnos podemos decir que si hubiera empezado atacando las otras partes del mundo y hubiera acabado con Roma, no habría fallado en sus propósitos. Pero empezó dirigiéndose contra los que hubieran debido ser los últimos: inició y acabó sus gestas peleando contra los romanos.

COMENTARIO

Apiano plantea también el tema de ¿por qué Aníbal no asaltó Roma cuando la tenían en la mano y situado frente a ella? Los romanos reaccionaron ante el tremendo peligro que corría la República. Reaccionaron acudiendo de inmediato los generales que se hallaban cerca; la ciudad estaba revuelta ante tal situación; pero la presencia inmediata de fuerzas de defensa que se encontraban en ella, hizo dudar al propio Aníbal por la inseguridad que ello le podía plantear. Él estaba muy seguro de su superioridad y, ante una situación dudosa, prefirió seguir destrozando el territorio romano, saqueando, quemando y destruyendo campos y ciudades. No es que tuviera miedo tomar la ciudad, sino que la dejó para el final y así poner fin e las conquista definitiva de Italia. Pero no se pierda de vista que no las tenía todas consigo: en Hispania le estaba cegando la hierba bajo los pies Publio Cornelio Escipión que, a corto plazo sería quien acabaría con él. Y lo hizo, piénsese lo que se piense. Se alaba el valor del ejército cartaginés, considerando su fidelidad, ¿Y cómo no? Si no hacían lo que Aníbal pretendía, ¿qué futuro le quedaba? El hecho de que no se rebelaran ninguna vez contra él es por miedo. No tenían otra cosa que hacer, porque rebelarse suponía más un riesgo que una esperanza. La soberbia de Aníbal le perdió. Minusvaloró la valía de los enemigos. No atacó Roma. Postergó el asalto. Se creyó superior y pensó que al final caería en sus manos. Pero su ejército era muy inestable; no se renovaba; no se jubilaba. La ayuda de Cartago cada vez era más difícil.

Apiano, Hist. rom. XV, 1, 1-13. Como los cartagineses habían capturado las naves de transporte romanas y una enorme cantidad de aporvisionamiento, Escipión estaba dolido no sólo porque los romanos habían perdido esos aprovisionamientos, sino también porque el enemigo disponía de abundancia de lo necesario. Sin embargo, le pesaba aún más el hecho de que los cartagineses hubieran transgredido los juramentos y los pactos, y que de nuevo suscitaran otra guerra. Eligió inmediatamente como legados a Lucio Sergio, a Gayo Babio y a Lucio Fabio, y los mandó al encuentro de los cartagineses, a tratar de lo sucedido y a que pusieran en claro que el pueblo romano había ratificado los pactos. En efecto, Escipión acababa de recibir un comunicado en el que se le anunciaba lo dicho. Los legados se presentaron en Cartago. Primero acudieron al Senado, y luego fueron conducidos a la asamblea del pueblo; en ambas ocasiones hablaron con franqueza sobre las circunstancias de entonces. Empezaron recordándoles que los legados cartagineses que se presentaron en Túnez y que fueron recibidos por el consejo, no se limitaron a libar a los dioses y a besar la tierra en signo de adoración, que es lo que habitualmente hacen los demás hombres; aquellos se echaron humildemente al suelo y besaron los pies de los miembros del consejo; después se levantaron y se acusaron a sí mismos de haber roto los primeros pactos entre romanos y cartagineses. Afirmaron que eran muy conscientes de que merecían cualquier cosas que les hicieran los romanos, pero pedían, por la Fortuna, que es común a todos los hombres, que no les infirieran un daño irremediable: su propia mala voluntad sería en el futuro prueba de la nobleza de Roma. Los legados de Escipión continuaron diciendo que su general y los que habían asistido a aquella sesión de consejo quedaron asombrados: ¿En qué podrían creer los cartagineses que olvidaran sus palabras anteriores y se atrevieran a tener por nulos, pactos y juramentos? La cosa era bastante clara; se atreverían a comportarse de aquel modo porque creían en Aníbal y en las fuerzas que había llegado con él. Sin embargo, sus cálculos eran erróneos: todo el mundo sabía muy bien que en los dos último años Aníbal y sus tropas en Italia fueron expulsados de todas partes y se vieron reducidos a los territorios de Lacinio, donde, si bien no se vieron asediados en el sentido estricto del término, sí se vieron rodeados de un modo tal que a duras penas lograron salvarse y presentarse allí. Y aún en el caso de que hubieran comparecido victoriosos, lo lógico hubiera sido una expectativa ante un futuro incierto y no pensar sólo en la victoria: «También en la derrota -dijeron-, pues los romanos ya os hemos vencido en dos batallas consecutivas. si podéis otra vez -preguntaron los romanos-, ¿a qué dioses suplicaréis?¿Qué palabras usaréis para atraer sobre vuestras desgracias la misericordia de los vencedores? Lo lógico es que desechéis toda esperanza: ni los dioses ni los hombres os harán caso ante vuestra perversa impiedad».

Apiano, Hist. rom. XV, 2, 1-15. Tras pronunciar estas palabras, los legados romanos se retiraron de la curia. Algunos cartagineses, ciertamente, defendían que se respetaran los acuerdos, pero la mayoría de los políticos y de los que intervienen en aquel consejo, estaban descontentos de las condiciones estipuladas en los pactos. Habían tolerado a duras penas la franqueza de los romanos y, además, no se avenían en modo alguno, a perder las naves atracadas en el puerto y el aprovisionamiento que transportaban. Pero, por encima de todo, abrigaban no pequeñas, sino grandes esperanzas de vencer gracias a Aníbal y a sus hombres. la Asamblea decidió despachar a los legados sin respuesta, pero los líderes políticos, resueltos a encender de nuevo la guerra fuera como fuera, se reunieron y maquinaron el plan que sigue: dijeron que era preciso cuidar de la seguridad de los enviados romanos, para que llegaran incólumes a su propio campamento. Y prestaron al punto dos trirremes de escoltas, que enviaron al mando de Asdrúbal. Éste había recibido, además, la orden de disponer unos navíos no lejos del campamento romano. Cuando los de la escolta dejaron la nave romana, ésta debía ser atacada y hundida por los otros, para que los emisarios murieran. La flota cartaginesa estaba estacionada en la costa, muy cerca de Útica. Los líderes políticos, pues, dieron, pues, tales órdenes a Asdrúbal, y despacharon a los enviados romanos, no sin antes advertir a los cartagineses de las trirremes que cuando hubieran rebasado la desembocadura del río Macra, dejaran a los emisarios romanos en aquel punto: ya navegarían solos. Desde el lugar citado se avistaba ya el campamento romano. Cuando, según las órdenes recibidas, los de la escolta rebasaron la boca del río, saludaron a los romanos y pusieron rumbo a la ciudad. Lucio no sospechaba nada malo, pero creyó que la escolta los había abandonado por negligencia y se indignó. Mas así que navegaron solos, los cartagineses avanzaron súbitamente contra ellos con tres trirremes y atacaron la nave romana. No lograron abrir un boquete en ella, pues los esquivaban, ni pudieron saltar a su cubierta, pues la tripulación se defendía bravamente. Pero, al fin, se llegó al abordaje, y los cartagineses, que luchaban en círculo, herían a los marineros, muchos de los cuales murieron. La tripulación romana, al ver que sus compañeros que forrajeaban cerca del mar acudían a prestar socorro, corriendo desde el campamento a la playa, echó la nave a tierra, que perdió allí a la mayoría de sus marineros, pero los emisarios se salvaron por puro milagro.

Apiano, Hist. rom. XV, 3, 1-7. Tras estos secesos la guerra recomenzó, y de una manera más implacable y más feroz que antes. Para los romanos, convencidos de que habían sido traicionados, era cosa de amor propio vencer a los cartagineses; éstos, por su parte, consideraban lo que habían cometido y estaban dispuestos a todo para no caer bajo el enemigo. Siendo esta la disposición de ambos bandos, era evidente que la situación debería dirimirse por una batalla, la cual motivó que no sólo los habitantes de Italia y de África, sino también los de Iberia, Sicilia y Cerdeña quedaran pasmados y como en suspenso, a la expectativa del resultado. Por aquel entonces, Aníbal andaba escaso de caballería. Envió un mensaje a un númida llamado Tiqueo, pariente de Sífax, al menos según la opinión general. Aníbal solicitaba de él que los socorriera y que no dejara pasar la ocasión. Debía ser muy consciente de que, si los cartagineses salían victoriosos, él podría retener su imperio, pero, si eran los romanos los que triunfaban, peligraría incluso su vida: Masinissa era hombre ávido de gobierno. Tiqueo, convencido por aquellas reflexiones, se alió con Aníbal; aportaba un contingente de dos mil jinetes.

Apiano, Hist. rom. XV, 4, 1-12 Por su parte, Escipión aseguró totalmente su flota, dejó a Bebio como lugarteniente suyo, y se puso a recorrer personalmente las ciudades. Ya no aceptaba la sumisión de las que se le entregaban voluntariamente, sino que las saqueaba a todas por la violencia; no ocultaba a nadie el furor que le atizaba contra el enemigo, debido a la perfidia de los cartagineses. Además, enviaba con insistencia emisarios a Masinissa; le exponía el modo cómo los cartagineses habían violado las treguas, le pedía que reclutara un ejército lo más numeroso posible y que se le juntara así que pudiera. Ya señalé antes que Masinissa, cuando se concluyeron las treguas, marchó con sus tropas y tomó consigo, además, diez unidades entre caballería e infantería, procedentes de las legiones romanas. Escipión también le cedió unos legados para que, mediante la ayuda de Roma, no sólo volviera a instalarse en el imperio de su padre, sino que, además, se hiciera con el de Sífax, que es lo que realmente sucedió. Por aquellos mismo días llegaron a Roma unos enviados, que fondearon la nave junto a la empalizada que los romanos habían plantado en el mar. Bebio lo remitió inmediatamente a Escipión, pero, en cambio, retuvo a unos soldados cartagineses cuyo estado e ánimo era de gran abatimiento, pues creían que corrían el máximo peligro. Conocedores del delito cometido contra los emisarios romanos, tenían por seguro que los romanos se vengarían de ellos. Escipión supo por los recién llegados que el Senado y el pueblo de Roma habían ratificado sin reparos la tregua pactada con él por los cartagineses allí presentes, ordenó a Bebio que los tratara humanamente y que los mandara a su patria, hermosa y prudente decisión, por los menos en cuanto se me alcanza. Pensó que su patria estimaba en más la lealtad hacia unos enviados y reflexionó, en su fuero interno, no tanto sobre lo que merecían sufrir los cartagineses, como lo que debían hacer los romanos. Por eso ahogó su cólera y la amargura que le habían producido los hechos y procuró emular, según dice el refrán, las obras gloriosas de los padres. Así se impuso Escipión al espíritu de los habitantes de Cartago sin excepción, incluido el mismo Aníbal, pues con su entereza de carácter superó la locura de ellos.

Apiano, Hist. rom. XV, 5, 1-14. Los cartagineses contemplaban cómo sus ciudades eran devastadas, y enviaban mensajes a Aníbal pidiéndole que no perdiera tiempo, que se aproximara al enemigo y que dirimiera las diferencias en una batalla. Al oírlos, contentó a los allí presentes que dejaran esto y que se preocuparan de otras cosas: «el momento oportuno surgirá por sí mismo». Al cabo de unos días levantó su campo, situado en la región de Hadrumeto, avanzó y acampó junto a Zama, que es una ciudad que dista de Cartago cinco días de camino en dirección oeste. Desde allí envió tres espías, pues pretendía averiguar dónde había acampado Escipión y cómo había dispuesto el campamento. Pero estos hombres fueron capturados y conducidos ante el general romano. Escipión distó tanto de torturar a los prisioneros, lo cual es la costumbre de los otros generales, que hizo todo los contrario: puso a su servicio un oficial y le mandó que, sin engaño, les enseñara todo el campamento. Esto se llevó a cabo y, entonces, Escipión preguntó a aquellos hombres si el oficial encargado había puesto interés en mostrárselo todo. Ante su respuesta afirmativa, les dio un viático y una escolta, y los envió con el ruego de que explicaran con detalle a Aníbal cómo habían sido tratados. Tras el regreso de los espías, Aníbal se maravillo de la magnanimidad y de la audacia de Escipión, y no sé cómo entró en él la comezón y el afán de entablar tratos con aquel hombre. Decidido a esto, le mandó un heraldo a decirle que quería negociar con él el conjunto de la situación. Al oír al heraldo, Escipión asintió a lo que se le pedía y dijo que enviaría un hombre a Aníbal para indicarle el lugar y el tiempo para la entrevista. Tras escuchar tal respuesta, el heraldo cartaginés regresó, al punto, a su propio campamento. Al día siguiente llegó allí Masinissa con unos seis mil soldados de a pie y alrededor de cuatro mil jinetes. Escipión lo recibió muy cordialmente; estaba satisfecho de que hubiera sometido a los antiguos súbditos de Sífax. Levantó el campo y llego a las proximidades de la ciudad de Márgaro, donde acampó. Escogió un lugar, entre otras cosas, porque era estratégico y tenía agua a la distancia de un tiro de jabalina.

ZAMA: Finaliza la segunda guerra púnica.

Apiano, Hist. rom. XV, 6, 1-8. Desde allí envió un emisario al general cartaginés, para notificarle que estaba dispuesto a entablar conversaciones con él. Al saberlo, Aníbal levantó el campo y se aproximó a los romanos; plantó sus reales a no más de treinta estadios de ellos, en una loma que, atendidas las circunstancias, parecía ser adecuada. Sin embargo, tenía el agua algo más lejos; por lo que hace a ella, aquí los cartagineses sufrieron duras penalidades. Un día después, los dos generales salieron de sus campamentos, con la escolta de unos pocos jinetes. Se separaron, incluso de éstos y ellos se llegaron al centro, acompañados sólo de sus interpretes. Se saludaron, y Aníbal, el primero, empezó a decir:»Yo hubiera querido que ni los romanos hubieran codiciado algo fuera de Italia, ni los cartagineses, nada fuera de África. Para estas potencias son estos los más hermosos dominios, delimitados, por decirlo así, por la naturaleza. Pero empezamos por disputarnos Sicilia y nos hicimos la guerra, luego vino la de Iberia y, al final, como si la fortuna nos hubiera quitado el juicio, hemos llegado al punto de que, a vosotros, tiempo atrás, os peligró la propia patria; la de éstos peligra ahora. Pero todavía podemos hacer algo, si lo logramos: roguemos a los dioses y resolvamos la enemistad presente. Yo estoy dispuesto a ello, pues sé, por experiencia tomada de los mismos hechos, cuán voluble es la fortuna: con un leve impulso produce un vaivén enorme, como si jugara con niños de pecho.

Apiano, Hist. rom. XV, 7, 1-8. «Mucho me preocupa, oh Escipión -prosiguió- que tú, por tu juventud, porque todo te ha salido a pedir de boca, tanto en Iberia como en África, y porque nunca, al menos hasta hoy, la fortuna te ha forzado a retroceder, ahora desatiendas mis palabras, que, con todo, son muy creíbles. Considera las cosas a la luz de un sólo ejemplo, ejemplo no tomado de tiempos remotos, sino de nuestra propia época. Sí: yo soy aquel famoso Anibal que después de la batalla de Cannas me adueñé de casi toda Italia. Poco tiempo después llegué a las mismas puertas de Roma, acampé a cuarenta estadios de la ciudad y ya deliberaba qué debería hacer de vosotros y del suelo de vuestra patria. En cambio, ahora estoy aquí, en África, contigo, que eres romano para tratar de mi salvación y de la de los cartagineses. Te exhorto a que consideres esto y no te ensoberbezcas: reflexiona humanamente sobre las circunstancia actuales, Lo cual equivale a elegir de los bienes, al máximo, y de los males, al contrario, el mínimo. Si es sensato, ¿quién elegiría lanzarse a un peligro como el que ahora se cierne sobre tí? Si triunfas, no añadirás ni a tu gloria pesonal ni a la de tu patria; si eres derrotado, borrarás de golpe, por culpa tuya todas tus grandes gestas de antes. ¿Hacia qué apunta todo mi discurso? que queden sometidos a Roma todos los territorios por los que peleamos, es decir, Sicilia, Cerdeña e Iberia; que sean también dominio de Roma las islas que hay ente Italia y África. Estoy seguro de que un pacto en estas condiciones será la garantía de futuro más segura para los cartagineses, y para tí y para los romanos constituirá la máxima gloria».

Apiano, Hist. rom. XV. 8,1- Estas fueron las palabras de Aníbal, y tal fue la réplica de Escipión: «Resulta claro y notorio que no fueron los romanos, sino los cartagineses los culpables de la guerra de Sicilia y de la de Iberia. Y el que mejor lo sabe eres tú mismo, Aníbal, aunque también dieron fe de ello los dioses que concedieron la victoria no a los agresores injustos, sino a los que los repelían. Conozco no menos que cualquiera los vuelcos de la fortuna y, en cuanto depende de mí, tomo en consideración la incertidumbre de las cosas humanas. Si no te hubieras retirado de Italia y hubieras propuesto esta solución antes de que los romanos pasáramos a África, creo que tu esperanza no se hubiera visto defraudada. Pero tú te retiraste de Italia muy a tu pesar; nosotros hemos cruzado el mar hasta África y nos hemos adueñado del campo abierto; es evidente que la situación ha experimentado un cambio profundo. Y lo principal: ¿ Para qué hemos venido? Derrotados tus conciudadanos, a petición suya suscribimos unos pactos grabados, en los que, además de lo que tú has mencionado, constaba que los cartagineses nos restituirían los prisioneros romanos sin rescate alguno, que nos cederían las naves ponteadas, que nos abonarían quince mil talentos y que nos darían rehenes en fianza de todo esto. Así fueron las condiciones bajo las que pactamos, de común acuerdo. Y ambos bando enviaron emisarios a la asamblea y al senado de Roma: nosotros para confirmar la ratificación de ese pacto, y vosotros para rogar que fuera aceptado en los términos establecidos. El senado se mostró conforme y la asamblea popular lo corroboró. Pero, una vez tuvieron lo que pedían, los cartagineses lo despreciaron y nos hicieron traición. ¿Qué solución nos queda? Ponte en mi situación y dilo tú. ¿Vamos a suprimir las condiciones más onerosas de entre las estipuladas? Esto sería premiar a tus conciudadanos por su perfidia y enseñarles a continuar traicionando a sus bienhechores. ¿O bien debemos esperar que si alcanzan lo que pretenden nos demostrarán su gratitud? ¡Pero si tras pedir y lograr lo que nos rogaban, así que depositaron en tí una mínima esperanza, ya nos han tratado como rivales y adversarios! Si ahora añadiéramos alguna condición aún más onerosa, podríamos proponerla a la asamblea de Roma para su aprobación; si suprimiéramos algo de lo estipulado, no tendría ningún sentido comunicar esta entrevista a Roma. ¿Cómo debo concluir mis palabras? O bien poner vuestra patria y nuestras personas a nuestra disposición, o vencednos en la batalla».

Apiano, Hist. rom. XV, 9, 1-10. Tras este diálogo, Aníbal y Escipión se separaron; habían convertido la concordia en inviable. Así que alboreó al día siguiente, ambos generales hicieron salir a sus ejércitos de los respectivos campamentos y se trabó la batalla. Los cartagineses luchaban por su salvación y por el dominio de Árfrica; los romanos, para hacerse con el imperio universal[….] No se podrían encontrar tropas más belicosas, no generales que hubieran tenido más éxitos y que, por consiguiente, se hubieran adriestado mejor en el arte de la guerra; tampoco se hallarían trofeos mayores propuestos por la fortuna […]. Escipión dispuso sus tropas de la manera siguiente: al frente colocó los hastati, separados sus manípulos por intervalos regulares. Detrás de éstos seguían los principes, pero Escipión no dispuso sus manípulos en el orden habitual entre los romanos, es decir, de cara a los espacios libres que dejan los manípulos de los hastati, sino en columna detrás de éstos, pero a cierta distancia; los situó así porque el enemigo disponía de gran número de elefantes. Cerraban la formación los triarii. Confió el mando del ala izquierda a Gayo Lelio, que acaudillaba la cabellería romana, y el del ala derecha, a Masinissa, con todos los númidas que estaban a sus órdenes. en los espacios que dejaban libres los manípulos de primera línea, colocó secciones de velites. Precisamente a éstos, les mando iniciar el combate. Si la embestida de los elefantes los obligaba a retroceder, los hombres que pudieran correr debían enfilar directamente los espacios libres que quedaban entre los manípulos, hasta situarse detrás de toda la formación: los que se vieran acorralados por las fieras, dedían dirigirse a los espacios libres laterales que quedaban entre los estandartes.

Apiano, Hist. rom. XV, 10, 1-7. Dispuesta ya su formación, recorrió sus tropas y las arengó brevemente, pero con palabras adecuadas a aquellas circunstancias. Les rogaba que «recordaran las batallas pretéritas, que fueran hombres valientes, a la altura de sí mismos y de la patria. Debían poner ante sus ojos que si derrotaban al enemigo, no sólo se convertirían en dueños inamovibles de África, sino que se asegurarían para sí y para su país, la hegemonía, el dominio indisputado de todo el resto del universo. Ahora bien, si la batalla tenía otro desenlace, los que cayeran valientemente en ella dispondrían del sudario más hermoso, la muerte por la patria; los supervivientes, en cambio, vivirían ya de por vida de la manera más vergonzosa y miserable. En África no hay lugar capaz de ofrecer seguridad a los figitivos: caerían en manos de los cartagineses, y entonces, si lo piensan bien, es muy claro lo que les va a pasar, cosa -añadió- que no quisiera que experimantarais. Ahora que la fortuna nos ha propuesto los máximos trofeos para la vida y para la muerte, ¿podríamos convertirnos en los más innobles y, digámoslo de una vez, en los más necios de los hombres, al dejar, por amor a la vida, los máximos bienes y preferir los máximos daños? Por ello , os ruego que os propongáis dos cosas, o vencer o morir. y que avancéis con las filas apretadas contra el enemigo. Los hombres animados por este espíritu, que acuden a la batalla con menosprecio de su vida, vencerán siempre, sin la menor duda, a sus oponentes». Y esta fue la exhortación de Escipión a los suyos.

Apiano, Hist. rom. XV, 11, 1-13. Aníbal colocó a sus elefantes, que eran más de ochenta, delante de todo su ejército, a continuación, a los mercenarios, unos doce mil en números redondos. Estos mercenarios eran ligures, galos baleares y marusios. Detrás de éstos situó a los nativos cartagineses, y africanos; cerraban la formación los italiotas que había llevado consigo, separados más de un estadio de los delanteros. Con su caballería aseguró las alas. emplazó a la izquierda a los aliados númidas, y a la derecha, la caballería cartaginesa. Ordenó a los jefes que cada uno arengara a sus propios soldados: debían depositar en él sus esperanzas de victoria, y también en el ejército que se había traído de Italia. En cuanto a los cartagineses, intimó a sus oficiales que les enumeraran lo que iba a ocurrir a sus mujeres e hijos, que se lo pusieran a la vista, si la batalla no tenía el desenlace que ellos querían. Y todos cumplieron lo mandado. Él, por su parte, iba recorriendo las filas de los que habían llegado con él, y les pedía insistentemente, los apremiaba para que recordaran la camaradería que los ligaba desde hacía diecisiete años. No debían olvidar tampoco el gran número de choques, ya pretéritos, contra los romanos, que tenían en su haber. En ellos jamás había sido derrotados: la esperanza de vencer a los romanos, dijo, no los abandonó jamás, ante todo, los conminó a que, dejando aparte batallas parciales e innumerables victorias, colocaran ante sus ojos la batalla librada junto al río Trebia contra el padre del que actualmente mandaba a los romanos; igualmente, la batalla dada en Etruria contra Flaminio y, todavía, la de Cannas contra Emilio. Pero ninguna de las tres podía compararse con la actual ni por el número de hombres ni por el coraje de los combatientes. Y mientras decía esto los hacia mirar fijamente la formación de los enemigos: no es que fueran menos, es que eran una mínima fracción del número de hombres que antes los habían combatido. Y en cuanto al valor, no había punto de comparación, porque los romanos de las batallas citadas habían luchado contra ellos con su vigor íntegro y sin conocer derrotas anteriores; éstos de ahora son descendientes de aquellos, las sobras de los derrotados en Italia, que habían huido de ellos muchas veces. Estimaba, pues, preciso que no destruyeran ni su fama ni su gloria, ni tampoco las de su general. Debían luchar denodadamente para reformar la fama, extendida ya por todas partes, de que eran invencibles. Y en esto consistieron las arengas de los dos generales.

COMENTARIO

La preparación del combate definitivo entre romanos y cartagineses es precedido de discursos y arengas a los soldados de ambos bandos. Cada uno cuenta lo que le interesa, pero las circunstancias diferentes. La suerte está echada y a ver quien se lleva el triunfo. Aquí se decide la romanización de Occidente o la cultura y formas de vida de Oriente: se hablaría latín o fenicio, costumbres orientales u occidentales, leyes de uno u otro sentido. Alea iacta est.

Apiano, Hist. rom. XV,12, 1-9. Cuando en ambos bandos estuvo todo dispuesto para la batalla, hacía ya un buen rato que las caballerías númidas se habían enzarzado en escaramuzas; entonces Aníbal ordenó a los guías de los elefantes que atacaran al enemigo. El toque de trompetas y de cornetas resonó por todas partes y esto hizo que algunos elefantes se asustaran y arremetieran hacia atrás contra los númidas del bando cartaginés; esto, junto con el ataque de Masinissa, hizo que pronto el ala izquierda de Aníbal desapareciera. Pero las bestias restantes se abalanzaron contra los velites romanos en el terreno que mediaba entre ambas formaciones. Aunque sufrieron muchas heridas, causaron grandes estragos en las filas adversarias. Mas al fin también se desbocaron: unos se internaron entre las filas romanas, por los huecos que la previsión de Escipión había abierto; no dañaron en nada a los de Roma. Los otros huyeron hacia la derecha, donde la caballería romana, que estaba a la expectativa, los recibió a tiros de jabalina; estos elefantes se escaparon a campo abierto. Lelio observó la confusión causada por las bestias, atacó y obligó a huir desordenadamente a la caballería cartaginesa. Se lanzó bravamente a perseguirla y Masinissa hizo otro tanto. Al tiempo que ocurría esto, las falanges romanas y cartaginesas, que avanzaban al paso, pero vigorosamente, se dirigían una contra otra, a excepción de los hombres que acompañaban a Aníbal desde Italia; éstos permanecían en el lugar que les asignó al principio. Cuando ya estaban a punto de establecer contacto, los romanos gritaron el «alalá», y golpearon los escudos con sus espadas, según la costumbre ancestral. Y arremetieron contra el enemigo. Los mercenarios de los cartagineses alzaron un vocerío mezclado y confuso, ya que, según el poeta, no ea igual ni su voz ni su son… la voz no era una sola/llamados de muchas partes, cada cual tenía su lengua como indiqué algo más arriba.

Apiano, Hist. rom. XV, 13, 1- Por fin vinieron a las manos y se luchaba cuerpo a cuerpo; los combatientes no usaban ni espada ni lanzas. Al principio los mercenarios cartagineses llevaban la mejor parte, por su agilidad y por su audacia, hirieron a muchos romanos. Los de Roma, sin embargo, fiados en su armamento y en su formación, superior, continuaban su progresión; los seguían y animaban los hombres que tenían detrás; en cambio, los cartagineses no se acercaban a sus mercenarios ni los apoyaban, antes bien, se acobardaron en su ánimo. Al final, los bárbaros cedieron y, convencidos de que los suyos los habían abandonado claramente, arremetieron contra los que tenían a sus espaldas y los mataron. Esto fue ocasión de que muchos cartagineses murieran heroicamente , pues atacados por los mercenarios, debieron luchar contra su voluntad, con los romanos y con sus propios camaradas. Se batieron como posesos, de una manera extraordinaria; mataron a muchos romanos y a muchos compañeros suyos En esta pugna embistieron desordenadamente la formación de los hastati. Los oficiales de los principes, al ver lo que ocurría, atacaron con sus manípulos. Y allí sucumbieron los mercenarios y la mayor parte de los cartagineses, unos a manos de los hastati, y otros en la lucha intestina. Aníbal no permitió que los que se salvaron y huyeron se mezclaran con su contingente; ordenó a los hombres de las lineas exteriores que, lanza en ristre, rechazaran a los que les venían. Éstos se vieron forzados a retirarse por las alas hacia el campo abierto que tenían a ambos lados.

Apiano, Hist. rom. XV, 14, 1-9 El espacio intermedio entre los dos ejércitos estaba lleno de sangre y de cadáveres, de manera que el general romano se veía harto obstaculizado por aquel principio de victoria. En efecto: se le hacía muy difícil atravesar el allano sin romper sus filas. Había una cantidad enorme de muertos resbaladizos, cubiertos de sangre coagulada y esparcidos a montones; en el suelo había también armas por todas partes. Escipión colocó a sus heridos al final de su formación, llamó a toque de corneta a los hastati que efectuaban todavía la persecución y los colocó en primera línea, opuestos al centro enemigo. Apiñó a sus principes y a sus triarii en ambas alas y ordenó el avance a través de aquella mortandad. Cuando estas tropas hubieron rebasado los obstáculos y se alinearon con los hastati, ambas falanges entraron en combate con el máximo ardor y energía. Muy parecidas en número, en valor y en ideales, la lucha fue largo tiempo indecisa: llevados por su pundonor, los hombres caían en sus puestos. Pero Lelio y Masinissa dejaron de acosar a la caballería cartaginesa, se revolvieron y, como guiados por un dios,se juntaron con los suyos en el momento preciso. Cargaron por la espalda contra el ejército de Aníbal, la mayoría de cuyos hombres pereció en la formación. De los que se lanzaron a la fuga consiguieron huir muy pocos, ya que la caballería romana los tenía a su alcance y el lugar era muy llano. En esta batalla murieron unos quinientos romanos; los muertos cartagineses fueron más de veinte mil, y casi otros veinte mil cayeron prisioneros.

Apiano, Hist. rom. XV, 15, 1- 8 Tal fue el desenlace de la última pugna entre ambos generales, la cual adjudico el universo a los romanos. Después de la lucha, Escipión persiguió todavía algún tiempo al enemigo, pero después saqueó el campamento cartaginés y se replegó al suyo propio.

Aníbal, con un reducido número de jinetes que le acompañó, se retiró en una marcha ininterrumpida hasta Hadrumeto, donde se puso a salvo. Durante la batalla había hecho todo lo posible, todo lo que debía hacer un buen general, poseedor de una larga experiencia. Primero recurrió a las negociaciones e intentó solventar por ellas la situación de entonces. Esto es propio de un hombre que, aún teniendo en cuenta sus triunfos anteriores, desconfía de la fortuna y conoce el componente de irracionalidad que entre en las batallas. Luego, forzado a aceptar la pelea, dispuso sus medios de tal manera que hubiera sido imposible presentar batalla a los romanos de una manera superior a como la planteó Aníbal, no olvidando el equipo militar usado por los cartagineses. El dispositivo romano, constante durante la batalla, es de ruptura difícil: posibilita, sin sufrir modificación, tanto a cada hombre como al conjunto, hacer frente en cualquier dirección, al enemigo que aparece: basta con que los manípulos más próximos al punto de peligro efectúan un movimiento de rotación. También las armas dan a los soldados romanos seguridad y audacia, e igualmente, las dimensiones del escudo y la resistencia de las espadas a los golpes. Todo lo reseñado hace de los romanos adversarios difíciles, que no acostumbran a ceder la victoria al enemigo.

Apiano, Hist. rom. XV, 18, 1-8. En resumen, las condiciones exigidas fueron las siguientes: «Que en África los cartagineses retengan las ciudades que poseían antes de declarar esta última guerra a los romanos, que conserven el país que anteriormente tenían, y los rebaños, y los esclavos, y el resto de sus posesiones. Desde este día no se les inferirá daño alguno y podrán regirse por sus leyes y costumbres. No se les impondrá ninguna guarnición romana». Estas fueron las condiciones favorables; las contrarias, las siguientes: «Los cartagineses repondrán a los romanos el valor de los daños que les han inferido en tiempos de tregua. Les devolverán los prisioneros y los desertores de todo este tiempo. Les entregarán todas sus naves largas, a excepción de diez trirremes. Lo mismo vale para los elefantes. No podrán declarar la guerra sin la licencia de roma a ningún país que no sea africano. Entregarán a Masinissa edificios, territorios y ciudades, o cualquier otra cosa que le hubiera pertenecido, a él o a sus antepasados, dentro de unos límites todavía por determinar. Irán suministrando a las fuerzas romanas trigo para tres meses y les abonarán los haberes de tres meses, hasta que llegue de Roma la decisión definitiva acerca del pacto. Dentro de un plazo de cincuenta años, los cartagineses abonarán diez mil talentos, de modo que paguen anualmente doscientos talentos de Eubea. entregarán en fianza cien rehenes, los que prescriba el general romano, mayores de catorce años y menores de treinta».

Apiano, Hist. rom. XV, 19, 1-8 Esta fue la respuesta de Escipión a los legados cartagineses; éstos, enterados, se fueron a toda prisa a exponerlo a los de su ciudad. De esta ocasión se cuenta que un miembro del consejo se disponía a hablar contra estas condiciones de paz. Así que empezó, se levantó Aníbal y echó al hombre de la tribuna. Los demás miembros se indignaron de que hubiera hecho esto, que no se avenía al uso; Aníbal se volvió a levantar y afirmó que había cometido la falta por ignorancia, y que debía personársele si hacía algo adverso a las costumbres:sabían, en efecto, que había abandonado el suelo patrio a los nueve años y que volvía a él cuando contaba más de cuarenta y cinco. Por eso pedía que no miraran si había infringido en algo las costumbres, sino más bien si verdaderamente padecía con los dolores de la patria, ya que precisamente por ello había incurrido en aquella imprudencia. Le parecía muy extraño y totalmente fuera de lugar que un cartaginés, consciente con lo que se había concluido con Roma a nivel de individuo y a nivel e nación, no adorara la fortuna, ya que, tras la derrota, obtienen semejantes condiciones unos hombres a los que,, si unos días antes se le hubiera preguntado qué creían que sufriría su patria tras una victoria romana, habrían sido incapaces de responder, ante la magnitud y la envergadura de los daños previsibles. Por eso exigía que el tema no fuera discutido: se debían aprobar las condiciones por unanimidad, hacer sacrificios a los dioses y rogar a todos que el pueblo romano ratificara el tratado de paz. La prudencia de Aníbal era patente y su consejo, adecuado a las circunstancias, por lo que se acordó pactar bajo las condiciones indicadas. El senado cartaginés remitió en seguida sus emisarios para que indicaran a los romanos la aceptación de su condiciones.

