CONTEXTO ARQUEOLÓGICO DE LOS LEONES FENICIOS (PROBABLE MONUMENTO FUNERARIO) APARECIDOS EN EL ÁREA ALEDAÑA DE LA NECRÓPOLIS PUENTE DEL NOI. Almuñécar, Granada.

IN HONOREM a mi estimado amigo Antonio Berrio Alabarce

El conjunto de terreno que forman parte de la necrópolis de Puente del Noi lo forma una colina y terreno cercanos a ella. Sobre el mismo se encuentra emplazado el Instituto Antigua Sexi y toda una serie de edificaciones anteriores a la excavación. Sobre la cresta de dicha colina hay una serie de chalets construidos antes de que se practicara la excavación. Entre estas edificaciones hay una casa-chalet donde se han encontrado elementos que son muy similares a los hallados en la etapas de excavación desde el año 1979. Los materiales que se van a mostrar en esta publicación fueron encontrados en el rebaje de terreno que se llevó a cabo en una de esas viviendas desde años muy anteriores a que se iniciara la excavación oficial de los terrenos libre de esa colina. Se van a mostrar tal como se han conservado hasta el momento, y muestran una variedad muy semejante a los últimamente localizados. En fechas de la construcción de los restantes chalets han aparecido materiales cuyo fin se desconoce, pero que debían ser de una tipología muy similar a los nuevos hallados hace pocos años. Y una de las novedades entre los conjuntos de elementos de ajuar, es la aparición de piezas que no han sido detectadas recientemente. Objetos relacionados con la vida y trabajo de los fenicios que por estos lugares pudieran establecerse. Resulta muy extraño que en un espacio de unos 500 m2 se hayan obtenidos piezas diferentes a las habituales en el nuevo proceso de excavación.

Como se irá viendo, los movimientos de tierra en las antiguas construcciones de viviendas, se han detectado la presencia de tumbas de tamaño mayor a las habituales. Se han comentado hallazgos insospechados de tumbas similares de la 1E de la cima de la colina. Incluso se rumoreó la aparición de elementos sepulcrales de mayores y variadas proporciones; y es posible que algunos de los hallazgos de restos de construcciones fenicias, puedan pertenecer a una de las supuestas tumbas de grandes proporciones, pero que suponemos, porque no se ha visto ni localizado, su existencia debido a la gran cantidad de tumbas excavadas hasta el momento. Tumba de corredor, de ciertas proporciones, 4C, tumba de pozo con hipogeo 1E. Pero los rumores de otras ocultas se oyeron al inicio de la excavación oficial.

Otro fenómeno extraño es la cantidad de algunas de las piezas halladas, como ungüentarios mejor conservados y más numerosos que los encontrados hasta el momento, al igual que elementos específicos de la profesión tan practicada por los fenicios en aquellos momentos: la pesca. Tan extraño resulta esta novedad que no deja de sorprendernos, porque, en los tres años de excavación, no han aparecido ni uno sólo de este tipo.

RELACIÓN DE MATERIALES PARALELOS A LA EXCAVACIÓN GENERAL DE PUENTE DEL NOI

Fot 1.- Esta imagen refleja uno de los momentos en que se realizaron excavaciones fuera del contexto de las practicadas en el terreno conocido como Puente del Noi. Y aparecen los mismos fenómenos que se han mostrado posteriormente en la excavaciones oficiales. El corte lateral muestra la linde con el terreno de nuestras excavaciones, donde, en otros momentos, se verán los materiales comunes de todo este recinto. La excavación se hizo con criterio aceptable a pesar de que el terreno no permitía cuadricular con exactitud las catas donde van a ir apareciendo la gran variedad de materiales comunes a todo este espacio.

Foto 2.- En esta imagen se observa la delimitación entre la zona B de las excavaciones oficiales y su dirección hacia la cresta superior donde, al parecer, en tiempos pasados aparecieron elementos poco corrientes en tipología de enterramiento. Debajo de un chalet de la parte superior, cuando se hicieron los cimientos, se descubrió, según cuentan los antiguos propietarios, un enterramiento de dimensiones superiores a todos los hasta ahora conocidos. Y probablemente, los materiales de una probable construcción de monumento funerario, tenga que ver con los restos encontrados en este espacio que mostramos. Es muy probable que tenga que ver con ello. De la hipótesis se puede pasar a la verdad o tesis. Pero no estamos del todo seguros y podría ser material de una tumba monumental existente en este mismo terreno.

Foto 3.- En este corte entre terrenos de distintos propietarios, podemos observar el mismo fenómeno del sector B; Los restos de la tumba profunda nos muestra en su cabecera cómo una tumba nueva posterior la ha interrumpido. Lo que demuestra, en parte, que la intensidad de localizaciones de tumbas en esta parte antigua del terreno, era tan densa como las antes citadas.

LEONES DECORATIVOS DE UN MONUMENTO FUNERARIO FENICIO

Foto 4.- Las dos imágenes que se van a mostrar secuencialmente nos indica que los nombrados leones fenicios se encontraban, años atrás, en el jardín de este vivienda. La cara del león está desgastada por las circunstancias que en se encontraba este elemento: bastante deformado.

Figura 5.- Vista del mismo león, de perfil, en el que se aprecia bien las patas delanteras y traseras. La parte posterior carece de forma haciéndonos ver que se encontraba adosado a una supuesta esquina frontal del probable monumento funerario. Está revestido de un material similar al estuco, pero se cree que es alguna mezcla de cal y argamasa.

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Foto 6.- Esta imagen nos muestra en color, el tipo de material de su revestimiento. Es la figura que hoy se encuentra en el Museo Arqueológico Local de Almuñécar. Y da la impresión que la figura en blanco y negro es más expresiva que la que se encuentra expuesta.

Foto 7.- Esta pieza, según la opinión de quien la encontró, persona muy culta, se pensaba que es parte de otro de los leones que se encontraban formando el monumento funerario. Y estamos convencidos de que tiene razón: la pieza que formaría parte de una de las dos esquinas de ese monumento. Pero que se encuentra bastante deteriorado porque tal vez ha rodado mucho o ha sufrido en el saqueo que toda esta zona ha sufrido desde la época antigua de la zona de Puente del Noi. Personalmente estoy convencido de que, quien la encontró, tiene razón: formaba parte de un monumento; no era una piedra de cubrir tumbas, sino parte de la decoración funeraria.

Foto 8.- Aquí mostramos uno de los trozos de piedra caliza que, probablemente, formara parte de una de las esquinas del monumento funerario en este terreno. Se observa como una especie de canal sobre el que podría colocarse uno de los leones.

Foto 9.- Con esta foto podemos observar que el material de que está hecho es el mismo que se ve tanto en el león entero como en el probable trozo de presentamos.

Foto 10.- Esta imagen se puede entender como otros de los elementos angulares que formaran el pie y esquinas de la tumba funeraria. La parte central derecha tiene un diseño como indicado para que encajara una de los piezas decorativas del monumento funerario.

Foto 11.- Esta pieza, del mismo tipo de material, está tallada como para que, sobre ella, se encajara una de las supuestas figuras del monumento funerario. Si se comparan las anchuras de todas estas piezas, puede comprobarse que están talladas para que los elementos decorativos encajen a la perfección haciendo juego sobre el monumento. Sólo basta superponerlos.

Foto 12.- Esta pieza semicircular es un tanto misteriosa. Hemos visto su imagen tanto en el Museo Local como en casa de un particular. Hoy se encuentra en este museo. Su material es el mismo de las piezas anteriores. Podía formar parte de la hornacina destinada al difunto.

Dibujo de Antonio Quirós Martín

Este dibujo puede servir de ejemplo para afirmar que debieron existir tumbas con monumentos funerarios cubriendo la sepultura. Quiero recordar que los sillares abundaban apilados junto al muro de la finca conocida como La Cerca. Después, probablemente fueron reutilizados en casas nuevas que se construyeron en sus cercanías; y otros sillares podían proceder de la tumba con dromos (4C), porque este elemento funerario está construido de sillares, de los que faltan gran cantidad.

ELEMENTOS ARQUEOLÓGICOS HALLADOS EN LAS EXCAVACIONES DE ESTE TERRENO.

TIPOLOGÍA DE LAS PIEZAS HALLADAS

Jarra fenicia

Foto 13.- Jarra de borde con sección triangular, con asa que empieza en la boca y termina por encima del centro del vientre de la misma. Su fondo termina con base plana. El color es anaranjado y con excrecencias blanquizcas. No ha sido retocada, y conserva su antiguo estado original. Apareció muy fracturada, pero pudieron recomponer su forma. Su fondo es plano. Su fecha de fabricación se remonta a la primera parte del siglo IV a. de C.

Foto 14.-Ungüentario helenístico globular completo, cuerpo casi esférico, y cuello largo, zona de vástago y pie triangular. Color anaranjado, borde exvasado y de forma triangular. Cronología: final del siglo V a. de C.

Foto 15.- Ungüentario helenístico, fusiforme, se sección triangular, vástago y pie troncocónico, cuello cilíndrico largo, cuerpo de forma de huso, color marrón desgrasado, con cavidad interior hasta llegar al vástago, largo y macizo. Cronología: finales del siglo III a. de C.

Foto 16.- Ungüentario helenístico, fusiforme, borde exvasado, rectilíneo, cuello largo y estrecho, macizo hasta el vientre; comienzo del vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado con cambio de tonalidad por efecto del contexto. Cronología: finales del siglo III, principio del siglo II a. de C.

Foto 17.- Ungüentrario helenístico, tipo fusiforme, borde de sección triangular, cuello alargado, vástago macizo y pie troncocónico; color anaranjado claro. Cronología: comienzo del siglo II a. de C.

Foto 18.- Ungüentario helenístico, tipo fusiforme, cuello alargado, vástago macizo, pie troncocónico. Color anaranjado. Cronología principios del siglo II a. de C.

Foto 19.- Ungüentario helenístico, tipo fusiforme, cuerpo en forma de huso con la cavidad interior hueca hasta el vástago que es macizo, con pie troncocónico. Coloración anaranjada-marrón. Cronología: finales del siglo IV , principio del III a. de C.

Foto 20.- Ungüentario helenístico, borde triangular, cuello cilíndrico alto, cuerpo fusiforme que llega hasta el vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado weis; cronología: principio del siglo III. a. de C.

Foto 21.- Ungüentario helenístico fusiforme, vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado claro. Su cronología es de finales del siglo III a. de C.

Foto 22.- Ungüentario helenístico fusiforme, cuerpo triangular, vástago macizo y pie troncocónico. Color anaranjado. Cronología: mitad del siglo III a. de C.

Foto 23.- Ungüentario helenístico, corte triangular, vástago macizo y alargado con pie troncocónico. Color anaranjado claro. Cronología: aparecen durante todo el siglo II a. de C.

Foto 24.- Ungüentario helenístico, tipo fusiforme, cuello largo, vástago macizo hasta el pie, que es troncocónico. Color anaranjado irregular por posible incineración. Cronología: se sitúa entre finales del siglo III y comienzos del II a. de C.

Foto 25.- Ungüentario helenístico fusiforme, borde de sección triangular, cuello largo y cilíndrico, cuerpo con cavidad interior hasta el vástago y pie bitroncocónico. Color anaranjado oscuro. Cronología: siglo II a. de C.

Foto 26.- Ungüentario helenístico fusiforme, vástago macizo hasta el pie, troncocónico. Color anaranjado claro. Cronología: siglo III a. de C.

Foto 27.- Ungüentario helenístico, fusiforme, vástago macizo hasta el pie troncocónico. Cronología: finales del siglo III y comienzos del II a. de C.

Foto 28.- Ungüentario con forma bulboide; de pequeñas dimensiones, entre 8 y 12 cm. Su base es plana. Cronología: siglo I a. de C.

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Foto 29.- Ungüentario de forma bulboide, cuello corto, borde exvasado, base plana. Cronología: Siglo I. a. de C.

Foto 30.- Ungüentario de tipo romano, con forma bolboide y base redondeada, base plana y cronología similar al anterior: segunda mitad del siglo I a. de C.

Foto 31.- Ungüentario de forma bulboide, de origen romano, con extremo exvasado, cuello largo y bulbo de la misma dimensión. Base plana. Cronología: segundo mitad del siglo I a. de C.

Foto 32.- Ungüentario de tipo bulboide, de origen romano, extremo exvasado, y base plana. Cronología: siglo I a. de C.


JARROS

Foto 33.- Jarro de cuerpo bitroncocónico, borde exvasado, color anaranjado, pie plano. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 34.- Jarro de cuerpo bitroncocónico, borde exvasado, asa elevada sobre el borde y termina sobre la base del cuello, pie plano. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 35.- Jarro de cuerpo bitroncocónico, borde exvasado, asa elevada sobre el borde y terminada por encima del vientre. Cronología: Igual que la imagen anterior.

Foto 36.- Jarro de la misma forma que la anterior, con cronología idéntica.

Foto 37.- Jarro bitroncocónico, borde exvasado, asa sobrealzada en el borde y algo ensanchada sobre la parte superior del vientre. Cronología igual que la anterior.

Foto 38.- Jarro bitronococónico, borde exvasado, asa sobrealzada y terminada sobre la mitad del vientre. Color anaranjado y cronología igual al anterior.

Foto 39.- Jarro bitroncocónico, asa por encima del vientre y algo elevada sobre el borde. De la misma cronología que el anterior.

Foto 40.- Jarrito de forma casi cilíndrico, borde exvasado y asa que nace sobre el mismo borde y termina casi en el centro del vientre.. Cronología: primera mitad del siglo III a. de C.

Foto 41.- Jarrito de forma casi tubular o cilíndrico, aunque la parte superior es troncocónica, borde exvasado y asa que parte desde el mismo borde y llega hasta el centro superior. Cronología: segunda mitad del siglo III a. de C.

Foto 42.- Jarrito de forma tubular-cilíndrico, borde exvasado, asa algo realzada y termina en el centro del vientre: Cronología. primera mitad del siglo III a. de C,

Foto 43.- Jarrito de forma tubular en su mitad inferior, y troncocónica en la superior, borde exvasado y asa que parte desde el borde algo realzada y termina en la mitad superior. Cronología: primera mitad del siglo III a. de C.

Foto 44.- Jarrito de forma tubular-cilíndrico, desde el asa hasta arriba troncocónico, borde exvasado y asa ligeramente realzada que baja hasta casi el vientre, color anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo III a. de C.

Foto 45.- Jarrito con forma cilíndrica inferior y troncocónica superior. Borde exvasado y asa que empieza en el borde y termina muy cerca del cuello. Color anaranjado-rojo. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 46.- Jarrito de forma cilíndrica en su mitad inferior, y troncocónica en la superior. Borde exvasado y asa ligeramente sobrelazado que termina sobre la parte tubular. Color anaranjado-marrón. Cronología: segunda mitad del siglo III a. de C.

Foto 47.- Jarrito con la parte inferior cilíndrica, y la mitad superior troncocónica. Asa ligeramente sobrealzada en el borde y terminando en el tercio superior, color marrón-anaranjado. Cronología: segunda mitad del siglo III a. de C.

Foto 48.- Jarrita bitroncocónica, borde exvasado y asa bien sobrealzada que termina a la altura del cuello, color marrón anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 49.- Jarrita de cuerpo bitroncocónico, cuello exvasado, asa sobrealzada que termina cerca del borde. Base plana triangular, color anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 50.- Jarrita de las mismas características que la anterior. Cronología la misma.

Foto 51.- Modelo de jarrita de la misma factura que la anterior, igual que su cronología.

PLATOS

Foto 52.- Plato de tipo campaniense con borde hacia arriba y decoración central. Su cronología es del siglo IV a. de C.

Foto 53.- Plato de forma plana con pocico en la parte central. Datacion: siglo III a. de C.

Foto 54.- Plato con fondo en forma de pocico, color anaranjado y pie indicado, borde exvasado hacia abajo. Cronología del siglo II. a. de C.

Foto 55.- Plato de borde exvasado hacia abajo y pocico central. color anaranjado claro. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 56.- Plato de borde exvasado hacia abajo y pocico central, color anaranjado. Misma cronología.

Foto 57.- Plato con las mismas características de los anteriores.

Foto 58.- Plato de las mismas características anteriores.

Foto 59.- Plato de borde exvasado hacia abajo y pocico central, color anaranjado y cronología del siglo III a. de C.

Foto 60.- Plato con arandela de borde ensanchada y exvasado, color anaranjado. Cronología: segunda mitad del siglo II d, de C.

Foto 61.- Plato de borde vuelto hacia abajo, con pocico central. Color marrón-anaranjado. Cronología: primera mitad del siglo II a. de C.

Foto 62.- Huevo de avestruz utilizado como elemento de ajuar funerario. Por contexto arqueológico se puede datar en la primera mitad del siglo IV.

Foto 63.- Ollita de cerámica con doble asa y tapadera.

Foto 64.-Vista vertical de la pieza anterior. Sin contexto.

Foto 65.- Tapadera de la ollita de cerámica.

Foto 66.- Ánfora de doble asa adherida al cuello y al borde de forma troncocónica de origen romano. Sin contexto.

Foto 67.- Vasija sin asa con borde exvasado y cuello cilíndrico. Se puede considera romana; de color marrón anaranjado.

Foto 68.- Vaso de cerámica aretina con borde realzado, color marrón claro e inscripción en el centro. Sin contexto. Cronología: finales del siglo I a. de C.

Foto 69.- Detalle central de la pieza anterior donde se aprecia el sello del ceramista (VOLVSI). Siglo I d. de C.

Foto 70.- Cazoleta romana con borde resaltado; color marrón claro. Sin contexto.

Foto 71.- Cazoleta de características similares a la anterior.

Foto 72.-Cuchillo de piedra caliza, o sílex, sin contexto arqueológico.

Foto 73.- Piedra marmórea, de todo grisáceo probablemente usada para curtir pieles, o triturar grano.

Foto 74.- Piedra redondeada con pulimento basto, destinada a la molida de grano o curtido. Sin contexto.

Foto 75.- Detalle de color de la pieza anterior.

Foto 76.- Parte superior de un clavo de hierro. Sin contexto.

Foto 77.-Clavo de diferente formato, parte superior con cabezal. Sin contexto.

Foto 78.-Fuente de estilo campaniense, con pie plano y fondo de reborde destacado. Cronología: siglo II d. de C.

Foto 79.- Pieza de collar- Siglo V a. de C.

Foto 80.- Concha marina sin contexto.

Foto 81.-Elementos marinos utilizados para las redes de pesca. No hay paralelos en toda la necrópolis Puente del Noi.

Foto 82.- Piezas marinas utilizadas como plomadas en las faenas de pesca marina. Son de cerámica. Sin contexto.

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Foto 83. Elementos marinos similares a los anteriores.

Foto 84.- Piezas de material rocoso de uso doméstico. Sin contexto.

Foto 85.- Piezas de collar.

Foto 86.- Pieza de collar.

Foto 87.– Pieza de collar.

Foto 88.- Amuleto.

Foto 89.- Pieza de pedestal probablemente encajada con la pieza de la figura anterior.

Foto 90.- Objeto doméstico.

Foto 90.- Este parte forma conjunto con la anterior encajando sobre la parte superior.

LUCERNAS DE A. BERRIO.

Foto 91.- Lucerna bicorne. Cronología: primera mitad del siglo IV a. de C.

Foto 92.- Lucerna fenicia de un solo pico. En la parte del vientre se observa una ranura circular y en la base del pico se puede identificar aún parte de la mecha enroscada, y agujero del pico alargado, color marrón anaranjado. Cronología: fechada a principios del siglo IV a. de C.

Foto 92.- Lucerna fenicia similar a la anterior. En la parte media posterior se observan dos conatos de orejas para sujetarlas o moverlas. Ranura circular a la altura de la panza. Se puede fechar también a principios del siglo IV.

Foto 93.- Lucerna de un pico con el mismo grosor entre la base del aceite y el pico. Tiene pie de base circular. Tonalidad marrón oscuro y restos de mecha en torno a la base del pico. Cronología cercana al siglo VI a. de C.

Foto 94.- Lucerna con las mismas características del tipo anterior, aunque con el pico más corto y sin restos de mecha. Cronología siglo VI. a. de C.

Foto 95.- Lucerna fenicia con cuerpo circular y pico poco pronunciado. Conserva restos de la combustión. Cronología: siglo II a. de C.

ALGUNAS DE LAS MONEDAS FENICIAS DE BRONCE APARECIDAS EN CASA DE A. BERRIO

Foto 96.- AE. Anverso: Hercules-Melkart. Siglo II a. de C.

Foto 97.-AE. Reverso. Dos atunes a izda. Leyenda fenicia partida ilegible. En el centro: disco solar con 8 rayos a izquierda. A derecha, creciente lunar a izquierda con punto.

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Foto 98.- AE. Cabeza de Hércules Melkart a izquierda, cubierta con piel de león y maza detrás. Anepígrafa.

Foto 99.- AE. Reverso. Dos atunes a izquierda, leyenda partida (samek-caph-samek; arriba MP`L). En el centro: creciente lunar a izquierda con punto; a derecha, disco solar con seis rayos.

Foto 100.- AE. Cabeza de Hércules Melkart con piel de león y maza detras.

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Foto 101.- AE. Reverso. Dos atunes a izquierda, leyenda partida casi ilegible. En el centro creciente lunar a derecha con punto central; a izquierda, disco solar con ocho rayos.

Foto 102.- AE. Cabeza de Hércules Melkart a izquierda, cubierta con piel de león y detrás, maza

Foto 103.- AE. Reverso: dos atunes a izquierda. Leyenda partida: abajo: SKS (samek-Kaph-Samek; arriba MP`L. En el centro: Disco solar a izquierda con siete rayos, creciente lunar con punto a derecha.

Conclusión.

Los materiales que acabamos de exponer de forma detallada, pero sin referencias paralelas, constituye un conjunto inédito de elementos arqueológicos en el que nos hemos empeñado en localizar y tratar de incluirlos en el conjunto total de la Necrópolis Puente del Noi en Almuñécar, iniciada en 1979.

Hemos expuesto nuestro punto de vista sin hacer referencia directa a los diversos autores que han trabajado estos materiales a lo largo de todo el Mediterráneo. Los materiales se copian y eso hace que aparezcan ejemplares similares, pero no fabricados bajo el mismo patrón. De ahí las variantes y los herrores más o menos numerosos que se vienen cometiendo con bastante frecuencia. Exponemos lo que se ha encontrado y se trata de establecer una cronología y tipología acorde con todos los materiales aquí hallados desde fechas antiguas.

No obstante queremos destacar los numerosos autores que han trabajado y trabajan sobre este tema, que tantas y variadas opiniones han expresado desde que se iniciaron de forma científica el estudio de las diferentes localidades que han proporcionado tanto centros y materiales.

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Dr. Atonio Ruiz Fernández.

Granada, 17-02-2022.

LA ESTACIÓN MILITAR DE LOS CASTILLEJOS, ALMUÑÉCAR

Se trata de un emplazamiento situado en la sierra al que se llegaba subiendo empinadas cuestas, sin carriles ni vías de comunicación. Es un emplazamiento destinado a los controles de movimientos de tropas, desde donde se podían ver un espacio que abarcaba desde el Cabo Sacratif hasta la bahía de Málaga.

Reunía condiciones de habitabilidad. Las casas estaban construidas sobre la falda de los montes. El agua se proveía desde aljibes construidas a propósito para su abastecimiento. Un río, arroyo, en momentos de carestía se podía utilizar para el normal uso de la comunidad humana que allí habitaba. Realmente este recinto constituía un fortín parapetado de un especie de acrópolis formadas de piedra caliza, huecos rellenos con mampostería, cuidando que no quedaran resquicios para una invasión fortuita por ningún punto de las crestas de las rocas más elevadas. Pero las viviendas se levantaron tanto en las zonas altas, medias y bajas. Su necrópolis estaba situada en la cresta de Poniente, entre dos grandes rocas que la protegían de los vientos. Hoy día no queda nada de las tumbas por el saqueo y pillaje a que ha sido sometido todo aquel terreno por los buscadores de piezas arqueológicas y saqueo desde 1973-5, fechas en que se tomaron la mayoría de las fotos que se muestran en este investigación.

La parte más elevada de estas rocas, como se ha dicho, constituían un verdadero fortín inexpugnable. Todos los resquicios estuvieron equipados con torreones de mampostería y un sistema de murallas que llegó a rodear en su parte delantera, toda la zona sur, quedando bien protegida en caso de ataques enemigos.

Las viviendas se levantaron desde la parte superior hasta las laderas inferiores; de modo que se ven restos de muros de viviendas en cotas altas, medias y bajas, como ha quedado dicho. Los materiales son autóctonos. La misma estructura del terreno proporcionaba y servía de cantera para levantar sus viviendas. Hoy día no podemos ver nada porque no se ha organizado ninguna excavación adecuada para ver los materiales de aparejo y los probables estucos de revestimiento de los interiores. Pocos resto de tejas de las cubiertas podemos ver. Todo ha sido removido y, si quedaba algún material utilizable, ha sido reutilizados en los cortijos que se encuentran en los valles laterales y sus correspondientes cortijos. El turismo moderno ha hecho estragos en este yacimiento. También ha sido visitado este asentamiento por expertos en medieval. y la impresión que me queda es que han ido de excursión. No se ha hecho ni una cata en zona apropiadas, ni siquiera en los aljibes, elemento más apropiado para poner en práctica el procedimiento de excavación al menos. En resumen: los expertos han ido a echar una vistazo y decir que parece que hay materiales anteriores a los típicamente árabes. Y no comento más.

El abastecimiento de agua procedía fundamentalmente del agua de lluvia. Para ello se construyeron dos aljibes cuyos restos siguen visibles, como se verá más adelante. En caso de sequía podía hacerse acopio de agua de los valles colindantes donde se encuentra el Arroyo de la Miel de los Castillejos y río Jate. Hoy muy cambiado por los cultivos modernos y los nuevos asentamientos de viviendas modernas. Otros de los atropellos sin paliativos.

Los accesos no existían. De esa forma evitaban la posibilidad de que intentaran subir los enemigos hasta el poblado.

Hubo encuentros entre los propios invasores: los de la costa y los del interior de Andalucía en aquellas fechas. Era un paso obligado para poder acceder a los interiores a la vez que un punto de estrategia militar para controlar los movimientos de tropas tanto de tierra como por mar. De hecho en estos valles de dieron combates entre los propios árabes: cordobeses y los de la costa granadina. Con batallas que pusieron en peligro a los árabes del interior.

No hemos podido encontrar ningún tipo de resto de armas en las zonas superiores, porque suponemos que los combates se dieron en las zonas bajas. Era demasiado peligroso acceder a las zonas altas porque los agresores no tenían defensa de ningún tipo y no podían correr ese riesgo. Por desgracia, cuando se exploró toda la zona de viviendas y puntos defensivos, no tuvimos la suerte de encontrar restos de materiales bélicos. Pensamos que los detectores de metales funcionaron tiempos atrás y no nos dieron la oportunidad de encontrar ni el más mínimo resto de armas.

El acceso actual, cuando se realiza este trabajo, se hizo subiendo desde el mismo límite entre la provincia de Granada y Málaga. Pero existía otro desde la zona de río seco Alto, y la zona llamada la Bóveda.

Hecha esta introducción, pasamos a la parte documental en la que se van a ir explicando las diversas zonas que se detectaron según íbamos explorando. Comenzamos por la zona inferior y valles periféricos e iremos subiendo analizando las diversas partes que nos encontramos con la exploración superficial. La parte más llamativa lo constituye lo que podríamos llamar acrópolis del emplazamiento militar, y a continuación las diferentes franjas de muros que esconden los restos de la series de viviendas, con sus muros, que se apreciaban a simple vista.

LOS CASTILLEJOS Y SU ENTORNO GEOGRÁFICO

Documentación

Foto 1.- En las proximidades de las faldas de la zona más elevada del espacio conocido como LOS CASTILLEJOS, podemos ver los restos de un torreón reforzado y a los pies del tajo de roca. Por debajo se encuentran los restos de las viviendas derruidas por el tiempo y los pillaje y saqueos que se venía practicando desde tiempos atrás. A los pies, se encuentran las ruinas de las casas derruidas sobre todo por el abandono desde que esta esta zona pasó a ser parte del Reino de Granada.

Foto 2.- Según se sube a las cumbres de los Castillejos, a derecha se pueden ver otros picos de esta zona y que formaban parte del sistema de control de los movimientos militares que tuvieron lugar en el tiempo en que este territorio se encontraba en poder musulmán.

Foto 3.- En esta foto podemos contemplar uno de los pasos más importantes que atraviesan este control. Desde la cumbre se aprecia perfectamente la costa. Para eludir esta vigilancia era preciso aprovechar los días de neblina o taró, que hacía imposible ver los movimientos marítimos tan importantes en todos los tiempos. Las tropas militares tenían que realizar sus marchas aprovechando esas circunstancias para evitar ser vistos y pasar desapercibidos.

La defensa del lugar constituían un baluarte inexpugnable para los que intentaran pasar tanto por la vertiente de Levante como de Poniente. Era un paso frecuentado en el tránsito hacia el interior del territorio buscando pasar a través de la Sierra de la Almijara y derivaciones.

Es evidente que la foresta de esos siglos sería más abundante de lo que aquí se aprecia, y los Castillejos estarían cercados de arboleda para evitar ser vistos cuando se acercaran tropas de paso o de conquista del territorio.

Foto 4.- Desde la parte superior de los Castillejos, al fondo, hacia Levante, se ve este valle, hoy ocupado por los propietarios actuales y con terrenos de cultivo. Este era una de los pasos obligados para quien quisiera pasar al la zona superior de la sierra, o a los territorios interiores en dirección a Córdoba. El paso por Motril era mucho más comprometido y expuesto a choques con gente no afines a su comunidad o reino.

Foto 5.-Desde las faldas de las grandes rocas que conforman este complejo fortín natural, se observa la parte de Poniente que se dirige hacia la playa y mar, terreno prácticamente ya de la provincia de Málaga. Esta parte debió estar ocupada por grupos adelantados de defensores y con medios para establecer un sistema defensivo a base de murallas y torreones. Como se ha dicho al principio, por estos lugares no existían veredas ni caminos: todo se recorría a través del campo.

Foto 6.- Mirando hacia Poniente, vemos cómo los caminos actuales van en esa dirección. Todo se está cultivando y todo tiene sus veredas; cosas totalmente modernas.

Foto 7.- Desde la cumbre peñascal se puede ver la costa de Granada. En esta foto se cumple lo antes dicho: la neblina puede impedir la visión de los movimientos marinos, y, por tanto, averiguar si se acercan tropas por mar, forma más adecuada para poner en movimiento un ejército. Existía la antigua vía romana de la costa, que, sin duda, utilizarían, pero por mar, estos movimientos eran más fáciles y prácticos. Téngase en cuenta que las embarcaciones árabes disponían de unidades dotadas de artillería de cierta calidad y alcance. Un tipo de nave muy usada era la fusta, que iba equipada con uno o dos cañones. Su calado no era poco profundo para darle mayor rapidez.

Foto 8.- En esta imagen destacamos la defensa natural que tiene esta plaza militar. Es un tajo muy escarpado y sin foresta necesaria para poder acceder a la parte del poblado. No obstante suponemos que toda esta falda de monte que da al Oeste y de inmediato al Norte, estaría destinada a la agricultura para la supervivencia de la población aquí establecida. Por las condiciones naturales sería un terreno cultivable en la modalidad de secano, puesto que hasta este punto tan sólo se podía recoger agua de lluvia que sólo se podría destinar al consumo humano.

Foto 9.- En esta foto se quiere destacar lo escarpado del monte para constituir un valladar defensivo. Casi es imposible acceder a la cima a través de esta estructura rocosas y casi sin vegetación.

Foto 10.- En esta foto se quiere destacar un terreno poco dado a la agricultura y que se encamina hacia el valle que a continuación se observa en el horizonte izquierdo, con montañas también rocosas y escarpadas.

Foto 11.- En esta imagen tan sólo se pretende mostrar la parte opuesta a la foto anterior, con una estructura igual de dificultosa para el acceso a la cumbre. Continúa siendo un punto inexpugnable.

Foto 12.- Esta imagen muestra ya un paisaje algo más apropiado para ser utilizado como terreno aprovechable para el cultivo, pero sigue siendo de secano. Suponemos que la parte arbórea es relativamente reciente

Foto 13.- En esta imagen se muestra un terreno algo más apropiado para el establecimiento humano, pero, como se verá más adelante, aparecen restos de estructuras que pueden pertenecer a algunas formas defensivas del emplazamiento. En la parte superior izquierda se puede ver una abertura en forma de «V», que, al parecer, fue la parte de este solar destinado al emplazamiento de una necrópolis. Pude contemplar las tumbas árabes, pero me ha sido imposible hasta ahora encontrar los negativos. Posteriormente se ha visitado ese lugar y no han aparecido ni una sola laja de las sepulturas. Han removido todo buscando algo de valor y lo han dispersado todo. Pero, insisto, las tumbas estaban en su sitio y bien marcadas. El pillaje ha acabado con ellas. En general, se ignora que el mundo árabe no enterraba objetos de valor en sus enterramientos. y… he visto muchos en otros lugares de la comarca de Almuñécar.

Foto 14.- Pico cortado en vertical de la fortaleza natural de los Castillejos. Detrás de la roca más destacada se encontraba la necrópolis.

Foto 15.- Vista de detalle de una parte del risco donde se encontraba la necrópolis. Se puede observar que la vegetación era propia del tipo mediterráneo. Además se observan rocas caídas probablemente por la erosión.

Foto 16.- Vista desde la parte norte del risco más elevado de esa zona de los Castillejos. La arboleda empieza ya a aparecer de forma destacada, pero moderna.

Foto 17.- Detalle para demostrar la pared inexpugnable del pico más destacado de las cumbres.

Foto 18.-Mostramos aquí algunos de los restos de murallas que circundaban lo que podemos llamar acrópolis de los Castillejos. Llegan incluso a confundirse con las rocas erosionadas.

Foto 19.- En la parte superior y en línea con el pico más alto, podemos empezar a ver una serie de murallas que van acordonando lo que consideramos su acrópolis. Es curioso observar cómo aparecen elementos de vegetación, como el esparto.

Foto 20.-Entre estas dos crestas de piedra se encontraba la necrópolis, parte la más elevada de todo el conjunto defensivo. A partir de aquí, y siguiendo en sentido descendente, empiezan a aparecer los restos de vivienda, como más adelante se va a mostrar.

Foto 21.- Aquí se muestra la segunda altura que indica el emplazamiento del cementerio árabe, justo detrás de esta cumbre.

Tumba 22.- Aquí se muestra la cornisa que recorre la parte más elevada de los Castillejos. Con fotos de detalle se podrá ver que existe toda una cadena de muros sobre la cumbre.

Foto 23.- Vista completa del conjunto de las peñas. A izquierda se puede ver la zona donde se encuentra la necrópolis; a su derecha, la cumbre más alta; a continuación una caída casi en picado de la montaña, y un nuevo punto de altura de los Castillejos. A los pies de ambos se ve un terreno en rampa donde se encuentran los restos de los elementos que componían la estructura de viviendas y muros de defensa.

Las cotas de altitud oscilan entre los 524 m al Oeste, y 584 m al Este.

Foto 24.- En esta foto se muestra uno de los puntos más elevados del conjunto de los Castillejos. Es un verdadero valladar inexpugnable.

Nota. Estas fotos fueron tomadas por el autor de este trabajo entre los años 1973 y 1.975.

Foto 25.- Punto de la cima donde empiezan a utilizarse refuerzos con piedras para evitar la erosión. Como se sabe, este lugar fue ocupado por los árabes varios siglos, iniciándose sobre el IX de n. e.

CASAS CAÍDAS

Foto 26.- Sobre la parte oeste se inicia la observación de los elementos claves para la clasificación de los usos que se hicieron de estos parajes montañosos. Se marca, en primer lugar, el sitio donde estuvo emplazado el cementerio árabe; a derecha comienza la zona destinada a casas, y en la zona inferior se indica el uso más frecuente de este terreno para establecer el poblado cuyos restos irán apareciendo a la largo de toda la falda de la montaña.

Foto 27.- Aquí empezamos a encontrar los elementos arquitectónicos de las casas que se montaron en toda esta zona. Se indica dónde se encuentran los muros con un aparejo de piedras casi sin argamasa. Se ven perfectamente las piedras caídas o removidas. Es posible que se haya usado este lugar como cantera para construir los cortijos cercanos.

Foto 28.- Otra perspectiva de los laterales de estas paredes de piedra donde se aprecian los muros casi desmontados o bien por los vecinos actuales o por la erosión, o tal vez por las luchas que se mantuvieron en época de revueltas de los árabes entre ellos mismos.

Foto 29.- Aquí se muestra un detalle en el que se aprecia la restauración de un muro o muralla para contener la erosión del terreno.

Foto 30.- En esta vista vemos elementos de casas caídas, y todas con un aparejo de piedra casi tallada y sin argamasa. A izquierda de la imagen se ven restos de una especie de albercón con restos materiales de revestimiento impermeabilizante, pero lo que más destaca son las piedras de mampostería sueltas como si se hubieran removido buscando restos de otros elementos arqueológicos.

Foto 31.- Si en este espacio, como en otros muchos, se hubieran hecho exploraciones de tipo arqueológico, habrían aparecido los cimientos de las casas que en estos lugares se levantaran para la población permanente que existió. Algún medievalista ha pasado por aquí y, al parecer, solo se ha molestado en tomar algunas fotos, pero no estudio alguno del terreno.

Foto 32.- Tal como se indica en la foto, tan sólo podemos hablar de restos de muros, pero no de balates de piedra como en los hasta ahora vistos, sino de mampostería de piedra y argamasa.

Fot. 33.-

Fot. 34.- Detalle de la toma anterior para hacer ver cuándo se utiliza argamasa y cuando no. A primera vista parece una construcción ciclópea, las piedras no llevan argamasa; sí están bien encajadas. De entrada parecen muros de circunvalación del recinto, pero podrían ser elementos de tipo doméstico. Sólo una excavación despejaría esta incógnita. Pero quien pudo hacerlo, no se atrevió más que a mirar y escribir cuatro frases descriptivas sin más comentario.

Foto 35.- Detalle del estado en que han quedado muchos de los balates de piedra o muros periféricos que rodean todo el recinto; son piedras caídas o arrancadas por los depredadores buscadores de tesoros. Destructores del Patrimonio arqueológico.

Fot. 36.- En la falda de la cadena de alturas de los Castillejos ya se empieza a ver restos de muros muy deteriorados bien por la erosión, bien por usar este legar como cantera para la construcción de los cortijos cercanos. Se observan dos niveles de muros que pensamos pertenecen a las viviendas citadas.

Fot. 37.- Tomando una foto de detalle de unos de esos muros, se puede ver que algunos conservan restos de argamasa por zonas. Era una técnica muy habitual en estas alturas. Los romanos tienen una villa rústica cerca de este lugar y usaban el mismo material de construcción aunque con una técnica más refinada tanto en la forma de las piedras como en la argamasa interior. Esas construcciones se llaman «Los Bañuelos».

Fot. 38.- En esta imagen apreciamos parte de muro a izquierda y otros caídos por la erosión o por la acción antrópica que todo los destruye.

Foto 39.- Aquí se muestran los restos de muros en la parte superior de la cornisa del primer tramo de la cadena de alturas. El sistema de aparejo es el mismo que se ha mostrado en la foto anterior. No se aprecia argamasa sino elementos de tierra del terreno; lo que explica que entre las piedras crezca la maleza.

Foto 40.- En la falda de la zona oeste de esta primera cadena de picos es donde empiezan a aparecer los sistemas escalonados de las estructuras domésticas. Los muros se notan con cierta claridad, pero bastante disminuidos de altura, debido a lo que antes se ha comentado sobre el uso de materiales árabes para otras construcciones más modernas.

Foto 41.- Detalle de uno de los muros a piedemonte, donde se aprecia su mal estado de conservación. Casi todas las piedras están descolocadas por la misma razón de antes.

SISTEMAS DE ELEMENTOS DEFENSIVOS

Foto 42.- En el terreno en rampa, desde donde se vio el cementerio árabe, empezaron a levantarse muros y elementos domésticos al amparo de las corriente del viento que se generaban en estas alturas (524 m).

Foto 43.- A continuación de la cresta anterior se puede observar con claridad la existencia de muros al parecer levantados con argamasa de cal y arena de río. Comienza lo que se puede considerar la acrópolis del recinto militar.

Foto 44.- Por debajo de la estructura vista en la foto anterior, se puede observar un muro tipo balate, de piedra sin argamasa, para darle consistencia a la muralla que discurre a un nivel superior. Este contrafuerte se encuentra cercano a los 420 m de cota de nivel.

Foto 45.- Mostramos la misma imagen pero a color para hacer ver el tipo de materiales de que usaba en los muros de contención.

Foto 46.- Casi sobre la misma cresta de la considerada acrópolis, vemos los restos de las murallas que ocupaban la fachada delantera de esta cadena de alturas. Discurren, como se ha dicho antes, formando una cadena defensiva hasta el final de este primer tramo de picos-alturas. La estructura de los muros no es homogénea, sino que se adapta a la pendiente o desnivel de la montaña adosándose y adaptándose a ella.

Foto 47.- En esta foto, si se utiliza el zoom, se pueden ver los restos de mura sobresaliendo del suelo aproximadamente un metro. En la parte izquierda de la parte superior es donde se encontraba el cementerio. A la derecha se ven partes destruidas y se ve la roca como único elemento de la cumbre.

Foto 48.- En esta vista, tan sólo podemos ver los muros derruidos o por el hombre o por la erosión. Téngase en cuenta que nos encontramos en la cumbre y muy expuesta a los fenómenos erosivos, aparte del abandono.

Foto 49.- En esta vista, avanzando de izquierda a derecha, se observan cómo van apareciendo los muros de la parte superior, bastante deteriorados, pero están ahí como testigos de su existencia en la parte más elevada de esta cadena de alturas naturales. El zoom nos ayuda a distinguirlos bien.

Foto 50.- En el centro de esta imagen podemos ver bien un muro de contención que servirá para ir dando uniformidad a los pasillos inmediatos y poderse mover en esas alturas. Ocupa una vaguada pequeña y evita la erosión hacia las partes bajas. Téngase en cuenta que estamos describiendo las crestas de esta cadena de fortines y torreones como se verán más adelante.

Foto 51.- En esta imagen ampliamos el área de la colocación de esos muros contrafuertes para dar sentido de unidad al espacio defensivo superior. Decimos esto porque se sabe que en esta zona hubo enfrentamientos bélicos entre los propios árabes por el dominio de toda la zona.

Foto 52.- Aquí observamos gran parte de los muros defensivos arruinados, suponemos por el tiempo, pero podía ser también por el abandono sobre todo en su época final, cuando quedaron abandonados hasta nuestros días.

Foto 53.- Esta imagen nos muestra un fenómeno poco corriente: se trata de un torreón situado a medio camino a lo largo del primer tramo de crestas rocosas. El torreón esta prácticamente derruido. Por los restos que quedan, podemos decir que tenía forma circular, y su acceso tenía lugar desde la misma cima.

Foto 54.- Siguiendo el recorrido de la cresta de la cadena rocosa, encontramos este hueco, elemento que es ocupado por una parte de la muralla superior porque constituía un paso de riesgo en caso de ataque. Y es tapado por una muralla de tipo ciclópeo. Las piedras, si se observan con zoom, no llevan argamasa como elemento de fortalecimiento de su estructura. Desconocemos el motivo, pero podíamos pensar que se podían usar como armas arrojadizas cuando fueran atacados desde abajo. Cosa probable porque se ven en otros sitios las piedras o rocas muy movidas y alejadas de la cima.

Foto 55.- Continuamos con la secuencia de muralla superior, sobre la cima de la roca, y vemos los lienzos de muralla casi al borde y fragmentados por el paso del tiempo o el desgaste de la erosión. Se puede notar la existencia de rocas caídas procedentes de la parte superior; pero la cadena continúa hacia Levante hasta cerrar esta acrópolis defensiva.

Foto 56.- En línea con la anterior imagen, vemos la secuencia de muros a lo largo de la cima. Podíamos haber subido hasta la cresta, pero era realmente peligroso debido al tajo vertical situado detrás y sin el aparejo de seguridad necesario para hacer el trabajo con más precisión y exactitud. No obstante pudimos hacer fotos que aclaran el estado de conservación de estas estructuras.

Foto 57.- Esta es una de las imágenes más relevantes del sistema defensivo de los Castillejos. Aquí nos encontramos con un auténtico torreón o muralla defensiva. Se ve perfectamente su aparejo de mampostería de piedra usando como elemento de unión la cal con arena. Se puede apreciar que los extremos están demolidos, quedando tan sólo la parte central. Debajo de la imagen se puede ver el material caído por el derribo de la mitad del torreón.

Foto 58.- Esta imagen demuestra la gran dificultad para intentar subir a la cima de los Castillejos. Vemos un muro de relleno de un vacío sobre la pendiente, que nos hace ver la técnica de construcción que se usaba en estos casos. Aquí no se ve la argamasa ni material alguno de cohesión entre las piedras del aparejo.

Foto 59.- Llegado al final de este cornisa, podemos ver el sistema amurallado al borde de la cima. El sistema de muralla se ve perfectamente, pero algo demolido. Sin embargo el aparejo sí está usando argamasa de cal y arena, como en los lugares con más riesgo. Y con ello hemos llegado al final de lo que pudo ser una verdadera acrópolis de este sistema defensivo.

ABASTECIMIENTO DE AGUA

Como se ha dicho al principio, el abastecimiento de agua se abordó mediante elementos de almacenamiento. Y para ello tuvieron que construirse unas cuantas aljibes para cubrir las necesidades domésticas del elemento humano que aquí habitaba. Pero en momentos de necesidad extrema no se descarta la posibilidad de abastecerse del agua de arroyos existentes en las zonas bajas, como en este caso del arroyo de la Miel, que está formando límite con la provincia de Granada, o sea, frontera entre provincias. En consecuencia, en momentos de dificultad, se contaba tan sólo de el sistema de almacenamientos mediante albercas y aljibes.

ALJIBE NÚMERO UNO

Foto 60.- Vista de la fachada de acceso actual cuando descubrimos la existencia de este elemento de aljibe.

Foto 61.- A simple vista, esta imagen aparenta ser la entrada al aljibe. Pensamos que no lo es. Se trata de una puerta artificial de factura posterior y que se indica que este espacio se utilizó para otros fines. Las piedras caídas prueban que ha sufrido agresiones con el paso del tiempo, y lo que se ve de frente no es la entrada, sino la indicación de la bóveda en su inicio. La técnica de construcción es el uso de la piedra casi sin talla, y la argamasa de cal con arena probablemente de la zona de los valles profundos. Pero esa no podía ser la entrada, porque el agua de su interior requería un cierre total para su conservación. Y parece que este espacio ha sido usado como lugar de refugio en últimas ocasiones.

Foto 62.- Por lógica elemental, esto que parece su entrada original, no podía serlo por lo razonado en la imagen anterior. Se trata de un aprovechamiento posterior, pero no de época árabe.

Foto 63.- Esta imagen demuestra que se trata de la forma interna de la estructura de la bóveda. Lo que vemos es una entrada artificial y el aparejo usado en la construcción de este reducto.

Foto 64.- Esta foto se hizo al principio de mis contactos con este yacimiento. Su estado de conservación deja que desear. No es tan homogéneo como el aspecto de la siguiente foto. Se encontraba más deteriorado. El enlucido de sus paredes se encuentra en peor estado. Aparenta que ha sido retocado posteriormente. Hace más de 40 años que lo examiné. No es de extrañar que lo hayan restaurado.

Foto 65.- Esta foto refleja bien la cubierta interior. Sus paredes están revestidas de una capa protectora similar a un estucado romano, pero no lo es. Se trata de un revestimiento impermeabilizante que evite las filtraciones y pérdida del caudal almacenado. Muy cerca de Salobreña tenemos un aljibe con interior igualmente impermeabilizado.

Foto 66.-(SELAMBINA) Aljibe cercana al Hotel Salobreña, situada en el lecho de un ligera vaguada.

Foto 67.-(SELAMBINA). Interior del aljibe de Salobreña. Su forma es diferente: cubierta triangular y material impermeabilizante de similares características al de los Castillejos; pero su alzado utiliza materiales de inferior calidad. Su proporciones son similares a las del segundo aljibe de los Castillejos de Almuñécar. También se nota que ha sido reutilizado, en este caso, para guardar animales.

Foto 68.- Cubierta exterior del aljibe primero. Es de roca resistente, pero se nota que ha sido retocado posteriormente. En la parte de arriba de la imagen se ve que han abierto un agujero para el acceso, aunque pensamos que, para la extracción del agua, habría que hacerlo por la cubierta, porque por lo que se podría considerar su entrada natural, provocaría gran perdida de agua. Por tanto, el agua había que sacarla o con polea, o con utensilio tipo cubo.

Foto 69.- Vista completa del primer aljibe casi enterrado. Da la impresión de que estaba cerrado y tuvieron que abrir agujero en su parte superior delantera. Pero es lógico pensar que por algún punto tenía que entrar el agua de lluvia. Sin duda, tenía que ser por este medio y por filtraciones.

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Foto 70.- Esta imagen del aljibe muestra con claridad el revestimiento de las paredes impermeabilizadas. En la parte inferior izquierda aparecen agujeros laterales que parecen indicar que eran estructuras pensadas para filtrar el agua de lluvia.

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Foto 71.- Esta imagen desde el interior del aljibe muestra dos agujeros: el frontal es totalmente artificial. Ha sido abierto a golpe de pico. Y el central puede ser el original para extraer agua, pero probablemente agrandado posteriormente.

Foto 72.-Esta imagen muestra en primer plano el tipo de argamasa usado en la construcción del aljibe; la rotura posterior, y el techo roto en su interior. Como no se ha practicado una excavación, no podemos saber con precisión cómo se extraía el agua para el abastecimiento urbano.

Foto 73.- Esta imagen nos muestra la abertura hecha en el techo, pero, como se ha dicho, no sabemos con exactitud si era el punto de extracción de agua para las necesidades.

Foto 74.- Vista completa de la cubierta del aljibe en superficie.

Foto 75.- Imagen del estado primitivo, según nuestros cálculos, del estuco en el interior del aljibe.

ALJIBE NÚMERO DOS

Foto 76.- Vista superficial del aljibe segundo. Podemos observar el grosor de la la cubierta que está casi toda hundida. Ignoramos si ha sido por acción antrópica y por derrumbe natural. Es de grande proporciones.

Foto 77.- Vista desde al ángulo opuesto de uno de los extremos del aljibe. En ese punto puede ver la curvidad de su cubierta, de similares características al número uno. Su interior se encuentra inundado de materiales propios y de los acumulados con el paso del tiempo.

Foto 78.- Detalle del punto de arranque de su bóvida indicando el grosor de la misma. Su dimensión supera el 1/2 m. Si se examina con detalle, uno de los muros laterales está muy tocado. Indica que ha sido demolido tiempo atrás.

Foto 79.- Muro lateral del aljibe, con desplazamiento de su trazado por movimiento del terreno y el abandono.

Foto 80.- Detalle más preciso de la foto anterior. Se ve bien cómo han sido removidas las piedras de su aparejo, y el material de mampostería usado en su alzado. Sin lugar a dudas, esta pieza del conjunto ha sido usada como cantera para otras construcciones modernas.

Foto 81.- Detalle de un lateral del arranque de la cubierta en el que se puede ver parte de la bóveda hundida sobre su propia estructura.

CONCLUSIÓN

Como final de esta exposición, tenemos que decir que ha sido un emplazamiento bien elegido para los propósitos de los invasores árabes. Hasta tal punto que llegó a convertirse en un objetivo a dominar por motivos militares. En esta zona no hemos localizado medios con los que se pudieran comunicar la guarnición militar aquí emplazada con otros puntos cercanos. La distancia con la costa es importante y no se ve ningún elemento que sirviera para la intercomunicación. Pensamos que se haría mediante instrumentos brillantes; podían ser fuego, espejos u otros medios para transmitir noticias. No cabe duda que estuvieran aislados totalmente de su comunidad principal, la costa y los emplazamientos en ella situados. Y es evidente que esa comunicación existía, y no por medio de emisarios, sino por señales las más apropiadas para el largo alcance de su centros de aprovisionamientos. Es evidente que este terreno no dispone de condiciones que sirvan para autoabastecerse. Sin duda establecerían líneas de comunicación más por tierras interiores que por costeras. Los contactos se llevarían a cabo a través de las montañas interiores que conectarían con los río Seco y Verde, a parte de que también podía usarse el conocido como río Jate.

De forma permanente la guarnición que aquí se pudo emplazar no seria muy numerosa, salvo en las ocasiones en que se previó riesgo de invasión de quienes pretendía conseguir el dominio de la franja costera entre Salobreña y el límite con la provincia de Málaga. Como este lugar constituía un enclave muy importante de carácter militar, aquí se llevaba a cabo una vigilancia de largo alcance: se podía ver quien se acercaba por la zona norte y quien se acercara tanto por el Este como Oeste, o sea, desde Cabo Sacratif hasta el extremo de Málaga. Y si alguien intentaba penetrar hacia el interior a través de estos parajes, podía ser perfectamente interceptado por las tropas aquí emplazadas. De hecho, como se ha comentado al principio, el Emirato de Córdoba con las fuerzas de Granada tuvieron un choque en este territorio que puso en peligro el intento conquistador sobre el territorio de Granada. Los árabes cordobeses se batieron en retirada porque recibieron un duro golpe en estos valles. Ignoramos cuanto tiempo perdurarían aquí los árabes, pero, por lógica, cabe pensar que se mantendrían hasta que los reyes cristianos empezaron a recuperar terreno peninsular que acabaría con la unificación de todo el territorio peninsular.

Nota final

Consideramos que este emplazamiento tan importante en época de dominio árabe, debería ser estudiado y explorado para determinar de modo científico estableciendo cómo era verdaderamente este bastión defensivo de las fuerzas musulmanas en esta época de la Historia Peninsular. Pedimos que los eslabones históricos no queden abandonados y se fragmente la continuidad de la historia de estos parajes tan especiales y que tanto intervinieron en los ocho siglos que los árabes permanecieron en España desde el 711 de nuestra era.

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Granada, 22-1-2022.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

ARQUEOLOGÍA PREHISTÓRICA DE LA PROVINCIA DE GRANADA Y SU ENTORNO

Dedicado a mi Director de Tesis, Dr. Nicolás Marín Díaz, Profesor Titular de Historia Antigua y Arqueología de la Facultad Filosofía y Letras de la Universidad de Granada

Iniciamos el trabajo con un plano general de la provincia de Granada y su periferia, para mostrar la red de yacimientos de las distintas etapas de paleolítico en este espacio arqueológico, marcando las diferentes zonas con la denominación de los respectivos emplazamientos.

Prehistoria de Granada

PALEOLÍTICO INFERIOR.

El Aculadero (Puerto de Santa María) tiene elementos que prueban la presencia del hombre en esta región aproximadamente unos 900.000 años.

Aparición del hombre en la Prehistoria: 1.500.000 años.

a) El homo erectus (no se tienen datos óseos).

b) Ajuar: guijarros tallados.

c) Lascas poco definidas.

En la provincia de Granada se localiza uno de los yacimientos más antiguos relativo a la aparición de restos humanos.

  • EMPLAZAMIENTOS: Cúllar-Baza 1 (600.000 a. de c.)
  • ESPACIOS HABITADOS: lagos y charcas.
  • FAUNA: a) équidos de corta talla. b) abundan los cérvidos: bisonte, jabalí. algunos restos de elefante, y varios restos de carnívoros y roedores.
  • INSDUSTRIA: tosca y escasa propia del Abbevillense primitivo.

ACHELENSE

  • Vega de Granada

ESTACIONES:

  • Cercanías de Loja.
  • Cercanías de Guadix.

Cercanías de Loja, en las terrazas del Genil: elementos: bifaces, sílex, denticulados, lascas, raederas, raspadores y perforadores. Cerro Pelado ( a diez km de Loja): industria de lascas, raederas, raspadores, escotaduras y perforadores.

GUADIX (Fonelas)

Solana del Zamborino: Cazadero estacional, Tres niveles de restos de équidos, elefantes, hipopótamos, cérvidos, jabalíes. Materiales: piezas de sílex, cuarzo y cuarcitas: bifaciales (cordiformes, lanceoladas, limandes y hendidores sobre lascas, raederas y lenticulados. Hogares: formados por círculos de cantos de cuarcitas, con cenizas y huesos quemados. Caza: Se practicaba la quema de vegetación para llevar el animal a la zona pantanosa. Se utilizaban TRAMPAS para la caza. Hábitat: Vivían en campamentos estacionales. No eran permanentes.

PALEOLÍTICO MEDIO

MUSTERIENSE (100.000-32.000 a. de C.)

El hombre se convierte en troglodita o habitante de las cuevas, a consecuencia de las duras condiciones climáticas, aunque en otros espacios habitaban al aire libre, siendo cierto que alternó campamentos estacionales a la intemperie, con las cuevas durante temporadas invernales.

Las excavaciones practicadas son escasas y las pocas practicadas, aún no se han publicado.

ESTACIONES:

  • LA CARIGÜELA (Píñar): Se encuentra el hombre neandertal: restos de cráneo. b) Características: torus supraorbitalis, huesos gruesos, órbitas cuadrangulares.

TERRAZAS DEL GENIL (Vega de Granada):

  • Abrigos de los cabezones (Vertiente norte de Sierra Elvira)
  • Pandera y Pino (Terrazas del río Velillos)
  • Alrededores del Cerro de los Infantes.
  • Villanueva de Mesía: Sílex y cuarcitas raederas, cuchillos, raspadores, buriles y perforadores.. Puede entenderse como un campamento al aire libre.

SIERRA ARANA (Vertiente norte).

IZNALLOZ

DARRO

  • Yacimientos al aire libre en:

DOMINGO PÉREZ:

  • Llano de la Venta de la Nava
  • Los Corralillos y Terre.

PÍÑAR:

  • Fuente de la Zarza
  • Cerrillo de Orea
  • Llano de la estación de Huélago
  • Yacimientos en cuevas:
  • Cueva de la Carigüela
  • El Puntal.
  • Cueva de Horá

LA CARIGÜELA: Fue excavada inicialmente por Spahni. Sus resultados están aún inéditos. Tiene depósitos de más de cinco metros de potencia, con estratos neolíticos y del Bronce (investigados por Pellicer). El estudio ha sido tan rico en materiales que un metro cúbico ha dado entre 400 y 500 útiles, y 50.000 lascas de piedra tallada y un incalculable número de huesos de animales.

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RESTOS:

  • de hombres neandertales
  • raederas, hojas, cuchillos, raspadores, buriles.

FAUNA: Caballos, ciervos, toros salvajes, rinocerontes, cabra hispánica, lobo, oso, hiena, lince, gato montés.

CUEVA DE HORÁ (Darro, cerca de Carigüela). Este yacimiento muestra un estado estratigráfico en el que se dibuja la diferencia climática por el que ha pasado. Es un amplio abrigo formado por hundimiento de una dolina. Su ajuar es diferente al de la Carigüela.

De todo esto se deduce que se poseen pocos datos sobre la vida del hombre neandertal. Vivían en comunidades pequeñas, con campamentos al aire libre sobre las terrazas de los ríos de la depresión de Granada, o en las faldas de Sierra Harana. el campamento se montaba al aire libre o en cueva, según la estación fuera fría o cálida. Se puede decir que todos estos habitats son de tipo estacional.

  • ECONOMÍA: (Teoría sobre la división del trabajo cazador (hombre), recolector (mujer): teoría sobre la vida difícil o consumidora de esta antigua sociedad. Caza de: équidos, toros, ciervos, cabra hispánica, jabalíes. Recolección: pocos datos: vegetales anfibios, insectos, huevos.

EL HOMBRE MUSTERIENSE SE CONSIDERA CAZADOR-RECOLECTOR

La vida de los cazadores neandertales se adaptaba a las condiciones impuestas por el medio donde vivían, y esta permanencia durante tanto tiempo en estos entornos demuestra que había gran compenetración entre estas bandas y el medio.

En la zona de Granada se detecta un bajo nivel de vida, pero, dados los adecuados medios de producción, podrían fácilmente satisfacer sus necesidades materiales.

PALEOLÍTICO SUPERIOR Y MESOLÍTICO

(32.000-8.200)

AURIÑACIENSE Y GRAVETENSE

Finalizado el período würmiense II-III, el hombre neandertal desaparece de forma brusca. Las sociedades de cazadores y recolectores llegan a su apogeo. Aparece el HOMO SAPIENS SAPIENS con todas las características que definen al hombre moderno. Esta época llega hasta el último período glaciar (8.200).

  • Se da un perfeccionamiento de técnicas de trabajo e instrumentos.
  • Un desarrollo sin precedentes en las formaciones sociales que pueden superar el ámbito familiar, afectando al complejo del hábitat.
  • Las ideas religiosas aparecen cada vez más complicadas, buscando modos de exteriorizarse como la representación artística.
  • Aparece la pintura parietal bien atestiguada en las provincias de Málaga y Cádiz.
  • No obstante la cultura neandertal perdura perdura hasta este período, como se muestra en el descubrimiento de Saint-Cesaire.
  • El Paleolítico se inicia en las regiones mediterráneas: Aurignac y Gravet.
  • La mayor parte de los útiles que se van a manifestar en este período son una evolución de los ya utilizados por el Achelense y Musteriense: raspadores, buriles, hojas retocadas truncaduras y perforadores, que mostrarán un mayor impulso en su fabricación y variedades.

Para Granada esta es una de las etapas más oscuras tanto en el Paleolítico superior como en el Epipaleolítico, aunque en las provincias de Almería y Málaga se dan testimonios de la presencia de este período cultural humano. La falta de elementos auriñacienses en nuestra provincia se explica por la perduración del proceso musteriense.

ESTACIONES

LA CARIGÜELA: (23.000-17.000 por análisis de la técnica de termoluminiscencia): Se considera un Musteriense evolucionado. Es la explicación de la ausencia de auriñaciense. La contradicción aparece cuando en la excavación de Spahni son hallados restos humanos de homo sapiens sapiens, considerados probablemente artífices del musteriense evolucionado. Pero la escasa definición del medio en que aparecieron estos restos, parece indicar que fue más una intrusión posterior del homo sapiens sapiens en el medio del neandertal, cosa que puede corroborarse por el análisis del instrumental poco evolucionado del material lítico de contexto.

CUEVA DE HORÁ: En contra de lo anterior, aquí se dan materiales auriñacienses.

Es típicamente auriñaciense, según lo define el ajuar.

Útiles de talla laminar: raspadores y hojas de piedra.

Paralelos se encuentran en Cueva del Higuerón y El Chorro (Málaga), y en la cueva de Ambrosio (Almería).

SOLUTRENSE

(19.000 a. de C. en Francia y España)

Nueva técnica: retoque plano por presión.

Innovación: Introducción del arco como instrumento importado. Se da de un Solutrense que muestra retoque plano auriñaciense, y retoque abrupto típico del gravetense.

ESTACIONES

Zona del Pantano del Cubillas:

  • Su hábitat es mixto, a cubierto y al aire libre: puntas con muescas lateral y retoque abrupto: Solutrense mediterráneo: raspadores en extremo de hojas, buriles, hojas retocadas y piezas truncadas.
  • Río de Dúrcal: Hábitat en cuevas a consecuencia del frío en el solutrense-gravetense granadino.

MAGDALENIENSE

En Granada no se detecta.

En Málaga hay varios emplazamientos: Rincón de la Victoria, Cueva de Nerja.

NEOLÍTICO

(9.000-7.000)

NEOLÍTICO ANTIGUO

El hombre pasa de predador a productor de alimentos iniciándose en la transformación y control de la naturaleza.

El Próximo Oriente es la cuna de esta evolución humana, siendo la Península Ibérica tan sólo un elemento de paso en la expansión de este cambio. Pero los centros europeos han mostrado un acúmulo de técnicas y adelantos neolíticos independientes de Oriente, con personalidad propia.

La neolitización de Occidente muestra una serie de avances e innovaciones que se manifiestan en los siguientes aspectos:

  • Domesticación de animales y prácticas agrícolas.
  • Tecnología: invención de la cerámica, útiles de piedra pulimentada, instrumentos agrícolas: molino de mano, hoces.
  • Estructura social: sedentarización: primera comunidades campesinas, con explosión demográfica.

Teorías poligenista y difusionista.

EN LA PENÍNSULA IBÉRICA LA NEOLITIZACIÓN ES IMPORTADA y sufre la influencia oriental, o se conocen los pasos previos autóctonos en la producción de alimentos, por lo que hay que recurrir a la influencia mediterránea.

Hoy se está en condiciones de afirmar que los primeros grupos neolíticos de la Península Ibérica pertenecen al llamado «horizonte de la cerámica cardial», extendiéndose por Cataluña y Levante a fines del VI milenio y comienzos del V, y mostrando unos materiales abiertamente diferentes al de las poblaciones autóctonas.

TESTIGO IMPORTANTE

CUEVA D’OR (Alicante, V milenio a. de C.): la escasa representación de animales salvajes muestra que la actividad cinegética ya no representa una base importante en la estructura económica: se consume eminentemente la oveja y la cabra que son animales domésticos.

Asociados a estos avances, las poblaciones neolíticas introducen en la Península importantes innovaciones:

  • Cerámica cardial: decorada con el cardium de la concha marina (cardium edule), mediante impresión. Otros, con motivos incisos y cordones decorativos.
  • Aquí se demuestran pruebas del conocimiento de las especies cultivadas en el Mediterráneo Oriental.
  • Innovaciones: vasijas de cerámica, hachas, azuelas de piedra pulida, molinos de mano, cucharas de hueso, peines dentados.
  • Adornos: de hueso, concha y piedra: colgantes, anillos, brazaletes, punzones y agujas de hueso.

NEOLÍTICO ANTIGUO EN GRANADA

LA CARIGÜELA (Pellicer): Sufre una nueva ocupación (V milenio a. de C). Manuel Pellicer ha excavado una secuencia cultural que va desde el Neolítico al Bronce (V-III milenio).

CARACTERÍSTICAS: Neolítico antiguo.

  • Cerámica cardial: vasijas con perfil globular, decoración con bandas horizontales, verticales, líneas oblicuas, en espigas, triángulos alineados, cordones superpuestos.
  • Utillaje lítico y óseo: hojitas y lascas de piedra, hacha de piedra pulimentada.
  • Componente humano: La cueva funciona como habitación.
  • Fauna salvaje: Se cazan siervos, toros, jabalíes, caballos, cabra hispánica, conejos y liebres.
  • Fauna doméstica: cabra, oveja y cerdo.

LAS MAJOLICAS (Alfacar): Cueva hundida y excavada por aficionados; ha dado restos de cerámica cardial.

CUEVA DEL MALALMUERZO (Moclín): Ha dado un fragmento de cerámica decorada con el natis de concha.

CONCLUSIÓN: LA CUEVA ES UNA INSTALACIÓN ESTACIONAL.

  • El origen inmediato de los primeros grupos neolíticos que llegan a Granada, procede del complejo cardial levantino, donde se dan las cerámicas cardiales decoradas con el natis de las conchas.
  • La expansión del cardial en esta provincia ha debido ser mayor del que nos revelan los materiales hallados hasta ahora, como indica la potencia de los yacimientos, como La Carigüela, la dispersión de los otros hallazgos relativamente alejados, y la gran expansión de la gran neolitización en los períodos posteriores.

NEOLÍTICO MEDIO (5.000 a. de C)

Pastores y campesinos. El pastoreo era la base de la estructura económica, complementada por una agricultura residual. Más del 60% de los restos de animales aparecidos en cuevas, pertenecen a pequeños rumiantes: ovejas, cabras; después van los bóvidos y cerdos. Tanto la Cueva de los Murciélagos de Zuheros como la Carigüela muestran unas proporciones similares en este tipo de fenómeno. Posteriormente, en los Castillejos de Montefrío, el porcentaje se incrementará hasta el 75%.

CULTURA DE LAS CUEVAS

CARACTERÍSTICAS

  • Desaparece la cerámica cardial casi por completo (estrato VIII de la Carigüela).
  • Aparecen: vasos bicónicos con decoración incisa e impresa, vaso globular con decoración de motivos solares (estrato XII, La Carigüela).

PARALELO IMPORTANTE:

  • CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS DE ZUHEROS (4.345-3.980 (Córdoba)):

ELEMENTOS:

  • Cerámica pintada con almagra, después de la cocción.
  • Vasos con asas-pitorros.
  • Brazaletes de mármol y caliza tallados y decorados con estrías paralela

Este fenómeno no es muy marcado en la Carigüela, que muestra una cerámica sin decoración cardial.

NEOLÍTICO MEDIO EN GRANADA

Nota preliminar: Salvo la Carigüela, los demás yacimientos que se han venido conociendo han sufrido los efectos negativos del furtivismo y aficionados, causando grave problema a la hora de establecer una estratigrafía científica.

Carigüela: tiene cerámicas cardiales, pero no el tipo de collar de brazaletes de piedra decorados y el tipo de asa-pitorro.

En este período la cueva se utiliza como lugar de habitación y de enterramiento. En la cueva del Agua (Alhama), Pellicer descubrió un enterramiento donde el cadáver estaba depositado en fosa. El cuerpo aparece en posición encogida, y en el caso el cadáver llevaba en el tobillo una de las típicas pulseras de caliza decoradas con estrías paralelas.

TIPOS: La cerámica muestra una mayor variedad en las formas y en la decoración, que en el Neolítico Antiguo.:

  • Cerámica: formas ovoides con cuello cilíndrico muy marcado; vasitos geminados comunicantes; vaso bruñido a la almagra, después de la cocción.
  • Industria lítica: cuchillos y hoces de piedra, elementos de sílex, raspadores y perforadores; piedra pulida: hachas, azuelas y escoplos.
  • Utillaje: punzones, agujas, espátulas, útiles dentados
  • Adornos: brazaletes de mármol y caliza; pulseras de pizarra; cuentas de collar de piedra, cuentas de hueso y conchas.
  • Economía: practican el pastoreo; cultivan trigo y cebada.
  • Forma de vida: el hombre es troglodita: vive en cueva, pero aparece el primer indicio de asentamiento al aire libre (La Molaina, Sierra Elvira).

Actividades agrícolas, tan sólo están atestadas por el yacimiento de la cueva de los Murciélagos de Zuheros, donde se han descubierto varios depósitos de cereales: escanda, trigo común y cebada desnuda.

Otros silos o depósitos han sido hallados en Cueva d’Or; otro, pero más tardío, ha sido hallado en la Cueva de Nerja: cebada desnuda y trigo común, huesos de aceitunas y bellotas. Los huesos proceden de un olivo salvaje, o en proceso de domesticación.

El sistema productivo de las poblaciones del Neolítico Medio, basado en el pastoreo y agricultura marginal, imponía un tipo de existencia seminómada, con poblaciones dispersas que se asentaban en el piedemonte de las serranías. Los asentamientos, consistentes en pequeñas áreas de ocupación en el interior de las cuevas y abrigos, hacen pensar en una pequeña escala de ocupación estacional. Se trata de trogloditas, aunque parecer ser que el hábitat al aire libre fue más corriente de lo que se supone. La escasa entidad de los materiales empleados puede ser la causa de que apenas quede constancia del hábitat. Esta hipótesis se confirma con el hallazgo del campamento estacional de la Molaina, al pie de Sierra Elvira.

El modelo de sociedad es el llamado «modo de producción doméstico», consistente en pequeños grupos que forman unidades domésticas de producción, aglutinados por estructuras de parentesco en pequeñas comunidades. Es un sistema social igualitario, sin fuertes diferencias entre sus miembros, cuya economía se caracteriza por una distribución y división por sexos, con producción orientada al consumo de la colectividad. Su tecnología es muy primitiva, de confección familiar. Las últimas etapas de la cultura neolítica media, en la segunda mitad del IV milenio y comienzos del III, son momentos de crisis y cambios, que se conocen mal por falta de documentación arqueológica que den estratigrafía firme y cronologías absolutas. La uniformidad cultural del Neolítico Medio se rompe en el Neolítico Tardío. Mientras la Cultura de las Cuevas inicia un período de recesión cultural, otras comunidades hacen frente a la crisis alterando sus patrones en elementos tan importantes como el hábitat. La crisis se resuelve al principios del III milenio con la entrada en la región de influencias, elementos humanos, procedentes de las primeras comunidades plenamente campesinas del Bajo Guadalquivir y Almería; algo más tarde sufre la influencia de los que entierran en tumbas megalíticas, creando un importante foco cultural en las regiones donde habitaban las poblaciones neolíticas de las cuevas.

ESTACIONES DEL NEOLÍTICO MEDIO EN GRANADA

PRIMER GRUPO:

SIERRA HARANA:

  • CUEVA DE LA CARIGÜELA (Píñar).
  • CUEVA DE LA VENTANA (Píñar)
  • CUEVA DE PRADO NEGRO
  • CUEVA DE LAS MAJOLICAS (Alfacar)

SEGUNDO GRUPO

COMPLEJO DE ALHAMA:

  • CUEVA DE LA MUJER
  • CUEVA DEL AGUA (enterramiento con pulsera de piedra decorada con estrías)
  • CUEVA DE LOS MOLINOS
  • CUEVA DE SIMA RICA
  • CUEVA DE SIMA DEL CONEJO
  • CUEVA DE SIMA DEL CARBURERO

TERCER GRUPO

COMPLEJO DE MOTRIL

  • CUEVA DEL CAPITÁN
  • CUEVA DE LAS CAMPANAS
  • CUEVA DE LOS INTENTOS

CUARTO GRUPO

  • CUEVA DEL MALALMUERZO (Moclín)
  • CUEVA DE LAS PEÑAS DE LOS GITANOS (Montefrío)

ESTA CUEVAS HA SIDO LUGAR DE HABITACIÓN Y DE ENTERRAMIENTO

NEOLÍTICO TARDÍO

(IV-III milenio a. de C.)

Como se ha dicho antes, los yacimientos experimentan un cambio en el tipo de producción cerámica; aparece la cerámica lisa, en contraposición a la decoración del del Neolítico Medio. Desaparece también el brazalete de caliza con estrías grabadas y aparece el ídolo de caliza, cruciforme, préstamo de la cultura del Almería.

En Granada tenemos la Cueva de los Murciélagos de Albuñol.

ELEMENTOS: en el conjunto destacan los materiales de:

  • Cestería: cestillos cilíndricos estrechos y hondos, cestos planos, bolsitas de acusada transparencia, tapas, esteras y sandalias. Las técnicas son las siguientes: cestería atada y cordada, cestería atada y formando sogas, romboidal atada, la cosida en espiral, la pseudotrenzada o en rabo de cerdo trenzada.
  • Granos de papáver somniferum, como alimento y sedante.
  • Vasos ovoides toscos, decorados con incisiones, impresión y punzón, cordones adosados decorativos.
  • Punzones de hueso.
  • Espátulas.
  • Hachas de piedra pulimentada.
  • Cuchara de mango plano, con agujero para colgarla.
  • Cajita de forma oval.
  • Maza.

Objetos de adorno:

  • Diadema de oro, cinta sencilla de mayor a menor.
  • Brazaletes de mármol y de pectúnculo.
  • Colmillos de jabalí, decorados con incisiones.
  • Conchas decoradas.
  • Collar de cuentas de calaíta.
  • Fragmento de peine.
  • Trigo común.
  • Piñones y brácteas de piña.

En esta cueva hay dos fases culturales. La mayor parte de los objetos se encuentran en una primera etapa fechada en el Neolítico Tardío, y una segunda, fijada en el cobre, en la que la cueva se utilizaría para depositar un enterramiento colectivo, al que pertenecería la diadema de oro.

En otros lugares se han detectado otros elementos que forman parte del ritual del Neolítico Tardío.

  • Restos humanos: cráneos y huesos largos con incisiones y marcas realizadas para cortar músculos y ligamentos en un momento posterior a la muerte. Esto puede conectarse con prácticas de descarnación o de antropofagia ritual: a) Las Majolicas (Alfacar) b) Cueva de las Tontas (Montefrío) c) Cueva de la Carigüela: bóveda craneana hallada fortuitamente, descrita como «cráneo-copa», sin contexto estratigráfico.

Frente al seminomadismo de estas estructuras económicas de las anteriores comunidades, se inicia el sedentarismo donde el medio lo permite, al aire libre, con mayor incidencia en la agricultura. Nacen así los primeros hábitats sedentarios al aire libre. Cambian las formas de asentamiento y el tipo económico, aunque mantienen los elementos decorativos de la cultura de las cuevas: cerámicas, pulseras de pectúnculo, brazaletes de mármol, industria de sílex con pequeñas hojas y elementos geométricos etc. Este fenómeno ha quedado demostrado en la Peña de los Gitanos de Montefrío, donde uno de los grupos troglodíticos que habitaba en las numerosas covachas, grietas y abrigos, terminó por emplazar su hábitat junto a los tajos de las terrazas de Los Castillejos, adosando a las paredes rocosas débiles estructuras de materia orgánica, que quedaban al resguardo de los vientos dominante en una bien orientada solana. Este sedentarismo se inicia hacia el 3.200 y perdura hasta el Bronce.

LOS METALES

(III-II melenios)

Se desarrolla en la zona del valle del Almanzora, y también del Bajo Guadalquivir, y penetrando hacia la depresión de Baza-Huéscar.

Frente a la cultura de las cuevas, que entierran a sus muertos en la misma área, los recién llegados lo harán en grandes monumentos megalíticos, concentrándolos en grandes necrópolis a extramuros de sus poblados.

CULTURA DE LAS CUEVAS:

EN GRANADA: Ocupan la parte más occidental del territorio. Superponen y aculturizan a las antiguas Culturas de las cuevas en:

  • CASTILLO DE MONTEFRÍO: Se produce una superposición de los metales sobre el Neolítico Tardío. Se ven influencias del Bajo Guadalquivir en cerámicas y movimientos de fauna.

APARECEN:

CERÁMICA:

  • Grandes fuentes carenadas.
  • Ollitas globulares con mamelones perforados, en la panza.
  • Cucharas con pico de vertedero (lámparas).

HÁBITAT:

Aumenta el área y se convierte en pequeña aldea autosuficiente, en la que se potencian los recursos agrícolas frente a la economía pastoril neolítica.

RITUAL FUNERARIO

  • Se mantiene la inhumación en fosa, que rompen los estratos de habitación.
  • Se simultanea con el megalitismo del Cobre en los alrededores, apareciendo de forma paralela. Podían considerarse como pertenecientes al Cobre Antiguo.

En Montefrío el desarrollo del Megalitismo va ligado a otras importantes novedades, como la introducción de formas cerámicas fuertemente emparentados con los tipos del Bajo Gualdalquivir, cambios en las industrias líticas y óseas, dando pie a nuevas actividades, y la plena implantación del sistema de producción agrícola, comprobado por la progresiva disminución de ovejas y cabras, y el incremento de cerdos y bóvidos, éstos utilizados en las labores del campo. Los cambios enunciados no son bruscos y a lo largo de las tres fases del poblado, desde el Neolítico Tardío hasta el Cobre, continúan las formas cerámicas y otros elementos, lo que demuestra que la población se mantuvo incólume sin grandes aportaciones étnicas.

ELEMENTOS CULTURALES EN LA PROVINCIA DE GRANADA

Los elementos culturales que definen el Magalitismo en la provincia de Granada son los siguientes:

  • Se montan aldeas estables (Montefrío), con mayor área de densidad de población.
  • Se produce un desarrollo de base agrícola en la estructura económica.
  • Se inicia u progresivo desarrollo del comercio y uso de las vías de comunicación con el Bajo Guadalquivir.
  • Aparece la metalurgia del Cobre.
  • El ritual funerario se incrementa: aparece el SEPULCRO MEGALÍTICO DE CORREDOR.

En España se desarrolla un megalitismo que se extenderá por Europa, comenzando en el Neolítico Tardío y Cobre.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DÓLMENES DE LA PROVINCIA DE GRANADA

TEORÍA SOBRE EL ORIGEN DE LOS DÓLMENES

1.- Primera tesis: Evolución de las formas más sencillas hasta las más complejas: Bosch Gimpera (hablando del 3000 a. de C.) mantiene que los primeros sepulcros desprovistos de corredor, aparecen en el Noroeste peninsular, desarrollándose después los típicos sepulcros, desprovistos de corredor cuya evolución culminaría en las sepulturas de cámara circular cubiertas con falsa cúpula, abundantes en Almería y la costa portuguesa.

2.- Luis Siret y H. Obermaier se inspiraron en Oriente y especialmente en Micenas para buscar una explicación a los «tholoi» de la región costera de la Península. E. Smith («difusionismo») llega a relacionar con Egipto toda manifestación megalítica que aparezca en el mundo.

3.- Daryl Forde u Gordon Childe («difusionistas moderados») afirmaban que los «tholoi» y las sepulturas en cuevas artificiales habían sido construidos por grupos llegados desde el Egeo a las costas meridionales de la Península al iniciarse la Edad del cobre. Pero al comprobarse la relativa modernidad de Micenas (1.500 a. de C.), Gordon Childe sugirió, como origen de los «tholoi» hispanos, las tumbas circulares de la Edad del Bronce de Creta (fechadas en 2.500 a. de C). En su expansión por toda Europa se utilizó la Península como plataforma de comunicación. Las viviendas circulares y las fortificaciones o torres semicirculares se explican por esta influencia. Se justifican de este modo tanto la influencia en el urbanismo (construcciones circulares y torres defensivas) como la entrada de los metales por la influencia oriental.

4.- Explicación mixta: Según el matrimonio Leisner, el megalitismo en el tipo de tumba megalítica simple de corredor, es anterior a «tholoi» de falsa cúpula en los que se inicia la Edad de Cobre. Así se define en megalitismo peninsular como propio, y las tumbas tipo «tholoi» como de influencia oriental, como se ve en los Millares y en Vila Nova de Sao Paulo. entre los defensores de estas colonias e importaciones orientales se encuentran Sangmeister, Blance, Schubart, Schüle, y Kalb.

5.- El C-14 ha demostrado el origen autóctono de las tumbas megalíticas.

Conclusiones:

Sin entrar en discusión sobre el origen del fenómeno megalítico, se puede decir que:

  • La antigüedad del fenómeno magalítico, cuyo origen se remonta a más de un milenio a la construcción de las primeras sepulturas megalíticas del Mediterráneo oriental
  • El carácter puramente neolítico de las primera manifestaciones megalíticas del territorio portugués, producidas por los herederos de los «concheros» mesolíticos.
  • La difusión del megalitismo en la Península desde Occidente hacia las regiones mediterráneas, en contra de la teoría «orientalista».
  • Separación en España, de dos tradiciones: una neolítica o occidental (representada por sepulcros de corredor), que llegaría hasta las altas tierras granadinas, y otra a comienzos de la edad del Cobre, y representada por los grandes «tholoi», que quizá surgieron a partir de los sepulcros circulares sin corredor de la cultura de Almería, siguiendo unos prototipos y tradiciones locales que nada deben a las supuestas influencias del Mediterráneo oriental.

Dado que estos monumentos con los que se relacionan son más modernos, no se puede establecer una relación de origen con ellos.

En el Alentejo portugués hay precedentes históricos que corroboran la existencia de tumbas de corredor, con falsa cúpula, pertenecientes a la edad del Cobre.

PRECEDENTE:

  • Vila Nova de Sao Pedro: Se plantea la cuestión sobre si son influenciados por la cultura oriental.
  • Los más antiguos monumentos del siglo son del IV milenio a. de C.
  • Los más recientes son del 3000 a. de C.

Se piensa modernamente que el megalitismo se inicia en Bretaña y Normandía, y se extiende a toda la cornisa atlántica.

Por ello se deduce que:

  • El megalitismo es un milenio anterior a las primeras sepulturas megalíticas del Mediterráneo Oriental.
  • Las primera que aparecen son del Neolítico.
  • Se difunden después por la cuenca mediterránea.

EN ESPAÑA:

  • Se tiene una tradición neolítica occidental: con sepulturas de corredor en las altas tierras granadinas.
  • Se mantiene la tradición del Cobre, con influencia de la cultura de Almería independiente y propia, sin conexión con Oriente.

ESTACIONES: Montefrío, Necrópolis de:

  • PEÑA DE LOS GITANOS
  • EL CASTILLÓN
  • LA CAMARILLA
  • EL RODEO.

Con más de un centenar de sepulcros megalíticos. Son de pequeñas y medianas proporciones, no superando los 8 me de longitud, con un patrón muy homogéneo.

ESTRUCTURA DEL SEPULCRO MEGALÍTICO:

  • Cámara trapezoidal, con corredor corto también trapezoidal.
  • Pareces de losas ortostáticas alternantes con mampostería desnuda.
  • Accesos mediante puertas abiertas en los ortostatos.
  • Decoración con salientes tallados (cuernos) y una figura esquemática de ciervo, cuatro arcos concéntricos y varias estrías verticales paralelas.
  • Suelen tener túmulo de tierra.
  • El enterramiento aparece individual o doble.

AJUAR: Necrópolis de LA CAMARILLA: Aparece ya saqueada ya desde época romana (hallazgos de lucernas romanas en su interior, lo que acusa ya la expoliación en esa época).

  • Vasos de cerámica (escasos y, a veces, con decoración campaniforme).
  • Hojas y elementos de hoz, de sílex.
  • Puntas de flecha de sílex.
  • Hacas y cinceles de piedra pulida.
  • Puñales de lengüeta.
  • Punzones y puntas de flechas de cobre.
  • Brazalete de pectúnculo.
  • Botones de hueso y marfil con perforación en V.
  • Punzones y puntas de flecha de cobre.
  • A esto se añade elementos del Bronce, como puñales de remache y espirales de cobre.

PARALELOS: Montes Orientales: escasos en tumbas y poco investigadas.

  • SIERRA MARTILLA (Loja).
  • LAS PEDRIZAS (Íllora).
  • LA COLÁ (Tózar).
  • NECRÓPOLIS DEL CORTIJO DE CAMARGO (Montejícar).
  • EL CHILLERÓN (Píñar).
  • CORTIJO DE EL HACHO (Alamedilla).
  • CERRILLO DE LAS CABEZUELAS (Huétor-Santillán).
  • LABORCILLAS (Excavada por Siret, y publicada por Leisner).
  • PEDRO MARTÍNEZ (Excavado y publicado por Siret y Leisner).
  • LOS ERIALES (de plena Edad del Bronce, con importaciones argáricas).

Segudo conjunto conservado:

  • NECRÓPOLIS DE HUÉLAGO (Excavada por Siret).
  • NECRÓPOLIS DE FONELAS (Reexcavada recientemente por Ferrer).
  • NECRÓPOLIS DE CRUZ DEL TÍO COGOLLERO: En esta necrópolis destaca un hallazgo de una estela de pizarra decorada con un motivo antropomorfo enmarcado en líneas grabadas en zig-zag.

En las vaga de Granada tenemos los siguientes monumentos:

  • MONUMENTO MEGALÍTICO DE EL TORIL (Dílar).
  • PANTANO DE LOS BERMEJALES: Aparece un sepulcro de galería, de 9 m de largo, con atrio, corredor y cámara, separados por puertas de dos hojas con perforación rectangular. Estaba rodeado por un círculo de piedras alineadas que marcaban el límite del antiguo túmulo. Estas necrópolis se dispersa a lo largo de 5 km a lo largo del río Cacín. Gran número pertenece al grupo de galería, sin cámara diferenciada, salvo en la puerta de entrada. Otros sepulcros tiene cámara trapezoidal, siguiendo el modelo de la cultura megalítica de Granada. Entre ellos destaca el
    • SEPULCRO DE LA NAVILLA I, con 7 m. de longitud, con 80 cadáveres inhumados, y sus ajuares, que marcan el uso del monumento desde el final del Cobre a todo el Bronce Antiguo.
    • LOS VÍNCULOS (dos sepulcros): Están asociados en el interior de un túmulo de 25 m de diámetro, de 3 m. de altura. El mayor tiene planta trapezoidal, fechado en la Edad del Cobre, tenía 23 cadáveres. El más pequeño estaba al cierre del túmulo, con planta asimétrica, cámara cuadrangular y pequeño corredor lateral. Este ejemplo contrasta con los patrones regulares de la arquitectura megalítica granadina.

ZONA DE GUADIX-BAZA:Expansión hacia el Este: se extiende por el río de Gor.

Los primeros monumentos se localizan en Villanueva de las Torres (grupo de Alicún), junto a la confluencia de los ríos Gor y Fardes, extendiéndose después por los términos municipales de Gorafe y Guadix (grupo de la Sabinilla, Las Majadillas, llanos de la Cuenca de Guadix, Llanos de los Olivares, Hoya de Conquil, y Llano del Cerrillo de las Liebres, continuando hasta las proximidades de Gor (Loma de Gabiarra, Llano de Carrascosa, La Torrecilla y El Puntal de la Rambla del río de Baúl).

  • Río Gor: Cámara trapezoidal o rectangular, en menos casos poligonal o cuadrada, corredor trapezoidal muy corto: en raros casos superan los 5 m. Son construcciones de pequeñas dimensiones, formadas por losas de caliza o conglomerado, aunque en algunos casos se utiliza el corte natural de la pendiente para utilizarlo como pared lateral de la cámara.

Necrópolis de Gabiarra (M. Botella y Martínez): Siret habla de «tholoi» de falsa cúpula, construidos con mampostería, cuyo sistema contrasta con los sepulcros ortostáticos descritos. Debe ser un intrusismo procedente de la Cultura de los Millares que entran en contacto con el complejo megalítico de Gor. La cuenca del río Gor es muy abundante. Presenta el rito de inhumación colectiva, siendo el máximo de individuos enterrados 22.

Siret contabilizó 760 cadáveres en 103 sepulturas, por lo que el promedio de enterramientos colectivos es bastante alto.

AJUARES: propios de la Cultura de las cuevas:

  • Cerámicas impresas.
  • Vasos de yeso.
  • Ídolos cruciformes
  • Trapecios de sílex.
  • Placas grabadas.

AJUARES DEL COBRE ANTIGUO (dentro de esta misma necrópolis)

  • Cerámica simbólica.
  • Ídolos oculados.

AJUARES DEL BRONCE ANTIGUO Y PLENO

  • Copas argáricas.
  • Vasos carenados.
  • Puñales de remache.
  • Espirales de cobre.

Las dos grandes áreas que muestran de forma más densa estos elementos funerarios son:

  • CERCANÍAS DEL PANTANO DE LOS BERMEJALES, que enlaza con la cuenca del Guadalquivir,y
  • ZONA DE LOS MONTES, con monumentos más corrientes: cámara trapezoidal y corredor corto.

Los enterramiento de la alta Andalucía, en época megalítica, se hacen también en cuevas naturales y artificiales, allí donde no era posible la obtención de grandes losas para si construcción.

ESTRUCTURA ECONÓMICA Y SOCIAL:

Se practica la ganadería,la trashumancia estacional, aumenta el ganado ovino y caprino. Estos fenómenos se observan en los Castellones de Laborcillas y en Montefrío.

Se incrementa la agricultura y se produce una desviación de esta labor hacia la ganadería. No se puede afirmar una diferencia de jerarquía en la composición de la sociedad megalítica. La homogeneidad de los monumentos megalíticos y sus ajuares, demuestra que se trata de una sociedad igualitaria. Tasa de natalidad alta contrarrestada por el alto índice de mortalidad, con especial incidencia sobre la población infantil y juvenil.

LOS MILLARES

(COBRE: 2500 a. de C.)

Es una cultura vinculada a la de los Millares de Almería. Está formada por pequeños grupos de prospectores metalúrgicos que desde el foco de la zona almeriense y murciana irrumpe en la Alta Andalucía. El C-14 establece la fecha de 2.500 a. de C. Ocupan las altiplanicies de Huéscar y Baza y la Hoya de Guadix, entran en contacto con la cultura megalítica de Granada, que frena su expansión hacia el Oeste. Introducen dos grandes innovaciones: EL CONOCIMIENTO DE LA METALURGIA Y LOS POBLADOS FUERTEMENTE FORTIFICADOS, cuyo modelo queda representado por la ciudad almeriense de los Millares (Santa Fé, Almería).

El clima y el biotipo de estas fechas es muy similar al actual, aunque más húmedo y repoblado, según se desprende del estudio de los materiales hallados en la excavación: polen, que acusa una flora dotada de bosques hoy inexistentes en la realidad. La fauna se detecta en la variedad de las muestras óseas aparecidas en el Cerro de la Virgen de Orce, y en los Castillejos de Montefrío: huesos de ciervos, jabalíes e incluso osos y uros.

EMPLAZAMIENTOS

  • BAZA.
  • HUÉSCAR.
  • GUADIX.

Se introducen dos innovaciones:

  • LA METALURGIA
  • POBLADOS FUERTEMENTE FORTIFICADOS

El clima por estas fechas es más suave: se detectan castores y nutrias en Purullena (Cuesta del Negro).

EL MALAGÓN (Cúllar-Baza) Poblado compuesto por varias cabañas de planta circular.

En un conjunto de cabañas de planta circular y pequeño diámetro que no supera los 4 m.

Presenta:

  • Paredes con altos zócalos de piedra trabada con barro, de 1.20 m de altura sobre los que se levantan muros de tapial.
  • La techumbre posiblemente cónica, hecha con un tramado de ramajes, e impermeabilizada con barro.
  • En el interior de las casas existen bancos corridos, adosados a las paredes, y grandes hogares, delimitados por un anillo de barro cocido.
  • Las casas tienen una habitación donde se hacía todo.
  • Todo parece indicar que la sociedad tenía como argumento base la familia nuclear.

El poblado estaba protegido con una potente línea de fortificación. La defensa se completa con un pequeño fortín de planta casi circular, emplazado sobre la cima del cerro bajo el que se asienta la ciudad. Este pequeño fortín tenía como misión el control de paso y vigilancia de los movimientos en los caminos, ya que constituye un cruce importante donde se ponen en contacto las rutas que unen el Sudoeste con el Alto Guadalquivir.

Los materiales arqueológicos son similares a los de los Millares:

  • La cerámica no es muy notable, algunos muy cuidados, pequeños, a veces decorados, con motivos simbólicos incisos.
  • Pequeños cuencos, fuentes y platos de bordes biselados, vasos cilíndricos y troncocónicos, que, a veces, presentan en la base impronta de cestería.
  • Vasijas de mayores dimensiones, tienen perfiles ovoides, fabricadas con moldes, cuyo borde queda marcado en la superficie exterior del vaso por un fuerte baquetón.
  • Industria lítica y ósea: hojas dentadas, elementos de hoz, puntas de flecha de sílex con pedúnculo y aletas, otras de base cóncava, hachas de piedra pulimentada, punzones de hueso.
  • Ha aparecido una figura antropomorfa de marfil de 17 cm de altura.
  • Queseras troncocónicas o en forma de carrete.
  • Cucharas o «cuernecillos» de arcilla, con los extremos perforados, que posiblemente se utilizaran en la industrial textil.

No cabe duda de que la técnica de la metalurgia de los Millares se introdujo en este espacio en la provincia de Granada. en el Malagón se han encontrado restos de materia prima que se elaboraba para la obtención del metal. Se elaboraba al aire libre, en pequeños hornos circulares. La fundición del mineral se efectuaba junto a la mina, próximo a las chozas donde se albergaban los mineros. El horno de fundición consistía en un simple hoyo en tierra, de poca profundidad y corto diámetro, rodeado de piedras hincadas. Allí se mezclaba el mineral, el fundente y la leña, y se introducían las toberas de los fuelles asociados desde el exterior.

Los instrumentos que se fabricaron en estos momentos tienen un carácter estrictamente familiar y doméstico. Sólo en contados casos se utilizaron como armas. Los instrumentos conocidos fabricados en cobre son: cuchillos, sierras, punzones y leznas. Piezas decorativas hechas en cobre, no se conocen hasta la posterior Edad del Bronce. Este nuevo elemento cultural no llega a sustituir al hueso y la piedra que precisamente en este momento alcanzan su mayor expansión.

CERRO DE LA VIRGEN (Final del Cobre Antiguo, Orce).

Es un emplazamiento mayor que el MALAGÓN (Excavado por Schüle).

Aparecen numerosas viviendas de planta circular, de adobe, con cubierta de cúpula. Se parecen a la de EL Malagón, pero las de Orce son mayores.

ECONOMIA

  • Es de tipo mixto: ganadería y agricultura, y una aportación cinegética de mediana entidad.
  • El ganado vacuno va desplazando a ovino y caprino.
  • El ganado vacuno gana interés por su utilidad en la tracción.
  • El ganado ovino interesa por su lana y carne.
  • Aparece por primer vez el CABALLO DOMÉSTICO.
  • Aparece el perro como elemento guardián.
  • Aparece el conejo doméstico.

LA CAZA: Es muy importante: ciervos, cabras hispánicas, jabalíes, gato, lince, conejo, asno.

AGRICULTURA: Se tienen datos sobre la existencia de una acequia de riego. Los emplazamientos suelen estar juntos a río y arroyos, por lo que lo anterior no se puede generalizar. Parece más viable una agricultura extensiva de secano con barbechos anuales, y con pequeños huertos de hortalizas y leguminosas regados por acequias, como la descubierta en Orce.

RITUAL FUNERARIO

En LAS ANGOSTURAS (Gor), se usan tholos con cúpula. Aparecen enterramientos colectivos e individuales lo mismo en tholos que en cuevas. Aparecen ídolos en interior de las viviendas; demuestra el carácter beneficioso considerado por este por éste sobre los otros seres vivos, siendo probablemente considerados como objetos de culto doméstico.

SOCIEDAD:

La sociedad de la Cultura de los Millares sigue manteniendo un esquema igualitario, aunque con cierta evolución:

  • Aunque las poblaciones neolíticas y megalíticas poseen ajuares funerarios sencillos compuestos por elementos sencillos de carácter utilitario: cerámicas, hachas de piedra, hojas de sílex etc., y algunos objetos rituales como ídolos.
  • En los Millares se introducen elementos fabricados con materias primas exóticas y costosas: marfil, cuentas de cáscaras de huevo de avestruz y metal.
  • Chapman concluye que se da una diferenciación en los ajuares de las tumbas de Almería, por lo que se deduce que ya se está dando una jerarquización en la sociedad, cosa que culminaría en la Cultura del Argar.

La aparición de estos materiales exóticos hacen pensar en un comercio entre las culturas peninsulares de los Millares y Vila Nova de Sao Pedro con el Corte de África, donde a la vez hace aparición la cerámica ibérica decorada con técnica campaniforme, y objetos metálicos.

EL VASO CAMPANIFORME

El período de máxima expansión de las culturas calcolíticas se inicia con la aparición del VASO CAMPANIFORME.

  • En Granada coincide con la fase del Cobre Pleno.
  • Teorías sobre su aparición: «Igualdad paneuropea», teoría del «reflujo» de Sangmeister, cuenca del Ródano, en Vila Nova de Sao Pedro se da el estilo «marítimo».
  • El vaso campaniforme se inició en la Península Ibérica.
  • A Granada llegan (según el C-14) las primeras piezas en poco antes del 2.000 a. de C., según las piezas de:
  • LOS CASTILLEJOS de Montefrío.
  • CERRO DE LA VIRGEN, de Orce.

Se tienen pequeños ejemplares de estilo «marítimo», con la duda de superficie cubierta por bandas impresas con líneas oblicuas, y cuencos con motivos impresos en el borde.

Después del 1.900 a. de C. aparecen vasos estilo «Ciempozuelos», con barrocas decoraciones incisas. Al principio coexistieron con el estilo «marítimo», pero no fueron fabricados por las poblaciones indígenas granadinas, aunque el elevado número de ejemplares del Cerro de la Virgen hacen pensar que fueron asimilados y fabricados.

Los vasos «ciempozuelos» son imitados, y enlazan con la inminente CULTURA DEL ARGAR.

  • El campaniforme marítimo puede considerarse como un elemento producido por élites de clase social emergente que los comerciaban a larga distancia.
  • El campaniforme Ciempozuelos puede considerarse como un elemento de carácter étnico, que identifica a las comunidades pastoriles de la Meseta, justificando su difusión con actividades relacionadas con la trashumancia entre el centro y la periferia de la Península. Torrecardelas es un vivo ejemplar de la abundancia y asimilación de esta técnica por parte de la población autóctona granadina.

PRIMERAS MANIFESTACIONES ARTÍSTICAS DE GRANADA

PINTURA

  • NEOLÍTICO MEDIO (IV milenio).
  • COBRE.

Aparece en abrigos y cuevas. Se trata de paneles que muestran figuras aisladas y, a veces, escenas colectivas. Se inscriben en el arte esquemático andaluz

ESTACIONES

  • SIERRA HARANA: Musteriense (Hugo Obermeier).
  • LLANO DE LA VENTA DE LA NAVA: Pinturas esquemáticas.
  • CUEVA DE HORÁ: Pinturas esquemáticas.
  • CUEVA DEL AGUA DE PRADO NEGRO: Figuras antropomorfas.
  • CARIGÜELA: Símbolos solares.
  • CUEVA DEL MALALMUERZO: Símbolos solares.
  • CUEVA DE LA MUJER: Símbolos solares.

Es una pintura esquemática monocroma.

  • LAS MAJOLICAS: Figura antropomorfa.

Hay que tener en cuenta las representaciones que aparecen en la esquematización de animales y elementos simbólicos de las necrópolis de la Edad del Cobre y los paneles esquemáticos de los monumentos megalíticos: la Camarilla (Peña de los Gitanos), La Cueva del Tío Cogollero de Fonelas. Este período finaliza aproximadamente a la llegada del Bronce Pleno, por fenómenos relacionados, debido a la sobriedad y el espíritu»iconoclasta» de la cultura del Argar.

Los conjunto esquemáticos hasta ahora estudiados son los de los alrededores de MOCLÍN: pequeños abrigos como los de:

  • CUEVAS DE LIMONES.
  • CUEVAS BERMEJAS.
  • PEDRIZA DEL PEÑASCAL.
  • CUEVA DEL CORTIJO DE HIEDRA ALTA.
  • CUEVA DEL HORNILLO DE LA SOLANA.
  • CUEVA DE LAS VEREAS.
  • CUEVA DE LA ARAÑA.

Ofrecen algunas figuras antropomorfas aisladas de tipo ancoriforme y «fi griega».

  • ABRIGO DE LA CAÑADA DE CORCUELA: Aparece más de una veintena de figuras formando una de las pocas escenas de conjunto que se conocen en este círculo. Se interpreta como una escena de caza donde donde se ven figuras ancoriformes, cruciformes, en doble Y, etc.

SIERRA HARANA:

  • PORTILLO DEL TORIL (Iznalloz).
  • ABRIGO DE JULIO JIMÉNEZ (Iznalloz).
  • TAJO DEL ÁGUILA (Bogarre).
  • CUEVAS DE PANORÍA (Darro).
  • CUEVA DE LA VEREA DE LA CRUZ (Diezma).
  • ABRIGO DE SILLAR BAJA (Diezma).

En ellas aparecen figuras antropomorfas similares a las anteriores junto con algunos otros elementos como son los signos pectiniformes, puntos y barras pintadas etc.

Dudosas son las pinturas del Llano de Carchuna. En Huéscar, La piedra del Letrero de los Mártires muestran símbolos solares, algunos pectiniformes y esquematizaciones humanas.

LA CULTURA DEL ARGAR

(1.900-1.800 a. de C.)

Tiene su origen en el Bajo Almanzora, en su parte costera. Se inicia en la Edad del Bronce con la aparición de la Cultura del Argar.

Otros emplazamientos similares se han localizado en Granada, Jaén, Murcia y Alicante. En otras provincias florecen otras culturas de la Edad del Bronce más o menos influenciadas por el Argar.

CARACTTERÍSTICAS:

  • Cerámicas lisas muy bruñidas, con perfiles de estilo «metálico», a menudo carenados.
  • Formas cerradas frente a las vasijas abiertas -platos y fuentes- de la Edad del Cobre

CAMBIOS:

  • Frente a sepulturas individuales dentro de la vivienda, enterramiento colectivo situado en necrópolis fuera del poblado.

ECONOMÍA:

  • Nace mayor especialización de la estructura económica.
  • Desarrollo de una sociedad estratificada.
  • Esto anterior desarrollará el «militarismo», a consecuencia de ello el

URBANISMO:

  • Se ocupan laderas y cimas frente a los llanos amesetados de la Edad del Cobre (cabañas aisladas y dispersas irregularmente sobre el terreno).
  • Se levanta sobre planta rectangular, con varias habitaciones alineadas a lo largo de estrechas terrazas que se escalonan por las pendientes de los cerros, o que forman núcleos más compactos con calles estrechas y tortuosas en las partes superiores de los mismos.

ESTRUCTURA SOCIAL:

  • Se pasa de una estructura social igualitaria a otra estratificada y compleja.
  • La creciente importancia de la metalurgia, con especialización, motiva este cambio social.
  • Se incrementa el militarismo debido a la progresiva importancia de las fortificaciones y al armamento.
  • El desarrollo de la división de clases sociales se encuentra reflejado en los ajuares funerarios, con un constante aumento de la diferencia de riqueza.

ESTACIONES DEL BRONCE ARGÁRICO

CARACTERÍSTICAS:

  • La población es megalítica (llegando hasta el 1.500 a. de C.)sin casi asimilación de las innovaciones argáricas, manteniéndose reacia al cambio. Aceptarán de forma gradual la transformación de sus rituales funerarios, sin llegar a aceptar totalmente los sistemas de producción económica.
  • Hasta estas fechas no se abandonan los grandes monumentos megalíticos, sustituyéndolos por inhumaciones en el interior de los poblados, siguiendo el ritual argárico.
  • Los cambios en urbanismo y en los tipos de cerámica son más lentos aún.

GRUPO GRANADINO DE LA CULTURA DEL ARGAR.

En la zona norte de la provincia de Granada se asimila más rápidamente la cultura argárica, como se demuestra en el Cerro de la Virgen de Orce, altiplanicies de Huéscar y Baza, Depresión de Guadix y vega de Granada. Este ámbito forma un grupo arqueológico denominado «Grupo granadino de la cultura del Argar».

EMPLAZAMIENTOS: Los más notables son:

  • POBLADO DE LA CUESTA DEL NEGRO (1.800 a. de C., Purullena)
  • CERRO DE LA ENCINA (Monachil).

CUESTA DEL NEGRO:

  • Según el C-14, se trata de un emplazamiento que se inicia en el Argar. No tiene contexto arqueológico precedente. Este emplazamiento se mantuvo entre 4 ó 4 siglos.
  • Ocupa un terreno apto para el cultivo, práctica de la agricultura y la ganadería.
  • Está montada en un lugar estratégicamente defendido por su naturaleza.
  • Está situado en el cruce de caminos con Almería y Alto Guadalquivir.

URBANISMO:

  • Es un recinto fortificado de planta rectangular situado en la zona central del yacimiento, formado por gruesos lienzos de muralla, con agujeros en caras para postes de pino.
  • En lomas y laderas contiguas se emplaza el poblado, formado por cabañas de muros delgados, cubiertos con madera y barro.
  • Las defensas se completan con un pequeño fortín, aproximadamente circular, aislado del hábitat, y situado en la parte superior de la cuesta, donde protege el camino de entrada que desciende de los llanos superiores.

RITUAL FUNERARIO

  • Las tumbas están dentro de la casa-habitación. En pocos casos el cadáver aparece en vasijas. Lo normal es la fosa en pozo vertical o inclinado, que accede a una cámara lateral, en forma de cueva, donde se deposita el cadáver con su ajuar funerario.
  • Ritual: Inhumación, con ajuar sencillo. El enterramiento puede ser simple, doble o triple (un sólo caso). El enterramiento doble se efectúa cuando son individuos masculino y femenino. El cadáver aparece en posición fetal.
  • El ajuar puede contener: vasijas con comida: cabra, oveja, cerdo; armas, punzones, alfileres de cobre; objetos de oro, piedra, cobre y plata. El oro es raro.
  • Hay diferencia en los ajuares según el sexo: los cadáveres masculinos aparecen con hojas de puñal y alfileres para sujeción de la vestimenta, con dos vasos carenados de diferente tamaño, con la particularidad de que, cuando se trata de un individuo importante, aparece una copa argárica de peana y una olla de boca cerrada. en los enterramientos femeninos son corrientes punzones de cobre y hueso, un vaso carenado junto con un cuenco, a los que se une en los ajuares más ricos una copa o una olla.

ESTRUCTURA SOCIAL: Si se analizan los ajuares funerarios, se pueden distinguir cuatro niveles sociales, diferenciables por la calidad de los objetos encontrados. Junto con el ajuar aparece, en algunas tumbas restos de animales que fueron colocados como parte del rito funerario. Es interesante observar en la estadística de cadáveres que un gran número de las tumbas corresponden a niños; con lo que se estima una alta mortalidad infantil. Así, el 33% mueren entre los 20 y 30 años; de 40 años, sólo seis casos; uno solo de 60 años.

ECONOMÍA:

  • Se practica una agricultura de secano y alguna de regadío en las cercanías del Fardes.
  • Hay pastoreo de rebaños de cabras y óvidos.
  • Se utilizan los bóvidos como animales de tracción, que se sacrifican cuando son adultos o viejos.
  • La caza es muy usual.
  • Actividad metalúrgica: se han encontrado moldes de fundición de cobre. Actividad textil: aparecen telares, restos de tejidos, útiles de hueso etc.

CONCLUSIÓN: Cuesta del Negro tuvo una comunidad argárica autosuficiente en todo menos en el abastecimiento de cobre y plata. Permanece activo en los años 1.800- 1.400 a. de C. aproximadamente.

  • Su población estaba estratificada como consecuencia del avance en el uso de los metales, como se aprecia en los ajuares funerarios.

CERRO DE LA ENCINA (Monachil)

(1.800-1,200 a. de C.)

A la vista de los recursos naturales que se encuentran en el entorno de las comunidades que se asientan en las cercanías de las riberas de los ríos que irrigan la Vega de Granada, hay que pensar que unas zonas practicaría la actividad agrícola, mientras que otras, las situadas al piedemonte de sierra Nevada, practicarían más la industria como la minería y la metalurgia. De esta forma ninguna de estas comunidades serían autosuficientes, por lo que se establecería un intercambio de sus productos, estableciéndose un comercio entre unas zonas y otras.

Este es el caso del poblado del Cerro de la Encina, que controla los pastizales de la sierra y los filones de mineral que posee.

Ámbito de la zona argárica:

  • CERRO DE LOS INFANTES (Pinos Puente).
  • ZUJAIRA.
  • CASTILLEJO DE SIERRA ELVIRA.
  • CERRO DE LA CRUZ (Cüéjar Sierra).
  • HUÉTOR VEGA.
  • CERRO DE LA ENCINA (Monachil)
  • CASTILLEJO DE MONACHIL.

CERRO DE LA ENCINA:

Esta formado por tres mesetas escalonadas. Sigue el esquema de la Cuesta del Negro. sobre la meseta central se emplazó la fortificación.

  • La casa tiene planta rectangular.
  • Cerca de un centro de almacenaje con grandes vasijas para el grano.
  • en las mesetas y laderas contiguas se encuentran las casas, situadas sobre terrazas escalonadas. Las casas llegan hasta cerca del río.
  • Cada terraza tiene un largo muro que divide las zonas habitadas.
  • En su meseta central se ha practicado un corte en donde se han detectado todas las fases del Bronce.

AGRICULTURA: Se practica:

  • Secano.
  • Regadío, es decir: policultivo.

GANADERÍA:

  • El caballo desplaza a los bóvidos que, cuando llega a adulto u viejo, es sacrificado para consumo humano.
  • La caza es más abundante que el Cuesta del Negro.

NECRÓPOLIS:

  • Muestra más variedad que la de la Cuesta del Negro.
  • Se puede notar una mayor diferencia social por el tipo de enterramiento y su respectivo ajuar.
  • Hay sepulturas en cuevecilla, al exterior de las casas, cerradas con piedra.
  • En los interiores de las casas aparecen sepulturas en cista.

DESAPARICIÓN DEL ARGAR

Es muy probable que la desaparición del Argar tengan relación con el agotamiento de los recursos naturales a descubierto de Sierra Nevada, y con la aparición de una nueva forma de tratar el cobre: el estaño, que da lugar al bronce.

El mundo argárico decae a partir del 1.300 a. de C. Se produce una crisis que afecta a todo el continente europeo.

En Europa se produce la ecolución del bronce que afectará a la Península Ibérica.

  • Se abren nuevas bases económicas
  • Reorganización de las rutas comerciales.
  • Caídas de las estructuras argáricas.
  • Socialmente se retrocede, en estructura, a un estado más primitivo, igualitario, acorde con el modo de producción doméstico.

Se mantienen los mismos emplazamientos con una cultura supeerpuesta en:

  • CERRO DE LA ENCINA.
  • CERRO DE LOS INFANTES.
  • CERRO DE LOS CHINOS.

Pero aparecen otros en las cercanías, como el Cerro del Real en Galera.

Se ocupan laderas y mesetas más bajas y mejor comunicadas con las vías naturales, sin tener que buscar un lugar alto para defenderse.

Esto da lugar a que se reutilicen los espacios que se adaptan a las exigencias de los nuevos sistemas de vida: economía nueva.

Los emplazamientos que controlan las vías naturales adquieren mayor importancia como el Cerro de los Infantes, mejor situado por su emplazamiento, que el Cerro de la Encina.

El Sudeste pierde su economía y destaca el Bajo Guadalquivir, siguiendo la CULTURA TARTÉSICA. Todo ello ocurre como consecuencia de:

  • Sustitución del cobre arsenicado en la demanda comercial por el bronce bronce.
  • La situación del Bajo Guadalquivir, bien comunicado por tierra y por mar, con las rutas del estaño.
  • La explotación de las minas de plata y cobre en Onuba.
  • El aprovchamiento de las tierras bajas del Guadalquivir, idóneas para el desarrollo intensivo agrícola y ganadero.

Pero es el desarrollo de Tartesos quien impulsa este cambio, monopolizando el comercio del estaño. (Hallazgo en la Ría de Huelva de un depósito de chatarra destinado a fundirse).

A pesar de la influencia tartésica, con sus nuevos materiales detectados en los emplazamientos granadinos, se respectan las antiguas culturas que mantienen la tradición argárica.

El Bronce Medio (1.600 a. de C.) deja su rastro en algunos lugares de las costa granadina, al podemos considerar Bronce argárico.

De esta forma consideramos los siguientes emplazamientos:

ALMUÑÉCAR:

  • Necrópolis fenicio-púnica de Puente del Noi.
  • Necrópolis fenicia de Monte de Velilla.
  • Pago del Sapo (Almuñécar-La Herradura).

En Puente del Noi apareció un enterramiento con cadáver en posición encogida o fetal. Los elementos de ajuar eran tulipas de cerámica colocadas alrededor el cadáver. Como el cadáver no se sacó, suponemos que debajo de él habría algún elemento como un puñalito de bronce. No se tocó y quedó enterrado con arena.

Monte de Velilla ha registrado gran cantidad de materiales argáricos, fenicio-púnicos y elementos romanos. Aparecieron, entre las piezas, un colgante de oro de forma troncocónica en la finca del dueño del lugar. El estudio preliminar ha sido hecho por el Dr. Machael Blech, del Ins, Arq. Alemán de Madrid. Se tiene información de que los materiales más importantes de este yacimiento era bastante numeroso; material que ha desaparecido sin dejar rastro, y de las mismas características que el estudiado por M. Blech. El furtivismo hizo estragos en este yacimiento.

Otro de los cimientos se encuentra en el conocido Pago del Sapo. Los materiales están catalogados como bronce argárico, en conexión con las dos yacimientos anteriormente citados.

POBLADOS DEL BRONCE FINAL

  • CABEZUELOS (Úbeda).
  • CERRO DE LA ENCINA.
  • CERRO DE LOS INFANTES.
  • CERRO DEL REAL (Huéscar).

ESTRUCTURA DOMÉSTICA EN EL BRONCE FINAL

  • Cabañas de planta oval, aisladas y dispersas por el emplazamiento.
  • Tienen una sola habitación.
  • Pequeños zócalos y muro de tapial o adobe.
  • Techo de materia orgánica o barro.
  • El algunas paredes interiores se usa estuco, decoradas con acanalados geométricos.
  • Interior con pequeñas áreas empedradas o pavimentadas con barro cocido en sencillos dibujos geométricos. Sobre ellas se han conservado restos de pesas de telar.

Esto indica que se vuelve a los sistema del Cobre.

BRONCE FINAL TEMPRANO

(1.100-900 a. de C)

Hay una fuerte influencia de la Meseta (Gogotas).

Documentos de tipo europeo o atlántico:

  • Hachas de aletas laterales.
  • Hachas de talón y anillas.

La cerámica ha cambiado, apareciendo:

  • Vajillas de formas abiertas: platos y fuentes carenados.
  • Grandes orzas de fondo plano., en cocinas.

BRONCE FINAL PLENO

( 900-800 a. de C.)

  • Desaparece la influencia de la Meseta
  • Se estrechan las relaciones con los elementos tartésicos.

Se importan de Tartessos:

  • Cerámicas decoradas con motivos bruñidos y aplicaciones metálicas.
  • Soportes de carrete y fíbulas de codo.
  • Materiales de origen mediterráneo:
  • Hachas de apéndices laterales.
  • Cerámicas pintadas etc.
  • Se practica el rito de la incineración, que está poco documentado.

BRONCE FINAL TARDÍO

(800-700 a. de C.)

CERRO DE LOS INFANTES: Ha sido bien estudiado.

Es evidente el impacto colonial fenicio, que demuestra una aculturación, dando lugar lugar a la aparición de la cultura ibérica.

ECONOMÍA:

  • Fuerte componente pastoril sin especializar.
  • La cría de caballo queda relegada en el Cerro de la Encina.
  • Se impone el ganado vacuno, ovejas y cabras.
  • Menor importancia de la agricultura en la economía.

CULTURA IBÉRICA

A finales del siglo IX y comienzos del VIII se fijan las primeras colonias en las costas del sur.

Los fenicios introducen en la sociedad tartésica los siguientes elementos orientales:

  • Peines.
  • Estuches.
  • Muebles incrustados de marfil.
  • Guarniciones de bronce para carros de combate.
  • Páteras.
  • Braseros.
  • Jarritos de bronce y plata.
  • Pomos de cristal con ungüentos.
  • Perfumes exóticos.
  • Recipientes de alabastro.
  • Telas estampadas y bordadas.
  • Joyas.
  • Entalles.
  • Artes suntuarias con fauna y flores del jardín oriental: el león y la roseta, la gacela y el loto, lámpara y la palma.

Se introduce además:

  • Talleres.
  • Iconografía.
  • Alfabeto.
  • Introducción del HIERRO.

La colonización fenicia se sintetiza en las siguientes fases:

  • Contactos con la zona de Huelva: hallazgos de la Ría de Huelva, hacia los años 850 a. de C.
  • Siglo VIII: La Mezquitilla y Chorreras.
  • Época de apogeo: 750-650 a. de C. : Necrópolis «Laurita» en Almuñécar.
  • Culminación de la colonización en el siglo VII: Guadalhorce y Guadarranque…

Sobre el siglo VIII, en la alta Andalucía las comunidades siguen en una cultura plenamente prehistórica del Bronce Final.

El Cerro de los Infantes, junto a Pinos Puente, ha sido la fuente más importante para observar el fenómeno de la aculturación de la sociedad del Bronce final.

CERRO DE LOS INFANTES:

FASE ARGÁRICA:

URBANISMO: Ocupación de una pequeña área en la parte alta, con

BRONCE FINAL:

URBANISMO:

  • Se mantienen los patrones típicos de esta cultura, con cabañas de tipo oval, delimitadas por zócalos de piedra, sobre los que se alzan las paredes de tapial amarillento.
  • Las estructuras domésticas abarcan un gran espacio de laderas y contornos inferiores.
  • Elementos tartésicos precoloniales del Bronce Final.
  • Fíbula de codo.
  • Fuentes carenadas con decoración bruñida.
  • Soportes de carrete.

En la fase en que se entra en contacto con los elementos fenicios, la cerámica parece hecha de molde, de paredes finas fuentes carenadas, vasos carenados de borde alto y hombro marcado.

En la última fase del Bronce Final se importan:

  • Cerámicas finas de engobe rojo, fabricadas a torno.
  • Ánforas en forma de odre y hombro marcado.
  • Fíbulas de doble soporte. Platos de engobe rojo.

Posteriormente aparecen:

  • El torno de alfarero.
  • Horno de alta temperatura.

Con ello se da lugar el período protoibérico

CAMBIOS MÁS NOTORIOS QUE MARCAN LA TRANSFORMACIÓN DEL MUNDO INDÍGENA:

  • Se copia a torno lo que se hacía a mano: «Cerámicas grises», y cerámicas polícromas.
  • Nueva importaciones del medio fenicio: platos de engobe rojo.
  • Manufacturas de hierro.
  • Se sustituyen las cabañas de planta oval o cuadrada, por viviendas más complejas, debido a la influencia colonial, con varias habitaciones. Lo que acusa una nueva estructura social. Los zócalos se hacen más sólidos y, junto al tapial, se desarrolla un sistema de adobe y mixto, similar al fenicio más antiguo colonial.
  • A finales del siglo VII aparece un gran horno de cerámica, lo que demuestra que la comunidad de la Vega de Granada ha abandonado el modo de vida prehistórico.

ENTRE LOS AÑOS 750 Y 650 a. de C., SE CONSOLIDAN LOS CIMIENTOS DE LA CULTURA IBÉRICA Y LOS PUEBLOS DE GRANADA ATRAVIESAN EL UMBRAL DE LA HISTORIA

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CUEVA DE LA CARIGÜELA. PÍÑAR.

NECRÓPLIS DE GUIRRETE. MONTEFRÍO.

SOLANA DEL ZAMBORINO

Aquí se hallaron restos de équidos, elefantes, hipopótamos, cérvidos y jabalíes. De materiales: pieza de sílex, cuarzo y cuarcitas: bifaciales (cordiformes, lanceoladas, limandes, y hendidores sobre lascas, raederas y lenticulados.

Los hogares estaban formados por círculos de cantos de cuarcitas, con cenizas y huesos quemados.

SOLANA DEL ZAMBORINO: (Fonelas) molares de bóvidos

SOLANA DEL ZAMBORINO (Fonelas). Lasca de sílex.

SOLANA DEL ZAMBORINO (Fonelas). Sílex.

SOLANA DEL ZAMBORINO (Fonelas): Sílex, lascas bifaciales

SOLANA DEL ZAMBORINO (fonelas): Sílex, lascas de raederas denticuladas.

CUEVA DE LA CARIGÜELA: PÍÑAR.

CUEVA DE LA CARIGÜELA, DE PÍÑAR. Fase más antigua.

En principio de estudio, la situamos en el Paleolítico Medio, etapa Musteriense.

Hay restos del hombre neandertal.

Resto humano neandertal: torus supraorbital, huesos gruesos, órbitas cuadrangulares.

En las cercanías de la cueva de la Carigüela se encuentran: Fuente de la Zarza, Cerrillo de Orea, Llano de la estación de Huélago. en cuevas: La Carigüela, El puntal y Horá.

El período de la Carigüela se enmarca en el paleolítico superior (23.000- 17.000). Aquí se utilizó como elemento datador, la termoluminiscencia. Pertenece al Musteriense avanzado.

La Carigüela

Píñar. Vasos globulares, con dibujos de mano decorando con formas onduladas usando elementos de conchas.

Cerámica excisa, practicada con conchas de mar.

Fragmentos de cerámica decorada con el la concha (cardium).

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CUEVA DE LA LA CARIGÜELA. PÍÑAR

La Cueva de la Carigüela, en el Neolítico antiguo de Granada (V milenio a. de C.) fue excavada en esta fase, por M. Pellicer, abarcando del el Neolítico al Bronce.

En esta fase antigua del Neolítico, se observan las siguientes características: cerámica cardial: vasijas con forma globular, con decoración de banda horizontales, verticales, oblicuas, en espigas, triángulos alineados, cordones superpuestos. Los útiles: hueso y piedra: hojitas y lascas de piedra, hachas de piedra pulimentada.

En el Neolítico Medio en esta cueva aparece cerámica cardial y no cardial.

CUEVA DE HORÁ (cerca de la Carigüela), Restos líticos, sílex. En Horá aparecen restos de hombre neandertales. Spahni. Los restos de materiales hallados son muy numerosos de animales. Se han hallado raederas, hojas, cuchillos, raspadores, buriles. Basado en los restos animales, se han detectado: caballos, ciervos, toros salvajes, cabra hispánica, lobo, oso, lince, gato montés.

Esta yacimiento muestra las variaciones climáticas por las que ha pasado. Pero el ajuar es diferente al de la Carigüela

CUEVA DE NERJA, MÁLAGA. ÉPOCA: MAGDALENIENSE.

La Cueva del Malalmuerzo se data en el Neolítico Antiguo de Granada. Puede verse que su decoración está hecha con el natis de una concha

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS DE ZUHEROS (CÓRDOBA). Cerámica pintada con almagra, después de la cocción. Vasos con asas-pitorro.

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CUEVA DE PRADO NEGRO. IZNALLOZ.

CUEVA DE PRADO NEGRO, ISNALLOZ.

CUEVA DE PRADO NEGRO. IZNALLOZ.

CUEVA DE PRADO NEGRO. IZNALLOZ.

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CUEVA DE LA MUJER. ALHAMA.

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CUEVA DE SIMA RICA. ALHAMA. Ajuar: Fragmentos de cerámica incisa. Vasija de doble asa.

ALHAMA, NEOLÍTICO. Elementos de sílex, raedores, raspadores, etc.

CUEVA DELOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. NEOLÍTICO TARDÍO. (IV-III milenio a. de C.).

Los materiales que más destacan se resumen en los siguientes: cestería, cestillos colíndricos estrechos y hondos, cestos planos,, bolsitas de acusada transparencia, tapas, estepas y sandalias. Las técnicas son las siguientes: cestería atada y cordada, cestería atada y formando sogas, romboidal atada, la cosida en espiral, la pseudotrenzada o en rabo de cerdo tranzada.

Materiales como:

  • Granos de papáver somniferum, como aimento y sedante.
  • Vasos ovoides toscos, decorados con incisiones, impresión a punzón, cordones adosados decorativos.
  • Punzones de hueso.
  • Espátulas.
  • Hachas de piedra pulimentada.
  • Cuchara de mango plano, con agujero para colgarla.
  • Cajita de forma oval.Maza.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL.

Diadema de oro,

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Cuchara para colgarla. collar de cuentas

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CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Cestería

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Sandalias

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Sandalia cosida.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Cestillo

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Fragmentos de elementos de cestería, tapas y sandalias.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS, ALBUÑOL. Tapadera, y cestillo con tapadera.

CUEVA DE LOS MURCIÉLAGOS. ALBUÑOL. Fragmentos de cerámica incisa y excisa.

DÓLMENES DE CATEGORÍA DEL SURESTE.

Marcamos en este plano general de España las zonas que han registrado yacimientos arqueológicos. Hemos marcado en rojo las partes de la Península Ibérica que muestra una mayor incidencia en este aspecto. Hoy día podemos decir que los yacimientos son más numerosos que los indicados en este plano general. No obstante hemos de destacar que la zona sur es la que que nos dado dado mayor luz en la investigación arqueológica, pero haciendo hincapié en que estamos citando lugares prehistóricos, y por tanto nos referimos a la Prehistoria hispana, con una supremacía en el sureste y noroeste. Pero nosotros nos vamos a centrar fundamentalmente en la franja que abarca las provincias de Almería, Granada, Jaén, Málaga, Sevilla y Cádiz, alguna de las cuales muestran indicios reducidos en cuanto a yacimientos arqueológicos se refiere. Pero el punto central de nuestra investigación se va a centrar, de base, en las cercanías de Granada como foco principal de nuestra exposición.

CARACTERÍSTICAS DE LOS DÓLMENES DE LA PROVINCIA DE GRANADA

ORIGEN DE LOS DÓLMENES: TEORÍAS:

1.- Evolución de las formas más sencillas hasta las más complejas. Teoría de Bosch Gimpera: dice que los primeros sepulcros, sin corredor, se ven el el Noroeste peninsular. Después van apareciendo con corredor, hasta que su evolución termina en cámara circular con falsa bóveda.

2.- Siret y Obermeier afirman que es Oriente quien inspira este tipo de tumba: los tholoi griegos.

3.- G. Childe y D. Folde afirman que este tipo de tumba provienen de de Oriente se extiende por las costas meridionales de España en la edad del Cobre. Hasta tal punto que la Península Ibérica se convierte en un foco de expansión hacia Europa

4.- Últimamente de llega a i¡una explicación intermedia: unos son auténticamente hispanos y otros de influencia oriental.

La tradición neolítica occidental se manifiesta en las altas tierras granadinas, con influencia de los elementos del Cobre de las tierras de Almería. y Su estaciones más conocidas son: en Montefrío: PEÑAS DE LOS GITANOS, EL CASTILLÓN. LA CAMARILLA, EL RODEO.

ACRÓPOLIS DEL GUIRRETE. MONTEFRÍO.

NECRÓPLIS DE GUIRRETE. MONTEFRÍO.

NECRÓPOLIS LA CAMARILLA MEGALÍTICA DE MONTEFRÍO. Características de las tumbas: cámara trapezoidal, con corredor corto y trapezoidal; paredes de losas ortostáticas alternantes con mampostería desnuda.; acceso con puertas abiertas en los ortostatos; decoración con salientes tallados.

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LA CAMARILLA. MONTEFRÍO. ENTERRAMIENTO POR INHUMACIÓN.

NECRÓPOLIS LA CAMARILLA. MONTEFRÍO.

Ajuar de La CAMARILLA: hojas y elementos de hoz, de sílex; hachas y cinceles de piedra pulida; puñales de lengüeta,

Ajuar de la Camarilla

NECRÓPOLIS LA CAMARILLA. MONTEFRÍO.

Cuchara para ser colgada.

LOS CASTILLEJOS. MONTEFRÍO.

Peineta de hueso.

DOLMEN EL RODEO. MONTEFRÍO.

COMARCA DE GUADIX. DÓLMENES DE FONELAS

CERRO DE LOS CASTELLONES, MORELÁBOR. LABORCILLAS

NECRÓPOLIS MEGALÍTICAS DE FONELAS

NECRÓPOLIS MEGALÍTICAS DE FONELAS.

NECRÓPOLIS MEGALÍTICAS DE FONELAS. Vasijas

NECRÓPOLIS MEGALÍTICA DE FONELAS. Decoración con motivos solares.

Fonelas.

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PANTANO DE LOS BERMEJALES. LOS VÍNCULOS.

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PANTANO DE LOS BERMEJALES. DOLMEN ADINTELADO

LOS VÍNCULOS (PANTANO LOS BERMEJALES) AJUAR Puntas de flecha y raedor.

DOLMEN DE GORAFE.

ÍDOLO DE GORAFE.

GORAFE. Puntas de flechas.

GORAFE MEGALÍTICO, Puntas de flechas.

CACÍN, megalítico. Cerámica cardial.

ANTEQUERA (MÁLAGA), CUEVA DE LA MENGA. DOLMEN.

CUEVA DEL ROMERAL ANTEQUERA (MÁLAGA). DOLMEN.

LOS MILLARES. ALMERÍA

(EDAD DEL COBRE, 2500. a. de C.)

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LOS MILLARES. ACCESO.

Ambito de expansión: BAZA, HUÉSCAR, GUADIX.

LOS MILLARES, TUMBAS RECONSTRUIDAS.

LOS MILLARES.VISTA AÉREA DEL POBLADO

LOS MILLARES. ALMERÍA. PARTE DEL POBLADO.

TUTUGI (GALERA) DAMA OFERENTE

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BAZA. YACIMIENTO DONDE APARECIÓ LA DAMA.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN FRONTAL.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN LATERAL IZQUIERDA

DAMA DE BAZA. POSICIÓN LATERAL DERECHA

DAMA DE BAZA. VISTA POSTERIOR.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN IN SITU.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN IN SITU.

DAMA DE BAZA. POSICIÓN IN SITU FRONTAL

DAMA DE BAZA. DIBUJO IN SITU DE LA FIGURA Y SU AJAR FUNERARIO.

Elementos de ajuar de la tumba de la DAMA DE BAZA

MALAGÓN, CÚLLAR-BAZA. CERCA DE CHIRIVEL, ALMERÍA MALAGÓN,IDOLOS,

CERRO DE LA VIRGEN ENTERRAMIENTO POR INHUMACIÓN. ORCE.

El ajuar aparece en cabecera y pies del cadáver.

CERRO DE LA VIRGEN. ORCE ENTERRAMIENTO POR INHUMACIÓN.

CERRO DE LA VIRGEN. ORCE. VASO CAMPANIFORME.

CERRO DE LA VIRGEN. ORCE. VASO CARENADO.

CUEVA DE LAS VEREAS (cercanías de MOCLÍN.

CULTURA DEL ARGAR

CUESTA DEL NEGRO. PURULLENA. ENTERRAMIENTO POR INHUMACÓN.

CUESTA DEL NEGRO. PURULLENA. ENTERRAMIENTO POR INHUMACÓN.

CUESTA DEL NEGRO. PURULLENA. ENTERRAMIENTO POR INHUMACÓN.

CUESTA DEL NEGRO. MOLDES.

CUESTA DEL NEGRO, PURULLENA. CERÁMICA EXCISA E INCISA.

Cuesta del Negro tuvo una comunidad argárica autosuficiente en todo menos en el abastecimiento del cobre y plata. Permanece activo en los años 1.800-1400 a. de C.

EL ARGAR

EL ARGAR EN ALMERÍA (Según Siret)

ARGAR. ALMUÑÉCAR. NECRÓPOLIS PUENTE DEL NOI.

PUENTE DEL NOI. TULIPAS DE LA TUMBA ANTERIOR.

YACIMIENTO ARGÁRICO. MONTE DE VELILLA. ALMUÑÉCAR: TULIPAS

MONTE DE VELILLA. ALMUÑÉCAR. TULIPAS ARGÁRICAS.

MATERIALES ARGÁRICOS DE MONTE DE VELILLA Y PAGO DE EL SAPO. ALMUÑÉCAR

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Granada, 5 de Enero de 2022.

BOBLIOGRAFÍA

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RELIGIÓN E IDEOLOGÍA EN EL IMPERIO ROMANO

Significado y trascendencia de lo religioso entre los romanos

Dentro de la tradición popular de elemento histórico romano se decía sentir un cierto orgullo por ser el pueblo más religioso del mundo conocido, El mismo Cicerón se expresaba en los siguientes términos: religiones id est cultu deorum, multo superiores (Cic. N.D., 2,3.). Si nos comparamos con las demás naciones -dice más adelante- resultamos iguales o inferiores en diversos terrenos, excepto en el de la religión, que significa el culto de los dioses en lo que somos, con mucho, superiores». Constituía, pues, para un romano un motivo de orgullo en el que se le atribuyera ese carácter religioso especial.

El término religio: Significado e interpretaciones.

Antes de dar un sentido real de lo que significa religión para el elemento romano, es preciso explicar las acepciones que el término latino religio pueda tener. Se trata de una una palabra absolutamente latina y por tanto nos podría servir para descubrir importantes aspectos de la religión romana. del término religio no existe en griego un equivalente. Del latín se han derivado todas las lenguas occidentales.

La palabra religio ha entablado discusiones y desacuerdos entre los latinistas. Pero el contexto es por donde en determinadas ocasiones se ha podido delimitar con cierta precisión el sentido exacto de la palabra.

Hay opiniones donde se dice que puede proceder del verbo religare, que significa «ligarse con respecto a los dioses». Otros dicen que procede del elemento intensificador «re» y el verbo legere, cuyo significado es «observar escrupulosamente las normas del culto».

Los romanos, pues, pensaban que existía una interdependencia entre el caelum y terra, una relación entre los dioses y los hombres.

Sin estar seguro de la benevolencia y de la gracia de los dioses, el romano se sentía desamparado. Esta versión se corresponde con el primer sentido etimológico de la palabra religión. Todo eso constituye el fundamento del culto romano con lo que pretendía obtener la pax veniaque deum, o bien alejar la ira deum. Por todo ello el pueblo en general y el hombre en particular pretendía asegurarse en la eficacia del culto, cosa que se corresponde con el segundo significado o etimología del término relegere.

Caracteres intrínsecos de la religión romana.

En primer lugar tenemos que destacar lo que ellos consideraban un factor decisivo: Castitas, o lo que es «pureza».

Varrón, con relación a esta faceta tan especial, dijo: » durante más de ciento setenta años, los romanos honraron a sus dioses sin estatuas; de haberse mantenido, el culto hubiese sido más puro». En contra de esta afirmación se podría objetar que se han hallado en el Lacio, en algunas tumbas de incineración, figurillas pertenecientes al siglo IX a. de n.e. No se sabe si representan a divinidades. como en otros hallazgos más modernos, según ocurre en una tumba de mujer, excavada recientemente en Almuñécar, se puede concluir que se trata de representaciones de figuras humanas tal vez con carácter votivo sin más trascendencia religiosa.

Corroboran la afirmación de Varrón la ausencia de antropomorfismo en la religión romana primitiva, pues hasta el siglo VI a. de n.e. no comenzaron los romanos a construir templos y estatuas, todo por influencia griega y etrusca. La ausencia de la hierogamia en el panteón romano, era un carácter propio de esta religión. Las divinidades eran masculinas o femeninas, pero no formaban pareja. Toda la evolución se debió principalmente a la influencia griega. Otro de los aspectos de esta especial religión estaba marcado por ausencia de los héroes o semidioses, nacidos de los devaneos de alguna divinidad.

Otra de las facetas a considerar como muy relevante, era la funcionalidad. Con relación a los dioses romanos no tenía poéticas leyendas, al contrario que los griegos.

Las divinidades eran conocidas por el pueblo debido a unas funciones determinadas; de esta forma se establecían los diferentes cultos.

Otra de las facetas a destacar era su sometimiento al estado: la religión romana tenían un carácter netamente político. En Roma nada escapaba al control del estado. Se tenían oráculos como los griegos, para que pudieran responder a las peticiones tanto de las realizadas por el pueblo como por el individuo particular.

Los libros sibilinos, de origen greco-etrusco, que eran considerados como procedentes de Cumas, están bajo el control del Senado.

Todas las demás manifestaciones religiosas estaban controladas por los colegios especiales, particularmente por el de los pontífices.

En los inicios de Roma esta religión mantenía un carácter antitético entre lo tradicional y lo aperturista, como el Ianus bifrons, mirando hacia el pasado y hacia el futuro.

El Pontifex Maximus era el mantenedor del tradicionalismo, quien atendía a la ejecución de las ceremonias públicas para el mantenimiento de la pax veniaque deum.

El movimiento aperturista estaba controlado viri sacris faciundis (cuyo número aumentó de dos a quince en tiempos de Sula). Su misión consistía en vigilar la introducción de dioses extranjeros. el hecho de aceptar una divinidad extraña a la tradicional tenía lugar cuando se producían crisis provocadas por calamidades.

EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LA RELIGIÓN ROMANA

La religión romana sufrió diversas vicisitudes desde el nacimiento de roma hasta la instauración del Imperio. Pero se puede decir más aún: la escuela comparativa ha encontrado estrechos parentescos entre ciertos elementos de la religión romana y otros de la religión védica. Esto nos sirve para explicar los orígenes indoeuropeos de determinadas concepciones originarias de los pueblos occidentales pertenecientes a un mismo trono o etnia común,

Restos indoeuropaos de la religión romana:

Ciertos ritos de la religión romana.

Mater Matuta, cuyo significado «diosa de la aurora» llegó a perderse para transformarse en «diosa madre», o «Madre Buena», recibía culto mediante dos extraños ritos el día de las «Matralias», el 11 de Junio. Ello consistía en que las matronas romanas llevaban en brazos y daban de mamar no a sus propios hijos, sino a los de sus hermanas; hacían también que en el templo de Mater Matuta una esclava a la que golpeaban con varas antes de echarla fuera. Es decir, la diosa de la aurora es «una de las figuras femeninas más destacada del Rig Veda, donde aparece amamantando y lamiendo a un niño que unas veces es hijo suyo y de su hermana la noche simultáneamente» y otras es sólo el hijo de su hermana la noche.

Todo parece sugerir que a Roma llegó sólo la forma o rito más lógico: «La Aurora alimentando al hijo de su hermana la noche».

Las matronas romanas conservaron el rito de imitar a la diosa y dejaron perderse el mito.

El mito de expulsar a la esclava puede explicarse mediante un paralelo védico: para que resultara benéfica, la Aurora debe aparecer por un momento y después dejar paso al día. En el mito védico se alaba a Indra por expulsar a la Aurora que es «demasiado lenta».

El mito de Rig Veda se trasluce en el rito romano de la siguiente forma: La esclava representa a la Aurora. Por el mismo procedimiento la escuela comparatista ha logrado esclarecer los ritos de la » Diva Angerona», de la Fortuna Primigenia y de la «Lua Mater», ritos que para los romanos resultaban ininteligibles por encontrarse fuera de su contexto mitológico. Livio dice que Lua formaba parte de la mitología romana y que era habitual que los derrotados que perdían sus armas fueran consagrados a esta divinidad. Pero observando la etimología, según las lenguas clásicas, el verbo luo significa lavar, purificar. En patología médica existe el término «lues» usado como enfermedad destructiva, y se suele dispensar como cepa médica. Cuando aparece la expresión Lua Saturni, según Livio, se relaciona con elementos de fecundidad, simbolizada por la pareja de divinidades. Menciona este autor latino que la diosa recibía como ofrende las armas de los enemigos quemándolas en su honor. Otro hecho similar ocurrió en la batalla contra Perseo, rey de Macedonia que fue derrotado en la batalla de Pidna, a mediados del siglo II a. de n.e. A pesar de todo esto , cuenta que no se dedicaron a tal divinidad ningún santuario o templo, hecho que desde antiguo, los romanos no solían hacer. El fenómeno de edificar templos es una manifestación posterior.

Siguiendo con esta misma interpretación de los hecho rituales votivos, se suele relacionar a Saturno con el ciclo natural de la agricultura. Saturno se vincula etimológicamente con el verbo latino sero/satum, sembrar. De todas formas Lua Mater, su esposa, se seguía considerando como una divinidad extranjera y de procedencia védica.

La existencia de las estructuras jerárquicas tripartitas

La tradición romana guardó el recuerdo de las tres tribus que se suponían haber constiruido la estructura básica de la sociedad original de Roma: los Ramnes, los Tities, y los Luceres.

Los romanos dieron una interpretación étnica para dar una justificación a esta división tripartita. Estas tres facciones representaban a las tribus de Rómulo, a los sabinos y a los etruscos, de cuya mezcla resultó Roma. Pero esta explicación resulta insuficiente.

Esta división tripartita tenía un carácter funcional, como la división social de la India por funciones: brahamanes o sacerdotes, guerreros y agricultores-ganaderos. En Roma los Ramnes eran los compañeros de Rómulo, rey-sacerdote, los Luceres correspondían a los soldados por excelencia (tal vez los etruscos), y los Tities, a los agricultores-ganaderos (tal vez los sabinos).

Esta división funcional se refleja también en la jerarquía de los tres dioses principales de Roma antes de la existencia de la tríada capitolina: Júpiter, Marte, y Quirino.

Según Georges Dumozil, esta tríada sólo puede explicarse recurriendo a la estructura conceptual que lla,a «Ideología de las tres funciones», que se advierte en la mayor parte de las sociedades indoeuropeas. Júpiter, dios de la clase sacerdotal; Marte, dios de la clase de los guerreros, y Quirino, dios de los quirites o encargados de las ocupaciones productivas en tiempos de paz.

Este esquema se fue degenerando desde que los latinos se establecieron en la Península Itálica, debido a influencias diversas.

Elementos activos de la religión histórica

Prescindiendo de las reminiscencias indoeuropeas puesta de releve por la escuela comparatista, los elementos más antiguos de la religión romana deben ser los concernientes a la religión familiar y a la religión concerniente a las faenas agrícolas, pues sea cual fuere el origen el pueblo romano, al comienzo de la época histórica, constituía una comunidad de labradores al Sur del Tíber inferior. Antes de la fundación de roma en 753 a. de n.e., debían vivir en pequeños poblados o en granjas dispersas

La religión familiar

El Pater Familias actuaba como sacerdote, es decir, como representante del individuo constituido bajo su autoridad ante las fuerzas numinosas que lo rodeaban. Los Númina eran seres espirituales cuyo favor era preciso alcanzar o conservar mediante determinados ritos. Su número era muy considerable dentro del ámbito familiar. Los más importantes eran: Jano, Vesta, los Penates y el Genius de la familia.

Jano era el espíritu de la puerta. Se le representó con dos rostros (bifrons). Vigilaba las entradas y salidas de la familia y defendía los vanos de la casa.

Su culto, en época posterior, fue asumido por la religión estatal. El templo de Jano se abre en tiempos de guerra para que esté en vigilia continua.

Vesta, el Numen que alimentaba el fuego, la dispensadora del calor, a quien los hombres debían acudir para preparar los alimentos. También ocupaba un lugar importante en la vida religiosa de la familia. Este culto fue también asumido por la religión estatal. El colegio de las vírgenes vestales, jóvenes con su voto de castidad, encargadas de mantener vivo el fuego que ardía en el altar de la ciudad consagrado a Vesta, tiene su origen en las hijas de familia que, en la ausencia de los hombres, vigilaban el fuego del hogar.

Los Penates eran dioses protectores de la despensa (Penus) donde se conservaban las provisiones de la familia. Cuando más tarde los romanos representaron los Numina mediante imágenes, las de los Penates se colocaban sobre la mesa para que presenciaran las comidas de la familia.

El Genius constituía el guardián de cada hombre. De esta divinidad dependía la facultad procreativa del ser humano. El lecho matrimonial se le llamaba lectum genialis. Del Genius dependía igualmente la personalidad del individuo y su propio destino, Para la familia tenía particular importancia el genius del Pater Familias. Era necesario conseguir el favor de esta divinidad, pues de él dependía la existencia y prosperidad familiar.

Cuando el Pater Familias moría, el heredero inhalaba su último aliento, rito que debía significar la creencia en la supervivencia y perpetuidad de la vida de la familia. Además, los romanos daban culto a los que consideraban fundadores de la gens. Solía ser un ser mítico, a veces una divinidad como Venus, considerada fundadora de la Gens Iulia. Siempre se trataba de un ser irrastreable históricamente.

Otro elemento de la religión familiar era el culto a los muertos llamados Manes. El motivo de este culto estaba causado en parte por el miedo a los muertos, pues se pensaba que tenían capacidad de causar daño a los vivos, por lo que era necesario aplacarlos. Se les solía ofrecer flores y alimentos en el día del aniversarios, no de su muerte, sino de su nacimiento, en el mes de febrero se celebraban fiestas públicas en honor de los muertos.

La religión agrícola

Cada Numen estaba relacionado con un determinado lugar o función específica. Pero los agrícolas estaban caracterizados por las siguientes funciones específicas: Robigus; A esta divinidad se dedicaban las fiestas denominadas robigalia Tenía poder sobre el tizón que amenazaba a los trigos. Nodutus: divinidad que tenía el poder de hacer engordar los granos. Volutina: Era la divinidad que tenía como misión rodear a las espigas de las cáscaras protectoras necesarias. Patulona: Divinidad encargada de abrir las espigas.Vernactor: Divinidad asociada a la arada de los rastrojos. Redaractor: divinidad asociada a la segunda arada de los campos. Insitor: Divinidad que colabora protegiendo la siembra. Obarator: Divinidad encargada de proteger la arada que cubría la semilla. Subruncinator: Divinidad que protegía cuando se realizaba la escarda de los frutos sembrados. Mesor: Divinidad que protege cuando se realiza la siega. Convector; Divinidad que protege en la recogida del grano. Conditor: Divinidad que colabora en el almacenamiento del grano. Promitor: Divinidad que colabora y protege su utilización.

Es posible que michas de estas divinidades no sean más que creaciones de los pontífices romanos que se complacían en las descomposición de las labores rurales.

LA IDEOLOGÍA, LA RELIGIÓN Y EL MOMENTO HISTÓRICO

La ideología es el producto de una determinada situación socio-económica. No son elementos que existen separados.Desde que se produce el primer asentamiento estable y permanente de un determinado elemento humano, comienza a aparecer con más fuerza la tendencia la tendencia a idear planteamientos teledirigentes de unas comunidades sobre otras, y de unos intereses en función de otros. Así, cuando se produce la primera acumulación de riqueza en la primera gran revolución social de la Historia, comienzan a bislumbrarse los primeros intentos de predominio de un elementos sobre otro: la acumulación de riqueza produce y multiplica la ambición y nace la guerra. El poblado abierto tiene la necesidad de proteger sus bienes con defensa.

No cabe pues, una disociación entre la realidad viviente y el producto ideológico que de ella nace. No es la Historia la que al hombre, sino a la inversa. No hay, pues, dicotomía entre elemento humano y su entorno. Es la circunstancia del medio quien provoca una determinada ideología llevada a nivel de pensamiento. La pervivencia de las ideas existe en tanto en cuanto pueda satisfacer las necesidades de la realidad socio-económica. Esto se cumplirá cuando el sistema ideológico tenga una flexibilidad y una capacidad de adaptación a los momentos por los que pasa el ser humano social y económico.

Cualquier ideología no tiene identidad propia, sino que procede del propio desarrollo de la vida en que se encuentra el hombre inmerso (C. Marx y F. Engels; La ideología alemana. Barcelona 1970). Incluso todas las manifestaciones que se dan en el individuo tanto en el aspecto religioso como ético y moral son la consecuencia del mismo fenómeno ambiental en que se encuentra inmerso. Vale, pues el enunciado que dice «que no es la conciencia lo que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia (Marx y Engels, ibidem) aunque se produzca un falseamiento entre la influencia ejercida por la realidad social y la influencia de la ideología.

Consecuentemente la definición completa de la Ideología requiere una concreción histórica en una concreta formación social del papel que dicha ideología haya desarrollado.

Althuser plantea sobre la ideología dos aspectos: a) Su existencia real. b) Su misma realidad existencial, es decir, representar la relación imaginaria de los individuos con las condiciones reales de su existencia, condiciones que se verán modificadas por la propia dinámica de los cambios y evolución de las circunstancias socio-económicas. En consecuencia, la Ideología sirve para reproducir de forma material, basada en la imaginación, las relaciones de producción. Podemos decir que la Ideología es un ente con capacidad de recoger el conjunto de que se rodea el elemento humano creándola como base sobre la que se sustenta de forma relativa el funcionamiento de toda la sociedad. Esta base no responde más que a lo que el propio hombre ha creado como sujeto de toda formación socio-económica. El elemento base de toda esta situación es el hombre, quien verá falseada toda su situación por una conciencia social influida por la Ideología

La Ideología, El según Althuser, existe por y para el hombre. Frente a la Ideología existe también la utopía, pero sin provocar un enfrentamiento entre ambas. No se da una oposición entre ellas sino una relación muy directa.

Si se acepta la oposición, tenemos entonces a la Ideología como la base dominadora, y a la utopía, como dominada. Pero en el fondo de la cuestión es la Ideología quien toma de la utopía los elementos necesarios para su adaptación a cada circunstancia de la situación socio.económica del medio real. El francés Althuser expone que la Ideología es la relación imaginaria (mental) de los sujetos con sus relaciones sociales.

Puente Ojea incluye dentro de la Ideología, denominándolo horizonte utópico. De esta manera abre dos vertientes: la primera legitima los principios de la clase dominante confirmando el dominio que desde el punto de vista real tiene la Ideología, base de su sustentación del poder ejercido por la clase dominante; la segunda corresponde a la clase dominada y explica su condición de dependencia subordinándose a la clase dominante a la vez que propone su posible salida de esta situación.

Cualquier movimiento de la Antigüedad Clásica nos puede servir de testimonio; tal ocurre con las escuelas pitagórica, la doctrina platónica sobre el modelo de sociedad para un estado, el estoicismo y epicureísmo y quienes buscan una situación de equilibrio entre la Ideología que nace del medio y el citado horizonte utópico bivalente. El fenómeno esclavista es un hecho que testimonia la irrealidad de todas las utopías que se han venido planteando a través de toda la Historia de la Humanidad: en el Mundo Antiguo tenemos reflejado el hecho en sí, y se abre a través del cristianismo la lucha antiesclavista. Pero la realidad utópica permanece yacente en la sociedad a través de todos los tiempos, ya que, de forma solapada, se ha impuesto la dictadura de las ideas y el fenómeno de la esclavitud reaparece, sin que el elemento humano perciba con claridad que el hecho histórico se repite: sigue existiendo la esclavitud mientras el individuo depende de un medio imprescindible para la vida: una condición socio.económica de la que no puede desligarse si quiere subsistir, ya que su existencia vital depende de ella.

En definitiva, sigue dependiendo la Utopía de la Ideología.

Lo que podríamos llamar contraideologías u horizontes utópicos, tropiezan con la verdad de la situación: son las causas productoras las causantes de volver a la realidad impuesta por la ideología y que es el desarrollo de las fuerzas productivas el que tiene capacidad para sustituir el modelo vigente de sociedad.

Lógicamente cuando la clase consigue subir al poder y se constituye en clase dominante, lo que era contraideología se convierte en Ideología dominante y entonces hará su aparición un nuevo horizonte utópico que tratará de justificarse ante la nueva realidad y volverán a surgir nuevas posibilidades de deseos de cambio socio-económicos. Esta nueva situación ideológica Puente Ojea la plantea diciendo que el cambio de una ideología dominante en otra, tiene lugar a partir de las contradicciones entre el horizonte utópico y la temática concreta en el seno de la ideología dominante. Ello nos lleva a la conclusión de que es en el horizonte utópico donde se gestan los cambios que van a provocarse en la evolución histórica de los sistemas y donde cada Ideología irá dando paso a otra.

El funcionamiento de toda Ideología se lleva a cabo mediante el Aparato Ideológico del Estado que, según Althuser, es un conjunto de realidades que se presentan de modo inmediato al observador en forma de instituciones diferenciadas y especializadas.

Estos medios estatales significan las relaciones de individuos con las relaciones de producción y de las relaciones que de ella se derivan mediante la deformación que la actuación ideológica provoca. Si la función primaria del Estado es ejercer el poder, es lógico pensar que, además del poder ideológico del Estado existe la puesta en marcha del sistema represivo para evitar en todo medio el que se provoque el nacimiento de nuevos sistemas ideológicos que antes consideramos utópicos. Para ello el Estado cuenta con su propio aparato represivo que le haga mantenerse por el hecho de la lucha que se provoca entre la Ideología y la realidad.

No cabe duda de que el estado tratará por todos los medios aparentemente legales o reales, de dar una apariencia de legalidad a la aplicación de todo su sistema coercitivo o represivo con tal de mantenerse en el poder. En resumen, se puede decir que tanto el aparato ideológico como el Estado en sí, actuarán conjuntamente, si bien entre los aparatos ideológicos y los aparatos represivos o coercitivos, preside lo que llamamos Ideología que justifica la actuación de todos los demás.

El conocimiento sobre la situación de todos los aparatos ideológicos del Estado, implica en conocimiento previo de cómo surge la Ideología: la Ideología tiene su nacimiento en las luchas de clases enfrentadas, cosa que en toda sociedad constituye el motor de la misma.

Si profundizamos en sus objetivos, vemos que se trata de la reproducción de los medios de producción: cada grupo tiene su propia estrategia dentro de este capítulo. La finalidad de la sociedad precapitalista, lo que pretende es la consecución del plusproducto, por lo que la estructura social en castas y estamentos acarrea la confusión de los elementos económicos con los políticos, religiosos y, consecuentemente, se produce un enmascaramiento de la conciencia de clase que causa en las sociedades precapitalistas una intervención menos intensa de los elementos represivos estatales.

Es preciso estudiar las actuaciones y situaciones de los aparatos ideológicos estatales en cada formación humana. En el terreno de la religión será preciso estudiar las situaciones socio-económicas para tratar de comprender sus aparatos ideológicos.

La religión se nos presenta como un conjunto de ritos y códigos de comportamiento moral del elemento humano penetrando en todas las facetas de la vida tanto en la puramente socio-económica como en cualquier manifestación social de la misma.

LA CIUDAD Y EL ESTADO EN EL MUNDO GRIEGO

ENTRADA DEL SISTEMA ROMANO

Al comenzar su aparición en el mundo occidental el fenómeno de ciudad, podemos contar dentro del territorio griego lo que consideramos polis, que, más que ciudades, estados propiamente dichos constituían palacios estados.

No se tienen paralelos en Oriente de esta tendencia social de organización. Cada polis tiene sus propias características: sus sistemas políticos son diferentes…no había más rasgos comunes que el de la lengua e incluso existían ciertas diferencias en ello.

El origen de la polis nace de la unión de aldeas o comunidades para organizarse, cada una a su manera y con sistemas de régimen diferentes. No cabe duda que una organización basada en el linaje o gens constituía la base de extinción de la propia ciudad o estructura social como tal organizada.

Dentro de los diferentes modos de organización podemos contar con estructuras tan opuestas como: monarquía, aristocracia, oligarquía, tiranía y democracia.

En resumen, es una agrupación de personas en régimen de comunidad con independencia propia, bajo una misma ley y con organización política.

Con este sistema de organización, aparecerá la propiedad privada, la economía mercantil y la pérdida paulatina de la consanguinidad gentilicia. Desaparece el parentesco y la polis se presenta como una comunidad de ciudadanos que habitan una ciudad, pueden beneficiarse de las ventajas que ello conlleva y están obligados a cumplir las mismas leyes. No cabe duda que la diferencia entre los ciudadanos era el tener la categoría de tal, porque evidentemente no todos eran iguales, ni la situación era la misma para todos. La figura del meteco en la comunidad ateniense es testimonio de las diferencias existentes en esta organización.

No se puede tener un actividad ciudadana de categoría sin la posesión del carácter ciudadano.

La polis se presenta como una unidad independiente. Cada una tiene sus dioses, su politeia, su estado social y sus recursos. Todo cuanto se produce tiene como trasfondo la polis: todo es político.

Cuando surgen los problemas de luchas entre comunidades, aparecen las ligas, fenómeno que en el fondo de la cuestión no es más que la lucha de la hegemonía de una ciudad sobre otra.

Se daba otro tipo de liga de carácter meramente religioso, pero que en el fondo no llevaba más que la intención antes expuesta.

Otro de los intentos era el crear una ciudad sobre otra ciudad, es decir, la aparición de la megalópolis, pero nunca dentro de lo que se puede considerar un estado en sentido más moderno.

El siglo IV va a ser el punto de partida de grandes cambios en esta organización política. Se hizo necesario acabar con la polis, aunque no todos los estamentos estuvieran de acuerdo. Con esta crisis, la polis deje de ser el elemento base de la comunidad griega. Se pretende crear la Helladópolis, o mejor la cosmópolis. Esto se ve bien claro en los intentos de la monarquía macedónica y en el imperio de Alejandro Magno. La ciudad va a seguir existiendo, pero dentro de otros esquemas y dependientes de otras monarquías llamadas helenísticas.

El sistema helenístico intenta sacar a la ciudad o mundo griego del sistema estancado que suponía la ciudad de corte tradicional.

Los problemas que empiezan a plantearse con el paso de los acontecimientos no tienen más solución que el olvidarse que las ciudades eran autosuficientes y que se necesitaba un cambio en el enfoque social, político y económico que hiciera evolucionar el sistema.

El intento de la conquista del Imperio Persa no es más que un intento que refleja el deseo de salir de los problemas que conlleva tal cambio y evolución.

La imposición del Imperio no suponía la desaparición de la ciudad, sino que la ciudad se negaba a su desaparición como tal. Ni la derrota de Atenas por Macedonia, ni la conquista del Imperio Persa significan más que un intento de solucionar los problemas planteados: las luchas de clases continuarían dentro de los estamentos dominantes.

Tan sólo la llegada de los romanos crea un sistema un tanto más estable en la sociedad griega. Las características ofrecidas por los romanos son algo semejantes a la griegas, pero hay algo nuevo: la organización romana es también una polis, pero ésta se impone sobre las demás añadiendo un nuevo y diferente factor: el Derecho romano. Se trata de un elemento tan relevante como lo es la religión en el mundo medieval. La importancia del derecho en el mundo romano es tan considerable porque ha sabido crear uniones y diferencias entre los habitantes del Imperio. Podemos ver estos fenómenos en la clasificación que paulatinamente se va haciendo de todas las ciudades y regiones que se van conquistando. Hay ciudades aliadas, confederadas, latinas, tributarias, etc., con lo que podemos concluir que la máxima aspiración de una de ellas era el conseguir la mayor categoría posible, hecho que implicaba la posesión de los derechos plenos de ciudadanía romana: ser ciudadano romano.

Roma sigue siendo una ciudad, pero se marchaba a una mayor unión.

Con el tiempo también va a resultar insuficiente el sistema de Roma como cabeza del Imperio. Se trata de una monarquía y de un mayor poder sobre ciudades. Toda ciudad quiere asemejarse a Roma. Se intenta imitar a la gran ciudad en el terreno urbanístico, político, religioso y económico.

Este cambio o evolución no se va a detener. Continúa el proceso hasta la época del Dominado, donde la ciudad va a ir perdiendo ese carácter centralista: se va a pasar del sistema esclavista al feudal; de la sociedad antigua a la sociedad medieval.

Otros de los fenómenos sociales observados es ver cómo todo el poder no se puede concentrar en una sola persona, tanto el político como el religioso. Dentro de esta observación podemos incluir, en primer lugar, las divisiones creadas dentro del Bajo Imperio, en que se puede observar hasta cuatro emperadores.

Dentro del estamento eclesiástico aparece el fenómeno de la jerarquización del poder.

Se da, pues, la desaparición del modelo antiguo para dar paso al medieval.

LA RELIGIÓN ESTATAL

Cunado se produjo la aparición del Estado, hubo cambios externos de la religión. En el momento en que Roma llega a convertirse en una ciudad-estado, y por ende en la capital de un reino, sus prácticas religiosas experimentaron una ampliación desmesurada, pero la finalidad primordial se mantuvo. La religión familiar pretendía asegurar la salud y prosperidad familiar. La religión agrícola buscaba alcanzar la prosperidad de los campos. La religión estatal: la prosperidad del Estado (Salus rei publicae).

en la religión estatal surgirá un sacerdocio del Estado, que desempeñará el mismo papel que el Pater familias de la religión familiar.

Por medio de la liturgia, gracias al conservadurismo, podemos descubrir la evolución de la religión de la ciudad de Roma al compás de la evolución de ella misma.

Entre tanto, en el terreno de los calendarios festivos de la liturgia romana podemos citar:

1) La festividad de las Lupercales, que tenía lugar el 15 de febrero. Consistía e que los sacerdotes (luperci, significa hombres-lobos por el disfraz que llevaban) con tiras de piel de cabrito flagelaban a los transeuntes, especialmente a las mujeres. Se tenía la creencia de que esos golpes las hacían más fecundas.

La marcha de los luperci se realizaba alrededor del Palatino, es decir, en torno a los límites del antiguo oppidum Palatinum que había sido la cuna de la Urbs.

Esta festividad debe ser una de las más antiguas del calendario romano, no sólo por el recorrido, sino también por las costumbre pastoriles correspondientes a épocas pasadas que están implícitas en esa festividad.

2) La fiesta del Septimontium se celebraba el 11 de diciembre. En ellas participaban sólo los que vivían en las montañas. Varrón dice sobre ellas:»ferias non populi sed montanorum modo». Se conoce la lista de los siete montes, que no deben confundirse con las siete colina de la futura ciudad de Roma: Palatinum, Germal, Velia (estos tres se incluirían más tarde en la única denominación de Palatino), Fagutal, Oppiano, Cispio (quedarían más tarde absorbidos en el Esquilino y Celio).

La delimitación topográfica que supone esta fiesta corresponde a una etapa posterior a la de las Lupercales y a un momento intermedio entre las aldeas aisladas y la organización final dela ciudad.

3)Las fiestas de los Argei que se celebraban en dos épocas del año (el 16 y 17 de marzo y el 14 de mayo), consistían en llevar en procesión, llevados por los Argei, 27 muñecos de cañizo a 27 capillas construidas para albergarlos. En mayo los muñecos eran tomados de las capillas (sacraria) y arrojados al Tíber desde el puente Sublicio.

Prescindiendo de la significación de esta ceremonia, que no está clara, es preciso señalar los siguientes datos: el puente Sublicio era el más antiguo de Roma. La procesión, según datos de Varrón, recorría las colinas de Celio, Esquilino, Viminal, Quirinal y Palatino, rodeando al foro que pertenecía ya a la ciudad.

Se aprecia en estas tres fiestas el ensanchamiento progresivo de Roma: la Roma quadrata del Palatino, los siete montículos, y finalmente, la Urbs centrada en torno al foro. En esta etapa última, el foro era el corazón religioso de la ciudad, con el santuario de Vesta y las Vestales.

Pasado el tiempo, sería en el Capitolio donde se construiría el templo más importante de Roma, consagrado a la tríada capitolina. Pero la religión romana realizó esta transformación no por sí mismas, sino debido a influencias etruscas, como consecuencias de las cuales se transformó la tríada primitiva de Júpiter, Marte y Quirino en Júpiter, Juno y Minerva.

Al hundirse la monarquía y desaparecer el sistema de rey-sacerdote, se perdió también el equilibrio social del viejo sistema tripartito. Es verdad que en el plano religioso continuó la figura del rex sacrorum, pero esta figura no ejercía ningún papel en la vida ciudadana.

La república, pues, se caracterizó por los conflictos sociales que, aunque tenían como origen problemas sociales entre patricios y plebeyos, ejercieron influencia en el plano religioso.

Así, los plebeyos consiguieron mediante la lex ogulnia (300 a. de n.e.) que la mitad de los puestos de los colegios estuviesen ocupados por ellos. (Sin embargo, los puestos del rex sacrorum, flamines maiores, salii, siguieron reservados a los patricios).

La construcción del templo de Castor, originariamente dios griego, protector de la caballería, en el s. V a, de n.e., y la construcción de otro templo consagrado a la tríada: Demeter, Dionisos y Ceres (Ceres-Liber-Libera, cuyo culto estaba confiado a la plebs, construcción que se realizó por los mismos años, se debieron, entre otras razones, a una política de mantener satisfechos a las clases sociales.

El que la religión romana se transformase tanto por factores internos, provocados por las tensiones, político-sociales, como por influencias externas, se debía al hecho de ser la religión romana un politeismo abierto.

Las transformaciones más serias, como la introducción de nuevas divinidades, permitidas por un politeismo abierto y romano, sólo tuvieron lugar en circunstancias particulares de gran peligro para el pueblo, sea por guerras, sea por epidemias. Así, la introducción del culto de Apolo, dios griego, cuya invocación más antigua, es la de médico, ocurrió durante una gran epidemia: en los Campos Flaminios se le consagró un santuario para que velase pro valetudine populi. El templo fue edificado en el 431 a. de n. e.

A principios del siglo IV se introdujo el culto a la divinidad etrusca Juno de Veyes. Ello se debió a una promesa del jefe de las tropas romanas en lucha contra los etruscos durante el asedio de Veyes. Se construyó su templo en el Aventino, como divinidad de origen extranjero y distinta a la capitolina. Juno Regina era considerada diosa nacional.

A finales del siglo III a. de n.e. se introdujo el culto a Cibeles, la Magna Mater. Era una divinidad oriental que residía en el monte Ida, país de los antiguos troyanos. En estos momentos estaban los romanos muy angustiados por los resultados iniciales de la Segunda Guerra Púnica. Un oráculo obtenido de los libros sibilinos prometió a los romanos la victoria a condición de que la «madre del monte Ida fuera trasladada a Roma».

en el año 204 a. de n. e. fue instalada Cibeles provisionalmente en el templo de la Victoria. en el 191, se le erigió un templo propio.

Once años antes había sido introducido el culto a Venus Eryx, a quien se construyó un templo sobre el Capitolio. Los romanos recurrieron a Venus durante la Primera Guerra Púnica. El cónsul Lucio Junio no dejó de reconocer a Venus en la Afrodita del monte Eryx, que logró ocupar definitivamente en el año 248 a. de n.e.

Estos dos últimos cultos introducidos por los romanos en las graves circunstancia de las guerras púnica, están relacionadas con la leyenda de Eneas, troyano, hijo de Venus.

La leyenda y las circunstancias peligrosas justificaron estas innovaciones.

4) El culto romano.

Ya desde antiguo se distinguía entre la liturgia nacional (sacra romana) y el rito griego (graecus ritus). La influencia etrusca, no tenida en cuenta en esta división, se manifestaba en el arte de los arúspices.

En el rito griego el oficiante actuaba con la cabeza descubierta, coronada de laurel. En el rito romano el oficiante actuaba con la cabeza cubierta. En el rito griego las plegarias no invitaban a otras divinidades distintas de las que estuviesen siendo objeto de culto. En el rito romano se hacían las plegarias como invocación general a las restantes divinidades.

El rito griego se reservaba para aquellas divinidades que conservaban rasgos de su origen griego, aunque hubiesen sido modificadas por un proceso de romanización. Tal ocurría en el culto de Hércules romano, romanizado por la leyenda. Los sacrificios que se le hacían, se le ofrecían graeco ritu. La influencia griega se manifestó también en la introducción de algunas ceremonias específicas: a) Lectisternia: consistía en rendir culto a las imágenes divinas colocadas sobre lechos ceremoniales. El primer lectisternium se celebró en el 399 a. de n.e. De los lectisternia se deriva el culto de la 1) Suplicatio: que se prescribía en las crisis más graves, después de consultar a los viris sacris faciundis. Era obligatoria para todos los ciudadanos, hombres y mujeres, quienes debían acudir a todos los templos para suplicar a los dioses que los librara de la angustia. 2) Juegos seculares: También pertenecientes al rito griego. Su objeto era conseguir una lustración general, en casos excepcionales. Fueron instituidos en el año 249 a. de n. e., con las prescripciones de que se celebraban cada 100 años.

Ante determinados sucesos los decenviros consultaron los libros sibilinos y determinaron que durante tres noches se celebrasen los juegos tarentinos en el Campo de Marte, en honor al Dios Pater y Proserpina, así como un sacrificio de víctima de pelaje negro.

Más tarde, augusto introdujo importantes modificaciones en estos juegos.

El rito romano.

Las celebraciones litúrgicas unas eran de carácter regular (feriae) y otras excepcionales (feriae imperativae) con intención expiatoria.

El término feriae quizá indique «dedicación exclusiva en honor de los dioses». prescindiéndose de ocupaciones profanas. El sacerdote más importante de la ciudad, el Flamen Dialis, debía permanecer quotidie feriatus.

Las festividades regulares, normales, pertenecían a dos categorías: las establecidas en días fijos (feriae estativae), y las que tenían fechas móviles (feriae conceptivae).

Entre las móviles estaban especialmente las festividades agrarias, cuya celbración dependía de las variaciones estacionales. Pero el mes era fijo. Así, los sementivae podían caer en distintos días de enero. Las fiestas de los campos celebradas por los fratres arvales, ocurrían en días variables de mayo.

La fiestas fijas figuraban en letras capitales en los calendarios. Las feriae más antiguas se destacan en los calendarios por el mayor tamaño de las letras capitales.

Aunque la tradición ha guardado memoria del año Romuleano, que empezaba en marzo, los calendarios consideraban enero como primer mes.

Durante el mes de enero se celebraban tres ceremonias públicas: 1) El Agonium, día 9 de enero, ofrecida a Jano por rex sacrorum (El mes de enero estaba consagrado a Jano). 2) Las carmentalia, día 11 y 15, es decir, antes y después de las Idus, dedicada a Carmentis o Carmenta, divinidad tutelar del Carmen como elemento de la liturgia.

El mes de febrero estaba dedicado a las purificaciones de vivos y muertos (Etimológicamente la tradición antigua mantiene que el término februare era sinónimo de lustrare o purgare. el 15 se celebraban las Lupercalia o purificación del fundamento de la antigua Roma. El 17, las Quirinalia, en la que se celebraba el rito purificativo de tostar el grano destinado a los vivos. el día 21, las Feralia, con las que se terminaban los días destinados a los muertos (dies parentales). El día 24, el Refugium, o purificación de la institución real. El día 27, las Equinaria, o purificación de las tribus mediante unas carreras de carros.

Al correr de los meses, las festividades se suceden según las necesidades de la ciudad y las exigencias de la estación. Así como las campañas militares solían iniciarse en marzo y se les daba término en octubre normalmente, debido a esto, muchas festividades de marzo tienen el carácter de ritos inaugurales de la estación militar, mientras que en octubre se celebran ceremonias que aluden a la clausura.

El ritmo de la naturaleza explica otras celebraciones. Así, la mayor parte de los ritos relacionados con el desarrollo de la vegetación tienen lugar en abril, mientras que los relacionados con la maduración y conservación de los frutos, ocurren respectivamente en agosto y diciembre.

El culto consistía en plegarias acompañadas de un sacrificio. Sin plegarias, el sacrificio es inútil (Plinio el Viejo, Naturalis Historia, 28, 10). Estos dos elementos constituyen la base de la liturgia romana. La oración se hacía con la cabeza cubierta y vuelto el rostro hacia el Este al mismo tiempo que se estaba tocando el altar o la estatua de la divinidad. El sacerdote hacía las fórmulas de las oraciones para no equivocarse y el fiel repetía cuidadosamente.

La oración se terminaba mediante la adoratio, que consistía en enviar un beso con la mano (oscula facere), o mediante la supplicatio, que consistía en una prosternación.

Los sacrificios podían ser cruentos o incruentos. Los cruentos consistían en ofrendas que podían ser sencillas (las primicias, libaciones de vino, tortas sacrificales) o copiosas (Epulum Iovis).

Las cruentas implicaban la muerte de animales. La elección de la víctima estaba sometida también a prescripciones legales. Según la divinidad de que se tratara había que elegir animales adultos (hostiae maiores), de leche, (lactantes), machos (mares) o hembras (feminae).

Estos animales antes de ser debidamente definitivamente elegidos debían ser examinados (probatio) para asegurarse de su estado de salud, su hermosa apariencia, y de ciertos detalles accidentales que debieran tener, según las prescripciones.

La víctima elegida era coronada con bandas (ínfulas) y tiras de lienzo (vittae) y luego era llevada ante el altar. Se la consagraba mediante la inmolatio, rito que consistía en derramar sobre la cabeza de la víctima harina sagrada (mola salsa) y vino. Además, el sacrificador pasaba la hoja del cuchillo todo a lo largo del espinazo del animal: desde la cabeza a la cola (inmolavitque mola vino cultroque). Mediante este rito la víctima era separada del mundo profano. La muerte del animal corría a cargo, en época clásica, de los ayudantes de los sacerdotes (ministri o victimarii o popae).

A continuación se examinaban los órganos internos (exta) para determinar si la divinidad acepta o no, el sacrificio, o dicho de otro modo, si se da una litatio. En el sacrificio romano, los órganos internos (exta) y la sangre se conservaban para los dioses, mientras que la carne (viscerae) se destinaba a usos profanos. (Se suponía que la vida residía en las exta y en la sangre, y que a los dioses sólo podía interesarles la vida).

Entre los griegos, sin embargo,tanto la carne como los órganos internos se repartían entre los dioses y los oferentes. Se consideraban exta la vesicula biliar (fel), el hígado (iecur), el corazón (cor), las asaduras (pulmo). Lucano menciona también la membrana del peritoneo (omentum). Según Plinio el Viejo, el corazón no se consideró exta antes del 274 a. de n.e.

En principio, el examen de los exta (inspicere exta) era un acto sencillo; si aparecía en buenas condiciones, se suponía que la divinidad estaba conforme. Entonces el oficiante los cocía en un caldero (aula) o, a veces, los asaba en un espetón (veru) para ofrecerlos (exta porricere, dare o reddere) a la divinidad.

Generalmente, antes de cocer o asar los exta eran rociadas de harina sagrada y se les añadían otras porciones tomadas de diferentes partes del animal. Exta y magmenta, después de de cocidas o asados, se cortaban (pro sexta) antes de ofrecerlas a la divinidad.

El examen de los exta se contaminó muy pronto con las doctrina etruscas del arte adivinatorio. De tal modo que los arúspices consultaban los exta (consulere) para hacer predicciones, se basaban en los supuestos de que los exta, y especialmente el hígado, eran un microcosmos en relación simpática con el Universo. El hígado tenía una parte que se refería al consultante (Pars familiaris).

Los sacrificios tenían la finalidad de obtener la aprobación de los dioses, sobre todo si se tenía la conciencia de haber perdido la pacem veniamque deum. Según esto, los sacrificios podían ser votivos cuando simplemente se trataba de asegurarse el favor de los dioses y, expiatorios, cuando se trataba de establecer la paz de los dioses. (Para un romano una calamidad o un desastre era síntoma de la ira deum). El votum era una solemne promesa hecha a los dioses en virtud de la cual un magistrado se entregaba en prenda a los dioses a cuenta del Estado, hasta que se cumpliera lo prometido (votum solvere).

Los votos podían convertirse en tradicionales y podían ser debido solamente a circunstancias excepcionales, como el ver sacrum ofrecido después del desastre de Trasimeno (El ver sacrum consistía en un sacrificio de todas las crías de ganado de cerda, ovino, caprino y bovino nacidas durante la primavera.

El votum podía ser incondicional o condicionado. En el siglo I los votos incondicionados, como el hecho por Augusto en los Juegos Seculares, eran poco frecuentes. Predominaba el voto condicionado o contractual (dabo cum dederis). La corriente contractual que tanto distinguíó a la piedad romana parece que su origen es de época del rey Numa.

Los sacerdotes

En época monárquica el rey era el jefe supremo de la religión estatal, siendo asistido por los sacerdotes. En época republicana se desdoblaron las funciones políticas y religiosas. Su finalidad era evitar la tendencia a volver al restablecimiento de un poder absoluto, siendo encomendada la suprema potestad religiosa a un sacerdote con el título de rex sacrorum o rex secrificulus quien debía renunciar a cualquier ejercicio de magistratura civil. Al final de este período el rex sacrorum es simplemente el sacerdote de Jano y el jefe de la religión nacional es el Pontifex Maximus.

En época imperial el jefe de la religión nacional sigue siendo Pontifex Maximus, cargo que los emperadores procuran se le conceda.

Los sacerdotes que al principio tan sólo se reclutaban entre los patricios,estaban organizados en colegios, excepto los flámines. El reclutamiento se realizaba por cooptatio. Solamente las vestales hacían votos de castidad.

Los flamines

Cada uno de ellos está dedicado al servicio de una divinidad. Se dividían en flamines maiores y flamines minores. Los flámines mayores eran el flamen dialis, flamen martialis y el flamen quirinalis, dedicados al culto de Júpiter, Marte, y Quirino respectivamente.

El oficio de flamen dialis, que fue abandonado en los últimos tiempos de la República, fue restablecido nuevamente por Augusto.

El flamen dialis no debía realizar ningún trabajo ni permanecer fuera de su casa ninguna noche; pertenecía al Senado, tenía un lictor y usaba silla curul.

Los pontifices

El numero de pontífices fue primitivamente de tres, cuatro o cinco. Eran los encargados de del cuidado y conservación del puente sagrado llamado Sublicius, de cuya función recibieron el nombre lo pontífices. Además, los pontífices estaban encargados de las prácticas religiosas públicas y privadas. El más importante de ellos, el Pontifex Maximus, que con el tiempo llegó a convertirse en la máxima autoridad religiosa de los romanos, era el que redactaba en calendario, señalaba los días fastos (laborables) y nefastos (festivos). El pontifex maximus controlaba el índice de los dioses indigetes, indigitamenta, en el cual estaban registrados los dioses propiamente romanos. Este índice solía ser revisado y aumentado de cuando en cuando.

Las Vestales

Su número osciló entre las cuatro, seis y siete, según los tiempos. La que dirigía el grupo se llamada gran vestal. Estaban encargadas del culto a la diosa Vesta. Las vestales eran patricias; no debían tener defectos físicos, tenía que tener voto de castidad y estar dedicada al culto de la diosa durante treinta años: los diez primeros para instruirse; los diez siguientes, para ejercer el cargo, y los diez últimos para enseñar a las nuevas vestales. Vivían todas en una casa llamada Atrium Vestae.

Los Salios

Su número era de doce. Estaban encargados del culto a Marte. en el mes de marzo realizaban una danza sagrada, de carácter militar, llamada saltatio que era acompañada de un canto rítmico.

Los Feciales

Su número era de veinte. Tenían encomendada como función las relaciones internacionales. Intervenían en el proceso de la declaración de guerra. Éstos debían comprobar previamente que los culpables eran los enemigos. Igualmente intervenían en la función foedera. El sacerdote fecial a quien se encomendaban las negociaciones, recibía el nombre de pater patratus.

Los Lupercales

Eran dose y pertenecía a las familias patricias de los Quintilios y e los Fabios.

En las Lupercalias recorrían las calles de Roma y daban golpes con tiras de piel de cabrito a cuantos quisieran tener hijos. Era éste un rito mágico con el que pretendían suscitar la fecundidad. Celebraban también otros ritos mágicos para proteger al ganado contra el peligro de los lobos.

El dios Lupercus, a quien servían, se identificó más tarde con el dios griego Pan,

Los Arvales

Su número era de doce y estaban encargados del culto a Ceres.

Los Intérpretes de los Libros Sibilinos

En principio fueron dos (duoviri sacris faciundis); más tarde se aumentó a diez. Sula amplió este colegio a quince miembros.

Su función era interpretar los Libros Sibilinos adquiridos por Tarquinio el Soberbio y procedentes de la sibila de Cumas. Mediante los libros trataban de ver la voluntad de los dioses en los acontecimientos religiosos y decretaban lo que era necesario hacer para proteger a Roma del castigo de los dioses que se anunciaban mediante los prodigia.

Los Arúspices

Eran sacerdotes de inferior categoría. Les estaba encomendada la función de analizar las entrañas de la víctimas ofrecidas en sacrificio y a través de ellas hacer predicciones.

Los Augures

No eran sacerdotes sino expertos oficiales que estaban encargados de la interpretación de los signos celestes.

Al principio, la pertenencia a estos colegios era un derecho reservado a los patricios. Hasta el años 367 a. de n.e. no fueron admitidos los plebeyos en el colegio de los viris sacris faciundis, dereco que consiguieron gracias a la Lex Licinia. En el acceso al colegio de los pontífices y augures no fue permitido a los plebeyos hasta el año 300 a. de n.e., año en que se promulgó la Lex Ogulnia.

El culto al Emperador

Los precedentes que nos ha legado la Historia sobre este fenómeno proceden de Oriente. A partir de Alejandro Magno deificado por el sumo sacerdote del dios Amón en Egipto, se introdujo en el mundo griego el culto a los déspotas. En Roma fue Augusto quien comenzó a fomentar la veneración y no rechazó el título de divus que le tributaban los poetas. Difundió las leyendas que lo entroncaban con Venus. Presentaba a Apolo como su especial protector y a Marte Ultor como el vengador de César.

En Roma no autorizó su veneración directa, pero sí admitía veneración especial a su genius como si fuera el genius de la ciudad.

La utilización que el Estado hace de la religión, en el fondo no se manifiesta, sino un aparato más de la instrumentación del poder.

El culto estatal (James, E.O.) era una continuación de la religión de la granja y del campo.

Tanto el culto estatal como el imperial constituyeron la forma como se organizó el Estado Romano desde Augusto. Es evidente, como se ha dicho antes que la influencia oriental tuvo una actuación decisiva, hasta tal punto que la monarquía militar que inauguró el Imperio, tuvo en este sistema de culto un reforzamiento ideológico claro dentro del cometido político. No hay que descartar las influencias que determinadas prácticas locales tuvieron en la extensión del culto imperial.

El culto imperial no implica sólo el culto al emperador, sino también la multiplicación de diversas formas existentes y su implantación en todo lo político-institucional integrado en el Imperio. Así nos encontramos que todo este fenómeno político-religioso se va a extender a todos los territorios del imperio.

En el fondo Augusto pretendía, a la vez que ganaba sus posiciones en este terreno de la política religioso-social, apoyándose en el resurgir de toda la tradición religiosa de la época republicana, reformar las tendencias del mundo oriental para vincular todo los religioso al jefe político militar que significaba el emperador.

El culto al emperador llega a concentrar en su persona las cuatro virtudes cardinales: Virtus, Clementia, Uistitia et Pietas. Este fenómeno comienza a manifestarse como propiedades inherentes a la figura del emperador; pero esto no significó un proceso rápido, sino que se fue realizando de forma progresiva.

Todo esto se ha podido constatar con la existencia de templos dedicados al emperador en distintas localidades del Imperio, pero cuyas manifestaciones comienzan a tener un carácter colectivo.

Otras de estas manifestaciones podemos observarlas en la identificación que a través del tiempo se va haciendo de las distintas divinidades del panteón romano con determinados emperadores, hecho que conllevó un reforzamiento del carácter universal y,en consecuencia, un apoyo absoluto en su función de jefe del Imperio.

El fenómeno de la divinización del emperador no fue un proceso rápido.

Dentro de la gran multiplicidad de cultos y de dioses, el culto imperial fue un gran resorte de unión tanto para la propia Roma como para Italia y las provincias, de tal forma que constituyó el símbolo de la unión y del sentido de imperio entre todos los habitantes de tan extenso territorio.

En todo ello hay que destacar necesariamente el protagonismo que Augusto dio a su genius, que llega a tener un carácter universal. Este culto, de origen privado, llega a convertirse en culto al emperador viviente.

Todo este proceso fue tal que el lento proceso, alimentado por la estrecha vinculación entre la divinidad y el emperador, acabaría en el hecho de divinizarlo en vida.

INFLUECIAS ETRUSCAS

Las influencias externas que más transformaciones operaron sobre la religión romana fueron las provenientes de los etruscos y de los griegos.

Los etruscos fueron los que enseñaron a los romanos a erigir estatuas a los dioses. La primera estatua de Júpiter hecha en terracota y colocada en el Capitolio, fue obra de un escultor etrusco, Vulca de Veyes (Plinio, H.N. 35,157).

Al asumir los dioses forma humana mediante las estatuas, se pensó en seguida en una morada para ellos. De esta manera el lugar sagrado (fanum), que muchas veces consistía en un bosque sagrado o lucus, adoptó la forma de un santuario o aedes que solía erigirse en el lugar consagrado a la divinidad.

Fueron también los etruscos los que enseñaron a los romanos a construir los templos. A ellos se debió la construcción del templo del Capitolio, consagrado a la triada capitolina: Júpiter, Juno y Minerva, mediante la cual se sustituyó la antigua tríada: Júpiter, Quirino y Marte.

Esta transformación de la tríada se explica por la importancia que tenía la mujer en Etruria. Importancia social superior a la que tenían en las sociedades indoeuropeas.Estas innovaciones debieron realizarse durante el período en que los etruscos gobernaron Roma, al final de la Monarquía.

De los etruscos aprendieron también los romanos el arte de los arúspices. Relacionado con estas innovaciones se encuentra la introducción de Juno de Veyes en el siglo IV a. de n.e.

CONSTACTOS CON LA MITOLOGÍA GRIEGA

Los romanos fueron adoptando de forma progresiva el culto a divinidades griegas: Apolo, Venus de Eryx. Pero la influencia griega fue mucho más honda.

La religión primitiva romana era eminentemente práctica: los romanos no se ocuparon ni de elaborar una cosmogonía, ni una mitología, ni una teología. Esta laguna teórica la llenaron los romanos apropiándose de los mitos griegos al realizar una labor de identificación entre sus divinidades nacionales y la de los griegos. Este proceso asimilatorio comenzó en el siglo VI por mediación de los etruscos y se acentuó durante la República al estrecharse progresivamente los lazos culturales directos entre latinos y griegos. La base que sirvió a los romanos de apoyo para realizar esta asimilación no fue arbitraria, ya que romanos y griegos tuvieron un pasado común indoeuropeo, como queda manifiesto por el nombre de Júpiter con las variantes onomásticas de Zeus Pater y Dius Pitar de los indúes.

Divinidades griegas y romanas:

LA TIERRA Y EL CUELO (Urano)

12 TITANES, de los cuales

CRONOS Y RHEA

(Saturno) Cibeles)

AFRODITA HESTIA POSEIDÓN HADES DEMETER ZEUS HERA Venus Vesta Neptuno Plutón Ceres Júpiter Juno

ATENEA APOLO ARTEMIS HERMES DIONYSOS ARES HEPHAISTOS

Miner Apol. Diana Merc. Baco Marte Vulcano

A lo largo del tiempo que corre entre el siglo VI a. de n.e. y el siglo III a. de n.e., se creó el Olimpo greco-romano, como resultado del proceso de identificación de las divinidades romanas con las griegas. Este Olimpo contenía las doce principales divinidades. De todas ellas sólo Apolo fue en Roma una divinidad enteramente nueva.

La influencia griega no sólo se limitó al campo de la mitología, sino que también alcanzó a la liturgia, según se ha visto al tratar de los ritos.

OTROS CULTO ORIENTALES

Los aparatos ideológicos del Estado se fundamentaban en dos elementos base: la ciudad y la familia. Este fenómeno bipartito dejaba fuera cualquier elemento que no quedara encuadrado dentro de esta estructura oficial. Así, los extranjeros no gozaban de la ciudadanía romana y, por tanto, quedaban excluidos.

En el caso de las comunidades tribales, como se dijo al principio de este trabajo, se intenta que los jefes de las tribus detenten el título de princeps familiae.

En otros casos se intentará dar a las divinidades sincretizadas el carácter de augusteas o bien se asocian al numen del Emperador. Como ejemplo de este fenómeno tenemos el caso de la diosa Nemesis. Para aceptarla se la liga al culto imperial (Testimonio de este divinidad tenemos recogido en las inscripciones de la Ermita de san Sebastíán en Adra).

De todos modos, la introducción de todas estas divinidades suponían un trastorno interno en el funcionamiento del aparato ideológico estatal y religioso que podía perjudicar la finalidad rectora de toda una tradición de comunidad religiosa y política.

La victoria cartaginesa de Trasimeno supuso la caída de una serie de valores de tal forma que el desencanto se apoderó de la mentalidad religiosas imperante.

El caso de las Bacanales puede traerse a colación en el sentido de que suponían un nuevo carisma frente a una sociedad en crisis.

Después de la victoria romana de Flaminio intentó introducir nuevas formas religiosas que no tuvieran aceptación por parte del Estado.

Pero frente a la irreversible situación expansiva de Roma en todo el Mediterráneo, tanto oriental como occidental, se produce también el irreversible fenómeno de la adopción de nuevos ritos y divinidades.

La aparición del Círculo de los Escipiones tendrá parte decisiva en estas adquisiciones. Frene a ello el estado tendrá parte decisiva en estas adquisiciones. Frente a ello, El Estado trata de resolver el problema mediante el sistema de los sincretismos religiosos, siendo Augusto quien consigue una plena unidad religiosa y política. Se ha dicho que el Ara Pacis ha sido la mejor representación de la ideología religiosa imperante.

Pero los problemas no estaban resueltos en este terreno. El primero de ellos es la vinculación de los actos religiosos a determinadas clases sociales, sobre todo a aquel elemento social que estaba ligado a la comunidad bien por la civitas bien por pertenecer a una gens o familia.

El segundo problema es la falta de contenido ético capaz de satisfacer a los diferentes estamentos de la sociedad romana en todo el Imperio. En último término tenemos el encuentro que se produce con otras nacientes religiones, como la cristiana de carácter universal, o la judía, con carácter nacionalista.

Esta brecha o falta de contenido trató de resolverse desde la época de los Severos mediante una profundización de la divinización imperial, ya que se pretendía convertir y dar al imperio un carácter totalitario, a tono con la ideología oriental .

La búsqueda de la unidad religiosa a través del Sol será un proyecto religioso ideado por Aureliano, dándose el mismo el nombre de deus et dominus.

Esta especulación no podía tener éxito porque adolecía de falta de penetración en las diferentes capas sociales que se encuentran a su vez con el impacto de unas religiones mistéricas con más contenido religioso que las estatales.

No obstante los cultos mistéricos en los sus elementos mistéricos y orgiásticos jugaban un amplio papel encontrarán su limitación en los imperativos impuestos por las pequeñas zonas en que se desarrollan, añadiéndose a esto lo complejo de sus ritos no haciéndolos asequibles a las masas sino tan solo a los iniciados. Pero a la vista de los hechos y el problema que constituía el acceso a la mayoría de estos ritos, éstos se irán simplificando de forma que adquieran un carácter más generalizado. Este fenómeno se manifiesta con los cultos de Isis, Attis y Mitra.

En un principio estos cultos no significaban una oposición frente a los aparatos del Estado, sino que más bien sirvieron para aglutinar a todas aquellas masas que, por no pertenecer a familias, gens o poseer la civitas, se encontraban fuera de la religión estatal.

Todo esto abocó, debido a causas socio-económicas principalmente, en un cambio ideológico que se irá infiltrando paulatinamente en el Imperio.

Por todo ello el culto al emperador comienza a perder fuerza ante las innovaciones que se adaptaban mejor a las nuevas circunstancias temporales. Como veremos más adelante, será el cristianismo quien tendrá un papel decisivo en la evolución social y, sobre todo, en el terreno estrictamente religioso, creando un nuevo orden de cosas hasta desembocar en nuevas formas de gobierno y cambios radicales en la ideología estatal.

El culto de Isis

El culto de Isis tenía como base el mito de Osiris que simbolizaba poéticamente las condiciones especiales que tiene la vegetación en Egipto. He aquí una de las versiones del mito: Geb y Nat tuvieron dos hijos llamados Osiris y Set, y dos hijas llamadas Isis y Neftis. Isis era esposa de Osiris, mientras que Neftis atendía a Set. Osiris gobernaba el mundo como un monarca bondadoso, pero Set adoptó frente a él una actitud hostil y logró asesinarlo a pesar de la protección de Isis, engañándolo para que se dejara encerrar en un sarcófago. Luego Set con sus ayudantes lo arrojaron al Nilo. Isis abatida por la tristeza sin embargo no descansó hasta encontrar a su esposo muerto. En unión con Neftis pronunció una lamentación con virtudes mágicas sobre el cadáver. Esto y las atenciones prodigadas al cuerpo mutilado por Anubis, y las dos hermanas, lograron devolverlo a la vida,

Entre tanto Isis concibió a su hijo Horus del difunto Osiris. Set logró de nuevo apoderarse de Osiris y lo descuartizó en catorce trozos, que Isis enterró conforme los iba encontrando.

Horus fue guardado en la región pantanosa del Delta y cuando alcanzó la edad viril, Isis lo llevó ante los dioses. Se celebró un juicio en el que Tot defendió a Osiris y Horus. Set fue condenado. Horus fue reconocido heredero y Osiris no regresó a la tierra, sino que fue nombrado señor del mundo inferior y juez supremo de los muertos. Osiris, pues, representa al rey bondadoso. Isis a la amante esposa. Neftis, a la hermana fiel. Horus al hijo vengador de la injusticia. Set, al hermano envidioso. Anubis y Tot, a los amigos que socorren en el desamparo.

Además, la dramatización del dolor y de la resurrección inspiró al pueblo la esperanza de una vida bienaventurada más allá de la tumba.

Según algunos egiptólogos la forma mistérica del culto de Isis y Osiris, tuvo lugar en una época avanzada, cuando entraron en contacto con el mundo griego, en época helenística.

El misterio del culto consistía en una interpretación más profunda del mito y en una serie de ceremonias que se iban recibiendo gradualmente y que se mantenían secretas para los no iniciados.

En los misterios de Isis había tres grados. Los grados segundo y tercero nos son desconocidos. El grado primero aparece insinuado en la Metamorfosis de Apuleyo. Parece ser que consistía en la anticipación del viaje al trasmundo, sugerida por medios sugestivos-hipnóticos.

De las excavaciones del Iseum de Pompeya, se deduce que este culto se introduce allí en el siglo II a. de n.e. El Senado tomó enérgicas medidas para que el culto no fuera introducido en Roma.

Particularmente Augusto y Tiberio que estuvieron empeñados en la revitalización del culto oficial y tradicional de Roma, se mostraron hostiles para con los devotos de Isis, a quienes, por otra parte, consideraban partidarios de Cleopatra.

A partir de Calígula, el culto de Isis empezó a florecer en todo el imperio. En el Campo de Marte se edificaron un Iseum y un Terapeum.

Durante el reinado de Caracalla se construyó otro Iseum en el Quirinal.

Junto con el culto de Isis se introdujo el culto a Serapis,divinidad promovida por Ptolomeo I Soter, elaborado basándose en Osiris y en el buey Apis.

El culto a Cibeles y Attis

Este culto fue introducido en Roma en el año 204 a. de n.e., por disposición oficial del Senado, previa consulta a los Libros Sibilinos durante la grave crisis de la Segunda Guerra Púnica.

Mito de Cibeles: Una enorme roca dominando Agdo, en Frigia, adoptó la forma de una gran Madre. Dormida, Zeus quiso hacerle el amor, pero a diosa se resistió luchando con Zeus, quien le dejó caer el semen durante la lucha.

De la roca nació un monstruo bisexual. Los dioses trataron de domesticarlo. Líber o Baco mezcló vino en el agua de la fuente en la que el monstruo llamado Addistis solía beber. Cuando éste, como consecuencia del vino, cayó en un profundo sueño, Baco le ató sus partes viriles a un árbol. al despertarse, el monstruo se arrancó las partes viriles de cuya sangre brotó un granado o ul almendro, que fructificó a su debido tiempo. Nana, hija del río Sangario, comió de sus frutos y quedó embarazada. Cuidada por Cibeles, dio a luz al niño Attis. su abuelo lo expuso pero fue criado por una cabra. El niño se hizo mayor y fue pastor.

Cibeles, la madre de los dioses, se enamoró de él, y lo hizo su favorito con la condición de que únicamente aceptara sus favores. Pero Attis se dejó seducir por una ninfa, por lo que Cibeles se vengó volviéndolo loco. Bajo el efecto de la locura, Attis se emasculó bajo un árbol, a las orillas del río Gallo. De su sangre brotó una fuente de cuatro bocas.

Según unas fuentes, Attis se transformó en pino, según otras, murió. Pero la diosa sintió compasión y pidió a Jípiter que lo resucitara.

Según una tradición, no revivió por completo; sólo movía su dedo meñique y crecían sus cabellos.

Según otra versión, Attis dormía durante el invierno y se despertaba durante el verano.

Evidentemente este tipo se encuentra relacionado relacionado con los ciclos de la naturaleza.

Las fiestas en honor de Cibeles y Attis se celebraban del 15 al 18 de marzo. durante esos días se iban reviviendo las diversas partes del mito.

En abril se celebraban los juegos megalenses en honor de Cibeles solamente ya que el día 24 de abril era el aniversario de la introducción del culto en Roma el año -204.

Las fiestas de Attis, en los lugares más alejados del santuario terminaron por adoptar la forma mistérica de ritos de iniciación.

Una de los formas más impresionantes del culto a Cibeles y Attis era el taurobolio, a veces llamado también criobolio.

En Roma se celebraba todavía por lo menos entre el -295 y el 390 de n. e. Consistía en que el sumo sacerdote, revestidos de los ornamentos sagrados era metido en un hoyo tapado con una especie de parrilla de madera sobre la que se colocaba el toro sacrificado, cuya sangre al desparramarse, caía sobre el sacerdote. Éste sale después con un aspecto horrible y se manifiesta al pueblo que lo adora.

Quizá esta ceremonia expresaba una purificación espiritual.

El culto de Mitra

El mito. Después de la creación del mundo, Saturno o Cronos entregó sus poderes a Júpiter, identificado con el dios iranio Ahura Mazda. Este dios de la luz que representaba la vida y el bien, tiene entablado un combate eterno con el poder de las tinieblas que representa el mal y la muerte. Mitra es el fiel auxiliar de Ahura Mazda. Había nacido de una roca, símbolo de la bóveda celeste, provisto de arco, aljaba y puñal.

La hazaña más famosa de Mitra fue el sacrificio del toro. Primeramente el dios cazó al toro que pastaba tranquilamente en las praderas. Después de mucho luchar y de dominar a la bestia, la llevó triunfalmente sobre sus hombros a una gruta, en la que sacrificó al toro contra su voluntad por orden del dios supremo. De la sangre del animal agonizante brotó una nueva vegetación en forma de espiga de trigo. Mitra concluyo un acuerdo con el dios Sol, quien, al parecer, le había dado la orden de parte de Júpiter. (Ahura Mazda) de matar al toro. en un banquete sagrado ambos comen la carne del toro y beben su sangre.

Al final de su vida terrena, Mitra asciende al cielo junto con el Sol en una carroza.

Doctrina y culto

Solo del mitraismo, entre los cultos mistéricos orientales, se conoce la doctrina.

El dios era concebido como el defensor de la justicia y guía victorioso.

El nuevo Mystes o iniciado nacía al culto de un niño desnudo después de haber superado numerosas pruebas. Tenían un rito de purificación con perdón e los pecados. Los grados de iniciación eran siete: los tres primeros eran diversos grados de los aspirantes; a partir del cuarto se formaba parte como miembro de pleno derecho. Los iniciados del grado más alto son los representantes del dios en la tierra.

Celebraron procesiones, en algunas de las cuales participaba el toro que había de ser sacrificado, no sólo para ofrecerlo al dios sino también para recordar sus gloriosas hazañas. Después se celebraba un banquete sagrado. Debe tenerse en cuenta que la sangre y carne del toro se consideraba como semilla de la eternidad. A veces, en lugar de la carne y sangre del toro, comían como sustituto pan y vino. Este culto no admitía a las mujeres entre sus adeptos.

Introducción en Roma

Plutarco nos informa de que los romanos establecieron contacto con el mitraísmo por medio de los piratas cilicios, asentados en Italia después de su derrota a manos de Pompeyo el Grande.

En el siglo I a. de n. e. no fue admitido oficialmente por el Senado, por lo que no pudo entrar en Roma. Fue favorecido por los sucesores de Augusto y Tiberio. Nerón lo fomentó. en el siglo II de n. e. La imagen de Mitra aparece en todas las provincias del Imperio, cuyo culto fue divulgado principalmente por los soldados y los comerciantes. durante este mismo siglo llegó a penetrar en el palacio imperial del Palatino.

EL CRISTIANISMO

El cristianismo entró poco después de su nacimiento en contacto con el mundo romano. San Pedro y san Pablo ejercieron una amplia labor de difusión del cristianismo en el mismo corazón de Roma. Este nuevo movimiento religioso aportaba importante novedades que lo distinguía de la religión romana. a) El concepto de sobrenaturalidad: el romao no creía que la fuerza numinosa fuera de orden distinto al natural. Esto explica que pudieran aceptar un cierto parentesco natural de algunos hombres con la divinidad. b) El espiritualismo cristiano restaba importancia a la letra de las leyes, mientras que la religión romana era altamente formalista. c) El cristianismo presentaba un carácter universal, mientras que la religión romana, a pesar de su aperturismo, no tenía más aspiraciones que las del imperio romano. d) El cristianismo tenía una fundamentación histórica, mientras que la religión romana, bao la influencia griega, adoptó una fundamentación mítica. e) La religión romana no consideraba el individuo, sino a la colectividad, por lo que ni desarrolló la mística ni la ética individual; mientras que en el cristianismo, el individuo reviste una particular importancia. f) A los romanos les faltaba igualmente el concepto de la inmortalidad. Más exacto, tenían fe en cierta inmortalidad de ultratumba, pero se trataba de una inmortalidad familiar. La inmortalidad personal se fue abriendo camino en el último siglo dela República, pero se la considera privilegio de los grandes personajes. El cristianismo aportará el mensaje de inmortalidad individual. g) Al politeísmo romano opuso el cristianismo el más estricto monoteísmo.

La lucha entre ambas religiones se prolongó durante cinco siglos. El golpe definitivo fue asestado a la religión romana por Teodosio, quien ordenó la clausura de los templos, prohibió los sacrificios públicos así como los cultos domésticos en honor de los lares (manes), penates y los genios.

Sin embargo la religión romana no desapareció sin dejar huella e el cristianismo. He aquí una serie de vestigios romanos en la religión cristiana: 1) El obispo de Roma adoptó el título e Pontifex Maximus. 2) El cristianismo adoptó gran cantidad de términos de la religión romana: religio, pietas, sanctus, sacramentum etc. 3) El cristianismo asumió algunas festividades romanas:los Lupercalias influyeron en la fiesta de la purificación de la Virgen; los Ambarvalia, en las rogativas por los campos, etc. 4) El culto a los muertos adoptó rasgos de las costumbres romanas; empleo de flores y otros detalles. 5) la estructura de las plegarias.

Dentro de todo este cambio profundo que produce la religión cristiana en la estructura socio-política del imperio romano, conviene hacer además unas cuantas precisiones. y matizaciones en lo que concierne a otros movimientos ideológicos que intentaron ser la alternativa dentro de lo que se puede considerar como aparatos ideológicos del Estado romano.

Puede observarse una gradual decadencia del sistema esclavista que corre paralela a la paulatina pérdida de poder real del pater familias en la sociedad romana.Tanto esta debilidad familiar como la falta de contenidos éticos de los ritos romanos van a producir una decadencia de la ciudad que pretendía seguir siendo el eje central de la estructura del Imperio.

En otro terreno de cosas, el cambio que se produce en el sistema de producción provoca la hegemonía del campo sobre la civitas.

Tanto la crisis de la familia como la civitas y los cambios en los sistemas de producción van a incidir de forma directa y decisiva sobre la propia influencia del Emperador o poder imperial.

Ante esta nueva situación de cosas. el Estado necesita buscar las respectivas alternativas tanto en lo que a aparatos ideológico se refiere como a los instrumentos religiosos que lo coadyuvan.

Si la familia se desmorona y los lazos religiosos que la unían ya no surtían los efectos previstos en favor de una estabilidad ciudadana que, a su vez, incidía de forma directa en el control de todo el sistema socio-político, era necesario una transformación gradual que sirviera para la representación y reproducción de las nuevas formas socio-económicas que estaban surgiendo que, en definitiva, permitirían la continuidad del proceso histórico. En este terreno las cosas, es necesario considerar que el movimiento filosófico dirigido por Séneca se iba a encarrilar hacia el fortalecimiento del sistema vigente, como alternativa de continuidad.

Si tenemos en cuenta el carácter universal que inspiraba la filosofía estoica, ésta llega a considerarse como perfectamente entroncada, dentro de la cosmópolis, con la concepción universal del Imperio.

Si tenemos en cuenta que el estoicismo que protagoniza en estos momentos Séneca, defiende las tres unidades-base que se encontraban en crisis: familia, civitas e Imperio, la nueva concepción venía a salvar de momento la situación.

Para Séneca, la familia es un Estado en miniatura. A tal punto llegó el sentido práctico de la nueva doctrina que, en época de los Antoninos, se convierte en la religión oficial del Imperio.

El Emperador era un orbis terrarum, y Roma la civitas por excelencia a la que hay que imitar. Esto se unía al supuesto de que todos los individuos practicaban los normas predicadas por Séneca.

El estoicismo estaba desprovisto de expresión y por tanto su capacidad quedó limitada. Tan sólo sirvió para cumplimentar el culto oficial y a determinadas capas de la sociedad: no tenía un carácter universal.

Era necesario un sistema que recogiera un carácter universal y un contenido ético-moral.

El culto al Emperador tenía un carácter universal que tropezaba con los cultos provinciales y, aunque intentó sincretizarlos, fracasó en muchos de sus intentos.

A pesar de los intentos de simbiosis, el estoicismo no pudo llegar más que a determinados niveles de individuos, por lo que la mayoría de los elementos humanos de la plebe romana quedaba fuera de estos esquemas religiosos. En el terreno de los esclavos tampoco surtió el efecto más mínimo, ya que se vieron inclinados a buscar unas creencias más acordes con su propio estado social. Cuando en el colonato llegan a confundirse los ciudadanos libres y los esclavos, la situación se complica aún más.

El Edicto de Caracalla proclamando a todos los individuos del Imperio ciudadanos romanos, tampoco resolvió la situación. Si los aparatos ideológicos del Estado no corrían paralelos a los religiosos, no se podía consolidar esta nueva situación.

En estas formas aparece el cristianismo como método de salvación de todos los males. Los intentos de ligar a la familia en su sentido primitivo, fracasaba precisamente por la falta de un contenido ético-moral. El estoicismo presenta una búsqueda de libertad interior, simplicidad de corazón, ayuda mutua, misericordia, etc., como rasgos más destacados.

Pero frente a la religión oficial, el pueblo busca sus propios dioses asequibles a su forma de vida y necesidades humanas y éticas.

De esta forma se llega a la extinción de un sistema oficial que no supo mantener sus aparatos ideológicos por falta de adecuación a la realidad que se necesitaba.

La alta sociedad había pedido su influencia en las masas, en el terreno religioso y filosófico dado que tanto el estoicismo como el neoplatonismo van a protagonizar unos sistemas no accesibles a la mayoría de la población.

En este estado de cosas se presenta el cristianismo aportando lo que en aquellos momentos de la historia necesitaba: una religión de carácter universal y una doctrina de pleno sentido ético-moral. Esta fue la clave de su triunfo como se ha visto en la anterior exposición de sus sistemas frente a todos los que por entonces se conocían en todo el Imperio.

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Vigil, M. Edad Antigua. Historia de España. Alfaguara.

ELEMENTOS PARA UN ESTUDIO HIDROLÓGICO DEL COMPLEJO INDUSTRIAL ROMANO DE F. I. SEXS (ALMUÑÉCAR, Granada)

Con todo cariño y añoranza, dedico este trabajo de investigación, a mis colegas de promoción 1966-1971Mercedes Píriz Navarro, Antonio García Úbeda, Encarnita Rodríguez Cerrillo, José Palacios Royán, Dorita Calero Amor, Juan Ruiz Muñoz, Puri Jiménez Serrano, Rodolfo García Álvarez, Lourdes Olmedo Rojas, Cándido Santos Pérez, Mª Dolores Rincón González, Fco. Javier Gallardo Galera, M. Begoña Lasarte Uzquiano, Enrique Díaz de Guereño, Salvadora Chica Giménez, Jesús Vázquez González, Ana María Medina Marín, Emilio Aguilera Moreno, Mari Carmen Arias Abellán, Aurelio Pérez Jiménez, Encarnita Roca Ruiz, José Lozano Sánchez, Ana María Perales Alcalá, Juan J. Torres Ruiz, Mari Carmen Ros González, Mª Carmen Quesada Montoro, Maria Victoria Quirós Parra, Mª Luisa Picklesimer Pardo, Manuel Montoro Martínez, Juanita Ceres Frías, Luis García Moreno, José Antonio Sánchez Marín.

Figura 1.-

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Figura 2,-

Plano (sin autor conocido) sobre los acuíferos comprendidos entre el término municipal de Lentegí (Guardahamas) y Almuñécar. Pensamos que el acuífero del acueducto tiene su origen desde las cercanías de Otívar, tal vez por encima, aunque ahora contamos como punto de referencia el Peñón Rodado por debajo de Otívar. Cuestión aún pendiente de confirmar. Nada seguro. Falta exploración del terreno.

Figura 3.-

Plano comarcal de Almuñécar, con los puntos claves hasta ahora bien definidos

Figura 4.-

Plano levantado por el Dr. Ingeniero de Caminos, Puertos y Canales D. Carlos Fernández Casado

Figura 5.- Fotoplanimétrica

En esta foto aérea se perfila la trayectoria del río Verde, con los puntos de Cázulas y Otívar.

Figura 6.-

Localización de sectores de Cázulas y Otívar.

Figura 6.- Fotoplanimétrica

En esta foto se observa la Poza de Cázulas y el recorrido de río Verde.

Figura 7.- Fotoplanimétrica

Esta vista nos muestra la barriada de Las Peñuelas y un amplio tramo de río Verde y río Seco en dirección a Almuñécar, señalándose también el inicio que hoy se conoce del acueducto romano en la vertiente de río Seco, abarcando los seis puentes que comprende su trayectoria en esta zona.

Figura 8.- Foto aérea de la zona más poblada arqueológicamente.

Vista general del casco urbano de la ciudad de Almuñécar.

Punto donde se corta el puente romano———- X

Figura 9.- Fotoplanimétrica

El signo X indica el punto donde la carretera corta el acueducto dejándolo enterrado. Desde ese lugar hasta el Barrio de San Sebastián hay más de cien metros.

Iniciamos un preámbulo histórico del pensamiento antiguo sobre el Agua en el mundo grecorromano

Texto de Marco Lucio Vitruvio.

«Sobre los modos de conducir el agua (Vitruvio VII)».

«De tres maneras se puede conducir el agua: por zanjas mediante obras de albañilería, por cañerías de barro, o por tuberías de plomo. He aquí las reglas que se han de seguir en cada caso.

Si la conducción se hiciere por zanjas o canales, las obras de albañilería deben ser lo más sólidas posible y con una pendiente de a lo menos un cuarto de pulgada por cada cien pies de longitud, siendo además necesario que la conducción esté además cubierta con bóveda, a fin de que el sol no toque de ningún modo el agua. cuando ésta llegue a los muros de la ciudad, será preciso construir un depósito y, unido a él, otro con no menos de tres arcas de agua. En el depósito se instalarán tres tubos que distribuirán el agua con uniformidad en comunicación con el anterior de las cambijas (arca de agua elevada sobre las cañerías que la conducen), alimentadas por estos canales, y que están dispuestas de tal manera que cuando haya mucha agua, la cambija central recibirá la que sobre en las otras dos y la enviará por las cañerías a todos los lavaderos y a todos los surtidores. El agua de una de las dos cambijas irá a parar a los baños públicos, de los que la ciudad obtendrá una renta anual. El de la tercera, se destinará a las casas particulares, pero de modo que no falte para el público el agua necesaria, evitándose que pueda ser desviada de su curso, ya que irá directamente por acueductos especiales. He aquí la razón que me mueve a prescribir esta distribución: es para que los particulares a quienes se les haya concedido agua para sus casas, queden sometidos al pago de una cantidad a los recaudadores de impuestos. Si, por el contrario, hubiese que salvar montes entre la toma del agua y la ciudad, se procederá de este modo: se horadará el monte para hacer pasar el agua conservando siempre la pendiente necesaria, como se ha dicho antes, y si el suelo fuese de peñas o de toba, se abrirá sobre ello el acueducto; pero si el suelo fuese terroso o arenoso, se construirá en la excavación una galería cubierta con bóveda y por ella se hará pasar el agua, abriendo pozos espaciados uno de otro ciento veinticinco pies (29,6 cm)

Si se hubiera de conducir el agua por tuberías de plomo, ante todo se hará un depósito próximo al nacimiento de la fuente, y luego, a proporción de la cantidad de agua, se determinará la luz de los tubos; desde ese depósito se irán tendiendo los tubos hasta aquel otro que esté a la entrada de la ciudad. Estos tubos habrán de tener una longitud no menor de diez pies cada uno, y si fuese de cien, su peso será de 1200 libras cada uno; si fueran de ochenta, tendrán su peso de 960 libras; si de cincuenta, 600 libras; si de cuarenta, 480 libras; si de treinta, 360 libras; si de veinte, 240; si de quince, 180; si de diez, 120; si de ocho, 100 libras, y si de cinco, 60 libras. Adviértase que esos conductos toman su denominación de la anchura de las planchas, es decir, según los dedos que tenían de planchas de que están hechos antes de haber siso curvadas. Así, por ejemplo, si la plancha era de 50 dedos cuando de ella se hizo un tubo, éste se llamará de cincuenta, y así sucesivamente. El acueducto que se hace mediante conductos de plomo, se regulará de este modo: Si desde el manantial hasta la ciudad hubiera una pendiente no interrumpida por altos montes que pudieran constituir un obstáculo, se rellenará con obras de albañilería el desnivel de los valles interpuestos, observando para las pendientes las reglas dadas para la construcción de los acueductos; pero si se tropezara con altas montañas, será preciso que la conducción de la tubería se haga rodeando el monte, siempre que este rodeo no resulte demasiado largo. Si se interpusieran valles extensos, se dirigirá por ellos el curso de la tubería, siguiendo la ladera del monte, y a alguna distancia del fondo del valle, se apoyarán los tubos sobre obra de albañilería no muy elevadas, sino solamente lo que fuera necesario para que el agua, después de haber atravesado todo el valle, pueda subir del otro lado hasta alcanzar la ladera; esta obra formará lo que los griegos llaman koilios,y nosotros «vientre».

Cuando se hubiera llegado al lado opuesto, los tubos, a causa de la longitud de ese vientre, forzarán el agua aprisionada a subir suavemente a la cima de la rampa. si no se hiciera en los valles este vientre, ni hubiese una construcción a nivel, se formaría un codo brusco y el agua reventaría y desharía las junturas de los tubos. Además, en este espacio llamado vientre, se han de hacer respiraderos por los que pueda darse salida al aire comprimido en la tubería.

De este modo los que conducen el agua por tuberías de plomo,siguiendo estas reglas, podrán llevar a cabo muy bien esta conducción, tanto en curso recto como por rodeos, subiendo o bajando laderas. También será muy conveniente cuando se halla una pendiente razonable desde las fuentes hasta las murallas de la ciudad, abrir unos registros distantes unos de otros unos cuatro mil pies, a fin de que, si se produjera una avería en cualquier parte de la conducción, no haya necesidad de revisar toda la tubería y se puede con facilidad encontrar el sitio en que se haya producido; pero esos registros no se deben hacer ni en los declives ni en la sección que hemos llamado vientre, si en las pendientes en donde el agua forzosamente tiene que volver a subir, ni en lo hondo de los valles, sino allí donde la tubería se apoye sobre un nivel igual seguido durante un largo tramo.

Pero si se quisiera gastar menos en la conducción del agua, se procederá de este modo: se harían tubos de barro cuyo grosor no sea menor de dos dedos y de suerte que uno de los extremos sea más estrecho con el fin de que pueda encajarse dentro del otro. Las junturas se ha de cerrar con cal diluida en aceite; y en los sitios donde bajan los tubos para hacer el llano del vientre, en el lugar mismo donde se forma el codo, se debe poner una piedra roja que estará perforada para poder recibir tanto el último tubo que baja, como el primero de los que deben ir a nivel, para formar el vientre; y del mismo modo deben ser introducidos en los orificios de otra piedra roja, tanto el último tubo del vientre como el primero de la cuesta por donde la tubería vuelve a subir.

Regulándose la conducción y la pendiente del agua, tanto en los declives como en los llanos y en las cuestas no habrá que temer que la violencia del agua haga reventar la tubería; porque, en efecto, suelen producirse en los acueductos unas tan violentas corrientes de aire, que hasta rompen las mismas piedras si previamente no se ha tenido cuidado de dar entrada la primera vez al agua poco a poco y no se han asegurado los codos y recodos con ligaduras o con lastre de arena. Para todo lo demás se procede como en tubos de plomo.

Además, cuando se hace pasar por primera vez el agua de las fuentes por los tubos, será preciso echar en ellos ceniza muy fina, para tapar con ellas algunas junturas que quizá no hubieran quedado bien obturadas.

Ahora bien, las tuberías de barro tienen las siguientes ventajas: primera, en cuanto al trabajo, porque, si ocurre algún desperfecto, cualquiera puede repararlo; y segunda, porque el agua resulta mucho más sana conducida por cañerías de barro que por tuberías de plomo. En efecto, el paso del agua por el plomo tiene el inconveniente de que de éste sale al albayalde, del que se dice que es nocivo para los cuerpos de los hombres; y así como lo que con el plomo se forma es dañino, no cabe duda de que él lo será también. Podríamos aducir el ejemplo de los plomeros, los cuales tienen siempre la tez pálida, debido a que, al soplar para licuar el plomo, el vapor que de él se desprende, al penetrar en las articulaciones de los cuerpos, las va consumiendo de día en día y extrae de ellas todo el vigor de la sangre. Por tanto, parece que no deben conducirse con tuberías de plomo las aguas si se quiere que éstas sean sanas.

Y por otra parte, que es mejor el sabor pasando por tuberías de barro puede colegirse de la vida ordinaria: porque todos, aunque tengan bien sus mesas provistas de vajilla de plata, sin embargo, adoptan vajillas de barro para beber agua, porque tiene en ellas mejor sabor». (Marco Lucio Vitruvio. Los diez libros de Arquitectura. Libro VII, capit. sobre el uso del agua. Tradución de Agustín Blánquez, Barcelona, 1970).

CARACTERÍSTICAS DEL TRAZADO DEL ACUEDUCTO DE SEXS

A partir del año -206, tras la batalla de Ilipa, como se ha dicho ya, y ante la perspectiva de levantar una explotación de las industrias que los fenicios había montado en este enclave desde tiempos atrás, los romanos se plantean llevar a cabo el desarrollo a gran escala de una macro-industria de salazones de pescado. Para ello inician un estudio del terreno viendo la posibilidad de proporcionar la suficiente cantidad de agua de calidad para llevarla a este fin, además de los servicios domésticos, públicos y privados. Según Vitruvio, el agua debía reunir unas condiciones adecuadas para dar un óptimo punto de calidad a la industria fundamentalmente. Del tiempo de los fenicios, tenemos datos de que su sitio de emplazamiento más probable fuera el conjunto de colinas situadas en el entorno del actual IES Antigua Sexi. La razón se debe a que el barrando del Noi, que proporciona, y antes más, el agua suficiente para las necesidades domésticas y las salazones que desde antaño se venían trabajando por todo este espacio de campo. La verdad es que no se ha localizado ni una sola pileta de salazones en este lugar. Tampoco en el casco urbana actual de la ciudad. Pero sí sabemos que probablemente este manantial del Puente del Noi disponía de un agua de alta calidad, ya que manaba de una mina abierta para este fin, aparte de las aguas de lluvia que anualmente se produjeran. Son aguas que manan de un terreno de roca silícea, idóneas para la industria y el uso doméstico.

Y los romanos llegaron a hacer algo similar. Puesto que el agua de mar se encontraba rodeando el espacio que ellos ocuparon para el montaje de su industria y edificaciones auxiliares, amén de los edificios públicos, se tuvieron que remontar los ingenieros romanos bastante adentro del gran estero marino de río Verde para poder encontrar el agua que ellos necesitaban para el montaje de tal industria. Vitruvio decía (Libro VII, su obra) que el agua debía evitar las malas tierras porque daban agua de mala calidad, y expresa la forma que los técnicos debían utilizar para conseguir que fuera lo más adecuada posible para esa industria y para las necesidades públicas. Por los indicios del trazado del acueducto, se puede llegar a la conclusión de que los ingenieros se tuvieron que remontar río Verde arriba hasta encontrar el agua apropiada a sus necesidades. Modernamente se sabe que el agua del mar perturbaba y mucho la consecución de agua de calidad. En la ciudad de Jete, el agua que se usa es bastante dura, lo que indica que la cal que lleva en su estructura, la hace inservible para los fines que se pretendían, según dice el propio Vitruvio. Y hete aquí que para buscar agua de esas cualidades han tenido que remontarse, por lo pronto y según nuestras observaciones, hasta la localidad de Otívar de entrada. Y probablemente, con las características exigidas, haya que seguir buscando hasta por encima de Otívar, lugar donde se empieza a encontrar agua de esa calidad. El canal último descubierto se encuentra a unos doscientos metros, río Verde arriba. Y ese canal se encuentra, como ha quedado dicho, sobre el mismo lecho del río. Pero pensamos que, al no haberse hecho ninguna prueba de la calidad del agua que discurre por su interior, el agua que ya podemos contemplar es la que abastecía. en principio, las localidades de Jete, toda la parte izquierda río abajo, hasta que el canal sale a superficie para regular la pendiente de desnivel entre los puntos claves de cotas muy marcadas por las diferencias del alturas. Pero es a partir de Jete cuando empiezan a aparecer los canales subterráneos a cierta profundidad, y esto se ve en uno de los planos que se tienen de ciertas proporciones y profundidad. Se sabe que la pendiente que debe mantener el canal en todo su trazado, según los desniveles, es de dos pulgadas y media cada 41 m. Con ello se evita que la velocidad y la cantidad de agua puedan hacer reventar por presión la cubierta del canal. Para evitar eso, además, es preciso construir unos registros para regular la presión del aire que, evidentemente, se acumula en todo el trayecto de la conducción. Y además se usaban tales registros para poder acceder y realizar la limpieza de las arenas acumuladas por el arrastre del agua, ya que ésta pasaba al canal filtrándose desde el mismo río, razón por la que el trazado del citado canal discurre siempre por el lecho que más agua filtrada puede recoger desde la superficie del río. Como ha quedado dicho al principio, el agua del río que se filtraba, iba pasando por las zonas permeables del canal a través de las rendijas que tiene su cubierta que funcionaba como si fuera un filtro. Y por esas rendijas no sólo entraba agua sino también arena, tierra y elementos vegetales, capaces de colarse a través de esas rendijas. Y por ello había que limpiar el canal sacando los elementos posados sobre puntos de los respiraderos fáciles de limpiar, porque daban al spiramen por donde una persona podía extraer la tierra y arena que se posaba en esos espacios adrede hechos para ese fin; y con ello se evitaba que quedara obstruido por la acumulación de los elementos residuales (arena, limo, vegetales y otros elementos). De esa forma se evitaba que el canal pudiera llegar a obstruirse. Con este fin, en la mayoría de los canales, en superficie o encima de los puentes arqueados, se construían respiraderos a una distancia aproximada de unos cien metros.

El problema más serio que se planteaba a los ingenieros romanos era el trazado de debían elegir cuando se encontraban con una vaguada, la salvaban, o tenían que dar un largo rodeo canalizado para superar largas distancias. Este problema generalmente se resolvía mediante la construcción de canales haciendo minas que atravesaran una montaña (como ocurre el Almuñécar, en Venta Luciano). Y otra de las dificultades era salvar un fuerte desnivel por el que discurría el canal; para ellos idearon construir sistemas de sifones y semi-sifones, según el terreno. Uno de ellos se resolvía mediante el uso de un sistema de entubado del agua, que podía, como ha podido ocurrir el Almuñécar, mediante tuberías de plomo o cerámica. La de plomo solía descartarse cuando se trataba de agua destinada al consumo humano o industrial por la razones de salubridad que antes se han citado por parte de Vitruvio. El plomo libera sustancias tóxicas que perjudican la salud humana y de las plantas. Por ello no era muy frecuente. Por esta razón es muy frecuente encontrar tuberías de cerámica, diseñadas con una técnica apropiada para que no sufran desperfectos en sus puntos de unión. Los depósitos, situados en diferentes puntos del complejo, podemos enumerarlos sucesivamente desde el Peñón del Santo hasta las cercanías del Torrecuevas. Y con relación a los pozos, relativos a los emplazamientos romanos, tan sólo podemos citar dos; uno en el Majuelo y un segundo muy cerca, al fondo de la calle Nueva. Con relación al sistema de alimentación de agua de los baños públicos se han registrado elementos de cerámica en la mayoría de ellos. Tan sólo ha aparecido un elemento de plomo en las termas romanas del Castillo.

Se van a ordenar las diferentes partes de esta exposición de datos, comenzando con los puntos más lejanos de Almuñécar: desde Guardajamas (Lentegí). A continuación se van a exponer los tramos o puentes del acueducto, seguidos de la ubicación de los puntos de respiración y drenaje del trayecto de los canales desde aguas arriba de Jete hasta Almuñécar. Se detallarán las características que hasta ahora se han omitido por falta de un estudio profundo y contextual de su trazado; problemas que resolvieron los ingenieros romanos y que hasta ahora se ignoraban por la falta de un estudio completo. Han cometido errores hasta los más expertos en el tema, sobre todo en lo relativo a la restauración de algunos tramos del acueducto, sobre todo el mayor puente, que salva la vaguada del barranco de Torrecuevas, con una restauración totalmente inapropiada, porque los canales que discurren por la parte superior son de cubierta en forma de arco de medio punto, y no cubierto con rasillas modernas (cosa que tendrán que corregir, porque es un error imperdonable en restauración.

PRINCIPIO DE LA HIDRÁULICA DESDE GUARDAHAMAS

Para el inicio de la distribución de las aguas desde la villa rústica romana de Guardhamas, conviene exponer algunas fotos sobre la realidad de esta localidad, que era un punto medio entre la costa granadina y Granada: paso obligado.

Guardahamas se encuentra a unos cinco kilómetros de la localidad de Lentegí en sentido Granada. Es la vega, digamos, del pueblo. Pero quedan restos importantes de los muros que conformaban la estructura de la villa. La mampostería es algo variada a lo que venimos acostumbrados a ver en Almuñécar. El aparejo es diferente. Allí, que sepamos, no se ha tocado nada, sólo se ha destruido para ampliar y aprovechar mejor el terreno de cultivo; pero los materiales secundarios pueden verse dispersos por cualquier rincón del gran solar que se puede ver. Y desde allí empieza a verse el agua que se va a dirigir a Lentegí, tanto de riego como de uso doméstico. (Véase el plano de las redes de riego del plano inicial del trabajo).

Foto 1.-

Villa rústica romana de Guardahamas, Restos de sus muros periféricos. Lentegí, Granada.

Vista de uno de los muros laterales de la construcción romana. Todo parece indicar, por sus proporciones, que se trataba de una zona de equipamiento en el tránsito desde Sexsi hasta Iliberis, Granada. Aquí tan sólo se ha hecho una exploración superficial. Ahora nos tememos que todo haya desaparecido.

Foto nº 2.-

Resto de aparejo de un opus incertum mezclado con latericium, lo que puede interpretarse como un tipo de opus mixtum. Se nota que ha sido muy retocado con el paso del tiempo.

Foto nº 3.-

Detalle de uno de los paramentos de la estructura de la villa rústica. El tipo de aparejo se ve homogéneo, un opus incertum regular.

Foto nº 4.-

Detalle del aparejo de opus incertum alterado o mixtum. Se utilizan en el alzado de esta parte tanto el ladrillo como la pizarra y con diferentes tamaños.

Foto nº 5.-

Guardahamas. Muros de la villa y vista de la dirección que toma la vaguada hacia las cercanías de Lentegí, término con el que enlaza su curso de aguas.

Una vez dejado atrás esta villa, bajando de Lentegí hacia Otívar, nos volvemos a encontrar con un elemento de solería perteneciente de una villa romana, observada en un corte de la carretera sobre una curva de la misma.

Foto nº 6.-

Corte artificial en la construcción de la carretera de Otívar a Lentegí. Obsérvese el perfil de una solería, fruto del corte de la máquina excavadora. Su material es opus signinum, con fuerte presencia de cal. Probablemente es una solería de la villa, o sea, un mosaico de la misma, o bien un depósito de agua. No se ha explorado lo suficiente. De lo único que se puede hablar es de que se trata de parte de lo que ha podido ser una villa rústica.

Dados estos inicios de lo que va a ser la trayectoria del canal del acueducto romano de Almuñécar, hemos querido adelantar que los contactos entre Granada romana y Almuñécar romana, estaban sembrados de puntos de contacto formados por villas rústicas estratégicamente situadas para las necesidades de un trayecto un tanto extenso y complicado entre esos dos puntos. Y por ello, pasamos a las cercanías de lo que pudo ser el comienzo real del punto de captación de aguas sobre el lecho de río Verde a la altura de Jete-Otívar, o aún más alto. El tiempo y la investigación nos dará la información según se vaya estudiando el terreno.

TÉRMINOS MUNICIPALES DE JETE Y OTÍVAR

Elementos encontrados

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Foto 7.-

Estamos en las cercanías de la localidad de Otívar. Nos encontramos sobre el lecho de río Verde, desde el punto en que empiezan a aparecer las primeras o más notorias vías de conducción de agua fundamentalmente destinadas a los regadíos. Pero no sólo eso, si los árabes se dedicaron, a partir del 711 de n. e., a buscar agua en estas lejanías de Almuñécar, 13 km, los romanos, a partir del -206 hicieron los mismo pero con otras técnicas. Éstos sabían que los terrenos no eran estables, que había movimientos de tierras, que el agua que necesitaban era para algo más que el regadío, tuvieron que remontarse, no con toda seguridad, pues nos falta el testimonio directo, por encima de Otívar, con lo que la captación de este elemento adquiría la calidad que ellos necesitaban para sus industrias básicamente. Y en vez de construir acequias, como los árabes, los ingenieros romanos idearon otra solución: construir una canal debajo del lecho del río; y lo hicieron de tal manera que es casi el mismo medio que se utiliza en las zonas bajas donde discurre el agua a través de un canal cubierto con bóveda de medio cañón. Aquí, algo similar, la bóveda es de medio cañón, pero con una diferencia: esa bóveda estaba formada por piedras colocadas de forma ciclópea, o sea, sin argamasa, salvo en las del centro superior de la bóveda, que iban cogidas con una argamasa que las fijara, y por el resto de la bóveda, los espacios que no llevaban argamasa, permitían que el agua se filtrara hasta la caja base del canal. y así captaban las aguas superficiales que discurrían por encima del canal. Pero las técnicas modernas, ante el arrastre que las fuertes avenidas que suelen producirse, decidieron construir sobre el lecho del río, muros de contención. Con lo cual rompieron el canal, como se verá más adelante, y levantaron muros de hormigón armado para evitar los arrastres citados. Con ello rompieron el canal romano y apareció su estructura soterrada con el correspondiente escape de agua que mostramos en las fotografías. El canal debía haber sido protegido con un sistema que permitiera la persistiera la permanencia del canal, y no que se ha quedado roto para siempre. El canal sigue llevando agua sobre todo en las partes elevadas que no han sido tocadas e incluso en las partes bajas, cercanías de Jete. Pero los muros nuevos que atraviesan el río por zonas estrechas, han cortado esa conducción y su agua sale a superficie como se verá.

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Foto 8.-

Colocados por debajo de uno de estos muros, podemos ver la estructura metálica que usaron los operarios para la construcción del muro. El agua que se ve al fondo sobre el lecho, procede del escape del canal roto.

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Foto 9.-

En esta imagen vemos cómo la máquina trabaja removiendo material del río hasta el punto de crear un pequeño embalse por encima. Es el agua que procede de la rotura del canal. Estamos a tres km de la localidad de Jete en sentido Otivar.

Foto 10.-

Volvemos a ver la balsa de agua escapada del canal roto por la máquina. El agua está embalsada. A izquierda de la imagen podemos ver la acequia árabe. Siempre la construyen los árabes adosada al talud del río canalizándola, pero a descubierto, salvo cuando usan las estructuras romanas, que se ven más adelante.

Foto 11.-

Esta imagen del lecho del río con agua del canal, muestra cómo los árabes construyen sus acequias apoyadas sobre el talud, que a su vez, se encuentra reforzado para evitar que en tiempo de lluvias intensas, no queda enterrada como consecuencia de ello.

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Foto 12.-

Esta imagen muestra la claridad del agua escapada del canal, que se encuentra a derecha de la zona encharcada.

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Foto 13.-

Pequeña zona donde se encuentra el boquete hecho por la máquina. El agua se ha escapado hacia otra zona del lecho del río.

Foto 14.-

Sobre la superficie del agua que brota, se puede ver la rotura del canal en una zona más profunda, y los residuos que el canal arrastraba salen a superficie.

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Foto 15.-

Una vez aclarada en agua por la cantidad que ha brotado -era verano- el caudal que discurría por el canal se ha reducido y se puede ver con claridad el punto de la rotura, casi enterrado por la arena de superficie.

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Foto 16.-

Foto algo más precisa sobre el agujero producido por la rotura del canal.

Foto 17.-

Y marchando en sentido ascendente sobre el lecho de río Verde, nos encontramos un tramo de canal. Se observa la bóveda con las piedras casi desnudas por el arrastre provocado por las avenidas de agua del río en tiempos de lluvia.

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Foto 18.-

En el trazado general del acueducto de Almuñécar, ésta es la primera pieza que nos encontramos en las cercanías de la localidad de Jete. Se trata de un registro de forma regular, como los demás que se irán viendo, El canal discurre por el fondo de la imagen, con unas medidas idénticas a las que veremos pasado el noveno puente. Su conservación es mala, pero discurre agua aún por su fondo. Este paso continuará hasta llegar a la vega de Jete, donde volveremos a ver un plano del canal y respiradero. Esta pieza de canal lógicamente recibía el agua del canal roto antes visto, y que se encuentra a casi tres kilómetros de este punto.

Foto 19.-

Esta foto muestra un punto situado entre los barrancos del Olivillo y Antequera. Este canal no fue debidamente explorado, y tenemos la duda si es un intento de construcción de mina árabe o canal-túnel de época romana. Pero si no estaba terminado podemos decir que es, por motivo de tiempo árabe, y no romano. No se sabe porque no ha podido ser explorado dado los movimientos de tierra que aquí se ha practicado después.

Foto 20.-

Detrás de este rosal se esconde un muro que puede pertenecer a un canal de época romana. Pero no lo damos por seguro, dada la mala calidad de la imagen. y hoy es imposible localizarlo.

Plano del Ingeniero D. José Mª de Sancha, 1875

Figura 10.-

Plano que nos muestra el autor del mismo (Ingeniero Dr. José Mª de Sancha, 1875) y el trazado del canal, siguiendo su recorrido y buscando la pendiente más adecuada para su discurrir hasta llegar a las Angosturas (supuesto punto de inicio del acueducto). En ellos podemos observar tres puntos del canal, y el respiradero o zona de entrada para el drenaje de sus pequeños depósitos de filtraje, de posos de los arrastres del agua.

Foto de Antonio Ruiz Fernández

Foto 21.-

En esta foto podemos ver el punto de entrada al canal antes visto. Puede observarse que tiene una profundidad considerable porque discurre por debajo del lecho de río Verde para poder hacer captación de las aguas superficiales que se filtran, porque va diseñado en la parte central del lecho del río para poder filtrar mejor dichas aguas que se pierden por filtración.

Foto 22.-

Esta imagen nos muestra parte del canal en sus inicios. Al fondo de la misma podemos ver que hay dos entradas por donde conectaba con el canal procedente aguas arriba. Aquí podemos comprobar cómo están colocadas las piedras, apenas sin argamasa para permitir la filtración del agua superficial del lecho del río por donde pasaba el canal. El opus signinum, como elemento impermeabilizante. En este punto se puede observar que moverse dentro del canal es fácil por su altura.

Foto 23.-

En conexión con la imagen anterior, vemos esta otra donde lo más destacado es el desgaste de suelo del canal como efecto de los arrastres durante mucho tiempo, y no han sido reparados. Conserva bien las señales de la altura del agua que circulaba por este canal. El opus signinum queda sólo en las paredes del canal, mientras que el suelo está muy desgastado por el arrastre. La inclinación de las paredes laterales están diseñadas así para contrarrestar la presión ejercida por los materiales que recubren este canal, y así se evita que sea comprimido y derribado por dicha presión lateral y superior.

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FOTO CARBONELL

Foto 24.-

Extensión del canal de las Angosturas con profundidad de imagen para ver cómo está el estado general de los elementos constructivos del canal. El suelo está muy desgastado y las piedras laterales están casi del todo descarnadas. No se ve nada de opus signinum. La cubierta, bóveda de medio cañón con piedras en posición ciclópea con el fin de que el agua que discurre por encima -lecho del río- pueda filtrarse a través de ellas hacia el canal.

Foto 25.-

La colocación de las piedras de la cubierta, en posición ciclópea, facilita la filtración del agua que discurre por encima del canal: agua del río que se filtra. Siguiendo la trayectoria anterior, puede comprobarse la colocación de las piedras en el arco-bóveda del canal. Apenas hay argamasa para conseguir una mayor filtración de las aguas superficiales. Y si la presión lateral es fuerte, han construido un arco-contrafuerte inferior para contrarrestar el empuje de aguas y terreno donde va encajado el canal en situación más profunda.

Foto 26.-

Una vez salidos del canal subterráneo, según se llega a superficie, el desnivel se hace más marcado, y se procede, por la configuración del talud del río, a excavar una conducción minando la roca lateral del farallón de la ladera encrespada. Este trayecto se viene considerando obra árabe, pero sin olvidar que éstos modificarían la estructura romana.

Foto 27.-

En esta foto podemos observar la roca tallada y con una abertura lo suficientemente grande para que no haya problemas de aire, ni acumulación de sedimentos. Pensamos que en esta parte ya intervinieron los árabes modificando algo el trazado del canal, porque ellos construían acequias, no acueductos.

Foto 28.-

Foto de detalle de la salida a luz de la acequia antes citada.

Foto 29.-

Vista a plena luz de la citada acequia donde se aprecia el caudal de agua y, sobre todo, el retoque que ha recibido el sistema de muros. La mano moderna ha tocado hasta tal punto que lo antiguo ya es moderno.

Foto 30.-

En dirección hacia el segundo puente, podemos ver, sobre el muro frontal, el muro por donde discurre el canal oculto por la tierra y la maleza.

Foto 31.-

En esta foto observamos de nuevo el canal después del segundo puente. Se observa el uso del agua por los agricultores entubando en otro punto la canalización externa para uso de riego.

Foto 32.-

Oculto entre la maleza, continúa el canal en dirección del tercer puente.

Foto 33.-

En este momento del acueducto podemos ver que nos encontramos ya muy cerca del canal en el punto en que se cambia de vertiente, pasando de río Verde a río Seco, por motivo de no perder altura, ya que sabemos que entre uno y otro río hay una diferencia aproximada de 20 m de desnivel. De ahí el cambio de vertiente.

Foto 34.-

En este punto del canal, ya nos encontramos a poca distancia del registro situado en la parte de canal más alta. A eso se debe que los ingenieros romanos optaran por el cambio de dirección hacia la factoría de Sexsi.

Foto 35.-

Canal muy cercano al punto más alto del cambio de vertiente. Quien lo arregló nos dejó su nombre en siglas. La obra de reparación es realmente mala.

Foto 36.-

En principio, este registro, después de la época romana, debió conservarse como los demás: en buen estado. Pero el posterior uso por parte de los agricultores, acabó deteriorándolo hasta una situación lamentable.

Foto 37.-

El canal se encuentra retocado por la mano moderna, después de haber roto el registro que se observa en el centro de la foto anterior. Este punto ha sido modificado ya varias veces por los agricultores que lo usan para sus riegos particulares. Está situado en el punto más alto que el citado canal lleva por aquí; y sus distancia a río Seco, su nueva vertiente, es relativamente corta. Se desciende hasta el lecho del río Seco, que está por encima del nivel de río verde unos veinte metros.

FOTO A. RUIZ

Foto 37 (bis).-

En esta foto podemos ver otra de las modificaciones sufridas por las intervenciones de los agricultores. Por el interior discurre el canal romano, camino de la vertiente de río Seco. La entrada se encuentra tapada por una chapa de hierro y simplemente sujetada por una piedra para que no se descubra su entrada. Lamentable.

FOTO FERNÁNDEZ CASADO

Foto 38.-

Esta foto muestra el canal del acueducto en las cercanías del cambio de vertiente entre río Verde y río Seco. Se encuentra adosado a la ladera de una finca cuyo dueño después, en un desmonte, lo enterrará.

Foto 39.-

Vertiente de río Seco. Indicación del recorrido del canal, que se encuentra aún enterrado por el desmonte hecho por el propietario de la finca. Antes se podía ver porque aflora a un espacio normal.

Foto 40.-

Indicación de la trayectoria del canal en río Seco y uso de su agua con la construcción de un pilarillo para uso de personas y animales.

Foto 41.-

Detalle de la foto anterior antes que se practicara el desmonte de la finca de arriba.

Foto 42.-

Señalización de la trayectoria, ya elevada, del canal sobre una zona rocosa en ladera de río Seco.

Foto 43.-

Entre puentes, podemos ver el canal algo deteriorado ya por el tiempo, y el uso que se viene haciendo para riegos particulares.

Foto 44.-

Atropello cometido contra el canal por el dueño de la finca. Rompió el canal, lo rehízo con hormigón moderno y trazó un camino que pasara por encima de él.

Foto 45.-

Aquí se produjo un importante desperfecto del canal. Estamos entre el puente 2-3. Lo acabaron de destruir y lo levantaron con los materiales que se pueden ver en la foto.

Foto 46.-

Y en ésta, podemos ver ya restaurado el canal a su «estilo». El canal está cubierto con lajas de rasilla modernas y, encima, le han colocado un simulacro de piedras que imitan la cubierta con bóveda de medio punto.

Foto 47.-

Fotografía planimétrica con indicación de los distintos elementos romanos que se encuentran en ese espacio.

FOTO A. RUIZ

Foto 48.-

Canal del acueducto pasado ya el tercer puente grande de río Seco y acercándose a la zona de la Santa Cruz. Se sigue sacando agua del canal.

FOTO A. RUIZ

Fotp 49.-

El canal en dirección a las cercanías del depósito de decantación y la arqueta.

FOTO A. RUIZ

Foto 50.-

Canal aproximándose al depósito de decantación. Prácticamente los propietarios del terreno extraen de él toda el agua que discurre por él mediante el canal artificial casi vertical que se ve en la foto.

FOTO A. RUIZ

Foto 51.-

Desde la zona de la arqueta, salen conducciones de agua mediante tubería de cerámica como se puede ver en la foto. El diámetro de esta pieza sigue las normas de Vitruvio.

FOTO A. RUIZ

Foto 52.-

Otro de talle de la anterior citada conducción entubada. Probablemente iba destinada a una villa rústica que debió existir en sus cercanías.

FOTO A. RUIZ

Foto 53.-

Detalle de otro fragmento de tubería en el mismo lugar. Las medidas son muy similares a las que Vitruvio considera normales: quince cm de diámetro, los extremos más delgados para su encaje con las siguientes piezas, no más de dos dedos de grosor y masa de cal con aceite para hacer las tuberías más resistentes. En otras ocasiones estas tuberías llevan refuerzo interior para hacerlas más resistentes a la presión interior y del terreno por donde pasan.

Foto 54.-

En esta pendiente del canal del acueducto, procedente del depósito de decantación del mismo, podemos decir que se inicia un problema hasta el momento no resuelto. En 1973-4, se invitó al Ingeniero de Caminos Fernández Casado para que visitara la ciudad de Almuñécar, y más concretamente para que viera la aparición de un tramo de acueducto que aún no se había localizado. El citado canal discurría semienterrado desde este punto hasta lo más alto de la llamada Puerta de Granada. Grande fue su sorpresa y mayor su alegría por haber hallado un punto clave para poder explicar la trayectoria final del acueducto hasta el supuesto depósito terminal que él situaba en Cueva de Siete Palacios (INGENIERÍA HIDRÁULICA ROMANA, Carlos Fernández Casado, Madrid, 1983, pág. 487 ss.). En canal inicial era más relevante de lo que él había publicado en este magnifico trabajo. La foto de su trabajo no era tan relevante como la que ahora presentamos en dos posiciones.

FOTO A. RUIZ

Foto 55.-

En esta foto, casi a tamaño normal y a color, podemos ver en su parte central, la oquedad del canal que venía procedente del citado depósito de decantación. Estaba cubierto de hojarasca pero se podía ver el arco de la cubierta a nivel de superficie.

FOTO A. RUIZ

Foto 56.-

Y en esta foto se precisa mejor el material del opus incertum de la parte superior del canal o bóveda del mismo. Su aparejo es claro y preciso. Este canal, al contrario de la tubería de cerámica que se ha visto, aparentemente parece dirigirse en la misma dirección. Pero pensamos que se trata de una conducción destinada a una probable villa rústica localizada en las cercanías de río Seco y que no se ha permitido analizar ni siquiera en superficies. Existía una finca llamada Cercado de San Agustín y que con toda seguridad debió contener en sus gran espacio elementos romanos como casa y columbario. Con las nuevas construcciones todo ha desaparecido. Algo similar ocurrió con el edificio del primer instituto, que fue construido justo encima de la necrópolis Puente del Noi, y la consiguiente desaparición de gran cantidad de material arqueológico. Pero este canal, probablemente de las mismas dimensiones que los demás, se dirigiría hacia el puente décimo del acueducto a la entrada de Almuñécar, recientemente excavado.

Foto 57.-

En esta foto mostramos lo que fue el gran depósito de decantación, no un albercón, como opina Fernández Casado. Sobre esta misma estructura se ha montado el antiguo depósito de Abastecimiento de Aguas de Almuñécar. Se verá en las fotos siguientes. La prueba más evidente es la aparición del canal normal del acueducto, procedente de los puentes. Se verá a continuación.

Foto 58.-

Es conveniente no perder de vista la construcción que en esta foto se ve con mucha precisión: se construyen los muretes del canal. Sobre ellos se coloca la cimbra para levantar una cubierta con bóveda de medio punto, o cañón. Su altura es la que habitualmente se viene registrando en todo el trayecto del acueducto en general: 75 cm y 50 cm de ancho. Como se puede observar, su aparejo es el típico del terreno: lajas de pizarra y opus incertum y caementicium. Y aquí se demuestra palmariamente que esta conducción de aguas fue abandonada durante mucho tiempo, por razones actuales (intereses entre los campesinos que se disputaban su uso para regadío de las fincas por donde pasaba el acueducto). Este tramo, que abarca desde el inicio del noveno puente hasta su final en el depósito de decantación, se encontraba obstruido en gran parte de su trayectoria por la acumulación de tierra, arenas y elementos vegetales. Pero, volviendo la vista atrás, sabemos que los árabes dejaron de usar esta conducción al construir sus propias acequias de regadío. Pero después de la dominación árabe, se volvió a usar el acueducto -y se sigue usando- y, dentro de sus posibilidades, procuraron limpiarlo y repararlo, pero sin control de las autoridades, cometiéndose algunos abusos de cierto calado técnico-artístico, como se verá más adelante. El acueducto fue declarado Monumento Histórico Artístico en 1925.

FOTO A. RUIZ

Foto 59.-

En esta foto mostramos el lugar donde se encuentra la arqueta de distribución que repartía agua hacia lugares próximos a ella. Justo al lado, los propietarios construyeron casas modernas. Y hoy día, se han atrevido a edificar en las cercanías del canal procedente del puente noveno del acueducto. No se han respectado los leyes de cercanías a los monumentos nacionales.

Foto de Carlos Fernández Casado

Foto 60.-

Foto copia (del año 1931) de la arqueta de distribución, muy cercana al depósito de decantación. Tiene bóveda hemiesférica. Probablemente retocada en tiempo árabe. De aquí partían las conducciones hacia las villas rústicas que se encontraban en las cercanías, como la del barrio de San Sebastián. Para ello usaban canalizaciones con tuberías de cerámica que se han visto en las fotos anteriores sobre el terreno.

FOTO A. RUIZ

Foto 61.-

Esta foto se ha subido fundamentalmente para indicar que aquí se encuentra la arqueta de distribución. Pero queremos hacer saber que sobre esa arqueta, también monumento nacional, se ha permitido levantar una edificación, tipo despacho, por los propietarios del terreno. Uno de los mayores abusos sobre el acueducto.

Foto 62.-

En esta foto señalamos dos puntos muy importantes del acueducto: el antiguo depósito de decantación, transformado en depósito municipal de agua de la ciudad, y la arqueta de distribución del acueducto en las cercanías de la zona conocida como la Santa Cruz.

Foto 63.-

Foto detalle de la anterior, donde se ven el depósito municipal, construido sobre el antiguo depósito romano, y la arqueta de distribución.

Foto 64.-

Foto de detalle del antiguo depósito municipal de aguas de la ciudad. La arqueta está detrás y no se ve. Pero es indicativo observar la parte izquierda del depósito porque en ese lugar se encontraba el canal del acueducto que venía a morir justo detrás, y cuya imagen hemos visto en la foto 58.

Foto 65.-

Por encima del arco que observamos en esta imagen, discurre un canal. No hemos podido averiguar si se trata de un canal romano modificado. Pero sí es cierto que por él pasaba el agua que alimentaba el funcionamiento del ingenio del azúcar situado a unos doscientos metros de este pilarillo público. Fundamentalmente este conducto llevaba agua procedente de una acequia mayor capaz de llevar agua suficiente para la cantidad que dicho ingenio necesitaba para su normal funcionamiento.

Foto 65 bis.

Grabado donde podemos ver el acueducto moderno que lleva agua al ingenio del azúcar. Se ven los elementos construidos para el ingenio. Curiosamente este tramo de acueducto se encuentra en línea con el décimo tramo del acueducto romano. Cabe una posibilidad que se hubiera construido sobre obra romana el presente acueducto. No se ha excavado. Queda por averiguarlo.

PLANTEAMIENTO SOBRE LA EXISTENCIA DE UN SEMISIFÓN DESDE EL BARRIO DE SAN SEBASTIÁN HASTA EL SOLAR DE LA ACTUAL IGLESIA PARROQUIAL

Opinión del ingeniero Fernández Casado cotejado con las realidades arqueológicas encontradas a partir del año 1974. Como se ha dicho anteriormente, hay discrepancias fuertes entre las opiniones de época árabe y reciente en relación con la identificación del lugar y características del depósito terminal del Acueducto Romano de Sexsi. F. Casado piensa que tal depósito se encontraba en la Cueva de Siete Palacios -nombre asignado a ese criptopórtico por Leopoldo Torres Balbás, según cuenta F. Casado en su obra sobre la ingeniería hidráulica romana en España-. Sin embargo, un estudio más detallado sobre los materiales encontrados últimamente en Almuñécar, nos lleva a otra conclusión, opinión que en su tiempo más o menos acertadamente y descriptivamente, los árabes nos llevaron a concluir que la ubicación de tal elemento no se encontraba en Cueva de Siete Palacios, sino en el lugar que hoy ocupa la actual Iglesia Parroquial.

Y sin más, nos decidimos a describir cómo y de qué forma el agua llegaba hasta ese lugar. En principio, de dónde partía el canal que llevaría el agua hasta la citada Iglesia. Con qué medios. F. Casado, en principio hablaba de un posible sifón. Cuando comprobó por sí mismo que había un décimo puente de mayores proporciones que los anteriores, cambió de opinión y afirmó que lo que debió existir es un sistema de semisifón. Y era lo más probable como después se verá. El gran problema por resolver es cuáles eran los medios de transporte del agua. Afirma que el sistema de semisifón, según palabras textuales del mismo, pasaba por una conducción entubada que, según dice, pudo detectarse en una obra de la sacristía de la Iglesia con motivo de una obra bajo el suelo de la sacristía, y donde se pudo ver la existencia de tuberías de cerámica. A esto le aclaramos que existen, como se verá más adelante, sistemas de conducción entubada, que aparecen desde la Plaza del Ayuntamiento hasta la conocida Fuente de los Leones de la Puerta de Granada. Y precisamente, años atrás, en el antiguo ayuntamiento había una conducción con canal que se dirigía a la conocida Huerta de la Familia Müller. y desde el patio central de una casa antigua, se baja a un canal romano de 75 cm de altura y donde descubrimos tuberías de cerámica, pero el canal partía en dirección hacia la citada Puerta de Granada. Pero desde el centro salían dos tubería en dirección hacia el barrio del Castillo. Lo más probable es que este canal se utilizara para montar una serie de tuberías de cerámica y que así se dirigiera hacia Puerta de Granada u otros lugares, como el citado ayuntamiento.

De todas formas había que salvar la diferencia de desnivel entre el depósito de la Santa Cruz y el que nosotros pensamos, con pruebas irrefutable, que tal depósito se encontraba emplazado en el sitio donde hoy está la Iglesia Parroquial. Si establecemos una relación de alturas entre los citados puntos, podemos observar que la Santa Cruz se encuentra en la cota 50 m, y la Iglesia, en la cota 25 m sobre el nivel del suelo; pero teniendo en cuenta la descripción que hacen los árabes, en la que se dice que su altura podía llegar a más de los 20 m sobre el suelo actual y sumamos ambas cotas, nos da justamente una altura muy similar a la cota de la Santa Cruz. Con lo cual, los niveles diferenciales tenían que ser similares, o sea aproximadamente 50 m, con lo que el desnivel es mucho más acorde al equilibrio hidrostático entre los dos puntos. El agua discurriría o bien por canal de obra, como se puede ver en el puente décimo, hecha más probable, y tal vez por tubería de cerámica protegida por el canal. Desgraciadamente en todo el trayecto del décimo puente no queda suficiente testimonio de que los hechos corroboren esta suposición, a pesar de que ha aparecido un trozo de tubería en la excavación, pero, probablemente con otro sentido, como las termas. Los restos son totalmente insuficientes para afirmar que la conducción fuera como opinamos, pero no hay restos arqueológicos en la parte superior de los arcos para poder afirmar que existiera un canal; pero por lógica y con algunos restos, podemos pensar que han podido existir tuberías encadenadas en el interior del posible canal. Ciertamente, como se ha dicho, ha aparecido un trozo de tubería de cerámica: pero lo más probable es que se trate de una derivación de toma de agua para las necesidades de las termas que se encuentra muy cercanas. Si pensáramos en una red, como la que vemos en Pérgamo, tal vez podríamos hablar de un sistema de abastecimiento que iría encaminada a desembocar en el gran depósito terminal de la Iglesia. Pero pensamos que el elemento utilizado sería más un canal que salvara la presión del agua desde los citados puntos de partida y llegada. La diferencia de desnivel entre el depósito de decantación y el nivel del punto medio del décimo puente, es de aproximadamente bien equilibrado en altura: cota superior: 50 m, cota del punto medio del décimo puente: 13-15 m; diferencia: 37 m. Desde la cota 14 a la cota 25, pie del depósito terminal: 13 m. Lo que implica que la presión desde la Santa Cruz hasta el pie de la Iglesia es moderada, porque en un trayecto de unos 200 m de recorrido, el agua perdería fuerza, pero tendría la suficiente para nivelarse con la altura real del depósito terminal. Si se hizo la conducción con canal solamente, la fuerza de presión tendría que ser mayor para poder llevar el agua hasta la cima del depósito; pero si se hizo con entubamiento, las tuberías deberían haber llegado hasta la cima; con lo que hubiera creado una fuerza de presión lo suficiente como para mover el agua hasta otros puntos elevados del complejo industrial. Pero no podemos afirmar nada con seguridad porque no tenemos datos suficientes para afirmarlo. Lo único que sabemos por los textos medievales es que los árabes afirman que el agua rebosaba por la cima del edificio considerado como depósito. O sea, el hecho de rebosar es como una forma de aliviar y equilibrar la presión ejercida por el agua en su trayectoria hasta el depósito. El sistema de vasos comunicantes parece que era lo que realmente existía en este medio de transporte del elemento básico para las necesidades industriales y públicas de Sexsi. Pero tenemos que cambiar la interpretación que viene dando a este medio de transporte de agua hasta el complejo industrial romano. En la interpretación de Fernández Casado se presupone la existencia de un pequeño puente como punto de alivio de la presión ejercida por el canal según él, probablemente entubado, y que ejerce de punto intermedio sin haber hecho ninguna prospección arqueológica. Pero es cierto que visitó el lugar donde hoy se encuentra ya excavado casi todo el tramo de décimo puente a la entrada de Almuñécar. Lo vio y pensó que lo mejor era dar una nueva versión de lo que hasta el momento se sabía que existía. Lo único que se hizo fue aliviar la opinión, pero no resolverla. Y, como se ha podido demostrar últimamente, el puente es mucho más extenso de lo que se puede ver hoy, porque la CN 340 no ha permitido ver por el momento, hasta dónde realmente llegaba el citado puente. Por los indicios se piensa que sobrepasaba la zona ocupada por el Ingenio del azúcar, que llega hasta el barrio de San Sebastián. y como ya se ha apuntado antes, es muy probable que el antiguo acueducto, que alimentaba el Ingenio para que pudiera funcionar, probablemente se podría haber construido superponiéndolo al romano. Pero no se ha comprobado aún esta posibilidad. Nuestra opinión es que el sifón ha existido, y existe, aunque roto, pero la duda surge en definir cómo era la parte superior de las arcadas del puente, porque no queda muy claro a la vista de los restos que muestra sobre la cresta del mismo. No hay señales claras de que por ahí discurriera un canal; está tan alterado que no se puede distinguir con evidencia que se trataba de un canal. Y ello lleva a pensar que pudo haberlo, pero entonces quedaría un poco oscura su definición. Casi se puede pensar que podría haber existido, pero para servir como vía de conducción de un complejo sistema de tuberías de cerámica. Pero ahí queda el problema. Por ahora está sin aclarar. Tal vez algo de luz nos proporcionaría poder averiguar qué hay en la zona donde el acueducto queda aún enterrado.

Siguiendo la aclaración de estos problemas de conducción de agua hacia la ciudad, hay que aclarar unas cuestiones que se han hecho crónicas. Estamos tratando de dar una opinión lo más acertada posible para dejar claro, de una vez, de los siguientes puntos: En primer lugar, el cambio de vertiente que se realiza en Venta Luciano, no es exactamente un túnel de más de cien metros. El canal que discurre ganando altura, llega hasta el nivel más elevado de la cuesta que hoy hay que subir y poder verlo. Lo indicamos con tres fotos bien evidentes de esta aclaración. El canal, a partir de uno de los tramos más próximos al cambio de vertiente, apenas profundiza hasta llegar a río Seco. Se baja una pendiente ligera y, a izquierda, se deja ver pegado a la ladera izquierda del río. Calculo que hay unos cincuenta metros, porque el desnivel existente entre río Seco y río Verde es aproximadamente de 20 m, o sea, que la vertiente de río Verde es 20 m más baja que la de río Seco. Y esa es la razón por la que los ingenieros romanos cambiaron el sentido del acueducto para no perder altura y mantener el equilibrio hidrostático y evitar construir nuevos puentes desde Venta Luciano hasta Almuñécar. En segundo lugar hay que aclarar que lo que Fernández Casado dice que es un albercón, no lo es, sino un depósito de decantación, situado al final de los nueve puentes precedentes, destruido probablemente en época árabe, ya que éstos no usaron el acueducto, sino sus propia red de acequias.

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Trozo de tubería de cerámica aparecida en la excavación del puente décimo, muy cercano a la carretera CN 340.

Foto 66.-

En tercer lugar, existe un sifón, pero muy diferente a como se venía admitiendo hasta ahora. En cuarto lugar, las tuberías que vemos muy cerca de la arqueta de distribución. casi con toda seguridad, se usaban para abastecer de agua las villas rústicas que se encontraban relativamente cerca: en la zona del Cercado de San Agustín, a izquierda de la ladera cercana a río Seco, y en el mismo barrio de San Sebastián, donde se han descubierto diversa cantidad de materiales romanos pertenecientes a una villa de cierta categoría por la calidad de los mismos.

En quinto lugar, el depósito terminal del acueducto se encontraba situado en el lugar que hoy ocupa la Iglesia Parroquial, y al que describen muy bien los comentaristas árabes de distintas épocas de su historia en este lugar, sobre todo al-Himyari. En sexto lugar, el depósito terminal nunca se encontró donde Fernández Casado afirma. A simple vista, no tiene aspecto de ser lo que se veía y, además, la excavación practicada en 1981 deja bien claro que no reunía condiciones para ser un lugar donde se almacenara agua. Su estructura arquitectónica no lo hubiera soportado. En la excavación se comprobó que el alzado no reunía ningún resto de impermeabilización, cosa imprescindible para que el agua no se filtrara. Ni un solo elemento de estuco de opus signinum; tan sólo opus incertum y en sus alzado. Por lo tanto, esta opinión queda descartada. Pero sí hay que decir que en la parte superior de la Cueva de Siete Palacios existieron depósitos menores de agua, y lo podemos demostrar porque han aparecido canales de medianas proporciones y revestimiento de opus signinum en varios lugares, como se verá en las fotos adjuntas que lo demuestran.

Y por último, no han faltado opiniones como la de que tal depósito llegó a montarse sobre el Peñón del Santo. Opinión insostenible. Aunque sí hay depósito de agua porque allí se excavaron piletas de salazones en 1945, como ha quedado dicho al principio.

Figura11.-

En este dibujo podemos ver lo que Fernández Casado ideó tras haber visto el puente de la Carrera de la Concepción. Es una suposición, no una solución.

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DIBUJO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Figura 12.-

Y en este plano, hemos dibujado lo que más se puede acercar a la verdad del tipo de semisifón.

Conducción griega a Pérgamo según Garbretch

Foto 67.-

En esta foto podemos ver el sistema que los griegos montaron para la llevada del agua a la ciudad de Pérgamo. Son tuberías de cerámica discurriendo paralelamente

LOS DIEZ PUENTES DEL ACUEDUCTO

Primer puente:

TORRECUEVAS

Cortesía de Amparo Cervilla Rivas

Foto 68.-

Primer puente del acueducto. Se compone de 19 arcos, dos de ellos con luz disminuida. Con el abandono, a través del tiempo, este tramo sufrió desperfectos que pueden observarse en la parte izquierda de de la imagen. Al parecer una avalancha pudo producir el daño que se observa. pero también hay que admitir el abandono que sufrió y que probablemente hiciera que el canal sufriera desperfectos por las filtraciones, según se observa en todo este trayecto. Se restauró y pienso que se hizo bien, porque la reparación incluye una curva que tenía el puente. No se trata de una desviación por error, sino de una reparación para dejarlo como estaba, porque es lógico que el puente girara en su tramo final para coger el sentido de la ladera siguiente que tenía que bordear. Lo que sí está mal hecha es la última restauración: han modificado el canal con una cubierta de medio punto y lo han reconstruido con rasillas grandes y cemento moderno. Es un auténtico disparate. A la vez que no se ha protegido que un monumento nacional tenga construcciones anejas o construidas encima. El entorno moderno no se adecúa a los materiales que componen el acueducto.

FOTO A. RUIZ

Foto 69.-

Estado en que se encontraba el puente antes de que adecentaran su entorno. Ya le habían enrasado la cubierta, y las construcciones modernas habían aumentado. Negligencia de las autoridades locales que no cuidaron el monumento y permitieron construcciones adosadas y muy cercanas. La pendiente de correntía respondía a las normas vitruvianas clásicas: no había registros ni al principio ni al final de este puente, y los 2,5 cm cada 40 m aproximadamente de desnivel se mantienen para que el agua discurra sin causar daño a la propia estructura.

FOTO A. RUIZ

Foto 70.-

Detalle lateral del mismo puente donde se aprecia muy bien el abandono de limpieza que ha sufrido y la cubierta enrasada, como se ha dicho antes. Y los arcos cegados por la acción antrópica.

Foto 71.-

Vista de la parte trasera del primer puente: Los arcos han sido cegados por los agricultores para proteger sus fincas del agua en avalancha.

Foto 72.-

Detalle del mismo puente con las viviendas adosadas a sus arcos tapando sus luces en extremos del mismo, y la construcción de vivienda encima del canal del acueducto.

Foto 73.-

Detalle más claro de la utilización del acueducto para meter tierras en cultivos, y sus casas adosadas y encima de su obra.

Foto 74.-

Taponamientos de los arcos del acueducto. Instalación de sistema de recogidas de agua con motor para regadíos de la fincas cercanas.

Foto 75.-

Detalle del mismo puente donde se aprecia su cubierta, falta de limpieza y cegamiento de los arcos. El desnivel de pendiente entra dentro de lo normal en esta instalación: aproximadamente 1/4 pulgadas cada 40 m una pendiente de 2,5 cm.

Foto 76.-

Punto de abastecimiento de agua para la gente y animales. Este puente consta de 19 arcos: 17 con la misma luz, y dos disminuidos, además de los arquitos intermedios de descarga o aligeramiento del peso de la construcción.

Foto 77.-

Foto donde podemos ver la reparación de un arco caído y la modificación de la cubierta, canal cuya bóveda fue sustituida por rasillas y cemento modernos. El canal que se conservaba tenía muchas perforaciones superficiales, y las autoridades digamos culturales, por decir algo, optaron por enrasarlo quedando como ahora mismo se ve. Personalmente lo conocí en su estado antiguo.

SEGUNDO PUENTE

Foto 78.-

La carretera Almuñécar-Granada ha deteriorado bastante el trazado del acueducto. El tramo precedente tiene características arquitectónicas muy similares. Las cuatro arcadas están cegadas y delante se ha permitido construir un muro de hormigón moderno y seguir plantando nuevos árboles. Como características tenemos que señalar que el alero de lajas pizarrosas ha desaparecido; y algunos tramos han sido enlucidos con mortero moderno, ocultando el aparejo clásico romano.

Foto 79.-

En esta foto se observa bien el mal trato sufrido por los arcos en su alzado, con las luces de los mismos cegadas por el relleno de taponamiento para abancalar el terreno y ganar espacio de cultivo.

Foto 80.-

Vista de tres arcos del segundo puente. Los dos primeros están cegados por el aluvión y la acción antrópica.

TERCER PUENTE

Foto 81.-

Esta foto muestra el canal discurriendo por encima de las arcadas de las que sólo se aprecia el primero. Los demás están enterrados asomando tan sólo el canal. Su altura es igual al tramo anterior, pero ha sido rellenado para abancalar el terreno de cultivo.

Foto 82.-

En esta foto podemos ver el primer canal. Lo que sigue ya está cubierto por el relleno de tierra de cultivo. Como se aprecia en lo que se ve de arco, puede colegirse que su luz es de un arco grande; lo que se entiende como que tiene bajo tierra pilares de importante tamaño.

Foto 83.-

Esta foto muestra las consecuencia del mal uso que ha recibido este sector del acueducto. El arco de la derecha se ha destruido por las avalanchas de agua hasta tal punto que los campesinos lo reconstruyeron a su manera para que sirviera de escape de esas riadas. Le dieron más volumen y por eso destaca sobre los demás. A la izquierda se ve un arco auténtico, pero semienterrado; y lo que continúa es la parte superior por donde discurre el canal.

Foto 84.-

A derecha de esta imagen con cierta dificultad podemos ver el canal, que es lo único que aflora en superficie, y tiene una extensión de más de sesenta metros. Pero todo esto continúa estando totalmente desprotegido por las autoridades locales.

Foto 85.-

Detalle del arco reconstruido por los agricultores. El canal discurre por la parte superior y apenas se nota por el revestimiento de materiales modernos que le han aplicado.

CUARTO PUENTE

Foto 86.-

El canal procedente de la zona donde está el Pilarillo, lleva ya un nivel de altura lo suficientemente elevado como para adentrarse en esta parte de la finca de de la familia Martín. En la parte izquierda inferior podemos ver una abertura sobre ese canal hecho para extraer agua. No se trata de un sifón; es una rotura intencionada de los propietarios, con una compuerta de madera o metálica, para que, cuando el agua suba, se quita la compuerta y se riega el bancal de cultivo. De seguido, se deja ver parte del alero roto y que, debajo, se encuentra los arcos enterrados por los propietarios. Y a continuación, uno tras otro, aparecen los arcos enterrados como se detallará.

Foto 87.-

En esta foto se aprecia mejor cómo la cornisa de triple alero de lajas de pizarra se ve muy disminuido y que se eleva sobre el terreno ganando altura hasta llegar al puente nº 6. Además del aluvión, fue muy decisiva la actuación de los propietarios que elevaron más el solar para interés de la finca. De la cornisa tan solo queda un trozo que nos permite conocer su existencia; pero desaparece a continuación quedando como un simple muro porque los arcos están más profundos que antes. Se ha construido encima del canal y se ha cubierto de maleza.

QUINTO PUENTE

Foto 88.-

En el centro de esta imagen podemos ver el muro donde quedan enterradas las arcadas que forman este puente. Lógicamente ha sido enterrado intencionadamente para formar un bancal de cultivo. No se ha explorado. Tan sólo se ha pasado para tomar una simple nota de que por ahí discurre el canal del acueducto. A partir de la cornisa con su alero muy disminuido, se ve como se eleva un muro montado sobre el canal, que está justo encima.

Foto 89.-

En esta foto se puede ver uno de los arcos enterrado. Forma parte del bancal de cultivo, pero tiene el aspecto de ser de dimensiones similares a los de los demás arcos de sus cercanías. Conserva su alero de cornisa, pero al parecer ha sido retocado por los dueños del terreno y de las tres filas que debía tener, tan sólo queda un pequeño saliente.

Foto 90.-

En esta foto de detalle se ve que el canal, que discurre por encima, ha sido retocado para conseguir que el bancal sea mayor. El matorral impide ver su altura real.

Foto 91.-

Esta imagen muestra también la extensión superficial de este puente. El matorral impide ver la realidad dimensional del mismo. Pero no cabe duda que, a izquierda, se encuentra otro de sus arcos, pero enterrado. Suponemos que una futura excavación dejará a descubierto la verdadera extensión del mismo. En estos momentos es un terreno el cultivo y por tanto impide ver lo que hay debajo.

SEXTO PUENTE

Foto 92.-

A poca distancia se encuentra el sexto puente, formado por un muro de ciertas dimensiones, con un sólo arco grande, y con sus muros enlucidos con mortero moderno. El motivo de esta construcción sin más conexión con el anterior que el canal, se debe a que hay que salvar una vaguada que desciende de lo alto de esta colina extensionada. En general no se ha tomado como tal puente, pero lo es; y el motivo está muy claro; no se puede dejar que sea arroyada la finca por una avalancha procedente de las alturas, que tiene pronunciada pendiente. Pero hay que decir, con relación a lo que vemos como muro que, al estar enlucido, no podemos ver si hay más arcadas a uno y otro lado, porque lo impide la obra moderna. Aquí tan sólo vemos un arco grande, taponado modernamente, pero que ello no impide la opinión que acabamos de exponer.

Foto 93.-

En esta foto de detalle, ampliada, podemos observar la extensión real que tienen los muros laterales junto al arco principal de este pequeño puente. Como se puede ver, el canal discurre por la parte superior. Si se compara el desnivel entre los tres puentes que acabamos de describir, podemos comprobar que la altura del canal ha ganado mucho para no perder la pendiente que debe guardar por el deslizamiento del caudal de agua que por él discurre. (Sabemos, según Vitruvio, que debe mantener 1/4 de pulgada de desnivel cada cuarenta metros (cien pies dice Vitruvio) y según por donde discurra el canal) Y es notorio ver que en este trayecto no hemos encontrado ningún registro; pero aparecerán de inmediato.

Foto 94.-

A continuación del arco, llamemos principal, podemos observar que su extensión hace pensar en que hay algún arco taponado y enlucido antes de llegar al canal que se introducirá o bordeará un saliente rocoso de la ladera que da a río Seco.

Foto 95.-

En esta foto captamos el canal detrás de las plataneras de la finca, dejando entrever el paso del canal hacia la zona rocosa del saliente de la ladera.

SÉPTIMO PUENTE

Foto 96.-

El séptimo puente está formado por una secuencia de seis arcos. Es lógico que el canal vaya ganando altura para contrarrestar la pendiente que se va creando según se desplaza hacia la ciudad. Aquí no han cegado ningún arco porque la vaguada no es muy notoria. En cuanto a la conservación del canal, podemos observar que aparecen algunos agujeros provocados probablemente por el abandono en que estuvo durante la época árabe. Pensamos, como ya se dijo, que no lo usaron para nada.

Foto 97.-

Vista del puente anterior, desde lejos, para poder observar mejor los riesgos que podía sufrir por la existencia de una vaguada de ciertas proporciones. Ignoramos si en época romana existieron muros de contención del lecho de río Seco. No tenemos datos objetivos a este respecto, pero parece que no se construyeron. Podemos observar también el paso del canal a izquierda y a derecha de la imagen. Aquí no se ven registros. Están más distanciados.

Foto 98.-

Vista desde el interior del terreno de la arcada y canal.

Foto 99.-

Detalle de un arco del séptimo puente para detallar la cornisa de tres filetes de lajas de pizarra, pero ya deteriorados por las filtraciones que sufre la superficie interna del canal. como elemento decorativo del mismo, y la observación de la talla de las lajas de piedra pizarrosa que forman el arco. En este arco, como en muchos otros, observamos que el agua rezuma y crea costras de materiales que quedan adheridos a los muros de la arcada. Lo que se puede entender como falta de mantenimiento desde que quedó abandonado el acueducto.

Foto 100.-

Vista general de la secuencia de los tres puentes más importantes de río Seco: séptimo, octavo y noveno. La numeración que nosotros damos va en función del verdadero número de puentes que existen, no de los que otros estudiosos del tema han valorado. Se puede observar que las normas de inclinación o pendiente, desciende escalonadamente sin perder mucha altura, cosa que sería un problema para el equilibrio hidrostático de todo su recorrido. Sabemos que la inclinación o rampamiento del canal debe estar en 1/4 de pulgada (Vitruvio, VII).

Foto 101.-

Vista general de la secuencia de los tres puentes más importantes de río Seco: séptimo, octavo y noveno, según nuestra denominación considerada más precisa y ajustada a los elementos detectados como tales. Al mismo tiempo mostramos los desmanes que han realizado sobre el lugar donde se encuentran los puentes con la roturación de casi todo el solar donde se encuentran los puentes.

OCTAVO PUENTE

Foto 102.-

Este puente consta de diez arcadas superiores y, en su parte inferior, otra de tres luces, de menores dimensiones. Desempeñan una función de equilibrio en el reparto de peso y, además, facilitan el paso del agua con el fin de evitar la sobrecarga de agua a su paso por el centro. No hay registros en sus extremos.

Foto 103.-

Aquí se puede ver perfectamente la roturación moderna del terreno por parte de los propietarios. Y tenemos que denunciar que los éstos, con descuido o abandono de las autoridades pertinentes, han permitido que se roture el terreno hasta el punto de dejar enterrados los tres arcos pequeños existentes en el centro de la base de este puente.

Foto 104.-

Buen estado de conservación. Su alero de triple filada de lajas de pizarra y el ensanche de la parte superior de las pilas de apoyo de los arcos superiores.

Foto 105.-

Canal que discurre por el puente octavo. Véase la reutilización de los propietarios que se han servido del canal para construir sus albercones de riego sin dudarlo un momento, instalando incluso motores para elevar el agua.

NOVENO PUENTE

FOTO A. RUIZ

Foto 106.-

Esta foto muestra el puente mejor conservado de todo el trayecto del acueducto. Está formado por dos cuerpos de arcadas de menor a mayor. La parte superior tiene once arcos, de los que los extremos tienen una luz menor y hoy se encuentran cegados. El cuerpo inferior, sobre una base más fuerte y resistente, tiene tres arcos con luces menores. Por la parte superior discurre el canal que en el extremo final experimenta una curva porque el terreno se lo exige, para poder bordear la colina por donde va a discurrir el canal del mismo. Bajo el canal superior se encuentra un alero también algo tocado por el tiempo, pero de una sola fila de lajas de piedra pizarrosa. En el cuerpo inferior este elemento tiene las mismas características que el superior.

Foto 107.-

Foto de detalle para hacer una observación. El aparejo, en principio de opus incertum está restaurado. Las piedras han sido retocadas o todo el aparejo retocado por haber sufrido probablemente algún desperfecto. La regularidad con que se va montando el muro está muy bien estudiado. Y este aparejo no está dentro de la posición clásica de los bloques de piedra de los pilares en esta parte del acueducto. Ha sido retocado sin duda.

Foto 108.-

En la misma foto, pero desde otro ángulo, se observa mejor la irregularidad de la colocación de las piedras del aparejo. Na hay armonía en su colocación y aparece muy irregular. Sin embargo, la arcada superior sí muestra la normalidad clásica del aparejo romano.

Foto 109.-

Dentro de la misma foto, los tres arcos inferiores son regulares, aunque se nota algún ligero retoque en sus dovelas. Y su aparejo colateral es más armónico en la ubicación de las lajas. No se olvide que el opus incertum estaba ideado de forma que las piedras usadas no dejaran pasar el agua de lluvia a su interior y de esa forma evitar el deterioro interno y externo en general.

Foto 110.-

Detalle de la misma foto para resaltar cómo está construido el canal abovedado de este tramo. Se notan retoques practicados sobre la cubierta. Hay material que no es romano. Y se ve que el canal empieza a girar a la izquierda por necesidad orogénica: hay que salvar una colina que se encuentra a continuación.

FOTO A. RUIZ

Foto 111.-

Esta foto muestra un daño provocado al canal y al último arco del puente en su parte superior. El canal está roto y por mano del hombre.

Foto 112.-

Mismo canal, pero ya «restaurado». El registro, que se encuentra en el extremo sur del canal, también está restaurado o mejor, hecho nuevo. Se ve como gira el trazado de la conducción a consecuencia de la existencia de una colina próxima que hay que rodear.

Foto 113.-

En esta foto se aprecia muy bien la parte que es totalmente nueva. El alero de triple hilada de lajas, se ve interrumpido o roto por el desperfecto anterior, y el alzado del registro se ve con toda claridad que lo han hecho cuadrangular.

Foto 114.-

En el extremo norte de este mismo canal, debajo, podemos ver el arco inicial cegado por la necesidad de los abancalamientos que se construyeron para mejor aprovechar los espacios cultivables.

Foto 115.-

En el arco del Sur, debajo del canal, no solo lo cegaron, sino que, además, le pusieron un aliviaderos de lluvias o regadíos.

REGISTROS DEL ACUEDUCTO

Sabemos que los registros del canal del acueducto se encuentran encima de los canales que se distribuyen en todo el recorrido, desde las cercanías de Otivar hasta su entrada en Almuñécar. No podemos demostrar aún la existencia de este elemento del acueducto porque no se ha explorado debidamente el lecho de río Verde probablemente hasta por encima de la ciudad de Otívar. Se viene diciendo, supuestamente, que el acueducto se inicia en el llamado Peñón Rodado, debajo de Otívar. No está testado. Lo que sí sabemos porque lo hemos visto y fotografiado es que el canal del acueducto nos lo encontramos sobre el lecho de río Verde. En el centro, a mas de doscientos metros río arriba de Jete. Lo rompieron unas máquinas que trabajaban para hacer muros de contención para evitar el arrastre de las avenidas y lo rompieron. Ocasión que aprovechamos mi colega; Juan de Dios Yáñez, y yo para tomar toda clase de detalles sobre sus características. Era verano y el agua brotaba en cantidad increíble. Así que tenemos la sospecha fundada de que el canal de captación de aguas se encontraba sobre todo el lecho del río y, quizás, hasta por encima de Otívar. El tiempo y la exploración nos lo dirá.

Foto 116.-

Primer registro de control de los canales del acueducto. Tiene forma circular. y el canal, algo deteriorado por los acúmulos de sedimentos y basuras, discurre ya por la vega de Jete, que es donde se encuentra en la actualidad. El canal sigue por el lecho del río buscando siempre la parte más profunda para que el agua superficial se filtre y sea captada lo más posible.

Foto 117.-

Este registro se encuentra detrás de las construcciones que hay junto a la carretera de Jete. Está situado sobre el canal a una distancia cercana al cambio de vertiente del acueducto. Tiene un diseño un poco extraño. Y es como un tapón que cubre el círculo por donde se accede al canal propiamente dicho. Pero se entiende que la entrada está en lo alto del mismo.

Foto 118.-

En esta foto mostramos el registro que se encuentra junto en el punto medio de su paso hacia río Seco. Tenía obra que fue muy retocada o lo derribaron. La flecha indica dónde se encuentra en canal. Ha sido uno de los puntos más retocados de todos los registros. Y eso se verá en las fotos siguientes.

Foto 119.-

Canal: vista desde arriba del punto por donde se discurre el canal. Es el mismo punto anterior, pero muy retocado.

Foto 120.-

Y aquí mostramos el retoque más zafio de todos los que ha sufrido este registro. Es lo último que hemos visto. Está recubierto de obra de cemento completamente. Han dejado un pequeño agujero cubierto por una chapa metálica y fijado con un piedra para que no se mueva.

Foto 121.-

Ya en el lecho de río Seco, cerca del cuarto puente, encontramos el canal completamente enterrado sobre la ladera. Detrás de esa reja está el canal. La reja es obra de los campesinos para evitar que entren extraños. La obra externa es de cemento.

Foto 122.-

Y pasado el quinto puente vemos este registro, con alzado original. Dentro discurre el canal que va algo profundo como consecuencia del desprendimiento de tierras de arrastre.

Foto 123.-

Este registro, bastante bien conservado, se encuentra entre los puente séptimo y octavo. Pero el canal está muy cubierto por el arrastre de los materiales cercanos. De ahí que no se vea nada a sus lados. Pero ha sido retocado en su alzado con argamasa moderna.

Foto 124.-

Vista del mismo registro anterior para hacer notar que el canal está enterrado, cosa que no permite verlo en superficie. Lógicamente está situado por debajo del registro.

Foto 125.

Vista del canal y registro entre los puentes séptimo y octavo. en el centro de la imagen, aunque se ve pequeño.

Foto 126.-

Vista de un registro sesgado o caído. Ha sido restaurado a medias y poco académicamente. Se encuentra entre los puentes 8-9.

Foto 127.-

Vista ampliada del canal anterior, con su registro reconstruido a medias. Sus dimensiones son las mismas que en cualquier otro registro aunque esté muy incompleto.

Foto 128.-

Registro bien conservado. Su emplazamiento está después del noveno puente. Ya se encuentra bastante elevado con relación al lecho del río.

Foto 129.-

Tramo final del décimo puente. Se ve un registro a pocos metros de distancia, como es la norma de Vitruvio.Y el canal se encuentra en muy mal estado en estos momentos. Posteriormente se restauró por parte de los propietarios de la finca.

Foto 130.-

Vista de otro de los registros a la salida del puente noveno. El canal se encuentra restaurado como los demás.

Foto 131.-

Vista de otro de los registros que tenemos localizados.

Foto 132.-

Otro de los mejores conservados, pero que ha sido mostrado antes.

Foto 133.-

Detalle del interior de uno de los registros mejor conservados en el puente noveno. Las medidas son las clásicas: 85 cm de diámetro; 45 cm de grosor del alzado y el canal de 75 cm. de altura y 50 de anchura. Todos ellos tienen estructura circular para facilitar las operaciones de atención y cuidado.

Foto 134.-

Vista y contexto de uno de los últimos de los registros a partir del noveno puente. Apenas se distingue entre la maleza. Está justo en medio de la alambrada que separa dos fincas.

Foto 135.-

Ya pasado el noveno Puente, vemos el registro de la imagen, que es de los últimos conservados, muy cerca del depósito de decantación y arqueta.

Foto 136.-

En las cercanías del lugar llamado La Santa Cruz, podemos ver cómo este registro es «sangrado» para aprovechar las aguas del canal destinadas al regadío..

Foto 137.-

Detalle de la foto anterior par perfilar mejor el registro. Está muy retocado.

Foto 138.-

Desde la parte baja de la finca, observamos como se ha roturado el terreno para el cultivo. Arriba vemos uno de los registros ya cercano a la Santa Cruz.

Foto 139.-

Y en foto retrospectiva del tramo de canal que va desde el noveno puente hasta La Santa Cruz, vemos el estado de conservación de uno de los últimos registros fotografiado por Fernández Casado en el año 1931.

SISTEMA DE SIFÓN

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Foto 140.-

En el inicio del décimo puente, se localizó este trozo de tubería de cerámica, cuya finalidad era tomar agua del canal del acueducto y abastecer las termas situadas a su lado en su trayectoria hacia el depósito terminal. La técnica de fabricación, es la clásica que nos cita Vitruvio.

DÉCIMO PUENTE

Foto 141.-

Desde el muro derecho de esta carretera, y pasando por la casa que vemos en dirección al pueblo, ahí se encontraba enterrado casi del todo el puente décimo del acueducto. Hay una extensión de más de 250 m hasta llegar el barrio de San Sebastián, donde se encuentra el acueducto moderno que abastecía el Ingenio del azúcar. La cota de nivel de esa finca era entonces de 13 m. Pero si incluimos la parte del acueducto que afloraba, estaría en los 14 m o algo más. Lo que quiere decir que el acueducto con sus arcos, canal y cubierta superaría la cota 15 sobre el nivel del mar. Es preciso decir que el camino que se encuentra a derecha, en dirección a río Seco, fue un elemento que tuvo mucha importancia a través de la historia de este edificio arquitectónico. Río Seco sufría desbordamientos en todos los tiempos que lo conocemos. Ello motivó que el acueducto sufriera también las consecuencias de las avalanchas procedentes de ese río. Pero no sólo en nuestro tiempo, que lo hemos visto muchos años, sino también en época romana, cuyo nivel debía de estar muy por debajo de lo que hemos considerado. La cota en época romana podría haber estado en los 9-10 m sobre el nivel del mar. Ello provocó que, cuando se produjeran avalanchas, parte del acueducto sufriera en su estructura las consecuencias de ese golpe. Testimonio de ello es la desestabilización de cuatro arcos que, con las excavaciones modernas, muy mal hechas, se han venido abajo totalmente. Prueba de ello son los muros contrafuertes que los mismos romanos levantaron desde el centro de los arcos afectados y que se conservaban hasta hace poco, pero, como hemos dicho, la pésima excavación del acueducto sobre todo en la zona afectada, los ha hecho desaparecer. Pero conservamos buenas fotos que revelan que los ingenieros romanos fueron más inteligentes que los arqueólogos de hoy, y a los hechos me remito. Poco a poco iremos mostrando con detalle el desastre de excavación que se ha practicado hace pocos años. Las aguas de río Seco, con sus avalanchas, inundaron muchas veces, y pude verlas, gran parte de la vega de río Verde y zonas inferiores de la ciudad.

Foto 142.-

En la secuencia de las primeras fotos vamos a mostrar fundamentalmente, el nivel que tenía el acueducto antes de que se excavara.

En esta primera foto vemos la parte superior de los arcos iniciales y lo que resta del canal superior por donde debía discurrir el agua. Su altura es, en algunas zonas, de casi dos metros. Justo encima del canal se ha montado el muro de la tapia de la carretera, con una extensión de más de doscientos metros. La apertura de la carretera nacional 340 por la zona de la Paloma, cortó la posibilidad de haber conseguido la mayor parte de lo que quedaba del acueducto. Una parte importante de él ha quedado sepultado sin posibilidad de recuperarla. Pero ahí está, guardada para la historia futura.

Foto 143.-

En esta foto se puede ver cómo se deja ver la parte superior de un arco y parte de la estructura del canal. Etapa previa a la excavación.

Foto 144.-

La parte derecha de esta foto nos muestra algo de lo enterrado de los arcos del acueducto.

Foto 145.-

En esta foto se indica y señala el sentido y extensión de lo que se ve salir del suelo de la finca.

Foto 146.-

En esta foto se va notando el desnivel del trazado de la parte superior del acueducto y el muro de la carretera montado sobre lo que queda de canal.

Foto 147.-

Foto de detalle de la parte residual del canal con el muro moderno encima.

Foto 148.-

Delimitación de la zona de la finca que ocupa una parte del acueducto.

Foto 149.-

Esta foto revela la modificación que sufre la parte del canal más castigada por las avalanchas o por los retoques que ha sufrido desde que se abandonó.

Foto 150.-

Esta foto es muy reveladora a la hora de averiguar qué hicieron los romanos cuando los arcos amenazaban con derrumbarse por las avalanchas y la solución que los ingenieros romanos decidieron emprender para mantener de pie los arcos que sostenían el canal, y como consecuencia, evitar el desabastecimiento de agua del conjunto industrial y elementos públicos: levantar muros de contención, que se verán más adelante.

Foto 151.-

A partir de este momento se inicia la excavación del acueducto desde la Carrera de la Concepción, procedimiento muy mal llevado. No es una excavación arqueológica propiamente dicha, sino un desmonte con máquinas retroexcavadoras que producirán un daño irreparable. Es un atropello en toda regla. Una de los mayores tropelías que se han permitido en Almuñécar.

Foto 152.-

En esta foto se confirma a todas luces cómo se observan las huellas de las máquinas desmontando la tierra que cubría en toda su extensión el acueducto. Aquí se ve cómo ha desaparecido parte de un arco que los ingenieros romanos trataron de sujetar para mantener el funcionamiento del acueducto. No era una excavación. Eran máquinas que iban destruyendo.

Foto 153.-

Vista de lo que va apareciendo de las arcadas afectadas. Nada absolutamente se protegió.

Foto 154.-

Esta foto muestra las huellas de las máquinas a su paso para sacar la tierra del desmonte. Y, evidentemente, los arcos que se van cayendo par falta de soporte que los sujete y se puedan restaurar, cosa que no si hizo en absoluto.

Foto 155.-

Detalle de la foto anterior.

Foto 156.-

Aquí se puede ver la técnica que aplicaron los ingenieros romanos: muros de sujeción para evitar que los arcos que sujetan al canal, se vinieran abajo. Y el canal se mantuvo funcionando gracias a esta técnica.

Foto 157.-

Detalle de la foto anterior. No se respetó nada, ni la cimentación de esos muros contrafuertes. Consecuencias: cuatro arcos que estaban apoyados por este sistema, se desplomaron y se perdieron.

Foto 158.-

En esta foto se ve cómo los ingenieros romanos consiguieron sujetar el canal del acueducto.

Foto 159.-

Detalle de otro de los soportes que sujetaban el canal.

Como conclusión a esta observación de los ingenieros romanos, hace falta hacer una observación. ¿Hasta cuando no se dieron cuenta de que esta zona de Sexsi era inundable? Es normal que la construcción de una obra de esta envergadura tardara bastantes años en su puesta en marcha. En aquellas fechas todo parece indicar que la pluviosidad era superior a los tiempos posteriores, como ocurre hace unos cuarenta años. Lógicamente las inundaciones serían más frecuentes. Y si pudieron comprobar que sus instalaciones sufrían seriamente cuando esto ocurría, ¿por qué no pusieron los medios para evitarlo? Tan sólo afectó a la parte más cercana al lugar por donde río Seco se desbordaba (y sigue desbordándose). Orogénicamente la cuenca de este río ha sido superior el altura a la de río Verde. Es una incógnita, o no supieron poner remedio a ese problema. Lo que hemos visto que hicieron los ingenieros no era la solución; más bien era un parche. Pero cuando esto ocurría, si se ponían de obras en esa parte del acueducto, eso llevaba su tiempo y no podría paralizar la llegada del agua porque ello conllevaba un paro en el abastecimiento de agua y, sobre todo, afectaría a la gran factoría de salazones que abarcaba todo lo que hoy es pueblo y sus cercanías.

Foto 160.-

Estado previo a la excavación.

Foto 161.-

Estado previo a la excavación, arcos y canal.

Foto 162.-

Estado previo a la excavación, arcos y canal.

Foto 163.-

Estado previo a la excavación, arcos y canal.

Foto 164.-

Estado previo a la excavación, arcos y canal.

Foto 165.-

Estado previo a la excavación, arcos y canal.

Foto 166.-

Estado previo a la excavación, arcos y canal.

Foto 167.-

Este es el punto donde empieza la finca en que se ha descubierto la mayor parte del acueducto en todo su recorrido. Pero el acueducto continuaba hacia el barrio de San Sebastián, y queda por dilucidar si el del Ingenio está montado sobre el romano, que no se ha explorado aún.

Foto 168.-

En este momento, a derecha de la imagen, según se viene desde San Sebastián, empiezan a aparecer las estructuras de las termas.

Foto 169.-

Foto de detalle de la arcada en sentido contrario.

Foto 170.-

Como queriendo dar respuesta al problema de las inundaciones, hay que decir que los ingenieros romanos recurrieron a otra solución: montar arcos de refuerzo. Y al parecer, algún efecto surtieron, porque esos arcos de refuerzo permitieron que el arco de encima se mantuviera intacto, como deja bien claro esta imagen.

Foto 171.-

En esta imagen vemos en primer plano un arco de refuerzo. Y al fondo de la arcada, tenemos la zona de arcos caídos y los refuerzos de pilares de ladrillos que se usaron en ese sitio para sujetar las estructuras que soportaban el canal. Por lo visto, todo o casi todo el recorrido del acueducto en esta zona, fue víctima de las inundaciones, y no se previó dar la misma solución a aquel plano que a éste. Al fondo, se desplomaron, y en primer plano, quedaron firmes con el sistema de doble arco.

Foto 172.-

Según nos acercamos a San Sebastián, las inundaciones fueron más persistentes o fuertes. Ello lo indican las partes de este puente que han sido más afectadas por las avalanchas de los desbordamientos de río Seco.

Foto 173.-

Serie de los arcos que encuentran en buen estado de parte del puente o acueducto a su entrada a la ciudad.

Foto 174.-

Serie de los arcos que encuentran en buen estado.

Foto 175.-

Serie de los arcos que encuentran en buen estado.

Foto 176.-

Serie de los arcos que encuentran en buen estado.

Foto 177.-

Serie de los arcos que encuentran en buen estado.

Foto 178.-

Punto en el que la arquería empieza a debilitarse y a partirse.

Foto 179.-

Serie de los arcos que encuentran en buen estado.

Foto 180.-

Punto de contacto hacia la parte de san Sebastián.

Foto 181.-

Parte en la que la arquería empieza a ser reforzada con arcos contrafuertes a izquierda de la imagen.

Foto 182.-

El relleno que aparece entre las arcadas dan la impresión de que el acueducto se encuentra abandonado por el tipo de sedimentación que se observa en la base del terreno.

Foto 183.-

En esta foto lo más sorprendente es la desaparición casi total de la superficie por donde debía discurrir el canal y las posibles tuberías.

Foto 184.-

Aquí se aprecia el mismo motivo por el que se puede decir que esta zona ha sido abandonada, y se prueba por los sedimentos que aparecen a su alrededor.

Foto 185.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 186.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 187.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 188.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 189.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 190.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 191.-

Resto de los arcos que quedan bien definidos.

Foto 192.-

En esta zona queda bien claro que las termas se montaron muy cerca del paso del acueducto.

Foto 193.-

Lo más relevante de esta foto es la parte superior por donde iba el canal. Da la impresión de que por él discurrían las tuberías del agua. No tiene la forma clásica y norma del canal del restos de los puentes.

Foto 194.-

En algunos de los arcos aparecen ligeros desperfectos como en esta foto. En la parte superior de lo que queda del canal, se ven señales de como si por ahí hubiera discurrido un conjunto de tuberías de cerámica. y si se observa bien, parece como si los hubieran arrancado.

Foto 195.-

En esta fase de la recuperación del acueducto, ya se inicia la restauración moderna

Foto 196.-

Tramos en fase de restauración. Siete arcos hasta donde se encuentran los cuatro derrumbados.

Foto 197.-

Tramo en fase de limpieza.

Foto 198.-

Zona con los cuatro arcos desaparecidos.

Foto 199.-

Perspectiva de los arcos desde la Carrera de la concepción.

Foto 200.-

Fase de restauración de este tramo de puente donde está el espacio de los cuatro arcos desaparecidos.

