ALMUÑÉCAR EN LA ANTIGÜEDAD FENICIA o ‘Ex en el ámbito de TARTESS0S

(PUBLICACIÓN CORREGIDA Y AUMENTADA)

Antonio RUIZ FERNÁNDEZ

Revisión y ampliación de la publicación del año 1979.

Cuando a uno le piden prologar un libro, le cabe siempre la duda acerca de si debe hacer una apología de la obre o del autor.

Se hace ésta necesaria – y es por supuesto cosa muy distinta de un prólogo-, cuando el tema de la obre y su nivel de tratamiento requieren una preparación, un precalentamiento, una previa sintonización de que haga saltar al lector el más o menos fuerte escalón de entrada.

Sin embargo, creo que un prólogo es otra cosa, yo diría que mucho más grata: es algo que precede, a modo de cordial pregón, la llegada del libro. Es como una llamada de atención, una invitación.

Todo libro, como toda obra de arte, es una versión de la realidad a través del filtro de un espíritu humano determinado y éste explayado en un momento, en una coyuntura anímica concreta.

Por eso, creo que está justamente aquí la misión del prólogo: en hablar de los motivos, de las circunstancias que han confluido para que un autor se decida a tomar la pluma. Y eso tiene que hacerlo alguien que conozca mucho a ese autor, que lo comprenda y los estime en su justo valor.

Y así, cuando Antonio Ruiz, -«Antoñico» me gusta llamarle- quiere que se prologue, me nombra sin querer algo así como su heraldo en el mundo de las inquietudes culturales. Tiene sus motivos al conferirme ese honroso padrinazgo.

Le conocí incidentalmente. Y digo «incidentalmente», pues poco faltó para que el asunto saliera- bromeo, naturalmente- en las páginas de sucesos. De esto hace ya cinco años.

Otros cinco llevaba yo por entonces- y continúo todavía- peinando sistemáticamente todas las fuentes imaginales de la historia granadina, en busca de datos para una historia del confín nororiental de la provincia, cuando leí un artículo de prensa: un almuñequero escribía acerca de los fastos gloriosos de su pueblo, glosando una de esas inefables historias locales de la erudición barroca, llenas de fábulas y milagrerías, carentes de crítica y basadas en las famosos «falsos cronicones» que literalmente destrozaron el conocimiento de nuestro pasado nacional, eclesiástico y civil.

Me preocupó en asunto, ya que el carácter universitario de Granada d debía notarse en la altura de tratamiento de estos temas culturales en la prensa local, en la que su presencia es un estímulo específico y constante. Aquello no podía tolerarse.

Lleno de santa indignación, me puse al habla con mi buen amigo el Alcalde de Almuñécar, casi conminándole a la busca y captura de aquel que yo juzgaba incauto jovenzuelo local que, además de tragarse ingenuamente el «Cronicón» barroco, había osado escribir de ello en los periódicos. La broca latía en el aire, pesa e a que no soy realmente un hombre malhumorado: es una pura cuestión de auténtico encono contra las fuentes falseadas de la historia. y me puse a esperar.

No me dio literalmente tiempo. El mozo me salió respondón. El presunto aficionado se me vino encima en tromba, y me dio un auténtico baño de conocimientos acerca de la antigüedad grecolatina y sus más científicas fuentes. Su carta me zarandeó como una catarata de datos apabullantes y definitivos. Aquel que yo creía juvenil «amateurs» almuñequero resulta ser un efectivamente joven pero preparadísimo Licenciado en Filología Clásica, profesor de Lengua Latina del Instituto de la bella población costera, y lleno de cariño a las cosas de su tierra, del que no había querido sino dar a conocer una fuente más, escondida entre los manuscritos de la Biblioteca Nacional.

Su falta de crítica respecto a las fuentes históricas barrocas era por entonces totalmente lógica y natural en un universitario de Letras aún no versado en los tecnicismos de la metodología historiográfica, por proceder de otra rama.

Realmente y ya con debida preparación en ciencias históricas, incluso los famosos «Falsos Cronicones» son un elemento en el que siempre existen, por supuesto, datos de gran interés. En libros que los aceptan y citan, y al margen de sus noticias, fabulosas acerca de la antigüedad, se han conservado multitud de referencias locales de la época en que se escribieron, en general procedentes de archivos entonces existentes y luego perdidos, sobre todo en el período que va desde la Guerra de la Independencia a la nuestra Civil de 1936 al 1939. Es forzoso conocer estas pintorescas fuentes, que son inútiles para lo mu anterior a su siglo, pero especiales para aconteceres locales y regionales de los siglos XVI al XVIII.

Me admiró la respuesta de Antonio, respetuosa pero firme y uy gallarda. Sin un mal modo, pero con una defensa digna y perfecta, me interesó y convenció su persona, en cuanto tal, y en cuanto universitario.

A poco nos conocimos en Granada. No venía a pegarme. Hablamos de mil cosas y traté de completar sus grandes conocimientos clásicos con elementos de metodología histórica. Antonio era pura receptividad ilusionada y laboriosa.

Días después lo proponía al Director General de Bellas Artes como Consejero Local de Bellas Artes de Almuñécar. Yo lo era Provincial desde 1972, y necesitaba colaboradores responsables e idealistas en las poblaciones de mayor interés.

Antonio ya era para siempre mi buen amigo y más directo colaborador en un lugar que, desde el punto de vista histórico y arqueológico, es esencial a nivel nacional e incluso universal. Un trabajo suyo, metódico y cuidadoso sirvió poco después de Memoria básica para la declaración de Almuñécar como Conjunto Histórico Artístico.

No voy yo ahora a ser quien haga ver el papel de Almuñécar en el despertar de la cultura mediterránea hace milenios, cuando pululaban por sus playas griegos, fenicios y cartagineses o romanos. Para eso escribió Antonio Ruiz este libro.

Menudo, rubicundo y sonriente. este almuñequero de ojos claros y hablar cantarín -como todos sus paisanos de nuestra costa – es una especie de alemán trasplantado al trópico. Prusiano por su auténtico tesón investigador es un estudioso de presa que no ceja ni suelta.

Con especial sensibilidad para detectar villares, necrópolis y también «bulldozer» excavadores, caballero en su pequeña moto «todo terreno», no había máquina que se pusiera a hincar su pala en el rico suelo de Almuñécar, a poco, estuviese allí Antonio observando, inspeccionando, tomando notas, trazando un croquis, o recuperando un tiesto, más o menos destrozado, antes de que fuera a parar al chalet de un respetable jubilado nórdico, entre unas castañuelas y n botijo.

Con la que ha salido de este suelo – auténtica caja de caudales arqueológica -, más aún que de los viejos textos protohistóricos, Antonio Ruiz no se limita aquí a hacer una historia «pueblerina» de su pueblo, nos hace ver a Almuñécar en el contexto de las viejas culturas provenientes de Asia Menor, Palestina o Egipto, posteriormente derramadas, al pasar el Estrecho, hacia las Casitérides o Guinea. Es más, nos hace una revisión general de la prehistoria y protohistoria del Occidente mediterráneo, patente a la luz de los hallazgos habidos en este sector de la costa granadina, y a la vista de los más modernos criterios historiográficos.

Es esta una historia local al revés, donde los pequeño -lo de «su pueblo», es precisamente lo más serio, lo científico, lo infinitamente universal.

Sólo le echo de menos -y es que no cabe en los tipos de imprenta- ese simpático tono cantarín y costero al pronunciar nombres de faraones o antiguos autores de periplos: suenan en forma única y requerían el pentagrama. Yo diría, por pura corazonada, que incluso era así como sonaba en su época, y que esa era la música vocal que acompañó los navegantes y cronistas de nuestro amanecer histórico, quedándose anclada entre Salobreña y la Herradura como un testimonio más, entre ánforas, escarabeos, alabastrones, kotiloi y terra sigilata.

Profesor, opositor, Catedrático de Lengua Latina, doctorando, marido de una muchacha encantadora y padre de una pareja de preciosos críos, Antonio ya ha ensanchado un poco su físico en estos años que son hoy treinta y siete para él; y ha sido, incluso, capaz de ir destinado a un Instituto alejado físicamente de su Almuñécar del alma. Tuvo que dejar de ser Consejero Local de Bellas Artes para establecerse en tierra hermana y almeriense de Albox, que es también pura arqueología, y alba de la cultura europea.

Sin embargo, Antonio Ruiz sigue milagrosamente en Almuñecar, y siempre se entera -y nos enteramos – de los aconteceres felices o pesarosos que puedan ocurrir por allá, sobre todo procedentes de esas máquinas excavadoras enormes y amarillas a las que profesa verdadero horror: son sus dientes de acero los que, cada vez que muerden un solar, sacan de su paz una tumba fenicia, o una pileta para la preparación del sabroso «garum». Y es que Almuñécar, afortunada o desgraciadamente, gusta tanto a los actuales, galos, francos, sajones o vikingos, como lo hace decenas de siglos a los navegantes orientales. Y ya se sabe, cada nueva cultura se asienta sobre las reinas físicas de los anteriores. ¡ Qué lucha tan dura ésta de impedir que «nuevos niveles» de urbanización «enriquezcan» la estratigrafía futura de este pueblo único¡ ! Qué difícil hacer compatible el respeto al pasado, con las necesidades actuales de progreso económico y social!

Ya hacía falta en Almuñécar, y también en la Granada provincial, una contribución seria a la historia menor superando el olorcillo – respetable, pero rancio -de los abnegados eruditos locales, a los que también habra en día que levantar un monumento; o la historia típico-folklórica, simpaticona y promotora de turismo, que también tiene su papel y su público.

De todo ha habido en Almuñécar, que ya pedía a gritos lo que sólo Antonio con su olfato, su moto, su estudio, su aprendizaje, su paciencia, y, sobre todo su amor a su tierra milenaria, ha sabido escribir.

Aquí se abre un camino a nuestros jóvenes científicos: aquellos que precisamente por poseer una cultura universal y universitaria, saben captar el papel insustituible que en el alma humana tiene el enraizamiento telúrico en su pueblo, en su gente, en sus cosas, en sus piedras…

Creo que esto es lo que teníamos que saber antes de leer el libro de Antonio Ruiz, quién lo ha escrito, cómo, por qué y para qué.

Ahora, que siga -que empiece – que es lo realmente interesante.

Granada, 20 de Enero de 1979.

VICENTE GONZÁLEZ BARBERÁN

Consejero Provincial de Bellas Artes

CAPÍTULO I

EX, ANTIGUA CIUDAD DE LOS DOMINIOS DE ALMUÑÉCAR: EN SU MEDIO FÍSICO

1- El medio ambiente.

Ante todo, es imprescindible aclarar que la ciudad de ‘Ex no es, ni está ubicada donde la tradición histórica la ha venido situando.

Los últimos hallazgos arqueológicos han llevado a la conclusión de que la ciudad originaria, la auténtica ‘Ex, estuvo, y quedan restos para demostrarlo, en las tres colina que, partiendo del actual Barrio de los Marinos, llegan hasta el emplazamiento del actual Instituto Nacional de Bachillerato de Almuñécar. Los restos arqueológicos y las condiciones naturales del lugar han llevado a dicha afirmación.

Si se tiene en cuenta la evolución geológica de la comarca de Almuñécar, se ha podido comprobar lo siguiente: en las perforaciones realizadas para el construcción de pozos de regadío, se ha podido comprobar que, a la altura de Torrecuevas, a 17 metros de profundidad, han aparecido estratos en los que se podía ver con claridad los surcos de un campo cultivado. Medio metro más abajo se han encontrado arena y restos de conchas marinas (información del propietario). Esto lleva a la conclusión de que el agua del mar llegaba, y probablemente se adentraba, más aún en dirección a Jete.

Esta afirmación se corrobora con el hecho de que los romanos tuvieran que construir un acueducto cuyos restos alcanzan una extensión de varios kilómetros aproximadamente, que pudiera traer agua dulce desde una distancia aproximada de 13 kilómetros.

Si los romanos se vieron obligados a construir dicho acueducto no fue por otra causa que por la falta de agua dulce que sirviera no sólo para la salazón de pescado sino también para el mantenimiento de una colonia importante de romanos y personal de mantenimiento y trabajo.

Los últimos estudios y hallazgos realizados sobre el acueducto romano de Almuñécar han llevado a la conclusión de que el actual casco urbano de la ciudad no era más que un islote de medianas proporciones, carente totalmente de agua potable, salvo la que se pudiera recoger con aljibes procedentes de la lluvia.

Las dos vegas actuales eran dos grandes esteros, o entrantes marinos, que penetraban hacia el interior y constituían dos refugios, o puertos naturales, de gran seguridad para las embarcaciones. A esta conclusión se llaga tras haber comprobado que, a lo largo de todas las laderas, han aparecido enterramientos tanto pertenecientes a cultura romana como a la fenicia. Se han destruido innumerables yacimientos arqueológicos a lo largo de todas las laderas de los dos ríos de la ciudad. Se ha podido comprobar que los principales asentamientos humanos se situaron en lugares dotados de agua potable.

Las razones de existencia de agua potable fueron los imperativos que impulsaron a los fenicios a construir su ciudad sobre las tres anteriormente citadas colinas del fondo de la playa de San Cristóbal. El Barranco de la Cruz ha estado dando agua potable desde que existe. Las cartas de navegación todavía lo ofrecen como lugar de aprovisionamiento de agua potable. Por esta razón la población fenicia se situó en éste o estos lugares. Los fenicios solían tener, a poca distancia de sus casas, los enterramientos de los suyos, como bien dice García Bellido, y se ha podido comprobar, además, con los recientes hallazgos arqueológicos de Trayamar en Torre del Mar (Málaga). Los restos arqueológicos aparecidos en Almuñécar, concretamente en la colina de la Cruz, prueban la existencia, en tiempos anteriores, de un poblado de estructura fenicia.

Foto 1.- Emplazamiento greco-fenicio. Vista general de una de las zonas de Trayamar. Algarrobo (Málaga).

Foto 2.- Trayamar (Algarrobo, Málaga). Necrópolis fenicia con enterramientos alineados.

Corte de maquina y aparición de una serie de 5 tumbas consecutivas. Tumba 1. Material: huevo de avestruz. Sector A. Esto evidencia que el Instituto está construido sobre una necrópolis fenicia.

En las siguientes fotografías pueden observarse las siluetas de las tumbas excavadas en la roca. Unas aparecen casi a flor de tierra por efecto de la erosión del viento y del agua. Otras se encuentran a una profundidad media de dos metros y medio.

Los materiales hallados se consideran de uso generalizado en este tipo de enterramiento. Son tumbas de fosa, con variantes en su forma de diseño. En estas fotos se pueden ver casi superpuestas varias tumbas en las que ha aparecido abundante y revelador material arqueológico. Se encuentran entre uno y dos metros de profundidad.

Foto 3. Tumba 1, Excavada en terreno del I.N.B. En ella apareció un ánfora ática del siglo V a. de C.

Foto 4. Tumba 2ª. Dio somo resultado cerámica fenicia considerada común..

Foto 5.Tumba 3. Sector A. Cerámica común.

Foto 6. Tumba 4. Cerámica común. Sector A.

Foto 7. Tumba 5. Sector A. Lo más relevante que dio fue un huevo de avestruz

Foto 8. Huevo de avestruz de la tumba numero 5. Sector A.

Anejas a esta tumba se encuentran un gran numero de inferior categoría, pero no de valor documental.

A continuación se muestran unas fotografías con materiales hallados de ella, como son vasijas de perfumes, platos, jarros para agua, objetos decorativos: todos formando parte del respectivo ajuar funerario.

Foto 9. Cerámica fenicia, bajo globular. variedad de ungüentario.

Foto 10. Ungüentario, objeto de perfumes.

Foto 11. Jarrito para líquidos. Sector B. Estos objetos podían servir en general para líquidos como vino, agua, etc.

Foto 12. Ungüentario, cerámica globular.

Foto 13. Ungüentario de vidrio. Hallado en zona de Berrio. Es el típico vidrio fenicio. Se caracteriza por un brillo metálico y su ligereza. Se utilizaba para perfumes preferentemente.

A continuación se muestran dos ejemplares arqueológicos de gran valor, uno por su antigüedad (lucerna perteneciente al s. VII). y otro por sus peculiares modelados. Este tipo de ánfora no ha sido aún calificado ni clasificado. No se ha encontrado paralelo en toda la tipología fenicia. El tratado de cerámica púnica de Cintas no ofrece ningún ejemplar similar. Es romana y arqueológicamente desplazada.

Foto 14. Ánfora con asas decorativas. Cuello muy ancho exvasado. Sector no excavado, considerada como material de superficie. Apareció en situación de tumbas fenicias del Sector B. Puede ser de incineración como otra del Sector C.

Foto 15. Lucerna fenicia de un sólo fuego.

Foto 16. Lucerna fenicia bicorne o de dos fuego. Es de las más antiguas en la cultura fenicia. Zona de A (Antonio Berrio).

Foto 17. Lucerna fenicia de un sólo fuego, Sector C.

Foto 18. Objetos metálicos utilizados en cajas de madera. Material, bronce. Zona de A. Berrio.

Foto 19. Broches y pasadores de bronce. Objetos decorativos de hueso y cuentas de mar. Lo más importante fue el hallazgo de dos leones de carácter orientalizante, tallados en piedra pómez, en la zona de Berrio, junto al I.N.B., a unos veinte metros del edificio.

Foto 20. León decorativo como elemento de una tumba fenicia. Su localización ha tenido lugar en una zona adyacente a la necrópolis fenicio-púnica de Puente del Noi, finca de A. Berrio, Almuñécar Vista frontal. Este elemento arqueológico pertenece a una tumba fenicia del siglo VII a. C. Probablemente los dos leones aparecidos debieron ocupar dos de las esquinas del monumento funerario.

Foto 21. Vista de perfil del primer león. Aún conserva el revestimiento de una especie de estuco.

Foto 22. Vista de perfil del segundo león, bastante deteriorado por las circunstancias en que apareció. El revestimiento no se ha casi nada, aunque se ve de color blanco y la piedra es toba grisácea Esta fragmento aún no se encuentra en el museo.

Foto 23. Estado en que apareció el fragmento del segundo león.

Foto 24. Aspecto del segundo león al ser desenterrado. La tumba se encuentra a unos 20 m., en la cima de la colina, bajo los cimientos de un chalet.

Foto 25. Pieza decorativa y representativa como elemento sagrado de la tumba probablemente símbolo de la diosa Tanit.

Foto 26. Estela funeraria con los símbolos de la diosa Tanit. Necrópolis de Carthage. Túnez.

Foto 27. Elemento del lugar de anclaje de los leones en las esquinas del monumento funerario. El material está tallado en piedra toba.

Foto 28. Otro de los elementos de anclaje de los leones en el monumento funerario. Piedra toba.

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Foto 29. Idealización de lo que pudo ser el monumento funerario de esta tumba situada bajo la cima de la colina donde encuentra. (Dib. Antonio Quirós Martín).

Foto 30. Modelo probablemente seguido por los constructores de la tumba que se cuestiona en lugar donde vivieron los fenicios, pueblo oriental del que pudieron tomar como modelo.

Foto 31. Piedra de mármol pulimentada utilizada para curtir pieles y similares.

El más numeroso hallazgo lo constituyó el descubrimiento de la necrópolis Laurita del Cerro de San Cristóbal. Lo original de este hallazgo lo forma el ajuar funerario constituido fundamentalmente por ánforas de alabastro pertenecientes a tres dinastías egipcias. Actualmente se encuentran en el Museo Arqueológico Provincial de Granada, y varias están ya en el museo local de Almuñécar..

Foto 32. Cerro de San Cristóbal. Etapa en que fue descubierta la Necrópolis. Bajo estas construcciones se encuentran las tumbas fenicias excavadas.

Foto 33. Barrio de los Marinos, hoy día. Monte donde fue hallada la necrópolis antes citada.

El actual casco urbano de la ciudad de Almuñécar ha dado también a luz importantes restos arqueológicos. En un manuscrito de inicios del siglo XVII se hace una descripción detallada sobre el descubrimiento de una tumba de corredor similar a la aparecida en Trayamar (Algarrobo, Málaga). Posteriormente, con motivo de la reposición del suelo de la iglesia parroquial, volvió a aparecer otra tumba de corredor en el subsuelo de dicho templo. Desgraciadamente fue confundida con un enterramiento de sacerdotes que integraban la antigua colegiata de la parroquia de la Encarnación. Tanto la tumba descrita en el manuscrito del siglo XVII, como la descubierta posteriormente, están casi contiguas. Pero no cabe duda de que todo el montículo que constituye el actual emplazamiento de la iglesia, fue, en la Antigüedad, un lugar de enterramiento de los importantes personajes de la población fenicia; pero quede claro: sólo enterramiento, pues ninguna otra cosa de tipo cultural ha aparecido con carácter de yacimiento estable en el actual casco urbano de Almuñécar. En resumen: La población fenicia estuvo situada donde podía abastecerse de agua potable. Ésta sólo se podía conseguir en el Barranco de la Cruz, como se ha dicho. El casco viejo de la ciudad en aquellos fechas sólo era un islote mal provisto de agua, luego no pudo ser el solar estable de la población fenicia ni hay restos que testifiquen.

Foto 34. Colinas donde pudieron situarse los primeros fenicios llegados a territorios de Almuñécar. Materiales fenicios han sido hallados aquí.

Foto 35. Colina del I,N.B. Es el sitio que ha registrado el mayor número de tumbas de todo el territorio: Necrópolis fenicia de Puente del Noi.

Foto 36. La parte superior de este tajo forma parte de las colinas que han registrado materiales fenicios más modernos.

Foto 37. Parte sur del emplazamiento de la necrópolis fenicia Puente del Noi. Es la parte que ha sufrido mayor deterioro tanto por las urbanizaciones como por fenómenos meteorológicos. (terreno protegido, color amarillo).

El territorio de ‘Ex se halla en la zona denominada de influencia tartésia y más concretamente en el centro de la franja costera ocupada por los lybiofoénices.

Bajo dominio romano ‘Ex, nombre que se latinizó en Sex, Sexi o Sexs, perteneció jurídicamente al Conventus Cordubensis en la Bética, que extendía su influencia a lo largo y ancho del río Betis. (Guadalquivir).

La franja costera estaba integrada por una serie de ciudades como Abdera, Selambina (Salobreña), Sex, Mainaia, Malaka, Gadir, etc. que figuraban como los centros más importantes

El medio físico de estos lugares reúne especiales características en la Bética. Cabe destacar principalmente los cultivos, el clima, el hábitat y el paisaje vegetal y agrícola.

La diferencia más notable es de carácter etnológico. Las condiciones climatológicas de la Protohistoria de estos lugares eran casi semejantes a las actuales (1), ya que la presencia del mar y la estructura de lo sistemas montañosos configuran un clima que sólo se da en lugares muy concretos como ocurre en ‘Ex.

Foto 38. Panorámica aérea de la zona de Almuñécar, con sus dos vegas que, tiempo atrás, fueron esteros marinos navegables. Obsérvese también la especial configuración de las montañas.

De esta forma, según Arribas Palau (Universidad de Granada), en la época de la cultura de los Millares, los factores y fenómenos climáticos coincidían casi plenamente con los actuales.

Almería ofrece el aspecto casi desértico que hoy tiene. A partir de aquí, según se avanza hacia el Oeste, se produce un cambio esencial en el paisaje, formas de relieve, vegetación, etc. al igual que en el clima (2).

A un paisaje y clima desértico sucede otro con las típicas formas de vegetación mediterránea, un aumento de régimen pluviométrico y unas características termométricas casi totalmente opuestas a las de Almería.

El territorio de ‘Ex es uno de los que registran, además, más horas de sol al año: Las heladas, por lo general, son fenómenos ajenos a la costa mediterránea. Prueba de ello ha sido el cultivo posterior de la caña de azúcar, teniendo en cuenta que esta planta se hiela y muere a temperaturas inferiores a más de 1ºC.

2 – ‘Ex, situación y límites.

La ubicación de ‘Ex no se ceñía a un casco urbano concreto, sino que comprendía una serie de centros consecutivos todos formando cierta unidad. Ofrecía el aspecto de un gran triángulo cuya base está formada por una cadena de localidades todas dependientes de un núcleo central: ‘Ex. Lo que en época romana, que es muy diferente de la fenicia, constituía la ciudad de ‘Ex, y tenía las siguientes coordenadas geográficas: 36º, 44′ de latitud Norte; 0′, 0’ de longitud Oeste.

Como se ha dicho más atrás, el agua del mar penetraba por el estero de Rio Verde hasta las cercanías del primer tramo de arcadas del acueducto romano en Venta Luciano, aunque las prospecciones hechas recientemente prueban que el brazo de mar se adentraba más aún, alcanzando los límites del actual municipio de Jete (Granada).

El segundo estero tenía menos profundidad. No obstante, su extensión era bastante notable como lo prueba la existencia de un puente romano situado a unos trescientos metros al interior de la actual playa de San Cristóbal. La sedimentación lo ha situado a una profundidad de dos metros. Su situación exacta está marcada en línea recta frente a la antigua Puerta de Vélez detrás del actual cinema Galiardo en la finca contigua sirviendo de unión entre la calzada romana procedente de Murgi y la de Malaka. El resto de la zona costera es rocosa y acantilada con varias playas y numerosas calas.

Foto 39 Materiales procedentes de la destrucción (con pala mecánica) del puente romano que unía Sexi con la vía romana de la costa. Ese puente, o lo que podría quedar ya de él, se encuentra a unos dos metros de profundidad, a pesar de esa destrucción.

3 – Factores del medio físico:

Clima

Entre los 36 y 37 grados de latitud norte y entre los 2 y 55 de latitud oeste, se extiende la amplia faja de la Península Ibérica que comprende la fachada litoral de las provincias de Almería, Granada, Málaga y parte de Cádiz, Se trata de una zona incluida en los climas templado-cálidos en las costas occidentales.

Climáticamente ‘Ex se encuentra definida por benignidad de sus temperaturas, en parte consecuencia de las tibias aguas del Mediterráneo y por la escasez de sus precipitaciones.

Su orientación hacia el Sur favorece la llegada de los vientos cálidos del continente africano; mientras que, por otra parte, su especial configuración topográfica, al estar resguardada por una serie continua de montañas próximas a la costa, dificulta la llegada de los vientos fríos de la meseta y los húmedos del Atlántico.

‘Ex es una tesela climática: uno de los enclaves donde se manifiesta con más fuerza la complejidad de la orla costera suboccidental de la Península Ibérica.

En su paisaje se hace presente la flora homogénea del Mediterráneo, con los típicos pinos, pitas, chumberas, retamas, aulagas…

Toda la costa de la Bética está bajo la influencia determinante de los climas de toda la Península (3). Pero es evidente que el Mediterráneo desempeña una misión reguladora más decisiva en esta franja costera que en el resto peninsular.