COMENTARIO

La derrota de Aníbal en el norte de África constituye, sin paliativos, el fallo de la estrategia de este general. Si se tienen e cuanta que tuvo que venirse de Italia para combatir en su propia tierra contra los romanos, está claro que la inseguridad latía subrepticiamente en sus esquemas estratégicos se encontraban tocados de fondo. Desde el punto de vista de sus mandos, no le ofrecían seguridad, desconfiaba de su eficacia, no tenía un ejército tan homogéneo como los romanos, sus tropas, al no ser étnicamente paritarias, como sí lo eran las romanas en general, no son fáciles de convencer, ni por número y por estrategia. Lo ha demostrado cuando se enfrentan con un ejército en igualdad de condiciones. El estado anímico de los soldados de Aníbal no es el de los romanos: sus diferentes idiomas son un obstáculo para entender las arengas que reciben por parte de su jefe. Considero que aquí, Aníbal, falló estrepitosamente con su plan bélico: no planificó la colocación de los soldados y fuerzas auxiliares en el lugar debido. En Italia, siempre prefirió en enfrentamiento a cara descubierta y en lugares llanos, pero no tuvo delante una inteligencia militar como la de Escipión, quien supo preparar la estrategia de una forma logística y, sobre todo, emocional. Sus soldados recibieron una información inequívoca: el todo o la nada. Y respondió adecuadamente. Sin embargo, el ejército cartaginés, muy heterogéneo (en lenguas, caracteres, armamento y previsión de futuro), no tenía el arma para afrontar el combate decisivo: o vencer, o morir. y no cejó en ello. De ahí el desastre militar que acabamos de de exponer. En conclusión, ni Cartago, ni su general, a partir de este momento, no levantarían cabeza en adelante. Y sólo falta citar las palabras de Catón en el Senado de Roma: «Cetervm censeo Carthaginem esse delendam», expresión que pronunció en alguna ocasión más, sobre todo cuando regresó a Roma tras una visita a esa ciudad africana.

Período -237 a -218.

Dión Cassio, 12 Frag. 48. Para reforzarse enviaron una embajada, aunque nunca se había interesado en nada por las cosas de España; Amílcar los acogió amistosamente y con amigables palabras, diciéndoles que entre otras cosas se había visto obligados a llevar la guerra a España para poder acabar de pagar las deudas que los cartagineses tenían con los romanos, ya que por ningún otro procedimiento podía librarse de ellas; a lo que los romanos no encontraron nada que objetar.

Dión Cassio, frag. 57, 42. Envió a sus casas sin rescate todos los rehenes. Y con este hecho se ganó la adhesión de muchos pueblos y reyezuelos, entre ellos, los ilérgetes Indíbil y Mandonio. A los celtiberos se los atrajo del modo siguiente: había entre los prisioneros una doncella de espléndida belleza, de la cual se sospechó que él estaba enamorado; pero enterándose de que estaba prometida con un cierto Alucio muy poderoso entre los celtiberos, dejó espontáneamente a éste en libertad y le entregó la joven con los presentes que los familiares de ella le habían enviado para rescatarla. Y con este hecho, se granjeó a la amistad de todos

Dión Cassio, frag. 57, 48. Escipión era habilísimo como general, mesurado en el trato, temible para sus enemigos, amable con sus subordinados…Por la rapidez de su victoria y por la retirada de Asdrúbal al interior y, sobretodo, porque adivinó, sea por inspiración divina, sea por azar, que había de acampar en el campo de los enemigos, lo que así sucedió. Todos lo veneraban como un ser superior, y los iberos le dieron el nombre de gran rey.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit. 44, 5, 1. A continuación los primitivos cartagineses ocuparon el mando de la provincia de Hispania, una vez,

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44, 5, 2. acabados los antiguos reinos. Pues, como quiera que los antiguos gaditanos, cuyo origen es común a los cartagineses, trajeran a Hispania los rituales sagrados de Hércules desde Tiro, por motivos de seguridad y fundaran allí una ciudad, viendo con malos ojos los pueblos limítrofes de Hispania el apogeo de una nueva ciudad, además los cartagineses enviaron ayuda a sus consanguíneos que agobiaban con guerra a los gaditanos.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44,5,3. Allí, con una expedición afortunada, vengaron a los gaditanos del ultraje, y con mayor ultraje, aún sometieron a su mando a parte de la provincia

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44,5,4. Depués, mediante el impulso de los auspicios de la primera expedición, enviaron a Amílcar como jefe con una gran cantidad de tropa para ocupar la provincia, quien, realizadas grandes hazañas, mientras probaba la fortuna, sin esperárselo, muere tras caer en una emboscada.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44,5,5. Asdrúbal, su yerno, ocupa su lugar, quien también es asesinado por el esclavo de un cierto hispano que venga la muerte injusta de su amo.

Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit, 44, 5,6. Y el general Aníbal, superior a ambos, hijo de Amílcar le sucedió, puesto que, superando las hazañas de ambos, sometió a toda Hispania.

Período -237 a -218

Diodoro, 25, 8-9. …Y posteriormente, después que cesó la guerra en Libia (Amílcar Barca), habiendo congregado en torno a sí un grupo de hombres de la peor clase, reunió el botín aportado por éstos y el procedente de la guerra, y viendo además que su poder se acrecentaba, se dedicó a la búsqueda del favor popular y a adular a la masa, e indujo así al pueblo a entregarle el mando de toda la Iberia por un tiempo indefinido. Los celtas, siendo muchas veces más numerosos y de espíritu soberbio, combatían con el arrojo y el vigor propios del que siente desprecio, mientras los hombres de Barca trataban de compensar su inferioridad numérica con su valor y experiencia. Así quedó manifiesto a todos que ellos habían tomado una sensata determinación, y la fortuna decidió sus empresas contra toda esperanza e hizo prosperar de modo inverosímil lo que parecía imposible y arriesgado en extremo.

Diodoro, 25, 10, 1-4. Amílcar, después que tuvo el mando del ejército en Cartago, pronto acrecentó su nación y la hizo llegar hasta las columnas de Hércules, Gadira y el océano. Así, la ciudad de Gadira es una colonia fenicia, se halla en los confines del orbe habitado, en medio del mismo océano y tiene un puerto. Mas, habiendo hecho la guerra contra los iberos y tartesios, junto con Istolacio, caudillo de los celtas y un hermano de éste, los destrozó a todos, entre ellos también a los dos hermanos a la que vez que a otros caudillos de los más destacados; y habiendo cogido vivos a tres mil prisioneros, los enroló en su propio ejército. A su vez, Indortes, después de reunir un contingente de cincuenta mil hombres, puesto en fuga antes del combate, escapó hacia la colina y, sitiado por Amílcar, habiendo huido de nuevo durante la noche, fueron destrozadas la mayor parte de sus fuerzas, y el mismo Indortes capturado vivo. Amílcar, después de dejarlo ciego y darle tormento, lo hizo crucificar; mas, a los restantes prisioneros, que eran más de diez mil, los dejó libres. Y se atrajo a muchas ciudades mediante persuasión, a otras,, por medio de las armas. Asdrúbal, yerno de Amílcar, enviado a Cartago por su suegro con objeto de que participara en la guerra de los nómadas sublevados contra los cartagineses, aniquiló a ocho mil de ellos, capturó vivos a dos mil y los demás fueron obligados a pagar tributo y esclavizados. Amílcar, habiendo sometido a muchas ciudades en toda la Iberia, fundó una gran ciudad, a la que, por su emplazamiento, llamó Acra Leuca. Amílcar, que se había establecido junto a la ciudad de Hélice poniéndole sitio, permaneció allí con el resto de sus efectivos, tras enviar la mayor parte de su ejército y los elefantes, a los cuarteles de Acra Leuca, la ciudad por él fundada. He aquí que el rey de los orisos, que había llegado al mismo tiempo en ayuda de los sitiados, tras haber realizado un fingido pacto de amistad y alianza bélica, puso en fuga a Amílcar; pero éste, en su huida, procuró la salvación de sus hijos y amigos, desviándose por otro camino; y así, perseguido por el rey, se arrojó con su caballo a un caudaloso río, y bajo su montura, pereció a causa de la corriente; sin embargo, el grupo en el que iban sus hijos Aníbal y Asdrúbal fue conducido salvo hasta Acra Leuca.

Diodoro, 25,12. Después que Asdrúbal el yerno de Amílcar, conoció la desgracia de su suegro, levantó a toda prisa el campamento y marchó hacia Acra Leuca, llevando consigo más de cien bestias. Después de ser proclamado general por la tropa y los cartagineses, reunió un contingente de cincuenta mil infantes experimentados, seis mil jinetes y doscientos elefantes. Después de atacar en primer lugar el rey de los orisos, degolló a todos los causantes de la huida de Amílcar. Se apoderó también de sus ciudades, que eran doce, y de todas las ciudades de Iberia. Tomó por esposa a una hija de un reyezuelo ibero y fue proclamado por todos los iberos general con plenos poderes. Por ello fundó una ciudad junto al mar a la que llamó Nueva Cartago, y después, otras más, porque quería sobrepasar el poderío e Amílcar. Y alistó un ejército de sesenta mil hombres, ocho mil jinetes y doscientos elefantes. Víctima de la traición de un criado, pereció degollado después de haber sido general durante nueve años.

Diodoro, 25, 15. Tras la muerte de Asdrúbal el cartaginés, hallándose sin jefe alguno (los cartagineses), eligieron general por votación al hijo mayor de Amílcar, Aníbal. Estando sitiada por Aníbal la ciudad de los saguntinos, reunieron sus objetos sagrados, el oro y la plata que tenían en sus casas, los aderezos, pendientes de sus mujeres y las monedas de plata, y después de fundir cobre y plomo, los mezclaron con todo, y tras hacer así inservible el oro, salieron al exterior, lucharon heroicamente y fueron todos aniquilados, si bien ellos dieron muerte a otros muchos. Y las mujeres, después de matar a sus hijos, se ahorcaron. De este modo (Aníbal) se apoderó de la ciudad sin que le reportara ningún beneficio. Los romanos pidieron la entrega de Áníbal para juzgarle por las infracciones cometidas contra la leyes y, al no conseguirlo, entablaron la guerra llamada Anibálica.

Diodoro, 25, 19. Aníbal, según cuenta Diodoro y Dión a la vez que Dionisio de Halicarnaso, era general de los sículos e hijo de Amílcar. Este Amílcar llegó a conquistar toda la Iberia, mas fue muerto por traidor ataque de los iberos. Así, en tal ocasión, ordenó que todo su ejército se diese a la fuga y que huyesen junto con los otros sus hijos, a los cuales, en tanto se le abrasaban y mostraban su deseo de compartir su muerte, hubo de apartar de sí con el látigo: Aníbal era de quince años y Asdrúbal de doce; alzó de su cabeza la cimera y el yelmo, y por los iberos fue reconocido. Cuantos iberos eran se lanzaron contra él y así los fugitivos hallando seguridad, se pusieron a salvo. Mas cuando vio a su ejército libre de peligros, dio la vuelta hacia atrás, y desde entonces puso empeño en no ser vencido por los iberos, y, mientras los iberos lo hostigaba ardorosamente a todo su alrededor, él, que conducía su caballo con desmedida violencia, vino a precipitarse en las aguas turbulentas del río Iber, y fue alcanzado por un disparo de jabalina; pero, ahogado, ni siquiera su cadáver pudieron encontrar los iberos; tal era su deseo, y así fue arrastrado por la corriente. El hijo de tal héroe, Aníbal, servía bajo las órdenes de su yerno (Amílcar) y junto a él paso a saco a toda Iberia, en venganza por la muerte de su padre. Cuando en el transcurso de este tiempo los ausonios romanos, después de sufrir múltiples derrotas, vencieron a los sículos y les impusieron lo más dura condición para ellos, que jamás ninguno llevase espada. Aníbal, ya en edad de veinticinco años, sin contar con el Senado ni con los que ostentaban la autoridad, tomó consigo a los jóvenes más ardorosos y arriesgados, como unos cien y aún más, vivía devastando la Iberia, y sin cesar aumentaba aún su juvenil ejército…

Período -237 a 218.

Frontino, 2,4,17. Los hispanos en la lucha contra Amílcar dispusieron delante de sus tropas bueyes atados a carros llenos de teas, sebo y azufre; a la señal de batalla, los incendiaron y, lanzando los bueyes contra el enemigo, desbarataron y rompieron su formación.

Frontino 2,7,7. Cuando Aníbal se dirigía hacia Italia, tres mil carpetanos lo abandonaron; entonces él, para que los demás no vacilasen, declaró que los había hecho partir, y para añadir fe a sus palabras, envió a sus casas algunas tropas de poco valor.

Frontino 2,11,5. A Escipión el Africano en Hispania, entre las cautivas le fue presentada una muchacha núbil cuya singular belleza atraía los ojos de todos; la trató con los mayores cuidados y la restituyó a su prometido, de nombre Alicio; y encima, el oro que sus padres habían entragado para su rescate, lo dio como presente de bodas al esposo; vencido el pueblo con esta repetida magnificencia, se acogió al imperio del pueblo romano.

Frontino 3,10,4. (Abíbal) atrajo fuera a los saguntinos acercándose a sus muros con pocas fuerzas y simulando una retirada a la primera salida de los sitiados; interponiéndose entonces el ejército entre éstos y la ciudad, los envolvió y los aniquiló.

Frontino. 2,3,1. Gneo Escipión en Hispania en su batalla contra Hannón, junto a la ciudad de Indíbilis, observó que el ejército púnico estaba ordenado de modo que los hispanos, soldados ciertamente vigorosos pero empeñados en un negocio ajeno, formaba el ala derecha, y la izquierda los africanos, inferiores en valor pero de espíritu más seguro; entonces replegando a su derecha el ala izquierda que había formado con sus más fuertes tropas, atacó al enemigo en formación oblicua, y una vez desbaratados y puestos en huida los africanos, fácil le fue compeler a rendirse a los hispanos, que habían permanecido aparte, a modo de espectadores.

Frontino 3,9,1. Escipión en Cartago Nova, un poco antes de bajar la marea, siguiendo, como decía, a un dios que le guiaba, se acercó a los muros de la ciudad y, al retirarse las aguas, irrumpió en ella por donde no se esperaba.

Año -210.

Frontino 1,5,12. Gayo Fonteyo Craso, en Hispania, una vez que salió a hacer pillaje con tres mil hombres, fue atacado y rodeado por Asdrúbal en un lugar desfavorable; al comenzar la noche, momento en que menos podía esperarse esto, comunicó su proyecto sólo a los oficiales y se lanzó abriéndose camino por entre los puestos de guardia enemigos.

Frontino 2,6,2. Tito Marcio, caballero romano, a quien después de la muerte de los Escipiones el ejército confirió el el imperio, como en una ocasión en que había acercado a los cartagineses, éstos lucharon enfurecidos para hacer pagar su muerte, abrió sus formaciones y les dio espacio para fugarse; de este modo se desparramaron y pudo exterminarlos sin peligro para los suyos.

Frontino 2, 10, 2. Tito Marcio, caballero romano, puesto al frente de los restos del ejército, viendo que los dos campamentos de los cartagineses distaban entre sí unas pocas millas, arengó a sus soldados, y en plena noche se lanzó al asalto del campamento más cercano. En tal desorden estaban los enemigos, llenos de confianza por su victoria, que no les dejó ni un soldado para poder anunciar su desastre. Dio a sus tropas un tiempo brevísimo para descansar, y en la misma noche, más rápido que la noticia de su hazaña, cayó sobe el otro campamento. Así, obteniendo dos veces el mismo éxito, aniquiló a los cartagineses y restituyó al pueblo romano las Hispanias que había perdido.

Frontino 1, 5, 19. Asdrúbal, hermano de Aníbal, no pudiendo pasar un desfiladero por haber ocupado el enemigo sus bocas, parlamentó con Claudio Nerón y obtuvo que se le dejase salir con la promesa de dejar Hispania, pero alargó por unos días las negociaciones, los cuales los aprovechó en hacer pasar por partes su ejército por los pasos estrechos, y a causa de los tratos poco vigilados; finalmente él mismo pudo huir fácilmente con sus tropas ligeras.

Año -207.

Frontino, 1,3,5. Asdrúbal, hijo de Gisgón, en la segunda guerra púnica, ante la amenaza de Escipión, distribuyó por las ciudades el ejército vencido en Hispania. Se consiguió con esto que Escipión, para que no agotase en el asedio de muchas ciudades, volvió sus tropas a los campamentos de invierno.

Frontino, 2, 3, 4. Publio Cornelio Escipión, quien después se llamó Africano, dirigiendo en Hispania la guerra contra Asdrúbal, general de los cartagineses, durante muchos días seguidos, presentó el ejército formado de manera que el cuerpo central estaba construido por su tropas más fuertes. El enemigo replicaba ordenando sus tropas con el mismo plan. Pero Escipión, el día que decidió entablar el combate, cambió el orden de la formación, colocando los más fuertes en las alas y las tropas ligeras en el centro, pero retrasadas; de este modo, atacando en media luna la parte más débil del enemigo con sus fuertes alas, le fue fácil derrotarlos.

Frontino, 2 ,1, 1. Publio Escipión en Hispania, Sabiendo que Asdrúbal, general de los cartagineses, hubiese formado su ejército en ayunas, contuvo hasta la hora séptima a los suyos, a los que había mandado reposar y tomar alimentos, y cuando los enemigos empezaba a retirarse a su campamento fatigados por el hambre la sed y la espera, mandó de repente avanzar las tropas, y trabando batalla, venció.

Frontino, Gayo Fonteyo Craso en Hispania, marchando con tres mil hombres para depredar, viéndose rodeado por Asdrúbal, a causa de la desigual del terreno, llevado al plan sólo en las primeras filas, al comenzar la noche, en la que habitualmente nada se suele esperar, atacó empezando por los puestos de guardia de los enemigos.

Períoso -237 a -218

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 88. Las ciudades más florecientes del interior fueron: en la Tarraconensis, Palantia y Numantia, a las que hoy sobrepasa Caesaraugusta; en Lusitania, Emerita; en la Baetica, Hastigi, Hispal y Corduba. Y si sigues la costa, cerca de Cervaria hay una roca arrojada al mar por el Pyrenaeum;

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 89. luego el río Ticis, junto a Rhoda, y el Clodianum, junto a Emporiae; después el Mons Iovis, cuyo lado opuesto al Occidente presenta prominencias rocosas separadas por breves espacios que se alzan como escalones, por lo que se llama Hannibalis Scalae.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 90. Desde allí hasta Tarraco hay ciudades pequeñas: Blande, Iluro, Barcino, Subur, Tolobi; y ríos menguados: el Baetulo, al pie del Mons Iovis, el Rubricatum, en la costa de Barcino, y el Maius, entre Subur y Tolobi. Tarraco es la ciudad más opulenta de entre las situadas en la costa; está bañada por el pequeño río Tulcis, más allá del cual se encuentra el ingente Hiberus,

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 91. que baña Dertosa. A partir de aquí el mar baña las tierras; pero éstas, introduciéndose luego con gran ímpetu, lo dividen en dos golfos por el promontorio llamado Ferraria.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 92. El primero conocido por el nombre Sucronensis, es mayor que el otro, y las aguas del mar irrumpen en él por una gran abertura que se va estrechando a medida que se interna en tierra; recibe las aguas de tres ríos poco importantes: el Sorobi (Saetabis), el Turia y el Sucro; entre las ciudades que bordean sus costas, las más importantes son, sobre todo, Valentia y la antigua Saguntum, célebre por el desastre que le originó su inquebrantable fidelidad.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 93. El otro seno, llamado Illicitanus, tiene las ciudades de Allone, e Illici, de donde viene su nombre. Enseguida las tierra avanzan sobre el mar y dan a Hipania una anchura mayor;

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 94. pero en este tramo de costa nada hay que merezca ser citado, hasta el comienzo de la Baetica, si no es Carthago, ciudad fundada por Asdrúbal, general cartaginés. En la costa que sigue (a Cartagena) hay ciudades sin nombre alguno, cuya mención aquí no la justifica sino la correlación en la cita de los nombres. Urci, al fondo del golfo llamado Urcitanus; dando a mar abierto, Abdera, Suel, Ex (Salambina), Maenova, Malaca, Salduba, Lacippo y Barbesula.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 95. A continuación la mar se hace muy angosta, y las costas de Europa y África se aproximan, formando los montes de Abila y Calpe que, como dijimos, constituyen las Columnas de Hércules; ambos entran casi por completo en medio del mar, sobre todo el de Calpe. Éste tiene la particularidad notable de ser cóncavo; casi en medio del lado occidental hay una abertura que luego, aumentando su ensanchamiento, se hace fácilmente practicable en casi toda su longitud.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 96. Más adelante se abre un golfo en el cual está Carteia, ciudad habitada por foenices trasladados de África que algunos creen es la antigua Tartesos, y Tingentera, de donde somos nosotros; a continuación Mellaria, Belo y Baesippo están situadas sobre la orilla del Estrecho que sigue hasta el Iunonis Promontorium. Este toma hacia el Occidente una dirección oblicua sobre el Océano, haciendo frente a otro promontorio de África que hemos llamado Ampelusia. Así terminan las costas de Europa bañadas por el Mar Nuestro.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 97. La isla de Gades, que sale a nuestro encuentro al pasar el Estrecho…

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 124. Las Baliares, en Hispania, se hallan frente a la costa de la Tarraconensis; distan poco entre sí, y se diferencian por el nombre de «mayor» y de «menor», que han tomado de sus respectivos tamaños. En la «menor» están los «castella» de Jamno y Mago, y en la «mayor» las colonias de Palma y Pollentia.

Pomponio Mela. Chorografía. 2, 125. Ebusos se halla frente al promontorio llamado Ferraria, que se alza en golfo Sucronensis, y tiene una ciudad de su mismo nombre. Es fértil en grano, pero aún más en otros diversos productos. No hay en ella animales dañinos, ni siquiera esas especies agrestes de condición mansa, pues no sólo no cría ninguno, sino que tampoco tolera los que allí se llevan.

(Mela continúa la descripción geográfica de la Península y sus peculiaridades)…

Período -237 a -218.

Orosio. Historias, 3,7,2. Efectivamente en el año 402 de la fundación de la ciudad fueron enviados a Roma legados cartagineses que firmaron un tratado. 4,13,1. En el año 517 de la fundación de la ciudad, el general cartaginés Hamílcar fue matado en un combate por los hispanos cuando ocultamente tramaba un nuevo enfrentamiento con los romanos. 4,14,1. En el año 804 de la fundación de la ciudad, el general cartaginés Aníbal destruyó, por fin, tras ocho meses, a Sagunto, ciudad floreciente de Hispania, amiga del pueblo romano, a la que había atacado en un primer momento, y posteriormente sitiado y reducido al hambre, la cual, sin embargo, aguantó con fortaleza todo lo digno e indigno acordándose de las promesas hechas a los romanos. Aníbal echó incluso de su presencia injuriosamente a los legados romanos enviados a él. Posteriormente, llevado por el odio al nombre de Roma, odio que él, en otras ocasiones desleal, había jurado fielmente ante el altar de su padre Amílcar cuando tenía nueve años; atravesó los Montes Pirineos siendo cónsules Publio Cornelio Escipión y Tiberio Sempronio Longo; se abrió camino con la espada a través de los ferocísimos pueblos de la Galia y a los ocho días de pasar los Pinineos, llegó a los Alpes…

Año -215.

Orosio. Historias,4,14,9. Por otro lado, sin embargo, el otro Escipión, hermano del cónsul, llevó a cabo muchos combates en Hispania, y derrotó e hizo prisioneros a Magón, general también púnico. 4,16,13. Los Escipiones, por su parte, derrotaron en una durísima batalla al general cartaginés Asdrúbal que traía un ejército a Italia; el ejército de éste se vio disminuido, en efecto, en treinta y cinco mil soldados que fueron eliminados o capturados.

Año -214.

Orosio. Historias, 4,16,14. Los Escipiones atrajeron a su servicio, apartándolos de su alianza con los enemigos y comprándolos con dinero, a soldados celtiberos, los cuales fueron el primer grupo extranjero que los romanos empezaron a tener a su servicio.

Año – 211.

Orosio. Historias, 4, 17, 12.Pero, volviendo a los hechos, en Hispania ambos escipiones son asesinados por el hermano de Asdrúbal.

Año -210.

Orosio. Historias, 4,17, 13-14. Una vez asesinados los Escipiones en Hispania, cuando los romanos estaban todos sin saber qué hacer debido al pavor que se había apoderado de ellos, Escipión, todavía adolescente, se adelantó a ofrecerse a sí mismo; y, dado que la penuria del tesoro era vergonzosa, todos los senadores, a propuesta de Claudio Marcelo y Valerio Lavino que entonces eran los cónsules, expusieron abiertamente ante los cuestores y a la vista de todo el mundo, todo el oro y la plata acuñados, de forma que no les quedó nada, sino sendos anillos colgantes de oro para sí y para sus hijos y, por medio de sus hijas y esposas, sendas onzas de oro y no más de una libra de plata a cada uno.

Año -209.

Orosio. Historias, 4, 16, 1. Escipión, a los veinticuatro años, tras obtener el mando proconsular para Hispania, y buscando en su interior la venganza, sobre todo de su padre y de su tío paterno, tomó Cartago Nova en el primer ataque que hizo, una vez atravesados los Pirineos. En ella tenían los cartagineses los soldados de más años de servicio, los contingentes más fuertes y gran cantidad de oro y plata; y allí también hizo prisionero a Magón, hermano de Aníbal y lo envió con los demás a Roma.

Año -206.

Orosio. Historias, 4, 18, 7. Escipión en Hispania, venció y echó a sus reales al general cartaginés Asdrúbal. Sometió, además, a su poderío, ya mediante la rendición, ya mediante las armas, a ochenta ciudades. Tras vender a los africanos como prisioneros, dejó marchar a los hispanos sin tomar dinero por ello.

Orosio. Historias, 4,18, 9. En el año del consulado de Nerón y de Marco Livio Salinator, cuando asdrúbal, el hermano de Aníbal, iba de Hispania a Italia a través de las Galias, llevando consigo gran cantidad de tropas auxiliares hispanas y galas, por cuanto se le había ordenado desde Cartago que se uniera con refuerzos a su hermano, fue sorprendido, sin saberlo Aníbal, por el ejército romano, al habérseles anunciado a los cónsules que ya había descendido, en rápida llegada, desde los Alpes. Fue eliminado conjuntamente con todo su ejército.

Orosio. Historias, 4, 18, 17. Entre tanto, Escipión vino a Roma tras haber sometido a la condición de provincia a toda Hispania, desde el Pirineo hasta el Océano.

Período -237 a -218.

Valerio Máximo. 3,3, ext. 7. Un esclavo bárbaro, excitado por la muerte de su amo, atacó de súbito a Asdrúbal y le dio muerte. Preso y sometido a toda clase de torturas, conservó siempre en el rostro la alegría que su venganza le había producido.

Valerio Máximo, 6,6, ext. 1. Después del desastre de los Escipiones en España…los saguntinos, lanzados dentro de sus murallas por las armas vencedoras de Aníbal, impotentes para detener la fuerza de los cartagineses, amontonaron en el foro todo lo que más querían y rodeándolo de fuego, se lanzaron a una misma y común hoguera antes que apartarse de nuestra alianza.

Año -216.

Valerio Máximo. 3,7,10. El mismo Senado, algunos años más tarde, agotadas las fuerzas del poderío romano por la batalla de Cannas, se atrevió a enviar refuerzos al ejército de Hispania.

Año -210.

Valerio Máximo, 1,6,2. Y fue igualmente augurio de feliz suceso aquella llama que brilló en la cabeza de Lucio Marcio en Hispania, jefe de los dos ejércitos que la muerte de Publio y Gneo Escipión había debilitado, en ocasión de arengar a sus tropas; pues su vista excitó a los soldados, hasta entonces temerosos, a recobrar su anterior valor, y después de matar a treinta y ocho mil enemigos y capturar una gran multitud, se adueñaron de dos campamentos cartagineses, llenos de riqueza. 2,7,15. Lucio Marcio, tribuno militar, reunió con rara energía los restos de los ejércitos de Publio y Gneo Escipión, que las armas cartagineses habían aniquilado en Hispania; y habiendo sido nombrado jefe por el voto de los soldados, escribió al Senado para dar cuenta de sus hechos, empezando de esta manera:»Marcio propretor». Pero no plugo a los senadores el uso de este honor, pues la costumbres es que los generales sean nombrados por el pueblo, no por los soldados.

Año -209.

Valerio Máximo, 4,3,1. Escipión en el vigésimo cuarto año de su edad, tomó Cartago Nova en Hispania, presagio de la toma de Cartago; habiéndose adueñado de muchos rehenes que los cartagineses guardaban allí encerrados, y entre ellos una muchacha de eximia belleza, de edad núbil, a pesar de ser él joven y célibe y vencedor, cuando averiguó que era hija de una ilustre familia celtibérica y prometida de Indíbal, el más famoso de este pueblo, llamó a sus padres y la entregó a su esposo intacta. Y aún añadió a su dote el oro que por el rescate le habían ofrecido; obligado Indíbil por tal generosidad, ganó a los romanos la adhesión de los celtiberos, correspondiendo así como debía a los beneficios recibidos. 3,7 1a. La misma confianza tuvo en Hispania. Sitiando la ciudad de Badía, emplazó a los que acudían a su tribunal para el día siguiente en un templo dentro de las murallas enemigas; se apoderó al momento de la ciudad y poniendo su silla en el lugar y hora predichos, hizo justicia.

Período -237 a -218.

Eutropio, Brev. 3,3. En el mismo año, Aníbal inició la segunda guerra púnica contra los romanos, siendo general de los cartagineses. Éste comenzó a atacar a Sagunto, ciudad de Hispania, amiga de los romanos, cuando tenía veinte años de edad, después de haber congregado unas tropas de cuarenta mil infantes y veinte mil jinetes. Los romanos denunciaron ante éste por medio de una embajada, que se abstuviera de hacerles la guerra. Éste no quiso dar audiencia a los legados romanos. Los romanos enviaron también una embajada a Cartago pidiendo que se exigiera a Aníbal que no emprendiera la guerra contra los aliados del pueblo romano. Los cartagineses le respondieron duramente. Los saguntinos entre tanto se vieron consumidos por el hambre y fueron vencidos por Aníbal y castigados con crueles suplicios. Entonces, Publio Cornelio fue enviado a Hispania con un cuerpo de ejército…La guerra fue declarada a los cartagineses.

Año -215.

Eutropio, Brev. 3, 11. Entre tanto en Hispania, Asdrúbal, hermano de Aníbal, que allí se había quedado con un gran ejército para someterla toda a los africanos, es vencido por los dos Esscipiones, generales romanos. -Perdió en la batalla treinta y cinco mil hombres, diez mil prisioneros, y veinticinco mil muertos-. Para reparar fuerzas le envía de Cartago doce mil infantes, cuatro mil jinetes y veinte elefantes.

Año -211.

Eutropio, Brev. 3, 14. En Hispania, los dos Escipiones, vencedores durante muchos años, fueron muertos por Asdrúbal, hermano de éste; su ejército, empero, permaneció íntegro, pues había sido vencido más por azar que por valor.

Período -237 a -218.

Floro, 1,22,2. Después de la primera guerra púnica, apenas hubo un descanso de cuatro años. Una segunda guerra se entabla más corta de duración -pues duró no más de dieciocho años-, pero hasta tal punto terrible por la atrocidad de sus desastres que, si alguien relatara los perjuicios de ambos bandos, el pueblo que resultó vencedor se asemejaba más a un vencido. Le quemaba por dentro a este pueblo noble la pérdida del mar, las islas arrebatadas, el pagar el tributo que se había acordado pagar. Por esto Aníbal, aún siendo niño había jurado venganza ante el altar de su padre y no quería que se retrasase. Así, pues, como pretexto para la guerra, se eligió Sagunto, antigua y opulenta ciudad hispana, memorable a la vez que lastimoso ejemplo de fidelidad a los romanos; había Aníbal prometido, por un pacto común, respetar su libertad, pero necesitando una causa para nuevas querellas, la destruyó tanto por sus manos como por las de los propios saguntinos. a fin de que, roto el pacto, se le abriesen las puertas de Italia. Los saguntinos. por su parte, agotados por un sitio de nueve meses de hambre, por las máquinas, el hierro, volvieron al fin en furia su fidelidad, y levantando una inmensa pira en el foro, se exterminan sobre ella a sí mismos con el hierro y el fuego, junto con todas sus riquezas. Se reclama a Aníbal como causante de tan gran desastre. Tergiversando los cartagineses las cosas, el jefe de la legación le dijo:»Para qué perder más el tiempo; en este seno traigo la paz y la guerra: ¿Cuál de las dos elegís? Gritando dijeron que la guerra. Y les dijo: » Recibid, pues, la guerra». Y habiéndose sacudido en medio de la curia la doblez de su toga no sin horror, como si su seno proclamara la guerra, se fue.

Año -211.

Floro. 1,22,36. Gneo y Publio Escipión, enviados a Hispania habían arrebatado a los cartagineses casi toda la provincia, pero vencidos por las insidias de la astucia púnica, perdieron de nuevo. El poder cartaginés había caído por obra de aquellas grandes batallas; pero las insidias púnicas acabaron con ellos, a uno con el hierra cuando establecía su campamento, al otro con el fuego cercándoles en una torre donde se había refugiado.

Año -209.

Floro, 1,22, 38. Así, Escipión, enviado con un ejércitos a vengar la muerte de su padre y de su tío, recuperó aquella belicosa Hispania, famosa por sus armas y por sus hombres, plantel del ejército enemigo, maestra, cosa increíble, de Aníbal en su infancia; y la reconquistó entera desde los Pirineos a las Columnas de Hércules y el Océano no puede decirse si con más rapidez o con mayor felicidad. Cuán rápidamente, lo proclaman los cuatro años que en ello tardó, cuán felizmente una sola ciudad lo prueba; pues en el mismo día que la sitió, la tomó…Es seguro empero, que lo que da mayor provecho fue para la conquista de la provincia, el cual restituyó a los bárbaros todos los jóvenes y doncellas notables por su belleza, no permitiendo que fuesen conducidas a su presencia para que no pareciera que les había quitado algo de su virginalidad aunque no fuese más que con la vista.

Período -237 a -218.