Foto 201.-

Restauración del suelo no muy académica y zona de las termas en etapa de restauración. En el tramo restaurado, cornisa con el alero, murete del canal y cubierta han desaparecido. Dan la impresión de que se ha hecho intencionadamente.

Foto 202.-

Cuerpo de arcadas a la entrada del pueblo, ya restaurado.

Foto 203.-

El acueducto y sus elementos anejos. Parte de las termas.

TERMAS JUNTO AL DÉCIMO PUENTE

LA CARRERA DE LA CONCEPCIÓN

Foto 204.-

Vista de conjunto de las termas. Las zonas más visibles son: hypocaustum, pilas, apodyterium.

Foto 205.-

Apodyterium de las termas de la Carrera de la Concepción. Es la sala donde las gente dejaba sus cosas personales para irse al baño o lugar donde se practicaba la lectura.

Foto 206.-

Vista superior del apodyterium de las termas.

Foto 207.-

Cubierta del apodyterium de las termas. A izquierda de la cubierta se ve un agujero que podía ser una entrada para el agua, que probablemente lo haría entubada con elementos de tubería de cerámica.

Foto 208.-

Entrada del apodyterium de las termas. Resulta un poco extraño que el hypocaustum esté situado junto al apodyterium, prácticamente ante la puerta del mismo. Para ello han tenido que fortificar el elementos de aislamiento térmico.

Foto 209.-

Junto al apodyterium podemos ver componentes adyacentes, como una sala de gimnasia. Esta parte de las termas no es muy definida. Distinguimos bien el tepidarium, pero el frigidarium aún no se ha identificado con claridad.

Foto 210.-

Vista de las termas y parte del acueducto que pasa por detrás.

Foto 211.-

Vista parcial de las termas donde apreciamos parte de una piscina con escalones de acceso.

Foto 212.-

Canal de posible eliminación de aguas residuales de las piscinas de las termas.

Foto 213.-

Varios compartimentos de las termas cuya finalidad aún no se define con claridad. Algunos de estos elementos podrían servir como biblioteca o gimnasio. Y lo que se echa en falta es una zona destinada a la piscina de natación que, lógicamente utilizaba agua fría.

Foto 214.-

Vista general del hypocaustum de las termas, aún en primera fase de excavación. Las salas colaterales estaban destinadas a los materiales que se quemaban para calentar la parte superior donde se estacionaba y se ponía en movimiento el agua hacia los piscinas colindantes.

Foto 215.-

Hipocaustum de las termas de la Carrera. Se encuentra en un estado bueno. y las piscinas próximas bastante aceptables después del deterioro del tiempo.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 215 bis.

Aspecto más detallado de la composición del hipocaustum de las termas de la Carrera. Los pilares de ladrillo refractario están muy alterados y parte del interior está caído.

Foto 216.-

Una de las piscinas mejor conservadas de las termas. Sus paredes están recubiertas de opus signinum. Muy buen estado de conservación.

Foto 217.-

Otra de las piscinas de características similares. Tiene un canalito de eliminación de aguas. El opus signinum está bastante desgastado.

Foto 218.-

Piscina bien conservada. Escalón lateral y revestimiento de opus signinum.

Foto 219.-

Piscina semicircular con escalones de acceso. Su conservación es buena. Es otra vista de la que vemos en el número 200, pero ya restaurada.

Foto 220.-

Las termas en el entorno del acueducto. Justo detrás del cuerpo central de las termas faltan los cuatro arcos caídos. Como puede verse, los componentes de estas termas están incompletos. Con el tiempo y el abandono han desaparecido sectores del mismo.

TERMAS DEL CASTILLO DE SAN MIGUEL

Figura 13.- Plano general de las estructuras que pudieron existir en ese espacio, según los restos que se han encontrado después de salvar parte de las roturas que se han producido a través de los diferentes usos que este reducto ha vivido desde que fue ocupado por los romanos.

Figura 14.-

Plano militar del Castillo de San Miguel que, a partir de 1851 se convertirá en cementerio civil, sobre todo a consecuencia de una epidemia muy grave que se produjo en estas fechas.

Foto 221.-

Cuando se desmontó tal cementerio, se practicó un estudio sobre los elementos antiguos conservados bajo las construcciones árabes, militares y posterior cementerio. Y entonces se dejan ver una serie de estructuras antiguas mezcladas por la evolución de los tiempos. Y los primeros que dejan ver su presencia, de forma clara y evidente, son los romanos que, posteriormente serán muy alterados por el mundo árabe. En esta foto podemos observar materiales romanos reutilizados por los árabes, de forma que los elementos más profundos darán testimonio de estas mezclas culturales. En esta foto podemos ver la antesala de lo que fueron unas termas romanas y que los árabes las van a reutilizar durante mucho tiempo. En este punto, en concreto, tenemos el inicio del hypocaustum con todas las estructuras propias de tal elemento.

Foto 222.-

En esta foto mostramos una superficie del área que abarca el hypocaustum de las termas.

Foto 223.-

Poco a poco se van vislumbrando los componentes de los distintos elementos que la integran.

Foto 224.-

Cuando aparecieron estos restos de construcciones, tuvo lugar el hallazgo del hypocaustum propiamente dicho. Sabemos que la gran mayoría de este tipo de elemento de uso privado y público, se inició sobre el siglo I a. de C. Y precisamente esta localidad detectó termas en tres lugares diferente: Carrera de la concepción, playa de Cotobro y el Castillo de San Miguel en este caso.

Foto 225.-

Esta foto nos muestra los compartimentos anejos y componentes de toda la estructura de las termas. El material usado, como se puede observar, es el ladrillo refractario, formando el cuerpo principal de esta construcción. En los flancos laterales de observan muros de hormigón prensado y muy resistente a las altas temperaturas. Se ven también los canales de ventilación para que el aire circule y reparta proporcionalmente el calor del Hypocaustum.

Foto 226.-

En esta foto observamos la parte interna del hypocaustum, con distintos componentes fabricados de ladrillo y, en muro de la derecha, un agujero probablemente entubado de cerámica, porque el plomo no resistiría las altas temperaturas que aquí se producen. Esta parte podría ser el punto de alimentación por donde se introducían los productos destinados a caldear todo el horno de calor. O sea, o ventilación, o introducción del agua a los depósitos donde se calentaba separadamente el agua que iba a dirigirse a las piscinas.

Foto 227.-

Detalle de la foto anterior donde se aprecia la entrada mediante un agujero, del agua para esto indicada. A la izquierda, la entrada de alimentación de material combustible. A su vez, el muro de caementum está protegido por otro exterior adosado para cercar de seguridad el conjunto del Hypocaustum,

Foto 228.-

En esta imagen se ven con más detalles, las entradas de alimentación, y salidas de materiales usados. A su vez se perfila muy bien la composición de los muros de adobe con argamasa de cal y arena.

Foto 229.-

Esta imagen, que no ha sido publicada, muestra parte de un probable depósito o pila. Tiene forma semicircular y está revestida de opus signinum, claramente romano. Hoy no se muestra en las publicaciones. Se manipula la información.

Foto 230.-

Vista más precisa de la forma de ese depósito o pila, donde se ve el enlucido de sus paredes: opus signinum.

Foto 231.-

Y debajo de todo eso aparece con toda claridad la superposición de capas de opus signinum de un depósito o pila. Es evidente que lo han retocado con el tiempo. Eso no es una técnica árabe sino certeramente romana.

Foto 232.-

En las siguientes fotos se van mostrar los pilares del Hypocautum de ladrillo y terminado en falsa bóveda.

Foto 233.-

Pilares acabados en falsa bóveda, éste y los siguientes que se van a mostrar.

Foto 234.-

Continuidad de la foto anterior, donde, además de observa el muros de fondo que encuadra esta unidad de las termas.

Foto 235.-

Pilares terminados en falsa bóveda.

Foto 236.-

Dentro de lo menos malo, al menos podemos ver la técnica empleada en el levantamiento del hypocaustum. Los pilares del fondo son los mejores conservados y, sobre todo, el muro de hormigón que rodea toda la estructura de esta parte de las termas.

Foto 237.-

Vista general del desmonte del antiguo cementerio, donde destaca principalmente el espacio destinado a las termas. Se llevó a cabo este desmonte igual que el acueducto de la Carrera de la Concepción: con retroexcavadoras. En la parte derecha de la imagen se encontraban bloques desgajados por la máquina y que formaban parte de las estructura de las piscinas. Ahí se perdió gran parte de la originalidad de esta obra romana.

Foto 238.-

Mostramos las pilas de baño de las termas. Todas son rectangulares y están recubiertas con material impermeabilizante. Si había opus signinum, ha sido sustituido por otro tipo de color blanquecino, similar al estuco del depósito de agua de la calle Morería Baja, o bien han sufrido in deterioro irreparable en su tiempo.

Foto 239.-

Compartimentos laterales a las pilas centrales rectangulares. Se encontraron muy deformadas por la función diferente que han podido desempeñar.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 240.-

Esta imagen nos muestra el típico sistema que usaban los romanos. Pilas pequeñas anejas a otras grandes. El motivo es cambiar de temperatura del agua. De ahí el frigidariun y tepidariun. Todo cuanto estamos viendo demuestra que la cantidad de agua que se necesitaba para alimentar esta estructura tenía que ser considerable. Pensamos que el agua llegó hasta este lugar por medio de canalización que se efectuaba a través de una canalización construida por encima de la muralla de Levante y que se se dirigía por ella hasta llegar a este lugar conectando con el la zona del Castillo. No disponemos de indicios para mostrarlo, pero es una hipótesis avalable.

Foto 241.-

Detalle de la foto anterior para mostrar las pequeñas pilas de baño en el tipo que usaban los romanos.

Foto 242.-

En esta foto podemos identificar el color del material que se usaba para impermeabilizar las piscinas. Era el opus signinum y la altura de sus muros eran los normales dentro de la tipología que usaban los romanos. Así que se puede decir que lo que vemos es genuinamente romano. Nada de árabe.

Foto 243.-

Vista lateral de las termas, donde se aprecia la destrucción de algunas de las piscinas por la máquina de desmonte. Los materiales son claramente romanos: opus incertum.

Foto 244.-

Detallae de la foto anterior con el fin de mostrar los restos de las pilas auténticas romanas. Se observa con toda claridad el opus signinum en el revestimiento de esta piscina rota.

PLAZA DE LA CONSTITUCIÓN. Conducciones de agua.

PLANO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Figura 15.-

Plano del depósito terminal en la Iglesia y las canalizaciones que parten desde ella hacia los laterales del pueblo y zona del Castillo de San Miguel.

CANAL SUBTERRÁNEO DESDE LA PLAZA DEL AYUNTAMIENTO HASTA LA CRUZ DE LOS LEONES (Puerta de Granada)

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 245.-

Entrada al canal que conduce, bajo tierra, hasta la Puerta de Granada. Esta entrada se encuentra en la casa de la familia Müller, en la plaza de la Constitución.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 246.-

En esta imagen, una vez bajado, se observan de frente el aparejo de ladrillo romano testificado en varios lugares de este mismo sitio. Se gira a derecha y nos encontramos con el canal abovedado. Se nota muy bien la impronta que dejan las cimbras para poder levantar la cubierta abovedada.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 247.-

Si observamos con precisión el aparejo de esta galería (75 cm de altura por 50-60 de ancho) podemos notar con exactitud que ha sido retocado en al alzado en varios puntos de su trazado. Este tipo de ladrillo es muy común en las estructuras romanas que van apareciendo en cualquier punto donde han sido encontradas y detectadas estructuras romanas.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 248.-

La cubierta del canal o galería, muestra indicios de la impronta que dejan las cimbras en este tipo de construcciones.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 249.-

Y en esta imagen queremos mostrar con claridad el uso de la tubería de cerámica como elemento de conducción de agua. Las tuberías están reforzadas con la colocación del ladrillo que venimos viendo en toda esta estructura. Se usa como reforzamiento para que la presión del agua no dañe la conducción. Pensamos que todo este canal formaba parte de una gran red de distribución de agua, bien para las estructura situadas al mismo nivel, bien para que remontaran hasta llegar a la parte superior del conjunto del Castillo.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 250.-

A partir del punto donde se encuentran las tuberías de cerámica, nos encontramos con la conducción final en sentido norte. Ello implica que el canal se dirigía hacia la zona de la Iglesia y posterior llegada para contactar probablemente con la conducción del acueducto en Carrera de la Concepción. Por desgracia nos tropezamos en nuestro avance con el alcantarillado moderno del pueblo y las canalizaciones nuevas habían roto la galería que estábamos estudiando. Ahí se interrumpió nuestro trabajo de investigación de campo en este lugar.

Creemos que este canal se construyó para la conducción de agua desde el depósito terminal de la Iglesia hacia distintos sitios de la zona industrial. Y por lo visto, se usaron tuberías de cerámica como elementos de transporte del agua para la gran mayoría de las instalaciones industriales. Fragmentos de tubería aparecieron en la huerta de la misma familia Müller, en avenida de Andalucía. No pudimos inspeccionar un espacio del viejo ayuntamiento, en el que se encontraba una conducción subterránea que se dirigía hacia la citada huerta, que hoy es un parque de plantaciones exóticas. El canal, que terminaba en ese punto, se encuentra taponado. Pero, afortunadamente pudimos tomar gran cantidad de fotos que nos ha permitido saber dónde aparecía la canalización del agua.

HUERTA DE LA FAMILIA MÜLLER

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 251.-

Este punto nos marca la zona donde se encuentra el canal taponado y que sólo es posible ver en fotos tomadas a tiempo antes de que lo taparan. En el centro de la imagen se observa, sobre el muro, un rectángulo vertical y un agujero en la parte inferior del mismo. Ese era el punto de salida que, anteriormente había sido taponado.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 252.-

Aquí se puede ver detalladamente el agujero hecho por los albañiles durante la obra de adaptación del terreno para lo que se pretendía. Por lo visto se encontraba totalmente cerrado y quedaría, tal vez, alguna rendija que permitiera a los operarios tocarlo y descubrirlo.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Doto 253.-

Aquí lo mostramos en foto a color para notar con más precisión la zona indicada. Se ve el agujero, pero pequeño, y da la impresión de que existía ya hace tiempo, porque se ve un cuadrado en forma de ventanuco en la base de este trozo de pared. Los albañiles lo destaparían después, situación que aprovecharíamos para tomar medidas y fotos más precisas.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 254.-

Una vez destapado completamente el agujero, apareció esta imagen que presentamos: el canal entrando o desembocando en la finca. Sus paredes están recubiertas de material impermeabilizante, sin precisar si se trata de opus signinum o simplemente un estucado refinado de cal grasa y arena. No lo sabemos porque no se ha analizado.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 255.-

Al final de esta conducción, podemos ver un canal que discurre en forma de T, probablemente desde el citado lugar del viejo ayuntamiento hasta este lugar y en su trayectoria hacia la calle Real, haría un desvío en ángulo recto hacia la huerta, mientras que su recorrido final sería continuar hasta el espacio antes citado. El canal de la calle Real puede tener relación con el que aquí vemos.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 256.-

Sobre el propio terreno de la huerta apareció un fragmento de tubería de cerámica que aquí mostramos. Según se observa, la tubería no era simple, sino que estaba reforzada, lo que nos hace pensar que era un elemento para conducir agua con cierta presión. Su diámetro medía unos quince centímetro de diámetro.

CANAL SOBRE LA MURALLA DE LEVANTE

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 257.-

En Cuesta del Carmen, al llegar a lo más alto, a mano izquierda había un pequeño patio vecinal a cuyo fondo podíamos ver esta imagen. Hoy día está todo construido y tapiado. No se puede ver. Pues justo en el fondo podemos ver el inicio de la muralla conservada, que da al talud de la vertiente de Levante. Tiene señales de haber sido rota par cortar la conducción de agua que por este lugar circulaba.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 258.-

Detalle de la foto anterior para ver cómo ha sido taponado el canal, o roto, porque posiblemente procedía de la zona de Cueva de Siete Palacios. Pero se observa bien el revestimiento interno de la paredes del canal. El típico opus signinum está ahí. Pero la pregunta que nace de este punto es: ¿de dónde procede este canal? quiero pensar que venía de la parte de Eras del Castillo porque, de lo contrario, era poco probable que viniera de una zona inferior. Tendría que superar un fuerte desnivel; y este canal no se usaba para llevar tuberías de cerámica, sino directamente el agua; por eso usan el opus signinum.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 259.-

Detalle más preciso del uso del opus signinum y taponamiento del canal modernamente. El aparejo es de opus incertum.

FOTO DE AMPARO CERVILLA RIVAS

Foto 259 bis

Vista de la parte externa de la muralla romana de Levante. Aquí se ve con mayor precisión el canal que discurre por encima de ella. Y es un canal cubierto con bóveda de medio punto. Dicho canal continúa a través de los restantes lienzos de muralla hasta empalmar con otras conducciones que llegaban hasta el Castillo de San Miguel. A la vista del aspecto que presenta el canal en este punto, llegamos a pensar que el canal salía en ángulo recto hasta algún elementos de la cuesta del Carmen para dirigirse probablemente a uno de los puntos de la calle Cueva de Siete Palacios. Pero estar por probar. Es una hipótesis a tener en cuenta.

Figura 16.-

En este plano militar observamos la muralla de Levante donde señalamos el punto en el que hemos detectado la presencia del canal anteriormente visto para conducir el agua hasta el propio Castillo. Los desniveles son fuertes dada la orografía que presente la ciudad en todo su entorno.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 260.-

Desde otro ángulo vemos cómo gira la muralla buscando su continuidad hacia la zona de Eras del Castillo, probable origen, como hemos dicho, de este canal.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 261.-

Siguiente tramo de la muralla de Levante, que se encuentra ya algo deteriorada por las construcciones modernas. Es muy probable que esta zona sufriera daños por los bombardeos en la guerra napoleónica.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 262.-

Este tramo, continuidad del anterior, sigue siendo muralla, y da la impresión de que el canal continúa por su cima. Señal clara porque las casas están retranqueadas ante la presencia de la muralla, y por la forma que conserva, el canal continúa su trayectoria hacia el Castillo de San Miguel.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 263.-

En esta esquina de la muralla, puede observarse el grosor de la muralla, superando probablemente el metro, y con un aparejo que no deja lugar a dudas en la composición del mismo: clásico romano.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 264.-

Continuidad de la misma muralla; pero en este tramo ha sufrido daños serios que la gente ha ido reparando para asegurar la estabilidad de sus viviendas. La muralla sigue zigzagueando según la estructura del terreno. Incluso se puede ver que han construido muros de contención en algunos tramos, por debajo del nivel de la línea de la muralla, e incluso han creado bancales para poder hacer plantaciones de chumberas, como se puede observar.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 265.

Al lado de la maraña vegetal, podemos ver cómo continúa la muralla, muy deteriorada, a los pies de los muros de las casas modernas.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 266.-

A izquierda de la imagen vemos el abancalamiento del terreno para el cultivo de las chumberas. Justo por encima se ven los restos de lo que queda de la muralla en dirección al Castillo de San Miguel.

Figura 17.-

Repetimos esta imagen para conectar con otras que conducen, a través del puente romano, hasta el Penón del Santo.

Figura 18.-

La forma de poder llevar agua hasta el depósito del Peñón antedicho, era a través del puente romano. Y como se ha dicho en otra ocasión, aquí se excavó una serie de piletas de salazón en el pasado. El depósito que aquí se encuentra y se puede ver, tenía que ser rellenado con agua dulce, y el camino no era otro que la canalización a través del citado puente. El plano militar es bien evidente aunque sólo dispongamos de la planta y no del alzado, que hubiera facilitado muchas la solución de las cuestiones pendientes sobre su estructura y utilidad.

Figura 19.-

En esta imagen vemos el puente en alzado. Para poder reconstruirlo hemos tenido que tomar como referencia las luces de los arcos que lo formaban. Y estos puntos de apoyo se encuentran en la subida por el camino de acceso a lo alto del Peñón. La base del puente era bastante notoria, y no se podía practicar el paso de una playa a la otra por la altura y escarpado de sus muros arruinados por la artillería inglesa en la lucha contra Napoleón. Medía. y aún lo mide, seis metros de ancho en su base.

CANALES DE AGUAS RESIDUALES DEL MAJUELO

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 267.-

Esta imagen nos muestra la escalinata de acceso a las partes superiores del estacionamiento de piletas de salazones y a la Puerta del Alcazaba que se encuentra bastante cerca. De ahí se subía por un graderío hasta la zona superior donde existen piletas de salazones. Por el centro baja un canal cubierto que, probablemente, recogía las aguas residuales de la parte superior de la industria. Y justo a su lado, baja igualmente un canal pequeño. probablemente entubado para abastecer de agua dulce las zonas de la piletas de salazones del Majuelo.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 268.-

Vista frontal para determinar los dos sistemas de canalización: uno de desagüe y otro de alimentación de la factoría.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 269.-

Aspecto detallado de los dos elementos de conducción de agua. Aquí se nota, de forma palmaria, las modificaciones que ha sufrido el Majuelo.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 270.-

La zona marcada con flecha nos indica que ese espacio ha sido, en otro momento, un depósito de almacenamiento de agua. La cantidad que se precisaba para el mantenimiento era mayor de lo que estas imágenes nos revelan; y lógicamente deben existir otros canales porque la extensión de esta zona industrial era muy superior a lo que hoy se nos muestra. Y téngase presente que este espacio contenía una zona portuaria, que también precisaba agua para sus operaciones. En conclusión, lo que aquí vemos como elementos industriales no es ni la décima parte de su total.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZFoto

Foto 271.-

Vista de detalle del canal de desagüe que bajaba de la parte superior del Majuelo y zonas anejas de las mismas características. Si se han detectado y excavado piletas de salazón en Morería Baja, los residuos tenían que ser evacuados por algún canal, como el que vemos en imagen, y que era absolutamente necesario.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 272.-

En esta imagen vemos, a izquierda, el canal de desagüe cubierto con lajas de piedra pizarrosa colocadas de forma desmontable, para que con facilidad se pudieran limpiar los canales con sólo moverlas. Procede del centro de eliminación de esta parte de la factoría.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 273.-

Por el centro de esta calle vemos el canal en dirección a la zona de río Seco. Es uno de los canales. El resto está enterrado. Pero dado el nivel del mar en estas fechas, pensamos que las aguas residuales iban directamente al mar, o a la costa del mar, puesto que en esta zona había puntos de amarres para las embarcaciones y el mar llegaría a bastantes puntos de la factoría, sin duda.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 274.-

Otra vista del canal desde otro ángulo, pero recogiendo residuos de otra parte de la factoría en sus partes laterales mediante calles entre zonas.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 275.-

A la derecha de la imagen vemos cómo el canal puede recoger aguas residuales de las zonas próximas de la factoría. El canal aparece unas veces cubierto y otras desnudo de lajas de cubierta. Consecuencias del paso del tiempo y del abandono.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 276.-

Y aquí, otro canal cubierto pero con bóveda de medo cañón, hecho que sólo hemos visto a la bajada de la zona superior en las fotos anteriores. También se encuentra enterrado en la zona que el Ayuntamiento ha dejado para jardines. Se hizo una exploración: con lo que se pudo comprobar que eran aguas residuales que iban a la zona de río Seco o más bien a la mar. Lo cierto es que iban a desaguar al mar. Y el mar tenía que estar muy cerca si observamos el lugar donde aparecieron datos claros de la situación del elemento de amarre respecto al agua, donde los barcos podían atracar, como se verá.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 277.-

Este pozo se encuentra casi en la zona central del sector del Majuelo. Es un tanto extraño que se encuentre un elemento así para atender las necesidades de la factoría. Es posible que el agua que se extrajera de este punto fuera salada o salobre. Pero también es probable que fuera dulce si tenemos en cuenta que el citado pozo se ha venido usando para regadío en tiempos posteriores, como los actuales. Se recuerda que lo sobrealzaron para poder manipular los medios de extracción modernamente.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 278.-

Y en esta foto tenemos la prueba inequívoca de que el agua del mar llegaba hasta casi toda la factoría. Aquí tenemos puntos de amarre para los barcos del tipo que fueran, y más aún los mercantes, Uno de los puntos está en perfecto estado de conservación, y en la esquina se observan restos de otro, aunque muy desgastado o roto.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 279.-

Y en esta foto se determina la distancia a la que se encuentra este punto de amarre que situado en la cuadrícula donde se halla el árbol, a izquierda del mismo, y esto nos hace pensar que el agua de los canales de aguas residuales desembocaban en el mar y que toda la zona de la Avda. de Europa formaba parte del estero marino de San Cristóbal.

CANALES EN CALLES DEL CASCO URBANO

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 280.-

En las páginas anteriores hemos hablado de la existencia de depósitos en otros lugares de la ciudad, como la parte superior de la Cueva de Siete Palacios. En efecto: según se sale de ese lugar hacia el Norte, a mano izquierda, encima de una antigua bóveda romana rota, podemos ver un canal de desagüe de unos 30 x 40 cm. Y a sus lados se dejan ver los restos de un enlucido a base de opus signinum que nos hacen pensar en un depósito o similar, fenómeno que se extiende a izquierda dando lugar a una zona embalsada, porque todo ese espació está, en todo su suelo y algo de paredes, revestido de opus signinum, y es muy posible que también pudiera ser un área de piletas de salazones porque a un nivel más bajo, como la calle Carmen Baja ha registrado cierta cantidad de piletas que pueden considerarse de importante entidad, y no ser las únicas, porque esta experiencia tan solo se practicó en una sola vivienda de nueva planta. Y por ello, todas las casas que se encuentran al mismo nivel probablemente contendrán también este elemento industrial.

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FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 280 bis.-

Detalle de la foto anterior en donde observamos la existencia de opus signinum perteneciente a probable depósito de agua en la zona adjunta (derribada o caída) al complejo de la Cueva de Siete Palacios.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 281.-

En esta imagen presentamos un canal que parte desde el fondo de Levante de la Cueva de Siete Palacios hasta casi llegar a la zona superior de Eras del Castillo. Este canal debió ser usado como elemento de conducción de tuberías de cerámica. Agua no podía llevar porque sus paredes son de opus incertum y no contienen nada de opus signinum, material imprescindible para la conducción del agua. Tiene mucho desnivel entre el punto final y la Cueva. Pero no excluimos que fuera una simple galería de comunicación entre dos niveles de estructuras industriales. Podía ser un punto de entrada, cosa que poca gente ha pensado. Su altura es superior a lo que esta imagen ofrece.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 282.-

Al final de la calle Nueva, nos encontramos este canal que une dos niveles de cotas diferentes: la calle Morería Alta y el fondo de Morería Baja. Sus paredes están tan encaladas que no dejar ver un posible uso de opus signinum. Es evidente que sus muretes están construidos con opus incertum. Pero la cubierta es de rasillas modernas recubiertas con argamasa moderna, no romana.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 283.-

Esta estrecha calle (que no lo es), es un área de desahogo de agua residuales entre Morería Baja y Calle Nueva. Pensamos que ha sido muy modificada con el paso del tiempo, pero en realidad es un conducto descubierto de evacuación de aguas de lluvia y residuales que ahora se ve a nivel de calle.

TERMAS DE COTOBRO

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 284.-

Playa de Cotobro -Almuñécar-. Aquí se indican dos punto muy importantes. A izquierda de la imagen, marcamos, sobre el talud de la colina, los elementos constructivos que han sido destruidos con las nuevas edificaciones. A derecha de la imagen, indicamos con una flecha el lugar donde se encuentra el pozo romano y que después, con la excavación, aparecerán unas nuevas termas romanas.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 285.-

La zona de Cotobro ha sido un lugar también visitado y usado por el elemento romano. El hecho de que aparezcan termas en este lugar presupone habitáculos como residencia permanente. Sin duda que aquí han existido villas rústicas, sin duda, como se verá. Pero el elemento indispensable para construir una termas es el agua, y lo más complicado aún es el sitio donde han aparecido: casi junto al mar. El agua salada no se utiliza para estos fines. Debe ser dulce. Por lo visto el hecho de encontrarse al final de un barranco nos hace suponer que son venas profundas, que impiden la presión marina, de agua procedentes de las alturas y que, lógicamente antes, desembocarían en el mar. Los romanos construyeron un pozo y probablemente sacaban el agua con elevadores similares a una noria. En nuestra época los agricultores pusieron un motor cuyos restos aún perduran en su paredes, cosa que, a continuación, explicaremos.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERÁNDEZ

Foto 286.-

Vista del pozo romano. Tiene un perfil escalonado antes de llegar al receptáculo profundo. Forma cilíndrica con bóveda acabada en un tragaluz, por donde se permitía montar una polea para elevar el agua destinada al abastecimiento de las termas. Lo profundo del pozo, circular, está construido de opus incertum permeable para poder recoger el agua que le llega a través de la vetas de aguas antes citadas. La parte superior está recubierta de estuco blanquecino y algunas zonas con opus signinum.

Foto 287.-

Parte superior o cubierta el pozo, donde apreciamos la construcción con ladrillo típico romano. El tragaluz para la posible polea de elevación de agua. La bóveda está recubierta de estuco impermeabilizante. Al parecer, este tragaluz tenía forma cuadrada, según la posición de los ladrillos, y posteriormente ha sido retocada modernamente. De lo contrario no se explica el uso de la madera usada en la cubierta.

Espacio con pila o depósito
FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 288.-

Nave lateral de escasas proporciones y sin finalidad precisa. Está construida con la técnica de opus incertum. El revestimiento de que observa es moderno. Pero en aquellos momentos no se excavó.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 289.-

Entrada al pozo con muros laterales de opus testaceum. Al parecer originariamente esta entrada pudo ser arqueada y retocada por los propios romanos.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 290.-

Vista de conjunto de la parte frontal del pozo, ya retocado por la restauración del yacimiento. La pequeña galería ha resultado ser algo parecido a una bañera que tendrá sentido si se entiende que este yacimiento es una edificación de termas o punto de calor para calentar una villa romana en la costa, definición que parece ser más plausible. La cubierta de la pequeña galería es arqueada de medio punto.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 291.-

A izquierda de la imagen podemos empezar a ver parte de lo que es el hypocaustum de las termas o villa.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 292.-

Zona donde empiezan a aparecer los elementos de las termas, compartimento algo derruido.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 293.-

Muro de delimitación del conjunto de las termas. El material usado es opus incertum. Es notorio el grosor de los muros.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 294.-

Zona del pozo y del hypocaustum. A su derecha observamos una especie de bañera-pila de vivienda recubierta de opus signinum y que formará parte del conjunto general de las termas.

FOTO DE ANTONIO RUZ FERNÁNDEZ

Foto 295.-

Zona perteneciente al hypocaustum.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 296.-

Cuadrículas del hypocaustum, donde se aprecia también la entrada a pozo romano.

Foto 297.-

En los años 70, antes de que construyeran los restante edificios de esta playa, pudimos contemplar en el corte del talud de esta colina los indicios de zonas arqueadas y cierta cantidad de materiales romanos sobre el suelo e incrustados aún sobre el corte del talud. Hoy día ha desaparecido.

Foto 298.-

En esta parte del corte sobre el talud se puede ver cómo aparece una zona arqueada, con materiales removidos y otros materiales de construcción incrustados aún en el mismo. Estos restos aparecieron a unos cien metros de las termas. Todo parece estar enterrado por el derrumbe de la colina al paso del tiempo.

Figura 20.-

Figura 21.-

Figura 22.-

Figura 23.-

En este plano de la excavación se perfila muy bien el lugar donde se encuentra el hypocaustum y las zonas casi desaparecidas. Este pozo fue descubiero y publicado por Antonio Ruiz Fernández en agosto de 1985 en la prensa con todo detalle para la prensa. Posteriormente fue publicado en Motril. Publicación que se hizo en El Faro.

DEPÓSITOS DISPERSOS EN LA CIUDAD Y CERCANÍAS

Foto 299.-

Indicación de los lugares mejor identificados en el área general de la ciudad moderna.

PLANO DE A. RUIZ FERNÁNDEZ

Figura 24.-

PLANO DE LA ZONA DE LA IGLESIA Y CERCANÍAS. Probable lugar donde podemos indicar lo que hasta ahora hemos podido localizar y documentar.

DEPÓSITOS EN DISTINTOS LUGARES DEL CONJUNTO INDUSTRIAL

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 300.-

Aljibe del Castillo de San Miguel. Se ha excavado y se ha podido calificar como elemento de construcción árabe, tipo aljibe. A nivel del suelo se aprecia un agujero que se utilizaría para recogida de aguas de lluvia.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 301.-

Vertiente de Poniente del Castillo de san Miguel. En principio esta vertiente, en época romana, estuvo amurallada con un sistema escalonado de muros que llegaban desde el Majuelo hasta la cima. Hemos remarcado la parte donde se encuentra una pileta de salazones o pequeño depósito de agua y otros más importantes. El contexto no nos permite definirlos. Pero hay otro que está perfectamente claro, como se verá.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 302.-

Probable pileta de salazones. No se ha podido contextualizar su entorno porque se encuentra enterrado o en el interior del Castillo, cosa más probable. Su revestimiento está muy deteriorado y no se puede definir con claridad.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 303.-

Depósito romano de agua. Se encuentra a un nivel similar al anterior. Está relleno de material de derribo probablemente procedente del Castillo. En sus muros se observa el opus signinum revistiendo sus paredes.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 304.-

Vista del mismo depósito para detallar lo que existe en su interior. Es probable que formara parte del abastecimiento del Majuelo u otras zonas muy cercanas.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 305.-

Peñón del Santo. Foto antigua. Indicación del depósito de agua romano que se encuentra por debajo del nivel de la cima.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 306.-

Interior del depósito de agua del Peñón del Santo. Sus paredes están revestidas de estuco pero muy desgastado. Es uno de los mayores depósitos hallados en todo el conjunto.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 307.-

Depósito del Santo. Etapa en la que fue usado como bar. El muro de fondo ha recuperado un color más propio del revestimiento de opus signinum. Este depósito se usaría como punto de alimentación de las piletas de salazones que fueron excavadas en 1945 y publicadas por el autor en la Universidad de La Rioja, Sección de Economía («Las salazones y salsas de Almuñécar». Anales de Economía, vol VI, nº 24). Con ello pretendo que quede de una vez claro que en esta zona los romanos construyeron piletas de salazones.

FOTO DE ANTONIO rUIZ FERNÑANDEZ

Foto 308.-

Villa rústica romana cerca de Venta Luciano. Torrecuevas. Este depósito forma parte del sistema de abastecimiento de agua de esta villa. Se conserva en sus restos el opus signinum original.

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PLANO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Figura 25.-

Plano teórico de lo que pudo ser el depósito terminal del acueducto romano. Se ha levantado teniendo en cuenta las descripciones que los árabes hicieron de él hasta el siglo XIV. Y como testimonio de ello mostramos los materiales que forman la actual base de la Iglesia Parroquial y sus alrededores.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 309.-

Restos de los muros de un depósito adjunto a las estructuras del depósito terminal de la Iglesia. Se puede ver el aparejo antiguo cuando se descarna la pared moderna.

FOTO DE ANTONIO RUIZ FRNÁNDEZ

Foto 310.-

Indicación del muro que abarcaba esta zona como depósito auxiliar del acueducto. Cuando se desmorona el revestimiento moderno del muro, aparece el material romano.

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FOTO E ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 311.-

Aquí iniciamos la descripción de los cimientos que hoy se ven a los pies de los muros de la Iglesia Parroquial. Comenzaremos viendo el material base donde se van a apoyar los sillares de los que hablan los árabes cuando describen esta edificación. La base esta formada de opus caementicium sobre el que se colocarían las series de sillares de piedra caliza toba. Este tipo de piedra no es originaria de esta comarca, sino que la traerían los romanos de la zona cercana como Nerja, lugar de ascendencia volcánica en la que encaja perfectamente este material. La base de la edificación debió ser rectangular. En la parte exterior de esta edificación se ve muy bien el tipo de material, pero en el interior de la Iglesia es muy difícil distinguirlo, salvo que permitieran descarnarlo; cosa realmente descartable. Sin embargo, en el anterior suelo, cuando se repuso la solería, pude ver cómo se montaba el nuevo muro de la Iglesia sobre el muro romana que estaba justo debajo y sobresalía casi medio metro. Al día siguiente volví al lugar y pude comprobar que el muro romano había sido totalmente cubierto con hormigón moderno. Me quedé sin la foto que lo demostrara. Así que tan sólo contamos con el exterior para poder hablar del alzado tanto de la Iglesia como de la edificación romana que aquí existió. Es de sentido común, y de eso tenían mucho los ingenieros romanos, como lo han demostrado en toda la zona industrial.

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FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 312.-

A derecha de la imagen vemos ya la construcción del opus caementicium. Se nota que este aparejo ha sido retocado por los modernos en interés propio y han modificado la estructura base donde se apoya la Iglesia en la parte de Poniente.

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FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 313.-

Es precisamente en este callejón donde más se nota la alteración de los cimientos de la Iglesia, lógicamente por intereses de los vecinos que modificaron su estructura para facilitar el paso o sus solares.

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FOTO DE ANTONIO RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 314.-

Detalle de la foto anterior donde se aprecia las roturas de materiales base para facilitar el paso, u otros fines.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 315.-

La parte el atrio de la Iglesia entraba dentro del ámbito del depósito terminal del acueducto. Aquí podemos ver cómo se rompe la estructura para abrir calle entre las partes de estos cimientos.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 316.-

Detalle de la foto anterior para observar el mismo fenómeno de supresión de los cimientos como la misma finalidad: abrir paso, crear calle. Este paso lo abrieron para acceder a la Iglesia.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 317.-

Vista total de los cimientos en la parte posterior del atrio de la Iglesia. Y todo parece indicar que, como en otros lugares de la ciudad, los elementos romanos han sido eliminados para poder abrir calles nuevas, ya que el paso estaba cortado por las estructuras antiguas.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 318.-

Parte de este tramo ha quedado cubierto por las obras municipales para crear calle donde no había.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 319.-

Calle Aire. Cimientos de la Iglesia que sirven de apoyo para levantar el alzado noreste de la misma. Estos cimientos están recortados por la misma razón antes citada: abrir calle. Pero no se ha realizado ninguna exploración para determinar la profundidad de las estructuras romanas, como que debería hacerse para confirmar con rotundidad la existencia del citado depósito terminal aquí.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 320.-

Detalle de otra toma del mismo lugar.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 321.-

Detalle de los muros de la iglesia. La parte blanqueada reutiliza los sillares de piedra toba en todo la periferia de los cimientos de este edificio.

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FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 322.-

Detalle de la misma calle.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 323.-

Ampliación del espacio que abarcan las ruinas del depósito que aquí existió.

FOTO A. RUIZ FERNÁNDEZ

Foto 324.-

En esta foto vemos casi la mitad de un depósito de agua situado muy cerca de una villa rústica romana. Como también se encuentra en línea con el acueducto cuando cambia de vertiente, es lógico pensar que el agua se tomaba de ese punto.

CONCLUSIONES

Después del extenso recorrido realizado por casi toda la comarca de la ciudad de Sexsi, tenemos que llegar a las siguientes conclusiones:

Agua potable: Cuando los fenicios llegan a estos parajes, establecen primero una comunicación con los aborígenes locales y del interior de la zona. En los primeros contactos pensamos, a la luz de los comentarios de los autores clásicos que citan esta llegada, se dedican a intercambiar sus mercancías y manufacturas, cada uno según sus posibilidades. Los fenicios aportan manufacturas de ellos o bien conseguidas a través de sus rutas comerciales por otros centros con los que establecen relaciones de este tipo. También los aportan de sus propias localidades: pero lo más frecuente es traer productos de otros países o regiones, como Oriente Medio, Egipto (muy frecuente), Grecia, Italia, Sicilia, etc. El resultado de este intercambio se centra en lo que cada uno buscaba: los unos, manufacturas nuevas y desconocidas que llamaran su atención y sus necesidades. Los otros: búsqueda principalmente de metales nobles y minerales.

Pero con el paso del tiempo los fenicios comenzaron a desarrollar la industria de pescado. Y para ello, tuvieron que proveerse del elemento imprescindible para tal fin: agua potable. Y a la vista de los hechos, todo parece indicar que el lugar más apropiado para montar este negocio, no es precisamente el actual promontorio de Almuñéar, al que dieron el nombre de Seks; porque ellos trataban de buscar para establecerse lugares seguros y provistos de los elementos indispensables para sus objetivos. En este caso el agua. Y lo que es hoy, el casco urbano de Almuñécar, no reunía las condiciones exigidas para tales propósitos: no disponía de manantiales y aguas de esas características. Por lo tanto tuvieron que buscar el lugar que reuniera esas condiciones. Y es precisamente la parte occidental de la zona la que podía proporcionales el elemento necesario para el montaje de esa industria: Se trata del Barranco del Noi, llamado así porque el propietario del manantial era un personaje catalán cuyo aspecto físico era la corta estatura que mostraba. De ahí que le llamaran»el niño», noi en catalán. Y ese nombre es el que ha permanecido y permanece. Este barranco disponía de agua dulce y de muy buena calidad, porque procedía de una mina de agua que proporcionaba lo necesario tanto para mantener las necesidades de la comunidad fenicia como la de satisfacer las necesidades industriales que ellos pensaron montar y montaron. Como consecuencia de esta información, creemos que estas colinas fueron ocupadas como residencia y plaza para el montaje de su industria. En definitiva, podemos decir que el montaje tanto de hábitat como industrial se llevó a cabo en estas colinas de Poniente, además de establecer sus necrópolis, como ya ha quedado demostrado en trabajos anteriores. El elemento indispensable había sido conseguido. Los esteros marinos, tanto de río Seco como Verde, suponían un esfuerzo mayor de lo que ellos necesitaban. Las aguas del mar en los siglos VII-VIII a. de n. e. casi llegaban a las cercanías de la localidad de Jete. A esto se une el hecho de que los alemanes del IAA. de Madrid, emprendiera un trabajo para fijar la línea de costa en la zona sur de España, pero cuyos resultados no dan los mismos lugares que los que se han venido viéndose por algunos de los agricultores de la zona, que han llegado a ser, en algunos casos, más certeros que los practicados por los alemanes. De hecho, el arqueólogo alemán Adolf Schulten, estuvo durante un tiempo haciendo arqueología de campo para determinar ciertos puntos que no le cuadraban en sus investigaciones sobre la comarca de Almuñécar. Tuvo la suerte de encontrar monedas fenicias en las cercanías de Jete. Pero desconocemos dónde se puedan encontrar las conclusiones a las que pudiera llegar con sus trabajos.

Concluyendo el tema del agua, sabemos que la zona asignada y buscada desde un principio por los fenicios, fue muy oportuna para los fines que ellos buscaban.

Qué ocurre después del año -206, después de la batalla de Ilipa. Sencillamente los romanos deciden explotar al máximo la técnica de la salazón sobre el lugar que llamarán Sexi, que había pasado a manos de ellos una vez derrotados los cartagineses en Andalucía (cercanías de Carmona). Los romanos deciden montar una industria a gran escala y explotar los conocimientos que los fenicios tenían sobre estas técnicas. Y como sabían que no disponían del elemento esencial para llevar a cabo tal empresa, se esfuerzan en estudiar las posibilidades de conseguir agua en cantidades industriales. Pero volvemos al principio; los fenicios usaban, en comparación, pequeñas cantidades para sus objetivos. Los romanos querían competir con todas las factorías del Mediterráneo y convirtieron esta localidad en una de las más importantes de todo el Mare Nostrum. Problema: agua en cantidad. Suponemos que buscaron por todos los territorios cercanos al enclave, Pero no encontraron la cantidad que ellos necesitaban. Y llegaron hasta las cercanías de Otivar para poder establecer y conseguir un centro de producción de salazones de los más grandes de la época. Si tuvieron que remontarse tan hacia el interior es porque el agua en cantidad estaba lejana. Y para ello tuvieron que diseñar y montar todo un trabajo de ingeniería hidráulica que pudiera llevar el agua a sus industrias. Y montaron el acueducto con un sistema de puentes y canales que salvaran las dificultades que entrañaban los retorcidos caminos que condujeran el agua sin dificultad hasta la ciudad de Sexi. Y lo hicieron. Y qué fue lo primero, ¿el montaje de la industria y sus elementos anejos?, o la traída del agua para poderla montar? Al parecer y tras las investigaciones practicadas, debió ser el montaje del acueducto lo primero que se ejecutara. Y estamos en ello, el montaje del medio de transporte sería, por lógica, lo primero. Y no olvidemos que el agua de mar no sirve para la construcción por la cantidad de salitre que tiene. Y en eso eran unos expertos los romanos. Su conocimientos de ingeniería difícilmente han sido superados.

Conductos-transportes: Para ello, los romanos montaron un acueducto muy completo y lo suficientemente cuidado como para que el agua llegara sin problemas y en cantidad hasta la futura factoría. Entre los elementos construidos tenemos diez puentes con sus respectivos canales y registros para el cuidado interior del mismo. Y fueron tan cautos y aprovechados que, en las zonas difíciles, usaron medios para llegar desde alturas de cierta envergadura hasta alcanzar la zona baja, donde el agua no pudiera crear problemas en su transporte. Desde Otívar, pasando por Jete, utilizaron canales subterráneos sobre el mismo lecho de río Verde. O sea que, a cierta profundidad, construyeron canales reforzados contra la presión real del terreno sobre él, que recogieran el agua que discurría por superficie. El canal subterráneo siempre buscaba el punto de decurso más bajo, para que el agua se filtrara y pasara a través de sus bien planificados canales de piedra, con un sistema de bóveda en posición ciclópea, que permitiera el paso del agua a través de la hendiduras de la cubierta y pasara al canal por donde discurriría, hasta llegar a la zona en que el agua se deslizaba ya al aire libre por canales superficiales. Pero, incluso en este canal subterráneo, sobre él, los ingenieros romanos construyeron registros para controlar la presión ejercida por el aire y el desnivel de pendiente del agua a través del canal. Y de Trecho en trecho, o sea, cada tramo suele tener una especie de pocico interior para que el arrastre de arena y tierra se vaya posando y evite que el canal se obstruya, y por acúmulo de material, quedara inutilizado. Por esa razón, entraban hasta el fondo del canal para limpiarlo y evitar que quedara expuesto a un reventón o atasco del mismo. Esta técnica se practicará en todo el recorrido del acueducto.

Niveles: Es uno de los problemas más serios que tiene el trazado del acueducto. Lo más peligroso, a la hora de conducir el agua, es la presión que tiene que soportar cuando en su camino se encuentra con serias pendientes. Para contrarrestar estos problemas va sigzagueando con el fin de no perder altura y que la pendiente se suavice. Así que, incluso en las partes llanas, el canal subterráneo va buscando las zonas por donde suele discurrir el agua superficial de forma espontánea, para conseguir que el agua que se filtra, pueda llegar hasta él bajo tierra. Y una vez circula por superficie, el desnivel debe guardar las normas establecidas por los ingenieros para evitar que el agua con su presión pueda dañar la conducción. Para ello, aproximadamente cada 40-100 m suelen hacer un registro que no solo sirve para limpieza del canal, sino también para medir la pendiente y hacer que el aire que discurre en su interior salga a superficie y así evite que pueda producir que sufra una sobrepresión y se rompa por esta causa. El desnivel entre el punto de las cercanías de Jete y la Santa Cruz, donde se encuentra el depósito de decantación, es de 50 m, o sea, que pasa de la cota 100 a la 50 en esa distancia. En teoría, la pendiente del canal, según se dirige a Almuñécar, debe tener una pendiente de 1/4 de pulgada cada 40 m, según los cálculos de Vitruvio. Y la diferencia de altura entre el depósito de decantación y el terminal, o sea, entre la Santa Cruz y la Iglesia, el nivel está prácticamente equilibrado. Y por esa razón se construyó un semisifón entre ambos puntos o depósitos, para que el agua subiera de un punto a otro por su propia fuerza. Y desde el depósito terminal, el agua, por el mismo motivo, podía ser desplazada a cualquier punto elevado de la ciudad: vasos comunicantes.

Almacenamiento: Este es el punto más discutido de todos en relación al acueducto. Se viene hablando de que el depósito terminal se encontraba en la Cueva de siete Palacios. Pero poca gente se ha fijado en las características y estructuras que requiere un depósito de agua de esas proporciones. Tampoco se han fijado con detenimiento en los cimientos de la Iglesia, ni se han sorprendido de que aparezcan estructuras romanas tan abundantes en los muros iniciales del citado edificio. A mi entender, sólo el que vio, pudo afirmar lo que decía, y en este caso, han sido los árabes, no otros, los que han acertado al decir que, por encima del aquel edificio, con esquinas de piedra toba, en forma de pirámide, y que el agua que llegaba a la cima caía sobre un molino para hacerlo funcionar. ¿Ni los cristianos se dieron cuenta? Supongo que lo vieron, pero nadie escribió una sola letra acerca de él. Extraño y sorprendente.

Este era el lugar donde el agua se almacenaba y distribuía hacia todas las zonas de las industrias, pero desde época romana. Se crearon depósitos secundarios en diferentes lugares de todo el complejo industrial. Y eran los siguientes: Peñón del Santo, ladera de poniente del Castillo de San Miguel, zona del Majuelo y barrio de San Sebastián, y toda la zona de Levante.

Distribución: La red de distribución comenzaba desde el Torrecuevas. Las villas rústicas próximas a este lugar tenían sus pequeños depósitos para abastecimiento doméstico y agrícola. En la Santa Cruz vemos conducciones entubadas que debían dirigirse hacia las villas romanas rústicas que se encontraban en sus cercanías. En las termas de la Carrera de la Concepción había un desvío de agua procedente del mismo canal del acueducto. Y desde la misma Iglesia podía distribuirse el agua hacia un depósito situado en sus inmediaciones; y un canal que se dirigía, entubado, desde la misma Iglesia o incluso canal del acueducto, hasta el interior del antiguo ayuntamiento desde donde partían hacia la huerta de los Müller, y el que bajaba desde la Iglesia directamente hasta la casa de los Müller, desde donde se dirigía, según indican las tuberías encontradas, en dirección al barrio del Castillo. A su vez, desde este barrio, por medio de canal cubierto con bóveda de medio cañón y montado sobre la muralla de Levante, ese canal se dirigía hacia la zona del Castillo de San Miguel, donde, como se ha visto, existían también una termas, y los depósitos (dos) junto a su lado en la vertiente de Poniente. Probablemente, desde el mismo Castillo, el agua sería también canalizada hacia el Peñón del Santo, donde se encuentra uno de los depósitos más grandes, porque allí también había industria de salazones, como se ha indicado antes.

Con relación a los lugares distantes, tenemos las termas de Cotobro donde también hay un pozo, pero independiente de los sistemas de núcleo de industrias grandes del centro de Sexi.

Y por último, podríamos decir que otros técnicos, a la vista de estos datos proporcionados con mucha dedicación y muchos años de investigación, iniciaran lo que a este trabajo le falta, que es el estudio de hidrodinámica general comenzando desde la última localidad donde se cree empieza el movimiento de aguas hacia las localidades de Lentegí, Otívar, Jete y Almuñécar.

Uso: En cuanto al uso del agua, la conclusión en muy sencilla: el motivo principal es la explotación de una macrofactoría emplazada en todo el espacio que hoy constituye la localidad de Sexsi, Almuñécar. Es lógico decir que el uso doméstico en evidente, pues la población humana lo necesita, y para ello se construyeron termas, y como es de pensar, algunos otros elementos urbanos, aunque no se haya encontrado nada que lo testifique.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

Granada, 8 de noviembre de 2021.

CRIPTOPÓRTICOS DE SEKS (Almuñécar, Granada, España)

El estudio de los elementos arquitectónicos más relevantes de esta colonia romana, constituye uno de los misterios más relevantes por resolver. Se ha buscado a través de todo el Mediterráneo, intentando localizar elementos paralelos para poder establecer una cronología más precisa, pero los contextos arqueológicos no nos han aclarado nada por lo confuso y mezclado en que se encuentra todo. Se ha podido comprobar que el elemento criptopórtico se encuentra no sólo en lo que hoy se considera ciudad moderna -montada sobre la estructura antigua-, sino que han aparecido también estos elementos en lugares tan apartados como Cotobro y Monte de Velilla, en la zona de costa, pero también tenemos este elemento en lugares con algunas villas rústicas, como las cercanas a la zona de Las Peñuelas.

En cuanto a la localización de estos elementos, nos basamos en el estudio que, hasta el momento, se ha practicado sobre la ciudad moderna. Podíamos pensar que hubo una ciudad romana en esta localidad, conocida últimamente como FIRMVM IVLIVM SEX, pero que, en realidad, nunca ha existido una ciudad material, como hoy día se entiende. La transcripción del nombre de la ciudad ha dado modernamente el nombre de SEKS, cuando en realidad era un topónimo trilítero (Samech, Kaph, Samech, siendo la «e» el resultado de una resonancia vocálica en la articulación de sus consonantes, pues se sabe que las lenguas semítica no disponían de ese elemento fónico), y que ha dado multitud de variantes a través de su historia lingüística de carácter popular. No ha existido una ciudad romana propiamente dicha, sino una macrofactoría de salazones en todo su trazado arquitectónico.

Prestando atención a lo que hoy se considera núcleo urbano, hay que decir que Almuñécar no responde a una estructura hipodámica ni al esquema tradicional (Vitruvio) de lo que es la urbe romana, como bien podemos ver en otras localidades costeras a levante y a poniente de esta ciudad. En ningún trazado urbano actual se pueden observar un cardo maximvs ni un decvmanvs. Los elementos hasta ahora encontrados están representados sólo por estructuras industriales: series de diferentes tipos de piletas de salazones, depósitos de agua, sistemas de canalizaciones de abastecimiento y vías de eliminación de aguas residuales. Y como sistemas de almacenamiento, una gran cantidad de galerías (criptopórticos) situadas a distintos niveles en todo el conjunto. Aparecen a nivel del mar y en cualquier cota del conjunto.

Los sistemas de canalizaciones, que se verán en otro apartado, son muy variados, y los depósitos de agua están a niveles muy bien estudiados para su utilidad: el principal se encuentra en la zona conocida como La Santa Cruz, y el último sobre el conocido Peñón del Santo.

En definitiva, se puede decir que, cuando el elemento musulmán entra en esta localidad, se ve obligado a romper las estructuras romanas para poder ocuparlas, hecho que explica que aparezcan calles «modernas» tan tortuosas y quebradas. Se rompen series enteras de criptopórticos para poder construir «calles» donde no existían. Y las que vemos rectilíneas y paralelas son consecuencias de la eliminación de numerosas series de galerías para poder moverse por esos lugares. Testigos podemos ver cuando, al pasar por una de esas calles, aparecen, en los laterales, restos de los muros que conformaban las galerías; y no son pocos. Pero se sabe que existen otras galerías que continúan ocultas desde sus inicios, y que, alguna vez, podrán salir a la luz.

CRIPTOPÓRTICOS DE SEKS

Se van a exponer por sectores cada uno de los elementos existentes hasta hora a través de todas las calles y lugares de la ciudad moderna.

Sus proporciones, medidas y situaciones se irán dando de acuerdo con su emplazamiento y que figuran en el trabajo general Sexsi, Almuñécar.

Perímetro del casco antiguo de Almuñécar.

Plano general sobre la ubicación de los sistemas de criptopórticos de Sexsi. Marcados en negrita las zonas de mayor número de galerías.

Sector A. Peñón del Santo. Esta zona Fue excavada en 1945 por D. Antonio Fontán. Por los indicios de restos de muros abovedados, debían ser tres o cuatro naves o criptopórticos. Hay restos claros de que los muros de las galerías llegaban hasta el talud, y que debió desprenderse gran parte de las estructuras. Las piletas de salazón debieron estar o a nivel del depósito de agua, o en la parte superior del Peñón, cuya forma no era como hoy se ve. Terminaba en punta y fue allanada por Da. Encarnación Márquez, propietaria de una azucarera de la zona.

Peñón del Santo. Sector A. Detalle del punto de arranque de una de las galerías que formaban este conjunto industrial.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Fase de excavación. Sector L. Está compuesto este elemento de una nave central y siete colaterales, con prolongaciones, en su orientación, hacia Poniente y Levante, contándose su continuidad en ambos sentidos, o sea, las estructuras de naves abovedadas continuaban hasta que fueron destruidas para abrir paso.

Criptopórtico Cueva de siete Palacios. Esta edificación romana ha sido convertida en Museo Local, donde se pueden ver los materiales arqueológicos de las diferentes excavaciones llevadas a cabo hasta este momento. En él se exponen materiales ibéricos, egipcios, fenicios, romanos y árabes. Vista de conjunto del restos de las naves que, con el tiempo o la acción antrópica, formaban esta unidad aneja a la Cueva de Siete Palacios. Sin duda ha sido utilizada con el tiempo como cantera de materiales de las nuevas construcciones anejas. Se le considera la segunda unidad por su estado de conservación.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Puerta de comunicación entre los diferentes compartimentos que formaban este conjunto arquitectónico. Fase de excavación. Hoy constituye la puerta principal de acceso.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Sector L. Fase de excavación. Obsérvese como se continúan las naves en esta parte del conjunto total, formando una unidad estructural de la misma tipología que la anterior. Las naves que se observan tienen unas medidas muy similares a las anteriores.

Criptopórtico Cueva de Siete Palacios. Foto de detalle donde se aprecian los restos de gran número de naves rotas por las razones antes expresadas. Su profundidades son distintas como se verá en la planimetría. Prácticamente todo este Sector ha sido habitado por gente en diferentes épocas.

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Este Plano refleja lo que son las naves de la cueva de Siete Palacios, pero, además, en su parte superior izquierda, se conserva una galería que se encuentra enrasada con un sistema de aparejo de madera. Esta última nave tiene su continuidad en las siguientes viviendas.

Esta figura es una proyección ortogonal donde se trata de reflejar el volumen de lo que se conserva y lo que se supone existió antes de ser destruida.

Este plano trata de reflejar los elementos que integran el conjunto más complicado y extraño de los localizados en parte inferior de la ciudad moderna. Realmente esta zona ha sido muy modificada y sólo se conserva lo que podemos ver en fotos, pero realmente debe atravesar toda la calle perpendicular a Baja del Mar y cruzar en ángulo recto la calle Cerrajeros.

Galerías romanas retocadas en época musulmana, en el centro de la ciudad, calle Baja del Mar. Se trata de una serie encadenada de estructuras que han sido muy alteradas a través del tiempo, pero que guardan los indicios de los materiales romanos usados en su construcción. Como toda nave, conservan su agujero en el techo, que probablemente era su punto de acceso. Otras veces parecen luminarias de tipo árabe. Pero lo que no deja lugar a dudas es el aparejo. Este mismo tiempo se encuentra en la calle Morería Baja, zona muy cercana a la parte de la factoría de salazones mejor conservada, como la del Majuelo.

Detalle de la foto anterior, donde podemos comprobar el tipo de aparejo, el clásico uso de opvs latericivm, en su típica colocación de gruesos y delgados. Su agujero es muy claro. Todas las galerías romanas lo tienen.

Puerta de acceso a las galerías romanas interiores. Tiene forma de arco califal. Lo que se explica por la ocupación que los árabes de ellas.

En esta foto se aprecia mejor la forma del arco árabe; pero se nota que la estructura romana ha sido retocada en la remodelación del mismo. Conserva, como todas las galerías, el agujero del techo, que aparenta ser una luminaria.

En esta foto de detalle se aprecia bien el agujero de forma cuadrada, y el aparejo de opvs incertvm.

Vista de la nave anterior y paso lineal hacia otra de las naves. Como se puede observar, las pareces han sido enlucidas con mortero de época medieval. También se observa el agujero del techo.

Secuencia y paso a otras de las naves. La puerta es artificial. Ha sido abierta a golpe de pico y enlucida con mortero árabe. Pero el grosor del muro entra dentro de los cánones tipológicos usados por los romanos.

Paso hacia la parte final de este conjunto de galerías. Como se puede ver, se produce una alternancia de tipos de materiales, lo mismo el opvs incertvm, que el opvs latericivm

La siguiente puerta da paso hacia el interior y se ve de la misma forma que la anterior. Se pasa a la siguiente nave y ya nos encontraremos con un espacio que se sitúa al borde de la calle actual (Alta del Mar), a la que se accede con dificultad por el estrechamiento de las estructuras.

En esta imagen podemos observar una puerta de paso a otra nave; pero, ya al fondo, se observa que el acceso es prácticamente imposible, porque el espacio se cierra e impide acceder, salvo que se hubiera desmontado toda la estructura que se encuentra de frente. Da la impresión de que las formas cambian e impiden el acceso por el aumento de los volúmenes de las estructuras.

En este plano indicamos la presencia de una nave recientemente descubierta y es de la más grandes el conjunto. Se ve en la parte inferior derecha.

Plaza del Ayuntamiento.

Nuevo descubrimiento de nave en el centro de la ciudad. Se trata de una nave de proporciones similares a la Cueva de Siete Palacios, pero sólo con dos naves pequeñas laterales que lindarían con las estructuras bajas de la calle posterior Escamado. Vista tomada desde el interior de la casa de los Müller.

Plaza del Ayuntamiento. Galería de los Müller. Nave-galería en fase de restauración moderna. A derecha se ve una abertura tipo hornacina similar a otras naves del área Eras del Castillo. Es una de las más grandes que se han localizado en la ciudad.

Galería de los Müller desde un espacio superior con canalizaciones modernas procedentes del exterior.

Galería de los Müller. En la parte superior izquierda se puede ver el aparejo de opvs incertvm alterado por los añadido modernos.

Eras del Castillo

Este plano nos presenta todo el conjunto de naves que existen en Eras del Castillo. Es el grupo más complejo. Se dan varias medidas y tipos de galerías. La mayor parte de ellas se encuentran encima de Cueva de Siete Palacios.

En esta foto podemos ver una galería con la bóveda recubierta de chapa de madera, al igual que sus paredes. Forma parte de un conjunto muy numeroso de «cuevas» y que se verán enseguida. Sus proporciones son similares a la gran mayoría de las que se encuentran en esta zona. Todas las viviendas modernas están montadas o ocupadas desde que se conoce su existencia.

Esta foto muestra una galería enchapada con papel decorativo y forma parte de la unidad anterior. Sus características son las mismas en cuanto a su construcción y a sus materiales y módulos.

El Sector E ha dado lugar a ciertas elucubraciones sobre la forma que presenta. Y simplemente se trata de una serie de galerías que, por la forma y condiciones del terreno, adopta la forma que tiene. Se ha llegado a cometer el disparate de «reconstruir» el teatro de Sexsi. Grave disparate, pues no hace más que confundir a la gente y a recibir críticas por la falta de información. No quieren reconocer que Almuñécar fue sólo una gran factoría de salazones, con estructuras que aparecen desde el Majuelo hasta lo más alto de la ciudad. Aquí no existen construcciones para el «panem et circenses«. Templos y foros, los necesarios por la gran industria que había.

Calle Angustias Moderna. Criptopórtico que forma parte de los típicos. Es de proporciones medias y situado en el área superior de Eras del Castillo, en la calle Angustias Moderna. Su interior se encuentra completamente encalado desde que fue habitado por personal en época reciente. Gracias a su ocupación se conserva en buen estado. En plano se localiza con facilidad. A continuación se encuentra otro espacio de galería consecutiva cuya bóveda había sido destruida, sobre cuyos muros se levantó nueva habitación. Y todo ese espacio, con cubierta indicada con línea discontinua, estuvo formado por una de las series más abundantes en número de criptogalerías.

Esta galería se encuentra en el plano al comienzo de la calle Angustias Moderna, a derecha, según se sale. Su bóveda ha sido destruida para poder levantar encima de ella otra habitación. Tan sólo se conserva este trozo de bóveda indicando su curvatura.

En este mismo Sector, pero en la calle Angustias Nueva, podemos ver este espacio en cuyo muro interior se encuentra una galería de las mismas proporciones que las anteriores. Hoy está taponado porque por su interior, años atrás, el ayuntamiento introdujo la canalización de aguas residuales. Sebe ser abierto y estudiado como el resto de las galerías. Este espacio hueco indica su presencia.

Calle Angustias Nueva, paralela a Moderna, registra una galería de las mismas características y medidas que las anteriores.

Aquí se indica su muro interior con su aparejo muy encalado, lo que evita poder ver el aparejo de opvs incertvm de su alzado.

CALLE ANTIGUA

Sector M. Calle Antigua. A unos metros de su inicio fue localizada esta galería de alguna mayor extensión. Fue usada como casa habitual. Sus paramentos y bóveda están muy encalados por el uso continuado en el tiempo. No ha sido reformada en su estructura básica.

La misma galería anterior, vista desde el punto opuesto. Aquí se aprecia que había una salida hacia otro espacio, probablemente galería también, y cuya puerta de acceso se encuentra taponada por obra moderna. En esta foto se aprecia, en algunos espacios, la impronta del maderamen usado para el levantamiento de la bóveda, tal como ocurre en Espaldas de San Miguel, donde se aprecia con toda claridad esta señal constructiva.

En esta foto de la misma galería se puede ver el taponamiento sin abrir del otro extremo de la galería; y se deja ver algo del opvs incertvm de su alzado. Tenemos que decir que esta galería se encuentra en línea con la que se ha descubierto recientemente en la Plaza del Ayuntamiento. En el espacio que media entre ambas galerías se han visto y destruido las naves intermedias entre las dos ya indicadas.

Esta foto muestra parte del aparejo de opvs latericivm característico de estas construcciones. Tu grosor es muy superior al de otros de los paramentos que se encuentran en sus cercanías. Hay más compartimentos que se muestran en otras publicaciones sobre este mismo tema.

En este sector, M, casi al final de la calle Antigua, nos encontramos con una serie de galerías modificadas y convertidas en vivienda. En esta foto, habiendo roto espacio para acceder a ellas, tenemos de frente, a derecha e izquierda, el acceso a todas las estructuras aquí conservadas. Las que mostramos son las que ofrecen mayor identificación. Esta entrada ya está muy modificada.

Esta galería está muy modificada, pero guarda las mismas proporciones de toda la cadena de estructuras romanas. La puerta que se observa se abrió para dar paso de unas a otras.

En esta galería se observa el fenómeno de medio-enrase de la bóveda de una de las naves de toda la serie, Tiene las mismas proporciones que las demás tanto en altura como anchura y grosor de los paramentos.

Nave transformada como la anterior en habitáculo de la vivienda. Tiene sus mismas medidas, aunque de largo difiera algo. La bóveda ha sido enrasada, pero no hemos podido comprobar si se encuentra enrasada o totalmente eliminada. Téngase en cuenta que encima hay otra vivienda actualmente.

Y finalmente, siguiendo las mismas condiciones de habitabilidad, podemos observar una pequeña cocina, inicio de la entrada de la vivienda. Todas estas estructuras tienen los mismos módulos de una red continuada de habitaciones que fueron galerías romanas en su totalidad.

Y este es el final de lo que hoy queda como punto de acceso a la red de galerías que se acaban de describir. Es curioso observar la altura de los escalones de acceso. Ello indica que la altura, por defecto de solería de las galerías, que no tenían suelo artificial, sino sólo roca madre, tuvo que ser rellenada de forma artificial para equilibrar las diferencias de alturas entre las distintas galerías.

Y finalmente, sobre un elemento de fachada que da a la calle Antigua, se ha podido comprobar un acceso que no se ha podido ver por la dificultad de no tener entrada fácil desde fuera. Pero por la forma se deduce que son estructuras que nos llevan a las mismas conclusiones: entrada a galerías que estarán transformadas en su interior. El aparejo es el mismo que los de las galerías antes vistas.

Este Sector es uno de los más complejos. La calle San Joaquín esta dividida en tres parte: la que discurre junto a la cueva de Siete Palacios, y dos subsectores: uno paralelo a la muralla -que, por cierto, la parte superior ha desaparecido y se ve en las fotos más antiguas- y el otro donde se encuentra la «calle más estrecha del mundo» enorme disparate de la imaginación humana, que se divide en dos ramales bien diferenciados.

El Sector M. El tramo final de la calle Antigua está muy ligado el Sector F. Apenas se entra en la calle San Miguel, a izquierda, tenemos la continuidad de las series de criptopórticos que van a configurar la mayor parte del casquete superior de la ciudad. En este plano reflejamos principalmente lo que son las redes de galerías, no los restos de otros elementos romanos que se hayan en su trazado.

En este rincón de calle Nueva vamos a encontrar uno de los criptopórticos más interesantes de todo el complejo-Por esta puerta se accede a la gran nave que linda con las estructuras del Majuelo.

Este plano muestra una de las zonas más alteradas: calle Nueva y Santa Isabel. En sus cimientos se encuentran las prolongaciones de las estructuras del Majuelo. No se han respetado en absoluto.

Zona próxima o prolongación del Majuelo. Es de las mejores galerías conservadas. Es un conjunto como se puede observar en las restantes fotos. Esta es la nave mejor conservada. Sus medidas son superiores a las restantes. La solería es rudimentaria y casi da con la roca madre como punto de su anclaje. Está encalada pero no con la intensidad del resto de las galerías. La puerta que podemos ver es artificial. porque ha sido abierta a golpe de pico. Sin embargo sí tiene su agujero en la parte superior de su bóveda. Tiene agujeros de de acceso y respiraderos.

En esta foto e puede comprobar que el estado del suelo no se parece al de los demás. No dispone de solería moderna. Quizá sea la razón por la que su altura es superior a las demás. El aparejo tipo opvs invertvm es muy evidente a pesar de estar blanqueado.

Junto a las dos naves anteriores, sobre la misma fachada, podemos observar en los punto extremos, los arranques de una bóveda existente con anterioridad. Ha sido enrasada y se ha construido sobre ella una habitación superior. La marca de su existencia queda bien patente señalada en sus extremos.

Justo lado de la anterior, y aprovechando que la puerta estaba abierta, se pudo fotografiar el interior en que que observado un corral para animales, instalado sobre una galería colateral a izquierda y derecha. Las medidas se corresponden con el tamaño e dos galerías separadas para crear más espacio. Todo ello forma parte del conjunto que linda con el parque de la factoría de salazones de El Majuelo. La datación de estos elementos gira en torno a la época de decadencia del Imperio sobre los siglos III-IV d. de C.

Si nos adentramos más en dirección a las salazones y observamos el fondo de esta nave adaptada, se ve una escalera de acceso a la parte superior. Lo que indica que la bóveda fue destruida para ganar espacio entre los galerías. Pero el aparejo de opvs incertvm se ve bien claro a ambos lados de esta foto.

Detalle de la foto anterior para indicar que su construcción no es moderna, sino la transformación de la antigua galería o galerías que aquí se encontraban. En la ventana de la derecha se observa el grosor clásico de los muros del alzado de las galerías en esta zona.

En el interior de este espacio, situado cerca de los anteriores, podemos ver una nave partida y su entrada artificial para su ocupación como apero de elementos del campo. Los módulos de sus dimensiones coinciden con los de toda esta zona, en las cercanías del Majuelo. Téngase en cuenta que debajo de estos espacios, con toda seguridad, hay piletas de salazones enterradas que formaban parte del todo el conjunto del yacimiento industrial. De hecho, en los nuevos alcantarillados cercanos han aparecido y se tienen catalogados.

En esta foto tenemos indicado otro espacio que fue galería. Conserva su aparejo de opvs incertvm y sus proporciones de medidas de anchura y altura.

Muy cercana a los espacios anteriores podemos comprobar que esta habitación está enrasada porque su bóveda ha sido destruida para construir encima habitáculos modernos.

Este plano refleja una de las partes de la ciudad con más criptopórticos y mejor conservados. Espaldas de San Miguel.

En este plano del Sector F hemos reflejado una de las zonas más densas en las cadenas de criptopórticos de la parte superior de la ciudad, no sólo por el número sino, sobre todo, por la buena conservación de los elementos arquitectónicos conservados. Y destaca la buena técnica de construcción, con un aparejo muy regular, y la constancia de proporciones y medidas de sus paramentos y bóvedas.

Primera nave de este Sector. Su interior no se encuentra muy encalado, pero si destaca con cierta claridad la impronta del maderamen usado en su construcción. Se notan perfectamente las maderas de la cimbra en la ejecución de la bóveda.

Esta foto, de la misma nave, se ve partida por un nuevo muro construido para la sujeción del torreón que se encontraba encima de la misma. Y parte de la otra mitad de la nave se puede ver en las fotos del Sector San Joaquín III, al fondo, con entrada incluida. Pero, desgraciadamente ha desaparecido por la construcción de una nueva vivienda sobre ese espacio.

A continuación de la calle Espaldas de San Miguel y a continuación de la nave anterior, nos encontramos con una serie de galerías de menor tamaño, y algo modificadas por el uso del encalado durante muchos años.

En una puerta anterior a la nave antes vista, nos aparece esta, muy similar en su estructura, pero también muy recargada por la cal usada para su mantenimiento. Aquí se observa que ha sido usada como apero de elementos agrícolas.

De seguido a la segunda galería, y entrando desde la calle artificial, vemos esta nave con las mismas proporciones y muy encalada. Aquí se aprecia bien su uso doméstico.

De de la foto anterior, éste es el lado contrario de la nave. Como aclaración hay que decir que todas ellas tienen un acceso artificial, o sea, que uno de sus muros ha sido roto para poder acceder a su interior.

Anterior a esta foto, hay otra que no hemos podido mostrar, pero que es continuación de una nave enrasada en gran parte.

Muy cercana a la foto anterior, desde la calle artificial, se pasa al interior de este espacio, que es una nave enrasada y convertida en apero agrícola. Subiendo por los peldaños de esa pequeña escalera, por un paso artificial abierto a pico, se pasa a una galería abovedada con trazado algo curvo por necesidad del terreno.

Puerta de la galería abierta a pico. Vemos el paramento de fondo. A ambos lados está situada la la galería.

En esta foto vemos la entrada artificial a izquierda. De frente se ve que la nave era más profunda y ha sido separada con aparejo y material superpuesto, que indica que esta dimensión era mayor y debe seguir siéndolo. Las proporciones siguen siendo similares a las anteriores.

Segunda parte de la galería, que ha sido usado como apero de campo. El punto terminal es de obra normal de época. como todas, está encalada, pero sin mucha profundidad.

Ésta muestra el lugar habitado por una señora cuando se hizo la foto. Disponía de una pequeña entrada, y el lugar de su cama. Si se observa bien, la bóveda está muy desgastada por el paso del tiempo y no ha sido enlucida. Solo ligeramente encalada en los paramentos bajos.

En este detalle de la misma foto, se precia que la galería, pequeña, ha sido dividida. El aparejo de separación de lo que sigue, es de material moderno.

Plano de la calle Clavelicos y Morería alta. toda la calle Clavelicos está apoyada sobre unas de las murallas de aterrazamiento o de contención, que se encuentra justo detrás y dando a la calle Torremolinos. y son numerosos los espacios destinados a Galerías, que son usadas, en su mayor parte, para aperos agrícolas y cuadras de animales.

En la parte final de la calle Clavelicos aparecieron zonas de galerías que fueron destinadas a aperos y corrales para animales de campo. Aquí se muestra una de ellas, pero la gran mayoría se encuentran ocultas desde tiempos atrás.

Sobre la calle Morería alta se van a encontrar una serie de galerías transformadas en aperos de campo y como cuadras de animales.

En esta foto podemos apreciar el tipo más común, donde se aprecia la transformación y uso para los fines indicados. Las galerías rotas con esa intención se ven comunicadas entre ellas mediante la abertura de puertas adinteladas.

Esta foto muestra otra pieza convertida en habitáculo. Son series de galerías transformadas en taller de trabajo, pero sus techos han sido destruidos para poder levantar encima nuevas piezas de casa moderna.

En esta foto se muestra el espacio doméstico que se repita a través del resto de la calle Morería alta. Al fondo de la imagen se ve lo que sigue siendo una muralla que discurre como elemento de apoyo de la zona superior, o calle Antigua. Y este espacio es una adaptación de las galerías que aquí se encontraban tiempos atrás.

Esta foto muestra la continuidad de los tipos de vivienda que se dan a los largo de la citada calle. Al fondo tenemos que el mismo muro o muralla de contención de la calle antigua que discurre, el alto, por detrás de todo este conjunto.

Esta foto muestra sobre el mismo terreno, pero en espacio más reducido, el uso de la zona rota de galerías del área de Poniente. Todas las bóvedas han sido derribadas porque el empuje de la muralla posterior amenazaba con su peso el derrumbe de las mismas

Los sistemas de amurallamiento se pueden ver en toda la parte superior del casco urbano actual, y mostrando un grosor de casi más de dos metros de anchura. Este fenómeno se deja ver en el Sector K, en el que la calle que discurre por detrás está formada en algunos tramos por la propia muralla como también ocurre en la parte superior de la calle Antigua.

El Sector K, calle Morería Baja, es una de las que muestran también gran número de estructuras romanas tipo galerías, depósitos de agua y probables piletas de salazones. En nuestro trabajo tan sólo se ha podido detectar galerías que siguen un modelo similar a las encontradas en calle Baja del Mar. Lo que puede justificar la presencia de piletas es el depósito de agua que con toda probabilidad estaba destinado a la alimentación de las piletas por estas zonas.

CALLE MORERÍA BAJA, EN SU INICIO.

Esta foto muestra una galería de grandes dimensiones y que se encontraba habitada cuando se localizó. A su alrededor se encuentran otras que se muestran a continuación.

En esta foto se ve el desmonte de las estructuras de reutilización moderna, dejando a descubierto las formas romanas en parte del conjunto.

En esta foto se puede ver la limpieza del revestimiento moderno cuando personas habitaban aquí. La separación de dependencias está hecha con opvs incertvm. La construcción de la bóveda está más evolucionado que la mayoría de los niveles de la ciudad. El material usado es el ladrillo u opvs latericivm. Las proporciones son de mayor tamaño que las anteriores, y sistema de bóveda rebajada.

Este detalle de foto muestra el detalle de la posición del ladrillo de mayor y menor grosor, en un juego de 3-2 en cuanto a su posición como aparejo. Y en el centro de la imagen se ve el uso del clásico agujero de acceso a la galería.

Foto de detalle lateral de una nave. Se aprecia un arco de comunicación entre naves, hecha de opvs latericivm, aunque su base muestra restos de opvs incertvm. Es evidente que esta galería ha sufrido modificaciones a través del tiempo en época romana.

Detalle de la foto anterior donde podemos observar el aparejo del opvs latericivm en su alternancia de tamaños. Al igual que el acceso del techo con agujero de forma cuadrangular.

Foto de uno de los espacios mayores de nave romana del conjunto ya reformado y mal retocado.

En esta foto se muestra la remodelación del suelo con losas de cerámica moderna, no acordes con la realidad de esta galería. Al fondo derecha tenemos el paso de una zona a otra del sector.

Foto que muestra la comunicación entre los compartimentos de este conjunto. Se puede observar muy bien la alternancia de estilos arquitectónicos: opvs latericivm y opvs incertvm.

Foto en donde se muestra un arco tallado en opvs incertvm donde no se sabe a dónde podía conducir. Pero todo parece indicar que era algo similar a un depósito de restos de cerámica romana. No sorprende que aquí existiera un horno de cerámica. Se han registrado en el exterior estructura de un posible horno que, sin razón que lo justifique, ha sido tapado por el anterior arqueólogo.

Calle San Joaquín. Esta nave se encuentra justo al lado de las que forman el conjunto de la cueva de siete Palacios. Es de mayores dimensiones, pero ignoramos el tipo de construcción por estar con revestimiento moderno.

En línea con la nave anterior, se encuentra esta otra, que se encuentra partida. Pensamos que es fruto del paso del tiempo, pero parece más un a parte de un nave partida del mismo tipo que el del interior de la Cueva.

Sector calle San Joaquín III. en el interior de esta casa podemos ver una especie de arco profundo que parece indicar que servía para pasar de un lado a otro de la muralla que asciende desde un extremo de la cueva de siete Palacios. La muralla ha perdido un muro superior de opvs incertvm.

CALLE SAN JOAQUÍN II. Junto a la gran muralla que procede de Eras del Castillo, en el interior de este pequeña casa, podemos ver esta pequeña galería, que se encuentra taponada por materiales modernos. No se descarta que sea un paso que atravesara la muralla. Aún no se ha explorado.

Foto del interior de una habitación de esta misma calle, en cuyo interior se ve el aparejo de estructura romana bastante encalada y diferente estructura de paramento de los laterales. El paramento frontal está muy encalado, pero se nota la técnica constructiva romana.

Foto de detalle del recinto anterior con dos espacios definidos. La técnica es la citada estructura romana.

Foto de detalle con el interior modificado situado en la misma calle y con dos alturas, una de entrada y otra, donde se aprecia la profundidad del recinto y que da paso a un espacio similar al de las galerías.

Calle San Joaquín III. Emplazamiento de una galería que comparte espacio por medio de un muro divisorio con otra galería del Sector F. En la foto se observa el hueco de entrada a la citada galería, y en el alzado se ve parte del llamado torreón, que probablemente lo fue. Hoy día ha desaparecido por ciertas negligencias municipales.

Vista de la arte superior del torreón y los aparejos de construcción usados en su alzado.

Foto de detalle donde se aprecia puerta semiartificial y el alzado en esta parte del torreón.

Foto de detalle del umbral de la puerta, con un sillar situado sobre la misma.

En esta foto vemos que ya se empieza a tratar con encalado lo que se va convertir en vivienda moderna.

Foto de detalle más amplio. La puerta fue abierta a golpe de pico como se puede apreciar. El aparejo aparece roto a golpes de pico.

Foto donde se ve el interior de la nave partida y el aparejo muy deteriorado. A derecha, el muro que comparte esta galería con la contigua (Sector F, al inicio).

MONTE DE VELILLA, (vaguada).

Monte Velilla se encuentra a izquierda de río Verde, según se desciende al mar, casi al final. Subiendo por la ladera nos encontramos con estas estructuras romanas cubiertas por la maleza. En el centro se observan estructuras que debieron ser mayores de lo que encontramos. Esta construcción tiene una entrada dintelada, construida con opvs incertvm y en si interior veremos los muros y sistema interno del yacimiento.

En esta foto se puede ver la entrada a la nave que se verá a izquierda de la imagen. Se alternan elementos constructivos mezclados. Se usa el opvs latericivm, incertvm de forma aleatoria.

Esta foto muestra el paramento con técnica de opvs incertvm. Estos materiales serían traídos de de la zona del columbario Torre del Monje, porque en este terreno no aparece ese material. Las dimensiones de grosor de los muros son normales, como en cualquier otra estructura romana. de ahí su identificación.

En esta foto se puede ver, a izquierda, la forma del arco de entrada a la pequeñas galería romana.

Monte de Velilla. Esta pequeña galería es de pequeñas proporciones y contiene revestimiento de encalado. El aparejo es el clásico de estilo dominante romano.

COTOBRO, junto al barranco inferior.

Cotobro. Cuando se publicó el pozo romano del rincón de Cotobro, dentro de los elementos apareció esta pequeña galería, mal conservada y de proporciones reducidas. Se desconoce su finalidad porque resulta un tanto extraño que tan sólo apareciera esta pieza constructiva. Ha sido muy reutilizada y retocada, según se aprecia en su aparejo, con restauraciones modernas. Justo al lado han aparecido unas termas romanas poco accesibles a que la gente pueda verlas con claridad. Mala protección.

ERAS DEL CASTILLO

Repetimos este plano que aquí se encuentra la mayor parte de las galerías del Sector L, en su parte superior. La cueva de Siete Palacios se encuentra debajo.

En esta foto se muestra una pequeña entrada artificial para acceder a una pequeña galería interior.

Galería interior en este espacio bastante reducido. Aquí se usan materiales clásicos para el opvs incertvm. Se ignora el punto real de acceso. Cuando se excave se podrá saber algo porque, por ahora es un misterio.

Muy cerca de la pequeña nave anterior encontramos el acceso casi natural a un conjunto de naves pequeñas y realmente algo misteriosas por sus características. Parecen un laberinto en medio de naves de ciertas proporciones. Los muros laterales son de proporciones mayores de lo normal. Lo que hace pensar que este sector se elevaba más de lo que a simple vista se puede ver.

En esta foto mostramos la continuación de la serie pequeña de dimensiones, pero muy característica dentro del conjunto. Las proporciones son reducidas pero muy definidas como galerías romanas clásicas. Se piensa que son piezas destinadas a servir de almacenaje.

Con esta foto podemos tener una idea de las verdaderas proporciones con respecto a su anchura y altura. Los materiales son comunes a los anteriores.

Esta foto muestra la nave las larga del conjunto. al final se cierra con otra más corta.

Nave final de esta especie de laberinto. Su finalidad puede estar relacionada con lo que se viene aplicando a la totalidad del conjunto de las naves de Sexsi.

Y aquí nos encontramos una nave especial cerrada o taponada. En principio con esa solución se evitó que se deteriorara. Pero ya es hora de que se destape, se limpie y se exponga al público.

En esta foto mostramos su interior: una nave central y dos colaterales a derecha según se entra. Se pudo fotografiar antes de que las taponaran.

A la entrada de la zona superior, y encima de la Cueva de Siete Palacios, se encuentran todas estas naves descritas en Eras del Castillo. Aquí tenemos una de ellas, que se encuentra abandonada y que últimamente pude ver en muy mal estado. Mientras estuvo habitada, se podía ver mucho mejor en su estado de conservación.

En esta foto vemos esta casa que no es otra cosa que una nave usada como vivienda. Hoy día sólo queda los restos del alzado y un lateral de la bóveda que se encontraba dentro.

En esta foto mostramos la entrada a una de las galerías mayores de este conjunto. al fondo, la entrada.

Foto señalando la puerta de entrada al fondo de la imagen.

Foto donde se puede ver muy bien la galería abovedada con una forma algo rebajada. Es la más grande del conjunto.

Casi en frente de la anterior podemos ver esta otra nave, también con bóveda rebajada, de una proporciones similares. Hoy ya se encuentra deshabitada y cerrada con una verja.

Nueva foto de la galería anterior. Ha sido desmontada como casa-vivienda y ha quedado lo que se ve. Pienso que aún no se ha restaurado. Sólo ha dejado de ser vivienda.

Foto de una nave situada en las cercanías de Las Peñuelas. Esta galería debió estar completa. tiempos atrás, con motivo de la construcción de la carretera de Almuñécar-Jete, se le dio un corte grande, eliminando mas de la mitad de la nave. Y con motivo de un nuevo remodelado de la anchura de dicha vía, se volvió a recortar, dejando sólo lo que hoy día se ve. Un desastre de las autoridades. Casi con toda seguridad, si se practica una excavación, aparecerán elementos integrantes de una villa rústica bastante completa. Hoy día queda poco: un muro de opvs incertvm y poco más.

CONCLUSIÓN

Como conclusión podemos afirmar que estamos ante un misterioso sistema industrial sin paralelos con los que se pueda establecer relación directa y cronológica. Es un complejo bastante variado que hemos tenido que ir identificando y explorando detenidamente para poder llegar a alguna conclusión con sentido práctico. Y es que estamos ante un sistema de criptopórticos muy variados y en todos los niveles del casco antiguo de la ciudad moderna. Nos queda la esperanza de que en otro lugar u ocasión se encuentren formas similares y tan numerosas como éstas. Por lo pronto nos ceñimos a pensar que estamos ante un sistema complementario para el desarrollo de la gran industria de salazones, donde estas galerías formaban la parte complementaria para la conservación de los productos y dispuestos para la exportación. Pero sigue siendo algo misterioso en conjunto. No se trata de un nivel aislado, sino de un conjunto completo y variado. Si se observa el el sistema de muros de aterrazamiento de todo la estructura antigua, constituye un plan de muros de contención de los sistemas romanos en los que se irán fijando las cadenas de criptopórticos que se suceden siempre manteniendo el nivel de la zona donde se levantan. No son viviendas ni nada similar. Son almacenes ubicados en las cercanías de los sistemas de producción, que son las cadenas de piletas de salazones que aparecen en todos los niveles o cotas del gran conjunto industrial de Sexsi.

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Granada España, 7 de Julio de 2021.

Antonio Ruiz Fernández

URBANISMO ANTIGUO DE ALMUÑÉCAR, PRIMERA PARTE

TESIS DOCTORAL

Trabajo realizado desde los años 1970 a 1990. Veinte años de investigación, dedicados a mi esposa, hijos y nietos.

PRIMERA PARTE

Nota orientativa: la información fotográfica y plenimétrica se encuentran en la segunda y tercera parte de este trabajo.

INTRODUCCIÓN

En este trabajo de investigación se pretende aclarar muchos puntos oscuros que se tienen, desde antiguo, sobre el origen e identidad de Almuñécar.

El trabajo ha sido constante,  penoso en muchos momentos, pero eficaz. Se puede decir que, desde los años 60 del siglo pasado, se ha ido recopilando toda cuanta información ha llegado a mi poder. El trabajo fue ultimado a finales de los 90, fecha en que se leyó como tesis doctoral en la Universidad de Granada.

Tanto el texto, como la realización de fotografías, y el levantamiento de todas las planimetrías, han sido obra del autor, salvo los planos cedidos por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, y alguno del Ayuntamiento de Almuñécar.

En todo ese recorrido se puede decir que hemos llegado a recoger información de cada uno de los rincones del casco antiguo y zona periférica del mismo. Por ello debo agradecer la información proporcionada por personas de la ciudad, a la que estaré siempre agradecido. Pues los propios vecinos de las casas estudiadas no escatimaron en colaborar con la información que tenían sobre las formas, estructuras y materiales antiguos de que estaban hechas sus casas. Cuando la gente sencilla y humilde del casco viejo hacía alguna reforma en su vivienda, se encontraba con materiales de una contextura y dureza poco corriente. Habían tropezado con los materiales usados por los romanos desde hacía más de dos mil años.

Es notorio que hasta los más modernos autores, que han estudiado Almuñécar, opinan que se trata de una ciudad romana. Por muchas razones piensan que esto es así. Pero los hechos revelan que la realidad es muy distinta a lo que podemos leer tanto en libros modernos como en autores antiguos.

Para ello, y precisamente por eso, he realizado este largo y extenso trabajo; para esclarecer de una vez qué es lo que realmente ha existido en lo que se viene llamando Sexi, con tanta proliferación: una ciudad romana, con estructuras públicas y privadas, casas, mansiones, teatro, mercados, puertos, etc.

Y nada más lejos de la realidad cuando empezamos a hacer una estadística arqueológica y técnica. Si realmente esto hubiera sido así, cabe hacerse muchas preguntas, y pedir pruebas que testifiquen lo que se viene afirmando con tanta abundancia de opiniones.

Era tal la fama propagada por autores clásicos, que casi no cabía duda en admitir que, evidentemente, se trataba de una gran ciudad, primero fenicia y después romana.

Aquí se plantea una gran cuestión: ¿Dónde están las pruebas de la existencia de una ciudad fenicia? Esto en primer lugar. Todo arqueólogo debe saber que los fenicios jamás construían una necrópolis dentro de la ciudad. Esto se demuestra con las citas de los trabajos realizados en Cueva de Siete Palacios, y la descripción hecha en el Manuscrito de Almuñécar, donde se detalla, a su manera, la gran cantidad de hallazgos de elementos fenicios encontrados en una tumba cuando se practicaban reformas junto a la llamada Puerta del Sol de la Iglesia Parroquial. Otro de los hallazgos tuvo lugar en Cueva de Siete Palacios, donde se encontró un fragmento de plato de cerámica de barniz rojo fenicio, probablemente perteneciente al ajuar de una tumba fenicia situada en este lugar, y que fue rota por la nueva construcción romana que aquí se levantó. Por otra parte, también se perforó alguna de las piletas de salazones del Majuelo para ver si aparecían restos estructurales fenicios; sólo encontraron fragmentos de cerámica fenicia, pero nada de estructuras murales que pudieran testificar la presencia de un emplazamiento urbano en esta localidad. Sólo elementos probablemente pertenecientes a las salazones. A este respecto cabe decir que el elemento fenicio, tras la definitiva derrota de los cartagineses en la batalla de Ilipa (-206), se unió a la actitud que tomaron los fenicios gaditanos, y colaboraron con los romanos, permitiéndoles e incrementando sus factorías de salazones. Eso hizo que perduraran en estas costas fenicios y romanos: unos aportaron sus técnicas, y otro sus infraestructuras industriales. Lo que lleva a explicar que aparezcan restos fenicios mezclados con romanos. Pero nunca, repito, apareció una infraestructura urbana fenicia en este lugar. Pues en tiempos anteriores, probablemente, la llegada de los fenicios hasta aquí fue temporera. Este fenómeno explica que en la necrópolis fenicia de Puente del Noi no se pueda establecer una continuidad cronológica; hasta el punto de que unas tumbas se encuentran interfiriendo a otras. Se marchaban y, a la temporada siguiente, ya no sabían donde se encontraban las tumbas de tiempos atrás. Por eso, esa forma tan poco común de ver que una tumba corte a otra.

Nadie puede dudar de su presencia aquí. Pero lo cierto es que no nos han dejado ningún resto de infraestructura urbana.

Por ello, y haciendo hincapié, en lo dicho en párrafos anteriores, se sabe que los fenicios no levantaban ciudad donde había necrópolis. Continúa siendo un misterio este hecho. Es posible que los romanos, después del año 206 a. de C, destruyeran hasta la última piedra de la hipotética ciudad fenicia; pero no parece probable porque los romanos concedieron privilegios a los fenicios, como es permitirles la fabricación de las salazones, y la facultad de acuñar moneda propia a cambio de su lealtad.

Aclarado este aspecto, citamos otros lugares donde se detectó la presencia romana: Monte  de Velilla, en el que apareció una pequeña nave abovedada (hoy enterrada o destruida por la nueva urbanización); sobre el nuevo campo de fútbol municipal, aparecieron estructuras probablemente similares a las termas romanas de la Carrera. Esto se sabe por los comentarios de los operarios que trabajaron en su construcción. No tenemos pruebas directas de ello; en Cotobro aparecieron: un pozo roma-no, y piletas de salazones; las villas rústicas se encontraban sobre la Albina (lugar pan-tanoso), barrio de San Sebastián, dos en la carretera de Jete, y una grande en los Bañuelos. Es muy probable que en las Peñuelas existiera otra. No se olvide que sobre el Camino Bajo, en su parte más baja, existió lo que se llamó El Cuartón de la Ciudad Antigua, pues se pueden ver muros y materiales formando parte de tales estructuras. Los columbarios eran seis, pero sólo quedan dos: el de la Albina, y el de la carretera de Jete. De los otros, sólo quedan indicios, como ocurre en la finca La Cerca. Por último, queda decir algo sobre el acueducto romano. Se piensa que nace en la Virgen del Agua, pero hay indicios claros de que hay canal por el lecho de río Verde que pasa por Jete y continúa hacia Otívar (hay fotos de ese canal bajo el río). Todo parece indicar que su inicio es el canal antes citado, pero no se tiene la certeza absoluta de que sea así. En cuanto a sus proporciones es conveniente aclarar que el elemento, básico para la industria de Seks, dispone de diez puentes que salvan las vaguadas en las dos vertientes, río Verde y río Seco, terminando en la Santa Cruz, desde donde, por medio de un canal, empalmaba con el puente final a la entrada de la actual ciudad. Por medio de canales de un sistema de sifón, finalizaba en la Torre de Descarga, situada donde hoy se levanta la Iglesia Parroquial, y cuyos materiales pueden verse hoy usados en su alzado, tanto la piedra pizarrosa como sillares de piedra toba. La Iglesia no tiene cimientos, está montada sobre los fuertes muros romanos de la Torre de Descarga. Hoy se pueden ver sobre la calle cómo está montada encima de materiales romanos.

Volviendo al casco antiguo de Seks, hay que decir que las estructuras hasta hoy detectadas y fotografiadas, no dan pie a admitir que se trate del esquema de ciudad. Ni una sola calle actual responde a un cardo maximvs o a un decvmanvs maximvs. Las únicas calles que podrían presentar dudas a la hora de considerarlas romanas, son San Miguel, Angustias Nueva y su paralela Angustias Moderna. Pero las exploraciones de los alcantarillados nuevos han dado como prueba que todas están cruzadas por muros romanos en todo su trazado.

La cantidad de materiales analizados, incluyendo los de origen árabe, dan pie a afirmar que esto no es una ciudad típicamente romana, sino una gran factoría de salazones, como se indicará a continuación. Se ha hecho una estadística de los tres niveles confirmados y analizados, tanto en la vertiente de levante como en la de poniente, de materiales contabilizados de época romana, y más del 90% de ellos son de tipo romano. El resto lo forman elementos árabes y cristianos.

Para aportar algo más de luz sobre esta afirmación, hay que decir, a la vista de lo que se puede comprobar, que los elementos industriales y de almacenaje aparecen en todos los niveles. Así, comenzando por la Plaza de la Rosa, en los rebajes de las nuevas construcciones aparecieron restos de hornos de cerámica (antiguo Pasapoga) y al comienzo de la calle Alta del Mar. Viniendo de la calle Real, al inicio de Baja del Mar, apareció gran cantidad de cerámica y estructuras murales. En la misma calle Real se puede ver parte de un canal de conducción de aguas que, a partir de la librería, se dirige hacia la parte superior, probablemente hasta las dependencias orientales de la Cueva de Siete Palacios, por la calle San Joaquín (I). En Plaza del Ayuntamiento las estructuras halladas bajo la actual farmacia son evidentes. En el interior de la casa de la familia Müller apareció una gran nave abovedada, según se entra, al fondo. Tengo una fotografía (negativo) donde se observa gran parte de su bóveda, que linda por detrás con la calle Escamado. Hoy está transformada en un gran salón. Aquí se encuentra una canal subterráneo que se dirige hacia la Iglesia, y también, con canal y tuberías de cerámica, hacia la parte superior del barrio del Castillo.

Al comienzo de la calle Antigua, a izquierda, según se asciende, hay una nave abovedad bien conservada. Enfrente de ella había una ermita, donde aparecieron cantidades de materiales romanos, hoy perdidos. Sobre la calle Escamado se encuentra el Palacete del Corregidor, con materiales romanos que ya han sido estudiados y publicados.

Llegados a la calle San Joaquín (I), nos encontramos, por un lado, con el gran muro de aterrazamiento romano, un torreón medieval y el complejo de la Cueva de Siete Palacios, que fue tres veces mayor de lo que hoy se puede ver.

A la entrada de la calle San Miguel, a mano izquierda, podemos ver toda una serie encadenada de galerías abovedadas, cinco, al igual que podemos comprobar que otras muchas galerías de este tipo han sido destruidas para poder crear calle de acceso a todas esta viviendas ocupadas desde hace muchos años por familias de esta ciudad moderna. Este curioso observar que en el Libro de Asentamientos no se mencione ni una sola galería abovedada, cuando se hace entrega de casas a los nuevos habitantes que vienen de otras tierras a vivir aquí.

Siguiendo por la calle Espaldas de San Miguel, encontramos unas gradas de piedra toba, que fue de mayores proporciones de las que vemos. Más adelante había un antiguo lavadero (hoy ermita sobre una galería abovedada), con indicios de haber tenido más altura de la que se ve. Casi al final de la calle San Miguel, en un derribo aparecieron unos muros de mayores proporciones de lo habitual. Pertenecen a naves abovedadas que formaban parte del gran conjunto de la citada calle. Toda entera formaba un conjunto paralelo a Cueva de Siete Palacios. Entre las calles Clavelicos y Torremolinos, con motivo de nuevas construcciones modernas, aparecieron estructuras muy similares al conjunto de la Cueva en tipología y tamaño. Esto ha quedado enterrado.

            En la calle Angustias Nueva, al principio, hay una nave abovedada bien conservada.

            En la calle Angustias Moderna se encuentra, cerca de una placeta, una nave abovedada muy bien conservada, y otros muchos restos de muros pertenecientes a estructuras que han sido destruidas para poder abrir paso.

Ya sobre Eras del Castillo, encima de la Cueva, tenemos un conjunto de seis galerías abovedadas, y otra (hoy taponada) según se sube hacia Eras desde levante.

Casi al final de la Cuesta del Carmen, a izquierda, se encuentran los restos de la gran muralla romana que circundaba la ciudad. Sobre la parte superior de la misma se encuentra el canal cortado, que llevaba agua hacia la parte del Castillo, donde se han descubierto depósitos al respecto. Este canal procedía de Eras del Castillo, a donde llegaba el agua por medio de un sistema de sifón, procedente del depósito que estaba montado en el solar que hoy ocupa la actual Iglesia Parroquial.

Partiendo de la parte noroeste del Castillo, se encuentra un gran lienzo de la muralla romana que circundaba todo el complejo industrial. Sobre esta muralla se ha levantado la muralla medieval cristiana, cuyas almenas pueden observarse al final de la calle Antigua.

Partiendo de la calle Morería Alta podemos encontrar restos importantes sobre la calle, resto de una plataforma de hormigón para el equilibrio del terreno. Hay muchos indicios sobre la calle en todo su trazado.

En la calle Morería Baja se ha descubierto un complejo conjunto de dos galerías abovedadas, un depósito de agua encima de una galería y un murallón de contención al fondo, que supera los dos metros de grosor. La calle posterior, Morería Alta se encuentra montada sobre el citado murallón. Sobre la misma calle, un poco más arriba aparece un conjunto grande de piletas de salazones. Unas se encuentran sobre otro gran murallón de aterrazamiento. Otras han sido excavadas hace pocos años, siendo un total de doce, aunque no se excavó todo el terreno. La zona de poniente ha sido la que más demoliciones ha experimentado a través del tiempo.

De forma similar, debajo del murallón de contención que se encuentra cerca de la Cueva, sobre la calle Carmen Baja, aparecieron en un obra nueva, cinco piletas de salazones en una cota similar a la anteriormente citada.

En la calle Baja del Mar, en su cruce con Cerrajeros, hay un complejo conjunto de naves romanas, que fueron modificadas por el elemento musulmán, para convertirlo en un posible lugar de baños o, incluso, mezquita. Se distinguen muy bien los paramentos de opus incertvm, muros de ladrillo (opvs testacevm), y agujeros en el techo –como en todas las galerías abovedadas, que ha sido trasformado en lucernaria, al estilo musulmán-. Este conjunto llega desde Baja del Mar hasta Alta del Mar, donde, en un determinado lugar, una de las galerías abovedadas se resintió por peso de la casa, que se encuentra encima, y hubo necesidad, por parte de los propietarios, de meter una inyección de hormigón hasta que se rellenó el hueco de la nave de abajo.

La periferia del casco antiguo de la ciudad viene marcada por la muralla que, iniciada a la entrada de Almuñécar en la Carretera de Jete, continúa por Avda. de Cala, Calle Nueva, parte superior del Majuelo (Puerta del Alcazaba), hasta enlazar con el Castillo, muros de poniente de la Tenaza (escalonados), dando la vuelta a todo el Castillo, hasta conectar con las murallas de levante, siguiendo por la Cuesta del Carmen, enlazando con la muralla que pasa por el antiguo cine Coliseo, Puerta del Mar (bar El Choco) y continuando por la calle Alcalde Julio Fajardo, y siguiendo por la acera izquierda de la Avda. de Andalucía, finalizaba, por último, en la Carrera, Puerta de Granada. En esta zona es donde se encuentran las termas romanas últimamente descubiertas.

Finalmente hay que decir lo que pensamos sobre la realidad de este complejo de estructuras romanas. Téngase en cuenta que lo que en todo el recinto arqueológico ha aparecido es lo siguiente: galerías abovedadas, piletas de salazón en todas las cotas de la ciudad moderna, incluido el Peñón del Santo, restos de elementos arquitectónicos de edificios públicos (como templos o mercados) y, además, no hay ninguna calle actual que responda a un esquema urbano heredado de los romanos. Por todo ello no cabe más que decir. El lector tiene la palabra. Yo tengo la información, y pienso, basándome en los datos arqueológicos, que todo este conjunto responde sólo a una estructura industrial con todos sus elementos.

Al autor

ALMUÑÉCAR,ESTADO DE LA CUESTIÓN

Al iniciar el estudio de un sistema arquitec­tónico como el de Almuñécar, de entrada, cualquier no iniciado se deja llevar por explicaciones que la tradición no escrita ha grabado en la creencia popular de forma vaga y fantasiosa.

Esta ciudad ha alcanzado una tradición islámica, último contacto actuante, como factor antrópico, en la comprensión de las estructuras heredadas de un pasado casi inmediato. No obstante, tal estado de opinión tiene cierta razón de ser cuando se pueden rastrear, con evidencia, los vestigios más relevantes y significativos del acervo urbano medieval.

Pero lo que más ha calado en el observador poco avezado, es la tradición musulmana que, por inercia popular, ha llegado a influir decisivamente sobre las concepciones adoptadas a la hora de indagar en las raíces de un sistema arquitectónico antiguo, que han inducido a asumir un concepto erróneo en la interpretación de los elementos de estudio que aquí se plantean.

Así, se ha sufrido el riesgo de que una tradición popular condicione a tantos cuantos han dado su opinión o juicio sobre un complejo arquitectónico tan controvertido y extraño como el de Almuñécar.

Debido a esta concepción, impregnada de prejuicios o posturas apriorísticas, tal es el punto de vista que se ha venido manteniendo que, lo más inmediato, ha marcado la pauta a seguir para explicar, de manera llámese ortodoxa, la complicada trama que Almuñécar presenta ante el inexperto e, incluso, ante el versado.

Es asumible que la red viaria de la ciudad se preste a definiciones precipitadas, influenciadas por el estado de opinión popular dominante.

Pero la cautela, observación, recopilación de datos, crítica objetiva, y análisis sistemático y cuantificado de todo indicio o vestigio, deben marcar las líneas a seguir, y presidir toda postura asumida a la hora de iniciar una seria investigación en un complejo, en principio, no fácil de catalogar. Para explicar lo que realmente es este trabado núcleo de estructuras, se deben asumir ciertos condicionantes, como las dificultades en las prospecciones.

Los problemas planteados en estas dificultades se resumen en:

1.-Urbanismo moderno superpuesto a las formas antiguas: reutiliza­ciones de elementos musulmanes y cristianos modernos, sobre elementos arquitectóni­cos, algo de unos y múltiples de otros.

2.- Roturas provocadas en época romana y moderna.

3.- Aperturas de calles que rompen los sistemas arquitectó­ni­cos antiguos, y alteraciones de otras que en el Medievo se citan.

4.- Fórmulas constructivas para salvar los numerosos desniveles en las zonas abruptas de la planta general del complejo, donde se asienta el conjunto estructural de esta ciudad moderna.

5.- Soluciones de los antiguos para salvar tales desnive­les.

6.-Desapariciones de restos arquitectónicos a causa de los modernos planes urbanísticos.

7.-Roturas intencionadas en determinados descubrimien­tos arqueológicos.

1. TRANSFORMACIONES EN ÉPOCA MEDIEVAL

Las alteraciones estructurales de esta fase se resumen en:

1) Destrucción total de la Torre de Descarga, dentro del complejo urbano, punto terminal del acueducto romano, que abastecía este centro industrial, y su consumo humano. Tal torre se encontraba en la parte norte de la actual Iglesia de la Encarnación. Hoy dicha torre forma parte de sus cimientos.

2) Hay, encubierto con revestimiento moderno, otro depósito que recogía parte del caudal de la citada torre, para abastecer el área levantina, donde hay una factoría de mayores proporciones que la del Majuelo.

3) Reutilización, por parte del elemento musulmán, de una secuencia de naves romanas como probables baños o mezquita.

4) Construcción del Castillo fortaleza musulmana sobre un complejo romano, donde lo más relevante es una casa romana, con áreas destinadas a almacenes, o silos, entre sus componentes (descubierta en 1989).

5) Reutilización, como espacio de vivienda moderna, del complejo arquitectónico romano, en la mayor parte de los sectores en que ha sido dividida la ciudad.

1.1. Elementos constructivos. Abandono y consecuencias

En esta situación se señala la falta de interés del elemento islámico (en términos generales y por motivos tal vez justificados, según los intereses de cada comunidad) por el casquete superior de la ciudad. Esto se entiende desde el punto de vista práctico: el elenco estructural romano no reunía condiciones de habitabilidad, por lo que, probablemente, no fuera ocupado. Lo que no significa que algunos espacios sí lo fueran, como es el subsector supuestamente destinado a baños o mezquita, donde se observa reutilización del alzado romano, sobre el que se ha modelado un arco de herradura a la entrada del recinto, y aprovechado las aberturas de las bóvedas para montar tragaluces con vidrio.

Ya desde la ocupación de Almuñécar por el elemento islámico, se tienen noticias sobre ruinas que se dicen abandonadas1.

Otra de las connotaciones, aplicada a tales ruinas, es ser antiguas y, por tanto, anteriores a la época de la llegada del elemento musulmán a la Península Ibérica.

Después del análisis superficial de los restos hoy visibles, se ha comprobado que muchas de las dependencias arquitec­tónicas de tal conjunto, ofrecen un estado ruinoso, deterioro producido en fechas algo lejanas; fenómeno que probablemente ha dado lugar a una fácil reutilización, por parte de los ocupan­tes, de los elementos existentes en época tardía, para adaptar­los a hábitat doméstico. Así, se ven bóvedas caídas, que soportan un techo moderno, también en estado ruinoso (sector L de Eras del Castillo).

Normalmente, cuando una cubierta abovedada aparece con sus puntos de arranque sobre los propios muros laterales, ello indica que, casi con toda certeza, se trata de una de las naves romanas que, al paso del tiempo, por deficiencia de aparejo, se ha derrumbado.

Recientemente se ha comprobado que, cuando se tiene intención de destruir una cubierta abovedada para montar una planta encima, esa bóveda preexistente es derribada hasta el punto de no dejar indicio de su existencia, aunque en otros lugares se han limitado a enrasarla con un falso techo de escayola o yeso, y montar sobre la propia bóveda, antes enrasada en su superfi­cie externa, muros del alzado superior moderno.

En otras áreas, las antiguas estructuras caídas (o no) han sido eliminadas con el fin de hacer calle en donde no había acceso. Por ello se constata que muchas de las calles de hoy, antes fueron sistemas abovedados completos, que formaban unidad arquitectónica con otras secuencias situadas en paralelo.

Después de comprobar los alineamientos de las calles del casquete superior de la ciudad actual, en unos subsectores se ve la línea seguida por el arquitecto romano y, en otros, la necesi­dad del colono medieval, forzado a romper los esquemas antiguos porque no responden a las necesidades que su forma de vida exige.

Por ello, hay momentos en que, incluso, se abre calle usando como soporte unos murallones que servían (y sirven) de contra­fuertes a los sistemas de aterrazamiento del complejo romano.

Al darse un choque frontal entre lo existente, de época romana, y lo que se precisa por imperativos de un nuevo tipo de vida, costumbres e industrias, no cabe más solución que la de comprender que la nueva población llegada adapte a sus necesi­dades cuanto encuentre a su paso y, por ello, en la medida de sus posibilidades, lo transforma.

Gracias a la información recibida de inquilinos, se ha sabido que espacios murados en ruinas, han sido usados por los mismos como puntos de arranque de sus casas, pero conservando las módulos precedentes. Por tal razón, los esquemas modernos del casquete superior respetan las mismas proporciones, según los sectores de que se trate, y la construcción antigua reutilizada.

Es largo enumerar los casos constatados, pero, a su tiempo, se citarán, y sólo se indicarán como uno de los datos fehacien­tes de que el abandono y la no ocupación de estos espacios por el elemento musulmán, contribuyeron en gran medida al deterioro de la mayor parte de la zona monumental de Seks, sin olvidar que, a partir de los repartos, tras la expulsión de moriscos y judíos de esta localidad, el esquema general del conjunto volviera a sufrir, como parece indicarse que así fue, nuevos cambios entre transformaciones y readaptaciones.

Resulta sospechoso que la parte superior de la ciudad, entregada a los nuevos ocupantes tras dicha expulsión, no sea en ningún momento mencionada. Por ello se tiende a pensar que el casquete superior y gran parte del espacio de Poniente, no fueron ocupados porque se encontraran en estado ruinoso, además de no reunir condiciones de habitabilidad, lo que aún hoy día ocurre.

Por ello nos remitimos al Libro de Apeos de Almuñécar, en el que se ve cómo se va cumpliendo cada una de estas propuestas explicativas y analizadoras del problema urbano actual y antiguo.

En algunos de los sectores se ha podido hacer ver que aún se conserva lo que aquí se expone. Las viviendas abandonadas por los expulsados se encuentran en sectores tradicionalmente conocidos como espacios habitables, dotados de ciertos desaho­gos, en lo que se considera ciudad medieval.

Así pues, en las citas de tal documento se van enumerando, y en parte describiendo, las casas situadas en espacios conocidos como collationes, demarcaciones religiosas.

1.2. Asentamientos modernos

Los asentamientos llevados a término entre los años 1491 y 1497, siguiendo secuencia cronológica, son los siguientes, según los textos:

«Diosele unas casas en la colaçión de Santiago, de cara a la Judería desta dicha çibdad que han por linderos de la una parte una calle real que desciende del Alcaçaba y de la otra parte casa de juan de Ledesma, diéronsele e con un corral a las espaldas a la que está la madera” 2(L. R. A., nº 1, año 1491).

La colación de Santiago comprende toda la parte baja de la ciudad, hasta la llamada Puerta del Mar. Se observa la división zonal en que quedó distribuido el espacio habitable del núcleo antiguo. Tal división se hizo siguiendo criterios religiosos, algo similares a las actuales feligresías o distritos parro­quiales.

En el cómputo de collationes hay que señalar dos más: la de Santa María, que comprendía la zona norte de la ciudad y el centro, extendiéndose hasta la calle Vélez, y la de la Trini­dad, que abarcaba gran parte de las cercanías de la factoría del Majuelo y calles próximas. Hoy sólo quedan restos de muros de su ermita, sobre el fondo de la citada calle Nueva, en las cercanías del pozo que existe en la misma.

En el año 1492, se dice:

» Diósele unas casas que salen sobre la calle Real desta çibdad, con un pedaço de corral a las espaldas que han por linderos de la parte un cobertizo«3.

Aquí se destaca el siguiente rasgo: existencia de corrales, estructuras romanas abandonadas y aprovechadas como locales de servicio para ganado y almacén.

Por otra parte, se menciona un cobertizo (nombre conservado en la misma calle), entendido como secuencia de naves alineadas, existen­tes años atrás.

En la colación de Santa María de la Antigua, se citan con frecuencia casas caídas que, si se considera que tal área abarcaba el sector de la calle Nueva y numerosas anejas, concuerdan con las interpretaciones vertidas sobre la procedencia arqui­tectónica de tales edificaciones: restos de paramentos romanos encuadrados en el complejo industrial del Majuelo, como se demuestra en las investigaciones realizadas de forma precisa en este sector.

Son frecuentes los corrales actuales, en los que se ve paramento romano con cubierta rota, y viviendas montadas sobre el mismo.

En el año 1493, se dice:

«…colaçión de Santiago…casas que an por linderos de la una parte el baño desta çibdad e de la otra parte…«4 .

Como se ha indicado en párrafos anteriores, la colación de Santiago, comercial e industrial, conserva una secuencia de naves abovedadas romanas, alineadas y en posición paralela, reutilizada por el elemento musulmán.

Se ven, en los techos de su cubierta, tragaluces de vidrio similares a los que tiene cualquier baño de tradición islámica.

En el año 1493, se dice:

«Dieronse unas casas en dicha çibdad, junto a Santiago, con un pedaço de corral que sale al baño e junto a la pescadería, que han por linderos de la una parte la dicha Yglesia de Santiago e de la otra casa de Juan Carnero e el dicho baño e pescadería«5 .

La zona descrita en este fragmento se identifica como el sector que comprende parte de la calle Baja del Mar (baños, mezquita y posible cárcel de la Inquisición), la antigua pescadería (desaparecida), y el Convento de Mínimos, lugar de emplazamiento de la iglesia de Santiago.

En el año 1494, se dice:

« Diéronseles unas casas en dicha çibdad, en la colaçión de Santiago que han por linderos de la una parte el baño e de la otra parte la calle real«6 .

Se considera una nueva aportación para la futura confección de configuración urbana de este sector, tan importante en el aspecto económico y social de la ciudad.

En el año 1494, se dice:

«(…) casas en la colaçión de Santia­go (…) e de la otra parte las casas del aduana del açúcar«7.

De forma reiterada, se habla de aspectos económicos. Ahora se cita la aduana del azúcar, lo que confirma que el sector levantino de la ciudad constituye el núcleo industrial y comercial del conjunto. Esta situación se va produciendo, de forma continua, en torno a la probable definición del estero de río Verde, no sólo en estas fechas sino también en las anteriores.

En el año 1495, se dice:

«Diósele más un corralejo questá solo, do está una hyguera entre Nuestra Señora de la Antigua y el pozo«8 .

Se deduce de este fragmento que la zona descrita se inscribe en el marco actual del final de la calle Nueva, donde se conserva el citado pozo, el espacio de la iglesia, destinado a casas modernas, y los corrales, compartimentos y naves pertenecientes al complejo del Majuelo, cuya demarcación comprendía desde la Puerta de Vélez hasta la playa de San Cristóbal.

En el año 1495, se dice:

«Diósele unas casas en la dicha çibdad, en la colaçión de Santiago, que solía ser mezquita de moros, de que son linderos…de la otra parte, un callejón que entra en las ataraçanas e a las espaldas de dichas ataraçanas«9.

Aquí se cita, por primera vez, algo que pudo y debió existir en época romana: astilleros navales10. Se da la circunstancia de que, además, en la zona baja de Levante ha aparecido un puntal de espigón terminal de puerto, bien conservado y cuya medida real se ignora11 .

En el año 1495, se dice:

«(…) en la colaçion de Santa María una almaçería cayda»12 .

Probablemente se hace alusión a desvanes o dependencias domésticas, caídas ya desde época anterior, y que, según hoy se comprueba en muchos lugares de la ciudad, se continúan usando como trasteros.

En el año 1496, se citan:

«(…) casares caidos en la colaçión de Santa María«.

En el mismo año:

«(…) corral do está una hyguera que linda con casares caydos y con una almaçería questá sobre la puerta de las dichas casas«13.

Se vuelve a describir una situación urbanística en el sector de Santa María, en calle Nueva, estrechamente vinculada a las estructuras del Majuelo14.

En el año 1497, se dice:

«Diósele unas casas que heran sinagoga, en la colaçión de Santiago, que an por linderos de la una parte el horno de Alaixa e de la otra parte la calle Real»15 .

Cabe notar la presencia, en estos sectores de la ciudad, de edificios públicos notorios. Tanto la sinagoga como la mezqui­ta, atarazanas, baños, aduana y fábrica de azúcar, formaban un complejo montado sobre las viejas estructuras del estero marino-fluvial romano.

En este mismo año, se citan:

«…casas del aduana donde se solía faser el açúcar, que era de los genoveses«16.

Y más adelante:

«(…) dieron por casas a…la mitad de un horno de la uya, que es la puerta  que solía ser de la judería, que ha por linderos de la una parte una casa que solía ser synoga, e por delante la calle Real«17.

Este sector es el más equipado, ya que se concentran en él no sólo edificios públicos de tipo industrial, sino también religiosos (mezquita, sinagoga). La judería controlaría el aspecto mercantil de la ciudad medieval.

De todo esto se concluye que, siendo la zona levantina el lugar donde se debió concentrar la mayor actividad portuaria de época romana, por sus especiales características, consecuentemente existiría una infraestructura urbana de edificios públicos y privados, para prestar servicios a una actividad típicamente mercan­til.

1.3. Reutilización de la factoría del Majuelo 

Por suerte, los planos del Servicio Histórico Militar muestran unos espacios esquemáticos poligonales que dan a entender que, en fechas relativamente próximas, parte del complejo industrial de piletas y compartimentos de zonas auxiliares, se encontraban al descubierto. Téngase en cuenta que una pequeña parte ha estado visible dentro de la factoría, y que se corresponde, una vez descubierta la mayor parte de ella, con un sector del foro[1].

Los antiguos propietarios de la citada finca rellenaron, con tierras acarreadas, el espacio que quedaba a la intemperie. Por otra parte, es tradición, según la gente mayor de la ciudad, la práctica de la salazón en los recipientes que la factoría tenía entonces al descubierto.

1.4. Desaparición de las zonas portuarias

Modernamente se ha delimitado, con cierta precisión, la antigua línea de costa en las vertientes de Levante y Poniente18. El Instituto Arqueológico Alemán de Madrid ha realizado sondeos en ambos esteros marinos antiguos, llegando a la conclusión de que el diseño cartográfico de la zona portuaria natural de Seks, se adentraba por ambas vegas, y formaba dos ensenadas: una mayor, río Verde, y otra menor, río Seco. Así, Seks estaba favorecida por la configuración de la costa, con dos zonas portuarias. La más segura y amplia era la de río Verde. La ribera izquierda de esta última, según se entra, ha sido más importante en la construcción de amarres, espigones y zonas de refugios navales. Así, queda abierto el proceso analítico para estudiar cada elemento constructivo y todos en conjunto, a fin de establecer, dentro de las lógicas limitaciones reales, un criterio interpretativo unitario de este complejo arquitectónico.

EXPOSICIÓN SINCRÓNICA DE LAS ESTRUCTURAS

Los planteamientos científicos, en estudios y conclusiones en materia de investigación histórico‑arqueológica, deben seguir unas normas que, dentro de cada proyecto de trabajo, encaucen los procedimientos precisos. Por ello, cuando la falta de rigor, prospección, análisis y comprobación convergen en un sistema a estudiar, las conclusiones se dispersan y crean una situación de ambigüedad, que impiden conclusiones serias o, por lo menos, correctamente planteadas.

Esto supuesto, por el momento, poco ha salido a la luz sobre la verdad histórica en lo concerniente al estudio de un medio como es el que se viene conociendo, desde tiempos antiguos, con el nombre de Seks.

Sabido es que investigación y estudio de yacimientos no faltan y, por ello, esto forma un mosaico de detalles arqueo­lógicos dispersos e inconexos, de los diferentes aspectos de esta comunidad humana.

Aplicando estas premisas a Almuñécar, se dispone de documentos escritos relativos a la ciudad, impregnados de prurito localista (Historia de Almuñécar y su antigüedad defendida, Bibliot. Nac., leg. Nº 5857; y Manuscrito de Motril).

Por ello se hace una breve cita de aquellas actividades realizadas hasta ahora:

a) Aportación arqueológica con excavación, de J. M. Fontana en 1945, en el Peñón del Santo19, con descubrimiento de varias piletas de salazón de pescado junto a las actuales ruinas romanas, hoy visibles en este subsector de la ciudad.

b) Prospecciones arqueológicas del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid20, en los años 1950.

c) Excavaciones de Pellicer en el Cerro de San Cristóbal y a Levante del Castillo de San Miguel, en su ladera21. .

d) Excavaciones realizadas por Sotomayor en la finca el Majuelo22.

e) Excavaciones dirigidas por Molina Fajardo y A. Ruiz, sobre la colina de Puente del Noi23.

f) Excavaciones en el Majuelo, llevadas a cabo por Molina Fajardo24.

g) Excavaciones en la periferia del Castillo de San Miguel25.

h) Excavaciones de urgencia en Eras del Castillo26, Plaza del Ayuntamiento27(dos), calle Real28, Explanadas de San Miguel29, Palacete30 del Corregidor y, por último, en Cueva de Siete Palacios31.

Aplicando este cúmulo de operaciones arqueológicas, término con el que se precisa su correcto significado, a los razona­mientos antes expuestos, es necesario delimitar lo que tiene apariencia de científico, y lo que realmente lo es.

Haciendo crítica de las primeras intervenciones (Peñón del Santo), los resultados fueron recogidos como noticia por Gómez‑Moreno y Ponsich y Tarradell32, y se ignora cómo y cuáles fueron los resultados de tal trabajo, aunque se dice que aparecieron piletas de salazón de pescado en mal estado de conservación en la cima del Peñón.

Las dos únicas excavaciones, llevadas a cabo con rigor en estos parajes, han sido las practicadas sobre el Cerro de San Cristóbal, zona periférica de Levante del Castillo de San Miguel (Pellicer)33, y la primera fase de la factoría de salazones del Majuelo (Sotomayor)34.

En la excavación de la Cueva, los resultados han sido normales dentro de lo esperado, dado que no ha existido estratigrafía, debido a que la ocupación de este espacio tuvo lugar en época tardía, al ser comprobado que los materiales hallados aparecen revueltos: cerámica, y otros elementos, en estratos muy dispares, como se ha visto en el proceso de excavación.

Así, un mismo tipo de cerámica afloraba tanto superficial como en niveles profundos.

Este espacio ha sido utilizado para los más diversos fines: desde hábitat, en época reciente, hasta como cementerio de animales, según documento arqueológico (sector L, parte baja de la Cueva).

Según testimonios orales, en los años ’60 se realizaron exploraciones sobre el relleno de la Cueva, extrayéndose algunas vasijas de cerámicas en el subsector de acceso de la puerta de Poniente.

Con estas indicaciones la Cueva pudo ser ocupada por el elemento islámico como almacén, según se observa en el sector K (fig. 17), donde recientemente se ha comprobado la reutili­zación de materiales romanos por parte de los musulmanes, ya que se observan elementos secundarios de ambas culturas, revueltos (46-K; 47‑K y 48‑K).

En el sector X (fig. 34), han sido detectadas otras reutilizaciones, según información tomada cuando se abrieron los cimientos de una construcción moderna. Se extrajeron, de compartimentos de estructura romana, dos vasijas tipo dolivm, mostradas en 9X, en cuyo contexto apareció fuerte mezcla de elementos romanos y musulmanes.

En calle Real se ha practicado una excavación de emergen­cia, donde se ha sobrepasado la profundidad necesaria para la búsqueda de elementos estructurales.

Los componentes de sistemas romanos cesan a una profundidad aproximada de 1,50 m. A pesar de ello, se ha continuado profundizando hasta los 4,70 m, excavando sobre zona de tierra o limo, tal vez pensando hallar algún resto de muro ibérico o púnico. El resultado ha sido negativo.

Sorprendentemente, sobre esta misma calle, a unos 20 m, en sentido hacia la playa, en el derribo de una casa antigua, al abrirse las bases para asentamiento de zapatas, se comprobó, en la sola exploración superficial y algo de movimientos de tierras, y que apenas se llegó a los ¾  de m, pudo seguirse una secuencia de muros romanos que, en base, formaban parte de los viejos cimientos de la antigua casa derribada (no se permitió la fotografía).

Aparte de este dato, se vio cómo una pieza cerámica similar a un dolivm, utilizado como recipiente de fosa séptica, quedaba fijado con hormigón romano en el suelo, junto a un paramento romano enterrado. Pero la novedad fue el hallazgo de numerosos fragmentos de cerámica púnica, romana, medieval y moderna, todo ello revuelto y en una potencia que apenas llegaba al metro de profundidad.

La conclusión de tales resultados fue pensar que el material hallado era un relleno llevado a cabo para equilibrio de la superficie tiempos atrás.

Los materiales no estaban en posición estratigráfica, sino que la consecuencia del desnivel, en este sector de la ciudad, producía movimiento de tierra debido a las necesidades que las nuevas estructuras impusieron a la hora de remodelarse lo que quedó de la cultura anterior, para poder ser ocupada.

En conclusión, son acumulaciones, dentro de la profundidad indicada, de material movido a partir de la llegada del elemento musulmán. Lo que no quiere decir que debajo de estas estructuras de muros romanos, los materiales se encuentren en posición

Así, cuando se ha pretendido dar una opinión sobre las extrañas formas que presenta el sistema arquitectónico de Seks, se ha hecho de modo precipitado, sin analizar los elementos estructurales que dan cuerpo al conjunto, sino más de manera aislada y con escasez de datos al respecto. Ello ha llevado a definir un sistema como la Cueva de Siete Palacios, recopilando las diversas interpretaciones que sobre ella se han vertido, diciendo que se trata de una cárcel de esclavos (ergástula), o criptopórtico sobre el que se asentaba un foro o edificios públicos.

No se puede definir, por un solo componente arquitectónico, sin contar con el contexto arqueológico, lo que es el conjunto que se estudia en Almuñécar. Por ello, nuestra intención, aunque arriesgada, no deja de ser coherente, ya que trata de dar una definición unilateral de cada sector, estableciendo una interrelación posterior de todas ellas, creando cuerpo unitario que dé sentido al complejo en su totalidad.

Pero, también, se tratará de establecer una relación estrecha entre el núcleo central y los periféricos, para no dejar carentes de función algunos componentes que se dan de modo algo confuso.

Lo preocupante, desde el punto de vista científico, ha sido la falta de método analítico que, de forma sistemática, iniciara un banco de datos, con el fin de dar forma y contenido a las estructuras que se han venido descubriendo desde tiempos pasados.

Por todo ello, se insiste en que, con un estudio programa­do, teniendo en cuenta los elementos que presenta la simple exploración casi superficial, se consiga llegar a unas conclu­siones que se sitúen dentro de lo que, con cierta lógica, pueda ser admitido como proyecto científico.

Es necesario que, como se dijo al principio de esta relación de fechas y datos inconexos, sea hora de plantearse, de forma correcta, cuanto concierne a unas estructuras faltas de explicación metódica y, sobre todo, partir de los numerosos datos de que se ha dispuesto para un estudio serio y ordenado.

Aquí se plantea, con exigencia, ofrecer una aceptable respuesta a un acervo de documentos objetivos, con rigor y coherencia. No se trata de hacer una nueva exposición de lo que intrínsecamente constituye la esencia de Seks, sino de presen­tar una versión diferente que satisfaga la demanda de entendi­dos y profanos.

Volviendo un poco atrás, por ahora no hay más solución que la de seguir usando los tópicos tradicionales; lo que no es óbice para que se vayan imponiendo otros que solucionen esta cuestión pendiente.

Al igual que lo relacionado con lo fenicio-púnico, no presenta un estado de continuidad homogéneo, ya que las conclusiones sobre lo excavado, en materia de hábitat permanente de este elemento humano en estos parajes, es insostenible por las características de los yacimientos en sí, y hay que decir que, por falta de rigor, tanto lo relativo al fenómeno fenicio púnico, abundante, como la suficiencia de elementos romanos en estructuras arquitectónicas, no han despertado, tal vez por un fenómeno de encubrimiento de las interioridades domésticas actuales, el suficiente interés por indagar en los interiores de las citadas estructuras; lo que revelara la verdad de una reiterada situación falseada por falta de solvencia científica, que se constata con la simple observación de los elementos mostrados, con una frecuencia más que suficiente, pero mal interpretada

Después de reiteradas observaciones de lo descubierto al exterior del sistema constructivo, se ha llegado a iniciar un nuevo camino para comprobar si lo que aparece en superficie tiene respuesta en el interior del conjunto. En efecto, a partir de la década de los años ’60, se inicia un constante seguimiento de cuanto se descubre, bien de forma intencionada, bien por observación de lo que se da en superficie; y, en principio, se llega a conclusiones que, ordenadas y clasifi­cadas con criterio de carácter tipológico, inducen a seguir en la búsqueda de una continuidad en todo aquello que diera muestras de llevar a esa unidad y, sobre todo, a una coherencia con el conjunto de cada uno de los compartimentos en que se podía subdividir el núcleo urbano de la actual ciudad.

Los diferentes sectores, en que se ha dividido el esquema arquitectónico antiguo, después de un planteamiento interpretativo nuevo, han abierto un cierto camino hacia esa búsqueda de unidad que, dentro de todo sistema evolutivo, pueda ofrecer respuesta a las diversas cuestiones planteadas.

Dadas estas premisas, dentro de la planimetría lógica, ideada para responder al proceso de este complejo, con casi siete siglos de presencia romana y, precisamente debido a ello, se ha dividido diametralmente la ciudad en dos grandes sectores, que podrían explicar las evoluciones o cambios experimentados en ese largo período de historia.

Esos sectores vienen impuestos por la diferencia de curvas de nivel. El núcleo superior muestra más homogeneidad tipológi­ca que los planos inferiores.

A partir de una cota concreta, los materiales utilizados son de un tipo, y los restantes, o bien cambian o se mezclan. El casquete superior, más coherente y homogéneo, ha sido siempre el más abandonado, quizá debido a que ha sido habitado por gente de nivel social y económico humilde. Y por ello, la consecuencia final de esta ocupación ha sido la conservación de todas las líneas maestras de las distintas áreas que conforman este sector, y sobre las que se han venido superponiendo, de manera generalizada, los alzados de las viviendas relativamente modernas.

Hay zonas donde se puede ver la reutilización de paramen­tos romanos en su casi totalidad (no se hace referencia a los abovedados).

Los trazados antiguos son tan desconocidos y tan faltos de lo que se entiende como lógica urbanística en los esquemas romanos que, a veces, resulta confuso seguir las líneas de las estruc-turas, según un orden.

Hay subsectores que muestran las alteraciones sufridas por la ocupación medieval y reciente. Pero otros necesitan una gran dosis de estudio y comparación.

Una de las causas que motivan confusión en algunas áreas es el aterrazamiento, usado como elemento de equilibrio en los lugares donde el suelo tiene grandes o pequeños desniveles. Es un fenómeno frecuente, y muestras de ello son las grandes masas de piedra con cal grasa observables en superficie, a través de varias calles actuales.

Esta enmarañada situación, formada por secuencias casi ininterrumpidas de naves abovedadas, deja muchos casos en un completo desconocimiento de los accesos a esos espacios. Se comprenden las dificultades que debieron superar los nuevos ocupantes de los referidos elementos arquitectónicos, cuando se han visto forzados a romper los muros de esos recintos. En cierto modo puede servir de explicación para dar sentido a la complicación y dificultad de accesos a estas estructuras, la intención de hacer frente a las continuas acciones de piratería que, con relativa frecuencia, tenían lugar en estas costas. Unas estructuras cerradas y con entradas del tipo que se tratan de explicar, no hay duda de que crearían serios proble­mas a cualquier intento de este tipo. En definitiva no es más que un sistema de almacenamiento fortificado y con accesos difíciles de localizar.

Las áreas que comprenden las calles San Miguel, Espaldas de San Miguel, Eras del Castillo, Nueva del Carmen, Angustias Moderna, Morería Alta y otras de estos niveles, presentan indicios de ser artificiales, es decir, con accesos abiertos a pico, rompiendo los muros romanos para ocupar tales formas constructivas.

Pero hay otro dato de interés a este respecto, relativo a las citas sobre restos antiguos de tipo arquitectónico; y es que uno de los historiógrafos musulmanes habla de la existen­cia, en la zona alta de la ciudad, de ruinas antiguas35.

En algunos subsectores se observa que los muros, e incluso sistemas abovedados, han sido rotos para abrir accesos y penetrar en otros recintos cerrados. Con esta práctica se han hecho desaparecer series enteras de criptosistemas abovedados para interconectar las redes viarias modernas de paso.

En el subsector de la calle San Joaquín (I), indicaba un inquilino, cuya casa tiene en su interior nave abovedada, que, tiempos atrás, la gente tuvo que allanar el espacio existente a lo largo de toda la fachada nororiental, aneja a su casa cueva para que los animales de tracción pasaran sin dificultad, y se pudiese acceder a las casas (naves abovedadas), donde habitaban.

Esto revela que, en este sector, se construyó aterrazamiento para nivelar el solar donde se encontraba emplazado el sistema del complejo de la Cueva, cuya área conservada representa la cuarta parte de su unidad arquitectónica.

El otro gran sector, o área de mediana altura y zona baja de Poniente, tiene características algo diferentes. Los materiales de construcción amplían su variedad. Se usa el ladrillo (opvs testacevm), no registrado como elemento de aparejo en todo el casquete superior, tanto para el alzado de arcos y muros como en abovedamientos, y el opvs incertvm en los muros soportes de las naves abovedadas

Sobre tipos de bóvedas, en un subsector concreto, se observan formas vaídas, normales, de medio punto, y tragaluces circulares similares a los agujeros detectados en las cubiertas de la mayoría de las formas hasta ahora conocidas.

En general, se afirma que, si se traza una diagonal norte-sur, el semiplano de Levante ha sido el que más transformacio­nes y desgastes ha experimentado. En primer lugar, con relación al casco urbano actual, ha sido la zona con más materiales sedimenta­dos, como se ve en algunos cortes practicados en derribos.

Supuesto un segundo murallón contrafuerte, perteneciente a la última cota de aterrazamiento de desniveles, comprobado en calle Real (excavación de urgencia, y rebaje de cimentación de edificio donde se halló gran cantidad de materiales en superfi­cie), con acumulación de éstos, aglutinados en dos casos de los tres practicados sin orden ni estratigrafía), se infiere que el sector más deteriorado por el abandono y la erosión, así como sometido a cambios de todo tipo estructural por las diferentes etnias del pasado, ha sido precisamente el denominado zona de Levante.

De las dos ensenadas, la mayor era la levantina, que se adentraba algo más de 2 km en lo que hoy es la cuenca de río Verde, por encima de la paralela a la costa actual, trazada desde el llamado Portichuelo. La segunda, más reducida, partía, casi en diagonal, desde las proximidades de la factoría del Majuelo, en su mitad, hasta los promontorios formados por las tres colinas donde se encuentran las necrópolis púnicas: Puente del Noi, Laurita y colina situada sobre la antigua colonia de la Diputación Provincial de Granada. En ambos esteros se han registrado indicios de componentes de puertos artificiales. En la factoría del Majuelo, Sotomayor descubrió soportes, en donde se podía ensamblar travesaño, utilizable como punto de amarre de barcos36. En la zona de Levante, estero mayor, se ha localizado un punto extremo de puntalón de muelle de puerto romano, de opvs caementicivm, habitual en la construcción portuaria. En resumen, todo un proceso de deforestación, provocado por diferentes causas naturales e intereses locales, ha desencadenado, como resultado final, una fuerte sedimentación, (aparte de la elevación de terreno por causas geológicas, hundimiento de la zona de Alborán y, como consecuencia, elevación de la franja costera granadina), que ha dado lugar a la formación de las actuales vegas de los ríos Seco y Verde, fenómeno que ha producido simultáneamente el enterramiento de las áreas portuarias, con más intensidad en Levante que en Poniente. Como indica el plano de evolución geológica de la línea de costa37,la de Levante  pasa por encima de lo que se considera zona portuaria en este sector, y donde los muros de contención están enterrados a escasa profundidad. La gran área de factoría de salazones yace bajo tierra en el espacio comprendido entre la línea de evolución geológica antigua, y lo que hoy es la parte baja de la ciudad, a lo largo y ancho de laderas del estero periférico de Levante. No faltan puntos donde se han destruido lienzos de muros de la factoría de salazón. Así, la vertiente más alterada está a Levante del barrio de San Sebastián. Sobre la ladera, en sus puntos más bajos, han aparecido muros romanos. Por encima de estas estructuras hay una villa romana, en el citado barrio de San Sebastián. Tal vez con el tiempo se sepa qué resta aún debajo del corredor formado por las laderas que bordean el estero antiguo de río Verde. En cuanto a la ensenada de río Seco, la línea de playa se encontraba cerca de donde se han hallado las necrópolis púnicas mayores; lo que daría luz sobre el hipotético primitivo estacionamiento fenicio-púnico.

1 Cfr. Fuentes historiográficas medievales: notas 60 a 70, en INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE ALMUÑÉCAR.

2 Mª Carmen Calero Palacios, “El Manuscrito de Almuñécar: Libro de Apeos” del Archivo de la Diputación Provincial de Granada, Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, p. 419.

3 Ibidem p. 437.

4 Ibidem, p. 464.

5 Ibidem, p. 469.

6 Ibidem, p. 479.

7 Ibidem, p. 491

8 Ibidem, p. 499.

9 Ibidem, p. 500.

10 Cfr. Simonet en Ibn al-Jatib, en el epígrafe Seks en las Fuentes Escritas.

11 Cfr. Planimetría del Sector X, Fig. 34.

12 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit., p. 502.

13 Ibidem, p. 507.

14 Cfr. Planimetría del Sector J, fig. 16.

15 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit. p. 512.

16 Ibidem, p. 514

17 Ibidem, p. 514.

18 O. Arteaga-Hoffmann-H. Schubart-H.D. Schuld, Investigaciones Geológicas y Arqueológicas sobre los cambios de la línea de costa en el litoral de la Andalucía Mediterránea, Informe Preliminar, 1985, Anuario Arqueológico de Andalucía, 1985, II Actividades sistemáticas, 1987, pp. 120 ss., fig. 4.

19 M. Ponsich y M. Tarradell, Garum et industries antiques de salaison dans la Méditerranée occidentale, Paris, 1965, pp. 82 ss.

20 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.

21 Trabajos de  carácter general para tema inicial: Véanse M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Granada, 1962. Id. Actividades de la Delegación de zona de la Provincia de Granada durante los años 1957-1962, NAH, Madrid, 1964; Id. Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada) AEA., 17, Madrid, 1964; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964; Id. Actividades de la Delegación de la Provincia de Granada, NAH, Madrid, 1955. J. Maluquer de Motes, Descubrimiento de una necrópolis en la antigua ciudad de Sexi (Almuñécar, Granada), Zephyrus, XIV y AEARq., 28.

22 Trabajo de carácter general, M. Sotomayor Muro, Nueva factoría de salazones de pescado en Almuñécar (Granada), NAH, XV, Madrid, 1971.

23 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández  y otro, La  necrópolis feniciopúnica de Puente de Noi, Almuñécar en la Antigüedad, Granada, 1982, pp. 147 ss.

24 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, op. cit. pp. 279 ss.; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar, Arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 185 ss.

25 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Dos cortes bajo las murallas del Castillo de San Miguel, Almuñécar…, op. cit., II, pp. 351 ss.

26 Trabajo inédito por urgencia, pero reflejado en la Planimetría del Sector M, fig. 24.

27 F. Molina Fajardo, Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 89 ss.; Id. Excavación de urgencia sin publicar, realizada en la zona cercana al Castillo de San Miguel, y sólo reflejada en Planimetría (Sector V, fig. 33.).

28 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 121 ss.

29 Excavación de urgencia llevada a cabo en la explanada de Eras del Castillo y aún no publicada.

30 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Excavación de urgencia en el solar del Palacete del Corregidor, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 105 ss.

31 F. Molina Fajardo, El Bronce Final yla colonización Fenicia, Almuñécar…, op. cit., pp. 21 ss.; F. Molina Fajardo, J. Junquera García, E. Pérez Pita y J. Gómez Torres, Arquitextura romana, Almuñécar…, op. cit., pp.252 ss.

32 M. Ponsich y M. Tarradell, op. cit., pp. 85 ss.

33 Cfr. Nota 19.

34 Cfr. Nota 20.

35 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII según al`Udri (1003-1035), Cuadernos de Historia del Islam, 1977, pp. 5-8.

36 Cfr. Nota 22.

37 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.

SEKS EN LAS FUENTES ESCRITAS

1. TEXTOS HISTORIOGRÁFICOS GRIEGOS Y LATINOS

Como ha quedado indicado en la exposición introducto­ria, las fuentes escritas no siempre se corresponden con los hechos reales. Este fenómeno se observa cuando se trata de hacer una equiparación entre lo escrito y lo arqueológico, que podría traducirse en un intento de establecer una correlación paralela entre lo que es y lo que hay; o lo que es igual: los textos escritos no se mue-ven en las mismas coordenadas históricas que los elementos arqueológicos.

Pero, a pesar de este factor de incongruencia, se va a prescin­dir, en parte, de la arqueología para fijar la atención en lo que los antiguos estimaban como estructuras urbanas, fuérenlo o no, hecho que ocurre. Pues dentro de la arqueología urbana no se hace distinción entre una ciudad como Baelo Claudia, ejemplo clásico, y lo que podía ser sólo una factoría, como lo son numerosos emplazamientos costeros tanto en la Península Ibérica como en Marruecos atlántico.

Pero, siguiendo el criterio de los historiógrafos antiguos, se va a aplicar su método al relatar las citas que se hacen en la Antigüedad sobre Seks. Así, recurriendo a un texto de Estrabón (Geogr. IV, 1,5), éste dice que la eficacia de una repoblación se fundamenta en la vida urbana, desarrollando los aspectos más comerciales. Estrabón duda también sobre la aplicación de la denominación dada a este tipo de ciudad, ante los aspectos negativos ofrecidos por un emplazamiento como el de Seks en sus inicios.

El contenido etimológico del topónimo queda suficientemen­te explicado por J. M. Solá‑Solé38, que presenta la secuencia ŠKŠ (samek, kaf, samek), cuya trascripción griega dará la forma ’Εξ.

La Historiografía antigua ha proporcionado pocas citas sobre los inicios de esta colonia. Durante el período romano serán más frecuentes y amplias. Conocidos son los trabajos sobre la colonización fenicia y griega y los contactos de tales etnias con la localidad de Seks39.

Esta ciudad, por seguir el término que los antiguos usan, queda integrada política, jurídica y militarmente en el Conventvs Gaditanvs, dentro de la Provincia Bética.

El emplazamiento de la ciudad, en sus orígenes, sigue siendo una incógnita, aunque hay opiniones que apuntan la idea de situarla en las cercanías de la actual Jete40.

1.1. Hecateo de Mileto (s. VI a. de C.)

Las citas históricas de Seks se inician con un texto de este autor, y dice así:

«Μαστιαvoi, eθvoς πρoς ταiς Ηρακλεiαις Στήλαις, Εκαταioς Εuρoπh. Εiρηται δε aπo Μαςτίας πόλεως. Σύαλις, πόλις Μαστιηνων. Σίξoς, πόλις Μαστιανων. Ηκαταioς Εuρωπh»

Esto es:«Mastienos, raza próxima a las columnas de Heracles; Hecateo en Europa. Se les da este nombre de la ciudad de Mastia. Syalis, ciudad de los Mastienos. Sixos, ciudad de los Mastienos. Hecateo en Europa»41.

Con relación a la dependencia política de Seks en estas fechas, se indica que la capitalidad o metrópolis de los Mastienos era la ciudad de Mastia, presuntamente identificable con la ciudad de Carthago Nova, en sus orígenes, ya que se dice que la población o comunidad autóctona de Seks pertenecía a la misma etnia42.

Son diversas las interpretaciones que se han dado sobre el topónimo ŠKŠ en el aspecto lexicográfico, presumiblemente debido a desconocimiento semántico, ya que, según se desprende de su posterior estudio, hubo un momento, en el proceso de las acuñaciones, en que su comprensión fue desconocida43.

Por otra parte, tal confusionismo motivó una amplia gama de variantes morfológicas, unas procedentes de la trascripción griega (‘′Εξ/ Σίξoς), y otras, de la versión latina, a partir del término SEX (transcripción del espíritu áspero (‛) por s latina, épsilon (ε) por E y KŠ por X), resultado que adquiere múltiples fórmulas: AEX, EX, EXITANVM, SEX, SEXI, SEXETANVM, SEXSI y SEXITANVM, SEXSI FIMVM IVLIVM, con sus derivados gentilicios correspondientes.

1.2. Dífilo de Sínope (s. III a. de C.)

La cita aportada por este autor griego fue recogida por Ateneo de Naucratis en su obra El Convite de los Sofistas. Su texto es como sigue:

«kreisonoς  ̉Αμύκλαvoς (σκόμβρoς) και Σπαvός Σαξιταvός λεγόμεvoς γαρ και γλυκύτερoς».

O sea: El mejor escombro es el de Amyclas y el hispano llamado sexitano, pues es más delicado y agradable”44.

Tal fama de las salazones de Seks en el Mediterráneo quedará reflejada en la reiteración de su calidad a través de varios autores.

1.3. Estrabón (s. I a. de C.)

Uno de sus textos recoge la siguiente noticia sobre Seks:

«h δe Μάλακα πλησίov mallvn, Φoιvιvικŋ τω ςχήματι. eφεξhV δ` eστin twn ‛Εξιταvwv πόλις, eξ hς καi τa ταρίχη eπωvύμως λέγεται»:

Es decir: “Málaga está más cerca, con esquema de ciudad fenicia. Después de ésta se encuentra la ciudad de los exitanos, de la cual es epónima su salazón”45.

Su contenido es:

«[…] κατασχεiv εiς τι χoρίov evτoς τwv στηvwv, ev w nun eστi h τwv Εξιταvwv πόλις. evταuθα δε θύσαvτας, μh γεvoμέvωv καλwv τwv iερείωv,avακάμψαι πάλιv.

Es decir: “[…] desembarcaron en un lugar, a la parte de acá de las Columnas, en la que ahora se encuentra la ciudad de los Exita­nos. Tras haber ofrecido sacrificios allí y, al no serles propicios, se volvieron”46.

Este texto ha dado lugar a especulaciones, que no han provocado más que confusión, y alimentado los pruritos localis­tas, llegándose incluso a suponer que se ha producido una manipulación en el proceso mismo de la Historia Antigua, cuando se ha querido establecer un criterio de prioridades en el trans­curso de las colonizaciones, iniciado por los fenicios47.

1.4. Tito Livio (s. I d. de C.)

En el primer texto relativo a Seks (Sexetanvm), Livio expone la rebelión que se produjo en el año 197 a. de C., por parte de algunas ciudades, colonias, entre las que se contaban Seks, Malaca y otras.

Como era normal, después de los episodios bélicos de época púnica, la comunidad de Seks ya había conseguido cierta estabilidad en lo que se refiere a la población fenicio-púnica. Resultaría pues, incongruente que una comunidad estable se levantara en armas contra una potencia como Roma, y sin unos motivos que no supusieran el haber roto vínculos de tipo político y sociales establecidos con ella.

El primer texto dice como sigue:

«vixdvm terminato cvm Philippo bello (…) ingens in Hispania ulteriore coortvm est bellvm. M. Helvivs eam provinciam obtinebat. is litteris senatvm certiorem facit Cvlcham et Lvxinivm regvlos in armis esse, cvm Cvlcha decem et septem oppida, cvm Lvxinio validas urbes Carmonem et Bardonem, in maritima ora Malacitanos Sexetanosqve et Baetvriam omnem et qvae nondvm animos nvdaverint ad finiti­mo-rvm motvs consvrrectvra (…)»

Es decir:«Apenas terminada la guerra con Filipo, estalló una gran revuelta en la Hispania Ulterior. Marco Helvio estaba al frente de esta provincia, y puso en conocimiento del Senado que los régulos Culcas y Luxinio se habían levantado en armas. Culcas tenía bajo su dominio 18 ciudades; Luxinio las poderosas ciudades de Carmona y Bardo, y que en la costa, los malacitanos y sexetanos y toda la Beturia y los que todavía no habían descubierto sus intenciones, se levantarían en armas (…)«48.

Sin duda, esta rebelión fue provocada por incumplimiento de los pactos firmados con Roma, y por abusos tributarios de mandos militares romanos.

1.5. Pomponio Mela (s. I d. de C.)

Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

«in illis oris ignobilia svnt oppida qvorvm mentio tantvm ad ordinem facit;  Vrci  in  sinvm  qvem Vrcitanvm vocant; extra, Abdera, Svel, Ex, Maenoba, Malaca, Saldvba, Lacippo, Barbesvla».

Es decir:«En aquellas costas hay ciudades importantes. Su mención se hace por seguir un orden de cita; Urci se encuentra al fondo de la ensenada llamada urcitana; fuera se encuentran las ciudades de Abdera, Suel, Ex, Maenoba, Malaca, Salduba, Lacippo y Barbesula»49.

La fecha de este episodio coincide con una situación tranquila en la Bética. Al menos las guerras civiles entre César y los hijos de Pompeyo habían quedado atrás, y la paz romana prevalecía sobre casi toda la Península.

1.6. Gayo Plinio Segundo (s. I d. de C.)

Esto es:»le sigue Menoba con su río, Sex con el sobrenombre Firmvm Ivlivm, Selambina, Abdera, Mvrgi, fin de la Bética. Marco Agripa consideró que toda aquella costa fue púnica desde sus orígenes»50.

La cronología aplicada a los sucesos que se narran en esta obra establece alguna conexión entre la situación particular de Seks y las guerras entre César y Pompeyo.

Alrededor del año 46 a. de C., la población, en general, o colonia romana, tuvo algo que ver en los sucesos finales de la citada guerra. Hay ciertos datos indicadores de hechos bélicos atribuibles a los últimos momentos de la lucha entre pompeya­nos y cesarianos. A pesar de la probable concesión de la titularidad de Mvnicipivm concedida por César en el año 49 a. de C., se deja ver que la evolución del topónimo no se produce hasta la desaparición de los caracteres púnicos de las leyendas monetales. Además, en el año 46 a. de C., aún se combatía entre seguidores de uno y otro bando.

La ciudad de Seks parece haber estado de parte de los pompeyanos, como atestigua el hallazgo de un tesorillo de denarios de plata aparecido en una pileta de salazón abandonada51. Tras el estudio del material, se ha comprobado que la última de las piezas puede fecharse en el año 46 a. de C., observándose también el uso de símbolos y leyendas alusivas a Pompeyo. Probablemente tal acuñación fuera realizada por un hijo de éste.

El abandono de la leyenda púnica y la adopción del topónimo en caracteres latinos tienen lugar (aparte de la decadencia de lo fenicio-púnico en varios aspectos de tal cultura, entre ellos la lengua), cuando Roma impone definitivamente su influen­cia en todos los aspectos sobre el imperio consolidado, deci­diéndose el cambio epigráfico, producido aproximadamente a finales del siglo I a. de C., o primera mitad del I d. de C. Se da una incongruencia lingüística entre los textos históricos que citan la ciudad (unos con topónimo helenizado; otros, latinizado) y la epigrafía numismática. Tal contrasen­tido es insostenible desde el punto de vista histórico, pero da la impresión de que se asiente en ello, aunque semánticamente sea anacrónico e incluso lleguen a darse, de forma simutánea, diferentes variantes en una misma época, por más que ello constituya un topónimo polisémico, como en algunas ocasiones se ha admitido.

La presencia militar en Seks se ha comprobado desde el año 46 a. de C., y se supone que existía desde antes, pudiéndose indicar, como dato de ello, el año l97, fecha en que las ciudades costeras y otras se sublevan contra Roma.

Con todo, y profundizando en el texto de Plinio, se puede decir que, aparte de las connotaciones políticas de pactos anteriores establecidos con Roma, la denominación Firmvm Ivlivm puede significar una fórmula de sumisión al nuevo poder establecido, indicando que justamente el término cognomine funciona como un elemento de enlace para sumar un calificativo que, en la mejor de las interpretaciones, puede ser entendido como fórmula adulatoria, comprensible desde el punto de vista interpretativo, por las situaciones históricas que mantenía la colonia de Seks. En efecto, se ha comprobado que, por lo menos en el año 46 a. de C., hay revueltas, como indica la Arqueología (cfr. nota 33), que manifestaban inestabilidad aún después de Munda (49 a. de C.).

La aplicación efectiva del estatuto de derecho latino, concedido por Julio César, entraría en vigor en estas colonias posiblemente no de forma inmediata.

La segunda cita de Plinio es la siguiente:

«colias sive Parianvs sive Sexitanvs a patria Baetica lacertorvm minimi»

Es decir:» El colias pariano o sexitano que se cría en la costa bética, son los más pequeños de éstos»52.

En este texto tan sólo se hace alusión a uno de los tipos de pescados que se elaboraban en Seks, indicando su abundancia en el Mediterráneo53.

1.7. Marco Valerio Marcial (s. I d. de C.)

Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

«cvm Saxetani ponatvr coda lacerti  et, bene si cenas, conchis invncta tibi: svmen, aprvm, leporem, boletos, ostrea, mvllos mittis: habes nec cor, Papyle, nec genivm«.

O sea:» Mientras tú te sirves pescadillas saxetanas revueltas con caracolas, si es que cenas bien; tú, en cambio, pones ubre de cerda, jabalí, liebre, setas, ostras y barbos. Papilo, ni tienes gusto ni inteligencia»54.

Considerando que este autor es irónico por antonomasia, sus referencias a Seks se encuadran en el contexto de unos versos de tal talante, que sólo la alusión a una localidad de prestigio podía servirle para componer una sátira. El servirse del topónimo para este fin, no deja de ser más que una anécdota, ya que se conoce bien por otros autores, el buen nombre de sus productos.

1.8. C. Ptolomeo (s. II d. de C.)

Su texto es como sigue:55

«Βαστoύλωn τωn καλoυμέvωn Πoιvωn

Μεnραλία                                                                        ς΄           λ”           λς΄         ιβ”

Εn τω Iβηρικω πελάγει…

Μάλακα                                                                           η΄          L γ”       λζ΄          L”

Μαίnoβα                                                                          θ΄           δ”           λζ΄         δ”

Σέξ                                                                                   θ΄           L” δ       λζ΄         δ”

Σηλάμβιvα                                                                      δ”           λζ΄         δ”:

De los Bástulos llamados púnicos:

Menralia                                                                          6o                 30′         36o             30′

(…)

Dentro del mar ibérico:

Malaca                                                                                             60                 50′         370

Mainoba                                                                         90                 15′          370             5′

Sex                                                                                 90                 45′         370             15′

Selambina                                                                    100                15′          370           15′

En esta relación de datos cartográficos, la columna de la izquierda indica la longitud; la de la derecha, la latitud; ambas en grados y minutos.

Esta enumeración se inicia desde el Atlántico hacia el interior del Mediterráneo.

La lista completa de ciudades de dicha geografía es la siguiente:

Menralia, 

Transdvcta, 

Barbesvla,

Carteia, 

Svel,

Saldvba,

Malaca,

Mainoba,

Sex,

Selambina,

Portvs Magnvs.

Según este mismo autor, la población de estas comunidades estaba formada por elementos libios, venidos en tiempos de los Bárquidas, púnicos y fenicios; aunque parece indicar que formaban una misma etnia de origen tiria, salvo los estrictamente africanos, llegados a propósito de las Guerras Púnicas46.

Las respectivas situaciones de las ciudades colindantes con Seks, según los cálculos de Ptolomeo, se corresponden con cierta precisión. No obstante, y según otras opiniones, con tales coordenadas, la ubicación de la Seks púnica parece más bien corresponder al antiguo emplazamiento de Jete (cfr. nota 22), 7 km hacia el interior de la vega de río Verde.

A tal efecto, se puede decir que esta localidad ha regis­trado, en sus cercanías, bastantes restos de estructuras arquitectónicas romanas.

Por otra parte, la similitud entre los topónimos SEX y XET no puede ser más elocuente. Téngase en cuenta que XET es un término arabizado, al igual que el de la localidad próxima a La Herradura, cuyo topónimo XAT, ha dado Jate.

1.9 Itinerario de Antonino (s. II d. de C.)

La lista de ciudades57 y sus distancias con relación a Seks, es como sigue:

TVGIA                                                                             XXXV                  m.p. 

SAXETANVM                                                                  XXXVIII              m.p.

FRAXINVM                                                                     XVI                     m.p.   

CAVICLVM                                                                     XVI                     m.p.

HACTARA                                                                       XXIV                   m.p.  

MENOVA                                                                       XXXIIII              m.p.

ALBA                                                                                XXIV                  m.p.   

MALACA                                                                          XII                      m.p.

VRCI                                                                                 XXIIII                 m.p.

TVRANIANA                                                                  VI                       m.p.

MVRGI                                                                             XII                      m.p.

Toya, Almuñécar, Ceal e Hinojares, Faro de Torrox, Zújar, Mulva (Sevilla). Urci (el Chuche), Turaniana (roquetas de Mar), Murgi (el Egido).

La trayectoria histórica de este documento se inicia con el citado Emperador. Una de sus redacciones fue concretada por Ético de Istria, que es la llegada hasta hoy, y encontrada en un manuscrito del siglo VIII d. de C.

Es la exposición de las redes viarias que se extendían en las dos dimensiones cartográficas de la Península Ibérica. El texto en el que se menciona Seks, muestra, en orden, la distancia comprendida en el trayecto entre Cástulo y Málaga.

Las cercanías entre las dos ciudades limítrofes con Seks se identifican con lugares cercanos a Dalías (Mvrgi), y las proximidades de Torrox (Caviclvm). Las distancias casi concuer­dan con los emplazamientos de los restos arqueológicos de ambas localidades58.

1.10. Anónimo de Ravena (s. III-IV d. de C.)

Se trata de un documento de contenido geográfico en el que se recogen citas de topónimos. En él no se menciona a Seks. Sin embargo los nombres nuevos intercalados entre Malaca y Abdera, Lenvbar y Caesarea, uno por corrupción morfológica, Lenvbar, otro por expansión semántica o sinonímica, Caesarea (I. CAESAR), podrían identificarse ambas, con cierta reserva, con las colonias antiguas de Maenoba y Seks; ésta última llamada desde el siglo I a. de C., Sexi cognomine Firmvm Ivlivm (cfr. nota 13)59.

1.11. Mario Victorino (s. VI d. de C.)

El texto que ha dejado, está relacionado con el plantea­miento de un problema de fonética histórica, y se presenta de la siguiente forma:

«sed libenter qvaererem, qvibvs litteris – scriptvri essent eas voces, qvae in declinatione nec g et s – exevnt, ut nix nivis, senex senis – sexvs sexvs et Sex oppidvm in Hispania – avstrvxit qvod est ab traho, et vexit«.

Es decir:» Pero si quisiera saber bien qué letras se han de usar en aquellas palabras que en su declinación no llevan ni g ni s, ni c ni s, como nix nivis, senex senis, sexvs sexvs y Sex ciudad en Hispania, avstrvxit que procede de traho, y de vexit»60.

El dato que aporta este autor es valioso para explicar la evolución fonética del topónimo, y la época en que se plantea el problema, aunque este detalle podía ser secundario, ya que era factible su recopilación de textos anteriores.

2. TEXTOS EPIGRÁFICOS LATINOS

Lo más importante estriba en que son testimonios directos de hechos y personas pertenecientes a esta localidad, y no se duda de que aquí indican el índice de credibilidad máximo, ya que no dependen, para su interpretación, más que de una buena traducción y comprensión exacta de su contenido.

Es cierto que un yacimiento, tan renombrado como Seks, no lleva, de forma paralela a su notoriedad, una secuencia de documentos que aporten más conocimientos sobre la condición y ámbito de un conjunto arquitectónico peculiar.

Dentro de la tradición, escrita se cita una inscripción hallada en la localidad de las Albuñuelas (Granada), de la que sólo queda tradición oral de su texto, descubierta por el cura párroco que, en aquellas fechas, ostentaba tal cargo en la citada localidad. Fue D. Francisco Tallón García quien, además de citar el texto de memoria, indicó que tal inscripción, en mármol, cubría la bocana de un horno de pan privado, y fue llevada posteriormente al museo que en aquella ocasión existía en la Diputación Provincial de Granada, donde se extravió.

El texto decía lo siguiente: HIC TERMINVS INTER SEXITANOS ET ILLIBERITANOS: «Este es el límite entre los sexitanos y los iliberitanos».

Al parecer, era un texto de miliario, donde se indica el límite de separación territorial de dos circunscripciones municipales. El no disponer del documento impide toda hipótesis de trabajo, aparte de la que genera su existencia.

2.1. Documento epigráfico funerario 1 (s. II-III d. de C.)

Texto:

D.M.S. C. AEMILIVS  CANTABRINVS  SEXSITANVS

ANN.  LXII PIVS IN SVIS

H. S. EST

S.T.T.L

Dice así:«A los sagrados dioses Manes. Gayo Emilio Cantabrino, sexitano, a los sesenta y dos años. Piadoso con los suyos. Aquí yace. Que la tierra te sea ligera»61.

Tan sólo presenta el dato de un personaje que nació en Seks, y murió en las cercanías de la localidad de Íllora (Granada).

2.2. Documento epigráfico funerario 2 (s. I-II d. de C.)

Apareció en Almuñécar, pero se ignora su paradero. Ha sido transmitido por varios autores de los que alguno ha podido tener acceso a él.

Texto:

P. IVLIVS  PRIMVS  HIC  SITVS  EST

CVM  SVIS  S . T. T. L

COLVMBARIA  POSIDO  NVMERO VI

DEXTRA  ET  SINISTRA

Dice así:«A Publio Julio Primo; aquí yace con los suyos; que la tierra te sea ligera; levantó seis columbarios, unos a derecha y otros a izquierda»62.

Tal documento aporta datos relativos a una familia que poseía un panteón privado, añadiendo que existían otros en diferentes puntos de la localidad, como se ha podido comprobar.

Esta inscripción indica que el propietario posee otros panteones en distintos parajes de Seks; e interpretando, con reservas, el texto, se supone que las características del mismo, en cuanto a su tamaño, concuerdan con las del hueco existente hoy sobre la cara suroeste del alzado externo del columbario Torre del Monje.

El número de columbarios citados en ese documento se admite como cierto, ya que se han detectado cuatro: el conocido como Torre del Monje, el de la colina de la finca denominada La Albina; un tercero, del que sólo quedan vestigios al borde de la actual carretera de Jete, cerca de la Torre del Monje; y un cuarto, demolido no hace muchos años, situado en la finca La Cerca, junto a la necrópolis de Puente del Noi (sector C de la excavación).

Fragmentos de columnas y numerosos sillares de piedra toba, hallados en los alrededores de la citada finca, indican que existió una villa romana en su interior.

Puesto que hay gran cantidad de restos arqueológicos en una propiedad situada en el centro del barrio de San Sebastián, y que son elementos arquitectónicos de una villa, se conjetura que en este espacio existiera otro panteón familiar o columbario.

Sumando el cómputo final de estos datos, se llega a la conclusión de que hay una coincidencia casual con el número de edificaciones funerarias enumeradas en el documento epigráfico. Razonadamente se piensa que su cantidad debió ser mayor, ya que se han detectado otras villas aún no estudiadas.

2.3. Documento epigráfico funerario 3 (s. II-III d. de C.)

Texto:

D  M  S  C  BEBIVS MARCIANVS ANNORVM  X  M  VIII

Dice así:«A los sagrados dioses Manes. Gayo Bebio Marciano. De diez años, ocho meses y veintiocho días. Querido entre los suyos. [Que la tierra te sea] ligera»63.

La piedra fue encontrada en la vega de Almuñécar, en una de las laderas de la parte izquierda de río Verde.

2.4. Documento epigráfico funerario 4 (s. II d. de C.)

Texto:

AM-AN-V-S-T

Dice: «Am…de cinco años. Que la tierra [te] sea [ligera]»64 .

2.5. Documento epigráfico honorífico 1 (s. II d. de C.)

Texto:

C – AEMILIO – NIGRO – ANNIO – SENECAE –

FILIO – ARVACO – GALERIA – SEXITAN –

FLAMINI – DIVORVM – AVGVSTORVM – PROVINCIAE –

BAETICAE – AMICO – RARISSIMO –

AEMILI – LIGVRIVS – ET- ITALICVS –

ET – DELIVS – EXIMIA – PRO – LIBER – POSUE…RVNT

Dice así:«A Gayo Emilio Nigro, hijo de Séneca, de la familia Galeria, sexitano, sacerdote de los divinos Augustos de la provincia bética, amigo entrañable; los de la familia Emilia, Ligurio, Itálico y Delio le hicieron este recuerdo por su gran genero­sidad»65 .

La importancia del documento se centra en la categoría social que representa el personaje al que está dedicada tal inscripción, lo que da una entidad especial a la localidad, ya que supone la existencia de un alto cargo religioso en Seks.

Un dato importante es el modo y lugar en que fue hallada esta inscripción. Apareció como elemento de relleno de muro, dentro de uno de los compartimentos de la factoría del Majuelo.

Como nota adicional, se puede inferir que esta inscripción, debió montarse en las cercanías del Majuelo, y tal vez en un lugar como templo o foro.

2.6. Documento epigráfico honorífico 2 (s. I-II d. de C.)

Texto:

NOREM.»…honor…» 66.

2.7. Documento epigráfico honorífico 3 (s. II-III d. de C.)

Texto:

L. STERT  L F  ACILIO…MATERN ASIAE…F CI

Dice así:«A lucio Estert(inio), Acilio Materno, hijo de Lucio [de la tribu] de Asia, le construyó»67 .

La validez que se quiera dar a la interpretación de la onomástica, es pura conjetura por la mutilación de la inscrip­ción. Lo que sí parece tener fundamento es su alusión a un personaje militar.

2.8. Documento epigráfico 1 (s. II-III d. de C.)

Texto:

VALER…

Puede decir: «A Valerio/a…»68 .

2.9. Documento epigráfico 2 (s. III-IV d. de C.)

Texto:

…BVS S…IDARI.DA…I.ID OB DI…

I…QVOTAN…T SCRIP…

La traducción de este texto se presta a confusiones y suposiciones aventuradas69. Por ello se elude.

Hay rasgos indicativos de que se trata de una inscripción honorífica dedicada a un personaje de la colonia.

2.10. Documento epigráfico 3 (s. II d. de C.)

Texto:

GAL   C R

«Galerio/a…C.R.»70 .

Se trata de un fragmento hallado en la campaña de excava­ciones del año 1984, dentro de la factoría del Majuelo. Su traducción es hipotética.

2.11. Grafito 1

Texto:

D O M

 «¿Domicio?»71

Son siglas en la parte superior, cerca del labio de la boca de un dolivm.

2.12. Grafito  2

Texto:

G V B

  «¿Gubieno?»72 .

Estampilla sobre la parte superior de ánfora. Se halló en las proximidades de Jete

2.13. Grafito 3

Texto:

S E X [TO]

«Sex[to] «73.

Estampilla sobre el fondo de vaso campaniense, hallado en la factoría del Majuelo.

Como rasgo curioso, se indica que tal inscripción aparece repetida tres veces, formando círculo sobre el fondo del vaso; pero se supone que eran cinco, al faltarle un fragmento donde, lógicamente, por estética de dibujo, debía repetirse.

2.14. Grafito 4 (s. I d. de C.)

Texto:

A G R I C O L

«¿De Agrícola?«.

Estampilla sobre asa de ánfora74. Por la factura y tipo de vasija puede situarse en el siglo I de nuestra Era.

LEYENDAS NUMISMÁTICAS PÚNICORROMANAS Y LATINAS

Como se ha indicado en textos precedentes, la comunidad de Seks acuñó moneda propia.

Comenzando por un momento de fuerte influencia gaditana, después de la derrota cartaginesa en Ilipa, paulatinamente se van imponiendo la tradición, tipos y modelos de Gades, tras los pactos firmados con Roma. Las ciudades gozan de cierta autonomía en asuntos internos, en los que entra la facultad de acuñar su moneda.

La primera fase se caracteriza por la acuñación de tipos similares a los de Gades. Pero la leyenda es propia, y se observa en Seks el uso de caracteres paleopúnicos (ŠKŠ )75. Posteriormente esta leyenda se incrementa añadiéndosele una nueva raíz, que se suma a la anterior: M B ‘ L Š K Š, traducible por: «De los habitantes de la ciudad de Seks»76.

Se continúa durante casi un siglo, hasta llegar a una situación de desconocimiento de la lengua púnica. Ello revela que se ignoran la lengua, las formas de los caracteres púnicos, y su significado. Consecuencia lógica es el abandono de los grafismos púnicos, y la adopción de los latinos mediante equivalencias fonemáticas.

El momento final se produce cuando, además de ignorar el valor y significado de la lengua púnica, usan sus signos de forma anárquica, apareciendo ejemplares con leyenda en posición sinistrógira; otros, dextrógiros e, incluso, en una misma leyenda, unos sinistrógiros y otros dextrógiros.

Posiblemente en estas fechas de historia local se produje­ra el cambio de caracteres gráficos, aproximadamente en tiempos de Calígula o Claudio, presentando una leyenda basada tan sólo en el topónimo simple de Š K Š, sin la cartela M B ‘ L. No se excluye el siglo I a. de C.

Las contramarcas D D sobre algún ejemplar, que perduran con el uso del topónimo en caracteres púnicos, muestran su perviven­cia hasta fechas tardías. Pero se podía pensar que no es más que un recurso para dar validez legal a tipos que eran acuñados por el Estado Romano77.

A pesar de esto, no se admite que la leyenda latina se originara a propósito de la presencia de Julio César, a mediados del siglo I a. de C., sino que lo más acertado podría ser que tal leyenda aludiera a la familia Julio-Claudia, posibili­tándose una acuñación paralela.

Los textos de las leyendas son los siguientes:

a) Púnico antiguo:                                                           Š K Š;

b) Neopúnico:                                                                 M B ‘ L Š K Š;

c) Latinos:                                                                        F- I- SEX y F- I- SEXS.

La traducción e interpretación de las leyendas púnica y neopúnica ha sido estudiada por Solá‑Solé (cfr. nota 1). La versión latina aproximadamente se traduce como «Sexs, leal a(l) César».

DOCUMENTOS ÁRABES

El elenco bibliográfico que ofrece la cultura islámica sobre Seks es muy valioso desde el punto de vista arqueológico, ya que proporciona datos sobre la existencia de una civiliza­ción anterior, describiendo, a veces de forma muy detallada, determinados elementos arquitectónicos que serán de gran ayuda para el posterior estudio de la arquitectura romana, sobre todo en lo concerniente a los capítulos:

a) Ingeniería hidráulica, sobre la industria de Seks.

b) Existencia de construcciones en la ciudad, fuera de su técnica arquitectónica, y que el elemento islámico apenas reutili­zó.

c) Existencia de atarazanas y zonas portuarias, de las que sí hicieron uso, etc.

Pero, para seguir un orden desde la llegada del Islán a estos parajes, se presenta  la documentación respetando la secuencia cronológica.

4.1. Al-Razi

Sus documentos narran hechos que abarcan una cronología que va desde el siglo IV al X de nuestra Era78.

En sus escritos dice lo siguiente:

«…es un hisn que pertenece a la Kura de Elvira».

Sus escritos se datan en el siglo XI de nuestra Era. Su texto sobre Almuñécar es como sigue:

» En Almuñécar hay una antigua fortaleza, casi inexpugnable, en la que hay muchos restos arqueológicos de los primitivos. Hay allí una acequia que conduce hasta la fortaleza y cerca de ésta, por el Norte, un ídolo muy bien construido en piedra y yeso. Su altura pasa de cien brazas. El agua llevada a la fortaleza bulle en lo alto del ídolo, para descender al suelo, correr hacia la fortaleza y subir hasta una altura correspondiente a la del ídolo. Los restos de ésos son claramente visibles hasta nuestro tiempo»79.

Comentando detalles de las ruinas que cita, no hay duda de que habla de restos romanos en mal estado de conservación.

Lo primera impresión es pensar en que el elemento islámico no ocupó esos espacios, cuando los cita como ruinosos y, al parecer, ajenos a sus intereses.

En cuanto al sistema hidráulico, es notorio que el trazado expuesto es el que ahora hay que demostrar.

El primer punto, referido al sistema descrito, es la colina donde está emplazada la Iglesia Parroquial, cercano a la muralla norte, donde estaba la Puerta de Granada, y que constituía un límite en tiempos de dominio musulmán.

El propio autor dice que al Norte de la fortaleza se hallaba el ídolo, definido como torre de descarga, que equili­brara la presión entre las cotas 50 y 25,55, correspondientes al punto de la arqueta de distribución y al nivel del suelo de la iglesia. La distancia entre la arqueta, depósito y torre de descarga es aproximadamente de 900 m.

La descripción que al-Udri presenta sobre el trazado del acueducto dentro de la ciudad, es explícita: el agua que cae desde el ídolo hasta el suelo, debe remontarse para superar una altura equivalente, existente en la fortaleza.

La primera altura superada es la que corresponde a Eras del Castillo, punto más elevado de la ciudad. Desde aquí se produciría un reparto hacia las zonas de influencia, y se incluía el paso de canales de conducción hasta la fortaleza, desde donde se dirigiría hasta el Peñón del Santo. Aquí aún existe un depósito de agua indicado en planimetría (Fig. 7, pág. 1067).

Se tiene la certeza de que la descripción de este autor, corroborada por restos arqueológicos de la Iglesia, evidencia que el depósito terminal y torre de descarga estaban levantados sobre el citado emplazamiento (Fig. 36, pág. 1136).

4.3. Idrisi

Sus documentos abarcan una cronología amplia, situándose entre los siglos VI y XI de nuestra era. Sus notas sobre Almuñécar son de las más completas y detalladas.

En primer lugar es preciso clarificar que los islámicos distinguen bien entre medina, como ciudad, e hisn, fortaleza o castillo.

El texto de Idrisi80 es como sigue:

“Almuñécar es una ciudad hermosa, de tipo medio, con muchas pes querías y abundan­tes frutas. En su centro hay una edificación cuadrada que se alza como un ídolo de amplia base y estrecha cima, a modo de pirámide. En ella hay, a ambos lados, dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba. En frente, por un sólo lado, hay un gran depósito en el suelo, al cual llega el agua desde la distancia aproximada de una milla, por encima de muchos puentes arqueados unidos por piedra dura, que vierten su agua en el citado depósito. Las gentes enteradas de Almuñécar dicen que esa agua subía a lo alto del faro (manar), descendía por el otro lado y corría hacia un pequeño molino, cuyo lugar aún persiste ahora sobre una montaña que da al mar. No saben cuál era su finalidad».

Comentando esto, hay que decir que sólo añade detalles sobre la aportación de al‑Udri. Así, fija la situación del depósito, que recogía el agua al caer desde el aliviadero de la torre. Además, cita la conducción de agua a través de un acueducto formado por puentes. Otro dato importante es la base cuadrada de la torre de descarga.

Cuando dice que en ella hay dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba, se entienden como dos sifones que, partiendo de la torre, por efecto de vasos comunicantes, se dirigen hacia lo más alto de la ciudad, ya que la presión ejercida por la diferencia de altura de la citada torre, es suficiente para hacer subir el agua al punto que se desee, dentro de Almuñécar.

El molino, probablemente, podría estar sobre Eras del Castillo, punto natural más elevado del casco urbano. Y, por otro lado, parece indicar que se encontraba al pie de la torre de descarga.

4.4. Yaqut

Sus escritos son de los siglos XII y XIII.

Lo más importante de su trabajo es la referencia que hace al hisn de al-Munakkab81.

4.5. Al-Wahid al Marrakusi

Su texto82 se sitúa entre los siglos VI y XIII. El documento sobre  Almuñécar es como sigue:

«Después de la ciudad, conocida como Almería, a orillas del mar Mediterráneo, está la fortaleza de Almuñécar, que es un pequeño lugar, también batidas sus murallas por el mar. Entre Almuñécar y Almería, hay cuatro etapas, y entre esta fortaleza de Almuñécar y Málaga, tres».

La única novedad que aporta este autor alude a las murallas abatidas por el mar. Probablemente se tratara del anillo que circunvalaba la zona baja de la ciudad, sobre todo en la zona de Puerta del Mar.

4.6. Al-Himyari

Sus escritos83son de finales del siglo XIII y comienzos del XIV de nuestra era.

Su texto es el siguiente:

«Se hallan muchas ruinas antiguas; los antiguos habían construido conducciones de agua y elevaron monumentos, algunos de los cuales subsisten. En las cercanías de la fortaleza, por el lado norte, llama la atención una importante torre de agua (daimas), edificada con sillares; cuadrada en la base y terminada en punta, a una altura de unos cien codos. El agua que viene a desembocar en este edificio tiene escape por un aliviadero («manfas») en la coronación. En la cara norte de esta torre, de arriba a abajo hay tallado en su anchura, una especie de goterón, que permitía al agua, saliente del rebosadero, llegar hasta el suelo. Este dispositi­vo prueba que el agua conducida hasta la torre provenía de un punto situado a un nivel superior al del monumento».

La nueva información del documento se refiere, en parte, al material usado: sillares de piedra caliza porosa (toba) que hoy se ven reutilizados en la base de los paramentos de la Iglesia.

Otro dato explica que la caída de agua desde el aliviadero había ya creado huella, aunque lo que destaca el autor es un canalón que dejaba escapar el agua rebosante desde lo alto de la torre de descarga.

En el mismo texto, al‑Himyari continúa más adelante:

«Almuñécar era un buen fondeadero de verano, que ofrecía un abrigo a su lado este, que estaba en la desembocadura de un río; la dominaba un hisn inexpugnable; tenía un arrabal, mercados y mezquitas; insiste, así mismo, en la existencia de restos de culturas antiguas».

Esto último reafirma sobre todo su fondeadero, situado en su parte este, es decir, en el estero de río Verde.

Por estas fechas el estero de tal río debió tener aún bastante extensión hacia el interior, y que servía de refugio natural contra los vientos de Poniente.

Otro dato importante es un arrabal. Probablemente se refiera a lo que tradicionalmente se ha conocido como Cuartón de la Ciudad Antigua, detrás del barrio de San Sebastián, entre colinas, laderas, Camino Bajo y vega, zona con mejor condición de habitabilidad que el actual casco urbano.

Es importante resaltar en algunos autores, aún en el siglo XIV, la insistencia en relatar la presencia de ruinas de antiguas culturas. Esto supone que hubo una gran parte de la ciudad heredada que no fue ocupada. Se infiere por ello que se trata del conjunto arquitectónico abandonado por los romanos, y que se encontraba en estado ruinoso.

4.7. Al-Sabti

Este autor84 pertenece al siglo XIV de nuestra era, y su texto es el siguiente:

“El puerto de Almuñécar es veraniego y está protegido por dos flancos orientales. Tiene un río que vierte en el mar; sobre el que se alza una fortaleza en desuso y en él hay un arrabal, un zoco y una mezquita aljama».

En este texto se incide sobre la misma idea de puerto, protegido por la propia configuración del territorio: la ensenada de río Verde.

4.8. Ibn al-Jatib

Sus escritos median entre los años 1313 y 1374 de nuestra era.

Los datos, proporcionados por Ben Sarifa85, y según su traducción, son los siguientes:

«En el siglo XIV nos describe así Almuñécar: Puerto y fondeadero de veleros, lugar planeado por los cristianos antes del Islán y donde se asientan. Su fortaleza es inexpugnable y sus telas muy bien confeccionadas. Sus excelencias son evidentes. El alcázar, de amplios ventana­les y perfecta hechura. La mezquita, situada en el más noble lugar, y el edificio antiguo de tiempos inmemorables, cual si fuera una lima enhiesta o una lanza en manos de un jinete, contra las vicisitudes del tiempo y semejante al palacio de Haman, de flancos finos hechos de piedra tallada y que casi une cielos y tierra. (Almuñécar) rebosa caña de azúcar y en su tierra proliferan pasas excelentes, su territorio es espléndi­do…Hasta Almuñécar llega la tierra de Sawar y en su cercanía está la sede de la escuadra, en ella las promesas no sufren demora, ni su plazo precisa dilación. Ahora bien, su nombre induce a mal agüero y conviene seguir dándole de lado, sus caminos, por su difícil acceso, impiden que la frecuenten sus reyes. Su aire está corrompido y las pestes predominan, sus vecinos son envidiosos. Si se encienden los cielos y se alteran con los vientos simunes, entonces sus habitantes saldrán de las tumbas de sus casas y huirán renqueantes a sus montañas. A ella se trae la grasa, el trigo entre su gente escasea y hay que tener paciencia si el mar no lo envía domado. El camaleón en sus páramos se asa y se le exige al libre la sangre del foráneo».

Simonet86ofrece otra versión, que se diferencia de la anterior en su extensión semántica. Dice así:

«La llama puerto y parada de naves, fundación y morada de las sierras de Jesucristo, fortalecida por un castillo inexpugnable».

Más adelante continúa:

«Su alcázar era de ingeniosa fábrica y con arcadas abiertas, su mezquita puesta en un lugar eminente. Su antiguo monumento arquitectónico, parecía una lima puesta perpendicularmente o un pilar derecho, y sus esquinas eran de piedras labradas; parecía que había hecho con el tiempo pacto».

La importancia se explica con bastante precisión: la torre de descarga del acueducto romano, en la colina de la Puerta de Granada.

Ambas versiones dicen que las esquinas de esta edificación estaban reforzadas con piedra tallada y resistente (toba).

Otro texto de Ibn al-Jatib  muestra Ben Sarifa87 en su obra Almuñécar en la Época Islámica, que dice así:

“…y la región de Almuñécar, en la cual está la antigua ciudad, con admirables restos”.

Ben Sarifa88continúa exponiendo los textos tomados de Ibn al-Jatib en los que se cita la existencia de graneros y pirámides, enterrados por el rey usurpador, después de haber sido consagrados los ídolos y ocultados los restos.

En primer lugar, es preciso prestar atención a las palabras usadas en sentido estricto, cuando emplea la expresión «antigua ciudad” y, además, “con admirables restos». No hay duda de que está hablando de las estructuras romanas deshabitadas y abandonadas.

En ningún momento autor islámico alguno habla de la ocupación de tales ruinas. Se constata que fueron usados los parajes del Castillo y algunas dependencias romanas de la llamada colación de Santiago.

Los graneros citados por al-Jatib pueden ser entendidos como naves abovedadas (o los pasadizos subterráneos del actual Castillo, y depósitos superficiales del mismo), de las que algunas se encuentran bajo el nivel actual del suelo.

El último texto tomado de la obra de al-Jatib89relativo a la estructura de Almuñécar, dice así:

Las cuestas de Almuñé­car son funestas: quien osado se arriesgase por ellas y se libra de precipitarse, ése, agradecido, debe liberar un esclavo”.

La explicación es simple: Almuñécar no tenía calles en sentido estricto del término, sino que, a partir de la ocupa­ción musulmana, hubo necesidad de ir abriendo pasos para acceder a la fortaleza y lugares estratégicos de las formas heredadas.

No hay duda de que los antiguos sistemas de aterrazamientos tendrían su medio de acceso; pero tal esquema de estructuras no respondería a las necesidades de los islámicos para llegar a esas dependencias. De ahí las roturas.

En otro pasaje de la obra de al-Jatib se habla de la construcción naval, tan necesaria e importante hasta la época moderna90.

4.9. Al-Umari

Sus escritos datan del siglo XIV de nuestra Era.

Su texto refiere la discusión sobre la identificación de Almuñécar como hisn (castillo) o medina (ciudad)91.

4.10. Al-Qalqasandi

Sus textos se datan en el siglo XV de nuestra era.

En sus documentos destaca la producción agrícola, con especial alusión al azúcar, plátanos y uvas pasas92.

Levi-Provençal93 dice sobre Almuñécar:

Abd-al-Rhaman desembarcó en una ciudad que está a orillas del mar, Almuñécar. Los frutos que producía eran las pasas, caña de azúcar, hierbas y cereales, además de una hermosa seda».

Desde el punto de vista arqueológico e industrial de la zona, es de gran valor un dato aportado por Sermet94 con relación al aspecto naval de Almuñécar. Dice así:

«Les Phéni­ciens fondèrent Almuñécar sous le nom de Sexi. Les Romains y bâtirent un très fort castillo remanié depuis, mais dont on peut voir les tours; on a dans les alluvions de la vega retrouvé une de leur galères«:

Es decir :»Los fenicios fundaron Almuñécar con el nombre de Sexi. Los romanos construyeron en ella un castillo muy fuerte, retocado después, pero aún se pueden ver sus torres; se ha encontrado bajo el aluvión de la vega una de sus galeras…».

Este dato confirma que el espacio, que hoy conforma la vega, era navegable, y debe corresponder a la zona más inundada por el aluvión y el fenómeno de emersión de la costa, indicada y estudiada por Sermet, como es la vega de río Verde.

Extraídas del Libro de Repartimientos de Almuñécar, se tienen las siguientes noticias: además de las conocidas Puerta de Granada, Vélez-Málaga, y del Mar, en el Libro de Apeos de la ciudad se habla de otra: la denominada Puerta del Alcazaba. Actualmente puede verse uno de sus pilones en la alineación de murallas romano-medievales que bordean la cornisa de roca de encima del Majuelo.

Probablemente una escalera de piedra toba, que se inicia sobre la base de las piletas del Majuelo, llegara hasta la citada entrada, además de la que se indica como primordial95.

En otros apartados del Libro de Apeos, se habla de dos arrabales situados entre los ríos Seco y Verde. Se les conocía con los nombres de Almauz y Aleuxa. Malpica cita los arrabales que tenía la ciudad, pero no los ubica96. Pensamos que el citado Cuartón de la Ciudad Antigua tiene alguna relación con los citados arrabales.

Con relación al puerto comercial, existe la confirmación de su realidad. Lo que se ignora es si en estas fechas los espigones romanos estarían aún al descubierto97, cosa que parece confirmarse después de la exploración del Instituto Arqueológi­co Alemán de Madrid98 (Cfr. fig. 4).

Extractado del citado Libro de Asentamientos, Malpica99 habla de los siguientes compartimentos de la ciudad:

“En la colación de Santiago y junto a la llamada Puerta del Mar, se encuentran: la judería, edificios básicos para el desarrollo de la vida urbana, como mezquita, baños, sinagoga, pescadería y aduana del azúcar».

Por lo que puede significar la aportación de citas textuales del Libro de Apeos de la ciudad, se han extraído aquellos fragmentos considerados más relevantes, con relación a los siguientes datos arqueológicos: descripción de viviendas antiguas, casas arruinadas, corrales, baños, almacerías, división de la ciudad en distritos parroquiales, concentración de elementos industriales, atarazanas, judería, aduana, hornos, secaderos de azúcar, como componentes urbanos más significati­vos. Para ello nos remitimos a lo expuesto al inicio de este trabajo, al mostrar la información completa de tal secuencia, y que Mª. C. Calero refiere como documentos del Libro de Asentamien­tos (Cfr. Estudio sincrónico…)

Analizando el contenido de la aludida documentación, se definen los siguientes sectores, partiendo de la división de la ciudad en colaciones y que, según el Libro de Asentamientos, se admiten sólo dos: la colación de Santiago y la de Santa María; pero hay una tercera que no ha sido citada probablemente por haberla extendido o comprendido en la segunda; ésta supuesta, se denominaría (colación) de la Trinidad, y cuyos restos se encuentran transformados en la vieja ermita de la calle Nueva, remozada y convertida, hace no muchos años en casas modernas (hemos tenido la ocasión de conocerla con su estructura completa, aunque en estado ruinoso). Esta supuesta colación no es citada en los libros de forma precisa, pero se lee entre líneas que fue absorbida por la de Santa María de la Antigua.

La colación de Santiago, en la parte baja de la ciudad, abarcaba lo que era pescadería antigua, calles Alta y Baja Mar, Plaza de la Rosa, Aduana Vieja, parte de la Cuesta del Carmen, y todo el sector del adarve, a cuya muralla había casas adosadas. La Judería comprendía el área de las calles Alta y Baja del Mar y la calle Real. Los baños estaban probablemente en un sector antiguo de origen romano. Hoy se conservan indicios de ese supuesto destino dentro de casas de esa zona de la ciudad.   

Con relación a las atarazanas, ya desde tiempos atrás, se habla de la construcción de embarcaciones. En torno a la nueva ciudad, a su vez, las murallas serán utilizadas para adosar viviendas. Además, hay que citar la fabricación del azúcar, cuyos centros estaban en el sector de las atarazanas. Las «casas caídas y corrales» pueden corresponder a elementos romanos.

Otra de las manifestaciones urbanísticas es la vivienda que utiliza el adarve para apoyar su estructura. Los sistemas de aterrazamiento serán aprovecha­dos en época medieval para levantar sus sistemas murados defensivos, formándose anillos de murallones que, a su vez, serán utilizados posteriormente para adosar viviendas sobre ellos.

Insistiendo en esto mismo, un autor musulmán, que describe rasgos de la ciudad, habla de las antiguas fortificaciones hechas por sus predecesores, lo que no es una aseveración gratuita, porque, en efecto, lindando con el Castillo, hacia la vertiente de poniente, se extiende un murallón romano en sentido sur-norte, que ha sido roto y añadido a otro de factura moderna medieval, pero que probablemente indicara que la Seks romana estaría rodeada por un sistema de murallas; lo que es arqueológicamente demostrable y estratégicamente admisible.

38 J.M. Solá-Solé, SKS, SKS o SKS? Sefarad, 16, 1956, pp. 325-335; J. Lecerf, Annales de l´Institut d’Études Orientales de l´Université d´Alger, X, 1952, pp. 428-433; A. García y Bellido, Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, I, 2, Madrid, 1952., pp. 419-422; M. de Saulcy, Recherches sur la Numismatique punique, Memoires de l´Institut Royal de France, XV,2, 1945, pp. 192-194; F.C. Movers, Das Phönizische Sprache, Halle, 1869, p. 280; A.C. Judas, Étude demonstrative de la langue phénicienne, Paris, 1847, p. 24; M. Lindberg, citado en la obra de Saulcy, p. 112; E. Hübner, Monmenta linguae ibericae, Berlín, 1893, p. 117; Id. Sexi, Real Enziklopädie der Altertumwissenchapht (R.E.), 2ª. 2028; A. Dietrich, Scripturae linguae phoeniciae, Leipzig, 1837, p. 12; J. M. Millas Villacrosa, citado en Saulcy, p. 312; E. Meyer, Geschichte der Altertums II, 2, Stuttgar, 1931, p. 93; L. J. Velásquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137-141; A. Delgado, Catalogue des monnaies et de médailles antiques de feu, G. Daniel de Lorichs, Madrid, 1857, p. 19. como obra complementaria a esta materia, véase A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924.

39 J. Boaddman, Los griegos en ultramar, comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid, 1975, pp. 215 ss. G. Trías, Economía de la colonización griega, Estudios de Economía Antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 99 ss.; N. Santos Yanguas y M. Picazo, La colonización griega, 1980, pp. 143 ss.; A. García y Bellido, La colonización fócea en España desde sus orígenes hasta la batalla de Alalia, Ampurias II, 1940, pp 55 ss.; M. Tarradell, Economía de la colonización fenicia, estudios de Economía antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 88 ss.; R. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, XXIX, 1970, pp. 367 ss.; A.E. Astier, Saguntum and the origin of the second Punic War, Latomus XXVI, 1957, pp. 577 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones de España y el Norte de África durante el gobierno bárquida y la conquista romana (237-219), Saitabi, XI, 1961, pp. 21 ss.; Como obras de ampliación bibliográfica, citamos a R. Carpenter, The Greeks in Spain, London 1925. A. García y Bellido, La Península Ibérica en los comienzos de su historia, Madrid, 1952; Id. Navegantes y geógrafos griegos en España, Estudios Geográficos, 2, 1941; Id. Tartessos, la colonización púnica y la colonización griega, Madrid, 1953; Id. Hispania graeca, Barcelona, 1948; Id. El mundo de las colonizaciones, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1952, I, 2; Id. Fenicios y cartagineses en Occidente, Madrid, 1942; H. Schubart y H. G. Niemeyer, L´espansione fenicia nell Mediterráneo, Espagna, Roma, 1971; J. M. Blázquez Martínez, La romanización (2 vols.), Madrid, 1974-75; J, M. Blázquez Martínez y A. Montenegro Duque, España romana (vol. I), la conquista y la explotación económica, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1982.

40 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, op. cit., p.123; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), 1962, pp 5 ss.; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964, pp. 304 ss; A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad Fenicia o ¢´Ex en el Ámbito de Tartessos, Granada, 1979, p. 212; M. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus provincias de Ultramar, Madrid, 1845, p. 634 a.; A. Tovar, Iberische Landeskunde, Baetica, I, Baden-Baden, 1974, pp. 81-82; J. M. Roldán Hervás, Itinerria Hispana, Fuentes antiguas para el estudio de las vías romanas en la Península Ibérica, Valladolid, 1975, p. 265; F. Molna Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad, La necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, Granada, 1982, p. 18; R. Thouvenot, Essai sur la Province romaine de la Bétique, Paris, 1973, p. 372; J. M. Blázquez Martínez, Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente, Salamanca, 1975, pp. 118 ss.; Texto de consulta; F. Flórez, España Sagrada, Madrid, 1804.

41 Hecateo de Mileto, en Esteban de Bizancio, FAH, II, p. 253; A. Schulten, Otros testimonios anteriores al año 500 a. De C., FAH, Barcelona, 1955, pp. 13 y 187; Texto de consulta. Jakoby, Die Fragmente der griech Historiker, Vol. I.

42 A. Schulten, FHA, I, p. 129; Id. Tartessos, pp. 85 ss. y 206 ; C. Belda, el proceso de romanización de la provincia de Murcia, 1975, pp. 16 ss.; Texto de consulta: A. García y Bellido, Cartagena en la Antigüedad, Investigación y Progreso, 9-10, Madrid, 1943.

43 A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, II Congresso Internazionale di Studi Fenici e Punici, Roma, 1987, artículo de consulta: Introducción y Conclusión.

44 Dífilo de Sínope, en Ateneo de Naucratis, III, 121 a.; A. Schulten, FHA, I, p. 85.

45 Estrabón, Geografía de Iberia, III,4,2; M. Cortés y López, Diccionario geográfico, histórico de la España antigua: Tarrconense, Bética, Lusitania, Madrid, 1935, I, pp. 65 ss.; J. Alemany Bolufler, La geografía de la Península Ibérica, R.A.B. M., 1910, pp. 149 ss.; J. M. Blázquez Martínez, La Iberia de Estrabón, Hispania Antiqua, I, 1971, pp. 11 ss.; Textos de Consulta: A. Tardieu; Geografía, París, 1903. A. Blázquez, Descripción de la Iberia de Estrabón, Madrid, 1909. A. Schulten, Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, Barcelona, 1952. A. García y Bellido, España y los españoles hace dos mil años, según la Geografía de Estrabón, Madrid, 1968. F. Veloso y J. Cardoso, Estrabâo, Libro III da Geografía, Primeria contribuçao para una nova ediçao crítica, Oporto, 1965. F. Lassere, Strabon, Geographie, t. II, Livres III y IV, Paris, 1966.

46 Estrabón, op. cit., III, 5,5,; A. Schulten, FHA, VI, pp.82 y 119.

47 W. Potscher, der Name des Heracles, Emerita XXXIX, pp.169 ss.; Textos de consulta: R. Dion, Tartessos, l´Océan et les travaux d´Hercule, RH, 224, 1960. R. Desaud, Melkart, Syria, XXIV 3º y 4º, 1946-48.J. M. Blázquez Martínez, El Herakleion, un templo semita en Occidente, I Congreso Arqueológico del Marruecos Español, Tetuán, 1954; Id. Relaciones entre Hispania y los semitas (sirios, fenicios chipriotas, cartagineses y judíos) en la Antigüedad, en Festschrift für Franz Althein, Berlin, 1969; J. Bayet, Les origines de l’Hercule romain, Paris, 1926.

48 T. Livio, Ab Urbe Condita Libri, XXXIII, 22, 6; A. Schulten, FHA, III, pp. 175 y 341; L. García Iglesias, La Beturia, un problema geográfico de la Hispania Antigua, AEARq., 44, 1971, pp. 86 ss.; T. Livio, en FHA, III, frag. XXXII, 2, 5; Como obras de consulta, véanse C. F. Walters y R.S. Conway, Ab Urbe Condita, Oxford, 1914; P. Jol, Ab Urbe Condita, col. Budé, Paris, 1971.

49 Pomponio Mela, De Situ Orbis, II, 94; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 39 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I de nuestra Era (según P. Mela y C. Plinio), Buenos Aires, 1947, pp. l9 ss.; A. Tovar, Iberische…, Op. cit., pp. 75 ss; Como ediciones críticas: C. Frik, De Situ Orbis, ed, Teubner, Leipzig, 1880; H. Hout, De Situ Orbis, ed. Didot, Paris, 1883; H. Philipp, De Situ Orbis, Leipzig, 1812.

50 Plinio, N. H., III, 8; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 137 y 161 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I…, pp. 69 ss., y 115 ss.; E. Klotz, Die geographischen commentarii des Agrippa, Klio, 24, 1955, pp. 458 ss.; Schnabel, Die Erdkarte des Agrippa, Philologus, 1936, pp. 505 ss.; Como obras críticas, véanse: C. Mayhoft, Naturales Historiae, ed. Teubner, Leipzig, 1892‑1909; H. Rakham, Pliny Natural History, ed. Loeb Classical Library, Lon­don, 1961; Detlefsen, Die Geographie der Provinz Baetica bei Plinius, Philolo­gus, XXX, 1870.

51 A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática republicana romana de Sexsi (Almuñécar), Studia Graecolatina Carmen Sanmillán in Memoriam dicata, Granada, 1988, pp. 387 y 398.

52 Plinio, N. H., XXXII, 146; A. García y Bellido, España y los españo­les.., Op. cit., p. 187; Véase como dato complementario, nota 32.

53 Darenberg et Saglio, Dictionaire des Antiquités, t. I, p. 1459, au mot «garvm»; Zahn, en Pauly‑Wissowa, VII, A, columnas 841‑849; J. J. Van Norstrand, Roman Spain, p. 183; A. García y Bellido, Fenicios y cartagine­ses…, pp. 82 ss.; P. Grimal et Th. Monod, Sur la véritable nature du garvm, REA, 1952, pp. 27‑28; Knock, Fragment. comic. attic., I, 186; Seneque, Ep., 95, 25; Ausonio, Ep. 25; M. P. Charlesworth, Trade Routes and Commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, chap. 9, pp. 149‑167; St. Gsell, Histoire ancienne de l’Afrique du Nord, t. I, p. 373; Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, el término scombraria; Estrabón, Geogr. FHA, VI, 2, p. 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 2; Avieno, Or. marit., 452; A. Thomazi, Histoire de la pêche, Paris, 1947, pp. 481‑482; M. Ponsich, A propos d`une usine antique de salaisons à Belo, MVU, 12, 1976, pp. 68 ss.; Da Veiga Ferreira, Algunas considera­ciones sobre las fábricas de conserva de preixe da antiguadade encontradas en Portugal, Archivo de Beja, 24, 1967, pp. 123 ss.; M. del Amo, Restos materiales de la población romana de Onoba, Huelva Arqueología, II, 1976, pp. 23 ss.; M. Esteve, Fábrica de salazón romana de la Algaida (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz), NAH, 1953, pp. 126 ss.; J. R. García, Garvm sociorvm, La industria de salazones de pescado en la Edad Antigua en Cartagena, Anales de la Universidad de Murcia, 36, 1977‑78., pp. 27 ss.; G. Martín, Las pesquerías romanas de la costa de Alicante, Papeles del Laboratorio de Valencia, 10, 1970, pp.179 ss.; M. Sotomayor Muro, Nueva Factoría…, pp. 147 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Economía de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 52, 110, 161, 162 ss., 407 ss., 443 ss.,149 ss.; Id. Historia económica de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 101, 161, 263 ss.; Id. La economía de la Hispania romana, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal (Nueva Edición), Madrid, 1982, pp. 328, 411, 441, 547 ss.; Como obra de consulta y ampliación, véase M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, Op. cit.; B. Guegan, Les dix livres de cuisine d`Apicius, Paris, 1937 (En este texto se explican las técnicas de fabricación y formas antiguas de prepara­ción de pescado).

54 (54) Marcial, M. V., Epigramm., X, 48, 11 y XXI, 52, 7; Como obras complemen­tarias, véan­ se: W. M. Unsay, Epigrammae, Oxford, 1902; H. J. Isaac, Paris, 1930‑1933; M. Dolç, Hispania y Marcial, Contribución al conocimiento de la España Antigua, Barcelona, 1953.

55 Ptolomeo, C., II, 4, 6.; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 187 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 304 ss.; Como obras críticas véanse: C. Müller, Geographia, ed. Didot, Paris, 1883; Tauchnitz, Geographia, Leipzig, 1945; F. E. Robbins, Ptolomy, ed. Loeb Classical Library, London, 1963.

56 M. Pastor Muñoz, La Península Ibérica en Marciano de Heraclea, H. A., VIII, 1978, pp. 89 ss.; J. Alemany Bolufler, Geografía de la Península Ibérica, R. A. B. M., pp. 304 ss.; A. Tovar, Op. cit., Baetica, I, pp. 66 ss.; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes Antiguas sobre los Bastetanos, Primer Encuentro de Cultura Ibérica, Baza, 1982; H. Schubart, H. G. Niemeyer y M. Pellicer Catalán, Toscanos, la factoría paleopúnica en la desembocadura del río Vélez, AEA, nº 66; E. Pareja López y M. Megía Navarro, Salobreña datos para su historia, Granada, 1978; J. Fischer, Ptolomaei Geographie Codex Urbinas, Leipzig, 1894.

57 Itin. Antonin., 405, 3; J. M. Roldán Hervás, Itineraria hispana…, p. 56; E. Saavedra, Discurso de recepción a la Real Acadmia de la Historia, leído en 1862, Madrid, 1914, pp. 26 ss.; Como texto crítico de ampliación véase: O. Cuntz, Itineraria romana, I, Itineraria Antonini Augusti et Burdigalense, Leipzig, 1929.

58 F. Fita, BRAH, 57, pp. 106 ss.; R. Touvenot, Op, cit., p. 372; A. Tovar, op. cit., Baetica, I, pp. 80 y 84; J. M. Roldán Hervás, op. cit., pp. 230 y 251; C. Bermúdez, Sumario de las Antigüedades que hay en España, Madrid, 1832, p. 379; E. Saavedra, op. cit., p. 39.

59 J. M. Roldán Hervás, Op. cit., pp. 111 ss.; M. Cortés y López, op. cit., p. 375.

60 (60) Mario Victorino, I, 4, ed. Keill, H., Gramm. Latin., vol. VI, Scriptores artis metricae, Hildeshein, 1961, p. 21, (72‑85).

61 E. Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum, II, Berlín, 1869, nº 5495; J. Vives, Inscripciones latinas en la España romana, Barcelona, 1972, nº 5414; W. Schulze, Geschichte lateinischer Eigenname, Berlín, 1923, pp. 69 y 295; E. Groag, A. Stein y L. Petersen, Prosopographia Imperi Romani, Berlin, 1935, pp. 51 y 70; A. H. M. Jones, J. R. Martindale y J. Morris, The Prosopography of the Later Roman Empire, I, a. d. 269‑395, Cambridge, 1971, pp. 24 ss.; J. Kajanto, The Latin Cognomina, Helsinki, 1965, p. 198; Mª L. Albertos, Onomástica personal primitiva: Ta­rraconen­se y Bética, Salamanca, 1966, p. 75; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas sobre Almuñécar (SEXI FIRMVM IVLIVM), Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983; M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, Inscripciones latinas de la Provincia de Granada, Granada, 1989.

62 E. Hübner, CIL, nº 2002; A. Fernández Guerra, Epigrafía romano-granadina, Madrid, 1867, p. 4; M. Lafuente Alcántara, Historia de Granada, Granada, 1843, p. 341; M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas…, op. cit., p. 231; C. Bermúdez, Sumario, Op. cit., p. 352; J. Vives y Escudero, ILER, nº 35 y 36; E. Groag, Prosopographia…, op. cit., p. 135; E. Pareja López, Granada…, Op. cit., I, Provincia, Granada, 1981, p. 354; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, op. cit.; M. Gómez‑Moreno, Misceláneas, Historia, Arte y Arqueología, Madrid, 1949; F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit.

63 L. Vázquez de Parga, Colección de Antigüedades que perteneció a D. Aurelio Fernández Guerra, Adquisiciones del MAN, Madrid, 1935, p. 4; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, op, cit., pp. 232‑233; S. Schulze, op. cit., p.464.

64 M. Pastor Muñoz, Epigrafía romana…, p. 325; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 22 ss.

65 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 315 ss.; Id. Nuevo flamen, op. cit., pp. 291 ss.; Textos relativos a onomástica; M. Pastor Muñoz, A. Mendoza Eguaras, Epigrafía latina…, nº 27, 36, 105; I. Kajanto, op. cit., p. 227; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 27, 37, 203, 204; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 205 ss.; Textos relativos a cultos, véanse: R. Etienne, Le culte imperial dans la Peninsule Iberique d’August à Diocletien, Paris, 1974, pp. 213 ss., 231 ss.; F. Molina Fajardo, M. Joyanes Pérez, Escultura, Almuñécar Arqueología…, Granada, 1983, pp. 291 ss.; Textos relativos a flamines, véanse: G. Alfoldy, Flamines Provinciae Hispaniae Citerioris, Madrid, 1973; R. Etienne, Op. cit., pp. 122, 126, 212 y 2.

66 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, p. 336.

67 Ibidem, p. 339; W. Schulze, op. cit., p. 430; J. Vives y Escudero, ILER, p. 751; I. Kajanto, op. cit., p. 139.

68 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 233 ss.; A. Balil Illana, Los Valerii Vegeti, una familia senatorial oriunda de la Bética, Oretania, 89, 1961, pp. 98 ss.; C. Castillo, Prosopographia Baetica, Pamplona, 1965, pp. 123 ss.; A. Prieto Arciniega, Estructura social del Conventus Cordubensis durante el Alto Imperio Romano, Granada, 1973, p. 46; Como obras complementarias, véanse: M. Pastor Muñoz, Aspectos sociales y económicos del Municipium Florentinum Illiberritanum, AEA Rq., 1983; Id. La sociedad en el municipio romano de Iliberis, Sodalitates, III.

69 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 341‑343.

70 Ibidem, pp. 344‑345.

71 Ibidem, pp. 348‑349.

72 Ibidem, pp. 349‑350.

73 Ibidem, pp. 350

74 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 345‑348; Sobre cronología de ánforas, véanse: M. Beltrán Lloris, Las ánforas romanas en España, Zaragoza, 1970, p. 480; R. Rodríguez Almeida, Novedades de epigrafía anforaria del monte Testaccio, Recherches sur les amphores romaines, Col., École Française de Rome, Roma, 1972, p. 137

75 E. Flórez, Medallas de las colonias, municipios y pueblos antiguos de España, Tres tomos, Madrid, 1758 y 1773, lam. XXVII; A. Heiss, Description générale des monnaies antiques de l`Espagne, Paris, 1870, 1, pl. XLVI; V. I. de Lastanosa, Museo de las medallas desconocidas españolas, Huesca, 1645, p. 224, nº 15; Como obras complementarias de este tema, véanse: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks.; J. C. Lindberg, De nummis punicis sextorum, olim a Canaca et Concanae tributis, Auniae, 1824; A. Delgado, Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1871‑1876; M. Gómez‑Moreno, Miscelá­neas, Madrid, 1949; A. Beltrán, Curso de numismática, I, Numismática Antigua de España, Cartagena, 1950; O. Gil Farrés, La moneda hispánica en la Edad Antigua, Madrid, 1966; A. M. de Guadán, Numismática ibérica e ibero‑roma­na, Madrid, 1969; Id. Tipología de las contramarcas en la numismática iberoromana, Numario Hispánico, 17, IX, 1960; L. Villaronga y Garriga, Numismá­tica Antigua de Hispania, Barcelona, 1978; F. Chaves Tristán y Mª C. Marín Ceballos, Numismática y religión romana en Hispania, La religión romana en Hispania, Madrid, 1981; Id. El elemento religioso en la amonedación hispánica antigua, Actes du 9è. Congrès Internatio­nal de Numismatique, Louvaine‑La Neuve, 1982; P. P. Ripollés, Corpus Nummorum Hispanorum, I, Medagliere Vaticano, Rev. Italica, 16, 1982; E. Acquaro, Note di epigrafia monetale punica, RIN, 76, 1974; E. S. G. Robinson, Punic Coins of Spain and their bearing on the Roman Republican Series, Oxford, 1956; N. C. Robinson, Carthaginian and other Sout Italian coinage of the second Punic War, 1964.

76 J. M. Solá‑Solé, Miscelánea púnica‑hispana IV, Sefarad I, 1967, p. 25.

77 F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismática antigua de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 188, lam. VIII, nº 97, y lam. X, nº 121.

78 E. Levi‑Provençal, La description de l’Espagne d’Ahmed al‑Razi, Was al‑Andalus, III, 51‑108.

79 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII, según al‑`Udri, (1003‑1035)), Cuadernos de Historia del Islán, 1977, pp. 5‑8; Ben Sarifa, Nusus `an al‑Andalus, ed. de al‑Aziz al Ahwani, 90, Almuñécar, Arqueología e Historia III, 1986, p. 210.

80 Ben Sarifa, Nusht al‑musstac, ed. en Roma, 564, Almuñécar Arqueología e Historia, III, p. 210; Obra general sobre Idrisi: R. Dozy y M. J. de Goeje, Idrisi, Descriptión de l`Afrique et de l`Espagne, Leyden, 1866.

81 Sobre este punto véase: La España musulmana en la obra de Yaqut, de Abd‑al‑Karim, Gamal, Cuadernos de Historia del Islám, 6, 1974.

82 `Al Wahid al Marrakusi, al Mu`yib, ed., al‑Aryan y al‑`Alami, El Cairo, 1949, 371.

83 E. Levi‑Provençal, La Peninsule Iberique au Moyen Âge, d`après le Kitab ar Rawd al‑Mictar, Leyden, 1938, pp. 225 ss.

84 Al‑Sabti, en al‑Rawd al‑Mi`tar, ed. Ihsan `Abbas, 548, Almuñécar, Arqueología e Historia III, citado por Ben Sarifa, pp. 213‑214.

85 Para este punto véase: Chabana, Mohamed Kamal, Ib al‑Jatib en Mi`yar al ijtiyar fi dikr al‑ma`‑ahid wa‑l‑di‑yar, s 1, 1977.

86 J. Simonet, Descripción del reino de Granada, Almuñécar en Ibn al‑Jtib, Historia de la dinastía Nazerita, 1860, p. 63.

87 Ibn al‑Jatib, Al Lamha al badriyya, 29, publicado por Dar al‑Jadida Ihaa, IV, 608, de M,`AA.`Inan, citado por Ben Sarifa, Almuñécar…, III, p. 205.

88 Ben Sarifa, Al Jatib, Al Ihata, III, 469, Almuñécar…, III, p. 205.

89 Ben Sarifa, citando el texto Diwan al‑sayyb wa‑l‑yahan, Almuñécar…, III, pp. 606‑607.

90 Véase en Ibn al‑Jatib el texto sobre construcciones navales (en su maqama Mi`yar al ijtiyar fi dikr al-ma`ahid wa‑l‑diyar).

91 A. Malpica Cuello, Primeros elementos de análisis de la estructura de poblamiento en Almuñécar a fines de la Edad Media: Al Umari, Almuñécar Arqueología e Historia, II, 1983, p. 395.

92 Para este punto véase la obra de L. Seco de Lucena, Subh al a`sa Kitabat al insa, Aubar, 1975.

93 Texto de consulta: E. Levi‑Provençal, La Peninsule…, texte arabe de notices relatives à l`Espagne, au Portugal et au Sudoueste de la France, Leyden, 1938.

94 J. Sermet, Op. cit., p. 182.

95 Mª C. Calero Palacios, El Manuscrito de Almuñécar, Libro de Apeos, del Archivo de la Diputación Provincial de Granda, Extracto de sus textos, Almuñécar Arqueología e Historia, II, pp. 427 ss.

96 A. Malpica Cuello, Almuñécar y su tierra en vísperas de la llegada de los cristianos, Almuñécar Arqueología e Historia, 1982, p. 420.

97 Liagre de Sturler, Les relations commerciales entre Gênes de la Belgique et l`Outremont, vol. II, docum. 382, pp. 382 y 508 a 510, t. II, docum. 386, pp. 514‑515.

98 Cfr. nota 19.

99 A. Malpica Cuello, Primeros elementos…, p. 196.

ESTRUCTURAS ARQUITECTÓNICAS DE SEKS

1. ESTUDIO SINCRÓNICO DE LOS MATERIALES

El desarrollo de la arquitectura romana desde sus inicios hasta su expansión en todo el Imperio, se debió fundamentalmen­te a la asimilación de técnicas importadas del Próximo y Medio Oriente100.

Sus antecedentes se hallan en las culturas mesopotámicas y egipcias. Los elementos más desarrollados en ellas fueron arco, bóveda y ladrillo101. A estos tres elementos, Roma suma su descubrimiento: el opvs caementicivm, cuyos componentes son: piedras menudas e irregulares, cal grasa, arena y puzzolana que, al combinarse, experimentan una reacción tal que, de forma acelerada, adquiría una dureza que superaba a la de los componentes. La cohesión que ofrecía esta novedad de aparejo, fomentó que se levantaran grandes bóvedas.

La aportación que el arquitecto romano Vitruvio hace a este respecto en su obra Architectvra, comprende sólo la época republicana, y particularmente la de César y Augusto. Por ello, los elementos arquitectónicos, que se utilizan en esta fase, son los importados y la técnica del opvs caementicivm. No obstante, es obligado decir que la mayoría de los elementos constructivos, tanto en materias-base como en técnicas de alzado y cubiertas, se encuentran en los cánones de la obra del antes citado autor102. Así, el opvs signinvm, caementicivm, incertvm, testacevm y, en algunos aspectos, vitatvm, forman el nudo de los conjuntos arquitectónicos localizados en Seks, habiéndose comprobado la existencia de estas formas y técnicas en más del 90% de los sectores en que ha sido dividida la ciudad moderna, para realizar el trabajo con cierta comodidad, y principalmente a una escala que permita una visión clara de cuanto existe en cada área del complejo industrial.

Uno de los primeros estudiosos del tema arquitectónico fue Nibby103. En ese mismo siglo, Choisy104 continúa los trabajos iniciados por éste, utilizando los mismos métodos. Le siguen a muy corto plazo, Miles, Lanciani, Van Deman y T. Franck105.

La técnica y el modo de empleo de los materiales son la base de donde parten los estudios que tales investigadores usaban en sus respectivos métodos de identificación e inter­pretación, estableciendo sus esquemas cronológicos a partir de las conclusiones obtenidas en sus diversos análisis.

Hay un trabajo, que se pretendió generalizar como modelo de estudio en todo el período romano, siempre bajo el mismo condicionante del problema de las cronologías, que no llegó a alcanzar sus pretensiones, por limitarse su investigación al período comprendido entre la Pre-historia y el período de los Antoninos.

Con ello, el carácter unitario y generalizador que se le quiere dar a la obra, queda incompleto. Pero Blake106, su autor, no sólo quedó falto de ese sentido unitario que él quería dar a su trabajo, sino que tampoco se podía hacer extensible al complejo mundo arquitectónico de las Provincias, donde el substrato autóctono ejerce una importante influencia al implan­tar nuevas técnicas en sus respectivos territorios.

Lugli107 es el único que realiza un trabajo arquitectónico completo, pero no ya basado, como los anteriores, en la evolución de las técnicas, sino en la clasificación extemporánea de todas las manifestaciones arquitectónicas del mundo romano y, principal­mente, en el ámbito de Roma.

Los aspectos más destacables de su obra se centran en: catalogación de sistemas, considerando importante la concentración de materiales usados, según el tipo de edificio y su funcionalidad. Con ello concluye diciendo que cada tipo de edificación exige la técnica que requiere su propia finalidad.

El estudio del ladrillo, como elemento constructivo, ha sido, sobre todo en Roma (porque en provincias este fenómeno se da escasamente), uno de los factores más precisos a la hora de establecer la secuencia cronológica, en momentos, absolutamente precisa. Esta práctica se lleva a cabo sobre el ladrillo rectangular, dándose la circunstancia de que algunos llevan el sello del alfarero. Pero el momento decisivo tiene lugar cuando se imprime sobre él un dato tan importante como el año consu­lar108.

Esta información documental, tiene valor cuando el material no es reutilizado, fenómeno muy frecuente.

El trabajo más completo, en este aspecto, sobre sellos es el de Bloch109.

Utilizando la técnica latericia, Gros investiga las razones por las que se producen determinadas estructuras arquitectónicas, valiéndose de los aspectos económicos, políti­cos y sociales de cada momento y lugar110.

La obra más importante, en técnica edilicia, ha sido realizada por Adam111. Su interés queda centrado en los siguien­tes temas: trabajo lítico, es decir, estudio de la piedra indicando la cantera y sus procedimientos de extracción; instrumentos usados; mortero, materiales secundarios; madera y toda la gama componentes-base utilizados en arquitectura.

Según Steinby112, los estudios deben hacerse en zonas parciales, sin tomar como elemento matriz los prototipos que Roma presente. Esto es una ruptura fuerte con los sistemas precedentes, que prescinden de los cánones tradicionales utilizados para la catalogación y datación de la obra arquitectóni­ca. Con ello, considera necesario una división radical entre lo que es un edificio metropolitano, y lo periférico o provincial. Por ello piensa que no se debe practicar el método analógico cuando se quiere establecer un paralelismo entre los diversos lugares en que el estudio de determinado edificio se lleve a cabo. Esto conlleva cierta libertad de interpretación algo independiente, al estudiar la arquitectura, sobre todo la provinciana, donde hay muchos factores condicionantes, como la infraestructura autóctona, que se debe tener muy en cuenta, porque no es nada despreciable tanto en materiales como en las técnicas constructivas o arquitectónicas. Ejemplo se ve en la Península Ibérica antes de la irrupción cultural romana. El substrato urbanístico autóctono de Hispania influirá decisiva­mente en las concepciones planimétricas de las ciudades, principalmente cuando los asentamientos, en su mayoría, tendrán lugar sobre estructuras preexistentes.

En Hispania se tiene: Sagvntvm, Carthago Nova, Castvlo, Italica, Hispalis, Cordvba, Malaca etc113.

2. MATERIALES USADOS

2.1. La Piedra. Opvs caementicivm

Dentro de la tradición más generalizada en la arquitectu­ra romana en el uso de materiales base de construcción, se encuentran el tufo y el travertino.

Al principio se practicaba la técnica ciclópea, sin argamasa. A partir del siglo III a. de C., esos grandes bloques de piedra son usados en proporciones más pequeñas, de contorno irregular y unidos con mortero de cal grasa, arena y puzzolana. A esta nueva composición de materiales se la denominará, a partir de este momento, opvs caementicivm.

Cuando un alzado de fachada es construido con piedras de aspecto externo algo refinado y geométrico, a esta técnica se llama opvs incertvm114. Las primeras manifestaciones de este invento, que se inician en el siglo II a. de C., tienen lugar en Roma, Ostia y Pompeya[1]. El uso de la piedra toba se generaliza a mediados del siglo I a. de C. Este tipo de roca ofrece las ventajas de ser más blanda y moldeable. Cuando en el opvs incertvm la piedra, en su talla, adquiere forma casi troncopiramidal, se da lugar a una nueva tipología que se denominará opvs reticv­latvm.

Haciendo juego con esta técnica, suele aparecer el ladrillo, que forma planos horizontales; mientras que la piedra lo hace ocupando las esquinas de los edificios, como ocurre en los pilares del acueducto de los Milagros, en Mérida.

La combinación del opvs latericivm y el opvs incertvm dio lugar a la aparición de un nuevo sistema de aparejo: el opvs mixtvm.

El opvs reticvlatvm, piedras tratadas hasta conseguir forma troncopiramidal, y el opvs latericivm, aparecen en época de Tiberio; pero su mayor difusión tiene lugar a lo largo del siglo I d. de C.

2.2. Arcilla

Es un elemento usado en todo el Mediterráneo, tanto en tapial como en adobe secado al sol. La cronología de su uso va desde los primeros tiempos de la historia de Roma hasta la época clásica. Es precisamente Vitruvio quien ha dejado el testimonio más claro cuando la cita como componente de los elementos arquitec­tó­nicos116. En los estudios de Blake, el uso de tal material se remonta al siglo VI a. de C., sobre todo en la fabricación de tégulas planas y curvas117.

Haciendo un poco de arqueología en esta materia, se admite, con evidencia, que este material, o su uso, entra en Roma por influjo de las colonias griegas del sur de Italia y Sicilia. Dando fe de ello, se puede comprobar que en la Magna Grecia se utiliza la terracota como elemento arquitectónico decorativo, desde época muy temprana118. En tiempos de Augusto la localidad de Urbisaglia era el centro más importante de fabricación de ladrillos. En Pompeya aparece desde el siglo II a. de C. La primera arcilla que se utiliza en Roma, como elemento de construcción, es importada.

La técnica del opvs testacevm consiste en el uso del opvs caementicivm con revestimiento exterior de ladrillo cocido y colocados a ambos lados del paramento. En los inicios se usaban tégulas rojas. Posteriormente se comienza la fabricación de un tipo de ladrillo, que se dividía formando dos partes llamadas semilater por su forma triangular. Sus medidas eran 22 x 26 cm, y cuya parte angulosa se encajaba en el hormigón para dar mayor cohesión al aparejo. Blake afirma que, en un principio, esta nueva técnica se utilizaba en aquellas estructuras urbanas que tenían que soportar humedad y calor de forma intensa, como en las termas119. El ladrillo se combinó, en un principio, con el opvs incertvm, con el fin de conseguir planos horizontales, dándose la misma utilización con el opvs reticvlatvm, cuyo fin era el mismo.

A partir de Tiberio, se encuentran edificios totalmente construidos con este material. En tiempos de Augusto, se utiliza tan sólo en los paramentos interiores, mientras que los exteriores eran revestidos con piedra. A finales de la época de Augusto, el ladrillo se usa también en los exteriores.  En tiempos de Tiberio su uso adquiere carácter oficial, y se llega a producir cierta evolución en su empleo. Estas variaciones experimentadas se utilizan para establecer, una secuencia cronoló­gica. De esta manera se determinan una serie de detalles que indican tal evolución: tipo de arcilla, corte hecho sobre los ladrillos, módulo de ladrillos por metro de altura, sistemas bipedales a intervalos regulares en muro etc. Con el tiempo su grosor disminuye y se aumenta la cantidad de mortero en las juntas, lo que conlleva un incremento de medidas en módulos120.

3. EDILICIA ROMANA EN LA BÉTICA

Como preámbulo para explicar el proceso de adaptación a los nuevos sistemas edilicios en Seks, se toma muestra de los existentes en Roma, aunque no se suceden al mismo ritmo y tiempo.

El tipo de ladrillo (opvs testacevm) de forma triangular, no sustituye al rectangular. Otra de las variantes se produce en el revoque usado entre ladrillos, así como la ausencia de sellos en los mismos121. Lo que más abunda es la piedra en sus variados tipos de tallados122. Pero lo que sí se impone, por razones estrictamente de necesidad, es el ladrillo, elemento base en construcciones como las termas, donde los factores de humedad y altas temperaturas siguen siendo los máximos condi­cionantes de su uso. El empleo del ladrillo, como elemento dominante del aparejo, se da en las siguientes estructuras de Seks: en la casa romana del Castillo: en el sistema hídrico de termas, pero sólo en el hypocavstvm; También se ha detectado en silos y en un pasillo corredor subterráneo que pone en contacto las dependen­cias internas del mismo y su salida, en un punto de la entrada principal; y en otro, con la Tenaza o sistema defensivo casi periférico, en la zona sur del mismo Castillo. En los sistemas abovedados sólo se ha registrado un caso, cuyos muros y bóvedas son de piedra, revestidos de ladrillo usando dos módulos de medida.  Como dato de interés, encima de esta estructura, con naves comunicadas por arcos abovedados, hay un depósito de agua cuya superficie abarca el tamaño de las naves situadas debajo123.

Por otro lado, conviene añadir que este sector estaba formado por una secuencia de naves del mismo estilo y composi­ción, dadas las ruinas detectadas, y que abarcaba el espacio que se indica en la planimetría levantada. El uso del ladrillo en este sector se hace extensivo a las cubiertas y paramentos del grueso muro que delimita las terrazas en que queda enmarcada toda el área de las salazones de Poniente. Se utiliza tanto el ladrillo como la roca pizarrosa y la toba; con lo que se concluye que este sector ha sido retocado o reedificado con materiales de acarreo de otra estructura anterior rota.

Hay un segundo sector, con sus paramentos levantados de piedra, abovedado, pero con entrada flanqueada por una bóveda de medio cañón, e incluso los muros de soporte edificados con el mismo material124. El componente base de este sector, mayoritariamente, es de pizarra, elemento común en la mayor parte de los edificios del conjunto. Se puede decir que casi el 99% de las edificaciones están construidas con este tipo de roca. Por ello, las formas usuales de edificación, en cuanto a técnicas, son el opvs caementicivm, opvs incertvm y, en mucha menor proporción, el opvs testacevm.

Como se dijo, el ladrillo puede verse en el hypocavstvm de las termas de la casa romana125,  y en las termas junto al acueducto, a la entrada de la Puerta de Granada. 

En otro punto de la ciudad, relacionado con el sistema hídrico de distribución, aparece una nave subterránea, desde cuyo inicio se produce una bifurcación hacia dos lugares contrapuestos de la ciudad: uno, en dirección al antiguo depósito de aguas de la Iglesia de la Encarnación; otro que, a pocos metros del sitio de entrada al canal, se dirige hacia el sector norte del casco viejo, y en el que se ve un sistema de conducción con tubos de cerámica, que debieron constituir una red de distribución de las diversas partes del complejo industrial, y a todos los niveles. Esta prueba puede hacerse extensible a la totalidad del conjunto. Se trata de una nave abovedada de ladrillo visto y argamasa126. Tal coincidencia, con unidad de criterio en cuanto al uso del ladrillo, se produce siempre que se da la circunstancia de uso relacionado con elementos destinados al almacenamiento de agua y a la producción de calor, donde la arcilla es el mejor elemento127.

Como colofón a este breve esbozo, tanto de la clasifica­ción general de las técnicas y materiales romanos, como de los usados en esta localidad, y dejando un resquicio en este proceso de investigación general, se admite, como verdadero, concluir que los estilos y modos arquitectónicos de este complejo industrial se cumplen con regularidad, debido a que el entorno geográfico y geológico permitían conseguir con facilidad materia­les como arcilla, bastante abundante, para el ladrillo, piedra, elemento soporte sobre el que se asienta el conjunto industrial. No es necesario violentar los cánones romanos, aunque hay situaciones en que las estructuras, paramentos y edificaciones dan señales de alteraciones en sus formas estructurales, tal vez debidas a situaciones extrañas a la propia arquitectura, como los derrumbes provocados por el abandono y el paso del tiempo, crisis económicas, recomposiciones y reutilizaciones hechas por los propios romanos en sus diferentes fases de historia local y, lo peor a nuestro entender: reutilizar materiales de un estilo arquitectónico derruido, en la recomposi­ción o nueva edificación de otro. Muestra de ello se ve en el uso indiscriminado y anárquico de piedras, ladrillos y tobas en algunos paramentos, como un sector de la zona de Poniente. Todo esto muestra un sistema arquitectónico en decadencia, coincidente con una época de crisis económica y social (siglo III d. de C.)128. Precisamente, el caso de las reutilizaciones de materiales va a ser el caballo de batalla a la hora de realizar un intento de composición de la cronología de este complejo. Si no se olvida que la permanencia romana aquí ha subsistido desde el siglo II (o antes, a partir del 206 a. de C.), hasta el s. V d. de C., con guerras civiles por medio, crisis del siglo III d. de C. etc., difícil se presenta establecer una secuencia cronológica, y ello aproximada. Si se sitúa la cronología del flamen a finales del período de Marco Aurelio (161‑180), la reconstrucción de esa área de la factoría debió realizarse en época muy posterior a la de la propia inscripción, es decir, por lo menos después de la crisis del siglo III129. Caso aparte es el uso de la piedra tallada, que se describe usada en las esquinas de la torre de descarga del acueducto romano130. Según la historiografía islámica, las esquinas de tal torre se encontraban fortificadas con piedras talladas, porosas y resistentes, comprobándose que es toba, elemento lítico práctico y útil para tal construcción. Este material aparece también en los componentes del Majuelo, utilizado en los paramentos de una edificación que se asemeja al resto de un foro del complejo de la factoría de Poniente. La toba se reutiliza en construcciones tanto romanas como medievales y modernas. Así, edificaciones de cuarenta años atrás, han usado bastante material procedente de las estructu­ras romanas sobre el mismo solar moderno, en donde existió el alzado de un edificio de tal época. En lo referente a las zonas portuarias, se ha citado la existencia del espigón en párrafos anteriores. Su composición coincide con el descrito por Vitruvio cuando habla de los componentes usados en zonas ganadas al mar131. El nivel del mar está a tres metros aproximadamente del actual132.

SISTEMAS DE NAVES ABOVEDADAS DE SEKS

Los sistemas analizados en la mayor parte de los sectores del conjun­to arquitectónico de Seks, constituyen, por ahora, un precedente sin paralelos en las actuales plantas urbanístico-industriales del Mediterráneo.

Después de un recorrido por numerosas factorías de salazones en la cuenca mediterránea y en la costa marroquí atlántica, tan sólo se han identificado algunos elementos aislados similares a los de Seks, no sólo en la forma sino en el tipo de aparejo utilizado133. Pero esto no es suficiente para establecer principios por los que se levanta una estructura en la que hay un predominio de formas arquitectónicas tan reiteradas, en un complejo que se viene denominando Mvnicipivm y Oppidvm.

Paralelos, hasta ahora, no se han detectado para establecer conexiones tipológicas. En las factorías marroquíes se ha comprobado que, incluso las más relevantes, carecen de infraes­tructura urbana134. Puede ser que una localidad de las cercanías de Lixus (Larache, Marruecos), con el tiempo, ponga al descubierto un sistema similar. Por ahora no hay configuración de estas características.

Por ello es obligado comenzar el estudio e interpretación de los sistemas a analizar, sin contar con precedentes donde establecer unos mínimos elementos referenciales. En este sentido Seks es única en su forma, composición y ordenamiento135.

Dado que los elementos de estudio están constituidos por una secuencia de sistemas abovedados, orgánicamente distribui­dos por todo el complejo, es conveniente establecer un plan de trabajo que describa y busque aquello que, con objetividad, conduzca a una explicación del fenómeno, admitido como razona­ble y coherente.

Se van a describir los diversos componentes, pero no desligados del sentido unitario que conforma la totalidad del conjunto industrial.

Como preámbulo, es necesario prefijar que, a la hora de adoptar un criterio lógico, en las cercanías de Seks han sido detectadas varias villas rústicas romanas, que abocan a una razonable justificación del comportamiento estructural de este conjunto.

Dado el uso de la técnica de abovedamiento sistemático en todos los niveles del complejo, es preciso establecer cómo se presenta y qué alineamientos sigue.

En primer lugar es obvio que la posición de estos sistemas, unas veces sigue la forma del terreno, entrelazando secuencias de naves sin demasiado esfuerzo para corregir los defectos del suelo y, otras, esta arquitectura prosigue su línea, superando desniveles a base del ya conocido método de aterrazamiento.

Pero, y esto es cuestión pendiente aún, lo que primero se debe hallar es algún indicio o técnica seguida en el sistema constructivo del mundo grecorromano, que sirva de referente, para explicar, con algún fundamento histórico precedente, el problema que genera la cuestión: los sistemas abovedados de Seks, y la terminología aplicable, aunque sea por analogía semántica. Para ello es preciso remontarse al mundo antiguo, y ver la evolución del uso de la bóveda, sus fines, proceso de la misma y derivaciones funcionales a través del tiempo. Por esta razón, los precedentes históricos de Seks radican en una desviación de uso (experimentada ya en las formas conocidas del mundo romano y griego) de los considerados criptopórticos. Tales elementos tienen su razón de ser, dentro de un tipo estructural, en ocupar los huecos vacíos que muestra un edificio, o salvar los desniveles del terreno cuando se levanta un conjunto arquitectónico de cierta entidad en espacio y volumen.

En principio, estas áreas quedaban ciegas; pero después se les fue dando utilidad hasta convertirlas en pasillos subterrá­neos y paseos; en superficie, cubiertos (στoά), y simples vías de comunicación subterránea en una misma edificación.

Estos son, en términos generales, los usos más habituales que se dieron a los sistemas abovedados situados en la parte más baja de los tipos de edificaciones que requerían tales elementos136. Con el paso del tiempo, y por razones de necesi­dad, estas construcciones, denominadas criptopórticos, llegan a prestar servicios muy diferentes a los que habían venido desempeñando. Por ello, y atendiendo a este fenómeno, dentro de los usos secundarios, se ha comprobado que, en muchas ocasiones se utilizaron como tiendas y, sobre todo, como horrea; lo que lleva a pensar que, al darse con cierta frecuen­cia tal desviación de uso, y ello comprobado en numerosos edificios, los analógicamente llamados criptopórticos de Seks, pueden ser entendidos como corriente arquitectónica derivada de esa desviación de función que se hizo en numerosas ocasiones en este sistema de construcción grecorromano.

No se va a usar el término criptopórtico porque, en realidad, no son tales, aunque mantengan la misma forma, salvo en la denominada Cueva de Siete Palacios, donde casi con toda probabilidad se cumple uno de los principios para los que los antiguos criptopórticos se levantaron: equilibrar un sistema arquitectónico. Tal explicación puede ser admitida en este complejo especial dentro del conjunto de Seks. Pero puede constituir un hecho aislado en todo un sistema.

También se ha de considerar que, en un principio, pudo servir de criptopórtico, aunque las proporciones hacen pensar en un conjunto con unas dimensiones triples a lo que hoy se conserva.

Por otra parte, tras las excavaciones practicadas en su interior, y una vez analizados los resultados, se ha comprobado que tal espacio ha sido reutilizado como centro de prepara­ción de salazones, con estructuras tan elementales que parecen completamente fortuitas y asistemáticas. Pero también cabe la posibilidad de que la arquitectura sobre la que han apareci­do componentes destinados a salazones, sean restos de formas arruinadas bajo la nueva construcción romana. Testigo de ello es la existencia de muros más antiguos sobre los que, en ocasiones, se montan los nuevos de este edificio (cfr. Planimetría, sector L, fig. 18).

Los indicios arqueológicos hallados no son más que meros indicadores de un uso secundario y ocasional para infraestruc­turas industriales. Que en épocas posteriores, tales espacios se incorporen a un uso de local de almacenamiento, depende de un cambio de función de tal edificación en el tiempo.

Por estos datos, es obligado dar una breve explicación histórica que, en la medida de lo posible, aporte algo de luz sobre formas que no cuentan con paralelos en lo que tradicio­nalmente se viene considerando factoría de salazones. Ni las más importantes colonias del Mediterráneo aportan un cuadro de elementos estructurales que se asemejen a lo que aquí es objeto de estudio.

Por ello, y haciendo un intento de llegar a una explicación ajustada a verdad, hay necesidad de mostrar un recorrido histórico tanto por elementos aislados como por conjuntos monumentales completos.

Debido a ello, forzados por la necesidad, se inicia el estudio partiendo de lo que históricamente se considera criptopórtico que, con prudencia, se tratará de relacionar con las formas que se abordan en este trabajo.

En términos clásicos, la palabra κρυπτά procede del griego κρυπτός, o su substantivo κρυπτή. Dicho término pasa al latín a finales de la época republicana romana, y es usado por Varrón y Vitruvio137. En tal época el término se entiende en latín como via qva per montem perfvssvm itvr138. Hay diez formas a las que se aplica este término, dentro de la arquitectura grecoromana139. En la terminología edilicia aparece relacionado con edificaciones como horrevm140, lo que la aproxima al significado aplicable a las estructuras de Seks.

El texto de Vitruvio dice así:

«qvi avtem frvctibvs rvsticis servivnt, in eorvm vestibvlis stabvla tabernae, in aedibvs criptae horrea apothecae ceteraqve qvae ad frvctvs servandos magis qvam elegantiam decorem possvnt».

Su traducción: «Quienes se dediquen a los frutos del campo, los compartimentos se han de construir de forma que los establos y almacenes se levanten en los vestíbulos, y en la casa, los subterráneos, graneros y almacenes y todo aquello que pueda servir más para conservar los frutos que de adorno para elegancia».

Los criptopórticos, en general, presentan dos problemas: su verdadera definición y sus antecedentes. Tanto lo uno como lo otro se suman provocando gran disparidad de formas y definiciones arquitectónicas.  El primer problema queda ya resuelto en el siglo III a. de C., considerándolo como una edificación utilizada para pasadizo subterráneo cerrado. Esta oscuridad, en su origen, hace surgir a la vez, cuestiones sobre sus funciones, estructuras y técnicas desglo­sadas en tipos variados, y provocando mezclas de poca relación con los módulos primitivos. Así, no se puede hablar de modelos que no se dan bajo una forma bien estructurada, y perfectamente adaptados a las diversas funciones.

Será interesante exponer los tipos que los arquitectos romanos han creado, haciendo ver que su realidad difiere de los cánones antiguos, hasta el punto de que no necesariamente sean edificaciones subterráneas, sino que aparezcan como modelos urbanísticos más o menos en superficie. Esto se va a dar, y más en época republicana, tanto en las construcciones públicas como privadas, siendo utilizadas para los más diversos fines, respondiendo a las necesidades que cada comunidad o estructura pueda precisar, tal como, según se ve, ocurre con Seks.

Los tres aspectos de interés para su estudio son:

Funcio­nes,

Estructuras,

Técnicas.

Finalmente se finaliza con conclusiones cronológicas, modos de transmisión, y relación con sus antecedentes.

1. Funciones

La función más evidente, en su interpretación como precedente, viene dada por la propia estructura arquitectónica. Se podría decir que los diversos tipos que aparecen en Seks se catalogan bajo las siguientes variantes que en cada momento se definirán formalmente:

1.1. Sostenimiento y adaptación de los espacios para explanadas y terrazas.

Esta definición es más apropiada a los criptopórticos monumentales de Roma, con las subsiguientes variantes que se puedan presentar, ya que a la función de sostenimiento de estructuras superiores, se pueden asociar utilizaciones más prácticas (aquí entran en juego los diferentes niveles sobre la base, que se dan en Cueva de Siete Palacios, con división hecha de muros) y estancias mejor aprovechadas (división de los dos sectores en la citada Cueva, a causa de los niveles del suelo). Ejemplos de uso como soporte de terrazas se encuentran en la exedra de los Atálidas de Delfos; en las salas subterráneas de los Ptolomeos141, con su complejo de cisternas etc.

1.2. Terrenos

Limitación de los terrenos por construcción parcial en subsuelo que permite agrandar las terrazas, corregir desnive­les, ganar espacios utilizables para depósitos, graneros, tiendas, almacenes, etc. De ello se deduce que su función no está exclusivamente vinculada a ser un elemento de sostenimiento.

1.3. Rellenos de zonas quebradas

Por otra parte, sin menoscabo de la función anterior, hay situaciones en que las irregularidades del suelo no son salvadas por este sistema, y la solución se halla utilizando otra técnica edilicia: rellenar los espacios menores con mortero y piedra, como ocurre en la mayoría de zonas huecas del casquete superior del conjunto arquitectónico de Seks. Éste es el recurso más aplicado, dada la frecuencia de irregularidades morfoló­gicas que presenta la superficie rocosa de numerosos sectores de este núcleo industrial.

2. Estructuras

2.1. Plantas

Los tramos extensos se mantienen con superficie regular, pero los suelos anómalos, por fuerza natural, violentan las normas de la edificación para seguir su propio sentido arqui­tectónico. Muy importante aquí es hacer notar que, bajo ninguna condición, las naves, o pórticos cerrados, entren en una dinámica de uso en pendiente. Por ello, el trazado general de las cryptonaves, (criptas abovedadas cerradas), se alinean en una secuencia ininterrumpida, formando en las vertientes suroeste, noroeste y norte), según cotas de nivel, zonas aterrazadas en donde, por una parte, las pequeñas diferencias de altura o irregularidades del terreno, se salvan con relleno de hormigón y piedra; y por otra, los fuertes desniveles se equilibran por medio de muros contra­fuertes, visibles aún.

Sobre estas dos maneras de allanar formas geomorfológicas se levantan las construcciones o criptas abovedadas cerradas, de tal manera que puede admitirse un sistema de estructuras que conforman anillos, y se van cerrando resistiendo la curvidad del terreno y las cotas, y ampliándose, según el diámetro se haga mayor. Así, los sistemas de criptas se inician a partir de las cotas 4‑6, y culminan en la 48 aproximadamente, de tal manera que, si se considera la altura media de cada serie de naves, que es de 2,70 m, más sus encofrados, con un grosor aproximado de 0,60 m, los encadenamientos de cryptonaves abovedadas, alcanzarían la cifra de nueve niveles en total, aunque supondría una regularidad del terreno en toda su superficie. Por ello se considera que las verdaderas líneas o anillos vienen indicados por los referidos muros contrafuertes en todo el espacio construido.

Así pues, en la secuencia norte-sur, se aprecian dos niveles, superpuestos a partir del muro de contención, contrarres­tando la descarga del área completa de la Cueva de Siete Palacios: uno, bien definido, aunque con bastantes elementos destruidos o deformados, enrasados o transformados; otro, que se dibuja naciendo de las cubiertas abovedadas del casquete terminal del área superior.

Sin embargo, a partir del citado contrafuerte, los muros de aterraza­miento se hacen más confusos, tanto por la disminu­ción de la pendiente como por las transformaciones que se han venido realizando a través de una evolución propia de un asentamiento como éste.

Es interesante observar cómo, por la inercia de la Historia, se van cumpliendo las ordenaciones urbanas que ya predijo Vitruvio en las orientaciones de las casas:

«Las zonas expuestas al sol sufren sus inclemencias en los climas marinos, sobre todo surmediterráneos, por lo que habrá que procurar orientar las construcciones hacia el Septentrión, que es más sano»142.

En efecto, la zona orientada al Norte ha sido la más castigada en reutilizaciones y transformaciones, notándose, por el contrario, un abandono en las áreas sur, Levante y Poniente de la ciudad, de tal manera que la mayor concentración de criptonaves abovedadas, piletas de salazones y depósitos de agua, se han localizado, en mayor número, en los citados ámbitos, siendo marcadamente superior todo lo que se considera franja sur de la ciudad.

Le siguen en cifras, sucesivamente, los grandes sectores de Poniente y levante. Los aterrazamientos son más necesarios en la vertiente de Poniente, debido al fuerte desnivel que se da en cortas distancias. Sin embargo, el sector levantino, aunque en menor cantidad, ha revelado la existencia de un amplio número de naves, formando unidad estructural que, por encontrarse en una de las zonas posteriormente más solicitadas por el fenómeno comer­cial, la industria y los servicios portuarios, ha mantenido su estruc­tura, aunque algo alterada, en época medieval, y que, con sus características peculiares, por ser utilizadas como almace­nes, han conservado su antigua forma en planta y alzado en todo su conjunto.

Nótese, a este respecto, que la zona portuaria más importante de este centro industrial, está emplazada en el sector de Levante, donde debió concentrarse el mayor peso del movimiento comercial, ya que constituiría la demarcación más concurrida por su amplio estuario marino.

Siguiendo la descripción, en sus características genera­les, se nota lo siguiente: formas cerradas de las naves alineadas, es decir, que la mayoría de los sectores presentan sus piezas separadas unas de otras, con medidas muy similares en algunas zonas (la mayor parte situadas en el área superior de la actual ciudad): tanto en las naves de soporte, como en las que se montan sobre ellas, la luz ha sido evitada hasta no poderse constatar ni una sola entrada a nave que no haya sido otra que la practicada artificialmente por los ocupantes medievales o modernos.

Tan sólo se observan, en aquellos donde su conservación lo permite, unos tragaluces, la mayor parte circulares (hoy taponados, pero de época), en la parte central de las bóvedas de las naves. A veces se ve una especie de abertura lateral, de época también, semejante a una puerta adintelada, pero no se puede asegurar que lo sea, porque todos los indicios llevan a pensar que tal entrada, actualmente visible, no es más que una prolongación artificial moderna realizada por la acción antrópica (cfr. nave partida, sector M; fig. 24).

En esta secuencia de dos o tres plantas superpuestas, no se observa más que el equilibrio arquitectónico entre la planta de sostenimiento, Cueva de Siete Palacios, y los dos probables alzados superiores, aunque uno de ellos, por los indicios, está retranqueado, dando un cierto alzado de aspecto troncopirami­dal.

La tradición de los criptopórticos en el mundo romano revela, de forma casi generalizada, que tales elementos arquitectónicos se utilizan fundamentalmente para agrandar edifi­cios, sobre todo los de carácter público, y constituirse en soportes de terrazas, con estructuras anteriormente planifica­das, como puede ser la Στoά, cuya independencia primitiva se fundamenta en la época helenística y para transformarla en elementos parciales, asociados a conjuntos y modelos relacionados con las nuevas reglas de la composición arquitectónica143. Este proceso facilitará su empleo y utilización rápida en la arquitectura romana en época republicana gracias, particularmente, al uso de la nueva técnica del opvs caementicivm, que permite la construcción, rápida y económica, de la bóveda144.

3. Técnicas

El estudio de los medios técnicos parte del propio uso de los criptopórticos en época helenística, con la pertinente connotación que supone el empleo posterior como añadido innovador en la arquitectura republicana romana y su evolución, según medio y fin a que se destine.

Como es normal en toda estructura arquitectónica, deben considerar­se tres aspectos fundamentales en los criptopórticos: muros, soporte y cubierta. Los muros destacan por su doble función: base y sostenimiento. El primero se establece como apoyo de su estructura. El segundo tiene por finalidad sujetar la masa arquitectónica que sobre él pesa.

Se debe levantar con un cuidadoso aparejo, de mampostería tradicional, y uso, casi generalizado, de la piedra vista y, si es posible, apoyarlo en suelo sólido, roca madre, o de similar constitución145El grosor de los muros va en función de los elementos que soporta, y del fin para el que se ha construido. Oscila entre los 0,60 m, y los 1,20 m, según las alturas y finalidades. El módulo más generalizado alcanza los 0,90 m. En algún sector (área de la Cueva de Siete Palacios) se ven, sobre roca madre en pendiente, muros contrafuertes que mueren en altura, conjugando el desnivel sobre el que se sujeta.

Como detalle resalta la inexistencia de fosa de cimenta­ción sobre roca, y un apoyo superficial en ella, pero con equilibrio perfecto en la adaptación al terreno. Hay pasta de encofrado en las naves del área de la Cueva, y algunos detalles aislados en otros sectores. Pero, general­mente, la piedra vista aparece en los muros verticales, y de canto, en los sistemas de bóvedas. El mortero, siguiendo las normas de Vitruvio, no se ve al exterior, sino que el aparejo está hecho con piedra de períme­tro irregular, algo cuidado en su cara externa, unidas entre sí con mortero en el interior del paramento.

Los espacios pequeños se rellenan con piedra menuda, de forma que el aspecto externo muestra apariencia ciclópea. Y es que aquí se sigue la norma dictada por Vitruvio, para evitar humedad lo más posible146.

La gran cohesión es obrada por la argamasa de cal grasa y arena que une, en su parte interna, todo el aparejo exterior del alzado, y así se evita, en gran parte, la humedad, obstácu­lo a eliminar dentro de las exigencias de la estructura que este sistema de naves impone, considerando la función que va a desempeñar147.

A veces se dan ciertos espacios vanos, y aparentemente sin sentido que, probablemente, estén destinados a eliminar las aguas de lluvia, evitar la humedad, o como factor de equilibrio entre las temperaturas interna y externa de las naves que separan.

En algunos momentos tales espacios se interpretan como medios de acceso a las naves, o todo lo contrario, dificultar su entrada, pero se ignora. En las roturas modernas hechas sobre algunos muros de la zona semidestruida del sector de la Cueva, se observan unos conductos de sección rectangular, que han podido servir de canalización para el tendido de distribución de aguas, con tuberías de cerámica o plomo a través de ellos. Tales conduc­ciones parecen discurrir a ras de suelo de las naves superiores unas veces, y otras, a través del interior de algunos muros.

El elemento que no se ha podido localizar aún, es la tubería, probablemente por haber estado al descubierto. En el interior de la Cueva hay dos sistemas de canaliza­ción, situados en la parte donde hoy está la falsa entrada de Levante. El más pequeño es una derivación del grande; lo que significa que del principal parten salidas que abastezcan de agua zonas del conjunto en su parte superior. La capacidad bruta del canal grande, por donde pasaba el agua entubada, tiene una potencia de más de 250 l/s. Pero, al ir el agua por tuberías, como debió ser, prácticamente se reduciría a la mitad. Es menos problemático construir un canal adintelado y colocar dentro una red de tuberías, que practicar una canali­zación de mampostería impermeabilizada con opvs signinvm. Esta técnica, canal con tuberías, es la supuesta en el sifón del acueducto, ya que permite, en cualquier momento, reparar una avería, a la vez que con este sistema se elimina más fácil­mente la humedad.

Por otro lado es necesario admitir que estas canaliza­ciones sirvieron como elementos de conducción de agua de lluvia. Pero parece indicar que formaban parte de la red distribuidora planificada desde lo más alto del casquete superior, adonde llegaba el agua por medio del sistema de vasos comunicantes, desde la torre de descarga del acueducto romano. Desde ese punto irradiarían, en varias direcciones, sistemas de conducciones que abastecieron los espacios situados en cotas inferiores, como se ha comprobado con el descubrimiento de canal sobre la parte superior levantina, dirigiéndose al Peñón del Santo (fot. 2,3 ,4,5,6D). En los soportes se observa que las líneas de naves, como norma general, utilizan sus propios muros para sostener su alzado y estructura superior. Por ello, cualquier sistema que discurra paralelo a otro, lleva su propia línea de muro, de tal modo que no se usa la medianería, sino la yuxtaposición, colaborando con ello a la finalidad perseguida en estas formas arquitectónicas: la isotermia interior.

Es interesante observar que estas técnicas no se siguen en todos los sectores, sino sólo en aquellos que se encuentran más expuestos a los cambios fuertes de temperaturas estacionales, y a la fuerza y características de los vientos.

3.1. Cubierta

Las cubiertas con que se protegen los principales elemen­tos de la factoría, o las diversas secciones y niveles indus­triales a través del complejo148, los espacios cubiertos, de almacenaje, o naves cerradas, están techadas con bóvedas de medio cañón, rebajadas, vaídas, y de aristas, éstas últimas formadas por el cruce, en ángulo recto, de las de medio punto (caso de la Cueva y zona aneja de hemicrucería). Hay pequeños sistemas abovedados, utilizados como medio de intercomunica­ción, o pasadizo que une naves entre sí (nave del «cabrero») en el sector K.

El pasadizo más grande conocido, del que aún quedan restos, discurría por la parte superior del puente romano que unía el Castillo con el Peñón del Santo. Tenía una anchura de 3,80 m, y una altura de 2,30 m. Por su interior discurría una conduc­ción de agua, o sistema de tuberías.

Esta tesis se fundamenta en que el nivel más bajo del depósito de agua coincide con la base de la nave cubierta. Por ello el agua llegaba por un pasaje más elevado; de lo contrario, tendría que hacerse a presión, y eso no es lo normal, por eludir el simple uso de los niveles entre los grandes centros elevados.

Los pasadizos subterráneos tienen unas medidas que oscilan entre los 0,65 m de anchura y 0,75 m de altura. 

3.2. La luz

En todo este sistema de terrazas para naves cerradas, es natural que la luz, o su ausencia, juegue una función importante y, por ello mismo, plantee problemas.  

Como  primera razón, es imprescindible exponer en qué estado se encuentran las citadas naves y espacios destinados a ellas: la casi totalidad ha sido hallada en las siguientes condicio­nes: cimientos sobre suelo, o roca madre; grosor medio de los muros es de 0,90 m; entrada problemática y confusa.

En la dificultad planteada sobre la forma de acceso a este tipo de nave almacén, tan sólo se han podido identificar de forma generalizada, aberturas sobre la cubierta: Hueco circular en el centro de las bóvedas, todos taponados de época, con piedra y argamasa, aproximadamente de 0,50 m de diámetro, tal como se da en la Cueva, donde puede verse la abertura rectangu­lar de acceso y abertura respiradero.

En resumen, las entradas continúan siendo una nota difícil de explicar en el sistema. Por todo ello se estima que, en algunos casos, los accesos son patentes: entrada por agujero practicado en la bóveda, y por pasillos abovedados. La pequeña entrada adintelada es muy dudosa.

Es preciso dejar claro que de todos estos rasgos descritos se pueden colegir los siguientes fenómenos: Ausencia total de luz; grosor adecuado de los muros para que la oscilación térmica sea mínima en su interior, y de esta forma funcione como cámara isoterma; el suelo no muestra enlosado ni pavimento; no hay naves con indicios de uso de solería; sólo roca madre. Consecuencia de ello puede ser la justificación de los factores ambientales que se deben exigir para la correcta conservación de productos elaborados en la factoría: La humedad que acumularían los suelos enlosados o con pavimentos; los cambios de temperatura que provocarían muros débiles y la influencia en la degradación de las materias orgánicas que generaría la entrada de luz. Para eliminación de los gases acumulados, las naves disponían de respiraderos.

No cabe duda de que, en efecto, el comienzo de uso de los criptopórticos tiene lugar en época helenística. Esta nueva técnica es asumida por los arquitectos romanos y la aplican para nuevos fines, además de los ya conocidos.

Los usos son bastante diferentes de los que normalmente les dieron los griegos. La evolución del griego al romano se asemeja, en proporción, al que los actuales dueños hacen de ellos: En Roma sirve hasta de almacén, cosa inimaginable para un griego; en la actualidad, aquí, de vivienda, impensado para un romano.

Con todo, se cree que esta estructura, potenciada por la técnica del opvs caementicivm y las nuevas aplicaciones que el arquitecto romano y la sociedad le dan, se inicia a partir del siglo II a. de C., y perdura hasta la total desaparición del elemento romano en estos lugares.

En las invasiones que provocan la caída de la parte occidental del Imperio, los nuevos colonos se encuentran con un sistema de estructuras romanas, como terrazas pobladas de naves cerradas y de diferentes medidas, áreas con naves coronadas con piletas o depósitos de agua, mercados a ambos lados del núcleo central, puertos y zonas de servicios, templos, la red hidráulica, etc.

Cuando el elemento islámico ocupa esta localidad, y permanece en ella durante casi ocho siglos, se tiene la impresión de que apenas ha hecho uso de lo que ha encontrado, salvo de lo que le interesó. Se limitan a levantar estructuras originales propias sobre la obra anterior romana, que se encontraría en estado ruinoso en la mayor parte de los sectores.

Ocupan el espacio más estratégico del conjunto donde levantan su fortaleza, a la que denominan hisn.

Estadísticamente el elemento islámico, desde el punto de vista urbanístico, no ha dejado en herencia ni un 1% del total de estructuras propias. Por el contrario, la arquitectura romana aparece por doquier, tanto en superficie como en subterrá­neos.

En el proceso evolutivo del criptopórtico, a través de su misma historia, y en los diversos lugares donde se hizo uso de él, se contempla lo que le va a ir sucediendo allí donde se ha detectado su empleo y función.

Como se ha dicho antes, el modelo helenístico sufre cambios cuando el arquitecto romano lo utiliza. Así, en Aosta, por imperativos circunstanciales, en período tardío o, incluso, en fechas más recientes, los criptopórticos han sido transfor­mados, o adaptados para ser utilizados como horrea, con una división en sectores, por medio de muros de separación149.

En Narbona hay adaptaciones similares150. La mayor parte de las transformaciones de criptopórticos en horrea, se debe a factores meramente externos y circunstanciales. Esto ocurre debido a las facilidades que presentaban para tales fines, como eran el ser un lugar cerrado y protegido de los agentes atmosféricos. Hay muchos casos en que criptopórticos, como los de Aosta, Arlés, Reims, Bavar, etc., cuya misión principal se ceñía a los cánones de Vitruvio, es decir, servir de refugio a los especta­dores en caso de lluvia durante una representación teatral, desviaron accidentalmente su uso, en caso de emergencias sirviendo de almacenes151.

Insistiendo en el mismo tema, la aparición de los cripto­pórticos en la arquitectura romana se ve ligada al empleo del opvs caementicivm152, a la búsqueda de espacios subterráneos celulares, y a la aplicación de estas técnicas para fines bien definidos, ya al margen de los usos tradicionales de tales formas arquitectónicas.

Como se ha dicho, la degradación o multiplicación de funciones se amplía. En el mundo romano, por necesidades propias de otra sociedad y con sentido práctico y funcional, no sólo se usa este recurso para los fines originarios helenísti­cos, sino que se les dan otras aplicaciones, como construir depósitos de agua subterráneos, paso de circulación de carros y, como aquí trae el tema, de almacenes que aprovechen las ventajas de una nueva técnica y conseguir una aplicación más práctica a los productos almacenables. Aquí, el criptopórtico, al que se considera mejor llamar cryptonave, se ha converti­do en horrevm, con modifica­ciones en las que pierde algunas de sus antiguas características arquitectónicas: Se dividen en secciones para aislar un producto de otro, con fines utilita­rios y evitar mezclas de olores, establecer un calendario de conservación, y dificultar la piratería.

Lo que sí se puede ya proponer es una definición de aquellos tipos arquitectónicos que, como en las formas de Seks, se salen del fin tradicional de lo que se considera criptopórtico porque, teniendo en cuenta la estructura y fines de tal elemento, no se puede calificar como tal a toda nave abovedada, aunque su inspiración esté en ella, pero no la forma y tradi­ción antiguas.

Un dato a añadir, y que aún no se ha indicado suficiente­mente, es el uso del opvs incertvm en la casi totalidad del complejo de Seks, lo que es novedad frente al opvs caementi­civm, usado en Roma como técnica innovadora frente a los del mundo helenístico.

El sector conocido como Cueva de Siete Palacios tiene un paralelo en la villa Adriana, donde existe un compartimento de características similares al edificio de Seks. Es decir, una nave central con otras laterales y casi alineadas frontalmente. Su alzado está revestido con opvs signinvm, de un espesor de 0,03 m153y un mampuesto de contextura poco habitual en cuanto a consistencia; por lo que parece indicar que su destino ha sido el de depósito de agua. Pero del análisis exhaustivo de sus elementos constructi­vos se deduce que su finalidad fue servir de almacén de nieve para uso doméstico durante el estío.

Los criptopórticos de Narbona154 muestran indicios de haber servido de horrea, o más bien, relacionados con los mercados, como indican los textos155. Ernest Wilf piensa que en Narbona se da un único caso de criptopórtico usado como horrea. El plano de la edificación lleva múltiples subdivisiones y corredores, que presentan aspecto de almacenes. Estos horrea narbonenses no se encuentran ligados al forvm, cuyo emplazamiento y dispositivo general son conocidos. De esta forma los cambios producidos en el uso de los criptopórticos constituyen un precedente en que basar algún tipo de relación tanto arquitectónica como funcional.

La Arqueología no ha proporcionado aún paralelo alguno que ofrezca un punto de partida, y permita relacionar, por lo menos, las estructuras. Lo que se tiene de yacimientos arqueo­lógicos son sólo elementos muy aislados, y sin fuerza suficien­te para establecer una relación.

Los sistemas de factorías que presentan algún elemento son los de Lixus156, Tahadart157, Sahara158 y Bolonia159; que son pruebas muy parciales y reducidas en aportación de formas similares a las de Seks. Sirven para establecer una comparación meramente técnica, como es el uso del mismo material y formas abovedadas, cuya finalidad es distinta. Por ello se está algo solo al plantear una definición global sobre un conjunto que se ha venido definiendo πόλις, por la Historiografía griega, oppidvm, por los romanos, medina y ciudad, en época medieval y moderna. La verdad está en los resultados del análisis: ni cardo maximvs ni decvmanvs. Sólo una casa. Sólo naves, piletas, depósitos (…) que dan, como cuadro final, una factoría de salazones de pescado, con encadenamientos de sistemas abovedados de almacenaje.

100 Sp. Kostod, Historia de la Arquitectura I, Oxford University Press,1988, pp. 331 ss.; L. Benevolo, El arte y la ciudad antigua, 2, Roma‑Bari, 1982, pp. 22 ss.; A. Blanco, Vestigios de la Córdoba romana, Habis, I, 1970, pp. 109 ss.; A. García y Bellido, Colonia Aelia Augusta Italica, Madrid, 1966, pp. 14 ss.; Id. El urbanismo en España en la Edad Antigua, Madrid, 1968, pp. 58 ss.; C. Castillo, Städte und Personen der Baetica, Aufstieg, II, 3, pp. 601 ss.; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Castulo, I, Madrid, 1975; R. Ramos Fernández, La ciudad romana de Ilici, Alicante, 1975; E. B. Smith, La Arquitectura egipcia como expresión cultural, Watkin Glen. N.Y. American Life Fundation, 1969; J. R. Barlett, Jericho, Guilford, Surrey, Lutter worth Press, 1982; M. A. Beck, Atlas of Mesopotamia, London and Edinburg, Thomas Nelson and Sons, 1956; H. Frankfort, The Art and Architecture of the Ancient Orient, Harmondsworth and Baltimore, Penguin, 1970; L. Lampl, Cities and Planning in the Ancient, Near East, New York‑Brazeviller, 1968; S. Lloyd, H. W. Müller y R. Martin, Ancient, Architecture, Mesopotamia, Egypt, Greece, New York, Abrahams, 1974; A. Badawy, Arquitectu­ra del Antiguo Egipto y del Oriente Próximo, Cambridge, Massachusset, MIT., 1966; M. del Amo, Restos romanos de la población romana de Onoba, (Huelva), Arqueología, 2, 1976; W. MacDonald, The Architecture of the Roman Empire, New York, Yale University Press, 1982; J. B. Ward‑Per­kins, A. Claridge, Pompeii, A. D. 79, New York, 1978; A. Boetius, Etruscan and Early Roman Architectu­re, Har­mondsworth, New York, Penguin, 1978; T. Kraus,T. L. von Matt, Pompeii and Herculaneum, New York, Abrahams, 1973;L. Soroni Mazzolani, The Idea of the City in Roman Througth, Bloo­mington, Indiana University Press, 1970; F. Brown, Roman Architecture, New York, Braziller, 1965; P. Lavedon, Histoire de l`Urbanisme, Antiquité, IIè éd., Paris; A. Grenier, Manuel d`Archéologia gallo‑romaine, III, L`Architectu­re, l`Urbanisme, les Monuments, Paris, 1958; A. Balil Illana, Colonia Iulia Augusta Barcino, Madrid, 1954; A. Beltrán et alii, Symposium de ciudades augústeas, Bimilenario de Zaragoza, I, II, 1976‑1977.

101 Sp. Kostof, Op. cit., pp. 82 ss., pp. 94 ss., pp. 121 ss.; P. León, Notas sobre la técnica edilicia en Itálica, AEspA., 50‑51, 1977‑1978, pp. 143‑169; E. J. Miles, The materials used in the building of ancient Rome and the logical origin, Journal British and American Society, vol. I, 1885‑86, pp. 54‑55; M. Steinby, I bolli laterizi e i criteri di tecnici nella datazione delle cortine laterizie romana, Esame su un grupo di edifici ostiensi dei primi anni di Anchiani, Miscelanea Archeologica, 1967, pp. 389‑406; A. Balil Illana, Casa y urbanismo en la España antigua, La España romana, BSEAA, XXXVIII, 1973, pp. 105 ss.; Th. Hauschild, Konstruktionen auf der oberen Stadterrasen des antiken Tarraco, AEspA., 45‑47, 1972, pp. 3 ss.; A. Jiménez, De Vitruvio a Vignola, autoridad de la tradición; Como obras complementarias, véanse: J. P. Adam, La constructio romaine, materiaux et tecnique, Paris, 1984; H. Bloch, I bolli laterizi e la storia dell`edilizia romana, Contributi all`Archeolo­gia ed alla storia romana, Roma, 1947; T. Franck, Roman Building of the Republic, an atamp to date them from their materials, Papers American Academy in Roma, vol. III, Roma, 1924; G. Lugli, Tecnica edilizia romana con particola­re riguardo a Roma e Lazio, Roma, 1957.

102 Vitruvio, Arquitectura, I, 3, II; 3, 4, 5, 6, 8.

103 Como obra general véase: A. Nibby, Roma Antica, I, 1838, II, 1839.

104 Como obra general véase: A. Choisy, L`art de bâtir chez les romains, Pa­ris, 1873.

105 E. B. van Deman, Methods of determining the date of roman concret Monuments, AJA, second series, Journal of the Archeological Institute of America, XVI, nº 2, pp. 230‑251, y nº 3, pp. 387‑432; Como obras complementa­rias véanse: E. J. Miles, The materials used…, p. cit.; T. Franck, Op. cit.; R. Lanciani, Ancient and Modern Roma, Rome, 1925.

106 Como obras de carácter general, véanse: M. E. Blake, Ancient roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to August, Was­hington, 1947; Id. Roman Construction in Italy from Tiberius throught the Flavian, Washington, 1959; M. E. Blake, D. Taylor Bishop, Roman Construction in Italy from Nerva throught the Antoninus, Filadelfia, 1973.

107 Véase G. Lugli, op. cit., y nota 101.

108 P. Setälä, Private domini in Roma Brick Stamps on the Empire, A Historical and Prosopographical Study of Landowners in the District of Rome, Helsinki,1977, pp. 316 ss.; Como obras complementarias véanse:T. Franck, Op. cit., nota 2; T. Helen, Organisation of Roman Brick Production in the first and second Centuries A. D.: an Interpretation of Roman Brick Stamps, Helsinki, 1975.

109 Cfr. Nota 101 y, en especial el trabajo de H. Bloch.

110 Como obra complementaria, véase: P. Gros, Architecture et societé à Rome et Italie centromeridional aux deux derniers siècles de la Republique, Latomus, 156, Bruxelles, 1978.

111 Cfr. J. P. Adam, nota 101.

112 Cfr. nota 101: M. Steinby.

113 Cfr. nota 100: A. Balil, Op. cit.; C. Castillo, Op. cit.; R. Ramos, Op. cit.; nota 2: A. Balil, Op. cit.; A. Beltrán, Op. cit.; A. Blanco, Op. cit.; A. Garía y Bellido, Op. cit.

114 Cfr. Planimetría del Sector L y las fotografías de los subsectores que conforman este complejo sector.

115 Cfr. not. 101: M. Steinby.

115 Cfr. not. 101: M. Steinby.

116 Cfr. nota 101: M. Steinby.

117 A. Blánquez, Vitruvio, Los diez Libros de Arquitectura, Barcelona, 1970, II, 3, pp. 40 ss.

118 Cfr. nota 1: M. E. Blake, Op. cit.

119 L. Roldán Gómez, La técnica edilicia y su empleo en Hispania (1), Rev. Arq., Sep-Oct., 1987, pp. 35 ss.

120 A. Blánquez, Op. cit., pp. 130 ss; Véase nota 2: M. E. Blake, Op. cit.

121 Cfr. Planimetría del sector B (hypocavstvm de la casa romana en el Castillo de San Miguel).

122 Cfr. Planimetría urbana de los sectores B, K, V,; Nota 2: P. León, Op. cit.

123 A. Ruiz Fernández, Arqueología romana de la costa granadina, Cuadernos Monográficos nº 2‑3, Motril, 1985, pp. 57 ss.

124 Cfr. Planimetría del sector K (fig. 17).

125 Cfr. Planimetría de los sectores 0L, 1L y 2L, figs. 18 a 23.

126 Cfr. Planimetría del sector B (fig. 2) y documentación fotográfica del mismo.

127 Cfr. Planimetría del sector R (fig. 29) y documentación fotográfica del mismo.

128 Cfr. Planimetría de los sectores K y V (figs. 13 y 17) y documentación fotográfica correspondiente.

129 Cfr. Planimetría del sector J (fig. 16) y sector B (fig. 11).

130 M. Pastor Muñoz y F. Molina Fajardo, Epigrafía romana de Almuñécar (Sexi Firmum Iulium), Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, pp. 328 ss.

131 Cfr. notas del capítulo 2º: nº 62 (Idrisi), 65, 68 y 72 (Ibn al‑Jatib).

132 A. Blánquez, Op. cit., pp. 134 ss.

133 Cfr. Planimetría del sector X (fig. 34) y su documentación fotográfica.

134 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25 (fig. 13), 36 (fig. 21), 44 (fig. 27) y 70 (fig.45).

35 Ibidem, pp. 25 ss.

136 R. Martin, Les Cryptoportiques: problèmes des origines en les cryptoportiques dans l`Arqchitecture romaine. École Française de Rome, Rome,1973, pp. 23 ss.; G. de Angelis D `Ossat, I criptoportici quali elementi basamentali nella tipologia compositiva dell`architectura romana, en Les cryptoporti­ques., pp. 45 ss.;J. B. Ward‑Perkins, The cryptoportic: a practical solution to certain problems of roman urban desing, en Les Cryptopor­tiques…, pp.51 ss.; R. A. Staccioli, Sulla destinazione e l`uso dei criptoportici, en Les cryptoportiques…, pp. 57 ss.; P. Romanelli, I criptoportici forensi di Aosta e di Arles, Rendiconti dell`Acade­mia dei Lincei, serie VIII, vol. IX, 1954 (1955) pp. 645‑657; Id. Edifici sotterranei di Bavai, Archeologia Classica, VI, 1954, pp. 284‑291; Id. Edifici sotterranei dell`agora de Smirne, Latomus, XVI, 1957, pp. 275‑292; A. Maiuri, Il criptopor­tico di Sessa Aurunca, Rendiconti Academia Archeologia, Lettere e Belle Arti di Napoli, XXXVI, 1961 (1962), p. 55; Como obra complemen­taria, véase: G. Lugli, Enciclopedia dell`arte antica, s. v., Criptoportico.

137 Apiano, III, 6, 7.

138 Séneca, Epist., 57, 1; Petronio, Satur., p. 16; Estrabón, V, 4, 7. Dentro de las denominaciones detectadas en los diferentes autores relativas a los criptopórti­cos, se han indicado las siguientes: AMBULATIO, TECTA, CRYPTA THEATRI (CIL, V, 1008, X, 833‑834, XI, 4206); CLOACA, Iuv. V,106; Estrabón, XIV, 43; CELLARIVM APOTHECA, CIL, IX, 5159; MITHRAEVM, CIL, XIV, 66; CARCER, Sidonio Apolinar, Carm., 23, 319; ADYTVM SEPVLCHRI,CIL, III. 1096, VI, 10005; ADYTVM, en Itin. Burdig., 594, 25, 596,19; SPELVNCAM, ANTRVM, Itin. Burdig., 598, 6.

139 F. Coarelli, Les cryptoportiques dans l`Architecture romaine, École Française de Rome, Rome, 1973, pp. 12‑13; Los términos más genéricos que se aplican a este elemento arquitectónico, son los siguientes: AEDES, CIL, 1096; CASTRA, Hist. August. Hadr., 10, 4; CHALCIDICVM, CIL, X, 810; CVRIA, CIL, XI, 5753; EXEDRA, CIL, III, 10, 96; HORREVM, CIL, IX, 5159; y Vitruvio, VI, 5, 2 ( y APOTHECA ); MACERIA, Varr., Men., 536; PODIVM, CIL, IX, 3168; PORTICVS, CIL, II, 3428, III, 1096X 810, XI,4206; THEATRVM, CIL, V, 1008, a, X, 833, XI, 4206; TRIBVNALIA, CIL, X, 833, s;VIRIDIA, CIL, 1‑2, 1505; XYSTVS, Varr., Men., 536.

140 CIL,IX, 5159; Vitruvio, VI, 5, 2.

141 R. Martin, Op. cit., p. 32.

142 R. Martin, Op. cit., p. 29.

143 Ibidem, p. 29.

144 Ibidem, p. 30.

145 Vitruvio, II, 4.

146 Ibidem, II, 8 y VI, 11.

147 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 60‑61, fig. 37.

148 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.

149 F. Benoit, Les cryptoportiques de la Narbonnaise, Atti I Congresso Internazionale, Archeologia, Italia Settentrional, 1963, pp. 145 ss.; A. Grenier, Op. cit., III, 1, pp. 305‑322.

150 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.

151 G. Gullini, Il criptoportico nell`Architectura republicana, en Les cryptoporti­ ques…, p. 137.

152 E. S. P. Rocotti, Criptoportici sotterranei di villa Adriana, en Les cryptoporti­ques…, pp. 264‑5.

153 I. Solier, Notes sur les galeries souterraines de Narbonne, en Les cryptoporti­ques…, pp. 322‑323.

154 Id. Notes sur les cryptoportiques de Narbonne, plan des Horrea, en Les cryptoporti­ques…, p. 324.

155 E. Will, Les cryptoportiques de Forum de la Gaule, en Les cryptoporti­ques…, p. 327.

156 M. Ponsich et M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25, (fig. 13), p. 36 (fig. 21).

157 Ibidem, p. 44.

158 Ibidem, p. 70 (fig. 25).

159 Ibidem, p. 86 (fig. 53).

FORMAS CONSTRUCTIVAS Y PRODUCCIÓN INDUSTRIAL

Como señala su propia trayectoria histórica, el emporio de Seks es bien considerado por los autores antiguos, al hacer una valoración positiva de sus productos160.

Por otra parte, es obligado indicar que sus inicios y técnicas comienzan con la colonización fenicia que, según la cronología de sus cerámicas, se remonta a finales del siglo IX a. de C. y comienzos del VIII.

Por ello, el proceso de fabrica­ción debe llegar, por lo menos, hasta esas fechas, ya que, aparte de los negocios de trueque que practicaban los fenicios con los indígenas ibéricos, al ver las  posibilidades de conseguir provecho de un montaje industrial como el de la salazón, lo harían y, de ahí, la evolución del proceso hasta su desaparición con la caída del poder romano en el sur Peninsular y el Norte de Africa161.

Los montajes industriales no eran tan simples como se dice por tradición162. Las factorías fabricaban sus productos en función de la calidad, tamaño y abundancia de pesquerías. Por ello cabe decir, por un lado, que los productos no presentaban una elaboración en cadena con las mismas denominaciones, sino que incluso sobre un mismo tipo de materia prima, había variedad; lo que significa que, al igual que hoy, cuando un animal se despieza para su comercialización, también las calidades de los productos elaborados establecían una gama de valoración. Tal fenómeno es válido para todos los tipos de especies marinas. La calidad es un elemento de valor para estimar la aceptación comercial. Abundando en este tema, los autores antiguos establecían categorías con respecto al producto más estimado: los atunes y túnidos en general, menores en tamaño y cualidades, como la caballa, el bonito, la melva, etc163. Hasta tal punto fue importante que, la mayoría de las colonias costeras dedicadas a las salazones de pescado, adoptaron, como emblema, para reverso de sus monedas, las figuras del atún y del delfín.

Es evidente que se puede establecer una categoría de género por la variedad de las pesquerías. Téngase en cuenta que aquí se habla de túnidos, scomber, con denominaciones de colias, lacertvm164, etc. Pero el examen realizado sobre restos de pescado, hallados en las piletas de salazones, no ha sido practicado en su totalidad; por lo que tan sólo se ha tenido en cuenta lo más relevante de los hallazgos: las vértebras de grandes atunes165. Sin embargo, otros vestigios, considerados de tanto interés como el anterior, no han sido tenidos en cuenta; así, las escamas, espinas, e incluso un material secundario, y los tipos de anzuelos, cuyo estudio aún no se ha realizado. Las escamas dan luz sobre la cuestión de la gama de variedades de la fauna marina de acá.

Por otra parte no sólo en el Majuelo han aparecido elementos de análisis. La Cueva de Siete Palacios dio también escamas cuando se practicó su excavación. Estos elementos no se usaban para pescado pequeño, sino de cierta entidad. Las secciones y láminas eran indicativas de que se trataba de piezas de tamaño superior166.

1. ESTRUCTURA DE LA FACTORÍA

Otro aspecto a tratar es la articulación de la propia estructura industrial.    

Como puede verse en la factoría del Majuelo, la distribu­ción de las piletas no es un fenómeno arbitrario, sino que todo se organiza en función de las materias que se pretenden elaborar. Así pueden verse sectores de piletas homogéneas, formando áreas bien definidas que, además, presentan muretes de separa­ción, como testigos de que los productos que se trabajaban en cada uno de esas secciones eran diferentes, y se pretendía que no se produjeran alteraciones o contaminaciones entre las variedades elaboradas.

Aplicando un criterio puramente cuantitativo, las dimen­siones de las piletas están en función de la calidad y cantidad de materia que se preparaba. Es sabido que en la elaboración de las variedades de garvm, el pescado destinado a este fin se preparaba en salas auxiliares, y se troceaba antes de ser tratado con los ingredientes de la salazón de cada clase.

En las piletas se operaba el proceso de transformación, gracias a los tipos de salmuera utilizados. Falta por saber las concentraciones salinas usadas, por carecer de un análisis residual de aquellas piletas, que pudieron aportar esta característica como componente de la salmuera.

1.1. El Garvm y sus variedades

En términos generales, todo el complejo industrial está formado por dos grandes esquemas básicos: piletas grandes, medianas y algunas especiales de pequeñas dimensiones. Las primeras se destinaban a la preparación y elaboración de los escabeches, con pescado de clase superior y mediano; las segundas se destinaban a las salsas propiamente dichas. Tanto uno como otro producto reciben el nombre de garvm. Pero es preciso indicar que tal denominación se aplicaba sobre todo a las salsas elaboradas usando como materia prima los hipogastrios de diferentes clases de pescado. Esto, lógicamente, llevaba a la producción de diversas calidades en los derivados obtenidos. De tal modo es así, que los tipos de garvm, fabricados con entrañas de determinado pescado, se vendían en pequeños envases, y a precios no asequibles a toda economía.

El garvm se utiliza­ba, a veces, como condimento para la preparación de otros platos. La variedad era tan amplia en sus diversas calidades que, en algún momento, se utiliza como elemento jocoso en escritos de carácter literario, de tono irónico167. Ello no quita que algunas de estas variedades de garvm se cotizaran a alto precio por su calidad168.

En cuanto a las estructuras usadas en la preparación del tal producto, entendido como salsa, los depósitos descubiertos en Seks son de medianas proporciones. Hay un hogar donde los ingredientes y materia base se someten a cocción. Sus piletas son manifiestamente más pequeñas que el resto del conjunto, y de diferente factura. Constituyen un tipo existente en todo el Mediterráneo Occidental169. No se olvide que la elaboración definitiva del garvm se realizaba en recipientes de cerámica que se colocaban sobre los antes citados hogares. Tales espacios, destinados a la obten­ción del garvm tipo salsa, con sus especiales formas estructu­rales, fabricadas con mampuesto, no son exclusivos del área del Majuelo. Los tipos medianos y grandes se han localizado en numerosos puntos del complejo, tanto que se han constatado desde la cota 4 hasta la 44170. Pero los hogares destinados a la cocción del garvm han aparecido, casi todos, en los niveles inferiores. Su construcción tiene forma circular y de escaso diámetro. Aún se encuen­tra sin un estudio pormenorizado. Se han localizado en los sectores excavados en calle Real y Plaza del Ayuntamiento. No han aparecido aisladas, sino formando parte de un conjunto mayor, como se puede comprobar en el contexto arqueológico171.En las excavaciones practicadas en la calle Real, puede verse cómo los muretes de las piletas han sido rebajados casi al nivel del suelo. Pero algunas de ellas muestran aún algo de pavimento en su fondo172.

Por otra parte, y en época medieval, gran parte de esas formas han sido muy alteradas, y casi arrasadas para levantar, apoyándose en ellas, las viviendas modernas.  De esta forma, toda edificación que sobre ella se levante, tendrá sólida base, y no sufrirá fisuras en sus paramentos173. En otros sectores, como la zona contigua a la Cuesta del Carmen, donde hubo un ingenio azucarero moderno, la tradición ha proporcionado datos sobre antiguos depósitos de salazones e, incluso, de un horno de cerámica174. Se dice que ésta era abundante, ya que hay depósito de desechos, que-dando todo bajo las casas nuevas.

1.2. El Garvm de Seks y su contexto meridional

En relación con la elaboración y comercialización de los productos, se puede analizar y establecer un paralelismo con el conjunto de las colonias mediterráneas, y cómo se construía una factoría de salazones. Por ello se acude de nuevo a los textos antiguos.

Según Balil175,los principales caminos y rutas comerciales parecen haber sido los del mar que, en el caso de Gades, fueron, con el tiempo, más intensos y ambiciosamente explotados, hasta el punto de ser considerados secreto de Estado. Esto no comprende el desconocimiento y desaprovechamiento de las rutas terrestres. Desde Gades y todos los centros industriales se explotaban rutas que ponían en contacto puntos comerciales marítimos, fluviales y terrestres.

García y Bellido dice que Hispania y Mauritania establecían relaciones comerciales con países lejanos que no vacilaban en enviar, a lo largo de la Bética, a sus comerciantes para intercambiar sus mercancías por pescado salado176.

Por su parte, Benoit piensa que el mercado de la Bética tenía tal importancia, que sus importaciones de vino y sobre todo de aceite y salazón, estaban asegurados por el fisco, y contribuía al abastecimiento de Roma177.

1.3. El Montaje de la industria de salazón

Con relación a la industria de salazón en sí misma, es necesario considerar tres aspectos: las técnicas de montaje de la industria desde el punto de vista arquitectónico, elabora­ción de la materia prima, en parte ya tratada, y el proceso de comercialización y transporte. Por ello, se va a exponer, tomando como referencias las técnicas constructivas de Seks, el sistema de montaje de una industria de tales características.

El procedimiento de montaje de piletas es fundamentalmente la misma en todas las factorías de la Cuenca Mediterránea y vertiente atlántica de Marruecos. El principio básico consiste en construir a ras de suelo para facilitar el relleno, y asegurar una menor resistencia en la colocación de las masas de pescado y sal, equilibrado en peso por la masa que la rodea.

A veces, como ocurre en Seks, la pileta se excava en roca, evitando tan sólo que el terreno sea permeable; por lo que todo se equilibra con un simple revestimiento de opvs signinvm, más un mampuesto previo. Otras veces hay que levantar estructuras sobre roca, rellenando los espacios huecos y dando a los muretes la inclinación necesaria para que equilibre el contra­peso de empuje, de dentro hacia fuera. Los ángulos de las piletas son redondeados para evitar fisuras y las aristas horizonta­les, muy a menudo, son reforzadas con cuarto de círculo en relieve, o una bovedilla de ancha sección. Las piletas presentan un fondo, sin salida para evacuar residuos o agua. Si se presta atención, puede verse en muchas una especie de pocico destinado a recoger los residuos que quedan como posos, después que la materia elaborada ha sido retirada dentro de sus respectivos envases. Por ello se piensa que, con sólo limpiar el citado pocico era suficiente, aunque no se descarta que además fueran baldeadas con agua, una vez finalizada la campaña. Un sistema de desagüe hubiera complicado en extremo el drenaje de cual­quier industria de esta clase. Generalmente, los sectores con piletas y los recintos que componen esta factoría, estaban protegidos con cubier­tas, normalmente a dos aguas, usando techumbre de teja ancha y rematada con caballete de teja estrecha de medio punto. Su finalidad era evitar la rápida evaporación de la salmuera por un lado, y la lluvia que pudiera disminuirla en exceso, por otro178.

1.4. Elaboración del garvm. Ingredientes y variedades

Referente a la fabricación del garvm, se sabe que tal proceso consiste básicamente en la maceración de entrañas de pescado, tratadas con leche, sal, huevos y sangre, en función de qué clase de pescado se utilice, y con quisquillas, ostras o  cualquier  otro marisco.

Su sabor era bien diferente según los ingredientes añadidos, y el producto base utilizado. Se permitía todo con el fin de conseguir calidad.

Así, Plinio179 dice que se podían mezclar, hasta hacer fermentar, salmonetes, en el tipo de garvm denominado de los aliados o negro (Cfr. Galeno180, op. cit.), para convertirlo con hígado en un exquisito plato.

Se podía alterar su virtud al mezclarlo con agua, vino o vinagre. Resultaba ser un medicamento excitante, estimulante y digestivo, por su riqueza en ázoe181.

Su precio dependía pues de su calidad. En su embalaje se utilizaban, para las calidades altas, recipientes que no medían más de diez o doce centímetros182.

El garvm constituye un centro de atracción de estudios monográficos. Las citas antiguas abundan, remontándose en Grecia al siglo V a. de C.; y la que hay sobre Seks aparece en Dífilo de Sínope.

El garvm de Gades es citado, por primera vez, en una obra de un comediógrafo, Eupolis183. Antífanes184 lo cita también a finales del siglo IV a. de C.

Todo parece indicar que la expansión de este producto, o mejor, su comercialización a gran escala, comenzaría en época helenística.

Las citas relativas al garvm no van paralelas a los datos toponímicos, y a las relaciones comerciales entre púnicos y nativos ibéricos. El primero que habla de factorías de salazo­nes diferentes a las de Gades, es Estrabón, al que siguen Plinio, Marcial, Séneca y otros, pero destacando la cita recogida por Ateneo, tomada de la obra de Dífilo de Sínope, quien alaba las excelencias del ςκoμβρός de Seks185 .

Gades figuraba como la más renombrada. Partía como la capitalizadora de la producción, aunque las calidades ya se habían extendido por todo el Sur, de tal manera que se califi­caba este producto no como gaditano sino como bético, pudiendo satisfacer cualquier demanda que sobre él se hiciera186.

Poco a poco la fama de este producto se divulga, y aparecen otros centros de fabricación, como la isla de Escombreras, o Carthago Nova, que rápidamente adquieren fama. Durante este período se produce el llamado por Galeno y Aelio garvmde los aliados, o negro, y primario por Paulo de Egina. La fama del citado garvm debe su nombre a dos hechos importantes: su fabricación se hace usando como elemento básico la caballa, y su comercialización es capitalizada por asociaciones de Caballeros o Clase Equestre187.

El uso de almadrabas se ha mantenido hasta nuestros días, subsistiendo aún en puntos muy concretos de la costa sur, aunque no con el mismo rendimiento de aquellos tiempos188.

Se sabe, por otra parte, que un elemento, la sal, era indispensable para la elaboración de este producto; por lo que se piensa que debe ser una industria inducida y existente junto a la factoría de salazón, o cercanías.

No se dispone de datos arqueológicos fehacientes sobre su proceso de obtención, aunque sí de lugares donde se ha elabora­do. La factoría de Seks probablemente obtuviera ese elemento de las salinas recientemente descubiertas en Torrenueva (Granada), en el delta de la desembocadura o estero marino del río Guadalfeo189. Como testimonios más antiguos sobre los emplazamientos dedicados a esta producción, están las salinas de San Fernando (Cádiz), que funcionarían como industrias anejas a la factoría de Gades190. Sobre el comercio de la sal en particular se ha escrito bastante191, pero no es la cuestión base de este tema, ya que aquí es un ingrediente para el montaje de una industria que lo precisa como tal.

El montaje de una industria de salazón requería dos condiciones indispensables: movimiento estacional de pesquería, con sus ciclos de mareas, y la existencia de agua dulce en sus cercanías, por lo menos. Conjugando tales condicionantes, se levantaban las factorías. Esto hace que las atlánticas y mediterráneas difieran en cuanto a la distancia del mar, a causa de las mareas, ya que éstas apenas son apreciables en el Medite­rráneo. En cuanto a la disposición de las estructuras en las diversas áreas de Seks, provoca una cierta dificultad la situación de las piletas en puntos elevados del complejo. Por ello, se observa que se han localizado estos elementos en las siguientes cotas: 4; 8,55; 20,20; 22,90; 26,10; 31, 85; 40; 41,45 y 44,60. Este desnivel sin duda ocasionaría problemas de transporte. Los productos elaborados eran almacenados en los sistemas abovedados que había en cada nivel del complejo y, desde allí, conducidos hasta los barcos. El proceso seguido desde que se producen las capturas hasta su elaboración, es el siguiente: realizada la pesca, se transportaba, supuestamente en carros, a través de una vía (calle enlosada en el Majuelo, Seks), bien de cerámica, bien de piedra con caementvm. Se llevaba hasta unas salas, donde se les quitaban las partes consideradas despojo, destinadas a la fabricación del garvm192. El atún era cuarteado en trozos de diferentes tamaños y formas o, si era pequeño, abierto y cubierto con sal para secarlo, y comercializarlo bajo tal preparación. Las salas se construyen en una situación cómoda para el transporte de la materia prima previamente preparada, y para su posterior elaboración en las piletas, donde se salaban. Como se ha dicho, en proporciones ya estudiadas, el pescado se salaba193. Tal proceso duraba unos veinte días. La salmuera que se formaba, se utilizaba para el tratamiento de los hipogastrios o desechos de pescado, destinados a la obten­ción del garvm. Una vez terminado el proceso de salazón, el producto ya elaborado, se introducía en ánforas a este fin, taponadas herméticamente y se guardaban en almacenes adrede construidos.Con relación al garvm, para acelerar el proceso de fabricación, se colocaba en las citadas ollas de cerámica y se cocía. De esta forma la salmuera aceleraba su efecto de evaporación, a la vez que la masa adquiría su punto idóneo en cuanto a su mezcla y composición. Un autor dice a propósito del garvm y su preparación:«…a continuación, colocado el pescado y la salmuera al fuego hasta que se cueza, es decir, hasta que comience a consumirse un poco»194.Dada la existencia de elementos de montaje y fabricación de este producto en Seks, las formas de cocción se componen de un hogar, de un compartimento destinado a calentar, colocado encima del hypocavstvm, y otro espacio para enfriar los productos una vez adecuadamente tratados al fuego. Los tamaños de las ollas de cocción iban en función de los hogares usados. No cabe duda de que hubo un gran movimiento comercial de este producto, como reflejan tanto la propia factoría y los autores que de ella hablan en la Antigüedad.

ETNIAS Y PUEBLOS DEL SUR

Evolución, relaciones humanas e intereses mutuos

Durante la fase de su historia antigua, la ciudad de Almuñécar ha venido siendo considerada como un asentamiento humano similar a los otros existentes, dentro de las caracterís­ticas habituales de los emplazamientos costeros196. Son numerosos los núcleos ribereños que citan los escrito­res antiguos y modernos, considerados como centros estables y con una población parte autóctona, mixta o bien como etnias puras. Estas características son comunes para toda la costa surmediterránea en general, y de forma particular, para el reducto de Seks.

Así pues, los textos antiguos citan, como ya se ha dicho, a los Mastienos, o gentes que, se supone, reciben su denomina­ción étnica de la metrópolis de Mastia, ciudad presuntamente anterior y sobre la que se levantó posteriormente Carthago Nova197.  

Con posterioridad a esas fechas se cita el nombre de Libyophoenices198, dando a entender que se trata de un elemento mixto199, aunque se puede pensar al respecto que no es un fenómeno de mestizaje (en contra de la opinión de Balil), ya que, según los trabajos de Solá‑Solé, con referencia al nombre de la esposa de Aníbal, Himilce, se ha podido comprobar que es de origen fenicio, y no ibérico; por lo que el cartaginés casó con una mujer de su propia etnia200.

Éstos (phoenices), que se asientan en el Norte de África, en territorio habitado por africanos (libios), realizan prospec­ciones colonizadoras y comerciales con la franja costera meridional, mientras que los libios serán, después, merce­na­rios de los cartagineses. No se olvide que, por ocupar el lugar donde los cartagine­ses levantaron su ciudad, ya se venía pagando un impuesto a la población autóctona (Justino, XVIII, 5,14); por lo tanto el paso para convertirse en mercenario era insignificante.

Las denominaciones que se les suelen dar a los habitantes del Sur son algo variadas y no muy claras201. Pero, lo más coherente, desde el punto de vista antropoló­gico, es admitir la existencia de una etnia autóctona, de origen ibérico que, en la época que se estudia, formaba una comunidad humana perteneciente al Bronce Final.

Esta tesis se demuestra, mediante la aportación arqueológi­ca, con datos atribuibles a dicha cultura. Ello no quita que, en determinados lugares, haya hecho acto de presencia una secuencia de tumbas del Bronce Pleno (Puente del Noi).

En segundo lugar se encuentra el elemento feni­ciopúnico, ­ cuya cronología se remonta a finales del siglo IX a. de C., avalado por numerosa aportación arqueológica al respec­to202.

Dentro del período de colonización fenicia se distinguen tres etapas: la primera se encuadra en los escarceos iniciales del elemento fenicio a finales del siglo IX a. de C., y cuyo componente humano está integrado por gentes procedentes de la metrópolis oriental, Tiro203.

La segunda expedición se puede calificar como fase en la que los dos elementos étnicos, provenientes de un mismo tronco, pero por diferentes procesos, se suman en el transcurso de los siglos VI al IV a. de C., forzados por la ayuda que los cartagineses tienen que prestar a los antiguos colonos fenicios, caídos en desgracia frente a las tribus ibéricas en general204.

Esta llegada de los cartagineses a la Península tiene lugar después de la fundación de Ibiza por los mismos, y como consecuencia de la expansión comercial de Carthago en el Mediterráneo y Marruecos atlántico205.

La tercera etapa tiene lugar antes de la tercera guerra púnica y como consecuencia del desastre sufrido por los cartagineses en Sicilia y, algo después, en Cerdeña206. Las dos primeras etapas presentan un carácter marcadamente comercial. La tercera, por el contrario, no es más que la plataforma estratégica para emprender la guerra contra Roma, y de esa forma intentar resarcirse del fuerte tributo impuesto por la pérdida de la guerra. Como consecuencia del proyecto iniciado por la familia Bárca, entran en la Península Ibérica numerosos elementos libios que conforman el grueso del ejército mercenario cartagi­nés.

Se ignora qué tipo de influencia ejerciera este nuevo factor humano en la población autóctona; pero, lo que sí se puede decir es que, a partir de este momento histórico (238 a. de C.), la arribada de esa nueva etnia puede convertirse en una situación permanente, aunque los puntos geográficos que capitalizaron la atención de los Bárquidas, se encuentran fundamen­talmente en las inmediaciones del Guadalquivir y principales centros mineros e industriales del territorio bético207.

Se puede pensar que el militarismo impuesto por Carthago, sobre todo cuando Aníbal decide emprender la guerra contra Roma, haría levas entre la antigua población fenicia y entre los iberos, lo que se da como un hecho constatado208.

Como conclusión de toda esta parte bélica, se puede decir que, a finales del siglo III a. de C., la población se estabi­liza después de las sucesivas victorias militares de Roma contra Carthago.

En la localidad de Seks, tras las excavaciones arqueológi­cas practicadas, se ha podido detectar un espacio vacío entre los siglos IV y III a. de C., en lo relativo a estadística de enterramientos en la necrópolis feniciopúnica de Puente del Noi, comprobándose, a su vez, que en los siglos II y I a. de C., se producen esas variaciones, cambiando también algunas características de las tumbas209. Pero, a pesar de todos estos datos, comprobados tan sólo en las necrópolis como factores indicativos de lo que había estado ocurriendo años atrás, nada se sabe sobre estructuras permanentes de carácter urbano, ni siquiera de reutilización, según se desprende de todos los sondeos llevados a cabo a través de cortes practicados sobre el casco urbano actual por Pellicer, en la zona levantina, junto a la muralla del Castillo de San Miguel, y por Sotomayor, en el Majuelo.

La planimetría llevada a cabo con sondeos superficia­les en los interiores de todos los recintos cerrados modernos, ha llevado a la misma conclusión210.

Volviendo al tema etnológico, tras la derrota infringida por P. Cornelio Escipión a los cartagineses211, se produce en Hispania, en cierto modo comprensible, una reacción: por una parte los derrotados se ven forzados a marcharse como conse­cuen­cia del desastre de Ilipa212, a través del puerto de Carteia213; por otra, el antiguo residuo esencialmente comercial y colonizador, optó por acogerse al nuevo dueño: Roma214, permaneciendo en la Península de forma indefinida.