Este mar, con una temperatura aproximada de 12ºC, controla la suavidad de los inviernos en el sector sur-occidental de Iberia. Esta masa de agua cálida y sus dimensiones inferiores a las atlánticas, influye sobre todo en un menor recorrido de los vientos sobre ella teniendo como efecto un menor transporte de humedad. Las depresiones mediterráneas dejan sentir también su influencia sobre estas costas, al igual que las depresiones oceánicas.

Los vientos más frecuentes de esta costa son el Poniente y el Levante, siguiéndole con menor influencia, los del Este, Noroeste, Sureste.

Tanto los vientos levantinos como los procedentes de África son los determinantes de las elevadas temperaturas medias, debido a que son más cálidos y su punto de saturación más elevado.

Tan importante es el papel desempeñado por el relieve en la climatología costera del Sur que, una mole de 3.479 metros de altura, como la de Sierra Nevada, evita la llegada de los vientos húmedos procedentes del Atlántico, con la consiguiente influencia sobre el nivel general de precipitaciones de la costa.

A esto se suma, además, el aislamiento de ‘Ex, al encontrarse encajonada por una cadena de montañas que la separan del resto de los territorios del interior de la provincia.

Foto 40. Cadena montañosa que sirve de protección de las corrientes de vientos del norte.

Este sistema de montañas, con alturas superiores a los 1300 metros, y su proximidad a la costa, determinan que los vientos atlánticos, disminuidos por el sistema Penibético, lleguen a la costa sin humedad y, por supuesto, sin tocar de lleno la superficie, ya que, como se ha dicho, la cadena costera frena y sirve de escudo a los esteros de la costa.

Esta barrera contribuye a suavizar la acción de los vientos, ya sean desecantes como el «Siroco» (Argelia y Túnez), «Chergui» (Marruecos), «Khansim» (Israel), ya sean huracanados, ya cargados de humedad y salinidad.

4 Elementos climáticos

Temperaturas: La temperatura media oscila entre los 17 y 17,5ºC, por lo que corresponde a un clima mediterráneo litoral de tipo intermedio entre los de Levante y los de Sureste.

El invierno es muy suave. La temperatura media del mes más frío (Enero), de 12,1ºC, es muy inferior a las de las ciudades orientales y sólo comparable a las de Gadir y Malaka, con 12ºC y 12,2ºC respectivamente.

Con temperatura mínima absoluta en Enero de unos 3ºC y siempre con temperaturas superiores a los 0ºC, es una región prácticamente libre de heladas que en ocasiones aparecen en las Baleares y de nieves, pese a la elevada latitud a que se encuentra.

Los veranos son igualmente benignos, con temperaturas moderadas que oscilan entre los 24ªC y 25ºC en el mes de Agosto.

La oscilación térmica es bastante pequeña, al igual que la existente entre el día y la noche.

Es, en definitiva, desde un punto de vista termométrico y aún contando con las diferencias más o menos acentuadas entre los diferentes valles que se desencadenan desde la Herradura (Almuñécar), al Oeste, hasta el cabo Sacratif, al Este, un clima de inviernos muy suaves y veranos no muy calurosos, que pueden definirse como subtropical.

Precipitaciones: La lluvia anual media asciende a 482 mm. Puede por ello incluirse en los llamados de «estación seca».

Régimen de lluvias: La mayor sequía se registra en la época estival. Las máximas lluvias se dan a finales de Otoño e Invierno, con predominio de este último, debido esencialmente a la acción del llamad pseudo-frente mediterráneo, frente formado al ponerse en contacto su aire cálido con el frío del interior de la Península.

Es un clima seco aunque no en exceso, como puede observarse en el índice termopluviométrico anual.

En la época fundacional de ‘Ex las precipitaciones debieron ser más abundantes que las actuales. Ello se deduce de las condiciones de la flora, mucho más abundante, en aquellas fechas.

La formación de las dos actuales vegas de Almuñécar se debieron fundamentalmente al gran movimiento de tierras producido por la deforestación llevada a cabo por los árabes y sobre todo en la época de la Reconquista. Ello provocó un fuerte arrastre de las tierras movidas, dando lugar a la aparición de las fértiles tierras de Almuñécar.

CAPÍTULO II

ESQUEMA DE ‘EX EN ÉPOCA PÚNICO-ROMANA

Almuñécar, nombre cuya etimología aún no se ha esclarecido, vacila en su ambigüedad semántica.

En su origen, se identifica con varias culturas, entre las que se hallan principalmente la griega y la fenicia, sin dejar de excluir una posible participación egipcia que, hipotéticamente, se expondrá más adelante.

Es probable la identificación de ‘Ex o mejor, de Almuñécar, con la colonia focense Mainaia, en contra de la tesis mantenida y defendida por Adolf Schulten que llama con otro nombre a esta ciudad y la sitúa además en las cercanías de Torre del Mar (Málaga).

El nombre samech-kaph-samech. helenizado ‘Ex, es de origen fenicio, que fue transcrito al griego por los autores de los periplos marinos. No existe acuerdo ni entre los griegos ni entre los latinos: los griegos la llaman ‘Ex o Sixos, y los romanos dieron más de cinco variantes en su transcripción al latín. El mismo problema semántico se planteó con el antiguo nombre de Almuñécar, apareciendo variantes como: Mainaia, Mainake, Mainoba y Mainóbora.

Estudios posteriores realizados sobre las inscripciones monetarias autóctonas de Almuñécar, podían aclarar un poco el enigma lingüístico griego y paleopúnico de una colonia fenicia tan concreta como ‘Ex.

Se está realizando su estudio y desciframiento en colaboración con los centros arqueológicos más y mejor informados de la cultura fenicia, como son el Museo arqueológico Nacional de Carthago, en Túnez y el Museo Arqueológico de Palermo (Italia).

La ciudad de ‘Ex, según las hipotéticas interpretaciones de autores modernos, tiene un origen que se remonta al siglo VIII a. de C. Los hallazgos arqueológicos abonaban hasta ahora dicha tesis sirviéndole de testimonio las cerámicas fenicias (en su mayoría) y griegas, de la necrópolis Púnica del Cerro de San Cristóbal (4). Pero recientemente ha hecho su aparición una pieza de gran valor histórico-cultural que, más que aclarar sus orígenes, complica aún más las verdaderas etnias de su fundación.

Es de lamentar el no haberse conservado o no saber nada acerca del ajuar secundario y ubicación del hallazgo. No se sabe si esta nueva pieza llegó en la fecha a la que pertenece el faraón al que se refiere su leyenda.

Se trata de un ánfora de mármol gris veteado perteneciente al faraón AA.OUSER-RA APOPI III perteneciente a la tercera dinastía de los faraones hicsos en Egipto.

La fecha de datación ha sido realizada por dos especialistas de la arqueología egipcia. Jean Leclant del Collège de France, fecha la pieza en 1580 a. de C., y Presedo, de la universidad de Sevilla, en 1650. Padró y Parcerisa sitúa la cronología en el siglo XVII-XVI a. C., aunque no queda muy claro, a la vez que había que especificar si se trata de Apofis I y III, hecho que está en entredicho. Las opiniones y las cronologías hay que resolverlas con el contexto histórico de cada faraón. Es decir, se trata aproximadamente de los siglos XVIII y XVI respectivamente a. de C.

Es lógico pensar que, dado que no se dispone de más piezas adicionales que corroboren la antigüedad absoluta de llegada de este documento a estas tierras, puede pensarse que fueran transportadas hacia estas costas en las fechas que las de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal. Pero no se puede descartar un detalle significativo: Si el faraón Apophis III, al que pertenece dicha ánfora, fue rey del Alto y Bajo Egipto, de Siria y de Palestina, se puede inducir por ello que tenga alguna relación con la colonia donde esta pieza ha sido encontrada. Los sirios, antiguos fenicios, fueron los mejores navegantes de la antigüedad y además, este faraón fue su rey. El faraón fue rey de los sirios y éstos tenían conexión con las colonias occidentales como ‘Ex, y por ello, se abre una posibilidad de explicación de que se llevara a cabo una expedición hasta ‘Ex por parte de tal rey egipcio. Pero esto es mera hipótesis.

Foto 41. Ánfora de Aauserra Apopi III.

Es un vaso canopo, o sea para usarse como funerario. De la tapadera no se supo nada. Sus inscripciones se muestran a continuación. La traducción de la inscripción de la boca es así: «El dios bueno, señor del Doble País, cuyo poder alcanza victorias totales/, que no hay país exento de rendirle servicio/ el Rey del Alto y Bajo Egipto/ el hijo de Re/ dotado de vida, y la hermana real Chenudyet /que sea dotada de vida». (Traducción de Padró i Parcerisa, y de Leclant).

Foto 42. Leyenda de la boca del ánfora (1).

Foto 43. Leyenda de la boca del vaso (2).

Foto 44. Boca del vaso: parte de la leyenda (3).

Foto 45. Boca del vaso: parte de la leyenda (4).

.Foto 46. Boca del vaso: parte de la leyenda (6). Foto

47. Boca del vaso: parte de leyenda (6)

Foto 48. Parte superior de vaso, cerca de la boca: cartela rectangular y tres registros, dos paralelos en sentido vertical y un tercero rectangular al fondo.

La interpretación es la siguiente: el primero se refiere al propio Aauser-ra («dios bueno»); el segundo: alusión al dios Re como padre del anterior; el tercero alude a la hermana (Charnudyet). Estas interpretaciones son de los profesores Padró y Leclant. La interpretación de éste ultimo se realizo en el momento en que tuvo el ánfora en sus manos.

Otro rasgo muy importante a tener en cuanta es la localización del hallazgo. Sus propietarios no recuerdan el lugar exacto donde apareció. Saben que fue en el interior del territorio de Almuñécar, en zona montañosa provista de agua, a unos seis kilómetros al interior (Pago de Guerra), pero ignoran si fue en la excavación de los cimientos de un cortijo o a consecuencia del movimiento de tierra causado por el arado. Tienen noticias de su existencia desde hace aproximadamente unos cincuenta años. Los que la hallaron ya no existen.

Nota. No es fiable su información por miedo a expropiación de terreno. Esto nos hubiera conducido evidentemente hasta el yacimiento que, sin duda, lo calificarían de más categoría histórica que la necrópolis del Cerro de San Cristóbal. Si realmente hubieran encontrado esta pieza sin saber o sospechar que podía ser importante, no se entiende por qué guardaron los trozos en que quedó cuando la hallaron. Tan sólo habrían utilizado la parte más útil para para dar de comer a los animales -como decían-. Pero guardaron todos los trozos porque sospechaban que podría ser algo importante, sin duda.

Por todo ello y volviendo a lo anterior, si fenicios y egipcios-hicsos tenían un mismo rey, no sería muy difícil explicar la llegada de esta pieza a la localidad de ‘Ex. No cabe duda de que esta pieza forma parte de un yacimiento completo, cuya ubicación precisa se ignora según lo dicho antes.

Las diferencias entre este ejemplar y las piezas de la necrópolis tanto de las del Cerro de San Cristóbal como las de la Colina de la Cruz, son muy considerables, por no decir totalmente diferentes. Ello se da no sólo en la forma, sino, sobre todo, en la clase de material en que ha sido tallada: mármol gris-verdoso con veteado negro salpicado pero compacto formando óvalos concéntricos. Su dureza se aproxima a la cifra 5 en la escala de Mohs; mientras que las piezas egipcias de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal son de alabastro, de dureza muy inferior (2 de dureza).

En Principio no debe identificarse el nombre fenicio ‘Ex con el romano Sex. Aunque etimológicamente son iguales, son distintos en su aplicación. Sex era de población mayoritariamente romana, y ‘Ex era fenicia. Su ubicación era también igual, aunque situada a poca distancia. El principio de Sex estuvo constituido por una población étnicamente fenicia. Se sabe por Tito Livio que fue una ciudad confederada y que, incluso, llegó a levantarse en armas contra los romanos causa de los abusos cometidos por éstos, juntamente con otras ciudades costeras que se encontraban con las mismas relaciones políticas en ámbito del dominio de Roma. Por ello se deduce que, en origen, la población, aunque se sometió a Roma política y lingüísticamente, como lo prueban sus monedas, la formaban gente de etnia no romana, sino fenicia.

La riqueza de esta comarca, al igual que las demás poblaciones costeras, consistía en una gran explotación de sus posibilidades marinas: la pesca y sus derivados como la salazón y el garum en sus diferentes preparados, y los escabeches.

Tan grande fue la importancia que la pesca tuvo en los medios de vida de esta ciudad, como otras muchas, que el atún pasó a formar parte de los grabados de sus monedas como emblema distintivo y representativo de pueblo costero.

Foto 49. Moneda autóctona de ‘Ex con dos atunes como símbolo del principal medio de vida de la ciudad.

En anverso se muestra a Hércules-Melkart con cabeza cubierta con piel de león. En reverso: dos atunes. Leyenda partida con el nombre de la localidad. En el centro se muestra creciente lunar a derecha, y disco colar, a izquierda, y otro signo como alef,.

‘Ex acuñó su propia moneda, como Gadir y otras ciudades costeras. En efecto, se han hallado ejemplares con leyendas paleopúnicas que han sido estudiadas. En yacimientos contiguos han aparecido piezas que muestran la misma efigie del dios Hércule Melkart.

Foto 50. Obsérvese la lectura de esta moneda con el nombre de SEXS. El latín desplaza al la lengua semita. Su cronología sitúa ya en el s. I d. C.

Este hecho evidencia que los romanos permitieron, en estas primeras fechas, a ciudades confederas, la acuñación tradicional de sus monedas, pero imponiéndoles la obligación de usar la lengua latina o lo más probable: El uso del latín que se impuso por inercia, ya que el fenicio quedaba aislado a consecuencia de que, en realidad, el fenicio se abandona por desuso. Este rasgo pone de relieve sobradamente que los fenicios acuñaban sus propias monedas con anterioridad a los romanos, pero, posteriormente, y, a consecuencia de las condiciones que los romanos les impusieron a partir del año 206 a. de C., tras la derrota cartaginesa en Ilipa, continuaron apareciendo acuñaciones siguiendo, en realidad, los tipos más romanos que fenicio-cartagineses.

Resulta un tanto extraño que no queden más restos urbanos que los hallados en la Colina de la Cruz, y no aparezcan restos de murallas que evidencien la existencia de una ciudad, como ocurre en Torre del Mar. No obstante, dando crédito a la tesis de García Bellido, los paleopúnicos levantaban sus tiendas de materiales poco resistentes y al estilo de tiendas de tipo árabe. Por ello, tal vez, no quede ninguna estructura tipo muralla en estas zonas, y a pesar de las figuras halladas, como los leones, exigen la presencia de materiales más resistentes. No se va a tallar una figura de león para colocarlo delante de una tienda de «campaña», pero sí como testimonio de la existencia de una tumba importante. Los restos de la ciudad fenicia se han querido buscar en el casco urbano actual, cosa totalmente improbable, ya que los únicos restos que testifican el asentamiento de una ciudad o tiendas temporeras, se encuentran sobre las tres colinas que pueden observarse en el primer plano se la siguiente fotografía. Y un hecho relevante es la aparición de ejemplares de monedas en lo que se considera como elemento de superficie donde está asentada la necrópolis de Puente del Noi. No son monedas del ajuar de las tumbas, sino de superficie, lo que se puede interpretar como un espacio donde la gente se movía como si se tratara de un paso de gentes. Por ello se piensa que el tipo de casa que expone García Bellido es totalmente valido para explicar esta situación.

Tumbas del tipo de las de Trayamar y las halladas en la desembocadura del río Vélez, subyacen en las crestas de estas colinas.

Los ejemplares numismáticos, en su casi totalidad, han aparecido en la primera colina. Y téngase en cuenta que la necrópolis de Puente del Noi también fue usada por los romanos. El sector C de la zona dio pruebas de ello con la aparición de elementos de incineración.

Rasgo inequívoco del asentamiento urbanístico es la concentración masiva de todas las necrópolis fenicias sobre estas tres colinas, aunque esporádicamente se dé el caso de las tumbas de galería en el solar ocupado por la iglesia parroquial.

Foto 51. En esta fotografía se puede observar, de izquierda a derecha, una de las colinas que forman el territorio que ocuparon los fenicios a su llegada y establecimiento en esta zona, colina del I.N.B de Almuñécar.

Si se tiene en cuenta que la ciudades púnicas tenían sus necrópolis en sus proximidades, no cabe duda de que la ciudad de ‘Ex estaba encuadrada en estos mismos parajes, como lo prueba la aparición de las monedas, las figuras de los leones, los restos urbanísticos en piedra tallada y sobre todo, las necrópolis que, hasta el momento son tres.

Como se ha dicho anteriormente. el nombre fenicio de la ciudad ‘Ex, en época romana se latinizó dando Sex que, debido a influencias o deformaciones fonéticas, dio las siguientes variantes: Sexi, Sexifirmum o variantes como Saxum, Saxetanum (Marcial). Si se tiene en cuenta la variante Sixos, se piensa en una forma fonética aberrante, o en una transcripción al griego de una forma latina como Sexi. Un rasgo muy de tener en cuenta es la aparición, en una de las monedas, el nombre latino Sexs, hecho que muestra la autenticidad de la forma dada por los historiógrafos.

Perteneciente a época de dominio romano han aparecido numerosos ejemplares numismáticos, pero en su mayoría del Imperio.

Hay que admitir, dentro de una cierta lógica, que, durante el período republicano romano, la amonedación se realiza siguiendo el modelo utilizado por los fenicios en fechas anteriores. Además, según se desprende de algunos ejemplares hallados recientemente, parecer ser que se acuñaron monedas con caracteres y símbolos ibéricos, pero utilizando lecturas latinas.

Todo ello confirma la tesis de la categoría político-comercial ejercida por ‘Ex en el marco histórico de la civilización tartésica.

De época imperial, los materiales hallados en los cortes estratigráficos realizados por Sotomayor, llegan hasta el siglo IV de C. (5).

1 – Pueblos prehistóricos del Sur peninsular.

Cuando la cultura de la economía productora de alimentos en su elaboración histórica, una vez sobrevenida la revolución agrícola, hizo su aparición en nuestra prehistoria, unos núcleos y colonias se sitúan en el Sur y Sureste de la Península durante todo el tercer milenio. Los centroeuropeos pasan los Pirineos y se asientan en la Península.

Según Martínez Santaolalla (6), el tipo de hombre paleomediterráneo es calificado como neolítico antiguo, mientras que Almagro Basch lo denomina neolítico hispano I, variedad del dolicocéfalo del Mediterráneo (7).

De esta cultura primitiva hay restos en ‘Ex. Las poblaciones se encuentran en los alrededores formando comunidades aisladas. Tenemos testimonios de ellos por los restos encontrados en cuevas próximas a esta localidad: Monte de Velilla, Punta de Mona, Cerro Gordo, cuevas de Jete, Otívar y Lentejí.

En las cuevas de Jete se realizaron exploraciones que dieron como resultado la aparición de abundante cerámica correspondiente al Bronce I. Lo más asombroso de la excavación, realizada por un equipo que encabezaba Don Miguel Botella, fue el hallazgo de un esqueleto humano en el que se pudo observar que la cavidad medular de los huesos largos era tan reducida que, a todas luces, aparecía como un fenómeno patológico dentro del tipo normo-humano. Estos restos se encuentran en el Departamento de Antropología de la Facultad de Medicina de Granada.

Los restos de cerámica más abundantes y más típicos se encuentran en la localidad de Otívar. Es una cerámica hecha a mano y cocida al fuego.

Foto 52. Cerámica ibérica no torneada y cocida al fuego.

Foto 53. Restos de cerámica neolítica de Lentegí.

Autores como Sergi consideran esta primera población como raza mediterránea euroafricana (8), y Fusté, como tipo mediterráneo robusto (9).

La estructura osteológica de esta raza era marcadamente de huesos fuertes, lo que puede estar de acuerdo con los restos humanos aparecidos en Jete (10).

El esqueleto humano de Jete fue hallado en posición fetal acompañado de restos de cerámica perteneciente al Bronce.

Los huesos largos presentan unas características que casi coinciden con el tipo fenicio. Los humerales y femorales presentan, como se ha dicho, una cavidad o conducto medular anatómicamente patológico, si se tiene en cuenta el desarrollo normal de un tipo como el romano o fenicio del siglo X a. de C.

A simple vista parece una enfermedad ósea, pero resulta imposible admitir que, si fuera tal, llegaría a un estado adulto con una pobreza medular de tal proporción.

En cuanto a la cavidad craneana, el tipo mediterráneo presenta una forma tosca en su bóveda, con una dolicocefalia más pronunciada.

Al acercarse el II milenio a. de C., empieza a notarse en la Península la presencia de gentes proto-indo-europeas de procedencia continental y que parecen confirmar no sólo indicios toponímicos conservados en el viejo sustrato lingüístico, y también en aquellos suministrados por la investigación arqueológica, constituida por muy diverso material. Si se admite este temprano advenimiento, llegaría desde Europa central a través del Istmo pirenaico.

Según las investigaciones paletnológicas y arqueológicas se clasifican como afines a los ligures, ilirios etc…

Lo que en definitiva podemos admitir es una penetración de ciertos elementos transpirenaicos proto-ario-europeos que preludian no sólo las sociedades migratorias protohistóricas en el alba de la historia hispana, sino posiblemente también las «transculturaciones» (11) de origen centroeuropeo y mediterráneo que imponen nuevos usos y costumbres sobre las poblaciones autóctonas o miscegenizadas, de las que surgirán los iberos históricos que tantas interrogantes plantean al estudiar las bases étnicas de la población hispana y que quizás son fruto de una serie de migraciones mediterráneas que, con la de sardos y tirsenos, gravitarían por vía marítima hacia Occidente.

Las poblaciones de tipo fenicio y griego, al hacer su aparición sobre estas costas, comienzan sus descripciones haciendo notar la presencia de razas como la ibérica y la céltica, Si se considera que los autores de los periplos califican el territorio descubierto, las costas, con poca penetración hacia el interior, como territorio poblado por «iberes»; no obstante, al descubrir la etnología de las razas hispanas, van haciéndonos ver la presencia de tipos humanos como los «keltoi», cuya penetración tuvo lugar por las mismas vías que las sociedades migratorias.

La presencia céltica en el Sur está patente no sólo por las concordancias etnológicas, sino también por su cultura, como ha demostrado adecuadamente la arqueología.

Este sustrato humano y cultural étnico del II milenio a. de C. es heredado por los pueblos que abren los umbrales de la étnica hispana a la Historia, y de la que dan testimonio, aproximadamente, diez siglos después, las exploraciones realizadas por los aventureros y comerciantes griegos y fenicios.

Las culturas del Bronce y del Hierro son patentes en el Sur y principalmente en las costas. En el territorio de ‘Ex se da tanto el asentamiento argárico (casi inédito) en distintos puntos, como la cultura del Bronce y el Hierro en general. No hay que olvidar que las costas son los puntos de contactos más asequibles para la importación de una nueva cultura.

El Hierro ha aparecido en ‘Ex tanto en la necrópolis del Cerro de San Cristóbal como en otras descubiertas posteriormente, pero en todo ceñido a lo que llamamos cultura tartesia (12).

Si se considera que el yacimiento del Cerro de San Cristóbal pertenece al primer tercio del siglo VII a. de C., según datación de las piezas allí encontradas, es fácil suponer que tal necrópolis no pueda señalar el punto de partica de una fundación como ‘Ex. Por tanto, remontar uno o tres siglos atrás la llegada del Hierro a esta localidad, no resulta muy aventurado, ya que posteriores hallazgos de yacimientos testimonian la llegada a estos parajes, de oleadas sucesivas de culturas orientales.

Las nuevas necrópolis descubiertas han manifestado con sus ajuares funerarios una antigüedad un tanto más acusada que la ofrecida por el material secundario del Cerro de San Cristóbal.

La aparición de lucernas monocórnicas, que Cintas (13) sitúa en el siglo VIII a. de C. hace retroceder la llagada de la cultura oriental a estas tierras en más de un siglo aproximadamente, en contra de lo que, hasta ahora, han afirmado algunos arqueólogos.

Si tomamos en consideración la fecha aportada por el ánfora egipcia -vaso canopo- descubierta últimamente, la hipótesis sobre una anticipación en la Historia de España de ‘Ex sobre las demás comunidades costeras, podría ser convertida en tesis el día en que sea identificado el lugar de su aparición y se excave la necrópolis a que pertenece.

Foto 54. Ánfora egipcia perteneciente al faraón Apophis III de la última dinastía de los hicsos.

Tumba 55. Ánforas de alabastro y alabastrones de la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal. Almuñécar. Piezas del Museo Arqueológico Nacional de Madrid.

Foto 56. Alabastro fenicio del Museo Nacional de Túnez. Bardo, Túnez Difieren de los de Almuñécar en la decoración.

Foto 57. Ánfora de alabastro fenicia del Museo Bardo. Túnez.

Foto 58. Vasija de alabastro del Museo Bardo. Túnez.

CAPÍTULO III

‘EX EN LA HISTOROGRAFÍA ANTIGUA

Es Estrabón quien cita a Homero como el primer autor que dio noticias sobre Iberia (14). La base de tal afirmación la da el historiador justificándola por la necesidad humana de buscar otros sitios aptos para la subsistencia.

La llegada bélica de los dorios al ámbito griego era motivo más que suficiente para emprender un exilio en busca de otras tierras por temor a perder sus bienes.

Dentro del medio mítico de las Heráclidas subyace un fondo de verdad: la invasión doria, por tierra y por mar, forzó una situación extrema que provocó la emigración: unos hacia Oriente, otros a las costas occidentales y, entre cuyos parajes, Iberia ocupó un destacado papel debido a la divulgación de su inexplorada riqueza. (15).

Estrabón afirma que, basado en el testimonio de Posidonio, Artemidoro y Asclepiades de Myrlea (16), no sólo llegó a las costas de Italia, sino también a los últimos confines de Iberia. Como vestigios de su presencia en estas costas, cita la existencia de una ciudad, Odysea (supuesta Ugijar), con su templo de Minerva, donde se hallaban aún los restos de su probable nave. Hay datos de época antigua en la ciudad de Ujíjar que aún no se han estudiado oficialmente.

Modernamente, un trabajo de divulgación publicado por Gilbert Pillot (17) expone, con gran probabilidad, la llegada de los griegos al Atlántico y a algunos puntos muy concretos. Se puede afirmar, con poco margen de error, que la Odysea, en su enmarañada mitología, es una carta de navegación planificada por los griegos con propósitos coloniales y fundamentalmente económicos, como descubrir la ruta de los metales y, sobre todo, del estaño (Cassiterides).