Cornelio Nepote. Vida de los grandes capitanes extrajeros. 3,1. Amílcar. Una vez llevada a cabo esta restauración con pleno éxito, lleno de confianza en el futuro y de aversión hacia los romanos, y deseoso de encontrar más fácilmente una excusa para la guerra, se hizo enviar como general en jefe al frente del ejército a Hispania, adonde llevó consigo a su hijo Aníbal, que contaba entonces nueve años. 3,2. Tenía también a su lado a un joven distinguido, de agradable físico, Asdrúbal, acerca del cual se rumoreaba que sus relaciones con Amílcar no eran muy honestas, pues a malignidad no podía dejar de atacar a un hombre de tan grandes virtudes. A consecuencia de ello, el censor de las costumbres les prohibió verse. Pero él dio a su hija en matrimonio a este joven, pensando en las costumbres cartaginesas que no permitían separar a suegro de yerno. 3,3. Si el nombre de Asdrúbal había podido entrar en estas líneas se debe a que, después de la muerte de Amílcar, fue él quien asumió el mando; llevó a cabo grandes cosas y fue el primero que, con sus distribuciones de dinero echó a perder las antiguas costumbres de los cartagineses; una vez muerto éste, le sucede Aníbal, ya que los soldados le otorgaron el mando supremo. 4,1. En cuanto a Amílcar, habiendo atravesado el mar, llegó a Hipania, y llevó a cabo grandes hazañas, favorecido por la fortuna; pueblos muy poderosos y muy belicosos cedieron a su empuje, y él enriqueció el África con caballos, armas, prisioneros y dinero. 4, 2. Estaba él pensando en partir hacia Italia, cuando a los ocho años de su llegada a Hispania, en una batalla que sostuvo contra los vetones, fue muerto. Su odio tenaz a los romanos fue lo que más contribuyó, al parecer, a que se declarara la segunda guerra púnica, ya que Aníbal, su hijo, movido por las continuas peticiones de su padre, llegó a preferir la muerte a renunciar a medirse con los romanos.

Cornelio Nepote. Vida de los grandes capitanes extranjeros. Aníbal, 1,1. Aníbal, hijo de Amílcar, cartaginés. Si aquello de que nadie duda puede considerarse verdadero (que el pueblo romano ha superado a todos los demás pueblos en valor), no se puede negar que Aníbal aventajó a todos los demás generales en prudencia y en astucia en tanto grado como el pueblo romano aventaja a los demás pueblos en valor. 1,2. Cada vez, en efecto, que entró en lucha con este pueblo en el suelo italiano, consiguió una victoria. Si dentro de su patria sus propios conciudadanos no hubiesen roto sus fuerzas por su malevolencia, parece que los romanos habrían tenido que confesarse vencidos. Pero las actitudes envidiosas de la multitud vencieron el valor de un hombre. 1,3. A pesar de todo, considerando su patrimonio la aversión heredada de su padre respecto a los romanos, lo conservó con tanto cuidado que murió sin haber renunciado a él; expulsado de su patria y obligado a pedir ayuda de otro, no dejó nunca de hacer, en su corazón, la guerra a los romanos. 2,1. Pues sin hablar de Filipo, a quien desde lejos inspiró sentimientos de hostilidad hacia los romanos, no hubo, en la época que nos ocupa, rey más poderoso que Antíoco y encendió tal ardor guerrero en este rey que, desde las lejanas orillas del Mar Rojo, preparó una invasión a Italia. 2,2. Fueron a su corte delegados romanos encargados de sondear sus intenciones y de trabajar por medios ocultos para hacerle a Aníbal sospechoso, haciéndole creer que ellos lo habían corrompido y habían hecho cambiar sus sentimientos. Estos esfuerzos no fueron infructuosos. Aníbal lo supo y se dio cuenta de que en las reuniones íntimas del Consejo se le mantenía a él alejado. 2,3. Entonces, aprovechando una ocasión, abordó al rey y le recordó las numerosas pruebas que él había dado de fidelidad a su palabra y de aversión a los romanos, y luego añadió: «Mi padre Amílcar, cuando yo era aún muy niño y no había pasado de los nueve años, en el momento en que partía para Hispania como general en jefe y abandonaba Cartago, inmoló víctimas a Júpiter Óptimo Máximo. 2,4. durante esta ceremonia religiosa, me preguntó si quería partir con él a la guerra. Yo acepté en seguida y me puse a suplicarle que me llevara sin vacilar; entonces él me dijo: Lo haré si prestas el juramento que te pido. Inmediatamente me condujo al altar en que su sacrificio se estaba realizando y, habiendo hecho apartar a todos los asistentes, me hizo poner en él la mano y jurar que nunca iba a hacer alianza con los romanos. 2,5. Y yo he observado este juramento prestado a mi padre, sin faltar a él hasta este momento de mi vida, y lo he hecho con tanta religiosidad que nadie puede dudar que en el futuro mis sentimientos nos puedan cambiar. 2,6. Así, pues, «¿tienes tú alguna intención benévola respecto a los romanos? Serás prudente si me la ocultas; pero cuando te prepares para combatir contra ellos, será descuidar tus intereses poner a otro que a mí al frente de esta empresa». 3,1. Así, pues, a la edad que he dicho, acompañando a su padre, partió hacia Hispania. Una vez muerto éste, Asdrúbal ocupó su lugar como general en jefe y él estuvo al frente de toda la caballería. Muerto también Asdrúbal, el ejército le confirió el mando supremo. Este voto fue comunicado a Cartago y recibió una sanción oficial. 3,2. De esta manera Aníbal, que no tenía aún los veinticinco años, llegó a ser general en jefe. en los dos años que siguieron a este nombramiento, sometió a todos los pueblos hispanos por la fuerza de las armas. Sagunto, ciudad aliada de los romanos, fue tomada al asalto. Tres ejércitos muy fuertes fueron puestos en pie de guerra por él. 3,3. De estos tres ejércitos, el primero fue enviado a África, el segundo fue dejado en Hispania, con Asdrúbal, hermano de Aníbal. El tercero guiado a Italia por él mismo. Franqueó las montañas de los Pirineos. No pasó por ningún lugar sin trabar combate con los naturales del país y en todas partes venció. 3,4. Llegó al pie de los Alpes que separan Italia de la Galia y que antes que él nadie había pasado al frente de un ejército, excepto el Hércules griego -y de esta hazaña recibió el lugar el nombre de Montañas Griegas-. Al ver que las poblaciones alpinas se esforzaban en cerrarle el paso, las destrozó, se abrió camino, construyó rutas y consiguió que un elefante cargado con su equipaje pudiera avanzar por allí por donde anteriormente un hombre solo y sin armas apenas podía trepar; por ahí hizo franquear los alpes a sus tropas y llegó a Italia.

Año -209.

Cornelio Nepote, De vir ill. 49. Escipión a la edad de veinticuatro años fue enviado como pretor a Hispania, y tomó a Cartago Nova el mismo día de su llegada. Prohibió que se trajese a su presencia a una joven bellísima, a cuya vista corrían todos, y fue garante de ella ante su padre. Expulsó de Hispania a Asdrúbal y a Magón, hermanos de Aníbal.

Año -209.

Aulo Gelio, N. A. 7,8,3. Publio el primer Africano, a quien presentaron después de la toma de Cartago Nova, gran ciudad de Hispania, una joven cautiva, de gran belleza, hija de un noble hispano; y la devolvió intacta a su padre. 6,1,8. Escipión asediaba una ciudad de Hispania, fuerte y bien provista de fortificaciones y defensores, así como abundantemente aprovisionada; ninguna esperanza había de tomarla. Un día, Escipión estaba en el tribunal haciendo justicia en un lugar del campamento desde donde se veía a lo lejos la ciudad. Entonces uno de los soldados que se había presentado ante su tribunal le preguntó, según la costumbre, qué día y qué lugar señalaba para su causa; Escipión extendió la mano hacia la ciudadela de la ciudad sitiada, y dijo:» Compareced allí pasado mañana». Y así se hizo. A los tres días de haber hecho el señalamiento se tomó la ciudad y aquel día estableció su tribunal en la ciudadela.

Período -237 a -218.

Justino, 44,5,4. Mas tarde, animado por los auspicios de la primera expedición, enviaron al general Amílcar con un ejército mayor a ocupar la provincia; éste llevó a cabo grandes hazañas, pero siguiendo ciegamente a su fortuna, fue llevado a una emboscada y murió. 44, 5, 5. Asdrúbal murió a manos de un esclavo hispano que así vengaba a su dueño. 44, 5,6. Pero les sucedió el general Aníbal, superior a los dos, si es cierto que, sobrepasando las hazañas de ambos (Amílcar y Asdrúbal) sometió a toda Hispania.

COMENTARIO SOBRE CORNELIO NEPOTE

Efectivamente, según este autor, Aníbal no gozaba de la confianza unánime de su Senado. Es cierto que los éxitos se siguieron unos a otros, empezando por Sagunto y terminando por Capua y Tarento. Pero no dice nada sobre su acercamiento a Roma, donde probables prejuicios lo frenaron. Esos prejuicios se pueden justificar por la falta de ayuda para reponer su desgastado ejército al no estar dispuesto Cartago a enviarle tropas de refresco a Italia, el fracaso de su hermano, la pérdida del dominio de Hispania, la inseguridad en Italia; todo ello hicieron vacilar a la hora de pensar en crear un imperio desde Roma: tuvo miedo sin paliativos. Anibal no fue expulsado por Cartago, sino que huyó y se puso al servicio de otro enemigo de Roma. Escipión puso la guinda para que perdiera la confianza de su propio pueblo cuanto prácticamente antes las puertas de su ciudad, recibió la derrota más humillante de su vida. Y se fue a la corte de Antíoco III, poderoso y enemigo del pueblo romano. Como estratego sólo tuvo el efímero apoyo de Siria que, por las envidias que despertaba, acabaría abandonando su corte y marchando al Asia Menor, Bitinia, como se verá más adelante.

CONCLUSIONES

Qué duda cabe que Aníbal fue un gran general, que su carrera militar fue fulminante y triunfal. Desde su niñez dio pruebas evidente de se valía personal. Se podría decir que lo manipularon, lo educaron para ello. Le enseñaron a odiar. Máxime por su padre, quien lo obligó a jurar ante el altar de los dioses que odiaría a muerte a los romanos, no a un enemigo cualquiera. En ningún momento hemos visto un gesto de compasión hacia alguien. Si perdonaba a algunos enemigos, siempre llevaba una segunda intención: atraerse a su bando al enemigo bajo la apariencia de un gesto de bondad. A través de su historial militar no se registra más que acaparar enemigos reconvertidos para incrementar su poderío frente a los romanos.

No cabe duda de que las tropas cartaginesas en Hispania tuvieron éxito, y que llegaron a dominar prácticamente toda la Península, pero también hay que reconocer que en la Segunda Guerra Púnica los cartagineses tuvieron la suerte de frente: un pequeño fallo estratégico de los Escipiones con muy mala suerte, provocó un verdadero desastre a las fuerzas romanas. Momentos que los cartagineses aprovecharon, y muy bien, para apoderarse por completo de toda Hispania. Ya antes Amílcar consiguió algo similar a su llegada, pero tanto él como su yerno tuvieron un descalabro tan importante que acabó con sus vidas. Momento que Aníbal, aprovechando su fama y apoyo del ejército, se erigió en general de todas las tropas. Desde entonces Roma se sintió peligrar y puso en marcha la maquinaria militar en manos en Publio Cornelio Escipión, quien nada más llegar puso en jaque la nueva metrópoli cartaginesa en Hispania. Este éxito le empujó a seguir en persecución de los cartagineses que huían hacia el sureste de la Península, y en las cercanías de Carmona se dio la batalle de Alalia (-206). Tras esta derrota tuvieron que pasar e África porque Escipión era imparable en su recuperación del territorio y poblaciones perdidas.

Aníbal ya había iniciado su difícil viaje hacia Italia, con un gran ejército y muy complejo. Superó los Alpes y entró en las llanuras italianas donde se iniciaron sus batallas contra Roma. Tesino, Trebia, Trasimeno y Cannas. Todas triunfales, muy bien llevadas y dirigidas con una estrategia impecable, dándose la circunstancia de que casi todos los éxitos tiene lugar en las cercanías de los ríos.

La psicología de Aníbal era muy peculiar. Él sabía muy bien que tenía un ejército complicado y heterogéneo. Estuvo dieciséis años combatiendo prácticamente con los mismos hombres que se había traído de África y de Hispania. Pero, a pesar de todo esto y de parecer que todo el mundo lo comprendía y estaba contento con él, jamás se fió de nadie. Cambiaba de lugar siempre que dormía y su ropa no era la misma. Sufrió como nadie hasta llegar a perder un ojo por infección. No disponía de guardia personal nada más que cuando iba a enfrentarse a algo o al enemigo. Pero sí cuidaba, por su bien, que sus soldados no sufrieran escasez de víveres: ni hombres ni animales. Es un tanto extraño que Aníbal se dirigiera al sur en lugar de enfrentarse de forma contundente a Roma. Si dirigió a Tarento, donde tuvo algunos percances que acabarían pasándole factura. Estaba tan seguro de su victoria que no reparó en nada. Relajó la disciplina militar y eso acabó pagándolo. Se dio cuenta de que su ejército necesitaba una reposición de hombre, necesitaba gente nueva. Pidió ayuda a Cartago pero fracasó su envío. Lo mismo que su hermano con todo su ejército que fue destruido por fallar la comunicación entre él y sus compatriotas. A tal punto llegó la situación que se vio obligado a marcharse de Italia y dirigirse a Cartago, en cuyas cercanías le esperaba ya Escipión el Africano. Se produce un enfrentamiento entre ellos que acaba con una tremenda derrota de Aníbal y su ejército. Se marcha a Cartago y allí trató de desempeñar un cargo de sufete, que no desempeñó honradamente y se vio obligado a marcharse a la corte del Rey Antíoco. La razón por la que buscó esta amistad no es otra que este rey era un acérrimo enemigo de Roma. Fue bien recibido porque conocían bien la campaña exitosa de Aníbal contra los romanos, y eso jugaba a favor de las pretensiones que planeaba Antíoco. Pero situaciones politicas en actuaciones particulares de Aníbal en la corte del rey hicieron que Antíoco perdiera la confianza con él. Lo cual no paso desapercibido para él y se vio obligado a marcharse y refugiarse en Bitinia, donde las cosas tampoco le fueron bien y acabó con su vida.

Pero sin lugar a dudas Aníbal fue un estratego genial como tal y hubiera llegado más lejos si las circunstancias de su situación en Italia hubiera sido otra. Si Roma hubiera sido atacada cuando estuvo delante de ella, probablemente la cultura occidental hubiera sido diferente a la que hoy tenemos.

BOBLIOGRAFÍA USADA

Los autores clásicos más usados son: Livio, Polibio, Apiano. La mayoría o están muy fragmentados, o tienen muchas lagunas, o poca credibidad de los hechos históricos de la época que tratamos. Nos centramos fundamentalmente en el personaje militar Aníbal y sus hazañas bélicas contra Roma.

Adolf Schulten, y P. Bosch Gimpera, HISPANIAE ANTIQUAE III: Las Guerras desde -237 a -154. Universidad de Barcelona, 1935.

Eustaquio Sánchez Salor. Orosio, Historias, I-IV. Editorial Gredos, Madrid, 1982.

Manuel Balasch Recort, Editorial Gredos. Madrid, 1981.

Manuel Balasch Recort. Polibio, L. I-IV. Editorial Grados. Madrid, 1981.

Antonio Sancho Royo. Apiano. Editorial Gredos. Madrid, 1980.

Granada, 28 de Septiembre de 2021.

LA PINTURA ENCÁUSTICA EN LOS TEXTOS CLÁSICOS GRIEGOS Y LATINOS

Introducción

El motivo de este trabajo tuvo lugar cuando se inició la investigación para llevar a cabo la redacción de la Tesis Doctoral del Profesor D. Francisco Javier Marín Marín, que inicio su estudio y documentación de citado asunto. Compartimos la dirección del mismo el Dr. A. Pérez Pineda, como orientador principal del trabajo, y el Dr. Ruiz Fernández como codirector de la parte histórica antigua referente a los autores griegos y latinos que citan esta materia como una gran novedad del arte antiguo dentro de la cultura grecolatina.                  

Por ello, nos vamos a centrar en la localización de las citas que relatan los autores, referentes a cómo apareció esta nueva manifestación del arte tanto en el mundo Romano como Griego, sus orígenes, autores y evolución a través de los tiempos antiguos. Se van a detallar cómo nació, evolucionó y culminó esta expresión de arte pictórico. Pero tal vez sea casi lo más importante situar adecuadamente a cada autor en su tiempo y circunstancias, estableciendo una especie de paralelismo entre las diversas opiniones que la mayoría de los autores citan y sus manifestaciones personales sobre este movimiento artístico. Se va a dar una traducción lo más acertada posible de los textos clásicos para evitar las dudas que se venían manifestando a través de la historia de estas técnicas y dar un carácter unitario a tales manifestaciones. Traducciones confusas, mal interpretadas y extemporizadas o confundidas a través de todo el desarrollo. Con ello se pretende dar una versión auténtica y unitaria de todos los autores que citan estas obras artísticas.

Nuestro propósito es aclarar de forma lo más acertadamente posible los momentos de esta técnica y clarificar los textos y sus versiones modernas.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

 

Inicio

Se citarán los textos originales en su propia lengua, tanto griegos como latinos, acompañados de correspondiente traducción y comentario. Se ha pretendido dar publicidad a las experiencia realizadas, con objeto de favorecer la difusión y divulgación de esta técnica pictórica. El autor latino Plinio (1) comenta en su libro al referirse al pintor Apeles, que «los descubrimientos de éste en el arte de pintar han servido a otros pintores, pero nadie ha podido imitarlo porque, terminada su obra, la retocaba con un «Atramentum» tan sutil que, al dar la luz sobre ella, destellaran sus colores y lo protegieran del polvo y de la suciedad, y así apareciera a la vista del observador». («Inventa eius et celeris profuere in arte: unum imitari nemo potuit, quod absoluta opera atramento illinebat ita tenui, ut id ipsum, cum repercussum claritates colorum omnibus excitaret custodiretque a pulvere et sordibus, ad manum intuenti demum appareret»).

Aunque sus contemporáneos conocían la Encáustica y podían investigar sobre este barniz y conseguir un medio brillante para sus obras, sin embargo esto no sucede, pues es presumible que la preparación difiera absolutamente de todas las prácticas conocidas. El misterio ha cubierto su secreto, defecto que Plinio reprocha indirectamente a la memoria del gran artista o a su egoísmo o, tal vez se produjo una muerte precipitada, como parece, al dejar una de sus obras inacabada, o a algún otro acontecimiento.

Es cierto que tanto él como los autores contemporáneos nos han privado del conocimiento de su «Atramentum». Es posible que el barniz precioso que él usaba, era una resina conocida en China que se le había comunicado, y que sólo él practicaba para dar a sus cuadros ese encanto visual tan particular, que se llevó a la tumba.

No se debe suponer jamás que un hombre honrado prive de una invención útil no sólo a su patria, sino a la humanidad entera.

Abundando en este asunto, Caylus (2) comenta en su libro un hecho relacionado con la conveniencia de comunicar las experiencias. Cuenta que «El Abad Gaetano Zumbo, pintor Siciliano y profundo en anatomía, el gusto para modelar lo dominaba sobre otras partes…Trabajaba pequeñas figuras y las coloreaba a la cera con tanta variedad como inteligencia, y sus colores, a pesar de su poco cuerpo, no han cambiado después de cincuenta años…Murió en París sin comunicar su secreto…He visto en París dos magníficas composiciones del mismo Zumbo y que pertenecen al mismo M. Boivín. Estoy persuadido de que los artistas convendrán conmigo en que, si Zumbo hubiera sido más comunicativo, hoy, a cincuenta años de su pintura, ésta sería conocida en toda Europa».

También, un aspecto muy a tener en cuenta a la hora de investigar sobre una técnica, o simplemente realizar una obra pictórica, es proveerse de buenos materiales. A este fin, Pérez Dolz (3), en el prólogo del Tratado de «Pintura» de Cennino Cennini, comenta: «Pero es curioso en aquella atrasada Edad Media, cuando los materiales eran regularmente buenos y había mucho menos probabilidades  de fraude que ahora…Los gremios velaban por la bondad de la producción de sus afiliados…por su prestigio y crédito. Sin embargo hoy día, cuando apenas hay materia libre de vehemente sospecha, y a pesar de que la experiencia nos convence luego de la ruindad de tantos materiales, nada ni casi nadie, ni aún los pintores mismos, se inquietan por la bondad, garantía de la perduración de su trabajo».

Tal inquietud por la perdurabilidad de nuestra obra ha hecho que observemos en otros su escasa preocupación por esta circunstancia en su obra. En efecto, en nuestras asiduas visitas a salas de exposiciones observamos con harta frecuencia obras en las que, bien por lo inadecuado del soporte, bien por su deficiente preparación o por la falta de adherencia y combinación entre sí de los materiales empleados, aparecen al lado del cuadros restos de pintura desprendidos del mismo. Nuestra reacción natural e inmediata es pensar ¿qué les ocurrirá a dichos cuadros cuando pasen los años?, incluso, a veces, puede desconfiarse del conocimiento del oficio que todo pintor debe tener.

Nos gustaría terminar esta introducción como Pérez Dolz (4)  finaliza el prólogo del libro aludido: «Este libro de Cennino Cennini respira todo él esa verdad, esa bondad de las cosas recias y sanas del oficio, esa rectitud de intenciones, virtudes que entre otras de orden distinto, resplandecen en las obras antiguas y de los siglos posteriores, hasta el momento en que la Ilustración enseñó a los hombres a contrahacerse así mismos. No nos hagamos ilusiones, tanto en llegar a la verdad, en cuanto a la buena preparación de los materiales de la Puntura, como en recuperar el perdido oficio de pintor. Habrá que aprender una larga y costosa, pero también sabrosa campaña, pues la depuración de los medios y de la práctica habrá de comenzar por el artista mismo».

1. H. Hackham, M. A. Pliny, Natural History, Harvard Univerity Press, The Loeb Classical Library, London, 1961,        IX. XXXV-XXXIV-97.                                                                                                                                                      2. A. C. P. Compte de Caylus, M. Majoult, Memoire sur la peinture à l`encaustique et sur la peinture à la cire,        Chez Pissot Libraireà la Croix d’ Or, Que de Conti, à Genève, 855, p. 24.                                                                  3. F. Pérez Dolz, CENNINO CENNINI, Tratado de la pintura (El libro del arte), Traducción, prólogo y notas,              ed. Meseguer,Barcelona,1968. Prólogo, apartado II, p. 9.                                                                                          4. F. Pérez Dolz, op. cit. Pról. apart. III, p. 9.

Breve introducción a la Pintura Encáustica

Se trata de un término definido en diccionarios, enciclopedias, textos clásicos y modernos. así como en opiniones de artistas e investigadores.

Aunque éstos no se ponen de acuerdo en el método preciso, en lo único en que sí lo están, es en el empleo de la cera como ingrediente principal de este procedimiento.

Hay quienes opinan que solamente es Encáustica el procedimientos en el que es necesariamente indispensable el uso del calor, relegando a variantes, o sólo pintura a la cera, a aquellos en los que ésta se emplea en frío, bien saponificándola o diluyéndola en un aceite volátil.

Y finalmente hay quienes opinan que encáustica es una técnica de pintura con cera con o sin uso del calor.

Por otra parte, en general, algunos artistas pintores, en particular, con bastantes años de oficio, al comentarles esta actividad investigadora actual, se preguntan extrañados pensando qué es esto de la encáustica.

Por lo tanto, de un tiempo acá, además de nuestras investigaciones en el estudio sobre esta técnica, nos vemos obligados a explicar, a unos y a otros, qué es encáustica.

Realizando un recorrido por los diccionarios, nos detenemos en el Diccionario Etimológico (1) para poder ver lo que es y dicen sobre la encáustica.

Este término fue incorporado a la Lengua Española en el siglo XVII. Procede del término griego «ενκαυςτος»: pintar usando el fuego. El termino «éncaustos» deriva del vervo «καιω», que significa: yo quemo. Hay muchos términos relacionados con este verbo griego clásico, y en distintas épocas.

Otros diccionarios. El Diccionario de la Real Academia Española (2) dice:                       

a) Aplícase a la pintura hecha por medio del fuego, ya con ceras coloridas y desleías aplicadas por medio de un hierrecillo caliente, ya en marfil con un punzón o buril encendido, o ya con esmalte sobre vidrio, barro o porcelana.

 b) Preparado o barniz de cera para preservar de la humedad la piedra, la madera, etc.

El Diccionario de María Moliner (3) apenas nos aporta alguna novedad con relación a lo anterior:      a) Encausto: del griego «ενκαυςτος«, » pintado con fuego»; de «καυστικος «, «incandescente»; de «καιω», «quemar». (acepción que es parecida  a la de Joan Corominas).

b) Procedimiento de pintar en que se emplea el fuego, bien con ceras coloreadas que se aplican con un punzón caliente, bien con esmaltes aplicados con un buril al rojo sobre marfil, cerámica, vidrio. Acepción muy similar a la de la del Diccionario la Real Academaia de la Lengua Española.

c) Encausto: Se aplica a las sustancias hechas con cera que se aplican sobre una superficie para cubrir los poros y dejarla limpia y brillante.

Como se aprecia en esta última acepción, en la encáustica no interviene necesariamente el calor para su aplicación, ya sea con pigmento, o para preservar la superficie de cualquier material; por tanto aquí entraría el aceite volátil como diluyente de la cera, o reducida a un temple de cera saponificada mediante un álcali.

A continuación se expone lo que nos aportan las enciclopedias:  La Gran Enciclopedia Larousse (4) nos dice: Encauste o Encausto. n. m. Arte. 1. Preparación de cera con que se impregnan las obras de mármol o de estucos, para suavizar su colorido y protección contra la humedad. 2. Pintura a la encáustica. Procedimiento de pintura a base de colores diluidos en cera fundida, que se emplean en caliente y se trabajan con una espátula de hierro calentada. (El procedimiento empleado en la antigüedad reapareció en el siglo XVIII y de nuevo en el XIX). Encausticar, v. tr. Dar el encáustico a una pared, suelo etc. Emcáustico/a, adj., pint, Dícese de la pintura o del barniz preparado con ceras. Encáustico, n. m.; Tecnol. Preparado a base de cera fundida que sirve para recubrir las superficies pulimentadas, paramentos, paredes, muebles, etc. a fin de darles brillo o preservarlos de la humedad.

Como se aprecia, aparte de servir la cera para recubrir las superficies y preservarlas de la humedad, en lo referente a las Bellas Artes, los colores son disueltos en cera caliente, al  igual que su aplicación.

Según esta afirmación, discrepamos en lo de la necesidad mantener la cera caliente para su aplicación en la pintura; pues habiendo ingredientes capaces de fundir y hacerla maleable, como son los aceites volátiles y los álcalis, su uso simplifica la preparación y empleo. Sin embargo, sí estamos de acuerdo en la necesidad del uso del calor para la cauterización final o durante el desarrollo de la obra, con objeto de ir fundiendo colores entre sí, y de éstos con el soporte.

Finalmente en la Enciclopedia de las Artes (5) se aprecia una mayor tolerancia con este concepto:    Encáustica (Pintura): Antiguo procedimiento de pintura mural y de caballete, en el que se utilizan los pigmentos mezclados con ceras refinadas de abeja, bien en estado puro o con ingredientes modificativos (por ejemplo, aceites y resinas). La pintura es ablandada y aplicada con la ayuda del calor, pero la palabra Encausto, literalmente equivaldría a una fuerte adustión o combustión de los colores, no debe interpretarse al pie de la letra, porque en ninguna de las versiones conocidas del método se llega a este extremo, empleándose para la aplicación de los colores, cera derretida, un pincel y un cestrum, instrumento que viene a ser una mezcla de espátula y cauterio.

A propósito de cauterio, volvamos a la Enciclopedia Laousse para ver lo que nos dice sobre este concepto (6). Cauterio, n. m. (lat. cauterium del griego «καυτεριον»).                                                      Cauterización, fig.: Lo que corrige o ataca eficazmente algún mal. Terapéutico: Instrumento que permite la aplicación de calor en un punto del organismo con fin terapéutico (los primeros consistían en barras de hierro calentadas al rojo, pero actualmente suelen ser de tipo eléctrico. Por extensión se da el nombre de cauterio químico a diversos álcalis y ácidos fuertes: sosa, ácido sulfúrico, ácido nítrico etc.). Cauterizar, v. tr. Curar las heridas u otras enfermedades con el cauterio. Destruir un tejido por acción de un cáustico o por cremación térmica o eléctrica. Corregir con aspereza o vigor un vicio, o tildar a uno con alguna nota o censura. Abundando sobre el cauterium, en los descubrimientos arqueológicos en los que se han encontrado estos instrumentos de pintura encáustica, algunos investigadores han querido ver instrumentos de cirugía.

Volviendo al término que nos ocupa, como hemos vistos en los diccionarios y enciclopedias, la palabra Encáustica está relacionada con lo que siempre hemos creído, o sea: pintura a base de cera.

Ellos se habrán documentado con textos clásicos y modernos lo suficiente como para realizar tales afirmaciones; por tanto, ya poco nos queda que indagar al respecto, salvo alguna que otra afirmación realizada por los investigadores y reflejadas en los textos clásicos y modernos.

CONSULTA EN TEXTOS CLÁSICOS           

Si consultamos los textos clásicos, naturalmente encontramos en Plinio una visión más de compilador que de artista.

La descripción que hace de la encáustica parece bastante correcta pero, por desgracia, omite o pasa por alto muchos detalles de estudio, quizá porque los considerara tan de dominio público que no valía la pena registrarlos.

El texto más revelador del que disponemos se encuentra en su «Historia Natural», que nos dice en su versión original: A21 Scan (Desde antiguo hubo dos maneras de pintar: a la encáustica, con cera, y sobre marfil con cestro (especie de punzón) hasta que más tarde comenzaron otras formas de hacerlo. A esto se añade un tercer modo, en el que se emplea un pincel para aplicar la cera fundida al fuego, y este procedimiento de pintar no se estropea ni aplica a los barcos, ni por la acción del sol, no por la del mar, no con el viento).

De este pasaje se puede deducir que los antiguos usaban en principio dos métodos: uno con cera, sobre tabla u otro paramento, y el otro sobre marfil, en caliente con las consabidas espátulas. Posteriormente surgió un tercer método, con el cual se disolvían o resolvían  las ceras y se aplicaban con el pincel.

Pero lo que no dice Plinio con claridad es el modo de manipular la cera para poder aplicarla con el pincel.

Intuimos que, dado que los antiguos conocían los aceites volátiles, estos pudieran ser los que disolvieran la cera y hacerla dúctil al pincel.

También podría ser otra manera de hacer maleable la cera, si analizamos la frase de Plinio: » Resolutis igni ceris penicilio utendi». Uso del pincel con cera disuelta al fuego. Sería un álcali el producto empleado para resolver la cera y conseguir de ella un temple soluble en agua y aplicada con el pincel.

Plinio nos habla de la resolución de la cera por medio de la sosa.                                      Las interpretaciones de los textos de Plinio, Dioscórides. Vitruvio et., realizadas por investigadores y artistas a lo largo de la historia se verán más adelante (III), Métodos de Pintura Encáustica, y VI, Restablecimiento de la Encáustica.

OPINIONES DE ARTISTAS E INVESTIGADORES

Finalmente vamos a referir y citar algunos ejemplos sobre lo que opinan de la encáustica ciertos investigadores y artistas.

Según Scheffer (7), la encáustica es un término micho más amplio. Sobre esta materia nos dice: «Encauste pingunt inustione; est autem Artis huius triplex fere ratio: nam fit, aut ceris, aut coloribus, aut vitro. Ceris in ligno; coloribis in ebore, aut ferro, aut fictilibus in vitro, denique Auro». (Encáustica; esto es, pintar con fuego, la cual se hace de tres maneras: con ceras, colores o al pastel. Ceras sobre madera, colores sobre marfil, hierro o cerámica y, por último, pastel sobre oro»).

Para Scheffer sólo es encáustica aquella en la que se emplean los colores en caliente.  Además de él podríamos citar a un elevado número de pintores e investigadores que opinan igual. Citamos a modo de ejemplo algunos. Opinan que encáustica es cera y resina mezcladas con los colores y empleadas en caliente: Caylus, Cros y Henry, Diego Rivera, Schmidt, Ralf Mayer, José Aguiar, guajardo, Jasper Jhons, Jean Chacot, Dr. Alt, Frederic Amat, etc.

Otros opinan que encáustica es sólo aquella que se utiliza en frío, mezclando la cera y la resina disuelta en un aceite volátil. entre estos destacamos a Giovanni Fabroni, Paillot de Montavert, Duroziez, Fernbach, Paul Carpentier, Gambier Parry, Artur Church, diego Rivera, Pancho de la Torre, Anselmo Miguel Nieto, José Aguiar, etc., y por último a Jean Jacques Bachelier, Raimundo di Sangro, Vicente Requeno, Juan María Astori, Pedro García de la Huerta, José Alfonso Cuní, etc., quienes interpretan a Plinio, entendiendo la encáustica como técnica con pincel, cera saponificada por medio de un álcali.

Sería muy complejo enumerar en este apartado a todos y cada uno de los pintores encáusticos y sus fórmulas y modos de entenderla. Se aprecia en la relación expuesta que algunos pintores se repiten por emplear indistintamente uno u otro método; incluso hay algunos que utilizan fórmulas mixtas, usando en la misma obra distintos modos. Sólo nos interesa reflejar el hecho de que no todos opinan igual al interpretar a los antiguos en sus modos de emplear la encáustica.

Hay algunos que evolucionan con el tiempo. Según esto, Cros y Henry (8) comentan en su libro lo siguiente: » A menudo, mientras los objetos cambian, las designaciones quedan. Decimos todavía CAUTERIZACIÓN por el nitrato de plata, tanto que en este proceso no había ni hierro, ni fuego. Incluso, por la evolución de las ideas, la palabra ENCÁUSTICA ha llegado a designar un proceso en el cual el fuego no jugaba más que un papel secundario e incluso nulo».

Notas.- 

1) J. Corominas, Diccionario crítico y etimológico castellano e hispánico, Ed. Grados, Madrid, 1980, T. I, p. 138.                                                                                             

2)  REAL ACADEMIA ESPAÑOLA: Diccionario de la Lengua Española, ed. Espasa Calpe, Madrid, 1956, t. I, p. 527.                                                                                                 

3)  María Moliner, Diccionario de uso del español, ed. Gredos, Madrid, 1980, t. II, p 101.                      

4) Gran Enciclopedia Larousse, ed. Plante, Barcelona, 1988, t. VIII, p. 3671.               

5)  D. Runes y H.G. Schrikel, Encyclopedia of the Arts, ed. Philosophical Library of New York (sin fecha), t. I, p. 545-546.                                                                                         

6) Gran Enciclopedia Larousse, op. cit, t. V, p. 2089.                                                             

7) J. Scheffer. Grafice, id est, de arte pingendi, Nürenberg, 1669, p. 54.                       