Este comporta­miento humano pudo haberse hecho extensivo al resto de las antiguas comunidades fenicias que, como Seks, se dedicaron siempre al comercio y a la industria. La decisión de los que desearon pactar con Roma la continuidad de su pervivencia se refleja en el momento preciso en que los cartagineses piden a los gaditanos, ante lo incierto de su futuro, que les dejen refugiarse en su ciudad. Éstos, por su parte, desconfiados y prácticos, optan por excusarse; se niegan a recibirlos dentro de sus murallas y se deciden a alinearse, de forma pasiva, con Roma, en quien veían perspectiva de futuro; mientras que, si ayudaban a sus adláteres, la inseguri­dad, y sobre todo el riesgo de caer juntamente con ellos, era cosa inmi­nente, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos bélicos últimos215. No es aventurado inducir de aquí que las restantes comunidades costeras tomaran la misma decisión.

En Seks se continúa con los mismos ritos de inhumación, con variaciones, como se ha dicho, en la tipología y dimensio­nes de las tumbas, que no afectan esencialmente a la antigua tradición funeraria, aunque la suntuosidad de antaño dejó de existir216. De esta forma se va a producir una especie de simbiosis tecnológica recíproca: los fenicios aportan sus conocimientos técnicos, y los romanos su arquitectura; cuyo resultado se va a multiplicar de forma insospechada, creando una macrofactoría de cuya existencia se tienen noticias, casi probables, de que remontan su inicio al siglo I a. de C217. Por otro lado, el elemento fenicio se desliga de los antiguos pactos contraídos con Carthago; y el nuevo titular político-militar, Roma, acepta esa prudente y precavida decisión, movida por el interés de reiniciar a gran escala la práctica comercial e industrial, que las viejas colonias habían venido desarrollando desde los primeros contactos con el Mediterráneo Occidental. Roma sabe conjugar sus intereses y pacta, dando a cambio, cierta autonomía interna en la gestión política, propia de esas comunidades218. Como señales externas de esta nueva situación, se produce un gesto por parte de Roma, permitiendo que, al igual que Gades, la primera, y Carthago Nova, después219, (año -138) se hiciera extensiva al resto de las viejas colonias la facultad de acuñar moneda propia220. En efecto, esta pequeña autonomía, bien vista por Roma, permite que Seks acuñe su moneda propia, usando para ello tanto la leyenda púnica como los signos y motivos propios de su cultura221.

Téngase en cuenta que la acuñación de Seks, atributo similar al de Gades, no llega, dentro de su cronología, más allá de la derrota de los cartagineses en Ilipa en el 206 a. de C., hecho demostrado recientemente a través de los estudios que sobre este tema se han realizado222. Se piensa que tanto el desconoci­miento de la lengua fenicia como la implantación del latín, desembocaron en el uso de ésta última en las leyendas monetales. Como se ha dicho, el elemento púnico acepta las condicio­nes en la misma igualdad de circunstancias que la antigua metrópolis, Gades; pero, a cambio, pretende pacificar la zona y atraerse las simpatías tanto de los colonos púnicos como de las etnias aborígenes; y utilizar las técnicas comerciales e industriales que los fenicios habían desarrollado, y elevarlas al máximo rendimiento. Esto se confirma poco después en la gran expansión que experimenta la elaboración de sus productos industriales: la salazón de pescado y el garvm, ambos en sus diferentes modalidades de preparado; y, como resultado induci­do: la exportación de los productos que, a su vez, genera otra actividad múltiple: la construcción naval y la industria maderera, con una clase social cuya función consistirá en sufragar los fletes que se originen al respecto223. En consecuencia, es preciso decir que el antiguo comer­ciante fenicio se convierte en un fabricante permanente en la industria de salazones de pescado, abandonando su carácter itinerante derivado de su profesión mercantil, lo que se traduce en un paso a una situación estable, con un empobrecimiento que, como muestran los ritos funerarios a partir del siglo II a. de C., se hace cada vez más patente, como se comprueba en las necrópolis224.

Lentamente y de forma progresiva, el romano colono va absorbiendo al púnico. En las necrópolis aparecen tanto el ritual púnico como el romano, en época tardía: pe­queñas tumbas en forma de fosa, al lado de los enterramientos tradi­cionales de rito púnico225. Se podría pensar que este elemento semita continuaría sus antiguas tradiciones, sumándose, con el paso del tiempo, a las posteriores juderías, cuya existencia en Almuñécar ha sido fuertemente registrada en el Libro de Asentamientos226. Y con todo esto se pretende abrir paso a un nuevo tema que estudie y analice la evolución urbana de Seks y de su etnia; trabajo que lógicamente conlleva un nuevo planteamiento antropológico en la evolución de este yacimiento.

CRITERIOS DE DIVISIÓN DEL CONJUNTO ARQUITECTÓNICO DE SEKS

Ante el complejo conjunto arquitectónico de Seks, lo razonable es establecer una base crítica elemental para interpretarlo con cierta lógica. Hay lugares cuyo estado de conservación, estudios realiza­dos sobre los mismos y sus resultados, hubieran dado lugar a un planteamiento diferente al adoptado, como se da en la Cueva, Majuelo y otros.

Una segunda base crítica hubiera sido la división de componentes industriales en zonas, según densidad o de almace­naje, como se ha dado a entender en los capítulos iniciales, considerando los sectores de Poniente como una de las principales áreas de factorías de salazones y su zona portua­ria; y, al de Levante, como áreas industriales y portuarias.

Un tercer criterio válido hubiera sido dividir este núcleo en áreas densas en elementos arquitectónicos, como el casquete superior de la ciudad, Castillo y Peñón del Santo, y zonas muy erosionadas por el tiempo o por la acción antrópica, identifi­cando estos espacios como los correspondientes a las partes bajas, área de la colina de la actual Iglesia y centro.

A pesar de esto, se ha pensado seguir, por condicionamien­tos planimétricos y, sobre todo, por la idea de presentar de manera detallada todo el conjunto, un criterio simplemente localista, donde se ha iniciado una enumeración del elenco estructural romano, comenzando con la descripción de materiales del Peñón del Santo y, a partir de ahí, de forma casi correla­tiva, se ha continuado realizando una planimetría, a escala gráfica lo suficientemente amplia como para cumplir la necesidad de poder llegar al fin más práctico que se intenta conse­guir: detallar cuanto se ha considerado con suficiente entidad para ser comentado.

El recorrido planimétrico se ha practicado de Sur a Norte, y de forma que los diversos sectores estén correlativos, siempre que los criterios unitarios pretendidos en cada sector, no sean interrumpidos por la necesidad de fraccionar en exceso las distintas partes de la ciudad. Por ello, en una zona el aislamiento del sector Z, se hizo por no poder emplazarlo dentro de los tres sectores con que colinda, de tal forma que la propia distribución planificada, con su sentido unitario, no permitió romperla, y se situó fuera de su contexto estructural, condicionados por el espacio material de la escala usada.

Sólo las zonas del Castillo, (Sector B) y el área de la colina de la Iglesia (sector Y) han sido realizadas a escala 1/500. El primero, por dar visión de conjunto que mostrara la unidad de los componentes del Castillo y, en segundo lugar, por la escasez de elementos detectados en este sector. Por lo demás, se ha pretendido dar una secuencia alineada de los componentes estructurales de Seks.

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desaparecidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmente, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.

Notas:

160 Sobre salazones véanse las notas del capítulo I, 3, 4, 5, 6, 21, 26, 34,35 y 115.

161 M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica «Laurita»…, pp. 5 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Nuevos hallazgos púnicos en el Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983, pp. 275 ss.

162 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 92 ss.;-Véanse en la misma obra los montajes de Lixus (s. V), Anzila, Kouas, Tahadart y Cotta (sobre el s.-IV a. de C).

163 Véanse las clases de garvm por sus calidades, en Pauly‑Wissowa: Sarmatia, Sila, p. 830 y en t. VII, pp. 841‑849; Estrabón, FHA, VI, p. 159; Avieno, Ora mar. v. 452; Plinio, N. H. XXI, 94; Ateneo, III, 121 a; A. García y Bellido, Las colonizaciones púnica y griega…, p. 8.

164 Belon, Libri de piscibus, 1554, p. 141; Como obra complementaria véase: D`Arcy­ Thompson, Poisson el animaux aquatiques au temps de Pline, Paris, 1944.

165 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 287; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, II, p. 203, lam. 11, nº 2.

166 F. Molina Fajardo, El Bronce Final y la colonización fenicia, Almuñécar…, 1983, pp. 21‑34; Id. Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñé­car…, II, pp. 89 ss.

167 Plinio, N. H. XXX, 93; Manilio, V, 672; Séneca, Epist. ad Luc., 95, 25.

168 Ateneo, III, 121, a.

169 G. Purpura, Pesca e establimenti antichi per la lavorazione del pesce in Sicilia (Trapani), Cala Minola (Levanzo), Sicilia Acheologica, 48, 1982, fig. 4; M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 10 ss., fig. 21, p. 51; M. Fernández Miranda y L. Caballero, Abdera, excavaciones en el Cerro de Montecristo (Adra, Almería), AEA., p. 95, fig. 76.

170 Como información sobre el hallazgo de piletas fuera del espacio habitual véase: A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismáti­ca … Introducción y conclusiones.

171 Sobre la factoría del Majuelo, ver nota 6 del título 2.

172 Cfr. Planimetría urbana de Seks, sector T (fig. 31).

173 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar …, II, p. 165, lam. I, nº 1.

174 Información proporcionada por D. Manuel Mateos Rivas, testigo de los hallazgos.

75 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Prehistoria y Edad Antigua, Santiago de Compostela, 1976, p. 138.176 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, p. 84.

176 F. Benoit, Relations commerciales entre le Midi de la Gaule…, t. VIII, nº 3‑4, 1961, p. 330.

177 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm…, pp. 106 ss.

178 Plinio, N. H., IX, 30, 3.

179 Galeno, De Alimentorvm facvltatibvs, III, 30.

180 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pl. XIX, nº 16.

181 Knock, Frag, comic. att..,I, 186.

182 Ibidem, II, 43.

183 Ateneo, Op. cit., III, 121 a.

184 M. P. Charlesworth, Trade Routes an commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, c. 9, pp. 149‑167.

185 Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, 1, 18; Estrabón, 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 12; Ptolomeo, II, B, 14; Avieno, 425.

186 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 99.

187 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar

188 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.

189 J. Sermet, Op, cit., p. 235.

190 J. L. Toutain, L`économie antique, p. 156; St. Gsell, Histoire ancienne de l`Afrique du Nord, t. IV, pp. 50‑52; F. Benoit, L`économie du littoral de la Narbonnaise à l`époque antique, Le commerce du sel et les pêcheries, R. E. L., XXV, nº 1‑2 (année 1959), p. 95.

191 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 106.

192 A. Gruvel, L`Industrie de pêches au Maroc, p. 208.

193 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 102 ss.

194 A. García y Bellido, Colonización púnica, Ars Hispaniae, Colonizaciones púnica y griega, Madrid, 1947, p. 137; Id. Las colonizaciones púnica y griega en la Península Ibérica, Madrid, 1954, p. 7; G. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita en la Península Ibérica, Rivista di Studi Fenici, V, pp. 195, 196 y 202; P. Paris, G. Bonsor, Laumonier, R. Ricard y C. Margelina, Fouilles de Belo, 1919‑1921, Bordeaux, 1923, pp. 169 ss.; L. Siret, Villaricos y Herrerías, Antigüedades púnicas, romanas, visigodas y árabes, Memoria descriptiva e Historia, Madrid, 1908, pp. 11 ss.; Ateneo, III, 121; Plinio, N. H., III, 1, 1; Como textos complementarios véanse: S. Giménez Reina, Excavaciones en el Faro de Torrox, Memoria Arqueológica de la Provincia de Málaga hasta 1946; I. J. Pérez de Barrada, Excavaciones en la colonia de San Pedro de Al cántara, Málaga, Junta Superior de Excavaciones y antigüedades, Memo­ria, 106, Madrid, 1930.

195 Polibio, III, 33, 7; Ed. Didot, Fragmenta Hist. Graec., t. II, p. 33; Id. Frag. 20; Diodoro, XXV, 11, 12; A. Schulten y L. Pericot, FHA, Barcelona, 1955, t. I, pp. 33, 34, 38, 113, 125, 129, 186, 187, 422, 452; Polibio, III, 24, 2; Teopompo, MLI, 236; Hecateo, frag. 310, 314; Escimno, 197; Apiano, Iber., 56; Ptolomeo, II, 4, 6; Agrippa (en Plinio, III, 8).

196 Avieno, Ora  maritima, v. 421; Escimno, 197; Hecateo, frag. 310, 314; Libio, Ab Urbe Condita Libri, XXI, 22, 2‑3; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Relaciones entre Hispania y los semitas … op. cit.; Id. Aspectos económicos y geográficos…, op. cit.; C. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita…, op. cit.; M. Tarradell, El impacto greco‑fenicio en el extremo Occidente, resistencia y asimilación; C. H. Whittaker, The Western Phoenicians: Colonisa­tion and Assimilation, Proceding of the Cambridge Philological Society, 200 (NS 20), 1974.

197 La cuestión sobre el origen étnico de los mastienos es muy controvertida y confusa incluso en los mismos textos; cfr. nota 117.

198 J. M. Solá‑Solé, RS., tOr, 42, 1967, p. 312.

199 Justino, XVIII, V, 14.

200 Apiano, Iber., 56; Denominación aplicada, en términos genéricos, al elemento autóctono de la Península Ibérica antes y después de las colonizaciones, bajo el título de Bástulos, Edetanos, Celtas, Bastetanos, etc.

201 Para este punto véanse las obras de carácter general: A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad…, op. cit.; F. Molina Fajardo et alii, La necrópolis feniciopúnica…, op. cit.; nota 22.

202 Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit. 44, 5, 2; L. Siret, op. cit., p. 87, opina que, por el hecho de haber usado madera de cedro en sarcófagos, el elemento fenicio es de origen tirio; cfr. nota 22; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis «Laurita»…, op. cit, texto de consulta.

203 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Santiago de Compostela, 1976, p. 139; M. J. Jiménez de Cisneros, Historia de Cádiz en la Antigüedad, Instituto de Estudios Gaditanos, pp. 60‑ 61; Polibio, I, 10, 5; II, 1, 5; III, 20, 2; Pompeyo Trogo, Op. cit. 44, 5, 3‑4; M. Tarradell, Sobre la última época de los fenicios en Occidente, Zephyrus, IV, Salamanca, 1953, p. 512; Como obras de carácter general, véanse: I. Gamer‑Wallert, Ägyptische und ägyptisierende Funde von der Iberischen Halbinsel, Wiesbaden, 1978: A. García y Bellido, La colonización cartaginesa desde sus comienzos (654) hasta la conquista de los Bárquidas (237).

204 A. García y Bellido, La colonización cartaginesa… En esta obra opina que la fundación de Ibiza ocurrió en el año 654 a. de C.; St. Gsell, Histoire ancienne…, t. I, p. 423, admite la fundación de Ibiza hacia el año 654‑3 a. de C.

205 Apiano, Iber., 4; Livio, XXI, 1, 5; Polibio, I, 67; II, 2, 12, 21, 35; III, 16‑19; IV, 16, 6‑9; Diodoro, 35; Zonaras, VIII, 19, 3‑7; 20, 11‑13; Como obras complementarias véanse: E. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, l9, 1970; H. Chr. Eucken, Probleme der Vorgeschichte des 2 Punischen Krieges, Diss., Freiburg, Br., 1968; F F. Hampl, Zur Vorgeschichte der ersten und sweiten Punischen Krieges, in Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt, Hrsg., von H. Temporini, I, Berlin, 1972; C. Thiancourt, Les causes et les origines de la seconde guerre punique et le commencement de la troisième décade de Tite Live, Paris, 1890; E. Pais, Storia della Sardegna e della Corsica durante il dominio romano, Roma, 1923.

206 J. M. Blázquez Martínez, Fuentes literarias y epigráficas de la época  republicana referentes a minas en Hispania, p. 2; Como complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones entre Hispania y el Norte de África durante el período bárquida y la conquista romana (237‑219), Saitabi, 11, 1961; G. Paratore, La segunda guerra punica nella terza deca di T. Livio, Roma, 1970; A. Klotz, Darstellung des sweiten  Punischen Krieges, Studien zur Geschichte und Kultur des Altertums, XX, 2, Paderborn, 1936.

207 Apiano, 24; Diodoro, 25, 19; Dión Cassio, 12, frag. 48; Cornelio Nepote, Vidas de los grandes capitanes extranjeros; Str. 4, 1; Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, frag. 151; Floro, I, 22, 2; Livio, XXI, 22, 2‑3;  XXIII, 29, 4, 29, 10‑29, 14; XXVII, 18, 7; Orosio, IV, 16, 14; Polibio, III, 10, 5, 7‑13, 1‑10‑113‑6; Polieno, 7, 48; Pompeyo Trogo, op. cit., 44, 5, 6.

208 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., pp. 23 ss.; F. Molina Fajardo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983, pp. 251‑270; Como obras complementarias, véanse: A. Tejera, Las tumbas  fenicias y púnicas del Mediterráneo occidental (estudio tipológico), 1979; P. Gaukler, Nécropoles puniques de Carthage, 1915.

209 Apiano, Iber., 19.28.31 y 37; Cornelio Nepote, De virib. Illust…, 49; Livio XXVII, 20, 3; XXVIII, 19, 1; Polibio, X, 7, 6-38,7; Valerio Máximo, IV, 3,1.

210 Apiano, 27; Frontino, 2, 3, 4; Livio, XXVIII, 12, 10‑16, 13; Orosio, 4, 18, 7; Polibio, XI, 20, XXI, 20, 1‑21, 1‑22, 1‑24, 1; Polieno, 8, 16, 1; Como obras complementarias véanse: R. Corzo Sánchez, La segunda guerra púnica en la Bética, Habis, 6, 1975; R. Develin, Scipio Africanus Imperator, Latomus, 36, 1977; J. Mangas, El papel de la diplomacia romana en la conquista de la Península Ibérica, Hispania, 30, 1971; J. M. Roldán Hervás, Cartago y Roma en la Península Ibérica, Historia de España Antigua II, Hispania Romana, Madrid, 1978; J. Frantz, Die Kriege der Scipionen in Spanien, Munich, 1883; A. Schulten, Ein römischen Lager aus den sweiten punischen Kriege, Philologus, Wochenschrift, 48, 1928.

211 Livio, XXVIII, 12, 10; Como complementaria véase el artículo de R. Corzo Sánchez, op. cit

212 Livio, XXVIII, 30, 3‑30, 12; Véase también el artículo de la nota anterior.

213 Apiano, Iber., 37; Livio, XXVIII, 30, 4; Orosio, 9, 10, 8.

214 Apiano, 38; Livio, XXVIII, 37, 1‑2 y 9.

215 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., fig. 5; F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad…, Op. cit., pp. 17‑42.

216 Ibidem, pp. 212 ss.; A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática…, Op. cit., pp. 308 ss.

217 A. Balil Illana, Op. cit., recoge la clasificación de las ciudades, sopesando su actitud frente a Roma.

218 A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924‑26, t. II, p. 51, lam. IX‑X, t. III, p. 8, lam. LXXIV.

219 Ibid., t. I, p. 19, lam. LXXXVII, t. II, p. 16, lam. X. LXXXI, p. 24, lam. LXXXIV, p. 34, lam. LXXXVIII; L. Villaronga y Garriga, Comentarios sobre la metalurgia aplicada a la investigación numismática, RSEN, nº  138‑143, 1976; C. Alfaro Asíns, Observaciones sobre las monedas de Seks, según la colección del MAN, Almuñécar Arqueología e Historia III, Grana­da, 1986, pp. 75 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismáti­ca antigua de Almuñécar, Almuñécar, Arqueología e Historia, 1983, pp 179 ss; Como obras complementarias, véanse: M. Tarradell, Arqueología y Numismática aragonesas; A. Beltrán Martínez, Estado actual de la Numismática antigua española; F. Alvarez Burgos, Catálogo general de la  moneda hispánica desde sus orígenes hasta el siglo V, Ciclo fenicio, cartaginés e hispano‑romano, Madrid, 1979; Id. Las acuñaciones del Sur de España; L. Villaronga y Garriga, Las monedas hispano-cartaginesas, Barcelona, 1973; Id. Numismática antigua de Hispania, Barcelona, 1979; A. M. de Guadán, Las monedas de Gades, ANE, 1963; Id. Numismática ibérica e iberorromana, Madrid, 1969.

220 J. M. Solá‑Solé, El alfabeto monetario de las cecas «libiofenices», Biblioteca Universitaria Puvill., The Catholic University of America, 1980, pp. 12‑17; Id. ¿ ŠKŠ, SKS o SKS…?, op. cit.; Id. A propósito de un rótulo monetario, Miscelánea púnico‑hispana IV, Sefarad, XXVII, Madrid‑Barcelona, 1967,pp. 18 y 27; L. J. Velázquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137‑141.

221 Como texto de consulta véase: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, op. cit.; C. Alfaro Asins, op. cit.

222 A. Balil Illana, Op. cit., p. 215; F. Benoit, Relations commerciales entre le monde ibero‑punique et le Midi de la Gaule Archaïque à l`époque romain, REA, t. LVIII, nº 3, 4, 1961, p 330; A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses, op. cit., p. 84; Id. La Península Ibérica y los comienzos de su Historia, pp. 457‑463; Id. Colonización púnica, op. cit., p. 137.

223 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., Introducción; cfr. notas: 128 y 135.

224 Ibidem, p. 154.

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desaparecidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmente, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.

SECTOR  A  

Como ha quedado reflejado en lo anteriormente enunciado, la secuencia arqueológica de este sector está integrada por el siguiente elenco que se va a describir.

Área del Peñón del Santo

Comprende una serie de estructuras que se enumeran según sus características: puente romano con nave aboveda­da;restos de criptonaves oalmacenes, y depósito de agua bien conservado.

Puente romano

La conexión que el elemento romano estableció entre el espacio del Castillo de San Miguel y el citado Peñón, se llevó a cabo mediante un puente. Sus características son las siguien­tes: los materia­les de construcción de piedra pizarrosa, cal grasa y arena de río.

Se trata de la composi­ción conocida como mortero clá­si­co romano u opvs caementicivm. Al exterior muestra, en distintos tramos conservados, la técnica conocida como opvs incertvm (fots. 36A, 37A y 38A). Su altura sobre el nivel del mar era aproximadamente de 30 m. Sobre el punto de arranque de superficie y desde él, es de 27 m.  Su estructura estaba articulada por los siguientes elemen­tos: como puente, estuvo formado por tres cuerpos de arcadas con luces de menor a mayor, según se eleva (fots. 35A; 36A), de los que sólo se conservan la luz, o base, y los puntos de arranque de algunos arcos (fots. 38A,1,2,3,4, 39A, 40A).

La anchura, medida en base y en la cota más alta conserva­da (fots. 16A; 31A; 33ª), es de 6 m, sin sufrir ningún estrecha­miento, según se eleva. Las luces de los arcos mayores miden 5,40 m, y 2 m los menores (fot. 36A,1,2,3,4).

Se comprende que el incremento de la luz de los arcos, según se asciende, se debe a causas estrictamente técnicas. Se trata, pues, de aligerar lo más posible una masa estructural que elimine peso. El puente estuvo culminado por una nave cubierta con bóveda de medio cañón, cuya altura interna era de 2,80 m, y su anchura, de 4,80 m. Los muretes de soporte de la citada nave abovedada miden 0,60 m.

Las técnicas usadas son: opvs incertvm en paramentos exter­nos y opvs signinvm, en el revestimiento superior o cubierta de la nave y algunas otras partes internas, con el fin de impermeabilizar lo más posible contra la humedad en general (fots. 19A y 21A,1 (muretes laterales), 2, 3): opvs signinvm, 18A; opvs incertvm: fondo terminal de la nave; 18A: cubierta interior de la misma). Se supone que, dada la existencia de un depósito de agua muy próximo a este punto terminal de la citada nave y con el desnivel entre el Castillo de San Miguel y el Peñón en cues­tión, existiría una conducción de agua proce­dente de la zona de Eras del Castillo, o directamente del depósito terminal de la zona norte.

Naves abovedadas

Admitida la existencia de piletas de salazones (en un pasado reciente) sobre la superficie superior del Peñón del Santo, es consecuen­cia natural la construcción de estructuras de almacenaje[1]

Los restos que permanecen aún en pie, indican la existen­cia (por lo menos) de tres naves abovedadas situadas en paralelo, con muros medianeros y de las que tan sólo se conservan los paramen­tos de fondo sobre roca madre (fots. 43A,2,3,4; 44A,2; 46A,2); y los puntos de arranque de las bóvedas, que conservan restos indicativos de su existen­cia (fots. 43ª,1; 46A,1), cuya extensión conservada es de 5,50 m, prolongándose hasta una zona de talud casi vertical, enterrados y destruidos, con una extensión aproximada de l7 m (fot. 45A).

Las tres naves detectadas tienen las siguientes medi­das: 1ª, anchura: 2,10 m; altura: 2,30 m; largura o fondo: 5,30 m. Medidas extensibles a todas.

El resto, que se supone pudo cambiar su orientación, aunque la linealidad que se conserva en el muro que da sobre el precipicio, es un tanto dudosa, no se puede afirmar que sea una secuen-cia de las naves que han existido en todo este trazado­. 

El grosor de este muro sobre el suelo, y que se conserva como resto sobre el citado precipicio, es de 1,10 m. Por ello, cabe suponer, a la vista de lo que se ve y se ha comprobado, que el área de naves fuera mayor de lo que ofrecen los restos conser­vados.

Así, el muro sobre roca madre podría servir tan sólo como elemento de separación de naves. Ello se induce por el espacio vacío que resta donde aparece y, puesto que tal muro divisorio muere sobre el talud actual, se piensa que ese espacio libre, situado entre ese muro y los restos del Puente, pudo haber estado ocupado por otras naves o construcciones complementarias de la industria. De ahí que se haya marcado esta zona con más elementos de lo que lo conservado muestra (fots. 51A y 5­0A).

En cuanto a las líneas laterales del puente, se pueden observar determinados restos testigos en su alineación (fots. 25A; 26A; 27A; 278, y 46A,2).

La composición interna de los elementos usados como relleno, se puede ver en la fotografía, 34A, donde la piedra usada de mampuesto apenas si se mezcla con materiales extra­ños, salvo raras inclusiones de fragmentos de cerámica.

Los documentos planimétricos conservados en el Servicio Histórico Militar proporcionan el dato más valioso en torno a la realidad del Puente. Puede observarse cómo nace su planta al final de la Tenaza del Castillo, con un ligero ensanche de la misma, y prolongándose hasta el actual hueco conser­vado de la nave (fot. 17A), a la misma altura del depósito de agua romano del Peñón. Su medida lineal, teniendo en cuenta tanto la planimetría moderna como la propia, ofrecida por la cartografía antigua, es de 138 m (fots. 62A,3); 63A (núm.5) y 65A,3)

En todo esto es preciso puntualizar algunos aspectos­. Así, las proporciones, que ha indicado la cartografía del Servicio Histórico Militar, no se debieron corresponder con lo que realmente debió medir la nave cubierta. Efectivamente, al otro lado de la calzada, que separa el Peñón del Santo de la Tenaza del Castillo, comienzan a apare­cer, en primer lugar, los restos de los otros puntos de apoyo del puente romano, cuyos datos proporcionan las fotogra­fías antiguas de la ciudad (fots. 14A y 15A).

A continuación, partiendo del punto final de la Tenaza moderna (fot. 62A,2), se comienza a observar la presencia de numerosos restos estructurales, probablemente pertenecientes a la nave cubierta del Puente, prolongación de la comunicaci­ón establecida entre los citados puntos. Dichos restos pueden ser vistos hoy sobre la propia base de la Tenaza y, por ello, se piensa que esa estructura defensiva moderna ha sido levantada envolviendo el conducto romano mediante la adición de muros protectores que pudieran soportar mayores embates.

La Tenaza, que es una estructura militar defensiva de vanguardia, acaba absorbiendo a todo el conjunto romano, incrementando su fortaleza en el interior de la misma. En algunos tramos de ella se han construido dep­ó­sitos de agua modernos, aprovechando la impermeabilidad que ofrecen sus paredes interio­res. Los restos de este tramo de nave se pueden ver a lo largo de casi toda esta estructura castrense, en sus cimien­tos (fots. 2A,1), 3A, 5A, 6A y 10A,1). En algún tramo (fot. 4A) se puede observar el hormigón romano.

Como documentos fotográficos antiguos, se muestra una secuencia, en donde se aprecia la existencia de restos estructu­rales pertenecientes al citado puente (fots. 12A, 13A,2,3, 14A ).

Depósito de agua romano

Se encuentra en línea con el fondo terminal de la nave cubierta del Puente, y aproximadamente a 10 m de ella (fots. 48A; 49A). Ha sido excavado casi totalmente en roca, y su alzado, construido con la técnica del opvs incertvm y revestido de opvs signinvm, con capa de estuco impermeabilizante. Sus esquinas son redondeadas para evitar fisuras y facilitar su limpieza, como es normal en este tipo de construc­ción. Sus medidas son: altura: 2,80 m: anchura: 2,50 m y largura: 6,20 m aproximadamente.

Conocido su interior, y no habiendo observado sobre pared o fondo ningún tipo de orificio de entrada o salida, se piensa que el agua llegaba hasta él por la parte de arriba, lo que conlleva que la conducción discurriera por la cubierta del anteriormente citado Puente (que posee en los restos de su cubierta, material impermeabilizante), con un desnivel muy bajo, por lo que la presión sería también ligera, ­dada la escasa diferencia de altura entre las conducciones del Castillo de San Miguel y el Peñón del Santo (cotas 40 y 31 respectivamen­te).

Área del Castillo de San Miguel

Tenaza del Castillo

Como ha quedado ya indicado, la Tenaza fue construida aprovechando parte de los paramentos y estructura general de la nave romana que comunicaba el Peñón con el Castillo o área romana de ese sector. Pero en la longitud de la Tenaza tan sólo se reutilizó el tramo que llega hasta el talud existente entonces. En el momento en que éste se produce como consecuencia de derribos para la construcción de un hotel, termina la Tenaza, y continúa la comuni­cación con el Peñón usando el puente romano que, además­, estaba dotado de nave cubierta (fots. 16A, 17A, 18A; 65A,3).

La Tenaza tiene un diseño en forma de trapecio, en su primera parte, y rectangular en el tramo que se dirige hacia el mar, con nivel más bajo que el Castillo y, prácticamente lo rodeaba (fot. 62­A,2; 63A,3-4, 64A,1,2,4; 65A,2), con sus correspondientes torreones, tanto a Levante como a Poniente y Sur(fots. 58A; 61A).

Excavaciones practicadas cerca de los muros de Levante del Castillo y los de la Tenaza, han puesto al descubierto muros pertenecien­tes a antiguas estructuras romanas, que formarían parte de las recientemente halladas en el interior del Castillo (fots. 59A y 60A).

También en el área de Levante de la Tenaza puede verse que la estructura de base es una reutilización de la nave romana, según se puede observar en los cimientos de sus muros (fots. 56A y 57A).

Por último, se puede ver con claridad que los materia­les en las formas modernas, aparte de reutilizar lo antiguo, imitan, en el aparejo, las técnicas usadas por los romanos.

Conclusión del sector A

Después de la enumeración detallada de las estruc­tu­ras de este sector, se puede afirmar que constituye un conjunto arquitectónico, compuesto por las siguientes partes: piletas de salazones de pescado (desaparecidas pero constatadas por los testimonios aportados del pasado), almacenes en forma de naves abovedadas, siguiendo los mismos cánones de las analizadas en todo el conjunto de la ciudad actual; depósito de agua destinado a las necesidades de las salazones y, por último­, elpuente, que unía los sectores A y B mediante un pasadizo abovedado, montado sobre la parte superior del mismo. Su finalidad es múltiple, pu­diendo usarse como medio de constituir una avanzadilla, transporte de agua al sector, sistema defensivo, control de la navegación, etc.

Ello sintetizado en breve, se nos muestra como un sector utilizado de zona industrial y de almacenaje y, a su vez, como punto de control y de defensa ante cualquier evento de pirate­ría, y movimientos marítimos antiguos y modernos.

SECTOR B

Tras haber hecho un recorrido general del trazado de todos los subsectores que integran el Castillo y construcciones anejas, se pasa a la descripción detallada de este sector, comenzando con una panorámica general de los paramentos del Castillo, tanto de conjunto como de zonas sectoriales (fots.1B; 2B; 3B 4B y 5B). En ellos se puede ver la estructura del montaje de los elementos básicos de le fachada, con muros de gran espesor, muchos de los cuales muestran la reutilización de materiales romanos en sus aparejos. En la base de los mismos se han detectado puntos de apoyo, que son enteramente romanos, y sobre lo que se ha producido una reutilización estructural y superposición de determinados lienzos de murallas.

En la zona de los paramentos de Levante (fots. 6B; 7B; 8B; 9B; 10B y 11B), no se ha visto con claridad la reutilización de los muros romanos, ni siquiera en las bases y cimientos de las murallas. Pero los materiales de piedra, usados en los alzados, proceden de demoliciones practicadas sobre elementos arquitectónicos romanos.

Continuando la descripción de lo que se considera medieval-moderno, se observa, en lo que de paramento de tal compuesto queda, el murallón de cierre posterior del Castillo, y el sistema de-fensivo de vanguardia, formado por la Tenaza (fot. 12B).

Una vez situados sobre la zona de Poniente, se contempla todo el gran sector integrado por los diversos sistemas que conforman la secuencia de estructuras, de la más diversa índole, a lo largo de todo el trazado de esta colina. De izquierda a derecha, se enumeran los distintos espacios que componen toda esta secuencia (fot. 13B): 1, sistemas de muros escalonados para formar contrafuertes (fot.12B); 2, indicación de diversos restos romanos que se irán detallando; 3, torreón moderno, cuyo alzado ha perdido el revestimiento exterior, dejando ver el viejo paramento medieval árabe, antigua forma de su estructura. Todo parece indicar que tal torreón, similar a otro que se encuentra en la misma vertiente, era de planta rectangular. En época de dominio cristiano, dicho torreón fue reutilizado, y mediante un sistema de encofrado, casi circular, fue revestido con materiales más modernos, y enlucido con el tradicional sistema de piedra vista, enmarcada con revoque de hormigón actual. Visto de forma parcial, la fotografía 14B nos presenta: 1, muralla con adarve; 2, restos de puntos terminales de estructura romana.

Situados bajo el actual puente fijo de entrada al Castillo (fot. 15B), se puede observar cómo han sido reutilizados paramentos que responden más a una técnica de construcción romana que a cualquier otra de las que, a menudo, se pueden identificar. Es una escalinata que conduce al sistema de nave, y se extiende a lo largo de la fachada principal del citado Castillo.

Estructuras barrocas en el interior de este sistema defensivo se dan algunas (fot. 17B), como es la que se observa en la fotografía perteneciente al Patio de Armas.

En la siguiente foto de detalle (fot. 18B), se pueden ver casi todas las dependencias exteriores de esta vertiente: sistema de muros romanos escalonados, usados como contrafuertes; 2, probables zonas abovedadas y, junto a ellas, una pileta de salazón; 3, continuidad de los sistemas de muros contrafuertes de forma escalonada, sobre y según la configuración del propio terreno.

Situándonos en el espacio más meridional de este subsector, se encuentran, con bastante asiduidad, los restos de muros romanos, que han sufrido modificaciones, probablemente debido a haber sido demolidos para reutilizar sus piedras.

A continuación de los restos precedentes, y de forma globalmente vista, se puede contemplar una estructura, algo compleja, en esta fuerte pendiente (fot. 19B): 1, restos de muro, en la parte superior, que parecen haber sufrido una fuerte erosión o desprendimientos; 2, sistema escalonado de muro contrafuerte que llega hasta las estructuras culminantes de este conjunto, o bases del sistema de muros del recinto superior; 3, depósito de agua de cierta magnitud, que igualmente se encuentra protegido por el modo de escalonamiento de muralla de contención. Todas estas formas de muros y dependencias son muy frecuentes, lo que sorprende un poco, dado el fuerte desnivel que se puede observar a lo largo de toda esta cadena de edificaciones romanas (fots. 20B y 21B). Es uno de los puntos de unión, entre los paramentos romanos y modernos que se puede observar en 21B, donde el alzado romano y medieval o moderno se entremezclan (fot. 22B,1,2). De forma generalizada se pueden ver los diferentes tipos en los romanos, que se conservan deteriorados, pero en estado casi perfecto de aparejo (fots. 23B; 24B y 25B). En ellos, aparte del sistema de aterrazamiento que aquí se puede ver, hay, además, un depósito de agua y parte de otro, como se verá más adelante (fot. 26B).

Las medidas que se han podido tomar de este depósito son las siguientes: 9,30 m de largura; 2,35 m de altura y 1,50 m de anchura (fot. 27B). Su revestimiento interior está formado por opvs signinvm; y el aparejo es de opvs incertvm, como el resto de las construcciones que aquí se dan (fot. 28B). El resto de los muros, que continúan formando este largo paramento, mide 10,20 m de largura; la altura, de lo que se ha podido tomar y se mantiene bien, es de 2,80 m (fots. 34B y 35B).

En cuanto a detalles, sobre esta forma de adosar los muros a la roca, la toma 32B ofrece una idea clara de cómo se realiza la técnica de escalonar, y cómo se adhiere a la roca. Las partes, que han sufrido fuertes alteraciones, se pueden observar en la foto 30B, donde se ve el hormigón romano, que no forma parte de los sistemas de terraplenes de opvs incertvm, sino de depósitos y similares

En la foto 35B se muestra la silueta que presenta el paramento en esta parte, en la que se ven muros casi rectilíneos, y otros que destacan, dando a entender que formaban parte de un sistema o compartimento destruido.

En la foto 36B se presenta el sistema que más datos nos da sobre existencia de conexiones, tanto de edificaciones exteriores como de su prolongación hacia las partes interiores del Castillo, y cuyas estructuras, por ahora, se desconocen.

Una vez situados frente a la abertura indicada en la foto anterior (fot. 35B,3), en el detalle que se muestra en la 36B, se pueden ver los muros laterales, con aparejo externo perfectamente conservado (fot. 36B,1), y el punto de acceso hacia una pileta de salazones.

Una vez pasado ese corto espacio, en 37B se ve ya la citada pileta. Muestra un revestimiento interno algo desgastado, pero auténtico. Las medidas tomadas sobre estas formas, que integran un pequeño conjunto, son: muretes de entrada: 0,60 m de grosor; murete que sale hacia el talud: 1,10 m de largura, 0,80 m de anchura; muro, hasta la pileta: 1,17 m de largura. Medidas de la pileta: largura, 2,30 m, anchura, 1,50 m, profundidad, 0,70 m. El resto de las medidas de los muros que, a partir de este lugar, se han podido tomar, son respectivamente: 6,10 m, el primer tramo; muro que se dirige hacia la pendiente: largura, 1,10 m, anchura, 0,60 m. Resto del muro hasta el torreón, 3 m, aproximadamente. En este último tramo de muralla escalonada, se tienen las siguientes medidas: alturas de los escalones, de abajo hacia arriba, 0,75 m, 0,35 m, 0,75 m y 0,75 m. Las anchuras de cada escalón, 1,10 m, 1,20 m, 0,20 m, 0,15 m y 0,15 m.

En el tramo, que llega hasta el comienzo de la pared posterior del torreón, se puede comprobar la existencia de ese sistema escalonado en esta parte de la muralla romana de la zona de Poniente.

En la foto 38B,2, se observa, además, la existencia, sobre la roca, de un grueso tramo de suelo de hormigón romano, lo que da alguna señal sobre la identificación de este tramo, como elemento probable de una base de pileta o depósito de agua. En cuanto a la indicación del sistema escalonado de muralla, en la foto 39B se puede ver, con cierto detalle, el citado paramento que, al parecer, se adentra bajo las estructuras romanas situadas en los muros externos del Castillo. Mayor presión y conjunto de detalles se pueden observar en las características que se ofrecen en las fotos siguientes (fots. 40B; 41B; 42B).

Situados frente al foso del Castillo, se observa igualmente la existencia de un muro romano reutilizado, como elemento o punto opuesto a la muralla frontal, para dar el debido espacio al foso o elemento defensivo (fots. 43B, 44B, 2; 45B,2, y 46B). La medida de este muro coincide con la del paramento general del Castillo, según se entra, y algunos metros de la izquierda. Pero este muro se encuentra ya muy retocado por la acción antrópica. Realmente forma parte de una antigua estructura que se continúa a través del fuerte paramento que hay en 48B y 49B, y que constituye un poderoso sistema de murallón romano que, probablemente, se dirigiera hasta el Majuelo. Pero no se dispone de datos suficientes. Lo que sí se puede afirmar es que tal muro, que ha sido reutilizado para el foso del Castillo, se cerraba con este último que se acaba de exponer, y cuyo grosor alcanza 1,10 m.

Interior del Castillo de San Miguel

Casa romana

Una vez descrito todo cuanto ha sido posible en la periferia del Castillo, se va a analizar lo que dentro del mismo se ha podido detectar en las últimas fechas.

Tras el levantamiento del cementerio, que ha estado emplazado en este lugar desde 1851, hasta hace aproximadamente 31 años, (el cementerio viejo fue eliminado antes de los años`80) el uso de esos lugares con una finalidad muy lejana a la militar, como es natural, ha dado como resultado el descubrimiento de una casa romana muy alterada en sus dependencias en época de dominio musulmán; unas, sufriendo grandes deterioros, y otras, guardando casi íntegramente su antigua forma por la utilidad directa que les suponía a los nuevos ocupantes su uso. No se sabe, a ciencia cierta, hasta qué punto los elementos arquitectónicos de la casa han sido útiles a las culturas que por aquí han pasado. No se olvide que este reducto militar, después de la expulsión del elemento musulmán de la ciudad, fue ocupado por hispanos, de forma permanente, y por franceses, ocasionalmente. Las transformaciones que se practicaran sobre estas instalaciones militares son difíciles de precisar, ya que las culturas y las técnicas de que se sirven, son diferentes.

Pero, dejando todo esto atrás, hay que decir que se debería haber recopilado bastante más material arquitectónico, si la recuperación del Castillo se hubiera llevado de forma ordenada, y con los medios que una adecuada excavación hubiera podido lograr; lo que, en lógica elemental, nos habría conservado mucho más material, que hoy aparece completamente destruido, como se puede apreciar en la secuencia de fotografías que necesariamente hay que exponer y detallar. Hoy día se han recuperado ya muchas formas antiguas tras una sistemática limpieza de todas las zonas recuperadas.

Entrando, pues, por la puerta sur (agujero artificial de acceso), para dar una visión panorámica de la zona interior del Castillo, nos hemos situado en la parte más elevada del mismo, que es como un torreón de grandes proporciones y que probablemente fuera el sector destinado a un posible hábitat dentro de este reducto. Desde él se divisan, a la derecha de la imagen (fot. 49B), estructuras que parecen haber sufrido modificaciones en su trazado, dependencias con muros de escasa altura, que deben ser habitáculos de la zona sureste de la casa que aquí existe. En el punto extremo, a la derecha, se pueden contemplar las murallas musulmanas que se conservan en gran extensión, a pesar de que el Castillo fue semidestruido por el ejército napoleónico a su retirada.

En la parte central, a casi tres metros de desnivel, sobre el resto de los paramentos se ve lo que constituye el núcleo medio del espacio ocupado por la casa, y en primer plano, unos muros de cierre, que no se pueden definir, ya que es imposible, por ahora, determinar hasta donde se pudiera extender la planta general de este emplazamiento. La mezcla de elementos arquitectónicos es bastante fuerte. Por ello se tratará de ir delimitando, por medio de las técnicas, lo que pueda corresponder a cada época, a rasgos generales, ya que este trabajo se limita a detallar lo romano y, de pasada, lo medieval.

Situados de nuevo en la parte sur de estas dependencias, se inicia el recorrido descriptivo partiendo de una nave, considerada de época cristiana, en la que las técnicas constructivas siguen una de las modalidades usadas por los romanos: paramento de piedra vista alternando con hileras triples de ladrillo que, en la tradición edilicia romana, recibe el nombre de opvs vitatvm; pero que aquí realmente no se trata de tal procedimiento, sino de una imitación.

El aparejo, que corresponde a la citada técnica romana, es más perfilado y cuidado. Podría tratarse de una reutilización de aparejo y técnica, pero se cree que es una construcción, hecha con materiales romanos, reutilizados posteriormente. El encofrado de la bóveda es muy similar al que se sigue en los sistemas romanos. Se piensa que hay una relación directa en la copia de formas, ya que la ciudad, en esos momentos, estaba en buen estado de conservación con respecto a esas estructuras y, casualmente, este es el único testimonio de que se dispone en todo el casquete superior de la ciudad, y que, además, ha sido una casa romana. Todo el conjunto superior podía haber dispuesto de edificaciones como ésta; y todo viene a parar a una sola forma de manifestación doméstica en todo el recinto.

Por otro lado, se tiene la zona de naves subterráneas, probablemente reutilizadas, en gran parte de él; lo que podría llevar a pensar en unos horrea romanos, reutilizados por los ocupantes posteriores, como el resto de las dependencias que se ve en superficie. No se olvide que estamos en la zona más aireada de todo el conjunto. Ello puede servir como argumento ad hoc para admitir que las dependencias subterráneas, que tan sólo se ha tomado muy superficialmente, sean realmente una infraestructura de naves romanas, siguiendo el estilo de los criptopórticos.

Las medidas de esta nave abovedada son las siguientes: largura, 10 m; anchura, 2,50 m; altura, 3,20 m. En cuanto al grosor de los muros, tan sólo nos podemos guiar por el que presenta, hacia la parte externa, el agujero por donde se ha podido entrar para tomar esta documentación fotográfica, siendo su grosor 1,20 m (fot. 51B).

Una vez dentro del recinto, a través de la nave abovedada vista antes, se observa (fot. 52B) una serie de elementos arquitectónicos a los que aún no se le encuentra conexión con el resto; pero que están ahí, y tan sólo nos hemos limitado a indicar su procedencia e identidad arquitectónica. Así, en esta imagen, se ven, de izquierda a derecha: estructura que presenta todos los indicios de haber sido una pileta o depósito. Tiene pavimento de revestimiento interior. Ello da pie a admitir tal finalidad. Sus medidas son aproximadamente, dentro de lo fiable: largura, 2,50 m; anchura, 1,10 m; profundidad, 1,20 m. Justo a su lado se ve un muro romano roto y no en el cambio de sentido que experimenta. Su longitud aproximada es 9 m; altura, 1 m, dentro de lo que ha quedado de su alzado. Al fondo, y junto al mismo paramento, se levanta un nuevo lienzo de aparejo romano que forma casi el término de lo que se considera como área de las termas, en la parte que corresponde a la zona con elementos de abastecimiento de aguas y dependencias anejas y auxiliares del hypocavstvm. Tanto la técnica de construcción del primer paramento como la del segundo, es romana; pero la primera está montada según los cánones del opvs latericivm, y la segunda, con el del opvs incertvm.

Continuando la exposición de las distintas dependencias que se pueden ver, se tiene la aparición de un agujero excavado de manera fortuita, y que nos ha puesto al descubierto paramentos romanos y medievales (fot. 50B,5). Justo a su lado, se ven, de nuevo, las estructuras romanas, formando una construcción alineada, paralela a la que se muestra en 50B,4 ; pero su material es el opvs incertvm y un revoque de pavimento externo, que no se da en el primero. Al fondo de todo (fot. 50B,7), están los muros protectores de lo que, después, se detallará, y que forman la zona de las termas, en su área destinada a producir calor, o hypocavstvm.

Para ver, de manera detallada, la parte interior de lo que se ha considerado probable pileta o depósito, se ofrece la imagen 53B, indicando los puntos en que se ha observado la presencia de material de revestimiento, pero que no tienen las características que se ven en los depósitos y piletas habituales, sino que, siendo pavimento con este fin, muestran otra composición que, además, se hace extensiva a gran número de dependencias con estas notas funcionales.

De forma continuada, en esta descripción, hay paramentos que parten de los muros antes descritos (fot. 53B,1), y que se continúan, formando una especie de cuadrícula, y eran la base sobre la que se asentarían muchas de las dependencias de la parte superior de esta casa (fot. 54B).El paramento de cierre de la zona sur del Castillo se ve en la panorámica casi completa, donde se encuentran las dos grandes estructuras que forman este conjunto: a izquierda, murallón contra-fuerte y, a la vez, muro de cierre, que asciende para constituir la plataforma de acceso, en época posterior, a la parte más elevada que da al Sur y de toda esta superestructura (fot. 54B,1). A la derecha de la imagen que se cita (fot. 56B), y sobre lo que hoy se ve como suelo, (que no lo es), en 56B,4, hay un muro romano que se alinea, como se ha dicho, de forma paralela al trazado general de la muralla de Levante y a las estructuras romanas, que se sitúan a su izquierda.

Como se puede observar en esta misma imagen (fot. 56B,2,3), no cabe duda de que grandes tramos de muros romanos han sido rotos, e incluso paramentos enteros, dadas las características que nos muestran los grandes fragmentos de opvs caementicivm que se ven a la izquierda de la imagen 56B,2. Se podría decir que se ha intentado “borrar” del contexto determinados elementos arquitectónicos que pondrían en entredicho todo lo que se afirma modernamente sobre la interpretación que se está dando a propósito de la supuesta casa nazarí que algunos afirman. Son demasiado relevantes los datos “eliminados” en el levantamiento del antiguo cementerio.

Área de las termas del Castillo

Una vez analizada la parte sur, que está a la entrada de la nave, nos situamos sobre el nivel superior para mostrar y analizar las distintas dependencias que conforman la zona de las termas. Así, en 57B se tiene una perspectiva de este sector, pero incompleta, como se podrá ir mostrando. En la imagen 62B se ven los elementos arquitectónicos anejos a la parte de los baños propiamente dichos, en donde se puede precisar el muro maestro (fot. 58B,2), que separa toda la zona de dependencias térmicas (fot. 58B), de las destinadas a la foto de baños propiamente dichos (fot. 58B,3). El muro romano (fot. 58B,4) mide, de largo y ancho respectivamente, 25 m y 1 m. El primer compartimento, que presenta una solería de baldosas de cerámica, mide 3,30 m de largura y 2 m de anchura. La altura de sus muros es muy variable, pero el mayor mide 0,80 m de altura; los muretes de fondo: 0,65 m de grosor.

En la vista detallada del siguiente espacio, se puede observar una zona partida (fot. 59B) por un muro romano que mide 0,50 m de grosor, y 1,84 m de largura. El espacio completo que se ve, con el muro que divide, mide 1,75 m aproximadamente. Los materiales empleados son el ladrillo y la piedra, opvs latericivm e incertvm, respectivamente.

En la planimetría general ha quedado perfilado, a escala, todo el detalle de las medidas.

A la derecha del muro divisorio, que se ha observado en la primera imagen 58B,2, se analizan las formas que se dan de manera consecutiva. El primer tramo de muro que se ha seguido hasta llegar a este espacio, mide, dentro de las limitaciones que impone el deterioro del terreno aproximadamente 14,60 m lineales. El primer elemento murado rectangular cerrado, presenta revestimientos en sus paramentos, no la piedra vista, sino una especie de revoque que se encuentra en muchas más dependencias. Así, las medidas de este primer compartimento son: 1,50 m de anchura; 2,90 m de largura, pero alineado sobre ese muro, bisectriz de toda esta secuencia. Su profundidad o altura es variable y está en función de que se excave debidamente hasta encontrar el suelo; pero su profundidad media ahora es de 0,90 m (fot. 60B,6).

Una vez dentro de las estructuras que conforman el espacio de las termas, se ve toda una secuencia de dependencias que, a nuestro parecer, han sufrido fuertes modificaciones, bien por parte de los antiguos ocupantes, bien por los modernos y sus propias máquinas que han intervenido recientemente en el desmantelamiento del antiguo cementerio.

En la imagen que se ofrece en 62B, se observa el muro divisorio entre la zona termal y los pasos situados detrás de ella. Las medidas de estos tramos, previos al hogar de las termas, se han indicado con toda precisión en la planimetría sobre este subsector. Lo que sí se quiere precisar aquí es la secuencia de estructuras, cuyo tramo final está marcado por unas formas, que parecen indicar el punto de entrada de agua y la base de alimentación de calor a esta dependencia.

Una vez situados sobre el propio hogar (fot. 63B), se ve, a izquierda, uno de los fuertes y resistentes muros de encuadre de los pilares y sistema de embovedado del hypocavstvm. La materia fundamental es el ladrillo, que después se analizará.

En la foto 64B, se remarca, de forma más incisiva, cómo es precisamente el ladrillo el elemento estructural que se utiliza en todo el aparejo de hypocavstvm, salvo los gruesos muros, antes indicados, que forman los dos resortes sobre los que se apoyan todos los demás elementos componentes de tal estructura. Se señalan debidamente todos los puntos en los que se puede observar la presencia de los pilares, bien adosados al muro soporte, bien como elementos sobre los que se asienta la cubierta, en forma de falsa bóveda, de la parte superior del hypocavstvm.

En la perspectiva que se presenta desde otro ángulo, se observa la forma de los paramentos laterales, con opvs latericivm, los puntos de salida de aire, los pilares adosados al muro lateral y los pequeños arcos, que forman las falsas bóvedas, soporte de toda la estructura superior (fot. 63B). Las tres formas arqueadas, con sus pilares intermedios, se ven en las fotos siguientes de detalle, en las que, además de la estructura de fondo, sobre la que se apoyan estas bóvedas, se puede comprobar la forma rudimentaria con que se han levantado los arcos (fots. 67B; 68B; 69B; 70B; 71B; 72B). Efectivamente, no se trata más que de una falsa bóveda, conseguida a base de colocar los ladrillos en posición horizontal, cerrándolos de ángulo, según se sube, hasta formar una falsa clave de cierre en su punto más elevado. Es una técnica de escaso valor arquitectónico y mediana consistencia, ya que la resistividad, por la posición que adoptan los ladrillos, es bastante menos potente. Es un procedimiento usado muy frecuentemente por la técnica musulmana. En este caso puede ser una reutilización de antiguos elementos romanos remozados. En origen, no se trata de un procedimiento musulmán, sino romano, transformado posteriormente. En su parte posterior, punto por donde se piensa que recibía tanto el agua, para su preparación, como el elemento combustible, para el calor, las dependencias auxiliares se encuentran en tal estado que son casi inidentificables.

En la foto 73B, se ve una abertura a la izquierda y otra mayor a la derecha, que podían constituir tanto las vías de alimentación del hypocaustum como la de su limpieza. Pero no se descarta la destrucción de otro subsector.

En una foto, con mayor ángulo de esta área, sobre el muro de más volumen (fot. 74B ,7), se tiene la existencia de un orificio circular por el que, se piensa, podría haber discurrido una canalización de agua de servicio, tal vez para las zonas tibias, aunque podía ser una salida de agua a alta temperatura. Pensando que, por el extremo calor alcanzado, la tubería sería de cerámica.

En cuanto a las medidas de los pilares, se han anotado las siguientes: 0,40 m de largura y de anchura; las distancias entre pilares: 0,45 m; los pilares del centro miden: 0,45 x 0,50 m; sus interespacios: 0,56 m, y 0,45 m. Todos estos detalles quedan perfectamente delimitados en la planimetría del sector (fig. 8).

Desde la perspectiva indicada en 75B, se puede ver el muro de soporte mayor, de los dos que encuadran el hypocavstvm. Obsérvese cómo se encuentran divididos los distintos elementos que integran el citado muro, como si se tratara de un sistema de tierra prensada, tipo musulmán medieval. Lo que realmente se da es una división de elementos, según la forma interna del subsector calefactor del espacio de las termas. En verdad se observa un sistema de bloques superpuestos, con marcados trazos de divisiones entre ellos.

En la parte posterior de las termas, tras el muro de apoyo, se pueden ver (fot. 76B) unas dependencias estrechamente relacionadas con la composición de estos espacios. Su aspecto externo es muy similar a las dependencias que se verán después: piedra y revoque impermeabilizantes.

Todo resulta tan aislado que parecer haberse producido una transformación en el conjunto de las termas. Ha podido ocurrir, sobre todo en época medieval de la historia de este edificio.

Desde las zonas de tratamiento previo del agua, nos situamos de forma que se puedan ver las dependencias orientadas a Levante (fot. 77B). Esta primera parte de dependencias (fot. 74B,1,2,4), que ocupa el centro, tiene las siguientes medidas aproximadas: anchura, 2,40 m; fondo, 11,50 m. La altura de los paramentos es muy variable, ya que se encuentran muy erosionados. A la derecha de la imagen que se ofrece hay una zona cuyas estructuras han sido destruidas por la precedente intervención del elemento humano, y eliminadas por las máquinas modernas, que han causado grave pérdida de la identidad de este subsector. A izquierda, no obstante, se pueden ver algunas formas, al menos conservadas en sus bases.

En cuanto al revestimiento de esta primera dependencia, hay que decir que se trata de un revoque aislante muy deteriorado y retocado, pero que guarda las características de ser un preparado impermeabilizante, común a todas las dependencias que se van a ver en el conjunto.

En la imagen, que se muestra a continuación de la anterior, se ve un elemento que parece más un canal de recogida de aguas residuales de los baños, que un espacio-piscina (fot. 78B). El muro de la derecha mide 1 m de grosor; el de la izquierda: 0,60 m, y se encuentra dividido en el centro por un murete, situado a más bajo nivel, de 0,45 m. La anchura de este paso o corredor es de 1,20 m. Al pie del muro grueso puede verse una estructura de alzado, con apariencia de haber sido anterior a esta construcción, con un resalte de 0,35 m y la misma extensión que el muro superpuesto. Este suelo se ve claramente roto no sólo desde antiguo, sino modernamente.

En la imagen 79B, se puede ver la zona más amplia de lo que se viene considerando espacio de baños o pilas de las termas. En el centro se observa una dependencia grande, dentro de la cual hay, en el extremo derecho anterior, dos compartimentos o pilas menores, cercadas por muretes que han sido rebajados y cuyas medidas son: el indicado en primer plano, 1 m; los laterales y el de fondo: 0,60 m; anchura, 2,95 m; largura, 7,95 m. Las dos bañeras o pilas pequeñas miden: largura y anchura, 1,30 x 0,96 m y 0,90 x 0,96 m. El grosor de los muros es de 0,45 m. Todo parece indicar que, al lado de estas pequeñas formas de pilas, había otras que han sido rotas, y de las que quedan indicios de muros.

En la foto 80B se presenta una imagen próxima a las dos piezas indicadas en primer plano. En la 81B se marca el espacio de lo que ha podido ser una pila o área de baño de mayor tamaño. En la imagen 84B, se muestra una de las dos piezas homogéneas.

Siguiendo la descripción de todo este sector, se señala otro espacio similar al visto en 78B, pero algo más amplio, que mide 1,60 m de anchura y 7,95 de largura. Al fondo de la misma imagen hay unas aberturas, en forma de escape, a las que se puede identificar como desagüe de los espacios destinados al baño. Se ve una pequeña arqueta de recogida, por los restos de canalizaciones que se ven, de las piscinas que hay cerca, a lo largo de todo el fondo. El grosor de los muros de este espacio estrecho, es de 0,60 m, a ambos lados.

Al fondo de todo esto se tiene un espacio que se ve flanqueado por otros dos, cuyas funciones se desconocen, pero parecen formar parte de las estructuras de los baños y, tras todo esto, una zona, que debió estar dividida en tres partes, según los indicios de muro de cierre que se han podido detectar. Su suelo o pavimento está en muy mal estado, debido a la erosión. Tal espacio mide 6,95 m de largura, comprendiendo todas las probables dependencias; y el muro, que forma límite con el corte, al que se considera artificial, mide 0,60 m de grosor. Lo que de él se conserva mide aproximadamente 12 m; pero se piensa que cerraba en ambos extremos de este espacio, por lo que se deduce que tan sólo se ha conservado el núcleo central de las dependencias destinadas al baño (fot. 84B).

Tomando una perspectiva desde la zona levantina, se observa el corte producido por la máquina moderna (desmantelamiento del cementerio), haciéndose patentes las estructuras que se han visto antes (fot. 85B,3,7,9). La diferencia de nivel, como se puede ver, es de casi cuatro metros sobre el suelo, en general. Se cree que estos alzados de muros, que hay en la zona baja de 85B, no tendrían una altura como la de arriba, pero existirían sistemas escalonados de comunicación.

De nuevo en el área de murallas de Levante (fot. 85B), se pueden comprobar los elementos defensivos que, al parecer, se salvaron de la destrucción llevada a cabo por el ejército napoleónico. En el subsector de este mismo lienzo de muralla, se puede comprobar cómo la parte exterior ha sido reforzada mediante el revestimiento de piedras, mientras que el interior es íntegramente de tierra prensada. No se tienen pruebas para saber si la cimentación de este sistema se apoyaba en una estructura previa romana, aunque hay algunos indicios sobre la base de la muralla en su parte externa.

Situados en la actual entrada, cerca de uno de los torreones, se puede ver la alineación de muros, que recorren todo el sistema, casi de un extremo a otro (fot. 91B), con secuencias de muretes transversales de cierre; lo que indica que se dividían en sectores que no se pueden definir. El recorrido de este muro es de 29,70 m, y su grosor, de 0,60 m. Hacia su centro hay una división, cuya anchura es de 2,80 m, y los muros conservados de la misma miden: 3,40 m de largura y 2,20 m respectivamente. Pero, además, estos dos muros se prolongan en dirección a la muralla exterior del Castillo, llegando uno de ellos a medir 2,50 m. El otro se encuentra muy erosionado.

De forma paralela al antes descrito, hay otro cuyo recorrido es de 19,90 m, y su grosor, de 0,60 m. A una distancia de 3,30 m, hay un pequeño recuadro, algo desigual, cuya largura es de 1,90 m, y el grosor, de 0,45 m. Pueden verse algunas estructuras más, pero la demolición provocada por la máquina ha hecho desaparecer todo resto. Se espera que con una excavación, previa a la restauración del Castillo, se recuperen algunos de los espacios y líneas perdidas.

En la foto panorámica 92B, se puede ver este alineamiento, indicado en 50B,7, a la vez que los compartimentos situados más a la derecha de la imagen que a su izquierda. Al fondo se puede detectar el muro de cierre en dos sentidos. El espacio visto como un compartimento cerrado, se muestra en 93B, y sus medidas se han ofrecido en la descripción anterior (fot. 91B).

En el punto antes indicado, se piensa que había una estructura de cierre, que ha sido rota por las necesidades que implicaba la construcción del Castillo, pero no sería de extrañar que reaparecieran cuando se realice la pertinente excavación con la restauración programada. En el espacio situado detrás de la muralla de fachada, con adarve, a izquierda de la imagen ofrecida (fot. 94B,1), se puede ver lo que es elemento romano, con aparejo perfectamente definible, las estructuras que quedan aún en pie, de época musulmana (fot. 94B,2), y las formas atribuibles a la época de Carlos III (fot. 94B, 3,4,5).

En este mismo subsector del Castillo, se observan, sobre la zona excavada (fot. 95B,4), elementos arquitectónicos cuyos aparejos entran más en lo que se definiría como romano que como medieval o moderno, ya que son ciertamente catalogables cada uno de ellos. Hay superposiciones de estructuras y yuxtaposiciones, similares a las conservadas en la zona de las termas.

Pero, situados sobre el pasillo moderno de entrada al Castillo, se ven de nuevo las formas típicas de paramentos romanos, pertenecientes a un sistema de almacenes, en batería, pero algo diferente a lo que habitualmente se viene detallando a través de toda la ciudad moderna (fot. 96B).

Los primeros muros, vistos a izquierda de la imagen, forman parte de toda la infraestructura que se va a contemplar en diferentes planos y que, en cierto modo, pueden relacionarse con las que se dan en 91B; 92B y 93B. Realmente se trata de dos secuencias, casi paralelas, de zonas de proporciones similares y de formas normalmente rectangulares (fot. 98B). Se encuentran adosadas a un edificio de tradición musulmana situado en su parte izquierda, según la imagen ofrecida (fot. 99B). Hay dos sistemas de muros que discurren paralelos y se encuentran divididos por los correspondientes muros de separación, que dan forma a las dependencias, que se consideran almacenes a flor de superficie, pero han podido perfectamente tener cubierta. Tales formas de almacenes presentan, como se ha indicado, una estructura rectangular. Se encuentran alineadas en paralelo y de forma un poco anómala en su ángulo frontal, según se mira. Pero, en realidad, no es más que una probable deformación causada por las superposiciones posteriores, que han afectado a todo el sistema (fot. 99B).

Frente a estos muros maestros de limitación de espacios cerrados, se puede observar la presencia de alzados que no están bien alineados, pero se piensa que tienen una estrecha relación con los cuestionados en esta descripción. La distribución de este sistema, con sus compartimentos adláteres, su cierre al fondo, como se puede observar en la imagen 100B, además de otros muros que se han detectado, parecen formar todos en bloque, un conjunto que se asemeja más a un granero en superficie, que a depósitos de salazones. Pero no se debe descartar nada de esto, aunque, tal vez, el sistema de utilización como cubicula quede más lejos de una explicación, ya que no se ha detectado ninguna señal superficial de acceso y, por tanto, dificulta admitir tal definición. Pero, y esto es lo más importante, no se puede perder de vista que este lugar constituye el área más sana y propicia para que los alimentos se conserven bien. Este es el sector más salubre de todo el conjunto de Seks, ya que se encuentra a merced de todos los vientos, y sobre una base estrictamente rocosa, lo que evita la humedad. Todas estas razones llevan a concluir que no es un desacierto pensar que los romanos emplazaran en este lugar sus almacenes de alimentos para la población directora de la factoría. 

Una gran cuadrícula se había montado en torno a los elementos que constituyen la zona de almacenes, e, incluso, los bajos, como se verá, serán utilizados para almacenaje, excavados en roca madre. Las medidas registradas en esta área vienen dadas como sigue: longitud del muro principal, 20,80 m, grosor; 0,45 m. Este último dato es común a todos los muretes que se dan en estas cuadrículas. Las primeras, de izquierda a derecha, de frente, miden: 1ª: 3 x 3 m; 2ª: 3 x 2,60 m; 3ª: 3 x 2,40 m. El espacio restante, en este sentido, mide 10 m aproximadamente, porque se supone que cierra al final con las cuadrículas estudiadas en el subsector de Levante. La segunda fila de cuadrículas, situada detrás de las anteriores, mide: 1ª: 3 x 2,60 m; 2ª: 2,60 x 2,60 m. Los espacios que se siguen se encuentran muy erosionados y no se ha podido hacer una medición precisa debido a la indefinición de los restos que se pueden ver. La edificación que se sitúa detrás de esta cuadrícula, torre cárcel en época musulmana, ha tenido una intervención clara en los restantes componentes de esta zona del Castillo y ha llegado a romper su unidad.

Además de estas formas, se cree, destinadas a almacenaje de productos alimenticios y otros, hay un depósito de agua en forma de aljibe, al que no se ha catalogado, porque presenta algunas características que hacen dudar; por lo que no se quiere arriesgar opinión. Cuando se realice su limpieza, se podrá analizar el aparejo y forma (fot. 102B). Por el aspecto exterior y la utilización de materiales, parece una estructura musulmana, pero el uso del ladrillo y sistema de aparejo, da pie para pensar en un depósito romano, cosa que sería muy normal donde se ha localizado una casa romana. Podría perfectamente constituir el aljibe de recogida de aguas de lluvia. El resto de las estructuras que se van a exponer se encuentran en muy mal estado de conservación. Así, en la foto 103B, se pueden ver numerosos restos de muros difíciles de catalogar, probablemente debido a la reutilización a través de los años.

El muro que se muestra con restos de canalizaciones (fot. 104B) cerraba, y lo hace de una forma un tanto confusa, con el muro maestro de las dependencias que se acaban de describir como probables almacenes. Su posición, con respecto al muro con que enlaza, es de ángulo recto. El canalito que se ve a 0,60 m de la superficie actual, aparece como un elemento a tener en cuenta a la hora de fijar los sistemas de distribución de agua. Es adintelado y probablemente tendría tubería. La altura del paramento observable en 105B es demasiado profunda y tal vez se hayan tocado estructuras romanas subsistentes.

En toda la secuencia de muros que se vienen describiendo, hay un denominador común: todo parece indicar que se encuentra formado por un cuadrilátero que circunda todas las estructuras hasta ahora descritas, formando una especie de vallado, organizado en torno a lo que es la casa o elementos fundamentales de lo que es tal edificación.

En la foto 105B, se ve una secuencia de muros que cierra, en lo que se ha detallado en la anterior, formando ángulo recto. Sobre uno de los puntos extremos de la imagen dada en esta foto (fot. 105B,3), se puede ver, en ese preciso espacio, una piedra de molinillo romano, que tapona la entrada de esa especie de pozo conducto que, a continuación, se analiza. Así, en 106B se ve el citado pozo circular con la piedra de molino caída en el fondo, desde el punto superior o bocana, donde se encontraba al parecer. Este detalle permite decir que la abertura que muestra este pozo es muy similar al diámetro de entrada o acceso.

Como bien se puede detectar, la construcción de esta dependencia ha sido realizada excavando en roca una especie de fosa, que no es tal, sino una entrada o lucernaria de todo un conducto subterráneo utilizado como recinto o granero, al estilo de los criptopórticos de época romana tardía, que se han citado en los capítulos introductorios de este trabajo. A partir de la roca excavada, se puede ver que se ha construido con opvs latericivm, del mismo estilo y proporciones al usado en los pilarillos y falsas bóvedas del hypocavstvm de las termas.

Dentro del cuadro de estructuras murales sin una definición clara, se pueden ver las que se muestran, apreciándoseles los rasgos de reutilizaciones de paramentos que no son definibles ni como romanos, ni como musulmanes, sino que hará falta un postrer análisis a través de la excavación que debe preceder al proceso de restauración (fot. 107B). Detalles de este tipo, sin una definición clara, se pueden ver, en el último tramo de estructuras murales que se observan en el extremo noroeste del espacio interior del Castillo (fot. 108B).

Situados de nuevo junto a las murallas de Levante, se ve el proceso de los antiguos para acceder al punto más elevado del compartimento sur (fot. 109B,2). Y, una vez arriba, aparecen, en un primer tramo, estructuras consideradas eminentemente medievales y modernas, pero que presentan atisbos de reutilizaciones, sobre todo en los revestimientos que tienen algunos de los paramentos que se ven a izquierda de la imagen ofrecida en 110B,1. Los de la derecha, (fot. 110B,4) muestran la técnica del opvs latericivm, pero no presentan una definición clara a la hora de identificar su verdadera procedencia, ya que tanto musulmanes, cristianos como romanos la utilizan. Tan sólo un análisis del mortero puede dar algún factor clarificador sobre una u otra identidad. Se acepta, a primera vista, por una definición moderna sobre fundamentos romano-musulmanes, cosa que podrá, en última instancia, definir la excavación que de esta área se lleve ordenadamente a término, cosa que se espera poseer, como dato definitivo (fot. 111B), una vez se presente la oportunidad de poder llevar a cabo exploración y estudio de tal tipo, en unos lugares tan escasamente analizados en subsuelo.

En el tramo segundo de este espacio, se puede localizar, aparte del gran número de elementos sin precisar, por falta de exploración metódica, y con gran confusión, una parte donde se ubica uno de los tramos de nave o criptopórtico que, se cree, rodea toda la vertiente oeste y sureste del Castillo (fot. 112B, 5).

Con más precisión, se puede ver fotografía de aproximación en las imágenes que se observan en 113B y 114B, mostrando una especie de nave sobre la que se ignora, por deficiencia de no poder observarla con mayor precisión, si tiene cubierta adintelada o es abovedada. Sí es posible identificar los paramentos donde se ve el opvs latericivm, del mismo estilo al existente en las ter-mas y del pozo. En la parte izquierda de la imagen, se ve un alzado de piedra, que se presenta difícil de definir, por no poderse analizar el aparejo, debido a la indefinición que da su situación actual. Es preciso acercarse, pero no lo permite su peligroso estado y carencia de medios para acceder. Como elemento arquitectónico, se cree que se trata de un pasillo, que conecta con los antes vistos en el área de acceso principal del Castillo. Pero esto es suponer y no definir. Por tanto, nos limitamos tan sólo a indicar que se trata de un factor más a tener en cuenta, como elemento arquitectónico subterráneo.

Como epígrafe de última hora hay que añadir que toda esta zona ha sido limpiada y restaurada y, a la vista de lo hallado, parece que ha quedado claro que este espacio ha formado parte de un elemento de producción. Lo han definido como lagar de época musulmana, cuya raigambre queda indefinido al no poder determinar desde qué momento tal elemento hizo su aparición. Se ignora si hubo algún elemento estructural que pudiera poner tela de juicio su verdadero origen. No disponemos de publicación, por ahora, para poderlo cotejar.

Es de considerar también el hecho de que se utilice este espacio como lugar de enterramientos, aunque hay que tener en cuenta que es una zona bastante reducida. No es de extrañar que las tumbas sean romanas. Este fenómeno ha sido comprobado también en parte de la factoría de salazones del Majuelo, donde aparecieron dos enterramientos, pero con una técnica funeraria diferente, ya que aquí, dentro del recinto del Castillo, se usa la piedra como elemento de construcción, mientras que en el Majuelo se utilizaron tégulas romanas grandes y de diferente tamaño. Las zonas donde aparecieron los enterramientos romanos se pueden ver en las fotos 115B, 116B y 118B.

Por otra parte, en nuestra posición sobre la existencia de una casa romana de cierta entidad sobre el Castillo, hay que aportar una serie de materiales que lo confirman. Las fotos 118B, 119B y 120B dan testimonio de que aquí se usaron columnas de mármol que, probablemente, pertenecerían a una zona porticada de la casa. También aparecieron materiales de tipo industrial, como son las piedras de molino de trigo o grano, como se prueba en las fotos 121B y 122B. Lo que no obsta para que los musulmanes reutilizaran todo este material, dando lugar a que den la impresión de que todo pertenecía a su cultura, cuando la base de todo ello es romana, tanto la zona de las termas, enterramientos y el perímetro de estructuras que rodeaban todo.

Conclusión del sector B

El espacio que comprende este concreto sector de descripción y análisis, queda enmarcado fundamentalmente por la secuencia de dos elementos que, en cierto modo, se entrecruzan: el Castillo de San Miguel, con sus estructuras formadas por elementos medievales y modernos, y todo el elenco cultural arquitectónico, que se ha localizado no sólo en su interior, sino también en la periferia que bordea, con su propio sistema de estructuras, todo este estratégico sector.

Bajo el punto de vista romano, no se puede pensar que esta área tuviera función defensiva. Por las características que presenta en bloque todo el sistema, hay que decir que lo que se ha hallado se resume en: sistemas subterráneos de posible función similar a la de los criptopórticos, destinados, en principio, a granero o conducto subterráneo de comunicación, localizados en dos espacios diferentes: partes norte y sur respectivamente.

En superficie se ha centrado nuestra atención en un núcleo clave: la casa, en torno a la que gira todo lo demás: graneros en superficie y subterráneos, pozo o conducto, termas domésticas, etc. Pero hay algo en lo que se pretende hacer fuerte hincapié: no se ha descubierto nada de estuco pintado. Los que se usan, de revestimiento, en los compartimentos localizados, son pobres de composición. Tan sólo es una ligera capa de estuco de tono crema.

Por otro lado, las termas presentan una estructura de escaso valor arquitectónico. Los revoques, en los elementos hallados en ese espacio, son pobres.

En contraposición a esto, se tiene el hallazgo de fragmentos de fustes de columnas; lo que hace pensar en la existencia de un pórtico en la zona del complvvivm. Cuando una casa es mediana, normalmente se usan pilastras de opvs latericivm, no mármol necesariamente. Ello resulta un tanto contradictorio; pero los hechos están ahí: no hay revoco con pintura en los muros analizados, revestimiento de estuco pobre, termas de escaso valor arquitectónico, etc.

Todo ello hace ver que se trata de una casa, pero de escasa categoría artística; por lo que se llega a pensar que fuera ocupada por gente de no muy alto nivel económico, o mejor, por una clase militar o cargo público no permanente; con lo que se puede suponer que podría tratarse de un edificio público al servicio de cierta clase, llamemos, funcionarial. Pero la duda queda ahí: no hay elementos de juicio suficientes para admitir que se trate de una zona de hábitat permanente y económicamente poderosa, porque esa categoría social vivía en la periferia del estero marino de río Verde, y en el interior del territorio, en villas rústicas bien situadas (La Albina, Torrecuevas, La Cerca, Los Bañuelos, Barrio de San Sebastián, etc.). Ello es lo que nos mueve a pensar que esto fuera una residencia de personal no permanente y de carácter militar o, como se ha dicho funcionarial, al servicio de todo un complejo industrial. Como centro estratégico ocupa el punto neurálgico de todo el complejo, desde donde se podía controlar, en gran parte, el movimiento marítimo y terrestre.

En un resumen esquemático de la situación interior del Castillo, hay que decir que la línea, sobre la que se encuentra todo el trazado, enmarca un cuadrilátero casi perfecto, porque se encuentra interrumpido en numerosos puntos por las superposiciones, que se han llevado a cabo sobre este sistema, a través de los distintos usos que de él se han hecho en el tiempo.

En cuanto a los elementos hallados en la periferia de lo que se viene admitiendo como Castillo, hay que decir que la parte de Poniente registra una secuencia interrumpida de sistemas de contención a base de muros de escalonamiento, que sirven para sostener las estructuras que se han venido montando a lo largo de toda la vertiente. Se cree que se trata fundamentalmente de sistemas de muros de contención que protegen toda una plataforma en la que se pueden ver numerosas estructuras industriales que, se cree, por ahora, no van más allá del fondo que ellas mismas muestran. Pero es lógico que, si se tiene un depósito de agua, pileta de salazón y algunos otros restos sin identificar, todos encajan dentro del conjunto, como dando a entender que tenían su función.

No se explica un depósito de agua de más de 9 m de longitud para una sola pileta de salazón. Sin duda debieron existir otros elementos, cuya fuente de alimentación sería este mismo depósito. Por ello se concluye, sobre este subsector, diciendo que, bajo los paramentos modernos del Castillo han existido, y deben subyacer tales elementos adicionales, formando una secuencia de estructuras industriales relacionadas con toda la zona, de forma complementaria. Pero no se descarta, en absoluto, que tal depósito de agua, esté relacionado con las formas que se encuentran dentro del área del Castillo, ya que la cota del espacio de Levante está por debajo de la del depósito y, debido a ello, no se duda en establecer una cierta relación funcional, o como elemento integrante de todas las estructuras romanas que hay en el Castillo. En definitiva, se concluye diciendo que estamos ante una casa más de tipo oficial que de carácter privado, en donde se dan elementos propios de un hábitat, con dependencias destinadas almacenaje. A su vez, podía desempeñar una función de control y vigilancia, por ser el sector más estratégico de todo el conjunto.

SECTOR  C

El espacio comprendido por este pequeño sector se sitúa entre terrenos de las cercanías del Castillo y la última zona de la de este mismo nombre.

En el punto en que se interrumpe la calle citada, para dar acceso al Castillo, procedimiento considerado artificial, en las estructuras que se ven a izquierda, según se entra, se comprueba la secuencia formada por un muro de contención, que salva el nivel de la calle en todo su trazado, y que se eleva, aproximadamente, 3,50 m sobre el suelo posterior, en su mayor parte, hasta hace poco ocupada por los alfares, elementos que nos dejan como testigos, formas que se pueden calificar como romanas por las características externas y los módulos de sus paramentos.

No cabe duda de que han sido rotas todas las dependencias que han existido delante del Castillo, para poder levantar una defensa natural con espacio muerto, que facilite a un potencial enemigo, el acercarse a la fortaleza. Esa “tierra de nadie” ha estado formada largo tiempo por un descampado que, hasta hace no muchos años, se ha conservado.

No se trata de que se eliminaran los elementos arquitectónicos, sino que no se utilizaran e, incluso, se demolieran en gran parte. Es evidente que, como se verá en sectores enmarcados en el mismo espacio, conviene mantener un sistema de obstáculos que impidan el acceso fácil al Castillo. Y, en efecto, han existido y aún se conservan. Hay detectadas estructuras que guardan escasa altura, y que obstaculizarían el paso en ese sentido.

Dicho esto, aparece, a la entrada de Explanada de San Miguel, a izquierda, una serie de edificaciones, que son reutilizaciones de formas murales consideradas romanas. Por sus proporciones y el uso de podivm, en su punto de entrada, se cree que se trata de tales construcciones (fot. 1C). Quedan vestigios de su antiguo alzado en los puntos que se indican: 1C,1, podivm; 1C,2, resto de muro que deja ver la composición de su alzado.

En la parte posterior de este alineamiento, se puede ver toda una secuencia de reutilizaciones modernas en las que se comprueba la existencia de paramentos romanos interiores, con motivo de la recomposición de algunas de estas casas, de las que no se tiene material fotográfico, pero se consiguió información sobre los muros y sus proporciones (fot. 3C,2).

Aparte de estos detalles, es interesante observar cómo se monta la estructura del aparejo, sobre la misma roca. La fotografía presentada tiene más de 8 años (se escribe este trabajo en los años `80), y aún se dejan ver, sobre los paramentos externos, las señales de un aparejo de opvs incertvm.

En el citado punto 3C,2, los muros detectados, atravesaban de lado a lado toda esta alineación, dando a las calles Explanada de San Miguel y San Miguel Bajo. Los muros que se observan a izquierda de la imagen ofrecida, están registrados desde principio de este siglo (XX), ya que se dispone de documentación fotográfica que permite identificarlos desde la perspectiva de Levante (fot. 4C). Hacia el centro de la calle San Miguel Bajo, se puede comprobar que en la casa, que se ha levantado con sistema de pilares, se vio, mediante una exploración de emergencia, los muros romanos que habían sido destruidos hasta casi la roca, pero hubo material suficiente para poder identificarlos y tomar sus medidas, que han sido reflejadas en la planimetría del sector.

Conclusión del sector C

A la vista de los escasos materiales de que se dispone, las conclusiones se dificultan o se simplifican, porque se cree que esta secuencia hay que considerarla como elemento integrante del gran sector, que debió existir en todo el espacio situado frente al Castillo, siendo fundamentalmente ocupado por alfares y que, en la actualidad, conservan varias alineaciones de estructuras romanas en sus cercanías: unas, hechas desaparecer por la edificación de barriadas nuevas, y las viejas construcciones llevadas a cabo mediante la reutilización de los muros, que quedaron como elementos defensivos en el espacio muerto situado frente al foso del Castillo.

Como conclusión inducida, ya que se tienen algunos datos de hallazgos de piletas en los alfares, con motivo de su transformación en zonas libres y viviendas, cabe decir que este gran sector, en general, y el pequeño, en particular, formaron parte de una probable zona dedicada a la elaboración de pescado y a la fabricación de cerámica fundamentalmente industrial. Como argumento que apoya esta afirmación, existe el testimonio de uno de los propietarios, que confirmaron que ellos utilizaban “cubas” (¿piletas?), de antiguo, para el tratamiento y preparación de la cerámica en sus procesos de fabricación.

SECTOR D

El sector D forma parte de las estructuras mixtas, o cuyos elementos constructivos participan de las técnicas medievales y modernas, por un lado, y romanas reutilizadas, por otro. Ambas se encuadran dentro de los sistemas arquitectónicos programados para la defensa de la ciudad. Aquí tan sólo se trabaja con el espacio destinado a la infraestructura romana, formada por los componentes industriales y los destinados al almacenaje, como los más usuales.

No cabe duda de que existen otros sistemas de apoyo, o complementarios a la finalidad primordial de estos medios de producción. Por ello no se prescinde de los sistemas de aterrazamiento, con su técnica y composición, los elementos hidráulicos y su distribución, como lo más destacado de todo el conjunto.

Uno de los componentes arquitectónicos más ausente es la red de comunicaciones, dentro de la totalidad del complejo. Este defecto o falta de identificación constituye un problema casi insalvable, ya que los accesos modernos, en gran mayoría artificiales, no dan opción a determinar, en ningún momento, dónde hay una vía de comunicación interior, que relacione los diferentes sectores del complejo. Tan sólo se pueden identificar algunos tramos pequeños, y ello porque plantean más dudas que soluciones. Lo que se ignora es su continuidad y ensamblaje en un conjunto de red viaria interior de intercomunicación.

Se inicia el recorrido descriptivo intentando conectar todo el sistema defensivo de la zona levantina de la ciudad. Así, aparecen, al inicio de la Cuesta del Carmen, los restos de un torreón medieval moderno (fot. 1D,2), secuencia de sistemas de murallas que, a lo largo de todo su trazado, irán mostrando distintos aparejos, según la técnica de construcción usada.

No es de extrañar encontrarse con superposiciones de aparejo diferente, como ocurre en los materiales usados en murallas árabes y entre los del período moderno.

Sobre el talud, que da al actual Paseo de Prieto Moreno, se observa la secuencia de todos los tramos conservados. En ellos (fot. 2D) se detecta la existencia de técnicas distintas. Los puntos bajos de este sistema están formados por estructuras romanas (fots. 2D,2,3; 3D,1,2; 4D,2), aunque lo que predomina es el material de época cristiana, superpuesto al romano (fots. 2D,2; 3D,1; 4D,1; 7D; 8D; 9D; 10D,1; 11D,3; 12D,4). No se olvide que tal superposición de estructuras de murallas con base romana, tiene muy estrecha relación con las construcciones que se encuentran apoyadas sobre ellas, y cuyo aparejo es el mismo, como se verá más adelante.

Así, pues, la muralla se va cerrando, según la propia configuración del terreno, hasta formar recinto con los muros y torreones del Castillo de San Miguel (fots. 2D; 3D; 4D; 7D; 8D; 9D; 10D; 11D; 12D).

Hay que considerar que el sistema de muros romanos de Levante, dirigido hacia el Castillo, constituía igualmente un medio para la conducción de agua. En la parte interna de esta muralla, sobre un patio rodeado de muros romanos (fots. 33D; 34D; 35D), se han podido tomar fotografías donde se detecta el canal de conducción interrumpido, cortado y taponado. En su interior se podía ver el opvs signinvm de revestimiento e impermeabilización (fots. 5D y 6D). Ello lleva a concluir que su destino era el Peñón del Santo, hasta donde se llegaba mediante un gran puente. Para ello se recuerda que, justo al lado del punto donde terminaba el puente romano, se encuentra un depósito romano de agua, que siempre ha estado a la intemperie y visible para todos, hasta que se decidió “modernizar” el Peñón, quedando cubierto y enlucido y, últimamente convertido en el apero de los jardines de esta zona. Esta conducción de agua ha quedado modernamente absorbida por la casa moderna que se monta sobre ella, siendo imposible su recuperación.

Una vez hecho este inciso, se continúa describiendo la composición de los aparejos de las distinta partes de la muralla, que no es homogénea, sino que, en cada época, según las necesidades de reparación, se ha practicado un tipo de restauración diferente, no sólo por la tradición arquitectónica, sino también por la dotación presupuestaria, cuando se libraba dinero para el sistema defensivo.

En cuanto a las características estructurales, se observa que el grosor de las murallas varía, según las épocas. En unos tramos alcanza 1,20 m de grosor, en otros, 0,90 m; pero esto, en su parte elevada, porque la base no se ha podido ponderar.

La técnica del alzado, en general, es la piedra vista, como se puede comprobar a lo largo de todo el recorrido. La altura es variable, sobre todo debido a los deterioros sufridos por diversas causas y circunstancias. El punto más elevado actualmente, puede alcanzar los 10 m. Se presume que, además, estaban provistas de adarves, como en otros lugares de la ciudad.

En cuanto a la parte interna del sistema de amurallamiento, se detecta cómo la propia muralla queda bajo la calle para formar parte de ella, ya que tal no existía, sino que fue hecha de forma artificial, aprovechando la misma muralla.

A derecha de la subida, hay todo un paramento romano de contención (fot. 13D, 2), al que se ve, con mayor precisión, en la fotografía 14D, con un alzado superior a los 9 m, y que se extiende a lo largo de todo el corte producido por el talud de relieve del casco urbano.

Sobre los muros de la calle se pueden ver los vestigios de las antiguas estructuras murales. Así, en la misma Cuesta del Carmen, tanto a derecha como a izquierda, se observan las viejas formas murales romanas, aunque bastante modificadas por los ocupantes posteriores (fots.15D; 16D; 17D), que dejan ver las huellas de los antiguos aparejos.

A media cuesta, girando a derecha, por un paso artificial provocado a causa de nueva apertura de calle en tiempos pasados y mediante la rotura del muro romano que se ha podido ver en 14D, está la parte considerada ya íntimamente relacionada con las estructuras que se han descrito en el sector E. En efecto, sobre la parte izquierda que da la imagen 18D, al pie del muro maestro de esta construcción aparentemente moderna, se puede comprobar la existencia del paramento antiguo y que se relaciona con los que a continuación se van a describir.

El tramo 19D, secuencia de enlace del paramento anterior, no es más que un muro contrafuerte para sujetar las estructuras que se van a ir levantando a lo largo de las series encadenadas y paralelas que se va a tener ocasión de estudiar y, en parte, ver. El aparejo, que muestra este pequeño subsector, entra dentro del tipo opvs incertvm. Pueden, en efecto, verse las piedras con tal técnica a lo largo de la base, camufladas bajo una ligera capa de revoque moderno y encalamiento.

En la parte opuesta de este subsector, se pueden ver los vestigios del muro de contención, localizado en 14D, en su prolongación hacia la zona sur. El realce, que se le ha dado modernamente, se debe a una pura necesidad de establecer cierta seguridad, pero, en su base, se pueden ver las piedras de su aparejo, tal como se observa en la foto 21D. Este mismo muro, justo en el punto 20B,2, ha sido roto intencionadamente para poder establecer una referencia de comunicación entre la zona baja y los sectores E, D, y U. Desde una altura superior se puede comprobar cómo se dibuja la secuencia de dicho muro, adaptándose a las imposiciones de la configuración del terreno, y desde el mismo punto anterior, se muestra una perspectiva de las secuencias de alineamientos, con formas romanas en sus interiores, y en perfecto orden arqui-tectónico (fot. 23D).

En el punto 23D,1 se ve el primer muro de contención que va a sujetar las estructuras que han existido en la calle cerrada que se nos muestra en el centro de la imagen. En el punto (23D,2), está la fachada de una serie alineada de formas cuyos paramentos han sido muy alterados, hasta el punto de que apenas han contado con la mitad de su altura para poder terminar lo que hoy es vivienda moderna. Pero se puede comprobar que las coordenadas de los tipos que se vienen admitiendo como naves, encajan perfectamente con las medidas que aquí se pueden constatar: el módulo de una casa normal coincide con las medidas en altura, anchura y largura de una nave tipo habitual, dentro de este gran sector.

En el punto 23D,3, se contempla otra de las secuencias alineadas paralelas, no sólo a la que se sitúa en una base inferior, sino que también, aunque no se vea en esta imagen, corre paralela a la que se halla inmediatamente detrás. De la misma manera que en (23D,2), las medidas guardan una estrecha relación con los tipos de naves hasta ahora estudiados aquí, las distancias, medidas y proporciones de los espacios que se sitúan en este punto, coinciden con las que le preceden.

En la imagen que se ofrece en 24D, se comprueba la existencia de un espacio central, en forma de calle, que ha debido ser roto para abrir paso y que estuvo ocupado por una cadena de naves. El alineamiento visto a la derecha de esta serie de casas (24D,3), tiene un paramento que ha sido muy alterado a través del tiempo, pero sus módulos corren paralelos a los antes expuestos en el sector superior de L, y más concretamente, con la nave que tiene la bóveda partida. El muro de la izquierda (24D,2), de 0,4 m de grosor, ha debido experimentar un estrechamiento en su punto terminal ya que, cuando enlaza con las edificaciones modernas, que se sitúan paralelas al 24D,3, aumenta su volumen. Sobre el punto medio del paramento 24D,3, se puede ver una pequeña indicación de muro que destaca ligeramente de la pared en su base (fots. 25D; 26D), en una distancia de 6 m, del que se cree es un indicio de muro adosado, que debió formar parte de una estructura hoy desaparecida, en la calle cerrada donde se encuentra. Justo a su lado se levantó el paramento que conformaba toda la fachada de tal alineamiento de probables naves.

La estructura que se ve al fondo como elemento de cierre, probablemente es una construcción artificial, ya que el muro presenta escasos datos de su antigüedad, pero la base es muy similar a la de los paramentos que se encuentran en su entorno (fots. 27D; 29D; 30D). Los res-tos de fachada que se ven en la foto 28D, muestran el punto posterior de la estructura que se cierra tras 27D. En ella están las líneas de fachada que se prolongan desde 29D; 30D y 31D, con un seguimiento perfecto de los muros continuados hasta la Cuesta del Carmen. Las medidas de 28D se corresponden con una nave normal de las que preceden en el pasillo cerrado.

Una vez descrita esta calle ciega, situados frente a la estructura que se encuentra al fondo de la imagen ofrecida en la foto 24D, en la Cuesta del Carmen, se puede ver cómo en la parte superior de la casa de una sola planta, se detecta la presencia de un muro romano que se encuentra en línea con los que han quedado detrás, en la antes citada calle ciega (fot. 31D).

Al otro lado de la misma Cuesta del Carmen, sobre el muro, se comprueba la existencia de una serie de restos que muestran las estructuras que han sido rotas, probablemente para abrir la citada Cuesta (fot. 32D,2); pero en el punto 32D,1, se observa otra rotura que permite pasar a las estructuras situadas casi al borde del sistema amurallado que da sobre el Paseo de Prieto Moreno. En el interior de este paso, indicado en 32D,1, a izquierda según se entra, se puede ver un paramento de muro romano que se extiende a lo largo de todo el espacio aquí edificado (fot. 33D). Su altura alcanza 1,10 m. Se puede comprobar como un elemento más de información en la foto presentada, en sentido hacia la calle (fot. 34D), donde 34D,1 deja ver el aparejo con apenas un revoque posterior, y 34D,2, con fuerte revestimiento.

En la foto 35D, se puede observar la prolongación del paramento romano, bajo una cubierta artificial que termina en un muro romano de cierre que da sobre la Cuesta del Carmen.

Una vez salidos de este espacio, la calle Nueva del Carmen ha sido una de las que más modificaciones ha experimentado en los últimos años y, por tanto, también es una de las más difíciles de identificar en lo que a restos romanos se refiere.

Como se observa en la imagen 36D, los revoques modernos han sido tan fuertes que es prácticamente imposible decir que su alzado fuera romano. La parte izquierda de la imagen, en algunos de sus tramos, deja ver el antiguo sistema romano, tal como se puede comprobar en la foto 37D. El revoque moderno se ha caído y deja ver señales evidentes de su antigua composición. Las alturas de estos alzados son, a todas luces, como se aprecia en casi todos, casi idénticos; es decir, oscilan alrededor de los 2,30 m.

Desde el punto anterior, girando a izquierda, aparece una secuencia de fachada que conserva cierta cantidad de elementos antiguos, en lo referente a aparejo (fot. 38D). No sólo es el dato del aparejo, elemento decisorio, sino también el uso de escalones altos, como dato complementario y testigo de un fenómeno muy común en las áreas que han sido antes naves: el relleno del espacio interior por carecer de pavimento. Como el suelo viene siendo muy desigual, se rellena con tierra o escombros, para equilibrarlo, hecho que implica una elevación sobre el nivel de la calle y, consecuentemente, el uso, por necesidad, del escalón o podivm posterior.

En la panorámica 39D, se puede observar el alineamiento del subsector, con un intervalo de reutilización casi idéntico en cada una de las viviendas. A su vez, se ve no sólo la alineación de naves sobre la calle, sino también, como se señala en el punto 39D,3, otra línea más profunda que discurre paralela a la que hay en la calle. Es de gran interés observar cómo esta parte de la calle Nueva del Carmen es casi paralela a las estructuras de la calle Angustias Moderna, que se encuentra a un nivel superior, detrás.

En la fotografía 40D, se puede ver esta alineación, a la que tanto se está acudiendo para explicar la situación de las naves o espacios que lo fueron. La anchura de la calle y la altura de sus paramentos a través de todas las viviendas son muy reveladoras: la anchura es homogénea y muestra las mismas proporciones que la calle Angustias Moderna. Sobre las paredes exteriores, en sus puntos bajos se observan los restos de muros que, en parte, conforman el aparejo interno y, progresivamente, han sido recubiertos y han dejado de verse.

En los puntos 41D,1 y 42D,2, se puede ver con toda claridad la un paramento que se observa en este espacio libre dejado por los propietarios que, sin pretenderlo, han dado la prueba de la existencia de un alzado continuo a lo largo de toda la calle. El opvs incertvm se ha dejado ver, de forma clara y sin revoques en este pequeño tramo.

Pasando por la entrada, al pie del punto 42D, a través de una abertura sobre un muro, cuyo grosor es de 0,90 m y que ha sido previamente roto para poder acceder, se llega a la nave abovedada conservada, en línea con los elementos de la calle. Estos espacios son equivalentes, en sus medidas, a los que se encuentran en su parte externa, es decir, adosados a ellos y a lo largo, igualmente, de toda la calle.

Las medidas que ha dado esta nave son las siguientes: altura, 2,90 m; anchura, 2,15 m; largura, 5,85 m. El muro que va desde su paramento lineal hasta la calle, mide 2,30 m, que es la anchura de la nave que se encontraba adosada a ella y, sumando ésta con el grueso del muro de la calle, dan aproximadamente, el equivalente a la citada nave que, tiempos atrás, fue enrasada, como todas o casi todas las de su línea. Este módulo se va a repetir de forma constante en todas las casas que se van a analizar e identificar (fot. 43D).

Para que se vean y se comprueben con imágenes los datos que se vienen dando, se presentan una serie de perspectivas de la fachada de esta calle, como información previa a los interiores transformados, que se van a aportar (fots. 44D; 45D; 46D y 47D). Los espacios que se muestran en las foto 48D y 49D, se corresponden respectivamente con las dos puertas consecutivas que se pueden ver en la foto 46D,2, de tal manera que se identifican las medidas, que se vienen comprobando, con las que estos dos espacios ofrecen de forma general.

Aparte de esta consideración y aprovechando el contraste que ha proporcionado la luz del flash, se ha podido demostrar que el paramento exterior de este espacio (fot. 47D) indica la altura conservada del alzado que conforma su muro exterior y que, además, puede verse cómo se prolonga en ambos sentidos.

En la foto 48D se puede ver con nitidez que la pared de fondo de esta dependencia, está construida con la técnica del opvs incertvm, formando parte de la misma casa, y se une a la otra dependencia mediante un muro de separación. Tiene algo de revoque moderno y su bóveda ha sido previamente enrasada.

En los siguientes alzados mostrados de esa misma calle (fots. 50D; 51D), tomados desde ángulos opuestos: el primero, en la calle Nueva del Carmen, muestra de nuevo los muros de fachada con claros indicios del uso de la técnica del opvs incertvm, como se puede comprobar en 47D, al principio del tramo de fachada, que se ve en la imagen que se muestra. En el alzado posterior, situado en la calle Angustias Moderna, vista desde el punto sur, se ve igualmente la alineación casi recta, de todas las casas y, además, apoyadas, con sus cimientos sobre la roca.

Tomadas desde el punto opuesto, se puede observar igualmente la alineación de las casas, pero obedeciendo a la estructura impuesta por el muro romano que ordena arquitectónicamente toda esta secuencia (fots. 52D; 53D).

El muro que se ve en 53D con más precisión, comienza con un alzado cuyo grosor mide aproximadamente 1,30 m. No se mantiene en todas las estructuras observables a lo largo de la calle, sino que los propios inquilinos actuales los han reducido de grosor, con tal de ganar espacio para sus viviendas, y anchura en los pasos abiertos para calles.

Conclusión del sector D

A la vista de los materiales encontrados en el recorrido de este sector, es preciso hacer una división entre lo que es material medieval y moderno, y el que nos ocupa, el romano.

Dentro de esta categoría de materiales hay que indicar que se pueden identificar como elementos arquitectónicos para el almacenaje. No se ha podido detectar ni un solo indicio de espacio destinado a operaciones industriales. En efecto, hay dos grandes alineaciones de estructuras que, en ningún momento, pierden su proporción, dentro de las normas que se han extraído del estudio de los paramentos y espacios a los que se considera que reúnen las características de tales edificaciones romanas. Por tanto, aparte de tener en cuenta las estructuras que se sitúan sobre el borde del talud de la ciudad en el espacio que declina sobre el Paseo de Prieto Moreno, donde se ha podido detectar la presencia de muros romanos, probablemente destinados a contención de las otras estructuras, que se sitúan en sus cercanías e incluso en el límite de los muros citados, hay que decir que la finalidad primordial, por los paralelismos que se vienen realizando del esquema general de este sector, queda vinculado estrechamente a edificaciones que se han levantado para servir de almacenaje de los productos que aquí se elaboraban, con mayor seguridad y garantías de conservación que en las zonas bajas y periféricas de la factoría.

SECTOR   E

El área que se va a describir y analizar se encuadra dentro de un sector que es considerado como de los más interesantes, bajo el punto de vista de organización y distribución de los elementos que lo componen.

Las transformaciones también han proliferado, como se podrá ver por las situaciones intermedias que se localizan, como es el hecho de que aparezcan bóvedas semipartidas por la adaptación sufrida al convertirlas en casa-habitación. Las tres grandes alineaciones registran sistemas abovedados que confirman esta opinión.

En cuanto a las calles, se continúa manteniendo la idea de que, mientras no se demuestre lo contrario, no es posible afirmar que alguna sea originaria, como se podrá comprobar. La única duda que podía hacer vacilar, es un elemento de la calle Angustias Moderna. Se trata de un muro adosado al de una nave interior. Tal muro, que se puede ver en la calle, si se tiene en cuenta que la anchura de la calle viene coincidiendo con la de las naves, puede ser muro lateral de la misma, que se ha roto para abrir calle. Por ello, es complicado afirmar que tal calle, o las otras, sean tales, porque puede tratarse de una rotura intencionada de elementos con el fin de abrir un acceso rectilíneo para todas estas casas.

Una vez sentadas estas anotaciones preliminares, se comienza con el recorrido descriptivo del sector.

En la perspectiva general que se ofrece en 1E, se pretende indicar que tan sólo se hace referencia a la parte derecha de la imagen. En ella se ve un perfecto alineamiento de fachadas que responden a la estructura, organización y distribución de las formas romanas que aquí se van a estudiar. Se observa, pues, a derecha, el primer indicio directo de muro romano sobre la calle Angustias Moderna.

Antes de llegar a ella, se halla un espacio hueco, perteneciente a una nave rota y, en su interior, un muro romano atribuible a una nave que ha sido cerrada por haberse introducido, a través de ella, la tubería del alcantarillado urbano moderno del área superior. Pero tal nave se encuentra tan sólo con un trozo de su bóveda rota (fots. 2E; 3E). El muro de la izquierda, según se entra, es romano; el opuesto, moderno (fot. 2E).

Según se avanza, se detecta, sobre la misma calle y de forma adosada, el paramento de un espacio de naves rotas, una secuencia de muro romano que, probablemente, se extendiera a toda la calle y que, por necesidad de homogeneizar la fachada, ha sido eliminado. Se trata de un muro adosado a otro, ya que el sistema de medianerías tan sólo se realizaba en las secuencias de naves alineadas. Cuando se construyen en paralelo, ocurre lo aquí visto (fot. 3E): emparejamiento de paramentos. El hueco que se abre a continuación, no es más que una de las aberturas artificiales para dar acceso a los espacios que después se verán.

A continuación de ese tramo artificial, se continúan las áreas ocupadas por construcciones que reúnen las mismas características de medidas, en perfecta alineación con los espacios que se han visto al inicio de la calle.

En la primera puerta, que hay a derecha según se avanza, tenemos un fragmento de bóveda (fot. 6E) que ha sido enrasada casi totalmente, con el fin de poder construir sobre ella y dar una mayor capacidad de habitabilidad a estos pequeños espacios (fots. 4E; 5E).

Visto desde otro ángulo, se observa la misma secuencia, cuyo paramento externo es idéntico, y con un grosor de 0,80 m (fot. 7E).

Nada más girar al fondo, en sentido sur, se puede observar sobre el paramento de una secuencia de estructuras, el indicio de aparejo romano, según se ha señalado (fot. 8E).  

Sobre el suelo de este mismo espacio, pueden verse claramente los puntos de arranque de muros que cerrarán este sistema (fot. 9E,2), prolongándose en unos tres metros de longitud. El grosor de los muros de estos espacios, se sitúa en los mismos módulos que los anteriores: 0,80 m. Las alturas de las estancias entran dentro de las mismas medidas normales en el sector (fot. 10E,3). El fondo de este recinto ha sido modificado abriéndose una sola puerta donde antes había dos (fot. 11E), y las alturas que se indican están condicionadas por la propia estructura interna de que se componen los espacios interiores, que son naves adaptadas para vivienda, con el correspondiente enrase de las mismas. Los realces que se aprecian sobre el suelo se deben a las diferencias de nivel entre el punto de entrada, y de fondo.

Siguiendo la estructura externa de las edificaciones y los paramentos que componen la fachada que da a la calle San Miguel, se pasa a través de otra abertura artificial (fot. 12E). En ella se pueden ver, sobre el suelo actual, los restos de un cierre construido con hormigón romano, bastante sobrealzado. Los paramentos que sobre él se montan dan claras señales del opvs incertvm de su interior.

El paso segundo, realizado también de forma artificial, es estrecho, ya que se ha procurado rebajar recientemente tan sólo lo que se ha considerado necesario para el paso de personas (fot. 13E). Gracias a la casa, que principalmente se apoya sobre esta base, se ha podido conservar, como testigo de la existencia de este tipo de técnica, usada para el equilibrio del terreno en numerosos espacios quebrados. Los paramentos que se observan sobre esta calle artificial son romanos, muy revestidos con argamasa moderna.

A continuación del paramento principal antes visto, se encuentra un tramo de nave convertida en lavadero público (hoy es una ermita) de este ámbito de la ciudad (fot. 14E). Puede observarse encima de esta estructura reutilizada, el aparejo romano que sobresale por la cubierta, dando claras señales de que, en su parte superior, ha existido o bien algún depósito o bien un sistema de nave. Justo al lado del citado lavadero se puede ver una nueva entrada artificial, que da paso a una nueva nave y a otras dependencias similares. El punto de entrada ha sido roto para poder pasar hacia esas estancias, como ya se ha dicho, y en el interior hay un pequeño patio, correspondiente a un espacio similar al que se puede ver en una nave correlativa.  

En la foto 16E, se puede comprobar la existencia de los restos antes indicados, sobre el espacio del lavadero y de la nave, como se verá. La entrada, tiene restos evidentes de las roturas de muros.

A continuación, en la calle, el paramento de otra serie de naves continúa hacia otros espacios, que se verán sólo en parte externa.

Desde el interior del recinto pequeño cerrado (fot. 17E), se ve tanto el muro roto sobre el paramento como el que da a la calle. El muro que se dirige hacia fuera está encalado (fot. 18E), y sobre el suelo, los claros indicios de roturas para abrir paso Una vez dentro, se puede observar la puerta moderna de la nave y el paramento roto en que se enmarca (fot. 19E). En su parte superior está la forma abovedada que da hacia fuera, lo que hace suponer que se continuaba, ocupando todo el espacio que forma hoy un pequeño patio (fot. 20E). Pero, además, encima se puede comprobar cómo el muro se eleva con aspecto de continuidad para formar otra estructura superior. El interior de la nave muestra un muro divisorio en el fondo, una cubierta, con el hormigón algo perdido, y unos muros laterales, marcando con claridad la superposición de la estructura abovedada, como si se tratara no de una obra unitaria arquitectónicamente hablando, sino de dos piezas simplemente superpuestas y soldadas por el hormigón (fots. 21E; 22E; 23E; 24E; 25E y 26E).

Por una puerta artificial, situada en este mismo patio pequeño, se pasa a otra dependencia interior, estrechamente relacionada con todo el entorno que se va a ver, y se comprueba que se trata de un espacio que ha debido ser un sistema abovedado por sus proporciones.

También de forma artificial se han abierto puertas en su interior para intercomunicar todos sus habitáculos.

Los muros presentan las características de las estructuras de este tipo. Todo el interior (que no se permitió fotografiar), está formado por una secuencia de sistemas de naves en paralelo, pero no con muros de separación medianeros, sino con los propios, fenómeno algo corriente en este tipo de arquitectura romana (fot. 27E). La técnica que se ha seguido en todo este conjunto es la del opvs incertvm, pero revocado modernamente.

Las medidas de este pequeño subsector son las siguientes: plataforma de equilibrio del suelo: largura, 5,30 m; anchura, 1,70 m y 1,60 m, en los puntos extremos de la misma; altura máxima, 1,30 m; pasillo artificial hacia la nave: anchura, 1,05 m; muro izquierdo, 3,50 m; derecho, 2,70 m (hasta el muro roto); nave: anchura, 1,90 m; altura,2,70 m, fondo, 3,30 m; patio: largura, 3,30 m, anchura,2,30 m. La altura de este patio descubierto alcanza 2,50 m. El compartimento, al que se entra por la puerta que hay en el patio pequeño, tiene las siguientes medidas: muros de fondo, 5,20 m; anchura, 1,90 m; altura, 2,30 m. El grosor del muro divisorio es de 0,90 m. La largura del paramento que se encuentra a continuación y en línea, 3,10 m.

Una vez salidos a la calle, el paramento que continúa a través de ella, mide, en tres tramos de diferente alineación en curva ligera: primero, 4,60 m; segundo, 2,61 m; tercero, 3,20 m que, como se verá en planimetría del sector, dará una secuencia de tres naves en línea (fot. 28E).

Ya sobre la calle, se pueden ver los diferentes tramos señalados, indicando una secuencia curvilínea. Se trata de formas abovedadas que han sido enrasadas, o bien se han caído por el abandono y el paso del tiempo. A continuación de tal alineación de naves, se pueden ver estructuras sobre el suelo de la calle, que no son más que elementos de relleno para equilibrar los espacios quebrados (fot. 29E).

Se indica en 29E,2, la secuencia de los muros que constituyen el paramento externo de las naves, que se suceden formando el semicírculo al que se hacía referencia antes, al comienzo de la descripción, en sus líneas generales de ordenación arquitectónica.

A continuación se puede ver el aspecto exterior de esa alineación de muros, en cuyo interior se ha descubierto toda una cadena de naves, que actualmente se encuentran enrasadas y tan sólo guardan, como testigo, los muros maestros de las mismas, aunque, en algunos casos, hasta éstos han desaparecido, con el fin de proporcionar mayor amplitud a tales recintos pequeños e inadecuados para habitar.

En la foto 30E,1, se puede ver cómo se ha recubierto de cal un trozo de paramento que había perdido su revoque moderno en este mismo espacio que se viene estudiando; y en 31E,2, se puede comprobar la existencia de muro romano tras el débil revoque con que se ha revestido.

Es esta una de las pruebas de mayor fuerza para demostrar que las gentes que aquí habitan, apenas si han cambiado lo que es fundamental en sus casas: los muros maestros, paramentos de naves y espacios de estructuras romanas en general.

En la foto 31E,1, se ve cómo se sigue la línea, pero con un ligero cambio de sentido, según el propio giro que las estructuras romanas van experimentando en todo este sector.

Se observa igualmente el uso de escalones altos, a causa de la necesidad que los ocupantes tienen de equilibrar un suelo, que no disponía de pavimento, como es norma en la estructura de una nave.

El paso indicado en 32E,4, es otro elemento artificial. Se piensa que no existiría estructura en alzado, ya que, a la vista de los restos que hacen suponer la existencia, en este espacio, de una secuencia frontal de tres templetes, probablemente sólo fuera un muro de cierre a poca altura. La anchura de ese paso es aproximadamente de 4 m, y la fachada de la nave, a izquierda, según se sube, es de 7,42 m. Los indicios a pie de calle, sobre la base de los muros, son patentes (fot. 32E,6).

La siguiente secuencia de muros externos de naves mide 7,25 m de largo. En él se ven dos entradas; lo que hace pensar en una división o existencia de dos naves enrasadas seguidas, con muro medianero de separación.

En 33E,5 se pueden ver ya los inicios de gran cantidad de restos de muros que han sido rotos para crear paso en esta zona del sector, como se verá con más detalle, de inmediato.

Continuando la exposición de datos sobre calle, se sigue en dirección a Eras del Castillo, o punto superior del conjunto arquitectónico. De esta forma, y a continuación del espacio anterior, se puede ver otra serie de encadenamientos de naves.

Se puede observar la característica general que presentan todas estas fachadas, con una altura similar en todos los espacios y los distanciamientos entre las casas, coincidiendo con las medidas que vienen presentando la casi totalidad de las estructuras abovedadas romanas (fot. 34E).

En la foto 35E, se puede comprobar la alineación de las estructuras romanas y, en el primer tramo de ellas, destaca un muro que sobresale por desaparición de la edificación de que formaba parte (fot. 35E,3). Se piensa que se está ante un espacio que tiene todos los indicios de ser un área de naves rotas para abrir la calle, como se verá a continuación en los restos que hay sobre la misma. En efecto, en la foto 37E,4 está la prueba evidente de la existencia de un muro adosado a otro y que forma parte de la nave que ocupó el espacio que hoy es calle. Tal testigo ha desaparecido recientemente, a consecuencia de los arreglos municipales.

Siguiendo esta línea, se puede ver cómo, a continuación, existen vestigios de otro muro también adosado y que, juntamente con el que se ve en 37E,4, formarán una secuencia de naves en el espacio vacío que queda delante.

Situados en el punto 37E,2, se amplía, desde otra perspectiva, para demostrar que en este espacio, que se ve en 38E, hay un alineamiento de muro adosado, y que pertenecería al supuesto sistema de naves, o a cualquier otra estructura romana en este lugar. El muro indicado en 38E,1, cerraba en el punto señalado a continuación y que era medianero entre dos formas similares (fot. 39E,3). Aquí tiene ya claro sentido lo que se viene afirmando, sobre todo si se dan las medidas como prueba de esta identificación. Así, el muro indicado en 39E,3 mide 3,30 m de anchura; su altura es de 2,15 m y 1,40 m, punto más alto y bajo, respectivamente. La longitud del muro 37E,4 es de 1,60 m (está cortado); su grosor, 0,90 m.  

En la fotografía 40E, se puede ver, con detalle, la estructura del muro romano que, como se puede comprobar, muestra al exterior las mismas características que la mayoría de los que se encuentran en todos los espacios que se vienen considerando como naves o estructuras romanas.

El muro de cierre de las estructuras exteriores que se vienen indicando, lo forma un paramento que abarca toda una fachada (fot. 41E,1). En ella, además de observar el riguroso nivel de altura, 2,30 m, reglamentario en todo cuanto se está verificando como nave, sobre el suelo, ha existido, como se corrobora en la foto, una especie de plataforma, de escasa altura, pero que tiene su razón de ser en un relleno similar a lo que se ha visto antes, construido con la misma técnica.

Visto de frente, y en una panorámica general de Eras del Castillo, se puede afirmar, con cierto criterio de verosimilitud, que se trata de una secuencia, en paralelo, de tres filas de naves, más la que se considera ha existido en la parte derecha de la imagen, de la que sólo quedan muros testigos.

Las tres filas de naves que se piensa existen aquí, pero enrasadas, se pueden distinguir bien analizando las divisiones que los mismos propietarios han dejado indicadas en la fachada (fot. 42E,2, 3,4). La primera de ellas aparece encalada; la segunda y tercera, por medio de puertas y ventanas, quedan bien indicadas, además de comprender un espacio doble de la primera.

Otra de las consideraciones que obliga a hacer esta imagen, es observar cómo la esquina izquierda del punto 42E,2, se encuentra alineada con los paramentos que se sitúan en frente, a la par que las estructuras que se ven a izquierda del citado punto (42E,2). Un dato, que se debe tener bastante claro, es el módulo que se viene detectando en las alturas. Se puede comprender que todo cuanto sobrepasa los 2,30 m es obra nueva superpuesta; mientras que las bases guardan rigurosamente este dato; hecho que se produce siempre que se detecta la existencia de una nave completa, enrasada o caída.

Desde una perspectiva lateral, se puede observar la existencia (hoy ya no) de ese ligero podivm de acceso a las casas modernas. Un dato interesante se ve reflejado en el hecho de abrir una sola puerta en la segunda parte, donde se encuentran las dos naves, en esa misma casa. La razón de no situarla en medio se debe al obstáculo que presenta el muro divisorio o medianero que las separa (fot. 43E).

Observando la parte izquierda de la imagen anterior (fot. 42E), se puede ver, en primer lugar, un pasillo similar al detectado en el núcleo central del sector superior de L, que da acceso al sistema de naves situadas en orden cuadrangular, y que pone en comunicación unas estructuras romanas, que dan a la calle Angustias Moderna y, a su vez, a un nivel superior, en el que se enmarcan todos los elementos que, a continuación, se verán (fot. 44E). Se observa, efectivamente, una serie de estructuras en línea, aunque experimente una ligera curva en su trazado. La secuencia de los muros están indicadas en 44E,4, y el fondo, que da la anchura, (fot. 44E,3); el pasillo hacia la plazuela artificial (fot. 44E,2); el espacio roto, que probablemente fue ocupado por naves u otras estructuras (fot. 44E,1), y la indicación de la plazuela antes citada (fot. 44E,5).

En la planimetría general de todo este espacio queda bien reflejado el encuadre de cada elemento y su situación con respecto a los colindantes o alineados.

Continuando la descripción, en el punto 44E,6 se puede comprobar la existencia de los restos de muro, que probablemente hayan pertenecido a otro, adosado, como los anteriormente vistos o, lo más aceptable, formaran parte del pequeño realce que se tiene en el punto 45E,2, es decir, que el 45E,1, aporta las mismas características. Se piensa que esto último es lo más coherente, a la vez que da argumento para el 45E,2. El paramento, que se ve encima, es el que forma la línea de fachada de toda la secuencia que, casi de manera rectilínea, se dirige a la plazuela de fondo.

En la foto 46E, se muestra un detalle de este paramento, en el que se puede ver cómo se ha caído el revoque moderno y deja ver el opvs incertvm. El grosor de estos muros, como módulo dominante en este subsector, es de 0,40 m, bastante inferior a lo que se viene detectando en la mayor parte de los alzados.

La perspectiva que se presenta desde el fondo de la plazuela muestra, a izquierda, el alineamiento, ligeramente curvo, de los elementos que se estudian en este sector, relacionados con las estructuras situadas en su parte interna; a la derecha, una serie rectilínea más homogénea que la anterior y más fácil de identificar, por no presentar irregularidades en la base del terreno. El fenómeno de las alturas viene mostrándose con idénticas características (fot. 47E). En la esquina inferior izquierda, aparecen ya los primeros restos de muros testigos de alzado, de elementos que han sido destruidos para poder ocupar estos espacios.

Área despejada de la plazuela, a cuyos lados se encuentran determinadas estructuras romanas (fot. 48E). A sus respectivos lados se puede ver cómo se reutilizan paramentos: unos procedentes de la parte inferior o calle Angustias Moderna, otros, sobre la misma superficie de la plazuela: 48E,1. En ella, (48E,2), se indica el hueco por donde penetra una vía de desagüe de alcantarillado a través de la nave que hay debajo, y que ya se ha indicado en 2E y 3E. El punto 48E,3 señala un paramento elevado sobre la nave que se encuentra debajo y alineada con 48E,1. En 49E, se observan con más precisión los detalles de paramento romano en alzado y entrada de la alcantarilla (fot. 49E,2,3). En 50E, se ve cómo destaca el paramento que viene de la estructura de abajo (fot. 50E,3) y un muro de cierre, también procedente de la zona inferior (fot. 50E).  

Ya sobre la esquina izquierda de la plazuela, en el alineamiento, se ven los restos componentes de un muro que, probablemente se extendiera en dos sentidos, para constituir las estructuras que, se supone, han sido rotas en este espacio, al que ya se ha considerado como abierto de forma artificial (fot. 51E,3).

Siguiendo el sentido que se marca en la foto 52E,3, se ve cómo se prolonga el sistema hasta enlazar con las estructuras anejas a esta serie (fot. 52E,1,2).

En la foto 54E, se puede comprobar cómo los indicios existentes de muro romano, se extienden hacia el punto indicado en 52E,2. En la fotografía 55E, se muestra una panorámica de la plazuela, señalando los puntos que se vienen considerando como alineaciones de muros (fot. 55E,1) y punto de desagüe (fot. 55E,2).

Situados en el punto 53E,1, se puede ver, en la parte inferior de esta especie de corte o desnivel, un muro divisorio de cierta consideración, al que se calcula tiene un grosor aproximado de 0,98 m (fot .66E,1) y sobre aquel, se ha montado el murete desde el que se ha tomado su posición, y podido ver cómo deslinda la zona inferior de la superior.

En el punto 56E,2, hay un muro romano que forma parte del sistema de naves abovedadas y enrasadas que discurren a lo largo de toda la parte derecha de la calle Angustias Moderna, y cuya altura es de 2,30 m aproximadamente. La anchura de este sistema queda indicada con una flecha sobre la cubierta de una de ellas. El patio interior, que se ve en 41E, es el resultado de una demolición o derrumbe de las estructuras que han existido ahí. Se puede ver, como testimonio de ello, la acumulación de piedras pertenecientes al aparejo de dichas estructuras.

En 57E, se ve con más precisión la alineación de los paramentos (57E,1), muro de cierre en sentido vertical (57E,2), paramento de nave (57E,3), y muro de cierre.  

En 58E, se observa otro de los muros de cierre (58E,1) y el vertical que se ha visto en 56E,1.

Sobre el fondo de la plazuela, donde hay un murete moderno levantado con bloques de hormigón, y en el nivel inferior al mismo, se comprueba la existencia de un muro romano que destaca por encima del que forma parte de la nave inferior, sobre la que se ha montado el que se ve en 59E,1. La cubierta de la nave inferior ha sido enrasada o bien se derrumbó (fot. 59E,2).

En la fotografía 60E se indica otro de los muros romanos que forman parte del patio que se viene describiendo debajo de la superficie de la plazuela, en su parte posterior: 60E,1, muro ya descrito; 60E,2, muro del que se habla, y que enlaza con el 60E,1.

Tomando una panorámica de fondo de este pequeño subsector, se observan todos los alineamientos que se producen para distribuir los diferentes paramentos romanos que se encuentran en él: 61E,1, muro divisorio de un sistema que tiene acceso por la calle artificial, que se encuentra transversalmente, en sentido vertical, a la calle Angustias Moderna; 61E,2, paramento que se alinea hasta terminar en la misma calle antes citada; 61E,3, paramento romano paralelo al punto 61E,1, y paramento romano paralelo al 61E,2.

En 62E, se tiene una vista de conjunto de los diversos muros que se entrelazan para dar forma a los elementos básicos que se consideran componentes de las estructuras que aquí han existido, y cuyos únicos testigos son ellos.  

En construcciones paralelas, situadas en este mismo espacio, pero un poco más a la izquierda, se puede ver, en una especie de pasillo artificial, hecho para poder comunicar los distintos espacios que aquí se encuentran, toda una secuencia de muros que se cruzan en forma un tanto confusa, pero que tal confusión se debe a los añadidos modernos practicados sobre ellos. Así, en 63E,1, se tiene, pero fotografiados desde el punto 53E,1, la parte superior de una nave (63E,1), restos de su paramento lateral (63E,2), que se puede ver cómo destaca ligeramente sobre el alzado; 63E,3, paramento romano que se dirige vertical sobre 63E,1 y 63E,2, que es otro elemento paralelo al 63E,3, dirigiéndose igualmente sobre el 63E,1.

En el punto 64E, se detallan los muros romanos que se han señalado antes en 63E,1, elemento moderno añadido sobre el muro de fondo que sí es romano; 64E,2, paramento romano paralelo a los de la calle Angustias Moderna; 64E,3, muro romano vertical al 64E,2; 64E,4, paramento romano en nivel superior, probablemente debido a que su base se encuentra más alta, paralelo al muro 64E,2.

Para observar con más precisión la estructura o componentes del alzado de los muros que se ven en el pequeño pasillo, se indica en la foto de detalle 65E: 1, paramento romano interrumpido en su alineación en sentido vertical con 3; 2, añadido moderno sobre el paramento de fondo; 3, paramento romano que en las tomas anteriores no se podían mostrar con mayor precisión, alineado en paralelo con los muros de fachada de la calle Angustias Moderna y cuyos indicios claros se pueden observar sobre el punto 4.

En la fotografía 66E, se muestran, de forma más completa, los diferentes componentes de este subsector. Las medidas que se han tomado sobre los puntos de la plazuela a partir del murete roto que se ve sobre el suelo, son las siguientes: primer tramo, 3,9 m; segundo, 5,9 m; tercero, con un ligero giro a izquierda, 6 m; igualmente girando en ángulo recto, 6 m, y, por último, el tramo de cierre, 4,80 m. El murete sobre suelo da, a derecha, 1,95 m sobresaliendo; a izquierda, 0,50 m.

Se toma una situación a la entrada de la calle Angustias Moderna, frente a la puerta de Levante de la Cueva (fot. 67E), para indicar la existencia de los sistemas de aterrazamientos, desniveles, salvados con ciertos rebajes del terreno (67E,3), con el fin de marcar las diferencias de altura entre los componentes arquitectónicos de los espacios destinados a naves en la plazuela antes vista, cuya mitad alineada no se ha descrito con precisión. Por ello, nos hemos situado en la parte posterior de ese mismo alineamiento para marcar que las estructuras mantienen los mismos parámetros en sus medidas (fot. 68E).

En la entrada, o acceso a la parte superior de las estancias de la Cueva (fot. 69E), se quiere indicar que el elemento que separa a ambos sectores es un paso artificial, y que antes se encontraban unidos.

En 69E,2, se tiene un alzado romano revocado que se unía a la estructura que tiene enfrente.

En 69E,1, la secuencia de paramentos que conforman la línea paralela de las estructuras, que están detrás, es una de las fachadas corridas de dicho espacio abierto.

En la foto 70E, se puede ver la alineación de los alzados que antes se indicaban. Desde el punto superior de dicha alineación, se observan, además, las formas que se encuentran a su lado, formando parte de esta calle artificial y el muro de cierre al fondo, por uno de los elementos arquitectónicos de la calle Angustias Moderna, que se encuentra justo detrás y a nivel inferior (fot. 71E).

Se está de nuevo en el centro de la calle Angustias Moderna para acceder a unas estructuras cuya entrada es también artificial y que se puede comprobar (fot. 72E). La mayor parte de los muros exteriores de las fachadas de estas casas se han levantado con los materiales de derribo, procedentes de las formas romanas que se han caído o han sido utilizadas como cantera, al encontrarse en ruinas.

En 72E,6 se puede ver un derribo, en tiempo reciente, de un paramento moderno, pero que fue levantado con los materiales romanos procedentes, a su vez, de otros restos romanos del mismo lugar. Obsérvense las piedras que hay sobre el suelo y se comprobará cómo son reutilizaciones. Esta calle, o paso, ha tenido niveles diferentes marcados por el cambio del terreno, y a ello se debe la aparición de aterrazamientos modernos con materiales romanos debajo (fot. 72E,3,4,5), siendo este último un paso abierto para facilitar el acceso a la parte superior, a la vez que los otros dos facilitan la entrada, a nivel, a las respectivas viviendas situadas a su altura.

El punto 72E,1, pertenece a una fachada antigua, de la que su parte inferior es romana, mientras que más de la mitad de su alzado superior es moderno. Era una nave romana que había perdido su cubierta, similar a la existente en la misma casa y que, a continuación se verá.

El punto 72E,2, es una fachada construida con materiales procedentes de derribo de formas romanas, tal como se indica en la foto 73E, donde se aprecia la reutilización clara de materiales sobre el muro, que aún están en pie, parte de lo cual, se ha indicado en 72E,6. El significado de esto se traduce en una reutilización de estos espacios, dividiéndolos de forma artificial. Se conservan los muros maestros de la estructura básica; se destruyen los que son demasiado gruesos y de hormigón desgastado, o bien, como probablemente ocurre aquí, se montan sobre los restos de los derribos o muros romanos caídos. El espacio de muro en alzado, que se ve aquí (fot. 73E), tiene la misma justificación que el que hay en 72E,1, del que los propietarios actuales informaron sobre la existencia de unos muros a mediana altura, reutilizándolos ellos mismos para levantar su casa actual.

En la foto 74E, se tiene una perspectiva general de este paso, donde se pueden apreciar las observaciones que antes debidamente se ha apuntado: paramentos reutilizados en su mayor parte (74E,3, 5,7), aterrazamiento con abertura de paso en el centro (74E,2), e indicación de las alturas en cada uno de los paramentos (74E,4,5,7) y, por último, paso artificial al fondo de la imagen.

Las dimensiones del sistema de aterrazamiento, que se da en este paso, son las siguientes: derecha, según se entra: altura, 1,07 m; anchura, 1,82 m; fondo, 7,40 m; paso entre estos dos muretes, 2,48 m; en su parte superior, 1,90 m.

En detalle de imágenes se puede observar, en este paso antes citado, a derecha, según se entra, fachada de estancia cuyos muros posteriores han sido indicados en 66E,2, al igual que sus muros laterales, dentro de los que se encuentran enmarcados (fot. 75E). Es el espacio normal que suele ocupar una de las naves que aparecen por estos niveles.

En la misma línea anterior se puede observar otra fachada cuyos datos, en parte, han sido dados en fotos anteriores (fot. 62E,2), pero que ocupan todo el fondo que permite la configuración del terreno; por lo que esta elevación no admite usar más que los espacios que la roca situada detrás, les deja libres (fot. 76E). Cada espacio indicado por una puerta, se corresponde con alineación de naves.

Siguiendo en dirección a la segunda abertura artificial de este paso, se encuentran muros rotos, tanto a derecha como a izquierda, que confirman cuanto se viene diciendo sobre el uso de paramentos romanos a ambos lados de las citadas secuencias de naves. Así, en el punto 77E, se pueden observar los siguientes datos: 1, paso artificial; 2, plataforma de relleno perteneciente tanto a la base como al alzado de muros que se verán a izquierda de la imagen que se presenta; 3, estructura al fondo, que pertenece a otro sector, pero que indica, además, la existencia de numerosas plataformas de relleno en toda esta área; 4, indicación de restos que conformaban muros y plataforma artificial de equilibrio en el terreno; 5, escalonamiento del terreno motivado por la existencia del cierre provocado por la estructura de equilibrio que se viene explicando. Los espacios que se ven a derecha de la imagen, están ocupados por formas romanas que antes poseyeron naves en su interior, y que hoy se encuentran enrasadas, pero conservando los muros maestros tanto en su interior como en la distribución interna de su estructura. Un detalle de lo que se acaba de afirmar se atestigua en la foto 78E, donde se puede apreciar la existencia de elementos romanos rotos en la base, pero que se prolongan formando parte del alzado general de estas casas. Se piensa, además, que aquí ha existido un cierre, causado bien por la continuidad de los muros que se alinean, bien por el aterrazamiento, pudiéndose admitir ambas interpretaciones.

Desde el punto opuesto, se pueden ver, a izquierda de la imagen anterior y a derecha de la que se presenta (fot. 79E), los restos del probable punto de cierre o muro de unión que cortaba este paso artificial. Los paramentos que se pueden ver son originarios, es decir, romanos, y reutilizados en su totalidad. Esto se verá a la vuelta de tal secuencia. En una foto de conjunto se aprecia con detalle lo que se viene afirmando sobre la artificialidad del paso y la probable continuidad del muro de cierre y plataforma de hormigón romano con piedra (fot. 80E).

En el paso indicado en 80E,4, se señala una de las estructuras que han sido rebajadas a fuerza de romper hormigón romano y piedra, para poder establecer un paso de acceso a las formas que se van a indicar seguidamente. Véanse, en 81E, los siguientes datos arquitectónicos; 1, paramento romano montado sobre la supuesta plataforma; 2, muro romano usado sólo en su mitad y sobre el que se levanta el resto del paramento del espacio interior, que fue también nave, hoy rota; 3, alineación de todo un paramento corrido, que llega hasta el muro de cruce en casi ángulo recto, hasta la nave o espacio interior que se ha visto en 27E; 4, paso artificial para llegar al interior de esas estructuras; 5, hormigón romano con piedra que ha debido ser roto para acceder a estas series de naves. Los módulos de las alturas se siguen manteniendo.

Desde el punto opuesto a la foto anterior, se observa la existencia de un muro adosado, aparte de la plataforma de relleno en superficie, y el paramento romano que forma el muro del alzado de los espacios que, considerados como naves enrasadas, en los interiores, situados a la izquierda de la imagen. Se cree que se inicia un pequeño cambio de orientación en la distribución interna de este estrecho paso artificial, tal como se puede comprobar por medio de dos elementos: el estrechamiento, producido en 82E,1, y el muro adosado, que se puede ver en la parte izquierda de la imagen, y que forma elemento aparte, junto con el dato anterior, no identifcándose con la secuencia de estructura romana que se observa en su alineación, comprendida en el punto 82E,3.

Siguiendo la prolongación del sistema de muro en este pasillo artificial, los alzados murales continúan adentrándose en otras zonas de naves (fot. 83E). Al final de tal pasillo se produce un fuerte desnivel, salvado mediante la rotura de una forma de relleno de hormigón romano y piedra. La secuencia de muro se ve cortada por otro sistema que deslinda esta cadena de formas, de las colindantes, en otra parte del sector.

Aparte del punto 83E,1, que es un muro de cierre, apenas se gira un poco a izquierda, aparece otro paramento romano que se prolongan en dos sentidos: hacia la derecha, penetra en un subsector, que se verá anejo a éste y, a izquierda, formando parte de la nave que a continuación se va a comprobar (fot. 84E).

La estructura que se encuentra a continuación de ésta y que se ha visto en 72E,1, formaba parte de una alineación de naves que se movía formando casi un semicírculo en el dibujo de su trazado.

En el punto 74E,4 se puede ver una fachada cuyo paramento se considera romano en su base y algo en su alzado. De forma paralela se observan dos secuencias casi juntas y que tienen las mismas medidas que la nave que se acaba de indicar (fots. 86E; 87E). De ellas, la primera tiene unas proporciones muy similares a la nave indicada antes; pero, la segunda está formada por una secuencia de dos espacios unidos por una puerta de entrada artificial. Las medidas son idénticas en los dos espacios y comparten un muro medianero.

Pasando de estos espacios cerrados, que se consideran naves enrasadas, a un espacio abierto que se viene utilizando como huerto, se llega a una zona donde la secuencia de muros se sitúa de forma que colabora a un ordenamiento de alzados que siguen en paralelo una línea semicircular. De esta manera, observando desde el interior de tal huerto los paramentos exteriores que dan a él, se comprueba que son aparejo romano y que se continúan a lo largo de toda la fachada interior de este área cerrada (fot. 88E,3). Ya situados dentro de tal espacio, se puede ver la presencia de muros romanos adosados, como el que hay en 89E,2, donde, además, se tiene un alzado que deslinda una zona de naves, que se ha descrito en otro subsector de este capítulo, y que pertenece a la misma línea de los muros vistos en 27E, siendo medianeros. En 89E,1, se tiene el paramento de una estructura aneja a la anteriormente citada en la calle Espaldas de San Miguel.

Observando, desde otro ángulo, se puede ver cómo se cruzan las estructuras murales para formar espacios cerrados en paralelo (fot. 90E,1,2, 3,4).

Si se sigue la línea de deslinde entre el subsector de la calle Espaldas de San Miguel y éste, se puede comprobar la existencia de ese muro, que se sitúa mucho más bajo que el espacio que se encuentra al lado opuesto (fot. 91E,3). En el paramento indicado en 91E,2, se tiene un muro medianero entre las estructuras que han existido dentro de este huerto y las que se sitúan al lado opuesto. Al fondo de esta imagen, en 91E,1, se observa un muro de cierre en ángulo recto dentro del mismo huerto. Paralelo a la secuencia anterior se puede ver, en el solar del citado huerto, un muro muy derruido (fot. 92E,2), que va a unirse, de forma oblicua al que discurre paralelo y forma parte, a su vez, de las naves alineadas en la calle Angustias Moderna. Dentro del mismo recinto, se puede observar una alineación de muro ruinoso y camuflado entre plan-tas, que discurre igualmente paralelo al anterior (fot. 93E, 2). Cerrando la línea casi semicircular de la estructura del pequeño huerto, se observa un tramo de muro que forma parte de los alza-dos de la propia casa en donde se encuentra este espacio, y sale fuera para unirse a las estructuras que antes se ha citado en 83E,2. Se puede comprobar, además, que se ha producido una yuxtaposición de muros, de manera que no se interfieran en su trazado ninguna de las formas que se sitúan en estos dos subsectores (fot. 94E,3). El muro yuxtapuesto se indica en 94E,1. Una de las secuencias de muro, dentro del huerto, se indica en 95E,1, que separa espacios situados a distinto nivel y que, además, corre paralelo y con el mismo movimiento semicircular que los dos indicados antes. Presumimos que todas estas secuencias de muros forman parte de un conjunto de naves que, por abandono u otro motivo, se han deteriorado en exceso, quedando reducidas sus dimensiones a meros arranques indicadores de una línea a la que se considera bisectriz de las secuencias de una serie de naves, como las que se tienen atestiguadas cerca de este sector (fig.12).

Conclusión del sector E

A la vista del elenco estructural que nos presenta este sector y dada la frecuencia de situaciones arquitectónicas, similares en su casi totalidad, nos resulta muy difícil establecer un criterio básico que defina, con carácter general, todo este conjunto. Pero, antes de establecer cualquier criterio unitario, como todo parece indicar, hacemos una exposición de los elementos estructurales que se han podido detectar en todo el subsector. Se tienen localizadas cuatro naves, aunque una de ellas no ha podido ser fotografiada por estar taponada. En segundo lugar, se ha podido comprobar que toda la alineación de la calle Angustias Moderna, está compuesta por un sistema de espacios homogéneos en sus muros internos y de calle, cuyas medidas son idénticas en todo el trazado; que los espacios se suceden, de forma que guardan una estrecha relación de proporcionalidad, dando la sensación de seguir todos un mismo patrón arquitectónico, y coinciden con los paramentos tipológicos que se vienen registrando en casi todo el gran sector de Levante, con lo que se viene admitiendo como naves. No cabe duda de que una de las características de este sector es la rotura de estructuras; pero este fenómeno, tan común en una ciudad a la que se considera como resultado integral de una reutilización, es la norma que prevalece y ordena, al no heredarse un esquema urbano clásico, sino una compleja, y a la vez monótona, estructura mercantil que, a la vista de los datos de que disponemos, debe abocar a una definición de todo el conjunto.

Por ello, y dados los datos de que disponemos en este sector, decimos que, según los elementos de juicio a nuestro alcance, todo nos lleva a un mismo tipo de estructura: zona de almacenamiento. No se tienen datos sobre infraestructura industrial.

SECTOR  F

El área comprendida por este sector es de las más am­plias y, a su vez, compleja y rica en estruc­turas romanas. Queda emplazada entre la calle San Miguel, en casi todo su recorrido, y Eras del Cas­tillo.

La configuración del terreno es irregular. Los pasillos y calles son artificiales, pues se han roto sistemas enteros de naves, se han abierto pasos rompiendo secuencias de muros y, más aún, las construcciones romanas se han reutilizado, en su mayor parte, adaptándolas a usos domésticos moder­nos; por lo que las transfor­maciones han sido muy numerosas, a pesar de que existe en este sector mayor número de elementos roma­nos que en todos los demás. Por ello, se procederá con preci­sión, en todos los espacios.

Al inicio de la calle San Miguel, según se entra desde el punto terminal de la calle Antigua, se avanza a través de un paso artificial, hacia las dependencias con mayores evi­dencias de estructuras romanas. En esta entrada (fot. 1F, 2), se ha roto el paramento romano de la secuencia que existe en toda la calle San Miguel. Uno de los muros de cierre de las estructuras que aquí se hallan, se ven en 1F,1, donde se aprecia, pero algo deterio­rado, el paramento antiguo reutilizado, en esta primera casa de la calle. Hoy ya ha desaparecido.

Penetrando por el acceso artificial, indicado en 1F,2, se ve cómo, a derecha de 2F, ha desaparecido el muro antiguo. Los escalo­nes, sobre el suelo, son el resultado de un vaciado de la estructura base de hormigón romano usado para el equilibrio de las zonas de nivel irregular, a causa de las fracturas de la roca madre. A izquierda de la misma imagen, se observan unas formas muy reutiliza­das, pero no destruidas, como las de la parte derecha. Por último, al fondo, se ven viejos aparejos de opvs incertvm.

Situados ante el paramento de fondo más amplio de esta primera parte, aparece el muro terminal de una nave destruida, de la que tan sólo queda ese alzado y los arran­ques de los muros laterales que conformaban su estructura interna (fot. 3F,4,5). La altura de este muro es de 3,20 m, aproximadamente, hasta donde llega el encalado moderno; pero los salientes de los paramentos laterales hacen pensar que las proporciones de esta estructura eran mayores, por la posición de dichas formas y la altura que alcanzan, llegando a 7,80 m, dato que no sorprende si se examinan los de la Cueva, después de su excavación. La única dificultad que se presenta es la inexistencia de un punto de arranque de bóveda, hecho que no se puede demostrar porque la estructura hallada tiene indicios de haber sido alterada y recortada.

Como conclusión, ante este primer elemento analizado, se afirma que el espacio corresponde al de una de las naves ya desaparecidas.

En la perspectiva 4F se ve, a izquierda, una secuencia de muro romano con cierta altura (superior a 8 m), que enlaza con los componentes de los espacios situados detrás del paramento de fondo, de lo que se ha considerado como primera nave desapa­recida. En el suelo, la existencia del escalón situado frente al muro de cierre de la nave rota, hace pensar que ha sido destruida la plataforma de opvs cae­menticivm usado para equilibrar el espacio aterrazado. Las pruebas se ven en la composición del citado escalón, cuyos componentes estructurales son la piedra y el hormigón citados. Otro detalle a tener en cuenta en este sistema de muros romanos de ciertas proporciones, es la existencia, en la parte superior de los mismos, de una secuencia de muros romanos, pero con una técnica de construcción diferente. Se observa aún, la presencia de muro de piedra toba, superpuesto a los de técnica de opvs in­certvm.

Aproximándose a las partes del sistema un poco ocultas por la configuración del conjunto, se observa la rotura del paramen­to romano, que se continúa desde el muro de fondo de la nave primera rota, hasta cerrar en el paramento vertical a él. Al fondo del mismo muro de cierre, se ve la última de las estruc­turas que confor­man los muros alineados romanos en este espacio cerrado. Obsérvese la puerta artificial en 6F.

En el conjunto presentado en 7F, se detecta, en primer plano, uno de los muros en paralelo, que ha sido roto para acceder a las dependencias interiores y transfor­marlas en vivienda.

Desde el punto de vista arquitectónico es interesante observar en estas imáge­nes, la técnica del opvs incertvm, con una de sus mejores manifesta­ciones estructura­les, sobre todo en el muro de fondo en 7F, donde se aprecia con detalle el uso de la piedra grande, ocupando la mayor parte posible, dentro de su norma, del alzado, y la piedra mediana y menuda, los interespa­cios de la misma, hasta no dejar libre resquicio del aparejo externo.

En 8F se comprueba el desarrollo de la citada técnica, aparte de dos componen­tes más: la abertura de puerta artifi­cial, de acceso a una de las naves más amplias del sector, y la reutilización del espacio muerto entre esta nave y la que se sitúa debajo, descrita en 3F.

Casi se tiene la convicción de que tal lugar estuvo ocupado por nave aboveda­da, pero no se dispone de datos arquitectó­nicos que lo testifiquen, como podría ser un ligero indicio de arranque de bóveda.

Observando desde la puerta artificial indicada en 8F, se detecta, a derecha, un arranque de muro que cerraba la entrada a este lugar. Por otro lado, obsérvese la técnica de opvs incertvm sobre el muro (fot. 9F).

En la imagen ofrecida de frente, está, en su izquierda superior, el punto inicial del muro de cierre, roto. Lo que se ve debajo es una reconstrucción del aparejo, hecho modernamente (fot. 10F).

En 11F se presenta el momento en que la estructura romana es reutilizada para el alzado de una vivienda moderna, encajada dentro del sistema romano. A la vez, se identifica la parte reconstruida del aparejo romano y el punto de arranque del muro de cierre antes citado. Desde la puerta artificial de la nave más elevada, se comprueba la existencia de una superposición de muros romanos en piedra toba. Todo parece indicar que formaba una especie de torreón, ya que ocupa la parte más elevada de toda el área de este sector (fot. 12F). La gente suele llamarlo El Torreón, lo que da pie a admitir su realidad antigua. Estruc­turalmente, para su montaje hubo que anular dos naves situadas debajo, mediante la construcción de dos bases murales que las dividen diametralmente, de tal manera que las anulan como dependencias destinadas al almacenaje.

Descritos los exteriores de esta primera parte, se ve el interior de la nave, con planta algo irregular debido al muro que afecta al torreón antes citado, ya que es parte de su punto de apoyo y ha tenido que servirse del espacio interior de la nave, cortándola en una esquina.

En 13F se observa la técnica seguida en esta nave; su construcción: encofrado de madera, cuya impronta se dibuja aún con cierta claridad. El muro de fondo separa esta nave de toda la secuen­cia encadenada, a partir de este punto. En detalle del extremo contrario de la misma nave, se observa que ha sido partida por el citado muro de apoyo del torreón de encima (fot. 24F). Se supone el motivo, y se cree que se trata de un muro cuyo fin es servir de sujeción a la estructura superpuesta: El Torreón. Las medidas de la nave son las siguientes: altura: 4,10 m; anchura: 2,10 m;  largura: 9,75 m. La fachada exterior mide, desde su pie al punto más alto: 5,60 m. El muro de cierre, desde la puerta de la nave superior, entre los espacios que conservan el aparejo romano visible y el encalado, mide aproximadamente 12 m. El fondo del espacio muerto, que se ve entre la nave segunda y el paramento de fondo de la primera, mi­de de anchura: 2,05 m; y de largura: 6,60 m. El grosor del muro de cierre es de 0,85 m.

Continuando con los detalles sobre la estructura de la nave segunda, se observa sobre su bóveda un taponamiento que, al parecer, pudo estar más fácil de abrir, antes de que se construyera el citado torreón encima. La factura de tal tapón es de época, es decir, romana. Esta forma rectangular de abertura sobre bóveda ha sido usada en los sectores K y zona aneja baja de L. Sus medidas son: 0,40 x 0,80 m. Desde otro punto, situado encima de esta nave, se observan los espacios en que se muestran edifica­ciones superpuestas a las naves (fot. 16F), en las que se ven los elementos que se relacionan con otros sectores limítrofes con éste (cfr. fig. 24). De izquierda a derecha de la imagen presen­tada, se ve  la cubierta de la nave segunda, hoy con capa de cemento moderno. En el centro, y en sentido vertical, el espacio está ocupado por una nave que se encuentra partida en dos por la misma razón que la nave número dos de la primera parte del sector. A derecha de 16F hay un espacio modificado y convertido en vivienda moderna aunque sus muros interiores son los elementos básicos de su forma.

En 17F se ve la mayor parte de la cubierta de la nave segunda (fot. 17F,2), los muros de piedra toba al fondo (fot. 17F,3), y la zona superior de la nave parti­da del sector M (fot. 17F,4). La novedad es la conservación de parte del elemento de protec­ción que se observa detrás de la placa de cemento moderno que tiene la nave segunda. También se ven restos de aparejo constructivo, caído sobre ese techo, y espacios reutilizados en casi toda la periferia.

En 18F se muestra el inicio de un paramento, construido con piedra toba y situado encima de los muros terminales de la nave segunda. La altura media de tal muro es de 1 m aproxima­damente, en su estado ruinoso.

En 19F se ve parte de la cubierta moderna de la nave segunda (fot. 19F,1), el muro de piedra toba sobre sus paramentos (fot. 19F,2), y el comienzo de otro espacio que también utiliza la misma piedra (fot. 19F,3).

La perspectiva de 20F, desde un punto superior, indica, de izquierda a derecha, la cubierta de la nave segunda (fot. 20F,1), el espacio muerto entre el muro de la nave primera y el de la segunda (fot. 20F,2), y el paramento de la nave primera (fot. 20F,3). Al fondo de la imagen se ven los espacios abiertos de forma artificial que han permiti­do llegar a estos recintos cerrados. El entorno de la parte superior de la nave se observa en las imágenes que ofrecen varias fotos en las que, además de la cubierta de hormigón moderno, se comprueba la presencia de puntos de arranque super­puestos a ella, y otros espacios colindantes (fots. 21F y 22F). La zona que pudo ser nave, pero que no muestra indicios sobre ello (fots. 23F y 24F), da la impresión de ser un factor de separa­ción de formas arquitectónicas, más que un elemento de conti­nuidad. En cuanto al muro, situado frente al paramento de cierre de la primera nave (fot. 25F), se ve con claridad en su alineación. También se observa cómo se levanta sobre él parte del alzado moderno de la vivienda que lo ha reutilizado.

Continuando, desde la base de este conjunto, el recorrido descriptivo, se ven, sobre el suelo, el saliente del paramento lateral de uno de los muros de la primera nave (fot. 26F,3) y el inicio de un pasillo que tenía sus cierres estructurales, y que han sido modernamente rotos para abrir paso, alargándose hacia otras estancias. Así, en 27F, hay, a iz­quierda de la imagen, restos de la primera nave, muros que se continúan, y el paso antes indicado.

Tal como se ha dicho, sobre 28F se puede comprobar, al fondo de la misma, un muro de cierre, roto para abrir paso y dar acceso a estas dependencias. Desde este punto (fot. 28F,1), se organiza una secuencia de muros romanos que van a conformar el entramado de naves más homogéneo de todo el sistema arquitectó­nico de Seks. Así, en 29F, se observa, a derecha, un muro moderno levantado sobre formas romanas previas. A izquierda del mismo detalle, se ve la secuencia de muros romanos bien conser­vados y con su alzado retranqueado, a 1 m de su partida de base. La anchura de este paso artificial es similar al visto delante de la nave segunda, por lo que se piensa tenía la misma finalidad.

Una vez salidos del ámbito de estas dos naves, se dan algunas de las medidas que han sido posibles tomar. Así, el espacio de la primera nave rota mide de anchura: 2,45 m; el recorrido de paramento hasta la línea del pasillo rectilíneo: 5,07 m; el muro del pasillo, hasta la puerta artificial: 6,40 m. En cuanto a las alturas, la del pasillo artificial, en su parte de abajo, mide: 3,30 m, y la parte superior, con un ligero retranqueo de 0,30 m: 1,60 m, con lo que alcanza los 4,90 m en total. El alzado previo a éste, llega a más de los 9 m. Hacia la mitad del citado pasillo, hay una abertura artificial de acceso a todas las dependencias aquí ubicadas y que discurren en paralelo.

En 30F se muestra tal acceso. Este nuevo paso tiene una anchura media de 1,16 m; el grosor del muro es de 0,90 m. Los muros interiores colaterales, modernos, dan la profundidad de los espacios que han sido rotos: 6,40 m, con una anchura de 1,80 m, equivalente a la normal de una nave tipo de las aquí registradas. En 31F se observan con precisión las características de este nuevo paso artificial, practicado no sólo para ocupar los recintos que se encuentran al fondo, sino también los espacios intermedios que están entre el muro de fachada y los paramen­tos terminales. Al final de la imagen 31F, se tiene de nuevo un alzado romano, tras el que se encuentra una nueva línea de naves. Mientras tanto, viendo desde arriba la imagen dada por este paso artificial (fot. 32F), se observan el grosor y la altura que alcanzan estas dependencias. Vista tal imagen, es claro que el paso ha sido hecho rompiendo parte de la triple serie de naves que discurre, a partir de este punto, en sentido este.

En la primera parte ofrecida de este conjunto de naves, se muestran imágenes de las situadas en primera línea antes de llegar a las estructuras del fondo. Así, a izquierda, según se entra, se ve el espacio mostrado en 33F, formado por una nave de tipo medio y cuyas medidas son: altura: 2,70 m; anchura: 1,90 m, y largura: 3,40 m. Tiene un fuerte revoque moderno. A izquierda de la misma imagen y antes de llegar al fondo, se ha detectado otra estancia, ya antes enrasada, pero con aparejo en buen estado (fot. 36F). Sus medidas tienen el mismo módulo que las colindantes, menos su longitud: 2,40 m.

Una vez visto este primer tramo, dentro de las estructuras detectadas a ambos lados del pasillo largo, situados en el fondo de todo el subsector, se localiza una serie de naves cuyas imágenes se muestran en 34F y 35F. Estas dos partes de la nave acusan una ligera curva en su trazado, condicionada por la composición de la roca madre. La longitud de esta nave es de 5,26 m. Su altura y anchura son las mismas de las precedentes. Un dato de interés es hacer notar que el paramento de esta nave se prolonga hacia arriba. Al no permitirse el acceso a la parte superior de estas casas, no se comprobó qué manifes­tacio­nes murales tenían sus dependencias interiores. Pero el aparejo externo marca una altura superior a los 7 m. Es probable que existieran naves superpuestas; de lo que hay preceden­tes en la Cueva (cfr. sector L anejo a la Cueva). Pues, con relación a Eras del Castillo, que se encuentra detrás de estos sistemas de naves, el desni­vel es de 4,80 m, y está salvado con un muro de fondo, comprobable desde otro ángulo y que, aplicando la lógica más elemental, hace concluir lo antes expuesto sobre la doble nave. El contexto arqueológico apunta en este sentido.

En cuanto al resto de los espacios, hay que decir que sus medidas son acordes con los tipos de formas arquitectónicas detectadas a las que, por analogía técnica, quedan asimila­dos, ya que no ha sido posible tomar las pertinentes medidas.

Una vez analizados estos espacios, y situados de nuevo en el pasillo primero, se continúa la descripción de las áreas sucesivas. De esta manera se observa y com­prueba, en 37F, el muro de cierre, roto para abrir acceso. A derecha se recupera la imagen perdida por nueva construcción (fot. 27F,2), la que aquí se muestra en 27F,5, haciendo ver cómo el muro romano ha sido alterado desde fuera para ensanche del pasillo, cuyo punto más bajo se ve sobre el suelo, a lo largo del espacio marcado en 27F,6. A izquierda de la imagen aparece la continuidad del muro iniciado casi al término de la primera nave rota (fot. 28F, 2). La medida de este tramo es de 3,20 m. La anchura del pasillo queda indicada en 28F,4, donde apenas si alcanza un metro.

El lienzo de muro, que se ve a derecha de la imagen 37F,5, se prolonga hasta enlazar con los restos de alzados que hay al fondo del subsector. La altura de éste alcanza los dos metros; pero las reutilizaciones de paramentos en época moderna, con revoques y enlucidos, impiden conocer los inicios y fines.

En la imagen presentada desde la rotura del muro de cierre del pasillo (fot. 38F), se observa, a izquierda, cómo se deja ver el paramento que, en el fondo, ha sido eliminado: a la derecha, muro romano con fuerte revoque, de tal manera que no sería posible identificarlo si no fuera por la parte superior que ha quedado con aparejo de opvs incertvm al descubierto (fot. 38F,1). El grosor del muro de cierre roto es de 0,80 m. En la foto de detalle presentada (fot. 39F), se comprueba la prolongación más de lo que se ha visto antes, y el muro disminuido de grosor, lle­gando sus indicios hasta el final del pasillo. Es una foto retrospectiva, y en ella se ve con más precisión el muro romano a izquierda y su prolongación en mayor espacio de lo que se ha mostrado en fotos precedentes.

Una vez se entra en zona situada tras el muro de cierre, se pasa a un área caracterizada por alteraciones y la existen­cia de numerosas dependencias romanas fuertemente alteradas.

Al fondo de 40F se ve el muro de cierre, roto, a izquier­da. En el centro, el mismo muro de cierre, bien conservado, con una superposición de muro romano con retranqueo a media altura, alcanza ya los 4,45 m, y se adentra algo más de 7 m en dirección a las estructuras montadas bajo el nivel de Eras del Castillo, situadas tras todo esto, en sentido norte.

A unos 3 m de distancia del muro de cierre se observa, sobre el suelo, un resto de muro romano que ha quedado como testigo de la presen­cia de otro, de cierre, prácticamente hecho desaparecer para dar anchura a esta calle. El espacio que media entre el muro de fondo y éste, es el mismo que define la longitud de una de las naves interiores. En cuanto a la anchura de este espacio, oscila entre los 2,80 m y 3 m, variación que permite su aceptación, puesto que el alzado de la parte izquierda, visto en 40F, ha sido reducido de volumen, y la línea que traza sobre el suelo, posibilita jugar con esta aproximación. Por otra parte, el muro visto en la misma imagen, a derecha, es romano, hasta tal punto que forma parte del alzado de las naves.

En 41F se observa un poyo, cuya interpretación puede ser un tanto confusa. Si se acepta que se trata de un paramento ado­sado y emparejado con el de la fachada 41F, 3, se piensa que es una prolongación normal. (Nótese que el fenómeno de los retranqueos en los paramentos romanos es algo frecuente). Se observa también una especie de relleno o plataforma de escaso grosor, a la vez que los restos del muro de cierre de una probable nave en este espacio (fot. 41F y 42F,2).

Situados de frente a la fachada de este espacio artificialmente abierto, se comprueba la presencia de dos líneas de alzados romanos prolongados hacia Eras del Castillo, con una longitud de casi 7 m, y una altura sobre el suelo actual de 4,50 m de media, tanto a un lado como a otro. La fachada fron­tal mide 3,05 m de largo, y comprende el espacio de una de las naves normales en este subsector. El muro exterior mide 0,60 m de grosor; su altura: 2,70 m, y su anchura: 1,90 m. El primer espacio que se ha medido de estas casas, se encuentra alineado con los que se ven en las construcciones vecinas antes citadas. Lo mismo ocurre con la nave observada detrás de tal sitio, que no es más que otra, cuya cubierta ha sido eliminada. El interior de este sistema abovedado se ve en 44F y 45F, extremos correspondientes de la nave en cuestión. Sus medidas coinciden con el lugar que fue nave y que se encuentra enrasa­do, dando al exterior.

Continuando la descripción de los elementos romanos de este subsector, en la imagen 46F, se ve, a izquierda, una entrada a un sistema de naves, unas enrasadas, otras con sus bóvedas y muros de separación. En este punto de entrada ha podido existir un muro de cierre, ya que hay ensanche ilógico en el paramento de tal entrada y se alinearía con los restos del alzado de enfrente. Pero, se podría estar ante un muro de un sistema externo, con pasillo ciego central, por lo que se muestra con un ligero retranqueo de paramento en su alzado (fot. 46F, 4), lo que no quita que aquí existiera otra nave alineada con el resto de las demás. En el fondo de la imagen 46F,3 hay un muro de cierre (fot. 46F,2), con paso artificial hacia otro lado. El espacio central puede conside­rarse como perteneciente a una nave, pero tan sólo en parte, ya que el muro 46F, 4 tiene toda la apariencia de pertenecer no a naves situadas a izquierda, sino a la parte de abajo o izquierda, por tener el citado retranqueo a media altura. Pero esto puede quedar como probabilidad, aunque se tiene el prece­dente demasiado cerca para no pensar que se trata de un muro exterior y, por tanto, podía ser un alzado externo pertene­cien­te a nave de abajo (fot. 47F). Las medidas tomadas de tal muro son las siguientes: largura: 3,45 m; altura sin retranqueo: 0,90 m; con retran­queo: 0,95 m. El muro de fondo mide: 1,53 m más 0,68 m de la parte rota para abrir paso.

En 48F se comprueba que el paramento exterior de muro romano ha sido alterado en su grosor, ya que no se ve homogé­neo, sino cambiado y con piedras salientes de su paramento (fot. 48F,2).

Dejado, por el momento este aspecto, se pasa por la antes citada entrada a las dependen­cias interiores indicadas en 46F,1, y aparece una secuencia de naves cuyas bóvedas no están rotas, pero sí con techo moderno de escayola bajo su verdadera cubierta (fot. 49F). Son varias, pero tan sólo se tomó noticia de algunas.

En una de las dependencias interiores se vieron indicios de otra serie de naves (fot. 50F), pero ya con la bóveda enrasada. En cuanto a sus medidas, se ha comprobado que la anchura y altura son las mismas de las antes analizadas, salvo la largura, que aquí es de 5,80 m.

Una vez salidos de estos recintos cerrados, de nuevo en el paso artificial, se comprueba lo dicho antes sobre el grosor del muro de cierre que ha experimentado una disminución en su volumen. El paramento que se ve en 51F,2, es romano y, a partir de ese cierre interrumpido, se puede ver que cambia de nuevo el sentido de la situación de los paramentos. Así, en 52F, lo más relevante es la recuperación de la línea de fachada procedente de su homóloga, al otro lado del muro de cierre. A su vez, a partir de ese punto, se puede ver cómo se encuentra el muro de la parte izquierda de la imagen, destacando sobre el suelo y, simultáneamente, el muro de cierre se encuentra no sólo al lado de allá, sino también al de acá. La anchura de este espacio es de 1,75 m, prácticamente la de la nave. El alzado ob­servado a izquierda no es una superposición del moderno, sino una reutilización del propio romano, disminuido de grosor. Su longitud es de 13,40 m.

En 52F,4 se tiene el acceso a un lugar, nave enrasada­, estructuralmente en contacto con otras dependencias. De esta manera, a través de una puerta, en zona inferior, se pasa a nave enrasada (fot. 53F), con techo artificial empotrado en los alzados romanos de ambos lados. Al fondo, un muro medianero con la nave vista enrasada, muestra una abertura con acceso al interior de otra, pero con su correspondiente bóveda. Su muro de entrada tiene un grosor de 0,90 m, y el espacio enrasado: 3,50 m de anchura; lo que da una proporción poco corriente en este sector. Su altura no se puede precisar. El nivel de suelo de la nave interior con respecto a la de entrada, es de 0,70 m, indicándose que se sigue la línea del terreno, para el levantamiento de tales estructuras.

En la entrada de esta encadenamiento de naves (fot. 54F), se contempla, además del muro de fondo, un pequeño vano en forma de semibóveda de aristas. A izquierda, según se entra y girando casi 15 grados, se ve la imagen de 55F. Si se hace a derecha, se comprueba que, adem­ás de la nave, hay continuidad de estructura tras el falso tabique que los propietarios han levantado. Con ello, y teniendo en cuenta otros factores, se cree que este sistema se continúa hasta enlazar con la fachada que da a una corta pero fuerte pendiente de calle. Las medidas de esta nave son: altu­ra: 2,50 m; anchura: 1,90 m y largura: 8,27 m, aproximadamente, sin contar con la prolongación, transformada, hasta la fachada de la citada cuesta (fot. 56F).

Observando este paso desde el punto opuesto, se demuestra la existencia del muro, a derecha, sobre el que se ha levantado el paramento actual, pero reutilizan­do su estructura antigua, de forma que presente un aspecto moderno (fot. 57F). Por lo dem­ás, este pasillo es un área de naves intencionadamente rotas para abrir calle.

Desde otro ángulo se observan los paramentos y muros o indicios de tales, en el suelo de la calle, por lo que estas estructuras han sido rotas hasta tal punto que hay calles que son el resultado de una eliminación de sistemas abovedados (fot. 58F). De este modo, los paramentos que se detectan en el suelo indican que la continuidad es evidente tanto en sentido ascendente como lineal. Así, en 59F,1, sobre calle, se ve la prolongación de la es­tructu­ra mural, siendo aprovechada para formar un escalón en su rápido descenso. La continuidad (fot. 59F,1,2) es evidente.

Observando desde un punto elevado de esta pendien­te, se comprueba que la secuencia, a través de la calle descenden­te, se mantiene (fot. 60F,2). La presencia de elementos de conexión con el paramento de enfrente, al final de la secuencia, como se ve en 61F, demuestra que el subsector dejado atrás se unía al que ahora se inicia. Esto se comprueba en la vista panorá­mica de 62F, donde se aprecian los diferentes cortes y los diversos niveles, a través de la fuerte pendiente que antes se ha indicado. De forma escalonada se analiza y ve hasta cinco alturas diferentes de arriba a abajo. Así, al pie de 62F,6, se observa el nivel más elevado, que es una secuencia de naves rotas; el punto 62F,2, señala el siguiente, salvado en parte, por el sistema de escalones, construidos sobre los restos de muro en el suelo, para acceso a los espacios superiores; el 62F,4, marca la propia calle artificial; el 62F,5, viene dado por los restos de muros observados sobre el suelo y el correspondiente escal­ón que atraviesa la calle hasta conectar con el paramento de enfrente (fot. 62F,5). Como añadido, se indica un espacio más a partir del escalón antes citado, que queda señalado con la secuencia de estructuras interrumpidas por la apertura de nueva calle. Al fondo de la misma, se muestra un muro que separa los paramentos que dan a Eras del Castillo, de los que se encuen­tran en este sector. Su altura es de 3,50 m, desde el pie del muro limítrofe. En detalle se ve el escalón existente de forma marcada entre la calle artificial, punto más alto, y el escalón de abajo (fot. 64F). Nótese que el espacio que abarcan los dos extremos, dan la medida justa de la anchura de una nave. Ascendiendo hacia el punto más elevado (fot. 64F), tenemos ese muro que conforma el momento fina­l de las últimas naves vistas antes, y los alineamientos que se continua­ban a través de los elementos indicados en 64F,1,4, de forma que este espacio quedaba enteramente cerrado por el sistema, pero fue roto para ocupar tales lugares que, en cierto modo, quedaban aislados si no se abría acceso hacia ellos.

Si se observa con detalle el paramento que separa el sector Eras del Castillo del F, casi en este muro se ve una ligera indicación de la existencia de un paso poste­riormente cegado; pero esto es sólo una insinuación a partir de unos meros rasgos que permiten ver una forma de arco, cerrado por la propia técnica romana (fot. 65F,1). Pero, lo que sí indica que aquí ha existido muro adosado, es la planta de alzado del que hay restos al lado del citado muro anterior, y del que queda indicio en forma de poyo (fot. 65F,2). La extensión del muro de fondo se aprecia bien en 66F, y cuya largura es de 5,50 m. Es de interés, además, observar el sistema de escalones que acusa la línea de naves que discurría por la parte superior de este subsector.

En 67F se señala la presencia del muro adosado. En 68F aparece un sistema que cerraba con los paramentos situados enfrente (fot. 68F,3). En esta imagen se observa la reutilización de muros romanos tanto en lo considerado base, como en su parte elevada.

El paramento 68F,1, constituye uno de los cierres de separación de naves. Igualmente es de interés comprobar que se utiliza el escalón, como en el espacio que se encuentra frente a las naves antes citadas. Lo que se ha hecho es rebajar el nivel de la calle para empotrar los sistemas de acometida de aguas y alcantarillado modernos. De ahí que se encuentre a un nivel inferior.

Siguiendo la descripción de estos paramentos, en 69F, prolongación del 68F en sentido vertical a la calle San Miguel, se ve la secuencia de muros romanos en el alzado de 69F,1, alargado hasta lo que se considera inicio del sistema de gradas de una posible tríada de templetes (fot. 69F,2). En 70F se ve lo que puede ser la esquina terminal de esa supuesta serie de escali­natas, atribuibles a los accesos a dichos templetes. En él se observa la utilización de elementos arquitectónicos propios de esas formas. De este modo, en 71F se muestra una perspectiva de lo que es atribuible al conjunto de la posible tríada de edificios religiosos. En principio se puede pensar que se está ante esa hipotética edificación. Pero, posteriormente han podido sufrir abandono y el desplazamiento a otros lugares, como las cercanías a las zonas de puertos, considerados puntos más idóneos para tal fin. Esto ha podido ocurrir aquí. Hay elemen­tos para pensarlo.

Se sabe que tales edificaciones deben tener el horizonte despejado. Como en la parte superior del sector se ha descu­bierto que delante de las gradas hay edificacio­nes romanas, ello ha dado pie a esta posible hipótesis de desplazamiento, en el tiempo, de tales edificios. Como pruebas se tiene, aunque no determinantes, la localización (aparecieron enterradas) de esculturas de divinidades y personajes importan­tes sobre el propio lecho de la zona del Majuelo (muy cerca del Callejón del Silencio). Esto, en la vertiente de Poniente; pero en la de Levante se han hallado, a no mucha profundidad, restos de columnas y capiteles, tanto corintios como dóricos, restos de pilastras de mármol, y trozos de elementos decorados de cornisas. Todo ello en zonas portua­rias. A pesar de esto, no se puede dejar de entender que tal lugar, bastante alterado, haya sido sede de edificios religio­sos. Así, en 68F se observa, en primer plano, parte del graderío (fot. 71F,1) fuertemente deteriorado, en el que se ven algu­nos de sus elementos en posición. En la parte de enfrente hay restos de una edi­ficación considerada posterior, por razones obvias de evolución arquitectó­nica en la zona. Y haciendo hincapié sobre el tema de los componentes arquitectónicos usados en el sistema de graderío, en 72F se ve la colocación alternada, según los niveles de alturas, de algunos peldaños de las gradas, en su primera parte, pe­ro bastante deteriorados.

A continuación de este sistema, hay un espacio intermedio­, con un murete divisorio entre gradas (fot. 73F). De forma continuada prosigue este procedimiento con elemen­tos que pertenecen a otra secuencia de gradas, pero alteradas (fot. 74F). Y, por último, el tramo mejor conservado de una secuencia que puede ser un sistema de acceso a templo o edificio público (fots. 75F; 76­F; 77F).

Todas las imágenes expuestas presentan una visión algo estereotipada de lo que tal sistema aparenta no ser, pero observado el ámbito desde la perspectiva 78F, la visión de conjunto del esquema se presenta de forma más coherente, aunque su alineación no dé una secuencia totalmente homogénea. Con relación a tal nota negativa, el graderío ha sufrido transfor­maciones causadas por diversos motivos y, entre ellos, la necesidad de ensanche de la calle, precisamente en el tramo mejor conservado. Cabe la posibilidad de que un tercer cuerpo de gradas se encontrara no precisamente en el espacio de las dos detectadas, sino a continuación, y ocupando parte de la cuesta en fuerte pendiente. Pero se tiene la certeza de que la totalidad del sistema de acceso se encontraba a lo largo del espacio debida­mente indicado y de forma correlativa. Sus medidas son: desde la esquina de fuerte pendiente hasta las primeras tobas, que forman el supuesto primer tramo de escalinata: 3 m, aproxima­damente. Las tobas del mismo miden: de largo: 0,80 m, 0,40 m y 0,30 m, que es la más usual en el módulo de largura. Entre este tramo y el siguiente hay un espacio indefinido por lo irregular que se presenta, midiendo 3,50 m de extensión que, en teoría, puede constituir el espacio del segundo cuerpo de escalinatas, pero los datos no son del todo fiables. Hacia el supuesto y casi confirmado tercer tramo, hay dos pequeños espacios con aparejo de opvs incertvm, que miden: 0,45 m y 0,60 m respectivamente, de largura; a los que se considera elementos extraños y posteriores a la es­tructura de un templo o edificio público.

Con motivo del derribo de una casa situada justo detrás del segundo cuerpo de gradas, han aparecido los muros romanos que daban forma a este espacio, pero sin una definición clara (fot. 79F,1,2,3). El grosor coincide con el de las estructuras colatera­les, de las que es claramente una secuencia, como se puede ver in situ. Las medidas de las gradas mejor conservadas vienen dadas en la planimetría del sector (cfr. fig. 12), manteniéndose acordes con las anteriores. El resto de los componentes que se ven, corresponden a estructuras rotas por apertura de nuevas calles o accesos (fot. 79F).

Frente a los sistemas de gradas, se ha indicado antes la existencia de paramen­tos que con-forman todo un espacio cons­truido, y al que se ha fijado una lógica cronología poste­rior a la edificación que pudo existir donde aparecen las gradas. Si fueron templos lo que aquí hubo, debió tener un horizonte libre de obstáculos. Por esta razón se cree que las edificacio­nes hoy delante deben, en lógica, ser posteriores (fot. 80F).

En 80F se produce una alteración en las estructuras y orden de colocación en los distintos niveles que ocupan­. Este fenómeno se puede comprobar aquí, donde 80F, 1, marca el grosor del paramento reutilizado en toda la secuencia iniciada en este punto, y termina en la plazuela; mientras que en 80F,2, la situación es diferente por el cambio de orientación de las estructu­ras murales. Según se acaba de decir, en 81F se ve reutiliza­ción de paramentos en todo el alzado y no una superpo­sición de los mismos. Tal fenómeno se ha visto antes sobre este mismo sector, en 29F y 37F,5, donde tal reutilización es tan perfecta que no se puede deslindar de lo que es puramente romano.

En 82F se indica lo que aflora de muro sobre el suelo de la calle, pero el paramento que ocupa toda la zona baja de estas vivien­das, es romano, como se ha comprobado viéndolo por dentro y demostrando que se trata de toda una secuencia triple de naves enrasadas, con muros medianeros, y cuyas medidas coinciden con los tipos modulares que se vienen dando a través del sector. La fachada moderna de este conjunto reutilizado mide 7,40 m, dando una capacidad de fondo de las tres filas de naves un módulo de 1,90 m, normotipo en este sector (fot. 83F).

En vista general de la plazuela, están los paramentos a todos lados, y cuyo paso intermedio es falso, como la mayor­ía de las construcciones modernas superpuestas a las formas de base romanas. Así, las edificaciones, identificables a am­bos lad­os, tienen los módulos de una estructura romana de base, respon­diendo a los cánones de las antiguas formas, alteradas en parte, por los intentos modernos de ampliar recintos para crear espacios.

La gran mayoría de las casas modernas sólo han podido ganar amplitud elevando sus estructuras, porque la expansión en superficie es imposible, dado el escaso solar disponible para realizar alteraciones de planta edificable. En el extremo del paramento indicado en 84F,2, al final del mismo y realizado sobre la secuencia de su muro romano, se ve una interrupción del mismo en 85F,2, donde aparece el muro romano o resto de una plataforma de equilibrio del terreno, que enlazaba con la estructura al otro lado de las fachadas actuales. Esta abertura es artificial.

Sobre la calle San Miguel se observa la alineación de todos los paramentos, de manera que se piensa que respondan a una ordenación de formas similares a otras del sector E (fot. 86F, fig. 11). A izquierda del paramento indicado en 83F, se ve la construcción de una nueva casa sobre un solar que contiene los elementos antiguos de formas romanas.

En 87F se tiene una visión de conjunto de un espacio en el que queda dividida toda la secuencia de la calle San Miguel, de tal modo que se considera que la casi totalidad de las casas hoy así alineadas, tan sólo disponen de una superficie similar a la que se señala en esta imagen. Las casas de mayor solar son aquellas que han reutilizado más de una unidad romana, intercomunicándolas. Los muros romanos, retocados, se ven tanto al fondo como en los laterales. Y lo que es más definitorio: el muro de fachada se aprecia perfectamente alineado, siendo uno de los datos que ha facilitado establecer la tesis de que todas las estructuras de esta calle han podido formar uno de los grandes complejos de formas romanas, similares a los vistos en Cueva de Siete Pala­cios. De esta forma, se muestran detalles de los citados muros, en los que se observa con precisión la técnica usada en el alzado de los muros (fot. 88F).

En 89F y 90F se comprueba, de forma expedita, que el muro de fachada ha sido reducido mediante la rotura del aparejo externo para ganar espacio. Este sirve de ejemplo para ver que las dependencias, supuestas por inducción, son romanas, y constituyen un punto de referencia para llegar a una hipótesis más avanzada. Por ello se ha decidido plantear la cuestión de un probable gran emplazamiento a lo largo de esta rectilínea calle, y cuya bisectriz la constituiría el centro aproximado de la misma.

Con tiempo y observación, aprovechando las obras públicas y privadas, se aportará algún dato directo sobre esta idea, ya que se han comentado noticias sobre este tema. En obras municipales de años atrás, hubo hallazgos de restos estructura­les que sorprendieron a los propios obreros, pues aparecían restos de formas aboveda­das que fue­ron rápidamente tapadas.

Se vuelve a la parte posterior del emplazamiento de las gradas, y aparece un resto de opvs caementicivm, manifestando que se trata de una de las plataformas de equilibrio de terreno (fot. 91F,3). Lo que se ha podido medir sobre ella, da: 4,30 m de largura, y 1,20 de altura media. Sobre la misma se alza un paramento romano que forma parte de la vivienda donde se encuentra (fots. 92F; 93F). El alzado, situado al girar, forma parte del elemento constructivo de una serie de estructuras romanas muy reutilizadas y cuyas imágenes se han mostrado a propó­sito del sector E (fig. 11).

Continuando esta misma secuencia, sobre 94F, se ve igual­men­te, una alineación de formas que cierran la anterior, y cuyas medidas coinciden con los tipos que se han venido dando a todos los paramentos del sector. Si se observan los muros de la imagen mostrada, se ve que tienen revoque moderno y ligera­mente encalado.

En 88F se tiene, al fondo, el muro que separa esta parte alta de la inferior, con un desnivel de 3,50 m aproximadamente. El realce, un poco más estrecho, es artifi­cial. Tanto a derecha como a izquierda, se observa la presencia de paramentos que no responden a esquemas modernos, sino a reutilizaciones de estancias romanas.

En 96F se muestra la secuencia de fachada izquierda de 95F, en donde se indica la presencia de espacios para los sistemas de naves reutilizadas que se dan en ella y que, según las medidas, son tres en posición paralela, con muros internos mediane­ros. Las estructuras superpuestas son modernas, aunque en algunos casos el paramento forme parte del alzado superior. Al fondo de la parte izquierda de 95F, se comprueba la presen­cia de paramentos casi yuxtapuestos, pertenecientes a dos estadios diferentes (fot. 97F). En esta imagen se muestra que el muro de la derecha está sobre la superficie de las Eras, mientras que el de la izquierda se ve apoyado en las estructu­ras de la parte baja de este sector, elevándose sobre el paramento de fondo del alzado que da consistencia a todo el sistema de naves consecu­tivas.

Situados de nuevo sobre la fuerte pendiente descrita antes (fot. 62F), hacia la mitad de su descenso, hay apertura de paso artificial (fot. 98F), en el que se contemplan las clásicas roturas de muros a ambos lados, para abrir acceso. En uno de los puntos intermedios del acceso (fot. 99F), se detecta, a derecha e izquier­da, la existencia de paramentos romanos que afloran como testigos de las antiguas formas ocupadas por estas áreas. Así, a izquierda de la imagen hay un muro romano encalado, formando parte del esquema general, propuesto para la alineación de los elementos arquitec­tónicos de la calle San Miguel, formando una especie de espaldar del supuesto muro paralelo, a lo largo de toda la citada calle. En esta misma situación, con la ima­gen presentada en 100F y 101F, se comprueba el estado de los elemen­tos construc­tivos romanos que dan la impresión de que se trata de un arranque de arco de bóveda, pero no se asegura. Podría tratarse de un sistema abovedado de escasa relevancia arqui­tectónica, y ser la cubierta de un sistema de conducción de agua, cosa muy normal.

En 102F se observa la alineación de paramentos que se asemejan a los pasillos ciegos ya vistos. Pero la alineación, a izquierda, forma parte del potente muro alineado de la calle San Miguel, antes aludido.

Desde un punto opuesto al anterior, se muestra otra imagen para resaltar el aparejo romano, traslucido desde su encalamiento y se le ve la línea de altura que alcanza, hecho que conviene tomar con cautela, porque ya se ha visto en otras dependencias la existencia de paramen­tos romanos tan retocados que parecen modernos.

Continuando el análisis de las formas que se siguen hacia el interior de estos espacios, se ve, a izquierda, la prolongación del citado paramento, paralelo a la calle San Miguel (fot. 104F,1) y, a derecha, las estructuras que lindan con las partes superiores, descritas al principio de este sector. Tales paramentos son paralelos a los vistos en 40F.

Al final de este recorrido interior, aparece un espacio en el que el nivel del suelo desciende notablemente, dando la impresión de que la parte precedente, ya vista, es un relleno para abrir acceso a estos recintos, pero no hay datos sufi­cientes que defiendan esta posición, ya que el inicio de la entrada se encuentra al mismo nivel que la calle descendente, con roca madre en el suelo. Se piensa que es un corte de época, con parte de su espacio algo más bajo que el resto del subsec­tor. A izquierda de 105F, se detecta la secuencia de paramento romano; mientras que en el centro se ha levantado una construcci­ón moderna, a derecha de la cual se observa un muro continuado de las fachadas vistas, antes de llegar a este punto (fot. 106F), donde su alzado conserva el aparejo libre de argamasa y revoque moderno.

En el recorrido de todas las estructuras que se han presentado, tan sólo se manifiesta que tales construcciones roma­nas, muy densas como se ha comprobado, manifiestan una clara tendencia en lo que se considera como fin o destino de tales formas.

Conclusión del sector F

En el recorrido de todas las estructuras que se han presentado, tan sólo podemos manifestar que tales construcciones romanas, muy densas, como se ha podido comprobar, muestran una clara tendencia en lo que podríamos considerar como fin, destino de tales formas. Dada la homogeneidad de las construcciones, su constante repetición sin mostrar casi variantes ni en tipos ni en módulos, hay que reconocer que más del 90% de los espacios que han sido analizados y, visto el escaso terreno, al que no se pudo acceder por diversas causas, responden a una infraestructura a la que definimos como almacenes. Por eso, junto con las dependencias de los sectores L y E, sobre todo, se puede concluir que las formas analizadas son propias de una zona donde lo principalmente tratado ha sido la estructura destinada al almacenaje. Aparte de algún dato ajeno a esto incluido, como es la posible tríada de templetes con finalidad religiosa, por lo demás, no se duda en definir a todo este sector como una gran área de almacenamiento.

SECTOR  G

El espacio que comprende este sector está formado básicamente por las grandes áreas que antes fueron alfares. No obstante, lo que se estudia aquí son los espacios que se hallan detrás de las fachadas de las casas situadas a espaldas y debajo de la calle San Miguel. 

El lugar que ocupaban los últimos alfares hoy es irreconocible, por haber sido transformados en instalaciones deportivas sin un previo estudio de su subsuelo. No se ha realizado, como decimos, ninguna excavación y, por tanto, la información que se tiene es bastante escasa. Tan sólo contamos con los datos que nos han proporcionado algunos albañiles de los que trabajaron en las obras allí practicadas.

Dentro de sus conocimientos, se ha podido conseguir una información lo más aproximada posible, a base de proporcionarles reseñas descriptivas de lo que allí normalmente se podía descubrir. Todos han coincidido en afirmar que lo que se encontraba en cimientos y movimientos de tierra tenía algo que ver con las formas que ellos mismos han visto en el Majuelo. Por tanto, es probable que las piezas que aquí subyacen sean o piletas de salazones o depósitos de agua. A su vez, nos han descritos sistemas de muros con materiales muy duros, que quedaron enterrados tras el relleno para el levantamiento de las pistas deportivas. Nos mostraron fragmentos de cerámica romana y restos de utensilios de hueso, ello procedente de los rebajes para las zapatas de algunos de los alzados que se tuvieron que hacer. Por otra parte, los propios dueños de esos antiguos alfares, nos han informado de que algunas de las estructuras usadas por ellos para el tratamiento del barro, eran muy antiguas, sin poder precisar más, porque se trata de una herencia ancestral, y nunca se ocuparon de averiguar sus orígenes. Por ello, la información de los albañiles nos resulta más válida a la hora de saber si había, o no, formas romanas en ese espacio, ya que se ha llegado hasta los puntos arqueológicamente más fiables para poder localizar algún elemento de referencia.

Esto dicho, iniciamos la descripción de los restos que se pueden ver en superficie.

En la foto 1G, se tiene una secuencia de paramentos antiguos, cercando espacios sin utilizar y que pueden encuadrarse dentro de las estructuras que se han visto en el sector H, como un elemento más de muros abandonados a lo largo del espacio que se dejó sin utilizar, delante del Castillo de San Miguel. Estos paramentos se adentran y ponen en contacto con las casas que dan a la calle San Miguel.

En la fotografía 2G, se pueden ver, en su centro, antiguas construcciones con superposiciones modernas, igualmente conectadas con las zonas bajas de las casas antedichas. Unos muros afloran con claridad, como los situados en el centro, y otros sólo muestran vestigios sobre el suelo actual, como los que se ven a izquierda.

Sobre la calle Higueras de Clavelicos, se observan las líneas de fachadas alineadas, a izquierda (fot. 4G) y los muros modernos de las instalaciones deportivas, donde existieron los viejos alfares. En la parte que da a la calle San Miguel, las primeras fachadas situadas a izquierda, en una extensión que abarca tres viviendas modernas, se encuentran estructuras conectadas a las que se han visto en 1G y 2G, no siéndonos posible poderlas fotografiar. Se piensa que se trata de la misma secuencia estructural observada en el sector H (fig. 14).

Conclusión del sector G

Al igual que se ha considerado al sector H como probable zona industrial, por las características que se han podido recabar, aprovechando toda clase de información tanto arqueológica, histórica, como oral, todo parece indicar que este sector formaba parte del mismo esquema y, por tanto, puede encuadrarse dentro de una zona cuya función se sitúa en el área destinada a la producción industrial, que puede ser tanto la puramente dedicada a la salazón, como a la fabricación de envases industriales y domésticos, es decir: La cerámica. No descartamos las salazones en determinada época de la historia local de Seks, en estos niveles, pero todo parece indicar que lo que prima en estas alturas es el almacén. La industria cerámica puede justificarse por necesidades derivadas de la propia organización de este emporio comercial: el envase es necesario y se podía fabricar aquí.

SECTOR  H

El ámbito que comprende este sector queda enmarcado en el espacio que ha venido siendo, desde tiempos atrás, terreno destinado a campo de nadie, libre de viviendas, con el fin de establecer una línea defensiva natural entre el área urbana medieval moderna y el elemento defensivo, por excelencia, de la ciudad. Ello no conllevó la eliminación de todos los restos ruinosos que se encontraban entre ambos sectores, sino que, por el contrario, se pretendería mantenerlos como factor disuasorio ante el ataque de un enemigo potencial, y tener siempre el campo despejado, a la entrada del reducto fortificado. Debido a esto, se puede comprobar la existencia de una serie de estructuras, cuya pervivencia puede deberse a esta política defensiva, en época medieval y moderna. Muchas de estas formas han sido ya reutilizadas, llevándose a cabo el levantamiento de varias barriadas, aprovechando los alineamientos de fuertes muros, que se pueden aún comprobar en los interiores de algunos pequeños huertos. La mayoría de estos espacios han sido destinados a casas de pescadores.

Como es natural, es más práctico, para economías pobres, reutilizar los fuertes muros existentes, aunque estén en ruinas, que levantar una casa de nueva planta. Tan cierto es este fenómeno que, hasta hace poco tiempo, las casas han tenido tan sólo una altura, cosa que justifica la reutilización, en general, de los paramentos romanos que, a continuación, se verán forman-do parte de un área que hoy se utiliza como huerto.

Esto supuesto, comenzamos la descripción de los distintos elementos que integran este sector, por la calle Higueras de Clavelicos, en donde, tanto a un lado como a otro, se puede ver una serie de edificaciones casi alineadas, pero no en posición rectilínea, que nos hace suponer la reutilización de las estructuras o secuencias de muros romanos que han existido en diversos lugares de la Explanada de San Miguel.

Los sistemas de alineaciones han debido situarse según la propia orientación que muestran las partes de los paramentos que conforman cada edificación. Ello nos lleva a pensar que las alineaciones de casas se han dejado llevar por la inercia estructural de las mismas edificaciones romanas preexistentes. Así, la calle que se ve (fot. 1H) en la fachada que sobre ella se indica, se observa una ligera curva, con escalones y un desnivel de más de 4 m, dándonos a entender que unas veces habrá sido necesario modificar las proporciones de los elementos que se utilicen, alterando sus medidas, y otras, darán la medida justa en sus magnitudes. En resumidas cuentas, esta es la causa de las modificaciones o alteraciones en el trazado de tal calle y alguna más.

Un hecho, que es preciso tener muy en cuenta, es que tal espacio no tiene los desniveles comprobados en las dos grandes zonas de Levante y Poniente; por lo que las alineaciones de las estructuras que los romanos llevaron a cabo en este sector, estarán planificadas con mayor simetría que todo el resto del conjunto del espacio de Seks.

Situándonos en la calle Alfareros y adentrándonos en una de las casas, que han sido levantadas aprovechando, para el alzado, los sistemas de muros interiores (fot. 2H), se puede ver cómo, en los cimientos de la misma, formando un estrecho pasillo, se ven secuencias de muro en el suelo, sobre el que se eleva el alzado moderno. Dentro de este mismo recinto, en otra ocasión se pudo identificar toda la estructura interna, cuyos paramentos eran de opvs incertvm, con ligero revoque de su aspecto externo. La dirección que pudimos comprobar, seguía el esquema de sistemas cuadrangulares o de planta rectangular.

Al fondo de la calle Alfareros, en una entrada artificial situada al término de la misma, casi sobre la propia entrada formada por un estrecho paso, nos adentramos en uno de los huertos y, al bajar sobre la superficie interior, nos encontramos con un sistema de muros romanos muy alterados en su aparejo externo (fot. 3H,1).El que se ve en 3H, 2, tiene, en su base, una estructura formada por opvs incertvm.

Sobre la fachada de enfrente (fot. 4H), se puede ver otra secuencia de muro romano, algo deteriorado, pero con la técnica del opvs incertvm, alineado a lo largo de toda la parte frontal, hasta formar parte de los paramentos de las casas que se encuentran en esa área, dando a la calle Torremolinos.

Dentro del mismo huerto, se puede identificar otra serie de muros, que se cortan en ángulo recto y delimitan una finca de otra. Toda esta serie de alzados forman las espaldas de las casas que dan a la calle antedicha (fot. 5H).

Para hacernos una idea más completa sobre el alineamiento de estos sistemas de muros, en la foto 6H, hecha desde un alto, se puede confirmar dicho alineamiento, que se extiende hasta enlazar con las secuencias de la calle San Miguel, con un ensamblaje en ángulo recto, de la que se puede mostrar más adelante una de las partes que la integran.

En la foto 6H, comprobamos cómo se monta el aparejo moderno sobre el romano y, además, la identificación del aparejo como opvs incertvm. La altura de estos muros marca una media entre uno y dos metros aproximadamente.

De forma paralela al muro anterior (fot. 6H), se puede comprobar la existencia de otro, que se prolonga igualmente hacia la calle San Miguel, en sentido norte, y que tiene otros muros romanos que se cortan en él, formando ángulo recto. Como también se puede demostrar, en esta imagen, que los paramentos de las casas, por donde pasa este muro, se asientan sobre él para levantar alturas superiores (fot. 7H). Los ensamblajes sobre este mismo muro antedicho, se pueden ver en la imagen 8H, donde el aparejo aparece algo retocado y con una ligera capa de revoque moderno.

Nos situamos en el inicio de la calle San Miguel, en el punto donde se cruza con las calles Antigua y Torremolinos. En la primera parte de esta última, sobre la pendiente que se observa en la foto 9H, se ve un paramento romano muy retocado modernamente y en cuyo interior (fot. 9H,2) se tienen estructuras de compartimentos romanos (fot. 10H). Los muros que se ven a uno y otro lado de este subsector, son romanos, y por el punto 10H,1, pasamos a un espacio que se puede considerar como nave romana enrasada (fot. 11H). La estructura del muro de fondo de este espacio es de opvs incertvm, adosado a la roca madre, modernamente encalado.

Fuera de estas formas interiores, en la parte de abajo, se observa la secuencia de tres espacios de fachada con idéntica medida, coincidiendo con la media modular de las naves del sector F.

Las sucesiones que se ven a lo largo de toda la calle Torremolinos, antiguas cuevas, según cuentan sus propietarios, montan sus estructuras modernas sobre elementos romanos que han existido de forma libre, hasta que se decidió edificar en toda la calle.

Para comprobar que esto era así, examinamos el interior de algunas pequeñas casas abandonadas y, tan sólo pudimos ver las alineaciones que hay detrás de ellas, y sobre las que se apoyan; no pudiendo precisar si los paramentos de las mismas eran restos de muros romanos, o bien en su interior o en su base, pero es muy difícil de comprobar.

Conclusión del sector H

Según ya se ha adelantado en la introducción al estudio de este sector, se puede pensar que toda esta zona se considere área de expansión industrial.

No se debe olvidar que, probablemente, en este sector y en otros que conforman este ámbito, han existido varios alfares que, al parecer, no han hecho más que mantener una tradición antigua que, en cierto modo, podría entroncarse con una más vieja industria de este tipo. No se olvide que la manufactura de la salazón necesita una industria auxiliar que satisfaga la demanda de envases destinados a la gran masa de productos industriales que se dan en las salazones. Se puede pensar, puesto que el elemento fundamental e ineludible, el agua, podía llegar sin dificultad hasta ese sector de la ciudad.

A esto hay que añadir que el espacio más adecuado, por la propia configuración del terreno, se encuentra precisamente aquí, ya que no hay pendientes pronunciadas y este tipo de industria requiere terrenos llanos. Por ello, opinamos que este sector ha podido ser una zona de fabricación de envases de cerámica, de salazones, y tener dependencias destinadas al almacenaje.

SECTOR  I

En este capítulo describimos el tramo que comprende desde el punto de partida del murallón con adarve y almenas, en las proximidades del foso del Castillo, comprendiendo las calles Clavelicos, sectores alto, medio y bajo, hasta finalizar en el espacio donde hace poco han quedado al descubierto las estructuras de varias piletas de salazones y un muro romano de gran espesor, que se piensa tenía una función eminentemente de aterrazamiento (horno moderno).  

Dentro de las estructuras que se van estudiar, como elementos arquitectónicos romanos, incluimos piezas bien caracterizadas: las piletas, los muros de aterrazamiento y de contención, los muros claramente pertenecientes a estructuras romanas, a las que se supone forman parte de algún otro complejo de naves por las características de su aparejo, y las viviendas que se encuentran a su alrededor y, por último, el murallón medieval moderno, que echa sus bases sobre estructuras previas romanas con naves adosadas y tapadas por él.

Partiendo en sentido nortesur, iniciamos el análisis con la indicación de una secuencia de fachadas cuyo punto inicial tiene lugar junto a la parte final del sistema de muralla almenada, con adarve (fot. 1-I). Los paramentos de tal fachada encierran muros romanos, que son prolongación de los complejos abovedados que se encuentran en las cercanías del sector F (fig. 1-2). Hace poco se ha podido comprobar cómo han roto muros romanos dentro de este espacio y se han visto los componentes de las estructuras romanas: opvs caementicivm.

Toda la secuencia de viviendas que se siguen a continuación y en sentido sur, que forma la calle Torremolinos, tiene las mismas proporciones tanto de fachada como de fondo, con alguna ligera diferencia en los módulos de fachadas. Hoy se encuentran bien enlucidas, pero años atrás, el aparejo romano era bien visible, debido principalmente al abandono en que se encontraban tales elementos y ocupados por gente humilde.

Las estructuras romanas se han conservado y se han usado lo mismo que en la Cueva de Siete Palacios, hasta no hace mucho. En gran parte de estas fachadas se puede observar aún la señal de la técnica constructiva romana tras la cal o el revoque moderno.

En la foto 2-i se puede ver, desde la perspectiva, tomada en sentido sur-norte, toda la secuencia conservada de este sistema defensivo de muralla, según se indica con la doble flecha.

Y siguiendo el sentido con que iniciamos la descripción, se ve el primer tramo de muralla conservado con una serie de almenas y su adarve correspondiente, reutilizado como elemento en las casas que sobre ella se apoyan. La mayor parte de la muralla ha sufrido fuertes perjuicios, porque las viviendas, que sobre ella están adosadas, han practicado perforaciones sobre su estructura, tales que han provocado su derrumbe en gran extensión de la misma. Por ello casi todas las almenas han desaparecido, quedando tan sólo el muro mediobajo que serviría de apoyo y sujeción de todas las casas que se sitúan en las calles Clavelicos y Torremolinos.

En la foto 4-i, se puede ver el único tramo que conserva almenas, con adarve y barbacana detrás. La altura de dicha muralla se puede observar en la foto 5-i, donde, además, se tiene el testimonio claro de un hundimiento en la misma, a causa del abandono y el empuje de las casas situadas detrás y a un nivel superior, del continuo vaciamiento de paramento llevado a cabo por los propietarios que han construido adosados a ella. Esta, probablemente, es una de las razones más fuertes en cuanto a la desaparición de una reliquia arquitectónica de tal entidad. Su altura, en este subsector puede alcanzar los 8 m.

Siguiendo en sentido sur, examinados los interiores de algunas casas que nos han permitido ver, descubrimos dos líneas más de la muralla que, como se verá más adelante, tiene base romana (fots. 6-i; 7-i). El paramento externo muestra diferentes aspectos debido a los retoques hechos por los vecinos cuyas casas se apoyan sobre ella.

En la foto 8-i, se puede ver una fase de esta muralla donde la construcción moderna ha ocupado incluso la parte superior de la misma, habiendo destruido almenas y adarve. De esta manera, se puede observar tanto el sistema de tierra prensada como el paramento que divide fases de la muralla (8-i,2).

Una vez en la calle Clavelicos (fot. 9-i), tanto su parte derecha, que da sobre la muralla, como la izquierda, que se encuentra igualmente sujeta por otra secuencia de muro romano, como se verá después, forman un complejo que se alinea entre los citados sistemas de muros. A derecha de la calle Clavelicos (fot. 9-i), hacia el centro de la misma, un propietario nos informó sobre la existencia de una cueva (nave abovedada) en su casa, pero se vio forzado a destruirla para adaptar el espacio a su casa.

La noticia sobre la antigua configuración de esta calle, es la de haber sido toda una red de naves que, alineadas en batería, se encontraban a lo largo de toda la calle. El resultado de lo que ahora se puede ver no es otro que el remozamiento de todos los sistemas que han sido adaptados a vivienda. Es decir, las casas modernas que se pueden ver no son más que el reciclaje de los sistemas murados romanos, cuyo testigo más claro lo constituye el fondo de la totalidad de ellas, como se verá en algunos casos analizados.

Partiendo de nuevo desde las cercanías del tramo almenado, nos encontramos con el testimonio que se esperaba: muro romano en la base del sistema de muralla (fots. 10-i; 11-i; 12-i). En el primero, se ve la técnica del opvs incertvm, algo retocado por los modernos. Los paramentos laterales registran, como es normal, alzados con la misma técnica. Debido a la impermeabilidad que provocan los gruesos muros, al no derribarlos, la humedad se ha apoderado de las partes bajas y, por ello, se han destinado a espacios de desahogo y corrales para animales. No se ha detectado pavimento alguno, salvo en sistema de empedrado que ciertos de los propietarios han realizado sobre el antiguo suelo de roca madre. En los detalles que se presentan en las fotos 11-i y 12-i, se pueden ver sucesivamente las estructuras de fondo tanto del paramento principal como de los laterales, observándose la técnica de construcción romana. Las divisiones, en este último detalle, han sido realizadas de forma artificial, y no se corresponden con los módulos romanos.

Al mostrar una perspectiva desde la zona alta de las almenas, se ha tomado, en la parte de Poniente, perteneciente, en parte, a este sector, una serie de muros que se encontraban sin montajes modernos, como es el indicado en el punto 13-i,3. Es importante esta observación porque nos hacer ver el estado casi original de la antigua estructura.

Bajando por la calle San Crescencio, nos encontramos de frente con la secuencia de la calle Clavelicos, cuya parte frontal queda dividida por toda una secuencia de muros, como se verá después (fot. 14-i).

Saliendo de la misma calle, desde otro ángulo, se tiene a izquierda, unas casas que se apoyan sobre el muro de cierre procedente del sector J, para morir al final del nuestro. A derecha, otra serie de viviendas que, como se verá a continuación, se encuentran divididas por un muro romano paralelo al de la muralla (fot. 15-i).Una vez girado a izquierda, entramos en otro alineamiento de los provocados por estas estructuras que, al parecer, guardan una relación, por lo menos, de construirse en paralelo a lo largo de toda la mayor parte de la vertiente de Poniente. Así, en la misma calle Morería Alta (fot. 16-i), nos encontramos con una secuencia de fondo, formada por un muro romano que divide diametralmente todo el sistema de casas modernas, dejando por delante otros espacios que nos dan señales para admitir los indicios de muros alineados, y que conforman una serie de sistemas paralelos (fots. 17-i; 18-i).

Hacia el final de la calle Clavelicos se encuentra un salida, en sentido vertical a la misma (fot. 19-i), a cuya derecha hay una serie de estructuras romanas reutilizadas (fot. 20-i), observándose claramente la composición de sus paramentos de opvs incertvm. Dividiendo la calle Clavelicos, nos encontramos una nueva bajada que llega hasta el centro del sector K, y cuya calle superior está formada, en gran parte, por el muro de contención y el relleno que se ha practicado sobre el hueco que dejaba, y el paramento superior de la calle Morería Alta. Los alzados que se observan en esta calle, que es artificial, muestran al exterior la estructura antigua de su aparejo, aunque en algunos el revoque moderno es muy marcado (fot. 21-i).

Visto desde la parte inferior el final de la calle Clavelicos, con sus casas adosadas al sistema de muralla de base romana, se puede comprobar que los paramentos de la calle ascendente (fot. 22-i), en su parte derecha, según se sube, se tienen aún los muros de estructura romana, que se siguen usando como corrales; mientras que, a izquierda, ya se han reutilizado para vivienda, aunque las zonas bajas han sido también destinadas a corrales y espacios de desahogo, como se ha podido comprobar en 19-i.

Los muros de la parte derecha de la calle, según se desciende, muestran evidentes señales de rechazo al revoque moderno. Este fenómeno suele ser bastante frecuente, cuando los aparejos tienen al exterior tan sólo piedras, y éstas de cierta magnitud. El hormigón o argamasa moderna no tiene la suficiente consistencia como para adherirse a una piedra con superficie lisa.

En la bajada que se encuentra en el punto de cruce entre el final de la calle San Miguel y el comienzo de la calle Antigua, se puede ver toda una serie de escalonamientos en las reutilizaciones, que se han producido de todos los paramentos y estructuras romanas situadas a lo largo de toda ella. Para poder ocupar estos espacios, ha sido necesario construir escalones de acceso, como se ve en la foto 23-i,2.

Si continuamos el descenso por la citada calle, se llega a un espacio cuyas estructuras se encuentran divididas y, a su vez, reforzadas por el mismo sistema de muro de contención o aterrazamiento que el que se ve en K (fig. 17). Las estructuras que se han encontrado dentro del recinto, situadas a derecha de la imagen, son la continuación de las que se han visto en el citado sector, aunque no con la misma función (fot. 24-i).

Sobre el origen de la calle de descenso, hay que decir lo que ya, de forma sistemática, se viene comprobando en todo este espacio: es una calle artificial, y que ha sido rota la continuidad del murallón romano que procede, desde algo más lejos, del sector K.

Ya dentro de este espacio, se puede comprobar, sobre los cortes dados, una serie de estructuras calificables como piletas de salazones, dos de las cuales se pueden ver de frente y dos junto al muro romano del que parecen salir como si se encontraran enterradas por el mismo. En la foto 26-i, se indica la ubicación exacta de cada una.

Por otro lado, se piensa que aquí se ha roto gran cantidad de material romano tanto por los que construyeron el antiguo horno de pan como, después, por los que han realizado el rebaje del terreno. En la foto 26-i, se puede ver, de forma más concreta, la existencia de las piletas de salazones. La maleza crecida sobre este espacio impide ver la unidad del conjunto. Sobre estas estructuras, o piletas, se observa la existencia un gran murallón de hormigón romano que, en estos momentos, alcanza casi los 4 m de altura, con un grosor aproximado de 1,45 m. Como dato de interés se puede comprobar que la técnica seguida en época medieval en el uso de la tierra prensada para los murallones, se puede fundamentar en la que se nos muestra a través de este sector: son auténticos cubos de hormigón romano u opvs caementicivm o caementvm sin piedras en su composición, usados en todo el lienzo de fondo de este espacio. Murallón que fue reutilizado por los modernos como estructura o elemento de fondo del horno de pan. Aún se pueden ver los ladrillos que conformaban su estructura abovedada semiesférica del mismo (fot. 28-i).

Detallando más la imagen, sobre la presentada anteriormente, podemos identificar en 29-i,2, la ubicación de una de las naves que se detallan más en las siguientes fotos (fots. 30-i; 31-i). En la parte izquierda de la primera (fot. 30-i,3), puede verse cómo la pileta se encuentra sobre un espacio excavado en la roca, adentrándose hacia el muro de fondo, pero sin saber si se sitúa en su trazado sobre él, o termina antes.

Por todos los indicios, parece que el muro se ha levantado sobre roca y la pileta ha sido rota por el mismo. Ello nos puede llevar a establecer una prioridad cronológica de un elemento sobre otro. En la perspectiva tomada sobre otro ángulo, se puede observar cómo el espacio existente entre muro y pileta es demasiado corto. Por ello, pensamos que las piletas son anteriores al muro (fot. 32-i,1).

En cuanto a la composición del murallón de contención, se puede indicar que se encuentra montado sobre roca, con un paramento formado por cuatro lienzos de piezas en forma de prisma, construidos con hormigón romano. Encima de él se puede observar una segunda fase con técnica diferente, que se asemeja más al opvs incertvm en su composición interna, lo que nos dice bien claro que su altura era superior a lo que actualmente se puede comprobar. Con relación a su continuidad, es probable que se prolongara hasta enlazar con el murallón medieval de cierre del sector J (fig. 16). Lo que sí queda bien patente es que tal murallón romano sirve de punto de apoyo a todas las estructuras modernas que se encuentran adosadas a él a lo largo de toda la calle y los sectores siguientes, y que los muros de la mayor parte de todas las edificaciones dichas, forman parte de los elementos romanos que aquí han existido. Este tramo es un eslabón más en toda la cadena y sistemas de aterrazamiento del gran sector oeste de la ciudad, situado encima del área eminentemente industrial del Majuelo.

Las piletas de salazones presentan un aparejo de opvs caementicivm en sus muretes, con revoque idéntico a los ya analizados en otros sectores de carácter industrial. Los muretes que dan a la roca son más delgados que los otros.

La secuencia de piletas que se puede ver en 26-i, de izquierda a derecha, dan las siguientes medidas: 1ª: anchura, 2,80 m; 2ª: altura, 1,34 m, anchura, 1,17 m; grosor de los muretes, 0,85 m 3ª: altura, 1,32 m; 4ª: altura, 2,50 m, anchura, 1,62 m, grosor de murete, 0,33 m. La falta de otras medidas se debe a la imposibilidad de poderlas tomar por no haberse realizado excavación alguna.

Siguiendo la línea del murallón, pueden verse dos muros que salen de su aparejo, con un grosor de 1,20 m, situados a una distancia de 3,30 m. Se piensa que formaban parte del sistema de estructuras romanas que se encontraban aquí y que se pueden comparar con el que se ve en la foto 34-i, 5, que forma parte, integrándose, de la estructura interna de la edificación que se encuentra a su lado.

Como nota adicional, es preciso añadir que, sobre este mismo espacio, se ha descubierto, mediante una excavación programada al respecto, toda una serie de piletas de salazones romanas pertenecientes a un sector calificado como los hallados en la zona del Majuelo. Su número ascendía, teniendo en cuenta que no se excavó todo el terreno necesario, a doce piletas de características diferentes a las que aparecen en superficie de este mismo terreno. La noticia se dio manifestando que se trataba de una nueva factoría de salazones de Almuñécar. En realidad, no es más que una parte más de todo el conjunto industrial que conforma Seks.

Conclusiones del Sector i

Lo más destacado de este sector viene marcado por el elevado índice de reutilización de los elementos arquitectónicos romanos en él. Se piensa que estamos ante un sector más, de esta zona de Poniente donde los aterrazamientos por medio de grandes, fuertes y elevados muros, son la nota más destacada.

Al formar parte del citado sistema, se tiene una clara visión, de cuál es su finalidad: los aterrazamientos pretenden el equilibrio del quebrado terreno para hacerlo viable con fines industriales, como se puede concluir a la vista de los hallazgos reiterados de piletas. Ya se ha visto en K toda una manifestación en este sentido, con depósito de agua incluido.

Se han constatado, en la parte superior del sector, compartimentos y restos de muros con la estructura general muy alterada; ignoramos si han existido realmente naves, salvo una que no se ha podido fotografiar por haberse derrumbado y desescombrado, pero que nos da pie para generalizar el fenómeno ya que todos los propietarios de la calle Clavelicos hablan de sus antiguas casas con elementos arquitectónicos de este tipo, sobre los que han levantado sus propias casas.

En cuanto a la parte baja, que ya nos da señales de presencia de elementos industriales, piletas, puede constituir un segundo aterrazamiento, y cuyo muro de contención se ha podido analizar aquí.

Las fuertes pendientes que se ven en las calles no son más que la consecuencia de las roturas practicadas, desde época medieval, sobre los sistemas de muros de contención de terrazas, con el fin de ocupar todos los componentes que se encontraban sobre ellas. Para el romano no había más que la pendiente propia del sistema escalonado al levantar sus estructuras, pero era casi rectilíneo y si existía algo de pendiente, debió ser muy ligera.

El ascenso a esas estructuras se haría en sentido horizontal y no vertical, como pretendieron e hicieron ya los musulmanes.

Las empinadas cuestas actuales tienen su origen en la rotura del sistema romano, para acceder por el medio más corto a todas las áreas, y es precisamente el sector de Poniente el que muestra los aterrazamientos más en paralelo y, por tanto, él ha provocado mayor desnivel en las actuales calles, como bien se puede apreciar.

Resumiendo todo lo expuesto, se puede afirmar que este sector se enmarca dentro de las estructuras que se consideran industriales y destinadas al almacenaje.

En cuanto a la cronología, tan sólo se puede decir que se ven los elementos abandonados y con las superposiciones de los que se construyen encima, pero ignoramos su fecha aproximada, o no disponemos de las técnicas necesarias para poder establecer una cronología evolutiva con un mínimo de coherencia y fiabilidad.

SECTOR J

El estudio de este sector comporta una cierta complicación, no por los materiales en sí, sino porque la conexión de sus estructuras, en parte, con las del Majuelo, es muy directa. Así que contamos, en primer lugar, con los puntos bajos de la zona en cuestión, que no son más que la prolongación de los espacios enterrados de la factoría antedicha.

Nuestro estudio se asienta sobre las estructuras que se encuentran actualmente sobre superficie y que forman parte tanto de las edificaciones modernas como de los elementos situados debajo; por lo que las precauciones en la clasificación de ellas y su interconexión, deben ser ineludibles, dentro de las posibilidades que hay que establecer para cualquier tipo de relación.

Sabemos, por experiencias tenidas años atrás, con motivo de los rebajes de terreno llevados a cabo en la misma línea del Majuelo, pero algo más al Norte, que determinadas unidades de estructuras industriales, fueron destruidas por la máquina excavadora justo donde hoy se encuentran edificaciones modernas en el Callejón de la Najarra. Se trata, pues, de una misma secuencia, y ello nos lleva a concluir, con cierta fuerza, que los elementos industriales propiamente dichos, del Majuelo, abarcaban todo lo que es hoy el área de la calle Nueva y Callejón de la Najarra, extendiéndose hasta el espacio que hoy se conoce como edificio Galiardo (antiguo cine), lugar donde realmente han aparecido los últimos elementos de formas romanas (fots.54-57Y).Efectivamente se ha podido comprobar que, a partir de este límite, aparecen restos de construcciones romanas que tienen todos los indicios de ser los últimos reductos de la factoría, a esta cota de nivel. Hay testimonios de rebaje de terrenos, donde se ha podido comprobar este fenómeno (rebaje del solar del antiguo cine Galiardo (ver fotos adicionales; solar jardín del Dr. Álvarez) y, por último, la profunda zanja llevada a cabo en la construcción del mercado nuevo (sin restos de ninguna clase) que, en cierto modo, nos sorprendió, por la cercanía a la muralla medieval y estructuras romanas). Como resumen de todo esto, reiteramos la estrecha relación existente entre este sector y la factoría del Majuelo.

El recorrido descriptivo comienza en el torreón situado en la esquina noroeste de la factoría del Majuelo. Se trata, pues, de una construcción romana, de fuerte consistencia arquitectónica, ampliada en fase medieval, con el fin de levantar un torreón defensivo, uno de tantos que fueron reutilizados a lo largo de todo el sistema amurallado de la ciudad, en esa época e, incluso, en la moderna (fots. 1J; 2J; 3J).

En el punto 1J, tan sólo se nos indica la situación, como punto de integración en el sistema de estructuras del Majuelo.

En el punto 2J, precisamos algunos datos de interés arquitectónico, como son los restos de construcción, según la técnica romana (2J,1), la superposición del elemento musulmán y moderno encima de las bases romanas (2J,2) y, por último, la continuidad, a través de paramentos modernos con reutilización de los sistemas de muros, que fueron romanos, y que se reutilizaron para el levantamiento de todo el lienzo de muralla periférica de la ciudad medieval moderna.

En el punto 3J se marcan los indicios de continuidad de muro romano, tanto en sentido a izquierda (3J,1), como frontal, casi vertical al Callejón de la Najarra (3J,2). La altura del muro romano aquí, puede alcanzar los 4,50 m, y su grosor, aproximadamente, los 1,45 m. La secuencia de estructuras que se estudia corre paralela a la del Majuelo, hasta tal punto que, muchas de ellas están divididas, participando de ambos espacios. La única diferencia se establece sólo desde el punto de vista técnico, ya que se ha hecho una división de la factoría, estimando que constituyen parte de ella tan sólo las áreas que registran piletas y las construcciones que, anejas a la misma, han ido esporádicamente apareciendo.

Así, en la foto 4J, puede verse cómo toda una cadena de muros o sistema amurallado, se encuentra completamente unido a los elementos industriales que últimamente aparecieron, como integrantes de la factoría. Puede verse en este detalle cómo también la rampa, con canalizaciones interiores y exteriores, queda formando límite físico con la secuencia de muros que se estudia en este sector.

En las estructuras murales, se ven con mayor detalle, sobre la foto 5J donde se marca lo que se considera parte de nuestro estudio y dejamos, por ahora, lo que se piensa ha sido objeto de otro trabajo.

A través de toda la secuencia que se indica, se observa que los muros se subdividen o presentan paramentos con aparejos que parecen no ser toda una continuidad. Y es cierto. La razón se debe a que cada espacio queda demarcado por el ámbito o dimensión que tiene la estructura que se encuentra justo detrás y, por tanto, esa presunta continuidad no tiene razón de ser por el fraccionamiento que reciben cuando los paramentos posteriores son los que determinan los puntos de división de los diferentes espacios con que se corresponden.

Según este criterio, en la fotografía 5J, se pueden precisar cinco espacios que ofrecen, dentro de cierta continuidad de forma externa, un aparejo en modo alguno homogéneo. Y ello se debe a la razón que acabamos de exponer: discontinuidad en la parte posterior, debido a que se corresponde con espacios absolutamente diferentes.

La foto 6J es una prueba de los materiales que se vienen utilizando en toda la secuencia de estructuras industriales o edificios públicos. En este caso se tiene delante un muro perteneciente a un probable alzado de un mercado romano, que da sobre las estructuras industriales de la factoría del Majuelo. En las técnicas de construcción se ve cómo se usa el aparejo de piedra vista, según el procedimiento del opvs incertvm, y el ladrillo, alternando con un espacio muy concreto del alzado de este muro.

En la foto 7J se puede contemplar la escalinata adosada al muro principal del citado foro. A su vez, un canal de desagüe, a la derecha, se introduce en el conjunto general de la factoría para recoger las aguas residuales de la elaboración del pescado. Sobre el centro del muro frontal hay una especie de abertura semitaponada, que daría acceso a un posible sótano o depósito situado justo debajo del suelo de la plataforma del foro. Un muro de opvs quadratvm forma el límite entre el suelo y el posible depósito antes citado. Todo ello nos lleva a concluir que esta parte ha sufrido alteraciones arquitectónicas a través de la historia de la factoría. Es probable que la escalinata pusiera en contacto la factoría de abajo con las zonas más elevadas, también ocupadas por piletas de salazones y depósitos de agua, como se verá más adelante.

Dentro de la consideración general del aspecto que presentan las formas que limitan con el área de este trabajo, es conveniente destacar, aunque tan sólo sea como noticia breve, la presencia de un complejo arquitectónico que antes se ha nombrado: el mercado o foro. En efecto, en la foto 8J mostramos algunos componentes estructurales de su alzado (que no han sido incluidos en la planimetría general ni sectorial). Se indica sobre esta visión parcial el área superior de esta estructura (8J,2) y la secuencia de fondo donde se puede ver el sistema de muros romanos que es objeto de nuestra atención.

En la fotografía 9J, se observa cómo se elevan algunas de las formas, probablemente para constituir paramentos de las estructuras, objeto de nuestro trabajo, pero, como se ha dicho antes, es un poco problemático determinar dónde empieza uno y termina el otro, o viceversa; razón por la que no queremos entrar en materia, en esta perspectiva de edificio público, ya que consideramos que se trata de un elemento integrante de la factoría del Majuelo, como trabajo ya realizado y publicado.

En la foto 10J, se puede ver, con mayor precisión, el área del probable mercado y, sobre todo, el espacio de fondo, donde se quiere hacer resaltar la diferencia de línea en el paramento de los diferentes espacios que se ven aquí. Las líneas divisorias nos las ponen al descubierto las propias viviendas que están reutilizando toda esta secuencia, pero que, insistiendo en lo antes dicho, se piensa que son paramentos que casualmente, para nuestro trabajo, constituyen los muros de fondo de toda esta secuencia, en paralelo, de alineamientos de naves que se encuentran, como se verá más adelante, a la espalda de la zona en cuestión.

La fotografía 11J muestra uno de los posibles sistemas de almacenaje bajo el suelo del foro. No tiene aspecto de ser un depósito de agua por carecer de opvs signinvm impermeabilizante.

La foto 12J refleja la mayor parte de la solería de la plaza o foro, con restos de edificaciones que se levantan en distintos puntos de su trazado, casi todos, puntos del sistema de almacenaje, pero no depósito de agua, como ha quedado reflejado antes. El suelo debió estar enlosado con material de mármol, como se verá en detalles siguientes. El suelo actual muestra las improntas marcadas por la citada solería.

La fotografía 13J nos indica parte de la solería, los muros colindantes de la parte del foro, que ha debido sufrir mayor modificación, ya que su aparejo colinda con otras estructuras romanas que tienen características algo diferentes de las del Majuelo, dando a otra parte de la ciudad moderna, como se verá más adelante.

La fotografía 14J nos muestra ya la solería con improntas, y parte de ella con restos de baldosas de mármol blanco (fot. 14J,3), a la vez que los punto de acceso a los elementos arquitectónicos que se encuentran debajo de este suelo, y parte del alzado que limita con las formas colindantes de la calle Nueva (fot. 14J,1).

La fotografía 15J refleja, en el centro del foro, el alzado de escasa altura, que indica el acceso a los depósitos subterráneos, así como los muros de alzado que delimitaban el conjunto del foro.

La fotografía 16J señala la parte central del foro, donde se ven restos de edificaciones, en forma de muros, muy deterioradas, y con restos de solería de mármol blanco.

Las fotos 17J y 18J muestran principalmente los restos de solería de mármol blanco, donde se puede ver que tiene un tamaño diferente: unas losas son cuadradas y otras rectangulares. Se nota que todo este conjunto ha sido usado como cantera de abastecimiento para construir, con sus preciosos materiales, edificaciones modernas.

La foto 19J señala la entrada en el conjunto de piletas del Majuelo, del canal de recogida de aguas residuales procedentes de los sistemas de salazón que existieron en las zonas superiores del conjunto romano. Se puede ver la diferencia de cubierta que trae dicho canal: hasta llegar al Majuelo viene cubierto con bóveda de medio cañón; mientras que, a partir de este punto, discurre cubierto con simples lajas de piedra, o bien descubierto a través de casi todo su trazado (fot. 20J). Pero, después de unos 25 m, vuelve a ser cubierto con lajas de piedra y bóveda de medio cañón, hasta desaguar en la zona portuaria de la gran factoría, terreno que sigue enterrado después de haber sido excavado en los años ´60 por el Profesor Sotomayor, y que dejó al descubierto los posibles puntos de amarres portuarios de las embarcaciones. Esta valiosa zona arqueológica fue enterrada por decisión del Ayuntamiento de la ciudad en esos momentos, para construir el jardín moderno encima de ella.

Siguiendo la enumeración de todos estos muros indicativos, podemos ver con claridad cómo en la foto que nos muestra la secuencia de paramentos posteriores, se nos distingue dónde empieza una línea de naves, dónde termina y comienza, a su vez, la siguiente. Así, en la foto 21J se diferencian cinco niveles arquitectónicos distintos. Como nota de interés, añadimos, a propósito de esta imagen, una indicación del sistema de construcción de muros o murallas de contención que ya se ha enumerado en otro sector (figs. 17, 19 y 31, como más representativas). Se trata de un escalonamiento producido en la muralla, de forma que, aprovechando la pendiente de la roca, se llega a construir lo que se viene considerando muros de aterrazamiento (fot. 10J,2).

La foto 10J,1 nos muestra una panorámica que abarca parte de la zona del Majuelo y la casi totalidad del sistema de muros alineados que se vienen exponiendo como elementos a estudiar. En 10J,1,3, determinado el espacio del que se viene hablando, intentamos presentar una visión de conjunto de toda la secuencia de muro, encima del Majuelo. Pero esta continuidad no se interrumpe en los puntos que se indican, sino que se continúan a través de las estructuras defensivas del Castillo de San Miguel, donde, en otro lugar, podremos ver la continuidad del sistema que se inicia en nuestro punto de partida.

En la foto 22J, se puede apreciar la presencia del antes citado muro de contención escalonado (fot. 22J,2), las secuencias de paramentos terminales de las naves o espacios situados inmediatamente detrás de los muros que se ven en 22J,1,3; y, por último, lo que se considera, por noticias que se tiene de ella, la Puerta del Alcazaba, de la que nos resta una gran parte de su alzado. Se piensa que el componente externo, que hoy se ve en el aparejo de tal puerta, es medieval, sin dejar de pensar que el núcleo interno pueda ser de origen romano.

En la perspectiva que presentan las fotos 23J y 24J, se puede comprobar el sistema escalonado de las distintas partes de que se compone esta secuencia, corroborando con ello nuestra opinión de que no se trata de un muro unitario, sino más bien de las espaldas de edificaciones situadas detrás de las que hoy se ven. Precisamente ese escalonamiento es provocado porque las diferentes estructuras que tienen detrás lo exigen, a la vez que queda bien delimitado por el aspecto externo que nos ofrecen los paramentos, al corresponderse cada una con una estructura diferente.

A continuación de la citada puerta, nos encontramos con un gran lienzo de muralla, cuya composición interna y externa presentan indicios de ser medievales. Pero la base sobre la que se asienta, debe corresponderse con elementos romanos que, como se ha comprobado desde el Castillo de San Miguel hacia este sentido direccional, hay fuertes muros romanos que ciertamente tenían algo que ver con las posteriores manifestaciones de sistemas de murallas defensivas. Este espacio (fot. 25J) ha sufrido un fuerte deterioro, debido al mal estado de conservación desde tiempos atrás, y una parte de él se ha derrumbado hace unos meses. Sería de gran interés comprobar, con motivo de esa caída, la existencia de un aparejo diferente, por lo menos en su base. Téngase en cuenta que el muro que parte del foso del Castillo de San Miguel en sentido norte, tiene varios espacios en hueco, dando la sensación de que se ha producido derrumbe a causa bien de fallo del terreno, bien a fenómeno de tipo sísmico (en el s. IV d. de C, por estas zonas hubo fuertes terremotos).

Ciertamente es algo incomprensible que se produzca una rotura en un sistema de construcción que tiene una consistencia superior a todas las que posteriormente se han realizado en estas alineaciones defensivas. Sobre los mismos elementos que componen la Puerta del Alcazaba, se puede ver la reutilización de los muros romanos en 26J,4; pero, además, es conveniente anotar que tanto los muros que corren hacia e interior de la citada entrada, como los que se pueden ver a ambos lados, están levantados con material reutilizado, con formas que, presumimos, han sido previamente o cantera de extracción, o simplemente destruidos. Obsérvese el material que se ve sobre el paramento interno de la entrada (fot. 27J,2).

En la línea exterior o fachada del murallón se ha tomado detalle de la base para hacer notar cómo cambia de aspecto en el momento en que se le ha caído el aparejo externo, dejando ver el interior, al que pudimos identificar como romano por su composición (fot. 28J).

El detalle que se presenta para hacer ver que la Puerta del Alcazaba, se encuentra en el punto que ahora analizamos, lo da el paramento interno del corredor, que se nos muestra completamente rectilíneo hasta morir en la misma esquina y saliente de la parte baja de ese acceso (fot. 29J).

El gran lienzo de murallón que se nos conserva muestra, a lo largo de toda su base, una forma diferente a la del aparejo de la parte media y superior. En esta base, pues, se ve la secuencia de toda una cenefa de piedra que en nada se asemeja a la materia superpuesta (fots. 30J y 31J,2). En su parte interna (fot. 32J), queda claro lo que decimos, respecto al aparejo que se ha usado en su construcción: tierra prensada. Pero, como argumento de lo que tratamos de demostrar, en las bases romanas, obsérvese la parte inferior de la foto 32J y se podrá ver la composición del opvs incertvm en todos los puntos indicados.

Se ha venido diciendo que el pasillo corredor, que conduce a la Puerta del Alcazaba antes citada, tiene un aparejo medieval. Pero nos quedan dudas de si realmente lo es, porque hay bastantes indicios de que puede tratarse de una reutilización con ligera modificación del aparejo, fenómeno que se ha visto también en el sector T (fig. 31), donde la apariencia externa nos hace pensar en tal solución. Se cree que aquí ocurre otro tanto, sobre todo por la gran similitud de formas externas que se dan (fots. 33J; 34J), entre lo que aquí se ve y lo que hay constatado como auténtico romano en otros espacios (fig. 32).

Continuando, una vez pasado este pasillo corredor de la Puerta del Alcazaba, se ve ya desde la calle interior (Morería Alta) el murallón de cierre que termina en la puerta citada, y que va a unirse, para cerrar el recinto, a la muralla almenada que parte de la calle Antigua, y se encuadra dentro del sector i (fig. 15). En esta misma perspectiva, se puede ver, sobre los muros de las casas que dan a esta calle, en su punto terminal, secuencias de muros romanos reutilizados como elementos de acceso, o simplemente como momento de arranque de los alzados modernos de las casas (fot. 35J,1). En este punto concreto se tiene atestiguado el murallón de cierre, mejor indicado en 36J. Los muros romanos reutilizados pueden verse en 35J,2,3,4.

Nos situamos de nuevo sobre el espacio posterior del murallón que da sobre el Majuelo, para estudiar las estructuras que hay en la calle interior. Ese espacio, el comprendido entre el murallón del Majuelo y la calle, o muro de calle, está ocupado ahora por una vieja alfarería abandonada, en donde han existido numerosas estructuras romanas, que hoy se encuentran rotas y los materiales reutilizados.

Los muros exteriores de este recinto, probablemente lo sean, como puede verse en los que dejan transparentar el paramento de este espacio cerrado (fot. 37J). Los sillares son bien patentes y parte del muro muestra indicios de piedras que nos dan pie a admitir que la técnica sea de época romana. La razón de esta formación se puede comprobar observando el aparejo que se deja ver a través de la capa de cal que recubre la pared y, sobre todo, en el espacio que a continuación se ve en conjunto (fot. 38J), y en detalle (fot. 39J). Aquí, en esta parte final del muro, se ve con claridad el apunte de aparejo romano en el suelo y se cree que su alzado tiene la misma identidad (fot. 39J,2). Su continuidad (fot. 39J, 1) se atestigua en los muros que se han tenido que romper para abrir un estrecho paso hacia otras dependencias superiores.  

En ese pequeño paso interior, que se ha citado, y penetrando en el reducto que comprende, se localiza un área de viviendas modernas de una sola planta, en la que se puede observar que todos los paramentos son de opvs incertvm, recubiertos de cal moderna (fot. 40J, 1,2,3). Este espacio es una prolongación de las estructuras del alfar antes citado en esta misma dirección. Por lo tanto, se piensa que las estructuras murales que aquí se pueden ver y comprobar no son más que supervivencias de todas las series que se han destruido dentro de la citada alfarería, en que algunas formas han quedado ocultas por la tierra y la maleza.

Una vez descritos los espacios superiores de las estructuras que se encuentran tras el murallón de tierra prensada, nos dirigimos a la parte inferior del muro romano que se ha visto encima de todas las dependencias del Majuelo. Justo en el punto 41J, se puede observar lo que, a simple vista, parecen casas modernas normales. Básicamente todos estos espacios edificados que aquí se puede analizar, no son más que antiguos compartimentos romanos con una fuerte reutilización mediante aprovechamiento de muros y fuerte revoque con mortero moderno. Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que las secuencias enumeradas en 42J,1,2,3, no son más que parte de toda una cadena de naves enrasadas, como se verá.

Introduciendo otro elemento atribuible a otro sector (fig. 37) por necesidad de completar y dar más coherencia a la entrada a este espacio, del área que describimos, se quiere clarificar, mediante su información, que toda esta placeta se encuentra integrada en una de las estancias destruidas para poder ocupar las formas que se encuentran en todo este recinto.

Así, en la foto 42J,3, se puede comprobar la existencia de muros reutilizados en las viviendas modernas que se encuentran en torno al espacio que nos ocupa. Los puntos indicados en 42J,3, pueden verse de forma contigua en el paramento situado frente al que se ha tomado como referencia. La citada alineación se ve claramente en 43J,1,2,3, de tal manera que se pueden ver naves que conservan su bóveda, y otras que han sido enrasadas, o bien se han caído.

Centrándonos en el punto 43J,3, se observa cómo, tanto en fachada como en interior, se detectan las estructuras murales y puntos de arranques de bóvedas que se vienen enunciando. Así, en 43J,1, se puede identificar el muro romano alineado con la calle actual y que se conecta con las estructuras interiores formando una unidad de naves. En el detalle que se presenta en 45J, fachada del espacio interior antes expuesto, se puede comprobar, aportando un poco más de precisión, la existencia de los puntos de arranque de una bóveda que ha sido destruida y de la que tan sólo nos quedan los muros extremos de la bóveda de nave (fot. 46J,1).

El punto 43J,1 nos señala, formando parte de esta secuencia, la entrada a unos espacios cuyas estructuras internas se relacionan estrechamente con las expuestas en 44J. El interior, situado tras esta puerta, no se ha podido fotografiar, pero conocemos su planimetría y cómo se entronca con el resto del sistema. En el punto 47J,3 se ve la entrada a este espacio, y en los otros elementos (47J,2), la necesidad de utilizar podivm para poder acceder a una nave estrecha transformada en vivienda; mientras que 47J,1, es tan sólo un solar de nave, situado al mismo nivel que los demás de este conjunto. Es probable que el motivo del podivm, que se ve en 48J, se deba a la existencia de estructuras subterráneas situadas bajo esta vivienda, hecho que es probable.

Una vez que se ha entrado por el punto 47J,3, y través de sus compartimentos, que son romanos transformados, pero tan sólo en su reparto, no en su composición, se llega al interior de la vivienda, y entramos en una de las piezas mejor conservadas de naves (fot. 49J). El acceso, como en la casi totalidad de las construcciones, es artificial.  

La puerta que hay en 49J2, ha sido abierta a golpe de pico. Se puede ver en esta perspectiva de la nave lo que se nos indica en la fotografía: puerta artificial (49J,2), y la abertura en el punto central de la nave, sobre su bóveda. Por lo demás, los paramentos se encuentran en una situación casi original: un ligero encalamiento del sistema de opvs incertvm en todo el alzado interior, bóveda incluida. Sus medidas son las siguientes: altura, 2,80 m; anchura, 1,80 m; largura, 6,20 m.

En la foto 50J, se nos manifiesta como dato revelador la indicación del punto que se considera entrada del recinto. Dentro de los detalles a perfilar, se han de señalar esos datos que se consideran elementos arquitectónicos de nuestro estudio: la abertura que se observa en el centro de la bóveda de la nave (fot. 51J,1), se interpreta como único medio de acceso a este sistema; pero, además, se tiene que manifestar que, junto a este detalle formal, muy importante, se encuentra otro factor que hasta ahora no ha sido detectado en ningún paramento o nave ni nada similar: un agujero de 5 cm de diámetro, que nos indica el medio de respiración de este recinto. Es un dato de alto valor arqueológico, arquitectónico y funcional.

En el punto 52J, hay un detalle de lo que ha podido constituir el verdadero elemento de entrada a este sistema de nave. Su diámetro es aproximadamente de 0,50 m. Se encuentra taponada con una piedra con agujero en el centro. Su forma es circular. El grosor de la bóveda es de unos 0,55 m (fot. 53J,2).

Comenzando por el primer subsector que, pensamos, tiene muros romanos a sus espaldas, detrás del Majuelo, se presenta, en primer lugar, un pozo cuyo aparejo y composición interna es imposible de mostrar ahora, pero que tiempos atrás pudimos ver que se trataba de una reutilización de un elemento romano destinado al abastecimiento de agua de las estructuras industriales del Majuelo. Su aparejo usa la técnica del opvs incertvm; su diámetro es de 1,45 m, incluido el grosor del murete del brocal. Su forma es circular.

Continuando la descripción, nos encontramos con un pasillo artificial que da acceso a las partes interiores de los espacios romanos que se sitúan detrás de los muros continuados del Majuelo. El paso mide alrededor de 1,60 m. El muro derecho, según se entra, 10,56 m de largura; el de la izquierda, 12,70 m. Tanto al fondo de uno como del otro, se puede comprobar la existencia de unos lugares que no han sido casi alterados, y nos presentan unos paramentos de opvs incertvm bien identificables. Las demás paredes aparecen demasiado revocadas con mortero moderno (fot. 55J).

En la fotografía 56J,1,2, se ve el interior de la nave situada a izquierda del pasillo, según se entra. Pueden identificarse los muros romanos tanto en 56J,1, como 56J,2, con indicación de continuidad hacia partes interiores que no se ha podido fotografiar, pero que se sitúan como componentes de toda una secuencia de elementos arquitectónicos romanos. La altura de este paramento tiene un módulo tradicional: 2,30 m. Justo enfrente de este espacio de supuesta nave enrasada, se puede ver, en el alzado de la calle, otra forma paralela que acabamos de describir, con idéntica composición y altura, dejándose ver incluso el aparejo de opvs incertvm (fot. 57J ,2).

Al igual que se ha dicho para el anterior, este espacio de nave enrasada se continúa en dirección al Majuelo, donde tiene su muro final de cierre, fijado como límite de separación entre ambos sectores. La puerta que se ve al fondo de la imagen que se presenta, nos indica la continuidad hacia las estructuras que finalizan en el Majuelo, situadas a corta distancia.

En ese mismo pasillo artificial que citamos al principio de toda esta secuencia, giramos en ángulo recto y nos encontramos con un espacio destinado a nave, cuyo interior mide 3,90 m de anchura; 2, 60 m de altura, y 5,62 m de fondo. Las paredes, como se puede comprobar, así como el fondo, son de opvs incertvm. Este punto terminal tiene detrás otras formas que no se han podido fotografiar, y que constituyen el final del sistema que linda con el Majuelo (fots. 58J; 59J).

Siguiendo por este intrincado pasillo artificial, nos encontramos en la propia calle, con toda una secuencia de muros de opvs incertvm (fot. 60J), formando los alzados de construcciones que debieron ser parte de la secuencia del Majuelo, como el resto de las edificaciones que encontramos aquí. Las medidas de los muros situados a ambos lados de este pasillo corredor, en el espacio situado frente al habitáculo 59J, son de 4,60 m y 5,45 m. Girando a derecha, el muro mide 3,05 m, y el que sigue, 5,20 m.

El espacio indicado en 61J, señala, en primer lugar, la existencia de un muro que da al pasillo (61J,2) y que constituye un elemento estructural perteneciente a una nave destruida, si se tienen en cuenta los parámetros exigidos para tales formas. El punto 61J,1 marca el espacio que ocupa una de las naves reutilizadas y que se encuentra a la otra parte del área que se estudia. Obsérvese cómo queda enmascarado el muro, mediante la cal moderna, dejando ver las huellas del opvs incertvm. Por último, en la parte donde se cierra completamente este pasillo, se ven casas modernas cuyos paramentos externos se encuentran sobre cimientos romanos, pero en su exterior no hay nada antiguo (fot. 62J).

Situados en el punto extremo de la muralla medieval que hay sobre la factoría del Majuelo, se puede ver uno de los torreones casi completamente destruido por la erosión, el mal uso y el abandono (fot. 63J,2) que, con más detalle, se puede observar en 64J,3.

En la fotografía 65J se ve el límite entre el muro del foro y formas más antiguas de piletas de salazones, que han sido cortadas por la evolución del sistema. También se acusa del abuso de las obras modernas que han interferido en este sector.

Las fotos 66J y 67J muestran de forma parcial el conjunto de parte de lo que fue la mayor zona de factoría de la parte de Poniente. Se observan los distintos sectores que componían su estructura, con muros de separación entre las diferentes unidades y tipos de piletas de salazones.

Las fotos 68J, 69J, 70J y 71J demuestran lo que se viene afirmando: las diferentes tipologías de piletas y el abandono que se viene observando a través de la evolución de la industria. Igualmente se observan algunos desagües que sirven para limpiar piletas.

La fotografía 72J muestra un recinto destinado a la preparación de los productos, tiene un pilar central que hace comprender que tenía cubierta, a dos aguas.

Conclusión del sector J

Los elementos y estructuras que acabamos de exponer aquí, nos llevan a establecer una serie de anotaciones encaminadas a tratar de definir lo que en conjunto, se piensa constituye este sector. Por una parte, se puede ver cómo se relaciona con el complejo industrial del Majuelo, constituyendo una prolongación de las estructuras arquitectónicas en superficie, dentro de lo que se viene considerando parte alta del conjunto arquitectónico.

De todos los elementos vistos, el área que inmediatamente se sitúa a continuación de la factoría, está integrada básicamente por estructuras abovedadas, aunque tan sólo una se conserve entera. Pero, en sus inmediaciones, se puede contemplar cómo se van situando los espacios pertenecientes a otras, que se han caído, o han sido enrasadas para construir modernamente sobre ellas. Aparte de lo que se ha considerado, se ve también la existencia de una serie de muros que han podido formar una cadena de cierre que pone límite a todo el sector del Majuelo. Hoy se encuentra ocupado por viejas alfarerías.

Por todo lo visto, se piensa que este sector se integra en las estructuras del Majuelo como elemento arquitectónico fundamentalmente destinado almacenar los productos que allí se elaboraban, es decir, son formas industriales que se encuentran anejas y reutilizadas modernamente como estancias o viviendas, pero que sus estructuras responden a los antiguos esquemas de naves abovedadas, en su mayor parte, y destinadas a ser utilizadas como almacenes.

SECTOR K

Iniciamos el proceso de análisis de este espacio situando topográficamente las áreas que se van describir. Los límites vienen marcados por las calles Morería Alta, Morería Baja y calle Nueva. Es preciso hacer resaltar que la zona de Poniente, en general, muestra unas características peculiares que le son propias, y ello debido probablemente a que este gran sector se encuentra ligado al núcleo principal de elementos dedicados a la industria de salazones.

Si se observan detenidamente todas las estructuras, el carácter evolutivo se aprecia con más fuerza que en los sectores de la parte alta de la ciudad y zona de Levante. Éstos muestran una situación más permanente, mientras que los de Poniente manifiestan con más evidencia las transformaciones que han sufrido a través del tiempo.

No obstante ello, se hace hincapié en que la zona más baja de este sector en cuestión, se encuentra mucho más fuertemente vinculada a la factoría de salazones del Majuelo, de la que forma parte integrante, en su área alta y cuyas infraestructuras tienden más a ser espacios de almacenaje que elementos industriales, como ocurre en el Majuelo. Por eso hacemos esta breve reflexión antes de iniciar el recorrido descriptivo del mismo.

El primer núcleo que se estudia, elementos de la calle Martínez Rodas, hay que relacionarlo con parte del sector P (fig. 27), ya que, tanto la parte superior como la media, según el desnivel que se observa, 8 m aproximadamente, nos indica que los muros de contención de terrazas se encuentran intercalados formando líneas ligeramente curvas por la configuración del terreno, y que se continúan a través de este primer espacio que nos disponemos a describir.

Así, el primer tramo de fachada que se ve (fot. 1K,1), probablemente tenga algún resto de paramento romano, cosa que no se ha podido confirmar analíticamente. Ello debido a la fuerte transformación que ha sufrido el subsector en general. Pero, dentro de una lógica urbanística, donde las estructuras romanas vienen siendo el soporte de todo lo moderno, qué duda cabe que seguirán constituyendo los paramentos romanos los puntos de soporte de todas las infraestructuras modernas que aquí se pueden observar.

Por otro lado, la dinámica iniciada desde época medieval para hacer de un complejo industrial un medio habitable, ha llevado al continuo proceso de abrir espacios que comuniquen unos sectores con otros, a costa de eliminar parcialmente algunos tramos de estructuras que los modernos consideraron indispensables para dar acceso a todos estos espacios inexplicablemente muy cerrados y sin sentido urbanístico propiamente dicho. Por tal razón, en esta primera calle y hacia la mitad de la misma, se ha producido la rotura intencionada de fuertes muros de contención que se encuentran a ambos lados, tanto en el sector P como en el K (figs. 17 y 27).

El aterrazamiento es un fenómeno común en la zona de Poniente, debido al fuerte desnivel que hay en corto espacio. Fue una necesidad primaria establecer esos contenedores para poder montar tanto los elementos de industrias como estructuras de almacenaje a través de todos los sistemas de escalonamientos de esta gran área. Testigos de tal técnica se conservan con gran claridad en el sector norte, situado entre la calle Antigua (primer tramo de arriba) y la calle Morería Baja (cfr. fig. 25).

Continuamos el proceso descriptivo en la calle Nueva, a lo largo de todo un paramento que se considera como reutilizado, pero muy alterado modernamente, que está ahí y se considera como tal.

En un paso interior de esta manzana (fot. 3K, fig. 17), se observa en 3K,1, la existencia de un muro, recientemente destruido para ganar espacio, cuyas características son las propias del opvs incertvm. Como puede demostrarse, las piedras y argamasa procedentes del derribo aparecen como testigos de tal indicación. Simultáneamente a tal derribo, se produjo un rebaje de terreno en el que aparecieron formas similares a las del Majuelo, con profusión de cerámicas que no pudimos estudiar y catalogar. Pero aquí nos remitimos a las manifestaciones arquitectónicas, que es lo que por ahora prima.

Los muros antes citados continúan en las estructuras de alzados que siguen de pie y se extienden hacia el interior de este espacio hasta constituir el límite de separación entre la calle Morería Baja y este tramo de la calle Nueva.

Si se observan los paramentos desde dentro, se ve que se encuentran muy ligeramente revocados, dejando traslucir la forma externa del opvs incertvm (fot. 4K). La presencia del ladrillo es un elemento nuevo (opvs testacevm), en los dos arcos de la entrada a este espacio (fot. 4K,2).

Antes de entrar en este patio, en el mismo umbral y junto al muro maestro de toda la calle, se ha realizado una excavación para reponer tuberías de agua. Aprovechando esta ocasión se ha podido comprobar que, justo debajo del citado muro, ha hecho aparición lo que se viene afirmando a través de nuestro trabajo: la mayor parte de los muros de casas modernas, o son reutilizaciones completas de alzados romanos, o aquellos se montan sobre los romanos constituyendo su verdadero cimiento. Aquí se pueden dar, de forma alterna, tales manifestaciones. Para nosotros constituye una prueba irrefutable de un dato que acaba de mostrársenos en este tramo de calle (fots. 5K, 6K, 7K, 8K). El grosor del muro descubierto permite levantar sobre el mismo todo el paramento de fachada moderna que hoy existe (fots. 6K, 2, 8K, 2). Simultáneamente se ha podido comprobar la existencia de una red de distribución de agua, con arqueta y ramificaciones de canales (fots. 5K; 7K).

Como puede comprobarse, las alteraciones que se han venido realizando a través del tiempo, quedan bien manifiestas en el aspecto moderno que presenta el patio objeto de estudio (fot. 9K). Puede comprobarse, y esto que quede como testimonio argumental de otras manifestaciones de este tipo, cosa que haremos en otros espacios, que nada de similitud hay en el aspecto de 30 años atrás en este patio, y lo que hoy nos encontramos (fots. 3K; 9K). El revestimiento de las paredes evita su identidad. En la fotografía más antigua (fot. 3K), se puede comprobar la técnica del opvs incertvm en los paramentos que entonces eran manifiestos. En el aspecto moderno (fot. 9K), no se ven arco de ladrillo, ni indicadores de alzado romano.

Este patio se continúa hacia el interior, hasta dar acceso a las estructuras que colindan con ambas calles (fot. 10K) y en donde se observa la existencia de estructuras antiguas con revoque moderno y aperturas de accesos artificiales, como nota común a gran número de estancias en toda la ciudad.

Girando hacia la parte superior de este subsector y en la misma calle, se pudo tomar detalle en una demolición practicada para ganar espacio, de la forma interna de uno de los paramentos que se viene admitiendo como antiguos muros romanos. En efecto, aquí se puede ver cómo se ha levantado un muro que ofrece claras señales de reutilizaciones de materiales romanos. Se ve el ladrillo como componente dominante, la piedra pizarrosa y, de forma aleatoria, la toba. El tipo de ladrillo usado es el de mayor grosor, que se verá de nuevo en las naves abovedadas de este mismo sector. El módulo del muro es de 0,60 m (fot. 11K).

Continuando en el análisis de este paramento sobre la calle, nos encontramos con un final supuesto, donde aparecen las piedras de cierto tamaño al pie de muro y en un supuesto paso artificial (fots. 12K; 13K). Aquí se produce una encrucijada con cuatro direcciones, donde ha sido necesario romper para dar acceso a los distintos subsectores. Hay indicios evidentes que nos indican esta apertura (fot. 12K,1,2), notándose la continuidad entre el murete que sobresale de la pared (fot. 12K,2) y los restos que afloran sobre el pie del paramento (fot. 12K,1).

Siguiendo la descripción, tras un giro de 90 grados, pasamos a la calle Morería Baja, que va a ser la que más datos nos va a proporcionar. En primer, lugar se ven los altos podia que han sido necesario levantar para acceso de las casas. Se trata de claras reutilizaciones modernas, como se verá. Puede indicarse que la propia calle es un espacio reconvertido, ya que, cuando se abrió para la instalación de la red de alcantarillado, hubo serias dificultades por los fuertes muros transversales que debieron ser rotos para tales instalaciones (fot. 14K). Más adelante, se aprecia sobre el paramento romano, resto de muro que sobresale de la pared actual y que probablemente formaba cierre en este espacio (fot. 15K,1). En esta parte, donde se ubica el podivm de acceso (fot. 15K,2), se supone la existencia de un sistema que posiblemente sea un espacio de naves enrasadas, como se verá de seguido. Sobre el muro izquierdo (fot. 15K,3) se puede identificar una reutilización de alzado de muro romano que enlazará con la parte interior de la zona de naves, y cuyos datos testigos podrán verse con claridad.

Si continuamos el análisis del paramento en cuestión, sobre la parte izquierda de la calle, se observa la forma antigua de un paramento que se extiende a lo largo de todo este subsector, indicándosenos, a su vez, la altura del mismo de forma espontánea (fot. 16K, 1,2). A lo largo de esta fachada, se puede identificar, después de lo dicho antes, la existencia de naves abovedadas cuya cubierta ha sido en unos casos enrasada, en otros, se les ha colocado un falso techo (fots. 17K; 18K). No se puede decir que el paramento alcance tan sólo la altura que se presenta en 17K,2, sino que puede alzarse hasta mayores proporciones, como puede comprobarse en el análisis del paramento en 19K,1.

La existencia de los podia para acceder a las casas que se encuentran en esta fachada de la calle (fot. 20K), indican que bajo ellas hay una cadena de estructuras que se consideran naves, aunque los techos abovedados se encuentren enrasados. De esta manera se respetan los fondos que pertenecen a otras viviendas y que se encuentran, en parte, bajo el nivel del suelo, sobre la calle en cuestión.

En una apertura artificial de la calle (fot. 21K), nos encontramos con un paramento cuyo aspecto externo acusa un saliente y la técnica del opvs incertvm en estos subsectores. Igualmente, enfrente del mismo, se puede identificar otro paramento de tales características (fot. 22K) y que, además, queda corroborado por la presencia, sobre el suelo, de un muro testigo débilmente destacado. Por tanto esa entrada se puede considerar artificial y probablemente, según los datos últimos de que disponemos, se realizara en época medieval, aunque los depósitos de líquidos que se han descubierto recientemente, utilizando dolivm semienterrados, nos ofrecen una nueva versión sobre la cuestión: es una forma abierta, sin techumbre, pero cercada de sistema de muros. Se demuestra que el terreno se encuentra muy alterado, y con áreas que han sufrido fuertes cambios durante la repoblación cristiana.

Se piensa que no sólo este sector, sino los interiores de las naves, también estuvieron dedicados a este u otro tipo de almacenaje.

Dentro de este complejo hay estructuras que han perdido su finalidad originaria, como son los arcos que se pueden ver al fondo del paramento romano (fot. 24K,1, 2).

De forma coherente es preciso dividir este subsector en dos partes para describirlo: área subterránea y espacio superior. En cuanto a la primera, se puede decir que está compuesta por tres series de naves de las que tan sólo se conservan dos de ellas; mientras que las restantes, o han sido modificadas o destruidas.

La primera serie de naves podría situarse sobre el espacio que marca la entrada a este subsector (fot. 25K,5). La segunda serie se corresponde con la ya existente y que se localiza paralela a la supuesta primera (fot. 26K). Sus medidas son las siguientes: largura, 6,38 m; anchura, 3,40 m; altura, 2,70 m. Esta nave muestra, a su entrada, una alteración de planta sufrida en el tiempo, y razonadamente se piensa en una modificación de época romana posterior (fot. 25K,3), apreciándose usos de ladrillos que no se corresponden con la edilicia estrictamente clásica.

El paramento divisorio de fondo está construido con la técnica del opvs incertvm. La bóveda, algo rebajada, ha sido levantada utilizando el sistema conocido como opvs testacevm, y cuya estructura secundaria está compuesta por dos tipos de ladrillos: uno grueso, de 0,06 m, y otro de 0,035 m. Ambos tienen la misma anchura y largura: 0,28 m x 0,22 m respectivamente. La secuencia de los mismos en el aparejo, es una alternancia de dos gruesos por tres finos. El opvs incertvm de sus paramentos laterales comienza en los cimientos y termina en el punto de arranque de la bóveda.

Casi en el centro de la cubierta, hay una abertura enmarcada por bloques de piedra toba. Se piensa que este es el antiguo medio de acceso. Su medida es de 0,60 m x 0,50 m (fot. 27K). Esta supuesta entrada se encuentra taponada con piedras y técnica, de época. Entrando por su puerta artificial, no presenta una línea homogénea, sino un refuerzo o engrosamiento que, en línea oblicua, se dirige por su parte izquierda, hasta el punto de su fondo, que mide 3,85 m. Justo delante de esta nave hay un espacio que debió estar ocupado por otra, ya que guarda las mismas proporciones y se encontraba comunicada con la segunda por medio de otra puerta de época romana posterior (fots. 38K,1; 39K). Las medidas de la supuesta nave son: 5,40 m de largura, y 2,70 de anchura. A continuación se observa otro espacio, que también debió formar parte de la infraestructura de naves, y que se adentra en la vivienda que actualmente se encuentra frente a la misma, formando parte de esta red o encadenamiento de elementos arquitectónicos. Su longitud es de 2,20 m. La anchura coincide con la anterior (fot. 40K). Su paramento se identifica con la continuidad marcada sobre el actual suelo (fot. 31K,1), en donde se aprecia con toda claridad su secuencia. A su vez, la existencia sobre el suelo de un arco de ladrillo, en línea con el muro, de una anchura de 0,60 m, nos hace suponer que se trata de una estructura que, tiempos atrás, tuvo un nivel real muy por debajo del que se observa ahora. Los restos hallados dentro de ella, nos hace pensar en una reutilización en época medieval como horno o similar, al haberse encontrado en su interior bastante carbón (fot. 48K).

Si nos adentramos por el punto 40K,2, pasamos al otro sistema de naves que, tiempos atrás, mostraban el aspecto que se indica en primer lugar (fot. 33K), y que hoy nos presentan ya lo que realmente eran (fot. 34K). Las medidas de esta nueva nave son: largura, 8,57 m; anchura, 3,90 m; altura, 2,70 m. En el punto de separación lateral de estas dos naves se puede observar la existencia de dos pasos originales, con arco de medio punto alterado. Las luces aproximadas de ambos arcos son de 1,30 m (fots. 35K; 36K). A su vez, frente a esos dos arcos, hay una abertura que muestran uno de sus lados, muro con aparejo correcto, mientras que el otro, aparece roto; lo que nos hace pensar que era una especie de salida al exterior. A causa del ensolado moderno no se puede conocer la altura real de la misma. Su anchura actual es de 0,85 m, y su altura (sin tener en cuenta la parte rota), 0,55 m.

Si se observa con detalle el punto 38K, todo parece indicar que esta nave o bien ha sido más larga de lo que muestra, o bien se ha producido una alteración en el tiempo, como es el añadido que se ve en 38K,1, que, a su vez, presenta una abertura en la bóveda (38K, 2). El hecho de que aparezca tal agujero 38K,3 y, a la vez 38K,1, que es un paso, nos hace pensar que lo del techo es lo más antiguo, coincidiendo en la forma y medidas con la de la otra nave, que era más larga de lo que ahora muestra, ya que este tipo de entrada es el tradicional romano y, por tanto, la nave ha sido acortada, cambiando su sistema de acceso por una puerta que la comunicaba con otra nave situada justo al lado, por el punto 38K y 39K.

La segunda línea de naves se continuaría ocupando el espacio que hay delante, y que mide 7,53 m. La anchura de su muro es de 0,60 m, más el grosor interior de la nave. Este sistema se continuaría a través de las casas modernas actuales hasta por lo menos el final de este subsector. En su parte frontal se pueden observar dos arcos de distinto nivel: el primero, con una altura de 1,45 m; luz de 2,10 m, y fondo de 1,10 m. El segundo tiene una altura de 2,80 m; anchura de 1,10 m, y fondo de 0,45 m. Ambos tienen un paramento de opvs incertvm, rematado en sus bordes con opvs testacevm de 0,28 m de grosor (fots. 42K; 43K; 44K; 45K; 46K). Precisa-mente sobre este punto de detalle, se ve en el suelo la existencia de restos de muros que forman parte del cierre de la nave y que el muro moderno es una reutilización del muro paralelo de los alzados que aquí se han usado (fot. 46K,3). La prueba de que esto ha sido un sistema de almacenaje, queda bien patente en los detalles que aquí se aportan: aparición de almacén con vasijas sobre el suelo semienterradas (fots. 47K; 48K).

Una deducción consecuente con esto, debe ser la admisión de que este recinto era una especie de patio abierto; lo que no quita que tiempos atrás, hubiera sido una nave, como todo parece indicar, si se tiene en consideración el recorte sufrido en su planta por la nave segunda. Lo que no ha dado señales claramente sobre su identidad, es el arco que aparece sobre el suelo, bajo el que ha hecho aparición una estructura que aún no se ha podido definir por falta de una prospección adecuada (fot. 48K,3).

Pasando a la parte superior, es decir, a las estructuras situadas encima de las naves, nos encontramos con varios compartimentos de los que, entre lo más destacado es un depósito de agua que ocupa la parte superior de la tercera serie de naves (fot. 49K).

No se puede pasar por alto la existencia de un gran murallón, situado en la parte posterior de la tercera fase de naves que ocupa todo el fondo del subsector que estamos analizando (fot. 49K,1,2). Testigos de esta obra de ingeniería son los restos de un probable depósito de agua (fots. 50K; 51K). Tal depósito nos ofrece unas medidas que no se pueden precisar bien a causa de las roturas y reutilización que ha sufrido, pero que nos pueden ser lo suficientemente justas para admitirlo como tal.

El punto que da sobre la parte terminal de la tercera serie de naves, mide 4,03 m; su altura aproximada, 6 m; el grosor de los muretes que lo conforman, da los siguientes datos: tramo de mayor grosor: 1 m; tramo intermedio: 0,80 m; tramo más estrecho, 0,60 m. El grosor general que presentan los paramentos está en los 0,60 m.

A partir de este espacio se puede comprobar que las diversas estancias o zonas destinadas naves, marcan las siguientes medidas: 1ª, 2,75 m de largura; 2ª, 4,25 m, y 3ª, 10,75 m. El grosor de los muros de separación de los diversos compartimentos es de 0,60 m. El muro de fondo, que es de aterrazamiento, mide 3,30 m de grosor, en el espacio que se encuentra inmediatamente detrás de los dos arcos ciegos que antes se han analizado (fot. 43K,1,2).

Consecuentemente a todo ello, inducimos que la calle que se encuentra justo detrás de lo que se ha visto, ha sido montada, en parte, sobre este gran muro de contención (fot. 52K,1). Pasado esto, se quiere dejar bien patente que las medidas han sido tomadas con precisión. Así, la capa impermeabilizante del depósito mide 0,35 m, y el estuco, 0,01 m.

La extensión, que se ha podido medir, de forma casi exacta, ha sido la dimensión que nos presenta el muro que divide este sector del que se inicia inmediatamente hacia la parte superior, y que mide, en lo que se ha podido comprobar, 27,45 m de largura; pero no se pierda de vista que hasta el final de este paramento, alcanza los 42 m, aproximadamente (fots. 54K,1; 55K,1).

Si nos situamos sobre la parte superior de la calle, podemos comprobar que el muro se deja ver (fot. 56K) a lo largo de todo el subsector, en su casi totalidad.

Continuando la línea en sentido contrario, se ve igualmente que el aparejo externo de las casas actuales muestran los mismos indicios de la estructura romana externa (fot. 57K). Pero se puede aún precisar más. La fachada que se aprecia en la foto 58K, en su casi totalidad, se corresponde con un paramento íntegramente reutilizado hasta su base. Pero las manifestaciones no sólo quedan ahí, sino que en los alzados de las estructuras que van a aparecer en el punto inmediatamente superior, comienzan a presentar señales claras de muros romanos con la técnica del opvs incertvm (fot. 59K,4). En la parte izquierda se observa igualmente la secuencia del subsector que estamos analizando (fot. 59K,1,2,3).La consecuencia lógica es pensar, a raíz de los datos que presentamos, que la calle se encuentra montada, como ya ha ocurrido en otros lugares, sobre el propio muro romano que, al paso del tiempo y cambio de infraestructura industrial, ha sufrido las más sorprendentes modificaciones en su forma externa.

Una vez llegados al final de este subsector, se puede comprobar realmente que las redes viarias han experimentado grandes alteraciones (fots. 60K; 61K). En el extremo opuesto del subsector más elevado, se observa igualmente la reaparición de las estructuras ocultas de los paramentos que ya se han podido comprobar e identificar en las zonas que se han manifestado con más prolijidad de datos. Por ello se indica aquí el tramo final de este espacio (fots. 62K; 63K; 64K), donde se puede decir que la parte inferior descrita, se corresponde con la secuencia natural de todo el subsector, y que puede perfectamente identificarse con la secuencia de naves encadenadas o sistemas, al menos, similares al que acabamos de describir en la primera parte de este sector.

El punto 64K,2, nos pone de manifiesto que las naves, en la parte más baja del subsector, se continúan. El paramento externo deja sus señales de identidad en los muros que dan a la calle (fot. 64K), y la existencia del mismo tipo de nave en 65K,2, donde, sin lugar a dudas, se puede decir que hay una reutilización idéntica a la ya manifestada en el otro subsector de naves. Precisamente en este espacio, justo en el punto 65K,3, se puede comprobar la existencia, en el aparejo externo, del opvs incertvm y testacevm, formando juego en todo el muro exterior. El paramento que pretendemos mostrar aquí, puede catalogarse e identificarse con el simple análisis de las manifestaciones externas que nos presenta la fotografía 65K,2.

Conclusión del sector K

Tras la exposición de todos estos datos, se tienen que delimitar los espacios que se ha descritos. En primer lugar, la zona baja nos ha puesto de manifiesto que su estructura está más relacionada con las secuencias del Majuelo, del que han aparecido, con motivo de aperturas de zanjas en el suelo, los muros que sujetan los paramentos de las casas modernas, o se prolongan formando parte del alzado de numerosos edificios modernos.

Los tipos de muros, por sus características, se pueden relacionar más con la zona baja que con la alta. Las deformaciones de estructuras son más frecuentes aquí que en la zona superior. Sin embargo, ésta muestra más fuertemente el proceso de cambios en los usos que se han ido dando a las formas encontradas. La zona baja no nos proporciona datos, aunque tan sólo sean de evolución arquitectónica, que puedan llevar a establecer un proceso de cambios a través del tiempo. La zona alta, por el contrario, da claras señales de evolución y cambios dentro de la misma fase romana y, en las reutilizaciones, cambios en época medieval y moderna.

Por otra parte, la zona superior da los siguientes elementos arquitectónicos: depósito de agua, naves abovedadas y muros de contención y aterrazamiento.

No disponemos de testimonios de tipo industrial, pero se pueden fácilmente suponer, ya que el depósito de agua fundamentalmente presupone una aplicación para la salazón. Por tanto, se considera que esta área es parte de la factoría que se supone se extiende por el sector de Poniente, no con la intensidad que se produce en el Majuelo, pero sí, tal vez, de una forma más selectiva, por los escalonados paramentos estructurales que, de forma continuada, se van montando por todas las áreas del complejo general de Seks. En definitiva, se puede afirmar que es una célula más de todo este complejo.

Desde el punto de vista cronológico, el proceso evolutivo se ha detectado con gran fuerza en este sector, habiéndose observado modificaciones en las estructuras arquitectónicas (naves, arcos, módulos de las mismas, abandonos de unas formas y adopción de otras, arcos sin sentido arquitectónicos), lo que explica una clara modificación en la evolución de la historia industrial de esta área del complejo de Seks.

SECTOR  L

Para un completo estudio de las distintas partes que componen esta área, se ha dividido el sector L en tres aparta­dos: zona donde se realizó excavación en la planta baja; planta baja, y planta alta, que comprende la parte superior, núcleo de Eras del Castillo. Y, siguiendo este criterio, se estudia y expone un conjunto estructural que forma una de las unidades más extensas y complicadas de este trabajo. Pero antes de comenzar, es imprescindible hacer un breve esquema sobre la zona que se va a detallar.

En primer lugar, se expone el ámbito espacial abarcado por este complejo y, en segundo lugar, como esqueje histó­rico, quiénes han ocupado esta zona, y qué uso se ha hecho de ella.

Si se analiza la planimetría practicada, puede colegirse que las proporciones no son las que, a simple vista, deduce cualquier visitante de este lugar.

Lo que se conserva de nave es la cuarta parte de lo que fue este complejo. En efecto, se comprueba cómo se expande hacia los latera­les a través de los espacios conservados en los interiores de las casas adosadas a la Cueva, en la calle San Joaquín (I).

Por otro lado, en su parte noroeste, se ve que existió otra estructura («cueva») de similares características, pero que se ha derrumbado, quedando sólo los puntos de arranque que se observan en el testero, a izquierda de la entrada principal de la Cueva, según se sale. Además, es estimable que, así como se admite un sector adosado a la misma, en la calle San Joaquín (I), éste se extiende hasta constituir otra unidad paralela, mostrando un aspecto casi rectangular a lo que realmente debi­ó ser el complejo. Todos los indicios apuntan a tal solución como lógica­mente posible y arquitectónicamente aceptable.

La inclusión de toda la parte superior, ha dado mayor relieve al estudio unitario aplicado a estos tipos de instala­ciones, además de conside­rarlo lógico, ya que la conexión entre todos estos espacios se presenta como un solo edificio.

Para su estudio se ha procedido estableciendo una serie de niveles, indispensables para hacer coherentes todas las unidades arquitectónicas que aquí se dan, pero no con una plani­metría escasa en proporciones, sino amplia, de modo que se refleje en ella la mayor cantidad de datos posibles que se detecten en todo el complejo. Por tal razón se ha dividido este tramado en varios planos: zona de excavaciones planta baja; planta ba­ja propiamente dicha; planta superior, super­puesta a la superior. Complementariamente se hacen secciones de la planta baja y superior, y proyección caballera del alzado de la planta inferior (cfr. figuras 18 a 23).

En cuanto a la reutilización de la Cueva, hay opiniones encontradas y contrapuestas, pero lo único que se recuer­da, ya en nuestros días, es la ocupación, por gente muy humilde, de todos cuantos rincones existen aquí, de las modificaciones realizadas en su exterior, y los añadidos practicados. Pero esto no es suficiente para explicar determinados fenó­menos comprobados en la fase de excavación, y que se indican en este estudio y exposición de datos.

Zona de excavación de la Cueva, al mismo nivel

Después de las diversas opiniones vertidas sobre la finalidad de estas dependencias, se prescinde de ellas, y se expone lo detectado con un análisis exhaustivo de cuantos detalles y rasgos se han encontrado en una detenida observación de paramentos, bóvedas, canales y agujeros registrados. Pero el primer paso se da en el proceso de excavación de la planta baja de la Cueva, que tuvo lugar a partir de Diciembre de 1981, comenzán­dose por la entrada noreste.

De forma progresiva y siguiendo un orden puramente local, se avanza dejando al descubierto el suelo de toda la Cueva. Se descubre, en primer lugar, un canal excavado en roca, que llega hasta el muro de entrada. Todo parece indicar que es anterior a la construcción de la propia Cueva, porque hay seña­les de continuidad junto a él, hasta el punto de ver montado su muro encima, cortándolo. Al avanzar, en la segunda nave lateral, a izquierda según se entra, apareció cerámica muy variada y mezclada sin orden estratigráfico.

Entre los primeros materiales hay fragmentos de estuco, con pinturas blanca, roja y negra, como lo más relevante. En este mismo sentido, pero en el fondo de la tercera nave lateral, apareció un fragmento de plato fenicio de barniz rojo que, probablemente, perteneciera a un resto de ajuar de una tumba fenicia, rota con las nuevas edificaciones romanas, o simplemente, uno de tantos hallazgos fortuitos de cualquier punto de la ciudad.

En la cuarta nave, casi a su inicio, a derecha según se entra, aparecieron restos de un équido (fot. 1L). Esto no es de extrañar, porque uno de los fines de la Cueva, ha sido el servir de depósito de desechos.

Como ya ha quedado expuesto al principio de esta enumera­ción de datos, los estucos aparecieron en una posición incon­creta, sin estratigrafía definida y, por supuesto, no como elementos componentes del revestimiento del interior de los muros de la Cueva (fot. 2L).

Continuando la exposición de estos rasgos proporciona­dos por la excavación, aparecen, en otra fosa explorada en el suelo, bastantes escamas de pescado, que no han sido analiza­das. Los muros de estructuras anteriores, comienzan a dejarse ver, a la altura de la cuarta nave lateral, abarcando ambas partes y la zona centro (fots. 3L; 4L; 5L; 6L; 7L; 8L; 9L), casi perfilando un cuadrado bajo el nivel actual de la parte que está al descubierto.

En los espacios ocupados por la sexta y séptima naves aparecen las estructuras murales, pero no de forma tan marcada como antes, donde el opvs incertvm es usado en toda regla. Los restos de muros apenas son perceptibles, dejándose ver una capa de yeso que parecía un conato de revestimiento del suelo de la Cueva, pero sin llegar a serlo (fots. 10L; 11L). Son filtraciones provocadas por la humedad a través de las capas de materia­les que se han ido depositando en todo la Cueva.

En cuanto a los materiales aparecidos, no han sido muy abundantes, y sin guardar posición estratigráfica. En la excavación de la última parte de la Cueva, la cerámica árabe apareció hasta en el punto más hondo del corte.

La situación de este subsector en época romana se encon­traba en el mismo estado en que ha quedado después de la excavación. Cuando se produce la retirada, es posible que se originara algún tipo de depósito, pero no hasta el punto de conseguir equilibrar toda la superficie.

Como los estucos no son del alzado de la Cueva, la aparición de algún elemento numismático y las posiciones de los materiales no seguían un orden estratigráfico, no cabe pensar más que una solución: cuando el elemento humano ocupa las estructuras que se encuentra, las escudriña hasta donde le es posible; pero será la posterior ocupación, a partir del siglo XV, la que produzca el mayor impacto sobre todo el medio. Y es lógico pensar que, si se encuentra un hábitat, en este caso, unas naves con grandes vacíos en forma de fosa, lo normal es que se proceda a su equilibrio mediante el relleno. Para ello traen tierra del sitio más fácil. Esta puede ser la explicación más simple, sin necesidad de recurrir a ambiguas opiniones: si los materiales han aparecido revueltos, no hay duda de que se trata de un relleno artificial, y no de una situación estrati­gráfica producida con la permanencia de os ocupantes a través del tiempo.

Los vecinos cuentan que, en una de las ocasiones en que se tocó el suelo de la Cueva, aparecieron tinajas grandes que, al levantarlas, produjeron cierto estado de humedad sobre sus casas, cuyas estructuras son anejas a la Cueva, como estancias paralelas tanto tipológica como estructuralmente. Los suelos de la Cueva, que en principio no existieron, como ocurre en las estancias analizadas en la ciudad moderna, fueron removidos en numerosas ocasiones, a causa de fantasiosas leyendas que sobre ella se vertían. Pero el uso más común ha sido el servir de hábitat, largo tiempo, a muchas familias humildes, no medievales.

En el centro de la quinta serie de naves colaterales, hay un paso hacia las dos últimas, que han quedado como aisladas de las que preceden. Tal cierre, comprobado tanto en secciones como en plantas (fig. 20), es de época, o sea, romana; no es una innovación medieval.

A partir de aquí, se explican, en cierto modo, las pertenencias de los componentes arquitectónicos a esta sección de la Cueva; elementos que han quedado marginados de ella por mano de las nuevas generaciones que por aquí han pasado, y que, probablemente, haya sido realizado por la población moderna. Relacionados con esta segunda parte de la Cueva, hay dos sistemas de canalización: uno, similar a un paso hacia las partes superiores (fot. 12L), y otro que ha sido eliminado de la estructura tras la adaptación moderna de la Cueva.

El canal, de sección rectangular, que escasamente cubría el volumen de una tubería de cerámica normal (15 cm de diámetro), se encuentra un poco antes de la salida de Levante de la Cueva, en diagonal al canal grande, de forma que era una derivación secundaria. Está reflejado en la planimetría aneja a la Cueva (fig. 18, 6).

Antes de exponer la estructura y finalidad del canal mayor, se considera indispensable explicar la presencia de dos agujeros sobre dos bóvedas colaterales, precisamente a partir de un estrechamiento del muro antes indicado. A esto se une la presencia de los dos canales, mientras que otro subsector de la Cueva no tiene nada similar. El citado canal servía de espacio abierto para el montaje de sistemas de conducción de tuberías, bien de plomo, bien de cerámica. Su recorrido ha sido inspec­cionado, pero con dificultades para superar los tramos de escalonamiento que tiene su trazado, donde hay acumulación de gases estáticos tóxicos.

El segundo canalito es una derivación de él, ya que lo corta en un punto detectado, formando parte de una red de distribución. Se supone que a lo largo del trazado del canal mayor se producen otras derivaciones.

Justo en la calle San Joaquín (I), a la altura de la sexta y séptima nave lateral, y en el espacio considerado conjunto arquitectónico paralelo a la Cueva, se abrió, tiempos atrás, un agujero de ciertas proporciones. En el recorrido se midieron 15 m en sentido noroeste, hasta localizar una fuerte pendiente descendente, con sistema escalonado. Se desconoce el final, pero puede formar parte de la red de distribución y traída de aguas a la zona superior del conjunto. Es probable que el canal, recientemente descu­bierto cerca de la plaza del Ayuntamiento, tuviera relación con esta red, pero no se conoce la conexión. Las medidas del citado canal son de 1,80 m de profundidad, no igual en todo su trazado, y 0,60 m de anchura. En uno de sus tramos se ve su trazado con sistema de bóveda, como elemento de cubierta; en otro, como el que asciende desde la Cueva, aparece adintelado, con grandes lajas de piedra. En su recorrido se han detectado agujeros rectangulares identificados como puntos de derivación de la red de agua. En el extremo superior, según se sube, y a una altura aproximada a la de las naves, aparece el final de esta conduc­ción, presentando un agujero abocinado, por donde se piensa entraría en contacto con la parte superior. Recientemente, hacia la mitad de calle Real, con motivo de obra nueva, según se desciende a derecha, apareció un canal de conducción de agua, que bajaba de la zona de cueva de Siete Palacios; lo que puede entenderse como final del anteriormente citado sistema de conducción que partía de la calle San Joaquín, junto a la citada Cueva. Téngase en cuenta que un poco más hacia debajo de calle Real, se ha descubierto, y se puede ver, un canal romano de conducción, que podía tener relación con el antes citado e, incluso, ser continuidad del mismo.

Zona aneja a la Cueva

Se inicia el recorrido  descriptivo  desde  la entrada de Poniente de la Cueva. Si se observa con  detalle el lienzo que conforma la fachada de este espacio exterior, se ve toda una secuencia, donde se dibuja el acceso a la Cueva (fot. 13L,3), su enlace con el supuesto subsector adosado o contiguo, con varios puntos de referencia (fot. 13L,2,5,7). Dicha entrada está enmarcada por un sistema adintelado, mostrando un reborde de unos 10 cm, y con una franja de 0,70 m, en la parte superior, y 0,50 m en la lateral, continuada en una cenefa de piedra saliente, con 1,60 m de largura y 1,80 m de altura. Este mismo detalle se prolonga a lo largo de toda la nave que sigue en sentido sur, hasta finalizar sobre el muro de cierre de fondo.

El espacio que ocupa esta entrada está rematado en una pequeña bóveda, de la que se conserva algo más de la mitad, apoyada en elementos que constituyen el punto de arranque de las naves que se adentran hacia la derecha, según se mira (13L,5), y en los que forman el punto de continuidad, en sentido vertical al anterior. Por la parte izquierda del detalle 13L,7, se comprueba cómo se prolonga hacia otra dirección la estructu­ra externa de la Cueva, de manera que constituirá un nuevo subsector de esta gran área.

En 13L,6 se indica el emplazamiento de un probable depósito. A raíz de las aportaciones que se obtengan de las prospeccio­nes, se establecerá una razonable hipótesis de su existencia.

Por último, en 13L,1 se detecta la profundidad del supuesto espacio considerado parte del suelo de una cuarta área de naves.

El punto de arranque de la fase de naves, aneja frontal­mente a la Cueva, se inicia en 14L,2,5; 15L,1,3; 16L,3; 19L,2­; 20L,4; 21L,4; 22L,1.

Un subsector, dentro de este mismo espacio, se puede analizar en 22L,2, 3. Se trata de una nave principal, con dos colatera­les, de dimensiones normales, con similar altura a las de la Cueva. La técnica de su cubierta es un encofrado de hormigón, modelado con cimbra, que deja un revoque de cal grasa y arena como elemento de enlucido en todas las bóvedas. Las dos pequeñas naves laterales se cortan con la principal, dando aristas, como en el interior de la Cueva. El suelo carece de pavimento (fot. 22L,2,3). Este fenómeno es una constante en todas las estructu­ras analizadas.

Una vez visto este espacio abovedado, se continúa con el lienzo de naves derruidas de 27L, donde se comprueba el fenómeno de caída de las bóvedas a consecuencia de las superposi­ciones modernas descontroladas, y filtraciones de aguas. Este subsector manifiesta las mismas características que la Cueva, con aberturas en la cubierta (fot. 27L,3). Los paramentos tienen una medida muy similar a los de la Cueva: 0,60 m de grosor. Este lienzo de fondo, en el que se ven ligeramente los puntos de los sistemas abovedados y muros de soporte (fots. 28L; 29L; 36L; 37L; 38L; 41L; 42L; 43L; 44L) constituye un elemento arquitectó­nico que separa lo que es simplemente nave, de una probable cadena de muros contrafuertes.

Este nuevo subsector en ruinas estaba compuesto por una serie de naves, en número de cuatro, que partían en sentido vertical a su paramento de fondo, y que formaban uno de los dos espacios laterales afrontados, prolongándose hasta los límites del borde del murallón contrafuerte, reflejado en planimetría con línea discontinua (cfr. fig. 19).

Tras la perforación practicada sobre el muro de fondo de la primera nave destruida (fots. 28L; 29L,3), con el fin de indagar si permanecían enterradas o cerradas tras los muros de estas formas, se ha comprobado, como dato positivo de tal explora­ción, que los muros que, en cierta ocasión habían quedado al descubierto a causa de otras anteriores roturas, también intencionadas, tan sólo servían como elementos de apoyo de las naves sobre roca madre de fondo (31L; 32L): estado en que ha quedado esta experiencia, tras su consolidación; 33L; 35L,2: estado en que aparecieron los citados muros, cuyo techo hubo que sujetar para evitar el derrumbe de la parte superior, hoy una plazuela artificial, cuyo suelo original se desconoce, pero se supone. Dentro de una secuencia en la descripción de los puntos donde se inician las naves transversales de este subsector, se ven testigos harto elocuentes. La primera de ellas queda patente en 29L; la segunda, en este sentido direccional, muestra los cimientos y parte del alzado en 36L, donde los puntos 3 y 4 señalan los muros de soporte de las bóvedas y el paramento de fondo de la nave. La técnica constructiva es el opvs incertvm.

La tercera nave se ve en 37L, donde, en los números 4 y 5, se indica el muro de separación de ellas, soporte de la bóveda, y el paramento de fondo de la misma.

En 38L se ven detalles de la parte superior de los restos de su cubierta: 1, paramento de fondo; 2, canal adintelado, probable elemento de encauzamiento de tuberías de agua para el subsector de arriba, de la planta baja y de dependencias anejas que debieron existir, según las derivaciones observadas en su trazado; 3, paramento de arranque de la bóveda.

Con relación a lo apuntado antes sobre los elementos de conducción de agua, hay suficientes datos para admitir que, en la parte inmediatamente superior de este espacio y, sobre esta nave, ha existido un depósito de agua o pileta de salazón (fots. 39L; 40L). Los datos son evidentes: canal probablemente terminal y restos de material de revestimiento e impermeabilizante de tales construcciones: la base muestra parte del pavimento con restos del suelo del depósito (fot. 40L,1): restos adheridos a la piedra; 2, restos del suelo de depósito. El canal, tiene las mismas proporciones que el del interior de la Cueva (hoy tapado, y que está adintelado, como técnica de protección de las tuberías que discurrirían a través de él para abastecer el depósito. Sus medidas son las adecuadas a la capacidad de las tuberías de 15 cm de diámetro.

La cuarta nave transversal se ve en 41L,3, y de modo más simétrico con el conjunto, en 44L. En esta última se detalla: 1, suelo con tierra, casi real; la roca se encuentra a menos de 0,15 m de profundidad; 2, muro de separación de ambas naves, tercera y cuarta; 3, arranque de la bóveda y muro montado sobre ella en la parte superior.

En 43L,1, está el muro terminal de esta última nave del sistema estudiado ahora, y que inmediatamente después se inicia otro paramento, ajeno al sector L.

La mampostería de la zona superior, perteneciente a la infraestructura, marcada en gran parte con línea discontinua, se ve en 44L, donde se observa el momento de arranque de los paramentos de las supuestas naves (fots. 45L,2; 46L,2).

En cuanto a la continuidad de muros base, con estructuras similares a éstas, desde el punto de vista técnico, aunque no morfológico, se comprueba en 47L, en donde además se observa el nacimiento en sentido vertical, de otros muros divisorios, elementos de otras naves que no se muestran con la evidencia de los casos anteriores.

Uno de los aspectos técnicos o funcionales, también apreciado en el interior de la Cueva, es la existencia de mechina­les sobre la altura media de los muros de fondo. Lo normal es una situación en los paramentos sobre los que se apoyan las bóvedas (fots. 48L; 49L).

Si se analiza el muro terminal de esta serie de naves, se comprueba en él (50L) la existencia de un cruce de alzados: uno que parte en sentido suroeste, y otro, en noroeste. En el centro se observa la composición del hormigón romano usado para rellenar los grandes huecos. Curiosamente sobre el mismo cruce de muros en cuestión, se ven dos canalizaciones cuya finalidad debe estar relacionada bien con un sistema de ventilación, bien con una red de conducción de agua entubada. Las proporciones son las más adecuadas para la segunda supuesta función. Y como en este punto se pasa ya a un espacio, que escapa a los límites del presente sector, se continúa con el subsector paralelo a la Cueva en planta (fots. 52L,1; 53L).

La periferia queda bien enmarcada por la propia estructura de la prolongación de la misma, en sentido norte. Se sabe que, hasta hace poco, esta calle era muy difícil de acceso. El podivm de 54L,2, es testigo de lo que realmente era tal paso: una base pedregosa, consecuencia de derribos de formas romanas, y de superficie muy irregular. Pero la aspereza no nacía de la naturaleza del terreno, sino de la prolongación de los sistemas de muros y plataformas rotos para crear acceso a las partes adosadas al sistema de naves de la Cueva.

De ella nacen, en sentido norte, una red de muros, cortados para conformar estructuras modernas, que señalen lo que es una fachada reciente, a la vez que intentan hacerlas habitables. Así que el podivm no es más que un testigo modificado y revestido de mortero moderno. Conformando el desnivel, queda como testigo el resto del podivm anterior, prolongado a lo largo de toda la fachada (fot. 55L).

Como se observa, tal podivm se mantiene rectilíneo, pero se piensa que es una secuencia de muros verticales a la fachada, hasta cerrar sobre el murallón, y ése era el obstáculo con que se encontraron los medievales a la hora de abrir la nueva calle. Al observar esta perspectiva, se puede afirmar que la zona centro coincide con una nave divisoria, como en la Cueva, y los muros de las naves afrontadas morirían sobre el gran murallón, que debió tener mayor altura que ahora, lo que es obvio, ya que la calle San Joaquín (I) tiene unos 80 años.

A simple vista, al analizar la parte sureste de la Cueva, se piensa que termina en 56L y 63L. Pero los restos, bien sobre los paramentos que aquí aparecen, bien como estructuras observadas en las construcciones anejas, hacen opinar lo contrario: las edificaciones de la Cueva se prolongan hacia Levante hasta enlazar con la calle Angustias Moderna, extendiéndose en una superficie de más de cuatro módulos de naves. Testigo de ello lo constituyen las conservadas a la salida de Levante (64L),­ en donde la prolongación de la central, abovedada, es inten­cionada, y que daría unidad a todas las áreas, hoy convertidas en viviendas modernas.

En las nuevas excavaciones practicadas sobre este lateral del recinto de la Cueva, ha aparecido el interior visto en la fotografía 63L, tras derribar hasta parte de los muros de cierre antiguos. Esto se ve en la fotografía 57L, con el muro lateral de arranque de una bóveda y la prolongación hacia el centro de la calle, de otro muro que cerraría sobre el borde del gran murallón de contención.

En la fotografía 58L se observa un muro de la nave semiderruida, con un ligero retranqueo hacia la mitad de su altura, y en su borde exterior se ve la rotura del muro que se prolongaba hacia esta calle artificial moderna.

La fotografía 59L muestra otras dependencias que han estado enterradas hasta este momento, pero que formaban parte del conjunto de naves que discurrían de forma paralela a la Cueva, en dirección sureste.

Las fotos 60L y 61L muestran estructura similares a las halladas en la excavación de la Cueva, pero que demuestran que son posteriores a lo que hay dentro de ella.

La fotografía 62L da a conocer un sistema de canalización que no ha llegado a excavarse en su totalidad porque se salía del terreno marcado para tal excavación, pero que probablemente conectaba con el viejo canal que la gente siempre ha comentado como elemento que conducía hacia la parte baja de la ciudad en dirección a la calle Real (parte de este canal ha sido recientemente descubierto y taponado en una obra nueva de la citada calle Real).

A la salida de la Cueva, en la puerta de Levante, se observa, en 65L, una secuencia de paramentos que forman parte de la unidad de la misma (fot. 65L,1). La altura alcanzada en este punto llega hasta el paramento superior del conjunto total de este gran sector (fot. 65L,2). Por otra parte, la altura que alcanza la corta red de naves, a derecha de la Cueva, según se sale (fot. 65L,3) y, por último, ­la indicación de la continuidad del sistema de pasillo central abovedado (65L,4), forman parte del conjunto externo del complejo.

Tal sistema de naves se ve en 66L, donde se aprecia, en un primer plano, una nave de fondo corto, con paso artificial y, al final, la pared terminal del último tramo de nave. El espacio de calle, que queda delante de la Cueva, en una extensión aproximada de 20 m lineales, formaría parte del conjunto unitario de la misma.

A izquierda, según se sale de la Cueva, se observa cómo se produce la continuidad entre las estructuras de la misma y las construcciones de la calle San Joaquín (I), que es artificial. El espacio 67L,5, corresponde a una nave semidestruida, pero incluida en el sistema de la Cueva.

En la secuencia 68L se indica, con más detalle, cómo se produce la unión de ambas estructuras para hacer ver la continuidad en todos los aspectos.

En la perspectiva 69L se marcar el espacio perteneciente a la estructura de la Cueva, basándolo en el paramento 69L,3, que se continúa, de forma rectilínea, con el muro que sale de la puerta de Levante de la Cueva.

Los espacios libres, a izquierda de la imagen dada, son intencionados para crear el paso de la calle Cueva de Siete Palacios, y enlace con la calle Angustias Moderna.

En 70L, 71L y 72L, se indica el cambio de dirección de las estructuras para facilitar el acceso a la parte superior de la Cueva y demás dependencias del área de arriba. Se piensa que en este espacio, las estructuras romanas giran dirigiéndose en sentido sur, como se aprecia en 70L,3 y en 71L, donde hay un intento, por parte de los ocupantes modernos, de modificar la estructura mural de la calle. Se cree que es un giro normal de la línea interna de las naves que, por imperativos de la configuración del terreno, fuerza a cambiar su sentido, aunque, en el interior de estas parcelas, se mantiene la horizontalidad del suelo (fot. 72L). En este mismo punto indicado, se ha producido una rotura intencionada para abrir paso hacia las Eras. La secuencia de muros rotos se observa en las líneas comprobadas entre un punto y el opuesto (fot. 73L). Se ve la secuencia hacia las partes superiores en 74L, donde la estructura se divide en dos partes: una, que guarda la línea de altura de la base (74L,4,5­), y otra, que empieza a seguir un nivel y orientación diferente (74L,3).

Desde el ángulo presentado en 75L, se comprueba que la referencia 75L, 2, se sitúa en un plano inmediatamente inferior a los que se van a encontrar en la plazuela, sita encima de la Cueva, y todas las dependencias situadas en este nivel. Por esta razón los techos antiguos en este subsector han sido alterados por falta de equilibrio en el alzado. Todas las alturas situadas bajo el nivel de bóveda de la Cueva, han sido modificadas, debido a la inclinación de la calle ascendente. Por esta razón, las naves han perdido todas sus bóvedas, al ser adaptadas para vivienda moderna.

El interior de la Cueva, en excavación, presentaba el aspecto mostrado desde la puerta de Levante (fots. 76L; 77L). Desde la de Poniente, se ve una perspectiva general, restaurada y adaptada para museo local.

Estructurada en una secuencia de naves colaterales a una longitudinal central, y con una cubierta abovedada, la Cueva tiene un fondo de 21 m, desde la primera nave hasta la última, sin sumar los elementos de entradas a Levante y Poniente, lo que le da una mayor extensión (cfr. fig. 19). Las bóvedas laterales son de medio cañón y, al cortarse con la central, crean la de aristas, que discurre a lo largo de toda la zona central, hasta el paso de la quinta a la sexta pareja de naves laterales afrontadas, donde sufre un ligero estrechamiento provocado por el engrose de muros de las citadas naves afrontadas. Las aristas, que mueren en las esquinas de todos los muros, experimentan una ligera alteración, modificando la línea de la bóveda de aristas.

Pasado este espacio, se recupera de nuevo la simetría, iniciada al comienzo de la Cueva. La entrada tiene un grosor muy pronunciado; pero, si se considera que el espacio superior contiene otras estructuras similares a las de abajo, cabe pensar que su módulo (2,35 m de grosor), se justifica por el peso que debía soportar (las estructuras de arriba).

Los tabiques de separación de las naves del interior, miden 0,6 m, menos en el paso de la quinta a la sexta, que tiene un grosor de 1,45 m. La anchura de las naves es de 2,75 m. La nave principal mide 2,90 m de anchura, menos en el estrechamiento, donde alcanza 1,85 m. Las cuatro bóvedas que conforman el sector situado frente a la puerta de Poniente, tienen las siguien­tes luces: 2,75 m, menos la primera, que tiene 2,10 m. Las naves, a izquierda según se sale por la puerta de Poniente, se estructuran en una nave longitudinal, cuya medida es de 2,90 m, y las naves colaterales: 2,75 m, y los muros de separa­ción: 0,60 m. Lo que da una profundidad de 6,80 m. La altura de las bóvedas es de 3,30 m, medida tomada desde una perspectiva antigua, antes de la excavación. Las variaciones tras aquella, pueden verse en los cortes transversales y en las secciones practicadas (fig. 20). El grosor del encofrado de las bóvedas es de 0,55 m, traslosándose en sentido horizontal.

El material utilizado está compuesto por lajas de pizarra en las bóvedas, sillarejo irregular en los muros, y un relleno de mampostería superpuesto a las bóvedas. Los muros presentan la técnica del opvs incertvm. Pero, a partir del punto en que se colocan las cimbras para el montaje de las bóvedas, el material ofrece una forma irregular: aparece un revoque, que no es un enlucido, sino el propio hormigón conformado por las maderas colocadas para el levantamiento de las bóvedas. En la mayor parte de los puntos de intersección entre el arranque de las cubiertas y los muros, se comprueba la división de ambos sistemas (fot. 80L). En ellas se observa el alzado del muro de fondo casi desligado de la bóveda, y el aspecto de los muros de sujeción que cambia en el momento y punto donde se inicia la bóveda.

Otro dato importante a tener en cuenta en este sistema de bóvedas, no como elemento arquitectónico sino como factor funcional muy concreto, es el agujero que aparece en algunos trazados de bóvedas. Así, en cada extremo de la nave central aparece una abertura: en la parte noreste (fot. 82L) y en la sureste (fot. 81L). El primero, situado sobre el paramento frontal, pero orientado de tal forma que impide la entrada de luz. El segundo, abierto sobre la misma bóveda y cubierto con piedras de época. Estas aberturas del centro de las bóvedas, en su mayor parte circulares, aquí presentan formas rectangulares. También resulta revelador que aparezcan tan sólo en la segunda parte de la Cueva, es decir, pasados los muros de mayor grosor, en las dos últimas naves afrontadas (fots. 83L,1; 84L,2; 85L,3). Todas están taponadas con piedras talladas de época. En la mayoría de las estructuras en que se detecta este componente, siempre se concluye que es el único pasaje en donde la nave presenta algo utilizable como acceso.

Pero aquí resulta extraño que haya que interpretarlos como entrada, ya que hay aberturas en superficie, aunque no consti­tuyan elementos de comunicación de estos espacios con el exterior, pues sólo une estas naves entre sí. Por tanto, hay que seguir admitiendo que es un punto de acceso a las naves.

Sobre el espacio perteneciente al subsector situado de forma paralela a la Cueva y con la misma orientación, tan sólo hay una prueba testimonial: una nave idéntica, en tipo y medida, a las de la Cueva. Su propietaria indicó que, en la vivienda limítrofe a la suya, existe otra abovedada, pero semienrasa­da (fot. 86L).

Al límite sureste de este conjunto, hay detectada, visualmen­te, otra nave de las mismas características, pero no se permiti­ó fotografiarla.

En resumen, hay que decir que sobre este subsector se tienen suficientes datos como para admitir su realidad. Tal alineamiento, junto a una edificación como la Cueva, no puede tener una explicación más coherente que el considerar a este supuesto subsector como un elemento arquitectónico, parte de un complejo superior, del que se dice que está compuesto por cuatro subsectores o más, de los que los tres primeros presentan pruebas suficientes para ser admitidos como tales.

Zona superior de la Cueva, y formas anejas

Se piensa que toda la explanada superior de la Cueva, y gran parte de lo que hoy conforma el área de Eras del Castillo, presentan unidad arquitectónica. Por ello se ha creído conve­niente englobar en la planimetría de todo este espacio la mayor parte de esta zona.

En cuanto a los lugares, que aparecen sin edificaciones, hay que decir que no es más que el resultado de la destrucci­ón paulatina de la mayor parte de las estructuras, tanto en las partes interiores como en las que sirven de pasillos y huecos internos.

La casi totalidad de las edificaciones que se contemplan en este espacio, no son más que reutilizaciones de estancias romanas convertidas en viviendas. También la mayoría de ellas, en su forma interna, tiene los aparejos pertenecientes a toda una red de naves abovedadas que conforman, de manera un tanto irregular, todo este nivel arquitectónico.

También en este subsector se aprecian, delimitados y visibles, dos cuerpos de alzado sobre la parte superior del área de la Cueva. La más alta limita con lo que constituye Eras del Castillo.

Con una descripción detallada, no sólo de las estructuras visibles, se comprueba la presencia de los dos niveles en las dependencias de las actuales viviendas, y también en las propias formas romanas del área central de este subsector.

Se inicia el proceso descriptivo por el punto de entrada, casi encima de la puerta de Levante de la Cueva (fots. 87L; 88L). El primer espacio para analizar es una secuencia de estructuras con bóvedas enrasadas, o recubiertas con chapa de aglomerado de madera.

En 87L,1 se indica la entrada a dos naves interiores que forman los únicos espacios de esta vivienda (fots. 89L; 90L). Tal como ocurre en otros lugares, aquí se aprecia el uso de elementos de revestimiento, que enmascaran toda la nave. Se sabe por los propietarios, que las paredes y la cubierta son elementos de una nave. Las medidas coinciden con las de las construccio­nes limítrofes. Frente a este paramento (fot. 87L) hay una secuencia paralela, cuyo alzado no es más que la estructura de la base, reutilizada en casi todo el muro de fachada. Téngase en cuenta que tal base es la prolongación de los componentes de la Cueva (fot. 65L,2,3).

El aspecto exterior de su fachada moderna no hace más que reflejar lo que ha sido su antigua forma interna (fot. 91L). Se piensa que el fondo de esta parte, que se corresponde con los espacios de enfrente, no llega más lejos del punto indicado en 65L,2, aunque no se puede confirmar con clara definición. El aparejo externo presenta una forma que se asemeja a los paramentos colindantes. Lo que sí parece estar claro es que el espacio superior, situado justo encima de la primera nave de base (fot. 66L), m­uestra indicios de aspecto externo igual a los que se vienen viendo como romanos en todas estas dependencias.

En la perspectiva 92L, se ve la superficie situada encima de la zona central de la Cueva, que está debajo. Los puntos derivados señalan las estructuras romanas conservadas en este subsector: a izquierda de la imagen, hay unas estancias con paramentos que, en parte, muestran señales de su antigüedad y, en parte, remozados. Al fondo de la misma, se ve la secuencia de naves alineadas. A derecha del mismo espacio, la continuidad del gran muro romano, que separa la sección de la Cueva desde abajo, y la prolongación de éste hacia el sureste.

En 93L se ve el realce experimentado por el suelo, indicación de que debajo se encuentra el citado muro divisorio. Viendo más cerca el fondo señalado en 92L, se encuentra el paramento externo de dos naves antes citadas, consecutivas. La longitud de este muro alcanza los 10 m. Su altura exterior llega a los 3,15 m, y el interior de la misma, a los 2,60 m. La puerta observada es una perforación artificial.

En 94L,1, se indica un muro, o resto de él, adosado al de la Cueva o nave; y el saliente de encima de la falsa entrada pertenece al alzado de la nave, que corría paralela a esta secuen­cia. El grosor del muro del alzado es de 0,80 m. En 94L,4, se ve, formando unidad con el resto de estructuras, la continuidad del elemento de separación entre el subsector de la Cueva y el que se encontraba adosado a ella, hoy parte de la calle San Joaquín (I). Su grosor aproximado es de 1,45 m, sobresaliendo del suelo, en este corto espacio, 0,90 m. Se comprueba que la estructura de encima de esta serie de naves, es moderna, pero no se puede estar seguro, aunque las apariencias así lo hacen ver.

En 95L se observa la puerta artificial de una de las naves antes citadas (fot. 95L,2), y un paso artificial, creado mediante la rotura del muro que unía este paramento (fot. 95L,2,4). Tal muro, a izquierda, se apoya sobre la prolongación del alzado que sirve de fondo a toda la secuencia de naves colaterales, situadas a derecha de la Cueva, según se entra desde la puerta de Poniente. Este asentamiento se aprecia mejor, viendo la secuencia desde la perspectiva que presenta 98L,5,6, en donde se ve la continuidad, a partir de la rotura antes mostrada por otro paramento que lo hace continuar hasta enlazar con el murallón romano, que se dirige a Eras del Castillo, y que, como se ha visto en el sector de abajo, al fondo del paramento testigo del segundo subsector, situado al noreste de la Cueva, arranca de esa esquina del supuesto subsector (41L,4,). La nave, hoy visitable (fot. 96L), mide de anchura 2,75 m. El revestimiento es tan fuerte que apenas se puede distinguir el aparejo de que está construida la bóveda.