El griego supo mantener bien en secreto este itinerario. De suyo, eran los templos con sus sacerdotes quienes guardaban y manejaban estos documentos. Cada vez que se planificaba una nueva fundación colonial, era un sacerdote quien, por lo menos, iba al frente de ella. El pueblo no tenía acceso a tales documentos.

Si tenemos en cuenta que la Odysea fue redactada sobre el siglo VIII a. de C., y que su contenido es en realidad una ruta comercial, hay que admitir que los episodios citados son necesariamente anteriores a su aparición escrita. Para fraguar una carta de navegación de tal índole, se precisa un período que puede calcularse en varias decenas de años, teniendo en cuenta los medios técnicos de que disponía la navegación en aquellas fechas y las condiciones a las que se veía sometida una expedición naval.

En consecuencia, o hay que situar la expedición de la Odysea dos siglos después de las fechas defendidas por los filólogos modernos, es decir, después del siglo VIII, o habrá que admitir la presencia griega en las costas de Iberia con bastante prioridad a la fecha atribuida a su aparición escrita, cosa que, con cierto optimismo científico, puede afirmarse.

En cuanto a los nombres de los héroes que en ella se citan, cabe la libertad de admitir un poco de imaginación griega para encubrir precisamente la realidad del contenido intrínseco del periplo. La credibilidad de los descubrimientos de los griegos estaba ya en entredicho cuando se citaba el episodio de la destrucción de la mítica Troya [«Timeo Danaos et dona ferentes» (Hay que temer a los griegos incluso cuando hacen regalos)]. El representante real de esta enorme empresa marítima no es un ser determinado sino «el conjunto de un pueblo audaz y arriesgado», en opinión de Maluquer. Ulises, según Alemany (18), representa a todos los viajeros de la antigüedad.

Posteriormente, cuando se inicie la emigración focense, desaparecerán los rapsodos y serás los propios aventureros quienes nos narren las vicisitudes y aventuras de sus viajes.

Es de lamentar la pérdida de más amplia bibliografía que ciertamente debió existir, como lo prueba el hecho de que algunos autores sean conocidos sólo por sus nombres.

En la Odysea se cita a España con el nombre de Sicania (19). Autores que hacen referencia directa o indirecta e ‘Ex. Estrabón (72) aludiendo a Homero habla sobre la llegada de Ulises a las costas ibéricas. Cita la ciudad de Odysea y los vestigios que el héroe dejó en el templo de Minerva. Autores modernos opinan, entre ellos Alemany (73), que no se trata de un hecho aislado encabezado por un héroe concreto, sino más bien de la empresa emprendida por un pueblo que se esconde tras la máscara mitológica de un personaje típicamente representativo del carácter griego: Ulises.

1.- Hecateo de Mileto (495 a. de J. C.).

Se sabe de él que fue un viajero infatigable y que trató de escribir únicamente aquello que fuera verdad. Concreta el significado de verdad (alézeia), dado que los logos (logoi) de sus contemporáneos estaban (según su opinión), llenos de mentiras y fábulas ridículas (20).

Sus viajes tuvieron lugar en la última década del siglo VI a. de C., entre las Olimpíadas 66 y 69.

Su obra geográfica, Periégesis, fue considerada modelo durante varios siglos. Los parajes de España por él descritos llegan hasta el Estrecho de Gibraltar (Columnas de Hércules) (21).

Esteban de Bizancio conserva lo que de él queda en su léxico (22): cinco nombres de gentes, cinco naciones, once nombres de ciudades, dos de ríos y dos de islas.

Entre estas citas pertenecientes a la región del Sur de España: «Mastienoi», nación hacia las Columnas de Hércules, que pueden identificarse con la ciudad de Mastia. Los nombre de las ciudades son: Syalos, Mainóbora, Sixos y Molybdana.

Esta es, pues, la primera mención que poseemos sobre ‘Ex, pero un tanto modificada fonéticamente: Sixos. Ello, en consecuencia, nos lleva a hacer algunas anotaciones al respecto. Esteban de Bizancio es un autor bastante posterior y, probablemente, se viera influenciado por la terminología toponímica usada en su época.

En primer lugar cabe observar las distintas formas fonéticas que ofrece el nombre de una ciudad que, en principio, debió ser única y, posteriormente, dio algunas variantes sobre unas formas comunes. Así podemos ver en las lecturas monetarias de época romana Sexi y Sexs. Admitir que los autores escribieran una u otra forma parece un tanto arbitrario y que se preste a atribuirle un desconocimiento del nombre exacto. Pero lo que elimina toda duda es el haber encontrado la lectura con las variantes en monedas.

Referente a una posible identificación de Almuñécar con Mainake, los autores han dado los siguiente topónimos: Mainaia, Mainake, Mainoba y Mainobora. De estas cuatro formas tan sólo dos ofrecen nombre griego puro: Mainaia y Mainake. Las otras dos formas han sufrido la influencia de la sufijación aborigen ibérica.

Según la filología, el término Mainaia tiene prioridad sobre los otros debido a que muestra una raíz con sufijo derivativo -ia-,considerado anterior al sufijo -ke.

En cuanto a las otras dos variantes toponímicas, no cabe duda de que nacieron con bastante posterioridad: Mainoba y Mainóbora tienen sufijo ibérico: -oba, -obora tienen estrecha relación con Osson-oba, Cord-uba. De ello se desprende que no fueron los griegos quienes produjeron dicho cambio fonético, sino la población aborigen. El contenido semántico de los términos Mainaia y Mainake está relacionado con la forma griega «mainis-idos», cuyo significado es salazón, arenque, y, en general todo lo relacionado con los productos derivados del pescado.

Hoy día cabe ya, con cierta garantía de verosimilitud, admitir por lo menos, la existencia de tres ciudades diferentes en el espacio y en el tiempo: la primitiva Mainaia, destruida a consecuencia de la batalla naval de Alalia; Mainake, probablemente identificable con los recientes descubrimientos realizados junto a la desembocadura del río Vélez (Algarrobo, Málaga); ha podido ser esta última al ser modificado el nombre por los aborígenes; Mainóbora, por el mismo motivo señalado antes, puede considerarse otra variante fonética, mientras la arqueología no dé mayores pruebas de seguridad. Con un cierto margen de probabilidades, los descubrimientos de Trayamar, en Algarrobo, pueden aclarar en un futuro no muy lejano la identidad de las dos últimas variantes.

Con relación al nombre de Sixos, no cabe duda de que Esteban de Bizancio sufrió la influencia de otros autores, o más bien es una helenización, en período de la koiné lingüística, del término latino Sexi.

Si se observa el término dado por los autores latinos, se nota que se diluye en múltiples variantes: Éx, Sex, Sexi, Sexsi, Aex, Exitanum, Sexitanum, Saxetanum, etc. Probablemente el término Sexs influiría en los autores griegos de época romana para crear la forma Sixos. Hecateo (en Esteban de Bizancio) destaca en esta zona sur la existencia de la ciudad de Mastia por la que los habitantes reciben el nombre de mastienos (74), nación hacia las Columnas de Hércules.

2.- Herodoto de Heraclea (484 a. de J. C.).

Es contemporáneo de Hecateo. Carecía de espíritu crítico. En su libro IV habla sobe los conocimientos que los griegos focenses sobre las costas de Iberia. Dice que los griegos fueron los primeros en descubrir Tartessos donde reinaba Argantonio. Las citas que de él nos quedan referentes a las costas del Sur nos hablan de los iberos que vivían en ellas. Sitúa, de Occidente a Oriente, las tribus de los Kynetes, Gletes. Tartesios, Elbysinios, Mastienos y Calpianos (23). La población aborigen de Éx estuvo formada por las tribus de los mastienos (75). Según la tradición, los griegos del siglo V, en general, no tenían una idea clara sobre la existencia de otros lugares más lejanos que Iberia. Gades y Tartessos constituían el confín de la Tierra.

Se conoce en esta época a Iberia como la región comprendida al Este de España, es decir: el territorio del Ebro. Los focenses, como se ha dicho, visitaron Tartessos y recibieron invitación de su rey Argantonio para establecerse en su territorio, pero ellos no aceptaron.

Heródoto nos menciona la llegada de una nave de Samos a estos confines, impulsada por un temporal imprevisto. Este hecho puede interpretarse de forma semejante al sistema de navegación de Ulises hacia Occidente.

Cada vez que los griegos consiguen un nuevo hallazgo suelen atribuirlo a casualidades imprevistas. Tal vez con ello intentaron provocar el recelo contra lo inesperado en los demás pueblos marineros como los fenicios, por ejemplo.

En cuanto a la situación de Tartessos, Heródoto coincide con la interpretación moderna que sobre ella se da, situándola más allá de las Columnas de Hércules, en el Atlántico.

3.- Éforo de Cumas.

Este autor, de mediados del siglo cuarto, hace una descripción de los habitantes de la Tierra.

Sitúa esta zona en el Oeste a los Keltas (24), unificando la población sin distinción. Estrabón le rebate esta afirmación y le demuestra su ignorancia en lo que describe.

Según las noticias de este geógrafo, los griego dan a entender que las costas de Iberia eran sólo conocidas hasta el extremo suroccidental (76).

4.- Escilax de Caryanda (s. IV).

Su obra es un periplo no anterior al 338 a. de C. Dada la existencia de varios personajes llamados por el mismo nombre y, una vez hecha la relación y elección del autor más autorizado, se tomó el texto más verídico.

Entre las citas referidas al Sur, dice: «… fuera de las Columnas de Hércules hay muchos emporios de los cartagineses, bancos de arena, esteros y piélago». Es de notar que, incluso el copista de la obra, deforma tanto el original que, además, llega a confundir los términos, sin distinguir fenicios y cartagineses.

Afirma la posición de Éforo sobre el conocimiento de la costa ibérica hasta las Columnas. Es bastante probable que el verdadero Escylax, geógrafo, conociera el periplo de Hecateo, pero no se ha conservado nada directo de él. (77).

5.- Teopompo (380 a. de C.).

De él se conservan tan sólo tres citas. Y la segunda de ellas (25) está muy vinculada con ‘Ex. Se trata de una ciudad llamada Xera, cerca de las Columnas de Hércules.

Sus noticias las legaron Ateneo y Esteban de Bizancio (78). Ofrece un nombre que no registran los demás periplos. Se trata de la ciudad de Xera. Este término en griego significa «seca». La semejanza fonética y, sobre todo, semántica entre Xera y ‘Ex es muy afín a una identidad probable.

6.- Filisto (s. IV a. de C.).

Diodoro sículo conserva de él un fragmento en el que dice que los sicanos (26) primeros pobladores de Sicilia, procedían de Iberia. Timeo niega esta afirmación diciendo que son autóctonos.

7.- Eratóstenes (270 a. de C.).

Entre sus muchos datos y obras figura su trabajo como geógrafo. Se fundamenta en los tratados de navegación de Pytheas. De su confusa obra sólo se ha podido aprovechar aquello en lo que coincide con la mayoría de los geógrafos.

8.- Polibio (205 a. de C.).

Si se tiene en cuenta su criterio como autor, es de notar que trata de imponerlo. En esta tarea sólo le superó Tucídides.

Entre los datos geográficos aportados figuran los siguientes: ubicación de los celtas desde la Narbonense hasta el Océano. La zona costera hasta las Columnas de Hércules se denomina Iberia. Todo este territorio estaba ya sometido al dominio cartaginés, que finalizó con los primeros triunfos de los romanos sobre los mismos, a propósito de la Segunda Guerra Púnica (27). Iberia en tiempos de Polibio comprendía desde los Pirineos hasta la columnas de Hércules. Afirma que, antes de la llegada de los Romanos, toda la costa sur estaba bajo dominio cartaginés (79).

9.- Posidonio (135 a. de J. C.).

De él se sabe que recorrió la costa mediterránea y parte del Atlántico. Se detuvo en aquellos lugares para los que necesitaba información histórica.

10.- Artemidoro de Éfeso (104 a. de J. C.).

Visitó nuestra península. Su opinión sobre la forma de barca atribuida al Sacro Promontorio puede coincidir tanto con la comúnmente aludida como la que entonces ofrecía el aspecto general del islote que constituía el promontorio rocoso del actual casco viejo de Almuñécar. Tres islotes: uno de los cuales figura el espolón, y los otros dos, las bandas. En el intermedio de estos islotes había puertos mediados.

Se cree que Artemidoro describe en unas fechas en que se ha iniciado ya la romanización de ‘Ex, que pasa a denominarse Sex. La abundancia de puertos pesqueros ya ha sido confirmada por la arqueología.

La descripción relatada por Artemidoro es bastante similar al aspecto que ofrecían los islotes de Sex en época un poco anterior al dominio romano.

11.- Asclepiades de Myrlea.

Estrabón, citándolo, dice: «Sobre la región de Abdera, en tierra montañosa, se enseña la Odysea y el templo de Minerva en ella, según dice Posidonio, Artemidoro, y Asclepiades de Myrlea, que enseñó las letras en Turdetania y publicó una descripción de las gentes que en ella vivían. Éste mismo dice que en el mencionado templo de Minerva, había colgados, como recuerdo del viaje de Ulises, escudos y espolones de naves…».

12.- Apolodoro (180 a. de J. C.).

Según Esteban de Bizancio que lo cita en su fragmento III, de las costas de Iberia, hace sólo referencia al río Ebro, Gadeira y Abdeira.

13.- Escimno de Quíos (s. II a. de C.).

Hablando sobre este lugar cita entre los versos 130 al 169 la ciudad de Mainake, cerca de las Columnas de Hércules. Según él, ésta es la última de las ciudades griegas situadas hacia el Occidente de Europa. Todo lo referente a este autor ha sido descrito anteriormente; pero es necesario hacer unas aclaraciones sobre unos autores en especial: Tolomeo y Antonino. Tolomeo, traducido al latín, nos ha dado las siguientes coordenadas geográficas:

Bésole fluminis ostia 41/3 361/3

Suelum 8 361/21/3

Saldybae fluminis ostia 81/2 37

Malaka 81721/3 37

Menoba 91/4 371/2

Sex 91/21/4 371/21/4

Selambina 101/4 371/4

Abdera 101/21/4 371/12

Portus magnus 111/2 371/12

El Itinerario de Antonino (80) en el camino número cinco, nos dice:»Item a Castulone Malaca CCXCI.

Castulo XXXV

Tugia XVI

Fraxinum XXIIII

Hactara XXIV

Acci XXII

Alba XXXII

Urci XXXIV

Turaniana XVI

Murgi XVI

Saxetanum XXXVIII

Caviclum XVI

Menoba XXXIV

Malaca XII.

14.- Estrabón (s. I a. de C.).

El libro III de este historiógrafo está dedicado en su totalidad a Iberia.

Para su estructuración se basó Estrabón en Homero, Pytheas, Heródoto, Asclepiades de Myrlea, Éforo, Eratóstenes, Ferécides, Dicearco, Timósthes, Artemidoro y Posidonio.

Estrabón se opone a Éforo cuando éste habla de la existencia de un templo dedicado a Heracles en el Promontorio Sagrado. Probablemente no se trate más que de una confusión por parte de Éforo en cuanto al nombre del Promontorio Sagrado.

Había muchas ciudades cuya acuñación de moneda ofrecía la efigie de Herakles. Entre ellas y con una grafía ya descifrada aún, como las de Gadeira, Abdera, Figuran las correspondientes a ‘Ex.

Foto 59 Moneda autóctona de ‘Ex con la efigie de Herakles-Melkart.

Lo que realmente pudo describir Éforo fue otro promontorio como el existente de ‘Ex, cuya cima tenía un templo del que quedan restos de su alzado y, sobre todo, las esculturas que se exhiben en el Museo Arqueológico Provincial de Granada, pero es de época romana, no fenicia. El promontorio alcanza los 44 m.

Foto 60. Restos de las grada de templo romano en la parte superior del casco urbano moderno de Almuñécar.

Por los restos que nos ofrece la Arqueología, el templo romano de Sex pudo muy bien estar dedicado a la diosa Minerva. Una figura de ella fue encontrada junto a otras en 1962 por Sotomayor, en zona considerada como parte del yacimiento arqueológico del Majuelo. Se encuentra en el museo local de Almuñécar. Tenemos la foto.

La autonomía política interna de Sex, con su comercio particular, su extraña arqueología, el emblema de sus acuñaciones, todo ello nos lleva a admitir que, realmente esta ciudad, como la gran metrópolis Gadir, se encontrara bajo la advocación y protección divina del dios Herakles.

Estrabón, hablando de ciudades, cita a Mainoba con industria de salazón y textil; al mismo tiempo habla de su fauna más corriente, como el conejo y la liebre.

Era de cierta categoría la industria naval, la abundancia de pesca y caza.

La fauna marina ha cambiado mucho desde aquellas fechas: el atún que figura como emblema de las monedas, era muy abundante.

Dentro de las técnicas importadas del extranjero figuran las norias egipcias, que serán muy utilizadas por los romanos en los sistema de elevación de aguas de Sex, aunque el sistema más normal es el uso de vasos comunicantes.

Habla de la presencia fenicia en la mayor parte de la Turdetania. Describe la costa mediterránea y la parte interior de Iberia a ella perteneciente. Cita la distancia entre Calpe y Cartagena: las tribus bastetanas y oretanas en la costa. Niega que Malaka se identifique con Mainake. A continuación cita la ciudad de los exitanos.En cuanto a la flora enumera la vid, olivo e higueras en la costa mediterránea.

La tradición gaditana expone que la primera expedición de los fenicios llegó hasta el Estrecho de Gibraltar, la segunda, hasta las Columnas de Hércules, situadas ante Onoba (Huelva); en la tercera, fundaron Gadir.

Cabe resaltar que en la primera expedición, según relata el autor griego, los fenicios se detuvieron en ‘Ex y, como los augurios no les fueron propicios, se marcharon.

El autor, aunque de una forma indirecta, ha afirmado la existencia de la ciudad antes de que llegara dicha expedición de fenicios, porque dice que se detuvieron en ‘Ex, luego ya estaba fundada de antes, de lo contrario no la hubieran nombrado; habría dicho: «donde se levantaría la ciudad de ‘Ex».

Polibio, sobre todo, afirma que los Iberes habitaban entre el río Ródano y Sagunto. Fue una opinión muy particular. Por último van distinguiéndose los nombres por comarcas; así aparecen: Celtiberia, Bética, Lysitania. etc.

Es, en definitiva, Estrabón quien denomina a Iberia Hispania, cuya etimología se atribuya a origen fenicio. Según esto, tenemos: una raíz hispan-, hispal- que puede asumir varios significados según el sufijo que a ella se le aplique, dando, pues, Hispania o Híspalis.

Por otra parte, el nombre Iber podía referirse indistintamente al río Ebro o a los Iberos.

Descripción de la Iberia de Estrabón

Fue Estrabón quien asemejó la forma de la península Ibérica a la «piel de un toro extendida», de forma que la parte del cuello coincidiera con la Galia. A continuación nos describe su configuración orogénica señalando como más habitable la región mediterránea, principalmente las partes contiguas al Estrecho.

En la región adyacente nos habla del Sacro Promontorio y sus cercanías: menciona los tres islotes que daban al lugar la forma de una barca, cuya descripción puede coincidir con la antigua configuración de ‘Ex. Tengamos en cuenta que Estrabón no estuvo en España. Habla de ella utilizando lo escrito por autores anteriores a él. Por lo tanto pueden darse y se dan las mismas confusiones cometidas por los autores originales.

Bética o Turdetania

Los Bastetanos, según Estrabón, ocupaban una estrecha franja desde el Estrecho hasta Cádiz.

En esta época se identifican Turdetanos y Túrdulos. Eran considerados como los más cultos de Iberia. Cultivaban las letras y se decía que tenían escritos en que contaban sus antiguas memorias, poemas y leyes en combinaciones métricas de 6000 versos. Los demás iberos cultivaban también las letras, pero no todos de una misma forma, porque no hablaban la misma lengua (29).

La extensión de la costa bética viene cifrada en 170 millas. La Bética y la Turdetania no eran una misma cosa como se desprende de las medidas dadas por Estrabón. Cita ciudades situadas en los esteros: Asta, Nabrisa, Onoba, Ossonoba y otras.

La costa desde la Columnas hasta los Pirineos. La distancia, según Estrabón, desde Calpe a Cartagena, es de 2.200 estadios y, otro tanto, hasta la desembocadura del Ebro y desde aquí, hasta los Trofeos de Pompeyo, 1.600. Este trecho estaba poblado por bastetanos, oretanos, edetanos e indiketes.

Bastetanos

Los túrdulos comprendían hasta la región de Cádiz. Aquí comenzaba la Bastetania que llegaba hasta Cartagena, ocupando los oretanos parte de ella.

Estrabón dice (30) que, después de los celtiberos, hacia el Sur, están los edetanos, que pueblan el monte Oróspeda y la región del Sucro hasta Cartagena. Bastetanos y oretanos casi hasta las proximidades de Malaka. Dice un poco antes (31) que, al Sur de la Celtiberia están los oretanos y aquellos de los bastetanos y edetanos que pueblan el Oróspeda. Finalmente señala (32) como de la Bastetania y de los oretanos, «la loma montuosa y cubierta de selva y grandes árboles, que se extiende desde Calpe, separando la costa del interior.

En cuanto a la riqueza mineral, se nos describe la Penibética con minas de oro y otros metales aunque sin darles nombre,

Comienza la enumeración de ciudades con Malaka, con sus factorías de salazón; la ciudad de Mainake, que fue confundida con Malaka, aunque se hallaba ya en ruinas y conservaba los vestigios de ser ciudad griega; Malaka, por el contrario, tenía estructura fenicia.

Seguía después, hacia el Oriente, la ciudad de los exitanos, y luego, Abdera, fundada también por los fenicios y, más hacia dentro, en montuosa región, la ciudad de Odyseia (probable Ugíjar).

Oretanos

Estrabón (34) afirma que se extendía hasta la costa y que, al norte, limitaban con los celtiberos.

En otro párrafo dice: «Al Sur de la Celtiberia están los oretanos y aquellos de los bastetanos y oretanos que pueblan el Oróspeda» y que «el Baetis cuyas fuentes están en el Oróspeda, atraviesa la Oretania antes de entrar en la Bética» (35).

En la un tanto ambigua historiografía grecorromana trataremos de citar aquellos autores que, de forma más o menos directa, han proporcionado algún dato importante sobre las ciudades del Sur y en concreto sobre ‘Ex.

CAPÍTULO IV

HISTORIOGRAFÍA DE ‘EX BAJO DOMINIO DE ROMA.

Los romanos fueron quienes designaron a nuestra Península con el nombre de Hispania, funcionando desde entonces como sinónimo de Iberia. Hispania fue dividida en citerior y ulterior sin precisar fronteras en las primeras fechas.

Las provincias eran consideradas senatoriales, si eran gobernadas directamente por el Senado, o imperiales, se dependían del Princeps.

La Bética era provincia senatorial con un pretor, un cuestor y un legado.

1- Diodoro de Sicilia.

Diodoro habla de la riqueza minera (36) de Iberia, basado en Posidonio y Polibio.

El valor del oro y la plata no fue conocido por los naturales hasta la llegada de los fenicios. Sabemos que tanto cartagineses como romanos hicieron sacar de las entrañas de la tierra este preciado metal haciendo trabajar como esclavos a los naturales. Diodoro considera Cassitérides a todas las islas que producían estaño.

2.- Pomponio Mela (s. I d de C.).

En sus relatos se encuentra sólo el nombre de Hispania, nunca el de Iberia.

En la descripción de las costas de la Bética cita nombres de ciudades que para él son oscuros: Urci, Abdera, Suel, Ex, Maenoba, Malaka, Salduba, Laccipo y Barbésula.

Malaka, que Estrabón presenta en esta misma época como importante centro comercial y con gran industria de salazón, es, para Mela, ciudad que, si no fuera por seguir el orden, no merecía mencionarse.

Este fenómeno se explica por los sucesos de rebeldía que estas ciudades protagonizaron a causa de la explotación a que se vieron sometidas por los romanos.

Aparecen en este autor algunos nombres de ciudad que, no obstante, anteriormente eran casi desconocidas. De esta forma tenemos a Suel que, probablemente, sea la forma posterior de Selambina (Salobreña), y Urci (Villaricos), que se encuentra en la provincia de Almería.

Cuando entran en el campo de la Historia, los autores romanos, no es de extrañar que sientan una especial antipatía ante unas gentes por las que sentían un odio muy marcado, debido, sobre todo, a la lucha que tuvieron que mantener con éstos, aliados de los cartagineses.

3.- Plinio (78 de C.).

La obra de Plinio es una Historia Natural. En el libro III describe la Península Ibérica y parte de la Tarraconense con las islas del Mediterráneo.

Es de considerar que Plinio supere a Estrabón en detalles. Tiene especial importancia el hecho de que Plinio no conociera la geografía de Estrabón. como dice en su libro primero de edición Teubner, cotejado por la de Tauchnitz y Pankonte.

Se citan los nombre de los autores de los que se sirvió para su obra: Turranio Gracilli (romano que se estableció en la provincia de Almería), Cornelio Nepote, Tito Livio, M. Varrón, P. Mela, y Agripa entre los latinos. Entre los griegos figuran: Artemidoro, Polibio, Eratóstenes, Timeo Sículo, Filístides, Posidonio y, tal vez, Hecateo y Pitheas.

Una circunstancia digna de notar es la descripción que hace de la Bética, citando a las ciudades con su nombre propio, cosa que no ocurre en la descripción de la Tarraconense y Lysitania.

La Hispania de Plinio.

En la descripción que hace de Europa, comienza por el Estrecho gaditano, donde el Océano invade las tierras y se difunde en mares interiores.

El mismo Océano, dentro ya del Estrecho, socava el suelo de Europa haciéndole frecuentes huecos. Entre los senos formados en el interior de las tierras, el primero pertenece a España en la Bética.

A continuación, desde el seno murgitano (El Ejido, Almería) empieza la Tarraconense que, pegada al Pirineo y tendida por toda la longitud de éste, se ensancha, a su vez, transversalmente desde el mar ibérico hasta el gálico, y está separada de la Bética y Lysitania por el Mons Silurus (Sierra Nevada), las sierras oretanas, carpetanas y las astures.

División de Hispania según Plinio.

La descripción que Plinio hace de la península, ni se funda en regiones geográficas ni tampoco en provincias administrativas.

Estrabón siguió el primer procedimiento: describió la Iberia tomando por base de su división los accidentes de las costas, ríos y montes, hasta el punto en que les eran conocidos y, al fin, indicó la división que los romanos habían hecho últimamente, basada en la necesidad de la administración.

Mela sólo se propuso describir las costas con ligerísimas noticias de las regiones interiores.

Plinio nos presenta una base única en su descripción: combina los dos procedimientos que Estrabón uso separadamente. Dividió la Hispania ulterior en Bética y Lysitania.