8)  H. Cros et Ch. Henry, L’Encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, Paris, 1884, p. 35.

 

ORÍGENES DE LA ENCÁUSTICA

 

Evolución histórica

Es natural la curiosidad humana, fundamento, por otra parte, de toda investigación  e interés por conocer tanto las circunstancias como los orígenes de una muestra cultural que nos ha precedido. Sólo podemos conocer bien el presente, si conocemos el pasado.

En este sentido, es normal que desde la perspectiva investigadora, y a partir del punto de mira de este trabajo, dediquemos un espacio a los orígenes de la encáustica y a su desarrollo a lo largo de los siglos. De este modo podemos comprender mejor con toda seguridad (aunque sólo sea de forma somera, puesto que el objetivo de este trabajo no es teórico, sino práctico), el porqué de su caída en desuso a lo largo de muchos siglos, y el porqué de un incipiente interés y tratamiento por parte de unos pocos artistas pintores.

La búsqueda del origen de la encáustica concretamente, y el descubrimiento de un creador individual de la misma,  es una tarea vana e inútil, aunque ciertamente, y por la influencia de la cultura renacentista, basada en gran parte en el protagonismo individual del hombre, no deja de preocupar al investigador actual. Pero si pretendiéramos dar solución a este enigma, nos encontraríamos ante un problema similar sobre quién fue el creador de la escritura, o quién fue el autor del poema del Mío Cid, si es que lo hubo.

Por tanto, a lo más que podemos aspirar es a realizar una visión panorámica sobre los pueblos y sociedades que sirvieron de base a un procedimiento pictórico tan antiguo, y que tan frescas y vivas muestras nos ha dejado a la contemplación actual.

El origen de la encáustica debe estar ligado al de la pintura en general, ya que Plinio (1)  nos dice al respecto: » El origen de la pintura no está claro. Los egipcios afirman que fueron ellos los que lo inventaron seis mil años antes de pasar a Grecia; vana pretensión, como es evidente».(De picturae initiis incerta nec instituti operis quaestio est. Aegipti sex milibus annorum apud ipsos inventam, priusquam in Graeciam transiret, adfirmant, vana praedicatione, ut palam est).

Sin embargo atribuye el invento de la pintura a los egipcios. Sin duda en este pasaje sigue Plinio una fuente griega deseosa de atribuirse el mérito.

Sobre el origen de la encáustica vamos a realizar un recorrido cronológico comenzando por Egipto, siguiendo por Grecia y terminando en Roma.

EGIPTO

Se ignora en qué  precisa época comenzó, aunque parecer ser que tuvo lugar tras la conquista de Egipto por los macedonios (2)

Aunque la pintura no ocupara,  como les ocurre a la arquitectura y escultura, un lugar preponderante, los egipcios, vencedores de la materia y perpetuadores de la idea del espíritu, realizaban sus obras para la posteridad, sin importarles el sacrificio que suponía. Para ellos sólo eran materiales nobles aquellos que perduraban; por eso dominaban la técnica del trabajo en piedra y derivados, o sea, las pastas vítreas y los esmaltes y, aunque en menor importancia, la pintura ya sea al fresco, al temple o a la encáustica.

Aunque no está generalmente admitido que la encáustica provenga de la primitiva civilización egipcia, es probable que así lo fuese.

Los egipcios eran maestro en la obtención de materiales y en las técnicas, entre las que destacan el conocimientos de las pastas. Los perfumes, por ejemplo, se usaban tanto líquidos como incorporados a una emulsión grasa. Conocían la cualidades de los productos naturales, especialmente la cera, empleada en embalsamamiento, así como en los secretos de emulsiones y fusiones. No es extraño que conocieran la técnica de la encáustica en todas sus variantes.

El conocimiento de la cera era evidente, pues las abejas tenían un gran significado para los egipcios primitivos y, por tanto, sus productos serian conocidos y explotados. Lo demuestra el hecho de que, antes de que Menes, primer faraón, unificase el Alto y Bajo Egipto, el reino occidental del Delta tenía como símbolo la abeja, y ésta aparece grabada en relieves como puede observarse en el retrato funerario de Kefren y en la inscripción de un trono de Micerinos.

El hecho de que conocieran el esmalte, y llegaran a él a través de la fundición de silicatos (arena, cal, carbonato sódico, carbonado de cobre, etc.), afianza la posibilidad del conocimiento de la encáustica.

Las pintura murales de Mari (s. XVII a. de C.) han subsistido a través de milenios como prodigio de conservación de los colores, tal ves debido a que en su factura al temple (como después hacían los griegos y romanos),  entraran las ceras y resinas sobre dicho temple, para protegerlo de la humedad, o mezcladas con pigmentos, como ocurre en la encáustica.

Los egipcios (4) en los trabajos portátiles adicionaban cera a los colores que disolvían con aceites; también utilizaban la cera y diversos barnices para proteger la pintura, e hicieron uso de diferentes resinas disueltas en óleos fijos y volátiles.

Las necrópolis tebanas del siglo XV a de C. y los hipogeos de Beni-Hassan constituyen magníficos testimonios de las cotas conseguidas en la pintura egipcia, en la que destacan el colorido preciosista, fresco y un delicado diseño inconfundible.

GRECIA

¿De qué forma se pudo propagar esta técnica desde Egipto a Grecia?

Muy probablemente fueron los fenicios quienes, como expertos navegantes, ya que estaban al servicio de los egipcios y absorbieron parte de su cultura, aportarían estas técnicas y conocimientos artísticos, como se aprecia en los platos fenicios de estilo egipcio que se conservan en el Museo del Louvre. Como sus naves recorrían las islas del Egeo hasta las costas de Tracia y la embocadura del Helesponto, los griegos pudieran aprenderla de éstos y, a su vez, con toda seguridad la perfeccionarían, dada su capacidad creadora, como se aprecia en un pasaje de Plinio (5): «No se sabe cuál es el primero que ha imaginado pintar con cera y quemar las pinturas. Algunos piensan que Arístides fue el inventor y que Praxíteles la perfeccionó». (Ceris pingere ac picturam inurere quis primus excogitaverit, non constat. Quidam Aristidis inventum putat, postea consummatum ab Praxitele). 

Si los cartagineses fueron los que usaron con mayor asiduidad la cera púnica y eran maestros en su purificación y blanqueado, no es muy arriesgado pensar que pudieran adquirir esta técnica de Útica, colonia fenicia situada no muy lejos de Cartago. También pudiera ser que, dado el peregrinaje de los griegos al puerto de Byblos, en la costa de Líbano, llevaran consigo dicha técnica.

Posteriormente durante la época Saíta, los griegos tuvieron las fronteras abiertas para su comercio con Egipto. Ello motivó que fuera visitado por Platón, Herodoto y otros escritores, y posiblemente éstos fomentaran entre los griegos las formas y técnica que habían observado en Egipto.

Finalmente, durante la época de Ptolomeo, Egipto era casi una colonia griega, en la que se fundieron las dos culturas. Es precisamente de esta época la costumbre de retrarar al difunto para introducir su rostro en la parte superior de la momia. De estos retratos se han encontrado gran variedad en El Fayum y que se verán más adelante en el apartado «Descubrimientos Arqueológicos».

El hecho que fuesen los griegos quienes perfeccionaron esta técnica y la usaran con mayor profusión, así como el que los escritores contemporáneos lo reflejaran en sus escritos, ha hecho pensar que fueron ellos los que inventaron la encáustica.

Plinio (6) incurre en inexactitudes y atribuye el invento a Arístides de Tebas, que vivió en los años 340 a. de C.

Sin embargo, como él mismo reconoce: » Pero preexistieron pintores que usaban la ténica de la pintura a la encáustica». (Sed aliquanto vetustiores encausticae picturae exstitere).

Suponemos que estos artistas anteriores fuesen egipcios.

Lo que se ignora realmente es cuándo la encaústica fue perfeccionada.

Parece ser que esto sucede en el siglo V a. de C. cuando Polignoto de Tasos pintó memorables murales en el templo de los Dióscuros de Atenas y las decoraciones murales de los Pórticos de los Cnidos, en Delfos. Junto a éste se encuentran los célebres Pausias y Arístides, quienes emplearon con mayor profusión la encáustica en Grecia. El más famoso en su dominio fue Pausias.

A partir de aquí, la encáustica se propagó a Creta, Fenicia, Cartago y Roma, pero nunca con la intensidad de Grecia.

ROMA

A raíz de su introducción en Roma, donde existe el mejor exponente en las «encáusticas pompeyanas», y que se estudiarán aparte, esta técnica fue decayendo a lo largo de los años por el mejor empleo de otros procedimientos, como ocurrió por el método introducido por Tadio que,  dado el poco gasto y facilidad de su ejecución, se propagó rápidamente. Plinio (7) lo cita como su método: » También introdujo el arte de pintar las ciudades costeras decoradas con terrazas. de agradable efecto y pequeño costo». (Iden subdialibus maritimas urbes pingere instituit blandissimo aspectu minimoque inpendio).

El elogio que hace Plinio de Tadio es bastante moderado y común. No se cita indicio alguno de cera en Plinio cuando describe el método de Tadio, ni tampoco de gomas, sino de cola animal.

Sin embargo Requeno, cuando intenta restablecer el método tadiano, sí incorpora cera a la mezcla de cola y colores.

Por otra parte no se hallan en Vitruvio, ni Plinio, ni Harduino, ni Guevara, ni en algún otro, el empleo de cera en ese método, a pesar de lo que diga Requeno.

Por lo tanto, pensamos que fue a partir de ese momento cuando el método de la encáustica decayó y dejó de usarse a su restablecimiento por parte de Requeno, entre otros, como se verá más adelante.

 

LA ENCÁUSTICA EN LOS TEXTOS CLÁSICOS

Sobre las pinturas antiguas y los pintores que las ejecutaron, no nos queda otra cosa que el tomo XXXV de la «Historia Natural» de Plinio (9).

En éste se aprecian algunas lagunas relativas a la explicación de la técnica del arte, sin la cual no se puede llevar a su desarrollo.

¿Creía Plinio que nadie de su tiempo podría no ignorar los procedimientos? ¿Pensaba que los numerosos tratados especializados que él había consultado sobrevivirían largamente a su tiempo?

Los libros eran, para la mayoría, escritos por los pintores y de los más célebres, de los que citamos como ejemplo a Apeles, Eufranor y algunos más.Desgraciadamente de estos artistas no queda más que la gloria de su nombre y de sus libros; sólo algunas palabras citadas por azar, o alguna que otra frase.

Por los textos se aprecia que en la antigüedad se conocía la existencia de la cera en las creaciones artísticas.

En las odas falsamente atribuidas a Anacreonte (10) hay una dedicada a una pintora, donde se dice: Pinta a mi amiga, pinta estos cabellos flexibles y negros, y si la cera no puede, píntalos exhalando mirra»El texto origninal griego dice:

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En la Antología Griega (11) hay varios epigramas donde la cera es mencionada a propósito de la pintura. en un fragmento sobe un cuadro que se encuentra en Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, procedente de Pompeya, y que representa a Medea que se prepara para matar a sus hijos, se lee: Ve, huye en la cera, asesina de niños, pues el trazo hace presentir ya hacia dónde tiende el furor sin mesura. El texto original griego dice: A35 Scan

Séneca (12) parece identificar la pintura con la encáustica en esta frase: El artesano es maestro con sus herramientas; el piloto sabe manejar el timón del navío; el pintor ha colocado delante de sí numerosos y variados colores para conseguir un parecido. Los reconoce con prontitud y entre la cera y su obra puede actuar a su gusto con la mirada y la mano». (Artifex instrumenta sua tractat ex facili: rector navis scit gubernaculum flectere, pictor colores quos ad reddendam similitudinem multos variosque ante se posuit, celerrime denotat et inter ceram opusque facili vultu ac manu commeat).

Estacio (13) Dice: «Las ceras de Apeles estarían dichosas de reproducir sus rasgos. (Apellae cuperent te scribere cerae).

Así lo siente Scheffer y lo aseguran los poetas y los autores antiguos, en quienes es muy común el estilo y la frase de nombrar las ceras para explicar las pinturas: » recorre con tu mirada las máscaras de cera colocadas en los amplios atrios». Perlege dispositas generosa per atria ceras) (14). Embruja a los ausentes y modela figuras de cera». (devovet absentes simulacraque cera fugit) (15). ¿Tantas estatuas de mármol y de bronce que reproducen los rasgos y esplendor del color?  (¿Tot saxa imitamtia vultu tot scripto viventes lumine ceras fixisti? (16) (Apellae cuperent te scribere cerae) (17).

Como puede verse en los pasajes siguientes, era una preocupación muy particular por la cera y sus excelencias, la que tenían los antiguos.

San Basilio (18) dice: «La madera y el arte de pintar llevan a buen término a una imagen perecedera, imitación de un ser perecedero». La versión original dice:A37 1 Scan

Constantino bibliotecario (19) comenta: «Nosotros no asociamos la divinidad simple e inicial a formas y a imágenes, y no son las ceras ni las tablas las que nos han enseñado a honrar su substancia absoluta y eterna». El texto original dice:A37 2 Scan

Severo de Alejandría (20) hace unas reflexiones sobre un pintor enamorado de una joven que él había pintado: «nada es más poderoso que la belleza, puesto que pùede seducir incluso por los colores y que ella hace sucumbir las almas por los medios materiales. Ella fluye con la cera coloreada y fuerza al pintor a gustar de su obra, prestando, por así decir, una voz a la cera y uniendo la palabra a la pintura». El texto dice así:A37 3 Scan

Boecio (21) menciona entre las tareas de la pintura: » Las tablas confiadas a las manos de los obreros, las ceras recogidas por la observación de los agricultores, las materias colorantes adquiridas por la habilidad de los mercaderes, las telas elaboradas por laboriosos talleres de tejidos». (At picturae manibus tabulae commissae fabrorum, cerae rustica observatione decerptae, colorum fuci mercatorum sollertia perquisiti, lintea operosis elaborata textrinis multiplicem materiam praestant).

San Nazario (22), en el Panegírico Constantino, escribe: «Estos tratados no pueden desaparecer, ellos son fijados por los pintores del universo y no toman prestado su brillo por la recomendación de la cera o del estallido de los colores; el sentimiento de las almas las vuelve inmortales». (Abolerit hic vultus non potest; universorum pictoribus infixus est, nec commendatione cerae aut pigmentorum fucis retinet; sed desiderio efflorescit animorum).

Ovidio (23) describe un barco, y se expresa así: «La popa a la mar de los dioses celestes pinta colores quemados». (…et picta coloribus ustis Caelestum matrem concava puppis habet).

Marcial (24), en un epigrama sobre un cuadro representando a Faetón herido por el rayo, dice: «Faetón está para tí pintado al fuego, en este cuadro; quieres tú que Faetón que sea quemado por segunda vez». (Encaustus Phaeton tabula tibi pictus in hac est; Quid tibi vis, dipyron qui Phaetonta facis?).

Plutarco (25) dice: «La vista de una mujer bella deja en el corazón indiferente una imagen pálida y rápidamente se borra como un temple; en el corazón de un amante una impresión fijada al fuego, como una pintura a la Encáustica».

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Paulino (26) al escribir una carta a Sulpicio Severo, dice: «Gracias a Dios que, por una pintura más duradera y vibrante, había pintado nuestra imagen no sólo sobre tablas de madera que se pudrieran, ni con ceras líquidas, sino en las tablas de su corazón». (Gratias autem Domino quod perenni magis et vivente pictura imagines nostras non in tabulis putribilibus neque ceris liquentibus sed in tabulis cordis tui pinxit).

Anastasio el Sinaíta (27) da una definición de un cuadro: «Esto no es otra cosa que madera, colores mezclados con cera y quemados». A39 Scan

Pensamos que muestra suficiente la serie de textos descritos, en los que se aprecia el hecho incuestionable del uso de la encáustica entre los antiguos, así como el canto a las excelencias de la cera por parte de alguno de ellos.

 

PINTORES PIONEROS

La única constancia que nos queda de la pintura encáustica y los artistas que ejecutaron su obra en dicho técnica, son los escritos de sus contemporáneos, entre los que se encuentran, Plinio, Dioscórides, Vitruvio etc.

De entre ellos destaca Plinio (28) con sus 37 libros de investigaciones acerca del universo, llamados «Historia Natural» (Naturales Historiae). Es una compilación erudita, sin método, sin crítica, sin aportaciones científicas originales, pero muy precisa por la cantidad de datos transmitidos.

Dedica a los minerales y a sus usos, a las Bellas Artes y a las piedras preciosas, los libros XXXIII a XXXVII.

Plinio Incurre en inexactitudes y atribuye al invento de la encáustica al pintor Arístides de Tebas,  que vivió por los años 340 a. de C. Sin embargo, como él mismo observa,  se conocían pinturas de este tipo ejecutadas por artistas anteriores.

En su obra citada dice: «No sé con exactitud quien fue el primero que pintó con ceras y descubrió el procedimiento de la encáustica. Unos piensan que Arístides fue el inventor, y Praxíteles quien lo perfeccionó; pero quedan pinturas a la encáustica bastante más antiguas, como las de Polignoto, Nicanor, Mnesilas, los tres de Paros. También Elasipo de Egina puso en una de sus pinturas»ενεκαεν» (grabó al fuego), cosa que en verdad no hubiera hecho si no hubiera conocido la encáustica». (Ceris pingere ac picturam inurere que primus excogitaverit non constat. Quidam Aristidem inventum putant, postea consummatum a Praxitele; sed alinquanto vetustiores encausticae picturae exstitere ut Polignoti et Nicanoris et Mnesalai Pariorum. Elasippus quoque Aeginae picturae suae incripsit: ενεκαεν quod profecto non fecisset, nisi encaustica inventa) (29).

Plinio continúa con el relato y dice: «Así mismo, Pánfilo, el preceptor de Apeles, no sólo pintó a la encáustica, según dice, sino que incluso enseñó la técnica a Pausias de Sición, el primero célebre en este género. Este era hijo de Brietes, y al principio fue también su discípulo. El fue quien pintó a pincel cuando se restauraron unas paredes en Tespias, que habían sido pintadas anteriormente por Polígnoto». (Pamphilus quoque. Apellis praeceptor, no pinxisse solum escausta, sed atiam docuisse traditur Pausaniam Sicyonium, primum in hoc genere nobilem. Bryetis filius hic fuit eiusdemque primo discipulus. Pinxit et ille pennicillo parietes, Thespiis cun reciferentur quondam a Polignotos picti) (30).

Y dice también: «Y con ellos se hicieron famosos e inmortales: Eufranor de Istmia, Cidias, Nicias, Atenión de Maronea, Glaución de Corinto, Heraclides de Macedonia, Metrodoro, Timómaco de Bizancio, Aristolao, Nicófanes, Sócrates y otros artistas menores, cuyos nombres la historia ha inmortalizado». (Post eum eminuit longe ante omnes Euphranor Isthmius, Cydias, Nicias, Athenion Maronites, Glauconis Corinthii, Heraclidi Macedoni, Metrodurus, Timomachus Byzantius, Aristolaus, Nicophanes, Socrates, hactenus indicatis proceribus in utroque genere non silebuntur) (31).

Como se aprecia, fue Pausias el más célebre en este genero de pintura, aunque se le consideró inferior a Polígnoto por comparación, pero porque se había establecido en un género que no era el suyo. Fue el primero que se dedicó a pintar los casetones de los techos, pues antes de él no se acostumbraba a decorar así las bóvedas. Pintaba cuadros pequeños, sobre todo de niños. Sus rivales decían que esto lo hacía porque era lenta aquella técnica pictórica. Entonces él, para demostrar su rapidez, terminó en un solo día un cuadro llamado «hemeresios» (pintado en un día), que representa a un niño.

Pero Pausias pinto también cuadros de gran tamaño, como el «Sacrificio de los Bueyes», que se pudo contemplar en el pórtico de Pompeyo.

Después de éste, quien sobresale por encima de todos los demás es Eufranor de Istmia, que vivió por la olimpiada 104.

A la misma época perteneció Cidias, del cual compró Hortensio el Orador un cuadro de «Los Argonautas» por 144.000 sestercios.

Nicias pintaba mujeres con enorme precisión. Observaba sobre todo la luz y las sombras, y se ocupaba muy especialmente de resaltar sobre el fondo de sus cuadros los temas que representaba.

Es comparable a Nicias y, a veces, preferido a Atenión de Maronea, discípulo de Glaución de Corinto, más sobrio en el colorido y más alegre también, dentro de su austeridad, de modo que hasta en su pintura resplandece su ciencia (32).

De este modo podíamos seguir citando las características más sobresalientes de estos pintores.

Los artistas más destacados gozaban del aplauso y admiración del pueblo, llegando algunos a conseguir ciudadanías honoríficas. Tal es el caso del insigne Polígnoto de Tasos que pintó  memorables murales en el templo de los Dióscuros de Atenas, y las decoraciones murales de los pórticos de los Cnidos, en Delfos.

Es precisamente éste, junto con los celebrados pintores Pausias y Arístides, los que utilizaron en sus murales la encáustica en su más alta perfección y dominio, consiguiendo un amplio desarrollo artístico.

La pintura de Polígnoto, por testimonios e sus contemporáneos, era realmente extraordinaria, y no de perspectiva monofocal, sino que, al realizarse como friso, estaba concebida para ser contemplada desde varios puntos de vista.

No obstante, como se ha dicho anteriormente, fue Pausias el verdadero maestro e la encáustica, consiguiendo un pleno dominio sobre esta técnica, que es particular mente lenta y difícil, alcanzando una excelente vivacidad cromática.

Plinio (34) cita también a las mujeres que pintaron a la encáustica: «Timarete, hija de Micón, pintó una Diana que estaba en Éfeso, de estilo muy arcaico; Irene, hija y discípula del pintor Cratino, una niña que está en Eleusis; Calipso, un viejo, y al prestidigitaor  Teodoro; y Alcístenes, el juglar; Aristarete, hija y discípula de Neaco, un Esculapio; Iea de Cícico, que permaneció doncella siempre, un M. Varrón, de joven; también pinto con el pincel y ayudada con punzón, unos retratos de mujeres en marfil, entre los que destaca una vieja en un cuadro de gran tamaño que está en Nápoles, y un autorretrato pintado con un espejo. No hubo mano más rápida para la pintura, y la grandeza de su arte fue tal que por sus precios se pone por delante de los más celebrados artistas de su tiempo, Sópolis y Dionisio, cuyos cuadros llenan las pinacotecas.  

También pintó una tal Olimpia, de la que sólo se recuerda que tuvo como discípulo a Autóbulo» (Timarete, Miconis filia, dianam, quae im tabula Ephesi est antiquissmae picturae; Irene, Cratini pictoris filia et discipula, puellam, quae est Eleusine, Calypso, senem et praestigiatorem Theodorum, Alcisthenem saltatorem,; Aristarete, Nearchi filia et discipula, Aesculapium, Iaia Cycicena perpetua virgo, M. Varronis iuventa Romae et penicillo pinxit et cestro en ebore imagines mulierum maxime et Neapoli anum in grandi tabula suam quoque imaginem ad speculum, nec ullius velocius in picturam manu fuit, artis vero tantum, ut multum maniprestiis antecedere celenerrimos eadem aetate imaginum pictores Sopolym et Dionysium, quoerum tabulae pinacothecas inplent. Pinxit et quaedam Olimpias, de qua  hoc solum memoratur, discupulus eius fuisse Autobulum).

La encaústica continúa triunfando en Roma bajo el reinado de Augusto.

Plinio (35) dice: » No hay que menospreciar a S. Tadio, de la época de Augusto, por ser el primero que introdujo atractiva técnica de la pintura en paredes, pintar villas, pórticos y jardines…». (Non fraudando et S. Tadio divi Augusti aetate, qui primus instituit amoenissimam parietum picturam, villas et porticus ac topicaria opera…).

Notas.-

  1. H. RACKHAM, M. A., Pliny Natural History, Harvard University Press, The Loeb Classical Library. London, 1961, lib. XXXV, V.
  2. H. CROS, Y CH. HENRY, L’ encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, Parín, 1884, p. 57.
  3. E. DRIOTON, Y J. VANDIER, Historia de Egipto, ed. Universitaria, Buenos Aires, 1964, cap. VIII, p, 81.
  4. PRISSE D’AVENUES, Histoire de l’ Art égiptien, 1979, p. 291.
  5. H. RACKHAM, M. A., Pliny Natural History, op. cit. XXXV, XXXIX.
  6. Ibidem, XXXV, XXXIX.
  7. Ibidem, XXXV, XXXVII, 17.
  8. V. REQUENO, Saggi sul ristabilimento dell’ antica arte del Greci e Romani Pittori, Venezia, 1784, t. I, pp. 329 ss.
  9. J. BAYET, Literatura latina, Plinio el viejo, ed. Ariel, Barcelona, 1972, pp 386 ss.
  10. M. L. WEST, Carmina Anacreontica, ed. Teubner, Leipzig, 1984, 16 )15, B) v. 5-10; y ed. Baxter, Leipzig, 1793, Od. 28, p.104.
  11. ANTOLOGIE GRECQUE, ed. Belles Lettres, 1961, liv. IV, IX, 9.
  12. FRECHAT ET H. HOBLOT, Seneque, Lettres à Luciclius, ed. Belles Lettres, Perís, 1971, V. èpit. 121, frag. 5.
  13. H. FRÈRE, ET H.S. NOBLOT, Stace. Belles Lettres, París, 1961, liv III,1, 95-96.
  14. H. LE BONNIEC, P. Ovidius Naso, Fastorum Liber Primus, coll. de Textes Latines Commentés, París, 1965, v. 191.
  15. F. MOYA DEL BAÑO, Ovidio, Heroidas, C. S. I. C., Madrid, MCMLXXXVI.               Hypsipypile Iasoni, v. 91.
  16. H. FRÈRE, ET H. S. IZAAC, Stace, Silves, Hercules Sorretinus Pollii felicis, París, 1961, t. I, liv, III, v. 94-96.
  17. H. FRÈRE, ET H. S. IZAAC, Stace Silves, edit Belles Lettres, París, 1961.
  18. H. CROS, Y CH. HENRY, L’ Éncaustique, Libraire de L’Art, París, 1884, p. 5, cita a S. Basilio en su Homilía contra los Sabelianos (p. 805).
  19. DUCANGE, Constantino Dibliotecario, Glosarium meiae et infimae graecitatis. Homilía para los mártires. Lyón, 1688, col 648
  20. DUCANGE, Severo de Alejandría, Homilía para los mártires, Glossarium… Lyon, 1688, col 648.
  21. H. CROS, Y CH. HENRY, op. cit. p. 6 (Boecio: Prefacio a la Aritmética).
  22. V. J. HERRERO LLORENTE, San Nazario. Panegírico a Constantino I, cap. XX, frag. 4, ed. Aquilar, Madrid, 1969.
  23. R. CORNALI, p. Ovidio Nasone, I Fasti, Collezione di Classici Greci e Latini, Torino, 1949, lib. IV, v. 275-276.
  24. W. M. LINDSAY, M. VAL. MARTIALIS, Epigrammata, Oxonii, 1969, lib. IV, XLVII, v. 1-2.
  25. PLUTARCO, Amatorio, ed. Belles Lettres, 1961, t. IX, V.
  26. H. CROS, Y CH. HENRY, op. cit. p. 9, Paulino, carta XXX dirigida a Sulpicio Severo.
  27. DUCANGE, op. cit. Anastasio el Sinaíta, Sermón sobre el sábado, Sínodo VII, acta IV, col. 649.
  28. J. BAJET, op. cit. cap. VIII, p. 286.
  29. H. RACKHAM, M. A., op. cit. XXXV,XXXIX, 121.
  30. Idem, XXXV, XL, 123.
  31. Idem, XXXV, 128-138.
  32. A. CIRICI PELLICER, La Pintura y la Escultura en la Edad Antigua. Pintura del siglo IV sw Zeuxys a Apeles, ed. Amaltea, Baecelona, 1949, p. 116.
  33. Idem, p. 162.
  34. H. RACKHAM, M. A., op. cit., XXXV, XL, 147-148.
  35. H. RACKHAM, M. A., Plinio, Naturales Historiae, edición crítica nos muestra la versión más acertada sobre el nombre correcto del pintor Tadio, quien en las copias latinas medievales, en general, figura con el nombre de Ludio Romano. Aquí se ha elegido la lectio difficilior que se cita en este autor, XXXV, XXXVII,16  La misma observación y crítica cabe plantearse con el nombre de «Iea» de Cícico. Los textos medievales nos ofrecen una forma corrupta «Lala» que ha sido reconstruida por este mismo autor en M. H. XL, 147-148. El texto utilizado es de la Editorial Loeb, Laipzig, 1892.

 

 

 

LOS MÉTODOS EN LA PINTURA ENCÁUSTICA

 

De los escasos testimonios legados por la antigüedad Clásica, ninguno nos llegó de un verdadero artista, circunstancia que no facilita el completo entendimiento de lo que nos transmiten. teniendo, por consiguiente, la ineludible necesidad de interpretar estos textos, con el riesgo de dar una interpretación no ajustada a los hechos que ocurrieron.                                                                                    Los textos más reveladores sobre los procedimientos usados por los antiguos se encuentran en la «Historia Natural» de Plinio, quien se limitó, tras la consulta de más de dos mil volúmenes pertenecientes a otros escritores, a hacer una compilación de todas ellas. En el campo de las artes, Plinio toma como autores más importantes a:

  1. Extranjeros: Jenócrates de Sición, Duris de Samos y Antígono de Caristo.
  2. Latinos: Licinio Muciano, Pasiteles de Nápoles y Varrón.

De Jenócrates de Sición toma todo lo relativo a estatuaria y pintura, reflejado en los libros XXXIV y XXXV; y permite reconstruir parcialmente las obras y todas de pintores y escultores. De Duris de Samos y Antígono de Caristo, toma anécdotas biográficas y leyenda atribuidas a diversos artistas y a sus obras; de Licinio Muciano, datos sobre obras de arte y artistas de Asia Menor; de Pasiteles de Nápoles, la estructuración del contenido, orden alfabético y calidad en la obra de la estatuaria y pintura. En cuanto a Varrón, su obra fue conocida y utilizada por Plinio con mucha profusión.              Se sabe que algunos de los autores citados en los índices la de Historia Natural, solo tenían referencia a partir de las obras de Varrón. Además de éstos, también toma notas de Valerio Antias, Cornelio Nepote y Anio Fetial.                                                                                                                                                 Son conocidas las anécdotas que Plinio reproduce con entusiasmo sobre los cuadros que representan naturalezas muertas tan reales que engañaban a los animales e incluso a algún pintor, como Parrasio. El texto más revelador se encuentra en el t. IX, XXXV, 41, siendo fundamental para todos los estudios sobre la encáustica. Su contenido es como sigue:

«Encausto pingendi duo fuere antiquitus genera: cera et in ebore cestro, id est   vericulo, donec classes pingi coepere; hoc tertium accesit resolutis igni ceris penicillo utendi, quae pictura navibus nec sole nec sale ventisve corrumpitur» (1).

Hay varias traducciones de las que destacamos sus respectivos aspectos positivos y negativos:

Traducción de María Esperanza Torrego (2): « Hubo dos maneras de pintar a la encáustica en la antigüedad; se pintaba con cera sobre marfil con ayuda de un cestro, es decir, de un punzoncito, hasta que se empezaron a decorar las flotas de guerra; entonces se añadió un tercer procedimiento, que consistía en utilizar el pincel después de haber disuelto la cera en el fuego. Este tipo de pintura sobre las naves no se estropeaba ni con el sol, no con el viento ni con la sal».

Traducción de Cros y Henry (3): «Antiguamente eran los métodos de pintar a la encáustica. Uno con cera, y el otro sobre marfil, valiéndose de un cestro, es decir, un verículo. Se añadió posteriormente un tercer método, en el cual se disolvían las cera con fuego y se aplicaban con el pincel, pintura que en los barcos no se alteraba por la acción del sol, ni por el agua salada, ni por la de los vientos».

Traducción de Jerónimo de la Huerta (4): «Es cosa cierta aver havido antiguamente dos diferencias de pintura, encáustica, con cera, y en marfil con cestro, este es buril caliente con fuego, hasta que començáron a pintarse las naos. Iuntose este tercer modo de pintar, derretiendo las ceras al fuego. usar del pincel, la cual pintura en las naos, no se borra, ni se deslustra con el sol, ni con la sal ni vientos».

Traducción e interpretación comentada por Oliver Rubio (5): «Antiguamente hubo dos modos diferentes de pintar con la técnica de la encáustica: con cera y en marfil. entendemos que los dos métodos usan un aglutinante más o menos común, a base de cera, pero con distinta aplicación. El primero, que no se menciona, es sobre un soporte de tabla, y se pinta con pintura desde muy pastosa a fluida. El segundo método, se realiza sobre un soporte de marfíl; en ambos se distribuye la pintura con el pincel, cestrum y rabidium, se fijaba con el cauterium o aproximando el rabidium caliente sobre el color. Estos dos métodos se utilizaban hasta que comenzó a aplicarse un tercero, éste provenía del sistema de pintar los navíos y consistía en derretir la cera con calor y saponificarla. Esta pintura se aplicaba y distribuía con el pincel; se fijaba igualmente con el cauterium o calor de llama o de ascuas. Esta técnica es tan consistente que en las naves la pintura no se borra ni degrada con la acción del sol, la sal o los vientos.  Este texto se presenta bastante confuso, pues cada interpretación dice cosas distintas según sea lo que se pretende buscar. Lo más confuso es la parte referente al tercer método, y lo antecedente sobre el primero y el segundo, aunque no se indica el proceso de la elaboración del aglutinante (seguramente por ignorarlo), se puede entrever éste con ayuda de otros textos y comentarios referentes al tema. Hace Plinio una larga lista de pintores que han utilizado la encáustica, nos refiere las obras realizadas y que él conoce por lectura o porque las ha visto. La única distinción que hace de técnicas es la «pintura al pincel» o al «cestrum». A continuación veremos un fragmento donde se menciona a una pintora que ejecuta los tres métodos de pintura, dice: «Lala» Zizena que fue doncella toda su vida siendo mozo Marco Varrón, pintó también en Roma con pincel (3er método) y con el cestro en marfil (2do método) principalmente figuras de mujeres y en una tabla grande (1er método) pintó a un napolitano y retrató su misma imagen mirándola a un espejo, no hubo mano más ligera con la pintura que la suya».