Una vez atravesado este falso pasillo (fot. 97L; 97L,1), se encuentra otro espacio que tuvo un sentido similar al de una o varias naves (fot. 99L). Los paramentos se comprueban en 98L,1,5 ,7,8, del espacio indicado, y se remarcan en otras zonas más precisas (fot. 100L). El punto de cierre que da a la parte delantera de la zona inferior, zona aneja a la Cueva, sobre la puerta de Poniente de la Cueva, da indicios de arranque de las estructuras, superpuestas en el área situada debajo, trazada de forma teórica en planimetría de este subsector del complejo (cfr. fig. 23). El punto de donde partía la estructura superior, superpuesta a la de abajo, tiene su centro en 101L, en cuya línea se indican los momentos de arranque de los paramentos que conformaron el alzado de este subsector (fot. 101L,3), que se continuaban por 101L,1, para cerrar o formar una secuencia de naves similares a las analizadas en este espacio superior.

Encima de lo que hoy es cubierta de la Cueva, (fots. 101L,1; 102­L,2) se comprueba lo siguiente: grueso muro romano que divide diametralmente los subsectores formados por la Cueva y el espacio situado delante, en la puerta de Poniente de la misma, separán­dolos de las otras dos áreas de naves de la zona baja, formadas por la secuencia adosada a lo largo de la Cueva, calle San Joaquín (I), y el espacio situado delante, en sentido noroeste; es decir, que este muro constituye la espina que separa, en dos partes casi iguales, los cuatro bloques que pudieron componer este complejo (fot. 101L,4).

En la parte superior (101L,1) se ve la réplica de muro que separa las partes homólogas de abajo, aunque con ligero desplazamiento, debido a un nuevo ordenamiento en la distribución y situación de las naves de arriba. No se olvide que se tiene un nuevo punto de apoyo debajo, como se ha comprobado en 107L y 108L.

En descripción de detalles, no se deja pasar el descubri­miento de pavimento impermeabilizante del suelo, en el espacio 101L,3, donde se ve una gruesa capa de opvs signinvm. Se piensa que ésta se continúa hasta relacionarse con las dependencias que antes, en nivel inferior, se han considerado componentes bien de un depósito de agua o pileta de salazones (39L; 40L; 41L).

Situados frente a este espacio descrito, se encuentran dependencias romanas convertidas en habitáculos modernos (fot. 104L). Este falso aspecto de vivienda se clarifica cuando se ve la composición interna de los muros y el momento de arranque de la bóveda en uno de los lados. Por ahora se penetra a través del falso paso (fot. 104L,5), estruc­tura destruida previamente para tal fin, y se adentra en las naves más ocultas de este subsector (fot. 104L,2), situadas bajo el nivel de las que dan a Eras del Castillo, con cuatro metros, aproximadamente, más que éstos. Desde este mismo punto se detecta cómo el paramento divisorio de fondo (fot. 104L,3), en la nave que se tiene delante, se remonta, aproximadamente, dos metros para constituirse en las espaldas de las naves que dan a la citada plaza de Eras del Castillo. A su vez, en esta misma foto (fot. 104L), se ve, en 104L,6, una interrupción del muro usado como punto de apoyo en las viviendas, y que se continúa en 104L,7, indicándose el tramo (fot. 104L, 6) destruido, y apreciándose, encima de la entrada de la nave, los restos del muro roto, así como en sus puntos extremos.

También se da aquí la secuencia de una línea de muro, espalda de las naves que se encuentran a derecha de la imagen (fot. 104L,4), así como el paramento lateral de una nave, antes citada, que presenta una bóveda rota (104L,1). Detalle del muro de fondo de 103L,3, se ve en 105L,3.

Dados estos rasgos de la parte externa de tal espacio de sistemas abovedados, nos adentramos en la nave antes citada (fot 104L,3), para analizar su interior (fots. 106L y 107L). Tiene las mismas característi­cas que las antes estudiadas (cfr. fot. 96L). Sus medidas son las siguientes: altura: 2,20 m; anchura: 2,75 m; largura: 4,50 m. La falsa entrada se encuentra flanqueada por un muro que mide de grueso 1,45 m, que se apoya sobre roca madre, ya que, en este espacio, se está fuera de los vanos de la Cueva y partes anejas del mismo nivel. Al fondo de la nave, sobre la bóveda, fuertemente revestida con capas de cal, se aprecia una perfora­ción que pertenece al antiguo acceso que las naves tienen en este sector.

En 108L se ve la cubierta de la misma nave con revesti­miento de cemento moderno. Los muros laterales se aprecian en los puntos 108L,1,4, y el de fondo, en 108L,2. Los laterales manifiestan una proyección hacia arriba, constituyendo los paramen­tos de las edificaciones en alto, a entrambos lados de la nave. Situados en salida de la nave en cuestión, se encuentra un falso pasillo a su derecha, que conducirá hacia una secuencia de nave, de módulo reducido. Justo ante el citado punto, se observa un estrecho pasillo con dos gruesos muros a ambos lados y, al frente, una entrada aparentemente natural, consecuencia de una rotura (fot. 111L,2). Encima de la entrada se ve un muro que sobresale iniciando un paramento (fot. 111L,3) que, desde una perspectiva superior, muestra ser un nuevo alzado montado sobre la estructura de abajo. Su grosor es de 0,90 m; su largura: 2,55 m, y su anchura, 1,10 m (fot. 110L,2 ).

De nuevo en la línea de abajo, se entra por una falsa puerta, y se encuentra una secuencia de naves de escasas proporciones, que giran en ángulo recto casi formado un corto laberinto (fots. 112L; 113L; 114L; 115L). El final de la secuencia es el punto indicado por la última fotografía. La primera de ellas mide 2,20 m de largura; la segunda: 7,20 m, y la tercera 2,20 m. De anchura tienen un mismo módulo: 1,40 m, y las alturas: 1,90 m.

En 116L se ve una perspectiva de conjunto entre las naves 108L, 104L, y la secuencia de las pequeñas, con el muro de arranque, encima de su acceso artificial. Al lado izquierdo, según se entra a la serie de naves antes descritas, se ve la indicada en la parte exterior (fot 107L). Tiene su bóveda rota, comprobándose su punto inicial en uno de los muros de su alzado (fot. 118L,2). Su largura es de 4,95 m; el grosor de su muro interior: 1,45 m, y el exterior: 0,45 m. Tal diferencia se explica porque dentro son muros adosados, mientras que fuera, no. Su anchura es de 3,70 m, incluyendo muros; la anchura real interior es de 2,10 m. Su aparejo es de opvs incertvm. A propósito de esta estancia, conviene decir que algunos de sus paramentos se han restaurado, dando impresión de no ser romanos, si no se tuviera en cuenta el contexto. Los retoques han sido numerosos y frecuentes, hasta el punto de llegar a dudar de la autenticidad de los alzados y estructuras en muchos sitios.

En esta misma parte, pero en uno de sus extremos lindantes con las naves pequeñas (fot. 119L), se observa una abertura (fot. 119L,3) que da entrada a una pequeña nave, conectada con la 107L, que en esta imagen presenta el punto de arranque de la nave con bóveda rota (fot. 120L,3). La citada nave da señales de tener acceso natural, pero las roturas de su parte superior indican que no (fot. 122L,2). Su interior muestra bóveda de medio cañón. Sus medidas aproxi­madas son: fondo: 1,40 m; anchura: 1,20 m, y altura: 1,90 m. El grosor del muro de entrada es de 0,90 m. En el paramento de fondo presenta una acanaladura vertical de 0,35 m de ancho, por 0,05 m de fondo, en su centro, desde la bóveda al suelo.

Volviendo a la línea de calle, se observa cómo en 123L, se comprueba la correlación entre las diferentes estructuras en este subsector. Así, en 124L,1, se muestra la línea de fachada de una nave reutilizada, adentrada un poco en el espacio libre, modificando sus medidas según el tipo aquí dominante.

En 123L se observa este fenómeno, ya que la anchura de fondo de esta calle es de 3,95 m (fot. 123L,2), y no señalada en 123L,5.

En 123L,3 se ve el paramento de la nave de bóveda rota (fot. 120L). Después hay un falso paso con rotura de paramento para abrir el acceso, apareciendo a continuación los muros de 123L,4, perfectamente alineados.

Se vuelve a la plazuela situada encima de la Cueva, para continuar los detalles, a izquierda de la misma. Así, se pasa de nuevo por el estrecho corte de muro (fot. 123L,4) y aparece el paramento reconstruido de una cadena de naves semidestruidas.

En 124L se presenta, (fot. 124L,3), una secuencia de muro que se cierra en 124L,2, de donde, a su vez, sale, en sentido vertical, otro muro cuya huella tan sólo está indicada. Continúa después hasta cerrarse, por fuera, con estructuras más reutilizadas (124L,1).

En 125L hay una visión de conjunto: 1, área del techo de la Cueva; 2, muro algo alterado en su alzado, continuación del iniciado en 125L,7; 3, puerta artificial de acceso a otras naves; 4, muro añadido a otro del mismo tipo y técnica, que muere en 125L,5, de donde parte un segundo, en ángulo recto, tanto hacia dentro como hacia fuera.

En 126L se comprueban las afirmaciones sobre la distribu­ción de los espacios: 1, punto de arranque, en ángulo recto; 2, muro romano adosado; 3, punto de arranque del muro de la nave. En la perspectiva 127L y 128L se ve la alineación. Si se entra por la antes citada puerta artificial, aparecen dos compartimentos que se corresponden, en medida, con lo visto fuera. Sus módulos son los siguientes, de derecha a izquierda: primera nave: largura: 2,80 m; altura de los muros: 0,90 m y 3,20 m; grosor del muro externo: 0,90 m; interior, 0,80 m. El punto de arranque, en sentido vertical a todo el paramento corrido, mide 1,50 m de altura. La anchura de las tres naves rotas es de 3,40 m; su largura: 3,45 m; y la tercera, más corta, 2,80 m. Dentro de ellas se observa la serie de muros de separación, bastante alterados (129L,2; 130L,1; 131L,2). Este último, que deslinda la segunda de la tercera, tiene doble muro yuxtapuesto.

A través de 129L,2, nos adentramos en una nave, alineada con la 120L, y bien conservada (fot. 132L). Sus medidas son: altura: 2,60 m; anchura: 3,30 m; y largura: 4,80 m.

Toda esta secuencia de naves tiene las siguientes caracte­rísticas comunes: coinciden en los módulos de anchura y altura, y en sus características arquitectónicas.

En perspectiva desde la parte alta, se identifican las distintas formas y alineaciones de naves (fot. 133L,2,3,4,5,6, con otras que hay detrás). La nave con bóveda ahora descrita se encuentra en 133L,3.

Perfilados los interiores a los que se ha tenido acceso, se finaliza dando las medidas de otros compartimentos de la plazuela y lo ya descrito a su lado. Tal es 133L,8, que mide de fondo 4,70 m, y de largura: 6,80 m, dividido en dos espacios de naves consecutivas, por un muro romano de 0,90 m de grosor.

Situados en las secuencias de muros, paralelos al alzado de cierre, que sube desde 116L, en sentido suroeste, aparecen tan sólo indicios de estructuras. Así, en 134L se ve: 1, paramento romano con revoque moderno; 2, indicio de arranque de muro romano de cierre; 3, indicación, sobre el suelo, de un resto como testigo; 4, paramentos romanos retocados modernamente que hacen dudar al identificarlos con las formas romanas, por no disponer de fotografías más antiguas.

Los muros situados a espaldas de toda esta secuen­cia se han tomado, pero enmarcados dentro de otro sector, el M (fig. 24). Se han incluido aquí para explicar el sentido y secuencias indicados en 135L 2,3, y que se relacionan con los muros que se ven (hoy ya no), en 149L. Los puntos siguientes a este encadenamiento los han incluido en el citado sector M, porque, como se ha dicho, lo más coherente hubiera sido planificarlo aquí, pero las limitaciones impuestas por la planimetría, no lo ha permitido.

Vista esta secuencia, en la plazuela Eras del Castillo, se encuentran las estancias más elevadas de todo el conjunto de Seks (fot. 138L), cuya cota, sobre el nivel del mar, da una altura de 44,60 m. Si a esto se suma la altura de los paramentos de las naves en este espacio, se llega a una altura aproximada de 48 m sobre el nivel del mar.

El número de naves reutilizadas actualmente en este espacio de fachadas (fot. 138L,1,2, 3,4), es de cuatro. En los detalles del paramento principal, (fot. 139L) se observa el grosor del muro, de 0,90 m, y el aspecto exterior que deja ver la estructura externa de los muros. El nivel de su altura se sitúa ligera­mente por encima de las puertas de las casas.

Al penetrar por la puerta 139L, se contempla la estructura interna de una de las naves reutilizadas en 140L, prolongada hasta situarse encima de la nave ancha del subsector, ubicado inmediatamente detrás (fot. 108L), formando límite natural con ella.  

En la siguiente estructura, en la misma plazuela, hay un pasillo reutilizado, pero en mal estado de conservación (fot. 141L), en donde se aprecia, de forma detallada: 1, muro paramento de la nave última de las alineadas en la plazuela; 2, paramento de nave en sentido vertical, respecto a las anteriores; 3, restos de muro romano, aflorando como testigo de una yuxtaposición. En la prolongación horizontal de este nivel, se encuentran otras naves dirigidas en el mismo sentido, pero en nivel inferior. Se supone que los restos estudiados ahora se correspondían con otras naves, al mismo nivel, y cuyos muros de alzado se encuentran ahora sobre las citadas naves.

En la perspectiva 142L se observan los restos de muro sobre el suelo actual (142L, 1,4). Los alzados que se ven en 143L,3,4, son los vestigios de una yuxtaposición, y el paramento 143L,1, una reutilización de materiales anteriores superpuestos a una forma más antigua en la propia evolución de este conjunto.

En fotografía desde un alto, se comprueban yuxtaposiciones de naves montadas en paralelo, pero a distinto nivel (fot. 144L): 4, nave con orientación sureste; 5, nave en paralelo, a nivel superior, con la antes citada. Se comprueba cómo, en la parte más alta oriental de la izquierda, se observa el muro saliente hacia arriba y lógicamente perteneciente a una estructura superior superpuesta, midiendo aproximadamente 0,85 m de altura, y 0,90 m de grosor.

Frente a este murete que destaca, se ve el contrapuesto, situado justo en paralelo (145L,3), cuyo grosor es de 0,90 m, ocupando todo el fondo. Pero es preciso marcar una división en este mismo espacio, que separa en dos esta área superior en 144L,3; 146L,5, dando a entender que de aquí partía un par de muros en paralelo, con unas medidas algo diferentes a las que se registran debajo; pero que no ponen en duda su correlación con los que se encuentran en el nivel superior y en posición paralela. Se comprueba cómo tienen muro medianero en común (fot. 146L,5).

A partir de 146L,3, se detecta otro espacio superior destina­do a naves, cuya anchura es de 4,50 m, su altura: 3,05 m, y su muro de cierre: 0,90 m. Los muros laterales son medianeros y, al no poder haber sido medidos, se ignora este dato.

La opinión más aceptable es admitir toda una secuencia que ocuparía la parte superior de esta línea de formas, y que se prolonga hasta el murallón de cierre. Así, en el punto 146L, se observa: 1, muro romano de cierre lateral usado como elemento arquitectónico para toda la secuencia de casas, que reutilizan los paramentos de edificaciones romanas; 2, muro indicando la continuidad que se pretende inducir. Se encuentra a ambos lados del pasillo que los separa y con un muro de 0,90 m de grosor encima; 5, muro medianero perteneciente a una pretendida nave en este espacio superior. Sobre el fondo de 145L, 3, y en nivel inferior, se contempla la fachada que presenta la imagen 147L y 150L. La primera, más antigua y con más datos que ofrecer, no tiene el tapona-miento practicado en la falsa puerta. Se trata de una nave central cuyo fondo mide 6,30 m (fot. 150L). Según se entra, se ve, a derecha, el hueco de dos naves, con una separación de 1,40 m. Su anchura es de 2,10 m, y su altura: 2,20 m. Sobre el centro se observa una abertura en el techo, que se corresponde con la técnica ya conocida en todos estos sistemas de naves: antigua forma de entrada.

Situados en la fachada (fot. 149L), se observa una serie de elementos que informan sobre la continuidad y rotura de estructuras ya desaparecidas: 1, indica el arranque de un muro que partía en sentido vertical a este sistema; 2, detalle de la falsa entrada; 3: corresponde al espacio que se cree es el de las naves abovedadas adláteres, pero que, a su vez, indican el punto de arranque de las estancias consideradas elementos integrantes de un subsector que inicia el espacio superior de este complejo de naves. El momento de arranque, en sentido vertical, se comprueba en 148L,2, que indica una zona algo superior al paramento que se viene considerando sobreelevado con relación al resto de los alzados.

En los puntos 149L y 150L se observa la línea de fachada y el inicio de las partes que indican el comienzo de los paramen­tos que enlazan con el resto de las edificaciones identificadas en este subsector superior.

En el subsector correspondiente a la Cueva, la excavación practicada, con elementos arquitectónicos en los cimientos, no pertenecientes al alzado estructural de la misma, ha revelado lo siguiente: aparición de muros romanos anteriores al conjunto, en la base de tal edificación; aparición de un estado estratigráfico a consecuencia de un relleno en el tiempo; hallazgos de componentes estructurales que indican la manipulación de pescado dentro del subsector en su suelo; sistemas de conducción de agua por canal en uno de los extremos, con derivaciones menores, (cfr. fig. 19).

En la supuesta estratigrafía, los materiales corresponden a las siguientes etapas de la historia de Seks: cerámica ibérica de los períodos del Bronce Medio y Final; cerámica fenicia de finales del siglo VIII a. de C.; cerámica púnica reciente; cerámica romana común; cerámica medieval musulmana y cerámica reciente. Además, ha aparecido una moneda púnica en materiales de relleno que se extrajeron hace varios años en movimien­to de tierra en su interior.

No existe secuencia cronológica en los materiales o estratigrafía, sino sólo la provocada por el relleno practicado por parte de los ocupantes.

Hay que admitir que este espacio ha sido utilizado para fines industriales. La presencia de mechinales en los muros afrontados de las naves laterales de la Cueva, hace pensar que se empotraran en ellos para montar travesaños que sirvieran de colgadero al probable tipo de pescado, que aquí se almacenara, una vez seco, entre otras manifestaciones. El hallazgo de escamas y estructuras de función industrial, los canales y pequeños depósitos, dan argumento para admitirlo.

Sentado lo afirmado en el subsector L anejo a la Cueva, a propósito de las excavaciones, o lo que es igual, su utilización como plataforma en la que se ha elaborado algún tipo de pescado, se confirma que, una vez comprobada la existencia de algunos elementos, testigos de ser un secadero de pescado, por lo menos en una época, este espacio se ha destinado a almacén de productos manufacturados en las áreas industriales, e incluso aquí. Todo indica que se han almacenado grandes tinajas, como hace años se pudo comprobar.

Una vez se expongan las condiciones que se dan en estos recintos cerrados, se verá con más claridad por qué se llega a tal conclusión, aparte de haber encontrado resto de pescado en su interior, como testigos y pruebas de esta afirmación.

Analizando la estructura de este edificio, se muestra lo siguiente: el grosor de los muros externos oscila entre los 0,90 m, y 1,45 m, según los lugares, fenómeno que hace que la temperatura interior experimente ligera oscilación térmica que, consecuentemente, lleva a inferir que se trata de una cámara isoterma con ligeras alteraciones estacionales. No se olvide que las estructuras que faltan, se sitúan tanto en la superfi­cie superior como a los lados, y esto es un factor a tener en cuenta a la hora de concluir lo que se afirma sobre la funcio­nalidad real de este complejo arquitectónico. En segundo lugar se ha constatado fehacientemente que, al menos, el espacio excavado no ha registrado resto alguno de pavimento roma­no, como requeriría una estructura así. El único suelo detectado ha sido roca madre, fenómeno común en todas las estructuras vistas y documentadas hasta ahora. En tercer lugar, se ha localizado un sistema de ventilación indirecta a través de unas aberturas situadas en los extremos de la Cueva, de tal forma que evitan toda entrada de luz. Tan sólo se percibe la entrada de aire. En cuarto lugar, se observa la orientación Levante Poniente, que sitúan la ventilación en una marcada posición con respecto a los vientos más comunes en la zona costera.

Si se conjugan tales elementos: temperatura casi constante (cámara isoterma por la propia estructura de la Cueva); ausencia de luz natural (factor que provoca la descomposición de la materia orgánica); ausencia de luz solar (ya que la Cueva se ve al exterior como un edificio hermético y sin acceso); ausencia de pavimento en el suelo, cuyo único elemento es roca madre, para evitar humedad; corriente de aire controlada y estratégicamente montada en los puntos claves del alzado. Todo esto sintetizado en: ausencia total de luz, isotermia, ausencia de humedad, y paso de aire controlado, conjugados estos datos, no pueden dar otro resultado que admitir que son almacenes destinados a la conserva, en una época, o de preparación de pescado, en otra.

El subsector situado encima de la Cueva, constituye el espacio mayor del sector L. Fundamentalmente está formado por series de naves alineadas, con diferentes tipos y medidas. En la mayor parte de ellas se observa el elemento común de la ventilación, con abertura en la bóveda. Las entradas actuales son artificiales, al igual que los suelos, salvo en los lugares donde se ha detectado el elemento impermeabilizador, bien para evitar filtraciones que perjudi­quen las estructuras de abajo, bien porque se trate de la existencia de depósitos de salazón o almacenamiento de agua. Así, toda una sección de este subsector muestra un elemento impermeabilizante de opvs signinvm, encima de la parte destruida, ante la puerta de Poniente de la Cueva.

Los testimonios están ahí y son ineludibles. Ello induce a pensar que es una nueva localización de superficie cubierta destinada al almacenamiento y a la preparación de pescado, que da sentido unitario no sólo a la parte de arriba de este sector, sino que, de forma indirecta, ratifica la funcionalidad de los espacios situados debajo, como la Cueva y su entorno. Estructuralmente hay que admitir que existieron espacios superpuestos a los ya descritos, y que constituían un nuevo sector elevado. Las pruebas son evidentes en el área central, fuera de la base que es la Cueva. Los muros de arranque de otras naves más elevadas han sido identificados como paramentos destruidos, pertenecientes a otros de mayor elevación. En resumen, se puede afirmar que esta parte del complejo tiene los siguientes componentes: abastecimiento de agua, depósitos o piletas, y naves abovedadas en todo su espacio. Si se añaden las características descritas para el subsector de abajo, se puede definir como zona industrial de similar funciona­lidad.

Conclusiones del sector L

Subsector Cueva

La excavación practicada en esta fase, con elementos arquitectónicos en los cimientos, no pertenecientes al alzado estructural de la Cueva, nos ha puesto de relieve lo siguiente: aparición de muros romanos anteriores a todo el conjunto en el espacio que constituye la base de tal edificación; aparición de un estado estratigráfico algo extraño, como consecuencia de haberse producido un relleno artificial en el tiempo, que ha podido ser muy concreto por las características generales detectadas en el transcurso y análisis de los resultados de la excavación; hallazgos de elementos estructurales que nos indican la existencia de manipulación de pescado dentro del subsector y en su parte profunda o suelo; existencia de sistemas de conducción de agua a través de un canal localizado en uno de los extremos, con diferentes derivaciones menores, (cfr. fig. 19).

Visto que no existe secuencia cronológica en los materiales o estratigrafía propiamente dicha, sino tan sólo la provocada por el relleno que se ha practicado por parte de los ocupantes, se tiene que admitir que este espacio ha sido utilizado para fines industriales. La presencia de mechinales (como ha quedado dicho antes) en los muros afrontados de las naves laterales, nos hace pensar que probablemente se empotraran en ellos para fijar travesaños, que sirvieran de secadero del tipo de pescado, que aquí se almacenara, entre otras manifestaciones. El hallazgo de escamas y estructuras de función industrial, como los canales y pequeños depósitos, nos hacen llegar a estas conclusiones.

Subsector bajo, anejo a la Cueva

Admitido que la gran base de este complejo estaba integrada por cuatro áreas relacionadas entre sí, por lo menos en las dos más elevadas y comunicadas con un paso, como se ha podido comprobar, es tarea ahora explicar cuál era su finalidad.

Analizando la estructura de este edificio, se puede mostrar lo siguiente: el grosor de los muros externos oscila entre los 0,90 m, y 1,45 m, según los lugares, fenómeno que hace que la temperatura interior tenga una ligera oscilación térmica que, consecuentemente, nos lleva a poder establecer que se trata de una gran cámara isoterma con escasas variaciones de temperaturas estacionales.

No se olvide que las estructuras que faltan, se sitúan tanto en la superficie superior como a los lados, y esto es un factor a tener muy en cuenta a la hora de concluir lo que se quiere decir, y en parte ya se ha dicho, sobre la funcionalidad real de este complejo arquitectónico.

En segundo lugar, se ha podido constatar fehacientemente que, al menos, el espacio que se ha excavado, no ha registrado en ningún momento resto alguno de pavimento romano, como requeriría una estructura así. El único suelo que se ha detectado ha sido la roca madre, fenómeno común en todas las estructuras que se han visto y documentado hasta ahora.

En tercer lugar, se ha localizado un sistema de ventilación indirecta a través de unas aberturas, observadas en los extremos de la Cueva, de tal forma situadas que evitan toda entrada de luz. Tan sólo se percibe la entrada de aire.

En cuarto lugar, se puede observar la orientación Levante Poniente, que sitúan la ventilación en una marcada posición con respecto a los vientos más comunes en la zona costera.

Subsector encima de la Cueva

Este subsector constituye el espacio mayor, conservado en todo el sector L. Fundamentalmente está integrado por series de naves alineadas, como se ha podido ver a través de toda la descripción anterior, con diferentes tipos y medidas. En la mayor parte de ellas se observa el elemento común de la ventilación, mediante una abertura en la bóveda. Todas las entradas son artificiales, al igual que los suelos, salvo en los lugares donde se ha detectado el elemento impermeabilizador, bien para evitar filtraciones que perjudiquen las estructuras que se encuentran debajo, bien porque se trate, como todo parece indicar, de la existencia de depósitos destinados a la salazón o al almacenamiento de agua. Téngase en cuenta que se han localizado canales de distribución de agua en algunos puntos, como se ha visto. Casi toda una sección de este subsector parece mostrar un elemento impermeabilizante, como el opvs signinvm, que se ha localizado encima de la parte destruida, delante de la entrada de Poniente de la Cueva. Los testimonios están ahí y son ineludibles. Ello nos induce fundamentalmente a pensar que estamos ante una nueva localización de superficie cubierta, destinada al almacenamiento y a la preparación de pescado, que ciertamente da sentido unitario a la parte superior de la Cueva como, de forma indirecta, a los espacios situados debajo, la Cueva y su entorno. Estructuralmente se tiene que admitir que existieron espacios superpuestos a los ya descritos, y que constituían un nuevo sector elevado. Las pruebas son más que evidentes en el espacio central, fuera del área cuya base es la Cueva. Los muros de arranque de otras naves más elevadas han sido identificados como paramentos destruidos, pertenecientes a otros de mayor elevación.

En resumen, se puede afirmar que esta parte del complejo tiene los siguientes componentes: abastecimiento de agua, depósitos o piletas, y naves abovedadas en todo su espacio. Si le añadimos las características descritas para el subsector de abajo, se puede concluir que constituye otra zona industrial de semejante funcionalidad. En lo concerniente a los tres subsectores que conformaban el área inferior, es preciso decir que se encuadran dentro de la misma denominación y funcionalidad, ya que los testigos que se nos presentan tan sólo son eso, pero de estructuras que han sido rotas y que formaron parte del gran complejo. Por ello se da nuestra última y definitiva calificación a este sector, afirmando que se trata de un área de elaboración de pescado, a la vez que espacios destinados al almacenaje de las manufacturas de Seks.

SECTOR  M

El espacio demarcado comprende un sector rela­cionado con lo que se considera área de gran densidad arqueológica. Así que guarda una relación grande de afinidad estructural con el sector L, considerado el más relevante por su calidad y buen estado de conser­vación.  

Se inicia la descripción desde la cota 33,50 de la calle San Miguel y, de forma fraccionada, nos adentramos en cada uno de los subsectores en que ha sido dividi­do este espacio, ya que el callejero moderno, con topónimos diferentes en los distintos tramos que abarca, usa indistintamente, de común denominador, el de calle San Joaquín, hasta el punto de que hay necesidad de dividir en cuatro subsectores, con la misma toponimia, el conjunto de ramales de calles que presenta la cartografía tanto antigua como moderna.

En cuanto a la evolución de este sector, como componente urbano de la ciudad, la calle San Joaquín comprendió tan sólo un espacio situado entre la actual puerta de Poniente de la Cueva y su unión con la calle Antigua. En este primer aspecto de la calle San Joaquín se precisa indicar que su prolongación hasta la entrada este de la citada Cueva, tuvo lugar con la apertura de paso, realizado rompiendo material, usado de plataforma equilibradora del terreno. Según los vecinos, para ocupar las naves (cue­vas), donde ellos han levantado sus casas, tuvieron que allanar el suelo que linda con la Cueva y el murallón de contención que hay debajo (cfr. fig. 19).

Posteriormente y en sentido oeste, de forma artificial, dos nuevos ramales de calle desembocan en las antes citadas; una, que comunica San Joaquín con Eras del Castillo (mediante la rotura de muros romanos y murallón medieval; (cfr. fig. 24), y otro ramal, que, partiendo verticalmente y en sentido sur, se bifurca en dos nuevos pasos, ambos sin salidas, o ciegos.

Ello indica que tanto uno como otro han sido abiertos artifi­cialmente, para ocupar y habitar las estructuras de antaño, cerradas e incomunicadas entre sí.

En lo que concierne a determinadas calles de este sector, es necesario aclarar que una de ellas constituye el primer ejemplo que aquí se estudia como especial. De hecho son varias las que muestran esta característica tan peculiar. Así, la calle Antigua (fot. 1M,1) ha sido levantada desmontando la muralla almenada, que parte de las cercanías del Castillo, y se dirige en sentido sur-norte. Sobre ella se ha montado el primer tramo de dicha calle, partiendo del punto cero de la calle San Miguel, en sentido norte. La estabilidad de la calle, sin fisuras ni movimientos de base, a pesar de los drenajes practicados, los alcantarillados modernos son bien elocuentes por sí mismos.

En 1M, testigo claro, se observa cómo el murallón queda debajo con sólo comprobar la anchura de la calle y el grosor del murallón.

Pasando a la descripción, se inicia la secuencia desde la calle San Miguel y en el punto donde comienza la Antigua. Si se sigue la línea de fachada, se observa una secuencia de reutili­zaciones de muros romanos no en alzado sino en base, y esto en algunos tramos, porque en otros (fot. 1M,1) se ve que el aparejo de un determinado recinto está levantado utilizando materiales romanos originarios (fot. 4M).

Las construcciones realizadas en este primer tramo se han llevado a término obligadas por la secuen­cia curvilínea de la muralla de conten­ción, sobre la que descansa parte de la calle y la totalidad de las casas de la parte izquierda de la misma, según se desciende o se va hacia el Norte. Pero la estructura romana queda manifiesta en las secuencias de viviendas sitas a derecha del mismo sentido (fots. 2M; 3M). Hacia la mitad de este tramo de secuencias de formas, se produce una interrupción por necesidad de abrir paso al exterior, por donde el acceso resultaba más fácil, y comunicaba unas áreas que habían quedado encerradas por su forma y situación.

En 4M se observa un espacio de nave, transfor­mada en cobertizo, como paso hacia otras estructuras bajo el nivel de las corres­pondientes a otro sector. El intento de convertir estos receptácu­los en elementos de vivienda es el principal motivo que ha provocado las transformaciones que hoy se ven en numerosos lugares. El que presenta 4M es un ejemplo de ello.

Como se viene detallando, a mitad de la calle, se produce un quiebro en la secuencia de los muros domésticos norma­les, para dar paso hacia una secuencia de naves que habían quedado aisladas por la dificultad de comunicarlas al exterior. De ahí, la abertura de este espacio, que muestran 5M y 7M. En esta última se comprueba la existencia de restos en el suelo, que han pertenecido a materiales romanos de enrase para equilibrio del terreno, de opvs caemen­ticivm (fot. 7M,1,2,3).

Al fondo de tal área está la entrada artificial a dos de las naves. Entrando, a derecha se ve otra puerta artifi­cial para facilitar la comunicación y ventilación de las naves que se siguen ordenadamente en la calle. En el interior de esta secuencia, se contemplan otras naves con dimensiones idénticas, midiendo la altura (punto de enrase de la bóveda), 2,60 m, aproximadamente; su anchura. 2,50 m. Los muros tienen un grosor de 0,90 m (fots. 8M; 9M; 10M). Se supone que la altura, a partir del enrase de las bóvedas, alcanzaría los 3,20 m

Toda esta secuencia se continúa a través de una lí­nea casi paralela a la calle. Las tres naves indicadas son testigo de todo el conjunto. El resto de la calle lo integran las casas modernas, pero que son el aprove­chamiento de los espacios ocupados por las antiguas naves que se iban sucediendo, en tres líneas en batería. Si se observa con detalle esta primera parte, se concluye que las estructuras, desde la calle San Miguel, en sentido sur-norte, forman grupo de naves de caracter­ísticas comunes. To­das han sido naves afectadas por la nueva aplicación utilitaria; todas tienen, o han tenido, bóveda de medio cañón (só­lo tres la conservan, aunque cubiertas con falso techo), y las demás han sido enrasadas para elevar sobre ellas otras habita­ciones, pero siempre montando lo nuevo sobre los muros latera­les de las bóvedas, punto fuerte de apoyo. En proporciones hay poca oscilación de unas a otras, con casi la misma longitud (entre 5 y 6 m) y la misma altura, 2,30 m, aproximadamen­te. El grosor de los muros varía entre los 0,80 m y 0,90 m. La anchura de los habitáculos es aproximadamente de 2,50 m en las supuestas naves, aunque se toman como referencia los seis compartimentos analizados y medidos.

Continuando la calle Antigua hacia el Norte (fot. 12M), se llega a una plazuela (fot. 13M), donde se aprecian, en el suelo, (fot. 13M,1,2) los vestigios del muro maestro, que conformaba el fondo de la secuencia de naves. Esta plazuela es artificial, ya que, como se aprecia en imagen, se veían bastantes más indicios de muros sobre el suelo, que constituían la secuencia de los muros de las naves expuestas.

Al comienzo del subsector San Joaquín (II), hay, sobre fachada, restos de muros romanos encalados, y que son la base de nueva secuencia en sentido norte-sur (fot. 14M). Esta alineación se sitúa a espaldas de la secuencia antes expuesta, descrita ahora desde el lado opuesto. Se ven, en primer lugar, los muros que conforman este nuevo espacio de naves, al que se entra por un lugar, hoy calle, que estuvo cerrado. Por tanto es un acceso artificial hacia otros compartimentos (fots. 15M; 16M; 17M; 18M). En estos testimonios urbanos se comprueban, sobre el suelo, los indicios de los muros rotos para penetrar en los recintos que informan estas edificaciones (fots.19M; 20M), donde son visibles los restos y reutilizaciones de los paramentos de las estructuras romanas preexistentes. Ampliando la fotografía 20M, se puede observar cómo salen del muro, a nivel del suelo, restos de una pileta de salazones, o de un posible depósito, con su revestimiento de opvs signinvm (fot. 57M).

 En 22M, aparte de ser un paso artificial, se presenta una bifurcación que ha hecho dividir esta área en dos subsecto­res: III y IV. Y, como se comprueba en detalles, los restos afloran tanto sobre los que se podría considerar paramentos modernos, como en los que, aún en menores proporciones, son residuos testimoniales directos de muros romanos (fot. 22M ,3). A la entrada de este subsector, antes de la bifurcación, se ve, en el interior de una vivienda, la secuencia de las naves reutili­zadas con diferentes fines. En este detalle se ve el muro de fondo que limita con el subsector San Joaquín (II), el muro que le precede e identificable por estar débilmente encalado (fot. 23M,1), y los muros transversales que cortan en vertical a los antes citados.

En 24M se indica el punto de arranque de una secuencia de naves fuertemente modificadas, pero, en su aspecto externo, dejan indicios patentes de la reutilización de los paramentos, como sistema básico de aprovechamiento para nuevas viviendas.

Penetrando en el subsector IV de esta calle, aparecen los muros exteriores de las construcciones romanas, con huellas de sus aparejos, constituyendo, a derecha e izquierda, dos secuencias paralelas. Uno de ellos (fots. 24M; 27M) es limítrofe con las cadenas de naves de la calle Antigua; otro, con el subsector II (fot. 28M). Como se aprecia, las proporciones de altura, anchura y muro, están dentro de las coorde­nadas comprobadas en la casi totalidad de este sector: altura media, entre 3 m y 3,30 m; grosor de muros, entre 0,60 m y 0,90 m. La altura de los espacios interiores oscila entre 2,50 m y 4 m, con ligera variaci­ón.

El subsector III, en sus inicios, (fot. 29M) muestra un paso artificial, y los restos de muros de estructuras destruidas y derruidas por el abandono. En algún momento se utiliza como murete de acceso para aquellos compartimentos difíciles de acceder por la naturaleza del edificio y la dificultad del suelo. De aquí los típicos altos escalones que se contemplan en gran número de construcciones romanas reutilizadas. En este subsector III, según se sube, a izquierda, dentro de una de las viviendas actuales, se ha podido tomar el dato de la fotograf­ía 30M, en la que se da una reutilización idént­ica a la ya descrita 23M, que es una nave enrasada con doble muro (uno con abertura artificial), de los que el del fondo limita con la calle del subsector II. Tiene el mismo aparejo y casi las mismas medidas, guardando una estrecha relación con el anterior, ya que forma parte de la citada secuencia de nave­s enrasadas. Sobre la primera rotura en fachada del muro, se observan, en el interior de una casa, los restos de una bóve­da en su punto de arranque. La parte alta es obra moderna, para escalera (fot. 31M,3). El fondo de ésta es muro viejo, muy retocado en el tiempo.

Continuando hacia el subsector IV, aparece una forma de acceso algo irregular, lo que evidencia reutilización del modo más fácil, por los nuevos ocupantes, en estos espacios, de toda una serie de alzados romanos. Así, en 30M, los paramentos de todos los muros de las actuales viviendas son romanos reutili­zados, rompiendo incluso los peraltes de enrase que se hacían para equilibrar el terreno. El paso hacia otro compartimento (fot. 32M,3), se hace mediante la rotura de muros antiguos, hecho que se comprueba en 33M,2. Una vez en esta área, se observa el arranque de otros muros romanos, rotos para hacer accesibles los compartimentos que hoy se ven en 34M,1,3.

Sobre 33M,3, el espacio que aparenta ser un suelo normal, no es más que la parte superior de un sistema abovedado, debajo de este lugar.

Por otro lado, el área central de 34M, se entiende como un posible corredor o espacio muerto, hecho comprobado en otros sectores, como el F (fig. 12). Vista desde otro ángulo, en esta misma área cerrada, se observa el muro interrumpido en su parte derecha y frontal (fot. 35M,1,2), a la vez que dicha estructura se cierra, porque se corres­ponde con el paralelo del sector F (fig. 12).

Las medidas de esta especie de planimetría troncocóni­ca, aproximadamente son: de entrada: 0,50 m; muros: 0,50 m, a ambos lados, y fondo: 0,60 m. La altura oscila entre los 0,60 m y 0,50 m. El muro que debió ser de cierre, a la entrada, mide 1 m de largura y 0,60 m de altura. Su grosor es de 1,10 m aproximadamente, y constituye un muro soporte de todo el espacio que se encuentra bajo este nivel. A derecha, según se entra, hay una puerta de acceso a una posible nave, cuyas medidas oscilan entre los 3,50 m de fondo, los 2,50 m de anchura, y los 2,40 m de altura. Se piensa que es una de las naves existentes en este tramo de casas modernas, que son reutilizaciones de todo el sistema. En cuanto a su estructura y composición, se comprueba el aspecto de su alzado, con opvs incertvm y enlucido moderno, en algunos tramos. Puede ser una nave abovedada, cuya cubierta ha sido destruida y enrasada con bovedilla moderna, a fin construir sobre ella. Pero no se pierda de vista que el alzado de este sector es romano hasta una altura superior a los 8 m; por lo que, en este subsector, la reutilización se practica casi totalmente en lo que es estruc­tura de continente de todas estas casas modernas (fot. 36M).

Continuando hacia adelante en este rincón, se ve, al fondo, un espacio triangular, cuyos paramentos son romanos, con una altura aproximada de 5 m. Los tres muros son de estructura romana. Los vanos de la parte frontal son modernos, a la vez que la parte superior del frontal (fots. 37M; 38M).

Siguiendo el sentido del subsector III, en su parte izquier­da se ven sobre el suelo, restos de muros rotos que debieron conti­nuar hasta cerrar en la fachada de enfrente (fot. 39M,1), aunque lo debió hacer con el punto de 39M,3. El interior de la casa, tiene muros maestros romanos, con fuerte revestimiento moderno. Debajo de ello se encuentra lo que se suponía era una nave enrasada, hecho comprobado.

La foto 39M,1 indica que todo cuanto precede en fachadas domésti­cas es reutillización normal, comprobable en 40M, y otro acceso artificial con muros revestidos y con estructura romana, como se ha indicado en 39M,1. En ella se aprecia, sobre el suelo la necesidad de haber tenido que rebajar el terreno a fin de hacerlo accesible.

41M muestra una alineación casi simétrica que ha podido ser un antiguo espacio destinado a nave.

42M indica un punto de arranque de cierre de estructu­ra (fot. 42M,2), pero, a su vez, el inicio, o fin, de una secuencia de muros que configuran otra cadena de naves romanas transformadas en viviendas.

Continuando hacia el término de este subsector III, hay otro recinto cerrado o pasillo ciego (fots. 44M y 45M). En él se ve, a izquierda, una vivienda moderna construida reutilizando muros romanos y revestidos con argamasa y enlucido modernos (fot. 44M,1).

Siguiendo esta misma línea, aparece el arranque directo del muro romano (fots. 46M,1; 47M). Se trata, en efecto, de una apertura, pero se ignoran sus medidas reales, ya que se llega a confundir lo nuevo y lo modernamente roto, porque ha sido usado como habitación de desahogo. En su parte superior tiene piedra toba en forma de dintel. La citada entrada mide aproximadamente 0,85 m de anchura y, de altura. 0,50 m, según se observa, porque la llegada hasta el suelo viene marcada por rotura, y esto induce a posible error. Su altura, desde el suelo actual, es de 1,90 m, pero con la reserva de que se trate de un tragaluz o respiradero antes que de una puerta. El mu-ro, que aflora al exterior antes de llegar a esta altura, mide 1,70 m. El fondo, también romano, que se continúa, formando muro de contenci­ón del torreón, situado encima de la nave, mide 1,10 m. La altura aproximada de estos paramentos es de 8 m, con cornisa de ladrillo de triple hilada escalonada, a 4,50 m (fots. 41M; 42M,1). La nave, a la que se entra por esta supuesta puerta, está partida por un muro central. Mide aproximadamente 1,20 m de anchura (fots. 48M; 49M). Su profundidad es de unos 10 m; su altura, 3,20 m. Puede pensarse que este muro, que divide la nave en dos partes supuestamente simétricas, no es otro que el que se ve pasar como fachada exterior (fot. 45M,2), con lo que se concluye que la cronología de la nave es anterior al citado muro. Algo antes de llegar al fondo, hay dos pasos arqueados que no se han podido detallar, pero se ven en 49M,2. Desde fuera, estos paramentos confirman la tesis de haber sido la base del antes citado torreón. En su parte superior, por la que se une al sector F, hay muros levantados con piedra toba. En su parte baja tan sólo se califica como uno de los pasillos ciegos, vistos en otros sectores (fots. 45M y 50M). En la terraza de la casa colindante a la nave partida, los muros de enfrente e izquierdo son romanos y prolongación de los que se encuentran debajo, que son los que forman tanto la nave como la propia casa (fot. 51M). Desde este mismo punto elevado se ha tomado una perspectiva del subsector II para formar una idea del alineamiento de las estructuras, así como la lógica seguida para trazar calle moderna (fots. 52M y 53M). Partiendo desde este mismo lugar, pero a nivel de suelo, se tiene, a derecha, el acceso artificial de llegada a Eras del Castillo (sector superior de L; fig. 22). Si se observa con detenimiento, la pared izquierda, según se baja, se utilizan, con bastante frecuencia, accesos a las casas bastante peraltados. Su explicación es simple: usos de materiales romanos para equilibrar desniveles, aunque las naves, al menos las que hay localizadas, tienen como suelo roca madre. La actitud general ante la rotura de muros romanos de base, es levantar altos escalones, porque, debido a que las naves pueden encontrarse, y de hecho así están, bajo el nivel de la calle abierta, se ven forzados a tener que ensolar sus casas, y por ello colocan debajo materia­les de relleno, lo que implica realzar el antiguo suelo de roca madre por lo menos 0,50 m y, en consecuencia, romper menos muro romano a la entrada y base. Este fenómeno es tan usual que, en determinadas zonas de la ciudad, por la fuerte pendien­te existente, se haya llegado a levantar hasta más de dos metros de altura el podio de acceso a las casas, a nivel de calle.

En otros sectores como éste, se ve que la altura se debe a que debajo hay otra estructura, a la que hay que respetar (fots. 54M y 55M). Las explicaciones deben darse en cada sector, y según el contexto arqueológico de cada uno.

Así, continuan­do la descripción, se observa que esta calle en cuestión, muestra dos lienzos de muro externo romanos, conservados como testigos de una secuencia (fots. 54M, 55M). Todos los interiores conservan restos de las antiguas naves, pero con información para poderlos exponer y plasmar en la planimetría sectorial. La parte superior de la calle antes citada, tiene un acceso a Eras del Castillo mediante la rotura del murallón romano ­medieval allí aún existente.

En 57M se muestra una perspectiva general de la calle, con un estrangulamiento casi a la mitad de su trazado. Nótese la fuerte pendiente entre el punto inicial, abajo, y su final, arriba. Gran parte de los paramentos de las casas de la izquierda, son romanos; pero hay momentos en que se duda sobre su autenticidad, como ocurre en el punto en que se encuentran restos de una pileta o depósito, saliendo por la base de un muro catalogado como romano (fot. 57M). La postura más razonable es pensar que son superposiciones de estructuras en el tiempo, tal como ocurre en la Cueva y el propio Majuelo (cfr. sector anejo a la Cueva, fig. 19).

Analizando la función de estos muros sobre la calle moderna (fots. 54M; 55M; 56M), se piensa que se trata de una secuencia de naves destruidas para dar paso a todo este complejo ocupado. A su vez, esta acción podía haber sido realizada en dos fases: una desde arriba hacia abajo, hasta el primer estrechamiento de la calle (fot. 53M,3); el segundo, derribando muro preexistente en dicho cierre vial. El acceso artificial más evidente lo constituye la rotura del muro romano medieval que actualmente comunica Eras del Castillo con el subsector II.

La conclusión gira en torno a admitir que, a lo largo de esta vía ha sido destruido un encadenamiento de naves, a distintos niveles, y cuyos muros testigos son, en parte, los que hoy afloran junto a otros también romanos, pero integrantes de otras naves o estructuras romanas (fots. 55M, 56M).

En el punto donde se estrecha la calle, hay una pe­queña nave en el interior de uno de los compartimentos (fot. 61M). Al fondo se aprecia el hormigón romano de un muro con revestimien­to posterior, de época medieval y, un poco más arriba, como se indica en 58M,1, detalle tomado en 1.972, se contempla un lienzo de paramento romano que forma parte del conjunto de naves, que se extendían a lo largo de este subsector II. Adosado a él hay una secuencia de casas de una sola planta, consecuen­cia lógica de una normal reutilización hecha en los primeros tiempos de la repoblación cristiana.

Es obligado decir en este momento que, tras consultar antiguas fotografías de la ciudad, la mayoría de las vivien­das de aquella época, en el área superior, muestran que las estructuras son de una sola planta. Ello da pie admitir que lo que se hizo entonces, fue la directa ocupación de los sectores de naves que sólo disponían de una planta (fot. 58M,2). Los tres puntos que se marcan sobre detalle, comprenden una gran área, donde se comprueba lo que se está afirmando: las viviendas son de una sola altura.

De nuevo en la pequeña nave del subsector II, junto al gran murallón romano medieval (fot. 61M), se toman sus medidas: altura, 1,10 m; anchura. 1,20 m; largura, 2 m, aproxima­damente.

En el subsector I hay, dentro de paramentos romanos, una nave enrasada y, además, en línea con toda la secuencia del tercer núcleo abovedado de la Cueva (fot. 62M). El muro de fondo es continuación de lo que en planos se ha interrumpido, pero que esta es su continui­dad, y que va a enlazar con la secuencia expuesta a lo largo de la parte que abarca la calle Antigua en este sector M. El resto de las casas de la misma alineación no han podido ser estudiadas por no autorizarlo sus propieta­rios; por esto, aparte de lo modificadas que están en sus respecti­vos interiores, los muros maestros al exterior, manifiestan su reutilización moderna con el típico revestimiento de cal. Detrás del murallón romano medieval se han practicado excava­ciones de urgencia y han sido localizados muros romanos alineados con los que forman los cimientos de las casas modernas de Eras del Castillo (fots. 63M; 64M, y fig. 24). En ellas se contempla una secuencia de lo que se cree fue parte de los cimientos de las estructuras que existieron en el punto más alto del conjunto romano, que puede llegar a alcanzar la cota 48, es decir, sobre los alzados de los muros hasta ahora conservados, cuya cota real alcanza los 48 m. Uno de los muros (fot. 65M,1) muestra la base de sustentación del punto de apoyo del gozne de algún elemento de puerta o similar. Los muros detectados confirman la opinión de que son base de elementos arquitectónicos de elevada altura, ya que tienen un grosor superior al normal, 1,20 m. Todos los indicios inducen a pensar que son elementos de edificaciones anteriores a las que se vienen normalmente describien­do. Su técnica de construcción presenta una composición algo diferente a la típicamente considerada como romana. No tiene la consistencia interna del mortero romano ni una apariencia externa como el resto de las construcciones hasta ahora analizadas. Su aparejo es irregular, y no muestra las caracterís­ticas del opvs incertvm. Es diferente, pero encaja en los módulos que en otros lugares se han detectado como formas de construcci­ón débiles. Tal fenómeno se ha visto también en el sector L de dentro de la Cueva.

El antes citado paso entre Eras del Castillo y el subsec­tor II, se efectúa en los límites de los sectores M y F (fots. 67M,4; 68M,3 y 69M, 2). El murallón romano medieval muestra al exterior un lienzo que mide aproximadamente 6,30 m de largura; 4,50 m de altura, y 1,80 m de grosor.

En 68M,2 se indica la existencia de un lienzo de estructu­ra romana que aflora hasta una altura de casi 5 m, y una anchura de 0,80 m, prolongándose hasta la edificación del límite oeste de la derruida área, así orientada, del subsector de la Cueva. Esta yuxtaposición de técnicas diferentes ha provocado un fenómeno curioso: cómo las culturas posteriores a la romana reutilizaron las preexistentes, y éstas eran más consistentes; y, con el paso del tiempo y la erosión, las modernas se han ido desmoronando, dejando ver las que se encuentran detrás o más antiguas; en este caso lo han sido las romanas, tal como ha podido ocurrir en este sector de la ciudad. Lo más significativo, encontrado en el estudio y descrip­ción de este sector, aparte de unas características arqui­tectó­nicas similares a las de los sectores L y F, y otros que se detallarán más adelante, ha sido la elevada altura que han manifestado sus alzados, mostrando tantas profundidades como en el subsector IV (fots. 37M y 38M), y las elevaciones en sus niveles, incluso más altos (fots. 44M; 45M y 50M). Por otro lado tan sólo se han podido encontrar dos naves con bóvedas y no completas (fots. 48M; 49M y 61M). El enrase es lo más usual en las modificacio­nes. No obstante, se considera que tres de ellas conservan aún su bóveda, aunque se encuentran tras un falso techo moderno (fots. 9M; 10M y 11M). Los restos de elementos que pertenezcan a otro tipo de estructura son escasos. Tan sólo se han localizado indicios de piletas o depósitos (fot. 57M). Todo ello induce a concluir que esta área ha sido destina­da a almacenaje, aunque el hecho de que aparezca una pileta indique que es el testigo de un posible punto industrial.

Las deformaciones modernas impiden admitir con más evidencia por qué razón han desaparecido elementos arqui­tectóni­cos existentes en las mismas calles actuales, que podían servir de elementos inductivos, para aceptar, con cierto margen de realidad, todo cuanto se expone. El material, que se muestra en 57M, hoy ya no se puede ver, más que en fotografía.

En definitiva, lo que aquí se ha detectado está destina­do a almacenes y algún indicio, a estructura industrial. Por ello se consideran elementos definibles dentro de lo que se viene considerando factoría o zona industrial de salazón.

Conclusión del sector M

Lo más significativo que se ha encontrado en el estudio y descripción de este sector, aparte de unas características arquitectónicas, similares a las de los sectores L y F, y otros que se detallarán más adelante, ha sido la elevada altura que han manifestado sus alzados, mostrando tantas profundidades como en el subsector IV (fots. 37M y 38M), y las elevaciones en sus niveles, incluso más altos (fots. 44M; 45M y 50M).

Por otro lado, tan sólo se han podido encontrar dos naves con bóvedas, y no precisamente completas (fots. 48M; 49M y 61M).

El enrase es lo más usual en las modificaciones. No obstante podemos considerar que tres de ellas conservan aún su bóveda aunque se encuentran tras un falso techo moderno (fots. 9M; 10M y 11M). Los restos de elementos, que pertenezcan a otro tipo de estructura, son muy escasos. Tan sólo se han localizado indicios de piletas o depósitos (fot. 57M).

Todo ello nos induce a pensar que esta área mantiene una finalidad arquitectónica destinada al almacenaje, aunque el hecho de que aparezca una pileta pueda indicarnos que es el testigo de un posible punto industrial.

Las deformaciones modernas nos impiden concluir con más nitidez por qué razón han terminado por desaparecer elementos arquitectónicos existentes en las mismas calles actuales, que podían servirnos de elementos inductivos, para poder afirmar, con cierto margen de realidad, todo cuanto decimos. El material, que se muestra en la foto 55M, hoy ya no se puede ver más que en fotografía. En definitiva, lo que aquí se ha podido detectar lo forman edificios fundamentalmente destinados a almacenes, y algunos indicios de estructura industrial. Por ello, se consideran elementos definibles dentro de lo que se viene considerando factoría o zona industrial de salazón.

SECTOR N

El sector N constituye una de las áreas que registran en su estructura y morfología una de las mayores complejida­des, debido a factores geológicos del terreno. Se observa que en su trazado se dan varios desniveles con diferente intensidad. En este espacio no se ha localizado elemento abovedado, aunque muchos paramentos internos lo han tenido.  Lo más relevante que se indica en este sector se resume en las siguientes manifestaciones arquitectónicas:

a) Fuertes y ligeras pendientes.

b) Muros romanos en interiores y en los supuestos exteriores de las calles.

                c) Murallones contrafuertes para sistemas de aterrazamientos.

                f) Reutilizaciones de paramentos romanos en la mayoría de los muros analizados exteriormente, y en algunos interiores.

Antes de iniciar la descripción general, hay que decir que este sector constituye uno de los complejos urbanos que más problemas ha creado a la hora de reutilizar, con la nueva cultura, toda la herencia de formas antiguas. En algunos espacios la pendiente ha condi­cionado el estilo y forma de la reutiliza­ción. Se nota que la operación transformación, o puesta en uso de la mayor parte de las estructuras romanas, ha sido un proceso largo a través del período medieval, para fijar unas rasantes medio aceptables, con el fin de hacer viables unos trazados antiguos de difícil acceso.

El primer apartado de este capítulo comprende la descrip­ción y análisis de sus pendientes. En el primer tramo del trabajo se nota que tal pendiente aparece con un desnivel de 2,50 m aproximadamente, entre acceso y curva de fondo (fot. 1N). A continuación se incrementa ese desnivel hasta alcanzar los 3,50 m. Durante un tramo aproximado de 15 m se mantiene este nivel (fot. 4N), que empieza a descender hasta conseguir casi el punto cero, comparado con el momento inicial (fot. 1N). Pero tal desnivel se efectúa en suave descenso (fot. 5N).

A partir de ese punto, con cruce de calle, se inicia otra pendiente con una rampa no muy pronunciada (fot. 14N), que culmina en otro cruce (fot. 18N), con un desnivel aproximado de 1,80 m, y prolongado hasta buscar el punto cero (fot. 19N).

Entre 8N y 21N, en corto espacio, hay una pronunciada pendiente que alcanza los 2,50 m en 15 m lineales. Pero la más pronuncia­da de todas se encuentra en 20N, donde, en un tramo de 20 m, se llega a un desnivel de casi 6 m. Esta área es de las más desniveladas a consecuencia de los fuertes cortes en las pendientes.

26N, inicio del desnivel antes citado, es decir 6 m sobre el punto más bajo del sector, comienza con un área que se nivelaba al terreno natural mediante una terraza que superaba los dos metros sobre roca madre (fots. 27N; 28N), en donde se aprecia apertura de calle artificial, con rotura de la plataforma equilibradora (fots. 30N; 31N; 32N; 33N; 34N) que posteriormente, se continúa con un sistema de murallón contrafuerte, conforme se va abriendo la nueva pendiente (fot. 35N)

La estrecha calle que se aprecia en las fotos antes enumeradas, es artificial, ya que se ve cómo ha sido destruida la plataforma para abrir un estrecho paso, y la misma citada plataforma ha seguido siendo utilizada para acceder a áreas, cuyo fondo está ocupado por ese mismo material. La pendiente, desde la plataforma, se eleva hasta superar los 2,50 m sobre el punto anterior, y continúa haciéndolo hasta llegar, en la calle Antigua, en sus inicios, a más de 6 m, ya que esta calle está hecha sobre el murallón romano medieval. Este desnivel se ve en 45N y 46N, que ha sido motivo del levantamiento del mura­llón contrafuerte romano (fots. 43N y 44N) para fortalecer y contener la masa arquitectónica superior. Está integrada por el sector M. Pero se cree que la función de este muro es proteger la parte baja, añadiéndose, además, la plata­forma de hormig­ón romano, que constituye la base de sustentación de los paramentos apoyados sobre los citados elementos arquitectónicos.

En 47N se inicia contacto con la calle Antigua, que es de las más pendientes en su trazado. Muestra indicios de línea artificial mediante rotura de estructuras, que se indican a ambos lados de la calle, a lo largo del espacio aquí visto. El desnivel puede alcanzar los 3,50 m (fots. 47N y 48N).

En 54N se inicia un muro de contención, como se aprecia en 54N,2, en el que usan escalones de más de 2 m, para crear acceso a las estructuras inferio­res, que finalizan en la línea que aquí se inicia. No se ha podido analizar el interior de estos paramentos por encontrarse, en su mayoría, cerrados desde hace tiempo.

En resumen, se puede decir que la arquitectura moderna tiene que ceñirse a los condicionantes que encabezan el inicio de tal descripción, y el segundo apartado comprende el sistema de alzados utilizados.

En relación a los alzados en cuestión, registrados en este sector, se concluye que, en elevado porcentaje, las fachadas modernas, así como los muros maestros interiores, responden a un sentido práctico en el uso de la herencia del pasado. El casco urbano actual puede conside­rarse en una relación 10/1, sistema doméstico que ha reutilizado las infraestructuras romanas. En el núcleo superior, o a partir de la cota 15, la reutilización puede llegar al 100 %, atestiguado documentalmente.

Haciendo un recorrido similar al anterior, se ve que en 1N, los paramentos de esta calle usan las estructuras del alzado romano, pero reforzándolas con elementos modernos, como es el revestimiento con ladrillo. El grosor de los muros exterio­res gira en torno a los 0,80 m y 0,90 m. Los espacios interdomésticos tienen medidas que, en unos casos, equivalen a la anchura de la nave normal (2,50 m), a veces doble.

En 2N,1, se ve un muro romano exterior que cerraba en 2N,2. De la misma manera, esta calle ha sido abierta artificialmente, ya que sigue conservando sus módulos habituales.

En 3N,1, hay muros romanos externos, con un nivel interior superior al de la calle.

En 4N,1, se ven paramen­tos exteriores con gruesos muros, entre 0,80 m y 0,90 m, en toda la calle. El espacio indicado en 5N, muestra un visible ejemplo de fachada exterior, con reutilización de paramentos romanos de los que parten hacia el interior de las casas modernas, una secuencia, hasta apoyarse en el murallón romano medieval, su punto de apoyo en las espaldas.

En 6N se observa, al fondo (fot. 6N,1), parte del gran lienzo del murallón (que da sobre la calle Morería Alta) relacio­nado con la contextura de los paramentos de 5N. En 6N, 2, se observa uno de los muros paralelos al mu­rallón que contiene, en sus interespacios, muchos muros divisorios en este subsector.

La continuidad de este sistema de muros divisorios se observa ya dentro de las casas modernas que los han reutiliza­do.

7N,1,2,3, presenta un ejemplo de lo antes dicho: tres sistemas de muros que discurren en paralelo al murallón de la calle More­ría Alta (fot. 6N,1).

El espacio 8N,1, señala ejemplo de paramento exterior en el que, además de aflorar en algunos lienzos el aparejo romano, indica el grosor tipo que tienen los muros (8N,2).

En 9N,1,2,4, se ven muros interiores reutiliza­dos, con revestimiento externo y encalamiento.

En 10N,1, paramentos divisorios laterales.

En 10N,2, muro de fondo, de grosor aproximado a los 0,90 m, que discurre paralelo al citado en 6N,1.

En 10N,3, muro divisorio, de grosor similar, con abertura artificial que permite el acceso a las dependencias interiores.

En 11N,1, paramentos romanos con revestimiento moderno.

En 12N,2, muro roto para dar paso a 12N,3, que, a su vez, es el tope paralelo a esta secuencia de alzados de muros interiores.

En 14N se ve con evidencia cómo arranca el muro romano de plataforma de opvs caementicivm, y que se continúa a lo largo del paramento de la calle, salvando un paso artificial.

En 15N,1,2, se ven detalles del paramento y plataforma de hormigón.

El espacio 17N presenta casi toda la secuencia citada en 15N,1,2, mostrando los muros su grosor habitual en estas formas. 0,80 m y 0,90 m.

El espacio 18N indica continuidad del citado muro de fachada hasta el final de esta calle, límite del sector.

El 19N,1, es un tramo que ha sufrido pocas modificacio­nes modernas, y 19N,2, confirma el uso de plataforma interior.

El muro indicado en la pendiente 20N, probablemente se haya levantado guardando las distancias de los interespacios, porque en el sector siguiente hay indicios de continuidad de esta estructura.

En 21N se señalan estancias modernas con reutilización de formas romanas. Se observa el escalonamiento provocado por la rotura de los sistemas de aterrazamiento.

En 27N,3,4, se fija la dirección que siguen los muros romanos montados sobre plataforma de opvs caementicivm.

En 28N,1, se recogen los paramentos romanos sobre platafor­ma de hormigón.

31N,1, marca la continuidad del anterior, con indicios de los paramentos exteriores, aflorando el opvs incertvm en algunos subsectores.

32N,3, señala, además, un escalona­miento superior para acceder a los habitáculos interiores.

En 35N,1, se recoge la serie murada de paramentos de este subsector, que muere en la primera parte de la pendien­te de la calle Antigua.

Los paramentos del punto opuesto, 35N,3, se han montado aprovechando el muro contra-fuerte en este espacio (35N,2).

En 36N,1, se recoge un lienzo de paramento que finaliza en 35N,2.

En 39N,1, se indica la continuación del murallón contra­fuerte superior, base y soporte de gran parte de la calle Antigua.

39N,2, inicia nuevos paramentos de habitáculos modernos que guardan distancias próximas a lo que se viene admitiendo como medida tipo, módulo de nave.

En 40N se ve testigo del murallón almenado, del que es continuación.

43N,1, es un paramento que parte del murallón con fuerte pendiente, hacia poniente, y que se va equilibrando por medio del aterrazamiento (fot. 43N,2), que se va dando de forma escalonada hasta llegar a la cota 7 aproximadamente.

En 46N se da prueba del sistema de escalonamiento de los paramentos hasta la citada cota.

47N,1, marca el final del muro contrafuerte, usado en toda la calle precedente como paramento de la casa moderna.

En 47N,2,3,4, se muestra una secuencia de muros divisorios de alzado romano, rotos para abrir la calle Antigua en este tramo.

En 48N,2, se indica el uso del mismo paramento hasta un cruce que cerraría todo este subsector, al final de la secuen­cia.

En 50N,1,2,3, se indica la reutilización de formas romanas, de las que una es nave enrasada, conservándose el arco, rebajado, marcado sobre su fachada (fot. 51N,1). El módulo de los muros es el normalmente usado: 0,80 m y 0,90 m.

En 52N,1,2,3, se marca el final del paramento que conforma la fachada de esta secuencia de habitáculos modernos, cerrándo­se en un ligero muro conservado (fot. 54N,1), produciéndose de inmedia­to el cambio de altura en los paramentos siguientes, por el inicio de un espacio con otras características estructura­les (fot. 54N,2,3).

Los murallones contrafuertes de este sector, que se utilizan en el levantamiento arquitectónico del mismo, son dos. El primero sirve de soporte a la calle Antigua, en su primer tramo, a entrada de la calle San Miguel (fots. 40N; 43N; 44N), cuyo grosor es de 2,10 m, siendo el de más resistencia, ya que sirve para contener la parte superior, formada por el sector M, y como punto de apoyo para el subsector que se encuentra debajo de él.

El segundo muro de contención es de menor grosor, pero está levantado, en algún subsector, sobre plataforma de opvs caementicivm, de grandes dimensiones (fots. 6N; 7N; 27N; 28N; 29N; 30N; 31N; 32N; 33N; 34N; 35N; 36N; 37N; 38N), constituyendo la base de arranque que da consistencia a las estructuras romanas situadas debajo. Tan sólo 6N,1, 7N,1 y 36N,3, marcan con alguna precisión el trazado y la profundidad de este elemento de contención.

La dirección de esta línea de soporte seguiría en sentido sur-norte, para cerrar, a la altura del Palacete del Corregidor, el anillo de muralla que se extendía hasta el subsector sur del área del sector T. Por tanto, en 39N se ha producido un corte de esa muralla para facilitar la continuidad de la calle Antigua.

Por otra parte, y muy cerca de este punto, está el murallón que viene desde las cercanías del foso del Castillo. Su secuencia conforma la base de soporte de la construcción tanto antigua como medieval y moderna (fots. 40N; 42N,1, 43N,3; 44N,2). Es lógico que esta muralla se cerrara uniéndose a la que soporta la masa de la Cueva, provocando otra rotura en la calle Antigua, o tal vez con las antes citadas en 39N.

Los habitácu­los sitos en este interespacio, se encuentran en posiciones con plantas bastante violentadas, porque el desnivel entre las dos líneas de muralla y la distancia entre las mismas, son fuertes. La diferencia alcanza casi 12 m, en una distancia que llega a tener una longitud entre los 12 y 20 m.

  En 4N y 46N se constata el fuerte desnivel y la corta distancia. Debido a ello, los paramentos de las edificaciones romanas más consistentes han dejado fuerte huella de reutiliza­ción a lo largo de la calle Morería Alta (primer subsec­tor), donde se observa, sobre la misma, que su línea es inventada modernamente, ya que se ha realizado rompiendo parte de las plataformas de enrase para equilibrio del terreno. Las fachadas actuales han sido construidas reutilizando los paramentos romanos. Sólo en los interiores se comprueba, y no en todos los casos, la existencia de muros que no responden a una arquitec­tura moderna, sino a la reutilización de materiales preceden­tes.

 A partir de 47N, se encuentra una serie escalonada de espacios cuyas medidas longitudinales, teniendo en cuenta la distribuci­ón interna de todo el sector N, se corresponde simétri­camente con el resto que precede, y basándose en los alinea­mientos de los sectores anejos. Por tanto, forman una red de divisiones bien proporcionadas, y que han podido constituir un área de naves similar al de la zona alta o casquete superior de la ciudad (fot. 48N,2).

La existencia de plataforma de opvs caementicivm, o el enrase del suelo sin el citado hormigón, se ven en 49N, donde el gran escalón, de varios peldaños, acusa este fenó­meno.

Siguiendo esta misma línea, se encuentra una fachada, con una antigua forma arqueada de su aspecto exterior, y que puede formar parte de una nave (fots. 50N; 51N,1).

Toda la secuen­cia, hasta 52N,3, consti­tuye un área cuyas medidas son homogéneas y equidis­tantes, dando pie a una interpretación similar a la calle: toda esta secuencia muestra señales de la existencia de un sistema de naves en todo el espacio indicado en la planime­tría. Los paramentos conservados son identificables (fot. 52N,1,2). El final de este subsector acaba en el murete inferior del paramento indicado en 52N, con una división bien marcada entre ambos espacios. Los habitáculos domésticos, observables en todo el trazado, guardan proporciones cercanas a las de las naves de la zona superior. Por ello se han indicado en planimetría, con línea discontinua, los espacios que coinciden con las formas antes señaladas (fot. 53N,1). En 54N se ve la división, tal vez artificial, entre dos subsectores.

En 54N,2,3, se marca un nuevo nivel en la reutilización de los paramentos, con una cota indicadora del inicio de un espacio destinado a habitáculo moderno, pero donde las muestras exteriores son de estructura romana bastante retocadas, con enlucido y encalado actuales.

Como conclusión, después de esta descripción, se puede indicar que las formas arquitectónicas de este sector N, muestran estructuras básicas de construcciones romanas.

Conclusiones del sector N

                1) Relleno de espacios con fuerte pendiente, para equilibrar desniveles naturales del terreno.

                2) Construcción de muros de contención grue­sos, para facilitar los posterio­res aterrazamientos, donde se van empla­zando las diferentes estructu­ras y formas romanas.

                3) Aperturas de calles modernas (desde época medieval), con la modifica­ción del cuadro arquitectóni­co antiguo, que es preciso reconstruir, analizando no los edificios modernos, sino en conjunto.

                4) Presencia de muros testigos en fachadas actuales del sector, que acusan la existencia de paramentos de esquemas de naves romanas, como las de los sectores E, F, D, etc., pero cuyos módulos coinciden con las medidas que se ven en esta vertiente de la ciudad, y atestiguado en el sector K (fig. 17).

Resumiendo y sintetizando tales factores, se puede admitir que estos espacios forman parte, en estilo, medidas y técn­icas, de la idea generalizada del conjunto hasta ahora estudiado, es decir, que son naves de almacenaje muy retocadas, en la mayor parte de los casos, pero sin indicios de depósitos de agua, ni de salazón. Su existencia es inducida, pero, por ahora, no demostrable, ya que no se dispone, en este sector, de elementos que lo atestigüen claramente. Se usa como argumento ad hoc la presencia, en los mismos niveles y, muy cerca de este sector, de piletas de salazón y depósito de aguas (Sector K).

SECTOR  O

Este sector constituye una de las piezas que muestra un fuerte índice en alteraciones de estructuras, que se ven alineadas, según los gruesos muros de contención, o plataformas, que se extienden a lo largo de todos los niveles detectados en la zona de Poniente.

Sin un criterio de división definitivo, sobre la base de unas premisas correctamente argumentadas, la distribución por sectores nos lleva, a veces, a contemplar áreas que participan de características mixtas, en lo que a organización y distribución de elementos arquitectónicos se refiere.

Una vez hecha esta observación, se inicia el recorrido descriptivo del sector a partir del antiguo cuartel de la guardia civil, situado al comienzo de la calle Morería Alta.

Efectivamente, los paramentos que se observan tienen componentes estructurales romanos. Los muros exteriores, únicos que se han podido analizar, dan señales de la existencia de opvs incertvm en algunos de los alzados (fots.1-O; 2-O). En la segunda de ellas (fot. 2-O) se puede observar, al haberse desprendido el revoque moderno, la aparición del opvs incertvm tras él.

Siguiendo el recorrido descriptivo por la calle Morería Alta I, se puede observar, sobre la base de los paramentos (fot. 3-O) la existencia de muros, cuyo pie tiene un fuerte desnivel con relación a los espacios interiores. En el punto 3-O,2 se ven los indicios externos del aparejo romano retocado y deteriorado. En el punto 3-O,1, se observa igualmente un aparejo antiguo bajo el mismo revoque. Por último, en 3-O,3 se puede señalar que había un cierre en la estructura mural antigua y que, por tanto, el paso que se ve, es artificial. El suelo ha tenido una plataforma de relleno que procede de un nivel superior, provocado por la diferencia de altura en el terreno.

Continuando la descripción del paramento, se ve en 4-O, una secuencia alineada en la que apenas surgen diferencias de nivel y de altura en el espacio base, o estructura considerada modelo de nave, e igual en la alineación de los paramentos en toda la secuencia.

Al fondo de 4-O, se advierte una variación provocada por el cambio de orientación de la base, según el terreno donde se asienta. Obsérvese la continuidad del aparejo, y un factor muy importante: a pesar de la pendiente del suelo, no se aprecia, ni una ligera fisura en el alzado. Este fenómeno se explica porque se reutilizan materiales estructurales romanos a través de todo el sector. Otro detalle a considerar es la estrechez de la calle que, como se ha dicho, probablemente tenga la misma explicación que en la parte superior del sector K (fig. 17), en donde se ha detectado que gran parte de la calle está montada sobre muro de aterrazamiento. Como detalle de la estructura interna se indica el punto 5-O, donde se puede ver la composición de aparejo en el muro exterior, sobre el suelo. El ligero estrechamiento, que se observa en esta calle, probablemente se debe a un nuevo cierre en la estructura que aquí se contempla (fot. 6-O).Al llegar al punto central de la curva que muestra el trazado general de esta calle, se produce una nueva abertura artificial de la misma, en ángulo recto, y con una fuerte pendiente, como se verá más adelante (fot. 7-O) que, incluso, provoca un cambio en la organización de los paramentos, de tal forma que la estructura da claras señales de una alteración en la distribución de los componentes arquitectónicos de esta calle, en el punto 7-O,1. Hay, en efecto, un probable cierre, o mejor, paso artificial a partir del punto 8-O,2, que formaría unidad con las estructuras romanas situadas justo enfrente. La calle continúa con un ligero ascenso en su base, que llega a proporcionar la información de que, bajo el paramento indicado en 8-O,1, hay un fuerte rebaje y, en consecuencia, un muro contrafuerte de aterrazamiento, que es continuación del ya estudiado en K. Efectivamente los espacio modulares atribuibles a naves, bajo el nivel de la calle, se dejan ver con cierta claridad (fots. 9-O,2,3; 10-O,1,2,3; 12-O,1,2,3; 13-O,1,2). Además de estas evidencias, es preciso anotar la comprobación de que el paramento superior está levantado de opvs incertvm (fots. 9-O,1; 11-O,1,2; 13-O,2). El factor altura sigue manteniéndose tanto en las estructuras que se encuentran bajo el nivel de la calle (fots. 9-O,1,2,3; 12-O,3), como en las que se ven en superficie (fot. 14-O,1,2), en las que se ha podido tomar detalle del interior de uno de los espacios que tienen su alzado bajo el citado nivel (fot.14-O,3), y que se refleja en un detalle tomado desde la misma puerta, indicada en la foto anterior. Su interior muestra unos muros con un grosor que entra dentro de los módulos romanos más frecuentes (0,90 m). Hay muro en vertical a la línea maestra de calle (fot. 15-O,1), elemento transversal de cierre, que marca los espacios tradicionales, dentro de los parámetros que exigen las naves detectadas en la zona de Poniente, como es ésta (fot. 15O,3).El grosor de los paramentos se observa en el punto 15-O,2. A continuación se indica el resto del alzado que, se supone, no termina al final de la calle, sino que continúa a través de los muros de la secuencia de estructuras que entran dentro del sector K (fots. 16-O; 17-O).

Situados de nuevo en el punto 7-O,2, donde se encuentra una de las roturas intencionadas, para poder comunicar la plataforma superior con la de abajo (fot. 19-O). En el punto central se observan componentes, o restos de piedras, que sobresalen del paramento, testimoniando con ello la existencia de un muro roto para abrir paso en ese tramo de calle. Los paramentos de la misma, tienen indicios del opvs incertvm, que se deja ver a través del revoque moderno, sobre todo en la parte derecha de la imagen, según se sube (fot. 19-O). Visto desde arriba, se pueden comprobar, sobre el muro derecho, los indicios de su viejo origen romano (fot. 20-O).

Por otro lado, se detecta cómo los espacios intermedios que marcan los límites de cada vivienda, coinciden, en origen, con los destinados a naves (fot. 21-O).Hacia el centro de esta bajada se puede comprobar la existencia de restos de muro que cerraban este paso en ese tramo (fot. 22-O).Tanto a un lado como a otro, pueden verse las huellas evidentes de la existencia de un muro de cierre. En una foto de detalle, se precisa con toda claridad el aparejo interno del tal supuesto muro de cierre (fot. 23-O).

Salidos a la calle Morería Baja, nos encontramos en una encrucijada con accesos, algunos completamente artificiales, y la alineación de las estructuras (fots. 24O; 25-O), donde la distancia entre las distintas puertas de las casas nos va indicando las dimensiones de las antiguas estructuras reutilizadas.

Pasando por el punto 24-O,1, se llega a un espacio marcado por la fuerte presencia de estructuras romanas muy modificadas, pero que conservan las alineaciones de muros de su antigua distribución, camufladas bajo las alteraciones o adiciones modernas (fot. 26-O). Entrando en este espacio cerrado, encontramos un muro romano a izquierda, con el aparejo muy deteriorado, una entrada provocada por la rotura del muro de cierre y, al fondo, uno de los muros maestros, que proceden de las formas que describimos al principio de este sector.

En la foto 27-O, se puede observar, según se entra, a izquierda, un muro romano muy retocado, pero que deja ver la estructura de piedra en varios puntos de su alzado; a derecha, un muro romano muy alterado y revestido con argamasa moderna y, al fondo, cerrando estas estructuras, todo un paramento con señales de su antigua construcción. Téngase en cuenta que tal muro de fondo se encuentra alineado con el punto 23-O, del que ya se ha comprobado su identidad. Ese muro queda indicado en el punto 29-O,4 que divide diametralmente la secuencia de edificios que se estudia en este sector. En el punto 30-O, se puede ver el momento de cierre, mediante una calle que desciende, término de este sector, señalándose, a su vez, la continuidad de los alineamientos, cuyas estructuras se montan apoyadas, en todos los casos, por sistemas de muros de contención, que son destinados a sujetar las plataformas de aterrazamiento.

A lo largo de la calle Orobia, en uno de sus interiores más abandonados, se ha podido comprobar la existencia de dos alineamientos de muros romanos, de los que tan sólo se ha podido tomar detalle (fot. 30-O) de uno interior, con aparejo considerado como romano, y de otro externo (30-O,3), con revestimiento moderno más reciente, pero todos tienen los indicios de pertenecer a formas romanas.

Los techos, como se puede observar, están enrasados al estilo que nos es común en la mayoría de los casos que se ha ya registrado (fot. 30-O,2). Los paramentos de cierre son los que nos dan mayores pruebas de su antigüedad no sólo por su grosor (0,80 m), sino por las piedras que se traslucen a través de su revoque moderno. Este detalle se aprecia un poco más en un rasgo tomado sobre este mismo espacio (fot. 32-O,3), donde las proporciones de las piedras se hacen patentes. Al fondo de la misma foto (fot. 32-O,1), puede verse igualmente el muro que antes se ha indicado como supuesto límite de estas estructuras. Obsérvese, porque esto es muy indicativo de lo que estamos afirmando, que el techo, que aquí está construido de una forma muy peculiar, no ha sido planificado previamente, sino que está yuxtapuesto, clavando el maderamen sobre la pared, lo que nos hace pensar en una reutilización de estancias antiguas, porque, si fueran modernas, tal techo formaría cuerpo con los paramentos del alzado, y no sería un añadido, como ahora lo es, y que se puede comprobar. Este curioso dato ha sido también observado en la entrada de Levante de la Cueva, donde una nave ha sido enrasada, sin romperla, mediante un maderamen añadido.

Conclusión del sector O

Dentro del estudio general de la zona de Poniente, donde queda enmarcado este sector, se ha podido comprobar que las líneas arquitectónicas de las edificaciones que se han descrito, en términos generales, entran dentro de la tipología más usual. Téngase en cuenta que los elementos con que nos hemos encontrado a través de todo su recorrido, considerando que no ha sido posible poder penetrar en las edificaciones que debían ser analizadas en su estructura interna, tan sólo se limitan a lo siguiente: muros que forman parte de los sistemas de aterrazamiento en las grandes líneas de toda la zona de poniente, y que se relacionan estrechamente con los otros sectores de los que forman parte; algunos espacios interiores, que se han podido identificar como romanos, pero sin poder analizar si su finalidad era similar a los que ya se han comprobado en otros sectores y, por último, espacios cerrados que guardan las mismas proporciones que se ha considerado comunes a los tipos de naves halladas en esta área.

En resumen, se puede concluir afirmando que las estructuras, aunque no con suficientes datos estudiadas, pero basándonos en las secuencias de los aterrazamientos, elemento patente en toda la gran área de Poniente, responden a los mismos esquemas industriales ya estudiados en sectores como el K (fig. 17).

SECTOR  P

Este sector se encuentra en un nivel muy próximo al de la factoría de salazones del Majuelo, coincidiendo en gran parte con el mismo, sobre todo en la zona inferior, directamente ligada a la factoría y considerada como prolongación de la misma.

El espacio situado en la parte más baja, abarca el tramo entre la Puerta de Vélez y la antigua Ermita de la calle Nueva, con un nivel similar al resto de la citada factoría, por lo que se piensa que la mayor parte de esta área, está levantada sobre la misma, reutilizando, como se verá, gran número de paramentos romanos tanto en los niveles altos como en los bajos, aunque este subsector disponía, como elementos arquitectónicos, tanto de conjuntos industriales, como de almacenaje. Por ello, distinguimos los siguientes subsectores:  

1) Zona inferior, cuyo destino muestra indicios de haber estado dedicada a la manufactura de salazones.

2) Zona superior, cuya finalidad da señales de haber estado destinada no sólo a la manufactura sino también al almacenaje, como en otros sectores del área de Poniente.

En cuanto a la distribución de áreas destinadas a uno u otro fin, hay que notar cómo se planteó la estructura del terreno para conseguir un esquema correcto en el montaje de las infraestructuras aquí proyectadas y realizadas.

Por ello, y siguiendo un orden descriptivo y topológico, iniciamos el recorrido arqueológico desde la denominada Puerta de Vélez, hasta la calle Vélez (fot. 1P).

Los paramentos de ambos lados dan señales de su emplazamiento sobre las estructuras murales situadas debajo (muros de parte de la factoría, enterrados), o bien usándose estos citados paramentos en alturas superiores conservadas y recubiertas con mortero moderno, como se verá en muchos espacios de calles actuales.

Penetrando por el punto 1P,1, al fondo de este callejón ciego, obsérvense, sobre el paramento derecho, fuertes muros romanos débilmente revestidos de argamasa moderna, pero que, no por ello, las piedras del opvs incertvm dejan de aflorar (fots. 2P,3,4; 3P,1,2). Encima del alzado romano se observa una superposición de muro relativamente reciente (2P,1, y fuerte revestimiento moderno que impide ver el aparejo externo romano (2P,2). Este detalle externo es indicativo de toda una antigua línea mural, que reflejamos en la planimetría por sectores (cfr. figs. 5 y 27).

Es claro que en 3P,1,2 se ha producido una rotura intencionada de la secuencia mural, con el fin de poder acceder a las dependencias interiores, que eran bastante inaccesibles. El muro, como se observa en 4P,1, cerraba con el otro paramento de la izquierda y continuaba formando parte del alzado interior de división de la manzana de casas de 1P,2 (hoy se encuentra muy alterado y sólo se conservan los cimientos).

En 4P,3 se observa otra interrupción intencionada que probablemente ocuparía el hueco de la calle para constituir una dependencia, como se verá en los interiores que se indica en 4P,4, marcando un acceso artificial a toda una cadena de estructuras con dependencias de diferentes épocas y finalidades. El pavimento de la calle ha sido revestido recientemente con empedrado y hormigón. En las dependencias internas de 4P,4 no se ha detectado pavimento, sino tan sólo las estructuras murales y las dependencias industriales, como los restos de piletas.

Por el punto 5P,2, con paramento romano a lo largo de toda la callejuela, penetramos en toda una secuencia recientemente descubierta, y que corrobora la opinión generalizada sobre las estructuras en terrazas de todo el complejo industrial de Seks.

Las secuencias de paramentos de estructura romana se encuentran alineadas formando áreas rectangulares. La superposición de formas industriales es frecuente. Se puede observar cómo un murete de pileta sale por debajo de un muro romano supuestamente posterior.

El estado de conservación de los restos es algo defectuoso en la superficie exterior de los paramentos. Así, en la zona interior, más profunda de este subsector, se puede contemplar los muros con su revestimiento moderno y algunos espacios reconstruidos (fot. 6P, 1,2,3).

En 6P,2, se puede ver cómo un muro romano posterior, está superpuesto a otro, que presenta una estructura de hormigón similar al usado en los depósitos de agua o piletas de salazón.

En el siguiente espacio alineado, se puede ver igualmente el muro romano revestido y retocado con materiales modernos: muretes romanos de ladrillo (opvs latericivm) y revesti-miento con mortero moderno (fot. 7P).

En línea con lo anterior, nos encontramos la secuencia formada por un grueso murallón, probablemente destinado a muro de contención (fots. 8P; 9P; 10P y fig. 27). Se puede inducir, por la secuencia a lo largo de toda la zona interna de este subsector, que su prolongación llega, por lo menos, hasta la calle Santa Isabel, y tal vez, se extendiera hasta enlazar con muros homólogos de la calle Nueva.

Es bien patente que la composición de este tipo de paramento no es muy corriente en la ciudad, por lo menos en lo que se lleva investigado. Por el momento, no disponemos de otra prueba similar. Las piedras usadas en el aparejo externo llegan a alcanzar más de 0,60 m de largura. En cuanto a su altura, todo parece indicar que los muros romanos de este subsector alcanzan la parte superior de la casa moderna, habiendo sido reutilizados, como se verá más adelante.

En los puntos 10P,1,2, se puede observar un murete de opvs caementicivm saliendo del murallón de piedra pizarrosa, y sobre el que se ha levantado una estructura mural romana. Se piensa que la parte inferior corresponde a una serie de piletas o depósitos de agua por tener revestimiento de opvs signinvm. Pasado este tramo, vuelve a aparecer el murallón a espaldas de otros compartimentos de este mismo espacio interior (fot. 12P,4) que continúa hacia la izquierda de la foto presentada, viéndose en 13P,2.

Los siguientes compartimentos se encuentran divididos por muros de ladrillo grueso que muestran revestimiento moderno (fot. 12P,1,6; 13P,1,4). En algunos momentos se ve el muro romano en estos paramentos, como puede comprobarse en 13P,3. A continuación del espacio descrito antes, vemos otro compartimento dividido por muros transversales romanos, en el que se vuelve a mostrar, de forma algo encubierta, el aparejo externo del gran murallón (fot. 14P,2).En esta misma secuencia se detecta una serie de alzados romanos levantados con ladrillo (opvs testacevm), en cuya técnica constructiva se puede observar el uso alterno de distintos grosores en los mismos, procedimiento usado en otras áreas (cfr. fig. 17). En algunos paramentos el ladrillo aparece homogéneo (fot. 15P,2); en otros, alternado (fot. 16P). El revestimiento moderno es muy frecuente, aunque deja muchos espacios, testigos de la forma antigua (fot. 17P).

Como ya ha quedado dicho, los paramentos han sido usados hasta alturas superiores a los 9 m, como puede comprobarse en 18P; 19P,1,2; 20P,1,2. Constituyen el armazón de esta gran casa que, tiempos atrás sirvió de cuartel militar. Estos muros muestran al exterior, aunque algo retocadas, las piedras del opvs incertvm con que fueron construidos. Las dimensiones registradas alcanzan hasta los 20 m de largo y 9 m de alto; pero se ignora la verdadera dimensión, ya que continuaban por otras viviendas anejas a este subsector.

La foto 20P nos da una idea de la extensión del muro maestro que se detecta, y que es la continuidad del que se ha visto en fotos anteriores, pero paralelo al del aparejo de las piedras grandes (fot. 10P,2).

Continuando la secuencia vial, se ve en 21P la parte externa de la descrita en párrafos anteriores; es decir, que los muros de estas casas se encuentran reutilizando todo un paramento, paralelo al que discurre por dentro. Estas fachadas antiguas han sido muy alteradas. Veinte años atrás podían verse, a través de la cal, las piedras de los paramentos tipo opvs incertvm.

Superada la anterior vía, a través de un paso artificial, nos adentramos en un patio ciego, en el que se aprecia la estructura romana oculta tras el mortero moderno (fot. 22P,1.2).

A través del paramento 22P,2, pasamos a un espacio interior en donde se puede contemplar diferencia de altura en el suelo, debiéndose construir escalones para poder pasar de un tramo a otro. Es probable que constituyeran recintos de naves abovedadas, pero no tenemos indicios. Se observan los muros con el grosor habitual en todo este sector, alcanzando los 0,90 m (fot. 23P,1), y los enrasamientos que se han detectado en otros espacios similares a éstos (fot. 24P,1).

En la foto 24P,2 se observa un lienzo de muro cuya estructura ha sido horadada, dejando ver el opvs testacevm tras el revoque moderno.

Continuando la descripción vial, partimos del punto anterior y nos encontramos con el tramo 25P, en donde se puede ver otro fenómeno de paso artificial.

El tramo 25P,2 constituye una secuencia de muro de gran grosor, que ha sido revestido con argamasa moderna.

En 25P,1 se produce una abertura artificial más evidente que la que confirmamos en la calle. Se trata de un pasillo que da acceso a unas viviendas modernas reutilizando todos los paramentos, al igual que se aprecia en los anteriores dejados atrás, pero con la diferencia de que aquí han sido fuertemente retocados y encalados. El grosor del tramo 26P,1 es de 0,90 m, y las bases de los muros interiores dejan claras señales de la reutilización (fot. 26P,2,3).

Situados de nuevo en la calle Santa Isabel, se observa cómo se produce un fuerte giro en la alineación de la misma, lo que coincide exactamente con la anchura normal de los espacios que se viene analizando. Por ello se piensa que ha sido roto el sistema, con el fin de intercomunicar las diversas zonas que aquí se encuentran, condicionadas por la orografía propia del suelo urbano antiguo. Este hecho es mucho más palpable en las áreas superiores del conjunto arquitectónico (fig. 12).

Así, pues, en 27P,1,2,3, hay tres tramos consecutivos, que son los puntos de enlace de las secuencias que se ha descrito en 18P, 19P y 20P. Los módulos de anchura y los muros que las dividen se corresponden en medidas con los anteriores. Así, en 28P,1 se observa un paramento que tiene una altura aproximada de 5 m, dejando ver indicios de opvs incertvm.

En 28P,2 se detecta uno de los muros divisorios de las edificaciones colindantes que antes se han descrito.

En 29P,2 se puede observar el otro paramento de similares características.

En 31P,3, hay otro paso de los que llamamos artificiales, por ser causados por la destrucción de estructuras romanas.

En recientes obras de albañilería se pudo comprobar, en la apertura de cimientos, la presencia de materiales romanos como base de todas estas edificaciones.

En 31P,1 hay otro alzado que, en su base, acusa la presencia de opvs incertvm en el aparejo. En esta fotografía retrospectiva del mismo tramo, hecha desde otro ángulo, se puede observar lo antes dicho: 32P,1, paso artificial hacia la calle superior; 32P,2, podivm artificial para acceder a los espacios de la izquierda; 32P,3, paramento antiguo con huecos probablemente destinados a naves. En el exterior se detecta el revestimiento moderno de los alzados romanos.

En la foto 34P, se tiene un ejemplo más de la existencia de paramentos romanos. El punto 34P,1 se corresponde, en paralelo, con el 29P,2, formando el espacio que hoy ocupa la casa que se ve. Debajo de toda la secuencia que se puede contemplar en esta calle, se encuentran los gruesos muros, que se han venido estudiando desde el comienzo de este sector (fots. 5P a 20P).

Continuando la línea 32P,1, paso artificial, nos encontramos con la calle y fachada indicada en 35P,4. En primer lugar es necesario comentar el estado del pavimento de la misma, en donde se aprecia de inmediato la presencia de suelo rocoso, con un ligero revoque moderno de hormigón.

La línea 35P,4 enlaza con la que conectaremos en el sector K, en la que se tiene evidenciada la cimentación y parte del alzado, con reutilización de muro romano en todo el trayecto (fots. 49K; 54K; fig.17). Probablemente en el interior de toda esta secuencia, prolongación de todo el sector K, las dependencias antiguas romanas hayan sido reutilizadas y transformadas, como en otros muchos parajes de este gran sector de Poniente (cfr. fig. 16).

En el espacio 35P,1, no hace mucho tiempo, se han realizado obras de remodelación, y han sido destruidos algunos de los muros interiores, ya que en los escombros se han detectado los componentes base del opvs incertvm. Esto se ha localizado en la parte final del paramento 36P que, como se ve, hasta ha cambiado el aspecto de la calle, con un nuevo revestimiento de piedra y cemento.

En la calle Martínez Rodas, justo en el punto 37P,2, se indica la existencia de un subsector que ha sido dividido de forma artificial, quedando encubierto por el aspecto rectilíneo que nos muestra el trazado de la calle. En el punto 37P,2 debe efectuarse la unión de un gran muro de contención, similar a los ya descritos en otros apartados de esta demarcación urbana. La línea 37P,1 es moderna, y sólo encubre los paramentos que se encuentran en sus interiores, a lo largo de todo este trazado de viviendas modernas. La diferencia de nivel entre la parte superior del punto 37P y el bajo, es de 9 m aproximadamente.

Casi enfrente de la anterior pendiente, nos encontramos con el punto 38P, 2, que ocupa el espacio de una antigua Ermita, que ha sido convertida en vivienda moderna. Sus cimientos nos van a confirmar, una vez más, el hecho de que la estructura superior de las casas se monta sobre muros romanos situados exactamente debajo, constituyendo aquí los verdaderos cimientos de toda una manzana de casas. Incluso los paramentos exteriores han sido transformados con revoque moderno, dándoles aspecto de construcción de nueva planta.

En el sector K, en la parte que se corresponde con ese mismo nivel, se puede comprobar que esa táctica se cumple a la perfección (fots. 5K a 8K; fig. 17).

En 39P se puede ver la existencia del muro, formando parte de los cimientos de la casa, pero no en la correspondiente a la Ermita, sino a la situada enfrente. En 40P se observa mejor la composición del alzado de opvs incertvm.

En la foto 41P se ve el nivel de la calle y el muro romano debajo.

En la 42P, en perspectiva, se ve la línea del alzado actual de la Ermita y, en 43P,2, la precisa situación del muro romano debajo y su alineación justa. El punto que se nos indica en 43P marca, de forma precisa, el tramo que ocupa el muro romano observado, y que se alinea con la señalización dada en 38P,3, de tal forma que constituye un muro de cierre del pasillo, establecido entre la ermita y la casa de enfrente; por lo que se piensa que tal paso es artificial.

Como todo el espacio de la calle Nueva se encuentra al mismo nivel aproximadamente que la factoría de salazones del Majuelo, se puede afirmar como tesis, que la estructura moderna, que se presenta en la panorámica 44P, se encuentra montada sobre las formas arquitectónicas similares a las de la factoría de salazones, siendo la alineación de la calle la que ha trazado las formas existentes bajo la misma, o lo que es igual, las edificaciones superficiales muestran, tal vez, las líneas maestras de las formas existentes debajo. Como prueba de ello nos remitimos a los descubrimientos hechos a raíz de las reposiciones de alcantarillado, cuya operación ha dejado al descubierto muros romanos en todos los puntos donde se ha perforado verticalmente. En el punto 44P,1, nos introducimos en los patios interiores de esta alineación, y nos encontramos con los muros maestros de todos los edificios que empiezan a descolgarse del nivel marcado por el Majuelo. Así, el primer patio (fot. 45P) nos muestra parte de un paramento que discurre paralelo a otro interior y al de la calle. En este mismo sentido y pasando al interior, encontramos en 46P un muro de fuerte grosor, pero que discurre en sentido vertical hacia la calle, probablemente formando un muro divisorio de los compartimentos que aquí hayan existido antes de la reutilización. Este mismo muro va a morir, remontándose, en otro superior, del que ya se ha dado noticia antes (fot. 37P,2).

El punto 47P, en consonancia con los niveles antes descritos, nos indica los siguientes datos: 47P,1, muro de fondo paralelo a las calles superior e inferior, grueso y de fuerte contención, probablemente destinado a contrafuerte, para separar los grandes desniveles; el punto 46P,2 nos señala el cierre del muro procedente de la parte inferior de este recinto (45P); y el punto 46P,3, muro romano con fuerte revestimiento de argamasa moderna y encalado. Aparte, obsérvese la escalinata, ya que es testigo del gran desnivel que se produce, por la forma del terreno, en todo el subsector. El segundo patio inspeccionado se encuentra muy próximo al anterior y casi en la misma línea. Sus muros maestros son los mismos, aunque las reutilizaciones diferentes.

En 47P se pueden observar los restos, sobre las paredes, de muro antiguo que ha sido abierto artificialmente para dar acceso a la zona interior. En 47P,2 se detecta que el pavimento del suelo es muy rudimentario. Si nos adentramos más, nos encontramos con uno de los típicos pasillos ciegos, donde se puede ver, en 49P,1, muro de fondo, no en línea con el que se ha indicado en 47P,1, sino con el 45P. Su grosor puede inducirse de la función que se piensa tiene: muro de contención.

El punto 49P,2 nos muestra en su interior un compartimento con muros romanos que se han podido fotografiar.

En el punto 50P se puede contemplar, en un espacio contiguo a 49P,1, la existencia del aparejo romano, tipo opvs incertvm, algo deformado por el deterioro que haya sufrido con el paso del tiempo.

Existen algunos patios en los que podríamos haber dado más argumentos de tipo estructural, pero no se nos ha facilitado el acceso, ni la fotografía. Por ello retornamos a la línea de calle, y se indica que el paramento, presentado por la misma en 50P,1, se encuentra montado sobre muro romano, y parte del alzado, en su espacio interior, es una reutilización.

En la línea 51P,2 aparece una secuencia bastante deteriorada. En su interior se puede observar la existencia de paramento romano bien definido, como los que se indican en 52P,1, que es un muro alineado con el de la calle e interior.

El punto 52P,2 nos da una reutilización de una columna romana, algo alterada. El 52P,3, señala muro con paramento de opvs testacevm. Su base, según se puede observar en 54P,1, es de piedra; su alzado muestra indicios de haber sido estructura arqueada. Su alineación es paralela a las calles anterior y posterior.

Saliendo a la calzada del callejón del Silencio, hay otro paramento vial con reutilización de estructura romana, prolongación de la forma que se encuentra al fondo de la imagen (comienzo de la factoría de salazones del Majuelo).

Los puntos 56P y 57P nos muestran edificaciones de alzado moderno, sobre el emplazamiento de las estructuras de la factoría citada. Por lo que se piensa que, en su mayor parte, no son más que el aprovechamiento de las formas romanas conservadas, por ser edificaciones con alzados, superiores a los que hoy se ven en la parte excavada de la factoría.

En sentido paralelo al anterior, pero en posición más avanzada hacia la Puerta de Vélez, nos encontramos con una secuencia de restos de muralla, que han sido reutilizados modernamente por levantar, a espaldas de la misma, toda una secuencia de casas modernas que, con toda seguridad, tienen en su base las líneas de edificaciones romanas. Así, en el punto 58P, comenzamos a observar parte de muralla romano medieval sobre la que se monta el alzado moderno.

El punto 59P indica otro tramo de la misma, al igual que en 60P.

En el 61P se señala: paramento de ladrillo con revestimiento moderno (fot. 61P,1) y un arco de medio punto semienterrado, que ha podido ser uno de los tradicionales pasos entre murallas, pero queda la duda (fot. 61P,2). Esta estructura no es de sorprender en absoluto, ya que se encuentra muy cerca de la llamada Puerta de Vélez, y sabemos que las construcciones de este tipo de acceso podían usar tanto la piedra como el ladrillo.

La fotografía 62P muestra una estructura de obra romana que indica ser el final de las estructuras que se extienden desde el Majuelo hasta este espacio. A partir de este lugar, en las siguientes excavaciones, que se han practicado con motivo de nuevas construcciones, no ha aparecido ningún resto de material, ni moderno ni antiguo; todo era limo del arrastre del río.

Conclusión del sector P

Los elementos arquitectónicos aquí analizados marcan cierta diferencia con el resto de los sectores ya vistos.  

Lo más relevante ha sido el sistema de murallones de contención, o sistema usado para el aterrazamiento de los espacios con fuertes desniveles. Se ve, con cierto detalle, que las estructuras, en general, se repiten, pero hay, sin embargo, un subsector que aporta algo nuevo: la secuencia, relativa, de una cronología. Ello ha quedado patente en el murallón de contención formado con gruesas piedras sin tallar; y por otro lado, fenómeno poco común en todos los sectores que se han analizado. Pero, insistimos, la superposición de tres diferentes estructuras y tipos constructivos nos han llevado a establecer una clara diferencia de época de construcción, a la vez que su distinta finalidad. Ello ha quedado bien clarificado.

Por ahora, esto no se ha podido distinguir con toda certeza en ningún sector, salvo la propia factoría del Majuelo. Por otro lado, ha sido también el sector que ha dado las pruebas evidentes de que la mayor parte de todos los paramentos del área de Poniente se encuentran o bien reutilizando paramentos desde la propia superficie, o bien sus cimientos son la continuación de su alzado superior. Como tercer dato, los muros de aterrazamiento son las líneas maestras que dividen los amplios sectores de una zona que ha sido, en líneas generales, fuertemente alterada por las reutilizaciones modernas. Pero, en resumidas cuentas, los elementos arquitectónicos son los mismos, en general, que se vienen registrando en el casco urbano: muros de contención para aterrazamientos, piletas o restos de las mismas, indicios de depósitos de agua y espacios destinados al almacenaje, en la forma común de naves abovedadas, aunque en este sector se encuentren enrasadas y con elementos modernos superpuestos.

SECTOR  Q

Constituye uno de los espacios urbanos actuales en el que se ha detectado escaso número de datos arqueológicos sobre las posibles estructuras romanas que tratamos de identificar.

Iniciamos el análisis descriptivo a partir de la entrada de la Puerta de Vélez. Por un lado nos presenta la secuencia del sistema de muralla procedente del sector Y, que se cierra en el punto 1Q,3.  Como nota adicional, se puede decir que, en este preciso punto, se tiene el final de los elementos estructurales pertenecientes a la factoría de salazones del Majuelo, cuyo límite precisamente se ha detectado a izquierda de la imagen que ofrecemos en 1Q. Detallando un poco más la información que se debe dar al respecto, sobre todo en lo referente a elementos romanos en este sector, hay que decir que son realmente escasos, aunque se piensa que se debe a las fuertes modificaciones que ha introducido el urbanismo moderno en estas áreas.

El marco que constituyó la entrada de la ciudad medieval, por la zona de Poniente, se indica en el punto 2Q, señalando el espacio donde debió existir una entrada, ya que se trata del punto donde se tiene detectada la muralla de circunvalación de la ciudad, y las dos calles que parten de él tienen como topónimo precisamente tal nombre. Se piensa que en la parte frontal de la imagen que ofrecemos, en el interior de las casas modernas, deben existir conexiones de estructuras relacionadas con el sector P (fig. 27), ya que los grandes muros detectados en el inicio de este sector, por la calle Vélez, tienen su continuidad por la parte superior de estas viviendas, formando un muro de contención, pero que no se han podido tomar datos debido a las fuertes alteraciones internas de todas estas casas.

En la imagen que se muestra en 3Q, se tienen los restos de muros romanos recientemente aparecidos, donde se puede ver el alzado de ellos, de forma que constituyen un emparedado que pudo ser un pasillo interior de esta forma de muralla. Su profundidad no es muy marcada, y su separación aproximada es de 1,30 m. Como se observa, este tipo de muralla ha sido destruido con motivo del rebaje de una nueva vivienda. No se ha respetado la estructura antigua y ha quedado en muy mal estado por las reducidas proporciones que le han dejado.

En la fotografía 4Q se muestra con mayor detalle el muro izquierdo de la doble muralla.

La imagen 5Q muestra el fondo, que se formaba al final de esta calle, en dirección a la zona de los muros aparecidos en el solar del desaparecido cine Galiardo. El escaso material y lo maltrecho que ha quedado, no nos han podido mostrar, de forma clara, la secuencia final de este tramo de la muralla romana.

La fotografía 6Q es una imagen de este tramo final, donde aparecen unos restos que indican una secuencia lateral hacia izquierda y derecha, pero que no se ha excavado para poderlo comprobar con precisión.

La imagen 7Q, en el punto 7Q,3, nos marca aproximadamente la zona donde se podría haber encontrado la puerta occidental romana del conjunto antiguo, o la posteriormente llamada Puerta de Vélez. El espacio 7Q,1 indica, casi con precisión, el muro de las casas modernas montado sobre el viejo muro romano.

Por el punto que se indica en 8Q,3, pasamos a una calle cuya originalidad desconocemos, pero que es una de las que comienzan a dar cierta información sobre los niveles usados en su planteamiento urbano: las zonas bajas comienzan a aparecer, tal como se puede observar en los puntos que se indican al respecto (fot. 8Q,2). Los paramentos situados a la izquierda de la imagen son de los que han sufrido también fuertes alteraciones, que se verán en otro sector. En la parte superior de la imagen anterior, y girando a izquierda, podemos observar algunos datos de interés, dentro de la escasez que caracteriza a este sector. Así, se observan en 10Q unos paramentos antiguos, que son probables reutilizaciones romanas conectadas con las estructuras situadas al final de la parte izquierda de esta calle.

El remozamiento de las fachadas en algunos alzados de las casas evita la identificación, como ocurre en 11Q, donde se piensa que, en el punto 11Q,2, se ha creado un paso artificial, si se observan las alineaciones de las fachadas.

En el punto 11Q,1, se puede ver la existencia de paramentos interiores con formas antiguas, pero, en los que, además, habría que comprobar, con la experimentación directa, la existencia de aparejo romano. Tal como se indica en el punto 11Q,1, se puede observar, en el interior de la estancia, que está bajo el nivel de la calle, la existencia de un aparejo antiguo en los muros interiores y que son precisamente de tierra prensada.

El punto 12Q,2 deja señales para ver que se trata de un paramento con aparejo romano, algo revestido de revoque moderno. Pero, el hecho de que se produzcan bufados en las paredes, en este tipo de construcciones, se debe fundamentalmente a la existencia de un aparejo muy resistente detrás que, por no tener la suficiente porosidad, provoca la caída de los materiales con que se revoca.

A lo largo de la calle Orobia no se ha detectado indicio alguno digno de comentario, aunque se ha intentado penetrar en los interiores abiertos, para tratar de seguir las líneas que se consideran deben existir como elementos dirigentes y constitutivos de todas las secuencias que se encuentran dentro de estos sectores.

En el tramo de la calle Antigua, que entra en el esquema del sector, hay que señalar que, a media calle, sobre el punto 13Q,2 y frente a él, se encuentra una nave abovedada bien conservada, que nos hace suponer que, a través de toda la secuencia alineada, como se ha dicho, debe haber existido una prolongación de este tipo de construcción. Si medimos los espacios, efectivamente coinciden.

Sobre el punto 13Q,1 ha existido una ermita, citada ya en la introducción de este trabajo, y en la que pudieron comprobar no sólo la existencia de dos niveles sobre el suelo, sino también la aparición de abundante material cerámico muy variado, pero básicamente romano. Justo por encima de este viejo subsector, hay una casa cuyas medidas de fachada coinciden con los tipos que se viene registrando para naves, y de los que se pueden ver algunos bajo el nivel del suelo, a lo largo de este tramo de calle.

Conclusión del sector Q

La única parte de este sector que nos ha presentado, con más claridad, algún dato preciso sobre la existencia de elementos romanos, ha sido precisamente el tramo central de la calle Antigua, donde se han detectado los espacios y estructuras internas que se corresponden con los módulos generales de las naves, de las que se tiene un ejemplo, aunque situado enfrente de esta fachada; pero no se olvide que el paso de la calle Antigua es también artificial, dados los componentes que se han localizado sobre la misma. También es de notar la aparición reciente de restos de la antigua muralla romana al fondo de la calle Vélez, como se ha demostrado con las fotos aportadas.

En resumen, se puede afirmar que los datos son muy escasos y poco coherentes para poder establecer un criterio funcional unitario, aunque tengamos algunos vestigios como pruebas sobre la identidad antigua de este sector, cosa que se debe dejar como hipótesis lógica de trabajo.

SECTOR  R

El estudio de este sector es un tanto complejo por lo heterogéneo de los trazados urbanos que comprende. Tengamos en cuenta que se comienza el trabajo en el inicio de la calle Antigua, y a través de todo el espacio o manzana urbana situada a su izquierda, hasta llegar a la calle Carmen Baja, en su primera parte, y se continúa por la zona alta de la calle San Joaquín, hasta enlazar de nuevo con el punto de partida o calle Antigua.

En este sector se dan múltiples manifestaciones de estructuras. Nos encontramos con algún habitáculo, tipo nave, indicios de otras que han sido transformadas o reutilizadas enrasándolas, grandes muros divisorios o elementos de contención, como se verán, pero ningún resto de pileta de salazón, aunque sí toda una infraestructura de conducción de agua por medio de un sistema de nave, de escasas proporciones, pero lo suficientemente grande como para que discurra por ella toda una red de tuberías del tipo que fueren.

Hasta ahora, en este mismo sistema de conducción se ha detectado una derivación con dos tuberías de cerámica que parten en dirección suroeste, y que constituyen el único testigo donde se han podido encontrar manifestaciones de entubamiento para la canalización del agua.

Como es natural, y participando de todo el esquema que regula la utilización general de todas las áreas de la ciudad, desde el punto de vista moderno, no romano, la estructura básica del sistema de aterrazamiento se mantiene, indicada en la serie de muros contrafuertes que iremos describiendo en sus correspondientes contextos, y analizando los cortes que provocará la reestructuración que va a sufrir todo este conjunto, desde la llegada del elemento musulmán, fenómeno que no cesará ni en nuestros días.

Una vez hecho este preámbulo, iniciamos el recorrido de las estructuras, según el orden indicado.

Al inicio de la calle Antigua, a unos 20 m de su comienzo, encontramos una estancia en la que aparecen las estructuras romanas (fot. 1R), a izquierda de la cuesta, según se sube. El aparejo se deja ver apenas se descarna la pared. Todo este espacio está compuesto por una nave con elementos adicionales, como derivaciones o indicadores de que hay continuidad de los componentes básicos.

Los aparejos se dejan ver con cierta facilidad (fot. 2R). Encima de estas estructuras se observa la construcción, ya moderna, a base de ladrillo. El muro se eleva hasta los 3,20 m en su exterior. La parte de entrada se sitúa en el extremo interno de la estancia. Se trata, como casi siempre, de una puerta artificial (fot. 3R,1). Pero, como se ha dicho antes, el paramento se prolonga exteriormente algo más de lo que constituye la propia nave (fot. 4R).

Los puntos extremos de ésta se pueden observar en las fotos 6R y 7R. Al fondo de este último detalle se puede ver una especie de poyete y dos sobremuros, que se utilizan como elementos de refuerzo en los puntos levantados sobre el citado poyo, dejando un espacio del muro de fondo de la nave al descubierto (fot. 8R).

Tal como se ha indicado antes, aquí se dan otros componentes, como puede verse en la fotografía 9R, donde comprobamos la existencia de un muro romano levantado según la técnica del opvs testacevm. Ignoramos si esta estructura se alterna con el opvs incertvm, que es el dominante en los paramentos de esta nave. Las medidas de ella, que se encuentra situada de forma perpendicular a la calle, según la práctica del aterrazamiento, son las siguientes: anchura, 2,80 m; altura, 2,30 m; largura, 10 m, y grosor del muro, 0,90 m.

Una vez superada la cuesta en su primer cruce o encrucijada, a izquierda, nos encontramos la calle Escamado, en donde se puede contemplar la existencia de un edificio del siglo XVII y en cuyo interior se han hecho catas de urgencia para analizar el substrato arqueológico, detectándose cerámicas de variadas culturas (fot. 10R). En el fondo de su alzado general, se han localizado muros romanos, y uno de los considerados como de aterrazamiento, con restos de un torreón, que reflejamos en planimetría, siendo reutilizado por los repobladores como fosa séptica y que, con motivo del remozamiento del edificio, ha sido destruido hasta hacerlo totalmente desaparecer.

Frente a esta edificación, se tienen unas estructuras que fueron dependencias auxiliares del citado Palacete. Tales dependencias se levantaron sobre formas preexistentes, que se encuentran relacionadas con la nave antes vista (fot. 11R) y que están en línea con ella. La utilización de podivm de acceso a estas viviendas está justificada por no tener relación estructural su paramento con los componentes de la calle Escamado. Es, efectivamente, un alzado cuya base radica en los componentes estructurales que se hallan debajo, y dando sobre la Plaza del Ayuntamiento. Es preciso añadir aquí el nuevo descubrimiento de una nave abovedada situada detrás y encima de las conducciones de agua, que se han localizado sobre la citada Plaza. En efecto, el muro que da sujeción a toda la calle Escamado, pertenece a una serie de naves de cierta consideración, que ha existido a lo largo de ella, y de la que forma parte el hallazgo recientemente localizado.

Así que esta es la razón que justifica todo el paramento de la citada calle. Por tanto, no existía acceso a las alturas que pudieran crearse sobre esa base de naves, por lo que hubo necesidad de respetar su forma, de manera que los modernos continuaron manteniendo su existencia para una función muy similar, por no decir idéntica, a la de los criptopórticos romanos: sujetar y ser almacén de la moderna casa sobre la gran nave levantada en su parte inferior. Las fotografías de detalle se aportarán en un elenco aparte. Actualmente la bóveda se encuentra revestida con materiales modernos, pero las fotos de detalle demostrarán su antigua composición interna, muy similar a la del sector K.

La parte externa o calle Escamado muestra indicios de que el paramento es romano (fots. 12R; 13R).

Una vez vista esta parte, situados de nuevo sobre la Cuesta del Castillo y, en su primera encrucijada, según se sube, a izquierda, encontramos un espacio cerrado formado por unas estructuras, de las que tan sólo se puede disponer de un análisis de los elementos que componen su fachada. Así, en la foto 14R se puede ver una secuencia, debidamente caracterizada, de paramentos que muestran claras señales de una fuerte reutilización.

En la foto 15R se ven los restos de muros adosados y, en algunos momentos, el uso de un pequeño realce, en el suelo, para poder acceder a las viviendas. En una foto de detalle del alzado, se observa cómo se deja ver el aparejo al exterior (fot. 16R).En toda la secuencia del alzado, que se considera más caracterizado, se pueden observar todos los componentes que entran dentro de los esquemas tradicionales en este análisis (fots. 17R; 18R; 19R), perfilándose, de forma reiterada, el dibujo de los tipos comunes en estas construcciones.

Para dar un poco de consistencia a uno de los paramentos de este espacio, se ve cómo se ha conservado un tramo del alzado descendente, con el fin de sujetar el empuje de todo el lienzo de muro ascendente (fots. 20R; 21R). El grosor de tal resto de muro es de 1,40 m. A lo largo de él se observan continuamente, según se desciende, los restos de piedras que atestiguan la presencia de muros romanos.

Los continuos podia se han levantado en esta calle para poder aprovechar los emplazamientos de los sistemas de naves que, en vez de situarse de forma que sigan la pendiente, lo hacen en sentido horizontal, según se establece en los sistemas de aterrazamiento: se levantan o excavan pequeñas superficies, o bien se rellena el terreno con un muro soporte, antes de colocar una nave u otro elemento de construcción siguiendo la pendiente, lo que sería todo un desatino arquitectónico: es mejor dar terreno al terreno que quitárselo, ya que esto conlleva una deformación del mismo que, con el paso del tiempo, se vuelve contra la construcción sobre él levantada.

Por tal razón se cree que en tal cuesta, que se ve en la foto 21R, hay un total de siete formas artificiales de escalonamiento del terreno, con el fin de situar bien, de forma coherente y ordenada, todos los sistemas arquitectónicos que se pretenden levantar sobre la roca de Seks.

En la foto 22R se pueden contemplar detalles tanto de una manifestación como de otra, es decir, existencia de muros de aterrazamiento en los interiores de las casas, como paramentos destinados a naves, a lo largo de toda la Cuesta (fots. 23R; 24R). Sobre la misma Cuesta y en su parte izquierda, se observa un nuevo espacio similar al que se ha visto un poco más abajo. Se trata de un tramo con casi las mismas características. Todos los paramentos que se observan, tanto a un lado como a otro y el del fondo (fot. 25R), son romanos, aunque se muestran algo retocados.

En el punto 25R,6, se tiene comprobada la existencia de un espacio de nave reutilizada, en cuyas paredes se observa el aparejo común a todas las estructuras, además del enrasamiento de la bóveda mediante un falso techo de madera que la encubre.

Seguimos hacia arriba y se ve una nueva secuencia de muros que, en parte, son romanos y, en parte, cierres modernos que se alinean para dar homogeneidad a todo el conjunto. Así, en el punto 28R vuelve a producirse una fuerte pendiente, que es salvada mediante la construcción de un muro corto, pero fuerte, aprovechando uno de los tramos de aterrazamiento proveniente de la calle, que en la imagen se ve de frente. Una vez sobre esa calle, aparecen de nuevo las formas que nos atestiguan la presencia de sistemas de naves, que siguen el mismo sentido de la calle, es decir, el horizontal, no el vertical.

En la foto 29R, se muestra el acceso cuya estructura interna se nos presenta al contrario de lo que es normal: la nave o espacio que de ella queda, se sitúa vertical sobre el paramento de fondo. El aparejo de los muros puede ser identificado con cierta claridad, sobre todo al pie de muro (fot. 30R). Al lado de este espacio se ha podido descubrir otro en el que, además, se puede ver la utilización de revoque como elemento impermeabilizante, sobre una estructura de opvs incertvm (fot. 31R).

Como prueba de la existencia de un muro contrafuerte al fondo de estas dos estructuras, podemos ver, encima de los dos citados espacios, cómo se eleva un muro detrás, que tiene todos los indicios de ser romano, con la función clara de serlo y estar destinado a sujetar todas las estructuras que se montan detrás (fot. 32R,1).

Se continúa por esta calle, que se considera artificial, como todas las que se van a ver (fots. 33R; 34R).

A lo largo de sus paramentos se pueden ver las reutilizaciones y los revestimientos en el punto 34R,2. En el extremo más cercano de la imagen se puede ver un espacio interior de una casa, en el que se dibujan perfectamente los paramentos romanos, tanto de cierre como de fondo (fot. 35R,1,3). Las alturas de estos paramentos se sitúan dentro de los módulos normales en todo este tipo de edificaciones.

El ensanche, que se puede ver en la imagen 36R, es totalmente artificial. En él se observa una serie de irregularidades motivadas por elementos romanos reutilizados dentro de la lógica de un aprovechamiento racional, en lo que las estructuras existentes permiten. Así, en 36R,1, se puede ver una de las calles que se han abierto con el único fin de hacer paso hacia las dependencias que se encuentran en ese subsector.

Desde otro ángulo se ve la misma perspectiva (fot. 37R), en la que se tiene (37R,2) entrada a un pasillo cerrado, (37R,3), existencia de un sótano, que fue un espacio probablemente destinado a nave. Así, en la fotografía 38R se presenta el tramo antes indicado como pasillo artificial cerrado, para dar entrada a las dependencias romanas que hay en su interior, a ambos lados de los paramentos que se pueden observar (fot. 38R). Los muros que se ven son romanos, y hacia la mitad de este tramo, se produce un corte motivado por el cambio en la dirección de las estructuras murales, dando a entender que la línea de elementos paralelos se rompe. Los escalones que se observan probablemente coinciden con los cortes producidos sobre los paramentos que atravesaban la calle. El muro de fondo casi deslinda una plataforma superior que se verá a continuación. Tal muro es romano. Sobre la parte izquierda se ve el uso de escalera por haber rellenado el espacio interior de una nave, cuyo suelo no tenía pavimento (fot. 39R). Sobre la misma calle se ven los restos de paramentos con piedras bien indicadas en su aparejo (fot. 40R).

Una vez salidos de esta cerrada área, situados de nuevo sobre la calle, se ven alineaciones de muros viejos con su paramento reutilizado (fot. 41R), y cómo se nota el corte producido en una estructura que debería cerrarse con todo su volumen en la fachada de enfrente (fot. 42R), al igual que los pasos artificiales que se indica en 42R,1,2. En el paramento del primer plano, que se destaca sobre el resto, se puede ver el aparejo de opvs incertvm.

En las fotos 43R y 44R se observa una casi perfecta alineación, en cuyas paredes exteriores se puede ver el aparejo en algunos puntos.

Situados en una calle, o mejor, paso cerrado casi paralelo al anterior en su primera parte, donde se encuentran las naves enrasadas, se observan los restos de la probable muralla, que se halla bajo la estructura de la Cueva de Siete Palacios. Por el punto que precede o calle artificial sobre la Cuesta del Castillo, el murallón fue roto para poder acceder a la parte superior. Pero este fue hecho para poder pasar a las dependencias que se encuentran en el interior de los espacios que se continúan.

En la foto 45R se tiene el citado paso, en el que tanto a derecha como a izquierda, en las estructuras que se ven aún en pie, se observan los indicios de los paramentos con aparejo romano. El tramo que se ve un poco realzado sobre el suelo, probablemente sea el punto bajo que se conserva de la muralla que pasaba por aquí. Es de interés ver cómo, a lo largo de todo este pasillo, no hay resquicio que muestre una huella de aparejo romano. Penetrando por esta extraña calle, se ven los restos antedichos en todos los paramentos, y cómo han sido rotos para poder hacer accesibles estas dependencias, hasta el punto de que nos es casi imposible recomponer la antigua forma que todo esto tenía (fot. 46R). Sobre la parte izquierda se ven restos de los paramentos, que han sufrido fuertes modificaciones en su aspecto externo, pero dentro conservan su aparejo romano, como se puede ver en 47R,1,2, que, con más detalle, precisamos en la foto 48R, donde se ve el hormigón romano y el opvs incertvm, muy deteriorado, encima de él. Y observando con detalle en el muro de enfrente, vamos a ver la extraña forma que ofrece el aparejo exterior. Probablemente se trata de un estrechamiento artificial de los muros para poder facilitar, como ya se ha dicho, el paso (fot. 49R). En este mismo espacio se tiene ocasión de comprobar que, sobre el suelo, se observan señales claras de haber destruido dos muros, uno de cierre y otro, adosado al 49R,2,3. Ahora bien, las señales más evidentes de una rotura de paramento por motivo de espacio, se perfilan en 50R, donde la piedra de aparejo que se deja ver, es muy desigual, mostrando indicios de la composición interna del muro (fot. 50R,2).

De la misma manera puede indicarse, sobre el suelo, el volumen de estructura mural que ha sido destruida, y que da muestras de haber sido un muro adosado, que cerraba todo este espacio que ahora se ve abierto.

En la foto 51R, se muestra la base de muro, que da señales de que haya podido sufrir el mismo fenómeno de disminución de su volumen. Al llegar al fondo de este pasillo ciego, encontramos los muros de cierre romanos, que pueden constituir el espacio muerto que se viene observando a lo largo de muchas estructuras de secuencias de naves (fot. 52R).

De nuevo sobre el final de la Cuesta del Castillo, se observan algunos detalles sobre el paramento del muro que da a la calle, en el que se pueden ver los restos de paramento indicados sobre la misma pared, aparentemente moderna (fots. 53R; 54R; 55R); manifestación de un aparejo de opvs incertvm, por la aparición de la piedra sobre la superficie, con una ligera capa de cal sobre otra de revoque moderno que se ha desprendido. Al fondo de la imagen (fot. 54R,1) se puede ver el alzado de un elemento perteneciente a la estructura de los sectores L y M respectivamente, ya que es el lugar en que ambos sectores se encuentran. Al girar, en la subida de la Cuesta, se puede ver toda la secuencia que es apoyada por los muros maestros, marcados detrás de todo el paramento posterior. Los indicios de naves en esta parte, se señalan a lo largo de él (fot. 56R). Así, todas las estructuras que se observan bajo el nivel de la calle, tienen algo que ver con esto (fot. 57R,3). En fotos retrospectivas, se han mostrado ya, a propósito del sector M, los restos de los muros que han sido rotos en épocas pasadas, y que nos marcaban con claridad sus propios indicios, así como los puntos de enlace con el resto de los componentes. Se produce un nuevo giro, marcado por la línea moderna de calle, y encontramos toda una secuencia de muros de paramento romano remozado, en parte, y modificado según las necesidades de la propia calle e, incluso, dependencias interiores de los mismos, en las que se ven las secuencias internas de los muros romanos y su alineación (fots. 58R; 59R; 60R). En algunos momentos se pueden ver, como en otros, los indicios de la técnica romana sobre el paramento de la calle. Obsérvese, en este caso, la foto 60R. En el interior del edificio, que se encuentra a continuación del que se ha mostrado en 59R, al ver sus estructuras internas, se ha podido comprobar cómo se enlazan los muros que se ven sobre la calle, con los que se encuentran en el interior (fots. 61R; 62R; 63R). Todos ellos siguen la forma que se ha marcado sobre la planimetría de este lugar. Son muros de piedra vista, algo retocados por el remozamiento moderno, pero que guardan las características generales de lo que son.

Una vez situados sobre la Plaza del Ayuntamiento, nos encontramos con un edificio de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en cuyo patio interior se va a tener ocasión de ver la estructura de una conducción de agua a través de una pequeña nave que, según su trazado, irá asumiendo derivaciones de otros sistemas, a lo largo de su recorrido (fot. 64R). Una vez situados en el patio interior, según se entra, a izquierda y a la altura del centro, por una pequeña puerta situada casi debajo de las escaleras de la casa, se puede ver una secuencia de escalones, considerados medievales, que tan sólo han servido para interrumpir el recorrido de este sistema de conducción. Estamos convencidos de que este pasillo ha servido en alguna ocasión como elemento de la propia casa para caso de posible emergencia o función por nosotros imprevista; y no hay duda de que ha sido alterado en su sistema de comunicación con otros sectores. Es posible que aquí existiera un depósito de agua, porque se ha detectado elemento impermeabilizante sobre el punto 65R,2, pero esto no obvia el que haya una justificación para que se encuentre cerrado en uno de los puntos que se considera como área de prolongación, sobre todo si se tiene en cuenta el descubrimiento reciente de naves romanas, con unas proporciones mayores a las hasta ahora halladas en todo el conjunto, aunque se encuentran retocadas.

A lo largo de esta escalinata, descendemos y pasamos a la estructura interior (fot. 66R), formada por una nave de 0,75 m de altura y 0,60 m de anchura; siendo su longitud imprevisible, aunque se considera que su extensión se aproxima tan sólo a la distancia que guarda con el depósito terminal, situado sobre el emplazamiento actual de la Iglesia parroquial.

Una vez en el interior de esta entrada, se puede observar su composición, con un sistema de encofrado de ladrillo sobre muro romano de opvs incertvm en su parte inferior (fot. 67R). El revoque, que se observa sobre los ladrillos, responde al sistema de encofrado que se ha usado, de forma que el cemento utilizado se ha salido fuera del espacio de los mismos, hasta dar la sensación de que sea un añadido posterior. No es así, sino que tal revoque o, mejor, el caementvm utilizado en el encofrado revoca dando esa sensación de recubrimiento. Este mismo fenómeno es observable también en el encofrado de los sistemas de naves en general. El opvs incertvm y el opvs caementicivm se mezclan a través del tiempo, ya que se observa que, en algunos tramos, se diferencian, y en otros, se superponen; por lo que no podemos hablar claramente sobre una técnica latericia pura, o incertvm puro. Por ello estamos convencidos de que este sistema de conducción ha sufrido cambios en su aparejo desde su más remoto trazado hasta su fase de abandono (fot. 68R).

En esta foto (68R), y más concretamente sobre lo indicado en 68R,2, se observa una abertura que da paso a una derivación de las que se ha podido localizar.

Se piensa que, en todo el trazado, del que se tiene información por personas, que tiempos atrás, intentaron llegar hasta el final del mismo, pero que no lo consiguieron, deben existir más derivaciones que intercomuniquen un sistema de distribución, al que se da un mayor relieve del que, a simple vista, se le puede atribuir.

A partir del citado punto 68R,2, hay que decir que esta derivación, de medidas 0,50 m de altura por 0,35 m de anchura, confirma la opinión de que todo el sistema responde a una canalización llevada a cabo por medio de tuberías, en este caso de cerámica, tal como se puede comprobar directamente en 69R,5. En este tramo de conducción, interrumpido como se puede observar, se ha llevado a cabo un revestimiento posterior, realizado con ladrillo de 0,06 m de grosor. La cubierta es adintelada en todo el trazado que se ha podido ver, pero nos queda la certeza de que este sistema ha sido retocado en época pasada, y que ha tenido unas medidas más amplias que las que se ven en esta imagen, y que su estrechamiento se debe a ese posterior revestimiento de ladrillo visto. Probablemente la cubierta fuera de medio punto, pero ha podido ser también modificada. Si se observa con detalle la parte izquierda, según se entra, se puede ver cómo detrás del ladrillo, usado como elemento de revestimiento, hay un aparejo de piedra.

En cuanto a la tubería de cerámica, de 0,15 m de diámetro, aparece cubierta con una capa de hormigón y ladrillo. Todo parece indicar que por este espacio discurría una doble fila de tuberías de este tipo.

Si continuamos hacia el centro de la Plaza del Ayuntamiento, nos encontramos, en toda la alineación de la tubería, con un tramo de casi 20 m de largo, hasta el punto en que el nuevo sistema de alcantarillado lo cortó. En este espacio se ve la utilización del ladrillo como componente dominante en muretes laterales y cubierta abovedada (fot. 70R).

Conclusión del sector R

Si se tienen en cuenta los elementos que nos hemos encontrado en todas las secuencias halladas, los podemos resumir en: dos naves realmente conservadas; cinco como elementos reutilizados con enrase de sus respectivas bóvedas; paramentos probablemente correspondientes a otras naves muy alteradas y, por último, toda una serie de muros de aterrazamiento que, en algunos sectores, son auténticas murallas de contención. Del único sistema, del que no se ha hallado resto, ha sido de depósito de agua, aunque sí de trazados de conducción, ni de piletas de salazón. Por todo ello, nos inclinamos a pensar, sin descartar ninguna futura posibilidad estructural y funcional de parte del sector, que el destino primordial del mismo, a la vista de los resultados de materiales analizados, y teniendo gran reserva sobre los espacios descritos muy superficialmente, es fundamentalmente haber servido como área de almacenaje; pero esto, como se ha dicho, a la espera de que en algún momento aparezcan otros componentes estructurales que amplíen el abanico de posibilidades, ya que sabemos que, a corta distancia de este sector, y sin desviarse mucho de la cota, han sido detectadas piletas de salazón.

SECTOR  T

Se podría decir que este extenso sector se compone de dos centros algo diferentes y muy transformados.

Se inicia en un subsector que nace en un antiguo solar destinado a ingenio azucarero, de cuya área y subsuelo se ha recibido información por parte de sus antiguos propietarios.

Así, cuando tuvo lugar la apertura de cimientos en dicho centro, apareció cantidad de cerámica que, lógicamente, no pudieron identificar, siendo sepultadas de nuevo con el movimiento de escombros.

Dados los conocimientos de los propietarios, con el paso del tiempo, y por deseos de investigación histórica sobre la ciudad, se pudo facilitar información detallada de lo que apareció sobre aquel lugar.

Se ha descrito un horno de cerámica que, por información, se identifica con un alfar romano. Simultáneamente aparecieron secuencias de muros, cuando se llegó a la profundidad de terreno normal para tales hallazgos.

En una zona próxima se pudo ver la secuencia de sistemas de muros procedentes de todos los puntos de esta área, pero no se estableció interrelación porque habría sido preciso levantar todo el espacio que comprendía el subsector. Pero los sistemas de muros estaban ahí, aunque bajo los cimientos de las actuales casas modernas.

Este mismo dato y sistema de composición estructural o, por lo menos formal, se ha repetido sobre el solar que ocupó el antiguo cine Pasapoga, donde se pudo comprobar la existencia de otro horno de cerámica, en un entorno arqueológico complejo por las secuencias y alineaciones de sistemas de muros. Desgracia­damente se estropearon los negativos donde se tenía informa­ción de los muros y área industrial, aunque se facilitó documenta­ción fotográfica sobre el hallazgo de varios dolia romanos, de los que hay información.

Cambiando de lugar, y como contrapunto de lo que se acaba de citar de forma inconcreta y sin datos fidedignos y documen­tados, se va hacia la parte noreste, debajo del muro de contenci­ón del aterrazamiento, que tiene lugar bajo los alzados del sistema arquitectónico de la Cueva, para recorrer, desde allí, un espacio que, por los datos que se tienen, parece haber sido asentamien­to de una de las partes más antiguas en montajes industriales de salazones. Aparecen piletas de salazones en el rebaje realizado para la construcción de una casa de nueva planta. Se destruye un complejo de cinco piletas de salazones (por lo menos), proporcionando una de ellas, un tesorillo de denarios de plata, del que se ha establecido una cronología aproximada, que se aportará como argumento y elemento de datación a la hora de fechar las estructuras romanas, al menos de esta parte del sector. Las estructuras medievales se ven en la reposición de algunos lienzos del muro de contención de la Cueva, con la construc­ción, junto a él, de un torreón medieval que formaba parte del sistema defensivo de la ciudad en esas fechas.

Poco hicieron los medievales para montar sus sistemas defensivos. Apenas si se limitó al levantamiento de una cadena de torreones a través de los círculos casi concéntricos que trazó la ingeniería romana en esta roca, núcleo de Seks.

Lo cierto es que se han localizado los torreones junto a los muros romanos fuertes en este sector, en el J (fig. 16), R (fig. 29), F (fig. 12), D (fig. 10), P (fig. 27) e Y (fig. 35).

Se inicia, pues, el recorrido descriptivo desde la zona más baja del sector. En el rellano, bajo la calle Alta del Mar (fig. 31 y 1T, 2T), donde se detectaron muros romanos en la nueva construcción, realizada sobre la misma, se comprobó que los muros de la calle, en las casas antiguas, estaban montados sobre los de abajo, y esto, aparte de las numerosas ramifica­ciones que partían con regularidad de estas estructuras. No se permitió fotografiar, pero las medidas y sentido de los sistemas sí se pudieron tomar, levantando planimetría. Se continúa través de una escalera, resto de muro de contención que se prolonga hasta enlazar con los de la Fabriquilla (fot. 3T). Este mismo muro, bastante grueso, sujeta los paramentos situados en los niveles superiores que aquí se muestran (fot. 4T). Girando a izquierda en esta calle (Carmen Baja), se encuentra el típico fenómeno de los realces para acceder a las dependencias (fot. 5T y 6T), hecho que no se justifica si no es por la artificia­lidad de estas estructuras, que nunca fueron pensadas para acceso, por esta calle, a las dependencias que se indican. Es decir, se trata de edificaciones, cuyas estructuras encuentran su entrada por la calle Alta del Mar, y no por aquí. Lógicamen­te es un sistema que ha estado sujeto por el murallón, indicado en la parte baja (fot. 3T), que se prolonga a través de la cuesta, enlazando con un tramo del sector S (fig. 30; 11S).

El hecho de que, en este corto trayecto, se den peraltes, que se ven en 6T, se justifica porque, en este espacio, la construcción ha sobresa­lido por encima de la calle, hasta el punto de que nunca se ha considerado posible salida hacia otra vía por este estrecho y complicado paso. Esto ocurre cuando no existe calle efectiva y, de ahí, la posterior necesidad de construir elementos de acceso por medio de podios y escaleras. La fachada siguiente, conside­rada parte integrante del paramento antiguo, ha sido destruida y no ha quedado espacio para testificar elemento arquitectóni­co. Por ello se indica sólo un muro moderno que, en testimonio de su antigua forma, han dejado los actuales vecinos (fot. 7T). En ese mismo punto se ha comprobado el paso artificial (fot. 7T,1), y que el paramento de la derecha, de gran interés, ha sido confirmado elemento arquitectónico romano gracias al derribo producido hace pocos meses, dejando al descubierto los muros maestros de todo este espacio, ya explicado en el sector S (fot. 7T,3). El único indicio que resta, y que enlaza con este sector, es el muro retocado (fot. 7T,2), que se prolonga, como se indica en planimetría, hasta alcanzar las estructuras superiores junto al murallón de cierre, sito bajo la Cueva.

En 8T se muestra, en panorámica, el murallón de cierre romano que comprende los sectores: D, zona aneja de L, T y U (figs. 10; 19; 31 y 32, respectivamente). El aspecto de interés en este momento, viene dado por este sector. Los puntos indicados en 8T,1,2,3, forman el murallón de cierre y contención, sito al SE del sector U, murallón romano medieval del sector T, y murallón de cierre que abarca el sector T, el U y zona aneja de L. El murallón romano medieval llama la atención, viéndose dos instantáneas de diferentes épocas (fot. 9T y 10T), para indicar, una vez más, el fenómeno transformador de estructuras antiguas, que constituyen la mayor dificultad para encontrar indicios que aúnen esquemas, considerados indispensables para dar unidad y sentido a este conjunto unitario.

Por ello se pretende considerar que las referencias, no atestiguadas con pruebas tangibles, merecen tenerse en cuenta, aunque tan sólo posean un valor testimonial; pero es la prueba de tradición, conseguida de personas de cierta garantía informativa y cultural. Así, se observan (hoy ocultos y en parte destruido) los tramos del murallón.

En 11T,1 se señala el murallón romano en la parte superior. Su anclaje con el murallón divisorio (fot. 11T,2) se efectúa en el punto de arriba, formando cierre en el sistema de murallas de época medieval.

Como se aprecia en 12T, el desnivel es de 12 m, aproxima­damente. Las técnicas de construcción son las propias de cada fase, romana en base, medieval a partir de la mitad del alzado. Se piensa que este murallón fue un medio de sujeción de plataforma, con función similar a otros registrados en el conjunto. Téngase en cuenta que la configuración topográfica es acciden­tada en este punto, y para el montaje llevado a cabo en el sector de la Cueva, era necesaria, dada la mole arqui­tectónica que el edificio suponía a las pretensiones romanas.

En 13T se observa la diversidad de aparejos utilizados en el alzado, abarcando desde, el romano en base (fot. 13T,3) y medieval musulmán (fot. 13T,2), al moderno en la parte superior. Tal fenómeno estructural se aprecia en el trazado de esta muralla (fot. 14T). Es evidente que su reutilización ha sido fuerte, lo que ha provocado deterioro en el trazado de su alzado.

En la parte del solar, donde se levantó el ingenio de azúcar, y concre­tamente en el punto en que se practicó el rebaje para la construcci­ón de la chimenea, fue donde apareció el horno de cerámica romano y el depósito de desechos de cerámica.

Dejado este subsector, se continúa bajo el área del complejo de la Cueva (fot. 15T), donde aparece de nuevo el murallón de contención del sistema de terraza superior. Sobre él, y adosados a su paramento, se observa lo siguiente: encalamientos y revoques modernos de las viviendas apoyadas sobre él (fot. 16T); muros empotrados para dividir los espacios que se utilizan en época romana, y que muestran al exterior el opvs incertvm (fot. 16T,2; 17T,2; 18T,1,2,3). Las estructuras murales forman cuadrículas que designan espacios destinados probablemente a naves, aun­que otros dan señales de ser parte integrante de subsectores de piletas de salazón.

Junto a un torreón medieval adosado al murallón, y en el espacio rebajado para levantar viviendas modernas, aparecieron las antes mencionadas piletas (fot. 19T), y los denarios que darían la cronología aproximada de tales elementos: el año 46 a. de C. De aquí se extrae una conclusión: si la cronología llega al citado año, y el tesorillo fue ocultado dentro de la pileta, y en su parte honda, ello se traduce en admitir que tal elemento industrial estaba abandonado en esas fechas, lo que induce a pensar que su construcción es anterior a la mitad del siglo I a. de C. Esta es la primera conclusión parcial, pero, desde ahora se plantea ya el sistema de abastecimiento de agua a la factoría en sus inicios, y con ello, la cronología del acueduc­to romano. A continuación aparece el torreón adosado al murallón (fots. 19T y 20T) y un detalle del mismo. Si en época medieval ya sufrió modificaciones, en estas fechas le ocurre otro tanto, y se ve revestido con hormigón moderno, con hierro en su aparejo (fot. 19T,2). Se piensa que dicho torreón, tuvo mayor elevación de la que hoy se contempla. Éste continúa a lo largo de la fachada y es interrumpido en 21T,2, donde hay dos cortes artificiales: uno del mu­rallón, y otro, en la parte superior de la Cuesta del Castillo (fot. 21T,2,3). Se piensa que la pendiente es el resultado de un equilibrio entre los diversos aterrazamientos de esta zona. La cuesta, en principio, debía ser una secuencia de altos peldaños.

Desde este murallón hay unas secuencias de paramentos romanos, cuyo acceso tiene lugar mediante la utilización de un muro adicional romano, usado para los podios (fot. 22T,2). Igualmente el paramento romano se prolonga hacia la parte superior de la pendiente, de tal manera que ha sido necesario el uso de escalones adicionales para entrar en estos espacios (fot. 23T,2). Los aterrazamientos y el uso de dos niveles en este subsector, se observan en la recta que ha debido construirse mediante relleno (o en su caso, vaciado) de los espacios inferiores (fot. 24T y 25T).

Superada esta línea, se entra en dirección sureste, mostrando un paramento moderno, antes romano, y ahora, por necesidad de espacio, ha sido casi derruido. En algunos tramos se conserva la forma antigua, con revoque moderno (fot. 27T,2).

El paso hacia un nivel algo inferior, se realiza mediante la rotura de la secuencia estructural indicada en 27T,2, cuyos muros están alineados, e incluso sobre el suelo (fot. 27T,1) se observa un testigo de esa unión.

Los siguientes paramentos muestran (fot. 28T,2) señales de formas romanas, ya en parte reseñadas antes (fot. 17T; 18T), y que se traslucen tras el revoque moderno, en algunos casos débiles y finos (fot. 29T).

Niveles diferentes se aprecian en 30T, donde ha sido necesario superar, con escalones, más de un metro de desnivel.

Siguiendo la línea de fachada, se ve cómo se han producido aperturas de calles rompiendo los paramentos (fot. 31T,2), y se puede indicar que se produce un cambio de formas en la alineaci­ón de las edificaciones que aquí han existido tiempos atrás (fot. 31T,1).

En la siguiente línea mostrada, se comprueba sobre el terreno cómo se ha producido una ininterrumpida fragmentaci­ón de las formas de este recinto, hasta casi llegar al límite del murallón, al fondo de este subsector (fot. 32T). Los distintos cortes se observan sobre el suelo, donde los restos de muros son palpables (fot. 33T; 34T; 44T; 45T). Se piensa que los diferentes compartimentos, que aquí se pueden comprobar, se encuentran alineados en posición casi paralela al con-junto situado a izquierda de la imagen. También los paramentos de la derecha, unos tienen revoque moderno, y otros, antiguo; tras los cuales se ve la composición de la forma interna del alzado (fot. 33T,3). Casi al final de esta secuencia escalonada de formas destruidas, se observa un podivm algo pronunciado, para facilitar el acceso y equilibrio de entrada de las viviendas, en esta línea final (fot. 34T,2). Los paramentos del fondo dan muestras de reutilización de estructuras murales de época romana (fot. 35T,1,2). Un pasillo entre las líneas de casas, que se cortan en ángulo recto, permite ver el murallón de atrás de estas formas y descritas en varios sectores (fot. 36T; 37T). La elevación, que el citado murallón alcanza en esta parte del sector, es aproximadamente de 16 m, de fuerte desnivel con respecto al punto más bajo de esta área.

Continuamos la descripción de estos espacios, y se observa cómo se adentran los citados muros rotos en las construcciones anejas al área abierta (fot. 38T). Se comprueba en 39T, donde se ve un lienzo lateral cortado por otro frontal, en mal estado de conservación, tras reutilización descuidada. En uno de sus muros interiores se perfila la composición de su estructura, muy deteriorada y con componentes de restauración modernos (fot. 40T).

En 41T se observa un ventanuco que da a una estancia inferior con desnivel, que se encuadra dentro de los elementos considerados romanos, pero de los peor conservados. En el interior de este mismo espacio hay una secuencia de habitáculos cuyos muros, en mal estado, dejan ver una estructura antigua, algo dudosa entre lo romano y lo medieval; pero tal deterioro se ha visto también en la cima del sector L de la Cueva, o L de la zona superior, donde la técnica degeneró fuertemente (fot. 42T).

En el siguiente compartimento hay un muro lateral, donde se ve el aparejo camuflado por el revoque moderno, adosado al talud de piedra, que originariamente se perforara al construir esta secuencia de edificaciones (fot. 43T).

Fuera de estos espacios internos y sobre la calle, se ven restos alineados de estructuras, rotas para transitar a través de esta intrincada falsa calle. Hay restos de paramento, que salen del suelo como testigos de su antigua realidad (fot. 44T; 45T). Al final de ellos se ve cómo la estructura se cerraba en ángulo recto hasta llegar al murallón, en la parte posterior, indicada en 45T. Otra (fot. 46T), presenta el testigo de ese cierre y la forma expresa de un paramento de estructura romana con aparejo, dejando ver el opvs incertvm al exterior (fot. 46T,2).

Enfrente de este muro hay otro similar, pero rebajado para convertirlo en contrafuerte y que, por debajo, se le identifica por su estructura interna (fot. 47T,1). A continuación se ve un espacio hueco que acusa la presencia de muro romano rebajado y persistiendo en el aparejo de toda la fachada, según 47T,1,2. Es evidente que aquí se ha producido entrelazamiento de muros y líneas que multiplican las formas posibles dadas en este lu­gar, porque, lo que sí hay, es una autenticidad de estructu­ras romanas. Algunos de los muros ofrecen formas de tipo opvs testacevm (fot. 51T,5).

En 53T se marca la línea final de lo que aquí ha existido de formas romanas. A partir de este punto, todo ha sido, hasta hace unos años, un solar inhóspito, cubierto de matorral, en rampa y talud, y con pocas posibilidades de hallar estructuras romanas sobre él, aunque esto nunca ha sido óbice para que se levantara, donde casi era imposible e impensable para los moder­nos. Ejemplo hay en la vertiente de Poniente del Castillo, con construcciones sobre el talud e, incluso, con muros de contención escalonados para sujetar sus estructuras en fuerte pendiente.

En otros momentos aún, llegan a cubrir huecos, existen­tes en las paredes de piedra, cortadas a pico por su propia naturaleza, con el fin de hacer de ellas un paramento artificial, utilizable como componente de una de las dependencias de la factoría de salazones. Hay documentación fotográfica de este fenómeno.

En 54T se comprueba cómo este sector limita con parte del U. En 55T hay determinados muros, a ambos lados de este paso artificial, que comunican y establecen el límite entre los citados sectores. En la foto de cierre, dentro de este subsec­tor, se observan detalles de usos de elementos arquitectónicos, conservados hasta hoy (fot. 56T,1,3): opvs incertvm y testacevm.

Por último, se cierra este sector con una imagen en que apenas si se aprecia algún elemento arquitectónico romano (fot. 57T); pero que, bajo la forma aparente de esta cuesta, se encuentran prolongaciones de zonas de naves no exploradas aún, y que son continuidad del subsector expuesto en la figura 33. Es toda una secuencia de naves aún conservadas, que se adentran bajo los edificios modernos y que llegan a morir junto al muro final, paralelo al murallón de contención. Testigos de estas formas quedan en los peraltes de la calle Carmen Baja, recogi­dos en 4T y 5T, cuya explicación está basada en ser parte de un muro que superaba la altura de lo que hoy se ha convertido en calle (que no lo fue), sobrepasando el nivel, ahora comproba­ble. Sobre este sistema de naves, hoy partidas por el alcanta­rillado y cimentación de casas modernas, en realidad no sucede tal, sino que esos muros domésticos son el resultado del aprovechamiento de un nuevo muro que cierra en la parte superior de la calle, hoy apreciado en el sector S (fig. 30).

Conclusión del sector T

Los grandes subsectores presentados ofrecen dos ángu­los, tanto estructurales como funcionales, algo diferentes. Pero, antes de llegar a alguna conclusión, es preciso aclarar que, tanto un subsector como otro, han sufrido profundas transforma­ciones, hasta el punto de no poder identificar más que restos de muros, ya reutilizados, ya en cimientos.

El subsector de la zona denominada como la “Fabriquilla”, ha registrado elementos industriales destinados a la fabricación de envases; la parte superior, o entorno del torreón medieval, conserva mayor número de elementos, y es del que se puede establecer algún tipo de cronología, al menos de las piletas donde aparecieron los denarios de plata. No se puede fijar norma generalizada de que esta parte del sector T sea íntegra­mente industrial, pero los problemas planteados por el análisis de los actuales interiores domésticos evitan establecer un criterio uniforme para toda esta área. No obstante, cabe pensar que constituyendo todo este subsector una línea casi continua a lo largo de este murallón, se podía entender como parte integrante de un emplazamiento de salazones.

Por los denarios se puede afirmar que, si tal tesori­llo fue ocultado en un elemento industrial, se debe a que éste se encontraba ya abandonado, lugar idóneo para el ocultamiento. Siendo esto así, este espacio industrial cayó en desuso hacia la mitad del siglo I a. de C. Por tanto, tales estructuras deben considerarse, si no contemporáneas, al menos anteriores al resto de las formas arquitectónicas que aquí se ven.

SECTOR  U 

Teniendo en cuenta las líneas generales que siguen las edificaciones romanas en este sector, éstas se encuadran dentro de espacios que no son más que prolongaciones, en unos, termina­les, en otros adicionales, del espectro arquitectónico de Levante.  

Si se observa el plano general de la planta (fig. 32), se ve, en primer lugar, que, en la puerta de Levante de la Cueva, se detectan indicios de continuidad de las naves de las citadas estructuras en sentido este. Ello se confirma con la aparici­ón de resto de bóveda perteneciente al complejo de la Cueva, a causa de un derribo reciente. Tal fenómeno se aprecia a lo largo del descenso de la calle Cueva de Siete Palacios, hasta el murallón de aterrazamiento, bajo el nivel de las escue­las, con un corte casi vertical, de más de 12 m de altura.

En resumen, se puede decir que este sector queda enmarcado por la Cueva, parte noroeste, y por el murallón romano medieval, en el Sureste. El espacio comprendido entre estos dos extremos, registra en su interior dos pasos artificiales, accesos para la ocupación moderna de las antiguas formas romanas que aquí se encuentran.

Las características generales de altura, grosor de muros y espacios interiores son las dominantes en el contexto urbano de los elementos próximos. Se puede decir que estas áreas se ensamblan a las de los sectores D y E (figs. 10 y 11).

La calle Cueva de Siete Palacios es acceso artificial para comunicar los cuatro pasos que unen estos sectores, siendo esta vía la salida de escape hacia la Cuesta del Carmen y parte baja de la ciudad.

Se inicia la descripción por el muro de contención (fot. 1U), prolongación del mismo que se encuentra bajo la zona ocupada por el sector superior de L (fig. 19), que colinda con el sector T (15T y 16T). Este murallón muere en lo alto de la Cuesta del Carmen, uniéndose a otro sistema de muralla que continúa bordeando la ciudad al filo de la cornisa de roca, extendida hasta el Castillo (fig. 10). La forma de este muro de contención es aterraplenada, con una composición similar a la vista en el subsector P (fig. 27; fots. 8P; 9P; 10P), a base de grandes piedras, con revestimiento moderno, y cuya técnica es el opvs incertvm. Sobre una base vertical, levantada a partir de roca madre, se alza con una altura de 1,20 m aproximadamente. A continua­ción, en un espacio de 4,50 m, se adosa sobre roca, con una inclinación de casi 30 grados sobre la vertical, y acaba con una superposición de tipo medieval, o romano muy retocado (fot. 2U). En 3U se comprueba su extensión longitudinal y altura, y sus diferentes partes.

Llegado al supuesto punto más bajo de la muralla, se produce rotura intencionada de la misma, para dar paso a la calle Cueva de Siete Palacios, girando a derecha. El primer tramo de esta calle apoya su carga sobre el murallón (fot. 4U) que, desde otra perspectiva (fot. 5U), demuestra lo antes expuesto. Las imágenes 6U, 7U, 8U, ofrecen una idea aproximada de las dimensio­nes en grosor, según altura, de tal muro.

Comenzando la descripción desde el punto opuesto del sector, salida este de la Cueva, aparece un esquema que sigue, en parte, las líneas arquitectónicas de la citada Cueva. Por lo pronto se comprueba una especie de pasillo abovedado que parte desde la Cueva, y que ha sido punto de unión de los diferen­tes compartimentos, también abovedados, que se observan a ambos lados de ese eje central (fot. 9U). A izquierda (fot. 9U,5) se ve que es un paso, abierto de forma artificial, como indican los indicios de rotura, en el suelo, de uno de los paramentos (fot. 9U,4), que ha debido ser espacio ocupado por naves. La parte central de este corredor cubierto, seguiría la línea marcada en 9U,1 siendo todo un corredor de comunicación entre áreas diferen­tes. En la parte derecha se ve muro romano, paramento del que partía la bóveda que hoy falta, pero que deja testigos sobre la citada pared (fot. 9U,8). Este corredor llegaría a enlazar con las secuen­cias de la calle Angustias Moderna (fig. 11). En este punto se iniciaría una nueva alineación de naves que discu­rrirían paralelas, tal como se puede ver en las figuras 10 y 11. Por tanto, el verdadero inicio de este sector, en su parte noreste, comienza desde la misma Cueva, escalonándose progresivamente, seg­ún desciende, de forma natural, el nivel del suelo, hasta llegar al muro de contención de la parte acantilada (fot. 1U).

El punto de partida en este subsector noreste, se inicia en 9U,3,4,7, marcándose respectivamente la anchura del paramen­to, su altura e indicios de su continuidad hacia la Cueva. En 10U,1 se comprueba un paramento romano levantado con opvs incertvm, que se deja ver a través de la cal moderna. El punto de enlace con el sector L se observa en 10U,2.

La secuencia hacia abajo se ve en 12U,3,5, donde los muros conservan sus antiguas medidas, comprobadas en los alineamien­tos de la Cueva o edificaciones anejas a ella.

El 12U,4 indica cómo se desciende de nivel y que el piso de suelo ha sido alterado para hacerlo transi­table. La altura de 12U,5 es prueba de la conservación de los niveles correspon­dientes a las naves, que ya aquí han sido enrasa­das, conserván­dose sólo los paramen­tos interiores y exteriores.

En el espacio 13U se testimonia la perfecta alineación en esta serie de estructuras romanas (fot. 13U,1). La altura de tales edificaciones se mantiene constante en todos estos sectores, eliminados los añadidos modernos perfectamente identificables. Dichas alturas oscilan entre los 2,30 m y los 2,90 m. Como dato interesante, los cubicvla modernos suelen respetar las medidas de sus elementos reutilizados, sobre todo por la dificul­tad que les suele suponer la alteración de tales edifica­ciones.

El espacio indicado en 13U,3, sirve de guía para identifi­car la anchura destinada a un paso central, hoy destruido. El alineamiento prosigue marcando la dirección en los niveles que actúan de condicionantes de las estructuras, según se desciende (fot. 14U).

Al iniciarse el descenso de nivel del suelo, todo indica que los espacios encontrados a continuación, se alinean con las estructuras de los sectores D y E. En efecto, las paredes exteriores se encuentran más retocadas, aunque ello no implica reutilización de muros romanos divisorios de estas áreas de naves. En la panorá­mica 15U se observa el esquema de divisiones producidas en la bajada del nivel, a­daptándose al terreno en sus distintos planos. El aspecto exterior da señ­ales de reutiliza­ción de paramentos romanos. Pero no deja de ser menos curiosa la observación de los alineamientos de los sectores D y E, rotos para abrir calle moderna, y que se prolongan hacia tres subsectores que se van a comentar.

El primer tramo a analizar se encuentra tan destruido que no ha sido posible más que la identificación del muro mediane­ro con el segundo subsector. La construcción de unas escuelas y la falta de prospección a raíz de su reciente derribo, ha privado de conocer la auténtica situación de las secuencias de muros de este espacio, ­de similares características estructurales a los dos siguientes. Por ello se pasa al inmediato superior, en el que se ve un paso interior, con las mismas medidas que los anteriores, en lo que se considera nave enrasada modernamente (fot. 16U).

Los espacios contemplados en 16U,1 tienen unas medidas muy similares; sus muros, el mismo grosor. 0,60 m; menos los de fondo, que alcanzan los 0,90 m.

En el espacio 16U,3 hay una secuencia paralela a la anterior, con las mismas características de medidas y divisio­nes interio­res. Conforme se penetra en este pasillo interior, se observa que la altura de las estancias laterales es homog­énea y casi simétrica con el conjunto. Se ve, al fondo del mismo, un muro romano, el mismo que cierra por delante el murallón contrafuerte (17U,2). Este muro aflora 1 m aproximadamente, sobre el nivel del suelo, se continúa hasta enlazar con el cierre de las escuelas y, en sentido contrario, con el muro de conten­ción, situado bajo la Cueva (cfr. fig. 31). Se observa, más adelante, có­mo aparecen nuevos tramos de este murallón dentro de los paramentos de las viviendas.

Se inicia la descripción desde el fondo hacia la salida de este pasillo, viendo con más detalle el muro que sobresale, abierto de forma artificial. Tras él hay una vivienda cuyo fondo se posa sobre el murallón contrafuerte, que cierra la cadena de aterrazamiento de todo este sector.

En 19U,1 se ve el acceso a una de las habitaciones que conforman este primer tramo. El muro de fondo (19U,3) está sobremontado por otro, que forma escalón y cierra este espacio.

Dentro del primer recinto con paramentos romanos de tipo común en esta área, se ve cómo se prolonga hacia el interior del mismo el muro, visto antes en 19U,3, de tal manera que no sólo se registra su presencia sino también su altura, que viene a coincidir con la que se indica en el pasillo exterior. Al fondo de este habitáculo se aprecia un muro romano con revesti­miento de revoque moderno. El tramo colindan­te registra otro recinto de similares proporciones. En su fondo se observa paramento de opvs incertvm revocado con cal ya estratificada (fot. 21U). En el suelo hay, al igual que en el resto de las demás depen­den­cias, ausencia de pavimento. Lo que se ve es una capa de cemento moderno sobre roca.

En 23U se registra un espacio del mismo recinto ante­rior, con fuerte encalamiento de muros, cuyo grosor alcanza tan sólo 0,50 m. En la misma línea de la estancia anterior se ve otra de similares proporciones y estructuras: suelo de cemento moderno sobre roca.

En 24U,1,2, hay clara diferencia de grosor en los paramen­tos colaterales. Su revestimiento es moderno. En 25U,1,2, se detecta un sistema de cons­trucción igual al antes citado, perteneciente a la misma estancia. Su cubierta es un enrasamiento moderno. Puede tratarse, como en otros muchos compartimentos, de sistemas enrasados de redes de naves above­da­das.

En tercer lugar, se muestra otra estancia adaptada igual­mente para vivienda, con paramentos de opvs incertvm y revoques de cal moderna. La cubierta ha sufrido el mismo fenómeno de las estancias anteriores. Los módulos son muy similares en todas ellas (fot. 25U). En la serie de enfrente, tan sólo se han tomado noticias de algunos de los componentes arquitectónicos. Así, en 27U se comprueba una estancia de las mismas características que las antes citadas, tanto en proporciones como en materiales y medidas, aunque la que aquí se muestra se compone de dos, previamente unidas y separadas por un ligero tabique.

En 28U se indica la segunda habitación aneja. En el fondo (fot. 28U,2) se ve que el pie de muro muestra al exterior piedras de su estructura interna. La última de estas estancias es la que ha proporcionado, dentro de esta alineación de naves, las pruebas tangibles de la estructura mural (opvs incertvm), con revoque moderno muy alterado y el opvs testacevm (fot. 29U,2) formando muro divisorio en sentido vertical al romano de fondo. El tipo de ladrillo pertenece al grueso, usado en la zona de Poniente (fig. 17). Esta última prueba es la que marca la pauta para definir lo que, en principio, se proponía como hipotéti­co; pero, cuanto más abandonado se encuentra un espacio, más señ­ales de su antigüedad presenta.

El tercer pasillo cerrado se encuentra detrás del subsec­tor norte del segundo, de tal manera que sus viviendas se asientan sobre las de abajo. Esto se indica en 31U,2, cuyo paramento, en planta superior, muestra igualmente las característi­cas del opvs incertvm en todo su trazado hasta el fondo del pasillo. Sus espacios y medidas son muy similares a los de abajo.

En 32U,1 se ve con cierta claridad, que las paredes actuales acusan, debido a la débil capa de revoque, el uso del citado opvs incertvm. La anchura del pasillo es similar al ante­rior (fot. 33U). El grosor de los muros se comprueba en 35U,2, donde se aprecia, aparte de haber sido previamente medido, un grosor de 0,60 m.

En 36U hay un estrecho paso artificial, de acceso a sectores cerrados antes de su reutilización; por lo que hubo necesidad de abrir paso mediante la rotura de estructuras romanas. Al mismo tiempo hay material de relleno sobre el suelo, como en otros sectores de Poniente (cfr. fig. 25). Igualmente se aprecia, en el segundo rincón de este subsector, una serie de escalones que atestiguan el hormigón romano para aterraza­miento de espacios con huecos o fuertes desniveles. Téngase en cuenta que la parte posterior del fondo de 37U,2, está sujeta por el murallón romano que procede del sector T, a la altura de la Cueva. Ello conlleva un relleno de refuerzo para salvar el desnivel que hay inmediatamente detrás de estas estructuras (fot. 38U).

En el frontal de 39U, hay una secuencia de formas proce­dentes de reutilizaciones romanas, apoyadas en el murallón de contención, con un pequeño paralelo arquitectónico en el subsector de abajo (18U, 3). El resto de las estructuras tienen su acceso por la calle Cueva de Siete Palacios.

Es importante resaltar que los espacios de difícil acceso, en el tercer subsector, (fots. 36U; 37U) eran inaccesibles por la propia estructura de sus piezas arquitectónicas, componentes de los mismos. Ello ha provocado la rotura de estructuras anti­guas, con el fin de usar los compartimentos de este sector. Ello confirma tambi­én la opinión tan reiterada de que los pasos, accesos y entradas en la casi totalidad de este complejo arquitectónico, han sido el resultado de una necesidad humana, forzada a romper los esquemas romanos para transformar lo que fue construido, con un objetivo muy concreto, en algo que los nuevos ocupantes adecúan a sus necesidades: convertir en hábi­tat lo que tan sólo era una infraestructura industrial y comercial.

Topográficamente considerado este sector, se considera que su orientación es contrapuesta a la vertiente que mira al Majuelo.

Como ha quedado reflejado en los preliminares, ha sido dividida la ciudad moderna en varios sectores que condicionan el tipo de elemento, utilizable según la orientación. Al filo de esta observación, se ve sobre el terreno que los elementos comunes de este espacio de Levante manifiestan, en las prospec­ciones practicadas hasta el momento­, unas características arquitectónicas más uniformes y constantes. Esto puede tambi­én comprobarse en los sectores C, D, E, U (figs. 9; 10; ­11; ­32, respectivamente).

De todo ello se concluye que las manifestaciones estruc­tu­rales en el sentido expuesto, se decantan en los siguientes aspectos formales: muro de contención para construir el aterra­zamiento de este sector, cuyo extremo noreste se apoya sobre muro grueso, levantado para sujetar un talud, casi vertical; los tipos de naves, limítrofes con la Cueva, guardan cierta relaci­ón de proporcionalidad con el extremo levantino de la misma, aunque el cambio se inicia al comienzo del desnivel observado en la pendiente de la calle Cueva de Siete Palacios, y es a partir de este punto, cruce con la calle Angustias Moderna, donde se inicia el cambio de línea y tipología de las formas que los encadena­mientos de naves manifiestan en el sector de Levante grandes alineaciones con secuencias paralelas. Tan sólo se registran muros divisorios de aterrazamientos y naves, aunque enrasadas, encadenadas, situadas en planos con diferentes niveles, pero en alineaciones paralelas.

Como nota adicional, se indica que, en fechas relativamen­te modernas, esta estructura romana se encontraba cerrada y abandona­da. Tras su ocupación se necesitó romper la estructu­ra interna de este espacio, siguiendo los alineamientos romanos para acceder a las tres series de naves de abajo, y al interior del tercero y, desde él, a las partes superiores, inaccesibles por arriba, pues la apertura de entra­da, por este lado del sector, era costosa y difícil.

Conclusión del sector U

Topográficamente considerado, este sector se puede concluir como que su orientación es contrapuesta a la vertiente que mira al Majuelo. Como ha quedado reflejado en los puntos de vista preliminares, ha sido dividida la ciudad moderna en varios grandes sectores que condicionan el tipo de elemento que debe utilizarse según la orientación.

Al filo de esta observación, se ve sobre el terreno, que los elementos comunes de todo este espacio de Levante manifiestan en las prospecciones practicadas hasta el momento, unas características arquitectónicas más uniformes y constantes.

Esto puede también comprobarse en los sectores C, D, E, U (figs. 9; 10; 11; 32, respectivamente).

De todo ello, concluimos que las manifestaciones estructurales en el sentido expuesto, se decantan en las siguientes estructuras formales: muro de contención para construir el aterrazamiento de todo este sector, cuyo extremo noreste se apoya sobre muro grueso, que se levanta para sujetar todo un talud, casi vertical; los tipos de naves, en la zona limítrofe con la Cueva, guardan cierta relación de proporcionalidad con el extremo levantino de la misma, aunque el cambio se inicia al comienzo del fuerte desnivel que se observa en la pendiente de la calle Cueva de Siete Palacios y es precisamente a partir de este punto, cruce con la calle Angustias Moderna, donde se inicia el cambio de línea y tipología de las formas que los encadenamientos de naves manifiestan en todo el sector de Levante: grandes alineaciones con secuencias paralelas. Tan sólo se registran muros divisorios de aterrazamientos y naves; aunque enrasadas, encadenadas, situadas en planos con diferentes niveles, aunque en alineaciones paralelas.

Como nota adicional, se puede indicar que, en fechas relativamente modernas, toda esta estructura romana se encontraba cerrada y abandonada. Tras su ocupación hubo necesidad de romper literalmente la forma interna de este espacio, siguiendo tan sólo los alineamientos romanos, tanto para acceder a las tres seriaciones de naves de abajo, como por dentro del tercero y, desde él, acceder a las partes superiores que quedaban inaccesibles por la parte de arriba, ya que la apertura de entrada, por esta parte del sector, era más costosa y difícil.

Concluimos afirmando que este método de ocupación será una constante en todo el casquete superior de la ciudad moderna, donde aún se manifestará con mucha más evidencia.

SECTOR V

Los elementos estructurales descubiertos en el espacio de este sector son muy variados y complejos. Comprende desde un estudio puramente casi sedimentario o estratigrafiado, con situaciones intermedias, hasta un sistema de almacenaje.

A pesar de la dispersión que se da en este espacio en sus diversos componentes, el enriquecimiento es considerable por la aportación de datos hasta ahora desconocidos en todo el ámbito de excavaciones y sondeos realizados.

Distinguimos tres grandes subsectores, cada uno con su propia identidad, aunque, entre dos de ellos, hay algún factor estructural que se repite.

En los elementos formales detectados como almacenes, hay algunas novedades en cuanto a su forma y reutilizaciones.

En resumen se puede decir que este sector presenta casi todos los elementos que conforman el complejo industrial.

Iniciamos el recorrido descriptivo por el viejo edificio en que se ubica la farmacia de la Plaza del Ayuntamiento (fots. 1V; 2V). Relacionado con este edificio, se tiene otro espacio donde se han realizado rebajes de terreno, con hallazgo de gran cantidad de cerámica (fot. 3V). Incluso algunos restos de muros de las actuales viviendas, más concretamente de un horno de pan, pueden considerarse como reutilizaciones, pero falta realizar una prueba.

Situándonos de nuevo sobre el punto 1V, se ve una panorámica de las catas practicadas en este subsector. Se observan, casi en posición rectilínea, los cortes realizados. Son catas de 2 m x 2 m, en las que han aparecido elementos arquitectónicos, gran cantidad de material de relleno y unos pequeños hogares, con una distribución muy irregular.  

Pero es necesario aclarar un punto fundamental en esta pequeña excavación. Se ha venido comprobando, a través de los lugares en donde se han llevado a cabo derribos, que la mayoría de los puntos observados, sus alzados posan sobre bases anteriores. Esto se ha dado en todos los casos detectados y estudiados, cuya base o cimentación primitiva es romana, e incluso gran parte de los paramentos derribados constituían elementos de los alzados de estas casas, consideradas como modernas, pero que, en origen, no lo eran. Aquí ocurre algo similar: con el derribo de los paramentos de este solar no se ha tocado en los puntos fundamentales por mantener los paramentos antiguos externos, con lo que se ha podido averiguar si se apoyaban sobre antigua base romana.

Si se tiene en cuenta que el material detectado en las cuatro catas es de escasa solidez e inestable, no nos queda otro camino para poder explicar la sujeción de unos paramentos tan pesados y que no han sufrido deterioro ni con el derribo de los muros interiores, ni a consecuencia de haberlos dejado prácticamente sin punto de apoyo, más que con el de su propia base e incluso practicando las catas junto a sus cimientos; ello puede explicarse, pues, por otro fenómeno: deben tener un soporte que no se ha podido comprobar, bajo el paramento que se tiene a la vista, y que debe tener una gran consistencia, ya que, de lo contrario, no se habrían mantenido de pie, tal como ha ocurrido. A ello se suma un fenómeno algo particular, pero que puede tener relación con esto: el suelo de la calle comenzó a resentirse poco tiempo después de realizar las catas, pero los muros maestros permanecieron inmóviles.

Nuestra primera conclusión, a posteriori, sobre este espacio arqueológico, es admitir que debajo de este solar, en puntos que fueron previamente comprobados por los constructores antiguos de estas casas, deben existir elementos más resistentes, porque, a fortiori, no puede explicarse su permanencia en pie con una base de puro aglomerado de barro y restos de cerámicas mezcladas con piedras pequeñas.

En el primer corte (fots. 5V; 6V), se observan los materiales que se han ido descubriendo progresivamente y que se ven, además, en uno de los lados, la existencia de restos de muros cuya identidad no ha sido estudiada, pero que guardan relación con otros elementos más, que no se han tenido en cuenta a la hora de estudiar el contexto arquitectónico de los cuatro cortes practicados.

Uno de los muros que se han detectado, pero que no se ha tenido en cuenta en el proceso de la excavación, es el que se puede ver en la imagen 7V,3, cuyo alzado se dirige hacia el muro del paramento principal de este subsector y que probablemente forme parte de una estructura arquitectónica destruida en su alzado.

Aparte de este elemento, que es tan importante en tales consideraciones arquitectónicas, se puede observar la presencia de unos componentes industriales, o al menos así lo parecen, formados por una cadena de estructuras circulares de escasa magnitud, construidos con piedra y argamasa, con revoque en su pared interna.

En 7V se puede ver respectivamente sobre el punto 7V,1, uno de tales elementos que parece relacionarse con el resto. Su estado de conservación es malo, mientras que el situado junto a él (7V,2), se conserva bastante mejor y, además, muestra revoque en su parte interna. Sus diámetros oscilan entre los 0,60 y 0,50 m. Los muros testigos debieron eliminarse para poder dar mayor unidad a la forma y manera de relacionarse todos estos elementos.

En la foto 9V, se pueden ver tres de los cuatro elementos que componen esta secuencia de estructuras. En 9V,1, se tiene una de ellas, pero en muy mal estado estructural. En 9V,2 hay uno en buen estado de conservación, pero con un aparejo formado tan sólo de piedras, y cuyo diámetro apenas alcanza los 0,30 m. Los otros componentes difieren de este, en tamaño.

Con relación a su interpretación, se puede afirmar que todo parece señalar estructuras de carácter industrial, y cuya finalidad se relacionaría con el proceso de fabricación del garum, constituyendo una serie de hogares (que tienen paralelos en el Majuelo y en calle Real) industriales. Pero también podrían tener una función secundaria, como parte de formas domésticas. Téngase en cuenta que, inmediatamente más abajo de donde se encuentran estos hogares, hay restos de piletas de salazón e indicios de las mismas. Es claro que se precisan más datos para dar una interpretación fidedigna, pero, por ahora, es lo único que se puede decir, como lo más aproximado.

Continuando hacia la parte inferior de la calle Real (fot. 12V, nos encontramos con otra excavación de emergencia (fot. 13V), en la que se han encontrado los elementos que, con cierta avidez, deseábamos ver en la que se ha descrito antes. Es razonable que aquí se hayan hecho presentes esos elementos arquitectónicos, por encontrarse a un nivel casi cuatro metros por debajo al visto en la Plaza del Ayuntamiento.

Con diferencia cronológica se realizaron realmente dos grandes cortes en este solar, aunque quienes practicaron la excavación lo hayan considerado tres. Si se observa la panorámica se puede comprobar, en efecto, que lo que se ve son dos cortes con las mismas dimensiones, aunque se practicaran en distintos momentos. Las proporciones en que se llevaron a cabo dichos cortes han sido de 4 x 4 m. En la primera, la más irregular, situada a pie de la calle Real, con un desnivel de casi 2,50 m, presenta, desde el punto de vista estructural, un muro que cruza diagonalmente el corte. Es de piedra, con aparejo algo débil y muy mal conservado. Su grosor oscila entre los 0,60 m y los 0,70 m. Su aspecto externo es pobre, y parece haber sido levantado para ser cimiento, y no parte del alzado, como se puede observar en la imagen. La profundidad que se puede ver no responde a su punto de arranque, sino que se ha llevado a cabo, se supone, con intención de buscar estructuras más profundas, tal vez tratado de hallar lo que todavía no se ha localizado en ningún punto de la ciudad: elementos arquitectónicos fenicios.

Insistimos en este punto porque realmente se ha profundizado tanto que se ha llegado más lejos de los 4,70 m. Se piensa que, una vez localizado el fondo de una secuencia de muros, lo que de inmediato se nos presenta es la tierra; la excavación en estos niveles ha finalizado; conociéndose, como bien se sabe, que las estructuras en esta ciudad finalizan apenas se llega a la tierra. Lo único que se ha podido encontrar en lo excavado, y no es poco, son secuencias de muros romanos y, una vez hallado el punto final de éstos, debajo no hay nada, máxime si no se han tenido en cuenta las cotas a que se trabaja.

El segundo corte está formado por cuatro dependencias, de las que tres solamente han sido perforadas hasta una profundidad peligrosa, por sus características de falta de resistencia en el terreno. No obstante, procedemos a interpretar las estructuras que se dan y que son de sumo interés para la arquitectura que aquí se ha detectado y a la que se le ha dado escasa importancia. En la imagen 14V, se puede observar la existencia de cuatro compartimentos separados por la propia ordenación de sus muros que se levantaban en este subsector. En el primero de ellos (fot. 15V) se puede diferenciar perfectamente la secuencia de elementos arquitectónicos que se han superpuesto, en unos espacios, y se han relacionado, en otros. Así, en 15V,5 podemos ver un muro romano alineado con el 15V,4, de menor grosor, ambos cerrados por el 15V,1, de características similares al 15V,5. Pero lo más relevante de este punto, desde la secuencia evolutiva, es la superposición de elementos murales, ya que nos indica el proceso de adiciones que se han dado en esta zona. Obsérvese a este respecto los puntos 15V,2,3, en los que se puede ver con toda claridad la existencia de muros superpuestos de forma escalonada que no sólo se localizan en este corte sino que se extienden a otros vecinos. Esto se interpreta como un dato a considerar para, por lo menos, establecer algunos puntos de referencia a la hora de explicar la evolución arquitectónica en Seks.

En el corte 16V, se observa algunas notas comunes con el anterior, como puede ser la superposición continuada de los muros romanos que se encuentran debajo de los que se ven en superficie, y que nos suponen una antigua forma estructural con una configuración diferente a la que se ve. Las medidas de los muros, tanto de abajo como superiores, siguen los módulos del corte anterior. Si este corte se hubiera podido continuar, probablemente se nos hubiera cerrado formando otro espacio rectangular, como el anterior, porque la continuidad de los muros de abajo y superficiales es evidente (fot. 16V,1,3).

Justo al lado del corte indicado en 15V se tiene una estructura casi rectangular, en la que se detectan elementos que nos hacen pensar en una pileta de salazón, que ha sido reutilizada posteriormente para otro fin.

Los elementos que se pueden considerar modernos en esta forma, se observan claramente en la imagen que de ella se presenta en 14V, donde se aprecian componentes ajenos a las piletas de salazones: el uso de baldosas de cerámica, que nos hacen pensar en una reutilización medieval. Pero, por otro lado, se detectan recubrimientos de paredes con estucos usados generalmente en los revoques impermeabilizantes (fot. 17V,3,5), además del suelo, en los muretes por su parte interna.

El corte cuarto nos muestra muros reutilizados, y otros bajo la estructura de superficie (fot. 18V). No obstante se observa un aparejo de piedra vista que no nos da señales de un paramento romano clásico, sino más bien de época medieval o, mejor aún, muro de cimentación donde el aparejo externo no se cuida como se hace con el alzado.

Las fotos 19V y 20V nos muestran la parte más honda de este subsector, pero llegando a niveles de profundidad que no han sido necesarios, ya que lo que se pretendía localizar eran formas romanas y púnicas y, lógicamente, una vez alcanzado el límite de la cimentación, sólo se encuentra tierra.

Lo normal es que aparezcan superpuestas o reutilizadas, pero no con espacios superestructurales de más de un metro de tierra de potencia, lo que no es normal. Sabemos perfectamente que entre púnicos y romanos no medió espacio de tiempo, sino que, a lo más, se reutilizarían los medios de que dispusieron los fenicios en este lugar.

En la imagen que se presenta en 20V se puede observar este fenómeno de búsqueda de estructuras que no aparecen. En la imagen 21V podemos ver una secuencia de formas romanas superpuestas, con una profundidad que llega casi a los 2 metros.

Continuando nuestro trabajo de localización de elementos arquitectónicos, desde el espacio superior a la excavación anterior o calle Real, nos situamos ante dos salidas o espacios que consideramos de vital importancia por las aportaciones que nos han dado en este estudio. Así, en el punto 23V,1, se puede observar un edificio moderno que ha sido levantado sobre restos romanos que pudimos ver directamente en su fase de rebaje de terreno, que no pasó del metro y medio aproximadamente, y en el que aparecieron las secuencias de muros romanos de una forma similar a la que acabamos de mostrar, pero no se nos permitió fotografiar.

Curiosamente, además de los materiales a los que aludimos, aparecieron numerosos restos humanos cuya apariencia primera nos daba a entender que pertenecían a una época relativamente reciente, probablemente de época napoleónica en esta ciudad. Lo más llamativo de este rebaje de terreno es la forma en que pudimos comprobar el rescate de numerosas piezas cerámicas. Fue un tanto sorprendente, porque en este casi metro y medio de potencia de tierra, como se ha indicado antes, espacio removido, los restos cerámicos hallados fueron muy variados. Pudimos comprobar directamente cómo aparecía la cerámica púnica casi sobre la propia superficie y, además, revuelta con otros elementos romanos, árabes y modernos.

Pero, lo que de pleno nos atañe en esta cuestión, es el ordenamiento de los muros que pudimos ver y, calculado con la ayuda de la distancia de colocación de las zapatas de los pilares, pudimos levantar una esquemática planimetría de todo el subsector, en el que incluimos el hallazgo interesante de un dolivm, que había sido durante mucho tiempo utilizado como fosa séptica de una de las viviendas. El citado dolivm permanece enterrado en el mismo lugar donde fue hallado por ser imposible su levantamiento, debido a que se encuentra fijo al suelo con opvs caementicivm. Ello se ha indicado debidamente en la planimetría que entonces pudimos levantar.

Pero, a nuestro entender, lo que más nos interesa de este subsector es la probable relación estructural que pueda tener con los elementos que se ha localizado en un espacio, a no más de 30 m de éste, y que, dentro de lo que se va a explicar en 23V,2, forma una zona con características especiales. Así, en el citado punto se han tenido pruebas evidentes, pero siempre dentro de las limitaciones que nos imponen los propietarios de las obras, de que todo este complejo era un área de naves de almacenaje, que se encuentra bajo la calle que se indica, y que, en parte, se ha fotografiado, casi de una forma un tanto pirata, para dar, al menos, una prueba de lo que estamos afirmando.

Precisamente en la línea que se indica en 23V,2, hace unos 20 años, una de las casas que dan a la calle Alta del Mar, al comienzo de la cuesta, algo pendiente, vimos cómo tuvieron que introducir una fuerte inyección de hormigón moderno, porque las casas situadas encima de unas supuestas naves, habían ejercido demasiada presión sobre las estructuras abovedadas que hay debajo, lo que estaba provocando grandes fisuras en sus paramentos y armazón interior. Pero, como se dijo antes, no se puede desligar ningún dato de los que se vienen exponiendo, ya que se cree que todos forman parte de una unidad estructural.

En la foto que se presenta, como punto donde tuvo lugar el resentimiento de los citados cimientos modernos, hay que señalar que se encuentra a un nivel casi metro y medio superior al que se va a exponer a continuación. Pero es conveniente indicar que el hundimiento de fachada que se produjo, tuvo lugar en el punto casi más elevado que señalamos en 24V, y que, muy probablemente, las naves que se van a exponer enseguida, se prolongan en su estructura alineada, por toda la calle, en sentido transversal.

En la foto 25V, se quiere señalar, de forma gráfica, la distancia a que se encuentran las dos partes, que se consideran muy relacionadas entre sí. Los paramentos, que hoy se ven como modernos, no lo son; y algunos dejan ver aún las huellas de su antigua estructura. En el punto 25V,1 se marca el comienzo de las estructuras abovedadas que se encuentran en su interior. En 25V,2, el lugar donde han aparecido numerosas formas de muros romanos, cerámica, cadáveres y dolivm, antes citados.

Para aportar algún dato algo más concreto que la simple cita, en la foto 26V se muestran indicios de lo que se viene considerando estructuras antiguas, probablemente romanas, reutilizadas, que conforman el aspecto de esta parte baja de la ciudad.

En 26V,1 se tienen unas alineaciones muy remozadas, que no responden a un esquema urbano, como se ha señalado ya en varias ocasiones.

En 26V,2, se ven muros que nos dan claros indicios sobre su antigüedad por la forma que nos ofrece el aparejo externo. En 25V,3 aparece un espacio donde se señalizó el rebaje de terreno y hallazgos de estructuras y cerámicas variadas.

En el punto 27V se observa el interior de una casa, donde el aparejo aparece reutilizado y formando parte de un sistema de estructuras romanas, que se continúan en ambos sentidos de la calle Baja del Mar. Sobre la forma del muro antiguo se ha levantado el moderno, como se puede observar a los lados de la chimenea de fondo. En uno de los laterales ha quedado al descubierto el muro antiguo donde se ve el opvs incertum (fot. 28V).

Justo en el punto 29V, se ve el acceso al sistema de naves romanas, localizadas hace unos 35 años, en que se nos permitió fotografiarlas, aunque los medios de que disponíamos no eran lo suficientemente buenos como para poder presentar detalles más precisos sobre este encadenamiento de naves y sus peculiaridades, así como de sus alteraciones con el tiempo y los usos que de ellas se han hecho.

En la foto 30V, se indica el espacio de vía que recorre toda la secuencia que se va a exponer. Estamos convencidos, aunque no disponemos de pruebas fidedignas, de que la indicada en esta imagen es artificial, como las demás del conjunto general; y las estructuras que se encuentran a su lado, han dado claras muestras de poseer espacios y características que coinciden con las que se van a ver a continuación.

Como argumento a fortiori, es preciso indicar que estamos en la parte donde se enconraban las lógicas infraestructuras portuarias y las dependencias anejas que conllevan lo que tal zona requiere. Estos argumentos se pueden examinar con más precisión en los capítulos introductorios del presente trabajo.

Una vez pasados los umbrales de la casa que se indica en 29V, nos encontramos con un patio cuya estructura no pudimos fotografiar, pero que se está formando parte de este amplio complejo de naves. En uno de los laterales del citado patio, orientado en sentido sur, podemos observar la primera imagen de una nave abovedada, de medio punto, con muro divisorio artificial y un agujero circular en el centro de la misma. La técnica constructiva es el opvs latericivm, usado ya en otros espacios, como los del sector K, en sus respectivas naves. Se observa además, una especie de revoque que, más que antiguo, parece moderno, y a lo sumo, medieval. Las dimensiones de esta estancia, aproximadamente son: 3,20 m de altura; 2,40 m de anchura, y 2 m de fondo o largura. El agujero central que se observa tiene un diámetro de 0,40 m aproximadamente. El grosor de la bóveda es de algo más de 0,90 m.

Aparte de lo que aquí acabamos de describir, es preciso indicar que la profundidad de tal nave es mayor de lo que se ha dado; sólo que en la fotografía no pudimos tomar, está todo lo que queríamos hacer; pero este sistema se prolonga hasta casi dar con la estructura de la calle Cerrajeros, a la que, en teoría, se cree formaba parte del complejo de naves de todo este espacio.

En cuanto a la interpretación de todo este primer subsector, dentro de este espacio romano, es conveniente indicar que el citado patio no es más que el punto de arranque de varias alineaciones de naves de todo este sistema, siendo la primera bóveda, en que se presenta, una de las dos direcciones que se indican en este conjunto de construcciones abovedadas. Es conveniente hacer un poco de memoria del pasado, y decir que se realizaron, tiempos atrás, modificaciones en el citado patio, siendo muy difícil romper las estructuras que aquí había. Era preciso, para los intereses de los propietarios, modificar parte del alzado, formado por otro sistema abovedado, igualmente construido de ladrillo y opvs caementicivm, o lo que es lo mismo, opvs latericivm, alternando con testacevm. Tal punto de arranque de elementos alterados, sigue una línea en sentido contrario al que nos muestra la imagen 31V.

Una vez pasada esta bóveda o nave, nos situamos dentro de otra, alineada con la anterior, y desde la que hicimos la foto cuya imagen presentamos en 33V. La nave, desde la que se filmó tal foto, es igualmente abovedada, pero no de ladrillo, sino de piedra, con un ligero revoque. Su altura es de 2,70 m aproximadamente; su fondo, de 3 m, y su anchura, de 2,60 m. El paso de una nave a otra, dentro de esta secuencia, se hace mediante una abertura artificial formada por una entrada de arco de herradura. Realmente se trata de la rotura de un paramento de cierre romano, sobre el que se ha construido tal arco de herradura, como paso a las otras dependencias. Es muy probable que este sector fuera considerado parte o núcleo de una mezquita musulmana que se nos describe en este subsector en los Libros de Asentamientos, aunque no se nos diga que fuera de nueva planta, sino sólo una mezquita, sin precisar más detalles. Curiosamente esta entrada y la situación general de la secuencia de naves reutilizadas que se van a mostrar a continuación, se encuentran situadas hacia Oriente. Esto no nos puede llevar a ninguna conclusión precipitada, pero no sería de extrañar que tales dependencias hubieran sido reutilizadas por el elemento árabe como oratorio.

El tipo de ladrillo utilizado en el aparejo del arco de herradura es muy diferente, en tamaño, a los usados en la bóveda de la nave romana antes vista (fot. 33V). En la foto de frente se puede observar mejor la forma del citado arco. A su vez, contemplamos el aspecto de una nave situada inmediatamente detrás del citado arco (fot. 34V). En la primera de ella se puede ver una abertura en la cubierta o bóveda. Su altura es similar a la anterior, pero el aparejo es de piedra con revoque, como bien se puede observar. En foto de detalle, se puede comprobar lo antes dicho sobre la cubierta, pero, además, hay que decir que el tragaluz, o antigua forma de acceso romana, tiene cubierta de vidrio. Por ello se piensa que, en fase árabe, estas dependencias se han utilizado con fines muy distintos para los que fueron construidos en un principio.

Una vez pasada esta nave, cuyas medidas aproximadas son 2,30 m de altura, 2,70 m de anchura, y 3,50 m de fondo, a continuación de ellas, mostrada en la foto 34V, nos encontramos con otra en la que se tiene que hacer las siguientes puntualizaciones: tiene igualmente una abertura en la bóveda, con lucernaria de vidrio; tal bóveda es algo rebajada, y las esquinas han sido algo redondeadas, como si se les hubiera añadido pechinas, con el fin de hacerlas bóvedas semiesféricas. El paso para la siguiente ha debido ser hecho en época musulmana, porque se observa igualmente la utilización del ladrillo con un ligero arquito sobre las jambas, del mismo material. Las medidas de esta nave son idénticas a la precedente, aunque las modificaciones que se han practicado sobre ella, alteran, de alguna manera, la realidad que nos hemos encontrado.

Una vez pasada tal nave, a través de la puerta artificial, se puede ver que el sistema cambia de dirección. En esta nueva nave se puede observar, y entonces lo comprobamos, que la bóveda ha sido cubierta con un techo de madera, con el antiguo aparejo, detrás. Las características son casi las mismas; sólo se cambia de sentido (fot. 35V).

Cuando sobrepasamos esa nave, que no se ha podido registrar en fotografía, nos encontramos con otra sucesiva, de la que sólo se ha tomado lo que se observa en la foto 36V, pero que, realmente, se trata de otra nave abovedada, no testimoniada, aunque la imagen que se presenta lo revela. En tal imagen, de nuevo volvemos encontrarnos con un acceso artificial, pero probablemente realizado por los musulmanes. El grosor del muro es de 0,80 m, pero no se observa detalle de ladrillo, sino piedra.

Pasada esta falsa puerta, nos situamos dentro de otra nave abovedada, semejante a la anterior en todo, tanto en materiales como en proporciones. Tiene igualmente el tragaluz, o lucernaria, con vidrio en el centro de la bóveda pero, tanto ésta como la precedente, no tienen la especie de pechinas que las convierten en hemisféricas.

Al fondo e izquierda de la imagen 36V, nos encontramos con una nueva secuencia de naves que cambian de nuevo su sentido. La forma que se presenta en 37V, muestra, al fondo, un muro romano de cierre que, a su vez, tiene un paso a izquierda para iniciar un nuevo recorrido de naves. Pero la puerta artificial que se muestra aquí sí tiene señales claras de haber sido abierta en época musulmana, al menos en su parte derecha, porque la izquierda guarda su aparejo romano íntegro.

Inmediatamente después del paso anterior, se puede comprobar la existencia de una nave, que no se recoge en la imagen, pero que precede a la puerta artificial que se puede contemplar.

Una vez pasada la puerta que se ve en 38V, se tiene una serie encadenada de pequeñas naves, cuyos accesos son recientes y practicados por los actuales propietarios. Las características arquitectónicas de todas estas naves terminales son las mismas que se vienen viendo a través de todo el subsector. Se utilizan los materiales comunes al conjunto de la mayoría de las edificaciones del complejo industrial, y los módulos son muy similares entre sí.

Cuando se llega hasta el supuesto final de toda esta secuencia, que no es tal, porque se ha podido comprobar la existencia de más elementos abovedados, nunca se ha podido demostrar su punto terminal, porque siempre se ha quedado frente a un muro que no se ha podido romper. Un dato a tener en cuenta es el hecho de que el suelo ha sido rellenado, no se sabe en qué época, pero ello ha sido la causa de que los que han intentado avanzar, no lo pudiesen hacer. Se supone, por las medidas referenciales tomadas desde dentro, que estas edificaciones pasan por debajo de la actual calle Alta del Mar, en su fuerte pendiente.

No cabe duda de que la casa que se resintió en esta misma pequeña pero pronunciada cuesta, se encuentra justo encima de un sistema abovedado, ya que es la única causa que puede explicar el que sus paramentos exteriores e interiores comenzaran a resentirse y a hundirse. Probablemente varias naves se encuentran hoy rellenas con una fuerte carga de hormigón moderno.

Conclusión del sector V

Dentro de un análisis general del amplio espectro que define este sector, se puede perfectamente considerar a las dos primeras zonas estudiadas como áreas destinadas claramente a la industria. Si se observan los elementos arquitectónicos hallados en ellas, la primera nos presenta una serie de hogares que pudieron tener estrecha relación con la preparación del garum; elemento que se vuelve a registrar igualmente en la segunda zona de excavación de la calle Real, donde, además, hay estructuras de piletas.  

Por otra parte, también la factoría del Majuelo tiene estructuras similares a las que se han observado aquí, tanto en la calle Real como en la Plaza de la Constitución (cfr. Almuñécar, Arqueología e Historia II, pág. 189, II, 2).

Vistas estas características, se quiere concluir que lo que se tiene ante nosotros, en las dos primeras etapas, son formas eminentemente industriales muy reutilizadas.

En cuanto a la zona final o secuencia de naves, se ha de decir que estamos ante un nuevo sistema de construcciones destinadas al almacenaje, supuestamente más ricas en formas que las del Majuelo, por ser la zona portuaria más amplia de todo el complejo y, lo más importante, la cercanía al sector portuario de la gran ensenada de Levante, mucho más amplia que la del Majuelo, que la convierte en el lugar más idóneo y apropiado para poseer dependencias destinadas al almacenaje de los productos dispuestos para la exportación.

Aunque sea de forma negativa, hay que considerar que todas las excavaciones llevadas a cabo en el interior de lo que es hoy ciudad moderna que, según nuestros cálculos, han sido ya seis, no se ha descubierto nada relacionado con estructura doméstica. De forma aislada, en algunos compartimentos, la Cueva ha registrado estuco romano pintado, relacionado directamente con este fenómeno. Tal estuco ha sido un producto del relleno artificial que se ha practicado sobre los vanos del citado criptopórtico. Ni siquiera la casa descubierta en el Castillo de San Miguel ha dado nada, hecho un tanto contradictorio, porque, al menos, se sabe que son dependencias destinadas a habitación.

Tampoco se tienen noticias de posibles mosaicos, salvo en una villa fuera de la actual ciudad.

Todo esto sumado, resulta un tanto chocante, porque, si ha existido una ciudad romana, como se ha venido predicando con tanto énfasis, nosotros nos seguimos preguntando lo más elemental. Y lo más elemental es el hábitat, aunque sea muy rudimentario.

No se ha descubierto indicio secundario que acuse la presencia de elemento arquitectónico perteneciente a hábitat. Se cree que se ha avanzado bastante en la investigación que se ha llevado a cabo a lo largo de muchos años, y aún no disponemos de dato fiable en este sentido y, por tanto, nos mantenemos en la postura definitoria adoptada tras la gran cantidad de material que lo corrobora. No disponemos, pues, a la hora de abordar una definición unitaria del conjunto, más que de elementos destinados a la industria y dependencias auxiliares. Sólo de tipo privado se tiene el testimonio de la casa en el interior del Castillo, y aún así, pobre y de casi nula información sobre lo que podría haber constituido un prototipo de hábitat doméstico romano en Seks.

Salvo que haya que admitir una nueva posibilidad: que las casas aquí sean diferentes al resto de las habituales en otras ciudades costeras romanas o romanizadas. Pero se piensa que la solución no va por ahí, sino en admitir, con espíritu crítico, que las estructuras o formas de que disponemos, reflejan más el esquema de un complejo industrial que un trazado urbano clásico, como el que se puede ver en Baelo Claudia o cualquier otro lugar costero de mediana categoría urbanística.

SECTOR X

El ámbito que comprende este sector tiene como marco general su situación eminentemente marítima, ya que se encuentra precisamente en las cercanías de lo que se viene llamando, desde antiguo, Puerta del Mar. Abarca parte del paseo del Altillo, la zona de la Plaza de la Rosa y parte de la Avenida de Andalucía.

Si se observa una panorámica de la playa de Levante, donde hoy se encuentra el Paseo del Altillo, desde la situación rocosa del Paseo de Prieto Moreno, tiempos atrás, se puede saber por qué se denomina Paseo del Altillo a este espacio de ciudad moderna. En efecto, para evitar las inundaciones periódicas provocadas por el mar en todos los tiempos, al parecer, en época moderna se procedió a crear una barrera artificial que frenara la entrada de agua en momentos de temporal.

En la fotografía que se presenta, de las más antiguas conservadas, se puede ver cómo se ha montado un dique de tierra para evitar que las aguas del mar penetraran en el interior de la parte más baja de la ciudad. Pero se piensa que, en épocas anteriores, los antiguos utilizarían algunos medios para evitar este mismo fenómeno natural (fots. 1X; 2X). Probablemente se levantaran murallas escalonadas, u otros sistemas defensivos, aparte de poder haber utilizado el mismo plan. Pero no se olvide que era un peligro continuo mantener una protección solamente con este tipo de defensa, ya que se hacía más fácil la posibilidad de recibir ataques marinos con estos medios disuasorios. Ha existido un sistema de murallas de altura realmente considerable en este perfil de costa, que frenaría el paso del agua a la ciudad y, además, se utilizaría como medio disuasorio ante cualquier ataque de carácter bélico. Así, en la foto 4X se muestra un paramento que no nos atrevemos a calificar como puramente medieval, sino que, en parte, da señales de que originariamente podría ser romano.

La primera parte del mismo, al que se le ha quitado la barbacana, muestra un aparejo interno más robusto y resistente de lo que un muro medieval puede presentar. Su recorrido se extiende a lo largo de toda la manzana de casas, a uno y otro lado del lugar donde se ha detectado este lienzo de muralla.

En cuanto a la parte que da a la playa, además de tener sus correspondientes almenas, se observa que forma un sistema escalonado de alzado, en el levantamiento de toda la línea que marca su trazado, lo que se interpreta tanto como una defensa contra el mar, como contra cualquier eventualidad bélica (fot. 5X).

A partir del punto 3X, arrancaba el sistema de puerta de entrada a la ciudad por este sector de la misma. Justo en el punto central de la imagen que se presenta, había uno de los compartimentos, que se conservaban hasta hace poco, sobre el sistema de acceso a la ciudad. Aquí se encontraba la llamada Puerta del Mar, cuyos elementos y componentes arquitectónicos han sido eliminados y quedado bajo los cimientos de las casas colindantes. Según la tradición, tal puerta estaba formada por un arco central y dos laterales de descarga, y un paso en zig zag, hacia la playa.

El nivel que se puede establecer para la actual playa difiere poco del que se detecta hoy en la Plaza de la Rosa, lugar donde se han descubierto numerosas estructuras romanas bajo el suelo, en solar del antiguo cine Pasapoga (fots. 6X; 7X).

Sobre la planimetría general y parcial, se han marcado las áreas donde aparecieron alineaciones de muros, probablemente pertenecientes a instalaciones industriales portuarias y de otro tipo. En el punto 8X, donde se puede ver uno de los huecos abiertos para los anclajes de las zapatas del edificio que se levantó allí y en sus extremos, se observan dos sistemas de muros alineados en paralelo, con una profundidad aproximada de 2,50 m. Cuando esta operación se practicaba, ya se habían extraído dos vasijas, tipo dolivm, sin asas, de las mismas características de las que podemos contemplar en 9X, situada sobre otro de los huecos abiertos para zapatas y encajada junto a muros romanos que se cortaban en ángulo recto. Sobre el punto 10X, al fondo de la imagen, se encuentra el edificio que se ha levantado sobre el solar. Además de los dolia y muros romanos, se pudo ver parte de un horno de cerámica, casi sobre el centro del solar. Pero, volviendo al punto de línea que nos interesa en la parte que se señala en la toma fotográfica, se indican con flechas los lugares exactos donde se ha descubierto un espigón de puerto (fot. 10X,1), y restos de otros sobre el solar que ocupa el edificio que marca indicación dada. Tras el estudio realizado sobre el antiguo dibujo de la costa de Almuñécar, no se olvide que la línea que se ha trazado pasa por estas inmediaciones y, por tanto, es obvio pensar que estamos en un área donde deben existir formas portuarias y murosdiques de contención. La prueba de esta afirmación se puede demostrar mediante la aportación de un descubrimiento realizado años atrás, con motivo del rebaje practicado para un nuevo edificio (fots. 11X; 12X). El material de este espigón es el opvs caementicivm realizado directamente sobre el agua, según las técnicas de construcciones portuarias usadas por los ingenieros romanos. La dureza es tal que ni las máquinas de aire comprimido pudieron perforarla, montándose el alzado posterior, en parte, encima de esta plataforma antigua.

En un espacio situado a continuación de las fotos 4X y 5X, aparecen los restos de muros romanos, de piedra toba, bajo los cimientos del antiguo cine Coliseo (fots. 13X y 14X), que formarían parte del sistema de murallas que circundaban la factoría. Es posible que este sistema fuera retocado por las culturas posteriores, musulmana y cristiana. Se cree que estos muros se prolongarían en sentido hacia la Cuesta del Carmen, donde vuelven a aparecer de nuevo; pero nada impide pensar que se continuaran hasta cerrar en las rocas del comienzo de la avenida de Prieto Moreno.

Conclusión del sector X

Los elementos que se nos han presentado en este pequeño sector, casi todos se relacionan con el estacionamiento portuario. El sistema de muralla probablemente tuviera origen romano, reutilizado por las generaciones étnicas posteriores. Es comprensible que si los medievales previeron la penetración arrolladora del agua del mar, y construyeron lo que acabamos de ver en fotos anteriores, por la misma razón los romanos no habrían quedado en mejores situaciones ante tales eventos naturales. Por ello inducimos que debió existir un sistema de defensa contra las avalanchas del mar, y que éste debió seguir siendo utilizado por los medievales y modernos.

A finales del siglos pasado, para comunicar la playa moderna con el interior de la ciudad, fueron rotas las murallas para crear acceso y como consecuencia de ello, hubo necesidad de hacer un terraplén de cierta altura y anchura, con el fin de, por lo menos, aminorar el efecto de los fuertes temporales, que, según se ha podido comprobar directamente, ni siquiera el sistema de terraplén era suficiente para sujetar el fuerte oleaje en determinadas ocasiones.

En resumen, se tiene que decir que los datos proporcionados por este sector tienen un carácter marcadamente industrial y portuario, y que sus componentes se encuentran relacionados más que con formas de producción directa, con las propias de un estacionamiento portuario, es decir, servicios y dependencias auxiliares propias de tal montaje comercial.

SECTOR  Y

Se ha abordado el estudio de este gran sector abarcando un espacio mayor de lo que se considera usual en este trabajo. La razón se debe fundamentalmente a la escasez de datos arqueológicos que nos presenta.

Los elementos de estructura arquitectónica se pueden agrupar en los siguientes tipos: murallón de circunvalación de la ciudad medieval; restos de depósitos de agua y torre de descarga, ubicados en las cercanías del área que ocupa la actual Iglesia Parroquial y unos edificios cercanos a ella; restos de muros romanos situados en las faldas de la pequeña colina que ocupa la Iglesia; restos de sistemas, unos pertenecientes a los limítrofes de la factoría del Majuelo, otros, a estructuras romanas sin identificar, en la zona norte de la ciudad; y, por último, una canalízación subterránea que presumimos es la arteria principal del sistema de sifón que conducía el agua, por medio de tuberías, desde el pie de la torre de descarga del depósito hasta el punto más elevado de la ciudad: Eras del Castillo.

Iniciamos el recorrido descriptivo comenzando por el murallón de circunvalación, en el que nos cabe la posibilidad de admitir que parte de su alzado, puede pertenecer, como elementos reutilizados, a las estructuras de la factoría de salazones que se encuentran enterradas, a cierta profundidad, a lo largo de todo este subsector y contando con los elementos aflorados junto al Paseo del Altillo. De esta situación se tiene el testimonio de los resistentes muros aparecidos con motivo del rebaje de terreno, efectuado para sentar las zapatas de toda la construcción moderna que aquí se ha realizado recientemente.

En la foto 1Y, se puede observar todo un lienzo de murallón, cuyo aparejo se ve muy alterado en su aspecto externo. En algunos tramos de su alzado se deja ver la huella del sistema romano de opvs incertvm. Su altura se corresponde con lo habitual dentro de los planes defensivos medievales, llegando a alcanzar los 8 m en algunos tramos (fot. 2Y). En el interior de la finca que cierra este murallón existe una nave que, partiendo desde ahí, llega hasta el recinto ocupado por la antigua cárcel. Recientemente se ha comprobado la existencia de dicha nave al realizarse el rebaje de suelo tanto en la construcción del nuevo Ayuntamiento, como en el derribo de una casa cercana y en línea. En las zanjas se vio perfectamente la rotura de dicha conducción, que se dirigía a la finca antes citada. Se piensa que se trata de un sistema de llevada de agua entubada a través de las canalizaciones, que se están haciendo patente como una red arterial por toda la ciudad.

La cercanía con el otro sistema de canalización abovedada hace pensar en su relación con otros más (cfr. fots. 66R a 70R).

e piensa que se produciría un encuentro de canales en el centro de la vaguada, que entonces configuraba la actual Plaza del Ayuntamiento, y más concretamente, en el interior del viejo edificio del antiguo Ayuntamiento, sito en el mismo lugar. Desde aquí, por la citada vía subterránea, se llegaba a la susodicha finca, cercada por el murallón. Se piensa que, a su vez, otra línea debía partir en dirección a la Iglesia, como a simple vista es obligado admitir, centro de distribución y canalización principal de todo el complejo de Seks.

Una vez hecha esta pequeña aclaración sobre el citado elemento de conducción de agua, añadimos que en este espacio y a lo largo de él, ha debido existir toda una secuencia de edificaciones pertenecientes tanto a las infraestructuras industriales de la factoría, como a las portuarias.

Los edificios públicos han dejado su testimonio en la existencia de restos encontrados en algunos de los rebajes practicados. Así, se tiene, como prueba testimonial, un capitel corintio, de 0,60 m de altura, que pudo formar parte de un posible templo o foro en este subsector del complejo industrial.

Observando con más detalle el terreno situado detrás de estos murallones, nos encontramos con una serie de estructuras romanas que, hasta ahora, habían permanecido sin descubrir ni identificar. Esta zona marca el comienzo de sistemas de muros romanos enterrados y que forman parte actualmente de la cimentación de las nuevas viviendas. Detrás del muro de contención mostrado en la fotografía 3Y, aparece un sistema de canalización de agua, probablemente destinado a abastecer los recintos romanos de todo este lienzo, que abarca la totalidad de la avenida de Andalucía hasta las cercanías de la playa.

Ya en la fotografía 4Y, sobre un muro romano de contención que sujeta la calle Derrumbadero, puede observarse un agujero no artificial, sino antiguo y deformado, por donde se deja ver el canal de conducción de aguas que hasta la Huerta de los Müller llegaba.

La fotografía 5Y deja ver el interior del canal, con paredes recubiertas de estuco muy deteriorado, y una cubierta formada por lajas de piedra del propio terreno pizarroso. Al fondo de este tramo de canal se ve el paso del conducto que, al parecer, discurre por toda la zona o bajo la calle que pasa por encima. Este es sólo un ramal del canal que se adentra en la citada huerta.

La fotografía 6Y muestra con más detalle la situación en que se encuentra esta conducción de agua.

Con el movimiento de tierra que se ha llevado a cabo para la modernización de este recinto, han hecho su aparición numerosos fragmentos de tuberías de cerámica (fot. 7Y), bastante resistentes, y que servirían para la distribución del agua por toda esta zona.

Como no se ha practicado ninguna excavación en este sector de la ciudad, no se puede decir que se trate de otra parte de la factoría. Pero sí se tiene testimonios de los obreros que trabajaron en estos parajes cuando se construyeron las nuevas viviendas: aparecieron numerosos sistemas de muros de una dureza tal que no pudieron romperlos con los medios de que disponían, optaron por montar los cimientos sobre los muros romanos que le resultaban más seguros para los alzados.

Dentro de la línea de defensa que se viene describiendo, se puede indicar una marca de continuidad del sistema en la foto 8Y, donde se aprecia la existencia de fuerte muro a media escalera, que conecta con el anteriormente descrito.

En 9Y hay que decir que toda esta alineación de casas modernas se apoya sobre la secuencia indicada en 8Y, a cuyas espaldas se encuentra toda esta serie.

Subiendo por un estrecho paso, situado a mitad de la calle que vemos en 9Y, nos encontramos con estructuras de ladrillo, cuya identidad nos resulta difícil de explicar y relacionar con las romanas, pensando, por ello, que son modernas, ya que, al parecer, pertenecen a una antigua industria local relativamente moderna (fots. 10Y; 11Y; 12Y). Precisamente hacia la mitad del paramento moderno, que se ve en 11Y, en la parte de sus cimientos, fue donde se pudo apreciar la existencia del canal de conducción de agua, antes citado.

No hay duda de que los espacios que se ven han estado ocupados por formas romanas, pero que han sido tan alteradas que apenas se puede identificar nada, o tan sólo se conserva lo que queda bajo los muros modernos.

Siguiendo la callejuela anterior, pasamos a la calle María de Molina, en donde sí aparecen al exterior restos de paramentos romanos sobre los muros de las casas modernas. Es lo que se puede apreciar en 13Y,1,2; 14Y,1,2,3. Se ha observado con detalle y se pueden identificar como restos de muros usados para el alzado moderno de estas viviendas.

A partir del punto 15Y, llamado Cuesta del Derrumbadero, nos encontramos con toda una secuencia, que aquí señalamos con una flecha, como elemento romano que conforma el paramento de un subsector que la tradición popular consideró siempre como un albercón.

El alto muro, que se ve en 16Y, conserva el grosor de la estructura interna del aparejo romano.

Por deterioro del revestimiento moderno, que se ha desprendido en parte, ha quedado al descubierto el aparejo externo de un muro de estructura y técnica romanas, como bien se puede observar en 17Y y 18Y, donde se distingue perfectamente la capa moderna caída y las piedras que conforman el aparejo de opvs incertvm en su interior.

Siguiendo un proceso de analogía morfológica, concluimos que todo este lienzo de muro tiene unidad, y se integra dentro de una estructura romana que desconocemos, pero que la tradición popular lo identifica como paramento perteneciente al albercón citado. Téngase en cuenta que el supuesto depósito de agua, que ubicamos sobre el solar de la Iglesia parroquial, se encuentra a escasos metros, en paralelo, de tal albercón.

Al final de este largo lienzo de muro romano, nos encontramos con otras estructuras que muestran señales de ser reutilizaciones (fot. 19Y,1,2), con el uso de podivm para poder acceder a los espacios que superan el nivel de la calle, y restos de muro sobre aparente pared moderna.

El uso de escalones grandes o podia es una práctica habitual en todo el casquete superior de la ciudad actual.

Justo enfrente de la estructura que acabamos de ver, se observa, en 20Y,1, un paso artificial, por donde se piensa que había un cierre, debido al paso del murallón de la zona norte y que pronto tendremos ocasión de ver y analizar. En el punto 20Y,2, dentro de la casa moderna y dando hacia el murallón, que se ha visto al principio de este capítulo (fots. 1Y; 2Y), hay un torreón medieval que forma parte de los elementos defensivos de la ciudad medieval. Sus características son similares al estudiado en el sector T.

En línea con la trayectoria del acueducto en su entrada a la ciudad, situados frente a lo que fue Puerta de Granada (fot. 21Y), con un fuerte desnivel, ya que entre el punto más bajo, cota 11,70, y el más alto, cota 25,55, no hay más de 40 m lineales. Tales estructuras que aquí se ve, no han podido ser analizadas en sus interiores. Tan sólo nos remitimos a indicar lo que significa para este estudio el trazado de esta calle: fuerte desnivel que debe superar el acueducto para llevar el agua a su destino: el depósito terminal, situado donde ya se ha indicado: solar de la Iglesia Parroquial y zonas anejas.

Si situados en la parte noroeste de este sector, se puede ver la línea que seguía el murallón en este tramo.

En las construcciones modernas, con motivo de los rebajes de cimentación, han aparecido formas romanas, al desmontar estructuras modernas apoyadas sobre él, o semienterrado y derruido (fots. 22Y; 23Y).

Las imágenes que se presenta corresponden a los descubrimientos hechos sobre la calle Angustias Vieja.

Con motivo del rebaje de terreno practicado para la construcción de la Casa de la Cultura, en la parte superior de esta colina norte, sobre la cota 25,50 aproximadamente, ha aparecido parte de la secuencia de este murallón, cuyo grosor alcanza los 1,40 m. Junto a él, pero sin relación directa, se ha descubierto también una especie de podivm o pilar grueso de opvs caementicivm, que nada tiene que ver con la muralla en cuestión, pero sí con la conducción del tramo final del acueducto, a su entrada en el complejo, formando parte del sistema de canalización por el que discurriría toda una red entubada, según los cánones del sifón (fots. 24Y; 25Y; 26Y).

En línea con el punto 22Y, y siguiendo hacia el Oeste, nos encontramos con casas modernas cuyo aparejo, tanto interior como exterior, nos presenta restos de la muralla de circunvalación de la ciudad medieval y moderna.

Así, desde la propia Avenida de Cala (fot. 27Y), pueden verse unos paramentos externos de casas, cuyos interiores muestran vestigios evidentes de su antigua función (fot. 28Y). El grosor es de 1,20 m.

Continuando la línea anterior, se ven otros alzados que le suceden, pero que apenas conservan vestigios de su estructura. Prácticamente han desaparecido (fot. 29Y).

Si nos adentramos por el punto medio de las fachadas que se indican en 29Y, a escasos metros, en un solar rebajado, nos encontramos de nuevo con vestigios de muros modernos apoyados en clara base romana (fot. 30Y), cuya profundidad no alcanza más del metro y medio (fots. 31Y; 32Y).

La técnica romana puede verse, aunque algo deteriorada, por ser cimientos de estructuras, y no paramentos superiores. En el punto 32Y observamos, además del opvs incertvm, el opvs caementicivm, que parece constituir la fuerte base de un elemento antiguo de tipo aún no identificado.

Seguimos la línea de muralla de circunvalación y hallamos un tramo que, hasta hace pocos años, conservaba el mejor testigo de toda esta secuencia (fot. 33Y). Se podía ver el aparejo. Era parte del muro externo de una típica taberna llamada El «Jarapo», continuando por la carpintería de Justo, elemento colindante y coetáneo.

Se produce al final del último tramo, que acabamos de describir, un fuerte giro a derecha, según se avanza en ese sentido, y se ve toda una secuencia de casas, cuyas bases y cimientos están montados sobre la muralla previamente arrasada hasta casi el suelo (fot. 34Y). El uso de los podia se justifica precisamente por encontrarse, a causa de la muralla, por debajo del nivel de la calle Vélez, situada justo detrás. Toda esta secuencia de muralla termina en la denominada Puerta de Vélez, que se encontraba al final del último tramo que acabamos de analizar.

Cambiando de escenario arqueológico, iniciamos la descripción del área del depósito terminal del acueducto, en el interior de la ciudad y sobre la colina en que se encontraba emplazado, para analizar los restos que nos han quedado del mismo. La vertiente norte de la Iglesia (fot. 37Y) nos muestra una panorámica con vestigios atribuibles tanto a la torre de descarga como a los componentes de base que conforman el depósito de agua situado en la base de la misma Iglesia. Es muy difícil precisar el grosor de los muros, pero teniendo en cuenta que coinciden con lo que es el alzado de la Iglesia, que sitúa sus muros sobre la estructura base del depósito romano, se cree que puede llegar a alcanzar algo más de los 1,45 m, aunque en la parte que da a la calle no podemos precisarlo debido a que se encuentra muy alterado. Pero fijándonos bien en esta vertiente y en el muro de base en concreto, se ha llegado a pensar que lo que se ve no son restos de muros exactamente sino parte de una plataforma de equilibrio del terreno, dada la fuerte pendiente que se puede ver en la misma calle, a la que lógicamente se considera artificial.

En el análisis de los tramos que se conservan en esta vertiente norte, se puede observar que, en líneas generales, el alzado de la Iglesia casi coincide con los muros romanos de base, pero como se ha dicho, el aparejo externo aparece sin línea de continuidad, con lo que se piensa que, o bien como se ha dicho, ha sido rota una plataforma de equilibrio del terreno, o bien los muros han sido ajustados a las necesidades de los paramentos del alzado general de la Iglesia. En esta parte norte estaba situada la torre de descarga. Tal vez por ello, aquí fuera más razonable admitir que existiera la citada plataforma de equilibrio, ya que debía soportar el mayor peso de la masa de agua que debía contener y retener para hacer funcionar el sistema de sifón establecido entre este punto y el situado en la parte más alta del complejo romano, sobre Eras del Castillo.

Obsérvese cómo en 38Y,1, la línea de calle rota, está más adentro que los puntos de apoyo de los pilares contrafuertes del alzado de la Iglesia (fot. 38Y,2). Se piensa, como conclusión de tal pequeño subsector, que el aparejo que se ve y sobre el que se apoya la estructura de la Iglesia, ha tenido unas proporciones superiores a las que se ven y que probablemente están formando parte de los cimientos del ábside de la citada edificación.

Por todos los indicios, según examinamos la línea de fachada, ello parece indicarnos que el canal con las entubaciones, procedente del acueducto, tenía que discurrir por niveles superiores a los que se ven.

Los detalles de mayor envergadura de los cimientos que se suponen aquí, se tienen bien patentes en las fotos 39Y y 40Y, donde se observa la rotura de las estructuras murales o base de las edificaciones hídricas que aquí han existido. De forma más detallada aún, se pueden ver fotos de precisión, en que se observa la rotura, comprobada por la irregularidad del aparejo, analizable a simple vista (fots. 40Y; 42Y).

En la vertiente de Poniente del mismo edificio, se encuentra hoy la secuencia de estructuras de formas romanas en toda la base de cimentación, con una clara reutilización de los muros bases romanos o plataforma de equilibrio, como se ha indicado antes en la vertiente norte (fots. 43Y; 44Y; 45Y).

Con toda certeza esta línea de restos de muros en la base de la Iglesia se prolonga hasta el espacio ocupado por el atrio de la misma, en donde se observa su continuidad (fots. 46Y; 47Y; 48Y).

La bajada, del atrio hacia la calle, que sale del mismo, a izquierda, muestra claras señales de que se han abierto a golpe de pico, como se comprueba en la foto 49Y. Los muros del citado atrio se montan sobre las viejas estructuras romanas. Pero también insistimos aquí en la posibilidad de que todo cuanto aflora en superficie sea igualmente resto de una plataforma de equilibrio del terreno, ya que no se ha podido demostrar la existencia de ningún resto de paramento con aparejo externo homogéneo. Tan sólo se pudo, con motivo de la reposición de la actual solería de la Iglesia, ver en el interior de la misma cómo se montaban los paramento modernos sobre los muros romanos existentes debajo, pero la rapidez con que se llevó la ejecución de las obras, no nos permitió poder tomar fotografías de tales detalles, aparte de la negación de una excavación sobre el solar interno.

La vertiente este del mismo edificio tenía al descubierto algunos muros sobre el suelo, que han quedado sepultados bajo la nueva capa de enlosado que se le ha puesto modernamente. Las características modulares de la Iglesia, después de las observaciones hechas, nos llevan a concluir que tanto su anchura como largura, se aproximan, a nuestro entender, a las medidas reales, que tuvieron depósito de agua y torre de descarga conjuntamente.

Si recordamos la descripción que de estas construcciones nos hicieron los cronistas de época, se puede deducir que los materiales de este edificio han reutilizado tanto la piedra de sillería o toba, como lo que de alzado levantaran, cuando se ideó la construcción de la nueva iglesia.

Alejándonos un poco en dirección suroeste, nos encontramos con un espacio doméstico, con bastantes restos de elementos arquitectónicos romanos en su interior. Por ello se piensa que ha formado parte de estructura romana, pero ignoramos de qué tipo, dado el escaso aparejo exterior analizable.

La tradición cuenta que este complejo, de cierta consideración, fue, tiempos atrás, una especie de palacete con jardín musulmán (fot. 50Y). Lo cierto es que conserva la flora de casi todos los elementos que suelen componer la ornamentación, en cuanto a plantas aromáticas se refiere.

Por nuestra parte, se cree que se trata de formas romanas cuyo espacio ha sido usado para morada de las antiguas autoridades que por aquí han pasado. Bien es sabido que el Castillo de San Miguel era una fortaleza militar, no una residencia, por lo que nos inclinamos por esta última estimación.

Lindando con los muros del antes citado jardín, nos encontramos con unas estructuras donde la tradición nos cuenta que, siglos atrás, se había instalado una comunidad religiosa. En lo relativo al aparejo externo de esta edificación, todo parece indicar que ha sufrido una fuerte modificación exterior, quedando la parte interna con estructuras que, según cuentan, disponían de sótanos similares a las naves que se ha localizado en lugares cercanos a éste.

Su distribución interna gira en torno a un patio central porticado, del que hoy se puede ver algún elemento. Es posible que dispusiera de naves, pero, hasta el momento, no se ha detectado nada en esa línea arquitectónica (fots. 51Y; 52Y).

Como elementos adicionales a este sector, se cree necesario incluir aquí algunos restos de estructuras romanas recientemente descubiertas, a propósito de rebajes de terreno. El primero de ellos se halla situado casi en el término del área de la factoría, o ámbito que comprende, en su totalidad, la factoría del Majuelo (fot. 53Y). A izquierda de esta imagen se tiene el espacio que entra dentro de las proporciones de la factoría, cuya parte terminal no ha sido tocada aún. A derecha, se han detectado estructuras límites de la citada factoría. De esto último se tiene el testimonio de un muro de cierre que nos indica claramente que estamos ante el límite norte de la factoría de Poniente (fots. 54Y; 55Y). Se trata de una forma con entrantes a ambos lados, indicando su continuidad en sentido sur. Su aparejo es de piedra, según la técnica del opvs incertvm. Sus medidas son: largura, 4,50 m; fondo, 1,10 m aproximadamente; grosor, 0,60 m. Se ha profundizado junto a él para observar su cimentación, hasta 1,40 m (fots. 56Y; 57Y).

En la zona noroeste de la ciudad, a 20 m de la línea de muralla medieval, se ha podido detectar, en un rebaje, la existencia de una secuencia de muro romano (fot. 58Y). Se trata de una estructura de características similares a las antes vistas, pero bastante más deterioradas, debido a las construcciones que ha debido soportar encima (fot. 59Y).

Todo parece indicar que pertenece a una antigua construcción romana desvinculada, por lo que parece, del conjunto urbano que se viene considerando unitario, pero que, a su vez, se integra en otra que se ha detectado en ese sector de la ciudad y que actualmente se encuentra en su totalidad bajo las nuevas construcciones, prolongándose en sentido oeste. Las medidas que se han podido tomar son: largura, 3,50 m; altura, 1,30 m.

Se piensa que su continuidad en sentido norte es clara, por otros indicios que se han podido captar, aunque no con la fotografía (fots. 60Y; 61Y).

La zona recientemente descubierta en los aledaños del acueducto a la entrada de la ciudad, ha dado como resultado el descubrimiento de la mayor parte de este tramo de arcos del mismo, a la vez que un complejo de estructuras que conforman unas termas romanas. Se podría haber recuperado la totalidad de este tramo, pero la apresurada excavación del acueducto permitió que cuatro de sus arcos se derrumbaran y se perdieran, porque sus restos rotos fueron tirados como escombros en vez de haber intentado su reimplantación y restauración, tal como se hizo en los Arcos de Torrecuevas, tiempos atrás. La fotografía 62Y nos muestra el tramo más extenso a la entrada de la ciudad. En uno de sus extremos se ve el arco partido. En la fotografía 63Y se ven los puntos de arranque de los arcos perdidos entre los dos tramos del puente del acueducto. A su derecha se dejan ver los restos de las termas que, a continuación se detallarán.

La fotografía 64Y muestra la parte central de hypocavstvm de las termas, así como los muros de las estructuras que conforman este complejo. Recientemente esta parte ha sido mejor excavada y han dejado al descubierto de formas más patente los arcos del hypocavstvm.

En la fotografía 65Y se ven, en la parte central de la imagen, la bóveda del apodyterivm o vestuario. A izquierda, los puntos de arranque de los arcos rotos del hypocavstvm; y a la derecha, los muros que circundan las formas de las pilas de baños.

La imagen 66Y muestra el interior del apodyterivm, con bóveda de medio cañón, y mechinales sobre el muro de fondo, y poyetes a ambos lados. También se observa, al fondo, una pequeña puerta arqueada, que podría dar paso a otra dependencia, hoy no descubierta.

En la imagen 67Y se ve una puerta de entrada que no parece natural, sino más bien abierta con posterioridad a la ejecución de esta obra.

La imagen 68Y muestra una estructura de probable pila situada a un nivel superior al del apodyterivm. Puede verse la técnica del opvs signinvm como elemento impermeabilizante, y los muros bastante enrasados, así como un agujero que puede ser una entrada-salida de las aguas termales.

En la fotografía 69Y se ve una pila, revestida de estuco impermeabilizante, una canal de desagüe en el centro, trazado diagonalmente, y escalones laterales, así como la puerta de acceso.

La imagen 70Y muestra una de las pilas, revestida de estuco y de forma semicircular. Los muros laterales, con sólo sus puntos de arranque, podían haber servido para formar los puntos de apoyo de la techumbre.

La fotografía 71Y destaca por indicarnos la forma de la pila, sus escalones para bajar al agua y el revestimiento con citado estuco. En la fotografía 72Y se muestra el detalle de los escalones de acceso al fondo de la pila.

La imagen 73Y muestra otra pila, con el mismo revestimiento de estuco y dos escalones que ocupan todo un lado de la pila.

La fotografía 74Y señala espacios que, probablemente, pertenecieran a otras dependencias de los baños, como biblioteca u otras.

La imagen 75Y muestra el canal de abastecimiento de agua que, con toda probabilidad, procediera del mismo acueducto, ya que se encuentra justo a su lado.

La fotografía 76Y indica un lugar de las termas donde pudo estar la dependencia de la biblioteca. Muestra en una de sus laterales un escalón que podía servir de asiento.

Las fotos 77Y y 78Y muestran espacios sin definir por el mal estado de conservación y los pocos datos que nos ofrecen para su identificación. No cabe duda que eran dependencias anejas y complementarias de las termas.

Conclusión del sector Y

En el análisis de este amplio y a la vez disperso sector, hay que decir que los componentes estructurales, con que nos hemos encontrado, hacen pensar en un planteamiento algo complejo.

Se han visto los siguientes elementos: restos de estructuras de salazones, tanto en la zona de Levante como en la terminal de Poniente o Majuelo; amplias edificaciones destinadas a depósitos de agua o conducciones de la misma (subsector de la Iglesia y edificio a ella adjunto); sistema de muralla periférica de la ciudad, con varios tramos de la misma conservados, bastantes reutilizados; sistemas de distribución de agua en diferentes puntos del sector; restos de edificaciones romanas sin definición concreta; y, por último, espacios modernos que han sido y son consecuencia de reutilizaciones de formas romanas muy retocadas, tanto en época musulmana como moderna.

Desde el punto de vista funcional y estructural, la conclusión más clara que se puede extraer de todos estos datos es que la colina, sobre la que hoy se asienta la actual Iglesia, constituye el centro de atracción del estudio de este sector ya que su casi totalidad está ocupada por formas relacionadas, en su casi totalidad, con depósitos de abastecimiento de agua a no sólo la industria de salazón del complejo, sino a todo el amplio sistema que ello genera, es decir, se atiende a la salazón en todos sus aspectos, las industrias de cerámica, que han dado muestras de haber existido, servicios públicos más imprescindibles, como los comerciales y de hospedaje, que debieron existir, como estructuras de utilidad obligada, en un centro comercial de tal entidad, dado el gran perímetro portuario que aquí se ha registrado, comprendiendo zonas tan amplias como la del Majuelo y ensenada de Levante.

 Desde este elevado punto, cota 25,55 en base, sobre el nivel del mar, y algo más de 50, desde el punto más elevado de la torre de descarga, por medio del sistema de sifón, debió existir una tupida red de distribución de agua, de forma que las áreas más altas de la zona industrial fueran atendidas con tal red, y desde allí, a todas las zonas situadas bajo su nivel de influencia, excepto las factorías de abajo, que tienen su propia red de abastecimiento mediante canalización procedente del depósito. Por esta razón, el complejo de alimentación o conjunto de depósitos y torre de descarga desempeñaban funciones similares pero con diferente procedimiento: la torre de descarga llenaba los depósitos situados bajo su nivel, de forma casi directa y, a la vez, gracias a la presión que en ella se generaba, con sifones llenos de tuberías, elevaba el agua hasta los lugares más altos del complejo, haciéndola llegar hasta el depósito situado sobre el Peñón del Santo, pasando por canales intermedios, que se han podido comprobar a lo largo de toda la descripción sectorial practicada.

Como elementos también a tener en cuenta, destacamos la zona de Levante, que contiene bajo sus tierras y edificios toda una red de elementos industriales propios de un complicado sistema, como el de una factoría.

Antes de llegar al depósito terminal, situado donde hoy se encuentra el templo parroquial de la Encarnación, han aparecido importantes restos de unas termas, casi en el punto medio de este tramo de acueducto romano; pero que, con casi toda certeza, se encuentran más relacionados con un emplazamiento situado en el barrio de San Sebastián, donde se tienen datos suficientes como para demostrar que allí se encontraba una importante villa romana, por la cantidad de materiales de calidad que han ido apareciendo en el transcurso de los años modernos.

SECTOR  Z

Este pequeño sector podría considerarse como un subsector adicional al J, ya que contiene elementos comunes con él y con el K. Las estructuras son muy similares y las reutilizaciones siguen la misma pauta que en los espacios anejos.

De esta forma, en la panorámica tomada en la placeta de la foto 1Z, se puede ver cómo el paramento de la izquierda o alzado general de las casas situadas en la misma dirección, se encuentran superpuestas a toda una base formada por un muro romano bien comprobado. Dicho muro debió alinearse hasta cerrar, al fondo de la imagen, con las estructuras romanas que lindan con el Majuelo, área situada detrás del paramento y espacios inferiores de fondo.

Al llegar al muro de la estructura que se ve cerrando esta placeta (fot. 1Z), justo a izquierda, nos encontramos con un pasillo al que consideramos artificial, como a simple vista se puede deducir, y que se compone de muros romanos a ambos lados, con formas romanas en sus bases, según se puede comprobar en la imagen que se presenta (fot. 2Z). Su anchura es de 1,10 m, y comunica la placeta con las formas internas, antiguos espacios ocupados por naves abovedadas, sobre todo a derecha, según se sube.

Los paramentos parecen formar parte de una antigua estructura destinada a almacenes, aunque la presencia de canales subterráneos, cuyo fin sería o bien abastecer de agua a estas zonas, o bien servir de sistemas de evacuación de aguas residuales, que desembocarían en alguna de las cloacas del Majuelo, nos hacen pensar en una doble misión, cosa que se ha presentado también en la zona de la Cueva.

La situación de los muros y los indicios que se nos muestran parecen demostrarnos que estas estructuras formaban compartimentos independientes, como bien se puede observar en 3Z,1,5, donde el muro romano, con una altura que supera los 4 m, parece constituir una división del área de este sector. Frente a él (fot. 3Z,2) se tiene un compartimento con todos los indicios de nave enrasada, y con las medidas modulares que en el sector J se han descrito y estudiado.

A su vez, bajo el nivel del suelo, se ha detectado la presencia de otros compartimentos, con una probable finalidad similar (fot. 3Z,6), y cuyos muros están construidos con el sistema del opvs incertvm, como el resto de las piezas que aquí se están viendo. Los paramentos, tanto a un lado como a otro del pasillo, mantienen la misma técnica constructiva y las mismas proporciones.

Al final de tal paso artificial, se observa cómo en algunos puntos se dejan ver restos de muros romanos que han tenido probablemente otra función, que ignoramos (fot. 4Z,2). En su parte derecha se observa un paramento levantado con piedra toba y un espacio que ha debido ser una nave (fot. 4Z,4,6) por las medidas que presenta. La anchura del pasillo disminuye (fot. 4Z,5), y al fondo se observan: un paso artificial (fot. 4Z,3) que rompe el muro romano (fot. 4Z,2), que se ha abierto con el fin exclusivo de hacer pasar las aguas de lluvia procedentes de las calles San Crescencio y Clavelicos, en sus dos tramos.

A izquierda del pasillo (fot. 4Z,1) se tiene un sistema canalizado, original, pero reutilizado hoy también para recoger las aguas de lluvia procedentes de los niveles antes citados (fot. 5Z). En él se puede comprobar que sus muros son originarios; tan sólo han sido retocados encalándolos, y discurren paralelos bajo otras estructuras también romanas. Su base es roca madre con un ligero revoque de cemento moderno. Sus medidas: 0,80 m x 0,60 m. Su cubierta ha sido remozada mediante un sistema de bovedillas en todo su trazado, probablemente sustituyendo una antigua cubierta de medio punto o adintelada. Situándonos de nuevo en el tramo inicial, se puede comprobar, dirigiéndonos hacia la cuesta ascendente, la existencia de la reutilización en los paramentos de las casas que nos encontramos (fot. 6Z 1,3). A su vez, se vuelve a utilizar el escalón debido a que en los interiores de estas casas no ha existido pavimento. Por ello, al proceder a su colocación, ha sido necesario rellenar previamente todo el espacio interior hasta nivelar su solería interna con el escalón artificial que se ha colocado en la puerta (fot. 6Z,2). Si nos situamos tras los puntos indicados en 4Z,3 y 5Z, nos encontramos de nuevo con las estructuras romanas reutilizadas que, en su trazado, provienen: unas del sector K (fot. 7Z) y otras, del sector J (fot. 8Z).

En la primera de ellas se puede comprobar la existencia de muros alineados, que son la prolongación del muro contrafuerte visto y estudiado en K (fot. 7Z,1), un paramento romano de fondo (7Z,2) que se relaciona con los elementos arquitectónicos del sector J y Z simultáneamente, ya que se interrelacionan, y hay dependencias reutilizadas que se conectan más con las estructuras romanas del sector J, en la calle San Crescencio, que con las del sector Z, propiamente. Pasando por un pequeño corredor, nos encontramos con una serie de muros, cuyas características y medidas nos hacen pensar en que son elementos estructurales pertenecientes a naves romanas muy alteradas, incluso en sus alzados (fot. 8Z,1,2). Pero las indicaciones sobre la continuidad en los paramentos son evidentes.

Conclusión del sector Z

Se piensa que, tal como se ha indicado al inicio de esta descripción, este pequeño sector se enmarca estructuralmente dentro del esquema general del sector J. Por tanto, las funciones que se ha aplicado a tal espacio son válidas, al establecer un paralelismo formal entre ellos.

Sin embargo, se aporta un nuevo dato no detectado ni en el sector K, ni en el J. Es el sistema de eliminación de aguas residuales, con naves cubiertas.

Pero, en definitiva, aquí se tiene toda una secuencia de estructuras arquitectónicas cuya finalidad primordial es la función almacén.

[1] Nota del autor: Se tienen noticias de otros autores, relativas a una excavación practicada por Antonio Fontán, antiguo Gobernador Civil de Granada, quien en los años 40, llevó a cabo esta tarea sobre el citado Peñón. No se ha localizado documentación al respecto.

Fin de la primera parte de la Tesis.

Dr. Antonio Ruiz Fernández

URBANISMO ANTIGUO DE ALMUÑÉCAR, (TERCERA PARTE)

TESIS DOCTORAL

SECTOR M

Por necesidad de aclaración, la complicación de la calle San Joaquín obliga a establecer una división por sectores, ya que la unidad principal presenta homogeneidad de trazado. Se han considerado dos calles transversales como San Joaquín I y II, para poder explicar mejor los materiales que se van a mostrar.

La mayor novedad que presenta una de estas transversales es la aparición de una pileta de salazones en estas cotas. También cabe destacar el hecho de que una de las galerías romanas aparezca partida por un muro romano debido a que levantaron un torreón en lo que se consideraba como baluarte defensivo del complejo industrial. Consecuencia de ello es que dos galerías se encuentran afectadas por ese hecho: una de Espaldas de San Miguel y otra de San Joaquín I.

La conclusión más definitoria que se saca de este sector es el hecho que aparezcan piletas de salazones en niveles tan elevados, cosas que lleva a admitir sin lugar a dudas que todo el recinto de Sexs estaba dedicado a la fabricación de tales productos del mar. En esta zona se trabajó sin lugar a dudas todo cuanto producía esta región de la costa sur, ya que también se tienen pruebas de la existencia de tinajas grandes (dolium) en varias zonas de centro industrial. Cosa que no se practicó fue un análisis de los posibles posos que existieran en los distintos dolium que se han encontrado desde las cotas más altas hasta las que están casi a nivel del mar. Y lo productos que se han detectado por los tipos de envases han sido el aceite, vino y tal vez el grano, aparte de los frutos de época de la zona.

Fot. 1M. Calle Antigua. Esta foto nos muestra el primer tramo de la calle Antigua, cuyos datos son los siguientes: 1, anchura del murallón romano medieval, mostrando la perspectiva que se indicaba en la descripción general: 2, tramo grande de la calle montado sobre él, una vez enrasado hasta el nivel adecuado; 2, fachada cuya composición y medidas se corresponden con los esquemas que normalmente se viene admitiendo como romanos, y que comprenden todo el trayecto que se ha recogido en la toma fotográfica.

Foto 2M. Calle Antigua: 1.- Punto por donde discurre la muralla sobre la que se ha montado la calle. 2.-Muros laterales pertenecientes a estructuras romanas reutilizadas para viviendas modernas. 3.-Indicación de moro moderno montado sobre la muralla romano-medieval que para por esta zona. Foto Autor.

Foto 3M. Interior de casa casa moderna que reutiliza la estructura romana para crear hábitat moderno: 1-2 Muros romanos con enlucido moderno y abertura en muros romano para pasar al interior de un compartimento interno de las estrutura romanas. El enlucido y encalamiento no permiten ver el aparejo antiguo de estas casas modernas.

Fot. 4M. Calle San Joaquín II. En este espacio, cuyo muro de fondo es la continuidad del alzado principal del subsector IV del área de la Cueva, se piensa que se encontraba el inicio de otra cadena de naves que continuaría a través del subsector de San Joaquín I, hasta conectar con la calle Antigua, al comienzo de la pendiente. 

Fot. 4M (bis). Calle Antigua. Si se observa el paramento de la vivienda de la derecha, se observa que hay una mezcla de materiales entre las casas consecutivas: una con aparejo fino actual, y otra con materiales que dejan traslucir a través del encalado, los componentes antiguos de origen romano.

Fot. 5M. 1. Calle Antigua. Muros de casas modernas apoyados sobre la muralla romano-medieval. 2.- Centro de la calle montada de pleno sobre la citada muralla.

Fot. 6M. Calle Antigua. Paramentos romanos con reforzamiento de época moderna (ladrillos): 1, muro romano en paramento interior y cuyo acceso a él es artificial, ya que se ha debido destruir el muro de calle antiguo; 2, restos de muro romano en base, sobre el que se ha levantado, en parte, un alzado de ladrillo como refuerzo. Se observa que, en la citada base, todos los indicios han sido rotos para poder pasar a las estructuras situadas en el interior de este corredor artificial; 3, paramentos de casas modernas que reutilizan los muros romanos, revistiéndolos con ladrillos y otros materiales.

Fot. 7M. Calle Antigua. Pasillo artificial, como se ha indicado en la foto 5M, que da acceso a los sistemas de naves colindantes con el subsector IV. Se puede observar, a simple vista, la existencia de mortero romano sobre el suelo, como resultado del allanamiento del terreno para facilitar el paso a las casas modernas: 1, entrada a las naves abovedadas con falsos techos; 2, restos de estructuras romanas sobre el suelo y reutilizadas para construir escalones; 3, continuidad de los restos de opvs caementicivm, usado en las bases de este espacio como testigo de lo que dentro de las otras casas es imposible ver, a causa de los enlosados modernos; 4, entrada a casa cuyos paramentos son romanos, y su medida es de 0,80 m de grosor. Se da la coincidencia de que la casi totalidad de estas casas modernas, que superan una altura de 4 m, tiene, a partir de este punto, un alzado muy diferente.

Fot. 8M. Calle Antigua. Nave romana abovedada con techo enrasado: 1, línea de muro donde se observa una interrupción del paramento romano; 2, inmediatamente encima, se observa un falso techo de escayola donde se oculta la bóveda, o lo que de ella quede encubierta.

Fot. 9M. Calle Antigua. Tercera nave alineada con  las mismas características. En esta imagen se ve otra de las tres unidades de galerías abovedadas que se van separando usando el mismo muro romano que las separa como se ve en la imagen; escalón sobrealzado de separación. El total de naves de esta vivienda es de cuatro. El módulo de medidas se mantiene en toda la secuencia que se encuentra en este tramo de la calle Antigua: 2,60 x 2,90 x 3,20 m.

Fot. 10M. Calle Antigua. Nave romana con las mismas características de la anterior: 1, anchura de la misma; 2, paramentos romanos. En este espacio se ha producido una modificación por lor los propietarios que la habitan.

Fot. 11M. Calle Antigua. Continuando sobre la calle, se pueden ver: 1, paramento de la secuencia de la calle Antigua en su primer plano a derecha; 2, resto de muro romano a pie de suelo, donde se ha construido una plazuela moderna en cuya superficie se veían los materiales romanos rotos.; 3, aspecto externo del murallón en este espacio, donde afloran indicios de su estructura interna y que colindan con el calle Morería Alta a izquierda; 4, uso de grandes escalones para superar la altura de la propia naturaleza del murallón romano-medieval; el desnivel supera el metro. La adaptación a lo antiguo es una constante en todo el conjunto de la ciudad moderna.

Fot. 12M. Calle San Joaquín I Placeta. Estado antiguo camuflado de los restos romanos aflorando en superficie después de haber sido rotos para poderlos ocupar. Hoy día ya no son identificables. Sólo las fotografías antiguas revelan su existencia. A lo largo de la calle del subsector I puede verse la secuencia de restos alineados sobre el suelo y que constituyen el punto de arranque de los alzados de muchos muros actuales: 1, tramo de muro romano muy encalado, que se extiende a lo largo de toda la base del muro de la casa, que se ve en la foto. Es un muro de separación de estructuras, y la casa a él adosada también se levanta sobre muro romano reutilizado; 2, punto de arranque longitudinal interrumpido por rotura, en dos sentidos, formando ángulo recto: uno que cierra la calle, y otro que se dirige hacia el punto de encuentro con la calle Antigua. Restos de ello se ven en los escalones de piedra toba formando una pequeña grada. El resto de la plazuela está formada de hormigón romano. Tiene marcados indicios de muros que no se recogen en la fotografía (hoy irrecuperables); 4,5,6,7, que constituyen restos de muros divisorios que cerraban lo que hoy es calle; 3, indicación de secuencia de muro interrumpido en el punto 12M,3. Se eleva sobre el suelo aproximadamente 0,50 m.

Fot. 13. M. Sobre la calle Antigua, se puede observar cómo aparecen en el alzado de algunas casas modernas los restos de muros antiguos que han sido derribados para poder dar acceso a toda la calle. Se dejan ver ladrillos fuertemente encalados que no permiten aclarar el aparejo genuino del alzado. La calle se cortaba en este punto: no había calle.

Fot. 14M. Eras del Castillo. Eras del Castillo. Vista general de la exploración con excavación: 1, muro medieval. No se llegó a la roca madre; 2, resto de muro de similar estructura a la exterior; muro árabe de cierto grosor; muro árabe de escaso volumen a derecha de la imagen. Se desconoce los elementos de ajuar o materiales que se hayan localizado aquí.

Fot. 15M. Eras del Castillo. Vista del muro árabe (reutilización de materiales romanos) en la excavación practicada sobre esta zona, bajo el antiguo depósito de agua de la ciudad moderna. Recuérdese que en este lugar los romanos construyeron un fortín defensivo y que, probablemente, los ingleses bombardearan en 1812.

Fot. 16M. En una exploración sobre Eras del Castillo, perteneciente a este sector, junto al murallón romano medieval aparecieron muros de distintas épocas, mezclados de formas casi irreconocibles. En ello se aprecia: 1, muro medieval con aparejo muy irregular; resto de otro muro más ligero; resto de un murete algo delgado; aparejo medieval.

Fot. 17M. Eras del Castillo. Vista del muro medieval que se cruza con otro transversal: 1, pequeño bloque con agujero que parece indicar que sea el de un gozne de una puerta; resto de alzado de muro árabe; 2 resto de aparejo. 

Fot. 18M. Vista general del área de Eras del Castillo, momento previo a la excavación: punto más elevado de la ciudad (cota 46): 1, alineación de casas modernas, que antes tuvieron naves. Este punto linda con el sector F, donde se encuentra parte del torreón que pervive como reliquia del fortín romano; de frente, el resto de muralla árabe montada sobre ruinas romanas. Alineación de casas cuyas dos primeras plantas usan de base el muro romano.

Sobre este espacio de la ciudad se montó un depósito de agua moderno para surtir a la ciudad moderna en tiempos relativamente recientes. En la foto se ven las ruinas de su demolición donde después se excavará.

Fot. 19M. Eras del Castillo. Vista detallada del área del murallón medieval: de frente: lienzo de muralla medieval (1) y lienzo de muro romano (2) que enlaza con el sector L, de la zona aneja a la Cueva; 3, parte del muro medieval, roto para abrir acceso a San Joaquín II.

Fot. 20M. Eras del Castillo. Construcciones adosadas al murallón, en las que se observa: 1, alzado de construcción con técnica de tierra prensada; 2, parte rota desde antiguo para comunicar espacios de la ciudad; 3, reutilización de materiales romanos en el aparejo de la casa moderna.

Fot. 21M. Eras del Castillo. Vista de conjunto del murallón: 1, tramo medieval; 2, tramo romano que llega hasta la muralla romana en el área de la Cueva. Las intersecciones de paramentos son muy heterogéneas. A partir de este punto, en sentido Norte, la muralla romano-árabe pasa por los espacios mostrando su estado de resistencia. Hasta hace poco tiempo había un lienzo de unos 20 m de longitud, de estructura romana. que ha sido destruido con los nuevos permisos del ayuntamiento.

Fot. 22M. Calle San Joaquín II. En esta foto, muy retrospectiva, se pueden ver, en primer lugar, las casas adosadas a las estructuras romanas de fondo, que sobresale por encima de ellas, todas de una sola planta, habiendo perdido por cualquier motivo su antigua cubierta, y que sus muros son reutilizaciones: 1, casas que usan más o menos espacios de naves; 2, resto de muralla romana a la que se encuentra adosada otra medieval, que no se ve en este plano, porque se encuentra detrás, y las edificaciones relativamente modernas, la ha retocado.

Fot. 23M. Calle San Joaquín II. Paramentos de áreas destinadas a naves. En sus interiores se encuentran los muros divisorios de tal forma que casi todas las casas modernas coinciden en sus módulos, según el número de naves que se hayan utilizado en su proceso de enrasamiento. En la foto se aprecia el muro divisorio de forma indicada.

Fot. 24M. Calle San Joaquín II. Vista general de la foto anterior: 1, paramentos romanos con escalón de acceso motivado por los desniveles ya expuestos; 2, punto de rotura para abrir paso; 3, espacio donde se encuentra una nave. Los vestigios que quedaban han desaparecido por causa de la nueva pavimentación de la calle. 

Fot. 25M. Calle San Joaquín II. Los detalles que nos proporciona esta foto son: 1, muro divisorio de nave; 2, punto de arranque de un muro lateral con restos que señalan su alineación; 3, parte del muro completamente lisa, indicándonos que es el fondo de un muro divisorio, mientras que los extremos ofrecen irregularidades estructurales que suponen ser elementos de conexión con otros sistemas de muros; 5, muro romano medieval roto para abrir paso a esta calle, por la parte de arriba; 6, anchura y paso abierto con rotura de los muros romanos que ascienden, reutilizados en los paramentos de las casas laterales.

Fot. 26M. Calle San Joaquín II. En esta foto se ven las superposiciones de estructuras romanas y medievales: 1, muro romano de fachada con restos de otro adosado e él, lo que significa que en el espacio de la calle se encontrarían más naves que por lógica tenían que ser eliminadas, como ocurre en otros espacios; 2, revestimiento de muralla romana con aparejo medieval o moderno y opvs caementicivm en lo más alto del paramento. 

Fot. 27M. Calle San Joaquín II. Pequeña nave rebajada. Todo parece indicar que se trata de elemento arquitectónico abandonado perteneciente a otras estructuras romanas más antiguas que han sido absorbidas por  formas posteriores en su proceso natural de evolución. Espacio interior de  nave muy deteriorada: 1, paramento muy roto de nave interior; 2, arco de escalera, con muro romano en su inicio; 3, punto de arranque de una bóveda pequeña.

Fot. 28M. Calle San Joaquín II. En esta foto, además de indicar los muros antes vistos, se puede observar la excesiva elevación de las entradas a las casas modernas, llegándose hasta el 1,50 m de altura sobre el nivel de la calle en pendiente.

Fot. 29M. Calle San Joaquín III. Ampliación de detalles sobre la foto anterior: 1, indicación de una sucesión de paramentos reutilizados, y que son los componentes de toda la infraestructura de la parte izquierda de la vía moderna; 2, acceso a nave reutilizada; 3, muro frontal que probablemente forma nave con el homólogo de enfrente; 4, anchura de la supuesta nave y de alguna más, a raíz de los vestigios existentes.

Fot. 30M. Calle San Joaquín III. Interior de una vivienda en la que se ve el aparejo de opus incertum en sus paredes. Ha sido retocado por los propios ocupantes. Su cubierta, de antigua bóveda, ha sido enrasada modernamente.

Fot. 31M. Calle San Joaquín III. Este detalle sobre la calle de esta zona indica lo poco profunda que está la roca, apenas uno centímetros. El muro que se ve de frente señala que la estructura romana echa sus cimientos siempre en roca madre. Se trasluce el aparejo.

Fot. 32M. Calle San Joaquín III. Esta foto señala la continuidad en el ascenso hacia las bifurcaciones de la calle hacia otras estructura en lugares superiores entre el 1 y el 3 se indica el espacio que ha tenido una galería que desapareció; el 2 y el 4 marca el espacio de otra galería que ha sido destruida por motivos de espacio para el paso.

Fot. 33M. Calle San Joaquín III. La descripción de los puntos señalados es como sigue: 1, indicación y delimitación del murete interrumpido y que configura la alineación de esta serie de naves, en sentido paralelo a la calle Antigua; 2, indicación del punto, a partir del que se ha levantado el muro moderno; 3, interrupción de estructura romana a cuyo nivel se encuentra una nave enrasada, con sus alzados romanos en casi perfecto estado; 4, indicación de la anchura de esta probable nave; 5, detalle de una rotura para abrir paso a una vía. Como se puede apreciar, la roca madre está como siempre a flor del suelo.

Fot. 34M. Calle San Joaquín III. En esta foto se puede apreciar: 1, resto de muro romano lateral; 2, uso de cemento moderno sobre la roca madre. Restos de un depósito o pileta, que se detallará más adelante, a izquierda, según se sube.

Fot. 35M. Calle San Joaquín III. Siguiendo el punto puede comprobar la reutilización de muros en la casa adyacente. Nótese como el muro arranca directamente de la roca madre. El aparejo romano está fuertemente encalado. pero se trasluce el opus incertum de su aparejo.

Fot. 36M. Calle Antigua. Detalle para destacar los restos de aparejo romano que se observa sobre el suelo: 1, entrada a una cadena de naves enrasadas; la jambas de la puerta son gruesas porque son muros romanos reutilizados; 2, restos de aparejo romano sobre el suelo.

Fot. 37M. Calle San Joaquín III. Hacia la mitad de la calle, tiempo atrás, se pudo ver este detalle de resto de posible pileta o depósito, que sobresalía debajo del muro romano del paramento de una casa. Esta prueba es indicativa de una evolución de las formas en Sexs. Se ha excavado recientemente confirmando lo que se ha dicho sobre su identificación, pero no se atreven a afirmar que es una prueba de que las salazones están en todas las cotas.

Fot. 38M. Calle San Joaquín III. Siguiendo la misma línea antes indicada antes, se tiene otro tramo de muro romano reutilizado: 1, indicación del primer tramo de los restos de opvs incertvm, a través de la cal moderna; 2, paramento romano de frente sobre el suelo; 3, restos de un muro de separación que existió, y que demarca exactamente tanto las dimensiones de la nave, que se verá más adelante, como la que no se ha podido tomar en la vivienda, situada justamente enfrente; 4, reutilización de varios peldaños de escalera, a causa del enrase moderno de los suelos de las naves que carecían de él. Y bifurcación de las estructuras, ambas hacia la calle San Miguel.

Fot. 39M. Calle San Joaquín III. Esta foto nos muestra la bifurcación de los subsectores antes indicados, y el inicio, por la zona centro, de naves. La anchura de esta nueva estructura es de 3,60 m: 1, indicación de la existencia de un espacio ciego en esta área; 2, espacio que debió ser punto de división de secuencias de naves.

Fot. 40M. Calle San Joaquín III. Espacio sin explorar en esa vivienda de enfrente. A su entrada se observan restos de muros romanos que se han modificado por necesidad de espacio. Por las formas que rodean esta vivienda se afirma que tiene estructuras interiores romanas que no se han fotografiado, pero que hay indicios de que las tiene.

Fot. 40M (bis). Calle San Joaquín III. Subsector IV. Según las indicaciones, a izquierda se pueden ver: 1, restos de muro  romano en bajo; encima, paramento romano, que es el punto de apoyo de todo el subsector III. A izquierda, restos de punto de arranque de muros romanos, al igual que en el punto 2. Pero estos indicios son más antiguos, y los que existen a sus respectivos lados, también son romanos, colindando con las naves de la calle Antigua 9M, 10M, 11M.

Fot. 45M. Calle San Joaquín III. Perspectiva a izquierda de la foto anterior: 1, murete de cierre del espacio de abajo sobre roca madre; 2, vivienda con galería en su interior; En ella precisamente se va a encontrar con espacios inferiores, que son naves, como se verá. y una entrada que se verá a continuación.

Fot. 41M. Calle San Joaquín III. Entrada artificial al subsector IV: 1, paramento romano muy remozado en casa moderna; 2, muro romano, índice de la continuidad de los paramentos romanos en toda el área; 3, paso artificial cuya medida es de 0,50 m, pero con indicios claros de haber sido abierto de forma artificial para dar acceso a la parte posterior de todo este subsector IV; 4, apoyo en el suelo, quebrado del paramento, romano sobre roca madre; 5, anchura de un probable espacio muerto, o pasillo ciego. Realmente es un detalle muy corriente, sin que se le vea el sentido práctico. salvo el separar estructuras y poder accedera ellas por los . Este es el sector que más irregularidades presenta en este sentido.

Fot. 42M. Calle San Joaquín III. Secuencia de la foto anterior: 1, muro romano que debía cerrar este paso; 2, paso artificialmente abierto; 3, muro perteneciente al paramento de la casa que echa sus cimientos en esta área. El punto 1 indica también la secuencia continuada de un muro que nace precisamente en el subsector, que se estudia desde la calle Antigua (9M; 10M; 11M).

Fot. 43M. Calle San Joaquín III. Perspectiva opuesta a la foto anterior: 1, murete de cierre del espacio de abajo; 2, muro prolongación del espacio de abajo; 3, paramento de la estructura superior, punto de apoyo de las edificaciones posteriores. En ella precisamente se va a encontrar con espacios inferiores, que son naves, como se verá; 4, entrada que se verá a continuación.

Fot. 44M. Calle San Joaquín III. En esta foto se aprecia el paso artificial hacia el último tramo del subsector IV, en el que se puede ver el muro de la derecha, punto de sujeción de todo el paramento superior y, a izquierda, los restos de  alzado romano muy deteriorado, pero que indican la realidad estructural de toda esta área: 1, muro que cerraba este recinto o espacio ciego; 2, paso artificial abierto para ocupar el interior de esta área; 3, indicación del suelo que, parece una plazuela de escasas proporciones, cuando, en realidad, no es más que el tramo superior de un sistema abovedado que se encuentra justamente debajo, y que pertenece a un área de la calle Antigua.

Fot. 46M. Calle San Joaquín   III. En esta foto se nos muestra una pequeña área de forma triangular, considerada como un espacio neutro. Las paredes 2 y 3, conservan una altura, que puede alcanzar de 8 a 10 m. El punto 1 tiene dos vanos artificiales, pero sus muretes laterales son de la misma composición que los otros. (Foto del autor).

Fot. 47M. Calle San Joaquín III. Aspecto general de la bifurcación III: 1, acceso al recinto antiguo con restos de nave en su interior; 2, relleno artificial de espacio realzado de época romana; 3, muro romano que, en perspectiva nos indica que se unía al punto 2, formando el espacio que dejaba en su interior, un recinto cerrado, como en otros sectores de esta misma área; 4, acceso artificial realizado por los propios ocupantes.

Fot. 48M. Calle San Joaquín III. Espacio interno de galería transformada situado a izquierda de la subida al subsector III: 1, muros de opus incertum; 2, interior  que colinda con la calle del subsector II.

Fot. 49M. Calle San Joaquín III. En esta foto se comprueba, con más precisión, la anchura de este espacio, que antes considerábamos naves rotas para abrir paso. A ambos lados se puede contemplar que sus muros no son más que reutilizaciones de alzados romanos pertenecientes a las naves interiores, que han sido destruidas. Los puntos 1 indican esos paramentos. El punto 2 indica el elemento que atestigua la realidad del punto 1; y el punto 3 da la anchura, que se aproxima a 2,20 m.
 

Fot. 50M. Calle San Joaquín III. Esta imagen indica un primer plano de la anchura de esta calle, que no es otra cosa que el espacio, o vano, de una nave destruida para poder abrir paso. Sobre el suelo, en su parte derecha, se indica un realce de terreno, que acusa la presencia de opvs caementicivm. Los muros situados a ambos lados tienen el mismo grueso general de todas las naves, y su composición es de opvs incertvm.

Fot. 51M. Calle San Joaquín III. Los puntos a resaltar en esta foto son: 1, paso artificial abierto, con roturas de estructuras; 2, paso similar al anterior; 3, acceso a nave; 4, muro romano destruido con relleno posterior a base de materiales de derribo; 5, entrada a otro sistema de nave.

Fot. 52M. Calle San Joaquín III. Esta foto muestra la bifurcación de los subsectores III y IV, a derecha, el sentido seguido hacia el subsector IV y, a izquierda, el III. En las indicaciones gráficas se tiene: 1, entrada a la nave con bóveda enrasada; 2, construcción artificial para acceso a interior de nave; 3, acceso a la estructura ciega que se aproxima a calle San Miguel. Este conjunto final es una completa estructura complicada por las formas que adquieren todos los restos romanos que se conservan aquí. Es de las zona que muestra una maraña de estructuras difícil de identificar por lo manipulada que está.

Fot. 53M. Calle San Joaquín III. Interior de la nave abovedada enrasada, situada a izquierda de la subida a estos subsectores. Se pueden ver dos compartimentos en su interior, divididos por un muro en casi en perfecto estado de conservación: 1, paramentos romanos encalados, con un grosor de 0,80 m; 2, paramento interior que limita con el subsector II, con aparejo romano y encalado; 3, resto de muro romano que sobresale del paramento superior es del mismo tipo.

Fot. 54M. Calle San Joaquín III. Llegando a las cercanías de la galería partida que se encuentra al final, la calle se trastoca tanto que resulta casi imposible distinguir lo que es originario y lo aunténtico. en 1 y 2.

Fot. 55M. Calle San Joaquín III. Pasillo ciego a la estructura romana galería partida; 1, muro que forma parte del torreón romano usado como espalda de la casa limítrofe, que está revestida con mortero moderno. Los muros de su interior son igualmente romanos con revoque también moderno, pero su grosor es idéntico al de los de fuera.

Fot. 56M. Calle San Joaquín III. Vista hacia arriba sobre el aspecto de las dimensiones de este subsector III: 1, altura rematada en sillares de piedra toba pertenecientes al torreón; 2, acceso a la nave. Se puede decir que está coronado con el sistema de opus quadratum. Su altura alcanza casi los 10 m.

Fot. 57M. Calle San Joaquín III. Vista más detallada de la entrada a la nave: 1, dintel formado por tres piedras toba yuxtapuestas; 2, jambas de la entrada en donde no se aprecia la continuidad hasta el suelo. 

Fot. 58M. Calle San Joaquín III. Entrada a la nave partida: 1, acceso en forma puerta con jambas y dintel; 2, paramento de muro divisorio de los sectores M y F. Es evidente que no se trata de una puerta clásica, sino de un paso entre naves, cosa que se da aquí como norma de construcción. El espacio de calle es artificial y, como en otros espacios, una zona muerta entre galerías.

Fot. 59M. Calle San Joaquín III. Vista más detallada del interior de la nave: 1, paramento divisorio de la nave; 2, paso interior que debe comunicar este sector con elementos del F. Frente a él hay otro paso, pero se ignora su trayectoria por ser dificultosa su comprobación; 3, punto situado enfrente del primer paso con el 2; 4, indicios claros de rotura de paramento en la entrada a la nave, donde se puede apreciar que tal entrada tenía una abertura que no llegaba hasta el suelo.

SECTOR N

Sexs. Sector N. Este espacio se encuentra enmarcado entre la calle Antigua y dos tramos, a distinto nivel, en la calle Morería Alta. La muralla superior sujeta las estructuras de la calle Antigua. Morería Alta superior tiene una plataforma de hormigón romano que formaba parte del aterrazamiento de este sector. Todas las galerías de esta zona han sido reutilizadas y transformadas. No se ha encontrado ningún indicio de conservación de galería abovedada. Lo único que se detecta es el módulo o medida de la galería.

Fot. 1N. Calle Morería Alta. Indicación de paramentos modernos levantados sobre esquemas romanos reutilizando muros interiores y exteriores del sector. A izquierda de la imagen hay series de elementos internos que están relacionados con las galerías y galerías que no se han podido fotografiar. A derecha hay estructuras pero en estado ruinoso tal que no se hapodo afirmar nada. Sólo una excavación lo podría esclarecer.

Fot. 2N. Calle Morería Alta (zona inferior). Aquí se aprecia un pseudo-paramento romano, que ha sido el resultado de romper gran masa de opvs caementicivm. La elevación que se observa a izquierda se debe a que hay estructuras romanas en sus interiores, que no se han podido fotografías. Es una zona compleja y complicada. A derecha hay una red de estructuras relacionadas con las galerías, que tampoco se han podido fotografiar.

Fot. 3N. Calle Morería Alta. Esta foto señala la existencia de la plataforma de hormigón romano que cerraba el punto 3N,3, habiendo sido alterado para abrir paso a través de él (fot. 3N,2).

Fot. 4N. Vista de la calle Morería Alta en su primer subsector. Los paramentos 4N,2, a ambos lados de la calle, muestran claros restos de aparejo romano. la calle es como las demás: no responde a un trazado previo de urbanismo. La calle está constituida por elementos romanos que han sido esencialmente modificados por los ocupantes posteriores de u forma progresiva. A ambos lados los muros son romanos y utilizados pata adaptarlos a las necesidades de un nuevo hábitat. La parte izquierda de la imagen se encuentra en la planimetría de este gran sector. La derecha es del contiguo. Si los muros fueran picados, de inmediato aparecería el aparejo romano. Por esa razón las viviendas tienen gran estabilidad.

Fot. 5N.  Calle Morería Alta. Detalle de muro romano sobre el suelo. En la parte izquierda de la toma se señala un perfecto alineamiento de los espacios domésticos.

Fot. 6N. Calle Morería Alta. Esta toma da la siguiente información: paramentos romanos reutilizados, trasluciéndose la estructura interna a través del encalamiento moderno; y grosor del muro romano de esta zona, 0,80 m.

Fot. 9N. Calle Morería Alta. Interior de vivienda de un área de esta calle: muro romano con revestimiento de mortero moderno de frente; a izquierda, muro romano de fondo paralelo al de la calle; techo: probable nave enrasada para poder construir encima; restos de muro testigo que conforma este espacio, respondiendo a las medidas habituales de naves, fundamentalmente en altura y anchura. Al fondo derecha se puede ver la muralla romana sobre la que se apoyan los elementos de esta casa. Dicho muralla sujeta también la calle Antiguo, que se encuentra junto encima.

Fot. 10N. Calle Morería Alta. Espacio interno correspondiente a la fachada 8N,2. En él se ve, a ambos lados: paramentos romanos revestidos de mortero moderno encalado; muro de fondo, que discurre paralelo a los antes citados en 6N y 7N, formando un gran contrafuerte; 3, muro romano divisorio de subsector, probablemente de una nave rota. Y al fondo, la muralla sobre la que se apoyan estas estructuras, al igual que la anterior.

Fot. 13N. Calle Morería Alta. Espacio abierto de forma artificial, para acceder a los compartimentos que lindan y se apoyan con sus muros sobre el murallón de la plataforma superior: muro dividiendo espacios transversales de paramentos romanos que forman este pasillo artificial; muro transversal que hace de fachada interior de la vivienda indicada, con puerta de madera; restos, sobre el suelo, de muros romanos, testigos de su situación paralela a la calle; escalón como el anterior. El suelo es la roca madre, cosa que explica el diseño obligado de las estructuras romanas. Detrás de la puerta de fondo se encuentra la muralla romana anteriormente citada.

Fot. 11N. Calle Morería Alta. Aquí se puede observar el afloramiento claro de muros romanos: plataforma de hormigón; construcción de altos escalones porque la roca madre lo impone con su desnivel.

Fot. 12N. Calle Morería Alta. Es una imagen evidente de la reutilización de espacios interiores mediante la apertura artificial: escalones provocados por el relleno interno en casa, con reutilización; muro de fachada romano, roto para pasar al interior; casa moderna con zonas romanas cambiadas. Estado intermedio de la evolución de estas viviendas interiores.

Fot. 17N. Calle Morería Alta. En esta imagen se puede ver cómo la estructura de la roca madre obliga a construir con ciertos desniveles. Vista de conjunto, donde se observa, a derecha, la secuencia de muro romano en toda la fachada; a izquierda, restos de conexiones entre ellos. Ese desnivel obliga a construir altos escalones.

Fot. 14N. Calle Morería Alta. Detalle de fachada moderna en la misma calle, y a continuación del pasillo citado en 13N: restos sobre suelo de hormigón romano correspondiente a un relleno para equilibrio del terreno. El muro romano queda bien patente sobre la fachada, con ligero retranqueo.

Fot. 15N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma 13 con indicación de muro de fachada, de estructura romana; 2, resto de muro adosado pero con finalidad independiente estructuralmente, como parte de una plataforma de equilibrio del terreno, dadas las fuertes pendientes existentes en este sector. Dicho desnivel es de más de metro y medio.

Fot. 18N. Calle Morería Alta. Aquí tan sólo se observan restos romanos usados como rampas de acceso a las casas. Es esta imagen se estudia la parte izquierda. La derecha es del Sector O.

Fot. 16N. Calle Morería Alta. Detalle de la perspectiva 15N, en donde se ve la reutilización de un muro romano, cuya finalidad se sitúa paralela a 16N: 1, paramento romano; 2, escalón de entrada, construido aprovechando los restos de un muro romano adosado. El escalón en rampa tiene una habitación romana taponada.

Fot. 21N. Calle Morería Alta. En esta perspectiva de paso artificial, pueden verse los siguientes datos arquitectónicos: 1, espacio roto para comunicar las calles, también artificiales; 2, espacio bajo el nivel del suelo, cuyos paramentos son de opvs incertvm, con revestimiento moderno, y cuyas medidas se corresponden con las de una nave abovedada, ahora enrasada, con el fin de poder montar habitáculos encima; 3, uso de escalones para ocupar el nivel marcado por la estructura anterior; 4, uso de escalera para entrar a un espacio con basamento de opvs caementicivm, y que forma parte de la plataforma de este material en toda la calle adjunta a él. Los niveles inferiores a este punto siguen otras medidas marcadas por la calle inferior.

Fot. 22N. Calle Morería Alta. En este punto de calle se observa: 1, resto de paramento romano aflorando sobre muro moderno; 2, paso artificial para dar acceso; 3, paramento romano con una altura aproximada a los 3,50 m.

Fot. 19N. Calle Morería Alta. Imagen del mismo murallón, en el que se aprecia: 1, paso abierto mediante rotura; 2, paramento del mismo; 3, espacio relleno para facilitar acceso a las estructuras adosadas al murallón.

Fot. 21N. Calle Antigua. Punto inicial de la calle Antigua, en donde se puede observar: 1, estructura mural de fachada, posada sobre la misma muralla, y de la que, probablemente, ha usado su aparejo; 2, espacio de la citada calle asentada sobre el murallón almenado destruido.

Fot. 21N. Calle Antigua. Indicación de parte de la muralla que ha sido reutilizada, procedente del lienzo donde tiene almenas. Todas estas viviendas se apoyan sobre la muralla romana que se encuentra en todo el recorrido tanto de la calle Antigua con en la primera fase de la calle Morería Alta.

Fot. 22N. Calle Antigua. Continuidad de los paramentos de fachada que se describen: 1, indicación de un espacio que ha conservado, hasta hace poco, los indicios claros del opvs incertvm; 2, secuencia del mismo paramento anterior, pero muy remozado exteriormente.

Fot. 23N. Calle Morería Alta. Punto en que la calle Morería Alta enlaza con la Antigua. A partir de la esquina superior de esta imagen, la muralla romana desaparece porque se desvía en dirección Este hacia cueva de Siete Palacios, pasando por la parte inferior de ella, hacia la calle Carmen Baja y desembocando en Cuesta del Carmen para dirigirse, por último hacia la muralla de Levante.

Fot. 24N. Calle Antigua. Parte final de la secuencia que se viene describiendo para resaltar: indicación de lo que es el paramento romano reutilizado; 2, 3, módulos de estructuras pertenecientes a naves, con medidas casi idénticas. En su aparejo se observan las señales claras del opvs incertvm.

Fot. 25N. Calle Antigua. Lienzos de fachadas, cuyos paramentos son reutilizaciones de estructuras romanas. Así, se tiene bien demarcados los espacios correspondientes a las medidas de las naves de tipo común, dentro de los módulos normales usados en estos sectore. Los interiores de esta fachada registra dentro elementos romanos no fotografiados.

Fot. 26N. Calle Antigua. Desde el exterior se pudo ver que contenía elementos de estructura antigua, como galería abovedada y muros de separación.

Fot. 27N. Calle Antigua. Detalle de una de las formas reutilizadas, en la que ha sido necesario elevar el acceso, por el relleno que se ha precisado en su interior, que no disponía de suelo.

Fot. 28N. Calle Antigua. Detalle de la fachada de la foto anterior, para indicar: 1, longitud aproximada del espacio de la nave; 2, altura del paramento externo que se conserva, con clara manifestación del aparejo exterior.

Fot. 29N. Calle Morería Alta. El desnivel de la roca madre provocó que las estructuras romanas se elevaran en su alzado. Y cuando posteriormente se ocupa todo ese espacio como vivienda, se ven obligados a levantar casi dos metros la plataforma de equilibrio en casi toda la calle, con lo que se pueden observar los siguientes elementos: 1, paso artificial realizado mediante la rotura de la plataforma de hormigón romano; 2, resto de la plataforma usado como elemento de acceso a los compartimentos interiores en toda esta área; 3, uso de escalinatas forzadas por la antigua altura de la citada plataforma; 4, restos de muros que indican la rotura moderna de toda esta estructura de base, usada a lo largo de esta falla del terreno. Y un detalle sobre el terreno: el paso se abre rompiendo la plataforma de hormigón romano para poder pasar, cosa que debió ser dificultosa.

Fot. 30N. Calle Morería Alta. En este detalle de la calle se observan los siguientes fenómenos: 1, paramentos de estructuras romanas montadas sobre la plataforma de hormigón y opvs incertvm; 2, aspecto externo del opvs incertvm; 3, pasillo calle artificial abierto mediante la rotura de plataforma antes hasta llegar a la roca madre.

Fot. 31N. Calle Morería Alta. Aquí se puede observar, con detalle, el rebaje y desaparición de parte de la plataforma, con el fin de abrir paso hacia otras calles: 1, vista de la plataforma con casi un metro de grosor; 2, punto más profundo de ese nivel; 3, apertura de la calle mediante la eliminación de la plataforma hasta una profundidad intencionada, y en consonancia con la base de las casas levantadas sobre el suelo; 4, apertura artificial para acceder a los puntos más bajos en ese nivel.

Fot. 32N. Salida de la calle Morería Alta en su punto de unión con la calle Antigua. En ella se observa: 1, paramento reutilizado que cierra, en la calle Antigua, pero de forma artificial, ya que se unía a la estructura situada enfrente, al lado opuesto de la calle; 2, secuencia de muros que conforman el paramento reutilizado de una secuencia de galerías enrasadas; 3, indicación de fachada que marca el prototipo de lo que es espacio destinado a nave, y que ha sido reutilizado para vivienda moderna; 4, espacio similar al anterior que apoya esta opinión, como en muchos de los sectores que han sido ya estudiados.

Fot. 33N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma anterior, donde se aprecia la presencia del opvs incertvm con ulteriores alteraciones, debido al deterioro de la forma romana. Sobre el suelo de la calle puede verse una ventana que indica que en su interior se encuentra una estructura por debajo del nivel de la calle. Se habla de lo mismo, puesto que se está sobre el mismo tipo de terreno irregular por los desniveles.

Fot. 34N. Calle Morería Alta con unión calle Antigua. Foto de detalle, donde se ve: 1, paramento  cuyo aparejo se posa sobre el murallón, lo que indica que parte de la calle está montada sobre la muralla que ha sido rebajada por necesidad de acceso a San Miguel; 2, espacio relleno artificialmente para poder acceder a las dependencias superiores adosadas al murallón; 3, indicación de la anchura real del mismo, en donde se comprueba que es la misma de la calle Antigua, en sus inicios.

Fot. 35N. Calle Morería Alta. Vista general de la calle, en su punto extremo superior: 1, paramento reutilizado en toda la línea de fachada, pero sólo en la base; 2, línea de fachada con paramento encima de la estructura mural, debajo de la línea de calle, en la zona más baja, reutilizada, en medio, y con revestimiento moderno; 3, resto de muralla medieval que muestra aparejo romano destacando 0,50 m sobre la superficie actual de la calle.

Fot. 36N. Calle Morería Alta. Foto de detalle de la misma calle en la que se aprecia: 1, inicio de los podia de acceso; 2, lienzo de la muralla medieval, que se apoya sobre estructura romana. Hace poco se produjo derrumba de parte de este lienzo y se aprovechó para practicar una excavación en la que llegaron a ver partes de la la muralla, aunque la apreciación de la arqueólogo se limitó a considerar que sólo eran muros romanos, y no la muralla de un aterrazamiento y defensa de las estructuras industriales de Sexs.

Fot. 37N. Calle Morería Alta. En esta foto se observan dos muros romanos dentro del espacio doméstico: 1, indicación del murallón romano-medieval, que mide de altura 2,70 m  aproximadamente sobre la calle de arriba Morería Alta (superior), y unos 12 m sobre la de abajo (inferior); 2, indicación de otro muro romano medieval interno sobre el que se ha montado una casa moderna.

Fot. 38N. Calle Morería Alta. En este detalle del sector se ve lo siguiente: 1, muro prolongación del antes citado 38N, que forma línea maestra para toda la secuencia; 2, muro paralelo al de calle Antiguo, que nos sirve como prueba para establecer una probable hipótesis acerca de que este sector estuvo integrado por redes paralelas de naves romanas.

Fot. 39N. Calle Morería Alta. Detalle sobre la toma anterior, en el que se ve la estrechez de la calle, como nota más destacada, y la apertura, mediante la rotura, del paso de ella: 1, pasillo de calle abierto artificialmente; 2, indicación de la estrechez de paso de la calle.

Fot. 40N. Calle Morería Alta. Nuevo detalle sobre la misma calle artificial, para observar  la alineación de los elementos que se utilizan como medio de acceso a las dependencias laterales de la parte izquierda de la imagen.

Fot. 41N. Calle Morería Alta. En esta perspectiva de la calle artificial, se observan los siguientes fenómenos: 1, paramento romano reutilizado, que se alinea a lo largo de todo el alzado del conjunto de fachadas; 2, 3, secuencias de podia para acceder a las dependencias de las casas, formando parte del muro antiguo adosado, para delimitar y separar las estructuras de naves; 4, paso artificial abierto a base de romper el hormigón romano.

Fot. 42N. Calle Morería Alta. Detalle sobre uno de los podia anterior a los que se pueden ver: 1, 4, alineación de parte del paramento adosado a las estructuras de los muros romanos; 2, restos de la destrucción del citado muro adosado a la pared de fondo; 3, sistemas de escalones, usados de necesidad, impuesta por la diferencia de nivel entre la calle artificial y los paramentos interiores.

Fot. 43N. Detalle de la foto anterior donde se aprecia, con cierta precisión, la composición estructural de la plataforma de relleno sobre la que se montan los grandes escalones de acceso.

Fot. 44N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma anterior, donde se aprecia la presencia del opvs incertvm con ulteriores alteraciones, debido al deterioro de la forma romana.

Fot. 25N. Calle Morería Alta. Detalle de la toma anterior, remarcando la existencia en el paramento de la nave superior, del opvs incertvm, con revestimiento y alzado modernos.

SECTOR O

Sexs,(Almuñécar). Sector O. Se encuentra enmarcado entre las calles Morería Alta, Baja, Santa Isabel, y Orobia. Lo único que se puede identificar son los muros romanos que salen al exterior de las casas actuales. La zona ocupada por el viejo cuartel de la Guardia Civil está sin explorar.

Fot. 1-O. Calle Morería Baja. Muro perteneciente al antiguo Cuartel de la Guardia Civil, al que se considera, con evidencia, que tiene base y paramentos romanos. Se han hecho exploraciones superficiales y, en realidad, no se ha concluido nada en concreto. Una excavación es lo más apropiado, pero hay dificultades para conseguirlo y no se está por ello. Lo peor que sucede es el ser arqueólogo municipal.

La parte que se explica en este sector es la derecha. La izquierda es del sector N.

Fot. 2-O. Calle Morería Baja. Detalle tomado sobre la esquina de ese cruce de muros, en donde se puede ver la estructura de muro y composición de su alzado. Es un opvs incertvm con fuerte revoque moderno, al que se le ha desprendido fragmentos, dejando ver el aparejo interno de la técnica edilicia indicada.

Fot. 3-O. Calle Morería Baja. Paramento de la parte externa del Cuartel, donde se ve: a izquierda, grueso muro que permite ver la piedra al exterior; paramento que está construido con opvs incertvm; y la calle. espacio roto para abrir paso. A izquierda, el acceso elevado está motivado por la roca madre.

Fot. 4-O. Calle Morería Baja. A izquierda, secuencia de muros alineados con una ligera indicación de cierre hacia la mitad de su recorrido. Estas paredes responden al tipo más común de lo que se puede ver en todo el Poniente. Los muros miden 0,80 m de grosor, según se comprueba en las jambas de las puertas. Esta calle es artificial, creada con el tiempo, y no con un plan de urbanismo predeterminado, como se viene demostrando.


Fot. 5-O. Calle Morería Baja. Detalle, sobre la esquina de la derecha, en que se aprecia el aparejo de tipo opvs incertvm, en el interior.

Fot. 5-O. Calle Morería Baja. Desde un punto opuesto, observación del grosor de los muros, e indicación del probable punto de cierre, por cambio de proporciones a partir de una determinada fachada. La derecha es de Morería Alta, y la izquierda, morería Baja, por necesidad de planos.

Fot. 6-O. Calle Morería Baja. Secuencia curvilínea del trazado de la calle Morería Baja, en la que destacamos, a izquierda, línea de fachadas de viviendas que se prolonga desde el muro del Cuartel; punto en que termina tal alineación artificial y comienza una abertura en cuesta-rampa, que enlaza con la calle Morería Baja; 3, alineación que ha cambiado su continuidad con la anterior, probablemente debido a que había un cierre de estructuras en esa línea, lo que parece confirmarse por las fachadas que hay enfrente, en el sector de arriba. 

Fot. 7-O. Calle Morería Baja. Fachada derecha de la imagen: Detalle donde se indica la nueva línea de calle: nuevo indicio de probable cierre de estructura, a izquierda; Se piensa que este tramo, entre las líneas, ha sido destruido para facilitar el acceso a las otras dependencias. Detalle a tener muy en cuenta es la reutilización de una base romana, donde el muro no deja indicios de su aparejo externo, cuando lo normal es que se mostrara como en otros parajes, donde se aprecia la piedra, mientras que aquí se ve roto y sin orden; lo que junto con la existencia del podivm de acceso a izquierda, hace pensar que esto ha sido una plataforma de equilibrio de un fallo de terreno, roto para facilitar el paso.

Fot. 8-O. Calle Morería Baja. Secuencias de elementos arquitectónicos situados encima de un muro de contención que se encuentra bajo estas estructuras: a derecha: paramento romano remozado ahora; espacio interior montado sobre un enrasamiento de la estructura inferior, probable nave reformada; por desequilibrio del terreno hay espacio bajo el nivel de la calle, con muro principal formado por el contrafuerte de contención, situado debajo de la casa.

Fot. 9-O. Calle Morería Baja. Detalle de la foto anterior en rampa para resaltar: 1, existencia del opvs incertvm en el alzado, con revoque moderno; 2, indicación de que el muro aquí cambia de sentido, y cierra ocupando el espacio libre que se ve en la calle y habitáculo casi a nivel de la calle, que indica la existencia de habitación interior; 2, ventana del espacio situado bajo el nivel de la calle, y que tiene su acceso al girar en esquina.

Fot. 10-O. Calle Morería Baja. Detalle de las fotos anteriores, para indicar: 1, anchura de la calle, resultado de derribos para abrir paso; 2, es una estructura montada encima de las probables galerías de los espacios de abajo como se ve en la imagen: dos ventanas; una de acceso y otra de ventilación a ras de suelo. El cambio de altura se debe a la forma de la roca madre que es irregular; 3, reaparición de estructuras bajo el nivel de la calle, cosa que confirma la existencia del muro de contención, que se continúa a pesar de los cierres que han existido a través de toda la calle moderna. 

Fot. 11-O. Calle Morería Baja. Detalle sobre la toma anterior, en donde se puede observar: 1, indicación de la existencia de espacio bajo el nivel de la calle, lo que supone un muro de contención; 2, paramento romano revestido con argamasa moderna muy débil, que se ahueca a causa de la mayor resistividad del aparejo interior; 4. puerta moderna de entrada a los bajos interiores, que son varios, como se verá.

Fot. 12-O. Calle Morería Baja. Interior del punto indicado antes, y al que se accede con escalera moderna, como se ve. Estos interiores son naves transformadas, y en el que se destaca: 1, cubierta de madera después de romper una bóveda; 2, abertura sobre ese muro anterior para acceder a una estructura bajo el nivel de la calle; 3, muro divisorio que divide el espacio que ocupa una galería; 4, muro de separación de estructuras romanas en el interior de una nave que sirve de apoyo a la escalera artificial de acceso.

Fot. 13-O. Calle Morería Baja. Vista general del tramo final de esta calle, en la que se destaca: punto final de la misma, pero que se continúa estructuralmente en los elementos del sector K, situado a continuación; 2, espacio de muros en los que se considera que, a su término, se producía otro cierre, por el cambio de sentido y grosor del paramento. A derecha e la imagen: 1, bajada a espacios inferiores donde están las dependencias romanas convertidas en casa.
 

Fot. 14-O. Calle Morería Baja. Vista general de este corto espacio alineado donde se aprecia los accesos a la estructuras interiores que se encuentra bajo el nivel de la calle. Conviene notar, aunque es del sector N, a derecha de la imagen, hay una rotura de las estructuras constructiva que explica la el aparejo del muro base de la línea de calle (2). 2-3-4 es la línea de elementos ocupados por nuevas adaptaciones de estructuras antiguas. La calle se ha hecho mediante el procedimiento de roturas apropiadas para poder moverse en una ciudad no originaria, que era factoría, no ciudad romana.

Fot. 15-O. Calle Morería Baja.Tramo final de este recorrido donde se da la existencia de espacios subterráneos en la fachada, pero aquí ya se han remozado, y tan sólo muestran las medidas de los muros exteriores. A la vuelta de fachada sí se puede ver la estructura antigua.

Fot. 16-O. Calle Morería Baja. Vista de la cuesta desde arriba: 1, paramento romano en su base y parte de su alzado, pero a nivel muy bajo; 2, paramento romano que deja ver el opus incertum que se trasluce por la debilidad del encofrado. algo retocado. Grosor de los muros idéntico a los anteriores porque son muros romanos reutilizados. No han tenido que levantar nuevos, ya existían otros más resistentes y los utilizaron. Esta calle es de las más destacadas en su diseño: se abrió en sentido vertical a las estructuras antiguas.

 Fot. 17-O. Calle Morería Baja. Vista de la misma cuesta, donde ya se puede apreciar con más precisión: 1.2, grosor de los muros domésticos; 3, anchura de la calle que ha sido abierta por el método de romper las estructuras romanas en sentido vertical de bajada; 4, restos de muros muy deteriorados, pero que dejan ver aparejo antiguo. Las casas de la izquierda están en sentido horizontal; las de la derecha, vertical.

Fot. 18-O. Calle Morería Baja. Encrucijada al final de la cuesta anterior, en donde se pueden ver: 1, indicación direccional hacia unos espacios cerrados; 2, indicación de la cuesta artificial que se acaba de exponer; 3, paramentos de viviendas modernas levantadas sobre las estructuras preexistentes, y que conforman toda una secuencia hasta la parte media del sector K, donde se han encontrado las naves y depósito de agua.

Fot. 19-O. Calle Morería Baja. Detalle final de la existencia de dicho muro de cierre donde se puede, además, observar: 1, existencia de paramento romano en su parte superior, sobre la calle; 2, piedras que sobresalen de la pared acusando la rotura del muro que cerraba la calle, y que se continuaba por el interior de la manzana de casas siguientes; 3, continuación, como se ha dicho ya, del aparejo romano en las bases de los muros que descienden hasta la calle Morería Baja.

Fot. 20-O. Calle Morería Baja. Detalle donde se indica que esta cuesta es artificial por la existencia de un muro que la cortaba, lo que significa que antes no existía sino que, al partirlas de forma sucesiva, hicieron una cuesta bastante pendiente; 1, restos de piedras de muro romano muy resistentes; 2, punto con el que se unía al otro lado de la calle; 3, probable dirección del muro de cierre. Hoy ya es irreconocible por la modernización.

Fot. 21-O. Vista general de la calle Morería Baja cuya fachada se encuentra alineada con la que constituye el punto medio del sector K, al fondo de la imagen. Obsérvese el estado del pavimento de la calle, porque es el que refleja casi la situación primitiva en su mayor parte: roca madre. Hoy está cambiado.

Fot. 22-O. En la calle Orobia, muy cerca del Cuartel antes citado, aparece: 1, muro romano de cierre, en ángulo recto con la calle y los paramentos interiores; 2, cubierta artificial y ajena a la estructura que se estudia. Es un añadido que refleja su antigüedad por no haber sido contemplado en la vivienda, si fuera de origen moderno; 3, paramento divisorio de estancias, paralelo al muro de fachada e interior, respectivamente; 4, paramento romano de fondo, que divide todo este ámbito de calle hasta el final de la misma: Es la muralla que sirve de apoyo a todas las estructuras romanas de Poniente en este nivel.

Fot. 23-O. Calle Nueva. Entrada indicada antes. En ella se observan los siguientes componentes: 1, muro de fondo que probablemente haya que considerar como uno de los contrafuertes, ya que este nivel y el superior, que hay detrás de él, son bastante pronunciados. Se trata de la muralla proveniente de calle Vélez, y que llega a medir más de los 8 m; y paramento romano muy retocado, en donde el material moderno de revoque se ha bufado, debido a la fuerte consistencia del aparejo interno; 3, paramento de cierre que, como se verá, es antiguo y está muy revestido; 4, pasillo considerado artificial; 5, línea moderna de fachada, cuyo muro ha sido roto para poder acceder a los interiores de ese subsector.

Fot. 24-O. Calle Nueva. Aspecto interior del pasillo, en el que se aprecia: 1, muro antiguo, con muy mal estado en su aparejo externo; muro al que se considera contrafuerte por su alineación con el proveniente del sector P; 2, dirección del muro de fondo romano que forma la espalda de la casa colindante;  3, muro romano con revoque moderno, en línea con el que viene desde la espalda de fachada de la calle Orobia en ese sentido.

Fot. 25-O. Calle Morería Baja. Cuesta artificial que se relaciona con el pasillo cerrado que antes se ha descrito, para indicar: 1, muro muy retocado, pero que tiene la misma entidad que el situado al final del paso central de la cuesta; 2, paso artificial en la parte superior de la cuesta; 3, muro romano cuya identidad ha sido demostrada..

Fot. 26-O. Calle Morería Baja. Indicación del momento final de esta parte del sector, con una alineación de fachadas que se corresponden con el sector K.

Fot. 27-O. Calle Orobia. Estancia dedicada a apero de labranza:: 1, muro romano de fondo, cubierta añadida ajena totalmente a la estructura de estas dependencias, lo que se sitúa en la misma línea; a derecha: paramento en ángulo recto a la calle y al interior, con claros indicios de aparejo romano, ya que muestra aparejo de piedra vista tan sólo revocada por una ligera capa de argamasa moderna y cal de blanqueo.

RESUMEN y contenido general de este Sector O

Como se ha indicado al inicio de este apartado de estudio formal de estas estructuras transformadas y modificadas, ya el arquitecto romano se tuvo que enfrentar a las formas del terreno tan alterados en la vertiente de Poniente. Se se observa con detalle, se puede ver que las actuales viviendas no tienen cimientos, sino que se adaptan a la herencia que los romanos les han dejado. Ello explica que, al adaptarse, aparezcan casas modernas, que reutilizan esas estructuras, habitáculos con ventanas a ras del suelo, como se verá. Los interiores no han conservado ninguna estructura de nave original, sino que las han enrasado poniéndoles techos de madera o escayola. La densidad de viviendas en toda la zona de Poniente es superior a Eras del Castillo y toda la perspectiva de Levante. Pero hay que admitir que los fenómenos atmosféricos han han tenido que ver en ello. Piletas de salazones y naves abovedadas han aparecido en Morería Alta y Morería Baja, amén de los sistemas de contención para el establecimientos de esas estructuras. La técnica dominante es la reutilización de todas las estructuras como se ha podido comprobar.

SECTOR P

Almuñécar. Pplano del Sector P. Comprende las calles Vélez, Callejón del Silencio, Nueva, Santa Isabel, Orobia, Morería Baja, y Martínez Rodas. Sobre las calles Orobia y Santa Isabel hay estructuras de naves abovedadas que han sido destruidas. Se conservan sólo los muros romanos muy encalados. A la entrada de la calle Vélez se ha descubierto, en el interior de una casa: una muralla de perimetral de fuerte espesor, con un aparejo romano de aspecto más rudo, con piedras de un volumen muy superior a lo hasta ahora visto, pudiendo medir aproximadamente 0,75 m. Apenas se ve argamasa entre estas piedras; varias piletas de salazones que prueban eran similares a las del Majuelo. Se observan también elementos con opus signinum. En la calle Morería Baja hay unas diez galerías abovedadas enrasadas. En todo el trazado de la calle Nueva se han descubiertos numerosos muros romanos con motivo de la reposición de las tuberías de abastecimiento de agua. Toda esta calle es similar a lo descubierto en el Majuelo. El espacio comprendido entre calle Nueva y Callejón del Silencio, ocupado por las viviendas modernas, está montado sobre una de las grandes áreas de piletas de salazón perteneciente a las mismas formas del Majuelo. La muralla medieval está montada sobre espacio de la factoría de salazones.

Fot. 1P. Calle Vélez: La parte izquierda de la calle se encuentra montada sobre estructuras romanas y la propia calle es el resultado de la demolición de otras estructuras precedentes. Y sobre esta línea indicada se van a ver las estructuras romanas sobre casi el nivel de la calle. A derecha de la calle, las casas ocurre algo similar, y la muralla perimetral de época árabe se encuentra debajo de estas estructuras actuales. Toda la calle es zona arqueológica de todo el conjunto industrial. Según se avanza por la calle, z izquierda se abre una callejón sin salida por donde se va entrar en la primera serie de elementos descubiertos relativamente recientes.

Fot. 2P. Calle Vélez. Entrando en el citado callejón, casi al fondo, se observan los siguientes datos: 1, muro saliente hacia la calle procedente de la muralla interior; 2 y 3 muestra una aparejo de opus incertum enmascarado; el punto 4 es el acceso artificial a las estructuras que se encuentran dentro. El encalado moderno ha creado una imagen de color actual, evitando identificar lo que realmente es todo esta maraña de casas construidas encima.

Fot. 3P. Calle Vélez. En este punto se recogen los siguientes datos: indicios de muro de cierre roto (entrada) con un grosor de 60 cm. La puerta es artificial abierta por los propietarios. El muro que se va a lo largo de la calle es enteramente romano enmascarado con revestimiento actual.

Fot. 4P. Calle Vélez. Interior del subsector en su punto terminal. Realmente este espacio ya interior muestra muros con retoques modernos que aparecen mezclados (1-2) con las estructuras antiguas. Y lo que más llama la atención es el suelo que aparece con tierra (3). Y no se ha practicado excavación alguna, cosa que habría aclarado bastante el verdadero sentido de toda la zona, porque esto se considera parte de la zona de la industria de salazones del Majuelo.

Fot. 5P. Calle Vélez. Compartimento anejo al anterior, separado del mismo por un muro de ladrillo:  opvs latericivm, para usos posteriores; el grosor des muro es de 60 cm; la estructura del muro es de opus incertum con reparaciones posteriores; 4, comienzo del paramento de piedras sin tallar finamente, de mayores dimensiones de las hasta ahora vistas en muro alguno.

Fot. 6P. Calle Vélez. Lienzo de la citada muralla anterior donde se ve de opvs incertvm, con un aparejo de piedras de gran tamaño y en un regular estado de conservación probablemente por el uso recibido a través del tiempo. Su altura es de 2,80 m (hasta el techo moderno), pero que puede llegar hasta los 9 m; 2, y, a continuación, muro de opvs incertvm, de menores proporciones, y de piedra más delgada; su altura es similar al frontal.

Fot. 7P. Calle Vélez. Cierre del muro de grandes piedras talladas de forma irregular y su aparejo con piedras cuyas medidas dan aproximadamente 0,80 m x 0,40 m; justo al lado, un muro transversal que divide en sectores todo el paramento de fondo, guiado por el muro contrafuerte, en la secuencia de esta estructura.

Fot. 8P. Calle Vélez. Perspectiva desde donde se aprecia la superposición de formas romanas, de épocas diferentes: con aparición de muro de opvs caementicivm, saliendo de la base de otro de opvs incertvm, y paramento de grandes piedras, de opvs incertvm. Llama la atención el color de los bloques de piedras con ese tono ennegrecido, consecuencia probable de haber hecho fuegos en este sótano-almacén.

Fot. 9P. Calle Vélez. Habitacvlvm alineado con el murallón anterior donde se puede ver un mro muro de opvs incertvm. pramento romano de fondo y superpuesto al murallón en línea con la muralla anterior,emte descrita y finalmente un muro de opvs testacevm, abierto de forma artificial y retocado después.

Fot. 10P. Calle Vélez. Habitacvlvm alineado con el anterior, en el que se observa: paramento romano con revestimiento moderno; murallón romano de piedra gruesa sin talla; muro romano de opvs incertvm, sin revestimiento, pero retocado por deterioro; y muro divisorio paralelo al anterior. Sus alturas oscilan alrededor de los 2,80 m.

Fot. 11P. Calle Vélez. Habitacvlvm romano, retocado modernamente que se encuentra a continuación del anterior y en el que se ve: muro romano revestido con argamasa moderna, muralla de piedra gruesa, al fondo, con revestimiento moderno,

Fot. 12P. Calle Vélez. Interior del espacio donde se encuentra la muralla romana. Paramento romano de opvs latericium con revestimiento moderno; a su lado se puede ver el opus incertun deteriorado recubierto con revestimiento moderno; este paramento se encuentra de frente a la muralla de piedra gruesa, sin talla.

Fot. 13P. Calle Vélez. Interior del recinto de la muralla. Detalla para señalar el uso de la técnica de opus latericium, con uso de ladrillo de mayor tamaño que el árabe. En él puede apreciarse la utilización de ladrillo de distinto grosor y según el orden: 3-2-3-2, etc.

Fot. 14P. Calle Vélez. Interior de la zona de la muralla. Detalle de la foto orecedente en el que se puede distinguir: muro de opvs incertvm, en el que se ve, sobremontado, otro de opvs caementicivm. La secuencia cronológica que debe seguirse aquí es la siguiente: elemento más antiguo: murete de opvs caementicivm  y signinvm; en segundo lugar, la muralla de piedra pizarrosa; podríamos considerar al muro superpuesto al de opvs caementicivm, y que se encuentra adosado a la muralla. Cabe destaca el uso de la piedra de proporciones mayores al habitual con una tonalidad verde-oscura.

Fot. 15P. Calle Vélez. Interior de la zona donde se encuentra la muralla. Paramento de opvs incertvm con revestimiento moderno. Al pie, puede observarse la colocación de las piedras en el aparejo, al desprenderse la argamasa actual.

Fot. 16P. Calle Vélez. Parte superior de la zona de la muralla donde se ve cómo sobresale y constituye un muro contrafuerte para las estructuras que se encuentran detrás, y al igual que en el paramento anterior, aquí también se puede ver la elevación de dos muros romanos que se cortan en ángulo recto. A izquierda del punto, en su parte superior, se detecta la utilización de ladrillo y piedra, pertenecientes a otras estructuras romanas, probablemente de este mismo espacio.