La Bética

Esta región, que en Plinio no suena como Turdetania, sino con el nombre que le dio el río que la atraviesa, y que en Estrabón, como comarca étnica, no llegaba por la costa hasta el Estrecho, tuvo, considerada como provincia en tiempos de Agripa, mayor extensión de lo que después se le asignó definitivamente.

El límite de la costa varió llegando hasta Cartagena, según la medida de Agripa, que le dio 475 millas de largo. En la época de Plinio llegaba este límite hasta Murgi, así como el interior oriental, hasta Cástulo.

Gentes que pueblan esta provincia en la costa

Agripa dice que toda la costa de la Bética estaba poblada por gente de origen púnico. Plinio, por el contrario, que hasta el Guadiana vivían bástulos y túrdulos, extendiendo la Bastetania, tal vez como Estrabón, hasta la desembocadura del Betis.

Ríos de la Bética

De los pertenecientes a la costa se citan el de Maenoba, que es navegable, además de otros más pequeños que no menciona.

Conventos jurídicos y ciudades

Los romanos habían establecido cuatro conventos jurídicos: el gaditano, cordobés, astigitano e hispalense.

Se indican las poblaciones que a cada uno corresponde, pero no en su totalidad, sino aquellos que no ofrecen dificultades a la pronunciación latina (37). En la mención de estos nombres no guarda ningún orden.

Enumera primero los de la costa; a continuación los comprendidos entre el Betis y la costa atlántica, pertenecientes todos éstos al Conventus Cordubensis Por último cita los nombres de las otras ciudades.

El número total de las poblaciones de la Bética, según Plinio, era de 175 ciudades distribuidas en las siguientes categorías: nueve colonias, diez municipios, veintiocho ciudades, que ya desde antiguo tenían el derecho latino, seis libres, tres aliadas y ciento veinte tributarias (38).

Islas de Hispania

Además de citar a las Baleares, dice que existían otras pequeñas, más de veinte, en este mar verdoso.

Sobre las islas Maenarias, ni Estrabón, ni Mela, dicen nada.

4- Tolomeo (s. II de J. C.).

Es el geógrafo que más datos nos ofrece sobre la Península Ibérica y también del que podemos extraer mayor número de imprecisiones, debido no sólo a la mayor abundancia de datos, sino precisamente por la precisión exagerada con que quiso ofrecerlos.

Su obra es la única geografía matemática que conocemos de la Antigüedad. La de su antecesor, Marino de Tiro, que sirvió de base a Tolomeo, se ha perdido.

Su obra consta de ocho libros: el primero trata sobre la localización matemática de todos los lugares habitados, basada en meridianos y paralelos; los seis siguientes constituyen un catálogo de todas las localidades de la tierra conocida en su tiempo, con indicación de la longitud y la latitud de las mismas. El octavo es una recopilación de los anteriores, país por país, indicando de cada uno de ellos los lugares cuya latitud había sido reconocida por la sombra del gnomon (divinidad).

Trata de nuestra Península en los capítulos IV, V y VI del libro II y en el IV del libro VIII.

El método seguido para la localización de lugares normalmente es Norte-Sur y Este-Oeste.

Con los datos que nos da Tolomeo en el libro I y de los del II y VIII, es fácil la reproducción de un plano de la Península Ibérica tal como la concibió.

Tolomeo, además de la precisión con que intentó darnos la forma de la Península Ibérica, nos habló de la gente que la poblaba, sus condiciones de existencia, su cultura, vida y civilización, religión, leyes y costumbres.

La Iberia de Tolomeo

Para la catalogación de las ciudades de la Península adopta Tolomeo la división de ésta en tres provincias: Bética, Lysitania y Tarraconense.

La Bética de Tolomeo

Le señala los mismos límites que Plinio, con la diferencia de que los indica en grados de longitud y latitud. En ella vivían cuatro clases de gentes: turdetanos, túrdulos, bastetanos y célticos.

La parte correspondiente al Sur, y concretamente a los territorios de ‘Ex, estaban poblados por bástulos poenos, teniendo al norte los turdetanos y al Este los túrdulos. Después de Tolomeo el estudio de la geografía sigue dos tendencias: una científica y otra poética. Esta última es la que más errores ha causado. Tuvo su origen en Dionisio el Periégeta, pero tanto unos como otros, no ofrecen nada nuevo a las aportaciones de los geógrafos anteriores.

5-Rufo Festo Avieno

Este autor pertenece a la tendencia poética. Su obra «Ora maritima» hace suponer que tal vez fuera español. Según parece, desempeñó al cargo de Procónsul en Cádiz. El poema «Ora Maritima» ha causado múltiples confusiones. La mejor crítica que de ella se ha hecho, es la de Lemaire.

Descripción desde el Estrecho al Turia.

Esta zona estaba poblada por libyofoenices, massienos, cilbicenos y tartesios. Cerca de éstos se levanta el Promontorio Barbetio (¿Barbate’) y el río de Malaka con una ciudad del mismo nombre llamada Menace (Mainake) en la primera edad. Enfrente de ella está la isla de los tartesios que sus antiguos moradores consagraron a la Luna. Hay en ella un estanque y puerto seguro.

Al interior de esta región eleva su mole el monte Sisuro (Mons Silurus). Esta última descripción coincide perfectamente con la configuración de ‘Ex en aquellas fechas; pero no exactamente se trata de ‘Ex, sino del islote de la posterior Sex romana. El monte Sisuro es Sierra Nevada que se encuentra con exactitud detrás del territorio de Almuñécar, como puede apreciarse en la fotografía panorámica de este valle.

Más adelante una gran roca se levanta entrando en el mar. El pino abundante en ella en otro tiempo, hizo que se le nombrase con voz griega.

De allí y hasta el campo y Promontorio de Venus yace recostada la orilla. En este litoral hubo primitivamente espesas ciudades que ocuparon los fenicios; hoy es un desierto arenal. Desde el mencionado Promontorio de Venus se ve a lo lejos el suelo líbico.

6.-Itinerario de Antonino redactado por Ético de Istria.

Las distancias dadas para el camino número cinco referente a la Bética, son las siguientes:

—de Cástulo a Malaca: 291 millas pasando por

—Tugia: 35

—Fraxinum: 16

—Hactora: 24

—Acci: 32.

—Alba: 32

—Turaniana: 16

—Murgi: 12

Saxetanum: 38

—Caviclum: 16

—Menova: 34

—Malaca: 12

Sumando estas distancias se alcanza la cifra de 261 millas.

No eran estos caminos las únicas vías de comunicación con que contaba nuestra región en época de dominación romana.

Aquí se ha nombrado sólo la calzada general. Había otros caminos secundarios que se ramificaban de éstos y equivalían a los caminos vecinales de hoy.

Polibio citaba la existencia de un camino costero desde los Pirineos hasta el Estrecho de Gibraltar, y que, en su tiempo, tenían medido los romanos, de ocho en ocho, los estadios.

Este camino pasaba por Ampurias, Dertosa y Cartagena. En gran parte es el mismo que, según Estrabón, venía desde Italia y, atravesando los Pirineos por los Trofeos de Pompeyo, pasaba por Tarragona, Dertosa, Sagunto, Saetabis, Castulona, Obulcona, Córduba, hasta Cádiz. Camino que, primariamente, iba por Egelasta y el campo Espartario, pero luego lo desviaron acercándolo más a la costa (40).

Plinio (41), después de mencionar las ciudades célebres de la Bética que hay en el interior, entre la orilla izquierda y el mar, al terminar la mención de ellos, dice:»Omnia Bastetaniae vergentis ad mare, conventus vero Cordubensis». (Todos los territorios de la Bastetania que se divisan hacia el mar, constituyen el Convento cordobés). Con lo cual se confirma que estas ciudades, en las que se encuentra Sex, pertenecían a tal Convento Jurídico.

7-Anónimo de Ravena

Este autor perteneciente al siglo VII de C., enumera 249 ciudades con algunos ríos.

Cita Lenuba y Lenubar en lugar de Menoba y Caesarea entre Abdera y Malaca.

Se sabe que Sex asumió posteriormente el nombre de Sexi Firmum Iulium en honor de Julio César. Por ello, cabe la posibilidad de que la ciudad Caesarea, situada como se ha dicho entre Abdera y Malaca, se refiera a Sex.

8-Cronicón Abeldense (886 de C.).

Se titula «Investigación del mundo entero». En él se describen ciudades, ríos, montes y gentes.

Entre las ciudades citadas figura Exonoba que es una diócesis sufragánea de Mérica (de la provincia de Almería) y Egitania, correspondiente a Exitanica.

Gracias a este Cronicón nos podemos plantear la cuestión sobre la verdadera identificación de la primitiva Mainaia. Exonoba puede ser un compuesto de Exi con el sufijo ibérico -oba. En realidad es una cuestión por dirimir.

CAPÍTULO V

‘EX Y LOS PUEBLOS DE LA COSTA DEL SUR

En el momento de iniciarse la conquista romana, a fines del siglo III a. de C., el complejo étnico del área meridional aparece tan confusamente mezclado que, en realidad, es imposible determinar el verdadero carácter racial de sus pueblos.

El sustrato tartesio, los elementos púnicos, considerablemente aumentados por la adhesión de Cartago, los pueblos del Norte de África, (Libyofoenica) y, sobre todo, los pueblos indoeuropeos, provocan una mezcla étnica más marcada en las costas que en el interior de Bética.

El tipo celta destaca entre todos dejando sus huellas en muchos nombres de ciudad y en los cargos políticos, como puede verse en las inscripciones monetarias de esta época.

Hay que tener en cuenta que esta nota es más constante en los pueblos del interior, ya que las costas son dominadas por las estructuras políticas greco-púnico-tartesias.

En la franja costera, entre el Estrecho y Alicante, donde las fuentes literarias sitúan a los mastienos, se encuentra la ciudad que se identifica con Cartagena.

Las pruebas de identificación de Mastia con aquellos son, hasta ahora, meras suposiciones. No existe prueba concluyente.

La referencia más clara la tenemos en Teopompo, quien la citaba como ciudad sometida a los tartesios, así como ‘Ex y otras ciudades costeras acusan evidentemente, por sus restos arqueológicos, una presencia del elemento tartesio más marcado que el propio correspondiente a la población fenicia.

La Arqueología, como dice Maluquer (43), aunque a base de excavaciones nada científicas, y de hallazgos fortuitos, parece confirmar la existencia de una cierta unidad del Sureste con el valle del Guadalquivir, hecho que es difícil de justificar (44). Pero es la Arqueología (44) quien nos impulsa a enredar más aún la cuestión en una zona tan concreta como ‘Ex.

En primer lugar, los tipos de enterramientos excavados y estudiados por Pellicer, acusan una estructura no a tono con la tradición general de la forma usada en el rito funerario de los pueblos púnicos (45). La tumba en forma de pozo es una copia del tipo usado en el rito cretense, o tal vez fueron los propios cretenses quienes vivieron temporalmente, y siguieron sus costumbres en esta localidad.

Junto al tipo en forma de pozo, aparecen dos del todo diferentes: uno de simple fosa, y otro excavado en roca viva con ajuar dentro, más marcado que el de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal.

El tipo más corriente de tumba es el excavado en roca viva, de forma rectangular. Las tumbas descubiertas en la desembocadura del río Vélez, en una de las laderas de su parte derecha, además de estar excavadas en roca, están bordeadas con bloques de piedra tallada.

Foto 61. Colina donde se asientan elementos pertenecientes a la colonización fenicia. Precedieron los griegos focenses.

Foto 62. Murallas de la antigua ciudad griega Mainaia. Fueron reutilizadas por fenicios.

Foto 63. Necrópolis fenica en terreno usado anteriormente por los focenses.

Foto 64. Necrópolis fenica. Tumbas similares a las que se encuentran en Túnez (Kerkouan). Se usan piedras talladas en formas rectangulares, cerradas con losas. El material es roca caliza.

Foto 65.Vista de los espacios donde se colocan las tumbas.

Foto 66. Tumba fenicia situada en un extremo de la necrópolis.

Foto 67. Tumba fenicia del mismo lugar, pero casi destrozada por máquinas.

Tumba 68. Silueta del enmarque de una tumba fenicia. Ha sido desmontada (Algarrobo, río Vélez, Málaga). La técnica constructiva es la misma que se ha utilizado en Puente del Noi (Almuñécar).

Foto 69. Fotografía de una tumba en el Sector C de Puente del Noi, Almuñécar. Su estructura basal es realmente la misma que se ve en Algarrobo (Málaga).

Al igual que ‘Ex, existen otras ciudades que aseguran una sociedad dominante de carácter fenicio como Abdera y Malaka, cuyas amonedaciones prueban en sus caracteres una cultura y una sociedad económica predominantemente fenicia.

Entre las ánforas de alabastro de la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal, hay una que, además de su correspondiente inscripción jeroglífica egipcia, tiene otro en caracteres paleopúnicos, que ha sido estudiada por Jean Ferrón, del Museo Arqueológico Nacional de Carthago (Túnez).

Diodoro califica a estas ciudades como mercenarias de los cartagineses. Pero hay que considerar que la época vivida por Diodoro es la fecha de las Guerras Púnicas, o mejor: sólo conoce de ellas los difíciles períodos de la implacable guerra.

Maluquer (46) opina que estas ciudades eran puntos de apoyo coloniales fenicios, enriquecidas por las salazones de pescado y que, en un momento dado, recibieron una mayor aportación de africanos sobre todo a la llegada de Amílcar a la Península con el fin de reclutar gente para su lucha contra Roma. El ejército cartaginés estuvo formado mayoritariamente por mercenarios norteafricanos e ibéricos de todo tipo.

Esta afirmación puede ser cierta, pero sólo en parte. Que Carhago ejerciera un dominio sobre estas ciudades a partir de la Segunda guerra Púnica, es perfectamente admisible. Pero un dominio y control en fechas como las que nos dan los datos arqueológicos de todas las necrópolis halladas hasta ahora y las inscripciones paleopúnicas de algunas monedas, no confirman esta probabilidad.

Sí, es admisible una relación comercial amplia, pero no un rígido control político.

La posibilidad de una simple repoblación con gentes africanas se convierte en probable y, con seguridad, en evidente: para combatir contra Roma se precisaba mucha más gente de la que podían proporcionar estas pequeñas ciudades, pero sin perder de vista que este fenómeno tuvo tugar a partir y con motivo de la Segunda Guerra Púnica.

No obstante, las largas fechas atestiguadas por los materiales arqueológicos, la homogeneidad de los mismos y su caracterización, así como la aparición de ejemplares no calificados aún por la Arqueología y los exóticos hallazgos de origen egipcio hacen suponer con cierto optimismo una continuidad tanto en la etnia como en el desarrollo general de todas las actividades de ‘Ex, aunque en el aspecto religioso se sabe que conservaban un estrecho lazo de unión con la Metrópoli (Tiro), pero nada más.

Las ciudades del Sur

La antigua tradición cultural del Sur cristaliza en la aparición de poblaciones de prospero y fecundo comercio. Son los griegos quienes las mencionan en sus periplos y periégesis geográficas como se ha visto en la relación de fuentes históricas que citan a ‘Ex.

García Bellido, refiriendo a Estrabón y a Avieno, habla de la existencia de más de doscientas ciudades en la Turdetania, en las que destaca, aparte de las colonias, como ‘Ex, Abdera y otras, a Astigis, Carmo y Ategua, Urso, etc.

Todas estas ciudades, o casi todas, sobrevivieron a la romanización, gracias a la extraordinaria riqueza del territorio.

‘Ex, por su parte, cambió radicalmente ante la presencia romana, como se verá.

Tanto la organización municipal como la propia topografía son casi desconocidas antes de la dominación romana en las ciudades costeras.

Parece ser que políticamente se vieron gobernadas por un poder delegado en calidad de príncipes. Esto, evidentemente, en época de dominio romano, porque, sabemos, que todas estas ciudades, desde su fundación, estaban gobernadas con un sistema igual o análogo al de las metrópolis de las que procedían: un senado y un cuerpo civil con poderes delegados civiles y militares.

En las zonas estrictamente costeras, durante los siglos anteriores a la dominación militar cartaginesa, funcionó un tipo de gobierno similar al existente en territorio tartesio. Resulta, pues, bastante probable que la tesis de Maluquer (48) sobre la generalización del sistema político de Tartessos a las ciudades costeras, sea cierta, sobre todo si se tienen en cuenta algunas de las referencias antiguas como la de Posidonio, quien afirma que los mastienos estuvieron sometidos a dicha organización tartesia.

Clases sociales

‘Ex se encuentra dentro de lo que las fuentes antiguas nos refieren al señalarnos la presencia de una clase noble o de grandes propietarios viviendo lujosamente (49), con refinamiento que envidiaron, sin duda, otras muchas ciudades mediterráneas.

La Arqueología viene a corroborar esta tesis. Los hallazgos de tumbas y murallas. como las descubiertas en la desembocadura del río Vélez, las tumbas similares de ‘Ex y la extraña Necrópolis del Cerro de San Cristóbal, sirven como testimonio para afirmar que el lujo y la suntuosidad por estos hallazgos atestiguados, acusa la existencia de una clase noble y poderosa.

Las veinte tumbas hasta ahora excavadas de la extraña necrópolis de ‘Ex, suponen, no un reyezuelo particular, como se puede deducir de la tumba de Trayamar y, en la recientemente hallada en la colina del I. N. B. de Almuñécar, sino una comunidad de cierta categoría y, sobre todo, adinerada, y como testimonio, un ajuar funerario de tan alto nivel artístico.

La existencia de esclavos es evidente. Aparecen citados en el Sur y Sureste, utilizados para rechazar las incursiones celtas. Como puede deducirse de esta actividad de los esclavos en estas ciudades, no eran, pues, tratados como el tipo romano o etrusco. Se sabe que los únicos que podían combatir en Roma, sobre todo en los inicios, eran los patricios.

Posiblemente existió una diferencia entre los siervos rústicos y urbanos y, al mismo tiempo, la existencia de una servidumbre pública, sería perfectamente admisible. Los nobles y esclavos estaría estratificados en la sociedad (50) en verdaderas castas, como sucede en otras culturas mediterráneas.

Foto 70. Murallas de la probable Mainake en la desembocadura del río Vélez.

El trabajo en esta franja costera estaría ceñido predominantemente a las manufacturas de salazones, mientras que la agricultura tendría un papel secundario.

La cadena de factorías recientemente descubiertas en ‘Ex acusan un movimiento comercial muy considerable, aunque casi todo ello corresponde al período de desarrollo romano.

Las factorías típicamente púnicas de grandes proporciones están aún por aparecer. Han sido halladas cubetas para salazón en las faldas de las colinas del Barrio de la Cruz. Desgraciadamente la máquina las ha destruido, quedando sólo como testimonio de ello un montón de escombros. Según las descripciones hechas por los agricultores de la localidad, ofrecían una forma muy semejante a las ya estudiadas romanas. Todas las cubetas descubiertas en el casco urbano actual son de período romano. No sería de extrañar que hubieran existido de tipo fenicio, y que, como es evidente, a lo largo de casi ocho siglos que duró la dominación romana, sufrieran diversas modificaciones substanciales en lo que a forma y dimensiones se refiere. Pero esto constituye sólo una hipótesis, ya que volvemos a tropezar con el ineludible problema de la falta de agua potable total, para estas salazones a gran escala.

Si la vida urbana precisa una división de trabajo por la especialización que supone, ello no determina necesariamente la agrupación de la sociedad en categorías cerradas. Es natural que algunas industrias como la salazón, la pesca, la cerámica, etc. exijan u ofrezcan una continuidad para conservar los secretos técnicos de generación en generación y, probablemente, dentro de un mismo clan familiar. Pero sería erróneo suponer la existencia de una sociedad gremial cerrada que no se compagina con el marco político general.

El grado cultural puede apreciarse en el hecho de la presencia de mercenarios celtas al servicio de las sociedades del Sur.

El desarrollo adquirido por la clientela en época romana hace pensar en una tradición de este tipo, existente y arraigada desde tiempos anteriores. Cual sea su carácter, se ignora.

Vida urbana

Es la cultura argárica la que marca la primera actividad de vida urbana en el Occidente de Europa. Las tumbas muestran una diferencia de categoría en las clases sociales: unas aparecen con ajuares ricos, otras, pobres. La tipología de los mismos marca la diferencia. Las tumbas excavadas en roca viva, tanto las que tienen galerías como las que no, señalan un nivel superior a las de fosa o pozo.

La ciudad costera, como se ha dicho, estaba regida por una monarquía de tipo urbano al estilo griego arcaico, mientras que el interior era gobernado por una monarquía de tipo señorial.

CAPÍTULO VI

‘EX EN EL ÁMBITO DE LA MONARQUÍA TARTÉSICA.

En las dinastías de Tartessos se distinguen dos: la de Gerión y la de Gárgoris.

Es precisamente Hesíodo quien nos da esta noticia y dentro del siglo VII a. de J. C.

En la liturgia griega encontramos a Estesícoro que compone un poema titulado Geryoneia, contando las hazañas de este héroe.

Sabemos que la ciudad de Himera (Sicilia) donde Estesícoro compuso esta obra, tenía relaciones comerciales con las ciudades del ámbito tartesio.

En el relato, a Geryón le sucede Nórax que, a sus vez, dejó como heredero a su hijo Hyllus.

La segunda dinastía testésica está encabezada por Gárgoris y su hijo Habis.

Geryón representa una monarquía de tipo celta con una economía reducida y autárquica.

En contraposición, Gárgoris representa un comercio abierto, de carácter urbano, con un intercambio comercial resuelto por vía marítima, que puede comprobarse por los paralelismos e identificaciones arqueológicas de varias localidades adyacentes y con marcado impulso con la comunidad económica de ‘Ex.

Esta organización tribal provocaría una proliferación de reyezuelos de casi todo el Sur peninsular.

1-Dinastía histórica.

Aunque no se dispone de datos concretos, la tradición histórica hace pensar que Argantonio pertenecía al entronque genealógico de Habis.

La desmembración de Tartessos hará aparecer numerosas comarcas gobernadas por reyezuelos de los que perviven hasta la entrada de la dominación romana.

‘Ex representa un papel semejante al de otras ciudades, cuya memoria de un antiguo poder monárquico fuerte no ha desaparecido. Un poco de este tipo se deja ver en la defección de ‘Ex (Sex) y Malaka a principio de la dominación romana.

Serán los fenicios quienes marquen el inicio de la extensión del poder de los reyes tartesios.

En el siglo VIII nos encontramos ciudades como ‘Ex, Malaka, Adbera. En ‘Ex, como se ha dicho, aparecen utilizadas como urnas cinerarias, vasijas de alabastro y mármol, importadas de Egipto. Se hacen presentes también otros restos como son los vasos griegos.

Las relaciones comerciales con ciudades del interior suponen una monarquía que garantiza estos contactos de tipo comercial.

A pesar de todo, sólo a fines del siglo VII, tenemos noticias históricas de un monarca: Argantonio.

La aparición de los focenses, en el marco histórico tartesio, supone un duro golpe económico para los fenicios que detentaban el monopolio comercial en intercambios de productos manufacturados por materias primas como los minerales preciosos.

Lógicamente nace la competencia que abocará en una guerra abierta contra los griegos.

Las relaciones de los griegos con Argantonio tienen lugar, según Schulten (51) desde el 630 al 550. Aquí comienza el declive focense y la talasocracia púnica que eleva el esplendor comercial de Tartessos.

Maluquer (52) opina que «la zona costera comprendida entre Málaga y Almería no estuvo nunca integrada plenamente en un dominio tartesio. Los nombres que la Historia Antigua aplica a estos habitantes de la costa son los de Blastofenices y Libiofenices; pero nunca el de tartesios, aunque estuvieran sometidos a ellos en las primeras fechas de su aparición como sistema humano nacionalizado políticamente».

Es necesario hacer constar que las citas ofrecidas por los griegos sobre las localidades costeras no rebasan el siglo VI a. de C.

La autonomía de una ciudad como ‘Ex se marca a partir de la desmembración y caída de Tartessos. Un futuro estudio de las lecturas numismáticas tal vez nos diga, en efecto, cuándo realmente goza de dicha autonomía política y comercial. Esta independencia a partir de esa fecha, hace pensar en un dominio débil, pero dominio, del sistema establecido por los tartesios.

La misma Cádiz comienza su época de esplendor a partir del siglo VI; pero anteriormente a esta fecha, no destaca en ningún aspecto más que cualquier otra ciudad fenicia del Mediterráneo. Incluso llega a confundirse con la propia Tartessos, produciéndose por ello múltiples confusiones históricas entre ambas ciudades.

‘Ex, a la par que Gadir, se sitúa a la cabeza del nacido poderío fenicio tras los acontecimientos de Alalia (535) a. de C.) pareja, en parte, con las restantes ciudades de la costa Sur.

El ajuar de la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal no es ni marcadamente fenicio ni tartesio.

‘Ex no fue una ciudad concreta al estilo de hoy con un punto geográfico concreto y en creciente ebullición urbana, sino más bien una población flotante y en continuo movimiento, aunque en su marco local de grandes esteros.

Las zonas de localización humanas son extensas y variadas y no muestran ni el más mínimo rastro de ciudad murada, hecho que está de acuerdo con la opinión de Gómez Moreno sobre la habitación y ciudades de las zonas costeras del Sur de España en tiempos de las colonizaciones púnicas. No obstante, las necrópolis, bastante numerosas, y las monedas, acusan su presencia en largas extensiones.

El carácter urbano de la monarquía del ámbito tartesio, convierte a las ciudades en centros comerciales semejantes a las ciudades-estados de tipo oriental, pero con una diferencia: la extensión territorial abarcaba unas dimensiones muy superiores y sus relaciones comerciales llegaban hasta las Cassitérides. El comercio es el motor de la vida urbana.

2-‘Ex y la monarquía meridional

A pesar de que se acepta, en general, una gran influencia céltica en el territorio peninsular, la institución monárquica es demasiado vieja en todos los países mediterráneos para no haber fructificado en estas tierras que, a pesar de su geográfica orientación atlántica, integraron en la Antigüedad la zona mediterránea.

La Arqueología demuestra en el II milenio a. de C., que la individualización del poder se encontraba ya muy avanzada. La tradición tartesia se hace eco de ello y su mitología y leyendas son paralelas a otros muchos pueblos mediterráneos.

Maluquer (53) considera a las pequeñas monarquías meridionales como consecuencia y resultado de la disgregación del impero tartesio, algo así como unos reyes de taifas, cuya historia particular no puede ser reconstruida ante la parquedad de los textos y la falta de mayor investigación arqueológica, y aún ante el enigma que representa la interpretación de la escritura turdetana.

No sabemos en realidad los límites de los poderes de estos reyes. Algunos se ven actuar sólo en operaciones militares, alianzas, pactos etc. Pero ello no es suficiente para saber si ejercían un poder absoluto o delegado.