Vemos como Plinio establece dos formas bien diferenciadas. Por un lado, dos de ellos estaban reservados a los artistas con espátula, bien sobre una superficie de madera, que podría estar encerada previamente o no, o también sobre marfil. Por otro,  la encáustica de los barcos realizada con el pincel. Imaginamos que en las dos primera formas se empleaban las ceras en caliente con el cestrum, aunque no se puede eliminar la posibilidad del uso del pincel en este primer método, al menos para mezclar los tonos y matices en la pasta caliente, y trasladarlos posteriormente a la tabla, sirviéndose después del cestrum para ir fundiendo las tintas que el pincel no había podido realizar.    En el segundo método el trazo inciso en el marfil delineaba la forma y se incrustaba después con colores a la cera, el claroscuro se rasgaba finamente, como después se ve en una cajita del British Museum (7). Y en el tercer método, con el pincel, pensamos que aquí entrarían a formar parte los aceites volátiles y los álcalis. Sobre cada uno de estos métodos vamos a hacer un análisis detallado tras la consulta de los textos, desglosándolo de la forma descrita a continuación.

 

ENCÁUSTICA EN CALIENTE

Los exámenes que hemos realizado sobre las pinturas e instrumentos, cercándonos a los textos, permiten formular la restitución de la encáustica en caliente o primer método de los relatados por Plinio, y que algunos autores dan como único verdadero: «La verdadera encáustica, esto es, la aplicada en caliente» (8). Consistía, según parece, en formar con la cera blanda y resina una pasta que era mezclada en caliente con los pigmentos. Éstos se conservaban en forma de bastones o panecillos en sus cubiletes metálicos dentro de una caja.

ENCÁUSTICA SOBRE TABLA

Para usar estos panecillos se fundían al fuego sobre una paleta metálica, con un mango que permitiera retirarlo sin quemarse. Los tonos son aplicados sobre la tabla por medio del pincel, pero, como la cera se solidificaba rápidamente, el trabajo hasta aquí es duro y sin unión. Es entonces cuando tenía lugar la «καυςις», con los hierros calientes, enrojecidos a veces, unían los tonos entre sí, e introducían los tonos intermedios o matices, y se terminaba con el modelado de la figura.                  Cada artista, según sus condiciones, se preparaba sus instrumentos, como hacen los escultores de nuestros días, siguiendo su mano y su fantasía personal, como también ocurre con los pintores, pues unos prefieren los pinceles planos o redondos, mientras que otros aplican los colores mediante la espátula.«Esta técnica, que aporta a la pintura claridad, estabilidad y brillantez, puede utilizar todos los colores, incluso aquellos que son tenidos por frágiles, como os vegetales, ya que la cera parece protegerlos» (9).

También se presta a todas las magias del color y a todas las delicadezas del modelado, como se aprecia en las obras estudiadas, y que sobre tablas realizaban los egipcios para colocarlos sobre las momias. De ellas se han encontrado gran cantidad en el Fayún, y que se verán en el apartado «Descubrimientos Arqueológicos». En ellas se aprecia a qué perfección se podía llegar con este procedimiento de la mano de un gran artista.                                                                                      También notamos que los pintores que practicaban este género de encáustica, empleaban para firmar los cuadros la fórmula: «Un tal ha quemado», en lugar de «Un tal ha pintado».                                Nada nos muestra  mejor que esta sustitución, la importancia que ellos daban a la «καυςις».                  Los hierros que servían a esta técnica y para su última etapa, llevaban el nombre genérico de «καυτερες». Tenían diferentes formas y su duración varía según el tiempo y la práctica personal de cada artista. Su origen y formas. Anteriormente hemos dicho que la cera se fundía y se transportaba con el pincel, cosa que contradice en cierto modo a la afirmaciones de Plinio en lo referente a que sólo se empleaba el pincel en el tercer método.  Plinio, en otro pasaje, por ejemplo, cuando enumera pintores célebres, distingue dos grupos:los que pintan a pincel, y los que lo hacen con espátula: «Se dice también que Pánfilo, maestro de Apeles, no sólo había pintado a la encáustica, sino que, además, había enseñado a Pausias el Sicionio, el primero que se hizo famoso en este género. Éste fue hijo de Brietes y, en un principio, discípulo del mismo. Éste también con pincel pintó los muros de Tespias a propósito de una restauración de las obras realizadas antes por Polignoto». (Pamphilus quoque, Apellis praeceptor, non pinxisse solum encausta, sed etiam docuisse traditur Pausiam Sicyonium, primum in hoc genere nobilem, Bryetis filius hic eiusdemque primo discipulus, pinxit et ipse benicillo parietes Thespiis cum reficerentur quondam a Polignoto picti…) (10).   La exclusión del pincel en este primer método, creemos que no se debe considerar como absoluto. Todo parece indicar que el pincel debió ser empleado tanto en la encáustica del primer método como en os otros posteriores, al menos como instrumento preparatorio o complementario, aunque reconocemos que también lo podían hacer sólo con el «Cestrum».                                                                  En cuanto al empleo de resinas mezcladas con cera, para apoyarle la consistencia necesaria, tenemos un párrafo de la «Antología Griega» (11) en el que se aprecia su empleo, perfumadas en particular con incienso, y dice: «¿Quién ha gratificado con incienso perfumado a este amor armado de flechas que no respetó ni al mismo Júpiter?He aquí, pues, situado por blanco de Vulcano, lo que no se debe ver, sino consumido por el fuego». Texto original griego:      A55 Scan

Respecto a la necesidad de la unión de la cera con la resina, Paillot de Montabert (12) señala con exactitud al comentar los versos de Virgilio diciendo: «La pared primero, se hacen unir con cera varios tubos de caña. No debía ser cera sola, dice Paillot, sino también resinas; de otro modo, la emsambladira o unión no podía solidificar». 

 

ENCÁUSTICA SOBRE MARFIL

Este segundo género se practicaba sobre marfil, con cestro, que es un hieroo puntiagudo, especie de buril: » in ebore cestro, id est, vericulo» (13).

Parece ser que este género sería usado para pequeñas obras en miniatura y muy delicadas, como lo prueba el hecho referido por Plinio sobre los pintores que trabajaban en marfil, cuando cita a Iea de Cícico y a otras que fueron excelentes en pintura en miniatura.

Lo que no se sabe con exactitud es de qué forma se practicaba la adustión para poder contarla entre los del encuasto. sobre este aspecto ignoramos el modo y tiempo de aplicar el fuego.

Harduino (14) dice: «El otro modo de pintar a la encuáustica fue el siguiente, sin que haya entre todos los escritores uno que contradiga. Con el estilo o buril hecho ascua señalaban las líneas en el marfil y en los cuernos, y con ellos representaban las figuras que querían. Y así dibujaban primero en el marfil lo que habían de pintar; después para dejar las luces y las sombras donde convenía, se valían para los claros de la blancura del marfil, pero el tono y la sombra, no se daba con la cera, sino con un color común y único». (Et in ebore altera haec ratio encausti sic se habuit nullo scriptorum omnium refragante. Stilo ferreo igne candefacto inurebant ebori, cornibusque lineas, quibus quas vellent imagines exprimebant. Itaque quod pingendum erat, graphice primum in ebore adumbrabant: deinde servata ratione luminum, et umbrarum, eboris candore ad lumina utebantur; Tonum vero, et umbram non iam amplius cera, ut in priore genere, sed vulgari calore, ac simplici).

Refiriéndose al pasaje de Plinio en el que habla del tipo de marfil y la forma de incidir en él, algunos autores lo han interpretado de una forma o de otra. Así, Requeno (15) lo ha hecho de la siguiente manera: «Primeramente de preparaban las hojas o láminas de marfil antiguo, que bermejease por la vejez en lo extremo, según la expresión de los poetas y de las Sagrada Escritura, que dice: rubicundiores ebore antiquo, o sea, más claro que el marfil antiguo), se tenía la superficie de éstas con un color encarnado, amarillo u otro color a criterio del autor. Luego con el punzón o estilo de modo que pudiese hacer rayas o surcos en el marfil; delicadamente punteado se dibujaban los contornos de las figuras y después de bien acabadas, se raía con la espátula del mismo buril la superficie para descubrir los claros; hasta aquí el estilo se debía de manejar frío, para después calentarlo y hacer con él las sombras en negro teñidas por el fuego».

La versión original dice así: «Preparavansi lamette d’antico aborio,il cuale per la veccgiajaroffeggiaffe al di fuori, secondo le spressioni de poeti, e della Santa Scrittura, che dice, -rubicundiores ebore antiquo- o pure delle lámina di duro, e liscio legno con artificio tintingevasi la superficie col rosso, col giallo, o con altro colore a gusto dell’ artifice. Poi collo stiletto fatto in maniera, che potesse rigare, e scavare l’avorio tesso delicatamente, punteggiando, delinavanfi i contorni delle figure; i cuali ben terminati, raschiabasi colla spatolina del madesimo steletto la superficie per iscorprire i chiari: fin cui lo stiletto doveva adoperarsi freddo; onde, scaldandolo dopo, potessero farsi l’ombre; giacche lo stiletto ben infocato abbruciando l’avorio,o il legno, tinge necessariamente d’un nero corrispondente alla materia le abbruftolite parti».

En esta forma de interpretar a Plinio, estamos de acuerdo con los reparos que le pone Pedro García de la Huerta (16), quien sobre ello comenta: «¿Para qué fin buscar tablitas de marfil que bermejee o amarillee por la vejez? No es el rojo del marfil antiguo un color propio para formar con él los claros, especialmente de las primeras luces; y aún el amarillo, si no es muy claro, apenas es bueno, sino para los claros de las figuras…El color blanco es el natural de aquel hueso y no el rojo…Si se tiñe la superficie de tales láminas de encarnado, ¿qué claros se pueden esperar de un hueso también rojo por la vejez? Y ¿cómo puede resaltar un oscuro junto a otro oscuro?».  Luego, más adelante, al referirse al tostado con el buril, dice: «Tampoco sé dónde conste que el estilo o el buril se hubiese de manejar caliente y tanto que se pueda quemar y tostar los surcos que hacía en el marfil, de suerte que hubiese de teñir necesariamente de un negro correspondiente las partes tostadas». Comenta más adelante: «Aunque de hecho la experiencia con el cestro ardiendo sobre el marfil, no he hallado ninguna mayor facilidad en rayarlo, ni dejaba señal alguna de tostado».

Haciendo alusión a los pintores que realizaron su obra sobre marfil, Plinio (17) comenta: «Iea de Cícico, que vivió siempre soltera, siendo aún mancebo Marco Varrón, pintó en Roma con el pincel, y en marfil con el cestro, por lo común imágenes de mujeres». (Iaia Cycizena, perpetuo virgo, Marci Varronis iuventa, Romae et penicillo pinxit, et cestro in ebore, imagines mulierum).

Por lo que se aprecia, también esta pintora realizó obras con el pincel sobre tabla u otro material, además de estas miniaturas sobre marfil.

Este método tiene mucha analogía con el grabado sobre metal y también con el método llamado «esgrafiado», consistente en cubrir una superficie con tierra oscura; después sobre ella se deposita una segunda capa de blanco, consiguiéndose al rascar, que aparezcan en oscuro los trazos realizados con el punzón, como si se tratara de un lápiz.

ENACÁUSTICA A PINCEL 

Para este proceso es necesario transformar la cera en una substancia maleable con el pincel, sin el peligro de su solidificación, como ocurría con el primer y segundo método. Para conseguir la maleabilidad de la cera, Plinio dice: «Resolutis igni ceris, penicillo utendi», o sea, resolver la cera, cambiarla de estado, que no es disolver con el fuego. Por tanto aquí entrarían otras substancias distintas al empleo del fuego.

Parece ser que se quemaban las pinturas, una vez terminadas o durante su ejecución. El fin de este encausto o adustión era unir los colores entre sí, y éstos con el soporte, dándole mayor luminosidad y durabilidad.

Se pintaba con el pincel a diferencia de los modos anteriores.La cera hacía el mismo cuerpo con los colores que hoy hacen los distintos aceites.

Se pintaba con ceras frías y después se aplicaba el encausto para su fijación, pero…¿ qué substancias intervenían para mantener la cera en todo momento líquida con el fin de ser mezclada con los pigmentos y empleada con el pincel?

Pensamos que, al menos, hay dos tipos de substancias que permiten «mantener» la cera líquida. Una es la utilización de sales o bases alcalinas (sosa o potasa), con lo que se consigue «despojar» la cera de las substancias grasas, es decir, hacerlas solubles en el agua. El otro tipo nos lleva a la utilización de «aceites volátiles» en los que la cera se disuelve y así facilita la mezcla con los pigmentos y colorantes, y permite su aplicación con pincel, utilizando como diluyente el mismo aceite volátil.

El empleo de este modo en la antigüedad nos lo relatan los textos siguientes:

Dioscórides (19): » Unos dicen que la zopissa es una resina con cera arrancada de las naves, llamada por algunos barniz, que es disolvente al mojarse en el agua del mar; otros la llaman resina de pino por lo mismo».

En su versión griega original dice:

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En texto latino dice: «Zopissam aliqui aiunt derasam navibus resinam cum cera, quam alii Apochyma appellant. Ea dissipandi naturam habet: quoniam marino sale macerata sit. Alii pineam resinam hoc nomine vocaverunt».

Plinio (20) dice: «Cuando la cera es atacada por las sales del mar, se denomina Zopissa». (Zopissam eradi navibus diximus cera marino sale nacerata).

Eusebio (21) nos relata:» En cuadro colgado ante el vestíbulo del palacio, quiso que se pintara a cualquier enemigo, con cera fundida al fuego y que se pusiera a la vista de todos». (In sublime quadam tabula ante vestinulum Palatii posita…hostem humani generis cera igni resoluta depingi, proponique omnibus voluit).

Esta cera fundida al fuego era transformada por medio de la adición de una substancia alcalina. Plinio habla de la resolución de la cera por medio de la sosa.

Quinto Sereno Samonico (22), en el siglo II a. de C., habla de la lejía de cenizas como disolvente de la cera: «Entonces una lejía de cenizas disuelve las ceras». (Tunc laxiva cinis ceras disoluit).

La acción de un álcali sobre la cera la transforma en una substancia jabonosa, soluble en agua y permanentemente estable todo el tiempo, manteniendo las características de la cera como materia pictórica.

En el siguiente fragmento de Plinio queda claro que se empleaba el pincel en este modo, así como la formación de espuma en este jabón de cera. En el relato que hace de la tabla «Jaliso» de Protógenes, dice: «En ella hay un perro ejecutado de un modo curioso, porque se lo debemos por partes iguales al pintor y al azar. El pintor consideraba que no acababa de representar la espuma del animal jadeante cuando todas las demás partes de cuadro le satisfacían, cosa harto difícil. Pero le disgustaba su propia perfección: no era capaz de atenuarla y al mismo tiempo le parecía excesiva y muy distante de lo real y la espuma se veía que estaba pintada, que no salía de la boca del perro. Con el espíritu atormentado y desasosegado porque en aquella pintura quería lo real, no lo verosímil, a menudo corregía, cambiaba de pincel sin lograr en modo alguno resultados satisfactorios. Por último, furibundo con su arte, porque era demasiado perceptible, tiró una esponja a la parte del cuadro que le disgustaba. Y aquella esponja puso los colores que el pintor había eliminado de la manera en que él había deseado con tanto empeño, logrando así, al azar en el cuadro, el efecto de  la naturaleza.». (Est in ea canis mirefactus, ut quem pariter ars et casus pinxerit. Non iudicabat se in eo exprimere spumam anhelantis, cum in reliqua omni, quod difficillimum erat, sibi ipse satifecisset. Displicebat autem ars ipsa: nec minui poterat et videbatur nimia ac longius a veritate discedere, spumaque pingi, non ex ore nasci. Anxio animi cruciatu, cum in pictura verum esse, non verisimile vellet, absterserat saepius mutaveratque penicillum, nullo modo sibi adprobans. Postremo iratus arti, quod intellegeretur, spongeam inpegit. Inviso loco tabulae, et illa reposuit oblatos colores qualiter cura optaverat, fecitque in pictura fortuna naturam).

Paul Girard (24) cita el mismo relato de Plinio para demostrar que este cuadro estaba pintado al temple.

Se pueden citar pasaje de Plinio para abunda sobre la existencia de la cera saponificada en la antigüedad.

De estos pasajes de Plinio puede deducirse que la encáustica estaba en todo momento lista para su empleo, que se pintaba con el pincel, siendo de fácil manejo y que su secado era rápido.

A propósito podemos citar el pasaje de Plinio que habla sobre la tabla pintada por Protógenes y Apeles. Dicho pasaje demuestra que se pintaba con el pincel sin preparación previa, es decir, sin usar el calor, pero no se puede afirmar que tal procedimiento fuese temple de cera saponificada o, por el contrario, cera disuelta en un aceite volátil, circunstancia que facilita su empleo inmediato, como así ocurrió. Por lo tanto, vamos a citarlo a propósito de cualquiera de los dos métodos en frío y usados con pincel.

Dice Plinio: (25) «Sabida cosa es la que sucedió entre los pintores: Protógenes y éste. El primero vivía en Rodas, y como Apeles navegase allí deseoso de conocer sus obras, porque sólo lo conocía por fama, fue a su taller y estudio. Protógenes estaba ausente, pero había una tabla muy grande preparada para pintar en ella, y junto a ella una vieja que la guardaba. Ésta díjole que el pintor estaba fuera, y preguntó quien diría que le había buscado cuando volviese. Dijo Apeles: por quién hizo esto. Y tomando un pincel tiró una línea de color con grandísima sutileza por la tabla. De vuelta Protógenes, explicole la vieja lo que había pasado. Dicen que el artista considerando la belleza de la línea intuyó que Apeles le había visitado, porque otro no podía hacer una obra tan perfecta. Y tomando otro color echó otra línea más delgada sobre aquella misma, y yéndose de casa mandó que si aquel hombre volviese se la enseñase y le dijese que aquel era a quien buscaba. Apeles tornó avergonzado de ser vencido, con otro tercer color hendió las líneas, no dejando lugar alguno a mayor sutileza. Vencido Protógenes y confesándose vencido caminó volando al puerto buscando al huésped. Y gustaron de que aquella tabla quedase a los venideros para admiración de todos y principalmente de los artífices.

Es cierto haberse consumido esta tabla con el primer incendio de la casa de César en el Palacio. Yo lo había visto antes (dice Plinio) con gran deseo y en tan espaciosa anchura no había otra cosa más que aquellas líneas que huyen de la vista. Y entre otras excelentes obras de muchos artífices parecía cosa vacía, y por tanto atraía hacia ella los ojos y era más notable que todas las demás obras». (Scitum inter Protogenem et eum quod accidit. Ille Rhodi vivebat, quo cum Apelles adnavegavisset, avidus cognoscendi opera eius fama tantum cogniti, continuo officicinam petiit. Aberat ipse, sed tabulam amplae magnitudinis in machina aptatam una custodiebat anus. Haec foris esset Protogenem respondit interrogavitque, a quo quaesitum diceret. «Ab hoc», inquit Apelles adreptoque penicillo lineam ex colore duxit summae tenuitatis per tabulam. Et reverso Protogeni quae gesta erant anus indicavit. Ferunt artificem protinus contemplatum subtilitate dixisse Apellem venisse, non cadere in alium tam absolutum opus; ipsum alio colore tenuiorem lineam in ipsa illa duxisse abeuntemque praecepisse, si redisset ille, ostenderet adiceretque hunc esse quem quaereret. Atque ita evenit. Revertit enim Apelles et vinci erubescens tertio colore lineas secuit nullum relinquens ampius subtilitati locum. At Protogenes victum se donfessus in portum devolavit hospitem quaerens, placuitque sic eam tabulam posteris tradi omnium quidem, sed artificum praecipuo miraculo. Consumptam esse priore incendio Caesaris dumus in Palatio audio, spectatam nobis ante, spatiose nihil aliud continentem  quam lineas visum effugientes, inter egregia multorum opera inani similem in eo ipso allicientem omnique opere nobiliorem).

 

CERA DISUELTA EN ACEITES VOLÁTILES

Por los textos clásicos conocemos cómo los pintores antiguos tenían varios medios para disolver la cera y emplearla en frío con pincel. Uno de estos medios disolventes eran los aceites y esencias volátiles.

Sobre ellos nos dice Prisse d’Avenues (26): » Los egipcios en los trabajos portátiles adicionaban cera a los colores que disolvían con aceites; también utilizaban cera y diversos barnices para proteger la pintura, e hicieron uso de diferentes resinas disueltas en óleos fijos y volátiles».

Sobre los aceites, Plinio dice: «Todas las resinas son disueltas por aceites». (Resina omnis dissolvitur oleo).

Plinio conocía la existencia de los aceites que se relatan a continuación: «No había entonces  aceite artificial, y por ello pienso que Catón no dijera nada al respecto. Se tienen varias clases, y en primer lugar hablaremos de las procedentes de árboles, y, ante todo, del olivo salvaje. Su aceite es fino y mucho más ácido que el de olivar y sólo se usa en la preparación de medicamentos. A este aceite se asemeja bastante el del olivo enano, ciado en roquedales, que no sobrepasa un palmo de tamaño, con hojas y bayas de olivo salvaje.

A continuación tenemos el aceite de cico, árbol abundante en Egipto, (se denomina también crotón, sibi y sésamo silvestre), en esta región y poco después también en España, alcanza rápidamente la altura de un olivo, con tallo de férula, hoja de viña, frutos con racimos esbeltos y pálidos. Nosotros lo llamamos ricino, por la semejanza de su grano. Éste se hace hervir en agua y se retira el aceite que rebosa encima flotando. Pero en Egipto donde abunda éste, se exprime el grano sin emplear fuego o agua salpicándolo con sal. Este aceite es mal condimento para los alimentos y da una luz pobre en las lucernas.

El aceite de almendras, que algunos llaman neopo, se elabora de almendras amargas secas, apiladas y reducidas a pasta que se rocía con agua apilándose de nuevo y prensadas. Se hace también aceite de laurel añadiendo aceite de olivas maduras, haciéndolo algunos con sólo sus bayas, otros con sólo sus hojas, y algunos con sus hojas y la piel de la bayas, y añadiéndole también styrax y otros aromas. El mejor laurel para éste es el silvestre, de hoja alargada y baya negra. el aceite de mirto negro se le asemeja, y el de hoja alargada es también el mejor. Se trituran las bayas después de haberlas rociado con agua caliente, y después se le hace hervir. Otros hacen hervir las hojas más tiernas en aceite y las exprimen, otros las echan en aceite y las cuecen primero al sol. Se sigue el mismo proceso para el mirto cultivado, pero se prefiere el mirto silvestre a la baya más delgada, que algunos llaman oxymirsine, otros chamaemyrsine, unos acoron por su semejanza; es en efecto bajo y frondoso.

Se hace también aceite de cedrá, de ciprés, de nueces (o con el nombre de caryinum),de «Manzanas», de «cedro»(o de nombre pisselaecon) de torvisco, en cuanto a los aceites de alheña y de nueces de moringa, hemos hablado e su preparación en los capítulos de perfumes. Se dice que los indios extraen aceite de las castañas del arroz, y los ictiófagos, de los pescados. La carestía de aceite para el alumbrado obliga a conseguirlo del glomérulo de plátano, macerado en agua salada. Se extrae aceite también de oenante (se ha hablado de él a propósito de los perfumes). Para el gleucino, se cuece mosto (en aceite) a fuego lento; otros, sin calentar, rodean (el vaso) de orujo de uvas colgadas durante 21 días, removiéndolo dos veces al día. Otros mezclan con el aceite no sólo la mejorana sino aún perfumes muy valiosos, de la misma manera como se perfuman los gimnastas, pero con uno de bajo precio. Se hace aceite con los astrágalos, con la caña olorosa, con el árbol del bálsamo, con lirio, con cardomomo, meliloto, espliego céltico, opopánax, mejorana, el gran helenio, raíz de cinamomo, todas estas plantas se maceran con su jugo en aceite y se exprimen. Así se hace también el rhodinum con rosas, e igualmente (aceite) con el beleño, los lupinos y narcisos. Esto se hace mucho en Egipto con semilla de rábano silvestre, o con una hierba forrajera llamada chortinon, e igualmente con sésamo y ortiga, cuyo aceite se llama cnecimun. Incluso aún se hace de lirio por medio de maceración al aire libre y exposición al sol, a la luna y a la intemperie. con Hierbas indígenas se compone entre Capadocia y Galacia un aceite llamado celgiticum, excelente para los tendones y nervios, tal como ocurre en Italia con los iguvinos. Con la pez se hace un aceite llamado pissinum, extendiendo bajo el vapor vellones que se exprimen después. La mas estimada es la pez del Abruzo, muy graso y resinoso;su aceite es fuerte, El llamado elaeomedi se produce espontáneamente en las costas de Siria. Es una substancia segregada por los árboles, grasa, más espesa que la miel, más fina que la resina, de sabor dulce y empleado en medicina. Este viejo aceite es empleado en la cura de enfermedades y se le cree apto para conservar el marfil de la caries; como ejemplo hay una estatua de Saturno en Roma, llena por dentro de aceite». (Non erat tum ficticium oleum. ideoque arbitror de eo nihil a Catone dictum. Nunc eius genera plura, primumque persequemur ea quae ex arboribus fiunt, et inter illas ante omnes ex oleastro. Tenue id multoque amarius quam olease et tantum ad medicamenta utile. Simillimum huic est ex chamelaea, frutice saxoso, non altiore palmo, folis oleastri bacisque.

Proximum fit ex cici, arbore in Aegypto copiosa (alii crotonem, alii sibi, alii sesamon silvestre eam appellant), ibique, non pridem et in Hispania, repente prouenit, altitudine olease, caule ferulaceo, folio uitium, semine uuarum, gracilium pallidarumque. Nostri eam ricinum uocant a similitudine seminis. Coquitur id in aqua, innatansque olleum tollitur. At in Aegypto, ubi abundat, sine igni et aqua sale adspersum exprimitur, cibis foedum, lucernis exile. 

Amygdalinum, quod alii neopum uocant, ex amaris nucibus arefactis et in offam contusis adspersam aqua iterumque tusis exprimitur. Fit et lauru admixto drupparum oleo, quidamque e bacis exprimunt tantum, aliis foliis modo, aliqui folio e cortice bacarum, nec non styracem addunt aliosque odores. Optima laurus ad id latifolia, silvestris, nigris bacis. Simile est e myrto nigra, et haec latifolia melior. Tunduntur bacae adspersae calida aqua, mox decoquuntur. Alii foliorum mollissima decoquunt in ole et exprimunt, alii deiecta ea in oleum prius sole maturant. Eadem ratio et in satiua myrto, sed praefertur siluestris minore semine, quam quidam oxymyrsinem uocant, aliqui acoron a simitudine; est enim brevis fruticosa.

Fit et e citro cupresso, nicibus iuglandibus quod carynum uocant, malis, cedro quod pisselaeon, e grano quoque Cnidio purgato semine e tunso, item lentisco. Nam cyprinum et e glande Aegyptia ut fieret odorum causa dictum est. Indi e castaneis ac sesima atque oryza facere dicuntur, ichthyofagi e piscibus. 

Inopia cogit aliquando luminum causa et e platini bacis oenanthe dictum est in unguentis. Gleucino mustum incoquitur XXI bis singulis permixtum, consumiturque mustum oleo. Aliqui non sampsuchum tantum admiscent, sed etiam pretiosiora odoramenta, ut in gymnasiis quoque conditur odoribus, sed uilissimis. Fit ex aspalatho, calamo, balsamo, iri, cardamomo, meliloto, nardo, gallico, panace, helenio cinamomi redice, omnium sicis in oleo maceratis expressisque. Sic et rhodinum e rosis, iuncinum e iunco, quod e rosaceo simillimum, item hyoscyamo et lupinis narcisso. Plurimum autem in Aegypto e raphani semine aut gramine herba quod chortinon uocant, item e sesima et urtica quod cnecinum appellant. E lilio et alibi fit sub diu sole, luna, pruina maceratum. Suis herbis componunt inter Cappadociam et Galatiam quod Selgiticum uocant, neruis admodum utile, sicut in Italia Iguuini. E pice fit quod pissinum appellant, cum coquitur, uelleribus supra halitum eius expansis atque ita expressis. Probatum maxime e Brutia; est enim pinguissima et resinosissima. Color oleo fuluus. Sponte nascitur in Syriae maritimis quod elaeomeli uocant; manat ex arboribus pingue, crassius melle, resina tenuius, sapore dulci, et hoc medicis. Veteri quoque oleo usus est ad quaedam genera morborum existimaturque et ebori uindicando a carie utile esse; certe simulacrum Saturni Romae intus oleo repletum est) (28).

El aceite llamado «pissine» parece ser un tipo volátil análogo a la esencia de trementina.

Dioscórides, que trata el tema de resinas u aceites con más detalle, refleja esta misma preparación de la pez de Brutia en el capítulo XCV de su primer libro.

Plinio dice refiriéndose a la nafta: «…A los ojos de cualquier autor, es una especie de asfalto, pero de este modo eminentemente inflamable, acerca de la naturaleza del fuego, no ofrece ninguna especie de utilidad». (Sunt qui et naphtam…bituminis generibus adscribunt, verum eius ardens natura et ignium cognata procul ab omni usa abest) (29).                                                                      Ellos conocían, pues,  la disolución de la cera en nafta, y a ésta, sin duda, de los tiempos más remotos. La práctica de la καυςις que hemos visto en el apartado de la pintura mural, prueba cómo conocían la propiedad que el aceite tiene para ablandar y extender la cera.

Notas bibliográficas.-

  1. Confer H. RACKHAM, M. A., Pliny Natural History, Harward Iniversity Press. The Loeb Classical Library. London, 1961,t. IX, lib. XXXV, 4.1.
  2. Mª E TORREGO, Plinio el viejo, Textos de Historia del Arte, ed. Antonio Machado, 1987, traducción del frag. 41 del libro XXXV.
  3. H. CROS Y CH. HERNRY, l’encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens. París, 1884, p. 11,  traducción del texto de la nota 1.
  4. J. DE LA HUERTA, Plinio el viejo, Historia Naturalis, Universidad Literaria, 1624, p. 652, traducción sobre el mismo texto de la nota 1.
  5. Nombre corrupto. El correcto es Iea de Cícico. Confer nota 35, cap. II.
  6. D. OLIVER RUBIO, traducción comentada sobre el mismo texto de la nota 1. (Tesis Doctoral), Los aglutinantes densos para la pintura artística, Valencia 1989, pp. 19-20.
  7. Mª BAZZI, Enciclopedia de la técnica pictóricas, ed. Noguer, Barcelona, 1965, cap. 13, p. 232.
  8. Idem. p 232.
  9. Idem, p. 232.
  10. H. RACKHAM, M. A., op, cit. t. IX, lib. XXXV, XL, 123.
  11. ANTOLOGIE GRECQUE, ed. Hachette, París, 1863, liv. I, Lire XXVII, épg. 4; J. ANDRÉ, Pline l’Ancien, Histoire Naturelle, ed. Belles Lettres, París, 1860, XV, VII; idem, XXI, XLIX; Idem, liv. XIV, XXV, 122-123.
  12. P. DE MANTABERT, Histoire de la Peinture, París, 1829, p. 137.
  13. H. RACKHAM, M. A. op, cit. t. IX, XXXV, XLI, 149.
  14. Harduino parafrasea a Plinio en su lib. XXXV, según P. GARCÍA DE LA HUERTA, Comentarios de la pintura encáustica del pincel, Imprenta Real, Madrid, 1795, p. 52, not. 1.
  15. V. REQUENO, Saggi sul ristabilimento dell’antica arte dei Greci e Romani Pittori, Venezia, 1784, cap. XVI, pp. 198-199.
  16. P. GARCÍA DE LA HUERTA, op. cit. cap. VI, pp. 54-55.
  17. H. RACKHAM, M. A. op, cit. t. IX, XXXV, XL, 147.
  18. idem. t. IX, lib. XXX, 149.
  19. PEDANII DIOSCORIDIS ANAZARBEI, De medicinali materia, libri sex, Ioanne Ruellio Suessionensi interprete lugdoni Apud Balyhazarem Arnolletum, MDL, lib. sec. cap. LXXXI.
  20. W. H. S. JONES, Pliny, Natural history, ed. Loeb Harvard University Press, MCMLXVI, col. V, lib. VII, XXIV, 26.
  21. H. RACKHAM, M. A. op, cit., en p. 174 cita a Eusebio: De vita constantini I, lib III, cap. 3.
  22. Q. SERENO SAMÓNICO, De  Medicina Liber, Collectio Pisaurensis, t. IV, ch. 44, p. 135, vol. 7.
  23. H. RACKHAM, M. A., op, cit., t. IX, XXXV, XXXVI, 102-103.
  24. P. GIRARD, La peinture Antique (Peinture Helenistique, Antiphilos les portait du Fayum, París, 1892, cap. VII.
  25. H. RACKHAM, M. A. op, cit., t. IX, XXXV, XXXVI, 81-83.
  26. P. D’AVENNUES, Histoire de l’Art égyptien, 1987, p. 191.
  27. J. ANDRÉ,  ed. Belles Lettres, París, 1958, liv. XIV, 122.
  28. J. ANDRÉ, Pline l’Ancien,Histoire Naturelle, ed. Belles Lettres, Parín, 1960, liv. XV, cap. VII.
  29. H. RACKHAM, M. A. op, cit., t. IX, XXXV, L, 179.
 

 

UTENSILIOS, MATERIALES Y SOPORTES

 

UTENSILIOS

Aparte de los hallazgos arqueológicos, en los que se ha descubierto utensilios, materiales y soportes usados en la antigüedad para el procedimiento de la encáustica, por ahora se va a realizar un recorrido por los textos clásicos, y analizar, a través de o que nos dicen, cuáles eran los utensilios, materiales y soportes usados por los pintores encáusticos.

De entre los escritos consultados destacamos los que nos pueden dar alguna luz sobre los diferentes instrumentos usados en esta pintura. Polux (1) llama «armas del pintor a las tablas, tabletas, trípodes de las tablas, púlpitos, estilos, pinceles, y a las tablas de box». (Pintoris autem arma tabulae, tabellae, pulpita, styli, penicilli, buxeae tabulae).