Fot. 17P. Calle Vélez. Se avanza hacia adelante en calle Nueva y se comienza a producir las típicas roturas de elementos romanos para entrar en los interiores de las galerías abovedadas. Este pequeño patio es un reflejo de ello. Las puertas de las viviendas indican las medidas de los interiores y el groso de las jambas de las puertas, la porporción de los elementos romanos de su interior usado para vivienda. La muralla discurre por detrás de estas viciendas en dirección al centro de calle Nueva. Y en esta foto se destaca lo que se ha tenido que hacer para poder acceder a las estructuras romanas de mayor altura con la construcción de esas escaleras adicionales porque se ha usado la muralla para servir de apoyo a nuevas estructuras modernas

Fot. 23P. Calle Vélez. Zona baja de la foto anterior en ump de lo compartimentos romanos reutilizados aquí: al fondo derecha muro romano de 0,90 m de grosor; escalera para acceder a otro compartimento a causa del desnivel creado por la altura de la muralla y del terreno. Su altura aproximada, es de 2,90 m. Los muros dejan ver que sus muros ocultan su formato arquitectónico con el encalado moderno de sus alzados.

Fot. 19P. Calle Vélez. Estancia aneja a la anterior, donde se aprecia: muro de opvs incertum. y enrasamiento de un probable sistema de naves. A media altura se observa un agujero artificial en el que se ha explorado l muralla dejando ver su composición a la vista: opus incertum.

Fot. 20P. Calle Nueva. Desde la parte izquierda de la imagen, la fila de viviendas se encuentra situada encima de los restos de la muralla perimetral medieval. Al final de este tramo de calle. a izquierda, sobre la Pensión Marina, se dejarán ver los restos que queda de la muralla.

Fot. 21P. Calle Vélez.  Muro de calle, paralelo al gran murallón de piedra pizarrosa sin talla, visto en las imágenes anteriores. En calle Santa Isabel con desvío hacia calle Nueva, dr observa detalle como éste, en que se ve que es una entrada provocada por derribo de elementos romanos y la penetración con pasillo hacia el interior donde se aprecian la reutilización de estructuras antiguas de origen romano.

Fot. 22P. Calle Santa Isabel, que desemboca en calle Nueva En los espacios indicados 1,2,3 se observan las jambas de las puertas de entrada de las viviendas y se ve que sus módulos son casi iguales porque son una reutilización de formas romanas previas. El aparejo exterior deja ver que el enlucido, al no ser muy resistente, deja ver señales de que al antiguo elemento tiene un aparejo diferente.

Fot. 23P. Calle Santa Isabel. Nueva encrucijada de aperturas de calles artificiales: 1, probables espacios destinados a naves enrasadas; 2, secuencias de espacios antes descritos; 3, entrada a un patio donde se aprecia la estructura antigua, como se verá paso. No se dan más detalles porque estas características son una constante que se viene repitiendo en todo el casco antiguo: las reutilizaciones porque no se presenta otra alternativa urbanística.

Fot. 24P. Calle Santa Isabel. Vista del interior del segundo espacio indicado en la foto anterior: 1, muro romano maestro de división que discurre a lo largo del patio formando parte de una galería que se extiende en una profundidad de unos 20 m. Los accesos se han realizado abriendo espacio sobre el lateral de los muros paralelos de las galerías, que está transformada en habitaciones modernas. Si se observa el muro izquierdo se puede apreciar que el encalado de la pared deja ver en superficie las señales de un aparejo interior no moderno, sino antiguo romano.

Fot. 44P. Calle Nueva. Área abierta con sistemas de casas montadas sobre estructuras romanas, situadas bajo los paramentos actuales: la zona izquierda con paramento romano reutilizado da sobre la calle, pero en su parte interior todas estas casas se encuentran apoyadas por la muralla que viene des el Majuelo, y todos sus muros están adosados a dicha muralla. la parte derecha de la misma calle, a su vez, se encuentra adosada a la muralla perimetral árabe-cristiana.

Fot. 49P. Calle Nueva. Continuación del pasillo anterior al inicio de la calle Nueva con muralla dentro. Los muros laterales, a ambos lados del callejón es abierto para poder tener acceso a los espacios que se encuentran en los interiores de la viviendas a través de toda la calle. Lo que se observa al fondo de este corredor es la misma muralla que se ha visto al inicio de la calle. 1 es la indicación de la situación de la muralla; 2, es la entrada a los espacios de zonas de galerías que han sido modificadas para usa doméstico, poder observar el espacio por donde discurre la muralla.

Fot. 27P. Calle Nueva. En esta imagen se muestra la trayectoria de la muralla en dirección al Majuelo a la vez que la composición de su alzado que es muy similar anteriormente Altura aproximada de la misma: 8 m vista desde el callejón; dentro, 2,30 m. La piedra del mampuesto es igual que las citadas antes, o sea, una variante de caliza.

Fot. 28P. Calle Nueva. En obras de reposición del servicio de aguas se ve cómo aparecen los muros romanos que forman parte de las mismas estructuras que se tienen en el Majuelo. Sólo podemos mostrarlo porque no se llegó a medir ni la profundidad sobre el suelo ni la verdadera función que podían haber desempeñado. En este concreto punto se observa la superposición o continuidad de un muro sobre otro y cómo los muros de la casas modernas echan su base sobre lo robustos muros romanos.

Fot, 29P. Calle Nueva. Aspecto más detallado del opvs incertvm del muro situado debajo del paramento moderno construido con materiales procedentes de derribos y reutilizaciones de estructuras, fenómeno que se ha practicado en toda la zona oeste de la ciudad moderna.

Fot. 30P. Callejón de la Najarra. Este es el huerto de la Pensión Marina cuyo subsuelo contiene estructuras similares a las de la factoría del Majuelo. En los años 70, a continuación de este huerto, se practicó un rebaje de terreno para nuevas construcciones modernas La máquina retro arrasó destruyendo gran cantidad de estructuras. Se denunció el caso a las autoridades de Granada (Museo Arqueológico para que se presentara, y cuando aparecieron, ya quedaba poco que salvar. En consecuencia el denunciante tuvo que cargar con las consecuencias. Hipocresía oficial como siempre. Y se volvió a enterrar todo.

Se continúa con el comentario arqueológico y añadimos que en este huerto se puede ver lo que quedaba de la muralla perimetral procedente de la zona del Majuelo. Al fondo se puede comprobar la línea de muralla sobre el suelo. Las viviendas situadas sobre el terreno han utilizado la muralla para fijar su cimentación.

Fot. 31P. Callejón de la Najarra. Detalle de la técnica de alzado de la muralla, con utilización de ladrillo como elemento de construcción. Puede ser una etapa de construcción ya de época cristiana, pero se desconoce por falta completa exploración, y de época visigótica poco, o nada, se puede decir aquí.

Fot. 32P. Callejón de la Najarra. Punto terminal de lo que se conserva de esta muralla medieval perimetral, junto a la conocida Pensión Marina.

Fot. 33P. Avenida de Cala. Tramo final de las estructuras romanas procedentes de la factoría del Majuelo. Se observa el muro de opvs incertvm, similar a los ya conocidos en otros sectores. Se piensa que es el cierre de las formas que llegaban por encima de la salida de la ca calle Puerta de Vélez, donde también han aparecido restos importantes de lo que pudo ser la muralla romana que cercaba todo el complejo industrial. Y al margen de esto, muy cerca de estos resto de muros, en la parte derecha de las construcciones modernas, han aparecido numerosas estructuras que han sido silenciadas, pero que se conserva ese conocimiento. Realmente esta excavación es un «parche» cuando no se atrevieron los arqueólogos hacer una prospección en lugares aledaños.

Comentario final de este Sector

Como conclusión de este recorrido sobre las estructuras del Sector, se concluye que lo más destacado de lo visto y descrito son: la muralla romana que se inicia a la entrada de calle Vélez y termina cerca del parque del Majuelo, Lo que más ha sorprendido es el uso de materiales poco frecuentes en esa estructura defensiva como el tamaño de las piedras empleadas en su alzado.

En el aspecto negativo, la casi total ausencia de exploración arqueológica y la destrucción de zona pobladas de elementos industriales pertenecientes a la producción de salazones.

SECTOR Q

Sector Q.

Este sector se encuentra enmarcado entre las calles Antigua, Orobia, Horno Nuevo, y Vélez. La calle Vélez en este tramo se encuentra sobre la muralla medieval. Toda esta zona está montada sobre estructuras romanas, que van apareciendo cada vez que se derriba una casa. Los muros interiores de todas estas casas modernas tienen continuidad con los de aterrazamiento que han aparecido en el contiguo sector P, y que llegarán hasta la Plaza del Ayuntamiento.

Fot. 1Q. Entrada a la calle Vélez desde la periferia de Poniente. Camino hacia Vélez Málaga. En este espacio se observa, por los restos hallados, que la factoría o zona de salazones del Poniente termina en este punto. Esta parte se conoce como Puerta de Vélez. De aquí partía la vía romana de la costa en dirección a Malaca.

Fot. 1Q. Avenida de Cala, Puerta de Vélez y Callejón de la Najarra (Avda de Europa). Lugar donde debió estar la llamada Puerta de Vélez: espacio por donde discurre el murallón medieval perimetral; tramo donde se ve el murallón, procedente de la zona norte o sector Y; además del punto donde se estuvo en pie la Puerta de Vélez.

Fot. 2Q. Puerta de Vélez. Detalle de la foto anterior en el que se indica el espacio ocupado por la citada Puerta. Bajo este espacio han aparecido los restos de la muralla romana doble. No se tiene información gráfica documental del punto y la forma de esta puerta medieval o vía romana de la costa que partía desde este punto en dirección a Málaga

Fot. 3Q. Vista de la calle Vélez en dirección al centro de la ciudad, en donde se puede indicar: casas que se apoyan sobre la base de la muralla, destruida para tal fin, a izquierda; espacios donde han debido existir estructuras romanas que hoy no se ven, por encontrarse todo muy alterado.

Fot. 4Q. Calle Vélez. Vista desde el punto opuesto de calle Vélez: alineación de viviendas situadas sobre los restos del murallón que se encuentra detrás y enrasado a derecha de la imagen; alineaciones de casas relativamente modernas donde se supone la existencia de elementos romanos que justifican algunos de los detalles de sus trazados y divisiones internas de las viviendas; paso hacia el sector O. Salvo algún pequeño detalle, todo parece nuevo, aunque no es así. 

Fot. 5Q. Calle Horno Nuevo. En calle transversal a calle Vélez: calle Horno Nueva indicada en la foto anterior, en la que tan sólo se puede observar la existencia de espacios subterráneos o semisótanos, de los que se ha recibido información de albañiles: sobre la estructura de aparejos, con muros fuertes y de cierto grosor. 

Fot. 6Q. Calle Vélez con avda. de Cala. Excavación para construir por nueva obra, donde han aparecido los muros paralelos de la muralla periférica romana y árabe de la ciudad. Puede verse parte de la muralla a ambos lados, separados por el relleno moderno de tierra. Han sido rotos por la excavadora y no se ha podido determinar su verdadero alcance y funcionalidad.

Fot. 7Q. Calle Vélez. Muralla romana desde el punto opuesto. Vista frontal del corte de los muros de la doble alineación. Ha sido cortado por la excavadora. Pero la muralla lateral ha sido totalmente demolida. No ha habido excavación científica; tan sólo una supervisión y recogida de materiales hallados (de superficie).

Fot. 8Q. Calle Vélez. Vista detallada de la misma foto anterior para precisar la separación de los muros y el relleno moderno de tierra. Uno de los laterales, el derecho según se sube, se ve roto por la máquina, pero más que el izquierdo.

Fot. 9Q. Calle Escamado. Palacete del Corregidor, donde se ha practicado excavación en sus interiores, que ha dado como resultado el hallazgo de diversos tipos de materiales de las culturas romanas y árabes fundamentalmente. Pero no es muy fiable en sus conclusiones.

Fot. 10Q. Primer tramo de la calle Antigua (que sube), en la que han aparecido numerosos datos de tipo estructural y cerámico romanos: espacio donde existió una ermita (fondo izquierda) en la que aparecieron numerosas estructuras romanas, a la vez que gran cantidad de cerámica, cuando fue destruida para edificar la casa moderna que hoy se puede ver; en esta calle ascendente hay un espacio frontal a una estructura, que se considera equivalente, en medidas, a una nave que se encuentra justo enfrente según se sube por la calle Antigua. La indicación de espacios, en semisótanos, que pone de manifiesto la existencia de probables estructuras similares a las de la nave descubierta y citada anteriormente. 

Fot. 11Q. Calle Orobia. El espacio interior que da a la calle, en el que podemos observar: áreas subterráneas o semisótanos con estructuras murales antiguas; espacio que se supone fue cerrado. 

Fot. 12Q. Calle Orobia en su punto de ensanche central: muro romano en el sector situado a su lado y en el que se ven indicios de ese tipo, lo mismo que en sus estructuras interiores; paramentos con algunos indicios, pero no muy claros, sobre su antigüedad; línea de fachada que se prolonga hasta el sector P al que pertenece, y por lo que se llega a indicar que se trata de una secuencia homogénea, aunque al exterior se nos presente algo modernizada en su aparejo.  

Fot. 13Q. Calle Orobia. Interior del espacio indicado anteriormente, en el que se distingue un muro de fondo, presuntamente romano, y otro vertical a la calle, con indicios de opvs incertvm.

Fot. 16Q. Calle Vélez. Solar al inicio de la calle. Estructuras romanas que afloran después del derribo de una casa antigua. Comienzan a aparecer estructuras con cierta abundancia. Se encuentran en mal estado pero dejan ver la técnica del opus incertum. Todas las formas acusan un claro fin industrial por su tamaño y materiales usados: piedra común de este tipo de elemento: argamasa clásica como materia preferente.

Estas fotos se hicieron mucho después y no dejan ver por la maleza que cubre el terreno, los materiales aflorados en el derribo de la casa.

Fot. 17Q. Calle Velez. Foto del fondo de la zona arqueológica.

Fot. 18Q. Calle Vélez. Vista general de la zona arqueológica totalmente abandonada y desprotegida.

Fot. 19Q. Calle Vélez. Vista general de fondo de la zona arqueológica dando a calle Horno Nuevo.

Fot. 20Q. Calle Vélez. Solar arqueológico donde se puede apreciar la existencia de un área cuadrangular construida con piedras talladas y mortero con baja calidad probablemente por deterioro debido a la humedad. Esta zona se caracteriza porque no se ha montado sobre roca madre, al menos en lo que aquí se puede ver, porque no se ha excavado con profundidad.

Fot. 21Q. Calle Vélez. Vista de detalle del espacio comentado en la foto anterior.

Fot. 22Q. Calle Vélez. Lo más destacado de esta parte es el hallazgo de una conducción de agua probablemente destinada a las necesidades de la industria de salazón. Su material es piedra caliza moldeada con acanaladura interior.

Fot. 23Q. Calle Vélez. Imagen para destacar la estructura del aparejo de muretes que conforman el espacio cerrado, y la composición del aparejo que se encuentran en mal estado. Téngase en cuenta que los cimientos del edificio estaban montados sobre todo lo que se ve en el solar. De ahí su estado de conservación.

Fot. 24Q. Calle Vélez. Imagen de detalle que muestra el aparejo de los muros y la forma de la construcción.

Fot. 25Q. Calle Vélez. Imagen del interior de este pequeño recinto lleno de maleza. El aparejo del muro está deteriorado por las razones expuestas anteriormente.

Fot. 26Q. Calle Vélez. Imagen de detalle que muestra el estado de conservación del aparejo del recinto.

Fot. 27Q. Calle Vélez. Foto del interior del recinto mejor conservado,

Fot. 28Q. Calle Vélez. Foto de detalle de las piedras talladas que se encuentran en esta construcción. Las más relevantes se encuentran superpuestas y sin argamasa.

Fot. 29Q. Calle Vélez. Detalle de una de las esquinas del espacio rectangular conservado. Se puede ver que su interior estaba enlucido y con estuco impermeabilizante y, justo a su lado, piedras rectangulares talladas y con ranuras de buen trazo. Ello lleva a la conclusión de que este espacio estaba destinado a la industria de salazón o similar, ya que disponía de conducciones de agua como se ha visto anteriormente.

Fot. 30Q. Calle Vélez. Se muestra en esta imagen uno de los muros conservados que contiene restos de muro con enlucido en uno de sus laterales.

Fot. 31Q. Calle Vélez. Aspecto en que ha quedado esa zona arqueológica sin practicar una verdadera y científica excavación. Prácticamente la máquina ha arrasado todo lo aparecido en la campaña previa. Se ha localizado un dolium empotrado en zona de rocosa, cosa que, a su vez, muestra que los romanos echaron los cimientos de sus estructuras sobre roca madre, y no sobre tierra.

Fot. 32Q. Calle Vélez. Al inicio, a mano izquierda, Se ven restos de un dolium romano bien situado en zona fija. También se han localizado restos de otros. Pueden verse los fragmentos del hallado justo encima del excavado sobre el terreno.

Como se ha podido ver antes, toda esta zona arqueológica fue excavada con anterioridad hace varios años. Y la excavación reciente ha destrozado totalmente este yacimiento. No se ha practicado una exploración e identificación de lo que este espacio contenía. Prácticamente ha sido destruido.

SECTOR R

Sector R

Este sector abarca las calles San Joaquín, Cuesta del Castillo, Antigua, Carmen Baja, Escamado, y Plaza del Ayuntamiento. Gran muro de aterrazamiento/contención se encuentra sobre la calle Escamado, dando respaldo a toda la masa de casas de la plaza que encuentran sobre él. Frente al Ayuntamiento se hay una casa que contiene en su interior dos elementos importantes: una gran galería abovedada remozada modernamente (quizá la mayor del conjunto de la ciudad), y el sistema canalizado de conducción de agua, que llega desde el depósito terminal (hoy Iglesia Parroquial) hasta esta casa, y después continúa hasta la zona de la Cueva de Siete Palacios o barrio del Castillo. Una importante galería abovedada se encuentra al comienzo de la calle Antigua (bien conservada). En la misma calle Escamado, el Palacete del Corregidor ha puesto al descubierto numerosos restos romanos y árabes. Hay indicios de otras galerías a lo largo de la calle Antigua.

Fot. 1R. Calle Antigua, Inicio. Paramento ciertamente romano, ya que, a media distancia de este primer punto, aparecen las estructuras romanas sobre la misma fachada de la calle, formando parte del alzado general. Dichos muros se encuentran a ambos lados de la calle, ya que la parte izquierda de la misma [antigua ermita] fue destruida para levantar lo que hoy se ve. Toda la calle se encuentra así, al igual que todo el casco antiguo de la ciudad.

Fot. 2R. Calle Antigua. Una vez dentro del espacio indicado en la foto anterior, aparece el paramento izquierdo, según se entra, con la técnica del opvs incertvm casi en estado primitivo, en primer plano. El revoque moderno es tan débil que ha dejado al descubierto el aparejo en todo el lienzo de muro. Este muro se prolonga a lo largo de toda la calle. Ésta fue abierta por necesidad, por lo que fueron destruida galerías en toda la ella, procedimiento habitual.

Fot. 3R. Calle Antigua. Continuidad del mismo paramento, incluyendo el espacio de la entrada que, como el resto de este tipo de estructura, es artificial. Se observa igualmente que continúa el alzado hacia el fondo, comunicándose con el tramo limítrofe que forma parte de sus medianerías. La abertura. que se ve, es el acceso a la galería abovedada que se va a mostrar. El grosor de los muros es de 60 cm.

Fot. 4R. Calle Antigua. Detalle de ese trazado final y su relación con los del fondo: paramento romano perteneciente a la nave; paramento colateral que se relaciona anteriormente con el paramento de la nave, pero que ha sido roto para poder acceder a las dependencias interiores. Este trozo de muro, que se verá con más detalle, está levantado con la técnica del opvs latericium.

Fot. 5R. Calle Antigua. Detalle sobre el paramento de bloques de cemento moderno, donde puede verse la composición del aparejo romano en el interior.

Fot. 6R. Calle Antigua. Nave construida vertical a la calle. La foto muestra su muro de cierre sobre la calle. Tiene un fuerte revestimiento de estucos modernos, ya que ha sido utilizada hasta hace pocos años como vivienda. Su forma de bóveda es algo rebajada y la cimbra sobre la que se construyó, estaba a poca distancia del suelo actual. [No se ha practicado excavación]. Como no se ha intentado quitar el enlucido moderno, no se sabe si esta nave es exactamente del mismo estilo y composición que las vistas en el sector K, aunque se asemeja. Los muros que se encuentran en su entorno muestran una aparejo de opus latericium, el mismo tipo que el Sector K.

Fot. 7R. Vista de la misma nave desde su punto opuesto. Por sus características de diseño, podría situarse cronológicamente en la misma época de las naves del sector K, que puede situarse en época tardía (s. III-IV). como no se ha excavado, no hay material de contexto para fijar una fecha de construcción adecuada y certera. Como ocurre en todas ellas, su entrada es artificial. Se supone que el agujero del techo está tapado por el enlucido moderno.

Fot. 8R. Calle Antigua. Detalle sobre la foto anterior y sobre el mismo fondo. En él se observan los muretes de apoyo al arco de la bóveda y el paramento de cierre algo deteriorado en el alzado. Altura aproximada de 3.90 m, anchura: 3 m; largo: 10 m.

Fot. 9R. Calle Antigua. Muro romano donde se comprueba la técnica que se ha enunciado en la foto 4R, con el opvs latericivm. El módulo del ladrillo utilizado es de 6 cm x 28 cm x 22 cm.

Fot. 10R. Situados sobre la Plaza del Ayuntamiento, destaca esta fachada con el único fin de indicar dónde se tiene el punto básico para iniciar lo que de elementos hídricos se puede considerar en Seks, en los sistemas romanos de conducción de aguas. Dentro, en su patio, se inicia toda una vía de distribución, y cuyos elementos de transporte han prácticamente desaparecido. Casa de los Müller-Mateos.

Fot. 11R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R. Entrada al canal subterráneo sito bajo la estructura moderna. Se abre trampilla sobre el suelo, bajo la escalera general y, través de una escaleras originales romanas se accede a la galería abovedada a través de la cual debió existir una canalización entubada para establecer un sistema de abastecimiento tanto de las zonas bajas del complejo como una derivación que subiera el agua hasta la parte más elevada de toda la parte alta. En cercanías con este canal, dentro del primitivo ayuntamiento, en el habitáculo destinado a cárcel, hubo hasta que se retocó ese edificio, una canal que se dirigía hacia la vertiente de Levante para llevar agua a la probable factoría de esta parte. Su salida se ha detectado en la Huerta de los Müller-Mateos, cuyas imágenes se mostrarán más adelante para verificarlo. En canal de la casa de los Müller se produce una derivación en sentido Barrio del Castillo, cuyos tubos de cerámica se pueden ver en parte. Y el canal general en cuestión tiene una trazado que se dirige bajo tierra hacia la iglesia, y que terminaría cerca de la Casa de la Cultura. Uno de los propietarios de la casa logró llegar hasta el final, acabando su trayectoria en el espacio donde existió una escuela para niños, lugar donde hoy está la Casa de la Cultura.

En cuanto a los elementos usados en la construcción de esta escalera de acceso al canal desde la superficie, se observa el uso de la técnica del opvs incertvm y el uso de estuco impermeabilizante. Pero los muretes laterales están construidos con opvs latericivm y argamasa blanquecina.

Fot. 12R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de los Müller-Mateos. Interior de la casa 10R. Entrada al sistema, o parte conservada, de este trayecto. Después del análisis del tramo pequeño de entrada, donde hay hormigón romano como elemento habitual de impermeabilización, se piensa que ha sido eliminada probablemente una estructura que, o bien ha sido depósito, o bien una arqueta de distribución hermética, con alimentación procedente de la torre de descarga existente entonces en el actual espacio que ocupa la Iglesia Parroquial. Así se indica en la planimetría adjunta al inicio de este Sector.

Fot. 13R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R, propiedad de los Müller-Mateos. Primer tramo de nave con cubierta de ladrillo (opvs latericivm) y muretes laterales de ladrillo alternando con la piedra. Se marca bien la alternancia del ladrillo romano con el opvs incertvm de sus muretes laterales. Se observa el giro del canal que se dirige hacia la calle, pero en realidad es la dirección hacia la Iglesia Parroquial, de donde se supone partían las tuberías canalizadas para su distribución por toda la factoría. La cubierta del canal está formada por una bóveda de medio cañón, y sus derivación hacia el Castillo, el canal está cubierto con grandes lajas de piedra en sentido horizontal. No se tienen más conocimientos porque no se ha explorado con una excavación que lo permitiera. La medidas del canal es 75 x 55 cm. El largo se estima en algo más de los 30 m en el espacio que se ha podido estudiar.

Fot. 14R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa de las familias Müller-Mateos, 10R. A izquierda está el punto en el que el sistema de conducción gira, iniciándose la derivación de un sistema que arranca de éste, (o bien desemboca en él); aunque lo más racional es admitir una derivación. En algunos espacios se puede observar cierto indicio de pavimento usado en los sistemas de impermeabilización. La piedra y el ladrillo se alternan.

Fot. 15R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R. Detalle de la derivación. Obsérvese el sistema de conducción por medio de tuberías de cerámica machihembrada, protegidas con ladrillos romanos y el adintelamiento de la galería secundaria con losas grandes de cubierta.

Fot. 16R. Plaza del Ayuntamiento. Interior de la casa 10R. Tramo final del sistema en lo que se ha podido localizar del mismo hasta ahora. Se encuentra interrumpido a unos 20 m del punto en que se tomó referencia, por el nuevo sistema de alcantarillado que lo ha roto. Obsérvese la técnica de construcción con la alternancia del opvs latericivm y opvs incertvm. La dirección del canal cegado va camino de la Iglesia. Se cree que tomaba el agua del depósito terminal que se encontraba justo en el espacio ocupado ahora por tal edificio religioso. Pero también se ha citado la probabilidad que tal canal llegaba hasta la Casa de la cultura.

Fot. 17R. Plaza del Ayuntamiento. Edificio 10R de la familia Müller-Materos. Según se entra desde la calle, se llega a un patio central porticado. Y de frente se encuentra una construcción cerrada que alberga una estructura como la que se ve en esta imagen. Con dificultad se pudieron tomar estas fotos porque en ese momento se estaba trabajando en su modernización y no se podía acceder porque no permitían entrar. Se pudo comprobar que se trataba de una galería abovedada de medio cañón romana, que se encontraba enmascarada por el mortero moderno, pero que su interior contenía el sistema de opvs incertvm. Sus medidas se calculaban en unos 20 m de largura, 6 m de altura y 4.50 m de anchura. Como no se ha podido analizar en profundidad, se deduce por el contexto que los muros laterales eran de opvs incertvm, como se puede ver en imágenes posteriores. La cimbra utilizada era algo rebajada y los muros sobre los que se apoya bastante altos.

Fot. 18R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de las familias Müller-Mateos,10R. Imagen de detalle de la foto anterior para poder destacar que los muros de la galería se prolongan en el sentido de la toma de foto, y que llegaba hasta empalmar con la casa vecina (casa de la familia Miranda), que también contenía parte de este tipo de galería abovedada, y ha sido destruida hace varios años al hacerla nueva desde los cimientos.

Fot. 19R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de las familias Müller-Mateos,10R. Según se observa, la cimbra utilizada en la construcción de esta galería era rebajada, y sus puntos de apoyo más altos de los normal entre los tamaños usados a través de la historia de la localidad. Se encontraba tan revestido de material moderno que no ha permitido poder analizar con claridad su contenido estructural en los laterales. El corte dado para acceder a la nave muestra levemente la estructura interior.

Fot. 20R. Plaza del Ayuntamiento. Casa de las familias Müller-Mateos,10R. en el extremo opuesto de la galería se pudo comprobar que el material usado es claramente opvs incertvm. Foto difícil de conseguir por la dificultad a la se hubo de exponer el personal. El efecto óptico hace ver la bóveda con más altura de la que realmente tiene. No parece rebajada.

Fot. 21R. Calle Escamado. Se encuentra justo detrás de la casa de las familias Müller-Mateos en un nivel superior. Y el muro de la derecha, que se ve en la calle, es precisamente uno de los laterales de la galería romana de la casa 10R. Los ventanales, a ras de suelo, en la calle indican que dan al interior donde se encuentra el elemento citado. La extensión real de la galería, en principio, tiene la medida aproximada que se ve a lo largo de la calle Escamado, es decir, hasta el final de la misma.

Fot. 22R. Calle Escamado. Los sistemas de escaleras de acceso que se ven aquí, tienen la misma motivación y función que los explicados antes. Lo que significa que todas estas viviendas se apoyan sobre el fuerte muro de la gran galería de la casa de las familias Müller-Mateos. que se encuentra detrás y a nivel algo inferior. Además, se observa que los paramentos revelan algunas señales de semejanza con los aparejos romanos con fuertes deterioros. 

Fot. 23R. Calle Escamado. Detalle de las edificaciones existentes delante del Palacete: Los peldaños para el acceso se justifican por el nivel de suelo de estas viviendas. Debajo se encuentra la casa de las familias Müller-Mateos con sus estructuras romanas antes citadas. El muro de fondo aparece con su enlucido descarnado dejando ver un aparejo antiguo de procedencia romana muy deteriorado.

Fot. 24R. Calle Escamado. Palacete del Corregidor. Dentro había muros romanos que han sido totalmente eliminados con la recomposición de todo el interior. También ha desaparecido lo que quedaba de un torreón medieval, que estaba adosado al murallón de contención. Se ha practicado excavación en el patio interior donde han aparecido materiales romanos y árabes de forma aleatoria y difícil de catalogar cronológicamente.

Fot. 25R. Calle Carmen Baja. Inicio de estructuras que se van a ir modificando por los nuevos ocupantes de esos espacios. El opvs incertvm va a aparecer en los muros exteriores e interiores de las casas respectivamente.

Fot. 26R. Calle Carmen Baja. Continuidad de las líneas de fachada a ambos lados de la calle, en donde se quiere resaltar que se trata no de roturas sino de alineaciones de estructuras que han debido responder a los esquemas de emplazamientos de sistemas de aterrazamiento, dada la fuerte pendiente existente dentro de estas mismas casas.

Fot. 27R. Calle Carmen Baja. Continúa la calle en sentido Sur con las irregularidades de terreno que fuerzan a los ocupantes a modificar la estructura para poder hacer habitables sus viviendas. El suelo de la calle apenas tiene pavimento porque la roca original está casi a flor de superficie. Las medidas de las fachadas que se ven tienen casi la misma forma. Son muros reutilizados se debe a que no se utiliza arena de la playa para su construcción, sino que se aprovecha la herencia antigua que es mucho más resistente. El salitre de la arena puede poner en peligro el alzado de la estructura.

Fot. 28R. Calle Carmen Baja. Ensanche de la calle, en cuya parte izquierda se tienen datos testificales de la existencia de paramentos romanos a lo largo de toda ella. A derecha de la imagen se ha abierto un pasaje rompiendo las estructuras antiguas por necesidad de ocupar espacio para viviendas. Se han modificado hasta tal punto que la antigüedad de las mismas está en entredicho.

Fot. 29R. Calle Carmen Baja. Las formas antiguas existentes hasta hace poco tiempo han obligado a zigzaguear el trazado de esta calle y, a su vez, modificar las fachadas de las nuevas casas adaptadas a sus necesidades. Si se observan los aparejos de las paredes de la calle, puede decirse que no son de nueva construcción, sino la modificación para formar una calle a tono con las modernidad actual. Y cada vez más la verdadera identificación es más difícil de explicar debido a este fenómeno de modernización.

Fot. 30R. Calle Carmen Baja. Esta imagen muestra un proceso de transformación de estructura romana en casa moderna. Se pueden ver los restos de muros romanos mezclados con el cemento moderno. Y finalmente una casa, en su casi totalidad, moderna.

Fot. 31R. Detalle de la foto anterior donde se aprecia el aparejo romano formado por piedras y argamasa romana junto al hormigón moderno.

Fot. 32R. Calle Carmen Baja. Detalle de la foto precedente en donde se puede apreciar un primer tramo de paramento romano y segundo muro romano bastante retocado y muro romano de un paramento que gira por la configuración del terreno debido a la afloración de la roca madre.

Fot. 33R. Calle Carmen Baja. En esta imagen se presenta el mismo detalle visto desde otro ángulo, y en el que se puede observar: muro roto para abrir puerta de casa moderna a derecha.

Fot. 34R. Calle Carmen Baja. Vista general del paso ciego, abierto mediante la rotura de dos secuencias de muros situados en fachada y en su punto medio. El suelo es roca madre con una ligera capa de cemento moderno. Al fondo de la imagen: muro romano de fondo, comprobado desde la calle posterior, que es otro paso artificial cegado o abierto por la misma situación urbanística que la que se trata se explicar.

Fot. 35R. Calle Carmen Baja. Vista parcial de esta calle para resaltar la secuencia de muros que antes se has citado. A ambos lados se observa gran similitud de estructuras pero todos están remozados con mortero moderno.

Fot.36R. Calle Carmen Baja. Detalle sobre la parte izquierda de esta calle, en el que se puede ver el interior de una vivienda que muestra los fuertes muros, y el de cierre, situado formando casi ángulo recto. La altura de un muro maestro ha permitido ocupar y crear habitáculos en el nivel superior. De ahí la escalera interior.

Fot. 37R. Calle Carmen Baja. Estamos en la parte superior de toda la secuencia antes expuesta, es decir, un sistema paralelo con líneas y puntos comunes en su recorrido. Es una elevación de terreno motivado por la estructura de la roca madre. Por este espacio pasa la muralla procedente de la base de la Cueva de Siete Palacios para unirse con otro trazado de muralla que se ve en la calle Morería Alta: paramento romano que se prolonga hasta el fondo del pasillo cerrado; paramento romano en punto opuesto; paramento romano que se mantiene rectilíneo.

Fot. 38R. Calle Carmen Baja. En este pasillo, indicación sobre el suelo, de los restos de muro romano de base para construir sobre él. Es decir, ha sido derribado el muro antiguo y con los materiales de derribo han levantado el moderno.

Fot. 39R. Calle Carmen Baja. Sobre la misma calle aparece un espacio de estructura antigua y que, en su interior alberga estructuras antiguas con mampostería romana algo deteriorada. La entrada muestra restos del aparejo romano. La base de la puerta está hecha con lajas gruesas de piedra romana procedente de derribos.

Fot. 40R. Calle Carmen Baja. Detalle sobre el paramento en el que se puede ver el aparejo de técnica opvs incertvm romana encalado modernamente. La caída del enlucido moderno aquí, se debe a que se ha utilizado arena de playa y el salitre lo ha perjudicado. Su suelo es roca madre en superficie.

Fot. 41R. Calle Carmen Baja. El interior de este espacio tuvo cubierta en forma de galería. Se derrumbó y le pusieron techo de uralita. El muro de fondo que sobresale detrás, conserva su antigua forma a pesar de las alteraciones que ha sufrido.

Fot. 42R. Calle Carmen Baja. Espacio interior de la entrada indicada en la foto anterior: paramentos laterales de la estancia y paramento de fondo, con aparejo bastante deteriorado pero de opvs incertvm.

Fot. 43R. Calle Carmen Baja. Imagen en la que se muestra la continuidad del paramento de la cuesta anterior (Cuesta del Castillo), a derecha, según se sube: muro romano muy transformado, de otro sector, pero en contacto con el Sector R; corta pendiente con fuerte desnivel, para el que ha utilizado uno de los muros levantados en el sistema de aterrazamientos y que discurre a unos 15 m a izquierda en nivel superior. 

Conviene recordar que en esta calle aparecieron un mínimo de 5 piletas de salazones y más precisamente en una de ellas fue encontrado un peculio con unos 50 denarios de época republicana romana. Fueron estudiada y publicadas haces pocos años por la Universidad de Granada.

Fot. 44R. Calle San Joaquín. Una vez situados en la calle San Joaquín [ I ], al final del ascenso antes visto (fot. 43R), se encuentra toda una estructura situada frente a las del sector M, que es la prolongación hacia Poniente de las dependencias del sector L, adjunto a la Cueva de Siete Palacios, y más concretamente, de los elementos arquitectónicos de la Cueva en su parte exterior: espacio con estructuras situadas bajo el nivel del suelo y que pone de manifiesto una posible alineación de naves transformadas, a este nivel, y la situada de forma inmediata con otras estructuras del sector M, estrechamente ligado a éste.

Fot. 45R. Calle Antigua. Se cruza verticalmente con San Joaquín. En la misma línea de fachada, según se desciende, se han encontrado formaciones cuyos paramentos no dejan lugar a dudas sobre su identidad: el muro de la derecha fue roto para poder ocupar las construcciones romanas que se encuentran dentro.

Fot. 46R. Calle Antigua. En la anterior puerta metálica que se ha visto sobre la calle, estando en cierta ocasión abierta, se pudo tomar la información que se da: a izquierda, muro romano revocado ligeramente y que, en su trayectoria hacia el interior, ha sido roto para abrir paso a las dependencias que hay dentro; al fondo de tales dependencias se puede ver un muro romano que cierra probablemente la parte baja, y sin duda, la de arriba, dando a la calle (Fot. 44R).

Fot. 47R. Calle Antigua. El muro derecho de la imagen muestra aberturas sobre la calle y que se encuentran casi a nivel del suelo. Los interiores son estructuras antiguas similares a las que hay en el Sector K. y Sector I, en el que se pudo ver un horno moderno de pan cuyas estructuras se encontraban apoyadas sobre los muros romanos.

Fot. 48R. Calle Antigua. En un recodo que se puede ver de inmediato, al llegar a la esquina de la fachada indicada en la foto anterior, hay una vivienda con fachada remozada, antiguo horno de pan, similar al visto en Sector I (Morería Baja). Dentro de una ordenación de estructuras internas, se puede comprobar la existencia de muros romanos algo transformados, pero no dejan de mostrar su sello de piedra vista, reutilizando todos los muros que son fundamentales para el mantenimiento del armazón general de la casa.

Fot. 49R. Calle Antigua. Foto de detalle para ver claramente el aparejo de esta casa. En las viviendas donde se han realizado transformaciones, nunca se encuentra un muro con las características que aquí se ven. Todo el aparejo está enmascarado con el uso de la cal de blanqueo. Hay algún lienzo con aparejo romano retocado posteriormente.

Fot. 50R. Calle Antigua. Foto de detalle sobre otros muros interiores de la misma casa para hacer resaltar los paramentos y su gran volumen. Estas estructuras se encuentra cerca del elemento Cueva de Siete Palacios en Sector L.

Fot. 51R. Cuesta del Castillo. Los elementos de esta empinada calle muestran claramente, por la fuerte pendiente de su recorrido, la construcción de podios de acceso para poder acceder a las viviendas.

Fot. 52R. Cuesta del Castillo. Secuencia del paramento reutilizado en todo este rincón: secuencias de puertas artificiales, de acceso a estancias de módulos casi idénticos. Hay muro superpuesto, como se puede observar sobre la base del paramento más importante. 

Fot. 53R. Cuesta del Castillo. Indicación del sistema de muro adosado, pero transformado según las necesidades de cada vivienda moderna. Este rincón se hizo por necesidad de paso, lo que conllevó la destrucción de elementos romanos.

Fot. 54R. Cuesta del Castillo. Detalle frontal en el que se aprecia el uso de la piedra en el paramento de muro adosado y con escalón de acceso. El muro encalado deja ver las señales de su interior de opvs incertvm. Hoy todo el antiguo aspecto de fachada ha desaparecido.

Fot. 55R. Cuesta del Castillo. Perspectiva general de la calle para indicar la continuidad en su parte izquierda, y la alineación de los sistemas de muros romanos, aunque muy revocados.

Fot. 56R. Cuesta del Castillo. Detalle sobre la misma vista anterior para precisar el paramento, en el que se puede ver, con cierta claridad, la existencia de muros en los restos que sobre el suelo se pueden observar: indicación, sobre el paramento, de la existencia de aparejo romano en todo el trazado; anchura de la calle que llega a coincidir con un espacio natural considerado como probable nave de tamaño medio. Cada uno de los podia detecta la existencia de un muro de contención de plataformas de equilibrio de terreno.

Fot. 57R. Cuesta del Castillo. Detalle sobre la fachada, en la que se puede apreciar: a derecha, espacio donde se ve paramento de estructura romana por caída de enlucido; indicación de las señales de las piedras del aparejo romano a derecha.

Fot. 58R. Cuesta del Castillo. Paso cerrado en el que se han detectado elementos arquitectónicos, que se puede considerar como espacios de naves enrasadas. Si se hubiera tenido acceso a tomar fotos de los interiores, se confirmaría todo lo que se está afirmando. Y por esa razón, cuando se practica alguna reforma del interior de estos lugares, el material de desecho siempre ha mostrado que es de origen romano.

Fot. 59R. Calle Cuesta del Castillo. Pendiente realmente pronunciada en el acceso a calle San Joaquín. Esta foto fue tomada en época bastante posterior al resto de las demás. En ella se puede ver que el suelo ha cambiado de aparejo, cuando antes era casi relleno de tierra o ligera capa de cemento moderno.

SECTOR S

SEXS, Almuñécar. Sector S.  Este sector está comprendido por las calles Carmen Baja, Cuesta del Castillo, Horno Cuatro Esquinas, Cobertizo, y Real. Es una de las zonas que más deterioro de materiales romanos ha registrado. Sobre la calle Real ha aparecido recientemente una canalización de agua que conducía hacia la Cueva de Siete Palacios. Otra conducción de similares características ha aparecido sobre la misma zona, pero hoy está visible y se puede ver el canal de conducción de agua romano. Gran cantidad de materiales han aparecido con motivo del derribo de unas casas modernas al final de la calle Carmen Baja. Los materiales se llevaron al Ayuntamiento y se ignora su destino. Otras zonas excavadas en calle Real se verán en la figura en plano del Sector I.

SECTOR S

Fot. 1-S. Cuesta del Castillo: paso artificial construido mediante la rotura de todos los sistemas de aterraz. Desde el inicio de calle Real desde el el ayuntamiento, parte la citada calle. El aspecto empinado de esta calle, que es artificial, da a entender que todas las estructuras que la integran son antiguas formas de construcciones antiguas. El procedimiento habitual son los trazados aproximados en ángulo recto. Si realmente se tratara de una estructura hipodámica, la construcción de una ciudad se habría ejecutado de forma muy diferente. No como se aprecia en estas imágenes y en todas las que conforman lo que se viene llamando «ciudad de Sexi». Y ya ha quedado demostrado que no se trata de una ciudad, sino de una estructura industrial a gran escala. Cosa que no quita valor arqueológico a lo que se viene estudiando.

Si se examinaran los interiores de las casas a ambos lados de la calle, se podría comprobar que contienen estructuras que no son habituales de las viviendas de hoy, sino que ofrecen material para remontarse a miles de años atrás. En algunas de ellas se ha podido comprobar sobre la marcha elementos muy antiguos y que se ven en la propia fachada de las viviendas. Si se descarnara el aparejo de enlucido de toda la calle, se podría ver el elementos romano como base que sostiene todas o casi todas las casas de la localidad. Y realmente en enlucido reciente ha enmascarado casi el cien por cien de toda la ciudad. Y consecuentemente hay que pensar que se tiene toda una estructura romana revestida, a través del tiempo, con enlucido moderno que ha impedido poder ver cómo era este pueblo al ser abandonado por los romanos a partir del año 476.

Fot. 2-S. Cuesta del Castillo. Secuencias de paramentos que se consideran romanos por sus especiales características, y por tener restos en sus bases. Tanto los interiores como los muros externos tiene señales de un uso de muros antiguos. El hecho de construir esos grandes podios de acceso demuestra que es más fácil añadir que romper las estructuras externas. Los interiores de estas viviendas han tenido que sobremontar rellenado suelo a consecuencia el fuerte desnivel de la cuesta. Pero la vivienda inferior, sin embargo, puede aprovechar esa diferencia para abrir sin neidad de podio, como puede verse. Las ventanas de la parte derecha da fé de ello.

Fot. 3-S. Calle Horno Cuatro Esquinas. A mitad de la cuesta anterior: a derecha, haciendo esquina, cuando se hizo cambio de forma, se pudo comprobar que el muro principal era de estructura muy diferente, pues era un muro romano medieval, probablemente destinado a los sistemas de aterrazamiento; restos de muros romanos en la base a izquierda.. 

Fot. 4-S. Calle Horno Cuatro Esquinas. Toma desde la calle anterior: interior de una casa con un patio cuyo muro de fondo da claras muestras de ser romano, por su aparejo y grosor, 1,90 m. Esta foto se consiguió con dificultad.

Fot. 5-S. Cuesta del Castillo. Detalle de la toma anterior, donde se puede apreciar: A izquierda. entrada a unas estancias que nos han sido descritas, pero no se han podido ver directamente, y que tienen indicios de haber constituido naves romanas. Se indica el grosor del muro de calle, que alcanza los 0,80 m; debajo, entrada a las estructuras o acceso propiamente dicho; podivm de acceso. Se puede comprobar que su composición es romana, menos la parte superior que es un añadido. El grosor llega casi a los 1,20 m. 

Fot. 6-S. Cuesta del Castillo. Detalle de la foto anterior para que se vea bien tanto la entrada y el grosor de su muro, como la composición del paramento del podivm.

Fot. 7-S. Vista general de la misma Cuesta, tomada desde la parte elevada, para mostrar la serie de podios (1, 2,) que se han tenido que montar para acceder a las dependencias interiores. Es interesante observar que el inicio o punto de acceso por el podivm está alineado con un espacio que da entrada a un pequeño patio cerrado, como si su muro formara parte del aparejo del que se encuentra enfrente.

Fot. 8-S. Calle Alta del Mar. Indicación de la existencia de un muro romano de gran espesor y que parece haber desempeñado una función de sujeción o aterrazamiento. Continúan los fuertes desniveles.

Fot. 9-S. Calle Alta del Mar. Detalle de la muralla anterior, en donde se precisa: espacio en que se ha realizado un rebaje de terreno, en el que se han detectado tanto materiales estructurales como cerámicos; y espacio que indica el centro del murallón romano.

Fot. 10-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Vista de conjunto de la zona rebajada, en donde se pueden ver: muro romano sobre talud cortado a pico y donde se comprueba cómo se ha tenido que perforar para llegar hasta la roca madre, a la vez que los restos de estructura mural romana en ruinas. los restos de estructura romana, donde se conservan parte de muros ligeros y otros gruesos.

Fot. 11-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Aspecto parcial de la esquina de este subsector, en que se puede apreciar: paramento romano ya detallado; elementos romanos en estado ruinoso; restos de un muro romano roto por la pala mecánica; y al final haciendo esquina: contrafuerte de estructura romana, que se ha mantenido como punto de apoyo para la estructura moderna colindante. 

Fot. 12-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle sobre la toma anterior sobre el punto y donde se puede ver una estructura semicircular con un aparejo que se sale de la normalidad. Puede ser un punto final de muralla construido con opvs incertvm ya retocado con posterioridad.

Fot. 13-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle sobre el fondo de la zona rebajada, en la que se puede contemplar: 1, indicación del muro romano sobre roca de frente; 2, paramento romano situado sobre roca y cuya parte superior, ahora, se nivela con la calle que discurre por arriba; 3, restos de construcciones romanas muy derruidas, a derecha de la imagen.

Fot. 14-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Plano parcial del terreno rebajado, en donde se pueden ver: 1, restos de un subsector, donde se puede ver la técnica del opvs incertvm en el centro de la imagen; 2, muro romano adosado a un corte sobre roca y relleno de escombros a su alrededor; 3, restos de construcciones romanas en muy mal estado, a izquierda de la imagen.. 

Fot. 15-S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle sobre la toma del corte vertical de la máquina, donde se puede apreciarm a derecha: restos de muro romano; y a izquierda, restos de construcción sobre corte practicado encima de tierra. El resto auténtico es el que busca la roca madre en su levantamiento, tal como se observa en el de la derecha.

Fot. 18S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle para indicar el grosor y la composición del muro posiblemente romano antes expuesto, mostrando los mechinales donde se empotran las vigas de construcción moderna, y ello debido a que ofrecía fuerte resistencia ya que la calle que discurre por arriba podía crear serios problemas de seguridad por el efecto desnivel. Este mismo fenómeno se ha podido ver en el Sector B, muralla de poniente, con mechinales de posible similitud estructural.

Fot. 17S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Fota de detalle en donde se marca con una línea el perfil del basamento del muro que linda con la calle Carmen Baja. El aparejo antiguo se trasluce en los espacios que se encuentran desconchados.

Fot. 20S. Calle Alta del Mar-Carmen Baja. Detalle de la Foto anterior, en donde se marca el carácter estructural romano (parte inferior) y el moderno (parte superior) de su aparejo. Llama la atención el hecho de buscar, como base de apoyo, la construcción romana en el fondo bajo con aparejo de opvs incertvm.

Fot. 19-S. Calle Carmen Baja. Paramentos laterales que se consideran romanos y que, además, cerraban este acceso que se ve en otras de las cuestas, paralelo al anterior. La fachada que se observa aún de ladrillo provisional de obra, indica exactamente el lugar donde se encontraron cinco piletas de salazones, de las que una proporcionó los citados denarios romanos.

Fot. 20-S. Calle Carmen Baja. A izquierda de la imagen se observa la característica entrada a vivienda con una separación entre ella igualitaria. O sea, los módulos típicos de las fachadas van indicando el especio interior de las casas porque la propia estructura obliga a admitir que dentro se encuentran las construcciones romanas tantas veces vistas.

Fot. 21-S. Calle Carmen Baja. Tan sólo se ha podido fotografiar uno de los interiores de la fachada que se ha visto en 9S. La secuencia de los muros de fondo parecen tener relación con los paramentos que se han descubierto en la zona de este sector, donde se han practicado los rebajes. 

Fot. 22-S. Cuesta denominada del Cobertizo. Sus alzados están levantados con materiales reutilizados antiguos, y con basamentos romanos. La aparición de materiales ha sido muy frecuente.

Fot. 23-S. Calle Cobertizo. Los elementos de estas edificaciones a base de ladrillo rojos vistos, responden a una época moderna, pero se han levantado sobre estructuras antiguas y no árabes. Modelo árabe de casa antigua no se ha encontrado nada hasta el momento, aunque se hable por tradición de barrios árabes sin tener un testimonio seguro de su existencia. Hasta el momento, tan sólo se puede hablar de murallas árabes en el Castillo y periferia de la ciudad. y Sí, hay una edificación remana que ha sido ocupada por los árabes en calle Baja del mar. Son galerías romanas utilizadas casi seguro como estancia para baño, con entrada con arco califal. Se piensa que algunos agujeros del techo fueron adaptados como lucernarios, cosa que crea dua por la poca calidad y cantidad.

Fot. 26S. Calle Cobertizo. Detalle de la toma anterior donde se puede apreciar: restos en la base de estructuras romanas muy deterioradas; y, a la izqierda de la imagen, el alzado de ladrillo visto que se apoya sobre estructuras más antiguas dada su altura importante. marcando el punto hasta el que es posible detectar la continuidad o aprovechamiento del alzado romano. 

SECTOR T

Sector T. Este sector está delimitado por las calles San Joaquín, Baja del Mar, Cuesta del Carmen, Plaza del Teatro, y Alta del Mar (Crucero Canarias). La parte central de Carmen Baja puso al descubierto cinco piletas de salazones. En una de ellas apareció un tesorillo de denarios de plata. Su datación llega hasta finales del s. II a. de C. En consecuencia las piletas, que estaban abandonadas en esa fecha, son anteriores a las del Majuelo.

En la parte izquierda del plano se observa la muralla de aterrazamiento romana, que llega hasta calle Real. Sobre la calle San Joaquín está la primera muralla de aterrazamiento del conjunto.

Fot. 1T. Cuesta del Carmen. Situación antigua de este mismo espacio antes de que se construyeran casas modernas sobre él. A izquierda de la imagen existió una fábrica azucarera. A derecha, detrás de las viviendas que se ven, a nivel más elevado, ha existido muralla moderna que recientemente ha sido destruida.

Fot. 2T. Cuesta del Carmen. Situación en que ha quedado parte de muralla que se utilizó para contener el empuje de la fuerte pendiente y la presión de las edificaciones superiores.

Fot. 3T. Espacio que ocupó la antigua plaza de las cañas. De frente se ve parte del muro de contención que se prolonga hasta la calle Carmen Baja. El tipo de aparejo varía, pero son variantes de época moderna. Cuando se levantó la fábrica, según contaron operarios y algunos de los dueños, aparecieron materiales de época romana; cerámicas y elementos de un probable horno de cerámicas, según los restos que dijeron haber encontrado.

Fot. 4T. Cuesta del Carmen. Ampliación de la perspectiva anterior, donde se aprecia con cierta claridad: añadido moderno a la muralla; en la base se detecta estructura más antigua que debió levantarse para poder sujetar el posible movimiento de tierras por la presión. A derecha de la imagen se ve un aparejo muy similar el sistema usado habitualmente por el mundo romano, y era lógico porque justo detrás se han hallado estructuras de origen romano. El punto marcado con (3) muestra restos más profundos que avalan lo afirmado anteriormente.

Fot. 5T. Imagen de detalle donde se ve el alzado de la muralla moderna, pero no la más antigua por encontrarse cubierta por los derribos de la fábrica.

Fot. 6T. Se continúa en los niveles superiores del pueblo para ver una muralla importante que ha sido dañada en su recorrido, cosa que no ha permitido contemplar que era una muralla perimetral de lo que se consideraba en época árabe «Alcazaba». Entre calle Carmen Baja y San Joaquín (I).

Vista más amplia de la muralla donde se puede observar con más detalle el aparejo romano algo retocado posteriormente: matorrales provocados por la estructura medieval añadida, que lleva tierra como componente, y muro romano bien conservado que se empotra sobre la muralla.

Fot. 7T. Bajo calle San Joaquín (I). Tramo del murallón romano en el fondo del subsector: aparejo romano algo retocado en fase medieval; zona de base donde se aprecia revoque de estructura romana impermeabilizante. 

Fot. 8T. Torreón junto a la muralla de la calle San Joaquín (I). Vista, desde abajo, del torreón medieval: estructura de tierra prensada con triple hilera de ladrillo a diferentes alturas; añadido moderno sobre el murallón para evitar su desplome, debido a su mal estado de conservación en este subsector. La tierra prensada es inestable. Se observa, no obstante, que la parte oeste del alzado tiene aún a la vista mechinales a dos niveles, cosa que indica que ahí se ha podido establecer una techumbre en elgún momento de sus historia.

Fot. 9T. Vista, desde arriba, del mismo torreón antes de que se realizaran los añadidos sobre la muralla: paramento del torreón, y parte superior del murallón. La base de este torreón fue excavada hace unos años. Los materiales eran variados y mezclados, árabes y romanos.

Fot. 11T. Construcciones a los pìes de la muralla de la calle San Joaquín (1). Perspectiva en la que se observan otros muros medievales que se empotran en el murallón anterior. Este espacio junto a la muralla ha sido destruido para edificación moderna en donde se profundizó de tal manera que dio como resultado la aparición de piletas de salazones romanas. Se encontraron cinco, pero se cree que había más porque la último casi se encontraba sobre los cimientos de la casa vecina. El resultado ha sido algo esperanzador para aclarar la realidad de toda la estructura de lo que se considera ciudad romana, ue no lo es, porque es la segunda vez (constatado que se sepa) que aparecen en niveles superiores tal cantidad de elementos industriales. Pero ha sido una novedad el hecho de que en una de las piletas apareció un peculio con monedas romanas: son denarios de los usados para pagar habitualmente a los soldados. Aparecieron dentro de un envoltorio de piel ya algo deteriorado. Contenía aproximadamente una cuarentena de denarios de plata, de los que tan sólo se han podido estudiar 28. La más moderna es el año 46 a. C. Todas las piletas fueron «excavadas» por los operarios, en vista del hallazgo, pensando que podría haber más elementos en cualquiera de las otras.

Tal hallazgo se comentará más adelante por lo que significa un estudio en profundidad de la historia de tales monedas y sus circunstancias.

Fot. 11T. Calle San Joaquín (en nivel inferior de la muralla). Parte baja del murallón anterior, donde se aprecia: zona superior del muro sobre el que se han levantado casas modernas; muro romano vertical al murallón al fondo de la imagen, y en el que se aprecia bien la técnica del opvs incertvm. Este muro se prolonga hasta la calle, constituyendo un elemento divisorio dentro de estas estructuras. Aquí es donde han aparecido las piletas de salazones y las monedas romanas.

Fot. 12T. Calle Cuesta del Castillo en su tramo final: punto de partida del murallón en sentido a Poniente. A partir de aquí, o bien se derrumbó, o fue destruido para ganar espacios para las viviendas que ocupan su solar. Al fondo de la imagen: punto exacto donde fue roto el murallón para abrir paso a las partes superiores; rotura del muro romano (al fondo) superior que se continuaba por la calle San Joaquín (I); justo detrás, las viviendas modernas han hecho desaparecer los elementos estructurales que se extendían desde la Cueva de Siete Palacios hacia el Oeste, o sea, el segundo cuerpo de Cueva que fue destruido para poder pasar. En el plano general L se reflejan todos estos cambios y las primitivas estructuras.

Fot. 13T. Calle San Joaquín: Al fondo de la imagen se observa como el enlucido moderna ha enmascarado el aparejo general de la estructura romana. Detrás se encuentran los muros del Sector dos de Cueva de Siete Palacios.

Fot. 14T. Cuesta del Castillo. Vista, desde la parte baja de este espacio: línea de fachada supuestamente con paramento romano; sistema de acceso moderno perteneciente a una estructura romana destruida; y al final de este trozo de calle (esquina izquierda superior): punto de arranque del murallón que aquí ha sido roto para abrir calle, necesaria para subir a la parte alta de la ciudad moderna. Todas las viviendas en esta cuesta han tenido que ser sobrealzadas para poder contrarrestar la fuerte pendiente.

Fot. 15T. Cuesta del Castillo. Detalle de la parte superior de la calle en la que igualmente puede observarse la reutilización de paramentos, y que han necesitado el equilibrio interno mediante relleno para igualar el desnivel existente: indicación del desnivel en fuerte pendiente; uso de escalones para acceso, a consecuencia del relleno interior. 

Fot. 16T. Cuesta del Castillo. Detalle de la toma anterior para resaltar: podios construidos reutilizando bases de muro romano; paramentos de casas modernas, donde se aprecian detalles de probables estructuras romanas, paralelas a los muros antes ya descritos. 

Fot. 17T. Cuesta del Castillo. Vista, hacia abajo, de la misma calle, en su primer tramo alto: a izquierda: alturas de las edificaciones que coinciden con los tipos tradicionalmente admitidos en todo el conjunto de la ciudad actual. Se piensa que es un paramento que, por su grosor, se identifica con el complejo en general; plataforma que indica la existencia de muro, y que se utiliza como elemento de acceso a todas las dependencias de esta fachada, de forma escalonada, según la necesidad que la diferencia de niveles exija. 

Fot. 18T. Calle Carmen Baja. Paramento moderno de este tramo de esta calle, bajo la cual se encuentran elementos como el gran murallón, el torreón medieval, algunos muros romanos aún visibles, y las destruidas piletas de salazón: 1-2, probable paramento romano remozado; 3, indica justo el lugar donde se encontraron las piletas de salazones antes citadas.

Fot. 19T. Calle Carmen Baja (en sentido Este). Continuación de la secuencia anterior, en donde se observa: indicación de la continuidad del muro sobre el suelo con paso artificial; continuidad de la zona de las piletas de salazón del paramento en toda la calle (parte derecha de la calle).

Fot. 20T. Calle Carmen Baja. Continuación de la secuencia del espacio anterior, pero con incremento del posterior que da sobre el murallón: a derecha: indicación de la altura que se considera lógica, debido a las reutilizaciones que ha sufrido; fachadas que muestran al exterior la composición de su estructura interna, traslúcida a través del revoque moderno. 

Fot. 21T. Calle Carmen Baja. Detalle de la toma anterior, en donde se ha tenido que remontar el desnivel para facilitar el acceso, superando más del metro de altura. 

Fot. 22T. Calle Carmen Baja. Indicación de una nueva rotura en la línea de fachada, lo que informa de cambios en la estructura de plano de este subsector. Por ello, se aprecia: cambio en la línea de suelo y fachada; rotura del muro que unía estos paramentos, con el fin de abrir un paso y ocupar los compartimentos que a continuación se verán. Es evidente que los muros de las casas muestran claros indicios tras los encalados moderno que ocultan en su interior el aparejo romano.

Fot. 23T. Calle Carmen Baja. Dentro de la serie de muros rotos que se observan sobre el suelo, se puede anotar las siguientes distancias que los separan. Los encalados del suelo con ligeros escalones marcan la señal de los muros que se han destruido para poder ocupar las dependencias que se verán a continuación. Es una de las zonas que más eliminaciones de estructuras ha sufrido. Hoy estos restos que se ven han desaparecido totalmente gracias a la actuación de arreglos de calles. Todos los vestigios han desaparecido. es imposible distinguir donde empieza lo nuevo y donde queda lo antiguo. Los restos deja a descubierto los inicios de las estructuras que se han roto por los ocupantes actuales. Pero lo que es calle, ha perdido todo lo que podía informar. Afortunadamente estas fotos muestran que han existido estructuras romanas con marcado estilo romano. Justo en niveles superiores se encuentran las estructuras del complejo de Cueva de Siete Palacios.

Fot. 24T. Calle Carmen Baja. El mismo terreno donde se aprecia el escalonamiento producido por la rotura de las estructuras romanas que aquí han existido y que es lo que queda como testigo de su existencia. Vista general de la calle artificial donde se pueden comprobar todas las roturas de muros, con el fin de poder abrir calle en un subsector que era tan cerrado como toda la secuencia que precede. Por ello, se indican: accesos a dependencias modernas que guardan las mismas medidas que los espacios ocupados por las naves tradicionales. Aquí se dan dos de estos espacios en línea, que no se nos permitió fotografiar; secuencia de muros sobre el suelo, situados a distinto nivel, en pendiente, según se ve en aproximación al murallón de fondo visto ya antes; a derecha se observa el paso hacia el murallón.

Fot. 33T. Calle Carmen Baja. Detalle de la toma anterior para ver lo siguiente: 1, secuencia escalonada de muros rotos, en sentido paralelo a las estructuras de fondo; 2, línea de fachada descrita como romana con estructuras interiores y módulos de galerías similares a las vistas en otros espacios; 3, indicios externos del aparejo romano, pero muy encalados.

Fot. 26T. Calle Carmen Baja. Vista del mismo rincón, pero para presentar: 1, existencia del murallón, como fondo base de todas las estructuras que se apoyan sobre él como último soporte; 2, nueva indicación de fachada con restos de muro romano; 3, muro divisorio o elemento de una estructura rota, paralela al alzado de fondo que es el murallón de calle San Joaquín.

Fot. 27T. Calle Carmen Baja. Detalle sobre el mismo espacio anterior, donde se ve lo siguiente: paramento de estructura romana en toda la fachada, que se verá en otra perspectiva más precisa; podivm artificial para poder acceder a vivienda construido sobre un muro destruido, y que se prolonga a lo largo de todo el alzado, variando su altura según la necesidad y la pendiente; 3, fachada antigua remozada a derecha.

Fot. 37T. Calle Carmen Baja. Toma de detalle para mostrar: murallón de fondo con su gran elevación sobre la base actual; paramentos reutilizando la muralla para poder apoyarse sobre ella.

Fot. 29T. Calle Carmen Baja. Detalle del espacio anterior para remarcar: fachada con paramento romano en su parte frontal; su encalado deja ver que detrás hay opus incertum; por la altura de la puerta de esta vivienda se calcula la existencia de una galería que debió ser destruida. Tan sólo se aprovechan los muros laterales de la misma.

Fot. 30T. Calle Carmen Baja. Vista general del alzado de un subsector de esta área, donde se ve: 1, Restos de estructura romana visible, encalada, sobe la que se ha levantado una escalera de accesoa ambos lados. Ello denota que esta parte de las estructuras romanas eran bastante densas a la vista de los restos y que también cerraban la zona totalmente. El paso es claramente artificial, como viene siendo lo habitual aquí, muro que parte en ángulo recto hacia la izquierda y que forma parte de una estructura situada tras él, y otro en la parte de arriba.

Fot. 31T. Calle Carmen Baja. En esta imagen, realizada sobre la parte anterior y en momentos diferentes, se ve cómo se pueden apreciar los elementos que se vienen admitiendo como genuinamente romanos: y es el murete testigo de otro que ha sido eliminado en su alzado y que se puede ver como punto de arranque sobre el que se ha construido modernamente.

Fot. 32T. Calle Carmen Baja. Vista desde el punto opuesto de este mismo muro divisorio: 1, paramento romano que se perfilará mejor en otras imágenes de detalle; 2, escalonamiento producido sobre el muro divisorio, que formaba muro de cierre para acceder a la casa de cuyo paramento parte; alzado de vivienda moderna que echa sus cimientos sobre las estructuras antiguas; 4, paramento con claras señales de estructura romana: pueden verse directamente las piedras del opvs incertvm.

Fot. 33T. Calle Carmen Baja. En la fachada opuesta al paramento anterior se observan igualmente dos muros romanos: aunque en distinta línea, casas que nos hacen suponer que corresponden a diferentes espacios. 

Fot. 34T. Calle Carmen Baja. Detalle de la foto anterior (33T) en la que se puede apreciar de cerca los indicios de piedras, aparejo de opvs incertvm. Como puede observarse, las piedras del aparejo de opus incertum dejan verse en este muro que se prolonga a través de la puerta con espacio cerrado.

Fot. 35T. Calle Carmen Baja. Secuencias de estructuras alineadas en el interior del patio antes descrito (34T), en el que se puede apreciar, además de casi todos los elementos básicos de muros, su composición, pero enmascarada por el enlucido moderno: opvs incertvm tras el revoque; línea punteada que nos marca la altura de lo que es muro romano y de lo que es añadido moderno. 

Fot. 36. Calle Carmen Baja. Continuación del espacio anterior (35T) con su misma línea y tipo de construcción. Se aprecian en la pared los salientes de las piedras que conforman el aparejo interno. Las medidas de estos espacios vienen siendo idénticas a otras manifestaciones de este tipo registradas en otros sectores, como los del área superior de la antigua ciudad. De todo lo que aquí se ha visto, tan sólo estos dos compartimentos pueden encuadrarse en los módulos que se vienen considerando naves enrasadas o transformadas.

Fot. 37T. Calle Carmen Baja. En esta imagen se aprecia el alineamiento de los elementos de este espacio, en donde distinguimos: pared de estructura romana; muro romano alineado con lo que le sigue, a derecha; resto de muro de cierre al fondo; y resto de muro utilizado como podivm para acceder a las casas de atrás, a derecha. 

Fot. 38T. Calle Carmen Baja. Detalle de la toma anterior (37T), donde se pueden identificar mejor los datos de interés: muro romano con indicios claros al exterior a derecha; escalonamiento motivado para aligerar la pendiente (centro), y que forma parte del muro romano de cierre en este tramo del subsector; muro romano del que sólo se conserva la base, y que ha sido utilizado para construir un acceso a la casa de donde parte, escalera. Sus medidas sobre el suelo son de 3,20 m de anchura, y de altura 0,75 m, y 0,10 m. El muro 38T, mide 4,25 m.

Fot. 39T. Calle Carmen Baja. Esta imagen se ha elegido para indicar cómo se aprovechó en terreno para establecer una sistema fácil de acceso, pero aprovechando los restos antiguos de estructuras romanas. La roca madre en estos momentos estaba a la vista. Tan sólo se cubría con una ligera capa de cemento.

Fot. 40T. Calle Carmen Baja. En esta imagen se destaca el aparejo romano sobre el que se ha construido un ligero acceso en forma de escalera. Pero lo más destacado es que se aprovecha la existencia de un muro romano cuyas elementos componentes están s flor de tierra, muy encalado. Toda esta imagen está enmascarada, pero es evidente su realidad antigua.

Fot. 41T. Calle Carmen Baja. Detalle sobre el muro de cierre anterior (40T), en donde se puede apreciar, además, la existencia de plataforma de enrase por desnivel del suelo: se ve mortero junto al muro de frente; punto de partida de un nuevo paramento romano que se sale de la línea general de la calle moderna.

Fot.42T. Calle Alta del Mar, bajo cuyo suelo se encuentra toda una secuencia de naves, que se expondrán en el Sector O. Aquí sólo se señala que esta alineación fue, tiempos atrás, un murallón (que se puede comprobar en la parte superior de la citada cuesta), justo donde se inicia la cuesta en la parte alta. Toda esta calle se encuentra sobre sistemas de naves abovedadas. Pero es necesario aclarar que las naves que se verán en otro Sector, se dirigen casi en línea recta des Baja del Mar hasta Alta del Mar casi en vertical. Y, a partir de aquí, subiendo la cuesta de la calle se encuentran verdaderas redes de galerías que han idos apareciendo conforme se han ido practicando reformas en esta casas. Una de las casas de la cuesta empezó a hundirse porque se encontraba construida en zona donde estaban las galerías enterradas. Le metieron inyecciones de cemento para estabilizar terreno, pero se supone que varias galerías quedarían destruidas por la presión.

Fot. 43T. Calle Alta del Mar. Detalle del murallón, del que sólo queda un pequeño lienzo, usado como escalera de comunicación entre dos calles artificiales. Punto de unión entre las calles Alta del Mar y Carmen Baja. A lo largo de toda Alta del Mar, a sus espalda, existe una muralla que, como en este caso, sujetan la estructura antigua de la zona alta.

Fot. 44T. Calle Alta del Mar. Vista general de esta plazuela, cuya cota se encuentra a 7,50 m, y que marca todo el espacio que fue observado cuando se realizaron los cimientos de las casas que la rodean: a izquierda de la imagen existía una casa antigua en cuyo cimientos había estructuras antiguas que han sido destruidas., y justo al lado, otra casa antigua que conservaba los llamados «blanqueos», en donde se secaba el tabaco y probablemente se tratara también el azúcar.

Fot. 45T. Calle Alta del Mar. Indicación de toda una línea que estuvo ocupada por estructuras romanas, y que en sus cimientos fue descubierta una apretada malla de muros romanos: 1, los pilares de este edificio moderno están montados sobre los muros romanos que hay debajo. Fueron vistos en obras posteriores, y estaban relacionados con la factoría de salazones. No se pudo hacer fotos. Personalmente los vi y no disponía de cámara.

Fot. 46T. Calle Carmen Baja. Realce provocado por la continuidad del murallón antes citado. La calle que asciende es un hueco entre el murallón que cierra lo que es el paramento de toda la urbanización que se ha levantado sobre el fondo de todo el testero, que partía de la esquina de cierre del murallón medieval ascendente. Por otro lado, se observa el desnivel natural de la parte superior, en la calle Carmen Baja, que ha sido muy alterada, construyéndose sobre pequeñas áreas.

Fot. 47T. Calle Carmen Baja. Justo encima del murallón que se encuentra a izquierda de lo que se ve en esta foto, la altura del mismo ha provocado que se tuvieran que hacer altos escalones para acceder a los habitáculos de esta parte de la calle. Hoy no existe.

Fot. 48T. Calle Carmen Baja. Esta misma imagen es similar a la anterior, donde se ha tenido que un acceso artificial por las mismas razones con el murallón que se encuentra debajo.

SECTOR U

Fot. 1U. Cuesta del Carmen. Aspecto parcial del murallón romano de Levante, situado debajo del primer subsector de U. Obsérvese la base vertical, de piedra gruesa, con sistema de opvs incertvm que se poya directamente sobre roca madre. Se encuentra sobre una base rocosa como en todas las estructuras. Es una de las murallas periféricas del complejo. Su trayectoria procede aquí de la zona de Cueva de siete Palacios y, desde este punto, se dirige hacia la muralla de Levante, en cuyo alzado Se ha descubierto hace poco la canalización del agua en dirección a las últimas dependencias romanas del complejo. En este tramo de muralla no se ha podido distinguir bien, debido al encalamiento, si los árabes reutilizaron la estructura romana en la parte superior de la misma, aunque el estado comprobado sobre el terreno no lo atestigua.

Fot. 2U. Cuesta del Carmen. Vista casi total de la parte superior del murallón en este sector, donde se ve: sentido longitudinal longitudinal de la muralla en un espacio de casi cien metros; en segundo lugar se observa el alzado en posición inclinada con respecto a la base, con estructuras romanas y añadidos medievales y modernos; pero el basamento es romano, como ya se ha visto. Las viviendas modernas se apoyan sobre la muralla como punto de soporte que les da seguridad y estabilidad. Es una constante que se viene repitiendo en todos los niveles de la ciudad moderna: reutilización de los elementos más consistentes y resistentes que los romanos levantaron en este lugar.

Fot. 3U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista superior del murallón, con intención de relacionarlo con su función arquitectónica, tanto hacia las estructuras de abajo, como a la calle Cueva de Siete Palacios. Aquí se observa lo que queda de la muralla en su parte más elevada. Su consistencia es resistente. No se ha desmoronado como ocurre con las murallas árabes que quedan en algunos espacios de la ciudad. La tierra prensada no resiste al tiempo y se degrada por los fuertes cambios estacionales o fenómenos atmosféricos y sísmicos. En la imagen ofrecida se ve la muralla en su parte superior justo en el centro de la foto en sentido vertical.

Fot. 4U. Calle Cueva de Siete Palacios. Perspectiva más completa sobre la extensión que comprende el subsector sureste de este espacio. Se presenta esta imagen porque abarca tanto los restos de la muralla como los elementos modernos que se han añadido con el tiempo, de los que se sabe que han utilizado para levantar nuevas construcciones en toda la ciudad apoyándose en las estructuras previas de origen romano.

Fot. 5U. En la calle Cueva de Siete Palacios se indica la posición que sigue el murallón en su parte interna y más elevada, y se comprueba cómo sirve de sujeción para todo cuanto haya existido en este espacio, ya que aquí también se han producido derribos, pues a partir de los puntos que se indican, toda la estructura superior (o parte de ella) son añadidos modernos. El elemento indicado se encuentra en el centro izquierda de la imagen ofrecida.

Fot. 6U. Entre las calles Cuesta del Carmen y Cueva de Siete Palacios. Detalle del murallón en su parte superior, donde se puede apreciar su grosor, que llega a alcanzar 1,20 m. En este punto el revoque nos impide ver el aparejo externo. 

Fot. 7U. Perspectiva de la calle Cueva de Siete Palacios que, como se puede observar en su parte derecha, está producida por una serie de cortes provocados en las secuencias que, en línea recta, se sitúan de forma casi rectangular sobre ella y conforman los sectores D y E. El momento ligeramente curvo es un fenómeno producido a lo largo de la apertura artificial de la propia calle y en razón de los intereses de aquellas personas que vieron la necesidad de hacerlo. A partir de este punto peraltado, el sector deja de identificarse, como parte probablemente integrante del sector L, o ámbito de la Cueva de Siete Palacios. A izquierda, según se baja, se encuentran dos calles transversales que van a reutilizar estancias en origen romanas, formadas por galería que han sido enrasadas o destruidas, como se verá.

Fot. 8U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista tomada muy cerca del murallón. Se puede comprobar cómo esta calle ha sido creada dando cortes sin más cuidado que el de crear accesos a las nuevas viviendas. Esa es la razón para explicar la existencia de muros modernos que han sido levantados reutilizando los materiales de los respectivos derribos practicados con el paso de los años. En una de estas nuevas «calles» se verá alguna nave abovedada y muchos restos de ellas que han quedado como testigos de la existencia de una verdadera cadena en los diferentes niveles del casquete superior de la ciudad moderna.

Fot. 9U. Calle Cueva de Siete Palacios. Aquí se nos muestra la calle tomada desde la parte sureste, es decir, desde el subsector que fue destruido para la edificación de las antedichas escuelas. Los puntos que se destacan se identifican como sigue: primer plano de acceso artificial al tercer pasillo interno del subsector; similar acceso, pero más simétrico que el anterior a izquierda; curva en perspectiva de la calle, pero vista desde el muro de las escuelas. 

Fot. 10U. Calle Cueva de Siete Palacios. Acceso artificial al tercer pasillo ciego. Hay dos pasos interiores más pequeños totalmente necesarios para poder ocupar las dependencias de la parte colindante con la Cueva. De esta forma se puede distinguir: paramento rectilíneo de opvs incertvm con revoque moderno; la altura de estos espacios es de una sola planta, porque tan sólo han usado las medidas de una galería tradicional, común a ambos lados de las estructuras del pasillo. En los muros laterales que dan al pasillo se observa con claridad que el aparejo en romano ya que se traslucen los elementos usados en la construcción.

Fot.11U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle del paramento de la parte derecha, según se entra:  en la parte central se puede considerar la anchura de lo que pudo ser una nave destruida para poder ocupar las estancias que aquí se encontraban; se ha construido modernamente más de lo permitido a costa de acabar con las formas más antiguas, cosa que se verá a continuación. Puede observarse a derecha, en las jambas de una de las puerta modernas, el grosor de las mismas que se encuentra dentro del tradicional uso de las estructuras clásicas romanas: 60 cm.

Fot. 12U. Calle Cueva de Siete Palacios. Nueva vista del subsector indicando: 1, detalles observables en los muros donde  se puede identificar el opvs incertvm, la anchura del pasillo coincidente con las interiores, lo que lleva a concluir lo mismo que en el pasillo anterior, situado en el nivel segundo. Es una evolución dentro del tiempo en que se ha venido estudiando estos espacios en la arquitectura romana. Conviene decir que en estos lugares de la ciudad moderna no se ha registrado absolutamente ningún elemento árabe.

Fot. 13U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto anterior para observar la anchura interior con indicación de la existencia de rebaje de terreno en el acceso a este espacio y comprobación del  grosor del muro exterior de la serie, en toda la secuencia. 

Fot. 14U.Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto anterior para indicar la apertura de un nuevo paso mediante la rotura de paramento romano e indicación de los desniveles en el suelo para demostrar la existencia de relleno y el desnivel marcado por la pendiente natural de terreno.

Fot. 15U. Calle Cueva de Siete Palacios Segundo acceso interior dentro de este mismo subsector con paramento moderno y rotura del antiguo, para abrir más espacio e indicación del fondo con paramento romano.

Fot. 16U. Calle Cueva de Siete Palacios. Tramo final del pasillo, en línea recta con el punto de salida, donde se ven los muros que marcan el cierre del mismo, a la vez que el uso de un espacio posterior a todas las puertas que se observan. Tras la puerta con rejas, se encuentra un murallón romano de aterrazamiento, que se continúa por los espacios antes estudiados hasta cerrar el pie de las antiguas escuelas. 

Fot. 17U. Calle Cueva de Siete Palacios. Identificación del primer pasillo interior en este espacio, cuya realización ha sido debida a la necesidad de romper estructuras para poder acceder a las dependencias más internas de las secuencias próximas a la Cueva: se ve existencia de plataforma de relleno moderno y paramento probablemente moderno; paramento romano en línea con otro existente anterior y que es el fondo de la serie de naves (transformadas) que se ven desde la entrada a este subsector. Las alturas son las mismas, aunque se encuentran semiocultas por los añadidos posteriores modernos, es la misma, lo que quiere aclarar que las alturas que sobrepasan una planta, son todas añadidos modernos.. 

Fot. 18U. Calle Cueva de Siete Palacios. Segundo pasillo ciego, con naves enrasadas a ambos lados. Se piensa que la parte central fue tanto elemento abovedado cubierto, como lo que se identifica, según estas características. Así, que todaslas puerta se encuentran a la misma distancia unas de otras, porque realmente se trata de un sistema de galerías que ha sido enrasado. Esas medidas son 2,70 m x 2,30 m. Su largura es variable (según los casos).

Fot. 19U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista, en detalle, de la parte media de este mismo subsector. Paramento rectilíneo con los espacios internos ya citados. Muro de fondo remontado con edificación posterior encima. El nivel de altura es similar al de enfrente. Pasillo con las mismas dimensiones en cuanto a anchura.

Fot. 20U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de fondo de la toma anterior. En ella se aprecia la anchura del pasillo y el muro de cierre superpuesto a otro de mayor potencia. Acceso a una de las naves (enrasadas), observándose sobre el suelo los restos de materiales romanos y el grosor normal de los paramentos de estas estancias.

Fot. 21U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle final del fondo del pasillo ciego con entrada a nave cegada e indicación gráfica del grosor de los muros exteriores como se ve a izquierda de la imagen.

Fot. 22U. Calle Cueva de Siete Palacios. Último espacio conservado de esta secuencia de naves enrasadas con muro romano inicio de toda la secuencia que conforma la parte superior de las naves de los subsectores pertenecientes a las escuelas y al mismo pasillo ciego de la técnica del opvs latericium, o uso del ladrillo de un grosor idéntico al visto en las naves del sector K. Los módulos y medidas son los mismos que se ha venido comprobando a lo largo de toda la seriación de galerías abovedadas de este espacio. A izquierda y detrás de los animales se ven los ladrillo romanos. Realmente desconocemos la forma que tendría cuando se usan ladrillos de ese tamaño, pero ciertamente se han podido ver en los Sectores K, I, Q y T. K, Q y T han sido los que ha registrado el uso de galerías con muros donde se observa la mampostería de opvs latericivm. Más aún, en el K el ladrillo ha sido usado en la construcción de las bóvedas y arcos. En los demás no se ha comprobado ese uso tan poco frecuente.

Fot. 23U. Calle Cueva de Siete Palacios. Se inicia la descripción de los espacios que han sido originariamente usados como galerías, pero que las bóvedas han desaparecido en la adaptación moderna. Descripción de los interiores desde el fondo del segundo pasillo se observa muro romano que da a la calle artificial, muro romano de fondo, paralelo al de la calle y muro de fondo y separación de las estructuras romanas.

Fot. 24U. Calle Cueva de Siete Palacios. Interior del siguiente espacio: paramentos que dejan entrever el opvs incertvm a derecha y al fondo. El suelo se encuentra con una ligera capa de cemento moderno sobre roca. 

Fot. 25U. Calle Cueva de Siete Palacios. Estancia contigua a la anterior, mostrando las mismas características de muro romano vertical a el pasillo-calle, destacando la base que sobresale 0,80 m, aproximadamente y que forma la pared más resistente de la habitación, muro de fondo con revoque moderno y suelo con capa de cemento moderno y encalado en los extremos en el fondo.

Fot. 26U. Calle Cueva de Siete Palacios. Ángulo opuesto al anterior, en el que se puede diferenciar bien el muro romano de fondo y el muro, a derecha, con aparejo de opvs incertvm enmascarado por el uso de la cal, pero en el que se ven con claridad las piedras que sobresalen de la pared y que acusan, a la vez, el deterioro de la misma. 

Fot. 27U. Calle Cueva de Siete Palacios. Compartimento contiguo al anterior, en el que se puede apreciar cubierta artificial. Se trata de un enrasamiento evidente, ya que lo que existe encima es otra nave enrasada, y a un nivel superior con respecto al suelo, cosa un tanto rara porque ese fenómeno se ha visto solo en el complejo de Cueva de Siete Palacios y en otros como calle San Joaquín. Otro indicio ofrece un bajante de aguas. El muro derecha de la imagen muestra paramento romano con revoque moderno en el que se ven las piedras que hay tras él. Detrás de esta pared hay roca o materiales de relleno, al igual que en los muros contrafuertes que sujetan o descargan el peso de la estructura de la Cueva de Siete Palacios sobre la roca que tiene detrás. 

Fot. 28U. Calle Cueva de Siete Palacios. Espacio de nave enrasada situada a derecha del pasillo ciego según se entra. Sus módulos y proporciones son los mismos que se ha comprobado en la serie de enfrente. Pared de fondo con revoque de argamasa moderna y cubierta enrasada. 

Fot. 29U. Calle Cueva de Siete Palacios. Paramento de idénticas características al anterior y que se encuentra contiguo al mismo. Puede verse tanto los muros que lo conforman como la solería son modernas. Es la más retocada de todo este espacio.

Fot. 30U. Calle Cueva de Siete Palacios. La primera vivienda a izquierda es una continuación de las estructuras de Cueva de Siete Palacios y que se prolonga hasta las que se acaban de describir con anterioridad. Es una prolongación de la misma estructura romana. Los muros que dan a la calle son los mismos que se encuentran en la prolongación de la Cueva. Fueron rotos al abrirse paso por necesidad de ocupación y acceso a las nuevas viviendas. No hubo ocasión de explorar el interior.

Fot. 31U Calle Cueva de Siete Palacios. Vista desde un plano superior para corroborar que lo afirmado en la foto anterior se comprueba aquí: en primer plano está la salida Este de Cueva de Siete palacios, donde se sabe que el muro izquierdo es auténtico romano y que fue roto para abrir paso creando calle. A derecha del primer plano se ve un puerta que indica el acceso a galerías que se continúan hacia la calle Angustias Moderna. Absolutamente todo romano de primer orden. Y el inicio de muro situado enfrente de esta imagen marca la continuidad de las galerías hacia abajo en la calle Cuevas de Siete Palacios que se han descrito poco antes.

Fot. 32U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la fachada norte del inicio de este sector con paramento romano con dos subdivisiones interiores, como se observa en plano. Se ven los restos de muro en el suelo y en el alzado sobre el suelo, con estructuras rotas que unían esta parte con la Cueva. A derecha hay un pasillo artificial que se dirige a Eras del Castillo.

Fot. 33U. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto anterior precisando el espacio que indica la rotura de estructura, y cuya medida es de 2,50 m, distancia del espacio que señala la división real de las dos series de naves que aquí se inician. 

Fot. 34U. Calle Cueva de Siete Palacios. Vista, desde el SE, de la entrada de la Cueva en este sector: a izquierda, acceso artificial hacia Eras del Castillo; al fondo de la imagen: nave central de la Cueva que se prolonga en sentido sureste; en mismo lugar: anchura tanto de la nave central de la Cueva, como del paso hacia la calle Cueva de Siete Palacios; espacio que se considera prolongación de la nave de la Cueva y que llega hasta el cruce con la calle Angustias Moderna. Y paramento romano del comienzo del sector en su parte noreste.

SECTOR V

PLANO DE LA PRIMERA PARTE DEL SECTOR V

Excavación practicada en un espacio suficiente para poder determinar, al menos, si las estructuras que se van a mostrar se encuentran dentro de los modelos antiguos más abundantes del complejo. La verdad es que no. Son actuaciones y elementos que no muestran unidad. No existen verdaderos muros. Los cortes que se han dado y su posterior análisis dan a entender que lo más relevante no se mueve dentro de las tipologías generalizadas que se vienen registrando en toda la ciudad. El nivel de la zona tiene una cota baja (13 m aproximadamente). La cuatro catas practicadas han dado como resultado la existencia de unas estructuras que se pueden encuadrar más en época cristiano-árabe que romana. Y los materiales aparecidos es un totum revolutum que no invita a establecer una cronología fiable por mucho que se hayan esforzado quienes excavaron. A nos quince metros se encuentran las estructuras romanas de canalizaciones, Aquí también se da algo similar, pero más dentro de un uso doméstico que otra cosas.

Fot. 1V. Plaza del Ayuntamiento. Vista general de los cortes dados en el interior de la casa indicada: cata cuarta, donde se han descubierto dos formas de hogares/desagües; cata con otro de los citados elementos; cata con un elementos circular y resto de muro; en primer plano, muro que enlaza con otro probablemente existente bajo el paramento general del alzado moderno de esta casa; cata donde tan sólo se ha encontrado cerámica descolocada, no estratigráfica.

Fot. 2V. Plaza del Ayuntamiento. Vista parcial de tres cortes: indicación de uno de los hogares en muy mal estado de conservación, a derecha; probable elemento circular de desagüe fecal formado por piedras colocadas de forma circular sin apenas argamasa de revestimiento; desagüe situado en el tercer corte, con una de sus partes revocadas; y hogar en el que se observan tan sólo las piedras de la base, con mal estado de conservación y de mayor tamaño.

Fot. 3V. Plaza del Ayuntamiento. Corte tercero, en donde se puede ver: 1, resto de un desagüe pero muy deteriorado; y elemento considerado desagüe; a derecha aparece un muro de probable origen romano por su fuerte consistencia. Podría decirse que estas estructuras cilíndricas forman parte de los pozos negros que han aparecido en otros lugares de la ciudad moderna como el encontrado recientemente en la calle Morería alta, y en calle Nueva, de idénticas facturas.

Fot. 4V. Plaza del Ayuntamiento. Segundo corte en el que se puede observar: muro de tierra, testigo de separación entre catas; piedras de relleno de muro de tierra; hogar en el primer corte; pozo negro poco más definido, revocado en pared interior.

Fot. 5V. Plaza del Ayuntamiento. Detalle del punto. Cuadrículas de 2 x 2 m con restos de construcción que llega a poca profundidad. Aquí no se ha llegado en ningún punto a la roca madre.

Fot. 6V. Plaza del Ayuntamiento. Detalle de la misma foto, para apreciar la forma en que aparecieron los materiales: todo revuelto.

Fot. 7V. Plaza del Ayuntamiento. Vista de perfil de los dos primeros pozos negros descubiertos.

Fot. 8V. Plaza del Ayuntamiento. Vista de detalle de los dos primeros pozos negros: uno, en la esquina superior izquierda, otro, en la esquina opuesta, pero con una mayor definición. En general, la diferentes formas que se han encontrado podría definir que estos elementos pertenecen a distintas época en esta casas, cosa que explicaría los ligeros cambios de forma y conservación en el tiempo.

Como conclusión de esta parte de excavación de puede afirmar los restos aparecidos en este trabajo son elementos domésticos que se pueden remontar a época medieval y moderna. El fenómeno de pozos negros era lo habitual, y ha aparecido, como se ha dicho, en varias cota de la ciudad. No existía alcantarillado y se usaba este procedimiento. Tampoco existía agua corriente y entonces se recurrió a la construcción de pozos de agua, aunque no potable, pero era muy útil para usos domésticos. Había pozos en Cuesta de la Iglesia, calle Cobertizo, calle San José… Y algunos espacios más.

En tiempos de Roma, en Sexs no existía alcantarillado de aguas residuales de forma generalizada. Tan solo se construyeron en superficie por la dureza de la roca madre. En calle nueva y Majuelo se han detectado canalizaciones que proceden de la parte superior del complejo industrial. Las conducciones de agua potable se hacían con intubaciones dentro de canales como los vistos de Plaza del Ayuntamiento, casa de los Müller-Mateos, en calle Real, en murallas de Levante y cercanías de cueva de Siete Palacios.

Fot. 9V. Calle Real. Edificio con su estructura interna destruida, y donde se ha llevado a cabo una excavación de urgencia bastante completa en cuanto a terreno a analizar.

Fot. 10V. Calle Derrumbadero. Zona posterior del mismo edificio, en donde se incluye otro subsector que también registró muros y gran cantidad de cerámica. Mas adelante se verán conducciones de cerámica romana que se reutilizarán en una moderna panadería. Muros medievales y modernos se han descubierto en el derribo de la estructura antigua de esta calle, que realmente se encuentra más en calle San José que en Derrumbadero.

Fot. 11V. Calle San José. Secuencia de casas viejas de sobre cimentaciones antiguas, a ambos lados, pero la parte izquierda es la que ha dado novedades arqueológicas, como conducciones de agua entubada de procedencia romana, y cuyos paramentos acusan aparejos antiguos. En su parte derecha se ha detectado, cuando se rebajaba el terreno, material cerámico y estructuras de mampostería que no fueron analizadas.

Fot. 12V. Calle San José. En el interior de esta construcción, horno de pan, con motivo de innovación de vivienda han aparecido estructuras muradas que han aprovechado antiguas construcciones para abastecerse de agua necesaria para la industria de pan. Los agujeros que se observan en el muro de la derecha, son los entrantes de las tuberías romanas que desembocaban en una pequeña alberca o depósito de agua. Los elementos de cerámica se ven en parte del alzado de los muros maestros del horno de pan. Y por sus medidas se deduce que son del tipo que usaban los romanos en el alzado de las estructuras romanas.

Fot. 13V. Calle San José. Detalle de la imagen anterior donde se muestran los agujeros en pared donde se encuentran las tuberías romanas a ras del enlucido.

Fot. 14V. Calle San José. Detalle de otro de los huecos por donde circulaba el agua mediante tuberías de cerámica.

Fot. 15V. Calle San José. Vistan frontal donde se encuentra una de las tuberías de cerámica romana. Es probable que esta conducción de agua tenga relación con el canal descubierto den la Huerta de Los Müller-Mateos, que procedía del interior de una de las dependencias del antiguo ayuntamiento de la ciudad. Había en la trayectoria hacia la huerta una deriva que se dirigía hacia la calle San José. Y esto puede ser su explicación.

Fot. 16V. Calle San José. Vista del interior de la tubería de cerámica romana que se encuentra empotrada en el muro del horno de pan. Es un sistema de tubería machihembrada de unos 30 cm de diámetros. Cuando se hizo la foto, aún había agua estancada del tiempo en que funcionaba la panadería moderna. Realmente el canal que se encontraba en el Ayuntamiento formaba parte de la red de distribución hacia la parte de Levante del complejo industrial de Sexs. Y éste, a su vez, recogía en agua, también entubada, del depósito terminal que se encontraba sobre el espacio que hoy ocupa la Iglesia Parroquial, y de esta forma van encajando todos los trozos de conducciones que van apareciendo bajo el suelo de la ciudad moderna superpuesta a la antigua Sexs.

Fot. 17V. Calle Real. A unos 50 m de la imágenes anteriores en Plaza del Ayuntamiento. En el punto central de la calle Real, y más precisamente entre esta calle y la de San José: área de excavación de emergencia, donde se ha descubierto cierto número de estructuras, mezclas entre romano y medieval. Se ven dos grandes cortes con un muro testigo, de separación entre ellos, de un metro de grosor. En el primero han aparecido dos elementos: un arranque de muro en diagonal y, en el extremo del mismo, indicios de un posible pozo negro similar a los de la Plaza. En el segundo corte se puede contemplar cuatro cuadrículas, casi del todo diferentes entre sí: cada una tiene su propia peculiaridad. Pero los muros más relevantes tienen una composición resistente, siguiendo la tradición romana.

Fot. 18V. Vista parcial del área de excavación, donde se pueden ver las cuatro cuadrículas, a las que se va a describir de forma individualizada y, a la vez, en conjunto. De izquierda a derecha se puede ver: muro romano superpuesto a otro más antiguo; probable pileta. Ciertamente no guardan relación los muros romanos con las formas superpuestas. Son el resultado del tiempo en que se produce esta mezcla de estructuras.

Fot. 19V. Calle Real. Detalle de la primera cuadrícula: muro de separación entre ésta y la del fondo, lo que significa una superposición de estructuras, siendo la superior menos resistente. La inferior se ve claramente con aparejo clásico romano, tal como ocurre en Cueva de Siete Palacios con la superposición de muros romanos de distinta época; primer resto de muro en situación estratigráfica; segundo muro en posición estratigráfica con una composición poco resistente; el muro de superficie y perteneciente a la estructura mural superior destruida o reutilizada en tiempos modernos; y por último: muro testigo utilizado como elemento de separación entre los dos cortes. La técnica de  estos muros es romana: opvs incertvm. REalmente aquí se tiene una estratigrafía de muros superpuestos.

Fot. 22V. Calle Real. Detalle del primer corte. En él se aprecia el murete muy deteriorado, que atraviesa casi en diagonal, la cuadrícula. Puede observarse una superposición de estructuras de muros. Los otros elementos que se muestran, son irrelevantes. Pero lo que sí llama la atención es observar sobre el extremo inferior del muro en diagonal, la presencia de unas piedras colocadas de tal forma que conforman una especie de hogar, de las mismas características y proporciones que los vistos en los cortes, como ya se ha indicado. La parte superior derecha tiene restos de estructura de pozo negro, como se ha vista en la Plaza del Ayuntamiento.

Fot. 21V. Calle Real. Detalle sobre la profundidad a que se ha llegado en la cuadrícula primera: 4,70 m. Se ha ido buscando la roca madre y no se ha encontrado probablemente debido a que se encuentra demasiado profunda y genera peligro en la excavación. En ella se observa el inicio de las estructuras de muros más antiguos y, de forma progresiva, la situación estratigráfica de todos los elementos.

Fot. 22V. Calle Real. Detalle sobre la profundidad a que se ha llegado en la cuadrícula segunda: 4,70 m. Como se puede observar, el inicio de los muros romanos se encuentra a escasa profundidad. Este corte muestra, a todas luces, que el material sedimentado es homogéneo. Obsérvese el corte vertical de frente y se comprobará este dato. Hay que concluir que en esta parte del corte no hay elemento romano debido al peligro que conllevaba. Se está en una cota sobre el nivel del mar bastante baja.

Fot. 23V. Calle Real. Segunda cuadrícula separada de la anterior por muro de fondo, en el que se puede observar: muro medieval, divisorio de las cuadrículas, dos a dos; muro romano que separa esta cuadrícula de la anterior; muro romano en posición estratigráfica; muro de tierra, como elemento de separación entre los dos cortes. Realmente puede tratarse de una estructura muy degradada de época de un romano tardío. Si se hubiera perforado con en las cuadrículas anteriores, tal vez se hubiera derrumbado esta parte de la excavación.

Fot. 24V. Calle Real. Cuarta cuadrícula, en la que sólo se pueden analizar los muros que la encuadran; a su izquierda, muro romano con restos de otro bajo él. Al fondo, muro de piedra vista, pero con ligeros indicios de que son romanos. A derecha de la imagen, el corte no da señales de estructura alguna. Es de tierra, lo que indica que hay continuidad en la estructura de fondo.

Fot. 25V. Calle Real. En esta imagen se observa la superposición de muros como los citados anteriormente. Los muros que se ven interceptados no son romanos.

Fot. 26V. Calle Real. Tercera cuadrícula situada junto a la primera: muro de escaso grosor (0,50 m), formando parte de una dependencia que, por ciertos indicios, ha sido una pileta de salazón o similar. Se puede observar la existencia de estuco como revestimiento; segundo murete componente de la misma pieza y con la misma función arquitectónica; suelo de probable pileta de salazón, con capa de pavimento, algo desgastada; elementos añadidos, con posterioridad, a los bordes de esta cuadrícula; revoque original que se extiende ampliando el espacio que debe tener tal elemento. El pavimento que se observa es del mismo material que se puede ver sobre el suelo interior de la cuadrícula, lo mismo que el indicado, y que se puede ver en la esquina superior izquierda de la misma pieza, sobre el murete. Las baldosas de cerámica, visibles aquí, son, sin duda, posteriores y de época árabe.

PLANO DE LA SEGUNDA PARTE DEL SECTOR V

Fot. 27V. Punto de la calle Real, en donde sufre una bifurcación para abrirse en un subsector, donde se halla un complejo de elementos romanos de cierta consideración. A derecha de la imagen existían grifos de agua pública. Esta parte del muro separador de calle, va a registrar una conducción de agua por medio de canalización y que se ha comprobado que es romana. El agua no va entubada, pero no lleva agua ahora, aunque podía haberse reutilizado para las introducir las tuberías modernas.

Fot. 28V. Punto de bifurcación en calle Real. Inicio de las estructuras romanas más importantes, en cuanto a su conservación en este sector: indicación del espacio donde aparecieron formas de muros, cerámicas, cadáveres y un dolivm a izquierda de la imagen; indicación del punto donde se piensa empieza la secuencia de las naves de este sector, al fondo de la imagen a derecha. El fragmento de columna que divide la calle tiene aspecto de haberse usado como miliario. Hay otro en cuesta de la Iglesia. y restos de otros en diferentes esquinas de la ciudad utilizados como guardaesquinas.

Fot 29V. Calle Real. En la imagen se ve, a izquierda, los grifos antes citados (s. XVI-II). Es uno de los puntos que registran el abastecimiento de agua para la población. Pero lo que aquí es de comentar es la aparición del canal romano para distribución de agua que se dirige hacia la zona baja de lo que fue parte de la factoría de salazones. Su estructura consta de los clásicos muretes laterales y cubierta con lajas de piedra. Y, en cuanto a su procedencia, es probable que proceda, como una derivación, de la canalización general procedente del punto distribuidor situado en el interior del antiguo ayuntamiento, punto del que se dirigía a la Huerta de los Müller-Mateos y desde donde, a su vez, se producía una deriva en dirección a calle Real, punto donde se ve la imagen presentada. Pero hay otra posibilidad, ya que en en la misma calle Real, con motivo de remodelación de un establecimiento, justo detrás, aparecieron indicios de canal pero procedente de las cercanías de la estructura de la calle San Joaquín, donde la tradición cuenta que había una canalización que se dirigía hacia calle Real, y que era peligroso por su fuerte pendiente interior.

Fot. 30V. Detalle de la foto anterior donde se observa la estructura del canal y su cubierta. Faltó una exploración más completa sobre su trayectoria en ambos sentidos, tanto de origen como de destino.

Fot. 31V. Calle Baja del Mar. Indicación de estructuras modernas, donde han aparecido indicios de componentes romanos: A derecha de la calle, cuando se practicaron las rebajas para una nueva construcción, en primer plano aparecieron numerosos cadáveres probablemente de época de la guerra napoleónica. Y en cuanto a elementos romanos, se vieron estructuras pertenecientes al sistema de almacenaje, restos de galerías rotas que estaría contiguas a las que se hundieron en una casa vecina al principio de la calle Alta del Mar. También apareció una vasija, tipo dolium, que posteriormente fue reutilizada como depósito de aguas residuales. Y desde este punto hasta la imagen 37V, se van a ver estructuras reutilizadas de forma continuada. A izquierda de la imagen, las casas que se ven muestran en su aparejo indicios de los materiales que fueron usados en su construcción. El aparejo está enmascarado con revestimientos modernos.

Fot. 32V. Calle Baja del Mar. Área donde se tiene elementos estructurales que acusan la existencia de reutilizaciones de construcciones romanas: al fondo derecha, lo que se conserva en su interior son estructuras romanas tipo galería abovedada que se van a ver en mayor cantidad.

Fot. 33V. Calle Baja del Mar. En la casa que precede, en su interior se pudo ver el aparejo de su estructura y se comprobó el uso mezclado de opvs incertvm junto con ladrillos clásicos romanos, pero como casi siempre enmascarado con enlucido modernos, tal como se ve en la imagen presentada.

Fot. 34V. Calle Baja del Mar. Detalle de la misma foto anterior donde se aprecia la técnica romana con su aparejo de opvs incertvm. A izquierda de la imagen se ve el grosor que presenta el muro de fondo.

Fot. 35V. Calle Baja del Mar. Aspecto actual de la parte externa del lugar donde se encuentran las naves romanas. La estructura de la fachada ha sido fuertemente retocada, aunque en algunos de sus puntos se observa el grosor de los paramentos que se verán en las siguientes fotos.

Fot. 36V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Ampliación del espacio señalado en la toma anterior, para indicar el recorrido que va a experimentar la alineación de naves que hay dentro de tales estructuras. Los muros de la calle Cerrajeros tienen un aparejo muy similar a los que se van a ver con revoque en el interior de las naves. Pensamos que esta calle es artificial y que fue creada mediante una selección de formas romanas por parte del elemento árabe. Realmente se ignora el uso que le dieron los árabes. Se han examinado, tiempos atrás, las estructuras murales y distribución interna de las casas, al otro lado de la calle, y sus muros tenían los mismos componentes que aquí se ven. Todo este espacio ha sido totalmente modificado.

Fot. 37V. Calle Baja del Mar. Desde el interior de la vivienda a que pertenecen o se encuentran la secuencia de naves romanas, se encuentra esta forma abovedada. En sus estructura se ve el uso del ladrillo clásico romano, la forma arqueada del inicio de la entrada y el agujero central en la cubierta, tal como las demás bóvedas de la galerías romanas. Su altura es de 3x 3 x 4 m aproximadamente. La técnica constructiva es el opvs latericivm.

Fot.38V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Una vez situados en el interior de la casa, aproximadamente a tres metros de la línea de calle, justo en el espacio que hoy tiene el patio interior, según se entra, a izquierda, se puede ver la primera nave romana: sistema de bóveda construida con la técnica del opvs latericivm y cuyos componentes son idénticos a los usados en el sector K; indicación de una agujero respiradero-entrada en el centro de la bóveda, componente usual en este tipo de estructuras; y muro de cierre, retocado fuertemente en época árabe.

Fot. 39V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Paramento romano modificado abriendo en él una puerta de estilo árabe, arco califal. El arco no es una nueva construcción superpuesta a la pared del muro romano. Sus medidas son similares a las de la puerta de acceso moderno. El ladrillo usado no es el modelo romano sino el árabe, más delgado.

Fot. 40V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Detalle sobre la foto anterior, en el que se aprecia la existencia del arco de herradura en la entrada, llevado a cabo mediante la alteración del muro maestro de la nave romana y se observa que el ladrillo usado desde otro punto de vista es el romano y no el árabe. También la existencia de un tragaluz-respiradero.entrada romana, antigua abertura romana, en el centro de la bóveda: anchura del arco de herradura árabe; indicación del aparejo romano que forma la estructura general de todo este conjunto de naves encadenadas; abertura de la parte superior de la bóveda romana, convertida en lucernario, pero que, en origen, era el acceso a estas naves.

Fot. 41V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Detalle sobre la foto anterior para indicar la existencia de la nave tras la puerta con arco de herradura. En ella se observa el tragaluz en el centro del techo con forma de lucernaria, bóveda romana rebajada, y paso hacia la siguiente nave.

Cuarto espacio ocupado por una de las naves que conforman este conjunto. Aquí, al igual que en la nave anterior, se puede observar la modificación llevada a cabo en la bóveda: se han empotrado sobre las esquinas de las bóvedas unos elementos arquitectónicos similares a pechinas, rellenándolos posteriormente de tal forma que la nave, que originariamente es de medio cañón, se ha convertido en casi hemisférica.

Fot. 42V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Se observan las bóvedas reformadas convertidas en casi rebajadas romanas. Y el paso de una nave a otro se hace rompiendo la estructura antigua romana.

Fot. 43V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Detalle sobre la foto anterior, para indicar: técnica con que se ha levantado el sistema de naves, usando la piedra como elemento fundamental; existencia del hormigón como elemento de revoque o enlucido; abertura romana para abrir paso entre los distinto compartimentos de este conjunto de naves abovedadas. Este agujero en la bóveda de la nave, ha sido transformado en lucernaria central.

Fot. 44V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. A partir del punto anterior (43V), hay una secuencia casi sin explorar, y que no ha sido reutilizada por el elemento árabe, como las anteriores sí lo fueron. Obsérvese cómo los muros, rotos para abrir paso, ya no muestran el uso del ladrillo, ni el perfil del corte dado sobre el paramento es homogéneo, sino roto indiscriminadamente, con el único motivo de comprobar, por curiosidad, hasta donde llega el sistema: muro romano roto, con revestimiento de época medieval; paramento de cierre de la pequeña nave existente entre 42V-43V con indicación de la anchura del paso hacia otras naves. Pero, obsérvese cómo las naves se suceden a través de los espacios rotos recientemente, en el que se pueden ver alineados dos tramos más de naves romanas.

Fot. 46V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Rotura intencionada para poder acceder a las dependencias interiores del final supuesto de este conjunto de naves encadenadas: indicación de la dirección que siguen las estructuras; corte dado por los ocupantes medievales, creando lo que parece un muro de época, siendo un paso totalmente artificial.

Fot. 46V. Calle Baja del Mar-Cerrajeros. Parte final del sistema de galerías romanas que muestra lo explorado hasta el momento. Aquí termina lo que se ha descubierto hasta ahora, pero que se continúa en dirección a calle Alta del Mar. El hecho es que en las viviendas colindantes, cuando fueron modificadas por necesidad, aparecieron los restos de estructuras a nivel inferior por la variabilidad del terreno. Aquí sí se encuentra la roca madre.

Fot. 47V. Calle Alta del Mar. La parte derecha de la imagen, a lo largo de la cuesta se encuentra una gran serie de galerías similares a las que se han descrito antes y que se encuentran en conexión con todo lo visto. Se ha podido comprobar, sobre todo en la parte superior de la cuesta, donde la última de las casas sufrió, años atrás, hundimiento de toda su base. Ello fue debido a las galerías que se encuentran debajo. Todas estas viviendas, tanto a un lado como a otro, se encuentran situadas sobre las estructuras primitivas romanas. Así que tuvieron que calzar toda la base con hormigón moderno.

Esto demuestra que la las estructuras romanas se encuentran casi todas en superficie o bajo tierra u que se han utilizado bien para formas nuevas casas o han sido destruidas. Lo más importante ha sido todo lo que los romanos dejaron al marcharse cuando el Imperio se desmoronó.

SECTOR X

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Fot. X. Situación de la zona costera de Almuñécar a finales del siglo XIX: camino actual del Paseo Prieto Moreno; terraplén artificial de barrera ante la playa. Edificios más antiguos.

(Foto muy antigua del Paseo Marítimo y Playa de Puerta del Mar). 

Fot. 2X. Paseo del Altillo en sus inicios. Detalle para precisar mejor esta barrera de escombros y arena. El mar en época de temporales penetraba en casi toda la zona baja de la ciudad. Las edificaciones de la parte central de la imagen guardan en sus cimientos los restos de la antigua muralla romana, elementos que se mostrarán en el último capítulo de esta exposición. Al fondo derecha de la imagen se puede ver el espacio por donde se producía los desagües más recientes, cuando ya había algo de alcantarillado. Se encuentra en la zona llamada Puerta del Mar, ya de fecha relativamente reciente.

Fot. 2X. Grabado de la Puerta del Mar. Se refleja en él la puerta de acceso (arco) y a su lado una hornacina donde se encontraba una imagen de la Virgen del Rosario que se distinguí porque llevaba en su mano una rosa. De ahí nace en el nombre de la Plaza de la Rosa, por la flor que la Virgen llevaba en su mano.

Fot. 3X. Plaza de la Rosa. En el centro de la imagen se encuentra el punto por donde se entraba desde la playa y por eso se llamaba Puerta del Mar. Hubo un tiempo en que ese paso no hace muchos años se podía ver parte de la construcción antigua de esa paso marino. Fue reutilizado como garaje hasta que se construyó el edificio que ahora se ve. Esa cancela tapa realmente el espacio por donde se extendía el trazado de la Puerta del Mar. Y justo a su lado se encontraba la muralla que protegía de los golpes de los temporales marinos.

Fot. 4X. Plaza de la Rosa. El elemento que apareció a consecuencia de los rebajes para las nuevas construcciones, dio como resultado la aparición del conducto que formaba la Puerta del Mar. y que se puede observar con claridad. Es una construcción en forma de canal con cubierta rectangular que encaja con la imagen presentada en el grabado sobre la Puerta del Mar. La estructura no es romana y menos aún los materiales utilizados. Se consideran árabes. Pero que los sillares que se encuentran debajo del antiguo Cine Coliseo, sí son romanos. Lo que quiere decir que en época romana se protegían también de las tempestades del mar.

Fot. 5X. Plaza de la Rosa. Imagen tomada del interior de una vivienda en la plaza. En ella se puede ver la muralla y con poca claridad los elementos que la componen. Este lienzo se extiende en sentido oeste pasando por el citado cine Coliseo, donde se ha detectado los sillares calizos de los cimientos de la muralla, imagen que se verá en el Sector Z. Pero aquí se observa una muralla que termina con la hilada de almenas y aspilleras como se va a ver, pero su adarve probablemente ha sido eliminado para ganar espacio modernamente. Se puede considerar que es una estructura árabe-moderna, pero con cimientos romanos, como se ha afirmado antes.

Fot. 6X. Plaza de la Rosa. La muralla almenada vista desde un alto: contramuro adosado como elemento contrafuerte; almenas tipo medieval-moderno.

Fot. tX. Plaza de la Rsa. Imagen de la parte interior del sistema almenado de la muralla donde se aprecian almenas y aspilleras algo inclinadas y bastante cerradas en el ángulo de tiro defensivo.

Fpt. 8X. Plaza de la Rosa. Vista de la dimensión vertical de las almenas de la muralla. Las aspilleras se encuentran algo separadas.

Fot. 9X Avenida de Andalucía. Calle que delimita la parte de la estructura romana con el mar. En el levantamiento de estas viviendas se ha detectado gran cantidad de material romano, probablemente perteneciente a la factoría de salazones de esta parte del núcleo industrial. Al fondo izquierda de esta imagen se encuentra un espacio, ya construido, donde apareció un elemento de probable zona portuaria dada su forma y consistencia. Ciertamente no pudo ser destruida y quedó enterrada formando parte de los cimientos de la construcción.

Fot. 10X. Calle Bilbao. Perspectiva del espigón, y observación de cómo se introduce bajo las estructuras de los bloques modernos, indicándose, con ello, que es mayor de lo que en este plano nos presenta.

Fot.11X. Calle Bilbao. Espigón de puerto indicado en la foto anterior. No se pudo destruir y quedó bajo los cimientos de los bloques de casas.

Fot.12X. Encuentro de la zona Plaza de la Rosa con Baja del Mar, punto la más baja cota de toda la ciudad: lugar donde se han detectado elementos romanos en las cimentaciones abiertas para las nuevas casas y espacio donde existen restos romanos bajo tierra, a escasa profundidad; y dando a la calle Alta de Mar aparecieron gran cantidad de muros pertenecientes a una estructura industrial. Se hallaron algunas monedas, y materiales cerámicos.

Fot. 13X. Plaza de la Rosa-Aduana Vieja. Espacio completo donde se han detectado restos señalados en la foto anterior destacando la indicación de la zona donde se han abierto los agujeros de las zapatas, en los que se han hecho patentes los muros de estructuras romanas; y lugar donde se encontraba la tercera parte, con arco de apoyo, de la Puerta del Mar. 

Fot. 14X. Plaza de la Roza-Aduana Vieja. En esta zona existió un cine de espacio abierto. Aquí se vio, cuando hicieron las zapatas de la nueva construcción, un alfar romano, gran cantidad de cerámica romana y árabe y una verdadera cadena de tinajas de gran tamaño similares a los tipos conocidos como dolivm, de los que se conservan en casas particulares.

Fot. 15X. Plaza de la Roza-Aduana Vieja. Operario excavando para extraer una de las vasijas grandes que aparecieron en casi todas la zapatas abiertas para montar los pilares de la nueva construcción.Fot. 8X. Plaza de la Rosa. Detalle de uno de los agujeros abiertos para la colocación de zapatas, y en cuyos laterales se han dejado ver los muros romanos.

Fot. 16X. Plaza de la Rosa. Recinto donde aparecieron restos romanos y árabes. Extracción de una tinaja. Restos de un horno de cerámica romano, tinajas tipo dolium, de fabricación árabe (3 piezas) y numerosos restos de material cerámico romano y árabe. La fecha aproximada de estos hallazgos tuvo lugar en los años 60s.


 

SECTOR Y

RELACIÓN PLANIMÉTRICA

ALZADO DEL DEPÓSITO TERMINAL DEL ACUEDUCTO ROMANO

PLANTA DEL DEPÓSITO TERMINAL DEL ACUEDUCTO ROMANO (ÁREA DE LA ACTUAL IGLESIA PARROQUIAL)

RELACIÓN FOTOGRÁFICA

Fot. 1Y. Calle del Aire. Detalle para destacar que los restos de base de la construcción romana que aquí existió debieron prolongarse hasta cerrar probablemente toda la calle del Aire que queda a espaldas de la Iglesia.

En este espacio, como se ha dicho antes, se encontraba el depósito terminal del acueducto romano de Sexs. Fue ya en el siglo XV cuando debió construirse la nueva iglesia parroquial. Fue derribado el depósito y en su lugar se construyó la actual iglesia. Los materiales de la demolición fueron reutilizados en el levantamiento de la misma. Hoy puede verse en el aparejo externo con toda claridad. Los árabes describieron bien la estructura de su alzado. Según sus cálculos, el depósito debió tener aproximadamente unos 25 m de altura. Como la cota base es de 25 m, la parte del depósito más elevada, podía alcanzar los 50 m. Y de esta forma se producía un equilibrio de presión hidrostática entre el depósito de la Santa Cruz, que se encontraba en la cota 50, y la cota 50 de la iglesia, a una distancia de un km aproximadamente, con lo que la presión del agua, que no pasaba de un 5%, no rompiera el equilibrio y no sufriera a consecuencia de la diferencia de niveles o presión hidrostática. La cota del depósito permitió distribuir el agua a todos los niveles desde esta altura. Para ello fue necesario la entubación de los canales que van a ir apareciendo en toda la periferia de la factoría emplazada en el área de la industria de salazones del complejo romano.

Fot. 2Y. Calle del Aire. Primer plano de la parte superior de esta secuencia de estructura romana: primer tramo de muro romano retocado y que ocupa la parte norte del alzado del depósito romano; y desde el punto más elevado: altura que ha debido ser eliminada en el rebaje producido para el levantamiento del alzado de la Iglesia. Se considera que esta altura ha debido alcanzar, por lo menos, a la vista del fuerte desnivel entre los puntos de arriba y el de abajo, aproximadamente los 7 m. E decir: aquí se ve que la iglesia utiliza como base la parte baja del aparejo del depósito y se observa que los materiales romanos están a la vista con el alzado de la iglesia justo encima. Los sillares que formaban parte de las esquinas del depósito, han sido reutilizados en toda la periferia, y al mismo nivel de altura sobre el actual suelo en el que se asienta.

Fot. 3Y. Calle del Aire. Detalle sobre la parte superior de los cimientos romanos de la Iglesia, para remarcar la rotura que sobre el aparejo se ha practicado. Los sillares que la primera parte del alzado pertenecen a la antigua Torre de Descarga del acueducto romano, situada en este lugar de la ciudad. Los cimientos, de opvs incertvm, hoy están tapados y camuflados. El opvs quadratvm se ha utilizado en todo el alzado del depósito.

Fot. 4Y. Calle del Aire. Detalle de la toma anterior, con el fin de exponer que la diferencia entre los puntos aquí indicados, dan señales más que suficientes para mostrar que se trata probablemente de toda una base de opvs caementicivm, para equilibrar el desnivel entre las alturas opuestas por el desnivel del terreno. La diferencia de proyección sobre la calle, explica, en cierto modo, que haya sido roto el aparejo romano, con el fin de dar homogeneidad y que no desentone, ni dé muestras de que la Iglesia carece de cimentación propia, recortando para ello todo el espacio de esta base cuanto sea necesario a fin de conseguir ofrecer un aspecto de estructura única.

Fot. 5Y. Calle del Aire. Perspectiva de la parte posterior de la Iglesia. Obsérvense los restos de aparejo romano sobre la base de la misma. Se piensa que la Iglesia ocupa lo que realmente fue el espacio del depósito y la torre de descarga. A partir de este punto se deja ver que el depósito llegaba en su base hasta este punto, y que se comprobará a continuación con otras imágenes de estos límites a poniente de la iglesia. 

Fot. 6Y. Calle Parra. Cimientos del Oeste de la Iglesia. Situados en la vertiente de Poniente de la Iglesia. En este espacio se puede observar estructura de opvs incertvm y caementicivm en toda la base del subsector. Se piensa que el pasillo que se ve es totalmente artificial. Ello lo prueba la no existencia de línea de fachada; punto donde se aprecia la total inexistencia de paramento romano externo; uso del antes citado podivm de piedra toba, base moderna con con materiales procedentes del derribo de la torre de descarga del depósito terminal; consideración del espacio que se piensa no existió hasta que fue roto el sistema romano.

Nota adicional: cuando se repusieron recientemente las solería del interior de la iglesia, se pudo ver cómo los muros de la misma se montaban sobre los muros romanos, sobresaliendo del suelo actual aproximadamente 20 cm. Al día siguiente volví para tomar medidas y fotografiar y me encontré con la desagradable sorpresa de que los albañiles habían tapado aquellos salientes muros romanos y no pude tomar fotos ni medidas. Les habían ordenado que taparan aquello después de notar mi presencia. Pero los muros siguen ahí enterrados.

Fot. 7Y. Calle Parra. Cimientos del oeste de la Iglesia. Detalle de las fotos anteriores para hacer ver el uso de la piedra toba en el perímetro del edificio y la base sobre la que se apoya. Obsérvese el segundo nivel de estos cimientos para comprobar que son sillares de piedra toba romanos reutilizados.

Fot. 8Y. Calle Parra. Cimientos del oeste de la Iglesia. Perspectiva donde se amplía la visión de conjunto de la vertiente de Poniente: indicación de hasta dónde llegan el opvs incertvm y el caementicivm; línea mínima de la base, de opvs caementicivm; observación de que en el alzado de la Iglesia el uso de la piedra toba alcanza los dos metros de altura en todo su perímetro. El muro-base ha sido retocado en parte y se ve cómo se monta el aparejo de la iglesia sobre el muro romano en la base.

Fot. 9Y. Calle Fuentenueva. Atrio de la iglesia. Parte oeste. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Detalle sobre la toma en el punto de cierre, donde apreciamos: altura, al exterior, que conserva la base romana; espacio abierto considerado artificial. Evidentemente el espacio del atrio era mayor de lo que se ve.

Fot. 10Y. Calle Fuentenueva. Atrio de la iglesia. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Se ve la zona baja del alzado del actual atrio de la Iglesia, en la parte suroeste. Se puede igualmente contemplar lo que queda como testigo de la base de opvs caementicivm e incertvm. Todo parece llevarnos a admitir que lo que se puede analizar no es un sistema de muros en esta concreta zona, sino más bien la rotura de una plataforma de soporte del gran depósito terminal que ha debido existir sobre todo este material. No se detecta ningún dato sobre una línea precisa de muro externo, para poder delimitar lo que realmente ocupó tanto el depósito como la torre de descarga del mismo.

Fot. 11Y. Calle Fuentenueva. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Detalle sobre la toma precedente, para indicar cómo se ha roto la estructura romana con el fin de hacer comunicables todos los accesos planificados a propósito de la construcción de la nueva Iglesia Parroquial.

Fot. 12Y. Calle Fuentenueva. Cimientos romanos del atrio de la Iglesia. Ampliación de detalle sobre la foto precedente para anotar la inexistencia de línea de aparejo externo, lo que lleva a corroborar que, cuanto se viene afirmando de que todo este espacio, constituía una plataforma de grandes proporciones destinada a montar sobre ella todo el sistema de abastecimiento hídrico, fuente de alimentación de todo el complejo industrial de Sexs.

Fot. 13Y. Línea de calle moderna, en la Avenida de Cala, donde se pueden diferenciar bien dos espacios o lienzos de muralla: a derecha, tramo en buen estado de conservación, pero en los interiores de las viviendas; tramo reutilizado y estrechado con las construcciones modernas que se le han adosado. Estas fachadas modernas no hacen más que seguir el trazado de la muralla antigua apoyándose sobre ella para construir.

Fot, 14Y. Avenida de Cala-Carrera de a concepción. Lo más destacado de esta imagen es la existencia de la muralla formando parte de lo propia estancia-bar. A la derecha los ventanales están construidos aprovechando la muralla, que alcanza el metro y veinte centímetros. Este lienzo mide unos 8 m aproximadamente. Esto ya no existe con las remodelaciones modernas.

Fot. 15Y. Avenida de Cala. Lienzo de la muralla a izquierda con una longitud aproximada de 200 m. Es continuación del tramo visto en el lienzo de muralla dentro de un bar.El portón a izquierda muestra parte del grosor de la muralla que fue reducida por necesidad e espacio.

Fot. 16Y. Avenida de Cala. Tercer tramo del espacio ocupado por la muralla árabe. Sobre la esquina derecha existía un típico bar en el que se podía comprobar la anchura de la muralla porque se encontraba a la vista. A izquierda se practicó un rebaje de terreno para nueva edificación. Se pudo comprobar la existencia de limo con una profundidad de más de cinco metros de potencia. No se pudo averiguar más por falta de exploración profunda. Posiblemente se habría encontrado arna de playa, como ocurre en la zona de carretera de Málaga.

Fot. 17Y. Avenida de Cala. A izquierda de la imagen se encontraba la muralla perimetral que llegaba hasta la Puerta de Vélez. El aparejo de estas construcciones se encuentra montado sobre la ruina de la muralla. Debido a ello y por su altura, se hizo necesario hacer un acceso elevado, ya que hay desnivel entre Avenida de Cala y Calle Vélez. Al final de este tramo, con motivo de derribo de casas, han aparecido también muros romanos más propios de estructuras industriales que defensivos.

Fot. 18Y. Avenida de Cala. Imagen de detalle de uno de los accesos elevados de las casas de este tramo de calle. El desnivel llega a los dos metros del suelo y calle Vélez.

Fot. 19Y. Cruce entre Avenida de Cala y Carril hacia río Seco (aún sin nombre). Punto donde finaliza la expansión de la factoría del Majuelo: de frente: edificio del que se ha comprobado que sus cimientos tienen estructuras romanas debajo; y en primer plano: restos de muros romanos como punto final de la factoría del Majuelo, en su expansión hacia el Norte.

Fot. 20Y. Cruce entre Avenida de Cala y Carril hacia río Seco. Solar del antiguo cine Galiardo. Detalle de la foto anterior para observar su técnica de opvs incertvm y la dimensión del muro romano descubierto.

Fot. 21Y. Cruce entre Avenida de Cala y Carril hacia río Seco. Solar del antiguo cine Galiardo. Detalle de la misma foto anterior para observar su profundidad que alcanza más de los dos metros. No se llegó a la roca madre. Esta circunstancia sólo se da en la periferia por el desnivel de los terreno que fueron invadidos por el aluvión con el paso del tiempo.

Fot. 22Y. Callejón de la Najarra. (Avda. de Europa). Situados en un área muy cercana a la llamada Puerta de Vélez, denominada Callejón de la Najarra, inicio y a la vez fin de la factoría de salazones del Majuelo: espacio donde se han podido detectar numerosas estructuras industriales pertenecientes a dicha factoría en sentido norte; a derecha ocurre otro tanto. Ahí se han encontrado muchos materiales que han hecho desaparecer por miedo a la prohibición por hallarse en terreno arqueológico.

Fot. 23Y. Avenida de Cala. Podivm de acceso a vivienda asentada sobre la doble muralla romana, cuyos restos aparecen más abajo.

Fot. 24Y. Avenida de Cala.  Perspectiva de la muralla en dirección a la llamada Puerta de Vélez. Las casas que se ven están asentadas sobre la base de la misma. Por el lado opuesto ha sido necesario el levantamiento de podios y escaleras para poder superar ese resto de muralla que soporta las casas en toda esa alineación.

Fot. 25Y. Avenida de Cala.  En esta perspectiva continuamos indicando la secuencia rota de la línea de muralla medieval árabe. En el primer plano del espacio que se indica en la foto existía, hasta hace muy poco, un lienzo de muralla sin más revestimiento que la cal sobre el aparejo antiguo. Su grosor alcanzaba 1.2 m.
Ignoramos la profundidad sobre todo a derecha. A izquierda se encuentra el terreno con un nivel de limo que supera los 10-20 m. Difícil lo tienen los árabes para mijar en suelo firma la gran muralla perimetral defensiva que se necesitaba para seguridad de la plaza.

Se sabe que lo que es entorno antiguo gozo con el tiempo de varios anillo de murallas perimetrales concéntricos. Unos, en niveles superiores, otros, en niveles medios, y finalmente sobre la cota 13, que es la altura que se da sobre la entrada del acueducto romano de la zona de Carrera de la concepción.

Fot. 26Y. Avenida de Cala. Perspectiva de línea de calle donde el murallón medieval ha desaparecido, aunque hasta hace poco se conservaba un tramo pequeño del mismo.

Fot. 27Y. Avenida de Cala. La Parte derecha de la imagen muestra una secuencia de muros elevado que se han montado sobre la muralla perimetral del casco antiguo de la ciudad.. El grosor llega a alcanzar un 1,2 m, aunque ha sido disminuido por los propietarios de las casas para ganar espacio. Es parte de la muralla árabe.

Fot. 28Y. Avenida de Cala y cruce con Carrera de la Concepción. Espacios internos del punto 27Y,1, donde se puede comprobar la anchura de murallón, conservado en su totalidad y que alcanzaba 1,20 m de grosor. Hoy día está totalmente destruido.

Fot. 29Y. Carrera de la Concepción. Zona donde se quiere hacer resaltar que la estructura de construcciones romanas se encuentra a escasa profundidad, casi al mismo nivel del actual piso. En la salida hacia Málaga se pudo comprobar la existencia de muros romanos profundos cercanos a lo que hoy es río Seco. En nuevas edificaciones se pudo comprobar la categoría de los muros hallados. En el movimiento de tierras se produjo un accidente que causó un siniestro en lo obra a causa del desprendimiento de un muro de cierto tamaño.

Fot. 30Y. Carrera de la Concepción. Aspecto deteriorado del paramento romano en donde se observan las concreciones provocadas por el enterramiento a que ha estado sometido.

Fot. 31Y. Puerta de Granada. Estado de la muralla tras la realización del rebaje practicado. Todo esto se encuentra bajo los cimientos de la Casa de la Cultura. Como la excavación se practicó se detenerse a ver con cuidado lo que estaba apareciendo, fue imposible determinar la procedencia y recorrido de estos muros, ni siquiera la forma de su aparejo. Su conexión con los elementos romanos y árabes es imposible de determinar. Se pude ver muro y algo de torreón.

Fot. 32Y. Puerta de Granada. Muralla medieval y estructura de hormigón romano. El sentido que se observa en su trazado le hace conectar con las estructuras conservadas en el tramo final de la Avenida de Cala. En esta imagen se ve una especie de opvs caementicivm, probablemente relacionado con el sistema de canalización del sifón del acueducto; línea de muralla; espacio donde la muralla experimenta un giro a izquierda, ligero, para continuar en dirección hacia el punto antes indicado.

Fot. 33Y. Cuesta del Derrumbadero. Esta imagen muestra, a izquierda, una fuerte pendiente provocada por la propia estructura rocosa del subsuelo, por donde ha debido pasar la muralla perimetral que se dirigía hacia el Callejón de Valdivia (Avenida de Madrid), separando lo que se conocía como Huerta de los Frailes, hasta empalmar con la muralla perimetral romana en la zona de Plaza de la Rosa. Se considera romana porque en las construcciones que se llevaron a cabo muy cerca de la Huerta de los Müller-Mateos, no se pudieron hacer zapatas en su cimentación, dada la dureza que presentaban. Hoy se encuentran esos muros soterrados sin tocarlos por la misma razón que el material de puerto aparecido en la calle Bilbao.

Fot. 34Y. Cuesta del Derrumbadero. Indicación del muro de contención perteneciente al depósito adicional que se encontraba junto a la Torre de descarga o Depósito Terminal situado en la zona donde se encuentra hoy la iglesia parroquial. Se extiende a lo largo de unos 50 m, aproximadamente. Su altura es imprevisible, dado el revestimiento moderno que ha sufrido. En la pared donde se ha localizado ese muro, se ha puesto al descubierto, de forma espontánea, el aparejo romano interior, que, a su vez, es la forma externa del muro romano, como se verá a continuación.


Fot. 35Y. Cuesta del Derrumbadero. Detalle de la imagen anterior para hacer resaltar el uso de la piedra y del cemento romano usados en la mampostería. Todo se encuentra enmascarado por el revestimiento moderno que se ha desprendido porque la argamasa moderna estaba formada por arena de playa con salitre, causa de su deterioro.

Fot. 36Y. Cuesta del Derrumbadero. Aspecto que presenta la gruesa capa de revoque moderno adosada a la estructura de muro romano: capa de argamasa moderna; aparejo romano de opvs incertvm. Al fondo se observa una estructura más resistente que no se pudo explorar.

Fot. 37Y. Calle Angustias Vieja. Aspecto de la misma sección de muralla, donde ya se ha levantado la Casa de la Cultura, con la eliminación de los restos de muralla que aquí se pueden apreciar. Debajo de este espacio aparecieron enterramientos romanos y medievales modernos.

Fot. 38Y. Calle Angustias Vieja. Espacio noroeste de cierre de la muralla de circunvalación de la ciudad medieval. Aquí, donde se indica, la muralla ha sido destruida hasta los mismos cimientos.

Fot. 39Y. Calle del Derrumbadero, artificial, ya que en este punto debía cerrarse, debido a la existencia de un murallón de circunvalación, que se verá a continuación: espacio de calle artificialmente abierto; indicación del punto (segunda puerta a derecha) por donde se entra en casa moderna que tiene en su interior un torreón de tierra prensada, similar al visto en el sector T. Dicho torreón da sobre el talud, de no mucha altura, sobre la actual carretera de circunvalación que forma hoy la Avenida de Madrid.

Fot. 40Y. Esta zona se denomina Cuesta del Derrumbadero. A izquierda se encuentra la finca donde se han hallado varios elementos de la arquitectura romana. Sujetando todo el sistema, debajo se encuentra el murallón de contención que forma parte de la muralla de circunvalación. A derecha de la imagen hay estructuras domésticas modernas que han reutilizado materiales romanos en sus alzados y, justo en el punto que se indica, se inicia el muro de contención de un probable depósito de agua, complementario al de la Iglesia, que se encuentra al lado del templo.

Fot. 41Y. Tramo de la calle Cuesta del Derrumbadero, junto a la Huerta de los Müller, donde se indica una secuencia de casas relativamente modernas, que se apoyan en la estructura posterior, formada por los restos de la muralla de circunvalación.

Fot. 42Y. Indicación en esta calle Derrumbadero de la secuencia de casas apoyadas a ambos lados sobre los restos romanos preexistentes. Todos se encuentran a nivel bajo, por donde pasa una derrama del canal de distribución situado en una zona destruida del antiguo ayuntamiento de la ciudad.

Fot. 43Y. Espacio del antiguo recinto de la Puerta de Granada, de la sólo se podían apreciar vestigios en algunas viviendas sobre la empinada cuesta. Esta entrada podía tener cierta relación estratégica con la configuración del acceso, según se entra viniendo desde el barrio de San Sebastián, con su característica forma en zig-zag. Aquí se observa: pendiente con fuerte desnivel que debe ser superado por el sistema de arribada del canal del sifón procedente y a través del último tramo de puente del acueducto romano; espacio libre forzado por la necesidad de abrir paso hacia la ciudad medieval.

Nota. Los antiguos habitantes de la ciudad cuentan y se sabe por tradición oral, que este acceso se encontraba precedido por una vaguada de cierta profundidad. Se cree también que las aguas de río Seco llegaron a pasar por aquí, aunque se considera muy difícil por encontrarse con la estructura del acueducto romano. Y que río Seco pasaba por aquí no se duda, pero cuando se producían desbordamientos del mismo, lo cual ha provocado daños cada vez que se producía. Incluso recientemente se siguen repitiendo.

Fot. 44Y. Callejón de Valdivia (Avenida de Andalucía). Huerta de los Müller-Mateos. Resto conservado de la antigua muralla medieval de circunvalación de la ciudad, probablemente montada en estructuras previas pertenecientes a la supuesta factoría de salazones de Levante. Se trata de una mezcla de estructuras.

Fot. 45Y. Avenida de Andalucía. Detalle de la perspectiva anterior para precisar mejor los datos sobre medida y aparejo. Hacia la derecha de este muro, se han conservado hasta no hace muchos años, restos de muralla sobre roca madre, cuando aún no se había construido obra moderna sobre esta zona. También se conservaba un torreón, que ha quedado dentro de una vivienda en calle Derrumbadero. 

Fot. 46Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Aparejo romano, prolongación del visto en la foto anterior. En él se ve una abertura que pertenece a un canal de conducción de agua para la probable zona de piletas de salazones situada en este lugar. Lo extraño es el hecho de que su bocana aparezca cegada desde tiempos antiguos.

Nota. Se tiene información de su existencia por un señor que experimentó su existencia haciendo el recorrido de su trayectoria y que, partiendo desde una habitación del ayuntamiento, llegó a salir él y otros, por ese canal.

Fot. 47Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Vista del canal de conducción de agua que, procedente de la zona y del antiguo Ayuntamiento, e Iglesia parroquial actual, desemboca en un ramal de la misma sobre esta huerta. Este canal pasaba por la antigua letrina del viejo ayuntamiento. Detalle sobre la foto anterior para hacer notar el aparejo de opvs signinvm de sus muretes laterales. Al fondo se observa el paso del canal que continúa a través del subsuelo de la calle Derrumbadero. El suelo del canal está completamente desgastado por la erosión. La cubierta está formada por lajas de piedra pizarrosa. Se puede observar que el fondo del canal tiene una derivación que discurre en sentido calle Real.

Fot. 48Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Resto de una tubería doble, de cerámica romana, que formaría parte de la red de distribución de agua en esta zona. Apareció en a removida de terreno cuando se estaba rebajando para crear los cimientos. Su forma deja ver que era muy resistente para poder soportar fuerte presión.

Fot. 49Y. Avenida de Andalucía. Huerta de los Müller-Mateos. Capitel romano de estilo corintio. Sus medidas aproximadas son 75 x 40 cm. Se localizó en un garaje dentro de la nueva construcción, hecho que hace ver que formaba parte de una estructura arquitectónica de relevancia, como la existencia de un foro o templo romano. Sin duda que se ha perdido mucho material que formaba parte de esta supuesta estructura.

APARTADO AÑADIDO DE TRABAJO COMPLEMENTARIO

Fotos 62Y a 94Y. Tramo del acueducto romano desde el canal de la Santa Cruz a los Grifos de la Carrera de la Concepción. Y junto a él, termas romanas.

Fot. 62Y. Carretera de Jete. Tramo final del acueducto romano de la ciudad, formado por dieciocho arcos, de los que faltan cuatro. La parte superior, por donde discurría el canal, ha sido destruida a través del tiempo, sobre todo en época de los musulmanes, en que el acueducto fue totalmente abandonado.
 

Fot. 63Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Fase de excavación. En esta foto se muestra la parte superior del acueducto dejando bien claro que el canal por donde circulaba el agua entubada ha quedado totalmente arrasado.

 

Fot. 64Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. La totalidad del canal de los arcos se encuentra derruido, y sólo los arcos, menos cuatro de la  parte central, se ven completos. El canal superior del acueducto estaba cubierto con estructura de medio cañón y el agua discurría entubada por su interior.

Fot. 65Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Esta foto muestra la parte terminal de entrada del acueducto en la ciudad moderna, donde se observan siete arcos. Se sabe que el acueducto continuaba en sentido hacia la Iglesia, creando un vaguada de ciertas proporciones cuando esa parte fue destruida para la nueva carretera. Es evidente que continuaba probablemente con unas conducciones de aguas entubadas, que llegarían hasta la Torre de descarga, situada en el emplazamiento de la actual Iglesia. 

 

Fot. 66Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Emplazamiento de las termas romanas, a derecha, y acueducto partido por el derrumbe de cuatro arcadas a causa de una pésima excavación llevada cabo con precipitación y usando máquinas excavadoras en la ejecución de puesta a descubierto del mismo.

Fot. 67Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Acueducto romano. Vista de la parte terminal del mismo a la entrada de la ciudad y vista general de las termas romanas. (Foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 68Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Vista casi completa del conjunto de las termas, donde se ven los siguientes elementos: en el centro, apodyterivm; delante, el hypocavstvm; a derecha, emplazamiento de las piscinas; al fondo, parte del acueducto que se dirige hacia San Sebastián, y está interrumpido roto por la Carretera Nacional 340.

Fot. 69Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Vista de conjunto del hypocavstvm de las termas, aún sin perfilar debidamente en su excavación. Tan sólo se observa un arquito central de la zona central del mismo.

Fot. 70Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Conjunto del hypocavstvm de las termas, donde se ven cuatro compartimentos, donde se restaurarán varios más. Tan sólo podemos observar dos arcos completos.

 

Fot. 72Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Vista frontal del hypocavstvm de las termas. La entrada se compone de doble arcada de ladrillo visto. Ampliación donde se puede ver, a izquierda, el arranque de los muretes de ladrillo del hypocaustum. Se comprueba la baja calidad del material del horno de calor. Es la parte que más ha sufrido en su conservación sin duda por la baja calidad de los materiales.

Fot. 73Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de conjunto de la parte este de las termas, donde se aprecia la entrada artificial del apodyterivm de las mismas. A su izquierda se ve el acueducto.

Fot. 74Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Interior abovedado del apodyterivm. En su interior a ambos lados se ven bancos de piedra, y, al fondo, mechinales sobre los que se apoyarían una serie de vigas. Se ignora la función de la puerta arqueada, aunque se piensa que daría acceso a otras dependencias de este recinto. 

Fot. 75Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete.  Vista posterior del apodyterivm de las termas. En primer plano se ve la superficie de lo que fue una de las pilas. A su izquierda hay un agujero que hace pensar en un elemento de conducción de agua.

 

Fot. 76Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Pila de baño grande, de forma semicircular con revestimiento de estuco, y encuadrada por muros romanos de opvs incertvm. Todas estas pilas estarían cubiertas según se deduce de los muros alineados a su alrededor, que servirían para sujetar una techumbre.

Fot. 79Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. En esta piscina se ven muy bien los dos escalones de entrada a la piscina, así como su revestimiento. El pocico del fondo del suelo pudo contener algún elemento de desagüe.


Fot. 80Y. Carretera de Jete. Vista de toda la cubierta del apodyterivm. Toda esta zona ha sido restaurada al estilo moderno, sin conservar las técnicas de la restauración clásica. Los materiales usados nada tienen que ver con los romanos.

Fot. 82Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Canal de entrada o desagüe de todo el complejo de baños. Su desnivel se inclina hacia el Oeste, y se encuentra ya fuera de las estructuras de baño propiamente dichas.

Fot. 83Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Se trata de una plataforma escalonada, cuadrangular. Indica que las estructuras de las termas romanas continuaban hacia levante. Pero las obras nuevas han prevalecido sobre las romanas. Es un tanto curioso observar que esta estructura rebajada registra el uso del opvs qvadratvm en su parte interior.

Fot. 85Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Sección de las termas donde se aprecia el tramo de acueducto que se dirige hacia el barrio de San Sebastián, junto a la carretera de Jete (Foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 84Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Carretera de Jete. Zona noreste  del complejo de las termas romanas. Aquí se ven los diversos compartimentos que integraban la casi totalidad de los habitáculos de estos baños. 

Fot. 86Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de parte del conjunto de las termas, donde se aprecian piscina, apodyterium y acueducto (Foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 87Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista frontal del apodyterivm de las termas y parte del hypocavstvm. Detrás, el acueducto. (Foto de Francid L. Ruiz). Llama algo la atención en los elementos constructivos el grosor del ladrillo utilizado, pues se nota que es menor que el que viene usando en las estructuras del interior del complejo industrial.

Fot. 88Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista frontal del apodyterium de las termas (Foto de Francid L. Ruiz). Curiosamente se puede ver que, mientras ha estado este conjunto bajo tierra, se ha conservado mejor que cuando se ha destapado el hallazgo. Las técnicas de construcción son las clásicas en este conjunto de estructuras romanas en Sexs. El opvs incertvm, el latericivm y caementicivm son la base de toda la estructura del conjunto de los baños.

Fot. 89Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de conjunto de las termas con sus diversos compartimentos, junto al acueducto. (Foto de Francid L. Ruiz). Compartimentos adicionales a lo propiamente considerado como complejo de las termas. Formas rectangulares que forman parte del conjunto como auxiliares.

Fot. 90Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista de una de las piscinas semicirculares, donde se aprecia con claridad el revestimiento interior de las paredes de la piscina con le técnica del opus signinum y el escalón para acceder a ella. (foto de Francid L. Ruiz)

Fot. 91Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista  general del conjunto de las termas de la Carrera (foto de Francid L. Ruiz).

Fot. 92Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Vista parcial de una de las piscinas de las termas de la Carrera (foto de Francid L. Ruiz).

Foto 93Y. Termas romanas de Carrera de la Concepción. Interior de una piscina romana donde se aprecia el estuco impermeabilizante con opus signinum. (Foto de Francid L. Ruiz).

Foto 94Y. Grabado del siglo XIX hecho por George Vivian. Muestra, al fondo, la imagen del Ingenio del Agua del barrio de San Sebastián en Almuñécar.

SECTOR Z

Almuñécar. Sector Z. Se encuentra enmarcado entre las calles Clavelicos y Nueva. Se encuentra muy cerca de las estructuras del Majuelo. Los restos romanos son visibles desde la misma calle. Tiene formas romanas reutilizadas, pero que se encuentran casi destruidas por las obras modernas. Hay un canal, que atraviesa viviendas modernas, con claros indicios de haber sido desagüe de época romana, precedente de las zonas altas con piletas de salazón.

Fot. 1Z. Calle Clavelicos. Las zona de canalización de agua residuales industriales normalmente tienen su origen en los lugares donde se ha practicado la salazón. Y es en esta calle donde se comienza de ver el lugar de origen, pero que se encuentran taponados por las construcciones modernas y nueva urbanización. Éste es una de los puntos de recogida que se encuentra taponado, pero en su interior se encuentra el canal de desagüe. Los muros que se ven de frente son romanos enlucidos y encalados. La calle es artificial. Este canal se dirige hacia calle Nueva casi en línea recta y dirección oeste.

Fot. 2Z. Calle Clavelicos. A continuación, en la misma calle, aparece un espacio con muros de estructura romana encalado. Detrás de esa puerta se encuentra una zona abierta con ruinas donde aparece la canalización casi paralela a la anterior.

Fot. 3Z. Calle Nueva. Se encuentra esta canalización al fondo izquierda de la citada calle. La anchura del canal es aproximadamente de 90 cm (3). Se encontraba debajo de la edificación romana con galerías y en las proximidades de la zona Majuelo, donde se dan sistemas de galerías como las que se han visto en el Sector J. Se puede observar el resto de muro antiguo junto al muro mayor en el suelo (2). El aparejo de las estructuras colindantes se trasluce a través del encalado moderno (1). A izquierda de la imagen y casi al punto de partida, se ve una canalización procedente de una vivienda en línea con la principal.

Fot. 4Z. Calle Nueva. Imagen de detalle donde, en el mismo sistema de desagüe se puede ver: (1) punto de salida del canal de evacuación que desemboca en el central; (2) muro romano de fondo donde se ha practicado una abertura para uso moderno de desagüe superficial; (3) paso artificial no encauzado; (4), paramento de probables naves en todo el tramo del pasillo con alzado a base de sillares de piedra caliza, cosa que revel que se encuentra muy cerca de la estructuras del Majuelo; (5), disminución del volumen del pasillo; (6) entrada artificial a una de las dependencias que se considera antigua nave romana.

Fot. 5Z, Calle Nueva. A poca distancia del canal anterior se puede ver éste, donde su estructura queda bien trazada, con sus muros laterales donde se aprecia la base sobre roca madre, los alzados de opus incertum y el fondo de comunicación con la llegada desde atrás. Su anchura tiene una medida similar al anterior canal.

Fot. 6Z. Calle Clavelicos-Calle Alfareros. A costa distancia de los dos canales de desagüe se encuentra una zona de alfares. Se cree que a través de la historia se han sucedido las técnicas de fabricación de pìezas de cerámica, tanto la doméstica con la de construcción. Y, como es coherente, se cree que aquí en otros tiempos se ha debido fabricar cerámica romana y posteriormente, árabe. Pero no tenemos constancia fiable porque en la demolición reciente de estas estructuras no se ha llevado a cabo inspección de los materiales antiguos que debieron aparecer. Otro alfar se encuentra sobre la muralla de Poniente, del que tampoco se tiene materiales que digan otra cosa. Lo más reciente es árabe, como es normal. Pero sí se mantuvo una tradición de cerámicas populares principalmente de carácter decorativo.

CONCLUSIONES FINALES

Tras haber realizado una detallada descripción de todos los sectores que componen el complejo estructural de las formas de Seks, es obligado hacer una ordenación del elenco de datos de cada uno de los ámbitos estudiados, para poder establecer unos criterios lógicos, basados en la estadística porcentual, que se ha podido efectuar tras el recorrido arqueológico emprendido a lo largo de todo el trabajo.

Resulta no fácil querer dar una nueva imagen sobre un yacimiento que ha permanecido durante tanto tiempo bajo el tópico de una determinada denominación, y romper los esquemas mantenidos, hasta el momento presente, como científicamente inamovibles.

Esta tarea, llevada en silencio durante más de veinte años (y aún no se considera zanjada por razones obvias), ha dado como fruto una información lo suficientemente extensa como para plantearse de nuevo la cuestión. No se trata de un problema de topónimo (Sexi), ni si ha existido un cargo sacerdotal (flamen), bien probado por la inscripción, o de una estructura comercial, en distintas épocas, formada por una determinada clase social dedicada a operaciones de este tipo, como era la ecuestre, en algunas fases de la historia de Roma; no es ésa nuestra cuestión.

Admitimos como elemento humano, un organigrama elemental en el que figuran: sectores sociales dedicados a la actividad mercantil, por una parte, y una población servil, probablemente integrada por colonos romanos, aborígenes y elementos de la antigua comunidad fenicio-púnica

Éste sería el esquema mercantil. Pero formando también parte,no de manera directa, con el citado estamento, existía, además, un cargo sacerdotal y, por último, una guarnición militar, indispensable para la seguridad del emporio y de los propios intereses de Roma, como punto marítimo de control y vigilancia sobre movimientos costeros principalmente.

Esto es lo que, en breve síntesis, constituye la plataforma básica del factor humano en Seks.

Pero el problema, o mejor, la cuestión sobre el hábitat, en general, y las estructuras elementales que se montan, como imperativos ineludibles en una organización urbana, ése es el problema a dilucidar, de manera que dejemos, de forma lo más precisa posible, bien clarificada tal cuestión, a partir de las premisas que se van a exponer esquemáticamente, en cuanto a hábitat; y, de forma amplia y documentada, en cuanto a cuadros de estructuras, analizadas a través de todo el núcleo de Sexs.

El tema del hábitat es uno de los problemas que más dificultades nos ha planteado a la hora de demostrar su realidad, con pruebas irrefutables. Por lo que al conjunto estructural del núcleo arquitectónico de Sexs se refiere, el único testimonio hasta ahora aportado, como emplazamiento de hábitat, se ha descubierto de forma accidental sobre el interior del Castillo de San Miguel, en el que se ha puesto de manifiesto un número amplio de formas que demuestran la existencia de una villa romana o similar. Pero hay que decir que resulta difícil determinarlo por la retocado que ha sido este punto tan estratégico a través de todos los tiempos.

En cuanto al resto del núcleo principal, aún no se ha podido confirmar ni un sólo testimonio de casa romana, entendida como vivienda. Pero en época romana no cabe duda de su uso como área de vigilancia y punto defensivo.

En las estructuras industriales de la factoría del Majuelo, las dependencias que se venían considerando como posibles cubicula, pertenecen a las fábricas, constituyendo componentes auxiliares y cuyos paramentos responden, en gran número de casos, a los alzados destinados para cubierta de protección de los diversos compartimentos que formaban la factoría. En resumen, no se ha podido demostrar que, entre los componentes arquitectónicos del Majuelo, haya áreas «ex profeso» destinadas a vivienda.

En lo relativo a la población servil, no se olvide que ha existido un núcleo habitado en el norte del Barrio de San Sebastián, bajo el nivel de la actual carretera de Jete, con sus correspondientes estructuras murales. A esta zona se le viene conociendo como Cuartón de la Ciudad antigua. Éste ha podido ser uno de los sectores destinados a la población, tanto servil, autóctona, como de ascendencia fenicio-púnica. No se descartan, por ello, que hayan existido otros emplazamientos, tal como reflejan las informaciones obtenidas a través del Libro de Asentamientos. Pero aún queda sin justificar o identificar la residencia de los altos cargos que debieron existir en Sexs. Todos los indicios apuntan hacia los lugares mejor dotados por la naturaleza, y con un emplazamiento realmente estratégico.

La localización de tales hábitats ha sido detectada en los siguientes puntos: villa rústica del Guardahamas (término municipal de Lentegí, Granada), a una hora de camino, a pie, de dicha localidad y a una distancia aproximada de 22 km de Almuñécar, sobre la vía que unía Sexs con Ilbira; villa romana situada en el valle de río Seco Alto, llamada «Los Bañuelos», a diez km. de Almuñécar; villa romana a 200 m del columbario romano conocido con el nombre de Torre del Monje; villa romana junto al lugar llamado «Las Peñuelas», unos 300 m más abajo del anteriormente citado; villa romana junto al columbario romano llamado 2La Albina»; villa romana situada en las cercanías del depósito de decantación y arqueta de distribución del acueducto romano de Sexs; en las proximidades del lugar conocido como La Santa Cruz; villa romana en el centro del Barrio de San Sebastián junto al tramo de puente final del acueducto romano, a su entrada a la ciudad de Almuñécar; villa romana en la finca conocida como «La Cerca», junto a la necrópolis fenicio-púnica de Puente del Noi, donde, poco ha, fue destruido un columbario romano de planta rectangular.

Como bien puede colegirse de estos datos, es patente que la clase dirigente tenía su residencia habitual en el interior de los territorios que Sexs en estos momentos. Se puede entender que, en etapas de alto rendimiento industrial, las situaciones ambientales serían los condicionantes que obligarían a la clase social alta, a establecerse en lugares libres de los fuertes olores, inducidos de la fabricación de todo lo que aquí se manipulaba. No cabe duda de que la insalubridad era un factor decisivo para que aparecieran los hábitats detectados en lugares tan alejados del núcleo industrial.

No es posible eliminar la carencia total de hábitat en las zonas portuarias. Es justificable admitir la presencia de una infraestructura mínima, que atendiera la necesidades más elementales de los movimientos humanos inducidos de la propia actividad mercantil. Pero aún no se ha confirmado ningún dato que dé luz a esta lógica y elemental supuesta infraestructura de, por lo menos, hospedaje.

Por todo ello y, sobre todo, atendiendo más a los materiales inventariados en la investigación, que a los argumentos de tipo literario, que no dejan de tener su valor, queremos extraer una conclusión acorde con lo que vemos, aunque, lo que se dice en los textos, no deje de ser importante.

Con un extracto de los materiales tomados de cada sector, obtendremos una versión aproximada al fin que pretendemos demostrar. Por ello, no queremos que se pierda de vista la situación, organización y composición del factor, tal vez, más relevante que aquí vamos a tratar.

Ya ha quedado dicho que las cripto-galerías abovedadas constituyen un sistema isotérmico ideal para las condiciones requeridas en el mundo antiguo, como medio de almacenaje. Tales sistemas, generalmente, se encuentran alineados, siguiendo la pendiente que marca el terreno. Cuando éste falla, el arquitecto romano recurre a la técnica del aterrazamiento mediante la aplicación, sobre todo en los puntos más irregulares y con mayor cota de nivel, entre distancias cortas, de gruesos muros de contención, sobre los que, incluso, llegan a levantarse, en algunas ocasiones, los propios paramentos de las galerías y sistemas de piletas o depósitos. Esto se podrá comprobar mediante un seguimiento de los distintos sectores que componen toda la infraestructura.

En términos generales podemos decir que los nuevos ocupantes de las formas dejadas por los romanos, normalmente han seguido, en la apertura de nuevas calles, el sistema de muros que dieron lugar a los aterrazamientos. De ahí la gran consistencia tanto de calles como de viviendas actuales.

Hemos detectado, en varios casos, calles modernas, cuya base es un murallón romano-medieval rebajado, con unos desniveles que llegan a alcanzar los 8 y 10 m que, a su vez, ha sido utilizado para apoyar sobre el citado murallón todas las estructuras domésticas que se han podido colocar al abrigo de su potente resistencia. Este fenómeno es muy común en el gran sector de Poniente, donde tenemos pruebas concluyentes sobre el aprovechamiento, por parte del elemento romano, de las pendientes más pronunciadas.

Con todos estos argumentos, y pretendiendo establecer una conclusión basada en una estadística matemática, tenemos la intención de presentar la versión que creemos, según nuestra información, más aproximada a la verdadera identidad de la antigua ciudad de Sexs, así considerada por los textos.

Para que no resulte confuso, hemos preferido la versión Seks, basándonos en la transcripción del antiguo componente fenicio S K S (samech, caph, samech), dándole solamente una vocal de apoyo (e) en la articulación de las tres consonantes. Creemos que es la versión al castellano más acertada, desde el punto de vista de la transcripción de los caracteres fenicios, considerándola más aproximada, ya que refleja prácticamente su antigua morfología y fonética.

Estructuras morfológicas (Véanse todos los sectores con su descripción detallada y sus conclisiones parciales). Pero veamos el resumen de lo más destacado de sus formas:

Sector A

a) Piletas de salazones de pescado (desaparecidas pero confirmadas históricamente).

a) Serie de sistemas de galerías abovedadas.

b) Depósito de gua romano.

c) Puente romano, elementos de unión entre el sector del Castillo de San Miguel y el Peñón del Santo, con una galería abovedada, a lo largo de todo el trazado.

Secor B

a) Graneros en superficie.

b) Almacenes subterráneos.

c) Pozo-aljibe.

d) Formas domésticas, propias de una villa romana.

e) Muros de contención de plataformas, escalonados.

f) Depósito de agua sobre la vertiente de Poniente.

g) Pileta de salazón sobre la misma vertiente.

Sector C

a) Alineaciones de muros sin función específica bien conocida.

b) Muros romanos reutilizados, en casas modernas.

Secor D

a) Muros romanos construidos para la sujeción de plataformas de aterrazamiento.

Sistemas alineados de casas modernas, cuyo alzado es el resultado de una alineación de galería romanas enrasadas.

Sector E

a) Galerías abovedadas, conservadas en buen estado.

b) Galerías enrasadas.

c) Galería semienrasadas.

d) Muros intermedios, que dividen las alineaciones situadas a distinto nivel, sirviendo para el montaje de galerías en paralelo.

Sector F

a) Galerías encadenadas de forma sistemática.

b) Gruesos muros de aterrazamiento.

c) Gradas de probables templos.

Sector G

a) Muros romanos de contención de terrazas.

b) Restos de sistemas de galerías.

c) Indicios de piletas de salazones.

Sector H

a) Restos de muros romano reutilizados en estructuras modernas.

b) Información oral sobre la reutilización de piletas para la fabricación moderna de la cerámica.

Sector I

a) Muros-contrafuertes de aterrazamiento, con lienzos de gran elevación

b) Indicios de galerías enrasadas.

c) Espacios cerrados, con señales de haber sido antiguas galerías romanas.

d) Piletas de salazón localizadas, pero sin excavar.

Sector J

a) Sistemas de galerías romanas, bien conservadas.

b) Sistemas de galerías romanas enrasadas.

c) Sistemas de conducciones de aguas.

Sector K

a) Gruesos muros romanos de aterrazamiento.

b) Galerías abovedadas, en posición paralela.

c) Depósitos de agua romanos.

d) Restos de piletas de salazones.

e) Sistemas de almacenamiento, en dolium, sobre superficie descubierta.

Sector L

a) Primera fase de estructuras muradas que comprendía la cueva de siete Palacios.

b) Sistema de base homogéneo, de galerías levantadas de forma frontal, dos a dos, y colaterales entre sí.

c) Sistema de base que comprende un ámbito similar, en superficie, a los dos anteriores.

d) Sistema de base con gal erías abovedadas, a la salida de la cueva, a izquierda, en el Sector NW.

e) En el espacio superior, emplazamiento de galerías abovedadas, con diferentes módulos y abarcando casi todo el casquete de Eras del Castillo.

f) Indicios claros de la existencia de materiales impermeabilizantes, pertenecientes a depósitos de agua, y a sus redes de distribución.

g) Restos de sistemas de conducciones de agua, tanto en el área superior como en el inferior.

h) Indicación clara del comienzo de un tercer cuerpo de estructuras de galerías, sobre un largo sistema abovedado.

Sector M

a) Sistema de muros romanos, destinado a los aterrazamientos.

b) Sistemas de galerías abovedadas, encubiertas con falto techo.

c) Galerias enrasadas para construir sobre ellas añadidos modernos.

d) Restos de piletas de salazón o de depósito de agua.

Sector N

a) Sistemas de muros romanos, de contención, para los aterrazamientos.

b) Sistemas de muros romanos que, probablemente, han pertenecido a los paramentos normales de galerías abovedadas.

Sector O

a) Muros romanos, de sistemas de aterrazamientos.

b) Probable existencia de elementos industriales.

Sector P

a) Sistemas de muros romanos de aterrazamiento.

b) Restos de piletas de salazón de pescado.

c) Restos de galerías, de las que tan sólo quedan los muros maestros, reutilizados.

Sector Q

a) Trazados de esquemas de galerías reutilizadas.

b) Muros romanos, de contención, de aterrazamiento.

Sector R:

a) Galerías romanas abovedadas, bien conservadas.

b) Galerías romanas reutilizadas.

c) Galerías romanas, enrazadas, para leantar sobre ellas.

d) Muros romanos de aterrazamiento.

e) Elementos de conducción de agua.

Sector S

a) Muros romanos,que forman parte de sistemas de aterrazamiento.

b) Restos de muros romanos, reutilizados en casas modernas.

Sector T

a) Componentes destinados a la industria de cerámica.

b) Fuertes muros romanos de contención en la zona industrial destinada a la producción de cerámica, ya indicada, y situada a nivel inmediatamente inferior al de la cueva de siete Palacios.

c) Existencia de piletas de salazones en situación de abandono, por las características ya descritas en época romana.

d) Restos de estructuras romanas, tanto reutilizadas en viviendas modernas, como sobre el pavimento de una calle artificial.

Sector U

a) Fuerte y elevado muro romano de contención, sito bajo las estructuras modernas y medievales, utilizado para el sistema de los aterrazamientos.

b) Sistemas de galerías abovedadas, enrasadas en todo el sector, existiendo dos secuencias similares seguidas, que han experimentado este cambio.

Sector V

a) Conjunto de componentes circulares, de escasas proporciones, que muestran señales de pertenecer al proceso de alaboración del garum. Por ello lo consideramos como hogares de cocción.

b) Un segundo conjunto, donde podemos ver igualmente restos de un hogar, y elementos murales, con aspecto y señales de haber sido piletas de salazón.

c) Un tercer conjunto, integrado por toda una secuencia de muros romanos, con claras manifestaciones de haber sido área de fabricación de salazones.

d) Secuencia de galerías abovedadas reutilizadas, pero conservando, casi íntegramente, su forma antigua.

Sector X

a) Sistema de muralla, probablemente ya iniciada desde época romana.

b) Zona de elaboración de pescado, con muros que aparentan pertenecer a medio de almacenaje.

c) Restos de u probable puntal de muelle de un puerto, o embarcadero romano.

Sector Y

a) Restos de estructuras de salazones.

b) Restos de depósito terminal del acueducto romano, y de la torre de descarga, sobre la base de la actual Iglesia Parroquial.

c) Resto de depósito adicional, en las proximidades de la citada iglesia.

d) Sistema de muralla periférica defensiva.

e) Elementos aislados, con indicios de haber servido a una estructura de almacenaje.

Sector Z

a) Secuencias de estructuras de muros romanos destinados a galerías, hoy enrasadas.

b) Restos de canales de evacuación de aguas, probablemente residuales.

Estructuras destinadas a:

a) Almacenamiento: Sectores: D, E, F, R, L, U, que dan un porcentaje total del 24% de la mismas. Este dato se refiere tan sólo a los citados sectores.

b) Almacenamiento y salazón. Sectores: G, I, J, K, L, M, N, O, P, Q, S, V, X, Z.; Porcentaje sectorial: 52%

c) Salazón, Sector: A, que da un porcentaje del 4%.

d) Vivienda: Sector B: que da un porcentaje del 4%.

e) Almacenaje e industria de cerámica. Sector C, que da un porcentaje del 4%.

f) Salazón y cerámica: Sectores H, T, que dan un porcentaje del 8%.

g) Abastecimiento de agua: Sector Y, que da un porcentaje del 4%.

A la vista de estos resultados, establecemos un orden preferencial en las distintas funciones que desempeñan los Sectores integrantes del complejo.

El sistema de almacenes o galerías que tienen, además, elementos de producciones de salazones, alcanza un 52 % del total de las estructuras.

El sistema, que sólo contiene formas de almacenaje, obtiene el 24 % del total del mismo.

Los centros, destinados fundamentalmente a la industria de salazón y a la cerámica, alcanza el 8 % de las estructuras.

Las áreas destinadas exclusivamente a la salazón, vivienda, almacenaje, que incluyen elementos de industria cerámica, salazón y abastecimiento de agua, todos registran un 4 % aproximadamente.

Analizando estos resultados, con mayor amplitud de funciones, vemos las siguientes conclusiones:

a) Con salazón: 84 %.

b) Con almacenes: 80 %.

Esto se ha hecho considerando la totalidad de los diversos Sectores que componen el complejo industrial.

A la vista de tales evidencias, y considerando que son representativos de todo cuanto, hasta ahora, ha sido analizado y descrito con la mayor precisión que se ha podido, no descartando la probabilidad de que, con el tiempo, aparezcan más datos por ahora, y considerando que se ha examinado más del 80 % del espacio, que aún consideramos arqueológico, los resultados nos inducen a expresar la siguiente puntualización: los elementos arquitectónicos predominantes son los destinados a la industria y almacenaje de los productos que aquí se elaboraban.

Sumando la profusa enumeración de datos que aquí mostramos, tenemos que concluir afirmando, con las pertinentes reservas que el caso requiere, la verdadera identidad de la colonia de Seks.

Estimamos que nos encontramos ante una factoría de salazones, dotada de un adecuado y amplio sistema de almacenaje para sus productos.

El elemento industrial queda bien reflejado a través del numeroso espectro de formas, que se nos han manifestado, desde la cota 4 hasta la 44, aproximadamente.

El factor subsidiario y auxiliar, manifestado como un instrumento de ayuda para la fabricación de las salazones, aparece indiscriminadamente en las mismas cotas que hemos adjudicado para la salazón.

Un problema que aún queda sin aclarar es el relativo al hábitat humano.

Con relación a tal cuestión, es conveniente recordar lo que antes de ha indicado al citar las villas localizadas en los diversos lugares antes mencionados.

Otro de los grandes problemas es la ausencia, casi total, de enterramientos sistemáticos en esta colonia. Hasta el momento presente, tan sólo han aparecido algunas tumbas, de forma aislada y dispersa. Varias han aparecido en la necrópolis de Puente del Noi; otras, en sectores abandonados de la factoría del Majuelo.

Por ahora, dentro de lo que podemos analizar como componente funerario, sólo nos encontramos con los antes citados columbarios, que consideramos no como un sistema de enterramiento público, sino como manifestación familiar y privada.

Resumiendo este tema, podemos afirmar que, por el momento, los documentos epigráficos relativos a enterramientos son muy escasos.

De esto podemos inducir que el elemento humano que aquí operaba, era eminentemente servil, y podía ser inhumado en cualquier lugar. El sustrato de ascendencia fenicio-púnica continuaría practicando sus ritos funerarios en los mismos lugares donde lo había realizado antes: Puente del Noi, como se ha podido demostrar, a la hora de datar gran número de tumbas. La población aborigen practicaría sus ritos con un sentido independiente del resto de la comunidad; y la clase dirigente utilizaría los citados columbarios.

Pensamos que esta clase, formada por comerciantes, cargos religiosos y militares, estarían en lugares como los descritos cuando hemos hablado de las villas. todos éstos tienen muy claro cuál es su situación y, por ello, fijan su residencia, salvo tal vez la clase militar, en las riberas de los esteros marinos y en lugares estratégicos de la zona interior. Es conveniente añadir que todos estos elementos, que hasta aquí se han enumerado, son necesarios a la hora de adoptar una postura, cuando se trata de presentar una nueva versión sobre la colonia de Seks.

Téngase en cuenta que esta colonia, Sexs, como factoría de salazones de tales proporciones, que comprendía todo lo que se designa en la planimetría antigua, y la parte aún no descubierta, no era un lugar muy propicio para las condiciones humanas, exigidas en una ciudad normal. Los fuertes olores de una industria de tales características harían imposible la vida normal. Por tales razones, las clases llamadas privilegiadas, fijan su residencia lejos de las factorías.

Para el elemento servil, cualquier medio es adecuado. Podrían vivir perfectamente dentro de una estructura del emporio.

Resumiendo todo lo anteriormente dicho e interpretando las diversas opiniones y afirmaciones, propuestas al respecto, después de los diversos análisis practicados, no cabe más solución que admitir que estamos ante una forma única de factoría, por el momento, en la que todo cuanto pensábamos que era parte de un conjunto urbano, como cualquier otro, ha resultado ser algo diferente, con unas estructura que en nada coinciden con el concepto de planimetría normal, en el ámbito de la técnica urbanística romana.

En este esquema, que aquí y ahora acabamos de describir, no hay ni cardo maximus ni decumanus, y lo que es bastante revelador, ni restos de edificios públicos destinados al ocio o a la diversión. Tan sólo hemos localizado restos de edificios religiosos, como elementos de carácter público, pero nada de teatro, ni anfiteatro, ni termas (dentro de lo que hoy es ciudad, en casco urbano actual, salvo el Castillo) ni nada de tal talante recreativo o lúdico. Pero no se descarta que aparezca con nuevas excavaciones.

Por poner un ejemplo de lo que ha sido, y lo sigue siendo, una ciudad completa, citamos a Baelo Claudia, donde apenas ninguno de los elementos publicos, antes citados, falta.

Seks es una factoría total.

Los conjuntos de piletas, como bien ha quedado testimoniado, aparecen en cualquier punto del emporio; mientras que los elementos fundamentales de una comunidad homogénea romana tiene un hábitat, acorde con la forma tradicional de una organización regulada por la tradición impuesta desde Roma.

En resumen, y sin más argumentaciones que la que nos ha revelado este núcleo industrial, no podemos ir más allá de la que nos ha dado como herencia la cultura y civilización romanas, y admitir y juzgar, por lo que hemos visto y no por lo que ha dicho y escrito reiteradamente:

«Seks es una colonia romana que ha heredado y desarrollado unas técnicas industriales tomadas del sustrato púnico residente en esa época. Tales técnicas han sido llevadas al máximo posible de desarrollo, convirtiendo a esta avanzadilla rocosa sobre el mar, en una gran factoría, donde lo que prima es el factor industrial y las estructuras auxiliares de la misma».

En Almuñécar destaca lo industrial, sin dejar de llamarse, como acostumbraron hacer los púnicos: Seks.

Todo lo que ocurre después, son añadidos; pero ese sentido de «reducto», «recinto» no se ha perdido; y tanto Roma como después, a su manera cada uno, islámicos y cristianos, han continuado usándola, apenas sin alterar el esquema heredado de antes, con la única salvedad de su reutilización, aunque para ello hayan tenido que romper bastantes estructuras.

El esquema urbanístico actual, sobre la forma antigua de la ciudad, es la transforación que el elemento islámico realizó sobre la estructura industrial de Seks.

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Granada, 20-12-1990.

Antonio Ruiz Fernández

URBANISMO ANTIGUO DE ALMUÑÉCAR. (SEGUNDA PARTE)

TESIS DOCTORAL

Este plano es muy ilustrativo para poder explicar la situación y emplazamiento de las estructuras que se van a exponer a lo largo del estudio realizado, y poder tener un criterio adecuado para cada momento de la historia local de Sexs.

Tanto en la parte oriental como en la occidental del plano se muestra la situación física del terreno, observándose, por las cotas de nivel, la diferencia de altura entre ambas vertientes. Se ha comprobado que el desnivel entre ambas de de aproximadamente veinte metros. Por esa razón el estero merino de Poniente se encuentra más reducido que el de Levante. Y esa razón puede explicar que el estero de río Verde se aproximara a la zona de Torrecuevas, mientras que el otro apenas llegaba a la antigua carretera de Málaga. A esto ha ayudado a esclarecer la antigua línea de costa el estudio llevado a cabo por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, en el que se define de forma fiable la observación expresada anteriormente. Esa Antigua Línea de costa se muestra en este trabajo para esclarecer datos fiables que sirven para establecer una valoración arqueológica del complejo industrial romano de Seks/Sexs.

Este plano y dibujo muestran tres partes bien definidas. El primer lugar el Castillo con lo que de él queda: Castillo con las partes que los militares consideraron relevantes, Tenaza del Castillo, reconstrucción -a partir de los restos existentes- del Puente Romano entre el Castillo y el Peñón del Santo,

SECTOR A

Hemos preferido mostrar una información gráfica en tamaño grande para que se puedan mostrar los detalles de las estructuras romanas de la pieza denominada Tenaza del Castillo, puente romano y restos de las estructuras industriales que existieron en el Peñón del Santo.

Hay que hacer constar que el citado Peñón, en principio, no tenía explanada en su cima, sino que terminaba en pico, como el resto de los peñones que muestra el paisaje. Ya se ha indicado que en esta cima se excavó por parte de D. J. M. Fontana en 1945.

Fot. 1A. Tenaza y Peñón del Santo. Vista general donde se ven las ruinas del puente romano: 1; 2, paso de la Tenaza (hoy enrasado) que, por medio del puente, comunicaba Castillo y Peñón. Como se ha dicho. La Tenaza ha envuelto parte de la galería romana que discurría entre los dos puntos indicados, y cuyos restos se ven al pie de los muros laterales a Levante y a Poniente. 

Fot. 2A. Antigua foto del Peñón del Santo1 Vista del los restos del Puente Romano que unía el Castillo y el citado Peñón. Fue destruído en 1812.

Fot. 3A. Resto de muro romano reutilizado al pie de la Tenaza en su tramo final, y punto de arranque de lo que queda de esta parte del puente. 

Fot. 4A. Perspectiva de la base de la Tenaza, donde se aprecia un largo lienzo de hormigón romano (opvs caementicivm); al parecer podría haber formado parte de una conducción de agua, ya que en él se observa material impermeabilizante de opvs signinvm, usado para tal fin.

Foto 5A. Detalle de la Tenaza, donde se ve mejor la estructura de un espacio arquitectónico romano, con material impermeabilizante, en línea con lo mostrado en la foto anterior. 

Fot. 6A. Tenaza del Castillo. Base de los muros de esta parte defensiva. Indicación de los muros romanos en la base de esta edificación. Se ha podido observar el hormigón romano usado en el aparejo. Fenómeno lógico porque los elementos romanos del Castillo estaban ligados al paso hacia el Peñón del Santo.

Fot. 7A. Detalle de la Tenaza. Espacio con restos de hormigón romano a continuación del mostrado en la foto anterior. 

Fot. 8A. Descripción: Con el Castillo de fondo: 1, paramento moderno de la Tenaza; 2, 3 y 4, restos de la galería romana en la base de un muro de la misma. 

Fot. 9A. Tenaza del Castillo. Detalle sobre el material mostrado en la foto anterior. Se observa con claridad la estructura del opvs incertvm

Fot. 10A. Tenaza del Castillo. En esta imagen se muestra: 1, restos de muro romano en los cimientos de la Tenaza; 2, restos de opvs incertvm en la base del material anterior. Es evidente que estos muros han sido afectados por el bombardeo del Castillo.

Fot. 11A. Descripción de la imagen: 1, espacio con restos de muro de la galería romana que discurría por la parte superior del puente; 2, paramento de la Tenaza construido con material romano reutilizado.

Fot. 12A. Vista del Peñón del Santo desde la Tenaza: 1, espacio ocupado por el depósito de agua romano, situado en la parte derecha del Peñón, según se sube; 2, hueco final de la galería romana cubierta del puente romano sobre el Peñón; 3, espacio del puente donde se ven los restos de la base, o luz, de algunos de los arcos del mismo puente. 

Fot. 13A. Panorámica del Castillo de San Miguel y del Peñón del Santo: 1, espacio ocupado por el puente romano, señalando la galería cubierta y los cuerpos de arcadas; 3, Peñón del Santo. En estas fechas, principio del siglo XX, la parte superior del Peñón ya había sido allanada. Se sabe que, al igual que los otros peñones sobre el mar, terminaba en forma de cresta rocosa.

Fot. 14A. Descripción de la imagen: 1, Peñón del Santo; 2, indicación del espacio que fue ocupado por el puente romano; 3, restos de muros romanos de la galería cubierta del citado puente; 4, restos de muros antiguos de la Tenaza en la zona de Levante; 5, murallas reconstruidas del Castillo de San Miguel.

Fot. 15A. Prolongación de la Tenaza del Castillo en dirección al Peñón del Santo. Espacio del puente romano derruido: Indicación de los puntos donde se pueden ver claramente la existencia de muro clásico romano, cimiento-base del puente romano.

Fot. 16A. Situación del puente romano después del bombardeo y reutilización como cantera para obras nuevas: 1, restos de los cimientos; 2, Punto de enlace entre la Tenaza y el puto romano. 3, los cimientos de la Tenaza presentan una base de material y estructura origen romano.

Fot. 17A. Cubierta del tramo final de la galería que se encontraba encima del puente romano. Hay opus signinum ya muy desgastado.

Fot. 18A. Espacio hueco perteneciente al tramo final de la galería cubierta que discurría por encima del puente romano: 1, muro romano lateral; 2, paramento de fondo del final de la galería; 3, inicio de la cubierta de la misma. 

Fot. 19A. Detalle sobre la foto anterior (17A), para señalar el fondo final de la galería romana del puente, con aparejo de opvs incertvm

Fot. 20A. Detalle de la foto anterior, donde se indica la existencia de aparejo de opvs signinvm para impermeabilizar el tramo final de le galería cubierta del puente romano.

Fot. 21A. Entrada moderna al tramo final de la galería romana en el Peñón del Santo.Entrada artificial de este resto final de galería. Este pequeño espacio fue ocupado modernamente como redil de ganado. Los muros laterales que conformaban el alzado de la galería sobre el puente, daban las siguiente medidas: muretes de 0,60 m, y distancia entre sí, de 6 m aproximadamente.

Fot. 22A. Desde lo que se cree es el inicio del puente romano a partir del Peñón del Santo: 1, Indicación de la luz de la hilera de arcos más bajos; 2, 3, luces de los arcos del segundo cuerpo; 4, luz del tercer cuerpo de arcos. Los materiales usados son el hormigón romano (opvs incertvm) y el impermeabilizante (opvs signinvm). 

Fot. 23A. En esta perspectiva de Levante se deja ver la altura aproximada del puente a través de los restos conservados. En la indicación, que se muestra en la foto, se pretende mostrar que, en algunos niveles, la base del puente casi llega al nivel del mar, aunque en este detalle tan sólo se puede analizar un paramento lateral, porque la parte central de este mismo nivel presenta roca madre sobre el suelo de la carretera moderna actual. Ello nos induce a pensar que sólo se trata del revestimiento de un vacío provocado por la configuración de la roca, y la anchura que se dio al puente. En definitiva, es un relleno por fallo de la roca. 

Fot. 24A. Parte superior del puente romano: 1, restos del punto de arranque de los muros del primer arco del tercer cuerpo de arcadas del puente; 2, detalle del espacio que ocupa la base de la luz del citado primer arco, con la técnica del opvs caementicivm. La altura del muero conservado sólo alcanza los 0, 60 m. La luz alcanza los 5,40 m, y su anchura es de 6 m, como la base inferior del puente a la altura de la carretera moderna. 

Fot. 25A. Parte del puente romano sobre el Peñón del Santo. Detalle sobre la luz del primer arco: uso del opvs signinvm; 2, opvs caementicivm

Fot. 26A. Parte del puente romano sobre el Peñón del Santo. Detalle sobre la foto anterior: restos del alzado del puente, partiendo de la roca madre y elevándose aproximadamente 1, 20 m sobre el suelo, y manteniéndose en línea recta en sentido noreste, y una extensión de unos 8 m. La técnica edilicia es el opvs incertvm. La consolidación de esta parte de puente ha perjudicado el trabajo de recuperación.

Fot. 27A. Parte del puente romano sobre el Peñón del Santo. Lienzo de paramento del puente en la vertiente oeste, levantado sobre roca y con una altura aproximada de 3 m, llegando en algunos tramos a los 9 y 10 m. 

Fot. 28A. Paramento romano del puente, sobre roca. Longitud aproximada 15 m, y una altura media de unos  4 m. 

Fot. 29A. Desde el límite del depósito de agua romano existente en las cercanías del final de la galería romana cubierta: 1, muro romano con arranque de bóveda a su lado; vista parcial de la línea del puente romano; 3, aquí se puede ver, por un lado, el grosor del muro del puente y, por otro, resto de pavimento impermeabilizante, en la parte superior. 

Fot. 30A. Muro del puente romano. Descripción: Aquí se pretende resaltar la línea del paramento de Poniente del puente, indicando dónde se observa su situación rectilínea, como es su base. Por lo demás, la parte arruinada que deja ver, por un lado, las dimensiones del grosor del alzado y, por otro, la utilización del opvs caementicivm y uso de la piedra pizarrosa. 
 

Fot. 31A. Estado del paramento del puente romano en su vertiente de Levante. Se deja ver la roca madre por desprendimiento de la masa estructural superpuesta. En general, la zona de Levante ha sufrido más la erosión que la de Poniente. 

Fot. 32A. En esta foto se aprecia la profundidad de los cimientos del puente. En nivel superior se puede observar igualmente cómo se monta el aparejo del cimiento sobre la roca madre. Hace más de un siglo, el paso de una playa a otra era muy difícil, por la cantidad de material que quedaba de las ruinas del puente. Téngase en cuenta que este puente fue atacado, en la retirada de las fuerzas napoleónicas, por una flotilla inglesa que bombardeó la ciudad durante tres días, según documento de que se dispone sobre el caso [1].

Fot. 33A. Detalle de la foto anterior en la que se aprecia cómo los cimientos profundizan hasta dar con la roca madre. Aquí falta una excavación para comprobar hasta qué profundidad llegaba el opvs caementicivm y el incertum

Fot. 34A. Aspecto general de los restos actuales del puente. Se indica, con una flecha, la anchura de la base, con una medida de 6 m. En ambos lados se puede ver el aparejo del alzado externo de la construcción, hecho que no ha proporcionado las medidas exactas de este elemento arquitectónico.

Hay que decir que esta estructura ha sido muy usada como cantera
  

Fot. 35A. Detalle del alzado anterior del puente romano, donde aparece la composición de su estructura interna: opvs caementicivm e incertum. Se observa la fuerte composición y concentración de roca pizarrosa en esta técnica edilicia. 

Fot. 36A. Vista general del puente romano en la parte correspondiente al Peñón del Santo. El paso existente hoy día fue abierto rompiendo las ruinas, a principios del siglo XX. Descripción: 1, indicación del primer nivel de arcadas del puente; 2 y 3, luces respectivas de dos arcos consecutivos pertenecientes al segundo cuerpo de arcadas; 4, luz de un arco del tercer y último nivel de arcadas; 5, este punto señala la cavidad existente hoy aún, que pertenece a la galería cubierta que discurría por encima del tercer cuerpo de arcos del puente. 

Fot. 37A. Detalle de la luz de los tres niveles de arcos del alzado.

Fot. 38A. Puente romano. Detalle sobre la foto anterior donde se muestran la base y luz del inicio del tercer cuerpo de arcadas del puente romano.

Estas ruinas han sido usadas como cantera para casas modernas.

Fot. 39A. Puente romano. Indicación más precisa de las luces de los arcos de los dos primeros cuerpos del puente: 1, primer cuerpo con la luz indicada en su base; 2 y 3, base y luz del segundo cuerpo; 4, base y luz del tercer cuerpo. Obsérvese cómo la piedra ha quedado al descubierto en algunos tramos del paramento.

Debajo de esta situación descarnada se encuentra el muro del paramento de la fachada. Esto quiere decir que se ha utilizado la roca como elemento constructivo, aprovechando su volumen en el interior del muro romano del puente. La roca, de donde parte el alzado, no ha sido allanada para levantar el puente, sino todo lo contrario, forma una espina sobre la que se levantan los paramentos exteriores del alzado del puente. La resistencia, de este modo, es mucho mayor. Los arcos, en consecuencia, se han hecho a partir de que la roca desaparece para aligerar peso según la pendiente natural marcada por la composición pétrea del terreno. 

Fot. 40A. Esta imagen de detalle es la que más revela la medida del arco de luz de las dos primeras arcadas.

Fot. 41A. Puente romano. Detalle de la base y puntos de arranque del arco del primer cuerpo de arcadas del puente. 

Fot. 42A. Galería abovedada junto al puente romano en el Peñón del Santo. Aspecto general, de izquierda a derecha, de los muros del alzado correspondiente a las galerías, en ruinas, del área superior del Peñón del Santo. En la base se puede ver el punto de arranque desde la roca madre, pero en fotos antiguas.

Fot. 43A. Galerías romanas abovedadas (rotas) del Peñón del Santo. Espacio correspondiente a las tres galerías que se indican en esta zona. El árbol y la maleza impiden ver con claridad el aparejo y alzado. 

Fot. 44A. Vista de perfil de los muros de fondo de las galerías romanas de esta parte del sector: 1, arranque de la cubierta en bóveda; 2, 3 y 4, espacios que indican la situación de los muros terminales de fondo correspondientes a las tres galerías antes indicadas. 

Fot. 45A. Vista de conjunto de lo que se considera área de las tres galerías con inicio indicado de bóvedas: 1, muro de fondo (restos de cimientos o base); 2, espacio de fondo de las tres galerías situadas en paralelo. 

Fot. 46A. Área de las galerías romanas del Peñón: 1, muro citado en la foto anterior (ha desaparecido con la modernización del acceso al Peñón). De él se conservan 5,50 m de largo en este espacio, y más adelante y en línea, 1, 50 en su extremo, en dirección al precipicio acantilado actual; 2, aquí se indican las dimensiones de las espaldas de las naves, con una extensión aproximada de 11, 20 m, y una altura de 2,30 m, aunque la construcción exterior se eleva por encima de los 5 m sobre el nivel-base de las galerías. Considerando que el muro conservado, que aflora desde la roca, se prolonga hasta el tramo existente sobre el acantilado del Peñón (fotos 52A y 53A), se puede inducir que la extensión de este conjunto, incluyendo los restos de las galerías conservadas, podría llegar a medir 45,80 m aproximadamente; lo que nos puede llevar a concluir que la seriación de galerías pudo abarcar todo el espacio indicado por el citado muro. Esto estaría en consonancia con las dimensiones del depósito romano de agua, que tiene una capacidad mayor a todos los hasta ahora conocidos, exceptuando el supuesto depósito existente sobre el terreno de la actual Iglesia parroquial.

Fot. 47A. En esta imagen se aprecia bien: 1, parte de la cubierta de las bóvedas de las galerías, situadas sobre el fondo del muro maestro; 2, y aquí se precisa bien la alineación de paramento lateral del puente. Por otro lado, esta continuidad rectilínea, habiendo ya superado el hueco de la galería, nos induce a pensar y a corroborar lo expuesto en la foto anterior, donde se indica la probabilidad de admitir unas dimensiones mayores a las que hoy, a simple vista, se observan. Este muro rectilíneo discurre paralelo al depósito y ha sido arrasado por las obras de remodelación de acceso. 

Fot. 48A. Detalle adicional de la foto anterior, donde se ve, en la parte superior, un muro de arranque hacia arriba, confirmando que las construcciones de este espacio superaban la altura del puente romano, como se observa en la primera indicación: 1; en el tramo medio: 2, se ven los restos salientes que quedan de las bóvedas de las naves; y en la parte inferior, el muro de fondo: 3, restos salientes de la tercera galería, según se indica en el dibujo planimétrico. 

Fot. 49A. Interior del depósito de agua romano situado en la cima del Peñón del Santo. Obsérvese la forma redondeada de las esquinas y el revestimiento con material impermeabilizante que termina con una capa de estuco. Su techo, enrasado modernamente, está a nivel con la cima del Peñón. 

Fot. 50A. Uso moderno que se ha dado a este depósito. Hoy es un apero municipal de jardinería.

Fot. 51A. Peñón del Santo. Indicación de la puerta moderna de acceso al depósito de agua romano, convertido, hoy día, en un apero de herramientas por parte del Ayuntamiento. 

Fot. 51Fot. 52A. Peñón del Santo. Muro romano sobre el talud, proveniente del que se ha destruido por la remodelación. Sus medidas son: largo: 1,50 m; anchura: 1,10 m; altura (en lo que se conserva): 2,0 m, en su punto más profundo.

Todas estas últimas imágenes del puente romano muestran que los muros de las estructuras romanas construidas en el Peñón han sufrido daños a través de su historia. Probablemente por los fenómenos naturales (terremotos del año 365 d. de C.) y por acción antrópica (guerra napoleónica, y por uso como cantera).

Como este punto disponía de una batería, a la vista de lo que se ve, fue bombardeado en la citada operación militar contra Napoleón.

Fot. 53A. Peñón del Santo. Muestra, de perfil, del muro anterior sobre el talud. Su estado nos revela que parte de este muro se ha derrumbado sobre el acantilado, y que aquí han podido existir otras estructuras hoy desaparecidas, al igual que las rocas que se ven hoy sobre la playa, pueden ser derrumbes por los fenómenos antes citados. 

Fot. 54A. Muro moderno levantado sobre las ruinas de la prolongación de la Tenaza, que se extendía hacia Levante a partir del puente romano. Se cree que esta muralla es enteramente moderna. Está montada sobre restos medievales.

Fot. 55A. Detalle del muro anterior sobre los restos del muro de la antigua Tenaza. (Foto del autor).

Fot. 56A. Detalle de muro moderno construido sobre los restos de la Tenaza, con materiales procedentes del derribo de edificaciones romanas. 

Fot. 57A. Muro de la Tenaza en su vertiente levantina, donde se ve el muro sobre piedra probablemente perteneciente a muros romanos. 

Fot. 58A. Muro de la Tenaza a Levante: 1, torreón de Levante dentro del área de la Tenaza, montado sobre muro que usa como base estructuras romanas, probablemente pertenecientes a la preexistente galería cubierta romana del puente: 2, roca madre sobre la se levanta el muro romano reutilizado para la muralla moderna. 

Fot. 59A. Detalle de la foto anterior para mostrar el tipo de aparejo usado en su construcción. Se aprecia tanto la construcción moderna como la antigua formando la cimentación.

Fot. 60A. Encuentro entre las estructuras antigua medieval-romana y la moderna. Excavación incompleta por su corto recorrido. Se buscaban restos fenicios y solo aparecieron romanos mezclados con elementos griegos e ibéricos. Parte de este terreno fue excavado por Pellicer en los años ’60.

Fot. 61A. Se muestra otro pequeño tramo de los restos de muros algo mezclados con estructuras superpuestas.

Todo esto se encuentra a los pies de la muralla de la zona sureste del Castillo. Muro medieval alineado con el anterior y que formó parte del conjunto de la Tenaza. La muralla que separa las casas modernas del Castillo, está levantada sobre los restos de la Tenaza en toda la vertiente de Levante.

Fot. 62A. Muro medieval alineado con el anterior y que formó parte del conjunto de la Tenaza. La muralla que separa las casas modernas del Castillo, están levantadas sobre los restos de la Tenaza en toda la vertiente de Levante. Torreón almenado perteneciente a época ya moderna, junto a la parte derecha de la Tenaza del Castillo.

Fot. 63A. Planos del Servicio Histórico Militar. (http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/) Esplicación: 1 Ubicación del Castillo; 2, Tenaza del Castillo; 3, puente romano; 4, restos romanos en el Peñón del Santo. Obsérvese que no hay explanada sobre la cima; sólo indicación de formas que pueden ser las que se han encontrado por parte e D. J. M. Fontana en sus excavaciones.

Fot. 64A.  Planos del Servicio Histórico Militar.  Plano militar: 1, torreón y muro de la vertiente de Levante; 2, continuación del muro de la Tenaza y torreones anejos; 3, probable esquema dado a las formas rectangulares de las piletas de salazones romanas del Majuelo; 4, espigón de la Tenaza en dirección a la galería abovedada (arruinada) romana del puente; 5, puente romano con galería superior; 6, Peñón del Santo, con edificaciones sin identificar; Peñón del Santo. . [1] Documento militar inglés donde se relatan los hechos bélicos navales, firmado por el oficial que mandaba la flota. (http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/)

Fot. 65A. Peñón del Santo y sus estructuras romanas: 1. situación del depósito de agua romano sobre la planicie de la cima; 2, situación del punto final de la galería cubierta romana sobre la cima del Peñón; 3, estructuras muradas que han desaparecido y que bordeaban la periferia del Peñón; 4, talud sobre el que se proyecta el muro procedente de las galerías del Peñón; 5, ruinas del puente romano que no permitía el paso de una vertiente a otra.

FIGURA 7. Planos de los sectores A-B.

Almuñécar. Planimetría del sector A. Castillo de San Miguel, reconstrucción del Puente Romano y Peñón del Santo. Este elemento estuvo intacto hasta la época de la invasión francesa. Su destrucción fue causada por los bombardeos de navíos ingleses, y a la retirada del elemento francés de este castillo. El Castillo y sus aledaños fueron destruidos en el bombardeo de la flotilla inglesa en la guerra contra Napoleón. El levantamiento del plano del Puente ha sido posible gracias a los restos de su alzado, aún visibles sobre el Peñón, las fotos antiguas de la ciudad, y los planos del Servicio Histórico Militar, con la valiosa aportación del Coronel de Infantería, D. Victoriano del Moral.

SECTOR B

El estudio de esta zona abarca todo el complejo defensivo principal destacado por su situación orográfica, que le daba un carácter muy apropiado para convertirse en elemento castrense que velara por la seguridad de los colonizadores que se fueron sucediendo con el tiempo en esta localidad costera. Se observa fundamentalmente bajo el dominio romano y árabe. Y esto sirvió para que los visitantes posteriores siguieran usando este paraje como plataforma de defensa a través de los años posteriores. Se puede hablar entonces de fenicios, romanos, visigodos, árabes y cristianos.

Aquí se centra la investigación en el estudio de los vestigios romanos, época que abarca un período que se desarrolla entre los años -206 (derrota cartaginesa en Ilipa) y la desaparición del control romano a partir del año 476 d. C. (682 años de dominio romano).

Plano general del Sector B

Es necesario aclarar que la entrada a esta fortaleza se hacía por medio de puente levadizo, como queda indicado en la leyenda de unos de los planos militares que de van a mostrar. Había cuatro puertas en todo el recinto: dos en la entrada: puente levadizo, y puerta de entrada; y una puerta casi al Sur de la fortaleza, que comunicaba éste con la Tenaza periférica; y la cuarta, que se encontraba a mitad de la vertiente de Levante de la muralla defensiva.

1.- Plano militar del Castillo-alcazaba.

Trazado del sistema amurallado de la ciudad por los militares de época. La zona más destacada se centra en la parte denominada Alcazaba, que abarcaba todo lo que se considera ciudad antigua. Fenómeno aparte es el que refleja en el nº 1, donde queda indicada la factoría de salazones romana, destacada con cuadrículas poligonales. y cuyas piletas debieron quedar a descubierto en estas mismas fechas. 2, parte de la muralla de Levante que discurre paralela a la Tenaza en la misma orientación. Y espacio de la Tenaza en la vertiente de Levante.

Casi todos los planos de época señalan este detalle de la antigüedad.

Tercer plano militar. Plano del Servicio Geográfico del Ejército sobre el Castillo de San Miguel, Tenaza y Puente romano de Almuñécar: A, entrada principal al Castillo; B, puesto de guardia del acceso; C, torreón de Poniente frontal; D, mazmorra; E, Plaza de Armas; F, puente del acceso principal; G, capilla de la Plaza de Armas; H, aljibe de la Plaza de Armas; J, muralla de Poniente con barbacana; K, zona sin definir del interior del Castillo; L, gran torreón de avanzadilla con vistas a la Tenaza; N, gran torreón avanzadilla; P, rampa de acceso al gran torreón del Sur.

http://portalcultura.mde.es/cultural/archivos/) (Exigen este enlace desde el administrador de esta información).

Cuarto Plano Militar donde se reflejan Castillo, puente romano, Peñón del Santo, peñones secundarios y esquemática representación de la factoría del Majuelo en forma de cuadrículas.

Fot. 1B. Estado actual de la Tenaza del Castillo, que se dirige hacia el puente romano para conectar con el Peñón del Santo, Esta parte ha sido remodelada para mostrar lo que fue en sus inicios. Casas adosadas ilegalmente a una construcción que debe ser respetada. Esta construcción se ha montado sobre las estructuras romanas que pueden verse en los cimientos de la vertiente oeste. Lo que prueba que no sólo fue destruido el puente romano con el bombardeo inglés, sino que en época posterior, tuvo que reconstruirse esta parte de la imagen porque también lo fue. Y era muy necesario mantener la conexión entre el Castillo y el Peñón del santo, ya que allí se instalaron baterías contra posible ataques por mar. Es evidente que el Peñón del Santo estaba conectado con la zona del Castillo por razones militares romanas y por razones comerciales, ya que en ese espacio hay también sistemas de producción de salazones (excavación de 1945) y sistemas de almacenaje (galerías abovedadas de almacenaje).

Fot. 2B. Esta imagen (se finales del s. XVIII) refleja claramente la situación en que quedó el puente romano que unía el Peñón del Santo con el Castillo, después del bombardeo de la flotilla inglesa en 1812. Los puntos indicados marcan el estado en que quedó desde el 1 al 3. Se puede observar que el camino que discurre por la falda del cerro donde se encuentra el Castillo es reciente en su momento. No hubo paso entre las playas de San Cristóbal y la de Puerta del Mar. Los puntos 1 al 2 indican los restos que quedan de los arcos del puente. El 3 señala el Castillo que probablemente construyeran los árabes, pero usando materiales de derribo de época romana. El camino indicado, en época posterior pudo comunicar ambas playas, pero con bastante dificultad.

Fot. 3B. Panorámica de Almuñécar en las fechas anteriormente referida. En primer plano se observa una vega en estado pantanoso y con una foresta muy arcaica. Lo que es el casco urbano de Levante tiene escasa construcción y todo muy rudimentario. La línea de costa estaba muy retraída con respecto a al actual. Y la zona de cultivo se encuentra en estado pantanoso y probablemente con remanos destacados. El punto 1 señala la cima del Peñón del Santo, que se puede ver aplanado y no acabado en pico como fue su estado original (excavaciones de Fontana en 1945). Hubo piletas de salazones en ese espacio. El punto 2 indica la situación de las ruinas del puente romano. El punt 3 señala la zona central del puente, pero con restos que impedían el paso de playa a playa. El punto 4 señala el Castillo. El punto 5, la parte superior de la Cuesta del Carmen. El punto 6, el inicio de la calle Cueva de Siete Palacios. El punto 7 muestra la parte superior del barrio del Castillo con resto de lo que en tiempos de los árabes se denomino Alcazaba (hoy hay algún resto). El punto 8 señala la capilla del Patio de Armas del Castillo. El punto 9, marca la línea de playa en Puerta del Mar. El punto 10, presencia de probable de zona pantanosa que, por cierto, fue un foco de infección en esos momentos en en tiempos anteriores.

Fot. 4B. Fase posterior en que se inicia la invasión de las construcciones y sistematización de derribo de las faldas del cerro del Castillo. Nunca existió ese pasillo de la imagen. Y fue a partir de la destrucción del puente romano cuando esa invasiva urbanización se inició. Sobre la parte superior de la roca se dibuja la existencia de una canal que se explicará a continuación. E igualmente las murallas de Levante son reforzadas previendo que se viene construyendo desde el Paseo del Altillo. Al camino abierto se ha hecho con el material de derribo de la roca-base del Castillo. Y empieza a aparecer una playa artificial.

Fot. 5B. Vista panorámica del Castillo de San Miguel. Ha sido durante muchos años cementerio municipal. En la parte superior derecha se ha localizado la la existencia del canal romano que abastecía de agua las necesidades de la pequeña factoría que se encontraba en el Peñón del Santo. Casi ton toda seguridad, con las construcciones modernas superpuestas a la muralla menor del Castillo, formada por parte del anillo de la Tenza, ese canal ha sido destruido , gran parte de él. Cuando M. Pellicer excavó esa zona no figuró en sus conclusiones ninguna referencia a su existencia, y es lógico dado que discurría a menor altura en su marcha hacia el punto final.

Fot. 6B. Reciente canal romano descubierto en superficie y que procede de la zona del sector L, y se dirige hacia Peñón del Santo a través de la galería cubierta del puente romano. 1. canal a descubierto con falsa bóveda moderna. 2-3-4. casas modernas que se encuentran encima del canal. 5, zona por donde continuaba el canal y que no se ha excavado aún.

Fot. 7B. Ésta es la extensión del tramo de canal romano: 7 m aproximadamente. Su cubierta es una bóveda moderna porque el canal se ha utilizado como depósito-aljibe en este trayecto con el fin de abastecer a viviendas cercanas.

Fot. 8B. Detalle de la cubierta del aljibe donde se aprecia el aparejo moderno.

Fot. 9B. Detalle para ver uno de los muretes de estructura romana sobre la que se asienta la bóveda moderna. Mide 0.35 m.

Fot. 10B. Entrada moderna el aljibe.

Fot. 11B. Murete lateral del canal sobre el que se levanta la bóveda moderna. Su material es el mortero romano y piedra nativa. El enlucido superior del murete es una especie de impermeabilizante de protección. En general la estructura del canal usa la técnica del opus incertum en su alzado.

Fot. 12B. Interior del canal en el que se puede ver su revestimiento interno a base de opus signinum interno y revestimiento externo con estuco blanquecino. Su anchura es de 1.30 m , y su altura 1.50 m. El suelo ha sido tocado al destinar este trozo de canal a depósito de abastecimiento de las casas colindantes. El canal tiene sus lados ligeramente inclinados.

Fot. 13B. Explanada de San Miguel, con la fachada principal del Castillo (usado como cementerio moderno, en el que destacamos la mazmorra en su parte frontal norte (↓) y los cuatro torreones de fachada, uno caído (por derribo francés o inglés), como consecuencia de la partida de los franceses en la guerra napoleónica. La parte central de la imagen, algo oscurecida, es el lugar donde se encontraban las alfarerías tradicionales del pueblo actual, ya desaparecidas.

Fot. 14B. Muralla oeste del Castillo. Indicación del muro romano, en su sentido sur-norte, aprovechado para formar la línea de muralla medieval, que ceñía la ciudad en esa época: 1, muralla romana de gran grosor que discurría en sentido norte; 2, muralla moderna que suple la deficiencia de la caída de la parte romana y reutiliza su cimentación; 3, espacio de muralla rota que deja el foso al descubierto; 4, lienzo de muralla romana que forma parte del cinturón que circundaba la ciudad medieval.

Fot. 15B. Detalle de la muralla romana anterior. Se observan los añadidos posteriores de época cristiana: 1, parte superior de la muralla romana; 2, restos de un añadido posterior adosado; 3, cimentación de ese lienzo de muralla y su técnica de construcción con el clásico hormigón romano.

Fot. 16B. Muralla romana vista por la parte interior del muro romano. Obsérvese su grosor (1.30. m). Pudo ser un amurallamiento de todo el perímetro de la factoría de Seks. Ha sufrido muchos percances a través de su existencia.

Fot. 17B. Es la parte de muralla anterior a la expuespuesta en la foto anterior. Era una muralla infranqueable. El añadido moderno es un auténtico elemento que lo enmascara. Su cimentación muestra el tipo de hormigón clásico romano sobre roca madre.

Fot. 18B. Sistema de muralla moderna, en la zona de Poniente, perspectiva general con restos aislados del sistema de muros romanos, de contención, escalonados. En la actualidad han sido retocados y modificados de modo irregular: 1, restos de muro romano destruido sobre el que se asientan las construcciones árabes y cristianas. 2, Restos de la muralla romana escalonada que descendía hasta la factoría de salazones. 3, resto de muro escalonado al que se le ha usado como cantera, 4, Restos aislados de la muralla escalonada destruida por la superposición de estructuras posteriores. 5, Restos de muralla restaurada de forma inadecuada. Se sabe que estas murallas sufrieron las consecuencias de un fuerte terremoto en el año 365.

Fot. 19BDetalle de la foto anterior para destacar los diferentes tipos de muros que se pueden analizar por sus técnicas: 1, restos de estructuras romanas de cimentación con materiales de diferentes época antigua. 2, lienzo de muralla de época similar al usado en la construcción de la iglesia en el siglo XVI-XVII.

Fot. 20B. Muralla escalonada del Castillo en su vertiente oeste. Se puede ver que ha sufrido un desgaste evidente. Precisamente la parte más baja es la más desgastada probablemente por ser también usada como cantera: 1, Resto de muralla que ha resistido el desgaste o fenómeno telúrico, o acción antrópica (bombardeo, terremoto, cantera). 2-3-4, restos de muralla muy derruidos. 4; 5, muro romano que se derrumba en parte y deja a descubierto un depósito o pileta de salazones. 6, resto de muralla romana aislado.

Fot. 21B. Muralla de Poniente del Castillo. Detalles más precisos sobre la foto anterior: 1, muro romano escalonado; 2, espacio vacío por derribo o caída de las estructuras; 3, depósito de agua romano. 

Fot. 22B. Depósito de agua romano situado sobre el sistema de muralla escalonada. Es de proporciones medias y es el segundo de los colgados en esta fuerte pendiente: 1, depósito romano que muestra gran cantidad de material de erosionado procedente de la parte superior. 2, sistema de muralla escalonada romana que se extendía a lo largo de todo su trazado. Se observan los lienzos que se han desprendido justo a su lado.

Fot. 24B. Interior del depósito romano en el que se ve en enlucido de varias capas de material impermeabilizante. Es el opus signinum interno y una fina capa de estuco deteriorado. Sus medidas aproximadas son: 1.90 x 2.30 x 3 m. Detalle sobre la cantidad de material que se ha depositado en el interior de estructura procedente de la parte superior. 2, sobre la misma altura a que se encuentra el depósito se observa un grueso muro de hormigón romano (opus caementicium) en que el depósito parece haber sido construido para su seguridad. 3, a espaldas del depósito puede apreciarse la aparición de una muralla que pudo ser anterior cronológicamente. Su aparejo tiene estructura clásica y pertenecer a una época más antigua de la zona de la muralla escalonada.

Fot. 25B. En esta imagen se distinguen las estructuras romanas y modernas de la muralla de Poniente del Castillo: 1, punto en el que se cruzan los tipos de muralla; 2, aparejo de la muralla romana más antigua; 3, punto en que la restauración moderna tapa una característica importante para la explicación de este inicio de muralla; 4, aparece el sistema escalonado en esta parte de la muralla.

Fot 26B. Esta imagen muestra las alteraciones de la foto anterior más: 5, capa de hormigón romano que cubre una superficie que debió ser mayor de lo que se aprecia.

Fot. 26B (bis). La aportación de esta foto pone en evidencia que la restauración de partes de la muralla de Poniente no ha sido la adecuada. En la esquina izquierda de la imagen se puede observar una ranura elocuente para indicar que era una solución arquitectónica con el fin de crear una especie de alero o cubierta de partes de esta zona que también fueron usadas para la manufactura de salazones. Ahí se empotraban vigas para crear una techumbre. Los restauradores la han tapado.

Fot. 28B. Vista general de lo que fue un sistema de muralla escalonada que comunicaba con la factoría de salazones situada debajo. Pero en niveles altos han aparecido también piletas, como se ha visto antes. Sobre esta muralla se han acumulado acontecimientos antrópicos y geológicos que la han hecho casi desaparecer. En los número 1 al 4 se indican los puntos más afectados por los cambios experimentados en su paso por la historia del elemento romano en estas tierras.

Fot. 29B. La imagen muestra la secuencia de la parte superior de la muralla de Poniente del Castillo. Desde izquierda a derecha se distinguen: 1, parte de la muralla donde se ve su forma escalonada; 2, parte de la muralla donde el escalonamiento ha desaparecido probablemente por una modificación evolutiva de su conservación; 3, plancha de hormigón que se extendía a lo largo del sistema de amurallamiento, pero que sufre cambios por la evolución del sistema militar; 4, resto de inicio de muro en pendiente; 5, torreón árabe montado sobre muros romanos.

Fot. 30B. Imagen de detalle del inicio de la muralla escalonada a través del nivel más elevado: se ve a la izquierda (4) la posterior muralla medieval-cristiana; el muro continúa en sentido sur y, con el tiempo, ha dado a conocer la existencia de una pequeña pila de salazón. Se sospecha que habrías otras en ese sentido, pero no han dado claras señales.

Fot. 31B. Esta imagen, ya algo posterior en el tiempo de investigación, muestra el emplazamiento de la pileta citada antes: 1, acceso a la pileta situada debajo de muro; muro romano que se extiende a casi todos los elementos que se encuentran a su mismo nivel; 3, muralla medieval montada sobre muros romanos; 4, pasillo moderno hecho sobre materiales romanos destruidos, como el hormigón que antes se ha nombrado.

Fot. 32B. Situación de la pileta de salazones: 1, puerta de acceso; 2, muros que forman la entrada; 3, interior de su emplazamiento. Hay que comentar que la piedra de su construcción se encuentra en buen estado.

Fot. 33B. Imagen de la pileta. Sus proporciones son 1,20 x 0,80 x 1 m. El material de aislamiento y impermeabilización se encuentra muy desgastado. Se usa el opus signinum interiormente y el estuco como enlucido. Lo extraño es que se encuentra debajo de un sistema de muros romanos más modernos. Ello es un dato a tener en cuenta para fijar una cronología relativa.

Fot. 34B. Imagen de color para destacar el contraste de los materiales que componen la pileta

Fot. 35B. Imagen de detalle de la parte superior de la muralla escalonada del Castillo. Se encuentra con aspecto de cuarteada, como consecuencia de los avatares tanto por bombardeo, terremotos, y acción antrópica: 1, fragmento de muralla con aspecto de desplazamiento sobre el terreno, pero puede entenderse con restauración posterior por daños; 2, este fragmento presenta estructura con diseño más antiguo, y deja ver en sus cimientos el aparejo primitivo o simplemente más antiguo, con clara situación de aparejo descarnado o que he servido de cantera; 3, y tanto ha servido de cantera que en su parte más baja deja ver la roca madre donde se asienta; 4, muralla moderna emplazada sobre la estructura romana.

Fot. 36B. Esta imagen de un lienzo de la muralla deja ver el aparejo externo y debajo el opus incertum con su técnica de mezcolanza de materiales tejidos con el caementum de cohesión. A su lado aparece la restauración moderna que envilece el conjunto.

Fot. 37B. Imagen de detalle donde se mezcla tanto los originales como la reconstrucción moderna.

Fot. 38B. Esta imagen muestra la estructura interna del hormigón romano apreciándose la complejidad de la mezcla de elementos constructivos.

Fot. 39B. En esta imagen repetida se quiere mostrar lo dicho en la anterior, señalando por medio de los diferentes colores los diferentes materiales usados en esta técnica. Pero queda en evidencia que las piedras del opus incertum exteriores se han desprendido o, lo más posible, han sido arrancadas para construcciones modernas.

Fot. 40B. La intención de mostrar esta imagen es para demostrar que la muralla es escalonada, aunque aquí destaca sobre todo cómo se ajusta la construcción a la forma de la roca madre, pero es muralla escalonada evidentemente.

Fot. 41B. En el interior del Castillo estas estructuras en forma de piscinas han sido clasificadas como elementos de baños árabes. No son árabes. Son romanas. que las usaran los árabes podría admitirse, pero no entra dentro de su ética el uso de estructuras que proviene de aspecto religiosos contrapuestos. El árabe no usa lo pagano: o lo transforma o lo destruye. Pero, en cuanto a la estructura, esto no tiene ningún aspecto de baño árabe. Los baños árabes son cerrados, no al aire libre como éstos. Los materiales de construcción no son los usados por árabes. Se usa el opus incertum. La forma de los pilas son romanas, y siguen los modelos clásicos. se ignora el porqué de la consideración de que son árabes cuando no lo son. Los materiales romanos que aparecen en niveles inferiores han desaparecido, pero se van a mostrar para demostrar su verdadera entidad. Se hablará de estructura como el hipocausto. Los puntos señalados aquí son: 1, muro externo de la pila de baño romana; 2. interior de una de las pilas; 3. muralla árabe en la vertiente de Levante con adarve y sin almenas. Es probable que fueran destruidas con el bombardeo del Castillo, aunque esta parte no estaba en el punto de mira al alcance de los barcos ingleses.

Fot. 42B. Esta imagen presenta la distribución que usaban los romanos en sus termas: pilas de diferentes tamaños para señalar que unas de eran para agua fría, tibia y caliente. Los puntos a comentar son: 1 y 4, compartimentos laterales para la distribución del agua en sus diferentes temperaturas; 2 y 3, los diferentes tamaños de pilas según sus destino funcional. Conviene recordar que el uso del Castillo como cementerio conllevó una modificación de las estruturas para esos fines. Se construyó encima mayoritariamente, y eso supuso roturas.

Fot. 43B. Estructuras de pilas de los baños. Detalle sobre el motivo anterior: 1, espacio principal de la piscina; 2 y 3, piscinas pequeñas dentro de una mayor, con finalidad similar.

Fot. 44B. Pila pequeña construida según la técnica romana: opus incertum con revestimiento de estuco externo y opus signinum interno.

Fot. 45B. Las pilas exteriores son las que más han sufrido las consecuencias del desmonte del cementerio. Es grande la cantidad de opus caementicium que se verá más adelante. Esta pila ha sido rehecha de modo anárquico.

Fot. 46B. En esta imagen se ve solo barrida de escombros y, justo a su lado ha sido arrasada por la máquina otra de ellas, como se verá.

Fot. 47B. Imagen general de la excavación con máquinas. Los destrozos son irreparables y los martillos de aire. La zona más afectada es la que contiene las pilas de las termas. Los datos son los siguientes: 1, aparición del punto donde se localizan las primeras pilas;, 2, espacio donde se ha destruido todo; 3, zona de las pilas grandes;. 4, muros de origen romano; 5, muros de contención para el montaje de las pilas; 6, grandes bloques de opus caementicium removidos por la máquina, de peso aproximado a las dos toneladas; 7, muros de origen árabe de zonas de almacenes; 8, muralla periférica árabe con adarve; 9, piedra de molino aparecida con el desmonte, que puede ser árabe o romana.

Fot. 48B. Vista panorámica del conjunto interior del Castillo con color original para esclarecer en lo posible los elementos que son romanos de los que no lo son. Por aquí ha pasado elemento romano, visigodo, árabe y cristiano.

Fot. 49B. Zona ocupada por las termas, donde el material que prima son sus componentes. En su periferia prevalece la muralla árabe y plaza de armas de época cristiana en la parte sur del Castillo.

Fot. 50B. Vista parcial de las dependencias de la parte superior de las termas: 1, muro romano de una de las pilas que destaca según su excavación; 2, espacio de una de las pilas; 3, espacio de la pila central de las termas.

Fot. 51B. Detalle de la alineación de los muros, para resaltar: plataforma circundada por muro romano alrededor de todo el espacio de las termas, que se prolonga hasta la gran torre-Plaza de Armas-Sur del Castillo, y donde las estructuras modernas se han montado superponiéndose, formando parte de sus cimientos, y que discurre paralelo a otros muros en un nivel superior; a izquierda de la imagen se muestra uno de los grandes bloques de hormigón romano arrancado por la máquina.

Fot. 52B. Imagen de detalle que muestra un bloque de hormigón romano arrancado de la zona de las pilas de las termas. Y es romano. Se ha silenciado su composición porque no es árabe.

Fot. 53B. Se muestra la foto 51B en color para diferenciar los materiales removidos en el desmonte: 1, muro romano de cimentación básica de las termas situadas encima; 2, corte de la máquina donde se ve el material cortado y cuyos cimientos nacen de la roca madre; 3, material arrancado por la máquina de la zona de las termas.

Fot. 54B. Zona oeste del Castillo donde se encuentra los restos restaurados del hipocausto de las termas.

Fot. 55B. Vista del estado semirruinoso de la planta de las termas. Con el desmonte de los nichos del cementerio se han roto materiales partes de las termas.

Fot. 56B. Parte central del hipocausto donde se que más de la mitad de los pilarillos del alzado central se han caído por el desmonte antes citado.

Fot. 57B. Marco principal de las termas que árabes remodelaron. Son relativamente pequeños.

Fot. 58B. Zona de alimentación de combustibles del hipocausto.

Fot. 59B. Detalles sobre el sistema de distribución del hypocaustum: corredores del aire; paramento de ladrillos que cierran uno de los lados; espacio probable de aliviadero del hypocaustum; pilares interiores semidestruidos. El tipo de ladrillo usado es común a todo el subsector de las termas; muro de hormigón romano, de tipo clásico, usado en otras áreas de la zona industrial.

Fot. 60B. Muro de contención y aislamiento del hipocausto, formado por hormigón clásico. En su parte central se ve un agujero que debió contener tubería de plomo, ya que se encontró in situ ese material. El revestimiento del muro está cuarteado debido al paso del tiempo.

Fot. 61BFot. 68B. Elementos del Castillo. Detalle del segundo pilarillo interno. Se indica la falsa bóveda; 2, muro de hormigón romano de fondo paralelo al que completa el cierre del hipocausto; sistema de bóveda de ladrillo interior, de escasa fuerza arquitectónica. Es el sistema conocido como falsa bóveda.

Fot. 62B. Detalle de una de las esquinas del hipocausto. Aquí se muestra la pobreza arquitectónica usada por los árabes, con una ladrillo de débil fabricación y una argamasa pobre.

Fot. 63B. Al fondo se observa el muro de hormigón romano igual al anteriormente expuesto. También se puede observar que el pilarillo de fondo conserva su estructura casi intacta, pero con falsa bóveda.; yuxtaposición y superposición de ladrillos del aparejo.

Fot. 64B. Toma de detalle para indicar los mismos fenómenos de su construcción: fondo de hormigón romano. A izquierda: corredor lateral. A derecha: indicación del segundo corredor. El material del alzado de los arquitos es árabe, utilizando el típico ladrillo. 

Fot. 65B. Estructura de arquito de falsa bóveda donde se aprecia la posición de los ladrillos en una estructura árabe de hipocausto. El material se encontraba en buen estado al ser descubierto en el levantamiento del antiguo cementerio.

Fot. 66B. Imagen que señala fundamentalmente la estructura del muro de hormigón romano de fondo. Se trata de una reutilización por los árabes.

Fot. 67B. Estado en que queda el hipocausto después del pillaje de los materiales. Aquí se pueden comprobar con aproximación las dimensiones reales del horno para el agua árabe.

Fot. 68B. Depósito de agua o pila de baño romana situada junto al hipocausto. Tiene revestimiento de opvs signinvm y estuco blanquecino, cubierto con formas romanas posteriores, y no reutilizado por árabes. Este dato ha sido ocultado en la publicación reciente de la considerada «casa nazarí».

Fot. 69B. Restos de estructura romana dentro de la pila de baño (o depósito de agua romano) de la foto anterior. Véase el opvs incertvm de su composición. En el estudio general de este yacimiento, su importancia ha sido silenciada. Arriba: color real del opus signinum de su aparejo. Muestra signos claros de derribo tal vez por los árabes que reutilizan estos elementos, ya que placas de opus signinum aparecen caídas.  

Fot. 70B. En el desmonte del sistema de nichos del cementerio, en su parte oriental aparecen muros don estructura de opus incertum y, además, revestidos de una especie de estuco blanquecino que no es original romano. Forman resistentes bloques de hormigón, similares a los aparecidos en otra parte de la factoría, en calle Morería Alta y que, además, son romanos.

Fot. 71B. Corte con máquina del perfil del emplazamiento de las piletas de las termas: 1,, espacio donde se encuentran parte de las pilas de las termas; 2, perfil del corte de la máquina.

Fot. 72B. Imagen conectada al corte anterior: saliente de la base de una pila donde se ve el opus signinum y piedras de sujeción de la estructura. Además, una fina capa de estuco casi caída por desgaste.

Fot. 73B. Enterramientos en el Castillo. En esta imagen se ven dos tumbas de las que una aparece cubierta con lajas de piedra, otra con solo el lecho del cadáver. Es de pensar que ambas estaban cubiertas. Se ignora si tenían ajuar funerario.

Fot. 74B. Imagen que muestra el tipo y tamaño de piedra de una de ellas usada como cubierta. La otra apareció descubierta. Es muy probable que fuera desmontada cuando se instaló aquí el cementerio ya en época cristiana.

Fot. 75B. Detalle de la tumba sin cubierta. Se observa, a izquierda, la silueta de lo que pudo ser una tercera tumba, pero no está claro.

Fot. 76B. Aspecto del terreno de la zona donde se encuentra parte de las termas del Castillo. Se ha limpiado tanto que los restos romanos casi han desaparecido. A continuación de esta roca madre se encuentran las supuestas tumbas romanas. Por el diseño de las mismas, se prestan más a árabes que a romanas. No se tienen suficientes datos para definirlas, pero hay que tener presente que los árabes no usaban ajuar funerario para sus enterramientos. Los romanos suelen inhumar en cualquier sitio: los árabes, no. En la excavación general no aparece ninguna publicación que pueda avalar si son árabes o romanas por el contexto funerario o ajuar.  

Fot. 86B. Elementos del Castillo. Restos de muros romanos donde se puede ver opvs incertvm sobre roca madre y muros de caementvm.


SECTOR C

Almuñécar. Planimetría del sector C. Junto al Castillo de San Miguel: Restos de muros romanos dentro de las casas modernas en calles San Miguel Bajo y Explanadas de San Miguel.

Fot. 1C. Calle Explanada de San Miguel. Entrada al Castillo de San Miguel. Puente de acceso. Tal elemento no es original. Se construyó a partir de que los franceses se retiraron. La entrada original era un puente levadizo que, al parecer, los ingleses se llevaron y se encuentra el el museo de Londres como trofeo, según Peter, arquitecto municipal en los años 70. Se ha respetado el aparejo general del castillo.

Fot. 2C. Es de señalar las dimensiones de las viviendas que existían en este espacio. En realidad se puede observar que las alturas de la casas son de planta baja, nota común para casi todo el casco antiguo, y sus medidas se acercaban en dimensiones al espacio que ocupa una galería abovedada romana.

Fot. 3C. Lo más destacado de esta parte de la calle es el uso del acceso escalonado por necesidad constructiva. La razón se debe a que la estructura interna de esta calle está vinculada a otras que pertenecen a la calle San Miguel. Y se sabe que dicha calle disponía de un gran criptopórtico mayor que la Cueva de Siete Palacios. Esa galería, por su altura, obliga a tener que usar escalones en las calles que se encuentran relacionadas con ella.

Fot. 4C. Explanadas de San Miguel. Detalle para resaltar el podivm y algún otro elemento constructivo. Se observa el fenómeno de elevar el acceso a la casa. Ello indica que la altura interior se debía a la existencia de una base sobreelevada, lo que obliga a usar escalones desde el exterior. Restos de piedra saliente, al pie de un muro que da al exterior de la casa, identificable como elemento estructural de los alzados romanos de las galerías abovedadas.

Fot. 5C. Alineaciones de la calle San Miguel Bajo, en la que se pueden ver muros antiguos con aparejo identificable dentro de los tipos romanos en todo el casco superior, y que muestran más detalle en su composición interna que en el alzado exterior. La distancia que separa cada vivienda moderna, es tan regular como las proporciones que presentan los sistemas romanos de galerías encadenadas. Indicación del espacio donde, con motivo de un nuevo alzado moderno hecho con pilares, se comprobó la existencia, tanto dentro como en línea de fachada, de los clásicos muros romanos que, además, dividían el espacio interior en dos partes casi simétricas. Es de destacar que las casas se construyen o las posibles galerías romanas se encuentran a ras de suelo sobre la roca madre.

Fot. 6C. La calle anterior vista desde la playa se encuentra detrás de las casas que han sido interrumpidas por la construcción del foso del Castillo.

Fot. 7C. En la misma calle San Miguel Bajo, esta casa en construcción estaba montada sobre muros romanos de lo que no se pudo tomar fotos. Pero existían.

SECTOR D

Almuñécar. Planimetría del sector D. Calle Cuesta del Carmen. A continuación, y sobre el el talud, se encuentra la muralla romana de Levante sobre la que se monta un canal de conducción de agua en dirección al Castillo (hay fotos). En la calle Nueva del Carmen, se han encontrado, y se conservan, dos galerías abovedadas romanas. Tanto esta calle como Angustias Moderna tienen todas sus estructuras domésticas hechas sobre los elementos de galerías romanas heredadas. La mayoría de las casas que aquí se encuentran están hechas a base de ocupaciones de formas antiguas romanas: criptogalerías.

Fot. 1D. Cuesta del Carmen, bien reflejada en toto de finales del s. XIX, casi con la misma pendiente. Las casas son muy similares a fecha de hoy. Si se observa la indumentaria de las señoras, se puede averiguar de forma aproximada, en qué momento de la historia local se está. Pero las casas también indican el momento, sobre todo las del final que se ven en foto. Las cotas de nivel son pronunciadas. Los árabes describen en sus crónicas lo difícil de sus accesos.

Fot. 2D. Cuesta del Carmen. Inicio del recorrido de muralla, por la parte interior, antes descrita. En 1 se ve una construcción moderna apoyada sobre los lienzos de muralla que aquí quedan; en 2, se indica el lugar donde hay otra muralla, también romana, que tiene una finalidad similar a la anterior; y el punto 3 se pueden ver los indicios de roca madre sobre la que se encuentra una de las mas fuertes y elevadas murallas romanas.

Fot. 3D. Esta imagen presenta una situación nueva en Cuesta del Carmen que se ha agudizado con una nueva construcción. Y la consecuencia directa ha sido la desaparición de un torreón medieval que se encontraba a izquierda en el empalme de las dos partes de la calle.

Fot. 4D. Cuesta del Carmen. al inicio del segundo tramo de calle. Muralla romana utilizada como defensa de un sistema de aterrazamiento para contrarrestar la presión de las edificaciones que se encuentran arriba. Los números sucesivos según se asciende, indican los diferentes niveles escalonados del gran murallón contrafuerte de aterrazamiento. La muralla se encuentra sobre roca madre en esta imagen. 

Fot. 5D. Cuesta del Carmen. Imagen tomada en distinta fecha. En ella se remarca el estado de conservación. La base que presenta la muralla en su parte baja muestra un zócalo vertical de 1.30 m. La inclinación del muro hacia arriba ha hecho necesario que se apoyara con la roca madre para mantener consistencia. La técnica constructiva usada es opus incertum y el caementum interior. El tamaño de las piedras exteriores se repite en varios de los lienzos que se han descubiertos de esta muralla perimetral. Ha sido detectada en calle Vélez, calle Nueva, calle Escamado, y calle Carmen Baja, que empalma con Cuesta del Carmen.

Fot. 6D. Calle Cueva de Siete Palacios. Paso artificial de acceso a la parte central del sector D, donde se encuentran los elementos arquitectónicos de almacenaje. El muro que se indica, pertenece a la estructura de contención y cierre. 

Fot. 7D. Esta imagen muestra la parte superior de la muralla vista anteriormente: da a calle Cueva de Siete Palacios, por arriba y, a Cuesta del Carmen, por abajo. Así se aprecia la altura real de esta muralla.

Fot. 8D. Calle Cueva de Siete Palacios. Perspectiva tomada desde un alto, con el fin de observar la dirección que sigue el murallón romano, en su cierre, a la entrada del paso indicado. Su dirección parece señalar que conectaba con la muralla de Levante. 

Fot. 9D. Imagen de detalle en su continuidad hacia la izquierda que, como se ha dicho, todo indica que continuaba hasta conectar con la muralla romana de Levante. Y es muy probable que, a través de esta muralla, por su cima, discurriera el canal que se verá más adelante. El acceso superior de la calle Cuesta del Carmen muestra los indicios de que el canal, procedente de Eras del Castillo, atravesaba tal calle y, con su construcción moderna, pudo haber cortado su paso que, de inmediato, aparece sobre la muralla de Levante.

Fot. 10D. Cuesta del Carmen. Parte superior, donde se puede apreciar: en 1 se observa que la construcción está cimentada sobre roca. En 2, se ve la continuidad de muro procedente de la calle Cueva de Siete Palacios. Restos de muro romano reutilizado como soporte de las estructuras del paso interior que hay sobre él; en 3, construcción moderna paralela al muro medieval que se encuentra debajo y cuyo torreón ha sido destruido recientemente.

Fot. 11D. Cuesta del Carmen en sentido descendente.

Fot. 12D. Parte final de Cuesta del Carmen. En su mitad izquierda hay un pasillo que conduce hacia donde se encuentra la muralla de Levante.

Fot. 13D. Cuesta del Carmen. Roca tallada para crear calle y habitáculo interno. Sobre el paramento de la parte contraria a la mostrada en la foto anterior, se puede ver: entrada artificial a un espacio ocupado por estructuras romanas; restos de puntos de arranque de muros, en forma arqueada; restos de muros romanos, que forman parte del paramento que se verá en el interior y que indica que el muro cerraba la calle, prolongándose hasta la fachada de enfrente, por un lado, y hasta la muralla romana, por otro. Por ahí pasaba el canal romano. 

Fot. 14D. Cruce con la calle Nueva del Carmen al fondo. A izquierda hay casas pequeñas cuyo módulo interior coincide con las medidas de los criptopórticos. El aparejo esterno muestra indicios de muros romanos en planta baja.

Fot. 15D. Ya en el interior de un pequeño patio vecinal, se observa: a izquierda: escalera extraña para acceso a vivienda. Ello se debe a que el suelo interior está sobrealzado por encontrarse dentro restos de plataformas muy resistentes para destruirlos rebajando. Se piensa que por esa vivienda pasana el canal de agua que se dirigía hacia la muralla romana de Levante, por donde discurría en dirección al puente romano. Al fondo de la imagen tenemos el canal romano taponado por las vecinos.

Fot. 16D. Foto de detalle para ver sus dimensiones y su material. La técnica constructiva es el opus incertum, opus signinum y estuco blanquecino. Hoy una casa moderno está empotrada sobre el canal y muralla romanos.

Fot. 17D. Detalle ampliado sobre el mismo canal descrito antes para hacer visible su composición, viéndose el opvs signinvm dentro de un aparejo de opvs incertvm y algo de estuco. En la foto aparece taponado, pero hoy ha quedado totalmente oculto o destruido. El pequeño patio ha sido construido e su totalidad y no es posible ver el canal taponado.

Fot. 18D. En esta imagen del canal se ve cómo se empotran las casas moderna sobre el canal. Y se ve la profundidad de la muralla romana sobre la roca en la que se asienta.

Fot. 19D. Imagen bastante antigua, en los años ’50. Detalle sobre la foto anterior, en la que se puede diferenciar: el mayor lienzo de muralla romana; muralla romana de piedra vista (opvs incertvm), algo deteriorada. Por este tramo de muralla, en la parte superior,  se encuentra un canal de conducción de agua. Entonces se conservaba bien, pero las casas modernas lo han dejado oculto o roto al construir sobre él.

Fot. 20D. Vertiente este de de la muralla. Tramo subsiguiente al mostrado en la foto anterior, en el que se puede ver: 1, paramento de origen romano, reutilizado en época medieval; 2, muralla medieval moderna; 3, muro base, remozado, de origen romano, construido como contrafuerte, 4, parte occidental de la muralla con aparejo en buen estado; 5. muro de contención sobre roca madre para dar consistencia el peso que soporta de la muralla.

Fot. 21D. Vista parcial de la muralla de Levante: Se ven las casas modernas montadas sobre ella. Punto en que la muralla gira en dirección hacia el interior debido a que el canal procedente de Eras del Castillo, cambia de sentido para dirigirse hacia el Peñón del Santo. En lo que será patio interior de esta zona, puede verse que se encontraba techada de tejas en una vivienda que después desaparecerá y se convertirá en patio.

Fot. 22D. Muralla de Levante. Continuación del paramento de la muralla, donde se aprecia la diferencia de aparejo en los dos sectores que se pueden ver. Es normal que con el paso del tiempo, se deterioren los materiales. Eso explica las alteraciones de su aparejo. El opus incertum es patente.

Fot. 23D. En el punto donde la muralla para dirigirse hacia suroeste, en la misma esquina observada, hay una puerta artificial que muestra un dato importante: la anchura de la muralla: 1.20 m. Y por encima de esa puerta artificial discurre el canal romano.

Fot. 24D. Continuación del alzado de la muralla de Levante, donde se puede detallar, a derecha: continuidad del sistema retocado; en el centro, estructura vieja, similar a otras de las antes y aquí analizadas; a izquierda, probable resto de torreón.

Fot. 25D. Talud de la Cuesta del Carmen. Punto de partida, en este sector, del sistema defensivo de la ciudad medieval moderna, donde se puede constatar: 1, muro moderno montado sobre las ruinas del murallón medieval que circunda la ciudad, como factor defensivo; 2, restos de un torreón vinculado a la muralla, de época moderna, pero de probable ascendencia cristina. Hoy recientemente todo cuanto se ve en la foto ha desaparecido.

Fot. 26D. Panorámica de la muralla de Levante. De izquierda a derecha: muralla por la que discurre el canal antes citado en dirección al Peñón del Santo; en la parte central: construcciones modernas montadas sobre estructuras árabe-cristianas; y a derecha: casas montadas sobre muralla muy deteriorada en casi precipicio. Esa muralla llegas hasta Cuesta del Carmen, donde recientemente ha sido destruido un torreón de época cristiana.

Fot. 27D. Panorámica que comprende el espacio entre Castillo y muralla de Levante. Principalmente se indica la situación del nuevo canal romano descubierto recientemente.

Fot. 28D. En esta imagen retrospectiva, se puede ver: 1, lienzo de muralla romana sin grandes retoques en su alzado; 2, restos de muro romano bajo la anterior, y con asteriscos se indica la trayectoria del canal camino del Peñón del Santo, pasando por la falda del Castillo.

Fot. 29D. El canal recientemente descubierto por M. Cervilla Matias. Es la continuidad de la conducción de agua desde Eras del Castillo hacia el Peñón del Santo, donde se encuentra su depósito terminal. Se encuentra cubierto por una falsa bóveda al ser utilizado por los vecinos como aljibe. Entrada y salida taponadas. Sus medidas aproximadas son: 7 x 1,10 x 1.30 m. Sus muretes laterales están ligeramente inclinados para aliviar la presión. La técnica constructiva es el opus incertum, revestido con opus signinum y estucado ligeramente blanco. Su suelo ha sido revestido para aguantar la presión del agua acumulada que está estaba estancada.

Fot. 30D. Vista del Castillo en su vertiente Este. En el centro de la imagen, a la altura de los cimientos, hay un espacio importante desde el punto de vista arqueológico. fue excavado por M. Pellicer en los años ’60. La mayor parte de los materiales pertenecían a una fase ibérica; pero también se detectaron restos de griegos. Y es probable que este último fuera importado por los fenicios en su primera etapa.

Fot. 31D. En la calle Nueva del Carmen , hay unas fachadas cuyos aparejos internos han quedado tan revocados modernamente que no dan señal alguna de estructura antigua, pero que lo es, como se podrá demostrar ante la secuencia general de la calle, tanto a izquierda como a derecha. 

Fot. 32D. Calle Cuesta del Carmen. Lienzo de muro situado a izquierda de la imagen vista en la toma anterior. En él se aprecian perfectamente los restos de muro romano que afloran tras el delgado revestimiento de argamasa moderna.

Fot. 33D. El muro anterior se continúa hasta el inicio de la calle San Miguel. Y aquí se marca con más evidencia el uso del opus incertum romano. Está relacionado con la muralla de Levante que se encuentra detrás.

Fot. 34D. Calle Cueva de Siete Palacios. Paso artificial de acceso a la parte central del sector D, donde se encuentran los elementos arquitectónicos de almacenaje. El muro que se indica, pertenece a la estructura de contención y cierre. 

Fot. 35D. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle sobre la parte superior de la foto anterior, donde se señala un espacio de contención, con un muro romano reutilizado, y cuyo aparejo se deja ver a lo largo de su alzado. 

Fot. 36D. En esta imagen puede verse el inicio de la alineación de la secuencia de galerías criptopórticos. En el corredor central cerrado se observan los compartimentos que fueron galerías abovedadas y que hoy no existen por las remodelaciones modernas. Los módulos son similares a los de otros sectores.

Fot. 37D. Es la calle Cueva de Siete Palacios. En el ensanche, a izquierda, hay un muro moderno que impide ver la muralla procedente del inicio de la de la segunda parte de cuesta del Carmen. Pero hay que decir que esta pequeña plaza es artificial porque ha sido el resultado de derribos de sistemas romanos.

Fot. 38D. Calle Cueva de Siete Palacios. Detalle donde se aprecia el mismo motivo anterior, pero indicando, de forma más evidente, su existencia y dimensiones. No es una línea externa de paramento o aparejo, sino el resto de un muro que ha sido roto y reducido de volumen, siendo aprovechado para el alzado moderno. Con asteriscos se señalan los puntos donde han existido galerías abovedadas. A derecha se puede comprobar que sistemas paralelos integraban el conjunto de los criptopórticos-galerías.

Fot. 39D. Calle Cueva de Siete Palacios. En el interior del citado pasillo cerrado, indicación de la anchura del mismo, para demostrar que su medida, se corresponde con la de una nave abovedada destruida como otras muchas: 2,30 m. Sobre los cimientos se ven los restos de muros originales romanos.

Fot. 40D. Nueva del Carmen. Aspecto de la estancia situada dentro de los paramentos que hay en el interior. Obsérvese el muro de fondo donde se puede comprobar la técnica del opvs incertvm camuflado por revestimiento moderno. Los muros laterales tienen idéntica composición.

Fot. 41D. Nueva del Carmen. Espacio interior anejo al detallado anteriormente, coincidiendo con él en sus medidas, aunque el aparejo ha sido recubierto con chapas de madera y papel pintado, como en otras naves del sector superior de L y K. 

Fot. 42D. Vista panorámica de la Calle Nueva del Carmen, para observar la alineación y las alturas en todos los paramentos bajos. Seguimos manteniendo que estas calles son artificiales: han sido rotas gran número de naves abovedadas para abrir calle donde no hubo. 

Fot. 43D. Perspectiva, a nivel de suelo, de la calle Nueva del Carmen, donde se puede  resaltar la anchura, porque llega a identificarse con el espacio de fondo de un sistema de galerías abovedadas; y es lo que hace pensar que se trata de una calle artificial como la anterior y como otras de las ya vistas.

Fot. 44D. Vista parcial de la misma calle, en la que se aprecian, sobre las paredes, que hoy se pueden analizar, los indicios de la existencia del aparejo romano en ellas. Las viviendas originales sólo tenían una altura. Hoy ya se ha trastornado el aparejo exterior y es muy difícil identificar una técnica o un elemento arquitectónico.

Fot. 45D. Foto de detalle de una de las fachadas de la misma calle, donde se puede ver el aparejo oculto tras el ligero revoque de los paramentos. Igualmente se puede comprobar la similitud de todas las alturas que, en origen, eran de una sola planta, ya que era el elemento que dominada en el sistema de almacenaje. Es una constante de toda la zona superior del casco urbano antiguo. Cuando se ve más de una altura, ello indica que lo que hay debajo es una galería reutilizada.

Fot. 46D. Nueva del Carmen. Detalle sobre la foto anterior, en la que se comprueba la existencia de una nave, por su paramento externo, donde queda la señal en la pared, sobre el muro de la casa que da a la calle. Se trasluce la piedra a través de la cal del blanqueo.

Fot. 57D. Vista parcial del inicio de la calle anterior, donde se pueden identificar: 1 y 3, muro romano que sobresale, partiendo del paramento externo de la nave abovedada romana que se halla dentro, llegando a alcanzar el nivel de la calle superior; 2, puerta de entrada hacia la nave que, en realidad, es una nave transformada en pasillo, como se ha demostrado antes. 

Fot.48D. Calle Nueva del Carmen. Espacio ocupado por la galería abovedada conservada: 1, muro moderno que cierra el espacio de entrada, a uno y otro lado; 2, paramento romano de opvs incertvm, plenamente visible por derribo del muro de fachada. 

Fot. 49D. Nueva del Carmen. Espacio interior de la nave abovedada conservada. Su aparejo y diseño es similar a la mayoría de las naves conservadas. Hacia el centro de la bóveda hay un agujero taponado, que no recoge la fotografía. Puede verse que su bóveda está muy revocada con capas de cal y cemento moderno. Su módulo de proporciones se aproxima a 2.30 de base en anchura, 3.20 de altura y 4,50 de largura. Por su forma, la bóveda se presenta algo rebajada. Aún persisten las señales de la cimbra usada para su construcción, con lo que se deduce que es algo tardía con respecto a otras mejor perfiladas.

Fot. 50D. Desde el punto final de la calle San Miguel, se puede ver el paramento alineado de toda la secuencia de este sector, que se encuentra en la calle Angustias Moderna. Como detalle se señala el punto de arranque de los muros desde la propia roca. Esta calle moderna se hizo con la demolición de una cadena de galerías abovedadas, como ha ocurrido con otras de sectores alineados y adyacentes a lo que se observa, Y por esa razón aparecen tantos vestigios de esa formas destruidas en diversos niveles de todo el sistema de almacenaje.

Fot. 51D. Vista del la calla Angustias Moderna, línea izquierda. Aquí se cumple lo afirmado sobre la destrucción de series enteras de galerías romanas abovedadas: a derecha de la imagen se ve un resto de muro perteneciente a una de las naves que discurría por el centro de la imagen. Es un testigo irrefutable de lo que ha ocurrido en diversas partes del casco antiguo.

Fot. 52D. Angustias Moderna. Detalle del muro inicial de este paramento alineado, en el que se puede ver con más precisión su grosor o potencia de muro romano, que se extiende a lo largo de toda la calle, trasformado por las obras modernas. Las indicaciones 1, 2, señalan respectivamente el grueso del muro romano izquierdo, y la anchura de la calle, que es artificial, ya que se ha hecho rompiendo toda una galería de naves abovedadas en todo su trazado que ocupa hoy la calle.

SECTOR E

El Sector E es uno de los que más complicación presenta. Ha dado lugar a falsas interpretaciones por el dibujo que se ha hecho de él por la situación y forma de sus estructuras. Se ha llegado a publicar que en este sector hubo un teatro romano. El atrevimiento, por desconocimiento de su realidad, ha hecho alucinar a algunos, consiguiendo incluso atraer a algún que otro profesor de la universidad. Todo ha sido una quimera. No obstante, se ha examinado con toda precisión los elementos que integran este sector. Y la conclusión es que ha sido todo una fantasía localista con pura imaginación. Es totalmente falso: no había ningún teatro en Almuñécar.

Seks es un factoría con elementos de fabricación y almacenamiento. Y lo que se ha considerado teatro romano, no es más que el mismo sistema de almacenaje formado por cadenas de galerías o cripto-pórticos. Y siempre surgen las preguntas encaminadas a averiguar dónde vivía la población romana. Pregunta obvia. Pero hay que distinguir entre operarios de la factoría y clase dirigente o sacerdotal. Estas dos últimas están bien constatadas: la clase dirigente residía en villas rústicas. La clase operaria no disponía más que de tiendas de campaña o cualquier espacio adecuado a sus necesidades. Este fenómeno era usual en todo el sur peninsular. Están los ejemplos de Baelo Claudia (Gades) y el resto de las colonias que se van montando en todo el Sur. Era una población flotante procedente del Norte de África. No se olvide que en época anterior, a partir o antes del siglo IV a. C., la piratería procedente de África era un hecho habitual. Las necrópolis de Seks fueron saqueadas en esas fechas. la necrópolis Puente del Noi, y en concreto su zona B, fue saqueada entera. No se ha detectado una sola tumba que no haya sido removida. En realidad fueron saqueadas todas las zonas, incluida la gran tumba de pozo con hipogeo y la de corredor. A partir del s. II a. C. tiene lugar la gran explotación de la industria de salazón. Y la población flotante estaba formada por norteafricanos, al igual que los de la zona costera de Gades.

En resumen: clase dirigente adinerada, clase servil procedente del Norte de África, y clase sacerdotal.

Secuencia fotográfica del Sector E

Fot. 1E. Vista general de la calle Angustias Moderna. Alineación de las estructuras modernas formadas por naves que han sido reutilizadas en en los interiores de las casas actuales. Muro doble de galería sobre el lado derecho de la calle.

Fot. 2E. Angustias moderna. Espacio hueco donde se sitúa una nave usada como paso de alcantarillado: muro de la nave, distante de la calle 3 m; línea del muro de fachada. Este espacio estuvo abierto hasta que se introdujo en él un sistema de alcantarillado moderno. Esta nave, por la parte de atrás, da a una placeta situada a un nivel superior, en Eras del Castillo. 

Fot. 3E. Angustias Moderna. Yuxtaposición de muros en la secuencia de la calle: 1, muro adosado y roto para dar paso a otra dependencia con estructura romana. Las medidas del muro de la calle son: largura, 7,75 m; altura, 0,77 m; grosor, 0,80 m; 2, paramento que conforma la estructura de nave que debió existir dentro; 3, espacio roto para abrir paso hacia las estructuras que se encuentran en su interior; 4, continuación de la alineación de muros y naves. Esta calle es artificial. Era necesario abrir calle para poder acceder a estas galerías. Y el resto de muro romano lateral en la calle es testigo de ello.

Fot. 4E. Angustias Moderna. Detalle de la foto anterior, donde se aprecian: 1, paramento romano adosado; 2, segundo muro adosado; 3, rotura en este muro para dar paso a la casa moderna.

Fot. 5E. Angustias Moderna. Vista panorámica de la calle, donde se aprecia la casi totalidad de la estructura encadenada de elementos romanos: 1, delimitación del espacio que se considera como seriación de naves; 2, casa donde se ha detectado una de las bóvedas de galería rotas. La anchura de la calle es el espacio liberado para poder acceder a esta zona.

Fot. 6E. Angustias Moderna. Detalle indicado en la toma anterior, donde se puede comprobar uno de los fenómenos más corrientes: el enrasamiento de la cubierta abovedada, con la señal clara de lo que se afirma en la mayoría de los casos que aquí se dan. Es un trozo de la bóveda de una nave en esta misma calle. 

Fot. 7E. Angustias Moderna. Vista, desde otro ángulo, de la alineación de estas mismas estructuras anteriores. Todas las casas tienen su interior con las mismas medidas, que se corresponden con los módulos, tanto en anchura como la altura, generalizados en cuanto a medidas de las naves localizadas

Fot. 8E. Angustias Moderna. Detalle de una fachada, a la vuelta de la secuencia antes descrita, donde se puede apreciar el aparejo romano tras el revoque moderno.

 

Fot. 9E. Esta foto se ha añadido para hacer ver la transformación que ha recibido el casco viejo de Almuñécar a través del tiempo, sobre todo remodelaciones recientes. Afortunadamente se dispone de fotos antiguas para reponer la barrida de elementos o restos romanos que se pudieron ver años atrás. Lo único que se conserva es el módulo de época anterior en medidas y la forma de las fachadas, que siguen teniendo las mismas medidas.

Fot. 10E. Entrada a calle San Miguel. Detalle sobre la misma pared anterior, con indicación de restos de muros que, probablemente, han servido de cierre a este patio interior: 1, paramento romano que discurre paralelo al de la calle anterior, pero en sentido contrario, formando su espalda; 2, restos de muros romanos sobre el suelo, que indican la existencia de un muro de cierre en esta plazuela.

Fot. 11E. Entrada a calle San Miguel. Detalle del paramento indicado en la toma anterior, donde indicamos: 1, paramento romano corrido; 2, abertura artificial de acceso a esos espacios interiores; 3, indicación de la altura de estas estancias, cuyas medidas son las que se vienen descubriendo en todas estas áreas: 2,30 m. El aparejo romano se trasluce a través del encalado moderno.

Fot. 12E. Entrada a calle San Miguel. Fondo del espacio cerrado que se viene describiendo: 1, indica la altura real de galería interior; 2, paramento situado enfrente y que tiene los mismos rasgos que los que se acaban de citar; 3, entrada a unos espacios cerrados cuyos fondos no se han podido fotografiar. Las edificaciones que se sitúan encima de estas bases no tienen nada en común con los puntos de arranque, salvo el servirles de punto de apoyo. Se encuentra todo sobre roca madre; de ahí el escalón.

Fot. 13E. Situados en un espacio alineado de la calle San Miguel, zona artificial de acceso, en el que se ve: 1, alineación de los elementos que conforman la calle San Miguel; 2, paramento roma-no de la casa que ocupa ese espacio, paralelo a la calle; 3, plataforma de equilibrio del terreno que facilita el acceso a la casa que se encuentra enfrente; 4, continuación de la línea general de los elementos arquitectónicos de la calle San Miguel; 5, anchura del paso artificial hacia la calle Espaldas de San Miguel y Eras del Castillo.

 Fot. 14E. Espaldas de San Miguel. Detalle sobre el terreno de las estructuras que componen este subsector: 1, línea de fachada de paramentos romanos que contienen en su interior naves abovedadas; 2, podivm artificial de acceso hecho modernamente para facilitar la entrada: 3, paso artificial provocado, tanto por la rotura del paramento de las estructuras que preceden, como por el relleno o plataforma de equilibrio de todo este subsector. 

 Fot. 15E. Espaldas de San Miguel. Vista general de la entrada a una de las naves que se halla dentro de este recinto, y de la estructura que forma el lavadero público; 2, paramento romano que da a la calle, y  se encuentra alineado con la fachada del espacio que ocupa el citado lavadero que, a su vez, es una nave transformada; 3, entrada artificial a la nave y pequeño patio interior, hueco por desmonte de galería romana; 4, situación de la estructura que se ha dejado atrás, cuya base tiene plataforma de equilibrio o relleno artificial de hormigón romano.

Fot. 16E. Espaldas de San Miguel. Detalle de la foto anterior, donde se observa: 1, paramento romano existente entre el muro de fachada y el de la nave interior; 2, indicación del muro romano que ha sido roto para abrir paso hacia el interior, y que pertenece a la secuencia de la nave que cerraba esta estructura interior. 

Fot. 17E. Espaldas de San Miguel. Vista de conjunto, detallada, de la foto anterior, donde se puede ver: 1, indicación del muro o estructuras superiores, situadas encima de la nave, y espacio ocupado por el lavadero moderno, mostrando claros indicios de que ha existido una estructura encima sin precisar, probablemente también nave; 2, punto de entrada realizado mediante la rotura del muro romano que recorre todo el paramento de la calle; 3, muro romano de la calle; 4, indicación del muro roto en esta secuencia de paramentos; 5, punto en la fachada de donde se precisa que el paramento de la calle también ha sido roto para abrir esta entrada.

Fot. 18E. Espaldas de San Miguel. Entrada artificial vista desde dentro: 1, indicación de la puerta artificial de la nave interior; 2, muro romano que forma parte del paramento interior de la nave, y que cerraba igualmente este paso, que se continúa a través de las otras estancias consecutivas; 3, indicación del muro de fachada, roto el primero para hacer el acceso.

Fot. 19E. Espaldas de San Miguel. Detalle de la entrada, donde se puede ver: 1, muro de continuidad del paramento de la nave que existió en el pequeño espacio interior, hoy vacío; 2, muro de enfrente, moderno; 3, restos de hormigón, elemento de equilibrio del suelo; 4, piedras sobre el suelo, que identifican la existencia de un muro de cierre en la entrada de este pequeño espacio. 

(Foto del autor)

Fot. 19E. Espaldas de San Miguel. Puerta artificial de entrada a la nave: 1, paramento de opvs incertvm que cierra esta nave de forma natural o con técnica originaria; 2, puerta artificial; 3, estructura romana de cierre, encima de la nave; 4, indicación de los muros que se sitúan encima de la nave, lo que hace pensar en una superposición de formas. (Foto del autor).

Fot. 20E. Espaldas de San Miguel. Detalle de la toma anterior para precisar: 1, resto de muro romano roto para abrir paso hacia el interior de estas galerías; 2, puerta artificial para acceder desde el patio interior artificial, hacia el interior de esta pequeña galería. Está claro que esta galería era mayor y ha sido partida por necesidad de reparto de vivienda; 3, indicación de la cubierta de la galería pero alterada; 4, muro roto que discurría paralelo a la calle actual.

Fot. 21E. Espaldas de San Miguel. Desde la fachada se observa que había dos bóvedas paralelas ,pero la calidad de su diseño es rudimentaria, por lo que se deduce que pertenece a una época de decadencia o restauraciones posteriores.

Fot. 21E. Espaldas de San Miguel. Interior de esta galería partida, Su aparejo está muy deteriorado por desgaste. Esta nave tiene indicios de continuidad porque ha sido cortado con parejo moderno.

Fot. 22E. Espaldas de San Miguel. Detalle sobre la toma anterior para precisar el muro divisorio del fondo de la nave, a la vez que los puntos sobre los que se apoya la cubierta de la misma. Hay señales del uso de la cimbra en su construcción. Baja calidad de mampostería.

Fot. 23E. Espaldas de San Miguel. Detalle de la toma anterior, mostrando el estado de conservación de la cubierta o bóveda: 1, pared de fondo moderna; 2, bóveda de piedra, descarnadas de hormigón romano.

Fot. 24E. Espaldas de San Miguel.  Detalle del fondo y aparejo desgastado por el uso, abandono y aparejo de escas calidad.

Fot. 25E. Espaldas de San Miguel.  Vista lateral de la galería en perspectiva del interior de la nave, donde se aprecia la piedra vista de opvs incertvm bastante descarnada.

Fot. 26E. Espaldas de San Miguel. Paramento derecho: 1, muro sobre el que se apoya la bóveda; 2, muro de cierre de la entrada, moderno, en parte.

Fot. 27E. Lateral de la galería con fuerte encalado.

Fot. 28E. Espaldas de San Miguel. Desde el pequeño patio se muestra una entrada a zona ocupada por galería enrasada con transformación de su cubierta para soportar mayor peso. Estancia interior, paralela a la nave con muro adicional sobre ella, no medianero. muestra un acceso a dependencias contiguas que tienen las mismas características; el paramento de fondo que limita con muro adosado, y discurre paralelo al huerto de atrás.

Fot. 29E. Calle Espaldas de San Miguel, frente a la nave. En ella se puede observar: 1, muro romano que es continuación de lo visto en anteriores fotos de galería. Muro romano sobre el suelo, adosado al anterior, que formaría parte del paramento de edificación paralela a la nave; alineación de fachadas cuyos paramentos son romanos en su base y que cerraban en el punto 17E.

).

Fot. 30E. Espaldas de San Miguel. A continuación de la galería anterior se observa un corte en la línea de estructuras romanas. Se quiebra en terreno y en su cruce se ve la necesidad de construir peraltes en la calle artificial para poder acceder a las viviendas modernas. Todo se encuentra levantado sobre roca madre, y el terreno-base esta desequilibrado por su propia estructura rocosa, lo que obliga a los constructores a adaptar sus construcciones a los desniveles que se encontrarán a través de todo el conjunto industrial.

Fot. 31E. Espaldas de San Miguel. Perspectiva de la estructura anterior: 1, trozo de paramento romano perteneciente a la misma casa antes descrita, en el que se ve el encalado; 2, paramento romano con la base marcada con restos de piedras que sobresalen; 3, indicación del podivm

Fot. 32E. Espaldas de San Miguel. Perspectiva similar a la anterior, pero abarcando elementos de otras edificaciones: 1, muro que se adosa al anterior, pero cambiando la línea de calle; 2, indicación del lienzo de muro romano que antes se ha señalado en 30E,1, en donde se aprecia el aparejo interior con la técnica del opvs incertvm. Esto se ha comprobado al caer el revoque moderno que lo revestía; 3, uso del escalón elevando el terreno, por las mismas razones expuestas en otras manifestaciones de este tipo de acceso; 4, calle o paso artificial mediante la rotura de estructuras romanas.

Fot. 33E. Espaldas de San Miguel. Perspectiva de estos supuestos pasos, en los que se puede indicar de forma precisa: 1, paramento de edificio moderno que reutiliza los romanos para vivienda; 2, paramento romano con cimentación anterior, superpuesta a otra también romana, en superficie; 3, paramento que, en principio se considera moderno, ya que parece un añadido a estructuras que dan la sensación de que han sido antes edificios religiosos con posible cambio de lugar, ya que el paramento que se observa arrancando desde el suelo es romano; 4, espacio de plataforma de equilibrio de nivel que se extendería a toda esta zona de accesos; 5, espacio que puede haber sido ocupado por estructuras similares a la que acabamos de citar; 6, paso artificial en cuyo extremo izquierdo se puede ver resto de muro sobre el suelo; 7, alineación probable rota. 

Fot. 34E. Espaldas de San Miguel. Vista de conjunto de la alineación que se viene describiendo desde el podivm de abajo: 1, paramento romano con dos espacios pertenecientes a dos naves enrasadas consecutivas; 2, paramento romano con testigo de la composición de su aparejo, ahora encalado; 3, paso artificial; 4, probable espacio perteneciente a estructuras adosadas a l que se encuentra detrás. Las fachadas coinciden en proporciones con las módulos de los criptopórticos.

Fot. 35E. Espaldas de San Miguel. Aspecto de los paramentos romanos de fachadas que se alinean en dirección a Eras del Castillo: 1, trozo de plataforma de hormigón romano y piedra, u opvs caementicivm; 2, paso artificial hacia Eras del Castillo; 3, paramentos romanos pertenecientes a una serie encadenada, hacia Eras del Castillo y Angustias Moderna, en sentido contrario; 4, paramento romano, con restos en su base de apoyo; 5, espacio que se considera perteneciente a dependencias destruidas para dar paso a otros lugares.

Fot. 36E. Espaldas de San Miguel. Vista de conjunto del paramento anterior en sentido de profundidad, según se va hacia la calle Angustias Moderna: 1, espacio al que consideramos como módulo tipo de una nave; 2, anchura atribuible a un espacio de nave cuyo muro adosado ha sido destruido recientemente; 3, destrucción similar a la anterior.

Fot. 37E. Espaldas de San Miguel. Detalle de la toma anterior para insistir en la desaparición de muro romano que se indica con la flecha.

Fot. 38E. Eras del Castillo. Perspectiva de los elementos alineados hacia Eras del Castillo, que se encuentran al fondo: 1, paramento romano de las naves enrasadas en Eras del Castillo; 2, muro adosado al paramento que se eleva hasta Eras del Castillo; 3, paramento romano adosado al 37E,2; 4, resto de muro romano interrumpido, alineado con las estructuras que se dirigen hacia Eras del Castillo, hoy desaparecido por la urbanización moderna de las calles. La anchura de este paso es el módulo que siguen casi todas las galerías de este nivel, y es el hueco que han dejado al tener que romper para ello.

Fot. 39E. Eras del Castillo. Paramentos romanos superpuestos que se ven en la toma anterior: 1, muro adosado al alzado que contiene espacio de nave en su interior. La anchura que se ve es la correspondiente a las galerías que fueron destruidas. Todo esto era una malla impenetrable formada por una secuencia de cripto-galerías. Este muro de la imagen ha sido destruido por una nueva construcción. Abuso permitido por la autoridad municipal correspondiente.

Fot. 40E. Eras del Castillo. Vista de conjunto de estos espacios, que son continuación de los fotos anteriores: 1, paramento de nave; 2, muro perteneciente a otra estructura adosada; 3, paramento romano de cierre de nave; 4, espacio que se corresponde con naves destruidas; 5, paramentos romanos correspondientes a edificaciones cercanas y que probablemente formaron parte de todo este conjunto. Los números 2-3 delimitan el espacio de de una galería que fue destruida de antaño para crear acceso a las viviendas que se ven en imagen.

Fot. 41E. Eras del Castillo. Detalle de muro romano de cierre de nave, visto en 40E, 1-2. La continuidad de este muro atravesaba lo que hoy es calle, cerrándola. 

Fot. 42E. Eras del Castillo. Espacio frontal perteneciente a tres naves situadas en paralelo: 1, indicación de la superficie ocupada; 2, paramento íntegramente romano.

Fot. 43E. Eras del Castillo. Perspectivas de las naves indicadas en 42E: 1, área que comprende; 2, podivm de escasa altura, que facilita el acceso a las mismas. Hoy ya no existe; 3, indicación gráfica de la altura de estos paramentos.

Fot. 44E. Eras del Castillo. Vista panorámica que abarca parte de las naves antes indicadas y otros subsectores de esta área: 1, espacio que ha debido pertenecer a naves; 2, paso artificial; 3, anchura normal de nave; 4, paramento muy deteriorado de naves; 5, plazuela que se verá a continuación; 6, podivm situado frente a las tres naves. El centro de esta imagen estuvo ocupado por un fortín romano y, después, por el alcazaba árabe.

Fot. 45E. Eras del Castillo. Punto de salida hacia en sentido sureste hacia calle Angustias Moderna: 1, zona allanada para abrir paso hacia la cubierta de Cueva de Siete Palacios; 2, paso hacia Angustias Moderna; 3, indicación del espacio, en anchura, que ocupa una cadena de galerías que se encuentran en el interior de las casas alineadas; 4, rotura moderna dirigida hacia la cubierta de Cueva de Siete Palacios donde se encuentran otras redes de galerías; 5, placeta artificial que da a Angustias Moderna:, 6, restos de cimentación de galería que forma parte de la cadena de galerías situadas en línea, pero en interiores, hacia Levante. Obsérvese que todas la galerías interiores tienen módulo similar por la situación de las entradas: sin casi equidistantes.

Fot. 46E. Eras del Castillo. Restos de material que han podido formar parte del podivm anterior: 1, paramento romano que se alza sobre los restos de materiales romanos que conformaban un relleno para equilibrio del terreno; 2, restos más reutilizados del material de relleno romano.

Fot. 47E. Es interesante observa que la cimentación de los muros romanos que dan a la calle, muestran en su base restos del muro romano rebajado de espesor para ganar espacio. Normalmente suelen medir entre 40 cm y 90 cm. La roca no deja lugar a dudas: la potencia de tierra es casi nula por estar el alzado montado sobre roca madre.

Fot. 48E. Eras del Castillo. Perspectiva desde la plazuela citada en 49E, en la que se puede ver: 1, alineación de elementos arquitectónicos que conforman una seriación de naves romanas enrasadas en los interiores; 2, situación de otra alineación casi paralela a la de enfrente; 3, indicación de las alturas (3.20 m) cuyas medidas son casi idénticas en ambos lados, lo que nos reafirma en la reutilización de redes completas de naves en todo este espacio.

 

Fot. 49E. Eras del Castillo. Plazuela antes citada en la que se observa, en su esquina frontal, un desagüe que baja por la bóveda de una galería que se encuentra debajo, lugar por donde penetra la canalización del alcantarillado moderno situado debajo. y pertenece en la planimetría general a la calle Angustias Moderna.

Fot. 50E. Eras del Castillo. Detalle sobre la toma anterior para indicar la yuxtaposición de los paramentos; muro romano de cierre de este sistema de naves; paramento externo frontal de la seriación de naves; muro romano adosado, con superposición de otro con revoque moderno.

Fot. 51E. Eras del Castillo. Vía superficial que canaliza las aguas de lluvia hacia el desagüe antes citado.

Fot. 52E. Eras del Castillo. Detalle de muro romano (1) sobre la base de una de las seriaciones de naves de la plazuela e indicación del muro que cerraba a derecha todo este espacio; sobre el suelo moderno: indicio del paramento de las naves; y probable espacio perteneciente a estructuras romanas; y alineación modificada (4) por falta de espacio moderno.

Fot. 53E. Eras del Castillo. Subsector de la plazuela: 1, espacio bajo el que se encuentran muros romanos; 2, paramento moderno montado sobre muros romanos situados debajo; 3, paramento romano muy revocado modernamente; 4, resto de muro romano que probablemente cerraba la plazuela.

Fot. 54E. Eras del Castillo. Detalle de la foto anterior para precisar la situación de: 1, murete moderno que se monta sobre una gran base romana; 2, murete romano que da claras señales de orientarse en tres direcciones, según la línea de los paramentos supuestamente destruidos y hechos desaparecer para la construcción de la plazuela.

Fot. 55E. Eras del Castillo. Plazuela. REsto de muro romano que cerraba este paso y a su ves formaba parte del alzado de la vivienda que se asienta sobre él.

Fot. 56E. Eras del Castillo. Esta plazuela se ha creado con el derribo de sistema abovedado.

Fot. 57E. Eras del Castillo. Muro romano situado bajo murete moderno, que se ha indicado antes: 1, espacio ocupado por uno de los muros romanos situados bajo el nivel que se ha señalado; 2, paramento romano perteneciente a la seriación de naves de la calle Angustias Moderna; 3, indicación gráfica de la anchura de las supuestas naves alineadas. .


Fot. 58E. Eras del Castillo. Casa situada en Angustias Moderna. Detalle sobre la foto anterior para precisar los siguientes datos: 1, muro de cierre que parte de la seriación de naves anteriormente indicadas; 2, paramento romano perteneciente a una de las naves; 3, muro romano de cierre paralelo a la calle Angustias moderna.. 

Fot. 59E. Eras del Castillo. Casa situada en Angustias Moderna Toma en vertical para destacar la existencia de muro romano sobre otro moderno: 1, indicación del muro romano y su división por estructuras modernas; 2, cubierta moderna levantada sobre el espacio que perteneció a la bóveda de la misma. Se mezclan lo moderno y lo romano. Todo está reutilizado. El huerto es el resultado de aportación de elementos de fuera.

Fot. 60E. Eras del Castillo. Casa situada en Angustias Moderna Vista de conjunto del espacio inferior que se viene analizando, para ver la secuencia y organización interna de los muros romanos que aquí se encuentran: 1, espacio ocupado por uno de los muros romanos cuyo final no se registra aquí; 2, muro romano que se cierra con el anterior, formando ángulo recto.

Fot. 61E. Casa situada en Angustias Moderna Espacio interior situado a derecha de los que se han indicado en las tomas anteriores; 1, espacio destinado a una nave enrasada; 2, paramento romano de cierre; 3, paramento romano roto para penetrar en los espacios interiores; 4, indicación de la existencia de paramento romano en este alzado, con la afloración de piedras de su estructura interna.  

Fot. 62E. Eras del Castillo. Casa situada en Angustias Moderna. Toma de detalle para resaltar: 1, muro romano que cerraba este espacio, en sentido vertical; 2, espacio moderno tras el que se halla un muro romano; 3, alzado romano que forma parte de la estructura de una nave enrasada; 4, parte del mismo muro anterior en el que se trasluce el aparejo antiguo al exterior.

 

Fot. 63E. Eras del Castillo. Casa situada en Angustias Moderna. Panorámica de la parte posterior, que se observa desde la plazuela, en la que se detalla: 1, 5, muro romano de cierre; 2, muro romano de cierre, paralelo al anterior; 3, espacio ocupado por una nave enrasada; 4, indicación de la anchura de una de las naves alineadas en la calle Angustias Moderna; 6, espacio ocupado por naves enrasadas.

Fot. 64E. Eras del Castillo duplicada por información. Casa situada entre Angustias Moderna y Eras del Castillo. Panorámica de la parte posterior, que se observa desde la plazuela, en la que se detalla: muro romano de cierre; 2, muro romano de cierre, paralelo al anterior; 3, espacio ocupado por una nave enrasada; 4, indicación de la anchura de una de las naves alineadas en la calle Angustias Moderna; 6, espacio ocupado por naves enrasadas.

Fot. 65E. Calle Cueva de Siete Palacios. Indicación de la existencia de una estructura de opvs caementicivm con el fin de equilibrar el suelo de las formas arquitectónicas que se han montado sobre la calle Angustias Moderna; 1, nivel en que se encuentra la calle Nueva del Carmen con relación a Angustias Moderna; 2, desnivel entre las secuencias de naves de los sectores D y E; 3, nivel con que se inicia la calle Angustias Moderna.

Fot. 66E. Paso artificial que comunica los sectores anejos debajo en el sector L, superior de L, E y U: 1, paramento de muro romano con parte del alzado moderno; 2, línea de cierre entre los sectores anejo inferior L y E; 3, paramento de una nave romana enrasada; 4, paso artificial entre los sectores inferior anejo L y U; 5, rotura para abrir paso entre los mismos sectores antes indicados.

 
Fot. 67E. Acceso a Eras del Castillo. Otra perspectiva del paso anterior: 1, paramento de fondo de una secuencia de naves: 2, paramento de una de las naves enrasadas que cerraba este paso; 3, indicación del espacio intencionadamente roto para abrir paso para la parte superior

Fot. 68E. Acceso a Eras del Castillo. Indicación de la alineación de estructuras pertenecientes a naves alineadas y situadas en distintos niveles, por la pendiente. Al fondo, un conjunto de naves con la entrada principal taponada modernamente. Una nave central y dos laterales más pequeñas que se verán más adelante en el sector L.

Fot. 69E. Acceso a Eras del Castillo. Vista de la alineación anterior desde un punto elevado: 1, paramentos romanos situados enfrente; 2, podivm de acceso al espacio superior de la nave romana; 3, secuencia de naves reutilizadas.

Fot. 70E. Aspecto del paso artificial creado hacia la mitad de la calle Angustias Moderna, que divide el sector en dos: 1, paramento romano con la parte superior de estructura moderna; 2, paramentos romanos con las mismas características; 3, podivm izquierdo, antigua plataforma de equilibrio del terreno; 4, podivm con las mismas características; 5, paso artificial abierto mediante la rotura de la plataforma de equilibrio romana. Tiene de particular el derribo de una casa aneja en cuyos escombros aparece material romano reutilizado como piedras talladas (toba) y piedras de relleno.

Fot. 71E. Angustias Moderna. Detalle de la foto anterior. Indicación de la reutilización de los elementos constructivos romanos, en los alzados modernos.

Fot. 73E. Angustias Moderna. Vista general de este paso indicado antes, precisando: 1, pasos artificiales en la parte superior; 2, podivm y paso artificial a través de él; 3, paramento romano que ha sido recientemente reconstruido. Su base continúa siendo romana; 4, paramento romano igual al anterior, indicando el punto de su altura máxima; 5, paramento romano de las mismas características que el 74E,4; 6, paramento romano o muro de cierre procedente de la zona donde se encuentra la plazuela; 7, paramento romano en zona inferior. Pertenece a una zona enrasada.

Fot. 73E. Angustias Moderna. Detalle del punto 74E,7. En él precisamos: 1, paramentos romanos que cerraban este paso, prolongándose en sentido vertical a la calle; 2, muro romano que formaba parte de la nave que aquí ha existido. 

Fot. 74E. Angustias Moderna. Secuencias de espacios que pertenecen a naves reutilizadas: 1, restos de aterrazamientos; 2, indicación de la altura modular de estas edificaciones; 3, indicación del desnivel de la calle.

Fot. 75E. Angustias Moderna. Detalle de la toma 72E. Parte superior de la misma, donde se puede ver: 1, espacio roto para abrir paso; resto de una plataforma de equilibrio del suelo y paso para una zona cerrada al fondo; 3, restos de una plataforma de relleno, o equilibrio de superficie; 4, paramento romano con restos de plataforma en su base; 5, escalones artificiales hechos sobre los residuos de la plataforma. 


 Fot. 76E. Angustias Moderna. Detalle sobre la foto anterior, donde se aprecia: 1, paramento romano que forma parte de esta nave enrasada; 2, restos de la plataforma de relleno del suelo, sobre el que se levanta esta casa. Estos pasos son artificiale.

Fot. 77E. Angustias Moderna. Detalle sobre la foto anterior. Se trata de una plataforma de relleno que ha sido rota para poder acceder a las dependencias de la galerías que se encuentran en este nivel. Las galerías estaban montadas sobre roca. Pero la evolución podría explicar la superposición de estructuras romanas en distintas etapas de su historia; la evolución. Aquí se abre paso rompiendo, y se construye encima de lo roto, pero ha podido ser en la misma etapa romana.

Fot. 78E. Angustias Moderna. Vista de conjunto de este paso: 1, espacio que debió estar ocupado por una nave; 2, secuencias de paramentos con naves en sus interiores; 3, segunda plataforma de equilibrio del suelo; 4, acceso artificial a un espacio cerrado con naves interiores; 5, restos de plataforma de equilibrio. Es un caso claro de apertura de calle a golpe de pico. 

Fot. 78E. Angustias Moderna. El paso de una zona a otra: 1-5. Rotura de la plataforma y apertura de accesos a ambos lados de la calle artificial.

Fot. 79E. Angustias Moderna. Paso ciego indicado en las tomas anteriores: 1, paramento romano con naves enrasadas en su interior; 2, paramento romano con nave rota en su interior; 3, secuencia de muro romano adosado y del que sólo queda la base; 4, zona de la plataforma, rota para abrir paso; 5, restos de de la plataforma. Y como se puede observar, este paso ha sido abierto rompiendo la plataforma de estructura romana que era cerrada y, de hecho, hay galerías a derecha de la imagen, que se usan ahora como viviendas. Este paso y galerías han desaparecido con nuevas construcciones.

Fot. 80E. Angustias Moderna. Imagen tomada desde el interior del pasillo. Vemos a izquierda la entrada a una galería del grupo. Esto hace ver que un muro romano discurría por la fachada donde se encuentran, al menos, dos galerías del grupo local-

Fot. 81E. Angustias Moderna. Visto el pasillo anterior, se produce un desnivel de terreno de casi dos metros, lo que signific que hay una alteración del terreno motivado por la estructura de la roca. El muro romano de la derecha, es prolongación del anterior, y va en ese sentido: de forma paralela a calle Angustias Moderna. La ventana está abierta desde otra nave del sitio. Y, al girar a izquierda, se verá una nave que, en su forma, ha sido recortada porque el espacio hueco que se ve, es artificial, hecho con rotura para poder pasar.

Fot. 82E.  Angustias Moderna. Vista de este paso abierto desde el interior: 1, paramento romano de división de dos naves alineadas; 2, muro romano de una secuencia de naves a ambos lados; 3, muro romano adosado al anterior; 4, espacio abierto sobre la plataforma de relleno. Este paso ha sido muy alterado con vivienda nueva, que ha destruido la mayor parte de esta estructura. Permisividad municipal. 

Fot. 83E. Angustias Moderna. Nave bien conservada y cuidada por sus propietarios Sus medidas son las indicadas en el módulo más habitual: ancho: 1.50; m. alto: 2.30 m; Largo: 3.30 m. Está blanqueado hasta hacer desaparecer el opvs incertvm. En cierto modo los dueños han preservado su conservación, gracias a sus cuidados constante. Es la mejor cuidada, aunque no se pueda ver su aparejo.

Fot. 84E. Angustias Moderna. Nave romana, a la que se accede por la escalera artificial que se ha practicado sobre la plataforma de relleno o equilibrio, de toda esta zona. Se encuentra muy encalada. Sus medidas son las consideradas como prototipo más usual en el conjunto arqueológico. Justo al lado de ella, y como prolongación de la misma, se encuentra otra habitación, cuyos muros son los paramentos de una nave consecutiva destruida. 

Fot. 85E. Angustias Moderna. Espacio contiguo a la nave anterior. Es una nave enrasada: 1, anchura idéntica a la de la nave que le precede; 2, altura de módulo similar. Fue enrasada para poder construir encima.

Fot. 86E. Angustias Moderna. SE ha enrasado esta galería adosado a la anterior. Al parecer, este espacio fue reutilizado no para vivienda, sino como habitación de desahogo o apero. La cubierta hizo permanecer los muros laterales debido a que la bóveda se hundió por baja calidad. El muro de fondo demuestra que era más alto de lo normal. Se trasluce el aparejo romano con el blanqueo.

Fot. 87E. Angustias Moderna. Espacios situados en el interior de las naves o lugares que lo fueron, y que actualmente forman un pequeño huerto, donde se pueden ver los restos de los muros sobre el suelo. El muro que se observa como divisorio, realmente es un elemento común a dos galerías contiguas: una, ocupando espacio del pequeño huerto; otra, que colinda, pero con su desarrollo en Espaldas de San Miguel, hecho que se ha visto antes.

Fot. 88E. Angustias Moderna. Al fondo del huerto, sobre el paramento romano limítrofe pueden verse: 1, paramento adosado que pertenece a una estructura que se ha visto a través de la calle Espaldas de San Miguel; 2, resto de muro adosado perteneciente a una dependencia que ha existido en el huerto.

Fot. 89E. Angustias Moderna. Continuación de la secuencia de muros romanos anteriores, en su punto de cierre, en una de las esquinas del huerto: 1, paramento romano que separa estas estructuras, de las ya estudiadas en 27E; muro romano adosado a él; 3, muro romano de cierre en ángulo recto; 4, resto de muro en el huerto, paralelo al 90E,2

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Fot. 90E. Angustias Moderna. Muro romano dentro del huerto, situado paralelo a los limítrofes: 1, muro romano perteneciente a las naves alineadas de la calle Angustias Moderna; 2, indicación del muro en el huerto; 3, muro romano al fondo, paralelo al 92E,2. 

Fot. 91E. Angustias Moderna. Continuación de los sistemas de muros romanos en este pequeño huerto. En él se puede apreciar: 1, muro romano que forma el paramento actual de una casa moderna medianera con la casa vecina; 2, utilización de los materiales de derribo de estructuras romanas para formar balates en el huerto. 

SECTOR F

Almuñécar. Planimetría del sector F. Calles San Miguel, Espaldas de San Miguel y Eras del Castillo.  Este sector es uno de los que registran mayor número de galerías bien conservadas. Son once. Las galerías enrasadas son todas las indicadas con líneas discontinuas. En la parte central izquierda de la imagen se conservan unas gradas de piedra toba. Si se observa bien el dibujo, en su parte derecha hay una nave partida y un torreón romanos. Se indica también la zona excavada en Eras del Castillo.

Fot. 1F. Vista general de la calle San Miguel. Este espacio tiene su paralelo en la zona de Cuevas de Siete Palacios. Cuando se realizaron los alcantarillados se pudo comprobar que el subsuelo tenía gran cantidad de muros romanos y por ello formarías la base de una gran galería que recorría todo este espacio de Este a Oeste. Es probable que esta gran estructura fuera derribada ya desde época árabe, porque era la forma de crear un espacio de muerto para evitar que el castillo que se construyó fuera atacado por enemigos, que no eran pocos en aquellos tiempos. Deducimos que por esa razón todas las edificaciones que pudieran servir de parapeto a posibles atacantes, fueran eliminados como, al parecer, debió ser. Desde este punto hasta el foso del castillo, han aparecido sucesivamente numerosos restos de esos muros pertenecientes a estructuras romanas. Y también se tienen datos de la existencia de otro sistema de galerías de mayor tamaño en un espacio mu cercano a éste. Se ha visto dónde se encuentra la entrada taponada, pero solo en foto, debido al problema urbanístico que se podría ocasionar. El futuro decidirá.

Fot. 2F. Espaldas de San Miguel. Escalera artificial. Conforme se entra el San Miguel, a su izquierda hay un paso escalonado moderno que conduce al inicio de una serie encadenada de criptopórticos. Continuidad del acceso visto en la foto anterior. En este punto de paso he sido rota la serie de galerías de la parte izquierda de la calle San Miguel. La parte derecha de la imagen fue construida rompiendo las galerías romanas mayores del Castillo. Y esta construcción actual, ya ha sido cambiada. Llegará el momento que todo lo romano desaparezca con las remodelaciones. El cálculo de las galerías que en este espacio han existido llega a los 3,50 m. Ejemplo de ello se va a ver a continuación en las series de la calle Espaldas de San Miguel.

Fot. 3F. Espaldas de San Miguel. Perspectiva en donde se puede ver: muro romano frontal casi paralelo al paramento de la nave primera (Cueva del «Obispo»); y constituye el gran muro romano paralelo al final de la calle Antigua. Y es su espalda, en la que se apoya toda la serie de galerías que se encuentran en los interiores de las casas de la citada calle Antigua. El encalamiento de los muros impide ver la autenticidad de esas estructuras romanas.

Fot. 4F. Espaldas de San Miguel. Historia de la pieza. Esta imagen presenta elementos muy retocados, como es la vivienda moderna de la izquierda (5), que ha reutilizado el alzado romano para incluirlo en como muro exterior de la vivienda. Las rampas son medios de accesos que han quedado como restos de elementos que debieron ser ocupados con anterioridad. Lo que es fondo de una galería de grandes proporciones (1) tiene su alzado deteriorado por el paso del tiempo y posible uso de cantera. Elementos constructivos. El opus incertum es la técnica usada. La piedra tallada es de proporciones algo mayores que el restos de formas, pero el blanqueo moderno no es otra cosa que algo que se hizo cuando esta galería aún estaba en pie. Esta galería o ha sido derribada para dar acceso a la casa de la izquierda, o se ha caído. Casi seguro ha sido derribada, aunque estaría ya algo tocada, y el paso de la calle artificial hacia las otras dependencias no habría sido posible sin su derribo. La calle Espaldas de san Miguel es toda entera artificial, o sea, que ha sido hecha mediante la destrucción intencionada de toda una serie de galerías que ocupaban ese espacio. El alzado artificial (4) está hecho con materiales reutilizados. El espacio de paso (2 y 6) es el acceso a la Cueva del Obispo. Uno de los elementos más llamativos es el inicio del Torreón romano (3), que se apoya sobre estructuras criptoporticadas en su base, de manera que la primera galería de esta serie encadenada se encuentra partida por e muro de sujeción de la base del torreón. Igualmente, en la calle San se Joaquín se puede ver otra galería partida por otro muro que forma parte de la base del citado torreón.

Fot. 5F. Espaldas de San Miguel. indicación de la existencia de opvs caementicivm para equilibrio del terreno. Escalera de acceso a la galería, apoyada sobre la propia estructura de separación, que deja un espacio libre de 1.5 m de seguridad entre las galerías de arriba y las inferiores. Realmente su único fin estructural es servir de escalonamiento en sitios de un diferencial de altura que puede crear riesgo por el fuerte desnivel creado por la configuración de la estructura de la roca madre. Es una solución arquitectónica que se fija como solución. Esta observación es aplicable a todos los niveles de las escarpadas estructuras de todo el conjunto industrial de Sexs.

Fot. 6F. Espaldas de San Miguel. Desde ese paso escalonado se llega hasta lo que parece una muralla y que no lo es. Es sólo la continuidad de una serie de galerías que se han ido construyendo a través del tiempo en toda el conjunto industrial romano. Lo que se ve frontalmente es una de las caras de la galería que aquí existía, de proporciones mayores a la vistas por esta zona. Mide aproximadamente 9 m de altura; su anchura, 3.5 m, y su largura no se puede calcular, pero por los indicios podría alcanza unos 15 m, hasta casi llegar a la calle San Miguel. Y esta es la razón por la que se piensa en las dimensiones que tenía la gran galería de la calle San Miguel. Para poder abrir paso por aquí se vieron obligados a destruirla, como se puede observar.

Fot. 7F. Espaldas de San Miguel. De nuevo en el pasillo artificial usado como calle: muro de cierre roto para abrir paso (1); paramentos de opvs incertvm (1, 2, 3), con fuerte revestimiento moderno; la anchura del pasillo es la misma que se ha constatado en la galería anterior; indicación del muro que ha sido disminuido (5) de grosor para ganar espacio; en (6) se puede apreciar el volumen de disminución del alzado del muro citado antes. Calle que demuestra cómo ha sido eliminado el elemento antiguo para el interés doméstico, pero podía también haber sido una técnica como la vista en la galería anterior, con sus espacio de separación (6). 

Fot. 8F. Espaldas de San Miguel. Vista de la falsa entrada a la galería del Obispo. A derecha de la imagen, pasillo cerrado que se ha usado como casa. En general, el muro frontal presenta la calidad del entramado del opvs incertvm en estado casi original. Es una de las zonas que mejor lo conserva.

Fot. 9F. Espaldas de San Miguel. Detalle del aparejo roto para poder acceder a la galería-vivienda antes descrita (1,2,3).

Fot. 10F. Calle Espaldas de San Miguel. Puerta de entrada a la galería abierta a golpe de pico. El grosor del muro es de 60 cm. A izquierda se observa el muro de cambio de orientación de las estructuras, indicando que llegan a seguir una línea constructiva que cambia en 90º de orientación, porque el terreno impide seguir en sentido oeste debido a la pendiente fuerte que a la que se acercan los constructores romanos. El nivel cae casi vertical, con pendientes pronunciadas.

Fot. 11F. Calle Espaldas de San Miguel. Interior de la galería del Obispo. Orientación: oeste. Se encuentra discretamente encalada, de tal forma que puede verse la impronta de la cimbra sobre la que se construyó la bóveda. El estado de conservación es muy diferente al de las últimas galerías situadas en el extremo este de la red de galerías. Las medidas aproximadas son: 2,10 x 4,10 x 9.75 m. El grosor de sus muros es de 0,85 m. Su estado de conservación es bueno. Pero el hecho de que aparezca modificada es fruta de una evolución por necesidades posteriores al construirse sobre ella el Torreón romano.

Fot. 12F. Calle Espaldas de San Miguel. Foto para mostrar que la cubierta de la bóveda ha sufrido las consecuencia de filtraciones de agua con el paso del tiempo. Los tonos rojizos muestran el óxido provocado por tales filtraciones.

Fot. 13F. Espaldas de San Miguel. Detalle de otro punto de la nave, en donde se puede ver cómo ha sido partida por un muro al que le atribuimos una función de sujeción de la estructura superior, el conocido como torreón. La otra parte se encuentra detrás de lo que muestra esta imagen, en el sector M. 

Fot. 14F. Cubierta abovedada de la nave anterior. Tapón de obra sobre el techo. Es de forma rectangular y de época. Es una de las aberturas de acceso que mejor se ha mantenido a través del tiempo. Sus medidas son: 0.80 x 0.40 m.

Fot. 15F. Espaldas de San Miguel. Es esta imagen se aprecia parte del fondo de la galería grande que se encontraba en este punto. Puede verse restos de un muro lateral de la nace como testigo de su existencia. En el derribo a pico se ve la composición de opus incertum. Su altura, como parte de la nave, alcanza los 9 m.

Fot. 16F. Espaldas de San Miguel. Espacio considerado pasillo ciego. Su finalidad parece estar relacionada con el aislamiento y, a su vez, el camuflaje de estas estructuras, dándoles  mayor seguridad, ante un posible acto de saqueo de la piratería. Este pequeño rincón ha sido habitáculo en época actual. La anchura de este pasillo mide aproximadamente 2,00 m.

Fot. 17F. Espaldas de San Miguel. Desde la nave destruida parte otro muro en dirección a calle San Miguel. Es cortado por necesidad de abrir un pasillo que, por lógica, no es más un pasillo de época romana y que es interrumpido por la propia técnica romana. Es el espacio que se usa para separar estructuras en la misma arquitectura romana. No es calle moderna, pero sí ha sido aprovechada como tal para hacerla modernamente transitable.

Fot. 18F. Esta imagen muestra detalle para ver la estructura interna de los muros romanos: opus caementicium, internamente, y opus incertum, externamente. A derecha de la imagen se observa el suelo del pasillo, de forma escalonada, porque el desnivel de la roca obliga a los modernos a escalonarlo, cosa que para los romanos no era obstáculo alguno: era una espacio estratégico de separación entre estructuras.

Fot. 18F (bis). Espaldas de San Miguel. Esta imagen muestra el espacio interior de separación entre series de galerías paralelas. Se ve que estaba cerrado en la parte superior. Realmente estaba cerrado por ambos extremos. El primero fue roto cuando derribaron la nave grande de la izquierda; el segundo, cuando hubo necesidad de intercomunicar estos espacios, necesarios para ocupar la zona de galerías convertidas en casas. Su anchura es la misma del espacio visto ante la galería partida vista anteriormente.

Fot. 19F. Espaldas de San Miguel. Desde otro ángulo, aspecto del pasillo ciego; 1, indicación del paramento romano en su parte superior, donde el aparejo se ve libre de revoque; 2, acceso artificial al sistema de naves; 3, paramento romano de enfrente, en donde el muro ha sido disminuido de volumen; 4, anchura real del espacio libre entre sistemas de muros de galerías. Como se puede ver, ha sido roto para abrir paso modernamente.

Fot. 20F. Espaldas de San Miguel. Esta imagen muestra que el suelo antiguo ha tenido que ser rebajado porque hacía casi imposible transitar con facilidad. Es roca madre. Hoy día ya ha sido demasiado sobrealzado y no se detecta la parte antigua.

Fot. 21F. Espaldas de San Miguel. Punto de acceso a los espacios interiores. Es un muro maestro roto para abrir acceso a naves abovedadas interiores. Se nota el desnivel en la parte interior y el pasillo antes citado. de 80 cm aproximadamente. Y una vez pasado hacia este nuevo pasillo de separación interna, a izquierda hay dos entradas: una como muro de separación, y otra como galería abovedada, paralela a las que se encuentran de frente a la entrada principal. A derecha no se pudo entrar por estar cerrado, pero lógicamente hay estructuras relacionadas con las que se encuentran en frente.

Fot. 22F. Espaldas de San Miguel. Perspectiva del mismo pasillo: 1, Espacio donde se encuentra un pasillo interno similar a los anteriore citados, pero de menores dimensiones; 2, acceso artificial a la nave de fondo; 3, anchura del pasillo de separación de estructuras. (Este paso hoy está cerrado con puerta. No se puede ver el interior del patio). 

Fot. 23F. Espaldas de San Miguel. Pasillo de separación de menores dimensiones que se encuentra cerrado. No ha habido necesidad de abrir paso porque solo se entra a ese espacio para usarlo de apero como se puede ver. Todo este espacio son estructuras romanas reutilizadas en casi todos sus puntos, lo que da una solidez grande a todas estas viviendas. 

Fot. 24F. Galería con acceso desde el pasillo ciego interior, de dimensiones algo más reducidas. Aquí y ahora es un apero. Hoy se ignora incluso si se conserva intacta.

Fot. 25F. Espaldas de San Miguel. Nave abovedada situada al fondo indicado en 22F. Como se puede ver,  la estructura es la misma anterior, al igual que sus medidas. Aquí, no obstante, se observa un encalamiento mayor debido a su uso doméstico. Sus medidas son similares a las contiguas a ella.

Fot. 26F. Espaldas de San Miguel. Segunda parte de la misma nave con una ligera curva en el trazado de su planta. Ello se debe a que las naves se van levantando siguiendo la guía del terreno, adaptándose a él, como se verá en otros casos similares. Téngase en cuenta que este tipo de nave es el más común del recinto industrial.  

Fot. 27F. Espaldas de San Miguel. Muro de frente que indica que es un elemento de cierre de estructuras del sistema general de galerías. Aquí se ve cómo cierra el espacio que modernamente ha sido roto para poder pasar a otras dependencias de galerías usadas como viviendas. Se observa que el aparejo es homogéneo, continuación del visto en la fachada de la primera galería.

Fot. 42F. Espaldas de San Miguel. Detalle sobre la foto precedente en donde se ve: 1-2 muro romano utilizado como exterior de una casa y que es la parte externa de la galería que se encuentra en su interior. El 3 señala otro aparejo similar que se extiende en toda esta fachada. El punto 4 es de los más importantes, ya que es el muro romano de fondo de una serie de galerías que se encuentran en un nivel superior y, justo debajo, hay otra secuencia de galerías que se van a mostrar seguidamente.

Fot. 29F. Espaldas de San Miguel. Primer espacio de la nave conservada en el fondo del sistema que se ha visto en la toma anterior. Como se puede observar, se trata del mismo tipo de nave abovedada que se ha visto antes. El revestimiento de los muros es más ligero. Estas naves tienen detrás un sistema de galerías encadenadas que y situadas a un nivel superior.

Fot. 30F. Espaldas de San Miguel. Secuencia del pasillo, junto a las naves: 1, indicación del espacio que, en parte, ha podido ser de una nave y pasillo ciego colateral a la misma; 2, muro moderno montado sobre el original romano, disminuido de volumen; 3, indicación del volumen perdido; 4, probable punto de cierre de parte de este sistema.

Fot. 31F. Espaldas de San Miguel. Calle artificial abierta a golpe de pico A derecha, serie de galerías abovedas encadenadas en los interiores de las viviendas.

Fot. 32F. Espaldas de San Miguel. Foto posterior de este paso-calle para hacer ver la pendiente que se genera por el desnivel de la roc-base.

Fot. 33F. Espaldas de San Miguel. Nueva perspectiva del espacio ya indicado en antes en este espacio: 1, muro moderno levantado tras derribar estructura romana; ello se deduce del punto 3, que indica que el muro antes citado ha sido destruido y que debió ser de gran resistencia por su forma, ya que el grosor real no se puede calcular.El punto 4está indicando que este espacio era zona muerta, de separación entre estructuras y, el 5, hace ver que se tuvo que romper para dar paso hacia otras naves de la misma red de galerías. Y el punto 6 está aclarando que todo ese espacio que parece calle antigua, es tan sólo una zona muerta de separación de las redes de galerías.

Fot.  34F. Espaldas de San Miguel. Vista parcial de muro con retranqueo en su alzado. Téngase en cuenta que esta calle es artificial. Ese muro superpuesto indica que la altura de las estructuras que había detrás eran de cierta robustez, y que formaban parte de las galerías que se encontraban ya en calle San Miguel.

Fot. 35F. Espaldas de San Miguel. Detalle más preciso que el anterior: 1, alzado general de todo este paramento; 2, muro de cierre aumentado de grosor; 3, punto del alzado donde se inicia el retranqueo; 4, estado del suelo con enlucido de cemento moderno.


Fot. 36F. Espaldas de San Miguel. Situación del fondo de paso de una zona a otra, donde se puede apreciar la rotura intencionada para abrir paso: 1, indicación de un muro externo con una nave enrasada y alineada con las que preceden; 2, paramento romano externo de las naves que se encuentran en su interior; 3, muro de cierre; 4, 5, paramento con dos líneas de muro; 6, espacio muerto de separación entre sistemas.

Fot. 37F. Espaldas de San Miguel. Nave abovedada, con falso techo moderno, a la que se accede desde ese espacio de separación de estructuras. Se aprecia bien el arco de la bóveda de medio punto, y la parte de su enrasado moderno.  Las dimensiones se repiten como en las anteriores.

Fot. 38F. Espaldas de San Miguel. Espacio de una nave cuya bóveda ha sido enrasada y partida para aislar un baño moderno. Es un espacio perteneciente a una galería compartida con la siguiente, fenómeno que se repite en toda esta serie encadenada, pero partida por las necesidades de hacer calles, aunque tengan que romper. Y por eso se considera extensible a todo el casco viejo de la ciudad moderna esta decisión de ocupación de estructuras romanas. No se construye una ciudad moderna: se aprovecha la antigua, en este caso romana, para hacer una ciudad moderna con raíces romanas.  

Fot. 39F. Espaldas de San Miguel. Secuencia tomada desde el punto opuesto al anterior: 1, paramento romano utilizado en casa moderna, que parte del muro de cierre en sentido vertical, con disminución de volumen a lo largo de su trazado; 2 y 3. muro que cerraba este espacio muerto; 4, entrada artificial a zona con naves; 5, paso artificial; 6, anchura de otro espacio muerto por la diferencia de nivel con respecto a San Miguel y Eras del Castillo respectivamente. 

Fot. 40F. Espaldas de San Miguel. Espacio interior (1), consecutivo al que se ha visto; 4, galería enrasada con falso techo de madera: 2. muro de galería de 0,80 m. Hay un espacio utilizado con cuadra de animales y el interior, que se usa como apero de elementos del campo. Sus proporciones entran dentro de los módulos que se han venido viendo a través de esta cadena de galerías-criptopórticos. En estos momentos estas galerías se usan como apero y como cuadra de animales

Fot. 41F. Espaldas de San Miguel. Primera secuencia de la nave. Esta nave tiene sus paredes recubiertas con una capa de mortero moderno que, en algunos sitios, se ha desprendido. Según nuestras medidas, los módulos son muy similares a todos los anteriores de esta cota de nivel. 

Fot. 42F. Espaldas de San Miguel. Segunda secuencia de la nave con ligera curvatura. Esta foto muestra las mismas proporciones que tienen estas naves. Entre esta parte y la anterior, se observa una curva provocada por la configuración del terreno.

Fot. 43F. Espaldas de San Miguel. Entrada artificial a la nave antes citada. Se puede ver cómo ha sido rota la nave abovedada para poder acceder a su interior. Ello demuestra el hermetismo que tenían estas estructuras romanas que funcionaban como almacenes. Tan sólo por la cubierta se podía entrar. 

Fot. 44F. Espaldas de San Miguel. Segunda parte de la galería que muestra una ligera curvatura en su trazado. El encalamiento es bastante antiguo y se encuentra muy oxidado debido a las filtraciones de agua de lluvia que ha podido sufrir. Modernamente se puede decir que su finalidad es servir de apero.

 Fot. 45F. Espaldas de San Miguel. En línea con el espacio muerto anterior, aparece otro de casi las misma proporciones. No es una estructura rota; es sólo una repetición de estructura muy usada en esta parte de la zona de almacenes romanos. Su anchura se aproxima a los dos metros de ancho. El suelo está enlucido con cemento moderno y casi aflora la roca en superficie.

Fot. 46F. Espaldas de San  Miguel. Aspecto que presenta la encrucijada del pasillo, a su encuentro con la cuesta de fuerte pendiente: 1.2,3 muros romanos que se han usado para conseguir una vivienda. En su parte izquierda (3) se ve el muro que sale al exterior, que formaba parte es un espacio muerto entre estructuras de almacenes; a la derecha se ve el muro externo de la nave que se extiende hacia adentro formando dos yuxtapuestas adosadas al muro que la separa de Eras del Castillo. Como puede verse, la irregularidad del terreno es evidente; y por ello las estructuras de almacenes tienen que adaptarse al terreno rocoso.

Fot. 47F. Espaldas de San Miguel. Se desciende a niveles inferiores desde el punto anterior y aparecen las roturas obligadas por el suelo variante. A derecha, casa que usa muro que sobresale a la calle por estrechamiento obligado para ganar espacio interior de las casas (1-2). La estructura urbana moderna se quiebra por la irregularidad del terreno formado por roca. Aquí no hay tierra, y la que se puede ver en algunos espacios, no es nativa, sino traída de las cotas bajas.

Fot. 48F. Fot.Espaldas de San Miguel. Lo más destacado, en este espacio, es la pendiente creada por el terreno. Vista de esta cuesta de fuerte pendiente: 1, paramento frontal al punto opuesto, con restos de muro sobre su base, y a lo largo de todo su recorrido bien modificado por derribos obligados, y algunos salientes situados a distancias casi equidistantes; 2, muro de casas modernizadas, pero con aprovechamiento de la estructura romana; 3, restos de muros que forman parte de galerías interiores ya vistas; 4, gran muro que sujetaba las estructura romanas que formaban el gran torreón de Eras del Castillo; 5, estructura que es continuidad de lo que se ve a izquierda de la imagen, donde también continúan las galerías en sentido Este, y que no se han podido fotografiar; 6, espacio totalmente destruido para poder hacer esto habitable como elemento de paso a ambos lados de la cuesta.