Dominar varias ciudades supone necesariamente que en ellas existiera una o varias personas representantes de la autoridad real, bien por designación de éste, o de la ciudad. La existencia de magistrados en las ciudades turdetanas se halla atestiguada por las monedas de muchas de ellas.

Idéntico desconocimiento de ello existe sobre la electividad o carácter de estas instituciones. En la zona levantino parece que las monarquías fueron hereditarias, haciéndose eco algunas de las fuentes del carácter principesco de los hijos de los reyes. Ello permite suponer que en el Sur también lo serían.

Lo que está fuera de dudas es que ellos pertenecían a familias nobles o destacadas en una sociedad perfectamente estratificada (54).

3.- Presencia fenicia y su relación con Tartessos.

Siempre se ha considerado que los fenicios, en la Antigüedad, fueron el pueblo más adelantado para la navegación. Después de la invasión doria se hicieron los dueños de los secretos de las rutas comerciales en el Mediterráneo y fuera de él.

Tuvieron frecuentes tratos comerciales con los griegos. Las ciudades del Asia Menor, entre ellas Mileto y la isla de Samos, visitaban las ciudades costeras de Chipre y Siria. En principio este pueblo era nómada hasta que se asentó en la zona costera de Líbano, dedicándose a la agricultura. La leyenda de su origen los lleva al Golfo Pérsico.

El primer punto de contacto comercial lo establecieron en la isla de Chipre, donde aparecen ciudades griegas junto a las fenicias. Los fenicios nunca constituyeron un pueblo unido, prueba de ello está en el carácter semilibre de las ciudades costeras españolas. Sus ciudades eran independientes. Cada una tenía, como se ha visto antes, su propio príncipe o reyezuelo.

Casi siempre se hallaban sometidas al vasallaje de pueblos vecinos, cosa que está de acuerdo con el hecho de que en las fechas en que floreció el poderío tartesio, ciudades como ‘Ex, Abdera, Malaka dependieron del rey tartesio que, en las primeras fechas, centralizaban la economía del Mediterráneo Occidental.

En la última fase del dominio de los hicsos en Egipto, los fenicios entraron en contacto con sus reyes. Su papel fue más que nada el de intermediario entre egipcios y pueblos mediterráneos en general.

Gracias al potencial económico egipcio, los fenicios prosperaron rápidamente y se convirtieron en potentes núcleos económicos y cosmopolitas (55).

En el siglo III a. de C. con la presencia de los pueblos del mar, la crisis de la potencialidad aquea, la desaparición del Imperio Hitita y el retraimiento de los egipcios, se crea el clima propicio para el desarrollo y expansión de los fenicios y otros pueblos pequeños (56).

Los primeros en destacarse son los marinos chipriotas, seguidos por los fenicios, en especial las dinastías de Tiro y Sidón.

Tras la conquista del comercio tartesio por los fenicios y la circulación de la plata como base comercial, éstos dominaron los mercados y fueron los árbitros en el intercambio de los productos mercantiles.

Los faraones de la dinastía saíta utilizan a los fenicios como empresarios para realizar expediciones al Mar Rojo. A esta dinastía pertenecen las ánforas cinerarias de la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal.

Heródoto cuenta que en tiempos del faraón Necao, los fenicios iniciaron la exploración completa de la costa africana. Partiendo de puertos situados en el Mar Rojo, dieron la vuelta a África, regresando a Egipto, pasando por las columnas de Hércules y el Mediterráneo. El tiempo invertido en este primer viaje fue de tres años. La narración bíblica dice que cada tres años las embarcaciones de Tartéside regresaban cargadas para Hiram y Salomón.

La riqueza de Occidente en estas fechas fue tan grande que, según un escritor griego, los fenicios sustituían las anclas de hierro por otras de plata para aligerar peso.

El Occidente era la patria señalada de las gentes que se encontraban desplazadas.

Es muy de tener en cuanta que Gadir no muestra su categoría en las narraciones bíblicas. Su verdadero despertar se ve sólo a partir del siglo V a. de C., es decir, después de los sucesos de Alalia.

La conquista de comercio con Tarsich presupone una serie de fundaciones de factorías y colonias dispuestas para entablar una cadena capaz de establecer un contacto permanente y seguro a través de las costas mediterráneas.

‘Ex constituía uno de los puntos claves de los enlaces fenicios en el Sur. Se sabe que era uno de los pocos puntos donde era posible el repostaje de agua dulce desde Almuñécar hasta Málaga. Pero hay que tener en cuenta que los fenicios no hicieron más seguir una cadena milenaria de tradición en la navegación mediterránea.

La Odysea, en su nueva interpretación, apoya esta tesis. Los tirios son fieles seguidores de las rutas marítimas de los chipriotas, quienes, a su vez, siguieron los itinerarios marítimos señalados por cretenses y aqueos.

La tradición griega misma nos lo confirma, puesto que en la célebre lista de las talasocracias del Egeo se nos cuenta cómo después de un período de 33 años de dominio del mar detentado por los chipriotas, comienza el dominio de los fenicios que duró cuarenta y cinco años.

Estrabón nos narra el contacto de los tirios con Tartessos en la fundación de Gadir.

Estrabón dice: «…Los gaditanos mencionan un oráculo que fue dado a los tirios y les mandó enviar una colonia a las Columnas de Heracles. Dicen que los que se enviaron para explorar el sitio, cuando llegaron al Estrecho de Calpe, creyeron que las dos peñas que forman el Estrecho, eran los términos del mundo y de las hazañas de Heracles, y que también eran las columnas mencionadas por el oráculo. Por eso desembarcaron por un sitio por dentro de Estrecho, donde está la ciudad de los exitanos, pero al no resultar favorables los sacrificios que allí hicieron, se volvieron. Mas tarde, los enviados avanzaron unos 1500 estadios más allá del Estrecho, hasta una isla consagrada a Heracles, junto a la ciudad de Onoba de Iberia, y creyendo que allí estarían las Columnas de Heracles, hicieron sacrificios a ese dios, pero cuando tampoco allí los pronósticos tampoco fueron favorables, se volvieron otra vez a casa. Los que hicieron la tercera expedición, fundaron Gadir, y edificaron un templo en la parte Este de la Isla, y la ciudad en la parte Oeste».

Posidonio consideró esta historia como una patraña fenicia. Parece una invención por parte de los sacerdotes de Heracles para ennoblecer el origen de la ciudad.

La fidelidad de esta leyenda fue salvaguardar en lo posible sus propias creencias y libertades frente a un nuevo y poderoso dueño, desligándose con ello, de golpe, de su conexión con Carthago (57).

Esta opinión, mantenida por Maluquer, entra en dificultades cuando consideramos los siguientes puntos. En primer lugar, la arribada a las costas a través de la ruta norte del Mediterráneo con escala en el Sur de Italia e Ibiza. En segundo lugar, la fundación de Gadir asciende aproximadamente al 1100 a. de C., desprendiéndose de ello que, si tenemos en cuenta que Carthago se remonta sólo al siglo IX a. de C., no pudo haber una relación tan directa de subordinación gaditana bajos su posterior metrópolis Carthago.

Si consideramos, además, que la Arqueología pone de nuevo en duda la prioridad histórica en cuanto a fundación se refiere, no parece que este ardid fenicio esté tan claro cuando pueda ser cierta la relación de fundaciones, si dejamos de pensar en su realidad a pesar de lo dicho por Posidonio.

La Arqueología, como se acaba de decir, pone en tela de juicio la verdadera antigüedad de ‘Ex., pero hay pruebas mas recientes que despiertan la cuestión cronológica y con claridad.

En efecto, el reciente hallazgo del ánfora de mármol, del siglo XVII a. de C. al mismo tiempo que puede hacer posible la narración gaditana, abre una nueva pugna a favor de la una mayor antigüedad de ‘Ex sobre Gadir.

Los estudios realizados sobre esta pieza, ya publicados, han dado como resultado la localización de determinados personajes reales, además del rey al que pertenece. Se sabe que el rey Apophis III o AA-AAOUSER-RA APOPI, gobernó simultáneamente el Alto y Bajo Egipto, Siria y Palestina. Esta coincidencia abre la posibilidad de un contacto real de los fenicios en aquellas fechas, como se ve por este faraón, con los egipcios, es necesario tener que admitir, como es opinión generalizada, que fuera robada de Egipto. Esta es la solución más cómoda que se ha dado hasta ahora por parte de los historiadores modernos para justificar el hecho fortuito y extraño de una pieza arqueológica que no encaja con el molde histórico que han planificado sus tesis.

Los hallazgos de Almuñécar son insólitos y únicos. No hay otro camino para su justificación en nuestras tierras que el de admitir que fueron robadas en Egipto. Por qué sólo han aparecido en Almuñécar, habiendo. como es, otras ciudades de la Antigüedad que siempre han estado por encima de ‘Ex. como, por ejemplo, Gadir. Ni Carthago, ni Gadir, ni Malaka, ni Abdera, ni ninguna de las ciudades costeras del Sur han aportado a la reconstrucción de la historia antigua del Sur de esta tierra, tantos y tan valiosos datos arqueológicos de su subsuelo. Lo dicho sobre el reciente documento es perfectamente aplicable a todas las piezas pertenecientes a la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal y a los de la Colina de la Cruz.

Si el faraón Apophis III reinó en Siria, las relaciones con Egipto serían muy favorables. En consecuencia, la llegada de tales piezas a ‘Ex entran y cuadran perfectamente en las relaciones comerciales entre egipcios y fenicios. Es de estricta lógica el hecho de que, si Aphophis III reinaba sobre fenicios, lo hiciera también sobre las colonias por éstos fundadas.

Gadir, esencialmente comercial, sostuvo a los cartagineses mientras prosperaba su actividad mercantil, a la sombra de su política de su agresividad, que eliminó a sus rivales y competidores, los griegos.

Como dice Maluquer (58), la narración de Estrabón es el eco también de una etapa de navegaciones eventuales, es decir, de una etapa de descubrimientos precoloniales.

‘Ex nació como una base mercantil. Su posición ocupaba una gran ensenada protegida, en sus alrededores, por una cadena de montañas cerrada.

Velleius Paterculus (59) afirma que la fundación de Gadir tuvo lugar tras la invasión doria: «En esta época la flota tiria, que dominaba el mar, funda Gadir». Si se interpreta esta fecha al pie de la letra, nos da la cifra de 1104 a. de C. Cambiando esta fecha con la que se atribuya a la fundación de la colonia africana de Útica (207 años antes que Carthago que, a su vez, fie fundada en el 814 a. de C.) se tiene una cifra de 1101 para Útica, de la que se dice que se fundó poco después de Gadir.

Si el periplo, o primeras arribadas, se realizaron por el norte del Mediterráneo en lugar de utilizar la ruta del norte de África, se ha de admitir, y la Arqueología lo apoya, una prioridad fundacional en ‘Ex con respecto a Gadir.

Bosch Gimpera (60) no cree que las navegaciones fenicias se iniciaran antes del siglo IX. Pero la Arqueología dice todo los contrario.

Es admisible que Gadir fue, a todas luces, el primer establecimiento fenicio en territorio de Tartessos. Pero la primacía en cuanto a fundación, queda por ver aún, sobre todo si nos detenemos en los materiales arqueológicos. En ello precisamente ‘Ex se adelanta sobre Gadir.

Por otro lado, Maluquer (61) dice que Gadir destaca menos sobre la población del bajo Guadalquivir, que las ciudades fenicias como ‘Ex, Malaka o Abdera.

Coincidiendo la Historia en determinados hechos reiterados, se da una paridad en dos épocas diferentes en el Sureste español: el territorio de los Millares con su cultura, y la colonización fenicia en las primeras fechas de la historia de España. El problema de la fundación, en cuanto a las prioridades, tiene la importancia que merece el estudio del material arqueológico encontrado.

Si se fechara con exacta precisión la presencia de Oriente en ‘Ex, o en el territorio que después se llamó Sex, habría que admitir una época de probables asentamientos púnico-egipcios como lo confirman la existencia de dos necrópolis que parten a medias sus materiales entre fenicios y egipcios.

Con relación a los hallazgos arqueológicos de ‘Ex, si se estudian con detalle y, sobre todo, considerando su origen y su estilo, manifiestan que su llegada a estos parajes, es más probable por una vía costera del Mediterráneo norte, como se ha apuntado en capítulos anteriores, que por el Sur.

Los ejemplares chipriotas, griegos y fenicios se justifican en una línea de navegación como la indicada. Según algunos autores que afirman la ruta norte, cómo se explica, pues, si su trayectoria fue la costa africana, no hayan aparecido ni una sola pieza de las características de nuestras necrópolis en las ciudades norteafricanas, si, realmente, estas piezas egipcias fueron objetos comerciales en todo el Mediterráneo. Ni una sola ciudad del Norte de África, ni siquiera la gran metrópolis Carthago, ha registrado una necrópolis con materiales de la categoría de los de ‘Ex. Resulta extraño si se admite que la llegada de estas piezas tuviera lugar por la costa africana, pero perfectamente lógico si el periplo se realizó costeando el sur de Europa. Pero, con todo lo dicho, no deja de ser un verdadero misterio, por muchos giros que se le dé a la cuestión. El periplo realizado por el faraón Necao puede, tal vez, explicar estos hallazgos egipcios. aunque no todos.

Las cartelas de las ánforas de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal refieren los nombre de tres faraones consecutivos, cosa extraña, cuyo reinado ocupó aproximadamente los siglos X, IX y VIII; pero lo que rompe la continuidad es el salto en la historia que da el ánfora del faraón AA-OUSER-RA APOPI, cuyo reinado oscila entre los años 1550 y 1680 a. de C.

El material secundario, decisivo para fechar las tumbas y sólo ellas, pertenece al primer tercio del siglo VIII a. de C.

Este material ha sido el punto de partida para los arqueólogos cuando han tenido que datar la llegada de este acervo, en su totalidad, a ‘Ex.

Pero esta hipótesis es tan gratuita como decir que los fenicios fueran a Egipto, robaran las piezas y automáticamente las dedicaran para urnas cinerarias de sus familiares.

Los desperfectos que muestran algunas de las ánforas indican que su uso doméstico fue evidente. Por lo tanto su llegada a ‘Ex pudo, y esto no es gratuito, ser bastante anterior a su posterior utilización como ajuar funerario.

Otros de los enigmas están constituidos por los diferentes ritos de enterramientos y sus diversas formas. En efecto, la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal ha demostrado que el rito funerario aplicado en ella era la incineración, mientras que los enterramientos colindantes mostraron la inhumación. Puente del Noi es totalmente de inhumación, en lo que tumbas fenicias se refiere. Pero los romano también usaron este mismo lugar para sus muertos y ello explica que haya aparecido tumba con incineración.

Se dan casos de tumbas colectivas, individuales, las más usadas, y el tipo de tumba individual de carácter regio, con galería, habitación para el ajuar y para el cadáver y con elementos externos decorativos como temas animalísticos en sus esquinas.

El rito de la incineración entre los fenicios era casi totalmente desusado en época tan temprana. Ello demuestra la marcada mezcla existente en estas ciudades constituidas en buena parte por elementos indígenas.

Los hallazgos de ‘Ex, por la regularidad del rito, la cantidad y calidad de los objetos importados, sirven de punto de partida para indicar el nivel de vida urbana en estas comunidades, en pleno siglo VII, y la riqueza alcanzada. Constituyen estos datos la mayor prueba de la intensa actividad comercial e industrial de las colonias semitas en la costa interior del Estrecho.

Con absoluta claridad, en política, nada sabemos de ‘Ex, salvo lo que se puede deducir de los datos de que se dispone. Pero, si nada se sabe de esta ciudad en estas fechas, menos se sabe aún de Gadir.

Para ‘Ex, en concreto, recogiendo los datos aportados por la historiografía y apoyados por la Arqueología, admitimos que, en general, es una fundación de los tirios.

Para Malaka y Abdera, sólo tenemos algunos datos referenciales y los restos arqueológicos que se han podido hallar y guarda.

Es a partir de finales del siglo VI cuando, en plena decadencia de la monarquía tartésica, Gadir se transforma en el centro comercial más atractivo del mundo occidental. Y con ello se entiende que las ciudades como ‘Ex entraran en la esfera de la influencia gaditana aunque, guardaran su autonomía política.

Desaparecida la competencia focense en las costas meridionales, representada por la ciudad de Mainaia, las comunidades semitas de la costa interior del Estrecho, con su medio de acción limitado, alcanzan un equilibrio y estabilidad económica que les permitirá mantener su rango hasta la época imperial romana.

Durante la primera etapa del comercio fenicio, los tartesios, al parecer, constituían un elemento pasivo. Los fenicios eran los vendedores en una sencilla relación de intercambio. Explotaban el exotismo y rareza de ciertos productos desconocidos en Occidente que estimulaban la vanidad individual, como collares de cuentas de vidrio multicolor, telas floreadas de dudosa calidad, fíbulas de bronce, anillos, etc. Como pago, aceptaban objetos de bronce y de plata, chatarra de calidad.

La ría de Huelva ha dado testimonio de este fenómeno con la aparición de un barco cargado. La fecha media de los objetos que lo componían es de mediados del siglo VIII a. de C., correspondiéndose con un gran momento comercial fenicio.

El bronce que los fenicios se llevaban, tenía poco valor en Occidente, mientras que el hierro iba en auge, por lo que no se debe admitir la opinión de algunos autores que pintan a estos colonizadores como embaucadores y estafadores (62). En toda transacción comercia, cada uno de los componentes obtiene sus ganancias. Los objetos valen por la demanda.

El mundo tartesio conocía bien los metales y su valor. «La dinastía debió limitar el libre comercio y exigir un cierto control en las transacciones al conocer cual era el verdadero interés de los fenicios»(63)

Gadir se encuentra en este círculo comercial y de aquí arranca su auge económico. De este control comercial establecido por la monarquía tartesia se deduce su enriquecimiento, puesto que todo producto comercializado llevaba el gravamen de un impuesto.

Los fenicios en estas fechas, debido a su misión comercial, impuesta por los tartesios, fueron la causa de la aparición de un centralismo político que convirtió a Tartessos en la metrópolis más poderosa del sur peninsular.

El intercambio impuesto por los tartesios no era libre, sino obligado.

Los metales más estimados por los fenicios eran el estaño y la plata. A cambio de esto, les exigían manufacturas especiales: las mejores telas, joyas de novedad, etc.

La exigencia, pues, de los tartesios condicionó las ofertas comerciales fenicias.

La situación se agudizo cuando hicieron acto de presencia los griegos.

La competencia pone en juego el monopolio ofrecido por los tartesios. La reacción fenicia fue rápida y eficaz: una artesanía propia nace en las colonias del Sur y se impone la necesidad de importaciones realmente excepcionales.

Los productos exhibidos por la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal y los hallazgos posteriores, acusan ese fenómeno de importación, cuyas fechas pueden estar de acuerdo con la aparición griega en el Mediterráneo Occidental.

Los griegos fueron el acicate que impulsó a Gadir a convertirse en el centro más importante de Occidente. Pero este retrato no alcanza su claro relieve hasta después del enfrentamiento naval de Alalia.

‘Ex muestra, como se ha dicho, ese tipo de producto comercial que aún Gadir no ha dado a luz. Por ello casi se puede pensar en una equiparación cualitativa de Gadir y ‘Ex en fechas anteriores a Alalia.

Que Gadir sea, o no, un centro importante en el siglo X a. de C., no se discute, pero no debe olvidarse que el renombre conseguido por Gadir no alcanza vuelo hasta el siglo V a. de C.

Las transacciones comerciales no eran rápidas al igual que la preparación de las mercancías, pues los tartesios debían, a su vez, importar del interior el estaño, incluso a través de dificultades de navegación por el Atlántico.

Se suma a esta dificultad el hecho de que había pueblos interiores que se encontraban en estado de «emigración». Debido a las dificultades comerciales ante la competencia griega y el problema de transacciones con el interior, comienzan a desarrollar actividades económicas periféricas. Nace entonces la industria de la pesquería y salazones que, con el tiempo, constituirán su primer renglón comercial. De pequeña factoría se transforma rápidamente en gran ciudad. Este proceso económico se desarrolla a gran escala a partir del siglo VIII. Los ejemplares típicos de comercialización en productos pesqueros aparecen muy irregularmente.

La tipología de ánforas que fueron utilizadas en ‘Ex es muy escasa. Hay algunos ejemplares que escapan a una clasificación típica tradicional de los alfares fenicios.

El estudio realizado por P. Cintas sobre la cerámica púnica de Carthago no ofrece ningún tipo que se asemeje a un ánfora hallada recientemente en ‘Ex.

Cuando las ciudades del Sur consiguen una autarquía económica, rompen los lazos políticos que les pudiera unir a la metrópoli de Tiro.

Una vez que Tartessos, tras la expulsión violenta de los griegos, decae, Gadir, influida desde entonces por un contacto más frecuente de Carthago, mediatizará la mayor parte de las las ciudades del Sur, aunque políticamente seguirán siendo semilibres.

La lengua semita se extiende rápidamente a través del territorio costero del Sur, causando la desaparición de todo rastro de la lengua indígena. Este proceso es intenso y bien conocido en la zona de Cádiz a Almería.

La franja costera, según los autores, estaba poblada, como se ha dicho, por libiofenices.

Pero sería necesario precisar qué terminología debería ser aplicada cuando se intensifica la llegada de elementos africanos a las localidades típicamente fenicias que consiguieron imponerse a los griegos.

El territorio de libiofenices puede aplicarse con toda claridad a los fenicios oriundos de Carthago. Sólo a partir del siglo VI en su fase final, puede hablarse, como dicen los autores griegos y latinos, de libios. Pero ningún tipo cerámica acusa claramente una influencia libia.

La escritura fenicia se utilizará en la mayoría de las ciudades costeras hasta la época de Augusto.

CAPÍTULO VII

‘EX, LOS GRIEGOS Y TARTESSOS

Cuando se produce la caída del poderío micénico y, a consecuencia de ello, las islas del Egeo están en ebullición, los pueblos del mar destruyen el sistema económico de Micenas

La Jonia se sobrepone

Las ciudades costeras recobran las rutas del mar.

A fines del siglo IX y a comienzos del VIII, se reemprenden a gran escala las relaciones comerciales con el Mediterráneo central y, tras ellas, comienza el complejo proceso colonial que transforma en una segunda Grecia Sicilia y el Sur de Italia. La pérdida griega sufrida tras la guerra de Troya y la invasión de los dorios son superadas poco a poco.

La invasión doria redundará en un enriquecimiento de la mentalidad griega que se manifestará en una revolución de carácter político y social.

La base de la colonización está movida sobre todo por motivos económicos, sin descartar, por ello, motivos sociales y políticos.

El comercio motiva la aparición de factorías que funcionan como pequeñas bases. Paulatinamente la colonización origina la aparición de grandes ciudades. En principio la colonización griega es marcadamente agrícola.

Las nuevas colonias constituyen unidades políticas por sí mismas, aunque no hay que olvidar la dependencia espiritual de las respectivas metrópolis.

El pueblo griego tuvo conciencia de su destino marinero, y los autores tardíos consideraron la historia del mundo del Egeo como una sucesión de talasocracias. Sus listas constituyen un fundamento básico para investigar las relaciones griegas con Occidente y de un modo especial con el ámbito tartesio.

Diodoro de Sicilia (s. I a. de C.) posee la más completa de estas listas conservadas en el Cronicón de Eusebio de Cesarea (s. III-IV de C.). En ella figuran los rodios, chipriotas, fenicios y focenses. Éstos últimos dominaron el mar por espacio de 44 años, época de sus navegaciones hacia Tartessos.

Los griegos llegaron a recuperar el conocimiento de las rutas marítimas gracias a los contactos comerciales que les unieron a los fenicios, como se puede observar en las ciudades de Chipre.

El azar, dicen los antiguos, pone en manos de los griegos los secretos de las rutas occidentales. Pero es más admirable su redescubrimiento intencionado.

El proceso era sencillo: costear el territorio norte del Mediterráneo. Pero los griegos consiguieron algo más: la ruta directa desde Cerdeña-Ibiza hasta las costas ibéricas del Sureste. Los primeros griegos arribados a las costas ibéricas fueron los rodios. Fundaron la ciudad de Rhode.

En las referencias antiguas conservadas en Estrabón, Escimno y Licofrón, los rodios, antes de la aparición de las Olimpíadas, en fecha anterior a 776 a. de C. en que se celebró la primera, navegaron hacia Occidente; visitaron las Baleares y fundaron Rhode en las costas de Iberia. Estos viajes son coetáneos a los de los fenicios y tienen el mismo objetivo: adquisición de metales y establecer contactos con Tartessos.

Rodios, carios, chipriotas y calcídicos rivalizan en su búsqueda, acabando los fenicios por imponerse a todos por su mayor capacidad de organización.

El primer griego que tomó contacto de nuevo con las rutas occidentales y Tartessos fue el navegante Kolaios. Su viaje causó sensación el revelar inesperadamente el itinerario. Es Heródoto quien nos narra en exclusiva el episodio de Kalaios con motivo de la fundación de Cirene. Pero el carácter fortuito del descubrimiento debe reconsiderarse. El hallazgo de Kolaios es un tanto sospechoso y no cabe duda de que los víveres que recibió Korobios no fueron un regalo gratuito, como opina Maluquer. Korobios tenia sin duda contactos con los mercaderes fenicios. La desviación de Kolaios por efecto del viento desde el islote de Platea hasta Tartessos es algo físicamente imposible ya que el marinero griego conocía perfectamente los vientos favorables. Es una tendencia de tipo oriental atribuir un descubrimiento fantástico a fenómenos naturales. Esta tendencia se puso también de moda entre las ciudades griegas.

En el siglo VII los samios tenían que luchar con sus competidores en la industria del Bronce: Argos y Corinto. Por esta razón el viaje de Kolaios no parece ser muy fortuito, sino intencionado. Aunque Kolaios se enriqueció, no fueron los samios quienes se beneficiaron del descubrimiento de Tartessos, sino los focenses, devotos de Ártemis, cuyo culto se extenderá por todo el Mediterráneo. Pero fueron los focenses quienes sí nos proporcionaron una mejor información sobre Tartessos.

La prioridad samia en el descubrimientos de esta civilización se explica por la propia actividad de las colonias de esta época.

Las ciudades del Sur de Italia eran eminentemente agrícolas, mientras que Samos destaca por sus industrias laneras y metalúrgicas. Si a esto se añade la imperiosa necesidad de mantener esa industria, puede justificarse la actividad samia.

El suministro de los fenicios iba en retroceso debido a la imposición de tributos por parte de los sirios. Consecuentemente el intercambio con Samos, de forma inevitable, tenía que disminuir.