Marciano el Jurisconsulto (2) nos dice: «El utillaje de un pintor es muy amplio, las ceras, los colores y otras cosas unidas entran en los legados, así como los pinceles, los cáuteres y las conchas».

a) CAJA DE COLORES

Varrón (3) nos hace entrever la caja de colores de un pintor:«Pausias y otros pintores del mismo método de la encáustica, tienen grandes cajas divididas compartimentos donde se ordenan las ceras de diferentes colores». (Nam ut Pausias et ceteri pictores eiusdem generis loculatas magnas habent arculas, ubi discolores sint cerae). Las compara con los viveros, separadas las varias especies de peces, lo que nos hace suponer que las ceras parecían bastones análogos a los pasteles de nuestros días.

b) CÁUTERES

Este término nos pone a la vista la restitución de los instrumentos.Viene a prolongar la acción del pincel, demasiado corta e interrumpida. viene a fundir los tonos unos con otros, y así terminar de modelar las ceras depositadas con el pincel sobre la superficie del cuadro.                                                  Es un término genérico con el que también se denomina al hierro de los encuadernadores.                    Dentro de este término podríamos situar en primer ligar el cestrum, especie de espátula que se mantenía al rojo vivo y fundía los colores modelándolos; y en segundo lugar el cauterium, especie de brasero que se arrimaba al cuadro una vez terminado, para ir fijando los tonos unos con otros y su penetración en los poros del soporte.                                                                                                                Se supone que el artista debía poseer cestrums de todas clases, formas y dimensiones, como ocurre hoy con los pinceles del pintor o los cinceles del escultor.

Plinio (4) habla del cestrum  y del verículo, y nos explica su forma y origen, diciendo al respecto:«La planta que llaman vetónica en Galia, se llama en Italia serrátula, en Grecia cestros y y psychotrophon, más elogiada que ninguna». (…eam quae vettonica dicitur in Gallia, in Italia autem serratula, a Graecis cestros aut psichotrophon, ante cunctas laudatissima).                                                    Por lo tanto, el cestrum de los griegos es de forma larga y dentada, que está entre la hoja de planta vetónica y el cestrosphedone.

Tito Livio (5) nos aclara este término con el siguiente texto: «Estaban todos heridos con los cestrofendones; era un nuevo tipo de proyectil inventado para esta guerra; es una punta de lanza de dos palmos, montado sobre un asta de medio codo de longitud y de un dedo de espesor; estaba provisto de tres aletas como se le colocan a las flechas». (Maxime cestrophendonis vulnerabantur: hoc illo bello novum genus teli inuentum est; bipalme spiculum hastili semicubitali infixum erat, crassitudine digiti; huic abiegnae breves pennae tres, velut sagittis solent circundabantur.

CAUTERIUM

Relativo a este utensilio se puede citar el texto de Coelius Rhodiginus (6), que dice: » El cauterium consiste en un instrumento por el cual se cuece el enlucido de asfalto y la aglutinación de la pintura encáustica»).

Analizando los pasajes de Plinio en lo referente a la preparación de los muros, éste nos dice: «Que una vez aplicada la cera al muro, con los carbones situados en un infernillo (cauterium) se calentaba el muro, de manera que hagan sudar la cera». Y casi lo mismo expone Vitruvio, al referirse a la preparación del muro y una vez que se ha depositado la cera sobre él, diciendo: «Inmediatamente con las brasas preparadas en una vasija de hierro recalentando bien las paredes y la cera, procuraría que ésta se derritiera, procurara hacerla sudar y la disuelva para que se equilibrara». (…deinde carbonibus in ferreo vase compositis eam ceram una cum pariete calefaciundo sudare cogat lietque ut peraequetur).

PINCELES

Volviendo al texto en que Marciano (8) habla del utillaje usado por el susodicho pintor, nos dice entre otras cosas: «…así como los pinceles, los cauteres y las conchas» (…penicilli, et cauteria et conchae).

Creemos que los pinceles poco pueden diferir  de los actuales, aunque al principio es posible que fuesen unas cañas o varas con un extremo fibroso por su maceración, aunque de este mdo debería ser muy rudo y, en consecuencia, pronto aparecería el pincel con pelo fijado a un extremo, como hoy conocemos, y de diferentes formas y tamaños.

Plinio (9) habla de «Ciertos pinceles hechos con esponjas y que servían para innumerables usos, especialmente en medicina, y entre éstos,, para ponerlos sobre los orzuelos y tumores de los ojos empapados de vino dulce». (Itidem  oculorum tumores sedant ex mulso impositi, abstergendae lipitudini ex aqua, utilissime ex aqua).

Volviendo al pincel de pelo, se distinguían las brochas y brochones, según el tamaño de uno y de otro. Antes de Vitruvio ya era conocida la brocha y el brochón, que eran de cerdas.

Ni este autor ni Plinio dan a instrumento semejante otro nombre sino el de «seta» o «setae»y quien inventó la brocha para blanquear o dar cera a los ábacos, lo hizo para practicarlo con facilidad, si es que no se había ya inventado con anterioridad el pincel, instrumento más pequeño y de pelo más suave y propio para pintar delicadamente.

Marciano nos cita entre los utillajes del pintor:«…Las conchas» (confer 8).

Imaginamos que estos instrumentos o recipientes cóncavos serían los utilizados para introducir en ellos los colores con cera, y a su vez, depositados sobre la plancha metálica, bajo la cual estarían los carbones encendidos

En los mejores tiempos de Grecia ponían los colores en una tazas o platillos, como acostumbraban muchos miniadores, según Polux (10), que cita a Isócrates:

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La traducción latina hecho por el mismo autor es como sigue: » Sed de pictorum vasculi Isacrate patellas dicente nihil intererit quo minus de lancibus nomen hoc dici videri possit, et secundum consuetudinis usam, et cognitionem, usitatum fieri. Sed de πινακες ipsi, non modo opsoniorum vas, sed tabulam quoque significant, apud Homerum, et tabulam indissolutam…».«Pero sobre los pequeños recipientes usados por los pintores, a los que Isócrates llama vasitos, no hay dificultad en se los pueda denominar platos, y que se utilicen y conozcan según su aplicación y uso. Pero estos mismo vasos no sólo representan platos de pescado, sino también cuadro pintado en Homero y pintura indisoluble…».

Otro instrumento que se empleaba para moler los colores y que podía servir de paleta además de la piedra plana, era un mortero de piedra, también usado para medicina.

Plinio nos dice: «Los pintores se preocuparon también de la piedra usada en los morteros y no sólo a las destinadas a las medicinales o a los pigmentos. La piedra etesia entre éstas fue preferida a las demás, después de las de Tebas que llamamos pyrrhopoecillon, algunos psaron y en tercer lugar, crisita por proceder de una piedra preciosa». (Auctoribus cuae fuere lapides mortarium quoque, nec medicinalium tantum, aut ad pigmenta pertinentium. Etesium lapidem in iis praetulere ceteris, mox Thebaicum, quem pyrrhopoecillon appellavimus, aliqui psaron vocant tertium ex chalazio chysitem).

 

MATERIALES

Entre los materiales que intervienen en la composición de las distintas fórmulas o modos de pintura encáustica, encontrados a través de la consulta de los textos clásicos, hallamos la cera como principal ingrediente, así como resinas, aceites y pigmentos.

A continuación desglosamos las características de cada uno de tales componentes:

a) LAS CERAS

La cera de que nos hablan los textos, es cera virgen de abejas que, tras su extracción del panal y posterior purificación y blanqueamiento, se conserva en forma de panes o tortas, para su posterior utilización como pintura, junto con resinas y pigmentos, mezclada en caliente o en frío.

Plinio (12) nos relata la forma de extraer la cera en el siguiente texto: «La cera se hace con panales de los que se extrae la miel, pasada primeramente por agua y puesta a secar durante tres días en obscuridad; al cuarto, se funde al fuego en vaso de cerámica terracota, con una cantidad de agua suficiente para cubrirla; después de filtra con una criba de esparto o cesto. Se cuece de nuevo la cera con el mismo vaso y con la misma agua se vierte sobre vasos embadurnados de miel con agua fría…La cera se hace negra y se le añade ceniza de papel; roja, si se la añade orcaneta, y si se le dan diversos colores con drogas para el modelado, y para innumerables usos de la vida, y también para proteger los muros y las armas. al tratar de las abejas, hemos dado todas las demás reseñas sobre estos insectos y sobre la miel. Se acaba de exponer todo cuanto se refiere a los productos del huerto». (Cera fit expressis fauis, sed ante purificatis aqua ac triduo in tenebris siccatis, quarto die liquatis igni in novo fictili, aqua fauos tegente, tunc sporta colatis. Rursus in eadem olla coquitur cera cum eadem aqua excipiturque alia frigida…Nigrescit cera addito chartarum cinere, sicut anchussa admixta rubet, uariosque in colores pigmentis  trahitur ad redendas simillitudines et innumeros mortalium usus parietumque etiam et armorum tutelam. Cetera de melle apibusque in natura earum dicta sunt. Et hortorum quidem omnis fere peracta ratio est).

b) CLASES DE CERAS

Hay bastante confusión entre las clases de ceras descritas en los textos. Plinio (13) nos relata su procedencia en el texto siguiente: «La mejor es la llamada cera púnica; después de ésta, una cera muy amarilla con olor a miel pura, pero proveniente del Ponto, fama que me impresiona verdaderamente en esta país de mieles envenenadas. Después viene la cera de Creta, que tiene mucho propóleo, substancia de la que se ha hablando a propósito de las abejas. Después de estas ceras viene la de Córcega, a la que, como proviene del boj, se atribuya un poder medicamentoso».(Optima quae Punica uocatur, proxima quam maxime fulua odorisque mellei, pura, natione autem Pontica, quod constaret equidem miror inter venenata mella, dein Cretica, plurimum enim ex propoli habet, de que diximus in natura apium. Post has Corsica, quoniam ex buxo fit, habere quandam vim medicaminis putatur).

Otro autor que da instrucciones sobre este apartado es Dioscórides, con la diferencia de ser el original, escrito por él, como entendido en la materia, cosa que no sucede con Plinio.

Dioscórides (14), en su pasaje dice: «La mejor de todas es la de un amarillo encendido, grasa, con olor a miel pura, y venida del Ponto, o de Creta». (Cera optima subfulua, subpinguis, pura, odorata et halitu quodam tenus mellem referens, natione Pontica, aut Cretica.

Un tercer autor, anónimo, refiere en su obra «Hortus Sanitatis», aunque con pequeñas variantes, los mismos consejos para la elección y blanqueamiento de la cera que expresan Plinio y Dioscórides.

c) BLANQUAMIENTO DE LA CERA

Como hemos visto en el pasaje anterior, la cera, después de extraída del panal, necesita ser despojada de las materias que le dan color, es decir, decolorarla, pero…¿es necesariamente imprescindible esta operación para su uso en pintura?

Parecer ser, según Plinio, Dioscórides y anónimo, que esta operación fue inventada por la ciencia médica y farmacéutica para sus usos particulares, y que después la adoptó la pintura para los suyos. Por lo tanto, parecer ser que esta operación no fue realizada necesariamente por los pintores.

En la práctica se ha realizado esta decoloración de la cera, siguiendo las instrucciones de los autores antes mencionados, consiguiendo cera completamente blanca.

Al comienzo de la práctica se usaba cera virgen amarilla, tal como la expenden en el comercio. Esta circunstancia, al parecer, no influía aparentemente en la nitidez y luminosidad de los colores; posteriormente y debido a la práctica realizada para el blanqueamiento de la cera, el resto de las prácticas se han realizado con esta cera. Al comparar en su botes y en la paleta los colores realizados con una y otra cera, no se aprecia, a simple vista, diferencia alguna en cuanto a los aspectos antes apuntados.

Naturalmente es un hecho fuera de toda duda pensar en la conveniencia del empleo de la cera blanqueada, sobre la otra; pues nada positivo debe aportar al pigmento al ser mezclado con cera provista de impurezas. En esta circunstancia  se piensa que, a medio y largo plazo, debe afectar a la transparencia y durabilidad de la pintura.

Como hemos visto, para estudiar el proceso de blanqueamiento de la cera, hemos de referirnos necesariamente a tres autores: Plinio, Dioscórides y anónimo.

De entre ellos cabe destacar el testimonio de Dioscórides, como el original, el que conoce el proceso por haberlo experimentado personalmente, según se aprecia en lo detallado de su exposición.

Plinio, como compilador, expone el mismo proceso con los mismos ingredientes, aunque con menos lujo de detalles. Otro tanto hace el autor del tratado Hortus Sanitatis.

Se va a citar en primer lugar al escrito de Dioscórides (15), quien después de enumerar las clases de ceras y su procedencia, dice: «La cera más blanca y pura de aquella especie, se hace pedacitos y se echa en una olla nueva; échale el agua necesaria tomada de altamar, hasta hervir, y rocíala entonces con poquito de nitro. Después que haya hervido por segunda y tercera vez, aparta la olla y déjala enfriar: saca luego la costra de la cera y rayendo la inmundicia, si por casualidad se ha pegado alguna, echa otra agua marina, y cuécela por segunda vez del modo que se ha explicado; y después de que haya hervido la cera, aparta del fuego la olla, y luego meterás con tiento el fondo exterior de un pucherillo, mojado con agua fría, dentro de la cera, tomando un poquito de ella con la mano en el aire, para ir sacando lo menos que se pueda, y para que de esta suerte se endurezca más fácilmente. Sacando el fondo del pucherillo, despegarás el primer cerco, y volverás a meter el mismo asiento del pucherillo refrescado con agua dentro de la cera, e irás haciendo esta misma diligencia hasta sacarla toda. Últimamente pasarás por aquellos cercos un cordón o cinta de lino, y los colgarás de suerte que no se toque unos con otros, y entre día los irás rociando con frecuencia al sol; por la noche los dejarás a la luna hasta que queden completamente blancos. Pero si quieres que la cera quede sumamente blanca, cuécela algunas otras veces, haciendo todo lo demás como antes. Algunos en lugar del agua de altamar la cuecen una o dos veces en una salmuera fortísima del modo que queda dicho». El texto original dice: («In eo genere quae candidior, puriorque fuerit, conscissa, in ollam novam transfundito; et effusa, quanta satis sit, aqua marina ex alto petita, coquito, inperso etiamnum nitri momento. Cunque iterum, tertioque efferbuerit, remota olla, refrigerari sinito: Tum cerae pastillum eximio, desaraque sorde, si qua forte adhaesit, alia addita aqua marina, secundo decoquito; cunque cera denuo, uti demonstratum est, efferbuirit, vas ab igne submoveto, ac nova ollulae fundum, prius frigida madefactum, leniter in ceram demittito, paululum dumtaxat, suspensa manu, intingens, ut ipsius quam minimum detrabatur: quo facilius per se concrescat. Sublato fundo, urbiculum primum auferto; iterumque vasis imum aqua refrigeratum, in ceram immittito; idemque tantisper facito, dum ceram tota, exceperis. Tandem filo lineo traiectos orbiculos ita suspendito, ut ne inter se contigant; ac interdiu quidem ipsos assidue ad solem irrorato, noctu vero lanae exposito, dum perfecte albescant, quod si ceram candidissimam brevi volueris, identidem eam recoquito; caetera vero omnia eodem modo peragito; nec desunt, qui pro marina ex alto petita muria acerrima secum, aut iterum antedicto modo decoquunt). 

Plinio (16) da su receta de un modo más parco en detalles y con algunas diferencias con respecto a la extracción de la cera del interior de la olla, así como en el modo de exponerla al sol, como se verá al citar ambos pasajes.

Después de dar las características de la cera idónea, describe el modo de blanquearla, y dice así: «La cera púnica se prepara de la siguiente manera: se expone al aire durante varios días la cera amarilla; después se la hace hervir en agua de mar cogida en altamar, añadiéndole carbonato de sodio. Después, con cucharas, se le quita la flor, es decir, la parte más blanca y se le vierte en una vasija con un poco de agua fría; después de haberla hecho de nuevo hervir aparte en agua marina, se vuelve a enfriar en el mismo recipiente o bien con agua.Cuando esto se ha hecho tres veces, se seca el producto al aire libre, sobre zarzo de junco, a la luz del sol, y de la luna. La luna la blanquea, el sol la seca y, para impedir su fundición, se la cubre con fina tela de lino. Se obtiene la cera más blanca posible si se hace cocer de nuevo, depués de la insolación». (Punica fit hoc modo: uentilatus sub diu saepius cera fulua, dein fuerit in aqua marina ex alto petita addito nitro. Inde lingulis hauriunt florem, id est candidissima quaeque, transfunduntque in uas quod exiguum frigidae habeat, et rurus marina decocunt separatim, dein uas ipsum aut aquam refrigerant. Et cum hoc ter fecere, iuncea crate sub diu siccant sole lunaque. Haec enim candorem facit, sol siccant et, ne liquefaciat, protegunt tenui linteo. Candidissima uero fit post insolationem etiamnum recocta).

Se omite la descripción que nos hace el anónimo del Hortus Sanitatis para no ser reiterativos, que nos dice los mismo que los anteriores.

Como se ve, este era el sistema que tenían los antiguos para purificar y blanquear la cera. Modernamente existen otras formas menos laboriosas, como se verá más adelante.

Proceso actual sobre el blanqueamiento de la cera: Se trocea la cera en pedacitos y se introduce en una olla con agua tomada de altamar y un poco de nitro; se deja hervir dos veces y se seca la cera de la olla con la ayuda de una cuchara, y se va echando en un recipiente con agua fría. Se vuelve a repetir la misma operación con agua nueva y nitro. Una vez que ha hervido dos veces, se saca la flor de la cera de la superficie y se introduce en un recipiente con agua fría; se saca la cera del recipiente y se pone a secar sobre un lienzo de lino extendido en un bastidor; se deja al sol durante cinco días, y se consigue un blanqueamiento casi completo. Si embargo, para conseguir el blanqueamiento total, en lugar de hervir la cera otra vez, como dicen los autores antiguos, se deja otros cinco días al sol, con lo cual se consigue un blanqueamiento completo.

d) CERA PÚNICA

Este término, que tuvo su controversia a raíz del restablecimiento de la encáustica, sobre el modo de interpretar a los escritores antiguos se verá en el apartado del «Restablemiciemto de la Encáustica», iniciado por Felipe de Guevara. Pensamos que aún no se ha terminado en la acturalidad.

En este apartado se van a analizar los textos donde aparece este término, e intentar sacar algunas conclusiones.

Plinio (17) dice en su libro; «La mejor de las ceras es la que llaman púnica». Luego enumera la cera que huele a miel, y que procede del Ponto, Creta, etc. Y más adelante, al tratar el blanqueamiento, dice: «La púnica se hace del modo siguiente…». Y da la fórmula de blanquear la cera que hemos visto anteriormente. Según Plinio la cera púnica es la blanca, después de su purificación con agua de mar, etc.

Dioscórides (18) no llama púnica a la cera blanca, sino que dice:«La cera se pone blanca el modo siguiente..», y describe el proceso ya indicado antes. Este autor, a diferencia de Plinio, no llama cera púnica a la cera blanca. Por eso algunos autores, al interpretar a Plinio, han visto en este proceso algo más que un mero blanqueamiento, al confundir la sal nitro con otra sal, y consecuentemente el proceso de blanqueado con el de saponificación.

Plinio (19) en su relato comienza dando primacía a la púnica, nombrando a las otras con el topónimo de la región de procedencia.Sin embargo, no llama púnica a la cera criada en Cartago, sino a la que llaman de Cartago: «la mejor, llamada púnica…después la de Córcega. (optima, quae punica uovatur…Proxima…natione autem Pontica; deinde Cretica…post has Corsica».

De esto se deduce que el llamar cera púnica a la cera blanca, se deba a la semejanza de ésta con la que llevaban de Cartago a Roma, por ser los cartagineses famosos en el arte de purificarla, y la apellidasen púnica, aunque fuese su origen del Ponto, Creta o Roma.

Mereció esta cera la preferencia sobre las demás, únicamente por estar ya purificada y no ser necesaria la operación antes descrita.

A las otras se las llama cera del Ponto; después viene la de Creta, u por último la de Córcega, tomando el nombre de la región y, naturalmente de un color amarillento o rojizo siendo la púnica más blanca aún sin purificarla todavía o púnica después de ser purificada:«Punica fit hoc modo. Ventilatur sub dio saepius cera fulva». «La púnica se hace de la siguiente manera. La cera amarilla se ventila durante varios días» (20).

La conclusión que sacamos de esto es que la cera virgen debe ser despojada de impurezas y blanqueada para su uso en medicina o en pintura , y que el nombre de púnica tiene su origen en Cartago, por ser los cartagineses maestros en el arte de purificarla: de ahí el nombre de púnica a la cera blanca, aun cuando su origen fuese de diferente región.

 

e) RESINAS Y ACEITES

Como hemos visto, la cera es principal ingrediente de la pintura encáustica. Los colores, tanto naturales como artificiales, se consiguen con diversas tierras, metales, flores y otras materias. También se requieren resinas para dar consistencia y firmeza a la blandura natural y fragilidad de las ceras solas, ayudándose para este efecto de la acción del fuego y de los aceites volátiles, también usados para su disolución.

El uso conveniente de las resinas mezcladas con la cera, con objeto de endurecerla y fijarla al soporte, aparece en los textos clásicos como uno de los elementos imprescindibles en la práctica de la encáustica. Plinio habla de la utilidad para los pintores del uso de las resinas, nombrando entre ellas a la «sarcocola» y, más adelante, recomienda entre las sarcocolas la más blanca, sobre las rubias, porque su color puede alterar el tinte de los colores. Y dice sobre ello: «Y por tanto es la blanca mucho mejor que la roja». (…et ideo candida quam rufa melior).

Plinio (21) hablando de los árboles resinosos, dice: «Entre los arboles que destilan jugo, los que producen pez y resina, unos crecen en Oriente y otros en Europa. Asia, por su situación central, tiene especies de estas dos regiones. En Oriente la resina mejor y más fina proviene del terebinto. Le sigue la procedente del lentisco, llamada también almáciga. Después la del ciprés, de sabor muy fuerte. Todas son líquidas y quedan en forma de resina, mientras que la procedente del cedro es más espesa y apta para obtener pez. La resina arábiga, blanca, de fuerte olor, molesta a los que la hacen cocer. La de Judea es más dura y olorosa, tanto como la del terebinto. La de Siria se asemeja a la miel ática. La de Chipre supera a todas, pues es de un color meloso y carnosa. La de Colofón, de un amarillo superior a todas las demás, si se tritura, se hace blanca y de olor más fuerte. Por esta razón no se usan en los perfumes . En Asia, la que se extrae de pez, es muy blanca y se llama psagdas. Toda resina es soluble en aceite». (Arborum suco manantium picem resinamque aliae ortae in Oriente, aliae in Europa ferunt; quae interest Asia utrimque quasdam habet. In Oriente optimam teniusissimamque terebinthi fundunt, dein lentisci, quam et mastichem uocant, postea cupressi, acerrimam sapore, liquidam omnes et tantum resinam, crassiorem uero et ad pices faciendas cedrus. Arabica resina alba est, acri odore, difficilis coquenti, Judea callosior et terebinthina quoque odoratior, Syriaca Attici mellis similitudinem habet. Cypria antecedit omnes; est autem melleo colore, carnosa. Colophonia, praeter uetera fulua, si teratur, alba fit, grauior odore; ob hoc non utuntur ea unguentarii. In Asia quae fit e picea, admodum candida, psagdas uocatur. Resina omnis dissoluitur oleo).

Otro documentos que nos aclara el uso de las resinas en las pinturas en encáusticas griegas, es el de Isócrates, citado por Plinio y que dice: » Las materias son las mismas tablas, las tablillas, las ceras, los colores, los fármacos, que son las resinas, y las flores». (Materiae ipsae tabulae, tabellae, et secundum Isocratum cera, colores, pharmaca, flores).                                                                    Otra resina nombrada por Plinio, y que pudiera ser útil a la encáustica, es la pasta de incienso, porque es soluble, resinosa y diáfana, especialmente si es escogida. Sobre ello dice: «Nadie mezclará el incienso macho». (Nonulli, et thus masculum admiscent) (23).                                                En el pasaje no se aprecia con claridad si se usaba en pintura, y quiénes y para qué fin lo mezclaban.  El betún judaico nace en el lago Asphaltites. Hay dos colores:blanco y negro. El blanco debe estar destinado a la pintura, como todas las demás resinas blancas y transparentes, aunque parece ser que se usaba para proteger a las estatuas y no usado por pintores griegos y romanos para mezclar con sus pinturas. La pez, como ingrediente mezclado con cera y que se empleaba para pintar y proteger los barcos, es citada por Plinio (24): «La zopissa, hemos dicho, se arrancaba de las naves, cera macerada con sal marina». (Zopissam eradi navibus diximus cera marino sale macerata).                          Parece ser que sólo eran los médicos los que llamaban zopissa a aquella mezcla de pez y cera que se raía de las naves en la parte que estaba en contacto con el agua; pero no se aprecia con claridad que esta substancia se mezclara con los colores y fuese empleada por los pintores para sus cuadros.             Por lo tanto, el documento de donde se puede sacar una conclusión más favorable sobre el uso de las resinas en la pintura encáustica, es el referido por J. Polux, en el que la palabra φαρμακα es igual a resina, y entre todas ellas, la sarcocola, en opinión de Plinio, utilísima a los pintores.                            La sarcocola es muy conocida entre los médicos y cirujanos. Su nombre griego significa «cola de carne» (σαρκοκολα), porque cierra las heridas. Plinio aconseja la blanca sobre la roja, no se sabe si para la pintura, para la medicina o para otras cosas: «Y por tanto la blanca es mejor que la oscura». (Et ideo candida quam rufa melior) (25).

 

f) ACEITES VOLÁTILES

El uso de aceites volátiles como diluyente de la cera, así como su variedad y procedencia se encuentran en los textos de Plinio y otros autores y relatados  como se verá.             

g) PIGMENTOS    

Al principio sólo había dos colores: uno, el correspondiente al fondo del cuadro, y el segundo, con las líneas hechas con barro cocido y molido.                                                   

Según Plinio» fue Ecfanto de Corinto el primero que hizo esta clase de pintura». (Primus inlevit eas colore testae, id ferunt, tritae Ecphantus corintius). (26).                     

Después se aumentaron los colores a cuatro, que eran, según Plinio: La tierra de Melos o melina, para el blanco; el sil ático, especie de ocre, para el amarillo; la sinopia póntica para el rojo; el atramentum para el negro, es decir, el negro de humo, con estos cuatro colores, hicieron obras tan prodigiosas Apeles, Etión, Malantio, Nicómaco, cuya tablas se vendían por lo que valían las riquezas de lugares enteros». (Quattuor coloribus solis immortalia illa opera fecere ex nigris atramento, Apeles, Aetion, Melanthius, Nocomachus, clarissimi pictores, cum tabulae eorum singulae venirent opibus) (27).

Parece ser que Apeles tenía una paleta mucho más abastecida. En este punto la opinión de Cicerón está más cercana al tiempo en que fueron empleados estos colores, que lo que dice Plinio.                      Cicerón (28) dice: «La misma razón milita en la pintura que celebramos de Zeuxis, Plignoto y Timantes, y en los contornos y formas de los que no usaron más de cuatro colores. Pero en Aecio, Nicómaco, Protógenes y Apeles, ya se halla perfeccionada la pintura en todas sus partes». (Similis in pictura ratio est; in aqua Zeuxis et Polignotum et Timanthem et eorum, qui non sunt usi plus quam quattuor coloribus, formas et linniamenta; et in Aetione, Nicomacho, Protogene, Apelle iam perfecta sunt omnia).

No se sabe exactamente la época en que se pintaba con los cuatro colores, ni tampoco el número ni orden en que se fueron admitiendo en el arte. Se puede afirmar con cierta verosimilitud, que Apeles poseía, para cada uno de los colores antiguos, varios matices. disponía del azul y del verde, y puede ser que fuera ya el caso de sus predecesores inmediatos, los que aplicarían la rica policromía de las «Lecythes» de ese tiempo. ¿Se han preguntado si los ojos de los artistas griegos percibían todos los colores que perciben los nuestros, si eran capaces de la misma pasión, de la misma delicadeza de análisis? Lo que es verdad es que las palabras de los textos no designan siempre lo que nosotros creemos; pero no conviene deducir de aquí que ellos conocieran un menor número de tonos y matices que nosotros. Analizando a Plinio, se ve cómo los pintores empleaban distintas variedades de rojo: la sinopia los abastecía de tres rojos distintos, según su procedencia, bien del Ponto (de ahí su nombre), de Egipto, de África, de Baleares, Lemnos, Capadocia. También conocían varios amarillos, como el de Skynos, el lidio, este último más oscuro que el sil de Atenas.                                    Además, dado el espíritu inventivo de los griegos, hace suponer que tendería a multiplicar tonos o perfeccionar los ya existentes.  Referente al negro, los pintores Polignoto y Micón, lo obtenían al secar las heces de las uvas, después de su prensado, sacado y quemado. También Apeles lo obtenía del marfil calcinado. Parrasio conseguía el blanco de la tiza de Eritrea, cualidades que no tenían otros blancos. Cidias de Kythnos, pintor poco conocido de la época helenística, había tenido la idea de quemar el amarillo para obtener el bermellón. A todos estos recursos se añadían los provenientes de mezclas, de las cuales Polignoto obtenía ya efectos suficientemente variados.                                        Uno de los más complicados era aquel con cuya ayuda se obtenía el color carne. Hay cierto número de testimonios que sería largo enumerar, y que probaban la importancia que los griegos daban a esta coloración y las habilidades que ellos empleaban.                                                                                      Además de los testimonios de Plinio, tenemos los de Vitruvio, que completa el capítulo de los pigmentos.

En Vitruvio se  aprecia, al referirse a las especies de colores de los antiguos, que los pigmentos sólo se diferenciaban de los modernos en el nombre; pues en lo relativo a su composición y manipulación, se asemejan a la de nuestro tiempo. En el libre VII analiza el modo de extraer y depurar los colores nativos o minerales y, sobre todo,hace hincapié en las instrucciones dadas a los pintores sobre el conocimiento físico,su legitimidad, saber distinguir entre los verdaderos y los falsos mezclados con cuerpos extraños. Al hablar de los pigmentos naturales, nos comenta: «Diré ante todo que entre los colores hay unos que aparecen naturalmente como tales en lugares determinados, en canteras de donde se los extrae, y que hay otros que se hacen artificialmente mediante manipulaciones o mezclas o amalgamas de substancias diversamente dosificadas, con las que se obtienen productos que pueden utilizarse en las obras, y producen en ellas el mismo efecto que los colores simples y naturales». (…colores vero alii sunt, qui per se certis locos procreantur et ide fodiuntur, nonnullis ex aliis rebus tractationibus aut mixtionum temperaturis compositi perficiuntur, uati praestent erandem in operibus utilitatem) (29).     

A continuación hace una relación de los colores existentes en su tiempo, así como sus características y procedencia.

g) OCRE

«En primer lugar citamos al sil, que se extrae de forma espontánea, denominado en griego ocre. Se encuentra en muchos lugares, incluso en Italia, pero el ático, que es el mejor, aún no se tiene». (Primum autem exponemus, quae per se nascentia fodiuntur, uti sil, quod Graece οχρα dicitur. Haec vero multis locis, ut etiam in Italia, invenitur; sed quae fuerat optima, Attica, ideo non nunc habetur) (30).

h) ALMAGRA

» Igualmente las rojas se extraen abundantemente en muchos lugares, pero las mejores, en pocos, como la de Sínope en el Ponto, la de Egipto, la de las Baleares en Hispania, y no menos buena la de Lemnos». (Item ribricae copiosae multis locis eximuntur, sed optimae paucis, uti Ponto Sinope, et Aegipto, in Hispania Balearibus, non minus etiam Lemno.) (31). «En cuanto al color paretorio, toma su nombre del propio lugar de donde se extrae. Igual ocurre con el nombre melino, así llamado porque hay abundancia de él en una de las isas Cícladas, la de Melo». (paretorium vero ex ipsis locis, unde foditur, habet nomen, eadem ratione melinum quod eis metallum in sola cycladi Melo dicitur esse) (32).

I) VERDE

«La tierra verde se extrae de muchos lugares, pero la mejor de todas es la de Esmirna; los griegos la llaman Theodotion, del nombre del dueño del campo  donde se encontró por primera vez, llamado Theodoto». (Creta viridis item pluribus locis nascitur, sed optimae Zmyrnae; hanc autem Graeci θεοδοτειον vocant, quod Theodotus nomine fuerat, cuius un fundo id genus cretae primum est inventum) (33).

j) OROPIMENTE

«En griego se llama aesenicon, y se extrae en el Ponto» (Auripigmentum quod αρσενικον graece dicitur, foditur Ponto). (34).

k) SANDÁRACA

«Se halla también en varios lugares, pero la mejor es la de las canteras del Ponto, cerca del río Ipani». En los parajes de Magnesia y Éfeso se extrae ya en perfectas condiciones, hasta el punto de que no es necesario molerla ni cernerla. (Sandaraca item pluribus locis sed optima Ponto proxime flumen Hypanium habet metallum) (35).

En el apartado donde se trata el minio y el azogue, dice Vitruvio sobre el primero:«Voy a comenzar a explicar el origen del minio. Es fama que éste se descubrió por primera vez en los campos cilvianos, cerca de Éfeso: su naturaleza y propiedades son muy notables. En efecto, se extrae de un mineral que, antes de que con la manipulación se convierta en bermellón, se parece a una vena de color de hierro, pero de un color algo más rojizo, porque tiene a su alrededor un polvo rojo». (ingrediar nunc minii ratione explicare. id autem agris Ephesiorum Cilbianis primum esse memoratur inventum. cuius et res et ratio satis magnas habet admirationes. foditur enim glaeba quae dicitur, antequam tractationibus ad minium perveniant, vena ati ferrum, magis subruto colore, habens circa se rubrum pulverem) (36).

Este color era en tiempos de Plinio precioso, muy caro, y algunos pintores astutos, que robaban los colores costosos que les administraban los dueños de los cuadros, mojaban los pinceles en el color y lo enjuagaban muchas veces en el agua. Así, los colores pesados, como ocurre al minio, se depositaban en el fondo. Plinio dice literalmente:«Era propio de los pintores, para el robo de los colores, sumergirlos llenos en el agua. De esta manera se asientan los colores en el fondo y quedan para los ladrones». (Pigmentum furto opportunum est plenos subinde abluentium penicillos. Sidit autem in aqua, constantque furantibus) (37).

l) BERMELLÓN

Vitruvio, en el libro IX, habla, entre otros, del bermellón y su preparación: «Cuando los terrones de tierra estén secos, se tunden en un mortero de hierro y se muelen y, libres de impurezas mediante lavados y cocimientos repetidos, se consigue hacer salir los colores. Cuando el bermellón, por el abandono del azogue, ha perdido su vigor natural, se vuelve más tierno y débil. Así que, cuando se lo utiliza para enlucidos, de habitaciones cerradas, mantiene sin alterarse su color, pero empleado en lugares abiertos, como los peristilos y las exedras, en los que los rayos del sol y de la luna pueden penetrar, el bermellón se altera, pierde pronto su viveza y se ennegrace». (ipsae enim glebae cum sunt aridae, contunduntur pilis ferreis, et lotionibus et cocturis crebris relictis stercoribus efficiuntur, ut adveniant, colores cum ergo enissae sint minio per argenti vivi relictionem quas in se naturales habuerant virtutes, efficitur tenera natura et viribus inbecillis. Itaque cum est in expolitionibus conclavium tectis inductum, permanet sine vitiis suo colore; apertis vero, id est, peristyliis aut exhedris aut ceteris eiusdem modi loci, qua sol el luna possit splendores et radios inmittere, cum ab his lucus tangitur, vitiatur et amissa virtute coloris denigratur) (38).

m) CRISOCOLA

«La Crisocola viene de Macedonia y se extrae en lugares próximos a las minas de cobre. El azul de Armenia y el Índico, nos dicen sus propios nombres los países de donde proceden». (Chrysocolla adportatur a Macedonia; foditur autem ex his locis, qui sunt proximi aerariis metallis, armenium et indicum nominibus ipsis indicatur, quibus in locis procreatur) (39).