Fot. 49F. Espaldas de San Miguel. Espacio que es continuación de toda la cadena de galerías en este nivel; 1, muro de fondo, cuyas medidas son: altura, 3,50 m; largura, 5,50 m, pero que se continúa en las estructuras siguientes, hasta cerrar en 85F, aproximadamente en su mitad; 2, muro romano de contención del gran espacio de Eras del Castillo, situado justo detrás; 3, continuidad de las galerías a ese mismo nivel en las casas que se sitúan a continuación; 4, uso de podivm artificial para poder acceder a los espacios que contienen naves transformadas en habitáculos, y que son continuidad de las que preceden.

Si se observa el alzado frontal (1), puede observarse a izquierda del mismo la apertura de una ventana moderna que deja ver el destacado grosor del citado muro romano.

Fot. Fot. 49F (bis). Espaldas de San Miguel. Es una imagen de detalle para observar lo comentado en la foto anterior. El primer punto (1) muestra el paramento romano que está oculto por encalamiento. El siguiente punto (2) sorprende algo al observarse que las matas sobresalen de la pared. Esto se explica porque en la parte superior puede verse que una uralitas forman un techo en una especie de huerto interior en la parte de Eras del Castillo. Ha rebajado el terreno que cubría ese espacio superior y lo han rellenado con tierra y, al parecer, también han rebajado el grosor del muro y permitido que las semillas afloren por la parte inferior. En el punto siguiente (4) se ve la uralita que forma un techo en la parte superior. También se ve el grosor destacado del muro romano.

Fot. 50F. Espaldas de San Miguel. Detalle sobre la foto precedente: posible existencia de un paso arqueado, según la estructura del propio muro que se deja ver por transparencia a través del encalado un arqueo similar al de una galería. A la izquierda, en la casa, se encuentran dos galerías romanas que se han visto antes. Puede tener relación con ellas.

Fot. 51F. Por los datos y el contexto que se ven a lo largo de esta calle artificial se deduce que las gradas que después se van a ver, se inicien en esta esquina. Su aparejo muestra materiales que probablemente provengan de una demolición.

Fot. 52F. Espaldas de San Miguel. Esta imagen tan sólo indica que se usa materiales que no provienen de aquí. Se trata de una escalinata relativamente reciente para poder acceder a una casa que en la actualidad ya no existe. Y todo esto ha desaparecido.

Fot. 53F. Espaldas de san Miguel. Estos restos de muro romano tienen una explicación igual a la anterior y se encuentran en línea con ellos.

Fot. 54F. Espaldas de San Miguel. Detalle sobre la continuidad de estos espacios destinados a graderío, en el que se observa: bloque de cemento moderno marcado como elemento de separación. Pero ya, en la parte superior, empiezan a verse restos de piedra caliza toba en sentido Este.

Fot. 55F. Toma de detalle en la que se evidencia el ensamblaje de elementos ajenos a las gradas y su inicio como tal.

Fot. 56F. Espaldas de San Miguel. Perspectiva general del sistema de gradas: área que se considera punto intermedio en el sistema de gradas; la última hilada de peldaños hace pensar que se encuentran cortados con la construcción moderna ya encima de ellos. Es probable que el sistema de bloques de piedra toba haya sido utilizado como cantera. Punto en el que el sistema de gradas ha sido roto y sus componentes sustituidos por piedras de otro tipo, es probable que pertenecieran a un edificio público, como un templo o similar.

Fot. 57F. Espaldas de San Miguel. Vista completa de lo que queda del graderío. Cabe destacar que los sillares son clásicos, como los que se encuentran en el aparejo de la actual iglesia de Almuñécar.

Fot. 58F. Espaldas de San Miguel. Lo más destacado de esta imagen es el muro que se encuentra sobre el suelo formando parte de los cimientos de las viviendas que se encuentran enfrente de las gradas romanas. El aparejo del alzado muestra su irregularidad debido a que son muros romanos reutilizados desde muchos años atrás. El enlucido muestra esa irregularidad porque se trasluce a través de la cal. Otra irregularidad: si lo que existía era un templo romano en esta zona, cómo se iban a construir edificios delante. Pero era normal que así fuera porque se encontraba en una zona industrial productiva. También se admite que con el paso del tiempo la evolución podría haber alterado la situación general. Es demasiado tiempo el que los romanos pasaron en estas costas de la Península Ibérica. 

Fot. 59F. Espaldas de San Miguel. Punto señalado en la toma anterior para precisar el paramento que ha sufrido un estrechamiento en su alzado: 1, indicación de un paso demasiado forzado, abierto a base de romper las estructuras de ambos lados; 2, muro disminuido en su alzado, dejando la huella de su estrechamiento sobre el pavimento actual. 

Fot. 60F. Espaldas de San Miguel. Detalle de la existencia de muros pertenecientes a galerías o espacios separadores de estructuras que se ven sobre la calle. En su interior se encuentran galerías usadas como viviendas.

Fot. 61F. Espaldas de San Miguel. Vista frontal de las entradas artificiales a las tres secuencias de naves enrasadas que discurren en paralelo, según la estructura de esta casa moderna. Fuera de ella se detectan los restos de muros romanos sobre los cimientos que se notan en la calle actual. Los módulos se repiten. Y por la parte izquierda de la imagen se encuentran las estructuras que han sido reutilizadas en toda la calle San Miguel.

Fot. 62F. Espaldas de San Miguel. Detalle sobre el paramento izquierdo de la toma anterior, en el que se acusa la existencia de resto de muro que conformaba el paramento situado detrás, en paralelo, de la línea de la calle San Miguel: 1, Casas que se encuentran con accesos a calle San Miguel; 2, fallada moderna que contiene en su interior dos filas de galerías; 3, placeta artificial conseguida mediante el derribo de sistemas romanos situados en este espacio. A derecha hay galerías abovedadas (4) visibles ahora. Espacio donde se encuentran las gradas de un posible edificio público (5). Paso abierto a golpe de pico para comunicar los distintos tramos de calle artificial (6).

Fot. 63F. Sobre la misma calle San Miguel, en un derribo que limita con la secuencia de naves alineadas que se ha visto anteriormente, se pueden contemplar las estructuras romanas pertenecientes a un espacio que ha podido ser una nave, pero es una suposición basada en los restos que han ido apareciendo cada vez que se han repuesto alcantarillado. En él se distinguen: 1, paramento romano de cierre en ambos extremos y que es. Su largura es de 7,20 m; 2, es el gran muro de contención de la última fase de la calle Espaldas de San Miguel. Su fondo es de 5,80 m; su altura media, 4,60 m y el grosor de muro, 1,20 m; 3, paramento paralelo al anterior, pero peor conservado. Lo más interesante de este espacio es representar un modelo tipo que se reitera en toda la calle San Miguel. La anchura del fondo indica que la nave que aquí se encontraba era de proporciones visiblemente mayores a todas las demás, incluida Cueva de Siete Palacios.

Fot. 64F. Calle San Miguel. Muro lateral de la nave de 5.80 m de largo. Se distinguen las partes en que se dividió esta casa cuando se reutilizó este espacio de estructura romana. Se podría decir que el aparejo de opus incertum se encuentra casi en estado original sobre todo en el centro de la imagen. 


 Fot. 65F. Calle San Miguel. Esta imagen de detalle muestra la profundidad que alcanza el muro lateral (1) de lo que pudo ser una serie encadenada a lo largo del espacio de la calle. Se ignora la profundidad de cimientos, pero cerca aparece la roca en superficie en la calle Angustias Moderna. El resto de muro a izquierda se prolonga hacia el centro de la calle (2). La potencia del nivel de la calle alcanza más de un metro.

Fot. 66F. Calle San Miguel. Detalle de un pilar de toba (2) que podía ser el punto de arranque de una probable puerta o inicio de una arcada. Se observa que la roca madre no se ha alcanzado (4). El nivel de la calle actual está por encima de este rebaje de terreno (1).


Fot. 67F. Eras del Castillo. Este espacio se encuentra justamente encima de la calle Espaldas de San Miguel. A izquierda de la imagen se puede ver el muro que se eleva hasta alcanzar la mismo altura, sobrepasándola más de un metro. Se ha remodelado este lugar y han desaparecido los restos que se encontraban en superficie. No obstante se puede comprobar la existencia de elementos similares a los que se encuentran en la calle de abajo. En (1) se ve un paramento exterior con rasgos que permiten ver el aparejo con que se ha construido. En (2) se ven dos accesos a casas de similares dimensiones. En (3) se muestra el muro que se eleva desde abajo en calle Espaldas de San Miguel. El espacio de Eras del Castillo ha sido uno de los lugares que más cambios ha sufrido. Inicialmente, pudo haber elementos ibéricos, ya que en Espaldas de San Miguel se han dado algunos, aunque revueltos y no sistemáticos (excavación oficial reciente). En segundo lugar, los romanos montaron un fortín con torreón vigía y de protección. Los siguientes fueron los árabes quienes levantaron un fortaleza de la que aún quedan restos de muralla que se conservan desde este punto hasta Cueva de Siete Palacios. Con su expulsión se instalaron los medievales de los que se han testado restos ya modernos. Y finalmente, casi todo fue arrasado con la construcción de un depósito de agua de abastecimiento del pueblo. Se derriba posteriormente ese depósito y poco más se puede decir. No queda casi nada. Tan solo junto a los restos de muralla han aparecido materiales mezclados de todo tipo en excavación.

Fot. 68F. Eras del Castillo. Si se observa el alzado de esta edificación, se puede apreciar cómo se trasluce el material interior de su aparejo. La apertura de acceso a casa es relativamente moderna, pero su interior contiene estructuras que no se han podido fotografiar al igual que en otros lugares.

Fot. 69F. Eras del Castillo. Vista de conjunto del área situada encima de uno de los sistemas de naves de la calle Espaldas de San Miguel: (1), realce y elementos de consistencia de estos espacios. (4) refuerzo del suelo por la inseguridad de que se puede hundir ya que debajo se encuentran estructuras abovedadas que peligra por hundimiento. (2-3) señalan la muralla que se eleva desde la calle de abajo ya citada. El grosor de dicha muralla puede superar el metro.

Fot. 70F. Eras del Castillo. En este mismo espacio se ve cómo dos estructuras romanas quedan separadas porque con el paso del tiempo los ocupantes las dividen por razones económicas. Se puede comprobar observando el aparejo de este pequeño paso intermedio. El aparejo es romano y está recubierto con materiales modernos.

Fot. 71F. Espaldas de San Miguel. Vista de conjunto del área situada encima de uno de los sistemas de naves de la calle Espaldas de San Miguel. Se trata de un paso artificial que muestra irregularidades. A izquierda se ve un muro resistente muy encalado que forma parte de las estructuras que dan a calle San Miguel. Este pasillo contiene a ambos lados estructuras romanas muy modificadas por sus ocupantes. Las alturas están dentro de los parámetros de los clásicos muro romanos de las galerías abovedadas. Se va a comprobar la existencia de galerías casi enterradas por la evolución urbana.

Fot. 72F. Espaldas de San Miguel. Detalle del mismo paramento romano que, en la toma anterior, se ha visto como elemento de sujeción, pero desde otro ángulo. Los aparejos que denotan su origen están evidentes.

Fot. 73F. Espaldas de San Miguel. Espacio que se sigue en el pasillo ciego, con un recorrido de casi 5 m: 1, paramento de la izquierda, continuación del muro romano de sujeción paralelo a la calle San Miguel; 2, espacio  de relleno, de hormigón romano; 3, terreno con altura normal, pero con un desnivel medio de casi un metro sobre la calle, en donde hay un paramento romano paralelo al 1; 4, podivm para facilitar el acceso a un espacio perteneciente a una nave romana enrasada, cuyo nivel se  encuentra más elevado de lo normal aquí; 5, paramento romano que discurre a lo largo de toda la fachada, y en ambos sentidos.

Fot. 74F. Espaldas de San Miguel. Detalle de la toma anterior en el que se puede confirmar lo que se ha dicho antes, aunque con cierta reserva: muro romano de cierre de las naves; punto de arranque de un arco con restos evidentes y que muestra la parte superior de una bóveda enterrada; muro romano donde se apoya el arranque del arco que se puede ver; continuación del paramento en sentido de la entrada artificial que se ha visto antes. 

Fot. 75F. Espaldas de San Miguel. Detalle de la toma anterior, en la que se puede confirmar lo antedicho, aunque con ciertas reservas: 1, muro romano de cierre de la nave; 2, punto de arranque de un arco con restos casi evidentes; 3, muro romano donde se apoya el arranque del arco que se puede ver; 4, continuación del paramento en sentido de la entrada artificial vista antes.

Fot. 76F. Espaldas de San Miguel. Foto de detalle de uno de los laterales de la bóveda que sobre sale del actual suelo de la calle artificial, culpable del enterramiento moderno.

Fot. 77F. Espaldas de San Miguel. Parte final del pasillo artificial con un muro de aparejo romano de separación de estructuras y que se sitúa en el límite de la calle Antigua.

SECTOR G

Almuñécar. Sector G. Calles San Miguel, Explanadas de San Miguel, Higueras de Clavelicos y Alfareros. En este pequeño sector se localizan principalmente las zonas ocupadas por los alfares. Sobre San Miguel se indica el muro (resto) romano de esta enorme área de galerías destruidas para hacer calle y viviendas modernas.

A

Fot. 1G. Calle Clavelicos. Aspecto de muros que se enlazan con las estructuras existentes  bajo las  casas de un subsector de la calle San Miguel. Los muros se cruzan formando ángulo recto. Pero se encuentra a un nivel inferior al de la calle San Miguel. Los muros que se aprecian aquí no son modernos. Por sus aspecto, el aparejo deja ver indicios de estar construidos con opvs incertvm.

Una excavación habría dado como resultado que están estrechamente vinculados con las estructuras de San Miguel. Han desaparecido por obras nuevas.

Fot. 2G. Calle Clavelicos. Es continuación de la foto anterior. Las casas modernas se asientan sobre los muros que se ven en imagen. Desaparecido.

Fot 3G. Calle Clavelicos (Higueras de). Las estructuras domésticas de esta calle echan su cimientos y alzados reutilizando elementos arquitectónicos anteriores, que se modifican. La anchura de la calle es el resultado de derribos antiguos para hecer paso. Todo este espacio con sus restos antiguos ha sido muy modificado. Aquí se encontraban las antiguas alfarerías que fabricaban los materiales-base para las necesidades del pueblo moderno que se construye superpuesto a lo romano. Y en esta zona se sospecha la existencia de un gran espacio subterráneo de estructura similar a Cueva de Siete Palacios. Se espera que el tiempo lo facilite y llegue a descubrirse. Hay un punto de acceso, pero enmascarado.

Fot. 4G. Fachada de casas en calle San Miguel, con estructuras romanas situadas bajo ellas, según observación ocular cuando se realizaron reposiciones de alcantarillados: los muros enterrados que aparecieron cruzaban la calle de lado a lado, según los vestigios. No se tuvieron en cuenta entonces. Este espacio de calle moderna fue el centro de una gran nave, de mayores proporciones que Cueva de Siete Palacios, según se ha visto en los restos aparecidos y citados antes. La parte izquierda de la imagen, guarda, en su parte posterior, estructuras que dejan espacios huecos por desnivel del terreno que la citada zona, y esa es la razón que explica que, para acceder a las viviendas de atrás, haya que hacer varios escalones de acceso.  


 

SECTOR H

Este Sector es uno de los que guardan secretos de las antiguas estructuras romanas que con el tiempo acabarán dando descubrimientos de gran calado histórico. A pesar de su estado actual, hay que decir que hace años se podía ver cómo las casas viviendas de la calle Torremolinos se encontraban en tal estado que no daba lugar a dudas de dónde provenían: eran realmente galerías romanos que empezaban a enmascararse y quedar en los interiores de lo que hoy se ve. Se tuvo la suerte de verlo en la niñez. No se dispone de fotos.

Fot. 1H. Vista general de la calle Clavelicos: alineación de los elementos domésticos que la integran. Como en todos los demás sectores, esta calle tiene el mismo origen: rotura de naves para crear paso. Las numeraciones 1-2-3 muestra las hileras de casas que han tenido el mismo origen que las de otros sectores. Todas tienen los clásicos módulos de las galerías romanas abovedadas en sus interiores. Esta imagen antigua en la actualidad es otra cosa: las fachadas están muy retocadas y sólo se conservan las medidas antiguas de las casas. Se pudo ver una galería romana en el interior de una de ellas. No fue posible fotografiar. La muralla procedente del Castillo pasaba por la espalda de esta calle y dicha galería quedó atrapada por la superposición de estructuras, aparte de que sobre la muralla romana se montó posteriormente las árabe y cristiana: todo un estrato de murallas superpuestas. La árabe no resistió con el tiempo, y la cristiana es la que hoy se puede observar en varios tramos. El número 4 indica que se ha perforado la calle para crear alcantarillado. Y con esta canalización se ha podido descubrir, aunque sea algo chocante, la existencia de una gran galería romana de mayores proporciones a las hasta al momento vistas. Pero auçún se guarda secreto porque hay viviendas en riesgo si se descubre.

Fot. 2H. Calle Torremolinos. Detalle a la entrada de una casa: muro romano sobre el que se apoya el alzado posterior que se ha realizado con disminución de los volúmenes de sus paredes.

Fot. 3H. Calle Alfareros. Muros romanos dentro de un huerto, tras las casas de la calle Alfareros: 1, muro romano de fondo, que conforma un paramento situado paralelo a los de la calle San Miguel, que está detrás; 2, muro moderno con base romana. Obsérvese la reutilización de la piedra pizarrosa y de la toba. 

Fot. 4H. Calle Clavelicos (Higueras de). En este descampado o parte de un huerto abandonado, se detecta un muro de aparejo romano que relaciona con los antes vistos. La edificaciones impiden ver su orientación en ambos sentidos. Era una zona magnífica para una excavación.. Se ha destruido.

Fot. 5H. Calle Higueras de Clavelicos. Muro romano dentro del huerto, que se sitúa sobre una posición de fondo y constituye el elemento divisor de las casas que dan a la calle Torremolinos y el huerto. Sobre él se apoyan varias casas modernas. Esto ha desaparecido.

Fot. 6H. Calle Higueras de Clavelicos. Detalle de la foto anterior para hacer notar cómo es reutilizado el muro romano en todo el trazado, indicando la superposición de la estructura moderna sobre la romana. Este muro se prolonga hasta la estructura de la calle San Miguel.

Fot. 7H. Calle Higueras de Clavelicos. Muro romano, que se sitúa paralelo al anterior, y que forma parte de paramentos de casas modernas, y se dirige en su trazado igualmente hacia la estructura romana de la calle San Miguel. Su grosor es de 0,80 m. 

Fot. 8H. Calle Higueras de Clavelicos. Muro romano, que se sitúa vertical al 7H y forma parte de paramentos de casas vecinas, siendo reutilizado. 

Fot. 9H. Calle Torremolinos. A derecha de esta imagen existieron cuevas donde vivía gente humilde. Muro de fachada, a izquierda, que tiene estructuras romanas en su interior: 1, probable paramento romano revocado; 2, ahí existió una fragua. Puerta artificial de acceso a las dependencias romanas que antes se han indicado; 3, alineación de fachadas pertenecientes a casas que se han construido apoyándose sobre el murallón romano-medieval, que se encuentra en todo el recorrido de la calle, tras la estructura de todas las casas. 

Fot. 10H. Calle Torremolinos. Interior indicado antes El muro y la puerta que se ven forman parte de la estructura inferior de la calle San Miguel.

Fot. 11H. Calle Torremolinos. Interior indicado en el punto antes, donde se puede apreciar un espacio probablemente perteneciente a una nave romana. Se encuentra en una cota inferior a San Miguel. La roca madre ha tenido que ser picada para poder construir. Sus medidas coinciden, de forma aproximada con la de una nave normal, aunque su altura es difícil de determinar. Ese espacio fue utilizado para criar y cuidar animales durante mucho tiempo. La vivienda de encima, que da a San Miguel debe tener estructuras romanas dentro.

Fot. 12H. Calle Torremolinos. Indicación de una fachada corrida, donde se pueden apreciar unas divisiones formadas por muros de separación. Para equilibrio del terreno ha sido necesario construir escalones, que nos indican un relleno artificial de los espacios interiores de las tres viviendas.  Se puede observar que esta calle, de un extremo a otro, registra cierto desnivel, lo que ha motivado concluir que en la parte más baja es donde puede encontrarse una probable galería de mayor complejidad.

SECTOR I

El Sector I ocupa una de las zonas que demuestran el carácter generalizado de la industria de salazones en todo el recinto del casco antigua de la ciudad moderna. Se han detectado piletas de dos tipos en lo que se ha visto. El número es lo suficientemente claro como para determinar que las salazones aparecen en cualquier cota de la ciudad actual. En la cota 4-5 aparecen en el Majuelo. Y en la cota 15, en calle Morería Alta, y con una cantidad acorde al terreno que ocupan. En otras zonas como el Peñón del Santo, han existido en la cota 30. Y todo ello no hace más que establecer que, si en todos los niveles se dan piletas de salazones, lo evidente es que estas estructuras demuestran que la totalidad del asentamiento romano no era más que una industria, como conclusión final en esta investigación.

Almuñécar. Sector I. Calles Oberlan, Clavelicos y Morería Alta. Los pasos artificiales son evidentes. Destaca el murallón romano-medieval. Pero lo más importante es la localización de unas quince piletas de salazones (doce recientes); lo que indica claramente que es una zona eminentemente industrial. La parte izquierda inferior del plano señala la ubicación de las piletas de salazón descubiertas. Puede haber una diferencia cronológica entre las tres piletas descubiertas sobre el talud de un muro de contención romano, y las doce restantes citadas.

Fot. 1-I. Calle Antigua. Fachada de una estructura doméstica moderna cuyos paramentos son romanos reutilizados. Esta construcción tiene  muy estrecha relación con los elementos arquitectónicos que se encuentran frente a él, sector F en calle Espaldas de San Miguel. Hace año se pudo ver cómo albañiles sacaban cascajos de muros romanos destruidos para crear nuevas estructuras dentro de la casa. Este fenómeno ha sido una constante a través del tiempo en que se llegaron a ocupar todo este espacio. Hubo testigo de este acto.

Fot. 2-I. Línea de la muralla de Poniente. Vista panorámica de la zona de Poniente, donde se indica la secuencia del murallón almenado medieval moderno, pero sus raíces, sin duda, son romanas. Esta muralla avanzaba desde el Castillo de San Miguel, por la calle Torremolinos, hacia el Norte, hasta la altura de la Cueva de Siete Palacios, donde giraba al Este y continuar en dirección a la muralla de Levante, formando una anillo perimetral. Esta muralla perimetral de la zona superior de la actual ciudad se puede ver en el centro de la imagen, que parte desde el Castillo y continúa por la calle Antigua hasta la citada Cueva.

Fot. 3-I. Muralla de Poniente. Indicación del mismo tramo de murallón almenado en el que se aprecia su escalonamiento, según el punto donde se apoya. Esta muralla disponía de adarve. ya que era una zona a defender. Dicho adarve ha sido retocado para ganar espacio por parte de los propietarios de las casa adosadas a la muralla. Y conviene aclarar que esta estructura defensiva abarcaba, cercándola, lo que se llamaba Alcazaba de la ciudad, pero que antes, los romanos usaron esa zona como baluarte de control de toda la gran factoría y torre vigía para controlar las movimientos de la piratería en las costas, hecho que era frecuente.

Fot. 4-I. Muralla de Poniente. Detalle de la foto anterior en el que se aprecia la secuencia de las almenas y su escalonamiento por el nivel irregular del suelo. Se presume que el adarve que discurría a través de toda la muralla, ha sido destruido para dar mayor amplitud a las viviendas modernas adosadas en todo su trazado. Este tramo de muralla muestra en su aparejo que es de época ya cristiana. La parte árabe se encuentra modificada porque su alzado no tenía un alzado lo suficiente resistente, ya que la tierra prensada tenía ese gran defecto. Ejemplo de ello hay en el interior del actual Castillo, donde la muralla árabe está levantada con la cotada técnica y ha tenido que reforzarse con técnicas modernas para darle estabilidad y más resistencia.

.Fot. 5-I. Muralla de Poniente. Vista, en perspectiva, del paramento completo de este lienzo de muralla en su vertiente de Poniente. Se puede apreciar con claridad que es de época cristiana. Su aparejo es evidente. Su base se asienta sobre estructuras precedentes como la romana. La árabe no se aprecia en este gran lienzo. Modernamente ha tenido que ser reparada por emergencia de posible derribo por el paso del tiempo y los los temporales.

Fot. 6-I. Muralla de Poniente. Detalle de otro de los lienzos conservados de la muralla en este recorrido. Se calcula que en este tramo alcanza casi los 12 m de altura. 

Fot. 7-I. Muralla de Poniente. Lienzo de muralla, continuación del anterior, en sentido Norte. En las casas siguientes ha sido reutilizada hasta desaparecer en superficie. Este procedimiento ocurre a partir de la foto 1-I. A lo largo de la calle Antigua la muralla ha sido rebajada en altura hasta el punto de utilizarse como elemento base de la misma calle; o sea, la muralla forma parte de la calle en casi más de la mitad de su anchura, a la vez que se usa como soporte de las casas que se levantan en Morería alta.

Fot. 8-I. Muralla de Poniente. Línea de continuidad de la muralla en la que se aprecia: 1, restos del aparejo con tierra prensada, como elemento constructivo; 2, resto de paramento, con piedra y revoque de cal. Pero el muro, precisamente la parte más profunda de esta imagen no pertenece a la muralla de circunvalación de muralla, sino que es un muro de contención de aterrazamiento de sujeción de toda esta calle. ESte fenómeno arquitectónico es muy frecuente debido al fuerte desnivel que tiene la vertiente oeste de la ciudad, razón por la que se sigue repitiendo el sistema de terrazas con muros de contención.

Fot. 9-I. Vista general de la calle Clavelicos, desde el punto que consideramos final de la muralla al acercarse al Castillo. Todo el lienzo de casas de la derecha se encuentra adosado a la muralla, cosa que la da bastante resistencia. Y las dimensiones de las casas con sus entradas indica que son módulos similares a todos los detectados en el pueblo. Bastantes años atrás, estas viviendas sólo tenían una altura. Las que hoy se ven se deben a que el único crecimiento posible era montar encima de las estructuras antigua romanas y crear capacidad en las casas.

Fot. 10-I. Calle Clavelicos. Estructura adosada a la parte romana del murallón: 1, paramento romano de cierre, de opvs incertvm; 2, muro de fondo romano reutilizado, y de un grosor acorde con lo que pudo ser el gran murallón procedente de la zona del Castillo. 

Fot. 11-I. Calle Clavelicos. Una estructura con fondo de muralla romana romana reutilizada para habitáculo tipo apero y corral de animales de labor. El muro de fondo está enlucido con material moderno, pero que deja ver la estructura antigua a través del enlucido. El suelo queda casi a flor de tierra porque la muralla primitiva romana siempre se encontraba en superficie.

Fot. 12-I. Calle Clavelicos. En la misma calle se encuentra otro de los espacios usados como apero y corral de animales de campo. Construcción similar a la anterior, donde se observa: 1, muro de fondo, base de la muralla almenada; 2, muro de entrada moderno y de escaso grosor. En definitiva se pretende destacar que no son datos aislados e inconexos, sino que forman parte de una unidad y finalidad clara: crear una zona de protección (muralla), y una zona industrial a proteger de la piratería: la destacada zona industrial situada en todo el complejo desde la cota cero a la cota 48.

Fot. 13-I. Calle Clavelicos. Detalle de la foto anterior, donde se ve mejor el aparejo de la parte externa del muro romano. Esta imagen y la anterior tiene acceso desde la misma calle, y guarda las medidas de fondo de todas las casas que se encuentran a lo largo de toda la calle. Es una cadena de estructuras romanas que han sido transformadas para vivienda, cobijo de animales y aperos.

Fot. 14-I. Vista de la sección de Poniente. En ella destaca el punto 3, en el que se aprecia la existencia de un muro romano que en esos momentos no había sido aún reutilizado. Pertenece a un patio corral y conservaba su autenticidad original. 

Fot. 15-I. Calle Clavelicos. Calle artificial, abierta mediante la rotura del muro de cierre procedente de la muralla del sector J. Se indica el espacio de conexión entre la calle Morería alta y Baja. Y es el resultado de los frecuentes derribos para poder ocupar las zonas poblada de estructuras de la zona industrial. La medidas se repiten porque se sigue la pauta de establecimientos romanos que serían ocupados con paso del tiempo y a partir de siglo V.

Fot. 16-I. Calle Clavelicos. Paso de Morería alta a Clavelicos. Ante de tener esta información gráfica, estas casas mantenían estructuras antigua de época romana. Y por esa razón incluso ahora se pueden detectar muros romanos en sus interiores. Todo es lo mismo, aunque las apariencias ofrezcan otra visión.

Fot. 17-I. Calle Clavelicos.  Los más llamativo de esta imagen el aspecto que presentan las casa modernas, cuyas dimensiones se han estandarizado debido a la ocupación de las construcciones antiguas. Pero toda esta calle se encuentra con sus casas apoyadas sobre la muralla, que es el elemento que más la sustenta aparte de que se encuentran sobre roca madre.

Fot. 18-I. Calle Clavelicos. Detalle sobre la toma anterior para observar el muro romano, y lo que sobre él se apoya. Hay una superposición de estructuras romanas y árabe. Debió existir otro posterior árabe, pero ha debido sufrir intervenciones modernas por su inestable y débil aparejo. NO obstante con la posible demolición de parte de la muralla por necesidad de crear espacio, llama la atención el hecho de que aparezcan matas sobre el borde de muralla. Cosa que hace pensar que lo que se encuentra debajo es tierra y no mortero u opus incertum romano. Es una suposición, pero razonable. No se ha podido experimentar por el peligro que conlleva.


 Fot. 19-I. Calle Clavelicos. Detalle más preciso de la foto anterior para resaltar sólo el muro romano. Y un rasgo importante: el hecho de que aparezcan hierbas sobre la estructura está indicando que eso ocurre aquí cuando algún resto de tierra se deja ver en la muralla, que, lógicamente debe ser árabe, que va de de tierra prensada.

Fot. 20-I. Morería Alta a Morería Baja. Descenso intermedio en el trayecto de la calle Clavelicos. Es artificial y comunica el aterrazamiento superior con el inmediato, que se encuentra debajo. Véase cómo los paramentos de la izquierda, según se baja, presentan, al exterior, indicios de muro romano en su interior a ambos lados de la cuesta.

Fot. 21-I. Interior de la última bajada de la calle Clavelicos, en cuyo fondo se puede ver el aparejo externo de muro romano con revoque moderno. Además: indicación del muro antiguo de fondo; y puerta cegada que comunicaba espacios similares. 

Fot. 22-I. Clavelicos y Morería Alta. Último descenso desde la calle Clavelicos hasta Morería Alta. A derecha, según se baja, se encuentra el corral descrito en la toma anterior; a izquierda, al fondo, restos de muros romanos que forman parte del alzado de esta serie de casas.

Fot. 23-I. Vista general de la última calle artificial de descenso desde la calle Clavelicos. Tanto a derecha como a izquierda se observan restos de paramentos cuya identidad es fácilmente comprobable. Se trata de viejos sistemas de muros romanos, algunos de los cuales se encuentran en esta toma, aún sin construirse sobre él. Hoy ya ha desaparecido.

Fot. 24-I. Calle Antigua a Morería Alta y Morería Baja. En la pronunciada cuesta, que baja desde la encrucijada entre la calle San Miguel, Torremolinos y Antigua, se ha producido una rotura de la muralla almenada con el fin de poder establecer comunicación con las partes inferiores de la zona de Poniente. Esta calle o cuesta pendiente, llega hasta la zona baja de la ciudad y calle Nueva. En este punto, se ha producido la primera rotura de todo el sistema de terrazas y muros de contención de las mismas. En esa secuencia de terrazas, la primera nos da los siguientes datos: relleno para equilibrio del terreno, al pie del inicio de la calle Antigua;  podivm de acceso a las dependencias reutilizadas que aquí se encuentran; peralte del terreno motivado por la existencia del murallón contrafuerte, situado debajo de ese paso artificial. 

Fot. 25-I. Cuesta desde el final de la calle Morería Alta. Punto en que se llega al límite marcado para el sector, y que coincide con el área donde, a derecha de la imagen, con motivo del rebaje, han aparecido piletas de salazones de dos tipos estructurales.

Fot. 26-I. Toma realizada para indicar cómo la cuesta desciende hasta el punto más bajo de la calle en esta vertiente oeste: paso artificial abierto mediante la rotura del alineamiento del muro de fachada; paso abierto mediante la rotura del muro intermedio entre el murallón de aterrazamiento y el de fachada. Nótese cómo han sido rotas todas las estructuras para poder abrir paso. 

Fot. 27-I. Espacio destruido a consecuencia de un incendio, a su vez, conllevó la rotura de los lugares interiores de muros romanos. A raíz del allanamiento del interior de este horno de pan, han debido desaparecer restos importantes de piletas de salazones y del muro contrafuerte al que antes se ha aludido. Las piletas se encuentran en la parte frontal de talud del terreno y que se muestran en las fotografías y planimetría. 

Fot. 28-I. Esquina donde se ubican las piletas sobre la parte frontal: línea de las piletas que se sitúan debajo del piso de la calle que desciende, y que muestran sobre el corte la silueta de dos piletas en sentido vertical del muro; espacio de la tercera pileta que está casi desaparecida por efecto del corte de la máquina retro.; roca madre donde se apoyan tanto las piletas de esta serie como el muro romano de bloques de hormigón de opus caementicium que está encima; y pie de arranque del murallón romano sobre roca madre.

Fot. 29-I. Perspectiva del mismo espacio, donde se puede ver el murallón de bloques de hormigón romano con fuerte revestimiento moderno en sus paredes laterales; a izquierda se indica el lugar donde se encuentran las piletas frontales; muro de hormigón romano al descubierto; continuación del sistema de murallón romano de contención, con revoque probablemente medieval.

Fot. 30-I. Detalle de la foto anterior para situar las piletas en su entorno: se indica la cuarta pileta y punto de arranque del murallón romano a la vez que el paramento del mismo murallón con revoque moderno. 

Fot. 31-I. Detalle sobre la foto precedente para identificar las dos piletas situadas bajo el murallón: se muestra el punto de arranque del murallón; se indica la anchura de la cuarta pileta y la roca donde se asienta la estructura interna de las piletas. 

Fot. 32-I. Detalle más preciso para ver los muretes laterales de la cuarta pileta que se adentra en el talud creado por el corte, observándose que el que da a la roca es muy delgado; mientras que el otro tiene las medidas reglamentarias registradas en las grandes áreas de las salazones.

Fot. 33-I. Horno de Hilario. Perspectiva donde se quiere resaltar el paramento de hormigón romano con muro de mampostería; murallón de hormigón romano, similar al visto en las termas del Castillo y zona donde aparecen los restos de piletas de salazón recientemente descubiertas.

Fot. 34-I. Perspectiva general donde identificamos: bajo izquierda: espacio de las piletas situadas bajo el murallón romano. En zona central: murallón romano donde se ha reutilizado parte de él para el montaje de la estructura del horno de pan. Muros salientes de cierto grosor, reutilizados como paramentos del horno moderno antes de ser derribado. Forma prismática de los bloques de hormigón romano que conforman el murallón.

 


 Fot. 35-I. Perspectiva del murallón de contención, donde destacamos: el muro de hormigón romano, el espacio ocupado por el horno de pan moderno, el muro romano que parte desde el murallón, paramento romano con probable revoque medieval, y muro romano que, partiendo del muro de hormigón, penetra en las edificaciones modernas, para formar parte de su contorno mural. 

SECTOR J

La zona del Majuelo es considerada como las más relevante desde el punto de vista romano debido a la cantidad de elementos que convergen en ella. Es la industria de salazones lo que más llama la atención. Pero hay cosas que sólo atañe a la investigación científica, como es la propia evolución de las estructuras a través del tiempo, las variedades de los productos que se elaboraba, y cómo ello se refleja en la variada tipología. También entra los rincones ocultos que hasta ahora han permanecido ocultos a la investigación moderna, como es el entorno de la propia factoría, el uso de zonas donde se realizan inhumaciones aisladas, los tipos y tamaños de los pescados que se usaban para la salazón, y más detalles.

Hasta ahora se ha fijado como extensión de la factoría la zona de exposición de piletas para conformar la opinión popular, pero hay que decir que es sólo casi o menos de la tercera parte de la zona plagada de piletas de salazones, porque se sabe que la extensión hacia el Oeste se acercaba al lecho de río Seco. Y con respecto a esta cuestión, se tiene datos de que citado lecho en esa época no existía, sino que tal río no se dirigía, en fechas algo remotas, hacia san Cristóbal, sino que su cauce lo marcaba el desnivel entre las dos vertientes, que llega a experimentar un diferencia de unos veinte metros. cosa que hacía cuando se producía un desbordamiento a la altura de la línea de San Sebastián. En estas circunstancias, debido a la orientación que sigue el cauce existiendo una curva pronunciada, la corriente rompe en el Empedraillo y discurre en sentido Este para encontrarse con el cauce de río Verde, hecho que ha causado que inundara en numerosas veces la zona donde se encuentra el acueducto y las termas romanos, que llegan a explicar el estado en que se encuentra su estructuras en la actualidad.

Por otro lado la expansión hacia el Norte es bien evidente: toda la zona de calle Nueva también forma parte del mismo conjunto. Las urbanizaciones que se han levantado en torno al callejón de la Najarra (avda. de Europa) realizando multitud de levantamientos de terreno donde han sido destruidas estructuras industriales en cantidad incalculable (recientemente el puente romano que comunicaba las zonas industriales romanas con el Cerrillo, camino de la Herradura a través de la vía de la costa en dirección a Málaga, han hecho desaparecer un sinfín de materiales arqueológicos. Y por la zona levantina, los elementos industriales se extendían desde La Huerta de los Müller, por toda la zona del recorrido de avda. de Madrid hasta la zona portuaria localizada al final de tal avenida.

Almuñécar. Sector J. Se encuentra encima del Majuelo, dando a las calles Callejón del Silencio, Nueva y Clavelicos.
Todas las estructuras romanas dan sobre la factoría de salazones del Majuelo. En la parte izquierda de la imagen se encuentra dibujado un torreón romano (derruido), restos de muralla romana, la Puerta del Alcazaba y un torreón medieval en estado ruinoso. Es una zona de estructuras de almacenaje, con varias galerías abovedadas enrasadas. Se conserva una nave casi en estado original.
Nota aclaratoria: el arqueólogo que excavó la factoría, no levantó ninguna planimetría adecuada de este yacimiento. Solo excavó (a su manera) y fotografió.

Fot. 1-J. Entrada a la antigua finca del Majuelo. La muralla de separación del Majuelo con calle nueva y anexos se puede ver en el antiguo acceso a la finca. el muro elevado que se ve marca la separación es romano y nada de árabe, porque éstos nunca usaron unas dependencias que se consideraron paganas por el mundo musulmán.

Foto. 1J. A la entrada del Callejón del Silencio, se tiene, al fondo, un torreón romano bastante retocado, y adosado a la estructura general de los elementos del foro. Se nota con claridad que esta estructura ha sido rota para abrir el paso de la calle, ya que los elementos romanos afloran mostrando que han sido rotos para tal fin. 

Fot. 2-J. Parque arqueológico del Majuelo. Excavación realizada por M. Sotomayor Muro en los años 60s. Se realiza cuatro cortes y evidentemente los correspondientes materiales. Son llevados al Museo Arqueológico Provincial. Algunas de las piletas halladas no se llegaron a excavar hasta el fondo, cosa que se hará posteriormente en los años 80s. No se levantaron planimetrías debidamente de los cinco cortes. Pienso que Sotomayor lo intentaría a pesar que tuviera poco personal para realizarlo.

Fot. 3-J. Parque Arqueológico del Majuelo. Excavación de Sotomayor. Lo más destacado de este corte realizado al borde de la calle Avda de Europa fue el hallazgo de una anilla de piedra como se ve en la imagen, que pudo ser un punto de amarre de embarcaciones. Se duda mucho que lo fuera, porque uno solo estaría aislado. Se cree que en el extremo se encontraba otro, aunque está muy desgastado. Y, además, el ojo del agujero no tiene desgaste, cosa que hace pensar que el punto de amarre debía ser un madero cilíndrico que uniera esos puntos , y que sería donde de podrían amarrar las embarcaciones. Pero hay una dificultad mucho mayor: No se puede admitir, como ya se ha dicho en alguna publicación al respecto, que esto fuera puerto o punto de llegada simple de embarcaciones. El mar no llegaría hasta esta zona porque un temporal podía perfectamente arrasar estas instalaciones. No hay ni restos de malecón, ni profundidad, ni material de fondo para proteger unas estructuras marinas. Esto no es admisible.

Fot. 4J. Callejón del Silencio. Detalle de la foto anterior, donde se ven: 1, restos de aparejo romano; 2, estructura medieval superpuesta, compuesta de tierra prensada y ladrillo; 3, paramento moderno con reutilización de muro romano muy deteriorado; 4, resto de muro romano indicando el sentido de su dirección. Grosor, 1.

Fot. 5J. Callejón del Silencio. Detalle de la foto anterior, donde se ven: 1, restos de aparejo romano; 2, estructura medieval superpuesta, compuesta de tierra prensada y ladrillo; 3, paramento moderno con reutilización de muro romano muy deteriorado; 4, resto de muro romano indicando el sentido de su dirección. Grosor: 1 m.

A partir de este punto se inicia la muralla medieval árabe sobre la que situarán las viviendas que se hallan en esta calle. Al pasar por la calle Vélez, se enfila por la calle Avda. de Cala, pasando por el antiguo Bar Harapo dirigiéndose finalmente hacia la Callera de la concepción.

Fot. 6-J. Callejón del Silencio. Detalles más precisos de la foto anterior para indicar que el muro ha sido roto dejando como testigos: 1, aspecto externo del muro romano sin aparejo uniforme, lo que indica que se ha efectuado una rotura del mismo; 2, elemento de piedra que ha quedado como testigo de su continuidad.

Hoy ya se ha deteriorado este punto por el afán desmesurado de ensanchar calles antiguas, cosa que le hace perder originalidad al pueblo.

Fot. 7J. Majuelo. Indicación de la secuencia de muro trasero de las estructuras que se han estudiado en el límite entre la factoría del Majuelo y los elementos modernos situados al borde de la calle Nueva, en su fondo. Puede apreciarse en esta imagen la rampa, (con un canalito lateral para agua útil con tubería de cerámica machihembrada) que ha quedado de la escalinata con algunos escalones muy desgastados, y a la derecha la forma escalonada del muro de sujeción de las estructuras superiores.

Fot. 8-J. Majuelo. Detalle de la foto anterior para identificar los diversos aparejos de cada una de las estructuras que están detrás. Obsérvese cómo se diferencian los puntos de separación entre el total del trazado del muro, según los diversos tramos que lo componen (1-7). Lo que demuestra las diversas modificaciones que ha sufrido en su propia evolución histórica. En primer plano de la imagen se ve el canalito desmontado, pero que discurría entubado bajando de la zona superior del conjunto de la zona superior, o parte de él.

Fot. 9-J. Majuelo. Vista del muro romano principal del foro, con su base de tipo opvs quadratvm, un punto de acceso inferior taponado adintelado de piedra de cantera, la escalinata paralela al muro (3-5), y el canal de salida de aguas residuales (4) procedente de la zona alta de la factoría. 

Es evidente que la edificación romana de la que sólo quedan restos ha sufrido su propia evolución histórica, como se puede concluir a la vista de los cambios experimentados y que están a la vista.

La respuesta para la explicación del canal de desagüe es que se construyera para eliminar las aguas residuales procedentes de las unidades repartidas por toda la zona superior de la factoría como se viene demostrando a través de los elementos que se van excavando, y que forman parte de todo el conjunto industrial de la factoría.

Fot. 10-J. Majuelo. Detalle de la toma anterior para resaltar el sistema de opvs incertvm (1-3) y la utilización del ladrillo en partes que han pertenecido a un probable mercado portuario. La superposición de las estructuras crea un verdadero conflicto arquitectónico evolutivo debido a la superposiciones de unas estructuras sobre otras, mostrando con ello que, a través del tiempo, se van abandonado elementos y construyendo otros.

Sobre la escalinata de piedra toba es lógico pensar que los romanos la utilizara para acceder a las piletas que se encuentra elevadas sobre el propio talud, pero también pudo ser usada por los árabes para subir y entrar por la conocida Puerta del Alcazaba, a la que casi nadie presta atención, a pesar de que Calero Palacios la cita con clara evidencia.
 

Fot. 11-J. Majuelo. Aspecto del punto de partida del sistema encadenado de muros que deslindan el Majuelo del sector que se estudia, en donde se pueden ver: 1, casas modernas que se han construido sobre elementos romanos casi desaparecidos por las intervenciones posteriores y cuyas consecuencias han sido perjudiciales desde el punto de vista arqueológico, puesto que han supuesto la desaparición de casi todo el foro cuyas dimensiones debieron ser considerables. Las posibles esculturas que lo decoraban aparecieron enterradas a la entrada del Callejón del Silencio y hoy se encuentran en el Museo Arqueológico Provincial de Granada. 2, resto del alzado de las estructuras del foro que fueron desapareciendo al tiempo que se construían casas modernas en ese espacio. El aparejo es bien claro. No es muralla árabe como se viene pensando. En el punto 3 pueden verse estructuras que se encuentran en el fondo de un almacén subterráneo muro romano lateral del espacio que se viene considerando como elemento de mercado portuario. En el 4, se deja ver la solería de mármol que ha sido destrozada por la gente. El punto 5 marca el límite de lo que fue una estructura con piletas y la superposición del foro. Esto se interpreta como un proceso de renovación y cambios en el tiempo.

Fot. 12-J. Detalle de la toma anterior en la que se puede comprobar la elevación que alcanzan los paramentos de este compartimento o parte del foro y que, además, delimita el Majuelo y el sector que ahora se estudia: 1, muro perteneciente a uno de los espacios que se encuentran detrás, como elemento de conjunto del sector J; 2, restos del alzado de una de las partes que consideramos foro portuario; 3, restos de muros que se relacionan con el Majuelo y el sector que se estudia.

Fot. 13-J. Majuelo. Vista parcial del foro, donde se ven los siguientes aspectos: 1, estructuras cuadrangulares con simples muros de arranque en la zona oeste del foro y que son la entrada a habitáculos subterráneos que pueden haberse usado como almacén; 2, solería descarnada. Sus mármoles han sido usados como cantera; 3, entradas, desde la parte superior, a los depósitos situados bajo el suelo del foro.

Fot. 14-J. Vista de uno de los depósitos que se encuentran bajo el suelo del supuesto foro. Parte de su techo está cubierto por una forma abovedada, y otra inferior, parece que tenía más profundidad. Su aparejo es el opvs incertvm. Su profundidad aproximada de 2,5 m, y su anchura, 1 m.  

Fot. 15-J. Majuelo. Vista casi general de la plaza del foro en donde se ven algunos pequeños alzados, probablemente construidos posteriormente. En ella se observa: 1, suelo levantado con las marcas de las improntas que dejaron las baldosas de mármol; 2 pequeños muros levantados sobre el suelo antiguo, por lo que se consideran más modernos; 3 indicación de los alzados con depósitos bajo este suelo; 4, sobrealzado con entrada superior a los depósitos inferiores del foro; 5-6, muros escalonados que rodeaban todo el foro.

Fot. 16-J. Muro lateral del foro, en donde se puede apreciar su forma escalonada en 1, Las improntas de las losas se ven en en toda la solería levantada; 2-3, muros escalonados que rodeaban supuestamente toda la plaza del foro.

 Fot. 17-J. La descripción de esta imagen, muestra así: 1, restos de la solería de mármol blanco; 2, solaría levantada y de la que sólo quedan las improntas. muros romanos posteriores al elemento principal o foro; 2, entrada al depósito situado bajo el foro; 3, construcción rectangular que da entrada a los depósitos subterráneos; 4, muro de separación entre foro y nuevas plantas de piletas más profundas.

Fot. 18-J. Majuelo. Esta foto muestra los siguientes datos: 1, detalle de restos de la solería de mármol blanco conservada; 2, murete de forma rectangular rodeando con un zócalo la entrada a los depósitos subterráneos. 3, muros de tierra prensada que podían ser árabes superpuestos a la estructura romana.  

Fot. 19-J. Majuelo. Parte del foro. Aquí se pueden ver: hueco sin identificar bajo el suelo del foro, con apariencia de hundimiento; losas de mármol blanco del foro.

Fot. 20-J. Majuelo. El aspecto general de esta imagen revela que la masa de muros escalonados está formada por: 1, muro de contención que actualmente separa lo que es el Majuelo, de la calle aneja que se encuentra detrás: calle Nueva; 5, el apareo de la base muestra claras señales de una situación de cambios de aparejo o deformación con el paso del tiempo. El sistema escalonado se ha utilizado para establecer sistema de contención, puesto que en su parte superior se han levantado piletas de salazones, cumpliéndose el objetivo de aprovechar todos los espacios posibles en la fabricación de salazón.


 Fot. 21J. Majuelo. Vista general de la misma secuencia de muros, según se asciende en dirección al Castillo de San Miguel, donde se puede apreciar la continuidad del mismo. En esta secuencia se observa la línea de separación de los distintos compartimentos en que se dividen las estructuras que se encuentran detrás. En la toma se pueden apreciar: 1, espacio en donde se ven los diferentes compartimentos en que queda dividido el muro, apreciándose un total de seis subdivisiones, y los restos de la puerta del Alcazaba árabe; 3, muestra alzados de diferentes tipos de aparejo, yuxtaponiéndose unos a otros; en 4, sistema escalonado de muros para contrarrestar el empuje de las estructuras de arriba, a la vez que las diferentes piletas que se hallan en estos niveles. 

Fot. 22-J. Majuelo. Vista de conjunto de la secuencia de muros romanos que dan a la factoría, en donde se ve el escalonamiento en distintos niveles sucesivos, debido a lo quebrado del terreno. Todo parece indicar que el gran murallón que tuvo su origen dentro de lo que es el Castillo, en su vertiente oeste, se prolongó hasta la zona baja del Majuelo, formando una gran muralla de protección. 1-4 muestran los diferentes tipos de aparejos que se han ido usando debido a los desgastes y roturas naturales a causa de terremotos (365 d. C.). Tal fenómeno causó tan grandes daños que los perjuicios se comentaron en Roma.

Fot. 23-J. Majuelo. Puerta del Alcazaba. Detalle de la entrada de Poniente y del murallón medieval: 1, pilón de entrada; 2, restos de muro romano en la base como cimientos; 3, extremo donde hay restos de torreón medieval de tierra prensada árabe. La muralla árabe sustituyó a la romana, a consecuencia del terremoto que se produjo en el siglo IV d. C. De lo contrario, el elemento árabe la hubiera utilizado en sus propios sistemas de amurallamiento y defensa de la ciudad.

Fot. 24-J. Majuelo. Detalle de la toma anterior para remarcar: 1, forma arqueada del alzado del pilón del arco árabe, en donde se aprecia la técnica de su construcción: tierra prensada con fuerte inclusión de piedra menuda y algunas voluminosas; 2, continuación del sistema defensivo mediante la muralla de tierra prensada; 3, paramento de piedra vista, similar al opvs incertvm, construido con materiales procedentes de derribos de formas romanas; 4, muro moderno en cuyo espacio debió levantarse el segundo pilón de la Puerta del Alcazaba.

Fot. 25-J. Puerta del Alcazaba. Detalle del paramento de cierre del pasillo de entrada de la citada puerta, donde se pueden distinguir: 1, espacio del pilón de entrada, que indica una curva en su trazado, lo que hace suponer su arqueo, similar a las formas medievales árabes; 2, paramento medieval construido con materiales reutilizados de época romana.

Fot. 26-J. Vista interior de parte del murallón de tierra prensada en donde se puede corroborar lo que se afirma sobre su composición: 1, paramento medieval en su parte interna, con su composición de tierra prensada; 2, elementos de piedra y hormigón romano, en la base de toda la secuencia. 

Fot. 27-J. Corredor de la Puerta del Alcazaba. Secuencia hacia el sector del pasillo antes citado. Llama la atención la similitud entre la técnica de este aparejo y la del opvs incertvm.

Fot. 28-J. Punto en el que se puede ver la continuidad del paramento anterior desde la calle Morería Alta: 1, alzado al que se alude en la descripción del pasillo de la Puerta del Alcazaba, y que cierra en el sector I; 2, muros sobre la calle, reutilizaciones muy revocadas, en sentido horizontal y paralelo al que discurre por el interior; 3, muro romano en sentido vertical al del fondo y se continúa hasta el límite, a derecha de la imagen, dando sobre el Majuelo que se encuentra debajo debajo, y puerta moderna de acceso a la muralla. Aquí se halla una alfarería.

Fot. 29-J. Detalle de la toma anterior en el que se aprecia la continuidad del murallón de cierre que termina en el sector I. Este tramo que se encuentra en línea recta con el que precede, tiene un ligero revoque, probablemente realizado en fechas recientes. Los elementos, que se ven adosados, son de origen romano, como se ha visto anteriormente. 

Fot. 30-J. Vista de cruces de calles, transversal de Morería Alta a Clavelicos. Al fondo se aprecia el muro del pasillo de la Puerta del Alcazaba. Por la esquina izquierda pasaba la muralla romano-medieval que se dirige hacia el norte de la ciudad y que llega a identificarse con el suelo de la calle Antigua, ya que la calle se monta sobre la muralla rebajada de altura. Era necesario para poder acceder a la parte alta del Barrio del Castillo.

Fot. 31-J. Aspecto general de la fachada del subsector del murallón de tierra prensada que da a la calle interior. Véase el elemento sillar romano reutilizado.

Fot. 32-J. Detalle de la toma anterior, al final del lienzo de muro, en donde se puede identificar la estructura de muro romano en alzado y, sobre todo, en la base: 1, rotura para crear acceso a formas que se verán a continuación; 2, paramento romano deteriorado en su parte superior, y con piedras testigos en la base.

Fot. 33-J. Espacio abierto de forma artificial y situado a continuación de la calle anterior, en donde se pueden apreciar: 1, paramento romano reutilizado en casa moderna, y que forma parte de la secuencia de muros medievales que han usado todo lo romano en su trazado como muralla defensiva; 2, muros salientes rotos, probablemente pertenecientes a una nave romana enrasada, por sus medidas y aspecto externo; 3, paramento romano con fuerte revoque moderno.

Fot. 34-J. Fachada de estructura romana aprovechando los muros romanos tanto fuera como dentro de la vivienda. El grosor del muro se observa en la puerta de entrada. Estas estructuras están ligadas a las del Majuelo.

Fot. 35-J. Majuelo. Detalle de la toma anterior en donde se puede ver claramente la interrupción de los muros laterales de la nave: 1, puntos de los muros laterales en donde la bóveda ha sido destruida. Tienen una ligera señal de curvidad hacia la zona interior; 2, paramento moderno de cierre de la estructura antigua, pero sólo en la parte superior del alzado.

Fot. 36-J. Majuelo. En el punto 44J,3, se puede ver en su interior, el espacio correspondiente a una de las naves reutilizadas que estamos comprobando: 1, muro romano de fondo, que se continúa hacia las otras estructuras que se verán a continuación; 2, paramento romano de cierre con el 44J,1. Véase cómo se deja traslucir el aparejo romano a través del ligero revoque y encalado modernos. Sus medidas aproximadas: 5,60 m de largura; 2,70 m de anchura, y 2,30 m de altura.

Fot. 37-J. Majuelo. Situados ahora a mediana altura, sobre la secuencia de muros que dan al Majuelo, pero en la parte posterior que antes se ha citado. En esta foto se presenta toda una línea de estructuras romanas que han sido reutilizadas para vivienda. Si se observa el grosor de sus muros, se corresponde con el módulo generalizado de todo este sector: 0,80 m. Detallando estas observaciones, se distinguen: 1, paramento de fondo con elevado podivm de acceso y muro externo reutilizado de origen romano; 2-3, espacios que se corresponden con las proporciones de naves, como las que se verán de seguido. Obsérvese el alineamiento de todo este subsector donde se puede comprobar la uniformidad de paramento y la altura interior de toda la secuencia, menos en el fondo, cuyo bajo debe estar formado por un espacio hueco, razón por la que se ha debido realzar el acceso exterior mediante la construcción de un elevado podivm

Fot. 38-J. Majuelo. Detalle de la toma 42J,2, en donde se pueden apreciar: 1, muro moderno con composición interna romana; 2, podivm moderno de acceso; 3, puerta moderna de entrada a otro sistema de naves construidas en batería.

Fot. 39-J. Majuelo. Aspecto interior de la nave a la que se alude en la toma 48J,3, señalando los siguientes datos sobre ella: 1, abertura circular sobre el centro de la bóveda, como se indicó en el estudio previo; 2, acceso artificial. 

Fot. 40-J. Majuelo. Punto opuesto de la misma nave, donde, además de la indicación de la entrada o abertura del techo, se puede observar el paramento divisorio de la nave, cuya técnica de opvs incertvm, se conserva muy bien.

Fot. 41J. Detalle de la bóveda de la galería, donde se pueden apreciar: 1, abertura que se considera entrada de la misma; 2, abertura de probable respiradero.

Fot. 42-J. Majuelo. Detalle sobre la foto 41J en el que se ven: 1, paramento de la bóveda con la piedra algo descarnada del hormigón de revoque romano; 2, agujero circular de respiración del local.

Fot. 43-J. Calle Nueva-Majuelo. Pozo de calle Nueva. Realmente se trata de uno de los elementos que se encuentran a lo largo de toda la zona arqueológica de la factoría de salazones de Sexs. El más cercano, dentro del parque actual, fue descubierto de los años 60 por el Profesor Sotomayor. Tiene las mismas medidas y topología arquitectónica y material.

Fot. 44-J. Calle Nueva-Majuelo. A través de este pasillo artificial aparecen elementos que han sido galerías y hoy se encuentran usados como aperos. Las casas modernas que se encuentran en este entorno son reutilizaciones de las las estructuras romanas que son prolongación de las de la factoría de salazones del Majuelo.

Fot. 45-J. Calle Nueva-Majuelo. Espacio de nave que ha sido enrasada para construir sobre sus muros laterales: 1, muro del alzado, de opvs incertvm, cerrado por otro transversal de separación de recintos de naves; 2, al fondo, se aprecia la continuidad de la estructura mural hasta los límites de las casas situadas en la placeta de la foto 44J.

Fot. 47J. Calle Nueva-Majuelo. Espacio reutilizado que se corresponde linealmente con el antes descrito, pero situado en sentido paralelo: 1, muro romano reutilizado, vertical al pasillo; 2, muro romano de cierre, donde se aprecia el elemento constructivo. Foto consecutiva a un espacio colateral al anterior.

Fot. 47-J. Calle Nueva-Majuelo. Espacio de una nave enrasada sobre la que se ha levantado vivienda moderna: 1, fuerte muro romano de la parte izquierda del mismo, según se entra; 2, al fondo, muro romano de cierre que linda con las estructuras de la factoría del Majuelo, y forma parte del alzado que da sobre el mismo; 3. muro paralelo de opus incertum como los demás.

Fot. 48-J. Calle Nueva-Majuelo. Detalle de la foto anterior, del que se muestra la pared opuesta con la misma composición y un ligero reborde sobre el muro a mediana altura. 

Fot. 49-J. Calle Nueva-Majuelo. En esta foro se muestra uno de los muros de la nave con señales de mostrar el punto de arranque de la bóveda que ha sido eliminada. Este espacio ha sido usado como corral de cabras muchos años. Hoy ha desaparecido.

Fot. 50-J. Calle Nueva-Majuelo. Lugar que antes se encontraba destinado a toda la red de naves que se viene enumerando, en el que precisamos: 1, espacios interiores con muros de piedra, tipo opvs incertvm, ocupando la parte que colinda con la nave descrita en 39 J, y 40J; 2, paramento perteneciente al alzado de una nave situada en paralelo a la antes aludida.

Fot. 51-J. Factoría de salazones del Majuelo. De frente al fondo de la imagen: muro romano de opus incertum que es el punto de sujeción de uno de los extremos del foro. En el mismo muro se puede ver una entrada semitaponada que pudo ser un punto de acceso a los sótanos o depósitos subterráneos del foro. No se ha explorado desde este punto. En segundo lugar se muestra el canal cubierto abovedado usado para el desagüe de aguas residuales procedentes de las piletas que se encontraban en niveles como calla San Joaquín y Morería Baja. En tercer lugar se ve la escalinata de piedra toba y, sobre el borde izquierdo del canal una canaladura que muestra claros indicios de haber tenido una tubería de cerámica que, con toda seguridad, era el elemento usado para abastecer de agua la factoría. Hay indicios que denotan la evolución de las técnicas arquitectónicas que se han seguido en el transcurso de los años. No se olvide que son siglos los que permanecieron los romanos en este lugar y ello genera cambios por deterioro de uso y fenómenos ambientales.

Fot. 52-J. Factoría de salazones del Majuelo. Imagen de detalle de la escalinata usada para acceder a las partes de elevadas de las piletas de salazón. El canal abovedado se encuentra, en parte, debajo de la escalinata. En época medieval, esta escalinata de acceso ha sido usada para acceder al alcazaba árabe a través de la conocida Puerta del Alcazaba (Carmen Calero Palacios).

Fot. 53-J. Factoría de salazones de Sexs. Vista de detalle del canal de abastecimiento de agua de la factoría: puede verse la impronta de la tubería que se dirige a ella.

Fot. 54-J. Factoría de Sexs. Llegada del canal cubierto de recogida de aguas residuales. En el momento en que llega a nivel de la factoría, queda descubierto sin bóveda. En ese momento dicho canal se cubre con grandes lajas de piedra a través de su recorrido junto a las piletas. el canal descubierto y tapado con lajas facilita que se pudieran arrojar los residuos del proceso de limpieza de las piletas y preparación de la materia prima de la salazón. Bastaba con levantar las lajas.

Fot. 55-J. Factoría de salazones de Sexs. Imagen de detalle de la luz del canal de elimimación de residuos de los lugares superiores.

Fot. 56.J. Majuelo. Factoría de salazones.

El conjunto de las piletas de salazones, como se dijo al principio de este trabajo, comprende los niveles bajos de toda la periferia de Sexs. Teniendo en cuenta que ha transcurrido un período que va desde finales del siglo II a. de C., hasta el año 476, es coherente pensar que las estructuras han ido cambiando, rectificando, reparando a través del tiempo. Por ello lo que en realidad ha ido apareciendo con el paso de los años, son las estructuras que dejaron los romanos en la fase final del Imperio, cosa que conlleva las transformación y abandono de la factoría. Prueba de ello es la aparición de enterramientos indiscriminados en algunos espacios de la factoría, señal clara de una decadencia. Y eso empieza a ocurrir a partir del siglo III. Es digno de observar que las estructura de los muretes que forman los pasillos de la factoría han puesto en evidencia los cambios que se venían generando a partir sobretodo del siglo III, cuando se produce la gran crisis económica y política romana. El hecho es que no sólo aparecen inhumaciones con tegulae sino que inscripciones como la de un sacerdote colegial aparece utilizada de relleno de uno de los muretes colaterales de la factoría.

Fot. 57-J.J. Majuelo. Centro de la factoría de salazones, en donde se ven, aparte de las calles empedradas a ambos lados, piletas de salazones, y en canal de recogida de aguas residuales, que discurre por el centro, descubierto en todo este tramo. Después vuelve a ser cubierto con lajas de piedra y probablemente con un sistema de bóveda más adelante.

 

Fot. 58-J. Majuelo. Factoría de salazones. En esta imagen se ve la estratigrafía que incluso se da en el canal de limpieza de los residuos de la elaboración de la salazón y de la limpieza habitual de las piletas que se lleva a cabo al retirar los productos elaborados.

Fot. 59-J. Majuelo. Factoría de salazones dde Sexs. En sentido oeste el canal de eliminación de residuos se enfila hacia el agua del mar. Su sentido hace pensar que la orilla no se situaba muy lejos de la factoría. La rotura de parte de su cubierta ha sido producida probablemente por el desmonte y posterior excavación de la zona. Puede ser antigua. Ahí se ha excavado furtivamente y podría también haber sido la causa. No se exploró la extensión del canal por temor a la existencia de gases.

Fot. 60-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Interior del canal de desagüe de la factoría de salazones. Sus parece internas estuvieron estucadas, como se observa en su parte izquierda.Su altura interna puede llegar a los dos metros; y su anchura, a casi un metro. Su cubierta es de medio cañón. Se ignora la extensión e su recorrido hacia el mar o río.

Fot. 61-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. En el espacio 1,2,3, aparece un pozo en la primera fase de excavación realizada por Sotomayor, que tiene su paralelo en el fondo de calle Nueva.

Fot. 62-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Vista general del terreno que se ha perimetrado para practicar la excavación de la factoría. Se distinguen aún los cuatro cortes que practicó Sotomayor.

Fot. 63-J. Majuelo. Estado primitivo en que estaba sembrado de chirimoyos. Se pueden distinguir los cortes excavados por Sotomayor.

Fot. 64-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Uno de los cortes de Sotomayor, sin terminar.

Fot. 65-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Gracias a la coloración y bastante a la tipología se puede distinguir las variantes de las piletas. Se agrupan por tipos y se observa que todos ellos han tenido cubierta de protección para evitar sobre todo las consecuencias de la lluvia. Podían ser a dos aguas o encadenarse para cubrir la totalidad.

Fot. 66-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Los tamaños van en función del material que se elaborara en cada grupo de pileta.

Fot. 67-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Esta imagen revela el detalle del muro usado para levantar la cubierta (6,7,8,9 y 11) , el estuco interior 1,2,3,4,5) de las piletas y el aparejo usado en su levantamiento.

Fot. 68-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Aquí se trata de observar la profundidad y capacidad de cabida de productos para salar usando la salmuera.

Fot. 69-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Detalle de otros espacio de elaboración.

Fot. 70-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. En esta imagen se observa la diferencia por desgaste o abandono en el tiempo.

Fot. 71-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Esta imagen muestra los espacios donde se situaban los productos a elaborar y los espacios de En primer plano, a izquierda; en segundo plano, a derecha.

Fot. 72-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. El espacio con pilar en el centro de la estructura revela que podía tener cubierta a cuatro aguas. Se trataría de una sala donde se guardaran lis enseres de trabajo. Y también podría ser almacén de las material primas para su elaboración. Según la imagen sólo tenía dos acceso.

Fot. 73-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Sobre el talud de roca que da al Parque del Majuelo, aparecían rendijas sobre la roca que podían ocasionar problemas de resquebrajamiento. Para evitarlo, revistieron las rendijas con el clásico revestimiento de opus incertum y probable caementum.

Fot. 74-J. Majuelo. Factoría de salazones de Sexs. Detalle ampliado del aparejo sobre la rendija en la roca vertical.



SECTOR K

El Sector K se encuentra ubicado entre calle Nueva y Morería Baja que, a su vez tiene puntos comunes con Morería Alta

La novedad más destacada se manifiesta en los materiales usados en el levantamiento de sus estructuras y los materiales que se usan en ellos.

Hasta el momento se ha comprobado que los criptopórticos hallados en el desmonte de alguna casas modernas, tienen una forma algo diferente. Las bóvedas son rebajadas y el material usado es el ladrillo alternado con el opus incertum. El suelo es el mismo que en todos los sitios donde aparecen: roca madre. La red de piletas. que llegaron a verse, fueron destruidas por la máquina excavadora. Todo ha desaparecido, y a pesar que el arqueólogo estaba presente. Ni una sola cata lamentablemente.

Los elementos que se han podido salvar son galerías romanas, y almacén de productos, al parecer, de grano o líquidos. Son doliums y están mal protegidos. Un depósito de agua para la factoría lo han destruido los mismos que han excavado. La localización de estos elementos tuvo lugar en el año 72 al hacer un recorrido observando las estructuras internas que presentaban las viviendas, y observando en momentos sin luz los interiores de las casas.

Fot. 1K. Calle Nueva. Abertura de zanjas para reposición de tuberías de agua: localización de una pozo ciego de de aguas residuales junto a los muros romanos que se encuentra bajo los cimientos de la casas, cuyos cimientos están montados sobre ellos como se puede observa en las fotos.
 

Fot. 2K. Calle Nueva. Localización de muro romano situado debajo de toda la secuencia de alzado moderno de las casas que se ven en imagen: 1, indicación del muro y su composición: opvs incertvm; 2, grosor aproximado, 1,10 m. 

Fot. 3K. Calle Nueva. Situación paralela del muro romano bajo la estructura moderna: 1, espacio identificado ya antes; 2, dirección hacia el interior de uno de los patios, el ya visto en el sector K.

Fot. 4K. Calle Nueva. Paso hacia el interior de un patio con accesos artificiales: 1, derribos donde se aprecia el uso del opvs incertvm en el rebaje de terreno para nueva edificación; 2, piedras extraídas del derribo de estructuras romanas del tipo antedicho.

Fot. 5K. Calle Nueva. Encrucijada de pasos: 1, muro que muestra en su lado inferior parte del alzado antiguo de que está construido y que ha sido roto por necesidad de abrir paso en esa pendiente; 2, resto del paramento antes descrito, pero en base; 3, espacio de una calle artificial.

Fot. 6K. Calle Nueva. Detalle de la toma anterior indicando: 1, presencia del muro romano en la base que cruzaba este paso y fue roto para poder hacer calle probablemente en época musulmana; pero se estima que fue más tarde por las diferentes modificaciones hechas en fase moderna; 2, paso abierto de forma artificial. 

Fot. 7K. Morería Baja. Calle artificial antes descrita: 1, podivm de acceso a la parte superior de una vivienda, con el fin de aprovechar la escasa medida que da una nave: 2, podivm semiartificial, compuesto en parte por muro romano que cerraba el espacio de la calle; 3, espacio de una calle artificial.

Fot. 8K. Morería Baja. Vista desde el punto contrario de la misma calle: 1, restos de muros romanos que sobresalen de la pared, cabe la cual se encuentra una serie de naves enrasadas; 2, podivm semiartificial que señala hasta qué altura hay que ascender para ocupar las dependencias superiores de estas casas, indicándonos, a su vez, la altura real de las naves que se encuentran alineadas debajo; 3, indicación, sobre el mismo muro, de la existencia de paramento romano, en el punto opuesto de la calle. El espacio de calle (4) es el correspondiente a galerías que han sido destruidas por necesidad de paso.



Fot. 9K. Morería Baja. 1, Detalles marcados sobre las perspectivas anteriores para resaltar las dependencias romanas del interior y parte del exterior; 2, indicación de los restos tangibles, que nos demuestran la existencia de los paramentos con estructura interna romana. 3, espacio de galerías destruida. 
 

Fot. 10K. Morería Baja. Aspecto parcial de la fachada, para identificar con más precisión los componentes romanos: podivm semiartificial formado a partir de un saliente de cierre de la calle y añadido moderno; acceso artificial a una de las naves enrasadas o con falso techo; acceso artificial a otra nave; aparición, por deterioro del revoque moderno, del aparejo romano tipo opvs incertvm

Fot. 11K. Vista general de la calle Morería Baja, en la que se indican; 1, podivm semiartificial antes descrito; 2, podivm de acceso a la parte superior de naves enrasadas; 3, muro romano del que casi sólo se conservan sus cimientos y que, a través de toda la calle, forma uno de las paredes que conforman un aterrazamiento.

Fot. 12K. Morería Baja. Espacios que estuvieron ocupados por estructuras romanas hasta hace poco: 1, muro romano en toda la fachada; 2, resto de muro romano sobre el suelo, como  testigo de su existencia; 3, muro romano que cierra en ángulo recto con el anterior. 

Fot. 13K. Morería Baja. Vista, desde un alto, de parte de este subsector, donde se pueden apreciar: 1, indicación, y sentido, del murallón de contención en todo este alineamiento; 2 y 6 marcan la línea que sigue la muralla de contención; 5, esquinas del depósito de agua para las piletas que aquí han existido. sus medidas son: 1,80 m, y la mínima, 0,80 m; 3, arco con base enlosada en época árabe y que después se mostrará limpia y cuyas medidas dan: 1 m; 0,80 m, y 0,60 m; 5, arco romano adyacente, del que se piensa es el resultado de un taponamiento de época romana; 6, gran murallón de contención, bajo el que se encuentran los dos arcos antes citados Su grosor es de algo más de tres metros y se prolonga hasta la calle posterior. 

Fot. 14K. Morería baja. Aspecto general del espacio destinado a la segunda serie de naves de este subsector: 1, muro romano, en parte divisorio de las dos naves y espacios exteriores que aquí se registran. Su grosor es de 0,60 m; 2, acceso artificial a la segunda serie de naves en el que se aprecian componentes estructurales como el ladrillo romano; 3, indicación de la posición de tales ladrillos; 4, muro que sobresale del actual suelo 0,40 m de altura media, seguido de un arco de 1,30 m de luz, que cierra todo el supuesto paramento. 

Fot. 15K. Morería baja. Nave conservada de esta segunda serie. Sobre su techo o cubierta se puede ver la abertura que constituía su antigua entrada, de forma rectangular, flanqueada por piedra toba. El uso del ladrillo se inicia en el momento en que arranca el arco de bóveda. El muro de cierre, en el fondo, está construido con la técnica del opvs incertvm, y la bóveda con opvs testacevm

Fot. 16K. Calle Morería Baja. Detalle de la toma anterior, para resaltar la colocación de los ladrillos en el aparejo, las piedras originarias que cierran la entrada por el techo, y el hormigón usado en la sujeción del opvs testacevm: 1, piedras de cierre de la entrada; 2, mortero romano. La colocación de los ladrillos y su seriación no es constante. Se siguen alternando grosor pero no secuenciados.

Fot. 17K. Calle Morería Baja. Primer arco interior de intercomunicación de las naves entre sí: base de opvs incertvm y alzado de opvs testacevm. El taponamiento se ha hecho por los ocupantes.

Fot. 18K. Calle Morería Baja. Segundo arco de comunicación, cegado modernamente: 1, aparejo romano; 2 taponamiento moderno de ladrillo fino. Hoy se puede ver ya restaurado y remozado. 

Fot. 19K. Morería baja.Vista en detalle de la bóveda y su entrada. Obsérvese la secuencia de la posición del ladrillo según el orden 2-3-2 en esta foto. El fondo es de piedras de talla irregular. Se puede decir que es un opus incertum degradado. 

Fot. 20K. Calle Morería Baja. Estancias interiores, de las que nos quedan tan sólo los cimientos de la mayor parte, y algo del alzado en algunos puntos: 1, muro romano, que se une a la estructura de las naves. Su grosor es de 0,60 m; su técnica es el opvs incertvm; 2, muro romano de características similares al anterior, y que sirve de cierre en ángulo recto; 3, arco de opvs latericivm, destacando del suelo 0,40 m, con una luz de 1,30 m . Su profundidad llega a los dos metros.

Fot. 21K. Calle Morería Baja. Aspecto exterior de la puerta indicada en la toma anterior. En ella se observa: 1, arco de opvs latericivm; 2, pilar de sujeción construido en época posterior, según se desprende de la técnica del opvs caementicivm romano. 

Fot. 22K. Calle Morería Baja. Vista de conjunto de la parte central, hoy destruida. Estado de pre-excavación de la placeta en cuestión: 1, muro romano de opvs testacevm; 2, paramento de opvs incertvm, con los arcos de diferente altura y fondo; 3, arco de opvs latericivm casi totalmente enterrado; 4, punto de arranque de un muro de cierre en ángulo recto con el horizontal. 

Fot. 23K. Calle Morería Baja. Vista frontal del emplazamiento de la tercera serie de naves, en donde se aprecian: 1, muro romano construido según la técnica del opvs testacevm; 2, muro romano superpuesto al de la segunda nave conservada, y que forma parte del depósito de agua montado sobre la nave; 3, puerta moderna de acceso artificial a la segunda nave.

Fot. 24K. Calle Morería Baja. Detalle del mismo arco anterior para resaltar la técnica de edificación del opvs testacevm. El fondo es de opvs incertvm. La base ha dejado al descubierto dos dolium. Debido a esto, se piensa que este arco, al menos, debió tener mayor altura de la que ahora nos muestra. Todo ello, a su vez, nos indica el proceso de evolución, en el tiempo y en las técnicas, de todo este complejo que aquí se nos presenta. La solería que se ve es moderna. 

Fot. 25K. Calle Morería Baja. Fase de excavación. Nueva perspectiva de la zona ocupada por el almacén de dolia. Su número asciende a nueve. En este espacio se ven: 1, arco elevado; 2, arco rebajado; 3, almacén de dolia; 4, muro de fondo romano que cerraba una nave situada delante de la segunda conservada. Excavación realizada por los albañiles.

Fot. 26K. Calle Morería Baja. Detalle del arco más elevado en el que, además, se puede ver la posterior utilización del espacio que hay delante: tinajas tipo dolivm. El fondo de este arco nos muestra un cierre con técnica de opvs incertvm. Se cree que que tal arco desempeñaba una función más práctica que la que nos muestra. Por ello inducimos que está cerrado de época, y que, en un principio, debió ser un pasillo hacia otras dependencias que desconocemos. En resumen se pueden ver: 1, fondo del arco: 2, emplazamiento de dolivm sobre un espacio abierto; 3, arranque de un muro de cierre a lo largo de toda la fachada de la casa moderna, cuyo paramento externo es parte divisoria de otra nave. 

Fot. 27K. Calle Morería Baja. Sobre el suelo se ha indicado antes la existencia de un arco aflorando 0,35 m. Como se puede observar, aquí se inicia el cumplimiento de la opinión, ya adelantada, de que el arco rebajado debe continuar hacia abajo, formando parte de una estructura romana más antigua. Hay que decir que cuando se excavó el fondo de esta pieza se encontró cierta cantidad de carbones que, al parecer, no se analizaron. Así, por tanto, se pueden observar: 1, conjunto de dolivm; 2, arco de paso o transformación de una estructura que ha sido igualmente modificada con el tiempo; 3, estructura interior aún desconocida. Probable antiguo horno por la cantidad de carbón  extraído de su limpieza. Pero aún se desconoce su verdadera finalidad. 

Fot. 28K. Calle Morería Baja. Vista general de las estructuras situadas encima de las naves: 1, murallón de fondo de todo el subsector; 2, emplazamiento del depósito de agua romano con su revestimiento de opus signinum y exteriormente estucado; 3, espacio superior de la primera nave. Este depósito ha sido ignorado por quien lo excavó. Ha desaparecido.

Fot. 29K. Calle Morería Baja. Detalle de la toma anterior: muros del depósito de agua: 1, murallón de la parte posterior; 2, detalle del estuco impermeabilizante de la pared interna del depósito de agua. El hecho de que aparezca el estuco picado se interpreta como que ha sido para poder crear habitáculo en la parte superior de las galerías abovedadas.

Fot. 30K. Calle Morería Baja. Detalle del estuco del depósito de agua, picado para su adaptación moderna. 

Fot. 31K. Calle Morería Baja. Vista parcial del murallón sobre el que se apoya toda la estructura de este subsector: 1, sentido del murallón. Detrás de él se encuentra la calle posterior moderna montada sobre esta misma estructura romana. La calle esta hecha montada sobre del muro romano; 2, ubicación del depósito de agua romano; 3, muro perteneciente al depósito de agua en la parte que limita con el techo de la primera nave; 4, muros romanos divisorios de los múltiples compartimentos que se hallan en este subsector. Esto no se excavó.

Fot. 32K. Calle Morería Baja. Vista general del área que ocupaban las series de naves, cuyos restos nos han quedado como testigos, tanto junto al gran murallón, como en diversos puntos del solar. En la parte izquierda de la imagen se ha podido ver que la estructura continuaba hacia la izquierda, abarcando mucho más espacio del contemplado. Pueden verse numerosos restos arquitectónicos dispersos por todo el suelo: 1, murallón de fondo; 2, espacio de naves destruidas con sillares de toba y abundante piedra pizarrosa. Como esta zona no ha sido excavada, lo más probable es que se encuentre ocupada por piletas de salazón. 

Fot. 33K. Calle Morería Baja. En este panorama destacamos la existencia de cinco compartimentos: uno conservado (nave segunda) y los restantes siguientes, indicados por muros de separación que parten del murallón de fondo: 1, murallón aludido, con indicación de los puntos de arranque de los muros divisorios; 2, indicación del depósito y la nave situada bajo él; 3, probable línea de división de los espacios indicados en 1. 

Fot. 34 K. Morería Alta. Según se aprecia en la imagen, se puede ver cómo la calle está montada sobre el gran murallón de contención que se prolonga a través de toda la calle artificial.

Fot. 35K. Calle Morería alta. En el punto opuesto al anterior, se puede ver cómo, en este espacio, el muro romano, se ha estrechado de tal manera que forma parte del paramento de la casa que aquí se ve. El revoque moderno deja ver algo del aparejo externo romano. 

Fot. 36K. Calle Morería Baja. Estado de reutilización de la nave segunda. Revestimiento de este tipo, se ha podido ver en el sector superior de L. Todas las galerías abovedadas fueron revestidas para hacerlas habitables.

Fot. 37K. Calle Morería Baja. Estado actual de la nave segunda, sin revestimientos modernos. Al igual que la primera, presenta ladrillo en su bóveda, opvs incertvm en el muro de cierre al fondo, dos arcos de paso a su izquierda, y una abertura, a ras de suelo, a su derecha. 

Fot. 38K. Calle Morería Baja. Detalle lateral de la foto anterior, en el que se puede apreciar uno de los arcos, cuya técnica de construcción dispone de un pilar central, con revestimiento posterior, hasta completar el arco de medio punto: 1, arco de opvs incertvm; 2, pilar de soporte de los arcos y bóveda.

Fot. 39K. Calle Morería Baja. Segundo arco, en el que se puede apreciar el mismo proceso arquitectónico.

Fot. 40K. Calle Morería Baja. Abertura sobre un lateral de esta misma nave: 1, paramento con aparejo de opvs incertvm; 2, espacio sin explorar, dando sobre la roca madre.

Fot. 41K. Morería Baja. El arco visto en 24K fue excavado rompiendo la estructura superior que estaba enlosada de época probablemente árabe (sin confirmar). Los dolium que se encontraban en su fondo fueron extraídos. Por el tamaño de los ladrillos esta oquedad es romana.

Fot. 42K. Morería Baja. Restauración de la entrada de una de las galerías un tanto sorprendente.

Fot. 43K. Morería Baja. En esta imagen la restauración disimula el aparejo moderno de la restauración. Los depósitos de los dolium aparecen ya cubiertos.

Fot. 44K. Morería Baja. Vista de los dolium. El fenómeno sobre los hallazgos de dolium es un hecho corriente. Se ha llegado a decir que son árabes. En todos los sitios excavados en las partes bajas de la ciudad moderna, han aparecido: calle Vélez, Aduana Vieja (cine Pasapoga), calle Real, Baja del Mar y Morería Baja.

Fot. 45K. Morería Baja. Estado en que ha quedado el habitáculo dentro la estancia de los dolium.

Fot. 46K. Moraría Baja. Arco ciego donde se encuentran enterrados los dolium.

Fot. 47K. Morería Baja. Emplazamiento de los dolium. vista de conjunto.

Fot. 48K. Morería Baja. Dolium.

Nota final.

Lo más relevante de este sector es el sistema de galerías, donde, como se ha dicho, los materiales cambias, al igual que los tipos de alzados, manteniéndose los materiales, aunque el ladrillo aquí es una novedad.

Desde el punto de vista de la conservación y excavación deja mucho que desear, porque se han eliminado elementos muy importantes que alteran el equilibrio observado a través de todo el conjunto. Casi se podría pensar que se han eliminado por mantener una opinión arqueológica sobre el complejo en general.

SECTOR L

El sector L es el más denso de todos por su número de galerías. Éstas se encuentran distribuidas en dos zonas: la baja, integrada por la conocida como Cueva de Siete Palacios, compuesta por una nave central a la que se añaden siete colaterales enfrentadas entre sí. A la salida de Levante se inicia otra cadena de galerías de las que se muestra aquí sólo la inicial, aunque en realidad toda la cadena que se inicia con esa primera que, en realidad, pertenece a la misma estructura de la Cueva, y ha sufrido cambios realizados por los nuevos ocupantes a través del tiempo, desligándolas del conjunto de la Cueva cuando realmente es la misma estructura. Por la vertiente de Poniente se encuentran las las ruinas de otra serie de galerías que, bien por el tiempo, por el deterioro y por fenómenos naturales, como terremotos, han sufrido percances tales que sólo quedan restos. La calle San Joaquín es el resto de otra estructura paralela a la anterior. En esa zona se han detectado elementos en las casas que se encuentran justamente debajo de la citada calle. Y por la parte de Levante de esta misma calle tuvieron que romper no hace muchos años los restos de otra nave paralela por la imposibilidad de que personas y animales de campo pudieran pasar hacia sus habitáculos. Y esto, a la vez que la roca madre, era el asiento de esas mismas galerías. Por ello, a derecha de esa calle, aún se encuentran galerías en los interiores de las viviendas y que no se han podido fotografiar.

La zona superior del complejo de galerías abovedadas muestra mayor diversidad de tipos y tamaños. A su vez ha experimentado cambios de estructuras y destrucciones por parte tanto de los ocupantes como por los intentos de restaurar debidamente algunas de las galerías. Sorprende que aparezca una galería de dimensiones reducidas. y sin acceso de ningún tipo.como se verá. Y los accesos a las mismas se vienen realizando por medio de apreturas en las bóvedas. No se sabe si están construidas con materiales de piedra o ladrillo debido al fuerte encalamiento a que se ha sometido por uso de años. Hasta pocos años la cubierta, que se encontraba con restos de mampostería, sufría goteras sobre todo por ese mal uso que se le dio a la zona que se ve allanada. Eso perjudico a las galerías inferiores produciendo goteras que amenazaban con sufrir derrumbes. Afortunadamente se pudo remediar.

La excavación

El plano levantado sobre la excavación que muestra la profundidad en los distintos desniveles de las galerías. Los resultados en los cortes que se hicieron son insatisfactorios ya que no se trata de un terreno de sedimentación diacrónica, sino de la sedimentación que se ha ido produciendo por las personas que han ocupado esos espacios a partir de época port árabe. Y con probabilidad esos asentamientos humanos se produjeron a raíz de los asentamientos por la castellanización después de la expulsión de los árabes, con personal procedente de varios sitios de España. Es posible que todo se produjera en esas fechas, pero hay que decir que hubo gente llegada en otros tiempos y que precisamente no eran castellanos. La población nueva es bastante variada. Y la gente última, que se ha visto ocupando esos espacios, no son castellanos. Los cortes dados se han practicado sobre la sedimentación de la tierra que han depositado para cubrir los desniveles que se encontraban en la Cueva. Trajeron trajeron tierras de varios lugares que fueron depositando según se iba ocupando los distintos rincones de la cueva. En consecuencia no se trata de una estratigrafía ordenada, sino esporádica y en distintos momentos. La Cueva fue incluso usada como lugar de enterramiento de animales que, curiosamente, no han sido publicados porque no iban bien con las conclusiones previas que se habían supuesto. Lo que es todo un fraude científico. Y los restos de pescado que aparecieron en la parte inicial de la excavación son los residuos de los mismos que se hacen para tirar basuras domésticas.

En resumen hay que decir que la excavación total de Cueva de Siete Palacios es un fraude con apariencia científica, como se verá.

Fot. 1L. Entrada en la Cueva desde el paso de Levante. Se ve la secuencia central de la que parten los siete compartimentos laterales afrontados. Se han las pertinentes catas hasta llegar a roca madre sobre la que se vienen asentando las estructuras romanas en todas las cotas.

Fot. 2L. Corte en donde se ve los vertidos de tiempos atrás de forma apelmazada.

Fot. 3L. Corte en el que se ve un muro de poca potencia sobre el fondo. Sin estratigrafía clara.

Fot. 4L. Este corte deja a descubierto muros anteriores al alzado de la Cueva. A su lado se ve el muro romano más moderno.

Fot. 5L. Material apelmazado sin estratigrafía. Aparecen restos de yeso probablemente traído desde el Majuelo.

Fot. 6L. Corte con estratigrafía sobre las estructuras romanas que se encuentran debajo.

Fot. 7L. Imagen que muestra una inhumación de un équido dentro de una capa profunda de terreno con material importado.

Fot. 8L. Cueva de Siete Palacios. Detalle de la excavación, en donde apareció una mandíbula de un équido, en la tercera nave lateral derecha de la Cueva, según se entra por la puerta de poniente. Es de época moderna. El espacio de la Cueva fue ocupado y rellenado con materiales traídos de la zona inferior u otros lugares. La excavación dio como resultado la inexistencia de estratigrafía de materiales romanos. Su suelo era roca madre. Sobre los rellenos modernos puede explicarse la aparición de enterramientos de animales somo el mostrado en la imagen. Este dato fue ocultado en la publicación de la excavación porque rompía la teoría del director de la excavación. También se quiso explicar que aparecieron materiales del Bronce Final, lo que es absolutamente falso. Tan solo apareció un fragmento de cerámica fenicia que pudo llegar son el relleno practicado en época moderna 

Fot. 9L. Corte donde aparece el suelo con material blanquecino filtrado por el agua. Y conviene aclara que las paredes internas de la Cueva era de piedra vista (opus incertum). Este material es traído de fuera de la cueva para tapar los grandes huecos que muestra para hacerse habitable.

Fot. 10L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Nave donde se aprecia el aglutinamiento de materiales que han sufrido filtraciones de aguas. Es material de relleno traído de fuera.

Fot. 11L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. nave lateral donde se muestra los restos de un romano antigua de una estructura que sería renovada en época anterior. La técnica es la misma que viene usándose en todo los lugares estudiados.

Fot. 12L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Corte visto desde el interior de una de las naves laterales de la cueva. Material apelmazado por filtraciones.

Fot. 13L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Nave sin apenas restos de muros anteriores a la existencia de la Cueva. La anchura de la galería lateral alcanza más de los dos metros.

Fot. 14L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Materiales de la excavación con restos de pintura roja. Es la prueba más evidente de que el interior de la Cueva de Siete Palacios no estuvo enlucida en ningún momento. Y lógicamente esos estucos han sido traídos de fuera para rellenar a la vez que el resto de materiales que se vienen encontrando.

Fot. 15L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Otra de las naves laterales con restos de estucos de la misma procedencia.

Fot. 16L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Interior de una de las naves de fondo de la segunda parte donde se ve roca madre, como suelo; Los muros laterales de una de las naves colaterales; en el centro se aprecia los restos de muros anteriores a los de la Cueva. el fondo de esta nave, como las demás afrontadas, mide aproximadamente dos metros y medio


Fot. 17L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. La parte derecha de la imagen muestra un muro de fondo de base sobre roca madre cuyo diseño de alzado está formado por piedras de irregular tamaño.

Fot. 18L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. En esta nave colateral aparece un fondo con material muy disperso e irregular formado por piedras sueltas.

Fot. 19L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Suelo con el estuco que se ha visto en otras de las naves. El tipo de estuco se asimila a otros de yeso que se han visto.

Fot. 20L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. El fondo de esta nave aparece con un perfil de dudosa realidad. Aparece ondeado como si los materiales estuvieran perfectamente colocados.

Fot. 21L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Esta imagen muestra con veracidad el estado de la sedimentación de materiales importados de fuera de la Cueva. Son los que se han usado para rellenar la Cueva: piedras irregulares y tierra.

Fot. 22L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Igualmente materiales importados e irregulares.

Fot. 23L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Restos de piedras sueltas y fragmentos de yesos.

Fot. 24L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Fondo con piedras sueltas y fragmentos de yeso.

Fot. 25L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Estrado formado por materiales de fuera.

Fot. 26L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Fondo con restos de piedras y yeso

Fot. 27L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. En una de las naves laterales aparece esta estructura hecha con cal y arena de forma rectangular. Forma parte de una de los anteriores construcciones que existieron antes de la Cueva.

Fot. 28L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Fondo con restos de materiales modernos sueltos.

Fot. 29L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Fondo con restos de materiales modernos.

Fot. 30L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Restos de yesos sueltos sobre tierra importada,

Fot. 31L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. En el centro de la Cueva se practica este corte Al fondo se observa que el muros romano frontal tiene dos etapas de construcción: uno es romano y el otro es un taponamiento moderno hecho con el miso tipo de piedra.

Fot. 32L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Nave lateral con restos de materiales de relleno modernos.

Fot. 33L Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Esta imagen muestra un lateral con los muros del alzado correcto y piedras sueltas en el fondo.

Fot. 34L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Imagen del fondo del final de la nave central de la cueva para apreciar cómo se apoya el muro romano de la Cueva que se levante cobre otro anterior.

Fot. 35L. Excavación de la Cueva de Siete Palacios. Corte central de la nave principal que muestra el material irregular apelmazado y sin estratigrafía.

Fot. 37L Cueva de Siete Palacios. Canal adintelado que, en este tramo del recorrido, gira a derecha, según se asciende, hasta terminar en un área circular y abocinado. Tiene unos trazados adintelados, y otros con cubierta de bóveda: 1, muro de opvs incertvm; 2, cubierta con lajas de piedra. Es muy probable que por aquí discurrieran tuberías de plomo, ya que no se ha descubierto ningún elemento de cerámica, ni opvs signinvm. El adintelamiento de este canal es igual al del sector situado en la casa de los Müller en la Plaza del Ayuntamiento

Fot. 37L. El mismo canal anterior donde se aprecia su altura. Se llega hasta la parte superior de Eras del Castillo, ya que se puede ver que en la parte que da al norte de esta plazuela moderna, se puede ver estuco, y opus signinum. cosa que supone la existencia de depósitos de agua que han desaparecido. También es evidente que el canal superior que discurre por la muralla de Levante hacia el Peñón del Santo, partía de aquí.

SECTOR L, CUEVA DE SIETE PALACIOS


Fot. 38L. Fachada de la Cueva, con especial atención a su parte superior; 1, muro testigo que formaría parte del segundo subsector de esta zona baja; 2, paramento de la nave adosada; 3, muro divisorio en la parte superior, al que se considera se prolongaba a lo largo de todo el subsector, en su parte alta; 4, superficie de una de las estancias situadas encima del segundo subsector de la zona baja.  

Fot. 39L. Vista general de la puerta de Poniente de la Cueva y compartimentos a ella adosados: 1, detrás de ese muro encalado se encuentra una nave abovedada de factura diferente a las que se encuentran en el interior; 2, entrada natural, originaria, a la Cueva; 3, comienza la secuencia de galerías alineadas en sentido oeste: toda una secuencia de la que se verá parle del inicio de las galerías; 4, continuación de las galerías; 5, espacio que fue abierto para establecer un paso normal en calle San Joaquín; 6, muros sobre este paso artificial, que denota la existencia del tercer comple del área de la Cueva.

Fot. 40L. Primer semiplano de la entrada de la Cueva; 1, paramento de la nave adosada a la misma y perteneciente al tercer subsector; 2, restos de arranque de muro que compondrá el paramento principal del segundo subsector de esta base; 3, pequeña bóveda en el umbral de la Cueva que establece un espacio destinado a la comunicación dentro de los dos subsectores.

Fot. 41L. Vista general de la entrada y antesala de la Cueva y serie de naves adosadas a la misma, según se sale, a izquierda y donde se puede ver; entrada a la Cueva; bóveda de medio cañón en la antesala de la entrada de la Cueva; paramento de la pequeña nave de la antesala; 4, muro testigo del inicio de la serie de naves de la segunda parte del conjunto de la zona baja, que formaba el punto de arranque de la nueva serie y, a su vez, el cierre que se observa en antes, que se compone, como se ve, de una nave principal, cuya anchura es de 2,50 m, y sus muros de cierre, de 0,60 m. Las medidas de los puntos iniciales que conformarían este subsector, dan todos el mismo módulo: 0,60 m, menos el paralelo, situado a la salida de la Cueva, a derecha, según se sale y que mide 0,80 m. La altura aproximada de este espacio oscila entre los 3,30 m y los 3,75 m. 

Fot. 42L. Complejo de Cueva de Siete Palacios. Al salir de la Cueva, a izquierda, se ve una nave abovedada y curiosamente con bóveda de crucería. Es un sistema que se usa también en el interior de la Cueva. Toda esta estructura está sobre roca madre. La tierra que se puede observar es traída de fuera porque todo rincón de esta zona fue utilizado para cobijarse.

Fot. 43L. Aspecto de la entrada de la Cueva donde se aprecia lo siguiente: 1, muro lateral de acceso a la misma; 2, indicación de rotura de muro que cerraba este estrecho paso. ello hacer pensar que se han producido modificaciones con el paso del tiempo; 3, muro de cierre de la primera nave abierta en esta parte de subsector, pero que anteriormente ha cerrado este paso; 4, muro testigo, punto de arranque del subsector segundo, consecutivo a la Cueva.

Fot. 44L. Cueva de Siete Palacios. Interior de una de las naves antes citadas, donde se aprecia: 1, paramento de sujeción de la nave, restaurada; 2, roca como suelo, sin pavimento; 3, paramento de fondo con un ligero sobremuro que destaca 0.10 m.

Fot. 45L. Cueva de Siete Palacios. Interior de la Cueva de Siete Palacios: una de las siete naces afrontadas: el suelo ha sido rellenado por los ocupantes de la misma durante muchos años.

Fot. 46L. Cueva de Siete Palacios. Panorámica de fondo de todo este subsector arruinado: 1, Entrada moderna hecha para ver si existía alguna nave en el interior. Tuvieron que romper para ver si existía una cueva en su interior. Fue un total despropósito que puso en peligro la estructura de gran parte de este conjunto porque todos los espacios hueco ya fueron inspeccionados desde tiempos atrás; 2,3,y 4 muestran la clara existencia de sus correspondientes naves abovedadas según los restos que se pueden observar. Es lamentable que no se haya excavado todo el solar porque es seguro que levantando todo el espacio que se ve, habrían aparecido, sin lugar a dudas, los inicios de todos los muros que, con el tiempo, han sido derribados.

Fot. 47L. Cueva de Siete Palacios. En el segundo sector delante de la entrada oeste de la cueva, ha algo que sorprende. Es una salida de canal que, al parecer, es de origen romano por su estructura. A ambos lados aparece material impermeabilizante formado por opus signinum. El canal está situado justo encima de una de las galerías. Es posible que fuera una entrada a un depósito de agua que fuera situado encima de la misma galería. Pero no deja de ser una suposición, salvo que se tenga en cuenta que encima de la entrada de la puerta de la Cueva, hay claros indicios de la existencia de algún tipo de almacenamiento de agua por el material de impermeabilizar que se indica en fotos. Se ignora que existiera encima del área de la Cueva algún tipo de depósito, pero por lógica se supone, ya que por la misma Cueva pasa un canal de cierta relevancia que indica la existencia de algún depósito en niveles superiores. Y desde la misma Cueva otro canal sale por la calle San Joaquín con dirección a la parte baja de la ciudad moderna que, de hecho, se dejó ver saliendo por casas de calle Real.

Fot. 47L-1. Área Cueva de Siete Palacios. Ampliación contextual del canal anterior para definir los materiales impermeabilizantes del probable depósito de agua encima de la estructura general de la Cueva. El aparejo que se ve encina es u opus incertum degradado. Justo encima empiezan a aparecer las estructuras romanas modificadas por los actuales propietarios.

Fot. 48L. Área Cueva de Siete Palacios. Fotografía retroactiva [1930] del estado de conservación de todo el contexto de la Cueva de Siete Palacios. El estado que se muestra indica que el material de alzado de los arcos de las galerías están siendo destruidos porque se usan como como cantera para nuevas construcciones. Y estado actual tiene un aspecto de haber sido tocado en años posteriores. Puede comprobarse, no obstante, que la tipología de bóveda se asemeja a las que se ven completas en la Cueva.

Fot. 49L. Área Cueva de Siete Palacios. Detalle de la pàrte superior de la siguiente nave en la que se ve la estructura interna del arco de la bóveda, y donde se pueden ver los siguientes datos: 1, aparejo de opvs incertvm con revestimiento. Como en las naves de la Cueva, aquí se siguen observando el uso de mechinales sobre el muro de fondo de las naves.

Fot. 50L. Área Cueva de Siete Palacios. En esta foto se muestra uno de los errores que se han cometido en esta área. La puerta moderna que se ve ha sido hecho por el arqueólogo que dirigía la recuperación del conjunto. Quería ver qué había detrás y se encontró con lo que era norma; los muros e la estructura que se apoyaban con la roca madre para sujetar todo cuanto había delante (naves) y detrás: la estructura superior romana que echaba sus bases sobre la roca madre también. La parte superior se resintió y empezó a resquebrajarse hasta tal punto que tuvieron que usar andamiaje de sujeción porque el piso de arriba se podía derrumbar. Y así sigue la osadía cometida. Como consuelo se puede decir que el aparejo de los muros contrafuertes del interior de este espacio interno, conserva el aparejo tal como los constructores romano lo hicieron: original.

Fot. 51L. Cueva de Siete Palacios. Aspecto interior de los muros tras la perforación artificial practicada en el muro de cierre de la primera bóveda del subsector segundo: 1, paramento lateral de opvs incertvm; 2, cubierta artificial hecha sobre la base o suelo de la placeta superior. Obsérvese el resquebrajamiento del muro moderno de apoyo a la parte superior del interior de esta manipulación de los muros de contención internos.
 

Fot. 52L. Cueva de Siete Palacios. Vista parcial de toda la secuencia de las espaldas de las naves, y muro de fondo de esa parte del subsector:.

Fot. 53L. Cueva de Siete Palacios. Detalle del mechinal localizado sobre el paramento de la cuarta nave de este subsector adosado. Obsérvese su forma adintelada y el aparejo de piedra y técnica  romana.

Fot. 54L. Área Cueva de Siete Palacios. Perspectiva parcial del subsector segundo; 1, muralla romana que cambiará de dirección subiendo hacia Eras del Castillo; 2, nave última de la vertiente oeste que linda con el arranque de la muralla romana; se observa una rotura intencionada para ver si hay alguna estructura detrás del muro; 3, espacio de la cuarta nave, con resto de bóveda en su parte superior, media y baja; 4, punto de la galería donde se encuentran los arcos de las bóvedas contiguas; 5, obsérvese el material romano destruido para comprobar que se una como cantera.[foto de 1930].

Fot. 55L. Cueva de Siete Palacios. Detalle del punto inicial del murallón, donde se ve: paramento perteneciente al muro de sujeción de la cuarta nave del segundo subsector,a izquierda; paramento del murallón donde se puede observar cómo se inicia su aspecto exterior hasta llegar a la posición  que se da a la piedra exterior de revestimiento; estructura del hormigón romano en el relleno interno. Mo es tierra prensada, pero sí se usa mucho el ripio.
 

Fot. 56L. Calle San Joaquín [I]. Amplia perspectiva del recorrido base de este subsector: espacio que podría comprender tanto las naves de la izquierda como la nave central supuesta sobre el centro de la calle san Joaquín; línea realzada probablemente debido a los muros que salían de los paramentos de las naves yuxtapuestas a la Cueva, con la anchura que se puede observar en el podivm antes indicado; calle San Joaquín [I]. El espacio de esta calle fue ocupado por la cuarta área de naves abovedadas. Fue destruido porque no existía posibilidad de paso a lo que fue modernamente ocupado. Y no muchos años atrás fueron rotos los restos de los muros de las naves existentes aún porque hacía muy dificultoso el paso de los animales de trabajo agrícola.

Fot. 57L. Área Cueva de Siete Palacios. Nave romana situada junto a la primera del interior de la Cueva en su parte oeste, según se entra por la puerta de Poniente, a izquierda. Sus medidas se corresponden con los módulos de su yuxtapuesta en la Cueva: anchura: 2,75 m; 3,30 de altura. Su verdadera longitud se ignora, pero se puede calcular en función de la existencia de un cuerpo de características similares al de la Cueva.

Fot. 58L. Calle San Joaquín [I]. Perspectiva, desde al punto opuesto a la anterior imagen, de todo este subsector: 1, esquina formada por un muro de nave terminal de este espacio: hay estructuras romanas dentro de la vivienda; 2, línea que nos marca el aprovechamiento de los muros que salen desde el paramento yuxtapuesto de la Cueva; La fachada corrida marca el espacio que contiene en sus interiores las galerías yuxtapuestas a las del interior de la Cueva

Fot. 59L.. Calle San Joaquín [I]. Una vez se gira a derecha del espacio antes expuesto, según se viene, se ve: 1, anchura perteneciente a un espacio de naves que se encuentra dentro transformada; 2, entrada Este de la Cueva; 3, muros romanos que lindan por arriba con las estructuras romanas de Eras del Castillo; 4, anchura de la calle San Joaquín dando vista a Levante. Los muros de alzado de este vivienda se construyeron con materiales procedentes del derribo de muros romanos.

Fot. 65L. Área Cueva de Siete Palacios. Salida sureste de la Cueva, según se entra: 1, paramento perteneciente a estructuras romanas interiores; 2, muro testigo de la altura que alcanzan los elementos romanos de este espacio donde en su interior hay una galería abovedad que ha sido enrasada; 3, indicaciones externas de hasta dónde llegan las estructuras romanas de esta zona de naves. Hay que añadir que esto no es una puerta de entrara sino la continuación de la nave central de la Cueva en dirección a las zonas bajas de la calle Cueva de Siete Palacios.

Fot. 61L. Área Cueva de Siete Palacios. Puerta de Levante de la Cueva. A ambos lados se pueden observar paramentos romanos. La anchura, aquí vista, coincide con el pasillo, que marca el espacio abovedado que viene desde dentro de la Cueva. En el punto [1] hay una entrada a una galería abovedada con falso techo de madera que ya se alinea con la secuencia de galerías a lo largo de la calle Nueva del Carmen (Angustias Nueva). En el punto [2] se puede ver el material superior de la bóveda que sale de la Cueva, llegando hasta la parte superior de Eras del Castillo.

Fot. 62L. Interior de un espacio formado por naves, a a derecha de la Cueva según se sale hacia Levante izquierda de la Cueva: 1, indicación de un espacio interior con señales de que se continúa en sentido sur-suroeste, siguiendo otras estructura similares de naves abovedadas; 2, nave terminal en ese espacio, con una puerta abierta artificialmente hacia otra nave; 3, techo de madera que oculta la bóveda de medio cañón. 
 

Fot. 63L. Detalle de la parte de Poniente de la Cueva, donde se puede apreciar un hueco que se corresponde con uno de los respiraderos (con que contaba esta edificación, para la ventilación y oxigenación de su interior cerrado.

Fot. Cueva de Siete Palacios. En el punto opuesto al anterior descrito, nos encontramos con otro elemento arquitectónico, destinado a servir de paso de aire y oxigenación mostrando su aspecto exterior con forma romana. Se sabe que los espacios cerrados como este debían tener temperatura constante, ausencia de humedad de humedad y adecuada limpieza de aire, con el fin de proteger los productos que aquí se almacenaban.

Fot. 65L.. Cueva de Siete Palacios. Vista de otra de las naves interiores de la Cueva, donde se puede diferenciar el paramento de fondo con opvs incertvm en su alzado, y el revoque, que se deja ver sobre la bóveda, y que no es más que la consecuencia del sistema que se ha seguido en el montaje. Se observa también que las piedras se encuentran ennegrecidas y ello es debido al uso que se le ha dado posteriormente a estas dependencias donde la gente que aquí ha vivido hacía fuego para sus necesidades en el interior. 

Fot. 66L. Cueva de Siete Palacios. Abertura en la bóveda, situada en la parte más oriental de la Cueva. Se piensa que se trata de un paso para la intercomunicación entre el espacio superior y la Cueva, pero podía también haber sido un punto de acceso, aunque es demasiado pequeño. La entrada en la Cueva por esta zona debió esta en las otras partes que integran la totalidad de naves.

Fot. 67L. Cueva de Siete Palacios. Abertura, en centro de la bóveda, de una nave lateral, con el mismo contexto que la anterior.

Fot. 68L. Área Cueva de Siete Palacios. Interior de cueva de Siete Palacios, ya restaurada, en los inicios como Museo Arqueológico de la ciudad.

Fot. 69L. Área Cueva de Siete Palacios. Perspectiva de la Cueva desde la puerta de Poniente, observándose la secuencia de todas las naves laterales situadas a ambos lados de la nave central, y cómo se cortan sus bóvedas con la central para formar crucería o aristas. A su vez, se puede comprobar el revoque de las mismas producido a consecuencia de la aplicación del encofrado romano, viéndose el hormigón romano a través de las piedras que forman el arco de las bóvedas.

Fot. 70L. Área Cueva de Siete Palacios. Fachada de entrada a la galería múltiple. Normalmente las galerías abovedadas encadenadas no suelen tener acceso. Pero aquí el acceso es un paso de una complejo de galerías de uno a otro. No hay puertas. A partir de esta aparente puerta existía otro complejo de galerías que se extendía hacia Poniente, pero casi llegaba a formar un cuadrilátero irregular que abarcaba todo este complejo y la calle San Miguel por lo pronto. El punto [1] indica el paso de unas naves a otras, pero no es estrictamente puerta como tal. El punto [2] es una pseudo ventana que, en realidad es un respiradero, aunque la reja que tiene es un añadido que le pusieron los que han vivido muchos años en esas galerías abovedadas.

Fot. 71L. Cueva de Siete Palacios. Detalle de la foto del canal de la segunda serie de galerías revestido con opvs signinvm, justo al lado del canal. 

Fot. 72L. Área Cueva de Siete Palacios. Galería de prolongación de la Cueva que se dirigen a la calle Nueva del Carmen. El empedrado [2] de la calle ha eliminado los restos de muro que se encuentran en la calle. El espacio ocupado por la galería lo indica el propio suelo con sus dimensiones [3]. Tiene las mismas medidas que las galería interiores de la Cueva. Y la calle es testigo de la anchura real de una galería adlátere destruida. No era calle: todo era galerías.

SECTOR L. ZONA SUPERIOR. ERAS DEL CASTILLO

La parte superior de este conjunto de murallas y galerías es la más compleja del conjunto, mostrando formas variables de estructuras. Tan sólo se han registrado sistemas de galerías abovedadas y zonas neutras para crear en cierto modo un paso de acceso a esos sistemas de almacenes. Se ha observado que algunas de las series de galerías no muestran acceso por la parte superior, como ocurre con la gran mayoría. Se piensa que el acceso era abierto pero no se ven claros ni hay realmente pruebas de ello. Sin embargo, las galerías grandes sí tienen el acceso por la bóveda, dos de ellas con claridad; otras, con ligera transparencia por el fuerte encalado que se les ha aplicado con el tiempo, porque son viviendas privadas. Otras galerías se encuentran en los interiores de la casas actuales y se ha enchapado su interior de forma que es difícil de identificar. Y conviene aclarar, de entrada, que todo el espacio que se ve sin estructuras se ha conseguido por haber eliminado partes que, como se ven hoy, son placetas y pasillo necesario para la intercomunicación. Y decir que la zona de esa placeta que se ve totalmente abierta, al ser desprovista de sus galerías correspondientes, ha sufrido filtraciones de agua que empezaron a perjudicar la estabilidad y seguridad de la Cueva de Siete Palacios que se encuentra justamente debajo.

SEXS (Almuñécar). SECTOR L PROYECCIÓN ORTOGONAL DEL COMPLEJO DE LA CUEVA DE SIETE PALACIOS
SEXS (Almuñécar). SECTOR L. PLANIMETRÍA DEL CONJUNTO DE LA PARTE SUPERIOR DE LA CUEVA DE SIETE PALACIOS.

Se conservan 11 galerías abovedadas, La línea discontinua indica las naves destruidas. La parte central del plano muestra la mayor densidad de naves abovedadas.

Almuñécar. Sector L. Cortes sectoriales entre las galerías abovedadas superiores e inferiores. Cortes de la parte superior de la Cueva. Torreón medieval apoyado sobre un muro de aterrazamiento romano.

Como se puede observar en la planimetría, la base de la Cueva muestra con claridad cómo es el perfil de la zona que en la primera parte de este trabajo se ha expuesto. Los cuatro primeros compartimentos, situados a la entrada actual de la Cueva, tenían una potencia de tierra realmente escasa. Los tres últimos, sin embargo, tienen 3.5 m de media, que es donde prácticamente se han realizado las pseudo-excavaciones.

Fot. 73L Perspectiva de esta apertura de calle, que ha enlazado con otro espacio-nivel, con el fin de poder acceder con facilidad a las partes superiores de estas estructuras: 1, espacio de naves en la zona alta; 2, paramento revestido con revoque moderno en donde existen naves en su interior; 3, paramentos romanos revocados que enlazan con los espacios superiores, y que en este punto se encuentra una galería con una nave central y dos menores colaterales; 4, fachada moderna formada por muros revocados con materiales modernos. Dentro hay galerías que no se han fotografiado. Los podiums que se encuentran junto al [2] llaman la atención por la gran altura de acceso necesarios para poder acceder a las estructuras ocupadas por viviendas modernas, que no son más que reutilizaciones de alzados romanos con naves en sus interiores. pero no cabe duda de que debajo existen estructuras que lo justifican. El espacio ocupado por la calle responde a las medidas justas de áreas que probablemente fueron ocupadas por estructuras similares a las que posteriormente se van a describir en las áreas vecinas a la misma. Anchura de calle y naves son idénticas en la mayoría de los espacios abiertos. 

Fot. 74L. Área de Eras del Castillo Estos pasos artificiales que se ven conducen al puto más elevado de esta zona. El punto [1] muestra un fuerte muro romano deteriorado en su diseño y que contiene en su interior se encuentra tres naves abovedadas que se verán a continuación. El punto [2] contiene en su interior àrte del espacio de las dos naves pequeñas colaterales. El punto [3] forma una cadena de estructuras con galerías que se dirigen hacia Levante acercándose a la calle Angustias Moderna. El punto [4] forma una serie de elementos romanos que se encuentran muy deteriorados y han desaparecido con la nueva remodelación. Y el punto [5] es el paso artificial a toda esta zona superior.

Fot. 75L. Eras del Castillo. Este muro romano frontal, con aparejo de opus incertum, contiene en su interior tres naves. El muro no tenía abertura al exterior, lo que se interpreta como que forma parte su interior de estructuras del mismo tipo. No se proyectaba hacia afuera, sino que se integraba con otro grupo situado encima de la estructura de la Cueva de Siete Palacios

Fot. 76L. Eras del Castillo. Vista general de las naves antes de que fuera taponadas, en la que se puede observar lo siguiente: a derecha según se entra: dos naves paralelas entre sí, derivadas hacia los subsectores de la derecha; abertura en el techo que indica una funcionalidad similar a todas cuantas se han podido detectar a través de los diferentes sectores hasta ahora analizados. Y la nave principal en el centro. La puerta es artificial. Todo era hermético.

Fot. 77L. Eras del Castillo. Perspectiva de la misma calle artificial desde el punto opuesto o plazuela: 1, paramento de casas con estructuras reutilizadas en su interior. Su parte superior es moderna, pero la de abajo está remozada como una de las anteriores; 2, fachada descrita antes, con revoque moderno; 3, fachada descrita, pero apreciándose mejor el detalle de la estructura romana revocada. Lo que se ve de la esquina derecha es un muro de separación entre galerías, puesto que todo el espacio superior estaba ocupado en todo su espacio. Fue derribado por la necesidad de hábitat. Y lo más grave es que el alcantarillado ha roto lo que restaba de este espacio, porque la Cueva se encuentra justamente debajo de esta plaza artificial.

Fot. 78L. Eras del Castillo. Segunda nave de las mismas características que la anterior, situada a continuación, con el mismo punto de acceso. Las medidas de ambas son iguales: anchura, 2, 20 m; altura, 2,60 m; largura, 4,30 m, la primera, y 2, 50 m, la segunda. Eras del Castillo. Interior de una de las naves abovedadas, recubierta de chapa de madera, tanto en muros como en bóvedas, que se conserva, pero encubierta.

Fot. 79L. Panorámica de la plazuela situada encima de la Cueva. En ella se ve: 1, paramento, continuación de la galería, cuya medida, sumando sus dos partes, es de 6,80 m de largura, y 3,60 m de altura. Su anchura, sumando muros exteriores, es de 4,70 m; 2, nave abovedada de fondo, paramento externo; 3, punto de arranque del muro que divide los subsectores de la Cueva y el indicado como tercero, adosado a ella; 4, anchura, sobre el suelo, del muro divisorio antes citado.

Fot. 80L. Eras del Castillo. Vista de todo este encuadre arquitectónico donde, de forma continuada, se ve: 1, cubierta de la bóveda de la Cueva, con cemento moderno; 2, paramento romano, continuidad de los puntos indicados en 3, 4, 5 y 6, de la misma foto, que forman toda una cadena de estructuras que fueron abovedadas, pero que hoy han sido destruidas, o se han caído. El punto (6) recoge todo lo que se considera techo de la Cueva de Siete Palacios. Tiempos atrás, por falta de cuidados, este suelo se convirtió en un espacio de filtraciones porque fueron desmontadas todas las galería que se encontraban en esta zona. Y ello motivó el daño que se pudo observar en el interior, bóvedas, de la Cueva, debajo de este suelo. Se pudo conocer la existencia de restos de muros sobre este suelo, y con ello, se pudo contener algo las filtraciones; pero cuando fueron eliminados, pudo haber causado un desastre arquitectónico. Las personas que vivían en la cueva comenzaron a quejarse y avisaron a las autoridades lo que ocurría en el interior. Intervino la autoridad local y se reparó. Si la Cueva no hubiera estado habitada, casi con toda seguridad se había derrumbado. Y es muy probable que las zonas a poniente de la cueva sufrieran con anterioridad desperfectos que causaran su caída. Las fotos del año 1931 revelan algo similar a lo comentado. las galerías se derrumbaron mucho antes de que habitaran la Cueva. 

Fot. 81. Eras del Castillo. Interior del punto antes indicado, donde se pueden ver: 1, paramento de fondo perteneciente a la red de naves alineadas ya descritas, y que abarcan casi todo el subsector de arriba, salvo en las partes en que ha sido intencionadamente roto para ocupar estancias de muy difícil acceso; 2, muro divisorio de naves, del que sólo queda lo que se pueden apreciar. 

Fot. 82. Eras del Castillo. Vista interna de la toma anterior, donde se puede detallar: 1, muro divisorio intencionadamente roto para acceso; 2, entrada a nave de forma artificial; 3, muro  divisorio de este espacio, que se corresponde con el de una nave y, a su vez, punto de arranque de la siguiente, situada detrás.

Fot. 83L. Eras del Castillo. Nave abovedada que ya ha sido indicada antes. Sus proporciones coinciden con los espacios que preceden y que han sido también naves, pero que se encuentran ocultas tras el revestimiento moderno, y con los espacios que siguen, como es la nave de bóveda caída y punto de arranque de la misma. 

Fot. 84L.Eras del Castillo. Entrada a la nave: 1, se ve la parte más elevada de la misma que se deslinda del piso de arriba; 2, 3,pasi artificial; 4, muro que cierra la línea de fondo formando ángulo recto con el paramento de la nave de enfrente.

Fot. 85L. Eras del Castillo. Nave con bóveda rebajada. Se indica la abertura en el techo de su cubierta. Véase el fuerte encalamiento de la bóveda.

Fot. 85-L (bis). Eras el Castillo. Galería abovedada habitada en aquellos momentos. Es una de las grandes situada encima de Cueva de Siete Palacios. Su bóveda es rebajada y, al parecer, de opus incertum. Casi al fondo de la misma bóveda se conserva la señal de un agujero de entrada, tal como se ve en resto de las galerías.

Fot. 86L. Eras el Castillo. Esta galería con puerta de madera moderna vista antes, ha sido mal tratada en la limpieza de materiales antiguos para hacerla visitable. ha sido descrita en fofo B/N. Su suelo esta formado por el la bóveda de Cueva de siete Palacios que se encuentra justo debajo.

Fot. 87L. Eras del Castillo. La imagen ofrece los siguientes datos locales; 1,punto de acceso moderno (por rotura) a la pequeño galería romana; 2, grosor del muro externo de la galería que se encuentra a izquierda; 3, muro que es continuación del (2 anterior), es cabecera de la galería que se encuentra en el interior de la puerta que se ve a derecha; 4, entrada moderna a la citada galería (rotura para entrar); 5, muro de la galería pequeña anteriormente descrita.

Fot. 88L. Eras del Castillo. Entrada a la nave pequeña, en la que se indica: 1, paramento que se continúa hasta el interior de tal nave; 2, interior de la misma. La entrada se ha hecho a golpe de pico. Esta pequeña nave extrañamente no se encuentra comunicada con elementos vecinos a la misma. Es totalmente ciega. El groso del muro de entrada es de 0,90 m.

Fot. 89L. Eras del Castillo. Interior de la nave. No se observa ningún punto de posible acceso, salvo el  que se tiene sobre el suelo, donde no se ha podido practicar ningún tipo de exploración por el estado en que se encuentra. La bóveda de cañón conserva la impronta de la cimbra.

Fot. 90L. Eras del Castillo. Vista del paso entre dos espacios de naves: acceso artificial a una nave caída; muro roto para abrir paso; entrada artificial a una nave conservada: 1, restos de nave situada frente a este paso artificial; 2, continuación  del muro roto para abrir este paso; 3, entrada artificial a una de las naves de bóveda rebajada.

Fot. 91L. Estructura aparentemente moderna, que corresponde a una de las partes que integran la serie de naves alineadas desde un extremo a otro de este subsector: 1, muro externo romano que se conservaba cuando se hizo esta foto. Hoy ha desaparecido. Al otro lado se conserva bien el paralelo que sólo tiene el punto de arranque de la bóveda. indicación de espacio de muro de una nave paralela a este sistema; 2, entra a la galería grande; 3, cubierta adicional sobre una bóveda de nave que da a la plaza que está encima de la Cueva; 4, en la entrada a las tres naves pequeñas de este lugar, destaca el muro romano que sobresale más de un metro para indicar que la construcción romana tenía otros espacios superiores en toda esta zona, lo que seria otra serie montada sobre lo existente, tal como ocurre con Cueva de Siete Palacios. 5, marca un espacio abierto para poder acceder a todas estas viviendas.

.Fot. 92L. Eras del Castillo. Según se sale de la galería de grandes proporciones, a su derecha hay una habitación construida aprovechando una galería, de la que hoy queda sólo el muro interno desde donde apunta el arranque de la cubierta. Hoy sólo queda ese arranque de bóveda.

Fot. 93L. Eras del Castillo. Entrada a la galería anterior donde se aprecia el grosor de sus muros. El espacio exterior y acceso se ha conseguido mediante el derribo de otras estructuras situadas delante. En la parte exterior superior, se ve la cubierta y el fondo de la galería que se apoyan sobre un muro romano de fuerte construcción y que sirve de delimitación de todas las estructuras que dan al centro de Eras del Castillo.

Fot. 94L. Nave con bóveda rebajada de medidas 10 x 4 x 3.5 m y con el característico agujero de acceso al fondo izquierda del techo. El fondo de esta bóveda da sobre las edificaciones modernas de Eras del Castillo. Debido al fuerte encalamiento de la vivienda es imposible ver si el material usado en piedra o ladrillo como ocurre en el sector K. El grosor de la puerta sobrepasa los 0.90 m.

Fot. 95L. Eras del Castillo. Entrada natural a una de las series de naves más extrañas de las conocidas hasta ahora: secuencia de naves que casi se llegan a alinear formando un cuadrilátero: encima de la puerta natural se halla el punto de arranque de otra estructura superpuesta a este sistema de naves, y que da señales de que se trata de otro cuerpo superior destruido y del que quedan puntos de inicio; de frente: entrada natural a la secuencia de naves encadenadas; el muro romano que destaca ligeramente sobre el principal, da a entender que hay dos épocas diferentes en este levantamiento de formas arquitectónicas; en la base derecha hay un hueco en donde se puede ver una abertura, que indica la existencia de una especie de pasillo subterráneo, que probablemente dé a una nave similar a la que se ha detectado y explorado.

Fot. 96L. Eras del Castillo. Aspecto de la primera nave vista desde dentro, con indicación de la falsa entrada, abierta a golpe de pico. Al fondo de la imagen la estructura gira a izquierda, donde se encuentra el final: 1, fondo; 2, giro de dirección. Sus medidas son 3 x 1.5 x 2,00 m

Fot. 97L. Eras del Castillo. Tramo final de esta secuencia de naves. Esta bóveda es de medio cañón.

Fot. 98L. Nueva perspectiva de la misma nave desde el punto opuesto e indicando igualmente el lugar de conexión. 

Fot. 99L. Perspectiva, desde un alto, de parte del espacio superior de la Cueva: 1, muro situado entre la nave 86L y el falso pasillo que empala con series de naves iguales u otro pasillo colateral de acceso a naves pequeñas; muro romano elevado que está situado encima de las estructuras arruinadas de abajo, frente a la puerta de la Cueva; 3, lugar donde se encuentra una galería casi totalmente arruinada de la que resta sólo el punto de arranque de la bóveda; 4, muro moderno levantado sobre el sistema de galerías que se encuentra debajo al lado de la Cueva; 5, placeta que se encuentra encima de las galerías de abajo, junto a la Cueva.; 6, y 7, situación donde se encuentra una nave completa en interior de la construcción moderna y elementos de otra en línea de la que quedan los puros y ha sido derribada la cubierta; 8, pasillo artificial que da acceso a una serie de naves menores y otro de tamaño mayor. 

Fot. 100L. Eras del Castillo. Sector L superior. Perspectiva del espacio situado encima de la entrada de la Cueva y parte de las naves que se encuentran a su izquierda, según se entra: 1, muro divisorio de naves emplazadas sobre la superficie superior de la Cueva; 2, muro del paramento lateral de una de las naves situadas en paralelo a la antes citada; 3, pavimento de suelo perteneciente a un depósito de agua destruido o pileta de salazón; 4, punto de arranque del muro de fondo que conforma el segundo subsector. 

Fin de la Segunda Parte de la Tesis Doctoral. 28-11-20.

Dr. Antonio Ruiz Fernández.

URBANISMO ANTIGUO DE ALMUÑÉCAR, PRIMERA PARTE

TESIS DOCTORAL

Trabajo realizado desde los años 1970 a 1990. Veinte años de investigación.

PRIMERA PARTE

ÍNDICE DE MATERIAS

INTRODUCCIÓN                                                                                      

ALMUÑÉCAR, ESTADO DE LA CUESTIÓN                                                    

  1. TRANSFORMACIONES EN ÉPOCA MEDIEVAL                              
    1. Elementos constructivos. abandono y

consecuencias.                                                                                  

           1.2.       Asentamientos modernos.                                                         

           1.3.       Reutilización de la factoría del Majuelo.                                     

           1.4.       Desaparición de las zonas portuarias.                          

INTRUDUCCIÓN A LA ARQUEOLOGÍA ROMANA SE SEKS

(ALMUÑÉCAR)                                                                                         

EXPOSIÓN SINCRÓNICA DE LAS ESTRUCTURAS                           

SEKS EN LAS FUENTES ESCRITAS                                                      

  1. TEXTOS HISTORIOGRÁFICOS GRECOLATINOS            
    1. Hecateo de Mileto                                                          
    2. Dífilo de Sínope                                                              
    3. Estrabón                                                                         
    4. Tito Livio                                                                         
    5. Pomponio Mela                                                              
    6. Gayo Plinio Segundo                                                     
    7. Marco Valerio Marcial                                                  
    8. C. Ptolomeo                                                                    
    9. Itinerario de Antonino                                                 
    10. Anónimo de Ravena                                                     
    11. Mario Victorino                                                            
  2. TEXTOS EPIGRÁFICOS LATINOS                                         

2.1. Documento epigráfico funerario             1                       

2.2. Documento epigráfico funerario            2                     

2.3. Documento epigráfico funerario             3                     

2.4. Documento epigráfico funerario             4                              

2.5. Documento epigráfico honorífico           1                       

2.6. Documento epigráfico honorífico           2                       

2.7. Documento epigráfico honorífico           3                     

2.8. Documento epigráfico                            1                      

2.9. Documento epigráfico                            2                      

2.10. Documento epigráfico                          3                     

2.11. Grafito                                                   1                      

2.12. Grafito                                                   2                    

2.13. Grafito                                                   3                     

2.14. Grafito                                                   4                    

  1. LEYENDAS NUMISMÁTICAS PUNICORROMANAS Y

LATINAS                                                                                   

  • DOCUMENTOS ÁRABES                                                                    

4.1. Al- Razi                                                                               

4.2. Al- Udri                                                                               

4.3. Idrisi                                                                                    

4.4. Yaqut                                                                                   

4.5. Al-Wahid al Marrakusi                                                     

4.6. Al-Himyari                                                                         

4.7. Al-Sabti                                                                                

4.8. Ibn al-Jatib                                                                        

4.9. Al-Umari                                                                             

4.10. Al Qalqasandi                                                                   

ESTRUCTURA ARQUITECTÓNICA DE SEKS                                     

  1. ESTUDIO SINCRÓNICO DE LOS MATERIALES                                 
  2. MATERIALES USADOS                                                                 
    1. La piedra. Opus caementicium.                                        
    2. Arcilla                                                                                   
  • EDILICIA ROMANA EN LA BÉTICA                                           

SISTEMAS DE NAVES ABOVEDADAS DE SEKS                               

  1. Funciones                                                                                        
  1. Sostenimiento y adaptación de los espacios para

explanadas y terrazas.                                                                   

  1. Terrenos.                                                                            
    1. Relleno de zonas quebradas.                                                       
  • Estructuras.                                                                                    
    • Plantas.                                                                                
    • Técnicas                                                                               
    • Cubierta.                                                                               
    • La luz.                                                                                    

FORMAS CONSTRUCTIVAS Y PRODUCCIÓN INDUSTRIAL                      

  1. ESTRUCTURA DE LA FACTORÍA                                                           
    1. El garvm y sus variedades.                                                            
    2. El garvm se Seks y su contexto meridional.                
    3. El montaje de la industria de salazón.                          
    4. Elaboración del garvm, ingredientes

y variedades.                                                                       

ETNIAS Y PUEBLOS DEL SUR.                                                             

Evolución, relaciones humanas e intereses mutuos.                        

CRITERIOS DE DIVISIÓN DEL CONJUNTO

ARQUITECTÓNICO DE SEKS                                                                

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES                               

SECTOR  A                                                                                                  

     Área del Peñón del Santo.                                                                  

     Puente romano.                                                                                   

     Naves abovedadas.                                                                               

     Depósito de agua romano.                                                                  

     Área del Castillo de San Miguel.                                                           

     Tenaza del Castillo                                                                               

     Conclusión del sector A                                                                      

SECTOR  B                                                                                                  

     Interior del Castillo de San Miguel                                                  

     Casa romana                                                                                         

Área de las termas del Castillo                                                               

Conclusión del sector B                                                                           

SECTOR  C                                                                                                  

Conclusión del sector C                                                                           

SECTOR  D                                                                                                 

Conclusión del sector D                                                                         

SECTOR  E                                                                                                

Conclusión del sector E                                                                        

SECTOR  F                                                                                               

Conclusión del sector F                                                                        

SECTOR  G                                                                                               

Conclusión del sector G                                                                         

SECTOR  H                                                                                                

Conclusión del sector  H                                                                       

SECTOR  i                                                                                                 

Conclusión del sector i                                                                         

SECTOR J                                                                                                 

Conclusión del sector J                                                                         

SECTOR  K                                                                                               

Conclusión del sector K                                                                        

SECTOR  L                                                                                                

     Zona de excavación de la Cueva al mismo nivel                      

     Zona aneja a la Cueva                                                                    

     Zona superior de la Cueva, y formas anejas.                            

Conclusión del sector L                                                                      

     Subsector Cueva.                                                                            

     Subsector bajo, anejo a la Cueva.                                                

     Subsector encima de la Cueva.                                                     

SECTOR  M                                                                                            

     Conclusión del sector M                                                            76

SECTOR  N                                                                                      177

     Conclusión del sector N                                                             181

SECTOR  O                                                                                      182

     Conclusión del sector O                                                            184

SECTOR  P                                                                                       185

     Conclusión del sector P                                                             190

SECTOR  Q                                                                                      191

     Conclusión del sector Q                                                             192

SECTOR  R                                                                                        193

     Conclusión del sector R                                                               198

SECTOR  S                                                                                          199

     Conclusión del sector S                                                                 202

SECTOR  T                                                                                           203

     Conclusión del sector T                                                                  207

SECTOR  U                                                                                            208

     Conclusión del sector U                                                                   211

SECTOR  V                                                                                             213

     Conclusión del sector V                                                                   219

SECTOR  X                                                                                             221

     Conclusión del sector X                                                                    222

SECTOR  Y                                                                                              223

     Conclusión del sector Y                                                                     229

SECTOR  Z                                                                                               231

     Conclusión del sector Z                                                                      232

SECUENCIAS FOTOGRÁFICAS (A-Z)                                                  233

LÁM. SECTOR  A                                                                               234-267

LÁM. SECTOR  B                                                                                268-328

LÁM. SECTOR  C                                                                               329-330

LÁM. SECTOR  D                                                                               331-353

LÁM. SECTOR  E                                                                               354-400

LÁM. SECTOR  F                                                                               401-479

LÁM. SECTOR  G                                                                              480-481                                                                                                                 

LÁM. SECTOR  H                                                                             482-485

LÁM. SECTOR  I                                                                               486-502

LÁM. SECTOR  J                                                                              503-542

LÁM. SECTOR  K                                                                              543-579

LÁM. SECTOR  L                                                                              580-680

LÁM. SECTOR  M                                                                             681-727

LÁM. SECTOR  N                                                                              728-746

LÁM. SECTOR  O                                                                             747-759

LÁM. SECTOR  P                                                                              760-792

LÁM. SECTOR  Q                                                                              793-798                                                                                                                           

LÁM. SECTOR  R                                                                              799-839

LÁM. SECTOR  S                                                                               840-854

LÁM. SECTOR  T                                                                              855-885

LÁM. SECTOR  U                                                                              886-905

LÁM. SECTOR  V                                                                              906-930

LÁM. SECTOR  X                                                                               931-939

LÁM. SECTOR  Y                                                                               940-987

LÁM. SECTOR  Z                                                                              988-991    

FIGURAS PLANIMÉTRICAS DEL COMJUNTO

ARQUITECTÓNICO DE SEKS                                                                 992

FIGURA 1                                                                                                  993

FIGURA 2                                                                                                   994

FIGURA 3                                                                                                   995

FIGURA 4                                                                                                   996

FIGURA 5                                                                                                   997

FIGURA 6                                                                                                   998

FIGURA 7                                                                                                   999

FIGURA 8                                                                                                 1000

FIGURA 9                                                                                                 1001

FIGURA 10                                                                                               1002

FIGURA 11                                                                                               1003

FIGURA 12                                                                                               1004

FIGURA 13                                                                                               1005

FIGURA 14                                                                                               1006

FIGURA 15                                                                                               1007

FIGURA 16                                                                                               1008

FIGURA 17                                                                                               1009

FIGURA 18                                                                                               1010

FIGURA 19                                                                                               1011

FIGURA 20                                                                                               1012

FIGURA 21                                                                                               1013

FIGURA 22                                                                                               1014

FIGURA 23                                                                                               1015

FIGURA 24                                                                                               1016

FIGURA 25                                                                                               1017

FIGURA 26                                                                                               1018

FIGURA 27                                                                                               1019

FIGURA 28                                                                                               1020

FIGURA 29                                                                                               1021

FIGURA 30                                                                                               1022

FIGURA 31                                                                                                1023

FIGURA 32                                                                                                1024

FIGURA 33-I                                                                                             1025

FIGURA 33-II                                                                                            1026

FIGURA 34                                                                                                1027

FIGURA 35                                                                                                1028

FIGURA 36                                                                                                1029

FIGURA 37                                                                                                1030

Dedicado a mi esposa,

a mis hijos y a mis nietos

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

 

En este trabajo de investigación se pretende aclarar muchos puntos oscuros que se tienen, desde antiguo, sobre el origen e identidad de Almuñécar.

El trabajo ha sido constante,  penoso en muchos momentos, pero eficaz. Se puede decir que, desde los años 60 del siglo pasado, se ha ido recopilando toda cuanta información ha llegado a mi poder. El trabajo fue ultimado a finales de los 90, fecha en que se leyó como tesis doctoral en la Universidad de Granada.

Tanto el texto, como la realización de fotografías, y el levantamiento de todas las planimetrías, han sido obra del autor, salvo los planos cedidos por el Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, y alguno del Ayuntamiento de Almuñécar.

En todo ese recorrido se puede decir que hemos llegado a recoger información de cada uno de los rincones del casco antiguo y zona periférica del mismo. Por ello debo agradecer la información proporcionada por personas de la ciudad, a la que estaré siempre agradecido. Pues los propios vecinos de las casas estudiadas no escatimaron en colaborar con la información que tenían sobre las formas, estructuras y materiales antiguos de que estaban hechas sus casas. Cuando la gente sencilla y humilde del casco viejo hacía alguna reforma en su vivienda, se encontraba con materiales de una contextura y dureza poco corriente. Habían tropezado con los materiales usados por los romanos desde hacía más de dos mil años.

Es notorio que hasta los más modernos autores, que han estudiado Almuñécar, opinan que se trata de una ciudad romana. Por muchas razones piensan que esto es así. Pero los hechos revelan que la realidad es muy distinta a lo que podemos leer tanto en libros modernos como en autores antiguos.

            Para ello, y precisamente por eso, he realizado este largo y extenso trabajo; para esclarecer de una vez qué es lo que realmente ha existido en lo que se viene llamando Sexi, con tanta proliferación: una ciudad romana, con estructuras públicas y privadas, casas, mansiones, teatro, mercados, puertos, etc.

            Y nada más lejos de la realidad cuando empezamos a hacer una estadística arqueológica y técnica. Si realmente esto hubiera sido así, cabe hacerse muchas preguntas, y pedir pruebas que testifiquen lo que se viene afirmando con tanta abundancia de opiniones.

            Era tal la fama propagada por autores clásicos, que casi no cabía duda en admitir que, evidentemente, se trataba de una gran ciudad, primero fenicia y después roma-na.

            Aquí se plantea una gran cuestión: ¿Dónde están las pruebas de la existencia de una ciudad fenicia? Esto en primer lugar. Todo arqueólogo debe saber que los fenicios jamás construían una necrópolis dentro de la ciudad. Esto se demuestra con las citas de los trabajos realizados en Cueva de Siete Palacios, y la descripción hecha en el Manuscrito de Almuñécar, donde se detalla, a su manera, la gran cantidad de hallazgos de elementos fenicios encontrados en una tumba cuando se practicaban reformas junto a la llamada Puerta del Sol de la Iglesia Parroquial. Otro de los hallazgos tuvo lugar en Cueva de Siete Palacios, donde se encontró un fragmento de plato de cerámica de barniz rojo fenicio, probablemente perteneciente al ajuar de una tumba fenicia situada en este lugar, y que fue rota por la nueva construcción romana que aquí se levantó. Por otra parte, también se perforó alguna de las piletas de salazones del Majuelo para ver si aparecían restos estructurales fenicios; sólo encontraron fragmentos de cerámica fenicia, pero nada de estructuras murales que pudieran testificar la presencia de un emplazamiento urbano en esta localidad. Sólo elementos probablemente pertenecientes a las salazones. A este respecto cabe decir que el elemento fenicio, tras la definitiva derrota de los cartagineses en la batalla de Ilipa (-206), se unió a la actitud que tomaron los fenicios gaditanos, y colaboraron con los romanos, permitiéndoles e incrementando sus factorías de salazones. Eso hizo que perduraran en estas costas fenicios y romanos: unos aportaron sus técnicas, y otro sus infraestructuras industriales. Lo que lleva a explicar que aparezcan restos fenicios mezclados con romanos. Pero nunca, repito, apareció una infraestructura urbana fenicia en este lugar. Pues en tiempos anteriores, probablemente, la llegada de los fenicios hasta aquí fue temporera. Este fenómeno explica que en la necrópolis fenicia de Puente del Noi no se pueda establecer una continuidad cronológica; hasta el punto de que unas tumbas se encuentran interfiriendo a otras. Se marchaban y, a la temporada siguiente, ya no sabían donde se encontraban las tumbas de tiempos atrás. Por eso, esa forma tan poco común de ver que una tumba corte a otra.

            Nadie puede dudar de su presencia aquí. Pero lo cierto es que no nos han dejado ningún resto de infraestructura urbana.

            Por ello, y haciendo hincapié, en lo dicho en párrafos anteriores, se sabe que los fenicios no levantaban ciudad donde había necrópolis. Continúa siendo un misterio este hecho. Es posible que los romanos, después del año 206 a. de C, destruyeran hasta la última piedra de la hipotética ciudad fenicia; pero no parece probable porque los romanos concedieron privilegios a los fenicios, como es permitirles la fabricación de las salazones, y la facultad de acuñar moneda propia a cambio de su lealtad.

            Aclarado este aspecto, citamos otros lugares donde se detectó la presencia romana: Monte  de Velilla, en el que apareció una pequeña nave abovedada (hoy enterrada o destruida por la nueva urbanización); sobre el nuevo campo de fútbol municipal, aparecieron estructuras probablemente similares a las termas romanas de la Carrera. Esto se sabe por los comentarios de los operarios que trabajaron en su construcción. No tenemos pruebas directas de ello; en Cotobro aparecieron: un pozo roma-no, y piletas de salazones; las villas rústicas se encontraban sobre la Albina (lugar pan-tanoso), barrio de San Sebastián, dos en la carretera de Jete, y una grande en los Bañuelos. Es muy probable que en las Peñuelas existiera otra. No se olvide que sobre el Camino Bajo, en su parte más baja, existió lo que se llamó El Cuartón de la Ciudad Antigua, pues se pueden ver muros y materiales formando parte de tales estructuras. Los columbarios eran seis, pero sólo quedan dos: el de la Albina, y el de la carretera de Jete. De los otros, sólo quedan indicios, como ocurre en la finca La Cerca. Por último, queda decir algo sobre el acueducto romano. Se piensa que nace en la Virgen del Agua, pero hay indicios claros de que hay canal por el lecho de río Verde que pasa por Jete y continúa hacia Otívar (hay fotos de ese canal bajo el río). Todo parece indicar que su inicio es el canal antes citado, pero no se tiene la certeza absoluta de que sea así. En cuanto a sus proporciones es conveniente aclarar que el elemento, básico para la industria de Seks, dispone de diez puentes que salvan las vaguadas en las dos vertientes, río Verde y río Seco, terminando en la Santa Cruz, desde donde, por medio de un canal, empalmaba con el puente final a la entrada de la actual ciudad. Por medio de canales de un sistema de sifón, finalizaba en la Torre de Descarga, situada donde hoy se levanta la Iglesia Parroquial, y cuyos materiales pueden verse hoy usados en su alzado, tanto la piedra pizarrosa como sillares de piedra toba. La Iglesia no tiene cimientos, está montada sobre los fuertes muros romanos de la Torre de Descarga. Hoy se pueden ver sobre la calle cómo está montada encima de materiales romanos.

            Volviendo al casco antiguo de Seks, hay que decir que las estructuras hasta hoy detectadas y fotografiadas, no dan pie a admitir que se trate del esquema de ciudad. Ni una sola calle actual responde a un cardo maximvs o a un decvmanvs maximvs. Las únicas calles que podrían presentar dudas a la hora de considerarlas romanas, son San Miguel, Angustias Nueva y su paralela Angustias Moderna. Pero las exploraciones de los alcantarillados nuevos han dado como prueba que todas están cruzadas por muros romanos en todo su trazado.

            La cantidad de materiales analizados, incluyendo los de origen árabe, dan pie a afirmar que esto no es una ciudad típicamente romana, sino una gran factoría de salazones, como se indicará a continuación. Se ha hecho una estadística de los tres niveles confirmados y analizados, tanto en la vertiente de levante como en la de poniente, de materiales contabilizados de época romana, y más del 90% de ellos son de tipo romano. El resto lo forman elementos árabes y cristianos.

            Para aportar algo más de luz sobre esta afirmación, hay que decir, a la vista de lo que se puede comprobar, que los elementos industriales y de almacenaje aparecen en todos los niveles. Así, comenzando por la Plaza de la Rosa, en los rebajes de las nuevas construcciones aparecieron restos de hornos de cerámica (antiguo Pasapoga) y al comienzo de la calle Alta del Mar. Viniendo de la calle Real, al inicio de Baja del Mar, apareció gran cantidad de cerámica y estructuras murales. En la misma calle Real se puede ver parte de un canal de conducción de aguas que, a partir de la librería, se dirige hacia la parte superior, probablemente hasta las dependencias orientales de la Cueva de Siete Palacios, por la calle San Joaquín (I). En Plaza del Ayuntamiento las estructuras halladas bajo la actual farmacia son evidentes. En el interior de la casa de la familia Müller apareció una gran nave abovedada, según se entra, al fondo. Tengo una fotografía (negativo) donde se observa gran parte de su bóveda, que linda por detrás con la calle Escamado. Hoy está transformada en un gran salón. Aquí se encuentra una canal subterráneo que se dirige hacia la Iglesia, y también, con canal y tuberías de cerámica, hacia la parte superior del barrio del Castillo.

            Al comienzo de la calle Antigua, a izquierda, según se asciende, hay una nave abovedad bien conservada. Enfrente de ella había una ermita, donde aparecieron cantidades de materiales romanos, hoy perdidos. Sobre la calle Escamado se encuentra el Palacete del Corregidor, con materiales romanos que ya han sido estudiados y publicados.

            Llegados a la calle San Joaquín (I), nos encontramos, por un lado, con el gran muro de aterrazamiento romano, un torreón medieval y el complejo de la Cueva de Siete Palacios, que fue tres veces mayor de lo que hoy se puede ver.

            A la entrada de la calle San Miguel, a mano izquierda, podemos ver toda una serie encadenada de galerías abovedadas, cinco, al igual que podemos comprobar que otras muchas galerías de este tipo han sido destruidas para poder crear calle de acceso a todas esta viviendas ocupadas desde hace muchos años por familias de esta ciudad moderna. Este curioso observar que en el Libro de Asentamientos no se mencione ni una sola galería abovedada, cuando se hace entrega de casas a los nuevos habitantes que vienen de otras tierras a vivir aquí.

            Siguiendo por la calle Espaldas de San Miguel, encontramos unas gradas de piedra toba, que fue de mayores proporciones de las que vemos. Más adelante había un antiguo lavadero (hoy ermita sobre una galería abovedada), con indicios de haber tenido más altura de la que se ve. Casi al final de la calle San Miguel, en un derribo aparecieron unos muros de mayores proporciones de lo habitual. Pertenecen a naves abovedadas que formaban parte del gran conjunto de la citada calle. Toda entera formaba un conjunto paralelo a Cueva de Siete Palacios. Entre las calles Clavelicos y Torremolinos, con motivo de nuevas construcciones modernas, aparecieron estructuras muy similares al conjunto de la Cueva en tipología y tamaño. Esto ha quedado enterrado.

            En la calle Angustias Nueva, al principio, hay una nave abovedada bien conservada.

            En la calle Angustias Moderna se encuentra, cerca de una placeta, una nave abovedada muy bien conservada, y otros muchos restos de muros pertenecientes a estructuras que han sido destruidas para poder abrir paso.

            Ya sobre Eras del Castillo, encima de la Cueva, tenemos un conjunto de seis galerías abovedadas, y otra (hoy taponada) según se sube hacia Eras desde levante.

            Casi al final de la Cuesta del Carmen, a izquierda, se encuentran los restos de la gran muralla romana que circundaba la ciudad. Sobre la parte superior de la misma se encuentra el canal cortado, que llevaba agua hacia la parte del Castillo, donde se han descubierto depósitos al respecto. Este canal procedía de Eras del Castillo, a donde llegaba el agua por medio de un sistema de sifón, procedente del depósito que estaba montado en el solar que hoy ocupa la actual Iglesia Parroquial.

            Partiendo de la parte noroeste del Castillo, se encuentra un gran lienzo de la muralla romana que circundaba todo el complejo industrial. Sobre esta muralla se ha levantado la muralla medieval cristiana, cuyas almenas pueden observarse al final de la calle Antigua.

            Partiendo de la calle Morería Alta podemos encontrar restos importantes sobre la calle, resto de una plataforma de hormigón para el equilibrio del terreno. Hay muchos indicios sobre la calle en todo su trazado.

            En la calle Morería Baja se ha descubierto un complejo conjunto de dos galerías abovedadas, un depósito de agua encima de una galería y un murallón de contención al fondo, que supera los dos metros de grosor. La calle posterior, Morería Alta se encuentra montada sobre el citado murallón. Sobre la misma calle, un poco más arriba aparece un conjunto grande de piletas de salazones. Unas se encuentran sobre otro gran murallón de aterrazamiento. Otras han sido excavadas hace pocos años, siendo un total de doce, aunque no se excavó todo el terreno. La zona de poniente ha sido la que más demoliciones ha experimentado a través del tiempo.

            De forma similar, debajo del murallón de contención que se encuentra cerca de la Cueva, sobre la calle Carmen Baja, aparecieron en un obra nueva, cinco piletas de salazones en una cota similar a la anteriormente citada.

En la calle Baja del Mar, en su cruce con Cerrajeros, hay un complejo conjunto de naves romanas, que fueron modificadas por el elemento musulmán, para convertirlo en un posible lugar de baños o, incluso, mezquita. Se distinguen muy bien los paramentos de opus incertvm, muros de ladrillo (opvs testacevm), y agujeros en el techo –como en todas las galerías abovedadas, que ha sido trasformado en lucernario, al estilo musulmán-. Este conjunto llega desde Baja del Mar hasta Alta del Mar, donde, en un determinado lugar, una de las galerías abovedadas se resintió por peso de la casa, que se encuentra encima, y hubo necesidad, por parte de los propietarios, de meter una inyección de hormigón hasta que se rellenó el hueco de la nave de abajo.

            La periferia del casco antiguo de la ciudad viene marcada por la muralla que, iniciada a la entrada de Almuñécar en la Carretera de Jete, continúa por Avda. de Cala, Calle Nueva, parte superior del Majuelo (Puerta del Alcazaba), hasta enlazar con el Castillo, muros de poniente de la Tenaza (escalonados), dando la vuelta a todo el Castillo, hasta conectar con las murallas de levante, siguiendo por la Cuesta del Carmen, enlazando con la muralla que pasa por el antiguo cine Coliseo, Puerta del Mar (bar El Choco) y continuando por la calle Alcalde Julio Fajardo, y siguiendo por la acera izquierda de la Avda. de Andalucía, finalizaba, por último, en la Carrera, Puerta de Granada. En esta zona es donde se encuentran las termas romanas últimamente descubiertas.

            Finalmente hay que decir lo que pensamos sobre la realidad de este complejo de estructuras romanas. Téngase en cuenta que lo que en todo el recinto arqueológico ha aparecido es lo siguiente: galerías abovedadas, piletas de salazón en todas las cotas de la ciudad moderna, incluido el Peñón del Santo, restos de elementos arquitectónicos de edificios públicos (como templos o mercados) y, además, no hay ninguna calle actual que responda a un esquema urbano heredado de los romanos. Por todo ello no cabe más que decir. El lector tiene la palabra. Yo tengo la información, y pienso, basándome en los datos arqueológicos, que todo este conjunto responde sólo a una estructura industrial con todos sus elementos.

                                 Al autor

ALMUÑÉCAR,ESTADO DE LA CUESTIÓN

                Al iniciar el estudio de un sistema arquitec­tónico como el de Almuñécar, de entrada, cualquier no iniciado se deja llevar por explicaciones que la tradición no escrita ha grabado en la creencia popular de forma vaga y fantasiosa.

                Esta ciudad ha alcanzado una tradición islámica, último contacto actuante, como factor antrópico, en la comprensión de las estructuras heredadas de un pasado casi inmediato. No obstante, tal estado de opinión tiene cierta razón de ser cuando se pueden rastrear, con evidencia, los vestigios más relevantes y significativos del acervo urbano medieval.

                Pero lo que más ha calado en el observador poco avezado, es la tradición musulmana que, por inercia popular, ha llegado a influir decisivamente sobre las concepciones adoptadas a la hora de indagar en las raíces de un sistema arquitectónico antiguo, que han inducido a asumir un concepto erróneo en la interpretación de los elementos de estudio que aquí se plantean.

                Así, se ha sufrido el riesgo de que una tradición popular condicione a tantos cuantos han dado su opinión o juicio sobre un complejo arquitectónico tan controvertido y extraño como el de Almuñécar.

                Debido a esta concepción, impregnada de prejuicios o posturas apriorísticas, tal es el punto de vista que se ha venido manteniendo que, lo más inmediato, ha marcado la pauta a seguir para explicar, de manera llámese ortodoxa, la complicada trama que Almuñécar presenta ante el inexperto e, incluso, ante el versado.

                Es asumible que la red viaria de la ciudad se preste a definiciones precipitadas, influenciadas por el estado de opinión popular dominante.

                Pero la cautela, observación, recopilación de datos, crítica objetiva, y análisis sistemático y cuantificado de todo indicio o vestigio, deben marcar las líneas a seguir, y presidir toda postura asumida a la hora de iniciar una seria investigación en un complejo, en principio, no fácil de catalogar. Para explicar lo que realmente es este trabado núcleo de estructuras, se deben asumir ciertos condicionantes, como las dificultades en las prospecciones.

                Los problemas planteados en estas dificultades se resumen en:

                1.-Urbanismo moderno superpuesto a las formas antiguas: reutiliza­ciones de elementos musulmanes y cristianos modernos, sobre elementos arquitectóni­cos, algo de unos y múltiples de otros.

                2.- Roturas provocadas en época romana y moderna.

                3.- Aperturas de calles que rompen los sistemas arquitectó­ni­cos antiguos, y alteraciones de otras que en el Medievo se citan.

                4.- Fórmulas constructivas para salvar los numerosos desniveles en las zonas abruptas de la planta general del complejo, donde se asienta el conjunto estructural de esta ciudad moderna.

                5.- Soluciones de los antiguos para salvar tales desnive­les.

                6.-Desapariciones de restos arquitectónicos a causa de los modernos planes urbanísticos.

                7.-Roturas intencionadas en determinados descubrimien­tos arqueológicos.

            1. TRANSFORMACIONES EN ÉPOCA MEDIEVAL

                Las alteraciones estructurales de esta fase se resumen en:

                1) Destrucción total de la Torre de Descarga, dentro del complejo urbano, punto terminal del acueducto romano, que abastecía este centro industrial, y su consumo humano. Tal torre se encontraba en la parte norte de la actual Iglesia de la Encarnación. Hoy dicha torre forma parte de sus cimientos.

                2) Hay, encubierto con revestimiento moderno, otro depósito que recogía parte del caudal de la citada torre, para abastecer el área levantina, donde hay una factoría de mayores proporciones que la del Majuelo.

                3) Reutilización, por parte del elemento musulmán, de una secuencia de naves romanas

como probables baños o mezquita.

                4) Construcción del Castillo fortaleza musulmana sobre un complejo romano, donde lo más relevante es una casa romana, con áreas destinadas a almacenes, o silos, entre sus componentes (descubierta en 1989).

                5) Reutilización, como espacio de vivienda moderna, del complejo arquitectónico romano, en la mayor parte de los sectores en que ha sido dividida la ciudad.

1.1. Elementos constructivos. Abandono y consecuencias

                En esta situación se señala la falta de interés del elemento islámico (en términos generales y por motivos tal vez justificados, según los intereses de cada comunidad) por el casquete superior de la ciudad. Esto se entiende desde el punto de vista práctico: el elenco estructural romano no reunía condiciones de habitabilidad, por lo que, probablemente, no fuera ocupado. Lo que no significa que algunos espacios sí lo fueran, como es el subsector supuestamente destinado a baños o mezquita, donde se observa reutilización del alzado romano, sobre el que se ha modelado un arco de herradura a la entrada del recinto, y aprovechado las aberturas de las bóvedas para montar tragaluces con vidrio.

                Ya desde la ocupación de Almuñécar por el elemento islámico, se tienen noticias sobre ruinas que se dicen abandonadas1.

                Otra de las connotaciones, aplicada a tales ruinas, es ser antiguas y, por tanto, anteriores a la época de la llegada del elemento musulmán a la Península Ibérica.

                Después del análisis superficial de los restos hoy visibles, se ha comprobado que muchas de las dependencias arquitec­tónicas de tal conjunto, ofrecen un estado ruinoso, deterioro producido en fechas algo lejanas; fenómeno que probablemente ha dado lugar a una fácil reutilización, por parte de los ocupan­tes, de los elementos existentes en época tardía, para adaptar­los a hábitat doméstico. Así, se ven bóvedas caídas, que soportan un techo moderno, también en estado ruinoso (sector L de Eras del Castillo).

                Normalmente, cuando una cubierta abovedada aparece con sus puntos de arranque sobre los propios muros laterales, ello indica que, casi con toda certeza, se trata de una de las naves romanas que, al paso del tiempo, por deficiencia de aparejo, se ha derrumbado.

                Recientemente se ha comprobado que, cuando se tiene intención de destruir una cubierta abovedada para montar una planta encima, esa bóveda preexistente es derribada hasta el punto de no dejar indicio de su existencia, aunque en otros lugares se han limitado a enrasarla con un falso techo de escayola o yeso, y montar sobre la propia bóveda, antes enrasada en su superfi­cie externa, muros del alzado superior moderno.

                En otras áreas, las antiguas estructuras caídas (o no) han sido eliminadas con el fin de hacer calle en donde no había acceso. Por ello se constata que muchas de las calles de hoy, antes fueron sistemas abovedados completos, que formaban unidad arquitectónica con otras secuencias situadas en paralelo.

                Después de comprobar los alineamientos de las calles del casquete superior de la ciudad actual, en unos subsectores se ve la línea seguida por el arquitecto romano y, en otros, la necesi­dad del colono medieval, forzado a romper los esquemas antiguos porque no responden a las necesidades que su forma de vida exige.

                Por ello, hay momentos en que, incluso, se abre calle usando como soporte unos murallones que servían (y sirven) de contra­fuertes a los sistemas de aterrazamiento del complejo romano.

                Al darse un choque frontal entre lo existente, de época romana, y lo que se precisa por imperativos de un nuevo tipo de vida, costumbres e industrias, no cabe más solución que la de comprender que la nueva población llegada adapte a sus necesi­dades cuanto encuentre a su paso y, por ello, en la medida de sus posibilidades, lo transforma.

                Gracias a la información recibida de inquilinos, se ha sabido que espacios murados en ruinas, han sido usados por los mismos como puntos de arranque de sus casas, pero conservando las módulos precedentes. Por tal razón, los esquemas modernos del casquete superior respetan las mismas proporciones, según los sectores de que se trate, y la construcción antigua reutilizada.

                Es largo enumerar los casos constatados, pero, a su tiempo, se citarán, y sólo se indicarán como uno de los datos fehacien­tes de que el abandono y la no ocupación de estos espacios por el elemento musulmán, contribuyeron en gran medida al deterioro de la mayor parte de la zona monumental de Seks, sin olvidar que, a partir de los repartos, tras la expulsión de moriscos y judíos de esta localidad, el esquema general del conjunto volviera a sufrir, como parece indicarse que así fue, nuevos cambios entre transformaciones y readaptaciones.

                Resulta sospechoso que la parte superior de la ciudad, entregada a los nuevos ocupantes tras dicha expulsión, no sea en ningún momento mencionada. Por ello se tiende a pensar que el casquete superior y gran parte del espacio de Poniente, no fueron ocupados porque se encontraran en estado ruinoso, además de no reunir condiciones de habitabilidad, lo que aún hoy día ocurre.

                En los años cincuenta eran numerosos los espacios de la parte superior de la ciudad donde se podían ver chumberas, higueras y abundante matorral, todo dentro de las mismas estructuras.

                En algunos de los sectores se ha podido hacer ver que aún se conserva lo que aquí se expone. Las viviendas abandonadas por los expulsados se encuentran en sectores tradicionalmente conocidos como espacios habitables, dotados de ciertos desaho­gos, en lo que se considera ciudad medieval.

                Por ello nos remitimos al Libro de Apeos de Almuñécar, en el que se ve cómo se va cumpliendo cada una de estas propuestas explicativas y analizadoras del problema urbano actual y antiguo.

                Así pues, en las citas de tal documento se van enumerando, y en parte describiendo, las casas situadas en espacios conocidos como collationes, demarcaciones religiosas.

1.2. Asentamientos modernos

                Los asentamientos llevados a término entre los años 1491 y 1497, siguiendo secuencia cronológica, son los siguientes, según los textos:

«Diosele unas casas en la colaçión de Santiago, de cara a la Judería desta dicha çibdad que han por linderos de la una parte una calle real que desciende del Alcaçaba y de la otra parte casa de juan de Ledesma, diéronsele e con un corral a las espaldas a la que está la madera” 2 (L. R. A., nº 1, año 1491).

                La colación de Santiago comprende toda la parte baja de la ciudad, hasta la llamada Puerta del Mar. Se observa la división zonal en que quedó distribuido el espacio habitable del núcleo antiguo. Tal división se hizo siguiendo criterios religiosos, algo similares a las actuales feligresías o distritos parro­quiales.

                En el cómputo de collationes hay que señalar dos más: la de Santa María, que comprendía la zona norte de la ciudad y el centro, extendiéndose hasta la calle Vélez, y la de la Trini­dad, que abarcaba gran parte de las cercanías de la factoría del Majuelo y calles próximas. Hoy sólo quedan restos de muros de su ermita, sobre el fondo de la citada calle Nueva, en las cercanías del pozo que existe en la misma.

                En el año 1492, se dice:

» Diósele unas casas que salen sobre la calle Real desta çibdad, con un pedaço de corral a las espaldas que han por linderos de la parte un cobertizo«3.

                Aquí se destaca el siguiente rasgo: existencia de corrales, estructuras romanas abandonadas y aprovechadas como locales de servicio para ganado y almacén.

                Por otra parte, se menciona un cobertizo (nombre conservado en la misma calle), entendido como secuencia de naves alineadas, existen­tes años atrás.

                En la colación de Santa María de la Antigua, se citan con frecuencia casas caídas que, si se considera que tal área abarcaba el sector de la calle Nueva y numerosas anejas, concuerdan con las interpretaciones vertidas sobre la procedencia arqui­tectónica de tales edificaciones: restos de paramentos romanos encuadrados en el complejo industrial del Majuelo, como se demuestra en las investigaciones realizadas de forma precisa en este sector.

                Son frecuentes los corrales actuales, en los que se ve paramento romano con cubierta rota, y viviendas montadas sobre el mismo.

                En el año 1493, se dice:

«…colaçión de Santiago…casas que an por linderos de la una parte el baño desta çibdad e de la otra parte…«4 .

                Como se ha indicado en párrafos anteriores, la colación de Santiago, comercial e industrial, conserva una secuencia de naves abovedadas romanas, alineadas y en posición paralela, reutilizada por el elemento musulmán.

                Se ven, en los techos de su cubierta, tragaluces de vidrio similares a los que tiene cualquier baño de tradición islámica.

                En el año 1493, se dice:

«Dieronse unas casas en dicha çibdad, junto a Santiago, con un pedaço de corral que sale al baño e junto a la pescadería, que han por linderos de la una parte la dicha Yglesia de Santiago e de la otra casa de Juan Carnero e el dicho baño e pescadería«5 .

                La zona descrita en este fragmento se identifica como el sector que comprende parte de la calle Baja del Mar (baños, mezquita y posible cárcel de la Inquisición), la antigua pescadería (desaparecida), y el Convento de Mínimos, lugar de emplazamiento de la iglesia de Santiago.

                En el año 1494, se dice:

« Diéronseles unas casas en dicha çibdad, en la colaçión de Santiago que han por linderos de la una parte el baño e de la otra parte la calle real«6 .

                Se considera una nueva aportación para la futura confección de configuración urbana de este sector, tan importante en el aspecto económico y social de la ciudad.

                En el año 1494, se dice:

«(…) casas en la colaçión de Santia­go (…) e de la otra parte las casas del aduana del açúcar«7.

                De forma reiterada, se habla de aspectos económicos. Ahora se cita la aduana del azúcar, lo que confirma que el sector levantino de la ciudad constituye el núcleo industrial y comercial del conjunto. Esta situación se va produciendo, de forma continua, en torno a la probable definición del estero de río Verde, no sólo en estas fechas sino también en las anteriores.

                En el año 1495, se dice:

«Diósele más un corralejo questá solo, do está una hyguera entre Nuestra Señora de la Antigua y el pozo«8 .

                Se deduce de este fragmento que la zona descrita se inscribe en el marco actual del final de la calle Nueva, donde se conserva el citado pozo, el espacio de la iglesia, destinado a casas modernas, y los corrales, compartimentos y naves pertenecientes al complejo del Majuelo, cuya demarcación comprendía desde la Puerta de Vélez hasta la playa de San Cristóbal.

                En el año 1495, se dice:

«Diósele unas casas en la dicha çibdad, en la colaçión de Santiago, que solía ser mezquita de moros, de que son linderos…de la otra parte, un callejón que entra en las ataraçanas e a las espaldas de dichas ataraçanas«9.

                Aquí se cita, por primera vez, algo que pudo y debió existir en época romana: astilleros navales10. Se da la circunstancia de que, además, en la zona baja de Levante ha aparecido un puntal de espigón terminal de puerto, bien conservado y cuya medida real se ignora11 .

                En el año 1495, se dice:

«(…) en la colaçion de Santa María una almaçería cayda»12 .

                Probablemente se hace alusión a desvanes o dependencias domésticas, caídas ya desde época anterior, y que, según hoy se comprueba en muchos lugares de la ciudad, se continúan usando como trasteros.

                En el año 1496, se citan:

«(…) casares caidos en la colaçión de Santa María«.

                En el mismo año:

«(…) corral do está una hyguera que linda con casares caydos y con una almaçería questá sobre la puerta de las dichas casas«13.

                Se vuelve a describir una situación urbanística en el sector de Santa María, en calle Nueva, estrechamente vinculada a las estructuras del Majuelo14.

                En el año 1497, se dice:

«Diósele unas casas que heran sinagoga, en la colaçión de Santiago, que an por linderos de la una parte el horno de Alaixa e de la otra parte la calle Real»15 .

Cabe notar la presencia, en estos sectores de la ciudad, de edificios públicos notorios. Tanto la sinagoga como la mezqui­ta, atarazanas, baños, aduana y fábrica de azúcar, formaban un complejo montado sobre las viejas estructuras del estero marino-fluvial romano.

                En este mismo año, se citan:

«…casas del aduana donde se solía faser el açúcar, que era de los genoveses«16.

                Y más adelante:

«(…) dieron por casas a…la mitad de un horno de la uya, que es la puerta  que solía ser de la judería, que ha por linderos de la una parte una casa que solía ser synoga, e por delante la calle Real«17.

                Este sector es el más equipado, ya que se concentran en él no sólo edificios públicos de tipo industrial, sino también religiosos (mezquita, sinagoga). La judería controlaría el aspecto mercantil de la ciudad medieval.

                De todo esto se concluye que, siendo la zona levantina el lugar donde se debió concentrar la mayor actividad portuaria de época romana, por sus especiales características, consecuentemente existiría una infraestructura urbana de edificios públicos y privados, para prestar servicios a una actividad típicamente mercan­til.

            1.3. Reutilización de la factoría del Majuelo 

                Por suerte, los planos del Servicio Histórico Militar muestran unos espacios esquemáticos poligonales que dan a entender que, en fechas relativamente próximas, parte del complejo industrial de piletas y compartimentos de zonas auxiliares, se encontraban al descubierto. Téngase en cuenta que una pequeña parte ha estado visible dentro de la factoría, y que se corresponde, una vez descubierta la mayor parte de ella, con un sector del foro[1].

                Los antiguos propietarios de la citada finca rellenaron, con tierras acarreadas, el espacio que quedaba a la intemperie. Por otra parte, es tradición, según la gente mayor de la ciudad, la práctica de la salazón en los recipientes que la factoría tenía entonces al descubierto.

            1.4. Desaparición de las zonas portuarias

                Modernamente se ha delimitado, con cierta precisión, la antigua línea de costa en las vertientes de Levante y Poniente18. El Instituto Arqueológico Alemán de Madrid ha realizado sondeos en ambos esteros marinos antiguos, llegando a la conclusión de que el diseño cartográfico de la zona portuaria natural de Seks, se adentraba por ambas vegas, y formaba dos ensenadas: una mayor, río Verde, y otra menor, río Seco. Así, Seks estaba favorecida por la configuración de la costa, con dos zonas portuarias. La más segura y amplia era la de río Verde. La ribera izquierda de esta última, según se entra, ha sido más importante en la construcción de amarres, espigones y zonas de refugios navales. Así, queda abierto el proceso analítico para estudiar cada elemento constructivo y todos en conjunto, a fin de establecer, dentro de las lógicas limitaciones reales, un criterio interpretativo unitario de este complejo arquitectónico.

EXPOSICIÓN SINCRÓNICA DE LAS ESTRUCTURAS

                Los planteamientos científicos, en estudios y conclusiones en materia de investigación histórico‑arqueológica, deben seguir unas normas que, dentro de cada proyecto de trabajo, encaucen los procedimientos precisos. Por ello, cuando la falta de rigor, prospección, análisis y comprobación convergen en un sistema a estudiar, las conclusiones se dispersan y crean una situación de ambigüedad, que impiden conclusiones serias o, por lo menos, correctamente planteadas.

                Esto supuesto, por el momento, poco ha salido a la luz sobre la verdad histórica en lo concerniente al estudio de un medio como es el que se viene conociendo, desde tiempos antiguos, con el nombre de Seks.

                Sabido es que investigación y estudio de yacimientos no faltan y, por ello, esto forma un mosaico de detalles arqueo­lógicos dispersos e inconexos, de los diferentes aspectos de esta comunidad humana.

                Aplicando estas premisas a Almuñécar, se dispone de documentos escritos relativos a la ciudad, impregnados de prurito localista (Historia de Almuñécar y su antigüedad defendida, Bibliot. Nac., leg. Nº 5857; y Manuscrito de Motril).

                Por ello se hace una breve cita de aquellas actividades realizadas hasta ahora:

                a) Aportación arqueológica con excavación, de J. M. Fontana en 1945, en el Peñón del Santo19, con descubrimiento de varias piletas de salazón de pescado junto a las actuales ruinas romanas, hoy visibles en este subsector de la ciudad.

                b) Prospecciones arqueológicas del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid20, en los años 1950.

                c) Excavaciones de Pellicer en el Cerro de San Cristóbal y a Levante del Castillo de San Miguel, en su ladera21. .

                d) Excavaciones realizadas por Sotomayor en la finca el Majuelo22.

                e) Excavaciones dirigidas por Molina Fajardo y A. Ruiz, sobre la colina de Puente del Noi23.

                f) Excavaciones en el Majuelo, llevadas a cabo por Molina Fajardo24.

                g) Excavaciones en la periferia del Castillo de San Miguel25.

                h) Excavaciones de urgencia en Eras del Castillo26, Plaza del Ayuntamiento27 (dos), calle Real28, Explanadas de San Miguel29, Palacete30 del Corregidor y, por último, en Cueva de Siete Palacios31.

                Aplicando este cúmulo de operaciones arqueológicas, término con el que se precisa su correcto significado, a los razona­mientos antes expuestos, es necesario delimitar lo que tiene apariencia de científico, y lo que realmente lo es.

                Haciendo crítica de las primeras intervenciones (Peñón del Santo), los resultados fueron recogidos como noticia por Gómez‑Moreno y Ponsich y Tarradell32, y se ignora cómo y cuáles fueron los resultados de tal trabajo, aunque se dice que aparecieron piletas de salazón de pescado en mal estado de conservación en la cima del Peñón.

                Las dos únicas excavaciones, llevadas a cabo con rigor en estos parajes, han sido las practicadas sobre el Cerro de San Cristóbal, zona periférica de Levante del Castillo de San Miguel (Pellicer)33, y la primera fase de la factoría de salazones del Majuelo (Sotomayor)34.

                En la excavación de la Cueva, los resultados han sido normales dentro de lo esperado, dado que no ha existido estratigrafía, debido a que la ocupación de este espacio tuvo lugar en época tardía, al ser comprobado que los materiales hallados aparecen revueltos: cerámica, y otros elementos, en estratos muy dispares, como se ha visto en el proceso de excavación.

                Así, un mismo tipo de cerámica afloraba tanto superficial como en niveles profundos.

                Este espacio ha sido utilizado para los más diversos fines: desde hábitat, en época reciente, hasta como cementerio de animales, según documento arqueológico (sector L, parte baja de la Cueva).

                Según testimonios orales, en los años ’60 se realizaron exploraciones sobre el relleno de la Cueva, extrayéndose algunas vasijas de cerámicas en el subsector de acceso de la puerta de Poniente.

                Con estas indicaciones la Cueva pudo ser ocupada por el elemento islámico como almacén, según se observa en el sector K (fig. 17), donde recientemente se ha comprobado la reutili­zación de materiales romanos por parte de los musulmanes, ya que se observan elementos secundarios de ambas culturas, revueltos (46-K; 47‑K y 48‑K).

                En el sector X (fig. 34), han sido detectadas otras reutilizaciones, según información tomada cuando se abrieron los cimientos de una construcción moderna. Se extrajeron, de compartimentos de estructura romana, dos vasijas tipo dolivm, mostradas en 9X, en cuyo contexto apareció fuerte mezcla de elementos romanos y musulmanes.

                En calle Real se ha practicado una excavación de emergen­cia, donde se ha sobrepasado la profundidad necesaria para la búsqueda de elementos estructurales.

                Los componentes de sistemas romanos cesan a una profundidad aproximada de 1,50 m. A pesar de ello, se ha continuado profundizando hasta los 4,70 m, excavando sobre zona de tierra o limo, tal vez pensando hallar algún resto de muro ibérico o púnico. El resultado ha sido negativo.

                Sorprendentemente, sobre esta misma calle, a unos 20 m, en sentido hacia la playa, en el derribo de una casa antigua, al abrirse las bases para asentamiento de zapatas, se comprobó, en la sola exploración superficial y algo de movimientos de tierras, y que apenas se llegó a los ¾  de m, pudo seguirse una secuencia de muros romanos que, en base, formaban parte de los viejos cimientos de la antigua casa derribada (no se permitió la fotografía).

                Aparte de este dato, se vio cómo una pieza cerámica similar a un dolivm, utilizado como recipiente de fosa séptica, quedaba fijado con hormigón romano en el suelo, junto a un paramento romano enterrado. Pero la novedad fue el hallazgo de numerosos fragmentos de cerámica púnica, romana, medieval y moderna, todo ello revuelto y en una potencia que apenas llegaba al metro de profundidad.

                La conclusión de tales resultados fue pensar que el material hallado era un relleno llevado a cabo para equilibrio de la superficie tiempos atrás.

                Los materiales no estaban en posición estratigráfica, sino que la consecuencia del desnivel, en este sector de la ciudad, producía movimiento de tierra debido a las necesidades que las nuevas estructuras impusieron a la hora de remodelarse lo que quedó de la cultura anterior, para poder ser ocupada.

                En conclusión, son acumulaciones, dentro de la profundidad indicada, de material movido a partir de la llegada del elemento musulmán. Lo que no quiere decir que debajo de estas estructuras de muros romanos, los materiales se encuentren en posición.

                Así, cuando se ha pretendido dar una opinión sobre las extrañas formas que presenta el sistema arquitectónico de Seks, se ha hecho de modo precipitado, sin analizar los elementos estructurales que dan cuerpo al conjunto, sino más de manera aislada y con escasez de datos al respecto. Ello ha llevado a definir un sistema como la Cueva de Siete Palacios, recopilando las diversas interpretaciones que sobre ella se han vertido, diciendo que se trata de una cárcel de esclavos (ergástula), o criptopórtico sobre el que se asentaba un foro o edificios públicos.

                No se puede definir, por un solo componente arquitectónico, sin contar con el contexto arqueológico, lo que es el conjunto que se estudia en Almuñécar. Por ello, nuestra intención, aunque arriesgada, no deja de ser coherente, ya que trata de dar una definición unilateral de cada sector, estableciendo una interrelación posterior de todas ellas, creando cuerpo unitario que dé sentido al complejo en su totalidad.

                Pero, también, se tratará de establecer una relación estrecha entre el núcleo central y los periféricos, para no dejar carentes de función algunos componentes que se dan de modo algo confuso.

                Lo preocupante, desde el punto de vista científico, ha sido la falta de método analítico que, de forma sistemática, iniciara un banco de datos, con el fin de dar forma y contenido a las estructuras que se han venido descubriendo desde tiempos pasados.

                Por todo ello, se insiste en que, con un estudio programa­do, teniendo en cuenta los elementos que presenta la simple exploración casi superficial, se consiga llegar a unas conclu­siones que se sitúen dentro de lo que, con cierta lógica, pueda ser admitido como proyecto científico.

                Es necesario que, como se dijo al principio de esta relación de fechas y datos inconexos, sea hora de plantearse, de forma correcta, cuanto concierne a unas estructuras faltas de explicación metódica y, sobre todo, partir de los numerosos datos de que se ha dispuesto para un estudio serio y ordenado.

                Aquí se plantea, con exigencia, ofrecer una aceptable respuesta a un acervo de documentos objetivos, con rigor y coherencia. No se trata de hacer una nueva exposición de lo que intrínsecamente constituye la esencia de Seks, sino de presen­tar una versión diferente que satisfaga la demanda de entendi­dos y profanos.

                Volviendo un poco atrás, por ahora no hay más solución que la de seguir usando los tópicos tradicionales; lo que no es óbice para que se vayan imponiendo otros que solucionen esta cuestión pendiente.

                Al igual que lo relacionado con lo fenicio-púnico, no presenta un estado de continuidad homogéneo, ya que las conclusiones sobre lo excavado, en materia de hábitat permanente de este elemento humano en estos parajes, es insostenible por las características de los yacimientos en sí, y hay que decir que, por falta de rigor, tanto lo relativo al fenómeno fenicio púnico, abundante, como la suficiencia de elementos romanos en estructuras arquitectónicas, no han despertado, tal vez por un fenómeno de encubrimiento de las interioridades domésticas actuales, el suficiente interés por indagar en los interiores de las citadas estructuras; lo que revelara la verdad de una reiterada situación falseada por falta de solvencia científica, que se constata con la simple observación de los elementos mostrados, con una frecuencia más que suficiente, pero mal interpretada.

                Después de reiteradas observaciones de lo descubierto al exterior del sistema constructivo, se ha llegado a iniciar un nuevo camino para comprobar si lo que aparece en superficie tiene respuesta en el interior del conjunto. En efecto, a partir de la década de los años ’60, se inicia un constante seguimiento de cuanto se descubre, bien de forma intencionada, bien por observación de lo que se da en superficie; y, en principio, se llega a conclusiones que, ordenadas y clasifi­cadas con criterio de carácter tipológico, inducen a seguir en la búsqueda de una continuidad en todo aquello que diera muestras de llevar a esa unidad y, sobre todo, a una coherencia con el conjunto de cada uno de los compartimentos en que se podía subdividir el núcleo urbano de la actual ciudad.

                Los diferentes sectores, en que se ha dividido el esquema arquitectónico antiguo, después de un planteamiento interpretativo nuevo, han abierto un cierto camino hacia esa búsqueda de unidad que, dentro de todo sistema evolutivo, pueda ofrecer respuesta a las diversas cuestiones planteadas.

                Dadas estas premisas, dentro de la planimetría lógica, ideada para responder al proceso de este complejo, con casi siete siglos de presencia romana y, precisamente debido a ello, se ha dividido diametralmente la ciudad en dos grandes sectores, que podrían explicar las evoluciones o cambios experimentados en ese largo período de historia.

                Esos sectores vienen impuestos por la diferencia de curvas de nivel. El núcleo superior muestra más homogeneidad tipológi­ca que los planos inferiores.

                A partir de una cota concreta, los materiales utilizados son de un tipo, y los restantes, o bien cambian o se mezclan. El casquete superior, más coherente y homogéneo, ha sido siempre el más abandonado, quizá debido a que ha sido habitado por gente de nivel social y económico humilde. Y por ello, la consecuencia final de esta ocupación ha sido la conservación de todas las líneas maestras de las distintas áreas que conforman este sector, y sobre las que se han venido superponiendo, de manera generalizada, los alzados de las viviendas relativamente modernas.

                Hay zonas donde se puede ver la reutilización de paramen­tos romanos en su casi totalidad (no se hace referencia a los abovedados).

                Los trazados antiguos son tan desconocidos y tan faltos de lo que se entiende como lógica urbanística en los esquemas romanos que, a veces, resulta confuso seguir las líneas de las estruc-turas, según un orden.

                Hay subsectores que muestran las alteraciones sufridas por la ocupación medieval y reciente. Pero otros necesitan una gran dosis de estudio y comparación.

                Una de las causas que motivan confusión en algunas áreas es el aterrazamiento, usado como elemento de equilibrio en los lugares donde el suelo tiene grandes o pequeños desniveles. Es un fenómeno frecuente, y muestras de ello son las grandes masas de piedra con cal grasa observables en superficie, a través de varias calles actuales.

                Esta enmarañada situación, formada por secuencias casi ininterrumpidas de naves abovedadas, deja muchos casos en un completo desconocimiento de los accesos a esos espacios. Se comprenden las dificultades que debieron superar los nuevos ocupantes de los referidos elementos arquitectónicos, cuando se han visto forzados a romper los muros de esos recintos. En cierto modo puede servir de explicación para dar sentido a la complicación y dificultad de accesos a estas estructuras, la intención de hacer frente a las continuas acciones de piratería que, con relativa frecuencia, tenían lugar en estas costas. Unas estructuras cerradas y con entradas del tipo que se tratan de explicar, no hay duda de que crearían serios proble­mas a cualquier intento de este tipo. En definitiva no es más que un sistema de almacenamiento fortificado y con accesos difíciles de localizar.

                Las áreas que comprenden las calles San Miguel, Espaldas de San Miguel, Eras del Castillo, Nueva del Carmen, Angustias Moderna, Morería Alta y otras de estos niveles, presentan indicios de ser artificiales, es decir, con accesos abiertos a pico, rompiendo los muros romanos para ocupar tales formas constructivas.

                Pero hay otro dato de interés a este respecto, relativo a las citas sobre restos antiguos de tipo arquitectónico; y es que uno de los historiógrafos musulmanes habla de la existen­cia, en la zona alta de la ciudad, de ruinas antiguas35.

                En algunos subsectores se observa que los muros, e incluso sistemas abovedados, han sido rotos para abrir accesos y penetrar en otros recintos cerrados. Con esta práctica se han hecho desaparecer series enteras de criptosistemas abovedados para interconectar las redes viarias modernas de paso.

                En el subsector de la calle San Joaquín (I), indicaba un inquilino, cuya casa tiene en su interior nave abovedada, que, tiempos atrás, la gente tuvo que allanar el espacio existente a lo largo de toda la fachada nororiental, aneja a su casa cueva para que los animales de tracción pasaran sin dificultad, y se pudiese acceder a las casas (naves abovedadas), donde habitaban.

                Esto revela que, en este sector, se construyó aterrazamiento para nivelar el solar donde se encontraba emplazado el sistema del complejo de la Cueva, cuya área conservada representa la cuarta parte de su unidad arquitectónica.

                El otro gran sector, o área de mediana altura y zona baja de Poniente, tiene características algo diferentes. Los materiales de construcción amplían su variedad. Se usa el ladrillo (opvs testacevm), no registrado como elemento de aparejo en todo el casquete superior, tanto para el alzado de arcos y muros como en abovedamientos, y el opvs incertvm en los muros soportes de las naves abovedadas.

                Sobre tipos de bóvedas, en un subsector concreto, se observan formas vaídas, normales, de medio punto, y tragaluces circulares similares a los agujeros detectados en las cubiertas de la mayoría de las formas hasta ahora conocidas.

                En general, se afirma que, si se traza una diagonal norte-sur, el semiplano de Levante ha sido el que más transformacio­nes y desgastes ha experimentado. En primer lugar, con relación al casco urbano actual, ha sido la zona con más materiales sedimenta­dos, como se ve en algunos cortes practicados en derribos.

                Supuesto un segundo murallón contrafuerte, perteneciente a la última cota de aterrazamiento de desniveles, comprobado en calle Real (excavación de urgencia, y rebaje de cimentación de edificio donde se halló gran cantidad de materiales en superfi­cie), con acumulación de éstos, aglutinados en dos casos de los tres practicados sin orden ni estratigrafía), se infiere que el sector más deteriorado por el abandono y la erosión, así como sometido a cambios de todo tipo estructural por las diferentes etnias del pasado, ha sido precisamente el denominado zona de Levante.

                De las dos ensenadas, la mayor era la levantina, que se adentraba algo más de 2 km en lo que hoy es la cuenca de río Verde, por encima de la paralela a la costa actual, trazada desde el llamado Portichuelo. La segunda, más reducida, partía, casi en diagonal, desde las proximidades de la factoría del Majuelo, en su mitad, hasta los promontorios formados por las tres colinas donde se encuentran las necrópolis púnicas: Puente del Noi, Laurita y colina situada sobre la antigua colonia de la Diputación Provincial de Granada. En ambos esteros se han registrado indicios de componentes de puertos artificiales. En la factoría del Majuelo, Sotomayor descubrió soportes, en donde se podía ensamblar travesaño, utilizable como punto de amarre de barcos36. En la zona de Levante, estero mayor, se ha localizado un punto extremo de puntalón de muelle de puerto romano, de opvs caementicivm, habitual en la construcción portuaria. En resumen, todo un proceso de deforestación, provocado por diferentes causas naturales e intereses locales, ha desencadenado, como resultado final, una fuerte sedimentación, (aparte de la elevación de terreno por causas geológicas, hundimiento de la zona de Alborán y, como consecuencia, elevación de la franja costera granadina), que ha dado lugar a la formación de las actuales vegas de los ríos Seco y Verde, fenómeno que ha producido simultáneamente el enterramiento de las áreas portuarias, con más intensidad en Levante que en Poniente. Como indica el plano de evolución geológica de la línea de costa37, la de Levante  pasa por encima de lo que se considera zona portuaria en este sector, y donde los muros de contención están enterrados a escasa profundidad. La gran área de factoría de salazones yace bajo tierra en el espacio comprendido entre la línea de evolución geológica antigua, y lo que hoy es la parte baja de la ciudad, a lo largo y ancho de laderas del estero periférico de Levante. No faltan puntos donde se han destruido lienzos de muros de la factoría de salazón. Así, la vertiente más alterada está a Levante del barrio de San Sebastián. Sobre la ladera, en sus puntos más bajos, han aparecido muros romanos. Por encima de estas estructuras hay una villa romana, en el citado barrio de San Sebastián. Tal vez con el tiempo se sepa qué resta aún debajo del corredor formado por las laderas que bordean el estero antiguo de río Verde. En cuanto a la ensenada de río Seco, la línea de playa se encontraba cerca de donde se han hallado las necrópolis púnicas mayores; lo que daría luz sobre el hipotético primitivo estacionamiento fenicio-púnico.


1 Cfr. Fuentes historiográficas medievales: notas 60 a 70, en INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE ALMUÑÉCAR.

2 Mª Carmen Calero Palacios, “El Manuscrito de Almuñécar: Libro de Apeos” del Archivo de la Diputación Provincial de Granada, Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, p. 419.

3 Ibidem p. 437.

4 Ibidem, p. 464.

5 Ibidem, p. 469.

6 Ibidem, p. 479.

7 Ibidem, p. 491.

8 Ibidem, p. 499.

9 Ibidem, p. 500.

10 Cfr. Simonet en Ibn al-Jatib, en el epígrafe Seks en las Fuentes Escritas.

11 Cfr. Planimetría del Sector X, Fig. 34.

12 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit., p. 502.

13 Ibidem, p. 507.

14 Cfr. Planimetría del Sector J, fig. 16.

15 Mª Carmen Calero Palacios, op. cit. p. 512.

16 Ibidem, p. 514.

17 Ibidem, p. 514.

18 O. Arteaga-Hoffmann-H. Schubart-H.D. Schuld, Investigaciones Geológicas y Arqueológicas sobre los cambios de la línea de costa en el litoral de la Andalucía Mediterránea, Informe Preliminar, 1985, Anuario Arqueológico de Andalucía, 1985, II Actividades sistemáticas, 1987, pp. 120 ss., fig. 4.

19 M. Ponsich y M. Tarradell, Garum et industries antiques de salaison dans la Méditerranée occidentale, Paris, 1965, pp. 82 ss.

20 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.

21 Trabajos de  carácter general para tema inicial: Véanse M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), Granada, 1962. Id. Actividades de la Delegación de zona de la Provincia de Granada durante los años 1957-1962, NAH, Madrid, 1964; Id. Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada) AEA., 17, Madrid, 1964; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964; Id. Actividades de la Delegación de la Provincia de Granada, NAH, Madrid, 1955. J. Maluquer de Motes, Descubrimiento de una necrópolis en la antigua ciudad de Sexi (Almuñécar, Granada), Zephyrus, XIV y AEARq., 28.

22 Trabajo de carácter general, M. Sotomayor Muro, Nueva factoría de salazones de pescado en Almuñécar (Granada), NAH, XV, Madrid, 1971.

23 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández  y otro, La  necrópolis feniciopúnica de Puente de Noi, Almuñécar en la Antigüedad, Granada, 1982, pp. 147 ss.

24 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, op. cit. pp. 279 ss.; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar, Arqueología e Historia, Granada, 1983, pp. 185 ss.

25 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Dos cortes bajo las murallas del Castillo de San Miguel, Almuñécar…, op. cit., II, pp. 351 ss.

26 Trabajo inédito por urgencia, pero reflejado en la Planimetría del Sector M, fig. 24.

27 F. Molina Fajardo, Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 89 ss.; Id. Excavación de urgencia sin publicar, realizada en la zona cercana al Castillo de San Miguel, y sólo reflejada en Planimetría (Sector V, fig. 33.).

28 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar…, op. cit., II pp. 121 ss.

29 Excavación de urgencia llevada a cabo en la explanada de Eras del Castillo y aún no publicada.

30 F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Excavación de urgencia en el solar del Palacete del Corregidor, Almuñécar Arqueología e Historia III, Granada, 1986, pp. 105 ss.

31 F. Molina Fajardo, El Bronce Final yla colonización Fenicia, Almuñécar…, op. cit., pp. 21 ss.; F. Molina Fajardo, J. Junquera García, E. Pérez Pita y J. Gómez Torres, Arquitextura romana, Almuñécar…, op. cit., pp.252 ss.

32 M. Ponsich y M. Tarradell, op. cit., pp. 85 ss.

33 Cfr. Nota 19.

34 Cfr. Nota 20.

35 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII según al`Udri (1003-1035), Cuadernos de Historia del Islam, 1977, pp. 5-8.

36 Cfr. Nota 22.

37 O. Arteaga et alii, op. cit., pp. 120 ss., fig. 4.


SEKS EN LAS FUENTES ESCRITAS

           

1. TEXTOS HISTORIOGRÁFICOS GRIEGOS Y LATINOS

            Como ha quedado indicado en la exposición introducto­ria, las fuentes escritas no siempre se corresponden con los hechos reales. Este fenómeno se observa cuando se trata de hacer una equiparación entre lo escrito y lo arqueológico, que podría traducirse en un intento de establecer una correlación paralela entre lo que es y lo que hay; o lo que es igual: los textos escritos no se mue-ven en las mismas coordenadas históricas que los elementos arqueológicos.

                Pero, a pesar de este factor de incongruencia, se va a prescin­dir, en parte, de la arqueología para fijar la atención en lo que los antiguos estimaban como estructuras urbanas, fuérenlo o no, hecho que ocurre. Pues dentro de la arqueología urbana no se hace distinción entre una ciudad como Baelo Claudia, ejemplo clásico, y lo que podía ser sólo una factoría, como lo son numerosos emplazamientos costeros tanto en la Península Ibérica como en Marruecos atlántico.

                Pero, siguiendo el criterio de los historiógrafos antiguos, se va a aplicar su método al relatar las citas que se hacen en la Antigüedad sobre Seks. Así, recurriendo a un texto de Estrabón (Geogr. IV, 1,5), éste dice que la eficacia de una repoblación se fundamenta en la vida urbana, desarrollando los aspectos más comerciales. Estrabón duda también sobre la aplicación de la denominación dada a este tipo de ciudad, ante los aspectos negativos ofrecidos por un emplazamiento como el de Seks en sus inicios.

                El contenido etimológico del topónimo queda suficientemen­te explicado por J. M. Solá‑Solé38, que presenta la secuencia ŠKŠ (samek, kaf, samek), cuya trascripción griega dará la forma ’Εξ.

                La Historiografía antigua ha proporcionado pocas citas sobre los inicios de esta colonia. Durante el período romano serán más frecuentes y amplias. Conocidos son los trabajos sobre la colonización fenicia y griega y los contactos de tales etnias con la localidad de Seks39.

                Esta ciudad, por seguir el término que los antiguos usan, queda integrada política, jurídica y militarmente en el Conventvs Gaditanvs, dentro de la Provincia Bética.

                El emplazamiento de la ciudad, en sus orígenes, sigue siendo una incógnita, aunque hay opiniones que apuntan la idea de situarla en las cercanías de la actual Jete40.

            1.1. Hecateo de Mileto (s. VI a. de C.)

Las citas históricas de Seks se inician con un texto de este autor, y dice así:

«Μαστιαvoi, eθvoς πρoς ταiς Ηρακλεiαις Στήλαις, Εκαταioς Εuρoπh. Εiρηται δε aπo Μαςτίας πόλεως. Σύαλις, πόλις Μαστιηνων. Σίξoς, πόλις Μαστιανων. Ηκαταioς Εuρωπh»

                Esto es:«Mastienos, raza próxima a las columnas de Heracles; Hecateo en Europa. Se les da este nombre de la ciudad de Mastia. Syalis, ciudad de los Mastienos. Sixos, ciudad de los Mastienos. Hecateo en Europa»41.

                Con relación a la dependencia política de Seks en estas fechas, se indica que la capitalidad o metrópolis de los Mastienos era la ciudad de Mastia, presuntamente identificable con la ciudad de Carthago Nova, en sus orígenes, ya que se dice que la población o comunidad autóctona de Seks pertenecía a la misma etnia42.

                Son diversas las interpretaciones que se han dado sobre el topónimo ŠKŠ en el aspecto lexicográfico, presumiblemente debido a desconocimiento semántico, ya que, según se desprende de su posterior estudio, hubo un momento, en el proceso de las acuñaciones, en que su compren-sión fue desconocida43.

                Por otra parte, tal confusionismo motivó una amplia gama de variantes morfológicas, unas procedentes de la trascripción griega (‘′Εξ/ Σίξoς), y otras, de la versión latina, a partir del término SEX (transcripción del espíritu áspero (‛) por s latina, épsilon (ε) por E y KŠ por X), resultado que adquiere múltiples fórmulas: AEX, EX, EXITANVM, SEX, SEXI, SEXETANVM, SEXSI y SEXI-TANVM, con sus derivados gentilicios correspondientes.

            1.2. Dífilo de Sínope (s. III a. de C.)

            La cita aportada por este autor griego fue recogida por Ateneo de Naucratis en su obra El Convite de los Sofistas. Su texto es como sigue:

«kreisonoς  ̉Αμύκλαvoς (σκόμβρoς) και Σπαvός Σαξιταvός λεγόμεvoς γαρ και γλυκύτερoς».

O sea: El mejor escombro es el de Amyclas y el hispano llamado sexitano, pues es más delicado y agradable”44.

                Tal fama de las salazones de Seks en el Mediterráneo quedará reflejada en la reiteración de su calidad a través de varios autores.

            1.3. Estrabón (s. I a. de C.)

                Uno de sus textos recoge la siguiente noticia sobre Seks:

«h δe Μάλακα πλησίov mallvn, Φoιvιvικŋ τω ςχήματι. eφεξhV δ` eστin twnΕξιταvwv πόλις, eξ hς καi τa ταρίχη eπωvύμως λέγεται«:

                Es decir: “Málaga está más cerca, con esquema de ciudad fenicia. Después de ésta se encuentra la ciudad de los exitanos, de la cual es epónima su salazón”45.

                Más adelante, en otro texto, a propósito de la fundación de Cádiz, habla de la situación de Seks, y explica la retirada de los fenicios de allí, alegando que los hados no les fueron propicios.

                Su contenido es:

«[…] κατασχεiv εiς τι χoρίov evτoς τwv στηvwv, ev w nun eστi h τwv Εξιταvwv πόλις. evταuθα δε θύσαvτας, μh γεvoμέvωv καλwv τwv iερείωv,avακάμψαι πάλιv

                Es decir: “[…] desembarcaron en un lugar, a la parte de acá de las Columnas, en la que ahora se encuentra la ciudad de los Exita­nos. Tras haber ofrecido sacrificios allí y, al no serles propicios, se volvieron”46.

                Este texto ha dado lugar a especulaciones, que no han provocado más que confusión, y alimentado los pruritos localis­tas, llegándose incluso a suponer que se ha producido una mani-pulación en el proceso mismo de la Historia Antigua, cuando se ha querido establecer un criterio de prioridades en el trans­curso de las colonizaciones, iniciado por los fenicios47.

            1.4. Tito Livio (s. I d. de C.)

                En el primer texto relativo a Seks (Sexetanvm), Livio expone la rebelión que se produjo en el año 197 a. de C., por parte de algunas ciudades, colonias, entre las que se contaban Seks, Malaca y otras.

                Como era normal, después de los episodios bélicos de época púnica, la comunidad de Seks ya había conseguido cierta estabilidad en lo que se refiere a la población fenicio-púnica. Resultaría pues, incongruente que una comunidad estable se levantara en armas contra una potencia como Roma, y sin unos motivos que no supusieran el haber roto vínculos de tipo político y sociales esta-blecidos con ella.

                El primer texto dice como sigue:

«vixdvm terminato cvm Philippo bello (…) ingens in Hispania ulteriore coortvm est bellvm. M. Helvivs eam provinciam obtinebat. is litteris senatvm certiorem facit Cvlcham et Lvxinivm regvlos in armis esse, cvm Cvlcha decem et septem oppida, cvm Lvxinio validas urbes Carmonem et Bardonem, in maritima ora Malacitanos Sexetanosqve et Baetvriam omnem et qvae nondvm animos nvdaverint ad finiti­mo-rvm motvs consvrrectvra (…)»

                Es decir:«Apenas terminada la guerra con Filipo, estalló una gran revuelta en la Hispania Ulterior. Marco Helvio estaba al frente de esta provincia, y puso en conocimiento del Senado que los régulos Culcas y Luxinio se habían levantado en armas. Culcas tenía bajo su dominio 18 ciudades; Luxinio las poderosas ciudades de Carmona y Bardo, y que en la costa, los malacitanos y sexetanos y toda la Beturia y los que todavía no habían descubierto sus intenciones, se levantarían en armas (…)«48.

                Sin duda, esta rebelión fue provocada por incumplimiento de los pactos firmados con Roma, y por abusos tributarios de mandos militares romanos.

            1.5. Pomponio Mela (s. I d. de C.)

                Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

«in illis oris ignobilia svnt oppida qvorvm mentio tantvm ad ordinem facit;  Vrci  in  sinvm  qvem Vrcitanvm vocant, extra Abdera, Svel, Ex, Maenoba, Malaca, Saldvba, Lacippo, Barbesvla».

                Es decir:«En aquellas costas hay ciudades importantes. Su mención se hace por seguir un orden de cita; Urci se encuentra al fondo de la ensenada llamada urcitana; fuera se encuentran las ciudades de Abdera, Suel, Ex, Maenoba, Malaca, Salduba, Lacippo y Barbesula»49.

                La fecha de este episodio coincide con una situación tranquila en la Bética. Al menos las guerras civiles entre César y los hijos de Pompeyo habían quedado atrás, y la paz romana prevalecía sobre casi toda la Península.

            1.6. Gayo Plinio Segundo (s. I d. de C.)

               El texto que este autor ha dejado sobre Seks, es el siguiente:

«dein Maenoba cvm flvvio, Sex cognomine Firmvm Ivlivm, (Selambina), Abdera, Mvrgi, Baeticae finis. oram eam vniversam originis Poe-norvm existimavit M. Agrippa»

                Esto es:»le sigue Menoba con su río, Sex con el sobrenombre Firmvm Ivlivm, Selambina, Abdera, Mvrgi, fin de la Bética. Marco Agripa consideró que toda aquella costa fue púnica desde sus orígenes»50.

                La cronología aplicada a los sucesos que se narran en esta obra establece alguna conexión entre la situación particular de Seks y las guerras entre César y Pompeyo.

                Alrededor del año 46 a. de C., la población, en general, o colonia romana, tuvo algo que ver en los sucesos finales de la citada guerra. Hay ciertos datos indicadores de hechos bélicos atribuibles a los últimos momentos de la lucha entre pompeya­nos y cesarianos. A pesar de la probable concesión de la titularidad de Mvnicipivm concedida por César en el año 49 a. de C., se deja ver que la evolución del topónimo no se produce hasta la desaparición de los caracteres púnicos de las leyendas monetales. Además, en el año 46 a. de C., aún se combatía entre seguidores de uno y otro bando.

                La ciudad de Seks parece haber estado de parte de los pompeyanos, como atestigua el hallazgo de un tesorillo de denarios de plata aparecido en una pileta de salazón abandonada51. Tras el estudio del material, se ha comprobado que la última de las piezas puede fecharse en el año 46 a. de C., observándose también el uso de símbolos y leyendas alusivas a Pompeyo. Probablemente tal acuñación fuera realizada por un hijo de éste.

                El abandono de la leyenda púnica y la adopción del topónimo en caracteres latinos tienen lugar (aparte de la decadencia de lo fenicio-púnico en varios aspectos de tal cultura, entre ellos la lengua), cuando Roma impone definitivamente su influen­cia en todos los aspectos sobre el imperio consolidado, deci­diéndose el cambio epigráfico, producido aproximadamente a finales del siglo I a. de C., o primera mitad del I d. de C. Se da una incongruencia lingüística entre los textos históricos que citan la ciudad (unos con topónimo helenizado; otros, latinizado) y la epigrafía numismática. Tal contrasen­tido es insostenible desde el punto de vista histórico, pero da la impresión de que se asiente en ello, aunque semánticamente sea anacrónico e incluso lleguen a darse, de forma simul-tánea, diferentes variantes en una misma época, por más que ello constituya un topónimo polisé-mico, como en algunas ocasiones se ha admitido.         

                La presencia militar en Seks se ha comprobado desde el año 46 a. de C., y se supone que existía desde antes, pudiéndose indicar, como dato de ello, el año l97, fecha en que las ciudades costeras y otras se sublevan contra Roma.

                Con todo, y profundizando en el texto de Plinio, se puede decir que, aparte de las conno-taciones políticas de pactos anteriores establecidos con Roma, la denominación Firmvm Ivlivm puede significar una fórmula de sumisión al nuevo poder establecido, indicando que justamente el término cognomine funciona como un elemento de enlace para sumar un calificativo que, en la mejor de las interpretaciones, puede ser entendido como fórmula adulatoria, comprensible desde el punto de vista interpretativo, por las situaciones históricas que mantenía la colonia de Seks. En efecto, se ha comprobado que, por lo menos en el año 46 a. de C., hay revueltas, como indica la Arqueología (cfr. nota 33), que manifestaban inestabilidad aún después de Munda (49 a. de C.).

                La aplicación efectiva del estatuto de derecho latino, concedido por Julio César, entraría en vigor en estas colonias posiblemente no de forma inmediata.

                La segunda cita de Plinio es la siguiente:

«colias sive Parianvs sive Sexitanvs a patria Baetica lacertorvm minimi»

                Es decir:» El colias pariano o sexitano que se cría en la costa bética, son los más pequeños de éstos»52 .

                En este texto tan sólo se hace alusión a uno de los tipos de pescados que se elaboraban en Seks, indicando su abundancia en el Mediterráneo53.

            1.7. Marco Valerio Marcial (s. I d. de C.)

                Su texto, relativo a Seks, es el siguiente:

«cvm Saxetani ponatvr coda lacerti  et, bene si cenas, conchis invncta tibi: svmen, aprvm, leporem, boletos, ostrea, mvllos mittis: habes nec cor, Papyle, nec genivm«.

                O sea:» Mientras tú te sirves pescadillas saxetanas revueltas con caracolas, si es que cenas bien; tú, en cambio, pones ubre de cerda, jabalí, liebre, setas, ostras y barbos. Papilo, ni tienes gusto ni inteligencia»54 .

                Considerando que este autor es irónico por antonomasia, sus referencias a Seks se en-cuadran en el contexto de unos versos de tal talante, que sólo la alusión a una localidad de prestigio podía servirle para componer una sátira. El servirse del topónimo para este fin, no deja de ser más que una anécdota, ya que se conoce bien por otros autores, el buen nombre de sus productos.

            1.8. C. Ptolomeo (s. II d. de C.)

                Su texto es como sigue:55

«Βαστoύλωn τωn καλoυμέvωn Πoιvωn

Μεnραλία                                                                        ς΄           λ”           λς΄         ιβ”

Εn τω Iβηρικω πελάγει…

Μάλακα                                                                           η΄          L γ”       λζ΄         L”

Μαίnoβα                                                                          θ΄           δ”           λζ΄         δ”

Σέξ                                                                                      θ΄           L” δ       λζ΄         δ”

Σηλάμβιvα                                                                      δ”           λζ΄         δ”:

De los Bástulos llamados púnicos:

Menralia                                                                         6o                 30′         36o             30′

(…)

Dentro del mar ibérico:

Malaca                                                                                             60                 50′         370

Mainoba                                                                         90                 15′          370             5′

Sex                                                                                    90                 45′         370             15′

Selambina                                                                     100                15′          370           15′

                En esta relación de datos cartográficos, la columna de la izquierda indica la longitud; la de la derecha, la latitud; ambas en grados y minutos.

                Esta enumeración se inicia desde el Atlántico hacia el interior del Mediterráneo.

                La lista completa de ciudades de dicha geografía es la siguiente:

                Menralia,                        

                Transdvcta,    

                Barbesvla,       

                Carteia,             

                Svel,

                Saldvba,  

                Malaca,

                Mainoba,

                Sex,

                Selambina,

                Portvs Magnvs.

                Según este mismo autor, la población de estas comunidades estaba formada por elementos libios, venidos en tiempos de los Bárquidas, púnicos y fenicios; aunque parece indicar que formaban una misma etnia de origen tiria, salvo los estrictamente africanos, llegados a propósito de las Guerras Púnicas46 .

                Las respectivas situaciones de las ciudades colindantes con Seks, según los cálculos de Ptolomeo, se corresponden con cierta precisión. No obstante, y según otras opiniones, con tales coordenadas, la ubicación de la Seks púnica parece más bien corresponder al antiguo emplazamiento de Jete (cfr. nota 22), 7 km hacia el interior de la vega de río Verde.

                A tal efecto, se puede decir que esta localidad ha regis­trado, en sus cercanías, bastantes restos de estructuras arquitectónicas romanas.

                Por otra parte, la similitud entre los topónimos SEX y XET no puede ser más elocuente. Téngase en cuenta que XET es un término arabizado, al igual que el de la localidad próxima a La Herradura, cuyo topónimo XAT, ha dado Jate.

            1.9 Itinerario de Antonino (s. II d. de C.)

                La lista de ciudades57 y sus distancias con relación a Seks, es como sigue:

TVGIA                                                                             XXXV                  m.p.   

SAXETANVM                                                                XXXVIII             m.p.

FRAXINVM                                                                   XVI                       m.p.   

CAVICLVM                                                                    XVI                       m.p.

HACTARA                                                                      XXIV                    m.p.   

MENOVA                                                                         XXXIIII            m.p.

ALBA                                                                                XXIV                  m.p.   

MALACA                                                                         XII                      m.p.

VRCI                                                                                  XXIIII                m.p.

TVRANIANA                                                                  VI                       m.p.

MVRGI                                                                             XII                      m.p.

                La trayectoria histórica de este documento se inicia con el citado Emperador. Una de sus redacciones fue concretada por Ético de Istria, que es la llegada hasta hoy, y encontrada en un manuscrito del siglo VIII d. de C.

                Es la exposición de las redes viarias que se extendían en las dos dimensiones cartográficas de la Península Ibérica. El texto en el que se menciona Seks, muestra, en orden, la distancia comprendida en el trayecto entre Cástulo y Málaga.

                Las cercanías entre las dos ciudades limítrofes con Seks se identifican con lugares cercanos a Dalías (Mvrgi), y las proximidades de Torrox (Caviclvm). Las distancias casi concuer­dan con los emplazamientos de los restos arqueológicos de ambas localidades58.

            1.10. Anónimo de Ravena (s. III-IV d. de C.)

                Se trata de un documento de contenido geográfico en el que se recogen citas de topónimos. En él no se menciona a Seks. Sin embargo los nombres nuevos intercalados entre Malaca y Abdera, Lenvbar y Caesarea, uno por corrupción morfológica, Lenvbar, otro por expansión semántica o sinonímica, Caesarea (I. CAESAR), podrían identificarse ambas, con cierta reserva, con las colonias antiguas de Maenoba y Seks; ésta última llamada desde el siglo I a. de C., Sexi cognomine firmvm Ivlivm (cfr. nota 13)59.

            1.11. Mario Victorino (s. VI d. de C.)

El texto que ha dejado, está relacionado con el plantea­miento de un problema de fonética histórica, y se presenta de la siguiente forma:

«sed libenter qvaererem, qvibvs litteris – scriptvri essent eas voces, qvae in declinatione nec g et s – exevnt, ut nix nivis, senex senis – sexvs sexvs et Sex oppidvm in Hispania – avstrvxit qvod est ab traho, et vexit«

            Es decir:» Pero si quisiera saber bien qué letras se han de usar en aquellas palabras que en su declinación no llevan ni g ni s, ni c ni s, como nix nivis, senex senis, sexvs sexvs y Sex ciudad en Hispania, avstrvxit que procede de traho, y de vexit»60.

            El dato que aporta este autor es valioso para explicar la evolución fonética del topónimo, y la época en que se plantea el problema, aunque este detalle podía ser secundario, ya que era factible su recopilación de textos anteriores.

            2. TEXTOS EPIGRÁFICOS LATINOS

                Lo más importante estriba en que son testimonios directos de hechos y personas pertenecientes a esta localidad, y no se duda de que aquí indican el índice de credibilidad máximo, ya que no dependen, para su interpretación, más que de una buena traducción y comprensión exacta de su contenido.

                Es cierto que un yacimiento, tan renombrado como Seks, no lleva, de forma paralela a su notoriedad, una secuencia de documentos que aporten más conocimientos sobre la condición y ámbito de un conjunto arquitectónico peculiar.

                Dentro de la tradición, escrita se cita una inscripción hallada en la localidad de las Albuñuelas (Granada), de la que sólo queda tradición oral de su texto, descubierta por el cura párroco que, en aquellas fechas, ostentaba tal cargo en la citada localidad. Fue D. Francisco Tallón García quien, además de citar el texto de memoria, indicó que tal inscripción, en mármol, cubría la bocana de un horno de pan privado, y fue llevada posteriormente al museo que en aquella ocasión existía en la Diputación Provincial de Granada, donde se extravió.

                El texto decía lo siguiente: HIC TERMINVS INTER SEXITANOS ET ILLIBERITANOS: «Este es el límite entre los sexitanos y los iliberitanos».

                Al parecer, era un texto de miliario, donde se indica el límite de separación territorial de dos circunscripciones municipales. El no disponer del documento impide toda hipótesis de trabajo, aparte de la que genera su existencia.

            2.1. Documento epigráfico funerario 1 (s. II-III d. de C.)

            Texto:

D.M.S. C. AEMILIVS  CANTABRINVS  SEXSITANVS

ANN.  LXII PIVS IN SVIS

H. S. EST

S.T.T.L.

                 Dice así:«A los sagrados dioses Manes. Gayo Emilio Cantabrino, sexitano, a los sesenta y dos años. Piadoso con los suyos. Aquí yace. Que la tierra te sea ligera»61 .

            Tan sólo presenta el dato de un personaje que nació en Seks, y murió en las cercanías de la localidad de Íllora (Granada).

            2.2. Documento epigráfico funerario 2 (s. I-II d. de C.)

                Apareció en Almuñécar, pero se ignora su paradero. Ha sido transmitido por varios autores de los que alguno ha podido tener acceso a él.

                Texto:

P. IVLIVS  PRIMVS  HIC  SITVS  EST

 CVM  SVIS  S . T. T. L

COLVMBARIA  POSIDO  NVMERO VI

  DEXTRA  ET  SINISTRA

                Dice así:«A Publio Julio Primo; aquí yace con los suyos; que la tierra te sea ligera; levantó seis columbarios, unos a derecha y otros a izquierda»62.

                Tal documento aporta datos relativos a una familia que poseía un panteón privado, añadiendo que existían otros en diferentes puntos de la localidad, como se ha podido comprobar.

                Esta inscripción indica que el propietario posee otros panteones en distintos parajes de Seks; e interpretando, con reservas, el texto, se supone que las características del mismo, en cuanto a su tamaño, concuerdan con las del hueco existente hoy sobre la cara suroeste del alzado externo del columbario Torre del Monje.

                El número de columbarios citados en ese documento se admite como cierto, ya que se han detectado cuatro: el conocido como Torre del Monje, el de la colina de la finca denominada La Albina; un tercero, del que sólo quedan vestigios al borde de la actual carretera de Jete, cerca de la Torre del Monje; y un cuarto, demolido no hace muchos años, situado en la finca La Cerca, junto a la necrópolis de Puente del Noi (sector C de la excavación).

                Fragmentos de columnas y numerosos sillares de piedra toba, hallados en los alrededores de la citada finca, indican que existió una villa romana en su interior.

                Puesto que hay gran cantidad de restos arqueológicos en una propiedad situada en el centro del barrio de San Sebastián, y que son elementos arquitectónicos de una villa, se conjetura que en este espacio existiera otro panteón familiar o columbario.

                Sumando el cómputo final de estos datos, se llega a la conclusión de que hay una coincidencia casual con el número de edificaciones funerarias enumeradas en el documento epigráfico. Razonadamente se piensa que su cantidad debió ser mayor, ya que se han detectado otras villas aún no estudiadas.

            2.3. Documento epigráfico funerario 3 (s. II-III d. de C.)

            Texto:

D  M  S  C  BEBIVS MARCIANVS ANNORVM  X  M  VIII

D  XXVIII  PL  I  S  LE…VIS

                Dice así:«A los sagrados dioses Manes. Gayo Bebio Marciano. De diez años, ocho meses y veintiocho días. Querido entre los suyos. [Que la tierra te sea] ligera»63.

                La piedra fue encontrada en la vega de Almuñécar, en una de las laderas de la parte izquierda de río Verde.

            2.4. Documento epigráfico funerario 4 (s. II d. de C.)

            Texto:

            AM-AN-V-S-T

                Dice: «Am…de cinco años. Que la tierra [te] sea [ligera]»64 .

            2.5. Documento epigráfico honorífico 1 (s. II d. de C.)

                Texto:

C – AEMILIO – NIGRO – ANNIO – SENECAE –

FILIO – ARVACO – GALERIA – SEXITAN –

FLAMINI – DIVORVM – AVGVSTORVM – PROVINCIAE –

BAETICAE – AMICO – RARISSIMO –

AEMILI – LIGVRIVS – ET- ITALICVS –

ET – DELIVS – EXIMIA – PRO – LIBER – POSUE…RVNT

                Dice así:«A Gayo Emilio Nigro, hijo de Séneca, de la familia Galeria, sexitano, sacerdote de los divinos Augustos de la provincia bética, amigo entrañable; los de la familia Emilia, Ligurio, Itálico y Delio le hicieron este recuerdo por su gran genero­sidad»65 .

                La importancia del documento se centra en la categoría social que representa el personaje al que está dedicada tal inscripción, lo que da una entidad especial a la localidad, ya que supone la existencia de un alto cargo religioso en Seks.

                Un dato importante es el modo y lugar en que fue hallada esta inscripción. Apareció como elemento de relleno de muro, dentro de uno de los compartimentos de la factoría del Majuelo.

                Como nota adicional, se puede inferir que esta inscripción, debió montarse en las cercanías del Majuelo, y tal vez en un lugar como templo o foro.

            2.6. Documento epigráfico honorífico 2 (s. I-II d. de C.)

                Texto: NOREM.»…honor…» 66.

            2.7. Documento epigráfico honorífico 3 (s. II-III d. de C.)

                Texto:

L. STERT  L F  ACILIO…MATERN ASIAE…F CI

              Dice así:«A lucio Estert(inio), Acilio Materno, hijo de Lucio [de la tribu] de Asia, le construyó»67 .

              La validez que se quiera dar a la interpretación de la onomástica, es pura conjetura por la mutilación de la inscrip­ción. Lo que sí parece tener fundamento es su alusión a un personaje militar.

            2.8. Documento epigráfico 1 (s. II-III d. de C.)

            Texto:

VALER…

                Puede decir: «A Valerio/a…»68 .

            2.9. Documento epigráfico 2 (s. III-IV d. de C.)

                Texto:

…BVS S…IDARI.DA…I.ID OB DI…

I…QVOTAN…T SCRIP…

                La traducción de este texto se presta a confusiones y suposiciones aventuradas69. Por ello se elude.

                Hay rasgos indicativos de que se trata de una inscripción honorífica dedicada a un personaje de la colonia.

            2.10. Documento epigráfico 3 (s. II d. de C.)

                Texto:

GAL   C R

                «Galerio/a…C.R.»70 .

                Se trata de un fragmento hallado en la campaña de excava­ciones del año 1984, dentro de la factoría del Majuelo. Su traducción es hipotética.

            2.11. Grafito 1

                Texto:

D O M

                 «¿Domicio?»71

                Son siglas en la parte superior, cerca del labio de la boca de un dolivm.

            2.12. Grafito  2

                Texto:

G V B

                «¿Gubieno?»72 .

                Estampilla sobre la parte superior de ánfora. Se halló en las proximidades de Jete.

            2.13. Grafito 3

            Texto:

S E X [TO]

                «Sex[to] «73.

                Estampilla sobre el fondo de vaso campaniense, hallado en la factoría del Majuelo.

                Como rasgo curioso, se indica que tal inscripción aparece repetida tres veces, formando círculo sobre el fondo del vaso; pero se supone que eran cinco, al faltarle un fragmento donde, lógicamente, por estética de dibujo, debía repetirse.

            2.14. Grafito 4 (s. I d. de C.)

                Texto:

A G R I C O L

                «¿De Agrícola?«.

                Estampilla sobre asa de ánfora74. Por la factura y tipo de vasija puede situarse en el siglo I de nuestra Era.

  1. LEYENDAS NUMISMÁTICAS PÚNICORROMANAS Y LATINAS

                Como se ha indicado en textos precedentes, la comunidad de Seks acuñó moneda propia.

                Comenzando por un momento de fuerte influencia gaditana, después de la derrota cartaginesa en Ilipa, paulatinamente se van imponiendo la tradición, tipos y modelos de Gades, tras los pactos firmados con Roma. Las ciudades gozan de cierta autonomía en asuntos internos, en los que entra la facultad de acuñar su moneda.

                La primera fase se caracteriza por la acuñación de tipos similares a los de Gades. Pero la leyenda es propia, y se observa en Seks el uso de caracteres paleopúnicos (ŠKŠ )75. Posteriormente esta leyenda se incrementa añadiéndosele una nueva raíz, que se suma a la anterior: M B ‘ L Š K Š, traducible por: «De los habitantes de la ciudad de Seks»76.

                Se continúa durante casi un siglo, hasta llegar a una situación de desconocimiento de la lengua púnica. Ello revela que se ignoran la lengua, las formas de los caracteres púnicos, y su significado. Consecuencia lógica es el abandono de los grafismos púnicos, y la adopción de los latinos mediante equivalencias fonemáticas.

                El momento final se produce cuando, además de ignorar el valor y significado de la lengua púnica, usan sus signos de forma anárquica, apareciendo ejemplares con leyenda en posición sinistrógira; otros, dextrógiros e, incluso, en una misma leyenda, unos sinistrógiros y otros dextrógiros.

                Posiblemente en estas fechas de historia local se produje­ra el cambio de caracteres gráficos, aproximadamente en tiempos de Calígula o Claudio, presentando una leyenda basada tan sólo en el topónimo simple de Š K Š, sin la cartela M B ‘ L. No se excluye el siglo I a. de C.

                Las contramarcas D D sobre algún ejemplar, que perduran con el uso del topónimo en caracteres púnicos, muestran su perviven­cia hasta fechas tardías. Pero se podía pensar que no es más que un recurso para dar validez legal a tipos que eran acuñados por el Estado Romano77.

                A pesar de esto, no se admite que la leyenda latina se originara a propósito de la presencia de Julio César, a mediados del siglo I a. de C., sino que lo más acertado podría ser que tal leyenda aludiera a la familia Julio-Claudia, posibili­tándose una acuñación paralela.

                Los textos de las leyendas son los siguientes:

                a) Púnico antiguo:                                                          Š K Š;

                b) Neopúnico:                                                                  M B ‘ L Š K Š;

                c) Latinos:                                                                         F- I- SEX y F- I- SEXS.

                La traducción e interpretación de las leyendas púnica y neopúnica ha sido estudiada por Solá‑Solé (cfr. nota 1). La versión latina aproximadamente se traduce como «Sexs, leal a(l) César».

DOCUMENTOS ÁRABES

             El elenco bibliográfico que ofrece la cultura islámica sobre Seks es muy valioso desde el punto de vista arqueológico, ya que proporciona datos sobre la existencia de una civiliza­ción anterior, describiendo, a veces de forma muy detallada, determinados elementos arquitectónicos que serán de gran ayuda para el posterior estudio de la arquitectura romana, sobre todo en lo concerniente a los capítulos:

                a) Ingeniería hidráulica, sobre la industria de Seks.

                b) Existencia de construcciones en la ciudad, fuera de su técnica arquitectónica, y que el elemento islámico apenas reutili­zó.

                c) Existencia de atarazanas y zonas portuarias, de las que sí hicieron uso, etc.    

                Pero, para seguir un orden desde la llegada del Islán a estos parajes, se presenta  la documentación respetando la secuencia cronológica.

            4.1. Al-Razi

            Sus documentos narran hechos que abarcan una cronología que va desde el siglo IV al X de nuestra Era78.

            En sus escritos dice lo siguiente:

«…es un hisn que pertenece a la Kura de Elvira».

            4.2. Al-Udri

                Sus escritos se datan en el siglo XI de nuestra Era. Su texto sobre Almuñécar es como sigue:

» En Almuñécar hay una antigua fortaleza, casi inexpugnable, en la que hay muchos restos arqueológicos de los primitivos. Hay allí una acequia que conduce hasta la fortaleza y cerca de ésta, por el Norte, un ídolo muy bien construido en piedra y yeso. Su altura pasa de cien brazas. El agua llevada a la fortaleza bulle en lo alto del ídolo, para descender al suelo, correr hacia la fortaleza y subir hasta una altura correspondiente a la del ídolo. Los restos de ésos son claramente visibles hasta nuestro tiempo»79.

                Comentando detalles de las ruinas que cita, no hay duda de que habla de restos romanos en mal estado de conservación.

            Lo primera impresión es pensar en que el elemento islámico no ocupó esos espacios, cuando los cita como ruinosos y, al parecer, ajenos a sus intereses.

                En cuanto al sistema hidráulico, es notorio que el trazado expuesto es el que ahora hay que demostrar.

                El primer punto, referido al sistema descrito, es la colina donde está emplazada la Iglesia Parroquial, cercano a la muralla norte, donde estaba la Puerta de Granada, y que constituía un límite en tiempos de dominio musulmán.

                El propio autor dice que al Norte de la fortaleza se hallaba el ídolo, definido como torre de descarga, que equili­brara la presión entre las cotas 50 y 25,55, correspondientes al punto de la arqueta de distribución y al nivel del suelo de la iglesia. La distancia entre la arqueta, depósito y torre de descarga es aproximadamente de 900 m.

                La descripción que al-Udri presenta sobre el trazado del acueducto dentro de la ciudad, es explícita: el agua que cae desde el ídolo hasta el suelo, debe remontarse para superar una altura equivalente, existente en la fortaleza.

                La primera altura superada es la que corresponde a Eras del Castillo, punto más elevado de la ciudad. Desde aquí se produciría un reparto hacia las zonas de influencia, y se incluía el paso de canales de conducción hasta la fortaleza, desde donde se dirigiría hasta el Peñón del Santo. Aquí aún existe un depósito de agua indicado en planimetría (Fig. 7, pág. 1067).

                Se tiene la certeza de que la descripción de este autor, corroborada por restos arque-ológicos de la Iglesia, evidencia que el depósito terminal y torre de descarga estaban levantados sobre el citado emplazamiento (Fig. 36, pág. 1136).

            4.3. Idrisi

                Sus documentos abarcan una cronología amplia, situándose entre los siglos VI y XI de nuestra era. Sus notas sobre Almuñécar son de las más completas y detalladas.

                En primer lugar es preciso clarificar que los islámicos distinguen bien entre medina, como ciudad, e hisn, fortaleza o castillo.

                El texto de Idrisi80 es como sigue:

“Almuñécar es una ciudad hermosa, de tipo medio, con muchas pes querías y abundan­tes frutas. En su centro hay una edificación cuadrada que se alza como un ídolo de amplia base y estrecha cima, a modo de pirámide. En ella hay, a ambos lados, dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba. En frente, por un sólo lado, hay un gran depósito en el suelo, al cual llega el agua desde la distancia aproximada de una milla, por encima de muchos puentes arqueados unidos por piedra dura, que vierten su agua en el citado depósito. Las gentes enteradas de Almuñécar dicen que esa agua subía a lo alto del faro (manar), descendía por el otro lado y corría hacia un pequeño molino, cuyo lugar aún persiste ahora sobre una montaña que da al mar. No saben cuál era su finalidad».

                Comentando esto, hay que decir que sólo añade detalles sobre la aportación de al‑Udri. Así, fija la situación del depósito, que recogía el agua al caer desde el aliviadero de la torre. Además, cita la conducción de agua a través de un acueducto formado por puentes. Otro dato importante es la base cuadrada de la torre de descarga.

                Cuando dice que en ella hay dos conductos que van, sin solución de continuidad, de abajo arriba, se entienden como dos sifones que, partiendo de la torre, por efecto de vasos comunicantes, se dirigen hacia lo más alto de la ciudad, ya que la presión ejercida por la diferencia de altura de la citada torre, es suficiente para hacer subir el agua al punto que se desee, dentro de Almuñécar.

                El molino, probablemente, podría estar sobre Eras del Castillo, punto natural más elevado del casco urbano. Y, por otro lado, parece indicar que se encontraba al pie de la torre de descarga.

            4.4. Yaqut

                Sus escritos son de los siglos XII y XIII.

                Lo más importante de su trabajo es la referencia que hace al hisn de al-Munakkab81.

            4.5. Al-Wahid al Marrakusi

                Su texto82 se sitúa entre los siglos VI y XIII. El documento sobre  Almuñécar es como sigue:

«Después de la ciudad, conocida como Almería, a orillas del mar Mediterráneo, está la fortaleza de Almuñécar, que es un pequeño lugar, también batidas sus murallas por el mar. Entre Almuñécar y Almería, hay cuatro etapas, y entre esta fortaleza de Almuñécar y Málaga, tres».

                La única novedad que aporta este autor alude a las murallas abatidas por el mar. Probablemente se tratara del anillo que circunvalaba la zona baja de la ciudad, sobre todo en la zona de Puerta del Mar.

            4.6. Al-Himyari

                Sus escritos83 son de finales del siglo XIII y comienzos del XIV de nuestra era.

                Su texto es el siguiente:

«Se hallan muchas ruinas antiguas; los antiguos habían construido conducciones de agua y elevaron monumentos, algunos de los cuales subsisten. En las cercanías de la fortaleza, por el lado norte, llama la atención una importante torre de agua (daimas), edificada con sillares; cuadrada en la base y terminada en punta, a una altura de unos cien codos. El agua que viene a desembocar en este edificio tiene escape por un aliviadero («manfas») en la coronación. En la cara norte de esta torre, de arriba a abajo hay tallado en su anchura, una especie de goterón, que permitía al agua, saliente del rebosadero, llegar hasta el suelo. Este dispositi­vo prueba que el agua conducida hasta la torre provenía de un punto situado a un nivel superior al del monumento».

                La nueva información del documento se refiere, en parte, al material usado: sillares de piedra caliza porosa (toba) que hoy se ven reutilizados en la base de los paramentos de la Iglesia.

                Otro dato explica que la caída de agua desde el aliviadero había ya creado huella, aunque lo que destaca el autor es un canalón que dejaba escapar el agua rebosante desde lo alto de la torre de descarga.

                En el mismo texto, al‑Himyari continúa más adelante:

«Almuñécar era un buen fondeadero de verano, que ofrecía un abrigo a su lado este, que estaba en la desembocadura de un río; la dominaba un hisn inexpugnable; tenía un arrabal, mercados y mezquitas; insiste, así mismo, en la existencia de restos de culturas antiguas».

                Esto último reafirma sobre todo su fondeadero, situado en su parte este, es decir, en el estero de río Verde.

                Por estas fechas el estero de tal río debió tener aún bastante extensión hacia el interior, y que servía de refugio natural contra los vientos de Poniente.

                Otro dato importante es un arrabal. Probablemente se refiera a lo que tradicionalmente se ha conocido como Cuartón de la Ciudad Antigua, detrás del barrio de San Sebastián, entre colinas, laderas, Camino Bajo y vega, zona con mejor condición de habitabilidad que el actual casco urbano.

                Es importante resaltar en algunos autores, aún en el siglo XIV, la insistencia en relatar la presencia de ruinas de antiguas culturas. Esto supone que hubo una gran parte de la ciudad heredada que no fue ocupada. Se infiere por ello que se trata del conjunto arquitectónico abandonado por los romanos, y que se encontraba en estado ruinoso.

            4.7. Al-Sabti

                Este autor84 pertenece al siglo XIV de nuestra era, y su texto es el siguiente:

“El puerto de Almuñécar es veraniego y está protegido por dos flancos orientales. Tiene un río que vierte en el mar; sobre el que se alza una fortaleza en desuso y en él hay un arrabal, un zoco y una mezquita aljama».

                En este texto se incide sobre la misma idea de puerto, protegido por la propia configuración del territorio: la ensenada de río Verde.

            4.8. Ibn al-Jatib

            Sus escritos median entre los años 1313 y 1374 de nuestra era.

                Los datos, proporcionados por Ben Sarifa85, y según su traducción, son los siguientes:

«En el siglo XIV nos describe así Almuñécar: Puerto y fondeadero de veleros, lugar planeado por los cristianos antes del Islán y donde se asientan. Su fortaleza es inexpugnable y sus telas muy bien confeccionadas. Sus excelencias son evidentes. El alcázar, de amplios ventana­les y perfecta hechura. La mezquita, situada en el más noble lugar, y el edificio antiguo de tiempos inmemorables, cual si fuera una lima enhiesta o una lanza en manos de un jinete, contra las vicisitudes del tiempo y semejante al palacio de Haman, de flancos finos hechos de piedra tallada y que casi une cielos y tierra. (Almuñécar) rebosa caña de azúcar y en su tierra proliferan pasas excelentes, su territorio es espléndi­do…Hasta Almuñécar llega la tierra de Sawar y en su cercanía está la sede de la escuadra, en ella las promesas no sufren demora, ni su plazo precisa dilación. Ahora bien, su nombre induce a mal agüero y conviene seguir dándole de lado, sus caminos, por su difícil acceso, impiden que la frecuenten sus reyes. Su aire está corrompido y las pestes predominan, sus vecinos son envidiosos. Si se encienden los cielos y se alteran con los vientos simunes, entonces sus habitantes saldrán de las tumbas de sus casas y huirán renqueantes a sus montañas. A ella se trae la grasa, el trigo entre su gente escasea y hay que tener paciencia si el mar no lo envía domado. El camaleón en sus páramos se asa y se le exige al libre la sangre del foráneo».

                Simonet86 ofrece otra versión, que se diferencia de la anterior en su extensión semántica. Dice así:

«La llama puerto y parada de naves, fundación y morada de las sierras de Jesucristo, fortalecida por un castillo inexpugnable».

                Más adelante continúa:

«Su alcázar era de ingeniosa fábrica y con arcadas abiertas, su mezquita puesta en un lugar eminente. Su antiguo monumento arquitectónico, parecía una lima puesta perpendicularmente o un pilar derecho, y sus esquinas eran de piedras labradas; parecía que había hecho con el tiempo pacto».

                La importancia se explica con bastante precisión: la torre de descarga del acueducto romano, en la colina de la Puerta de Granada.

                Ambas versiones dicen que las esquinas de esta edificación estaban reforzadas con piedra tallada y resistente (toba).

                Otro texto de Ibn al-Jatib  muestra Ben Sarifa87 en su obra Almuñécar en la Época Islámica, que dice así:

“…y la región de Almuñécar, en la cual está la antigua ciudad, con admirables restos”.

                Ben Sarifa88 continúa exponiendo los textos tomados de Ibn al-Jatib en los que se cita la existencia de graneros y pirámides, enterrados por el rey usurpador, después de haber sido consagrados los ídolos y ocultados los restos.

                En primer lugar, es preciso prestar atención a las palabras usadas en sentido estricto, cuando emplea la expresión «antigua ciudad” y, además, “con admirables restos». No hay duda de que está hablando de las estructuras romanas deshabitadas y abandonadas.

                En ningún momento autor islámico alguno habla de la ocupación de tales ruinas. Se constata que fueron usados los parajes del Castillo y algunas dependencias romanas de la llamada colación de Santiago.

                Los graneros citados por al-Jatib pueden ser entendidos como naves abovedadas (o los pasadizos subterráneos del actual Castillo, y depósitos superficiales del mismo), de las que algunas se encuentran bajo el nivel actual del suelo.

                El último texto tomado de la obra de al-Jatib89 relativo a la estructura de Almuñécar, dice así:

 “Las cuestas de Almuñé­car son funestas: quien osado se arriesgase por ellas y se libra de precipitarse, ése, agradecido, debe liberar un esclavo”.

                La explicación es simple: Almuñécar no tenía calles en sentido estricto del término, sino que, a partir de la ocupa­ción musulmana, hubo necesidad de ir abriendo pasos para acceder a la fortaleza y lugares estratégicos de las formas heredadas.

                No hay duda de que los antiguos sistemas de aterrazamientos tendrían su medio de acceso; pero tal esquema de estructuras no respondería a las necesidades de los islámicos para llegar a esas dependencias. De ahí las roturas.

                En otro pasaje de la obra de al-Jatib se habla de la construcción naval, tan necesaria e importante hasta la época moderna90.

            4.9. Al-Umari

            Sus escritos datan del siglo XIV de nuestra Era.

            Su texto refiere la discusión sobre la identificación de Almuñécar como hisn (castillo) o medina (ciudad)91.

            4.10. Al-Qalqasandi

            Sus textos se datan en el siglo XV de nuestra era.

                En sus documentos destaca la producción agrícola, con especial alusión al azúcar, plátanos y uvas pasas92.

                Levi-Provençal93 dice sobre Almuñécar:

 “Abd-al-Rhaman desembarcó en una ciudad que está a orillas del mar, Almuñécar. Los frutos que producía eran las pasas, caña de azúcar, hierbas y cereales, además de una hermosa seda».

                Desde el punto de vista arqueológico e industrial de la zona, es de gran valor un dato aportado por Sermet94 con relación al aspecto naval de Almuñécar. Dice así:

«Les Phéni­ciens fondèrent Almuñécar sous le nom de Sexi. Les Romains y bâtirent un très fort castillo remanié depuis, mais dont on peut voir les tours; on a dans les alluvions de la vega retrouvé une de leur galères«:

                Es decir :»Los fenicios fundaron Almuñécar con el nombre de Sexi. Los romanos construyeron en ella un castillo muy fuerte, retocado después, pero aún se pueden ver sus torres; se ha encontrado bajo el aluvión de la vega una de sus galeras…».

                Este dato confirma que el espacio, que hoy conforma la vega, era navegable, y debe corresponder a la zona más inundada por el aluvión y el fenómeno de emersión de la costa, indicada y estudiada por Sermet, como es la vega de río Verde.

                Extraídas del Libro de Repartimientos de Almuñécar, se tienen las siguientes noticias: además de las conocidas Puerta de Granada, Vélez-Málaga, y del Mar, en el Libro de Apeos de la ciudad se habla de otra: la denominada Puerta del Alcazaba. Actualmente puede verse uno de sus pilones en la alineación de murallas romano-medievales que bordean la cornisa de roca de encima del Majuelo.

                Probablemente una escalera de piedra toba, que se inicia sobre la base de las piletas del Majuelo, llegara hasta la citada entrada, además de la que se indica como primordial95.

                En otros apartados del Libro de Apeos, se habla de dos arrabales situados entre los ríos Seco y Verde. Se les conocía con los nombres de Almauz y Aleuxa. Malpica cita los arrabales que tenía la ciudad, pero no los ubica96. Pensamos que el citado Cuartón de la Ciudad Antigua tiene alguna relación con los citados arrabales.

                Con relación al puerto comercial, existe la confirmación de su realidad. Lo que se ignora es si en estas fechas los espigones romanos estarían aún al descubierto97, cosa que parece confirmarse después de la exploración del Instituto Arqueológi­co Alemán de Madrid98 (Cfr. fig. 4).

                Extractado del citado Libro de Asentamientos, Malpica99 habla de los siguientes compartimentos de la ciudad:

“En la colación de Santiago y junto a la llamada Puerta del Mar, se encuentran: la judería, edificios básicos para el desarrollo de la vida urbana, como mezquita, baños, sinagoga, pescadería y aduana del azúcar».

                Por lo que puede significar la aportación de citas textuales del Libro de Apeos de la ciudad, se han extraído aquellos fragmentos considerados más relevantes, con relación a los siguientes datos arqueológicos: descripción de viviendas antiguas, casas arruinadas, corrales, baños, almacerías, división de la ciudad en distritos parroquiales, concentración de elementos industriales, atarazanas, judería, aduana, hornos, secaderos de azúcar, como componentes urbanos más significati­vos. Para ello nos remitimos a lo expuesto al inicio de este trabajo, al mostrar la información completa de tal secuencia, y que Mª. C. Calero refiere como documentos del Libro de Asentamien­tos (Cfr. Estudio sincrónico…)

                Analizando el contenido de la aludida documentación, se definen los siguientes sectores, partiendo de la división de la ciudad en colaciones y que, según el Libro de Asentamientos, se admiten sólo dos: la colación de Santiago y la de Santa María; pero hay una tercera que no ha sido citada probablemente por haberla extendido o comprendido en la segunda; ésta supuesta, se denominaría (colación) de la Trinidad, y cuyos restos se encuentran transformados en la vieja ermita de la calle Nueva, remozada y convertida, hace no muchos años en casas modernas (hemos tenido la ocasión de conocerla con su estructura completa, aunque en estado ruinoso). Esta supuesta colación no es citada en los libros de forma precisa, pero se lee entre líneas que fue absorbida por la de Santa María de la Antigua.

                La colación de Santiago, en la parte baja de la ciudad, abarcaba lo que era pescadería antigua, calles Alta y Baja Mar, Plaza de la Rosa, Aduana Vieja, parte de la Cuesta del Carmen, y todo el sector del adarve, a cuya muralla había casas adosadas. La Judería comprendía el área de las calles Alta y Baja del Mar y la calle Real. Los baños estaban probablemente en un sector antiguo de origen romano. Hoy se conservan indicios de ese supuesto destino dentro de casas de esa zona de la ciudad.            

Con relación a las atarazanas, ya desde tiempos atrás, se habla de la construcción de embarcaciones. En torno a la nueva ciudad, a su vez, las murallas serán utilizadas para adosar viviendas. Además, hay que citar la fabricación del azúcar, cuyos centros estaban en el sector de las atarazanas. Las «casas caídas y corrales» pueden corresponder a elementos romanos.

                Otra de las manifestaciones urbanísticas es la vivienda que utiliza el adarve para apoyar su estructura. Los sistemas de aterrazamiento serán aprovecha­dos en época medieval para levantar sus sistemas murados defensivos, formándose anillos de murallones que, a su vez, serán utilizados posteriormente para adosar viviendas sobre ellos.

                Insistiendo en esto mismo, un autor musulmán, que describe rasgos de la ciudad, habla de las antiguas fortificaciones hechas por sus predecesores, lo que no es una aseveración gratuita, porque, en efecto, lindando con el Castillo, hacia la vertiente de poniente, se extiende un murallón romano en sentido sur-norte, que ha sido roto y añadido a otro de factura moderna medieval, pero que probablemente indicara que la Seks romana estaría rodeada por un sistema de murallas; lo que es arqueológicamente demostrable y estratégicamente admisible.


38 J.M. Solá-Solé, SKS, SKS o SKS? Sefarad, 16, 1956, pp. 325-335; J. Lecerf, Annales de l´Institut d’Études Orientales de l´Université d´Alger, X, 1952, pp. 428-433; A. García y Bellido, Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, I, 2, Madrid, 1952., pp. 419-422; M. de Saulcy, Recherches sur la Numismatique punique, Memoires de l´Institut Royal de France, XV,2, 1945, pp. 192-194; F.C. Movers, Das Phönizische Sprache, Halle, 1869, p. 280; A.C. Judas, Étude demonstrative de la langue phénicienne, Paris, 1847, p. 24; M. Lindberg, citado en la obra de Saulcy, p. 112; E. Hübner, Monmenta linguae ibericae, Berlín, 1893, p. 117; Id. Sexi, Real Enziklopädie der Altertumwissenchapht (R.E.), 2ª. 2028; A. Dietrich, Scripturae linguae phoeniciae, Leipzig, 1837, p. 12; J. M. Millas Villacrosa, citado en Saulcy, p. 312; E. Meyer, Geschichte der Altertums II, 2, Stuttgar, 1931, p. 93; L. J. Velásquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas, que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137-141; A. Delgado, Catalogue des monnaies et de médailles antiques de feu, G. Daniel de Lorichs, Madrid, 1857, p. 19. como obra complementaria a esta materia, véase A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924.

39 J. Boaddman, Los griegos en ultramar, comercio y expansión colonial antes de la era clásica, Madrid, 1975, pp. 215 ss. G. Trías, Economía de la colonización griega, Estudios de Economía Antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 99 ss.; N. Santos Yanguas y M. Picazo, La colonización griega, 1980, pp. 143 ss.; A. García y Bellido, La colonización fócea en España desde sus orígenes hasta la batalla de Alalia, Ampurias II, 1940, pp 55 ss.; M. Tarradell, Economía de la colonización fenicia, estudios de Economía antigua de la Península Ibérica, Barcelona, 1968, pp. 88 ss.; R. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, XXIX, 1970, pp. 367 ss.; A.E. Astier, Saguntum and the origin of the second Punic War, Latomus XXVI, 1957, pp. 577 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones de España y el Norte de África durante el gobierno bárquida y la conquista romana (237-219), Saitabi, XI, 1961, pp. 21 ss.; Como obras de ampliación bobliográfica, citamos a R. Carpenter, The Greeks in Spain, London 1925. A. García y Bellido, La Península Ibérica en los comienzos de su historia, Madrid, 1952; Id. Navegantes y geógrafos griegos en España, Estudios Geográficos, 2, 1941; Id. Tartessos, la colonización púnica y la colonización griega, Madrid, 1953; Id. Hispania graeca, Barcelona, 1948; Id. El mundo de las colonizaciones, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1952, I, 2; Id. Fenicios y cartagineses en Occidente, Madrid, 1942; H. Schubart y H. G. Niemeyer, L´espansione fenicia nell Mediterráneo, Espagna, Roma, 1971; J. M. Blázquez Martínez, La romanización (2 vols.), Madrid, 1974-75; J, M. Blázquez Martínez y A. Montenegro Duque, España romana (vol. I), la conquista y la explotación económica, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal, Madrid, 1982.

40 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, op. cit., p.123; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica “Laurita” del Cerro de San Cristóbal (Almuñécar, Granada), 1962, pp 5 ss.; Id. Almuñécar, Antigüedades, NAH, 6, Madrid, 1964, pp. 304 ss; A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad Fenicia o ¢´Ex en el Ámbito de Tartessos, Granada, 1979, p. 212; M. Madoz, Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus provincias de Ultramar, Madrid, 1845, p. 634 a.; A. Tovar, Iberische Landeskunde, Baetica, I, Baden-Baden, 1974, pp. 81-82; J. M. Roldán Hervás, Itinerria Hispana, Fuentes antiguas para el estudio de las vías romanas en la Península Ibérica, Valladolid, 1975, p. 265; F. Molna Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad, La necrópolis fenicio-púnica de Puente de Noy, Granada, 1982, p. 18; R. Thouvenot, Essai sur la Province romaine de la Bétique, Paris, 1973, p. 372; J. M. Blázquez Martínez, Tartessos y los orígenes de la colonización fenicia en Occidente, Salamanca, 1975, pp. 118 ss.; Texto de consulta; F. Flórez, España Sagrada, Madrid, 1804.

41 Hecateo de Mileto, en Esteban de Bizancio, FAH, II, p. 253; A. Schulten, Otros testimonios anteriores al año 500 a. De C., FAH, Barcelona, 1955, pp. 13 y 187; Texto de consulta. Jakoby, Die Fragmente der griech Historiker, Vol. I.

42 A. Schulten, FHA, I, p. 129; Id. Tartessos, pp. 85 ss. y 206 ; C. Belda, el proceso de romanización de la provincia de Murcia, 1975, pp. 16 ss.; Texto de consulta: A. García y Bellido, Cartagena en la Antigüedad, Investigación y Progreso, 9-10, Madrid, 1943.

43 A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, II Congresso Internazionale di Studi Fenici e Punici, Roma, 1987, artículo de consulta: Introducción y Conclusión.

44 Dífilo de Sínope, en Ateneo de Naucratis, III, 121 a.; A. Schulten, FHA, I, p. 85.

45 Estrabón, Geografía de Iberia, III,4,2; M. Cortés y López, Diccionario geográfico, histórico de la España antigua: Tarrconense, Bética, Lusitania, Madrid, 1935, I, pp. 65 ss.; J. Alemany Bolufler, La geografía de la Península Ibérica, R.A.B. M., 1910, pp. 149 ss.; J. M. Blázquez Martínez, La Iberia de Estrabón, Hispania Antiqua, I, 1971, pp. 11 ss.; Textos de Consulta: A. Tardieu; Geografía, París, 1903. A. Blázquez, Descripción de la Iberia de Estrabón, Madrid, 1909. A. Schulten, Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, Barcelona, 1952. A. García y Bellido, España y los españoles hace dos mil años, según la Geografía de Estrabón, Madrid, 1968. F. Veloso y J. Cardoso, Estrabâo, Libro III da Geografía, Primeria contribuçao para una nova ediçao crítica, Oporto, 1965. F. Lassere, Strabon, Geographie, t. II, Livres III y IV, Paris, 1966.

46 Estrabón, op. cit., III, 5,5,; A. Schulten, FHA, VI, pp.82 y 119.

47 W. Potscher, der Name des Heracles, Emerita XXXIX, pp.169 ss.; Textos de consulta: R. Dion, Tartessos, l´Océan et les travaux d´Hercule, RH, 224, 1960. R. Desaud, Melkart, Syria, XXIV 3º y 4º, 1946-48.J. M. Blázquez Martínez, El Herakleion, un templo semita en Occidente, I Congreso Arqueológico del Marruecos Español, Tetuán, 1954; Id. Relaciones entre Hispania y los semitas (sirios, fenicios chipriotas, cartagineses y judíos) en la Antigüedad, en Festschrift für Franz Althein, Berlin, 1969; J. Bayet, Les origines de l’Hercule romain, Paris, 1926.

48 T. Livio, Ab Urbe Condita Libri, XXXIII, 22, 6; A. Schulten, FHA, III, pp. 175 y 341; L. García Iglesias, La Beturia, un problema geográfico de la Hispania Antigua, AEARq., 44, 1971, pp. 86 ss.; T. Livio, en FHA, III, frag. XXXII, 2, 5; Como obras de consulta, véanse C. F. Walters y R.S. Conway, Ab Urbe Condita, Oxford, 1914; P. Jol, Ab Urbe Condita, col. Budé, Paris, 1971.

49 Pomponio Mela, De Situ Orbis, II, 94; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 39 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I de nuestra Era (según P. Mela y C. Plinio), Buenos Aires, 1947, pp. l9 ss.; A. Tovar, Iberische…, Op. cit., pp. 75 ss; Como ediciones críticas: C. Frik, De Situ Orbis, ed, Teubner, Leipzig, 1880; H. Hout, De Situ Orbis, ed. Didot, Paris, 1883; H. Philipp, De Situ Orbis, Leipzig, 1812.

50 Plinio, N. H., III, 8; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 137 y 161 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 360 ss.; A. García y Bellido, La España del siglo I…, pp. 69 ss., y 115 ss.; E. Klotz, Die geographischen commentarii des Agrippa, Klio, 24, 1955, pp. 458 ss.; Schnabel, Die Erdkarte des Agrippa, Philologus, 1936, pp. 505 ss.; Como obras críticas, véanse: C. Mayhoft, Naturales Historiae, ed. Teubner, Leipzig, 1892‑1909; H. Rakham, Pliny Natural History, ed. Loeb Classical Library, Lon­don, 1961; Detlefsen, Die Geographie der Provinz Baetica bei Plinius, Philolo­gus, XXX, 1870.

51 A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática republicana romana de Sexsi (Almuñécar), Studia Graecolatina Carmen Sanmillán in Memoriam dicata, Granada, 1988, pp. 387 y 398.

52 Plinio, N. H., XXXII, 146; A. García y Bellido, España y los españo­les.., Op. cit., p. 187; Véase como dato complementario, nota 32.

53 Darenberg et Saglio, Dictionaire des Antiquités, t. I, p. 1459, au mot «garvm»; Zahn, en Pauly‑Wissowa, VII, A, columnas 841‑849; J. J. Van Norstrand, Roman Spain, p. 183; A. García y Bellido, Fenicios y cartagine­ses…, pp. 82 ss.; P. Grimal et Th. Monod, Sur la véritable nature du garvm, REA, 1952, pp. 27‑28; Knock, Fragment. comic. attic., I, 186; Seneque, Ep., 95, 25; Ausonio, Ep. 25; M. P. Charlesworth, Trade Routes and Commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, chap. 9, pp. 149‑167; St. Gsell, Histoire ancienne de l’Afrique du Nord, t. I, p. 373; Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, el término scombraria; Estrabón, Geogr. FHA, VI, 2, p. 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 2; Avieno, Or. marit., 452; A. Thomazi, Histoire de la pêche, Paris, 1947, pp. 481‑482; M. Ponsich, A propos d`une usine antique de salaisons à Belo, MVU, 12, 1976, pp. 68 ss.; Da Veiga Ferreira, Algunas considera­ciones sobre las fábricas de conserva de preixe da antiguadade encontradas en Portugal, Archivo de Beja, 24, 1967, pp. 123 ss.; M. del Amo, Restos materiales de la población romana de Onoba, Huelva Arqueología, II, 1976, pp. 23 ss.; M. Esteve, Fábrica de salazón romana de la Algaida (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz), NAH, 1953, pp. 126 ss.; J. R. García, Garvm sociorvm, La industria de salazones de pescado en la Edad Antigua en Cartagena, Anales de la Universidad de Murcia, 36, 1977‑78., pp. 27 ss.; G. Martín, Las pesquerías romanas de la costa de Alicante, Papeles del Laboratorio de Valencia, 10, 1970, pp.179 ss.; M. Sotomayor Muro, Nueva Factoría…, pp. 147 ss.; J. M. Blázquez Martínez, Economía de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 52, 110, 161, 162 ss., 407 ss., 443 ss.,149 ss.; Id. Historia económica de la Hispania romana, Madrid, 1978, pp. 101, 161, 263 ss.; Id. La economía de la Hispania romana, en Historia de España, dirigida por R. Menéndez Pidal (Nueva Edición), Madrid, 1982, pp. 328, 411, 441, 547 ss.; Como obra de consulta y ampliación, véase M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, Op. cit.; B. Guegan, Les dix livres de cuisine d`Apicius, Paris, 1937 (En este texto se explican las técnicas de fabricación y formas antiguas de prepara­ción de pescado).

54 (54) Marcial, M. V., Epigramm., X, 48, 11 y XXI, 52, 7; Como obras complemen­tarias, véan­ se: W. M. Unsay, Epigrammae, Oxford, 1902; H. J. Isaac, Paris, 1930‑1933; M. Dolç, Hispania y Marcial, Contribución al conocimiento de la España Antigua, Barcelona, 1953.

55 Ptolomeo, C., II, 4, 6.; M. Cortés y López, Op. cit., pp. 187 ss.; J. Alemany Bolufler, Art. cit., pp. 304 ss.; Como obras críticas véanse: C. Müller, Geographia, ed. Didot, Paris, 1883; Tauchnitz, Geographia, Leipzig, 1945; F. E. Robbins, Ptolomy, ed. Loeb Classical Library, London, 1963.

56 M. Pastor Muñoz, La Península Ibérica en Marciano de Heraclea, H. A., VIII, 1978, pp. 89 ss.; J. Alemany Bolufler, Geografía de la Península Ibérica, R. A. B. M., pp. 304 ss.; A. Tovar, Op. cit., Baetica, I, pp. 66 ss.; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes Antiguas sobre los Bastetanos, Primer Encuentro de Cultura Ibérica, Baza, 1982; H. Schubart, H. G. Niemeyer y M. Pellicer Catalán, Toscanos, la factoría paleopúnica en la desembocadura del río Vélez, AEA, nº 66; E. Pareja López y M. Megía Navarro, Salobreña datos para su historia, Granada, 1978; J. Fischer, Ptolomaei Geographie Codex Urbinas, Leipzig, 1894.

57 Itin. Antonin., 405, 3; J. M. Roldán Hervás, Itineraria hispana…, p. 56; E. Saavedra, Discurso de recepción a la Real Acadmia de la Historia, leído en 1862, Madrid, 1914, pp. 26 ss.; Como texto crítico de ampliación véase: O. Cuntz, Itineraria romana, I, Itineraria Antonini Augusti et Burdigalense, Leipzig, 1929.

58 F. Fita, BRAH, 57, pp. 106 ss.; R. Touvenot, Op, cit., p. 372; A. Tovar, op. cit., Baetica, I, pp. 80 y 84; J. M. Roldán Hervás, op. cit., pp. 230 y 251; C. Bermúdez, Sumario de las Antigüedades que hay en España, Madrid, 1832, p. 379; E. Saavedra, op. cit., p. 39.

59 J. M. Roldán Hervás, Op. cit., pp. 111 ss.; M. Cortés y López, op. cit., p. 375.

60 (60) Mario Victorino, I, 4, ed. Keill, H., Gramm. Latin., vol. VI, Scriptores artis metricae, Hildeshein, 1961, p. 21, (72‑85).

61 E. Hübner, Corpus Inscriptionum Latinarum, II, Berlín, 1869, nº 5495; J. Vives, Inscripciones latinas en la España romana, Barcelona, 1972, nº 5414; W. Schulze, Geschichte lateinischer Eigenname, Berlín, 1923, pp. 69 y 295; E. Groag, A. Stein y L. Petersen, Prosopographia Imperi Romani, Berlin, 1935, pp. 51 y 70; A. H. M. Jones, J. R. Martindale y J. Morris, The Prosopography of the Later Roman Empire, I, a. d. 269‑395, Cambridge, 1971, pp. 24 ss.; J. Kajanto, The Latin Cognomina, Helsinki, 1965, p. 198; Mª L. Albertos, Onomástica personal primitiva: Ta­rraconen­se y Bética, Salamanca, 1966, p. 75; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas sobre Almuñécar (SEXI FIRMVM IVLIVM), Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983; M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, Inscripciones latinas de la Provincia de Granada, Granada, 1989.

62 E. Hübner, CIL, nº 2002; A. Fernández Guerra, Epigrafía romano-granadina, Madrid, 1867, p. 4; M. Lafuente Alcántara, Historia de Granada, Granada, 1843, p. 341; M. Pastor Muñoz, Fuentes antiguas…, op. cit., p. 231; C. Bermúdez, Sumario, Op. cit., p. 352; J. Vives y Escudero, ILER, nº 35 y 36; E. Groag, Prosopographia…, op. cit., p. 135; E. Pareja López, Granada…, Op. cit., I, Provincia, Granada, 1981, p. 354; Como obras complementarias véanse: M. Pastor Muñoz y A. Mendoza Eguaras, op. cit.; M. Gómez‑Moreno, Misceláneas, Historia, Arte y Arqueología, Madrid, 1949; F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit.

63 L. Vázquez de Parga, Colección de Antigüedades que perteneció a D. Aurelio Fernández Guerra, Adquisiciones del MAN, Madrid, 1935, p. 4; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, op, cit., pp. 232‑233; S. Schulze, op. cit., p.464.

64 M. Pastor Muñoz, Epigrafía romana…, p. 325; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 22 ss.

65 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 315 ss.; Id. Nuevo flamen, op. cit., pp. 291 ss.; Textos relativos a onomástica; M. Pastor Muñoz, A. Mendoza Eguaras, Epigrafía latina…, nº 27, 36, 105; I. Kajanto, op. cit., p. 227; Mª L. Albertos, op. cit., pp. 27, 37, 203, 204; M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 205 ss.; Textos relativos a cultos, véanse: R. Etienne, Le culte imperial dans la Peninsule Iberique d’August à Diocletien, Paris, 1974, pp. 213 ss., 231 ss.; F. Molina Fajardo, M. Joyanes Pérez, Escultura, Almuñécar Arqueología…, Granada, 1983, pp. 291 ss.; Textos relativos a flamines, véanse: G. Alfoldy, Flamines Provinciae Hispaniae Citerioris, Madrid, 1973; R. Etienne, Op. cit., pp. 122, 126, 212 y 213.

66 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, p. 336.

67 Ibidem, p. 339; W. Schulze, op. cit., p. 430; J. Vives y Escudero, ILER, p. 751; I. Kajanto, op. cit., p. 139.

68 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 233 ss.; A. Balil Illana, Los Valerii Vegeti, una familia senatorial oriunda de la Bética, Oretania, 89, 1961, pp. 98 ss.; C. Castillo, Prosopographia Baetica, Pamplona, 1965, pp. 123 ss.; A. Prieto Arciniega, Estructura social del Conventus Cordubensis durante el Alto Imperio Romano, Granada, 1973, p. 46; Como obras complementarias, véanse: M. Pastor Muñoz, Aspectos sociales y económicos del Municipium Florentinum Illiberritanum, AEA Rq., 1983; Id. La sociedad en el municipio romano de Iliberis, Sodalitates, III.

69 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 341‑343.

70 Ibidem, pp. 344‑345.

71 Ibidem, pp. 348‑349.

72 Ibidem, pp. 349‑350.

73 Ibidem, pp. 350.

74 M. Pastor Muñoz, Fuentes…, pp. 345‑348; Sobre cronología de ánforas, véanse: M. Beltrán Lloris, Las ánforas romanas en España, Zaragoza, 1970, p. 480; R. Rodríguez Almeida, Novedades de epigrafía anforaria del monte Testaccio, Recherches sur les amphores romaines, Col., École Française de Rome, Roma, 1972, p. 137.

75 E. Flórez, Medallas de las colonias, municipios y pueblos antiguos de España, Tres tomos, Madrid, 1758 y 1773, lam. XXVII; A. Heiss, Description générale des monnaies antiques de l`Espagne, Paris, 1870, 1, pl. XLVI; V. I. de Lastanosa, Museo de las medallas desconocidas españolas, Huesca, 1645, p. 224, nº 15; Como obras complementarias de este tema, véanse: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks.; J. C. Lindberg, De nummis punicis sextorum, olim a Canaca et Concanae tributis, Auniae, 1824; A. Delgado, Nuevo método de clasificación de las medallas autónomas de España, Sevilla, 1871‑1876; M. Gómez‑Moreno, Miscelá­neas, Madrid, 1949; A. Beltrán, Curso de numismática, I, Numismática Antigua de España, Cartagena, 1950; O. Gil Farrés, La moneda hispánica en la Edad Antigua, Madrid, 1966; A. M. de Guadán, Numismática ibérica e ibero‑roma­na, Madrid, 1969; Id. Tipología de las contramarcas en la numismática iberoromana, Numario Hispánico, 17, IX, 1960; L. Villaronga y Garriga, Numismá­tica Antigua de Hispania, Barcelona, 1978; F. Chaves Tristán y Mª C. Marín Ceballos, Numismática y religión romana en Hispania, La religión romana en Hispania, Madrid, 1981; Id. El elemento religioso en la amonedación hispánica antigua, Actes du 9è. Congrès Internatio­nal de Numismatique, Louvaine‑La Neuve, 1982; P. P. Ripollés, Corpus Nummorum Hispanorum, I, Medagliere Vaticano, Rev. Italica, 16, 1982; E. Acquaro, Note di epigrafia monetale punica, RIN, 76, 1974; E. S. G. Robinson, Punic Coins of Spain and their bearing on the Roman Republican Series, Oxford, 1956; N. C. Robinson, Carthaginian and other Sout Italian coinage of the second Punic War, 1964.

76 J. M. Solá‑Solé, Miscelánea púnica‑hispana IV, Sefarad I, 1967, p. 25.

77 F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismática antigua de Almuñécar, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 188, lam. VIII, nº 97, y lam. X, nº 121.

78 E. Levi‑Provençal, La description de l’Espagne d’Ahmed al‑Razi, Was al‑Andalus, III, 51‑108.

79 M. Sánchez Martínez, La Cora de Ilbira (Granada y Almería en los siglos X y XII, según al‑`Udri, (1003‑1035)), Cuadernos de Historia del Islám, 1977, pp. 5‑8; Ben Sarifa, Nusus `an al‑Andalus, ed. de al‑Aziz al Ahwani, 90, Almuñécar, Arqueología e Historia III, 1986, p. 210.

80 Ben Sarifa, Nusht al‑musstac, ed. en Roma, 564, Almuñécar Arqueología e Historia, III, p. 210; Obra general sobre Idrisi: R. Dozy y M. J. de Goeje, Idrisi, Descriptión de l`Afrique et de l`Espagne, Leyden, 1866.

81 Sobre este punto véase: La España musulmana en la obra de Yaqut, de Abd‑al‑Karim, Gamal, Cuadernos de Historia del Islám, 6, 1974.

82 `Al Wahid al Marrakusi, al Mu`yib, ed., al‑Aryan y al‑`Alami, El Cairo, 1949, 371.

83 E. Levi‑Provençal, La Peninsule Iberique au Moyen Âge, d`après le Kitab ar Rawd al‑Mictar, Leyden, 1938, pp. 225 ss.

84 Al‑Sabti, en al‑Rawd al‑Mi`tar, ed. Ihsan `Abbas, 548, Almuñécar, Arqueología e Historia III, citado por Ben Sarifa, pp. 213‑214.

85 Para este punto véase: Chabana, Mohamed Kamal, Ib al‑Jatib en Mi`yar al ijtiyar fi dikr al‑ma`‑ahid wa‑l‑di‑yar, s 1, 1977.

86 J. Simonet, Descripción del reino de Granada, Almuñécar en Ibn al‑Jtib, Historia de la dinastía Nazerita, 1860, p. 63.

87 Ibn al‑Jatib, Al Lamha al badriyya, 29, publicado por Dar al‑Jadida Ihaa, IV, 608, de M,`AA.`Inan, citado por Ben Sarifa, Almuñécar…, III, p. 205.

88 Ben Sarifa, Al Jatib, Al Ihata, III, 469, Almuñécar…, III, p. 205.

89 Ben Sarifa, citando el texto Diwan al‑sayyb wa‑l‑yahan, Almuñécar…, III, pp. 606‑607.

90 Véase en Ibn al‑Jatib el texto sobre construcciones navales (en su maqama Mi`yar al ijtiyar fi dikr al-ma`ahid wa‑l‑diyar).

91 A. Malpica Cuello, Primeros elementos de análisis de la estructura de poblamiento en Almuñécar a fines de la Edad Media: Al Umari, Almuñécar Arqueología e Historia, II, 1983, p. 395.

92 Para este punto véase la obra de L. Seco de Lucena, Subh al a`sa Kitabat al insa, Aubar, 1975.

93 Texto de consulta: E. Levi‑Provençal, La Peninsule…, texte arabe de notices relatives à l`Espagne, au Portugal et au Sudoueste de la France, Leyden, 1938.

94 J. Sermet, Op. cit., p. 182.

95 Mª C. Calero Palacios, El Manuscrito de Almuñécar, Libro de Apeos, del Archivo de la Diputación Provincial de Granda, Extracto de sus textos, Almuñécar Arqueología e Historia, II, pp. 427 ss.

96 A. Malpica Cuello, Almuñécar y su tierra en vísperas de la llegada de los cristianos, Almuñécar Arqueología e Historia, 1982, p. 420.

97 Liagre de Sturler, Les relations commerciales entre Gênes de la Belgique et l`Outremont, vol. II, docum. 382, pp. 382 y 508 a 510, t. II, docum. 386, pp. 514‑515.

98 Cfr. nota 19.

99 A. Malpica Cuello, Primeros elementos…, p. 196.

ESTRUCTURAS ARQUITECTÓNICAS DE SEKS

            1. ESTUDIO SINCRÓNICO DE LOS MATERIALES

                El desarrollo de la arquitectura romana desde sus inicios hasta su expansión en todo el Imperio, se debió fundamentalmen­te a la asimilación de técnicas importadas del Próximo y Medio Oriente100.

                Sus antecedentes se hallan en las culturas mesopotámicas y egipcias. Los elementos más desarrollados en ellas fueron arco, bóveda y ladrillo101. A estos tres elementos, Roma suma su descubrimiento: el opvs caementicivm, cuyos componentes son: piedras menudas e irregulares, cal grasa, arena y puzzolana que, al combinarse, experimentan una reacción tal que, de forma acelerada, adquiría una dureza que superaba a la de los componentes. La cohesión que ofrecía esta novedad de aparejo, fomentó que se levantaran grandes bóvedas.

                La aportación que el arquitecto romano Vitruvio hace a este respecto en su obra Architectvra, comprende sólo la época republicana, y particularmente la de César y Augusto. Por ello, los elementos arquitectónicos, que se utilizan en esta fase, son los importados y la técnica del opvs caementicivm. No obstante, es obligado decir que la mayoría de los elementos constructivos, tanto en materias-base como en técnicas de alzado y cubiertas, se encuentran en los cánones de la obra del antes citado autor102. Así, el opvs signinvm, caementicivm, incertvm, testacevm y, en algunos aspectos, vitatvm, forman el nudo de los conjuntos arquitectónicos localizados en Seks, habiéndose comprobado la existencia de estas formas y técnicas en más del 90% de los sectores en que ha sido dividida la ciudad moderna, para realizar el trabajo con cierta comodidad, y principalmente a una escala que permita una visión clara de cuanto existe en cada área del complejo industrial.

                Uno de los primeros estudiosos del tema arquitectónico fue Nibby103. En ese mismo siglo, Choisy104 continúa los trabajos iniciados por éste, utilizando los mismos métodos. Le siguen a muy corto plazo, Miles, Lanciani, Van Deman y T. Franck105.

                La técnica y el modo de empleo de los materiales son la base de donde parten los estudios que tales investigadores usaban en sus respectivos métodos de identificación e inter­pretación, estableciendo sus esquemas cronológicos a partir de las conclusiones obtenidas en sus diversos análisis.

                Hay un trabajo, que se pretendió generalizar como modelo de estudio en todo el período romano, siempre bajo el mismo condicionante del problema de las cronologías, que no llegó a alcanzar sus pretensiones, por limitarse su investigación al período comprendido entre la Pre-historia y el período de los Antoninos.

                Con ello, el carácter unitario y generalizador que se le quiere dar a la obra, queda incom-pleto. Pero Blake106, su autor, no sólo quedó falto de ese sentido unitario que él quería dar a su trabajo, sino que tampoco se podía hacer extensible al complejo mundo arquitectónico de las Provincias, donde el substrato autóctono ejerce una importante influencia al implan­tar nuevas técnicas en sus respectivos territorios.

                Lugli107 es el único que realiza un trabajo arquitectónico completo, pero no ya basado, como los anteriores, en la evolución de las técnicas, sino en la clasificación extemporánea de todas las manifestaciones arquitectónicas del mundo romano y, principal­mente, en el ámbito de Roma.

                Los aspectos más destacables de su obra se centran en: catalogación de sistemas, considerando importante la concentración de materiales usados, según el tipo de edificio y su funcionalidad. Con ello concluye diciendo que cada tipo de edificación exige la técnica que requiere su propia finalidad.

                El estudio del ladrillo, como elemento constructivo, ha sido, sobre todo en Roma (porque en provincias este fenómeno se da escasamente), uno de los factores más precisos a la hora de establecer la secuencia cronológica, en momentos, absolutamente precisa. Esta práctica se lleva a cabo sobre el ladrillo rectangular, dándose la circunstancia de que algunos llevan el sello del alfarero. Pero el momento decisivo tiene lugar cuando se imprime sobre él un dato tan importante como el año consu­lar108.

                Esta información documental, tiene valor cuando el material no es reutilizado, fenómeno muy frecuente.

                El trabajo más completo, en este aspecto, sobre sellos es el de Bloch109.

                Utilizando la técnica latericia, Gros investiga las razones por las que se producen determinadas estructuras arquitectónicas, valiéndose de los aspectos económicos, políti­cos y sociales de cada momento y lugar110.

                La obra más importante, en técnica edilicia, ha sido realizada por Adam111. Su interés queda centrado en los siguien­tes temas: trabajo lítico, es decir, estudio de la piedra indicando la cantera y sus procedimientos de extracción; instrumentos usados; mortero, materiales secundarios; madera y toda la gama componentes-base utilizados en arquitectura.

                Según Steinby112, los estudios deben hacerse en zonas parciales, sin tomar como elemento matriz los prototipos que Roma presente. Esto es una ruptura fuerte con los sistemas precedentes, que prescinden de los cánones tradicionales utilizados para la catalogación y datación de la obra arquitectóni­ca. Con ello, considera necesario una división radical entre lo que es un edificio metropolitano, y lo periférico o provincial. Por ello piensa que no se debe practicar el método analógico cuando se quiere establecer un paralelismo entre los diversos lugares en que el estudio de determinado edificio se lleve a cabo. Esto conlleva cierta libertad de interpretación algo independiente, al estudiar la arquitectura, sobre todo la provinciana, donde hay muchos factores condicionantes, como la infraestructura autóctona, que se debe tener muy en cuenta, porque no es nada despreciable tanto en materiales como en las técnicas constructivas o arquitectónicas. Ejemplo se ve en la Península Ibérica antes de la irrupción cultural romana. El substrato urbanístico autóctono de Hispania influirá decisiva­mente en las concepciones planimétricas de las ciudades, principalmente cuando los asentamientos, en su mayoría, tendrán lugar sobre estructuras preexistentes.

                En Hispania se tiene: Sagvntvm, Carthago Nova, Castvlo, Italica, Hispalis, Cordvba, Malaca etc113.

            2. MATERIALES USADOS

            2.1. La Piedra. Opvs caementicivm

                Dentro de la tradición más generalizada en la arquitectu­ra romana en el uso de materiales base de construcción, se encuentran el tufo y el travertino.

                Al principio se practicaba la técnica ciclópea, sin argamasa. A partir del siglo III a. de C., esos grandes bloques de piedra son usados en proporciones más pequeñas, de contorno irregular y unidos con mortero de cal grasa, arena y puzzolana. A esta nueva composición de materiales se la denominará, a partir de este momento, opvs caementicivm.

                Cuando un alzado de fachada es construido con piedras de aspecto externo algo refinado y geométrico, a esta técnica se llama opvs incertvm114. Las primeras manifestaciones de este invento, que se inician en el siglo II a. de C., tienen lugar en Roma, Ostia y Pompeya[1]. El uso de la piedra toba se generaliza a mediados del siglo I a. de C. Este tipo de roca ofrece las ventajas de ser más blanda y moldeable. Cuando en el opvs incertvm la piedra, en su talla, adquiere forma casi troncopiramidal, se da lugar a una nueva tipología que se denominará opvs reticv­latvm.

                Haciendo juego con esta técnica, suele aparecer el ladrillo, que forma planos horizontales; mientras que la piedra lo hace ocupando las esquinas de los edificios, como ocurre en los pilares del acueducto de los Milagros, en Mérida.

                La combinación del opvs latericivm y el opvs incertvm dio lugar a la aparición de un nuevo sistema de aparejo: el opvs mixtvm.

                El opvs reticvlatvm, piedras tratadas hasta conseguir forma troncopiramidal, y el opvs latericivm, aparecen en época de Tiberio; pero su mayor difusión tiene lugar a lo largo del siglo I d. de C.

            2.2. Arcilla

                Es un elemento usado en todo el Mediterráneo, tanto en tapial como en adobe secado al sol. La cronología de su uso va desde los primeros tiempos de la historia de Roma hasta la época clásica. Es precisamente Vitruvio quien ha dejado el testimonio más claro cuando la cita como componente de los elementos arquitec­tó­nicos116. En los estudios de Blake, el uso de tal material se remonta al siglo VI a. de C., sobre todo en la fabricación de tégulas planas y curvas117.

                Haciendo un poco de arqueología en esta materia, se admite, con evidencia, que este material, o su uso, entra en Roma por influjo de las colonias griegas del sur de Italia y Sicilia. Dando fe de ello, se puede comprobar que en la Magna Grecia se utiliza la terracota como elemento arquitectónico decorativo, desde época muy temprana118. En tiempos de Augusto la localidad de Urbisaglia era el centro más importante de fabricación de ladrillos. En Pompeya aparece desde el siglo II a. de C. La primera arcilla que se utiliza en Roma, como elemento de construcción, es importada.

                La técnica del opvs testacevm consiste en el uso del opvs caementicivm con revestimiento exterior de ladrillo cocido y colocados a ambos lados del paramento. En los inicios se usaban tégulas rojas. Posteriormente se comienza la fabricación de un tipo de ladrillo, que se dividía formando dos partes llamadas semilater por su forma triangular. Sus medidas eran 22 x 26 cm, y cuya parte angulosa se encajaba en el hormigón para dar mayor cohesión al aparejo. Blake afirma que, en un principio, esta nueva técnica se utilizaba en aquellas estructuras urbanas que tenían que soportar humedad y calor de forma intensa, como en las termas119. El ladrillo se combinó, en un principio, con el opvs incertvm, con el fin de conseguir planos horizontales, dándose la misma utilización con el opvs reticvlatvm, cuyo fin era el mismo.

                A partir de Tiberio, se encuentran edificios totalmente construidos con este material. En tiempos de Augusto, se utiliza tan sólo en los paramentos interiores, mientras que los exteriores eran revestidos con piedra. A finales de la época de Augusto, el ladrillo se usa también en los exteriores.  En tiempos de Tiberio su uso adquiere carácter oficial, y se llega a producir cierta evolución en su empleo. Estas variaciones experimentadas se utilizan para establecer, una secuencia cronoló­gica. De esta manera se determinan una serie de detalles que indican tal evolución: tipo de arcilla, corte hecho sobre los ladrillos, módulo de ladrillos por metro de altura, sistemas bipedales a intervalos regulares en muro etc. Con el tiempo su grosor disminuye y se aumenta la cantidad de mortero en las juntas, lo que conlleva un incremento de medidas en módulos120.

            3. EDILICIA ROMANA EN LA BÉTICA

                Como preámbulo para explicar el proceso de adaptación a los nuevos sistemas edilicios en Seks, se toma muestra de los existentes en Roma, aunque no se suceden al mismo ritmo y tiempo.

                El tipo de ladrillo (opvs testacevm) de forma triangular, no sustituye al rectangular. Otra de las variantes se produce en el revoque usado entre ladrillos, así como la ausencia de sellos en los mismos121. Lo que más abunda es la piedra en sus variados tipos de tallados122. Pero lo que sí se impone, por razones estrictamente de necesidad, es el ladrillo, elemento base en construcciones como las termas, donde los factores de humedad y altas temperaturas siguen siendo los máximos condi­cionantes de su uso. El empleo del ladrillo, como elemento dominante del aparejo, se da en las siguientes estructuras de Seks: en la casa romana del Castillo: en el sistema hídrico de termas, pero sólo en el hypocavstvm; También se ha detectado en silos y en un pasillo corredor subterráneo que pone en contacto las dependen­cias internas del mismo y su salida, en un punto de la entrada principal; y en otro, con la Tenaza o sistema defensivo casi periférico, en la zona sur del mismo Castillo. En los sistemas abovedados sólo se ha registrado un caso, cuyos muros y bóvedas son de piedra, revestidos de ladrillo usando dos módulos de medida.  Como dato de interés, encima de esta estructura, con naves comunicadas por arcos abovedados, hay un depósito de agua cuya superficie abarca el tamaño de las naves situadas debajo123.

                Por otro lado, conviene añadir que este sector estaba formado por una secuencia de naves del mismo estilo y composi­ción, dadas las ruinas detectadas, y que abarcaba el espacio que se indica en la planimetría levantada. El uso del ladrillo en este sector se hace extensivo a las cubiertas y paramentos del grueso muro que delimita las terrazas en que queda enmarcada toda el área de las salazones de Poniente. Se utiliza tanto el ladrillo como la roca pizarrosa y la toba; con lo que se concluye que este sector ha sido retocado o reedificado con materiales de acarreo de otra estructura anterior rota.

                Hay un segundo sector, con sus paramentos levantados de piedra, abovedado, pero con entrada flanqueada por una bóveda de medio cañón, e incluso los muros de soporte edificados con el mismo material124. El componente base de este sector, mayoritariamente, es de pizarra, elemento común en la mayor parte de los edificios del conjunto. Se puede decir que casi el 99% de las edificaciones están construidas con este tipo de roca. Por ello, las formas usuales de edificación, en cuanto a técnicas, son el opvs caementicivm, opvs incertvm y, en mucha menor proporción, el opvs testacevm.

                Como se dijo, el ladrillo puede verse en el hypocavstvm de las termas de la casa roma-na125,  y en las termas junto al acueducto, a la entrada de la Puerta de Granada. 

                En otro punto de la ciudad, relacionado con el sistema hídrico de distribución, aparece una nave subterránea, desde cuyo inicio se produce una bifurcación hacia dos lugares contrapuestos de la ciudad: uno, en dirección al antiguo depósito de aguas de la Iglesia de la Encarnación; otro que, a pocos metros del sitio de entrada al canal, se dirige hacia el sector norte del casco viejo, y en el que se ve un sistema de conducción con tubos de cerámica, que debieron constituir una red de distribución de las diversas partes del complejo industrial, y a todos los niveles. Esta prueba puede hacerse extensible a la totalidad del conjunto. Se trata de una nave abovedada de ladrillo visto y argamasa126. Tal coincidencia, con unidad de criterio en cuanto al uso del ladrillo, se produce siempre que se da la circunstancia de uso relacionado con elementos destinados al almacenamiento de agua y a la producción de calor, donde la arcilla es el mejor elemento127.

                Como colofón a este breve esbozo, tanto de la clasifica­ción general de las técnicas y materiales romanos, como de los usados en esta localidad, y dejando un resquicio en este proceso de investigación general, se admite, como verdadero, concluir que los estilos y modos arquitectónicos de este complejo industrial se cumplen con regularidad, debido a que el entorno geográfico y geológico permitían conseguir con facilidad materia­les como arcilla, bastante abundante, para el ladrillo, piedra, elemento soporte sobre el que se asienta el conjunto industrial. No es necesario violentar los cánones romanos, aunque hay situaciones en que las estructuras, paramentos y edificaciones dan señales de alteraciones en sus formas estructurales, tal vez debidas a situaciones extrañas a la propia arquitectura, como los derrumbes provocados por el abandono y el paso del tiempo, crisis económicas, recomposiciones y reutilizaciones hechas por los propios romanos en sus diferentes fases de historia local y, lo peor a nuestro entender: reutilizar materiales de un estilo arquitectónico derruido, en la recomposi­ción o nueva edificación de otro. Muestra de ello se ve en el uso indiscriminado y anárquico de piedras, ladrillos y tobas en algunos paramentos, como un sector de la zona de Poniente. Todo esto muestra un sistema arquitectónico en decadencia, coincidente con una época de crisis económica y social (siglo III d. de C.)128. Precisamente, el caso de las reutilizaciones de materiales va a ser el caballo de batalla a la hora de realizar un intento de composición de la cronología de este complejo. Si no se olvida que la permanencia romana aquí ha subsistido desde el siglo II (o antes, a partir del 206 a. de C.), hasta el s. V d. de C., con guerras civiles por medio, crisis del siglo III d. de C. etc., difícil se presenta establecer una secuencia cronológica, y ello aproximada. Si se sitúa la cronología del flamen a finales del período de Marco Aurelio (161‑180), la reconstrucción de esa área de la factoría debió realizarse en época muy posterior a la de la propia inscripción, es decir, por lo menos después de la crisis del siglo III129. Caso aparte es el uso de la piedra tallada, que se describe usada en las esquinas de la torre de descarga del acueducto romano130. Según la historiografía islámica, las esquinas de tal torre se encontraban fortificadas con piedras talladas, porosas y resistentes, comprobándose que es toba, elemento lítico práctico y útil para tal construcción. Este material aparece también en los componentes del Majuelo, utilizado en los paramentos de una edificación que se asemeja al resto de un foro del complejo de la factoría de Poniente. La toba se reutiliza en construcciones tanto romanas como medievales y modernas. Así, edificaciones de cuarenta años atrás, han usado bastante material procedente de las estructu­ras romanas sobre el mismo solar moderno, en donde existió el alzado de un edificio de tal época. En lo referente a las zonas portuarias, se ha citado la existencia del espigón en párrafos anteriores. Su composición coincide con el descrito por Vitruvio cuando habla de los componentes usados en zonas ganadas al mar131. El nivel del mar está a tres metros aproximadamente del actual132.

SISTEMAS DE NAVES ABOVEDADAS DE SEKS

                Los sistemas analizados en la mayor parte de los sectores del conjun­to arquitectónico de Seks, constituyen, por ahora, un precedente sin paralelos en las actuales plantas urbanístico-industriales del Mediterráneo.

                Después de un recorrido por numerosas factorías de salazones en la cuenca mediterránea y en la costa marroquí atlántica, tan sólo se han identificado algunos elementos aislados similares a los de Seks, no sólo en la forma sino en el tipo de aparejo utilizado133. Pero esto no es suficiente para establecer principios por los que se levanta una estructura en la que hay un predominio de formas arquitectónicas tan reiteradas, en un complejo que se viene denominando Mvnicipivm y Oppidvm.

                Paralelos, hasta ahora, no se han detectado para establecer conexiones tipológicas. En las factorías marroquíes se ha comprobado que, incluso las más relevantes, carecen de infraes­tructura urbana134. Puede ser que una localidad de las cercanías de Lixus (Larache, Marruecos), con el tiempo, ponga al descubierto un sistema similar. Por ahora no hay configuración de estas características.

                Por ello es obligado comenzar el estudio e interpretación de los sistemas a analizar, sin contar con precedentes donde establecer unos mínimos elementos referenciales. En este sentido Seks es única en su forma, composición y ordenamiento135.

                Dado que los elementos de estudio están constituidos por una secuencia de sistemas abovedados, orgánicamente distribui­dos por todo el complejo, es conveniente establecer un plan de trabajo que describa y busque aquello que, con objetividad, conduzca a una explicación del fenómeno, admitido como razona­ble y coherente.

                Se van a describir los diversos componentes, pero no desligados del sentido unitario que conforma la totalidad del conjunto industrial.

                Como preámbulo, es necesario prefijar que, a la hora de adoptar un criterio lógico, en las cercanías de Seks han sido detectadas varias villas rústicas romanas, que abocan a una razonable justificación del comportamiento estructural de este conjunto.

                Dado el uso de la técnica de abovedamiento sistemático en todos los niveles del complejo, es preciso establecer cómo se presenta y qué alineamientos sigue.

                En primer lugar es obvio que la posición de estos sistemas, unas veces sigue la forma del terreno, entrelazando secuencias de naves sin demasiado esfuerzo para corregir los defectos del suelo y, otras, esta arquitectura prosigue su línea, superando desniveles a base del ya conocido método de aterrazamiento.

                Pero, y esto es cuestión pendiente aún, lo que primero se debe hallar es algún indicio o técnica seguida en el sistema constructivo del mundo grecorromano, que sirva de referente, para explicar, con algún fundamento histórico precedente, el problema que genera la cuestión: los sistemas abovedados de Seks, y la terminología aplicable, aunque sea por analogía semántica. Para ello es preciso remontarse al mundo antiguo, y ver la evolución del uso de la bóveda, sus fines, proceso de la misma y derivaciones funcionales a través del tiempo. Por esta razón, los precedentes históricos de Seks radican en una desviación de uso (experimentada ya en las formas conocidas del mundo romano y griego) de los considerados criptopórticos. Tales elementos tienen su razón de ser, dentro de un tipo estructural, en ocupar los huecos vacíos que muestra un edificio, o salvar los desniveles del terreno cuando se levanta un conjunto arquitectónico de cierta entidad en espacio y volumen.

                En principio, estas áreas quedaban ciegas; pero después se les fue dando utilidad hasta convertirlas en pasillos subterrá­neos y paseos; en superficie, cubiertos (στoά), y simples vías de comunicación subterránea en una misma edificación.

                Estos son, en términos generales, los usos más habituales que se dieron a los sistemas abovedados situados en la parte más baja de los tipos de edificaciones que requerían tales elementos136. Con el paso del tiempo, y por razones de necesi­dad, estas construcciones, denominadas criptopórticos, llegan a prestar servicios muy diferentes a los que habían venido desempeñando. Por ello, y atendiendo a este fenómeno, dentro de los usos secundarios, se ha comprobado que, en muchas ocasiones se utilizaron como tiendas y, sobre todo, como horrea; lo que lleva a pensar que, al darse con cierta frecuen­cia tal desviación de uso, y ello comprobado en numerosos edificios, los analógicamente llamados criptopórticos de Seks, pueden ser entendidos como corriente arquitectónica derivada de esa desviación de función que se hizo en numerosas ocasiones en este sistema de construcción grecorromano.

                No se va a usar el término criptopórtico porque, en realidad, no son tales, aunque mantengan la misma forma, salvo en la denominada Cueva de Siete Palacios, donde casi con toda probabilidad se cumple uno de los principios para los que los antiguos criptopórticos se levantaron: equilibrar un sistema arquitectónico. Tal explicación puede ser admitida en este complejo especial dentro del conjunto de Seks. Pero puede constituir un hecho aislado en todo un sistema.

                También se ha de considerar que, en un principio, pudo servir de criptopórtico, aunque las proporciones hacen pensar en un conjunto con unas dimensiones triples a lo que hoy se conserva.

                Por otra parte, tras las excavaciones practicadas en su interior, y una vez analizados los resultados, se ha comprobado que tal espacio ha sido reutilizado como centro de prepara­ción de salazones, con estructuras tan elementales que parecen completamente fortuitas y asistemáticas. Pero también cabe la posibilidad de que la arquitectura sobre la que han apareci­do componentes destinados a salazones, sean restos de formas arruinadas bajo la nueva construcción romana. Testigo de ello es la existencia de muros más antiguos sobre los que, en ocasiones, se montan los nuevos de este edificio (cfr. Planimetría, sector L, fig. 18).

                Los indicios arqueológicos hallados no son más que meros indicadores de un uso secundario y ocasional para infraestruc­turas industriales. Que en épocas posteriores, tales espacios se incorporen a un uso de local de almacenamiento, depende de un cambio de función de tal edificación en el tiempo.

                Por estos datos, es obligado dar una breve explicación histórica que, en la medida de lo posible, aporte algo de luz sobre formas que no cuentan con paralelos en lo que tradicio­nalmente se viene considerando factoría de salazones. Ni las más importantes colonias del Mediterráneo aportan un cuadro de elementos estructurales que se asemejen a lo que aquí es objeto de estudio.

                Por ello, y haciendo un intento de llegar a una explicación ajustada a verdad, hay necesidad de mostrar un recorrido histórico tanto por elementos aislados como por conjuntos monumentales completos.

                Debido a ello, forzados por la necesidad, se inicia el estudio partiendo de lo que históricamente se considera criptopórtico que, con prudencia, se tratará de relacionar con las formas que se abordan en este trabajo.

                En términos clásicos, la palabra κρυπτά procede del griego κρυπτός, o su substantivo κρυπτή. Dicho término pasa al latín a finales de la época republicana romana, y es usado por Varrón y Vitruvio137. En tal época el término se entiende en latín como via qva per montem perfvssvm itvr138. Hay diez formas a las que se aplica este término, dentro de la arquitectura grecoromana139. En la terminología edilicia aparece relacionado con edificaciones como horrevm140, lo que la aproxima al significado aplicable a las estructuras de Seks.

                El texto de Vitruvio dice así:

«qvi avtem frvctibvs rvsticis servivnt, in eorvm vestibvlis stabvla tabernae, in aedibvs criptae horrea apothecae ceteraqve qvae ad frvctvs servandos magis qvam elegantiam decorem possvnt»

                Su traducción: «Quienes se dediquen a los frutos del campo, los compartimentos se han de construir de forma que los establos y almacenes se levanten en los vestíbulos, y en la casa, los subterráneos, graneros y almacenes y todo aquello que pueda servir más para conservar los frutos que de adorno para elegancia».

                Los criptopórticos, en general, presentan dos problemas: su verdadera definición y sus antecedentes. Tanto lo uno como lo otro se suman provocando gran disparidad de formas y definiciones arquitectónicas.  El primer problema queda ya resuelto en el siglo III a. de C., considerándolo como una edificación utilizada para pasadizo subterráneo cerrado. Esta oscuridad, en su origen, hace surgir a la vez, cuestiones sobre sus funciones, estructuras y técnicas desglo­sadas en tipos variados, y provocando mezclas de poca relación con los módulos primitivos. Así, no se puede hablar de modelos que no se dan bajo una forma bien estructurada, y perfectamente adaptados a las diversas funciones.

                Será interesante exponer los tipos que los arquitectos romanos han creado, haciendo ver que su realidad difiere de los cánones antiguos, hasta el punto de que no necesariamente sean edificaciones subterráneas, sino que aparezcan como modelos urbanísticos más o menos en superficie. Esto se va a dar, y más en época republicana, tanto en las construcciones públicas como privadas, siendo utilizadas para los más diversos fines, respondiendo a las necesidades que cada comunidad o estructura pueda precisar, tal como, según se ve, ocurre con Seks.

                Los tres aspectos de interés para su estudio son: Funcio­nes, Estructuras, Técnicas.

                Finalmente se finaliza con conclusiones cronológicas, modos de transmisión, y relación con sus antecedentes.

            1. Funciones

                La función más evidente, en su interpretación como precedente, viene dada por la propia estructura arquitectónica. Se podría decir que los diversos tipos que aparecen en Seks se catalogan bajo las siguientes variantes que en cada momento se definirán formalmente:

            1.1. Sostenimiento y adaptación de los espacios para explanadas y terrazas.

                Esta definición es más apropiada a los criptopórticos monumentales de Roma, con las subsiguientes variantes que se puedan presentar, ya que a la función de sostenimiento de estructuras superiores, se pueden asociar utilizaciones más prácticas (aquí entran en juego los diferentes niveles sobre la base, que se dan en Cueva de Siete Palacios, con división hecha de muros) y estancias mejor aprovechadas (división de los dos sectores en la citada Cueva, a causa de los niveles del suelo). Ejemplos de uso como soporte de terrazas se encuentran en la exedra de los Atálidas de Delfos; en las salas subterráneas de los Ptolomeos141, con su complejo de cisternas etc.

            1.2. Terrenos

            Limitación de los terrenos por construcción parcial en subsuelo que permite agrandar las terrazas, corregir desnive­les, ganar espacios utilizables para depósitos, graneros, tiendas, almacenes, etc. De ello se deduce que su función no está exclusivamente vinculada a ser un elemento de sostenimiento.

            1.3. Rellenos de zonas quebradas

                Por otra parte, sin menoscabo de la función anterior, hay situaciones en que las irregularidades del suelo no son salvadas por este sistema, y la solución se halla utilizando otra técnica edilicia: rellenar los espacios menores con mortero y piedra, como ocurre en la mayoría de zonas huecas del casquete superior del conjunto arquitectónico de Seks. Éste es el recurso más aplicado, dada la frecuencia de irregularidades morfoló­gicas que presenta la superficie rocosa de numerosos sectores de este núcleo industrial.

            2. Estructuras

            2.1. Plantas

                Los tramos extensos se mantienen con superficie regular, pero los suelos anómalos, por fuerza natural, violentan las normas de la edificación para seguir su propio sentido arqui­tectónico. Muy importante aquí es hacer notar que, bajo ninguna condición, las naves, o pórticos cerrados, entren en una dinámica de uso en pendiente. Por ello, el trazado general de las cryptonaves, (criptas abovedadas cerradas), se alinean en una secuencia ininterrumpida, formando en las vertientes suroeste, noroeste y norte), según cotas de nivel, zonas aterrazadas en donde, por una parte, las pequeñas diferencias de altura o irregularidades del terreno, se salvan con relleno de hormigón y piedra; y por otra, los fuertes desniveles se equilibran por medio de muros contra­fuertes, visibles aún.

                Sobre estas dos maneras de allanar formas geomorfológicas se levantan las construcciones o criptas abovedadas cerradas, de tal manera que puede admitirse un sistema de estructuras que conforman anillos, y se van cerrando resistiendo la curvidad del terreno y las cotas, y ampliándose, según el diámetro se haga mayor. Así, los sistemas de criptas se inician a partir de las cotas 4‑6, y culminan en la 48 aproximadamente, de tal manera que, si se considera la altura media de cada serie de naves, que es de 2,70 m, más sus encofrados, con un grosor aproximado de 0,60 m, los encadenamientos de cryptonaves abovedadas, alcanzarían la cifra de nueve niveles en total, aunque supondría una regularidad del terreno en toda su superficie. Por ello se considera que las verdaderas líneas o anillos vienen indicados por los referidos muros contrafuertes en todo el espacio construido.

                Así pues, en la secuencia norte-sur, se aprecian dos niveles, superpuestos a partir del muro de contención, contrarres­tando la descarga del área completa de la Cueva de Siete Palacios: uno, bien definido, aunque con bastantes elementos destruidos o deformados, enrasados o transforma-dos; otro, que se dibuja naciendo de las cubiertas abovedadas del casquete terminal del área superior.

                Sin embargo, a partir del citado contrafuerte, los muros de aterraza­miento se hacen más confusos, tanto por la disminu­ción de la pendiente como por las transformaciones que se han venido realizando a través de una evolución propia de un asentamiento como éste.

                Es interesante observar cómo, por la inercia de la Historia, se van cumpliendo las ordenaciones urbanas que ya predijo Vitruvio en las orientaciones de las casas:

«Las zonas expuestas al sol sufren sus inclemencias en los climas marinos, sobre todo surmediterráneos, por lo que habrá que procurar orientar las construcciones hacia el Septentrión, que es más sano»142.

                En efecto, la zona orientada al Norte ha sido la más castigada en reutilizaciones y transformaciones, notándose, por el contrario, un abandono en las áreas sur, Levante y Poniente de la ciudad, de tal manera que la mayor concentración de criptonaves abovedadas, piletas de salazones y depósitos de agua, se han localizado, en mayor número, en los citados ámbitos, siendo marcadamente superior todo lo que se considera franja sur de la ciudad.

                Le siguen en cifras, sucesivamente, los grandes sectores de Poniente y levante. Los aterrazamientos son más necesarios en la vertiente de Poniente, debido al fuerte desnivel que se da en cortas distancias. Sin embargo, el sector levantino, aunque en menor cantidad, ha revelado la existencia de un amplio número de naves, formando unidad estructural que, por encontrarse en una de las zonas posteriormente más solicitadas por el fenómeno comer­cial, la industria y los servicios portuarios, ha mantenido su estruc­tura, aunque algo alterada, en época medieval, y que, con sus características peculiares, por ser utilizadas como almace­nes, han conservado su antigua forma en planta y alzado en todo su conjunto.

                Nótese, a este respecto, que la zona portuaria más importante de este centro industrial, está emplazada en el sector de Levante, donde debió concentrarse el mayor peso del movimiento comercial, ya que constituiría la demarcación más concurrida por su amplio estuario marino.

                Siguiendo la descripción, en sus características genera­les, se nota lo siguiente: formas cerradas de las naves alineadas, es decir, que la mayoría de los sectores presentan sus piezas separadas unas de otras, con medidas muy similares en algunas zonas (la mayor parte situadas en el área superior de la actual ciudad): tanto en las naves de soporte, como en las que se montan sobre ellas, la luz ha sido evitada hasta no poderse constatar ni una sola entrada a nave que no haya sido otra que la practicada artificialmente por los ocupantes medievales o modernos.

                Tan sólo se observan, en aquellos donde su conservación lo permite, unos tragaluces, la mayor parte circulares (hoy taponados, pero de época), en la parte central de las bóvedas de las naves. A veces se ve una especie de abertura lateral, de época también, semejante a una puerta adintelada, pero no se puede asegurar que lo sea, porque todos los indicios llevan a pensar que tal entrada, actualmente visible, no es más que una prolongación artificial moderna realizada por la acción antrópica (cfr. nave partida, sector M; fig. 24).

                En esta secuencia de dos o tres plantas superpuestas, no se observa más que el equilibrio arquitectónico entre la planta de sostenimiento, Cueva de Siete Palacios, y los dos probables alzados superiores, aunque uno de ellos, por los indicios, está retranqueado, dando un cierto alzado de aspecto troncopirami­dal.