El desarrollo posterior del comercio de Tartessos pasará a manos de los focenses. La explicación de que no fueran los samios los primeros beneficiarios estriba en la influencia de Mileto sobre Samos, que era aliada de Corinto frente a Mileto; pues la existencia de regímenes políticos semejantes en Corinto y Mileto debilitaba esa alianza. Los jefes de ambas ciudades, Corinto y Mileto, se aliaron. Con ello, evidentemente, la alianza de Samos con Corinto desapareció. Por eso Corinto comienza a invadir con sus productos el Mediterráneo oriental, y Samos tendrá que concretar todo su esfuerzo en el Oriente.

El viaje de Kolaios se realizo hacia los años 530-620 a. de C. Este viaje representa el redescubrimiento o descubrimiento oficial de Tartessos por los griegos.

En viajes tan largos, la rapidez juega un papel primordial. Los focenses eran más prácticos que los fenicios y utilizaban penteconteras, que eran más veloces que las grandes naves pesadas y lentas.

Los focenses llegan al Mediterráneo central cuando se han fundado las demás colonias griegas. Massalia estaba a punto de ser fundada. Desde ella se van a crear nuevas ciudades que tendrán como límite final Mainaia, llegándose en las exploraciones hasta las Columna de Herakles.

CAPÍTULO VIII

LOS FOCENSES EN EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL

Se sabe que, en la antigüedad, la navegación se realizaba por lo general teniendo la costa a la vista. Era una navegación de cabotaje. La de altura sólo se realizaba por rutas bien conocidas y de radio limitado.

Hasta la época de Tiberio no se realizará la gran navegación de altura cuando Hipallus comienza a utilizar los monzones para cruzar directamente hasta la India desde la costa meridional de Arabia.

En el Mediterráneo central existía la antiquísima ruta de las islas que permitía pasar desde Italia a Iberia en etapas breves: de Isquia a Cerdeña, Mallorca, Ibiza y la costa levantina de Alicante. Prueba de la gran vitalidad de esta ruta en todos los tiempos es el desarrollo de la cultura de los Talayots en Menorca y Mallorca, relacionada con la cultura sarda y Sicilia.

A mediados del siglo VII la fundación de la colonia cartaginesa en Ebussus crea dificultades en esta ruta que permanecerá cerrada después de la ocupación cartaginesa de la isla de Cerdeña.

Los focenses, al no poder utilizar la ruta norteafricana, seguida por Kolaios, se servirán preferentemente de las rutas de las islas primero y, más tarde, la navegación costera desde Massalia.

Para asegurar la ruta entre Massalia y Tartessos, los focenses fundaron pequeñas factorías para enlazar su colonia más occidental, Mainaia, con Massalia. Mainaia puede identificarse, al menos en parte, con la estructura básica de la Sex romana. Se sabe con evidencia que el casco urbano de Almuñécar nunca estuvo ocupado por ciudad fenicia. La Arqueología lo ha demostrado, como se verá más adelante.

Samios, focenses, calcidios y carios debieron visitar Tartessos, aunque no se situaran en ciudades permanentes.

Se piensa que serían los cartagineses quienes pondrían fin a la ciudad de Mainaia a consecuencia de la derrota de Alalia.

Las relaciones de los focenses con los tartesios fueron intensas y duraderas, ya que permitieron el desarrollo delas ciudades costeras en su zona.

La destrucción de Fócea en 540 a. de C. por Ciro, marcó el fin de su expansión.

En Cerdeña los focenses sufrieron poco después la derrota naval de Alalia (535), frente a la costa oriental de Córcega en lucha con los cartagineses que se aliaron con los etruscos. Los supervivientes de Alalia tuvieron que sumarse a la población de Massalia y Emporio.

Antes de todo esto, los focenses recibieron invitación de los tartesios para que se situasen en su territorio, pero no aceptaron.

Pérdida del equilibrio económico greco-púnico.

Los fenicios controlaban el monopolio de determinados productos industriales, tales como salazones, púrpura y materias primas para la industria metalúrgica (estaño, cobre, plata, hierro y oro.

Los griegos controlaban los productos agrícolas: trigo, aceite, vino; los industriales: cueros, lanas, manufacturas de todo tipo: cerámica, trípodes, calderos, jarros, vajillas, sítulas. etc.

Era de notar también el comercio de esclavos cuya demanda crecía al mismo tiempo que las industrias.

Fenicios y griegos entraban en contacto no sólo con las ciudades etruscas. Los propios puertos fenicios eran visitados por griegos y viceversa.

El empuje colonial primario había cedido el paso a un sistemático desarrollo colonial griego que pronto será frenado por la reacción fenicia, que se lanza a una política de expansión colonial impulsada por Carthago para frenar la colonización griega.

Esta reacción sirve a los fenicios para asegurar el dominio de la costa occidental de Sicilia con factorías estratégicas: Panormus, Solus, Motya, el puerto, la roca y la isla. Con ella mantienen el control sobre la ruta comercial que une Etruria con las ciudades norteafricanas. Así se explica que los productos tartesios llegados a Carthago o Útica siguieran dos direcciones: bien a Oriente, o bien a los puertos etruscos.

Los griegos de Sicilia quisieron, en el siglo VII, seguir la misma táctica fenicia fundando la ciudad de Himera. Pero este intento quedó frustrado por la presencia de la ciudad de Solus (Sicilia). En consecuencia se llaga a un equilibrio colonial algo proporcionado.

La rivalidad comercial fundamental acaba pronto con esta situación de equilibrio.

La aparición de los focenses en nuestras costas tiene lugar cuando el proceso de colonización había cesado. Su presencia en estas costas despertará la misma rivalidad que en las costas sicilianas.

Hay que tener en cuenta que los focenses se encontraron marginados por las demás colonias griegas.

El Cese de la expansión comercial es un mal síntoma y el propio comercio corintio, al estancarse, preludia su inmediato futuro en el que sus manufacturas serán suplantadas por los productos atenienses.

Los focenses entran en estos momento en un comercio directo con los tartesios, siguiendo las antiguas rutas de las islas que, anteriormente, usaron los rodios. Tratan de superar el equilibrio establecido entre griegos y fenicios en Sicilia, creando en una zona superior, una factoría: la isla de Cerdeña. Esta estratégica base no pasó desapercibida a los fenicios que, rápidamente, consiguieron neutralizar estableciendo una base en Ibiza para controlar con ello las rutas de las islas.

Durante el siglo VI Massalia, como emporio comercial, va pareja con Gadir.

Tanto la actividad de los rodios como la de los focenses despertó el sentimiento nacional de los pueblos púnicos.

La presencia de los focenses en Tartessos y sus buenas relaciones con Argantonio, que inaugura claramente una política filohelena, constituye el toque de alarma que hacían más insoportables las crecientes dificultades de las ciudades fenicias de Occidente, que veían desaparecer implacablemente sus metrópolis orientales ante el avance asirio.

Entre todas las ciudades de origen fenicio de Occidente, sólo una era de fundación real: Carthago. Quizá por ello había heredado un mayor grado de agresividad política y de imperialismo, tan característicos de los pueblo semitas. Carthgo, a finales del siglo VII se transforma en el cerebro director de toda la política púnica de Occidente. El antiguo papel atribuido a la ciudad de Tiro queda disminuido antes de que fuera destruida por los asirios. Lo focenses que, desde Massalia, controlaban numerosas factorías en la costa de la Galia e Iberia, quisieron asegurar sus rutas con nuevas fundaciones, por lo que en la costa oriental de Córcega surgió la ciudad de Alalia. Este hecho significaba un reto directo al mundo púnico, ya que era una intromisión en la ruta comercial púnico-etrusca.

Tras la alianza bélica de púnico y etruscos, se planteó la gran batalla naval de Alalia (535) dada a la vista de la propia ciudad. Esta batalla constituye el final de la expansión focense, pero no fue el final de la guerra. Los cartagineses se crecen y se convierten en el martillo de las ciudades griegas de Occidente.

Los focenses consiguieron quitarse un poco la espina de Alalia, en las costas alicantinas donde la ciudad Hemeroscopion se conservó.

El alejamiento de Mainaia y su lejanía de las restantes ciudades griegas forzó probablemente a los griegos a su abandono, aunque se ignora si hubo guerra en su retirada. Los hechos son que Estrabón habla de una ciudad destruida y visible desde el mar.

La alianza bélica de etruscos y púnicos contra los griegos tendrá capital importancia con relación a Tartessos: será el preludio de su consiguiente desaparición,

Cuando la expansión griega queda frenada y combatida, el Mediterráneo queda dividido en dos zonas económicamente rivales. Carthago asumirá la dirección y defensa de todos los asentamiento semitas de Occidente, con un imperialismo que durará tres siglos.

Hacia el 508, Carthago firma el primer tratado con Roma por el que se prohíbe a los romanos y a sus aliados los griegos massaliotas, la navegación hacia Occidente más allá de las costas sardas.

Todo el Oeste queda cerrado a la navegación y comercio griegos y el mundo púnico recobra su antiguo monopolio sobre las riquezas tartesias.

CAPÍTULO IX

RUINA DEL SISTEMA TARTÉSICO

Fase fenicio-cartaginesa de ‘Ex

Tartessos y su marco de influencia desaparecen misteriosamente del mundo antiguo. Todo enmudece a partir de Alalia. La Arqueología no ha dado una señal precisa en su identificación.

Desde Alalia hasta el desembarco de Amílcar Barca en 237 transcurren tres siglos de importancia excepcional para ‘Ex y las ciudades colindantes. Tres siglos de silencio que la investigación histórico-arqueológica debe llenar.

Hay quien opina que Tartessos fue destruida por los gaditanos; otros, por los cartagineses. No se excluye tampoco la posibilidad de que hubiesen sido los pueblo célticos del interior.

El problema de la desaparición de Tartessos puede tener algún punto común con el de Mainaia.

Avieno habla de la existencia de un camino terrestre que ponía en comunicación Mainaia con la comarca tartesia. Si los mercaderes griegos tenían que recorrer este largo y penoso camino con todas las incertidumbres que suponía, es que la navegación costera les sería imposible.

Evidentemente el problema estaría relacionado con las consecuencias de Alalia.

Esta situación debió perdurar hasta que los cartagineses, aliados de los fenicios, desplazaron totalmente a Tartessos.

Los griegos no tuvieron en cuenta el tratado con Roma que había firmado Carthago. También los cartagineses se enfrentan a ellos y los interceptan.

El el 348 Carthago firma un segundo tratado con Roma en el que se pone como límite el cabo de Palos. Con ello se evidencia que los griegos dominaban el Sureste peninsular. Esto sirve de base para afirmar que en el tratado anterior los griegos siguieron su criterio de independencia.

Ante el problema de comunicaciones creado por los púnicos, los griegos, desde Massalia, se lanzan a la búsqueda de otras rutas que les guíen hasta el preciado estaño. Tartessos, a consecuencia de esto, se ve mermada en su comercio con los griegos. En consecuencia, la depreciación afecta de forma mortal a los productos tartesios y evidentemente se produce una bancarrota que irá paulatinamente haciendo desaparecer un emporio que, siglos antes, había brillado como la tierra prometida para los emigrantes orientales.

El desastre económico provocado por los massaliotas causó las desmembración política de Tartessos convirtiéndose los numerosos grupos en pequeños taifas que anteriormente dependían del vasallaje tartessio.

En el siglo II y I, tras el comienzo de la romanización, Tartessos es ya un mito.

Con la romanización Gadir, denominada Gades, se convierte en la heredera del monopolio del estaño.

Los gaditanos, no precisamente desde época romana, sino desde el momento en que los griegos fueron desplazados del Sur, se adueñaron del comercio y sometieron a todo movimiento económico a un control que los convirtió en los dueños de todas las transacciones que se realizaban en el Mediterráneo occidental.

Gadir fue una colonia fenicia de los siglos primeros, pero es necesario notar que tanto la historiografía como la arqueología no nos han dado un retrato donde aparezca la grandiosidad que refleja en la época posterior a Alalia. Tanto era el sentido del imperialismo púnico que, hasta el siglo V, tal vez, ‘Ex no acuñara su propia moneda, al igual que Gadir y Abdera. Ello evidencia una sumisión, en fechas del esplendor tartessio, a una monarquía monopolizadora como la de Tartessos que con su economía condicionaba, a cambio del monopolio económico, la completa libertad política de las ciudades del Sur.

La ruta del estaño será bien guardada por los púnicos hasta el Imperio. Se conoce la anécdota de un fenicio gaditano que embarrancó su nave, perdiendo la carga, al darse cuenta que era seguido por una nave romana, para no delatar el camino.

El siguiente golpe asestado a los tartesios fue causado por el descubrimiento de la ruta marítima del estaño, por Himilcón ( s. V a. de C.).

No se puede afirmar que la colonia griega Mainaia fuera destruida, aunque las palabras de Estrabón casi no dejan lugar a dudas. Pero no sería inexacto admitir el abandono por parte de los griegos al afirmarse en el Levante peninsular.

Tras la desaparición de Tartessos, El territorio comprendido entre Sierra Nevada y la costa, quedará definitivamente agregado al interior y dividido entre las ciudades fenicias de la costa.

Gracias a un intenso proceso de colonización semita, se logrará incluso transformar en libiofenices a las comunidades rurales.

El recuerdo de la gran unidad política del mundo tartesio y su territorio de influencia, no se deshizo por completo. Las rivalidades entre los distintos reyezuelos impedirá que alguno destaque con predominio sobre los demás.

Volver a unificar Tartessos costó sangrientas luchas a los cartagineses, en el siglo III, a pesar del inmenso aparato militar desplegado. Amílcar lo consigue, pero a costa de sus vida.

Ni Roma pudo unificar la estructura antigua.

CAPÍTULO X

‘EX Y LA CULTURA DE TARTESSOS

1- Ritual funerario de los asentamiento costeros.

La práctica de la incineración fue constante entre los pueblos de la España Ibérica, tanto en los territorios meridionales como en la región levantina.

El cambio de inhumación a incineración es interesante y, al parecer, se efectuó ya en el primer tercio del primer milenio antes de nuestra Era. Cuando las costas meridionales y levantinas fueron colonizadas por fenicios y griegos, hallaron ya una población de incineradores.

Tanto los fenicios como los griegos focenses practicaron la incineración, hechos comprobados por sus necrópolis en suelo hispano y, por consiguiente el cambio de ritual en las poblaciones indígenas no puede ser debido a la influencia colonial.

Los indoeuropeos que invadieron la Península practicaban la incineración. Debieron influir en las áreas ibéricas. Es difícil creer que la adopción del nuevo rito se deba exclusivamente a la influencia céltica. Tampoco podría explicarse la adopción entre la población de las Baleares que se hallaba totalmente apartada de la influencia céltica. Este cambio de ritual podría explicarse de dos formas: El cético peninsular de origen continental, y el marítimo, de origen helénico continental. Aunque los focenses inhumaron como se desprende, con ciertas reservas, de las necrópolis ampuritanas, no se debe olvidar que los griegos, desde el principio del primer milenio, eran incineradores, hecho testimoniados en las necrópolis continentales, sirviendo como prueba, sobre todo, las narraciones de la Ilíada. Considérese que los griegos llegaron a nuestras costas en épocas anteriores a las colonizaciones de los rodios y focenses.

Es de suponer que un cambio en el sistema de enterramiento lleva consigo una nueva adquisición ritual motivado por un cambio de concepciones religiosas.

La doble corriente incineradora explica que el rito se halla generalizado por completo en los siglos inmediatamente prerromanos.

Las sepulturas aparecen agrupadas en las cercanías de los poblados, en la vertiente de los tesos ocupados por la vivienda o en el fondo de la vega circundante, sin que existan unas reglas fijas aplicables a toda el área ibérica.

La uniformidad en la forma de incinerar es muy irregular. Se utilizan en algunos sitios las llamadas ustrinias (uro) como las de la España ibérica, bajo la influencia céltica. En otros lugares la incineración se realiza en la propia fosa, como puede verse en la necrópolis de Carmona (Carmo, Sevilla).

Las cenizas se colocan en una urna, situando a su alrededor el ajuar del incinerado, sus armas, etc., si se trata de un guerrero, y sus objetos predilectos si se trata de un enterramiento femenino.

2.-Religión

En las zonas costeras se hallan bien arraigados antiguos cultos mediterráneos, como el culto del toro. La localización del mito de Geryón y las alabanzas de los toros tartesios son muy reveladores, aparte de que ya Diodoro atestigua su carácter sagrado. Las representaciones de los toros son frecuentes en plástica ibérica.

También desde época antigua se hallan atestiguados cultos solares y lunares en las zonas costeras del Mediodía. En el antiguo periplo se cita Noctiluca, la isla de la Luna. Es posible que se halle en relación con este tipo de culto, la divinidad conocida con el nombre de Neto, dios indígena que aparece en las inscripciones tardías, cuyo culto estuvo muy generalizado en el Sur. Más tarde Neto fue asimilado a Marte, guerrero del Panteón romano.

Entre los primeros, el culto de Melkart, el Hércules gaditano, tuvo un prestigio que, con toda certeza, influyó en la desaparición de otras divinidades indígenas.

CAPÍTULO XI

‘EX EN LA CULTURA MATERIAL DE LOS PUEBLOS DEL SUR

1.-Metalurgia

Fueron famosos los trabajos realizados en los talleres con materia de oro, plata, cobre, estaño, hierro y plomo. La influencia orientalizante tiene lugar en tiempos de Argantonio, es decir, desde mediados del siglo VIII a. de C.

La corriente artística mediterránea en cierto modo se vio acrecentada desde el momento en que los pueblos del Sur se incorporaron a ese movimiento general. Lo más destacable fue la propia originalidad aportada por los artistas tartesios. Es de suponer que los focos industriales serían varios situados en todo el Mediterráneo y Atlántico de dominio tartesio.

Se sabe que la metalurgia de los pueblos del Sur tenía arte y técnicas suficientes para ser considerados desde el II milenio. Pero se admite, según las referencias, a partir del I milenio.

Hecho destacable es establecer la falta de continuidad entre la cultura megalítica, argárica y tartesia. De la cultura megalítica no se poseen muchos datos, aunque recientemente ha hecho acto de presencia con algunas cerámicas rudimentarias correspondientes al Bronce.

Restos de ajuares de la cultura argárica son muy frecuentes en la comarca de ‘Ex. Lo más importante de esta fase cultural es la consecución del bronce rudimentario.

A Tartessos corresponde, pues, el trabajo y aprovechamiento del hierro. Este elemento debió llegar a manos de los tartesios gracias a la utilización que venían haciendo de él los fenicios desde los países orientales.

Los divulgadores de la nueva técnica fueron los pueblos del mar a fines del siglo XII, pero en Fenicia era conocido desde tiempos anteriores por sus relaciones con el pueblo hetita.

Los fenicios que fundaron Gadir, ‘Ex y otras ciudades, introducían objetos manufacturados y otros utensilios de hierro. Estos objetos serían utilizados como material de intercambio en las relaciones comerciales.

La extensión del hierro por Andalucía a consecuencia de la colonización fenicia, cronológicamente es paralela al primer desarrollo continental europeo de la nueva metalurgia, coetánea de la cultura de Hallstadt.

No se puede afirmar con precisión en qué momento fue utilizado el hierro en el Sur. En la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal han aparecido objetos de hierro que se remontan al primer tercio del siglo VII, hecho que no indica ser lo más antiguo. Normalmente y debido a su gran oxidación, el hierro se conserva poco estable. Por ello resulta difícil precisar la forma de los objetos.

Hay hallazgos, como el Tesoro de Villena, que alcanzan una antigüedad aproximada de mil años a. de C.; pero las condiciones en que aparecen manifiestan que se trata de un hierro considerado como metal precioso.

En el año 1.604 a. de C. fue descubierta sobre una pequeña colina, hoy emplazamiento de la iglesia parroquial de Almuñécar, una tumba que, por sus características descritas detalladamente por el cronista, es similar a la de Trayamar, como se dijo. En ella fueron halladas piezas de hierro, como una espada y otros objetos. Para la confirmación de este suceso, disponemos de un manuscrito del siglo XVII.

El hierro desplaza al bronce en numerosos usos, como la fabricación de armas y herramientas; pero el bronce conserva su valor para fabricar vajillas, trípodes, exvotos etc. El metal constituía la base de la economía tartesia y los fenicios eran los intermediarios en su comercialización con el Oriente, mediante la preparación, en forma de lingotes, que desarrollaron importantes centros metalúrgicos por todo el Egeo: Argos, Samos, Corinto.

El lingote llega a ser el símbolo de la riqueza y de la fortuna. Adopta la forma rectangular para poderlo llevar a hombros. Mas tarde se copiarán en bronce y, reducidos de tamaño, estos lingotes se cuelgan de collares, de fíbulas o pendientes y aparecen en todo el mundo céltico (64) occidental como símbolo de prosperidad y buena suerte.

Entre las piezas destacables y englobadas dentro de la cultura tartesia figuran los braserillos de bronce de la Necrópolis de Cerro de San Cristóbal. Se trata de unos recipientes circulares con dos asas que reproducen la forma actual de los braseros. Estas piezas eran usadas como objetos rituales o de purificación.

Estos ejemplares aparecen en las tumbas asociados a otras piezas de metal o cerámica, cosa que prueba más su utilización como aguamaniles y su relación con determinados ritos.

Por lo que se refiere a su tipología, constituyen piezas absolutamente originales no halladas en los distintos puntos del Mediterráneo del período orientalizante.

La Necrópolis del Cerro de San Cristóbal posee ejemplares pertenecientes al siglo VII. Parecen ser objetos que alcanzaron gran comercialización fabricándose varios siglos después.

Las fíbulas halladas son de estilo chipriota. Los fenicios las llevaron hasta el extremo de Occidente y en la Península tuvieron gran difusión.

2.– Orfebrería

El primer desarrollo de la orfebrería tiene lugar en el momento de máxima expansión comercial del vaso campaniforme.

En la sepulturas con cerámicas campaniformes, sean cuevas naturales, o artificiales o simples fosas individuales, el oro se encuentra en pequeñas cantidades. A veces son pequeñas cuentas de collar que alternan con piedras más o menos finas: calaíta, esteatita, hueso o ámbar.

Foto 71. Colgante de Almuñécar y cuenta de oro soldado perteneciente a un collar de tres cadenas. Anverso.

Foto 72. Colgante de Almuñécar y cuenta de oro soldado perteneciente a un collar de tres cadenas, reverso.

Nota. Piezas de oro fueron halladas en la zona de Monte de Velilla. Almuñécar. Publicado por el Dr. Michael Blech en Almñécar Arqueología e Historia III, pág. 43-59. 1986.

Nota aclaratoria. Se sabe que fueron más numerosos los hallazgos y que no se han publicado. La fecha de su aparición son lo años No es segura la fecha que se cita. Pero recuerdo que fue sobre principio de los 80 cuando visité esa finca y conocí al guarda . Lo que es cierto es la cantidad de elementos que fueron encontrados. El contexto se encuentra formado por numerosas tumbas ibéricas, fenicias y romanas. Es un punto ideal para el establecimiento de hábitat porque el agua potable en esa zona es abundante. Los romanos debieron tener bastante terreno ocupado ya que se ha descubierto recientemente una pequeña galería abovedada y que ha sido destruida o enterrada con las nueva urbanización de la zona.

A esta civilización pronto se le suma la cultura argárica del Bronce.

La opulencia y ostentación son retratos de esta riqueza de la sociedad occidental. Es un campo abonado para recibir y asimilar toda la corriente orientalizante que la actividad del pueblo fenicio realizará desde todos los puntos litorales.

En el siglo VIII el impacto de Oriente actúa directamente sobre los núcleos urbanos del área tartesia. El aumento de las relaciones comerciales establecidas por las ciudades costeras en el interior, incrementa su riqueza y mayor desarrollo de los núcleos de orfebres que se organizarán en verdaderos talleres cuya vida está asegurada por una demanda creciente. Es de suponer que uno de estos centros de orfebres debió estar ubicado en Gadir.

La Biblia establece como inicio del gran desarrollo de Gadir el año 600 a. C.

También se ha visto como ya, en los inicios del siglo VII, la Arqueología demostraba para ‘Ex una prosperidad que se traducía en la gran amplitud de sus importaciones, y no existe ningún indicio que incline a admitir que ‘Ex dependiera en aquel momento de un eventual centro distribuidor gaditano.

Lo dicho para ‘Ex puede así mismo demostrarse cualquier día para las restantes factorías de la costa meridional: Abdera, Malaka etc.

3.-Marfiles

Los mercaderes fenicios inundan el marcado andaluz con marfiles fabricados en las ciudades sirias, siendo muy pronto imitados en Occidente.

Si se recuerda el volumen de las importaciones fenicias puestas de manifiesto en los ajuares de las tumbas de la Necrópolis del Cerro de San Cristóbal, en las que la totalidad de sus urnas están constituidas por alabastrones y ánforas de alabastro egipcias, no habrá de extrañarse de la dificultad que existe de separar los marfiles que fueron importados, de los que pudieran constituir productos de los talleres tartesios, ya que su diferencia es mínima. No obstante, hay que admitir que, a consecuencia de las emigraciones provocadas hacia Occidente por las invasiones asirias en el siglo VII, la artesanía local tuvo artículos importados, en gran número.

El arte de todos los marfiles andaluces puede calificarse más de arte fenicio provincial, que de orientalizante.

4.-Las cerámicas tartesias en ‘Ex.

Todo el Mediodia registraba desde la Antigüedad una tradición cerámica de calidad. Con la aparición de la cerámica del Vaso Campaniforme las alfarerías andaluzas adquieren un gran desarrollo.

El mundo tartésico no llegó a industrializar su producción cerámica, que se mantuvo como una manufactura artesana fabricada a mano sin ayuda de torno rápido.

En primer lugar se introducen manufacturas de origen chipriota; a continuación, fenicias, cartaginesas y griegas.

El pequeño tamaño de estas vasijas de importación y su calidad, parecen indicar que constituían simplemente los envases de productos muy preclaros: perfumes y aceites perfumados.

Foto 73. Vaso globular del Sector C, Puente del Noi.

Foto 74. Necrópolis Puente del Noi. Conjunto de pieza halladas en el Sector C como ajuar funerario.

Foto 75. Necrópolis fenicia de Puente del Noi. Ajuar funerario. Sector B.

Foto 76. Necrópolis fenicia de Puente del Noi. Ajuar funerario, Sector B.

Su introducción es obra del comercio fenicio.

El conocimiento de estas cerámicas exóticas es de gran interés. En primer lugar, por conocerse la facha exacta de su fabricación en el Mediterráneo oriental, permitía señalar con mayor precisión las etapas del desarrollo de la civilización tartesia histórica; pero son más importantes aún, como estímulo hacia la transformación de la industria alfarera local, que quiere imitarlas, y abandona las antiguas técnicas para adoptar las propias de aquella industria.