En el capítulo IX habla de los pigmentos artificiales: «Primeramente hablaré sobre el negro de humo, cuyo uso es muy necesario en las obras, con el fin de que se conozcan cómo se preparan en sus justas medidas de proporciones, a qué temperatura». (et primum exponam de atramento, cuius in operibus magnas habet necessitates, ut sint notae, quemadmodum preparentur ceris rationibus artificiorum, ad id temperaturae) (40).

Continuando con el negro de humo, he aquí su forma de extracción (41): «Se construye un pequeño recinto de forma de lacónico; se le reviste finamente de mármol y se alisa. Delante de él se pone un hornillo que tenga un conducto que comunique con el lacónico, cuya boca debe estar cuidadosamente taponada para evitar que por allí salga la llama y se disipe. Se pone luego en el hornillo resina: ésta, por el efecto del fuego, se ve forzada a despedir humo que se irá adhiriendo a las paredes y a la bóveda, de donde se la recoge». (namque aedificatur locus uti laconicum et expolitur marmore subtiliter et levigatur. Ante id fit fornacula habens in laconicum nares, et eius praefurnium magna diligentia comprimitur, ne flamma extra dissipetur. In fornace resina conlocatur. Hanc autem ignis potestas urendo cogit emittere per nares intra laconicum fuliginem, quae circa parietem et camerae curvaturam adhaerescit). Y continúa diciendo: «Si no se encontrara este negro a mano, se remedia la necesidad de la siguiente manera: se quemarán sarmientos o teas de pino y cuando se haya hecho brasas, se apagarán y se molerán para mezclarlos con la cola». (si autem hae copiae non fuerint paratae ita necessitatibus erit administrandum;  ne spectatione morae res retineatur. sarmata aut taedae schidiae comburantur; cum erunt carbones extenguantur, deinde in mortario cum glutino terantur) (42). 

«También se podrá obtener el mismo resultado, si se secan y calcinan en un horno las heces del vino». (non minus si faex vini arefacta et cocta in fornace fuerit et ea contrita cum glutino in opere indicetur) (43).

n) AZUL

» La preparación del azul, dice Vitruvio, se descubrió por primera vez en Alejandría; después Vestorio introdujo su fabricación en Puzol». (caeruli temperationes Alexandriae primum sunt inventae. postea item Vestorius Puteolis instituit faciundum) (44).                                                                    Se prepara de la siguiente manera: «Se machaca arena con flor de salitre y se muele tan finamente que vaya a quedar como arena; se mezcla con limaduras de cobre de Chipre; se humedecen a fin de que se conviertan en pasta; luego, con las manos se forman unas bolitas bien prietas que se ponen a secar. Una vez secas, se echan en un crisol de barro que se mete en el horno. Así el cobre y la arena, al hervir juntos se comunican recíprocamente sus vapores, y pierde cada cual sus cualidades, y reducida por el fuego a una sola substancia, se vuelven de color azul». (arena enim cum nitri flore conteritur adeo subtiliter, ut efficiatur quemadmodum farina;  ea aes cyprum limis crassis uti scobis facta mixta conspargitur, ut conglomeretur; deinde pilae manibus versando efficiuntur et ita coligantur, ut inerescant; aridae componuntur in urceo fictili, urcei in fornace; ita aes et ea arena ab ignis vehementia confervescendo cum caluerint, inter se dando et accipiendo sudores a proprietatibus discedunt suisque viribus per ignis sudores vehementiam confectis caeruleo rediguntur colore) (45).

o) OCRE QUEMADO

Se prepara de este modo: «Se pone al fuego un trozo de mineral de buen ocre y se lo deja hasta que esté incandescente, luego se apaga con vinagre, con lo que adquiere color púrpura». (glaeba silis bonis coquitur, ut sit in igni candens, ea autem aceto exstinguitur et efficitur purpureo colore) (46).

p) ALBAYALDE

A continuación Vitruvio explica el método de prepararlo a partir del cardenillo y de la sandáraca. El albayalde se obtiene de este modo: «Los rodios ponen en el fondo de algunas tinajas sarmientos y vierten sobre ellos vinagre; después colocan sobre los sarmientos planchas de plomo; tapan seguidamente las bocas y todas las posibles rendijas, a fin de que nada se evapore. Transcurrido un determinado lapso de tiempo, al abrir las tinajas se encuentran el albayalde en vez de las planchas de plomo». (Rhodo enim doliis sarmenta conlocantes aceto suffuso supra sarmenta collocant plumbeas massas, deinde ea operculis obturant, ne spiramento obturatum emittatur. Post certum tempus aperientes inveniunt e massis plumbeis cerussam) (47).

q) CARDENILLO

» Por el mismo procedimiento, sólo se depositan laminillas de cobre en vez de plomo, con lo que se obtiene el cardenillo llamado eruca». (eadem ratione lamella aereas conlocantes effigiunt aeruginem, quae aeruca apellatur) (48).

r) SANDÁRACA

«El albayalde calcinado en el horno cambia de color y se convierte en Sandáraca. Esto lo aprendieron por casualidad en un incendio, y resulta mucho mejor esta sandáraca que la natural que se extrae de las canteras». (cerussa vero, cum in fornace coquitur, mutato colore ad ignem (incendi) efficitur sandaraca, id autem incendio facto ex casu didicerunt homines, et est multo meliorem usum praestat, quam quae de metallis per se nata foditur) (49).

s) PÚRPURA

» Comenzaré a hablar sobre la púrpura, que es entre todos los colores el más apreciado, el más caro y el más agradable a la vista». (incipiam nunc de ostro dicere, quod et carissimam et excelentíssimam habet praeter hos colores aspectus suavitatem») (50).                                                          «Se extrae –dice Vitruvio-  de unas conchas marinas que tienen tantos títulos como otras muchas cosas, a la admiración de cuantos se interesan por las maravillas de la naturaleza, ya que este color no tiene un matiz único, sino que varía naturalmente, con arreglo al curso del sol.                                                                                                                                                                            La púrpura que se recoge en el Ponto y en la Galia donde, debido a que estos países están próximos al septentrión, es negra; a medida en que se avanza entre el septentrión y el occidente es plomiza; la que se recoge hacia el oriente equinocial y el occidente, es de color violeta; finalmente, la que viene de los países meridionales, es completamente roja, y este mismo tipo de color se encuentra en la isla de Rodas y en algunos otros lugares que están más próximos al curso del sol». (id autem excipitur e conchylio marino, e quo purpura efficitur, cuius non minores sunt quam ceterarum <rerum> naturae considerantibus admirationes, quod habet non in omnibus locis, quibus nascitur, unius generis colorem sed solis cursu naturaliter temperatur. Itaque quod legitur Ponto et Gallia, quod hae regiones sunt proximae ad septentrionem, est atrum; progredientibus  inter septentrionem et occidentem invenitur lividum; quod autem legitur aequinoctialem orientem et occidentem, invenitur violaceo colore; quod vero meridianis regionibus excipitur rubra procreatur potestate, et ideo hoc Rhodo etiam insula creatur ceterisque eiusmodi regionibus, quae proximae sunt solis cursui) (51).                                                                                                  Mas adelante explica la forma de extracción del color a partir de las cochas: «Ina vez recogidas las cochas, se cortan en redondo con ciertas herramientas para que destile de los cortes como lágrimas de jugo que se acaba de extraer y que se recoge en un mortero y que se muele». (ea conchylia, cum sunt lecta ferramentis circa scinditur, e quibus plagis purpurea sanies, uti lacrima profluens, excussa en mortariis terendo comparantur) (52).                                                                                A continuación citamos una serie de colores artificiales que imitan a algunos de los antes descritos, y cuya obtención es más barata y simple que los colores verdaderos. Se obtienen estos colores -dice Vitruvio- de la siguiente manera: «Se obtiene la púrpura tiñendo la creta blanca con el zumo de la raíz de la rubia o escarlata. Así mismo, con el jugo de varias flores se pueden hacer otros diversos colores, por ejemplo, cuando los estucadores quieren imitar el amarillo de sil ático, hacen hervir en una vasija con agua violetas secas; cuando el agua ha quedado teñida, lo vierten todo sobre una tela, y exprimiéndola con las manos, recogen en un mortero el líquido obtenido que, mezclado después con arcilla blanca y moliendo la mezcla proporciona un color semejante al del ocre ático. Aplicando la misma preparación al arándano, y diluyéndolo en leche, se consigue un color púrpura bastante bueno. Igualmente los que no pueden adquirir la crisocola por ser demasiado cara, mezclan con el azul el zuno de una hierba llamada gualda, y obtienen así un vivísimo verde, que se denomina tintura de crisocola. Así mismo, cuando se carece de indigo, se consigue una buena imitación mezclando la creta selinusia, o la anularia con el glasto o pastel, que los griegos llaman isatis». (fiunt etiam purpurei colores infecta creta rubiae radice et hysgino, non minus et ex floribus alii colores, itaque tectores, cum volunt sil atticum imitari, violam aridam coicientes in vas cum aqua, confervefaciunt ad ignem, deinde,  cum est temperatum, coiciunt <in>linteum, et inde manibus exprimentes recipiunt in mortarium aquam ex violis coloratam, et eo cretam infundentes et eam terentes efficiunt silis attici colorem eadem ratione vaccium temperantes et lacte miscentes purpuram faciunt elegantem. item qui non possunt chrysicolla propter caritatem usi, herba, quae luteum apellatur, caeruleum inficiunt, et utuntur viridissimum colorem; haec autem infectiva appellatur, item propter inopiam coloris indicis cretam selinusiam aut anulariam vitro, quod Graeci ισατιν appellant, inficientes imitationem faciunt indici coloris) (53).

 

SOPORTES

Un problema que preocupó a los arqueólogos durante largo tiempo fue la materia sobre la que pintaban los antiguos.                                                                                                                                                 Parece ser que desde los tiempos más remotos los pintores han realizado su obras  sobre toda suerte de soportes, tanto inmóviles como en todo tipo de muro, preparado o sin preparar, como soportes móviles, también en cualquier material, aunque lo más común fuese la tabla.

a) PINTURA MURAL

Los procedimientos de pintura mural, en uso entre los egipcios, griegos y romanos, han sido objeto de numerosas discusiones. ¿Conocían el fresco?Esta técnica consistía en la aplicación de pintura al agua sobre estuco fresco de pared, o la pintura al temple sobre soporte seco.                                              Parece que desde muy antiguo ellos también practicaron la pintura encáustica. consistente en diluir los colores en cera y resina, y extenderla sobre una superficie. Pero ¿qué clase de superficie se empleaba para esta pintura?

a1) PINTURA DIRECTAMENTE SOBRE MURO

La antigüedad nos ha dejado varios textos que dan prueba del uso de la cera para pintar en exteriores de edificios, y del cuidado que empleaban en la preparación del muro.                                    Vitruvio tomó nota de lo que a muchos les había ocurrido, y en especial del escribano Faberio que, habiendo querido tener su casa decorada con pinturas, sobre todo los exteriores, éstas, al cano de treinta días, tomaron un tinte feo y desigual, lo que le obligó a aplicarles otros colores. Imaginamos que este contratiempo fuese debido a la deficiente preparación del muro, o al «medium» utilizado en la mezcla de los pigmentos, inadecuado para conferirle la protección necesaria.                                        Ante tal hecho Vitruvio aconseja: «Ahora bien, si alguno más avisado quisiera conseguir que el cinabrio conserve su color, procederá de esta manera: Cuando la pared estuviese totalmente pintada y debidamente seca,con la ayuda de un pincel, extenderá sobre ella una capa de cera púnica derretida al fuego y templada con un poco de aceite; inmediatamente con brasas preparadas en una vasija de hierro, recalentando bien las paredes y la cera, procurará que ésta se derrita, y la pared quedara bien lisa; luego, con paños limpios la frotará, como se hace con las estatuas de mármol. (A esta operación la llaman los griegos ganosis). Ahora bien, esta capa evita que la luz de la luna y los rayos del sol puedan quitar ni modificar los colores de esa pintura». (at si qui subtilior fuerit et voluerit expolitionem miniaceam suum colorem retinere, cum paries expolitus et aridus fuerit, ceram ponticam igni liquefactam paulo oleo temperatum saeta inducat; deinde postea carbonibus in ferreo vase compositis eam ceram una cum pariete calefaciundo sudare cogat lietque, ut peraequetur; deinde tunc candela centunculisque puris subigat, uti signa marmorea nuda curantur (haec autem γανωσις graece dicitur); ita obstans cerae ponticae lorica non patitur nec lunae splendorem nec solis radios lambendo eripere ex his politionibus colorem) (54).

Vitruvio recomienda en el siguiente fragmento la forma de preparar el muro: «Cuando se haya aplicado no menos de tres capas de mortero, sin incluir la mampostería, entonces será preciso macizar los revoque con grano de mármol, a condición de que la mezcla de mármol esté batida de suerte que, al hollarla, no se pegue a la llana, sino que ésta salga limpia. Extendida esta capa de mortero de grano gordo, y antes de que seque, se aplicará otra de la misma calidad, pero de un polvo un poco más fino; y cuando ésta estuviese bien aplanada y alisada,, se aplicará encima otra tercera capa de polvo mucho más fino aún. Aplicadas sobre las paredes estas tres capas de arena y otras tantas de mármol, no estarán expuestas ni a grietas ni a cualquier otro defecto. Además, si han sido trullados y alisados, el mármol les prestará una dureza y blancura que hará resaltar la nitidez y viveza de los colores que sobre ella se apliquen. (cum ab arena praeter trullissationem, non minus tribus coriis fuerit deformatum, tunc e marmore graneo directiones sunt subigendae, dum ita materies temperatur, uti, cum subigatur, non aereat ad rutrum, sed purum ferrum e mortario liberetur grandi inducto et inarescente alterum corium mediocre dirigatur; id cum subactum fuerit et bene fricatum, subtilius indicatur. ita cum tribus coriis harenae et item marmoris solidati parietes fuerint, neque rimas neque aliud vitium in se recipere poterunt, sed et liaculorum subactionibus fundata solidate marmorisque candore firmo levignata, coloribus cum politionibus inductis nitidos expriment splendores) (55).

Plinio, además de recomendar el carbón de la Galia por ser más compacto que el ordinario, nos describe: «Cuando el muro estuviese bien pulido y bien seco, se le aplicará suavemente con un pincel de pelo de puerco, una capa de cera púnica fundida al fuego y mezclada con un poco de aceite; después con los carbones situados en un infernillo, se calentará el muro de manera que hagan sudar la cera y para bien unirla. Se frotaba enseguida todo con una vela y ropas propias como se hace con las estatuas de mármol». (Esta operación a la que los griegos llaman καυσις, reviste el enlucido de una capa de cera que preserva el color de la luz de la lina y de los rayos del sol»). (remedium, ut pariete siccata, cera Punica cum oleo liquefacta candens saetis inducatur iterumque admotis gallae carbonibus inuratur ad sudorem usque, postea candelis subigatur ac dende linteis puris, sicut et marmora nitescunt) (56)

Por ello se deduce de estos relatos que la pintura mural que ellos protegían con la cera, podían ser realizada con cualquier procedimiento distinto a la encáustica, bien al fresco o al temple, y que la cera sólo sería una protección para las mismas. Sin embargo creemos que utilizaron la cera como aglutinante de los colores. además del uso como preservante.                                                                         

En este relato de Vitruvio se aprecia cómo la cera era coloreada: «Las construcciones en planta fueron imitadas por los arquitectos en los templos en piedra y en mármol, y ocupando los extremos de las vigas que rebasan los muros, se le aplicaban planchas en forma de triglifos que recubrirían de cera azul». (in lapideis et marmoreis aedium sacrarum aedificationibus artifices eorum scalturis sunt imitari tum proiecturas tignorum, quantum eminebat, ad lineam et perpendiculum parietum praesecuerunt…et eas cera caerulea depinxerunt) (57).

También se aprecia esta circunstancia, apuntada anteriormente, en este pasaje de Plinio: » Úsase con pigmentos de diversos colores, para tratar similitudes, es decir, para pinturas y para varios usos de las personas, y también para protección de las paredes y de las armas». (Variosque in colores pigmentis traditur ad reddendas similitudines et innumeros mortalium usus parietunque etiam et armorum tutelam) (58).

El hecho de que los antiguos conocieran la disolución de la cera en acietes volátiles, hace suponer que la emplearon en frío sobre los muros, bien como preparación previa, bien como aglutinante de los colores, usando el fuego para la cauterización final.                                                                                   

De la misma forma no es igual pintar un mural sobre muro completamente desnudo, que sobre un enlucido de estuco, por lo que tendrían distintas formas de imprimación.                                                   

Para la pintura sobre muro que estamos estudiando, los colores líquidos serían empleados en frío, pues un infernillo sería muy pesado y, como se trata de edificios de piedra o mármol sin estucar, no sería admisible ni el fresco ni el temple, y los colores se emplearían en cera disuelta en frío con aceites.

 a2) SOBRE PREPARACIÓN DE ESTUCO 

Como es natural, la forma de imprimar una superficie estucada varía con relación a hacerlo sobre muro de piedra desnuda. En Roma el gluten que usaban bien para preparar el muro o como aglutinante de los pigmentos, se llamaba «Atramentum» También podría usarse para presentar las pinturas al temple o al fresco con una mano final, con lo cual se cambiaba la tonalidad de los colores, dándoles más brillantez y frescura.

El que los antiguos pintores tuviesen perfeccionada esta preparación se puede constatar con las observaciones realizadas por Cicerón (59) al referirse al famoso barniz de Apeles, al que alaba: «Y como si Apeles contemplara a su Venus y Protógenes a su Jaliso manchados de cieno,         sentirían una gran pena, así también yo vi no sin dolor a éste pintado por mí y embellecido con todos los colores del arte, súbitamente deformado». (Et si Apelles si Venerem aut si Protogenes Ialysum illum suum coeno oblitum videret, magnum, credo, acciperet dolorem; sic hunc omnibus a me picturam et politum artis coloribus subito deformatum non sine magno dolore vidi).

Plinio (60), al referirse a este barniz, dice: «Nadie pudo imitarlo porque untaba sus obras acabadas con un negro de tal modo sutil que él mismo, al reflejar brillantemente las tonalidades de todos los colores y lo protegiera del polvo y la suciedad, lo pareciera ante la mirada de quien lo contemplaba; pero, a causa de las fuertes luces, para que el resplandor de los colores no dañara la vista, como a los que ven un vidrio transparente desde lejos, esta misma situación proporcionara una austeridad a los colores demasiado brillantes». (Unum imitari nemo potuit quod absoluta opera atramento inlinebat ita tenui, ut id ipsum, cum repercussum claritates colorum omnium excitaret custodiretque a pulvere et sordibus, ad manum intuienti demum appareret, sed et luminum ratione magna, ne claritas colorum aciem offenderet, veluti per lapidem specularem intuentibus et e longinquo eadem res nimis floridis coloribus austeritatem occulte daret.

Nadie ha podido averiguar la preparación de es barniz. Su aplicación era general y Vitruvio (61) lo cita también diciendo: «Se debe hacer, debajo del revestimiento decorativo de un muro o de una tabla, extendiéndolo con el atramentum, e interponer los triángulos de sil y de minio». (In uis uero supra podia abaci ex atramento sunt subigundi et poliendi cuneis siliceis seu miniaceis interpositis).

a3) SOBRE PANELES DE MADERA FIJADOS

Algunas decoraciones podían ser aplicadas directamente sobre superficies pétreas y, como hemos visto en la preparación del muro, también en otras ocasiones eran pintadas sobre paneles fijados previamente a la pared que trataban de decorar, o transportados sobre ella, una vez que la pintura había sido realizada en el taller.

Nosotros creeríamos de buen grado que, de estos dos métodos, el primero, sobre piedra directamente, es el más antiguo, y que las viejas pinturas monocromas que adornaban los templos del siglo VI eran realizadas obre las mismas paredes.

Pero muy pronto, sin duda, tuvieron la idea de pintar sobre tableros de madera, que eran más fáciles de reemplazar en caso de accidente. Esto ofrecía ventajas que no presentaba la piedra inmóvil, y sobre todo si se admite que los paneles no estaban fijados previamente a la pared antes de terminar la obra. Los paneles tenían aún esta prioridad sobre el muro, porque podía así ser pintados sobre los tableros en el taller con toda comodidad.

 

PINTURA DE CABALLETE

Pudiera ser ésta una derivación del modo empleado en pintura mural con tableros realizados en el estudio y después fijados a la pared.

a1) SOBRE TABLA

Sobre madera parece ser que estaban pintados los cuadros de Zeuxis, Parrasio, Tmantes y  Apeles, y eran en general de pequeñas dimensiones.

Plinio relata en su obra, al referirse a la tablas pintadas por los antiguos griegos, que, cuando Pausias visitó Grecia, no vio estas tablas, que habían sido transportadas a Italia, mientras que sí vio las grandes obras de los excelentes decoradores del siglo V, que, sobre madera o estuco, eran de grandes dimensiones y habían sido dejadas en su sitio. De este pasaje se puede constatar el hecho apuntado anteriormente acerca de los grandes paneles de madera pintados a la encáustica, y que habían sido dejados en mismo sitio.

Las decoraciones de Agatarco y de sus sucesores fueron fueron realizadas con toda seguridad sobre paneles de madera.

Sobre un caballete estaba apoyada la tabla donde, según el relato de Plinio, se cuenta lo que ocurrió a Protógenes y Papeles a propósito de las líneas trazadas por ellos en una tabla que se encontraba preparada en el estudio de Protógenes.

Plinio termina el relato diciendo: «Es cierto haberse consumido esta table en el primer incendio de la casa del César en el Palacio. Yo la había visto antes con gran deseo y en tan espaciosa anchura no había otra cosa que aquellas líneas que huyen de la vista. Y entre otras excelentes obras de muchos artífices parecía cosa vacía, y por esto atraía hacia ella los ojos y que era más notable que todas las demás obras».

Lo que se desprende de este relato es que se encontraba la tabla preparada en un caballete y preparada para pintar sobre ella.

En algunos dibujos antiguos, donde se ven representados pintores en el momento de realizar sus obras, se aprecia en uno de ellos a un pintor haciendo un retrato, y el caballete sobre el que se ha colocado el cuadro, y éste tenía la misma forma que los caballetes de nuestro tiempo. en otro dibujo se observa la forma del marco.

En un fresco pompeyano se muestra a una mujer pintora ocupada en colorear una estatua; a sus pies se percibe un bosquejo que le sirve de modelo, y que está encerrado en un marco.

Plinio habla de pinturas griegas sobre estuco que se veían en roma y que, despegadas del templo que decoraban, eran conservadas en bastidores de madera.

Además de los célebres pintores ya citados y que realizaron su obra sobre tableros ligeros, podemos citar a una mujer pintora a instancias de Plinio, quien nos dice: «Iea de Cícico, que vivió siempre soltera, siendo aún mancebo Marco Varrón, pintó en Roma con pincel, y en marfil con el cestro, por lo común imágenes de mujeres», y coninúa: «En una tabla grande pintó una vieja napolitana y retrató su misma figura mirándose en un espejo. en pintura no hubo mano más ligera que la suya». (Iaia Cyzicena, perpetua virgo, M. Varronis iuventa Romae et penicillo pinxit et cestro in ebore imagines mulierum maxime et Neapoli anum in grandi tabula, suam quoque imaginem ad speculum, nec ullius velocior un pictura manu fuit) (62).

La encáustica sobre marfil tenía en común con la de las tablas, el empleo del cestrum, del fuego y de la cera, aportando además el uso del buril.

a2) SOBRE TELA

Aunque no con la profusión de la tabla y marfil, usados como soporte de la encáustica y relatados en pasajes diversos, el lienzo también fue utilizado como soporte para esta pintura, según lo prueba el pasaje de Plinio en el que comenta: «No voy a dejar de mencionar la locura que reina en nuestra época en el terreno pictórico. El emperador Nerón ordenó pintar un retrato suyo de medidas colosales, en un lienzo de ciento veinte pies, insólito hasta ese momento». (Et nostrae aetatis insaniam in pictura non omittam. Nero princeps iusserat coloseum se pingi CXX pedum linteo, incognitum ad hoc tempus) (63)

Aparte de esta anécdota histórica, poco más se encuentra en los textos clásicos sobre el uso de la tela para la realización de obras de arte.

OTROS SOPORTES

Tanto por las noticias que nos han legado los escritores antiguos, como por los hallazgos arqueológicos, sabemos sobre qué otros soportes, además de los ya enumerados, pintaban los artistas de la antigüedad con la técnica de la encáustica, aunque no ya como obras de arte autónomas, sino como miniaturas decorativas o como complemento de la escultura.

a1) SOBRE ESTATUAS

Esta práctica de pintura encáustica ha sido largo tiempo desconocida. Además se usaba la «ganosis», que consistía en una preparación dada a la superficie de las estatuas de mármol para conservar su pulido y dureza.

La encáustica se empleaba también para embellecer estatuas con tintes variados a través de la «kausis».

En las estatuas que se encuentran en los museos y procedentes de hallazgos arqueológicos, apenas se aprecian ligeros tintes en su superficie. Sin embargo es preciso admitir que éstas estuvieran en su origen revestidas de una rica policromía. Tales estatuas sobre la que no percibimos apenas tinte, eran bien diferentes antes de su exhumación.

Es bien cierto que la colaboración entre pintores y escultores para el embellecimiento de las esculturas era una práctica común, pues se sabe que éstos llamaban a los pintores para la policromía de sus esculturas.

Esta práctica es relatada por Plinio y la llama «circunlitio», en el citado pasaje, al comenzar: «Se preguntaba a Praxíteles cuáles eran las estatuas que él prefería, y el contestó: aquellas en las que Nicias ha puesto sus manos; tanto que él hacía caso de la «circunlitio» de este pintor. (hic este Nicias de quo dicebta Praxiteles interrogatus quae maxime opera sua probaret in marmoribus: quibus Nicias manum admovisset, tantum cicunlitioni eius tribuebat) (64)

Nicias era pintor a la encáustica y se comprende que, como pintor que era, fuese preferido por Praxíteles para la policromía de sus esculturas.

También era posible que usaran la cera sólo para impedir la oxidación de las estatuas a causa del aire.

De igual modo, por palabras de Plinio, los antiguos usaban otros productos para la conservación de las esculturas cuando dice: «Nosotros hemos dicho tanto, que se han habituado a recubrir las estatuas con un barniz de betún». (Diximus et tingi solitum aes eo statuasque inlini) (65)

a2) MINIATURAS DE MARFIL

Las miniaturistas de todos los tiempos han realizado sus punturas sobre marfil, pintando directamente en las placas.

Plinio dice a esto: «Se empleaban con preferencia cuerbos de ures a varios otros usos de lujo, sea más que el color, sea más que los barnices, existen finalmente los cestrotes además del género de pintura para el que se empleaba». (Multasque alias ad delicias conferuntur, nunc tincta, nunc sublita, nunc quae cestrota picturae genere dicuntur) (66).

Vitruvio habla de llevar cestrotes, es decir, incrustaciones de cera: «Estas no se hacen con barrotes, ni de dos hojas, sino libres». (Ipsaeque non fiunt clathrata, neque bifora, sed salvata) (67)

Con la punta del buril se perfora en el marfil sobre todo las partes sombreadas y, dejando los claros para las otras partes, con el cestrum rellenaban con cera coloreada y disuelta al fuego o en frío, según el método empleado.

Los fragmentos de pinturas realizadas sobre marfil, encontrados en las excavaciones, no son más que un tipo de pintura decorativa.

De estos retratos se han encontrado muchos en las catacumbas (68)

La Biblioteca del Vaticano posee dos pequeños medallones de marfil, representando uno de ellos a una musa, que conserva algún trozo de color rojo sobre su borde.

Cartier (69) presenta algunos fragmentos de un viejo cofre de marfil antiguo. Tal cofre puede ser diferente del fragmento encontrado en las excavaciones de Pompeya y que se conservan en el Museo Británico, y de los dibujos que están en la Biblioteca Nacional de París (70)

La encáustica sobre marfil sigue todas las fases de las de los cuadros.

Para hacerse una idea respecto al modo de realizar estas miniaturas sobre marfil, contrastemos el parecido con los grabados de retratos romanos, hechos preciosamente y trazados don punzón sobre cristal dorado y aplicado sobre fondo negro o azul de otro cristal.

La sección de Arte Egipcio del Museo del Louvre posee sarcófagos de granito y de madera, cuyas figuras trazadas en hueco y semejantes a la hechas en marfil, ocultan bastantes cantidades de cera verde.

Paralelamente a estos estudios arqueológicos se editan y estudian los textos clásicos, griegos y latinos, indagando en ello algo que les diera luz sobre la técnica pictórica empleada por los artistas de la antigüedad, tras el impacto producido en ellos al contemplar las pinturas decubiertas en los hallazgos arqueológicos, tales como los murales del Palcio que Nerón se había hecho construir en la colina del Palatino, llamado «Domus Aurea», o los descubrimientos de Pompeya y Herculano.

Estos murales tenían una belleza y brillantez de tonos desconocidos en la técnica del fresco y del temple, con sus colores diáfanos y puros y una jugosidad sólo comparable al esmalte cerámico.

Por lo tanto había que adentrarse en los testimonios que les pidieran transmitir a sus contemporáneos en los escasos escritos legados por ellos.

El más importante texto que nos habla sobre el procedimiento pictórico que nos ocupa, es la valiosa obra de Plinio El Viejo, titula «Naturales Historiae» (1).

Sobre el origen y características de esta importante obra, ya se han hecho los correspondiente comentarios introductorios precedentes.

Durante el siglo XVI se suceden los trabajos en torno a los comentarios de Plinio, generalmente desde el punto de vista filosóficos o arqueológicos. En cambio se siente muy poco interés hacia el arte y la técnica pictórica. La intención de estos trabajos se halla muy lejos de la obtención de una materia pictórica de calidad para uso habitual y cómodo de los pintor

Notas bibliográficas.-

1. IULII POLUCIS, Onomasticon, Rodolfo Gualtero.Tigurino interprete, Apud Robertum Winter, Basilae, 1541, lob. X, caput. XXXVII.

2. H. CROS, Y CH. HENRY, L’encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, París, 1884, p. 9, cita a Marciano el Jurisconsulto.

2. H. CROS, Y CH. HENRY, L’encaustique et les autres procedès de la peinture chez les anciens, París, 1884, p. 9, cita a Marciano el Jurisconsulto.

3. A. TRAGLIA, Opere di Marco Terenzio Varrone, editrice Torinese, Torino. 1974, lib. III, 17, 4.

4. W. JONES, H. S., Pliny, Natural History, ed. Loeb, Harward Uiversity Press, MCMLXVI, t. VII, lib. XXV, XLVI.

5. T. LIVIO, Ab urbe condita libri, ed. Maduig y Ussing. 1873, lib. 42, 65, 9.

6. H. CROS, Y CH. HENRY, io. cit, p. 16.

7. f. KROHN, Vitruvii de architectura libri decem, ed. Teubner, Lipsiae, MCMXII, VII, X, 20-22.

8. Confer nota 8.

9. W. JONES, H.S., op. cit. t. VIII, XLII.

10. IULII POLUCIS, Onomasticon, op. cit. lib VII, caput XXVIII. BETHE, E. Pollucis onomasticon, ed. Teubner, Stuttgar, 1966. lib. X, 83.

11. D. E. EICHOLZ, M. A., Pliny Natural History, ed. Loeb, London, MCMLXII, t. X, XXXVI, XLIII.

12. J. ANDRÉ. Pliny, l’Ancien, ed. Belles Lettres, París, 1958, lib. XXI, XLIX, 83-85.

13. Idem, lib. XXI, XLIX, 84.

14. PEDANII DIOSCORIDIS ANAZARBEL, De Medicinali materia, Libri sex, Ioanne Ruellio Suessionensi interprete lugdoni Apud Balthazarem Arnolletum, MDL, lib, sec, cap. LXXV.

15. Ibidem, lib. sec., cap. LXXV.

16. J. ANDRÉ, op. cit., lib. XLIX, 84.

17. Confer nota 16.

18. Confer nota 15.

19. Confer nota 13.

20. Confer nota 16.

21. A. ERNOUT, Pline l’Ancien, ed. Belles Lettres, París, 1956, t. XIII, Lib XX, 67. J, ANDRÉ, op. cit., lib. XIV, XXV, 122-123.

22. A. ERNOUT, op. cit. lib. XXI, 67.

23. H. RACKHAM, M. A.

24. W. JONES, H. S. op. cit. t. VII, lib. XXIV, 26.

25. Confer nota 21.

26. H. RACKHAM, M. A., op. cit. t. IX, XXXV, V, XVI.

27. W. JONES, H. S., op, cit., t. IX, lib. XXX, XXXII, 50.

28. A. S. WILKINS, M. Tulli Ciceronis, Rhetorica, t. II, Brutus, Oxonii, 1970. 18, 25-29.

29. F. KROHN, op. cit. lib. VII, IX, 19-21.

30. Ibidem, VII, VI, 22-28.

31. Ibidem, VII, VII, 30-33)

32. Idem, VII, VII, 34-37.

33. Idem, VII, VII, 37-40.

34. Idem, VII, VII, 40-41.

35. Idem, VII, VII, 42-43.

36. F. KROHN, op. cit. lib. VII, 8, VIII, 1-6.

37. H. RACKHAM, M. A., op. cit. t. IX, lib. XXXIII, XL, 120.

38. F. KROHN, op. cit. lib. VII, IX, 6-12.

39. Ibidem, VII, IX, 41-44.

40. idem, VII, X, 47-50.

41. Idem, VII, X, 50-56.

42. Idem, VII, X, 59-63.

43. Idem, VII, XI, 64-66.

44. Idem, VII, XI, 1-2.

45. Idem, VII, XI, 4-13.

46. Idem, VII, XI, 15-17.

47. Idem, VII, XII, 2-7.

48. idem, VII, XII, 7-8.