                La tradición de los criptopórticos en el mundo romano revela, de forma casi generalizada, que tales elementos arquitectónicos se utilizan fundamentalmente para agrandar edifi­cios, sobre todo los de carácter público, y constituirse en soportes de terrazas, con estructuras anteriormente planifica­das, como puede ser la Στoά, cuya independencia primitiva se fundamenta en la época helenística y para transformarla en elementos parciales, asociados a conjuntos y modelos relacionados con las nuevas reglas de la composición arquitectónica143. Este proceso facilitará su empleo y utilización rápida en la arquitectura romana en época republicana gracias, particularmente, al uso de la nueva técnica del opvs caementicivm, que permite la construcción, rápida y económica, de la bóveda144.

            3. Técnicas

                El estudio de los medios técnicos parte del propio uso de los criptopórticos en época helenística, con la pertinente connotación que supone el empleo posterior como añadido innovador en la arquitectura republicana romana y su evolución, según medio y fin a que se destine.

                Como es normal en toda estructura arquitectónica, deben considerar­se tres aspectos fundamentales en los criptopórticos: muros, soporte y cubierta. Los muros destacan por su doble función: base y sostenimiento. El primero se establece como apoyo de su estructura. El segundo tiene por finalidad sujetar la masa arquitectónica que sobre él pesa.

                Se debe levantar con un cuidadoso aparejo, de mampostería tradicional, y uso, casi generalizado, de la piedra vista y, si es posible, apoyarlo en suelo sólido, roca madre, o de similar constitución145El grosor de los muros va en función de los elementos que soporta, y del fin para el que se ha construido. Oscila entre los 0,60 m, y los 1,20 m, según las alturas y finalidades. El módulo más generalizado alcanza los 0,90 m. En algún sector (área de la Cueva de Siete Palacios) se ven, sobre roca madre en pendiente, muros contrafuertes que mueren en altura, conjugando el desnivel sobre el que se sujeta.

                Como detalle resalta la inexistencia de fosa de cimenta­ción sobre roca, y un apoyo superficial en ella, pero con equilibrio perfecto en la adaptación al terreno. Hay pasta de encofrado en las naves del área de la Cueva, y algunos detalles aislados en otros sectores. Pero, general­mente, la piedra vista aparece en los muros verticales, y de canto, en los sistemas de bóvedas. El mortero, siguiendo las normas de Vitruvio, no se ve al exterior, sino que el aparejo está hecho con piedra de períme­tro irregular, algo cuidado en su cara externa, unidas entre sí con mortero en el interior del paramento.

                Los espacios pequeños se rellenan con piedra menuda, de forma que el aspecto externo muestra apariencia ciclópea. Y es que aquí se sigue la norma dictada por Vitruvio, para evitar humedad lo más posible146.

                La gran cohesión es obrada por la argamasa de cal grasa y arena que une, en su parte interna, todo el aparejo exterior del alzado, y así se evita, en gran parte, la humedad, obstácu­lo a eliminar dentro de las exigencias de la estructura que este sistema de naves impone, considerando la función que va a desempeñar147.

                A veces se dan ciertos espacios vanos, y aparentemente sin sentido que, probablemente, estén destinados a eliminar las aguas de lluvia, evitar la humedad, o como factor de equilibrio entre las temperaturas interna y externa de las naves que separan.

                En algunos momentos tales espacios se interpretan como medios de acceso a las naves, o todo lo contrario, dificultar su entrada, pero se ignora. En las roturas modernas hechas sobre algunos muros de la zona semidestruida del sector de la Cueva, se observan unos conductos de sección rectangular, que han podido servir de canalización para el tendido de distribución de aguas, con tuberías de cerámica o plomo a través de ellos. Tales conduc­ciones parecen discurrir a ras de suelo de las naves superiores unas veces, y otras, a través del interior de algunos muros.

                El elemento que no se ha podido localizar aún, es la tubería, probablemente por haber estado al descubierto. En el interior de la Cueva hay dos sistemas de canaliza­ción, situados en la parte donde hoy está la falsa entrada de Levante. El más pequeño es una derivación del grande; lo que significa que del principal parten salidas que abastezcan de agua zonas del conjunto en su parte superior. La capacidad bruta del canal grande, por donde pasaba el agua entubada, tiene una potencia de más de 250 l/s. Pero, al ir el agua por tuberías, como debió ser, prácticamente se reduciría a la mitad. Es menos problemático construir un canal adintelado y colocar dentro una red de tuberías, que practicar una canali­zación de mampostería impermeabilizada con opvs signinvm. Esta técnica, canal con tuberías, es la supuesta en el sifón del acueducto, ya que permite, en cualquier momento, reparar una avería, a la vez que con este sistema se elimina más fácil­mente la humedad.

                Por otro lado es necesario admitir que estas canaliza­ciones sirvieron como elementos de conducción de agua de lluvia. Pero parece indicar que formaban parte de la red distribuidora planificada desde lo más alto del casquete superior, adonde llegaba el agua por medio del sistema de vasos comunicantes, desde la torre de descarga del acueducto romano. Desde ese punto irradiarían, en varias direcciones, sistemas de conducciones que abastecieron los espacios situados en cotas inferiores, como se ha comprobado con el descubrimiento de canal sobre la parte superior levantina, dirigiéndose al Peñón del Santo (fot. 2,3 ,4,5,6D). En los soportes se observa que las líneas de naves, como norma general, utilizan sus propios muros para sostener su alzado y estruc-tura superior. Por ello, cualquier sistema que discurra paralelo a otro, lleva su propia línea de muro, de tal modo que no se usa la medianería, sino la yuxtaposición, colaborando con ello a la finalidad perseguida en estas formas arquitectónicas: la isotermia interior.

                Es interesante observar que estas técnicas no se siguen en todos los sectores, sino sólo en aquellos que se encuentran más expuestos a los cambios fuertes de temperaturas estacionales, y a la fuerza y características de los vientos

            3.1. Cubierta

            Las cubiertas con que se protegen los principales elemen­tos de la factoría, o las diversas secciones y niveles indus­triales a través del complejo148, los espacios cubiertos, de almacenaje, o naves cerradas, están techadas con bóvedas de medio cañón, rebajadas, vaídas, y de aristas, éstas últimas formadas por el cruce, en ángulo recto, de las de medio punto (caso de la Cueva y zona aneja de hemicrucería). Hay pequeños sistemas abovedados, utilizados como medio de intercomunica­ción, o pasadizo que une naves entre sí (nave del «cabrero») en el sector K.

                El pasadizo más grande conocido, del que aún quedan restos, discurría por la parte superior del puente romano que unía el Castillo con el Peñón del Santo. Tenía una anchura de 3,80 m, y una altura de 2,30 m. Por su interior discurría una conduc­ción de agua, o sistema de tuberías.

                Esta tesis se fundamenta en que el nivel más bajo del depósito de agua coincide con la base de la nave cubierta. Por ello el agua llegaba por un pasaje más elevado; de lo contrario, tendría que hacerse a presión, y eso no es lo normal, por eludir el simple uso de los niveles entre los grandes centros elevados.

                Los pasadizos subterráneos tienen unas medidas que oscilan entre los 0,65 m de anchura y 0,75 m de altura. 

            3.2. La luz

                En todo este sistema de terrazas para naves cerradas, es natural que la luz, o su ausencia, juegue una función importante y, por ello mismo, plantee problemas.         

                Como  primera razón, es imprescindible exponer en qué estado se encuentran las citadas naves y espacios destinados a ellas: la casi totalidad ha sido hallada en las siguientes condicio­nes: cimientos sobre suelo, o roca madre; grosor medio de los muros es de 0,90 m; entrada proble-mática y confusa.

                En la dificultad planteada sobre la forma de acceso a este tipo de nave almacén, tan sólo se han podido identificar de forma generalizada, aberturas sobre la cubierta: Hueco circular en el centro de las bóvedas, todos taponados de época, con piedra y argamasa, aproximadamente de 0,50 m de diámetro, tal como se da en la Cueva, donde puede verse la abertura rectangu­lar de acceso y abertura respiradero.

                En resumen, las entradas continúan siendo una nota difícil de explicar en el sistema. Por todo ello se estima que, en algunos casos, los accesos son patentes: entrada por agujero practicado en la bóveda, y por pasillos abovedados. La pequeña entrada adintelada es muy dudosa.

                Es preciso dejar claro que de todos estos rasgos descritos se pueden colegir los siguientes fenómenos: Ausencia total de luz; grosor adecuado de los muros para que la oscilación térmica sea mínima en su interior, y de esta forma funcione como cámara isoterma; el suelo no muestra enlosado ni pavimento; no hay naves con indicios de uso de solería; sólo roca madre. Consecuencia de ello puede ser la justificación de los factores ambientales que se deben exigir para la correcta conservación de productos elaborados en la factoría: La humedad que acumularían los suelos enlosados o con pavimentos; los cambios de temperatura que provocarían muros débiles y la influencia en la degradación de las materias orgánicas que generaría la entrada de luz. Para eliminación de los gases acumulados, las naves disponían de respiraderos.

                No cabe duda de que, en efecto, el comienzo de uso de los criptopórticos tiene lugar en época helenística. Esta nueva técnica es asumida por los arquitectos romanos y la aplican para nuevos fines, además de los ya conocidos.

                Los usos son bastante diferentes de los que normalmente les dieron los griegos. La evolu-ción del griego al romano se asemeja, en proporción, al que los actuales dueños hacen de ellos: En Roma sirve hasta de almacén, cosa inimaginable para un griego; en la actualidad, aquí, de vivienda, impensado para un romano.

                Con todo, se cree que esta estructura, potenciada por la técnica del opvs caementicivm y las nuevas aplicaciones que el arquitecto romano y la sociedad le dan, se inicia a partir del siglo II a. de C., y perdura hasta la total desaparición del elemento romano en estos lugares.

                En las invasiones que provocan la caída de la parte occidental del Imperio, los nuevos colonos se encuentran con un sistema de estructuras romanas, como terrazas pobladas de naves cerradas y de diferentes medidas, áreas con naves coronadas con piletas o depósitos de agua, mercados a ambos lados del núcleo central, puertos y zonas de servicios, templos, la red hidráulica, etc.

                Cuando el elemento islámico ocupa esta localidad, y permanece en ella durante casi ocho siglos, se tiene la impresión de que apenas ha hecho uso de lo que ha encontrado, salvo de lo que le interesó. Se limitan a levantar estructuras originales propias sobre la obra anterior romana, que se encontraría en estado ruinoso en la mayor parte de los sectores.

                Ocupan el espacio más estratégico del conjunto donde levantan su fortaleza, a la que denominan hisn.

                Estadísticamente el elemento islámico, desde el punto de vista urbanístico, no ha dejado en herencia ni un 1% del total de estructuras propias. Por el contrario, la arquitectura romana aparece por doquier, tanto en superficie como en subterrá­neos.

                En el proceso evolutivo del criptopórtico, a través de su misma historia, y en los diversos lugares donde se hizo uso de él, se contempla lo que le va a ir sucediendo allí donde se ha detectado su empleo y función.

                Como se ha dicho antes, el modelo helenístico sufre cambios cuando el arquitecto romano lo utiliza. Así, en Aosta, por imperativos circunstanciales, en período tardío o, incluso, en fechas más recientes, los criptopórticos han sido transfor­mados, o adaptados para ser utilizados como horrea, con una división en sectores, por medio de muros de separación149.

                En Narbona hay adaptaciones similares150. La mayor parte de las transformaciones de criptopórticos en horrea, se debe a factores meramente externos y circunstanciales. Esto ocurre debido a las facilidades que presentaban para tales fines, como eran el ser un lugar cerrado y protegido de los agentes atmosféricos. Hay muchos casos en que criptopórticos, como los de Aosta, Arlés, Reims, Bavar, etc., cuya misión principal se ceñía a los cánones de Vitruvio, es decir, servir de refugio a los especta­dores en caso de lluvia durante una representación teatral, desviaron accidentalmente su uso, en caso de emergencias sirviendo de almacenes151.

                Insistiendo en el mismo tema, la aparición de los cripto­pórticos en la arquitectura romana se ve ligada al empleo del opvs caementicivm152, a la búsqueda de espacios subterráneos celulares, y a la aplicación de estas técnicas para fines bien definidos, ya al margen de los usos tradicionales de tales formas arquitectónicas.

                Como se ha dicho, la degradación o multiplicación de funciones se amplía. En el mundo romano, por necesidades propias de otra sociedad y con sentido práctico y funcional, no sólo se usa este recurso para los fines originarios helenísti­cos, sino que se les dan otras aplicaciones, como construir depósitos de agua subterráneos, paso de circulación de carros y, como aquí trae el tema, de almacenes que aprovechen las ventajas de una nueva técnica y conseguir una aplicación más práctica a los productos almacenables. Aquí, el criptopórtico, al que se considera mejor llamar cryptonave, se ha converti­do en horrevm, con modifica­ciones en las que pierde algunas de sus antiguas características arquitectónicas: Se dividen en secciones para aislar un producto de otro, con fines utilita­rios y evitar mezclas de olores, establecer un calendario de conservación, y dificultar la piratería.

                Lo que sí se puede ya proponer es una definición de aquellos tipos arquitectónicos que, como en las formas de Seks, se salen del fin tradicional de lo que se considera criptopórtico porque, teniendo en cuenta la estructura y fines de tal elemento, no se puede calificar como tal a toda nave abovedada, aunque su inspiración esté en ella, pero no la forma y tradi­ción antiguas.

                Un dato a añadir, y que aún no se ha indicado suficiente­mente, es el uso del opvs incertvm en la casi totalidad del complejo de Seks, lo que es novedad frente al opvs caementi­civm, usado en Roma como técnica innovadora frente a los del mundo helenístico.

                El sector conocido como Cueva de Siete Palacios tiene un paralelo en la villa Adriana, donde existe un compartimento de características similares al edificio de Seks. Es decir, una nave central con otras laterales y casi alineadas frontalmente. Su alzado está revestido con opvs signinvm, de un espesor de 0,03 m153 y un mampuesto de contextura poco habitual en cuanto a consistencia; por lo que parece indicar que su destino ha sido el de depósito de agua. Pero del análisis exhaustivo de sus elementos constructi­vos se deduce que su finalidad fue servir de almacén de nieve para uso doméstico durante el estío.

                Los criptopórticos de Narbona154 muestran indicios de haber servido de horrea, o más bien, relacionados con los mercados, como indican los textos155. Ernest Wilf piensa que en Narbona se da un único caso de criptopórtico usado como horrea. El plano de la edificación lleva múltiples subdivisiones y corredores, que presentan aspecto de almacenes. Estos horrea narbonenses no se encuentran ligados al forvm, cuyo emplazamiento y dispositivo general son conocidos. De esta forma los cambios producidos en el uso de los criptopórticos constituyen un precedente en que basar algún tipo de relación tanto arquitectónica como funcional.

                La Arqueología no ha proporcionado aún paralelo alguno que ofrezca un punto de partida, y permita relacionar, por lo menos, las estructuras. Lo que se tiene de yacimientos arqueo­lógicos son sólo elementos muy aislados, y sin fuerza suficien­te para establecer una relación.

                Los sistemas de factorías que presentan algún elemento son los de Lixus156, Tahadart157, Sahara158 y Bolonia159; que son pruebas muy parciales y reducidas en aportación de formas similares a las de Seks. Sirven para establecer una comparación meramente técnica, como es el uso del mismo material y formas abovedadas, cuya finalidad es distinta. Por ello se está algo solo al plan-tear una definición global sobre un conjunto que se ha venido definiendo πόλις, por la Historiografía griega, oppidvm, por los romanos, medina y ciudad, en época medieval y moderna. La verdad está en los resultados del análisis: ni cardo maximvs ni decvmanvs. Sólo una casa. Sólo naves, piletas, depósitos (…) que dan, como cuadro final, una factoría de salazones de pescado, con encadenamientos de sistemas abovedados de almacenaje.


100 Sp. Kostod, Historia de la Arquitectura I, Oxford University Press,1988, pp. 331 ss.; L. Benevolo, El arte y la ciudad antigua, 2, Roma‑Bari, 1982, pp. 22 ss.; A. Blanco, Vestigios de la Córdoba romana, Habis, I, 1970, pp. 109 ss.; A. García y Bellido, Colonia Aelia Augusta Italica, Madrid, 1966, pp. 14 ss.; Id. El urbanismo en España en la Edad Antigua, Madrid, 1968, pp. 58 ss.; C. Castillo, Städte und Personen der Baetica, Aufstieg, II, 3, pp. 601 ss.; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Castulo, I, Madrid, 1975; R. Ramos Fernández, La ciudad romana de Ilici, Alicante, 1975; E. B. Smith, La Arquitectura egipcia como expresión cultural, Watkin Glen. N.Y. American Life Fundation, 1969; J. R. Barlett, Jericho, Guilford, Surrey, Lutter worth Press, 1982; M. A. Beck, Atlas of Mesopotamia, London and Edinburg, Thomas Nelson and Sons, 1956; H. Frankfort, The Art and Architecture of the Ancient Orient, Harmondsworth and Baltimore, Penguin, 1970; L. Lampl, Cities and Planning in the Ancient, Near East, New York‑Brazeviller, 1968; S. Lloyd, H. W. Müller y R. Martin, Ancient, Architecture, Mesopotamia, Egypt, Greece, New York, Abrahams, 1974; A. Badawy, Arquitectu­ra del Antiguo Egipto y del Oriente Próximo, Cambridge, Massachusset, MIT., 1966; M. del Amo, Restos romanos de la población romana de Onoba, (Huelva), Arqueología, 2, 1976; W. MacDonald, The Architecture of the Roman Empire, New York, Yale University Press, 1982; J. B. Ward‑Per­kins, A. Claridge, Pompeii, A. D. 79, New York, 1978; A. Boetius, Etruscan and Early Roman Architectu­re, Har­mondsworth, New York, Penguin, 1978; T. Kraus,T. L. von Matt, Pompeii and Herculaneum, New York, Abrahams, 1973;L. Soroni Mazzolani, The Idea of the City in Roman Througth, Bloo­mington, Indiana University Press, 1970; F. Brown, Roman Architecture, New York, Braziller, 1965; P. Lavedon, Histoire de l`Urbanisme, Antiquité, IIè éd., Paris; A. Grenier, Manuel d`Archéologia gallo‑romaine, III, L`Architectu­re, l`Urbanisme, les Monuments, Paris, 1958; A. Balil Illana, Colonia Iulia Augusta Barcino, Madrid, 1954; A. Beltrán et alii, Symposium de ciudades augústeas, Bimilenario de Zaragoza, I, II, 1976‑1977.

101 Sp. Kostof, Op. cit., pp. 82 ss., pp. 94 ss., pp. 121 ss.; P. León, Notas sobre la técnica edilicia en Itálica, AEspA., 50‑51, 1977‑1978, pp. 143‑169; E. J. Miles, The materials used in the building of ancient Rome and the logical origin, Journal British and American Society, vol. I, 1885‑86, pp. 54‑55; M. Steinby, I bolli laterizi e i criteri di tecnici nella datazione delle cortine laterizie romana, Esame su un grupo di edifici ostiensi dei primi anni di Anchiani, Miscelanea Archeologica, 1967, pp. 389‑406; A. Balil Illana, Casa y urbanismo en la España antigua, La España romana, BSEAA, XXXVIII, 1973, pp. 105 ss.; Th. Hauschild, Konstruktionen auf der oberen Stadterrasen des antiken Tarraco, AEspA., 45‑47, 1972, pp. 3 ss.; A. Jiménez, De Vitruvio a Vignola, autoridad de la tradición; Como obras complementarias, véanse: J. P. Adam, La constructio romaine, materiaux et tecnique, Paris, 1984; H. Bloch, I bolli laterizi e la storia dell`edilizia romana, Contributi all`Archeolo­gia ed alla storia romana, Roma, 1947; T. Franck, Roman Building of the Republic, an atamp to date them from their materials, Papers American Academy in Roma, vol. III, Roma, 1924; G. Lugli, Tecnica edilizia romana con particola­re riguardo a Roma e Lazio, Roma, 1957.

102 Vitruvio, Arquitectura, I, 3, II; 3, 4, 5, 6, 8.

103 Como obra general véase: A. Nibby, Roma Antica, I, 1838, II, 1839.

104 Como obra general véase: A. Choisy, L`art de bâtir chez les romains, Pa­ris, 1873.

105 E. B. van Deman, Methods of determining the date of roman concret Monuments, AJA, second series, Journal of the Archeological Institute of America, XVI, nº 2, pp. 230‑251, y nº 3, pp. 387‑432; Como obras complementa­rias véanse: E. J. Miles, The materials used…, p. cit.; T. Franck, Op. cit.; R. Lanciani, Ancient and Modern Roma, Rome, 1925.

106 Como obras de carácter general, véanse: M. E. Blake, Ancient roman Construction in Italy from the Prehistoric Period to August, Was­hington, 1947; Id. Roman Construction in Italy from Tiberius throught the Flavian, Washington, 1959; M. E. Blake, D. Taylor Bishop, Roman Construction in Italy from Nerva throught the Antoninus, Filadelfia, 1973.

107 Véase G. Lugli, op. cit., y nota 101.

108 P. Setälä, Private domini in Roma Brick Stamps on the Empire, A Historical and Prosopographical Study of Landowners in the District of Rome, Helsinki,1977, pp. 316 ss.; Como obras complementarias véanse:T. Franck, Op. cit., nota 2; T. Helen, Organisation of Roman Brick Production in the first and second Centuries A. D.: an Interpretation of Roman Brick Stamps, Helsinki, 1975.

109 Cfr. Nota 101 y, en especial el trabajo de H. Bloch.

110 Como obra complementaria, véase: P. Gros, Architecture et societé à Rome et Italie centromeridional aux deux derniers siècles de la Republique, Latomus, 156, Bruxelles, 1978.

111 Cfr. J. P. Adam, nota 101.

112 Cfr. nota 101: M. Steinby.

113 Cfr. nota 100: A. Balil, Op. cit.; C. Castillo, Op. cit.; R. Ramos, Op. cit.; nota 2: A. Balil, Op. cit.; A. Beltrán, Op. cit.; A. Blanco, Op. cit.; A. Garía y Bellido, Op. cit.

114 Cfr. Planimetría del Sector L y las fotografías de los subsectores que conforman este complejo sector.

115 Cfr. not. 101: M. Steinby.

116 Cfr. nota 101: M. Steinby.

117 A. Blánquez, Vitruvio, Los diez Libros de Arquitectura, Barcelona, 1970, II, 3, pp. 40 ss.

118 Cfr. nota 1: M. E. Blake, Op. cit.

119 L. Roldán Gómez, La técnica edilicia y su empleo en Hispania (1), Rev. Arq., Sep-Oct., 1987, pp. 35 ss.

120 A. Blánquez, Op. cit., pp. 130 ss; Véase nota 2: M. E. Blake, Op. cit.

121 Cfr. Planimetría del sector B (hypocavstvm de la casa romana en el Castillo de San Miguel).

122 Cfr. Planimetría urbana de los sectores B, K, V,; Nota 2: P. León, Op. cit.

123 A. Ruiz Fernández, Arqueología romana de la costa granadina, Cuadernos Monográficos nº 2‑3, Motril, 1985, pp. 57 ss.

124 Cfr. Planimetría del sector K (fig. 17).

125 Cfr. Planimetría de los sectores 0L, 1L y 2L, figs. 18 a 23.

126 Cfr. Planimetría del sector B (fig. 2) y documentación fotográfica del mismo.

127 Cfr. Planimetría del sector R (fig. 29) y documentación fotográfica del mismo.

128 Cfr. Planimetría de los sectores K y V (figs. 13 y 17) y documentación fotográfica correspondiente.

129 Cfr. Planimetría del sector J (fig. 16) y sector B (fig. 11).

130 M. Pastor Muñoz y F. Molina Fajardo, Epigrafía romana de Almuñécar (Sexi Firmum Iulium), Almuñécar Arqueología e Historia II, Granada, 1983, pp. 328 ss.

131 Cfr. notas del capítulo 2º: nº 62 (Idrisi), 65, 68 y 72 (Ibn al‑Jatib).

132 A. Blánquez, Op. cit., pp. 134 ss.

133 Cfr. Planimetría del sector X (fig. 34) y su documentación fotográfica.

134 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25 (fig. 13), 36 (fig. 21), 44 (fig. 27) y 70 (fig.45).

135 Ibidem, pp. 25 ss.

136 R. Martin, Les Cryptoportiques: problèmes des origines en les cryptoportiques dans l`Arqchitecture romaine. École Française de Rome, Rome,1973, pp. 23 ss.; G. de Angelis D `Ossat, I criptoportici quali elementi basamentali nella tipologia compositiva dell`architectura romana, en Les cryptoporti­ques., pp. 45 ss.;J. B. Ward‑Perkins, The cryptoportic: a practical solution to certain problems of roman urban desing, en Les Cryptopor­tiques…, pp.51 ss.; R. A. Staccioli, Sulla destinazione e l`uso dei criptoportici, en Les cryptoportiques…, pp. 57 ss.; P. Romanelli, I criptoportici forensi di Aosta e di Arles, Rendiconti dell`Acade­mia dei Lincei, serie VIII, vol. IX, 1954 (1955) pp. 645‑657; Id. Edifici sotterranei di Bavai, Archeologia Classica, VI, 1954, pp. 284‑291; Id. Edifici sotterranei dell`agora de Smirne, Latomus, XVI, 1957, pp. 275‑292; A. Maiuri, Il criptopor­tico di Sessa Aurunca, Rendiconti Academia Archeologia, Lettere e Belle Arti di Napoli, XXXVI, 1961 (1962), p. 55; Como obra complemen­taria, véase: G. Lugli, Enciclopedia dell`arte antica, s. v., Criptoportico.

137 Apiano, III, 6, 7.

138 Séneca, Epist., 57, 1; Petronio, Satur., p. 16; Estrabón, V, 4, 7. Dentro de las denominaciones detectadas en los diferentes autores relativas a los criptopórti­cos, se han indicado las siguientes: AMBULATIO, TECTA, CRYPTA THEATRI (CIL, V, 1008, X, 833‑834, XI, 4206); CLOACA, Iuv. V,106; Estrabón, XIV, 43; CELLARIVM APOTHECA, CIL, IX, 5159; MITHRAEVM, CIL, XIV, 66; CARCER, Sidonio Apolinar, Carm., 23, 319; ADYTVM SEPVLCHRI,CIL, III. 1096, VI, 10005; ADYTVM, en Itin. Burdig., 594, 25, 596,19; SPELVNCAM, ANTRVM, Itin. Burdig., 598, 6.

139 F. Coarelli, Les cryptoportiques dans l`Architecture romaine, École Française de Rome, Rome, 1973, pp. 12‑13; Los términos más genéricos que se aplican a este elemento arquitectónico, son los siguientes: AEDES, CIL, 1096; CASTRA, Hist. August. Hadr., 10, 4; CHALCIDICVM, CIL, X, 810; CVRIA, CIL, XI, 5753; EXEDRA, CIL, III, 10, 96; HORREVM, CIL, IX, 5159; y Vitruvio, VI, 5, 2 ( y APOTHECA ); MACERIA, Varr., Men., 536; PODIVM, CIL, IX, 3168; PORTICVS, CIL, II, 3428, III, 1096X 810, XI,4206; THEATRVM, CIL, V, 1008, a, X, 833, XI, 4206; TRIBVNALIA, CIL, X, 833, s;VIRIDIA, CIL, 1‑2, 1505; XYSTVS, Varr., Men., 536.

140 CIL,IX, 5159; Vitruvio, VI, 5, 2.

141 R. Martin, Op. cit., p. 32.

142 R. Martin, Op. cit., p. 29.

143 Ibidem, p. 29.

144 Ibidem, p. 30.

145 Vitruvio, II, 4.

146 Ibidem, II, 8 y VI, 11.

147 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 60‑61, fig. 37.

148 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.

149 F. Benoit, Les cryptoportiques de la Narbonnaise, Atti I Congresso Internazionale, Archeologia, Italia Settentrional, 1963, pp. 145 ss.; A. Grenier, Op. cit., III, 1, pp. 305‑322.

150 R. A. Staccioli, Op. cit., pp. 61 ss.

151 G. Gullini, Il criptoportico nell`Architectura republicana, en Les cryptoporti­ ques…, p. 137.

152 E. S. P. Rocotti, Criptoportici sotterranei di villa Adriana, en Les cryptoporti­ques…, pp. 264‑5.

153 I. Solier, Notes sur les galeries souterraines de Narbonne, en Les cryptoporti­ques…, pp. 322‑323.

154 Id. Notes sur les cryptoportiques de Narbonne, plan des Horrea, en Les cryptoporti­ques…, p. 324.

155 E. Will, Les cryptoportiques de Forum de la Gaule, en Les cryptoporti­ques…, p. 327.

156 M. Ponsich et M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 25, (fig. 13), p. 36 (fig. 21).

157 Ibidem, p. 44.

158 Ibidem, p. 70 (fig. 25).

159 Ibidem, p. 86 (fig. 53).

FORMAS CONSTRUCTIVAS Y PRODUCCIÓN INDUSTRIAL

                Como señala su propia trayectoria histórica, el emporio de Seks es bien considerado por los autores antiguos, al hacer una valoración positiva de sus productos160.

                Por otra parte, es obligado indicar que sus inicios y técnicas comienzan con la colonización fenicia que, según la cronología de sus cerámicas, se remonta a finales del siglo IX a. de C. y comienzos del VIII.

                Por ello, el proceso de fabrica­ción debe llegar, por lo menos, hasta esas fechas, ya que, aparte de los negocios de trueque que practicaban los fenicios con los indígenas ibéricos, al ver las  posibilidades de conseguir provecho de un montaje industrial como el de la salazón, lo harían y, de ahí, la evolución del proceso hasta su desaparición con la caída del poder romano en el sur Peninsular y el Norte de Africa161.

                Los montajes industriales no eran tan simples como se dice por tradición162. Las factorías fabricaban sus productos en función de la calidad, tamaño y abundancia de pesquerías. Por ello cabe decir, por un lado, que los productos no presentaban una elaboración en cadena con las mismas denominaciones, sino que incluso sobre un mismo tipo de materia prima, había variedad; lo que significa que, al igual que hoy, cuando un animal se despieza para su comercialización, también las calidades de los productos elaborados establecían una gama de valoración. Tal fenómeno es válido para todos los tipos de especies marinas. La calidad es un elemento de valor para estimar la aceptación comercial. Abundando en este tema, los autores antiguos establecían categorías con respecto al producto más estimado: los atunes y túnidos en general, menores en tamaño y cualidades, como la caballa, el bonito, la melva, etc163. Hasta tal punto fue importante que, la mayoría de las colonias costeras dedicadas a las salazones de pescado, adoptaron, como emblema, para reverso de sus monedas, las figuras del atún y del delfín.

                Es evidente que se puede establecer una categoría de género por la variedad de las pesquerías. Téngase en cuenta que aquí se habla de túnidos, scomber, con denominaciones de colias, lacertvm164, etc. Pero el examen realizado sobre restos de pescado, hallados en las piletas de salazones, no ha sido practicado en su totalidad; por lo que tan sólo se ha tenido en cuenta lo más relevante de los hallazgos: las vértebras de grandes atunes165.Sin embargo, otros vestigios, considerados de tanto interés como el anterior, no han sido tenidos en cuenta; así, las escamas, espinas, e incluso un material secundario, y los tipos de anzuelos, cuyo estudio aún no se ha realizado. Las escamas dan luz sobre la cuestión de la gama de variedades de la fauna marina de acá.

                Por otra parte no sólo en el Majuelo han aparecido elementos de análisis. La Cueva de Siete Palacios dio también escamas cuando se practicó su excavación. Estos elementos no se usaban para pescado pequeño, sino de cierta entidad. Las secciones y láminas eran indicativas de que se trataba de piezas de tamaño superior166.

            1. ESTRUCTURA DE LA FACTORÍA

                Otro aspecto a tratar es la articulación de la propia estructura industrial.            

                Como puede verse en la factoría del Majuelo, la distribu­ción de las piletas no es un fenó-meno arbitrario, sino que todo se organiza en función de las materias que se pretenden elaborar. Así pueden verse sectores de piletas homogéneas, formando áreas bien definidas que, además, presentan muretes de separa­ción, como testigos de que los productos que se trabajaban en cada uno de esas secciones eran diferentes, y se pretendía que no se produjeran alteraciones o conta-minaciones entre las variedades elaboradas.

                Aplicando un criterio puramente cuantitativo, las dimen­siones de las piletas están en función de la calidad y cantidad de materia que se preparaba. Es sabido que en la elaboración de las variedades de garvm, el pescado destinado a este fin se preparaba en salas auxiliares, y se troceaba antes de ser tratado con los ingredientes de la salazón de cada clase.

                En las piletas se operaba el proceso de transformación, gracias a los tipos de salmuera utilizados. Falta por saber las concentraciones salinas usadas, por carecer de un análisis residual de aquellas piletas, que pudieron aportar esta característica como componente de la salmuera.

            1.1. El Garvm y sus variedades

En términos generales, todo el complejo industrial está formado por dos grandes esquemas básicos: piletas grandes, medianas y algunas especiales de pequeñas dimensiones. Las primeras se destinaban a la preparación y elaboración de los escabeches, con pescado de clase superior y mediano; las segundas se destinaban a las salsas propiamente dichas. Tanto uno como otro producto reciben el nombre de garvm. Pero es preciso indicar que tal denominación se aplicaba sobre todo a las salsas elaboradas usando como materia prima los hipogastrios de diferentes clases de pescado. Esto, lógicamente, llevaba a la producción de diversas calidades en los derivados obtenidos. De tal modo es así, que los tipos de garvm, fabricados con entrañas de determinado pescado, se vendían en pequeños envases, y a precios no asequibles a toda economía.

                El garvm se utiliza­ba, a veces, como condimento para la preparación de otros platos. La variedad era tan amplia en sus diversas calidades que, en algún momento, se utiliza como elemento jocoso en escritos de carácter literario, de tono irónico167. Ello no quita que algunas de estas variedades de garvm se cotizaran a alto precio por su calidad168.

                En cuanto a las estructuras usadas en la preparación del tal producto, entendido como salsa, los depósitos descubiertos en Seks son de medianas proporciones. Hay un hogar donde los ingredientes y materia base se someten a cocción. Sus piletas son manifiestamente más pequeñas que el resto del conjunto, y de diferente factura. Constituyen un tipo existente en todo el Mediterráneo Occidental169. No se olvide que la elaboración definitiva del garvm se realizaba en recipientes de cerámica que se colocaban sobre los antes citados hogares. Tales espacios, destinados a la obten­ción del garvm tipo salsa, con sus especiales formas estructu­rales, fabricadas con mampuesto, no son exclusivos del área del Majuelo. Los tipos medianos y grandes se han localizado en numerosos puntos del complejo, tanto que se han constatado desde la cota 4 hasta la 44170. Pero los hogares destinados a la cocción del garvm han aparecido, casi todos, en los niveles inferiores. Su construc­ción tiene forma circular y de escaso diámetro. Aún se encuen­tra sin un estudio pormenorizado. Se han localizado en los sectores excavados en calle Real y Plaza del Ayuntamiento. No han aparecido aisladas, sino formando parte de un conjunto mayor, como se puede comprobar en el contexto arqueológico171.En las excavaciones practicadas en la calle Real, puede verse cómo los muretes de las piletas han sido rebajados casi al nivel del suelo. Pero algunas de ellas muestran aún algo de pavimento en su fondo172.

                Por otra parte, y en época medieval, gran parte de esas formas han sido muy alteradas, y casi arrasadas para levantar, apoyándose en ellas, las viviendas modernas.  De esta forma, toda edificación que sobre ella se levante, tendrá sólida base, y no sufrirá fisuras en sus paramentos173. En otros sectores, como la zona contigua a la Cuesta del Carmen, donde hubo un ingenio azucarero moderno, la tradición ha proporcionado datos sobre antiguos depósitos de salazones e, incluso, de un horno de cerámica174. Se dice que ésta era abundante, ya que hay depósito de desechos, que-dando todo bajo las casas nuevas.

            1.2. El Garvm de Seks y su contexto meridional

                En relación con la elaboración y comercialización de los productos, se puede analizar y establecer un paralelismo con el conjunto de las colonias mediterráneas, y cómo se construía una factoría de salazones. Por ello se acude de nuevo a los textos antiguos.

                Según Balil175, los principales caminos y rutas comerciales parecen haber sido los del mar que, en el caso de Gades, fueron, con el tiempo, más intensos y ambiciosamente explotados, hasta el punto de ser considerados secreto de Estado. Esto no comprende el desconocimiento y desaprovechamiento de las rutas terrestres. Desde Gades y todos los centros industriales se explotaban rutas que ponían en contacto puntos comerciales marítimos, fluviales y terrestres.

                García y Bellido dice que Hispania y Mauritania establecían relaciones comerciales con países lejanos que no vacilaban en enviar, a lo largo de la Bética, a sus comerciantes para intercambiar sus mercancías por pescado salado176.

                Por su parte, Benoit piensa que el mercado de la Bética tenía tal importancia, que sus importaciones de vino y sobre todo de aceite y salazón, estaban asegurados por el fisco, y contribuía al abastecimiento de Roma177.

            1.3. El Montaje de la industria de salazón

Con relación a la industria de salazón en sí misma, es necesario considerar tres aspectos: las técnicas de montaje de la industria desde el punto de vista arquitectónico, elabora­ción de la materia prima, en parte ya tratada, y el proceso de comercialización y transporte. Por ello, se va a exponer, tomando como referencias las técnicas constructivas de Seks, el sistema de montaje de una industria de tales características.

                El procedimiento de montaje de piletas es fundamentalmente la misma en todas las factorías de la Cuenca Mediterránea y vertiente atlántica de Marruecos. El principio básico consiste en construir a ras de suelo para facilitar el relleno, y asegurar una menor resistencia en la colocación de las masas de pescado y sal, equilibrado en peso por la masa que la rodea.

                A veces, como ocurre en Seks, la pileta se excava en roca, evitando tan sólo que el terreno sea permeable; por lo que todo se equilibra con un simple revestimiento de opvs signinvm, más un mampuesto previo. Otras veces hay que levantar estructuras sobre roca, rellenando los espacios huecos y dando a los muretes la inclinación necesaria para que equilibre el contra­peso de empuje, de dentro hacia fuera. Los ángulos de las piletas son redondeados para evitar fisuras y las aristas horizonta­les, muy a menudo, son reforzadas con cuarto de círculo en relieve, o una bovedilla de ancha sección. Las piletas presentan un fondo, sin salida para evacuar residuos o agua. Si se presta atención, puede verse en muchas una especie de pocico destinado a recoger los residuos que quedan como posos, después que la materia elaborada ha sido retirada dentro de sus respectivos envases. Por ello se piensa que, con sólo limpiar el citado pocico era suficiente, aunque no se descarta que además fueran baldeadas con agua, una vez finalizada la campaña. Un sistema de desagüe hubiera complicado en extremo el drenaje de cual­quier industria de esta clase. Generalmente, los sectores con piletas y los recintos que componen esta factoría, estaban protegidos con cubier­tas, normalmente a dos aguas, usando techumbre de teja ancha y rematada con caballete de teja estrecha de medio punto. Su finalidad era evitar la rápida evaporación de la salmuera por un lado, y la lluvia que pudiera disminuirla en exceso, por otro178.

            1.4. Elaboración del garvm. Ingredientes y variedades

            Referente a la fabricación del garvm, se sabe que tal proceso consiste básicamente en la maceración de entrañas de pescado, tratadas con leche, sal, huevos y sangre, en función de qué clase de pescado se utilice, y con quisquillas, ostras o  cualquier  otro marisco.               

                Su sabor era bien diferente según los ingredientes añadidos, y el producto base utiliza-do. Se permitía todo con el fin de conseguir calidad.

                Así, Plinio179 dice que se podían mezclar, hasta hacer fermentar, salmonetes, en el tipo de garvm denominado de los aliados o negro (Cfr. Galeno180, op. cit.), para convertirlo con hígado en un exquisito plato.

                Se podía alterar su virtud al mezclarlo con agua, vino o vinagre. Resultaba ser un medica-mento excitante, estimulante y digestivo, por su riqueza en ázoe181.

                Su precio dependía pues de su calidad. En su embalaje se utilizaban, para las calidades altas, recipientes que no medían más de diez o doce centímetros182.

                El garvm constituye un centro de atracción de estudios monográficos. Las citas antiguas abundan, remontándose en Grecia al siglo V a. de C.; y la que hay sobre Seks aparece en Dífilo de Sínope.

                El garvm de Gades es citado, por primera vez, en una obra de un comediógrafo, Eupolis183. Antífanes184 lo cita también a finales del siglo IV a. de C.

                Todo parece indicar que la expansión de este producto, o mejor, su comercialización a gran escala, comenzaría en época helenística.

                Las citas relativas al garvm no van paralelas a los datos toponímicos, y a las relaciones comerciales entre púnicos y nativos ibéricos. El primero que habla de factorías de salazo­nes diferentes a las de Gades, es Estrabón, al que siguen Plinio, Marcial, Séneca y otros, pero destacando la cita recogida por Ateneo, tomada de la obra de Dífilo de Sínope, quien alaba las excelencias del ςκoμβρός de Seks185 .

                Gades figuraba como la más renombrada. Partía como la capitalizadora de la producción, aunque las calidades ya se habían extendido por todo el Sur, de tal manera que se califi­caba este producto no como gaditano sino como bético, pudiendo satisfacer cualquier demanda que sobre él se hiciera186.

                Poco a poco la fama de este producto se divulga, y aparecen otros centros de fabricación, como la isla de Escombreras, o Carthago Nova, que rápidamente adquieren fama. Durante este período se produce el llamado por Galeno y Aelio garvm de los aliados, o negro, y primario por Paulo de Egina. La fama del citado garvm debe su nombre a dos hechos importantes: su fabricación se hace usando como elemento básico la caballa, y su comercialización es capitalizada por asociaciones de Caballeros o Clase Equestre187.

                El uso de almadrabas se ha mantenido hasta nuestros días, subsistiendo aún en puntos muy concretos de la costa sur, aunque no con el mismo rendimiento de aquellos tiempos188.

                Se sabe, por otra parte, que un elemento, la sal, era indispensable para la elaboración de este producto; por lo que se piensa que debe ser una industria inducida y existente junto a la factoría de salazón, o cercanías.

                No se dispone de datos arqueológicos fehacientes sobre su proceso de obtención, aunque sí de lugares donde se ha elabora­do. La factoría de Seks probablemente obtuviera ese elemento de las salinas recientemente descubiertas en Torrenueva (Granada), en el delta de la desembocadura o estero marino del río Guadalfeo189. Como testimonios más antiguos sobre los emplazamientos dedicados a esta producción, están las salinas de San Fernando (Cádiz), que funcionarían como industrias anejas a la factoría de Gades190. Sobre el comercio de la sal en particular se ha escrito bastante191, pero no es la cuestión base de este tema, ya que aquí es un ingrediente para el montaje de una industria que lo precisa como tal.

                El montaje de una industria de salazón requería dos condiciones indispensables: movi-miento estacional de pesquería, con sus ciclos de mareas, y la existencia de agua dulce en sus cercanías, por lo menos. Conjugando tales condicionantes, se levantaban las factorías. Esto hace que las atlánticas y mediterráneas difieran en cuanto a la distancia del mar, a causa de las mareas, ya que éstas apenas son apreciables en el Medite­rráneo. En cuanto a la disposición de las estructuras en las diversas áreas de Seks, provoca una cierta dificultad la situación de las piletas en puntos elevados del complejo. Por ello, se observa que se han localizado estos elementos en las siguientes cotas: 4; 8,55; 20,20; 22,90; 26,10; 31, 85; 40; 41,45 y 44,60. Este desnivel sin duda ocasionaría problemas de transporte. Los productos elaborados eran almacenados en los sistemas abovedados que había en cada nivel del complejo y, desde allí, conducidos hasta los barcos. El proceso seguido desde que se producen las capturas hasta su elaboración, es el siguiente: realizada la pesca, se transportaba, supuestamente en carros, a través de una vía (calle enlosada en el Majuelo, Seks), bien de cerámica, bien de piedra con caementvm. Se llevaba hasta unas salas, donde se les quitaban las partes consideradas despojo, destinadas a la fabricación del garvm192. El atún era cuarteado en trozos de diferentes tamaños y formas o, si era pequeño, abierto y cubierto con sal para secarlo, y comercializarlo bajo tal preparación. Las salas se construyen en una situación cómoda para el transporte de la materia prima previamente preparada, y para su posterior elaboración en las piletas, donde se salaban. Como se ha dicho, en proporciones ya estudiadas, el pescado se salaba193. Tal proceso duraba unos veinte días. La salmuera que se formaba, se utilizaba para el tratamiento de los hipogastrios o desechos de pescado, destinados a la obten­ción del garvm. Una vez terminado el proceso de salazón, el producto ya elaborado, se introducía en ánforas a este fin, taponadas herméticamente y se guardaban en almacenes adrede construidos.Con relación al garvm, para acelerar el proceso de fabricación, se colocaba en las citadas ollas de cerámica y se cocía. De esta forma la salmuera aceleraba su efecto de evaporación, a la vez que la masa adquiría su punto idóneo en cuanto a su mezcla y composición. Un autor dice a propósito del garvm y su preparación:«…a continuación, colocado el pescado y la salmuera al fuego hasta que se cueza, es decir, hasta que comience a consumirse un poco»194.Dada la existencia de elementos de montaje y fabricación de este producto en Seks, las formas de cocción se componen de un hogar, de un compartimento destinado a calentar, colocado encima del hypocavstvm, y otro espacio para enfriar los productos una vez adecuadamente tratados al fuego. Los tamaños de las ollas de cocción iban en función de los hogares usados. No cabe duda de que hubo un gran movimiento comercial de este producto, como reflejan tanto la propia factoría y los autores que de ella hablan en la Antigüedad.

ETNIAS Y PUEBLOS DEL SUR

Evolución, relaciones humanas e intereses mutuos

Durante la fase de su historia antigua, la ciudad de Almuñécar ha venido siendo considerada como un asentamiento humano similar a los otros existentes, dentro de las caracterís­ticas habituales de los emplazamientos costeros196. Son numerosos los núcleos ribereños que citan los escrito­res antiguos y modernos, considerados como centros estables y con una población parte autóctona, mixta o bien como etnias puras. Estas características son comunes para toda la costa surmediterránea en general, y de forma particular, para el reducto de Seks.

Así pues, los textos antiguos citan, como ya se ha dicho, a los Mastienos, o gentes que, se supone, reciben su denomina­ción étnica de la metrópolis de Mastia, ciudad presuntamente anterior y sobre la que se levantó posteriormente Carthago Nova197.  

Con posterioridad a esas fechas se cita el nombre de Libyophoenices198, dando a entender que se trata de un elemento mixto199, aunque se puede pensar al respecto que no es un fenómeno de mestizaje (en contra de la opinión de Balil), ya que, según los trabajos de Solá‑Solé, con referencia al nombre de la esposa de Aníbal, Himilce, se ha podido comprobar que es de origen fenicio, y no ibérico; por lo que el cartaginés casó con una mujer de su propia etnia200.

Éstos (phoenices), que se asientan en el Norte de África, en territorio habitado por africanos (libios), realizan prospec­ciones colonizadoras y comerciales con la franja costera meridional, mientras que los libios serán, después, merce­na­rios de los cartagineses. No se olvide que, por ocupar el lugar donde los cartagine­ses levantaron su ciudad, ya se venía pagando un impuesto a la población autóctona (Justino, XVIII, 5,14); por lo tanto el paso para convertirse en mercenario era insignificante.

Las denominaciones que se les suelen dar a los habitantes del Sur son algo variadas y no muy claras201. Pero, lo más coherente, desde el punto de vista antropoló­gico, es admitir la existencia de una etnia autóctona, de origen ibérico que, en la época que se estudia, formaba una comunidad humana perteneciente al Bronce Final.

Esta tesis se demuestra, mediante la aportación arqueológi­ca, con datos atribuibles a dicha cultura. Ello no quita que, en determinados lugares, haya hecho acto de presencia una secuencia de tumbas del Bronce Pleno (Puente del Noi).

En segundo lugar se encuentra el elemento feni­ciopúnico, ­ cuya cronología se remonta a finales del siglo IX a. de C., avalado por numerosa aportación arqueológica al respec­to202.

Dentro del período de colonización fenicia se distinguen tres etapas: la primera se encuadra en los escarceos iniciales del elemento fenicio a finales del siglo IX a. de C., y cuyo componente humano está integrado por gentes procedentes de la metrópolis oriental, Tiro203.

La segunda expedición se puede calificar como fase en la que los dos elementos étnicos, provenientes de un mismo tronco, pero por diferentes procesos, se suman en el transcurso de los siglos VI al IV a. de C., forzados por la ayuda que los cartagineses tienen que prestar a los antiguos colonos fenicios, caídos en desgracia frente a las tribus ibéricas en general204.

Esta llegada de los cartagineses a la Península tiene lugar después de la fundación de Ibiza por los mismos, y como consecuencia de la expansión comercial de Carthago en el Mediterráneo y Marruecos atlántico205.

La tercera etapa tiene lugar antes de la tercera guerra púnica y como consecuencia del desastre sufrido por los cartagineses en Sicilia y, algo después, en Cerdeña206. Las dos primeras etapas presentan un carácter marcadamente comercial. La tercera, por el contrario, no es más que la plataforma estratégica para emprender la guerra contra Roma, y de esa forma intentar resarcirse del fuerte tributo impuesto por la pérdida de la guerra. Como consecuencia del proyecto iniciado por la familia Bárca, entran en la Península Ibérica numerosos elementos libios que conforman el grueso del ejército mercenario cartagi­nés.

Se ignora qué tipo de influencia ejerciera este nuevo factor humano en la población autóctona; pero, lo que sí se puede decir es que, a partir de este momento histórico (238 a. de C.), la arribada de esa nueva etnia puede convertirse en una situación permanente, aunque los puntos geográficos que capitalizaron la atención de los Bárquidas, se encuentran fundamen­talmente en las inmediaciones del Guadalquivir y principales centros mineros e industriales del territorio bético207.

Se puede pensar que el militarismo impuesto por Carthago, sobre todo cuando Aníbal decide emprender la guerra contra Roma, haría levas entre la antigua población fenicia y entre los iberos, lo que se da como un hecho constatado208.

Como conclusión de toda esta parte bélica, se puede decir que, a finales del siglo III a. de C., la población se estabi­liza después de las sucesivas victorias militares de Roma contra Carthago.

En la localidad de Seks, tras las excavaciones arqueológi­cas practicadas, se ha podido detectar un espacio vacío entre los siglos IV y III a. de C., en lo relativo a estadística de enterra-mientos en la necrópolis feniciopúnica de Puente del Noi, comprobándose, a su vez, que en los siglos II y I a. de C., se producen esas variaciones, cambiando también algunas características de las tumbas209. Pero, a pesar de todos estos datos, comprobados tan sólo en las necrópolis como factores indicativos de lo que había estado ocurriendo años atrás, nada se sabe sobre estructuras permanentes de carácter urbano, ni siquiera de reutilización, según se desprende de todos los sondeos llevados a cabo a través de cortes practicados sobre el casco urbano actual por Pellicer, en la zona levantina, junto a la muralla del Castillo de San Miguel, y por Sotomayor, en el Majuelo.

La planimetría llevada a cabo con sondeos superficia­les en los interiores de todos los recintos cerrados modernos, ha llevado a la misma conclusión210.

Volviendo al tema etnológico, tras la derrota infringida por P. Cornelio Escipión a los cartagineses211, se produce en Hispania, en cierto modo comprensible, una reacción: por una parte los derrotados se ven forzados a marcharse como conse­cuen­cia del desastre de Ilipa212, a través del puerto de Carteia213; por otra, el antiguo residuo esencialmente comercial y colonizador, optó por acogerse al nuevo dueño: Roma214, permaneciendo en la Península de forma indefinida.  

Este comporta­miento humano pudo haberse hecho extensivo al resto de las antiguas comunidades fenicias que, como Seks, se dedicaron siempre al comercio y a la industria. La decisión de los que desearon pactar con Roma la continuidad de su pervivencia se refleja en el momento preciso en que los cartagineses piden a los gaditanos, ante lo incierto de su futuro, que les dejen refugiarse en su ciudad. Éstos, por su parte, desconfiados y prácticos, optan por excusarse; se niegan a recibirlos dentro de sus murallas y se deciden a alinearse, de forma pasiva, con Roma, en quien veían perspectiva de futuro; mientras que, si ayudaban a sus adláteres, la inseguri­dad, y sobre todo el riesgo de caer juntamente con ellos, era cosa inmi­nente, ante el cariz que habían tomado los acontecimientos bélicos últimos215. No es aventurado inducir de aquí que las restantes comunidades costeras tomaran la misma decisión.

En Seks se continúa con los mismos ritos de inhumación, con variaciones, como se ha di-cho, en la tipología y dimensio­nes de las tumbas, que no afectan esencialmente a la antigua tradición funeraria, aunque la suntuosidad de antaño dejó de existir216. De esta forma se va a producir una especie de simbiosis tecnológica recíproca: los fenicios aportan sus conocimientos técnicos, y los romanos su arquitectura; cuyo resultado se va a multiplicar de forma insospechada, creando una macrofactoría de cuya existencia se tienen noticias, casi probables, de que remontan su inicio al siglo I a. de C217. Por otro lado, el elemento fenicio se desliga de los antiguos pactos contraídos con Carthago; y el nuevo titular político-militar, Roma, acepta esa prudente y precavida decisión, movida por el interés de reiniciar a gran escala la práctica comercial e industrial, que las viejas colonias habían venido desarrollando desde los primeros contactos con el Mediterráneo Occidental. Roma sabe conjugar sus intereses y pacta, dando a cambio, cierta autonomía interna en la gestión política, propia de esas comunidades218. Como señales externas de esta nueva situación, se produce un gesto por parte de Roma, permitiendo que, al igual que Gades, la primera, y Carthago Nova, después219, (año -138) se hiciera extensiva al resto de las viejas colonias la facultad de acuñar moneda propia220. En efecto, esta pequeña autonomía, bien vista por Roma, permite que Seks acuñe su moneda propia, usando para ello tanto la leyenda púnica como los signos y motivos propios de su cultura221.

Téngase en cuenta que la acuñación de Seks, atributo similar al de Gades, no llega, dentro de su cronología, más allá de la derrota de los cartagineses en Ilipa en el 206 a. de C., hecho demostrado recientemente a través de los estudios que sobre este tema se han realizado222. Se piensa que tanto el desconoci­miento de la lengua fenicia como la implantación del latín, desembocaron en el uso de ésta última en las leyendas monetales. Como se ha dicho, el elemento púnico acepta las condicio­nes en la misma igualdad de circunstancias que la antigua metrópolis, Gades; pero, a cambio, pretende pacificar la zona y atraerse las simpatías tanto de los colonos púnicos como de las etnias aborígenes; y utilizar las técnicas comerciales e industriales que los fenicios habían desarrollado, y elevarlas al máximo rendimiento. Esto se confirma poco después en la gran expansión que experimenta la elaboración de sus productos industriales: la salazón de pescado y el garvm, ambos en sus diferentes modalidades de preparado; y, como resultado induci­do: la expor-tación de los productos que, a su vez, genera otra actividad múltiple: la construcción naval y la industria maderera, con una clase social cuya función consistirá en sufragar los fletes que se originen al respecto223. En consecuencia, es preciso decir que el antiguo comer­ciante fenicio se convierte en un fabricante permanente en la industria de salazones de pescado, abandonando su carácter itinerante derivado de su profesión mercantil, lo que se traduce en un paso a una situación estable, con un empobrecimiento que, como muestran los ritos funerarios a partir del siglo II a. de C., se hace cada vez más patente, como se comprueba en las necrópolis224.

Lentamente y de forma progresiva, el romano colono va absorbiendo al púnico. En las necrópolis aparecen tanto el ritual púnico como el romano, en época tardía: pe­queñas tumbas en forma de fosa, al lado de los enterramientos tradi­cionales de rito púnico225. Se podría pensar que este elemento semita continuaría sus antiguas tradiciones, sumándose, con el paso del tiempo, a las posteriores juderías, cuya existencia en Almuñécar ha sido fuertemente registrada en el Libro de Asentamientos226. Y con todo esto se pretende abrir paso a un nuevo tema que estudie y analice la evolución urbana de Seks y de su etnia; trabajo que lógicamente conlleva un nuevo planteamiento antropológico en la evolución de este yacimiento.

CRITERIOS DE DIVISIÓN DEL CONJUNTOARQUITECTÓNICO DE SEKS

                Ante el complejo conjunto arquitectónico de Seks, lo razonable es establecer una base crítica elemental para interpretarlo con cierta lógica. Hay lugares cuyo estado de conservación, estudios realiza­dos sobre los mismos y sus resultados, hubieran dado lugar a un planteamiento diferente al adoptado, como se da en la Cueva, Majuelo y otros.

                Una segunda base crítica hubiera sido la división de componentes industriales en zonas, según densidad o de almace­naje, como se ha dado a entender en los capítulos iniciales, considerando los sectores de Poniente como una de las principales áreas de factorías de salazones y su zona portua­ria; y, al de Levante, como áreas industriales y portuarias.

                Un tercer criterio válido hubiera sido dividir este núcleo en áreas densas en elementos arquitectónicos, como el casquete superior de la ciudad, Castillo y Peñón del Santo, y zonas muy erosionadas por el tiempo o por la acción antrópica, identifi­cando estos espacios como los correspondientes a las partes bajas, área de la colina de la actual Iglesia y centro.

                A pesar de esto, se ha pensado seguir, por condicionamien­tos planimétricos y, sobre todo, por la idea de presentar de manera detallada todo el conjunto, un criterio simplemente localista, donde se ha iniciado una enumeración del elenco estructural romano, comenzando con la descripción de materiales del Peñón del Santo y, a partir de ahí, de forma casi correla­tiva, se ha continuado realizando una planimetría, a escala gráfica lo suficientemente amplia como para cumplir la necesi­dad de poder llegar al fin más práctico que se intenta conse­guir: detallar cuanto se ha considerado con suficiente entidad para ser comentado.

                El recorrido planimétrico se ha practicado de Sur a Norte, y de forma que los diversos sectores estén correlativos, siempre que los criterios unitarios pretendidos en cada sector, no sean interrumpidos por la necesidad de fraccionar en exceso las distintas partes de la ciudad. Por ello, en una zona el aislamiento del sector Z, se hizo por no poder emplazarlo dentro de los tres sectores con que colinda, de tal forma que la propia distribución planificada, con su sentido unitario, no permitió romperla, y se situó fuera de su contexto estructural, condicionados por el espacio material de la escala usada.

                Sólo las zonas del Castillo, (Sector B) y el área de la colina de la Iglesia (sector Y) han sido realizadas a escala 1/500. El primero, por dar visión de conjunto que mostrara la unidad de los componentes del Castillo y, en segundo lugar, por la escasez de elementos detectados en este sector. Por lo demás, se ha pretendido dar una secuencia alineada de los componentes estructurales de Seks.

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

                Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

                El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desapare-cidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

                Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmen-te, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.


160 Sobre salazones véanse las notas del capítulo I, 3, 4, 5, 6, 21, 26, 34,35 y 115.

161 M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis púnica «Laurita»…, pp. 5 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Nuevos hallazgos púnicos en el Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1963, pp. 275 ss.

162 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm et industries…, pp. 92 ss.;-Véanse en la misma obra los montajes de Lixus (s. V), Anzila, Kouas, Tahadart y Cotta (sobre el s.-IV a. de C).

163 Véanse las clases de garvm por sus calidades, en Pauly‑Wissowa: Sarmatia, Sila, p. 830 y en t. VII, pp. 841‑849; Estrabón, FHA, VI, p. 159; Avieno, Ora mar. v. 452; Plinio, N. H. XXI, 94; Ateneo, III, 121 a; A. García y Bellido, Las colonizaciones púnica y griega…, p. 8.

164 Belon, Libri de piscibus, 1554, p. 141; Como obra complementaria véase: D`Arcy­ Thompson, Poisson el animaux aquatiques au temps de Pline, Paris, 1944.

165 F. Molina Fajardo y S. Jiménez Contreras, La factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar Arqueología e Historia, 1983, p. 287; Id. Estado actual de las excavaciones en la factoría de salazones del Majuelo, Almuñécar…, II, p. 203, lam. 11, nº 2.

166 F. Molina Fajardo, El Bronce Final y la colonización fenicia, Almuñécar…, 1983, pp. 21‑34; Id. Nuevos hallazgos fenicios en Almuñécar, Almuñé­car…, II, pp. 89 ss.

167 Plinio, N. H. XXX, 93; Manilio, V, 672; Séneca, Epist. ad Luc., 95, 25.

168 Ateneo, III, 121, a.

169 G. Purpura, Pesca e establimenti antichi per la lavorazione del pesce in Sicilia (Trapani), Cala Minola (Levanzo), Sicilia Acheologica, 48, 1982, fig. 4; M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 10 ss., fig. 21, p. 51; M. Fernández Miranda y L. Caballero, Abdera, excavaciones en el Cerro de Montecristo (Adra, Almería), AEA., p. 95, fig. 76.

170 Como información sobre el hallazgo de piletas fuera del espacio habitual véase: A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismáti­ca … Introducción y conclusiones.

171 Sobre la factoría del Majuelo, ver nota 6 del título 2.

172 Cfr. Planimetría urbana de Seks, sector T (fig. 31).

173 F. Molina Fajardo et alii, Excavaciones en el casco antiguo de Almuñécar, Almuñécar …, II, p. 165, lam. I, nº 1.

174 Información proporcionada por D. Manuel Mateos Rivas, testigo de los hallazgos.

175 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Prehistoria y Edad Antigua, Santiago de Compostela, 1976, p. 138.176 A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses…, p. 84.

176 F. Benoit, Relations commerciales entre le Midi de la Gaule…, t. VIII, nº 3‑4, 1961, p. 330.

177 M. Ponsich y M. Tarradell, Garvm…, pp. 106 ss.

178 Plinio, N. H., IX, 30, 3.

179 Galeno, De Alimentorvm facvltatibvs, III, 30.

180 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pl. XIX, nº 16.

181 Knock, Frag, comic. att..,I, 186.

182 Ibidem, II, 43.

183 Ateneo, Op. cit., III, 121 a.

184 M. P. Charlesworth, Trade Routes an commerce of the Roman Empire, Cambridge University, 1926, c. 9, pp. 149‑167.

185 Pauly‑Wissowa, Sarmatia, Sila, p. 830, 1, 18; Estrabón, 159; Plinio, N. H. XXXI, 94; Polibio, X, 10, 12; Ptolomeo, II, B, 14; Avieno, 425.

186 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 99.

187 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.

188 Descubrimiento superficial en Torrenueva (Granada) y aún sin excavar.

189 J. Sermet, Op, cit., p. 235.

190 J. L. Toutain, L`économie antique, p. 156; St. Gsell, Histoire ancienne de l`Afrique du Nord, t. IV, pp. 50‑52; F. Benoit, L`économie du littoral de la Narbonnaise à l`époque antique, Le commerce du sel et les pêcheries, R. E. L., XXV, nº 1‑2 (année 1959), p. 95.

191 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., p. 106.

192 A. Gruvel, L`Industrie de pêches au Maroc, p. 208.

193 M. Ponsich y M. Tarradell, Op. cit., pp. 102 ss.

194 A. García y Bellido, Colonización púnica, Ars Hispaniae, Colonizaciones púnica y griega, Madrid, 1947, p. 137; Id. Las colonizaciones púnica y griega en la Península Ibérica, Madrid, 1954, p. 7; G. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita en la Península Ibérica, Rivista di Studi Fenici, V, pp. 195, 196 y 202; P. Paris, G. Bonsor, Laumonier, R. Ricard y C. Margelina, Fouilles de Belo, 1919‑1921, Bordeaux, 1923, pp. 169 ss.; L. Siret, Villaricos y Herrerías, Antigüedades púnicas, romanas, visigodas y árabes, Memoria descriptiva e Historia, Madrid, 1908, pp. 11 ss.; Ateneo, III, 121; Plinio, N. H., III, 1, 1; Como textos complementarios véanse: S. Giménez Reina, Excavaciones en el Faro de Torrox, Memoria Arqueológica de la Provincia de Málaga hasta 1946; I. J. Pérez de Barrada, Excavaciones en la colonia de San Pedro de Al cántara, Málaga, Junta Superior de Excavaciones y antigüedades, Memo­ria, 106, Madrid, 1930.

195 Polibio, III, 33, 7; Ed. Didot, Fragmenta Hist. Graec., t. II, p. 33; Id. Frag. 20; Diodoro, XXV, 11, 12; A. Schulten y L. Pericot, FHA, Barcelona, 1955, t. I, pp. 33, 34, 38, 113, 125, 129, 186, 187, 422, 452; Polibio, III, 24, 2; Teopompo, MLI, 236; Hecateo, frag. 310, 314; Escimno, 197; Apiano, Iber., 56; Ptolomeo, II, 4, 6; Agrippa (en Plinio, III, 8).

196 Avieno, Ora  maritima, v. 421; Escimno, 197; Hecateo, frag. 310, 314; Libio, Ab Urbe Condita Libri, XXI, 22, 2‑3; Como obras complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Relaciones entre Hispania y los semitas … op. cit.; Id. Aspectos económicos y geográficos…, op. cit.; C. López Monteagudo, Panorama actual de la colonización semita…, op. cit.; M. Tarradell, El impacto greco‑fenicio en el extremo Occidente, resistencia y asimilación; C. H. Whittaker, The Western Phoenicians: Colonisa­tion and Assimilation, Proceding of the Cambridge Philological Society, 200 (NS 20), 1974.

197 La cuestión sobre el origen étnico de los mastienos es muy controvertida y confusa incluso en los mismos textos; cfr. nota 117.

198 J. M. Solá‑Solé, RS., tOr, 42, 1967, p. 312.

199 Justino, XVIII, V, 14.

200 Apiano, Iber., 56; Denominación aplicada, en términos genéricos, al elemento autóctono de la Península Ibérica antes y después de las colonizaciones, bajo el título de Bástulos, Edetanos, Celtas, Bastetanos, etc.

201 Para este punto véanse las obras de carácter general: A. Ruiz Fernández, Almuñécar en la Antigüedad…, op. cit.; F. Molina Fajardo et alii, La necrópolis feniciopúnica…, op. cit.; nota 22.

202 Pompeyo Trogo, Hist. Phil. Epit. 44, 5, 2; L. Siret, op. cit., p. 87, opina que, por el hecho de haber usado madera de cedro en sarcófagos, el elemento fenicio es de origen tirio; cfr. nota 22; M. Pellicer Catalán, Excavaciones en la necrópolis «Laurita»…, op. cit, texto de consulta.

203 A. Balil Illana y G. Delibes, Nueva Historia de España en sus textos, Santiago de Compostela, 1976, p. 139; M. J. Jiménez de Cisneros, Historia de Cádiz en la Antigüedad, Instituto de Estudios Gaditanos, pp. 60‑ 61; Polibio, I, 10, 5; II, 1, 5; III, 20, 2; Pompeyo Trogo, Op. cit. 44, 5, 3‑4; M. Tarradell, Sobre la última época de los fenicios en Occidente, Zephyrus, IV, Salamanca, 1953, p. 512; Como obras de carácter general, véanse: I. Gamer‑Wallert, Ägyptische und ägyptisierende Funde von der Iberischen Halbinsel, Wiesbaden, 1978: A. García y Bellido, La colonización cartaginesa desde sus comienzos (654) hasta la conquista de los Bárquidas (237).

204 A. García y Bellido, La colonización cartaginesa… En esta obra opina que la fundación de Ibiza ocurrió en el año 654 a. de C.; St. Gsell, Histoire ancienne…, t. I, p. 423, admite la fundación de Ibiza hacia el año 654‑3 a. de C.

205 Apiano, Iber., 4; Livio, XXI, 1, 5; Polibio, I, 67; II, 2, 12, 21, 35; III, 16‑19; IV, 16, 6‑9; Diodoro, 35; Zonaras, VIII, 19, 3‑7; 20, 11‑13; Como obras complementarias véanse: E. M. Errington, Rome and Spain bifore the second Punic War, Latomus, l9, 1970; H. Chr. Eucken, Probleme der Vorgeschichte des 2 Punischen Krieges, Diss., Freiburg, Br., 1968; F F. Hampl, Zur Vorgeschichte der ersten und sweiten Punischen Krieges, in Aufstieg und Niedergang der Römischen Welt, Hrsg., von H. Temporini, I, Berlin, 1972; C. Thiancourt, Les causes et les origines de la seconde guerre punique et le commencement de la troisième décade de Tite Live, Paris, 1890; E. Pais, Storia della Sardegna e della Corsica durante il dominio romano, Roma, 1923.

206 J. M. Blázquez Martínez, Fuentes literarias y epigráficas de la época  republicana referentes a minas en Hispania, p. 2; Como complementarias véanse: J. M. Blázquez Martínez, Las relaciones entre Hispania y el Norte de África durante el período bárquida y la conquista romana (237‑219), Saitabi, 11, 1961; G. Paratore, La segunda guerra punica nella terza deca di T. Livio, Roma, 1970; A. Klotz, Darstellung des sweiten  Punischen Krieges, Studien zur Geschichte und Kultur des Altertums, XX, 2, Paderborn, 1936.

207 Apiano, 24; Diodoro, 25, 19; Dión Cassio, 12, frag. 48; Cornelio Nepote, Vidas de los grandes capitanes extranjeros; Str. 4, 1; Estrabón, Geografía de Iberia, FHA, VI, frag. 151; Floro, I, 22, 2; Livio, XXI, 22, 2‑3;  XXIII, 29, 4, 29, 10‑29, 14; XXVII, 18, 7; Orosio, IV, 16, 14; Polibio, III, 10, 5, 7‑13, 1‑10‑113‑6; Polieno, 7, 48; Pompeyo Trogo, op. cit., 44, 5, 6.

208 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., pp. 23 ss.; F. Molina Fajardo, Almuñécar Arqueología e Historia II, 1983, pp. 251‑270; Como obras complementarias, véanse: A. Tejera, Las tumbas  fenicias y púnicas del Mediterráneo occidental (estudio tipológico), 1979; P. Gaukler, Nécropoles puniques de Carthage, 1915.

209 Apiano, Iber., 19.28.31 y 37; Cornelio Nepote, De virib. Illust…, 49; Livio XXVII, 20, 3; XXVIII, 19, 1; Polibio, X, 7, 6-38,7; Valerio Máximo, IV, 3,1.

210 Apiano, 27; Frontino, 2, 3, 4; Livio, XXVIII, 12, 10‑16, 13; Orosio, 4, 18, 7; Polibio, XI, 20, XXI, 20, 1‑21, 1‑22, 1‑24, 1; Polieno, 8, 16, 1; Como obras complementarias véanse: R. Corzo Sánchez, La segunda guerra púnica en la Bética, Habis, 6, 1975; R. Develin, Scipio Africanus Imperator, Latomus, 36, 1977; J. Mangas, El papel de la diplomacia romana en la conquista de la Península Ibérica, Hispania, 30, 1971; J. M. Roldán Hervás, Cartago y Roma en la Península Ibérica, Historia de España Antigua II, Hispania Romana, Madrid, 1978; J. Frantz, Die Kriege der Scipionen in Spanien, Munich, 1883; A. Schulten, Ein römischen Lager aus den sweiten punischen Kriege, Philologus, Wochenschrift, 48, 1928.

211 Livio, XXVIII, 12, 10; Como complementaria véase el artículo de R. Corzo Sánchez, op. cit.

212 Livio, XXVIII, 30, 3‑30, 12; Véase también el artículo de la nota anterior.

213 Apiano, Iber., 37; Livio, XXVIII, 30, 4; Orosio, 9, 10, 8.

214 Apiano, 38; Livio, XXVIII, 37, 1‑2 y 9.

215 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., fig. 5; F. Molina Fajardo y C. Huertas Jiménez, Almuñécar en la Antigüedad…, Op. cit., pp. 17‑42.

216 Ibidem, pp. 212 ss.; A. Ruiz Fernández y A. G. Rodríguez Márquez, Aportación al estudio de la numismática…, Op. cit., pp. 308 ss.

217 A. Balil Illana, Op. cit., recoge la clasificación de las ciudades, sopesando su actitud frente a Roma.

218 A. Vives y Escudero, La Moneda Hispánica, Madrid, 1924‑26, t. II, p. 51, lam. IX‑X, t. III, p. 8, lam. LXXIV.

219 Ibid., t. I, p. 19, lam. LXXXVII, t. II, p. 16, lam. X. LXXXI, p. 24, lam. LXXXIV, p. 34, lam. LXXXVIII; L. Villaronga y Garriga, Comentarios sobre la metalurgia aplicada a la investigación numismática, RSEN, nº  138‑143, 1976; C. Alfaro Asíns, Observaciones sobre las monedas de Seks, según la colección del MAN, Almuñécar Arqueología e Historia III, Grana­da, 1986, pp. 75 ss.; F. Molina Fajardo y J. L. López Castro, Numismáti­ca antigua de Almuñécar, Almuñécar, Arqueología e Historia, 1983, pp 179 ss; Como obras complementarias, véanse: M. Tarradell, Arqueología y Numismática aragonesas; A. Beltrán Martínez, Estado actual de la Numismática antigua española; F. Alvarez Burgos, Catálogo general de la  moneda hispánica desde sus orígenes hasta el siglo V, Ciclo fenicio, cartaginés e hispano‑romano, Madrid, 1979; Id. Las acuñaciones del Sur de España; L. Villaronga y Garriga, Las monedas hispano-cartaginesas, Barcelona, 1973; Id. Numismática antigua de Hispania, Barcelona, 1979; A. M. de Guadán, Las monedas de Gades, ANE, 1963; Id. Numismática ibérica e iberorromana, Madrid, 1969.

220 J. M. Solá‑Solé, El alfabeto monetario de las cecas «libiofenices», Biblioteca Universitaria Puvill., The Catholic University of America, 1980, pp. 12‑17; Id. ¿ ŠKŠ, SKS o SKS…?, op. cit.; Id. A propósito de un rótulo monetario, Miscelánea púnico‑hispana IV, Sefarad, XXVII, Madrid‑Barcelona, 1967,pp. 18 y 27; L. J. Velázquez, Ensayo sobre los alfabetos de las letras desconocidas que se encuentran en las más antiguas medallas y monumentos de España, Madrid, 1752, pp. 137‑141.

221 Como texto de consulta véase: A. Ruiz Fernández, Las monedas de Seks, op. cit.; C. Alfaro Asins, op. cit.

222 A. Balil Illana, Op. cit., p. 215; F. Benoit, Relations commerciales entre le monde ibero‑punique et le Midi de la Gaule Archaïque à l`époque romain, REA, t. LVIII, nº 3, 4, 1961, p 330; A. García y Bellido, Fenicios y cartagineses, op. cit., p. 84; Id. La Península Ibérica y los comienzos de su Historia, pp. 457‑463; Id. Colonización púnica, op. cit., p. 137.

223 F. Molina Fajardo, A. Ruiz Fernández y C. Huertas Jiménez, op. cit., Introducción; cfr. notas: 128 y 135.

224 Ibidem, p. 154.

DESCRIPCIÓN Y ANÁLISIS DE LOS SECTORES

                Es intención, en este apartado, mostrar una descripción lo más completa posible, con el fin de llegar a conclusiones coherentes, en sí mismas y con el conjunto de los sectores en que la ciudad ha sido dividida.

                El primer paso a seguir en este proceso es una exposición de los materiales a detallar. A continuación se realizará el estudio, en conjunto, de todas las piezas relacionadas entre sí. Para ello, se acude a los documentos gráficos, elementos comprobables y testigos actuales, y a los desapare-cidos, de los que sólo queda el testimonio de una imagen en una fotografía antigua. Se ha intentado conectar cuantas informaciones se han recabado; unas, procedentes de las zonas arqueológicas atesti­guadas; otras, de la documentación antigua transmitida por viajeros y estudiosos del pasado histórico; y, por último, la información conseguida por tradición oral de personas que, por su profesión, han aportado valiosos datos, como obreros albañiles. Esta última fuente ha sido muy útil, ya que su valoración ofrece la impronta de haber podido actuar directamente sobre los materiales antiguos, en los que se ha realizado alguna transformación de tipo estructural o compositivo.

                Hecha esta breve exposición, sólo queda decir que el conjunto urbano actual, tal como se ha planteado antes, ha quedado dividido en 25 sectores, con algunos añadidos posterio­res, a causa de recientes descubrimientos de materiales arqueológicos. Se puede decir que las áreas norte y noreste han sido las que más reutilizaciones y transformaciones han experimentado. No obstante, sus aportaciones son bastante valiosas, porque generalmente o son hallazgos enterrados totalmente, o recintos internos reutilizados por elementos étnicos de diferentes culturas; lo que da pie al estudio de varias civilizaciones, y la medida en que se ha reutilizado el hallazgo. Tras esta breve introducción se exponen las líneas arquitectónicas de los diferentes sectores del mosaico estructural en que ha quedado dividido el casco antiguo de la ciudad moderna. Para ello se ha optado por iniciar la descripción desde las estructuras cercanas al mar y en dirección norte, comenzando el proceso desde los restos hoy visibles en el Peñón del Santo.

SECTOR  A  

Como ha quedado reflejado en lo anteriormente enunciado, la secuencia arqueológica de este sector está integrada por el siguiente elenco que se va a describir.

Área del Peñón del Santo

Comprende una serie de estructuras que se enumeran según sus características: puente romano con nave aboveda­da;restos de criptonaves oalmacenes, y depósito de agua bien conser-vado.

 Puente romano

                La conexión que el elemento romano estableció entre el espacio del Castillo de San Miguel y el citado Peñón, se llevó a cabo mediante un puente. Sus características son las siguien­tes: los materia­les de construcción de piedra pizarrosa, cal grasa y arena de río.

                Se trata de la composi­ción conocida como mortero clá­si­co romano u opvs caementicivm. Al exterior muestra, en distintos tramos conservados, la técnica conocida como opvs incertvm (fots. 36A, 37A y 38A). Su altura sobre el nivel del mar era aproximadamente de 30 m. Sobre el punto de arranque de superficie y desde él, es de 27 m.  Su estructura estaba articulada por los siguientes elemen­tos: como puente, estuvo formado por tres cuerpos de arcadas con luces de menor a mayor, según se eleva (fots. 35A; 36A), de los que sólo se conservan la luz, o base, y los puntos de arranque de algunos arcos (fots. 38A,1,2,3,4, 39A, 40A).

                La anchura, medida en base y en la cota más alta conserva­da (fots. 16A; 31A; 33ª), es de 6 m, sin sufrir ningún estrecha­miento, según se eleva. Las luces de los arcos mayores miden 5,40 m, y 2 m los menores (fot. 36A,1,2,3,4).

                Se comprende que el incremento de la luz de los arcos, según se asciende, se debe a causas estrictamente técnicas. Se trata, pues, de aligerar lo más posible una masa estructural que elimine peso. El puente estuvo culminado por una nave cubierta con bóveda de medio cañón, cuya altura interna era de 2,80 m, y su anchura, de 4,80 m. Los muretes de soporte de la citada nave abovedada miden 0,60 m.

                Las técnicas usadas son: opvs incertvm en paramentos exter­nos y opvs signinvm, en el revestimiento superior o cubierta de la nave y algunas otras partes internas, con el fin de impermeabilizar lo más posible contra la humedad en general (fots. 19A y 21A,1 (muretes laterales), 2, 3): opvs signinvm, 18A; opvs incertvm: fondo terminal de la nave; 18A: cubierta interior de la misma). Se supone que, dada la existencia de un depósito de agua muy próximo a este punto terminal de la citada nave y con el desnivel entre el Castillo de San Miguel y el Peñón en cues­tión, existiría una conducción de agua proce­dente de la zona de Eras del Castillo, o directamente del depósito terminal de la zona norte.

Naves abovedadas

Admitida la existencia de piletas de salazones (en un pasado reciente) sobre la superficie superior del Peñón del Santo, es consecuen­cia natural la construcción de estructuras de almacenaje[1]

                Los restos que permanecen aún en pie, indican la existen­cia (por lo menos) de tres naves abovedadas situadas en paralelo, con muros medianeros y de las que tan sólo se conservan los paramen­tos de fondo sobre roca madre (fots. 43A,2,3,4; 44A,2; 46A,2); y los puntos de arranque de las bóvedas, que conservan restos indicativos de su existen­cia (fots. 43ª,1; 46A,1), cuya extensión conservada es de 5,50 m, prolongándose hasta una zona de talud casi vertical, enterrados y des-truidos, con una extensión aproximada de l7 m (fot. 45A).

                Las tres naves detectadas tienen las siguientes medi­das: 1ª, anchura: 2,10 m; altura: 2,30 m; largura o fondo: 5,30 m. Medidas extensibles a todas.

                El resto, que se supone pudo cambiar su orientación, aunque la linealidad que se conserva en el muro que da sobre el precipicio, es un tanto dudosa, no se puede afirmar que sea una secuen-cia de las naves que han existido en todo este trazado­.    

                El grosor de este muro sobre el suelo, y que se conserva como resto sobre el citado precipicio, es de 1,10 m. Por ello, cabe suponer, a la vista de lo que se ve y se ha comprobado, que el área de naves fuera mayor de lo que ofrecen los restos conser­vados.

                Así, el muro sobre roca madre podría servir tan sólo como elemento de separación de naves. Ello se induce por el espacio vacío que resta donde aparece y, puesto que tal muro divisorio muere sobre el talud actual, se piensa que ese espacio libre, situado entre ese muro y los restos del Puente, pudo haber estado ocupado por otras naves o construcciones complementarias de la industria. De ahí que se haya marcado esta zona con más elementos de lo que lo conservado mues-tra (fots. 51A y 5­0A).

                En cuanto a las líneas laterales del puente, se pueden observar determinados restos testigos en su alineación (fots. 25A; 26A; 27A; 278, y 46A,2).

                La composición interna de los elementos usados como relleno, se puede ver en la fotogra-fía, 34A, donde la piedra usada de mampuesto apenas si se mezcla con materiales extra­ños, salvo raras inclusiones de fragmentos de cerámica.

                Los documentos planimétricos conservados en el Servicio Histórico Militar proporcionan el dato más valioso en torno a la realidad del Puente. Puede observarse cómo nace su planta al final de laTenaza del Castillo, con un ligero ensanche de la misma, y prolongándose hasta el actual hueco conser­vado de la nave (fot. 17A), a la misma altura del depósito de agua romano del Peñón. Su medida lineal, teniendo en cuenta tanto la planimetría moderna como la propia, ofrecida por la cartografía antigua, es de 138 m (fots. 62A,3); 63A (núm.5) y 65A,3).

                En todo esto es preciso puntualizar algunos aspectos­. Así, las proporciones, que ha indicado la cartografía del Servicio Histórico Militar, no se debieron corresponder con lo que realmente debió medir la nave cubierta. Efectivamente, al otro lado de la calzada, que separa el Peñón del Santo de laTenaza del Castillo, comienzan a apare­cer, en primer lugar, los restos de los otros puntos de apoyo del puente romano, cuyos datos proporcionan las fotogra­fías antiguas de la ciudad (fots. 14A y 15A).

                A continuación, partiendo del punto final de laTenaza moderna (fot. 62A,2), se comienza a observar la presencia de numerosos restos estructurales, probablemente pertenecientes a la nave cubierta del Puente, prolongación de la comunicaci­ón establecida entre los citados puntos. Dichos restos pueden ser vistos hoy sobre la propia base de laTenaza y, por ello, se piensa que esa estructu-ra defensiva moderna ha sido levantada envolviendo el conducto romano mediante la adición de muros protectores que pudieran soportar mayores embates.

                LaTenaza, que es una estructura militar defensiva de vanguardia, acaba absorbiendo a todo el conjunto romano, incrementando su fortaleza en el interior de la misma. En algunos tramos de ella se han construido dep­ó­sitos de agua modernos, aprovechando la impermeabilidad que ofrecen sus paredes interio­res. Los restos de este tramo de nave se pueden ver a lo largo de casi toda esta estructura castrense, en sus cimien­tos (fots. 2A,1), 3A, 5A, 6A y 10A,1). En algún tramo (fot. 4A) se puede observar el hormigón romano.

                Como documentos fotográficos antiguos, se muestra una secuencia, en donde se aprecia la existencia de restos estructu­rales pertenecientes al citado puente (fots. 12A, 13A,2,3, 14A ).

Depósito de agua romano

                Se encuentra en línea con el fondo terminal de la nave cubierta delPuente, y aproxima-damente a 10 m de ella (fots. 48A; 49A). Ha sido excavado casi totalmente en roca, y su alzado, construido con la técnica del opvs incertvm y revestido de opvs signinvm, con capa de estuco im-permeabilizante. Sus esquinas son redondeadas para evitar fisuras y facilitar su limpieza, como es normal en este tipo de construc­ción. Sus medidas son: altura: 2,80 m: anchura: 2,50 m, y largura: 6,20 m, aproximadamente.

                Conocido su interior, y no habiendo observado sobre pared o fondo ningún tipo de orificio de entrada o salida, se piensa que el agua llegaba hasta él por la parte de arriba, lo que conlleva que la conducción discurriera por la cubierta del anteriormente citado Puente (que posee en los restos de su cubierta, material impermeabilizante), con un desnivel muy bajo, por lo que la presión sería también ligera, ­dada la escasa diferencia de altura entre las conducciones del Castillo de San Miguel y el Peñón del Santo (cotas 40 y 31 respectivamen­te).

Área del Castillo de San Miguel

Tenaza del Castillo

                Como ha quedado ya indicado, laTenaza fue construida aprovechando parte de los paramentos y estructura general de la nave romana que comunicaba el Peñón con el Castillo o área romana de ese sector. Pero en la longitud de la Tenaza tan sólo se reutilizó el tramo que llega hasta el talud existente entonces. En el momento en que éste se produce como consecuencia de derribos para la construcción de un hotel, termina laTenaza, y continúa la comuni­cación con el Peñón usando elpuente romano que, además­, estaba dotado de nave cubierta (fots. 16A, 17A, 18A; 65A,3).

                La Tenaza tiene un diseño en forma de trapecio, en su primera parte, y rectangular en el tramo que se dirige hacia el mar, con nivel más bajo que el Castillo y, prácticamente lo rodeaba (fot. 62­A,2; 63A,3-4, 64A,1,2,4; 65A,2), con sus correspondientes torreones, tanto a Levante como a Poniente y Sur(fots. 58A; 61A).

                Excavaciones practicadas cerca de los muros de Levante del Castillo y los de la Tenaza, han puesto al descubierto muros pertenecien­tes a antiguas estructuras romanas, que formarían parte de las recientemente halladas en el interior del Castillo (fots. 59A y 60A).

También en el área de Levante de la Tenaza puede verse que la estructura de base es una reutili-zación de la nave romana, según se puede observar en los cimientos de sus muros (fots. 56A y 57A).

                Por último, se puede ver con claridad que los materia­les en las formas modernas, aparte de reutilizar lo antiguo, imitan, en el aparejo, las técnicas usadas por los romanos.

            Conclusión del sector A

                Después de la enumeración detallada de las estruc­tu­ras de este sector, se puede afirmar que constituye un conjunto arquitectónico, compuesto por las siguientes partes: piletas de salazo-nes de pescado (desaparecidas pero constatadas por los testimonios aportados del pasado), alma-cenes en forma de naves abovedadas, siguiendo los mismos cánones de las analizadas en todo el conjunto de la ciudad actual; depósito de agua destinado a las necesidades de las salazones y, por último­, elpuente, que unía los sectores A y B mediante un pasadizo abovedado, montado sobre la parte superior del mismo. Su finalidad es múltiple, pu­diendo usarse como medio de constituir una avanzadilla, transporte de agua al sector, sistema defensivo, control de la navegación, etc.

                Ello sintetizado en breve, se nos muestra como un sector utilizado de zona industrial y de almacenaje y, a su vez, como punto de control y de defensa ante cualquier evento de pirate­ría, y movimientos marítimos antiguos y modernos.

SECTOR B

                Tras haber hecho un recorrido general del trazado de todos los subsectores que integran el Castillo y construcciones anejas, se pasa a la descripción detallada de este sector, comenzando con una panorámica general de los paramentos del Castillo, tanto de conjunto como de zonas secto-riales (fots.1B; 2B; 3B 4B y 5B). En ellos se puede ver la estructura del montaje de los elementos básicos de le fachada, con muros de gran espesor, muchos de los cuales muestran la reutilización de materiales romanos en sus aparejos. En la base de los mismos se han detectado puntos de apoyo, que son enteramente romanos, y sobre lo que se ha producido una reutilización estructural y super-posición de determinados lienzos de murallas.

En la zona de los paramentos de Levante (fots. 6B; 7B; 8B; 9B; 10B y 11B), no se ha visto con claridad la reutilización de los muros romanos, ni siquiera en las bases y cimientos de las murallas. Pero los materiales de piedra, usados en los alzados, proceden de demoliciones practicadas sobre elementos arquitectónicos romanos.

Continuando la descripción de lo que se considera medieval-moderno, se observa, en lo que de paramento de tal compuesto queda, el murallón de cierre posterior del Castillo, y el sistema de-fensivo de vanguardia, formado por la Tenaza (fot. 12B).

Una vez situados sobre la zona de Poniente, se contempla todo el gran sector integrado por los diversos sistemas que conforman la secuencia de estructuras, de la más diversa índole, a lo largo de todo el trazado de esta colina. De izquierda a derecha, se enumeran los distintos espacios que componen toda esta secuencia (fot. 13B): 1, sistemas de muros escalonados para formar contrafuertes (fot.12B); 2, indicación de diversos restos romanos que se irán detallando; 3, torreón moderno, cuyo alzado ha perdido el revestimiento exterior, dejando ver el viejo paramento medieval árabe, antigua forma de su estructura. Todo parece indicar que tal torreón, similar a otro que se encuentra en la misma vertiente, era de planta rectangular. En época de dominio cristiano, dicho torreón fue reutilizado, y mediante un sistema de encofrado, casi circular, fue revestido con materiales más modernos, y enlucido con el tradicional sistema de piedra vista, enmarcada con revoque de hormigón actual. Visto de forma parcial, la fotografía 14B nos presenta: 1, muralla con adarve; 2, restos de puntos terminales de estructura romana.

                Situados bajo el actual puente fijo de entrada al Castillo (fot. 15B), se puede observar cómo han sido reutilizados paramentos que responden más a una técnica de construcción romana que a cualquier otra de las que, a menudo, se pueden identificar. Es una escalinata que conduce al sistema de nave, y se extiende a lo largo de la fachada principal del citado Castillo.

Estructuras barrocas en el interior de este sistema defensivo se dan algunas (fot. 17B), como es la que se observa en la fotografía perteneciente al Patio de Armas.

En la siguiente foto de detalle (fot. 18B), se pueden ver casi todas las dependencias exterio-res de esta vertiente: sistema de muros romanos escalonados, usados como contrafuertes; 2, probables zonas abovedadas y, junto a ellas, una pileta de salazón; 3, continuidad de los sistemas de muros contrafuertes de forma escalonada, sobre y según la configuración del propio terreno.

Situándonos en el espacio más meridional de este subsector, se encuentran, con bastante asiduidad, los restos de muros romanos, que han sufrido modificaciones, probablemente debido a haber sido demolidos para reutilizar sus piedras.

A continuación de los restos precedentes, y de forma globalmente vista, se puede contem-plar una estructura, algo compleja, en esta fuerte pendiente (fot. 19B): 1, restos de muro, en la parte superior, que parecen haber sufrido una fuerte erosión o desprendimientos; 2, sistema escalonado de muro contrafuerte que llega hasta las estructuras culminantes de este conjunto, o bases del sistema de muros del recinto superior; 3, depósito de agua de cierta magnitud, que igualmente se encuentra protegido por el modo de escalonamiento de muralla de contención. Todas estas formas de muros y dependencias son muy frecuentes, lo que sorprende un poco, dado el fuerte desnivel que se puede observar a lo largo de toda esta cadena de edificaciones romanas (fots. 20B y 21B). Es uno de los puntos de unión, entre los paramentos romanos y modernos que se puede observar en 21B, donde el alzado romano y medieval o moderno se entremezclan (fot. 22B,1,2). De forma generali-zada se pueden ver los diferentes tipos en los romanos, que se conservan deteriorados, pero en estado casi perfecto de aparejo (fots. 23B; 24B y 25B). En ellos, aparte del sistema de aterrazamien-to que aquí se puede ver, hay, además, un depósito de agua y parte de otro, como se verá más ade-lante (fot. 26B).

                Las medidas que se han podido tomar de este depósito son las siguientes: 9,30 m de largu-ra; 2,35 m de altura y 1,50 m de anchura (fot. 27B). Su revestimiento interior está formado por opvs signinvm; y el aparejo es de opvs incertvm, como el resto de las construcciones que aquí se dan (fot. 28B). El resto de los muros, que continúan formando este largo paramento, mide 10,20 m de largura; la altura, de lo que se ha podido tomar y se mantiene bien, es de 2,80 m (fots. 34B y 35B).

En cuanto a detalles, sobre esta forma de adosar los muros a la roca, la toma 32B ofrece una idea clara de cómo se realiza la técnica de escalonar, y cómo se adhiere a la roca. Las partes, que han sufrido fuertes alteraciones, se pueden observar en la foto 30B, donde se ve el hormigón romano, que no forma parte de los sistemas de terraplenes de opvs incertvm, sino de depósitos y similares.

                En la foto 35B se muestra la silueta que presenta el paramento en esta parte, en la que se ven muros casi rectilíneos, y otros que destacan, dando a entender que formaban parte de un siste-ma o compartimento destruido.

En la foto 36B se presenta el sistema que más datos nos da sobre existencia de conexiones, tanto de edificaciones exteriores como de su prolongación hacia las partes interiores del Castillo, y cuyas estructuras, por ahora, se desconocen.

Una vez situados frente a la abertura indicada en la foto anterior (fot. 35B,3), en el detalle que se muestra en la 36B, se pueden ver los muros laterales, con aparejo externo perfectamente conservado (fot. 36B,1), y el punto de acceso hacia una pileta de salazones.

                Una vez pasado ese corto espacio, en 37B se ve ya la citada pileta. Muestra un revestimiento interno algo desgastado, pero auténtico. Las medidas tomadas sobre estas formas, que integran un pequeño conjunto, son: muretes de entrada: 0,60 m de grosor; murete que sale hacia el talud: 1,10 m de largura, 0,80 m de anchura; muro, hasta la pileta: 1,17 m de largura. Medidas de la pileta: largura, 2,30 m, anchura, 1,50 m, profundidad, 0,70 m. El resto de las medidas de los muros que, a partir de este lugar, se han podido tomar, son respectivamente: 6,10 m, el primer tramo; muro que se dirige hacia la pendiente: largura, 1,10 m, anchura, 0,60 m. Resto del muro hasta el torreón, 3 m, aproximadamente. En este último tramo de muralla escalonada, se tienen las siguientes medidas: alturas de los escalones, de abajo hacia arriba, 0,75 m, 0,35 m, 0,75 m y 0,75 m. Las anchuras de cada escalón, 1,10 m, 1,20 m, 0,20 m, 0,15 m y 0,15 m.

                En el tramo, que llega hasta el comienzo de la pared posterior del torreón, se puede comprobar la existencia de ese sistema escalonado en esta parte de la muralla romana de la zona de Poniente.

                En la foto 38B,2, se observa, además, la existencia, sobre la roca, de un grueso tramo de suelo de hormigón romano, lo que da alguna señal sobre la identificación de este tramo, como ele-mento probable de una base de pileta o depósito de agua. En cuanto a la indicación del sistema escalonado de muralla, en la foto 39B se puede ver, con cierto detalle, el citado paramento que, al parecer, se adentra bajo las estructuras romanas situadas en los muros externos del Castillo. Mayor presión y conjunto de detalles se pueden observar en las características que se ofrecen en las fotos siguientes (fots. 40B; 41B; 42B).

                Situados frente al foso del Castillo, se observa igualmente la existencia de un muro romano reutilizado, como elemento o punto opuesto a la muralla frontal, para dar el debido espacio al foso o elemento defensivo (fots. 43B, 44B, 2; 45B,2, y 46B). La medida de este muro coincide con la del paramento general del Castillo, según se entra, y algunos metros de la izquierda. Pero este muro se encuentra ya muy retocado por la acción antrópica. Realmente forma parte de una antigua estruc-tura que se continúa a través del fuerte paramento que hay en 48B y 49B, y que constituye un poderoso sistema de murallón romano que, probablemente, se dirigiera hasta el Majuelo. Pero no se dispone de datos suficientes. Lo que sí se puede afirmar es que tal muro, que ha sido reutilizado para el foso del Castillo, se cerraba con este último que se acaba de exponer, y cuyo grosor alcanza 1,10 m.

            Interior del Castillo de San Miguel

Casa romana

                Una vez descrito todo cuanto ha sido posible en la periferia del Castillo, se va a analizar lo que dentro del mismo se ha podido detectar en las últimas fechas.

                Tras el levantamiento del cementerio, que ha estado emplazado en este lugar desde 1851, hasta hace aproximadamente 31 años, (el cementerio viejo fue eliminado antes de los años`80) el uso de esos lugares con una finalidad muy lejana a la militar, como es natural, ha dado como resultado el descubrimiento de una casa romana muy alterada en sus dependencias en época de dominio musulmán; unas, sufriendo grandes deterioros, y otras, guardando casi íntegramente su antigua forma por la utilidad directa que les suponía a los nuevos ocupantes su uso. No se sabe, a ciencia cierta, hasta qué punto los elementos arquitectónicos de la casa han sido útiles a las culturas que por aquí han pasado. No se olvide que este reducto militar, después de la expulsión del elemento musulmán de la ciudad, fue ocupado por hispanos, de forma permanente, y por franceses, ocasionalmente. Las transformaciones que se practicaran sobre estas instalaciones militares son difíciles de precisar, ya que las culturas y las técnicas de que se sirven, son diferentes.

                Pero, dejando todo esto atrás, hay que decir que se debería haber recopilado bastante más material arquitectónico, si la recuperación del Castillo se hubiera llevado de forma ordenada, y con los medios que una adecuada excavación hubiera podido lograr; lo que, en lógica elemental, nos habría conservado mucho más material, que hoy aparece completamente destruido, como se puede apreciar en la secuencia de fotografías que necesariamente hay que exponer y detallar. Hoy día se han recuperado ya muchas formas antiguas tras una sistemática limpieza de todas las zonas recuperadas.

Entrando, pues, por la puerta sur (agujero artificial de acceso), para dar una visión panorámica de la zona interior del Castillo, nos hemos situado en la parte más elevada del mismo, que es como un torreón de grandes proporciones y que probablemente fuera el sector destinado a un posible hábitat dentro de este reducto. Desde él se divisan, a la derecha de la imagen (fot. 49B), estructuras que parecen haber sufrido modificaciones en su trazado, dependencias con muros de escasa altura, que deben ser habitáculos de la zona sureste de la casa que aquí existe. En el punto extremo, a la derecha, se pueden contemplar las murallas musulmanas que se conservan en gran extensión, a pesar de que el Castillo fue semidestruido por el ejército napoleónico a su retirada.

En la parte central, a casi tres metros de desnivel, sobre el resto de los paramentos se ve lo que constituye el núcleo medio del espacio ocupado por la casa, y en primer plano, unos muros de cierre, que no se pueden definir, ya que es imposible, por ahora, determinar hasta donde se pudiera extender la planta general de este emplazamiento. La mezcla de elementos arquitectónicos es bastante fuerte. Por ello se tratará de ir delimitando, por medio de las técnicas, lo que pueda corresponder a cada época, a rasgos generales, ya que este trabajo se limita a detallar lo romano y, de pasada, lo medieval.

Situados de nuevo en la parte sur de estas dependencias, se inicia el recorrido descriptivo partiendo de una nave, considerada de época cristiana, en la que las técnicas constructivas siguen una de las modalidades usadas por los romanos: paramento de piedra vista alternando con hileras triples de ladrillo que, en la tradición edilicia romana, recibe el nombre de opvs vitatvm; pero que aquí realmente no se trata de tal procedimiento, sino de una imitación.

                El aparejo, que corresponde a la citada técnica romana, es más perfilado y cuidado. Podría tratarse de una reutilización de aparejo y técnica, pero se cree que es una construcción, hecha con materiales romanos, reutilizados posteriormente. El encofrado de la bóveda es muy similar al que se sigue en los sistemas romanos. Se piensa que hay una relación directa en la copia de formas, ya que la ciudad, en esos momentos, estaba en buen estado de conservación con respecto a esas estructuras y, casualmente, este es el único testimonio de que se dispone en todo el casquete superior de la ciudad, y que, además, ha sido una casa romana. Todo el conjunto superior podía haber dispuesto de edificaciones como ésta; y todo viene a parar a una sola forma de manifestación doméstica en todo el recinto.

Por otro lado, se tiene la zona de naves subterráneas, probablemente reutilizadas, en gran parte de él; lo que podría llevar a pensar en unos horrea romanos, reutilizados por los ocupantes posteriores, como el resto de las dependencias que se ve en superficie. No se olvide que estamos en la zona más aireada de todo el conjunto. Ello puede servir como argumento ad hoc para admitir que las dependencias subterráneas, que tan sólo se ha tomado muy superficialmente, sean realmente una infraestructura de naves romanas, siguiendo el estilo de los criptopórticos.

                Las medidas de esta nave abovedada son las siguientes: largura, 10 m; anchura, 2,50 m; altura, 3,20 m. En cuanto al grosor de los muros, tan sólo nos podemos guiar por el que presenta, hacia la parte externa, el agujero por donde se ha podido entrar para tomar esta documentación fotográfica, siendo su grosor 1,20 m (fot. 51B).

Una vez dentro del recinto, a través de la nave abovedada vista antes, se observa (fot. 52B) una serie de elementos arquitectónicos a los que aún no se le encuentra conexión con el resto; pero que están ahí, y tan sólo nos hemos limitado a indicar su procedencia e identidad arquitectónica. Así, en esta imagen, se ven, de izquierda a derecha: estructura que presenta todos los indicios de haber sido una pileta o depósito. Tiene pavimento de revestimiento interior. Ello da pie a admitir tal finalidad. Sus medidas son aproximadamente, dentro de lo fiable: largura, 2,50 m; anchura, 1,10 m; profundidad, 1,20 m. Justo a su lado se ve un muro romano roto y no en el cambio de sentido que experimenta. Su longitud aproximada es 9 m; altura, 1 m, dentro de lo que ha quedado de su alzado. Al fondo, y junto al mismo paramento, se levanta un nuevo lienzo de aparejo romano que forma casi el término de lo que se considera como área de las termas, en la parte que corresponde a la zona con elementos de abastecimiento de aguas y dependencias anejas y auxiliares del hypocavstvm. Tanto la técnica de construcción del primer paramento como la del segundo, es romana; pero la primera está montada según los cánones del opvs latericivm, y la segunda, con el del opvs incertvm.

Continuando la exposición de las distintas dependencias que se pueden ver, se tiene la aparición de un agujero excavado de manera fortuita, y que nos ha puesto al descubierto paramentos romanos y medievales (fot. 50B,5). Justo a su lado, se ven, de nuevo, las estructuras romanas, formando una construcción alineada, paralela a la que se muestra en 50B,4 ; pero su material es el opvs incertvm y un revoque de pavimento externo, que no se da en el primero. Al fondo de todo (fot. 50B,7), están los muros protectores de lo que, después, se detallará, y que forman la zona de las termas, en su área destinada a producir calor, o hypocavstvm.

Para ver, de manera detallada, la parte interior de lo que se ha considerado probable pileta o depósito, se ofrece la imagen 53B, indicando los puntos en que se ha observado la presencia de material de revestimiento, pero que no tienen las características que se ven en los depósitos y piletas habituales, sino que, siendo pavimento con este fin, muestran otra composición que, además, se hace extensiva a gran número de dependencias con estas notas funcionales.

De forma continuada, en esta descripción, hay paramentos que parten de los muros antes descritos (fot. 53B,1), y que se continúan, formando una especie de cuadrícula, y eran la base sobre la que se asentarían muchas de las dependencias de la parte superior de esta casa (fot. 54B).El paramento de cierre de la zona sur del Castillo se ve en la panorámica casi completa, donde se encuentran las dos grandes estructuras que forman este conjunto: a izquierda, murallón contra-fuerte y, a la vez, muro de cierre, que asciende para constituir la plataforma de acceso, en época posterior, a la parte más elevada que da al Sur y de toda esta superestructura (fot. 54B,1). A la derecha de la imagen que se cita (fot. 56B), y sobre lo que hoy se ve como suelo, (que no lo es), en 56B,4, hay un muro romano que se alinea, como se ha dicho, de forma paralela al trazado general de la muralla de Levante y a las estructuras romanas, que se sitúan a su izquierda.

Como se puede observar en esta misma imagen (fot. 56B,2,3), no cabe duda de que grandes tramos de muros romanos han sido rotos, e incluso paramentos enteros, dadas las características que nos muestran los grandes fragmentos de opvs caementicivm que se ven a la izquierda de la imagen 56B,2. Se podría decir que se ha intentado “borrar” del contexto determinados elementos arquitectónicos que pondrían en entredicho todo lo que se afirma modernamente sobre la interpretación que se está dando a propósito de la supuesta casa nazarí que algunos afirman. Son demasiado relevantes los datos “eliminados” en el levantamiento del antiguo cementerio.

Área de las termas del Castillo

                Una vez analizada la parte sur, que está a la entrada de la nave, nos situamos sobre el nivel superior para mostrar y analizar las distintas dependencias que conforman la zona de las termas. Así, en 57B se tiene una perspectiva de este sector, pero incompleta, como se podrá ir mostrando. En la imagen 62B se ven los elementos arquitectónicos anejos a la parte de los baños propiamente dichos, en donde se puede precisar el muro maestro (fot. 58B,2), que separa toda la zona de dependencias térmicas (fot. 58B), de las destinadas a la foto de baños propiamente dichos (fot. 58B,3). El muro romano (fot. 58B,4) mide, de largo y ancho respectivamente, 25 m y 1 m. El primer compartimento, que presenta una solería de baldosas de cerámica, mide 3,30 m de largura y 2 m de anchura. La altura de sus muros es muy variable, pero el mayor mide 0,80 m de altura; los muretes de fondo: 0,65 m de grosor.

                En la vista detallada del siguiente espacio, se puede observar una zona partida (fot. 59B) por un muro romano que mide 0,50 m de grosor, y 1,84 m de largura. El espacio completo que se ve, con el muro que divide, mide 1,75 m aproximadamente. Los materiales empleados son el ladrillo y la piedra, opvs latericivm e incertvm, respectivamente.

En la planimetría general ha quedado perfilado, a escala, todo el detalle de las medidas.

A la derecha del muro divisorio, que se ha observado en la primera imagen 58B,2, se analizan las formas que se dan de manera consecutiva. El primer tramo de muro que se ha seguido hasta llegar a este espacio, mide, dentro de las limitaciones que impone el deterioro del terreno aproximadamente 14,60 m lineales. El primer elemento murado rectangular cerrado, presenta revestimientos en sus paramentos, no la piedra vista, sino una especie de revoque que se encuentra en muchas más dependencias. Así, las medidas de este primer compartimento son: 1,50 m de anchura; 2,90 m de largura, pero alineado sobre ese muro, bisectriz de toda esta secuencia. Su profundidad o altura es variable y está en función de que se excave debidamente hasta encontrar el suelo; pero su profundidad media ahora es de 0,90 m (fot. 60B,6).

Una vez dentro de las estructuras que conforman el espacio de las termas, se ve toda una secuencia de dependencias que, a nuestro parecer, han sufrido fuertes modificaciones, bien por parte de los antiguos ocupantes, bien por los modernos y sus propias máquinas que han intervenido recientemente en el desmantelamiento del antiguo cementerio.

En la imagen que se ofrece en 62B, se observa el muro divisorio entre la zona termal y los pasos situados detrás de ella. Las medidas de estos tramos, previos al hogar de las termas, se han indicado con toda precisión en la planimetría sobre este subsector. Lo que sí se quiere precisar aquí es la secuencia de estructuras, cuyo tramo final está marcado por unas formas, que parecen indicar el punto de entrada de agua y la base de alimentación de calor a esta dependencia.

Una vez situados sobre el propio hogar (fot. 63B), se ve, a izquierda, uno de los fuertes y resistentes muros de encuadre de los pilares y sistema de embovedado del hypocavstvm. La materia fundamental es el ladrillo, que después se analizará.

En la foto 64B, se remarca, de forma más incisiva, cómo es precisamente el ladrillo el elemento estructural que se utiliza en todo el aparejo de hypocavstvm, salvo los gruesos muros, antes indicados, que forman los dos resortes sobre los que se apoyan todos los demás elementos componentes de tal estructura. Se señalan debidamente todos los puntos en los que se puede observar la presencia de los pilares, bien adosados al muro soporte, bien como elementos sobre los que se asienta la cubierta, en forma de falsa bóveda, de la parte superior del hypocavstvm.

En la perspectiva que se presenta desde otro ángulo, se observa la forma de los paramentos laterales, con opvs latericivm, los puntos de salida de aire, los pilares adosados al muro lateral y los pequeños arcos, que forman las falsas bóvedas, soporte de toda la estructura superior (fot. 63B). Las tres formas arqueadas, con sus pilares intermedios, se ven en las fotos siguientes de detalle, en las que, además de la estructura de fondo, sobre la que se apoyan estas bóvedas, se puede compro-bar la forma rudimentaria con que se han levantado los arcos (fots. 67B; 68B; 69B; 70B; 71B; 72B). Efectivamente, no se trata más que de una falsa bóveda, conseguida a base de colocar los ladrillos en posición horizontal, cerrándolos de ángulo, según se sube, hasta formar una falsa clave de cierre en su punto más elevado. Es una técnica de escaso valor arquitectónico y mediana consistencia, ya que la resistividad, por la posición que adoptan los ladrillos, es bastante menos potente. Es un procedimiento usado muy frecuentemente por la técnica musulmana. En este caso puede ser una reutilización de antiguos elementos romanos remozados. En origen, no se trata de un procedimiento musulmán, sino romano, transformado posteriormente. En su parte posterior, punto por donde se piensa que recibía tanto el agua, para su preparación, como el elemento combustible, para el calor, las dependencias auxiliares se encuentran en tal estado que son casi inidentificables.

En la foto 73B, se ve una abertura a la izquierda y otra mayor a la derecha, que podían constituir tanto las vías de alimentación del hypocaustum como la de su limpieza. Pero no se des-carta la destrucción de otro subsector.

En una foto, con mayor ángulo de esta área, sobre el muro de más volumen (fot. 74B ,7), se tiene la existencia de un orificio circular por el que, se piensa, podría haber discurrido una canalización de agua de servicio, tal vez para las zonas tibias, aunque podía ser una salida de agua a alta temperatura. Pensando que, por el extremo calor alcanzado, la tubería sería de cerámica.

En cuanto a las medidas de los pilares, se han anotado las siguientes: 0,40 m de largura y de anchura; las distancias entre pilares: 0,45 m; los pilares del centro miden: 0,45 x 0,50 m; sus interespacios: 0,56 m, y 0,45 m. Todos estos detalles quedan perfectamente delimitados en la planimetría del sector (fig. 8).

Desde la perspectiva indicada en 75B, se puede ver el muro de soporte mayor, de los dos que encuadran el hypocavstvm. Obsérvese cómo se encuentran divididos los distintos elementos que integran el citado muro, como si se tratara de un sistema de tierra prensada, tipo musulmán medieval. Lo que realmente se da es una división de elementos, según la forma interna del subsector calefactor del espacio de las termas. En verdad se observa un sistema de bloques superpuestos, con marcados trazos de divisiones entre ellos.

En la parte posterior de las termas, tras el muro de apoyo, se pueden ver (fot. 76B) unas dependencias estrechamente relacionadas con la composición de estos espacios. Su aspecto externo es muy similar a las dependencias que se verán después: piedra y revoque impermeabilizantes.

Todo resulta tan aislado que parecer haberse producido una transformación en el conjunto de las termas. Ha podido ocurrir, sobre todo en época medieval de la historia de este edificio.

Desde las zonas de tratamiento previo del agua, nos situamos de forma que se puedan ver las dependencias orientadas a Levante (fot. 77B). Esta primera parte de dependencias (fot. 74B,1,2,4), que ocupa el centro, tiene las siguientes medidas aproximadas: anchura, 2,40 m; fondo, 11,50 m. La altura de los paramentos es muy variable, ya que se encuentran muy erosionados. A la derecha de la imagen que se ofrece hay una zona cuyas estructuras han sido destruidas por la precedente intervención del elemento humano, y eliminadas por las máquinas modernas, que han causado grave pérdida de la identidad de este subsector. A izquierda, no obstante, se pueden ver algunas formas, al menos conservadas en sus bases

En cuanto al revestimiento de esta primera dependencia, hay que decir que se trata de un revoque aislante muy deteriorado y retocado, pero que guarda las características de ser un preparado impermeabilizante, común a todas las dependencias que se van a ver en el conjunto.

En la imagen, que se muestra a continuación de la anterior, se ve un elemento que parece más un canal de recogida de aguas residuales de los baños, que un espacio-piscina (fot. 78B). El muro de la derecha mide 1 m de grosor; el de la izquierda: 0,60 m, y se encuentra dividido en el centro por un murete, situado a más bajo nivel, de 0,45 m. La anchura de este paso o corredor es de 1,20 m. Al pie del muro grueso puede verse una estructura de alzado, con apariencia de haber sido anterior a esta construcción, con un resalte de 0,35 m y la misma extensión que el muro superpuesto. Este suelo se ve claramente roto no sólo desde antiguo, sino modernamente.

En la imagen 79B, se puede ver la zona más amplia de lo que se viene considerando espacio de baños o pilas de las termas. En el centro se observa una dependencia grande, dentro de la cual hay, en el extremo derecho anterior, dos compartimentos o pilas menores, cercadas por muretes que han sido rebajados y cuyas medidas son: el indicado en primer plano, 1 m; los laterales y el de fondo: 0,60 m; anchura, 2,95 m; largura, 7,95 m. Las dos bañeras o pilas pequeñas miden: largura y anchura, 1,30 x 0,96 m y 0,90 x 0,96 m. El grosor de los muros es de 0,45 m. Todo parece indicar que, al lado de estas pequeñas formas de pilas, había otras que han sido rotas, y de las que quedan indicios de muros.

En la foto 80B se presenta una imagen próxima a las dos piezas indicadas en primer plano. En la 81B se marca el espacio de lo que ha podido ser una pila o área de baño de mayor tamaño. En la imagen 84B, se muestra una de las dos piezas homogéneas.

Siguiendo la descripción de todo este sector, se señala otro espacio similar al visto en 78B, pero algo más amplio, que mide 1,60 m de anchura y 7,95 de largura. Al fondo de la misma imagen hay unas aberturas, en forma de escape, a las que se puede identificar como desagüe de los espacios destinados al baño. Se ve una pequeña arqueta de recogida, por los restos de canalizaciones que se ven, de las piscinas que hay cerca, a lo largo de todo el fondo. El grosor de los muros de este espacio estrecho, es de 0,60 m, a ambos lados.

                Al fondo de todo esto se tiene un espacio que se ve flanqueado por otros dos, cuyas funcio-nes se desconocen, pero parecen formar parte de las estructuras de los baños y, tras todo esto, una zona, que debió estar dividida en tres partes, según los indicios de muro de cierre que se han podido detectar. Su suelo o pavimento está en muy mal estado, debido a la erosión. Tal espacio mide 6,95 m de largura, comprendiendo todas las probables dependencias; y el muro, que forma límite con el corte, al que se considera artificial, mide 0,60 m de grosor. Lo que de él se conserva mide aproxima-damente 12 m; pero se piensa que cerraba en ambos extremos de este espacio, por lo que se deduce que tan sólo se ha conservado el núcleo central de las dependencias destinadas al baño (fot. 84B).

Tomando una perspectiva desde la zona levantina, se observa el corte producido por la máquina moderna (desmantelamiento del cementerio), haciéndose patentes las estructuras que se han visto antes (fot. 85B,3,7,9). La diferencia de nivel, como se puede ver, es de casi cuatro metros sobre el suelo, en general. Se cree que estos alzados de muros, que hay en la zona baja de 85B, no tendrían una altura como la de arriba, pero existirían sistemas escalonados de comunicación.

                De nuevo en el área de murallas de Levante (fot. 85B), se pueden comprobar los elemen-tos defensivos que, al parecer, se salvaron de la destrucción llevada a cabo por el ejército napoleó-nico. En el subsector de este mismo lienzo de muralla, se puede comprobar cómo la parte exterior ha sido reforzada mediante el revestimiento de piedras, mientras que el interior es íntegramente de tierra prensada. No se tienen pruebas para saber si la cimentación de este sistema se apoyaba en una estructura previa romana, aunque hay algunos indicios sobre la base de la muralla en su parte externa.

Situados en la actual entrada, cerca de uno de los torreones, se puede ver la alineación de muros, que recorren todo el sistema, casi de un extremo a otro (fot. 91B), con secuencias de muretes transversales de cierre; lo que indica que se dividían en sectores que no se pueden definir. El recorrido de este muro es de 29,70 m, y su grosor, de 0,60 m. Hacia su centro hay una división, cuya anchura es de 2,80 m, y los muros conservados de la misma miden: 3,40 m de largura y 2,20 m respectivamente. Pero, además, estos dos muros se prolongan en dirección a la muralla exterior del Castillo, llegando uno de ellos a medir 2,50 m. El otro se encuentra muy erosionado.

De forma paralela al antes descrito, hay otro cuyo recorrido es de 19,90 m, y su grosor, de 0,60 m. A una distancia de 3,30 m, hay un pequeño recuadro, algo desigual, cuya largura es de 1,90 m, y el grosor, de 0,45 m. Pueden verse algunas estructuras más, pero la demolición provocada por la máquina ha hecho desaparecer todo resto. Se espera que con una excavación, previa a la restauración del Castillo, se recuperen algunos de los espacios y líneas perdidas.

En la foto panorámica 92B, se puede ver este alineamiento, indicado en 50B,7, a la vez que los compartimentos situados más a la derecha de la imagen que a su izquierda. Al fondo se puede detectar el muro de cierre en dos sentidos. El espacio visto como un compartimento cerrado, se muestra en 93B, y sus medidas se han ofrecido en la descripción anterior (fot. 91B).

En el punto antes indicado, se piensa que había una estructura de cierre, que ha sido rota por las necesidades que implicaba la construcción del Castillo, pero no sería de extrañar que reaparecieran cuando se realice la pertinente excavación con la restauración programada. En el espacio situado detrás de la muralla de fachada, con adarve, a izquierda de la imagen ofrecida (fot. 94B,1), se puede ver lo que es elemento romano, con aparejo perfectamente definible, las estructuras que quedan aún en pie, de época musulmana (fot. 94B,2), y las formas atribuibles a la época de Carlos III (fot. 94B, 3,4,5).

En este mismo subsector del Castillo, se observan, sobre la zona excavada (fot. 95B,4), elementos arquitectónicos cuyos aparejos entran más en lo que se definiría como romano que como medieval o moderno, ya que son ciertamente catalogables cada uno de ellos. Hay superposiciones de estructuras y yuxtaposiciones, similares a las conservadas en la zona de las termas.

Pero, situados sobre el pasillo moderno de entrada al Castillo, se ven de nuevo las formas típicas de paramentos romanos, pertenecientes a un sistema de almacenes, en batería, pero algo diferente a lo que habitualmente se viene detallando a través de toda la ciudad moderna (fot. 96B).

                Los primeros muros, vistos a izquierda de la imagen, forman parte de toda la infraestructura que se va a contemplar en diferentes planos y que, en cierto modo, pueden relacionarse con las que se dan en 91B; 92B y 93B. Realmente se trata de dos secuencias, casi paralelas, de zonas de proporciones similares y de formas normalmente rectangulares (fot. 98B). Se encuentran adosadas a un edificio de tradición musulmana situado en su parte izquierda, según la imagen ofrecida (fot. 99B). Hay dos sistemas de muros que discurren paralelos y se encuentran divididos por los correspondientes muros de separación, que dan forma a las dependencias, que se consideran almacenes a flor de superficie, pero han podido perfectamente tener cubierta. Tales formas de almacenes presentan, como se ha indicado, una estructura rectangular. Se encuentran alineadas en paralelo y de forma un poco anómala en su ángulo frontal, según se mira. Pero, en realidad, no es más que una probable deformación causada por las superposiciones posteriores, que han afectado a todo el sistema (fot. 99B).

                Frente a estos muros maestros de limitación de espacios cerrados, se puede observar la presencia de alzados que no están bien alineados, pero se piensa que tienen una estrecha relación con los cuestionados en esta descripción. La distribución de este sistema, con sus compartimentos adláteres, su cierre al fondo, como se puede observar en la imagen 100B, además de otros muros que se han detectado, parecen formar todos en bloque, un conjunto que se asemeja más a un granero en superficie, que a depósitos de salazones. Pero no se debe descartar nada de esto, aunque, tal vez, el sistema de utilización como cubicula quede más lejos de una explicación, ya que no se ha detectado ninguna señal superficial de acceso y, por tanto, dificulta admitir tal definición. Pero, y esto es lo más importante, no se puede perder de vista que este lugar constituye el área más sana y propicia para que los alimentos se conserven bien. Este es el sector más salubre de todo el conjunto de Seks, ya que se encuentra a merced de todos los vientos, y sobre una base estrictamente rocosa, lo que evita la humedad. Todas estas razones llevan a concluir que no es un desacierto pensar que los romanos emplazaran en este lugar sus almacenes de alimentos para la población directora de la factoría.   

                Una gran cuadrícula se había montado en torno a los elementos que constituyen la zona de almacenes, e, incluso, los bajos, como se verá, serán utilizados para almacenaje, excavados en roca madre. Las medidas registradas en esta área vienen dadas como sigue: longitud del muro principal, 20,80 m, grosor; 0,45 m. Este último dato es común a todos los muretes que se dan en estas cuadrículas. Las primeras, de izquierda a derecha, de frente, miden: 1ª: 3 x 3 m; 2ª: 3 x 2,60 m; 3ª: 3 x 2,40 m. El espacio restante, en este sentido, mide 10 m aproximadamente, porque se supone que cierra al final con las cuadrículas estudiadas en el subsector de Levante. La segunda fila de cuadrículas, situada detrás de las anteriores, mide: 1ª: 3 x 2,60 m; 2ª: 2,60 x 2,60 m. Los espacios que se siguen se encuentran muy erosionados y no se ha podido hacer una medición precisa debido a la indefinición de los restos que se pueden ver. La edificación que se sitúa detrás de esta cuadrícula, torre cárcel en época musulmana, ha tenido una intervención clara en los restantes componentes de esta zona del Castillo y ha llegado a romper su unidad.

                Además de estas formas, se cree, destinadas a almacenaje de productos alimenticios y otros, hay un depósito de agua en forma de aljibe, al que no se ha catalogado, porque presenta algunas características que hacen dudar; por lo que no se quiere arriesgar opinión. Cuando se realice su limpieza, se podrá analizar el aparejo y forma (fot. 102B). Por el aspecto exterior y la utilización de materiales, parece una estructura musulmana, pero el uso del ladrillo y sistema de aparejo, da pie para pensar en un depósito romano, cosa que sería muy normal donde se ha localizado una casa romana. Podría perfectamente constituir el aljibe de recogida de aguas de lluvia. El resto de las estructuras que se van a exponer se encuentran en muy mal estado de conservación. Así, en la foto 103B, se pueden ver numerosos restos de muros difíciles de catalogar, probablemente debido a la reutilización a través de los años.

                El muro que se muestra con restos de canalizaciones (fot. 104B) cerraba, y lo hace de una forma un tanto confusa, con el muro maestro de las dependencias que se acaban de describir como probables almacenes. Su posición, con respecto al muro con que enlaza, es de ángulo recto. El canalito que se ve a 0,60 m de la superficie actual, aparece como un elemento a tener en cuenta a la hora de fijar los sistemas de distribución de agua. Es adintelado y probablemente tendría tubería. La altura del paramento observable en 105B es demasiado profunda y tal vez se hayan tocado estructuras romanas subsistentes.

En toda la secuencia de muros que se vienen describiendo, hay un denominador común: todo parece indicar que se encuentra formado por un cuadrilátero que circunda todas las estructuras hasta ahora descritas, formando una especie de vallado, organizado en torno a lo que es la casa o elementos fundamentales de lo que es tal edificación.

En la foto 105B, se ve una secuencia de muros que cierra, en lo que se ha detallado en la anterior, formando ángulo recto. Sobre uno de los puntos extremos de la imagen dada en esta foto (fot. 105B,3), se puede ver, en ese preciso espacio, una piedra de molinillo romano, que tapona la entrada de esa especie de pozo conducto que, a continuación, se analiza. Así, en 106B se ve el citado pozo circular con la piedra de molino caída en el fondo, desde el punto superior o bocana, donde se encontraba al parecer. Este detalle permite decir que la abertura que muestra este pozo es muy similar al diámetro de entrada o acceso.

Como bien se puede detectar, la construcción de esta dependencia ha sido realizada excavando en roca una especie de fosa, que no es tal, sino una entrada o lucernaria de todo un conducto subterráneo utilizado como recinto o granero, al estilo de los criptopórticos de época romana tardía, que se han citado en los capítulos introductorios de este trabajo. A partir de la roca excavada, se puede ver que se ha construido con opvs latericivm, del mismo estilo y proporciones al usado en los pilarillos y falsas bóvedas del hypocavstvm de las termas.

Dentro del cuadro de estructuras murales sin una definición clara, se pueden ver las que se muestran, apreciándoseles los rasgos de reutilizaciones de paramentos que no son definibles ni como romanos, ni como musulmanes, sino que hará falta un postrer análisis a través de la excavación que debe preceder al proceso de restauración (fot. 107B). Detalles de este tipo, sin una definición clara, se pueden ver, en el último tramo de estructuras murales que se observan en el extremo noroeste del espacio interior del Castillo (fot. 108B).

Situados de nuevo junto a las murallas de Levante, se ve el proceso de los antiguos para acceder al punto más elevado del compartimento sur (fot. 109B,2). Y, una vez arriba, aparecen, en un primer tramo, estructuras consideradas eminentemente medievales y modernas, pero que presentan atisbos de reutilizaciones, sobre todo en los revestimientos que tienen algunos de los paramentos que se ven a izquierda de la imagen ofrecida en 110B,1. Los de la derecha, (fot. 110B,4) muestran la técnica del opvs latericivm, pero no presentan una definición clara a la hora de identificar su verdadera procedencia, ya que tanto musulmanes, cristianos como romanos la utilizan. Tan sólo un análisis del mortero puede dar algún factor clarificador sobre una u otra identidad. Se acepta, a primera vista, por una definición moderna sobre fundamentos romano-musulmanes, cosa que podrá, en última instancia, definir la excavación que de esta área se lleve ordenadamente a término, cosa que se espera poseer, como dato definitivo (fot. 111B), una vez se presente la oportunidad de poder llevar a cabo exploración y estudio de tal tipo, en unos lugares tan escasamente analizados en subsuelo.

En el tramo segundo de este espacio, se puede localizar, aparte del gran número de elemen-tos sin precisar, por falta de exploración metódica, y con gran confusión, una parte donde se ubica uno de los tramos de nave o criptopórtico que, se cree, rodea toda la vertiente oeste y sureste del Castillo (fot. 112B, 5).

                Con más precisión, se puede ver fotografía de aproximación en las imágenes que se obser-van en 113B y 114B, mostrando una especie de nave sobre la que se ignora, por deficiencia de no poder observarla con mayor precisión, si tiene cubierta adintelada o es abovedada. Sí es posible identificar los paramentos donde se ve el opvs latericivm, del mismo estilo al existente en las ter-mas y del pozo. En la parte izquierda de la imagen, se ve un alzado de piedra, que se presenta difícil de definir, por no poderse analizar el aparejo, debido a la indefinición que da su situación actual. Es preciso acercarse, pero no lo permite su peligroso estado y carencia de medios para acceder. Como elemento arquitectónico, se cree que se trata de un pasillo, que conecta con los antes vistos en el área de acceso principal del Castillo. Pero esto es suponer y no definir. Por tanto, nos limitamos tan sólo a indicar que se trata de un factor más a tener en cuenta, como elemento arquitectónico subte-rráneo.

Como epígrafe de última hora hay que añadir que toda esta zona ha sido limpiada y restaurada y, a la vista de lo hallado, parece que ha quedado claro que este espacio ha formado parte de un elemento de producción. Lo han definido como lagar de época musulmana, cuya raigambre queda indefinido al no poder determinar desde qué momento tal elemento hizo su aparición. Se ignora si hubo algún elemento estructural que pudiera poner tela de juicio su verdadero origen. No disponemos de publicación, por ahora, para poderlo cotejar.

                Es de considerar también el hecho de que se utilice este espacio como lugar de enterramientos, aunque hay que tener en cuenta que es una zona bastante reducida. No es de extrañar que las tumbas sean romanas. Este fenómeno ha sido comprobado también en parte de la factoría de salazones del Majuelo, donde aparecieron dos enterramientos, pero con una técnica funeraria diferente, ya que aquí, dentro del recinto del Castillo, se usa la piedra como elemento de construcción, mientras que en el Majuelo se utilizaron tégulas romanas grandes y de diferente tamaño. Las zonas donde aparecieron los enterramientos romanos se pueden ver en las fotos 115B, 116B y 118B.

                Por otra parte, en nuestra posición sobre la existencia de una casa romana de cierta entidad sobre el Castillo, hay que aportar una serie de materiales que lo confirman. Las fotos 118B, 119B y 120B dan testimonio de que aquí se usaron columnas de mármol que, probablemente, pertene-cerían a una zona porticada de la casa. También aparecieron materiales de tipo industrial, como son las piedras de molino de trigo o grano, como se prueba en las fotos 121B y 122B. Lo que no obsta para que los musulmanes reutilizaran todo este material, dando lugar a que den la impresión de que todo pertenecía a su cultura, cuando la base de todo ello es romana, tanto la zona de las termas, enterramientos y el perímetro de estructuras que rodeaban todo.

            Conclusión del sector B

                El espacio que comprende este concreto sector de descripción y análisis, queda enmarcado fundamentalmente por la secuencia de dos elementos que, en cierto modo, se entrecruzan: el Castillo de San Miguel, con sus estructuras formadas por elementos medievales y modernos, y todo el elenco cultural arquitectónico, que se ha localizado no sólo en su interior, sino también en la periferia que bordea, con su propio sistema de estructuras, todo este estratégico sector.

Bajo el punto de vista romano, no se puede pensar que esta área tuviera función defensiva. Por las características que presenta en bloque todo el sistema, hay que decir que lo que se ha hallado se resume en: sistemas subterráneos de posible función similar a la de los criptopórticos, destinados, en principio, a granero o conducto subterráneo de comunicación, localizados en dos espacios diferentes: partes norte y sur respectivamente.

En superficie se ha centrado nuestra atención en un núcleo clave: la casa, en torno a la que gira todo lo demás: graneros en superficie y subterráneos, pozo o conducto, termas domésticas, etc. Pero hay algo en lo que se pretende hacer fuerte hincapié: no se ha descubierto nada de estuco pintado. Los que se usan, de revestimiento, en los compartimentos localizados, son pobres de composición. Tan sólo es una ligera capa de estuco de tono crema.

Por otro lado, las termas presentan una estructura de escaso valor arquitectónico. Los revoques, en los elementos hallados en ese espacio, son pobres.

En contraposición a esto, se tiene el hallazgo de fragmentos de fustes de columnas; lo que hace pensar en la existencia de un pórtico en la zona del complvvivm. Cuando una casa es mediana, normalmente se usan pilastras de opvs latericivm, no mármol necesariamente. Ello resulta un tanto contradictorio; pero los hechos están ahí: no hay revoco con pintura en los muros analizados, revestimiento de estuco pobre, termas de escaso valor arquitectónico, etc.

Todo ello hace ver que se trata de una casa, pero de escasa categoría artística; por lo que se llega a pensar que fuera ocupada por gente de no muy alto nivel económico, o mejor, por una clase militar o cargo público no permanente; con lo que se puede suponer que podría tratarse de un edificio público al servicio de cierta clase, llamemos, funcionarial. Pero la duda queda ahí: no hay elementos de juicio suficientes para admitir que se trate de una zona de hábitat permanente y económicamente poderosa, porque esa categoría social vivía en la periferia del estero marino de río Verde, y en el interior del territorio, en villas rústicas bien situadas (La Albina, Torrecuevas, La Cerca, Los Bañuelos, Barrio de San Sebastián, etc.). Ello es lo que nos mueve a pensar que esto fuera una residencia de personal no permanente y de carácter militar o, como se ha dicho funcionarial, al servicio de todo un complejo industrial. Como centro estratégico ocupa el punto neurálgico de todo el complejo, desde donde se podía controlar, en gran parte, el movimiento marítimo y terrestre.

En un resumen esquemático de la situación interior del Castillo, hay que decir que la línea, sobre la que se encuentra todo el trazado, enmarca un cuadrilátero casi perfecto, porque se encuentra interrumpido en numerosos puntos por las superposiciones, que se han llevado a cabo sobre este sistema, a través de los distintos usos que de él se han hecho en el tiempo.

                En cuanto a los elementos hallados en la periferia de lo que se viene admitiendo como Castillo, hay que decir que la parte de Poniente registra una secuencia interrumpida de sistemas de contención a base de muros de escalonamiento, que sirven para sostener las estructuras que se han venido montando a lo largo de toda la vertiente. Se cree que se trata fundamentalmente de sistemas de muros de contención que protegen toda una plataforma en la que se pueden ver numerosas estructuras industriales que, se cree, por ahora, no van más allá del fondo que ellas mismas mues-tran. Pero es lógico que, si se tiene un depósito de agua, pileta de salazón y algunos otros restos sin identificar, todos encajan dentro del conjunto, como dando a entender que tenían su función.

No se explica un depósito de agua de más de 9 m de longitud para una sola pileta de salazón. Sin duda debieron existir otros elementos, cuya fuente de alimentación sería este mismo depósito. Por ello se concluye, sobre este subsector, diciendo que, bajo los paramentos modernos del Castillo han existido, y deben subyacer tales elementos adicionales, formando una secuencia de estructuras industriales relacionadas con toda la zona, de forma complementaria. Pero no se descarta, en absoluto, que tal depósito de agua, esté relacionado con las formas que se encuentran dentro del área del Castillo, ya que la cota del espacio de Levante está por debajo de la del depósito y, debido a ello, no se duda en establecer una cierta relación funcional, o como elemento integrante de todas las estructuras romanas que hay en el Castillo. En definitiva, se concluye diciendo que estamos ante una casa más de tipo oficial que de carácter privado, en donde se dan elementos propios de un hábitat, con dependencias destinadas almacenaje. A su vez, podía desempeñar una función de control y vigilancia, por ser el sector más estratégico de todo el conjunto.

SECTOR  C

                El espacio comprendido por este pequeño sector se sitúa entre terrenos de las cercanías del Castillo y la última zona de la de este mismo nombre.

En el punto en que se interrumpe la calle citada, para dar acceso al Castillo, procedi-miento considerado artificial, en las estructuras que se ven a izquierda, según se entra, se com-prueba la secuencia formada por un muro de contención, que salva el nivel de la calle en todo su trazado, y que se eleva, aproximadamente, 3,50 m sobre el suelo posterior, en su mayor parte, hasta hace poco ocupada por los alfares, elementos que nos dejan como testigos, formas que se pueden calificar como romanas por las características externas y los módulos de sus paramen-tos.

No cabe duda de que han sido rotas todas las dependencias que han existido delante del Castillo, para poder levantar una defensa natural con espacio muerto, que facilite a un potencial enemigo, el acercarse a la fortaleza. Esa “tierra de nadie” ha estado formada largo tiempo por un descampado que, hasta hace no muchos años, se ha conservado.

No se trata de que se eliminaran los elementos arquitectónicos, sino que no se utilizaran e, incluso, se demolieran en gran parte. Es evidente que, como se verá en sectores enmarcados en el mismo espacio, conviene mantener un sistema de obstáculos que impidan el acceso fácil al Castillo. Y, en efecto, han existido y aún se conservan. Hay detectadas estructuras que guardan escasa altura, y que obstaculizarían el paso en ese sentido.

Dicho esto, aparece, a la entrada de Explanada de San Miguel, a izquierda, una serie de edificaciones, que son reutilizaciones de formas murales consideradas romanas. Por sus proporcio-nes y el uso de podivm, en su punto de entrada, se cree que se trata de tales construcciones (fot. 1C). Quedan vestigios de su antiguo alzado en los puntos que se indican: 1C,1, podivm; 1C,2, resto de muro que deja ver la composición de su alzado.

                En la parte posterior de este alineamiento, se puede ver toda una secuencia de reutiliza-ciones modernas en las que se comprueba la existencia de paramentos romanos interiores, con motivo de la recomposición de algunas de estas casas, de las que no se tiene material fotográfico, pero se consiguió información sobre los muros y sus proporciones (fot. 3C,2).

Aparte de estos detalles, es interesante observar cómo se monta la estructura del aparejo, sobre la misma roca. La fotografía presentada tiene más de 8 años (se escribe este trabajo en los años `80), y aún se dejan ver, sobre los paramentos externos, las señales de un aparejo de opvs incertvm.

En el citado punto 3C,2, los muros detectados, atravesaban de lado a lado toda esta aline-ación, dando a las calles Explanada de San Miguel y San Miguel Bajo. Los muros que se observan a izquierda de la imagen ofrecida, están registrados desde principio de este siglo (XX), ya que se dispone de documentación fotográfica que permite identificarlos desde la perspectiva de Levante (fot. 4C). Hacia el centro de la calle San Miguel Bajo, se puede comprobar que en la casa, que se ha levantado con sistema de pilares, se vio, mediante una exploración de emergencia, los muros romanos que habían sido destruidos hasta casi la roca, pero hubo material suficiente para poder identificarlos y tomar sus medidas, que han sido reflejadas en la planimetría del sector.

Conclusión del sector C

                A la vista de los escasos materiales de que se dispone, las conclusiones se dificultan o se simplifican, porque se cree que esta secuencia hay que considerarla como elemento integrante del gran sector, que debió existir en todo el espacio situado frente al Castillo, siendo fundamentalmente ocupado por alfares y que, en la actualidad, conservan varias alineaciones de estructuras romanas en sus cercanías: unas, hechas desaparecer por la edificación de barriadas nuevas, y las viejas construcciones llevadas a cabo mediante la reutilización de los muros, que quedaron como ele-mentos defensivos en el espacio muerto situado frente al foso del Castillo.

Como conclusión inducida, ya que se tienen algunos datos de hallazgos de piletas en los alfares, con motivo de su transformación en zonas libres y viviendas, cabe decir que este gran sec-tor, en general, y el pequeño, en particular, formaron parte de una probable zona dedicada a la elaboración de pescado y a la fabricación de cerámica fundamentalmente industrial. Como argu-mento que apoya esta afirmación, existe el testimonio de uno de los propietarios, que confirmaron que ellos utilizaban “cubas” (¿piletas?), de antiguo, para el tratamiento y preparación de la cerámica en sus procesos de fabricación.

SECTOR D

El sector D forma parte de las estructuras mixtas, o cuyos elementos constructivos parti-cipan de las técnicas medievales y modernas, por un lado, y romanas reutilizadas, por otro. Ambas se encuadran dentro de los sistemas arquitectónicos programados para la defensa de la ciudad. Aquí tan sólo se trabaja con el espacio destinado a la infraestructura romana, formada por los componentes industriales y los destinados al almacenaje, como los más usuales.

                No cabe duda de que existen otros sistemas de apoyo, o complementarios a la finalidad primordial de estos medios de producción. Por ello no se prescinde de los sistemas de aterraza-miento, con su técnica y composición, los elementos hidráulicos y su distribución, como lo más destacado de todo el conjunto.

                Uno de los componentes arquitectónicos más ausente es la red de comunicaciones, den-tro de la totalidad del complejo. Este defecto o falta de identificación constituye un problema casi insalvable, ya que los accesos modernos, en gran mayoría artificiales, no dan opción a deter-minar, en ningún momento, dónde hay una vía de comunicación interior, que relacione los dife-rentes sectores del complejo. Tan sólo se pueden identificar algunos tramos pequeños, y ello porque plantean más dudas que soluciones. Lo que se ignora es su continuidad y ensamblaje en un conjunto de red viaria interior de intercomunicación.

                Se inicia el recorrido descriptivo intentando conectar todo el sistema defensivo de la zona levantina de la ciudad. Así, aparecen, al inicio de la Cuesta del Carmen, los restos de un torreón medieval moderno (fot. 1D,2), secuencia de sistemas de murallas que, a lo largo de todo su trazado, irán mostrando distintos aparejos, según la técnica de construcción usada.

No es de extrañar encontrarse con superposiciones de aparejo diferente, como ocurre en los materiales usados en murallas árabes y entre los del período moderno.

Sobre el talud, que da al actual Paseo de Prieto Moreno, se observa la secuencia de todos los tramos conservados. En ellos (fot. 2D) se detecta la existencia de técnicas distintas. Los puntos bajos de este sistema están formados por estructuras romanas (fots. 2D,2,3; 3D,1,2; 4D,2), aunque lo que predomina es el material de época cristiana, superpuesto al romano (fots. 2D,2; 3D,1; 4D,1; 7D; 8D; 9D; 10D,1; 11D,3; 12D,4). No se olvide que tal superposición de estruc-turas de murallas con base romana, tiene muy estrecha relación con las construcciones que se encuentran apoyadas sobre ellas, y cuyo aparejo es el mismo, como se verá más adelante.

                Así, pues, la muralla se va cerrando, según la propia configuración del terreno, hasta formar recinto con los muros y torreones del Castillo de San Miguel (fots. 2D; 3D; 4D; 7D; 8D; 9D; 10D; 11D; 12D).

                Hay que considerar que el sistema de muros romanos de Levante, dirigido hacia el Cas-tillo, constituía igualmente un medio para la conducción de agua. En la parte interna de esta muralla, sobre un patio rodeado de muros romanos (fots. 33D; 34D; 35D), se han podido tomar fotografías donde se detecta el canal de conducción interrumpido, cortado y taponado. En su interior se podía ver el opvs signinvm de revestimiento e impermeabilización (fots. 5D y 6D). Ello lleva a concluir que su destino era el Peñón del Santo, hasta donde se llegaba mediante un gran puente. Para ello se recuerda que, justo al lado del punto donde terminaba el puente romano, se encuentra un depósito romano de agua, que siempre ha estado a la intemperie y visible para todos, hasta que se decidió “modernizar” el Peñón, quedando cubierto y enlucido y, últimamente convertido en el apero de los jardines de esta zona. Esta conducción de agua ha quedado modernamente absorbida por la casa moderna que se monta sobre ella, siendo impo-sible su recuperación.

                Una vez hecho este inciso, se continúa describiendo la composición de los aparejos de las distinta partes de la muralla, que no es homogénea, sino que, en cada época, según las nece-sidades de reparación, se ha practicado un tipo de restauración diferente, no sólo por la tradi-ción arquitectónica, sino también por la dotación presupuestaria, cuando se libraba dinero para el sistema defensivo.

                En cuanto a las características estructurales, se observa que el grosor de las murallas varía, según las épocas. En unos tramos alcanza 1,20 m de grosor, en otros, 0,90 m; pero esto, en su parte elevada, porque la base no se ha podido ponderar.

                La técnica del alzado, en general, es la piedra vista, como se puede comprobar a lo largo de todo el recorrido. La altura es variable, sobre todo debido a los deterioros sufridos por diver-sas causas y circunstancias. El punto más elevado actualmente, puede alcanzar los 10 m. Se presume que, además, estaban provistas de adarves, como en otros lugares de la ciudad.

                En cuanto a la parte interna del sistema de amurallamiento, se detecta cómo la propia muralla queda bajo la calle para formar parte de ella, ya que tal no existía, sino que fue hecha de forma artificial, aprovechando la misma muralla.

A derecha de la subida, hay todo un paramento romano de contención (fot. 13D, 2), al que se ve, con mayor precisión, en la fotografía 14D, con un alzado superior a los 9 m, y que se extiende a lo largo de todo el corte producido por el talud de relieve del casco urbano.

Sobre los muros de la calle se pueden ver los vestigios de las antiguas estructuras mura-les. Así, en la misma Cuesta del Carmen, tanto a derecha como a izquierda, se observan las viejas formas murales romanas, aunque bastante modificadas por los ocupantes posteriores (fots.15D; 16D; 17D), que dejan ver las huellas de los antiguos aparejos.

A media cuesta, girando a derecha, por un paso artificial provocado a causa de nueva apertura de calle en tiempos pasados y mediante la rotura del muro romano que se ha podido ver en 14D, está la parte considerada ya íntimamente relacionada con las estructuras que se han descrito en el sector E. En efecto, sobre la parte izquierda que da la imagen 18D, al pie del muro maestro de esta construcción aparentemente moderna, se puede comprobar la existencia del paramento antiguo y que se relaciona con los que a continuación se van a describir.

El tramo 19D, secuencia de enlace del paramento anterior, no es más que un muro con-trafuerte para sujetar las estructuras que se van a ir levantando a lo largo de las series encadena-das y paralelas que se va a tener ocasión de estudiar y, en parte, ver. El aparejo, que muestra este pequeño subsector, entra dentro del tipo opvs incertvm. Pueden, en efecto, verse las pie-dras con tal técnica a lo largo de la base, camufladas bajo una ligera capa de revoque moderno y encalamiento.

En la parte opuesta de este subsector, se pueden ver los vestigios del muro de conten-ción, localizado en 14D, en su prolongación hacia la zona sur. El realce, que se le ha dado moder-namente, se debe a una pura necesidad de establecer cierta seguridad, pero, en su base, se pueden ver las piedras de su aparejo, tal como se observa en la foto 21D. Este mismo muro, justo en el punto 20B,2, ha sido roto intencionadamente para poder establecer una referencia de comunicación entre la zona baja y los sectores E, D, y U. Desde una altura superior se puede comprobar cómo se dibuja la secuencia de dicho muro, adaptándose a las imposiciones de la configuración del terreno, y desde el mismo punto anterior, se muestra una perspectiva de las secuencias de alineamientos, con formas romanas en sus interiores, y en perfecto orden arqui-tectónico (fot. 23D).

En el punto 23D,1 se ve el primer muro de contención que va a sujetar las estructuras que han existido en la calle cerrada que se nos muestra en el centro de la imagen. En el punto (23D,2), está la fachada de una serie alineada de formas cuyos paramentos han sido muy alte-rados, hasta el punto de que apenas han contado con la mitad de su altura para poder terminar lo que hoy es vivienda moderna. Pero se puede comprobar que las coordenadas de los tipos que se vienen admitiendo como naves, encajan perfectamente con las medidas que aquí se pueden constatar: el módulo de una casa normal coincide con las medidas en altura, anchura y largura de una nave tipo habitual, dentro de este gran sector.

En el punto 23D,3, se contempla otra de las secuencias alineadas paralelas, no sólo a la que se sitúa en una base inferior, sino que también, aunque no se vea en esta imagen, corre paralela a la que se halla inmediatamente detrás. De la misma manera que en (23D,2), las medidas guardan una estrecha relación con los tipos de naves hasta ahora estudiados aquí, las distancias, medidas y proporciones de los espacios que se sitúan en este punto, coinciden con las que le preceden.

En la imagen que se ofrece en 24D, se comprueba la existencia de un espacio central, en forma de calle, que ha debido ser roto para abrir paso y que estuvo ocupado por una cadena de naves. El alineamiento visto a la derecha de esta serie de casas (24D,3), tiene un paramento que ha sido muy alterado a través del tiempo, pero sus módulos corren paralelos a los antes expues-tos en el sector superior de L, y más concretamente, con la nave que tiene la bóveda partida. El muro de la izquierda (24D,2), de 0,4 m de grosor, ha debido experimentar un estrechamiento en su punto terminal ya que, cuando enlaza con las edificaciones modernas, que se sitúan paralelas al 24D,3, aumenta su volumen. Sobre el punto medio del paramento 24D,3, se puede ver una pequeña indicación de muro que destaca ligeramente de la pared en su base (fots. 25D; 26D), en una distancia de 6 m, del que se cree es un indicio de muro adosado, que debió formar parte de una estructura hoy desaparecida, en la calle cerrada donde se encuentra. Justo a su lado se levantó el paramento que conformaba toda la fachada de tal alineamiento de probables naves.

La estructura que se ve al fondo como elemento de cierre, probablemente es una cons-trucción artificial, ya que el muro presenta escasos datos de su antigüedad, pero la base es muy similar a la de los paramentos que se encuentran en su entorno (fots. 27D; 29D; 30D). Los res-tos de fachada que se ven en la foto 28D, muestran el punto posterior de la estructura que se cierra tras 27D. En ella están las líneas de fachada que se prolongan desde 29D; 30D y 31D, con un seguimiento perfecto de los muros continuados hasta la Cuesta del Carmen. Las medidas de 28D se corresponden con una nave normal de las que preceden en el pasillo cerrado.

Una vez descrita esta calle ciega, situados frente a la estructura que se encuentra al fondo de la imagen ofrecida en la foto 24D, en la Cuesta del Carmen, se puede ver cómo en la parte superior de la casa de una sola planta, se detecta la presencia de un muro romano que se encuentra en línea con los que han quedado detrás, en la antes citada calle ciega (fot. 31D).

Al otro lado de la misma Cuesta del Carmen, sobre el muro, se comprueba la existencia de una serie de restos que muestran las estructuras que han sido rotas, probablemente para abrir la citada Cuesta (fot. 32D,2); pero en el punto 32D,1, se observa otra rotura que permite pasar a las estructuras situadas casi al borde del sistema amurallado que da sobre el Paseo de Prieto Moreno. En el interior de este paso, indicado en 32D,1, a izquierda según se entra, se pue-de ver un paramento de muro romano que se extiende a lo largo de todo el espacio aquí edifi-cado (fot. 33D). Su altura alcanza 1,10 m. Se puede comprobar como un elemento más de infor-mación en la foto presentada, en sentido hacia la calle (fot. 34D), donde 34D,1 deja ver el apa-rejo con apenas un revoque posterior, y 34D,2, con fuerte revestimiento.

En la foto 35D, se puede observar la prolongación del paramento romano, bajo una cu-bierta artificial que termina en un muro romano de cierre que da sobre la Cuesta del Carmen.

Una vez salidos de este espacio, la calle Nueva del Carmen ha sido una de las que más modificaciones ha experimentado en los últimos años y, por tanto, también es una de las más difíciles de identificar en lo que a restos romanos se refiere.

Como se observa en la imagen 36D, los revoques modernos han sido tan fuertes que es prácticamente imposible decir que su alzado fuera romano. La parte izquierda de la imagen, en algunos de sus tramos, deja ver el antiguo sistema romano, tal como se puede comprobar en la foto 37D. El revoque moderno se ha caído y deja ver señales evidentes de su antigua compo-sición. Las alturas de estos alzados son, a todas luces, como se aprecia en casi todos, casi idénti-cos; es decir, oscilan alrededor de los 2,30 m.

Desde el punto anterior, girando a izquierda, aparece una secuencia de fachada que con-serva cierta cantidad de elementos antiguos, en lo referente a aparejo (fot. 38D). No sólo es el dato del aparejo, elemento decisorio, sino también el uso de escalones altos, como dato comple-mentario y testigo de un fenómeno muy común en las áreas que han sido antes naves: el relleno del espacio interior por carecer de pavimento. Como el suelo viene siendo muy desigual, se rellena con tierra o escombros, para equilibrarlo, hecho que implica una elevación sobre el nivel de la calle y, consecuentemente, el uso, por necesidad, del escalón o podivm posterior.

En la panorámica 39D, se puede observar el alineamiento del subsector, con un inter-valo de reutilización casi idéntico en cada una de las viviendas. A su vez, se ve no sólo la aline-ación de naves sobre la calle, sino también, como se señala en el punto 39D,3, otra línea más profunda que discurre paralela a la que hay en la calle. Es de gran interés observar cómo esta parte de la calle Nueva del Carmen es casi paralela a las estructuras de la calle Angustias Moder-na, que se encuentra a un nivel superior, detrás.

En la fotografía 40D, se puede ver esta alineación, a la que tanto se está acudiendo para explicar la situación de las naves o espacios que lo fueron. La anchura de la calle y la altura de sus paramentos a través de todas las viviendas son muy reveladoras: la anchura es homogénea y muestra las mismas proporciones que la calle Angustias Moderna. Sobre las paredes exteriores, en sus puntos bajos se observan los restos de muros que, en parte, conforman el aparejo interno y, progresivamente, han sido recubiertos y han dejado de verse.

En los puntos 41D,1 y 42D,2, se puede ver con toda claridad la un paramento que se observa en este espacio libre dejado por los propietarios que, sin pretenderlo, han dado la prue-ba de la existencia de un alzado continuo a lo largo de toda la calle. El opvs incertvm se ha deja-do ver, de forma clara y sin revoques en este pequeño tramo.

Pasando por la entrada, al pie del punto 42D, a través de una abertura sobre un muro, cuyo grosor es de 0,90 m y que ha sido previamente roto para poder acceder, se llega a la nave abovedada conservada, en línea con los elementos de la calle. Estos espacios son equivalentes, en sus medidas, a los que se encuentran en su parte externa, es decir, adosados a ellos y a lo largo, igualmente, de toda la calle.

Las medidas que ha dado esta nave son las siguientes: altura, 2,90 m; anchura, 2,15 m; largura, 5,85 m. El muro que va desde su paramento lineal hasta la calle, mide 2,30 m, que es la anchura de la nave que se encontraba adosada a ella y, sumando ésta con el grueso del muro de la calle, dan aproximadamente, el equivalente a la citada nave que, tiempos atrás, fue enrasada, como todas o casi todas las de su línea. Este módulo se va a repetir de forma constante en todas las casas que se van a analizar e identificar (fot. 43D).

Para que se vean y se comprueben con imágenes los datos que se vienen dando, se pre-sentan una serie de perspectivas de la fachada de esta calle, como información previa a los inte-riores transformados, que se van a aportar (fots. 44D; 45D; 46D y 47D). Los espacios que se muestran en las foto 48D y 49D, se corresponden respectivamente con las dos puertas consecu-tivas que se pueden ver en la foto 46D,2, de tal manera que se identifican las medidas, que se vienen comprobando, con las que estos dos espacios ofrecen de forma general.

Aparte de esta consideración y aprovechando el contraste que ha proporcionado la luz del flash, se ha podido demostrar que el paramento exterior de este espacio (fot. 47D) indica la altura conservada del alzado que conforma su muro exterior y que, además, puede verse cómo se prolonga en ambos sentidos.

En la foto 48D se puede ver con nitidez que la pared de fondo de esta dependencia, está construida con la técnica del opvs incertvm, formando parte de la misma casa, y se une a la otra dependencia mediante un muro de separación. Tiene algo de revoque moderno y su bóveda ha sido previamente enrasada.

En los siguientes alzados mostrados de esa misma calle (fots. 50D; 51D), tomados desde ángulos opuestos: el primero, en la calle Nueva del Carmen, muestra de nuevo los muros de fa-chada con claros indicios del uso de la técnica del opvs incertvm, como se puede comprobar en 47D, al principio del tramo de fachada, que se ve en la imagen que se muestra. En el alzado pos-terior, situado en la calle Angustias Moderna, vista desde el punto sur, se ve igualmente la aline-ación casi recta, de todas las casas y, además, apoyadas, con sus cimientos sobre la roca.

Tomadas desde el punto opuesto, se puede observar igualmente la alineación de las ca-sas, pero obedeciendo a la estructura impuesta por el muro romano que ordena arquitectóni-camente toda esta secuencia (fots. 52D; 53D).

El muro que se ve en 53D con más precisión, comienza con un alzado cuyo grosor mide aproximadamente 1,30 m. No se mantiene en todas las estructuras observables a lo largo de la calle, sino que los propios inquilinos actuales los han reducido de grosor, con tal de ganar espa-cio para sus viviendas, y anchura en los pasos abiertos para calles.

Conclusión del sector D

A la vista de los materiales encontrados en el recorrido de este sector, es preciso hacer una división entre lo que es material medieval y moderno, y el que nos ocupa, el romano.

Dentro de esta categoría de materiales hay que indicar que se pueden identificar como elementos arquitectónicos para el almacenaje. No se ha podido detectar ni un solo indicio de espacio destinado a operaciones industriales. En efecto, hay dos grandes alineaciones de estruc-turas que, en ningún momento, pierden su proporción, dentro de las normas que se han extraí-do del estudio de los paramentos y espacios a los que se considera que reúnen las características de tales edificaciones romanas. Por tanto, aparte de tener en cuenta las estructuras que se sitúan sobre el borde del talud de la ciudad en el espacio que declina sobre el Paseo de Prieto Moreno, donde se ha podido detectar la presencia de muros romanos, probablemente destinados a con-tención de las otras estructuras, que se sitúan en sus cercanías e incluso en el límite de los mu-ros citados, hay que decir que la finalidad primordial, por los paralelismos que se vienen reali-zando del esquema general de este sector, queda vinculado estrechamente a edificaciones que se han levantado para servir de almacenaje de los productos que aquí se elaboraban, con mayor seguridad y garantías de conservación que en las zonas bajas y periféricas de la factoría.

SECTOR   E

El área que se va a describir y analizar se encuadra dentro de un sector que es conside-rado como de los más interesantes, bajo el punto de vista de organización y distribución de los elementos que lo componen.

La vertiente de Levante, que guarda ciertas diferencias con la de Poniente, sobre todo por los pocos cambios que en ella se han manifestado en las reutilizaciones y materiales, consta de alineamientos rectilíneos de sus elementos estructurales integrantes, que se suceden en tres hileras, pero con otro sector concatenado o situado a continuación de éste (D, fig. 10); y un espacio que, dando un giro de casi 180 grados, pasando Eras del Castillo, forma casi el dibujo de la cavea de un teatro.

Se considera que, a la vista de las naves descubiertas en todo este sector, el componente arquitectónico más frecuente es el criptopórticoo criptonave.

Las transformaciones también han proliferado, como se podrá ver por las situaciones intermedias que se localizan, como es el hecho de que aparezcan bóvedas semipartidas por la adaptación sufrida al convertirlas en casa-habitación. Las tres grandes alineaciones registran sistemas abovedados que confirman esta opinión.

En cuanto a las calles, se continúa manteniendo la idea de que, mientras no se demues-tre lo contrario, no es posible afirmar que alguna sea originaria, como se podrá comprobar. La única duda que podía hacer vacilar, es un elemento de la calle Angustias Moderna. Se trata de un muro adosado al de una nave interior. Tal muro, que se puede ver en la calle, si se tiene en cuenta que la anchura de la calle viene coincidiendo con la de las naves, puede ser muro lateral de la misma, que se ha roto para abrir calle. Por ello, es complicado afirmar que tal calle, o las otras, sean tales, porque puede tratarse de una rotura intencionada de elementos con el fin de abrir un acceso rectilíneo para todas estas casas.

Una vez sentadas estas anotaciones preliminares, se comienza con el recorrido descrip-tivo del sector.  

En la perspectiva general que se ofrece en 1E, se pretende indicar que tan sólo se hace referencia a la parte derecha de la imagen. En ella se ve un perfecto alineamiento de fachadas que responden a la estructura, organización y distribución de las formas romanas que aquí se van a estudiar. Se observa, pues, a derecha, el primer indicio directo de muro romano sobre la calle Angustias Moderna.

Antes de llegar a ella, se halla un espacio hueco, perteneciente a una nave rota y, en su interior, un muro romano atribuible a una nave que ha sido cerrada por haberse introducido, a través de ella, la tubería del alcantarillado urbano moderno del área superior. Pero tal nave se encuentra tan sólo con un trozo de su bóveda rota (fots. 2E; 3E). El muro de la izquierda, según se entra, es romano; el opuesto, moderno (fot. 2E).

Según se avanza, se detecta, sobre la misma calle y de forma adosada, el paramento de un espacio de naves rotas, una secuencia de muro romano que, probablemente, se extendiera a toda la calle y que, por necesidad de homogeneizar la fachada, ha sido eliminado. Se trata de un muro adosado a otro, ya que el sistema de medianerías tan sólo se realizaba en las secuencias de naves alineadas. Cuando se construyen en paralelo, ocurre lo aquí visto (fot. 3E): emparejamien-to de paramentos. El hueco que se abre a continuación, no es más que una de las aberturas artificiales para dar acceso a los espacios que después se verán.

A continuación de ese tramo artificial, se continúan las áreas ocupadas por construccio-nes que reúnen las mismas características de medidas, en perfecta alineación con los espacios que se han visto al inicio de la calle.

En la primera puerta, que hay a derecha según se avanza, tenemos un fragmento de bóveda (fot. 6E) que ha sido enrasada casi totalmente, con el fin de poder construir sobre ella y dar una mayor capacidad de habitabilidad a estos pequeños espacios (fots. 4E; 5E).

Visto desde otro ángulo, se observa la misma secuencia, cuyo paramento externo es idéntico, y con un grosor de 0,80 m (fot. 7E).

Nada más girar al fondo, en sentido sur, se puede observar sobre el paramento de una secuencia de estructuras, el indicio de aparejo romano, según se ha señalado (fot. 8E).  

Sobre el suelo de este mismo espacio, pueden verse claramente los puntos de arranque de muros que cerrarán este sistema (fot. 9E,2), prolongándose en unos tres metros de longitud. El grosor de los muros de estos espacios, se sitúa en los mismos módulos que los anteriores: 0,80 m. Las alturas de las estancias entran dentro de las mismas medidas normales en el sector (fot. 10E,3). El fondo de este recinto ha sido modificado abriéndose una sola puerta donde antes había dos (fot. 11E), y las alturas que se indican están condicionadas por la propia estructura interna de que se componen los espacios interiores, que son naves adaptadas para vivienda, con el correspondiente enrase de las mismas. Los realces que se aprecian sobre el suelo se deben a las diferencias de nivel entre el punto de entrada, y de fondo.

Siguiendo la estructura externa de las edificaciones y los paramentos que componen la fachada que da a la calle San Miguel, se pasa a través de otra abertura artificial (fot. 12E). En ella se pueden ver, sobre el suelo actual, los restos de un cierre construido con hormigón romano, bastante sobrealzado. Los paramentos que sobre él se montan dan claras señales del opvs in-certvm de su interior.

El paso segundo, realizado también de forma artificial, es estrecho, ya que se ha procu-rado rebajar recientemente tan sólo lo que se ha considerado necesario para el paso de personas (fot. 13E). Gracias a la casa, que principalmente se apoya sobre esta base, se ha podido conser-var, como testigo de la existencia de este tipo de técnica, usada para el equilibrio del terreno en numerosos espacios quebrados. Los paramentos que se observan sobre esta calle artificial son romanos, muy revestidos con argamasa moderna.

A continuación del paramento principal antes visto, se encuentra un tramo de nave con-vertida en lavadero público (hoy es una ermita) de este ámbito de la ciudad (fot. 14E). Puede observarse encima de esta estructura reutilizada, el aparejo romano que sobresale por la cubier-ta, dando claras señales de que, en su parte superior, ha existido o bien algún depósito o bien un sistema de nave. Justo al lado del citado lavadero se puede ver una nueva entrada artificial, que da paso a una nueva nave y a otras dependencias similares. El punto de entrada ha sido roto para poder pasar hacia esas estancias, como ya se ha dicho, y en el interior hay un pequeño patio, correspondiente a un espacio similar al que se puede ver en una nave correlativa.  

En la foto 16E, se puede comprobar la existencia de los restos antes indicados, sobre el espacio del lavadero y de la nave, como se verá. La entrada, tiene restos evidentes de las roturas de muros.

A continuación, en la calle, el paramento de otra serie de naves continúa hacia otros espacios, que se verán sólo en parte externa.

Desde el interior del recinto pequeño cerrado (fot. 17E), se ve tanto el muro roto sobre el paramento como el que da a la calle. El muro que se dirige hacia fuera está encalado (fot. 18E), y sobre el suelo, los claros indicios de roturas para abrir paso Una vez dentro, se puede observar la puerta moderna de la nave y el paramento roto en que se enmarca (fot. 19E). En su parte supe-rior está la forma abovedada que da hacia fuera, lo que hace suponer que se continuaba, ocu-pando todo el espacio que forma hoy un pequeño patio (fot. 20E). Pero, además, encima se pue-de comprobar cómo el muro se eleva con aspecto de continuidad para formar otra estructura superior. El interior de la nave muestra un muro divisorio en el fondo, una cubierta, con el hor-migón algo perdido, y unos muros laterales, marcando con claridad la superposición de la es-tructura abovedada, como si se tratara no de una obra unitaria arquitectónicamente hablando, sino de dos piezas simplemente superpuestas y soldadas por el hormigón (fots. 21E; 22E; 23E; 24E; 25E y 26E).

Por una puerta artificial, situada en este mismo patio pequeño, se pasa a otra depen-dencia interior, estrechamente relacionada con todo el entorno que se va a ver, y se comprueba que se trata de un espacio que ha debido ser un sistema abovedado por sus proporciones.

También de forma artificial se han abierto puertas en su interior para intercomunicar todos sus habitáculos.

Los muros presentan las características de las estructuras de este tipo. Todo el interior (que no se permitió fotografiar), está formado por una secuencia de sistemas de naves en paralelo, pero no con muros de separación medianeros, sino con los propios, fenómeno algo corriente en este tipo de arquitectura romana (fot. 27E). La técnica que se ha seguido en todo este conjunto es la del opvs incertvm, pero revocado modernamente.

Las medidas de este pequeño subsector son las siguientes: plataforma de equilibrio del suelo: largura, 5,30 m; anchura, 1,70 m y 1,60 m, en los puntos extremos de la misma; altura máxima, 1,30 m; pasillo artificial hacia la nave: anchura, 1,05 m; muro izquierdo, 3,50 m; derecho, 2,70 m (hasta el muro roto); nave: anchura, 1,90 m; altura,2,70 m, fondo, 3,30 m; patio: largura, 3,30 m, anchura,2,30 m. La altura de este patio descubierto alcanza 2,50 m. El compartimento, al que se entra por la puerta que hay en el patio pequeño, tiene las siguientes medidas: muros de fondo, 5,20 m; anchura, 1,90 m; altura, 2,30 m. El grosor del muro divisorio es de 0,90 m. La largura del paramento que se encuentra a continuación y en línea, 3,10 m.

Una vez salidos a la calle, el paramento que continúa a través de ella, mide, en tres tra-mos de diferente alineación en curva ligera: primero, 4,60 m; segundo, 2,61 m; tercero, 3,20 m que, como se verá en planimetría del sector, dará una secuencia de tres naves en línea (fot. 28E).

Ya sobre la calle, se pueden ver los diferentes tramos señalados, indicando una secuencia curvilínea. Se trata de formas abovedadas que han sido enrasadas, o bien se han caído por el abandono y el paso del tiempo. A continuación de tal alineación de naves, se pueden ver estructuras sobre el suelo de la calle, que no son más que elementos de relleno para equilibrar los espacios quebrados (fot. 29E).

Se indica en 29E,2, la secuencia de los muros que constituyen el paramento externo de las naves, que se suceden formando el semicírculo al que se hacía referencia antes, al comienzo de la descripción, en sus líneas generales de ordenación arquitectónica.

A continuación se puede ver el aspecto exterior de esa alineación de muros, en cuyo interior se ha descubierto toda una cadena de naves, que actualmente se encuentran enrasadas y tan sólo guardan, como testigo, los muros maestros de las mismas, aunque, en algunos casos, hasta éstos han desaparecido, con el fin de proporcionar mayor amplitud a tales recintos peque-ños e inadecuados para habitar.

En la foto 30E,1, se puede ver cómo se ha recubierto de cal un trozo de paramento que había perdido su revoque moderno en este mismo espacio que se viene estudiando; y en 31E,2, se puede comprobar la existencia de muro romano tras el débil revoque con que se ha revestido.

Es esta una de las pruebas de mayor fuerza para demostrar qua las gentes que aquí ha-bitan, apenas si han cambiado lo que es fundamental en sus casas: los muros maestros, para-mentos de naves y espacios de estructuras romanas en general.

En la foto 31E,1, se ve cómo se sigue la línea, pero con un ligero cambio de sentido, según el propio giro que las estructuras romanas van experimentando en todo este sector.

Se observa igualmente el uso de escalones altos, a causa de la necesidad que los ocu-pantes tienen de equilibrar un suelo, que no disponía de pavimento, como es norma en la estruc-tura de una nave.

El paso indicado en 32E,4, es otro elemento artificial. Se piensa que no existiría estruc-tura en alzado, ya que, a la vista de los restos que hacen suponer la existencia, en este espacio, de una secuencia frontal de tres templetes, probablemente sólo fuera un muro de cierre a poca altura. La anchura de ese paso es aproximadamente de 4 m, y la fachada de la nave, a izquierda, según se sube, es de 7,42 m. Los indicios a pie de calle, sobre la base de los muros, son patentes (fot. 32E,6).

La siguiente secuencia de muros externos de naves mide 7,25 m de largo. En él se ven dos entradas; lo que hace pensar en una división o existencia de dos naves enrasadas seguidas, con muro medianero de separación.

En 33E,5 se pueden ver ya los inicios de gran cantidad de restos de muros que han sido rotos para crear paso en esta zona del sector, como se verá con más detalle, de inmediato.

Continuando la exposición de datos sobre calle, se sigue en dirección a Eras del Castillo, o punto superior del conjunto arquitectónico. De esta forma, y a continuación del espacio ante-rior, se puede ver otra serie de encadenamientos de naves.

Se puede observar la característica general que presentan todas estas fachadas, con una altura similar en todos los espacios y los distanciamientos entre las casas, coincidiendo con las medidas que vienen presentando la casi totalidad de las estructuras abovedadas romanas (fot. 34E).

En la foto 35E, se puede comprobar la alineación de las estructuras romanas y, en el primer tramo de ellas, destaca un muro que sobresale por desaparición de la edificación de que formaba parte (fot. 35E,3). Se piensa que se está ante un espacio que tiene todos los indicios de ser un área de naves rotas para abrir la calle, como se verá a continuación en los restos que hay sobre la misma. En efecto, en la foto 37E,4 está la prueba evidente de la existencia de un muro adosado a otro y que forma parte de la nave que ocupó el espacio que hoy es calle. Tal testigo ha desaparecido recientemente, a consecuencia de los arreglos municipales.

Siguiendo esta línea, se puede ver cómo, a continuación, existen vestigios de otro muro también adosado y que, juntamente con el que se ve en 37E,4, formarán una secuencia de naves en el espacio vacío que queda delante.

Situados en el punto 37E,2, se amplía, desde otra perspectiva, para demostrar que en este espacio, que se ve en 38E, hay un alineamiento de muro adosado, y que pertenecería al supuesto sistema de naves, o a cualquier otra estructura romana en este lugar. El muro indicado en 38E,1, cerraba en el punto señalado a continuación y que era medianero entre dos formas similares (fot. 39E,3). Aquí tiene ya claro sentido lo que se viene afirmando, sobre todo si se dan las medidas como prueba de esta identificación. Así, el muro indicado en 39E,3 mide 3,30 m de anchura; su altura es de 2,15 m y 1,40 m, punto más alto y bajo, respectivamente. La longitud del muro 37E,4 es de 1,60 m (está cortado); su grosor, 0,90 m.  

En la fotografía 40E, se puede ver, con detalle, la estructura del muro romano que, como se puede comprobar, muestra al exterior las mismas características que la mayoría de los que se encuentran en todos los espacios que se vienen considerando como naves o estructuras roma-nas.

El muro de cierre de las estructuras exteriores que se vienen indicando, lo forma un paramento que abarca toda una fachada (fot. 41E,1). En ella, además de observar el riguroso nivel de altura, 2,30 m, reglamentario en todo cuanto se está verificando como nave, sobre el suelo, ha existido, como se corrobora en la foto, una especie de plataforma, de escasa altura, pero que tiene su razón de ser en un relleno similar a lo que se ha visto antes, construido con la misma técnica.

Visto de frente, y en una panorámica general de Eras del Castillo, se puede afirmar, con cierto criterio de verosimilitud, que se trata de una secuencia, en paralelo, de tres filas de naves, más la que se considera ha existido en la parte derecha de la imagen, de la que sólo quedan muros testigos.

Las tres filas de naves que se piensa existen aquí, pero enrasadas, se pueden distinguir bien analizando las divisiones que los mismos propietarios han dejado indicadas en la fachada (fot. 42E,2, 3,4). La primera de ellas aparece encalada; la segunda y tercera, por medio de puer-tas y ventanas, quedan bien indicadas, además de comprender un espacio doble de la primera.

Otra de las consideraciones que obliga a hacer esta imagen, es observar cómo la esquina izquierda del punto 42E,2, se encuentra alineada con los paramentos que se sitúan en frente, a la par que las estructuras que se ven a izquierda del citado punto (42E,2). Un dato, que se debe tener bastante claro, es el módulo que se viene detectando en las alturas. Se puede comprender que todo cuanto sobrepasa los 2,30 m es obra nueva superpuesta; mientras que las bases guardan rigurosamente este dato; hecho que se produce siempre que se detecta la existencia de una nave completa, enrasada o caída.

Desde una perspectiva lateral, se puede observar la existencia (hoy ya no) de ese ligero podivm de acceso a las casas modernas. Un dato interesante se ve reflejado en el hecho de abrir una sola puerta en la segunda parte, donde se encuentran las dos naves, en esa misma casa. La razón de no situarla en medio se debe al obstáculo que presenta el muro divisorio o medianero que las separa (fot. 43E).

Observando la parte izquierda de la imagen anterior (fot. 42E), se puede ver, en primer lugar, un pasillo similar al detectado en el núcleo central del sector superior de L, que da acceso al sistema de naves situadas en orden cuadrangular, y que pone en comunicación unas estruc-turas romanas, que dan a la calle Angustias Moderna y, a su vez, a un nivel superior, en el que se enmarcan todos los elementos que, a continuación, se verán (fot. 44E). Se observa, efectivamen-te, una serie de estructuras en línea, aunque experimente una ligera curva en su trazado. La secuencia de los muros están indicadas en 44E,4, y el fondo, que da la anchura, (fot. 44E,3); el pasillo hacia la plazuela artificial (fot. 44E,2); el espacio roto, que probablemente fue ocupado por naves u otras estructuras (fot. 44E,1), y la indicación de la plazuela antes citada (fot. 44E,5).

En la planimetría general de todo este espacio queda bien reflejado el encuadre de cada elemento y su situación con respecto a los colindantes o alineados.

Continuando la descripción, en el punto 44E,6 se puede comprobar la existencia de los restos de muro, que probablemente hayan pertenecido a otro, adosado, como los anteriormente vistos o, lo más aceptable, formaran parte del pequeño realce que se tiene en el punto 45E,2, es decir, que el 45E,1, aporta las mismas características. Se piensa que esto último es lo más cohe-rente, a la vez que da argumento para el 45E,2. El paramento, que se ve encima, es el que forma la línea de fachada de toda la secuencia que, casi de manera rectilínea, se dirige a la plazuela de fondo.

En la foto 46E, se muestra un detalle de este paramento, en el que se puede ver cómo se ha caído el revoque moderno y deja ver el opvs incertvm. El grosor de estos muros, como módu-lo dominante en este subsector, es de 0,40 m, bastante inferior a lo que se viene detectando en la mayor parte de los alzados.

La perspectiva que se presenta desde el fondo de la plazuela muestra, a izquierda, el alineamiento, ligeramente curvo, de los elementos que se estudian en este sector, relacionados con las estructuras situadas en su parte interna; a la derecha, una serie rectilínea más homogé-nea que la anterior y más fácil de identificar, por no presentar irregularidades en la base del terreno. El fenómeno de las alturas viene mostrándose con idénticas características (fot. 47E). En la esquina inferior izquierda, aparecen ya los primeros restos de muros testigos de alzado, de elementos que han sido destruidos para poder ocupar estos espacios.

Área despejada de la plazuela, a cuyos lados se encuentran determinadas estructuras romanas (fot. 48E). A sus respectivos lados se puede ver cómo se reutilizan paramentos: unos procedentes de la parte inferior o calle Angustias Moderna, otros, sobre la misma superficie de la plazuela: 48E,1. En ella, (48E,2), se indica el hueco por donde penetra una vía de desagüe de alcantarillado a través de la nave que hay debajo, y que ya se ha indicado en 2E y 3E. El punto 48E,3 señala un paramento elevado sobre la nave que se encuentra debajo y alineada con 48E,1. En 49E, se observan con más precisión los detalles de paramento romano en alzado y entrada de la alcantarilla (fot. 49E,2,3). En 50E, se ve cómo destaca el paramento que viene de la estructura de abajo (fot. 50E,3) y un muro de cierre, también procedente de la zona inferior (fot. 50E).  

Ya sobre la esquina izquierda de la plazuela, en el alineamiento, se ven los restos com-ponentes de un muro que, probablemente se extendiera en dos sentidos, para constituir las es-tructuras que, se supone, han sido rotas en este espacio, al que ya se ha considerado como abier-to de forma artificial (fot. 51E,3).

Siguiendo el sentido que se marca en la foto 52E,3, se ve cómo se prolonga el sistema hasta enlazar con las estructuras anejas a esta serie (fot. 52E,1,2).

En la foto 54E, se puede comprobar cómo los indicios existentes de muro romano, se extienden hacia el punto indicado en 52E,2. En la fotografía 55E, se muestra una panorámica de la plazuela, señalando los puntos que se vienen considerando como alineaciones de muros (fot. 55E,1) y punto de desagüe (fot. 55E,2).

Situados en el punto 53E,1, se puede ver, en la parte inferior de esta especie de corte o desnivel, un muro divisorio de cierta consideración, al que se calcula tiene un grosor aproxi-mado de 0,98 m (fot .66E,1) y sobre aquel, se ha montado el murete desde el que se ha tomado su posición, y podido ver cómo deslinda la zona inferior de la superior.

En el punto 56E,2, hay un muro romano que forma parte del sistema de naves above-dadas y enrasadas que discurren a lo largo de toda la parte derecha de la calle Angustias Moder-na, y cuya altura es de 2,30 m aproximadamente. La anchura de este sistema queda indicada con una flecha sobre la cubierta de una de ellas. El patio interior, que se ve en 41E, es el resultado de una demolición o derrumbe de las estructuras que han existido ahí. Se puede ver, como testimo-nio de ello, la acumulación de piedras pertenecientes al aparejo de dichas estructuras.

En 57E, se ve con más precisión la alineación de los paramentos (57E,1), muro de cierre en sentido vertical (57E,2), paramento de nave (57E,3), y muro de cierre.  

En 58E, se observa otro de los muros de cierre (58E,1) y el vertical que se ha visto en 56E,1.

Sobre el fondo de la plazuela, donde hay un murete moderno levantado con bloques de hormigón, y en el nivel inferior al mismo, se comprueba la existencia de un muro romano que destaca por encima del que forma parte de la nave inferior, sobre la que se ha montado el que se ve en 59E,1. La cubierta de la nave inferior ha sido enrasada o bien se derrumbó (fot. 59E,2).

En la fotografía 60E se indica otro de los muros romanos que forman parte del patio que se viene describiendo debajo de la superficie de la plazuela, en su parte posterior: 60E,1, muro ya descrito; 60E,2, muro del que se habla, y que enlaza con el 60E,1.

Tomando una panorámica de fondo de este pequeño subsector, se observan todos los alineamientos que se producen para distribuir los diferentes paramentos romanos que se en-cuentran en él: 61E,1, muro divisorio de un sistema que tiene acceso por la calle artificial, que se encuentra transversalmente, en sentido vertical, a la calle Angustias Moderna; 61E,2, para-mento que se alinea hasta terminar en la misma calle antes citada; 61E,3, paramento romano paralelo al punto 61E,1, y paramento romano paralelo al 61E,2.

En 62E, se tiene una vista de conjunto de los diversos muros que se entrelazan para dar forma a los elementos básicos que se consideran componentes de las estructuras que aquí han existido, y cuyos únicos testigos son ellos.  

En construcciones paralelas, situadas en este mismo espacio, pero un poco más a la iz-quierda, se puede ver, en una especie de pasillo artificial, hecho para poder comunicar los dis-tintos espacios que aquí se encuentran, toda una secuencia de muros que se cruzan en forma un tanto confusa, pero que tal confusión se debe a los añadidos modernos practicados sobre ellos. Así, en 63E,1, se tiene, pero fotografiados desde el punto 53E,1, la parte superior de una nave (63E,1), restos de su paramento lateral (63E,2), que se puede ver cómo destaca ligeramente sobre el alzado; 63E,3, paramento romano que se dirige vertical sobre 63E,1 y 63E,2, que es otro elemento paralelo al 63E,3, dirigiéndose igualmente sobre el 63E,1.

En el punto 64E, se detallan los muros romanos que se han señalado antes en 63E,1, elemento moderno añadido sobre el muro de fondo que sí es romano; 64E,2, paramento romano paralelo a los de la calle Angustias Moderna; 64E,3, muro romano vertical al 64E,2; 64E,4, para-mento romano en nivel superior, probablemente debido a que su base se encuentra más alta, paralelo al muro 64E,2.

Para observar con más precisión la estructura o componentes del alzado de los muros que se ven en el pequeño pasillo, se indica en la foto de detalle 65E: 1, paramento romano inte-rrumpido en su alineación en sentido vertical con 3; 2, añadido moderno sobre el paramento de fondo; 3, paramento romano que en las tomas anteriores no se podían mostrar con mayor pre-cisión, alineado en paralelo con los muros de fachada de la calle Angustias Moderna y cuyos indicios claros se pueden observar sobre el punto 4.

En la fotografía 66E, se muestran, de forma más completa, los diferentes componentes de este subsector. Las medidas que se han tomado sobre los puntos de la plazuela a partir del murete roto que se ve sobre el suelo, son las siguientes: primer tramo, 3,9 m; segundo, 5,9 m; tercero, con un ligero giro a izquierda, 6 m; igualmente girando en ángulo recto, 6 m, y, por últi-mo, el tramo de cierre, 4,80 m. El murete sobre suelo da, a derecha, 1,95 m sobresaliendo; a iz-quierda, 0,50 m.

Se toma una situación a la entrada de la calle Angustias Moderna, frente a la puerta de Levante de la Cueva (fot. 67E), para indicar la existencia de los sistemas de aterrazamientos, desniveles, salvados con ciertos rebajes del terreno (67E,3), con el fin de marcar las diferencias de altura entre los componentes arquitectónicos de los espacios destinados a naves en la plazuela antes vista, cuya mitad alineada no se ha descrito con precisión. Por ello, nos hemos situado en la parte posterior de ese mismo alineamiento para marcar que las estructuras mantienen los mismos parámetros en sus medidas (fot. 68E).

En la entrada, o acceso a la parte superior de las estancias de la Cueva (fot. 69E), se quiere indicar que el elemento que separa a ambos sectores es un paso artificial, y que antes se encontraban unidos.

En 69E,2, se tiene un alzado romano revocado que se unía a la estructura que tiene enfrente.

En 69E,1, la secuencia de paramentos que conforman la línea paralela de las estructuras, que están detrás, es una de las fachadas corridas de dicho espacio abierto.

En la foto 70E, se puede ver la alineación de los alzados que antes se indicaban. Desde el punto superior de dicha alineación, se observan, además, las formas que se encuentran a su lado, formando parte de esta calle artificial y el muro de cierre al fondo, por uno de los elemen-tos arquitectónicos de la calle Angustias Moderna, que se encuentra justo detrás y a nivel infe-rior (fot. 71E).

Se está de nuevo en el centro de la calle Angustias Moderna para acceder a unas estruc-turas cuya entrada es también artificial y que se puede comprobar (fot. 72E). La mayor parte de los muros exteriores de las fachadas de estas casas se han levantado con los materiales de de-rribo, procedentes de las formas romanas que se han caído o han sido utilizadas como cantera, al encontrarse en ruinas.

En 72E,6 se puede ver un derribo, en tiempo reciente, de un paramento moderno, pero que fue levantado con los materiales romanos procedentes, a su vez, de otros restos romanos del mismo lugar. Obsérvense las piedras que hay sobre el suelo y se comprobará cómo son reutili-zaciones. Esta calle, o paso, ha tenido niveles diferentes marcados por el cambio del terreno, y a ello se debe la aparición de aterrazamientos modernos con materiales romanos debajo (fot. 72E,3,4,5), siendo este último un paso abierto para facilitar el acceso a la parte superior, a la vez que los otros dos facilitan la entrada, a nivel, a las respectivas viviendas situadas a su altura.

El punto 72E,1, pertenece a una fachada antigua, de la que su parte inferior es romana, mientras que más de la mitad de su alzado superior es moderno. Era una nave romana que ha-bía perdido su cubierta, similar a la existente en la misma casa y que, a continuación se verá.

El punto 72E,2, es una fachada construida con materiales procedentes de derribo de for-mas romanas, tal como se indica en la foto 73E, donde se aprecia la reutilización clara de mate-riales sobre el muro, que aún están en pie, parte de lo cual, se ha indicado en 72E,6. El signi-ficado de esto se traduce en una reutilización de estos espacios, dividiéndolos de forma artificial. Se conservan los muros maestros de la estructura básica; se destruyen los que son demasiado gruesos y de hormigón desgastado, o bien, como probablemente ocurre aquí, se montan sobre los restos de los derribos o muros romanos caídos. El espacio de muro en alzado, que se ve aquí (fot. 73E), tiene la misma justificación que el que hay en 72E,1, del que los propietarios actuales informaron sobre la existencia de unos muros a mediana altura, reutilizándolos ellos mismos para levantar su casa actual.

En la foto 74E, se tiene una perspectiva general de este paso, donde se pueden apreciar las observaciones que antes debidamente se ha apuntado: paramentos reutilizados en su mayor parte (74E,3, 5,7), aterrazamiento con abertura de paso en el centro (74E,2), e indicación de las alturas en cada uno de los paramentos (74E,4,5,7) y, por último, paso artificial al fondo de la imagen.

Las dimensiones del sistema de aterrazamiento, que se da en este paso, son las siguien-tes: derecha, según se entra: altura, 1,07 m; anchura, 1,82 m; fondo, 7,40 m; paso entre estos dos muretes, 2,48 m; en su parte superior, 1,90 m.

En detalle de imágenes se puede observar, en este paso antes citado, a derecha, según se entra, fachada de estancia cuyos muros posteriores han sido indicados en 66E,2, al igual que sus muros laterales, dentro de los que se encuentran enmarcados (fot. 75E). Es el espacio normal que suele ocupar una de las naves que aparecen por estos niveles.

En la misma línea anterior se puede observar otra fachada cuyos datos, en parte, han sido dados en fotos anteriores (fot. 62E,2), pero que ocupan todo el fondo que permite la confi-guración del terreno; por lo que esta elevación no admite usar más que los espacios que la roca situada detrás, les deja libres (fot. 76E). Cada espacio indicado por una puerta, se corresponde con alineación de naves.

Siguiendo en dirección a la segunda abertura artificial de este paso, se encuentran mu-ros rotos, tanto a derecha como a izquierda, que confirman cuanto se viene diciendo sobre el uso de paramentos romanos a ambos lados de las citadas secuencias de naves. Así, en el punto 77E, se pueden observar los siguientes datos: 1, paso artificial; 2, plataforma de relleno perteneciente tanto a la base como al alzado de muros que se verán a izquierda de la imagen que se presenta; 3, estructura al fondo, que pertenece a otro sector, pero que indica, además, la existencia de numerosas plataformas de relleno en toda esta área; 4, indicación de restos que conformaban muros y plataforma artificial de equilibrio en el terreno; 5, escalonamiento del terreno motivado por la existencia del cierre provocado por la estructura de equilibrio que se viene explicando. Los espacios que se ven a derecha de la imagen, están ocupados por formas romanas que antes poseyeron naves en su interior, y que hoy se encuentran enrasadas, pero conservando los muros maestros tanto en su interior como en la distribución interna de su estructura. Un detalle de lo que se acaba de afirmar se atestigua en la foto 78E, donde se puede apreciar la existencia de elementos romanos rotos en la base, pero que se prolongan formando parte del alzado general de estas casas. Se piensa, además, que aquí ha existido un cierre, causado bien por la continui-dad de los muros que se alinean, bien por el aterrazamiento, pudiéndose admitir ambas inter-pretaciones.

Desde el punto opuesto, se pueden ver, a izquierda de la imagen anterior y a derecha de la que se presenta (fot. 79E), los restos del probable punto de cierre o muro de unión que cor-taba este paso artificial. Los paramentos que se pueden ver son originarios, es decir, romanos, y reutilizados en su totalidad. Esto se verá a la vuelta de tal secuencia. En una foto de conjunto se aprecia con detalle lo que se viene afirmando sobre la artificialidad del paso y la probable con-tinuidad del muro de cierre y plataforma de hormigón romano con piedra (fot. 80E).

En el paso indicado en 80E,4, se señala una de las estructuras que han sido rebajadas a fuerza de romper hormigón romano y piedra, para poder establecer un paso de acceso a las for-mas que se van a indicar seguidamente. Véanse, en 81E, los siguientes datos arquitectónicos; 1, paramento romano montado sobre la supuesta plataforma; 2, muro romano usado sólo en su mitad y sobre el que se levanta el resto del paramento del espacio interior, que fue también nave, hoy rota; 3, alineación de todo un paramento corrido, que llega hasta el muro de cruce en casi ángulo recto, hasta la nave o espacio interior que se ha visto en 27E; 4, paso artificial para llegar al interior de esas estructuras; 5, hormigón romano con piedra que ha debido ser roto para acceder a estas series de naves. Los módulos de las alturas se siguen manteniendo.

Desde el punto opuesto a la foto anterior, se observa la existencia de un muro adosado, aparte de la plataforma de relleno en superficie, y el paramento romano que forma el muro del alzado de los espacios que, considerados como naves enrasadas, en los interiores, situados a la izquierda de la imagen. Se cree que se inicia un pequeño cambio de orientación en la distribu-ción interna de este estrecho paso artificial, tal como se puede comprobar por medio de dos elementos: el estrechamiento, producido en 82E,1, y el muro adosado, que se puede ver en la parte izquierda de la imagen, y que forma elemento aparte, junto con el dato anterior, no iden-tifcándose con la secuencia de estructura romana que se observa en su alineación, comprendida en el punto 82E,3.

Siguiendo la prolongación del sistema de muro en este pasillo artificial, los alzados mu-rales continúan adentrándose en otras zonas de naves (fot. 83E). Al final de tal pasillo se produ-ce un fuerte desnivel, salvado mediante la rotura de una forma de relleno de hormigón romano y piedra. La secuencia de muro se ve cortada por otro sistema que deslinda esta cadena de formas, de las colindantes, en otra parte del sector.

Aparte del punto 83E,1, que es un muro de cierre, apenas se gira un poco a izquierda, aparece otro paramento romano que se prolongan en dos sentidos: hacia la derecha, penetra en un subsector, que se verá anejo a éste y, a izquierda, formando parte de la nave que a continua-ción se va a comprobar (fot. 84E).

La estructura que se encuentra a continuación de ésta y que se ha visto en 72E,1, for-maba parte de una alineación de naves que se movía formando casi un semicírculo en el dibujo de su trazado.

En el punto 74E,4 se puede ver una fachada cuyo paramento se considera romano en su base y algo en su alzado. De forma paralela se observan dos secuencias casi juntas y que tienen las mismas medidas que la nave que se acaba de indicar (fots. 86E; 87E). De ellas, la primera tiene unas proporciones muy similares a la nave indicada antes; pero, la segunda está formada por una secuencia de dos espacios unidos por una puerta de entrada artificial. Las medidas son idénticas en los dos espacios y comparten un muro medianero.

Pasando de estos espacios cerrados, que se consideran naves enrasadas, a un espacio abierto que se viene utilizando como huerto, se llega a una zona donde la secuencia de muros se sitúa de forma que colabora a un ordenamiento de alzados que siguen en paralelo una línea semicircular. De esta manera, observando desde el interior de tal huerto los paramentos exterio-res que dan a él, se comprueba que son aparejo romano y que se continúan a lo largo de toda la fachada interior de este área cerrada (fot. 88E,3). Ya situados dentro de tal espacio, se puede ver la presencia de muros romanos adosados, como el que hay en 89E,2, donde, además, se tiene un alzado que deslinda una zona de naves, que se ha descrito en otro subsector de este capítulo, y que pertenece a la misma línea de los muros vistos en 27E, siendo medianeros. En 89E,1, se tiene el paramento de una estructura aneja a la anteriormente citada en la calle Espaldas de San Miguel.

Observando, desde otro ángulo, se puede ver cómo se cruzan las estructuras murales para formar espacios cerrados en paralelo (fot. 90E,1,2, 3,4).

Si se sigue la línea de deslinde entre el subsector de la calle Espaldas de San Miguel y éste, se puede comprobar la existencia de ese muro, que se sitúa mucho más bajo que el espacio que se encuentra al lado opuesto (fot. 91E,3). En el paramento indicado en 91E,2, se tiene un muro medianero entre las estructuras que han existido dentro de este huerto y las que se sitúan al lado opuesto. Al fondo de esta imagen, en 91E,1, se observa un muro de cierre en ángulo recto dentro del mismo huerto. Paralelo a la secuencia anterior se puede ver, en el solar del citado huerto, un muro muy derruido (fot. 92E,2), que va a unirse, de forma oblicua al que discurre paralelo y forma parte, a su vez, de las naves alineadas en la calle Angustias Moderna. Dentro del mismo recinto, se puede observar una alineación de muro ruinoso y camuflado entre plan-tas, que discurre igualmente paralelo al anterior (fot. 93E, 2). Cerrando la línea casi semicircular de la estructura del pequeño huerto, se observa un tramo de muro que forma parte de los alza-dos de la propia casa en donde se encuentra este espacio, y sale fuera para unirse a las estruc-turas que antes se ha citado en 83E,2. Se puede comprobar, además, que se ha producido una yuxtaposición de muros, de manera que no se interfieran en su trazado ninguna de las formas que se sitúan en estos dos subsectores (fot. 94E,3). El muro yuxtapuesto se indica en 94E,1. Una de las secuencias de muro, dentro del huerto, se indica en 95E,1, que separa espacios situados a distinto nivel y que, además, corre paralelo y con el mismo movimiento semicircular que los dos indicados antes. Presumimos que todas estas secuencias de muros forman parte de un conjunto de naves que, por abandono u otro motivo, se han deteriorado en exceso, quedando reducidas sus dimensiones a meros arranques indicadores de una línea a la que se considera bisectriz de las secuencias de una serie de naves, como las que se tienen atestiguadas cerca de este sector (fig.12).

Conclusión del sector E

A la vista del elenco estructural que nos presenta este sector y dada la frecuencia de situaciones arquitectónicas, similares en su casi totalidad, nos resulta muy difícil establecer un criterio básico que defina, con carácter general, todo este conjunto. Pero, antes de establecer cualquier criterio unitario, como todo parece indicar, hacemos una exposición de los elementos estructurales que se han podido detectar en todo el subsector. Se tienen localizadas cuatro naves, aunque una de ellas no ha podido ser fotografiada por estar taponada. En segundo lugar, se ha podido comprobar que toda la alineación de la calle Angustias Moderna, está compuesta por un sistema de espacios homogéneos en sus muros internos y de calle, cuyas medidas son idénticas en todo el trazado; que los espacios se suceden, de forma que guardan una estrecha relación de proporcionalidad, dando la sensación de seguir todos un mismo patrón arquitectó-nico, y coinciden con los paramentos tipológicos que se vienen registrando en casi todo el gran sector de Levante, con lo que se viene admitiendo como naves. No cabe duda de que una de las características de este sector es la rotura de estructuras; pero este fenómeno, tan común en una ciudad a la que se considera como resultado integral de una reutilización, es la norma que pre-valece y ordena, al no heredarse un esquema urbano clásico, sino una compleja, y a la vez monó-tona, estructura mercantil que, a la vista de los datos de que disponemos, debe abocar a una definición de todo el conjunto.

Por ello, y dados los datos de que disponemos en este sector, decimos que, según los ele-mentos de juicio a nuestro alcance, todo nos lleva a un mismo tipo de estructura: zona de alma-cenamiento. No se tienen datos sobre infraestructura industrial.

SECTOR  F

                El área comprendida por este sector es de las más am­plias y, a su vez, compleja y rica en estruc­turas romanas. Queda emplazada entre la calle San Miguel, en casi todo su recorrido, y Eras del Cas­tillo.

                La configuración del terreno es irregular. Los pasillos y calles son artificiales, pues se han roto sistemas enteros de naves, se han abierto pasos rompiendo secuencias de muros y, más aún, las construcciones romanas se han reutilizado, en su mayor parte, adaptándolas a usos domésticos moder­nos; por lo que las transfor­maciones han sido muy numerosas, a pesar de que existe en este sector mayor número de elementos roma­nos que en todos los demás. Por ello, se procederá con preci­sión, en todos los espacios.

                Al inicio de la calle San Miguel, según se entra desde el punto terminal de la calle Antigua, se avanza a través de un paso artificial, hacia las dependencias con mayores evi­dencias de estructuras romanas. En esta entrada (fot. 1F, 2), se ha roto el paramento romano de la secuencia que existe en toda la calle San Miguel. Uno de los muros de cierre de las estructuras que aquí se hallan, se ven en 1F,1, donde se aprecia, pero algo deterio­rado, el paramento antiguo reutilizado, en esta primera casa de la calle. Hoy ya ha desaparecido.

                Penetrando por el acceso artificial, indicado en 1F,2, se ve cómo, a derecha de 2F, ha desaparecido el muro antiguo. Los escalo­nes, sobre el suelo, son el resultado de un vaciado de la estructura base de hormigón romano usado para el equilibrio de las zonas de nivel irregular, a causa de las fracturas de la roca madre. A izquierda de la misma imagen, se observan unas formas muy reutiliza­das, pero no destruidas, como las de la parte derecha. Por último, al fondo, se ven viejos aparejos de opvs incertvm.

                Situados ante el paramento de fondo más amplio de esta primera parte, aparece el muro terminal de una nave destruida, de la que tan sólo queda ese alzado y los arran­ques de los muros laterales que conformaban su estructura interna (fot. 3F,4,5). La altura de este muro es de 3,20 m, aproximadamente, hasta donde llega el encalado moderno; pero los salientes de los paramentos laterales hacen pensar que las proporciones de esta estructura eran mayores, por la posición de dichas formas y la altura que alcanzan, llegando a 7,80 m, dato que no sorprende si se examinan los de la Cueva, después de su excavación. La única dificultad que se presenta es la inexistencia de un punto de arranque de bóveda, hecho que no se puede demostrar porque la estructura hallada tiene indicios de haber sido alterada y recortada.

                Como conclusión, ante este primer elemento analizado, se afirma que el espacio corres-ponde al de una de las naves ya desaparecidas.

                En la perspectiva 4F se ve, a izquierda, una secuencia de muro romano con cierta altura (superior a 8 m), que enlaza con los componentes de los espacios situados detrás del paramento de fondo, de lo que se ha considerado como primera nave desapa­recida. En el suelo, la existencia del escalón situado frente al muro de cierre de la nave rota, hace pensar que ha sido destruida la plataforma de opvs cae­menticivm usado para equilibrar el espacio aterrazado. Las pruebas se ven en la composición del citado escalón, cuyos componentes estructurales son la piedra y el hormigón citados.                 Otro detalle a tener en cuenta en este sistema de muros romanos de ciertas proporciones, es la existencia, en la parte superior de los mismos, de una secuencia de muros romanos, pero con una técnica de construcción diferente. Se observa aún, la presencia de muro de piedra toba, super-puesto a los de técnica de opvs in­certvm.

                Aproximándose a las partes del sistema un poco ocultas por la configuración del conjunto, se observa la rotura del paramen­to romano, que se continúa desde el muro de fondo de la nave primera rota, hasta cerrar en el paramento vertical a él. Al fondo del mismo muro de cierre, se ve la última de las estruc­turas que confor­man los muros alineados romanos en este espacio cerrado. Obsérvese la puerta artificial en 6F.

                En el conjunto presentado en 7F, se detecta, en primer plano, uno de los muros en paralelo, que ha sido roto para acceder a las dependencias interiores y transfor­marlas en vivienda.

                Desde el punto de vista arquitectónico es interesante observar en estas imáge­nes, la técnica del opvs incertvm, con una de sus mejores manifesta­ciones estructura­les, sobre todo en el muro de fondo en 7F, donde se aprecia con detalle el uso de la piedra grande, ocupando la mayor parte posible, dentro de su norma, del alzado, y la piedra mediana y menuda, los interespa­cios de la misma, hasta no dejar libre resquicio del aparejo externo.

                En 8F se comprueba el desarrollo de la citada técnica, aparte de dos componen­tes más: la abertura de puerta artifi­cial, de acceso a una de las naves más amplias del sector, y la reutilización del espacio muerto entre esta nave y la que se sitúa debajo, descrita en 3F.

                Casi se tiene la convicción de que tal lugar estuvo ocupado por nave aboveda­da, pero no se dispone de datos arquitectó­nicos que lo testifiquen, como podría ser un ligero indicio de arranque de bóveda.

                Observando desde la puerta artificial indicada en 8F, se detecta, a derecha, un arranque de muro que cerraba la entrada a este lugar. Por otro lado, obsérvese la técnica de opvs incertvm sobre el muro (fot. 9F).

                En la imagen ofrecida de frente, está, en su izquierda superior, el punto inicial del muro de cierre, roto. Lo que se ve debajo es una reconstrucción del aparejo, hecho modernamente (fot. 10F).

                En 11F se presenta el momento en que la estructura romana es reutilizada para el alzado de una vivienda moderna, encajada dentro del sistema romano. A la vez, se identifica la parte recons-truida del aparejo romano y el punto de arranque del muro de cierre antes citado. Desde la puerta artificial de la nave más elevada, se comprueba la existencia de una superposición de muros romanos en piedra toba. Todo parece indicar que formaba una especie de torreón, ya que ocupa la parte más elevada de toda el área de este sector (fot. 12F). La gente suele llamarlo El Torreón, lo que da pie a admitir su realidad antigua. Estruc­turalmente, para su montaje hubo que anular dos naves situadas debajo, mediante la construcción de dos bases murales que las dividen diame-tralmente, de tal manera que las anulan como dependencias destinadas al almacenaje.

                Descritos los exteriores de esta primera parte, se ve el interior de la nave, con planta algo irregular debido al muro que afecta al torreón antes citado, ya que es parte de su punto de apoyo y ha tenido que servirse del espacio interior de la nave, cortándola en una esquina.

                En 13F se observa la técnica seguida en esta nave; su construcción: encofrado de madera, cuya impronta se dibuja aún con cierta claridad. El muro de fondo separa esta nave de toda la secuen­cia encadenada, a partir de este punto. En detalle del extremo contrario de la misma nave, se observa que ha sido partida por el citado muro de apoyo del torreón de encima (fot. 24F). Se supone el motivo, y se cree que se trata de un muro cuyo fin es servir de sujeción a la estructura super-puesta: El Torreón. Las medidas de la nave son las siguientes: altura: 4,10 m; anchura: 2,10 m;  largura: 9,75 m. La fachada exterior mide, desde su pie al punto más alto: 5,60 m. El muro de cierre, desde la puerta de la nave superior, entre los espacios que conservan el aparejo romano visible y el encalado, mide aproximadamente 12 m. El fondo del espacio muerto, que se ve entre la nave segunda y el paramento de fondo de la primera, mi­de de anchura: 2,05 m; y de largura: 6,60 m. El grosor del muro de cierre es de 0,85 m.

                Continuando con los detalles sobre la estructura de la nave segunda, se observa sobre su bóveda un taponamiento que, al parecer, pudo estar más fácil de abrir, antes de que se construyera el citado torreón encima. La factura de tal tapón es de época, es decir, romana. Esta forma rectan-gular de abertura sobre bóveda ha sido usada en los sectores K y zona aneja baja de L. Sus medidas son: 0,40 x 0,80 m. Desde otro punto, situado encima de esta nave, se observan los espacios en que se muestran edifica­ciones superpuestas a las naves (fot. 16F), en las que se ven los elementos que se relacionan con otros sectores limítrofes con éste (cfr. fig. 24). De izquierda a derecha de la imagen presen­tada, se ve  la cubierta de la nave segunda, hoy con capa de cemento moderno. En el centro, y en sentido vertical, el espacio está ocupado por una nave que se encuentra partida en dos por la misma razón que la nave número dos de la primera parte del sector. A derecha de 16F hay un espa-cio modificado y convertido en vivienda moderna aunque sus muros interiores son los elementos básicos de su forma.

                En 17F se ve la mayor parte de la cubierta de la nave segunda (fot. 17F,2), los muros de piedra toba al fondo (fot. 17F,3), y la zona superior de la nave parti­da del sector M (fot. 17F,4). La novedad es la conservación de parte del elemento de protec­ción que se observa detrás de la placa de cemento moderno que tiene la nave segunda. También se ven restos de aparejo constructivo, caído sobre ese techo, y espacios reutilizados en casi toda la periferia.

                En 18F se muestra el inicio de un paramento, construido con piedra toba y situado encima de los muros terminales de la nave segunda. La altura media de tal muro es de 1 m aproxima­damente, en su estado ruinoso.

                En 19F se ve parte de la cubierta moderna de la nave segunda (fot. 19F,1), el muro de piedra toba sobre sus paramentos (fot. 19F,2), y el comienzo de otro espacio que también utiliza la misma piedra (fot. 19F,3).

                La perspectiva de 20F, desde un punto superior, indica, de izquierda a derecha, la cubierta de la nave segunda (fot. 20F,1), el espacio muerto entre el muro de la nave primera y el de la segunda (fot. 20F,2), y el paramento de la nave primera (fot. 20F,3). Al fondo de la imagen se ven los espacios abiertos de forma artificial que han permiti­do llegar a estos recintos cerrados. El entorno de la parte superior de la nave se observa en las imágenes que ofrecen varias fotos en las que, además de la cubierta de hormigón moderno, se comprueba la presencia de puntos de arran-que super­puestos a ella, y otros espacios colindantes (fots. 21F y 22F). La zona que pudo ser nave, pero que no muestra indicios sobre ello (fots. 23F y 24F), da la impresión de ser un factor de separa­ción de formas arquitectónicas, más que un elemento de conti­nuidad. En cuanto al muro, situado frente al paramento de cierre de la primera nave (fot. 25F), se ve con claridad en su ali-neación. También se observa cómo se levanta sobre él parte del alzado moderno de la vivienda que lo ha reutilizado.

                Continuando, desde la base de este conjunto, el recorrido descriptivo, se ven, sobre el suelo, el saliente del paramento lateral de uno de los muros de la primera nave (fot. 26F,3) y el inicio de un pasillo que tenía sus cierres estructurales, y que han sido modernamente rotos para abrir paso, alargándose hacia otras estancias. Así, en 27F, hay, a iz­quierda de la imagen, restos de la primera nave, muros que se continúan, y el paso antes indicado.

                Tal como se ha dicho, sobre 28F se puede comprobar, al fondo de la misma, un muro de cierre, roto para abrir paso y dar acceso a estas dependencias. Desde este punto (fot. 28F,1), se organiza una secuencia de muros romanos que van a conformar el entramado de naves más homo-géneo de todo el sistema arquitectó­nico de Seks. Así, en 29F, se observa, a derecha, un muro moderno levantado sobre formas romanas previas. A izquierda del mismo detalle, se ve la secuencia de muros romanos bien conser­vados y con su alzado retranqueado, a 1 m de su partida de base. La anchura de este paso artificial es similar al visto delante de la nave segunda, por lo que se piensa tenía la misma finalidad.

                Una vez salidos del ámbito de estas dos naves, se dan algunas de las medidas que han sido posibles tomar. Así, el espacio de la primera nave rota mide de anchura: 2,45 m; el recorrido de paramento hasta la línea del pasillo rectilíneo: 5,07 m; el muro del pasillo, hasta la puerta artificial: 6,40 m. En cuanto a las alturas, la del pasillo artificial, en su parte de abajo, mide: 3,30 m, y la parte superior, con un ligero retranqueo de 0,30 m: 1,60 m, con lo que alcanza los 4,90 m en total. El alzado previo a éste, llega a más de los 9 m. Hacia la mitad del citado pasillo, hay una abertura artificial de acceso a todas las dependencias aquí ubicadas y que discurren en paralelo.

                En 30F se muestra tal acceso. Este nuevo paso tiene una anchura media de 1,16 m; el gro-sor del muro es de 0,90 m. Los muros interiores colaterales, modernos, dan la profundidad de los espacios que han sido rotos: 6,40 m, con una anchura de 1,80 m, equivalente a la normal de una nave tipo de las aquí registradas. En 31F se observan con precisión las características de este nuevo paso artificial, practicado no sólo para ocupar los recintos que se encuentran al fondo, sino también los espacios intermedios que están entre el muro de fachada y los paramen­tos terminales. Al final de la imagen 31F, se tiene de nuevo un alzado romano, tras el que se encuentra una nueva línea de naves. Mientras tanto, viendo desde arriba la imagen dada por este paso artificial (fot. 32F), se observan el grosor y la altura que alcanzan estas dependencias. Vista tal imagen, es claro que el paso ha sido hecho rompiendo parte de la triple serie de naves que discurre, a partir de este punto, en sentido este.

                En la primera parte ofrecida de este conjunto de naves, se muestran imágenes de las situadas en primera línea antes de llegar a las estructuras del fondo. Así, a izquierda, según se entra, se ve el espacio mostrado en 33F, formado por una nave de tipo medio y cuyas medidas son: altura: 2,70 m; anchura: 1,90 m, y largura: 3,40 m. Tiene un fuerte revoque moderno. A izquierda de la misma imagen y antes de llegar al fondo, se ha detectado otra estancia, ya antes enrasada, pero con aparejo en buen estado (fot. 36F). Sus medidas tienen el mismo módulo que las colindantes, menos su longitud: 2,40 m.

                Una vez visto este primer tramo, dentro de las estructuras detectadas a ambos lados del pasillo largo, situados en el fondo de todo el subsector, se localiza una serie de naves cuyas imágenes se muestran en 34F y 35F. Estas dos partes de la nave acusan una ligera curva en su trazado, condicionada por la composición de la roca madre. La longitud de esta nave es de 5,26 m. Su altura y anchura son las mismas de las precedentes.                Un dato de interés es hacer notar que el paramento de esta nave se prolonga hacia arriba. Al no permitirse el acceso a la parte superior de estas casas, no se comprobó qué manifes­tacio­nes murales tenían sus dependencias interiores. Pero el aparejo externo marca una altura superior a los 7 m. Es probable que existieran naves super-puestas; de lo que hay preceden­tes en la Cueva (cfr. sector L anejo a la Cueva). Pues, con relación a Eras del Castillo, que se encuentra detrás de estos sistemas de naves, el desni­vel es de 4,80 m, y está salvado con un muro de fondo, comprobable desde otro ángulo y que, aplicando la lógica más elemental, hace concluir lo antes expuesto sobre la doble nave. El contexto arqueológico apunta en este sentido.

                En cuanto al resto de los espacios, hay que decir que sus medidas son acordes con los tipos de formas arquitectónicas detectadas a las que, por analogía técnica, quedan asimila­dos, ya que no ha sido posible tomar las pertinentes medidas.

                Una vez analizados estos espacios, y situados de nuevo en el pasillo primero, se continúa la descripción de las áreas sucesivas. De esta manera se observa y com­prueba, en 37F, el muro de cierre, roto para abrir acceso. A derecha se recupera la imagen perdida por nueva construcción (fot. 27F,2), la que aquí se muestra en 27F,5, haciendo ver cómo el muro romano ha sido alterado desde fuera para ensanche del pasillo, cuyo punto más bajo se ve sobre el suelo, a lo largo del espacio marcado en 27F,6. A izquierda de la imagen aparece la continuidad del muro iniciado casi al término de la primera nave rota (fot. 28F, 2). La medida de este tramo es de 3,20 m. La anchura del pasillo queda indicada en 28F,4, donde apenas si alcanza un metro.

                El lienzo de muro, que se ve a derecha de la imagen 37F,5, se prolonga hasta enlazar con los restos de alzados que hay al fondo del subsector. La altura de éste alcanza los dos metros; pero las reutilizaciones de paramentos en época moderna, con revoques y enlucidos, impiden conocer los inicios y fines.

                En la imagen presentada desde la rotura del muro de cierre del pasillo (fot. 38F), se ob-serva, a izquierda, cómo se deja ver el paramento que, en el fondo, ha sido eliminado: a la derecha, muro romano con fuerte revoque, de tal manera que no sería posible identificarlo si no fuera por la parte superior que ha quedado con aparejo de opvs incertvm al descubierto (fot. 38F,1). El grosor del muro de cierre roto es de 0,80 m. En la foto de detalle presentada (fot. 39F), se comprueba la prolongación más de lo que se ha visto antes, y el muro disminuido de grosor, lle­gando sus indicios hasta el final del pasillo. Es una foto retrospectiva, y en ella se ve con más precisión el muro romano a izquierda y su prolongación en mayor espacio de lo que se ha mostrado en fotos precedentes.

                Una vez se entra en zona situada tras el muro de cierre, se pasa a un área caracterizada por alteraciones y la existen­cia de numerosas dependencias romanas fuertemente alteradas.

                Al fondo de 40F se ve el muro de cierre, roto, a izquier­da. En el centro, el mismo muro de cierre, bien conservado, con una superposición de muro romano con retranqueo a media altura, alcanza ya los 4,45 m, y se adentra algo más de 7 m en dirección a las estructuras montadas bajo el nivel de Eras del Castillo, situadas tras todo esto, en sentido norte.

                A unos 3 m de distancia del muro de cierre se observa, sobre el suelo, un resto de muro romano que ha quedado como testigo de la presen­cia de otro, de cierre, prácticamente hecho desaparecer para dar anchura a esta calle. El espacio que media entre el muro de fondo y éste, es el mismo que define la longitud de una de las naves interiores. En cuanto a la anchura de este espacio, oscila entre los 2,80 m y 3 m, variación que permite su aceptación, puesto que el alzado de la parte izquierda, visto en 40F, ha sido reducido de volumen, y la línea que traza sobre el suelo, posibilita jugar con esta aproximación. Por otra parte, el muro visto en la misma imagen, a derecha, es romano, hasta tal punto que forma parte del alzado de las naves.

                En 41F se observa un poyo, cuya interpretación puede ser un tanto confusa. Si se acepta que se trata de un paramento ado­sado y emparejado con el de la fachada 41F, 3, se piensa que es una prolongación normal. (Nótese que el fenómeno de los retranqueos en los paramentos romanos es algo frecuente). Se observa también una especie de relleno o plataforma de escaso grosor, a la vez que los restos del muro de cierre de una probable nave en este espacio (fot. 41F y 42F,2).

                Situados de frente a la fachada de este espacio artificialmente abierto, se comprueba la presencia de dos líneas de alzados romanos prolongados hacia Eras del Castillo, con una longitud de casi 7 m, y una altura sobre el suelo actual de 4,50 m de media, tanto a un lado como a otro. La fachada fron­tal mide 3,05 m de largo, y comprende el espacio de una de las naves normales en este subsector. El muro exterior mide 0,60 m de grosor; su altura: 2,70 m, y su anchura: 1,90 m. El primer espacio que se ha medido de estas casas, se encuentra alineado con los que se ven en las construcciones vecinas antes citadas. Lo mismo ocurre con la nave observada detrás de tal sitio, que no es más que otra, cuya cubierta ha sido eliminada. El interior de este sistema abovedado se ve en 44F y 45F, extremos correspondientes de la nave en cuestión. Sus medidas coinciden con el lugar que fue nave y que se encuentra enrasa­do, dando al exterior.

                Continuando la descripción de los elementos romanos de este subsector, en la imagen 46F, se ve, a izquierda, una entrada a un sistema de naves, unas enrasadas, otras con sus bóvedas y muros de separación. En este punto de entrada ha podido existir un muro de cierre, ya que hay ensanche iló­gico en el paramento de tal entrada y se alinearía con los restos del alzado de enfrente. Pero, se podría estar ante un muro de un sistema externo, con pasillo ciego central, por lo que se muestra con un ligero retranqueo de paramento en su alzado (fot. 46F, 4), lo que no quita que aquí existiera otra nave alineada con el resto de las demás. En el fondo de la imagen 46F,3 hay un muro de cierre (fot. 46F,2), con paso artificial hacia otro lado. El espacio central puede conside­rarse como perteneciente a una nave, pero tan sólo en parte, ya que el muro 46F, 4 tiene toda la apariencia de pertenecer no a naves situadas a izquierda, sino a la parte de abajo o izquierda, por tener el citado retranqueo a media altura. Pero esto puede quedar como probabilidad, aunque se tiene el prece­dente demasiado cerca para no pensar que se trata de un muro exterior y, por tanto, podía ser un alzado externo pertene­cien­te a nave de abajo (fot. 47F). Las medidas tomadas de tal muro son las siguientes: largura: 3,45 m; altura sin retranqueo: 0,90 m; con retran­queo: 0,95 m. El muro de fondo mide: 1,53 m más 0,68 m de la parte rota para abrir paso.

                En 48F se comprueba que el paramento exterior de muro romano ha sido alterado en su grosor, ya que no se ve homogé­neo, sino cambiado y con piedras salientes de su paramento (fot. 48F,2).

                Dejado, por el momento este aspecto, se pasa por la antes citada entrada a las dependen­cias interiores indicadas en 46F,1, y aparece una secuencia de naves cuyas bóvedas no están rotas, pero sí con techo moderno de escayola bajo su verdadera cubierta (fot. 49F). Son varias, pero tan sólo se tomó noticia de algunas.

                En una de las dependencias interiores se vieron indicios de otra serie de naves (fot. 50F), pero ya con la bóveda enrasada. En cuanto a sus medidas, se ha comprobado que la anchura y altura son las mismas de las antes analizadas, salvo la largura, que aquí es de 5,80 m.

                Una vez salidos de estos recintos cerrados, de nuevo en el paso artificial, se comprueba lo dicho antes sobre el grosor del muro de cierre que ha experimentado una disminución en su volu-men. El paramento que se ve en 51F,2, es romano y, a partir de ese cierre interrumpido, se puede ver que cambia de nuevo el sentido de la situación de los paramentos. Así, en 52F, lo más relevante es la recuperación de la línea de fachada procedente de su homóloga, al otro lado del muro de cierre. A su vez, a partir de ese punto, se puede ver cómo se encuentra el muro de la parte izquierda de la imagen, destacando sobre el suelo y, simultáneamente, el muro de cierre se encuentra no sólo al lado de allá, sino también al de acá. La anchura de este espacio es de 1,75 m, prácticamente la de la nave. El alzado ob­servado a izquierda no es una superposición del moderno, sino una reuti-lización del propio romano, disminuido de grosor. Su longitud es de 13,40 m.

                En 52F,4 se tiene el acceso a un lugar, nave enrasada­, estructuralmente en contacto con otras dependencias. De esta manera, a través de una puerta, en zona inferior, se pasa a nave enra-sada (fot. 53F), con techo artificial empotrado en los alzados romanos de ambos lados. Al fondo, un muro medianero con la nave vista enrasada, muestra una abertura con acceso al interior de otra, pero con su correspondiente bóveda. Su muro de entrada tiene un grosor de 0,90 m, y el espacio enrasado: 3,50 m de anchura; lo que da una proporción poco corriente en este sector. Su altura no se puede precisar. El nivel de suelo de la nave interior con respecto a la de entrada, es de 0,70 m, indicándose que se sigue la línea del terreno, para el levantamiento de tales estructuras.

                En la entrada de esta encadenamiento de naves (fot. 54F), se contempla, además del muro de fondo, un pequeño vano en forma de semibóveda de aristas. A izquierda, según se entra y girando casi 15 grados, se ve la imagen de 55F. Si se hace a derecha, se comprueba que, adem­ás de la nave, hay continuidad de estructura tras el falso tabique que los propietarios han levantado. Con ello, y teniendo en cuenta otros factores, se cree que este sistema se continúa hasta enlazar con la fachada que da a una corta pero fuerte pendiente de calle. Las medidas de esta nave son: altu­ra: 2,50 m; anchura: 1,90 m y largura: 8,27 m, aproximadamente, sin contar con la prolongación, transformada, hasta la fachada de la citada cuesta (fot. 56F).

                Observando este paso desde el punto opuesto, se demuestra la existencia del muro, a derecha, sobre el que se ha levantado el paramento actual, pero reutilizan­do su estructura antigua, de forma que presente un aspecto moderno (fot. 57F). Por lo dem­ás, este pasillo es un área de naves intenciona­damente rotas para abrir calle.

                Desde otro ángulo se observan los paramentos y muros o indicios de tales, en el suelo de la calle, por lo que estas estructuras han sido rotas hasta tal punto que hay calles que son el resultado de una eliminación de sistemas abovedados (fot. 58F). De este modo, los paramentos que se detectan en el suelo indican que la continuidad es evidente tanto en sentido ascendente como lineal. Así, en 59F,1, sobre calle, se ve la prolongación de la es­tructu­ra mural, siendo aprovechada para formar un escalón en su rápido descenso. La continuidad (fot. 59F,1,2) es evidente.

                Observando desde un punto elevado de esta pendien­te, se comprueba que la secuencia, a través de la calle descenden­te, se mantiene (fot. 60F,2). La presencia de elementos de conexión con el paramento de enfrente, al final de la secuencia, como se ve en 61F, demuestra que el subsector dejado atrás se unía al que ahora se inicia. Esto se comprueba en la vista panorá­mica de 62F, donde se aprecian los diferentes cortes y los diversos niveles, a través de la fuerte pendiente que antes se ha indicado. De forma escalonada se analiza y ve hasta cinco alturas diferentes de arriba a abajo. Así, al pie de 62F,6, se observa el nivel más elevado, que es una secuencia de naves rotas; el punto 62F,2, señala el siguiente, salvado en parte, por el sistema de escalones, construidos sobre los restos de muro en el suelo, para acceso a los espacios superiores; el 62F,4, marca la propia calle artificial; el 62F,5, viene dado por los restos de muros observados sobre el suelo y el correspondiente escal­ón que atraviesa la calle hasta conectar con el paramento de enfrente (fot. 62F,5). Como añadido, se indica un espacio más a partir del escalón antes citado, que queda señalado con la secuencia de estructuras interrumpidas por la apertura de nueva calle. Al fondo de la misma, se muestra un muro que separa los paramentos que dan a Eras del Castillo, de los que se encuen­tran en este sector. Su altura es de 3,50 m, desde el pie del muro limítrofe. En detalle se ve el escalón existente de forma marcada entre la calle artificial, punto más alto, y el escalón de abajo (fot. 64F). Nótese que el espacio que abarcan los dos extremos, dan la medida justa de la anchura de una nave. Ascendiendo hacia el punto más elevado (fot. 64F), tenemos ese muro que conforma el momento fina­l de las últimas naves vistas antes, y los alineamientos que se continua­ban a través de los elementos indicados en 64F,1,4, de forma que este espacio quedaba enteramente cerrado por el sistema, pero fue roto para ocupar tales lugares que, en cierto modo, quedaban aislados si no se abría acceso hacia ellos.

Si se observa con detalle el paramento que separa el sector Eras del Castillo del F, casi en este muro se ve una ligera indicación de la existencia de un paso poste­riormente cegado; pero esto es sólo una insinuación a partir de unos meros rasgos que permiten ver una forma de arco, cerrado por la propia técnica romana (fot. 65F,1). Pero, lo que sí indica que aquí ha existido muro adosado, es la planta de alzado del que hay restos al lado del citado muro anterior, y del que queda indicio en forma de poyo (fot. 65F,2). La extensión del muro de fondo se aprecia bien en 66F, y cuya largura es de 5,50 m. Es de interés, además, observar el sistema de escalones que acusa la línea de naves que discurría por la parte superior de este subsector.

                En 67F se señala la presencia del muro adosado. En 68F aparece un sistema que cerraba con los paramentos situados enfrente (fot. 68F,3). En esta imagen se observa la reutilización de muros romanos tanto en lo considerado base, como en su parte elevada.

                El paramento 68F,1, constituye uno de los cierres de separación de naves. Igualmente es de interés comprobar que se utiliza el escalón, como en el espacio que se encuentra frente a las naves antes citadas. Lo que se ha hecho es rebajar el nivel de la calle para empotrar los sistemas de acometida de aguas y alcantarillado modernos. De ahí que se encuentre a un nivel inferior.

                Siguiendo la descripción de estos paramentos, en 69F, prolongación del 68F en sentido vertical a la calle San Miguel, se ve la secuencia de muros romanos en el alzado de 69F,1, alargado hasta lo que se considera inicio del sistema de gradas de una posible tríada de templetes (fot. 69F,2). En 70F se ve lo que puede ser la esquina terminal de esa supuesta serie de escali­natas, atribuibles a los accesos a dichos templetes. En él se observa la utilización de elementos arquitec-tónicos propios de esas formas. De este modo, en 71F se muestra una perspectiva de lo que es atribuible al conjunto de la posible tríada de edificios religiosos. En principio se puede pensar que se está ante esa hipotética edificación. Pero, posteriormente han podido sufrir abandono y el desplazamiento a otros lugares, como las cercanías a las zonas de puertos, considerados puntos más idóneos para tal fin. Esto ha podido ocurrir aquí. Hay elemen­tos para pensarlo.

                Se sabe que tales edificaciones deben tener el horizonte despejado. Como en la parte supe-rior del sector se ha descu­bierto que delante de las gradas hay edificacio­nes romanas, ello ha dado pie a esta posible hipótesis de desplazamiento, en el tiempo, de tales edificios. Como pruebas se tiene, aunque no determinantes, la localización (aparecieron enterradas) de esculturas de divinida-des y personajes importan­tes sobre el propio lecho de la zona del Majuelo (muy cerca del Callejón del Silencio). Esto, en la vertiente de Poniente; pero en la de Levante se han hallado, a no mucha profundidad, restos de columnas y capiteles, tanto corintios como dóricos, restos de pilastras de mármol, y trozos de elementos decorados de cornisas. Todo ello en zonas portua­rias. A pesar de esto, no se puede dejar de entender que tal lugar, bastante alterado, haya sido sede de edificios religio­sos. Así, en 68F se observa, en primer plano, parte del graderío (fot. 71F,1) fuertemente dete-riorado, en el que se ven algu­nos de sus elementos en posición. En la parte de enfrente hay restos de una edi­ficación conside­rada posterior, por razones obvias de evolución arquitectó­nica en la zona. Y haciendo hincapié sobre el tema de los componentes arquitectónicos usados en el sistema de graderío, en 72F se ve la colocación alternada, según los niveles de alturas, de algunos peldaños de las gradas, en su primera parte, pe­ro bastante deteriorados.

                A continuación de este sistema, hay un espacio intermedio­, con un murete divisorio entre gradas (fot. 73F). De forma continuada prosigue este procedimiento con elemen­tos que pertenecen a otra secuencia de gradas, pero alteradas (fot. 74F). Y, por último, el tramo mejor conservado de una secuencia que puede ser un sistema de acceso a templo o edificio público (fots. 75F; 76­F; 77F).

                Todas las imágenes expuestas presentan una visión algo estereotipada de lo que tal sistema aparenta no ser, pero observado el ámbito desde la perspectiva 78F, la visión de conjunto del esquema se presenta de forma más coherente, aunque su alineación no dé una secuencia totalmen-te homogénea. Con relación a tal nota negativa, el graderío ha sufrido transfor­maciones causadas por diversos motivos y, entre ellos, la necesidad de ensanche de la calle, precisamente en el tramo mejor conservado. Cabe la posibilidad de que un tercer cuerpo de gradas se encontrara no preci-samente en el espacio de las dos detectadas, sino a continuación, y ocupando parte de la cuesta en fuerte pendiente. Pero se tiene la certeza de que la totalidad del sistema de acceso se encontraba a lo largo del espacio debida­mente indicado y de forma correlativa. Sus medidas son: desde la esquina de fuerte pendiente hasta las primeras tobas, que forman el supuesto primer tramo de escalinata: 3 m, aproxima­damente. Las tobas del mismo miden: de largo: 0,80 m, 0,40 m y 0,30 m, que es la más usual en el módulo de largura. Entre este tramo y el siguiente hay un espacio indefinido por lo irregular que se presenta, midiendo 3,50 m de extensión que, en teoría, puede constituir el espacio del segundo cuerpo de escalinatas, pero los datos no son del todo fiables. Hacia el supuesto y casi confir­mado tercer tramo, hay dos pequeños espacios con aparejo de opvs incertvm, que miden: 0,45 m y 0,60 m respectivamente, de largura; a los que se considera elemen-tos extraños y posteriores a la es­tructura de un templo o edificio público.

                Con motivo del derribo de una casa situada justo detrás del segundo cuerpo de gradas, han apareci­do los muros romanos que daban forma a este espacio, pero sin una definición clara (fot. 79F,1,2,3). El grosor coincide con el de las estructuras colatera­les, de las que es claramente una secuencia, como se puede ver in situ. Las medidas de las gradas mejor conservadas vienen dadas en la planimetría del sector (cfr. fig. 12), manteniéndose acordes con las anteriores. El resto de los componentes que se ven, corresponden a estructuras rotas por apertura de nuevas calles o accesos (fot. 79F).

                Frente a los sistemas de gradas, se ha indicado antes la existencia de paramen­tos que con-forman todo un espacio cons­truido, y al que se ha fijado una lógica cronología poste­rior a la edifi-cación que pudo existir donde aparecen las gradas. Si fueron templos lo que aquí hubo, debió tener un horizonte libre de obstáculos. Por esta razón se cree que las edificacio­nes hoy delante deben, en lógica, ser posteriores (fot. 80F).

                En 80F se produce una alteración en las estructuras y orden de colocación en los distintos niveles que ocupan­. Este fenómeno se puede comprobar aquí, donde 80F, 1, marca el grosor del paramento reutilizado en toda la secuencia iniciada en este punto, y termina en la plazuela; mien-tras que en 80F,2, la situación es diferente por el cambio de orientación de las estructu­ras mura-les. Según se acaba de decir, en 81F se ve reutiliza­ción de paramentos en todo el alzado y no una superpo­sición de los mismos. Tal fenómeno se ha visto antes sobre este mismo sector, en 29F y 37F,5, donde tal reutilización es tan perfecta que no se puede deslindar de lo que es puramente romano.

                En 82F se indica lo que aflora de muro sobre el suelo de la calle, pero el paramento que ocupa toda la zona baja de estas vivien­das, es romano, como se ha comprobado viéndolo por dentro y demostrando que se trata de toda una secuencia triple de naves enrasadas, con muros medianeros, y cuyas medidas coinciden con los tipos modulares que se vienen dando a través del sector. La fachada moderna de este conjunto reutilizado mide 7,40 m, dando una capacidad de fondo de las tres filas de naves un módulo de 1,90 m, normotipo en este sector (fot. 83F).

                En vista general de la plazuela, están los paramentos a todos lados, y cuyo paso interme-dio es falso, como la mayor­ía de las construcciones modernas superpuestas a las formas de base romanas. Así, las edificaciones, identificables a am­bos lad­os, tienen los módulos de una estructura romana de base, respon­diendo a los cánones de las antiguas formas, alteradas en parte, por los intentos modernos de ampliar recintos para crear espacios.

                La gran mayoría de las casas modernas sólo han podido ganar amplitud elevando sus estructuras, porque la expansión en superficie es imposible, dado el escaso solar disponible para realizar alteraciones de planta edificable. En el extremo del paramento indicado en 84F,2, al final del mismo y realizado sobre la secuencia de su muro romano, se ve una interrupción del mismo en 85F,2, donde aparece el muro romano o resto de una plataforma de equilibrio del terreno, que enlazaba con la estructura al otro lado de las fachadas actuales. Esta abertura es artificial.

                Sobre la calle San Miguel se observa la alineación de todos los paramentos, de manera que se piensa que respondan a una ordenación de formas similares a otras del sector E (fot. 86F, fig. 11). A izquierda del paramento indicado en 83F, se ve la construcción de una nueva casa sobre un solar que contiene los elementos antiguos de formas romanas.

                En 87F se tiene una visión de conjunto de un espacio en el que queda dividida toda la secuencia de la calle San Miguel, de tal modo que se considera que la casi totalidad de las casas hoy así alineadas, tan sólo disponen de una superficie similar a la que se señala en esta imagen. Las casas de mayor solar son aquellas que han reutilizado más de una unidad romana, intercomuni-cándolas. Los muros romanos, retocados, se ven tanto al fondo como en los laterales. Y lo que es más definitorio: el muro de fachada se aprecia perfectamente alineado, siendo uno de los datos que ha facilitado establecer la tesis de que todas las estructuras de esta calle han podido formar uno de los grandes complejos de formas romanas, similares a los vistos en Cueva de Siete Pala­cios. De esta forma, se muestran detalles de los citados muros, en los que se observa con precisión la técnica usada en el alzado de los muros (fot. 88F).

                En 89F y 90F se comprueba, de forma expedita, que el muro de fachada ha sido reducido mediante la rotura del aparejo externo para ganar espacio. Este sirve de ejemplo para ver que las dependencias, supuestas por inducción, son romanas, y constituyen un punto de referencia para llegar a una hipótesis más avanzada. Por ello se ha decidido plantear la cuestión de un probable gran emplazamiento a lo largo de esta rectilínea calle, y cuya bisectriz la constituiría el centro aproxi­mado de la misma.

                Con tiempo y observación, aprovechando las obras públicas y privadas, se aportará algún dato directo sobre esta idea, ya que se han comentado noticias sobre este tema. En obras munici-pales de años atrás, hubo hallazgos de restos estructura­les que sorprendieron a los propios obre-ros, pues aparecían restos de formas aboveda­das que fue­ron rápidamente tapadas.

                Se vuelve a la parte posterior del emplazamiento de las gradas, y aparece un resto de opvs caementicivm, manifestando que se trata de una de las plataformas de equilibrio de terreno (fot. 91F,3). Lo que se ha podido medir sobre ella, da: 4,30 m de largura, y 1,20 de altura media. Sobre la misma se alza un paramento romano que forma parte de la vivienda donde se encuentra (fots. 92F; 93F). El alzado, situado al girar, forma parte del elemento constructivo de una serie de es-tructuras romanas muy reutilizadas y cuyas imágenes se han mostrado a propó­sito del sector E (fig. 11).

                Continuando esta misma secuencia, sobre 94F, se ve igual­men­te, una alineación de formas que cierran la anterior, y cuyas medidas coinciden con los tipos que se han venido dando a todos los paramentos del sector. Si se observan los muros de la imagen mostrada, se ve que tienen revoque moderno y ligera­mente encalado.

                En 88F se tiene, al fondo, el muro que separa esta parte alta de la inferior, con un desnivel de 3,50 m aproximadamente. El realce, un poco más estrecho, es artifi­cial. Tanto a derecha como a izquierda, se observa la presencia de paramentos que no responden a esquemas modernos, sino a reutilizaciones de estancias romanas.

                En 96F se muestra la secuencia de fachada izquierda de 95F, en donde se indica la pre-sencia de espacios para los sistemas de naves reutilizadas que se dan en ella y que, según las medidas, son tres en posición paralela, con muros internos mediane­ros. Las estructuras super-puestas son modernas, aunque en algunos casos el paramento forme parte del alzado superior. Al fondo de la parte izquierda de 95F, se comprueba la presen­cia de paramentos casi yuxtapuestos, pertenecientes a dos estadios diferentes (fot. 97F). En esta imagen se muestra que el muro de la derecha está sobre la superficie de las Eras, mientras que el de la izquierda se ve apoyado en las estructu­ras de la parte baja de este sector, elevándose sobre el paramento de fondo del alzado que da consistencia a todo el sistema de naves consecu­tivas.

                Situados de nuevo sobre la fuerte pendiente descrita antes (fot. 62F), hacia la mitad de su descenso, hay apertura de paso artificial (fot. 98F), en el que se contemplan las clásicas roturas de muros a ambos lados, para abrir acceso. En uno de los puntos intermedios del acceso (fot. 99F), se detecta, a derecha e izquier­da, la existencia de paramentos romanos que afloran como testigos de las antiguas formas ocupadas por estas áreas. Así, a izquierda de la imagen hay un muro romano encalado, formando parte del esquema general, propuesto para la alineación de los elementos arquitec­tónicos de la calle San Miguel, formando una especie de espaldar del supuesto muro paralelo, a lo largo de toda la citada calle. En esta misma situación, con la ima­gen presentada en 100F y 101F, se comprueba el estado de los elemen­tos construc­tivos romanos que dan la impresión de que se trata de un arranque de arco de bóveda, pero no se asegura. Podría tratarse de un siste-ma abovedado de escasa relevancia arqui­tectónica, y ser la cubierta de un sistema de conducción de agua, cosa muy normal.

                En 102F se observa la alineación de paramentos que se asemejan a los pasillos ciegos ya vistos. Pero la alineación, a izquierda, forma parte del potente muro alineado de la calle San Mi-guel, antes aludido.

                Desde un punto opuesto al anterior, se muestra otra imagen para resaltar el aparejo roma-no, trasluc­ido desde su encalamiento y se le ve la línea de altura que alcanza, hecho que conviene tomar con cautela, porque ya se ha visto en otras dependencias la existencia de paramen­tos roma-nos tan retocados que parecen modernos.

                Continuando el análisis de las formas que se siguen hacia el interior de estos espacios, se ve, a izquierda, la prolongación del citado paramento, paralelo a la calle San Miguel (fot. 104F,1) y, a derecha, las estructuras que lindan con las partes superiores, descritas al principio de este sector. Tales paramentos son paralelos a los vistos en 40F.

                Al final de este recorrido interior, aparece un espacio en el que el nivel del suelo desciende notablemente, dando la impresión de que la parte precedente, ya vista, es un relleno para abrir acceso a estos recintos, pero no hay datos sufi­cientes que defiendan esta posición, ya que el inicio de la entrada se encuentra al mismo nivel que la calle descendente, con roca madre en el suelo. Se piensa que es un corte de época, con parte de su espacio algo más bajo que el resto del subsec­tor. A izquierda de 105F, se detecta la secuencia de paramento romano; mientras que en el centro se ha levantado una construcci­ón moderna, a derecha de la cual se observa un muro continuado de las fachadas vistas, antes de llegar a este punto (fot. 106F), donde su alzado conserva el aparejo libre de argamasa y revoque moderno.

                En el recorrido de todas las estructuras que se han presentado, tan sólo se manifiesta que tales construcciones roma­nas, muy densas como se ha comprobado, manifiestan una clara tenden-cia en lo que se considera como fin o destino de tales formas.

Conclusión del sector F

En el recorrido de todas las estructuras que se han presentado, tan sólo podemos mani-festar que tales construcciones romanas, muy densas, como se ha podido comprobar, muestran una clara tendencia en lo que podríamos considerar como fin, destino de tales formas. Dada la homogeneidad de las construcciones, su constante repetición sin mostrar casi variantes ni en tipos ni en módulos, hay que reconocer que más del 90% de los espacios que han sido analizados y, visto el escaso terreno, al que no se pudo acceder por diversas causas, responden a una infra-estructura a la que definimos como almacenes. Por eso, junto con las dependencias de los secto-res L y E, sobre todo, se puede concluir que las formas analizadas son propias de una zona don-de lo principalmente tratado ha sido la estructura destinada al almacenaje. Aparte de algún dato ajeno a esto incluido, como es la posible tríada de templetes con finalidad religiosa, por lo demás, no se duda en definir a todo este sector como una gran área de almacenamiento.

SECTOR  G

El espacio que comprende este sector está formado básicamente por las grandes áreas que antes fueron alfares. No obstante, lo que se estudia aquí son los espacios que se hallan de-trás de las fachadas de las casas situadas a espaldas y debajo de la calle San Miguel. 

El lugar que ocupaban los últimos alfares hoy es irreconocible, por haber sido transfor-mados en instalaciones deportivas sin un previo estudio de su subsuelo. No se ha realizado, como decimos, ninguna excavación y, por tanto, la información que se tiene es bastante escasa. Tan sólo contamos con los datos que nos han proporcionado algunos albañiles de los que traba-jaron en las obras allí practicadas.

Dentro de sus conocimientos, se ha podido conseguir una información lo más aproxi-mada posible, a base de proporcionarles reseñas descriptivas de lo que allí normalmente se podía descubrir. Todos han coincidido en afirmar que lo que se encontraba en cimientos y movi-mientos de tierra tenía algo que ver con las formas que ellos mismos han visto en el Majuelo. Por tanto, es probable que las piezas que aquí subyacen sean o piletas de salazones o depósitos de agua. A su vez, nos han descritos sistemas de muros con materiales muy duros, que quedaron enterrados tras el relleno para el levantamiento de las pistas deportivas. Nos mostraron frag-mentos de cerámica romana y restos de utensilios de hueso, ello procedente de los rebajes para las zapatas de algunos de los alzados que se tuvieron que hacer. Por otra parte, los propios due-ños de esos antiguos alfares, nos han informado de que algunas de las estructuras usadas por ellos para el tratamiento del barro, eran muy antiguas, sin poder precisar más, porque se trata de una herencia ancestral, y nunca se ocuparon de averiguar sus orígenes. Por ello, la informa-ción de los albañiles nos resulta más válida a la hora de saber si había, o no, formas romanas en ese espacio, ya que se ha llegado hasta los puntos arqueológicamente más fiables para poder localizar algún elemento de referencia.

Esto dicho, iniciamos la descripción de los restos que se pueden ver en superficie.

En la foto 1G, se tiene una secuencia de paramentos antiguos, cercando espacios sin utilizar y que pueden encuadrarse dentro de las estructuras que se han visto en el sector H, como un ele-mento más de muros abandonados a lo largo del espacio que se dejó sin utilizar, delante del Cas-tillo de San Miguel. Estos paramentos se adentran y ponen en contacto con las casas que dan a la calle San Miguel.

En la fotografía 2G, se pueden ver, en su centro, antiguas construcciones con superpo-siciones modernas, igualmente conectadas con las zonas bajas de las casas antedichas. Unos muros afloran con claridad, como los situados en el centro, y otros sólo muestran vestigios sobre el suelo actual, como los que se ven a izquierda.

Sobre la calle Higueras de Clavelicos, se observan las líneas de fachadas alineadas, a izquierda (fot. 4G) y los muros modernos de las instalaciones deportivas, donde existieron los viejos alfares. En la parte que da a la calle San Miguel, las primeras fachadas situadas a izquier-da, en una extensión que abarca tres viviendas modernas, se encuentran estructuras conectadas a las que se han visto en 1G y 2G, no siéndonos posible poderlas fotografiar. Se piensa que se trata de la misma secuencia estructural observada en el sector H (fig. 14).

Conclusión del sector G

Al igual que se ha considerado al sector H como probable zona industrial, por las carac-terísticas que se han podido recabar, aprovechando toda clase de información tanto arqueoló-gica, histórica, como oral, todo parece indicar que este sector formaba parte del mismo esquema y, por tanto, puede encuadrarse dentro de una zona cuya función se sitúa en el área destinada a la producción industrial, que puede ser tanto la puramente dedicada a la salazón, como a la fabricación de envases industriales y domésticos, es decir: La cerámica. No descartamos las salazones en determinada época de la historia local de Seks, en estos niveles, pero todo parece indicar que lo que prima en estas alturas es el almacén. La industria cerámica puede justificarse por necesidades derivadas de la propia organización de este emporio comercial: el envase es necesario y se podía fabricar aquí.

SECTOR  H

El ámbito que comprende este sector queda enmarcado en el espacio que ha venido siendo, desde tiempos atrás, terreno destinado a campo de nadie, libre de viviendas, con el fin de establecer una línea defensiva natural entre el área urbana medieval moderna y el elemento defensivo, por excelencia, de la ciudad. Ello no conllevó la eliminación de todos los restos ruino-sos que se encontraban entre ambos sectores, sino que, por el contrario, se pretendería mante-nerlos como factor disuasorio ante el ataque de un enemigo potencial, y tener siempre el campo despejado, a la entrada del reducto fortificado. Debido a esto, se puede comprobar la existencia de una serie de estructuras, cuya pervivencia puede deberse a esta política defensiva, en época medieval y moderna. Muchas de estas formas han sido ya reutilizadas, llevándose a cabo el levantamiento de varias barriadas, aprovechando los alineamientos de fuertes muros, que se pueden aún comprobar en los interiores de algunos pequeños huertos. La mayoría de estos es-pacios han sido destinados a casas de pescadores.

Como es natural, es más práctico, para economías pobres, reutilizar los fuertes muros existentes, aunque estén en ruinas, que levantar una casa de nueva planta. Tan cierto es este fenómeno que, hasta hace poco tiempo, las casas han tenido tan sólo una altura, cosa que justifi-ca la reutilización, en general, de los paramentos romanos que, a continuación, se verán forman-do parte de un área que hoy se utiliza como huerto.

Esto supuesto, comenzamos la descripción de los distintos elementos que integran este sector, por la calle Higueras de Clavelicos, en donde, tanto a un lado como a otro, se puede ver una serie de edificaciones casi alineadas, pero no en posición rectilínea, que nos hace suponer la reutilización de las estructuras o secuencias de muros romanos que han existido en diversos lugares de la Explanada de San Miguel.

Los sistemas de alineaciones han debido situarse según la propia orientación que mues-tran las partes de los paramentos que conforman cada edificación. Ello nos lleva a pensar que las alineaciones de casas se han dejado llevar por la inercia estructural de las mismas edificacio-nes romanas preexistentes. Así, la calle que se ve (fot. 1H) en la fachada que sobre ella se indica, se observa una ligera curva, con escalones y un desnivel de más de 4 m, dándonos a entender que unas veces habrá sido necesario modificar las proporciones de los elementos que se utilicen, alterando sus medidas, y otras, darán la medida justa en sus magnitudes. En resumidas cuentas, esta es la causa de las modificaciones o alteraciones en el trazado de tal calle y alguna más.

Un hecho, que es preciso tener muy en cuenta, es que tal espacio no tiene los desniveles comprobados en las dos grandes zonas de Levante y Poniente; por lo que las alineaciones de las estructuras que los romanos llevaron a cabo en este sector, estarán planificadas con mayor sime-tría que todo el resto del conjunto del espacio de Seks.

Situándonos en la calle Alfareros y adentrándonos en una de las casas, que han sido le-vantadas aprovechando, para el alzado, los sistemas de muros interiores (fot. 2H), se puede ver cómo, en los cimientos de la misma, formando un estrecho pasillo, se ven secuencias de muro en el suelo, sobre el que se eleva el alzado moderno. Dentro de este mismo recinto, en otra ocasión se pudo identificar toda la estructura interna, cuyos paramentos eran de opvs incertvm, con ligero revoque de su aspecto externo. La dirección que pudimos comprobar, seguía el esquema de sistemas cuadrangulares o de planta rectangular.

Al fondo de la calle Alfareros, en una entrada artificial situada al término de la misma, casi sobre la propia entrada formada por un estrecho paso, nos adentramos en uno de los huer-tos y, al bajar sobre la superficie interior, nos encontramos con un sistema de muros romanos muy alterados en su aparejo externo (fot. 3H,1).El que se ve en 3H, 2, tiene, en su base, una es-tructura formada por opvs incertvm.

Sobre la fachada de enfrente (fot. 4H), se puede ver otra secuencia de muro romano, algo deteriorado, pero con la técnica del opvs incertvm, alineado a lo largo de toda la parte fron-tal, hasta formar parte de los paramentos de las casas que se encuentran en esa área, dando a la calle Torremolinos.

Dentro del mismo huerto, se puede identificar otra serie de muros, que se cortan en án-gulo recto y delimitan una finca de otra. Toda esta serie de alzados forman las espaldas de las casas que dan a la calle antedicha (fot. 5H).

Para hacernos una idea más completa sobre el alineamiento de estos sistemas de muros, en la foto 6H, hecha desde un alto, se puede confirmar dicho alineamiento, que se extiende has-ta enlazar con las secuencias de la calle San Miguel, con un ensamblaje en ángulo recto, de la que se puede mostrar más adelante una de las partes que la integran.

En la foto 6H, comprobamos cómo se monta el aparejo moderno sobre el romano y, además, la identificación del aparejo como opvs incertvm. La altura de estos muros marca una media entre uno y dos metros aproximadamente.

De forma paralela al muro anterior (fot. 6H), se puede comprobar la existencia de otro, que se prolonga igualmente hacia la calle San Miguel, en sentido norte, y que tiene otros muros romanos que se cortan en él, formando ángulo recto. Como también se puede demostrar, en esta imagen, que los paramentos de las casas, por donde pasa este muro, se asientan sobre él para levantar alturas superiores (fot. 7H). Los ensamblajes sobre este mismo muro antedicho, se pueden ver en la imagen 8H, donde el aparejo aparece algo retocado y con una ligera capa de revoque moderno.

Nos situamos en el inicio de la calle San Miguel, en el punto donde se cruza con las ca-lles Antigua y Torremolinos. En la primera parte de esta última, sobre la pendiente que se ob-serva en la foto 9H, se ve un paramento romano muy retocado modernamente y en cuyo inte-rior (fot. 9H,2) se tienen estructuras de compartimentos romanos (fot. 10H). Los muros que se ven a uno y otro lado de este subsector, son romanos, y por el punto 10H,1, pasamos a un espa-cio que se puede considerar como nave romana enrasada (fot. 11H). La estructura del muro de fondo de este espacio es de opvs incertvm, adosado a la roca madre, modernamente encalado.

Fuera de estas formas interiores, en la parte de abajo, se observa la secuencia de tres espacios de fachada con idéntica medida, coincidiendo con la media modular de las naves del sector F.

Las sucesiones que se ven a lo largo de toda la calle Torremolinos, antiguas cuevas, se-gún cuentan sus propietarios, montan sus estructuras modernas sobre elementos romanos que han existido de forma libre, hasta que se decidió edificar en toda la calle.

Para comprobar que esto era así, examinamos el interior de algunas pequeñas casas abandonadas y, tan sólo pudimos ver las alineaciones que hay detrás de ellas, y sobre las que se apoyan; no pudiendo precisar si los paramentos de las mismas eran restos de muros romanos, o bien en su interior o en su base, pero es muy difícil de comprobar.

Conclusión del sector H

Según ya se ha adelantado en la introducción al estudio de este sector, se puede pensar que toda esta zona se considere área de expansión industrial.

No se debe olvidar que, probablemente, en este sector y en otros que conforman este ámbito, han existido varios alfares que, al parecer, no han hecho más que mantener una tradi-ción antigua que, en cierto modo, podría entroncarse con una más vieja industria de este tipo. No se olvide que la manufactura de la salazón necesita una industria auxiliar que satisfaga la demanda de envases destinados a la gran masa de productos industriales que se dan en las sala-zones. Se puede pensar, puesto que el elemento fundamental e ineludible, el agua, podía llegar sin dificultad hasta ese sector de la ciudad.

A esto hay que añadir que el espacio más adecuado, por la propia configuración del te-rreno, se encuentra precisamente aquí, ya que no hay pendientes pronunciadas y este tipo de industria requiere terrenos llanos. Por ello, opinamos que este sector ha podido ser una zona de fabricación de envases de cerámica, de salazones, y tener dependencias destinadas al almace-naje.

SECTOR  I

En este capítulo describimos el tramo que comprende desde el punto de partida del murallón con adarve y almenas, en las proximidades del foso del Castillo, comprendiendo las calles Clavelicos, sectores alto, medio y bajo, hasta finalizar en el espacio donde hace poco han quedado al descubierto las estructuras de varias piletas de salazones y un muro romano de gran espesor, que se piensa tenía una función eminentemente de aterrazamiento (horno moderno).  

Dentro de las estructuras que se van estudiar, como elementos arquitectónicos romanos, incluimos piezas bien caracterizadas: las piletas, los muros de aterrazamiento y de contención, los muros claramente pertenecientes a estructuras romanas, a las que se supone forman parte de algún otro complejo de naves por las características de su aparejo, y las viviendas que se encuentran a su alrededor y, por último, el murallón medieval moderno, que echa sus bases sobre estructuras previas romanas con naves adosadas y tapadas por él.

Partiendo en sentido nor-tesur, iniciamos el análisis con la indicación de una secuencia de fachadas cuyo punto inicial tiene lugar junto a la parte final del sistema de muralla almenada, con adarve (fot. 1-I). Los paramentos de tal fachada encierran muros romanos, que son pro-longación de los complejos abovedados que se encuentran en las cercanías del sector F (fig. 1-2).Hace poco se ha podido comprobar cómo han roto muros romanos dentro de este espacio y se han visto los componentes de las estructuras romanas: opvs caementicivm.

Toda la secuencia de viviendas que se siguen a continuación y en sentido sur, que forma la calle Torremolinos, tiene las mismas proporciones tanto de fachada como de fondo, con alguna ligera diferencia en los módulos de fachadas. Hoy se encuentran bien enlucidas, pero años atrás, el aparejo romano era bien visible, debido principalmente al abandono en que se encontraban tales elementos y ocupados por gente humilde.

Las estructuras romanas se han conservado y se han usado lo mismo que en la Cueva de Siete Palacios, hasta no hace mucho. En gran parte de estas fachadas se puede observar aún la señal de la técnica constructiva romana tras la cal o el revoque moderno.

En la foto 2-i se puede ver, desde la perspectiva, tomada en sentido sur-norte, toda la secuencia conservada de este sistema defensivo de muralla, según se indica con la doble flecha.

Y siguiendo el sentido con que iniciamos la descripción, se ve el primer tramo de mura-lla conservado con una serie de almenas y su adarve correspondiente, reutilizado como elemento en las casas que sobre ella se apoyan. La mayor parte de la muralla ha sufrido fuertes perjuicios, porque las viviendas, que sobre ella están adosadas, han practicado perforaciones sobre su es-tructura, tales que han provocado su derrumbe en gran extensión de la misma. Por ello casi todas las almenas han desaparecido, quedando tan sólo el muro mediobajo que serviría de apo-yo y sujeción de todas las casas que se sitúan en las calles Clavelicos y Torremolinos.

En la foto 4-i, se puede ver el único tramo que conserva almenas, con adarve y barba-cana detrás. La altura de dicha muralla se puede observar en la foto 5-i, donde, además, se tiene el testimonio claro de un hundimiento en la misma, a causa del abandono y el empuje de las casas situadas detrás y a un nivel superior, del continuo vaciamiento de paramento llevado a cabo por los propietarios que han construido adosados a ella. Esta, probablemente, es una de las razones más fuertes en cuanto a la desaparición de una reliquia arquitectónica de tal entidad. Su altura, en este subsector puede alcanzar los 8 m.

Siguiendo en sentido sur, examinados los interiores de algunas casas que nos han per-mitido ver, descubrimos dos líneas más de la muralla que, como se verá más adelante, tiene base romana (fots. 6-i; 7-i). El paramento externo muestra diferentes aspectos debido a los retoques hechos por los vecinos cuyas casas se apoyan sobre ella.

En la foto 8-i, se puede ver una fase de esta muralla donde la construcción moderna ha ocupado incluso la parte superior de la misma, habiendo destruido almenas y adarve. De esta manera, se puede observar tanto el sistema de tierra prensada como el paramento que divide fases de la muralla (8-i,2).

Una vez en la calle Clavelicos (fot. 9-i), tanto su parte derecha, que da sobre la muralla, como la izquierda, que se encuentra igualmente sujeta por otra secuencia de muro romano, como se verá después, forman un complejo que se alinea entre los citados sistemas de muros. A derecha de la calle Clavelicos (fot. 9-i), hacia el centro de la misma, un propietario nos informó sobre la existencia de una cueva (nave abovedada) en su casa, pero se vio forzado a destruirla para adaptar el espacio a su casa.

La noticia sobre la antigua configuración de esta calle, es la de haber sido toda una red de naves que, alineadas en batería, se encontraban a lo largo de toda la calle. El resultado de lo que ahora se puede ver no es otro que el remozamiento de todos los sistemas que han sido adaptados a vivienda. Es decir, las casas modernas que se pueden ver no son más que el reciclaje de los sistemas murados romanos, cuyo testigo más claro lo constituye el fondo de la totalidad de ellas, como se verá en algunos casos analizados.

Partiendo de nuevo desde las cercanías del tramo almenado, nos encontramos con el testimonio que se esperaba: muro romano en la base del sistema de muralla (fots. 10-i; 11-i; 12-i). En el primero, se ve la técnica del opvs incertvm, algo retocado por los modernos. Los para-mentos laterales registran, como es normal, alzados con la misma técnica. Debido a la imperme-abilidad que provocan los gruesos muros, al no derribarlos, la humedad se ha apoderado de las partes bajas y, por ello, se han destinado a espacios de desahogo y corrales para animales. No se ha detectado pavimento alguno, salvo en sistema de empedrado que ciertos de los propietarios han realizado sobre el antiguo suelo de roca madre. En los detalles que se presentan en las fotos 11-i y 12-i, se pueden ver sucesivamente las estructuras de fondo tanto del paramento principal como de los laterales, observándose la técnica de construcción romana. Las divisiones, en este último detalle, han sido realizadas de forma artificial, y no se corresponden con los módulos romanos.

Al mostrar una perspectiva desde la zona alta de las almenas, se ha tomado, en la parte de Poniente, perteneciente, en parte, a este sector, una serie de muros que se encontraban sin montajes modernos, como es el indicado en el punto 13-i,3. Es importante esta observación porque nos hacer ver el estado casi original de la antigua estructura.

Bajando por la calle San Crescencio, nos encontramos de frente con la secuencia de la calle Clavelicos, cuya parte frontal queda dividida por toda una secuencia de muros, como se verá después (fot. 14-i).

Saliendo de la misma calle, desde otro ángulo, se tiene a izquierda, unas casas que se apoyan sobre el muro de cierre procedente del sector J, para morir al final del nuestro. A dere-cha, otra serie de viviendas que, como se verá a continuación, se encuentran divididas por un muro romano paralelo al de la muralla (fot. 15-i).Una vez girado a izquierda, entramos en otro alineamiento de los provocados por estas estructuras que, al parecer, guardan una relación, por lo menos, de construirse en paralelo a lo largo de toda la mayor parte de la vertiente de Po-niente. Así, en la misma calle Morería Alta (fot. 16-i), nos encontramos con una secuencia de fondo, formada por un muro romano que divide diametralmente todo el sistema de casas modernas, dejando por delante otros espacios que nos dan señales para admitir los indicios de muros alineados, y que conforman una serie de sistemas paralelos (fots. 17-i; 18-i).

Hacia el final de la calle Clavelicos se encuentra un salida, en sentido vertical a la misma (fot. 19-i), a cuya derecha hay una serie de estructuras romanas reutilizadas (fot. 20-i), obser-vándose claramente la composición de sus paramentos de opvs incertvm. Dividiendo la calle Clavelicos, nos encontramos una nueva bajada que llega hasta el centro del sector K, y cuya calle superior está formada, en gran parte, por el muro de contención y el relleno que se ha practicado sobre el hueco que dejaba, y el paramento superior de la calle Morería Alta. Los alzados que se observan en esta calle, que es artificial, muestran al exterior la estructura antigua de su aparejo, aunque en algunos el revoque moderno es muy marcado (fot. 21-i).

Visto desde la parte inferior el final de la calle Clavelicos, con sus casas adosadas al sistema de muralla de base romana, se puede comprobar que los paramentos de la calle ascen-dente (fot. 22-i), en su parte derecha, según se sube, se tienen aún los muros de estructura romana, que se siguen usando como corrales; mientras que, a izquierda, ya se han reutilizado para vivienda, aunque las zonas bajas han sido también destinadas a corrales y espacios de desa-hogo, como se ha podido comprobar en 19-i.

Los muros de la parte derecha de la calle, según se desciende, muestran evidentes seña-les de rechazo al revoque moderno. Este fenómeno suele ser bastante frecuente, cuando los aparejos tienen al exterior tan sólo piedras, y éstas de cierta magnitud. El hormigón o argamasa moderna no tiene la suficiente consistencia como para adherirse a una piedra con superficie lisa.

En la bajada que se encuentra en el punto de cruce entre el final de la calle San Miguel y el comienzo de la calle Antigua, se puede ver toda una serie de escalonamientos en las reutilizaciones, que se han producido de todos los paramentos y estructuras romanas situadas a lo largo de toda ella. Para poder ocupar estos espacios, ha sido necesario construir escalones de acceso, como se ve en la foto 23-i,2.

Si continuamos el descenso por la citada calle, se llega a un espacio cuyas estructuras se encuentran divididas y, a su vez, reforzadas por el mismo sistema de muro de contención o aterrazamiento que el que se ve en K (fig. 17). Las estructuras que se han encontrado dentro del recinto, situadas a derecha de la imagen, son la continuación de las que se han visto en el citado sector, aunque no con la misma función (fot. 24-i).

Sobre el origen de la calle de descenso, hay que decir lo que ya, de forma sistemática, se viene comprobando en todo este espacio: es una calle artificial, y que ha sido rota la continuidad del murallón romano que procede, desde algo más lejos, del sector K.  

Ya dentro de este espacio, se puede comprobar, sobre los cortes dados, una serie de estructuras calificables como piletas de salazones, dos de las cuales se pueden ver de frente y dos junto al muro romano del que parecen salir como si se encontraran enterradas por el mismo. En la foto 26-i, se indica la ubicación exacta de cada una.

Por otro lado, se piensa que aquí se ha roto gran cantidad de material romano tanto por los que construyeron el antiguo horno de pan como, después, por los que han realizado el rebaje del terreno. En la foto 26-i, se puede ver, de forma más concreta, la existencia de las piletas de salazones. La maleza crecida sobre este espacio impide ver la unidad del conjunto. Sobre estas estructuras, o piletas, se observa la existencia un gran murallón de hormigón romano que, en estos momentos, alcanza casi los 4 m de altura, con un grosor aproximado de 1,45 m. Como dato de interés se puede comprobar que la técnica seguida en época medieval en el uso de la tierra prensada para los murallones, se puede fundamentar en la que se nos muestra a través de este sector: son auténticos cubos de hormigón romano u opvs caementicivm o caementvm sin piedras en su composición, usados en todo el lienzo de fondo de este espacio. Murallón que fue reutilizado por los modernos como estructura o elemento de fondo del horno de pan. Aún se pueden ver los ladrillos que conformaban su estructura abovedada semiesférica del mismo (fot. 28-i).

Detallando más la imagen, sobre la presentada anteriormente, podemos identificar en 29-i,2, la ubicación de una de las naves que se detallan más en las siguientes fotos (fots. 30-i; 31-i). En la parte izquierda de la primera (fot. 30-i,3), puede verse cómo la pileta se encuentra sobre un espacio excavado en la roca, adentrándose hacia el muro de fondo, pero sin saber si se sitúa en su trazado sobre él, o termina antes.

Por todos los indicios, parece que el muro se ha levantado sobre roca y la pileta ha sido rota por el mismo. Ello nos puede llevar a establecer una prioridad cronológica de un elemento sobre otro. En la perspectiva tomada sobre otro ángulo, se puede observar cómo el espacio existente entre muro y pileta es demasiado corto. Por ello, pensamos que las piletas son anterio-res al muro (fot. 32-i,1).

En cuanto a la composición del murallón de contención, se puede indicar que se encuen-tra montado sobre roca, con un paramento formado por cuatro lienzos de piezas en forma de prisma, construidos con hormigón romano. Encima de él se puede observar una segunda fase con técnica diferente, que se asemeja más al opvs incertvm en su composición interna, lo que nos dice bien claro que su altura era superior a lo que actualmente se puede comprobar. Con relación a su continuidad, es probable que se prolongara hasta enlazar con el murallón medieval de cierre del sector J (fig. 16). Lo que sí queda bien patente es que tal murallón romano sirve de punto de apoyo a todas las estructuras modernas que se encuentran adosadas a él a lo largo de toda la calle y los sectores siguientes, y que los muros de la mayor parte de todas las edifica-ciones dichas, forman parte de los elementos romanos que aquí han existido. Este tramo es un eslabón más en toda la cadena y sistemas de aterrazamiento del gran sector oeste de la ciudad, situado encima del área eminentemente industrial del Majuelo.

Las piletas de salazones presentan un aparejo de opvs caementicivm en sus muretes, con revoque idéntico a los ya analizados en otros sectores de carácter industrial. Los muretes que dan a la roca son más delgados que los otros.

La secuencia de piletas que se puede ver en 26-i, de izquierda a derecha, dan las siguien-tes medidas: 1ª: anchura, 2,80 m; 2ª: altura, 1,34 m, anchura, 1,17 m; grosor de los muretes, 0,85 m 3ª: altura, 1,32 m; 4ª: altura, 2,50 m, anchura, 1,62 m, grosor de murete, 0,33 m. La falta de otras medidas se debe a la imposibilidad de poderlas tomar por no haberse realizado excavación alguna.

Siguiendo la línea del murallón, pueden verse dos muros que salen de su aparejo, con un grosor de 1,20 m, situados a una distancia de 3,30 m. Se piensa que formaban parte del sistema de estructuras romanas que se encontraban aquí y que se pueden comparar con el que se ve en la foto 34-i, 5, que forma parte, integrándose, de la estructura interna de la edificación que se encuentra a su lado.

                Como nota adicional, es preciso añadir que, sobre este mismo espacio, se ha descubier-to, mediante una excavación programada al respecto, toda una serie de piletas de salazones romanas pertenecientes a un sector calificado como los hallados en la zona del Majuelo. Su número ascendía, teniendo en cuenta que no se excavó todo el terreno necesario, a doce piletas de características diferentes a las que aparecen en superficie de este mismo terreno. La noticia se dio manifestando que se trataba de una nueva factoría de salazones de Almuñécar. En realidad, no es más que una parte más de todo el conjunto industrial que conforma Seks.

Conclusión del sector i

Lo más destacado de este sector viene marcado por el elevado índice de reutilización de los elementos arquitectónicos romanos en él. Se piensa que estamos ante un sector más, de esta zona de Poniente donde los aterrazamientos por medio de grandes, fuertes y elevados muros, son la nota más destacada.

Al formar parte del citado sistema, se tiene una clara visión, de cuál es su finalidad: los aterrazamientos pretenden el equilibrio del quebrado terreno para hacerlo viable con fines industriales, como se puede concluir a la vista de los hallazgos reiterados de piletas. Ya se ha visto en K toda una manifestación en este sentido, con depósito de agua incluido.

Se han constatado, en la parte superior del sector, compartimentos y restos de muros con la estructura general muy alterada; ignoramos si han existido realmente naves, salvo una que no se ha podido fotografiar por haberse derrumbado y desescombrado, pero que nos da pie para generalizar el fenómeno ya que todos los propietarios de la calle Clavelicos hablan de sus antiguas casas con elementos arquitectónicos de este tipo, sobre los que han levantado sus pro-pias casas.

En cuanto a la parte baja, que ya nos da señales de presencia de elementos industriales, piletas, puede constituir un segundo aterrazamiento, y cuyo muro de contención se ha podido analizar aquí.

Las fuertes pendientes que se ven en las calles no son más que la consecuencia de las roturas practicadas, desde época medieval, sobre los sistemas de muros de contención de terra-zas, con el fin de ocupar todos los componentes que se encontraban sobre ellas. Para el romano no había más que la pendiente propia del sistema escalonado al levantar sus estructuras, pero era casi rectilíneo y si existía algo de pendiente, debió ser muy ligera.

El ascenso a esas estructuras se haría en sentido horizontal y no vertical, como preten-dieron e hicieron ya los musulmanes.

Las empinadas cuestas actuales tienen su origen en la rotura del sistema romano, para acceder por el medio más corto a todas las áreas, y es precisamente el sector de Poniente el que muestra los aterrazamientos más en paralelo y, por tanto, él ha provocado mayor desnivel en las actuales calles, como bien se puede apreciar.

Resumiendo todo lo expuesto, se puede afirmar que este sector se enmarca dentro de las estructuras que se consideran industriales y destinadas al almacenaje.

En cuanto a la cronología, tan sólo se puede decir que se ven los elementos abandona-dos y con las superposiciones de los que se construyen encima, pero ignoramos su fecha aproxi-mada, o no disponemos de las técnicas necesarias para poder establecer una cronología evolu-tiva con un mínimo de coherencia y fiabilidad.

SECTOR J

El estudio de este sector comporta una cierta complicación, no por los materiales en sí, sino porque la conexión de sus estructuras, en parte, con las del Majuelo, es muy directa. Así que contamos, en primer lugar, con los puntos bajos de la zona en cuestión, que no son más que la prolongación de los espacios enterrados de la factoría antedicha.

Nuestro estudio se asienta sobre las estructuras que se encuentran actualmente sobre superficie y que forman parte tanto de las edificaciones modernas como de los elementos situados debajo; por lo que las precauciones en la clasificación de ellas y su interconexión, deben ser ineludibles, dentro de las posibilidades que hay que establecer para cualquier tipo de relación.

Sabemos, por experiencias tenidas años atrás, con motivo de los rebajes de terreno lle-vados a cabo en la misma línea del Majuelo, pero algo más al Norte, que determinadas unidades de estructuras industriales, fueron destruidas por la máquina excavadora justo donde hoy se encuentran edificaciones modernas en el Callejón de la Najarra. Se trata, pues, de una misma secuencia, y ello nos lleva a concluir, con cierta fuerza, que los elementos industriales propia-mente dichos, del Majuelo, abarcaban todo lo que es hoy el área de la calle Nueva y Callejón de la Najarra, extendiéndose hasta el espacio que hoy se conoce como edificio Galiardo (antiguo cine), lugar donde realmente han aparecido los últimos elementos de formas romanas (fots.54-57Y).Efectivamente se ha podido comprobar que, a partir de este límite, aparecen restos de construcciones romanas que tienen todos los indicios de ser los últimos reductos de la factoría, a esta cota de nivel. Hay testimonios de rebaje de terrenos, donde se ha podido comprobar este fenómeno (rebaje del solar del antiguo cine Galiardo (ver fotos adicionales; solar jardín del Dr. Álvarez) y, por último, la profunda zanja llevada a cabo en la construcción del mercado nuevo (sin restos de ninguna clase) que, en cierto modo, nos sorprendió, por la cercanía a la muralla medieval y estructuras romanas). Como resumen de todo esto, reiteramos la estrecha relación existente entre este sector y la factoría del Majuelo.

El recorrido descriptivo comienza en el torreón situado en la esquina noroeste de la factoría del Majuelo. Se trata, pues, de una construcción romana, de fuerte consistencia arqui-tectónica, ampliada en fase medieval, con el fin de levantar un torreón defensivo, uno de tantos que fueron reutilizados a lo largo de todo el sistema amurallado de la ciudad, en esa época e, incluso, en la moderna (fots. 1J; 2J; 3J).

En el punto 1J, tan sólo se nos indica la situación, como punto de integración en el sistema de estructuras del Majuelo.

En el punto 2J, precisamos algunos datos de interés arquitectónico, como son los restos de construcción, según la técnica romana (2J,1), la superposición del elemento musulmán y moderno encima de las bases romanas (2J,2) y, por último, la continuidad, a través de para-mentos modernos con reutilización de los sistemas de muros, que fueron romanos, y que se reutilizaron para el levantamiento de todo el lienzo de muralla periférica de la ciudad medieval moderna.

En el punto 3J se marcan los indicios de continuidad de muro romano, tanto en sentido a izquierda (3J,1), como frontal, casi vertical al Callejón de la Najarra (3J,2). La altura del muro romano aquí, puede alcanzar los 4,50 m, y su grosor, aproximadamente, los 1,45 m. La secuen-cia de estructuras que se estudia corre paralela a la del Majuelo, hasta tal punto que, muchas de ellas están divididas, participando de ambos espacios. La única diferencia se establece sólo desde el punto de vista técnico, ya que se ha hecho una división de la factoría, estimando que constituyen parte de ella tan sólo las áreas que registran piletas y las construcciones que, anejas a la misma, han ido esporádicamente apareciendo.

Así, en la foto 4J, puede verse cómo toda una cadena de muros o sistema amurallado, se encuentra completamente unido a los elementos industriales que últimamente aparecieron, como integrantes de la factoría. Puede verse en este detalle cómo también la rampa, con canali-zaciones interiores y exteriores, queda formando límite físico con la secuencia de muros que se estudia en este sector.

En las estructuras murales, se ven con mayor detalle, sobre la foto 5J donde se marca lo que se considera parte de nuestro estudio y dejamos, por ahora, lo que se piensa ha sido objeto de otro trabajo.

A través de toda la secuencia que se indica, se observa que los muros se subdividen o presentan paramentos con aparejos que parecen no ser toda una continuidad. Y es cierto. La razón se debe a que cada espacio queda demarcado por el ámbito o dimensión que tiene la estructura que se encuentra justo detrás y, por tanto, esa presunta continuidad no tiene razón de ser por el fraccionamiento que reciben cuando los paramentos posteriores son los que determi-nan los puntos de división de los diferentes espacios con que se corresponden.

Según este criterio, en la fotografía 5J, se pueden precisar cinco espacios que ofrecen, dentro de cierta continuidad de forma externa, un aparejo en modo alguno homogéneo. Y ello se debe a la razón que acabamos de exponer: discontinuidad en la parte posterior, debido a que se corresponde con espacios absolutamente diferentes.

La foto 6J es una prueba de los materiales que se vienen utilizando en toda la secuencia de estructuras industriales o edificios públicos. En este caso se tiene delante un muro pertene-ciente a un probable alzado de un mercado romano, que da sobre las estructuras industriales de la factoría del Majuelo. En las técnicas de construcción se ve cómo se usa el aparejo de piedra vista, según el procedimiento del opvs incertvm, y el ladrillo, alternando con un espacio muy concreto del alzado de este muro.

En la foto 7J se puede contemplar la escalinata adosada al muro principal del citado foro. A su vez, un canal de desagüe, a la derecha, se introduce en el conjunto general de la facto-ría para recoger las aguas residuales de la elaboración del pescado. Sobre el centro del muro frontal hay una especie de abertura semitaponada, que daría acceso a un posible sótano o depó-sito situado justo debajo del suelo de la plataforma del foro. Un muro de opvs quadratvm forma el límite entre el suelo y el posible depósito antes citado. Todo ello nos lleva a concluir que esta parte ha sufrido alteraciones arquitectónicas a través de la historia de la factoría. Es probable que la escalinata pusiera en contacto la factoría de abajo con las zonas más elevadas, también ocupadas por piletas de salazones y depósitos de agua, como se verá más adelante.

Dentro de la consideración general del aspecto que presentan las formas que limitan con el área de este trabajo, es conveniente destacar, aunque tan sólo sea como noticia breve, la presencia de un complejo arquitectónico que antes se ha nombrado: el mercado o foro. En efecto, en la foto 8J mostramos algunos componentes estructurales de su alzado (que no han sido incluidos en la planimetría general ni sectorial). Se indica sobre esta visión parcial el área superior de esta estructura (8J,2) y la secuencia de fondo donde se puede ver el sistema de muros romanos que es objeto de nuestra atención.

En la fotografía 9J, se observa cómo se elevan algunas de las formas, probablemente para constituir paramentos de las estructuras, objeto de nuestro trabajo, pero, como se ha dicho antes, es un poco problemático determinar dónde empieza uno y termina el otro, o viceversa; razón por la que no queremos entrar en materia, en esta perspectiva de edificio público, ya que consideramos que se trata de un elemento integrante de la factoría del Majuelo, como trabajo ya realizado y publicado.

En la foto 10J, se puede ver, con mayor precisión, el área del probable mercado y, sobre todo, el espacio de fondo, donde se quiere hacer resaltar la diferencia de línea en el paramento de los diferentes espacios que se ven aquí. Las líneas divisorias nos las ponen al descubierto las propias viviendas que están reutilizando toda esta secuencia, pero que, insistiendo en lo antes dicho, se piensa que son paramentos que casualmente, para nuestro trabajo, constituyen los muros de fondo de toda esta secuencia, en paralelo, de alineamientos de naves que se encuen-tran, como se verá más adelante, a la espalda de la zona en cuestión.

La fotografía 11J muestra uno de los posibles sistemas de almacenaje bajo el suelo del foro. No tiene aspecto de ser un depósito de agua por carecer de opvs signinvm impermeabili-zante.

La foto 12J refleja la mayor parte de la solería de la plaza o foro, con restos de edifica-ciones que se levantan en distintos puntos de su trazado, casi todos, puntos del sistema de almacenaje, pero no depósito de agua, como ha quedado reflejado antes. El suelo debió estar enlosado con material de mármol, como se verá en detalles siguientes. El suelo actual muestra las improntas marcadas por la citada solería.

La fotografía 13J nos indica parte de la solería, los muros colindantes de la parte del foro, que ha debido sufrir mayor modificación, ya que su aparejo colinda con otras estructuras romanas que tienen características algo diferentes de las del Majuelo, dando a otra parte de la ciudad moderna, como se verá más adelante.

La fotografía 14J nos muestra ya la solería con improntas, y parte de ella con restos de baldosas de mármol blanco (fot. 14J,3), a la vez que los punto de acceso a los elementos arqui-tectónicos que se encuentran debajo de este suelo, y parte del alzado que limita con las formas colindantes de la calle Nueva (fot. 14J,1).

La fotografía 15J refleja, en el centro del foro, el alzado de escasa altura, que indica el acceso a los depósitos subterráneos, así como los muros de alzado que delimitaban el conjunto del foro.

La fotografía 16J señala la parte central del foro, donde se ven restos de edificaciones, en forma de muros, muy deterioradas, y con restos de solería de mármol blanco.

Las fotos 17J y 18J muestran principalmente los restos de solería de mármol blanco, donde se puede ver que tiene un tamaño diferente: unas losas son cuadradas y otras rectan-gulares. Se nota que todo este conjunto ha sido usado como cantera de abastecimiento para construir, con sus preciosos materiales, edificaciones modernas.

La foto 19J señala la entrada en el conjunto de piletas del Majuelo, del canal de recogida de aguas residuales procedentes de los sistemas de salazón que existieron en las zonas superiores del conjunto romano. Se puede ver la diferencia de cubierta que trae dicho canal: hasta llegar al Majuelo viene cubierto con bóveda de medio cañón; mientras que, a partir de este punto, discurre cubierto con simples lajas de piedra, o bien descubierto a través de casi todo su trazado (fot. 20J). Pero, después de unos 25 m, vuelve a ser cubierto con lajas de piedra y bóve-da de medio cañón, hasta desaguar en la zona portuaria de la gran factoría, terreno que sigue enterrado después de haber sido excavado en los años ´60 por el profesor Sotomayor, y que dejó al descubierto los posibles puntos de amarres portuarios de las embarcaciones. Esta valiosa zona arqueológica fue enterrada por decisión del Ayuntamiento de la ciudad en esos momentos, para construir el jardín moderno encima de ella.

Siguiendo la enumeración de todos estos muros indicativos, podemos ver con claridad cómo en la foto que nos muestra la secuencia de paramentos posteriores, se nos distingue dónde empieza una línea de naves, dónde termina y comienza, a su vez, la siguiente. Así, en la foto 21J se diferencian cinco niveles arquitectónicos distintos. Como nota de interés, añadimos, a propó-sito de esta imagen, una indicación del sistema de construcción de muros o murallas de conten-ción que ya se ha enumerado en otro sector (figs. 17, 19 y 31, como más representativas). Se trata de un escalonamiento producido en la muralla, de forma que, aprovechando la pendiente de la roca, se llega a construir lo que se viene considerando muros de aterrazamiento (fot. 10J,2).

La foto 10J,1 nos muestra una panorámica que abarca parte de la zona del Majuelo y la casi totalidad del sistema de muros alineados que se vienen exponiendo como elementos a estudiar. En 10J,1,3, determinado el espacio del que se viene hablando, intentamos presentar una visión de conjunto de toda la secuencia de muro, encima del Majuelo. Pero esta continuidad no se interrumpe en los puntos que se indican, sino que se continúan a través de las estructuras defensivas del Castillo de San Miguel, donde, en otro lugar, podremos ver la continuidad del sistema que se inicia en nuestro punto de partida.

En la foto 22J, se puede apreciar la presencia del antes citado muro de contención esca-lonado (fot. 22J,2), las secuencias de paramentos terminales de las naves o espacios situados inmediatamente detrás de los muros que se ven en 22J,1,3; y, por último, lo que se considera, por noticias que se tiene de ella, la Puerta del Alcazaba, de la que nos resta una gran parte de su alzado. Se piensa que el componente externo, que hoy se ve en el aparejo de tal puerta, es medieval, sin dejar de pensar que el núcleo interno pueda ser de origen romano.

En la perspectiva que presentan las fotos 23J y 24J, se puede comprobar el sistema escalonado de las distintas partes de que se compone esta secuencia, corroborando con ello nuestra opinión de que no se trata de un muro unitario, sino más bien de las espaldas de edifi-caciones situadas detrás de las que hoy se ven. Precisamente ese escalonamiento es provocado porque las diferentes estructuras que tienen detrás lo exigen, a la vez que queda bien delimitado por el aspecto externo que nos ofrecen los paramentos, al corresponderse cada una con una estructura diferente.

A continuación de la citada puerta, nos encontramos con un gran lienzo de muralla, cuya composición interna y externa presentan indicios de ser medievales. Pero la base sobre la que se asienta, debe corresponderse con elementos romanos que, como se ha comprobado desde el Castillo de San Miguel hacia este sentido direccional, hay fuertes muros romanos que cierta-mente tenían algo que ver con las posteriores manifestaciones de sistemas de murallas defen-sivas. Este espacio (fot. 25J) ha sufrido un fuerte deterioro, debido al mal estado de conserva-ción desde tiempos atrás, y una parte de él se ha derrumbado hace unos meses. Sería de gran interés comprobar, con motivo de esa caída, la existencia de un aparejo diferente, por lo menos en su base. Téngase en cuenta que el muro que parte del foso del Castillo de San Miguel en sentido norte, tiene varios espacios en hueco, dando la sensación de que se ha producido de-rrumbe a causa bien de fallo del terreno, bien a fenómeno de tipo sísmico (en el s. IV d. de C, por estas zonas hubo fuertes terremotos).

Ciertamente es algo incomprensible que se produzca una rotura en un sistema de cons-trucción que tiene una consistencia superior a todas las que posteriormente se han realizado en estas alineaciones defensivas. Sobre los mismos elementos que componen la Puerta del Alca-zaba, se puede ver la reutilización de los muros romanos en 26J,4; pero, además, es conveniente anotar que tanto los muros que corren hacia e interior de la citada entrada, como los que se pueden ver a ambos lados, están levantados con material reutilizado, con formas que, presumi-mos, han sido previamente o cantera de extracción, o simplemente destruidos. Obsérvese el material que se ve sobre el paramento interno de la entrada (fot. 27J,2).

En la línea exterior o fachada del murallón se ha tomado detalle de la base para hacer notar cómo cambia de aspecto en el momento en que se le ha caído el aparejo externo, dejando ver el interior, al que pudimos identificar como romano por su composición (fot. 28J).

El detalle que se presenta para hacer ver que la Puerta del Alcazaba, se encuentra en el punto que ahora analizamos, lo da el paramento interno del corredor, que se nos muestra com-pletamente rectilíneo hasta morir en la misma esquina y saliente de la parte baja de ese acceso (fot. 29J).

El gran lienzo de murallón que se nos conserva muestra, a lo largo de toda su base, una forma diferente a la del aparejo de la parte media y superior. En esta base, pues, se ve la se-cuencia de toda una cenefa de piedra que en nada se asemeja a la materia superpuesta (fots. 30J y 31J,2). En su parte interna (fot. 32J), queda claro lo que decimos, respecto al aparejo que se ha usado en su construcción: tierra prensada. Pero, como argumento de lo que tratamos de demos-trar, en las bases romanas, obsérvese la parte inferior de la foto 32J y se podrá ver la compo-sición del opvs incertvm en todos los puntos indicados.

Se ha venido diciendo que el pasillo corredor, que conduce a la Puerta del Alcazaba antes citada, tiene un aparejo medieval. Pero nos quedan dudas de si realmente lo es, porque hay bastantes indicios de que puede tratarse de una reutilización con ligera modificación del aparejo, fenómeno que se ha visto también en el sector T (fig. 31), donde la apariencia externa nos hace pensar en tal solución. Se cree que aquí ocurre otro tanto, sobre todo por la gran simi-litud de formas externas que se dan (fots. 33J; 34J), entre lo que aquí se ve y lo que hay consta-tado como auténtico romano en otros espacios (fig. 32).

Continuando, una vez pasado este pasillo corredor de la Puerta del Alcazaba, se ve ya desde la calle interior (Morería Alta) el murallón de cierre que termina en la puerta citada, y que va a unirse, para cerrar el recinto, a la muralla almenada que parte de la calle Antigua, y se encuadra dentro del sector i (fig. 15). En esta misma perspectiva, se puede ver, sobre los muros de las casas que dan a esta calle, en su punto terminal, secuencias de muros romanos reutili-zados como elementos de acceso, o simplemente como momento de arranque de los alzados modernos de las casas (fot. 35J,1). En este punto concreto se tiene atestiguado el murallón de cierre, mejor indicado en 36J. Los muros romanos reutilizados pueden verse en 35J,2,3,4.

Nos situamos de nuevo sobre el espacio posterior del murallón que da sobre el Majuelo, para estudiar las estructuras que hay en la calle interior. Ese espacio, el comprendido entre el murallón del Majuelo y la calle, o muro de calle, está ocupado ahora por una vieja alfarería abandonada, en donde han existido numerosas estructuras romanas, que hoy se encuentran rotas y los materiales reutilizados.

Los muros exteriores de este recinto, probablemente lo sean, como puede verse en los que dejan transparentar el paramento de este espacio cerrado (fot. 37J). Los sillares son bien patentes y parte del muro muestra indicios de piedras que nos dan pie a admitir que la técnica sea de época romana. La razón de esta formación se puede comprobar observando el aparejo que se deja ver a través de la capa de cal que recubre la pared y, sobre todo, en el espacio que a continuación se ve en conjunto (fot. 38J), y en detalle (fot. 39J). Aquí, en esta parte final del muro, se ve con claridad el apunte de aparejo romano en el suelo y se cree que su alzado tiene la misma identidad (fot. 39J,2). Su continuidad (fot. 39J, 1) se atestigua en los muros que se han tenido que romper para abrir un estrecho paso hacia otras dependencias superiores.  

En ese pequeño paso interior, que se ha citado, y penetrando en el reducto que com-prende, se localiza un área de viviendas modernas de una sola planta, en la que se puede observar que todos los paramentos son de opvs incertvm, recubiertos de cal moderna (fot. 40J, 1,2,3). Este espacio es una prolongación de las estructuras del alfar antes citado en esta misma dirección. Por lo tanto, se piensa que las estructuras murales que aquí se pueden ver y compro-bar no son más que supervivencias de todas las series que se han destruido dentro de la citada alfarería, en que algunas formas han quedado ocultas por la tierra y la maleza.

Una vez descritos los espacios superiores de las estructuras que se encuentran tras el murallón de tierra prensada, nos dirigimos a la parte inferior del muro romano que se ha visto encima de todas las dependencias del Majuelo. Justo en el punto 41J, se puede observar lo que, a simple vista, parecen casas modernas normales. Básicamente todos estos espacios edificados que aquí se puede analizar, no son más que antiguos compartimentos romanos con una fuerte reutilización mediante aprovechamiento de muros y fuerte revoque con mortero moderno. Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que las secuencias enumeradas en 42J,1,2,3, no son más que parte de toda una cadena de naves enrasadas, como se verá.

Introduciendo otro elemento atribuible a otro sector (fig. 37) por necesidad de comple-tar y dar más coherencia a la entrada a este espacio, del área que describimos, se quiere clarifi-car, mediante su información, que toda esta placeta se encuentra integrada en una de las estan-cias destruidas para poder ocupar las formas que se encuentran en todo este recinto.

Así, en la foto 42J,3, se puede comprobar la existencia de muros reutilizados en las vi-viendas modernas que se encuentran en torno al espacio que nos ocupa. Los puntos indicados en 42J,3, pueden verse de forma contigua en el paramento situado frente al que se ha tomado como referencia. La citada alineación se ve claramente en 43J,1,2,3, de tal manera que se pue-den ver naves que conservan su bóveda, y otras que han sido enrasadas, o bien se han caído.

Centrándonos en el punto 43J,3, se observa cómo, tanto en fachada como en interior, se detectan las estructuras murales y puntos de arranques de bóvedas que se vienen enunciando. Así, en 43J,1, se puede identificar el muro romano alineado con la calle actual y que se conecta con las estructuras interiores formando una unidad de naves. En el detalle que se presenta en 45J, fachada del espacio interior antes expuesto, se puede comprobar, aportando un poco más de precisión, la existencia de los puntos de arranque de una bóveda que ha sido destruida y de la que tan sólo nos quedan los muros extremos de la bóveda de nave (fot. 46J,1).

El punto 43J,1 nos señala, formando parte de esta secuencia, la entrada a unos espacios cuyas estructuras internas se relacionan estrechamente con las expuestas en 44J. El interior, situado tras esta puerta, no se ha podido fotografiar, pero conocemos su planimetría y cómo se entronca con el resto del sistema. En el punto 47J,3 se ve la entrada a este espacio, y en los otros elementos (47J,2), la necesidad de utilizar podivm para poder acceder a una nave estrecha transformada en vivienda; mientras que 47J,1, es tan sólo un solar de nave, situado al mismo nivel que los demás de este conjunto. Es probable que el motivo del podivm, que se ve en 48J, se deba a la existencia de estructuras subterráneas situadas bajo esta vivienda, hecho que es probable.

Una vez que se ha entrado por el punto 47J,3, y través de sus compartimentos, que son romanos transformados, pero tan sólo en su reparto, no en su composición, se llega al interior de la vivienda, y entramos en una de las piezas mejor conservadas de naves (fot. 49J). El acceso, como en la casi totalidad de las construcciones, es artificial.  

La puerta que hay en 49J2, ha sido abierta a golpe de pico. Se puede ver en esta pers-pectiva de la nave lo que se nos indica en la fotografía: puerta artificial (49J,2), y la abertura en el punto central de la nave, sobre su bóveda. Por lo demás, los paramentos se encuentran en una situación casi original: un ligero encalamiento del sistema de opvs incertvm en todo el alzado interior, bóveda incluida. Sus medidas son las siguientes: altura, 2,80 m; anchura, 1,80 m; lar-gura, 6,20 m.

En la foto 50J, se nos manifiesta como dato revelador la indicación del punto que se considera entrada del recinto. Dentro de los detalles a perfilar, se han de señalar esos datos que se consideran elementos arquitectónicos de nuestro estudio: la abertura que se observa en el centro de la bóveda de la nave (fot. 51J,1), se interpreta como único medio de acceso a este sistema; pero, además, se tiene que manifestar que, junto a este detalle formal, muy importante, se encuentra otro factor que hasta ahora no ha sido detectado en ningún paramento o nave ni nada similar: un agujero de 5 cm de diámetro, que nos indica el medio de respiración de este recinto. Es un dato de alto valor arqueológico, arquitectónico y funcional.

En el punto 52J, hay un detalle de lo que ha podido constituir el verdadero elemento de entrada a este sistema de nave. Su diámetro es aproximadamente de 0,50 m. Se encuentra tapo-nada con una piedra con agujero en el centro. Su forma es circular. El grosor de la bóveda es de unos 0,55 m (fot. 53J,2).

Comenzando por el primer subsector que, pensamos, tiene muros romanos a sus espal-das, detrás del Majuelo, se presenta, en primer lugar, un pozo cuyo aparejo y composición inter-na es imposible de mostrar ahora, pero que tiempos atrás pudimos ver que se trataba de una reutilización de un elemento romano destinado al abastecimiento de agua de las estructuras industriales del Majuelo. Su aparejo usa la técnica del opvs incertvm; su diámetro es de 1,45 m, incluido el grosor del murete del brocal. Su forma es circular.

Continuando la descripción, nos encontramos con un pasillo artificial que da acceso a las partes interiores de los espacios romanos que se sitúan detrás de los muros continuados del Majuelo. El paso mide alrededor de 1,60 m. El muro derecho, según se entra, 10,56 m de lar-gura; el de la izquierda, 12,70 m. Tanto al fondo de uno como del otro, se puede comprobar la existencia de unos lugares que no han sido casi alterados, y nos presentan unos paramentos de opvs incertvm bien identificables. Las demás paredes aparecen demasiado revocadas con mor-tero moderno (fot. 55J).

En la fotografía 56J,1,2, se ve el interior de la nave situada a izquierda del pasillo, según se entra. Pueden identificarse los muros romanos tanto en 56J,1, como 56J,2, con indicación de continuidad hacia partes interiores que no se ha podido fotografiar, pero que se sitúan como componentes de toda una secuencia de elementos arquitectónicos romanos. La altura de este paramento tiene un módulo tradicional: 2,30 m. Justo enfrente de este espacio de supuesta nave enrasada, se puede ver, en el alzado de la calle, otra forma paralela que acabamos de describir, con idéntica composición y altura, dejándose ver incluso el aparejo de opvs incertvm (fot. 57J ,2).

Al igual que se ha dicho para el anterior, este espacio de nave enrasada se continúa en dirección al Majuelo, donde tiene su muro final de cierre, fijado como límite de separación entre ambos sectores. La puerta que se ve al fondo de la imagen que se presenta, nos indica la conti-nuidad hacia las estructuras que finalizan en el Majuelo, situadas a corta distancia.

En ese mismo pasillo artificial que citamos al principio de toda esta secuencia, giramos en ángulo recto y nos encontramos con un espacio destinado a nave, cuyo interior mide 3,90 m de anchura; 2, 60 m de altura, y 5,62 m de fondo. Las paredes, como se puede comprobar, así como el fondo, son de opvs incertvm. Este punto terminal tiene detrás otras formas que no se han podido fotografiar, y que constituyen el final del sistema que linda con el Majuelo (fots. 58J; 59J).

Siguiendo por este intrincado pasillo artificial, nos encontramos en la propia calle, con toda una secuencia de muros de opvs incertvm (fot. 60J), formando los alzados de construc-ciones que debieron ser parte de la secuencia del Majuelo, como el resto de las edificaciones que encontramos aquí. Las medidas de los muros situados a ambos lados de este pasillo corredor, en el espacio situado frente al habitáculo 59J, son de 4,60 m y 5,45 m. Girando a derecha, el muro mide 3,05 m, y el que sigue, 5,20 m.

El espacio indicado en 61J, señala, en primer lugar, la existencia de un muro que da al pasillo (61J,2) y que constituye un elemento estructural perteneciente a una nave destruida, si se tienen en cuenta los parámetros exigidos para tales formas. El punto 61J,1 marca el espacio que ocupa una de las naves reutilizadas y que se encuentra a la otra parte del área que se estudia. Obsérvese cómo queda enmascarado el muro, mediante la cal moderna, dejando ver las huellas del opvs incertvm. Por último, en la parte donde se cierra completamente este pasillo, se ven casas modernas cuyos paramentos externos se encuentran sobre cimientos romanos, pero en su exterior no hay nada antiguo (fot. 62J).

Situados en el punto extremo de la muralla medieval que hay sobre la factoría del Ma-juelo, se puede ver uno de los torreones casi completamente destruido por la erosión, el mal uso y el abandono (fot. 63J,2) que, con más detalle, se puede observar en 64J,3.

                En la fotografía 65J se ve el límite entre el muro del foro y formas más antiguas de pile-tas de salazones, que han sido cortadas por la evolución del sistema. También se acusa del abuso de las obras modernas que han interferido en este sector.

                Las fotos 66J y 67J muestran de forma parcial el conjunto de parte de lo que fue la ma-yor zona de factoría de la parte de Poniente. Se observan los distintos sectores que componían su estructura, con muros de separación entre las diferentes unidades y tipos de piletas de sala-zones.

                Las fotos 68J, 69J, 70J y 71J demuestran lo que se viene afirmando: las diferentes tipo-logías de piletas y el abandono que se viene observando a través de la evolución de la industria. Igualmente se observan algunos desagües que sirven para limpiar piletas.

                La fotografía 72J muestra un recinto destinado a la preparación de los productos, tiene un pilar central que hace comprender que tenía cubierta, a dos aguas.

Conclusión del sector J

Los elementos y estructuras que acabamos de exponer aquí, nos llevan a establecer una serie de anotaciones encaminadas a tratar de definir lo que en conjunto, se piensa constituye este sector. Por una parte, se puede ver cómo se relaciona con el complejo industrial del Majue-lo, constituyendo una prolongación de las estructuras arquitectónicas en superficie, dentro de lo que se viene considerando parte alta del conjunto arquitectónico.

De todos los elementos vistos, el área que inmediatamente se sitúa a continuación de la factoría, está integrada básicamente por estructuras abovedadas, aunque tan sólo una se con-serve entera. Pero, en sus inmediaciones, se puede contemplar cómo se van situando los espa-cios pertenecientes a otras, que se han caído, o han sido enrasadas para construir modernamen-te sobre ellas. Aparte de lo que se ha considerado, se ve también la existencia de una serie de muros que han podido formar una cadena de cierre que pone límite a todo el sector del Majuelo. Hoy se encuentra ocupado por viejas alfarerías.

Por todo lo visto, se piensa que este sector se integra en las estructuras del Majuelo como elemento arquitectónico fundamentalmente destinado almacenar los productos que allí se elaboraban, es decir, son formas industriales que se encuentran anejas y reutilizadas moderna-mente como estancias o viviendas, pero que sus estructuras responden a los antiguos esquemas de naves abovedadas, en su mayor parte, y destinadas a ser utilizadas como almacenes.

SECTOR K

Iniciamos el proceso de análisis de este espacio situando topográficamente las áreas que se van describir. Los límites vienen marcados por las calles Morería Alta, Morería Baja y calle Nueva. Es preciso hacer resaltar que la zona de Poniente, en general, muestra unas caracterís-ticas peculiares que le son propias, y ello debido probablemente a que este gran sector se en-cuentra ligado al núcleo principal de elementos dedicados a la industria de salazones.

Si se observan detenidamente todas las estructuras, el carácter evolutivo se aprecia con más fuerza que en los sectores de la parte alta de la ciudad y zona de Levante. Éstos muestran una situación más permanente, mientras que los de Poniente manifiestan con más evidencia las transformaciones que han sufrido a través del tiempo.

No obstante ello, se hace hincapié en que la zona más baja de este sector en cuestión, se encuentra mucho más fuertemente vinculada a la factoría de salazones del Majuelo, de la que forma parte integrante, en su área alta y cuyas infraestructuras tienden más a ser espacios de almacenaje que elementos industriales, como ocurre en el Majuelo. Por eso hacemos esta breve reflexión antes de iniciar el recorrido descriptivo del mismo.