A fines del siglo VII, con seguridad en el VI, se extiende la utilización del torno rápido y del horno de temperatura elevada.

Tartessos inaugura la primera producción industrial de cerámica en España.

En un determinado momento no faltan los productos griegos en las manufacturas importadas. En particular, las cerámicas protocorintias traídas al Occidente, kotiloi protocorintios, del primer tercio del siglo VII, se han hallado en las tumbas del Cerro de San Cristóbal.

5.- Escritura

Según Maluquer, las ciudades como ‘Ex fabricaron monedas en época muy tardía con inscripciones indígenas. Estas inscripciones son muy distintas de la púnica, griegas o latinas, y responden a un sistema propio e indígena del país. Aunque en realidad estas monedas corresponden a los siglos republicanos romanos y, en consecuencia, puede calificarse de inscripciones turdetanas, representan la continuidad ininterrumpida de un sistema de escritura más antigua, propio del reino tartesio más o menos evolucionado.

Foto 77. Necrópolis Laurita. Kotilos. 1

Foto 78. Necrópolis Laurita. Kotiloi 2. Ajuar funerario con vasos protocorintios en las tumbas del Cerro de San Cristóbal

Las monedas fenicias de ‘Ex, han sido estudiadas, unas presentan caracteres paleopúnicos, y otras muestran una fase más avanzada de la escritura fenicia.

Foto 79. Moneda fenicia de época clásica. No cartaginesa. Tipo 1. Leyenda de primera fase.

Foto 80. Moneda fenicia de época clásica. No cartaginesa. Tipo 1. Leyenda de primera fase.

Foto 81. Moneda fenicia de época clásica. No cartaginesa. Tipo 1. Leyenda de primera fase.

Foto 82. Moneda fenicia de época clásica. No cartaginesa. Tipo 1. Leyenda de primera fase.

Foto 83. Moneda fenicia de época posterior a la batalla de Ilipa (-206). Su leyenda muestra variantes tanto en el nombre con en la situación de la leyenda: lectura partica.

Foto 84. Moneda fenicia con leyenda partida.

Foto 85. Imagen con leyenda partida.

Foto 86. Imagen con leyenda central.

Foto 87. Moneda con leyenda central.

Foto 88. Moneda con leyenda central en caracteres latinos.

Foto 89. Moneda fenicia con leyenda central y caracteres latinos.

Foto 90. Moneda fenicia con leyenda central y caracteres latinos.

Foto 91. Moneda fenicia con leyenda central y caracteres latinos.

CAPÍTULO XII

REALIDAD HISTÓRICA DE ‘EX, ÉPOCA HISTÓRICA DE DOMINIO FENICIO

La cultura neolítica está presente de forma clara y evidente en puntos bien definidos de la comarca de ‘Ex, como se verá.

Los ajuares, testimonios de está época, han sido hallados con cierta regularidad allí donde el hábitat humano era posible para unos pueblos que vivían en un retraso técnico considerable, cuando hacen acto de presencia en nuestras costas los comerciantes fenicios.

Del Bronce, algo estudiado de una forma progresiva en esta región, hay varias estaciones que pueden servir como puntales para una coordinación de este movimiento cultural en toda la provincia de Granada.

El Argar se encuentra situado en una zona muy concreta donde pudieron convivir los aborígenes con los colonizadores. La estación más dotada se encuentra en el Monte de Velilla y el Pago del Sapo.

1.- Medio físico

En los albores de la Historia occidental, a comienzos del siglo XII a C., el medio físico de ‘Ex ofrecía una panorámica muy diferente a la actual. El casco urbano de entonces presentaba, como se ha dicho antes, el aspecto de una nave fondeada en medio de dos estuarios bastante profundos. Los dos ríos en aquellas fechas eran dos brazos de mar que penetraban hacia el interior de estas tierras alcanzando una extensión variable en dirección a Jete.

En resumen, el casco urbano actual era totalmente un islote. El punto más próximo a esta peña era la colina de la Santa Cruz. Precisamente siguiendo su orientación, los romanos, en época muy posterior, levantarán un lazo de unión con el islote: el tramo final del acueducto romano.

El enmarque geográfico de ‘Ex muestra una configuración triangular

Desde cierta distancia de la costa, sobre el quebrado sistema montañoso, se dibuja la silueta de Mons Silurus (Sierra Nevada).

‘Ex, por ambos costados, está encasillada por colinas y montañas de mediana altura, constituyendo una muralla natural que, en algunas ocasiones, será decisiva para la supervivencia de las tribus y colonizadores de esta comarca.

La extensión territorial costera, tras el asentamiento de los fenicios, comprendía la franja existente entre el cabo Sacratif y Cerro Gordo.

En cuanto a la existencia de los dos esteros, tenemos las pruebas antes citadas acerca de las prospecciones llevadas a cabo en la perforación de pozos de regadío a una altura, con respecto a la costa actual, de tres km aproximadamente, en la vega de río Verde.

La segunda prueba es la existencia de un puente en río Seco, a unos trescientos metros de la actual playa de San Cristóbal. Este puente, a dos metros de profundidad, servía para unir las localidades de Sex y Caviclum (según el Itinerarios de Antonino) probablemente la nueva ciudad descubierta recientemente en los llamados Castillejos, (aunque hoy se considera a Torrox), como puede verse en la foto, punto desde el que se pueden controlar los movimientos navales desde Málaga a cabo Sacratif.

Foto 92. Restos de ajuar doméstico de época neolítica en la comarca de cuevas de Otívar, Lentegí y Jete.

Foto 93. Cerámica ibérica a mano.

Foto 94. Restos neolíticos hallados en una de las cuevas de Jete.

Foto 95. Materiales paleolíticos hallados en Lentegí.

Foto 96. Material hallado en una de las cuevas de Lentegí.

Foto 97. Cerámica ibérica a mano. Cueva de la Bermeja, Jete.

Foto 98. Grietas sobre el monte donde aparecen diversos oquedades que dan origen a las cuevas prehistóricas, Otívar-Lentegí. A continuación se muestra una de ellas.

Foto 99. Entrada a cueva prehistórica en la sierra de Otívar.

Foto 100. Cueva de la Bermeja neolítica, Jete. Fue excavada por el Profesor Miguel Botella. Se hallaron restos humanos y cierta cantidad de cerámica doméstica.

Foto 101. Cueva de la Bermeja I. Jete. Este lugar ha sido saqueado de sus materiales. Pero se han hallado algunos restos de cerámica manual.

Foto 102. Cueva de la Bermeja II. Se trata de otra de las cuevas detectadas en esta zona. También ha sido saqueada.

Foto 103. Materiales cerámicos neolíticos hallados en estas cuevas..

Foto 104. Martillo neolítico hallado en esta cueva.

De fauna y flora poco se puede decir, salvo lo que permite el estudio de los restos aparecidos de huesos animales y los restos de la vegetación subserial.

2.- Ubicación dudosa de Mainaia bajo las ruinas de Sex

La suposición de los autores modernos en la Historiografía Antigua, de situar la ciudad de Mainake en las proximidades de Vélez-Málaga, es perfectamente admisible. El Itinerario de Antonino da incluso las distancias que la separan de Saxetanum. Por tanto, no cabe duda de que debió estar en el lugar supuesto.

Sin embargo, lo que merece más de atención es el estudio detenido de la toponimia. Los nombres que nos da la Historiografía Antigua deben ser estudiados más a fondo. Obsérvese que aún no se ha distinguido entre las variantes: Mainaia, Mainake, Mainoba y Mainóbora.

Unos de los lugares excavados en la desembocadura del río Vélez ha dado a luz unas murallas considerables, pero no dicen nada sobre una posible ascendencia griega.

Los materiales manufacturados tampoco han aclarado la cuestión.

Junto a este mismo yacimiento existe un pronunciado promontorio cuyo aspecto actual sólo acusa que fue utilizado como cantera proveedora de los grandes sillares que sirvieron para el amurallamiento de la ciudad. Geológicamente no pudo ser una isla.

Si estas ruinas son las citadas por Estrabón, Mainake estaría situada sobre un promontorio, porque, según afirma, «sus ruinas eran aún visibles desde el mar».

En segundo lugar es necesario hacer hincapié en que la primitiva ciudad de ‘Ex no fue lo que modernamente se ha admitido, ni tampoco estuvo ubicada en el actual casco urbano. Todos los indicios señalan una ciudad de tipo comercial, sin levantar unos muros que la protejan, ya que la propia naturaleza del terreno es de por sí inexpugnable.

‘Ex fue una cadena continua de asentamientos a través de todas las laderas que lindan con los esteros de los ríos. Esto es tan evidente y cierto que los romanos, como lo demuestra la Arqueología, siguieron también esta misma costumbre.

Lo que a penas da lugar a dudas, es la narración de Posidonio (66) recogida por Estrabón.

Por otra parte, cuando Estrabón nos habla de las ruinas de Mainake (67), menciona y describe una ciudad del siglo IV ya destruida y de población mastiena, no griega. Schulten (68) dice a propósito que no deben confundirse Mainoba y Mainake. Pero, si se observa detenidamente sólo se reduce a cuestión de sufijos. Pudo muy bien existir la ciudad de Mainoba identificable con Mainake, ya que bastaba cambiar el sufijo griego por uno ibérico, muy normal en aquellas fechas cuando se producían cambios políticos. Conviene aclarar que la ciudad focense que la Historia nos dibuja es una colonia del siglo VII con población griega. Cuando se describe la situación de la originaria ciudad griega, se dice que el Mons Silurus está situado al Norte de ella. No obstante, por experiencia y simple evidencia, como puede verse por una foto panorámica de la comarca de ‘Ex, se puede concluir que la afirmación de Estrabón es errónea, porque el Mons Silurus se encuentra exactamente al norte de ‘Ex, y no del río Vélez, como hasta ahora se ha venido admitiendo.

El actual casco urbano de Almuñécar ha dado a luz muy pocos vestigios de tipo fenicio en esas fechas.

Los materiales hallados por Pellicer en excavación realizada en la cara Este junto al Castillo de San Miguel (69) son, en su mayoría, griegos y romanos. Dato muy importante es observar que el estrato más profundo de esta excavación ha dado como resultado sorprendente que el estrato más hondo de esta excavación ha dado materiales griegos, como ya se ha adelantado en páginas anteriores.

Los restos fenicios hallados en las demoliciones y excavaciones no han dado fecha superior al siglo V, ni han aparecido en cantidad que garantice la confirmación de un asentamiento de ‘Ex en el siglo VII, por lo menos.

Sin embargo la cerámica protocorintia sí abre la posibilidad de un asentamiento griego. Tengamos en cuenta que en fechas como el final del siglo VIII ofrecía aún buenas relaciones comerciales entre fenicios y griegos.

Que sobre el islote que constituía la antigua Sex hubo una ciudad griega y ésta podía ser la antigua Mainaia, una perfecta observación lo dirá en su tiempo, pero no es seguro.

Foto 105. Lugar donde se practicó una cata de excavación en el Castillo de San Miguel. Almuñécar. La excavación fue organizada por Pellicer y Schule en 1963.

Dicha ciudad sería destruida por los fenicios impulsados por los imperialistas cartagineses a partir de Alalia (535). Posteriormente este islote sería ocupado como lugar de refugio y defensa natural por los cartagineses. Pero la Arqueología no apoya esta tesis, ya que sus resultados en vestigios es nulo. Los materiales arqueológicos pertenecientes al siglo VII y correspondientes a la antigua población fenicia han hecho su aparición en los lugares más retirados de este triángulo geográfico, es decir, en casi la totalidad de las colinas limítrofes de los esteros de los dos ríos Seco y Verde.

Como se ha dicho anteriormente, la ubicación definitiva de ‘Ex se ha configurado en las tres colinas correlativas, fundamentalmente de la zona de Poniente en la playa de San Cristóbal. La base de este asentamiento está motivada de raíz por la existencia de agua potable en estos parajes, como ya se ha adelantado, base indispensable para un asentamiento humano.

El agua que podía conseguirse en el islote ocupado por los griegos, supuesta aquí la ubicación de Mainaia, sería en esencia la proporcionada por la lluvia. Los griegos no se dedicaron a la salazón, por lo que que sus necesidades se verían cubiertas por lo imprescindible para el uso humano corriente. Pero jamás pudo asentarse una población de elevado índice de habitantes, y menos la supuesta ciudad de ‘Ex con sus grandes industrias de salazones; esta posibilidad puede quedar desbancada sin el menor error.

La ciudad de Mainake fue una reconstrucción realizada por los aborígenes, tras la destrucción de Mainaia y en recuerdo de ella dándole la misma estructura hipodámica, pero esto no se puede admitir porque el terreno no permite la estructura hipodámica de ciudad.

Semánticamente, la raíz griega «mainis-idos» es un término aplicable por igual a las cuatro variantes que han aparecido derivados de ella.

Al producirse la invasión cartaginesa, todas las ciudades del Sur tuvieron que prestar sus servicios en las filas de los futuros enemigos de Roma. Se sabe que hubo resistencia por parte de algunas ciudades que, evidentemente, sufrieron el asedio y destrucción. Entre ellas pudo encontrarse la supuesta Mainake de Estrabón. Téngase en cuenta que la citada ciudad no debe relacionarse con la Mainaia, ya que se trata de dos ciudades del todo diferentes: Mainake fue destruida cuando el ejército de los cartagineses se adueñó del territorio costero del Sur. Hubo represalias de dureza extrema contra quienes se resistieron a colaborar con el ejército cartaginés que se disponía a atacar Roma..

El saqueo era una hecho frecuente, y allí donde pudiera aparecer un nombre extraño y enemigo como el de Mainake, se centraba con más ahínco el deseo de represalias.

Es muy probable que ‘Ex, al producirse la conquista y primera fase de la romanización, adoptara, según Plinio, el nombre de Sexi Firmum Iulium, precisamente para borrar el recuerdo púnico y ganarse la simpatía de los romanos y concretamente de César cuando realizaba la sumisión de las ciudades del Sur.

Con relación al nombre actual de Almuñécar, algunos autores como Gómez-Moreno y Seco de Lucena, opinan que, fonéticamente, la toponimia ofrece una similitud más griega que árabe: al-Mainake o al-Mainaia podían dar fonéticamente, tras la influencia árabe: Almuñécar.

La estructura que los romanos levantaron tras la conquista, no es otra cosa que una macrofactoría y residencias múltiples en todo el territorio de Sex.

Es preciso tener en cuenta que lo púnico se relaciona estrechamente con Carthago, mientras que lo fenicio lo está con el comercio y vida de Oriente: son dos situaciones humanas diferentes de una misma etnia.

Los cartagineses van a controlar las costas occidentales tras la batalla naval de Alalia, haciendo desaparecer la presencia griega en la zona meridional de la Península, aunque, como dice Maluquer, no se puede eludir el influjo cartaginés desde sus comienzos.

CAPÍTULO XIII

PROCESOS DE COLONIZACIÓN EN OCCIDENTE

La colonización fenicia se realiza en cuatro etapas. Es probable que los fenicios, al contrario de lo que se cree, en fechas muy tempranas, siguieran a los griegos en sus prospecciones geográficas hacia el Occidente, ya que éstos, según la Odysea, se anticiparon en el descubrimiento de los últimos confines del mundo entonces conocido. En una primera fase serian viajes de prospección cuya fecha podría remontarse a finales del II milenio. No se olvide que el origen de los fenicios es oriental, oriundos de la zona próxima al gran territorio del Tigris y Éufrates.

La interpretación que se ha dado del texto citado por Estrabón (70) sobre Hecateo de Mileto en cuanto a los viajes de los libiofenices, parece no estar de acuerdo con lo que posteriormente ha sido estimado.

Se viene admitiendo que Cádiz data del 1100 a. de C. aproximadamente, dándole primacía fundacional sobre las restantes ciudades del Sur, pero, si se reconsidera con precisión el texto «…a continuación está la ciudad de los exitanos», esta afirmación no precisa la antigüedad de ‘Ex, pero nótese que dice «está», con lo que se afirma la existencia, no la fundación. Si «está» es porque ha sido fundada antes de que Estrabón y Posidonio la citaran. Si a esta afirmación se suma el material arqueológico, a todas luces más antiguo que el de Cádiz, podemos mantener sobre ‘Ex, mientras no se demuestre lo contrario, una supremacía cronológica en lo referente a su fundación.

Estrabón, al mencionar a Cádiz como el emporio comercial más grande de Occidente, lo hace citando las noticias que él ha recogido sobre una ciudad que ha comenzado a crecer a partir del siglo V. Es decir: la transformación de Gadir nace del hundimiento y desaparición de Tartessos.

Los antecedentes arqueológicos de Gadir son pobres con relación a los de ‘Ex. Se da la coincidencia de que, al producirse el resurgimiento gaditano, paralelamente hay un «apagón «histórico e incluso arqueológico en ‘Ex.

Además de los kotiloi protocorintios estudiados por Pellicer, han aparecido sucesivamente varios documentos cuya fecha asciende al siglo VII e, incluso, al VIII a. de C. (71).

La segunda etapa comprende los siglos VIII-VII. Por esta época se fundan Carthago (IX), Motya (VIII), Útica (VII) etc. Los arqueólogos sitúan en esta fase la fundación de ‘Ex. Pero los documentos arqueológicos han demostrado que esta suposición no está de acuerdo con la realidad de los hechos.

El declive histórico de ‘Ex se produce en el siglo VI, prolongándose hasta el siglo III a . de C., época en que Roma comienza la conquista de nuestra Península.

El paréntesis que envuelve a ‘Ex, desde finales del siglo VI, da la sensación de estar relacionado con la desaparición de Mainaia y, sobre todo, con el hundimiento de Tartessos.

El plano trazado por Tolomeo con respecto a ‘Ex da unas distancias que oscilan entre los ocho kilómetros con relación a Mainaia. Según este geógrafo, ‘Ex coincidiría con la actual Jete, cosa bastante probable arqueológicamente. Los vestigios arqueológicos de esta ciudad son harte frecuentes tanto en lo que a enterramientos se refiere como a restos cerámicos y otros tipos. No olvidemos que los esteros de los ríos, sobre todo río Verde, llegaban hasta las proximidades de esta localidad, y sabemos que la población fenicia ocupó sucesivamente los lugares limítrofes con el mar conforme éste iba bajando de altura por el efecto del arrastre de los ríos. El mismo nombre de la ciudad, Jete, hace pensar en que se trate de una procedencia de Sex. Es muy posible, ya que toda esta zona era considerada como integrante de la comarca de Sex.

A finales del siglo V se impone el dominio de Carthago en todas las colonias de Sur. Por estas mismas fechas van a la cabeza, como centros de categoría de Akra Leuké (Alicante) y Baria (Vera).

Pero es de notar que en la tercera expedición de púnicos a España, se centrarán principalmente en el Levante peninsular, afirmándose con una fundación metropolitana que será, durante años, la pesadilla de Roma: Carthago Nova.

‘Ex, al igual que las restantes ciudades costeras y del interior, girará en torno a Carthago como proveedora de hombres y materias primas para combatir contra Roma. Los elementos de esta nueva colonización son muy heterogéneos. Aparecen tipos predominantemente africanos, aunque no faltan fenicios puros, griegos, chipriotas etc. Sirven, como testimonio de ello, dos diferentes tipos de enterramientos hallados en esta zona. Las tumbas muestran los ritos de incineración e inhumación y, dentro de este tipo, algunas tumbas colectivas.

Carácter de la navegación en la antigüedad prerromana

La navegación primitiva se realizaba a vela y remo. El velamen estaba estructurado de tal forma que sólo permitía navegar cuando el aire era favorable o viento de barlovento.

Sólo en épocas muy posteriores se descubrió la técnica de navegar en contra del viento o sotavento, técnica totalmente desconocida en los albores de la civilización mediterránea. Se solía navegar de día y a la vista de la costa y muy raras veces de noche.

Esta navegación diurna requería que las embarcaciones hicieran atraque al atardecer para hacer noche, aguada y continuar al día siguiente.

Los lugares elegidos eran siempre los altozanos y las islas, buscando siempre lo que diera seguridad y protección contra cualquier imprevisto.

El espacio normal recorrido por una embarcación en dirección casi siempre recta, oscilaba alrededor de los 50 kilómetros por día, según el tipo de embarcación.

CAPÍTULO XIV

EMPLAZAMIENTO DE ‘EX

La ciudad fenicia ‘Ex no pudo, como se ha demostrado, estar emplazada en el casco urbano actual de Almuñécar. Según se ha visto, fue un islote de roca viva, pelado, sin vida y sin agua.

Las salazones fenicias tan pregonadas, estuvieron situadas en las laderas de las colinas de los ríos, según se fue desplazando la población, y finalmente en las partes bajas de las colinas del Barranco de la Cruz.

En este peñasco pelado sólo se podía recoger agua de lluvia mediante aljibes y, dado que la pluviosidad ha variado poco con respecto a nuestras fechas, únicamente podía satisfacer las necesidades primarias de una población muy reducida.

La gran industria de salazón fue montada en el casco urbano actual de Almuñécar a partir de la dominación romana. Para ello fue necesario la construcción de un gran acueducto, si tenemos en cuenta que la salazón no se puede realizar sin agua dulce.

Las prospecciones realizadas por Pellicer en la cima del casco urbano actual han puesto al descubierto gran variedad de materiales griegos y romanos, como ha quedado dicho. Este lugar pudo haber sido utilizado por los fenicios a partir de Alalia. La Arqueología no ha registrado huellas fenicias que se acerquen a las fechas de las hallada en el Barranco de la Cruz.

No existen en absoluto, dentro de todos los hallazgos realizados, ni una sola prueba que apoye un asentamiento humano fenicio en el casco urbano actual de fechas anteriores al siglo VI a. de C.

Las industrias de salazones comienzan a tener nombre a partir del siglo I a. de C. en el período de la República romana. Pero los autores antiguos nos habla de su existencia en tiempos de la colonización fenicia.

El material estudiado por Sotomayor en la recientemente descubierta factoría de salazones de Almuñécar, no ha dado ninguna prueba de que se tratara, en principio, de una factoría fenicia, por lo menos en restos de cerámica, pero los resultados han sido totalmente negativos.

En resumen: Si los hallazgos fenicios se hacen patentes a lo largo de casi todas las laderas orientadas, comprendidas entre Jete y el Barranco de la Cruz, es preciso afirmar que ‘Ex no constituía un núcleo concreto, sino más bien una cadena de pequeñas factorías situadas a lo largo de los esteros de los dos ríos de Almuñécar, aunque el mayor asentamiento se encontrara donde el agua dulce era más abundante: Barranco de la Cruz y colinas que lo circundan. Y el hecho de que apareciera en mitad de la vega de río Verde, una galera romana (Sermet) en buen estado, es prueba clara de que el agua del mar se encontraba entonces muy cerca de las laderas donde se han detectado restos de construcciones muradas en distintos puntos de su recorrido por donde hoy se encuentra el conocido «Camino Bajo», cuya zona estuvo ocupada por el «Cuartón de la ciudad Antigua», lo que clarifica aún más nuestra teoría sobre el uso por parte de los fenicios de esos terrenos para montar sus industrias.

Esta demarcación, dejando como probable Jete, puede corresponder a la ‘Ex más antigua, y que, según la Arqueología, a partir del siglo V, rastros fenicios se deja ver en el casco viejo actual.

La llegada de los romanos, en sus inicios, permitió que la población fenicia continuaran en sus antiguos asentamientos, como lo demuestran las monedas fenicias con inscripciones en latín.

Sobre la actual Almuñécar se levantó la estructura fortificada de la que hoy quedan bastantes construcciones, con una clase dirigente selecta romana, es decir: se situó aquí toda una colonia romana minoritaria, pero poderosa y militares, y población esclava romana y temporeros procedentes del norte de África y los propios nativos de la zona.

Con relación a una probable identificación de Mainaia con Almuñécar, Avieno habla de ella y de su isla, como afirma Schulten. Dándole la vuelta a esta solución, se puede pensar que fuera Mainaia la situada sobre la isla. Su río podía ser perfectamente río Verde que era navegable en un gran trecho de su estuario.

Es necesario tener en cuenta que Avieno escribió basándose en un autor que, sin duda, fue quien escribió el periplo más antiguo conocido.

Es en los inicios del siglo VIII a. de C. cuando los griegos focenses se desplazaron hacia Occidente en busca de nuevas fuentes de riqueza, atraídos por la fama de Tartessos que había despertado la inquietud comercial en Oriente.

El término Mainaia, relacionado con la salazón como se ha dicho, significa que los griegos utilizaron este nombre probablemente porque establecieron relaciones comerciales con los fenicios y constituían un punto de enlace en el intercambio de productos por los derivados de la pesca.

Resulta un tanto extraño que industria y toponimia jugaran un papel tan paralelo.

De ‘Ex a Mainaia pudieron, pues, salir los moldes industriales que los romanos llevaron a un desarrollo tal que se hicieron famosos en la época republicana y, sobre todo, imperial.

El probable emplazamiento de Mainaia estaría situado en la parte superior del peñasco que sirve de base a la posterior Sex.

Las excavaciones realizadas por Pellicer y Schule junto al Castillo de San Miguel han dado un resultado positivo: el estrato más profundo registra la presencia de material griego, hecho que demuestra que los primeros que se situaron sobre ese lugar fueron gente de origen griego. Y la pregunta es la siguiente dirigida a quienes han silenciado tanto tiempo estos datos, como el trabajo realizado por Molina Fajardo en todo el tiempo que ha estado excavando en Almuñécar. Se ha trabajado con prejuicios y con planes premeditados: ensalzar todo indicio de fenico y árabe, en detrimento de los romano y griego. Los hechos están bien probados en sus publicaciones.

Schulten (81), en la búsqueda de Mainake nunca pensó que pudiera subyacer bajo los cimientos de las nuevas construcción romanas que se siguieron de inmediato.

Era, pues, incomprensible que un lugar tan estratégico y con una defensa natural tan importante en aquellas fechas pudiera permanecer abandonado con las ruinas de Mainaia a flor de tierra.

El texto de Pellicer sobre la excavación realizada junto al castillo de San Miguel, es el siguiente: «El corte de una potencia inferior a un metro, dio, en los niveles superiores, materiales medievales y modernos de todo tipo: cerámicas toscas de cocina, cerámicas vidriadas árabes y de tradición árabe azules, blancuzcas, marrones, amarillentas, verdosas, etc., cerámicas pintadas de tonos oscuros sobre fondo blancuzco árabes y de tradición ibérica, escoria de hierro y de vidrio. En los niveles inferiores, estos materiales aparecieron mezclados con tierra sigillata de aspecto sudgálico, hispánicos, etc,; el estrato III, 0,3 m, esquisto descompuesto, materiales arqueológicos griegos: fragmento de pátera y fragmento de kilix ático de finales del siglo IV o principio del V a. de C.».