49. Idem, VII, XII, 8.

50. Idem, VII, XIII, 1-3.

51. Idem, VII, XIII, 3-15.

52. Idem, VII, XII, XIII, 15.

53. Idem, VII, XIV, 1-15.

54. Idem, VII, IX, 16-27; VII, 3.

55. Vitruvio recoge de Plinio un texto relativo a este tema. Confer H. RACKHAM, M. A., op. cit., t. IX, XXXIII, XL.

56. Confer nota anterior.

57. F. KROHN, op. cit. IV, 14-27.

58. J. ANDRÉ, op. cit., lib. XXI, XLIX, 85.

59. D. R. SHACKLETON BAILEY, Cicero’s Letters to Atticus, Cambridge Univerity Press, 1965, vol. I, 41,4, (21, II),

60. H. RACKHAM, M. A. op. cit., t. IX, XXXV, XXXVI, 97.

61. F. KROHN, op, cit., VII, 39-41.

62. H. RACKHAM, M. A. op. cit., t. IX, XXXV, XL.

63. Idem, t. IX, XXXV, 33.

64. Idem, t. IX, XXXV, XL.

65. Idem, t. IX, XXXV. XLI.

66. A. ERNOUT, ET R. PÉPIN, Pline, l’Ancien, Histoire Naturelle, ed. Belles Lettres, París, 1947, liv. XI, XLV, 126.

67. F. KROHN, op. cit., IV, 6.

68. R. GARRUCI, Vetri ornati di figure in oro trovati nei cimiteri dei cristiani primitivi di Roma. Roma, 1858.

69. E. CARTIER, memoria de la pintura y sus verdaderos procedimientos, 1845.

70. R. ROCHETTE, Peintures antiques inédites, p. 368. (Citado por Cros y Henry, o. cit., p. 42.

RESTABLECIMIENTO DE LA ENCÁUSTICA

En este apartado vamos a exponer cómo se conserva o renace el uso de la encáustica en tiempos muy posteriores. La lengua que hace alusión a esta técnica es el latín, considerada la adecuada para presentar los progresos científicos en todos los aspectos de sus manifestaciones.

Tras el cansancio de las formas góticas y su pensamiento, surge el Renacimiento, cuya característica principal es adoptar nuevas formas extraídas de la antigüedad clásica. Por lo tanto se origina un deseo de ahondar en todo aquello que la antigüedad clásica les pudiera aportar, centrada sobre todo en Atenas y Roma, en donde se hallaban reunidos la mayoría de los restos de tal época.

Se envían a estas ciudades estudiosos que miden, dibujan y catalogan todo aquello que se va descubriendo. Citemos como ejemplo a Jacobo Barozzio Vignola, que es enviado por la Academia de Roma para que mida y estudie todo aquello que las excavaciones emprendidas le presentaban, descubriendo con sus estudios el «Canon» empleado para la proporción del cuerpo humano, así como el «Modulo» seguido en la proporción de la arquitectura.

Paralelamente a estos estudios arqueológicos se editan y estudian los textos clásicos, griegos y latinos, indagando en ello algo que les diera luz sobre la técnica pictórica empleada por los artistas de la antigüedad, tras el impacto producido en ellos al contemplar las pinturas decubiertas en los hallazgos arqueológicos, tales como los murales del Palcio que Nerón se había hecho construir en la colina del Palatino, llamado «Domus Aurea», o los descubrimientos de Pompeya y Herculano.

Estos murales tenían una belleza y brillantez de tonos desconocidos en la técnica del fresco y del temple, con sus colores diáfanos y puros y una jugosidad sólo comparable al esmalte cerámico.

Por lo tanto había que adentrarse en los testimonios que les pidieran transmitir a sus contemporáneos en los escasos escritos legados por ellos.

El más importante texto que nos habla sobre el procedimiento pictórico que nos ocupa, es la valiosa obra de Plinio El Viejo, titula «Naturales Historiae» (1).

Sobre el origen y características de esta importante obra, ya se han hecho los correspondiente comentarios introductorios precedentes.

Durante el siglo XVI se suceden los trabajos en torno a los comentarios de Plinio, generalmente desde el punto de vista filosóficos o arqueológicos. En cambio se siente muy poco interés hacia el arte y la técnica pictórica. La intención de estos trabajos se halla muy lejos de la obtención de una materia pictórica de calidad para uso habitual y cómodo de los pintores.

TRATADISTAS

a1) FELIPE DE GUEVARA

El primer tratado conocido sobre las técnicas pictóricas clásicas, se debe a Felipe de Guevara, titulado Comentarios de la pintura, escrito en 1535, aunque no publicado hasta 1788 por Antonio Ponz. (2)

Felipe de Guevara, autor de estos «Comentarios», vivió en tiempos de Carlos I, Rey de España, y parece que su edad floreciente fue por los años 1535, cuando estaba en Sicilia, de vuelta de la célebre Jornada de Túnez, en la que se encontró sirviendo a dicho Soberano.

Se deja conocer que recorrió Italia, donde adquirió o pudo adquirir muchos conocimientos de las Ballas Artes, y que para hablar de la Pintura de los antiguos Griegos, que es su principal asunto, también se entrevé que había ojeado bien lo que Plinio y otros autores de la antigüedad nos dejaron escrito de aquellos célebres hombres. Se nota igualmente que estuvo en Flandes, y que trató en Amberes con los pintores de su tiempo.

Hay sospechas de que Guevara no estudió las pinturas romanas, sino que se basa en los textos clásicos, sobre todo de Plinio y Vitruvio.

Al analizar los orígenes de la pintura, dice entre otras cosas: «Plinio en su Historia Natural dice que los egipcios se atribuían esta gloria, diciendo que fue inventada por ellos seis mil años antes de que los griegos empezasen a usar de ella. Los griegos también dudan con porfía, tratando de quienes primero entre ellos fuesen los inventores» (3).

A continuación realiza un recorrido sobre los distintos pintores griegos, anañozando sus orígenes y características, así somo sus obras más famosas. De este estudio de Plinio sospecha que debía utilizar para las fachas de las casas el óleo, y el fresco para interiores. Para el lienzo usarían el temple y el óleo.

Al llegar al partado que nos ocupa, esto es, al género de pintura llamado «Encausten», se aombra de que los pintores italianos no hubieran resucitado un género de pintura tan empleado los antiguos, la técnoca llamada Encausten, como cosa quedada.

Al analizar a Plinio dice: «Hubo en ella dos géneros, uno que se pintaba con cera, y el otro en marfil, con cestro, que es verículo. Después se añadió el tercero, desatando las ceras con fuego y gastándolas con pincel. Esta tercera pintura se empezó a usar para pintar las naos; y era tan fijo que ni el viento, no sol, ni mar lo podían deshacer. Sería bueno se atinase hoy este género que podría servir para muchhos usos«; y sigue diciendo: » Cuando yo he podido atinar por palabras de Plinio diversas, y en diversos lugares puestas, entiendo que esta pintura Encausten se pintaba en tablas, y en lugar de colores gastados al óleo; se gastaban ceras teñidas de diversos colores; con la diversidad de éstas declaraban los pintores sus imaginaciones de fábula o cosa semejante, como en los otros géneros de pintura hacían: y después de compuesta la pintura con dichas ceras,, como al presente hacen con el barro de Pisa o Faenza» (4).

«Que esta pintura Encausten se pintare en tablas y fuese quemada, consta muy claro por un distico de Marcial»: «Encaustum Phaeton Tabula tibi puctus in hac est. Quid tibi vis, Dipyrum qui Paetentonta facit? (5).

«Quiere decir, en esta table está pintado Faetón de Encausten, ¿qué es lo que quieres, quieres hacer a Faetón dos veces quemado»?

Notoria es la quema primera de Faetón cuando pidió a su padre el sol le dejase regir su carro, y dio con todo al traste quemando en Etiopía. Allende de esto, que estas ceras se desatasen con fuego, y se usasen de ellas líquidas con el pincel, consta por lo que antes se ha dicho de Plinio, quien dice que el tercer género de Encausten fue inventado para pintar las naos, desatándolas con fuego, y gastándolas con pincel, lo cual se dice a diferencia del otro género que, como digo, no era gastando la cera líquida en él con pincel.

El segundo género de Encausten fue en marfil con cesto, que es verículo. En este género de pintura, imagino fuese de esta manera: Que el marfil se pefilasen los animales, hombres y cosas que se pintaban con cesto, y que este cesto fuese en el marfil lo que en la pintura al óleo es el pincel, es a saber, instrumento con el que en el marfil se pintaba. Este, sospechosos yo, se calentaba para ir quemando y señalando los perfiles y sombras en el marfil, y por esta causa se llamaba este género de pintura Encausten que es cosa quemada, de suerte que sería un género de pintura de blanco y negro, sombras y luces sin color ninguno. Esta labor imagino yo semejante a la que en Buesa, y en otras partes hacen en hueso, en flascos y cuñeras de arcabuces, aunque groseramente. La causa por que imaginé el cesto ser instrumento, es por que Plinio hablando de Lala Cyciagena (6), dice: «pintó con pincel y con el cesto en marfil».

Guevara continúa interpretando a Plinio en lo referente a quién fue el primero que pintó con ceras, et.

Si comparamos, ( aunque vaya posteriormente descrito) lo que Vicente Requeno ha leído en Plinio: «caestro, id est, Veruculo», en lugar de «cesto y viriculo», como se leen en esos «Comentarios», coregimos de paso a los intérpretes de Plinio que han entendido «in cera», en lugar de «cera», pero tanto Requeno como Guevara convienen en que veruculo, o vericulo son unos hierrecillos de que los antiguos se servían para pintar con ceras teñidas y mezcladas con diversos colores. Eran éstos puntiagudos por un extremo, y por el otro planos como espátula de boticarios. Puede verse en la citada obra de Requeno, donde explica con toda menudencia este modo que él ha practicado. Si dicho género hubiera sido como entendió Guevara, quemando el marfil y resaltando sólo el color blanco y negro, sería como esas obras de esgrafiado que se ven en algunas fachadas, o taracea en papeleras, y otros muebles preciosos, donde está embutido el marfil y en él dibujadas historias y y otros temas.

LOUIS DE MONT-JOSIEU

Más tarde, a finales del siglo XVI, Louis de Mont-Josieu (1590) crea el problema levantado en el «Gallus Romae Hospes», y complicado de conjeturas más singulares.

En su pequeño » Tratado de pintura y escultura entre los antiguos», hace un estudio sobre los tres métodos. Ve el primero como una «taracea» a base de ceras endurecidas. El segundo sería como un dibujo grabado hecho con un punzón, el cestro sobre el marfil y, uniendo arcillas coloreadas, se pintarían ante todo retratos. El tercero le parece restringido a la pintura de barcos.

JOANNIS SCHEFFER

En 1669, Joannis Scheffer, en su obra «Graphice id est de arte pingendi», hace referencia a la encáustica y llega a conclusiones distintas a las de Mont Josieu, y nos dice al respecto: «La encáustica es una pintura al fuego. Hay, pues tres modos de realizar esta técnica: con ceras, con colores o al pastel. Ceras sobre madera, colores sobre marfil, hierro o cerámica y, por último, pastel sobre oro».

Sobre el modo de pintar a la encáustica se ha hablado mucho, con diferentes resultados, como ocurre en un tema poco claro.

«Yo creo, dice, que se trata de un solo término. En cuadros de madera o de cualquier otra materia se marcaban al fuego trazos de dibujos que servían para representar la forma de una futura pintura. Esos trazos posteriormente se rellenaban con cera de distintos colores, según el modelo o imagen y, posteriormente, una vez terminado el cuadro, se aplicaba el fuego» (8).

«Encaustae pingunt inustione. Est autem artis huius triplex fere ratio, nam fit aut ceris, aut coloribus, aut vitro. Ceris in ligno; coloribus in ebore, aut ferro, aut fictilibus; votro deniq; in auro».

» De Encaustica pingendi ratione prodiderunt multa multi, diversu successu, sicut fit in re obscura.

«Mihi uno verbo res huiuscemodi fuisse videtur. In tabulis ligneis, vel alterius materiae ductus lineares, qui figuram referebant futurae picturae. Ductus illi postea imprebantur cera tabulae, admotis ignibus».

Cita a este respecto a Marcial, al hablar sobre Faetón…etc. (lib. IV, c. 47) del que Guevara ya había hablado.

Más adelante dice: «Se trazaban las líneas con punzón de hierro al rojo vivo, sobre marfil o cuerno, materiales en los que querían representar sus imágenes. Pero Plinio une esto a lo anterior e indica para ambos tal punzón o instrumento con el que se realiza el trabajo. El texto de Plinio (9) esta en XXXV, c. II. «Se sabe de antiguo que hubo dos formas de pintar a la encáustica: con cera, sobre marfil, con buril o pequeño punzón. A los dos, buril o punzón, es decir hierro candente afiliado me refiero que se utiliza para trazar líneas o masas» .

De esto también se induce la existencia de un tercer instrumento diferente a los anteriores, no hecho con una materia como la del punzón, sino con el uso del pincel. «Existe u tercero -dice Plinio-, el uso del pincel con ceras fundidas al fuego» . En los dos anteriores no se utiliza el pincel sino el punzón. Esto se encuentra patente -dice Scheffer- en otro pasaje del mismo, cuando habla de la encáustica de Pausias: «Él mismo pintó con pincel los muros de Tespias, y se pensaba que habñia sido superado con gran diferencia porque no había quien compitiese con ella en su género de técnica (el haber pintado con pincel) que aquella forma de pintar no era la que se había acostumbrado a usar antes…etc.» (10).

» Stylo ferreo igne candefacto inurebant ebori aut cornibus lineas, quibus quas vellent, imagines exprimerent. At hoc cum priori jungit Plinius & utriq; stylus istiusmodi, ceu instrumentum, quo conficiatur, tribuit. Plinij sunt lib. XXXV. c. II: Encuasto pingendi duo fuisse antiquitùs genera constat, cera & in ebore, cestro, id est, veruculo. Utriq; cestrum tribuit ceu veruculum, hoc est, candens (et) acuminatum ferrum, quod dicendis lineis struisq; inservit. Quod apparet etiam ex eo, quia quando à duobus his distinguit tertium, non aliâ re magis facit, quàm quòd no veruculi, sed penicilli sit in eo usus. Tertium accessit, ait,resolutis igni ceris penicillo utendi. Quod & ex alio ipsius loco, ubi de Pausia Encausta: Pinxit et ipse penicillo parietes Thespiis, multumq; comparatione superatus existimabatur, quoniam non suo genere certasset. Dixit, penicillo pinxisse, id non fuisse genus, quo ut antè consueverat».

Después de ver la diferencia entre un modo y otro y sus repercusiones, continúa diciendo: «Es pues la encáustica entre los griegos no una simple combustión, quema o acercamiento al fuego,sino en el propio fuego. En consecuencia, esto no se entiende sino cuando el fuego penetra en la materia, como cuando se pone a fuego una señal sobre la frente, o marca, al ganado. Pero cuando se extiende n a fuego ceras de distintos colores sobre un cuadro, no se puede llamar quema aquella forma de –quemar en-; de manera que esta no haga desprenderse la cera fijada al tablero de madera».

«Finalmente, y según Procopio, puede dar a entender esto quien al principio, sobre los edificios de Justiniano, dice que han sido hechas con encáustica: lo que no sólo significa cera licuada, por así decirlo, sino -fundida en- y -derramada gota a gota en-,lo que no se puede comprender sino licuada en los antedichos surcos». Al escribir estas cosas, continúa Scheffer, «me encontré con Dalecampio, y descubrí que él había llegado a semejante conclusión. «Grabados» dice en el libro XXXV, c. 7 cuadros con variadas figuras se untaban con cera teñida de distintos colores».

Sin embargo en esto se equivoca, porque piensa que ésta había sido la pintura de las naves, a la que Plinio diferencia, a no ser que viera de nuevo en ellos algunas imágenes. Tampoco Demontioso opinaba de otra forma, como igualmente después observó; «La cera -dice- había sido endurecida con drogas, y después de ella se había fijado las figuras que habían de ser pintadas. Entonces, como en un trabajo de mosaico, derramada la cera de distinto color sobre aquellas figuras huecas, se obtienen las formas pensadas sin que aparezca ningún punto de unión».

«Aunque esas figuras han sido hechas de cera, como opina Demontioso, la encçaustica no hubiese sido cera, como dan a entender las palabras de Plinio, sino -en la cera-. Esto tampoco se ve claro, como el endurecerse tanto que hubiesen soportado las figuras ser quemadas».

«Consecuentemente -dice Scheffer- es cierto que hubo un modo de usar la encásutica con cera, como dijimos, y no otra, como la del color».

«Se trazaban las líneas con la punta del punzón incandescente sobre el marfil o cuerno para realizar las figuras, como ya indiqué ante. Esto lleva consigo el que los trazos de líneas sobre marfil o cuerno no fuesen demasiado profundas, y su color fuese sólo uno, oscuro, púrpura o negro., como hace pocos años en los estuches de madera de cornejo, en el que guardaban el polvo de las armas de guerra, o en las empuñaduras de las espadas o cuchillos, hechos de cornejo o de hueso. Y así, esta pintura se solía practicar sobre marfil o cornejo. Pero se hace en pastel mezclados los colores, según las figuras con el pincel, y endurecidas al fuego. que entre los antiguos fue conocida también como clase, ciertamente no se ha descubierto, y no conozco a nadie que se acuerde de ella».

» Existe en el libro XXXVI, c. 26 de Plinio, mención sobre su pastel: «no existe una materia más usada, o incluso una pintura más manejable». Pero en este texto, la palabra se refiere a otra clase de pintura, ya que, a saber, toda la masa de pastel se mezcla con algún color y adquiere aspecto de piedra, mármol o gema, según es evidente por los antecedentes de aquel lugar. Hasta ese punto, ni aún siquiera este método parece haber sido conocido, donde hoy todo se mezcla con diferentes colores, que son y permanecen brillantes que, como desde entonces, se muestran en ventanas de los templos».

«Est enim Encausis apud Graecos non simplex quaedam ustio adustiove, sed inustio. Porrò hoc non intelligitur, niso ubi in materiam ustio descendit, Quemadmodum cùm nota fronti, aut signum pecori inuritur. At cùm in aqua tabula cerae diversorum colorum complanantur igne (quomodo hoc genus factum antè dicti eruditi volunt) ustio illa inustio, ut quae non descendat in materiâ subiectam tabulamve, dici inquit, Deniq; & ex Procopio hoc apparere potest, qui in primo de aedificiis Justiniani, facta Encausticen ait, κηρω εντακενντι και διακυθεντι quod tantum cera liquefacta denotat, ut sic dicam, & infusa instillataq; quod intelligi non potest, nisi liquefacta in praedictis sulcis».

» Cum scripsisset esta, incidi in Delecampiumseumq; in simili fuisse sententia deprehendi. Scalptae, inquit a d Plinij lib. XXXV, c. 7. variis figuris tabulae cera diversis etiam coloribus picta oblinebatur. In eo tamen errat, quod hanc navium existimat fuisse picturam, à qua Plinius ipse distinguit. Nisi forte ad imagines in eis aliquas respexit. Neq; alia Demontiosi opinio, ut pariter póst observavi: Ceram ait se putare induratam medicamentis, ex ea deinde factas fuisse tabulas,, in qubus formae eorum qyae pingenda essent, incidebantur. Tum, quemadmodum in vermiculato opere, in eas formas cavas ceris inditis varij coloris figuras inductas, nullis apparentibus commissuris. Quamquam si in cera formae ista factae, ut existimat Domontiosus, encausis fuerit, non cera sicut tamen volunt verba Plinij, sed in cera. quae quoq; quomodo tam dura fieri potuerit ut inuri sibi passa sit imagines eiusmodi, aud patet. Fuit ergò planè ratio encauseos cum cera, qualem diximus.. Neq; alia quae cum colore. Stylo ignito lineae inurebantur ebori aut cornibus, quibus referrent, ut superius iam monuit. Hos intererat, quòd linearum ductus in ebore cornuvè minus essent profundi, uniusq; tantùm coloris, fusci scilicet aut nigri. Planè sicut ante paucos annos in thecis corneis, quibus corneis recondebant tormentarium, in manubriis ensium aut cultrorum corneis osseisve fieri consueverat. Atq; ita quidem haec pictura habebeat in ebore cornuvè. At in vitro fit coloribus pro modo imaginum inductis penicillo, & duratis igne. An apud pricos notum quoq; fuerit hoc genus, mihi quidem incorpentum est, certè qui meminerit illius, scio neminem. Est quidem apud Plinium lib. XXXVI, c. 26 de vitro; nec est alia materia sequacior, aut etiam picturae accommodatior.

Sed ibi sermo est de alio picturae genere, cùm nempè tota vitri massa colore aliquo inficitur, & lapidum, marmoris, gemmaevè speciem acquirit, uti licet ex antecedentibus illius loci. Adeò ne ista quidem ratio tum cognita fuisse videtur quâ hodie tota diversis inficiuntur coloribus, ut sint maneantq; pellucida. qualia deindè adhibent in fenestris ferè aedium sacrarum…» (11).

Imaginamos que este tipo de pastas serían vítreas, para vidrieras de templos, como se especifica anteriormente; por lo tanto, aunque interviene el fuego, no se puede decir que sea ancáustica como tradicionalmente conocemos.

También se refiere al empleo de pastas que ofrecían un aspecto de oro y plata, y que se incrustaban en los puños de espadas, cascos y escudos, cuya técnica era secreta y conocida por pocos.

Más adelante dice Scheffer: » Ni siquiera puedes aprender algo de los antiguos, a quienes yo considero no conocedores de esta técnica en su totalidad. Tan sólo la mostraban en la cerámica, pues Plinio la recuerda en su libro XXXVI, c. 26:»Agripa que pintó su obra cerámica a la encáustica». aunque aquí dice Scheffer: » La palabra parece referirse al pavimento del mosaico en el que las teselas pudieron haber sido pintadas con esta técnica».

«Nec ex vetustioribus quid discas, quibus non existimo fuisse notam hanc artem. In fictilibus solùm adhibebant. Nam meminit Plinius lib. XXXVI, c. 26. Agrippae, qui figulinum opus encausto pinxerit. Quamquam ibi sermo de pavimentis esse videatur, in quibus tamen ipsis testas tali arte potuerant pinxisse…» (12).

Finalmente cita Scheffer un último tipo de encáustica en oro: «El método de esta técnica es doble, pues bien se introducen los colores sobre surcos esculpidos, o bien pintan lo que se sobre la superficie superior, sobre fondo blanco, amarillo o oscuro. La mayoría de los colores son de pastel realizado con esta técnica oculta y secreta, solamente conocida en Italia y en la Galia por unos pocos».

Intuimos que es una técnica en la que los esmaltes son tratados al fuego, pues dice Scheffer que los alemanes la llaman «Schmelzen», los belgas «Smelten», los italianos «Smalto» y los galos la llaman «Email», de donde los Germanos tomaron su «Emalieren».

Según su clase, están faltos se ese preciso término.

«Esto difiere, a apriori, en parte porque, salvo los pasteles, tienen otros colores procedentes de otras materias que se consiguen dificultosamente con el fuego; y en parte porque se preparan con aquellos colores con óleo, sobre todo del azafrán, y se pintan con pincel, siendo así que es suficiente para ello un punzón de hierro. Es ésta otra clase nuevamente singular apropiada para las pinturas muy artificiosas y, por ello, se han de valorar más, ya que no se altera ningún tiempo, por aguas o a causa del sol. Y por ello se valora mucho, de manera que un cuadro pequeño se vende en quinientas o más monedas imperiales, y no se sabe si los antiguos mantuvieron este valor» Los nuestros -continúa Scheffer- apenas hace cuarenta años lo descubrieron. Pues ésta fue conocida y usada hace más de cien años, y se hacía al exterior tan sólo con pasteles untados, sin pintura de figuras, ni con sólo pastel, sino con otros mezclados con almáciga (resina de lentisco), por lo que los germanos también le dieron ese nombre y por ninguna razón se corresponde con su posterior alegación y, por tanto, difícilmente se puede incluir en esta cuenta».

«Artis hujus ratio est duplex, nam aut inmittunt silcis ex sculptis colores, aut superficie extrema inducto albo, flavo, aut caeruleo fundo, pingunt, quod volunt. Colores pleriq: vitra sunt, infecta singulari ac secreta arte, paucis Italia tantùm Gallisq; nota. Ea teruntut aquâ forti magno labore, ablutaq; puris aquis inducuntur metallo, ut immissa igni fluant indurenturq; A fluxu isto colliquationeque Germani schmelzen, Belgae, smelten vocant. quod non solum abludit ab Italorum smalto, quo haec ars ab ipsis appellatur. Gallis est Email, undè Germani suum acceperunt emalieren. Quamquam, hoc vocabulo secundum genus potiùs indigitent, quod differt à priori partim eo, quoniam colores, praeter vitra, habet alios ex quibuslibet materiis, quae ab igne difficulter absumuntur, partim eo, quoniam colores illi praeparantur oleo, spicae maximè pingunturq; penicillo, cùm ad prius illud stylus ferreus sufficiat. Est hoc genus alterum prorsus singulare, picturisq; artificiosissimi ideoneum eoq; magis aestimandum, quia nullo tempore, nullis aquis, aut sole corrumpitur. Atq; ideò in magno pretio habetur, ut tabella vix thaleri magnitudine quingentis pluribusq; aliquando imperialibus vendatur. An & veteres tenuerint illius rationem, ignotum est. Nostri vix ante annos quadraginta plenè invenerunt. Nam quae ante annos centum pluresq; fuit nota usitataq; fiebatq; exteriùs illitis tantùm vitris absq: pictura imaginum, nec vitris solùm, sed & aliis coloribus mastiche subactis undè arti ipsi quoq; nomen à Germanis datum, ad posterioris hujus elegantiam nullâ ratione pertinet, atq; adeo vix in censum hunc venire potest» (13).

Imaginamos que sigue refiriéndose a pastas duras, que también se podías utilizar sólo para proteger la superficie de algunos elementos.

Más adelante, al referirse a los pintores que emplearon la encáustica en las pinturas, dice Scheffer: «Por lo demás, como todos éstos pintan según su método o manera, y por ello, no se atribuye a ninguno el elogio de esta pintura ni por derecho ni por uso, más que a aquellos que usan colores sobre planchas o cuadros, y se llaman por ello propiamente pintores.».

«El haber acostumbrado a usar estos colores sobre cuadros, se observa también en Plinio cuando habla de Protógenes. Así, en el libre XXXV, c. 12: («Puso en esta pintura cuatro veces el color»). Creemos que se refiere al cuadro de Jaliso.

De la misma manera Vitruvio en el libre VII, c. 5: («Pues quien de los antiguos no parece haber usado drogas, bermellón con moderación; pero ahora de forma generalizada en su mayor parte todas las paredes son tratadas así»).

«Se hace esta aplicación -continúa diciendo Scheffer- cuando se untan colores triturados o preparados de cualquier otra manera, aunque los pintores no quieran llamarlo «untar», el aplicar colores, puesto que esto es lo que más conviene a las estructuras murales, los pulen con greda oscura o roja. Sin embargo conviene observar que así habían hablado los antiguos sobre los pintores».

Al referirse a Apuleyo, dice en su «Apología»: «Lo que fue quemado con cera o untado con color, o fingido con cualquier otro artificio humano».

«Caeterùm ut hi omnes suo modo pingunt, ita nemini laus pictoriae, vel rectius, vel usutatius tribuitur, quàm iis qui colores inducut chartis tabulisvè, ac pictores propriè dicuntur. Inducere hos tabulis colores consuevisse, patet etiam ex Plinio, quando de Protogene lib. XXV, c. 12 sic ait: Huic picturae quater colorem induxit. Sic Vitruvius, lib. VII. c. 5: Quis enim antiquorum non uti medicamento, minio parcè videtur usus esse: at nunc passim plerumq; Toti parietes inducuntur. Inductio haec fit, quando colores triti aliovè modo praeparati illinuntur. Quanquan illinere pictores nolint dici, quando colores inducunt, quum id potiùs murariis conveniat, iisq; qui creta, vel rubricâ expoliunt. Observare tamen licet etiam de pictoribus sic locutos esse veteres. Apulejus in Apolog: Quod cera inustum, vel pingmento illitum, vel alio quopiam humano artificio assimulatum est» (14).

Finalmente de una relación de métodos que, aunque con una serie de nombres no empleados comunmente, por el pasaje de Plinio que cita, se trata de los métodos tradicionales enumerados por éste.

Dice Scheffer: «Entre los antiguos existieron en primer lugar dos clases de pintura, el Heládico y el Asiático; después se crearon tres: el Jónico, el Siciónico y el Ático. Al referirse Plinio, en su libro XXXV. c. 10, es quien considera a Eupompo creador de la difusión posterior: («La influencia de eupompo -dice- fue tan grande que llegó a dividir la pintura en tres tipos, que antes de él fueron dos: el Heládico, y el que llaman Asiático. Después de éste, que era Siciónico, dividido el Heládico, se hicieron tres: el Jónico, Siciónico y Ático»).

«Se entresaca de estas palabras -dice Scheffer- que se trata del mismo tipo llamado Ático y al otro Sicionio. Pero cómo, porqué se hayan llamado estas clases, creo que se fundamenta en los propios autores que fuesen los primeros en practicarlos, bien desde Jonia, bien desde Ática. En Jonia, Cleantes, Ardices, y Cleofanto el de Corinto. ya que ésta es la capital de Jonia: en el Ática, Apolodoro el Ateniense, e igualmente Parrasio y los que a éstos y a aquellos siguieron después. Ciertamente todos éstos fueron extraordinarios maestros. Por esto, después, los que seguían a unos y a otros en la técnica de pintar, se consideraron de estilo Jónico, Siciónico o Ático».

«Picturae apud veteres duo primùm genera fuere, Helladicum, et Asiaticum; pòst, tria facta sunt, Jonicum, Sicyonium et Atticum. Meminit Plinius lib. XXXV. c. 10. qui auctorem quod; divisionis posterioris facit Eupompum: Eupompi auctoritas, inquit, tanta fuit, ut diviserit picturam en genera tria, quae ante eum duo fuere, Helladicum, et quod Asiaticum appellabant. Propter hunc, qui erat Sicyonius, divisso Helladico, tria facta sunt, Jonicum, Sicyonium, Atticum. Liquet autem ex verbis, genus Asiaticum id ipsum esse quod dein Jonicum appellat, & ex Helladico alterum Atticum, alterum Sicyonium dictum esse. Sed & unde dictasint haec genera, ex istis arbitror constare, nempè ab auctoribus, qui vel ex Jonia, vel Attica primi eam coluere. Ex Jonia Cleantes, Ardices, & Cleophantus Corinthij, qua Corinthus caput Joniae: Ex Attica Apollodorus Atheniensis, itemq; Parrasius & qui hos illosvè deinde sunt secuti. Scilicet fuerunt hi omnes eximij magistri. Undè posteà qui vel hos, vel istos in pingendi ratione sequebantur, genus vel Jonicum, vel Sicyonium, vel Atticum dicti sunt servare» (15).

Scheffer no daba ninguna explicación práctica. Sin embargo, sus teorías tuvieron gran influencia, sobre todo en Palomino.

CHARLES DU FRESNE SIEUR DE CANGE

En 1678, DU CANGE, en Glossarium mediae et infimae graecitatis (16), vuelve a hacer una revisión bastante completa de los textos que hablaban sobre la materia, y termina el artículo con estas reflexiones: «Yo he desarrollado durante largo tiempo este procedimiento y he señalado más de una vez que nuestros pintores academicistas ignoran esta antigua manera de pintar. en efecto, en la pintura de los cuadros bizantinos, obtenidos del Gabinet Sainte-Genevière, yo siempre a menudo pregunto ¿en qué consiste esta pintura? y no encuentro a nadie que me pueda decir qué tiene de comprensible este antiguo proceso».

«Nam cum tabellas illas graenicas ex archeio Sangenorefano depromptas et nostra opera in aes incisas ostendissent, ab iis percunctatus cuius modi ea esset pictura, nemo inventus est qui hanc veterum pictorum artem sese assecutam omnino affirmavit».

Bibliografia

  1. H RACHAM. M. A., Pliny, Natural History, Harwaer University Press. The Loeb Classical Library, London, MCNLXI, t. IX, lib XXXIV, ; C. MAYHOFF, Naturales Historiae. ed. Teubner, Laibzip, 1892, t. IX, lib XXXIV.
  2. A. PONZ, Comentario de la pintura que escribió D. Felipe de Guevara, ed. Hijos de Ibarra y cia., Madrid, 1788.
  3. Confer nota 1, cap. II.
  4. A. PONZ, op. cit., pp 60-61.
  5. Confer nota 24, cap. III
  6. Error morfológico de Lala por Iea (confer mpta 25 del capítulo II).
  7. L. DE MONT JOSIEU, Gallus Romae hospes, Ludivici Demontiosi, Roma. 1585, pp. 13-14.
  8. J. SCHEFFER., Graphice, id es, de arte pngendi , Nürnberg, 1669, pp. 64-55.
  9. H RACHAM. M. A., o. cit., lib XXXV.
  10. J. SCHEFFER., op. cit. p. 50.
  11. Ibidem, p. 50.
  12. J. SCHEFFER., op.. cit. p. 60.
  13. Ibidem, p. 60.
  14. Ibidem, 9. 60.
  15. Ibidem, pp. 60-62.

Como colofón a este trabajo, hay que decir que se han conseguido recoger los textos de todas épocas, aunque el griego desaparece de las citas, salvo expresiones o palabras aisladas. El Latín permanece hasta bien entrada la Edad Moderna. Pues sabemos que las obras de carácter científico se siguieron escribiendo en latín, como podemos observar en los trabajos filosóficos de un descartes o Leibniz, por citar algunos ejemplos.

Creo que se ha conseguido la restitución de las citas auténticas y no alteradas por el abandono o descuido de las citas por parte de autores, que se venían observando en los comentarios de los pintores modernos cuando hablaban de la Encáustica. Para ello ha sido necesario buscar y consultar en bibliotecas los autores tradicionales pero con la garantía de que tales documentos traían su aparato crítico, cosa que nos ha permitido eliminar las confusiones y textos corruptos que se venían utilizando sin precisar más detalles sobre su autenticidad.

Esta aportación documental ha sido complementaria al trabajo general realizado por el Catedrático D. Francisco Javier Marín Marín, quien ha presentado su Tesis Doctoral, realizando una magnífica recopilación de consultas y ejemplos de trabajos a la Encáustica, del que él forma parte como especialista en esta técnica pictórica.

Nuestra más sincera enhorabuena.

Dr. Antonio Ruiz Fernández, Catedrático de Latín.

Granada, 4 de Junio de 2020.