El primer núcleo que se estudia, elementos de la calle Martínez Rodas, hay que relacio-narlo con parte del sector P (fig. 27), ya que, tanto la parte superior como la media, según el desnivel que se observa, 8 m aproximadamente, nos indica que los muros de contención de terrazas se encuentran intercalados formando líneas ligeramente curvas por la configuración del terreno, y que se continúan a través de este primer espacio que nos disponemos a describir.

Así, el primer tramo de fachada que se ve (fot. 1K,1), probablemente tenga algún resto de paramento romano, cosa que no se ha podido confirmar analíticamente. Ello debido a la fuerte transformación que ha sufrido el subsector en general. Pero, dentro de una lógica urbanística, donde las estructuras romanas vienen siendo el soporte de todo lo moderno, qué duda cabe que seguirán constituyendo los paramentos romanos los puntos de soporte de todas las infraestruc-turas modernas que aquí se pueden observar.

Por otro lado, la dinámica iniciada desde época medieval para hacer de un complejo industrial un medio habitable, ha llevado al continuo proceso de abrir espacios que comuniquen unos sectores con otros, a costa de eliminar parcialmente algunos tramos de estructuras que los modernos consideraron indispensables para dar acceso a todos estos espacios inexplicablemente muy cerrados y sin sentido urbanístico propiamente dicho. Por tal razón, en esta primera calle y hacia la mitad de la misma, se ha producido la rotura intencionada de fuertes muros de conten-ción que se encuentran a ambos lados, tanto en el sector P como en el K (figs. 17 y 27).

El aterrazamiento es un fenómeno común en la zona de Poniente, debido al fuerte des-nivel que hay en corto espacio. Fue una necesidad primaria establecer esos contenedores para poder montar tanto los elementos de industrias como estructuras de almacenaje a través de todos los sistemas de escalonamientos de esta gran área. Testigos de tal técnica se conservan con gran claridad en el sector norte, situado entre la calle Antigua (primer tramo de arriba) y la calle Morería Baja (cfr. fig. 25).

Continuamos el proceso descriptivo en la calle Nueva, a lo largo de todo un paramento que se considera como reutilizado, pero muy alterado modernamente, que está ahí y se conside-ra como tal.

En un paso interior de esta manzana (fot. 3K, fig. 17), se observa en 3K,1, la existencia de un muro, recientemente destruido para ganar espacio, cuyas características son las propias del opvs incertvm. Como puede demostrarse, las piedras y argamasa procedentes del derribo apare-cen como testigos de tal indicación. Simultáneamente a tal derribo, se produjo un rebaje de terreno en el que aparecieron formas similares a las del Majuelo, con profusión de cerámicas que no pudimos estudiar y catalogar. Pero aquí nos remitimos a las manifestaciones arquitectó-nicas, que es lo que por ahora prima.

Los muros antes citados continúan en las estructuras de alzados que siguen de pie y se extienden hacia el interior de este espacio hasta constituir el límite de separación entre la calle Morería Baja y este tramo de la calle Nueva.

Si se observan los paramentos desde dentro, se ve que se encuentran muy ligeramente revocados, dejando traslucir la forma externa del opvs incertvm (fot. 4K). La presencia del ladrillo es un elemento nuevo (opvs testacevm), en los dos arcos de la entrada a este espacio (fot. 4K,2).

Antes de entrar en este patio, en el mismo umbral y junto al muro maestro de toda la calle, se ha realizado una excavación para reponer tuberías de agua. Aprovechando esta ocasión se ha podido comprobar que, justo debajo del citado muro, ha hecho aparición lo que se viene afirmando a través de nuestro trabajo: la mayor parte de los muros de casas modernas, o son reutilizaciones completas de alzados romanos, o aquellos se montan sobre los romanos constitu-yendo su verdadero cimiento. Aquí se pueden dar, de forma alterna, tales manifestaciones. Para nosotros constituye una prueba irrefutable de un dato que acaba de mostrársenos en este tramo de calle (fots. 5K, 6K, 7K, 8K). El grosor del muro descubierto permite levantar sobre el mismo todo el paramento de fachada moderna que hoy existe (fots. 6K, 2, 8K, 2). Simultáneamente se ha podido comprobar la existencia de una red de distribución de agua, con arqueta y ramifica-ciones de canales (fots. 5K; 7K).

Como puede comprobarse, las alteraciones que se han venido realizando a través del tiempo, quedan bien manifiestas en el aspecto moderno que presenta el patio objeto de estudio (fot. 9K). Puede comprobarse, y esto que quede como testimonio argumental de otras manifes-taciones de este tipo, cosa que haremos en otros espacios, que nada de similitud hay en el aspec-to de 30 años atrás en este patio, y lo que hoy nos encontramos (fots. 3K; 9K). El revestimiento de las paredes evita su identidad. En la fotografía más antigua (fot. 3K), se puede comprobar la técnica del opvs incertvm en los paramentos que entonces eran manifiestos. En el aspecto mo-derno (fot. 9K), no se ven arco de ladrillo, ni indicadores de alzado romano.

Este patio se continúa hacia el interior, hasta dar acceso a las estructuras que colindan con ambas calles (fot. 10K) y en donde se observa la existencia de estructuras antiguas con revo-que moderno y aperturas de accesos artificiales, como nota común a gran número de estancias en toda la ciudad.

Girando hacia la parte superior de este subsector y en la misma calle, se pudo tomar de-talle en una demolición practicada para ganar espacio, de la forma interna de uno de los para-mentos que se viene admitiendo como antiguos muros romanos. En efecto, aquí se puede ver cómo se ha levantado un muro que ofrece claras señales de reutilizaciones de materiales roma-nos. Se ve el ladrillo como componente dominante, la piedra pizarrosa y, de forma aleatoria, la toba. El tipo de ladrillo usado es el de mayor grosor, que se verá de nuevo en las naves above-dadas de este mismo sector. El módulo del muro es de 0,60 m (fot. 11K).

Continuando en el análisis de este paramento sobre la calle, nos encontramos con un final supuesto, donde aparecen las piedras de cierto tamaño al pie de muro y en un supuesto paso artificial (fots. 12K; 13K). Aquí se produce una encrucijada con cuatro direcciones, donde ha sido necesario romper para dar acceso a los distintos subsectores. Hay indicios evidentes que nos indican esta apertura (fot. 12K,1,2), notándose la continuidad entre el murete que sobresale de la pared (fot. 12K,2) y los restos que afloran sobre el pie del paramento (fot. 12K,1).

Siguiendo la descripción, tras un giro de 90 grados, pasamos a la calle Morería Baja, que va a ser la que más datos nos va a proporcionar. En primer, lugar se ven los altos podia que han sido necesario levantar para acceso de las casas. Se trata de claras reutilizaciones modernas, como se verá. Puede indicarse que la propia calle es un espacio reconvertido, ya que, cuando se abrió para la instalación de la red de alcantarillado, hubo serias dificultades por los fuertes muros transversales que debieron ser rotos para tales instalaciones (fot. 14K). Más adelante, se aprecia sobre el paramento romano, resto de muro que sobresale de la pared actual y que proba-blemente formaba cierre en este espacio (fot. 15K,1). En esta parte, donde se ubica el podivm de acceso (fot. 15K,2), se supone la existencia de un sistema que posiblemente sea un espacio de naves enrasadas, como se verá de seguido. Sobre el muro izquierdo (fot. 15K,3) se puede identi-ficar una reutilización de alzado de muro romano que enlazará con la parte interior de la zona de naves, y cuyos datos testigos podrán verse con claridad.

Si continuamos el análisis del paramento en cuestión, sobre la parte izquierda de la ca-lle, se observa la forma antigua de un paramento que se extiende a lo largo de todo este subsec-tor, indicándosenos, a su vez, la altura del mismo de forma espontánea (fot. 16K, 1,2). A lo largo de esta fachada, se puede identificar, después de lo dicho antes, la existencia de naves above-dadas cuya cubierta ha sido en unos casos enrasada, en otros, se les ha colocado un falso techo (fots. 17K; 18K). No se puede decir que el paramento alcance tan sólo la altura que se presenta en 17K,2, sino que puede alzarse hasta mayores proporciones, como puede comprobarse en el análisis del paramento en 19K,1.

La existencia de los podia para acceder a las casas que se encuentran en esta fachada de la calle (fot. 20K), indican que bajo ellas hay una cadena de estructuras que se consideran naves, aunque los techos abovedados se encuentren enrasados. De esta manera se respetan los fondos que pertenecen a otras viviendas y que se encuentran, en parte, bajo el nivel del suelo, sobre la calle en cuestión.

En una apertura artificial de la calle (fot. 21K), nos encontramos con un paramento cuyo aspecto externo acusa un saliente y la técnica del opvs incertvm en estos subsectores. Igual-mente, enfrente del mismo, se puede identificar otro paramento de tales características (fot. 22K) y que, además, queda corroborado por la presencia, sobre el suelo, de un muro testigo dé-bilmente destacado. Por tanto esa entrada se puede considerar artificial y probablemente, según los datos últimos de que disponemos, se realizara en época medieval, aunque los depósitos de líquidos que se han descubierto recientemente, utilizando dolivm semienterrados, nos ofrecen una nueva versión sobre la cuestión: es una forma abierta, sin techumbre, pero cercada de siste-ma de muros. Se demuestra que el terreno se encuentra muy alterado, y con áreas que han sufri-do fuertes cambios durante la repoblación cristiana.

Se piensa que no sólo este sector, sino los interiores de las naves, también estuvieron dedicados a este u otro tipo de almacenaje.

Dentro de este complejo hay estructuras que han perdido su finalidad originaria, como son los arcos que se pueden ver al fondo del paramento romano (fot. 24K,1, 2).

De forma coherente es preciso dividir este subsector en dos partes para describirlo: área subterránea y espacio superior. En cuanto a la primera, se puede decir que está compuesta por tres series de naves de las que tan sólo se conservan dos de ellas; mientras que las restantes, o han sido modificadas o destruidas.

La primera serie de naves podría situarse sobre el espacio que marca la entrada a este subsector (fot. 25K,5). La segunda serie se corresponde con la ya existente y que se localiza para-lela a la supuesta primera (fot. 26K). Sus medidas son las siguientes: largura, 6,38 m; anchura, 3,40 m; altura, 2,70 m. Esta nave muestra, a su entrada, una alteración de planta sufrida en el tiempo, y razonadamente se piensa en una modificación de época romana posterior (fot. 25K,3), apreciándose usos de ladrillos que no se corresponden con la edilicia estrictamente clásica.

El paramento divisorio de fondo está construido con la técnica del opvs incertvm. La bóveda, algo rebajada, ha sido levantada utilizando el sistema conocido como opvs testacevm, y cuya estructura secundaria está compuesta por dos tipos de ladrillos: uno grueso, de 0,06 m, y otro de 0,035 m. Ambos tienen la misma anchura y largura: 0,28 m x 0,22 m respectivamente. La secuencia de los mismos en el aparejo, es una alternancia de dos gruesos por tres finos. El opvs incertvm de sus paramentos laterales comienza en los cimientos y termina en el punto de arranque de la bóveda.

Casi en el centro de la cubierta, hay una abertura enmarcada por bloques de piedra toba. Se piensa que este es el antiguo medio de acceso. Su medida es de 0,60 m x 0,50 m (fot. 27K). Esta supuesta entrada se encuentra taponada con piedras y técnica, de época. Entrando por su puerta artificial, no presenta una línea homogénea, sino un refuerzo o engrosamiento que, en línea oblicua, se dirige por su parte izquierda, hasta el punto de su fondo, que mide 3,85 m. Justo delante de esta nave hay un espacio que debió estar ocupado por otra, ya que guarda las mismas proporciones y se encontraba comunicada con la segunda por medio de otra puerta de época romana posterior (fots. 38K,1; 39K). Las medidas de la supuesta nave son: 5,40 m de largura, y 2,70 de anchura. A continuación se observa otro espacio, que también debió formar parte de la infraestructura de naves, y que se adentra en la vivienda que actualmente se encuen-tra frente a la misma, formando parte de esta red o encadenamiento de elementos arquitectó-nicos. Su longitud es de 2,20 m. La anchura coincide con la anterior (fot. 40K). Su paramento se identifica con la continuidad marcada sobre el actual suelo (fot. 31K,1), en donde se aprecia con toda claridad su secuencia. A su vez, la existencia sobre el suelo de un arco de ladrillo, en línea con el muro, de una anchura de 0,60 m, nos hace suponer que se trata de una estructura que, tiempos atrás, tuvo un nivel real muy por debajo del que se observa ahora. Los restos hallados dentro de ella, nos hace pensar en una reutilización en época medieval como horno o similar, al haberse encontrado en su interior bastante carbón (fot. 48K).

Si nos adentramos por el punto 40K,2, pasamos al otro sistema de naves que, tiempos atrás, mostraban el aspecto que se indica en primer lugar (fot. 33K), y que hoy nos presentan ya lo que realmente eran (fot. 34K). Las medidas de esta nueva nave son: largura, 8,57 m; anchura, 3,90 m; altura, 2,70 m. En el punto de separación lateral de estas dos naves se puede observar la existencia de dos pasos originales, con arco de medio punto alterado. Las luces aproximadas de ambos arcos son de 1,30 m (fots. 35K; 36K). A su vez, frente a esos dos arcos, hay una abertura que muestran uno de sus lados, muro con aparejo correcto, mientras que el otro, aparece roto; lo que nos hace pensar que era una especie de salida al exterior. A causa del ensolado moderno no se puede conocer la altura real de la misma. Su anchura actual es de 0,85 m, y su altura (sin tener en cuenta la parte rota), 0,55 m.

Si se observa con detalle el punto 38K, todo parece indicar que esta nave o bien ha sido más larga de lo que muestra, o bien se ha producido una alteración en el tiempo, como es el añadido que se ve en 38K,1, que, a su vez, presenta una abertura en la bóveda (38K, 2). El hecho de que aparezca tal agujero 38K,3 y, a la vez 38K,1, que es un paso, nos hace pensar que lo del techo es lo más antiguo, coincidiendo en la forma y medidas con la de la otra nave, que era más larga de lo que ahora muestra, ya que este tipo de entrada es el tradicional romano y, por tanto, la nave ha sido acortada, cambiando su sistema de acceso por una puerta que la comunicaba con otra nave situada justo al lado, por el punto 38K y 39K.

La segunda línea de naves se continuaría ocupando el espacio que hay delante, y que mide 7,53 m. La anchura de su muro es de 0,60 m, más el grosor interior de la nave. Este sistema se continuaría a través de las casas modernas actuales hasta por lo menos el final de este subsector. En su parte frontal se pueden observar dos arcos de distinto nivel: el primero, con una altura de 1,45 m; luz de 2,10 m, y fondo de 1,10 m. El segundo tiene una altura de 2,80 m; anchura de 1,10 m, y fondo de 0,45 m. Ambos tienen un paramento de opvs incertvm, rematado en sus bordes con opvs testacevm de 0,28 m de grosor (fots. 42K; 43K; 44K; 45K; 46K). Precisa-mente sobre este punto de detalle, se ve en el suelo la existencia de restos de muros que forman parte del cierre de la nave y que el muro moderno es una reutilización del muro paralelo de los alzados que aquí se han usado (fot. 46K,3). La prueba de que esto ha sido un sistema de alma-cenaje, queda bien patente en los detalles que aquí se aportan: aparición de almacén con vasijas sobre el suelo semienterradas (fots. 47K; 48K).

Una deducción consecuente con esto, debe ser la admisión de que este recinto era una especie de patio abierto; lo que no quita que tiempos atrás, hubiera sido una nave, como todo parece indicar, si se tiene en consideración el recorte sufrido en su planta por la nave segunda. Lo que no ha dado señales claramente sobre su identidad, es el arco que aparece sobre el suelo, bajo el que ha hecho aparición una estructura que aún no se ha podido definir por falta de una prospección adecuada (fot. 48K,3).

Pasando a la parte superior, es decir, a las estructuras situadas encima de las naves, nos encontramos con varios compartimentos de los que, entre lo más destacado es un depósito de agua que ocupa la parte superior de la tercera serie de naves (fot. 49K).

No se puede pasar por alto la existencia de un gran murallón, situado en la parte poste-rior de la tercera fase de naves que ocupa todo el fondo del subsector que estamos analizando (fot. 49K,1,2). Testigos de esta obra de ingeniería son los restos de un probable depósito de agua (fots. 50K; 51K). Tal depósito nos ofrece unas medidas que no se pueden precisar bien a causa de las roturas y reutilización que ha sufrido, pero que nos pueden ser lo suficientemente justas para admitirlo como tal.

El punto que da sobre la parte terminal de la tercera serie de naves, mide 4,03 m; su altura aproximada, 6 m; el grosor de los muretes que lo conforman, da los siguientes datos: tra-mo de mayor grosor: 1 m; tramo intermedio: 0,80 m; tramo más estrecho, 0,60 m. El grosor general que presentan los paramentos está en los 0,60 m.

A partir de este espacio se puede comprobar que las diversas estancias o zonas destina-das naves, marcan las siguientes medidas: 1ª, 2,75 m de largura; 2ª, 4,25 m, y 3ª, 10,75 m. El grosor de los muros de separación de los diversos compartimentos es de 0,60 m. El muro de fondo, que es de aterrazamiento, mide 3,30 m de grosor, en el espacio que se encuentra inme-diatamente detrás de los dos arcos ciegos que antes se han analizado (fot. 43K,1,2).

Consecuentemente a todo ello, inducimos que la calle que se encuentra justo detrás de lo que se ha visto, ha sido montada, en parte, sobre este gran muro de contención (fot. 52K,1). Pasado esto, se quiere dejar bien patente que las medidas han sido tomadas con precisión. Así, la capa impermeabilizante del depósito mide 0,35 m, y el estuco, 0,01 m.

La extensión, que se ha podido medir, de forma casi exacta, ha sido la dimensión que nos presenta el muro que divide este sector del que se inicia inmediatamente hacia la parte superior, y que mide, en lo que se ha podido comprobar, 27,45 m de largura; pero no se pierda de vista que hasta el final de este paramento, alcanza los 42 m, aproximadamente (fots. 54K,1; 55K,1).

Si nos situamos sobre la parte superior de la calle, podemos comprobar que el muro se deja ver (fot. 56K) a lo largo de todo el subsector, en su casi totalidad.

Continuando la línea en sentido contrario, se ve igualmente que el aparejo externo de las casas actuales muestran los mismos indicios de la estructura romana externa (fot. 57K). Pero se puede aún precisar más. La fachada que se aprecia en la foto 58K, en su casi totalidad, se corresponde con un paramento íntegramente reutilizado hasta su base. Pero las manifestaciones no sólo quedan ahí, sino que en los alzados de las estructuras que van a aparecer en el punto inmediatamente superior, comienzan a presentar señales claras de muros romanos con la técnica del opvs incertvm (fot. 59K,4). En la parte izquierda se observa igualmente la secuencia del subsector que estamos analizando (fot. 59K,1,2,3).La consecuencia lógica es pensar, a raíz de los datos que presentamos, que la calle se encuentra montada, como ya ha ocurrido en otros lugares, sobre el propio muro romano que, al paso del tiempo y cambio de infraestructura industrial, ha sufrido las más sorprendentes modificaciones en su forma externa.

Una vez llegados al final de este subsector, se puede comprobar realmente que las redes viarias han experimentado grandes alteraciones (fots. 60K; 61K). En el extremo opuesto del subsector más elevado, se observa igualmente la reaparición de las estructuras ocultas de los paramentos que ya se han podido comprobar e identificar en las zonas que se han manifestado con más prolijidad de datos. Por ello se indica aquí el tramo final de este espacio (fots. 62K; 63K; 64K), donde se puede decir que la parte inferior descrita, se corresponde con la secuencia natural de todo el subsector, y que puede perfectamente identificarse con la secuencia de naves encadenadas o sistemas, al menos, similares al que acabamos de describir en la primera parte de este sector.

El punto 64K,2, nos pone de manifiesto que las naves, en la parte más baja del subsec-tor, se continúan. El paramento externo deja sus señales de identidad en los muros que dan a la calle (fot. 64K), y la existencia del mismo tipo de nave en 65K,2, donde, sin lugar a dudas, se puede decir que hay una reutilización idéntica a la ya manifestada en el otro subsector de naves. Precisamente en este espacio, justo en el punto 65K,3, se puede comprobar la existencia, en el aparejo externo, del opvs incertvm y testacevm, formando juego en todo el muro exterior. El paramento que pretendemos mostrar aquí, puede catalogarse e identificarse con el simple análisis de las manifestaciones externas que nos presenta la fotografía 65K,2.

Conclusión del sector K

Tras la exposición de todos estos datos, se tienen que delimitar los espacios que se ha descritos. En primer lugar, la zona baja nos ha puesto de manifiesto que su estructura está más relacionada con las secuencias del Majuelo, del que han aparecido, con motivo de aperturas de zanjas en el suelo, los muros que sujetan los paramentos de las casas modernas, o se prolongan formando parte del alzado de numerosos edificios modernos.

Los tipos de muros, por sus características, se pueden relacionar más con la zona baja que con la alta. Las deformaciones de estructuras son más frecuentes aquí que en la zona supe-rior. Sin embargo, ésta muestra más fuertemente el proceso de cambios en los usos que se han ido dando a las formas encontradas. La zona baja no nos proporciona datos, aunque tan sólo sean de evolución arquitectónica, que puedan llevar a establecer un proceso de cambios a través del tiempo. La zona alta, por el contrario, da claras señales de evolución y cambios dentro de la misma fase romana y, en las reutilizaciones, cambios en época medieval y moderna.

Por otra parte, la zona superior da los siguientes elementos arquitectónicos: depósito de agua, naves abovedadas y muros de contención y aterrazamiento.

No disponemos de testimonios de tipo industrial, pero se pueden fácilmente suponer, ya que el depósito de agua fundamentalmente presupone una aplicación para la salazón. Por tanto, se considera que esta área es parte de la factoría que se supone se extiende por el sector de Po-niente, no con la intensidad que se produce en el Majuelo, pero sí, tal vez, de una forma más selectiva, por los escalonados paramentos estructurales que, de forma continuada, se van mon-tando por todas las áreas del complejo general de Seks. En definitiva, se puede afirmar que es una célula más de todo este complejo.

Desde el punto de vista cronológico, el proceso evolutivo se ha detectado con gran fuerza en este sector, habiéndose observado modificaciones en las estructuras arquitectónicas (naves, arcos, módulos de las mismas, abandonos de unas formas y adopción de otras, arcos sin sentido arquitectónicos), lo que explica una clara modificación en la evolución de la historia industrial de esta área del complejo de Seks.

SECTOR  L

               Para un completo estudio de las distintas partes que componen esta área, se ha dividido el sector L en tres aparta­dos: zona donde se realizó excavación en la planta baja; planta baja, y planta alta, que comprende la parte superior, núcleo de Eras del Castillo. Y, siguiendo este criterio, se estudia y expone un conjunto estructural que forma una de las unidades más extensas y complicadas de este trabajo. Pero antes de comenzar, es imprescindible hacer un breve esquema sobre la zona que se va a detallar.

                En primer lugar, se expone el ámbito espacial abarcado por este complejo y, en segundo lugar, como esqueje histó­rico, quiénes han ocupado esta zona, y qué uso se ha hecho de ella.

                Si se analiza la planimetría practicada, puede colegirse que las proporciones no son las que, a simple vista, deduce cualquier visitante de este lugar.

                Por otro lado, se engloba en este sector la parte baja y la superpuesta, aplicando, como criterio, el carácter unitario, no sólo por la técni­ca, sino también por la tipología de formas.

                Lo que se conserva de nave es la cuarta parte de lo que fue este complejo. En efecto, se comprueba cómo se expande hacia los latera­les a través de los espacios conservados en los interiores de las casas adosadas a la Cueva, en la calle San Joaquín (I).

                Por otro lado, en su parte noroeste, se ve que existió otra estructura («cueva») de similares características, pero que se ha derrumbado, quedando sólo los puntos de arranque que se observan en el testero, a izquierda de la entrada principal de la Cueva, según se sale. Además, es estimable que, así como se admite un sector adosado a la misma, en la calle San Joaquín (I), éste se extiende hasta constituir otra unidad paralela, mostrando un aspecto casi rectangular a lo que realmente debi­ó ser el complejo. Todos los indicios apuntan a tal solución como lógica­mente posible y arqui-tectónicamente aceptable.

                La inclusión de toda la parte superior, ha dado mayor relieve al estudio unitario aplicado a estos tipos de instala­ciones, además de conside­rarlo lógico, ya que la conexión entre todos estos espacios se presenta como un solo edificio.

                Para su estudio se ha procedido estableciendo una serie de niveles, indispensables para hacer coherentes todas las unidades arquitectónicas que aquí se dan, pero no con una plani­metría escasa en proporciones, sino amplia, de modo que se refleje en ella la mayor cantidad de datos posibles que se detecten en todo el complejo. Por tal razón se ha dividido este tramado en varios planos: zona de excavaciones planta baja; planta ba­ja propiamente dicha; planta superior, super­puesta a la superior. Complementariamente se hacen secciones de la planta baja y superior, y proyección caballera del alzado de la planta inferior (cfr. figuras 18 a 23).

                En cuanto a la reutilización de la Cueva, hay opiniones encontradas y contrapuestas, pero lo único que se recuer­da, ya en nuestros días, es la ocupación, por gente muy humilde, de todos cuantos rincones existen aquí, de las modificaciones realizadas en su exterior, y los añadidos practicados. Pero esto no es suficiente para explicar determinados fenó­menos comprobados en la fase de excavación, y que se indican en este estudio y exposición de datos.

            Zona de excavación de la Cueva, al mismo nivel

                Después de las diversas opiniones vertidas sobre la finalidad de estas dependencias, se prescinde de ellas, y se expone lo detectado con un análisis exhaustivo de cuantos detalles y rasgos se han encontrado en una detenida observación de paramentos, bóvedas, canales y agujeros registrados. Pero el primer paso se da en el proceso de excavación de la planta baja de la Cueva, que tuvo lugar a partir de Diciembre de 1981, comenzán­dose por la entrada noreste.

                De forma progresiva y siguiendo un orden puramente local, se avanza dejando al descu-bierto el suelo de toda la Cueva. Se descubre, en primer lugar, un canal excavado en roca, que llega hasta el muro de entrada. Todo parece indicar que es anterior a la construcción de la propia Cueva, porque hay seña­les de continuidad junto a él, hasta el punto de ver montado su muro encima, cortándolo. Al avanzar, en la segunda nave lateral, a izquierda según se entra, apareció cerámica muy variada y mezclada sin orden estratigráfico.

                Entre los primeros materiales hay fragmentos de estuco, con pinturas blanca, roja y negra, como lo más relevante. En este mismo sentido, pero en el fondo de la tercera nave lateral, apareció un fragmento de plato fenicio de barniz rojo que, probablemente, perteneciera a un resto de ajuar de una tumba fenicia, rota con las nuevas edificaciones romanas, o simplemente, uno de tantos hallazgos fortuitos de cualquier punto de la ciudad.

                En la cuarta nave, casi a su inicio, a derecha según se entra, aparecieron restos de un équi-do (fot. 1L). Esto no es de extrañar, porque uno de los fines de la Cueva, ha sido el servir de depósito de desechos.

                Como ya ha quedado expuesto al principio de esta enumera­ción de datos, los estucos aparecieron en una posición incon­creta, sin estratigrafía definida y, por supuesto, no como ele-mentos componentes del revestimiento del interior de los muros de la Cueva (fot. 2L).

                Continuando la exposición de estos rasgos proporciona­dos por la excavación, aparecen, en otra fosa explorada en el suelo, bastantes escamas de pescado, que no han sido analiza­das. Los muros de estructuras anteriores, comienzan a dejarse ver, a la altura de la cuarta nave lateral, abar-cando ambas partes y la zona centro (fots. 3L; 4L; 5L; 6L; 7L; 8L; 9L), casi perfilando un cuadrado bajo el nivel actual de la parte que está al descubierto.

                En los espacios ocupados por la sexta y séptima naves aparecen las estructuras murales, pero no de forma tan marcada como antes, donde el opvs incertvm es usado en toda regla. Los res-tos de muros apenas son perceptibles, dejándose ver una capa de yeso que parecía un conato de revestimiento del suelo de la Cueva, pero sin llegar a serlo (fots. 10L; 11L). Son filtraciones pro-vocadas por la humedad a través de las capas de materia­les que se han ido depositando en todo la Cueva.

                En cuanto a los materiales aparecidos, no han sido muy abundantes, y sin guardar posición estratigráfica. En la excavación de la última parte de la Cueva, la cerámica árabe apareció hasta en el punto más hondo del corte.

                La situación de este subsector en época romana se encon­traba en el mismo estado en que ha quedado después de la excavación. Cuando se produce la retirada, es posible que se originara algún tipo de depósito, pero no hasta el punto de conseguir equilibrar toda la superficie.

                Como los estucos no son del alzado de la Cueva, la aparición de algún elemento numis-mático y las posiciones de los materiales no seguían un orden estratigráfico, no cabe pensar más que una solución: cuando el elemento humano ocupa las estructuras que se encuentra, las escudriña hasta donde le es posible; pero será la posterior ocupación, a partir del siglo XV, la que produzca el mayor impacto sobre todo el medio. Y es lógico pensar que, si se encuentra un hábitat, en este caso, unas naves con grandes vacíos en forma de fosa, lo normal es que se proceda a su equilibrio mediante el relleno. Para ello traen tierra del sitio más fácil. Esta puede ser la explicación más simple, sin necesidad de recurrir a ambiguas opiniones: si los materiales han aparecido revueltos, no hay duda de que se trata de un relleno artificial, y no de una situación estrati­gráfica producida con la permanencia de os ocupantes a través del tiempo.

                Los vecinos cuentan que, en una de las ocasiones en que se tocó el suelo de la Cueva, apa-recieron tinajas grandes que, al levantarlas, produjeron cierto estado de humedad sobre sus casas, cuyas estructuras son anejas a la Cueva, como estancias paralelas tanto tipológica como estructural-mente. Los suelos de la Cueva, que en principio no existieron, como ocurre en las estancias ana-lizadas en la ciudad moderna, fueron removidos en numerosas ocasiones, a causa de fantasiosas leyendas que sobre ella se vertían. Pero el uso más común ha sido el servir de hábitat, largo tiempo, a muchas familias humildes, no medievales.

                En el centro de la quinta serie de naves colaterales, hay un paso hacia las dos últimas, que han quedado como aisladas de las que preceden. Tal cierre, comprobado tanto en secciones como en plantas (fig. 20), es de época, o sea, romana; no es una innovación medieval.

                A partir de aquí, se explican, en cierto modo, las pertenencias de los componentes arqui-tectónicos a esta sección de la Cueva; elementos que han quedado marginados de ella por mano de las nuevas generaciones que por aquí han pasado, y que, probablemente, haya sido realizado por la población moderna. Relacionados con esta segunda parte de la Cueva, hay dos sistemas de cana-lización: uno, similar a un paso hacia las partes superiores (fot. 12L), y otro que ha sido eliminado de la estructura tras la adaptación moderna de la Cueva.

                El canal, de sección rectangular, que escasamente cubría el volumen de una tubería de cerámica normal (15 cm de diámetro), se encuentra un poco antes de la salida de Levante de la Cueva, en diagonal al canal grande, de forma que era una derivación secundaria. Está reflejado en la planimetría aneja a la Cueva (fig. 18, 6).

                Antes de exponer la estructura y finalidad del canal mayor, se considera indispensable explicar la presencia de dos agujeros sobre dos bóvedas colaterales, precisamente a partir de un estrechamiento del muro antes indicado. A esto se une la presencia de los dos canales, mientras que otro subsector de la Cueva no tiene nada similar. El citado canal servía de espacio abierto para el montaje de sistemas de conducción de tuberías, bien de plomo, bien de cerámica. Su recorrido ha sido inspec­cionado, pero con dificultades para superar los tramos de escalonamiento que tiene su trazado, donde hay acumulación de gases estáticos tóxicos.

                El segundo canalito es una derivación de él, ya que lo corta en un punto detectado, for-mando parte de una red de distribución. Se supone que a lo largo del trazado del canal mayor se producen otras derivaciones.

                Con respecto al citado canal mayor, se aporta informa­ción de algunas personas que lo-graron penetrar por él, pero sin llegar a su término.

                Justo en la calle San Joaquín (I), a la altura de la sexta y séptima nave lateral, y en el espacio considerado conjunto arquitectónico paralelo a la Cueva, se abrió, tiempos atrás, un agujero de ciertas proporciones. En el recorrido se midieron 15 m en sentido noroeste, hasta localizar una fuerte pendiente descendente, con sistema escalonado. Se desconoce el final, pero puede formar parte de la red de distribución y traída de aguas a la zona superior del conjunto. Es probable que el canal, recientemente descu­bierto cerca de la plaza del Ayuntamiento, tuviera relación con esta red, pero no se conoce la conexión. Las medidas del citado canal son de 1,80 m de profundidad, no igual en todo su trazado, y 0,60 m de anchura. En uno de sus tramos se ve su trazado con sistema de bóveda, como elemento de cubierta; en otro, como el que asciende desde la Cueva, aparece adintelado, con grandes lajas de piedra. En su recorrido se han detectado agujeros rectangulares identificados como puntos de derivación de la red de agua. En el extremo superior, según se sube, y a una altura aproximada a la de las naves, aparece el final de esta conduc­ción, presentando un agujero abocinado, por donde se piensa entraría en contacto con la parte superior. Recientemente, hacia la mitad de calle Real, con motivo de obra nueva, según se desciende a derecha, apareció un canal de conducción de agua, que bajaba de la zona de cueva de Siete Palacios; lo que puede entenderse como final del anteriormente citado sistema de conducción que partía de la calle San Joaquín, junto a la citada Cueva. Téngase en cuenta que un poco más hacia debajo de calle Real, se ha descubierto, y se puede ver, un canal romano de conducción, que podía tener relación con el antes citado e, incluso, ser continuidad del mismo.

            Zona aneja a la Cueva

                Se inicia el recorrido  descriptivo  desde  la entrada de Poniente de la Cueva. Si se observa con  detalle el lienzo que conforma la fachada de este espacio exterior, se ve toda una secuencia, donde se dibuja el acceso a la Cueva (fot. 13L,3), su enlace con el supuesto subsector adosado o contiguo, con varios puntos de referencia (fot. 13L,2,5,7). Dicha entrada está enmarcada por un sistema adintelado, mostrando un reborde de unos 10 cm, y con una franja de 0,70 m, en la parte superior, y 0,50 m en la lateral, continuada en una cenefa de piedra saliente, con 1,60 m de largura y 1,80 m de altura. Este mismo detalle se prolonga a lo largo de toda la nave que sigue en sentido sur, hasta finalizar sobre el muro de cierre de fondo.

                El espacio que ocupa esta entrada está rematado en una pequeña bóveda, de la que se conserva algo más de la mitad, apoyada en elementos que constituyen el punto de arranque de las naves que se adentran hacia la derecha, según se mira (13L,5), y en los que forman el punto de continuidad, en sentido vertical al anterior. Por la parte izquierda del detalle 13L,7, se comprueba cómo se prolonga hacia otra dirección la estructu­ra externa de la Cueva, de manera que constituirá un nuevo subsector de esta gran área.

                En 13L,6 se indica el emplazamiento de un probable depósito. A raíz de las aportaciones que se obtengan de las prospeccio­nes, se establecerá una razonable hipótesis de su existencia.

                Por último, en 13L,1 se detecta la profundidad del supuesto espacio considerado parte del suelo de una cuarta área de naves.

                El punto de arranque de la fase de naves, aneja frontal­mente a la Cueva, se inicia en 14L,2,5; 15L,1,3; 16L,3; 19L,2­; 20L,4; 21L,4; 22L,1.

                Un subsector, dentro de este mismo espacio, se puede analizar en 22L,2, 3. Se trata de una nave principal, con dos colatera­les, de dimensiones normales, con similar altura a las de la Cueva. La técnica de su cubierta es un encofrado de hormigón, modelado con cimbra, que deja un revoque de cal grasa y arena como elemento de enlucido en todas las bóvedas. Las dos pequeñas naves laterales se cortan con la principal, dando aristas, como en el interior de la Cueva. El suelo carece de pavimento (fot. 22L,2,3). Este fenómeno es una constante en todas las estructu­ras analizadas.

                Una vez visto este espacio abovedado, se continúa con el lienzo de naves derruidas de 27L, donde se comprueba el fenómeno de caída de las bóvedas a consecuencia de las superposi­ciones modernas descontroladas, y filtraciones de aguas. Este subsector manifiesta las mismas carac-terísticas que la Cueva, con aberturas en la cubierta (fot. 27L,3). Los paramentos tienen una medida muy similar a los de la Cueva: 0,60 m de grosor. Este lienzo de fondo, en el que se ven ligeramente los puntos de los sistemas abovedados y muros de soporte (fots. 28L; 29L; 36L; 37L; 38L; 41L; 42L; 43L; 44L) constituye un elemento arquitectó­nico que separa lo que es simplemente nave, de una probable cadena de muros contrafuertes.

                Este nuevo subsector en ruinas estaba compuesto por una serie de naves, en número de cuatro, que partían en sentido vertical a su paramento de fondo, y que formaban uno de los dos espacios laterales afrontados, prolongándose hasta los límites del borde del murallón contrafuerte, reflejado en planimetría con línea discontinua (cfr. fig. 19).

                Tras la perforación practicada sobre el muro de fondo de la primera nave destruida (fots. 28L; 29L,3), con el fin de indagar si permanecían enterradas o cerradas tras los muros de estas for-mas, se ha comprobado, como dato positivo de tal explora­ción, que los muros que, en cierta ocasión habían quedado al descubierto a causa de otras anteriores roturas, también intencionadas, tan sólo servían como elementos de apoyo de las naves sobre roca madre de fondo (31L; 32L): estado en que ha quedado esta experiencia, tras su consolidación; 33L; 35L,2: estado en que aparecieron los citados muros, cuyo techo hubo que sujetar para evitar el derrumbe de la parte superior, hoy una plazuela artificial, cuyo suelo original se desconoce, pero se supone. Dentro de una secuencia en la descripción de los puntos donde se inician las naves transversales de este subsector, se ven testigos harto elocuentes. La primera de ellas queda patente en 29L; la segunda, en este sentido direccional, muestra los cimientos y parte del alzado en 36L, donde los puntos 3 y 4 señalan los muros de soporte de las bóvedas y el paramento de fondo de la nave. La técnica constructiva es el opvs in-certvm.

                La tercera nave se ve en 37L, donde, en los números 4 y 5, se indica el muro de separación de ellas, soporte de la bóveda, y el paramento de fondo de la misma.

                En 38L se ven detalles de la parte superior de los restos de su cubierta: 1, paramento de fondo; 2, canal adintelado, probable elemento de encauzamiento de tuberías de agua para el subsector de arriba, de la planta baja y de dependencias anejas que debieron existir, según las deri-vaciones observadas en su trazado; 3, paramento de arranque de la bóveda.

                Con relación a lo apuntado antes sobre los elementos de conducción de agua, hay suficien-tes datos para admitir que, en la parte inmediatamente superior de este espacio y, sobre esta nave, ha existido un depósito de agua o pileta de salazón (fots. 39L; 40L). Los datos son evidentes: canal probablemente terminal y restos de material de revestimiento e impermeabilizante de tales construcciones: la base muestra parte del pavimento con restos del suelo del depósito (fot. 40L,1): restos adheridos a la piedra; 2, restos del suelo de depósito. El canal, tiene las mismas proporciones que el del interior de la Cueva (hoy tapado, y que está adintelado, como técnica de protección de las tuberías que discurrirían a través de él para abastecer el depósito. Sus medidas son las adecuadas a la capacidad de las tuberías de 15 cm de diámetro.

                La cuarta nave transversal se ve en 41L,3, y de modo más simétrico con el conjunto, en 44L. En esta última se detalla: 1, suelo con tierra, casi real; la roca se encuentra a menos de 0,15 m de profundidad; 2, muro de separación de ambas naves, tercera y cuarta; 3, arranque de la bóveda y muro montado sobre ella en la parte superior.

                En 43L,1, está el muro terminal de esta última nave del sistema estudiado ahora, y que inmediatamente después se inicia otro paramento, ajeno al sector L.

                La mampostería de la zona superior, perteneciente a la infraestructura, marcada en gran parte con línea discontinua, se ve en 44L, donde se observa el momento de arranque de los para-mentos de las supuestas naves (fots. 45L,2; 46L,2).

                En cuanto a la continuidad de muros base, con estructuras similares a éstas, desde el punto de vista técnico, aunque no morfológico, se comprueba en 47L, en donde además se observa el nacimiento en sentido vertical, de otros muros divisorios, elementos de otras naves que no se muestran con la evidencia de los casos anteriores.

                Uno de los aspectos técnicos o funcionales, también apreciado en el interior de la Cueva, es la existencia de mechina­les sobre la altura media de los muros de fondo. Lo normal es una situación en los paramentos sobre los que se apoyan las bóvedas (fots. 48L; 49L).

                Si se analiza el muro terminal de esta serie de naves, se comprueba en él (50L) la existencia de un cruce de alzados: uno que parte en sentido suroeste, y otro, en noroeste. En el centro se ob-serva la composición del hormigón romano usado para rellenar los grandes huecos. Curiosamente sobre el mismo cruce de muros en cuestión, se ven dos canalizaciones cuya finalidad debe estar relacionada bien con un sistema de ventilación, bien con una red de conducción de agua entubada. Las proporciones son las más adecuadas para la segunda supuesta función. Y como en este punto se pasa ya a un espacio, que escapa a los límites del presente sector, se continúa con el subsector paralelo a la Cueva en planta (fots. 52L,1; 53L).

                La periferia queda bien enmarcada por la propia estructura de la prolongación de la mis-ma, en sentido norte. Se sabe que, hasta hace poco, esta calle era muy difícil de acceso. El podivm de 54L,2, es testigo de lo que realmente era tal paso: una base pedregosa, consecuencia de derribos de formas romanas, y de superficie muy irregular. Pero la aspereza no nacía de la naturaleza del terreno, sino de la prolongación de los sistemas de muros y plataformas rotos para crear acceso a las partes adosadas al sistema de naves de la Cueva.

                De ella nacen, en sentido norte, una red de muros, cortados para conformar estructuras modernas, que señalen lo que es una fachada reciente, a la vez que intentan hacerlas habitables. Así que el podivm no es más que un testigo modificado y revestido de mortero moderno. Conformando el desnivel, queda como testigo el resto del podivm anterior, prolongado a lo largo de toda la fachada (fot. 55L).

                Como se observa, tal podivm se mantiene rectilíneo, pero se piensa que es una secuencia de muros verticales a la fachada, hasta cerrar sobre el murallón, y ése era el obstáculo con que se en-contraron los medievales a la hora de abrir la nueva calle. Al observar esta perspectiva, se puede afirmar que la zona centro coincide con una nave divisoria, como en la Cueva, y los muros de las naves afrontadas morirían sobre el gran murallón, que debió tener mayor altura que ahora, lo que es obvio, ya que la calle San Joaquín (I) tiene unos 80 años.

                A simple vista, al analizar la parte sureste de la Cueva, se piensa que termina en 56L y 63L. Pero los restos, bien sobre los paramentos que aquí aparecen, bien como estructuras observadas en las construcciones anejas, hacen opinar lo contrario: las edificaciones de la Cueva se prolongan hacia Levante hasta enlazar con la calle Angustias Moderna, extendiéndose en una superficie de más de cuatro módulos de naves. Testigo de ello lo constituyen las conservadas a la salida de Levante (64L),­ en donde la prolongación de la central, abovedada, es inten­cionada, y que daría unidad a todas las áreas, hoy convertidas en viviendas modernas.

                En las nuevas excavaciones practicadas sobre este lateral del recinto de la Cueva, ha apa-recido el interior visto en la fotografía 63L, tras derribar hasta parte de los muros de cierre antiguos. Esto se ve en la fotografía 57L, con el muro lateral de arranque de una bóveda y la prolongación hacia el centro de la calle, de otro muro que cerraría sobre el borde del gran murallón de conten-ción.

                En la fotografía 58L se observa un muro de la nave semiderruida, con un ligero retranqueo hacia la mitad de su altura, y en su borde exterior se ve la rotura del muro que se prolongaba hacia esta calle artificial moderna.

                La fotografía 59L muestra otras dependencias que han estado enterradas hasta este mo-mento, pero que formaban parte del conjunto de naves que discurrían de forma paralela a la Cueva, en dirección sureste.

                Las fotos 60L y 61L muestran estructura similares a las halladas en la excavación de la Cue-va, pero que demuestran que son posteriores a lo que hay dentro de ella.

                La fotografía 62L da a conocer un sistema de canalización que no ha llegado a excavarse en su totalidad porque se salía del terreno marcado para tal excavación, pero que probablemente conectaba con el viejo canal que la gente siempre ha comentado como elemento que conducía hacia la parte baja de la ciudad en dirección a la calle Real (parte de este canal ha sido recientemente descubierto y taponado en una obra nueva de la citada calle Real).

                A la salida de la Cueva, en la puerta de Levante, se observa, en 65L, una secuencia de paramentos que forman parte de la unidad de la misma (fot. 65L,1). La altura alcanzada en este punto llega hasta el paramento superior del conjunto total de este gran sector (fot. 65L,2). Por otra parte, la altura que alcanza la corta red de naves, a derecha de la Cueva, según se sale (fot. 65L,3) y, por último, ­la indica­ción de la continuidad del sistema de pasillo central abovedado (65L,4), forman parte del conjunto externo del complejo.

                Tal sistema de naves se ve en 66L, donde se aprecia, en un primer plano, una nave de fondo corto, con paso artificial y, al final, la pared terminal del último tramo de nave. El espacio de calle, que queda delante de la Cueva, en una extensión aproximada de 20 m lineales, formaría parte del conjunto unitario de la misma.

                A izquierda, según se sale de la Cueva, se observa cómo se produce la continuidad entre las estructuras de la misma y las construcciones de la calle San Joaquín (I), que es artificial. El espacio 67L,5, corresponde a una nave semidestruida, pero incluida en el sistema de la Cueva.

                En la secuencia 68L se indica, con más detalle, cómo se produce la unión de ambas estruc-turas para hacer ver la continuidad en todos los aspectos.

                En la perspectiva 69L se marcar el espacio perteneciente a la estructura de la Cueva, basándolo en el paramento 69L,3, que se continúa, de forma rectilínea, con el muro que sale de la puerta de Levante de la Cueva.

                Los espacios libres, a izquierda de la imagen dada, son intencionados para crear el paso de la calleCueva de Siete Palacios, y enlace con la calle Angustias Moderna.

                En 70L, 71L y 72L, se indica el cambio de dirección de las estructuras para facilitar el acceso a la parte superior de la Cueva y demás dependencias del área de arriba. Se piensa que en este espacio, las estructuras romanas giran dirigiéndose en sentido sur, como se aprecia en 70L,3 y en 71L, donde hay un intento, por parte de los ocupantes modernos, de modificar la estructura mural de la calle. Se cree que es un giro normal de la línea interna de las naves que, por imperativos de la configuración del terreno, fuerza a cambiar su sentido, aunque, en el interior de estas parcelas, se mantiene la horizontalidad del suelo (fot. 72L). En este mismo punto indicado, se ha producido una rotura intencionada para abrir paso hacia las Eras. La secuencia de muros rotos se observa en las líneas comprobadas entre un punto y el opuesto (fot. 73L). Se ve la secuencia hacia las partes superiores en 74L, donde la estructura se divide en dos partes: una, que guarda la línea de altura de la base (74L,4,5­), y otra, que empieza a seguir un nivel y orientación diferente (74L,3).

                Desde el ángulo presentado en 75L, se comprueba que la referencia 75L, 2, se sitúa en un plano inmediatamente inferior a los que se van a encontrar en la plazuela, sita encima de la Cueva, y todas las dependencias situadas en este nivel. Por esta razón los techos antiguos en este subsector han sido alterados por falta de equilibrio en el alzado. Todas las alturas situadas bajo el nivel de bóveda de la Cueva, han sido modificadas, debido a la inclinación de la calle ascendente. Por esta razón, las naves han perdido todas sus bóvedas, al ser adaptadas para vivienda moderna.

                El interior de la Cueva, en excavación, presentaba el aspecto mostrado desde la puerta de Levante (fots. 76L; 77L). Desde la de Poniente, se ve una perspectiva general, restaurada y adaptada para museo local.

                Estructurada en una secuencia de naves colaterales a una longitudinal central, y con una cubierta abovedada, la Cueva tiene un fondo de 21 m, desde la primera nave hasta la última, sin sumar los elementos de entradas a Levante y Poniente, lo que le da una mayor extensión (cfr. fig. 19). Las bóvedas laterales son de medio cañón y, al cortarse con la central, crean la de aristas, que discurre a lo largo de toda la zona central, hasta el paso de la quinta a la sexta pareja de naves late-rales afrontadas, donde sufre un ligero estrechamiento provocado por el engrose de muros de las citadas naves afrontadas. Las aristas, que mueren en las esquinas de todos los muros, experimentan una ligera alteración, modificando la línea de la bóveda de aristas.

                Pasado este espacio, se recupera de nuevo la simetría, iniciada al comienzo de la Cueva. La entrada tiene un grosor muy pronunciado; pero, si se considera que el espacio superior contiene otras estructuras similares a las de abajo, cabe pensar que su módulo (2,35 m de grosor), se justifica por el peso que debía soportar (las estructuras de arriba).

                Los tabiques de separación de las naves del interior, miden 0,6 m, menos en el paso de la quinta a la sexta, que tiene un grosor de 1,45 m. La anchura de las naves es de 2,75 m. La nave prin-cipal mide 2,90 m de anchura, menos en el estrechamiento, donde alcanza 1,85 m. Las cuatro bóvedas que conforman el sector situado frente a la puerta de Poniente, tienen las siguien­tes luces: 2,75 m, menos la primera, que tiene 2,10 m. Las naves, a izquierda según se sale por la puerta de Poniente, se estructuran en una nave longitudinal, cuya medida es de 2,90 m, y las naves colaterales: 2,75 m, y los muros de separa­ción: 0,60 m. Lo que da una profundidad de 6,80 m. La altura de las bóvedas es de 3,30 m, medida tomada desde una perspectiva antigua, antes de la excavación. Las variaciones tras aquella, pueden verse en los cortes transversales y en las secciones practicadas (fig. 20). El grosor del encofrado de las bóvedas es de 0,55 m, traslosándose en sentido horizontal.

                El material utilizado está compuesto por lajas de pizarra en las bóvedas, sillarejo irregular en los muros, y un relleno de mampostería superpuesto a las bóvedas. Los muros presentan la técnica del opvs incertvm. Pero, a partir del punto en que se colocan las cimbras para el montaje de las bóvedas, el material ofrece una forma irregular: aparece un revoque, que no es un enlucido, sino el propio hormigón conformado por las maderas colocadas para el levantamiento de las bóvedas. En la mayor parte de los puntos de intersección entre el arranque de las cubiertas y los muros, se comprueba la división de ambos sistemas (fot. 80L). En ellas se observa el alzado del muro de fondo casi desligado de la bóveda, y el aspecto de los muros de sujeción que cambia en el momento y punto donde se inicia la bóveda.

                Otro dato importante a tener en cuenta en este sistema de bóvedas, no como elemento arquitectónico sino como factor funcional muy concreto, es el agujero que aparece en algunos trazados de bóvedas. Así, en cada extremo de la nave central aparece una abertura: en la parte noreste (fot. 82L) y en la sureste (fot. 81L). El primero, situado sobre el paramento frontal, pero orientado de tal forma que impide la entrada de luz. El segundo, abierto sobre la misma bóveda y cubierto con piedras de época. Estas aberturas del centro de las bóvedas, en su mayor parte circula­res, aquí presentan formas rectangulares. También resulta revelador que aparezcan tan sólo en la segunda parte de la Cueva, es decir, pasados los muros de mayor grosor, en las dos últimas naves afrontadas (fots. 83L,1; 84L,2; 85L,3). Todas están taponadas con piedras talladas de época. En la mayoría de las estructuras en que se detecta este componente, siempre se concluye que es el único pasaje en donde la nave presenta algo utilizable como acceso.

                Pero aquí resulta extraño que haya que interpretarlos como entrada, ya que hay aberturas en superficie, aunque no consti­tuyan elementos de comunicación de estos espacios con el exterior, pues sólo une estas naves entre sí. Por tanto, hay que seguir admitiendo que es un punto de acceso a las naves.

                Sobre el espacio perteneciente al subsector situado de forma paralela a la Cueva y con la misma orientación, tan sólo hay una prueba testimonial: una nave idéntica, en tipo y medida, a las de la Cueva. Su propietaria indicó que, en la vivienda limítrofe a la suya, existe otra abovedada, pero semienrasa­da (fot. 86L).

                Al límite sureste de este conjunto, hay detectada, visualmen­te, otra nave de las mismas características, pero no se permiti­ó fotografiarla.

                En resumen, hay que decir que sobre este subsector se tienen suficientes datos como para admitir su realidad. Tal alineamiento, junto a una edificación como la Cueva, no puede tener una explicación más coherente que el considerar a este supuesto subsector como un elemento arqui-tectónico, parte de un complejo superior, del que se dice que está compuesto por cuatro subsectores o más, de los que los tres primeros presentan pruebas suficientes para ser admitidos como tales.

            Zona superior de la Cueva, y formas anejas

                Se piensa que toda la explanada superior de la Cueva, y gran parte de lo que hoy conforma el área de Eras del Castillo, presentan unidad arquitectónica. Por ello se ha creído conve­niente englobar en la planimetría de todo este espacio la mayor parte de esta zona.

                En cuanto a los lugares, que aparecen sin edificaciones, hay que decir que no es más que el resultado de la destrucci­ón paulatina de la mayor parte de las estructuras, tanto en las partes inte-riores como en las que sirven de pasillos y huecos internos.

                La casi totalidad de las edificaciones que se contemplan en este espacio, no son más que reutilizaciones de estancias romanas convertidas en viviendas. También la mayoría de ellas, en su forma interna, tiene los aparejos pertenecientes a toda una red de naves abovedadas que confor-man, de manera un tanto irregular, todo este nivel arquitectónico.

                También en este subsector se aprecian, delimitados y visibles, dos cuerpos de alzado sobre la parte superior del área de la Cueva. La más alta limita con lo que constituye Eras del Castillo.

                Con una descripción detallada, no sólo de las estructuras visibles, se comprueba la presen-cia de los dos niveles en las dependencias de las actuales viviendas, y también en las propias formas romanas del área central de este subsector.

                Se inicia el proceso descriptivo por el punto de entrada, casi encima de la puerta de Levante de la Cueva (fots. 87L; 88L). El primer espacio para analizar es una secuencia de estructuras con bóvedas enrasadas, o recubiertas con chapa de aglomerado de madera.

                En 87L,1 se indica la entrada a dos naves interiores que forman los únicos espacios de esta vivienda (fots. 89L; 90L). Tal como ocurre en otros lugares, aquí se aprecia el uso de elementos de revestimiento, que enmascaran toda la nave. Se sabe por los propietarios, que las paredes y la cubierta son elementos de una nave. Las medidas coinciden con las de las construccio­nes limítrofes. Frente a este paramento (fot. 87L) hay una secuencia paralela, cuyo alzado no es más que la estructura de la base, reutilizada en casi todo el muro de fachada. Téngase en cuenta que tal base es la prolongación de los componentes de la Cueva (fot. 65L,2,3).

                El aspecto exterior de su fachada moderna no hace más que reflejar lo que ha sido su antigua forma interna (fot. 91L). Se piensa que el fondo de esta parte, que se corresponde con los espacios de enfrente, no llega más lejos del punto indicado en 65L,2, aunque no se puede confirmar con clara definición. El aparejo externo presenta una forma que se asemeja a los paramentos colindantes. Lo que sí parece estar claro es que el espacio superior, situado justo encima de la pri-mera nave de base (fot. 66L), m­uestra indicios de aspecto externo igual a los que se vienen viendo como romanos en todas estas dependencias.

                En la perspectiva 92L, se ve la superficie situada encima de la zona central de la Cueva, que está debajo. Los puntos derivados señalan las estructuras romanas conservadas en este subsector: a izquierda de la imagen, hay unas estancias con paramentos que, en parte, muestran señales de su antigüedad y, en parte, remozados. Al fondo de la misma, se ve la secuencia de naves alineadas. A derecha del mismo espacio, la continuidad del gran muro romano, que separa la sección de la Cueva desde abajo, y la prolongación de éste hacia el sureste.

                En 93L se ve el realce experimentado por el suelo, indicación de que debajo se encuentra el citado muro divisorio. Viendo más cerca el fondo señalado en 92L, se encuentra el paramento externo de dos naves antes citadas, consecutivas. La longitud de este muro alcanza los 10 m. Su altura exterior llega a los 3,15 m, y el interior de la misma, a los 2,60 m. La puerta observada es una perforación artificial.

                En 94L,1, se indica un muro, o resto de él, adosado al de la Cueva o nave; y el saliente de encima de la falsa entrada pertenece al alzado de la nave, que corría paralela a esta secuen­cia. El grosor del muro del alzado es de 0,80 m. En 94L,4, se ve, formando unidad con el resto de estruc-turas, la continuidad del elemento de separación entre el subsector de la Cueva y el que se encon-traba adosado a ella, hoy parte de la calle San Joaquín (I). Su grosor aproximado es de 1,45 m, sobresaliendo del suelo, en este corto espacio, 0,90 m. Se comprueba que la estructura de encima de esta serie de naves, es moderna, pero no se puede estar seguro, aunque las apariencias así lo hacen ver.

                En 95L se observa la puerta artificial de una de las naves antes citadas (fot. 95L,2), y un paso artificial, creado mediante la rotura del muro que unía este paramento (fot. 95L,2,4). Tal muro, a izquierda, se apoya sobre la prolongación del alzado que sirve de fondo a toda la secuencia de naves colaterales, situadas a derecha de la Cueva, según se entra desde la puerta de Poniente. Este asentamiento se aprecia mejor, viendo la secuencia desde la perspectiva que presenta 98L,5,6, en donde se ve la continuidad, a partir de la rotura antes mostrada por otro paramento que lo hace continuar hasta enlazar con el murallón romano, que se dirige a Eras del Castillo, y que, como se ha visto en el sector de abajo, al fondo del paramento testigo del segundo subsector, situado al noreste de la Cueva, arranca de esa esquina del supuesto subsector (41L,4,). La nave, hoy visitable (fot. 96L), mide de anchura 2,75 m. El revestimiento es tan fuerte que apenas se puede distinguir el aparejo de que está construida la bóveda.

                Una vez atravesado este falso pasillo (fot. 97L; 97L,1), se encuentra otro espacio que tuvo un sentido similar al de una o varias naves (fot. 99L). Los paramentos se comprueban en 98L,1,5 ,7,8, del espacio indicado, y se remarcan en otras zonas más precisas (fot. 100L). El punto de cierre que da a la parte delantera de la zona inferior, zona aneja a la Cueva, sobre la puerta de Poniente de la Cueva, da indicios de arranque de las estructuras, superpuestas en el área situada debajo, trazada de forma teórica en planimetría de este subsector del complejo (cfr. fig. 23). El punto de donde partía la estructura superior, superpuesta a la de abajo, tiene su centro en 101L, en cuya línea se indican los momentos de arranque de los paramentos que conformaron el alzado de este subsector (fot. 101L,3), que se continuaban por 101L,1, para cerrar o formar una secuencia de naves similares a las analizadas en este espacio superior.

                Encima de lo que hoy es cubierta de la Cueva, (fots. 101L,1; 102­L,2) se comprueba lo si-guiente: grueso muro romano que divide diametralmente los subsectores formados por la Cueva y el espacio situado delante, en la puerta de Poniente de la misma, separán­dolos de las otras dos áreas de naves de la zona baja, formadas por la secuencia adosada a lo largo de la Cueva, calle San Joaquín (I), y el espacio situado delante, en sentido noroeste; es decir, que este muro constituye la espina que separa, en dos partes casi iguales, los cuatro bloques que pudieron componer este com-plejo (fot. 101L,4).

                En la parte superior (101L,1) se ve la réplica de muro que separa las partes homólogas de abajo, aunque con ligero desplazamiento, debido a un nuevo ordenamiento en la distribución y situación de las naves de arriba. No se olvide que se tiene un nuevo punto de apoyo debajo, como se ha comprobado en 107L y 108L.

                En descripción de detalles, no se deja pasar el descubri­miento de pavimento impermeabi-lizante del suelo, en el espacio 101L,3, donde se ve una gruesa capa de opvs signinvm. Se piensa que ésta se continúa hasta relacionarse con las dependencias que antes, en nivel inferior, se han considerado componentes bien de un depósito de agua o pileta de salazones (39L; 40L; 41L).

                Situados frente a este espacio descrito, se encuentran dependencias romanas convertidas en habitáculos modernos (fot. 104L). Este falso aspecto de vivienda se clarifica cuando se ve la composición interna de los muros y el momento de arranque de la bóveda en uno de los lados. Por ahora se penetra a través del falso paso (fot. 104L,5), estruc­tura destruida previamente para tal fin, y se adentra en las naves más ocultas de este subsector (fot. 104L,2), situadas bajo el nivel de las que dan a Eras del Castillo, con cuatro metros, aproximadamente, más que éstos. Desde este mismo punto se detecta cómo el paramento divisorio de fondo (fot. 104L,3), en la nave que se tiene delan-te, se remonta, aproximadamente, dos metros para constituirse en las espaldas de las naves que dan a la citada plaza de Eras del Castillo. A su vez, en esta misma foto (fot. 104L), se ve, en 104L,6, una inte­rrupción del muro usado como punto de apoyo en las viviendas, y que se continúa en 104L,7, indicándose el tramo (fot. 104L, 6) destruido, y apreciándose, encima de la entrada de la nave, los restos del muro roto, así como en sus puntos extremos.

                También se da aquí la secuencia de una línea de muro, espalda de las naves que se encuen-tran a derecha de la imagen (fot. 104L,4), así como el paramento lateral de una nave, antes citada, que presenta una bóveda rota (104L,1). Detalle del muro de fondo de 103L,3, se ve en 105L,3.

                Dados estos rasgos de la parte externa de tal espacio de sistemas abovedados, nos aden-tramos en la nave antes citada (fot 104L,3), para analizar su interior (fots. 106L y 107L). Tiene las mismas característi­cas que las antes estudiadas (cfr. fot. 96L). Sus medidas son las siguientes: altura: 2,20 m; anchura: 2,75 m; largura: 4,50 m. La falsa entrada se encuentra flanqueada por un muro que mide de grueso 1,45 m, que se apoya sobre roca madre, ya que, en este espacio, se está fuera de los vanos de la Cueva y partes anejas del mismo nivel. Al fondo de la nave, sobre la bóveda, fuertemente revestida con capas de cal, se aprecia una perfora­ción que pertenece al antiguo acceso que las naves tienen en este sector.

                En 108L se ve la cubierta de la misma nave con revesti­miento de cemento moderno. Los muros laterales se aprecian en los puntos 108L,1,4, y el de fondo, en 108L,2. Los laterales manifies-tan una proyección hacia arriba, constituyendo los paramen­tos de las edificaciones en alto, a en-trambos lados de la nave. Situados en salida de la nave en cuestión, se encuentra un falso pasillo a su derecha, que conducirá hacia una secuencia de nave, de módulo reducido. Justo ante el citado punto, se observa un estrecho pasillo con dos gruesos muros a ambos lados y, al frente, una entrada aparentemente natural, consecuencia de una rotura (fot. 111L,2). Encima de la entrada se ve un muro que sobresale iniciando un paramento (fot. 111L,3) que, desde una perspectiva superior, muestra ser un nuevo alzado montado sobre la estructura de abajo. Su grosor es de 0,90 m; su largura: 2,55 m, y su anchura, 1,10 m (fot. 110L,2 ).

                De nuevo en la línea de abajo, se entra por una falsa puerta, y se encuentra una secuencia de naves de escasas proporciones, que giran en ángulo recto casi formado un corto laberinto (fots. 112L; 113L; 114L; 115L). El final de la secuencia es el punto indicado por la última fotografía. La primera de ellas mide 2,20 m de largura; la segunda: 7,20 m, y la tercera 2,20 m. De anchura tienen un mismo módulo: 1,40 m, y las alturas: 1,90 m.

                En 116L se ve una perspectiva de conjunto entre las naves 108L, 104L, y la secuencia de las pequeñas, con el muro de arranque, encima de su acceso artificial. Al lado izquierdo, según se entra a la serie de naves antes descritas, se ve la indicada en la parte exterior (fot 107L). Tiene su bóveda rota, comprobándose su punto inicial en uno de los muros de su alzado (fot. 118L,2). Su largura es de 4,95 m; el grosor de su muro interior: 1,45 m, y el exterior: 0,45 m. Tal diferencia se explica porque dentro son muros adosados, mientras que fuera, no. Su anchura es de 3,70 m, incluyendo muros; la anchura real interior es de 2,10 m. Su aparejo es de opvs incertvm. A propósito de esta estancia, conviene decir que algunos de sus paramentos se han restaurado, dando impresión de no ser romanos, si no se tuviera en cuenta el contexto. Los retoques han sido numerosos y frecuentes, hasta el punto de llegar a dudar de la autenticidad de los alzados y estructuras en muchos sitios.

                En esta misma parte, pero en uno de sus extremos lindantes con las naves pequeñas (fot. 119L), se observa una abertura (fot. 119L,3) que da entrada a una pequeña nave, conectada con la 107L, que en esta imagen presenta el punto de arranque de la nave con bóveda rota (fot. 120L,3). La citada nave da señales de tener acceso natural, pero las roturas de su parte superior indican que no (fot. 122L,2). Su interior muestra bóveda de medio cañón. Sus medidas aproxi­madas son: fondo: 1,40 m; anchura: 1,20 m, y altura: 1,90 m. El grosor del muro de entrada es de 0,90 m. En el para-mento de fondo presenta una acanaladura vertical de 0,35 m de ancho, por 0,05 m de fondo, en su centro, desde la bóveda al suelo.

                Volviendo a la línea de calle, se observa cómo en 123L, se comprueba la correlación entre las diferentes estructuras en este subsector. Así, en 124L,1, se muestra la línea de fachada de una nave reutilizada, adentrada un poco en el espacio libre, modificando sus medidas según el tipo aquí dominante.

                En 123L se observa este fenómeno, ya que la anchura de fondo de esta calle es de 3,95 m (fot. 123L,2), y no señalada en 123L,5.

                En 123L,3 se ve el paramento de la nave de bóveda rota (fot. 120L). Después hay un falso paso con rotura de paramento para abrir el acceso, apareciendo a continuación los muros de 123L,4, perfectamente alineados.

                Se vuelve a la plazuela situada encima de la Cueva, para continuar los detalles, a izquierda de la misma. Así, se pasa de nuevo por el estrecho corte de muro (fot. 123L,4) y aparece el para-mento reconstruido de una cadena de naves semidestruidas.

                En 124L se presenta, (fot. 124L,3), una secuencia de muro que se cierra en 124L,2, de don-de, a su vez, sale, en sentido vertical, otro muro cuya huella tan sólo está indicada. Continúa después hasta cerrarse, por fuera, con estructuras más reutilizadas (124L,1).

                En 125L hay una visión de conjunto: 1, área del techo de la Cueva; 2, muro algo alterado en su alzado, continuación del iniciado en 125L,7; 3, puerta artificial de acceso a otras naves; 4, muro añadido a otro del mismo tipo y técnica, que muere en 125L,5, de donde parte un segundo, en ángulo recto, tanto hacia dentro como hacia fuera.

                En 126L se comprueban las afirmaciones sobre la distribu­ción de los espacios: 1, punto de arranque, en ángulo recto; 2, muro romano adosado; 3, punto de arranque del muro de la nave. En la perspectiva 127L y 128L se ve la alineación. Si se entra por la antes citada puerta artificial, apa-recen dos compartimentos que se corresponden, en medida, con lo visto fuera. Sus módulos son los siguientes, de derecha a izquierda: primera nave: largura: 2,80 m; altura de los muros: 0,90 m y 3,20 m; grosor del muro externo: 0,90 m; interior, 0,80 m. El punto de arranque, en sentido vertical a todo el paramento corrido, mide 1,50 m de altura. La anchura de las tres naves rotas es de 3,40 m; su largura: 3,45 m; y la tercera, más corta, 2,80 m. Dentro de ellas se observa la serie de muros de separación, bastante alterados (129L,2; 130L,1; 131L,2). Este último, que deslinda la segunda de la tercera, tiene doble muro yuxtapuesto.

                A través de 129L,2, nos adentramos en una nave, alineada con la 120L, y bien conservada (fot. 132L). Sus medidas son: altura: 2,60 m; anchura: 3,30 m; y largura: 4,80 m.

Toda esta secuencia de naves tiene las siguientes caracte­rísticas comunes: coinciden en los módulos de anchura y altura, y en sus características arquitectónicas.

                En perspectiva desde la parte alta, se identifican las distintas formas y alineaciones de naves (fot. 133L,2,3,4,5,6, con otras que hay detrás). La nave con bóveda ahora descrita se encuen-tra en 133L,3.

                Perfilados los interiores a los que se ha tenido acceso, se finaliza dando las medidas de otros compartimentos de la plazuela y lo ya descrito a su lado. Tal es 133L,8, que mide de fondo 4,70 m, y de largura: 6,80 m, dividido en dos espacios de naves consecutivas, por un muro romano de 0,90 m de grosor.

                Situados en las secuencias de muros, paralelos al alzado de cierre, que sube desde 116L, en sentido suroeste, aparecen tan sólo indicios de estructuras. Así, en 134L se ve: 1, paramento romano con revoque moderno; 2, indicio de arranque de muro romano de cierre; 3, indicación, sobre el suelo, de un resto como testigo; 4, paramentos romanos retocados modernamente que hacen dudar al identificarlos con las formas romanas, por no disponer de fotografías más antiguas.

                Los muros situados a espaldas de toda esta secuen­cia se han tomado, pero enmarcados dentro de otro sector, el M (fig. 24). Se han incluido aquí para explicar el sentido y secuencias indicados en 135L 2,3, y que se relacionan con los muros que se ven (hoy ya no), en 149L. Los puntos siguientes a este encadenamiento los han incluido en el citado sector M, porque, como se ha dicho, lo más coherente hubiera sido planificarlo aquí, pero las limitaciones impuestas por la planimetría, no lo ha permitido.

                Vista esta secuencia, en la plazuela Eras del Castillo, se encuentran las estancias más elevadas de todo el conjunto de Seks (fot. 138L), cuya cota, sobre el nivel del mar, da una altura de 44,60 m. Si a esto se suma la altura de los paramentos de las naves en este espacio, se llega a una altura aproximada de 48 m sobre el nivel del mar.

                El número de naves reutilizadas actualmente en este espacio de fachadas (fot. 138L,1,2, 3,4), es de cuatro. En los detalles del paramento principal, (fot. 139L) se observa el grosor del muro, de 0,90 m, y el aspecto exterior que deja ver la estructura externa de los muros. El nivel de su altura se sitúa ligera­mente por encima de las puertas de las casas.

                Al penetrar por la puerta 139L, se contempla la estructura interna de una de las naves reutilizadas en 140L, prolongada hasta situarse encima de la nave ancha del subsector, ubicado inmediatamente detrás (fot. 108L), formando límite natural con ella.    

                En la siguiente estructura, en la misma plazuela, hay un pasillo reutilizado, pero en mal estado de conservación (fot. 141L), en donde se aprecia, de forma detallada: 1, muro paramento de la nave última de las alineadas en la plazuela; 2, paramento de nave en sentido vertical, respecto a las anteriores; 3, restos de muro romano, aflorando como testigo de una yuxtaposición. En la prolongación horizontal de este nivel, se encuentran otras naves dirigidas en el mismo sentido, pero en nivel inferior. Se supone que los restos estudiados ahora se correspondían con otras naves, al mismo nivel, y cuyos muros de alzado se encuentran ahora sobre las citadas naves.

                En la perspectiva 142L se observan los restos de muro sobre el suelo actual (142L, 1,4). Los alzados que se ven en 143L,3,4, son los vestigios de una yuxtaposición, y el paramento 143L,1, una reutilización de materiales anteriores superpuestos a una forma más antigua en la propia evolución de este conjunto.

                En fotografía desde un alto, se comprueban yuxtaposiciones de naves montadas en para-lelo, pero a distinto nivel (fot. 144L): 4, nave con orientación sureste; 5, nave en paralelo, a nivel superior, con la antes citada. Se comprueba cómo, en la parte más alta oriental de la izquierda, se observa el muro saliente hacia arriba y lógicamente perteneciente a una estructura superior super-puesta, midiendo aproximadamente 0,85 m de altura, y 0,90 m de grosor.

                Frente a este murete que destaca, se ve el contrapuesto, situado justo en paralelo (145L,3), cuyo grosor es de 0,90 m, ocupando todo el fondo. Pero es preciso marcar una división en este mismo espacio, que separa en dos esta área superior en 144L,3; 146L,5, dando a entender que de aquí partía un par de muros en paralelo, con unas medidas algo diferentes a las que se registran debajo; pero que no ponen en duda su correlación con los que se encuentran en el nivel superior y en posición paralela. Se comprueba cómo tienen muro medianero en común (fot. 146L,5).

                A partir de 146L,3, se detecta otro espacio superior destina­do a naves, cuya anchura es de 4,50 m, su altura: 3,05 m, y su muro de cierre: 0,90 m. Los muros laterales son medianeros y, al no poder haber sido medidos, se ignora este dato.

                La opinión más aceptable es admitir toda una secuencia que ocuparía la parte superior de esta línea de formas, y que se prolonga hasta el murallón de cierre. Así, en el punto 146L, se obser-va: 1, muro romano de cierre lateral usado como elemento arquitectónico para toda la secuencia de casas, que reutilizan los paramentos de edificaciones romanas; 2, muro indicando la continuidad que se pretende inducir. Se encuentra a ambos lados del pasillo que los separa y con un muro de 0,90 m de grosor encima; 5, muro medianero perteneciente a una pretendida nave en este espacio superior. Sobre el fondo de 145L, 3, y en nivel inferior, se contempla la fachada que presenta la imagen 147L y 150L. La primera, más antigua y con más datos que ofrecer, no tiene el tapona-miento practicado en la falsa puerta. Se trata de una nave central cuyo fondo mide 6,30 m (fot. 150L). Según se entra, se ve, a derecha, el hueco de dos naves, con una separación de 1,40 m. Su anchura es de 2,10 m, y su altura: 2,20 m. Sobre el centro se observa una abertura en el techo, que se corresponde con la técnica ya conocida en todos estos sistemas de naves: antigua forma de entrada.

                Situados en la fachada (fot. 149L), se observa una serie de elementos que informan sobre la continuidad y rotura de estructuras ya desaparecidas: 1, indica el arranque de un muro que partía en sentido vertical a este sistema; 2, detalle de la falsa entrada; 3: corresponde al espacio que se cree es el de las naves abovedadas adláteres, pero que, a su vez, indican el punto de arranque de las estancias consideradas elementos integrantes de un subsector que inicia el espacio superior de este complejo de naves. El momento de arranque, en sentido vertical, se comprueba en 148L,2, que in-dica una zona algo superior al paramento que se viene considerando sobreelevado con relación al resto de los alzados.

                En los puntos 149L y 150L se observa la línea de fachada y el inicio de las partes que indi-can el comienzo de los paramen­tos que enlazan con el resto de las edificaciones identificadas en este subsector superior.

                En el subsector correspondiente a la Cueva, la excavación practicada, con elementos arqui-tectónicos en los cimientos, no pertenecientes al alzado estructural de la misma, ha revelado lo siguiente: aparición de muros romanos anteriores al conjunto, en la base de tal edificación; apari-ción de un estado estratigráfico a consecuencia de un relleno en el tiempo; hallazgos de compo-nentes estructurales que indican la manipulación de pescado dentro del subsector en su suelo; sistemas de conducción de agua por canal en uno de los extremos, con derivaciones menores, (cfr. fig. 19).

                En la supuesta estratigrafía, los materiales corresponden a las siguientes etapas de la historia de Seks: cerámica ibérica de los períodos del Bronce Medio y Final; cerámica fenicia de finales del siglo VIII a. de C.; cerámica púnica reciente; cerámica romana común; cerámica medie-val musulmana y cerámica reciente. Además, ha aparecido una moneda púnica en materiales de relleno que se extrajeron hace varios años en movimien­to de tierra en su interior.

                No existe secuencia cronológica en los materiales o estratigrafía, sino sólo la provocada por el relleno practicado por parte de los ocupantes.

                Hay que admitir que este espacio ha sido utilizado para fines industriales. La presencia de mechinales en los muros afrontados de las naves laterales de la Cueva, hace pensar que se empotra­ran en ellos para montar travesaños que sirvieran de colgadero al probable tipo de pescado, que aquí se almacenara, una vez seco, entre otras manifestaciones. El hallazgo de escamas y estructuras de función industrial, los canales y pequeños depósitos, dan argumento para admitirlo.

                En cuanto al subsector anejo a la Cueva, hay que decir que la gran base estaba integrada por cuatro áreas relacionadas entre sí, al menos en las dos más elevadas, y comunicadas con un paso, como se ha comprobado; por ello, es tarea ahora explicar cuál era su finalidad.

                Sentado lo afirmado en el subsector L anejo a la Cueva, a propósito de las excavaciones, o lo que es igual, su utilización como plataforma en la que se ha elaborado algún tipo de pescado, se confirma que, una vez comprobada la existencia de algunos elementos, testigos de ser un secadero de pescado, por lo menos en una época, este espacio se ha destinado a almacén de productos manu-facturados en las áreas industriales, e incluso aquí. Todo indica que se han almacenado grandes tinajas, como hace años se pudo comprobar.

                Una vez se expongan las condiciones que se dan en estos recintos cerrados, se verá con más claridad por qué se llega a tal conclusión, aparte de haber encontrado resto de pescado en su inte-rior, como testigos y pruebas de esta afirmación.

                Analizando la estructura de este edificio, se muestra lo siguiente: el grosor de los muros externos oscila entre los 0,90 m, y 1,45 m, según los lugares, fenómeno que hace que la temperatura interior experimente ligera oscilación térmica que, consecuentemente, lleva a inferir que se trata de una cámara isoterma con ligeras alteraciones estacionales. No se olvide que las estructuras que faltan, se sitúan tanto en la superfi­cie superior como a los lados, y esto es un factor a tener en cuenta a la hora de concluir lo que se afirma sobre la funcio­nalidad real de este complejo arquitec-tónico. En segundo lugar se ha constatado fehacientemente que, al menos, el espacio excavado no ha registrado resto alguno de pavimento roma­no, como requeriría una estructura así. El único suelo detectado ha sido roca madre, fenómeno común en todas las estructuras vistas y documentadas hasta ahora. En tercer lugar, se ha localizado un sistema de ventilación indirecta a través de unas aberturas situadas en los extremos de la Cueva, de tal forma que evitan toda entrada de luz. Tan sólo se percibe la entrada de aire. En cuarto lugar, se observa la orientación Levante Poniente, que sitúan la ventilación en una marcada posición con respecto a los vientos más comunes en la zona costera.

                Si se conjugan tales elementos: temperatura casi constante (cámara isoterma por la propia estructura de la Cueva); ausencia de luz natural (factor que provoca la descomposición de la materia orgánica); ausencia de luz solar (ya que la Cueva se ve al exterior como un edificio hermé-tico y sin acceso); ausencia de pavimento en el suelo, cuyo único elemento es roca madre, para evitar humedad; corriente de aire controlada y estratégicamente montada en los puntos claves del alzado. Todo esto sintetizado en: ausencia total de luz, isotermia, ausencia de humedad, y paso de aire controlado, conjugados estos datos, no pueden dar otro resultado que admitir que son almace-nes destinados a la conserva, en una época, o de preparación de pescado, en otra.

                El subsector situado encima de la Cueva, constituye el espacio mayor del sector L. Fundamentalmente está formado por series de naves alineadas, con diferentes tipos y medidas. En la mayor parte de ellas se observa el elemento común de la ventilación, con abertura en la bóveda. Las entradas actuales son artificiales, al igual que los suelos, salvo en los lugares donde se ha detectado el elemento impermeabilizador, bien para evitar filtraciones que perjudi­quen las estruc-turas de abajo, bien porque se trate de la existencia de depósitos de salazón o almacenamiento de agua. Así, toda una sección de este subsector muestra un elemento impermeabilizante de opvs signinvm, encima de la parte destruida, ante la puerta de Poniente de la Cueva.

                Los testimonios están ahí y son ineludibles. Ello induce a pensar que es una nueva loca-lización de superficie cubierta destinada al almacenamiento y a la preparación de pescado, que da sentido unitario no sólo a la parte de arriba de este sector, sino que, de forma indirecta, ratifica la funcionalidad de los espacios situados debajo, como la Cueva y su entorno. Estructuralmente hay que admitir que existieron espacios superpuestos a los ya descritos, y que constituían un nuevo sector elevado. Las pruebas son evidentes en el área central, fuera de la base que es la Cueva. Los muros de arranque de otras naves más elevadas han sido identificados como paramentos destrui-dos, pertenecientes a otros de mayor elevación. En resumen, se puede afirmar que esta parte del complejo tiene los siguientes componentes: abastecimiento de agua, depósitos o piletas, y naves abovedadas en todo su espacio. Si se añaden las características descritas para el subsector de abajo, se puede definir como zona industrial de similar funciona­lidad.

Conclusiones del sector L

Subsector Cueva

La excavación practicada en esta fase, con elementos arquitectónicos en los cimientos, no pertenecientes al alzado estructural de la Cueva, nos ha puesto de relieve lo siguiente: apari-ción de muros romanos anteriores a todo el conjunto en el espacio que constituye la base de tal edificación; aparición de un estado estratigráfico algo extraño, como consecuencia de haberse producido un relleno artificial en el tiempo, que ha podido ser muy concreto por las caracterís-ticas generales detectadas en el transcurso y análisis de los resultados de la excavación; hallaz-gos de elementos estructurales que nos indican la existencia de manipulación de pescado den-tro del subsector y en su parte profunda o suelo; existencia de sistemas de conducción de agua a través de un canal localizado en uno de los extremos, con diferentes derivaciones menores, (cfr. fig. 19).

Visto que no existe secuencia cronológica en los materiales o estratigrafía propiamente dicha, sino tan sólo la provocada por el relleno que se ha practicado por parte de los ocupantes, se tiene que admitir que este espacio ha sido utilizado para fines industriales. La presencia de mechinales (como ha quedado dicho antes) en los muros afrontados de las naves laterales, nos hace pensar que probablemente se empotraran en ellos para fijar travesaños, que sirvieran de secadero del tipo de pescado, que aquí se almacenara, entre otras manifestaciones. El hallazgo de escamas y estructuras de función industrial, como los canales y pequeños depósitos, nos hacen llegar a estas conclusiones.

Subsector bajo, anejo a la Cueva

Admitido que la gran base de este complejo estaba integrada por cuatro áreas relaciona-das entre sí, por lo menos en las dos más elevadas y comunicadas con un paso, como se ha podi-do comprobar, es tarea ahora explicar cuál era su finalidad.

Analizando la estructura de este edificio, se puede mostrar lo siguiente: el grosor de los muros externos oscila entre los 0,90 m, y 1,45 m, según los lugares, fenómeno que hace que la temperatura interior tenga una ligera oscilación térmica que, consecuentemente, nos lleva a poder establecer que se trata de una gran cámara isoterma con escasas variaciones de tempera-turas estacionales.

No se olvide que las estructuras que faltan, se sitúan tanto en la superficie superior como a los lados, y esto es un factor a tener muy en cuenta a la hora de concluir lo que se quiere decir, y en parte ya se ha dicho, sobre la funcionalidad real de este complejo arquitectónico.

En segundo lugar, se ha podido constatar fehacientemente que, al menos, el espacio que se ha excavado, no ha registrado en ningún momento resto alguno de pavimento romano, como requeriría una estructura así. El único suelo que se ha detectado ha sido la roca madre, fenóme-no común en todas las estructuras que se han visto y documentado hasta ahora.

En tercer lugar, se ha localizado un sistema de ventilación indirecta a través de unas aberturas, observadas en los extremos de la Cueva, de tal forma situadas que evitan toda entra-da de luz. Tan sólo se percibe la entrada de aire.

En cuarto lugar, se puede observar la orientación Levante Poniente, que sitúan la venti-lación en una marcada posición con respecto a los vientos más comunes en la zona costera.

Subsector encima de la Cueva

Este subsector constituye el espacio mayor, conservado en todo el sector L. Fundamen-talmente está integrado por series de naves alineadas, como se ha podido ver a través de toda la descripción anterior, con diferentes tipos y medidas. En la mayor parte de ellas se observa el elemento común de la ventilación, mediante una abertura en la bóveda. Todas las entradas son artificiales, al igual que los suelos, salvo en los lugares donde se ha detectado el elemento imper-meabilizador, bien para evitar filtraciones que perjudiquen las estructuras que se encuentran debajo, bien porque se trate, como todo parece indicar, de la existencia de depósitos destinados a la salazón o al almacenamiento de agua. Téngase en cuenta que se han localizado canales de distribución de agua en algunos puntos, como se ha visto. Casi toda una sección de este subsec-tor parece mostrar un elemento impermeabilizante, como el opvs signinvm, que se ha localizado encima de la parte destruida, delante de la entrada de Poniente de la Cueva. Los testimonios están ahí y son ineludibles. Ello nos induce fundamentalmente a pensar que estamos ante una nueva localización de superficie cubierta, destinada al almacenamiento y a la preparación de pescado, que ciertamente da sentido unitario a la parte superior de la Cueva como, de forma indirecta, a los espacios situados debajo, la Cueva y su entorno. Estructuralmente se tiene que admitir que existieron espacios superpuestos a los ya descritos, y que constituían un nuevo sector elevado. Las pruebas son más que evidentes en el espacio central, fuera del área cuya base es la Cueva. Los muros de arranque de otras naves más elevadas han sido identificados como paramentos destruidos, pertenecientes a otros de mayor elevación.

En resumen, se puede afirmar que esta parte del complejo tiene los siguientes compo-nentes: abastecimiento de agua, depósitos o piletas, y naves abovedadas en todo su espacio. Si le añadimos las características descritas para el subsector de abajo, se puede concluir que cons-tituye otra zona industrial de semejante funcionalidad. En lo concerniente a los tres subsectores que conformaban el área inferior, es preciso decir que se encuadran dentro de la misma deno-minación y funcionalidad, ya que los testigos que se nos presentan tan sólo son eso, pero de estructuras que han sido rotas y que formaron parte del gran complejo. Por ello se da nuestra última y definitiva calificación a este sector, afirmando que se trata de un área de elaboración de pescado, a la vez que espacios destinados al almacenaje de las manufacturas de Seks.

SECTOR  M

El espacio demarcado comprende un sector rela­cionado con lo que se considera área de gran densidad arqueológica. Así que guarda una relación grande de afinidad estructural con el sector L, considerado el más relevante por su calidad y buen estado de conser­vación.  

Se inicia la descripción desde la cota 33,50 de la calle San Miguel y, de forma fraccionada, nos adentramos en cada uno de los subsectores en que ha sido dividi­do este espacio, ya que el callejero moderno, con topónimos diferentes en los distintos tramos que abarca, usa indistin-tamente, de común denominador, el de calle San Joaquín, hasta el punto de que hay necesidad de dividir en cuatro subsectores, con la misma toponimia, el conjunto de ramales de calles que presenta la cartografía tanto antigua como moderna.

En cuanto a la evolución de este sector, como componente urbano de la ciudad, la calle San Joaquín comprendió tan sólo un espacio situado entre la actual puerta de Poniente de la Cueva y su unión con la calle Antigua. En este primer aspecto de la calle San Joaquín se precisa indicar que su prolongación hasta la entrada este de la citada Cueva, tuvo lugar con la apertura de paso, realizado rompiendo material, usado de plataforma equilibradora del terreno. Según los vecinos, para ocupar las naves (cue­vas), donde ellos han levantado sus casas, tuvieron que allanar el suelo que linda con la Cueva y el murallón de contención que hay debajo (cfr. fig. 19).

Posteriormente y en sentido oeste, de forma artificial, dos nuevos ramales de calle desem-bocan en las antes citadas; una, que comunica San Joaquín con Eras del Castillo (mediante la rotu-ra de muros romanos y murallón medieval; (cfr. fig. 24), y otro ramal, que, partiendo verticalmente y en sentido sur, se bifurca en dos nuevos pasos, ambos sin salidas, o ciegos.

Ello indica que tanto uno como otro han sido abiertos artifi­cialmente, para ocupar y habi-tar las estructuras de antaño, cerradas e incomunicadas entre sí.

Se observan, como prueba de ello, las múltiples huellas de formas romanas sobre el actual pavimento, en estado de primiti­vo cierre. No tiene sentido admitir que las actuales calles respondan a algún esque­ma urbanístico, ni medieval, ni moderno. Todo, o casi todo para ser más coherentes, responde a la necesidad de crear, por una parte, vías de comunicación que se interrelacionen y, por otra, ocupar recintos que, aunque disponían de algunos espa­cios, de huecos propios de su estruc-tura, eran, sin embargo, puntos cerrados y casi inaccesibles, que hubo que romper para montar lo que hoy se contempla en la mayor parte del casco urba­no actual.

En lo que concierne a determinadas calles de este sector, es necesario aclarar que una de ellas constituye el primer ejemplo que aquí se estudia como especial. De hecho son varias las que muestran esta característica tan peculiar. Así, la calle Antigua (fot. 1M,1) ha sido levantada desmon-tando la muralla almenada, que parte de las cercanías del Castillo, y se dirige en sentido sur-norte. Sobre ella se ha montado el primer tramo de dicha calle, partiendo del punto cero de la calle San Miguel, en sentido norte. La estabilidad de la calle, sin fisuras ni movimientos de base, a pesar de los drenajes practicados, los alcantarillados modernos son bien elocuentes por sí mismos.

En 1M, testigo claro, se observa cómo el murallón queda debajo con sólo comprobar la anchura de la calle y el grosor del murallón.

Pasando a la descripción, se inicia la secuencia desde la calle San Miguel y en el punto donde comienza la Antigua. Si se sigue la línea de fachada, se observa una secuencia de reutili­zaciones de muros romanos no en alzado sino en base, y esto en algunos tramos, porque en otros (fot. 1M,1) se ve que el aparejo de un determinado recinto está levantado utilizando materiales romanos originarios (fot. 4M).

Las construcciones realizadas en este primer tramo se han llevado a término obligadas por la secuen­cia curvilínea de la muralla de conten­ción, sobre la que descansa parte de la calle y la totalidad de las casas de la parte izquierda de la misma, según se desciende o se va hacia el Norte. Pero la estructura romana queda manifiesta en las secuencias de viviendas sitas a derecha del mismo sentido (fots. 2M; 3M). Hacia la mitad de este tramo de secuencias de formas, se produce una interrupción por necesidad de abrir paso al exterior, por donde el acceso resultaba más fácil, y comunicaba unas áreas que habían quedado encerradas por su forma y situación.

En 4M se observa un espacio de nave, transfor­mada en cobertizo, como paso hacia otras estructuras bajo el nivel de las corres­pondientes a otro sector. El intento de convertir estos receptácu­los en elementos de vivienda es el principal motivo que ha provocado las transformacio-nes que hoy se ven en numerosos lugares. El que presenta 4M es un ejemplo de ello.

Como se viene detallando, a mitad de la calle, se produce un quiebro en la secuencia de los muros domésticos norma­les, para dar paso hacia una secuencia de naves que habían quedado aisladas por la dificultad de comunicarlas al exterior. De ahí, la abertura de este espacio, que muestran 5M y 7M. En esta última se comprueba la existencia de restos en el suelo, que han pertenecido a materiales romanos de enrase para equilibrio del terreno, de opvs caemen­ticivm (fot. 7M,1,2,3).

Al fondo de tal área está la entrada artificial a dos de las naves. Entrando, a derecha se ve otra puerta artifi­cial para facilitar la comunicación y ventilación de las naves que se siguen orde-nadamente en la calle. En el interior de esta secuencia, se contemplan otras naves con dimensiones idénticas, midiendo la altura (punto de enrase de la bóveda), 2,60 m, aproximadamente; su anchu-ra. 2,50 m. Los muros tienen un grosor de 0,90 m (fots. 8M; 9M; 10M). Se supone que la altura, a partir del enrase de las bóvedas, alcanzaría los 3,20 m.  

Toda esta secuencia se continúa a través de una lí­nea casi paralela a la calle. Las tres naves indicadas son testigo de todo el conjunto. El resto de la calle lo integran las casas modernas, pero que son el aprove­chamiento de los espacios ocupados por las antiguas naves que se iban sucedien-do, en tres líneas en batería. Si se observa con detalle esta primera parte, se concluye que las estructuras, desde la calle San Miguel, en sentido sur-norte, forman grupo de naves de caracter­ísticas comunes. To­das han sido naves afectadas por la nueva aplicación utilitaria; todas tienen, o han tenido, bóveda de medio cañón (só­lo tres la conservan, aunque cubiertas con falso techo), y las demás han sido enrasadas para elevar sobre ellas otras habita­ciones, pero siempre montando lo nuevo sobre los muros latera­les de las bóvedas, punto fuerte de apoyo. En proporciones hay poca oscilación de unas a otras, con casi la misma longitud (entre 5 y 6 m) y la misma altura, 2,30 m, aproximadamen­te. El grosor de los muros varía entre los 0,80 m y 0,90 m. La anchura de los habi-táculos es aproximadamente de 2,50 m en las supuestas naves, aunque se toman como referencia los seis compartimentos analizados y medidos.

Continuando la calle Antigua hacia el Norte (fot. 12M), se llega a una plazuela (fot. 13M), donde se aprecian, en el suelo, (fot. 13M,1,2) los vestigios del muro maestro, que conformaba el fondo de la secuencia de naves. Esta plazuela es artificial, ya que, como se aprecia en imagen, se veían bastantes más indicios de muros sobre el suelo, que constituían la secuencia de los muros de las naves expuestas.

Al comienzo del subsector San Joaquín (II), hay, sobre fachada, restos de muros romanos encalados, y que son la base de nueva secuencia en sentido norte-sur (fot. 14M). Esta alineación se sitúa a espaldas de la secuencia antes expuesta, descrita ahora desde el lado opuesto. Se ven, en primer lugar, los muros que conforman este nuevo espacio de naves, al que se entra por un lugar, hoy calle, que estuvo cerrado. Por tanto es un acceso artificial hacia otros compartimentos (fots. 15M; 16M; 17M; 18M). En estos testimonios urbanos se comprueban, sobre el suelo, los indicios de los muros rotos para penetrar en los recintos que informan estas edificaciones (fots.19M; 20M), donde son visibles los restos y reutilizaciones de los paramentos de las estructuras romanas pree-xistentes. Ampliando la fotografía 20M, se puede observar cómo salen del muro, a nivel del suelo, restos de una pileta de salazones, o de un posible depósito, con su revestimiento de opvs signinvm (fot. 57M).  

En 22M, aparte de ser un paso artificial, se presenta una bifurcación que ha hecho dividir esta área en dos subsecto­res: III y IV. Y, como se comprueba en detalles, los restos afloran tanto sobre los que se podría considerar paramentos modernos, como en los que, aún en menores pro-porciones, son residuos testimoniales directos de muros romanos (fot. 22M ,3). A la entrada de este subsector, antes de la bifurcación, se ve, en el interior de una vivienda, la secuencia de las naves reutili­zadas con diferentes fines. En este detalle se ve el muro de fondo que limita con el subsector San Joaquín (II), el muro que le precede e identificable por estar débilmente encalado (fot. 23M,1), y los muros transversales que cortan en vertical a los antes citados.

En 24M se indica el punto de arranque de una secuencia de naves fuertemente modifica-das, pero, en su aspecto externo, dejan indicios patentes de la reutilización de los paramentos, como sistema básico de aprovechamiento para nuevas viviendas.

Penetrando en el subsector IV de esta calle, aparecen los muros exteriores de las construc-ciones romanas, con huellas de sus aparejos, constituyendo, a derecha e izquierda, dos secuencias paralelas. Uno de ellos (fots. 24M; 27M) es limítrofe con las cadenas de naves de la calle Antigua; otro, con el subsector II (fot. 28M). Como se aprecia, las proporciones de altura, anchura y muro, están dentro de las coorde­nadas comprobadas en la casi totalidad de este sector: altura media, entre 3 m y 3,30 m; grosor de muros, entre 0,60 m y 0,90 m. La altura de los espacios interiores oscila entre 2,50 m y 4 m, con ligera variaci­ón.

El subsector III, en sus inicios, (fot. 29M) muestra un paso artificial, y los restos de muros de estructuras destruidas y derruidas por el abandono. En algún momento se utiliza como murete de acceso para aquellos compartimentos difíciles de acceder por la naturaleza del edificio y la dificultad del suelo. De aquí los típicos altos escalones que se contemplan en gran número de cons-trucciones romanas reutilizadas. En este subsector III, según se sube, a izquierda, dentro de una de las viviendas actuales, se ha podido tomar el dato de la fotograf­ía 30M, en la que se da una reutili-zación idént­ica a la ya descrita 23M, que es una nave enrasada con doble muro (uno con abertura artificial), de los que el del fondo limita con la calle del subsector II. Tiene el mismo aparejo y casi las mismas medidas, guardando una estrecha relación con el anterior, ya que forma parte de la citada secuencia de nave­s enrasadas. Sobre la primera rotura en fachada del muro, se observan, en el interior de una casa, los restos de una bóve­da en su punto de arranque. La parte alta es obra moderna, para escalera (fot. 31M,3). El fondo de ésta es muro viejo, muy retocado en el tiempo.

Continuando hacia el subsector IV, aparece una forma de acceso algo irregular, lo que evidencia reutilización del modo más fácil, por los nuevos ocupantes, en estos espacios, de toda una serie de alzados romanos. Así, en 30M, los paramentos de todos los muros de las actuales viviendas son romanos reutili­zados, rompiendo incluso los peraltes de enrase que se hacían para equilibrar el terreno. El paso hacia otro compartimento (fot. 32M,3), se hace mediante la rotura de muros antiguos, hecho que se comprueba en 33M,2. Una vez en esta área, se observa el arranque de otros muros romanos, rotos para hacer accesibles los compartimentos que hoy se ven en 34M,1,3.

Sobre 33M,3, el espacio que aparenta ser un suelo normal, no es más que la parte superior de un sistema abovedado, debajo de este lugar.

Por otro lado, el área central de 34M, se entiende como un posible corredor o espacio muerto, hecho comprobado en otros sectores, como el F (fig. 12). Vista desde otro ángulo, en esta misma área cerrada, se observa el muro interrumpido en su parte derecha y frontal (fot. 35M,1,2), a la vez que dicha estructura se cierra, porque se corres­ponde con el paralelo del sector F (fig. 12).

Las medidas de esta especie de planimetría troncocóni­ca, aproximadamente son: de entrada: 0,50 m; muros: 0,50 m, a ambos lados, y fondo: 0,60 m. La altura oscila entre los 0,60 m y 0,50 m. El muro que debió ser de cierre, a la entrada, mide 1 m de largura y 0,60 m de altura. Su grosor es de 1,10 m aproximadamente, y constituye un muro soporte de todo el espacio que se encuentra bajo este nivel. A derecha, según se entra, hay una puerta de acceso a una posible nave, cuyas medidas oscilan entre los 3,50 m de fondo, los 2,50 m de anchura, y los 2,40 m de altura. Se piensa que es una de las naves existentes en este tramo de casas modernas, que son reutilizaciones de todo el sistema. En cuanto a su estructura y composición, se comprueba el aspecto de su alzado, con opvs incertvm y enlucido moderno, en algunos tramos. Puede ser una nave abovedada, cuya cubierta ha sido destruida y enrasada con bovedilla moderna, a fin construir sobre ella. Pero no se pierda de vista que el alzado de este sector es romano hasta una altura superior a los 8 m; por lo que, en este subsector, la reutilización se practica casi totalmente en lo que es estruc­tura de continente de todas estas casas modernas (fot. 36M).

 Continuando hacia adelante en este rincón, se ve, al fondo, un espacio triangular, cuyos paramentos son romanos, con una altura aproximada de 5 m. Los tres muros son de estructura romana. Los vanos de la parte frontal son modernos, a la vez que la parte superior del frontal (fots. 37M; 38M).

Siguiendo el sentido del subsector III, en su parte izquier­da se ven sobre el suelo, restos de muros rotos que debieron conti­nuar hasta cerrar en la fachada de enfrente (fot. 39M,1), aunque lo debió hacer con el punto de 39M,3. El interior de la casa, tiene muros maestros romanos, con fuerte revestimiento moderno. Debajo de ello se encuentra lo que se suponía era una nave enrasada, he-cho comprobado.

La foto 39M,1 indica que todo cuanto precede en fachadas domésti­cas es reutillización normal, comprobable en 40M, y otro acceso artificial con muros revestidos y con estructura roma-na, como se ha indicado en 39M,1. En ella se aprecia, sobre el suelo la necesidad de haber tenido que rebajar el terreno a fin de hacerlo accesible.

41M muestra una alineación casi simétrica que ha podido ser un antiguo espacio destinado a nave.

42M indica un punto de arranque de cierre de estructu­ra (fot. 42M,2), pero, a su vez, el inicio, o fin, de una secuencia de muros que configuran otra cadena de naves romanas transforma-das en viviendas.

Continuando hacia el término de este subsector III, hay otro recinto cerrado o pasillo ciego (fots. 44M y 45M). En él se ve, a izquierda, una vivienda moderna construida reutilizando muros romanos y revestidos con argamasa y enlucido modernos (fot. 44M,1).

Siguiendo esta misma línea, aparece el arranque directo del muro romano (fots. 46M,1; 47M). Se trata, en efecto, de una apertura, pero se ignoran sus medidas reales, ya que se llega a confundir lo nuevo y lo modernamente roto, porque ha sido usado como habitación de desahogo. En su parte superior tiene piedra toba en forma de dintel. La citada entrada mide aproximada-mente 0,85 m de anchura y, de altura. 0,50 m, según se observa, porque la llegada hasta el suelo viene marcada por rotura, y esto induce a posible error. Su altura, desde el suelo actual, es de 1,90 m, pero con la reserva de que se trate de un tragaluz o respiradero antes que de una puerta. El mu-ro, que aflora al exterior antes de llegar a esta altura, mide 1,70 m. El fondo, también romano, que se continúa, formando muro de contenci­ón del torreón, situado encima de la nave, mide 1,10 m. La altura aproximada de estos paramentos es de 8 m, con cornisa de ladrillo de triple hilada esca-lonada, a 4,50 m (fots. 41M; 42M,1). La nave, a la que se entra por esta supuesta puerta, está partida por un muro central. Mide aproximadamente 1,20 m de anchura (fots. 48M; 49M). Su profundidad es de unos 10 m; su altura, 3,20 m. Puede pensarse que este muro, que divide la nave en dos partes supuestamente simétricas, no es otro que el que se ve pasar como fachada exterior (fot. 45M,2), con lo que se concluye que la cronología de la nave es anterior al citado muro. Algo antes de llegar al fondo, hay dos pasos arqueados que no se han podido detallar, pero se ven en 49M,2. Desde fuera, estos paramentos confirman la tesis de haber sido la base del antes citado torreón. En su parte superior, por la que se une al sector F, hay muros levantados con piedra toba. En su parte baja tan sólo se califica como uno de los pasillos ciegos, vistos en otros sectores (fots. 45M y 50M).En la terraza de la casa colindante a la nave partida, los muros de enfrente e izquierdo son romanos y prolongación de los que se encuentran debajo, que son los que forman tanto la nave como la propia casa (fot. 51M). Desde este mismo punto elevado se ha tomado una perspectiva del subsector II para formar una idea del alineamiento de las estructuras, así como la lógica seguida para trazar calle moderna (fots. 52M y 53M). Partiendo desde este mismo lugar, pero a nivel de suelo, se tiene, a derecha, el acceso artificial de llegada a Eras del Castillo (sector superior de L; fig. 22). Si se observa con detenimiento, la pared izquierda, según se baja, se utilizan, con bastante frecuencia, accesos a las casas bastante peraltados. Su explicación es simple: usos de materiales romanos para equilibrar desniveles, aunque las naves, al menos las que hay localizadas, tienen como suelo roca madre. La actitud general ante la rotura de muros romanos de base, es levantar altos escalones, porque, debido a que las naves pueden encontrarse, y de hecho así están, bajo el nivel de la calle abierta, se ven forzados a tener que ensolar sus casas, y por ello colocan debajo materia­les de relleno, lo que implica realzar el antiguo suelo de roca madre por lo menos 0,50 m y, en consecuencia, romper menos muro romano a la entrada y base. Este fenómeno es tan usual que, en determinadas zonas de la ciudad, por la fuerte pendien­te existente, se haya llegado a levantar hasta más de dos metros de altura el podio de acceso a las casas, a nivel de calle.

En otros sectores como éste, se ve que la altura se debe a que debajo hay otra estructura, a la que hay que respetar (fots. 54M y 55M). Las explicaciones deben darse en cada sector, y según el contexto arqueológico de cada uno.

Así, continuan­do la descripción, se observa que esta calle en cuestión, muestra dos lienzos de muro externo romanos, conservados como testigos de una secuencia (fots. 54M, 55M). Todos los interiores conservan restos de las antiguas naves, pero con información para poderlos exponer y plasmar en la planimetría sectorial. La parte superior de la calle antes citada, tiene un acceso a Eras del Castillo mediante la rotura del murallón romano ­medieval allí aún existente.

En 57M se muestra una perspectiva general de la calle, con un estrangulamiento casi a la mitad de su trazado. Nótese la fuerte pendiente entre el punto inicial, abajo, y su final, arriba. Gran parte de los paramentos de las casas de la izquierda, son romanos; pero hay momentos en que se duda sobre su autenticidad, como ocurre en el punto en que se encuentran restos de una pileta o depósito, saliendo por la base de un muro catalogado como romano (fot. 57M). La postura más razonable es pensar que son superposiciones de estructuras en el tiempo, tal como ocurre en la Cueva y el propio Majuelo (cfr. sector anejo a la Cueva, fig. 19).

Analizando la función de estos muros sobre la calle moderna (fots. 54M; 55M; 56M), se piensa que se trata de una secuencia de naves destruidas para dar paso a todo este complejo ocu-pado. A su vez, esta acción podía haber sido realizada en dos fases: una desde arriba hacia abajo, hasta el primer estrechamiento de la calle (fot. 53M,3); el segundo, derribando muro preexistente en dicho cierre vial. El acceso artificial más evidente lo constituye la rotura del muro romano medieval que actualmente comunica Eras del Castillo con el subsector II.

La conclusión gira en torno a admitir que, a lo largo de esta vía ha sido destruido un enca-denamiento de naves, a distintos niveles, y cuyos muros testigos son, en parte, los que hoy afloran junto a otros también romanos, pero integrantes de otras naves o estructuras romanas (fots. 55M, 56M).

En el punto donde se estrecha la calle, hay una pe­queña nave en el interior de uno de los compartimentos (fot. 61M). Al fondo se aprecia el hormigón romano de un muro con revestimien­to posterior, de época medieval y, un poco más arriba, como se indica en 58M,1, detalle tomado en 1.972, se contempla un lienzo de paramento romano que forma parte del conjunto de naves, que se extendían a lo largo de este subsector II. Adosado a él hay una secuencia de casas de una sola planta, consecuen­cia lógica de una normal reutilización hecha en los primeros tiempos de la repo-blación cristiana.

Es obligado decir en este momento que, tras consultar antiguas fotografías de la ciudad, la mayoría de las vivien­das de aquella época, en el área superior, muestran que las estructuras son de una sola planta. Ello da pie admitir que lo que se hizo entonces, fue la directa ocupación de los sectores de naves que sólo disponían de una planta (fot. 58M,2). Los tres puntos que se marcan sobre detalle, comprenden una gran área, donde se comprueba lo que se está afirmando: las viviendas son de una sola altura.

De nuevo en la pequeña nave del subsector II, junto al gran murallón romano medieval (fot. 61M), se toman sus medidas: altura, 1,10 m; anchura. 1,20 m; largura, 2 m, aproxima­damente.

En el subsector I hay, dentro de paramentos romanos, una nave enrasada y, además, en línea con toda la secuencia del tercer núcleo abovedado de la Cueva (fot. 62M). El muro de fondo es continuaci­ón de lo que en planos se ha interrumpido, pero que esta es su continui­dad, y que va a enlazar con la secuencia expuesta a lo largo de la parte que abarca la calle Antigua en este sector M. El resto de las casas de la misma alineación no han podido ser estudiadas por no autorizarlo sus propieta­rios; por esto, aparte de lo modificadas que están en sus respecti­vos interiores, los muros maestros al exterior, manifiestan su reutilización moderna con el típico revestimiento de cal. Detrás del murallón romano medieval se han practicado excava­ciones de urgencia y han sido localizados muros romanos alineados con los que forman los cimientos de las casas modernas de Eras del Castillo (fots. 63M; 64M, y fig. 24). En ellas se contempla una secuencia de lo que se cree fue parte de los cimientos de las estructuras que existieron en el punto más alto del conjunto romano, que puede llegar a alcanzar la cota 48, es decir, sobre los alzados de los muros hasta ahora conservados, cuya cota real alcanza los 48 m. Uno de los muros (fot. 65M,1) muestra la base de sustentación del punto de apoyo del gozne de algún elemento de puerta o similar. Los muros detectados confirman la opinión de que son base de elementos arquitectónicos de elevada altura, ya que tienen un grosor superior al normal, 1,20 m. Todos los indicios inducen a pensar que son elementos de edificaciones anteriores a las que se vienen normalmente describien­do. Su técnica de construcción presenta una composición algo diferente a la típicamente considerada como romana. No tiene la consistencia interna del mortero romano ni una apariencia externa como el resto de las construcciones hasta ahora analizadas. Su aparejo es irregular, y no muestra las caracterís­ticas del opvs incertvm. Es diferente, pero encaja en los módulos que en otros lugares se han detectado como formas de construcci­ón débiles. Tal fenómeno se ha visto también en el sector L de dentro de la Cueva.

El antes citado paso entre Eras del Castillo y el subsec­tor II, se efectúa en los límites de los sectores M y F (fots. 67M,4; 68M,3 y 69M, 2). El murallón romano medieval muestra al exterior un lienzo que mide aproximadamente 6,30 m de largura; 4,50 m de altura, y 1,80 m de grosor.

En 68M,2 se indica la existencia de un lienzo de estructu­ra romana que aflora hasta una altura de casi 5 m, y una anchura de 0,80 m, prolongándose hasta la edificación del límite oeste de la derruida área, así orientada, del subsector de la Cueva. Esta yuxtaposición de técnicas diferentes ha provocado un fenómeno curioso: cómo las culturas posteriores a la romana reutilizaron las preexistentes, y éstas eran más consistentes; y, con el paso del tiempo y la erosión, las modernas se han ido desmoronando, dejando ver las que se encuentran detrás o más antiguas; en este caso lo han sido las romanas, tal como ha podido ocurrir en este sector de la ciudad. Lo más significativo, encontrado en el estudio y descrip­ción de este sector, aparte de unas características arqui­tectó­nicas similares a las de los sectores L y F, y otros que se detallarán más adelante, ha sido la elevada altura que han manifestado sus alzados, mostrando tantas profundidades como en el subsector IV (fots. 37M y 38M), y las elevaciones en sus niveles, incluso más altos (fots. 44M; 45M y 50M). Por otro lado tan sólo se han podido encontrar dos naves con bóvedas y no completas (fots. 48M; 49M y 61M). El enrase es lo más usual en las modificacio­nes. No obstante, se considera que tres de ellas conservan aún su bóveda, aunque se encuentran tras un falso techo moderno (fots. 9M; 10M y 11M). Los restos de elementos que pertenezcan a otro tipo de estructura son escasos. Tan sólo se han localizado indicios de piletas o depósitos (fot. 57M). Todo ello induce a concluir que esta área ha sido destina­da a almacenaje, aunque el hecho de que aparezca una pileta indique que es el testigo de un posible punto industrial.

Las deformaciones modernas impiden admitir con más evidencia por qué razón han desaparecido elementos arqui­tectóni­cos existentes en las mismas calles actuales, que podían servir de elementos inductivos, para aceptar, con cierto margen de realidad, todo cuanto se expone. El material, que se muestra en 57M, hoy ya no se puede ver, más que en fotografía.

En definitiva, lo que aquí se ha detectado está destina­do a almacenes y algún indicio, a estructura industrial. Por ello se consideran elementos definibles dentro de lo que se viene conside-rando factoría o zona industrial de salazón.

Conclusión del sector M

Lo más significativo que se ha encontrado en el estudio y descripción de este sector, aparte de unas características arquitectónicas, similares a las de los sectores L y F, y otros que se detallarán más adelante, ha sido la elevada altura que han manifestado sus alzados, mostran-do tantas profundidades como en el subsector IV (fots. 37M y 38M), y las elevaciones en sus niveles, incluso más altos (fots. 44M; 45M y 50M).

Por otro lado, tan sólo se han podido encontrar dos naves con bóvedas, y no precisa-mente completas (fots. 48M; 49M y 61M).

El enrase es lo más usual en las modificaciones. No obstante podemos considerar que tres de ellas conservan aún su bóveda aunque se encuentran tras un falso techo moderno (fots. 9M; 10M y 11M). Los restos de elementos, que pertenezcan a otro tipo de estructura, son muy escasos. Tan sólo se han localizado indicios de piletas o depósitos (fot. 57M).

Todo ello nos induce a pensar que esta área mantiene una finalidad arquitectónica des-tinada al almacenaje, aunque el hecho de que aparezca una pileta pueda indicarnos que es el testigo de un posible punto industrial.

Las deformaciones modernas nos impiden concluir con más nitidez por qué razón han terminado por desaparecer elementos arquitectónicos existentes en las mismas calles actuales, que podían servirnos de elementos inductivos, para poder afirmar, con cierto margen de reali-dad, todo cuanto decimos. El material, que se muestra en la foto 55M, hoy ya no se puede ver más que en fotografía. En definitiva, lo que aquí se ha podido detectar lo forman edificios funda-mentalmente destinados a almacenes, y algunos indicios de estructura industrial. Por ello, se consideran elementos definibles dentro de lo que se viene considerando factoría o zona indus-trial de salazón.

SECTOR N

            El sector N constituye una de las áreas que registran en su estructura y morfología una de las mayores complejida­des, debido a factores geológicos del terreno. Se observa que en su trazado se dan varios desniveles con diferente intensidad. En este espacio no se ha localizado elemento abovedado, aunque muchos paramentos internos lo han tenido.  Lo más relevante que se indica en este sector se resume en las siguientes manifestaciones arquitectónicas:

                a) Fuertes y ligeras pendientes.

                b) Muros romanos en interiores y en los supuestos exteriores de las calles.

                c) Murallones contrafuertes para sistemas de aterrazamientos.

                d) Elementos con estructuras de opvs caementi­civm usados para equilibrar algunos desni-veles, común en bastantes áreas de la ciudad.

                e) Apertura de accesos artificiales en interiores y para consoli­dación de calles modernas.

                f) Reutilizaciones de paramentos romanos en la mayoría de los muros analizados exterior-mente, y en algunos interiores.

                Antes de iniciar la descripción general, hay que decir que este sector constituye uno de los complejos urbanos que más problemas ha creado a la hora de reutilizar, con la nueva cultura, toda la herencia de formas antiguas. En algunos espacios la pendiente ha condi­cionado el estilo y forma de la reutiliza­ción. Se nota que la operación transformación, o puesta en uso de la mayor parte de las estructuras romanas, ha sido un proceso largo a través del período medieval, para fijar unas rasantes medio aceptables, con el fin de hacer viables unos trazados antiguos de difícil acceso.

                El primer apartado de este capítulo comprende la descrip­ción y análisis de sus pendientes. En el primer tramo del trabajo se nota que tal pendiente aparece con un desnivel de 2,50 m apro-ximadamente, entre acceso y curva de fondo (fot. 1N). A continuación se incrementa ese desnivel hasta alcanzar los 3,50 m. Durante un tramo aproximado de 15 m se mantiene este nivel (fot. 4N), que empieza a descender hasta conseguir casi el punto cero, comparado con el momento inicial (fot. 1N). Pero tal desnivel se efectúa en suave descenso (fot. 5N).

                A partir de ese punto, con cruce de calle, se inicia otra pendiente con una rampa no muy pronunciada (fot. 14N), que culmina en otro cruce (fot. 18N), con un desnivel aproximado de 1,80 m, y prolongado hasta buscar el punto cero (fot. 19N).

                Entre 8N y 21N, en corto espacio, hay una pronunciada pendiente que alcanza los 2,50 m en 15 m lineales. Pero la más pronuncia­da de todas se encuentra en 20N, donde, en un tramo de 20 m, se llega a un desnivel de casi 6 m. Esta área es de las más desniveladas a consecuencia de los fuertes cortes en las pendientes.

                26N, inicio del desnivel antes citado, es decir 6 m sobre el punto más bajo del sector, comienza con un área que se nivelaba al terreno natural mediante una terraza que superaba los dos metros sobre roca madre (fots. 27N; 28N), en donde se aprecia apertura de calle artificial, con rotura de la plataforma equilibradora (fots. 30N; 31N; 32N; 33N; 34N) que posteriormente, se continúa con un sistema de murallón contrafuerte, conforme se va abriendo la nueva pendiente (fot. 35N).

                La estrecha calle que se aprecia en las fotos antes enumeradas, es artificial, ya que se ve cómo ha sido destruida la plataforma para abrir un estrecho paso, y la misma citada plataforma ha seguido siendo utilizada para acceder a áreas, cuyo fondo está ocupado por ese mismo material. La pendiente, desde la plataforma, se eleva hasta superar los 2,50 m sobre el punto anterior, y continúa haciéndolo hasta llegar, en la calle Antigua, en sus inicios, a más de 6 m, ya que esta calle está hecha sobre el murallón romano medieval. Este desnivel se ve en 45N y 46N, que ha sido motivo del levantamiento del mura­llón contrafuerte romano (fots. 43N y 44N) para fortalecer y contener la masa arquitectónica superior. Está integrada por el sector M. Pero se cree que la función de este muro es proteger la parte baja, añadiéndose, además, la plata­forma de hormig­ón romano, que constituye la base de sustentación de los paramentos apoyados sobre los citados elementos arquitectónicos.

                En 47N se inicia contacto con la calle Antigua, que es de las más pendientes en su trazado. Muestra indicios de línea artificial mediante rotura de estructuras, que se indican a ambos lados de la calle, a lo largo del espacio aquí visto. El desnivel puede alcanzar los 3,50 m (fots. 47N y 48N).

                En 54N se inicia un muro de contención, como se aprecia en 54N,2, en el que usan escalo-nes de más de 2 m, para crear acceso a las estructuras inferio­res, que finalizan en la línea que aquí se inicia. No se ha podido analizar el interior de estos paramentos por encontrarse, en su mayoría, cerrados desde hace tiempo.

                En resumen, se puede decir que la arquitectura moderna tiene que ceñirse a los condicio-nantes que encabezan el inicio de tal descripción, y el segundo apartado comprende el sistema de alzados utilizados.

                En relación a los alzados en cuestión, registrados en este sector, se concluye que, en elevado porcentaje, las fachadas modernas, así como los muros maestros interiores, responden a un sentido práctico en el uso de la herencia del pasado. El casco urbano actual puede conside­rarse en una relación 10/1, sistema doméstico que ha reutilizado las infraestructuras romanas. En el núcleo superior, o a partir de la cota 15, la reutilización puede llegar al 100 %, atestiguado documental­mente.

                Haciendo un recorrido similar al anterior, se ve que en 1N, los paramentos de esta calle usan las estructuras del alzado romano, pero reforzándolas con elementos modernos, como es el revestimien­to con ladrillo. El grosor de los muros exterio­res gira en torno a los 0,80 m y 0,90 m. Los espacios interdomésticos tienen medidas que, en unos casos, equivalen a la anchura de la nave normal (2,50 m), a veces doble.

                En 2N,1, se ve un muro romano exterior que cerraba en 2N,2. De la misma manera, esta calle ha sido abierta artificialmente, ya que sigue conservando sus módulos habituales.

                En 3N,1, hay muros romanos externos, con un nivel interior superior al de la calle.

                En 4N,1, se ven paramen­tos exteriores con gruesos muros, entre 0,80 m y 0,90 m, en toda la calle. El espacio indicado en 5N, muestra un visible ejemplo de fachada exterior, con reutilización de paramentos romanos de los que parten hacia el interior de las casas modernas, una secuencia, hasta apoyarse en el murallón romano medieval, su punto de apoyo en las espaldas.

                En 6N se observa, al fondo (fot. 6N,1), parte del gran lienzo del murallón (que da sobre la calle Morería Alta) relacio­nado con la contextura de los paramentos de 5N.             En 6N, 2, se observa uno de los muros paralelos al mu­rallón que contiene, en sus interespacios, muchos muros diviso-rios en este subsector.

                La continuidad de este sistema de muros divisorios se observa ya dentro de las casas modernas que los han reutiliza­do.

                7N,1,2,3, presenta un ejemplo de lo antes dicho: tres sistemas de muros que discurren en paralelo al murallón de la calle More­ría Alta (fot. 6N,1).

                El espacio 8N,1, señala ejemplo de paramento exterior en el que, además de aflorar en algunos lienzos el aparejo romano, indica el grosor tipo que tienen los muros (8N,2).

                En 9N,1,2,4, se ven muros interiores reutiliza­dos, con revestimiento externo y encala-miento.

                En 10N,1, paramentos divisorios laterales.

                En 10N,2, muro de fondo, de grosor aproximado a los 0,90 m, que discurre paralelo al cita-do en 6N,1.

                En 10N,3, muro divisorio, de grosor similar, con abertura artificial que permite el acceso a las dependencias interiores.

                En 11N,1, paramentos romanos con revestimiento moderno.

                En 12N,2, muro roto para dar paso a 12N,3, que, a su vez, es el tope paralelo a esta secuen-cia de alzados de muros interiores.

                En 14N se ve con evidencia cómo arranca el muro romano de plataforma de opvs caemen-ticivm, y que se continúa a lo largo del paramento de la calle, salvando un paso artificial.

                En 15N,1,2, se ven detalles del paramento y plataforma de hormigón.

                El espacio 17N presenta casi toda la secuencia citada en 15N,1,2, mostrando los muros su grosor habitual en estas formas. 0,80 m y 0,90 m.

                El espacio 18N indica continuidad del citado muro de fachada hasta el final de esta calle, límite del sector.

                El 19N,1, es un tramo que ha sufrido pocas modificacio­nes modernas, y 19N,2, confirma el uso de plataforma interior.

                El muro indicado en la pendiente 20N, probablemente se haya levantado guardando las distancias de los interespacios, porque en el sector siguiente hay indicios de continuidad de esta estructura.

                En 21N se señalan estancias modernas con reutilización de formas romanas. Se observa el escalonamiento provocado por la rotura de los sistemas de aterrazamiento.

                En 27N,3,4, se fija la dirección que siguen los muros romanos montados sobre plataforma de opvs caementicivm.

                En 28N,1, se recogen los paramentos romanos sobre platafor­ma de hormigón.

                31N,1, marca la continuidad del anterior, con indicios de los paramentos exteriores, aflo-rando el opvs incertvm en algunos subsectores.

                32N,3, señala, además, un escalona­miento superior para acceder a los habitáculos inte-riores.

                En 35N,1, se recoge la serie murada de paramentos de este subsector, que muere en la primera parte de la pendien­te de la calle Antigua.

                Los paramentos del punto opuesto, 35N,3, se han montado aprovechando el muro contra-fuerte en este espacio (35N,2).

                En 36N,1, se recoge un lienzo de paramento que finaliza en 35N,2.

                En 39N,1, se indica la continuación del murallón contra­fuerte superior, base y soporte de gran parte de la calle Antigua.

                39N,2, inicia nuevos paramentos de habitáculos modernos que guardan distancias próximas a lo que se viene admitiendo como medida tipo, módulo de nave.

                En 40N se ve testigo del murallón almenado, del que es continuación.

                43N,1, es un paramento que parte del murallón con fuerte pendiente, hacia poniente, y que se va equilibrando por medio del aterrazamiento (fot. 43N,2), que se va dando de forma escalonada hasta llegar a la cota 7 aproximadamente.

                En 46N se da prueba del sistema de escalonamiento de los paramentos hasta la citada cota.

                47N,1, marca el final del muro contrafuerte, usado en toda la calle precedente como para-mento de la casa moderna.

                En 47N,2,3,4, se muestra una secuencia de muros divisorios de alzado romano, rotos para abrir la calle Antigua en este tramo.

                En 48N,2, se indica el uso del mismo paramento hasta un cruce que cerraría todo este sub-sector, al final de la secuen­cia.

                En 50N,1,2,3, se indica la reutilización de formas romanas, de las que una es nave enra-sada, conservándose el arco, rebajado, marcado sobre su fachada (fot. 51N,1). El módulo de los muros es el normalmente usado: 0,80 m y 0,90 m.

                En 52N,1,2,3, se marca el final del paramento que conforma la fachada de esta secuencia de habitáculos modernos, cerrándo­se en un ligero muro conservado (fot. 54N,1), produciéndose de inmedia­to el cambio de altura en los paramentos siguientes, por el inicio de un espacio con otras características estructura­les (fot. 54N,2,3).

                Los murallones contrafuertes de este sector, que se utilizan en el levantamiento arquitec-tónico del mismo, son dos. El primero sirve de soporte a la calle Antigua, en su primer tramo, a entrada de la calle San Miguel (fots. 40N; 43N; 44N), cuyo grosor es de 2,10 m, siendo el de más resistencia, ya que sirve para contener la parte superior, formada por el sector M, y como punto de apoyo para el subsector que se encuentra debajo de él.

                El segundo muro de contención es de menor grosor, pero está levantado, en algún subsec-tor, sobre plataforma de opvs caementicivm, de grandes dimensiones (fots. 6N; 7N; 27N; 28N; 29N; 30N; 31N; 32N; 33N; 34N; 35N; 36N; 37N; 38N), constituyendo la base de arranque que da consistencia a las estructuras romanas situadas debajo. Tan sólo 6N,1, 7N,1 y 36N,3, marcan con alguna precisión el trazado y la profundidad de este elemento de contención.

                La dirección de esta línea de soporte seguiría en sentido sur-norte, para cerrar, a la altura del Palacete del Corregidor, el anillo de muralla que se extendía hasta el subsector sur del área del sector T. Por tanto, en 39N se ha producido un corte de esa muralla para facilitar la continuidad de la calle Antigua.

                Por otra parte, y muy cerca de este punto, está el murallón que viene desde las cercanías del foso del Castillo. Su secuencia conforma la base de soporte de la construcción tanto antigua como medieval y moderna (fots. 40N; 42N,1, 43N,3; 44N,2). Es lógico que esta muralla se cerrara unién-dose a la que soporta la masa de la Cueva, provocando otra rotura en la calle Antigua, o tal vez con las antes citadas en 39N.

                Los habitácu­los sitos en este interespacio, se encuentran en posiciones con plantas bastante violentadas, porque el desnivel entre las dos líneas de muralla y la distancia entre las mismas, son fuertes. La diferencia alcanza casi 12 m, en una distancia que llega a tener una longitud entre los 12 y 20 m.    

                En 4N y 46N se constata el fuerte desnivel y la corta distancia. Debido a ello, los para-mentos de las edificaciones romanas más consistentes han dejado fuerte huella de reutiliza­ción a lo largo de la calle Morería Alta (primer subsec­tor), donde se observa, sobre la misma, que su línea es inventada modernamente, ya que se ha realizado rompiendo parte de las plataformas de enrase para equilibrio del terreno. Las fachadas actuales han sido construidas reutilizando los paramentos romanos. Sólo en los interiores se comprueba, y no en todos los casos, la existencia de muros que no responden a una arquitec­tura moderna, sino a la reutilización de materiales preceden­tes.

                A partir de 47N, se encuentra una serie escalonada de espacios cuyas medidas longitu-dinales, teniendo en cuenta la distribuci­ón interna de todo el sector N, se corresponde simétri­camente con el resto que precede, y basándose en los alinea­mientos de los sectores anejos. Por tanto, forman una red de divisiones bien proporcionadas, y que han podido constituir un área de naves similar al de la zona alta o casquete superior de la ciudad (fot. 48N,2).

                La existencia de plataforma de opvs caementicivm, o el enrase del suelo sin el citado hor-migón, se ven en 49N, donde el gran escalón, de varios peldaños, acusa este fenó­meno.

                Siguiendo esta misma línea, se encuentra una fachada, con una antigua forma arqueada de su aspecto exterior, y que puede formar parte de una nave (fots. 50N; 51N,1).

                Toda la secuen­cia, hasta 52N,3, consti­tuye un área cuyas medidas son homogéneas y equidis­tantes, dando pie a una interpretación similar a la calle: toda esta secuencia muestra señales de la existencia de un sistema de naves en todo el espacio indicado en la planime­tría. Los para-mentos conservados son identificables (fot. 52N,1,2). El final de este subsector acaba en el murete inferior del paramento indicado en 52N, con una división bien marcada entre ambos espacios. Los habitáculos domésticos, observables en todo el trazado, guardan proporciones cercanas a las de las naves de la zona superior. Por ello se han indicado en planimetría, con línea discontinua, los espacios que coinciden con las formas antes señaladas (fot. 53N,1). En 54N se ve la división, tal vez artificial, entre dos subsectores.

                En 54N,2,3, se marca un nuevo nivel en la reutilización de los paramentos, con una cota indicadora del inicio de un espacio destinado a habitáculo moderno, pero donde las muestras exteriores son de estructura romana bastante retocadas, con enlucido y encalado actuales.

                Como conclusión, después de esta descripción, se puede indicar que las formas arquitec-tónicas de este sector N, muestran estructuras básicas de construcciones romanas.

            Conclusiones del sector N

                1) Relleno de espacios con fuerte pendiente, para equilibrar desniveles naturales del terre-no.

                2) Construcción de muros de contención grue­sos, para facilitar los posterio­res aterraza-mientos, donde se van empla­zando las diferentes estructu­ras y formas romanas.

                3) Aperturas de calles modernas (desde época medieval), con la modifica­ción del cuadro arquitectóni­co antiguo, que es preciso reconstruir, analizando no los edificios modernos, sino en conjunto.

                4) Presencia de muros testigos en fachadas actuales del sector, que acusan la existencia de paramentos de esquemas de naves romanas, como las de los sectores E, F, D, etc., pero cuyos módulos coinciden con las medidas que se ven en esta vertiente de la ciudad, y atestiguado en el sector K (fig. 17).

                Resumiendo y sintetizando tales factores, se puede admitir que estos espacios forman parte, en estilo, medidas y técn­icas, de la idea generalizada del conjunto hasta ahora estudiado, es decir, que son naves de almacenaje muy retocadas, en la mayor parte de los casos, pero sin indicios de depósitos de agua, ni de salazón. Su existencia es inducida, pero, por ahora, no demostrable, ya que no se dispone, en este sector, de elementos que lo atestigüen claramente. Se usa como argumento ad hoc la presencia, en los mismos niveles y, muy cerca de este sector, de piletas de salazón y depósito de aguas (Sector K).

SECTOR  O

Este sector constituye una de las piezas que muestra un fuerte índice en alteraciones de estructuras, que se ven alineadas, según los gruesos muros de contención, o plataformas, que se extienden a lo largo de todos los niveles detectados en la zona de Poniente.

 Sin un criterio de división definitivo, sobre la base de unas premisas correctamente argumentadas, la distribución por sectores nos lleva, a veces, a contemplar áreas que participan de características mixtas, en lo que a organización y distribución de elementos arquitectónicos se refiere.

Una vez hecha esta observación, se inicia el recorrido descriptivo del sector a partir del antiguo cuartel de la guardia civil, situado al comienzo de la calle Morería Alta.

Efectivamente, los paramentos que se observan tienen componentes estructurales romanos. Los muros exteriores, únicos que se han podido analizar, dan señales de la existencia de opvs incer-tvm en algunos de los alzados (fots.1-O; 2-O). En la segunda de ellas (fot. 2-O) se puede obser-var, al haberse desprendido el revoque moderno, la aparición del opvs incertvm tras él.

Siguiendo el recorrido descriptivo por la calle Morería Alta I, se puede observar, sobre la base de los paramentos (fot. 3-O) la existencia de muros, cuyo pie tiene un fuerte desnivel con relación a los espacios interiores. En el punto 3-O,2 se ven los indicios externos del aparejo ro-mano retocado y deteriorado. En el punto 3-O,1, se observa igualmente un aparejo antiguo bajo el mismo revoque. Por último, en 3-O,3 se puede señalar que había un cierre en la estructura mural antigua y que, por tanto, el paso que se ve, es artificial. El suelo ha tenido una plataforma de relleno que procede de un nivel superior, provocado por la diferencia de altura en el terreno.

Continuando la descripción del paramento, se ve en 4-O, una secuencia alineada en la que apenas surgen diferencias de nivel y de altura en el espacio base, o estructura considerada modelo de nave, e igual en la alineación de los paramentos en toda la secuencia.

Al fondo de 4-O, se advierte una variación provocada por el cambio de orientación de la base, según el terreno donde se asienta. Obsérvese la continuidad del aparejo, y un factor muy importante: a pesar de la pendiente del suelo, no se aprecia, ni una ligera fisura en el alzado. Este fenómeno se explica porque se reutilizan materiales estructurales romanos a través de todo el sector. Otro detalle a considerar es la estrechez de la calle que, como se ha dicho, probable-mente tenga la misma explicación que en la parte superior del sector K (fig. 17), en donde se ha detectado que gran parte de la calle está montada sobre muro de aterrazamiento. Como detalle de la estructura interna se indica el punto 5-O, donde se puede ver la composición de aparejo en el muro exterior, sobre el suelo. El ligero estrechamiento, que se observa en esta calle, probable-mente se debe a un nuevo cierre en la estructura que aquí se contempla (fot. 6-O).Al llegar al punto central de la curva que muestra el trazado general de esta calle, se produce una nueva abertura artificial de la misma, en ángulo recto, y con una fuerte pendiente, como se verá más adelante (fot. 7-O) que, incluso, provoca un cambio en la organización de los paramentos, de tal forma que la estructura da claras señales de una alteración en la distribución de los componen-tes arquitectónicos de esta calle, en el punto 7-O,1. Hay, en efecto, un probable cierre, o mejor, paso artificial a partir del punto 8-O,2, que formaría unidad con las estructuras romanas situa-das justo enfrente. La calle continúa con un ligero ascenso en su base, que llega a proporcionar la información de que, bajo el paramento indicado en 8-O,1, hay un fuerte rebaje y, en conse-cuencia, un muro contrafuerte de aterrazamiento, que es continuación del ya estudiado en K. Efectivamente los espacio modulares atribuibles a naves, bajo el nivel de la calle, se dejan ver con cierta claridad (fots. 9-O,2,3; 10-O,1,2,3; 12-O,1,2,3; 13-O,1,2). Además de estas evidencias, es preciso anotar la comprobación de que el paramento superior está levantado de opvs in-certvm (fots. 9-O,1; 11-O,1,2; 13-O,2). El factor altura sigue manteniéndose tanto en las estruc-turas que se encuentran bajo el nivel de la calle (fots. 9-O,1,2,3; 12-O,3), como en las que se ven en superficie (fot. 14-O,1,2), en las que se ha podido tomar detalle del interior de uno de los espacios que tienen su alzado bajo el citado nivel (fot.14-O,3), y que se refleja en un detalle tomado desde la misma puerta, indicada en la foto anterior. Su interior muestra unos muros con un grosor que entra dentro de los módulos romanos más frecuentes (0,90 m). Hay muro en ver-tical a la línea maestra de calle (fot. 15-O,1), elemento transversal de cierre, que marca los espa-cios tradicionales, dentro de los parámetros que exigen las naves detectadas en la zona de Po-niente, como es ésta (fot. 15O,3).El grosor de los paramentos se observa en el punto 15-O,2. A continuación se indica el resto del alzado que, se supone, no termina al final de la calle, sino que continúa a través de los muros de la secuencia de estructuras que entran dentro del sector K (fots. 16-O; 17-O).

Situados de nuevo en el punto 7-O,2, donde se encuentra una de las roturas intencio-nadas, para poder comunicar la plataforma superior con la de abajo (fot. 19-O). En el punto central se observan componentes, o restos de piedras, que sobresalen del paramento, testimo-niando con ello la existencia de un muro roto para abrir paso en ese tramo de calle. Los para-mentos de la misma, tienen indicios del opvs incertvm, que se deja ver a través del revoque mo-derno, sobre todo en la parte derecha de la imagen, según se sube (fot. 19-O). Visto desde arriba, se pueden comprobar, sobre el muro derecho, los indicios de su viejo origen romano (fot. 20-O).

Por otro lado, se detecta cómo los espacios intermedios que marcan los límites de cada vivienda, coinciden, en origen, con los destinados a naves (fot. 21-O).Hacia el centro de esta bajada se puede comprobar la existencia de restos de muro que cerraban este paso en ese tramo (fot. 22-O).Tanto a un lado como a otro, pueden verse las huellas evidentes de la existencia de un muro de cierre. En una foto de detalle, se precisa con toda claridad el aparejo interno del tal supuesto muro de cierre (fot. 23-O).

Salidos a la calle Morería Baja, nos encontramos en una encrucijada con accesos, algu-nos completamente artificiales, y la alineación de las estructuras (fots. 24O; 25-O), donde la dis-tancia entre las distintas puertas de las casas nos va indicando las dimensiones de las antiguas estructuras reutilizadas.

Pasando por el punto 24-O,1, se llega a un espacio marcado por la fuerte presencia de estructuras romanas muy modificadas, pero que conservan las alineaciones de muros de su anti-gua distribución, camufladas bajo las alteraciones o adiciones modernas (fot. 26-O). Entrando en este espacio cerrado, encontramos un muro romano a izquierda, con el aparejo muy deterio-rado, una entrada provocada por la rotura del muro de cierre y, al fondo, uno de los muros maestros, que proceden de las formas que describimos al principio de este sector.

En la foto 27-O, se puede observar, según se entra, a izquierda, un muro romano muy retocado, pero que deja ver la estructura de piedra en varios puntos de su alzado; a derecha, un muro romano muy alterado y revestido con argamasa moderna y, al fondo, cerrando estas estructuras, todo un paramento con señales de su antigua construcción. Téngase en cuenta que tal muro de fondo se encuentra alineado con el punto 23-O, del que ya se ha comprobado su identidad. Ese muro queda indicado en el punto 29-O,4 que divide diametralmente la secuencia de edificios que se estudia en este sector. En el punto 30-O, se puede ver el momento de cierre, mediante una calle que desciende, término de este sector, señalándose, a su vez, la continuidad de los alineamientos, cuyas estructuras se montan apoyadas, en todos los casos, por sistemas de muros de contención, que son destinados a sujetar las plataformas de aterrazamiento.

A lo largo de la calle Orobia, en uno de sus interiores más abandonados, se ha podido comprobar la existencia de dos alineamientos de muros romanos, de los que tan sólo se ha podi-do tomar detalle (fot. 30-O) de uno interior, con aparejo considerado como romano, y de otro externo (30-O,3), con revestimiento moderno más reciente, pero todos tienen los indicios de pertenecer a formas romanas.

Los techos, como se puede observar, están enrasados al estilo que nos es común en la mayoría de los casos que se ha ya registrado (fot. 30-O,2). Los paramentos de cierre son los que nos dan mayores pruebas de su antigüedad no sólo por su grosor (0,80 m), sino por las piedras que se traslucen a través de su revoque moderno. Este detalle se aprecia un poco más en un rasgo tomado sobre este mismo espacio (fot. 32-O,3), donde las proporciones de las piedras se hacen patentes. Al fondo de la misma foto (fot. 32-O,1), puede verse igualmente el muro que antes se ha indicado como supuesto límite de estas estructuras. Obsérvese, porque esto es muy indicativo de lo que estamos afirmando, que el techo, que aquí está construido de una forma muy peculiar, no ha sido planificado previamente, sino que está yuxtapuesto, clavando el maderamen sobre la pared, lo que nos hace pensar en una reutilización de estancias antiguas, porque, si fueran modernas, tal techo formaría cuerpo con los paramentos del alzado, y no sería un añadido, como ahora lo es, y que se puede comprobar. Este curioso dato ha sido también observado en la entrada de Levante de la Cueva, donde una nave ha sido enrasada, sin rom-perla, mediante un maderamen añadido.

Conclusión del sector O

Dentro del estudio general de la zona de Poniente, donde queda enmarcado este sector, se ha podido comprobar que las líneas arquitectónicas de las edificaciones que se han descrito, en términos generales, entran dentro de la tipología más usual. Téngase en cuenta que los elementos con que nos hemos encontrado a través de todo su recorrido, considerando que no ha sido posible poder penetrar en las edificaciones que debían ser analizadas en su estructura interna, tan sólo se limitan a lo siguiente: muros que forman parte de los sistemas de aterraza-miento en las grandes líneas de toda la zona de poniente, y que se relacionan estrechamente con los otros sectores de los que forman parte; algunos espacios interiores, que se han podido identi-ficar como romanos, pero sin poder analizar si su finalidad era similar a los que ya se han com-probado en otros sectores y, por último, espacios cerrados que guardan las mismas proporciones que se ha considerado comunes a los tipos de naves halladas en esta área.

En resumen, se puede concluir afirmando que las estructuras, aunque no con suficientes datos estudiadas, pero basándonos en las secuencias de los aterrazamientos, elemento patente en toda la gran área de Poniente, responden a los mismos esquemas industriales ya estudiados en sectores como el K (fig. 17).

SECTOR  P

Este sector se encuentra en un nivel muy próximo al de la factoría de salazones del Majuelo, coincidiendo en gran parte con el mismo, sobre todo en la zona inferior, directamente ligada a la factoría y considerada como prolongación de la misma.

El espacio situado en la parte más baja, abarca el tramo entre la Puerta de Vélez y la antigua Ermita de la calle Nueva, con un nivel similar al resto de la citada factoría, por lo que se piensa que la mayor parte de esta área, está levantada sobre la misma, reutilizando, como se verá, gran número de paramentos romanos tanto en los niveles altos como en los bajos, aunque este subsector disponía, como elementos arquitectónicos, tanto de conjuntos industriales, como de almacenaje. Por ello, distinguimos los siguientes subsectores:  

1) Zona inferior, cuyo destino muestra indicios de haber estado dedicada a la manufac-tura de salazones.

2) Zona superior, cuya finalidad da señales de haber estado destinada no sólo a la manufactura sino también al almacenaje, como en otros sectores del área de Poniente.

En cuanto a la distribución de áreas destinadas a uno u otro fin, hay que notar cómo se planteó la estructura del terreno para conseguir un esquema correcto en el montaje de las infra-estructuras aquí proyectadas y realizadas.

Por ello, y siguiendo un orden descriptivo y topológico, iniciamos el recorrido arqueoló-gico desde la denominada Puerta de Vélez, hasta la calle Vélez (fot. 1P).

Los paramentos de ambos lados dan señales de su emplazamiento sobre las estructuras murales situadas debajo (muros de parte de la factoría, enterrados), o bien usándose estos cita-dos paramentos en alturas superiores conservadas y recubiertas con mortero moderno, como se verá en muchos espacios de calles actuales.

Penetrando por el punto 1P,1, al fondo de este callejón ciego, obsérvense, sobre el para-mento derecho, fuertes muros romanos débilmente revestidos de argamasa moderna, pero que, no por ello, las piedras del opvs incertvm dejan de aflorar (fots. 2P,3,4; 3P,1,2). Encima del alza-do romano se observa una superposición de muro relativamente reciente (2P,1, y fuerte revesti-miento moderno que impide ver el aparejo externo romano (2P,2). Este detalle externo es indi-cativo de toda una antigua línea mural, que reflejamos en la planimetría por sectores (cfr. figs. 5 y 27).

Es claro que en 3P,1,2 se ha producido una rotura intencionada de la secuencia mural, con el fin de poder acceder a las dependencias interiores, que eran bastante inaccesibles. El mu-ro, como se observa en 4P,1, cerraba con el otro paramento de la izquierda y continuaba for-mando parte del alzado interior de división de la manzana de casas de 1P,2 (hoy se encuentra muy alterado y sólo se conservan los cimientos).

En 4P,3 se observa otra interrupción intencionada que probablemente ocuparía el hueco de la calle para constituir una dependencia, como se verá en los interiores que se indica en 4P,4, marcando un acceso artificial a toda una cadena de estructuras con dependencias de diferentes épocas y finalidades. El pavimento de la calle ha sido revestido recientemente con empedrado y hormigón. En las dependencias internas de 4P,4 no se ha detectado pavimento, sino tan sólo las estructuras murales y las dependencias industriales, como los restos de piletas.

Por el punto 5P,2, con paramento romano a lo largo de toda la callejuela, penetramos en toda una secuencia recientemente descubierta, y que corrobora la opinión generalizada sobre las estructuras en terrazas de todo el complejo industrial de Seks.

Las secuencias de paramentos de estructura romana se encuentran alineadas formando áreas rectangulares. La superposición de formas industriales es frecuente. Se puede observar cómo un murete de pileta sale por debajo de un muro romano supuestamente posterior.

El estado de conservación de los restos es algo defectuoso en la superficie exterior de los paramentos. Así, en la zona interior, más profunda de este subsector, se puede contemplar los muros con su revestimiento moderno y algunos espacios reconstruidos (fot. 6P, 1,2,3).

En 6P,2, se puede ver cómo un muro romano posterior, está superpuesto a otro, que presenta una estructura de hormigón similar al usado en los depósitos de agua o piletas de sala-zón.

En el siguiente espacio alineado, se puede ver igualmente el muro romano revestido y retocado con materiales modernos: muretes romanos de ladrillo (opvs latericivm) y revesti-miento con mortero moderno (fot. 7P).

En línea con lo anterior, nos encontramos la secuencia formada por un grueso murallón, probablemente destinado a muro de contención (fots. 8P; 9P; 10P y fig. 27). Se puede inducir, por la secuencia a lo largo de toda la zona interna de este subsector, que su prolongación llega, por lo menos, hasta la calle Santa Isabel, y tal vez, se extendiera hasta enlazar con muros homó-logos de la calle Nueva.

Es bien patente que la composición de este tipo de paramento no es muy corriente en la ciudad, por lo menos en lo que se lleva investigado. Por el momento, no disponemos de otra prueba similar. Las piedras usadas en el aparejo externo llegan a alcanzar más de 0,60 m de largura. En cuanto a su altura, todo parece indicar que los muros romanos de este subsector alcanzan la parte superior de la casa moderna, habiendo sido reutilizados, como se verá más adelante.

En los puntos 10P,1,2, se puede observar un murete de opvs caementicivm saliendo del murallón de piedra pizarrosa, y sobre el que se ha levantado una estructura mural romana. Se piensa que la parte inferior corresponde a una serie de piletas o depósitos de agua por tener revestimiento de opvs signinvm. Pasado este tramo, vuelve a aparecer el murallón a espaldas de otros compartimentos de este mismo espacio interior (fot. 12P,4) que continúa hacia la izquier-da de la foto presentada, viéndose en 13P,2.

Los siguientes compartimentos se encuentran divididos por muros de ladrillo grueso que muestran revestimiento moderno (fot. 12P,1,6; 13P,1,4). En algunos momentos se ve el muro romano en estos paramentos, como puede comprobarse en 13P,3. A continuación del espacio descrito antes, vemos otro compartimento dividido por muros transversales romanos, en el que se vuelve a mostrar, de forma algo encubierta, el aparejo externo del gran murallón (fot. 14P,2).En esta misma secuencia se detecta una serie de alzados romanos levantados con ladrillo (opvs testacevm), en cuya técnica constructiva se puede observar el uso alterno de dis-tintos grosores en los mismos, procedimiento usado en otras áreas (cfr. fig. 17). En algunos paramentos el ladrillo aparece homogéneo (fot. 15P,2); en otros, alternado (fot. 16P). El reves-timiento moderno es muy frecuente, aunque deja muchos espacios, testigos de la forma antigua (fot. 17P).

Como ya ha quedado dicho, los paramentos han sido usados hasta alturas superiores a los 9 m, como puede comprobarse en 18P; 19P,1,2; 20P,1,2. Constituyen el armazón de esta gran casa que, tiempos atrás sirvió de cuartel militar. Estos muros muestran al exterior, aunque algo retocadas, las piedras del opvs incertvm con que fueron construidos. Las dimensiones regis-tradas alcanzan hasta los 20 m de largo y 9 m de alto; pero se ignora la verdadera dimensión, ya que continuaban por otras viviendas anejas a este subsector.

La foto 20P nos da una idea de la extensión del muro maestro que se detecta, y que es la continuidad del que se ha visto en fotos anteriores, pero paralelo al del aparejo de las piedras grandes (fot. 10P,2).

Continuando la secuencia vial, se ve en 21P la parte externa de la descrita en párrafos anteriores; es decir, que los muros de estas casas se encuentran reutilizando todo un paramento, paralelo al que discurre por dentro. Estas fachadas antiguas han sido muy alteradas. Veinte años atrás podían verse, a través de la cal, las piedras de los paramentos tipo opvs incertvm.

Superada la anterior vía, a través de un paso artificial, nos adentramos en un patio ciego, en el que se aprecia la estructura romana oculta tras el mortero moderno (fot. 22P,1.2).

A través del paramento 22P,2, pasamos a un espacio interior en donde se puede con-templar diferencia de altura en el suelo, debiéndose construir escalones para poder pasar de un tramo a otro. Es probable que constituyeran recintos de naves abovedadas, pero no tenemos indicios. Se observan los muros con el grosor habitual en todo este sector, alcanzando los 0,90 m (fot. 23P,1), y los enrasamientos que se han detectado en otros espacios similares a éstos (fot. 24P,1).

En la foto 24P,2 se observa un lienzo de muro cuya estructura ha sido horadada, dejando ver el opvs testacevm tras el revoque moderno.

Continuando la descripción vial, partimos del punto anterior y nos encontramos con el tramo 25P, en donde se puede ver otro fenómeno de paso artificial.

El tramo 25P,2 constituye una secuencia de muro de gran grosor, que ha sido revestido con argamasa moderna.

En 25P,1 se produce una abertura artificial más evidente que la que confirmamos en la calle. Se trata de un pasillo que da acceso a unas viviendas modernas reutilizando todos los paramentos, al igual que se aprecia en los anteriores dejados atrás, pero con la diferencia de que aquí han sido fuertemente retocados y encalados. El grosor del tramo 26P,1 es de 0,90 m, y las bases de los muros interiores dejan claras señales de la reutilización (fot. 26P,2,3).

Situados de nuevo en la calle Santa Isabel, se observa cómo se produce un fuerte giro en la alineación de la misma, lo que coincide exactamente con la anchura normal de los espacios que se viene analizando. Por ello se piensa que ha sido roto el sistema, con el fin de intercomu-nicar las diversas zonas que aquí se encuentran, condicionadas por la orografía propia del suelo urbano antiguo. Este hecho es mucho más palpable en las áreas superiores del conjunto arqui-tectónico (fig. 12).

Así, pues, en 27P,1,2,3, hay tres tramos consecutivos, que son los puntos de enlace de las secuencias que se ha descrito en 18P, 19P y 20P. Los módulos de anchura y los muros que las dividen se corresponden en medidas con los anteriores. Así, en 28P,1 se observa un paramento que tiene una altura aproximada de 5 m, dejando ver indicios de opvs incertvm.

En 28P,2 se detecta uno de los muros divisorios de las edificaciones colindantes que antes se han descrito.

En 29P,2 se puede observar el otro paramento de similares características.

En 31P,3, hay otro paso de los que llamamos artificiales, por ser causados por la destruc-ción de estructuras romanas.

En recientes obras de albañilería se pudo comprobar, en la apertura de cimientos, la presencia de materiales romanos como base de todas estas edificaciones.

En 31P,1 hay otro alzado que, en su base, acusa la presencia de opvs incertvm en el apa-rejo. En esta fotografía retrospectiva del mismo tramo, hecha desde otro ángulo, se puede obser-var lo antes dicho: 32P,1, paso artificial hacia la calle superior; 32P,2, podivm artificial para acceder a los espacios de la izquierda; 32P,3, paramento antiguo con huecos probablemente destinados a naves. En el exterior se detecta el revestimiento moderno de los alzados romanos.

En la foto 34P, se tiene un ejemplo más de la existencia de paramentos romanos. El punto 34P,1 se corresponde, en paralelo, con el 29P,2, formando el espacio que hoy ocupa la casa que se ve. Debajo de toda la secuencia que se puede contemplar en esta calle, se encuentran los gruesos muros, que se han venido estudiando desde el comienzo de este sector (fots. 5P a 20P).

Continuando la línea 32P,1, paso artificial, nos encontramos con la calle y fachada indi-cada en 35P,4. En primer lugar es necesario comentar el estado del pavimento de la misma, en donde se aprecia de inmediato la presencia de suelo rocoso, con un ligero revoque moderno de hormigón.

La línea 35P,4 enlaza con la que conectaremos en el sector K, en la que se tiene eviden-ciada la cimentación y parte del alzado, con reutilización de muro romano en todo el trayecto (fots. 49K; 54K; fig.17). Probablemente en el interior de toda esta secuencia, prolongación de todo el sector K, las dependencias antiguas romanas hayan sido reutilizadas y transformadas, como en otros muchos parajes de este gran sector de Poniente (cfr. fig. 16).

En el espacio 35P,1, no hace mucho tiempo, se han realizado obras de remodelación, y han sido destruidos algunos de los muros interiores, ya que en los escombros se han detectado los componentes base del opvs incertvm. Esto se ha localizado en la parte final del paramento 36P que, como se ve, hasta ha cambiado el aspecto de la calle, con un nuevo revestimiento de piedra y cemento.

En la calle Martínez Rodas, justo en el punto 37P,2, se indica la existencia de un sub-sector que ha sido dividido de forma artificial, quedando encubierto por el aspecto rectilíneo que nos muestra el trazado de la calle. En el punto 37P,2 debe efectuarse la unión de un gran muro de contención, similar a los ya descritos en otros apartados de esta demarcación urbana. La línea 37P,1 es moderna, y sólo encubre los paramentos que se encuentran en sus interiores, a lo largo de todo este trazado de viviendas modernas. La diferencia de nivel entre la parte superior del punto 37P y el bajo, es de 9 m aproximadamente.

Casi enfrente de la anterior pendiente, nos encontramos con el punto 38P, 2, que ocupa el espacio de una antigua Ermita, que ha sido convertida en vivienda moderna. Sus cimientos nos van a confirmar, una vez más, el hecho de que la estructura superior de las casas se monta sobre muros romanos situados exactamente debajo, constituyendo aquí los verdaderos cimien-tos de toda una manzana de casas. Incluso los paramentos exteriores han sido transformados con revoque moderno, dándoles aspecto de construcción de nueva planta.

En el sector K, en la parte que se corresponde con ese mismo nivel, se puede comprobar que esa táctica se cumple a la perfección (fots. 5K a 8K; fig. 17).

En 39P se puede ver la existencia del muro, formando parte de los cimientos de la casa, pero no en la correspondiente a la Ermita, sino a la situada enfrente. En 40P se observa mejor la composición del alzado de opvs incertvm.

En la foto 41P se ve el nivel de la calle y el muro romano debajo.

En la 42P, en perspectiva, se ve la línea del alzado actual de la Ermita y, en 43P,2, la precisa situación del muro romano debajo y su alineación justa. El punto que se nos indica en 43P marca, de forma precisa, el tramo que ocupa el muro romano observado, y que se alinea con la señalización dada en 38P,3, de tal forma que constituye un muro de cierre del pasillo, esta-blecido entre la ermita y la casa de enfrente; por lo que se piensa que tal paso es artificial.

Como todo el espacio de la calle Nueva se encuentra al mismo nivel aproximadamente que la factoría de salazones del Majuelo, se puede afirmar como tesis, que la estructura moder-na, que se presenta en la panorámica 44P, se encuentra montada sobre las formas arquitec-tónicas similares a las de la factoría de salazones, siendo la alineación de la calle la que ha tra-zado las formas existentes bajo la misma, o lo que es igual, las edificaciones superficiales mues-tran, tal vez, las líneas maestras de las formas existentes debajo. Como prueba de ello nos remitimos a los descubrimientos hechos a raíz de las reposiciones de alcantarillado, cuya operación ha dejado al descubierto muros romanos en todos los puntos donde se ha perforado verticalmente. En el punto 44P,1, nos introducimos en los patios interiores de esta alineación, y nos encontramos con los muros maestros de todos los edificios que empiezan a descolgarse del nivel marcado por el Majuelo. Así, el primer patio (fot. 45P) nos muestra parte de un paramento que discurre paralelo a otro interior y al de la calle. En este mismo sentido y pasando al interior, encontramos en 46P un muro de fuerte grosor, pero que discurre en sentido vertical hacia la calle, probablemente formando un muro divisorio de los compartimentos que aquí hayan exis-tido antes de la reutilización. Este mismo muro va a morir, remontándose, en otro superior, del que ya se ha dado noticia antes (fot. 37P,2).

El punto 47P, en consonancia con los niveles antes descritos, nos indica los siguientes datos: 47P,1, muro de fondo paralelo a las calles superior e inferior, grueso y de fuerte conten-ción, probablemente destinado a contrafuerte, para separar los grandes desniveles; el punto 46P,2 nos señala el cierre del muro procedente de la parte inferior de este recinto (45P); y el punto 46P,3, muro romano con fuerte revestimiento de argamasa moderna y encalado. Aparte, obsérvese la escalinata, ya que es testigo del gran desnivel que se produce, por la forma del terreno, en todo el subsector. El segundo patio inspeccionado se encuentra muy próximo al anterior y casi en la misma línea. Sus muros maestros son los mismos, aunque las reutiliza-ciones diferentes.

En 47P se pueden observar los restos, sobre las paredes, de muro antiguo que ha sido abierto artificialmente para dar acceso a la zona interior. En 47P,2 se detecta que el pavimento del suelo es muy rudimentario. Si nos adentramos más, nos encontramos con uno de los típicos pasillos ciegos, donde se puede ver, en 49P,1, muro de fondo, no en línea con el que se ha indicado en 47P,1, sino con el 45P. Su grosor puede inducirse de la función que se piensa tiene: muro de contención.

El punto 49P,2 nos muestra en su interior un compartimento con muros romanos que se han podido fotografiar.

En el punto 50P se puede contemplar, en un espacio contiguo a 49P,1, la existencia del aparejo romano, tipo opvs incertvm, algo deformado por el deterioro que haya sufrido con el paso del tiempo.

Existen algunos patios en los que podríamos haber dado más argumentos de tipo estructural, pero no se nos ha facilitado el acceso, ni la fotografía. Por ello retornamos a la línea de calle, y se indica que el paramento, presentado por la misma en 50P,1, se encuentra montado sobre muro romano, y parte del alzado, en su espacio interior, es una reutilización.

En la línea 51P,2 aparece una secuencia bastante deteriorada. En su interior se puede observar la existencia de paramento romano bien definido, como los que se indican en 52P,1, que es un muro alineado con el de la calle e interior.

El punto 52P,2 nos da una reutilización de una columna romana, algo alterada. El 52P,3, señala muro con paramento de opvs testacevm. Su base, según se puede observar en 54P,1, es de piedra; su alzado muestra indicios de haber sido estructura arqueada. Su alineación es paralela a las calles anterior y posterior.

Saliendo a la calzada del callejón del Silencio, hay otro paramento vial con reutilización de estructura romana, prolongación de la forma que se encuentra al fondo de la imagen (co-mienzo de la factoría de salazones del Majuelo).

Los puntos 56P y 57P nos muestran edificaciones de alzado moderno, sobre el emplaza-miento de las estructuras de la factoría citada. Por lo que se piensa que, en su mayor parte, no son más que el aprovechamiento de las formas romanas conservadas, por ser edificaciones con alzados, superiores a los que hoy se ven en la parte excavada de la factoría.

En sentido paralelo al anterior, pero en posición más avanzada hacia la Puerta de Vélez, nos encontramos con una secuencia de restos de muralla, que han sido reutilizados moderna-mente por levantar, a espaldas de la misma, toda una secuencia de casas modernas que, con toda seguridad, tienen en su base las líneas de edificaciones romanas. Así, en el punto 58P, co-menzamos a observar parte de muralla romano medieval sobre la que se monta el alzado moder-no.

El punto 59P indica otro tramo de la misma, al igual que en 60P.

En el 61P se señala: paramento de ladrillo con revestimiento moderno (fot. 61P,1) y un arco de medio punto semienterrado, que ha podido ser uno de los tradicionales pasos entre murallas, pero queda la duda (fot. 61P,2). Esta estructura no es de sorprender en absoluto, ya que se encuentra muy cerca de la llamada Puerta de Vélez, y sabemos que las construcciones de este tipo de acceso podían usar tanto la piedra como el ladrillo.

                La fotografía 62P muestra una estructura de obra romana que indica ser el final de las estructuras que se extienden desde el Majuelo hasta este espacio. A partir de este lugar, en las siguientes excavaciones, que se han practicado con motivo de nuevas construcciones, no ha aparecido ningún resto de material, ni moderno ni antiguo; todo era limo del arrastre del río.

Conclusión del sector P

Los elementos arquitectónicos aquí analizados marcan cierta diferencia con el resto de los sectores ya vistos.  

Lo más relevante ha sido el sistema de murallones de contención, o sistema usado para el aterrazamiento de los espacios con fuertes desniveles. Se ve, con cierto detalle, que las estruc-turas, en general, se repiten, pero hay, sin embargo, un subsector que aporta algo nuevo: la secuencia, relativa, de una cronología. Ello ha quedado patente en el murallón de contención formado con gruesas piedras sin tallar; y por otro lado, fenómeno poco común en todos los sectores que se han analizado. Pero, insistimos, la superposición de tres diferentes estructuras y tipos constructivos nos han llevado a establecer una clara diferencia de época de construcción, a la vez que su distinta finalidad. Ello ha quedado bien clarificado.

Por ahora, esto no se ha podido distinguir con toda certeza en ningún sector, salvo la propia factoría del Majuelo. Por otro lado, ha sido también el sector que ha dado las pruebas evidentes de que la mayor parte de todos los paramentos del área de Poniente se encuentran o bien reutilizando paramentos desde la propia superficie, o bien sus cimientos son la continua-ción de su alzado superior. Como tercer dato, los muros de aterrazamiento son las líneas maes-tras que dividen los amplios sectores de una zona que ha sido, en líneas generales, fuertemente alterada por las reutilizaciones modernas. Pero, en resumidas cuentas, los elementos arquitec-tónicos son los mismos, en general, que se vienen registrando en el casco urbano: muros de con-tención para aterrazamientos, piletas o restos de las mismas, indicios de depósitos de agua y espacios destinados al almacenaje, en la forma común de naves abovedadas, aunque en este sector se encuentren enrasadas y con elementos modernos superpuestos.

SECTOR  Q

Constituye uno de los espacios urbanos actuales en el que se ha detectado escaso nú-mero de datos arqueológicos sobre las posibles estructuras romanas que tratamos de identificar.

Iniciamos el análisis descriptivo a partir de la entrada de la Puerta de Vélez. Por un lado nos presenta la secuencia del sistema de muralla procedente del sector Y, que se cierra en el punto 1Q,3.  Como nota adicional, se puede decir que, en este preciso punto, se tiene el final de los elementos estructurales pertenecientes a la factoría de salazones del Majuelo, cuyo límite precisamente se ha detectado a izquierda de la imagen que ofrecemos en 1Q. Detallando un poco más la información que se debe dar al respecto, sobre todo en lo referente a elementos romanos en este sector, hay que decir que son realmente escasos, aunque se piensa que se debe a las fuertes modificaciones que ha introducido el urbanismo moderno en estas áreas.

El marco que constituyó la entrada de la ciudad medieval, por la zona de Poniente, se indica en el punto 2Q, señalando el espacio donde debió existir una entrada, ya que se trata del punto donde se tiene detectada la muralla de circunvalación de la ciudad, y las dos calles que parten de él tienen como topónimo precisamente tal nombre. Se piensa que en la parte frontal de la imagen que ofrecemos, en el interior de las casas modernas, deben existir conexiones de estructuras relacionadas con el sector P (fig. 27), ya que los grandes muros detectados en el inicio de este sector, por la calle Vélez, tienen su continuidad por la parte superior de estas viviendas, formando un muro de contención, pero que no se han podido tomar datos debido a las fuertes alteraciones internas de todas estas casas.

En la imagen que se muestra en 3Q, se tienen los restos de muros romanos reciente-mente aparecidos, donde se puede ver el alzado de ellos, de forma que constituyen un empare-dado que pudo ser un pasillo interior de esta forma de muralla. Su profundidad no es muy marcada, y su separación aproximada es de 1,30 m. Como se observa, este tipo de muralla ha sido destruido con motivo del rebaje de una nueva vivienda. No se ha respetado la estructura antigua y ha quedado en muy mal estado por las reducidas proporciones que le han dejado.

En la fotografía 4Q se muestra con mayor detalle el muro izquierdo de la doble muralla.

La imagen 5Q muestra el fondo, que se formaba al final de esta calle, en dirección a la zona de los muros aparecidos en el solar del desaparecido cine Galiardo. El escaso material y lo maltrecho que ha quedado, no nos han podido mostrar, de forma clara, la secuencia final de este tramo de la muralla romana.

La fotografía 6Q es una imagen de este tramo final, donde aparecen unos restos que in-dican una secuencia lateral hacia izquierda y derecha, pero que no se ha excavado para poderlo comprobar con precisión.

La imagen 7Q, en el punto 7Q,3, nos marca aproximadamente la zona donde se podría haber encontrado la puerta occidental romana del conjunto antiguo, o la posteriormente llama-da Puerta de Vélez. El espacio 7Q,1 indica, casi con precisión, el muro de las casas modernas montado sobre el viejo muro romano.

Por el punto que se indica en 8Q,3, pasamos a una calle cuya originalidad desconoce-mos, pero que es una de las que comienzan a dar cierta información sobre los niveles usados en su planteamiento urbano: las zonas bajas comienzan a aparecer, tal como se puede observar en los puntos que se indican al respecto (fot. 8Q,2). Los paramentos situados a la izquierda de la imagen son de los que han sufrido también fuertes alteraciones, que se verán en otro sector. En la parte superior de la imagen anterior, y girando a izquierda, podemos observar algunos datos de interés, dentro de la escasez que caracteriza a este sector. Así, se observan en 10Q unos para-mentos antiguos, que son probables reutilizaciones romanas conectadas con las estructuras situadas al final de la parte izquierda de esta calle.

El remozamiento de las fachadas en algunos alzados de las casas evita la identificación, como ocurre en 11Q, donde se piensa que, en el punto 11Q,2, se ha creado un paso artificial, si se observan las alineaciones de las fachadas.

En el punto 11Q,1, se puede ver la existencia de paramentos interiores con formas anti-guas, pero, en los que, además, habría que comprobar, con la experimentación directa, la exis-tencia de aparejo romano. Tal como se indica en el punto 11Q,1, se puede observar, en el interior de la estancia, que está bajo el nivel de la calle, la existencia de un aparejo antiguo en los muros interiores y que son precisamente de tierra prensada.

El punto 12Q,2 deja señales para ver que se trata de un paramento con aparejo romano, algo revestido de revoque moderno. Pero, el hecho de que se produzcan bufados en las paredes, en este tipo de construcciones, se debe fundamentalmente a la existencia de un aparejo muy resistente detrás que, por no tener la suficiente porosidad, provoca la caída de los materiales con que se revoca.

A lo largo de la calle Orobia no se ha detectado indicio alguno digno de comentario, aun-que se ha intentado penetrar en los interiores abiertos, para tratar de seguir las líneas que se consideran deben existir como elementos dirigentes y constitutivos de todas las secuencias que se encuentran dentro de estos sectores.

En el tramo de la calle Antigua, que entra en el esquema del sector, hay que señalar que, a media calle, sobre el punto 13Q,2 y frente a él, se encuentra una nave abovedada bien conser-vada, que nos hace suponer que, a través de toda la secuencia alineada, como se ha dicho, debe haber existido una prolongación de este tipo de construcción. Si medimos los espacios, efectiva-mente coinciden.

Sobre el punto 13Q,1 ha existido una ermita, citada ya en la introducción de este trabajo, y en la que pudieron comprobar no sólo la existencia de dos niveles sobre el suelo, sino también la aparición de abundante material cerámico muy variado, pero básicamente romano. Justo por encima de este viejo subsector, hay una casa cuyas medidas de fachada coinciden con los tipos que se viene registrando para naves, y de los que se pueden ver algunos bajo el nivel del suelo, a lo largo de este tramo de calle.

Conclusión del sector Q

La única parte de este sector que nos ha presentado, con más claridad, algún dato pre-ciso sobre la existencia de elementos romanos, ha sido precisamente el tramo central de la calle Antigua, donde se han detectado los espacios y estructuras internas que se corresponden con los módulos generales de las naves, de las que se tiene un ejemplo, aunque situado enfrente de esta fachada; pero no se olvide que el paso de la calle Antigua es también artificial, dados los com-ponentes que se han localizado sobre la misma. También es de notar la aparición reciente de restos de la antigua muralla romana al fondo de la calle Vélez, como se ha demostrado con las fotos aportadas.

En resumen, se puede afirmar que los datos son muy escasos y poco coherentes para poder establecer un criterio funcional unitario, aunque tengamos algunos vestigios como prue-bas sobre la identidad antigua de este sector, cosa que se debe dejar como hipótesis lógica de trabajo.

SECTOR  R

El estudio de este sector es un tanto complejo por lo heterogéneo de los trazados urba-nos que comprende. Tengamos en cuenta que se comienza el trabajo en el inicio de la calle Antigua, y a través de todo el espacio o manzana urbana situada a su izquierda, hasta llegar a la calle Carmen Baja, en su primera parte, y se continúa por la zona alta de la calle San Joaquín, hasta enlazar de nuevo con el punto de partida o calle Antigua.

En este sector se dan múltiples manifestaciones de estructuras. Nos encontramos con algún habitáculo, tipo nave, indicios de otras que han sido transformadas o reutilizadas enrasán-dolas, grandes muros divisorios o elementos de contención, como se verán, pero ningún resto de pileta de salazón, aunque sí toda una infraestructura de conducción de agua por medio de un sistema de nave, de escasas proporciones, pero lo suficientemente grande como para que discurra por ella toda una red de tuberías del tipo que fueren.

Hasta ahora, en este mismo sistema de conducción se ha detectado una derivación con dos tuberías de cerámica que parten en dirección suroeste, y que constituyen el único testigo donde se han podido encontrar manifestaciones de entubamiento para la canalización del agua.

Como es natural, y participando de todo el esquema que regula la utilización general de todas las áreas de la ciudad, desde el punto de vista moderno, no romano, la estructura básica del sistema de aterrazamiento se mantiene, indicada en la serie de muros contrafuertes que iremos describiendo en sus correspondientes contextos, y analizando los cortes que provocará la reestructuración que va a sufrir todo este conjunto, desde la llegada del elemento musulmán, fenómeno que no cesará ni en nuestros días.

Una vez hecho este preámbulo, iniciamos el recorrido de las estructuras, según el orden indicado.

Al inicio de la calle Antigua, a unos 20 m de su comienzo, encontramos una estancia en la que aparecen las estructuras romanas (fot. 1R), a izquierda de la cuesta, según se sube. El aparejo se deja ver apenas se descarna la pared. Todo este espacio está compuesto por una nave con elementos adicionales, como derivaciones o indicadores de que hay continuidad de los com-ponentes básicos.

Los aparejos se dejan ver con cierta facilidad (fot. 2R). Encima de estas estructuras se observa la construcción, ya moderna, a base de ladrillo. El muro se eleva hasta los 3,20 m en su exterior. La parte de entrada se sitúa en el extremo interno de la estancia. Se trata, como casi siempre, de una puerta artificial (fot. 3R,1). Pero, como se ha dicho antes, el paramento se pro-longa exteriormente algo más de lo que constituye la propia nave (fot. 4R).

Los puntos extremos de ésta se pueden observar en las fotos 6R y 7R. Al fondo de este último detalle se puede ver una especie de poyete y dos sobremuros, que se utilizan como ele-mentos de refuerzo en los puntos levantados sobre el citado poyo, dejando un espacio del muro de fondo de la nave al descubierto (fot. 8R).

Tal como se ha indicado antes, aquí se dan otros componentes, como puede verse en la fotografía 9R, donde comprobamos la existencia de un muro romano levantado según la técnica del opvs testacevm. Ignoramos si esta estructura se alterna con el opvs incertvm, que es el do-minante en los paramentos de esta nave. Las medidas de ella, que se encuentra situada de forma perpendicular a la calle, según la práctica del aterrazamiento, son las siguientes: anchura, 2,80 m; altura, 2,30 m; largura, 10 m, y grosor del muro, 0,90 m.

Una vez superada la cuesta en su primer cruce o encrucijada, a izquierda, nos encon-tramos la calle Escamado, en donde se puede contemplar la existencia de un edificio del siglo XVII y en cuyo interior se han hecho catas de urgencia para analizar el substrato arqueológico, detectándose cerámicas de variadas culturas (fot. 10R). En el fondo de su alzado general, se han localizado muros romanos, y uno de los considerados como de aterrazamiento, con restos de un torreón, que reflejamos en planimetría, siendo reutilizado por los repobladores como fosa sép-tica y que, con motivo del remozamiento del edificio, ha sido destruido hasta hacerlo totalmen-te desaparecer.

Frente a esta edificación, se tienen unas estructuras que fueron dependencias auxiliares del citado Palacete. Tales dependencias se levantaron sobre formas preexistentes, que se encuentran relacionadas con la nave antes vista (fot. 11R) y que están en línea con ella. La utili-zación de podivm de acceso a estas viviendas está justificada por no tener relación estructural su paramento con los componentes de la calle Escamado. Es, efectivamente, un alzado cuya base radica en los componentes estructurales que se hallan debajo, y dando sobre la Plaza del Ayun-tamiento. Es preciso añadir aquí el nuevo descubrimiento de una nave abovedada situada detrás y encima de las conducciones de agua, que se han localizado sobre la citada Plaza. En efecto, el muro que da sujeción a toda la calle Escamado, pertenece a una serie de naves de cierta consi-deración, que ha existido a lo largo de ella, y de la que forma parte el hallazgo recientemente localizado.

 Así que esta es la razón que justifica todo el paramento de la citada calle. Por tanto, no existía acceso a las alturas que pudieran crearse sobre esa base de naves, por lo que hubo nece-sidad de respetar su forma, de manera que los modernos continuaron manteniendo su existen-cia para una función muy similar, por no decir idéntica, a la de los criptopórticos romanos: sujetar y ser almacén de la moderna casa sobre la gran nave levantada en su parte inferior. Las fotografías de detalle se aportarán en un elenco aparte. Actualmente la bóveda se encuentra revestida con materiales modernos, pero las fotos de detalle demostrarán su antigua compo-sición interna, muy similar a la del sector K.

La parte externa o calle Escamado muestra indicios de que el paramento es romano (fots. 12R; 13R).

Una vez vista esta parte, situados de nuevo sobre la Cuesta del Castillo y, en su primera encrucijada, según se sube, a izquierda, encontramos un espacio cerrado formado por unas estructuras, de las que tan sólo se puede disponer de un análisis de los elementos que componen su fachada. Así, en la foto 14R se puede ver una secuencia, debidamente caracterizada, de para-mentos que muestran claras señales de una fuerte reutilización.

En la foto 15R se ven los restos de muros adosados y, en algunos momentos, el uso de un pequeño realce, en el suelo, para poder acceder a las viviendas. En una foto de detalle del alzado, se observa cómo se deja ver el aparejo al exterior (fot. 16R).En toda la secuencia del alzado, que se considera más caracterizado, se pueden observar todos los componentes que entran dentro de los esquemas tradicionales en este análisis (fots. 17R; 18R; 19R), perfilándose, de forma reitera-da, el dibujo de los tipos comunes en estas construcciones.

Para dar un poco de consistencia a uno de los paramentos de este espacio, se ve cómo se ha conservado un tramo del alzado descendente, con el fin de sujetar el empuje de todo el lienzo de muro ascendente (fots. 20R; 21R). El grosor de tal resto de muro es de 1,40 m. A lo largo de él se observan continuamente, según se desciende, los restos de piedras que atestiguan la presen-cia de muros romanos.

Los continuos podia se han levantado en esta calle para poder aprovechar los emplaza-mientos de los sistemas de naves que, en vez de situarse de forma que sigan la pendiente, lo hacen en sentido horizontal, según se establece en los sistemas de aterrazamiento: se levantan o excavan pequeñas superficies, o bien se rellena el terreno con un muro soporte, antes de colocar una nave u otro elemento de construcción siguiendo la pendiente, lo que sería todo un desatino arquitectónico: es mejor dar terreno al terreno que quitárselo, ya que esto conlleva una defor-mación del mismo que, con el paso del tiempo, se vuelve contra la construcción sobre él levan-tada.

Por tal razón se cree que en tal cuesta, que se ve en la foto 21R, hay un total de siete for-mas artificiales de escalonamiento del terreno, con el fin de situar bien, de forma coherente y ordenada, todos los sistemas arquitectónicos que se pretenden levantar sobre la roca de Seks.

En la foto 22R se pueden contemplar detalles tanto de una manifestación como de otra, es decir, existencia de muros de aterrazamiento en los interiores de las casas, como paramentos destinados a naves, a lo largo de toda la Cuesta (fots. 23R; 24R). Sobre la misma Cuesta y en su parte izquierda, se observa un nuevo espacio similar al que se ha visto un poco más abajo. Se trata de un tramo con casi las mismas características. Todos los paramentos que se observan, tanto a un lado como a otro y el del fondo (fot. 25R), son romanos, aunque se muestran algo retocados.

En el punto 25R,6, se tiene comprobada la existencia de un espacio de nave reutilizada, en cuyas paredes se observa el aparejo común a todas las estructuras, además del enrasamiento de la bóveda mediante un falso techo de madera que la encubre.

Seguimos hacia arriba y se ve una nueva secuencia de muros que, en parte, son romanos y, en parte, cierres modernos que se alinean para dar homogeneidad a todo el conjunto. Así, en el punto 28R vuelve a producirse una fuerte pendiente, que es salvada mediante la construcción de un muro corto, pero fuerte, aprovechando uno de los tramos de aterrazamiento proveniente de la calle, que en la imagen se ve de frente. Una vez sobre esa calle, aparecen de nuevo las formas que nos atestiguan la presencia de sistemas de naves, que siguen el mismo sentido de la calle, es decir, el horizontal, no el vertical.

En la foto 29R, se muestra el acceso cuya estructura interna se nos presenta al contrario de lo que es normal: la nave o espacio que de ella queda, se sitúa vertical sobre el paramento de fondo. El aparejo de los muros puede ser identificado con cierta claridad, sobre todo al pie de muro (fot. 30R). Al lado de este espacio se ha podido descubrir otro en el que, además, se puede ver la utilización de revoque como elemento impermeabilizante, sobre una estructura de opvs incertvm (fot. 31R).

Como prueba de la existencia de un muro contrafuerte al fondo de estas dos estructuras, podemos ver, encima de los dos citados espacios, cómo se eleva un muro detrás, que tiene todos los indicios de ser romano, con la función clara de serlo y estar destinado a sujetar todas las estructuras que se montan detrás (fot. 32R,1).

Se continúa por esta calle, que se considera artificial, como todas las que se van a ver (fots. 33R; 34R).

A lo largo de sus paramentos se pueden ver las reutilizaciones y los revestimientos en el punto 34R,2. En el extremo más cercano de la imagen se puede ver un espacio interior de una casa, en el que se dibujan perfectamente los paramentos romanos, tanto de cierre como de fondo (fot. 35R,1,3). Las alturas de estos paramentos se sitúan dentro de los módulos normales en todo este tipo de edificaciones.

El ensanche, que se puede ver en la imagen 36R, es totalmente artificial. En él se obser-va una serie de irregularidades motivadas por elementos romanos reutilizados dentro de la lógica de un aprovechamiento racional, en lo que las estructuras existentes permiten. Así, en 36R,1, se puede ver una de las calles que se han abierto con el único fin de hacer paso hacia las dependencias que se encuentran en ese subsector.

Desde otro ángulo se ve la misma perspectiva (fot. 37R), en la que se tiene (37R,2) en-trada a un pasillo cerrado, (37R,3), existencia de un sótano, que fue un espacio probablemente destinado a nave. Así, en la fotografía 38R se presenta el tramo antes indicado como pasillo arti-ficial cerrado, para dar entrada a las dependencias romanas que hay en su interior, a ambos lados de los paramentos que se pueden observar (fot. 38R). Los muros que se ven son romanos, y hacia la mitad de este tramo, se produce un corte motivado por el cambio en la dirección de las estructuras murales, dando a entender que la línea de elementos paralelos se rompe. Los escalones que se observan probablemente coinciden con los cortes producidos sobre los para-mentos que atravesaban la calle. El muro de fondo casi deslinda una plataforma superior que se verá a continuación. Tal muro es romano. Sobre la parte izquierda se ve el uso de escalera por haber rellenado el espacio interior de una nave, cuyo suelo no tenía pavimento (fot. 39R). Sobre la misma calle se ven los restos de paramentos con piedras bien indicadas en su aparejo (fot. 40R).

Una vez salidos de esta cerrada área, situados de nuevo sobre la calle, se ven alineacio-nes de muros viejos con su paramento reutilizado (fot. 41R), y cómo se nota el corte producido en una estructura que debería cerrarse con todo su volumen en la fachada de enfrente (fot. 42R), al igual que los pasos artificiales que se indica en 42R,1,2. En el paramento del primer plano, que se destaca sobre el resto, se puede ver el aparejo de opvs incertvm.

En las fotos 43R y 44R se observa una casi perfecta alineación, en cuyas paredes exterio-res se puede ver el aparejo en algunos puntos.

Situados en una calle, o mejor, paso cerrado casi paralelo al anterior en su primera parte, donde se encuentran las naves enrasadas, se observan los restos de la probable muralla, que se halla bajo la estructura de la Cueva de Siete Palacios. Por el punto que precede o calle artificial sobre la Cuesta del Castillo, el murallón fue roto para poder acceder a la parte superior. Pero este fue hecho para poder pasar a las dependencias que se encuentran en el interior de los espacios que se continúan.

En la foto 45R se tiene el citado paso, en el que tanto a derecha como a izquierda, en las estructuras que se ven aún en pie, se observan los indicios de los paramentos con aparejo roma-no. El tramo que se ve un poco realzado sobre el suelo, probablemente sea el punto bajo que se conserva de la muralla que pasaba por aquí. Es de interés ver cómo, a lo largo de todo este pasi-llo, no hay resquicio que muestre una huella de aparejo romano. Penetrando por esta extraña calle, se ven los restos antedichos en todos los paramentos, y cómo han sido rotos para poder hacer accesibles estas dependencias, hasta el punto de que nos es casi imposible recomponer la antigua forma que todo esto tenía (fot. 46R). Sobre la parte izquierda se ven restos de los para-mentos, que han sufrido fuertes modificaciones en su aspecto externo, pero dentro conservan su aparejo romano, como se puede ver en 47R,1,2, que, con más detalle, precisamos en la foto 48R, donde se ve el hormigón romano y el opvs incertvm, muy deteriorado, encima de él. Y obser-vando con detalle en el muro de enfrente, vamos a ver la extraña forma que ofrece el aparejo exterior. Probablemente se trata de un estrechamiento artificial de los muros para poder facili-tar, como ya se ha dicho, el paso (fot. 49R). En este mismo espacio se tiene ocasión de com-probar que, sobre el suelo, se observan señales claras de haber destruido dos muros, uno de cierre y otro, adosado al 49R,2,3. Ahora bien, las señales más evidentes de una rotura de para-mento por motivo de espacio, se perfilan en 50R, donde la piedra de aparejo que se deja ver, es muy desigual, mostrando indicios de la composición interna del muro (fot. 50R,2).

De la misma manera puede indicarse, sobre el suelo, el volumen de estructura mural que ha sido destruida, y que da muestras de haber sido un muro adosado, que cerraba todo este espacio que ahora se ve abierto.

En la foto 51R, se muestra la base de muro, que da señales de que haya podido sufrir el mismo fenómeno de disminución de su volumen. Al llegar al fondo de este pasillo ciego, encontramos los muros de cierre romanos, que pueden constituir el espacio muerto que se viene observando a lo largo de muchas estructuras de secuencias de naves (fot. 52R).

De nuevo sobre el final de la Cuesta del Castillo, se observan algunos detalles sobre el paramento del muro que da a la calle, en el que se pueden ver los restos de paramento indicados sobre la misma pared, aparentemente moderna (fots. 53R; 54R; 55R); manifestación de un aparejo de opvs incertvm, por la aparición de la piedra sobre la superficie, con una ligera capa de cal sobre otra de revoque moderno que se ha desprendido. Al fondo de la imagen (fot. 54R,1) se puede ver el alzado de un elemento perteneciente a la estructura de los sectores L y M respectivamente, ya que es el lugar en que ambos sectores se encuentran. Al girar, en la subida de la Cuesta, se puede ver toda la secuencia que es apoyada por los muros maestros, marcados detrás de todo el paramento posterior. Los indicios de naves en esta parte, se señalan a lo largo de él (fot. 56R). Así, todas las estructuras que se observan bajo el nivel de la calle, tienen algo que ver con esto (fot. 57R,3). En fotos retrospectivas, se han mostrado ya, a propósito del sector M, los restos de los muros que han sido rotos en épocas pasadas, y que nos marcaban con clari-dad sus propios indicios, así como los puntos de enlace con el resto de los componentes. Se produce un nuevo giro, marcado por la línea moderna de calle, y encontramos toda una secuen-cia de muros de paramento romano remozado, en parte, y modificado según las necesidades de la propia calle e, incluso, dependencias interiores de los mismos, en las que se ven las secuencias internas de los muros romanos y su alineación (fots. 58R; 59R; 60R). En algunos momentos se pueden ver, como en otros, los indicios de la técnica romana sobre el paramento de la calle. Ob-sérvese, en este caso, la foto 60R. En el interior del edificio, que se encuentra a continuación del que se ha mostrado en 59R, al ver sus estructuras internas, se ha podido comprobar cómo se enlazan los muros que se ven sobre la calle, con los que se encuentran en el interior (fots. 61R; 62R; 63R). Todos ellos siguen la forma que se ha marcado sobre la planimetría de este lugar. Son muros de piedra vista, algo retocados por el remozamiento moderno, pero que guardan las características generales de lo que son.

Una vez situados sobre la Plaza del Ayuntamiento, nos encontramos con un edificio de finales del siglo XIX y comienzos del XX, en cuyo patio interior se va a tener ocasión de ver la estructura de una conducción de agua a través de una pequeña nave que, según su trazado, irá asumiendo derivaciones de otros sistemas, a lo largo de su recorrido (fot. 64R). Una vez situados en el patio interior, según se entra, a izquierda y a la altura del centro, por una pequeña puerta situada casi debajo de las escaleras de la casa, se puede ver una secuencia de escalones, consi-derados medievales, que tan sólo han servido para interrumpir el recorrido de este sistema de conducción. Estamos convencidos de que este pasillo ha servido en alguna ocasión como ele-mento de la propia casa para caso de posible emergencia o función por nosotros imprevista; y no hay duda de que ha sido alterado en su sistema de comunicación con otros sectores. Es posible que aquí existiera un depósito de agua, porque se ha detectado elemento impermeabilizante sobre el punto 65R,2, pero esto no obvia el que haya una justificación para que se encuentre cerrado en uno de los puntos que se considera como área de prolongación, sobre todo si se tiene en cuenta el descubrimiento reciente de naves romanas, con unas proporciones mayores a las hasta ahora halladas en todo el conjunto, aunque se encuentran retocadas.

A lo largo de esta escalinata, descendemos y pasamos a la estructura interior (fot. 66R), formada por una nave de 0,75 m de altura y 0,60 m de anchura; siendo su longitud imprevisible, aunque se considera que su extensión se aproxima tan sólo a la distancia que guarda con el depósito terminal, situado sobre el emplazamiento actual de la Iglesia parroquial.

Una vez en el interior de esta entrada, se puede observar su composición, con un siste-ma de encofrado de ladrillo sobre muro romano de opvs incertvm en su parte inferior (fot. 67R). El revoque, que se observa sobre los ladrillos, responde al sistema de encofrado que se ha usado, de forma que el cemento utilizado se ha salido fuera del espacio de los mismos, hasta dar la sensación de que sea un añadido posterior. No es así, sino que tal revoque o, mejor, el caemen-tvm utilizado en el encofrado revoca dando esa sensación de recubrimiento. Este mismo fenó-meno es observable también en el encofrado de los sistemas de naves en general. El opvs incertvm y el opvs caementicivm se mezclan a través del tiempo, ya que se observa que, en algu-nos tramos, se diferencian, y en otros, se superponen; por lo que no podemos hablar claramente sobre una técnica latericia pura, o incertvm puro. Por ello estamos convencidos de que este sistema de conducción ha sufrido cambios en su aparejo desde su más remoto trazado hasta su fase de abandono (fot. 68R).

En esta foto (68R), y más concretamente sobre lo indicado en 68R,2, se observa una abertura que da paso a una derivación de las que se ha podido localizar.

Se piensa que, en todo el trazado, del que se tiene información por personas, que tiem-pos atrás, intentaron llegar hasta el final del mismo, pero que no lo consiguieron, deben existir más derivaciones que intercomuniquen un sistema de distribución, al que se da un mayor relie-ve del que, a simple vista, se le puede atribuir.

A partir del citado punto 68R,2, hay que decir que esta derivación, de medidas 0,50 m de altura por 0,35 m de anchura, confirma la opinión de que todo el sistema responde a una canalización llevada a cabo por medio de tuberías, en este caso de cerámica, tal como se puede comprobar directamente en 69R,5. En este tramo de conducción, interrumpido como se puede observar, se ha llevado a cabo un revestimiento posterior, realizado con ladrillo de 0,06 m de grosor. La cubierta es adintelada en todo el trazado que se ha podido ver, pero nos queda la cer-teza de que este sistema ha sido retocado en época pasada, y que ha tenido unas medidas más amplias que las que se ven en esta imagen, y que su estrechamiento se debe a ese posterior revestimiento de ladrillo visto. Probablemente la cubierta fuera de medio punto, pero ha podido ser también modificada. Si se observa con detalle la parte izquierda, según se entra, se puede ver cómo detrás del ladrillo, usado como elemento de revestimiento, hay un aparejo de piedra.

En cuanto a la tubería de cerámica, de 0,15 m de diámetro, aparece cubierta con una capa de hormigón y ladrillo. Todo parece indicar que por este espacio discurría una doble fila de tuberías de este tipo.

Si continuamos hacia el centro de la Plaza del Ayuntamiento, nos encontramos, en toda la alineación de la tubería, con un tramo de casi 20 m de largo, hasta el punto en que el nuevo sistema de alcantarillado lo cortó. En este espacio se ve la utilización del ladrillo como compo-nente dominante en muretes laterales y cubierta abovedada (fot. 70R).

Conclusión del sector R

Si se tienen en cuenta los elementos que nos hemos encontrado en todas las secuencias halladas, los podemos resumir en: dos naves realmente conservadas; cinco como elementos reu-tilizados con enrase de sus respectivas bóvedas; paramentos probablemente correspondientes a otras naves muy alteradas y, por último, toda una serie de muros de aterrazamiento que, en algunos sectores, son auténticas murallas de contención. Del único sistema, del que no se ha hallado resto, ha sido de depósito de agua, aunque sí de trazados de conducción, ni de piletas de salazón. Por todo ello, nos inclinamos a pensar, sin descartar ninguna futura posibilidad estruc-tural y funcional de parte del sector, que el destino primordial del mismo, a la vista de los resul-tados de materiales analizados, y teniendo gran reserva sobre los espacios descritos muy super-ficialmente, es fundamentalmente haber servido como área de almacenaje; pero esto, como se ha dicho, a la espera de que en algún momento aparezcan otros componentes estructurales que amplíen el abanico de posibilidades, ya que sabemos que, a corta distancia de este sector, y sin desviarse mucho de la cota, han sido detectadas piletas de salazón.

SECTOR  T

                Se podría decir que este extenso sector se compone de dos centros algo diferentes y muy transformados.

                Se inicia en un subsector que nace en un antiguo solar destinado a ingenio azucarero, de cuya área y subsuelo se ha recibido información por parte de sus antiguos propietarios.

                Así, cuando tuvo lugar la apertura de cimientos en dicho centro, apareció cantidad de cerámica que, lógicamente, no pudieron identificar, siendo sepultadas de nuevo con el movimiento de escombros.

                Dados los conocimientos de los propietarios, con el paso del tiempo, y por deseos de inves-tigación histórica sobre la ciudad, se pudo facilitar información detallada de lo que apareció sobre aquel lugar.

                Se ha descrito un horno de cerámica que, por información, se identifica con un alfar romano. Simultáneamente aparecieron secuencias de muros, cuando se llegó a la profundidad de terreno normal para tales hallazgos.

                En una zona próxima se pudo ver la secuencia de sistemas de muros procedentes de todos los puntos de esta área, pero no se estableció interrelación porque habría sido preciso levantar todo el espacio que comprendía el subsector. Pero los sistemas de muros estaban ahí, aunque bajo los cimientos de las actuales casas modernas.

                Este mismo dato y sistema de composición estructural o, por lo menos formal, se ha repe-tido sobre el solar que ocupó el antiguo cine Pasapoga, donde se pudo comprobar la existencia de otro horno de cerámica, en un entorno arqueológico complejo por las secuencias y alineaciones de sistemas de muros. Desgracia­damente se estropearon los negativos donde se tenía informa­ción de los muros y área industrial, aunque se facilitó documenta­ción fotográfica sobre el hallazgo de varios dolia romanos, de los que hay información.

                Cambiando de lugar, y como contrapunto de lo que se acaba de citar de forma inconcreta y sin datos fidedignos y documen­tados, se va hacia la parte noreste, debajo del muro de contenci­ón del aterrazamiento, que tiene lugar bajo los alzados del sistema arquitectónico de la Cueva, para recorrer, desde allí, un espacio que, por los datos que se tienen, parece haber sido asentamien­to de una de las partes más antiguas en montajes industriales de salazones. Aparecen piletas de salazones en el rebaje realizado para la construcción de una casa de nueva planta. Se destruye un complejo de cinco piletas de salazones (por lo menos), proporcionando una de ellas, un tesorillo de denarios de plata, del que se ha establecido una cronología aproximada, que se aportará como argumento y elemento de datación a la hora de fechar las estructuras romanas, al menos de esta parte del sector. Las estructuras medievales se ven en la reposición de algunos lienzos del muro de contención de la Cueva, con la construc­ción, junto a él, de un torreón medieval que formaba parte del sistema defensivo de la ciudad en esas fechas.

                Poco hicieron los medievales para montar sus sistemas defensivos. Apenas si se limitó al levantamiento de una cadena de torreones a través de los círculos casi concéntricos que trazó la ingeniería romana en esta roca, núcleo de Seks.

                Lo cierto es que se han localizado los torreones junto a los muros romanos fuertes en este sector, en el J (fig. 16), R (fig. 29), F (fig. 12), D (fig. 10), P (fig. 27) e Y (fig. 35).

                Se inicia, pues, el recorrido descriptivo desde la zona más baja del sector. En el rellano, bajo la calle Alta del Mar (fig. 31 y 1T, 2T), donde se detectaron muros romanos en la nueva construc-ción, realizada sobre la misma, se comprobó que los muros de la calle, en las casas antiguas, esta-ban montados sobre los de abajo, y esto, aparte de las numerosas ramifica­ciones que partían con regularidad de estas estructuras. No se permitió fotografiar, pero las medidas y sentido de los sistemas sí se pudieron tomar, levantando planimetría. Se continúa través de una escalera, resto de muro de contención que se prolonga hasta enlazar con los de la Fabriquilla (fot. 3T). Este mismo muro, bastante grueso, sujeta los paramentos situados en los niveles superiores que aquí se muestran (fot. 4T). Girando a izquierda en esta calle (Carmen Baja), se encuentra el típico fenó-meno de los realces para acceder a las dependencias (fot. 5T y 6T), hecho que no se justifica si no es por la artificia­lidad de estas estructuras, que nunca fueron pensadas para acceso, por esta calle, a las dependencias que se indican. Es decir, se trata de edificaciones, cuyas estructuras encuentran su entrada por la calle Alta del Mar, y no por aquí. Lógicamen­te es un sistema que ha estado sujeto por el murallón, indicado en la parte baja (fot. 3T), que se prolonga a través de la cuesta, enlazando con un tramo del sector S (fig. 30; 11S).

                El hecho de que, en este corto trayecto, se den peraltes, que se ven en 6T, se justifica porque, en este espacio, la construcción ha sobresa­lido por encima de la calle, hasta el punto de que nunca se ha considerado posible salida hacia otra vía por este estrecho y complicado paso. Esto ocurre cuando no existe calle efectiva y, de ahí, la posterior necesidad de construir elementos de acceso por medio de podios y escaleras. La fachada siguiente, conside­rada parte integrante del paramento antiguo, ha sido destruida y no ha quedado espacio para testificar elemento arquitec-tóni­co. Por ello se indica sólo un muro moderno que, en testimonio de su antigua forma, han dejado los actuales vecinos (fot. 7T). En ese mismo punto se ha comprobado el paso artificial (fot. 7T,1), y que el paramento de la derecha, de gran interés, ha sido confirmado elemento arquitectónico romano gracias al derribo producido hace pocos meses, dejando al descubierto los muros maestros de todo este espacio, ya explicado en el sector S (fot. 7T,3). El único indicio que resta, y que enlaza con este sector, es el muro retocado (fot. 7T,2), que se prolonga, como se indica en planimetría, hasta alcanzar las estructuras superiores junto al murallón de cierre, sito bajo la Cueva.

                En 8T se muestra, en panorámica, el murallón de cierre romano que comprende los sec-tores: D, zona aneja de L, T y U (figs. 10; 19; 31 y 32, respectivamente). El aspecto de interés en este momento, viene dado por este sector. Los puntos indicados en 8T,1,2,3, forman el murallón de cierre y contención, sito al SE del sector U, murallón romano medieval del sector T, y murallón de cierre que abarca el sector T, el U y zona aneja de L. El murallón romano medieval llama la aten-ción, viéndose dos instantáneas de diferentes épocas (fot. 9T y 10T), para indicar, una vez más, el fenómeno transformador de estructuras antiguas, que constituyen la mayor dificultad para en-contrar indicios que aúnen esquemas, considerados indispensables para dar unidad y sentido a este conjunto unitario.

                Por ello se pretende considerar que las referencias, no atestiguadas con pruebas tangibles, merecen tenerse en cuenta, aunque tan sólo posean un valor testimonial; pero es la prueba de tradición, conseguida de personas de cierta garantía informativa y cultural. Así, se observan (hoy ocultos y en parte destruido) los tramos del murallón.

                En 11T,1 se señala el murallón romano en la parte superior. Su anclaje con el murallón divisorio (fot. 11T,2) se efectúa en el punto de arriba, formando cierre en el sistema de murallas de época medieval.

                Como se aprecia en 12T, el desnivel es de 12 m, aproxima­damente. Las técnicas de cons-trucción son las propias de cada fase, romana en base, medieval a partir de la mitad del alzado. Se piensa que este murallón fue un medio de sujeción de plataforma, con función similar a otros registrados en el conjunto. Téngase en cuenta que la configuración topográfica es acciden­tada en este punto, y para el montaje llevado a cabo en el sector de la Cueva, era necesaria, dada la mole arqui­tectónica que el edificio suponía a las pretensiones romanas.

                En 13T se observa la diversidad de aparejos utilizados en el alzado, abarcando desde, el romano en base (fot. 13T,3) y medieval musulmán (fot. 13T,2), al moderno en la parte superior. Tal fenómeno estructural se aprecia en el trazado de esta muralla (fot. 14T). Es evidente que su reu-tilización ha sido fuerte, lo que ha provocado deterioro en el trazado de su alzado.

                En la parte del solar, donde se levantó el ingenio de azúcar, y concre­tamente en el punto en que se practicó el rebaje para la construcci­ón de la chimenea, fue donde apareció el horno de cerámica romano y el depósito de desechos de cerámica.

                Dejado este subsector, se continúa bajo el área del complejo de la Cueva (fot. 15T), donde aparece de nuevo el murallón de contención del sistema de terraza superior. Sobre él, y adosados a su paramento, se observa lo siguiente: encalamientos y revoques modernos de las viviendas apoyadas sobre él (fot. 16T); muros empotrados para dividir los espacios que se utilizan en época romana, y que muestran al exterior el opvs incertvm (fot. 16T,2; 17T,2; 18T,1,2,3). Las estructuras murales forman cuadrículas que designan espacios destinados probablemente a naves, aun­que otros dan señales de ser parte integrante de subsectores de piletas de salazón.

                Junto a un torreón medieval adosado al murallón, y en el espacio rebajado para levantar viviendas modernas, aparecieron las antes mencionadas piletas (fot. 19T), y los denarios que darían la cronología aproximada de tales elementos: el año 46 a. de C. De aquí se extrae una conclusión: si la cronología llega al citado año, y el tesorillo fue ocultado dentro de la pileta, y en su parte honda, ello se traduce en admitir que tal elemento industrial estaba abandonado en esas fechas, lo que induce a pensar que su construcción es anterior a la mitad del siglo I a. de C. Esta es la primera conclusión parcial, pero, desde ahora se plantea ya el sistema de abastecimiento de agua a la factoría en sus inicios, y con ello, la cronología del acueduc­to romano. A continuación aparece el torreón adosado al murallón (fots. 19T y 20T) y un detalle del mismo. Si en época medieval ya sufrió modificaciones, en estas fechas le ocurre otro tanto, y se ve revestido con hormigón moderno, con hierro en su aparejo (fot. 19T,2). Se piensa que dicho torreón, tuvo mayor elevación de la que hoy se contempla. Éste continúa a lo largo de la fachada y es interrumpido en 21T,2, donde hay dos cortes artificiales: uno del mu­rallón, y otro, en la parte superior de la Cuesta del Castillo (fot. 21T,2,3). Se piensa que la pendiente es el resultado de un equilibrio entre los diversos aterra-zamientos de esta zona. La cuesta, en principio, debía ser una secuencia de altos escalo­nes.

                Desde este murallón hay unas secuencias de paramentos romanos, cuyo acceso tiene lugar mediante la utilización de un muro adicional romano, usado para los podios (fot. 22T,2). Igual-mente el paramento romano se prolonga hacia la parte superior de la pendiente, de tal manera que ha sido necesario el uso de escalones adicionales para entrar en estos espacios (fot. 23T,2). Los aterrazamientos y el uso de dos niveles en este subsector, se observan en la recta que ha debido construirse mediante relleno (o en su caso, vaciado) de los espacios inferiores (fot. 24T y 25T).

                Superada esta línea, se entra en dirección sureste, mostrando un paramento moderno, antes romano, y ahora, por necesidad de espacio, ha sido casi derruido. En algunos tramos se con-serva la forma antigua, con revoque moderno (fot. 27T,2).

                El paso hacia un nivel algo inferior, se realiza mediante la rotura de la secuencia estructural indicada en 27T,2, cuyos muros están alineados, e incluso sobre el suelo (fot. 27T,1) se observa un testigo de esa unión.

                Los siguientes paramentos muestran (fot. 28T,2) señales de formas romanas, ya en parte reseñadas antes (fot. 17T; 18T), y que se traslucen tras el revoque moderno, en algunos casos débiles y finos (fot. 29T).

                Niveles diferentes se aprecian en 30T, donde ha sido necesario superar, con escalones, más de un metro de desnivel.

                Siguiendo la línea de fachada, se ve cómo se han producido aperturas de calles rompiendo los paramentos (fot. 31T,2), y se puede indicar que se produce un cambio de formas en la alineaci­ón de las edificaciones que aquí han existido tiempos atrás (fot. 31T,1).

                En la siguiente línea mostrada, se comprueba sobre el terreno cómo se ha producido una ininterrumpida fragmentaci­ón de las formas de este recinto, hasta casi llegar al límite del murallón, al fondo de este subsector (fot. 32T). Los distintos cortes se observan sobre el suelo, donde los restos de muros son palpables (fot. 33T; 34T; 44T; 45T). Se piensa que los diferentes comparti-mentos, que aquí se pueden comprobar, se encuentran alineados en posición casi paralela al con-junto situado a izquierda de la imagen. También los paramentos de la derecha, unos tienen revoque moderno, y otros, antiguo; tras los cuales se ve la composición de la forma interna del alzado (fot. 33T,3). Casi al final de esta secuencia escalonada de formas destruidas, se observa un podivm algo pronunciado, para facilitar el acceso y equilibrio de entrada de las viviendas, en esta línea final (fot. 34T,2). Los paramentos del fondo dan muestras de reutilización de estructuras murales de época romana (fot. 35T,1,2). Un pasillo entre las líneas de casas, que se cortan en ángulo recto, permite ver el murallón de atrás de estas formas y descritas en varios sectores (fot. 36T; 37T). La elevación, que el citado murallón alcanza en esta parte del sector, es aproximadamente de 16 m, de fuerte desnivel con respecto al punto más bajo de esta área.

                Continuamos la descripción de estos espacios, y se observa cómo se adentran los citados muros rotos en las construcciones anejas al área abierta (fot. 38T). Se comprueba en 39T, donde se ve un lienzo lateral cortado por otro frontal, en mal estado de conservación, tras reutilización descuidada. En uno de sus muros interiores se perfila la composición de su estructura, muy dete-riorada y con componentes de restauración modernos (fot. 40T).

                En 41T se observa un ventanuco que da a una estancia inferior con desnivel, que se en-cuadra dentro de los elementos considerados romanos, pero de los peor conservados. En el interior de este mismo espacio hay una secuencia de habitáculos cuyos muros, en mal estado, dejan ver una estructura antigua, algo dudosa entre lo romano y lo medieval; pero tal deterioro se ha visto tam-bién en la cima del sector L de la Cueva, o L de la zona superior, donde la técnica degeneró fuer-temente (fot. 42T).

                En el siguiente compartimento hay un muro lateral, donde se ve el aparejo camuflado por el revoque moderno, adosado al talud de piedra, que originariamente se perforara al construir esta secuencia de edificaciones (fot. 43T).

                Fuera de estos espacios internos y sobre la calle, se ven restos alineados de estructuras, rotas para transitar a través de esta intrincada falsa calle. Hay restos de paramento, que salen del suelo como testigos de su antigua realidad (fot. 44T; 45T). Al final de ellos se ve cómo la estructura se cerraba en ángulo recto hasta llegar al murallón, en la parte posterior, indicada en 45T. Otra (fot. 46T), presenta el testigo de ese cierre y la forma expresa de un paramento de estructura romana con aparejo, dejando ver el opvs incertvm al exterior (fot. 46T,2).

                Enfrente de este muro hay otro similar, pero rebajado para convertirlo en contrafuerte y que, por debajo, se le identifica por su estructura interna (fot. 47T,1). A continuación se ve un es-pacio hueco que acusa la presencia de muro romano rebajado y persistiendo en el aparejo de toda la fachada, según 47T,1,2. Es evidente que aquí se ha producido entrelazamiento de muros y líneas que multiplican las formas posibles dadas en este lu­gar, porque, lo que sí hay, es una autenticidad de estructu­ras romanas. Algunos de los muros ofrecen formas de tipo opvs testacevm (fot. 51T,5).

                En 53T se marca la línea final de lo que aquí ha existido de formas romanas. A partir de este punto, todo ha sido, hasta hace unos años, un solar inhóspito, cubierto de matorral, en rampa y talud, y con pocas posibilidades de hallar estructuras romanas sobre él, aunque esto nunca ha sido óbice para que se levantara, donde casi era imposible e impensable para los moder­nos. Ejemplo hay en la vertiente de Poniente del Castillo, con construcciones sobre el talud e, incluso, con muros de conten­ción escalonados para sujetar sus estructuras en fuerte pendiente.

                En otros momentos aún, llegan a cubrir huecos, existen­tes en las paredes de piedra, cortadas a pico por su propia naturaleza, con el fin de hacer de ellas un paramento artificial, utili-zable como componente de una de las dependencias de la factoría de salazones. Hay documen-tación fotográfica de este fenómeno.

                En 54T se comprueba cómo este sector limita con parte del U. En 55T hay determinados muros, a ambos lados de este paso artificial, que comunican y establecen el límite entre los citados sectores. En la foto de cierre, dentro de este subsec­tor, se observan detalles de usos de elementos arquitectónicos, conservados hasta hoy (fot. 56T,1,3): opvs incertvm y testacevm.

                Por último, se cierra este sector con una imagen en que apenas si se aprecia algún elemento arquitectónico romano (fot. 57T); pero que, bajo la forma aparente de esta cuesta, se encuentran prolongaciones de zonas de naves no exploradas aún, y que son continuidad del subsector expuesto en la figura 33. Es toda una secuencia de naves aún conservadas, que se adentran bajo los edificios modernos y que llegan a morir junto al muro final, paralelo al murallón de contención. Testigos de estas formas quedan en los peraltes de la calle Carmen Baja, recogi­dos en 4T y 5T, cuya explicación está basada en ser parte de un muro que superaba la altura de lo que hoy se ha convertido en calle (que no lo fue), sobrepasando el nivel, ahora comproba­ble. Sobre este sistema de naves, hoy partidas por el alcanta­rillado y cimentación de casas modernas, en realidad no sucede tal, sino que esos muros domésticos son el resultado del aprovechamiento de un nuevo muro que cierra en la parte superior de la calle, hoy apreciado en el sector S (fig. 30).

            Conclusión del sector T

                Los grandes subsectores presentados ofrecen dos ángu­los, tanto estructurales como funcionales, algo diferentes. Pero, antes de llegar a alguna conclusión, es preciso aclarar que, tanto un subsector como otro, han sufrido profundas transforma­ciones, hasta el punto de no poder identificar más que restos de muros, ya reutilizados, ya en cimientos.

                El subsector de la zona denominada como la “Fabriquilla”, ha registrado elementos indus-triales destinados a la fabricacióndeenvases; la parte superior, o entorno del torreón medieval, conserva mayor número de elementos, y es del que se puede establecer algún tipo de cronología, al menos de las piletas donde aparecieron los denarios de plata. No se puede fijar norma generalizada de que esta parte del sector T sea íntegra­mente industrial, pero los problemas planteados por el análisis de los actuales interiores domésticos evitan establecer un criterio uniforme para toda esta área. No obstante, cabe pensar que constituyendo todo este subsector una línea casi continua a lo largo de este murallón, se podía entender como parte integrante de un emplazamiento de salazones.

                Por los denarios se puede afirmar que, si tal tesori­llo fue ocultado en un elemento indus-trial, se debe a que éste se encontraba ya abandonado, lugar idóneo para el ocultamiento. Siendo esto así, este espacio industrial cayó en desuso hacia la mitad del siglo I a. de C. Por tanto, tales estructuras deben considerarse, si no contemporáneas, al menos anteriores al resto de las formas arquitectónicas que aquí se ven.

SECTOR  U 

Teniendo en cuenta las líneas generales que siguen las edificaciones romanas en este sector, éstas se encuadran dentro de espacios que no son más que prolongaciones, en unos, termina­les, en otros adicionales, del espectro arquitectónico de Levante.  

Si se observa el plano general de la planta (fig. 32), se ve, en primer lugar, que, en la puerta de Levante de la Cueva, se detectan indicios de continuidad de las naves de las citadas estructuras en sentido este. Ello se confirma con la aparici­ón de resto de bóveda perteneciente al complejo de la Cueva, a causa de un derribo reciente. Tal fenómeno se aprecia a lo largo del descenso de la calle Cueva de Siete Palacios, hasta el murallón de aterrazamiento, bajo el nivel de las escue­las, con un corte casi vertical, de más de 12 m de altura.

En resumen, se puede decir que este sector queda enmarcado por la Cueva, parte noroeste, y por el murallón romano medieval, en el Sureste. El espacio comprendido entre estos dos extremos, registra en su interior dos pasos artificiales, accesos para la ocupación moderna de las antiguas formas romanas que aquí se encuentran.

Las características generales de altura, grosor de muros y espacios interiores son las dominantes en el contexto urbano de los elementos próximos. Se puede decir que estas áreas se ensamblan a las de los sectores D y E (figs. 10 y 11).

La calle Cueva de Siete Palacios es acceso artificial para comunicar los cuatro pasos que unen estos sectores, siendo esta vía la salida de escape hacia la Cuesta del Carmen y parte baja de la ciudad.

Se inicia la descripción por el muro de contención (fot. 1U), prolongación del mismo que se encuentra bajo la zona ocupada por el sector superior de L (fig. 19), que colinda con el sector T (15T y 16T). Este murallón muere en lo alto de la Cuesta del Carmen, uniéndose a otro sistema de muralla que continúa bordeando la ciudad al filo de la cornisa de roca, extendida hasta el Castillo (fig. 10). La forma de este muro de contención es aterraplenada, con una composición similar a la vista en el subsector P (fig. 27; fots. 8P; 9P; 10P), a base de grandes piedras, con revestimiento moderno, y cuya técnica es el opvs incertvm. Sobre una base vertical, levantada a partir de roca madre, se alza con una altura de 1,20 m aproximadamente. A continua­ción, en un espacio de 4,50 m, se adosa sobre roca, con una inclinación de casi 30 grados sobre la vertical, y acaba con una superposición de tipo medieval, o romano muy retocado (fot. 2U). En 3U se comprueba su extensión longitudinal y altura, y sus diferentes partes.

Llegado al supuesto punto más bajo de la muralla, se produce rotura intencionada de la misma, para dar paso a la calle Cueva de Siete Palacios, girando a derecha. El primer tramo de esta calle apoya su carga sobre el murallón (fot. 4U) que, desde otra perspectiva (fot. 5U), demuestra lo antes expuesto. Las imágenes 6U, 7U, 8U, ofrecen una idea aproximada de las dimensio­nes en grosor, según altura, de tal muro.

Comenzando la descripción desde el punto opuesto del sector, salida este de la Cueva, aparece un esquema que sigue, en parte, las líneas arquitectónicas de la citada Cueva. Por lo pronto se comprueba una especie de pasillo abovedado que parte desde la Cueva, y que ha sido punto de unión de los diferen­tes compartimentos, también abovedados, que se observan a ambos lados de ese eje central (fot. 9U). A izquierda (fot. 9U,5) se ve que es un paso, abierto de forma artificial, como indican los indicios de rotura, en el suelo, de uno de los paramentos (fot. 9U,4), que ha debido ser espacio ocupado por naves. La parte central de este corredor cubierto, seguiría la línea marcada en 9U,1 siendo todo un corredor de comunicación entre áreas diferen­tes. En la parte derecha se ve muro romano, paramento del que partía la bóveda que hoy falta, pero que deja testigos sobre la citada pa­red (fot. 9U,8). Este corredor llegaría a enlazar con las secuen­cias de la calle Angustias Moderna (fig. 11). En este punto se iniciaría una nueva alineación de naves que discu­rrirían paralelas, tal como se puede ver en las figuras 10 y 11. Por tanto, el verdadero inicio de este sector, en su parte noreste, comienza desde la misma Cueva, escalonándose progresivamente, seg­ún desciende, de forma natural, el nivel del suelo, hasta llegar al muro de contención de la parte acantilada (fot. 1U).

El punto de partida en este subsector noreste, se inicia en 9U,3,4,7, marcándose respec-tivamente la anchura del paramen­to, su altura e indicios de su continuidad hacia la Cueva. En 10U,1 se comprueba un paramento romano levantado con opvs incertvm, que se deja ver a través de la cal moderna. El punto de enlace con el sector L se observa en 10U,2.

La secuencia hacia abajo se ve en 12U,3,5, donde los muros conservan sus antiguas me-didas, comprobadas en los alineamien­tos de la Cueva o edificaciones anejas a ella.

El 12U,4 indica cómo se desciende de nivel y que el piso de suelo ha sido alterado para hacerlo transi­table. La altura de 12U,5 es prueba de la conservación de los niveles correspon­dientes a las naves, que ya aquí han sido enrasa­das, conserván­dose sólo los paramen­tos interiores y exteriores.

En el espacio 13U se testimonia la perfecta alineación en esta serie de estructuras romanas (fot. 13U,1). La altura de tales edificaciones se mantiene constante en todos estos sectores, elimi-nados los añadidos modernos perfectamente identificables. Dichas alturas oscilan entre los 2,30 m y los 2,90 m. Como dato interesante, los cubicvla modernos suelen respetar las medidas de sus elementos reutilizados, sobre todo por la dificul­tad que les suele suponer la alteración de tales edifica­ciones.

El espacio indicado en 13U,3, sirve de guía para identifi­car la anchura destinada a un paso central, hoy destruido. El alineamiento prosigue marcando la dirección en los niveles que actúan de condicionantes de las estructuras, según se desciende (fot. 14U).

Al iniciarse el descenso de nivel del suelo, todo indica que los espacios encontrados a continuación, se alinean con las estructuras de los sectores D y E. En efecto, las paredes exteriores se encuentran más retocadas, aunque ello no implica reutilización de muros romanos divisorios de estas áreas de naves. En la panorá­mica 15U se observa el esquema de divisiones producidas en la bajada del nivel, a­daptándose al terreno en sus distintos planos. El aspecto exterior da señ­ales de reutiliza­ción de paramentos romanos. Pero no deja de ser menos curiosa la observación de los alineamientos de los sectores D y E, rotos para abrir calle moderna, y que se prolongan hacia tres subsectores que se van a comentar.

El primer tramo a analizar se encuentra tan destruido que no ha sido posible más que la identificación del muro mediane­ro con el segundo subsector. La construcción de unas escuelas y la falta de prospección a raíz de su reciente derribo, ha privado de conocer la auténtica situación de las secuencias de muros de este espacio, ­de similares características estructurales a los dos siguientes. Por ello se pasa al inmediato superior, en el que se ve un paso interior, con las mismas medidas que los anteriores, en lo que se considera nave enrasada modernamente (fot. 16U).

Los espacios contemplados en 16U,1 tienen unas medidas muy similares; sus muros, el mismo grosor. 0,60 m; menos los de fondo, que alcanzan los 0,90 m.

En el espacio 16U,3 hay una secuencia paralela a la anterior, con las mismas característi-cas de medidas y divisio­nes interio­res. Conforme se penetra en este pasillo interior, se observa que la altura de las estancias laterales es homog­énea y casi simétrica con el conjunto. Se ve, al fondo del mismo, un muro romano, el mismo que cierra por delante el murallón contrafuerte (17U,2). Este muro aflora 1 m aproximadamente, sobre el nivel del suelo, se continúa hasta enlazar con el cierre de las escuelas y, en sentido contrario, con el muro de conten­ción, situado bajo la Cueva (cfr. fig. 31). Se observa, más adelante, có­mo aparecen nuevos tramos de este murallón dentro de los para-mentos de las viviendas.

Se inicia la descripción desde el fondo hacia la salida de este pasillo, viendo con más detalle el muro que sobresale, abierto de forma artificial. Tras él hay una vivienda cuyo fondo se posa sobre el murallón contrafuerte, que cierra la cadena de aterrazamiento de todo este sector.

En 19U,1 se ve el acceso a una de las habitaciones que conforman este primer tramo. El muro de fondo (19U,3) está sobremontado por otro, que forma escalón y cierra este espacio.

Dentro del primer recinto con paramentos romanos de tipo común en esta área, se ve cómo se prolonga hacia el interior del mismo el muro, visto antes en 19U,3, de tal manera que no sólo se registra su presencia sino también su altura, que viene a coincidir con la que se indica en el pasillo exterior. Al fondo de este habitáculo se aprecia un muro romano con revesti­miento de revoque moderno. El tramo colindan­te registra otro recinto de similares proporciones. En su fondo se observa paramento de opvs incertvm revocado con cal ya estratificada (fot. 21U). En el suelo hay, al igual que en el resto de las demás depen­den­cias, ausencia de pavimento. Lo que se ve es una capa de cemento moderno sobre roca.

En 23U se registra un espacio del mismo recinto ante­rior, con fuerte encalamiento de muros, cuyo grosor alcanza tan sólo 0,50 m. En la misma línea de la estancia anterior se ve otra de similares proporciones y estructuras: suelo de cemento moderno sobre roca.

En 24U,1,2, hay clara diferencia de grosor en los paramen­tos colaterales. Su revestimiento es moderno. En 25U,1,2, se detecta un sistema de cons­trucción igual al antes citado, perteneciente a la misma estancia. Su cubierta es un enrasamiento moderno. Puede tratarse, como en otros muchos compartimentos, de sistemas enrasados de redes de naves above­da­das.

En tercer lugar, se muestra otra estancia adaptada igual­mente para vivienda, con paramen-tos de opvs incertvm y revoques de cal moderna. La cubierta ha sufrido el mismo fenómeno de las estancias anteriores. Los módulos son muy similares en todas ellas (fot. 25U). En la serie de enfrente, tan sólo se han tomado noticias de algunos de los componentes arquitectónicos. Así, en 27U se comprueba una estancia de las mismas características que las antes citadas, tanto en proporciones como en materiales y medidas, aunque la que aquí se muestra se compone de dos, previamente unidas y separadas por un ligero tabique.

En 28U se indica la segunda habitación aneja. En el fondo (fot. 28U,2) se ve que el pie de muro muestra al exterior piedras de su estructura interna. La última de estas estancias es la que ha proporcionado, dentro de esta alineación de naves, las pruebas tangibles de la estructura mural (opvs incertvm), con revoque moderno muy alterado y el opvs testacevm (fot. 29U,2) formando muro divisorio en sentido vertical al romano de fondo. El tipo de ladrillo pertenece al grueso, usado en la zona de Poniente (fig. 17). Esta última prueba es la que marca la pauta para definir lo que, en principio, se proponía como hipotéti­co; pero, cuanto más abandonado se encuentra un espacio, más señ­ales de su antigüedad presenta.

El tercer pasillo cerrado se encuentra detrás del subsec­tor norte del segundo, de tal manera que sus viviendas se asientan sobre las de abajo. Esto se indica en 31U,2, cuyo paramento, en planta superior, muestra igualmente las característi­cas del opvs incertvm en todo su trazado hasta el fondo del pasillo. Sus espacios y medidas son muy similares a los de abajo.

En 32U,1 se ve con cierta claridad, que las paredes actuales acusan, debido a la débil capa de revoque, el uso del citado opvs incertvm. La anchura del pasillo es similar al ante­rior (fot. 33U). El grosor de los muros se comprueba en 35U,2, donde se aprecia, aparte de haber sido previamente medido, un grosor de 0,60 m.

En 36U hay un estrecho paso artificial, de acceso a sectores cerrados antes de su reuti-lización; por lo que hubo necesidad de abrir paso mediante la rotura de estructuras romanas. Al mismo tiempo hay material de relleno sobre el suelo, como en otros sectores de Poniente (cfr. fig. 25). Igualmente se aprecia, en el segundo rincón de este subsector, una serie de escalones que ates-tiguan el hormigón romano para aterraza­miento de espacios con huecos o fuertes desniveles. Téngase en cuenta que la parte posterior del fondo de 37U,2, está sujeta por el murallón romano que procede del sector T, a la altura de la Cueva. Ello conlleva un relleno de refuerzo para salvar el desnivel que hay inmediatamente detrás de estas estructuras (fot. 38U).

En el frontal de 39U, hay una secuencia de formas proce­dentes de reutilizaciones romanas, apoyadas en el murallón de contención, con un pequeño paralelo arquitectónico en el subsector de abajo (18U, 3). El resto de las estructuras tienen su acceso por la calle Cueva de Siete Palacios.

 Es importante resaltar que los espacios de difícil acceso, en el tercer subsector, (fots. 36U; 37U) eran inaccesibles por la propia estructura de sus piezas arquitectónicas, componentes de los mismos. Ello ha provocado la rotura de estructuras anti­guas, con el fin de usar los compartimentos de este sector. Ello confirma tambi­én la opinión tan reiterada de que los pasos, accesos y entradas en la casi totalidad de este complejo arquitectónico, han sido el resultado de una necesidad humana, forzada a romper los esquemas romanos para transformar lo que fue construido, con un objetivo muy concreto, en algo que los nuevos ocupantes adecúan a sus necesidades: convertir en hábi­tat lo que tan sólo era una infraestructura industrial y comercial.

Topográficamente considerado este sector, se considera que su orientación es contrapuesta a la vertiente que mira al Majuelo.

Como ha quedado reflejado en los preliminares, ha sido dividida la ciudad moderna en varios sectores que condicionan el tipo de elemento, utilizable según la orientación. Al filo de esta observación, se ve sobre el terreno que los elementos comunes de este espacio de Levante manifies-tan, en las prospec­ciones practicadas hasta el momento­, unas características arquitectónicas más uniformes y constantes. Esto puede tambi­én comprobarse en los sectores C, D, E, U (figs. 9; 10; ­11; ­32, respectivamente).

De todo ello se concluye que las manifestaciones estruc­tu­rales en el sentido expuesto, se decantan en los siguientes aspectos formales: muro de contención para construir el aterra­za-miento de este sector, cuyo extremo noreste se apoya sobre muro grueso, levantado para sujetar un talud, casi vertical; los tipos de naves, limítrofes con la Cueva, guardan cierta relaci­ón de proporcionalidad con el extremo levantino de la misma, aunque el cambio se inicia al comienzo del desnivel observado en la pendiente de la calle Cueva de Siete Palacios, y es a partir de este punto, cruce con la calle Angustias Moderna, donde se inicia el cambio de línea y tipología de las formas que los encadena­mientos de naves manifiestan en el sector de Levante grandes aline-aciones con secuencias paralelas. Tan sólo se registran muros divisorios de aterrazamientos y naves, aunque enrasadas, encadenadas, situadas en planos con diferentes niveles, pero en aline-aciones paralelas.

Como nota adicional, se indica que, en fechas relativamen­te modernas, esta estructura romana se encontraba cerrada y abandona­da. Tras su ocupación se necesitó romper la estructu­ra interna de este espacio, siguiendo los alineamientos romanos para acceder a las tres series de naves de abajo, y al interior del tercero y, desde él, a las partes superiores, inaccesibles por arriba, pues la apertura de entra­da, por este lado del sector, era costosa y difícil.

Conclusión del sector U

Topográficamente considerado, este sector se puede concluir como que su orientación es contrapuesta a la vertiente que mira al Majuelo. Como ha quedado reflejado en los puntos de vista preliminares, ha sido dividida la ciudad moderna en varios grandes sectores que condicio-nan el tipo de elemento que debe utilizarse según la orientación.

Al filo de esta observación, se ve sobre el terreno, que los elementos comunes de todo este espacio de Levante manifiestan en las prospecciones practicadas hasta el momento, unas características arquitectónicas más uniformes y constantes.

Esto puede también comprobarse en los sectores C, D, E, U (figs. 9; 10; 11; 32, respec-tivamente).

De todo ello, concluimos que las manifestaciones estructurales en el sentido expuesto, se decantan en las siguientes estructuras formales: muro de contención para construir el ate-rrazamiento de todo este sector, cuyo extremo noreste se apoya sobre muro grueso, que se levanta para sujetar todo un talud, casi vertical; los tipos de naves, en la zona limítrofe con la Cueva, guardan cierta relación de proporcionalidad con el extremo levantino de la misma, aunque el cambio se inicia al comienzo del fuerte desnivel que se observa en la pendiente de la calle Cueva de Siete Palacios y es precisamente a partir de este punto, cruce con la calle Angus-tias Moderna, donde se inicia el cambio de línea y tipología de las formas que los encadena-mientos de naves manifiestan en todo el sector de Levante: grandes alineaciones con secuencias paralelas. Tan sólo se registran muros divisorios de aterrazamientos y naves; aunque enrasadas, encadenadas, situadas en planos con diferentes niveles, aunque en alineaciones paralelas.

Como nota adicional, se puede indicar que, en fechas relativamente modernas, toda esta estructura romana se encontraba cerrada y abandonada. Tras su ocupación hubo necesidad de romper literalmente la forma interna de este espacio, siguiendo tan sólo los alineamientos ro-manos, tanto para acceder a las tres seriaciones de naves de abajo, como por dentro del tercero y, desde él, acceder a las partes superiores que quedaban inaccesibles por la parte de arriba, ya que la apertura de entrada, por esta parte del sector, era más costosa y difícil.

Concluimos afirmando que este método de ocupación será una constante en todo el cas-quete superior de la ciudad moderna, donde aún se manifestará con mucha más evidencia.

SECTOR V

Los elementos estructurales descubiertos en el espacio de este sector son muy variados y complejos. Comprende desde un estudio puramente casi sedimentario o estratigrafiado, con situaciones intermedias, hasta un sistema de almacenaje.

 A pesar de la dispersión que se da en este espacio en sus diversos componentes, el enri-quecimiento es considerable por la aportación de datos hasta ahora desconocidos en todo el ámbito de excavaciones y sondeos realizados.

Distinguimos tres grandes subsectores, cada uno con su propia identidad, aunque, entre dos de ellos, hay algún factor estructural que se repite.

En los elementos formales detectados como almacenes, hay algunas novedades en cuan-to a su forma y reutilizaciones.

En resumen se puede decir que este sector presenta casi todos los elementos que conforman el complejo industrial.

Iniciamos el recorrido descriptivo por el viejo edificio en que se ubica la farmacia de la Plaza del Ayuntamiento (fots. 1V; 2V). Relacionado con este edificio, se tiene otro espacio donde se han realizado rebajes de terreno, con hallazgo de gran cantidad de cerámica (fot. 3V). Incluso algunos restos de muros de las actuales viviendas, más concretamente de un horno de pan, pue-den considerarse como reutilizaciones, pero falta realizar una prueba.

Situándonos de nuevo sobre el punto 1V, se ve una panorámica de las catas practicadas en este subsector. Se observan, casi en posición rectilínea, los cortes realizados. Son catas de 2 m x 2 m, en las que han aparecido elementos arquitectónicos, gran cantidad de material de relleno y unos pequeños hogares, con una distribución muy irregular.  

En el corte primero no disponemos de restos arquitectónicos, pero sí ha aparecido gran cantidad de cerámica fragmentada, cuya explicación se debe no a un estado estratigráfico previo, sino a ser un escalón final donde han venido a parar los materiales erosionados de la zona alta de la ciudad.

Pero es necesario aclarar un punto fundamental en esta pequeña excavación. Se ha veni-do comprobando, a través de los lugares en donde se han llevado a cabo derribos, que la mayoría de los puntos observados, sus alzados posan sobre bases anteriores. Esto se ha dado en todos los casos detectados y estudiados, cuya base o cimentación primitiva es romana, e incluso gran parte de los paramentos derribados constituían elementos de los alzados de estas casas, consi-deradas como modernas, pero que, en origen, no lo eran. Aquí ocurre algo similar: con el derri-bo de los paramentos de este solar no se ha tocado en los puntos fundamentales por mantener los paramentos antiguos externos, con lo que se ha podido averiguar si se apoyaban sobre anti-gua base romana.

Si se tiene en cuenta que el material detectado en las cuatro catas es de escasa solidez e inestable, no nos queda otro camino para poder explicar la sujeción de unos paramentos tan pesados y que no han sufrido deterioro ni con el derribo de los muros interiores, ni a conse-cuencia de haberlos dejado prácticamente sin punto de apoyo, más que con el de su propia base e incluso practicando las catas junto a sus cimientos; ello puede explicarse, pues, por otro fenómeno: deben tener un soporte que no se ha podido comprobar, bajo el paramento que se tiene a la vista, y que debe tener una gran consistencia, ya que, de lo contrario, no se habrían mantenido de pie, tal como ha ocurrido. A ello se suma un fenómeno algo particular, pero que puede tener relación con esto: el suelo de la calle comenzó a resentirse poco tiempo después de realizar las catas, pero los muros maestros permanecieron inmóviles.

Nuestra primera conclusión, a posteriori, sobre este espacio arqueológico, es admitir que debajo de este solar, en puntos que fueron previamente comprobados por los constructores antiguos de estas casas, deben existir elementos más resistentes, porque, a fortiori, no puede explicarse su permanencia en pie con una base de puro aglomerado de barro y restos de cerá-micas mezcladas con piedras pequeñas.

En el primer corte (fots. 5V; 6V), se observan los materiales que se han ido descubrien-do progresivamente y que se ven, además, en uno de los lados, la existencia de restos de muros cuya identidad no ha sido estudiada, pero que guardan relación con otros elementos más, que no se han tenido en cuenta a la hora de estudiar el contexto arquitectónico de los cuatro cortes practicados.

Uno de los muros que se han detectado, pero que no se ha tenido en cuenta en el pro-ceso de la excavación, es el que se puede ver en la imagen 7V,3, cuyo alzado se dirige hacia el muro del paramento principal de este subsector y que probablemente forme parte de una estruc-tura arquitectónica destruida en su alzado.

Aparte de este elemento, que es tan importante en tales consideraciones arquitectóni-cas, se puede observar la presencia de unos componentes industriales, o al menos así lo parecen, formados por una cadena de estructuras circulares de escasa magnitud, construidos con piedra y argamasa, con revoque en su pared interna.

En 7V se puede ver respectivamente sobre el punto 7V,1, uno de tales elementos que parece relacionarse con el resto. Su estado de conservación es malo, mientras que el situado jun-to a él (7V,2), se conserva bastante mejor y, además, muestra revoque en su parte interna. Sus diámetros oscilan entre los 0,60 y 0,50 m. Los muros testigos debieron eliminarse para poder dar mayor unidad a la forma y manera de relacionarse todos estos elementos.

En la foto 9V, se pueden ver tres de los cuatro elementos que componen esta secuencia de estructuras. En 9V,1, se tiene una de ellas, pero en muy mal estado estructural. En 9V,2 hay uno en buen estado de conservación, pero con un aparejo formado tan sólo de piedras, y cuyo diámetro apenas alcanza los 0,30 m. Los otros componentes difieren de este, en tamaño.

Con relación a su interpretación, se puede afirmar que todo parece señalar estructuras de carácter industrial, y cuya finalidad se relacionaría con el proceso de fabricación del garum, constituyendo una serie de hogares (que tienen paralelos en el Majuelo y en calle Real) indus-triales. Pero también podrían tener una función secundaria, como parte de formas domésticas. Téngase en cuenta que, inmediatamente más abajo de donde se encuentran estos hogares, hay restos de piletas de salazón e indicios de las mismas. Es claro que se precisan más datos para dar una interpretación fidedigna, pero, por ahora, es lo único que se puede decir, como lo más apro-ximado.

Continuando hacia la parte inferior de la calle Real (fot. 12V, nos encontramos con otra excavación de emergencia (fot. 13V), en la que se han encontrado los elementos que, con cierta avidez, deseábamos ver en la que se ha descrito antes. Es razonable que aquí se hayan hecho presentes esos elementos arquitectónicos, por encontrarse a un nivel casi cuatro metros por debajo al visto en la Plaza del Ayuntamiento.

Con diferencia cronológica se realizaron realmente dos grandes cortes en este solar, aunque quienes practicaron la excavación lo hayan considerado tres. Si se observa la panorá-mica se puede comprobar, en efecto, que lo que se ve son dos cortes con las mismas dimensio-nes, aunque se practicaran en distintos momentos. Las proporciones en que se llevaron a cabo dichos cortes han sido de 4 x 4 m. En la primera, la más irregular, situada a pie de la calle Real, con un desnivel de casi 2,50 m, presenta, desde el punto de vista estructural, un muro que cruza diagonalmente el corte. Es de piedra, con aparejo algo débil y muy mal conservado. Su grosor oscila entre los 0,60 m y los 0,70 m. Su aspecto externo es pobre, y parece haber sido levantado para ser cimiento, y no parte del alzado, como se puede observar en la imagen. La profundidad que se puede ver no responde a su punto de arranque, sino que se ha llevado a cabo, se supone, con intención de buscar estructuras más profundas, tal vez tratado de hallar lo que todavía no se ha localizado en ningún punto de la ciudad: elementos arquitectónicos fenicios.

Insistimos en este punto porque realmente se ha profundizado tanto que se ha llegado más lejos de los 4,70 m. Se piensa que, una vez localizado el fondo de una secuencia de muros, lo que de inmediato se nos presenta es la tierra; la excavación en estos niveles ha finalizado; conociéndose, como bien se sabe, que las estructuras en esta ciudad finalizan apenas se llega a la tierra. Lo único que se ha podido encontrar en lo excavado, y no es poco, son secuencias de muros romanos y, una vez hallado el punto final de éstos, debajo no hay nada, máxime si no se han tenido en cuenta las cotas a que se trabaja.

El segundo corte está formado por cuatro dependencias, de las que tres solamente han sido perforadas hasta una profundidad peligrosa, por sus características de falta de resistencia en el terreno. No obstante, procedemos a interpretar las estructuras que se dan y que son de sumo interés para la arquitectura que aquí se ha detectado y a la que se le ha dado escasa impor-tancia. En la imagen 14V, se puede observar la existencia de cuatro compartimentos separados por la propia ordenación de sus muros que se levantaban en este subsector. En el primero de ellos (fot. 15V) se puede diferenciar perfectamente la secuencia de elementos arquitectónicos que se han superpuesto, en unos espacios, y se han relacionado, en otros. Así, en 15V,5 podemos ver un muro romano alineado con el 15V,4, de menor grosor, ambos cerrados por el 15V,1, de características similares al 15V,5. Pero lo más relevante de este punto, desde la secuencia evolu-tiva, es la superposición de elementos murales, ya que nos indica el proceso de adiciones que se han dado en esta zona. Obsérvese a este respecto los puntos 15V,2,3, en los que se puede ver con toda claridad la existencia de muros superpuestos de forma escalonada que no sólo se localizan en este corte sino que se extienden a otros vecinos. Esto se interpreta como un dato a considerar para, por lo menos, establecer algunos puntos de referencia a la hora de explicar la evolución arquitectónica en Seks.

En el corte 16V, se observa algunas notas comunes con el anterior, como puede ser la superposición continuada de los muros romanos que se encuentran debajo de los que se ven en superficie, y que nos suponen una antigua forma estructural con una configuración diferente a la que se ve. Las medidas de los muros, tanto de abajo como superiores, siguen los módulos del corte anterior. Si este corte se hubiera podido continuar, probablemente se nos hubiera cerrado formando otro espacio rectangular, como el anterior, porque la continuidad de los muros de abajo y superficiales es evidente (fot. 16V,1,3).

Justo al lado del corte indicado en 15V se tiene una estructura casi rectangular, en la que se detectan elementos que nos hacen pensar en una pileta de salazón, que ha sido reutilizada posteriormente para otro fin.

Los elementos que se pueden considerar modernos en esta forma, se observan clara-mente en la imagen que de ella se presenta en 14V, donde se aprecian componentes ajenos a las piletas de salazones: el uso de baldosas de cerámica, que nos hacen pensar en una reutilización medieval. Pero, por otro lado, se detectan recubrimientos de paredes con estucos usados gene-ralmente en los revoques impermeabilizantes (fot. 17V,3,5), además del suelo, en los muretes por su parte interna.

El corte cuarto nos muestra muros reutilizados, y otros bajo la estructura de superficie (fot. 18V). No obstante se observa un aparejo de piedra vista que no nos da señales de un para-mento romano clásico, sino más bien de época medieval o, mejor aún, muro de cimentación donde el aparejo externo no se cuida como se hace con el alzado.

Las fotos 19V y 20V nos muestran la parte más honda de este subsector, pero llegando a niveles de profundidad que no han sido necesarios, ya que lo que se pretendía localizar eran formas romanas y púnicas y, lógicamente, una vez alcanzado el límite de la cimentación, sólo se encuentra tierra.

Lo normal es que aparezcan superpuestas o reutilizadas, pero no con espacios superes-tructurales de más de un metro de tierra de potencia, lo que no es normal. Sabemos perfecta-mente que entre púnicos y romanos no medió espacio de tiempo, sino que, a lo más, se reutili-zarían los medios de que dispusieron los fenicios en este lugar.

En la imagen que se presenta en 20V se puede observar este fenómeno de búsqueda de estructuras que no aparecen. En la imagen 21V podemos ver una secuencia de formas romanas superpuestas, con una profundidad que llega casi a los 2 metros.

Continuando nuestro trabajo de localización de elementos arquitectónicos, desde el espacio superior a la excavación anterior o calle Real, nos situamos ante dos salidas o espacios que consideramos de vital importancia por las aportaciones que nos han dado en este estudio. Así, en el punto 23V,1, se puede observar un edificio moderno que ha sido levantado sobre res-tos romanos que pudimos ver directamente en su fase de rebaje de terreno, que no pasó del me-tro y medio aproximadamente, y en el que aparecieron las secuencias de muros romanos de una forma similar a la que acabamos de mostrar, pero no se nos permitió fotografiar.

Curiosamente, además de los materiales a los que aludimos, aparecieron numerosos res-tos humanos cuya apariencia primera nos daba a entender que pertenecían a una época relati-vamente reciente, probablemente de época napoleónica en esta ciudad. Lo más llamativo de este rebaje de terreno es la forma en que pudimos comprobar el rescate de numerosas piezas cerámi-cas. Fue un tanto sorprendente, porque en este casi metro y medio de potencia de tierra, como se ha indicado antes, espacio removido, los restos cerámicos hallados fueron muy variados. Pu-dimos comprobar directamente cómo aparecía la cerámica púnica casi sobre la propia superficie y, además, revuelta con otros elementos romanos, árabes y modernos.

Pero, lo que de pleno nos atañe en esta cuestión, es el ordenamiento de los muros que pudimos ver y, calculado con la ayuda de la distancia de colocación de las zapatas de los pilares, pudimos levantar una esquemática planimetría de todo el subsector, en el que incluimos el hallazgo interesante de un dolivm, que había sido durante mucho tiempo utilizado como fosa séptica de una de las viviendas. El citado dolivm permanece enterrado en el mismo lugar donde fue hallado por ser imposible su levantamiento, debido a que se encuentra fijo al suelo con opvs caementicivm. Ello se ha indicado debidamente en la planimetría que entonces pudimos levan-tar.

Pero, a nuestro entender, lo que más nos interesa de este subsector es la probable rela-ción estructural que pueda tener con los elementos que se ha localizado en un espacio, a no más de 30 m de éste, y que, dentro de lo que se va a explicar en 23V,2, forma una zona con caracte-rísticas especiales. Así, en el citado punto se han tenido pruebas evidentes, pero siempre dentro de las limitaciones que nos imponen los propietarios de las obras, de que todo este complejo era un área de naves de almacenaje, que se encuentra bajo la calle que se indica, y que, en parte, se ha fotografiado, casi de una forma un tanto pirata, para dar, al menos, una prueba de lo que es-tamos afirmando.

Precisamente en la línea que se indica en 23V,2, hace unos 20 años, una de las casas que dan a la calle Alta del Mar, al comienzo de la cuesta, algo pendiente, vimos cómo tuvieron que introducir una fuerte inyección de hormigón moderno, porque las casas situadas encima de unas supuestas naves, habían ejercido demasiada presión sobre las estructuras abovedadas que hay debajo, lo que estaba provocando grandes fisuras en sus paramentos y armazón interior. Pero, como se dijo antes, no se puede desligar ningún dato de los que se vienen exponiendo, ya que se cree que todos forman parte de una unidad estructural.

En la foto que se presenta, como punto donde tuvo lugar el resentimiento de los citados cimientos modernos, hay que señalar que se encuentra a un nivel casi metro y medio superior al que se va a exponer a continuación. Pero es conveniente indicar que el hundimiento de fachada que se produjo, tuvo lugar en el punto casi más elevado que señalamos en 24V, y que, muy pro-bablemente, las naves que se van a exponer enseguida, se prolongan en su estructura alineada, por toda la calle, en sentido transversal.

En la foto 25V, se quiere señalar, de forma gráfica, la distancia a que se encuentran las dos partes, que se consideran muy relacionadas entre sí. Los paramentos, que hoy se ven como modernos, no lo son; y algunos dejan ver aún las huellas de su antigua estructura. En el punto 25V,1 se marca el comienzo de las estructuras abovedadas que se encuentran en su interior. En 25V,2, el lugar donde han aparecido numerosas formas de muros romanos, cerámica, cadáveres y dolivm, antes citados.

Para aportar algún dato algo más concreto que la simple cita, en la foto 26V se muestran indicios de lo que se viene considerando estructuras antiguas, probablemente romanas, reutili-zadas, que conforman el aspecto de esta parte baja de la ciudad.

En 26V,1 se tienen unas alineaciones muy remozadas, que no responden a un esquema urbano, como se ha señalado ya en varias ocasiones.

En 26V,2, se ven muros que nos dan claros indicios sobre su antigüedad por la forma que nos ofrece el aparejo externo. En 25V,3 aparece un espacio donde se señalizó el rebaje de terreno y hallazgos de estructuras y cerámicas variadas.

En el punto 27V se observa el interior de una casa, donde el aparejo aparece reutilizado y formando parte de un sistema de estructuras romanas, que se continúan en ambos sentidos de la calle Baja del Mar. Sobre la forma del muro antiguo se ha levantado el moderno, como se puede observar a los lados de la chimenea de fondo. En uno de los laterales ha quedado al descubierto el muro antiguo donde se ve el opvs incertum (fot. 28V).

Justo en el punto 29V, se ve el acceso al sistema de naves romanas, localizadas hace unos 35 años, en que se nos permitió fotografiarlas, aunque los medios de que disponíamos no eran lo suficientemente buenos como para poder presentar detalles más precisos sobre este encadenamiento de naves y sus peculiaridades, así como de sus alteraciones con el tiempo y los usos que de ellas se han hecho.

En la foto 30V, se indica el espacio de vía que recorre toda la secuencia que se va a expo-ner. Estamos convencidos, aunque no disponemos de pruebas fidedignas, de que la indicada en esta imagen es artificial, como las demás del conjunto general; y las estructuras que se encuen-tran a su lado, han dado claras muestras de poseer espacios y características que coinciden con las que se van a ver a continuación.

Como argumento a fortiori, es preciso indicar que estamos en la parte donde se encon-raban las lógicas infraestructuras portuarias y las dependencias anejas que conllevan lo que tal zona requiere. Estos argumentos se pueden examinar con más precisión en los capítulos intro-ductorios del presente trabajo.

Una vez pasados los umbrales de la casa que se indica en 29V, nos encontramos con un patio cuya estructura no pudimos fotografiar, pero que se está formando parte de este amplio complejo de naves. En uno de los laterales del citado patio, orientado en sentido sur, podemos observar la primera imagen de una nave abovedada, de medio punto, con muro divisorio arti-ficial y un agujero circular en el centro de la misma. La técnica constructiva es el opvs lateri-civm, usado ya en otros espacios, como los del sector K, en sus respectivas naves. Se observa además, una especie de revoque que, más que antiguo, parece moderno, y a lo sumo, medieval. Las dimensiones de esta estancia, aproximadamente son: 3,20 m de altura; 2,40 m de anchura, y 2mde fondo o largura. El agujero central que se observa tiene un diámetro de 0,40 m apro-ximadamente. El grosor de la bóveda es de algo más de 0,90 m.

Aparte de lo que aquí acabamos de describir, es preciso indicar que la profundidad de tal nave es mayor de lo que se ha dado; sólo que en la fotografía no pudimos tomar, está todo lo que queríamos hacer; pero este sistema se prolonga hasta casi dar con la estructura de la calle Cerrajeros, a la que, en teoría, se cree formaba parte del complejo de naves de todo este espacio.

En cuanto a la interpretación de todo este primer subsector, dentro de este espacio romano, es conveniente indicar que el citado patio no es más que el punto de arranque de varias alineaciones de naves de todo este sistema, siendo la primera bóveda, en que se presenta, una de las dos direcciones que se indican en este conjunto de construcciones abovedadas. Es conve-niente hacer un poco de memoria del pasado, y decir que se realizaron, tiempos atrás, modifi-caciones en el citado patio, siendo muy difícil romper las estructuras que aquí había. Era preciso, para los intereses de los propietarios, modificar parte del alzado, formado por otro sis-tema abovedado, igualmente construido de ladrillo y opvs caementicivm, o lo que es lo mismo, opvs latericivm, alternando con testacevm. Tal punto de arranque de elementos alterados, sigue una línea en sentido contrario al que nos muestra la imagen 31V.

Una vez pasada esta bóveda o nave, nos situamos dentro de otra, alineada con la ante-rior, y desde la que hicimos la foto cuya imagen presentamos en 33V. La nave, desde la que se filmó tal foto, es igualmente abovedada, pero no de ladrillo, sino de piedra, con un ligero revo-que. Su altura es de 2,70 m aproximadamente; su fondo, de 3 m, y su anchura, de 2,60 m. El paso de una nave a otra, dentro de esta secuencia, se hace mediante una abertura artificial for-mada por una entrada de arco de herradura. Realmente se trata de la rotura de un paramento de cierre romano, sobre el que se ha construido tal arco de herradura, como paso a las otras depen-dencias. Es muy probable que este sector fuera considerado parte o núcleo de una mezquita musulmana que se nos describe en este subsector en los Libros de Asentamientos, aunque no se nos diga que fuera de nueva planta, sino sólo una mezquita, sin precisar más detalles. Curiosa-mente esta entrada y la situación general de la secuencia de naves reutilizadas que se van a mostrar a continuación, se encuentran situadas hacia Oriente. Esto no nos puede llevar a nin-guna conclusión precipitada, pero no sería de extrañar que tales dependencias hubieran sido reutilizadas por el elemento árabe como oratorio.

El tipo de ladrillo utilizado en el aparejo del arco de herradura es muy diferente, en tamaño, a los usados en la bóveda de la nave romana antes vista (fot. 33V). En la foto de frente se puede observar mejor la forma del citado arco. A su vez, contemplamos el aspecto de una nave situada inmediatamente detrás del citado arco (fot. 34V). En la primera de ella se puede ver una abertura en la cubierta o bóveda. Su altura es similar a la anterior, pero el aparejo es de piedra con revoque, como bien se puede observar. En foto de detalle, se puede comprobar lo antes dicho sobre la cubierta, pero, además, hay que decir que el tragaluz, o antigua forma de acceso romana, tiene cubierta de vidrio. Por ello se piensa que, en fase árabe, estas depen-dencias se han utilizado con fines muy distintos para los que fueron construidos en un principio.

Una vez pasada esta nave, cuyas medidas aproximadas son 2,30 m de altura, 2,70 m de anchura, y 3,50 m de fondo, a continuación de ellas, mostrada en la foto 34V, nos encontramos con otra en la que se tiene que hacer las siguientes puntualizaciones: tiene igualmente una aber-tura en la bóveda, con lucernaria de vidrio; tal bóveda es algo rebajada, y las esquinas han sido algo redondeadas, como si se les hubiera añadido pechinas, con el fin de hacerlas bóvedas se-miesféricas. El paso para la siguiente ha debido ser hecho en época musulmana, porque se observa igualmente la utilización del ladrillo con un ligero arquito sobre las jambas, del mismo material. Las medidas de esta nave son idénticas a la precedente, aunque las modificaciones que se han practicado sobre ella, alteran, de alguna manera, la realidad que nos hemos encontrado.

Una vez pasada tal nave, a través de la puerta artificial, se puede ver que el sistema cam-bia de dirección. En esta nueva nave se puede observar, y entonces lo comprobamos, que la bóveda ha sido cubierta con un techo de madera, con el antiguo aparejo, detrás. Las caracterís-ticas son casi las mismas; sólo se cambia de sentido (fot. 35V).

Cuando sobrepasamos esa nave, que no se ha podido registrar en fotografía, nos encon-tramos con otra sucesiva, de la que sólo se ha tomado lo que se observa en la foto 36V, pero que, realmente, se trata de otra nave abovedada, no testimoniada, aunque la imagen que se presenta lo revela. En tal imagen, de nuevo volvemos encontrarnos con un acceso artificial, pero proba-blemente realizado por los musulmanes. El grosor del muro es de 0,80 m, pero no se observa detalle de ladrillo, sino piedra.

Pasada esta falsa puerta, nos situamos dentro de otra nave abovedada, semejante a la anterior en todo, tanto en materiales como en proporciones. Tiene igualmente el tragaluz, o lucernario, con vidrio en el centro de la bóveda pero, tanto ésta como la precedente, no tienen la especie de pechinas que las convierten en hemisféricas.  

Al fondo e izquierda de la imagen 36V, nos encontramos con una nueva secuencia de naves que cambian de nuevo su sentido. La forma que se presenta en 37V, muestra, al fondo, un muro romano de cierre que, a su vez, tiene un paso a izquierda para iniciar un nuevo recorrido de naves. Pero la puerta artificial que se muestra aquí sí tiene señales claras de haber sido abier-ta en época musulmana, al menos en su parte derecha, porque la izquierda guarda su aparejo romano íntegro.

Inmediatamente después del paso anterior, se puede comprobar la existencia de una nave, que no se recoge en la imagen, pero que precede a la puerta artificial que se puede contem-plar.

Una vez pasada la puerta que se ve en 38V, se tiene una serie encadenada de pequeñas naves, cuyos accesos son recientes y practicados por los actuales propietarios. Las características arquitectónicas de todas estas naves terminales son las mismas que se vienen viendo a través de todo el subsector. Se utilizan los materiales comunes al conjunto de la mayoría de las edificacio-nes del complejo industrial, y los módulos son muy similares entre sí.

Cuando se llega hasta el supuesto final de toda esta secuencia, que no es tal, porque se ha podido comprobar la existencia de más elementos abovedados, nunca se ha podido demos-trar su punto terminal, porque siempre se ha quedado frente a un muro que no se ha podido romper. Un dato a tener en cuenta es el hecho de que el suelo ha sido rellenado, no se sabe en qué época, pero ello ha sido la causa de que los que han intentado avanzar, no lo pudiesen hacer. Se supone, por las medidas referenciales tomadas desde dentro, que estas edificaciones pasan por debajo de la actual calle Alta del Mar, en su fuerte pendiente.

No cabe duda de que la casa que se resintió en esta misma pequeña pero pronunciada cuesta, se encuentra justo encima de un sistema abovedado, ya que es la única causa que puede explicar el que sus paramentos exteriores e interiores comenzaran a resentirse y a hundirse. Probablemente varias naves se encuentran hoy rellenas con una fuerte carga de hormigón moderno.

Conclusión del sector V

Dentro de un análisis general del amplio espectro que define este sector, se puede per-fectamente considerar a las dos primeras zonas estudiadas como áreas destinadas claramente a la industria. Si se observan los elementos arquitectónicos hallados en ellas, la primera nos presenta una serie de hogares que pudieron tener estrecha relación con la preparación del ga-rum; elemento que se vuelve a registrar igualmente en la segunda zona de excavación de la calle Real, donde, además, hay estructuras de piletas.  

Por otra parte, también la factoría del Majuelo tiene estructuras similares a las que se han observado aquí, tanto en la calle Real como en la Plaza de la Constitución (cfr. Almuñécar, Arqueología e Historia II, pág. 189, II, 2).

Vistas estas características, se quiere concluir que lo que se tiene ante nosotros, en las dos primeras etapas, son formas eminentemente industriales muy reutilizadas.

En cuanto a la zona final o secuencia de naves, se ha de decir que estamos ante un nuevo sistema de construcciones destinadas al almacenaje, supuestamente más ricas en formas que las del Majuelo, por ser la zona portuaria más amplia de todo el complejo y, lo más importante, la cercanía al sector portuario de la gran ensenada de Levante, mucho más amplia que la del Majuelo, que la convierte en el lugar más idóneo y apropiado para poseer dependencias desti-nadas al almacenaje de los productos dispuestos para la exportación.

Aunque sea de forma negativa, hay que considerar que todas las excavaciones llevadas a cabo en el interior de lo que es hoy ciudad moderna que, según nuestros cálculos, han sido ya seis, no se ha descubierto nada relacionado con estructura doméstica. De forma aislada, en algu-nos compartimentos, la Cueva ha registrado estuco romano pintado, relacionado directamente con este fenómeno. Tal estuco ha sido un producto del relleno artificial que se ha practicado sobre los vanos del citado criptopórtico. Ni siquiera la casa descubierta en el Castillo de San Mi-guel ha dado nada, hecho un tanto contradictorio, porque, al menos, se sabe que son dependen-cias destinadas a habitación.

Tampoco se tienen noticias de posibles mosaicos, salvo en una villa fuera de la actual ciudad.

Todo esto sumado, resulta un tanto chocante, porque, si ha existido una ciudad romana, como se ha venido predicando con tanto énfasis, nosotros nos seguimos preguntando lo más elemental. Y lo más elemental es el hábitat, aunque sea muy rudimentario.

No se ha descubierto indicio secundario que acuse la presencia de elemento arquitec-tónico perteneciente a hábitat. Se cree que se ha avanzado bastante en la investigación que se ha llevado a cabo a lo largo de muchos años, y aún no disponemos de dato fiable en este sentido y, por tanto, nos mantenemos en la postura definitoria adoptada tras la gran cantidad de material que lo corrobora. No disponemos, pues, a la hora de abordar una definición unitaria del conjun-to, más que de elementos destinados a la industria y dependencias auxiliares. Sólo de tipo priva-do se tiene el testimonio de la casa en el interior del Castillo, y aún así, pobre y de casi nula información sobre lo que podría haber constituido un prototipo de hábitat doméstico romano en Seks.

Salvo que haya que admitir una nueva posibilidad: que las casas aquí sean diferentes al resto de las habituales en otras ciudades costeras romanas o romanizadas. Pero se piensa que la solución no va por ahí, sino en admitir, con espíritu crítico, que las estructuras o formas de que disponemos, reflejan más el esquema de un complejo industrial que un trazado urbano clásico, como el que se puede ver en Baelo Claudia o cualquier otro lugar costero de mediana categoría urbanística.

SECTOR X

El ámbito que comprende este sector tiene como marco general su situación eminente-mente marítima, ya que se encuentra precisamente en las cercanías de lo que se viene llamando, desde antiguo, Puerta del Mar. Abarca parte del paseo del Altillo, la zona de la Plaza de la Rosa y parte de la Avenida de Andalucía.

Si se observa una panorámica de la playa de Levante, donde hoy se encuentra el Paseo del Altillo, desde la situación rocosa del Paseo de Prieto Moreno, tiempos atrás, se puede saber por qué se denomina Paseo del Altillo a este espacio de ciudad moderna. En efecto, para evitar las inundaciones periódicas provocadas por el mar en todos los tiempos, al parecer, en época moderna se procedió a crear una barrera artificial que frenara la entrada de agua en momentos de temporal.

En la fotografía que se presenta, de las más antiguas conservadas, se puede ver cómo se ha montado un dique de tierra para evitar que las aguas del mar penetraran en el interior de la parte más baja de la ciudad. Pero se piensa que, en épocas anteriores, los antiguos utilizarían algunos medios para evitar este mismo fenómeno natural (fots. 1X; 2X). Probablemente se levantaran murallas escalonadas, u otros sistemas defensivos, aparte de poder haber utilizado el mismo plan. Pero no se olvide que era un peligro continuo mantener una protección solamente con este tipo de defensa, ya que se hacía más fácil la posibilidad de recibir ataques marinos con estos medios disuasorios. Ha existido un sistema de murallas de altura realmente considerable en este perfil de costa, que frenaría el paso del agua a la ciudad y, además, se utilizaría como medio disuasorio ante cualquier ataque de carácter bélico. Así, en la foto 4X se muestra un paramento que no nos atrevemos a calificar como puramente medieval, sino que, en parte, da señales de que originariamente podría ser romano.

La primera parte del mismo, al que se le ha quitado la barbacana, muestra un aparejo interno más robusto y resistente de lo que un muro medieval puede presentar. Su recorrido se extiende a lo largo de toda la manzana de casas, a uno y otro lado del lugar donde se ha detec-tado este lienzo de muralla.

En cuanto a la parte que da a la playa, además de tener sus correspondientes almenas, se observa que forma un sistema escalonado de alzado, en el levantamiento de toda la línea que marca su trazado, lo que se interpreta tanto como una defensa contra el mar, como contra cual-quier eventualidad bélica (fot. 5X).

A partir del punto 3X, arrancaba el sistema de puerta de entrada a la ciudad por este sector de la misma. Justo en el punto central de la imagen que se presenta, había uno de los compartimentos, que se conservaban hasta hace poco, sobre el sistema de acceso a la ciudad. Aquí se encontraba la llamada Puerta del Mar, cuyos elementos y componentes arquitectónicos han sido eliminados y quedado bajo los cimientos de las casas colindantes. Según la tradición, tal puerta estaba formada por un arco central y dos laterales de descarga, y un paso en zig zag, hacia la playa.

El nivel que se puede establecer para la actual playa difiere poco del que se detecta hoy en la Plaza de la Rosa, lugar donde se han descubierto numerosas estructuras romanas bajo el suelo, en solar del antiguo cine Pasapoga (fots. 6X; 7X).

Sobre la planimetría general y parcial, se han marcado las áreas donde aparecieron alineaciones de muros, probablemente pertenecientes a instalaciones industriales portuarias y de otro tipo. En el punto 8X, donde se puede ver uno de los huecos abiertos para los anclajes de las zapatas del edificio que se levantó allí y en sus extremos, se observan dos sistemas de muros alineados en paralelo, con una profundidad aproximada de 2,50 m. Cuando esta operación se practicaba, ya se habían extraído dos vasijas, tipo dolivm, sin asas, de las mismas características de las que podemos contemplar en 9X, situada sobre otro de los huecos abiertos para zapatas y encajada junto a muros romanos que se cortaban en ángulo recto. Sobre el punto 10X, al fondo de la imagen, se encuentra el edificio que se ha levantado sobre el solar. Además de los dolia y muros romanos, se pudo ver parte de un horno de cerámica, casi sobre el centro del solar. Pero, volviendo al punto de línea que nos interesa en la parte que se señala en la toma fotográfica, se indican con flechas los lugares exactos donde se ha descubierto un espigón de puerto (fot. 10X,1), y restos de otros sobre el solar que ocupa el edificio que marca indicación dada. Tras el estudio realizado sobre el antiguo dibujo de la costa de Almuñécar, no se olvide que la línea que se ha trazado pasa por estas inmediaciones y, por tanto, es obvio pensar que estamos en un área donde deben existir formas portuarias y muros-diques de contención. La prueba de esta afirma-ción se puede demostrar mediante la aportación de un descubrimiento realizado años atrás, con motivo del rebaje practicado para un nuevo edificio (fots. 11X; 12X). El material de este espigón es el opvs caementicivm realizado directamente sobre el agua, según las técnicas de construccio-nes portuarias usadas por los ingenieros romanos. La dureza es tal que ni las máquinas de aire comprimido pudieron perforarla, montándose el alzado posterior, en parte, encima de esta pla-taforma antigua.

                En un espacio situado a continuación de las fotos 4X y 5X, aparecen los restos de muros romanos, de piedra toba, bajo los cimientos del antiguo cine Coliseo (fots. 13X y 14X), que for-marían parte del sistema de murallas que circundaban la factoría. Es posible que este sistema fuera retocado por las culturas posteriores, musulmana y cristiana. Se cree que estos muros se prolongarían en sentido hacia la Cuesta del Carmen, donde vuelven a aparecer de nuevo; pero nada impide pensar que se continuaran hasta cerrar en las rocas del comienzo de la avenida de Prieto Moreno.

Conclusión del sector X

Los elementos que se nos han presentado en este pequeño sector, casi todos se relacio-nan con el estacionamiento portuario. El sistema de muralla probablemente tuviera origen romano, reutilizado por las generaciones étnicas posteriores. Es comprensible que si los medie-vales previeron la penetración arrolladora del agua del mar, y construyeron lo que acabamos de ver en fotos anteriores, por la misma razón los romanos no habrían quedado en mejores situa-ciones ante tales eventos naturales. Por ello inducimos que debió existir un sistema de defensa contra las avalanchas del mar, y que éste debió seguir siendo utilizado por los medievales y mo-dernos.  

A finales del siglos pasado, para comunicar la playa moderna con el interior de la ciu-dad, fueron rotas las murallas para crear acceso y como consecuencia de ello, hubo necesidad de hacer un terraplén de cierta altura y anchura, con el fin de, por lo menos, aminorar el efecto de los fuertes temporales, que, según se ha podido comprobar directamente, ni siquiera el sistema de terraplén era suficiente para sujetar el fuerte oleaje en determinadas ocasiones.

En resumen, se tiene que decir que los datos proporcionados por este sector tienen un carácter marcadamente industrial y portuario, y que sus componentes se encuentran relaciona-dos más que con formas de producción directa, con las propias de un estacionamiento portuario, es decir, servicios y dependencias auxiliares propias de tal montaje comercial.

SECTOR  Y

Se ha abordado el estudio de este gran sector abarcando un espacio mayor de lo que se considera usual en este trabajo. La razón se debe fundamentalmente a la escasez de datos arque-ológicos que nos presenta.

Los elementos de estructura arquitectónica se pueden agrupar en los siguientes tipos: murallón de circunvalación de la ciudad medieval; restos de depósitos de agua y torre de descar-ga, ubicados en las cercanías del área que ocupa la actual Iglesia Parroquial y unos edificios cer-canos a ella; restos de muros romanos situados en las faldas de la pequeña colina que ocupa la Iglesia; restos de sistemas, unos pertenecientes a los limítrofes de la factoría del Majuelo, otros, a estructuras romanas sin identificar, en la zona norte de la ciudad; y, por último, una canalí-zación subterránea que presumimos es la arteria principal del sistema de sifón que conducía el agua, por medio de tuberías, desde el pie de la torre de descarga del depósito hasta el punto más elevado de la ciudad: Eras del Castillo.

Iniciamos el recorrido descriptivo comenzando por el murallón de circunvalación, en el que nos cabe la posibilidad de admitir que parte de su alzado, puede pertenecer, como elemen-tos reutilizados, a las estructuras de la factoría de salazones que se encuentran enterradas, a cierta profundidad, a lo largo de todo este subsector y contando con los elementos aflorados junto al Paseo del Altillo. De esta situación se tiene el testimonio de los resistentes muros apa-recidos con motivo del rebaje de terreno, efectuado para sentar las zapatas de toda la construc-ción moderna que aquí se ha realizado recientemente.

En la foto 1Y, se puede observar todo un lienzo de murallón, cuyo aparejo se ve muy alterado en su aspecto externo. En algunos tramos de su alzado se deja ver la huella del sistema romano de opvs incertvm. Su altura se corresponde con lo habitual dentro de los planes defen-sivos medievales, llegando a alcanzar los 8 m en algunos tramos (fot. 2Y). En el interior de la finca que cierra este murallón existe una nave que, partiendo desde ahí, llega hasta el recinto ocupado por la antigua cárcel. Recientemente se ha comprobado la existencia de dicha nave al realizarse el rebaje de suelo tanto en la construcción del nuevo Ayuntamiento, como en el derribo de una casa cercana y en línea. En las zanjas se vio perfectamente la rotura de dicha con-ducción, que se dirigía a la finca antes citada. Se piensa que se trata de un sistema de llevada de agua entubada a través de las canalizaciones, que se están haciendo patente como una red arterial por toda la ciudad.

La cercanía con el otro sistema de canalización abovedada hace pensar en su relación con otros más (cfr. fots. 66R a 70R).

Se piensa que se produciría un encuentro de canales en el centro de la vaguada, que entonces configuraba la actual Plaza del Ayuntamiento, y más concretamente, en el interior del viejo edificio del antiguo Ayuntamiento, sito en el mismo lugar. Desde aquí, por la citada vía subterránea, se llegaba a la susodicha finca, cercada por el murallón. Se piensa que, a su vez, otra línea debía partir en dirección a la Iglesia, como a simple vista es obligado admitir, centro de distribución y canalización principal de todo el complejo de Seks.

Una vez hecha esta pequeña aclaración sobre el citado elemento de conducción de agua, añadimos que en este espacio y a lo largo de él, ha debido existir toda una secuencia de edifica-ciones pertenecientes tanto a las infraestructuras industriales de la factoría, como a las portua-rias.

Los edificios públicos han dejado su testimonio en la existencia de restos encontrados en algunos de los rebajes practicados. Así, se tiene, como prueba testimonial, un capitel corintio, de 0,60 m de altura, que pudo formar parte de un posible templo o foro en este subsector del com-plejo industrial.

Observando con más detalle el terreno situado detrás de estos murallones, nos encon-tramos con una serie de estructuras romanas que, hasta ahora, habían permanecido sin descu-brir ni identificar. Esta zona marca el comienzo de sistemas de muros romanos enterrados y que forman parte actualmente de la cimentación de las nuevas viviendas. Detrás del muro de con-tención mostrado en la fotografía 3Y, aparece un sistema de canalización de agua, probablemen-te destinado a abastecer los recintos romanos de todo este lienzo, que abarca la totalidad de la avenida de Andalucía hasta las cercanías de la playa.

Ya en la fotografía 4Y, sobre un muro romano de contención que sujeta la calle Derrum-badero, puede observarse un agujero no artificial, sino antiguo y deformado, por donde se deja ver el canal de conducción de aguas que hasta la Huerta de los Müller llegaba.

La fotografía 5Y deja ver el interior del canal, con paredes recubiertas de estuco muy deteriorado, y una cubierta formada por lajas de piedra del propio terreno pizarroso. Al fondo de este tramo de canal se ve el paso del conducto que, al parecer, discurre por toda la zona o bajo la calle que pasa por encima. Este es sólo un ramal del canal que se adentra en la citada huerta.

La fotografía 6Y muestra con más detalle la situación en que se encuentra esta conduc-ción de agua.

                Con el movimiento de tierra que se ha llevado a cabo para la modernización de este recinto, han hecho su aparición numerosos fragmentos de tuberías de cerámica (fot. 7Y), bastante resistentes, y que servirían para la distribución del agua por toda esta zona.

Como no se ha practicado ninguna excavación en este sector de la ciudad, no se puede decir que se trate de otra parte de la factoría. Pero sí se tiene testimonios de los obreros que trabajaron en estos parajes cuando se construyeron las nuevas viviendas: aparecieron numero-sos sistemas de muros de una dureza tal que no pudieron romperlos con los medios de que dis-ponían, optaron por montar los cimientos sobre los muros romanos que le resultaban más segu-ros para los alzados.

Dentro de la línea de defensa que se viene describiendo, se puede indicar una marca de continuidad del sistema en la foto 8Y, donde se aprecia la existencia de fuerte muro a media escalera, que conecta con el anteriormente descrito.

En 9Y hay que decir que toda esta alineación de casas modernas se apoya sobre la secuencia indicada en 8Y, a cuyas espaldas se encuentra toda esta serie.

Subiendo por un estrecho paso, situado a mitad de la calle que vemos en 9Y, nos encon-tramos con estructuras de ladrillo, cuya identidad nos resulta difícil de explicar y relacionar con las romanas, pensando, por ello, que son modernas, ya que, al parecer, pertenecen a una anti-gua industria local relativamente moderna (fots. 10Y; 11Y; 12Y). Precisamente hacia la mitad del paramento moderno, que se ve en 11Y, en la parte de sus cimientos, fue donde se pudo apreciar la existencia del canal de conducción de agua, antes citado.

No hay duda de que los espacios que se ven han estado ocupados por formas romanas, pero que han sido tan alteradas que apenas se puede identificar nada, o tan sólo se conserva lo que queda bajo los muros modernos.

Siguiendo la callejuela anterior, pasamos a la calle María de Molina, en donde sí apare-cen al exterior restos de paramentos romanos sobre los muros de las casas modernas. Es lo que se puede apreciar en 13Y,1,2; 14Y,1,2,3. Se ha observado con detalle y se pueden identificar como restos de muros usados para el alzado moderno de estas viviendas.

A partir del punto 15Y, llamado Cuesta del Derrumbadero, nos encontramos con toda una secuencia, que aquí señalamos con una flecha, como elemento romano que conforma el paramento de un subsector que la tradición popular consideró siempre como un albercón.

El alto muro, que se ve en 16Y, conserva el grosor de la estructura interna del aparejo romano.

Por deterioro del revestimiento moderno, que se ha desprendido en parte, ha quedado al descubierto el aparejo externo de un muro de estructura y técnica romanas, como bien se puede observar en 17Y y 18Y, donde se distingue perfectamente la capa moderna caída y las piedras que conforman el aparejo de opvs incertvm en su interior.

Siguiendo un proceso de analogía morfológica, concluimos que todo este lienzo de muro tiene unidad, y se integra dentro de una estructura romana que desconocemos, pero que la tra-dición popular lo identifica como paramento perteneciente al albercón citado. Téngase en cuen-ta que el supuesto depósito de agua, que ubicamos sobre el solar de la Iglesia parroquial, se en-cuentra a escasos metros, en paralelo, de tal albercón.

Al final de este largo lienzo de muro romano, nos encontramos con otras estructuras que muestran señales de ser reutilizaciones (fot. 19Y,1,2), con el uso de podivm para poder acceder a los espacios que superan el nivel de la calle, y restos de muro sobre aparente pared moderna.

El uso de escalones grandes o podia es una práctica habitual en todo el casquete supe-rior de la ciudad actual.

Justo enfrente de la estructura que acabamos de ver, se observa, en 20Y,1, un paso arti-ficial, por donde se piensa que había un cierre, debido al paso del murallón de la zona norte y que pronto tendremos ocasión de ver y analizar. En el punto 20Y,2, dentro de la casa moderna y dando hacia el murallón, que se ha visto al principio de este capítulo (fots. 1Y; 2Y), hay un to-rreón medieval que forma parte de los elementos defensivos de la ciudad medieval. Sus carac-terísticas son similares al estudiado en el sector T.

En línea con la trayectoria del acueducto en su entrada a la ciudad, situados frente a lo que fue Puerta de Granada (fot. 21Y), con un fuerte desnivel, ya que entre el punto más bajo, cota 11,70, y el más alto, cota 25,55, no hay más de 40 m lineales. Tales estructuras que aquí se ve, no han podido ser analizadas en sus interiores. Tan sólo nos remitimos a indicar lo que significa para este estudio el trazado de esta calle: fuerte desnivel que debe superar el acueducto para llevar el agua a su destino: el depósito terminal, situado donde ya se ha indicado: solar de la Iglesia Parroquial y zonas anejas.

Si situados en la parte noroeste de este sector, se puede ver la línea que seguía el mura-llón en este tramo.

En las construcciones modernas, con motivo de los rebajes de cimentación, han apare-cido formas romanas, al desmontar estructuras modernas apoyadas sobre él, o semienterrado y derruido (fots. 22Y; 23Y).

Las imágenes que se presenta corresponden a los descubrimientos hechos sobre la calle Angustias Vieja.

Con motivo del rebaje de terreno practicado para la construcción de la Casa de la Cul-tura, en la parte superior de esta colina norte, sobre la cota 25,50 aproximadamente, ha apareci-do parte de la secuencia de este murallón, cuyo grosor alcanza los 1,40 m. Junto a él, pero sin relación directa, se ha descubierto también una especie de podivm o pilar grueso de opvs cae-menticivm, que nada tiene que ver con la muralla en cuestión, pero sí con la conducción del tra-mo final del acueducto, a su entrada en el complejo, formando parte del sistema de canalización por el que discurriría toda una red entubada, según los cánones del sifón (fots. 24Y; 25Y; 26Y).

En línea con el punto 22Y, y siguiendo hacia el Oeste, nos encontramos con casas mo-dernas cuyo aparejo, tanto interior como exterior, nos presenta restos de la muralla de circun-valación de la ciudad medieval y moderna.

Así, desde la propia Avenida de Cala (fot. 27Y), pueden verse unos paramentos externos de casas, cuyos interiores muestran vestigios evidentes de su antigua función (fot. 28Y). El grosor es de 1,20 m.

Continuando la línea anterior, se ven otros alzados que le suceden, pero que apenas conservan vestigios de su estructura. Prácticamente han desaparecido (fot. 29Y).

Si nos adentramos por el punto medio de las fachadas que se indican en 29Y, a escasos metros, en un solar rebajado, nos encontramos de nuevo con vestigios de muros modernos apo-yados en clara base romana (fot. 30Y), cuya profundidad no alcanza más del metro y medio (fots. 31Y; 32Y).

La técnica romana puede verse, aunque algo deteriorada, por ser cimientos de es-tructuras, y no paramentos superiores. En el punto 32Y observamos, además del opvs incertvm, el opvs caementicivm, que parece constituir la fuerte base de un elemento antiguo de tipo aún no identificado.

Seguimos la línea de muralla de circunvalación y hallamos un tramo que, hasta hace pocos años, conservaba el mejor testigo de toda esta secuencia (fot. 33Y). Se podía ver el aparejo. Era parte del muro externo de una típica taberna llamada El «Jarapo», continuando por la carpintería de Justo, elemento colindante y coetáneo.

Se produce al final del último tramo, que acabamos de describir, un fuerte giro a dere-cha, según se avanza en ese sentido, y se ve toda una secuencia de casas, cuyas bases y cimientos están montados sobre la muralla previamente arrasada hasta casi el suelo (fot. 34Y). El uso de los podia se justifica precisamente por encontrarse, a causa de la muralla, por debajo del nivel de la calle Vélez, situada justo detrás. Toda esta secuencia de muralla termina en la denominada Puerta de Vélez, que se encontraba al final del último tramo que acabamos de analizar.

Cambiando de escenario arqueológico, iniciamos la descripción del área del depósito terminal del acueducto, en el interior de la ciudad y sobre la colina en que se encontraba empla-zado, para analizar los restos que nos han quedado del mismo. La vertiente norte de la Iglesia (fot. 37Y) nos muestra una panorámica con vestigios atribuibles tanto a la torre de descarga como a los componentes de base que conforman el depósito de agua situado en la base de la misma Iglesia. Es muy difícil precisar el grosor de los muros, pero teniendo en cuenta que coin-ciden con lo que es el alzado de la Iglesia, que sitúa sus muros sobre la estructura base del depó-sito romano, se cree que puede llegar a alcanzar algo más de los 1,45 m, aunque en la parte que da a la calle no podemos precisarlo debido a que se encuentra muy alterado. Pero fijándonos bien en esta vertiente y en el muro de base en concreto, se ha llegado a pensar que lo que se ve no son restos de muros exactamente sino parte de una plataforma de equilibrio del terreno, dada la fuerte pendiente que se puede ver en la misma calle, a la que lógicamente se considera artificial.

En el análisis de los tramos que se conservan en esta vertiente norte, se puede observar que, en líneas generales, el alzado de la Iglesia casi coincide con los muros romanos de base, pero como se ha dicho, el aparejo externo aparece sin línea de continuidad, con lo que se piensa que, o bien como se ha dicho, ha sido rota una plataforma de equilibrio del terreno, o bien los muros han sido ajustados a las necesidades de los paramentos del alzado general de la Iglesia. En esta parte norte estaba situada la torre de descarga. Tal vez por ello, aquí fuera más razo-nable admitir que existiera la citada plataforma de equilibrio, ya que debía soportar el mayor peso de la masa de agua que debía contener y retener para hacer funcionar el sistema de sifón establecido entre este punto y el situado en la parte más alta del complejo romano, sobre Eras del Castillo.

Obsérvese cómo en 38Y,1, la línea de calle rota, está más adentro que los puntos de apo-yo de los pilares contrafuertes del alzado de la Iglesia (fot. 38Y,2). Se piensa, como conclusión de tal pequeño subsector, que el aparejo que se ve y sobre el que se apoya la estructura de la Iglesia, ha tenido unas proporciones superiores a las que se ven y que probablemente están for-mando parte de los cimientos del ábside de la citada edificación.

Por todos los indicios, según examinamos la línea de fachada, ello parece indicarnos que el canal con las entubaciones, procedente del acueducto, tenía que discurrir por niveles superio-res a los que se ven.

Los detalles de mayor envergadura de los cimientos que se suponen aquí, se tienen bien patentes en las fotos 39Y y 40Y, donde se observa la rotura de las estructuras murales o base de las edificaciones hídricas que aquí han existido. De forma más detallada aún, se pueden ver fotos de precisión, en que se observa la rotura, comprobada por la irregularidad del aparejo, analizable a simple vista (fots. 40Y; 42Y).

En la vertiente de Poniente del mismo edificio, se encuentra hoy la secuencia de estructuras de formas romanas en toda la base de cimentación, con una clara reutilización de los muros bases romanos o plataforma de equilibrio, como se ha indicado antes en la vertiente norte (fots. 43Y; 44Y; 45Y).

Con toda certeza esta línea de restos de muros en la base de la Iglesia se prolonga hasta el espacio ocupado por el atrio de la misma, en donde se observa su continuidad (fots. 46Y; 47Y; 48Y).

La bajada, del atrio hacia la calle, que sale del mismo, a izquierda, muestra claras seña-les de que se han abierto a golpe de pico, como se comprueba en la foto 49Y. Los muros del citado atrio se montan sobre las viejas estructuras romanas. Pero también insistimos aquí en la posibilidad de que todo cuanto aflora en superficie sea igualmente resto de una plataforma de equilibrio del terreno, ya que no se ha podido demostrar la existencia de ningún resto de para-mento con aparejo externo homogéneo. Tan sólo se pudo, con motivo de la reposición de la actual solería de la Iglesia, ver en el interior de la misma cómo se montaban los paramento mo-dernos sobre los muros romanos existentes debajo, pero la rapidez con que se llevó la ejecución de las obras, no nos permitió poder tomar fotografías de tales detalles, aparte de la negación de una excavación sobre el solar interno.

La vertiente este del mismo edificio tenía al descubierto algunos muros sobre el suelo, que han quedado sepultados bajo la nueva capa de enlosado que se le ha puesto modernamente. Las características modulares de la Iglesia, después de las observaciones hechas, nos llevan a concluir que tanto su anchura como largura, se aproximan, a nuestro entender, a las medidas reales, que tuvieron depósito de agua y torre de descarga conjuntamente.

Si recordamos la descripción que de estas construcciones nos hicieron los cronistas de época, se puede deducir que los materiales de este edificio han reutilizado tanto la piedra de sillería o toba, como lo que de alzado levantaran, cuando se ideó la construcción de la nueva iglesia.

Alejándonos un poco en dirección suroeste, nos encontramos con un espacio domésti-co, con bastantes restos de elementos arquitectónicos romanos en su interior. Por ello se piensa que ha formado parte de estructura romana, pero ignoramos de qué tipo, dado el escaso aparejo exterior analizable.

La tradición cuenta que este complejo, de cierta consideración, fue, tiempos atrás, una especie de palacete con jardín musulmán (fot. 50Y). Lo cierto es que conserva la flora de casi todos los elementos que suelen componer la ornamentación, en cuanto a plantas aromáticas se refiere.

Por nuestra parte, se cree que se trata de formas romanas cuyo espacio ha sido usado para morada de las antiguas autoridades que por aquí han pasado. Bien es sabido que el Castillo de San Miguel era una fortaleza militar, no una residencia, por lo que nos inclinamos por esta última estimación.

Lindando con los muros del antes citado jardín, nos encontramos con unas estructuras donde la tradición nos cuenta que, siglos atrás, se había instalado una comunidad religiosa. En lo relativo al aparejo externo de esta edificación, todo parece indicar que ha sufrido una fuerte modificación exterior, quedando la parte interna con estructuras que, según cuentan, disponían de sótanos similares a las naves que se ha localizado en lugares cercanos a éste.

Su distribución interna gira en torno a un patio central porticado, del que hoy se puede ver algún elemento. Es posible que dispusiera de naves, pero, hasta el momento, no se ha detectado nada en esa línea arquitectónica (fots. 51Y; 52Y).

Como elementos adicionales a este sector, se cree necesario incluir aquí algunos restos de estructuras romanas recientemente descubiertas, a propósito de rebajes de terreno. El pri-mero de ellos se halla situado casi en el término del área de la factoría, o ámbito que comprende, en su totalidad, la factoría del Majuelo (fot. 53Y). A izquierda de esta imagen se tiene el espacio que entra dentro de las proporciones de la factoría, cuya parte terminal no ha sido tocada aún. A derecha, se han detectado estructuras límites de la citada factoría. De esto último se tiene el testimonio de un muro de cierre que nos indica claramente que estamos ante el límite norte de la factoría de Poniente (fots. 54Y; 55Y). Se trata de una forma con entrantes a ambos lados, indicando su continuidad en sentido sur. Su aparejo es de piedra, según la técnica del opvs incertvm. Sus medidas son: largura, 4,50 m; fondo, 1,10 m aproximadamente; grosor, 0,60 m. Se ha profundizado junto a él para observar su cimentación, hasta 1,40 m (fots. 56Y; 57Y).

En la zona noroeste de la ciudad, a 20 m de la línea de muralla medieval, se ha podido detectar, en un rebaje, la existencia de una secuencia de muro romano (fot. 58Y). Se trata de una estructura de características similares a las antes vistas, pero bastante más deterioradas, debido a las construcciones que ha debido soportar encima (fot. 59Y).

Todo parece indicar que pertenece a una antigua construcción romana desvinculada, por lo que parece, del conjunto urbano que se viene considerando unitario, pero que, a su vez, se integra en otra que se ha detectado en ese sector de la ciudad y que actualmente se encuentra en su totalidad bajo las nuevas construcciones, prolongándose en sentido oeste. Las medidas que se han podido tomar son: largura, 3,50 m; altura, 1,30 m.

Se piensa que su continuidad en sentido norte es clara, por otros indicios que se han podido captar, aunque no con la fotografía (fots. 60Y; 61Y).

                La zona recientemente descubierta en los aledaños del acueducto a la entrada de la ciudad, ha dado como resultado el descubrimiento de la mayor parte de este tramo de arcos del mismo, a la vez que un complejo de estructuras que conforman unas termas romanas. Se podría haber recuperado la totalidad de este tramo, pero la apresurada excavación del acueducto per-mitió que cuatro de sus arcos se derrumbaran y se perdieran, porque sus restos rotos fueron tirados como escombros en vez de haber intentado su reimplantación y restauración, tal como se hizo en los Arcos de Torrecuevas, tiempos atrás. La fotografía 62Y nos muestra el tramo más extenso a la entrada de la ciudad. En uno de sus extremos se ve el arco partido. En la fotografía 63Y se ven los puntos de arranque de los arcos perdidos entre los dos tramos del puente del acueducto. A su derecha se dejan ver los restos de las termas que, a continuación se detallarán.

                La fotografía 64Y muestra la parte central de hypocavstvm de las termas, así como los muros de las estructuras que conforman este complejo. Recientemente esta parte ha sido mejor excavada y han dejado al descubierto de formas más patente los arcos del hypocavstvm.

En la fotografía 65Y se ven, en la parte central de la imagen, la bóveda del apodyterivm o vestuario. A izquierda, los puntos de arranque de los arcos rotos del hypocavstvm; y a la dere-cha, los muros que circundan las formas de las pilas de baños.

La imagen 66Y muestra el interior del apodyterivm, con bóveda de medio cañón, y me-chinales sobre el muro de fondo, y poyetes a ambos lados. También se observa, al fondo, una pequeña puerta arqueada, que podría dar paso a otra dependencia, hoy no descubierta.

                En la imagen 67Y se ve una puerta de entrada que no parece natural, sino más bien abierta con posterioridad a la ejecución de esta obra.

                La imagen 68Y muestra una estructura de probable pila situada a un nivel superior al del apodyterivm. Puede verse la técnica del opvs signinvm como elemento impermeabilizante, y los muros bastante enrasados, así como un agujero que puede ser una entrada-salida de las aguas termales.

                En la fotografía 69Y se ve una pila, revestida de estuco impermeabilizante, una canal de desagüe en el centro, trazado diagonalmente, y escalones laterales, así como la puerta de acceso.

                La imagen 70Y muestra una de las pilas, revestida de estuco y de forma semicircular. Los muros laterales, con sólo sus puntos de arranque, podían haber servido para formar los puntos de apoyo de la techumbre.

La fotografía 71Y destaca por indicarnos la forma de la pila, sus escalones para bajar al agua y el revestimiento con citado estuco. En la fotografía 72Y se muestra el detalle de los esca-lones de acceso al fondo de la pila.

                La imagen 73Y muestra otra pila, con el mismo revestimiento de estuco y dos escalones que ocupan todo un lado de la pila.

                La fotografía 74Y señala espacios que, probablemente, pertenecieran a otras dependen-cias de los baños, como biblioteca u otras.

                La imagen 75Y muestra el canal de abastecimiento de agua que, con toda probabilidad, procediera del mismo acueducto, ya que se encuentra justo a su lado.

                La fotografía 76Y indica un lugar de las termas donde pudo estar la dependencia de la biblioteca. Muestra en una de sus laterales un escalón que podía servir de asiento.

                Las fotos 77Y y 78Y muestran espacios sin definir por el mal estado de conservación y los pocos datos que nos ofrecen para su identificación. No cabe duda que eran dependencias anejas y complementarias de las termas.

Conclusión del sector Y

En el análisis de este amplio y a la vez disperso sector, hay que decir que los componen-tes estructurales, con que nos hemos encontrado, hacen pensar en un planteamiento algo com-plejo.

Se han visto los siguientes elementos: restos de estructuras de salazones, tanto en la zona de Levante como en la terminal de Poniente o Majuelo; amplias edificaciones destinadas a depósitos de agua o conducciones de la misma (subsector de la Iglesia y edificio a ella adjunto); sistema de muralla periférica de la ciudad, con varios tramos de la misma conservados, bastan-tes reutilizados; sistemas de distribución de agua en diferentes puntos del sector; restos de edificaciones romanas sin definición concreta; y, por último, espacios modernos que han sido y son consecuencia de reutilizaciones de formas romanas muy retocadas, tanto en época musul-mana como moderna.

Desde el punto de vista funcional y estructural, la conclusión más clara que se puede extraer de todos estos datos es que la colina, sobre la que hoy se asienta la actual Iglesia, cons-tituye el centro de atracción del estudio de este sector ya que su casi totalidad está ocupada por formas relacionadas, en su casi totalidad, con depósitos de abastecimiento de agua a no sólo la industria de salazón del complejo, sino a todo el amplio sistema que ello genera, es decir, se atiende a la salazón en todos sus aspectos, las industrias de cerámica, que han dado muestras de haber existido, servicios públicos más imprescindibles, como los comerciales y de hospedaje, que debieron existir, como estructuras de utilidad obligada, en un centro comercial de tal enti-dad, dado el gran perímetro portuario que aquí se ha registrado, comprendiendo zonas tan am-plias como la del Majuelo y ensenada de Levante.

 Desde este elevado punto, cota 25,55 en base, sobre el nivel del mar, y algo más de 50, desde el punto más elevado de la torre de descarga, por medio del sistema de sifón, debió existir una tupida red de distribución de agua, de forma que las áreas más altas de la zona industrial fueran atendidas con tal red, y desde allí, a todas las zonas situadas bajo su nivel de influencia, excepto las factorías de abajo, que tienen su propia red de abastecimiento mediante canalización procedente del depósito. Por esta razón, el complejo de alimentación o conjunto de depósitos y torre de descarga desempeñaban funciones similares pero con diferente procedimiento: la torre de descarga llenaba los depósitos situados bajo su nivel, de forma casi directa y, a la vez, gracias a la presión que en ella se generaba, con sifones llenos de tuberías, elevaba el agua hasta los lugares más altos del complejo, haciéndola llegar hasta el depósito situado sobre el Peñón del Santo, pasando por canales intermedios, que se han podido comprobar a lo largo de toda la des-cripción sectorial practicada.

Como elementos también a tener en cuenta, destacamos la zona de Levante, que contie-ne bajo sus tierras y edificios toda una red de elementos industriales propios de un complicado sistema, como el de una factoría.

Antes de llegar al depósito terminal, situado donde hoy se encuentra el templo parro-quial de la Encarnación, han aparecido importantes restos de unas termas, casi en el punto medio de este tramo de acueducto romano; pero que, con casi toda certeza, se encuentran más relacionados con un emplazamiento situado en el barrio de San Sebastián, donde se tienen datos suficientes como para demostrar que allí se encontraba una importante villa romana, por la cantidad de materiales de calidad que han ido apareciendo en el transcurso de los años moder-nos.

SECTOR  Z

Este pequeño sector podría considerarse como un subsector adicional al J, ya que con-tiene elementos comunes con él y con el K. Las estructuras son muy similares y las reutiliza-ciones siguen la misma pauta que en los espacios anejos.

De esta forma, en la panorámica tomada en la placeta de la foto 1Z, se puede ver cómo el paramento de la izquierda o alzado general de las casas situadas en la misma dirección, se encuentran superpuestas a toda una base formada por un muro romano bien comprobado. Dicho muro debió alinearse hasta cerrar, al fondo de la imagen, con las estructuras romanas que lindan con el Majuelo, área situada detrás del paramento y espacios inferiores de fondo.

Al llegar al muro de la estructura que se ve cerrando esta placeta (fot. 1Z), justo a izquierda, nos encontramos con un pasillo al que consideramos artificial, como a simple vista se puede deducir, y que se compone de muros romanos a ambos lados, con formas romanas en sus bases, según se puede comprobar en la imagen que se presenta (fot. 2Z). Su anchura es de 1,10 m, y comunica la placeta con las formas internas, antiguos espacios ocupados por naves above-dadas, sobre todo a derecha, según se sube.

Los paramentos parecen formar parte de una antigua estructura destinada a almacenes, aunque la presencia de canales subterráneos, cuyo fin sería o bien abastecer de agua a estas zonas, o bien servir de sistemas de evacuación de aguas residuales, que desembocarían en alguna de las cloacas del Majuelo, nos hacen pensar en una doble misión, cosa que se ha presen-tado también en la zona de la Cueva.

La situación de los muros y los indicios que se nos muestran parecen demostrarnos que estas estructuras formaban compartimentos independientes, como bien se puede observar en 3Z,1,5, donde el muro romano, con una altura que supera los 4 m, parece constituir una división del área de este sector. Frente a él (fot. 3Z,2) se tiene un compartimento con todos los indicios de nave enrasada, y con las medidas modulares que en el sector J se han descrito y estudiado.

A su vez, bajo el nivel del suelo, se ha detectado la presencia de otros compartimentos, con una probable finalidad similar (fot. 3Z,6), y cuyos muros están construidos con el sistema del opvs incertvm, como el resto de las piezas que aquí se están viendo. Los paramentos, tanto a un lado como a otro del pasillo, mantienen la misma técnica constructiva y las mismas propor-ciones.

Al final de tal paso artificial, se observa cómo en algunos puntos se dejan ver restos de muros romanos que han tenido probablemente otra función, que ignoramos (fot. 4Z,2). En su parte derecha se observa un paramento levantado con piedra toba y un espacio que ha debido ser una nave (fot. 4Z,4,6) por las medidas que presenta. La anchura del pasillo disminuye (fot. 4Z,5), y al fondo se observan: un paso artificial (fot. 4Z,3) que rompe el muro romano (fot. 4Z,2), que se ha abierto con el fin exclusivo de hacer pasar las aguas de lluvia procedentes de las calles San Crescencio y Clavelicos, en sus dos tramos.

A izquierda del pasillo (fot. 4Z,1) se tiene un sistema canalizado, original, pero reutili-zado hoy también para recoger las aguas de lluvia procedentes de los niveles antes citados (fot. 5Z). En él se puede comprobar que sus muros son originarios; tan sólo han sido retocados enca-lándolos, y discurren paralelos bajo otras estructuras también romanas. Su base es roca madre con un ligero revoque de cemento moderno. Sus medidas: 0,80 m x 0,60 m. Su cubierta ha sido remozada mediante un sistema de bovedillas en todo su trazado, probablemente sustituyendo una antigua cubierta de medio punto o adintelada. Situándonos de nuevo en el tramo inicial, se puede comprobar, dirigiéndonos hacia la cuesta ascendente, la existencia de la reutilización en los paramentos de las casas que nos encontramos (fot. 6Z 1,3). A su vez, se vuelve a utilizar el escalón debido a que en los interiores de estas casas no ha existido pavimento. Por ello, al proceder a su colocación, ha sido necesario rellenar previamente todo el espacio interior hasta nivelar su solería interna con el escalón artificial que se ha colocado en la puerta (fot. 6Z,2). Si nos situamos tras los puntos indicados en 4Z,3 y 5Z, nos encontramos de nuevo con las estructuras romanas reutilizadas que, en su trazado, provienen: unas del sector K (fot. 7Z) y otras, del sector J (fot. 8Z).

En la primera de ellas se puede comprobar la existencia de muros alineados, que son la prolongación del muro contrafuerte visto y estudiado en K (fot. 7Z,1), un paramento romano de fondo (7Z,2) que se relaciona con los elementos arquitectónicos del sector J y Z simultánea-mente, ya que se interrelacionan, y hay dependencias reutilizadas que se conectan más con las estructuras romanas del sector J, en la calle San Crescencio, que con las del sector Z, propia-mente. Pasando por un pequeño corredor, nos encontramos con una serie de muros, cuyas características y medidas nos hacen pensar en que son elementos estructurales pertenecientes a naves romanas muy alteradas, incluso en sus alzados (fot. 8Z,1,2). Pero las indicaciones sobre la continuidad en los paramentos son evidentes.

Conclusión del sector Z

Se piensa que, tal como se ha indicado al inicio de esta descripción, este pequeño sector se enmarca estructuralmente dentro del esquema general del sector J. Por tanto, las funciones que se ha aplicado a tal espacio son válidas, al establecer un paralelismo formal entre ellos.

Sin embargo, se aporta un nuevo dato no detectado ni en el sector K, ni en el J. Es el sistema de eliminación de aguas residuales, con naves cubiertas.

Pero, en definitiva, aquí se tiene toda una secuencia de estructuras arquitectónicas cuya finalidad primordial es la función almacén.


[1] Nota del autor: Se tienen noticias de otros autores, relativas a una excavación practicada por Antonio Fontán, antiguo Gobernador Civil de Granada, quien en los años 40, llevó a cabo esta tarea sobre el citado Peñón. No se ha localizado documentación al respecto.

Granada, 5 de diciembre de 2024.

Dr. Antonio Ruiz Fernández