Esta estratigrafía nos muestra que, al menos en el siglo VI a. de C., en el Cerro de San Miguel se hallaba una población de procedencia griega (82).

Una excavación completa de todo este terreno nos sacaría totalmente de dudas y se confirmaría que todo el casquete superior de ‘Ex está cimentado sobre ruinas griegas.

CAPÍTULO XV

SALAZONES E INDUSTRIAS EN ‘EX

Siempre se ha considerado a los fenicios como los importadores de las técnicas de salazón.

El primer paso hay que situarlo en la pesca y su técnica. Los sistemas reticulares diferían de los actuales en su estructura. Las mallas eran de mayor tamaño que las usadas en épocas posteriores.

Los fenicios, como demuestra la Arqueología, no utilizaron en sus aparejos las plomadas, sino el barro cocido y la piedra, según piezas encontradas.

Se trataba de un sistema de correderas similares a las usadas en la técnica actual, pero con materiales del todo diferentes.

Según se desprende de los emblemas numismáticos de todas las épocas fenicias, la pesca del atún era abundante en todo el Mediterráneo occidental. Tan primordial debió ser la industria pesquera que el atún forma parte del emblema numismático como testimonio de su importancia en estas ciudades.

Foto 106. Piedra utilizada como plomada en las redes de pesca.

Foto 107. Elemento de cerámica que se utilizó para las redes de pesca.

Foto 108. Dos de esos elementos usados en las redes de pesca.

Es evidente que los mejores preparados en materia de salazón los hicieron los fenicios. Los romanos no harían más que heredar las técnica y propagar sus productos comercializados.

Las ubicaciones de las factorías coincidían con el emplazamiento dotados de manantiales de agua dulce más abundante en estos parajes: el Barranco de la Cruz y yacimientos limítrofes. (Los vecinos de esta zona refieren que en las operaciones de laboreo, con el rastro del arado han tropezado con las «alberquillas» excavadas en la roca en parte recubiertas con mortero).

Hay que tener en cuenta que la producción de los fenicios nunca pudo tener el alcance comercial que tuvo con los romanos, donde en fechas posteriores, alcanzaron gran renombre en todo el Imperio.

En cuanto a la crítica histórica de estos productos de consumo, no faltan detractores que lo ridiculicen, o lo intenten. Incluso los más indulgentes lo comparan con la vulgar salsa de anchoas de los marineros provenzales (83).

Esta idea ha sido apoyada por P. Grimal y Th. Monod en la Revue des Etudes Anciennes, de la Universidad de Burdeos.

Se considera, en primer lugar, que el uso del garum durante nueve siglos en el mundo clásico, implica una buena garantía de su buen aprovechamiento y comercialización. Ni Plinio (84), ni Manilio (85), ni otros filósofos y autores influidos por la filosofía, pueden ser testimonio del sentido peyorativo dado a este producto. Esta actitud está justificada o más bien motivada por una oposición sistemática a la importación de bienes de consumo extranjeros.

Foto 109. Piedra usada como plomada en las redes de pesca fenicias.

El garum era importado. Algún autor, como Plinio, le atribuye propiedades terapéuticas.

Foto 110. Elemento usado de plomada en las redes de pesca por los fenicios.

Es imprescindible partir de la época romana para conocer los tipos que se producían. De tiempos de los fenicios sólo se tiene referencia del producto, sin más aclaración. Pero debido a que la técnica de preparación de este producto fue heredado por los romanos en su totalidad, partiremos de la época romana para su estudio y clasificación. En realidad el garum no era un producto de lujo, como hace ver Plinio (87) cuando compara su precio con el de los perfumes. Sólo se podía comparar con éstos la variedad preparada con atún, como materia prima.

El Edicto de Diocleciano cita una clase cuyo precio era de 12 a 16 denarios la libra, tarifa módica que se compara con la de la miel, de 20 denarios.

La Arqueología muestra en ánforas de Pompeya (88) inscripciones donde figuran varios tipos de recipientes rústicos y poco lujosos.

El garum era un producto de consumo diario originario de las ciudades costeras orientales, fabricado, en principio, por los griegos y divulgado por los fenicios que monopolizarán de producción apoderándose de los bancos pesqueros tan abundantes en Iberia; sobre todo la zona próxima al Estrecho donde la pesca selecta era más abundante. Apicius (89) intenta establecer su proceso de fabricación: inmersión de vísceras e intestinos de pescado en una solución salina saturada, fermentación favorecida por la acción de lo rayos solares. Otras veces se hacía mediante fuego, filtrando el líquido resultante. Químicamente podía ser una autodigestión, una autolisis producida por las diastasas del pescado en presencia de un inhibidor de la putrefacción: la sal. Esta autolisis sería favorecida por cierta fauna microbiana, produciéndose una maduración semejante a la que tiene lugar en la de los quesos. Se conocen también las especias utilizadas en la elaboración del garum (90): Atherina hepsetus (hoy pejerrey), pez que se encuentra en el Mediterráneo, Scomber Scomber (91).

Según los autores existe una clara identidad entre el garum y el nuocman indochino no sólo por lo que se refiera al proceso de fabricación, sino también a la materia prima, pues si las materias utilizadas son distintas, cosa natural si se tiene en cuanta el distinto medio geográfico, los géneros son idénticos.

La materia básica está constituida por pescados pertenecientes a los grandes grupos de los Clubeiformes y escombriformes (92). Las citas sobre el desagradable olor del garum coincide con el del nuocman.

En la desaparición del garum y sus causas se ha comprobado su existencia en Occidente bajo el reinado de Chilperico II (939. Rondelet (94) dice haber presenciado su elaboración en Montpellier. Belon (95) habla de su popularidad en Turquía donde su presencia ha sido comprobada en 1917 (96), conservándose incluso el nombre clásico «garos». En el Mármara se ha comprobado su uso por Bernad.

Los autores opinan que la desaparición del garum fue motivada por un cambio de alimentación debido a la nueva forma de vida que invadió las tierras tras la caída de Roma, en todo el Mediterráneo.

CAPÍTULO XVI

MONEDAS AUTÓCTONAS DE ‘EX

‘Ex, al igual que Gadir, destaca la figura de Herakles, cuya imagen se convierte casi en un tipo monótono y único en los anversos monetarios.

Aunque perfectamente comprobado, la paridad Melkart-Herakles es un hecho indiscutible (98) admitido por la primitiva religión púnica, se helenizó y se ha reafirmado recientemente (99).

Tras la extensión del poderío romano a través de toda la cuenca mediterránea, el culto de Hércules, heredero de Melkart, pasa a ocupar el trono de las divinidades representativas romanas emparejadas con el Deus Patrius o Liber, divinidad de Leptis Magna (Libia).

Hay que notar, no obstante, una diferencia tenue, pero suficiente, durante la época romana, con respecto a la fenicia. La mezcla de las funciones se ve. de vez en cuando. intercambiadas y las leyendas confundidas.

Melkart es el dios-hijo fenicio, fundador de Tiro y propagador de su prosperidad cuando va al frente de las expediciones colonizadoras,

Se sabe que las relaciones comerciales fenicias en Oriente, Chipre, entre otras, eran intensas no sólo en el aspecto económico sino en el humano y religioso. Por ello con toda probabilidad pudieron llegar a una asimilación de los dos héroes que eran totalmente distintos en origen.

En Herithreae se cita la existencia de un Heracleion donde un antiguo ídolo fenicio era adorado (100).

En el anverso de las monedas de ‘Ex aparece la cabeza de Herakles-Melkart con la piel de león y clava, según la tradición de la primitiva acuñación de ‘Ex.

En cuanto a las lecturas de las monedas, se han traducido con acierto. Según Gómez Moreno y Schulten pueden fecharse en el siglo V a. de C., pero eso ya ha sido superado en los estudios más avanzado modernos. Las monedas pueden fecharse ya con claridad entre el siglo III a. de C. y el siglo I de C.

Hay monedas que presentan grafías paleopúnicas y otras, evolucionadas o de influencia cartaginesa, algo especial, monedas fenicias en caracteres latinos, aunque con simbología púnica. Las cronologías bajas reflejan una época en que los romanos contemporizan con los fenicios permitiéndoles la acuñación de moneda. El hecho de la aparición de lecturas latinas en las monedas puede indicar que la lengua fenicia había sido desplazada por el latín, ya que la lengua fenicia iba perdiéndose con el paso del tiempo por la gran influencia que los romanos tenían ya sobre la península.

CAPÍTULO XVII

CREENCIAS Y RELIGIÓN SEGÚN LOS VESTIGUIOS FUNERARIOS

Ajuar funerario de las necrópolis fenicias en Iberia

Los estudios realizados por Bonsor (101) en la localidad de Carmona, aunque culturalmente no coinciden con los de ‘Ex, no obstante, guardan una gran relación con ella.

La mayoría de los objetos de estilo oriental provienen de tumbas de incineración, aunque es frecuente también la inhumación.

En Carmona se solía quemar el cadáver y cubrirlo con restos de ánforas, pero es más lógico pensar que se tratase de una incineración perfecta.

Si las cenizas eran colocadas dentro de ánforas cinerarias, lo lógico es pensar que, como ocurre en la mayorías de las tumbas del Barranco de la Cruz en ‘Ex, la presión de la tierra las aplastara.

En el año 1604 de C. (102), se descubrió en Almuñécar, en la llamada Puerta del Sol de la Iglesia Parroquial, una tumba que, con toda certeza, es del mismo tipo que las de Trayamar.

El texto del manuscrito es el siguiente: «…hallaron un sepulkro que era una tumba cuadrada de hasta cuatro varas de largo, cavada en peña, y encima piedras de cantería labradas. La solería delgada que se arrancó toda quebrada sin aprovecharse ninguna. Las piedras de las paredes, muy ajustadas y más gruesas que muchas de ellas se conservan oy en dos portadas de vecinos de esta ciudad. Son a modo de piedra toba, no tan porosas y lixeras, sino algo más cerradas y fuertes. Hallóse dentro una caxa de madera, que según se conoció, parecía de moral por ser menos sujeta a la corrupción, con tachuelas doradas, ya deshechas y en ella un cuerpo humano de desmesurada grandeza, que aunque el tiempo había consumido, no sólo las ropas, pero también los huesos, sin embargo se reconocía por la tierra o polbo que allí estaba, aver sido cuerpo humano el que allí se sepultó y en particular algunos huesos de los dedos que no estaban tan deshechos, daban muestra de su grandeza. Quando le sepultaron le pusieron al lado una espada ancha que al tocarla se convirtió en menudos trozos, con todo se conservaba la herrumbre y forma de espada. Hallaron también una diadema de plata y dos jarras grandes de barro blanco a cada lado una. En la parte que parecía caer sobre el pecho se vieron dos sortijas o anillos de tosca hechura, gruesos y pesados con dos piedras la una azul y la otra colorada. Avían en las piedras esmaltadas unos dicen dos, otros tres escarabajos. Posteriormente añade el texto: «…y una piedra que avia en el sepulcro con una figura de hombre mirando a la Luna».

Esta descripción de los escarabajos coincide con la de los hallados en la Necrópolis del Cerro de san Cristóbal. Únicamente difiere en el rito funerario que practica la inhumación.

El material usado en la estructura es la piedra toba, detalle que coincide con otros tipos fenicios como la tumba 4 del Sector C y Sector E de Puente del Noi.

Esta tumba forma parte de una serie de enterramientos en la pequeña colina donde hoy se encuentra la Iglesia Parroquial (104).

Sólo en Carmona aparecen, en los enteramientos de incineración, los primeros utensilios de hierro, los huevos de avestruz con ocre y los objetos de marfil grabados. En ‘Ex es frecuente la aparición de clavos de cobre junto con los de hierro.

Semejantes a las cenizas de Banancarrón, ha sido hallada también en Almuñécar en las proximidades del columbario romano mejor conservado, una pequeña fosa tapada con una losa. En el interior aparecieron cenizas de color negro semejantes a las de la necrópolis del Cerro de San Cristóbal, la de la Cruz del Negro, en cuanto a ajuar funerario, pero sólo bajo este punto de vista. Y con relación a las vasijas, hay una gran distancia cronológica.

El mismo tipo de lucerna monocorne que aparece en la Cruz del Negro, ha aparecido, pero no en el Cerro de San Cristóbal, y sí en las necrópolis de Puente del Noi, y con frecuente regularidad.

Por los restos funerarios hallados se piensa que los fenicios creían en la supervivencia tras la muerte, razón que explica el ajuar funerario donde pueden verse utensilios de cocina, como son los jarros, platos de varios tipos, huevos de avestruz, unos para uso doméstico, otros para ritos sagrados.

CAPÍTULO XVIII

NECRÓPOLIS FENICIA EN EL CERRO DE SAN CRISTÓBAL

Lo más original de esta necrópolis (105) es el uso del alabastro en la mayoría de las piezas halladas. La incineración era un hecho constante en el ritual funerario del pueblo fenicio, menos en los siglos posteriores a la llegada de los cartagineses (237 a. de C.) a esta zona. Entonces se inicia la inhumación

Lo insólito de este ajuar es su ejemplaridad como caso único junto con la nueva pieza encontrada, dentro de la arqueología fenicia. La nueva pieza hallada, además sirve como testimonio para admitir la existencia de otra necrópolis en este lugar, de más categoría artística e incluso arqueológica.

Se ha podido únicamente averiguar que esta pieza fue encontrada en una zona denominada «Guerra», pero sin poder definir exactamente su localización.

Hasta el momento presente ‘Ex figura a la cabeza de los descubrimientos fenicios más interesantes en la puesta al día del trasfondo histórico de un pueblo como el fenicio del que, como con los etruscos, no se ha podido recomponer exactamente su lengua y cultura.

Un ejemplo similar a los vasos de alabastro de ‘Ex lo constituye el estudiado por Gómez-Moreno, hallado en el río Barbate (106) y cuya inscripción no ha sido traducida.

Bonsor (107) halló en la necrópolis de Acebuchar (Montilla H) un alabastrón pequeño cuyos paralelos análogos están en Etruria, pero cuya finalidad era muy diferente de la de una urna cineraria (108). Este tipo de vaso de alabastro tiene su correspondencia con el Mediterráneo oriental.

Amathus ofrece en el chipriota I-II vasos de alabastro que fueron utilizados como urnas cinerarias. En los paralelos de alabastro, se encuentran, sobre todo, en Samaría y Egipto.

En cuanto a la pieza de mármol gris veteado, no se conoce nada similar hasta el momento. Sólo un ejemplar de alabastro existe en el Museo Metropolitano de New York perteneciente al mismo faraón (110).

En Karnak se descubrió en 1954 una estela por la que se supo que era contemporáneo de Kamose (111).

Paralela a esta pieza de ‘Ex fue estudiada por Reiner un ejemplar hallado en Samaría perteneciente al faraón Osorkon II (112).

También en Tanis se halló un ánfora de alabastro perteneciente a Osorkon I en la cámara de Takelot II, que se exhibe en el Museo Nacional egipcio de El Cairo. Su tipo es similar al vaso de la tumba 3-A.

Sabemos que los ritos funerarios no implicaban la incineración de forma habitual. La forma más frecuente era la inhumación como puede observarse en las restantes necrópolis de ‘Ex. No obstante, la tumba individual, con rito funerario de inhumación y ajuar funerario no similar al fenicio, como el descrito por el Manuscrito de Almuñécar, parece mostrar un tipo de enterramiento individual que coincide más bien con un rito egipcio que con la forma individual fenicia.

Queda aún una investigación arqueológica más exhaustiva que nos garantice con éxito esta afirmación. Si no una presencia egipcia clara, por lo menos una mezcla o colaboración entre egipcios y fenicios. Como se dijo anteriormente las expediciones mixtas fueron una realidad en tiempos del faraón Necao. En ‘Ex ha podido perfectamente darse esta situación en algunos momentos de su historia. Pero la verdadera historia de Almuñécar queda aún bastante sumergida en el misterio.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS

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6.-GÓMEZ TABANERA, citando a Martínez Santaolalla en poblaciones prehistórica hispanas.

7.- Id.. a Almagro Basch, M.

8.-Id. a Sergi.

9.-Id a Fusté.

10.-Hallazgos recientes en Jete (Granada). Tipos óseos anómalos constitucionales. Posición fetal del cadáver.

11.-GÓMEZ TABANERA: Las poblaciones prehistóricas hispanas.

12.-PELLICER CATALÁN, M. Op. cit. pág. 62.

13. CINTAS, P. Céramique punique. París, 1950.

14.-ESTRABÓN. I, cap. II, parr. 26. Edit. Didot.

15.-Id. Lib. I, cap. I-IV, cap. II, parr. 27.

16.-Id. id, id, cap. II, parr. 2 y Lib. III, cap. IV, parr. 3.

17.-PILLOT, G. Código secreto de la Odisea, Barcelona, 1971, pág. 27 y ss.

18.-ALEMANY, J. Geografía de la Península ibérica, R. A. B. M. Tom. XXI, pág, 465. párr. 4.

19.-HOMERO. Odisea, XXIV. Ver. 304 y ss.

20.-Frag. Hist. Graec. T. I, pág.1 y 2: Prólogo, pág. 11 y ss.

21.-AGATHEMERO. Geographi Graeci Minores. Vol. II, pág, 472; Estrabón, I, cap. 1 y 2. Edit. Didot.

22.-Frag. Hist. Graec. Tom. I. pág. 1 y 2. Prólogo., pág. IX y ss.

23.-Frag. Hist. Graec. Tom. II, pág 33, frag. 20. Edit. Didot.

24.-Ide, Tom. I, pág. 243, frag. 38 y ss.

24.-I¡d.. Tom. T. I, pag. 316. frag. 243, frg, 38 y ss

25.-Id.. Tom. T. I, pág. 316. frag. 224-225 y pag. 319, frag. 242.

26.-Id. Tom. I, pág. 185, frag. 3.

27.-Polibio, III, 29, 4.

28.-Estrabón citado por Posidonio en: II, 2, 1; III, 4, 13; III, 1. 5; III. 5, 7, 8; II; 5, 14; III: 5, 5; III: 2, 9: III: 2, 5; III: 3, 3: III: 5, 9m 10; III: 3, 4; III: 4, 15; III: 4.

A Homero en: III, 2, 22; y 13;III, 4,4,; 1,1, 4,5,19; I, 2,26 y ss.

A Pitheas en: I, 4; II, 4,1 y 2: III, 2, 11.

A Heródoto en: II, 2,14.

A Asclepiades de Myrlea en; III, 4,3 y 19.

A Éforo en: III, 1, 4; I, 1, 28; I, 2, 26.

A Eratóstenes en: II, 4, 2; II, 4, 4; III, 2, 11; III, 5, 5; III, 2, 11.

A Ferécides en: III, 5, 4.

A Dicearco en: III, 5, 5.

A Temóstenes en: III, 2, 11; III, 1, 6.

A Polibio en: II, 4, 8; II, 4, 4; II, 3, 1; III, 5, 6; III, 4, 13; III, 2, 4; III, 2, 10; III, 1, 7.

A Artemidoro en: III, 1, 4 y 5; III, 5, 7; III, 4, 7; III, 2, 11; III, 5, 5; III, 5, 1; III, 4, 3.

29.- Estrabón: III, 16, pág. 187. Edit. Didot.

30.-Id. Id. 4, 4, Id, Id.

31.-Id. Id. Id,

32.- Estrabón: III, 4, 3.

33.-Id. III, 2 y 3. pág. 212. Edit. Didot.

34.- Id. Id. 4, 1 y 14.

35.- Id. Id. 4, 12.

36.- Diodoro: V, 35, 36 37 y 38.

37.- Plinio: III, 1, pág. 124. Citado por Estrabón. Edit. Didot.

38.- PLinio: III en la edic. Teubner.

39.- Plinio: III, 2.

40.- Estrabón: III, 2, 2.

41.– Plinio, III, pág. 226. Edit. Tauchnitz.

42.- Pinder y Partrey. Anónimo de Ravena.

43.- Maluquer de Motes, J. Viajes y exploraciones en el Mundo Antiguo. Barcelona, 1950.

44.- Pellicer Catalán, M., Op. cit. pág. 51.

45.-Id. Id, Id. Id. 9.

46.- Maluquer de Motes, J. Tartessos, pág. 57. Barcelona, 1970.

47.- García y Bellido, A. España y los españoles hacer dos mil años. Cita a Estrabón y a Avieno. Madrid. 1945.

48.- Maluquer de Motes, J. Tartessos, pág. 50 y ss. Barcelona. 1970.

49.-Maluquer de Motes, J., Pueblos de la España Ibérica. Barcelona.

50.- Caro Baroja, J. Los pueblos de España. Barcelona. 1950.

51.- Maluquer de Motes, j. En Tartessos cita a Schulten, pa. 47.

52.- Id. Id. pág. 48.

53.- Maluquer de Motes, J. Pueblos de la España Ibérica.

54.- Id. Id.

55.-Maluquer de Motes, J. Tartessos, pág. 48.

56.-Id. Id, pág. 60.

57.- Id. Id. Id. pág, 67 y ss.

58.- Id. Id. Id. pág. 70 y ss.

59.- Velleius. Fontes Hispanias Antiquae, T. VIII. pág. 136.

60.- Boch Gimpera, citado por Maluquer en Etimología de la Península Ibérica. Tartessos, pág, 72.

61.- Maluquer de Motes, J. Op. cit., pág. 73.

62.- Id. Id. Id. 74.

63.- Id. Id. Id. 74 y ss.

64.- Id. Id. Id. 103.

65.- Id. Id. Id. 147.

66.- Estrabón, III. 5. 5.

67.- Id. III, 4, 2,

68.-Font. Hisp. Anti. Tom. VI, pág. 224. Barcelona. 1952

69.- Pellicer Catalán, M. Op- Cit. pág. 4 y ss.

70.- Estrabón III, 5. 5.

71.- Pellicer Catalán, M. Op. cit. pág. 63 y ss.

72.- Estrabón I, 3, 36.

73.- Alemany, J. Geografía de la Península Ibérica. R. A. B. M., PÁG. 465.

74.- Frag. Hist. Graec. I, 2; V, Pag. 10 y ss.

75.- Heródoto IV, 152.

76.- Estrabón I, 124, pág. 38 y ss. Edit. Didot.

77.- Id. I, 33 y ss.

78.- Frag. Hist. Graec. I, pág. 316: frag. 224-225 y pág. 319 frag. 242. Edit. Didot.

79.- Polibio XXXIV, 7.

80.- B. A,. R. M. Tom. XXI, pág. 114. Madrid, 1892.

81.- Schulten, Tartessos, citado por Maluquer en su obra Tartessos, pág. 91.

82.- Servicio Nacional de Excavaciones Arqueológicas. Almuñécar. Antigüedades.

83.- Zahn, Pauly Wisowa: VII, 841-49 sob. voc.

84.- PLinio XXX, 93.

85.- Manilio, V, 672.

86.- Séneca, Epistula ad Luc. 95, 25.

87.- Plinio, XIX, 57.

88.- C. I. L. IV. 5660, 5683 etc.

89.- Apicius. Geopónticas: XX, 46.

90.- Cotto, J, A. Glossary of Greek fisches. London. 1947.

91.- D’Arcy-Thompson. Poissons et animaux aquatiques aux temps de Pline. París. 1944.

92.- Marcial III, 94.

93.- Du Cange. Glossarium, III, 848.

94.- Rondelt. Libri de piscibus. 1554. 141.

95.- Belon. Des observations…1553, fol. 73.

96.- Ehrenbogum, E. über die seefischerei in Osmanischen geweigern. Der Gescherbote, IX, 1917, 277-81.

97.- Baet, J. Les origines de L’Hercule Romain. Pag. 243-255. Paris. 1926.

98.- Guadan, Antonio Manuel de. Gades heredera de Tartessos en sus amonedaciones conmemorativas del praefectus classis. A. E. A. XXXIV. 1971.

99.- Charles Picard, G. Les religions de l’Afrique Antique. Pag. 88 y ss. Paris. 1954.

100.- Pausanias. VII, V, 5. Pág, 438-9. Edic. Tovar.

101.- Maluquer de Motes, J. Cita en Tartessos a Bonsor en su trabajo sobre Carmona, pág. 31.

102.- Historia de Almuñécar y su Antigüedad defendida. Manuscrito de la Biblioteca Nacional, núm. 5857, pág, 40.

103.- Bonsor. Citado por Maluquer en Tartessos, pág. 31.

104.- Bonsor, G. The arqueological Skech-Brok of the Roman Necrópolis at Camona.. New York. 1931.

105.- Pellicer Catalán, M. Op. cit. pág. 4.

106.- Gómez-Moreno. M. Adán y la Prehistoria. Madrid. 1958.

107.- Bonsor G. Les colonies…, citado por Maluquer en Tartessos.

108.- Studi Etruschi, III, pág. 493-95. y pl.. LV. 1929.

109.- Swdich Cyprus expedition, T. II, pl. VI.

110.- Carter, H. Journal of expedition archaeology III, pág. 158 y pl. XXI, I. 1916.

111.- Stock, H. Studien zur Geschichte. pág. 65. 1955.

112.- Gauthier. Livres des rois, Y. III, pág. 140, nota 3.

ÍNDICE DE MATERIAS

CAPÍTULO I. ‘Ex, antigua ciudad en los dominios de Almuñécar, en su medio físico.

CAPÍTULO II. Esquemas de ‘Ex en época púnico-romana.

CAPÍTULO III. ‘Ex en la Historiografía Antigua

CAPÍTULO IV. Historiografía de ‘Ex bajo dominio de Roma

CAPÍTULO V. ‘Ex y los pueblos de la costa del Sur.

CAPÍTULO VI. ‘Ex en al ámbito de la monarquía tartéssica.

CAPÍTULO VII. ‘Ex, los griegos y Tartessos.

CAPÍTULO VIII. Los focenses en el Mediterráneo Occidental.

CAPÍTULO IX. Ruina del sistema tartéssico.

CAPÍTULO X. ‘Ex y la cultura de Tartessos.

CAPÍTULO X.I. ‘Ex en la cultura material de los pueblos del Sur.

CAPÍTULO XII. Realidad histórica de ‘Ex. Época histórica de dominio fenicio.

CAPÍTULO XIII. Procesos de colonización en Occidente.

CAPÍTULO XIV. Emplazamiento de ‘Ex.

CAPÍTULO XV. Salazones e industrias en ‘Ex.

CAPÍTULO XVI. Monedas autóctonas de ‘Ex.

CAPÍTULO XVII. Creencias y religión según los vestigios funerarios.

CAPÍTULO XVIII. Necrópolis fenicia del Cerro de San Cristóbal.

Granada 6 de Enero de 2026.

Dr. Antonio Ruiz Fernández.

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